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FIAIZ

Juan 35

CVJ

Domingo, 28 de febrero de 2008

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

35. Jn 6,47-51

 

 

Introducción:

 

                El pan, como metáfora elemental de los bienes económicos, es imprescindible para la vida (no conviene hacer lírica). Pero la vida no es sólo dinero, bienes, desarrollo técnico. Es, también, humanidad. Y dentro de ella, es un bien de primera magnitud la reconciliación. Una vida reconciliada es, no lo dudemos, una vida de mayor calidad humana que otra en que la disputa, la rivalidad, el expolio y la tiranía de unos sobre otros está descontrolada. Por eso, hacer obra de reconciliación, a cualquier nivel que sea es hacer obra de humanidad. Las personas que se dedican a mediar y a construir procesos reales de reconciliación no saltan, generalmente, a las primeras páginas de los periódicos, pero son los auténticos artífices de la convivencia humana. Cualquiera de nosotros que siembre una sencilla y oculta simiente de reconciliación está haciendo los trabajos de Dios y de Jesús que son, no lo dudemos (así lo dice la carta a los Efesios), tareas de reconciliación.

                Los contemporáneos de Jesús creían que el maná había sido un "pan del cielo". Pero, en realidad, aquellos que lo comieron están hoy todos muertos. Fue un pan que socorrió puntualmente el hambre, pero que no dio vida plena. El pan de Jesús es distinto: es divino y permanente, da vida definitiva, porque hace una obra de reconciliación con la vida, porque hace ver que identificarse con la historia siendo humana con ella es hacer lo mismo que Dios hace en nuestra historia. Dios quiere una historia reconciliada, fraterna, solidaria, humana, gozosa, disfrutante. Si alguien da ese "pan" a los demás y a sí mismo, está dando el pan de la vida, el pan que genera vida, el alimento que sostiene los esquemas elementales de la vida.

 

***

 

Texto:

 

                        47Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. 48Yo soy el pan de la vida. 49Vuestros padres comieron en el desierto el maná, pero murieron: 50éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. 51Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo.

 

***

 

Ventana abierta:

               

Esta es la Orquesta para la Paz que ha fundado  el músico argentino-israelí (también con pasaporte palestino) Daniel Barenboin. La historia de la agrupación empezó cuando Barenboin y el palestino Edward Said quisieron crear un foro para jóvenes del Medio Oriente en la ciudad alemana de Weimar. Barenboin insiste: "La situación actual no puede seguir: se debe encontrar un modo de salir de aquí aportando condiciones resolutivas al conflicto a largo plazo. Pero hay que tener coraje para aceptar el relato del otro, o al menos para entenderlo, pues ésta es una tierra para dos pueblos; no hay uno con más derechos que otro. Aunque no sé adónde vamos a llegar así, mas que al pozo del sufrimiento y la tragedia humana". Es gente que ama la reconciliación y le pone rostro.

Oramos: Gracias, Señor, por quienes ponen rostro a la reconciliación; gracias por quienes no se desalientan ante los duros caminos de la violencia; gracias por quienes construyen, como artesanos, la paz.

 

***

 

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Cuando Jesús dice "yo soy en pan de la vida", está queriendo hacer ver que su gran tarea es alimentar esta vida con el mismo alimento que él nutre la suya: el amor activo, la acción solidaria para que la persona viva mejor, más humanamente, ayudar a vivir con gozo. Ser pan para la vida es tarea que se concreta en caminos muy simples: acompañar las vidas solas, dar un brazo para que se apoya quien carece de agarraderos, enjugar una lágrima con una buena palabra o con una posibilidad de salir adelante en algo, tratar con total respeto a quien menos es respetado por la sociedad, etc.

Múltiples manera de dar vida reconciliando a quien tiene más dificultad para entender esta vida como algo positivo.

                Oramos: Que, como Jesús, demos vida acompañando; que, como Jesús, reconciliemos animando; que, como Jesús, alentemos, ayudando a disfrutar.

 

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Ahondamiento personal:

 

                Toda persona, dígalo o no, quiere vivir. El Evangelio apoya y alimenta esas ansias de vida. Para ello, para tener y dar vida, los caminos de la reconciliación son muy efectivos. Así es: una vida reconciliada es de más calidad, de más disfrute, de más amor. Una vida que atraviesa los caminos de la reconciliación no se pierde en la senda oscura de los días. Porque quien anda reconciliado brilla y da luz. Quien vive en estos parámetros está asociado a la "carne" de Jesús, a su historia de generosidad, donación y reconciliación.

                Oramos: Señor, que vivamos y demos vida con generosidad; que hagamos obra de reconciliación en los caminos humildes; que celebramos los trabajos callados de quien siembra amor.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Jesús da su "carne", su cercanía de honda humanidad, su vida de reconciliación creciente. Esa misma carne puede ser dada en nuestra comunidad virtual. Se trata, la mayor parte de las veces, de pequeños gestos. Basta estar atento/a, preocuparse, animarse a dar un paso. Quien quiere dar y poner un poco de carne no se queda solamente en el deseo, sino que salta en él/ella la "hispa" de la acción. Desde ahí brotarán los "fueguitos" (como decía Galeano) que hacen más humana, luminosa y cálida la vida de las personas.

                Oramos: Que nos animemos a dar vida y a poner carne en maneras efectivas, aunque sean sencillas; que pasemos a hechos de vida, más allá de toda hermosa teoría; que creamos en la posibilidad de darnos vida en los caminos más cotidianos.

 

***

 

Para orar:

 

"Permite, Padre,

que mi patria se despierte en ese cielo
donde nada teme el alma,
y se lleva erguida la cabeza;
donde el saber es libre;
donde no está roto el mundo en pedazos
por las paredes caseras;
donde la palabra surge

de las honduras de la verdad;
donde el luchar infatigable

tiende sus brazos a la perfección;
donde la clara fuente de la razón no se ha perdido
en el triste arenal desierto de la yerta costumbre;
donde el entendimiento va contigo
a acciones e ideales ascendentes...
 
¡
Permite, Padre mío, que mi patria se despierte
en ese cielo de libertad!"

 

(Rabindranath Tagore)

 

 

***

 

 

Juan 34

CVJ

Domingo, 21 febrero de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

34. Jn 6,43-48

 

 

Introducción:

 

                Muchas personas están de vuelta ante planteamientos ideológicos, ideas, planes teóricos, discursos. Es la ideología sin carne. Porque un pensamiento con rostro, con carne en el asador, arrastra. Pero las meras palabras, por hermosas que sean, terminan por cansar. Estamos hartos de palabras, solemos decir. Estamos hartos de palabras que no son más que eso. Cuando toman carne, cuando se intenta ponerlas en pie, cuando se trabaja por mezclar pensamiento y vida, la cosa es diferente. Por eso, ejercen sobre nosotros/as un atractivo especial aquellas personas que, aunque tengan un discurso elemental, incluso primitivo, tienen detrás una vida que les respalda, aunque esa vida tenga fallos y limitaciones. Eso demuestra que la persona necesita, sobre todo, vida, no tanto palabras vacías que encandilen pero que no lleven a caminos concretos.

                Jesús no ha sido un ideólogo. Sus ideas, sin su vida no habrían sido más que una doctrina, algo frío. Pero puso carne a sus vivencias, a sus sueños, a sus anhelos. De tal manera que el Evangelio dice que él es el rostro de Dios, que él es, dirá san Pablo, "imagen de Dios invisible": viéndole a él vemos al Padre,  perdonando como perdona sabemos cómo perdona el Padre, acogiendo a pecadores como acoge sabemos cómo nos acoge el Padre. Nadie puede decir que ha visto a Dios, pero en Jesús lo hemos visto, oído, abrazado incluso, como dice 1 Juan. Por eso estamos seguros de que podemos tener vida plena, porque en Jesús tocamos la vida. Puede que sus ideas no sean las más novedosas de toda la historia. Al fin y al cabo, muchos han tenido ideas más brillantes. Pero quizá nadie como él ha reflejado al Dios de bondad, acogida y amor. Por ese camino viene la vida, de esa manera se nos dice algo simple: si quieres reflejar a Dios no me digas muchas ideas religiosas, acércate a mí con una vida humana, amorosa y benigna.

