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FIAIZ

COMUNIDAD SAN JUAN

Juan 88

CVJ

Domingo, 30 de octubre de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

88. Jn 13,1

 

Introducción:

 

                Demostrar amor es una de las más hermosas características de las personas. No se demuestra amor, sobre todo, en palabras y gestos de cariño, sino en acciones sencillas y cotidianas de respeto, desprendimiento, generosidad. Se demuestra amor cuando no se pasa factura, cuando se escucha sintonizando con la situación del otro, cuando se hace un trecho de camino juntos, cuando se pone realmente a disposición del otro lo que yo tengo y vivo. Demostrar amor solamente es posible si el interior de la persona está sensible a la situación real de quien tengo enfrente. Hay personas que demuestran amor cada día en manera simple y bondadosa. Son los auténticos benefactores y benefactoras de la humanidad. No importa que sus nombres no salten a la fama ni que sus acciones de amor estén en lo oculto. Riegan las raíces de la vida.

                Dice el Evangelio que Jesús fue uno de esos que demostró amor. Y que lo hizo “hasta el extremo”, o sea, hasta el límite, hasta allí donde no se espera, hasta allí donde no se merece. No le importó que su demostración de amor no fuera captada, no fuera agradecida ni aplaudida. No quiso cobrar su amor a ningún precio y lo pareció suficiente “pago” el que quienes le rodeaban sintieran un poco más cerca el amor del Padre y el amor de los demás. Al demostrar amor construía el amor social y personal. Nadie se percató entonces de su demostración. Solamente luego, cuando recapacitaron sobre lo que habían vivido, se dieron cuenta de que habían tenido al lado a una persona que no hizo otra cosa que amarles como eran sin pedirles absolutamente nada a cambio.

 

 

***

Texto:

 

13,1Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo a estar frente al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, les mostró un amor hasta el extremo.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

La foto representa a sus padres, a quienes acusaron del asunto, que ahora presentan un modesto libro en Madrid. Ellos no han dejado de vivir para encontrarla. Toda su fortuna ha sido gastada en el empeño. La foto es la viva imagen de la desolación. La madre, Kate, sentada con la mirada cansada y la pena en cada uno de sus rasgos. El marido, Gerry, detrás, casi a punto de llorar, apoyando las manos delicadamente en los hombros de su mujer como si quisiera unirse a ella en la desolación que los habita. La frase con que se cierra el reportaje da una idea de lo que decimos: “Nunca dejaremos de sentirnos culpables y arrepentidos por lo que pasó. Si hubiéramos visto el más mínimo peligro habríamos obrado de otra manera, pero ya nada podemos cambiar. Tenemos que vivir con ello”, dice Kate. Gente que ha demostrado amor y que sufre. Su entrega no es en vano.

                Oramos: Gracias, Señor, por quien ama más allá de su dolor; gracias por quien es fiel en amar aunque no corran tiempos buenos; gracias por quien siembra amor sin poner muchas condiciones.

 

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice el texto de esta semana que Jesús hizo su demostración de amor a sus amigos “en medio del mundo”, es decir, en el torbellino de los días, en el desasosiego de la incomprensión, incluso en la dureza del rechazo. Se curtió en la dificultad y ahí siguió amando. Nunca pensó que amar sin condiciones era tarea fácil; por eso, vacunado contra el desaliento, permaneció fiel, resistente, en su empeño de amor. En medio del mundo, en medio de nuestra increíble incomprensión.

                Oramos: Gracias, Jesús, por amarnos aunque no te comprendamos; gracias por amarnos, aunque nos alejemos de ti; gracias por amarnos aunque no sepamos corresponderte.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Hay cosa complicadas en la vida que demandan mil explicaciones. El amor parece que es cosa simple. Por eso, habrá que amar sin dar excesivas explicaciones, sin poner demasiadas condiciones, si demandar toda clase de garantía. Amar en forma directa y simple, como quien da generosamente sin muchos requisitos. A veces trabajamos tanto las condiciones de nuestro amor que nos fatigamos antes de darlo.

                Oramos. Que nuestro amor sea rápido y generoso; que sea fácil y sin condiciones; que sea amplio y sin trabas.

 

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Acabamos de venir de nuestra convivencia de Ejulve. A veces nos preguntamos por qué son reuniones tan gozosas, ya que esos encuentros esporádicos podrían salir mal. Salen bien, en parte, porque, en maneras muy simples, queremos “demostrar amor” a quien viene a esa reunión. Puede parecer algo lírico, pero no lo es. Si uno repasa los gestos de las jornadas descubre una generosidad que hace posible que el encuentro no nos canse, sea vibrante y nos nutra, dentro de su modestia. Demostraciones elementales de amor.

                Oramos: Agradecemos los gestos sencillos de amor; agradecemos las palabras cordiales que contienen amor; agradecemos el ánimo personal que brota de una actitud de amor.

 

***

 

Poetización:

 

No se daban cuenta,

no captaban el fondo del asunto,

no entendían apenas

que tenían con ellos

uno que demostraba amor

en cada cosa que hacía.

Nunca le importó

que no le pagasen,

que no le agradeciesen,

que no  lo aplaudiesen.

Él seguía amando con generosidad,

con respeto,

con dedicación total.

Por eso,

cuando se presentó

el duro momento

de la prueba

no lo dudó:

siguió amando,

aunque eso le costará

la sangre y el alma.

Lo suyo era darse,

tocar los corazones,

sembrar abrazos,

derramar alientos.

Lo hacía como quien ama a fondo,

como quien no pregunta,

como quien no exige.

Quizá lo hiciera así

por algo muy simple:

él también se creía amado

por la demostración de amor

hondísima y viva,

del amor de su Padre,

Allá en el fondo

nunca dudó de eso.

 

***

 

Para la semana:

 

                Procura hacer demostraciones de amor sencillo con quien convives. Inténtalo.

