Blogia

FIAIZ

Materiales Semana Santa 2010 (2)

SEMANA SANTA

2010

 

 

Domingo de Ramos: ¿Fracaso o triunfo?

 

            Vuelve Ramos. Y con él, la lectura de la pasión de Jesús, de su ruina, de su derrota extraña, de su condena inmerecida. Una pasión que tiene el rostro del fracaso. ¿Era en realidad un fracaso? Hay un proverbio chino que dice: "¿Qué es el éxito, qué el fracaso? La canción del pescador se sumerge en las aguas". Es una cancioncilla enigmática pero parece querer decir que, del mismo modo que la canción del pescador, se sumerge y sepulta en las aguas mientras va pescando, así, quien quiera triunfar, tendrá que sumergirse en las aguas del fracaso. En ese caso, el fracaso es, en realidad, el camino de un triunfo más completo.

            Algo de eso ha pasado con Jesús. Para muchos de entonces (e incluso de ahora) era un fracasado. Sus ideales, sus sueños, sus propuestas de humanidad, parece que terminaron en el fracaso, en las aguas oscuras y hondas de una muerte desastrosa. Pero, en realidad, esa era la senda del éxito. El Padre había elegido para él esa dura senda: si te entregas, venía a decirle, triunfarás tú y toda persona. Y él, no sin crisis internas, eligió aquel camino. Y lo que parecía un estrepitoso fracaso terminó convirtiéndose en un enorme éxito para él y para nosotros.

            ¿Podemos leer nuestros fracasos desde esta perspectiva? Si tales fracasos nos vienen por causa de nuestra generosidad, de nuestra entrega, de nuestro amor, es probable que terminen convirtiéndose, de alguna manera, en un éxito. Si el fracaso viene por nuestro egoísmo, es otra cosa. Quizá hoy Jesús nos venga a decir: mientras haya entrega, no hay fracaso; mientras haya generosidad, no terminarás mal; mientras haya amor, el éxito vendrá, aunque sea tarde.

 

Jueves Santo: Les lavó los pies muchas veces

 

            Solo san Juan narra en su Evangelio el lavatorio de los pies. Solamente lo cuenta una vez. Pero, muy posiblemente, muchas noches, antes de cenar, lavó Jesús los pies a los discípulos. Ellos no entendían por qué hacía aquello. Para ellos era el maestro, ¿por qué hacía cosas que hacen los siervos? Les ponía nerviosos. Y aunque le habían oído decir que él estaba entre ellos como quien sirve, no podían entender aquel gusto suyo de lavar sus pies llenos de polvo. Les confundía, les sonrojaba y hubieran deseado que no hiciera aquello, pero muchas noches se quitaba el manto, cogía el barreño y les volvía a lavar los pies en silencio.

            Aquella tarde del Jueves Santo, Pedro no pudo más: "¡Tú no me lavarás los pies jamás!". Jesús le miró y le dijo con una sonrisa la frase más dura que podía haber dicho nunca: "Si no te dejas lavar, no tienes nada que ver conmigo". Si no entiendes qué es servir, si no comprendes que sirviendo es quien sirve el que más gana, si no caes en la cuenta de que el servicio es el camino para ser de los míos, tú y yo no tenemos nada que ver, tú por tu camino y yo por el mío.

            Deberíamos llegar a disfrutar sirviendo, aunque exista el peligro de que se aprovechen de nuestro servicio. Habríamos de entender que ponerse a disposición del otro es camino personal de crecimiento y de dicha. Tendríamos que comprender que cuanto más sirvo, más me enriquezco por dentro, más persona soy. Lavemos los pies de quienes viven con nosotros, pobres pies llenos de polvo, de durezas, deformados por su uso. Son símbolo de las limitaciones. Lavemos con amor esas limitaciones y veremos cómo el nivel de humanidad crece imparable.

 

Viernes Santo: No estaba solo en su muerte

 

            De nuevo leemos en este Viernes Santo el relato de la Pasión de Jesús. Siempre hemos valorado, admirado y hasta ensalzado sus sufrimientos físicos. Y realmente fueron duros a tope. La muerte en cruz debía ser algo realmente horrible. Pero ¿y su soledad?, ¿su vacío interior?, ¿su no encontrarse dentro de su piel? Posiblemente fue eso lo más duro para él, lo que le hizo gritar "¿Por qué me has abandonado?". Se sintió solo, herido de muerte y solo, machado hasta el alma y solo.

            ¿Estaba realmente solo? ¿Dónde estaba el Padre? No lo sentía, pero estaba con él; no percibía su abrazo cálido, pero lo abrazaba más que nunca; no escuchaba sus susurros de ánimo, pero el Padre no dejaba de decirle que era su Hijo predilecto; no veía las lágrimas que brotaban de los ojos de Dios, pero el Padre lloraba con un llanto inconsolable, un llanto de Dios. Nunca jamás el Padre estuvo tan cerca de Jesús como cuando estuvo en la cruz, aunque él no lo sintiera, aunque se viera ahogándose en el insondable mar de la soledad.

            ¿Dónde está Dios?, preguntamos en nuestras "muerte", cuando hay un terremoto o un tsunami, cuando nos arrolla una desgracia o sucumbimos a un accidente, cuando nos cae la losa de la enfermedad o nos ahoga el silencio. ¿Dónde está Dios? Nuestro grito es tan fuerte, tan repetido que quizá no dejamos lugar para la voz de Dios. Pero si escucháramos bien tal vez oiríamos, llegaríamos a ver, que Dios no nos abandona en los momentos de dificultad, sino que sufre con nosotros más que nosotros, que nos alienta más que nunca, que nos abraza con mayor ternura, que nos consuela con mayor amor, que nos agarra de la mano y nos lleva en sus brazos más delicadamente que jamás. No estamos solos. El Padre hace camino con nosotros en nuestras difíciles sendas.

 

Domingo de Resurrección: Un nuevo amanecer

 

            Es hoy Domingo de Resurrección. El día más importante de la fe cristiana, decimos. Y ¿por qué? No porque hoy se celebre un dogma, ni un hecho estrictamente histórico, ni se aparezca nadie. Hoy es importante porque la resurrección es el anuncio de un nuevo amanecer. San Pablo dice en Hechos 26,23 que él fue elegido para anunciar un nuevo amanecer a judíos y a paganos. Un nuevo amanecer, eso es ante todo la resurrección de Jesús.

            Un nuevo amanecer es el símbolo de una nueva posibilidad, de una reconciliación, de una elección. Una nueva posibilidad, porque la resurrección nos dice que somos más que nuestras limitaciones y que, por mucho mal que hayamos hecho, siempre hay posibilidad de salir de esa fosa. Un nueva reconciliación, porque por mucho que hayamos herido al hermano, siempre hay posibilidad de superar el conflicto mediante el perdón. Una nueva elección, no basada en los méritos, sino en el amor de Jesús que se derrama en casa persona.

            Un nuevo amanecer. Cuántos darían su fortuna por ver un nuevo amanecer, por tener posibilidad de reorientar su vida, por entrever la luz en sus existencias grises. Pues bien ese amanecer, esa posibilidad, esa luz existe. Tal es el mensaje que nos viene a dar el Resucitado hoy. Creer en la resurrección no es tanto adherirse a unas verdades, cuanto dar fe a un Jesús que nos dice que cada día puede amanecer más en nuestra vida. ¿No es suficiente para llenarse de alegría por dentro y por fuera?

Juan 38

CVJ

Domingo, 21 de marzo de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

38. Jn 6,66-71

 

 

Introducción:

 

Hay palabras que dan vida. No solamente palabras que hablan, no solamente sonidos, excusas para quitarse a uno de encima. Hay palabras que consuelan, no solamente que aguantan la chapa que me da el otro/a, sino que realmente (a veces con el mero silencio) quieren acompañar, hacer camino. Hay palabras cálidas, acogedoras, constructoras de vida, curadoras de llagas de adentro. Así deberían ser todas las palabras, porque el enorme don que tenemos las personas de poder hablar, de construir palabras, es un don para curar, para humanizar, para despertar gozo, para anunciar amaneceres. Hay palabras que matan, decimos; hay palabras que chorrean vida, podemos decir.

Dice el Evangelio que Jesús tiene palabras "exigentes", más que palabras, llevan a planteamientos de vida. Sus palabras no son meros vocablos, hablar por hablar. Empujan a vivir, a acompañar, a sostener, a derramar amparo. No es la suya una exigencia legal, sino una exigencia de amor. La Palabra no habría de llevarnos a reforzar la ley, sino el amor. Por eso mismo, la "exigencia" que Jesús pide para quien quiera vivir sus palabras se mide no con el rigor de la ley, sino con la calidez del corazón. La persona evangélica, cuanto más evangélica menos rigorista, cuanto más legalista menos cerca del anhelo del Jesús. El Evangelio empuja a superar esa tendencia nuestra (más de quien se mueve en el terreno del discurso religioso) de quedarse en las palabras, de desactivarlas, de no hacerlas exigentes. ¿Para qué queremos unas palabras que nos paralizan, que nos aplanan, que nos meten en la rutina? Aburrámonos de ellas; anhelemos palabras vivas que empujan actitudes de vida, a pequeños empeños que hablen de la verdad de la Palabra en la que decimos creer.

 

***

 

Texto:

                66Por esta razón, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.

                        67Entonces Jesús les dijo a los Doce:

                -¿También vosotros queréis marcharos?

                        68Simón Pedro le contestó:

                -Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú comunicas palabras de vida eterna; 69nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.

                        70Les repuso Jesús:

                -¿No os elegí yo a vosotros, los Doce? Y, sin embargo, de vosotros, uno es enemigo.

                        71Se refería a Judas de Simón Iscariote, pues éste, siendo uno de los Doce, lo iba a entregar.

 

***

 

Ventana abierta:

  

                Este grupo de personas es la "comunidad Adsis de Zaragoza". Entre ellos hay inmigrantes y vecinos que se asocian la comunidad. Las ponemos delante como un grupo de creyentes que intentan ir más allá de las palabras, de las teorías, de las frases bellas del discurso cristiano. Y lo hacen de manera simple: intentan compartir lo que son y tienen con los débiles sociales, con los inmigrantes, con la gente en apuros. Si supieran que los ponemos en nuestra hoja como "ejemplo" lo rechazarían. Pero, dentro de su modestia, es gente que cree que seguir a Jesús es algo "más que palabras". E intentan ponerlo en práctica.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes se toman en serio el Evangelio; gracias por quienes van más allá del discurso religioso; gracias por quienes acompañan las sendas de los débiles.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús pregunta a sus discípulos si quieren marcharse deseando que no se marchen. En realidad, le hacen falta. Más allá de su debilidad, son "casa" para su corazón de hombre. Pero quiere que capten la exigencia de sus palabras, que no es una exigencia ni moral, ni religiosa, ni legal. Es una exigencia humana. Es palabra exigente aquella que dice: tienes que compartir, ahí se halla una clave evangélica. Si la Palabra no lleva a ningún tipo de exigencia concreta, queda estéril. Si tus mecanismos de compartir quedan intocados por el Evangelio, no pierdas el tiempo con él.

                Oramos: Que el Evangelio toque nuestros mecanismos de compartir; que la oración con la Palabra nos lleve más allá de nuestras palabras; que creamos en que la exigencia de la Palabra nos es beneficiosa.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Dice el texto que, vistas las exigencias de la Palabra, muchos "no andaban ya con él". Es lógica esa reacción. Se da muchas veces en nosotros/as. No somos tontos: percibimos el calado de exigencia, de compromiso real  de la Palabra y nos echamos atrás. Es lógica la reacción pero es un empobrecimiento. Si nos diéramos cuenta que ir más allá de las palabras, que entrar en el terreno de un compromiso asumible nos enriquece y potencia, nos animaríamos a aceptar el reto exigente de la Palabra. Tengamos por cierto que el Evangelio no nos demanda lo que no podemos; podemos hacerlo en nuestra medida. Y eso puede ser un día nuevo para nuestro caminar como personas.

