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FIAIZ

APOCALIPSIS 1

CVA 

Domingo, 22 de setiembre de 2013

 

BUSCAR LUZ

EN TIEMPOS OSCUROS

 Plan de oración con el Apocalipsis

 

1. Ap 21,10-11.22-25; 23,3

 

Introducción:

 

                Las sociedades humanas reaccionan ante las grandes dificultades sociales con la exclusión: lo que genera problema, lo distinto, lo problemático, lo extraño, lo indeseable, se excluye. Es la técnica de quitar del cesto la manzana que se considera podrido. Una sociedad excluyente se cree que es una sociedad más fuerte. Pero no es así. Se ha demostrado, hasta científicamente, que es la solidaridad, la acogida y el amparo lo que hace fuertes y durables a las sociedades y que el egoísmo, el desentendimiento y la exclusión debilitan a los pueblos. Por eso, el anhelo y la lucha por una sociedad que no excluya, que abrace e integre, que ampare no solamente es lícita, sino altamente beneficiosa. Y trasladado al plano personal la cosa es clara: cuanto más excluyes, menos humano eres; cuanto más acoges e incluyes, más brilla en ti la luz de lo humano.

                Algo de esto pasa en este pasaje del Apocalipsis con el que abrimos nuestro camino orante en esta etapa. Es el gran sueño del autor que él describe como “la nueva Jerusalén”. El vidente sueña con una ciudad nueva, hermosa, sin presiones religiosas (sin templo), de puertas abiertas, pero, como algo evidente dice que no entrará en la ciudad nada profano, ni idólatras, ni gente de mal vivir. En el fondo se sueña en una sociedad para élites, para gente “de bien”. Se escucha entonces la voz del teólogo que afirma taxativo: “No habrá ya nada maldito”. En la nueva sociedad, en  la sociedad de humanos nada ni nadie debe considerarse “maldito”, excluido, sin derechos, rechazado. Todo el que habita la nueva ciudad es, por el hecho de ser persona, digno de vivir con y para otros. Esto no es un “buenismo” ingenuo y sin raíz, sino un anhelo profundo por el que han dado lo mejor de su vida muchas personas.

 

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Texto:

 

                21,10En visión profética me transportó a la cima de una montaña grande y alta, y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, radiante con la gloria de Dios. 11Brillaba como una piedra preciosísima parecida a jaspe claro como cristal...22Templo en ella no vi ninguno, su templo es el Señor Dios, soberano de todo y el Cordero…24Se pasearán las naciones bañadas en su luz…25y sus puertas no se cerrarán de día…27pero nunca entrará en ella nada profano, ni idólatras ni impostores, solo entrarán los inscritos en el registro de los vivos que tiene el Cordero. 22,3No habrá ya nada maldito.

 

 

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La luz de la vida:

 

                Esta es Ana Harendt, una filósofa judía de la que se proyecta estos tiempos en los cines una hermosa película. Asistió en Israel al juicio de un nazi terrible, Eichmann, y concluyó que era un mero burócrata que hacíalo que le mandaban, aunque eso fuera llevar miles de personas a la muerte. Y de ahí dedujo que lo peor de una sociedad es la “banalización del mal”, el hacer mal al otro porque lo manda la sociedad. Y añadía: “el mal puede ser extremo, pero solo el bien es radical y humano”. Personas de las que tomamos luz para seguir empeñados en la nueva sociedad.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes nos dan luz de humanidad; gracias por quienes nos abren los ojos a la realidad del otro; gracias por quienes no desisten de sus sueños de humanidad.

 

 

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La  luz que es Jesús:

 

                El perfil de la vida de Jesús que dan los evangelios es claro: para él nadie ha sido maldito. Por eso ha mezclado su vida con los excluidos sociales, los ha amparado, ha convivido con ellos, se ha alegrado y apesadumbrado a la vez que ellos. Él ha puesto en clave de verdad comprobable eso que dice Apocalipsis de que “no hay nadie maldito”. Había comprendido que Dios amparaba su corazón muchas veces desolado; y ese amparo lo extendió a toda persona, a toda realidad.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por Jesús que nunca excluyó a nadie; te bendecimos por él, que supo abrazar a todos; te damos gracias por sus caminos que siempre fueron incluyente y nunca excluyentes.

