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FIAIZ

COMUNIDAD SAN JUAN

Juan 80

CVJ

Domingo, 22 de mayo de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

80. Jn 11,47-57

 

Introducción:

 

                Nunca como ahora los intereses de los poderosos han estado más claros: su interés es su propio y exclusivo beneficio. Lo dicen y lo muestran a las claras. Pero también nunca como ahora hay posibilidad de apartarse de ese planteamiento, de cuestionarlo, de dejarlo de lado, de posicionarse en contra, de decir a la cara que quien roba al pueblo es un criminal, aunque la ley no le condene porque el poderoso hace la ley a su medida. Es posible que quien manda se mofe a la cara de quien es débil y dice su protesta; pero en esa protesta radica una esperanza, la esperanza de aunar igualdad y libertad, la esperanza de que la fraternidad englobe a ambas. Octavio Paz decía que “la fraternidad armoniza a la libertad y a la igualdad y nos ayuda a corregir sus excesos”. El día de la fraternidad está lejos, pero viene, aunque venga lento.

                Esta misma dialéctica poderosos-pueblo se esboza en el Evangelio: Caifás quiere salvaguardar la “nación”, es decir, la organización teocrática que es su negocio. Está dispuesto a sacrificar uno que muera “por el pueblo”, por las personas libres, por quienes buscan la fraternidad en la igualdad. La nación es el ámbito de los poderosos, el pueblo el de los libres. Jesús está situado y sitúa su mensaje en el ámbito del pueblo y en contra de la “nación”, del poder real. Nunca el Evangelio ha sido más actual; nunca interroga tanto a los cristianos para preguntarnos, como decía el viejo Schillebeeckx, “en qué orilla vamos estando, si en el lado de los oprimidos o en el de los opresores”. Si el Evangelio no llega a tocar actitudes sociales, ¿para qué nos sirve?

 

***

 

Texto:

 

47Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron al sanedrín y dijeron:

-¿Qué estamos haciendo? Este hombre hace muchos milagros. 48Si lo dejamos seguir, todos creerán en él y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación.

49Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:

-Vosotros no entendéis ni palabra: 50no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.

51Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente anunciando que Jesús iba a morir por la nación; 52y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.

53Y aquel día decidieron darle muerte.

54Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba el tiempo con los discípulos.

55Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse.

56Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:

-¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?

57Los sumos sacerdotes y los fariseos habían mandado que quien se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

 

***

 

 

 

 

 

Ventana abierta:

 

 

                Esta es una de las múltiples fotos que está ofreciendo la increíble realidad de las manifestaciones de ciudadanos y ciudadanas “indignados” que están copando los lugares más significativos de las ciudades españolas. Nos alegramos de que “el pueblo” respire y proteste; nos alegramos de que la gente del poder se sienta “ofendida”; nos alegraría más (cosa más difícil) que la gente del dinero se echara a temblar. De todos modos, sea lo que sea este movimiento, es valioso porque pone delante valores a riesgo de perderse. Y eso es bueno.

                Oramos: Te damos gracias, Señor, por quienes sienten y hacen sitio a los problemas comunes; te damos gracias por quienes sienten la pasión de la fraternidad; te damos gracias por todos los anhelos de justicia.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús queda calificado en este pasaje como “un hombre que muere por el pueblo”, aunque, como dice luego, también muere por la nación, a causa de la nación (la nación, el sistema, es quien lo mata). ¿Tiene sentido una entrega así? La tiene. Si no fuera por esta clase de entregas estaríamos aún en las cavernas. Aunque se menosprecien, las entregas por los demás son las que hacen avanzar el camino de lo humano.

                Oramos: Gracias, Señor, por haberte dado sin reservas; gracias por no haberte alejado de nuestra necesidad; gracias porque te ha interesado lo nuestro.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                El contubernio de las autoridades, su obrar oculto, demuestra todas las estratagemas que urdimos para hacer daño a los demás. Necesitamos más “luz y taquígrafos” en nuestra vida. Cuanta más claridad, más posibilidad de humanidad; cuanta más oscuridad, cuanto más hay que esconder, menos posibilidades de humanidad.

                Oramos: Que nuestra vida sea lo más luminosa posible; que tengamos confianza en los demás para mostrarnos ante ellos como somos; que deseemos una vida ilusionada y luminosa.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Nuestro trabajo orante, nuestra amistad, puede ayudarnos a ser más sensibles a un modelo social, igualitario, libre y fraterno. Puede ayudarnos a irnos colocando en el lado de los “oprimidos” y cada vez más alejados de la orilla de los opresores. Entonces es claro que el trabajo orante y la pertenencia a la comunidad virtual no ayuda a mejorar la calidad social de nuestra vida. Beneficios de la cercanía a la Palabra.

                Oramos: Que nos ayudemos a colocarnos mejor en la orilla de los débiles; que nos ayudemos a ser sensibles a las necesidades de los demás; que nos ayudemos a construir el sueño de una sociedad fraterna.

 

***

 

Poetización:

 

Tramaron contra él,

a sus espaldas,

en lo oscuro.

Pero él lo sabía,

porque tenía dentro la convicción

de que su vida entregada

a la causa de la fraternidad

estaba en el punto de mira.

Quizá le sorprendería

el duro modo de la muerte en cruz.

Pero no le pilló de sorpresa

el contubernio del poder

sobre sus frágiles hombros.

Aun así,

nunca dudó

del valor de su entrega.

Nunca consideró

que la suya era una causa perdida.

Creía en el amor social,

en la libertad que ensancha la vida,

En la igualdad que hace

que nadie se sienta superior.

Y, sobre todo,

creyó a pie juntillas

en la fraternidad total.

Nunca se apeó de ahí.

 

***

 

Para la semana:

 

                Aumenta tu sensibilidad hacia el futuro de tu sociedad. Vibra con quienes vibran por el pueblo.