                Oramos: Que nos animemos a ver las exigencias de la Palabra como una suerte para nosotros/as; que creamos que dándonos, nos encontramos y recibimos; que tengamos por cierto de que el Evangelio nos demanda lo que realmente podemos ir haciendo.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

El grupo de Jesús es un grupo que no es compacto: hay "traiciones". Como la vida misma, como cada uno de nosotros/as. No somos ángeles. Por eso, hay que encajar con paz la "traición" a nuestras propias palabras, a nuestros mejores anhelos, a nuestros deseos de fe. Una de las maneras de encajarla es saber que siempre podemos volver a comenzar. Y que podemos hacerlo con renovado ímpetu. A ese ímpetu podemos ayudarnos en la comunidad virtual dándonos un poco de ánimo y amparo. Ese ánimo es precioso, para que la dentellada del desaliento no haga presa en nosotros/as.

                Oramos: Que el desaliento no haga presa en nosotros; que nos animemos por los caminos de una fe viva y lúcida; que sepamos que siempre es posible recomenzar el camino abandonado.

 

***

 

Para orar:

¡Este lujo, Señor,
de pensar tu Evangelio,
cercados de jardines,
y hacer la Eucaristía,
hartas siempre las mesas,
y lanzar documentos,
sin lanzarnos nosotros,
mientras la muerte sigue...!

Voy a decir de Ti
mi última palabra.
(Siempre penúltima
y mía siempre).

Espero que me digas
tu palabra
reproche,
tu palabra
respuesta,
tu palabra
convite.
¡Díteme tú, Palabra!

De ti, sólo de Ti, siento sed y nostalgia.
Todas las aguas vivas
me hablan de Ti, oh Fuente.
Vivo para el retorno.
Busco, como un espejo
herido de penumbras,
la llama de Tu Rostro.

(P. Casaldáliga)

***

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan 37

CVJ

Domingo, 14 de marzo de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

37. Jn 6,60-65

 

 

Introducción:

 

Estamos "hartitos" de oír hablar de la crisis económica. Pero hay crisis peores: son las crisis internas, personales, del corazón, del sentido, de las entretelas de uno/a. Esas crisis nos zarandean, dejan huella en el alma, nos conforman. ¿Cómo "solucionar" ese tipo crisis? A base de humanidad. Los comportamientos humanos, humanizadores, no solucionan las crisis (a veces no parecen tener solución) pero las iluminan, las resitúan, las sosiegan, las aclaran. Y eso no es poco. Porque el más hondo desasosiego se apodera nosotros no tanto porque no solucionamos nuestras crisis, sino porque no las encajamos bien.

                Jesús propone superar la crisis adhiriéndose a los valores evangélicos. ¿Serán medida suficiente para unos discípulos que buscan otra cosa, más eficacia, más poder, más realismo? Parece que a duras penas lo fue, aunque al menos un grupo siguió con él. Pero la mordedura de la crisis siempre les acompañó, porque siempre les acompañó la pregunta de si los trabajos por humanizar la vida (esos son los trabajos de Jesús, los del Evangelio) servían para algo. Lo hemos dicho muchas veces: los mecanismos del Evangelio son simples (simplistas, dicen algunos) pero es preciso ver si funcionan o no. Uno de esos mecanismos es éste: ¿quieres tener menos crisis internas o, al menos, más controladas? Funciona con humanidad; una actitud humanizadora ayuda mucho a entender nuestras crisis, a encajarlas, a convivir pacientemente con ellas, quizá a solucionarlas. Lo humano, el corazón sensible y acogedor, es medicina contra muchas de nuestras limitaciones históricas. ¿Es creíble este planteamiento tan ingenuo? Ponlo en práctica y verás.

 

***

 

Texto:

 

                        60Muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:

                -Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede darle oídos?

                        61Percibiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban les dijo:

                -¿Esto os hace vacilar?, 62¿y si vierais al Hijo del Hombre subir a donde estaba antes? 63El Espíritu es quien da la vida; la carne no sirve de nada. Las exigentes palabras que os he dicho son espíritu y vida. 64Y con todo, algunos de vosotros no creen.

                (Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar).

                        65Y añadió:

                - Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede.

 

***

Ventana abierta:

 

                Este muchacho es Ibrahima, un africano que, por vender en el top manta ha sido llevado a la cárcel de Zuera (Zaragoza) y afronta una orden de expulsión. Quienes le conocen dicen que es la bondad personificada. Y dicen también que tiene una gran capacidad de superación. Su dura vida le ha llevado a ser correoso y tenaz. Son personas capaces de superar duras crisis, no solamente la económica (que ya es mucho), sino la personal, sufriendo persecución en una tierra que no es la suya, preguntándose una y mil veces qué hacen aquí. La ayuda de sus amigos y su propia fuerza le llevarán a superar esta injusta crisis.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes se ocupan de los débiles; gracias por la fuerza que anida en los perseguidos; gracias por la tenacidad de quien quiere vivir.

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Como argumento máximo para creer que una actitud humanizadora y generosa es la mejor, Jesús dice que él ha estado "junto al Padre". Es decir: la más honda espiritualidad de Jesús, su sentido más verdadero, tan verdadero que es el mismo sentir de Dios, es que se comparta y así llegue para todos (multiplicación de los panes). Esa fe en la utopía del compartir es la que tienen el Padre y Jesús. Por eso están "juntos", en el mismo ámbito. Si creemos en un Jesús de honda espiritualidad (hijo de Dios, decimos), habría que dar crédito a sus sueños y utopías.

                Oramos: Gracias, Señor, por estar junto a un Padre generoso; gracias por estar junto a un Padre que comparte; gracias por estar junto a un Padre que se entrega a la historia.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

El texto que leemos desvela la reacción de un profundo rechazo a los caminos del humilde compartir porque se anhelan las sendas del poder y del dominio. El rechazo de los caminos de humanidad por inservibles, improductivos, áridos, lentos, etc., suele ser normal. Pero si no queremos situarnos en el rechazo (rechazo de nosotros mismos, de los demás, del mismo Jesús) es preciso encarar los planteamientos humanizadores del humilde compartir como una "solución". Para pensarlo.

Oramos: Que valoremos los caminos del humilde compartir; que no rechacemos a quien hace de su vida una casa abierta y ofrecida; que nos interesen los caminos humanos que hablan de solidaridad y amparo.

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Aunque nuestro objetivo no sea específicamente ése, en la comunidad virtual podemos ayudarnos en nuestras crisis de humanidad, incluso en nuestras sencillas y cotidianas crisis personales. La escucha, la acogida, el diálogo sosegado, la disposición a echar una mano, la pequeña ayuda puntual, etc., aunque parezca que son cosas de poca monta, valen lo suyo. Las crisis mejoran mucho con estos simples mecanismos. La misma oración con la Palabra se constituye así en una terapia de indudable eficacia. Son las ventajas de la "comunidad".

                Oramos: Gracias, Señor, por quien nos escucha; gracias por quien nos acoge; gracias por quien nos echa una mano; gracias por quien habla fraternamente con nosotros/as.

***

 

Para orar:

 

"No sentirte Señor
es morir por dentro.
quedarse sin tu luz,
vivir en un tormento.
No tenerte Señor,
es vivir con dolor el tiempo,
vivir sin saber que hay
un amigo eterno.

No hablarte Señor
es estar en silencio
estar siempre solo
no tener ningún consuelo.
Sentirte, tenerte, hablarte, Señor,
es sentir por dentro,
que no soy yo quien vive,
sino que Tú en mí estas viviendo".

(Carmen Garrido González).

 

***

 

Una fraternidad servidora...

 

 

 

UNA FRATERNIDAD QUE SIRVE A LA SOCIEDAD

 

            Sigue siendo válido el recurrido axioma de J. Gaillot: "Una iglesia que no sirve, no sirve para nada". Quizá un tanto tajante, pero válido. Una comunidad fraterna que no sirve a sus hermanos, a los jóvenes, a la sociedad, queda cuestionada en su sentido, en su opción. De ahí que la interpelación a la comunidad sobre su concreto servicio ha de acompañar siempre el camino de la VR.

            Es indudable que una comunidad dedicada a la enseñanza, en la medida en que se entrega esta labor con tesón, está ya ejerciendo un gran servicio a la sociedad. Pero quizá haya que plantearse si puede ser servidora la comunidad no solamente desde la plataforma de un colegio, sino también desde la plataforma de ella misma, de su concreto y sencillo estilo de vida. Desde ahí queremos enfocar ahora el servicio de la comunidad a la sociedad.

            En ese sentido, todos los hermanos están a priori implicados, no únicamente quienes ejercen una labor docente. La vida fraterna es obra de todos; su servicio a la sociedad ha de ser obra de todos. Generar implicación, lo diremos, es una de las mayores tareas de animación a la comunidad en materia de servicio.

            No ha de ser obstáculo el creer que se puede aportar poco, aunque esto sea cierto. La pregunta a la que hay que responder no es qué podemos hacer, sino qué estamos realmente dispuestos a hacer. Lo decisivo no es la cantidad, sino la disposición, la ilusión, el interés. Lo malo de nuestras comunidades no es que puedan poco (por sus limitaciones), sino su débil ilusión. Ahí está el problema y la posibilidad.

            Incluso más: en algún momento habría que pensar no solamente en qué puede servir la fraternidad a la sociedad, sino también en qué puede ser servida la comunidad (de hecho lo es) por la sociedad. A la postre, quizá ella nos sirva más nosotros que nosotros a ella.

 

1. La comunidad, servidora de la sociedad

 

            Vamos a poner sobre la mesa algunos ámbitos donde la vida fraterna puede hacer un servicio a la sociedad de hoy. Es posible que no lo veamos claro, también puede suceder que no escuchemos directamente la demanda de esta clase de servicios o que nos cueste encontrar el modo de darlos, pero a nada que nos acerquemos al latido de nuestros paisanos, al alma de las ciudades, escucharemos con fuerza estas peticiones y la exigencia de respuesta por parte de quienes hemos abrazado una espiritualidad de humanismo, de amor y de solidaridad.

 

1) Para empezar: la luz de la Palabra: Jn 13,6-9

 

            Aun a riesgo de contribuir a hacer de este texto joánico tan hermoso un texto "sobado" por la rutina, lo volvemos a recordar en el diálogo con Pedro. Jesús le dice que si no entiende la mecánica del servicio "no tienes nada que ver conmigo". Es decir: no entrar en el dinamismo del servicio hace que los caminos de Jesús y del creyente se diversifiquen, Jesús por un lado y la persona por otro. O sea, el mayor cauce de alejamiento de Jesús es el alejamiento del servicio. Uno entiende de la fe de Jesús en la medida que sirve. No estar ilusionado por el servicio y estarlo por el Evangelio (o por la religión, o por los votos) es una contradicción. Es preciso sobrecogerse ante este dilema tan claro.

 

2) El servicio del decrecimiento

 

            Un servicio que la vida fraterna (que tiene como uno de sus elementos la espiritualidad de la pobreza) puede prestar a la sociedad. Ese servicio vendría a decir (siempre con estilos de vida) que se puede vivir mejor cuando se vive con menos. No se trata, en primera instancia, de austeridad, ni de pobreza tal como se ha entendido. Se trata de vivir bien, mejor, más felices, más disfrutantes, más coherentes, más estables, más sosegados, más con la propia vida en las manos. Se piensa y se practica que para ello vivir con menos es un cauce muy saludable. La comunidad ha de frenar y transformar el impulso social del consumo que nos empuja siempre a vivir con más (pero nos hace más infelices, más individualistas) por un estilo de vida en que, viviendo con menos, se es, de hecho, más feliz. Vivir con menos (siempre que sea algo aceptado) es lo que nos hace volver la mirada al corazón de las personas. Eso es lo que nos hace más felices.

