Blogia

FIAIZ

100 CAMINOS BÍBLICOS

100 CAMINOS BÍBLICOS

1

10 ACTITUDES BÍBLICAS

 

  1. 1.      Mística del libro

 

Nuestra cultura española, en general, no ha cultivado la Biblia. La difusión bíblica era casi inexistente cuando no mal vista (que se lo digan a G. Borrows). En muchas de nuestras familias, cristianas viejas, la Biblia brillaba por su ausencia. De ahí venimos. ¿Cómo cultivar una mística del libro que atraiga la Biblia al creyente medio? ¿Cómo hacer una catequesis atractiva del texto de Jer 15,16?

 

  1. 2.      Apadrinar una versión

 

Hoy tenemos la suerte de disponer de unas cuántas versiones de la Biblia de gran valor bíblico y literario. Todas ellas son útiles. Nosotros recomendamos el NT de Juan Mateos (edición de 1987). Todavía se puede conseguir pidiéndolo a ediciones Cristiandad. La traducción es valiosa y las notas también, Es un comentario “portátil” al NT. Para quien quiera abrirse a otro horizonte. ¿Cómo transformar el reproche de Jn 5,39 en un aserto de vida positivo?

 

  1. 3.      Veneración del libro

 

En nuestra casa hay un buen número de libros. ¿Es la Biblia un libro más entre el montón de libros? ¿No merecería un lugar, un trato especial, un aprecio personal como acompañante de nuestro caminar cristiano? Habría que rodearlo de pequeños signos de aprecio: siempre encima de la mesa, siempre encima de los otros libros, un atril, unas flores de adorno, una luz sobre él?  Es “lámpara para nuestros pasos” (Sal 118,105 (escuchar la hermosa versión de Ain Karem).

 

  1. 4.      Propagar el texto

 

Propagar el texto bíblico ha sido un anhelo de grandes organizaciones (Sociedades Bíblicas Unidas, Verbo Divino, etc.) y de cualquier parroquia que difunde “El evangelio de cada día”. La propaganda tendría que ir emparejada con la continua catequesis para llegar a una verdadera asimilación del texto y tratar de superar el secular historicismo. ¿Cómo, por ejemplo, dar un giro a los relatos de la infancia de Lucas?

 

  1. 5.      Orar el texto

 

Es otra forma, óptima, de construir la vida cristiana con el ingrediente de la Palabra. Orar con las lecturas de cada día, orar sistemáticamente con un texto entero, etc. Pasar la vida cristiana al amparo de la Palabra orada. Hay intentos sencillos que los ofrecen las redes (Rezandovoy, por ejemplo). Dice el Pirqué Abot: “Si dos personas están sentadas juntas y median entre ellas las palabras de la Torá, Dios está en medio de ellas” (III,2). Compararlo con Mt 18,20.

 

  1. 6.      Cantar el texto

 

Es otro modo óptimo de aprender textos bíblicos porque el texto cantado se introduce en los pliegues del alma y se queda ahí para siempre. El posconcilio provocó una época dorada en el canto bíblico (Manzano, Deiss, Palazón, Taizé, etc.). Hoy hemos vuelto al cato del “yo-yo-yó. El cantor como centro del canto, la Palabra queda desplazada. ¿Cómo hacer realidad lo que dice el Sal 88?

 

  1. 7.      Sacar el texto a la red

 

Algo que se está haciendo en páginas de webs parroquiales, en blogs de creyentes, en cursos on line, etc. Es un areópago nuevo de dimensiones planetarias. Es algo que habría que aprovechar, siempre que lo que se pone ahí implique una cierta novedad, no la rutina de siempre. ¿Cómo presentar de maneras más laicas, espirituales en sentido amplio, sociales e incluso poéticas la Palabra? Si lo que pones en una web es lo de siempre, quizá sería mejor no ponerlo. ¿Por qué fracaso el discurso de Pablo en el mercado de Atenas según Hech 17,16-34?

 

  1. 8.      Generar pensamiento bíblico

 

No resulta fácil escapar de la rutina, de las interpretaciones consagradas por el sistema que hemos escuchado muchas veces. Quizá haya que comenzar por lograr una traducción novedosa, propia o ajena. Para ello, ir al texto original o a una traducción interlineal que nos desvele algo nuevo (El nuevo testamento interlineal de Cesar Vida, por ejemplo). Y luego, buscar una perspectiva de lectura que ilumine algo, que sugiere algo, que haga abrir los ojos. ¿Qué puede querer decir Jn 20,7 para que el discípulo, “al fin”, crea?

 

  1. 9.      Mantener una actitud proactiva

 

Llegados a cierta edad puede ser que, aun apreciando la Biblia, o eso se dice, sea un aprecio sin fuego dentro, sin alma y, por lo mismo, sin planes de adentramiento en la Palabra. Sería bueno tener una actitud proactiva, que se anticipa a un uso catequético de la Biblia porque uno mismo tiene dentro el aguijón de la Palabra. Solo puede explicar con fuerza la Palabra quien antes ha sido envuelto por ella. ¿No se explicaría así el texto de Hech 8,31?

 

10.  Introducirse en la espiritualidad judía

 

Tarde o temprano el lector asiduo de la Palabra se topa con el mundo y la literatura judía. Habrá que encararlo de alguna manera. Una “Introducción al Judaísmo” sería muy útil. Quizá habría que comenzar por leer el viejo Nostra aetate 4 y luego acercarse a nociones básicas de vida y de literatura. Al fin y al cabo, Jesús no es cristiano, sino judío. Y el mismo Pablo. ¿Cómo entender Filp 3,5-7?

 

 

2

10 ANHELOS BÍBLICOS

 

  1. 1.      Enamorarse del texto bíblico

 

Enamorarse de sus viejas lenguas, aunque uno no las domine. Ampliar el vocabulario bíblico, en su  lengua original (shalom, hesed, ki leolam hasedô, kebod, splagizô) y en sus traducciones (lámpara, abatidos de viento, propiciatorio). Amar al Jesús que habla con acento galileo (Mt 26,73). Saber que aún se habla el arameo occidental en alguna aldea de Siria (Malula). Saber con regocijo que hemos escuchado al verbo de la vida” (1 Jn 1,1).

 

  1. 2.      Enamorarse de la tierra bíblica

 

Que es lo que permanece: el monte Sión y los montes de Judá, el desierto, el mar Muerto, Jericó, la llanura de Esdrelón, el Tabor, el lago de Galilea, etc. Ir, si se puede, una vez. Oler el aroma de los árboles, respirar el viento, sufrir el jamsin (viento ardiente del desierto) que sufrieron los profetas y el mismo Jesús. Ahí suenan textos como el de Jn 1,46.

 

  1. 3.      Enamorarse de los personajes bíblicos

 

Abrahán le paciente, José el buscador de la hermandad, David el rey ladrón y humilde, Isaías que consuela, Ezequiel que mantiene la idea de pueblo, Jesús hermano querido, Pedro el fiel débil, Pablo el anunciador de un nuevo amanecer, y tantos otros. Enamorarse de los personajes para poder enamorarse de las personas, para poder rezar con el corazón y los labios rebosantes de nombres (Rom 1,9).

 

  1. 4.      Enamorarse de los sueños bíblicos

 

Los grandes sueños (tierra prometida, reino de Dios) y los sueños más hondos (vida plena,  alegría inarrebatable). Creer que la palabra, en el fondo, es un libro de sueños que alimenta los sueños inapagables de toda persona. Soñar para conmoverse y para moverse. José el soñador, Ezequiel el soñador del país nuevo, Jesús el soñador del reino, etc. Acompañantes de nuestros sueños.

 

  1. 5.      Enamorarse de los caminos bíblicos

 

Caminos que saben de pies cansados: los pies de los patriarcas trashumantes, los pies de los profetas huyendo de la persecución, los pies de Jesús recorriendo los caminos de Galilea, los incansables pies de Pablo y los misioneros de primera hora por los caminos de todo el Mediterráneo.  Pies y palabra, las únicas armas.

 

  1. 6.      Enamorarse de la luz bíblica

 

La luz de Mediterráneo que tiene otro brillo. La que ha iluminado las vidas de muchos judíos y de muchos cristianos de primera hora, la que ha sorprendido a Jesús orando en descampado (Mc 1,35). La luz que le ha llevado a decir que el seguidor es lámpara que no hay que ocultar (Mt 5,15).

 

  1. 7.      Enamorarse del canto bíblico

 

El canto de los salmos de las subidas (120-135), los cantos cristianos del Apocalipsis (Ap 4,8.11; 5,9.10.12.13; 7,10.12; 11,15.17-18), los cantos de los profetas y profetisas, los cantos no reseñados de María a su hijo. No se puede entender la Palabra sin canto porque existen personas habitadas por cantos y cantos habitados por personas.

 

  1. 8.      Enamorarse de los silencios bíblicos

 

Los silencios que se ha tragado el olvido, los de los exilados 8como Esaú), los de los perseguidos (como Elías o Ezequiel, los de los ultrajados (como Tamar o Betsabé), los de los pobres que no dejan rastro en la tierra. Y, sobre todo, los silencios de Jesús en la dura hora de su entrega (Mt 26,33; 27,12; Mc 15,5; Lc 23,9).

 

  1. 9.      Enamorarse con los amores bíblicos

 

Los prohibidos (como el del violador Amnón, o el de David por Betsabé, y tantos otros) o amores hermosos (como el de Esaú Por Raquel, o el de Jesús por sus amigos de Betania y sus mismos discípulos). Es cierto que la Biblia está llena de violencias, pero también está llena de hermosas historias de amor. Estas tendrían que animarnos a una vida en buena relación y en amor generoso.

 

10.  Enamorarse de los interrogantes bíblicos

 

Porque la palabra no es un libro de respuestas explícitas sino de interrogantes mantenidos: qué somos ante Dios, cuál es el sentido del caminar humano, de dónde brota el mal y de dónde el bien, dónde encontrar amparo, etc. Sobre esos interrogantes pretende echar alguna luz, aunque la tarea siga sobre nuestros hombros.

 

 

3

10 ESCENARIOS BÍBLICOS

 

  1. 1.      Moniciones bíblicas

 

Se suelen hacer antes de las lecturas bíblicas en la celebración dominical. Es algo “menor” pero tiene su importancia porque predispone a escuchar con las antenas levantadas o predispone al simple aburrimiento. Si no dice nada a quien la hace, ¿cómo va a decir algo a quien la escucha? ¿Cómo hacer, por ejemplo, una monición emocionante a Sab 12,13.16-19 que se lee en el domingo 16 del ciclo A donde se escucha la frase “así nos enseñaste que el justo debe de ser humano”?

 

  1. 2.      Homilías

 

Siempre han de tener una perspectiva bíblica, excepto en momentos puntuales. Normalmente se ha de hacer desde el texto evangélico. Volver a contar lo leído no tiene mucho sentido. Quizá, dado la brevedad del tiempo disponible, haya que contentarse con un subrayado. Tiene que ser algo que “sorprenda” a quien lo dice y a quien lo escucha. ¿Cómo hacer una homilía cautivadora sobre la expresión “le reconocieron al partir el pan” de Lc 24,35 que se lee en el tercer domingo de Pascua ciclo A?

 

  1. 3.      Catequesis

 

Las catequesis, en sus variadas formas, emplean con frecuencia el material bíblico. No cabe duda de que es un momento privilegiado para la difusión del texto bíblica. Sería un idea a perseguir el no construir explicaciones que en un segundo momento (mayoría vital o mental) haya necesariamente que desmontar para construir otra más adulta.  ¿Cómo hacer una catequesis sobre las apariciones del resucitado poniendo el acento en lo social, comentando la escena de Jn 20,24-29 que se lee, entre otros, en el tercer domingo de Pascua ciclo A en que Tomás “toca las llagas” (tocar las llagas como forma de vivir la resurrección hoy).

 

  1. 4.      Clases de religión

 

Lógicamente en este escenario se usa la Biblia todo el tiempo. El gran reto es huir del historicismo que entiende y “cuenta” las narraciones bíblicas como historia. A los de infantil es fácil engatusarles por su candidez; los de primaria tienen más sentido crítico y no se puede ir con cualquier cosa; y a los de secundaria nos les vengas con historias maravillosas. La peor opción es la historicista aunque sea la más empleada. Intenta mostrar a los niños la parábola del samaritano compasivo no como una historieta, sino como una interpelación al valor de la compasión: “Anda y haz tú lo mismo” (Lc 10,37).

 

  1. 5.      Grupos bíblicos

 

En muchas parroquias y similares hay grupos bíblicos que se reúnen con asiduidad en torno a la Biblia. Esta siempre ha tenido un atractivo entre los cristianos y de ahí la elogiable tenacidad de estos grupos. Un camino es seguir cursos organizados (Santander, Verbo Divino, Grupos de Jesús, etc.). Otra es construir el propio itinerario. En cualquier caso, tendría que existir una preocupación de ahondamiento. Si se repite lo de siempre, el grupo se agostará. Una novedad podría venir por la lectura social, la que intenta mezclar la Palabra y los acontecimientos de la vida. ¿Cómo mezclar, por ejemplo, la escena del tributo al Cesar (Mt 22,15-21) con el fenómeno de la corrupción económica a nivel social y a nivel personal?

 

  1. 6.      Comunidades virtuales

 

Es un fenómeno de hoy. Son grupos de personas que quedan un día a la semana, a determinada hora, para leer la Palabra, comentarla y, quizá, rezar un poco. Es bueno que alguien prepare un material previo, para no divagar y empezar en frío. A partir de ahí se podrán desgranar los comentarios que se quiera. En estos grupos se leen los acontecimientos familiares, laborales, etc., desde un texto. La Palabra sigue siendo “lámpara para los pasos” (Sal 118,105) del ciudadano de hoy.

 

  1. 7.      Retiros bíblicos

 

Es algo que hacen no solamente algunas comunidades, sino también laicos cristianos. Es un momento muy oportuno para hacer explicaciones ahondadas del texto bíblico ya que se dispone de tiempo para ello. Lo bueno sería leer el texto desde diversas perspectivas (exegética, teológica, eclesial, social). De cualquier manera habrá que perseguir una cierta novedad en el acercamiento a la Palabra. ¿Cómo leer, por ejemplo, 1 Cor 12 desde la perspectiva de una sinodalidad de base entendiendo la comunidad como realidad limitada y soñada a la vez?

 

  1. 8.      Celebraciones dominicales sin sacerdote

 

Dada la carencia de sacerdotes, más que por convicción eclesial, esto es una realidad que se da ya en muchas situaciones. En ellas hay que ceñirse a los textos bíblicos. Sería bueno intentar no caer en las deformaciones de funcionariado de los clérigos (repetir siempre lo mismo sobre los textos) y, además de preparar lo mejor posible, intentar dar una visión más laica de la Palabra. ¿Cómo explicar Lc 7,36-50 (que se lee en el domingo 11 del TO ciclo C) desde el grave problema de la violencia de género?

 

  1. 9.      Grupos en Cáritas

 

Puesto que Cáritas es una organización de la Iglesia, en sus programas de formación del voluntariado entra el tema religioso. Puede ser una muy buena ocasión para hacer lecturas sociales de los textos bíblicos. Cómo hacer, por ejemplo, una lectura del amor asimétrico (base del voluntariado) desde Jn 13,34-35.

 

10.  Las redes sociales

 

Es un escenario nuevo, la posibilidad de sacar el texto bíblico “secuestrado” por los mecanismos religiosos a su lugar natural, el escenario de la vida. Hace falta imaginación para no repetir los clichés religiosos en ese nuevo areópago. ¿Cómo explicar hoy en modos comprensibles para la persona secular el texto de Mt 22,34 sobre el mandamiento segundo (el amor al prójimo) que pasa a ser primero?

 

 

 

 

4

10 CAMINOS DE ORACIÓN BÍBLICA

 

  1. 1.      Orar con los textos litúrgicos del día

 

Es algo que han hecho generaciones de cristianos. Tiene muchas ventajas: conecta y unifica con la oración litúrgica, camina al ritmo de lectura bíblica de la Iglesia, hace una propuesta amplia de lectura. Tiene la pega de que, incluso si solamente se hace de una lectura, normalmente el Evangelio, aun así, nos parece demasiada cantidad de texto. Las redes nos ayudan (plataforma Rezandovoy, por ejemplo).

 

  1. 2.      Orar con un texto amplio

 

Se toma un solo texto, por ejemplo el evangelio de Marcos. Se toma una perícopa por semana y se la ora desde todas sus posibilidades (textual, eclesial, social, etc.). Esto puede llevar casi dos años (Marcos tiene más de 70 perícopas). Es una lectura de fondo, que no coincide con los tiempos litúrgicos, aunque tampoco los estorba. Es una de las maneras de ahondar y de disfrutar de la Palabra.

 

  1. 3.      Orar con todo el NT

 

Hay cristianos decididos que se han propuesto acompasar su vida cristiana con una oración de todos y cada uno de los 27 libros del NT, a perícopa por semana. Calculan que esto puede llevarles 50 años. Es cosa para fuerte y para verdaderos amantes de la Palabra. Pero hay quien lo hace. Evidentemente la Palabra termina por ofrecer sus secretos a esta clase de buscadores.

 

  1. 4.      Orar en los “Grupos de Jesús”

 

Es el movimiento que inició José A. Pagola allá por 2014. En ellos la Palabra tiene un lugar central. Ahí se entiende a Jesús como maestro de interior de oración (desde ahí se han escrito varios manuales). No cabe duda de que ese ámbito grupal es un lugar ideal para adentrarse en la Palabra. Recomendable desde todo punto de vista.

 

  1. 5.      Orar con salmos

 

Este tipo de oración bíblica consagrada por la Iglesia no goza de mucho predicamento entre creyentes (religiosos y religiosas incluidos) debido sobre todo a que en no pocos salmos la venganza, la ira, la sangre y el rechazo a los impíos no cuadra con la perspectiva de misericordia de Jesús. Es una pega real y habrá que sortear en la oración al menos los pasajes más “escabrosos”. Pero muchos salmos encierran aún la experiencia de fe y de amor de sus autores y siguen siendo valiosos para la oración. Véanse las enormes posibilidades del “feo” salmo 118 en el que late un amor incontenible por la Palabra.

 

  1. 6.      Orar con cantos bíblicos

 

Tanto en el inmediato posconcilio (Manzano, Deiss, Palazón) como modernamente (grupo Ain Karem y su salmo 18a) los músicos han versionado los salmos con mucho acierto. Son muy útiles para la oración litúrgica y tambiénpueden utilizarse para la oración personal (están todos en el móvil).

 

  1. 7.      Orar con oraciones de la Biblia

 

Las hay tanto en el AT (2 Sam 22,1-7) como en el NT (Jn 17,20-21). Particularmente interesantes son las oraciones del mismo Jesús (Mt 11,25-27; Jn 11,41). Rebuscando en la Biblia se encontrarán muchas plegarias, además de los salmos. Hacerlas propias, rumiarlas, puede ser una manera de orar: orar con quien ora en la Biblia.

 

  1. 8.      Orar comentandola Palabra

 

Aunque pueda parecer algo pesado, lo han hecho creyentes notables (como Ch. De Foucauld, por ejemplo). Se trata de ir escribiendo un comentario personal a cada texto con el que se ora. Escribir fuerza la reflexión y puede abrir la puerta de la oración. Hay quien cree que esto es demasiado escolar. Pero se puede escapar de ese peligro si hay deseo verdadero de orar.

 

  1. 9.      Orar filocálicamente

 

Pertenece a esas formas sencillas de orar, extendiendo y superando la clásica expresión filocálica (“Señor, ten compasión de mí”). Se trataría de elegir y mantener durante el día una especie de eslogan o lema elegido en la oración (por ejemplo, si se medita el texto de Jn 1,35-42: “Maestro, ¿dónde vives?”). Ayudará a mantener la conexión con Jesús y a dar una dimensión espiritual a la jornada.

 

10.  Orar venerando la Palabra

 

No se trata, en primera instancia, ni de meditar, ni de orar. Es cuestión de estar ante la Palabra, de agradecer su presencia que nos ampara. Se puede materializar esto construyendo un “rincón de la Palabra”: una esquina del propio cuarto, con una vela, in pequeño icono y una Biblia abierta. Y luego, hacer una “oración de estar”, de sentirse acompañado y amparado.

 

5

10 LECTURAS BÍBLICAS A SUPERAR

 

  1. 1.      Lectura historicista

 

Es la más común de todas. Es aquella que proviene del supuesto de que los textos bíblicos son históricos y que, por eso mismo, su valor radica en que lo sean. Si el relato no es histórico, pierde peso; si lo es, gana en credibilidad. Sobra decir que esta orientación tiene muchas pegas y lleva a mil disfunciones. Los textos son, mayoritariamente, experiencias de fe. No quiere decir que no contengan datos históricos; pero no van a eso. Interpretar, por ejemplo, los relatos de milagros como relatos históricos es, sin duda, una de las peores opciones. ¿Cómo leer Jn 11 desde una experiencia espiritual más que desde una perspectiva historicista?

 

  1. 2.      Lectura fundamentalista

 

Es la que parte del principio de que, dado que la Biblia es Palabra de Dios inspirada y exenta de error, debe ser leída e interpretada literalmente en todos sus detalles. Esta lectura exige una adhesión incondicionada a actitudes doctrinarias rígidas e impone, como fuente única de enseñanza sobre la vida cristiana, una lectura de Biblia que rehúsa todo cuestionamiento y toda investigación crítica. Puede llevar a auténticos desvaríos. ¿Cómo leer desde este punto de vista Mt 18,9-10?

 

  1. 3.      Lectura moralista

 

Es aquella que deriva de la Palabra comportamientos morales exagerados y que no tienen conexión directa con los textos, sino que provienen de principios morales previos a la interpretación. Es una lectura sometida al sistema moral, cuando debiera ser al revés: la Palabra genera ilumina comportamientos morales, no los crea. Es clásico en este sentido el texto de Gn 38,9.

 

  1. 4.      Lectura espiritualista

 

Una lectura espiritual de la Palabra siempre será útil, si se hace con cierta profundidad. Pero el exagerado espiritualismo termina por vaciar de contenido a la expresión bíblica. Esta lectura deriva de ideas previas que, generalmente, proceden de dos fuentes: de la espiritualidad del pecado (la salvación) y de un cierto gnosticismo (se puede llegar a Dios mediante una serie de prácticas religiosas). ¿Cómo leer lejos del espiritualismo textos como Jn 14,1?

 

  1. 5.      Lectura descontextualizada

 

Es la que ignora el contexto del texto. Partiendo de que todo es Palabra de Dios, el contexto se infravalora. ¿Pero es lo mismo leer una narración épica como el libro del Éxodo que una poesía de los salmos o un testimonio como el de Jn 19,35? La teoría ya vieja y aceptada por todos de los géneros literarios no termina de llegar a gran parte del pueblo cristiano. Cualquier variante de los  textos que se toque, genera problema y rechazo (aquello de la mula y el buey de Benedicto XVI). Sin contexto, la planta del texto perece.

 

  1. 6.      Lectura sistémica

 

Es aquella que no duda en usarse para justificar el sistema, generalmente el eclesiástico. No se pretende tanto dar con el contenido del texto sino justificar un comportamiento institucional. No sirve decir que la institución no existía cuando se escribió el texto. Se cree que si la Palabra apoya al sistema, éste es fuerte. Es un sometimiento en toda regla. Véase este fenómeno en el texto de Mt 16,18.

 

  1. 7.      Lectura rutinaria

 

La que se hace en los parámetros de siempre, sin ahondar, sin preparar y, peor todavía, sin ningún interés personal, sin que apunte al corazón de la persona. Es demoledora. Mejor sería no leer, no hablar superficialmente, dejar de sembrar rutina y cansancio. Esta lectura mata el brillo de la Palabra, lima sus aristas proféticas, todo lo redondea y, al final, la irrelevancia la anula. Hay que huir de ella como de la peste. ¿Cómo hacer una lectura de textos tan vivos como Jn 2,13-22?

 

  1. 8.      Lectura justificativa

 

Trata de justificar situaciones sociales que se consideran inamovibles. En el fondo, es una manera de utilizar la Palabra para que nada cambie, cuando su sentido es que todo cambie. Generalmente se aplica a situaciones sociales y económicas. Se cree que nada puede cambiar porque se está en el lado de los vencedores. ¿No se han interpretado así textos como Mt 26,11?

 

  1. 9.      Lectura improvisada

 

La que se hace, a veces, en grupos que comparten la Palabra. Se lee y se comparte, sin mediar silencio, reflexión, estudio, tomar alguna nota, etc. Es fácil que esta manera de leer, tan a salto de mata, lleve al empobrecimiento y al abandono. Dejarse llevar por los supuestos conocimientos que tiene uno e improvisar a renglón seguido puede ser un riesgo. ¿No hacía Jesús lo contrario según Mt 17,3?

 

10.  Lectura empobrecida

 

Se hace sin ningún cursillo, ninguna formación específica, ninguna información leyendo algún comentario. Se cree que con los estudios básicos para el sacerdocio realizados un día, o ni siquiera eso, se puede decir cualquier cosa sobre la Palabra. A veces, incluso, se alargan en prédicas inacabables donde pasa superficialmente toda la historia de salvación. Duermen a los bancos. ¿Cómo no recabar información sobre pasajes tan controvertidos como Mt 19,10-12?

 

 

6

10 MANERAS ADULTAS DE LEER LA PALABRA

 

  1. 1.      Leer ampliando

 

Cuando un texto se encuentra constreñido por las circunstancias sociales de la época neotestamentaria se podría amplia desde la nuestra. Por ejemplo: ampliar 2 Tim que está en las antípodas de la teología política justamente a una lectura política de la espiritualidad.

 

  1. 2.      Leer “en contra”

 

Cuestionar un texto porque tiene dificultad de conexión con los valores evangélicos de fondo: Por ejemplo, el Apocalipsis. La mayoría de las lecturas lo lee como libro de resistencia a costa de los malvados. Pero eso vela el evangelio de la misericordia, esencial. Es preciso encontrar otro punto de vista.

 

  1. 3.      Leer desde interpretaciones inhabituales

 

Porque las interpretaciones habituales, “consagradas”, pueden encerrar defectos de siglos en las lecturas oficiales. Por ejemplo: Mt 16,18. “Tú eres Pedro…”. Pedro: guijarro, piedra arrojadiza, debilidad. Roca: lithos. La comunidad de seguidores tiene un cimiento frágil; no se hunde porque Jesús la sostiene.

 

  1. 4.      Leer desmenuzando un término

 

Porque ese desmenuzamiento puede abrir caminos insospechados de interpretación. Por ejemplo: desmenuzar la palabra “vislumbrar” (idein, oraô) en Jn 3,3. Todo el tema las intuiciones de cara a la comprensión de Jesús.

 

  1. 5.      Leer desde un Jesús insólito

 

Situarse correctamente en posturas de Jesús que consideramos normales pero que,  en el marco social de la época, son insólitas. Por ejemplo: su libertad militante en  Mt 12,1-8 (las espigas arrancadas en sábado y su manera de interpretar 1 Sam 21,1ss).

 

  1. 6.      Leer con preguntas

 

Se trataría de acompañar la lectura de preguntas que buscan una comprensión mejor y un mayor acercamiento a la persona de Jesús. Por ejemplo: ¿qué puede querer decir Mc 6,34 cuando dice que se uso a enseñarles con calma? ¿Qué puede querer decir Lc 24,30 cuando dice que se les abrieron los ojos cuando repartió el pan?

 

 

 

  1. 7.      Leer en actitud de búsqueda de sentido

 

Leer textos que se consideran cruciales desde su capacidad para generar sentido vital. Por ejemplo: ¿Qué significa llevar la cruz en Mt 16,21-27 como existencia de crucificado?

 

  1. 8.      Leer desde la sorpresa

 

Se da cuando el texto supera la rutina con que se lo lee y muestra una sorpresa que uno quiere desentrañar. Por ejemplo: la sorpresa que causa asomarse a la interioridad del Jesús evangélico en Jn 16,32 (“el Padre siempre está conmigo”).

 

  1. 9.      Leer desde intuiciones

 

Ir más allá del texto intuyendo entre sus pliegues lo que no se dice explícitamente pero que resulta luminoso. Por ejemplo: intuir en Lc 2,35 (“una espada te atravesará el alma”) algo más que el dolor de María (“y a ti tus anhelos te los truncará una espada”).

 

10.  Leer desde la nueva cosmología

 

Las nuevas cosmologías y la física cuántica empujan a lecturas más acordes con la ciencia de hoy. Por ejemplo: leer pasajes apocalípticos como Mt 24,29 desde la comprensión del universo como realidad destinada al acabamiento.

 

7

10 MÉTODOS Y ACERCAMIENTOS BÍBLICOS

 

  1. 1.      Método histórico-crítico

 

Es un método analítico que estudia el texto bíblico del mismo modo que todo otro texto de la antigüedad, y lo comenta como lenguaje humano. Sin embargo, permite al exegeta, sobre todo en el estudio crítico de la redacción de los textos, captar mejor el contenido de la revelación divina. Este método considerado indispensable, ha abierto un camino nuevo de acceso a la Biblia. Corre tras el anhelo de saber qué es lo que quisieron decir con sus textos los autores bíblicos (DV 12). Un anhelo, quizá, excesivo.

 

  1. 2.      Nuevos métodos de análisis literario

 

El análisis retórico investiga por qué tal uso específico del lenguaje es eficaz y llega a comunicar una convicción. Quiere ser «realista», rehusando limitarse al simple análisis formal. Estudia el estilo y la composición como medios de ejercitar una acción sobre el auditorio. Con esta finalidad, aprovecha las, aportaciones recientes de disciplinas como la lingüística, la semiótica, la antropología y la sociología. El análisis narrativo propone un método de comprensión y de comunicación del mensaje bíblico que corresponde a las formas de relato y de testimonio, modalidades fundamentales de la comunicación entre personas humanas, características también de la Escritura. El análisis semiótico contribuye a nuestra comprensión de la Escritura, Palabra de Dios expresada en lenguaje humano, haciéndonos más atentos a la coherencia de cada texto bíblico como un todo, que obedece a mecanismos lingüísticos precisos

 

  1. 3.      Acercamiento canónico

 

Procura conducir a buen término una tarea teológica de interpretación, partiendo del cuadro explícito de la fe: la Biblia en su conjunto. Para hacerlo interpreta cada texto bíblico a la luz del Canon de las Escrituras, es decir, de la Biblia en cuanto recibida como norma de fe por una comunidad de creyentes. Procura situar cada texto en el interior del único designio divino, con la finalidad de llegar a una actualización de la Escritura para nuestro tiempo. No pretende sustituir al método histórico-crítico, sino que desea completarlo.

 

  1. 4.      Acercamiento a las tradiciones judías

 

El Antiguo Testamento ha tomado su forma final en el judaísmo de los últimos cuatro o cinco siglos que han precedido la era cristiana. Este Judaísmo ha sido también el medio de origen del Nuevo Testamento y de la Iglesia naciente. Numerosos estudios de historia judía antigua y especialmente Qumran han puesto de relieve la complejidad del mundo judío, en la tierra de Israel y en la diáspora, durante todo este período.

 

  1. 5.      Acercamiento desde los efectos del texto

 

Este acercamiento reposa sobre dos principios: a) un texto no se convierte en una obra literaria si no hay lectores que le dan vida, apropiándose de él; b) esta apropiación del texto, que puede efectuarse de modo individual o comunitario y toma forma en diferentes dominios (literario, artístico, teológico, ascético y místico), contribuye a hacer comprender mejor el texto mismo.

 

  1. 6.      Acercamiento sociológico

 

El estudio crítico de la Bíblia necesita un conocimiento tan exacto como sea posible de los comportamientos sociales que caracterizan los diferentes medios en los cuales las tradiciones bíblicas se han formado. Este género de información socio-histórica debe ser completado por una explicación sociológica correcta, que interpreta científicamente, en cada caso, el alcance de las condiciones sociales de existencia.

 

  1. 7.      Acercamiento por la antropología cultural

 

El acercamiento antropológico se interesa por un vasto conjunto de otros aspectos que se reflejan en el lenguaje, el arte, y la religión, pero también en los vestidos, los ornamentos, las fiestas, las danzas, los mitos, las leyendas y todo lo que concierne a la etnografía. En general, la antropología cultural procura definir las características de los diferentes tipos de personas en su medio social -como, por ejemplo, el hombre mediterráneo-, con todo lo que ello implica de estudio del medio rural o urbano. 