 

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La luz que viene de la sociedad:

 

                Estamos asistiendo entre perplejos y esperanzados a la posibilidad de que la guerra de Siria no se aumente con la guerra que pretenden imponer “los policías del mundo”. Es verdad lo que dice el papa Francisco de que loas guerras son el fracaso mayor de los humanos. Crece en el mundo la sensación de que las guerras no tienen buena salida. Al fondo de toda acción armada hay un abismo de exclusión. Quienes hacen algo, por poco que sea, por la paz, son los mejores constructores de la nueva sociedad, se lo reconozcan o no.

                Oramos: Que crezca el número de quienes construyen la paz; que no nos ciegue nunca el sentimiento profundo de exclusión que se transforma en violencia; que demos algún paso concreto en la dirección de la paz.

 

               

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La luz que aporta la comunidad virtual:

 

                Poca y quizá tenue, pero valiosa. Nos ayudamos a iluminar nuestro camino en formas muy sencillas, pero siempre útiles. El ánimo que nos damos con nuestras palabras, con nuestro recuerdo, con nuestra presencia, con la cercanía, con la oración, contribuye a poner rostro al anhelo de la sociedad nueva, del mundo sin exclusión. Puede parecer poco, lo repetimos. Pero si va en la dirección de la acogida, del abrazo, del amparo y de la preocupación por el otro, resulta algo impagable.

                Oramos: Que nos demos luz acogiéndonos; que nos demos luz amparándonos; que nos demos luz con una saludable preocupación por los demás.

 

Palabras de luz:

 

“Permite, Padre, que mi patria se despierte en ese cielo donde nada teme el alma, y se lleva erguida la cabeza;  donde el saber es libre; donde no está roto el mundo en pedazos por las paredes caseras; donde la palabra surte de las honduras de la verdad; donde el luchar infatigable tiende sus brazos a la perfección; donde la clara fuente de la razón no se ha perdido en el triste arenal desierto de la yerta costumbre; donde el entendimiento va contigo a acciones e ideales ascendentes... ¡Permite, Padre mío, que mi patria se despierte en ese cielo de libertad!” (Rabindranath Tagore, Gitanjali, nº 35).

 

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Para estos días:

 

                Trata con respeto y aprecio en tu trabajo a las personas que no son de tu país, de tu color, de tu religión.

 

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Una ética desde la humildad esencial

UNA ÉTICA DESDE LA HUMILDAD ESENCIAL 

¿Es posible una ética universal compartida por las religiones?

 

            En diciembre de 2012, y ante la embajada egipcia de Estocolmo, la activista egipcia Aliaa Elmahdy protestaba con otras dos mujeres contra el régimen de Mursi que consideraban un avasallamiento desde el lado de la religión. Protestaban desnudas. Los diarios que dieron la foto, velaban los cuerpos desnudos, pero dejaban a la vista los eslóganes que las muchachas portaban. Uno de ellos decía explícitamente: “Religion is slavery”. Eso resultaba más escandaloso que sus desnudos. ¿Cómo es posible que las religiones que predican la libertad y el amor sean conceptuadas por los ciudadanos de hoy como “esclavitud”? ¿Hasta dónde nos hemos desplazado? No vale decir que el comportamiento moral de tales muchachas desacredita su denuncia. Muchos ciudadanos y ciudadanas que jamás se desnudarán en público piensan de la misma manera.

            Y ahora, nosotros nos preguntamos si las religiones pueden contribuir a una ética universal, a proponer un camino de humanización, de libertad, de amor, de espiritualidad. Desde el inicio de esta reflexión decimos que nos parece que sí, que existe esa posibilidad. Pero no a cualquier precio ni por el mero hecho de invocar una supuesta supremacía del hecho religioso. Nos parece, lo adelantamos ya, que el primer y básico precio que haya que pagar es el de la humildad. Desde esa humildad esencial (no tanto virtuosa) quizá podamos decir algo. Si no se asume la cruda realidad de unas religiones que han caminado y caminan por sendas opuestas a este anhelo, resultará imposible encontrar posiciones nuevas y ser creíbles.

            En esta reflexión no pretendemos llegar a establecer los caminos éticos concretos que las religiones podrían proponer para la construcción de esa soñada ética universal y común. Queremos sugerir las bases, el cimiento, una especie de telón de fondo sobre el que, a nuestro juicio, habría de ir construyendo las religiones para que amaneciera el día luminoso y anhelado de la ética universal.