 

3) El servicio de la utopía

 

            Del sueño, del anhelo. Muchos lo desprecian porque piensan que lo que no se "toca" no tiene carta de naturaleza. Pero lo cierto es que sin utopía es muy difícil mantenerse en una sociedad de tensiones, de limitaciones, de heridas. ¿Para qué sirve la utopía? Ya lo dijo Galeano, para andar: "La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar". El "realismo" nos devora, nos hace romos, pegados siempre a la tierra. Pero sin anhelos es imposible que la persona "levante el vuelo". Las comunidades habrían de ser un "atajo de idealistas y profetas". Quizá esté esperando algo de eso la sociedad, no solamente la mesura, la discreción, el tiento. ¿Por qué si se le arrebata a la vida fraterna su componente profético, qué es lo que queda en el fondo?

 

4) El servicio de la amistad cívica

 

            Que es otra manera de decir que los humanos pueden vivir en fraternidad. Dado que en la sociedad las "dentelladas" abundan en todos los terrenos (político, económico, religioso incluso), porque grande es el poder de "medre" de los humanos, los modos de vida fraternos habría de decir que, al menos, la amistad cívica es posible. Adela Cortina dice que "la amistad cívica sería más bien la de los ciudadanos de un Estado que, por pertenecer a él, saben que han de perseguir metas comunes y por eso existe ya un vínculo que les une y les lleva a intentar alcanzar esos objetivos, siempre que se respeten las diferencias legítimas y no haya agravios comparativos". La vida fraterna, con su estilo de vida donde se asume con paz, gozo y como una posibilidad lo diverso podría ser una referencia. Ahora bien, si eso no es posible en nuestros grupos, lo que hagamos en otras plataformas queda muy cuestionado.

 

5) El servicio de la centralidad de la justicia y de la dignidad

 

            Porque la vida comunitaria habría de insistir en ello siempre, sencillamente porque es en lo que hay que insistir. Esto demanda a los grupos religiosos que se interesen real y explícitamente por estos valores. Tengamos en cuenta de que nuestra espiritualidad tradicional no ha incorporado estos valores. No venimos de esa sensibilidad. Pero si no los asumimos con decisión, ¿cómo vamos a servir a una sociedad que los demanda en sus lados más débiles, más heridos, más excluidos? A veces estos sectores sociales miran a la VR únicamente por razones de socorro inmediato, de caridad, de amparo puntual. No es poco. Pero no la miran con esperanza de justicia, de reivindicación de la común dignidad. Algo nos falta aún, algo importante. Hacer del tema de las "causas" un tema de espiritualidad y de lucha.

 

6) El servicio de ofrecer espiritualidad

 

            Que, aunque lo ponemos al final, no es menor servicio. Hablamos de ofrecer espiritualidad, no tanto prácticas religiosas. La espiritualidad es un valor de toda persona; no es, por tanto, privativo de quien piensa-vive en religioso. La espiritualidad es ese fondo de vibración interior que nos hace más humanos, fraternos y solidarios; ese fondo que nos abre al otro y al Otro; ese fondo que constituye las raíces de nuestras actuaciones, la zona de profundidad donde encontramos al corazón de la persona y al corazón del mismo Dios. Si algo de esto es la espiritualidad y queremos ofrecerla, hemos de huir de la superficialidad, recuperar la dimensión perdida de la profundidad, contactar con todas las espiritualidades (religiosas o laicas) que apuntan en esa dirección. La inquietud por la espiritualidad (por la mística incluso) es síntoma de vigor en nuestras comunidades. Su ausencia nos sume en la ramplonería, en la no significatividad y en el desaliento.

 

      Dos preguntas:

 

•1.      ¿Te parece realmente que la sociedad demanda estos "servicios"?

•2.      ¿Cómo nuestras comunidades pueden aportar algo en ellos? Concretar todo lo posible.

 

 

2. La animación de la comunidad al servicio de la sociedad

 

            ¿Cómo un responsable de comunidad puede animar a su grupo a prestar esta clase de "servicios sociales" a las personas? Hacerse la pregunta con paz y con deseo ya es un buen paso.

 

1) Para empezar: la luz de la Palabra: Lc 4,24.27

 

            El texto revela un interior de Jesús en zozobra. De ahí su dureza. Viene a decir a los de su pueblo: sois peores que los paganos porque algunos de ellos al menos (pone dos ejemplos: una viuda de Sarepta, un sirio) aceptaron la profecía; pero aquí, nadie la acepta. El sistema religioso, tan compacto, ha impedido ver en la sociedad, en el paganismo, en la secularidad, una predisposición a la espiritualidad, a los valores de fondo. No creer que la sociedad es capaz de ser espiritual es una desconfianza tremenda, una desconfianza que llega a salpicar al creador de estas personas, al mismo Dios porque si Él no ha sido capaz de hacer personas de valores hondos, ha fracasado. Pensar en "servir" a la sociedad sin confiar en ella, sin apreciarla, sin abrazarla, sin amarla, resulta imposible. La negativización del hecho social es una siembra de sal en este deseo de poner en pie una espiritualidad de servicio a la sociedad.

 

2) Desde una sensibilidad personal

 

            El responsable de comunidad, si quiere hacer algo en este terreno, habría de estar animado él mismo. Desde el desaliento, todo esto suena a nada. Para ello, habría de fomentar la sensibilidad social como un "deber pastoral" (ser superior incluye en el paquete esos deberes). Esta sensibilidad se fomenta, leyendo, asistiendo a cursos o conferencias sobre el tema, participando personalmente en alguna actividad de tipo social (el cargo deja tiempo normalmente para hacer algo, aunque sea testimonial). Desde la insensibilidad del responsable, todo esto se diluye como la niebla. La sensibilidad, unida a una cierta tenacidad profética y pacífica, puede hacer el milagro de transformar "en milagro el barro", como dice S. Rodríguez.

 

3) Un doble beneficio

 

            Esta espiritualidad produce un doble beneficio: por un lado, nos descubre la Palabra desde lados nuevos (porque desde los de siempre nos la sabemos y, con frecuencia, nos cansa o no nos aporta nada). Y, además, nos abre una ventana sobre la realidad ayudándonos a poner los pies en el suelo, dado que las "burbujas religiosas" tienden a hacer que andemos un tanto por las nubes. Por eso, quien va entrando por estos parámetros une mística y acción. Y eso es un obús. Por eso, el animado de la comunidad habría de proponer el servicio de la fraternidad a la sociedad (en cualquiera de sus facetas) no como una carga, trabajo o imposición, sino como una suerte, un enriquecimiento un valor indudable.

 

4) Visibilizar los problemas sociales

 

            He ahí otra tarea de animación. Los problemas sociales están ahí pero no pocos hermanos no los "ven", no se enteran, no caen en la cuenta de su trascendencia, no los valoran en sus justas dimensiones. He ahí otra tarea del responsable de comunidad: hacer visibles, cercanas, asequibles, las situaciones sociales hasta llegar a hacer creer a los hermanos que tienen que ver con ellas y que algo se puede aportar, sobre todo en situaciones de dolor ajeno (el dolor ajeno nos hace sujetos morales, nos dice qué tipo de personas somos). Para ello: poner delante las situaciones sociales (ponerlas en el "corcho", en la oración, en la conversación), llevarlas a la discusión de la mesa fraterna para ver si se puede hacer algo (hacer un espacio en la reunión comunitaria a los problemas sociales acuciantes), hacer el correcto seguimiento de lo que se decida no solamente para ser eficaces sino también para "catequizarnos"; celebrarlos en la acción de gracias cuando se consigue algo.

 

5) Trabajos en las raíces

 

            Esos trabajos son los que se hacen en "lo oscuro", que parece que no sirven para nada, pero contribuyen a formar el humus de la sensibilidad del que luego puede brotar una pequeña decisión común. Concretamente: formación, ejercicios, lecturas, oración. Animar a la formación no únicamente religiosa, sino también de componente social; animar y pedir algunos ejercicios de temática social o de justicia y paz; creer en el valor de las buenas lecturas y hacer de mediador con los hermanos interesados; no cansarse de orar de forma lo más implicativa posible. Puede parecer que estos trabajos no rentan nada. El superior habría de ser tenaz para creer en su valor humilde contra toda desilusión o jarros de agua fría que echen encima de esto los hermanos "realistas" que, con frecuencia coinciden con los hermanos inamovibles.

 

6) Animar a "poner el pie"

 

            Los hermanos, cómo no, hablamos con alguna frecuencia sobre problemas sociales de diversa índole. Con frecuencia lo hacemos con tino, pero también, es preciso reconocerlo, sin "poner el pie" en ellos. Esto, evidentemente, debilita nuestros planteamientos. Pues bien, el animador de comunidad habría de empujar a que, en la medida en que se pueda, se ponga el pie en los problemas, se acerque uno, experimente algo las situaciones, contacte con las personas afectadas, valore desde las posiciones de quienes sufren las condiciones duras de la vida y no desde planteamientos meramente ideológicos o morales. Si se logra "poner el pie", la manera de apreciar, de vivir, de servir (de colaborar) en el asunto será distinta. Por eso, una tarea de animación de vida comunitaria es animar a "salir" de la comunidad, de los ámbitos exclusivamente nuestros, de nuestros castillos y burbujas.

 

7) El resultado: fraternidades vivas, ilusionadas y servidoras

 

            Porque lo malo de nuestras comunidades no es solamente que cada vez estén más envejecidas sino, sobre todo, que estén apagadas, desilusionadas. Desde ahí todo se hace mucho más difícil y el servicio a la sociedad prácticamente imposible. Pero desde la ilusión, el estar despiertos y desde la certeza de que algo se puede aportar, la comunidad cobra un vigor nuevo por encima de sus muchas limitaciones. Si el animador ama a su comunidad y quiere para ella lo mejor, no solamente ha de procurar que esté bien materialmente, sino que anide en ella la luz del anhelo, de lo vivo, de lo vibrante. Esto es posible si, tenaz y calladamente, se da uno a la tarea.

 

Dos preguntas:

 

•1.      ¿Crees, como superior, que puedes trabajar alguno de estos puntos? Señala cuál.

•2.      ¿Cómo podemos ayudarnos los superiores, unos a otros, para generar más ilusión en nuestras comunidades y, con ello, más capacidad de servicio?

 

 Conclusión

 

            El servicio a la sociedad no ha de ser entendido únicamente como una consecuencia de nuestra opción creyente, sino como parte de su núcleo y, por ello, de su sentido. La cosa cobra así mucha más densidad.

            Por ello, el trabajo pastoral de un superior de comunidad de animar a esta clase de servicios es inherente a su cargo. Hacer dejación de él, además de un empobrecimiento, sería una injusticia para con sus hermanos. El primer animado tiene que ser el superior.

            Las comunidades más servidoras son las más vivas. El servicio a la sociedad, en cualquiera de sus formas, revitaliza el hecho comunitario. Por eso, es preciso hacer ver a las comunidades que, sirviendo y dejándose servir por la sociedad, su vigor creyente y religioso se adensa.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar (Madrid)

 

El Espíritu se hizo cuerpo...

EL ESPÍRITU SE HIZO CUERPO

Espiritualidad del "aquí y ahora"

 

            Hay personas que, hablando de espiritualidad, rechazan hasta el mismo término. Les parece que hace traición a una evidencia: que privar de la corporalidad a la espiritualidad es relegarla al mundo de lo teórico, de lo inapresable, de lo inservible en suma. Ser persona espiritual sería, en ese caso, andar en las nubes. Por eso, nos conviene corporalizar la espiritualidad. Para eso hay que luchar a brazo partido contra la lejanía histórica en la que, con frecuencia, se ha situado la espiritualidad; es preciso, como decimos, tener a raya su descorporalización para que no se nos convierta en hueso seco; habrá que esforzarse en ponerle rostro, ya que una espiritualidad sin rostro es un fantasma temible; tendremos que incorporarle los latidos del corazón, con todas sus contradicciones, para que no sea una espiritualidad cadáver.