 

  1. 8.      Acercamientos psicológicos y psicoanalíticos

 

Los estudios de sicología y psicoanálisis aportan a la exégesis bíblica un enriquecimiento, porque gracias a ellas, los textos de la Biblia pueden ser comprendidos mejor en cuanto experiencias de vida y reglas de comportamiento. La religión, como se sabe, está siempre en una situación de debate con el inconsciente. La sicología y el psicoanálisis se esfuerzan por progresar en esta dirección. Ellas abren el camino a una comprensión pluridimensional de la Escritura, y ayudan a decodificar el lenguaje humano de la Revelación.

 

  1. 9.      Acercamiento liberacionista

 

En lugar de contentarse con una interpretación objetivante, que se concentra sobre lo que dice el texto situado en su contexto de origen, se busca una lectura que nace de la situación vivida por el pueblo. Si éste vive en circunstancias de opresión, es necesario recurrir a la Biblia para buscar allí el alimento capaz de sostenerlo en sus luchas y esperanzas. La realidad presente no debe ser ignorada, sino al contrario afrontada, para aclararla a la luz de la Palabra. De esta luz surgirá la praxis cristiana auténtica, que tiende a transformar la sociedad por medio de la justicia y del amor. En la fe, la Escritura se transforma en factor de dinamismo, de liberación integral.

 

10.  Acercamiento feminista

Se deben distinguir varias hermenéuticas bíblicas feministas, porque los acercamientos utilizados son muy diversos. Su unidad proviene de su tema común, la mujer, y de la finalidad perseguida: la liberación de la mujer y la conquista de derechos iguales a los del varón.

 

8

10 TÓPICOS BÍBLICOS A DESMONTAR

 

  1. 1.      Está todo dicho

 

Para nuestra sorpresa, a veces dicen esto los mismos profesores de Biblia. Es verdad que la Palabra ha sido un campo muy cultivado en el siglo pasado. Una suerte. Pero siempre habrá algo nuevo que decir porque el acto de lectura se compone del texto y del ojo, la persona, que lee. Aquel no cambia, pero esta sí. Por eso, las perspectivas nuevas sobre la Palabra son inagotables, como lo es la vida misma. ¿Cómo decir, por ejemplo, algo de una cierta novedad de Mc 1,29-31?

 

  1. 2.      Siempre repetimos lo mismo

 

Es posible. Pero lo que nos cansa no es la repetición, sino la rutina, el poco esfuerzo por releer de nuevo un texto. Si se hace con interés, por pequeño que sea, el oyente lo capta. Para no caer en la rutina hay que mantener vivo el entusiasmo por la Palabra y la certeza de que es un pozo sin fondo y que en todas las edades y situaciones la palabra puede “hablar”. ¿Cómo no repetir, por ejemplo, el relato de 1 Cor 15,1-11?

 

  1. 3.      El mejor sentido es el literal

 

Es algo que se escucha y que, a veces incluso, se pone en boca de los santos (San Francisco de Asís y su “sine glosa”). Si por tal se entiende un literalismo fundamentalista, la cosa no es de recibo; si se entiende el trabajo por comprender el texto en su hondura, la cosa cambia. Y, sobre todo, si no se quiere marear la perdiz, porque el Evangelio empuja a actuar. ¿No está la cumbre del relato del samaritano compasivo en Lc 10,37?

 

  1. 4.      Nos han engañado

 

Es un sentimiento que aflora cuando se explica de manera diversa a la de siempre los textos bíblicos. No nos han engañado. Nos explicaron como mejor sabían o podían. Quizá no tuvieron los medios que tenemos nosotros. Por eso nuestra responsabilidad bíblica, si se puede llamar así, es mayor. Los modos de lectura bíblica mejoran y cambian. Hay que saber adaptarse a esos cambios. ¿Nos engañaron cuando nos dijeron que había un paraíso y no sabían nada de los géneros literarios?

 

  1. 5.      Los biblistas lo complicáis todo

 

En parte tienen razón porque se mezclan a la catequesis bíblica otras variables que nada tienen que ver con la Palabra (defensa de intereses, prestigio, etc.). No es argumento decir que los evangelios se escribieron para y por gente sencilla. Son, a veces, textos complejos, con mucha ideología detrás. Los evangelios son para gente sencilla que profundiza; si no se profundiza, se corre el riesgo de superficialidad. ¿Es sencillo el himno de Filp 2,6-11? ¿No está ahí el tremendo tema de la comprensión de la filiación de Jesús y de la transcendencia?

  1. 6.      Unos biblistas dicen una cosa, otros la contraria

 

Hasta cierto punto es normal porque, como decimos, el resultado de lectura depende en gran parte del ojo que lee. No es lo mismo el ojo de un hombre que el de una mujer, el de un rico que el de un pobre, el de un europeo que el de un asiático, etc. Pero si no median intereses espurios, las lecturas diversas se unifican en el fondo. La prueba de ello es que todas las traducciones interconfesionales han salido adelante. ¿No han llegado a algún acuerdo estas traducciones en el texto de Sant 15,14-15?

 

  1. 7.      Los evangelios no son históricos

 

Si se aplican los parámetros de la actual ciencia histórica donde todo ha de estar probado con un aparato documental, quizá no. Pero los textos bíblicos encierran experiencias absolutamente históricas. Por ejemplo: ¿no es histórica la adhesión de Pedro a Jesús por encima de fallos? ¿No es histórica la desazón de Ezequiel ante la infidelidad de su pueblo a la alianza? De cualquier manera, el valor creyente del texto no viene por su pericia histórica, sino por la fe de la comunidad cristiana. Descubre lo histórico de la escena de Mt 17,1-13.

 

  1. 8.      En la Biblia hay soluciones para todos los problemas

 

Es una postura un tanto fundamentalista. La Biblia ilumina, pero no da soluciones. Aporta luz, pero el camino lo tenemos que andar nosotros. Menos todavía en asuntos de ética actual o de biomedicina. Pretender encontrar soluciones para todo es trasladas a la Palabra nuestros problemas y nuestra responsabilidad. ¿Cómo leer e interpretar el texto de Lc 1,37?

 

  1. 9.      La Biblia es un libro violento

 

Sí que lo es en muchos pasajes. Hay que tener en cuenta de la Bibia es una biblioteca de 73 libros en los que han metido mano toda clase de autores y cuyos contextos son muy diversos. Los textos violentos hacen parte de la Palabra pero esta no es Palabra de Dios en directo, sino en la mediación de cada uno de los autores. Y hay algunos de componente violento. Habría que discernir esta clase de textos a la hora de la proclamación y de la catequesis. ¿Cómo entender correctamente, por ejemplo, el Sal 136?

 

10.  Todos los textos son Palabra de Dios

 

Sí, pero no del mismo modo, no con la misma densidad. Nada tiene que ver el evangelio de Juan, por decir algo, con la carta de Judas que es un texto muy cuestionable. Nada tiene que ver el mensaje del segundo Isaías con el libro de los jueces. Es “peligrosa” la consagración de la aclamación litúrgica “Palabra de Dios” a la que habría que responder “según y cómo”. ¿Cómo explicar correctamente 1 Pe 1,21?

 

9

10 CAMINOS DE ACERCAMIENTO

A LA PALABRA

 

  1. 1.      Conteniendo a la ideología

 

No hay saber inocente. Y, por lo mismo, uno hace una lectura “biográfica” del texto bíblico: lo lee desde sus propias experiencias vitales, desde su manera de enfocar la vida, desde su modo de pensar. Por eso mismo, es preciso controlar la propia ideología para que influya adecuadamente en la lectura de la palabra. ¿Cómo controlar  la vivencia de una  religión burguesa ante textos como Mt 26,11?

 

  1. 2.      La osadía de palpar el “textum”

 

Textum significa tejido. El tacto del tejido da una información que no la ofrece ni siquiera la vista. Al cristiano medio se le ha dado el texto bíblico en la mediación de los maestros o de los catequistas. Pero quizá haya llegado la hora de que el creyente adulto palpe él mismo el texto, con las herramientas que tenga por sencillas que sea. Ese aprendizaje personal será de más importancia que el que viene por cauces ajenos. ¿Cómo palpar el texto del padrenuestro, por ejemplo, en Mt 6,9-13?

 

  1. 3.      La aventura de crear sentido

 

Precisamente porque la dificultad mayor al leer un texto es trabajar el ancho y multiforme campo del sentido, el lector de la Palabra habrá de hacer un continuado esfuerzo por ir creando un proceso de sentido en esas condiciones: cultivo del aspecto crítico y cultivo del aspecto existencial, que hacen viable esta tarea. ¿Cómo aplicar esas dos condiciones a textos como  Jn 20,24-29?

 

  1. 4.      Las exigencias del “oyente de la palabra”

 

¿Cuáles son esas exigencias? Que el discurso sobre el texto bíblico no camine en la indolencia de los caminos trillados; que resulta inaceptable, cuando no inmoral, ofrecer los resultados de un discurso que se saben de antemano; que no es de recibo, porque entre otras cosas va contra la lógica del discurso, el pretender ofrecer una lectura del texto compacta, blindada, intocable, ya que el creyente exige colaborar en la construcción del sentido; por eso, resulta absolutamente rechazable la oferta de lectura que lleva en su interior cualquier pretensión de dominio.

 

  1. 5.      En diálogo con la historia

 

Desde la certeza de una historia con Dios dentro, en cuyo fondo más herido ha venido a situarse el dinamismo de Dios, es desde donde puede entenderse que la misma Palabra de Dios sea realmente una instancia de diálogo de Dios con la historia. Dios “habla” con la historia, se le puede palpar como se palpan las realidades vivas, garantiza la vida como su mejor proyecto, activa la vida para que, por el seguimiento, se aproxime al camino humano el día de la plenitud total. ¿Cómo leer desde esta perspectiva Jn 4,26?

 

  1. 6.      Desde el ángulo de las pobrezas

 

Ya hemos dicho que ningún saber es inocente; todos tienen unos posicionamientos sociales y económicos concretos. El trabajo bíblico no escapa a esta norma. Una lectura social de la Palabra habría de ir convirtiendo en criterio hermenéutico la lectura del texto desde el ángulo de las pobrezas ya que estas son un instrumento adecuado de interpretación bíblica porque dan el sentido exacto de las intenciones de la Palabra. ¿Cómo leer desde aquí las “malaventuranzas” de Lc 6,24-26?

 

  1. 7.      Iluminación de situaciones

 

La necesidad de iluminación siempre ha sido acuciante en el devenir humano. Leer es una obra de iluminación: leer texto y realidad juntos es una doble obra de iluminación. El devenir humano, el éxito de la vida, depende en gran medida de la formidable lucha contra las tinieblas que, desde el inicio, se ciernen sobre lo humano. En ese sentido, una lectura iluminadora de la Palabra es altamente humanizadora. ¿Cómo leer Lc 9,28-36 como una escena de iluminación?

 

  1. 8.      Con lenguajes poco comunes

 

            Una lectura atenta del texto bíblico puede contribuir a verificar la hermandad de experiencias, quizá la unicidad de experiencias vitales, entre quien lee el texto y vive en el hoy. Este lenguaje común, fruto de experiencias comunes, es algo que ha de quedar patente a la hora de hacer una lectura actualizada del texto bíblico. ¿Qué lenguajes comunes entre el texto y nuestro hoy desvelamos en textos como el de Sant 5,4?

 

  1. 9.      En línea de humanización

 

            Una lectura matizada de la Palabra habría de hacer suyo ese ideal de humanización que puede englobar, como una nueva espiritualidad, las aspiraciones más hondas del ciudadano creyente. Efectivamente, humanizar no es despojar a la realidad de su dimensión transcendente sino, muy al contrario, imprimir a la vida ese giro a lo profundo que transciende lo superficial, lo inhumano. De esta forma se conecta con la utopía de Jesús que quiere a la persona erguida y dueña de su destino, participativa y constructora de la historia, con todas sus potencialidades desplegadas como un auténtico con-creador con Dios. ¿Cómo leer desde ahí Col 3,10?

 

10.  Una Palabra que alienta la aventura humana

 

            Por encima de la fragilidad y del sufrimiento, la Palabra confirma que la aventura humana está destinada al gozo, a una vida plena, feliz, erguida sobre su propia estatura, desde donde la misma muerte queda entendida de modos nuevos ya que vivir es morir sin saberlo y morir es vivir sin pretenderlo. Una lectura viva de la Palabra quiere ser, sin paliativos, una palabra de Dios y del creyente que alienta la aventura humana. ¿Cómo leer desde aquí el himno de 1Cor 15,51-57?

 

10

10  TRABAJOS EN EL HORIZONTE

 

  1. 1.      Aprender lenguas bíblicas

 

No resulta fácil aprender griego, hebreo y arameo. Quizá en el bachillerato se tuvo una iniciación a la lengua griega. Cultivándola un poco, tal vez se pudiera llegar a leer el NT en griego para gustar su idiosincrasia literaria o, al menos, con ayuda de diccionarios, poder desmenuzar algunos términos en los que luego se apoyaría una lectura bíblica algo más novedosa. ¿Cómo desmenuzar el katalysai de Lc 19,7?

 

  1. 2.      Aprender literatura

 

Puede parecer que nada tenga que ver la literatura con la Biblia. Pero no hay que olvidar que esta es un texto y, con sus características, funciona como un texto. De ahí que cuanto más se lee, sobre todo buena literatura, poesía incluso, ayudará a leer los textos bíblicos. Por eso ocurre que muchos buenos escritores, a veces agnósticos o ateos, urden hermosos textos literarios sobre temas bíblicos (Erri de Luca, Amós Oz, G. Martín Garzo, Fallarás, etc.).

 

  1. 3.      Saber trabajar un texto literario

 

Esto tiene que ver con el punto anterior. Todo texto literario, y por ende bíblico, pasa por estas fases: comprensión ahondada, explicación clara y sugerente, diálogo enriquecedor, descubrimiento implicativo. Son los caminos que hacen fecundo al texto. ¿Cómo aplicar estas cuatro fases a textos como Hech 21,15-26?

 

  1. 4.      Reelaborar lo narrado

 

Que no es volver a contar lo leído (a veces con palabras peores). Reelaborar demanda, en primera instancia, llevar el texto a la intimidad personal porque esa es la fuente de la reelaboración. En segundo lugar, explicarlo de modo que muestre su verdadera riqueza. A continuación, contrastarlo con el hecho social a quien va destinado. Y, finalmente, sacar las consecuencias éticas para quien explica y para quien recibe la explicación. ¿Puede aplicarse esta dinámica a textos como Lc 16,19-31?

 

  1. 5.      Publicar trabajos bíblicos

 

Esto es para personas un poco más especializadas. No es terreno reservado a los grandes especialistas. A veces hay lectores de la Palabra que, desde su posición de fe y desde sus conocimientos personales, hacen pequeñas aproximaciones a los textos bíblicos. Habría que intentar publicarlos en alguna revista sencilla o especializada. Las revistas está escasas de estos trabajos y no cabe duda de que, si tienen contenido, serán bien recibidos. ¿Una serie sobre los comportamientos “carnales” de Jesús no sería muy interesante?

 

  1. 6.      Valorar los comentarios bíblicos no creyentes

Hay autores agnósticos o no creyentes que reelaboran los textos bíblicos. Siempre han sido numerosos y ahora también lo son. Puede calificarse de arbitrario su tratamiento de los textos. Pero la libertad con la que escriben propicia lecturas que, aunque lejos de los moldes canónicos, resultan muy sugerentes. Hay que partir de la Biblia es patrimonio de todos y que ninguna lectura es la “oficial”. Y, aunque desbordantes en imaginación, con frecuencia conectan con líneas básicas del Mensaje ¿Cómo entender desde ahí, a modo de ejemplo, la novela de G. Martín Garzo Y que se duerma el mar?

 

  1. 7.      Llegar a un ecumenismo bíblico

 

Una experiencia gratificante y lograda ha sido la de ver que todos los intentos de traducciones bíblicas interconfesionales han resultado positivas y se ha llegado a un acuerdo, incluso en textos históricamente muy divergentes. Eso demuestra que el vínculo que crea la fe y el amor a la Palabra hace que se superen fosos que duran siglos. ¿Cómo se puede llegar a un acuerdo a la hora de traducir Rom 3,28?

 

  1. 8.      Usar las versiones anotadas

 

La lectura de los textos bíblicos con notas fue vista con reticencias hasta épocas recientes. Pero hoy día, las notas dan un valor añadido a las traducciones bíblicas. Hasta el punto de que leer hoy sin notas es una anomalía. Se necesita constantemente el apoyo de las notas para poder ahondar en el texto. Hoy, la mayoría de las traducciones contienen notas de gran valor. Es preciso ser tenaz en su uso. ¿Cómo vamos a entender sin notas, por ejemplo, el texto de Rom 3,21ss?

 

  1. 9.      No recurrir siempre a los técnicos

 

Cuando en las parroquias, en los grupos cristianos, se quiere dar un cursillo de Biblia, se recurre a un especialista. Tendría que ser algo excepcional. Un sacerdote, un laico básicamente formado, una religiosa tendrían que ser capaces de, preparando un poco la cosa, dar un cursillo elemental sobre un tema bíblico. Es preciso animarse. Estar dependiendo siempre del especialista hace que, al final, consagremos una casta de “escribas” que es un peso para lo bíblico. ¿Cómo leer desde ahí el texto de

 

10.  Utilizar la técnica del puzle

 

Es una técnica sencilla para ir adentrándose cada vez más en la Palabra: ir construyendo pieza a pieza, texto a texto, el acceso a la Palabra. En una determinada circunstancia (homilía, lectura, propia reflexión, compartir bíblico, etc.) uno aprende algo interesante, lo anota en el margen de su Biblia y así tiene atrapado un texto. Uno a uno, poco a poco, se van sumando textos, como en un puzle. Eso sí, es imprescindible anotarlo.

 

EJERCICIOS 2022-2023

¿CÓMO HACERNOS PRÓJIMOS?

(12 preguntas de la Fratelli tutti)

Notas para una semana de ejercicios en 2022

 

 

         La FT se publicó en octubre de 2020. Desde entonces vamos comprobando que este texto es un pozo de espiritualidad sin fondo porque no solamente encierra la vivencia espiritual del Papa, sino también los contenidos esenciales del Evangelio. De ahí que recurrir a ella para cubrir la necesidad de reflexión en una semana de ejercicios es del todo pertinente.

         La espiritualidad social es una puerta abierta hoy al misterio. Logra devolver a la Palabra un brillo que, quizá, ha perdido por causa de la rutina y, a la vez, consigue echar luz sobre nuestras situaciones de vida. Doble beneficio. Pero, además, puede alimentar una espiritualidad saludable, menos propensa a las disfunciones de la mera religiosidad. Todo beneficios.

         A lo largo del documento se hacen muchas preguntas (más de 41 han consignado los lectores minuciosos). La pregunta es un dinamismo muy útil para la espiritualidad porque activa el anhelo y mantiene abiertas las puertas del pensamiento. Reflexionar y orar desde las preguntas puede ser un camino productivo.

         Conectaremos las preguntas del papa con la Palabra para recabar de ella luz y ánimo como lámpara que es para nuestros pasos (Sal 118,115). Y desde ahí sacaremos unas derivaciones para nuestra vida. De esa manera, la semilla de la Palabra encontrará el campo de la vida y habrá posibilidad de fruto.

         Hacer esta clase de trabajos espirituales en comunidad, en grupo de fe, es garantía de acierto y de mayor provecho. La fe de unos ayuda a la debilidad de otros. Misterio del compartir cristiano. Que la doctrina, la Palabra, la oración y el silencio nos ayuden a tan buen fin.

 

 

1

¿CÓMO HACERNOS PRÓJIMOS?

 

  1. 1.   FT 81

 

«La propuesta es la de hac0erse presentes ante el que necesita ayuda, sin importar si es parte del propio círculo de pertenencia. En este caso, el samaritano fue quien se hizo prójimo del judío herido. Para volverse cercano y presente, atravesó todas las barreras culturales e históricas. La conclusión de Jesús es un pedido: «Tienes que ir y hacer lo mismo» (Lc 10,37). Es decir, nos interpela a dejar de lado toda diferencia y, ante el sufrimiento, volvernos cercanos a cualquiera. Entonces, ya no digo que tengo “prójimos” a quienes debo ayudar, sino que me siento llamado a volverme yo un prójimo de los otros».

 

         FT es un texto creyente, asentado sobre la Palabra y concretamente, como eje vertebrador de la reflexión, en la parábola del samaritano compasivo (Lc 10,25-37). A ese tema dedica un largo capítulo (el II) y se hace continua referencia en el texto.

         El gran hallazgo bíblico de Papa es cambiar la clásica pregunta de “¿quién es mi prójimo?” por la de “¿me voy haciéndome prójimo del caído en el camino?”.

         Atina el Papa porque el acento de la narración lucana termina en el cortante aserto final de Lc 10,37: “Pues anda, haz tú lo mismo”. Al final, la comprensión correcta de la parábola está determinada por la actitud personal.

         Según el texto del Papa, el ir haciéndose prójimo es todo un itinerario con estos pasos:

1)   No importa que no sea alguien del propio círculo de pertenencia. Hay que tener miras amplias.

2)   Hay que atravesar las barreras culturales e históricas. Cosa que está muy en pañales.

3)   Hay que volverse cercano: hay que inclinarse, preocuparse, acercarse, interesarse, mirar a los ojos y a la realidad del otro. Mirar más allá del propio ombligo.

4)   El resultado: volverme prójimo con los otros. Encontrar la “projimidad” en mi vida.

En FT 69 dice de manera contundente: «La inclusión o la exclusión de la persona que sufre a la vera del camino define todos los proyectos económicos, políticos, sociales y religiosos». Es decir, la validez de un proyecto de vida cristiana se mide por el nivel de “projimidad” de la persona.

 

  1. 2.   Lc 10,25-37

 

«25En esto se levantó un jurista y le preguntó para ponerlo a prueba:- Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar vida definitiva? 26Él le dijo:- ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo es eso que recitas? 27Éste contestó: - “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo” (Dt 6,5; Lv 19,18). 28Él le dijo: - Bien contestado. Haz eso y tendrás vida. 29Pero el otro, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: - Y ¿quién es mi prójimo? 30Tomando pie de la pregunta, dijo Jesús: - Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y lo asaltaron unos bandidos; lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon dejándolo medio muerto. 31Coincidió que bajaba un sacerdote por aquel camino; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 32Lo mismo hizo un clérigo que llegó a aquel sitio; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 33Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, al verlo, se conmovió, 34se acercó a él y le vendó las heridas echándoles aceite y vino; luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó.35Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta”. 36¿Qué te parece? ¿Cuál de estos tres se hizo prójimo del que cayó en manos de los bandidos? 37El jurista contestó: - El que tuvo compasión de él. Jesús le dijo: - Pues anda, haz tú lo mismo».

 

  • Nada se dice de este samaritano, solo que era samaritano. No sabemos si cumplía con la ley o no (pentateuco samaritano), si pagaba impuestos o no, si era amante de su familia o no, si rezaba o no. Andaba por posadas (negativo en la época). Solamente se dice que se hizo prójimo con sus consecuencias.
  • Superó los estrechos cauces culturales de la época: el que baja de Jerusalén es lógicamente judío. El samaritano compasivo no repara en eso: es un caído y merece su atención.
  • Se hace prójimo: se acercó y al verlo se conmovió. Mira, se inclina, se curva, se apresta a cogerlo. Sin acercamiento, imposible la projimidad.
  • Y luego, las consecuencias: gasto (vino,aceite); el dueño de la caballería a pie, el otro montado. No se trata solo de caridad, sino también de cuidados. Y cuidado continuado, porque promete volver.
  • La parábola no logra atravesar la coraza del jurista: en lugar de decir “el samaritano”, sin más, dice “el que tuvo compasión de él”.
  • El “personaje” Dios está subyacente en la narración: invita a la solidaridad al sacerdote y al levita (no hacen caso), da fuerzas al caído para que no muera, suscita la compasión en el samaritano (le hace caso), acompaña a esa caravana de pobres a la posada, suscita generosidad para volver si hace falta. Dios en el subsuelo de todo trabajo de projimidad.
  • Golpetazo final: “anda, haz tú lo mismo”. Cortante, no se hable más. No mareemos la perdiz.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Bondad esencial: que es algo anterior a la fe. Es la bondad de fondo, los valores del corazón y de los sentimientos, las conmociones del interior. Son muy importantes. No deberían secarse. La fe tendría que regar ese interior para que brotaran más fácilmente los gestos de bondad. 
  • Una fe con consecuencias: si la fe no tiene consecuencias aún no ha llegado a madurez. Consecuencias de cara al otro, acogida, amparo, solidaridad. Creer sin consecuencias es sospechoso.
  • Ayudarnos a la projimidad: porque tal vez nos conmovemos, pero no nos movemos. Nos falta un impulso final, un decidirnos, un liarnos un poco la manta a la cabeza y animarnos a andar caminos de projimidad. Además, para todo esto hace falta un poco de ilusión y hasta de imaginación. Y eso lo podemos contagiar. La fe en la comunidad no es solamente para la celebración, sino también para caminos de vida.
  • Sendas cotidianas: mucho de todo esto de la projimidad se construye en las sencillas sendas del día a día. Las prácticas que se hagan de este camino son siempre cosas elementales de la relación diaria y con las personas que se entrecruzan en nuestra vida. Es verdad que la situación de quien está lejos también nos incumbe. Pero es en el kilómetro cuadrado donde se desarrolla la vida de uno donde habrá que construir la projimidad. Hay que animarse.

 

  1. 4.   Para orar

 

Dios nuestro, Trinidad de amor,
desde la fuerza comunitaria de tu intimidad divina
derrama en nosotros el río del amor fraterno.
Danos ese amor que se reflejaba en los gestos de Jesús,
en su familia de Nazaret y en la primera comunidad cristiana.

Por Jesús, nuestro hermano. Amén

 

 

2

¿QUÉ ESTOY DISPUESTO A HACER YO?

 

  1. 1.   FT 75

 

«Hay una triste hipocresía cuando la impunidad del delito, del uso de las instituciones para el provecho personal o corporativo y otros males que no logramos desterrar, se unen a una permanente descalificación de todo, a la constante siembra de sospecha que hace cundir la desconfianza y la perplejidad. El engaño del “todo está mal” es respondido con un “nadie puede arreglarlo”, “¿qué puedo hacer yo?”. De esta manera, se nutre el desencanto y la desesperanza, y eso no alienta un espíritu de solidaridad y de generosidad. Hundir a un pueblo en el desaliento es el cierre de un círculo perverso perfecto: así obra la dictadura invisible de los verdaderos intereses ocultos, que se adueñaron de los recursos y de la capacidad de opinar y pensar».

 

Antes de responder a la clásica pregunta de “¿yo, qué puedo hacer?” hay que ver si uno está en ese modo de “descalificación de todo”, si todo lo ve negro, si “siembra sospecha” de todo. Hay cristianos así, sobre todo cuando el color de los gobernantes no es de su gusto o cuando, sin más, entiende que una manera de situarse socialmente es cuestionar todo. Esa es una pantalla de humo que lo bloquea todo. Porque, en el fondo, no se sabe si se quiere cuestionar todo o, simplemente, lo que uno está queriendo decir es que el no está dispuesto a moverse ni un milímetro.

Hay que vigilar si uno colabora a nutrir el desencanto y la desesperanza. Porque todo se contagia. Y sembrar desencanto, desilusión y grisura es debilitar el hecho social e, incluso, hacer imposible el sueño del reino de Dios que solamente se logra con una dosis fuerte de ilusión. Por eso, quizá haya que decir que es más importante en la vida cristiana vivir en ilusión que vivir en gracia.

La generosidad es en los Evangelios salsa para todos los guisos. Sin la percepción del Dios generoso, resulta difícil ser generoso con la sociedad, con las personas cercanas, con los frágiles sociales (Mt 20,15).

Hay que andar con cuidado con quienes se adueñan de la capacidad de opinar y piensan porque, a la larga, lo que buscan es que nadie se mueva, que todo esté paralizado. Así actúan ellos mejor.

Por todo lo dicho, la clásica pregunta “¿yo, qué puedo hacer?” habría de ser cambiada por esta otra: “¿yo, qué estoy dispuesto a hacer?”. Esta segunda remite a la ilusión, a la generosidad y, en definitiva, a responsabilidad. La disposición a hacer no paraliza, sino que espolea la imaginación y encuentra cauces de colaboración.

 

 

 

 

  1. 2.   Mc 6,1-6

 

«1Y salió de aquel lugar. Fue a su tierra, seguido de sus discípulos.2Cuando llegó el día de precepto se puso a enseñar en la sinagoga; la mayoría, al oírlo, decían impresionados:- ¿De dónde le vienen a éste esas cosas? ¿Qué clase de saber le han comunicado a éste y qué clase de fuerzas son esas que le salen de las manos? 3¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago y José, de Judas y Simón? y ¿no están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban de él.4Jesús les dijo:- No hay profeta despreciado, excepto en su tierra, entre sus parientes y en su casa.5No le fue posible de ningún modo actuar allí con fuerza; sólo curó a unos pocos postrados aplicándoles las manos.6Y estaba sorprendido de su falta de fe. Entonces fue dando una vuelta por las aldeas de alrededor, enseñando».

  • El imaginario religioso de la época de Jesús había llevado a creer que el Mesías no tendría familia (aunque sí conexión genealógica con David). Y, menos, una familia pobre. La pobreza de Jesús es su problema. Por eso, conocer su familia es un obstáculo definitivo a su propuesta. Los de su pueblo no están dispuestos a colaborar con uno que es tan pobre como ellos. En esa pobreza se escudan.
  • Y en su familia conocida. Una familia como las demás, con padre, madre, hermanas, hermanos. Si su familia es como la nuestra no merece la pena colaborar, porque terminaremos todos tan pobres como él. Bloqueos de colaboración. El “qué puedo hacer yo” es, en el fondo, un “contigo no quiero hacer nada porque eres tan pobre como yo”. No se ha intuido la fuerza de la pobreza, el vigor de lo pequeño.
  • El “escándalo” se da ante la alternativa del reino: se escandalizan de que el reino sea para los pobres; ellos quieren un reino para poderosos y que ellos sean contados entre los tales. Escandalizarse de quien anhela una mejor suerte para los pobres y, encima, no hacer nada para ello.
  • Jesús es un profeta despreciado por su pobreza, por su origen común, por ser uno cualquiera. No se ha llegado a ver que, dentro, hay una posibilidad. Y no se ha llegado a ver eso porque se está inmovilizado, porque no se quiere dar un paso, porque se hace parte de instituciones esclerotizadas. Mientras no se salga de ahí, no habrá nada que hacer.
  • La sorpresa de Jesús no es por falta de fe ideológica. Los de su pueblo creen, están dentro de la institución. Eso les impide percibir la situación del débil y, más todavía, animarse a echar una mano. Tiene fe ideológica, pero les falta la fe del reino que es una fe práctica. Jesús se extraña que viniendo y viviendo en la pobreza no se les haga presente el mundo de las pobrezas.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Cristianismo que espolea o cristianismo que paraliza: tendría que ser la primera de las opciones: una fe con mística horizontal, de ojos abiertos, sintiendo el acicate y la mordedura de lo real. Si nos paraliza ante las situaciones de la vida es que, quizá, nuestra fe es una fe ideológica, que es valiosa pero que puede estar desorientada, que puede dar una importancia a banalidades, mientras que lo decisivo se oscurece.
  • Necesitados de ilusión social: tan necesitados como de ilusión personal, familiar o comunitaria. Tener ilusión por ver que hay sectores sociales frágiles que mejoran, no mirar reaciamente que en esos sectores se inviertan medios económicos, no discriminar entre personas necesitadas, alegrarse con la alegría de los humildes. Mantener la ilusión de que las utopías evangélicas vayan realizándose (la justicia (universal), el hambre (por debajo del umbral del 10%), la muerte legal (pena de muerte, etc.).
  • Actuar con otros: porque solo es más difícil, no solamente porque los medios sumados cunden más, sino también porque con otros se contagia más fácilmente la ilusión y se aguanta mejor el desaliento. Es el milagro de la comunidad: los valores se suman y los desvalores menguan.
  • Activar el sentido crítico: porque la buena disposición para actuar no puede hacer el caldo gordo a la desidia de las instituciones o a la voracidad de los que buscan solo su beneficio. Por eso, es preciso activar el sentido crítico, la prudencia y el discernimiento. Utopía y sentido crítico pueden ir unidos.