 

1. Pasado y anhelo

 

            Antes de avanzar la propuesta de base de los caminos éticos queremos decir algo sobre el pasado, pesado y tóxico, de las religiones en relación con la libertad y el miedo. Lo decimos no para fustigarnos, sino para saber de dónde venimos y para concluir, lo hacemos ya desde ahora, que ese pasado es tan denso y sigue extendiendo sus ramificaciones tan verdeantes en el presente que quien anhele un futuro interreligioso humanizador quizá no tenga otro camino que asumir lo ocurrido pero pasar página, porque, como decimos, esa densa maraña no tiene arreglo posible.

            La crítica a la religión por su toxicidad respecto al miedo y a la culpa viene de lejos, de antes del cristianismo, del islamismo y de filosofías ajenas al judaísmo u otras religiones. Los escritores del mundo grecolatino decían “Primus in urbe deos fecit timor”. Y Lucrecio menciona, además del temo, la ignorancia como el origen del culto a los dioses. Posteriormente el miedo logró categoría ética: los humanos se sienten culpables ante los dioses, sujetos de castigo. Surge así, desde antiguo, el mito de la culpa y de la pena junto con el inseparable e insuperable temor a lo divino. En la época moderna Nietsche fue un abanderado y actualizador de estas ideas antiguas. En La gaya ciencia habla de un hombre loco que anuncia a la humanidad que Dios ha muerto porque los hombres lo han asesinado ya que es insufrible la total prepotencia de un Dios que dice “No hay más Dios que yo”.

            Junto a esto se genera, desde muchos ángulos religiosos, la idea de la violencia de lo divino y desde lo divino. “La religión es quien con más frecuencia ha provocado actos criminales e impíos”,  dice Lucrecio. “Nada extraño que seres estructuralmente agresivos y violentos como son los humanos, hayan pensado y hablado de Dios como si fuese ‘violento’.  Proyectando en Dios su propia violencia. O bien pretendiendo su propia violencia bajo el dosel sagrado de la divinidad” (A. Villalmonte, Cristianismo, ¿religión del amor…,  p.557).

            Esto ha hecho que las religiones hayan entablado una alianza muy estrecha con el miedo. El miedo ha logrado una fuerte presencia en el modo de tratar los creyentes con su Dios. Un miedo que se contagia y se expande socialmente y que llega al más allá. Ese miedo ha sido herramienta de poder y de control social en todas las sociedades religiosas.

            Junto a estos elementos brota pujante la culpa. Parecer algo históricamente innegable que, dentro de las religiones, ha existido una tendencia generalizada, tenaz y, en casos, morbosa, a ponderar la gravedad inconmensurable del pecado humano. Como si estuviesen siguiendo aquella famosa consigna de Lutero: “¡Hay que glorificar grandemente el pecado!” (valde magnificandum est peccatum!)” (A. Villalmonte, Ibid., p.567)

Unido a esto último se halla el mito de la pena: “La pena es inseparable de la culpa” (Culpam poena premit comes), decía Horacio (Odas, lib.IV,5). La culpa se castiga con el sufrimiento. Como dice P. Ricoeur: “El mundo del terror ético ha sido depositario de una de las racionalizaciones más pertinaces, del sufrimiento” (Finitud,  p.273).

¿Es posible reelaborar, sanear, reorientar todo este conjunto de hondísimas vivencias que se han situado ya, de una manera u otra en el seno de las culturas? Muchos pensadores de toda clase de religiones creen en la posibilidad de una reorientación y trabajan con denuedo en ello en todas las religiones. “La credibilidad que las religiones vayan a poder recuperar está en manos de los creyentes actuales más conscientes. Deberían reconocer que tienen una deuda con la Humanidad hasta tanto no logren acreditar suficientemente a los ojos del buen sentido que realmente la esencia válida de la religión (que se revela en sus escritos fundacionales y en las actuaciones de sus originadores) es la que contiene aportaciones positivas para la vida y valores que sirven de referente, y no la que surge más visiblemente de la consideración de las actuaciones históricas posteriores” (R. Reguillo, Aportaciones comunes,  p.376).

            Sin embargo, nosotros creemos que, de alguna manera, hay que pasar página, hacer borrón y cuenta nueva sobre algo que impregna el camino humano y anhelar un futuro que no esté directamente conectado con un pasado que no posibilita caminos nuevos a nivel de práctica real. La novedad se juega en la calle, no en los tratados filosóficos. Y desde ese ámbito de lo popular, del deseo de la población de buscar caminos más fecundos puede haber más horizonte que desde los estudios históricos.