            Vosotros decís que queréis "tejer" vuestra espiritualidad. Tejido viene de texo. A los tejidos, para que nos "hablen", es preciso palparlos, tocarlos comprobando su caída, su flexibilidad, su "amorosidad". Ser tejedores/as de espiritualidad implica una actitud participativa, artesanal, comprobadora, tocadora. Hacer espiritualidad sin esta implicación es, volvemos al principio, teoría de poco arraigo.

            Desde ahora puede ayudarnos la Palabra: en 1 Jn 1,1 dice que al que existía desde el principio, al verbo de vida, lo hemos "palpado". Es decir, a esa realidad que llamamos Dios, nosotros la hemos tocado, palpado, abrazado, acariciado, abrazado. En Jesús Dios se nos ha hecho tocable, carnal, abrazante, acariciado. El Espíritu que vive en él ya no es "mero viento": es rostro, sonrisa, músculos, sentimiento, pasión, amor, estructura antropológica, historia. Algo tocable. Una espiritualidad que no se toca es algo que no va con el NT.

 

1. Para una espiritualidad del aquí

 

            Vamos a describir, a grandes rasgos, la aventura del Espíritu en el aquí de la historia. De ahí podremos deducir los hilos para tejer la espiritualidad del aquí.

 

•1)      Espíritu en la tierra: No anda volando por los aires, sin implicarse, sin mezclarse, sin pringarse con esta tierra, con este barro. El Espíritu vive en este barro, en este "infierno". En Gn 2,7 se dice que Dios insufló en el barro su Espíritu. Éste se ha mezclado al barro. El barro no es barro solamente, ni el Espíritu tampoco lo es sin tierra. Una tierra con Espíritu es una tierra acompañada, con Dios dentro; una aventura que no se vive en solitario.

 

Es decisivo ir haciendo una espiritualidad de la tierra, no así en general: de la tierra propia, de la ajena. No se puede ser espiritual sin saber de la tierra, sin conocer la tierra, sin visitar la tierra, sin amar la tierra. El colmo de la espiritualidad es amar la tierra de otro (no solamente la propia) como tierra que Dios te da. Para ser espiritual en la tierra hay que comenzar por amar la tierra, por respetarla, por abrazarse a ella, por mirarla como signo de lo realmente somos.

 

¿Te importa la tierra? ¿Te conmueve? ¿Te inquietan sus problemas? ¿Te preguntas por la tierra de quienes viven contigo, de aquellos con lo que se cruzan tus caminos? ¿Cómo amas la tierra de los que están lejos de su tierra? ¿Cómo bendices la tierra que no es la tuya?

•2)      Lengua espiritual: El Espíritu habla; tiene lengua: la lengua de Jesús (en Maaloula todavía se habla arameo occidental) que "habla contigo" (Jn 4,26). Un Espíritu que habla, no en la visión, sino en la fonética común de los humanos. El Espíritu se ha mezclado a las lenguas. No para confundir (como en el viejo relato de Gen), sino para enriquecer. La persona espiritual desvela la presencia del Espíritu en las lenguas porque un Espíritu mudo no es el de Jesús.

 

Ama tu lengua; ama las lenguas de los demás. Intenta ensanchar tu campo lingüístico para ensanchar tu campo espiritual. El amor a las lenguas, al poder decir algo en la lengua de quien amas, es signo del Espíritu. El uso unívoco de una sola lengua (y más si se la pretende universal) no deja de ser un imperialismo (político, económico, técnico). Sé espiritual abriéndote a las lenguas, estando a gusto con quien habla, ama y disfruta en otra lengua.

 

¿Qué lenguas amas, aunque nos las hables? ¿Haces un esfuerzo, esfuerzo espiritual, por acoger las lenguas extrañas, por hablar algo para que el corazón de quien la escucha salte de gozo? ¿No crees que el apostolado de hablar-escuchar-acoger lenguas es un trabajo de espiritualidad? ¿Cómo acoges la lengua de los silencios que muchos/as hablan?

 

•3)      Costumbres con Espíritu: Que no nos referimos, en primera instancia, a costumbres religiosas. Muchas costumbres, en la medida en que humanizan, contienen dentro el aliento del Espíritu. Por eso, es preciso mirar a esas costumbres no como algo diferente que no me "entra" bien, sino como una posibilidad de crecimiento espiritual. Una espiritualidad que se enquista en las propias costumbres entendiéndolas como las mejores y, por ello, con pretensiones de universalidad deja de ser espiritual.

 

Valora tus costumbres y las de los otros, diferentes, desde lados no de mera interculturalidad (que no es poco), sino desde la simple espiritualidad. Hay Espíritu bajo las formas de entender la vida que humanizan, que aportan consuelo, que otorgan amparo. Lo "extraño" de una costumbre queda muchas veces diluido cuando se la enfoca desde la benignidad y desde sus posibilidades de humanización.

 

¿Vas conectando cada vez más con costumbres que no son las tuyas? ¿Desde dónde lo haces? ¿Con qué herramientas (mera convivencia, respeto, tolerancia, benignidad, aprecio, espiritualidad)?¿Percibes que tus costumbres se van impregnando de los valores y de las formas de otras?

 

•4)      ¿Religiones espirituales?: Porque religiones espiritualistas (extremistamente espirituales) abundan. Pero ¿cómo ir desvelando lo que de espiritual tiene una religión? ¿Cómo ir separando la ganga de los mecanismos religiosos de los valores de trascendencia que hay detrás? Porque, efectivamente, es ese componente de trascendencia, abrirse al Otro y lo otro, lo más valioso del mecanismo religioso. Si la religión lleva a la cerrazón, mal asunto; si empuja hacia horizontes abiertos, buena señal.

 

Lo mejor de una espiritualidad es trabajar, con profundidad, el tema de la trascendencia, ponerlo rostro a esa tendencia a esa eso que no se palpa, ni se ve, hasta poder decir que está palpando y viendo. Es la necesidad de mística, de porqués profundos, de razones en las raíces, de estremecimientos de las fibras más sensibles de dentro. No es fácil decirlo. Una religión para el temblor, para el deslumbramiento, para el gozo recóndito, más que una religión para el rito, el culto, la tradición.

 

¿Cómo va siendo tu manera de ver el hecho religioso? ¿Qué proceso se va dando en tu madurez cristiana? ¿Cómo lo vas trenzando con el imparable componente secular de nuestro hoy? ¿Qué tipo de valoración haces de las otras religiones? ¿Qué diálogos en torno a la trascendencia, a lo que no se ve, mantienes con gente que no es religiosa? Quizá ese mundo de lo-otro también les interesa.

 

•5)      Antropología con "alma": Las estructuras antropológicas de la persona, sus maneras hondas de ser (las superficiales ya se ven), sus mecanismos más suyos, su razones para moverse, todo eso puede tener "alma", espíritu, o estar deshabitado. Tender a que lo habiten porqués que contengan dosis de amor, de entrega, de visión positiva de la existencia, de acompañamiento, de fe incluso, es lo bueno. Puede uno/a mirar a esas estructuras elementales y ver si hay pasión dentro de ellas. La pasión es otra forma de nombrar al Espíritu.

 

Para intuir de qué va todo esto hay que huir de la superficialidad, la rutina y el individualismo (nuestros verdaderos enemigos). Ahondar para situarse en el nivel de esas estructuras (reflexionar, leer, orar, dialogar), dejar menos espacio a la turnia porque uno va tomando la vida en sus manos (hasta en los pequeños detalles), orar contemplando, que es lo mismo que decir ahondando, tratar de dar a las conversaciones un contenido iluminador para la persona. Estos son fuertes trabajos de espiritualidad.

 

¿Crees que todo esto son "pajas mentales"? ¿O hay aquí realmente algo interesante? ¿No será el problema de la espiritualidad aquí un asunto de niveles, que estamos en un vil "profundamente superficial"? ¿Qué técnicas de ahondamiento manejo habitualmente? ¿Todo este asunto resulta incompatible con el trajín diario?

 

•6)      Estructuras sociales-espirituales: Parece totalmente impropio hablar de estructuras sociales con espíritu. Nos referimos a las estructuras sociológicas, políticas o religiosas. Una sociología espiritual (que perdonen los sociólogos) sería aquella que tiene por verdadera preocupación la simple humanización del habitat y de los mecanismos de relación ciudadana; una política espiritual sería la que mira realmente al bien integral de toda persona sin hacer diferencia entre necesidades básicas y las otras necesidades (libertad, relación nueva, amor social); una religión espiritual es, lo hemos dicho, aquella que abre con facilidad al mundo de la trascendencia. Puede sonar todo esto a pura lírica barata. Pero, renunciar a ello, es ennegrecer el horizonte.

 

La inquietud por la marcha de las estructuras sociales es un síntoma de madurez humana, ciudadana y espiritual. Creer que esto, debido a mi modestia social, no me incumbe es ampliar el camino a la des-espiritualización de nuestra vida y de la sociedad. Puede parecer exagerado, pero hay que pensarlo. De cualquier manera, una sociedad espiritual es, de salida, una sociedad de más calidad que lo contrario. Estamos hablando de espiritualidad en sentido amplio, no tanto religioso (nos vamos desplazando en la reflexión del Espíritu al espíritu. Bien mirado, no es mal desplazamiento.

 

¿Contiene tu preocupación por la ciudad una cierta carga espiritual? ¿O es meramente a nivel de patio de vecinos? ¿Tus preocupaciones laborales se ven enmarcadas en la preocupación por las estructuras sociales? ¿Observas cambios en tus comportamientos ciudadanos, no solamente en tus ideas? ¿En qué dirección se desplazan esos cambios? Hay que creer que esta clase de preguntas son "espirituales".

 

•7)      Economía espiritual: Puede parecer que, a priori, son dos cosas irreconciliables. Sin embargo, no es así: una economía espiritual es aquella que está orientada a la dicha real de toda persona. Dicha real, humanizadora, plenificadora, apuntando a todo el abanico de demandas de lo humano; de toda persona: porque si se privatiza el hecho económico, automáticamente deja de ser espiritual para convertirse en una fuerte instancia de opresión. Se puede soñar en un tipo de economía así (es "el sueño de Dios" que aparece en la Biblia: leyes sabáticas, profecía, Jesús), una economía que postula la simple igualdad y un sistema no apoyado ni por la fuerza ni por la religión que la consagra. Ahora llaman a esto: economía consciente, economía universal.

 

Esto habría de tener traducciones espirituales cercanas, en el aquí en que se mueve nuestro caminar diario: control del consumo refinado, alejamiento de estructuras económicas claramente opresoras, continuo ejercicio crítico sobre los caminos diarios de nuestra economía modesta. Los grandes sueños se forjan en los pequeños diarios. La llamada espiritualidad del decrecimiento (vivir con menos para vivir mejor) puede ser un camino, una profecía de economía espiritual.

 

¿Te resulta todo esto increíble? ¿Crees que los sistemas económicos son invencibles? ¿Has hecho experiencias gratificantes, logradas de que se puede plantar cara a modos económicos de vida avasalladores? ¿Encajas con paz tus propias incoherencias económicas? ¿No te parece que aquí se encierra una posibilidad de enganche espiritual con personas que no respiran en religioso?

