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FIAIZ

COMUNIDAD SAN JUAN

Juan 72

CVJ

Domingo, 13 de marzo de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

72. Jn 10,19-21

 

Introducción:

 

                La tendencia a descalificar al otro, al diferente, al tenido como malo, al caído en desgracia, al pobre por fuera, al raro, es imparable. Lo descalificamos y lo demonizamos diciendo que de él nos vienen todas las desgracias. Sobre todo demonizamos a quien antes era tenido por bueno, honesto, digno, cariñoso y ahora, pillado en falta flagrante, pasa a ser lo contrario: malo, repugnante, odioso, rechazable, un demonio. Posiblemente ni antes era tan bueno como decía él y su coro de fans, ni ahora es tan malo y perverso como decimos de él. ¿Cómo mantener un equilibrio para no dejarse llevar por la corriente que ensalza o demoniza según las circunstancias? Es preciso mirar con profundidad, valorar con bondad, apreciar con sensatez, alejarse lo más posible de valoraciones externas. Con esos ingredientes quizá se pueda llegar a otra manera de valorar a las personas.

                Jesús era uno caído en desgracia para el estatus oficial: pobre, amigo de gente perdida, contraventor de las normas oficiales, sin apoyos entre los poderosos. Tenía todas las notas para que el poder dijera que estaba loco si no le daba la razón. Pero en realidad, sus únicas locuras fueron las hechas por amor: abrir ojos y oídos, desatar lenguas y almas heridas por la pena, acompañar duelos y decir que habrá futuro para los dolientes, proclamar la innegociable igualdad y la tiranía de quienes se lucran de los pobres. Esas fueron sus locuras. Justamente ahí se halla la hermosura de su vida, porque tales locuras dejan ver claramente que su manera de mirar al corazón de las personas era distinta, ecuánime, humanizadora, justa y compasiva. Para bien nuestro.       

***

 

Texto:

 

19Estas palabras causaron de nuevo división entre los dirigentes judíos. 20Muchos de ellos decían:

                -Está loco perdido, ¿por qué lo escucháis?

                21Otros, en cambio:

                -Esas no son palabras de loco; ¿acaso puede un loco abrir los ojos a los ciegos?

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

         Esta es Marta Domínguez en sus días de gloria. Ahora pasa un infierno quizá debido a sus malas prácticas deportivas. ¿Quién es capaz en este momento de valorar su esfuerzo, su trabajo y sus indudables logros, más allá de sus debilidades? Resulta muy difícil. La prensa y la opinión general la han demonizado. Ni antes era tan buena, ni ahora es tan mala. Enfocar las cosas y, sobre todo, las personas con ecuanimidad es un modo humano y evangélico de comportarse. Hay que intentarlo, por encima de la opinión general.

                Oramos: Que valoremos a las personas con ecuanimidad; que miremos también el lado bueno de las personas “caídas”; que amemos por encima de debilidades manifiestas.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                La evidencia del argumento que propone el texto es clara: un loco no se dedica a abrir los ojos a los ciegos, a hacer sin más el bien. Jesús es uno que hizo bien. No podía estar enajenado sino, por el contrario, identificado y enamorado por el bien. Aun en el supuesto que se hubiera equivocado, que hubiera tenido fallos, que sus comportamientos fueran extraños, en todo ello subyacía el bien y el bien transforma toda posible locura en salud, en amor. Manikós eros decían de Jesús los místicos medievales, loco de amor.

                Oramos: Tú, Señor, nos amas con locura; tú, Señor, nos amas sin medir las consecuencias; tu, Señors, nos amas en respeto y libertad.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Es fácil decir de una persona que está loca. Es más difícil hacerse un juicio equilibrado, sensato, razonable, que no eluda la debilidad manifiesta pero que también considere la bondad que hay en toda persona. Es preciso trabajar por ir adquiriendo esa manera equilibrada de valorar personas y situaciones abstrayéndose lo más posible de la corriente mediática que pasa del ensalzamiento a la condena en pocos segundos. Esa ecuanimidad tendrá para nosotros el beneficio de hacer más humano nuestro camino vital.

                Oramos: Que seamos ecuánimes con las personas; que valoremos con equilibrio los comportamientos de los demás; que nuestro modo de mirar al otro sea siempre compasivo.

 

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                En nuestra pequeña comunidad virtual no nos cuesta ver al otro desde el lado bueno. Quizá porque no conocemos a fondo las limitaciones de cada cual. Pero, aunque las conociéramos, tendríamos que ser benignos y pacientes para valorar a las personas no solamente por lo que hacen (a veces es difícil hacer otra cosa, andar otros caminos), sino también por lo que no hacen, por lo que quisieran hacer, por sus anhelos, sus sueños y sus indudables buenos deseos.

                Oramos: Que valoremos positivamente los anhelos de las personas; que tengamos en aprecio los intentos de caminar por el bien de quienes lo intentan; que nos resulte amable el corazón de las personas con sus debilidades encima.

 

***

 

Poetización:

 

Lo tuvieron por loco

porque contravenía

el orden establecido.

Lo tuvieron por loco

porque no daba la razón

a los amarrados a la ley.

Lo tuvieron por lo

porque ponía en cuestión

las actividades depredadoras

de quien se lucra de los demás.

Pero no estaba loco.

La prueba es que hacía el bien,

que consolaba en los llantos,

que acompañaba en los duelos,

que sostenía en las caídas,

que iluminaba las noches,

que abrazaba sin mirar lo externo,

que se ponía al lado de quien sufre,

que entendía de desamores,

que cantaba con los desesperados,

que exigía justicia para los débiles,

que anunciaba futuros mejores,

que soñaba la hermandad entre todos.

No estaba loco

porque, simplemente,

hacía el bien.

Que se lo dijeran al ciego

cuya vida se inundó de luz,

sobre todo por dentro,

cuando le hizo ver

que era una persona digna

y amada por el Padre.

Que se lo dijeran a tantos otros

que encontraron un aliento,

un resquicio de justicia y de dignidad,

una pequeña senda abierta ante ellos.

No estaba loco porque amó.

Si acaso hizo locuras de amor,

siempre hermosas.

 

***

 

Para la semana:

 

                No demonices a nadie esta semana. Trata de ver lo bueno de las personas, aunque sus debilidades esté patentes.