 

2. La base de los caminos éticos

 

            Bases y principios éticos se confunden en esta época de balbuceos en la construcción de una ética universal. Nosotros, queriendo distinguir entre ambos, nos situaremos más en la base, en el cimiento, en aquello previo que puede posibilitar un consenso ético concreto.

1)      Ética de la compasión: Algo que subrayan continuamente los autores. Dicen que la compasión esta hecha de solidaridad y desapego, solidaridad para sufrir y alegrarse en la medida de lo posible con quien sufre; desapego para no querer poseer al otro y respetar su autonomía. “La compasión no es un sentimiento menor de ‘piedad’ hacia quien sufre. No es algo pasivo, sino muy activo…Se trata de salir del propio círculo y entrar en la galaxia del otro en cuanto otro…para construir la vida en sinergia con él” (L.Boff, El cuidado esencial,  p.103). Compasión con las creaturas, algo que viene de la gran tradición budista y franciscana (L. Boff, “Hacia una ética planetaria…”, p.253). Desde esta compasión radical es preciso definir y construir los caminos éticos universales.

2)      Ética del cuidado esencial: El cuidado esencial es más una actitud que un acto concreto. “Significa obedecer más la lógica del corazón, de la cordialidad, de la delicadeza que la lógica de la conquista y del uso utilitario de personas y cosas” (L.Boff, El cuidado esencial,  p.84). Mientras la actividad ética no salga de sí misma y, mirando de frente la realidad del otro y de lo otro, no se implique en el logro de una dicha básica, todavía no ha abandonado el mundo de las ensoñaciones para situarse en el de los sueños que se construyen.

3)      Ética de la vida valorada en toda su amplitud: No solamente una ética que cuida el principio de la vida, sino también el centro y el final. Una ética que pretenda ejercer el señorío humano sobre la vida, sabiendo que el valor último no es la vida en si misma como hecho físico, sino el “señorío humano” sobre ella, la manera humanista y humanizadora de entender la vida, lejos de aprioris de pretendida raíz divina que hacen intocable la vida y, con frecuencia, inhumana.

4)      Ética de la amistad cívica: Que no es sino la amistad “de los ciudadanos de un Estado que, por pertenecer a él, saben que han de perseguir metas comunes y por eso existe ya un vínculo que les une y les lleva a intentar alcanzar esos objetivos, siempre que se respeten las diferencias legítimas y no haya agravios comparativos” (A.Cortina, “Amistad cívica”, p.19). Una ética universal que menosprecie esta ética de mínimos, siempre necesarios, quizá se mueva más en el anhelo que en la realidad.

5)      Ética de la mesa compartida: Ya que la dignidad humana conlleva el derecho a la mesa de la vida. Y mientras haya tantos millones de excluidos de esa mesa y despojados de su justo derecho, las religiones tendrán que clamar y trabajar para que el reparto sea equitativo. Los dos tercios de la humanidad que sufren carencias básicas interpelan al otro tercio, a su humanidad y a sus creencias.

6)      Ética de la dignidad común: Porque a casi todas las religiones la ética de la dignidad les ha llegado tarde, aunque en sus textos originarios hubiera una hermosa sementera. La “lucha por la dignidad” de la que hablan los filósofos como la gran batalla de la historia humana (J.A.Marina, por ejemplo) es también la batalla ética de las religiones. Si no se suman a esa dura refriega, sus propuestas de ética universal no pasarán de ser cuestiones de salón.

7)      Ética de la igualdad efectiva: Ya que todos los grandes documentos y las constituciones de todos los países democráticos proclaman a los cuatro vientos la igualdad. Pero esa es la igualdad teórica que se da de bruces con la igualdad efectiva. Las religiones han de defender esta igualdad nunca lograda con maneras igualitarias ad intra y colaboraciones por el logro de la igualdad ad extra. Hablar de ética desde estructuras jerarquizadas, desigualadoras es caer en una profunda contradicción.

8)      Ética de la entrañabilidad: Porque a la vida le hace falta más calidez, más corazón, más “entraña”. La “lógica del corazón” de la que hablan los autores. La necesaria “conmoción” que se consigna en los textos sagrados. Una ética despojada de esta calidez se aproxima al gélido mundo de las leyes.

9)      Ética de la sexualidad liberada y liberadora: Porque la sexualidad es un valor, una tarea, un gozo, un componente decisivo del caminar humano y cósmico. Echar vinagre sobre esta hermosura es caminar en la dirección opuesta al hecho creacional. Las religiones ha de hacer una fuerte reconversión ideológica para llegar a proponer una ética liberadora, disfrutante, luminosa y positiva del mundo de la sexualidad.

