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FIAIZ

LA ESPERANZA CRISTIANA Y SUS DESAFÍOS

LA ESPERANZA CRISTIANA Y SUS DESAFÍOS[1] 

 

            El tema de los desafíos de la fe es recurrente, tanto a nivel de reflexión teológica[2], de Magisterio[3] e, incluso, como es el caso, de comunidades cristianas. Parece que la vida cristiana experimenta un revulsivo cuando se la desafía, cuando desafía. ¿Una fe desafiante y desafiada es más activa? Esa es la cuestión.

            Hay cristianos que desafían desde la literalidad del término “cristiano”: hablan de “raíces cristianas”, de “reconquista” y, desde ahí, desafían públicamente a la recuperación de unos supuestos valores que reafirman sus posturas violentas y excluyentes. Son la antítesis de lo cristiano, su vergüenza[4]. Los hay también quienes elaboran teorías sobre los desafíos y retos de la fe. Son útiles, pero su peligro es su ineficacia[5]. También hay quien acepta retos y, desde el compromiso más arriesgado, se convierte en desafío humanitario y creyente, aunque no ocupe ni un minuto de un telediario[6].

            La estructura eclesiástica se siente, casi siempre, más desafiante que desafiada, aunque cada vez menos personas se den por aludidas ante su reto[7]. La base de la misma Iglesia se siente más desafiada que desafiante y acepta el desafío aunque muchas veces no sabe cómo responder a él.

            No está de más que, como dice el evangelio, haya que sentarse a reflexionar si «bastarán diez mil hombres para hacer frente al que viene con veinte mil». Una propuesta de reflexión puede hacernos más cautos y aguerridos a la vez para afrontar y desarrollar los desafíos de la vida cristiana[8].

 

1. Los desafíos que nos aguardan

 

            Antes de lidiar con los desafíos concretos en cuyo punto de mira estamos, quizá sea útil recurrir a la gente que piensa, a quienes nos ayudan a entender lo que pasa y lo que nos pasa. Lo haremos de la mano del filósofo D. Innerarity[9]. De este autor entresacamos los desafíos que, en general, podemos considerar como inapelables:.

  1. 1.      El desafío de la aceleración: La aceleración «explica el desfase enorme que se está abriendo entre el ritmo trepidante de las cosas y nuestra capacidad para comprenderlas y organizarlas». ¿Cómo solventar el reto de adaptarse adecuadamente a lo que viene?[10]
  2. 2.      El desafío de la incertidumbre: Se trata de encajar el desafío de «aceptar que hemos de tomar cada vez más nuestras decisiones sin disponer de una información completa».  Aceptar desafíos tiene que ver con la intemperie, con saltos en el vacío en lo que uno no sabe si va a caer siempre de pie[11].
  3. 3.      El desafío de conocimiento: Es preciso invertir en conocimiento abandonando vagas apelaciones moralizantes. Necesitamos «conceptos adecuados, diagnósticos certeros y saber experto»[12].
  4. 4.      El desafío de la sostenibilidad: Porque lo que hacemos hoy tiene repercusiones en el futuro ya que «no basta con hacer las cosas bien, sino que es necesario anticipar un juicio futuro»[13].
  5. 5.      El desafío de la pluralidad: Cada vez queda más claro que «los modos jerárquicos y verticales de organizar la convivencia son inapropiados para sociedades de inteligencia distribuida… son de muy escasa utilidad las órdenes sin legitimidad o las instituciones políticas que impliquen verticalidad y sumisión».[14]
  6. 6.      El desafío de la complejidad: La simplificación deliberada parece ser más efectiva y goza hoy de predicamento. Pero «los enfoques binarios, simplificadores y fuertemente ideologizados se revelan completamente inadecuados para llevar a cabo las grandes transformaciones que suponen la elaboración de diagnósticos compartidos, negociaciones entre muchos actores y estrategias complejas de transición». Pero la complejidad no puede ser un freno, sino un acicate.
  7. 7.      El desafío de la inclusión: Puede que este reto sea cuádruple, las cuatro democracias: «Democracia transnacional, democracia intergeneracional, democracia paritaria y democracia ecológica»[15].
  8. 8.      El desafío de la interdependencia: Al cual recurren con frecuencia los documentos del Magisterio[16]. Es algo que depende de la emergencia de los bienes comunes donde «las lógicas de competición tienen que ser sustituidas por juegos de cooperación»[17].
  9. 9.      El desafío de la apertura: El antagonismo izquierda/derecha va a ser sustituido por el de abierto/cerrado. «Aunque ahora vivamos un momento de repliegue, la tendencia a la cerrazón es mucho más débil que los beneficios de una apertura bien gestionada»[18].

