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FIAIZ

Juan 104

CVJ

Domingo, 4 de marzo de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

104. Jn 15,1-6

 

Introducción:

 

                Los antiguos monjes del desierto, allá por los siglos III-IV, se retiraban a lugares apartados, decían, para construir “la ciudad de los seres humanos”. Porque una ciudad de personas no es solamente un conglomerado de viviendas, de comercios, de fábricas o de personas. Es una reunión de humanos que ponen en común su humanidad. Esto, a decir de muchos, dista mucho de lo que ocurre hoy en nuestras ciudades que parecen ser muy inhumanas. Pero es preciso descubrir el componente humano de nuestro ser ciudadano para potenciarlo, para resistir, para no dar por perdida la batalla de lo humano, sabiendo que esa lucha se hace en las distancias cortas, en el día a día, en lo que yo puedo hoy aportar al caudal de la vida

                Jesús dice en este evangelio que “el que sigue conmigo, produce mucho fruto”. ¿A qué fruto se refiere? Viendo si vida podemos responder con seguridad: el fruto es la humanidad. Cuanta más humanidad, más frutos. Es que el Evangelio no pretende lograr, en primera instancia, frutos religiosos, sino frutos de humanidad. De ahí que para medir el calado real que el Evangelio va teniendo en nuestra vida haya que valorar el nivel de humanidad que posee. A más humanidad, más Evangelio; a más Evangelio, más humanidad. Si el sabio dijo que “nada de lo humano me es ajeno”, con más razón ha de decirlo el seguidor/a de Jesús.

 

 

 

***

 

Texto:

 

15,1-Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.

2A todo sarmiento mío que no da fruto lo quita, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. 3Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he comunicado; 4permaneced en mí y yo permaneceré en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. 5Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.

 6Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como al sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

 

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                Esta es la entrada al parque José Antonio Labordeta de Zaragoza (antiguo Primo de Rivera). Un parque es un lugar de disfrute, de sola, de silencio, de naturaleza, de encuentro y, por lo mismo, de humanidad. El que esté dedicado a Labordeta, una persona de probada humanidad, es signo de mayor contenido aún. Los parques son uno de esos signos “inútiles, improductivos” que hay en las ciudades, pero que son imprescindibles. Quizá nos estén diciendo que, aunque poco productivos, aunque haya que cuidarlos, son lenguaje de la necesaria humanidad para la vida.

                Oramos: Gracias, Señor, por tener espacios de humanidad; gracias por quienes siembran lo humano; gracias por animarnos a vivir en creciente humanidad.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice el texto evangélico que para dar frutos de humanidad hay que “seguir con Jesús”. Es decir, es preciso adherirse a quien es humano. Jesús lo fue. Por eso, estar pegado a él, copiar en nuestro hoy sus criterios y modos de comportamiento, es la manera segura de producir frutos de humanidad. Si despojáramos a Jesús de su honda humanidad, su pretendida divinidad se esfumaría, ya que aquella es la que constituye el núcleo de su verdad.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por ser hondamente humano; te bendecimos por sembrar humanidad en los caminos de tu vida; te damos gracias por habernos llamado al camino de lo humano.

 

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                El Evangelio anima a “dar más fruto” cada vez. ¿De qué se trata? De ahondar en lo humano. La vida, con su desgaste, nos empuja a creciente superficialidad donde el ahondamiento en lo humano se hace poco menos que imposible. Es preciso contrarrestar esas fuerzas personales y sociales que nos empujan a la superficialidad transformándolas en un dinamismo de ahondamiento, de profundización, de contemplación. Es precio, como decía Tillich a quienes hemos citado en otras ocasiones, recuperar la dimensión perdida de la profundidad porque en ella descubriremos el sentido de lo humano y, a la vez, el sentido mismo de la realidad de Jesús y del Padre.

                Oramos: Que huyamos cada vez más de un estilo de vida superficial; que nos tiente el silencio, el ahondamiento, la contemplación; que superemos la barrera de lo externo para situarnos en la verdad de las personas y cosas.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Podríamos decir, y tendríamos razón, que orar nos hace más cristianos, más religiosos, en el buen sentido de la palabra. Pero, sobre todo, no lo dudemos, nos hace más humanos. Una de las evidencias de que este camino orante, largo de años, va siendo positivo para nosotros/as es vernos cada vez más humanos, más respetuosos, más comprensivos, más pacientes, más hermanos de todos y de todo. Si eso se palpa, la cosa va bien.

                Oramos: Que nos tire lo humano; que nos enriquezcamos sembrando humanidad; que disfrutemos de la humanidad de los demás.

 

***

 

Poetización:

 

Había bajado

al fondo de lo humano.

Nunca se marchó de allí,

quedó profundamente enamorado,

de nuestra pobre humanidad,

de la suya también.

Por eso llegó a la conclusión

de que ser humano,

profundamente humano,

era el fruto de la verdadera vid.

Percibió con claridad

que los frutos de la vieja vid de Israel,

la religión,

la norma,

la rectitud,

el mérito,

no eran los frutos verdaderos.

Cuando pasaba entre la viñas,

cuando tomaba en sus manos

el goloso racimo de uvas,

cuando bebía el vino agradable

de sus tierras de Galilea

llegaba siempre

a la misma conclusión:

el mejor fruto es la humanidad,

el mejor racimo

las personas que se abrazan,

el mejor vino

la alegría de quienes se aman.

Por eso mismo,

hambriento de humanidad,

decía de era preciso

que sus seguidores/as

dieran mucho fruto,

para que lo humano abundara,

se derramara,

sobrara por todos lados,

hasta hacer de esta vida

una ciudad,

una historia,

de seres humanos.

La ciudad de sus sueños.

 

***

 

Para la semana:

 

                Trata de mirar las situaciones difíciles con las que te encuentres estos días con ojos de humanidad.

 

***

 

 

Cuaresma franciscana

 

           

 

LA CUARESMA FRANCISCANA,

UNA CUARESMA COMO LA DE JESÚS

 

 

La Cuaresma tiene sentido cuando se la llena de contenido, no solamente cuando se la celebra porque toca, porque el calendario dice que es Cuaresma. Corremos el peligro de lo cíclico, de lo superficial. Una espiritualidad, la cristiana, la franciscana, vale si se la recrea, si se la hace nueva cada día. Hay que animarse a que la Cuaresma de este año no pase sin pena ni gloria. Francisco puede ayudarnos a vivir una Cuaresma con sentido.