 

***

 

Juan 79

CVJ

Domingo, 15 de mayo de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

79. Jn 11,38b-46

 

Introducción:

 

                Nadie pone en cuestión que, con frecuencia, sentimos la vida como un peso y que nos ponemos y ponemos a los demás muchas “losas” que terminan por hacer muy ásperos nuestros días. La vida sería más simple y más agradable si no cargáramos de pesos nuestros caminos. Todo esto está muy ligado al tema de la culpa, sombra que acompaña el caminar humano desde su origen y que, con frecuencia, las religiones no han hecho sino acrecentar. No resulta fácil elaborar una visión del mundo donde el tema de la culpa ocupe su lugar y no invada otros ámbitos. Para ello hay que pensar, a priori, que toda persona es básicamente buena y hay que hacer constantemente el ejercicio de no cargar de pesos, de losas, de culpa el corazón de los humanos.

                Si leemos bien el pasaje de esta semana veremos que Jesús da gracias al Padre antes de que Lázaro salga de la tumba. No da gracias por la resurrección de éste, sino por algo anterior: porque han quitado la losa, porque, fiándose de Jesús que dice que hay vida más allá de la dura muerte, han quitado la losa. Jesús quiere que el dinamismo de la resurrección se viva ya desde ahora, no solamente al final (como dicen todas las religiones). ¿Y cómo se puede vivir ya desde ahora en clave de resurrección? Quitando losas, suprimiendo pesos, no cargando inútilmente de pesados fardos el caminar de los humanos. Por eso, quien quita losas, quien aligera cargas, quien mitiga pesares, está haciendo obra de resucitado, como lo hizo Jesús. Por eso vale la pena dar gracias al Padre y dárnoslas a nosotros mismos.

 

 

***

 

Texto:

 

Era una cavidad cubierta con una losa.

39Dijo Jesús:

-Quitad la losa.

Marta, la hermana del muerto, le dijo:

-Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días.

40Jesús le replicó:

-¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?

41Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

-Padre, te doy gracias porque me has escuchado; 42yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.

43Y, dicho esto, gritó con voz potente:

-Lázaro, ven afuera.

44El muerto salió, las piernas y los brazos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:

-Desatadlo y dejadlo andar.

45Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. 46Algunos de ellos, sin embargo, fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.

 

***

Ventana abierta:

 

 

                Este señor es Iosu Cabodevilla, un psicólogo que ha trabajado 19 años al frente de la atención psicológica en el hospital de san Juan de Dios de Pamplona. Ahora le han despedido “porque no da el perfil”. Pero él ha ayudado a muchas personas a morir con más dignidad. Ha contribuido decisivamente en la vida de muchas familias a hacer más ligero el duro peso de la losa de la muerte. La incomprensión hacia su persona no rebaja el valor de su obra. Ha quitado muchas losas. Como Jesús.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes quitan losas, más allá de incomprensiones; gracias por quienes miran con amor a quienes llevan fuertes pesos en la vida; gracias por quienes alivian algo el caminar de los humanos.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús da gracias al Padre porque han echado mano a la losa. Es importante dar gracias por el perdón, pero lo es mucho más por el ánimo para contribuir a la dicha de la persona. La resurrección de Jesús quiere ser un dinamismo para engendrar dicha. Por eso, cuantos más pesos se quiten, más posibilidad de que brote el gozo. En el fondo, Jn 11 es un alegato a favor del gozo de vivir, no tanto un capítulo sobre la resurrección.

                Oramos: Que el gozo de vivir nos sea próximo; que eliminemos pesos que impidan la alegría; que cantemos siempre aunque sean tiempos oscuros.

 

               

***

 

Ahondamiento personal:

 

                El signo de la losa quitada es “por la gente que está alrededor”, por cualquier persona. No serviría de nada alabar el poder de Jesús que saca a un difunto de su tumba. Lo importante es que percibamos que quienes “estamos alrededor” hemos de trabajar por eliminar pesos de nuestra vida y de los demás. Este trabajo de hacer más ligera, más gozosa, la vida es el verdadero milagro, lo que el Evangelio espera de nosotros/as.

                Oramos: Que nos animemos a hacer obra de alegría y gozo en nuestro entorno; que nos animemos a echar una mano solidaria a quien anda mal; que nos animemos a abrazar a quien no puede verse libre de sus propios pesos.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                No cabe duda de que la comunidad virtual aligera nuestros “pesos”, porque la amistad, la cercanía, las buenas palabras, la sonrisa, la comunicación, el compartir orante, el disfrute común, etc., son elementos altamente curativos. Son cosas simples, pero decisivas a la hora de hacer más gozoso nuestro caminar humano. No cuestan mucho. Habríamos de ser generosos.

                Oramos: Que nos ayudemos a caminar con gozo; que seamos generosos en nuestro darnos al otro; que nos acompañemos con benignidad en nuestro camino humano.

 

***

 

Poetización:

 

Su corazón saltó de gozo

cuando echaron mano de la losa.

Algo habían entendido

de lo que pretendía decirles.

Ellos le planteaban

el problema del más allá,

y él les quería hablar

de un más acá más gozoso,

más llevadero,

más humano,
Por eso,

cuando echaron mano de la losa

percibió que algo

habían entendido.

Intuían que el problema

estaba en las losas.

Y que, por lo mismo,

había que echar mano de ellas,

quitarlas,

aligerarlas,

relativizarlas,

suprimirlas si se pudiera.

Y cuando echaron mano de la losa

el rostro de Jesús se iluminó.

No es de extrañar

que brotara,

hermosa y vibrante,

una plegaria al Padre.

 

***

 

Para la semana:

 

                Intenta esta semana quitar alguna “losa”. O, por lo menos, no la pongas.

 

 

Juan 78

CVJ

Domingo, 8 de mayo de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

78. Jn 11,28-38a

 

Introducción:

 

                Corremos el peligro de perder nuestra capacidad de estremecernos. Acostumbrados a que las grandes calamidades nos las sirva la TV en tiempo real y a que en tres días “pasen de moda”, nos acostumbramos a todo y el interior se nos hace seco como el corcho, insensible a la desgracia y también al gozo. ¿Cómo mantener viva la capacidad de sorpresa y de estremecimiento? ¿Cómo no tener vergüenza de los estremecimientos del alma y del llanto de los ojos? ¿Por qué hemos de tener reprimidas nuestras reacciones más vivas por temor a parecer personas de poca densidad. Hay escritos que reivindican la indignación (¡Indignaos!) o la reacción ante lo que nos ocurre (Reacciona). Podríamos inventar otro título en esta lista: ¡Estremécete! Hazlo sin pudor, sin vergüenza. Los movimientos del corazón es lo que nos hacen más humanos. ¿Por qué no compartirlos?