 

  1. 4.   Para orar

 

Concede, Señor, a los cristianos que vivamos el Evangelio
y podamos reconocer a Cristo en cada ser humano,
para verlo crucificado

en las angustias de los abandonados
y olvidados de este mundo
y resucitado en cada hermano que se levanta.

Te lo pedimos por Jesús, nuestro hermano. Amén.

 

 

3

¿NOS INCLINAREMOS PARA TOCAR

Y CURAR LAS HERIDAS DE LOS OTROS?

 

  1. 1.   FT 70

 

«Hay dos tipos de personas: las que se hacen cargo del dolor y las que pasan de largo; las que se inclinan reconociendo al caído y las que distraen su mirada y aceleran el paso. En efecto, nuestras múltiples máscaras, nuestras etiquetas y nuestros disfraces se caen: es la hora de la verdad. ¿Nos inclinaremos para tocar y curar las heridas de los otros? ¿Nos inclinaremos para cargarnos al hombro unos a otros? Este es el desafío presente, al que no hemos de tenerle miedo». 

 

Siguiendo con la reflexión sobre la parábola del samaritano compasivo deriva el texto en una tipología peculiar: el mundo se divide en dos clases de personas: las que se hacen cargo del dolor y las que pasan de largo. Coincide el Papa con el aserto del filósofo R. Mate: “la respuesta que damos al sufrimiento del otro nos hace sujetos morales”, dice qué clase de personas somos: ¿nos importa el sufrimiento del otro?, somos buenas personas. ¿No nos importa?, no lo somos. Incluso más: ¿nos importa?, somos seguidores/as de Jesús. ¿No nos  importa?, no lo somos. Esto funciona así.

Dicho de otro modo: hay dos tipos de personas: las que se inclinan y las que miran para otro lado. Inclinarse supone abandonar la propia rectitud (el error de entender lo recto siempre como lo bueno) y mirar en la dirección del otro. Escuchar, empatizar y actuar. Esta tipología elemental remite Evangelio: en él, todo es “curvo”, vuelto al otro, abandonando lo recto (se volvió, se inclinó, lavó pies, etc.). Lo recto queda sin justificar (puesto en pie oraba: Lc 18,11-14).

Y aún una tipología más: o se es un “salteador” o se es “un herido que pone sobre sus hombros a otro herido”. Sanadores heridos, eso nos hace falta. Gente que haya experimentado la propia herida y que se anime a hacerse cargo de heridas ajenas.

Ante un planteamiento así, las excusas quedan vacías, la palabras hueras se muestran sin valor, la pregunta “¿tú, qué haces?” recobra todo su vigor y su capacidad de denuncia. Efectivamente, es la hora de la verdad pura y dura. La verdad desnuda. No hay que temerla. Hay que animarse.

Y ahora las preguntas esenciales: “¿Nos inclinaremos para tocar y curar las heridas de los otros? ¿Nos inclinaremos para cargarnos al hombro unos a otros?”. ¿Es posible hacer de los dolores ajenos dolores propios? Jesús salió a los caminos por los dolores de otros. Muchas personas han hecho suyos sufrimientos que no eran los suyos. Estamos ante el misterio denso de las relaciones humanas: unos que cargan con la debilidad del otro (Rom 15,1).

 

  1. 2.   Jn 20,24-24

 

«24Pero Tomás, es decir, Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 25Los otros discípulos le decían:- Hemos visto al Señor en persona.Pero él les dijo:- Como no vea en sus manos la señal de los clavos y, además, no meta mi dedo en la señal de los clavos y meta mi mano en su costado, no creo.26Ocho días después estaban de nuevo dentro de casa sus discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús estando las puertas atrancadas, se hizo presente en el centro y dijo:- Paz con vosotros.27Luego dijo a Tomás:- Trae aquí tu dedo, mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel.28Reaccionó Tomás diciendo:- ¡Señor mío y Dios mío!29Le dijo Jesús:- ¿Has tenido que verme en persona para acabar de creer? Dichosos los que, sin haber visto, llegan a creer».

 

  • Lo que se va a decir es con Jesús “en el centro”. Es decir: va a ser algo nuclear de la fe, no algo relativo que quede al arbitrio de cada cual. Si se quiere ser seguidor/a de Jesús habrá que conectar con ello. Máxima atención.
  • Es otra escena de reconocimiento del EvJn (la otra había sido la de reconocer por el nombre: María, Rabbuní): se reconoce al resucitado al tocar sus llagas. Es decir, el llagado de entonces tiene que ver con el triunfante de ahora. La manera de conectar con él en el ahora de la historia es tocar llagas, curar. Esa es la manera de vivir la resurrección en la historia: tocando llagas, curando, ya que la vida plena, resucitada, será una vida sin heridas, sin llagas. El creyente comienza ahora.
  • Hay un cierto matiz de insistencia: toca las llagas con insistencia, repetidamente, muchas veces, sin cansarte. Las llagas, sobre todo las ajenas, cansan, se hacen pesadas, creemos que nos incumben. Vivir la resurrección es insistir en tocar llagas para curarlas. La fe en la resurrección no es cuestión de ideologías, sino de tocar llagas.
  • La escena pretende provocar alguna reacción en el lector (no interesa tanto lo pasado con Tomás). Creer sin haber visto, haber curado llagas sin ver a Jesús, simplemente viendo llagas y su urgencia (“¿Cuándo te vimos…?”: Mt 25,37), ver la herida y su profunda necesidad. Conmoverse por las heridas, propias, ajenas sobre todo (cercanas y lejanas).

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Curar: A veces se podría resumir todo el Evangelio en una sola palabra: curar, por ejemplo. ¿Curas?, eres seguidor/a; ¿no curas?, aún no lo eres. Curar las heridas múltiples del caminar humano, empezando por las del cuerpo y terminando en las más recónditas del alma.
  • Algo que se va aprendiendo: se aprende haciendo pequeñas experiencias de vida, pequeños caminos, sencillos intentos. No se trata generalmente de opciones radicales y convulsionantes, sino de gestos que se suman, apuestas pequeñas que solamente uno conoce, generosidades envueltas en silencio. Pero siempre se aprende con la práctica.
  • Hacer al otro un sitio en mi yo: porque creemos que el yo se reafirma si lo ocupa todo, en su tiránica soledad. Pero si el otro, los otros, se aposentan en mi centro, yo no salgo limitado. Por un misterio insondable de amor el yo se amplía, se fortalece y la vida sale potenciada. La entrada de los otros en mi yo no es un asalto a mi huerto, es la ampliación del propio ser hasta extremos que se desconocían.
  • No es una reprimenda: puede ser que leamos FT 70 como si fuera una reprimenda. Pensamos que es otra cosa: un deseo urgente de animar, de empujar a la solidaridad, a la corresponsabilidad, a la certeza de que nos salvamos juntos. Tal vez no sea el tono adecuado, pero la intención es inapelable.

 

  1. 4.   Para orar

 

Ven, Espíritu Santo, muéstranos tu hermosura
reflejada en todos los pueblos de la tierra,
para descubrir que todos son importantes,
que todos son necesarios, que son rostros diferentes
de la misma humanidad que amas. Amén.

 

 

 

 

 

 

4

¿DESEAS HONRAR EL CUERPO DE CRISTO?

 

  1. 1.   FT 74

«Una persona de fe puede no ser fiel a todo lo que esa misma fe le reclama, y sin embargo puede sentirse cerca de Dios y creerse con más dignidad que los demás. Pero hay maneras de vivir la fe que facilitan la apertura del corazón a los hermanos, y esa será la garantía de una auténtica apertura a Dios. San Juan Crisóstomo llegó a expresar con mucha claridad este desafío que se plantea a los cristianos: “¿Desean honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecien cuando lo contemplen desnudo […], ni lo honren aquí, en el templo, con lienzos de seda, si al salir lo abandonan en su frío y desnudez”. La paradoja es que a veces, quienes dicen no creer, pueden vivir la voluntad de Dios mejor que los creyentes».

 

Educados en la fe religiosa, se puede dar el caso, dice el Papa, de que alguien se considere creyente (y por ello superior a otros, como el fariseo de Lc 18,11-14) sin tener en cuenta las exigencias de esa fe que dice tener. El peligro de construir una fe sin exigencias sociales es muy real, porque lo hemos trabajado poco. Y de ahí que nuestra identidad cristiana esté puesta en cuestiones religiosas (prácticas religiosas, devociones, pertenencia al cristianismo sociológico) y no en cambios sociales (justicia, igualdad, amparo a los frágiles). Es preciso vigilar siempre estos comportamientos para evitar desenfoques que luego no hay quien los enmiende.

El mejor camino para tener acceso al corazón de Dios, dice el Papa, es acceder al corazón del hermano y sus necesidades. Querer puentear al hermano, a lo social, para tratar los asuntos de la fe directamente con Dios puede ser, en el mejor de los casos, una fantasía (“Yo soy de Dios, qué dulce pensamiento) y en el peor, un engaño. Por eso, la prueba del vigor de nuestra fe es el nivel de nuestras relaciones humanas, personales, comunitarias y sociales. Desde ahí hay que mirar, por ese baremo hay que medir.

La cita de san Juan Crisóstomo (347-407) sigue vigente: es equívoco el verter tanto entusiasmo en imágenes y aderezos y tan escaso en las pobrezas. Si eso está descompensado, se corre el riesgo de una fe alejada del evangelio. En todas esas cuestiones de ritos e imágenes siempre hay que hacerse la misma pregunta: ¿qué tiene esto que ver con el Evangelio? De la respuesta a esta cuestión depende su valor real para la vida cristiana.

Se apunta el Papa a un argumento manejado por muchos creyentes: a veces los no creyentes cumplen mejor la voluntad de Dios que los creyentes. Bueno, también es difícil para los no creyentes se justos, honrados y solidarios. Ciertamente los hay y, sí, nos dan sopas con honda a los que nos decimos creyentes. Pero no son tantos ni todos.

 

  1. 2.   Sant 2,14-17

 

«14¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? 15Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, 16y que uno de vosotros les dice: "Dios os ampare, abrigaos y llenaos el estómago", y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? 17Eso pasa con la fe; si no tiene obras, está muerta por dentro. Alguno dirá: "Tú tienes fe y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras y yo, por las obras, te probaré mi fe"».

 

  • La carta de Santiago empuja mucho al discernimiento: no se puede vivir la fe de manera indiscernida, rutinaria, sin pensar y reflexionar. Porque si no, se termina asentando la fe en cosas relativas, cuando no nimias y haciendo de ellas una bandera discutida que engendra no pocos conflictos.
  • La fe de calidad es para Santiago una mezcla de confianza en Jesús y de obras. Estas (como en 1 Jn) tienen una cierta primacía porque se ven, lo otro no se ve. De ahí el énfasis de su texto en las obras. Una fe sin obras es una fe muerta, irreal, sin cimiento, porque el Espíritu sopla sobre el cimiento de la bondad y sobre él se construye el edificio de la experiencia cristiana.
  • De ahí ejemplo claro y un tanto irónico: despedir al hermano necesitado con simples bendiciones religiosas es exponerlo al desamparo. Esto es retrasar el día de la llegada del reino porque este se adelanta cuando hay socorro humano y se retrasa cuando tal socorro no brota (el tiempo del reino es “manipulable”).
  • La conclusión es clara: una fe sin obras de fe es un cadáver. Más gráfico no se puede ser. La fe que está lejos de las necesidades del hermano es una fe “cadavérica”. Puede que la rutina religiosa le haga creer a uno que está espiritualmente vivo. Pero, si se mira dentro, verá un vacío que solamente puede llenarlo las obras de buena relación, de amparo, de solidaridad, de preocupación real por el otro.

 

  1. 3.   Derivaciones:

 

  • Valores identitarios: son aquellos que provienen del Evangelio: que nada se pierda, que avance la justicia, que las desdichas de los pobres mengüen, que los frágiles tengan un puesto en la sociedad, que la dignidad de la persona ocupe el centro. Las actividades religiosas (sacramentos, oración, Palabra, piedad, etc.) servirían para ayudar a que se desarrollen mejor esos valores identitarios.
  • Satisfacciones sociales: son necesarias para entender que fe y vida van mezcladas. ¿Cuáles son? Que los humildes vayan saliendo a flote, que los descartados sean los menos posibles (ninguno a poder ser), que las alegrías se acerquen a las personas heridas, que alguien recoja de alguna manera las lágrimas de los pobres (recordar Qoh 4,1).
  • Fe pensada/fe vivida: las dos cosas son necesarias, pero la primacía se la lleva la fe vivida (entre ortodoxia y ortopraxis, el Evangelio se apoya más en la segunda). Quien piensa bien la fe es útil a la comunidad cristiana; quien la vive, es más útil, imprescindible. Colmar el foso entre ambas realidades existentes es una tarea continua (es más importante “vigilar” la fe vivida que la pensada).
  • Buenos vecinos/as: ese, por simple y humilde que parezca, podría ser un ideal de vida cristiana. Son las buenas relaciones en el marco de lo cotidiano. Se trata de ser bueno, ideal divino (Mc 10,17) y de ser vecino, cercano a las necesidades del otro. Es el ámbito de la buena relación, escenario donde quiere situarse el Evangelio.

 

  1. 4.   Para orar

 

Señor y Padre de la humanidad,
que creaste a todos los seres humanos con la misma dignidad,
infunde en nuestros corazones un espíritu fraternal.
Inspíranos un sueño de reencuentro,

de diálogo, de justicia y de paz.
Impúlsanos a crear sociedades más sanas
y un mundo más digno.
sin hambre, sin pobreza, sin violencia, sin guerras.

Por Jesús nuestro hermano. Amén.

 

 

5

¿ME PIDES DE BEBER A MI?

 

  1. 1.   FT 83

 

«Esto explica [la rivalidad entre judíos y samaritanos] por qué una mujer samaritana, cuando Jesús le pidió de beber, respondió enfáticamente: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?” (Jn 4,9). Quienes buscaban acusaciones que pudieran desacreditar a Jesús, lo más ofensivo que encontraron fue decirle “endemoniado” y “samaritano” (Jn 8,48). Por lo tanto, este encuentro misericordioso entre un samaritano y un judío es una potente interpelación, que desmiente toda manipulación ideológica, para que ampliemos nuestro círculo, para que demos a nuestra capacidad de amar una dimensión universal capaz de traspasar todos los prejuicios, todas las barreras históricas o culturales, todos los intereses mezquinos».

 

Las razones de la hostilidad entre judíos y samaritanos las da claramente la misma FT 82: «Los samaritanos habitaban una región que había sido contagiada por ritos paganos, y para los judíos esto los volvía impuros, detestables, peligrosos. De hecho, un antiguo texto judío que menciona a naciones odiadas, se refiere a Samaría afirmando además que “ni siquiera es una nación” (Si 50,25), y agrega que es “el pueblo necio que reside en Siquén”» (v. 26). Esa extrañeza revela la pregunta de la mujer: un judío que pide a una samaritana es un judío distinto, no abducido por el exclusivismo judío. Una persona de mente abierta.

No es de extrañar que Jesús sea tildado de “samaritano”, que es lo mismo que impuro, hereje, destinado al infierno, despreciable (además de aquella condena nunca desmentida de “comilón y borracho, amigo de pecadores”: Mt 11,19). Jesús no renuncia a ese insulto porque en realidad es uno así: estaba a gusto con los pecadores (Lc 19,7).

Se trata de “ampliar el círculo” que tiende a cerrarse en la persona exclusiva, en mis intereses personales, en mis problemas únicos (ya venía esto desde Is 54,29). Es el problema de autorreferencialidad, como dice muchas veces el Papa Francisco: solo me interesa lo mío. Romper esa coraza de hierro es decisivo para entender la postura de Jesús y la orientación del seguidor/a. La lucha contra el egoísmo es acompañante sempiterno del caminar humano. Ahí se juega mucho de la verdad de la persona y de la verdad de la fe.

Desde ahí pide FT una dimensión universal que traspase prejuicios, barreras e intereses. Los prejuicios bloquean la solidaridad, la tendencia a poner al otro en nuestro centro. Las barreras dividen artificialmente a las personas y las encasillan sin posibilidad de salir de ahí. Los intereses (el poder, la economía) son una siembra de sal sobre cualquier planteamiento amplio. Todo un trabajo que hay que ir haciendo todos los días.

 

  1. 2.   Ef 2,13-18

 

«13Mas ahora, en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos, habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo. 14Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad, 15anulando en su carne la Ley de los mandamientos con sus preceptos, 16para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo la paz, y reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad. 17Vino a anunciar la paz: paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca. 18Pues por él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu».

 

  • Efesios dice que el secreto designo de Dios es reconciliar todo en Cristo. Hacer obra de reconciliación sería el distintivo del cristiano, su forma de amar. Eso es lo que ha hecho el milagro de hacer una comunidad cristiana donde convivan los paganos que estaban lejos y los judíos que estaban cerca. Si se puede reconciliar cosas tan dispares es que la obra de reconciliación se está haciendo. Si esto se realiza por el Mesías, no es sin más, sino aceptando los valores de ese Mesías, los valores del Evangelio. O sea: quien dice seguir el Evangelio ha de distinguirse por su mentalidad amplia, reconciliadora, universal.
  • Jesús ha abolido toda hostilidad para que nosotros sigamos por esa senda. No se hace nada con alabar la tarea reconciliadora de Jesús si luego nosotros no trabajamos ese campo. Pretender vivir la fe sin reconciliación es un imposible. En esto habría que ser lo más animosos posible. Que no nos coma el desamor, la desunión, la lejanía con quien tenemos dificultades de relación. Porque, repetimos, vivir en ruptura contradice nuestra opción por el Evangelio.
  • De ahí surge la humanidad nueva, la relación distinta, la fraternidad igualitaria. Quitar esto del horizonte de la vida cristiana sería empobrecerla. Hay que tratar que el desaliento, el anquilosamiento, el cansancio no hagan mella en nosotros y demos ya por perdida esta batalla de una vida reconciliada.
  • Los frutos de una vida reconciliada y de amplias miras son la paz y el acceso al corazón del Padre, el sosiego de vida y la fe vibrante, la serenidad lograda y la fe madura. El horizonte amplio enriquece la vida y la hace más gozosa; el horizonte estrecho deriva en muchos puntos de fricción y en indudable disgusto de vida.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Reconciliaciones sociales: la fe religiosa ha trabajado mucho el campo de la reconciliación religiosa. A veces lo ha desligado del campo de la vida y ha creído que pidiendo perdón a Dios (Dios siempre perdona) ya estaba todo arreglado (aunque sabemos que el Evangelio demanda antes el perdón con el hermano: Mt 5,24). Quizá una manera de mejorar esto sea potenciar las reconciliaciones sociales: familiares, laborales, políticas incluso. Ahí es donde se juega con frecuencia la verdad de esa mentalidad universal y amplia de la que nos habla FT.
  • Raíces y horizonte: en una mentalidad amplia y universal pueden ser compatibles las raíces y el horizonte, las raíces de la propia cultura y el horizonte de la universalidad, el aprecio de los propios orígenes y la aceptación de modos culturales distintos. Unas y otro se asientan sobre la dignidad y la certeza de que somos familia humana.
  • El sueño de una fe común: hoy cada religión tiene su propia fe y eso es, ciertamente, un valor. Pero quizá sea compatible con ello el sueño de que un día las religiones tengan la certeza de una fe común, en un Dios común. Se cumplirá entonces, en modos de amplitud total, la certeza de Efesios de haber hecho no solamente de dos un solo pueblo, sino de todos los pueblos un solo pueblo creyente. Los grandes sueños no están prohibidos en el Evangelio, libro de sueños él también.
  • Una Iglesia común: lo mismo decimos de las Iglesias, hoy numerosas (existen más de 4.200 religiones en el mundo). No cabe duda que todas ellas tienen un gran valor. Pero ¿por qué no soñar una iglesia única, englobante, democrática, unificada en sus causas de fe y en sus trabajos sociales? Sería una revolución que cambiaría el curso del planeta. Quizá los grandes sueños comienzan por elaborarse en el interior de cada uno/a.

 

  1. 4.   Para orar

 

Que nuestro corazón se abra
a todos los pueblos y naciones de la tierra,
para reconocer el bien y la belleza
que sembraste en cada uno,
para estrechar lazos de unidad, de proyectos comunes,
de esperanzas compartidas. Amén.

 

 

 

 

 

 

6

¿QUÉ OCURRE SIN LA FRATERNIDAD?

 

  1. 1.   FT 103

 

«La fraternidad no es sólo resultado de condiciones de respeto a las libertades individuales, ni siquiera de cierta equidad administrada. Si bien son condiciones de posibilidad no bastan para que ella surja como resultado necesario. La fraternidad tiene algo positivo que ofrecer a la libertad y a la igualdad. ¿Qué ocurre sin la fraternidad cultivada conscientemente, sin una voluntad política de fraternidad, traducida en una educación para la fraternidad, para el diálogo, para el descubrimiento de la reciprocidad y el enriquecimiento mutuo como valores? Lo que sucede es que la libertad enflaquece, resultando así más una condición de soledad, de pura autonomía para pertenecer a alguien o a algo, o sólo para poseer y disfrutar. Esto no agota en absoluto la riqueza de la libertad que está orientada sobre todo al amor».

 

De los tres grandes valores que consagró la revolución francesa (¿dónde quedan?), la fraternidad es el menos trabajado. Sin embargo, la fraternidad da un brillo y contenidos nuevos a la libertad y a la igualdad. La fraternidad incluye ambos valores (vivir en fraternidad supone un libertad aumentada y una igualdad mayor precisamente porque se han puesto en común). La fraternidad es un valor siempre con futuro porque engloba a los otros valores.

La fraternidad, para que verdee, ha de ser cultivada. No brota por generación espontánea. Es un cultivo, una construcción espiritual. Abandonar el cultivo de la fraternidad es caer en el individualismo más tiránico. Los grupos cristianos habrían de brillar por el cultivo de los valores comunitarios (no sectarios, que es otra forma de individualismo). El testimonio primero del grupo cristiano habría de ser la fraternidad. Siempre es una asignatura pendiente.

Educar para la fraternidad no es solamente cuestión de los comienzos infantiles o de los inicios de procesos de fe adulta. La educación para la fraternidad ha de ser constante, continua, siempre actualizada. Y habría de ser una educación de tipo práctico, más que ideológico. Educarse viviendo como hermanos/as, experimentando las dificultades inevitables y los gozos indudables. Mantener viva la llama de la fraternidad es, con frecuencia, tarea ardua, aunque hermosa si se logra lo más fundamental: ser uno mismo ante el otro.

Describe muy bien FT las “asignaturas” de ese curso sobre la fraternidad que habría que aprobar: el diálogo, el descubrimiento de la reciprocidad y el enriquecimiento mutuo. Diálogo incansable y constructivo, sabiendo que el otro también sufre, que tiene parte de razón y que se puede llegar a acuerdos, siquiera sobre mínimos. Descubrir que somos nosotros cuando somos el otro, la reciprocidad como mejor manera de vivir en gozo y paz. Saber que todos podemos aportar algo a la realización del otro y que la riqueza nos viene del darse y recibir.

Si no se hacen estos trabajos, la libertad “enflaquece”, se tambalea, se esfuma. Y la igualdad se convierte en poco más que un baremo uniformador. La soledad comienza a instalarse en el corazón y el amor llega a ser un ingenuo desiderátum, nada más. Del cultivo de la fraternidad depende en gran parte el sentido de nuestra vida cristiana.

 

  1. 2.   Mt 23,8-12

 

«8Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.9Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.10No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo.11El primero entre vosotros será vuestro servidor.12El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

 

  • La tensión con la avanzadilla del fariseísmo (los escribas de después de Yamnia) termina en este pasaje positivo dirigido a los seguidores de Jesús. Primera recomendación: no llamarse maestro porque este tiene una cierta superioridad cobre los alumnos. Aquí no hay maestros y alumnos, sino solamente hermanos. En la comunidad nadie es más que nadie y nadie es menos que nadie. De ser alguien “más” lo serían los frágiles: a ellos habría que ponerlos en el centro (Mc 3,3).
  • Segunda recomendación: tenéis un Padre común, el del cielo. Eso os hace hijos iguales, familia común. De ahí la responsabilidad de unos con otros. Salirse del marco de la fraternidad es alejarse de la paternidad de Dios, vaciarla de contenido.
  • Tercera recomendación: dejarse aconsejar por Cristo, por sus valores y criterios. Él es el mejor consejero; el Evangelio es nuestro mejor consejero. Discernir ante el Evangelio es aprestarse a acertar; hacerlo con otros criterios es un riesgo.
  • Conclusión primera: si uno aspira a ser mayor que crea que puede serlo sirviendo, La paradoja aumenta el sentido: se puede estar contento sirviendo, se puede ser en verdad primero cuando se sirve porque te unes al servidor Jesús, el que está fuera de la mesa (Lc 22,27).
  • Segunda conclusión: la incorrecta autoestima que se pone por encima del otro Dios la pondrá en su sitio (pasivo divino) porque él mira la realidad de la persona, lo que en verdad es uno (1Cor 13,12).

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Contra la fatiga fraterna: dado que el conflicto, en mayor o menor grado, acompaña la vida comunitaria y familiar, quizá estemos tentados de abandonar la mística de la fraternidad, cansados y fatigados de ella. No habría que apearse de ese anhelo. Y, aunque haya momentos bajos, ser ágiles para volver de nuevo a la senda de la fraternidad, camino único para acceder al secreto del Padre.
  • Fe en el otro: quizá sea más fácil tener fe en Dios que tenerla en el hermano. Porque para construir la fraternidad es precio “creer”  en el otro como posibilidad mayor de fe. Y eso resulta muy difícil cuando se experimenta la propia debilidad y la del hermano. Pero es justamente ahí donde se halla la prueba del vigor de nuestra fe. Descreer del hermano es, no le demos más vueltas, descreer en Dios.
  • El primer apostolado: ya lo hemos insinuado: el primer apostolado de un grupo, una comunidad, una parroquia, etc., es la fraternidad. Más que una actividad, que tiene su gran valor, por la fraternidad viva se puede entender lo que pretende el Evangelio. Decía el Hno Roger que el mundo de hoy puede entender la fe con comunidades buenas de corazón y de vida simple. Es el gran apostolado del viejo “ved como se aman” tantas veces citado.
  • ¿Muchos hermanos, pocos amigos?: eso suele decirse de la vida religiosa y podría decirse también de la vida cristiana en general. Si la fraternidad solamente nos da numerosos miembros de la congregación o de la iglesia, pero no unas pocas personas en quien confiar, es que quizá la fraternidad no ha hecho su obra. La fraternidad tiende a lo universal, pero no puede ser genérica. Ha de pasar por experiencias concretas de vida, por caminos andados juntos, por experiencias compartidas. De la experiencia concreta al horizonte, ese es el camino.

 

  1. 4.   Para orar

 

Señor Jesús,
por tu gloriosa pasión,
vence la dureza de los corazones,

prisioneros del odio y del egoísmo;
por el poder de tu resurrección,
arranca de su condición

a las víctimas de la injusticia y de la opresión;
por la fidelidad de tu venida,
confunde a la cultura de la muerte

y haz brillar el triunfo de la vida.

Te lo pedimos por Jesús, nuestro hermano. Amén.

 

7

¿HAY PEREZA PARA BUSCAR LOS VALORES?

 

  1. 1.   FT 209

 

«Tenemos pruebas de sobra de todo el bien que somos capaces de realizar, pero, al mismo tiempo, tenemos que reconocer la capacidad de destrucción que hay en nosotros. El individualismo indiferente y despiadado en el que hemos caído, ¿no es también resultado de la pereza para buscar los valores más altos, que vayan más allá de las necesidades circunstanciales?». 

 

En la persona, lo sabemos, lo vemos, anida lo mejor y lo peor. Somos capaces de entregas admirables y de comportamientos destructivos sin límites. Reconocer con paz ambas cosas habría de llevarnos a potenciar lo bueno y a ser muy cuidadosos con el “Caín” que llevamos dentro (como dice Rom 7,14ss). La bondad es la mejor forma de control de la maldad. Darse al bien es tarea que todos aprecian y que nadie cuestiona, aunque, a veces, se ironice e incluso se ridiculice. Pero el bien es apreciado por todos.

Es cierto que hemos caído en un individualismo indiferente y despiadado. No sabemos si más o menos que en otras épocas. Tal vez los medios modernos de comunicación los han acentuado. El ver los males ajenos en tiempo real, es posible que nos hayan vacunado de individualismo. Pero el escenario actual también es propicio para el bien. Quizá el Papa, como buen clérigo, tenga una visión un tanto derrotista del momento. ¿Habría sonado de otro modo la FT desde una puesta en evidencia del bien innegable que hoy se da en la sociedad?

Sí, tal vez nos envuelva una pereza antropológica (mezcla de desilusión, sabérnoslas todas, cansancio, etc.) para incorporar los valores de fondo de lo humano, que son los mismos valores evangélicos (la fraternidad, la paz, la generosidad, la preocupación por el frágil, la humildad, la mansedumbre, el corazón entregado). Algo nos dice que ese camino tan trillado ya no es rentable. Pero, en realidad, es un camino cada día por estrenar. Porque la bondad es como el amanecer: cada día es nuevo. Los buenos de verdad, los que creen en el bien, son quienes no se cansan de ser buenos/as.

Nos atosigan las circunstancias y perecemos bajo su influjo. De ahí que busquemos soluciones inmediatas y que lo queramos todo al instante y ya. La bondad es un horizonte y tiende a mirar más lejos que las inmediatas circunstancias. Para ello es precisa una dosis de confianza fuerte, y la fe necesaria en el futuro como para no reclamar los frutos de manera instantánea.

  1. 2.   Gál 3,1-4

 

«1¡Gálatas estúpidos! ¿Quién os ha embrujado? ¡Después que ante vuestros ojos presentaron a Jesús Mesías en la cruz! 2Contestadme solo esto: ¿recibisteis el Espíritu por haber observado la Ley o por haber escuchado con fe? 3¿Tan estúpidos sois ¿Empezasteis por el Espíritu para terminar ahora en la materia? 4¡Tan magníficas experiencias en vano!, suponiendo que hayan sido en vano».