 

Juan 87

CVJ

Domingo, 23 de octubre de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

87. Jn 12,44-50

 

Introducción:

 

                En alguna otra ocasión hemos tocado este tema, pero, por su importancia, volvemos sobre él: el juicio condenatorio a los demás bloquea toda relación. Si de algo huimos, es de la persona que nos juzga y nos condena (peor si se hace sin pruebas o por cuestiones meramente externas). Nadie quiere ser juzgado, todo el mundo quiere ser acogido. El juicio condenatorio a las personas es el camino para la inhumanidad. Por el contrario, la acogida de cada uno como es, sin juzgarle, es la puerta que abre el corazón de las personas. Vivir controlando el mecanismo de juicio es muy difícil, pero se pueden hacer avances. Para ello habrá que comenzar por no juzgarse a sí mismo, por tener ternura para con uno mismo. Y luego, mirar al fondo del corazón de la persona para desvelar ahí la hermosura de la más elemental dignidad. Quizá con esta “terapia” se logre algo.

                Jesús fue uno que no juzgó. Por eso se le acercaba la gente, no porque vieran en él a un representante divino. Su acogida sin condiciones, su comprensión amplia, su flexibilidad para abrazar y situarse en el lado del otro es lo que le abría las puertas del corazón de la gente. Los Evangelios se bandean entre esta certeza y el resquemor religioso de que quien rechaza a Jesús será rechazado. No han dado el paso de la acogida amplia, les cuesta desvincularse a ellos mismos del juicio. Por eso, como vemos en este pasaje,. Se dice taxativamente que Jesús no juzga, pero anuncia la presencia de otro “juez”, el Mensaje. Pues no, tampoco nos juzga la Palabra sino que nos sana (“una palabra tuya es suficiente para sanarme”). Si de algo podemos estar seguros después del paso de Jesús por este mundo, es de que no hay nadie que pueda juzgarnos, porque Dios mismo no nos juzga.

 

***

 

Texto:

 

44Jesús dijo gritando:

-El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. 45y cuando uno me ve a mí ve al que me ha enviado.

 

46Yo he venido al mundo como luz, y el que cree en mí no quedará en tinieblas.

 

47Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. 48El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene quien lo juzgue: la Palabra que yo he pronunciado, ésa lo juzgará en el último día.  49Porque yo no os he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. 50Y yo sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre.

 

***

Ventana abierta:

 

                En la hermosa película TIERRA DE ÁNGELES hay una escena en que el párroco, pastor protestante, discute con su mujer a quien hecha en cara que está en pecado por haber bailado descocadamente en una reunión parroquial. Cuando la mujer es instada por el pastor a que pida perdón a Dios, ésta dice con énfasis: “Dios no tiene que perdonarme porque nunca me ha condenado”. Esa certeza habría de anidar en el corazón de toda persona: Dios no condena jamás, aunque se duela de nuestro mal.

                Oramos: Gracias, Señor, por tu fidelidad que nunca juzga; gracias por tu amor que siempre acoge, gracias por tu abrazo que siempre anima.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Si algo quiere hacer Jesús es liberar, dar respiro, potenciar la dicha. Por eso dice que no ha venido para dar sentencia contra el mundo. A Jesús, como a Dios, le duele nuestro mal, pero no nos condena por eso. Jesús nos dice que aunque seamos débiles, pecadores, crueles, inhumanos, nunca seremos excluidos ni condenados. Eso tendría que provocar en nosotros/as un anhelo de humanidad y de bondad. Hay que llevar esta certeza de que Jesús no condena hasta las últimas consecuencias, hasta que la culpa quede arrinconada y los miedos a la condena desterrados para siempre.

                Oramos: Te alabamos, Señor, porque no condenas a nadie, te bendecimos porque te dueles de nuestro mal; te damos gracias porque nos tienes siempre de tu parte.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                La mejor manera de controlar el mecanismo de juicio es potenciar los actos de humanidad y solidaridad. Porque las hondas raíces del juzgar al otro no se arrancan simplemente con desearlo es preciso hacer trabajos cotidianos de humanidad y de amor. Todo lo que se haga en esa dirección, aunque sea poco, es útil. De ahí que ayudarse a vivir con humanidad, enseñarse los caminos del gozo, ser delicados en el respeto a la persona, vivir juntos la pasión por lo humano, ésas son las tareas que, si se hacen, frenan nuestra ansia (a veces irrefrenable) de juicio.

                Oramos. Que nos apasione lo humano, que nos atraiga la solidaridad; que nos entusiasme la bondad.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                En las reuniones generales de nuestra comunidad virtual hacemos, en un primer encuentro, un repaso al Directorio. Van sonando los nombres y personas de cada uno/a del grupo y, si se sabe, se dice alguna circunstancia suya. De esta clase de repaso está alejado cualquier juicio o queja de que no vengan, de que no hablen, de que no escriban, de que no se hagan presentes.  Hemos llegado a ver que la pertenencia a la comunidad es de diversos modos y, por ello, nadie tiene que sentirse juzgado por nada. Vivir sin juicio es propio de una verdadera comunidad cristiana.

                Oramos: Que toda persona tenga acogida entre nosotros; que nadie se sienta extraño; que nadie se vea juzgado.

 

***

 

Poetización:

 

La gente acudía a él

con la confianza

de quien no se siente juzgado.

Lo leían en su mirada,

lo experimentaban en su palabras,

lo sentían en sus abrazos.

Así podían entender

algo más profundo:

que Dios no juzga a nadie,

que su infierno no existe,

que su rechazo no es cierto,

que su condena la inventamos nosotros.

Por eso mismo

se enfrentó

a quienes no pueden  entender

a un Dios sin condena

ya que ellos mismos

son jueces crueles.

Pero quienes deseaban la dicha,

quienes anhelaban la libertad,

quienes, oprimidos, querían respirar,

encontraron en su acogida

la puerta del gozo,

el horizonte soñado,

la alegría robada.

No juzgaba

porque su vida

estaba plantada

en el campo del amor,

de la ternura

y del respeto.

***

 

Para la semana:

 

                Trata esta semana de alejar juicios negativos sobre las personas y situaciones. Sé benigno/a.