 

•8)      Luchas laborales con perspectiva interna: Porque las luchas laborales, inevitables, pueden ser planteadas en la mera dialéctica opresor-oprimido, amo-esclavo, dominador-dominado. Y así, ciertamente, creemos que tienen mucho sentido (por desgracia). Pero también pueden llevar dentro una espiritualidad: la del amor real, tocable, al lado más débil del hecho social; la de la cercanía en modos tocables a quien soporta más el peso de la historia; la de la solidaridad efectiva con quien menos solidario se es. Las fuertes e imprescindibles luchas laborales de nuestro inevitable aquí pueden tener alma dentro, espíritu, dinamismo humanizador.

 

Cuando un seísmo laboral sacude a una ciudad (o a una persona) es lógico que nada de esto aflore en la lucha (¿aparece en lo de Figueruelas, por ejemplo?). Pero hay luchadores laborales con alma, con planteamientos humanizadores, que miran antes a cómo queda la persona que a los números del conflicto. Los hay. Es entonces cuando esto se convierte en una plataforma de crecimiento humano y, por lo tanto, espiritual.

 

¿Cómo vivencias tus conflictos laborales? ¿Qué tipo de espiritualidad siembras ahí (si se puede, si lo haces)? ¿Cuáles son tus prioridades "inamovibles" cuando salta el conflicto laboral? ¿Cómo encaja en tu espiritualidad la situación de tus compañeros/as de trabajo?

 

•9)      Espiritualidad de la dignidad: Aunque la hemos dejado para el final, es esencial, tanto para la espiritualidad humana elemental como para la evangélica (Jn 8,1ss). La lucha por la dignidad es una de las batallas espirituales más hermosas que viene desarrollando el ser humano en toda su historia. Mantener sensible y activada la conciencia de la dignidad es prueba clara de vigor espiritual. Tener oscurecido ese dato echa una sombra de sospecha sobre cualquier pretendida espiritualidad.

 

La vivencia de la dignidad es muy rentable en los sencillos caminos del aquí personal y cotidiano. Nos salva de muchos desenfoques. Se manifiesta en cosas muy sencillas en el comportamiento personal: lenguaje valorativo, mirada al mismo nivel, tomar en serio las situaciones del otro/a (las que sean), vivencia amigable de la relación con cualquier persona sin complejos de diferencia o superioridad, ausencia de condicionalidad o menosprecio en la relación con el débil social, etc.

 

¿Por qué cuesta que la espiritualidad de la dignidad sea incorporada a los esquemas religiosos? ¿Cómo encajar las inevitables "indignidades" que uno percibe en sí mismo/a (quizá ahí se halla una de las causas de la posible dificultad para elaborar esta espiritualidad)? Estar a gusto con los "indignos sociales", tenerlos por amigos reales, compartir con ellos lo pequeño de la vida, alejar la sensación de que al hacer todo esto estamos haciendo algo "especial", son síntomas de que va entrando en nosotros/as la espiritualidad de la dignidad.

 

•10)  Utopía, necesaria y espiritual: Porque la utopía también hace parte de la vida, por mucho que se la postergue. Y ella es, generalmente y de por sí, totalmente espiritual. No es fácil ser persona espiritual en un difícil aquí como el nuestro (quizá siempre sea difícil el aquí) si no se inocula en la estructura espiritual una dosis de utopía, cuanta más, mejor. Los caminos de la utopía y de la espiritualidad son concluyentes.

 

No es la utopía sinónimo de estar en las nubes, de un terreno deseable pero inalcanzable. Es creer que el fin de las desventuras humanas es posible; es creer que la pena no podrá amargarnos si trabajamos el anhelo de la dicha; es tener por cierto que las lágrimas de los débiles y los gritos de la justicia no caen al vacío y al silencio cósmico. Utópicos correosos, eso es lo que nos hace falte.

 

¿Estás para utopías o te tienes por persona "realista? ¿No puede haber realismo con utopía? ¿Sigue vigente aquel texto de Serrat "se echó al monte la utopía", o es cosa de otra época? ¿Qué, de lo que vives diariamente, necesita una sobredosis de utopía para que no se quiebre, para que despegue?

 

2. Para una espiritualidad del ahora

 

            Puede ser que la reflexión anterior no contribuya en exceso a mezclar, a trenzar la espiritualidad con el aquí concreto de nuestra vida. Hagamos un segundo intento mirando al ahora de nuestros días comunes.

 

•1)      Hambre y sed: Porque eso hace parte del más inmediato ahora. Se trata de meter la espiritualidad en los elementos más cotidianos, en nuestros modos de mera alimentación, con lo que eso supone de: producción, mercados, venta, consumo. Y con lo que supone de cuidado de la salud, ascesis, diversión, etc. Hay que percibir cómo gestionamos nuestras necesidades básicas. Una gestión meramente economicista bloquea la mezcla de la espiritualidad con el ahora. ¿Quién produce lo que como y bebo, cómo lo venden a precio tan distinto, quién controla el mercado al que voy, en qué espiritualidad del consumo me muevo? Son preguntas espirituales, por raro que nos parezca. Cómo entiendo la ascesis (herramienta para la convivencia, acercamiento a los débiles, coparticipación en la cruz de Jesús, por raro que nos parezca, lo decía Alberdi), cómo me divierto, etc., también son preguntas espirituales.

 

Mirar el hambre y la sed propia y ajena con profundidad lleva a planteamientos espirituales. Las hambres de quien vive conmigo o se cruza en mi camino denotan nos solamente su necesidad, sino sus anhelos. Mi sed y la de quien anda a mi vera es lenguaje de anhelos, no solamente necesidad de echarse una bebida al gaznate. Espiritualizar cosa tan física es sumergirse en el ahora más elemental de la persona.

 

¿Te conmueven las hambres, todas, te fijas en ellas? ¿Te revuelven las hambres no saciadas, todas ellas? ¿Cuáles son hoy tus sed, sed de qué (se podría hacer una "lista")? ¿Qué sed de tu ahora te llega más adentro? ¿Cómo poner raíces a tu solidaridad en cuestiones de hambre-sed para que sean no solamente más eficaces, sino también más espirituales?

 

•2)      Casa y amparo: Porque cuando se quiere tener casa, no solamente se desea tener un tejado sobre la cabeza, sino que se desea también tener un amparo en el corazón que los muros de una casa visualizan (cuando dentro de esos muros hay algo de amor). No es de extrañar que haya muchas personas con problemas de casa y amparo (no solamente de vivienda, que también: una cuarta parte de la humanidad tiene este problema). Se podría meter espiritualidad en el tema de la vivienda poniendo las raíces de casa-amparo. Eso podría llevar a soluciones imaginativas de socorro y a un disfrute ahondado de lo que ya uno/a tiene, aunque no sea mucho.

 

La espiritualidad evangélica lleva a intentar modelos de casa-amparo que tienen, todos, por denominador común la generosidad, la apertura y el acompañamiento. Hay personas que lo intentan continuamente en la medida de sus posibilidades. Ponen carne a una espiritualidad de un ahora imprescindible. Es bueno percatarse (en el Evangelio de Marcos, por ejemplo) de un Jesús que, sin tener casa (excepto quizá en 2,15) engendra casa-amparo en las casas de los otros.

 

¿Cómo vives, extiendes, ofreces tus relaciones de casa-amparo?¿En qué modelo de casa encuentras solaz? ¿Cómo se va a poner espiritualidad, humana y evangélica, en el ahora de la casa sin intentos de apertura, de flexibilidad, de ofrenda?

 

•3)      Salud y cuidado: Porque esta necesidad del ahora es imprescindible. Ya lo decía el viejo Job: "¡Piel por piel! Todo lo da la persona por su salud" (Job 2,4). Tecnificar la salud, hacerla más eficiente, son las metas de los gobiernos. Humanizarla la de muchas entidades y profesionales que incorporan a la salud la espiritualidad del cuidado. Éste, dice Boff, no es un acto puntual sino una actitud esencial: aquella que entiende que la vida es una aventura hermosa pero delicada y comprende como una vocación real el anhelo de cuidar los días de todo lo que vive con el único fin de lograr, en la medida en que se pueda, su felicidad.

 

El cuidado es el rostro de la espiritualidad de la salud. Elaborar una espiritualidad del cuidado puede ser una estupenda opción para mejorar la relación, comunitaria y social. Cuidarse de supone: acercarse, interesarse, compartir (dolor y alegría), colaborar, caminar juntos, soñar a la vez. El otro/a s sus avatares nos hacen sujetos morales. Se equivocaba Sastre cuando decía que el infierno eran los otros; son el único posible paraíso, aunque sea un "paraíso al final", es decir, después de haber hecho, trabajosa e ilusionadamente, una obra de trabajo.

 

¿Cómo te cuidas, cómo cuidas? ¿Qué entiendes cuando dices, cuando te dices "cuídate"? ¿Qué crees que en tu casa, en la de las personas con las que te relacionas, en tu trabajo, en tu ciudad, tiene que ser más cuidado? ¿Cómo mantener una espiritualidad del cuidado en un estilo de vida social que, a veces, entiende el cuidado en modos de mero narcisismo personal?

 

•4)      Relaciones y soledad: Otro elemento componente del caminar humano, ya que la persona, digamos lo que queramos, se construye en la relación. Las soledades adheridas a nuestro proceso histórico (no hablamos de la soledad esencial, constituyente) solamente se curan a base de relación humanizadora. El invento está descubierto hace mucho tiempo, aunque ponerlo en pie es siempre una tarea de cada día. No es, por supuesto, la única meta de la relación (la de atajar las soledades), también lo es el mero disfrute. Pero espiritualizar la soledad impuesta por la vida es una tarea urgente del hecho social moderno (el denominador común de las megalópolis es, a decir de los expertos, la soledad: no hace falta ser sociólogo...).

 

Sin trabajar cada día, en el más sencillo de los "ahora", la relación es condición totalmente imprescindible para generar una espiritualidad creíble. Lo sabemos todos/as. Pero es preciso recordarlo a cada paso. Más aún: una manera hermosa, aunque algo paradójica, de decir lo que es la buena relación es aquella que se da cuando aprendemos a acompañarnos en nuestra radical soledad, a luchar por las soledades adquiridas y a disfrutar el simple hecho de ser uno mismo/a ante el otro sin necesidad de muchas explicaciones.

 

¿Qué poso va dejando en el fondo del corazón tu vida relacional? ¿Qué "descubrimientos" vas haciendo en el camino de la relación? ¿Cómo vas encajando el interrogante de la soledad, de las soledades? ¿Qué disfrutes vas acumulando en tu ahora de esta época en cuestiones de relación? ¿Cómo ser un incondicional del valor de la relación, ahondada, por encima de todo?

 

•5)      Compañía y acompañamiento: Un componente muy importante del caminar humano, aunque hayamos rebajado los contenidos del término acompañar. Acompañar un momento es valioso, pero relativamente fácil. Hacer de la vida una opción de acompañamiento es otra cosa. Es "la cosa que te falta" según Mc 10,21. El "vender y darlo a los pobres" podría entenderse como ir empeñando lo propio (es un proceso) para acompañar el caminar humano del otro. Ahí radica la honda espiritualidad del acompañamiento según el Evangelio.

 

Acompañar es mirar siempre en la dirección del otro/a, ponerlo en el horizonte de las propias preocupaciones vitales (andar con sus zapatos), tener un interés constructivo por los intereses ajenos. Todo un vaciarse que, al fin, es llenarse porque cuando más centro es el otro del propio interior, más se encuentra uno a sí mismo, por paradójico que resulte. En el acompañamiento están muchas de las claves de la correcta comprensión de la vida. Las claves y el éxito.

 

¿Qué elementos cotidianos, del ahora, tendría una espiritualidad del acompañamiento? ¿Cómo el acompañar trasforma el ahora?¿Te sientes personas acompañante y acompañada? ¿Pueden ir ambas realidades disociadas?