 

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Texto:

 

                        43Replicó Jesús:

                -Dejaos de criticar entre vosotros. 44Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día. 45Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios". Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende, viene a mí. 46No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que viene de Dios: ése ha visto al Padre.

 

 

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Ventana abierta:

 

            Esta anciana es Ana González. Casi nadie la conocerá, pero su trayectoria de vida merece la pena: su marido, sus dos hijos y una nuera embarazada "desaparecieron" en la dictadura de Pinochet. Esta humilde ama de casa dedicó su vida a su búsqueda y la causa de la recuperación de la memoria de las víctimas. Su tenacidad ha hecho de bandera de esta causa y muchas familias han encontrado a sus muertos. De ella se ha dicho una frase muy hermosa: "Representa la voz de alguien sin odio": Son vidas de pocos discursos y muchos hechos. Son luz para su entorno e incluso a veces su luz traspasa mares y llega hasta nosotros/as.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes viven sin odio a pesar de sufrimientos; gracias por quienes siembran vida en lugares de muerte; gracias por quienes son luz con sus vidas luminosas.

 

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Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús ha sido uno que "ha visto al Padre". No se refiere a cuestiones trinitarias, ni a su ser divino. Quiere decir que ha tenido una experiencia tan viva de Dios que su vida concreta y el amor del Padre se han mezclado en lo cotidiano. Ahí es donde ha "visto" la presencia de Dios, en lo más inmediato, en sus caminos de hombre, en sus andanzas de persona normal. Ver a Dios en lo cotidiano, en lo mezclado, en lo secular, en lo diario: ése es el gran trabajo de la fe, no tanto la elaboración de profundas argumentaciones teológicas.

Oramos: Te alabamos, Señor, porque has palpado al Padre en lo cotidiano; te bendecimos porque has percibido la presencia del Padre en tus caminos habituales; te damos gracias por habernos mostrado la huella de Dios en nuestra sencilla huella humana.

 

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Ahondamiento personal:

 

                Dice el texto que "quien cree tendrá vida plena". La finalidad de la fe no es pertenecer a un determinado colectivo religioso; ni siquiera es lograr una salvación eterna. La fe quiere colaborar al crecimiento de nuestra vida, a abrir horizontes de vida cada vez más luminosos, a engendrar vida en todas nuestras sendas. Una fe para la vida, ésa es la fe evangélica. Por eso, si la vida no crece es que el Evangelio no está haciendo aún su obra en nosotros/as; si la vida bulle, se renueva, se ilumina es entonces cuando podemos pensar que el Evangelio está cumpliendo su verdadera función en nosotros/as.

                Oramos: Que la fe nos ayude a vivir; que el Evangelio nos empuje al disfrute de la vida; que la pertenencia a la comunidad cristiana nos entronque más con la vida de cada día.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Dice Jesús que él nos "arrastra" al Padre. Y cuánto se lo agradecemos. Pero también nosotros/as podemos arrastrarnos los unos a los otros/as de maneras sencillas hacia Jesús: alimentando nuestra ilusión por él, manteniéndonos firmemente agarrados a su Palabra, tratando de mezclar fe y vida a parte iguales, etc. La comunidad virtual nos puede ayudar a ello de manera sencilla. Si, al final de este proceso llegáramos a la conclusión de que nos habíamos ayudado a acercarnos al Jesús vivo y al Padre acogedor, habríamos conseguido algo importante.

                Oramos: Que nos "arrastremos" unos a otros/as hacia Jesús; que nos mostremos al Padre acogedor acogiéndonos nosotros/as; que colaboremos a animarnos siempre al camino del Evangelio.

 

***

 

Para orar:

 

Y la vida, la vida es un instante
mas cual millones de mayos perdura,
cae pronto y se levanta
pronto. No es un olvido.
              
Quien ve amanecer ve lo bastante;
una luz, el rocío,
ese Dios que ahora calla
dentro. No es un olvido.
              
Un instante lo es todo si oscurece.
Quien ve oscurecer contempla como
la muerte de una rosa que no muere
nunca. No es un olvido,
              
es un rostro que ciego ve una flor.

 

(Francisco Pino)

***

 

Juan 33

CVJ

Domingo, 14 de febrero de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

33. Jn 6,41-42

 

Introducción:

 

                Hay un lado oscuro en la vida de las personas y en la misma realidad. Se hallan ahí nuestras limitaciones, enfermedades, desalientos, fracasos, heridas, daños, pérdidas, etc. Huimos de ese lado herido como el gato escaldado del agua. Pero si lo miráramos de frente con benignidad, si lo valoráramos en todos sus matices, quizá descubriríamos rasgos de amor, vivencias hondamente humanas, rasgos muy generosos. Es el amor en el lado oscuro, algo muy difícil de ver, pero si se acerca uno a él, la cosa es muy interesante. Porque eso no elimina la ineludible tarea de luchar a brazo partido contra toda limitación, pero colabora a la reconciliación de nuestra existencia, a la verdad de lo que somos (somos más que la limitación), al sosiego vital y, en definitiva, el descubrimiento del amor.

                Es que el pasaje de esta semana habla de un lado oscuro de Jesús: su oscura familia, su pobre clan, su pertenencia al lado más débil de una sociedad injustamente estructurada en clases irreconciliables. Ese lado oscuro causa dificultad a la hora de aceptar que "ha bajado del cielo", que tiene algo que decir de parte de Dios, que ha llegado a experiencias fuertes de lo divino y del corazón humano. A sus paisanos les resulta imposible aceptar que un pobre sea hondamente humano, espiritual, divino. El gran obstáculo es la oscuridad de su linaje, la pobreza de su familia, la evidencia de que es como todo el mundo pobre. No podían ver que en lado oscuro de Jesús había arraigado el amor de manera definitiva. Y que ello le autorizaba para hablar, para vivir, para proponer caminos "divinos". Hacía falta una mirada ahondada, profunda, amable, fraterna, anhelante para ver ahí, en la sombra, el amor vivo y palpitante.

 

***

 

Texto:

 

                41Los judíos lo criticaban porque había dicho: "Yo soy el pan bajado del cielo", 42y decían:

                -Pero ¿no es este Jesús, el hijo de José, de quien nosotros conocemos el padre y la madre? ¿Cómo dice ahora: "Estoy aquí bajado del cielo"?

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

            Este es un libro de título y contenido sugerente. Habla de un país, Siria, en que ocurren cosas terribles, como en todos los países. Sobre todo duele el daño que se hacen unos ciudadanos a otros, unas familias a otras, unos vecinos a otros. Pero, al fondo de tanto mal, el amor brota, imparable, en mil formas, saltando las barreras, en contra de toda ley. En los lados oscuros de la vida brota el amor con toda su pujanza. Al final triunfará sobre la limitación.

                Oramos: Que creamos en el triunfo del amor por encima de toda limitación; que amemos con la confianza de que el amor triunfará; que nos alegremos de quienes siguen amando por encima de dificultades.

 

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Desde la persona de Jesús:

 

                Dice Jesús que él es un "pan bajado del cielo". Es decir: él es la promesa del Padre con carne humana, tocable. ¿Cuál es esa promesa? Que la vida saldrá a flote, que hay un horizonte más allá de cualquier negrura, que no es bueno maldecir de esta vida por su limitación, que nuestra existencia es una aventura que merece la pena. El pan bajado del cielo quiere que "comamos" esta vida, que la asimilemos, que la degustemos, que la apreciemos por encima de sus evidentes limitaciones. No se trata tanto de comulgar con signos religiosos, cuanto de comulgar con la vida.

                Oramos: Gracias, Señor, por darnos el pan de la vida; gracias por animarnos a comulgar con la vida; gracias por hacer parte de nuestros caminos débiles.