 

  • Como sabemos y como lo muestra este texto, Gálatas es uno de los textos más “volcánicos” del NT (junto con Jn 7-8). Pablo pierde los papeles y llega, como se ve, al puro insulto. Es que, según él, la vuelta a las prescripciones de la Ley, tras haber dado el paso hacia Jesús, anula y quita el sentido al mismo Evangelio. Y ante el peligro de perder el Evangelio, Pablo reacciona con la fuerza de un “fanático”. Todo se ha tirado por la borda.
  • Pablo piensa que es un “embrujamiento” el que han sufrido los gálatas. Pero, en realidad, es más posible que hayan experimentado un cansancio, una decepción, un vacío. Y entonces el recurso es volver a lo conocido. Se han cansado tan pronto de los valores del Evangelio. La cruz ha dejado de ser algo interesante y han dirigido su mirada a valores más satisfactorios. La decepción, la rutina y la pereza han hecho su obra.
  • El Espíritu es el sentido. ¿Lo han recibido por la Ley o por la fe? Posiblemente los gálatas respondan: estamos cansados, la fe en Jesús nos aburre, ya no tenemos ilusión. La vuelta a la Ley no es porque se quieran lanzar de nuevo a la experiencia religiosa del judaísmo, sino que es mero fruto del cansancio. ¿Cansados de creer, cansados de la religión, cansados de la cruz? Cansados, al fin y al cabo.
  • Y el cansancio lleva a la “materia”, al materialismo, al consumismo decimos nosotros. El consumo ocupa el lugar de los valores del Evangelio y nos satisface con creces: vamos a los templos del consumo, compramos hasta lo que no nos hace falta, pagamos y salimos tan contentos que estamos dispuestos a volver. El cansancio ha triunfado y el lucro se beneficia de ello. Y todos tan contentos. Los valores se han esfumado.
  • ¿Pero ha sido un camino en vano? Quizá no. El Evangelio siempre nos espera y es posible volver a él. Pablo reniega a los gálatas. Pero el Evangelio es casa abierta y nadie nos va renegar. Podemos volver siempre y siempre seremos bien recibidos. De ahí que ni un minuto vivido al amparo del Evangelio es una pérdida. Siempre hay posibilidad, cada día es una oportunidad.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Una fe que aburre: quizá lo que nos aburre no es tanto la fe, sino una religiosidad cansina y repetitiva. ¿Cómo sacudirse el aburrimiento? ¿Cómo hacer que el brillo vuelva a los ojos? ¿Cómo no abandonar el enamoramiento de Jesús? Hay que cuidar todos los días ese amor, hay que renovar cada mañana la búsqueda, hay que estar en estado de “excitación creyente”, hay que controlar a todos los “bomberos” que quieren apagar ese fuego (consumo, olvido, rutinas religiosas, falta de conmoción social, etc.). Una fe que aburre es como un aburrido, tan paradójico y tan empobrecedor.
  • La sobriedad feliz: es un movimiento sociológico que pretende una saludable austeridad para hacer sitio a los valores humanos de fondo (y en nuestro caso también a los valores de la fe). Moderando el consumo hay muchas más posibilidades de que los valores evangélicos estén activos en nuestra vida y de que ocupen el sitio que pueda dar sentido a nuestros pasos. Consumo excesivo y valores evangélicos son dos realidades que se repelen.
  • Revitalizar por la práctica de la bondad: la fe se puede revitalizar si se hacen prácticas de bondad (bondad en obras) porque las obras del Evangelio tienden al corazón de la persona y fortalecen las mejores opciones. Cuando más se practica el bien, cuantas más experiencias de bondad se acumulen (por sencillas que sean) se estará más cerca de los valores del Evangelio y se alejará el fantasma de la pereza por vivir los valores.
  • Frutos ya: es lo que, a veces, queremos. Y como resulta que los valores son siembra a largo plazo, nos desalentamos y nos cansamos. Pero asentar la vida en los valores humanos de fondo y en los evangélicos que son los mismos es algo que va moldeando el interior de la persona. Quien asienta su vida en ellos descubre, con frecuencia a toro pasado, que vive posturas y opciones que antes no habría tenido. Es el Evangelio que va haciendo su obra. Los frutos llegan a su tiempo.

 

  1. 4.   Para orar

 

Señor Jesús,
une a tu cruz los sufrimientos

de tantas víctimas inocentes:
envuelve con la luz de la Pascua

a quienes se encuentran profundamente heridos:
las personas abusadas,

despojadas de su libertad y dignidad;
haz experimentar la estabilidad de tu reino

a quienes viven en la incertidumbre:
los exiliados, los refugiados

y quienes han perdido el gusto por la vida.

Te lo pedimos por Jesús, nuestro hermano. Amén.

 

 

8

¿AMAMOS A NUESTRA SOCIEDAD?

 

  1. 1.   FT 230

 

«El esfuerzo duro por superar lo que nos divide sin perder la identidad de cada uno, supone que en todos permanezca vivo un básico sentimiento de pertenencia. Porque “nuestra sociedad gana cuando cada persona, cada grupo social, se siente verdaderamente de casa. En una familia, los padres, los abuelos, los hijos son de casa; ninguno está excluido. Si uno tiene una dificultad, incluso grave, aunque se la haya buscado él, los demás acuden en su ayuda, lo apoyan; su dolor es de todos. En las familias todos contribuyen al proyecto común, todos trabajan por el bien común, pero sin anular al individuo; al contrario, lo sostienen, lo promueven. Se pelean, pero hay algo que no se mueve: ese lazo familiar. Las peleas de familia son reconciliaciones después. Las alegrías y las penas de cada uno son asumidas por todos. ¡Eso sí es ser familia! Si pudiéramos lograr ver al oponente político o al vecino de casa con los mismos ojos que a los hijos, esposas, esposos, padres o madres, qué bueno sería. ¿Amamos nuestra sociedad o sigue siendo algo lejano, algo anónimo, que no nos involucra, no nos mete, no nos compromete?”».

     Aunque sea difícil concretar, preguntarse por nuestro amor a la sociedad sin un “básico sentimiento de pertenencia” resulta imposible. ¿A qué sentimiento nos referimos? Al que hace brotar la alegría a los ojos cuando se entiende que vivir con otros es una suerte, cuando se considera que ser familia humana es una bendición, cuando surge la comprensión paciente con los caminos muchas veces errados de nuestra sociedad. Se trata de algo místico: entender, por no sabemos qué caminos, que el sentido de lo humano es vivir con y para el otro (como decía Z. Baumann). Si vivir con otros produce un resquemor, estamos todavía lejos. Y hablar de amor a la sociedad, es hablar chino.

Este sentimiento no es algo frío: es la certeza de “sentirse en casa”, de saber que tenemos un hogar, que no es otro sino el corazón de las personas, por mucho que a veces la puerta de ese hogar no dé en las narices (¿Qué se puede esperar de quien no tiene hogar?, dice el refrán). Nuestro hogar es el corazón, personal y colectivo, de los seres humanos. Si lo sintiéramos nuestro, no tiraríamos piedras contra nuestro propio tejado. Es un sin sentido y una crueldad ser inhumano con la propia familia. La espiritualidad de la “casa común” comienza por sentirse bien con los inquilinos humanos de esa casa.

Las dificultades habrían de crear lazos de unidad, no barreras que separan. La creación de barreras comienza en el corazón de la persona, antes de que se levante muros o vallas. Por eso, hasta las “peleas”, los conflictos sociales, habrían de tener una elaboración cordial, aunque no se llegara a solucionarlos (no es lo mismo solucionar que elaborar). Amar la sociedad no es un angelismo creyendo que “todo el mundo es bueno” sin más. Se trata de hacer humano un camino de convivencia que no es fácil, que para alguno es “casi” imposible (hasta para el Génesis), pero donde se juega el sentido de nuestro ideal de humanidad (y el mismo sentido de la fe).

         Y hay que tener en cuenta que toda contribución es necesaria e importante para el proyecto de vida social común. No somos imprescindibles, pero sí necesarios. La contribución no se puede medir por la cantidad de dinero que se aporta, o de ciencia, o de cultura. Se mide por el amor con que se hace. Por eso mismo, las aportaciones más sencillas, menos relevantes, menos brillantes tienen su indudable valor. ¿Cómo pasar de la orilla enervante del propio egoísmo a la otra del sentirse parte de un proyecto común? ¿Cómo generar una espiritualidad de la hermosura del proyecto común?

Puede resultar ingenuo decirlo. Pero mirar a la sociedad con los mismos ojos con los que miras a quien amas es un ideal hermoso y posible. Efectivamente, en toda esta mística de amor social es cuestión también de un cambio de mirada, de encontrar otra manera de volver los ojos, los de la cara y los del alma a quienes hacen parte de tu vida e, incluso, a los que no hacen parte de tu realidad cercana. Una mirada distinta, hecha de agradecimiento, de verlo como una suerte, de paciente tolerancia.

Amar a la sociedad generando un movimiento de cercanía. No verla solamente como algo fuera de mí, algo distinto a mí, algo en mi contra. El amor a la sociedad, por lejano que parezca, puede ser fuente de otros amores más “tocables”. ¿Puede uno enamorarse de otro desde el desasosiego social, desde una visión negativa del mundo del que hacer parte?

 

  1. 2.   1 Pe 3,13-17

 

«13Y además, ¿Quién podrá haceros daño si os dais con empeño a lo bueno? 14Pero aun suponiendo que tuvierais que sufrir por ser honrados, dichosos vosotros. No les tengáis miedo ni os asustéis; 15en lugar de eso, en vuestro corazón reconoced al Mesías como a Señor, dispuestos siempre a dar razón de vuestra esperanza a todo el que os pida una explicación, 16pero con buenos modos y respeto y teniendo la conciencia limpia. Así, ya que os difaman, los que denigran vuestra buena conducta cristiana quedarán en mal lugar. 17Más valdría padecer porque uno hace el bien, si tal fuera el designio de Dios, que por hacer el mal».

  • 1 Pe es una carta dirigida “inmigrantes dispersos”, creyentes que, posiblemente por razones económicas, han tenido que abandonar su patria y, al ser una minoría, se encuentran perdidos en el ancho mar del paganismo. El autor les anima a no cerrarse, a mantenerse abiertos a la ciudadanía, aunque tengan que pasar ciertos apuros. No se les demanda explícitamente que amen a la ciudad, pero, al menos, que no se cierran a ella.
  • Darse a lo bueno es garantía de que se va a convivir mejor. Si no se cree en la bondad básica de la ciudadanía, más allá de sus limitaciones, el amor social es imposible. Estar siempre en una actitud de desconfianza ante los comportamientos ciudadanos aleja del amor a la sociedad, lo enfría, termina por desecharlo.
  • Es posible que haya que sufrir por ser honrados. Son los sufrimientos que comporta el amor. No se puede descreer del amor a la ciudad solamente por el comportamiento cuestionable de algunos de sus miembros. Es preciso hacer acopio de paciencia ciudadana.
  • Siempre habrá personas que se sientan tocadas por los comportamientos bondadosos. Si se puede, si conviene, si viene al caso, habría que decir qué sopone la fe como actitud básica de comportamiento ciudadano, porque se cree que los valores del Evangelio son valores sociales. Una sociedad con los valores evangélicos activos es una sociedad de mayor calidad humana.
  • Los buenos modos son importantes. No se trata solamente de ser educado, sino de ser respetuoso y tolerante. Si se propone la fe desde la confrontación, el disgusto y la exclusión, es difícil que la propuesta cristiana tenga visos de ser valorada.
  • Padecer por el bien es algo que está en el horizonte cristiano y el humano. Quizá no se pueda llegar porque queda lejos aún. Pero tender hacia él puede ser saludable. No se trata de vivir encogido, sino de crear un espíritu resistente, resiliente, que no tira la toalla a la primera dificultad de cambio.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Los muchos niveles de la pertenencia social: todos ellos habrán de ser cultivados: el nivel familiar, comunitario, vecinal, social. Quizá haya que comenzar por los más cercanos y tender hacia los más lejanos. De cualquier manera, dice FT 32, “nadie se salva solo”. La necesidad del otro, en cualquier situación de vida, es evidente. Eso habría de animarnos a vernos como sociedad, manera mejor de verse como persona individual.
  • Ciudades humanas: es preciso contribuir a la construcción de las ciudades humanas (como decían ya los monjes del desierto). Cualquier aportación que se haga, hasta la más pequeña (no tirar un papel al suelo), resulta útil. Desentenderse de la vida ciudadana es uno de los rostros que más cuestionan la fe cristiana porque el Evangelio no se desentiende de la ciudad, sino que construye el reino en ella.
  • Escapar de la amargura: porque hay creyentes (incluso de alto nivel) muy marcados por una especie de amargura social que enfoca todo desde lo negativo y todo lo ve mal. Es un camino muy esterilizante, que lleva a refugiarse en lo religioso como ámbito limpio de polvo. No habría que dar pábulo a una vivencia tal.
  • Los beneficios del proyecto común: porque no lleva a nada la confrontación entre proyecto personal y proyecto común. Más aún, si el proyecto común tiene una dosis aceptable de fraternidad es el mejor aliado del proyecto personal. Ambos se complementan y se potencian. Por eso mismo no habrá que temer al proyecto común sino, sobre todo, a la ausencia de proyecto.

 

  1. 4.   Para orar        

 

Señor Jesús,
extiende la sombra de tu cruz

sobre los pueblos en guerra:
que aprendan el camino de la reconciliación,

del diálogo y del perdón;
haz experimentar el gozo de tu resurrección

a los pueblos desfallecidos por las bombas:
arranca de la devastación a Irak, Siria y Ucrania;
reúne bajo la dulzura de tu realeza

a tus hijos dispersos:
sostén a los cristianos de la diáspora

y concédeles la unidad de la fe y del amor.

Te lo pedimos por Jesús, nuestro hermano. Amén.

 

 

9

¿PERDONAR EN NOMBRE DE LOS DEMÁS?

 

  1. 1.   FT 246

 

«A quien sufrió mucho de manera injusta y cruel, no se le debe exigir una especie de “perdón social”. La reconciliación es un hecho personal, y nadie puede imponerla al conjunto de una sociedad, aun cuando deba promoverla. En el ámbito estrictamente personal, con una decisión libre y generosa, alguien puede renunciar a exigir un castigo (cf. Mt 5,44-46), aunque la sociedad y su justicia legítimamente lo busquen. Pero no es posible decretar una “reconciliación general”, pretendiendo cerrar por decreto las heridas o cubrir las injusticias con un manto de olvido. ¿Quién se puede arrogar el derecho de perdonar en nombre de los demás? Es conmovedor ver la capacidad de perdón de algunas personas que han sabido ir más allá del daño sufrido, pero también es humano comprender a quienes no pueden hacerlo. En todo caso, lo que jamás se debe proponer es el olvido».

 

El perdón es siempre algo gratuito. No obedece a ninguna ley, sino solamente al corazón. Por eso es algo que ennoblece a quien lo da y a quien lo recibe. Pero no es algo exigible, debido, obligatorio. Hay quien lo da con generosidad y es admirable. Otros lo dan con reticencias y también hay que valorarlo. Hay quien se resiste a darlo y es preciso esperar y respetar. Y hay quien no quiere darlo y hay que entenderlo, por más que choque con el ideal cristiano del perdón pronto y generoso (Mt 18,21-35). Perdonar es un misterio que nos acerca a lo divino y aparece cuando el Espíritu sopla (recordar Gen 33).

Es un “milagro” que uno pueda perdonar un agravio grande aun cuando ese perdón no interfiera en la justicia y la pena consiguiente. Pero es un milagro mayor que alguien renuncie a un castigo legal y perdone por pura generosidad. De todo se da. Y los cristianos tendríamos que entender esto y, más aún, tender a esto último (Mt 5,38-42). En esta clase de amor asimétrico es donde dice el Evangelio que se ha de reconocer al seguidor/a (Jn 13,35).

Hay que temer el manto del olvido si bajo él no anida la reparación y la justicia. Las heridas ocultas siguen siendo heridas a perpetuidad. Se sanean aireándolas, valorándolas, penándolas en su caso y reparándolas. El olvido general lo postulan los vencedores, quienes no quieren que su situación se vea zarandeada o quienes por el dolor o la rutina no quieren enfrentarse a la cruda realidad. Si algo queda claro en todo esto es que el olvido sin más, el que pretende que aquí no ha pasado nada, es inaceptable. Pero, aun así, ya lo hemos dicho, el perdón sigue siendo no exigible, generoso, gratuito, salido del corazón.

Nadie puede perdonar en nombre de los demás. Cada uno personalmente ha de tomar su propia decisión. Perdonar en nombre de otros es suplantar al corazón llamado a perdonar. De ahí que el perdón no se impone por decreto, sino que brota lentamente del fondo del corazón de cada uno. Hay que seducir a ese corazón para que perdone, pero jamás habrá que atraparlo u obligarlo.

Conmueve quien perdona y nos hace preguntarnos de dónde brotan el bien y la dulzura, de qué secreta fuente surgen (pregunta tan potente como la pregunta por el mal, tan recurrente). Precisamente porque eso no se sabe de dónde viene, hay que ser muy respetuoso con quien le cuesta perdonar. Es preciso esperar con paciencia y amor que esa fuente pueda llegar a manar algún día Mientras tanto, espera respetuosa.

 

  1. 2.   Ef 4,25-30

 

«25Por tanto, dejaos de mentiras, hable cada uno con verdad a su prójimo (Zac 8,16), que somos miembros unos de otros. 26Si os indignáis, no lleguéis a pecar (Sal 4,4), que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo; 27no dejéis resquicio al diablo. 28El ladrón, que no robe más; mejor será que se fatigue honradamente trabajando con sus propias manos para poder repartir con el que lo necesita. 29Malas palabras no salgan de vuestra boca; lo que digáis sea bueno, constructivo y oportuno; así hará bien a los que lo oyen. 30No pongáis triste al Espíritu Santo. Dios os ha marcado con él para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo».

 

  • La carta a los Efesios dice que el secreto designio de Dios era el de reconciliar todas las cosas en Cristo. Esa tarea de reconciliación es la tarea del cristiano: reconcilias, eres seguidor/a; no reconcilias, estás en esa medida lejos del Evangelio. De ahí que este asunto sea vital para la comunidad cristiana. No estamos hablando de algo secundario.
  • La reconciliación pasa por hablar con veracidad. De eso depende mucho. Las palabras torticeras son un obstáculo insalvable para cualquier pretensión de reconciliación.  Por eso dirá más tarde, explícitamente, que se controlen las malas palabras y que el hablar sea bueno y constructivo. Mucho del éxito de la relación depende de las palabras; el bien que nos hacemos y el mal que nos inferimos depende en gran medida de las palabras. Es verdad que la reconciliación ha de manifestarse en obras. Pero las palabras buenas son la puerta para la reconciliación en obras.
  • Pero si, aun así, hay fallo, el autor da una medida altamente eficaz para arreglar las cosas, sobre todo los fallos cotidianos que es donde se juega la reconciliación: no terminar el día en el enojo, en el distanciamiento, en el enfado. Si esta medida se aplicara, muchos de los conflictos fraternos, familiares y aun sociales, se esfumarían como la niebla al amanecer. El perdón cristiano ha de ser generoso y rápido, para que no es enquiste.
  • Todo el coro derivado de una actitud no reconciliada (amargura, ira, enfados, insultos) habría de ser desterrado, mandado al “exilio” de fuera del corazón. Un rictus de amargura predispone al distanciamiento; los desplantes y las palabras gruesas, enojan y alejan; los insultos son plantas del jardín de la violencia (Mt 5,22).
  • La bondad, la comprensión y el perdón no son solamente valores humanos, sino que es hacer la misma obra de Cristo. Es decir, valores como el perdón entroncan con la vocación filial de Jesús: es hijo del Padre porque perdona como el Padre. Su divinidad le viene de su honda humanidad.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Recuperar el perdón cristiano: quizá haya que decir que el sacramento del perdón ha perdido su vigencia por su banalización, por su superficialidad. Habría que intentar recuperarlo dándole una intensidad que no parece tener. Dos caminos: la celebración del perdón en comunidad (con o sin sacerdote, pero con fe en el valor reconciliador del sacramento); la derivación del perdón hacia los perdones sociales (fraternos, familiares, sociales, políticos) que es donde está el problema y la posibilidad. Una hermosa tarea por delante.
  • El recuerdo compasivo: aquel con el que se enfoca los fallos pasados: recordar, para no olvidar, pero metiendo en él la compasión que, quizá, no se tuvo en su momento. No se trata de pretender olvidar sin más lo que no se puede olvidar. Se trata de recordar con compasión y de aportar hoy la reparación que en su día no se dio y que hoy quizá, al menos en parte, puede estar más a la mano. Hay que repetirse mil veces el dicho de Lc 6,36: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”. No se trata de algo voluntario; estamos en el meollo del Evangelio.
  • El perdón seduce: para muchas personas, el perdón es sinónimo de debilidad. Pero la mayoría queda seducido por alguien que perdona y, sobre todo, cuando el agravio ha sido irreparable. Seduce su fortaleza, su fuerza para contener el rechazo, sus lágrimas sin venganza, su deseo enorme de no permanecer en el odio. Estas personas nos reconcilian con lo humano y siembran esperanza en la desesperanza de muchos de poder llegar algún día a vivir como hermanos.
  • Beber de la fuente del perdón: no sabemos de dónde brota esa fuente. Pero conocemos sus aguas: mesura, paciencia, contención, respeto, creer en el sufrimiento del otro, etc. Bebamos de esas aguas y la reconciliación será más posible, el perdón no será extranjero en nuestra casa.

 

  1. 4.   Para orar

 

Santa María, reina de la paz,
tú que estuviste al pie de la cruz,
tú que nunca dudaste

de la victoria de la resurrección,
sostén nuestra fe y nuestra esperanza;
tú que has sido constituida reina en la gloria,
enséñanos el perdón, el servicio y la gloria del amor.

Amén.

 

 

10

¿QUÉ SIGNIFICAN HOY

LAS GRANDES PALABRAS?

 

  1. 1.   FT 14

 

«Un modo eficaz de licuar la conciencia histórica, el pensamiento crítico, la lucha por la justicia y los caminos de integración es vaciar de sentido o manipular las grandes palabras. ¿Qué significan hoy algunas expresiones como democracia, libertad, justicia, unidad? Han sido manoseadas y desfiguradas para utilizarlas como instrumento de dominación, como títulos vacíos de contenido que pueden servir para justificar cualquier acción».

 

Las grandes palabras (justicia, libertad, paz) nos producen desconfianza. El mismo Papa dice que han sido “manoseadas y desfiguradas”. Pero resulta que el Evangelio está basado en esas palabras, aunque Jesús le dé contenidos espirituales y sociales nuevos. ¿Cómo superar el hartazgo que nos provocan? ¿Cómo recuperar una visión utópica, no angelical, de tales términos? ¿Cómo seguir creyendo que, por muy estropeadas que estén, cuando hablamos del futuro de lo humano estamos hablando de ellas?

La manipulación de las grandes palabras es un hecho. Por eso, como dice FT, hay que mirarlas con espíritu crítico. Éste no es el mero rechazo, sino que se trata de una actitud de interés, de discernimiento, de búsqueda, de información, de pequeñas vivencias. Renegar, sin más, de la evidencia de la manipulación no es sentido crítico, sino inútil rechazo que lleva a una amargura inoperante (la inútiles críticas a los políticos, al sistema, al consumo, a los poderes económicos). Lograr un espíritu crítico es algo trabajoso y no se nos va a dar sin más, por ser ácidos y amargados en conversaciones de bar.

Las grandes palabras siguen vivas, aunque maltrechas. Muchas personas se percatan del uso torticero de esas grandes palabras y de los intereses espurios que encubren. El engaño recubierto de grandes palabras siempre ha estado ahí. Pero hoy nos percatamos de ello mejor que nunca. No dejarse llevar por ese engaño es ya un gran paso. Pero hay que engendrar una nueva fe en esas palabras que nos son necesarias para el mantenimiento de la utopía, el sentido y el horizonte. Si no superamos el desengaño que nos producen, nos quedamos a medio camino. Esa nueva fe ha de estar hecha de compromiso personal. Porque hablar de todo esto desde la misma injusticia, opresión y división es un fraude que se añade al otro fraude.

Lo sabemos todos: el enemigo agazapado en esas palabras tiene un nombre: ansia de poder. Eso es lo que esconden. Ese ansia es acompañante del ser humano desde el primer paso que dio en la historia. Eso se cuela en todos los corazones. El Evangelio tiene una gran pretensión: cambiar el ansia de poder en servicio al otro. Si nos parece algo fuera de la realidad, angelical e inservible, estamos desactivando el Evangelio. Nosotros veremos.

 

 

 

 

  1. 2.   Mt 6,33; Gál 5,1; Ef 4,39; Mt 23,8

 

         «Buscad primero que reine Dios y su justicia, y todo lo demás se os daría por añadidura» (Mt 6,33). «Para ser libres nos liberó el Mesías; con que manteneos firme y no os dejéis  uncir de nuevo al yugo de la esclavitud» (Gál 5,1). «Esforzaos por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz» (Ef 4,39). «Vuestro maestro es uno solo y vosotros todos sois hermanos» (Mt 23,8).

 

  • El reino de Dios, en su etapa histórica, está asentado sobre la justicia divina que es el horizonte de la justicia humana, una justicia donde toda persona sea considerada en su dignidad y donde los más desvalidos, por su desvalimiento, tengan un plus de consideración. Sin justicia el reino no amanece. Por eso, la búsqueda de la justicia es tarea mayor del seguidor/a. Su abandono por desilusión sería como desertar del Evangelio.
  • La libertad, inherente a la persona, se refuerza por la obra de Cristo Jesús. La suya fue una obra de libertad honda. Sin libertad no se puede ser persona, no se puede ser creyente. La religión que ha engendrado mucha sumisión tendría que  haber engendrado mucha libertad. El voto de obediencia es, en el fondo, un voto de libertad: la libertad personal puesta en fraternidad sale potenciada y ampliada.
  • La unidad demanda un esfuerzo y el vínculo que la posibilita es la paz. Si no se trabaja cada día la unidad, la mística de lo común, la fraternidad, la unidad se esfuma o se transforma en uniformidad que es una mueca de la unidad. Sin el anhelo de una vida en paz, no crecerá la unidad porque  la discordia es una siembra de sal sobre la unidad comunitaria, familia o social.
  • La fraternidad es comunión, más que una democracia. Por eso mismo es, al menos, una democracia. Sin el componente democrático, la fraternidad deriva en autoritarismo, el liderazgo en dominio. Hacer prácticas cotidianas de democracia (rotación de cargos, decisiones tomadas en común, vivencia del liderazgo como servicio real, etc.) es algo muy saludable para la vida en comunidad.  Lo que es de todos, es responsabilidad de todos.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Nuevo contenido: ese el que habría que ir buscando para las grandes palabras. La postura no es desecharlas sin más, por su mal uso, sino buscarles esos nuevos contenido: primero, no avergonzarse de ellas porque, aunque maltratadas, son el corazón de nuestra opción vital y cristiana. Además, mantener la evidencia de que hay personas que las viven, otras no. Se publicita la conculcación de esas grandes palabras, como si fueran un engaño. Pero hay personas que las viven y a veces en niveles muy altos. Y finalmente, el nuevo contenido vendrá de una constante implicación porque si se vacían de contenido es porque nos llamamos andana y no las vivimos con entusiasmo.
  • De criticones a críticos: porque criticar sin arrimar el hombro es ser un criticón, alguien que hace de la crítica escudo para que lo dejen en paz. Ser críticos exige discernimiento, información, aclaración de otros y, sobre todo, exige tomas de posturas que avalen, de alguna manera, la crítica que hago. ¿Cómo va a ser de recibo mi crítica al consumo si soy consumidor indiscernido y compulsivo? ¿Cómo va a ser válida mi crítica a “los políticos” si mis opciones son superficiales, poco trabajadas? ¿Cómo va a ser de recibo mi crítica a la sociedad si mis relaciones familiares, laborales, cercanas son frías?
  • En lo cotidiano: porque la grandilocuencia de las palabras grandes puede hacernos pensar que no constituyen parte de mi camino cotidiano. Pero no es así: resulta imprescindible traducir estas palabras a caminos de cada día: ser justo en las cuatro paredes de tu casa; fomentar la unidad en tu parroquia; activar la libertad en tu barrio con el respeto delicado; creer en la democracia cumpliendo exquisitamente tus obligaciones ciudadanas.
  • Dejarse cantar las verdades: hay personas que se glorían de cantar las verdades al lucero del alba. No está mal, pero también hay que dejarse interpelar, que le canten a uno sus verdades, recibir la corrección con buen talante. Cuando se habla de grandes palabras da la impresión de que quien habla no está tocado por esa disfunción que has hace vacías. Pero todos tenemos que coger vela en este entierro. Por eso, si te cuestionan, harías bien en aceptar la corrección.

 

  1. 4.   Para orar

 

Dios de amor que nos has creado

y nos llamas a vivir como hermanos,

danos la fuerza para ser cada día artesanos de la paz;

danos la capacidad de mirar con benevolencia

a todos los hermanos que encontramos en nuestro camino.

Haznos disponibles

para escuchar el clamor de nuestros ciudadanos

que nos piden transformar nuestras armas

en instrumentos de paz,

nuestros temores en confianza y nuestras tensiones en perdón.

Mantén encendida en nosotros la llama de la esperanza

para tomar con paciente perseverancia

opciones de diálogo y reconciliación,

para que finalmente triunfe la paz.

Y que sean desterradas del corazón de todo hombre

estas palabras: división, odio, guerra.

Señor, desarma la lengua y las manos,

renueva los corazones y las mentes,

para que la palabra que nos lleva al encuentro

sea siempre «hermano», y el estilo de nuestra vida

se convierta en shalom, paz, salam. Amén.

 

 

 

11

¿IGUALDAD DE DERECHOS?

 

  1. 1.   FT 22

 

«Muchas veces se percibe que, de hecho, los derechos humanos no son iguales para todos. El respeto de estos derechos es condición previa para el mismo desarrollo social y económico de un país. Cuando se respeta la dignidad del hombre, y sus derechos son reconocidos y tutelados, florece también la creatividad y el ingenio, y la personalidad humana puede desplegar sus múltiples iniciativas en favor del bien común. Pero observando con atención nuestras sociedades contemporáneas, encontramos numerosas contradicciones que nos llevan a preguntarnos si verdaderamente la igual dignidad de todos los seres humanos, proclamada solemnemente hace 70 años, es reconocida, respetada, protegida y promovida en todas las circunstancias. En el mundo de hoy persisten numerosas formas de injusticia, nutridas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico basado en las ganancias, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre. Mientras una parte de la humanidad vive en opulencia, otra parte ve su propia dignidad desconocida, despreciada o pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados o violados. ¿Qué dice esto acerca de la igualdad de derechos fundada en la misma dignidad humana?».

 

Si los derechos humanos no son iguales para todos, se desvirtúa toda su mística, quedan anulados en su sentido más profundo. Es la primera condición. Una mentalidad que entiende que mis derechos son intocables pero los demás (los pobres, los extranjeros, los de lejos) no tienen esos mismos derechos es una mentalidad perversa. Creer que por ser español, blanco, occidental, etc., se tiene derechos que se niegan a otros, es, lo repetimos, algo perverso.

La vigencia de los derechos es requisito necesario para la correcta evolución de la persona y de la sociedad. Ver al otro como sujeto de derechos nos habría facilitado mucho la vida comunitaria. Porque una vida fraterna sin derechos elementales se convierte en algo muy alejado del Evangelio. Derechos como la intimidad, la presunción de inocencia, la libertad, la no discriminación, los modos de vida democráticos, la igualdad. Parece que esto  no es necesario en la vida familiar o comunitaria. Pero sí lo es porque a veces hay carencia. Y ampararse en las espiritualidad cristiana sin que esos derechos estén presentes, es construir sobre falso.

Observamos en el mundo “numerosas contradicciones” con los derechos humanos, sobre todo en el tema de la igualdad. Fomentar la espiritualidad de la igualdad es siempre necesario porque las personas nos autoafirmamos en la desigualdad, en la diferencia, en la jerarquización. El Evangelio propugna justamente el camino contrario: no eres más cuando eres más distinto, sino cuando eres igual. Evitar contradicciones en materia de igualdad es acercarse al corazón del Evangelio (Mt 23,8).

La fuente mayor de desigualdades, dice FT, es una economía de expectativas de ganancias por la que la persona pasa a un segundo plano y las ganancias ocupan el primero puesto generando así grandes disfunciones. Es la economía que no solo desiguala sino que mata, arrasa con todo. Por eso, si se quiere generar igualdad, es preciso mirar en primera instancia a la economía generando una economía justa, inclusiva y compasiva,

Las profundas divisiones en la tierra entre gente con derechos y personas sin ellos es la gran cuestión a interesarse y resolver. Ver todo esto como algo fuera de mí, donde yo no tengo nada que decir y que, por supuesto, no es mi culpa es echar cortinas de humo, escaquearse y, hablando en cristiano, malograr el Evangelio. Esta espiritualidad social es la carne del Evangelio y desecharla es arriesgar a que lo cristiano sea una realidad sin “carne”.

 

  1. 2.   1 Jn 4,1-2

 

«1Amigos míos, no deis fe a cualquier inspiración; sometedlas a prueba para ver si vienen de Dios, pues ya han salido en el mundo muchos profetas falsos. 2Esta es la señal de la inspiración de Dios: toda inspiración que confiesa que Jesús es el Mesías venido en carne mortal procede de Dios».

 

  • La verdadera inspiración, según 1 Jn, viene de la “carne mortal” de Jesús, de su honda humanidad. Para comprenderlo habrá que conectar con esa “carne”, con su ser histórico, con sus básicos valores humanos. Explicar y entender a Jesús por su honda humanidad.
  • Esa carne contiene los valores propios de la dignidad:

-         La libertad para hacer siempre el bien (Mt 12,1-8).