10.  El desafío de la protección: Parece que estamos obligados a elegir entre globalistas y proteccionistas. «No conseguiremos superar este momento en el que parecen ganar los partidarios de lo cerrado con la exclusión del otro y la maximización del propio interés, mientras no construyamos una sociedad que cuide y proteja»[19].

 

2. Actitudes para elaborar desafíos

 

            Elaborar desafíos demanda un tipo de actitudes que hagan posible esa tarea. Ocurre, a veces, que, al no tenerlas, los desafíos pasan por alto o se convierten en pesadillas insolubles que amargan la vida. La lógica consecuencia es el rechazo. Pero si obran algunas actitudes elementales de acogida, la posibilidad de que el desafío se convierta en un impulso de vida es más accesible.

1)      La flexibilidad: es un elemento imprescindible. A la rigidez no le interesan los desafíos, sino que las cosas sigan como siempre y, si es posible, que sigan como en tiempos antiguos que son los que más benefician al sistema. Los desafíos desinstalan, sacan de la zona de confort, inquietan. Es el precio que hay que pagar. Con frecuencia, apuntan a la desinstalación porque anida en ellos la semilla de la justicia[20]. Muchos desafíos quieren sembrar algo distinto para no cosechar lo de siempre[21].

2)      La empatía: es difícil hacerse eco de un desafío de hoy si no se tiene empatía con la sociedad de hoy. Desde una mentalidad negativizadora se hace muy difícil escuchar desafíos y, menos todavía, lanzarse a la aventura de intentar ponerlos en pie. A quien todo lo de la sociedad de hoy le parece mal, también le parecerán mal los desafíos que acompañan al camino evolutivo de tal sociedad. Posicionarse en contra por principio, lleva incapacitarse para la escucha de los desafíos sociales y, más todavía, para liderar algunos de ellos. No se trata de contemporizar sin más, sino de sentirse afectado por el tiempo en el que se vive, por sus luces y sombras[22].

3)      La escucha: es imprescindible para acoger desafíos. Si no se comienza por escuchar difícilmente se dará un espacio a la utopía del desafío. Ha de ser una escucha no displicente, sino interesada, “amante” dice el Papa, poniendo lo que uno es a la hora de escuchar[23]. Y habrían de ser escuchados no solamente los desafíos cercanos, los que más nos tocan, sino también los lejanos, los que afectan a la globalidad de los humanos[24].

4)      La perseverancia: como se habla tanto de desafíos, puede que lleguen a cansarnos sin siquiera escucharlos, sin haber intentado ponerlos en pie. Nos cansamos de escucharlos, pero sin vivirlos. La perseverancia es entonces necesaria. No es terquedad, deseo de molestar, sino nque es la actitud resiliente de quien sabe que solamente insistiendo nos podremos acercar a lo soñado. Insisitr un poco es imprescindible para que los desafíos encuentren hoy un eco en nuestra sociedad[25].

5)      La honestidad: imprescindible porque, sin honestidad, la propuesta de desafíos se vacía de sentido y enmudece[26]. Los desafíos son más que un asunto ideológico un tema ético. Si la ética se resiente, el desafío pierde fuelle y se vuelve algo rechazable. Se podrían hacer desafíos aunque el componente ético estuviera limitado y fallara, siempre que se reconozca ese fallo y no se quiera vender un desafío desde una honestidad que no existe.

6)      La bonhomía: e incluso un cierto talante festivo, si se puede. Los desafíos se refieren a problemas muy agudos y, con ellos, pocas bromas. Pero presentar un desafío con el deseo previo de amargar es exponerlo al rechazo. La bonhomía no es una banalización ni una falsa euforia. Es, aun reconociendo lo crudo de los problemas, la certeza de que trabajando se puede encontrar soluciones a lo planteado o a parte de ello. Y que, por lo mismo, el tratamiento de un desafío no tiene por qué dejar un regusto amargo en la vida de la persona.