 

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Ahondamiento personal:

 

                Los judíos criticaban a Jesús porque sabían de sus lados oscuros, de su familia humilde, de sus hermanos y hermanas que eran como todo el mundo. No podían entender que en esa "oscuridad" hubiera alguna luz. Pero justamente ahí estaba lo hermoso del asunto: desvelar luz en lo oscuro del camino humano, renunciar a brillos que nos sacan de la humildad de la historia, negarse a mesianismos maravillosos que nos despojan y alejan del camino humilde, pero verdadero, de la fraternidad. Una crítica a lo humilde que siempre está amenazando nuestra vida.

                Oramos: Que sepamos develar la luz en los humildes caminos humanos; que renunciemos a brillos que humillan a los demás; que nos alejemos de mesianismos que puentean el camino humano.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Los judíos conocen el padre y la madre de Jesús y eso los aleja de él. Nuestra comunidad es, o tendría que ser, lo contrario: conocemos alguno de nuestros padres y madres, generalmente mayores, que están caminando en el último tramo de la vida. Eso nos hace apreciarlos más. Algunos de ellos se han sumado a nuestra comunidad virtual. Se lo agradecemos vivamente: en su silencio y sencillez son, sin duda, lo más valioso de nuestro grupo orante.

                Oramos: Gracias, Señor, por las personas mayores que oran con nosotros; gracias por nuestros padre creyentes y benignos; gracias por el acompañamiento cariñoso y en la sombra de nuestras personas mayores.

 

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Para orar:

 

«No te asomes

a la ventana,

que no hay nada en esta casa.

Asómate a mi alma.

 

No te asomes

al cementerio,

que no hay nada en estos huesos.

Asómate a mi cuerpo».

 

Miguel Hernández

 

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Retiro en Cuaresma 2010

Retiro en la Cuaresma de 2010

 

 

EL AMOR EN EL LADO OSCURO

Convertirse al lado débil de la historia

 

            Esta reflexión para un retiro de Cuaresma proviene de dos inquietudes: la siempre presente de intentar dar un contenido al tiempo cuaresmal de cada año, ya que el ambiente no es propicio a ello y siempre se corre el riesgo de que estos "tiempos fuertes" pasen sin pena ni gloria. Por otro lado, los viejos parámetros cuaresmales de la conversión, indefinida, apuntando a comportamientos religiosos o morales, ya no sirven ni para los mismos cristianos. Es preciso intentar otra vía. Además, una serie de lecturas y de conversaciones nos han llevado a plantearnos el encaramiento del "lado oscuro" de la vida tratando de desvelar ahí alguna luz, la luz del amor incluso.

            El lado oscuro es esa realidad de la vida que duele, que hiere, que cuesta, que casi siempre es tildada de negativa, que se rehuye, que se oculta, que se desvaloriza, que se intenta socorrer desde fuera, que nos implica a la fuerza, que nos lleva a desconfiar de nuestra misma vida, que empobrece el camino humano. Es una "zona de sombras", un lugar frío, un sótano inhabitable. Pero el caso es que está ahí. Y en lugar de huir de él, quizá sea interesante tratar de encararlo, de mirarlo, de percibir si únicamente anida en su seno el desamor y el viento frío o resulta que hay algo más, algo valioso, amable incluso.

            Creemos que una "conversión" a ese lado oscuro sería altamente productiva, sosegante, humanizadora, implicativa, benigna incluso. Nos parece que nos daría una visión de la existencia menos agria, más amable, más flexible. Sería una estupenda conversión porque afectaría a niveles muy elementales del caminar humano y creyente. Dice G. Martín Garzo: "El mundo está lleno de tesoros, de frutos que crecen en la oscuridad. Parece un desierto y, cuando menos se espera, la vida regresa con sus frescos racimos" (Garzo). Quisiéramos mirar un poco a ese desierto y a esa oscuridad de nuestro propio caminar humano para tratar de descubrir ahí esos ocultos tesoros, esos frescos racimos que nos reconcilien con el fondo más difícil de nuestro caminar humano.

            Podría parecer que esto nos lleva lejos del espíritu de la Cuaresma. Pero si nos tomamos la cosa en serio no resultará difícil percibir aquí el mismo aliento de quien desea dar a su vida humana y creyente un impulso nuevo.

 

1. Asómate a mi cuerpo

 

            Quisiéramos comenzar con una letrilla de Miguel Hernández en en centenario de su nacimiento. Más allá de su sencillez, hay una profunda intuición. Nos puede ayudar a preparar el camino para la luz de la Palabra:

 

«No te asomes

a la ventana,

que no hay nada en esta casa.

Asómate a mi alma.

 

No te asomes

al cementerio,

que no hay nada en estos huesos.

Asómate a mi cuerpo».

 

(Poema 95 de Cancionero)

 

  • No te asomes a la ventana: Existe en la persona una tendencia irrefrenable a asomarse fuera, por la ventana. Es el empuje hacia lo superficial, hacia lo in-pensable. Eso la hace muy vulnerable. Encarar lo oscuro, personal y social, demanda el vigor de asomarse hacia adentro, hacia el fondo de la realidad, hacia los porqué de los comportamientos. Ese asomarse es aliado de la reflexión, del silencio, del diálogo pensado y constructivo. Si no, la reacción "normal" es huir de lo oscuro. Lógico.
  • Que no hay nada en esa casa: Por paradójico que parezca, en ese "afuera" de la superficialidad no hay nada. El vacío se hace más grande en la medida de la propia superficialidad. Para ocultar lo oscuro lo rodeamos de nada, de vaciedad. Pero, al final, lo oscuro saca a flote su presencia.
  • Asómate a mi alma: En el alma, en lo del fondo, en los estratos elementales, en lo básico, ahí está el quid. Asomarse alma es asomarse a la verdad de la realidad y de la persona. El alma es mezcla, bondad y maldad, luz y oscuridad, calor y frío, temblor y firmeza. Asomarse a toda el alma es el camino de una auténtica conversión a la realidad de la persona.
  • No te asomes al cementerio: Porque todo el mundo sabe lo que hay en un cementerio, metáfora de lo muerto, de lo aparcado, de lo que no es funcional, de los pesos que arrastramos, de los caminos que seguimos andando aunque veamos con claridad que no nos llevan a nada interesante. Mirar a lo vivo no a lo muerto. Y en lo oscuro puede habitar lo vivo.
  • Que no hay nada en estos huesos: Porque son huesos pelados, sin carne, sin calor, sin amor, sin vida. Metáfora de planes, caminos, planteamientos que han dejado de tener vigencia, pero que los seguimos mirando porque, si no, no sabemos muy bien a dónde mirar. Todas las estructuras que continúan vigentes, aunque no tienen horizonte; todos los comportamientos que van envueltos de interrogantes sin solución.
  • Asómate a mi cuerpo: A lo cálido, a lo acariciable, a lo frágil pero vivo, a lo cuestionable pero humano, a lo paradójico pero esperanzado. No se puede encarar lo oscuro desde lo inhumano, desde el alejamiento del cuerpo, de la trémula realidad de la carne. Una perspectiva corporal es la que puede "salvarnos", la que puede hacernos espirituales.

 

2. La luz de la Palabra: Rom 7,14-25

 

            14La Ley es espiritual, de acuerdo, pero yo soy un hombre de carne y hueso, vendido como esclavo al pecado.15Lo que realizo no lo entiendo, pues lo que yo quiero, eso no lo ejecuto y, en cambio, lo que detesto, eso lo hago. 16Ahora, si lo que hago es contra mi voluntad, estoy de acuerdo con la Ley en que ella es excelente, 17pero entonces ya no soy yo el que realiza eso, es el pecado que habita en mí.

            18Veo claro que en mí, es decir, en mis bajos instintos, no anida nada bueno, porque el querer lo excelente lo tengo a mano, pero el realizarlo, no; 19no hago el bien que quiero; el mal que no quiero, eso es lo que ejecuto. 20Ahora, si lo que yo hago es contra mi voluntad, ya no soy yo el que lo realiza, es el pecado que habita en mí.