-         La dignidad de toda persona (Jn 8,1-11).

-         La igualdad como modo de vida de su comunidad (Mt 23,8).

-         El respeto y la tolerancia sin previos a cambio (Lc 19,1-10).

-         La no discriminación por razones étnicas o religiosas (Mc 7,24-30).

  • Y a la base de todo ello, su lejanía de una economía opresora y de su insensatez (Lc 12,13-21), su ruptura con el amparo que proviene del poder (Lc 20,20-26). Murió tan pobre como vivió. No se lucró jamás de nadie (Jn 10,1).
  • Pretender puentear la “carne” porque la conocemos bien y buscar espiritualidades sublimes lejos de ella, que no quieren “mancharse” con el barro de la vida es no haber entendido al Jesús de la historia. A veces se pide (a gritos) “menos derechos humanos y más conversión”. Pero justamente la conversión apunta a esos derechos humanos.
  • Si la espiritualidad de los derechos humanos, de la igualdad sobre todo, aún está lejos de nuestra sensibilidad cristiana es que nos queda trecho todavía para alcanzar el núcleo del Evangelio.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • ¿Fe en los derechos, fe en Dios?: siempre hemos situado la fe en otro terreno que los derechos humanos, un terreno más espiritual. Era una fe en Dios con poca fe en los derechos humanos. Vamos aprendiendo que, según el Evangelio, el Dios de Jesús en el que creemos está más preocupado por la dicha que por el pecado, por la justicia de hoy que por la gloria del mañana, en la igualdad de la comunidad que en su jerarquía. Por eso se nos pide ir modificando el imaginario y sus consecuencias.
  • ¿Y las obligaciones?: es la pregunta que hacen muchos cristianos cuando oyen hablar de derechos. Dios nos crea con derechos; las obligaciones las ponen nuestras leyes y también hay que cumplirlas. Más aún, quien entiende bien el tema de los derechos, entiende bien así mismo las obligaciones. Y al revés. Por eso, incidir en los derechos nos hace más responsables con nuestras obligaciones porque apelar a los derechos para esconder el propio egoísmo es ir contra ellos.
  • Cuidadosos con los derechos, cuidadosos con el hermano/a: son cosas que también van emparejadas. A muchos cristianos todo esto de los derechos les parece teoría social que no va con ellos. Pero quien está interesado por la buena relación, familiar o comunitario, encontrará en la espiritualidad de los derechos un verdadero aliado, un apoyo y un horizonte.
  • La persistente desigualdad: porque persiste a todos los niveles. Hay quien dice que más agudizada que en otras épocas. Habrá que intentar dejarle el menos sitio posible en nuestro marco diario de vida. Será bueno, si se la descubre, atajarla de inmediato y con decisión. Si la desigualdad persiste en la comunidad cristiana, ¿cómo vamos a creer y a presentar a quien dijo que estaba “como quien sirve” (Lc 22,27).

 

  1. 4.   Para orar

 

Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo
y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.
Toca los corazones
de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.

Por Jesús, nuestro hermano. Amén.

 

 

12

¿Y SI HUBIERA GANADO LA VENGANZA?

 

  1. 1.   FT 71

 

«La historia del buen samaritano se repite: se torna cada vez más visible que la desidia social y política hace de muchos lugares de nuestro mundo un camino desolado, donde las disputas internas e internacionales y los saqueos de oportunidades dejan a tantos marginados, tirados a un lado del camino. En su parábola, Jesús no plantea vías alternativas, como ¿qué hubiera sido de aquel malherido o del que lo ayudó, si la ira o la sed de venganza hubieran ganado espacio en sus corazones? Él confía en lo mejor del espíritu humano y con la parábola lo alienta a que se adhiera al amor, reintegre al dolido y construya una sociedad digna de tal nombre».

 

La historia del samaritano se repite a gran escala: no hay uno tirado al borde del camino, sino millones de samaritanos (53 guerras activas en el mundo, 82 millones de desplazados fuera de sus hogares, etc.). Un escenario desolado lleno de violencia. Hemos de entender que ahí pueda anidar el espíritu de venganza (del que habla mucho la FT) y que los más negros nubarrones se ciernan sobre pueblos enteros que no han conocido otra cosa que la guerra y el exilio. Es un milagro que el mundo no estalle en una lucha fratricida a nivel mundial.  Debe ser por el contrapeso de los buenos, porque hay quien renuncia a una vida en odio y venganza. Valorémoslos.

¿Qué pasa cuando la ira o la sed de venganza se adueñan del corazón? Todo se ennegrece y se puede temer lo peor. Las cavilaciones del vengativo pueden ser un torbellino de maldad. ¿Cómo controlarlo, cómo ponerle diques? Solo la compasión puede ser medicina adecuada. Sin compasión, la venganza campa a sus anchas. Suscitar compasión por la situación del otro (el otro también sufre, también tiene corazón, también llora) puede hacer que el vengativo salte la valla de su propia maldad y se vea libre de las tremendas ataduras de la venganza.

El Papa marca un itinerario para que la venganza no se adueñe de la persona: 1) adherirse al amor, recurrir a la posibilidad de amar de quien quiere vengarse porque la venganza puede que no ocupe el todo del corazón; 2) reintegrar al dolido, mirar en la dirección de aquel a quien se quiere destruir para desvelar en él la humanidad en peligro; 3) saber que la venganza tiene consecuencias sociales, para bien y para mal.

 

  1. 2.   Mt 5,38-45

 

«38Habéis oído que se dijo: ``ojo por ojo y diente por diente" 39Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes bien, a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. 40Y al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa. 41Y cualquiera que te obligue a ir una milla, ve con él dos. 42Al que te pida, dale y al que desee pedirte prestado no le vuelvas la espalda. 43Habéis oído que se dijo: “amaras a tu prójimo y odiarás a tu enemigo". 44Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, 45para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos; porque El hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos».

 

  • La llamada “ley del talión” nos parece inhumana pero, en realidad, trata de controlar la sed de venganza. Pide un venganza “proporcional” (si es que la hay) y no una venganza desmesurada que es a la que tiende quien se ha sentido agraviado. Frenar la venganza, toda una tarea personal y fraterna.
  • La bofetada en la mejilla derecha supone que se abofetea con el dorso de la mano derecha, lo que multiplica el agravio. La venganza nace muchas veces de acciones que se consideran agraviantes. Muchas veces ocurre que el agravio está más en la mente del agraviado que en la intención del agraviador. En cualquier caso, el Evangelio anima a resistir el agravio (es un texto de resistencia, más que de humillación).
  • El Evangelio dice que la venganza se controla con la generosidad, que ésta desarma a quien viene con las armas de la violencia. Es un ideal de máximos, pero no nos conviene quitarlo del horizonte de la vida, porque se empobrece. Eso sí, habrá que obrar con sensatez y discernimiento.
  • El amor a los enemigos es el horizonte de la relación según el Evangelio. No se puede pretender llegar ahí en directo. Hay que dar todos los pasos necesarios que demanda una vida entregada. Quizá se podría comenzar por orar por ellos (oramos poco por quien nos cae mal). La oración “ablanda” actitudes de dureza.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • No está tan lejos: puede parecer que hablar de venganza en la vida comunitaria o en la familiar es algo desproporcionado. Pero, en realidad, la cosa no está tan lejos, aunque a veces se haga de maneras sutiles (desentendimientos, abandonos, pequeñas traiciones, etc.). La retirada de la confianza es muchas veces “vengativa” (me has hecho una, pero no me harás la segunda).  Los encasillamientos, muchas veces a perpetuidad, son una forma de venganza fraterna.
  • Venganza guardadas: los ordenadores tienen una “papelera” que, de vez en cuando, se puede vaciar. Hay hermanos/as que no vacían nunca su “papelera”. Tienen ahí guardados agravios viejos que sacan a la luz cuando llega el momento adecuado. Es una venganza en forma de recuerdo y aviso: no olvido lo que me hiciste y lo utilizo cuando me conviene. Alguna vez habría que vaciar la papelera.
  • Autoritarismo vengativo: es otra forma de venganza que habrá que cuidar: si algún día me hacen superior/a, entonces te recordaré lo que me hiciste. Y desde ahí se ejerce la autoridad no como liderazgo para el Evangelio, sino como modo de anular al otro. Hay que tener mucho cuidado con estos movimientos negativos del corazón, porque en ellos se agazapa la venganza.

 

  1. 4.   Para orar

 

Dios de amor,
que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de paz,

para que vivamos como hermanos y hermanas
sin dañar a nadie.

Te lo pedimos por Jesús, nuestro hermano. Amén

CONCLUSIÓN

 

         Podría parecernos que esta orientación de una semana de ejercicios es demasiado social. El magisterio de Papa nos enseña que hemos de ir incorporando todo esto a la espiritualidad cristiana. Y nos dice todavía algo más: que esta espiritualidad conecta con el fondo del Evangelio. Solo por eso merece la pena. Que caminemos en la esperanza de crear un mundo fraterno y solidario, el sueño de Jesús para todo creyente y para toda comunidad cristiana.

Aque Jesús que vive hoy

AQUEL JESÚS QUE SIGUE VIVO HOY

 

 

Decir algo coherente y vibrante sobre Jesús de Nazaret, algo que pueda atraer nuestra mirada de nuevo sobre él no es fácil. Pesan las rutinas y cansancios que se ha acumulado sobre él a lo largo de los siglos. Pero los intentos nunca son vanos. Intentémoslo, pues.

Vamos a enfocar la figura de Jesús desde cuatro perspectivas: Jesús “deformado”, Jesús reformado, Jesús valorado, Jesús preguntado. Creemos que eso puede darnos pie para un acercamiento.

 

  1. 1.    Jesús “deformado”

 

Ponemos “deformado” entre comillas porque es el reino de la fantasía aplicada a la persona de Jesús. La cosa abunda. Cada mes sale un libro que tiene por personaje central a Jesús leído desde una imaginación extraevangélica y pretensiones de verosimilitud. Más allá de todas las desmesuras, estos textos encierran un indudable aprecio por su persona y eso nos puede ser de utilidad si los leemos con un poco de discernimiento.

Tomamos como ejemplo el libro de C. FALLARÁS, El Evangelio según María Magdalena, Ediciones B, Barcelona 2021. Libro volcánico e hiriente. Podría haber estado más ajustado (zelotes, siete demonios). Desacredita y menosprecia los textos canónicos (patrañas). A pesar de ello:

  • El encuentro con Jesús entendido como cambio radical:cambio del corazón que se da a través de la palabra:

 

«Leví celebraba un cambio radical en su vida. Había decidido cortar todo trato con Roma, abandonar su labor recaudatoria y unirse a los seguidores del Nazareno, algo que en ese momento me resultaba absolutamente incomprensible…Cuando nos retiramos a descansar, ya sabía yo que aquel hombre iba a arraigar en mí, como así ha sido. Pero esa certeza fue solo la primera, el principio. La palabra fue el principio, un atisbo que era semilla, aún solo eso. Y decidí permanecer, no apartarme de su posible crecer. Después, mucho después, fui entendiendo que la palabra es la vida, la vida frente al cuerpo, sobre el cuerpo o el cuerpo mismo» (p.85,108).

 

  • Una visión liberadora de Jesús: liberador de las pobrezas y liberador personal (aquella falla, esta no):

 

«¿Estás ciego, Leví? ¿Por qué crees que los zelotes se han unido al Nazareno? ¿Por qué forman ya parte de los discípulos que le siguen? Para ellos es el enviado que liberará al pueblo judío. Esta vez del poder de Roma. Recuerda a Moisés, la liberación del yugo egipcio, de la tierra prometida, todo eso. Los zelotes harán cualquier cosa, cualquiera, por conseguir la libertad del pueblo de Israel, esa torpe idea suya de libertad, territorial, esa idea suya de pueblo judío» (p.137).

 

  • La recreación de textos emblemáticos: la multiplicación de los panes (reparten la Magdalena y Leví), la entrada mesiánica (que falla), la cena (sembrar alimento):

 

«Aquella noche los gestos de mi amado eran escuetos y hacia dentro. Le había visto compartir alimentos en todo tipo de lugares y con toda clase de personas de forma jocosa y siempre festiva, su forma de reír y contagiar la risa. Ahí, justo ahí se levantaba una de las columnas sobre las que se había construido todo, en el alimento. Sembrar el alimento, hacerlo crecer, compartir y repartirlo, celebrar el alimento. El alimento como representación de sí mismo, nuestra representación. Además, a eso y no a otra cosa se había dedicado siempre mi familia» (p.191).

 

  • Vivo en la palabra: resucitó en la palabra:

 

«El Nazareno está vivo, pero qué os importa eso a vosotros que huisteis como ratas cuando más os necesitaba. Está vivo, no importa cómo ni dónde. Está vivo porque su palabra permanece y permanecerá en el alma de aquellos que vieron su vida transformada al escucharle» (p.229).

 

Para el trabajo en grupo:

 

         Leer y valorar esta página de El Evangelio según Jesucristo, de J. Saramago pp.26-27 de la edición dee Punto de Lectura, Madrid 2010):

  • ¿cómo suena?
  • ¿qué verosimilitud se le puede dar?
  • ¿qué consecuencias puede tener para presentar la figura de Jesús?

 

«Como si se moviese en el interior de la columna de aire, José entró en la casa, cerró la puerta tras él, y durante un minuto se quedó apoyado en la pared, aguardando a que los ojos se habituasen a la penumbra. A su lado, el candil brillaba mortecino, casi sin luz,  inútil. María, acostada boca arriba, miraba fijamente un punto ante ella y parecía esperar. Sin pronunciar palabra, José se acercó y apartó lentamente la sábana que la cubría. Ella desvió los ojos, alzó un poco la parte inferior de la túnica, pero solo acabó de alzarla a la altura del vientre, cuando él ya se inclinaba y procedía del mismo modo con su propia túnica y María, a su vez, abría las piernas, o las había abierto durante el sueño, y de este modo las mantuvo, por inusitada indolencia matinal o por presentimientos de mujer casada que conoce sus deberes. Dios, que está en todas partes, estaba allí, pero, siendo lo que es, un puro espíritu, no podía ver cómo la piel de uno tocaba la piel del otro, cómo la carne de él penetró en la carne de ella, creadas una y otra para eso mismo y, probablemente, no se encontraría allí cuando la simiente sagrada de José se derramó en el interior sagrado de María, sagrados ambos por ser la fuente y la copa de la vida. En verdad hay cosas que Dios no entiende, aunque las haya creado. Habiendo pues salido al patio, Dios no pudo oír el sonido agónico, como un estertor, que salió de la boca del varón en el instante de la crisis, y menos aún el levísimo gemido que la mujer no fue capaz de reprimir. Solo un minuto, o quizá no tanto, reposó José sobre el cuerpo de María. Mientras ella se bajaba la túnica y se cubría con la sábana, tapándose después con el antebrazo, él, de pie en medio de la casa, con las manos levantadas, mirando al techo, pronunció aquella oración, terrible sobre todas, a los hombres reservada, Alabado seas tú, Señor, nuestro Dios, rey del universo por no haberme hecho mujer. Pero a estas alturas ya ni en el patio debía estar Dios, pues no se estremecieron las paredes de la casa, no se derrumbaron ni se abrió la tierra. Entonces, por primera vez, se oyó a María, humildemente decía, como de mujer se espera siempre la voz, Alabado seas tú, Señor, que me hiciste conforme a tu voluntad, ahora bien, entre estas palabras y las otras, conocidas y aclamadas, no hay diferencia alguna, reparad, He aquí la esclava del señor, hágase en mí según tu palabra, queda claro que quien esto dijo podía haber dicho aquello. Luego, la mujer del carpintero José se levantó de la estera, la enrolló junto a la de su marido y dobló la sábana común».

 

  1. 2.    Jesús reformado

 

Consideramos las obra de J. A. PAGOLA, Jesús. Aproximación histórica, ed. PPC, Madrid 2013 (con sus más de 100.000 ejemplares vendidos) como un formidable esfuerzo por reorientar la figura de Jesús. Tomamos, a modo de ejemplo, el cap.8: “Amigo de la mujer”.

  • Un capítulo insólito en un tipo de libro así. Rodeado de mujeres. De ningún profeta se dice algo parecido.
  • La condición de la mujer en la época es de negatividad e inexistencia social (causa del mal, propiedad del hombre, sin autonomía, esclava de la pureza sexual, al servicio del hombre, sin amparo legal).
  • Las mujeres que se acercan a Jesús son de las últimas, aquellas que la sociedad ha marcado como extraviadas y negativas.
  • En contra de la tendencia general, nunca previene a los varones de las artes seductoras de las mujeres, sino que les alerta contra su propia lujuria (“Todo el que mira a una mujer…”).
  • Tener hijos no es todo en la vida (“Dichoso el vientre…”) ni las tareas del hogar son las únicas (“María ha elegido la parte buena…”).
  • Denuncia el criterio de doble moralidad (La mujer adúltera).
  • Jesús tiene una mirada diferente: hace visibles a las mujeres (viuda inoportuna, mujer que pone la levadura, que encuentra la moneda, viudas, enfermas crónicas, pagana de Tiro).
  • Crea un espacio sin dominación masculina  y sin separación de derechos y obligaciones.
  • Rompe una lanza por la igualdad sexual (repudio).
  • Jesús tiene un litigio continuado con el padre (corro, qué nos va a tocar).
  • Seguidores y seguidoras (Rom 16; 1 Cor 9)
  • María Magdalena. “Su mejor amiga”.

 

Trabajo para el grupo:

 

         ¿Cómo vería Jesús la danza del pecado original del cirque du soleil?

 

  1. 3.    Jesús valorado

 

Como ejemplo de valoración tomamos unas notas de J. Sobrino:

 

  • «De Jesús impactaba la misericordia y la primariedad que le otorgaba: nada hay más acá ni más allá de ella, y desde ella define la verdad de Dios y del ser humano.
  • De Jesús impactaba su honradez con lo real y su voluntad de verdad, su juicio sobre la situación de las mayorías oprimidas y de las minorías opresoras, ser voz de los sin voz y voz contra los que tienen demasiada voz, e impactaba su reacción hacia esa realidad: ser defensor de los débiles y denuncia y desenmascaramiento de los opresores.
  • De Jesús impactaba su fidelidad para mantener honradez y justicia hasta el final en contra de crisis internas y de persecuciones externas.
  • De Jesús impactaba su libertad para bendecir y maldecir, acudir a la sinagoga en sábado y violarlo, libertad, en definitiva, para que nada fuese obstáculo para hacer el bien.
  • De Jesús impactaba que quería el fin de las desventuras de los pobres y la felicidad de sus seguidores, y de ahí sus bienaventuranzas.
  • De Jesús impactaba que acogía a pecadores y marginados, que se sentaba a la mesa y celebraba con ellos, y que se alegraba de que Dios se revelaba a ellos.
  • De Jesús impactaban sus signos -sólo modestos signos del reino- y su horizonte utópico que abarcaba a toda la sociedad, al mundo y a la historia.
  • Finalmente, de Jesús impactaba que confiaba en un Dios bueno y cercano, a quien llamaba Padre, y que, a la vez, estaba disponible ante un Padre que sigue siendo Dios, misterio inmanipulable» 

 

Trabajo para el grupo:

 

         Teniendo delante la lista de J. Sobrino, reelaborar otra con la premisa:

         Entre nuestros alumnos podría impactar de Jesús…

 

  1. 4.    Jesús preguntado

 

Vamos a tomar como referencia un librito peculiar, el del capuchino D. MONTERO, 110 preguntas de hoy a Jesús,  Ed. CCS, Madrid 2013.

Es un libro reconstruido sobre respuestas imaginadas de Jesús, aunque al estar siempre ceñido a los textos bíblicos, le da garantía de veracidad.

Quizá tenga un lenguaje demasiado teológico y un tanto frailuno. Pero la idea es interesante y las respuestas tienen contenido. Agrupa las cuestiones en 17 breves apartados. Vamos a tomar como ejemplo el 16, sobre la resurrección:

1)  La primera cuestión es qué significó: mi muerte esclarece mi vida y la resurrección esclarece la muerte.

2)  ¿Son los relatos históricos?: son unánimes en el dato, pero difieren en el relato.

3)  ¿En qué consistió?: no es una reanimación, sino la certeza de que la vida triunfará sobre la muerte.

4)  ¿Fue un hecho histórico?: sí, si equivale a real y verdadero.

5)  ¿Qué nos dice hoy? No hay que morir para resucitar, hay que vivir ya resucitados y resucitando.

6)  ¿Las teologías alejan?: puede que sí. El evangelio no puede oler a laboratorio, sino a amanecer.

 

Para el trabajo en grupo:

 

  • ¿Qué preguntan hoy los chicos/as sobre Jesús?
  • ¿Qué podemos responderles?

 

 

(El Pardo, 6 de mayo de 2022)

Por una Iglesia sinodal

 

 

 

     Mercedarias. Egino 8 de enero de 2022

 

 

 

 

POR UNA IGLESIA SINODAL 

 

         Se ha comenzado en la Iglesia un largo camino para la puesta en pie de un sínodo eclesial. Es un acontecimiento importante en la vida de la Iglesia, No sería bueno situarse al margen sin más. La adultez cristiana ha de superar los prejuicios que pesan sobre este tipo de reuniones.

         Esta clase de asuntos entran en la animación comunitaria, trabajo específico de la hermana superiora. Son cosas que habría que tomar a pecho rechazando el planteamiento de que si no se hace nada, no pasa nada. La comunidad se empobrece espiritualmente y eso tiene repercusiones, Hay que animarse.

 

1

LA BASE DE LA SINODALIDAD

 

         Ofrecemos en primer lugar una reflexión de algo que está a la base de estos trabajos de vida eclesial: vivir la fe en el marco de un grupo cristiano, de una parroquia, de un arciprestazgo.

         Esa base no es otra que la buena relación, lo que Jesús llegó a formular como “reinado de Dios”: la nueva relación de hermanos, la sociedad sin jerarquías, la convivencia de todos en paz y respeto. Eso está en la base de todos los trabajos eclesiales.

         Por eso mismo, en este Adviento volvemos a la reflexión sobre la fraternidad desde la encíclica FT que lo tiene por tema central. Podrá ayudarnos al tema del Sínodo y, más a la base, a la buena relación en nuestros grupos parroquiales.

 

«Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás. Ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros: sólo me comunico realmente conmigo mismo en la medida en que me comunico con el otro. Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar. Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad. Por el contrario, no hay vida cuando pretendemos pertenecer sólo a nosotros mismos y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte» (FT 87).

 

         He aquí un texto luminoso. Todas y cada una de las frases son útiles para generar espiritualidad en torno a la comunidad. Necesitamos luz y ánimo más que grandes documentos. Aprovechemos esta oportunidad rumiando el presente texto.

         Es cierto que aquí se habla de la comunidad humana, social. Pero el cimiento es común para toda vida en grupo, también para los grupos eclesiales. Dar el salto a la comunidad creyente sin el cimiento de la antropológica y social es un riesgo. La primera evidencia de nuestra vida eclesial es que deseemos la vida en grupo. Quien tiene problemas para la vida en grupo tiene problemas para la vivencia de la fe.

         No hemos de subrayar sobre todo lo que nos separa de otros tipos de comunidad, sino lo que nos une. Unidos en lo común, en lo humano, ese es el gran cimiento de la vida eclesial.

         Comentemos, una a una, cada una de sus frases porque todas son magníficas.

 

  • «Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás».

 

El ser humano encuentra su plenitud en la entrega, no en el individualismo. Porque hemos sido educados en ese individualismo (“el que viene atrás que arree”) creemos que eso debe estar presente si se quiere sobrevivir en la vida cristiana. Una Iglesia egoísta tiene el horizonte muy limitado. El vigor de una comunidad no se mide por sus obras, su número o su reconocimiento social, sino por su entrega.

Esto pertenece a la hechura de lo humano. Lo que está a la base es la donación, por más que el egoísmo nos parezca una fuerza mayor (“por el interés te quiero, Andrés”). Hemos de creer en nuestra capacidad de entrega más que en nuestro egoísmo.

La entrega ha de ser sincera. Si encierra otras intenciones ocultas, si me entrego para sacar yo más partido, si me doy para hacerme un nombre y que me reconozcan, me den cargos, me aplaudan, es una entrega viciada. Pasar siempre factura es a la larga lo contrario de la fraternidad.

 

  • «Ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros».

 

El encuentro con el otro es el lugar adecuado para conocerse a sí mismo. Por eso, quien se encierra en su egoísmo, se desconoce a sí mismo, ignora sus verdaderos valores, vive en la mayor desorientación que es la de no saber quien se es en verdad.

Los otros dicen con mayor propiedad que yo mismo quién soy. Por eso mismo, el encuentro con el otro nos abre a la propia verdad y si no hay encuentro permanecemos cerrados en nuestra ignorancia más básica.

Encontrarse con el otro no es solo convivir físicamente. Es necesario ir saltando la cerca que envuelve el corazón ajeno e ir abriendo la propia cerca. Desechar este anhelo por excesivo será empobrecer de salida el horizonte de la vida cristiana. Porque estamos hechos para el encuentro la vida cristiana quiere hacer ver que ese anhelo es posible. De ahí que la razón de ser más básica e incluso el primer apostolado, antes que toda misión, es construir el encuentro. Si eso se da, hay sentido y posibilidad de evangelización; si no se da, se oscurece el sentido y la misión entra por derroteros religiosos y de funcionariado.

 

  • ·         «Sólo me comunico realmente conmigo mismo en la medida en que me comunico con el otro».

 

Si no hay comunicación con el otro mi conversación interior es un soliloquio que no me lleva a buen puerto y que se presta a muchas desviaciones. Hablando con el otro se sitúan las cosas en sus justas medidas. Por eso, el diálogo con el otro es imprescindible. El ideal no es el silencio ante el otro sino este mezclado a la comunicación.

Estar mudo ante el otro no puede ser sino una medida temporal, terapéutica. Lo normal es hablar ante el otro. Hasta la liturgia es un hablar con otro ante Dios (una liturgia en solitario no es liturgia)

Por eso mismo, el modo más sensato de hablar de uno mismo es cuando en esa apreciación entran las valoraciones del otro. De ahí que muchas veces las formas de hablar de uno mismo, al no ser formas que cuentan con lo que dicen los otros, son un desvarío egolátrico que el grupo soporta como una cruz.

Con frecuencia no se tiene la valentía fraterna de decir a la cara del hermano lo que se piensa de él y se va diciendo a sus espaldas. No es buen proceder. Ya dice san Francisco: «Dichoso el siervo que tanto ama y respeta s su hermano cuando está lejos de él que cuando está con él, y no dice a sus espaldas nada que no pueda decir con claridad delante de él».

 

  • ·         «Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar».

 

Amar sin rostros concretos, sin nombres, en general es arriesgarse a no amar. Orar con nombres es una manera muy buena de orar. Dice san Pablo en Rom 1,9: “No se me cae vuestro nombre de la boca cuando rezo”. Una vida sin rostros a los que amar es una vida en gran pobreza.

El rostro es la persona. Por él distinguimos a cada cual. Por él sabemos si estamos en su corazón o no. Por el rostro y por el nombre. Jesús devela su ser resucitado en la manera que tiene de pronunciar los nombres con amor: “¡María!” (Jn 20,16). Dice P. Casaldáliga: “Al final del camino me dirán: —¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres.”

Mirar el rosto del otro, estudiar su rostro es acercarse a su corazón. ¿Cómo es que vivimos tantos años cerca unos de otros y casi desconocemos el rostro del hermano, de la hermana? Lectura de rostros, eso tendría que ser un trabajo de comunidad para nosotros. Al final, el rostro de Dios lo vemos en el rostro del otro (Gen 33,10).

Amar rostros es compartir la vida que se refleja en ellos: el dolor, la alegría, la pena, la sorpresa, el cansancio, la terquedad, la fidelidad, la luz. A veces apelamos al corazón de la persona como la sede de sus mejores valores. Se podría apelar al rostro porque si bien, a veces, engañamos con el rostro, a la larga, el rostro desvela el alma.

 

·       «Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad».

 

El sentido de la existencia humana se percibe, a veces, oscuro y secreto. Pues bien, la comunidad ilumina esa oscuridad: hemos sido creados para ser hermanos y hermanas. De tal manera que siendo hermanos se ilumina la senda de la vida y de lo contrario se oscurece. La gran pregunta de siempre: ¿qué hacemos aquí? Se resuelve en esa respuesta sencilla: tratar de vivir el sueño de la igualdad humana. Eso es lo que en verdad tiene sentido. Cuando en la vejez nos asalta la duda de si ha merecido la pena nuestra vida, una respuesta tranquilizadora sería: sí ha merecido la pena por haber podido tener hermanos y haber sido hermanos con ellos. Mientras haya comunidad, grupo, habrá sentido.

Los vínculos humanos son vividos, a veces, como un peso. Pero si se vivieran gozosamente, los vínculos serían la evidencia de que la relación funciona. De todos modos, si se anhela una vida sin vínculos, el grupo enmudece, se esfuma. De ahí que el gozo de ser hermanos y hermanas desplaza el precio que es preciso pagar a cualquier vínculo.

Además, que la vida es comunión es algo que se demuestra desde los tiempos ancestrales, desde la mandíbula de Dmanisi de hace más de 2 millones de años donde se ve que alguien ya hacía favores al débil, favores de comunidad (y eso que eran homínidos carroñeros). Por eso, y aunque Darwin dice que triunfa la especie que mejor se adapta, en realidad el triunfo está en quien más comunión crea. Cuanta más comunión, más vigor tiene la comunidad; cuanto menos comunión, más fragilidad.

 

·       «La vida es más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad».

 

Dice el Cant 8,6 que el amor es más fuerte que la muerte. Eso mismo dice FT: si el cimiento de la vida es la fraternidad, la vida se hace fuerte más allá de la muerte y de las muertes que acompañan nuestra vida. La fortaleza no le viene al grupo por el mucho número, por la brillantez de sus miembros, por las grandes obras de misión que han llevado a cabo en su vida. No, le viene por la buena relación. Ahí está la raíz de su fortaleza. Por eso, si se quiere fortalecer a la comunidad, lo que se haga por hacer fuerte la fraternidad irán en la buena dirección.

Ahora bien, las relaciones han de ser verdaderas. Porque también puede que haya relaciones falsas no tanto de engaño, cuanto de cansancio, apariencia, superficialidad, desinterés por el otro. Las relaciones verdaderas son las brotan de un amor experimentado, de un respeto cariñoso, de una colaboración generosa, etc. Son verdaderas porque están llenas de una vida verdadera, entregada.

Y luego está la fidelidad, no tanto a Dios, sino a los hermanos y hermanas. Esa fidelidad es la que Dios nos demanda y la que puede hacer verdadero el amor. No traicionar, no engañar, no tener dos caras, no hablar por detrás, no tener dos maneras de valorar a los hermanos y hermanas (una si está delante, otra si no lo está).

 

  • «No hay vida cuando pretendemos pertenecer sólo a nosotros mismos y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte».

 

El aislamiento, el interés solo por mis cosas, el no haber pasado a “la orilla de la comunidad” (verdadero peligro de por vida), el viajar individualmente y no en el bus del grupo, es lo que agosta la vida, le quita sentido, le arrebata el gozo, la vuelve sosa..

Vivir como islas es andar el camino del empobrecimiento, de la desconexión. Estar mirándose siempre el ombligo es terminar miope y no ver la hermosura de los otros y la belleza de la vida. Ensimismarse es siempre un peligro a controlar. No somos islas, somos península conectada siempre al otro. Por ahí nos llega la savia, la vida.

Un grupo tiene el peligro de estar muerto aunque sus miembros estén vivos. La muerte de la ilusión, del cariño, de la sensibilidad, del gozo compartido. Son caminos que nos llevan al cementerio, aunque aún no hayamos muerto. Luchar contra la muerte del grupo no es algo para otros, sino para cada uno de nosotros. La relación de grupo, de parroquia es algo vivo; si no se lo cultiva, se agosta y se muere.

 

Conclusión: no renunciemos a una vida de componente comunitario, no renunciemos a una relación jugosa; no renunciemos a una vida en grupo parroquial, arciprestal pacífica y gozosa. Y desde ahí, trabajemos día a día por el logro hermoso de la construcción de la comunidad. Es empresa que no defrauda. Y esta es la base de todo trabajo en torno a la sinodalidad.