                Presenta este texto del Evangelio de Juan a un Jesús que, por dos veces, se estremece ante las lágrimas y ante la incomprensión de quienes le rodean para intuir que hay vida más allá de la dura muerte. El estremecimiento de Jesús no es de mera amistad. Es como si dijera: ¿Cómo es posible que no entiendan ni se fíen de mi palabra de que más allá de la dura muerte puede amanecer la vida? Jesús no condena ni maldice a nadie por la dureza de entendederas y de sensibilidad. Se estremece. En ese estremecimiento se encierra mucha extrañeza, mucho contrariedad y un cierto desamparo. Pero no tiene reparo en que le vean estremecido, con el corazón a las claras, en toda su desnudez. Quizá esté queriendo indicar que comprender los mecanismos elementales de la fe demanda un corazón al descubierto, sin ases en la manga, simple y claro.

 

 

***

 

Texto:

 

28Y dicho esto fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja:

                -El Maestro está ahí y te llama.

                29Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él: 30porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado.

31Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí.

32Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:

                -Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.

                33Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, mostró su enfado interior y, muy conmovido, 34preguntó:

                -¿Dónde lo habéis enterrado?

                Le contestaron:

                -Señor, ven a verlo:

                35Jesús rompió a llorar. 36Los judíos comentaban:

-¡Mirad cómo lo quería!

37Pero algunos dijeron:

-Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?

38Jesús, mostrando de nuevo su enfado, llegó a la tumba.

 

***

 

 

 

Ventana abierta:

 

 

                Este es el libro que han escrito varios autores (Sampedro y Garzón entre otros) para animar a una respuesta ante la crisis económica y social. Porque sufriendo tal crisis, nos quedamos agazapados, como insensibles, con nuestros dolores sociales y económicos guardados bajo llave. Los autores animan a sacar afuera la indignación, el anhelo de justicia y las ganas de implicarse personalmente en algo que nos atañe a todos. Son personas que animan al estremecimiento social. Nos hacen un bien.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes vigilan el camino humano para humanizarlo; gracias por los profetas que nos despiertan de nuestros letargos; gracias por quienes se apuntan a los caminos activos de humanización.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Los paisanos de Jesús ven sus lágrimas y comentan su mucho amor o recaban su intervención para arreglar lo que no debía haber ocurrido, la muerte de Lázaro. Jesús se estremece de nuevo porque no se le entiende, porque sus lágrimas son por toda muerte y su duro rostro y porque no se le ve capaz de una propuesta de vida en esta historia nuestra amasada en la muerte. Se estremece por la dificultad de conectar con el alma humana y poder ofrecerle un respiro. Él también tiene profundas limitaciones, como toda persona.

                Oramos: Te alabamos, Señor, porque tú también tuviste limitaciones; te bendecimos porque no nos abandonaste aunque no te entendiéramos; te damos gracias porque seguiste ofreciendo vida aunque nos costara tomarla en el marco de la dura muerte.

 

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                ¿Cómo vivir con humanidad las lágrimas y los estremecimientos? Solamente de una manera: tratando de llenarlas de humanidad y paz. La histeria hace que desenfoquemos el problema de la limitación y de la muerte. La insensibilidad y la banalización empobrecen la “hermosura” del morir como parte de la vida.  Necesitamos ahondar con paz, mirar con sosiego, tratar de encajar lo más difícil del caminar humano como una parte importante y hermosa de él.

                Oramos: Que aprendamos a morir viviendo con hondura; que la muerte pueda encontrarnos lo más vivos posible por dentro; que nos animemos a encarar lo duro de la existencia con la mayor paz y sosiego posibles.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Podemos ayudarnos, y de hecho nos ayudamos, a enfocar los asuntos de la vida, incluso los difíciles, con matiz, con valoración, con hondura. La difícil tarea de estremecerse y superar esos estremecimientos con paz es algo que se puede conseguir mejor cuando son estremecimientos compartidos. Por eso, el camino orante se convierte en camino de fraternidad y de amparo.

                Oramos: Que disfrutemos de lo bueno y nos ayudemos en lo difícil; que nos acompañemos con paz cuando nada más podamos hacer; que nos respetemos con una delicadeza que cure nuestras heridas.

 

***

 

Poetización:

 

Se estremecía

y no le entendían.

Creían que lloraba con desconsuelo

o que no tenía poder

para sacar de las garras de la muerte.

Pero su estremecimiento era

por los vivos,

porque no se le entendía

como posibilidad,

como horizonte,

como sosiego.

Se estremecía

porque era muy difícil

escapar de los viejos esquemas

de la desesperación,

de la histeria,

del arrebato loco.

Él animaba a mirar adelante,

a intuir vida,

a olfatear amor

más allá de la dura muerte,

del muro de acabarse.

No era fácil escapar

al acogote de la muerte,

al ahogo de la impotencia.

Pero él no cedería:

seguiría ofreciendo vida y amparo,

posibilidad y dicha,

aunque se estremeciera.

 

***

 

Para la semana:

 

                Sé sensible a la debilidad que te rodea. Trata de ofrecer un poquito de amparo.

 

***

 

 

Juan 77

CVJ

Domingo, 1 de mayo de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

77. Jn 11,17-27

 

Introducción:

 

            Las sombras de la noche caen cada día sobre la tierra. Más allá de ser un comprensible fenómeno físico, quizá sean un símbolo de la existencia humana: imposible vivir sin “sombras”, sin oscuridad. Difícil escapar del gris que, con frecuencia, atenaza la existencia. Y por eso mismo, hay personas que se empeñan en iluminar el presente. Con sus palabras y con su vida echan un poco de luz en la dura oscuridad que nos envuelve. No disponen de trucos mágicos: sus recursos son la utopía, la esperanza, la bondad, el consuelo, la ternura. Con esas “herramientas” ponen una pizca de luz en el caminar de las personas. No podríamos vivir sin ellas; hace tiempo que abríamos perdido el rumbo.