 

1. La luz de los textos franciscanos

 

            Vamos a tomar un texto de las Florecillas. Aunque es un texto tardío, conserva muy bien en el fondo el espíritu franciscano. Quizá nos dé pistas para vivir bien la Cuaresma al estilo franciscano.

 

Capítulo VII de las Florecillas de san Francisco

Cómo San Francisco pasó una cuaresma en una isla del lago de Perusa
con sólo medio panecillo

Al verdadero siervo de Dios San Francisco, ya que en ciertas cosas fue como un segundo Cristo dado al mundo para la salvación de los pueblos, quiso Dios Padre hacerlo, en muchos aspectos de su vida, conforme y semejante a su Hijo Jesucristo, como aparece en el venerable colegio de los doce compañeros, y en el admirable misterio de las sagradas llagas, y en el ayuno continuo de la santa cuaresma, que realizó de la manera siguiente:

Hallándose en cierta ocasión San Francisco, el último día de carnaval, junto al lago de Perusa en casa de un devoto suyo, donde había pasado la noche, sintió la inspiración de Dios de ir a pasar la cuaresma en una isla de dicho lago. Rogó, pues, San Francisco a este devoto suyo, por amor de Cristo, que le llevase en su barca a una isla del lago totalmente deshabitado y que lo hiciese en la noche del miércoles de ceniza, sin que nadie se diese cuenta. Así lo hizo puntualmente el hombre por la gran devoción que profesaba a San Francisco, y le llevó a dicha isla. San Francisco no llevó consigo más que dos panecillos. Llegados a la isla, al dejarlo el amigo para volverse a casa, San Francisco le pidió encarecidamente que no descubriese a nadie su paradero y que no volviese a recogerlo hasta el día del jueves santo. Y con esto partió, quedando solo San Francisco.

Como no había allí habitación alguna donde guarecerse, se adentró en una espesura muy tupida, donde las zarzas y los arbustos formaban una especie de cabaña, a modo de camada; y en este sitio se puso a orar y a contemplar las cosas celestiales. Allí se estuvo toda la cuaresma sin comer otra cosa que la mitad de uno de aquellos panecillos, como pudo comprobar el día de jueves santo aquel mismo amigo al ir a recogerlo; de los dos panes halló uno entero y la mitad del otro. Se cree que San Francisco lo comió por respeto al ayuno de Cristo bendito, que ayunó cuarenta días y cuarenta noches, sin tomar alimento alguno material. Así, comiendo aquel medio pan, alejó de sí el veneno de la vanagloria, y ayunó, a ejemplo de Cristo, cuarenta días y cuarenta noches.

Más tarde, en aquel lugar donde San Francisco había hecho tan admirable abstinencia, Dios realizó, por sus méritos, muchos milagros, por lo cual la gente comenzó a construir casas y a vivir allí. En poco tiempo se formó una aldea buena y grande. Allí hay un convento de los hermanos que se llama el convento de la Isla (3). Todavía hoy los hombres y las mujeres de esa aldea veneran con gran devoción aquel lugar en que San Francisco pasó dicha cuaresma.

En alabanza de Cristo bendito. Amén.

Subrayamos los siguientes puntos:

 

1)      La Cuaresma de Francisco es como la de Jesús, tiene a Jesús dentro. Lo importante no es tanto la penitencia que hace, sino el deseo de Jesús, el afán por ponerlo en modos reales en centro de la vida.

2)      Para lograr esta “Cuaresma cristológica” habrá que usar, como Francisco, los medios del aislamiento (silencio) y la sencillez de vida. No son un fin en sí mismos, sino una herramienta ya que a Francisco no le interesa tanto la penitencia sino la realidad de Jesús.

3)      Cuando dice el texto que Francisco comió medio pan es que quiere decir que está huyendo de un ayuno orgulloso, y que quiere vivir el ayuno humilde de la vida que ha sido el ayuno del mismo Jesús que ha vivido una vida humilde y entregada.

4)      Dice el texto que se formó en aquella isla una aldea grande y buena, una comunidad. El ayuno cristiano, el que hacen Jesús y Francisco tiene que llegar a crear comunidad.

 

2. Derivaciones para nuestra vida franciscana

 

            Sacamos algunas derivaciones que nos ayuden a vivir la Cuaresma de este año al estilo franciscano:

 

1)      Lo más importante de la penitencia franciscana, no hay que olvidarlo, es crecer en el seguimiento y amor de Jesús. El franciscano/a no es tanto un penitente cuanto un seguidor. Que en la Cuaresma de este año crezca nuestro deseo de seguir a Jesús.

2)      Francisco nos enseña que el silencio y el ayuno se orientan a la contemplación, al ahondamiento de la fe. No son un fin, sino un medio para adentrarse en la realidad hermosa del Jesús que nos salva.

3)      La Cuaresma franciscana ha de ser Cuaresma solidaria. No es tanto la Cuaresma de quien no come, sino la del que comparte. Vivir sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir.

4)      El ayuno cuaresmal ha de llevar a crear comunidad, a hacer más fuertes nuestros lazos creyentes y humanos. El ayuno franciscano no es una práctica ascética individual, sino una escuela de fe y de solidaridad comunitaria, fraterna.

 

3. Una Cuaresma en el contexto de la ESEF

 

            No todos los contextos son iguales. Este año es el de la ESEF. Hay que mezclar esta espiritualidad cuaresmal franciscana con la vida en la ESEF:

 

  • Hacer del estudios de los escritos de Francisco y Clara un trabajo de descubrimiento de Jesús: Porque ellos nos dirían eso: mis textos no son importantes; yo mismo no soy importante. El importante es ÉL. Descúbrelo a través de mis textos.
  • El silencio del estudio como un silencio cuaresmal: Fecundo, por tanto, aunque tenga también su lado duro. Habitar gozosamente el silencio del estudio con un trabajo honrado, ordenado, tenaz, fiel, disfrutante.
  • Hacer del estudio y del compartir un camino de entrega: No solamente un camino de aprendizaje académico. Aprender de Francisco y Clara la hermosa lección de la entrega, lección cuaresmal y pascual.
  • La comunidad de la ESEF como una comunidad cuaresmal: Es decir, una comunidad que camina tras la Pascua, que la prepara, que la quiere vivir, que se ayuda en lo poco que se pueda a que sea realmente una pascua distinta.