 

***

 

Juan 71

CVJ

Domingo, 6 de marzo de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

71. Jn 10,11-18

 

Introducción:

 

                Si las ovejas fueran animales pensantes y se dijeran: quién es el que nos explota, quién es nuestro mayor enemigo. La respuesta sería clara: el mayor enemigo del rebaño es el pastor. El lobo roba las que puede, el ladrón arrambla con algunas, pero el pastor termina acabando con todas. Se lucra del rebaño: las cuida sí, pero les quita la leche, la carne, la lana, las crías, todo. Por eso, hay que tener mucho cuidado con los “pastores” de toda índole: religiosos, sociales, políticos, etc. Si se lucran del pueblo, ojo con ellos. Los buenos “pastores” son aquellos que encuentran placer en darse al pueblo, a la comunidad, sin pasar factura siempre, entregándose. Los hay. Con esos hay que colaborar; con los otros, cuidado.

                Jesús, lo dice el texto, es de los pastores auténticos que entregan la vida por las personas. Jesús no se lucra de nosotros, nos da todo, no nos quita nada. No busca su éxito; nuestro éxito es el suyo. No es el jefe de la orquesta y del coro que se lleva los aplausos del respetables, sino que es un humilde cantor que colabora con el conjunto para que el conjunto logre el éxito. Por mecanismos religiosos hemos endiosado al pastor (y con ello a los “pastores delegados”). Pero Jesús no quiere endosiamientos, quiere felicidad para las personas. Su alegría no es que se le reconozca como pastor y que se le venere como tal, sino que el conjunto de la historia llegue a la plenitud y a la dicha. Por eso, la imagen del pastor es equívoca: es un pastor distinto, auténtico, loco incluso porque hace “locuras de amor”, cosas raras y arriesgadas porque nos ama, porque se entrega sin pasar factura, porque se solidariza por haber andado nuestro mismo camino.

 

***

 

Texto:

 

11Yo soy el auténtico pastor. El pastor auténtico da la vida por las ovejas; 12el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; 13y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

                14Yo soy el auténtico pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen.

15Igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por mis ovejas.

16Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo pastor.

                17Por eso el Padre me demuestra su amor, porque yo entrego mi vida y así la recobro. 18Nadie me la quita, yo la entrego por decisión propia. Está en mi mano entregarla  y está en mi mano recobrarla. Éste es el mandamiento que recibí de mi Padre.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

 

                Dos modelos de “pastores”. A la izquierda el obispo dimisionario de Sucumbíos, en la selva ecuatoriana. Un hombre con carisma que ha acompañado a las comunidades cristianas durante 40 años dando mucha cancha los laicos y a las comunidades de base. A la derecha el nuevo obispo, Ramón Ibarguren, de los heraldos del Evangelio, con su media sotana, sus botas, su cruz de Calatrava dispuesto a la reconquista de la diócesis para la religión. Es difícil entender estas cosas, pero el Evangelio seguirá siendo elocuente: entregar la vida es la cualidad del pastor creyente, no mantener la ortodoxia.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes se entregan a fondo; gracias, por quienes sirven a los débiles; gracias por quienes abrazan al pueblo.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice Jesús que conoce a sus ovejas. No es nada excluyente: conoce a todas las ovejas, conoce a todas las personas, las mira mil veces, acompaña todos sus caminos (muchas veces errados), siente como suyas sus lágrimas y sus alegrías, participa como uno más de todas sus luchas, sostiene con ella todas las preguntas sin respuesta. Sí, es un extraño pastor, tanto que hasta el calificativo de “pastor” le va mal (tan mal como el de señor, Dios, salvador o cosas así). Él es simplemente un hermano entregado a fondo, un modelo de solidaridad total. Por eso puede conocer los vericuetos del corazón humano y sus extrañas andanzas.

                Oramos: Tú, Señor, nos amas y nos conoces; tú acompañas sin desfallecer nuestros caminos peculiares; tú amas en maneras totalmente desinteresadas. Te alabamos por todo.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                La figura del asalariado nos habla del interés con que las personas hacemos las cosas, siendo capaces, a veces, de esquilmar al otro, de aprovecharnos del que es más débil. El Evangelio contesta radicalmente una actitud así y la censura alentando justamente al camino contrario: no valorar las cosas por el salario (siempre debido) sino, sobre todo por la generosidad. No medir el éxito de nuestras obras por el aplauso, sino por el socorro que dan al débil. No alegrarse sobre todo del premio otorgado, sino de la certeza de ver crecer al otro.

                Oramos: Que valoremos la generosidad aunque sea una virtud callada; que practiquemos el socorro al débil, aunque nadie aplauda; que nos alegre ver crecer al otro y que eso sea nuestro premio más deseado.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                El texto evangélico habla de unas “ovejas que no son de este recinto”. Si algo está reñido con la entrega del corazón es el particularismo, el darme solamente a los míos, a los de mi familia, grupo o país. Por eso, la comunidad virtual ha de estar siempre abierta a quien quiera venir a ella, a quien le pueda interesar por la razón que fuera. Nos hace bien esa gimnasia de acoger, de vez en cuando, a personas que simplemente se acercan. Ya estamos haciendo con ellas un “único rebaño”, aunque no vengan a rezar. Es la comunidad de lo humano, la más valiosa.

                Oramos: Que tengamos siempre una mentalidad abierta; que acojamos sin preguntar demasiado; que nos alegremos de ensanchar los límites de nuestras tiendas.

 

***

 

Poetización:

 

Quería que lo entendieran.

Para ello tomó la vieja imagen

del pastor entregado.

Con gusto la habría abandonado

porque en sus pocos años de vida

vio muchas veces

que los pastores se ceban a sí mismo.

En lugar del buen pastor

les habría hablado

(y les habló)

del buen servidor,

del buen acompañante,

del dispuesto siempre a consolar,

del que comprende fácilmente,

del solidario total,

del entregado a fondo,

de quien no pasa factura.

Pero les habló del pastor,

no solo porque le entendieran,

sino porque quería poner

un toque de afecto.

Porque es cierto que el pastor

se lucra del rebaño,

pero conoce a sus ovejas,

las distingue una a una,

las mira mil veces

y no es raro que las quiera.

Él se entregó por amor,

quiso a las personas,

experimentó los gozos del corazón.

Su misión sin afecto

habría sido un témpano,

su entrega sin calor

habría sido hiriente.