10)  Una ética de la espiritualidad: No tanto de las religiones. Una ética laica, pero espiritual; un ética de componente religioso, pero espiritual. Unirse en la espiritualidad, he ahí el gran reto. “La nueva espiritualidad si no se apoya en creencias, ni es religiosa, carecerá de sacralidades, será laica. Sin embargo, precisamente porque no es ni religiosa ni creyente, podrá heredar toda la riqueza espiritual de las tradiciones religiosas de la humanidad” (M. Corbí, “Otra espiritualidad…”, p.47).

 

3. Requisitos para creyentes

 

            Esta base no se consolidará si no se van introduciendo en la vida de los creyentes algunos requisitos que la posibiliten (los tomamos de J.S.Spong, Un cristianismo nuevo, p.203):

  • Abandono del pensamiento rígido, la estructura patriarcal, los prejuicios permanentes basados en cualquiera de las que son simplemente características de la humanidad, como el color de la piel, el género, o la orientación sexual: Mientras esta rigidez tenga cabida en el marco de las religiones, la creación de una ética universal no será fácil. La rigidez de pensamiento reafirma el sectarismo; la mentalidad patriarcal genera atrocidades, los prejuicios en torno al color, el género o la orientación sexual nos llevan directamente a la lobreguez de las cavernas. Si se anhela una nueva ética, es preciso que las religiones no solamente abran sus ventanas para que entre el aire fresco, sino que habrán de situarse en el lugar mismo de la intemperie, allí donde se ventilan los grandes problemas de la vida y los pequeños problemas del corazón humano, decisivos unos y otros.
  • Abandono de la creencia de que nuestros textos religiosos son inamovibles o que no contienen errores: Porque las religiones, en una u otra medida, tienen en sus textos un cimiento necesario. Atribuir a tales textos la calidad de “divinos” es tomar un camino de sectarismo capaz de deducir de esos textos las mayores inhumanidades. Dichos textos son experiencias espirituales, humanas, profundas que nos ayudan a atravesar el umbral de lo divino. Pero en modo alguno tienen el marchamo de la divinidad de modo que han de convertirse en leyes intocables.
  • Abandono de la ilusión de poseer la verdadera y exclusiva fe, los excesivos reclamos de ser el recipiente de una revelación inamovible, el deseo neurótico de creer que siempre se tiene razón: Porque, efectivamente, creer que se posee la verdadera y exclusiva fe es una ilusión, muy peligrosa por cierto. Las religiones son puertas de acceso a la realidad de Dios. Todas son valiosas, todas contienen una parte de la verdad, todas son susceptibles de hermanarse en el anhelo del Otro y de la justicia cumplida. Y esta es una certeza dúctil, flexible, no algo quieto, esclerotizado, incambiable. Las religiones están al servicio de la vida y, por eso, como la vida misma, crecen y evolucionan. Una religión estancada es tan peligrosa como un agua estancada. En consecuencia, querer siempre tener razón hace dura e inaceptable a una religión y le incapacita para el sueño de una ética universal que es un sueño de hermandad, de aprecio común, de casa y vida compartidas.
  • Nunca afirmaremos que nuestra religión es el único camino hacia Dios, porque ese es un acto de locura humana. Nunca alimentaré más mi ego con la acostumbrada reivindicación de que cualquier otro camino hacia Dios son inadecuados o de segunda categoría: Es un acto de locura decir que el acceso a la inconmensurable realidad de Dios tiene una sola y obligatoria puerta de acceso. Por lo que calificar a los otros accesos que no son los míos como inadecuados o de segunda categoría es un error. Este error nos ha alejado de los caminos de la fraternidad y ha hecho que las religiones, que son las primeras llamadas a construir la ética universal, terminen muchas veces como farolillo rojo de este empeño. En consecuencia, se impone un cambio de paradigma si se anhela un cambio de comportamiento humano.