 

 

 

2

LA VOCACIÓN SINODAL DEL PUEBLO DE DIOS

 

El 2 de marzo de 2028 la Comisión Teológica Internacional publicó un extenso documento con el título La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia. Creemos que es la base ideológica de este sínodo convocado este año en su fase preparatoria. Por eso, volver sobre él puede situarnos mejor ante el sínodo.

Lo que se dice en él es teoría teológica, enseñanza. No es la realidad. Pero nosotros podemos leer esas páginas con sentido crítico y también con el deseo de iluminar nuestro camino cristiano. De todo se puede aprender si se hace con actitud de adultez.

Nosotros leeremos y subrayaremos solamente unos pocos puntos sobre la vocación sinodal del pueblo de Dios. Es algo muy genérico. Pero quizá podamos sacar alguna luz.

 

72. El Pueblo de Dios en su totalidad es interpelado por su original vocación sinodal. La circularidad entre el sensus fidei con el que están marcados todos los fieles, el discernimiento obrado en diversos niveles de realización de la sinodalidad y la autoridad de quien ejerce el ministerio pastoral de la unidad y del gobierno describe la dinámica de la sinodalidad. Esta circularidad promueve la dignidad bautismal y la corresponsabilidad de todos, valoriza la presencia de los carismas infundidos por el Espíritu Santo en el Pueblo de Dios, reconoce el ministerio específico de los Pastores en comunión colegial y jerárquica con el Obispo de Roma, garantizando que los procesos y los actos sinodales se desarrollen con fidelidad al depositum fidei y en actitud de escucha al Espíritu Santo para la renovación de la misión de la Iglesia.

 

         Nos parece interesante el principio de la circularidad en que están implicados los fieles, quienes disciernen en sínodo y la autoridad. Tiene que haber un modo de corriente circular entre estas instancias. Todas tienen que estar en línea de sinodalidad. Lo que se pide a los fieles, se pide con más razón a los sinodales y a la autoridad. Este principio de circularidad demanda una fuerte dosis de fe eclesial porque acumulamos en nuestra vida experiencias que nos dicen que tal circularidad no va a ser posible tampoco esta vez. Pero no todo es blanco o negro. Los intentos tienen un valor. ¿Cómo sacudirse de encima esa pegajosa sensación de que esto no vale para nada? ¿Cómo creer no tanto en la comunión de los santos, sino en la de los “pecadores”, los limitados, los cansados, los decepcionados? Comencemos, dice el número, por trabajar la dignidad bautismal (tan olvidada), el propio carisma (la vida fraterna) y el depósito de la fe entendido como realidad viva, no anquilosada. Es decir: no desistamos de colocar la experiencia cristiana en modos laicos, seculares; no desistamos en trabajar la base comunitaria; no desistamos en  creer que la experiencia de fe es algo vivo, no un fósil.

 

73. En esta perspectiva, resulta esencial la participación de los fieles laicos. Ellos constituyen la inmensa mayoría del Pueblo de Dios y hay mucho que aprender de su participación en las diversas expresiones de la vida y de la misión de las comunidades eclesiales, de la piedad popular y de la pastoral de conjunto, así como de su específica competencia en los varios ámbitos de la vida cultural y social. Por eso es indispensable que se los consulte al poner en marcha los procesos de discernimiento en el marco de las estructuras sinodales. Es entonces necesario superar los obstáculos que representan la falta de formación y de espacios reconocidos en los que los fieles laicos puedan expresarse y obrar, y de una mentalidad clerical que corre el riesgo de mantenerlos al margen de la vida eclesial. Esto exige un compromiso prioritario en la obra de formación de una conciencia eclesial madura, que en el nivel institucional se debe traducir en una práctica sinodal regular.

 

Puede parecer que hay aquí un paternalismo solapado respecto a los laicos y quizá sea así. Muchas veces hemos oído estas palabras sobre su importancia en la vida eclesial. Los avances son, para muchos, demasiado lentos. Dice que hay que reconocer su mayoría eclesial más allá de su evidente o supuesta falta de formación y más allá de que no hay muchos espacios donde puedan influir. No nos descubre nada nuevo cuando dice que el mayor obstáculo es el clericalismo. El Papa lo ha dicho de muchas maneras, él que es clérigo y jefe de clérigos (quizá los grandes males de la Iglesia sean los abusos sexuales, la avaricia económica y el clericalismo). Una forma madura de ser cristiano es tratar de contener, con las herramientas que se tienen, ese clericalismo que está en la cúpula y en la base. Quizá a nosotros se nos llama a trabajar en la base: no ceder ante los planteamientos absorbentes del clero, tratar de colaborar haciendo ver que se tiene un lugar eclesial, participando con conciencia de igualdad, respirando fuerte cuando uno está tentado de tirar la toalla, cuidar de no convertirse en laicos-clérigos o religiosas-clérigos, que los hay. ¿Cómo un sínodo puede rebajar el nivel de clericalismo y aumentar el nivel de ministerio, de servicio al pueblo cristiano en modos de fraternidad igualitaria?

 

74. Se valoriza además con decisión el principio de la co-esencialidad entre los dones jerárquicos y los dones carismáticos en la Iglesia sobre la base de la enseñanza del Concilio Vaticano II. Esto implica la participación en la vida sinodal de la Iglesia de las comunidades de vida consagrada, de los movimientos y de las nuevas comunidades eclesiales. Todas estas realidades, surgidas a menudo por el impulso de los carismas otorgados por el Espíritu Santo para la renovación de la vida y de la misión de la Iglesia, pueden ofrecer experiencias significativas de articulación sinodal de la vida de comunión y dinámicas de discernimiento comunitario puestas en práctica en el interior de ellas, junto a estímulos para individualizar nuevos caminos de evangelización. En algunos casos, también proponen ejemplos de integración entre las diversas vocaciones eclesiales en la perspectiva de la eclesiología de comunión.

 

         A veces los grupos carismáticos han sido vistos como dificultad para su incardinación eclesial (“un garbanzo en el zapato de los obispos”). El engranaje de la Iglesia siempre utiliza a los grupos que no plantean problemas. Pero, justamente, la profecía es la aportación mayor a la Iglesia y a la sinodalidad. Si tuviéramos fuerza, habríamos de proponer cosas proféticas, sueños, utopías, sin temer la certeza de que iban a ser desechadas. ¿En qué puede convertirse un sínodo sin utopía? La comunión no se rompe por la profecía, ni siquiera por la disidencia (no olvidemos que somos seguidores de un disisente). Se rompe por la rutina, el legalismo, el clericalismo, el menosprecio a la sabiduría de los pobres.

 

75. En la vocación sinodal de la Iglesia, el carisma de la teología está llamado a prestar un servicio específico mediante la escucha de la Palabra de Dios, la inteligencia sapiencial, científica y profética de la fe, el discernimiento evangélico de signos de los tiempos, el diálogo con la sociedad y las culturas al servicio del anuncio del Evangelio. Junto con la experiencia de fe y la contemplación de la verdad del Pueblo fiel y con la predicación de los Pastores, la teología contribuye a la penetración cada vez más profunda del Evangelio. Además, «Como en el caso de todas las vocaciones cristianas, el ministerio de los teólogos, al tiempo que personal, es también comunitario y colegial». La sinodalidad eclesial compromete también a los teólogos a hacer teología en forma sinodal, promoviendo entre ellos la capacidad de escuchar, dialogar, discernir e integrar la multiplicidad y la variedad de las instancias y de los aportes.

 

       Es un número dedicado a los teólogos. No suele haber muchos en los grupos cristianos (están en las Facultades haciendo sus investigaciones). Se les pide que lean la Palabra en modos nuevos. Eso mismo se pide a todo cristiano si se quiere que la Palabra siga siendo lámpara para iluminar nuestros pasos. Se les pide una experiencia de fe; eso mismo se pide a todo cristiano (como lo dice la EG). Se les pide que profundicen en el Evangelio. Eso mismo se pide a todo cristiano si se quiere que ese Evangelio sea sugerente. Se les pide, además, sentido comunitario de la fe; como a nosotros. Se les pide escucha atenta (amante que diría el Papa). Es decir, a los teólogos se les pide que intensifiquen su vida cristiana para animar a que lo hagan los fieles que no son teólogos de título, pero sí de vida. Hay que saber discernir de qué teólogos va uno nutriendo su sinodalidad.

 

76. La dimensión sinodal de la Iglesia se debe expresar mediante la realización y el gobierno de procesos de participación y de discernimiento capaces de manifestar el dinamismo de comunión que inspira todas las decisiones eclesiales. La vida sinodal se expresa en estructuras institucionales y en procesos que conducen a través de diversas etapas (preparación, celebración, recepción), a actos sinodales en los que la Iglesia es convocada según varios niveles de actuación de su sinodalidad constitutiva. Este compromiso requiere una atenta escucha del Espíritu Santo, fidelidad a la doctrina de la Iglesia y al mismo tiempo creatividad para detectar y hacer operativos los instrumentos más adecuados para la participación ordenada de todos, el intercambio de los respectivos dones, la lectura incisiva de los signos de los tiempos, la eficaz planificación de la misión. Con este fin, la puesta en práctica de la dimensión sinodal de la Iglesia debe integrar y «aggiornare» el patrimonio de la antigua ordenación eclesiástica con las estructuras sinodales nacidas por el impulso del Vaticano II y debe estar abierta a la creación de nuevas estructuras.

 

         Los últimos sínodos, mal que bien, han sido mecanismos de participación. No se duda de ello. Pero tendría que verse desde la mera composición de los mismos (mayoría absoluta de obispos; pocos, además de ellos, tienen voto). De las características de esta estructura (escucha al Espíritu, creatividad, participación ordenada) subrayamos la creatividad. No está al mismo nivel que las otras. Sin creatividad la cosa se apaga. ¿Cómo apelar a la creatividad y, a la vez, mantener la coraza de hierro que es el Derecho Canónico? No lo sabemos. La falta de alternatividad es la “piedra de molino” al cuello de Mc 9,42.

 

3

¿QUÉ PUEDE HACER UNA SUPERIORA PARA ANIMAR EL TEMA DEL SINODO EN SU COMUNIDAD?

 

            Dada la situación de la mayoría de nuestras comunidades, no mucho, Pero entra dentro de la animación comunitaria el tener presentes los grandes acontecimientos de la Iglesia. Y este es uno de ellos. No hacer nada es la peor de las gestiones. Sugerencias:

 

  1. Una al alcance de todas las comunidades: Orar por el sínodo. Establecer un día eclesial de oración por el sínodo (los viernes por ejemplo). Que se note en las preces de Laudes, de la Misa (si se tiene), de Vísperas.
  2. Tener informada a la comunidad. Basta con seguir las noticias de Vida Nueva, por ejemplo y subrayarlas un poco en la reunión de comunidad en la que habría de haber un apartado para el Sínodo si no todas las semanas, de vez en cuando.
  3. Si alguna hermana más dispuesta quisiera participar en un grupo sinodal de la parroquia, animarla, suplirle en los trabajos, dejarle de vez en cuando un pequeño espacio de información a la comunidad.
  4. Si la comunidad tuviese fuerza para montar un pequeño grupo sinodal, hacerlo, animarlo, sostenerlo desde dentro. La superiora ha de vencer sus propios prejuicios y ponerse las pilas si su comunidad tiene posibilidades.

 

La Iglesia después de la pandemia

 

 

LA IGLESIA DESPUÉS DE LA PANDEMIA[1]

 

 

            De una manera u otra, todo el mundo coincide en valorar la pandemia de Covid-19, de la que no acabamos de salir, como un tsunami de tremendas consecuencias[2]. Con él, hemos comprobado que la tierra, la existencia, se nos hacía in-firme y el edificio social, que creíamos seguro se ha venido abajo y nos hemos visto abocados a trabajar por alcanzar «la transitoria tierra firme que es la vida»  (R. Argullol)[3].

            La capacidad humana para la selección y el olvido es inmensa y por ello nos parece que hablar del Covid-19 es hablar del siglo pasado. Aún sin escapar de sus garras, queremos olvidarlo como un mal sueño, sin analizarlo, si distribuir responsabilidades, sin sacar conclusiones operativas. Olvidando, creemos que no ha existido. Pero la “mostrenca realidad” nos lo pone delante cada día y el análisis sereno puede ser beneficioso para nosotros[4].

            ¿Cuál ha sido el papel de la estructura eclesiástica de la Iglesia católica en este asunto? ¿Y el de los cristianos de a pie, el llamado catolicismo sociológico? Y más aún: ¿qué tareas quedan pendientes? ¿Qué futuro próximo le espera a la comunidad de creyentes después de esta convulsión? ¿En qué opciones habrá de implicarse?

            Pocos se han hecho esta clase de preguntas. Por eso es de agradecer que la Sociedad a Debate de La Rioja se haya planteado la cuestión. Es preciso luchar contra la tendencia a pelear únicamente las batallas urgentes de los cotidiano como si lo vivido hubiera perdido en cuatro días su vigencia. Decía P. Tillich que es urgente recuperar la dimensión de profundidad para que no nos engulla la superficialidad, la banalidad, el empobrecimiento[5]. Profundicemos, pues, reflexionemos.

 

  1. 1.     El Papa Francisco ante la pandemia

 

La encíclica Fratelli tutti fue escrita «cuando irrumpió de manera inesperada la pandemia del Covid-19» (FT 7). No es de extrañar que dedique cinco números seguidos a este tema (FT 32-35). Estas son sus  certezas principales:

1)     «Nadie se salva solo»: la pandemia ha puesto de manifiesto una “pertenencia común”, una interdependencia necesaria. La denominación de “trabajos esenciales” durante la pandemia ha dinamitado la estratificación social habitual[6].

2)     «La pandemia nos ha obligado a pensar en los seres humanos, más que en el beneficio de unos pocos». La obligación de humanidad que viene de fuera enseña relativamente, porque si no hay convicciones, pasado el mal momento, volveremos a las mismas[7].

3)     «La vana pretensión de ser señores absolutos de todo lo que existe». Vana e ingenua pretensión porque el señorío de los humanos ha de ser humano, respetuoso, participativo, cuidadoso[8].

4)     «La peor reacción sería la de caer aún más en una fiebre consumista y en nuevas formas de autopreservación egoísta». Algo que se está dando porque los parámetros de consumo se han disparado. Solamente la guerra de Ucrania ha frenado la deriva consumista[9].

5)     «Hay que lograr recuperar la pasión compartida por una comunidad de pertenencia y de solidaridad». Pertenencia y solidaridad que se han de traducir en una mística de familia humana[10].

 

  1. 2.     La Iglesia católica española y los católicos antes de la pandemia

 

Para entender mejor la actitud de la Iglesia Católica Española (ICE), tanto en sus dirigentes como en la comunidad católica, quizá haya que considerar su situación antes de que la pandemia se abalanzara sobre la sociedad española. Esa situación que viene de décadas anteriores se resume en una palabra: declive. La ICE como las demás iglesias europeas iba cuesta abajo hacía ya mucho tiempo. Aun viniendo de un franquismo nacionalcatólico, los indicadores religiosos (creencia en Dios, asistencia a la misa, vocaciones al sacerdocio y la vida religiosa, bautismos, matrimonios canónicos, etc.) iban en descenso de manera acelerada.

El sector más conservador del episcopado y muchos creyentes ultras achacan este descalabro al Vaticano II. Pero, en realidad, esto venía de antes. Ya en un lejano 1947, el cardenal Suhard, arzobispo de París, escribió aquella famosa carta donde aparece la palabra maldita: Essor ou déclin de l’Église?[11]. Tras la segunda guerra mundial la Iglesia católica inició un descenso que continúa a niveles de desaparición. De manera cruda lo dijo el profético cura Don Lorenzo Milani: «No hemos odiado a los pobres, como la historia dirá de nosotros. Solo hemos dormido. En el duermevela hemos fornicado con el liberalismo de DeGasperi, con los congresos eucarísticos de Franco. Nos parecía que su prudencia nos podría salvar…Cuando despertamos, ya era tarde; los pobres se había ido sin nosotros»[12]. De ahí venimos. La Iglesia franquista aguantó hasta que pudo. Pero llegó el Concilio, la democracia y reventó. El descenso al abismo fue imparable.

Y llegamos al momento de la pandemia con una ICE dividida entre conservadores procedentes del invierno eclesial de Juan Pablo II y defensores del Vat.II a los que obispos jóvenes, que no vivieron la mística conciliar, como el de Vitoria, califican de anacrónicos (detenidos en los años 70), ideologizados y encharcados en la secularidad[13].

 

  1. 3.     La Iglesia católica española y los católicos durante la pandemia

 

¿Cómo ha sido el comportamiento de la ICE y de los católicos durante la pandemia? Ha estado envuelto en una cierta irrelevancia. Se aceptó el confinamiento sin dificultad[14], aparte de las discrepancias de algunos jerarcas sobre el modus operandi de los comités científicos[15]; hubo una cierta colaboración a nivel de voluntariado muy mediatizado por la relación no presencial[16]; los católicos, mayoritariamente jubilados, no sintieron para nada dejar las celebraciones de culto y sustituirlas por la misa en tv o en youtube o, simplemente, por quedarse en casa sin ninguna actividad religiosa[17]. El temor era tan denso que todas las energías eran necesarias para asumir aquella monumental soledad y para torear el embate de la muerte que fue dantesco[18].

La irrelevancia quedo de manifiesto en la ausencia de orientaciones ideológicas por parte de la CEE[19]. Los católicos llegaban a la misma conclusión que los no practicantes: se puede vivir sin violencia una vida donde lo religioso y la misma sacramentalidad no estén explícitamente ausentes. El confinamiento fue una época sin dioses, donde estuvo solo el hombre[20]. Algunos han puesto en conexión esta crisis con una época de catacumbas (X. Pikaza). Pero, en realidad, no es lo mismo: en las catacumbas de ahora no había actividad religiosa clandestina, sino simple ausencia de tal actividad. Era el rostro más palpable de la secularidad.

Por eso mismo, cuando se levantó el confinamiento, a los noventa y nueve días, los templos no se llenaron de actividad, sino que fue un lento fluir al filo de las disposiciones sanitarias que caminaban paso a paso, poco a poco[21], a medida en que el temor social iba remitiendo. No se veía como una necesidad perentoria de espiritualidad sino como un lento volver a la normalidad de la práctica religiosa: la recuperación de las rutinas como algo social y personalmente beneficioso.

En todo este panorama, como algo recurrente y cada vez más residual, vuelve el tema del papel de Dios. Colea todavía la supuesta creencia de que está en sus manos  acabar con esta plaga[22].  Se sigue siendo deudor de un paradigma antiguo con la certeza inamovible de un Dios intervencionista[23].

 

  1. 4.     La Iglesia católica española y los católicos después la pandemia

 

Aunque temiendo una nueva ola y sabiendo de la capacidad mutante del virus, consideramos que ya estamos saliendo de la pandemia de Covid-19, enfermedad a la que se le augura una “gripalización”, una cronicidad parecida a la de una gripe. Pues bien, en esta nueva situación, y después de lo pasado, ¿qué tienen por delante la ICE y los católicos). Sin ánimos de decir a nadie lo que tiene que hacer, sugerimos a modo de reflexión:

 

  1. 1.      El panorama para la ICE

 

a)     Tareas concomitantes

 

Son tareas que vienen de antes de la pandemia. Durante ella se han agravado y permanecen activas con todo su vigor:

  • Los abusos sexuales de alguno eclesiásticos: continúa en plena expansión la hecatombe que en España comenzó en los años setenta[24]. Por una parte, la jerarquía eclesiástica navega en aguas turbias entre la negación solapada, la creencia de que solo se investiga a la Iglesia, la idea oculta de que las víctimas engañan y se aprovechan, de que incluso la cosa no es tan grave y la excusa de que eran otros tiempos de diferente sensibilidad, etc.[25]. Una continuada renuencia[26]

Por otra parte, a una especie de cerrazón, opuesta incluso al deseo del Papa, ha seguido a regañadientes una cierta posibilidad de colaboración con una Comisión por parte del Parlamento de manos del Defensor del Pueblo. Colaborará pero no formará parte de ella. Junto a ello, se desautoriza lo realizado en países vecinos[27]. A la vez, en un golpe de timón lleno de interrogantes, se encomienda el trabajo de investigación a un bufete de abogados cuyo responsable se declara públicamente miembro activo del Opus Dei, con el consiguiente y lógico rechazo de las víctimas[28]. En este momento no se sabe cuál es exactamente la deriva de la ICE en el tema y qué es lo que de verdad pretende, por más que hable de llegar hasta el final.

La perplejidad se apodera de la ciudadanía y de los católicos. En este momento todo está abierto, mientras los casos siguen saliendo, uno tras otro, imparables[29].

  • Las inmatriculaciones de la ICE: es el cuento de nunca acabar. El listado publicado ya de más de 34.000 bienes inmatriculados por la Iglesia, tanto al amparo de la ley de 1946 como la corrección de 1998 que permitía inmatricular también templos, aunque frenadas por la modificación de 2015 que obligaba a la Iglesia a inmatricular con el procedimiento común, sigue dejando las cuestiones de fondo sin solucionar. Es una tarea que la ICE y la sociedad tienen por delante[30]. ¿Cuáles son esas cuestiones?

Aun suponiendo, mal que bien, que sean legales, ¿son justas? Esto es difícil determinarlo. El que sean legales no quiere decir, sin más, que sean justas. Numerosos bienes eclesiásticos han sido construidos, cuidados, restaurados con esfuerzo y dinero público, bien de entidades oficiales (Diputaciones, por ejemplo) o populares (hermandades, cofradías, pueblos, etc.).Parece que no es de recibo que, aduciendo el uso religioso, se quiera tener en exclusiva la propiedad y el rendimiento económico de un bien restaurado con dinero público. Será preciso llegar a algún tipo de acuerdo, tanto en lo que se refiere al uso religioso como, sobre todo, al reparto de beneficios. El tema de la propiedad se clarificará mucho si se aclaran los dos supuestos anteriores.

¿Son éticas? Cuando la propiedad y el dinero están por medio resulta, a veces, difícil compaginarlos con la ética. Muchos bienes eclesiásticos se han construido por suscripción popular. ¿Es ético, llegado el caso de su venta, no contar para nada con el pueblo que alumbró el bien e, incluso, hacerlo en prejuicio del mismo pueblo que, para disfrutar de ese bien, tiene que comprar de nuevo lo que él mismo pagó? Cuando los equipos diocesanos de economía funcionan con meros planteamientos económicos pueden llegar a ser tan “despiadados” como cualquier grupo financiero. ¿Es ético poner en la calle a una viuda que vive de alquiler en una casa parroquial desde hace muchos años, simplemente porque esa casa ha encontrado un comprador que paga un precio suculento?[31].

¿Son evangélicas? Esto ya es más difícil saberlo. Pero la Iglesia confronta sus caminos con el Evangelio. Y si economía y Evangelio van por caminos paralelos que no se tocan, creemos que algo no va bien. Dice el Evangelio: “No podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13). Esta clase de máximas no pueden ser aparcadas cuando se trata de algo de tanta envergadura como las inmatriculaciones.

¿Para qué se inmatricula? Es la pregunta del millón. ¿Qué pretende la Iglesia con toda esta actividad económica? ¿Preservar la propiedad? Si el sentirse “propietarios” afianza la identidad de la Iglesia, su papel social, su presencia en la economía, etc., ¿no nos estamos alejando de la Iglesia pobre y para los pobres de la que habla tantas veces el papa Francisco? Si se inmatricula simple y llanamente para sacar el mayor rendimiento económico, ¿necesita realmente la Iglesia tener más dinero? ¿Están bien pensados sus gastos? ¿Con qué criterios de gasta? ¿Con qué criterios se acumula? ¿Se ha medido razonablemente la posibilidad de mantener un patrimonio tan grande? Tarea por delante.

  • El clericalismo, la democratización de la Iglesia y el tema de la mujer: temas que no tienen, hoy por hoy, atisbos de solución. Por más que el Papa diga que es el peor mal de la Iglesia, el clericalismo sigue verdeante[32]. Cuando decimos Iglesia, realmente no estamos diciendo “pueblo de Dios”, seguimos diciendo “clero” y, si me apuran, “clero dirigente”. Puede recurrirse a todo tipo de argumentos, bíblicos, espirituales, eclesiales, para hacer ver que Iglesia somos todos. Pero al final, el clero es la voz, la dirección, el poseedor de la Iglesia real. Tal vez nunca había sido tan cuestionado como ahora a causa del crecimiento de la conciencia democrática[33]. Pero el clericalismo, como el dinosaurio de Monterroso, sigue ahí. No sabemos cómo va a evolucionar esto y, menos todavía, con el renacer del neo-tradicionalismo que nos aflige como «compensación a los impulsos modernizadores y funcionales del período posconciliar»[34].

Por su parte, la democratización de la Iglesia es asignatura tan pendiente que ni siquiera se plantea de manera oficial[35]. Un rictus asoma en los labios de creyentes y no creyentes cuando se les propone el recurrente aserto de que la Iglesia es más que una democracia. O cuando se les asegura que, en la Iglesia, la democracia es la sinodalidad[36]. A estas alturas, todos conocemos los mecanismos “democráticos” de la Iglesia oficial y en concreto de la Curia Vaticana[37].  Es un problema de una enorme envergadura que abarca desde el papado hasta la pequeña comunidad parroquial. Una legislación jerarquicista lo bloquea todo. Y, por eso, todo está por hacer.

El problema de la incorporación de la mujer “a pari” en la gestión eclesial cada día se tensa más. El secular “pecado antropológico” de la Iglesia en la relación con la mujer que denunciaran hace ya mucho las teólogas sigue sin atisbos de solución[38]. Es cierto que las mujeres se van asomando al organigrama de la Iglesia. Pero los resultados son tímidos[39]. El acceso a los ministerios sigue vedado[40].

 

b)     Tareas de futuro

 

Son tareas nuevas que, tal vez, vienen dadas no tanto por la pandemia cuanto por evolución de la sociedad moderna:

  • Pensar el futuro de la Iglesia: quizá esto no era antes algo necesario basados en la certeza de que la Iglesia estaba asentada “sobre le roca de Pedro”, siendo inconmovible de acuerdo con la profecía evangélica (Mc 16,18). No tanto la pandemia puntual, cuanto la imparable secularidad ha dado al traste con la profecía y pensar el futuro de la Iglesia es una innegable necesidad[41]. «Los tiempos actuales son los de una profunda crisis cultural del mundo en la que hay que aprender a identificar los cambios tecnológicos, económicos y sociales actuales, las llamadas a nuevas estructuras de autoridad y de participación en las decisiones, los movimientos relacionados con las globalización, la distribución de recursos y el medio ambiente, etc. La Iglesia no puede contentarse con perpetuarse como un sistema rígido, fijado de una manera definitiva»[42]. Es en este escenario en el que la Iglesia ha de repensar su futuro. Cada día que pasa sin decidirse es un día perdido. Esto le tiene que llevar a revisar sus esclerotizados planteamientos dogmáticos, jurídicos y litúrgicos. Es más: habría de activar los sueños de Jesús, los anhelos del Reino que no tendría que confundirse con los propios de una organización religiosa. 
  • Buscar el lugar social de la Iglesia: es la consecuencia de lo anterior. Hasta ahora no había sido necesario pensar en el lugar social de la Iglesia porque lo tenía reconocido: su lugar era el relativo a Dios, al componente religioso[43]. Pero como el componente religioso resulta socialmente cada vez más residual en las modernas sociedades tecnológicas (incluidas las no católicas), la pregunta por el nicho que se ocupa resulta perentoria. Descubrir que, forzosamente, ha de ser un ámbito compartido no solo por otras religiones sino también por movimientos sociales de humanización no habría de llevar al desaliento, sino al gozo de la fraternidad y a la posibilidad evangélica de poder ser levadura en la masa[44].

 

  1. 2.      Tareas para los católicos

 

Al parecer los católicos no reaccionaron colectivamente durante la pandemia. Con el miedo metido en el cuerpo se quedaron en casa. Quizá la alta edad de los usuarios de los servicios religiosos peso mucho, dado que el virus atacaba con virulencia especial a los mayores. Pero tampoco los demás grupos se significaron por planteamientos diversos a los de la población en general. Sin embargo, los tiempos postpandémicos plantean algunas cuestiones al laicado católico:

a)     ¿Se va a seguir como antes? Es decir, sin levantar la voz más allá de lo permitido. Hay síntomas de que no. Los grupos de católicos y católicas que alzan la voz en diversos foros se multiplican cada vez más[45]. Exigen fundamentalmente diálogo y un lugar en la gestión eclesial. Hoy por hoy el establishment religioso católico les hace frente. Pero posiblemente las cosas cambien en un futuro inmediato. La jerarquicracia tiene los años contados.

b)     ¿Pueden crear estructuras no canónicas? Porque la transformación y flexibilización de las leyes canónicas es algo que va para muy largo. En ellas reside e poder acumulado y no será nada fácil desposeer de él a sus detentadores. Pero ¿puede pensarse en estructuras eclesiales no canónicas gestionadas por entidades laicales en convivencia respetuosa con las estructuras canónicas? ¿No puede pensarse en una diócesis, una parroquia, gestionada por un equipo laical y con un sitio dentro de tal estructura para el ministerio ordenado? El futuro está condicionado a pensar lo distinto.

c)      ¿Se pueden encajar en la estructura eclesial a los grupos marginales? Hay un buen números de grupos cristianos que viven en los márgenes de la Iglesia: comunidades de base, grupos de oración en las casas, movimientos reivindicativos, grupos de mujeres cristianas, etc. Se agrupan en redes que, con frecuencia, dejan oír su voz. La estructura eclesiástica, que apela a veces a las nuevas sensibilidades, ignora estos grupos o los ningunea. ¿No habría manera de entablar algún tipo de diálogo en una convivencia plural de la fe? ¿Todo pasa por la distancia, el enfrentamiento y la desautorización? ¿En qué parámetro habría que integrar tal diversidad?

 

Conclusión

 

            Este recorrido reflexivo nos ha llevado a la sospecha de que, como ha ocurrido en el ámbito civil, la pandemia como tal no ha producido a ningún cambio sustancial en la Iglesia. Ha sido un parón, de alto precio, pero, pasado el temporal, los problemas eclesiales siguen ahí con toda su crudeza. Es cierto que situaciones de vida tan dramáticas como la pandemia no pasan en balde. Pero de ahí a que motiven planteamientos nuevos de vida en la Iglesia hay mucho trecho por recorrer.  Tal vez la indudable solidaridad vertida en las situaciones de pandemia sea lo mejor de este episodio duro. Ese camino de amparo podría ser marco para ayudar a resolver las aporías que, hoy por hoy, tiene el cuerpo eclesial.

 

 



[1] Conferencia dictada en La Sociedad a Debate de Santo Domingo (La Rioja) el 22 de abril de 2022.

[2] Así ha sido calificado en algún artículo: L. STEEGMANN,  “Tsunami y esperanza en las residencias”, en Sal Terrae, abril 2021, 307-319.

[3]https://www.larazon.es/internacional/20200405/b3hoxmwgyza6jmrsymzmzeieqq.html.

[4]Algunas revistas han dedicado al tema números monográficos: Iglesia viva, nº 283 (3º trimestre 2020); Sal Terrae, abril 2021.

[5]Cf P. TILLICH, La dimensión perdida, DDB, Bilbao 1970.

[6]Los servicios religiosos no están incluidos en la lista de trabajos esenciales del Ministerio de Trabajo.

[7]Hay una sensación entre muchos analistas de que, en el fondo, no hemos aprendido nada de esta dura pandemia: «Si hay algo peor que las cosas malas que nos han ocurrido durante el último año, sería el no haber aprendido nada de la experiencia vivida»: p.333. L.GONZÁLEZ-CARVAJAL SANTABÁRBARA, Algunas reflexiones teológicas sobre la pandemia, en Sal Terrae, abril 2021, p.333.

[8]Es preciso reinterpretar el “dominad la tierra” de Gen 2,15. LS’ 67 hace un trabajo reinterpretativo de ese texto.