                Jesús ha sido una de esas personas. Todas las religiones, su misma religión, ponen mucha luz en el más allá. Por eso, todas colocan la resurrección en el más allá (largo me lo fiáis). Pero Jesús quiere poner luz ya en el más acá, porque si no tenemos la seguridad de tener un poco de luz en este presente oscuro, ¿cómo vamos a estar seguros de que hay luz en el más allá? De ahí que afirme contra Marta (que cree en la luz, en la resurrección, en el más allá) que “es” la resurrección en este más acá, que la dura oscuridad de la muerte ha de dejar alguna rendija para que en nuestra vida se cuele la luz. Decimos de Jesús: es hijo de Dios. Podríamos decir: es un iluminador de presentes. Quizá le haga más justicia lo segundo que lo primero. Quizá nos aliente más lo segundo.

***

 

Texto:

 

17Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado.

18Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; 19y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano.

20Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa.

21Y dijo Marta a Jesús:

                -Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. 22Pero aun ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.

                23Jesús le dijo:

                -Tu hermano resucitará.

                24Respondió Marta:

                -Ya sé que resucitará en la resurrección del último día.

25Le dijo Jesús:

                -Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; 26y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?

27Ella le contestó:

                -Sí, Señor: yo he creído que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

 

***

Ventana abierta:

 

Esta es la última película de Montxo Armendáriz, No tengas miedo. Trata del abuso sexual a menores por personas del entorno familiar en donde se mezcla, incomprensiblemente, amor y abuso, oscuridad profunda y luz indudable. Es una metáfora de la persona, no solamente de los abusadores. Poner la sombra encima de la mesa, hacérnoslo ver claramente, hacerlo con delicadeza y sentido común, es ya una manera de echar luz en nuestra oscuridad.

                Oramos: Señor, que tu luz ilumine nuestra oscuridad; que vayamos siempre hacia ti más allá de nuestras noches; que pongamos algo de luz en nuestro caminar diario.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

El Evangelio de Juan dice que la adhesión a Jesús produce el increíble efecto de morir un poco menos aunque se muera físicamente. Es que la muerte no es solamente el golpe del final, sino los pequeños (o no tanto), pero dolorosos golpes de cada día. La adhesión a Jesús habría de servirnos para que en esas muertes no definitivas vaya entrando la resurrección, la vida, otra manera de enfocar nuestros caminos y de situarnos en ellos. Un Evangelio para tener vida ahora, no solamente en el más allá.

                Oramos: Que cada día agradezcamos la luz de Jesús; que cada día amemos la luz, que cada día sembremos amor en las relaciones diarias para que brote la esperanza.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

Marta quiere ver luz mirando “arriba”, al más allá, a lo que está lejos de la dura limitación, al brillo de lo divino, al mundo sin dolor de un cielo. Pero Jesús quiere que hagamos luz en nuestro camino mirando abajo, a la tierra, a nuestra historia, a nuestros caminos humanos, realidades marcadas por la sombra. Pero en esa sombra, en esa profundidad, en ese sótano, a veces frío, es precio alumbrar un  poco de luz y de esperanza. Para eso tendría que ayudarnos el Evangelio.

                Oramos: Que miremos abajo y creamos que es posible la luz; que miremos a nuestra historia con bondad para iluminarla cuanto podamos; que miremos a nuestras sombras con benignidad y comprensión.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

Podemos decir que en nuestra comunidad virtual nos iluminamos algo, lo que podemos. Cualquier detalle, espiritual o humano, es útil para este cometido. Por eso, a medida que van pasando los años (llevamos ya muchos) es preciso renovar el deseo de “iluminarnos”, de ampararnos, de ayudarnos en nuestro presente. Podemos hacerlo de modo sencillo. No lo dudemos.

                Oramos: Que nos hagamos presente en el camino de la vida nuestros amigos y hermanos, que nos iluminemos con detalles, que sirven mucho; que nos amparemos sin desmayo no abandono.

 

***

 

Poetización:

 

Luchaba a brazo partido

contra la oscuridad.

su propia religión

Iluminaba el más allá.

Pero él quería iluminar

el más acá,

 las duras sombras,

de los duros caminos

de sus paisanos.

Le pedían resurrecciones

y el ofrecía luz,

le rogaban por sus muertos

y él animaba a los vivos.

Tarde entenderían

que lo suyo era alumbrar caminos,

poner brillo en los ojos tristes,

hacer que el sol del amor

caliente el corazón

de los más desalentados.

Al final entenderían

que todos podemos

ser luz para los demás

cuando quitamos

la dura losa

de cualquier oscuridad.

 

***

 

Para la semana:

 

No pongas oscuridades en los caminos de quienes conviven contigo. Trata de ser benigno y optimista.

 

***

 

 

Juan 76

CVJ 

Domingo, 24 de abril de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

76. Jn 11,7-16

 

Introducción:

 

                A veces, los medios de comunicación nos sorprenden con la noticia de que tal o cual científico dice haber descubierto una vacuna, un medicamento, una terapia, capaces de curar dolencias que, hasta ahora, han sido incurables. Aunque son cosas que no llegan a la meta final, todo lo que nos acerque a ella nos alegra y anima. Son los auténticos “descubridores” porque descubren vida más allá de la limitación, de la enfermedad, de la muerte.

                Este trabajo de descubrir vida más allá de cualquier limitación es algo que puede hacer toda persona, aunque no sea un científico reputado. Efectivamente, la limitación nos ronda a todos. Sucumbir a ella es normal. Pero hay personas que, incomprensiblemente, se alzan sobre la limitación, miran más lejos y terminan descubriendo signos de vida en el horizonte de la existencia. Son descubridores y descubridoras de vida, anónimos, desconocidos, poco valorados. Pero gracias a ellos se mantiene verdeante la esperanza.