 

Conclusión

 

            Animémonos a una Cuaresma con espiritualidad franciscana. Puede ayudarnos a descubrir a Jesús en modos nuevos, “alimentados”, cultivados. Es una oportunidad que tenemos por el don del amor del Padre.

Juan 103

CVJ

Domingo, 26 de febrero de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

103. Jn 14,30-31

 

Introducción:

 

                Estamos percibiendo en estos últimos tiempos los duros e inhumanos mecanismos del sistema con tanta crudeza que la terrible sensación de no poder escapar de ellos nos atenaza y nos lleva a una oscura resignación. Tiene que ser así, decimos, no hay otro camino. Pero esto no es totalmente cierto: siempre hay posibilidad de generar una vida libre, aun dentro de una sofocante opresión. Los viejos filósofos estoicos hablaban de la “adespotía”, la vida sin déspotas, sin tiranos. La gente del 15-M clama por la posibilidad real de un tipo de vida  social distinto. No muere el afán de oponerse a los mecanismos de inhumanidad para andar la senda, siempre nueva, de los valores humanos.

                Es lo que dice Jesús cuando habla de que “el jefe del orden éste…no puede nada contra mí”. Lo inhumano de la vida que Jesús ha sufrido con abundancia (desde su pobre nacimiento hasta su dura muerte) no ha podido con sus utopías, con sus decisiones para hacer el bien, con sus anhelos hondos, con el sueño de la nueva sociedad. Cuanto más se ha cebado en él el jefe del orden éste, con más decisión ha brotado su absoluta decisión de ser bueno. De lo contrario no se explicaría que, aún hoy, su sueño del reino permanezca intacto entre nosotros.

 

***

 

 

Texto:

 

                30Ya no hay tiempo para hablar largo, porque está para llegar el jefe del orden este. No es que él pueda nada contra mí, 31sino que así comprenderá el mundo que amo al Padre y que cumplo exactamente lo que me mandó. ¡Levantaos, vámonos de aquí!

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                Esta mujer es Cristina Ponce, madre de una niña enferma de diabetes que ha removido cielo y tierra para que una investigadora de Valencia, Silvia Sanz (con ella), pueda seguir investigando la curación de tal enfermedad. Ha logrado reunir 7.000 euros. Meriendas, huchas solidarias y ventas de camisetas han servido al propósito. Lo inhumano de un sistema social que corta el dinero para el bien y lo pone en manos de la cruel especulación, al ser cuestionado, es un síntoma de que el “jefe desorden éste” no se saldrá con la suya.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes creen en el amor y su eficacia; gracias por quienes luchan con generosidad y respeto; gracias por quienes aman asumiendo riesgos.

 

***

 

 

Desde la persona de Jesús:

 

 

                Jesús dice que “cumple exactamente lo que el Padre le mandó”. Y ¿qué es eso? Hacer ver la dignidad de toda persona y el horizonte de la dicha al que está destinada. Por eso, todo mecanismo que se oponga a ambas cosas se topará de frente con la persona y la obra liberadora de Jesús. El Evangelio viene a decir que, por mucha que sea la maldad de la historia, la lucha por la dignidad siempre estará vigente. Y que, además, el horizonte de la dicha nunca ha estado más cerca de nosotros que hoy. Y que cada día se hará más cercano.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por tu lucha nunca abandonada por el logro de la dignidad; te damos gracias por creer en el valor de la dicha a la que estamos destinados; te bendecimos pro acercarnos el día hermoso del reino.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Dice el evangelio que “ya no hay tiempo para hablar largo”. No hay que perder el tiempo en conversaciones vanas mientras la suerte de los débiles está aún por ser colmada. El anhelo de un tiempo en que el sistema no sea quien domine a las personas es preciso construirlo. Cualquier aportación que se haga a ese horizonte de dicha será bienvenida. Por eso hay que abandonar los lamentos y las críticas estériles. Es preciso animarse a remangarse los brazos y a colaborar en lo que se pueda:

                Oramos: Que nos conmovamos y que nos movamos; que seamos soñadores de la dicha y constructores de la misma; que trabajemos con tesón por lo que amamos.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                La mejor manera de escapar de una vida sistémica es situarse en el amor. Éste tiene una capacidad de creatividad que nadie puede constreñir. Por eso mismo, el sistema está despojado de amor; es duro y frío. De ahí que, a su manera, la comunidad virtual nos ayuda, además de a la oración y a la amistad, a una vida creativa que cae un poco menos en las garras del sistema, en los duros y trillados caminos del desamor. Desde ese lado habrá que decir que hacer parte de este grupo es también una suerte.

                Oramos: Que agradezcamos a quien nos ayuda a escapar de la opresión del sistema; que valoremos la creatividad de quien ama; que sintamos la cercanía de quien nos quiere bien.

 

***

 

Poetización:

 

Tenía dentro

la fortaleza de quien sueña;

anidaba en él

el vigor de quien ama;

tenía su corazón

la fuerza de quien mira al alma.

Por eso podía decir

que el jefe del orden este,

el espíritu inhumano,

no podía hacer presa en él.

Nadie lo diría

viendo su pobre vida

 y, sobre todo,

viendo su dura muerte.

Pero, en verdad,

el sistema no lo devoró,

la inhumanidad no fue su patria.

Se libró de las garras del mal

porque nunca se apeó

de la certeza de la dignidad

de toda persona,

de toda criatura.

Se vio exento de la opresión de la tristeza

porque siempre creyó

en la posibilidad de una dicha

generosa y común.

¿Quién le inspiró

esta mística?

Él nunca lo dudó:

era el Padre quien le susurraba

a los oídos y al corazón

la certeza de la dicha para todos

y de la dignidad común.

Era como si escuchara al Padre decirle:

mientras creas en la dignidad

y repartas dicha y amor

el sistema opresor

no podrá contigo,

aunque parezca que te derrota.

Y así fue,

hasta en los momentos más duros.