 

4. Una ética desde la humildad esencial

 

            Ni la Declaración hacia una ética mundial de Chicago en 1993, ni la Declaración de principios en torno a una ética universal de la Red internacional para una ética universal que coordina Miguel A. Padilla incluyen el término “humildad”. Quizá no lo consideren necesario. Pero creemos que las religiones deberían incluirlo. Cuando hablamos de humildad esencial no nos estamos refiriendo a la clásica virtud de la humildad que algunos poseen en grado notable y otros no tanto. Nos referimos a ese valor constitutivo de la persona que, en correcta autoestima, hace que nadie se considere a sí mismo más que nadie y nadie menos que nadie, sino que la relación, desde la igualdad y la dignidad inalienables, llegue a ser literalmente hablando, fraterna. Creemos que esta sería la “gran” aportación de las religiones de hoy al sueño hermoso del logro de una ética universal. ¿Cómo se plantearía la ética desde la humildad esencial? No debería brotar desde un sentimiento de culpabilidad puesto que no tiene sentido que una creencia se fustigue por los errores pasados o por las incoherencias del presente. Tendría que mirar más al horizonte de un futuro aún no logrado. Quizá podría ser algo de esto:

1)     Una ética de igualdad, nunca de superioridad: Las religiones están habituadas a moralizar desde un sentimiento de superioridad como si sus hermosos ideales les autorizaran a creerse en una posición moral ventajosa, cuando sus prácticas morales muestran con frecuencia lo contrario. Una ética de igualdad es aquella que reconoce la evidencia de que toda creatura encierra una dignidad creacional inalienable. Que, como hemos dicho, nadie es más que nadie ni menos que nadie. Quizá sean los desvalidos de la historia, por su desvalimiento, quienes gozan de un estatus superior. Los demás, no.

2)     Una ética que acompaña, no que adoctrina: Porque el adoctrinamiento es el arma normal en las religiones. Pero la persona secular está harta de doctrinas y ayuna de acompañamiento. Una ética de acompañamiento es aquella que trata de abrazar la soledad constituyente de la estructura humana y todas las otras soledades, muy duras a veces, que se adhieren al caminar de los humanos.

3)     Una ética de colaboración, no de liderazgo: Ya que las religiones se han llegado a ver investidas de una autoridad divina y han creído incluso que estaban por encima de las leyes sociales. Desde ahí han pretendido liderar los comportamientos éticos e, incluso, los sociales y políticos. Esa insensata ansia de liderazgo se cura con la humilde colaboración, con la disposición a colaborar con quien  busque el bien, sea quien sea. Esa ética de “levadura en la masa” es la que convendría a las religiones.

4)     Una ética de oferta, no de imposición: Porque, creyéndose investidas de autoridad divina y con conciencia de superioridad y liderazgo, las religiones han pretendido imponerse, muchas veces por la fuerza o por la pretendida sacralidad de sus ideas. Una ética que se impone se destruye, es insensata, como quien pretendiera imponer el amor, obligar a amar. Una ética que se ofrece es susceptible, por su mismo componente de oferta, de ser aceptada o no, de escuchada o no, de ser acogida o no.

5)     Una ética de inclusión, no de exclusión: Ya que con frecuencia la propuesta ética de las religiones ha conllevado fuertes dosis de exclusión para aquellas personas que no acomodaban su comportamiento a los dictámenes de la autoridad religiosa. Ese camino no está en el fondo de las utopías creyentes. Más bien se anima a la inclusión, a ampliar los límites de la tienda para ser casa de acogida para los más posibles, para todos incluso, abrazando con honda humanidad y comprensión las incoherencias y fuertes fallos que acompañan el devenir humano.

6)     Una ética de resistencia, no de militancia: Ya que las ideas religiosas y sus consiguientes caminos éticos han sido propuestos en modos militantes, proselitistas, avasalladores. Habría de ser sustituida esa actitud por un talante resistente ante el mal, ante la incomprensión e, incluso, ante la persecución. Una resistencia desde la confrontación no conecta con el fondo de las religiones; una resistencia desde el amor es la que deja sin sentido a cualquier manera militante de presentar los caminos de la ética.

7)     Una ética para la esperanza, no para el desaliento: Porque se quiere ofrecer la ética nueva poniendo como telón de fondo el lado negativo e inhumano de la sociedad, lo que induce, las más de las veces, al desaliento ya que ni la sociedad abandona sus caminos, ni el creyente es capaz de convencer de la supuesta insensatez de los mismos. Una ética humilde es aquella que logra suscitar esperanza incluso en escenarios de gran derrota, de profunda inhumanidad. Su fuerte no es la censura o la condena, sino el aliento y el ánimo que sopla sobre la brasa que arde bajo las cenizas.

8)     Una ética de bendición, no de maldición: Ya que el lenguaje de la maldición es una siembra de sal sobre cualquier propuesta ética. Por eso mismo, las propuestas de una ética desde la humildad han de emplear un lenguaje benigno, comprensivo, laudatorio incluso. De tal manera que la bondad de las palabras anime a la bondad de las prácticas éticas.