Cuando decía que era buen pastor

ponía el acento en la bondad

más que en el pastoreo.

Fue bueno,

eso es todo.

 

***

 

Para la semana:

 

                Haz las tareas de cada día con entrega y sin esperar siempre un premio. Hazlo simplemente por amor y basta

***

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan 70

CVJ

Domingo, 27 de febrero de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

70. Jn 10,7-10

 

Introducción:

 

                La puerta como metáfora de apertura y de acogida sigue vigente. Abrir la puerta es una manera de decir que alguien acoge al otro. Cerrar la puerta es cerrar posibilidades. Uno de los síntomas de debilitamiento de lo humano en nuestra sociedad es toda la cultura de llamada “seguridad” que consiste en vigilar puertas, cerrarlas a cal y canto. Nunca nuestra sociedad ha sido más segura y, paradójicamente, nunca como ahora crece el negocio de la “seguridad”. Quizá se esté queriendo decir que la verdadera seguridad no va a venir de la capacidad para cerrar las puertas con mecanismos sofisticados o con un exceso de vigilantes. La seguridad va a venir más de la confianza, de la apertura, de la acogida. No es fácil hacer creíble hoy este mensaje, pero habrá que intentarlo.

                Jesús se define aquí como “puerta”. Es puerta de una casa que acoge a todos, sin preguntar en exceso, sin poner condiciones previas para la acogida, sin excluir a nadie. Y ¿qué hay tras esa puerta? Un espacio para el amor, una mesa que no excluye a nadie, un ánimo para hacernos ver que, más allá de nuestras limitaciones, estamos llamados a la vida, a la dicha, a la plenitud personal. Detrás de esa puerta está el Padre que se pone a nuestro nivel, que no pone ningún requisito para entrar en su casa, porque en ellas, como dirá más tarde el Evangelio” “hay vivienda para todos”. Entender a Jesús como puerta es, tal vez, más “productivo” que entenderlo como “hijo de Dios”. Puede ayudarnos más a adherirnos a él y a creer en sus mecanismos. Uno de ellos parece decir: que es decisivo ser puerta abierta para los demás. Y que en algo de eso consiste el ser amigo de Jesús y seguidor/a suyo.

 

***

 

Texto:

 

7Por eso añadió Jesús:

                -Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. 8Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.            

                9Yo soy la puerta: quien entre por mí estará seguro y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. 10El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                Esta es la puerta abierta del Centro “Tren La Estrella” que tiene Cáritas Diocesana en Logroño. Se llama así porque es un “tren” que tienen a mano los exreclusos de la prisión para iniciar un nuevo camino de inserción. Es novedoso su modelo educativo pues parte de la adultez y libertad de los expresos. Por ejemplo, no hay “vigilancia” de noche para que no parezca otra “cárcel”. La libertad de cada uno y su responsabilidad es la que se evaluará. Una casa abierta y con la acogida y calidez como meta, siendo éstas obra de todos los que se suben a este “tren”.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes brindan posibilidades a los débiles; gracias por quienes abren sus puertas a quienes anhelan días mejores; gracias por quienes acogen a quienes tienen dificultades fuertes en la vida.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice Jesús en el texto evangélico que ha venido “para que tengan vida”. Jesús está más preocupado por la vida de la persona que por su debilidad, por su pecado. Por eso, abre la puerta de su persona para dar vida. Con eso está marcando una línea espiritual para sus seguidores/as: apostar por la vida, por toda clase de vida, sin temor a ser señor de ella. El seguidor cree que el Padre le da vida para que haga buen uso de ella, pero con libertad y creatividad, aun a riesgo de equivocarse. Solamente de esa manera habrá vida cada vez más abundante.

                Oramos: Tú, Señor, nos das vida abundante, por eso te alabamos; tú, Señor, te preocupas por nuestros caminos, por eso te bendecimos; tú, Señor, nos quieres señores de la vida, por eso te damos gracias.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Dice el Evangelio que quien entre por la puerta que es Jesús “podrá entrar y salir y encontrará pastos”. Es decir, la puerta que es Jesús no es un aro por el que hay que pasar obligatoriamente, sino que se puede “entrar y salir”, hay total libertad porque la adhesión a él se asienta sobre la libertad. Una de las evidencias de que nuestra cogida es buena es si respeta la libertad de aquel a quien se acoge, aunque, a veces, sus comportamientos nos parezcan cuestionables. Si la acogida limita e impone leyes termina por ser acogida de baja calidad.

                Oramos: Que acojamos poniendo las menos condiciones posible; que acojamos en la mayor libertad posible; que acojamos en el abrazo lo más amplio posible.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Cuando la comunidad virtual se da acogida, aunque fuera en cosas muy sencillas, se da vida. La vida va apegada a la acogida, y viceversa. Por eso mismo, los trabajos de oración y nuestra misma relación habrían de tener, entre otras, la virtualidad de hacernos crecer en acogida. Esto solamente es posible en la medida en que se mira en la dirección del otro, en cuanto que las necesidades de los demás comienzan a ser un poco mías. Entonces brota la acogida y con ella la vida.

                Oramos: Que nos acojamos para tener más vida; que nuestra oración con la Palabra potencie nuestra acogida; que nos asomemos con más decisión a las necesidades de los demás para acogerlas.

 

***

 

Poetización:

 

Lo sentía la gente:

en Jesús veían una casa

siempre abierta,

una puerta

que nunca se cerraba,

un lugar en la mesa

siempre preparado.

Fue puerta abierta

para quien quisiera encontrarse

con un corazón,

el suyo, el del Padre,

el de toda persona generosa.

Fue puerta abierta,

sobre todo,

para quienes carecían de hogar,

de consuelo,

de reposo,

de consideración moral.

Por eso,

confundieron su casa

con un lupanar,

con una cueva de ladrones,

con una vivienda de mafiosos.

Pero en su casa

había acogida sin preguntas,

amor sin precio,

entrega sin demanda.

Por eso se acercaban

quienes no tenía

donde caerse

ni muertos ni vivos.

Y allí él les daba

algo de su vida

porque su anhelo era

que tuvieran vida

en abundancia.

 

***

 

Para la semana:

 

                Que las puertas de tu casa y de tu corazón estén esta semana lo más abiertas posible.