 

3. “Tienen orejas y no oyen” (Sal 135,17)

 

            Para que el desafío funcione es preciso comenzar por escucharlo. A veces se acumulan los impedimentos. Al estar muy embebidos en los asuntos religiosos, pasa desapercibido el desafío que se ancla en el hecho social[27]. Lo impide también el viejo problema del lenguaje religioso: se cree como se habla; si no se cambia el lenguaje, los desafíos no suenan a nada[28]. Se bloquea la posibilidad de hacerse eco de cualquier desafío si el nivel de empatía es bajo, si ente los graves problemas de la fe toma parte automáticamente por el sistema eclesiástico y su defensa[29]. Todo un entramado que impide que suene el desafío proponiendo “buenas nuevas” que no lo son para el ciudadano de hoy sino que pertenecen a un mundo religioso casa vez menos frecuentado.

            Para escuchar cualquier desafío es preciso salir al terreno de quien lo propone, animarse a frecuentar la intemperie como quien sale de su zona de confort, quien no se atrinchera la perspectiva de siempre, de quien no encuentra sino los argumentos conocidos[30]. Es preciso exponerse al viento de la secularidad, situándose, incluso físicamente, “fuera del templo”, que es donde vive la persona secular.

            En definitiva, y por muy teórico que suene, la mejor forma de escuchar los desafíos de hoy, sean cuales sean, es situarse, lo más posible, en las “afueras” del sistema eclesiástico porque dentro de él es complicado no solamente responder a los desafíos sino, simplemente, escucharlos[31].

 

4. Cuando ya pocos arrojan el guante

 

            Los desafíos a la comunidad cristiana que provienen de la sociedad, aparte del recurrente y nunca escuchado sobre los bienes de la Iglesia, son cada vez menores no solamente porque muchos creen que no es instancia creíble, sino por el fenómeno de la “fe esfumada” que vuelve a la Iglesia cada vez más irrelevante. ¿Qué ha pasado con la religión en Europa? Como se dice vulgarmente, se ha ido por el sumidero. Es creciente el número de conciudadanos en cuyas vidas no cuenta para nada ni la fe, ni lo trascendente, ni siquiera lo religioso. El componente religioso se ha “esfumado” como la niebla bajo el sol. Y, generalmente, sin violencia, de manera civilizada, sin recurrir a viejos esquemas anticlericales.

            Para una parte de la ciudadanía la Iglesia que en otro tiempo fue instancia de transformación social ya no lo es, si exceptuamos organismos como Cáritas[32]. Cuando se piensa en un problema social, la desigualdad por ejemplo, no se mira en la dirección de la Iglesia a la que se juzga aliada con el sistema neoliberal. En otros temas, como los grandes desafíos morales y éticos, se le considera como una rémora. El guante de los grandes retos sociales no es para la Iglesia.

            Facilitaría mucho la cosa si la Iglesia mitigara su tradicional posición de adoctrinamiento. Una parte creciente de la ciudadanía piensa que la Iglesia no es quién para proponerse como modelo de quien acoge desafíos y de quien está autorizada para lanzarlos. Se necesitaría una buena dosis de modestia institucional para renunciar a una cátedra que la sociedad no otorga. Y si aún quedan resabios de superioridad moral, visto lo que está cayendo, deberían ser abandonados lo más pronto posible[33].

            Aun con todo lo dicho, la Iglesia podría encontrarse en una plataforma común con la sociedad a la hora de afrontar los grandes desafíos sociales. Esa plataforma no podría ser otra que el trabajo social a favor del débil. Para ello, como decimos, necesitaría descentrarse de sus problemas internos para acoger con decisión problemas de otros porque la respuesta que se da ante el sufrimiento del otro es lo que puede hacerle a la Iglesia sujeto moral[34].

 

5. Jesús, el desafiante desafiado

 

            No se puede deducir de los evangelios que lo de Jesús fuera una propuesta desafiante. Más allá de algún momento puntual, el suyo fue, si se puede decir así, un desafío moral y existencial sin ira[35], muy lejos de figuras como Elías, el terrible[36]. Era un desafío que se convertía en una interpelación personal: «¡Anda, haz tú lo mismo!»[37]. Por eso, la vida de Jesús es propositiva, no desafiante como tal[38].

            La propuesta de Jesús está constituida por sus más hondas utopías: que el sufrimiento de los pobres tenga fin algún día cuando sean acogidos al banquete de la vida al que tienen derecho[39]; que sea la razón compasiva la que pueda decidir sobre los asuntos humanos[40]; que el perdón llegue a ser un componente que ordene la vida social, no solamente las relaciones personales[41]; que la jerarquizada sociedad llegue a ser una sociedad democrática, igualitaria, fraterna[42];  que el servicio al otro sea el distintivo de lo humano y de lo evangélico[43]; que la mansedumbre sea un valor de humanidad, no de debilidad[44]; que alguien recoja las lágrimas de los pobres para que desaparezca de la tierra su lado más inhumano[45]; etc.

