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FIAIZ

Volver a Jesús

VOLVER A JESÚS

 

 

 

            Partimos de una doble certeza: una sociedad que reflexiona y que es espiritual es una sociedad de más calidad y tiene mejor futuro. Así es: por un lado, puede ser que en esta sociedad no ya líquida, sino “gaseosa” (como dice Innerarity) se crea que reflexionar es perder el tiempo. Pero no: la reflexión nos hace recuperar la dimensión de profundidad y, con ello, nos hace más fuertes. Y por otro lado, una sociedad espiritual, en sentido amplio, es una sociedad de más calidad (como una que tiene un buen sistema de salud o de cultura). De ahí que colocar en esta Asamblea un espacio de reflexión es un acierto.

            El tema de “Volver a Jesús” puede decirse que está de moda. Pagola lo ha puesto delante y es una autoridad en la espiritualidad de hoy. También el papa Francisco lo cita mucho en EG.  Pero más que de moda quizá sea un tema necesario para dar a la espiritualidad cristiana un vigor que tiene el peligro de perder. Quizá pueda sernos de utilidad.

 

1. Como si ya hubiésemos ido

 

            Se habla de “volver” a Jesús como si ya hubiésemos ido alguna vez. Una cosa que no tiene explicación en la historia del cristianismo es por qué tan pronto la Iglesia se alejó del Evangelio. ¿Por qué tan pronto se alejó del servicio fraterno (Jn 13,8-11)? ¿Por qué se pasó con armas y bagajes a manos de fanáticos religiosos con Cirilo de Alejandría (s.IV)? ¿Por qué se creyó que la pervivencia del cristianismo estaba mejor garantizada en los mecanismos del sistema? No lo entendemos. Por eso hay preguntarse si la comunidad cristiana, como tal, fue alguna vez a Jesús como para decir ahora que sería bueno volver.

            Personalmente somos de los que engrosamos el número de quienes cree que, en última instancia, la Iglesia no está dirigida por el Evangelio sino por el Derecho Canónico, es más decisiva la norma que el Evangelio. A este lo puedes interpretar, acomodar, manipular, relativizar. A la norma no: si dice A es A y si dice B es B. Y, además, está sancionada por Dios, consagrada por una normativa que se remite, en última instancia, a Dios mismo. ¿Cómo hablar aquí de “volver” si todavía no hemos ido?

 

 

2. Volver de modo distinto

 

            Porque si hablamos de volver con la misma mentalidad, con la misma mirada, con la misma estructura el resultado será el mismo, el que ya tenemos, no iremos, seguiremos estando donde estábamos.

            Necesitamos una mentalidad distinta sobre Jesús, que sea menos dogmática, menos fantástica, y más evangélica. ¿Para cuándo celebrar al Jesús que está fuera de la mesa, que ocupa el último lugar, que lava pies, que es comilón, borracho y amigo de pecadores? ¿Para cuándo la liturgia se va a hacer eco de esos “títulos” y va a relativizar los creados por la dogmática (rey del universo, sumo y eterno sacerdote, salvador del mundo, etc.)?

Necesitamos una mirada sobre Jesús distinta. Si ponemos por delante la dogmática, las costumbres religiosas, lo aprendido y sancionado por el catecismo, ¿cómo vamos a volver a otra visión de Jesús? Si no somos capaces de discernimiento sobre lo de siempre (que nos es muy querido y está metido en las entrañas), el resultado de nuestra “vuelta” a Jesús será el mismo que la ida. Es un volver que no vuelve; se queda anclado en lo que estaba.

Necesitamos una estructura de comunidad cristiana distinta, que no mire tanto a la salvaguarda de sus intereses sino que le interese más el futuro del Evangelio, el fin de las desdichas de los pobres, la justicia no cumplida todavía. Sin esta clase de requisitos, hablar de volver a Jesús, de volver a la fuente, etc., es un mero flatus vocis, palabras sin contenidos.

 

3. Volver desde maneras nuevas de leer el Evangelio

 

            Como el buen escriba, hay que buscar, rebuscar, ahondar en los textos evangélicos porque si se los lee como siempre aburrirán como siempre. En este sentido, las homilías dominicales, en general, no ayudan mucho. Pues habrá que buscar por cuenta propia, amparados en los grupos de reflexión como éste. Por eso, voy a poner un ejemplo comentando someramente el texto de Lc 19,11-28:

 

«Jesús dijo una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida. Dijo, pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez onzas de oro de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”. Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”.

Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: “Señor, tu onza ha producido diez”. Él le dijo: “Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”.     

El segundo llegó y dijo: “Tu mina, señor, ha rendido cinco”. A ese le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”.