 

***

 

Juan 86

CVJ

Domingo, 16 de octubre de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

86. Jn 12,37-43

 

Introducción:

 

                Ante muchas situaciones de la vida, los humanos funcionamos con actitudes de despecho. El comportamiento de los demás nos hiere tanto que nuestra forma de encajarlo es responder con la moneda del despecho, del alejamiento, del enfado, del desprecio. Es comprensible, pero hay que darse cuenta de que esa actitud no lleva a nada positivo. Cuanto más se transitan los caminos del despecho, tanto más nos alejamos de la casa del corazón del otro, tanto más difícil se hace la vuelta a esa casa. Por eso, lo mejor es abandonar cuanto antes tales caminos y volver a situarse en la incansable oferta de amor, de casa abierta, de diálogo, de aprecio. Puede parecer, inicialmente, una “humillación” pero, en realidad, es el camino más fecundo para restañar heridas y para construir caminos nuevos de relación.

                En el pasaje evangélico de hoy el Evangelio se enfrenta a la actitud de Jesús. Nos explicamos: el Evangelio (quizá Jesús o, más probablemente, el evangelista que escribe en situaciones de dolor, de rechazo del cristianismo primitivo) se mete en el camino del despecho. Como no aceptan a Jesús a pesar de las señales, que les den. Para justificar su postura no duda en citar al profeta Isaías mismo. Pero en realidad, viendo el comportamiento de Jesús a través del Evangelio, él no se ha situado en el camino del despecho, no ha respondido al menosprecio con otro menosprecio, ha sido incansable en hacer una oferta para buenos y malos, como el sol que calienta a todos. De ahí que leamos un poco “contra el texto” este pasaje de san Juan para percibir al Jesús que nunca funcionó en modos de despecho, sino en las maneras de la oferta incansable, porque su amor nunca se fatigó.

 

***

 

Texto:

 

37A pesar de tantas señales como llevaba realizadas delante de ellos, se negaban a darle su adhesión.

 38Así se cumplieron las palabras que dijo el profeta Isaías:

Señor, ¿quién ha creído nuestro anuncio?

y ¿a quién se le ha descubierto la fuerza del Señor?

39Y no podían creer por aquello que dijo en otra ocasión Isaías:

                40Les ha cegado los ojos

                               y les ha embotado la mente,

                               para que sus ojos no vean

                               ni su mente perciba

                               ni se conviertan

                               ni yo los cure.

                41Esto lo dijo Isaías porque vio su gloria, y así habló de él.   

42A pesar de todo, muchos incluso de los jefes, le dieron su adhesión, pero por causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser excluidos de la sinagoga, 43pues prefirieron la gloria humana a la gloria de Dios.

 

***

 

Ventana abierta:

 

El 25 de mayo de 2011 sucedió algo insólito en una sala de oficina de Vitoria. Tras medio siglo de violencia terrorista, de 829 asesinatos perpetrados por ETA, de varias generaciones que han crecido en Euskadi entre el miedo y la falta de libertad, dos desconocidos se sentaban cara a cara. Mientras el país entero hablaba sobre el final de la banda, estos dos hombres lo escenificaban, de forma privada, en esa sala. Uno era una víctima del terrorismo cuyo padre fue asesinado en 1980 y que aún no conoce quiénes fueron los culpables. El otro, un preso condenado por pertenecer a ETA, con delitos de sangre, que ha llegado a la conclusión de que la violencia no tiene sentido y se ha apartado de la banda. El primero quería saber el porqué de muchas cosas. Por qué la persona que tenía enfrente había sido un terrorista, por qué había matado, cómo podía vivir con ello, qué le condujo a la organización que destrozó la vida de su madre y de sus seis hermanos... El segundo quería, sobre todo, pedir perdón. Hay gente que abandona los duros caminos del profundo despecho.

                Oramos. Gracias, Señor, por quien perdona por humanidad; gracias por quien demanda que se le perdone; gracias por quienes ponen la persona por encima de cualquier situación social.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice el evangelista, reprobándolo, que son condenables quienes, por miedo, no dieron testimonio de Jesús. Éste, seguramente, no pensaría así y comprendería que la persona es frágil y temerosa y que la amenaza de una dura exclusión pesaba en la persona más que el amor que le tenían. Pero él no habría comparado la una con el otro. Simplemente habría entendido la dura situación del excluido y habría comprendido su abandono. Así de ancho era su corazón y así de fiel su amor.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por tu amor fiel, te bendecimos por tu incomprensible cercanía a nosotros; te damos gracias porque has valorado más nuestro amor que nuestros fallos.

 

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Hay quien hace muchos progresos en el camino de amar sin despecho. Pero, lógicamente, eso no se improvisa. Es preciso construir, día a día, el camino del amor fiel, de la oferta incansable, del estar ahí por encima de negaciones y limitaciones. Es una obra de artesanía, de fidelidad, de constancia, de amor. De lo contrario, la garra del despecho hará presa en nosotros/as y no sabremos cómo escapar de ella. Por eso, cada día que amas con sencillez te alejas de las turbias aguas del despecho.

                Oramos: Que construyamos el amor cada día; que cuidemos los detalles para construir el amor; que no nos instalemos en la ofensa ni el menosprecio.

 

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Nuestra comunidad virtual es una oferta continuada, aunque sencilla. No se contempla jamás el despecho: quien viene, viene; quien participa en una reunión, bien; quien no viene a una asamblea, bien; quien manda un saludo y se hace presente, bien; quien permanece en silencio, bien igualmente. No es un relativismo, sino el deseo de mantenernos en la oferta y el respeto. Son los caminos que no dejan pasar al despecho.

                Oramos: Que seamos siempre respetuosos; que seamos agradecidos con los gestos de amabilidad; que seamos comprensivos con quien anda en el silencio.

 

***

 

Poetización:

 

Los evangelios

le atribuyen

frases muy duras,

de denso despecho.

Pero viendo sus días,

caminando en sus sendas,

sentándose a su sombra,

intentando comprender su corazón,

llegamos a una conclusión

muy distinta:

nunca se instaló en el despecho,

nunca reprochó nada

porque nunca exigió nada.

Supo mirar con amor

a los ojos

de quien le miraba mal;

jamás se cansó de hacer

una oferta de gestos de amor,

como aquel pan untado

con el que quiso cautivar a Judas

en el último momento.

De ahí que los seguidores/as

se empeñen en alejarse

del camino del despecho.

Esos son los síntomas

de que se le ha entendido bien,

de que se vive con su misma alma.

 

***

 

Para la semana:

 

                Trata de controlar tus gestos de despecho. Sé siempre amable y respetuoso con todos.