9)     Una ética desde gestos de vida humildes, no desde grandes ideas sin gestos: De manera que se perciba que las grandes ideas propuestas desde una ausencia de gestos reales son, las más de las veces, palabras en el vacío. La fuerza de los gestos, su capacidad para hablar el lenguaje del futuro y su humilde fuerza para decir en modos plásticos que las cosas pueden ser de otra manera, es un aval formidable para cualquier propuesta ética.

10) Una ética que sostenga a los humildes y que, por lo mismo, se aleje del poder: Porque si la propuesta ética no se desliga de las posiciones de poder se desautoriza a sí misma nada más nacer. Pero si la propuesta está hecha desde el humilde terreno de quienes no quieren tener que ver con el poder político o económico, sino que se hace con la fuerza de la pobreza y su arrolladora verdad es entonces cuando puede tener interés.

Conclusión

 

            Al terminar esta reflexión sobre una ética desde la humildad esencial, tres son las conclusiones que desearíamos poner sobre la mesa:

1)      Una ética universal es una ética de humanidad: De ahí que la humanidad ha de ser su verdadera medida. Llegar a una humanidad ahondada, entregada, construida es el quicio sobre el que se asienta este sueño.

2)      Una ética universal es una ética espiritual: Siempre que entendamos el término espiritual en sentido amplio y hermoso: aquello que alimenta, sostiene y desarrolla lo más vivo de la realidad, lo más entrañable de las personas. Una ética así hará que no solamente no muera el espíritu en nuestra sociedad, sino que el anhelado cambio social tenga visos de resultar posible.

3)      Una ética universal es una ética de compromiso social: En frase de J. García Roca: “La existencia de exclusiones, con todos sus satélites de pobrezas y marginalidades, marca la altura moral de nuestro tiempo y plantea en toda su radicalidad la principal cuestión ética que abre el milenio: ¿dónde dormirán los excluidos?, ¿qué será de ellos? Plantea, asimismo, la gran cuestión política, ya que vivir humanamente es ampliar el nosotros humano y hacer recular los espacios de marginalidad; e incluso plantea la gran cuestión religiosa, ya que el problema teológico más radical hoy es cómo anunciar a los excluidos que Dios los ama: ¿quién y dónde podrá alimentar su esperanza?, ¿qué mesa podrá acogerlos como comensales? (J. García Roca, En tránsito, p.171-172).

 

 

 

Bibliografía de referencia:

 

BOFF, L., “Hacia una ética planetaria desde el Gran Sur”, en J.J.TAMAYO (director), Aportación de las religiones a una ética universal,  Dykinson, Madrid 2003.

CORBÍ, M., “Otra espiritualidad es posible y necesaria”, en Éxodo 88 (abril 2007) 42-49.

CORTINA, A., “Amistad cívica”, en El País 6 de mayo de 2008.

GARCÍA ROCA, J., En tránsito hacia los últimos. Crítica política del voluntariado,  Sal Terrae, Santander 2001.

MARINA, J.A.-DE LA VÁLGOMA, M., La lucha por la dignidad, Anagrama, Madrid 2005.

REGUILLO CALERO, R., Aportaciones comunes de las religiones monoteístas a una ética mundial,  (Tesis doctoral), http//:eprints.ucm.es/11620/1/T32296.pdf.

RICOEUR, P., Finitud y culpabilidad,  Taurus, Madrid 1969.

SHELBY SPONG, J., Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo,  Abya Yala, Quito 2011.

VILLALMONTE, A. de, Cristianismo, ¿religión del amor-religión del miedo”,  en Naturaleza y gracia  (2006) 553-595.

La sed saciada

 

LA SED SACIADA 

Un pueblo que espera la consumación de la salvación

 

 

Introducción

 

            Se inscribe esta reflexión en el ciclo “La acción salvadora de Dios en el Nuevo Testamento”. Esa “acción salvadora” queda entendida, ya desde ahora, como algo “desde dentro” de la historia, en el subsuelo de la vida, en los fondos de la existencia. Queremos apartarnos desde esta primera línea de una visión teísta de la realidad, aquella que entiende a Dios como “un ser con poderes sobrenaturales, que habita fuera de este mundo y que lo invade periódicamente para realizar su voluntad divina” (J. Shelby,  Un cristianismo nuevo, p. 65). Esta aclaración, que en su momento explicaremos con más detalle, es decisiva para orientar una reflexión de componente escatológico.