                Jesús fue uno de esos capaces de descubrir vida más allá del duro umbral de la muerte. Por eso dijo que se “alegraba” de no haber estado cuando Lázaro murió para que sus compañeros hicieran el tremendo y hermoso ejercicio de creer que había vida más allá de los evidentes y duros síntomas de la muerte. Él quería que quien le siguiera y apreciara fuera de esa extraña “tribu” de descubridores de vida en los ámbitos de la limitación y de la muerte, personas que apuntaran al sol y a la luz en medio de la tiniebla, gente que creyera en la posibilidad del triunfo del bien por encima de cualquier limitación. Esos descubridores son sus compañeros más queridos y aquellas personas en quienes los humanos confiamos.

 

 

***

 

Texto:

 

7Sólo entonces dijo a los discípulos:

                -Vamos otra vez a Judea.

                8Los discípulos le replicaron:

                -Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?

                9Jesús contestó:

                -¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10pero si camina de noche, tropieza porque le falta la luz.

                11Dicho esto añadió:

                -Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo.

                12Entonces le dijeron sus discípulos:

                -Señor, si duerme, se repondrá.

                13(Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural). 14Entonces Jesús les replicó claramente:

                -Lázaro ha muerto, 15y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.

 

                16Entonces Tomás, apodado el Mellizo. Dijo a los demás condiscípulos:

                -Vamos también nosotros y muramos con él.

 

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                Este señor es el conocido científico colombiano Manuel Patarroyo que ha encontrado una vacuna contra la malaria, enfermedad por la que mueren al año más de ochocientas mil personas. Es, sin duda, un benefactor de la humanidad, persona que descubre vida más allá de la muerte. Pero, además, no ha vendido su patente a las farmacéuticas, sino que la ha puesto a disposición de la OMS para que toda persona, sobre todo el débil de recursos (el más afectado por la malaria) puedan tener acceso a ella. Hacen algo parecido a lo de Jesús: descubrir la vida para que otros se beneficien de ello.

                Oramos: Gracias, Señor, por quien descubre vida y la da a los demás; gracias por quienes se preocupan de las situaciones de los débiles; gracias por quienes siembran esperanza por encima de cualquier desaliento.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

 

                Ya lo hemos dicho: Jesús fue un descubridor de vida. No hizo otra cosa en sus andanzas por los caminos de Israel. Fue al encuentro de la muerte, de la soledad, del desaliento, del desamor, no tanto para compadecerlos (que también) sino, sobre todo, para tratar de hacer ver que no todo se acaba en la limitación, sino que, tras ella hay vida; se empeñó en sembrar esperanza y luz por encima de cualquier tiniebla. Su muerte violenta e injusta daría a pensar que fracasó en el intento; pero su resurrección confirma que no andaba descaminado. Gracias a él muchas personas se animan a continuar buscando vida.

                Oramos: Te alabamos, Señor, buscador incansable de vida; te bendecimos, Señor, sembrador de esperanza a manos llenas; te damos gracias, Señor, horizonte y luz para todos.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Es cierto que Tomás el Mellizo era débil como todos, pero intuyó la propuesta de Jesús, propuesta de vida y se animó a “ir y morir con él”. Para ser descubridor de vida hace falta buen ánimo y hay que hacer también apuestas  personales de entrega y de generosidad. La vida no va a brotar en los lugares difíciles por sí sola. Habrá que hacerla brotar, forzarla para que pueda ser (como decía Labordeta). Pero, eso sí, hay que tener presente que si hay entrega habrá fruto y que el mayor beneficiado será aquel mismo que se entrega. Quien descubre vida es el que más vive.

                Oramos: Que descubramos vida con entregas generosas; que propongamos vida viviendo con intensidad; que cantemos a la vida con el entusiasmo de quien la ama.

 

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

 

                No vamos a decir que los miembros de la comunidad nos demos vida a manos llenas, pero algo sí que nos damos. Queremos descubrir vida en cada uno de nuestros caminos personales, aunque a veces parece que estamos en silencio. Descubrimos vida en nuestros momentos de oración, en nuestras pequeñas comunicaciones, en nuestros encuentros. En realidad, orar no es tanto una actividad religiosa, sino un camino común para intentar descubrir la vida que hay detrás de cada uno de nuestros pasos. Y algo de eso sí que nos damos.

                Oramos: Gracias por quienes siembran vida en nuestros caminos sencillos; gracias por quienes siembran optimismo en nuestras relaciones; gracias por quienes dan sonrisas y aliento en nuestros encuentros.

 

***

 

Poetización:

 

No fue un sabio,

ni un científico,

ni un inquieto navegante.

Fue un descubridor de vida,

sencillo y humilde.

Descubrió vida en los ojos que lloraban,

en las manos que nadie estrechaba,

en el corazón que nadie acariciaba.

Descubrió vida

en los caminos de la soledad,

en las oscuridades del mal,

en las heridas de la injusticia.

Descubrió vida

en los caminos de los pobres,

en las casas de los olvidados,

en los perdidos y sin rumbo.

Y, más aún,

descubrió vida

en la muerte,

en la suya y en la de otros.

No volvió el rostro

a la amargura del morir

y leyó, más allá de todo daño,

la realidad hermosa

de una vida acompañada,

abrazada,

querida.

Fue un descubridor de vida.

Y algo de eso espera

de quienes decimos amarle.

 

***

 

 

 

Para la semana:

 

                Trata de descubrir una brizna de vida en situaciones de dificultad cotidiana. Levanta el ánimo. Apóyate en Jesús.

 

***

 

Juan 75

CVJ

Domingo, 3 de abril de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

75. Jn 11,1-5

 

Introducción:

 

                Nuestra sociedad se conmociona ante la muerte de manera llamativa, pero casi nada ante la falta de sentido. Los telediarios están llenos de noticias luctuosas en las que la muerte impacta al escuchante. Pero casi nada se habla de la perdida de sentido vital porque se cree que eso es una cuestión filosófica. Pero, en realidad, esa falta de sentido hace más destrozos en el tejido social que la misma muerte. Muchas enfermedades, soledades, desajustes, tristezas, etc., vienen provocadas por carencia de sentido. Por eso mismo, trabajar el sentido es sanar la sociedad. El sentido es, simplemente, saberse valioso y digno dentro de cualquier limitación. O si se quiere: ser consciente de que alguien me ama y me tiene por valioso sea como sea. El sentido viene mucho del aprecio que tenemos al otro. El sentido viene tanto de dentro como de fuera.