            Es una propuesta desafiante desde el no poder, por más que eso parezca un oxímoron. Jesús cree en la fuerza del no poder, en el potencial de los pocos, en la fuerza de lo secreto[46]. Los desafíos no encuentran su fuerza en el número o el poder de quienes los propone, sino en su capacidad para transformar la vida de los humanos. Y cuando se sitúa el reto en el terreno del no poder la fuerza de su verdad no merma, sino que aumenta.

            Podría parecer que la injusta y cruel muerte de Jesús negó el valor y la fuerza de su propuesta, que esta tuvo el sello de un fracaso. Pero no fue así: su muerte fue el impulso que le hizo renacer de sus cenizas. Se puede explicar la pervivencia de la experiencia cristiana como la confluencia de un conjunto de variables sociales que han hecho que el cristianismo fuera, hasta hace no mucho, la fuerza social y política que configurar la cultura occidental. Pero quizá no se trata solamente de eso. Tal vez también sea que la propuesta de Jesús hecha desde una honda humanidad por una razón de humanidad contenga dentro la mística del futuro, de la utopía, de la plenitud de dicha sembrada en los pliegues del alma[47]. Que las fuerzas sistémicas presionen sobre estos planteamientos para desactivarlos no hace sino reforzar la evidencia de su valor. Los desafíos del evangelio no engendran enemigos excepto en los alejados de la senda de lo humano.

 

6. Los desafíos de hoy desde la perspectiva de la Iglesia

 

            La posición oficial la encontramos de modo explícito en el capítulo II de la Evangelii Gaudium (nºs 50ss). Es una catequesis de gran fuerza tanto en  su contenido como en su forma. Pero su debilidad es que es “para otros”. El discernimiento parece que no cuenta con  los comportamientos de la misma estructura eclesial. Eso hace que la catequesis se debilite y se desautorice. ¿Podría escribirse un documento desde otra perspectiva catequética? Creemos que sí. Y lo consideramos necesario porque una catequesis sin autocrítica se convierte en un desprestigio. Tomemos tres ejemplos.

1)      El desafío de la economía: a la que, con toda razón, denomina el documento “economía que mata”: «Así como el mandamiento de “no matar” pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir “no a una economía de la exclusión y la inequidad”»[48]. Pone el dedo en la llaga: la economía que mata genera inequidad (no recibe amparo el más necesitado) y exclusión (se ve como algo natural que muchos no tengan parte en el banquete de la vida). Esto habría de llevar a la Iglesia institucional a revisar sus protocolos de actuación económica (IOR[49]) y sus prácticas (prebendas de cardenales, tema de las inmatriculaciones, prácticas jubilares recaudatorias, acuerdos estatales de privilegios económicos a la Iglesia, potencial económico “oscuro” de los grupos religiosos, etc.). Hay que reconocer que la Iglesia tiene una gran tarea pendiente y que eso mediatiza su apuesta por el desafío de una economía de componente humano. La “globalización de la indiferencia” que está a la base se combate apoyando con decisión la línea solidaria de la estructuras de Iglesia[50].

2)      El desafío de la indiferencia relativista: en esta cultura «donde cada uno quiere ser portador de su propia verdad subjetiva…los cristianos insistimos en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos mutuamente a llevar las cargas»[51]. ¿Es esto realmente creíble? ¿Por qué, entonces, esta propuesta de humanidad es cada día más abandonada? ¿Ha descubierto el cristiano de a pie su compromiso real con la comunidad cristiana o siente que no le es necesaria para su identidad creyente? Se combate el relativismo de quien se aparta de la fe. ¿Y ese otro relativismo de quien se dice cristiano?

3)      El desafío de la cultura urbana: lo urbano configura el tiempo presente[52]. En línea con el documento se pregunta cómo desvelar la presencia de Dios en lo urbano. No se cuestiona la densidad del componente humano de la cultura, sino su lado religioso, el que sea «un lugar privilegiado para una nueva evangelización»[53].  ¿Puede acogerse un desafío de manera constructiva con el principio previo de que lo que nos interesa es su evangelización? ¿Cómo se entendería el desafío si el principio previo fuera, simplemente, lo humano?[54] No podemos evitar los numerosos desafíos lanzados por EG se tambaleen no solo por las dudas de un cristiano, sino por los simples interrogantes de un planteamiento humano. Causa un cierto pesar que a 11 años de la publicación de EG el lugar para sus desafíos en la vida de los cristianos sea su desconocimiento o su simple olvido.