 

***

 

 

Juan 69

CVJ

Domingo, 20 de febrero de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

69. Jn 10,1-6

 

Introducción:

 

                Reconocer la voz de las personas que se mezclan a nuestra vida es una acción mecánica en la que no reparamos. Pero es una maravilla. Sería una pérdida enorme que no reconociéramos esa voz y nos perdiéramos en un laberinto de desconocidos. Pero lo que hace el cerebro, reconocer por los matices fonéticos, lo hace el corazón de otra manera: no reconocemos la voz de quienes aman por sus peculiaridades fónicas, sino por el amor que intuimos detrás de sus palabras. Por eso mismo, si queremos que se reconozca nuestra voz, que la aprecien, que la amen, habrá que cuidar el contenido de la voz, el amor. Una voz sin amor no pasa de ser un sonido más o menos educado. Una voz con  amor reconforta el espíritu y reconcilia a la persona con sus propias dolencias.

                La voz de Jesús, de la que se habla en el pasaje de esta semana es una voz con amor. No se la reconoce por sus contenidos ideológicos o por sus supuestas prerrogativas religiosas. Se la reconoce porque se desvelan en ella altos contenidos de amor. La voz de Jesús sin amor no deja de ser, en el mejor de los casos, la de un líder religioso. Esa misma voz con amor es la de un compañero, la de una persona viva más allá de los años, la de alguien que acoge tu vida y, de alguna manera, la hace suya. Por eso la voz de Jesús resulta reconfortante, amable y animadora. Esa voz se concretiza en su Palabra, en las mediaciones históricas, sobre todo en la voz de los débiles. Porque la voz de Jesús siempre ha estado del lado de la debilidad. Nunca ha sido la voz tonante del Dios del Sinaí, sino la humilde voz que acompaña los caminos humanos, siempre tortuosos. Esa voz es la que atrae cada vez más al seguidor/a.

 

***

 

Texto:

 

10,1Os aseguro que el que no entra por la puerta en el recinto de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; 2pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. 3A éste le abre el vigilante y las ovejas atienden su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. 4Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: 5a un extraño no le seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.

                6Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba.

 

***

Ventana abierta:

 

 

                Hay una enfermedad que se llama fonoagnosia. Por ella “se sufren problemas de reconocimiento de voz como consecuencia de un derrame cerebral o de haber sufrido daños en el cerebro". No reconocer la voz es como no reconocer el rostro. Se pierden los caminos que llevan al corazón. Por eso mismo, habrá que cuidar esos caminos, amar las voces y los rostros de quienes nos rodean, de quienes comparten camino con nosotros. Únicamente así podremos encontrar la senda de su corazón.

                Oramos: Gracias, Señor, por la voz de quienes nos aman; gracias por el corazón de quienes se sienten solidarios de los demás; gracias por las vidas que se entrelazan y se unen en amor.

 

***

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice el texto evangélico que a Jesús se le sigue porque se reconoce su voz amiga. Es difícil seguir a Jesús por planteamientos religiosos, por imperativos morales o doctrinales, por costumbres heredades. Ahí el seguimiento se convierte, a lo más, en una vivencia de doctrinas y de moral. Pero en esa vivencia no late el amor. Para seguirle con amor es preciso reconocer su voz como la de una persona querida y amiga, como aquella persona ante la que somos nosotros mismos, sin necesidad de excusas, de ocultamientos ni de trampas. Alguien en quien es fácil confiar y que reconforta y alienta en el camino concreto de la vida.

                Oramos: Que reconozcamos tu voz desde el amor; que te sigamos animosos desde el amor; que estemos ante ti confiados y seguros por tu amor.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Según el texto de esta semana los que entran saltando la barda, no por la puerta, son gente ladrona y silenciosa, no tienen voz. Es inútil que hablen porque su voz no es reconocida. Hay voces mudas que pretenden dominarnos: la voz muda del poder que anida en cada esquina; la voz muda del dolor que nos fustiga cuando menos lo esperamos; la voz muda del ocultamiento que engaña a quien nos mira; la voz muda de la ambición que no duda en destrozar a quien sea. Esas voces mudas son las de quienes nos roban el alma y el sentido. Haríamos bien en escucharlas lo menos posible.

                Oramos: Que no nos robe el alma la voz muda de la ambición; que no nos robe la fraternidad la voz muda del dominio del otro; que no nos robe el corazón la voz muda del desamor.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Una de las características de una voz humanizadora, y por lo tanto de la de Jesús, es que sea una voz acogedora, que no intuyamos que esa voz nos excluye. Nuestra comunidad virtual, de manera sencilla, puede poner en pie ese tipo de voz: acogernos como somos sin preguntar demasiado, sin escandalizarnos cuando descubrimos la debilidad, sin alejarnos cuando nos parece que lo que vemos no es de mucho nivel. Una voz acogedora genera a su vez, como los círculos en el agua, acogida en otras personas. Así se crece en humanidad.

                Oramos: Que nuestra voz sea siempre acogedora e incluyente; que nuestras palabras sean siempre amables y respetuosas; que nuestra manera de hablar engendre humanidad.

 

***

Poetización:

 

¿Cómo era su voz?

posiblemente fuera como todas,

pero había algo en ella

que la hacía atractiva,

cautivadora.

No era su modulación

ni sus inflexiones,

sino, simplemente,

su capacidad de amar.

La gente percibía

en su manera de hablar

que tenía delante

a uno que los amaba.

Por eso, en el fondo,

no era su voz la que atraía,

sino su corazón de amante.

Aquella voz se grababa

en los pliegues del alma

y por eso se la reconocía

aunque no estuviera presente,

aunque volviera

del lado de la muerte.

Así la reconoció

María Magdalena

cuando resucitó.

Era una voz

que acompañaba

a quienes le amaban

aunque no estuviera presente

porque resonaba en el cerebro

y en el fondo del alma.

Voz para acompañar,

voz para consolar,

voz para animar,

voz para amar.

***

 

Para la semana:

 

                Que tu manera de hablar en esta semana sea respetuosa y acogedora. Que tu voz esté lo más llena de amor posible.