                Jesús dice en este pasaje evangélico que detrás de la muerte de su amigo Lázaro puede estar “la gloria de Dios”. Que más allá de la dura muerte de su amigo puede haber un sentido. Que el sentido no se esfuma ni siquiera ante el terrible embate de la muerte. Que, aunque muerto, Lázaro es digno, amado, acogido, amparado. Y que, por lo tanto, lo que verdaderamente hay que temer no es tanto la muerte, cuanto el desamparo del corazón que esa sí que es verdadera muerte. La gloria de Dios está ligada al amor, porque, como se suele decir, “la gloria de Dios es que la persona viva”, que sea reconocida y vivida con sentido, con orientación, con horizonte. Por eso mismo, el verdadero milagro que se quiere contar en este capítulo 11 de san Juan no es tanto una resurrección cuanto ver que lo importante es el sentido de la vida y que ese sentido se construye en pequeñas acciones cotidianas de amparo y de amor.

 

***

 

Texto:

 

1Un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. 2(María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera: el enfermo era su hermano Lázaro).

3Las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo:

                - Señor, tu amigo está enfermo.

                4Jesús, al oírlo, dijo:

                -Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

                5Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

            Las drogas siguen siendo para muchos un ámbito de muerte. Ahí sucumben no solamente a su salud, sino también a su sentido. Sin embargo, muchas asociaciones, en modo casi siempre callado, siguen trabajando ahí en una tarea que, a veces, da fruto escaso. Quienes están en ese marco nos dicen con frecuencia que lo suyo es, más que liberar de las drogas, reconstruir el sentido, reconstruir la persona. Si se logra algo de eso, el problema de la adicción se aleja. Si no se logra hacer brillar el sentido, todos los problemas siguen vigentes. De ahí que sean personas que trabajan para recuperar el sentido, benefactores primigenios de lo humano.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes trabajan por desvelar el sentido en las vidas rotas; gracias por quienes reconstruyen la persona en la talla de su dignidad; gracias por quienes aman si desfallecer en tareas de humanización.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                El sentido de la vida se construye desde el amor. Posiblemente no haya otros cauces para el mismo. Por eso, deja claro el evangelista que “Jesús quería a Marta, a su hermana y a Lázaro”. Porque entre ellos hay una comunión de amor es por lo que Jesús puede pretender colaborar al sentido de una muerte. Entender a Jesús desligado del amor (como Dios, salvador, etc.) no puede derivar en un aumento de sentido en la propia y limitada vida de cada uno/a. Sin embargo, desde la certeza de su amor, todo cobra otro color.

                Oramos: Tú, Señor, nos amas y nos das sentido; tú, Señor, nos abrazas y nos amparas; tú, Señor, nos mantienes siempre en nuestra honda dignidad.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                El Evangelio habla de “enfermedades que no son de muerte”. Se refiere a todas las limitaciones (incluida la muerte) que pueden ser envueltas en el sentido y el amor. La carencia de estos dos valores sí que serían “enfermedades de muerte”. Y resulta que ahí podemos trabajar diariamente aportando mucho. ¿Quién o qué ley puede impedirnos amar, entregarnos, ser amables y acogedores, acompañar a otros, abrazar sin reparos, situarnos cerca de quien anda mal? Todo eso lo podemos hacer con facilidad si queremos.

                Oramos: Que amemos en modos sencillos y diarios; que acompañemos en maneras eficaces aunque sean modestas; que nos pongamos al lado de quien lo pasa mal, aunque sea con el silencio y la mera presencia.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Jesús acompaña a Marta y María, luego a Lázaro, para dar sentido a una situación dura. Acompañarse para encontrar sentido es una de las mejores maneras de hacerlo. La comunidad virtual es, lo decimos muchas veces, un sencillo trabajo de fraterno acompañamiento antes que una mera disciplina de oración. Por eso, cuanto más nos acompañemos, más colaboraremos a generar sentido.

                Oramos: Que nos acompañemos siempre en modos sencillos; que nos interesemos por las situaciones de vida de quienes decimos amar; que sepamos estar cerca sin hacernos el centro de nada.

 

***

 

Poetización:

 

Tal vez lo vieron

como un milagrero,

uno de tantos que,

en aquella época,

pretendía sacar de la dura pobreza

a fuerza de prodigios.

Tal vez lo vieron

como un milagrero.

Pero no lo era.

Lo suyo era

la hermosa batalla del amor.

Y, desde ahí,

generar sentido

en las pobres vidas

de los pobres.

Quizá sus paisanos,

inmersos en la pobreza,

demandaban pan,

salud,

riqueza incluso,

poder.

Y Jesús les daba amparo,

abrazo,

sintonía,

sueños de justicia.

Quizá no apreciaran esos valores,

no los consideraban milagrosos.

Pero por ese cauce de amor

les venía el sentido

y, con él,

la victoria sobre la muerte.

Quizá no le entendieran,

pero el gozo y el amor

se abrían paso

a través de la espesa niebla

de la muerte.

 

***

 

Para la semana:

 

                Intenta acentuar tu amor a quienes conviven contigo en cosas sencillas. Por ahí viene el sentido.

 

***

 

 

Juan 74

CVJ

Domingo, 27 de marzo de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

74. Jn 10,31-42

 

Introducción:

 

                Ahora no se persigue la blasfemia por motivos religiosos (excepto en los movimientos fundamentalistas). Pero hay personas en la sociedad que tienen comportamientos “blasfemos”: quienes no comulgan con el sistema económico y tratan de vivir una economía de decrecimiento. Quienes no encajan en el férreo sistema de creencias religiosas fuertemente controlado por las autoridades religiosas oficiales. Quienes creen que no hay que hacer el juego a un consumo dirigido y a un tipo de vida en euforia y felicidad perpetuas. Quienes inventan comportamientos sociales moderados que no entran en los parámetros estándar de celebración (bautizos, comuniones, bodas, funerales al uso…). Quienes dimiten de los modos políticos establecidos y apoyan a minorías o se abstienen con razones. Quienes valoran a quienes son considerados distintos en modos de mera igualdad porque los ven iguales como cualquiera. Son gente “blasfema” para la sociedad bienpensante, pero son la esperanza de un futuro.