 

***

 

Juan 85

CVJ

Domingo, 9 de octubre de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

85. Jn 12,31-36

 

Introducción:

 

                Hay gente que atrae. No lo hace solamente por su simpatía o buen carácter, sino porque desvelamos en ella caminos de entrega y generosidad. Es que estos valores, por encima del maremagno de egoísmo en que, a veces, se mueve la vida, surgen como verdaderos atractores. La bondad y la entrega cotizan siempre, aunque parezca que se los llevan por delante el egoísmo y el interés personal. Cuando llega a nosotros un caso de generosidad, nos quedamos admirados y, en el fondo, a traídos. Es la gran pregunta que se hacía Garzo: “¿De dónde brotan el bien y la belleza? No lo sabemos, pero nos siguen atrayendo, con lo que se deja ver que estamos hechos para esa clase de valores, aunque, con frecuencia, nuestros derroteros vitales vayan por otras sendas.

                Algo de esto pasa en el caso de Jesús: ¿por qué sigue atrayendo, más allá de los siglos, de las deformaciones, de la misma religión? Porque no juzgó, porque no se apropió de nadie, porque no respondió con rechazo al rechazo, porque no midió sus entregas. Por cosas de esas Jesús sigue “sobreviviendo”, más que por el empeño de las religiones cristianas. Por eso, no es de extrañar que “levantado en alto”, entregado a fondo, atraiga a todos hacia sí. Representa Jesús en su entrega el sueño hondo de lo humano, ese vivir en y para el otro al que estamos llamados desde los primeros pasos de la historia.

 

***

Texto:

 

 31Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. 32Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.

                33Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

                34Le replicó la gente:

                -Nosotros hemos aprendido de la Ley que el Mesías sigue para siempre, ¿cómo dices tú que el Hijo del Hombre tiene que ser levantado en alto? ¿Quién es ese Hijo del Hombre?

                35Les contestó Jesús:

                -Todavía un poco de tiempo va a estar la luz entre vosotros, caminad mientras tengáis la luz, para que no os coja la tiniebla, pues el que camina en la tiniebla no sabe adónde va. 36Mientras tengáis luz, prestad adhesión a la luz, y así seréis partícipes de la luz.

                Así habló Jesús. Luego se fue, ocultándose de ellos.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                Esta foto sí que es “una de tantas”. Su valor es que es actual: un grupito de chicas voluntarias trabajan por una temporada en un orfanato humilde perdido en el norte de Kenia. Puede parecer algo que “está de moda” o propio de gente joven que, terminados sus estudios, no tiene a dónde echar el cuerpo, por la coyuntura económica. Pero la cosa tiene también otra lectura: es un signo de que la generosidad, la entrega, la preocupación por el otro, las vidas de los débiles siguen importando. Quizá sea una forma cómoda de responder y de entregarse, pero son ventanas abiertas que quizá se abran a pasos de mayor generosidad.

                Oramos: Que agradezcamos y valoremos todo gesto de generosidad con el débil; que creamos en el valor de las entregas humildes; que nos toque siempre la suerte de los desheredados.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                La entrega de Jesús es la que proyecta luz sobre el caminar humano para que la oscuridad sea un poco menos densa. No es el valor de su divinidad el que nos ilumina, sino el de su honda humanidad. Porque se dio con coraje y generosidad total a lo humano es por lo que su vida fue luminosa para él y para nosotros. Las entregas a fondo perdido a la vida, a la debilidad del otro terminan convirtiéndose en luz, mientras que los egoísmos mantenidos engendran oscuridad en torno y despiste vital.

                Oramos: Gracias, Señor, por tu entrega luminosa; gracias por tu generosidad sin límites; gracias por el coraje fiel con el que te has entregado a la aventura humana.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Las zonas de oscuridad, tanto personales como sociales, son, a veces, muy densas. Por eso mismo son imprescindibles las personas que aportan luz, bien sea en el terreno ideológico, como en el social, como en el personal. Ser persona luminosa sin ser persona entregada, vuelta a la vida de los demás, es difícil. Por eso mismo, para ser luminosa es preciso ser generoso. Cuanta más generosidad, más luz; cuanta más egoísmo, más oscuridad.

                Oramos: Que la generosidad ilumine nuestros pasos; que seamos luminosos acrecentando nuestra entrega; que amemos mirando con amor en dirección a los demás.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Las personas de nuestra comunidad virtual nos aportan luz porque los vemos generosos. Mientras haya generosidad habrá luz y podremos disfrutar de ella. No se trata de grandes generosidad, sino de cosas sencillas que hagan más humano nuestro caminar. >por eso nos ayudamos no solamente rezando y acordándonos unos de otros, sino que en nuestras generosidades diarias, se conozcan o no, hay siempre una gran ayuda. Es preciso valorarla siempre.

                Oramos: Nos agradecemos nuestras sencillas y diarias generosidades; nos animamos a crecer en entrega cotidiana; nos entusiasmamos con quienes más se dan a los otros.

 

***

 

Poetización:

 

Su vida fue luminosa

y muchas personas

envueltas en sombras

descubrieron en él

los signos de la aurora.

Su luz no cegó a nadie,

no deslumbró a pesar de nadie,

no resplandeció con la gloria de un Dios.

Era una luz humilde,

cotidiana,

entregada.

Brilló en palabras sencillas,

en caminos compartidos,

en consuelos derramados,

en esperas comunes.

Pero sobre todo,

y por extraño que parezca,

brilló más

cuando más desamparado estuvo,

Era el brillo oscuro de la cruz,

la gloria de su derrota,

el resplandor de la entrega total.

No estaba equivocado cuando dijo

que, desde la cruz,

atraería a todos hacia sí.

La luz de aquella entrega

sigue brillando

y animando a expandir esa luz

en las múltiples entregas

de los corazones bondadosos.

 

***

 

Para la semana:

 

                Trata de sembrar sosiego y luz en las oscuridades de quienes se topen contigo esta semana, en las tuyas propias.