            20Así, cuando quiero hacer lo bueno, me encuentro fatalmente con lo malo en las manos. 22En lo íntimo, cierto, me gusta la Ley de dios, 23pero en mi cuerpo percibo unos criterios diferentes que guerrean contra los criterios de mi razón y me hacen prisionero de esa ley del pecado que está en mi cuerpo. 25BEn una palabra: yo de por mí, por un lado, con mi razón, estoy sujeto a la Ley de Dios; por otro, con mis bajos instintos, a la ley del pecado.

            24¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este ser mío, instrumento de muerte? 25BPero, ¡cuántas gracias le doy a Dios por Jesús, Mesías, Señor nuestro!

 

            He aquí un texto desconcertante de Pablo. En Romanos Pablo desvela las bases hondas de su fe: Dios ha puesto en marcha un mecanismo de rehabilitación con la muerte de Jesús que lleva a vivir un estilo de vida inusitadamente nuevo, lejos de toda opresión (de la ley, de la muerte, del pecado). Es la maravilla de la persona nueva. Pero Pablo, en este texto, encara su lado oscuro que ni siquiera la fe (ni menos el hecho religioso) oculta: su honda debilidad que no sabe muy bien cómo entenderla. Subrayemos:

  • Vendido como esclavo al pecado: Es una manera fuerte de describir el propio lado oscuro. Pablo había visto los mercados de esclavos de todas las ciudades. Tener por amo al pecado es una tremenda metáfora de la necesaria sujección a ese lado oscuro que compone la existencia humana. Es algo innegable. No hay que poner paliativos.
  • Lo que realizo no lo entiendo: Lo cuestionable y controvertido de nuestros caminos humanos. Ni siquiera la gracia anula el sentimiento de contrariedad, paradoja e incoherencia. Es preciso encajar este "no saber" sin desconcertarse del todo.
  • Si lo hago contra mi voluntad: Ese lado oscuro es algo contra la voluntad. No lo querríamos, pero está ahí como acompañante de la posibilidad vital. El existir es una conquista. Y a toda conquista acompañan unos riesgos, unos pesos, unas luchas. No se las puede obviar, es preciso encararlas.
  • El querer lo excelente lo tengo a mano, pero el realizarlo no: Es preciso asimilar con paz la desconexión entre el querer y el hacer. Aun sin este segundo, el primero no es inútil, pero hay que relativizarlo y situarse lo mejor posible en el segundo. Lo que determina el cambio es, sin duda, el hacer.
  • No hago el bien que quiero: Realmente queremos el bien, pero no resulta fácil hacerlo, ni personal ni socialmente. Percatarse de la dificultad es ya un paso; trabajar por eliminar barreras, por quitar losas, otro mejor.
  • Me encuentro fatalmente con el mal en las manos: La dolorosa evidencia de lo que nos ocurre. El lamento de que se desea hacer otra cosa, de que se está dispuesto a mirar esa realidad desde un lado más amable. No caer en la dejadez, en la desesperación, en la tentación del mal es la buena opción.
  • Criterios diferentes que guerrean contra los criterios de la razón: Porque si hay algo insensato, irracional, es doblegarse ante lo oscuro, aceptar lo débil como necesario, situarse en la maldad por haber llegado al convencimiento de que lo bueno es imposible. Por eso, lo razonable es que lo oscuro que se ilumine, no que las tinieblas triunfen.
  • ¿Quién me librará de este ser mío?: La gran tentación: la liberación no va a venir de fuera. Es preciso encarar con humanidad el reto de lo oscuro. Jesús lo ha hecho y puede ser un ánimo para quien se anime a hacerlo a su vez.

 

3. Ahondamiento antropológico

 

            La luz de la Palabra se vierte sobre nuestra realidad personal. Es necesario, antes que nada, mirar en esa dirección.

 

  • Como mariposas a la luz: Así nos atrae lo "luminoso": el brillo, el número, el poder, la influencia, el ser considerados socialmente. Quien dijere que no se ve afectado/a por estas variables, no se conoce bien o no habla en serio. Es normal sentir esta irresistible atracción; pero ello no quiere decir que sea una fuerza irreversible, una tendencia avasalladora, un empuje desbocado. Percatarse de ello, aceptar que, en parte, eso está ahí, es ya un primer paso.
  • Asomarse al abismo: El de nuestro lado oscuro personal. Hay personas que queremos echar tierra sobre ese "muerto" y que no sea conocido ni por nosotros mismos. Pero siempre estará ahí, por mucho que se le oculte. ¿No sería mejor, como hemos dicho, mirarlo, acogerlo como parte nuestra, tratar de iluminarlo, ser paciente cuando no se logra nada, proponerlo al otro (a la comunidad) como parte de lo que somos (porque no solamente somos lo luminoso? ¿No habría que comenzar por dejar de aplicar a todo eso el calificativo de "negativo"?
  • Honrados con lo real: No habríamos de temer ser honrados/as con lo real, aceptar sin excesiva violencia que somos como somos y que hay lo que hay. Eso puede ser encajado no como una derrota, con desaliento, con el fatalismo de quien no puede hacer nada por cambiar una variable inflexible. La honradez con lo real no está exenta de utopía, de anhelo, de sueño, de afán por mejorar. Pero lo que hay es lo que hay; no conviene dorar la píldora, empeñarse en mostrar lo que realmente no somos.
  • Hay luz en lo oscuro: Pensamos que en el frío sótano de nuestras oscuridades reina solamente la noche más lóbrega. No es totalmente así. Por paradójico que parezca, puede haber luz en lo oscuro: la luz de la piedad y del consuelo, la luz de la benignidad y del abrazo, la luz de la curación y del acompañamiento. No lograr hacer que, por arte de magia, se desvanezca lo oscuro. Pero es muy diferente si va envuelto esas humildes luces.
  • La belleza de lo oscuro: Porque, de alguna forma, hay una belleza en lo oscuro, en la limitación. Suele ser una belleza oculta, pero real. Tiene que ver casi siempre con la ternura y la piedad. Tiene que ver con la mirada acogedora a la propia y ajena debilidad. Por eso, se equivocó quien dijo que el infierno eran los otros. Lo son cuando se mira con rechazo a su oscuridad, pero son el único cielo posible cuando se les mira, incluso en su oscuridad, con humanidad y ternura. Esa mirada increíble es la que llega a mostrar que ahí existe algo bello, atractivo, reconfortante.
  • Un día vendrá: Ya lo hemos dicho: la mirada a lo oscuro no tiene porqué matar la utopía, los ideales, los anhelos, los sueños. Pueden convivir perfectamente con ella e incluso animados por ella. Por eso, si nuestros anhelos son débiles, si nuestras ilusiones se apagan, si nos amuermamos en nuestra utopía, quizá sea no por falta de sueños, sino por mirar nuestras oscuridades sin piedad. Dice un hermoso poema de Luis Aragón: "Vendrá un día color de naranja en que los humanos se amarán, un día como un pájaro sobre la mal alta rama". Lo dice cuando canta la dura realidad de la violencia humana.

 

4. Ahondamiento bíblico

 

            También la Palabra nos da pie para caminar en la dirección de la asunción benigna de nuestras propias oscuridades existenciales o sociales.