[9]La guerra de Ucrania es la que ha frenado el consumo en más de un 25%: https://www.abc.es/economia/abci-frenazo-consumo-y-inversion-guerra-ucrania-y-crisis-energetica-202203260056_noticia.html.

[10]Cf FT 26.100.141.

[11]E. SUHARD, Essor ou déclin de l’Église? Lettre pastoral, Les Editions du Vitrail, Paris 1947. «A través de miles de grietas, la Iglesia se desmorona y ve cómo, uno tras otro, pueblos enteros se separan de ella».

[12]L. MILANI, Experiencias pastorales, BAC 2004, p.294.

[13]https://www.religiondigital.org/diocesis/cristianos-Vitoria-tergiversa-afirmaciones-expresamente-Iglesia-religion_0_2431556822.html.

[14]No ha ocurrido lo que parece que sucedió en Italia donde la Iglesia se consideró postergada e interpretó el confinamiento como un interdicto y un menosprecio. De ahí las protestas de los obispos. Su argumento es que la espiritualidad cristiana es útil para la resistencia en situaciones de crisis, aunque se adivina que, en el fondo, está la sempiterna cuestión del poder. Ver: A. RICCARDI, La Iglesia arde, Ed. Arpa, Barcelona 2022, pp.179-200.

[15]Entre ellos el cardenal Cañizares (https://www.elindependiente.com/sociedad/2020/08/15/el-cardenal-canizares-la-ciencia-no-es-suficiente-ante-el-covid-debe-confiarse-en-dios/) o el arzobispo Jesús Sanz que criticó la “intencionalidad ideológica” de algunas medidas (https://www.elcomercio.es/oviedo/arzobispo-critica-intencionalidad-ideologica-medidas-coronavirus-20210329000538-ntvo.html).

[16]La reducida actividad de Cáritas durante el confinamiento fue por vía telefónica.

[17]Hubo sacerdotes que, contra el decreto del confinamiento, mantuvieron las iglesias abiertas diciendo la misa solos y poniendo esto en su haber ministerial. Algún cura, más pintoresco, bendecía con la custodia al pueblo desde el tejado de la iglesia: https://www.burgosconecta.es/sociedad/cura-sube-tejado-20200406163420-ntrc.html.

[18]A 29 de marzo de 2022 se han contabilizado 11,5 millones de contagiados en España y 102.218 muertes.

[19]Todas sus notas fueron de “gestión” y no de reflexión o pensamiento.  El único texto reflexivo es el Informe de la Comisión Episcopal de Pastoral Social y Promoción Humana a la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española presentado 17 de noviembre de 2021 que quiere hacer ver que la Iglesia oficial está en las trincheras de la pandemia. Pero todo suena a teoría inflada. Por eso hay quienes afirman que el documento “vende humo” . En parecida línea se sitúan las reflexiones que parten del hecho de querer complacer al auditorio eclesiástico: Cf J. L. MARTÍNEZ, “Tiempos recios, tiempos de gracia: La Iglesia ante la pandemia”, en Estudios Eclesiásticos, 96 (2921) 193-220.

[20]Como diría M. Yourcenar en Memorias de Adriano.

[21]Las normas sobre el aforo fueron inicialmente muy restrictivas.

[22]El mismo Papa Francisco comparte esta certeza (Ángelus, 22-3-2020) aunque los teólogos reflexivos han abandonado ya este campo: Cf M. MOORE, “¿Un Dios ‘anti-pandemia’, un Dios ‘post-pandemia’ o un Dios ‘en-pandemia’”?: https://www.religiondigital.org/opinion/Michael-Moore-Dios-anti-pandemia-post-pandemia- teologia-coronavirus-jesus-salvacion-hombres_0_2216178370.html. Ver también: L. GONZÁLEZ-CARVAJAL, art.cit.

[23]Algunos gestos religiosos siguen esa pauta (procesión del Nazarenos de Cáceres, la Fuensanta de Murcia, el “Negret” del Grao, etc.). la famosa bendición del Papa Francisco a la plaza de san Pedro vacía parece ser más gesto que bendición y de acompañamiento que de rogativa.

[24]El caso que en España abrió la espita es el del fraile de Monserrat Andreu Soler: https://elpais.com/sociedad/2019/02/18/actualidad/1550506202_965066.html.

[25]“El portavoz de los obispos, sobre la pederastia clerical: ‘Solo son pequeños casos’”: https://elpais.com/sociedad/2021-11-19/el-portavoz-de-los-obispos-sobre-la-pederastia-clerical-solo-son-pequenos-casos.html. “Hace veinte años la realidad se miraba de otra manera”, entrevista en El País, 13-3-2022, p.38.

[26]En esta actitud va de la mano con Italia. Ver: “La lucha de víctimas de abusos en Italia empieza a escucharse al fin”, en El País, 27-2-2022, p.39.

[27]Al demoledor informe de la Iglesia francesa se le acusa de extrapolar los datos y, por ello, de no ser real: https://infovaticana.com/2021/11/30/un-contrainforme-reduce-espectacularmente-el-numero-de-victimas-de-abusos-en-francia/.

[28]Es también presidente de la Fundación Madrid Viva creada en 2011 por Rouco Varela y el Patronato de la Fundación Tajamar. Ver: J. J. TAMAYO, “¿Una comisión independiente de investigación?”, en El País, 28-2-22, p.28. También: J. CREMADES, “No me imagino presentando una chapuza o una cosa ridícula”, en El País, 1-3-22, p.28.

[29] Como modelo de informe, ver: Informe sobre la estructura y dimensión de los abusos sexuales cometidos en el seno de la iglesia católica en navarra: https://www.noticiasdenavarra.com/elementosWeb/gestionCajas/NAV/File/2022//110222PM202022informe_ABUSOS_UPNA.pdf.

[30]Ver: “El Gobierno abre la vía a reclamar los bienes inmatriculados de la Iglesia”: https://www.elconfidencial.com/espana/2021-02-16/siete-decadas-inmatriculaciones-aceleradas-iglesia-cambio-legal-1998_2954319/.

 

[31]“Suspendido en Lizoáin el desalojo de una familia en una casa parroquial”: https://www.diariodenavarra.es/noticias/navarra/pamplona-comarca/2017/10/24/suspendido-lizoain-desalojo-una-familia-una-casa-parroquial-558190-1002.html.

[32]Así lo afirma en la entrevista a El País en enero de 2017.

[33]La hermosa utopía evangélica de “uno es vuestro Padre y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,8) no ha tenido efectos reales en la constitución fraterna de la Iglesia ante el peso de la constitución jerárquica de la Iglesia (LG III).

[34]Cf M. FAGGIOLI, “La Iglesia del futuro: perspectivas históricas y sociológicas”, en Concilium377 (2918) 474ss.

[35]Cf Vida Nueva, 3.089 (30 junio-6 julio 2018).

[36]https://www.abc.es/sociedad/abci-iglesia-democratiza-202110170126_noticia.html.

[37]Que se lo digan a H. Küng, a B. Häring, a C. Macisse, a L. Boff, a G. Gutiérrez y tantos otros teólogos y teólogas represaliados.

[38]Cf M. P. AQUINO-E. TÁMEZ, Teología feminista latinoamericana, AbyaYala, Quito 1998, p.42. Para el mes de octubre de 2022 la Catholic Women’s Council ha convocado un sínodo en Roma.

[39]Por ejemplo: en la Comisión Teológica Internacional sobre 30 miembros solo 7 son mujeres.

[40]Resulta pintoresco que el Papa se decida a conferir los ministerios laicales de lector, acólito y catequista a las mujeres el 22 de enero 2022 cuando resulta que llevan décadas haciendo esos ministerios y otros de más amplitud como las celebraciones dominicales sin sacerdote.

[41]Es lo que están intentando hacer, no sin controversia, algunas iglesias locales como la alemana con su sínodo: https://www.lavanguardia.com/vida/20200207/473333880602/arzobispo-aleman-sobre-el-camino-sinodal-no-somos-revolucionarios-buscamos-un-camino-para-la-iglesia-del-futuro.html.

[42]“La Iglesia del futuro”, Concilium(Editorial), 377 (2018) 455.

[43]Según la clásica interpretación de Mc 12,13-17 de donde se derivan dos autoridades: la civil (del César) y la religiosa (de Dios).

[44]Cf Lc 13,20-21.

[45]Uno de los más recientes es el citado de los 700 representantes de Vitoria. Conseguir ese número de apoyos para una cosa así en estos tiempos llama la atención.

PLIEGO VN CUARESMA 2022

UNA CUARESMA A PRUEBA DE NEGACIONISTAS

 

            Podemos comenzar esta reflexión con una sonrisa: fue el inefable Van Gaal, entrenador del Barcelona, quien dejó para la historia aquella célebre frase de “¡Siempre negativo, nunca positivo!”. Por extraño que parezca, de algo de eso queremos hablar: cómo des-negativizar la Cuaresma y llegar a entenderla y vivirla como un tiempo altamente positivo.

 

I 

Negacionistas, conspiranoicos y colaboracionistas

 

La pandemia en la que seguimos inmersos ha ensanchado el campo semántico de las palabras y ha enriquecido nuestro vocabulario, además de amargarnos mucho la existencia. Observando con detenimiento percibimos un reflejo en el tema de la vivencia de la Cuaresma:

 

  1. 1.      Los negacionistas de mirada gris

 

La palabra “negacionista”, que inventó el historiador francés Henry Rousso y que, según algunos, se ha ido aplicando de forma creciente a más conceptos, cada vez sugiere más y significa menos. Es posible. Pero los negacionistas y sus, a veces, disparatados planteamientos (muchas veces simples bulos), los tenemos en nuestra casa, en la puerta del vecino, en la familia amiga que decide, en bloque, definirse como antivacunas. Los tenemos en las manifestaciones públicas y en sus algaradas.

Es una postura de vida, una manera de situarse en un determinado momento social. No sirve de nada esgrimir argumentos ni manejar datos estadísticos. Si se hace, el resultado es una confirmación en las propias posiciones. El negacionismo no tiene fisuras y si contiene algún interrogante, se mantendrá en secreto para no pensar que se da la razón a los “colaboracionistas”.

Perseguirlos y amenazarlos con “joderlos hasta el final”, como dijo de manera intempestiva el presidente francés, no lleva a ningún lado. El negacionismo es una opción que es preciso encajar en la pluralidad democrática y en la libertad, por más que a algunos no nos guste. Por eso mismo, obligar a una vacuna es tan insensato como obligar a tomar una medicación. El que esta postura tenga consecuencias sociales, económicas y de salud no anula la libertad personal. Y habrá que encajar, como se pueda, esta opción.

El camino podría ser el del convencimiento, la “seducción”, el diálogo incansable que desea hacer ver las ventajas de una profilaxis social general  estando abierto a discernir sobre los interrogantes no despejados de la vacunación y sobre la cantidad aún mayor de preguntas no respondidas en torno a una gestión que no ha sido tan ejemplar como cantan algunas voces políticas.

No podemos menos de pensar que en todo esto hay una especie de mirada gris, desconfiada, a la defensiva, carente de empatía histórica. Los negacionistas nunca lo admitirán. Pero su cuestionamiento sin propuestas eficaces para el problema  de la pandemia es el lenguaje de quien tercamente se  niega a lo que tampoco sabe dar respuesta.

Pues bien, algo parecido a lo descrito pasa con la espiritualidad y vivencia de la Cuaresma: los negacionistas cuaresmales los tenemos en nuestra parroquia, en nuestra comunidad religiosa, en nuestra Diócesis, en el mismo pensamiento del Papa Francisco, modelado por una espiritualidad de ese cuño que viene de lejos, aunque como las cosas no son o blancas o negras, como luego diremos, el Papa tiene también horizontes muy positivos en su espiritual cuaresmal.

El negacionista cuaresmal sigue en el marco del “perdona a tu pueblo, Señor”, reaviva las prácticas de piedad doloristas (via crucis, por ejemplo) sin darles ningún toque de renovación, hace parte de asociaciones religiosas ancladas en el concepto de redención por la muerte de Jesús (no por la vida de Jesús), invita a ayunos que se cumplen rutinariamente sin reflejo solidario, sigue creyendo en las “tristezas cuaresmales”. Su negacionismo consiste, ampliando el campo semántico del término, en seguir viviendo la cuaresma en el halo negativo heredado de la tradición piadosa que el Vat.II alivió notablemente, pero que no consiguió cambiar de paradigma.

Resulta ineficaz intentar hacerles ver que, si la Cuaresma es camino hacia la Pascua, ha de estar, de alguna manera, iluminada por la luz de Jesús y que, por lo mismo, no es tanto un tiempo de tinieblas, cuanto de búsqueda y de anhelo. No lo entienden y se reafirman en sus posiciones más cuanto más mínima sea la cosa que se cuestiona. El “siempre se ha hecho así” se yergue como el dogma máximo e inamovible. Los negacionistas cuaresmales se agrupan y hacen frente común, de tal manera que la comunidad cristiana se desconecta de cualquier posible camino de renovación.

Hay un negacionismo de baja tensión que opta por dejar las cosas como están y plegarse a la rutina anual de un tiempo y unas prácticas heredadas y no cuestionadas por nadie. El anhelo está apagado y se ha sucumbido a la costumbre por parte de los fieles y al funcionarado por parte de los servidores de la fe. Es un negacionismo cuaresmal desleído, desintencionado, sin vigor. No sabemos ni mejor o peor que el militante.

No hay que perder la esperanza. El negacionismo cuaresmal puede ser tratado a base de paciencia, espiritualidad e, incluso, poesía, como luego diremos. Quizá el mejor propósito inicial al comenzar la Cuaresma sea que esta no pase sin pena ni gloria, no ceder a la mera rutina de los días, abrir los ojos para poner un poco de luz en un tiempo de fe que puede ser hermoso si se lo ilumina desde la Pascua y que puede conseguir que un tiempo de tinieblas se transforme en un tiempo de anhelo. Un cambio de mirada, ahí está el quid.

 

  1. 2.      Los conspiranoicos que hablan con fantasmas

 

Es otro ámbito de esta sociedad de la pandemia en la que estamos inmersos. Los bulos, lanzados al aire por las redes, se encargan de orquestar posiciones tan increíble e imaginativas como disparatadas. Lo que a usted jamás se le habría ocurrido, lo piensa la imaginación de un conspiranoico. Es una versión actual del capricho de Goya “El sueño de la razón produce monstruos”.

¿Con qué vericuetos del alma humana conecta esta postura? Con lo oscuro, con el estremecimiento de abismo del corazón, con el ángel caído que anida en los pliegues del alma. Por razones aún ignoradas, ese agujero negro atrae con la succión de un enorme remolino. Y, dada la escasez de discernimiento social, se cobra numerosas víctimas que se ahogan en su propio y no pocas veces absurdo planteamiento.

Las conspiraciones en torno a la pandemia se ofrecen a la luz del día, servidas en el brillo de las redes y firmadas, no pocas veces, por personas de cierto rango social e incluso sanitario. Tienen en sus manos los micrófonos de los medios y los platós de tv. Y desde ahí su influencia, por disparatado que nos parezca el planteamiento, se vierte una ideología negativa, tóxica, que inocula la sospecha sin aportar claridad..

Se creen poseedores de una verdad que los demás ignoran y quieren hacer creer que tienen fuentes de información reservadas que ellos solos han conseguido recabar. Son impenetrables y aunque saben que, normalmente, su planteamiento conspiranoico no saldrá adelante, se empeñan con sembrar la confusión. Esa es su anhelada cosecha.

Ciertamente, son personas que hablan con los fantasmas que habitan en su imaginación, en sus temores, es sus oscuras pretensiones. Menosprecian los datos y, con ello, la verdad. Lo suyo no es explicar lo que nos pasa, sino demoler certezas, sembrar la confusión. Para ellos es un dogma el “cuanto peor, mejor”.

Por eso mismo, aunque pacientemente haya que hacerles frente con los datos verdaderos en la mano. Dado que el muro compacto de sus certezas no tiene fisuras, será también cuestión de driblarlos, de conseguir que no nos impidan ir por caminos de novedad. Si ellos quieren caminar por sendas de tinieblas, que lo hagan, pero  que obstaculicen lo menos posible la búsqueda de vida de los demás.

Los conspiranoicos cuaresmales tienen rasgos similares a los descritos. Creen que la sociedad laica y descreída, los gobernantes de izquierda, la ciencia que navega por sus propias aguas, lo que pretenden es la destrucción de la fe y la ruina de la Iglesia. Están convencidos de que “van a por ellos”. Y por eso mismo desarrollan una estrategia defensiva que incluye, entre otras cosas, el mantenimiento a ultranza de lo heredado, cuando más anclado en el pasado, mejor.

Piensan que la regulación de la misa en latín según los viejos misales es un golpe a la libertad litúrgica; creen que la apertura de la teología a los planteamientos científicos destruye la fe; entienden el acercamiento a los ateos, a los musulmanes, a las otras religiones simplemente como una claudicación que tiene como intención  la erradicación del catolicismo. Por todo ello, se agrupan en un frente común ante un papado que consideran desnortado y, en su boca, “herético”.

Al celebrar la Cuaresma, estos cristianos y sus clérigos, resucitan costumbres religiosas caídas en desuso; se centran en el pecado en modos tenebrosos; proponen penitencias del tiempo de los eremitas del desierto; intentan introducir la oscuridad de su visión en lo que llaman la “dirección de almas”. La Cuaresma es para ellos tiempo de necesarias tinieblas, porque tenebroso es el corazón humano y sus obras.

De esta manera piensan hacer frente al laicismo considerado como agente demoledor de la fe; creen que así se puede poner tope a la espiritualidad de la new age que cuestionan si saber muy bien qué es; luchan contra la ideología de género que inficiona el hecho social y desautorizan las espiritualidades que no lleven el sello oficial. La Cuaresma es para ellos tiempo de “combate” y tratan de sumar voluntarios a un ejército cada vez más exiguo.

Como ocurre con los negacionistas, no es fácil trabajar con los conspiranoicos cuaresmales porque ellos han tomado postura de manera única y militante. Quizá, como ocurre con las amistades tóxicas, lo más que se puede hacer es evitarlos y alejarse fraternamente de sus discutibles prácticas cuaresmales. Es entonces cuando el creyente, si puede, busca espacios de más anchura para vivir la Cuaresma apuntando al sol de la Pascua.

 

  1. 3.      Los tildados de colaboracionistas

 

Tanto los negacionistas como los conspiranoicos tildan a los demás de “colaboracionistas”. Piensan que sostienen un régimen opresor de un país igualmente rechazable. Tienen la certeza de que la generalidad es manipulada y que el borreguismo es el modo de vida de la mayoría de la gente. No les sirve de argumento que los organismos internacionales estén de parte de la mayoría, ni que muchas celebridades científicas apoyen las decisiones políticas tomadas. Consideran su criterio inmune a esta clase de objeciones.

Su principal apoyo ideológico es la libertad individual, gran conquista de la modernidad. Ellos la consideran sagrada e intocable en cualquier supuesto. Les parece una aberración social que se pueda hacer ofrenda de una parte de ella para que el beneficio común pueda lograrse. Relativizar las libertades individuales es mentar a la bicha. Tampoco es obstáculo ver que, con frecuencia, el precio de la libertad individual lo paga la sociedad entera.

No es de extrañar que, desde ahí, crean que las vacunas son un timo global, cuando no una solapada agresión al orden mundial. Ninguna autoridad tiene para ellos suficiente peso para cuestionar esta manera de pensar. Su propia autoridad, lograda por el hecho de atribuírsela, es mayor que cualquiera otra conseguida tras un largo camino de esfuerzo e investigación.

Sin expresarlo con estos términos pero, en el fondo, ocurre algo parecido con quien pretenda tocar el paradigma cuaresmal. Cualquier cambio es considerado como un intento de arrebatar la fe, cuando de lo que se trata es de cuestionar prácticas religiosas muy inconsistentes. O se culpa de conculcar seculares tradiciones que, ni lo son tanto, ni son fundamentales para la fe.

Cualquier brecha que se pretenda abrir en el compacto muro de las creencias anquilosadas se tilda de escándalo al pueblo cristiano.  No se entiende que el verdadero escándalo es la sequedad celebrativa, la rigidez ideológica y la militante posición de quien se apresta sin diálogo a la defensa de la fe. Además, se moteja de sembrador de discordia a quien, llegada la Cuaresma, insinúa la posibilidad de otra manera de verla y celebrarla.

¿Merece la pena pensar e intentar andar por terrenos no hollados? ¿Tiene sentido anhelar una Cuaresma y una Pascua con un cierto componente de novedad? ¿No está el lenguaje de la pandemia indicándonos una senda a seguir?

 

II

Otro paradigma

 

No se puede lograr una nueva perspectiva de la Cuaresma sin una cierta modificación del cuadro de referencias espirituales, del paradigma teológico. Quizá se necesiten cuatro grandes inversiones:

 

 

  1. 1.      De la preocupación por el pecado al logro de la dicha

 

No nos cabe duda de que Jesús estuvo más preocupado por la dicha que por el pecado. Nadie pone en cuestión que su programa (Mt 5,4ss), su propuesta mesiánica (Lc 4,18), el sentido de su entrega (Jn 10,10), tienen como contenido y anhelo la dicha, sobre todo la dicha de los pobres. Es cierto que el pecado y la conversión ocupan un lugar importante en las páginas del Evangelio. Pero no logran desplazar a la centralidad de la dicha, La comprensión de las bienaventuranzas fuera de la historia, fuera de una dicha lograda aquí y ahora, es desnaturalizar la propuesta de Jesús.

Pero, preocupado con más frecuencia por el pecado que por la dicha, el sistema eclesiástico ha generado un discurso más cercano al temor que a la bondad. No ha logrado percibir bien que, fundamentalmente hablando, las palabras del evangelio son palabras de bondad, orientadas a la dicha, generadoras de paz.

Por eso mismo, el disfrute no solamente ha estado lejos de la moral católica, sino que, de una manera  u otra, siempre se le ha tenido por un enemigo a combatir. Los dinamismos del disfrute, de la pasión, de la imaginación, etc., no solo no han tenido un lugar en el aprecio de la moral, sino que han estado directamente demonizados. Pero como lo ponen en evidencia los místicos, ¿cómo se va a generar amor, adhesión a Jesús, sin disfrute? ¿Es posible un amor sin gozos? ¿O es que el amor a Jesús no es relevante en el edificio de la espiritualidad cristiana?

Una fe que no lleva a la dicha no concuerda con el programa de Jesús. Una Cuaresma que atribula, atemoriza, causa perplejidad, no ayuda a elaborar los conflictos, no conecta bien con el Evangelio.

 

  1. 2.      De una redención por la muerte de Jesús a otra por la vida de Jesús

 

Resulta inaceptable, por muchas citas bíblicas que aduzcamos, entender la muerte de Jesús como un designio de Dios sobre él. Jesús no murió porque el Padre le llevara a la muerte. Eso es inaceptable. Dios no lleva a nadie a la muerte, por más que haya que contar con ella por razones de pertenencia histórica. Dios lleva a la vida, a Jesús y a nosotros.

La muerte de Jesús es la consecuencia de sus propias opciones. Él no quiso su muerte violenta (Mc 14,36). El camino vital de sus entregas fue el que, tristemente, terminó en una muerte injusta. Por eso hay que decirlo claramente: lo que nos salva (por hablar en un lenguaje entendible, pero impropio) es la vida de Jesús, toda su vida, en la que se incluye su triste e injusta muerte violenta.

Tiene algo de razón la saeta de Machado cuando pide hablar del Jesús que “anduvo en la mar” y no tanto del que estuvo “en el madero”. Es preciso valorar el conjunto de su entrega porque centrarse en una sola parte, su muerte, puede provocar desenfoques.

Por eso mismo, una Cuaresma primordialmente dolorista, que machaca sobre la sangre, las espinas, los azotes y las mil ofensas realizadas con Jesús (al estilo de la película La pasión de Cristo de Mel Gibson), tiene el peligro de entenebrecer la vivencia espiritual y privarle del horizonte global que, como decimos, es la dicha de la persona aquí, dentro de sus posibilidades, y en otra dimensión en las posibilidades totales de la vida plena.

 

  1. 3.      De la inquietud por la salvación al anhelo de la nueva sociedad

 

¿Cuál es  el contenido general de la propuesta de Jesús? Es, por grandilocuente que suene, la propuesta de una humanidad nueva, renacida, recreada. Jesús es de los  humildes utópicos que siguen creyendo en las posibilidades de la bondad del corazón humano, capaz de producir frutos buenos. No se vislumbra en él la decepción de quien piensa que las personas y la sociedad vamos al abismo. Es una propuesta de honda confianza. Es también una propuesta de fraternidad social, no partidista ni religiosa. Él cree, contra las evidencias cotidianas, que los humanos podremos vivir como hermanos. La propuesta de Jesús es la que considera imprescindible llegar a una economía igualitaria que entienda y ponga en pie el mecanismo del compartir sobre la base del todo no siendo obstáculo la pobreza. No es una propuesta en el aire, sino bien enraizada en los mecanismos sociales. Es una propuesta que se hace en base a la dignidad de la persona más allá de su condición moral, algo que aleja el juicio, la utilización y la imposición de condiciones a quien es débil. Es una propuesta de relaciones de entrega porque se tiene la certeza de que las entregas siempre rentan en beneficio común. Es, en definitiva, ir en la dirección del viejo sueño de Dios sobre lo humano que estaba ya escrito en las páginas del AT y en el caminar humano desde sus inicios.

            La propuesta de Jesús apunta a nuevo horizonte humano, a una sociedad alternativa. A muchos cristianos esto les parece poco. Creen que si no entra en la propuesta de Jesús el tema de la salvación eterna la cosa está coja. Pero, en realidad, lo dicho es, justamente, la senda de toda salvación. Además, se aduce como argumento en contra que muchos filósofos, pensadores, filántropos, personas lúcidas han tenido y tienen sueños similares. ¿Es argumento en contra o a favor? Jesús se suma, se encarna, en la gran corriente del caminar humano hacia su plenitud. No se diferencia de las grandes personas de la historia por lo que le distingue de ellas, sino por lo que le une a ellas. Su asumir el fondo de lo humano lo une a la gran fraternidad de las personas en su lado más humanizador. No es Hijo por su diferencia con lo humano, sino por su hondísima comunión con ello. Y tampoco se puede aducir que una manera tal de entender la propuesta de Jesús sea algo carente de fe. No, es una propuesta de honda fe en los planes de Dios sobre lo humano, aunque no pide, de inmediato, como respuesta los modos religiosos. Quizá por estas sendas se podría superar algo el descrédito social que sufre la realidad de Dios.

            Sabemos que el tema de la salvación ha generado en otras épocas grandes disfunciones espirituales. Por eso mismo dirigir la Cuaresma hacia el anhelo y colaboración al nacimiento y desarrollo de la nueva sociedad puede ser una opción de fondo. Pensare en una Cuaresma social no es algo disparatado. Tal vez sus frutos serían fecundos.

 

  1. 4.      De la mirada hacia fuera a la mirada hacia dentro

 

Aunque sea una manera simple de expresarlo, el quid de la cuestión está en la mirada. Puede decirse que los paradigmas ideológicos, y por ello los religiosos, tienen una orientación en su mirada. Efectivamente, nuestros paradigmas religiosos, más allá de todo proceso secularizador, siguen mirando afuera y hacia arriba. Hacia afuera porque consideran el camino histórico como una realidad empobrecida y sin futuro por lo que es marco inadecuado para lo divino. Y hacia arriba, porque se ha entendido que, aunque sea algo considerado de fuerte componente mítico, lo de fuera, el cielo, el más allá, se adecúa mejor incluso a la celebración. Por eso mismo, una multitud de signos religiosos (las manos que se elevan, los ojos que se dirigen a lo alto, las ascensiones que se celebran, etc.) apuntan hacia arriba y configuran el viejo paradigma todavía vigente.

            Quien aspira a una Cuaresma distinta experimenta que su mirada va cambiando de orientación: comienza a mirar hacia lo histórico sin necesidad de mirar ni afuera ni arriba. Experimenta una reconciliación entre su mirada y el objeto de ella, una especie de certeza al margen de cualquier discusión de que el hecho creyente se cuece adentro y abajo. Adentro porque se percibe a Dios en el cimiento de la vida como el mejor “lugar” para situarlo. Y abajo porque la mirada apunta incansablemente a lo profundo sabiendo que no hay tope que frene esa dirección hacia la profundidad del ser.

            Y por eso mismo, descubre maravillado que Dios está en lo profundo y que esa profundidad esencial es lo que el creyente llama Dios. La configuración de la fe, la identidad creyente, no brota de componentes religiosos, sino de certezas, a veces muy difusas, que apuntan a lo profundo. Algo le dice a tal creyente que en eso profundo hay mucha más densidad que en la otra dirección. Más densidad y más comunión con cualquier movimiento humano, religioso o no, que apunta a lo profundo. El misterio aparece más brillante, más atractivo y más preservado en esa dirección que en la otra.

 

III

El silencio de la cruz de Jesús

 

            El centro de la espiritualidad cuaresmal y de su celebración lo ocupa la cruz de Jesús. ¿Cómo leerla desde una perspectiva que escape del simple dolorismo, que vaya más allá de la valoración sufriente de lo acaecido? Es precisa una meditación ahondada de la misma para poder encontrar otra dimensión.

El silencio de la cruz es el muro último de ese duro silencio que hace parte de la vida de Jesús. En asumir el silencio de la cruz está una de las grandes pruebas de la fe. La cruz es silencio que grita la injusticia. Porque injustamente fue condenado quien hizo el bien y porque el silencio es el entorno de su muerte, una vez apaciguado el alboroto de la condena. Por lo que la cruz, las cruces, han de sentirse primeramente como injusticia y el rechazo de la cruz como respuesta correcta a quien injustamente ha sido puesto en ella. Venerar la cruz sin sentir la herida de la injusticia es una banalidad.

La cruz de Jesús es silencio que se entrega sin gloria. Porque nadie agradeció ni alabó a Jesús por su muerte. Eso vino después. No fue una muerte rodeada de gloria sino de exclusión y de injuria (le hacían coplas: a ver si viene Elías…). Es la consecuencia de su vida “entregada”: su vida estuvo carente de gloria, su muerte también. La ausencia de gloria de los crucificados es su mejor carta de presentación: no querían gloria, querían justicia. Y no la hubo.

La cruz de Jesús es silencio que no reprocha a quien no ama. Es el amor sin esperanzas, sin demanda de recompensa y, por lo tanto, sin reproche (“no saben lo que hacen”: Lc 23,24). No se tomaron las opciones que llevaron al desastre para recibir premio, sino por amor. Y cuando no ha habido respuesta de amor, el amor sigue vivo y no reprocha.

La cruz de Jesús es un fracaso. Porque terminar una relación humana con una muerte violenta es un fracaso. No es un mártir glorioso porque el martirio nunca es glorioso, sino humillante. Jesús llega a morir como un fracasado. Así lo han percibido sus directos seguidores y la reelaboración posterior ha entendido la cruz en el lenguaje paradójico de un fracaso que triunfa (1 Cor 1,23). Hundirse en ese fracaso para hacer ver que ese camino no es el que los humanos habrían de seguir es su triunfo.

La cruz de Jesús cuestiona los infiernos. Porque ella misma es un infierno y, desde ahí, hace visible la insensatez de todo infierno humano y divino. Por haber sido infierno y haber bebido el cáliz de su contradicción, desautoriza todo infierno, despoja de razón de ser a toda opresión generadora de relaciones infernales. Valorar la cruz generando infiernos es caer en una horrible contradicción.

La cruz de Jesús es bálsamo para las vidas heridas. Porque tales vidas están afectadas en mayor o menor medida de la ponzoña de la cruz. Si Jesús bebió esa ponzoña y salió vivo, es que se puede superar el veneno de las heridas humanas con el bálsamo del amor. No es bálsamo que anula o enerva, sino acicate para aguantar las heridas y, a la vez, luchar incansablemente contra ellas. El silencio de la cruz es de los silencios que dinamizan, no de los que apaciguan.