                El Evangelio con que oramos esta semana aplica un criterio claro: uno no es “blasfemo” por sus ideas, sus experiencias o sus estilos de vida sino por el calado humano de sus obras. Se acusa a Jesús de que “se hace Dios”. Y él replica: valoradme por mis obras, por el contenido humano de mis comportamientos, por la sintonía con el camino humano que hay en mis acciones. Si sus obras estuvieran carentes de estos contenidos podría ser considerado un blasfemo. Pero si rebosan humanidad, nunca debería ser considerado como un blasfemo. El Evangelio sostiene que el baremo básico para medir un comportamiento humano es su nivel de humanidad. A él habrá que remitirse siempre a la hora de hacer una valoración correcta de una persona o de una institución.

 

***

 

Texto:

 

31Los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.

32Él les replicó:

-Os he hecho ver muchas cosas buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?

33Los judíos le contestaron:

-No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo hombre, te haces divino.

34Jesús les replicó:

-¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: Sois dioses”? 35Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), 36a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros que blasfema porque es hijo de Dios? 37Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, 38pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.

39Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos.

40Se fue ésta vez al otro lado del Jordán, al lugar donde había estado Juan bautizando al principio, y se quedó allí. 41Acudieron a él muchos y decían:

-Juan no realizó ningún signo, pero todo lo que dijo Juan de éste era verdad.

                42Y allí muchos le dieron su adhesión.

 

 

***

 

 

 

Ventana abierta:

 

 

                Este libro es un alegato contra este estado de euforia, de felicidad perpetua que ha establecido el sistema como medida de nuestra salud social. Parece como si estar alegre constantemente, en euforia perpetua, fuera una obligación y quien no lo cumpliera sería un estigmatizado, un blasfemo. De ese modo no hay manera de aprender a situarse ante el dolor, a hacerle frente, a sufrirlo con humanidad. Nada digamos de hablar de fin, de muerte, de finitud. Es preciso superar esa “blasfemia” y situarse en el marco de meramente humano, con sus gozos y sus sombras, con sus alegrías e ineludibles penas.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes son humanos en lo fácil y en lo complicado; gracias por quienes encajan con equilibrio el sufrimiento propio y ajeno; gracias por quienes disfrutan de la vida y por quienes son solidarios con el dolor ajeno.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Bien claramente deja Jesús sentado que él desea que se le valore “por la obras”, no por las ideas ni por lo que pueda decir o decirse de él. Quiere que se valoren sus obras y que se vea que la única directriz de sus acciones es su amor por lo humano. Si ese amor no estuviera bajo ellas, se le podría tildar de blasfemo. Pero, dado que están alimentadas por el fuego del amor, considerarle blasfemo es una injusticia. Quiso hacer ver que la opción por lo humano es la opción fundamental de su adhesión a él y, por lo tanto, exigencia ineludible para quien quiera seguirle.

                Oramos: Que creamos en un Jesús hondamente humano y, por ello, cercano a Dios; que valoremos las obras de Jesús por sus fuertes raíces humanos; que seamos espirituales siendo personas de comprobada humanidad.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Hay gente que tiene la mano ligera para lanzar la piedra contra el débil envolviendo su crimen de la acusación de blasfemia. Esto es fácil hacerlo, sobre todo, con quien es más débil. Pero ahí se desvela el poco nivel de humanidad de quien tal cosa hace. Por eso, acusar a un  débil de blasfemo encierra, casi siempre, un componente de inhumanidad. Inaceptable por lo tanto.

                Oramos: Que nunca acusemos a los débiles de blasfemia ni de ninguna otra cosa; que respetemos las opciones de los demás, por extrañas que nos parezcan; que defendamos a quienes son de nuestro grupo y a quienes no lo son cuando cae sobre ellos la acusación de “blasfemia”.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Este “extraño” tema de la blasfemia deja clara una cosa: que ser persona espiritual, evangélica, tiene que ver con el componente humano del corazón. Por eso, uno de los signos por los que podemos valorar nuestra pertenencia a la comunidad virtual es si esta pequeña herramienta orante nos va haciendo más humanos o no. Si lo percibiéramos así, sería señal de que se ha dado en el clavo.

                Oramos: Que nos ayudemos a ser humanos; que valoremos la alternativa cristiana como una alternativa de humanidad; que anhelemos crecer cada día más en “obras” de humanidad.

***

 

Poetización:

 

Lo acusaron de blasfemo

porque contravenía

los códigos de los poderosos.

Lo acusaron de blasfemo

porque hablaba de Dios

con la cercanía de quienes aman.

Lo acusaron de blasfemo

porque en su misma acusación

había intereses creados.

Pero él no blasfemaba.

Tenía un argumento decisivo:

la humanidad de sus obras,

el calado humano de su mirada,

el latir de su corazón ante el dolor ajeno,

la solidaridad que le brotaba a raudales,

la compasión vivida codo a codo

en los caminos compartidos.

No entendieron

que eso era justamente

lo que le hacía ser Hijo de Dios.

Por eso, cuando salían de sus labios

esas palabras,

se escandalizaban y lo acusaban.

Pero en realidad,

su honda humanidad

era lo que le hacía ser hijo.

Nunca lo entendieron.

Y por eso las puertas de lo humano

se cerraron para ellos.

 

***

 

Para la semana:

 

                Trata de hacer obras de humanidad esta semana, que es lo mismo que obras sencillas y cotidianas de amor.

 

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Juan 73

CVJ

Domingo, 20 de marzo de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

73. Jn 10,22-30

Introducción:

 

Parece que nuestra sociedad, nuestro sistema, se ha resignado a que haya pérdidas, a que un sector social ande siempre en la pobreza, a que países enteros nos miren como a un paraíso porque ellos viven en la noche de la marginación. Nuestro sistema produce pérdidas. Parece inevitable. Pero hay personas que tratan de hacer ver que eso no es una ley incambiable. Que se puede pensar en un tipo de vida en que las pérdidas sean menores y que, incluso, que lleguen a desaparecer. Quizá, se dice, hay que echarle mucha imaginación y utopía a la cosa. Pero lo cierto es que muchas personas se dejan la vida (a veces hasta literalmente) por aminorar las pérdidas. Generalmente son personas que permanecen en el más puro anonimato. Pero eso les da un plus de humanidad. Gracias a ellas lo mejor de lo humano sigue vivo.