 

***

 

Juan 84

CVJ

Domingo, 9 de octubre de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

84. Jn 12,27-30

 

Introducción:

 

                En la vida de las personas y de los pueblos hay momentos en los que todo parece ser zarandeado. Tal vez estos meses (y los que se avecinan) son de esa clase de tiempos. El zarandeo remueve todo y hace que, como frutos maduros, muchas cosas se vengan al, suelo. Pero algunos frutos permanecen en el árbol. Son las convicciones profundas, los valores en los que realmente uno cree, las adhesiones que están arraigadas en el fondo del corazón, las certezas que, tercamente, quiere uno vivir y mantener. Y así, paradójicamente, los tiempos del zarandeo se convierten en tiempos de afianzamiento, en tiempos de crecimiento.

                Algo así le ha pasado a Jesús: el final de su vida, sobre todo, ha sido un tiempo de fuertes zarandos. Todo parecía venirse abajo: los frutos de la predicación del Reino se esfumaban, la adhesión de la gente se enfriaba, el amor mismo de sus discípulos vacilaba, los ataque de los notables arreciaban, las amenazas del poder cobraban rostro. Pero, paradójicamente, este tiempo de zozobra no ha hecho en él sino acrecentar la con fianza en el Padre; eso le ha hecho mirar con mirada deseosa y confiante el rostro del Padre volcado a la vida. De ahí que, más que desaliento, el zarandeo ha provocado en él más ganas de entrega y de amor.

 

 

Texto:

 

27Ahora mi alma está agitada y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. 28Padre, glorifica tu nombre.

                Entonces vino una voz desde el cielo:

                -Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.

                29La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. 30Jesús tomó la palabra y dijo:

                -Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros.

 

Ventana abierta:

 

 

            He aquí una imagen cualquiera de las huelgas sobre la enseñanza que se están realizando en muchas comunidades autónomas. El colectivo de docentes públicos y la misma educación estás siendo zarandeadas. Pero, más allá del resultado final, que no será muy bueno, esto está sirviendo para reafirmar la certeza de que en la educación está el futuro de una sociedad y no en el dinero, como piensan quienes van a estar en el poder. Muchos ciudadanos/as terminan por ver que la inversión hecha en educación es el futuro de un país. Se zarandea la educación pero quedan certezas.

                Oramos: Que nos sean cercanas las situaciones de quienes padecen el canibalismo del poder; que nos ayuden a entender los valores humanos de la sociedad; que tengamos por cierto que el valor máximo de la vida y de la fe es la persona.

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dicen los estudiosos de san Juan que este texto suple al de la oración del huerto (que el cuarto evangelio no narra). De una manera u otra muestra el interior de Jesús turbado, convulso, agitado. No ha sido Jesús persona de quietud total, de insensibilidad, de frialdad ante los acontecimientos. Él también se ha visto profundamente zarandeado, sus bases vitales se han visto tocadas, el desconcierto ha asomado a su vida. En esas circunstancias ha encontrado como “solución” volver su rostro hacia el Padre, acogerse a su amor, apoyarse en ese abismo de abrazos que es el amor del Padre a toda criatura. A él le ha servido.

                Oramos: Gracias, Señor, porque Jesús ha sido confiante aunque estuviera turbado; gracias, Señor, porque el amor ha sido en él más fuerte que el desconcierto; gracias porque ha podido levantar los hombros y seguir adelante cuando la zozobra arreciaba.

 

Ahondamiento personal:

 

                Hay personas que saben convivir con la zozobra y lo hacen con elegancia y humanidad. No se hunde a la primera de cambio y saben levantar los hombros para seguir caminando. Han aprendido a disfrutar de lo sencillo a pesar de que la limitación y el sufrimiento son compañeros de camino. Saben no desestabilizarse y siguen confiando en quien siempre ha confiado. Son personas que no desisten de una vida en amor. Como Jesús.

                Oramos: Que no desistamos de amar, por encima de toda limitación; que confiemos en el otro, por encima de desengaños; que seamos benignos con todos, más allá de las pequeñas o grandes amarguras de la vida.

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Reanudamos un Curso más con la Palabra en las manos y en los grupos. Lo tomamos como un don del padre. Lo aceptamos con agradecimiento. Puede ser “medicina” para nuestros momentos de desaliento, voz del Padre que se escucha en medio de la tormenta de la vida. A veces los signos de amor del Padre son tan sencillos como una palabra amigable, un rato de oración o una preocupación por lo que nos va pasando. Para hacer crecer en nosotros/as el amor y el sosiego.

                Oramos: Que nos ayudemos con palabras buenas; que nos sostengamos con gestos de aprecio; que nos amparemos compartiendo las preocupaciones cotidianas.

 

Poetización:

 

No fue su vida

un mar en calma,

una balsa de aceite,

una senda sin sobresaltos,

un árbol sin el zarandeo del vendaval.

Su alma sufrió

los días grises,

la fuerza del viento amenazador,

el hielo de las madrugadas,

la incógnita de las noches.

Le hicieron daño los abandonos,

la herida de los menosprecios,

el hachazo de las amenazas,

la mordedura de las calumnias.

Pero, con todo ello,

no se alejó del amor del Padre,

sino que volvió su rostro a él

con más deseo,

con más amor.

Cuanto más zarandeado se sentía

tanto más se abrazaba

al Padre que le amparaba.

Por eso, en sus noches de oración

disfrutaba de la presencia del Padre

más que del silencio

o de la brisa calma.

Estaba seguro de que,

por encima de zozobras,

el Padre siempre estaba ahí.

Esa certeza era

el cabo que nunca quiso soltar.

 

 

Para la semana:

 

                Trata de mantener el ánimo lo más sereno durante estos días, aunque las cosas no vengan bien dadas.

 

Juan 83

CVJ

Domingo, 12 de junio de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

83. Jn 12,20-26

 

Introducción:

 

                Alguna otra vez lo hemos dicho (los temas importantes de la vida son recurrentes; hay que insistir en ellos): la vida se gesta en lo oculto. Acostumbrados a una sociedad de escaparate, de valoración de lo externo, de la buena presencia, de las apariencias, creemos que si algo no se publicita, no se vende, no vale. Por eso, todos los trabajos y vivencias que quedan en lo oscuro las tendemos a considerar prácticamente inútiles. Pero la vida nos sorprende y nos hace ver que eso que se engendra en el escaparate se vuelve inútil en poco tiempo, mientras que lo que se gesta en lo escondido, en lo fiel, en lo tenaz, en la entrega, pasa a ser fundamento y cimiento de nuestro caminar, aliento para muchas de nuestras actuaciones.