 

***

 

Para la semana:

 

                Trata de mirar la dignidad evidente de toda persona, aunque sea débil. Colabora con buen humos a la dicha de quien vive cerca de ti.

 

***

 

Juan 102

CVJ

Domingo, 19 de febrero de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

102. Jn 14,27-29

 

Introducción:

 

                Nuestra cultura es, a veces, muy rígida en el tema de las presencias: uno está, si está físicamente presente. Si está físicamente ausente o difunto, ya no está. En realidad, hay muchas formas de estar presente, aunque no sea físicamente: recuerdos vivos, gestos y palabras que aún son evocadores, entregas que son valoradas más allá de los años, obras que benefician lo humano y se perpetúan en el gozo de quien hoy las disfruta, etc. Son otros modos de presencia, tan vivas o más que las maneras simplemente físicas. Es la evidencia de que a la vida no hay quien le ponga coto y que ésta se derrama más allá de los estrechos límites de lo que vemos.

                Algo así ha pasado con la persona de Jesús. Él ha dicho: “me marcho para volver con vosotros”. Es decir, Jesús, tras su muerte generosa, ha “vuelto” al fondo de la vida, al seno de la comunidad, al corazón de la persona. Hoy está con nosotros con más fuerza y libertad (libre de las estrecheces de la historia) que cuando andaba por Galilea. La suya es ahora una presencia más viva y eficaz que cuando sus discípulos hablaban con él. Creer en la presencia de Jesús no es algo meramente espiritual. La suya es un tipo de presencia histórica que va más allá de los límites de lo que vemos. Por eso su presencia nos puede sostener y reconfortar.

 

               

***

 

Texto:

 

27 “Paz” os dejo, mi “paz” os doy: no os la doy como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. 28Me habéis oído decir: Me voy y vuelvo a vuestro lado. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. 29Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.

 

 

***

 

Ventana abierta:

 

                En otras ocasiones hemos hablado de Alejandro Labaka y de Inés Arango, misioneros muertos en las selvas de la amazonía ecuatoriana por los indígenas Tagaeri. Este año se cumplen 25 años de su entrega. Para muchos de quienes les conocimos, su presencia sigue viva, sus palabras proféticas, sus maneras generosas, su decisión de llegar hasta el final por los empobrecidos de la tierra. De ahí que su recuerdo logre avivar en nosotros de ser cauce de paz y de justicia con los débiles.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes dan y se dan; gracias por quienes miran, sobre todo, por los más débiles; gracias por quienes siguen enamorándose de la paz y la justicia.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                La certeza del valor de la presencia de Jesús en medio de nosotros le lleva a decirnos: “No estéis intranquilos ni tengáis miedo”. La presencia de Jesús es una fuente de sosiego y de valentía. Nuestra vida está marcada, con frecuencia, por la desazón y la fuga ante los problemas de la vida. Jesús, su presencia benéfica en la historia, colabora al logro de esa tranquilidad esencial que puede llevarnos a vivir de manera más gozosa.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por tranquilizar nuestras desazones; te bendecimos por aquietar nuestros desasosiegos; te damos gracias por conjurar nuestros temores.   

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                En la vida hay muchos momentos en que es preciso despedirse, cortar amarras, dejar la casa cotidiana. Pero, aunque eso sea necesario, se puede mantener la conexión por encima de distancias, kilómetros, países. Basta querer seguir en la vida del otro. Esta presencia continua es un modo eximio de fidelidad básica. Si la amistad se pierde, no fue verdadera amistad. Por eso, se puede soñar, por encima de limitaciones, con una presencia fiel en la vida de quienes amamos.

                Oramos: Que seamos fieles en el amor y en la amistad; que podamos guardar con viveza la relación que nos ha humanizado; que aprendamos a vivir en relación continuada con quien hemos aprendido a amar.

               

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Nuestra comunidad virtual, por definición, no goza de una presencia continua. Pero la evidencia del gozo de nuestros encuentros esporádicos, de nuestros saludos pasajeros hace ver que cultivamos ese misterio de la presencia, más allá de los límites del espacio. Cuando hablamos de “vida acompañada” estamos hablando de algo real, verdadera presencia entre nosotros. Saber que estamos ahí nos hace disfrutar más de la relación cuando nos vemos.

                Oramos: Que apreciemos los gestos sencillos que llevan a disfrutar más de nuestras presencias; que valoremos nuestros encuentros como una gran suerte; que el mutuo interés lleve a un aumento de la alegría común.

                 

***

 

Poetización:

 

Temía irse;

les costaba dejarlos,

sentía perderlos,

temía que los rasgos

de los rostros amados

se difuminaran

en la niebla del olvido.

Pero luego se reponía

y sabía que podía volver,

que entraría de nuevo en su casa,

que caminaría gozoso a su lado,

que, de algún modo,

compartiría con ellos

la mesa de la alegría.

Por eso mismo

no se despedía como todo el mundo

que cree que muere

cuando dice adiós.

Él volvería

y, con su vuelta,

la intranquilidad desaparecería,

el miedo se esfumaría,

la alegría volvería

con su risa loca.

El Padre, les decía,

es más que mi propia muerte;

por eso, cuando me dé la vida

volveré a estar con vosotros

con una fuerza que ahora,

ni vosotros ni yo,

podemos sospechar.

Quiso avisarles

porque el zarpazo de la muerte

iba a ser terrible.

Pero ellos llegaron a creer

en la verdad de su presencia.

Lo notaban

cuando en las horas difíciles

el amor a Jesús

permanecía vivo,

cuando en la derrota

brotaba con fuerza la esperanza.

No podía ser sino su presencia,

su mano cálida

reinventando caricias.

 

***

 

Para la semana:

 

                Trata estos días de mantener viva la presencia de quienes amas, aunque estén lejos.

               

***

 

Juan 101

CVJ

Domingo, 12 de febrero de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

101. Jn 14,21-26

 

Introducción:

 

                La manera superficial en la que, a veces, vivimos la vida nos lleva a concluir que todo pasa, que no hay nada que permanezca, que las cosas y las situaciones de vida resbalan sobre nosotros como el agua sobre la roca. Y no es verdad. Hay cosas, personas situaciones, experiencias de vida que calan hasta el fondo y se quedan ahí. Las grandes experiencias de dicha, de gozo, de dolor, de estremecimiento bajan hasta el fondo de lo que somos y se quedan ahí de una manera siempre viva y presente. Es lo que llamaríamos el fondo de la vida. En ese fondo de la vida se asienta lo que de verdad somos. Por eso, cuantas más experiencias, personas, vivencias, bajen a él, mejor cimiento tendrá nuestra vida.