                Como dice este pasaje con el que oramos en esta semana, Jesús ha sido uno de esos que ha soñado con una sociedad sin pérdidas: “no se perderán jamás ni nadie las arrancará de mi mano”. Jesús soñó una sociedad sin pérdidas. El Evangelio de Mt 18,14 lo decía bien claramente: “el Padre no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños”. ¿Cómo llegó a sumarse a quienes anhelan un mundo sin pérdidas? Porque bajó al sótano de lo humano y descubrió en medio de tanta oscuridad la hermosura de la luz de la dignidad inalienable. Y eso le llevó a descubrir el mayor anhelo del corazón de Padre: que no hubieren más pérdidas. Empeñó su vida en ello, aunque nos pueda parecer que lo logrado fue muy poco.

 

***

 

Texto:

 

22Se celebraba la fiesta de la Dedicación en Jerusalén. Era invierno, 23y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.

24Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:

-¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente.

25Jesús les respondió:

-Os lo he dicho y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mí. 26Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías. 27Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, 28y yo les doy la vida definitiva; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. 29Mi Padre, que me lo ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. 30Yo y el Padre somos uno.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                Este señor es Serge Latouche, un profesor de economía de la Universidad de París. En 1991 escribió un libro que se titulaba El planeta de los náufragos. Dice que el mundo rico es como un lujoso trasatlántico lleno de luz, de música, de alimentos, de bienestar. Pero, si te asomas por la borda, verás en las aguas oscuras una legión de personas que tratan de sobrevivir. Son los náufragos del sistema, porque, de vez en cuando, los marineros arrojan por la borda a algunos pasajeros a ese mundo de oscuridad y muerte. La imagen es impactante y da que pensar porque algo de eso está ocurriendo en nuestra sociedad. Caer en la cuenta no es poco; sumarse a alguna tarea que evite más pérdidas, lo mejor.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes luchan contra todo naufragio; gracias por quienes miran en la dirección de los náufragos; gracias por quienes sienten siempre viva la llamada de la solidaridad.

 

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Desde la persona de Jesús:

 

Dice Jesús en este pasaje que el que no haya pérdidas “es lo que más importa”. Es lo que más le importa al Padre y lo que más le importa a él. Muchos/as otros/as han llegado también a la conclusión de que eso es lo más importante, que si uno logra evitar un solo naufragio o una parte de él está haciendo “lo que más importa”. Nunca se establecerá un premio Nobel para gente que haya evitado naufragios. Pero, desde la perspectiva del Evangelio es lo que más importa. De hecho, si quitamos esa motivación de la vida de Jesús no quedaría nada.

                Oramos: Tú, Señor, has sido, en la medida de tus posibilidades, un rescatador de náufragos; tú te has compadecido de quien andaba en los márgenes de la exclusión; tú has mantenido la dignidad a los marcados por el sistema.

 

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Ahondamiento personal:

 

Rescatar náufragos es cosa más de obras que de ideas. Ya dice el texto evangélico que hay que “acreditarse por las obras”. Por eso, el final del proceso de acercamiento a los náufragos tiene que medirse por el asunto de las obras. Pero, ojo, no decimos por la envergadura de las obras, sino por el contenido humano de las mismas. Y sabemos que este contenido puede estar pujante en obras simples, calladas, pobres, consideradas por los grandes como intrascendentes. Las obras que evitan los naufragios son obras con mística, con la mística de quien poner por delante de todo la valoración ineludible de la dignidad del otro.

                Oramos: Que nuestras obras por el débil tengan dentro la mística de la dignidad; que nuestras palabras sea moderadas y nuestras acciones a favor del débil arriesgadas; que amemos sin esperar siempre recompensa a cambio.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

Dice Jesús que “yo y el Padre somos uno”. Esto, más que una formulación teológica que presuponga la divinidad de Jesús quiere decir que el Padre y Jesús están, codo con codo, en la misma tarea de trabajar porque nadie se pierda. Saber esto habría de animarnos a trabajar todo lo que se pueda en esa dirección. Si intuimos que podemos hacer algo por quien anda un poco despistado, no dejemos de hacerlo. Es la misma obra que hacen el Padre y Jesús, que la quieren hacer a través de nuestros brazos, de nuestros esfuerzos, de nuestro interés. Estos llamados a la misma obra de amor de ello. Una suerte.

                Oramos: Que nos ayudemos a no perdernos; que lo hagamos apoyándonos en todo lo que podamos; que nuestra cercanía no se debilite, sino que aumente.

 

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Poetización:

 

Fue un soñador extraordinario.

Soñó un mundo sin pérdidas,

sin náufragos,

sin excluidos, sin desposeídos,

sin machacados.

Lo soñó tan vivamente

que toda su vida fue una entrega

a ese sueño.

Era el sueño loco de Dios

del que las Escrituras

avisaron tiempo ha:

“me extravié como oveja sin pastor,

busca, por favor, a tu siervo”,

decía el salmo 118.

Jesús se dio a esa tarea,

buscar para que no hubiere pérdidas.

¿Cómo llegó a esta certeza?

Por dos increíbles hallazgos:

llegó al convencimiento

de que toda persona

llevaba dentro una dignidad

que lo hacía único y valioso.

Nunca se apeó de ahí.

Y llegó a la conclusión

de que el Padre estaba haciendo lo mismo

desde los inicios de la historia.

Armado con esas dos convicciones

no hubo obstáculo que se le pusiera por delante

aunque tuvo que empeñar en ello su vida.

Si hubiéramos podido preguntarle

por qué lo hizo,

habría respondido

mirándonos a los ojos:

“era lo más importante”.

Así de sencillo,

así de profundo.

 

***

 

Para la semana:

 

Mira con aprecio a los “náufragos”. Si puedes, haz algo por ello, aunque no sea más que dirigirles una palabra amable.

 

***