 

***

 

Juan 68

CVJ

Domingo, 13 de febrero de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

68. Jn 9,39-41

 

Introducción:

 

                En su “Ensayo sobre la ceguera” el escritor Saramago dibujó una formidable metáfora de lo que, según él, es la sociedad de hoy: ciegos que dicen ver. Puede ser que parezca un bastante pesimista. Pero si analizamos nuestro comportamiento social algo de eso aparece. ¿Qué es esta formidable crisis en la que seguimos sino una ceguera que se empeña en andar por los caminos de la injusticia creyendo que ahí está la solución? Cuando los analistas nos ofrecen sus datos, casi todos van en esa dirección. Y seguimos empeñados en caminar por lo oscuro. Ciegos que dicen ver. Bastaría que admitiéramos nuestra ceguera, que nos dijéramos que nos habíamos equivocado, que comenzáramos caminos de solidaridad y de humanidad para que la ceguera comenzara a disiparse. ¿Cómo librarse de esta contumacia que nos deja cada vez más a oscuras? ¿Quién nos enseñará la elemental humildad que nos vuelva a la luz? No son cosas lejanas. Nos afectan a cada uno/a en nuestros modos cotidianos de vida.

                Eso mismo dice con claridad el texto de esta semana: lo peor de la ceguera es que no se quiera ver. El Evangelio no lo dice de nuestra crisis, sino de nuestras personas. Tenemos el peligro de ser ciegos que no quieren ver porque no admiten su propia debilidad, que son ciegos, porque no entienden que un camino de humildad básica, de reconocimiento de los límites, de aceptación sencilla de los errores, nos iría encaminando a la luz de la verdad vital en la que entra la debilidad si se la asume. Si tomáramos este camino, abandonaríamos, poco a poco, la senda de la oscuridad.

 

 

***

 

Texto:

               

39Añadió Jesús:

                -Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos.

                40Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:

                -¿También nosotros estamos ciegos?

                41Jesús les contestó:

                -Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.

 

***

 

Ventana abierta:

 

                Esta es una foto cualquiera de una competición deportiva para ciegos. Éstos, con la ayuda de un guía hacen marcas tan notables como los atletas videntes. Eso demuestra lo que dice el Evangelio: que si uno admite su debilidad esta puede ser asumida y la ceguera superada, al menos en parte. Cuando uno no se deja guiar no puede conseguir ningún tipo de “marca”, ninguna meta que se proponga. El logro de la dicha de la persona depende mucho de esta actitud de humildad existencial que le abra a la verdad.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes reconocen con humildad sus límites; gracias por quienes acompañan a quien busca la luz; gracias por quienes viven siempre en actitud de búsqueda.

 

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Desde la persona de Jesús:

 

                Dice el texto que Jesús ha venido a abrir un “proceso” contra el orden este que se empecina en una ceguera sin salida. Jesús no se cruza de brazos ante lo absurdo de un camino que lleva a la ruina. Él quiere colaborar a hacer ver que hay posibilidad de una vida en luz siempre que se acepte y trabaje la limitación que conlleva la vida. Es decir: Él ha sido un trabajador (en él mismo y en otros) de esa vida en luz y en verdad que puede ir siendo solución a nuestros males personales y sociales. Un trabajador de la luz, eso es lo que ha sido Jesús.

                Oramos: Tú, Señor, has buscado la luz con pasión; tú has ayudado a buscar la luz a quien tenía dificultad para asumir sus límites; tú, Señor, has sido luz para quien anda extraviado en la noche.

***

 

Ahondamiento personal:

 

                El Evangelio es claro: “como decís que veis, vuestro pecado persiste”. Hay en nosotros, lo hemos dicho otras veces, un misterio de terquedad que hace que nos empeñemos en andar sendas que no llevan a nada. Vemos que no llevan a nada, pero seguimos en ellas. ¿Cómo salir de ahí? Llegando a reconocer que admitir la debilidad no nos empequeñece ni degrada, sino que nos ayuda a tomar impulso para sobreponernos y dar con caminos de vida más luminosos.

                Oramos: Que tengamos agilidad para admitir con más facilidad nuestras debilidades; que tomemos impulso de nuestros límites para ir a lugares de más luz y gozo; que sepamos que no está reñida la debilidad con el éxito.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                El Evangelio dice en otro lugar, con indudable verdad que “si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en el hoyo” (Mt 15,12-14). Pero también es verdad que quien reconoce su debilidad puede ser “guía” en cierta medida de quien anda en búsqueda. No necesitamos guías coherentes y supuestamente impecables, sino personas con ganas de ayudar que, ellas también, acepten sus fallos. Desde ahí, cualquiera de nosotros, podemos ser guías para otros, a la vez que nos resultará más fácil dejarnos ayudar por los demás. Cualquier ayuda que demos desde esta humildad básica estará libre del aguijón del orgullo.

                Oramos: Que nos ayudemos aunque nos veamos limitados; que aceptemos ayuda sin dejarnos morder por la soberbia; que nos ofrezcamos el brazo para sentirnos apoyados y amparados.

 

***

Poetización:

 

La vida le enseñó una verdad básica:

se podía ser guía de otros

si uno aceptaba su propia debilidad.

Le costó entender esto

porque toda la tradición religiosa de su pueblo

había puesto el acento sobre la santidad

no sobre la debilidad asumida.

Pero mirándose a sí mismo,

mirando a quien le ayudaba,

comprendió que ser débil y, a la vez,

ser ayuda para otros

es algo compatible.

Por eso que se desataba

contra quienes se constituían en guías de ciegos

siendo, ellos mismos, ciegos totales

ya que creían que ser ciego y débil

no iba con ellos.

Desde esa lejanía

de la humildad básica

extraviaban a los pobres

haciéndoles creer

que les llevaban a lugar seguro,

cuando, en realidad,

les llevaban al abismo.

Al fondo de una actuación así

estaba el afán de lucro,

el desatado instinto de poder

que quiere, en el fondo,

que el ciego guiado siga siendo ciego

y que no vea la luz.

De esa manera

podrían aprovecharse mejor de ellos.

De ahí su cólera, su condena,

sus duras palabras:

peor que si fuerais ciegos,

porque no queréis ver lo sois

y, encima,

lleváis a otros a la más oscura ceguera.

Hubiera bastado,

como el ciego del relato,

querer ver admitiéndose ciego,

poner la ceguera delante

y demandar ayuda.

Pero para eso hacía falta

un corazón sensato y abierto a la realidad,

humilde y fraterno.

Y no lo tenían.

 

***

 

Para la semana:

 

                Admite tus limitaciones y, más allá de ellas, cree que tu vida puede ser luminosa. Que esta certeza sosiegue los días de tu semana.