 

7. Desafíos impensados

 

            Dentro del amplio espectro de los desafíos hay algunos que impensadamente, por el simple devenir de los días, se van convirtiendo en retos de hoy mismo. No suelen ser decisivos, pero sí ilustrativos. Hablando de desafíos quizá sea interesante fijarse en ellos.

1)      Desafíos económicos:

  • Las placas solares: mira uno a vista de dron las ciudades y aun los pueblos y descubre, cada vez más, que los tejados se van cubriendo de placas solares productoras de energía doméstica. Se ve que es rentable económicamente[55]. Quizá por esa razón se van colocando en muchas viviendas. ¿No cuenta algo la conciencia ecológica, la certeza de que esa energía “limpia” es una alternativa para las energías convencionales siempre contaminantes en una medida u otra?
  • La venta de armas por los bancos: es un aspecto que no representa aún un verdadero desafío: muchos tenemos una cuenta en un banco que, entre sus actividades económicas, cuenta la venta de armas. Aceptamos el desafío de la paz y somos impasibles ante quien, con nuestro dinero, cultiva un negocio de muerte[56].

2)      Desafíos políticos:

  • Una nueva ONU: hasta los mismos Papas lo han pedido a veces: se necesita un nuevo organismo que regule las relaciones internacionales[57]. Aun reconociendo su labor, la ONU, que responde más a los parámetros de después de la II Guerra Mundial, tanto por su formación de base (derecho a veto) como por su ineficacia práctica está demandando otro tipo de organismo. No será fácil porque, a pesar de la indudable globalización, prima todavía una mentalidad nacionalista que será muy difícil de transformar. El desafío está ahí, aunque no la solución
  • La superación de la rivalidad deportiva nacional: el deporte es un valor transversal en la realidad humana que lo impregna todo. Así lo hemos visto en las olimpiadas de Paris de 2024. Por unos días quedan aplazadas las luchas internacionales y los mismos conflictos armados. Pero la rivalidad internacional sigue siendo un dinamismo primordial en la competición. Dado que tal dinamismo no se halla en las competiciones de carácter nacional, podría lanzarse un tipo de olimpiadas de carácter netamente deportivo donde el dinamismo nacionalista no estuviera presente. Un reto así contribuiría a una globalización más real. Lo que hoy resulta imposible, quizá pueda serlo en el futuro.

3)      Desafíos de género:

  • Las nuevas masculinidades: la igualdad de género no va a lograrse por un simple deseo. Al ser la desigualdad algo arraigado en el gen de lo humano, se requieren para su tratamiento terapias combinadas. Una de ellas podría ser la práctica generalizada de formación con los llamados “Cursos de nuevas masculinidades”[58]. Esto se hace ya en modo de cursos terapéuticos que logran crear conciencia entre los hombres en orden a cambiar la perspectiva con que se enfoca el tema de las relaciones hombre-mujer.
  • El reparto de tareas: aún hay mucho trabajo que hacer porque las tareas, lo que hacemos, nos define. Dicen ciertos sectores feministas que el único avance de estos años en materia de igualdad es que los hombres creen que hacen más, aunque no lo hacen[59]. Y por eso afirman que es “en el fregadero” donde se muestra el nivel de igualdad real.

4)      Desafíos para cristianos:

  • Parroquias no territoriales: el Código de Derecho Canónico dice explícitamente que «como regla general, la parroquia ha de ser territorial, es decir, ha de comprender a todos los fieles de un territorio determinado»[60]. Pero el Catecismo de la Iglesia Católica afirma que «la parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio»[61]. Esto daría pie a pensar en otro modelo de parroquia más allá del ámbito territorial, un modelo que tenga como ideal el de una comunidad cristiana relacionada por vínculos de vida cristiana más que por lazos geográficos. Podría ayudar a aproximarse al sueño de la comunidad de fe que anhela el evangelio[62]
  • Una VR no canónica: hoy por hoy, todos lo sabemos, la VR es canónica, es decir, una realidad aceptada por la iglesia y sancionada por su legislación. Sin ambas cosas, la VR no sería posible en términos teológicos y prácticos. Por eso mismo, solo pensar otra realidad estructural para la VR es, para casi todos, una tarea inútil por absurda. Pero si la traemos a esta mesa de la reflexión es porque algo nos dice que el futuro de la VR, que muchas veces se concibe como “otra cosa”, pasa por trabajos reflexivos que, hoy por hoy, puede que sean palos de ciego, pero quizá acarree materiales para otro edificio.