 

  • Un Dios en lo oscuro: Porque es cierto que la Palabra sitúa a Dios en el brillo, al gusto de los mecanismos religiosos (recordar las visiones de Ezequiel). Pero hay también otra veta: la del Dios oculto, sencillo, en lo pobre, en lo oscuro, en la "brisa tenue" (1 Re 19,12), en la noche del sueño de Jacob, de la Pascua, de las estrellas de Abrahán, de la llamada a Samuel, del nacimiento pobre de Jesús, de su sepultura ominosa (himno: "La muerte no interrumpe"). Un Dios que no quiere, no puede, disipar las sombras, sino que las acoge, se acoge a ellas y, desde ahí, hace su obra de amor sobre la historia. Un Dios pobre y frágil, menor, pero acompañante, abrazador, curador de nuestras heridas hondas.
  • Un Dios del lado de quienes no cuentan: Ese increíble Dios parcial que tanto nos cuesta encajar. Un Dios que tiene el sueño inapagable de la fraternidad universal, lo que quiere decir que no renuncia a que los pobres ocupen un sitio en el devenir de la historia. Por eso, aunque nosotros nos empeñemos en desplazar a los oscuros (a lo oscuro), él siempre está trabajando para que esos oscuros entren, con pleno derecho, a hacer parte del sueño. Porque él no ha soñado una fraternidad para puros, sino para amados, amparados, más allá de cualquier limitación.
  • Un Dios de la dignidad y la justicia: Por encima de tantas imágenes (incluso bíblicas) de un Dios violento, lo suyo es la fe inquebrantable en la dignidad de sus humildes criaturas. Una dignidad que jamás desaparece, aunque se oscurezca, porque va ligada a su indefectible amor. Y, con ella, la justicia que es debida a toda persona, sobre todo a los oscuros porque en ellos es generalmente más conculcada. Por eso, el Dios en lo oscuro es un Dios "reivindicativo", solidario, social, por extraño que nos parezca.
  • Uno de tantos: Así es Jesús, según Filp 2,7. Uno sin brillo, en la zona social de los oscuros, en el ámbito de quienes no pueden, aunque lo quisieran, salir de su oscuridad. Nunca se quejó de una situación así; no aspiró a salir de ese marco, aunque se lo propusieron (Jn 7,-4). estar en la oscuridad no le amargó el alma. Al contrario, se alegró con los oscuros, comió con ellos, se llenaba de alegría cuando veía que Dios se revelaba a ellos (Mt 11,25)- Y luego, su terrible muerte, totalmente oscura, pero no por eso inútil. ¿Cómo amar a un Jesús oscuro? ¿Cómo sentir que las entrañas se conmueven ante su amor en lo oscuro?
  • La luz de la dignidad: Como el Padre, él mantuvo también encendida la tenue pero inapagable luz de la dignidad que le llevó a no condenar jamás a nadie, y menos a un/a oscuro/a, a un postergado (Jn 8,1-11). Precisamente porque veía esa dignidad en los más oscuros (los samaritanos, por ejemplo), no tuvo empacho en proponer a un oscuro como ejemplo del hombre cabal, porque ese oscuro se movió a misericordia. Había una estupenda luz en su oscuridad social.
  • Por encima de toda tiniebla: Eso decimos que es la resurrección: no tanto un hecho histórico de difícil prueba, sino la certeza de que el sueño de la luz sobre lo oscuro se ha cumplido. La resurrección es una manera de decir que lo oscuro puede ser encajado, envuelto, transformado cuando se lo envuelve con amor. Eso ha sido la vida y la muerte de Jesús: un trabajo increíble por envolver en amor lo oscuro. Eso es lo que podrá transformar la oscuridad histórica en luz nueva, el amor envolvente y acompañante.

 

5. Ahondamiento social

 

            Ojalá todo esto no fuera una vana ideología. La única manera de escapar de ello es ir poniéndole carne y rostro en los comportamientos relacionales, sociales.

 

  • La luz de los valores oscuros: Que son los valores de los empobrecidos. Una mentalidad economicista nos dice que los empobrecidos carecen de valores porque no tienen bienes económicos. Éstos, aunque necesarios, no son los únicos bienes. Hay otros que sí son patrimonio de los oscuros sociales: la piedad, el perdón, la sencilla generosidad, el aguante, la resistencia, el anhelo de justicia, la verdad no lograda de una sociedad igualitaria, su tenacidad por buscar una existencia digna. Son valores que palpitan en la oscuridad. Quien no los ve es porque, tal vez, está ciego/a de engreimiento. "Son millones los que están resistiendo, tú mismo lo puedes comprobar cuando ves a esos hombres y mujeres que se levantan a altas horas de la madrugada y salen a buscar un empleo, trabajando en lo que pueden para alimentar a sus hijos y mantener honradamente al hogar, por modesto que sea. ¿Te detuviste a pensar cuántos en todo el país comparten esta hambre por la dignidad y la justicia?" (Sábato).
  • Los pobres nos han salvado: Porque aún seguimos creyendo (con lo que ha caído) que el futuro de un país está en manos de los fuertes, de los brillantes, de los líderes. No es así. Tiene razón Sábato cuando dice que "cada vez que hemos estado a punto de sucumbir en la historia nos hemos salvado por la parte más desvalida de la humanidad". Nos salvan sin saberlo, sin exigir homenajes, sin enfadarse porque nadie les hace un monumento. Pero su herida humanidad nos salva. En su vida oscura late un heroísmo mayor que el de los héroes convencionales. Es el heroísmo del afán por vivir y dar vida, aunque fuere en modos simples. Por eso es preciso estar cerca de ellos: no por misericordia ni compasión, sino por mera necesidad, porque sin ellos naufragaríamos de verdad.
  • Caminar en la luz: Dice el NT que el creyente ha de caminar en la luz (1 Jn 1,5ss). Pero para esto hay un camino seguro: caminar con los oscuros. Ellos tienen una luz dentro; ir con ellos, estar con ellos, ampararlos, respetarlos, considerarlos, secundar sus anhelos, facilitarles el acceso a los bienes básicos, todo eso es caminar en la luz. Si en algo se aparte el camino evangélico de la mecánica religiosa es que pone carne y sangre a los grandes ideales de trascendencia. Y una realidad con carne y sangre es un cuerpo. Por eso, de los cuerpos de los oscuros brota la mejor luz, aunque las tinieblas de lo inhumano la quieran olvidar, ningunear, sofocar.
  • Significativos, no relevantes: Porque la relevancia es el escaparate, la foto, el show, el brillo, mientras que la relevancia es el sentido, la tarea hecha con amor, el trabajo sencillo y generoso. Muchos oscuros/as viven significativamente, pero no relevantemente. Su no relevancia no los hace menos valiosos. Que se los coma el olvido no quiere decir que sus vidas fueron sin valor. Por eso, quien quiera caminar con los oscuros, quien anhele encajar sus propias oscuridades tiene en la significatividad, en las cosas hechas con amor, creyendo en ellas, por modestas que sean, un buen camino.
  • Los oscuros cercanos: La propia oscuridad, como la mayor cercanía; la de quienes se cruzan en el entramado de nuestros días. Ahí se torea principalmente la espiritualidad de una oscuridad con luz. Ahí se verifica la verdadera conversión a una oscuridad luminosa. Luego se puede ir ampliando, en círculos crecientes, la mística de esta singular conversión a toda persona, a toda realidad.

 

Conclusión

 

            ¿No podría ser el tiempo de Cuaresma de 2010 un momento bueno para apuntar a una conversión al amor que late en lo oscuro? ¿Es algo demasiado forzado? ¿Sería mejor quedarse en la apelación de siempre a la conversión que no se concreta en nada? No. la conversión al amor de lo oscuro ha de llevarnos a mejorar el lenguaje con y sobre los empobrecidos, a intentar acercarnos alo, con respeto y amor, a su duro camino, a implicarnos en algo que les ayude al logro de tener cubiertas sus necesidades básicas, a unir nuestra voz para reivindicar su dignidad conculcada y sus sueños de justicia. Una cuaresma viva. ¿No era algo de esto de lo que hablaba la vieja profecía? (Is 58,69).

 

 

Juan 32

 

CVJ

Domingo, 7 de febrero de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

32. Jn 6,37-40

 

Introducción:

 

No hace falta ser sociólogo para darse cuenta de que nuestro sistema social y económico genera, además de bienestar para algunos, grandes pérdidas para otras personas. Son los "náufragos" del sistema; han sido echados del luminoso "trasatlántico" del bienestar al oscuro mar de la exclusión. Muchos sostienen que es un efecto inevitable. Pero en esas turbulentas aguas hay personas que luchan para lograr que se pierda la menos gente posible, incluso que no se pierda nadie. Su desigual batalla no es inútil, por encima de los pequeños logros. No es inútil porque habla de un sueño básico, primordial: que no haya pérdidas, que un día sea la fraternidad la casa de todos y de todas sin ninguna clase de exclusión.