 

 

***

 

 

Juan 67

CVJ

Domingo, 6 de febrero de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

67. Jn 9,35-38

 

Introducción:

 

                Dar adhesión a una persona es mucho más que creer lo que dice. Es hacer camino juntos, compartir ideales y planes, sufrir los mismos malos tragos, ir incorporando su manera de pensar a la nuestra. Y todo hasta llegar a ver que la vida con esa persona es, más allá de las limitaciones, una suerte y un enriquecimiento para uno/a mismo/a. Es decir, el itinerario de la adhesión desemboca en el corazón. Cuando se ha llegado ahí se verifica que nunca más uno/a se apartará de la persona a la que se ha adherido. La fidelidad acompaña a la adhesión, aunque haya fallos. Por eso, la vida es un maravilloso misterio de adhesión a personas, que es lo mismo que decir un misterio de amor.

                El Evangelio quiere suscitar seguimiento a Jesús y, para ello, es imprescindible generar adhesión a su persona. Dar adhesión a Jesús es mucho más y cosa distinta de profesar unas verdades religiosas, de creer en unos dogmas. Es haber descubierto que la vida propia sale enriquecida con el contacto con Jesús y que el Evangelio, simplemente, nos hace bien. Es llegar a la certeza que, más allá de las circunstancias que depare la vida, uno/a ya no abandonará los planteamientos del Evangelio porque no piensa abandonar al Jesús que le ha cautivado. Es ir desvelando un rostro y un corazón tan atrayente que, con el tiempo, no merma la atracción y el gusto por Jesús, sino que madura y, de alguna forma, aumenta. La adhesión a Jesús pasa por las mismas fases que la adhesión a cualquier persona. Y, además, es el cimiento del seguimiento, porque un seguimiento sin adhesión resulta sencillamente imposible.

 

***

 

Texto:

 

35Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:

-¿Crees tú en el Hijo del hombre?

36Él contestó:

-¿Y quién es, Señor, para que crea en él?

37Jesús le dijo:

-Lo estás viendo: el que te está hablando ése es.

38Él dijo:

                -Creo, Señor.

                Y se postró ante él.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                Esta es una de las muchas fotos del asentamiento El Gallinero, cerca de la Cañada Real, un inframundo, una ciudad de miseria, donde las personas, los niños, conviven “fraternamente” con las ratas. Los desheredados del mundo a cinco kilómetros de Madrid. Allí trabaja y vive la hna. Magdalena, una franciscana anónima. La única presencia de cristianos. Hace lo que puede. Sobre todo trabaja el tema de escolarizar a los niños porque piensa que es el único eslabón por donde se puede romper la cadena de la miseria. Es una persona anónima, ni una foto en Internet, ni una entrada en Google, pero está ahí. Ha dado su adhesión a un mundo de enorme debilidad. Un milagro que no vemos pero que existe.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes dan una adhesión callada a los débiles; gracias por quienes andan solidariamente  los caminos duros de la exclusión; gracias por quienes sostienen las ilusiones frágiles de los pobres.

 

***

Desde la persona de Jesús:

 

                La adhesión a Jesús no es algo etéreo. Es adhesión a uno “que habla contigo”, que se manifiesta en lo cotidiano de cada día, que cobra rostro en el rostro de los demás. Una adhesión de pensamiento no deja de ser algo peligroso. Por eso, hay que construir la adhesión en lenguaje humano, en las maneras de relacionarnos cada día, en los acontecimientos que nos van asaltando en nuestros caminos normales. Ahí es donde se cuece la adhesión, en la cotidianeidad de la vida. Jesús los hizo así. No habríamos de ser nosotros distintos.

                Oramos: Tú, Señor, te adheriste al Padre en el encuentro diario con él; tu, Señor, te adheriste a las personas en las relaciones normales con ellas; tú, Señor, te adheriste a los débiles cuando los abrazabas.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                La adhesión es, como el amor, una realidad viva. Crece en la medida en que se cultiva y decrece si se la da por supuesta y se deja lleca. Por eso el ciego pregunta anhelante cuando se dice si está dispuesto a dar adhesión a quien le ha curado: “¿Quién es, Señor, para dársela?”. Es la buena disposición para hacer el trabajo de la adhesión, porque ésta no es algo que nos va a caer llovido del cielo sino que habrá de construirse poco a poco. Anhelar la adhesión a Jesús (y a las personas) y no estar dispuesto/a a un trabajo fiel por construir tal adhesión es pedir peras al olmo.

                Oramos: Que construyamos pacientemente la adhesión; que vivamos fielmente la adhesión; que seamos pacientes en el lento quehacer de construir la adhesión.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Dice el texto evangélico que el ciego se “postró” ante quien le había devuelto la vista y al que decía querer adherirse. No puede haber adhesión sin postración que es lo mismo que decir que no puede haberla sin servicio, sin ofrenda, sin ponerse a disposición de aquel cuya adhesión se pretende. Por eso, cualquier pequeño servicio (de la índole que sea) que se haga en el marco de nuestra comunidad virtual se inscribe en esa “postración” que engendra adhesión. Sea bienvenida por ello.

                Oramos: Que nos “postremos” sirviéndonos para generar adhesión; que seamos serviciales para que brote el amor; que nos ayudemos en cosas pequeñas para que la alegría surja.

 

***

 

Poetización:

 

Él también dio adhesión.

no solamente se la dieron a él,

él también la dio.

Dio adhesión a su pueblo,

aunque maldijera de él

y lo abandonara el día del fracaso.

Dio adhesión a su familia,

aunque tuviera que aguantar

sus ansias de poder y de medre.

Dio adhesión a sus amigos y amigas discípulos,

aunque muchas veces no entendieran

los mecanismos del reino

y les corroyera la ambición.

Dio  adhesión a su religión judía,

aunque con frecuencia la fustigara

porque había abandonado

la senda de la humanidad.

Y, sobre todo,

dio adhesión al Padre

porque llegó a la certeza

de que era un Dios bueno y abrazante

el que acompañaba sus pasos,

el que guiaba sus anhelos.

Cada noche, en el silencio,

cuando se retiraba a la oración,

volvía a poner su corazón

en las manos de su Padre,

renovaba su adhesión.

Eso le mantuvo

en los días oscuros

y en los momentos de las lágrimas.