           Las preguntas brotan directas: ¿Necesita la VR, la vida en seguimiento de Jesús, una sanción canónica para tener sentido? ¿No conlleva una pesada carga de obligaciones jurídicas el estar sometido al Derecho lo que dificulta un seguimiento verdeante y luminoso? ¿No ponen las leyes canónicas en riesgo la identidad última de la VR, su contenido profético?  La VR es una vida en seguimiento explícito en el seno de la comunidad cristiana. Para ese cometido ¿es necesario el amparo y el sometimiento a una estructura eclesiástica? Las preguntas se agolpan[63].

 

CONCLUSIÓN

 

            El mundo de los desafíos es una realidad emergente y por ello nunca llega a consolidarse del todo. Es el lento caminar hacia un horizonte que nunca se alcanza plenamente. Es material de la misma pasta que la utopía y los sueños[64]. Por ello es necesaria la creatividad y la paciencia, ambas juntas.

            Queda muy claro que tanto la propuesta como la acogida de desafíos depende mucho de la calidad ética de quien los hace y quien los acoge. Si el componente ético está debilitado, los desafíos corren el riesgo de caer en el vacío. Si está fuerte, tienen más posibilidad de llegar a cuajar. No obstante se podría decir que también con un componente ético débil se pueden formular desafíos, siempre que se reconozca tal debilidad y no se quiera engañar alardeando de lo que no se tiene.

            Cuando se anda por caminos inciertos se depende mucho de la actitud cordial. Si un desafío entra en el corazón tiene muchas más posibilidades de tomar cuerpo. Si el corazón está cerrado a la par que la mente, el desafío se queda fuera. Por eso mismo, antes que solucionar desafíos hay que pensar en acogerlos.

            Los desafíos puede tomar una triple dirección: desafíos que se proponen a otros desde la propia perspectiva (es la dirección del Magisterio); aquellos que apuntan a la propia y exclusiva persona porque afectan a situaciones personales; los que se plantea la misma sociedad de la que uno hace parte. La multiforme realidad de los desafíos hace que vayan en muchas direcciones a la vez. Todas ellas están imbricadas.

            De cualquier manera, el mundo de los múltiples desafíos que nos lanza la sociedad de hoy tendrá eco si se enmarcan en una ciudadanía activa[65]. La desconexión ciudadana va acompañada de un desinterés evidente hacia cualquier desafío y la vida cae en la grisura del consumo, de la banalidad y de la desconexión. Desde ahí se puede medir el enorme beneficio de los desafíos a la hora de lograr una vida conectada a la realidad.

            Para la misma vida cristiana la importancia de los sueños es manifiesta. Una fe sin preguntas, sin sueños, sin utopías, es muna fe muerta[66]. Sumergirse en el mundo de las aguas profundas de la vida y de la fe puede ayudar a un cristianismo de opción de mayor calidad espiritual.

 

 



[1] Conferencia dada en…

[2] Cf J. GÚRPIDE, La fe, ¿el desafío? ,Huerga y Fierro Editores, Madrid 2014; C. FRANCO, El desafío de la fe, Encuentro, Madrid 2021; P. O’CALLAGHAN, Desafíos entre fe y cultura, Rialp, Madrid 2023.

[3] EG dedica todo el capítulo segundo (52-109) al tema de los desadfíos.

[4] Ahí está partidos como Vox, AfD, Fidesz, etc.

[5] ¿En qué ha quedado toda la teoría de EG sobre los desafíos? Volveremos sobre ello.

[6] Los hermanos de La Salle y Maristas del centro Fratelli de Líbano se quedan en medio de bombardeos y caos: https://www.manosunidas.org/noticia/escalada-violencia-libano-nosotros-hemos-decidido-quedarnos (2024).¿Quién lo sabe?

[7] A veces la estructura acepta el desafío en silencio sin la cobertura mediática de los políticos: “El cardenal Czerny lleva el abrazo del papa Francisco a los pueblos de Valencia más devastados por la DANA”: https://www.vidanuevadigital.com/2024/11/15/el-cardenal-czerny-lleva-el-abrazo-del-papa-francisco-a-los-pueblos-de-valencia-mas-devastados-por-la-dana/ (2024).

[8] Cf Lc 14,31.