 

•6)      Recuerdos y nostalgia: No es mera "saudade", simple melancolía. Es algo de más cuerpo. Sin recuerdos, dejado al olvido, el sentido de la vida se difumina. Por eso son imprescindibles los recuerdos. Alimentan el espíritu; por eso son espirituales. Como dice R. Mate, es preciso abdicar de la herencia del olvido. Incluso la nostalgia puede ser espiritual porque, aunque tiene peligro de parálisis, hace que interior de la persona se mantenga sensible, humano, recordante, solidario. La espiritualidad del recuerdo es importantísima en este ahora de frágil memoria; la de la nostalgia también, en este hoy que está amenazado de sequedad.

 

Hemos de ayudarnos a mantener vivos los recuerdos como memorial, como ánimo para la lucha diaria, no para inhibirse del momento presente. Hemos de saber encajar una dosis saludable de nostalgia para que el interior se mantenga despierto, aun con el riesgo de situarse en la intemporalidad. Quizá la mejor manera sea valorar los recuerdos de los demás, acoger como nuestras las nostalgias ajenas. ¿Es esto posible? Lo es, en la medida en que hay sintonía de fondo, cercanía de caminantes, abrazo de cariño real.

 

¿Qué lugar tienen los recuerdos en nuestra convivencia, en nuestras relaciones? ¿Cuándo ponemos sobre la mesa de la comunidad nuestras nostalgias más queridas para compartirlas con quienes las entienden? ¿Qué nos sugieren los recuerdos que no son nuestros y las nostalgias que vienen de tierras en las que no hemos nacido, de familias que no llevan nuestros apellidos?

 

•7)      Diálogo y escucha: Tan necesaria es la espiritualidad del diálogo que, sin ella, no hay comunión y sin ésta no puede haber vida cristiana en grupo. Tan necesaria es la espiritualidad de la escucha, sin ella, hacer propuestas de trascendencia se convierte en una prédica que poca gente escucha. La evidencia de que se está asimilando la espiritualidad del diálogo es que, más allá de los inevitables fracasos, se sigue confiando ciegamente en él. La evidencia de que también la escucha va haciendo parte de la espiritualidad es que cada vez cuesta menos escuchar, que cada vez se escucha más tiempo, que cada vez se escucha más a quien no se entiende en su discurso herido. Es como Jesús que enseña con calma, que espera por la noche a Nicodemo, que está a la puerta y llama sin cansarse (Ap 3,20).

 

Sin diálogo, imposible vivir con un mínimo de gozo cualquier relación, cualquier intento de comunidad. Se podría medir el vigor de un grupo por su nivel de diálogo, por la profundidad de las palabras con que se acogen, se perdonan, se animan, se escuchan. Cuando el diálogo mengua, el nivel comunitario se debilita. Y lo mismo podría decirse de la escucha. Necesaria para la comunidad, imprescindible para asomarse al abismo del corazón de la persona

 

¿Cuánto y, sobre todo, cómo dialogas? ¿Cuánto, y sobre todo, cómo escuchas? ¿Cómo hablar con quienes casi nadie habla; cómo escuchar a quienes casi nadie escucha? ¿Cómo dialogar con el Dios en lo profundo y con el hermano en la cercanía? ¿Cómo escuchar al Dios de lo profundo que no habla y a la persona en dureza de vida que se bloquea y tampoco habla?

 

•8)      Música y canto: Un elemento importante en el ahora del vivir humano. No es mero adorno o pasatiempo. Es un elemento de hondo consuelo, de fuerte impacto emocional. Por eso los pobres cantan siempre (aunque sus cantos sean "raros"). Un pobre que canta se hace fuerte. El canto es un elemento de alto voltaje espiritual. La mística de la comunidad, de la relación está demandando el canto. Una persona no puede ser espiritual sin canto; se pierde un filón.

 

Creer que el canto es portador de Espíritu ha de llevar a valorar cuidadosamente la música cuando tiene enganche en la persona. Sobre todo esa música, la que sea y por lo que sea, que alimenta el lado espiritual de la persona, que le suscita amor, que le reconforta en sus fibras más personales, que genera mística comunitaria. La espiritualidad del canto no es una espiritualidad menor; cada comunidad habría de tener un "cantoral", una serie de músicas que desvelan los momentos de gran vivencia de su caminar en el aquí y ahora.

 

¿Te parece que esto es lírica barata?¿Podrís hablar de tu experiencia "mística" en torno al canto? ¿Es mera emoción superficial o algo más, es mera moda disquera o algo más, es mero "estar al día" o algo más? ¿Cuál y por qué es el archivo de tus músicas? ¿Cómo vas incorporando a ese archivo las músicas de otros hasta hacerlas tuyas?

 

•9)      Mística y raíces: La mística tiene que ver con las raíces, con el subsuelo de la persona. Es aquello que hace que el interior vibre des dentro, se estremezca ante ciertas realidades, palpite con el gozo de lo inesperado. Es preciso espiritualizar esas raíces de la persona porque desde ahí arrancan las decisiones más cotidianas del ahora. ¿Cómo hacerlo? Sembrando a raudales humanidad, entendiendo la vida y entendiéndose como una hermosa aventura, mezclando a esas raíces los anhelos más vivos del Evangelio, apuntando en maneras conscientes hacia la propia profundidad. No resulta fácil decirlo, pero ahí se halla el verdadero origen de lo que uno es y vive. Por eso es interesante ponerlo sobre la mesa del discernimiento.

 

Siempre nos ha amenazado, lo hemos dicho, el peligro de vivir sin mística. Es fácil, pero eso nos hace muy vulnerables. La mística mezclada a una práctica alternativa es un obús, algo imparable. Por eso es por lo que aguantan los profetas/isas, por lo que encajan mil golpes los débiles y aún se mantienen a flote, por lo que un plan de vida avanza y se abre camino. Sin mística, sin raíces cultivadas, transidas de espiritualidad, muchas opciones se tambalean y son arrastradas por la impetuosa corriente de los días.

 

¿Sabrías decirnos esto de manera más sencilla y clara? ¿Puedes, aunque sea modestamente, colocarte en el bando de "los místicos"? ¿Sabrías desvelar alguna de las raíces que dan sentido a tu manera de actuar? ¿Has descubierto gente mística en los colectivos sociales frágiles (existen)? ¿Se puede construir una relación social apuntando a las raíces?

 

•10)  Sueños y referencias: Porque no se nos puede impedir soñar; al menos eso. Porque sin sueños (no ensoñaciones: estar en las nubes) la vida se vuelve sosa, "realista", sin alicientes. Los sueños son los anhelos en el horizonte, la tendencia profunda aunque los obstáculos reales sean en este ahora muchos; las vivencias más nuestras, aunque estén muy mediatizadas, aunque quizá no las consigamos nunca. Los sueños son para gente viva; los "difuntos" no tienen sueños. Estos se convierten en referencia, en espoleo para el actuar, en punto que tiene entre ceja y ceja. Merece la pena sembrar ahí los sueños del Padre (una sociedad fraterna e igualitaria), de Jesús (una comunidad de iguales en los que débiles sean algo "más iguales"), de personas que han sido el humus de la vida.

 

No habríamos de avergonzarnos de nuestros sueños (aunque estén, por su propia naturaleza, incumplidos). Lo contrario nos debería contrariar. No habría que menospreciar los sueños de los pequeños, de los débiles, de los excluidos tachándolos, sin más, de fantasías. Para ellos son sus referencias y sus enganches vitales (no es meramente agarrarse a un clavo ardiendo). Colaborar a una sociedad que sueña es una buena colaboración, aunque suene irreal.

 

¿Te parece que soñar es un acto de espiritualidad? ¿Crees que poner sueños en el ahora es algo imposible? ¿Qué sueño más querido albergas como un tesoro en tu vida? ¿Has admirado el sueño de alguna persona frágil con la que te hayas topado alguna vez.

 

Conclusión:

 

            Muchas de estas reflexiones son balbuceos. No hay que temer reconocerlo. Pero quizá sean estos los balbuceos del Espíritu que habla "con gemidos sin palabras" (Rom 8,26). ¿Cómo escuchar esos balbuceos del Espíritu en nuestro aquí y ahora? Eso es lo que puede interesarnos.

            De cualquier modo, la espiritualidad ha de mezclarse al aquí y al hora para que sea válida. Es estéril situarla fuera de ese marco. Cuanta más carne se le ponga, mejor. Quizá podamos ayudarnos con el silencio, la reflexión, el orar, el compartir. El éxito de la espiritualidad tal vez sea un éxito común.

            En 1 Cor 13,12 se dice que, al final del proceso, llegaremos a comprender "como Dios me ha comprendido", es decir, desde una perspectiva de puro amor. Esa es la perspectiva deseable para la realidad. La más espiritual.

Todo es según el color...

 

 

TODO ES SEGÚN EL COLOR

DEL DOLOR CON QUE SE MIRA

¿Cómo iluminar el espacio oscuro que es el mal?

 

1. Iluminar, no explicar

 

            Cuando nos sacude una catástrofe, personal o humanitaria, brota enseguida nuestra pregunta por el mal: ¿por qué ocurre esto? ¿Quién es el causante? Quizá haya que comenzar una reflexión serena con humildad: es imposible explicar claramente el mal, su origen, su razón. Hay gente que trata de hacerlo, pero sus argumentos no terminan nunca de convencernos. Nos enrrabietamos, pero eso tampoco explica nada. Quizá haya que renunciar a una explicación que nos satisfaga y desear hacer luz en este espacio oscuro de nuestra vida que es el mal.

 

2. Una pregunta entendible, pero "primitiva"

 

            En momentos de gran sufrimiento (Auswitz, Haití, Madeira, Chile,  tsunamis, enfermedades incurables, etc.) brota una pregunta comprensible por varias razones: porque nos desborda, porque no entendemos, porque queremos que otro sea el culpable, porque queremos exigir cuentas. Esa pregunta es siempre la misma: ¿Dónde está Dios? ¿Por qué permite esto? ¿Qué clase de Dios es éste que permite el sufrimiento a gran escala? ¿No es un Dios cruel en extremo? Son preguntas entendibles, pero "primitivas". Se las hace la persona desde siempre. No tienen respuesta satisfactoria. Derivan de una imagen de Dios cuestionable: un gran mago que tiene el poder de hacer que las cosas sean de otra manera. No es así. No nos conviene que sea así, porque entonces seríamos marionetas en manos de un Dios mago.

 

3. Una posibilidad que hay que conquistar

 

            No obstante, algo nos dice que Dios tiene mucho que ver en esto. ¿Por qué nos ha creado así, limitados, pequeños, dependientes, frágiles, expuestos a mil calamidades? Hay que entender la creación como una posibilidad que hay que conquistar. Es una posibilidad abierta a la dicha, a la libertad, al disfrute incluso. Pero hay que conquistarla. Eso quiere decir que, tanto a nivel personal como cósmico, hay que luchar contra nuestra limitación para superarla. ¿Nos podría haber creado de otra manera? No lo sabemos, pero es claro que si se nos da una posibilidad se dé con ella nuestra colaboración. Y esa colaboración es la lucha denodada contra toda limitación.

 

4. Amor a la vida

 

            Por extraño que parezca, quizá esté aquí el quid de la cuestión. Mientras no se entienda esta vida, con todas sus limitaciones (algunas de ellas tremendas), como una suerte, como no se la ame profundamente, aunque sea una vida limitada, herida, desconcertante, es muy difícil situarse bien en sus lados oscuros. Efectivamente, ¿cómo se va a entender lo débil, el mal, si menospreciamos esta vida, si la expoliamos, si la maltratamos, si la despreciamos? Nuestra pregunta por el mal, sin respuesta casi siempre, está hablando de nuestro deficiente amor a la vida.