El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”.

Él le dijo: “Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”.

Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a este la onza y dádsela al que tiene diez”. Le dijeron: “Señor, ya tiene diez”.

Os digo: “Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».

Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén».

 

  • Este texto se ha leído, casi siempre, así: tú has recibido unos talentos, unos dones, que Dios te ha dado (toda persona los tiene). Debes hacerlos producir, sin preguntar mucho para quién produzco. Así serás fiel al don de Dios. Por eso, cuanto más produzcas, mejor. Es una interpretación economicista. De ahí que el primer empleado sea el mejor ejemplo de comportamiento.
  • Esta postura no repara que se está produciendo para un tirano, un comprador de títulos, un vengativo, un injusto (da con arbitrariedad). Eso no se puede aplicar al Padre de Jesús. De ahí que producir para un sistema tiránico es cuestionable.
  • Al que recibe un talento se le enciende una bombilla: ¿Para quién produzco? Para un tirano, para beneficio de un sátrapa, para un déspota  de un sistema despótico. Y se dice: ¡Se acabó! No colaboro más con un sistema injusto, rompo con él totalmente, no le voy a dar ni el gusto de que el banco le pague. Rompe con el sistema injusto y se atiene a las consecuencias, a la exclusión y persecución del mismo. Es una interpretación campesina, social. Al que esconde el talento, al que rompe con el sistema es al que habría que imitar. El seguidor de Jesús no puede hacer el caldo gordo al sistema, no puede aceptar, sin más, el estilo de vida de un sistema opresor, neoliberal. Ha de ser lo más alternativo que pueda en la sociedad.
  • Puede parecer estrambótica esta interpretación. Pero ya la hace en el s.III el padre de la Iglesia Eusebio de Cesarea. Siempre ha habido personas que han leído el Evangelio de otra manera que el sistema religioso. Si no hacemos lecturas alternativa, ¿cómo vamos a volver a un Jesús distinto? Porque para volver a un Jesús igual al que tenemos no necesitamos hacer nada.

4. Volver a Jesús desde el mundo rural

 

            Ahora en todos los medios se habla mucho de la España vaciada. Es comprensible que no suene directamente el hecho cristiano porque quizá hay otras urgencias. El llamado cristianismo sociológico ha contado mucho en el mundo rural. Quizá ahora menos. Pero se puede pensar en otro plan.

            Por de pronto, ayuda poco el tratamiento que las Diócesis dan al mundo rural: su preocupación es que las parroquias estén atendidas, o sea, que tengan misa el domingo y que haya quien haga los funerales. Se habla poco de los laicos en su papel de animadores de la fe. No se ha dado el paso. No se quiere otro orden de cosas. Estamos aún lejos.

            Para pretender la vuelta a Jesús será preciso mantener los grupos de laicos cristianos (a veces con la estimable presencia de un cura) donde se pueda discernir la fe, comprender y vivir sus consecuencias sociales y así actualizar el mensaje de Jesús. Esos grupos, por modestos que sean, resultan imprescindibles. 

            Si se anhela otro mundo rural, es claro que se necesita otro tipo de fe. La de antes, la del cristianismo sociológico (con sus fiestas religiosas, sus procesiones, sus misas de siempre), cada vez se vuelve más irrelevante, por mucho que en las fiestas patronales se llene el pueblo. Es otro el camino de un cristianismo de opción.

 

Conclusión

 

            Miremos al futuro. No tengamos excesivo reparo en ir abandonando formas de ver a Jesús que hoy ya no producen nada. Corramos tras el sueño de una fe más humanizadora, más esperanzada y más colaboradora con la sociedad de hoy. Desde ahí podremos asomarnos mejor al misterio de la vida y de la fe del+ que hacemos parte.

1 comentario

Teresa -

“Como si ya hubiésemos ido”. Excelente reflexión, porque vista la situación de la Iglesia de nuestros días (y de antaño), de la vida religiosa, de la huella del cristianismo en nuestra sociedad y de tantas cosas, una se pregunta, efectivamente, “si la comunidad cristiana, como tal, fue alguna vez a Jesús como para decir ahora que sería bueno volver”.

“Necesitamos una mirada sobre Jesús distinta” y “una estructura de comunidad cristiana distinta”. Sin eso difícilmente iremos a un lugar nuevo, ciertamente.

“…hay que buscar, rebuscar, ahondar en los textos evangélicos”, o buscar “lecturas alternativas”. El mejor camino para ir a Jesús.

Muy buena reflexión sobre el mundo rural.
Y una maravillosa conclusión: abierta al futuro con esperanza, con ilusión y cargada de sueños de algo nuevo que se va abriendo paso.