[9] Cf D. INNERARITY, “Entender y gobernar el mundo que viene”, en La Vanguardia 28-12-2018: https://www.danielinnerarity.es/opini%C3%B3n-preblog-2017-2022/entender-y-gobernar-el-mundo-que-viene/(2024).

[10] «Hoy…los estudiantes de teología quieren la teología de ayer, y esos estudiantes de hoy serán los profesores de mañana, de modo que la teología que nos viene, como el clero que nos está llegando ya es una teología del pasado», Cristianismo, historia, mundo moderno,  Ed. Nueva Utopía, Madrid 2011, p. 94.

[11] «La certeza es el gran enemigo de la unidad; es el enemigo mortal de la tolerancia […] Que Dios nos conceda un Papa que dude», dice el Decano de los Cardenales en la película “Cónclave” de E. Berger (2024):

[12] No vemos que haya hoy teólogos que nos “nutran”, al estilo de Congar, De Lubac, Schillebeeckx, Metz, Küng, etc.

[13] ¿Cómo nos preocupa el futuro no solo del planeta, sino del mismo evangelio? ¿Qué teólogo se preocupa por ello? Cf J. M. CASTILLO, Declive de la religión y futuro del evangelio, A los cuatro vientos, Madrid 2023.

[14] Esto es un obús en la línea de flotación de la estructura eclesiástica.  Hay quien cree que los intentos de sinodalidad son un parche. «Así llevamos décadas, siglos y milenios, metidos en el callejón sin salida del clericalismo. No será posible un verdadero sínodo, un camino compartido, una Iglesia de hermanas y hermanos, libres e iguales, mientras no se derribe el muro, el sistema, el modelo clerical»: J. ARREGI, “El sínodo es un callejón sin salida: el clericalismo sigue intacto y cerrado”, en: https://www.feadulta. com/es/buscadoravanzado/item/16099-el-sinodo-es-un-callejon-sin-salida-el-clericalismo-sigue-intacto-y-cerrado.html (2024).

[15] Las cuatro democracias afectan a la vida de la Iglesia: “desitalianización”, superación de la gerontocracia directiva, prácticas de igualdad real y conversión ecológica no solo personal sino estructural.

[16] Cf LS’ 16; 91; 117; 138, 240.

[17] Una expresión en dirección opuesta a la interdependencia es el carrerismo eclesiástico. El Papa dice que hay que huir de él como de la  peste: https://www.religionenlibertad.com/vaticano/55860/papa-recibe-colegio-espanol-roma-huyan-del-carrerismo.html (2024).

[18] Es crítico el momento en la Iglesia con una evidente polarización entre la apertura y la cerrazón ya que ésta tendencia , que siempre ha estado ahí, es más fuerte que nunca. «Es mejor una Iglesia accidentada en salida a una Iglesia enferma encerrada», dice el Papa Francisco: https://www.aciprensa.com/noticias/ 83658/papa-francisco-es-mejor-una-iglesia-accidentada-en-salida-a-una-iglesia-enferma-encerrada (2024).

[19] «Reconocer que «el amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo, es también civil y político, y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor» (FT 181).

[20] «No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse, y disfrutarlo como si esa situación nos llevara a desconocer que todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos» (FT 11).

[21] Se atribuye a A. Einstein la frase: «Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo».

[22] La negativización es, por definición, contagiosa y tóxica.

[23] Cf EG 199.

[24] Sobre todo los temas relacionados con los derechos humanos.

[25] Como reza el poema “Es tarde pero es nuestra hora” de P. Casaldáliga y el mismo J. A. L. también lo dice en su “Himno a la libertad”: “Habrá que forzarla para que pueda ser”.

[26] Quizá aquí se halle el tendón de Aquiles del sistema eclesiástico.

[27] Lo vemos en el Jubileo de la esperanza convocado para 2025. Se pone toda la fuerza en la peregrinación y las indulgencias, cuando lo propio del jubileo, según la Biblia, es el cambio de planteamientos coailes. Se esperan más de 30 millones de peregrinos a Roma.

[28] Sobre el cambio en el lenguaje religioso, ver: F. AIZPURÚA DONAZAR, Crees como hablas, Feadulta, Madrid 2024.

[29] En temas como los abusos sexuales, las inmatriculaciones o el papel de la mujer en la Iglesia se toma, de salida, la postura que defiende el sistema.

[30] El juicio sobre actos eclesiales como el Sínodo de la sinodalidad es duro: «No se atrevieron a liberarse de ideas, normas y privilegios del pasado»: https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/ item/16429-cuatro-sinodos-y-el-clericalismo-intacto.html (2024). 