 

5. Un Dios menor que sufre

 

            Se nos ha hecho creer que Dios era omnipotente, que podía evitar nuestra enfermedad o nuestras catástrofes. Pero el Dios de Jesús no es así: es un Dios menor, a nuestro servicio, que sufre con lo nuestro, que se conduele de nuestro mal, que no puede mover ni una paja a nuestro favor porque somos nosotros quienes tenemos que apañárnoslas para ir saliendo adelante. Podemos preguntarnos de nuevo: ¿entonces, para qué nos ha creado? Por extraño que parezca, hay que responder: para que seamos dichos, luchando y por encima de nuestras limitaciones. ¿Es sensato creer en un Dios así, menor, que sufre con nosotros (más que nosotros), que se conduele, que no puede cambiar las cosas, que espera que seamos nosotros quienes luchemos por la vida? ¿Sirve para algo un Dios así? Sirve en la medida en que se cree que el amor, el acompañamiento, el consuelo, el ánimo, la luz, el abrazo sirven. Si se espera otra cosa de Dios, quizá no venga.

 

6. Lo decisivo: en qué lado estás

 

            La pregunta verdadera de quien hace este tipo de reflexión tendría que ser esta: no es importante saber de dónde viene el mal (cosa, por otra parte, prácticamente imposible) sino en qué lado te vas situando, en el bien o en el mal, en la lucha con los débiles o en meros lamentos. Si una reflexión de este tipo no nos lleva a irnos situando en la orilla de quienes luchan contra el mal, hemos perdido el tiempo. Hay que tener siempre aquel famoso proverbio chino o árabe: "Quien quiere hacer algo, encuentra el medio; quien no quiere hacer nada, encuentra una excusa".

 

7. El dolor con que se mira

 

            Un poeta (Benedetti) dice (parodiando aquel dicho de que todo es del color del cristal con que se mira) que la realidad es del color con el dolor con que se mira. Si se mira a la realidad sin dolor, como si el dolor de los demás no me incumbiera, como algo que está fuera mientras no me toque a mí, no estamos comportándonos como humanos ni como creyentes. El dolor ajeno nos hace sujetos morales porque nos hace ver si estamos siendo humanos o no.

 

8. Conclusión: opciones y signos

 

            Interesarse por el dolo conlleva unas opciones y unos signos. Unas opciones: tratar de situarse lo más cerca posible de quienes sufren para que su dura situación sea más llevadera y humana. Unos signos, unos modos concretos de comportarse, de ser solidarios, de condolerse. Lo importante de los signos no es lo que contabilizan, sino el deseo que hay detrás de ellos: que las cosas puedan ser de otra forma, más humana, más gozosa.

 

 

 

 

Nota: Dos artículos interesantes sobre el tema en relación con Haití: http://www.redescristianas.net/2010/01/19/mala-teologia-ante-el-terremotojuan-masia-clavel-teologo/ y sanjose-articulos.blogspot.com/.../esta-dios-en-haiti-por-juan-antonio.html.

 

Materiales para Semana Santa 2010

¿QUIÉN NOS PUEDE DAR LO QUE NOS FALTA?

 

Introducción

 

            Nos pasamos la vida rellenando cuestionarios, respondiendo miles de preguntas, casi siempre las mismas. Hay que hacerlo, pero ¿son preguntas sobre lo que de verdad somos? Casi siempre son preguntas de epidermis, de fachada, no son preguntas de vida, sobre el fondo, apuntando al corazón. ¿Y si intentáramos preguntarnos de otro modo, sobre otras cosas. Aunque no hubiere respuesta, el hecho de preguntar sobre lo verdadero, sobre lo profundo, sobre lo hermoso, ya es un paso. Quizá estos días puedan ser un tiempo para preguntarse sobre lo esencial.

            Lee este párrafo de El Principito de Saint Exupéry. Habla de las verdaderas preguntas: "A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: "¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?" Pero en cambio preguntan: "¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?" Solamente con estos detalles creen conocerle. Si les decimos a las personas mayores: "He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado", jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: "He visto una casa que vale cien mil francos". Entonces exclaman entusiasmados: "¡Oh, qué preciosa es!".

 

I

¿Quién se da aún sin pedir nada a cambio?
(Jueves Santo)

 

            Una peregrina del camino de Santiago comentaba una anécdota interesante: en un pueblo de La Rioja (Grañón) hay un albergue de peregrinos. El cura, que es un entusiasta del Camino, lo cuida y acompaña a los peregrinos. Hace de "hospitalero".  Por la noche, cuando los peregrinos están ya descansados y relajados, les ofrece una cena modesta, a la que él mismo asiste, y luego, para quien lo desee, un momento de oración en la iglesia parroquial. Hasta ahí, bien. Pero hay un detalle curioso: en el albergue hay una caja para recabar ayuda económica para sostener el albergue con este rótulo: "Si puedes dar, da; si necesitas, coge". Según parece, la gente que pasa da más que coge, pero se dan los dos casos. Nos sorprende el detalle porque es signo de una persona que cree en la solidaridad y en la generosidad: hay mucha gente que da sin pedir nada a cambio. Y no solamente da, sino que se da, cosa más difícil. Es cierto que las personas tendemos a pasar siempre factura de todo. Pero hay gente que se "olvida" de pasar la factura porque su corazón es ancho y generoso.

            Es que hoy, día del Jueves Santo, vas a asistir a un día de generosidad total con el recuerdo y la presencia de uno, Jesús de Nazaret, que, por raro que parezca, vivió sin pedir nada a cambio. ¿Hay alguna escena evangélica donde Jesús diga cuánto hay que pagar por una curación, por un milagro, por un consuelo, por un abrazo? ¿Llevaba Jesús un cuaderno de contabilidad? ¿Ponía precio a su trabajo, a sus noches de oración, a sus búsquedas, a sus amparos, a sus ayudas, a sus ánimos? Nunca pasó factura, nunca exigió nada. Por eso, no le costó, como verás en la celebración de esta tarde, ponerse a lavar los pies de sus amigos. Lo hacía con naturalidad, como si tal, porque, simplemente, eran sus amigos y hermanos. No lo hace como un Dios que se baja de su pedestal y, por un día, se rebaja a lavar los pies a sus súbditos pero luego vuelve a su trono y a su brillo. No, él lo hacía porque eran sus amigos y es cosa normal "lavarse los pies" entre amigos, ayudarse, ampararse, sostenerse, escucharse. Les lavó los pies y se volvió a poner el manto, como si tal cosa. Posiblemente no fue la única vez.

            Ojalá en este día te maraville, te estremezca y te produzca ternura un Jesús que lava los pies, que se arrodilla, que no le da reparo en coger tus pies, con sus durezas, con sus "callos", con sus uñas torcidas. No le importa meter sus dedos entre tus dedos y acariciar, masajear tus pies, tus pobres pies que a veces se cansan, se desorientan, se pierden. Jesús acaricia tus pies, acaricia tus caminos, acaricia tu vida, por muy humilde que sea todo eso. Y lo hace por una sencilla razón: porque no tiene interés en pedirte nada a cambio. Por pura y elemental generosidad.

            Hoy sería un día bueno para mirar a tus pies y a los de tus amigos/as, cogerlos, acariciarlos, lavarlos, perfumarlos, masajearlos, enternecerse ante ellos. Cuánto valoramos el rostro, lo guapa que es la persona que amamos, su porte, su hermoso cabello, su cuerpo cálido. ¿Y los pobres pies? Generalmente ocultos, poco cuidados a veces, olvidados, pero ¿cómo vivir, andar, aprender, salir, encontrarnos, sin ellos? Jesús lavó los pies no solamente por pura y elemental necesidad de higiene: era un gesto para decirnos: ama tus pies y los de tus amigos/as, cuídalos, aprécialos, como si fueran tuyos. Sé lo más generoso que puedas con sus dueños/as, intenta no pasar siempre factura, quizá tú puedas ser también de esas personas que dan y se dan si pedir nada a cambio.

            Vamos a terminar con una frase de Kalil Gibrán. Son frases recurrentes, las cita todo el mundo, pero son hermosas, y sirven para animarnos. Porque en estas cosas de la generosidad es cuestión de ánimo. La frase dice: "Es bueno dar cuando alguien pide, pero es mejor todavía poder dárselo todo al que nada pidió. Y el mayor mérito no es el del que ofrece, sino el del que recibe sin sentirse deudor. El hombre da poco cuando sólo dispone de los bienes materiales que posee; pero da mucho cuando se entrega a sí mismo". Anímate en este Jueves Santo. Haz una "meditación" ante los pies, los tuyos, los de tus amigos/as, los de Jesús. Y piensa que darse sin pasar siempre factura es una suerte, una alegría y un enriquecimiento personal.

 

•1.      ¿Te vuelve a enternecer un Jesús que lava los pies a sus amigos únicamente porque los quiere?

•2.      ¿Pasas siempre factura por lo que das a los demás?

 

II

¿Quién puede mantener entregas sin límites?

(Viernes Sant0)

 

         La reciente película Invictus ha emocionado a muchas personas porque habla de una entrega al límite que llegó a tener recompensa. Sus frases se clavan como dardos: "Doy gracias al Dios que fuere por mi invicta alma...cómo hacer soñar a todos cuando no tenemos nada en que soñar...soy el capitán de mi alma". La epopeya de Mandela desvela la realidad de que las grandes entregas (32 años en la cárcel) pueden tener un enorme sentido.

            Jesús también es un Invictus aunque todos lo vieran como vencido, aunque nadie le reconoció nunca el valor de su entrega, aunque la suya fue una muerte sin gloria rodeada de menosprecio y de silencio. Pero él también tuvo un alma invicta porque, más allá de tentaciones y de crisis internas, no abandonó la senda del amor y de la entrega que el padre le mostraba. Hizo soñar a muchos pobres que no tenían nada que soñar. Y aunque ese sueño parece que se perdió y que, a veces, se marcha en otra dirección, las semillas de tal sueño han producido muchos frutos de vida. Fue el capitán de su alma porque, más allá de todo menosprecio y sufrimiento, la mantuvo viva, sensible, amante. En verdad, Jesús fue un gran Invictus.

            Es que este día de Jueves Santo vas a leer en la oración y en la celebración el relato de la pasión que no es, más que en la forma, el relato de un fracasado. En realidad es la epopeya de un Invictus. Tienes que lograr leerla este año como el triunfo de un pobre, como el éxito de un vencido, como el sueño logrado de uno que fue tomado y tratado como miserable. Necesitas otros ojos, de fe y de amor, para leer en ese duro relato la narración del camino de nuestro Invictus Jesús. Envuelto en el polvo de lo religioso que los siglos han echado sobre él parece que lo suyo fue nada en comparación de otras epopeyas humanas, hermosas ciertamente. Pero nosotros seguimos diciendo que gracias a su entrega sin límites no solamente él fue un Invictus, un capitán de su alma, sino que nos hizo, nos hace, soñar, vivir y amar.

            No te asustes cuando se plantea eso de las "entregas sin límites". Eso hay que ponerlo en el horizonte, que nunca quizá logremos. Pero puedes ir en esa dirección, hacer hoy un pequeño gesto de amor y de entrega, creerte dichoso/a y con sentido cuando te das a los demás en lo concreto de cada jornada. Recuerda aquel poemilla de Helder Cámara: "No, no te detengas. Comenzar bien es una gracia de Dios. Continuar por buen camino y no perder el ritmo...,es una gracia todavía mayor. Pero la gracia de las gracias, está en no desfallecer, con fuerzas todavía o ya no pudiendo más, hecho trizas o añicos, seguir avanzando hasta el fin".

 

•1.      ¿Te ilusiona entender a Jesús como un Invictus?

•2.      ¿Cómo nos podemos ayudar para no desfallecer en la entrega?

 

III

¿Quién puede esperar nuevos amaneceres?