 

***

 

Juan 66

CVJ

Domingo, 30 de enero de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

66. Jn 9,29-34

 

Introducción:

               

                Desde niños se van forjando en nuestro interior tremendos clichés, fuertes prejuicios, maneras estereotipadas de enfocar al otro, sobre todo si es distinto, de otro país, de otra cultura, de otra manera de pensar. Como no ande uno/a listo, los prejuicios le comen el pan del morral y termina por ser una persona cerrada, impasible a la situación del otro, justificándose con prejuicios que no son razones por mucho que se las quiera disfrazar. Los prejuicios están hechos de desconocimiento, de lejanía, de desdén, de sentimientos infundados de superioridad, de clichés no contrastados, de ignorancia. ¿Cómo romper ese muro granítico? Mirando a los ojos del otro con una mirada humana, pensando que su corazón late y siente como el nuestro, que sus afectos y sentimientos son muy parecidos a los nuestros. Y esto se logra con cercanía y cariño.

                Las autoridades judías, según este relato con el que venimos orando, son gente cargada de prejuicios (prejuicios que esconden sus ambiciones, su estatus). No saben de dónde viene Jesús y eso lo desautoriza. En Mc 6,3 se dice lo contrario: se le desautoriza porque “sus hermanos y hermanas viven entre nosotros”. No hay quien se aclare. En uno y otro modo la razón (si es que la hay) no es la que manda en el discernimiento; son los prejuicios. No se entiende a uno que en lugar de cumplir las normas del sistema (no curar en sábado) opta por la persona y conculca la ley. No se ha entendido lo de siempre: que la persona es lo más importante, el único absoluto. Y abandonando esta certeza, los prejuicios ocupan el centro de la situación. La pregunta que tendrían que haberse hecho, antes de enjuiciar a Jesús, sería: ¿por qué tengo tantos y tales prejuicios? Como esa pregunta no se hace, el discernimiento en torno a Jesús resulta fallido.

 

***

 

Texto:

 

29Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.

                30Replicó él:

                -Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. 31Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. 32Jamás se oyó decir que nadie abriera los ojos a un ciego de nacimiento. 33Si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.

                34Le replicaron:

                -Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?           

Y lo expulsaron.

 

***

 

Ventana abierta:

 

            Esta foto pertenece a la película “El Visitante” (The Visitor) en la que un aburrido profesor universitario lleno de prejuicios y complejos se topa con dos jóvenes extranjeros sin papeles y en esa fortuita relación se vienen abajo todos los prejuicios hasta llegar a ver a quien es tan diferente no con desdén sino con implicación y con amor.  Es una hermosa parábola de lo humana que podría ser la vida cuando caen los prejuicios y de lo cruel e injusta que es cuando la gobiernan los miedos, las ideas predeterminadas, los prejuicios en fin.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes hacen pedazos los prejuicios del corazón; gracias por quienes valoran a las personas con ternura; gracias por quienes son ágiles para sentarse a la mesa de quienes son diferentes.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Las autoridades confiesan que Jesús “no sabemos de dónde procede”. No ven la conexión de Jesús con el Padre. Les parece excesivo que un paria tenga conexión con “su” Dios de poder. Pero, al menos, podrían haber percibido o intuido esa conexión por las obras de amor y solidaridad que Jesús hace, ya que la Escritura se cansa de repetir que Dios es bueno con todas sus criaturas. Por la bondad podrían haber deducido su origen, su raíz, su centro. Pero los prejuicios con los que se mueven bloqueen la bondad y la anulan. De ahí que no sepan de dónde procede.

                Oramos: Tu amor, Señor, habla de tu conexión con el Padre; tu bondad desvela tu origen divino; tu abrazo cálido es tu mejor identidad.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Las autoridades judías, despechadas, no admiten lecciones del miserable ciego: “¡vas tú a darnos lecciones a nosotros?” Una de las notas típicas de quien está atiborrado de prejuicios es que no acepta lecciones de nadie, se cree que lo sabe todo y nadie puede leerle la cartilla. Con esa cerrazón está demostrando su incapacidad para conectar con la persona diferente. Para derribar prejuicios es preciso estar dispuesto a recibir continuamente “lecciones” de los demás, de cualquiera, porque de cualquier persona se pueden aprender cosas valiosas.

                Oramos: Que seamos ágiles para acoger lecciones que humanizan; que nunca menospreciemos a quien quieren enseñarnos a ser humanos; que creamos que los débiles pueden enseñarnos el amor.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                El origen de Jesús es, como decimos, la bondad. Él viene del Dios bueno. Lo mismo pasa en las personas: su patria y su horizonte es la bondad. Su verdadero carné de identidad es su vida bondadosa. Por eso, desde la comunidad virtual podemos ayudarnos a ser nosotros mismos si nos ayudamos a ser buenos, aunque sea en cosas muy humildes y de poca relevancia. Enseñarnos la bondad, valorarla, practicarla, ser fieles a ella, amarla es la manera de descubrir nuestro verdadero origen (la bondad creadora de Dios) y nuestra meta (la mesa común del reino).

                Oramos: Que nos enseñemos la bondad con sencillez; que valoremos lo bueno con aprecio; que practiquemos el bien de modo sencillo.

 

***

 

Poetización:

 

Vivió sin prejuicios.

Por eso se lanzó a cualquier camino,

se abrió a cualquier vida,

miró cualquier corazón con amor.

No podía ser de otra manera

porque si hubiera tenido prejuicios

la bondad se habría alejado de su vida.

Desde el principio

le vieron como “divino”.

Pero eso no fue

por imperativo dogmático,

ni por tradición religiosa,

ni por la nobleza de su sangre,

ni siquiera por sus modestos milagros.

Les parecía divino

porque lo veían bueno.

No es de extrañar que dijeran

que pasó haciendo el bien.

De ahí que quienes funcionaban

con los duros y rígidos mecanismos de los prejuicios

ignoraran su procedencia.

Y  eso hacía que desconfiaran de él.

Si se hubieran descabalgado de sus prejuicios,

que es lo mismo que decir

de sus intereses,

habrían podido entrever en su bondad

el origen de Jesús,

su cercanía al Padre,

su humana divinidad.

No supieron hacer trizas

el velo de sus prejuicios.

 

***

 

Para la semana:

 

                Trata de controlar los prejuicios esta semana. Que tengan el menos sitio posible en tu comportamiento diario.

