EN TIERRA DE NADIE

 

         Estar en tierra de nadie es una de las más duras experiencias humanas. Saber que la tierra que pisan los pies es una tierra de la que no se es dueño, de la que puede uno ser expulsado ahora mismo tiene que ser necesariamente algo desestabilizante. El arraigo en la tierra lleva consigo la evidencia de la identidad, la certeza del ser uno mismo, la reconfortante sensación de la pertenencia. Estar en tierra de nadie cercena de un hachazo esas raíces necesarias.

         Pero es preciso distinguir que no es lo mismo estar en tierra de nadie de cara a un anhelo que de cara a una frustración. En los montes Gurugú y Benyurnech malviven muchos subsaharianos que esperan un momento favorable para saltar la alambrada y entrar en lo que es su “sueño”,

... (... sigue)