[31] Se usa como argumento a favor el aumento en el IRPF a favor de la Iglesia creyendo que si estuviera la Iglesia tan alejada de la sociedad ésta no le daría su dinero. Con ser un argumento a tener en cuenta, no es indicativo de la conexión o desconexión social. Muchas sectas reciben fuertes cantidades de dinero.

[32] Hay ciudadanos que desconfían de la Iglesia pero siguen apoyando la obra de Cáritas que consideran agente positivo de intervención social.

[33] Una parte notable del clero católico es tan refractaria que no abandona el aire de superioridad ni ante la hecatombe que supone el tema de los abusos sexuales a menores en la Iglesia.

[34] Cf R. MATE, La herencia del olvido, Errata Naturae, Madrid 2008, p.24-

[35] Cf Mc 3,1-6.

[36] Cf Eclo 48,4-6; Mt 3,11.

[37] Lc 10.37.

[38] Cf F. AIZPURÚA DONAZAR, Aún es tiempo…, pp.155ss.  De ahí el acertado aserto de Juan Pablo II: «La fe se propone, no se impone» pronunciado en su visita a Madrid en mayo de 2033.

[39] Lc 14,23.

[40] Lc 6,36.

[41] Mt 18,32-35.

[42] Mt 23,8-9.

[43] Mt 9,35.

[44] Mt 5,5.

[45] Qoh 4,1; Mt 5,4.

[46] Mt 6,6.

[47] Otros muchos en la historia, pensadores, filósofos, benefactores de lo humano se han vivido en similares parámetros. Eso no desmonta las pretensiones de Jesús sino que las reafirma.

[48] EG 53.

[49] Parece que el IOR funciona prácticamente como un paraíso fiscal: https://www.periodistadigital.com/cultura/religion/vaticano/20130827/vaticano-octavo-paraiso-fiscal-noticia-689402004891/ (2024).

[50] Leemos en internet que en 2016 la Conferencia Episcopal Española destinó 9 millones de euros a la cadena de televisión 13 tv. Esto supuso una aportación un 50% mayor que la de Cáritas. ¿Sigue eso así?

[51] EG 61; 67.

[52] Otra cuestión sería ver qué es lo que se puede hacer con la parte “vaciada” del país.

[53] EG 73.

[54] «Debido a que hay personas de culturas diferentes que velan por él sin siquiera preguntarse por qué, el significado de la palabra ‘humano’ prevalece todavía, por lo menos a veces, sobre el absurdo y la brutalidad de la lucha por la hegemonía nacional, cultural, religiosa o política»: R. MATE, Op.cit., p.21.

[55] Parece que el ahorro puede oscilar, por tanto, entre un 50 y un 80% (en zonas solares de alta radiación, la mejor orientación de las placas y el más alto rendimiento). En España la energía fotovoltaica logró representar en 2023 el 50,3% de la producción eléctrica a nivel nacional.

[56] Santander y BBVA son los dos bancos que aglutinan la mayor parte de esta financiación (el 95,4% del total), más de 4.000 millones de dólares entre los dos (unos 3.600 millones de euros), y a continuación se sitúan La Caixa Group (110,6 millones de dólares, ó 99 millones de euros).

[57] Así lo hizo en diciembre de 2002 el Papa Juan Pablo II: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/el-papa-llamo-a-formar-un-nuevo-orden-mundial-nid459606/#:~:text=%E2%80%93%20El%20papa%20Juan%20Pablo%20II,el%201%C2%B0%20de%20enero (2025).

[58] https://www.planigualdadempresas.es/cursos/curso-nuevas-masculinidades/(2025).

[59] El término “ayudar” es denostado por muchas mujeres. Ver: https://elsiglo.com.pa/panama/nacionales/47-cree-hombres-ayudan-quehaceres-BIES23623727 (2025).

[60] 518.

[61] 515, párrafo 1.

[62] Cf Mt 23,8-9.

[63] Cf D. O’MURCHU, Rehacer la vida religiosa. Una mirada abierta al futuro, Ed. Claretianas, Madrid 2001. Pp.131-138

[64] Viene a cuento aquella repetida pregunta de Eduardo Galeano: «La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar».

 

[65] Cf F. AIZPURÚA DONAZAR, Crees como hablas, Feadulta, Madrid 2024, pp.16-18.

[66] Dice Jn 16,5: «Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón». na fe sin preguntas, sin desafíos es una fe agonizante.

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