Éste ha sido el mismo sueño de Jesús, porque es, así mismo, el sueño del Padre: que nadie se pierda, que nada se pierda. A veces no sabemos cuál es el sentido primero de nuestra vida. Pues el Evangelio lo dice bien claro: contribuir, en la medida de lo posible pero con afán, a que no haya pérdidas, a que quienes lo tienen más difícil en la vida puedan encontrar en nosotros/as un poco de comprensión y apoyo. Contribuir a que nada se pierda. He ahí un ideal divino y hondísimamente humano. Es el ideal de Jesús; podría serlo de cualquier grupo cristiano, de cualquiera de nosotros/as individualmente. De acuerdo con el pensamiento evangélico, éste habría ser el distintivo de los que aprecian a Jesús: dar vida intentando que nada se pierda.

 

***

Texto:

 

37Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí, no lo echaré afuera; 38porque he bajado del cielo, no para hacer mi querer, sino el de quien me ha enviado. 39Éste es el querer del que me ha enviado: que no se pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. 40Este es el querer de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él, tenga vida definitiva, y yo lo resucitaré en el último día.

 

Ventana abierta:

 

Esta es la iglesita de un pequeño pueblo de Álava, cercano a Vitoria (Ali). Nada de especial. Adosada a ella está la casa parroquial, vacía. Está a punto de instalarse una especie de comunidad para apoyar a personas que están en procesos de inserción social, gente que quiere decididamente salir de las aguas de los excluidos. Una comunidad cristiana vive con ellos y gente de la parroquia les apoya. Hacen, quizá sin pretenderlo, lo mismo que hace Jesús: dar vida luchando para que nadie se pierda. La modestia de su obra y su anonimato no le quitan ni una pizca de sentido a su hermoso intento:

Oramos: Gracias, Señor, por quienes luchan contra toda exclusión; gracias por quienes quieren poner rostro al Evangelio; gracias por quienes se sienten tocados por la suerte y los caminos de los empobrecidos.

 

***

Desde la persona de Jesús:

 

Es hermoso percibir la realidad de un Jesús que tiene como anhelo profundo el que nada se pierda. A él no le interesan ni los dogmas, ni las organizaciones religiosas, ni las grandes ideas, ni las liturgias exquisitas. A él le importa que no haya pérdidas en la historia, ni pérdidas de cosas siquiera. Por eso dirá que el Padre corre tras la oveja perdida arriesgando a las noventa y nueve. Él mismo, como un "desgraciado", ha ido detrás de muchas personas que, social y religiosamente hablando, no "merecerían" la pena. ¿Por qué ha hecho esto? Porque ha mirado al fondo de la realidad. Y ahí está anclada, inamovible, hermosa, la dignidad de toda criatura. Ha sabido verlo con toda claridad.

Oramos: Que percibamos, cada vez más, la dignidad de la persona y de las cosas; que creamos que toda persona merece ser apoyada; que nos importe cada vez menos ir detrás de quien tiene necesidades.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

Hemos entendido los cristianos el éxito de la fe, la salvación, como el estar con Jesús en el cielo. Eso tal vez nos ha llevado a no mirar con la necesaria urgencia hacia lo que se pierde. ¿Y si comprendiéramos que salvarse es que las pérdidas aminoren, desaparezcan? ¿Dónde encontrar el coraje personal para no desanimarse cuando percibimos que quien anda mal es duro, condenador, tramposo, malo (razones tiene), pero que, aun así merece que no pierda? Quizá mirándose a si mismo/a y percibiendo que uno también está siempre expuesto al riesgo, que la exclusión es una amenaza común y que cualquier día se puede abrir ante nosotros la puerta de ese abismo. Hermanados en el riesgo, hermanados en la posibilidad. Eso tendría que llevarnos a una indudable solidaridad con todo camino de exclusión.

Oramos. Que percibamos los riesgos de la exclusión para animarnos a luchar por ella; que ampliemos nuestros corazón, nuestra casa, nuestro abrazo; que comprendamos los duros caminos de quien anda en los márgenes.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

También en la comunidad virtual podemos ayudarnos a no "perdernos", a centrarnos mejor en nuestros mejores deseos, en nuestro sueños, en nuestros ideales. Efectivamente, corremos un tremendo riesgo de dispersión, de despiste, de pérdida. No es fácil en nuestro momento social vivir centrados en lo que uno quiere. Podemos ayudarnos. Cualquier pequeña colaboración a la obra común de nuestra vida puede ayudar.

Oramos: Que creamos que es posible ayudarnos para no perdernos en la barahúnda de los días; que valoremos los gestos que nos ayudan a centrarnos en nuestros ideales; que agradezcamos a quien nos acompaña con su ánimo y amparo.

 

***

 

Para orar:

 

Todo me has dado y para ti mi vida 
deshoja su rosal de desconsuelo,
porque ves estas cosas que yo miro, 
las mismas tierras y los mismos cielos,

porque la red de nervios y de venas
que sostiene tu ser y tu belleza
se debe estremecer al beso puro
del sol, del mismo sol que a mí me besa.

Señor, todo me has dado; por eso mismo 
a través de tu ser siento las cosas:
estoy alegre de mirar la tierra 
en que tu corazón tiembla y reposa.

Me limitan en vano mis sentidos 
-dulces flores que se abren en el viento-
porque adivino el pájaro que pasa 
y que mojó de azul tu sentimiento.

Y porque ocurre que todo me has dado,
ya se florecen para mí tus años, 
la cascada de cobre de tu risa 
que apagará la sed de mis rebaños.

Hostia que no probó tu boca fina, 
amador del amado que te llame, 
saldré al camino con mi amor al brazo 
como un vaso de miel para el que ames.

Ya ves, noche estrellada, canto y copa 
en que bebes el agua que yo bebo, 
vivo en tu vida, vives en mi vida, 
todo me has dado y todo te lo debo.

 

***

Juan 31

CVJ

Domingo, 31 de enero de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

31. Jn 6,34-36

 

Introducción:

 

                No nos cabe duda, y menos viendo las imágenes de esta temporada en torno al terremoto de Haití, que el hambre no saciada es el rostro de nuestra inhumanidad. Que haya todavía hambre sobre la tierra es una vergüenza que nos debería sonrojar las 24 horas del día. Pero, además, hay otras hambres, menos perentorias, pero no menos importantes,  que tampoco están bien saciadas: el hambre de cultura, de salud, de vivienda, de amparo, de acogida, de amor, de dicha, de consuelo, etc. Hambres que es necesario calmar para que la persona llegue a creer que ha sido puesta en esta tierra para el disfrute y el amor, no para el sufrimiento. Hay muchas personas que, desde diversos lados, se empeñan en ir saciando estas otras hambres imprescindibles. Muchas veces no se las tiene en cuenta, pero son el pulmón con el que puede respirar nuestro mundo.

                Puede parecer ingenuo o simplista, pero el Evangelio sostiene que la adhesión a  Jesús, a su fe en el amor como principio activo de la existencia, puede ayudar a calmar esas otras hambres tan urgentes. Así es, adherirse a Jesús no es, en primera instancia, una opción religiosa es, por así decirlo, un compromiso efectivo para trabajar en las tareas de saciar hambres de vida. El Evangelio dice que nadie va a saciar tales hambres por arte de magia, sino que la persona, toda persona, tiene dentro el potencial necesario para colaborar a que esas hambres mengüen un poco y disminuya el caudal de humanidad aumentando el de la dicha. ¿Es creíble un planteamiento tal? Pues en algo de eso consiste la dicha, en algo de eso está el quid de la fe cristiana. El resto, por sagrado que parezca, es ropaje, ayuda, herramienta, cauce para llegar a esa convicción y a esas colaboraciones.

 

***

 

Texto:

 

                34Entonces le dijeron:

                -Señor, danos siempre de ese pan.

                        35Jesús les contestó:

                -Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; 36pero como os he dicho, me habéis visto y no creéis.