                Es que el texto del Evangelio de esta semana habla de ese fondo. Tengamos en cuenta que el texto Jn 14,23 quizá sea la cumbre de la espiritualidad joánica, lo que de verdad quiere decirnos el Evangelio de Juan. Si estuviese aquí su autor quizá nos diría que ese verso es el principal. Quiere decirnos que en el fondo de nuestra vida se han instalado, por amor, el Padre y Jesús, que han venido a nosotros para poner su morada entre nosotros con la intención de no irse nunca más. De tal manera que nuestra vida ya no es una vida sola, dejada de la mano de Dios, perdida en el ancho cosmos. No, es casa donde el Padre y Jesús viven, nos acompañan, nos sostienen, nos alientan. Muchas veces, por nuestra superficialidad o por nuestra limitación, no los sentimos presentes. Pero ellos sigue ahí tercamente porque su amor les ha llevado a la conclusión de que esa casa es su casa, nuestra casa. Quien hiciera suya esta formidable experiencia creyente sería persona sosegada y gozosa, por encima de las apreturas a que nos somete la vida.

 

 

***

 

Texto:

 

21El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; el que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.

22Le dijo Judas, no el Iscariote:

-Señor, ¿qué ha sucedido para que te muestres a nosotros y no al mundo?

23Respondió Jesús y le dijo:

-El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. 24El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

25Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado; 26pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.

 

 

***

 

Ventana abierta:

 

            Es una foto cualquiera: una pareja anciana va caminando. Él lleva un bolso grande: simboliza todo el peso que la vida va cargando en nuestro caminar. A pesar de ello, se mantiene todavía en pie y “tira” de su anciana mujer que va detrás. Es el símbolo humilde lo que es una vida acompañada: llevar las cargas y ayudar a sobrellevar la vida con alegría y sosiego, sin protestar en exceso, poniendo una pizca de alegría en los inevitables sinsabores de la existencia.

                Oramos: Te damos gracias, Señor, por quienes se mantienen enteros por encima de las dificultades; te damos gracias por quienes echan una mano para sobrellevar el peso de los días; te damos gracias por quienes siembran sosiego en la vida de los humanos.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús dice que el Padre le va a demostrar su amor a la persona. Y ¿cómo lo va a hacer? Quedándose a vivir con ella. La cercanía del Padre a nuestra vida es la prueba evidente de su amor. Jesús la sintió casi siempre. Y cuando no la sintió, en la cruz, no por eso dejaba de estar. Estaba más cerca, si cabe. Esa demostración de amor del Padre fue, tal vez, el gran motor de la vida de Jesús. Lo aprendió en sus noches de oración. Lo vivió en los caminos. Pero siempre fue una certeza en el fondo de su alma, en el cimiento de su vida.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por la certeza de que el Padre estaba en tu fondo; te alabamos por habérnoslo dicho; te alabamos por tu amor hondo a la vida como casa del amor del Padre.

 

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                A veces pretendemos que la vida nos ofrezca grandes cosas que nos dejen deslumbrados. Pero las más grandes, las que permanecen en el fondo de nuestra experiencia humana son, con frecuencia, cosas muy sencillas. Es a estas a las que hay que prestar atención: un encuentro, una conversación grata, un rato de silencio y de sosiego, la contemplación de algo bello, un momento de oración, un abrazo, una sonrisa, una palabra buena, etc., así son los elementos sencillos que contribuyen a la dicha humana. Lo grande tiene peligro de ser un fuego de artificio.

                Oramos: Que nos deslumbre lo humilde; que nos atraiga lo sencillo; que nos tire la hermosura de lo cotidiano.

 

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Los años, a pesar de la “virtualidad” de nuestro grupo, nos van dejando la certeza de que nuestra relación es algo de eso que va pasando, poco a poco, al fondo de nuestra experiencia vital. Llevamos muchos años en este camino. Muchos nombres y situaciones se han ido acumulando. Son parte de nuestra experiencia. Nos sentimos acompañados, les acompañamos, aunque no medien palabras. De algún modo, siguen ahí.

                Oramos: Que valoremos las pequeñas aportaciones al fondo de la comunidad virtual; que creamos en los valores sencillos; que nos hablemos y miremos con cordialidad.

 

***

 

Poetización:

 

Él lo sabía,

lo había experimentado,

antes de decirlo:

la compañía del Padre

era una constante en su vida.

Lo aprendió

en las noches de oración,

cuando el susurro de su nombre

-¡Padre!”-

se perdía

en el silencio

y en la oscuridad.

Lo aprendió

en los caminos,

cuando veía

el rostro del Dios vivo

en los rostros,

heridos o gozosos,

de las personas.

Lo aprendió de forma dura

cuando en la cruz

no lo veía

ni lo sentía cerca.

Algo le decía en el fondo de su alma

que el Padre

seguía ahí,

más cercano y cariñoso

que nunca.

Por eso pudo decir

que el anhelo mayor de Dios

era poner su casa

entre nosotros,

hacer de nuestro barrio

su barrio,

de nuestro piso, el suyo,

de nuestras calles y plazas

el lugar para el encuentro.

Si entendierais esto,

nos diría,

vuestra vida discurriría,

larga y sosegada,

como los grandes ríos.

 

***

 

Para la semana:

 

                Trata de vivir la certeza de que el Padre y Jesús acompañan tu vida. Recuérdalo en algún momento del día. Compártelo con alguien.

 

***

 

 

Juan 100

CVJ

Domingo, Domingo 5 de febrero de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

100. Jn 14,18-20

 

Introducción:

 

                El orgullo humano nos lleva a creer que vivir de otro es cosa de niños o de personas débiles. Un adulto es autosuficiente y vive de su propia y exclusiva vida. Sin embargo esto es, al menos en parte, una ficción: todos dependemos de todos, de los animales, de las cosas. Vivir de otro es el modo humano de vivir. Es cierto que cuando uno vive de otro sin pegar palo al agua es un parásito. No queremos decir eso cuando hablamos de “vivir de otro”. Estamos desvelando el misterio de interdependencia que es la vida de la persona y de la certeza de que, cuanto más construyamos tal interdependencia, más humanos seremos.