 

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Juan 65

CVJ

Domingo, 23 de enero de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

65. Jn 9,24-28

 

Introducción:

 

                La sociedad, sus leyes, la justicia, la misma economía, están siempre más preocupadas por buscar los culpables de las situaciones anómalas de vida que por la felicidad de las personas. Se gasta mucho dinero en que no haya delitos, en perseguir a los delincuentes, en arrestarlos y tenerlos a buen recaudo, que en posibilitar la felicidad. Más aún, cuando la sociedad se pregunta por el grado de felicidad de sus ciudadanos, casi siempre pone el acento en los bienes materiales que poseen, deduciendo que de ellos depende directamente la felicidad. Sin embargo, no se apaga en la sociedad el simple anhelo quizá no tanto de ser felices, sino, al menos, de caminar en la dirección de la felicidad. “Sea moderadamente feliz” solía decir un locutor al despedirse de su programa. Ese anhelo está inscrito en el fondo de la persona.

                Por raro que nos parezca, el Jesús de los Evangelios está mucho más preocupado por la felicidad de las personas que por sus pecados. El sistema religioso ha acentuado todo lo relativo al pecado, pero la intención de Jesús es hacer ver a la persona que, sea como sea, ha sido llamada a la dicha. El ciego del relato lo muestra claramente: si Jesús se hubiera preocupado de sus pecados (o de los de sus padres) le habría impuesto una penitencia para provocar la conversión. Pero no fue ese el camino: se preocupó de darle luz, de iluminar su sendero vital para hacerle comprender que su vida, por pobre que fuera, tenía sentido y valor y que, por lo mismo, no debía renunciar jamás a una parcela de dicha. Eso demuestra la evidencia de los hechos: “una cosa sé, que yo era ciego y ahora veo”. La certeza de que la dicha ha ocupado el primer plano de la vida.

 

***

 

Texto:

 

24Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:

                -Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.

                25Contestó él:

                -Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.        

26Le preguntan de nuevo:

                -¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?

                27Les contestó:

                -Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?  

28Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:

                -Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés.

 

***

 

Ventana abierta:

 

                Aunque no lo parezca, esto es un hospital, el “Sister Philomena Cólera Center Daily Report” de Haití: 16 tiendas de campaña donde, con muy pocos medios (sin rayos x, sin laboratorio) un puñado de médicos, enfermas y voluntarios tratan de arrebatar el mayor número de personas (niños, sobre todo) al cólera. Y parece que lo consiguen. Puede entenderse que luchan por una causa médica, pero, en realidad, luchan por la felicidad que les es debida a los pobres y que la pobreza y el olvido les arrebatan. Son como Jesús.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes se preocupan por la suerte de los olvidados; gracias por quienes aportan felicidad al caminar humano, gracias por quienes luchan por restituir a los débiles la felicidad que el olvido les arrebata.

 

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Desde la persona de Jesús:

 

                El ciego curado da una soberbia lección de teología: no hay que mirar si Jesús es pecador o no (quizá el pecado hizo también mella en él), sino si está preocupado por aportar luz al camino humano. “Si es pecador o no, yo no lo sé”. No debería importarnos mucho eso, sino percibir con claridad que el sentido de la vida de Jesús ha sido colaborar un poco a la dicha del duro caminar humano y sembrar la certeza de que hemos nacido para la felicidad, no para el trabajo ni para la condena.

                Oramos: Tú, Señor, nos haces felices sembrando amor en nuestro camino; tú nos haces felices suscitando ilusión en el corazón; tú nos haces felices amándonos sin ninguna desconfianza.

 

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Ahondamiento personal:

 

                Quien no está ilusionado por la felicidad se convierte automáticamente en uno que fustiga el pecado, la conculcación de lo establecido, las costumbres. Más aún, se hace juez implacable y seguro: “A nosotros nos consta que ese hombre es pecador”. La única manera de romper ese maleficio es ponerse a nivel de quien anhela felicidad y no la puede tener por imposición de los demás. Se trata de hacer causa cada vez más con quienes no reciben en esta vida su cupo de felicidad al que tienen derecho como criaturas. Alineándose con ellos se puede vislumbrar la orientación básica del hecho humano al horizonte de la felicidad.

                Oramos: Que bajemos al camino de los despojados de felicidad para colaborar a su gozo; que aprendamos que la felicidad deriva del compartir el corazón; que nos animemos a construir la senda de la felicidad enturbiando lo menos posible el gozo de las personas.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Al ciego le espetan las autoridades: “Discípulo de ese lo serás tú”. Para ellos, ser discípulo es tener connivencia con el pecado. Pues bien, que no nos importe ser discípulos (aunque no tengamos resuelto el tema del pecado en nuestra vida, por nuestra debilidad o incoherencia), porque siendo discípulos hacemos una apuesta por la felicidad. Por lo mismo, la comunidad virtual puede darnos y nos da algunas pequeñas dichas, personales y comunes, que nos acercan al horizonte soñado de la felicidad. Contribuyen a iluminar la vida como lo hizo Jesús.

                Oramos: Que más allá de nuestra debilidad nos animemos a la dicha; que por encima de nuestros pecados creamos en nuestra felicidad; que aunque tengamos incoherencias sigamos anhelando el gozo.

 

 

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Poetización:

 

Quizá fuera pecador,

no lo sabemos,

aunque no tenía reparos

en situarse al lado del pecado

cuando estaba en juego

la dicha de la persona

(como en el asunto del sábado).

No sabemos si fue pecador,

aunque les constara que sí a las autoridades.

Pero sí sabemos que anheló la dicha,

que sembró la felicidad,

que nunca se cansó de decir a los débiles:

tenéis derecho al gozo,

al amor,

a la risa,

al disfrute.

Más aún, vieron en él un peligro

porque intuían que, al decir eso,

establecía un ineludible derecho

ya que la dicha que sembró en las personas

no era ninguna limosna ni un regalo

sino una cuestión

de estricta justicia.

Esto fue lo que hizo que las autoridades

lo vieran como un peligro.

por eso fue perseguido,

porque sabía que el anhelo de felicidad

es peligroso:

deriva de la justicia y de la dignidad.

Por eso fue acosado,

aunque ningún tribunal lograr

apagar el fuego encendido

del derecho a la felicidad.

 

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Para la semana:

 

                Trata de ser moderadamente feliz con las personas y situaciones que vives cada día.

 

***