 

 

***

Ventana abierta:

 

                Esta es una foto cualquiera de una escuelita cualquier en algún lugar de América Latina. La pobreza se palpa en todos los detalles. Pobres las mesas, los cuadernos, los murales, el local. Pero la sonrisa de los niños, su gesto de disfrute pone el toque de humanidad. Es que saciar el hambre de cultura es abrir horizontes al futuro de los débiles sociales. Por eso, quien se dedica a sembrar la humilde cultura de los pobres es como Jesús: sacia las otras hambres, aquellas que, superadas, hacen a la persona más dueña de su destino y de sus días.

                Oramos. Gracias, Señor, por quienes sacian el hambre de cultura de los débiles; gracias por quienes creen en el futuro de quien lo tiene más difícil; gracias por quienes humanizan sin miras egoístas.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice Jesús que es pan para la vida. No solamente, ni sobre todo, pan para el estómago, sino para el conjunto de la vida. Con ello se está queriendo decir al seguidor/a que también él/la ha de optar por alimentar la vida en todas sus dimensiones. Dejarse "comer" para que la vida brote es un beneficio para los débiles pero también lo es para quien se entrega. Cuando uno/a es pan para la vida, se interesa por la suerte y la dicha de quien menos posibilidades tiene está haciendo verdad la palabra de Jesús: colmar hambres de vida es la verdadera tarea de quien ha entendido la adhesión a Jesús.

                Oramos: Te bendecimos, Señor, porque no te cansas de sembrar vida en nuestros caminos; te alabamos porque suscitas en nosotros/as el hambre de vivir; de damos gracias por quienes persisten en ser mediación de vida para otros.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Jesús desenmascara la actitud de sus paisanos: ellos, que se dicen tan creyentes, en el fondo no creen porque no se apuntan con decisión a sembrar vida, a quitar hambres, a construir el futuro de su pobreza. Todos sus esfuerzos van por el cauce religioso y, desde ahí, esperan un Moisés mayor que llene mágicamente sus estómagos vacíos. Echan la pelota al tejado de Dios (de Moisés) cuando la responsabilidad está en sus manos. La religión no les ha hecho ver que son ellos los gestores de su dicha y de la de los demás. Cuesta creer en una adhesión a Jesús como afán real para colaborar a quitar hambre del camino humano.

                Oramos. Que nos animemos a quitar hambres de  la vida y del corazón de las personas; que construyamos un tipo de vida fraterno por encima de egoísmos; que acojamos con alegría la responsabilidad de quitar hambres que Jesús nos pone delante.

 

***

Desde la comunidad virtual:

 

                Quizá sea mucho decir que la comunidad virtual nos ayuda a quitarnos las hambres básicas de la vida. pero algo de eso va haciendo, poco a poco y moderadamente, en esta cercanía humana que nos posibilita el trabajo con la Palabra. Porque no creamos que el mayor beneficio de estas pequeñas inquietudes es que aprendemos más de Jesús o de religión. Eso viene después. Lo más importante es que va haciendo en nosotros cierta la evidencia de que nuestra vida tiene valor y sentido en la medida en que se orienta al disfrute, a la dicha y a la humanidad. Si nos hace "creer" en esto, nos ha ayudado a saciar nuestras hambres.

                Oramos: Gracias, Señor, por los pequeños gestos de humanidad que recibimos; gracias por quienes son fieles en mirar siempre en la dirección del otro; gracias por poner en nuestro camino manos y brazos que nos sostienen.

 

***

 

Para orar:

 

"Como pan vino la palabra,
como fragmento de crujiente pan
fue dada,
igual que pan que alimentase el cuerpo
de materia celeste.
Vino, compartimos su íntima sustancia
en la cena final del sacrificio.
Y nos hicimos hálito, sólo soplo de voz.
Palabra, cuerpo, espíritu.
El don había sido consumado."     

 

(José Ángel Valente)

 

***

 

Juan 30

CVJ

Domingo, 24 de enero de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

30. Jn 6,30-33

 

Introducción:

 

                Resulta difícil superar el mecanismo que hay en nosotros de esperar, muchas veces, que, ante nuestro problemas, las cosas nos vengan llovidas del cielo. Creemos aún mucho en mesianismos, cambios inesperados, loterías, prodigios. Pero resulta que la fuerza para cambiar, para mejorar, está dentro de nosotros/as. Esa fuerza no es otra que la fuerza del amor. Éste no es un simple sentimiento. Es un dinamismo, una fuerza (dynamis significa fuerza) con la que Dios nos ha dotado para poder construir una existencia nueva, para andar los caminos de la novedad. Por eso mismo, creer en la fuerza del amor, por ingenuo que parezca a estas alturas, es imprescindible para vivir con dignidad y novedad.

De eso habla el texto de este semana: los paisanos de Jesús creen que Moisés fue el gran benefactor porque les dio "pan del cielo", un pan que no habían sudado ni ganado. Pero, en realidad, quienes comieron de tal pan no están hoy con nosotros. Ese pan no les ha servido para puentear la dentellada de la muerte. Jesús dice que él tiene el pan verdadero, el que da "vida definitiva". ¿A qué pan se refiere? No es otro que el pan del amor, de una vida entregada en creciente y total amor. Ese pan es el que va dando vida definitiva a la historia. Y tal pan se cuece en la vida de cada uno/a. Es que, como hemos dicho otras veces tomando la frase de Gandi, el amor es una "fuerza política", es decir, tiene capacidad de transformar la realidad en sus mismas raíces. Creer a Jesús, adherirse a él, pasa por dar fe a esta honda intuición suya: tienes dentro (Dios la ha sembrado) la fuerza transformadora de tu vida y de la realidad. Esa fuerza no es sino el amor activado, creído, puesto en práctica, entregado. Es cuestión de "creer" y de darse, poco a poco, a la tarea.

 

***

Texto:

                       

                        30Le dijeron:

                -¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿En qué te ocupas? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo".

                        32Jesús les replicó:

                -Os aseguro que nunca os dio Moisés pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el genuino pan del cielo. 33Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y va dando vida al mundo.

 

***

Ventana abierta:

 

 

                Esta monja se llama Pilar Pascual. Es Hija de la Caridad, natural de Falces, Navarra. Una "monja cualquiera". Pero lleva muchos años, casi toda su vida, en Haití, trabajando en temas de alimentación de niños. Ahora ha salido a las páginas de la prensa porque estuvo varios días "desaparecida". Pero está viva y sigue con su terco propósito de seguir trabajando en un país empobrecido. Es gente que no se cansa de dar vida, de creer que el amor puede ir haciendo lo que deshace la pobreza, la opresión o un terremoto. Gentes como ella, anónimas pero amantes de la gente, son los que ponen carne al Evangelio.

                 Oramos. Gracias, Señor, por quienes creen a pie juntillas en la fuerza del amor; gracias por quienes ponen carne al Evangelio; gracias por quienes se sitúan en la orilla de los empobrecidos.

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús dice que su pan "da vida al mundo". Es decir, el mundo recibe un "chorro de amor" que viene de la persona de Jesús. Se puede pensar que lo que Jesús ha aportado a la historia de la humanidad es haber traído una religión (mejor o peor que otras). Pero, en realidad, lo más valioso de la aportación de Jesús al caudal de la vida es todo el amor que ha suscitado en quien se ha ido adhiriendo a él, todos los trabajos de amor (aunque fueren mal pagados) que muchas personas han sido capaces de poner en pie animadas por su recuerdo. Lo más valioso de la aportación de Jesús al tesoro de la vida ha sido su amor y el amor que ha suscitado en muchos corazones a lo largo de los años.

                Oramos: Gracias, Señor, por suscitar incansablemente amor entre las personas; gracias por sembrar amor en el surco de la vida; gracias por creer en el amor hasta entregar tu valiosa vida.