                El Evangelio tiene fe “ciega” en el valor de lo oculto. Por eso, cuando aquellos griegos quieren ver con sus ojos la gloria de un Mesías poderoso y brillante, Jesús les sale con algo extrañísimo: el grano de trigo es fecundo cuando case en el surco oscuro y muere. La fecundidad verdadera se halla en las entregas ocultas. No dice el texto cuál fue la reacción de aquellos griegos. Pero el contexto da a entender que se llevarían una fuerte decepción: un Mesías caído en el surco no es capaz de entusiasmar a nadie.

                Sin embargo, es cierto que los valores que nos sostienen, las personas que nos dan luz y ánimo, quienes nos ayudan en los momentos de dificultad son, siempre, personas sencillas y oscuras. Nunca los poderosos han iluminado a nadie (se iluminan a ellos mismos). La vida muestra que el Evangelio tiene razón también en esto.

 

***

 

Texto:

 

20Entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos gentiles; 21éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban:

                -Señor, quisiéramos ver a Jesús.

                22Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

                23Jesús les contestó:

                -Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre. 24Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. 25El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. 26El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará.

 

 

***

 

Ventana abierta:

 

Hay gente que recibe premios; son personas notables. Pero hay personas que, en lo oculto, hacen grandes hazañas, pero nadie les premia. Como, por ejemplo, el valiente señor Ma del Heilongjiang es bien conocido en la China. El señor Ma es un leñador que en el trascurso de su vida ha cortado 36.000 árboles. Pero diez años después de jubilarse había plantado ya 46.000 árboles. Todavía a los 80 años sigue plantando diariamente árboles. ¡Diez mil Premios Nobel para el señor Má! Y también para el valioso señor Cheng Ahihou de la zona rural de Beijing que plantó 600.000 árboles en 12 años. No hay ni una foto de ambos en internet (por eso hemos puesto el dibujo de un árbol). Su entrega es el lo oculto, en el surco oscuro de la vida.

Oramos: Gracias, Señor, por quien se entrega en lo oculto; gracias por la generosidad de los sencillos; gracias por las proezas de los constantes.

 

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                A Jesús le gustaba expresarse en modos paradójicos, sorprendentes: tener apego a la propia vida, dice, es arruinarse; entregarla es la mayor ganancia. Puede ser que esta manera de pensar no nos convenza, aunque, como decimos, muchas veces la vida nos hace ver que es así. Pero si no damos crédito a los planteamientos del Evangelio, ¿qué clase de fe es la nuestra? ¿Podemos seguir a Jesús sin dar crédito a su manera de pensar y de vivir?

                Oramos: Que demos crédito a lo que propone el Evangelio; que creamos a un Jesús que vive lo que propone; que creamos en lo que él creyó y vivió.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                En el anhelo de esos griegos que se acercan a Jesús están resumidos todos nuestros deseos de brillo, de gloria, de aplauso, de felicitación. Es algo que no podemos reprimir. El Evangelio tiene la pretensión de modificar, en lo que se pueda, esos movimientos interiores. Lo hace proponiendo una alternativa: el valor de lo que se gesta en lo oscuro, en la entrega, es superior al aplauso que hoy es y mañana se vuelve censura y abandono. El Evangelio es benéfico para una vida que anhele la verdad.

                Oramos: Que anhelemos la verdad, aunque esté oculta; que no temamos la entrega, aunque cueste; que disfrutemos de las cosas verdaderas, aunque sean sencillas.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                No cabe duda de que nuestra comunidad es una realidad de esas “ocultas”, quizá cada vez más porque es pequeña en número y compuesta por personas normales, sin grandes brillos sociales. Pero es en este camino de lo “oscuro” donde vamos experimentando el gozo de ser grupo. Por eso, creemos que el Evangelio apoya este camino. Y desde ahí lo disfrutamos y vivimos.

                Oramos: Que nos mantengamos fieles a la comunidad aunque tenga poco brillo; que creamos en lo positivo que pueden aportar nuestros amigos/as; que nos tire lo humilde, como diría san Pablo.

 

***

 

Poetización:

 

Habían oído hablar de él,

de sus palabras de luz

y de sus obras sublimes.

Le buscaron

para verle en su esplendor

y, de paso,

para sumarse a su triunfo.

Y he aquí que les habló

de la muerte en lo oscuro,

de la entrega en el surco,

del grano que se pudre

para que la vida brote.

Así era él,

alguien destinado

a un surco oscuro,

a una sombra ignorada,

a un olvido que hace daño.

Pensaba que la vida entregada

es vida salvada,

y que si se la retiene,

se la pierde.

Los ojos de los griegos

se abrieron incrédulos,

su deseo de brillo se vino abajo.

Era un mesías pobre

el que tenían ante sus ojos.

No podían entenderlo.

Los mismos discípulos

que habían hecho de mediadores,

quedaron consternados.

Tampoco ellos entendían

la sabiduría de lo oscuro,

el gozo de lo que se oculta,

el brillo de la entrega humilde.

Sólo más tarde

se acercarían al misterio oculto

del Jesús pobre.

 

***

 

Para la semana:

 

                Tratar de mirar las entregas sencillas con agradecimiento.

 

***

 

Juan 82

CVJ

Domingo,  5 de junio de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

82. Jn 12,12-19

 

Introducción:

 

                La sed de triunfo, hija de la sed de dominio, es tan abrasadora en el interior de las personas que muchas de ellas pasan por encima de todo con tal de saciarla. Triunfar (sinónimo, con frecuencia, de tener dinero y poder) es lo que da prestigio a la persona y le hace tener un lugar en el concierto social. Por más que veamos muchas veces que todo eso es frágil, falso y con frecuencia injusto, nos sigue atrayendo. No se entiende como triunfo una vida sencilla, gustosa, amable, en buena vecindad, en el anonimato y en la elemental “prosperidad” de tener una vida básicamente digna. En realidad, esto último nos da más satisfacciones reales que el oropel del éxito social. Pero somos como somos, aunque cada vez es más la gente que va entendiendo que para vivir a gusto no hay que andar perdiendo el culo tras un triunfo que deja siempre un cierto poso de amargura.