                Jesús dice que “de la vida que yo tengo viviréis también vosotros”. Es decir, Jesús piensa que entre el Padre y él, entre él y nosotros hay un trasiego de humanidad que nos ayuda a todos a vivir, a ser más en plenitud lo que estamos llamados a ser. Vivir de Jesús, por tanto, no es un simple pensamiento espiritual. Es funcionar con la certeza de que nuestras vidas son interdependientes y de que, por lo mismo, la soledad tiene perdida la partida. Jesús también ha vivido de otros: sin el Padre, sin su familia, sin sus amigos/as, sin sus paisanos, sin la gente con la que ha cruzado su camino histórico su vida no solamente no habría sido la misma, sino que habría sido mucho más pobre.

 

***

 

Texto:

 

18No os dejaré desamparados, volveré con vosotros. 19Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis, y viviréis, porque yo sigo viviendo. 20Aquel día sabréis que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

            Esta es una foto que nos resulta familiar porque pertenece, por desgracia, a la más cruda realidad: la cola del paro. Personas que, sin trabajo, viven (malviven) del subsidio del desempleo. Viven “de otros”, pero no es una vergüenza. Y no solamente porque se les devuelve una parte de lo que ya han cotizado para un tal seguro, sino porque la sociedad que no es capaz de darles algo que es un derecho (un trabajo digno) tiene que ofrecerles, al menos, una ayuda para sobrevivir. Institucionalizar socialmente la ayuda es un modo de hacer ver que, al vivir de otro, no solamente no pierdes tu componente humano, sino que se activa la justicia.

                Oramos: Que hagamos vivir al débil con justicia y generosidad; que sepamos vivir de otro sin vergüenza y con agradecimiento; que contribuyamos a suavizar y dignificar la vida de quien lo pasa mal.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús dice que, al vivir de su vida, lo veremos con más facilidad cuando su figura histórica haya desaparecido. Esto es así porque entonces dio vida a quien andaba escaso de ella. Y ahora sigue dando vida a toda realidad para que nuestro camino histórico no se frustre. Quizá no lo vieran como “dador de vida”. Pero eso fue siempre lo que hizo: dar vida sin humillar, sin herir, sin avergonzar. Así lo percibieron muchos.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por darnos vida sin humillarnos; te bendecimos por darnos vida con generosidad total; te damos gracias por darnos vida aunque no te podíamos pagar.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Nos descubre el Evangelio la identidad entre el Padre, Jesús y nosotros. Y ¿en qué somos idénticos? En el afán de vivir y de dar vida. El Padre quiere vivir su amor de Padre y, para ello, da la vida a raudales. Jesús quiere vivir su generosidad de Hijo y, para ello, se entrega sin medida. Nosotros queremos vivir en la dicha y el gozo más allá de toda limitación y, para ello, el mejor camino es sembrar vida a nuestro alrededor. Esta es la gran vocación de los tres.

                Oramos: Bendigamos al Padre que nos ama y nos da vida a raudales; celebremos al Hijo que nos ampara y es generoso sin medida con nosotros; y que entre nosotros derramemos vida sin desfallecer.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Podríamos creer que el trabajo orante nos ayuda a ser mejores cristianos/as y, en parte, es así. Pero, sobre todo, nos ayuda a vivir y a dar vida, a gestar la vida y a entrelazar nuestras vidas. De ahí que el gran fruto de nuestra comunidad virtual no sea tanto la oración cuanto el amor y el disfrute de la vida. Esto tendría que llevarnos a ser personas reconciliadas y agradecidas con el mero hecho de vivir.

                Oramos: Que disfrutemos de la vida y contagiemos esperanza; que cantemos la vida y disipemos sus sombras; que difundamos el gusto por la vida en quien duda cercado por el desaliento.

 

***

 

Poetización:

 

Él también vivió de otros:

del amor cálido del Padre,

del amor cuestionable, pero necesario, de su familia,

del amor, a veces interesado, de sus amigos,

del amor desconfiado de sus paisanos,

del amor voluble de la gente.

Vivió de amores

porque vivía de amor.

Así nos mostró

que vivir de otros

es el camino de lo humano

que no significa debilidad

sino camino de criaturas.

Nos vino a decir

que aprender a vivir de otro

es la única manera

de vivir para otros.

Solamente quien vive de otros

puede hallar gozo en el vivir.

De lo contrario

no se entendería bien

la palabra de Jesús

que Pablo cita:

“hay más gozo en dar

que en recibir”.

Muchos creyeron

que vivían de Jesús;

Eso les animó

a ser vida para otros.

Así es como la vida

se derrama,

exuberante.

***

 

Para la semana:

 

                Préstate con facilidad a que otros vivan de ti. Agradece la vida que te dan los demás.

 

***

 

Juan 99

CVJ

Domingo, 29 de enero de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

99. Jn 14,15-17

 

Introducción:

 

Solamente los fatuos y engreídos creen que no necesitan de ninguna clase de ayuda. La mayoría de nosotros, tarde o temprano, tenemos que tender la mano. Esto no nos empobrece como personas. Al contrario, percibirnos necesitados de ayuda es percibirnos humanos. Desechar la ayuda y cerrarse en la propia suficiencia es empobrecerse. Cada vez que una mano se nos ofrece es cuando se abre horizonte a la persona. Esa es la hermosa verdad de lo humano: al estar necesitados los unos de los otros puede surgir la fraternidad. Las necesidades nos hacen humanos, no así la autosuficiencia.

                Por todo esto, cuando Jesús promete un “valedor”, un llamado para favorecernos, no desvela únicamente nuestra necesidad. También está hablando de nuestra honda humanidad. De ahí que no deberíamos sentirnos humillados por pedir ayuda, ni engreídos por darla. Jesús mismo ha recibido el valedor del Padre; él también ha necesitado ayuda y por eso ha podido darla. Sin tal ayuda Jesús no habría podido resistir el peso de las propias opciones. Por eso, cuando quiso prometer a los suyos algo hermoso y necesario prometió un “valedor”, alguien que ayude, que eche una mano. En 1 Jn 2,1 se dirá que Jesús es “el valedor” de toda persona, dispuesto a nuestro favor en todo momento. La esencial soledad de nuestra vida queda arrinconada.