(Sábado Santo)

 

         Hay agencias de viajes que programan, como un plato fuerte de su "paquete turístico" ver un amanecer: amanecer en Machu Pichu, amanecer llanero en Colombia, amanecer en Abu Sintel, amanecer en el Sinaí. Algo tiene el amanecer cuando hasta se comercializa. En el fondo, el amanecer habla de una nueva posibilidad, de la suerte que es tener un día más en las manos, del señorío de disponer de un trozo más de vida, del gozo de poder disfrutar de lo creado veinticuatro horas más. Cuando nos levantamos de la cama somnolientos y arrastrando el cuerpo no valoramos el regalo de un nuevo día en las manos. Pero, ¡qué no darían muchos por un nuevo amanecer!

            Sábado Santo es el atisbo y la espera del gran amanecer de Jesús que llamamos la resurrección. Quizá hayas entendido esto de la resurrección como una "verdad religiosa". Pero intenta imaginarla como un amanecer: con toda su luz, su brillo, sus posibilidades, su amor. En el fondo, un amanecer es la metáfora de una vida luminosa, distinta, con posibilidades. Por eso, creer en la resurrección es creer que tu vida, como sea, tiene una interesante salida, un horizonte hermoso.

El Sábado Santo es un día de silencio lleno, de espera anhelante, de amor contenido. Por la noche, en la celebración te leerán un texto en que se relata la resurrección. Lo de menos son las formas, las maneras que tiene el evangelista de contarlo. Pero qué rebote en tu corazón esa pregunta dicha a las mujeres: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?". Ya lo decía Miguel Hernández: "No te asomes  al cementerio, que no hay nada en estos huesos. Asómate a mi cuerpo". Asómate hoy al cuerpo de Jesús, a todos los cuerpos, a todas las personas, a toda la realidad. Mira dentro de las cosas y percibe el gran amor que anida en ellas. Míralas como hermanas queridas. Que descubras en ellas la presencia viva del Resucitado vivo.

Francisco de Asís se quedaba anonadado cuando oraba y profundizaba en la resurrección. En realidad, para él era algo vivo, aunque, como él decía, fuera algo "indecible e incomprensible". Que no se pueda decir bien no quiere decir que no llegue dentro; que no se entienda del todo no quiere decir que no haga vibrar el corazón.

San Pablo dice en Hech 26,23 que fue elegido para anunciar "un nuevo amanecer". No una religión, ni una Iglesia, ni una fe, sino un simple nuevo y hermoso amanecer, la posibilidad que toda persona tiene de ser dichosa. Ese es el gran anuncio de la resurrección: el de un amanecer nuevo. Y es preciso anunciarlo con maneras de vivir, con tus maneras de vivir: que sean luminosas, afables, claras, llenas de luz. Echa fuera la tiniebla, el mal talante, el gesto hosco, la palabra hiriente. Apóstoles de un nuevo amanecer: ése habría de ser el propósito de quien celebra la Pascua este año.

 

  1. ¿Te parece interesante entender la resurrección como un nuevo amanecer?
  2. ¿Cómo puede felicitar la Pascua a las personas que amo?

  

Preguntas en el desierto

 

         Se trata de ir cogiendo algunas preguntas de la canción ¿Quién? de L. Guitarra e ir aplicándolas al Viernes Santo desde la realidad del desierto:

 

•1.      ¿Quién escucha a quién cuando hay silencio?: Estás en el silencio. Haz silencio por fuera y por dentro. No te asuste. El silencio voluntario es bueno, nos sosiega, nos pone en lo que somos. No temas al silencio. Ahí puedes escuchar hoy la humilde voz de Jesús que te dice: te amé y me entregué por ti.

•2.      ¿Quién acoge a quién en esta casa?: La casa es esta tierra nuestra, estas calles, estos edificios, estos campos, estos ríos, este mundo. Habríamos de hacer de este mundo una casa acogedora, no un lugar de confrontación. Escucha l humilde voz de Jesús que te dice: he muerto para que esta casa sea una casa de todos; no la privatices.

•3.      ¿Quién pinta de azul el Universo?: Levanta tus ojos al cielo. Míralo, tanto si está azul como si está gris. Lo ha "pintado" el amor del amor del padre para disfrute de todos los ojos, de todas las almas. Escucha la callada voz de Jesús que te dice en este Viernes Santo: yo he mirado con ojos limpios al cielo. Si he muerto ha sido para no desaparezcan las miradas limpias de la tierra.

•4.      ¿Quién no necesita unas alas?: Mira los pájaros. Ellos van a su aire, en su libertad loca. Nos alegran con sus trinos, con su vivacidad. Jesús te dice: he muerto para que tengas alas, para que seas águila, no gallina de corral. Vuela hacia ideales hermosos. No te canses.

•5.      ¿Quién quiere sumarse a lo pequeño?: Fíjate un rato en los pequeños bichos que seguramente te rodean: hormigas, moscas, otros animales. A veces los despreciamos, aunque sin ellos no podríamos vivir porque "labran" la tierra y la hacen fecunda. Francisco de Asís se enternecía cuando se acordaba de que Jesús fue "un gusano", uno hecho gusano por nosotros. Que recordar al Jesús de la pasión suscite en ti humildad y cuidado por lo pequeño, pasión por lo humilde.

 

 

 

 

Juan 36

CVJ

Domingo, 7 de febrero de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

36. Jn 6,52-59

 

 

Introducción:

 

                Una de las maneras más productivas de ser uno mismo es "ser uno/a con otros/as". Los trabajos por autoafirmarse, por encontrar un hueco en la vida y en el corazón de los demás, por llegar a ser considerados y queridos encuentran un camino buenísimo cuando uno se va identificando con los demás. ¿De qué se trata? Primeramente de mirar con mirada humana y benigna, después de tener afán por colaborar en empresas comunes, además de disfrutar del camino común, de los logros de todos. Este salir de sí mismos en la dirección del otro no empobrece a la persona. Al contrario,  la enriquece notablemente. Es la gran empresa humana de romper los egoísmos ancestrales para abrirse a la realidad de los demás creyendo que esa es la mejor manera de acercarse a la dicha.

                De algo de esto habla el pasaje de hoy cuando Jesús proponer "comer su carne" para tener vida. No se trata de ninguna antropofagia ni, tampoco, de alusiones a la comunión eucarística. Es otra cosa: se trata de entender que la creciente identificación con Jesús puede ir dando vida a la persona. Y ello ¿por qué? Porque la identificación con Jesús es la identificación con los valores del Evangelio. Y si una persona va "comiendo" los valores del Evangelio va incorporando vida a su ser persona. Jesús dice que ese enriquecimiento puede ser "eterno", esto es, definitivo. Entender el camino del Evangelio como una enorme posibilidad de enriquecimiento humano y personal es caminar en la línea del anhelo de Jesús. Cuando esto se da, está uno "comiendo" a Jesús, identificándose con él. Un nuevo amanecer surge en su vida.

***

 

Texto:

 

                        52Los judíos disputaban entre sí:

                -¿Cómo puede darnos este a comer su carne?

                        53Entonces Jesús les dijo:

                -Os aseguro, que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 55Mi carne es ciertamente comida y mi sangre bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. 57El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come, vivirá por mí. 58Este es el pan que bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come de este pan vivirá para siempre.

                        59Esto lo dijo enseñando en una reunión, en Cafarnaún.

 

***

 

Ventana abierta

 

                Esta mujer se llama Maite Pacheco, con un mujer perunana. Es una cooperante de Save the Chlidren, una de "tantas" cooperantes. Una de las personas que dicen que trabajar en asuntos de cooperación le ha cambiado la vida. La creciente identificación con las causas de los débiles le ha ido marcando, humanizando, enriqueciendo. Dice que su mirada sobre la vida ha cambiado, se ha hecho más humana, comprensiva y benigna, más sensible al dolor del otro. Es una evidencia de que la identificación con el otro, comer "su carne", ponerse en su situación enriquece el valor hondo de la persona.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes se enriquecen dándose a los demás; gracias por quienes sienten como suyo el dolor ajeno; gracias por quienes cambian la mirada sobre las personas y las cosas.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús afirma taxativamente: "el que come, vivirá por mí". Ya lo hemos dicho, no hay ningún truco: la finalidad del Evangelio no tanto "salvarnos", sino darnos vida. Si uno/a experimenta que el Evangelio le hace bien en su vida normal, cotidiana, sencilla, familiar, laboral, social, etc., va por buen camino. Porque la finalidad elemental del Evangelio y de Jesús es hacer bien a nuestra vida, llenarla de gozo, abrirle horizonte, contribuir a sobrellevar los pesos que lastran con frecuencia nuestros caminos. Si uno percibe que eso se está dando de alguna forma en su vida, la cosa va bien.

                Oramos: Te bendecimos, Señor, por tu darte incondicional a nosotros/as; te bendecimos porque no te cansas de velar nuestros pasos; te bendecimos por hacernos bien cada día.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Trabajar la identidad personal por el cauce de la identificación con la vida y los caminos de los demás es una fuente de alegría. La vida y la fe tendrían que ir enseñándonos que buscar la dicha en la dirección del propio egoísmo es un fracaso y una frustración, mientras que buscarla en el camino conjunto, en la empresa común, en el disfrute social, en el abrazo universal es la buena orientación. Es un trabajo que hay que hacer toda la vida porque la estructura honda de la persona tiende, suicidamente, al egoísmo. Pero no estamos solos: muchas personas y Jesús también nos alientan, animan y ampara.

                Oramos: Agradecemos a quienes nos animan a darnos a los demás; agradecemos a quienes nos presentan las necesidades de los demás para hacernos más sensibles; agradecemos a quien nos valora por nuestra capacidad de darnos a los otros.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Nuestra comunidad virtual, dentro de su modestia, puede ayudarnos, poco a poco, a "comer la carne" de Jesús, a aprender sus caminos, sus maneras de pensar, de enfocar la vida. Los modos son elementales pero valiosos: la cercanía, la preocupación por el grupo, la sintonía (aunque sea en una cierta lejanía), el afán por correr con gozo esta "carrera de fondo" que es la vida la sombra de la Palabra, etc. Son maneras de empujarnos en la línea de la identificación con Jesús. Nos hacen mucho bien.

                Oramos: Gracias por quienes nos ayudan a "comer" a Jesús; gracias por quienes nos desvelan lo hermoso del Evangelio; gracias por quienes nos acompañan en el camino orante.

 

***

 

Para orar:

 

Cuéntame el cuento del
árbol dátil de los desiertos
de las mezquitas, de tus abuelos.
Dame los ritmos de las argucas
y los secretos que hay en los libros
que yo no leo.

Contamíname pero no con el humo
que asfixia el aire.
Ven pero sí con tus ojos
y con tus bailes.
Ven pero no con la rabia
y los malos sueños.
Ven pero sí con los labios
que anuncian besos.

Contamíname mézclate conmigo
que bajo mi rama tendrás abrigo.
...
Cuéntame el cuento de
las cadenas que te trajeron
en los tratados y los viajeros.
Dame los ritmos de los tambores
y los voceros del barrio antiguo
y del barrio nuevo.

Contamíname pero no con el humo
que asfixia el aire.
Ven pero sí con tus ojos
y con tus bailes.
Ven pero no con la rabia
y los malos sueños.
Ven pero sí con los labios
que anuncian besos.

Contamíname mézclate conmigo
que bajo mi rama tendrás abrigo.
...
Cuéntame el cuento de
de los que nunca se descubrieron
del río verde y de los boleros.
Dame los ritmos de los busuquis
los ojos negros, la danza inquieta
del hechicero.

Contamíname pero no con el humo
que asfixia el aire.
Ven pero sí con tus ojos
y con tus bailes.
Ven pero no con la rabia
y los malos sueños.
Ven pero sí con los labios
que anuncian besos.

Contamíname mézclate conmigo
que bajo mi rama tendrás abrigo.

 

***