                En la escena de la famosa entrada de Jesús en Jerusalén (aunque si lees bien a san Juan verás que Jesús no entra, sino que “va llegando”), el Evangelio rompe una lanza por el triunfo de lo humilde. Por eso jesús se monta en una cabalgadura de pobres, no en un caballo de guerra y de poder. El mismo tributo de alabanza que la multitud (siempre ansiosa de poder) le dedica está fuera de tono: es un canto mesiánico, de triunfo, de guerra incluso (Hosanna significa algo así como “gloria al Dios guerrero”). Ese grito de anhelo de poder queda contrarrestado con la profecía de Sofonías: montado en un borrico, un rey de nada, un rey de humildes, uno que detesta el triunfo y el escaparate, el brillo y el poder.

                El Evangelio sostiene que el triunfo de la humildad es el verdadero triunfo, porque es el triunfo callado, sosegado, acaparador, solidario del amor. Hacer un camino orante con la Palabra habría de hacernos más deseable ese camino extraño, pero hermoso, de “triunfar” dentro de la sencillez, de lo cordial, de lo humano, de amable.

 

***

 

Texto:

 

12Al día siguiente, la multitud que había llegado para la fiesta, al oír que Jesús llegaba a Jerusalén, 13cogieron los ramos de las palmas, salieron a su encuentro y empezaron a dar gritos:

                -¡Sálvanos! ¡Bendito el que llega en el nombre del Señor, el rey de Israel!

                14Pero Jesús encontró un borriquillo y se montó en él, como estaba escrito:

                               15No temas, hija de Sión,

                               mira a tu rey que llega

                               montado sobre una cría de borrica.

                16Sus discípulos no comprendieron esto al principio, pero cuando Jesús manifestó su gloria, entonces se acordaron de que lo mismo que estaba escrito fue lo que hicieron con él.

                17Daba testimonio la gente que había estado con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro levantándolo de la muerte. 18Precisamente por eso le salió al encuentro la multitud, por haberse enterado de que había realizado aquella señal.

                19A esto, los fariseos se dijeron entre ellos:

                -Estáis viendo que no adelantamos nada; mirad, todo el mundo ha ido detrás de él.

 

***

 

 

 

 

Ventana abierta:

 

 

            Este es un cuadro de Isabel Guerra, la monja cisterciense pintora de Zaragoza (donde desvalijaron el convento). Es una gran pintora realista. Valoremos el arte, aunque discutamos los modos económicos de la comunidad. El cuadro se titula “saciará la sed de los humildes”. Éstos tienen sed, lo digan o no: sed de respeto, de igualdad, de consideración, de justicia, de consuelo, de ser tenidos en cuenta. Se puede sentir en los propios labios, y en el corazón, la sed de los humildes. Tendríamos que animarnos a verter, si se puede, una gota de agua en esos labios.

                Oramos: Que nos importe la sed de los humildes; que pongamos una gota de agua en los labios sedientos de los humildes; que no nos sea indiferente el dolor de quien anda mal en la vida.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús es “un rey montado en un borrico”. ¡Buena definición para un catecismo o un libro de cristología! Y, sin embargo, el Evangelio dice que lo es. ¿Nos habría ido peor en la experiencia cristiana si nos hubieran orientado hacia una comprensión de Jesús como el de un humilde que se entrega a lo nuestro? ¿Le habría ido peor a una comunidad cristiana que no termina de despegarse del poder y de la fuerza? ¿Le habría ido peor a la sociedad si hubiera contando con un número mayor de humildes concienciados, anhelantes de justicia, sedientos de dignidad?

                Oramos: Gracias, Señor, por tu lúcida humildad; gracias por no haber sucumbido al brillo del poder; gracias por tu cercanía incondicional a la vida de los sencillos.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                El poder reconoce que “no se adelanta nada” reprimiendo al humilde. Pero sigue empeñado en ello. Un creyente no tendría que hacer parte de ninguna instancia opresora de los humildes. Al menos eso. Por lo que habrá que hacer fuertes discernimientos en temas sociales, económicos, laborales, ciudadanos. De lo contrario, y casi sin darnos cuenta, caeremos en la trampa que nos tiende el poder, porque es una trampa brillante y de reconocimiento social.

                Oramos: Que seamos lúcidos para no vivir de espaldas a los sencillos; que hagamos continuos discernimientos para no caer en la trampa brillante del poder; que nos alienten y reconforten las alegrías de los pobres.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Nuestra comunidad virtual, lo hemos comprobado en nuestro último encuentro de Carrasquedo, es cosa muy sencilla. Pero hemos visto con claridad que en lo simple se esconden muchos valores y gozos. De lo contrario ¿cómo íbamos a disfrutar tanto con cosas y situaciones tan elementales? Un paisaje hermoso, una comida suficiente, un albergue modesto, una conversación cálida, una espiritualidad comprensible, un recuerdo disfrutante. Con cosas así se puede ver que lo simple es hondamente humano.

                Oramos: Gracias, Señor, porque nos damos en modos sencillos; gracias por los gozos cotidianos; gracias por la mirada amable de quien nos aprecia.

 

***

 

Poetización:

 

No lo entendían.

Querían un Mesías de poder,

de brillo,

de triunfo,

de humillación para los enemigos.

Querían una especie

de Dios de la guerra,

avasallador,

potente,

indiscutible,

benefactor de los suyos.

Y he aquí que se presenta

humilde y sencillo,

en cabalgadura de pobres,

en los modos de quienes no cuentan.

No le entendían.

En su grito de triunfo

se ahogaba

una profunda decepción:

un rey montado en un borrico,

en una cría de asna.

¿Ese iba a ser

el rey que los sacaría de apuros?
Y, sin embargo,

así era:

porque quería hacer ver

que el éxito de la vida

anda por los caminos de la sencillez,

que el triunfo de la verdad

va hermanado con el respeto y el cariño,

que el bienestar del alma

se logra por los caminos escondidos del abrazo.

No le entendieron,

aunque algo nos dice dentro

que el rey pobre,

el montado en un borrico,

había dado con la calve del éxito,

con la llave del sentido,

con el secreto del amor valioso.