 

 

***

Texto:

 

15-Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. 16Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, 17el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis porque vive con vosotros y está con vosotros.

 

 

***

 

 

Ventana abierta:

 

 

Esta foto alude al tema de la Ley de Dependencia, puesta ahora en cuestión, debido a la política de recortes sociales drásticos del Gobierno. Es evidente que la situación de muchas personas débiles estaría sin salida sin la ayuda de toda índole que precisan. Una sociedad que no se ayuda, no es una sociedad de humanos. Por eso mismo, para humanizar el hecho social hoy hay que pedir y exigir que el monto destinado a ayudas sociales aumente. No se trata de reivindicaciones sociales, sino humanas. La ayuda social es el rostro de nuestra humanidad.

Oramos: Que nos humanicemos ayudándonos; que hagamos una sociedad humana amparándonos; que alejemos soledades sosteniéndonos.

 

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                La soledad mina el corazón de la persona. Por eso es preciso combatirla a base de creciente amparo. Jesús dice que “el valedor estará siempre con vosotros”. El amparo del Padre, que Jesús lo siente vivamente es continuo, cotidiano. Si alguna vez dejó de sentirlo, allá en el huerto, no quiere decir que no lo tuviera. Un amparo sostenido es el que Jesús promete. La orfandad se ha alejado para siempre del camino humano. Siempre estará el Padre sosteniendo la vida hermosa, aunque frágil, de su creatura.

                Oramos: Nos adherimos a Jesús que ampara con delicadeza; nos unimos al Padre que ampra con tenacidad; nos sentimos cuidados por quien nunca nos deja solos.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Dice el texto que el mundo no percibe la presencia del valedor. Lo inhumano, el mundo y su superficialidad, consideran innecesaria la ayuda que humaniza. Por eso mismo quienes ayudan pasan desapercibidos, cuando no menospreciados. Pero eso nos los hace menos necesarios. Descubrirlos y valorarlos es algo que nos hace más humanos.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes ayudan en silencio; gracias por quienes no se constituyen en centro de las relaciones; gracias por quienes persisten en la ayuda más allá de cualquier menosprecio.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Las ayudas que nos damos los componentes de la comunidad virtual son ayudas que pueden parecer de poca monta. Y no son ayudas llamativas. Pero escucharnos, compartir pequeños caminos, estar atentos a las situaciones en que se engarza nuestra vida, celebrar los pequeños logros y mitigar los inevitables dolores, son ayudas impagables. Desvelan la bondad del corazón, elemento imprescindible para vivir en un cierto gozo.

                Oramos: Que nos acompañemos sin exigirnos nada; que nos sostengamos para poder vivir con alegría; que nos comprendamos para acercarnos al corazón del otro.

 

***

 

Poetización:

 

Él también tuvo que pedir ayuda,

él también necesitó amparo;

él también mendigó amor.

Por eso mismo

cuando prometía un valedor

se prometía a sí mismo,

prometía su abrazo cálido,

su sonrisa amable,

su palabra que reconforta.

Tenía claro

que la vida sin ayuda

se vuelve áspera

como un desierto

calcinado por el sol.

Había experimentado

que el abandono

es la puerta misma del abismo.

De ahí que prometiera

la compañía del valedor,

la fuerza de quien no falla

el sostén de quien no trastabilla.

Más aún, para convencernos y animarnos

se prometió a sí mismo

como el mejor valedor,

como abogado incansable,

como aquel que tiene como vocación

sostener al vacilante,

animar al temeroso,

alentar al amenazado por la oscuridad.

Así lo entendieron sus amigos;

por eso, cuando lo decía

su interior se animaba

con el íntimo fuego

de una compañía segura.

La vida era así menos dura

 

***

 

Para la semana:

 

Estos días sé “valedor” para alguien que esté pasando un mal rato. Simplemente, acompaña un poco.

 

***

 

 

Los "otros sacramentos" en el Evangelio de Juan

LOS “OTROS SACRAMENTOS”

EN EL EVANGELIO DE JUAN

 

        La tradición de la Iglesia ha fundamentado su práctica sacramental dirigiendo su mirada, entre otros ámbitos, al evangélico. En ciertos pasajes, a veces de una forma algo tosca desde el punto de vista bíblico, ha entrevisto la razón de los sacramentos oficiales. Pero si entendemos los sacramentos de una manera más amplia, más flexible, como signos elocuentes que nos llevan a una profundidad mayor de vida y de fe, puede vislumbrarse en las páginas bíblicas una multitud de “otros sacramentos” que nos hablan elocuentemente de la hermosa realidad de Dios y de la no menos bella realidad humana. Vamos a proponer al lector una travesía sacramental a través del evangelio de Juan. Las peculiaridades de este texto, su innegable capacidad de sugerencia pueden sernos de mucha utilidad en este empeño.