 

***

 

Ahondamiento:

 

                Los paisanos de Jesús le pedían constantemente "señales" que avalaran su actuación. No veían que tenían ante sus narices la mayor de las señales, la más fiable: su hondo amor. Con eso tendría que haber sido suficiente. Pero quien no tiene la vida asentada en el amor pide señales, argumentos, razones para creer en la posibilidad de una vida mejor. De ahí que, aunque suene lejano, es preciso intentar continuamente una conversión al amor, no tanto una conversión religiosa. Se ha creído que ésta podría enriquecer la vida del creyente. Pero, en realidad, lo que enriquece la vida del creyente y de toda persona es la vuelta a las sendas del amor, el continuo y fiel caminar en la orientación de una vida generosa y entregada. Creer en el amor supone una donación del corazón, un abrir la puerta de ese huerto cerrado que es nuestro interior más querido para compartirlo con otros.

                Oramos: Que nos convirtamos cada día al amor dándonos con creciente generosidad; que creamos que tenemos dentro la mayor fuerza de transformación personal y social que es el amor; que ayudemos a poner el amor por delante en nuestras actuaciones cotidianas.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Quizá sea mucho decir que la comunidad virtual pueda ser una plataforma para "darnos vida". Pero, en una parte humilde, así lo es: los pequeños gestos de cercanía, los recuerdos, el fiel continuar, el estar ahí, el orar en torno a la Palabra, los esporádicos encuentros, los pequeños planes comunes, son migajas del amor, pero muy valiosas. Con esos pocos se va confeccionando el menú de un banquete de amor. Por eso, no menospreciemos esos pocos ya que también ellos contribuyen a construir la vida en amor.

                Oramos: Que nos demos vida con nuestra cercanía; que nos demos amparo con nuestros abrazos; que nos demos amor con nuestra fidelidad.

 

***

 

Para orar:

 

¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano,
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles.


(ÁNGEL GONZÁLEZ)

 

***

 

 

 

Juan 29

CVJ

Domingo, 17 de enero de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

29. Jn 6,28-29

 

Introducción:

 

                Una de las maravillas inexplicables de la existencia humana es la capacidad que tenemos para construir adhesiones. La buena adhesión es profundamente desinteresada, mira al fondo de la realidad, no se mueve por valores económicos, es el rostro de la bondad más desconocida. Esas adhesiones brotan en todos los campos de la vida y las más maravillosas son aquellas que nacen en la vida de los humildes. En el subsuelo de la historia se han tejido y construido millones de adhesiones de profunda bondad y amor que hacen que uno pueda pensar que el horizonte de esta historia es la fraternidad y la dicha. Esas adhesiones habría que agradecerlas, cuidarlas, disfrutarlas, conmoverse ante ellas para que nos empujen a generar, también en nuestra vida, adhesiones similares. Estamos hablando de lo más noble de la existencia humana, de aquello que nos hace simple y profundamente humanos.

                El Evangelio de san Juan no dice que el seguidor/a tenga que creer en Jesús, sino que habría de ir dándole adhesión. La fe no es, según el Evangelio, la aceptación de un conjunto de creencias o de unos códigos de normas. Es una adhesión, algo hecho incomprensiblemente de amor y de bondad, un "pegarse" a la vida Jesús por la vía del amor, de la ternura, del temblor vital. Y esto no es sentimentalismo barato. Son los dinamismos más vivos de la persona. Si la fe en Jesús los desechara por infantiles, cometería un grave error. Una fe basada en la adhesión, en las hondas certezas, puede ser de calidad. Si únicamente se agarra a los dogmas religiosos, le amenaza la frialdad de lo que se cree, incluso el fanatismo religioso, pero carecería del fuego hondo, tenaz y reconfortante del amor. No es de extrañar que san Juan se empeñe en suscitar adhesión en quien lee su Evangelio.

 

***

 

Texto:

 

                28Ellos le preguntaron:

                -¿Cómo podremos dedicarnos a los trabajos que Dios quiere?

                        29Respondió Jesús:

                -Este es el trabajo que Dios quiere: que deis adhesión a quien Él ha enviado.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

 

                Este es Juan López de Uralde, director de Greenpeace en España, ya en libertad tras 21 días preso en Dinamarca por mostrar una pancarta de protesta en la cumbre del clima en Copenhague, habiéndose colado a la cena oficial de los políticos. Gran "crimen", al parecer, en la "democrática" Dinamarca. Dice este señor que lo volvería a hacer mil veces. Lo que maravilla de estas personas es una inquebrantable adhesión a un ideal, en este caso ecologista. Más allá de sus contradicciones (que las tendrán) son personas que logran tocar el fondo de la adhesión a un ideal. En ese sentido nos empujan a generar ideales nobles en nuestra vida y a mantenernos fieles por encima de tormentas.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes generan adhesiones hondas; gracias por quienes abrazan ideales nobles; gracias por quienes afrontan la injusticia y no desisten del bien.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice el pasaje de esta semana que el seguidor/a habría de prestar adhesión a Jesús entendiéndolo como un "enviado", es decir, como alguien que tiene conexión profunda con el Padre y su amor insaciable. Por eso, la adhesión es, en el fondo, un tremendo misterio de amor. Entronca con todos los misteriosos amores de la historia humana, inexplicables, gozosos, trémulos, envolventes. Construyendo la adhesión a Jesús se conecta, en el fondo, con el profundo e inexplicable misterio de todo amor. Adhiriéndonos (a Jesús y a cualquiera) entramos en ese misterio; despegándonos del corazón de los demás nos alejamos de ese misterio de vida.

                Oramos: Que nos atraiga siempre el amor de Jesús y el de las personas; que vivamos envueltos en el misterio del amor, aunque se manifieste de maneras humildes en nuestra vida; que nunca nos avergoncemos de amar.

 

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Ahondamiento personal:

 

                Dice el Evangelio de esta semana que construir la adhesión es un "trabajo". Por eso decimos que no se trata de mero sentimentalismo. Es un trabajo que se hace pacientemente, tenazmente, artesanalmente, poco a poco, día a día. El hermoso edificio de la adhesión está hecho piedra a piedra, entrega a entrega, silencio a silencio, donación a donación, camino a camino. Por eso, habríamos de desear esa tenacidad de quien se ha enamorado y está dispuesto/a a mantener ese amor alumbrado todos los días de su vida. Esa "tenacidad" es el rostro maravilloso de toda adhesión.

                Oramos: Que seamos constantes en construir adhesiones; que no nos quiebre nunca  ni nuestra debilidad ni la ajena; que el amor siempre alumbre nuestros pasos en la vida diaria.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Nuestros medios son modestos, pero podemos colaborar a entusiasmarnos con la persona de Jesús, a serle cada día más fieles y tenaces en nuestra adhesión a él. Nombrarlo, orarlo, recordarlo, ponerlo sobre la mesa, contagiarnos entusiasmo por la Palabra, acercarnos a él en la vida de las personas más en necesidad, éstos son los caminos sencillos para ir ayudándonos a construir nuestra adhesión a Jesús. Nada de esto sería posible si no mantenemos encendida la lámpara titilante pero necesaria del recuerdo. Por eso, la oración con la Palabra puede ser el aceite que mantenga siempre encendida esa pequeña lámpara.

                Oramos: Que demos valor a nuestro camino orante para mantener encendida la lámpara del amor a Jesús; que nos contagiemos deseo e interés por él; que nos animemos a permanecer siempre en la adhesión a quien está del todo adherido a nuestra vida, Jesús nuestro hermano.

 

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Para orar:

 

Para siempre me tienes a tu vera,
la querencia me aposta a tu costado,
y si acaso me ausento de tu lado,
tendida junto a ti dejo mi estera.
 
Para siempre me tienes, compañera,
para siempre me tienes aferrado,
parra que alzas, rosal que te ha trepado,
hiedra tenaz, osada enredadera.
 
Yo nunca cejo, amor, yo nunca cejo,
a menudo me vuelvo en el camino
y en el rostro me llevo tu reflejo.
 
Nunca me alejo, amor, nunca me alejo,
de pájaros me lleno y me culmino
y me venzo hacia ti, por ti me inclino.