 

***

 

Para la semana:

 

                Que durante esta semana nos tire lo humilde, como diría san Pablo.

 

***

 

 

Juan 81

CVJ

Domingo, 29 de mayo de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

81. Jn 12,1-8

 

Introducción:

 

                Lo humilde, lo pobre, nos parece feo, poco atrayente, sin valores. El áspero envoltorio en que vienen las cosas, las personas humildes, nos aleja de ellas. Nos encantan las formas hermosas, los envoltorios de colores, lo que tiene luz y brillo. No sabemos descubrir los valores ocultos de lo humilde, la “belleza de la pobreza” (con perdón), el alma que late en las vidas de quienes cuentan menos. Si supiéramos mirar eso que late en el fondo de lo pequeño, de lo simple, de lo modesto, quizá descubriríamos la vida con otro gozo, con otra alegría, con otro sentido. Es preciso hacer continuas prácticas de descubrimiento de la belleza en lo sencillo: mirar de frente y con benignidad solidaria a las personas débiles, mirar los entornos simples con agradecimiento, apreciar los disfrutes simples (la convivencia, el diálogo, el estar, la risa común). Son caminos para descubrir el “alma” de lo que vive.

                El relato de la unción en Betania habla de algo de esto. El perfume que María derrama sobre Jesús es elocuente: dice que, aunque Jesús va derecho a su muerte, de hecho, es uno que está destinado a la vida. Por eso, se le unge con el perfume de la vida (nardo auténtico) y se le seca con el cabello (“en uno de tus rizos me has atrapado el corazón”, dice el Cantar). María descubre en el destinado a la muerte la belleza del resucitado. Es esa belleza a la que apunta su gesto hermoso.

                A nosotros nos resulta fácil ver a Jesús como alguien hermoso, pero María y los suyos lo veían como persona en peligro, destinada a la muerte, objeto de burla. Y así fue. Pero la mirada del amor le hizo ver más lejos, más adentro, más en la verdad. Esa mirada de amor es la que resulta precisa para poder descubrir la belleza que esconde lo débil.

 

***

 

Texto:

12,1Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. 2Allí le ofrecieron una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los reclinados con él a la mesa. 3María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

 

4Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo iba a entregar, dice:

5-¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?

6(Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando).

7Entonces Jesús dijo:

-Déjala: Que lo guarde para preparar mi sepultura; 8porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.

 

9Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. 10Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, 11porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

 

***

 

 

 

 

Ventana abierta:

 

 

                Es una de tantas de las fotos que nos han llegado (y siguen llegando) de Haití: una mujer joven, en medio de un estercolero, mira al horizonte. Se pone las manos sobre su vientre (quizá esté embarazada) y mira al horizonte, no a la basura de su derrota. Es la fuerza que surge imparable, la fe que alienta en quien ha sido destruido, la energía que sale no sabemos de dónde pero que no se podrá parar. A veces decimos que no habríamos del olvidarnos de Haití. No nos conviene: los derrotados nos enseñan esa fuerza de lo bello que anida en los pliegues de las pobrezas humanas.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes resisten en la derrota; gracias por quienes miran al horizonte más allá de su mal; gracias por quienes acarician la vida aunque ésta les sea dura.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús dice que los pobres están con nosotros siempre, cosa que es una realidad (hasta que deje de haber pobres ¿cuándo?). En ellos es preciso descubrir el mismo valor, la misma belleza, que la fe nos hace descubrir en Jesús. Es, pues, más importante creer al débil que creer en Jesús. O de otra manera: quien no cree en el débil que tiene siempre con él, tampoco puede creer en el débil Jesús. El Evangelio es realista: cuando anima a descubrir la belleza de lo oculto, anima a la solidaridad.

                Oramos: Te alabamos, Jesús, porque no te alejaste de la vida de los débiles; te bendecimos porque fuiste hermoso, aunque eras pobre; te damos gracias porque jamás se quebró tu solidaridad con los excluidos.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                La intervención de Judas, desvelada por el Evangelista, descubre esas intenciones que se cuelan en nuestra valoración de las pobrezas: hay solidaridades que no están hechas desde la benignidad y, con frecuencia, encierran el veneno de la apropiación, del querer lucrarse (en fama, brillo, poder) de la debilidad del excluido. Los humanos lo estropeamos todo. El Evangelio es una advertencia contra solidaridades que no proceden de la benignidad.

                Oramos: Que nuestra solidaridad brote siempre de la benignidad; que nuestra generosidad esté llena de afecto; que nuestro amparo al otro no pretenda lucrarse en nada.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                La comunidad virtual con sus medios sencillos (relación, oración, convivencia, contactos varios) puede ayudarnos a ir encontrando esa belleza que anida en lo débil y que no nos resulta fácil de ver. Vivir en relación de amistad y de fe es un ejercicio bueno para ir en la dirección del descubrimiento de la belleza de lo sencillo. Por eso tenemos que estar agradecidos los unos para con los otros y otras.

                Oramos: Gracias, Señor, por nuestras buenas relaciones; gracias por el interés mutuo; gracias porque nos animamos a seguir en relación.

 

***

 

 

Poetización:

 

Los ojos de María

miraban a lo profundo.

Todos creían tener delante

a uno destinado a la ofensa,

a la pobreza,

a la humillación, a la muerte.

Y así era.

Pero María miraba a lo profundo.

Y allí descubrió

la hermosura del amado,

el gozo de la amistad,

la alegría de los corazones que se tocan.

Entonces, no dudó

en verter su mejor perfume,

nardo puro y carísimo.

El amor se lo merecía,

aunque no la entendieran,

aunque Judas la censurara,

aunque nadie saliera a defender.

Fue el mismo Jesús

quien tuvo que sacarle la cara.

El argumento era simple:

lo hecho por amor

tenía razón de ser

en sí mismo.

Y si, además,

lo que se hace por amor

se hace con un excluido,

el amor brilla entonces

con toda su fuerza.

Por eso todavía nos conmueve

el gesto aquel de María,

la mujer que amó

más allá de la pobreza.

 

***

 

 

 

 

 

Para la semana:

 

                No apartes la mirada de las personas y situaciones de pobreza. Trata de ver más allá de su debilidad y descubrir algo positivo y hermoso.

 

***