  1. El sacramento del “vino guardado” que da color a la vida: En Jn 2,10 se dice que el vino nuevo ha sido un vino “guardado” hasta ahora, como el Mesías. Es decir, el vino ha sido ya “descorchado”. O sea, el tiempo de la alegría, de la libertad, del gozo, de la mirada positiva sobre lo creado ha llegado con Jesús. Tener esta visión positiva de la existencia es beber el vino nuevo de Jesús. Lo contrario es no haber abierto ni escanciado la botella.
  2. El sacramento increíble de los encuentros en el cuerpo amado: Cuando Juan polemiza sobre el lugar del verdadero encuentro con Dios, dice que sabemos, desde Jesús, que el verdadero “santuario” es el cuerpo (Jn 2,21). San Pablo retomará a su manera esta imagen (1 Cor 6,19). Encontrarse con amor en los cuerpos, en las vidas de los otros. Tanto acíbar que se ha vertido a la corporalidad…Cuidar los cuerpos es tarea de humanidad y de fe.
  3. El sacramento del viento inasible: Según Jn 3,8, el espíritu es como un viento que nadie podrá atrapar. Mientras haya viento que sople, nos recordará que hay espíritu de libertad. De ahí que el viento refirma la certeza del fracaso de quien quiere atrapar el viento de la vida, del amor y de la libertad y el triunfo de quien enmarca su vida en el respeto, en la flexibilidad y en la pluralidad.
  4. El sacramento del agua que quita toda sed: No solamente un agua que limpia (como en la espiritualidad tradicional de los bautismos), sino, más todavía, apaga la honda sed de la existencia. Mientras el murmullo del agua llegue a nuestros oídos, pervivirá la certeza de que hay aguas, como el amor de Jesús, capaces de calmar la sed profunda de nuestras resecas gargantas, de nuestras vidas abrasadas.
  5. El sacramento de la camilla dominada: La camilla de Jn 5 es símbolo de todas las ataduras que sufre y a las que se pliega la existencia humana. La palabra de Jn 5,8 viene a decir que, si puedes llevar tú a la camilla y no ella a ti, es que puedes, de alguna forma, escoger tu vida, ser dueño de tus pasos, capitán de tu alma.
  6. El sacramento del pan multiplicado por la solidaridad: Todos sabemos que los panes se multiplican no por una magia mesiánica, sino por la generosidad de quien, aunque es un “muchacho”, un pobre, está dispuesto a compartir. El milagro comienza en el momento en que alguien abre su zurrón con la disposición de compartir. Es entonces cuando comen todos y sobra (Jn 6,13). ¿Es creíble esta práctica “sacramental”, significativa, de modo de vida económico que el Evangelio propone?
  7. El sacramento del barro que abre a la luz: El barro es símbolo de suciedad, de pérdida, de pobreza. Pero en Jn 9,6 hay un barro que abre a la luz, que ilumina el horizonte humano. Es el barro del cuidado del otro, de la certeza de que la persona, sea quien sea, puede hacer parte del horizonte de amor de otra persona. El amor volcado al otro, como el de Jesús, es, por pobre que sea, por “barro” que sea, sacramento de luz y de hermosura.
  8. El sacramento del pastor distinto que se entrega: No se capta bien la paradoja de Jn 10 si no se da uno cuenta de que el mayor enemigo del rebaño es el pastor, ya que él se lucra de todas las ovejas, porque de ellas vive. Pero el “pastor distinto” no se lucra, sino que se entrega por ellas, les da todo, no las juzga ni les quita nada, no se aprovecha jamás. El pastor es sacramento de un Dios que no vive a costa de los humanos, sino justo al revés.
  9. El sacramento de las lágrimas que se conduelen: Así son las lágrimas de Jesús en Jn 11,35: unas lágrimas que significan sacramentalmente el compartir del camino humano en sus lados más difíciles. Las lágrimas de Jesús son las lágrimas de Dios, su condolerse con nosotros en los lados más duros de la existencia.
  10. El sacramento del grano en lo oscuro: En las raíces, en lo que no se aprecia porque no se ve. En esas honduras a las que parece no llegar la luz es donde germina la vida. El grano que muere y vive es sacramento, signo, de que las zonas más oscuras de la existencia, de la persona, no son totalmente densa oscuridad. Hay en ellas un germen de vida y de luz que tal vez puedan llegar a convertirse en realidad fecunda, como lo ha sido en el caso de Jesús y de tantas otras personas.
  11. El sacramento del servicio necesario: Ya que el servicio no es, según san Juan, un derivado de la fe, sino la imprescindible ley que fundamenta la comunidad. De tal manera que, si no hay servicio, no hay comunidad, no se tiene “nada que ver” con Jesús (Jn 13,8). La identidad del grupo cristiano no viene por el lado de la adscripción religiosa, sino por la evidencia o no de una comunidad servidora.
  12. El sacramento del pan untado: Que no significa otra cosa que el gesto de ultimidad con Judas y con todos (Jn 13,26). Es como si Jesús dijese: “Me traicionas, pero te sigo amando. Por eso, como una madre cariñosa unta el pan y lo da a su pequeño, con el mismo amor te lo doy yo”. Es el “sacramento” que contiene la certeza de que la puerta del corazón de Jesús siempre estará abierta en cualquier circunstancia.
  13. El gran sacramento de Dios en el fondo de la vida: Es, sin duda, el mayor de todos los “sacramentos”: la certeza de que el Padre y Jesús han puesto su morada en la historia con la intención de no irse nunca más porque, de hecho, siempre han estado ahí (Jn 14,23). La cumbre de la mística joánica es sacramento esencial en la comprensión del mensaje evangélico.
  14. El sacramento de la cruz asumida: Únicamente el cuarto evangelio dice que Jesús mismo llevara su cruz (Jn 19,16). Así, la cruz se convierte en símbolo del dolor asumido, la certeza de que es posible encajar los sufrimientos históricos llevándolos personalmente, es decir, asumiéndolos de tal manera que el dolor no ocupe el todo de lo que somos, de que los situemos bien para no ser solamente dolor.
  15. El sacramento de la piedra movida: Ya que esa humilde señal que certifica Jn 20,1 es el dato más fidedigno, y más en la penumbra, de que “algo ocurre” en la resurrección. Incluso con Jn 11,41 en la mano se puede tener la certeza de que, ya desde ahora, puede el creyente en Jesús vivir en parámetros resurreccionales si quita losas, si hace obra de humanidad, de liberación.
  16. El sacramento de los nombres pronunciados con amor: Porque la escena de reconocimiento de Jn 20,11-18 se resuelve cuando Jesús pronuncia con amor el nombre de “María” (Jn 20,6). Entonces lo reconoce, ya que Jesús pronunciaba los nombres con amor. El nombre del otro dicho y vivido con amor se convierte en sacramento de la presencia del resucitado en el camino histórico.

¿Es correcto este tipo de lectura “sacramental” de un Evangelio? Si somos flexibles y no extremamos nuestros principios dogmáticos, quizá sí. Queda claro que los relatos evangélicos y sus figuras tienen un lenguaje “sacramental” porque llevan indefectiblemente a la hondura de la experiencia de Jesús y de la experiencia creyente. Y lo que se hace con uno de los Evangelios, se puede hacer con todos ellos.

 

Fidel Aizpurúa Donazar