 

IV

Caminos abiertos

 

Puede ser que el lector o lectora de estas páginas se pregunte si hay caminos abiertos para poner rostro a una cuaresma de vida, de belleza y de luz alejándonos de los caminos en sombras. Damos tres sugerencias para tres momentos del tiempo de Cuaresma: al inicio (miércoles de ceniza), en el centro (domingo Laetare) y en el Viernes Santo:

 

  1. 1.      Un inicio perfumado

 

Podemos decir que textos del AT, como Is 58,5 (“acostarse sobre ceniza”) y, sobre todo, Mt 6,17 (“perfúmate la cabeza”) interrogan el secular rito de la ceniza del inicio de la Cuaresma. La rutina religiosa hace que haya pocos fieles que cuestionen esa práctica y sueñen con otro camino.

Pero podría pensarse en un comienzo del tiempo cuaresmal con una unción de perfume: el celebrante toma un frasquito de perfume e invita a la conversión al Evangelio poniendo una gota en las manos o incluso en la cabeza. Hay comunidades en donde así se hace y ese gesto transforma la celebración.

      Así, la Cuaresma de inscribe en el gozo y en el ánimo para iniciar el camino hacia la Pascua. Una Cuaresma “perfumada” es una Cuaresma distinta. A la objeción de que la liturgia se recibe, no se crea, se puede oponer la libertad a la que Jesús nos llama (Gál 5,1), postura que goza del aval de la Palabra.

 

  1. 2.      La flor de Cuaresma

 

El calendario litúrgico cuaresmal ofrece una tregua en el llamado domingo “Laetare” (este año es el 27 de marzo). Quiere recordar que se está en camino hacia el gozo de la resurrección y que las tinieblas cuaresmales no deben ahogar esa aspiración.

Pues bien, una manera distinta de celebrarlo sería convertirlo en el domingo de “la flor de Cuaresma”. Se trataría de introducir en la celebración (en el momento del ofertorio, por ejemplo) o al final de la misma, la entrega de una flor a la que se llamará “la flor de Cuaresma”. Podría ser, por ejemplo, el jacinto que es una flor de esa época. Acompañar la entrega con una pequeña oración y una invitación personal: “¡Que la flor de Cuaresma te anime en el camino hacia la Pascua!”.

El gesto tal vez requiera una pequeña explicación. Su novedad lo demanda. Pero es fácilmente comprensible. La catequesis con elementos de la naturaleza es muy bien aceptada por la persona de hoy.

 

  1. 3.      Silencio ante la cruz

 

La liturgia del Viernes Santo incluye como una parte esencial la adoración de la cruz. Pero hemos dicho que venerar la cruz sin sentir el aguijón de la injusticia puede llevar a banalizar la cruz. Podría sustituirse el clásico pasar a besar los pies de la imagen del crucificado por otro modo de proceder.

Se lee un breve texto alusivo al tema de la injusticia en relación con la cruz (por ejemplo, el que viene en este pliego en el apartado III). A continuación se invita a un tiempo amplio (10 minutos) de meditación personal. El mismo celebrante, se sienta delante de la cruz, en el pavimento de la Iglesia (como parte de la asamblea que es) y medita en silencio ante la imagen del crucificado.

El silencio es un elemento litúrgico que, con frecuencia, se emplea poco. Aquí tendría un lugar de privilegio. Y, a la vez, podría contribuir a otra perspectiva sobre la cruz injusta de Jesús.

 

V

La ayuda de la razón poética

 

Además de ser bálsamo, la razón poética puede colaborar a encontrar esa perspectiva nueva sobre la Cuaresma que la saque del negativismo y la sitúe en un terreno más luminoso. A modo de ejemplo, proponemos tres lecturas poéticas para los días de las celebraciones del llamado Triduo Sacro.

 

  1. 1.      Contigo en el Jardín de los Olivos

 

«Desconfía del coraje-

La insolencia del Calvario-

Dichoso fuera el Jardín de los Olivos

Si estuviéramos contigo».

 

            (E. Dickinson, La miniatura incandescente,  p.62)

 

  • Desconfía del coraje. De nada sirve el coraje ante la cruz, porque esta es la derrota de aquel. La única manera de encajarla es aceptar entrar en su tremendo torbellino de injusticia, sufrir de nuevo cada día la herida abierta que nunca se cierra. Desconfía del coraje que te quiere fuerte pero que olvida que en ese abismal misterio de debilidad que es la muerte está sembrada la semilla del triunfo.
  • La insolencia del Calvario: Insolente porque es fácil ser fuerte con quien está en debilidad, porque siempre ha sido sencillo para los monstruos devorar la ternura del pobre. La insolencia que se llevó por delante al amigo de lo humano, al amparador de frágiles, al soñador de mundos igualitarios. Sigue siendo lacerante la pregunta de por qué sigue ahí.
  • Si estuviéramos contigo: Por eso buscó la compañía de sus amigos, porque aquel agujero negro de amargura solamente podría paliarse con la cercanía del cuerpo y del corazón de quienes aman. Dichoso podrá ser cualquier amargo jardín si mediara el amor. Que se nos conceda, como errantes que vuelven a lacasa paterna, estar ahí, contigo y tu miedo.

 

  1. 2.      Un amor sin nombre

 

«Viernes santo: nadie sabe

por qué se llama santo este viernes,

nadie se acuerda de ti.

Yo sí me acuerdo.

No creo en ti

ni en ninguna de las necedades

que durante siglos

se han dicho a propósito de ti.

Incluso, en otra época,

abominé de todo lo tuyo.

No obstante, me acuerdo de ti.

te veo calumniado, solo,

ensangrentado, vencido,

a punto de expirar

entre tiniebla y locura

y siento por ti

un amor sin nombre».

 

            (R. Argullol, Poema,  p.113)

 

  • Nadie se acuerda de ti: Eso parece. Los días “santos” se han convertido en días de descanso, de vacaciones, de playa. Pero en la ciudad secular se mantiene latente y latiente el recuerdo del Galileo ajusticiado. Incrustados en los pliegues del alma, sus ojos, su rostro, no se borran nunca. El amor sigue vivo sobrenadando avatares.
  • No creo en ti: Alejarse de “necedades”, las que produce la ignorancia, la rutina, el cansancio, es una manera de creer. Siempre estuvo Jesús rodeado del amor y de la fe de los “ateos”, de los excluidos del sistema religioso. Creer sin tener fe, quizá sea una forma valiosa de fe.
  • No obstante, me acuerdo de ti: El recuerdo obstinado, persistente, amoroso. Es el amor el que lo hace tenaz. Solo los amores tenaces son amores verdaderos. Tan tenaces que soportan la abominación porque saben que un día, lejano tal vez, las miradas volverán a confluir y, quedamente, se llamará a la puerta de quien, en el fondo, nunca se dejó de amar.
  • Entre tiniebla y locura: En ese tsunami se hunde y resurge la persona de Jesús, la tiniebla de su sin sentido y la locura de su amor fiel. Tiniebla que sabe de mis oscuridades y locura que conoce mis extravíos. Hermanados en la sombra y en la enajenación. Crucificados todos.
  • Siento por ti un amor sin nombre: El amor más puro, el amor sin esperanzas, el amor que no queda atrapado por ningún nombre. Un Viernes Santo para un amor sin nombre que ni se explica ni pide explicaciones, ni se justifica ni pide justificaciones. Un amor que hace ver la realidad de manera nueva, con ojos lavados por la lluvia.

 

  1. 3.      La fresca risa del niño

 

«En el principio, el Verbo. Y las aguas en él,

el sol, el chillido del pájaro, los aires.

 

Ramea en la colina, como un rubor, el fuego.

 

Y hoy, de nuevo, el Principio. Y las aguas en él,

y en ellas la inocencia:

la fresca risa de un niño nadador

que rompe en el murmullo de las olas que rompen».

 

(F. Brines, Poesía completa,  p.518)

 

  • En el principio, el Verbo: La aventura del Verbo, la aventura de Jesús. Caminos únicos del amor para quienes hambrean el amor. Lo primigenio: agua, sol, pájaros, aire. El don sagrado de vivir y respirar. Raíces hondísimas de la resurrección, del levantamiento de toda caída.
  • Ramea el fuego: Con sus ramas ardientes. No la extinción de la muerte, sino el brillo quemante del fuego es lo que refleja el rostro del resucitado. Fuego para abrasar a quien ya arde. Incendio que devora sin devorar, entregándose.
  • De nuevo el Principio: La honda hermosura de vida otra vez, los horizontes de nuevo iluminados, la renovada posibilidad de un horizonte distinto. No fueron vanas las esperanzas de quienes esperaron, no fueron inútiles las lágrimas que nadie recogió en su odre. De nuevo la luz.
  • La fresca risa del niño: Risa pura, inocente, sin sombras de venganza, sin atisbos de revancha. La risa hermosa del resucitado que vuelve a dar luz en los caminos de las peores sombras. Al final nos quedó su risa, el brillo de sus ojos en las olas apaciguadas.

 

Final

 

Dice EG 6: «Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua». De esto hay que huir, esto es lo que hay que evitar. La herencia religiosa recibida puede que nos lleve a eso. La rutina que se pega a la piedad es una senda que no conviene transitar.

Del mismo modo que las medidas sanitarias (vacunas, mascarillas, distancia de seguridad, higiene, etc.) son caminos que pueden llevarnos a sortear la pandemia, también hay posibilidades (ideológicas, litúrgicas, existenciales) de vivir una Cuaresma hermosa, camino que anhela la luz de la Pascua. Nada se nos va a dar hecho. Es cuestión de deseo y de implicación. Cuaresma de búsqueda y de amor.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

 

 

 

 

Retiro en la Navidad 2021

Retiro en la Navidad de 2021

 

 

 

DE CARNE Y HUESO 

 

Hablar de “lo carnal” todavía evoca en nosotros el pecado, lo ilícito, lo rechazable, algo que hay que alejar del alma. Es verdad que va quedando lejos. Pero las reminiscencias permanecen. Es el viejo litigio, no resuelto del todo, entre cuerpo y alma, teniendo por mejor el alma y por negativo todo lo relacionado con el cuerpo.

Pero resulta que hablar de la encarnación de Jesús, de la Navidad, es hablar de lo carnal, de la carne del mismo Jesús, carne como la nuestra en todas sus dimensiones. Bien canta el himno de Navidad: “Misterio de carne nuestra, misterio”. Porque la carne no es solo lo que vemos y tocamos, eso que, a veces, hemos considerado secundario y “pecador”. La carne es la puerta del misterio: abrirla, tocarla, amarla es llamar a la puerta adecuada para encontrarse con el misterio del Dios-con-nosotros. Toquemos, pues, la carne, la de Jesús y la nuestra.

Para entrar en el misterio de la carne, la de Jesús y la nuestra, es preciso ahondar, sosegarse, quedarse contemplando. No es fácil porque la carne no es mera exterioridad, es también el rostro de nuestra verdad, lo que se ve de lo que realmente somos. Trascender lo que vemos hasta tocar lo que somos es todo un trabajo.

Hacerlo en comunidad puede ayudar. De cualquier manera, decimos lo de siempre: que no pase el tiempo hermoso de la Navidad en la mera superficialidad de una celebración social que se queda en la puerta sin decidirse a entrar. Ojalá.

 

1. De carne y hueso

 

Del poeta mejicano Alfonso Junco rezamos un himno hermoso en la liturgia de laudes del viernes de la I semana:

 

Así: te necesito
de carne y hueso.

Te atisba el alma en el ciclón de estrellas,
tumulto y sinfonía de los cielos;
y, a zaga del arcano de la vida,
perfora el caos y sojuzga el tiempo,
y da contigo, Padre de las causas,
Motor primero.

Más el frío conturba en los abismos,
y en los días de Dios amaga el vértigo.
¡Y un fuego vivo necesita el alma
y un asidero!

Hombre quisiste hacerme, no desnuda
inmaterialidad de pensamiento.
Soy una encarnación diminutiva;
el arte, resplandor que toma cuerpo:
la palabra es la carne de la idea:
¡Encarnación es todo el universo!
¡Y el que puso esta ley en nuestra nada
hizo carne su verbo!
Así: tangible, humano,
fraterno.

Ungir tus pies, que buscan mi camino,
sentir tus manos en mis ojos ciegos,
hundirme, como Juan, en tu regazo,
y, -Judas sin traición- darte mi beso.

Carne soy, y de carne te quiero.
¡Caridad que viniste a mi indigencia,
qué bien sabes hablar en mi dialecto!
Así, sufriente, corporal, amigo,
¡Cómo te entiendo!
¡Dulce locura de misericordia:

Los dos de carne y hueso.

 

  • Así te necesito: nuestra necesidad es de carne y hueso y demanda un amparo del mismo calado. ¿De qué nos serviría un socorro divino si nuestro grito es el de un corazón de carne? 
  • Un atisbo…que da contigo: porque es un atisbo, una intuición, un vislumbre la certeza de que Jesús es profundamente de nuestra carne. Un Jesús envuelto en prerrogativas divinas que muestra tímida, pero tercamente, su rostro de persona. 
  • El frío…el vértigo…un asidero: la carnalidad de Jesús es calidez frente al frío, seguridad cuando el vértigo nos zarandea, un asidero cuando uno pierde pie en la vida. Su carne es el agarradero más firme que tenemos.
  • Encarnación es todo el universo: el cosmos es el verdadero cuerpo de Dios y, por ello, todo lo creado, Jesús incluido, es carne de Dios, realidad que se puede palpar y abrazar (1 Jn 1,1).
  • Tangible…humano…fraterno: realidad tangible que puede ser “apretujada” (Mc 5,31), humanidad como la nuestra en todo, fraternidad que no se avergüenza de hacer hermandad con nosotros.
  • Tus pies…tus manos…tu regazo: toda tu carne a nuestro alcance: tus pobres pies que recorrieron nuestros caminos, tus manos que nos curaron y bendijeron, tu regazo más cálido que el de una madre.
  • De carne te quiero: porque el amor brota de la carne amada y sin carne no hay amor. Por eso el enamorado de Jesús ansía y disfruta de su carnalidad amiga y entregada.
  • Locura de misericordia: ya que el amor loco solamente brota de un carne que se da. Loco de amor, Jesús, así lo ha llamado la tradición (N. Cabasilas). Locura que se repite y se repite.
  • Los dos de carne y hueso: la carne y el hueso es lo que nos hermana, lo que nos hace familia, lo que nos unce al yugo indestructible del amor. Temblor de carne y hueso, temblor de amor.

 

2. Contemplación de la carnalidad de Jesús

 

Dice Heb 4,15 que fue “como nosotros en todo”. Eso es lo que nos permite contemplar su honda humanidad, aunque no se más que por los pequeños atisbos que nos han dejado los evangelios.

 

a)   Su carnalidad física:

 

-         Comer: “Un fariseo le invitó a comer con él. Entró en casa del fariseo y se recostó a la mesa” (Lc 7,36). No hace ascos, no pone reparos; se le invita y se sienta a la mesa. La mesa compartida es camino de humanidad, puerta que da acceso al interior, a la verdad, de la persona.

-         Beber: “Comilón y borracho, amigo de pecadores” (Mt 11,16-19). No se desdice de “títulos” tan ofensivos. Él come y bebe como todos y ese camino común construye los encuentros

-         Dormir: “Iba dormido en un cabezal” (Mc 4,35-41). Dormido como quien se rinde a una necesidad que asalta en medio de la tormenta. Derrotado por el sueño. Hermanado en los sueños.

-         Andar: “Fue caminando de pueblo en pueblo y de aldea en aldea” (Lc 8,1). Supo de caminos, supo de encuentros; supo de pies cansados, supo de corazones abrumados; supo de sendas ignoradas, conoció los extraños caminos del corazón.

 

b)  Su carnalidad emocional:

 

-         Consoló: “Mujer, no llores” (Lc 7,13). Supo de lágrimas y derramó consuelo. Recogió las lágrimas que corren el riesgo de quedarse sin recoger. No huyó ante los desconsuelos; no se puso por encima de ellos. Hizo suyos llantos que no eran suyos.

-         Se emocionó: “En aquel preciso instante, explotó de gozo” (Lc 10,21). Un gozo que inunda, que desborda, que envuelve. Su cuerpo supo de gozos y de alegrías hondas.

-         Lloró: “A Jesús se le saltaron las lágrimas” (Jn 11,35). Sus ojos se anegaron, su corazón se rompió como una orza y brotaron las lágrimas. Hermano en las lágrimas, hermano en el corazón herido.

-         Se alegró: “Hay más alegría en cielo por un pecador que se convierte…” (Lc 15,7). Vivió la alegría de quien se convierte, de quien encuentra de nuevo el rumbo, de quien hace las paces con su vida. Se alegró por otro y probablemente por él mismo.

-         Cantó: “Iba delante de ellos subiendo a Jerusalén” (Lc 19,28). No lo dice explícitamente pero iría cantando los salmos de las subidas, tirando de aquella cordada de desalentados. Canto para infundir ánimo y aliento.

 

c)    Su carnalidad espiritual:

 

-         Su fe: “Yo sé que tú siempre me escuchas” (Jn 11,42). Esas son sus certezas de fe. Él ha hecho, como todos, un camino de creyente, con sus avances y retrocesos. Él tuvo que aprender el designio del Padre.

-         Su amor: “Le miró con amor” (Mc 10,21). No es una persona fría, calculadora. Él ama y quiere ser amado, como todos. La suya es una carnalidad que ama.

-         Su esperanza: “Cuántas veces he querido cobijarte como la gallina a sus polluelos” (Mt 23,37). Él ha tenido esperanzas sobre su pueblo; nunca ha tirado la toalla del todo. Una esperanza a contracorriente.

-         Su confianza: “Ha puesto su confianza en Dios, ¡pues que Dios le salve ahora!” (Mt 27,43). No fue un desconfiado gélido, sino alguien que confía en el corazón del otro y en el corazón del mismo Dios.

 

3. Amar la carnalidad en su fuerza y en su debilidad

 

         Porque son dos aspectos que componen el hecho de ser carne y hueso, de ser historia que se toca y se palpa:

 

a)   Amar la carnalidad en su fuerza:

 

  •  Amar la carnalidad que se da en el amor: porque el amor necesita el lenguaje de la carne, del gesto, del abrazo, de la caricia. Cuando se nos priva de ellas (como en tiempos de pandemia) nos sentimos huérfanos. No mirar este campo solamente desde el ángulo del pecado (que es posible, como en todo lo humano), sino también desde su indudable hermosura.
  • Amar la carnalidad que se da en el disfrute de lo creado: por más que aún no estemos del todo acostumbrados. Dice LS’ 12 que el mundo es “un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza”. Amar sin disfrutar no es posible; tampoco es posible creer sin disfrutar de las personas y de las creaturas.
  • Amar la carnalidad en las entregas a utopías e ideales: porque muchas veces esos ideales son humanos, “carnales”, que afectan a la vida, a la carne de los empobrecidos. Amarlos, interesarse por los cuerpos de quienes entregan su vida a otros, de quienes hacen suyo el sufrimiento de los demás.
  • Amar la carnalidad de los caminos extraños del amor: esos caminos que no se ajustan a los parámetros oficiales, legales, que nos parecen raros y hasta rechazables porque no hemos sido educados en ellos (uniones extramatrimoniales, del mismo sexo, no binarias, etc.). Saber que los caminos de la carnalidad son plurales porque, al fin y al cabo, también son caminos del Espíritu.

 

b)  Amar la carnalidad de los cuerpos débiles:

 

  • Amar la carnalidad de los cuerpos envejecidos y débiles: porque son un verdadero sagrario donde Dios se hace presente en la misma debilidad de Jesús, a veces en su misma cruz. Volverse a ellos, mostrarles un rostro benigno, no negarles cualquier alivio que pueda hacer más asumible su situación.
  • Amar la carnalidad de los excluidos: porque dice FT 69 que «la inclusión o la exclusión de la persona que sufre al costado del camino define todos los proyectos económicos, políticos, sociales y religiosos».
  • Amar la carnalidad de los que nadie consuela: porque según Qoh 4,1, lo peor son “las lágrimas de los pobres que nadie consuela”. No acostumbrarse a esas lágrimas; conmoverse y moverse por ellas. Orar por las lágrimas de quienes viven en profundos desconsuelos: los apátridas, los desplazados, los que se agolpan ante las alambradas de las fronteras. No verlo de lejos porque no ocurre en nuestra calle.
  • Amar la pobre carnalidad de los muertos que nadie reclama: de los ahogados en los mares, de los que mueren en los desiertos, de quienes están en las morgues de nuestros hospitales sin que nadie se interese por ellos. Carnalidad que no cuenta ni en estadísticas. Orar por ellos, ya que nadie ora por ellos.

Conclusión

 

Contemplar la encarnación de Jesús en Navidad es adentrarse en un misterio hecho de carne y hueso. Es, además mirar con mirada nueva el tema de ser carne. Es dar a la oración un componente que casi nunca tiene. Es cuidar, respetar y amar el ser “carnal” de nuestras hermanas para que la fraternidad tenga un cimiento realista y adecuado. Solo contando con él se podrá construir el edificio de la espiritualidad. Que sea la nuestra de este año una encarnación “de carne y hueso”.

 

Itinerario

 

  • 25 diciembre a 1 de enero: Disfrutar con la naturaleza aunque sea invierno. Rodear las representaciones de Navidad (Belén, Niño, etc.) de plantas cogidas del campo, aunque sean más pobres.
  • 2 a 9 de enero: Disfrutar con los cuerpos débiles de las hermanas. Pasar ratos de acompañamiento con ellas. Darles algún pequeño capricho que les alegre un rato.

La base de la sinodalidad

LA BASE DE LA SINODALIDAD

 

         Se ha iniciado un Sínodo en la Iglesia con el tema de la sinodalidad. Es un momento importante en la vida eclesial y hemos de animarnos a contribuir a él. Ofrecemos una reflexión de algo que está a la base de estos trabajos de vida eclesial: vivir la fe en el marco de un grupo cristiano, de una parroquia, de un arciprestazgo.

         Esa base no es otra que la buena relación, lo que Jesús llegó a formular como “reinado de Dios”: la nueva relación de hermanos, la sociedad sin jerarquías, la convivencia de todos en paz y respeto. Eso está en la base de todos los trabajos eclesiales.

         Por eso mismo, en este Adviento volvemos a la reflexión sobre la fraternidad desde la encíclica FT que lo tiene por tema central. Podrá ayudarnos al tema del Sínodo y, más a la base, a la buena relación en nuestros grupos parroquiales.

 

«Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás. Ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros: sólo me comunico realmente conmigo mismo en la medida en que me comunico con el otro. Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar. Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad. Por el contrario, no hay vida cuando pretendemos pertenecer sólo a nosotros mismos y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte» (FT 87).

 

         He aquí un texto luminoso. Todas y cada una de las frases son útiles para generar espiritualidad en torno a la comunidad. Necesitamos luz y ánimo más que grandes documentos. Aprovechemos esta oportunidad rumiando el presente texto.

         Es cierto que aquí se habla de la comunidad humana, social. Pero el cimiento es común para toda vida en grupo, también para los grupos eclesiales. Dar el salto a la comunidad creyente sin el cimiento de la antropológica y social es un riesgo. La primera evidencia de nuestra vida eclesial es que deseemos la vida en grupo. Quien tiene problemas para la vida en grupo tiene problemas para la vivencia de la fe.

         No hemos de subrayar sobre todo lo que nos separa de otros tipos de comunidad, sino lo que nos une. Unidos en lo común, en lo humano, ese es el gran cimiento de la vida eclesial.

         Comentemos, una a una, cada una de sus frases porque todas son magníficas.

 

  • «Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás».

 

El ser humano encuentra su plenitud en la entrega, no en el individualismo. Porque hemos sido educados en ese individualismo (“el que viene atrás que arree”) creemos que eso debe estar presente si se quiere sobrevivir en la vida cristiana. Una Iglesia egoísta tiene el horizonte muy limitado. El vigor de una comunidad no se mide por sus obras, su número o su reconocimiento social, sino por su entrega.

Esto pertenece a la hechura de lo humano. Lo que está a la base es la donación, por más que el egoísmo nos parezca una fuerza mayor (“por el interés te quiero, Andrés”). Hemos de creer en nuestra capacidad de entrega más que en nuestro egoísmo.

La entrega ha de ser sincera. Si encierra otras intenciones ocultas, si me entrego para sacar yo más partido, si me doy para hacerme un nombre y que me reconozcan, me den cargos, me aplaudan, es una entrega viciada. Pasar siempre factura es a la larga lo contrario de la fraternidad.

 

  • «Ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros».

 

El encuentro con el otro es el lugar adecuado para conocerse a sí mismo. Por eso, quien se encierra en su egoísmo, se desconoce a sí mismo, ignora sus verdaderos valores, vive en la mayor desorientación que es la de no saber quien se es en verdad.

Los otros dicen con mayor propiedad que yo mismo quién soy. Por eso mismo, el encuentro con el otro nos abre a la propia verdad y si no hay encuentro permanecemos cerrados en nuestra ignorancia más básica.

Encontrarse con el otro no es solo convivir físicamente. Es necesario ir saltando la cerca que envuelve el corazón ajeno e ir abriendo la propia cerca. Desechar este anhelo por excesivo será empobrecer de salida el horizonte de la vida cristiana. Porque estamos hechos para el encuentro la vida cristiana quiere hacer ver que ese anhelo es posible. De ahí que la razón de ser más básica e incluso el primer apostolado, antes que toda misión, es construir el encuentro. Si eso se da, hay sentido y posibilidad de evangelización; si no se da, se oscurece el sentido y la misión entra por derroteros religiosos y de funcionariado.

 

  • ·        «Sólo me comunico realmente conmigo mismo en la medida en que me comunico con el otro». 

 

Si no hay comunicación con el otro mi conversación interior es un soliloquio que no me lleva a buen puerto y que se presta a muchas desviaciones. Hablando con el otro se sitúan las cosas en sus justas medidas. Por eso, el diálogo con el otro es imprescindible. El ideal no es el silencio ante el otro sino este mezclado a la comunicación.

Estar mudo ante el otro no puede ser sino una medida temporal, terapéutica. Lo normal es hablar ante el otro. Hasta la liturgia es un hablar con otro ante Dios (una liturgia en solitario no es liturgia)

Por eso mismo, el modo más sensato de hablar de uno mismo es cuando en esa apreciación entran las valoraciones del otro. De ahí que muchas veces las formas de hablar de uno mismo, al no ser formas que cuentan con lo que dicen los otros, son un desvarío egolátrico que el grupo soporta como una cruz.

Con frecuencia no se tiene la valentía fraterna de decir a la cara del hermano lo que se piensa de él y se va diciendo a sus espaldas. No es buen proceder. Ya dice san Francisco: «Dichoso el siervo que tanto ama y respeta s su hermano cuando está lejos de él que cuando está con él, y no dice a sus espaldas nada que no pueda decir con claridad delante de él».

 

  • ·        «Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar».

 

Amar sin rostros concretos, sin nombres, en general es arriesgarse a no amar. Orar con nombres es una manera muy buena de orar. Dice san Pablo en Rom 1,9: “No se me cae vuestro nombre de la boca cuando rezo”. Una vida sin rostros a los que amar es una vida en gran pobreza.

El rostro es la persona. Por él distinguimos a cada cual. Por él sabemos si estamos en su corazón o no. Por el rostro y por el nombre. Jesús devela su ser resucitado en la manera que tiene de pronunciar los nombres con amor: “¡María!” (Jn 20,16). Dice P. Casaldáliga: “Al final del camino me dirán: —¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres.”

Mirar el rostro del otro, estudiar su rostro es acercarse a su corazón. ¿Cómo es que vivimos tantos años cerca unos de otros y casi desconocemos el rostro del hermano, de la hermana? Lectura de rostros, eso tendría que ser un trabajo de comunidad para nosotros. Al final, el rostro de Dios lo vemos en el rostro del otro (Gen 33,10).

Amar rostros es compartir la vida que se refleja en ellos: el dolor, la alegría, la pena, la sorpresa, el cansancio, la terquedad, la fidelidad, la luz. A veces apelamos al corazón de la persona como la sede de sus mejores valores. Se podría apelar al rostro porque si bien, a veces, engañamos con el rostro, a la larga, el rostro desvela el alma.

 

·       «Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad».

 

El sentido de la existencia humana se percibe, a veces, oscuro y secreto. Pues bien, la comunidad ilumina esa oscuridad: hemos sido creados para ser hermanos y hermanas. De tal manera que siendo hermanos se ilumina la senda de la vida y de lo contrario se oscurece. La gran pregunta de siempre: ¿qué hacemos aquí? Se resuelve en esa respuesta sencilla: tratar de vivir el sueño de la igualdad humana. Eso es lo que en verdad tiene sentido. Cuando en la vejez nos asalta la duda de si ha merecido la pena nuestra vida, una respuesta tranquilizadora sería: sí ha merecido la pena por haber podido tener hermanos y haber sido hermanos con ellos. Mientras haya comunidad, grupo, habrá sentido.

Los vínculos humanos son vividos, a veces, como un peso. Pero si se vivieran gozosamente, los vínculos serían la evidencia de que la relación funciona. De todos modos, si se anhela una vida sin vínculos, el grupo enmudece, se esfuma. De ahí que el gozo de ser hermanos y hermanas desplaza el precio que es preciso pagar a cualquier vínculo.

Además, que la vida es comunión es algo que se demuestra desde los tiempos ancestrales, desde la mandíbula de Dmanisi de hace más de 2 millones de años donde se ve que alguien ya hacía favores al débil, favores de comunidad (y eso que eran homínidos carroñeros). Por eso, y aunque Darwin dice que triunfa la especie que mejor se adapta, en realidad el triunfo está en quien más comunión crea. Cuanta más comunión, más vigor tiene la comunidad; cuanto menos comunión, más fragilidad.

 

·       «La vida es más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad».

 

Dice el Cant 8,6 que el amor es más fuerte que la muerte. Eso mismo dice FT: si el cimiento de la vida es la fraternidad, la vida se hace fuerte más allá de la muerte y de las muertes que acompañan nuestra vida. La fortaleza no le viene al grupo por el mucho número, por la brillantez de sus miembros, por las grandes obras de misión que han llevado a cabo en su vida. No, le viene por la buena relación. Ahí está la raíz de su fortaleza. Por eso, si se quiere fortalecer a la comunidad, lo que se haga por hacer fuerte la fraternidad irán en la buena dirección.

Ahora bien, las relaciones han de ser verdaderas. Porque también puede que haya relaciones falsas no tanto de engaño, cuanto de cansancio, apariencia, superficialidad, desinterés por el otro. Las relaciones verdaderas son las brotan de un amor experimentado, de un respeto cariñoso, de una colaboración generosa, etc. Son verdaderas porque están llenas de una vida verdadera, entregada.

Y luego está la fidelidad, no tanto a Dios, sino a los hermanos y hermanas. Esa fidelidad es la que Dios nos demanda y la que puede hacer verdadero el amor. No traicionar, no engañar, no tener dos caras, no hablar por detrás, no tener dos maneras de valorar a los hermanos y hermanas (una si está delante, otra si no lo está).

 

  • «No hay vida cuando pretendemos pertenecer sólo a nosotros mismos y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte».

 

El aislamiento, el interés solo por mis cosas, el no haber pasado a “la orilla de la comunidad” (verdadero peligro de por vida), el viajar individualmente y no en el bus del grupo, es lo que agosta la vida, le quita sentido, le arrebata el gozo, la vuelve sosa..

Vivir como islas es andar el camino del empobrecimiento, de la desconexión. Estar mirándose siempre el ombligo es terminar miope y no ver la hermosura de los otros y la belleza de la vida. Ensimismarse es siempre un peligro a controlar. No somos islas, somos península conectada siempre al otro. Por ahí nos llega la savia, la vida.

Un grupo tiene el peligro de estar muerto aunque sus miembros estén vivos. La muerte de la ilusión, del cariño, de la sensibilidad, del gozo compartido. Son caminos que nos llevan al cementerio, aunque aún no hayamos muerto. Luchar contra la muerte del grupo no es algo para otros, sino para cada uno de nosotros. La relación de grupo, de parroquia es algo vivo; si no se lo cultiva, se agosta y se muere.

 

Conclusión: no renunciemos a una vida de componente comunitario, no renunciemos a una relación jugosa; no renunciemos a una vida en grupo parroquial, arciprestal pacífica y gozosa. Y desde ahí, trabajemos día a día por el logro hermoso de la construcción de la comunidad. Es empresa que no defrauda. Y esta es la base de todo trabajo en torno a la sinodalidad.