            Más allá de sus planteamientos teológicos, la escatología desvela el tipo de fe de la que estamos hablando. Las preguntas sobre el final y la manera de resolverlas hablan, por paradójico que parezca, de la manera en la que entendemos y vivimos el más acá. Una escatología que pone el acento en el más allá descuida, con frecuencia el más acá; una escatología en que el más allá no resulta luminoso, oscurece muchas veces el camino del más acá. Por eso, toda reflexión sobre la “consumación” puede ser una instancia de ayuda para el más acá del creyente viador.

            Por otra parte, y para ser honestos, el pensamiento sobre la consumación ha de ser susceptible de encajar lo mejor posible con el momento histórico en el que vivimos. Este momento está caracterizado por el desarrollo del conocimiento y por la secularidad. Pensar la consumación desde vertientes de siempre que tienen mucha dificultad para encajar con la actual expansión del conocimiento y con la creciente secularidad es  arriesgarse a reflexionar sobre el vacío. Es cierto que aún tienen mucho impacto sobre nuestro imaginario religioso los modos del final que ha elaborado la tradición (un más allá de encuentro con Dios y las personas queridas), basta ver la buena prensa con la que ha sido recibida la película de Terrence Malick El árbol de la vida.  Pero, a nada que se reflexione en conexión con el hoy, esos paradigmas se quedan estrechos.

            ¿Cómo pensar nuestra intuición sobre el otro lado del decorado? Y ¿para qué pensarlo si lo que digamos cae de lleno en el mundo de la suposición, de la conjetura, de la sospecha? ¿Qué avales reales puede presentar una doctrina escatológica más allá del nivel intelectual de quien la propone? Quizá estas preguntas encuentran una nueva orientación si se piensa la consumación como un horizonte para la propia existencia actual. Es decir, la reflexión sobre la consumación es, en el fondo, una reflexión sobre el sentido del actual camino histórico. Esa reflexión sobre un horizonte que anima el presente puede sernos de gran utilidad.

            Más aún, este discurso tiene como uno de sus anhelos frenar el avance de una cultura meramente técnica que ponga en riesgo la vida del espíritu, los fondos espirituales de la existencia. Por eso resulta tan apremiante la saludable reflexión sobre la consumación. Dice J.B.Metz: “Hacer memoria del ser humano en cuanto tal en la remembranza de su Dios presupone apoyarse en una forma de racionalidad que aquí hemos caracterizado como anamnética…Pues ¿cómo puede una racionalidad discursiva que no se alimenta de las posibilidades semánticas de una cultura anamnética defenderse de la subrepticia auto-totalización de una racionalidad meramente técnica?” (Memoria passionis,  p.93). Es decir, una reflexión sobre la consumación es un dique al tsunami de una existencia histórica que no tiene más horizonte que el tránsito de una inexistencia a otra inexistencia, como diría A. Gamoneda. El recuerdo (la anamnesis) que se vierte sobre la Palabra de Dios y sobre los caminos de la experiencia espiritual puede, quizá, ser un cauce de iluminación para un presente que tiende a un futuro.

 

1. Primera aproximación: Tipología de las respuestas a la espiritualidad de la consumación

 

            Precisamente porque el itinerario humano vivido en profundidad interroga inevitablemente sobre la consumación, vamos a agrupar en tres las muy diversas maneras de responder a tal interrogante:

  • La respuesta heredada: que es próxima a una visión teísta de la realidad, que con frecuencia no quiere interrogarse sobre lo recibido, que a veces responde con hostilidad a quien insinúa otro planteamiento, que mira para otro lado ante el duro embate de la realidad y se enroca en lo aprendido, que no se sale de los parámetros que marca el sistema religioso. Es la respuesta que viene marcada en la citada película de Terrence Malick, El árbol de la vida: la visión histórica de hoy nos lleva a seguir creyendo en un lugar de encuentro extrahistórico, donde la dicha del encuentro con Dios y nuestros seres queridos paliará la amargura y la dureza del camino histórico y será el “premio” a nuestro andar peregrino por esta vida. Los beneficios y peligros de un imaginario así los conocemos todos bien.
  • El paso de una inexistencia a otra inexistencia: es, en expresión de A. Gamoneda, el dibujo de lo que es la trayectoria humana. Este autor, en su reciente obra Creación errónea,  elabora toda una espiritualidad sobre ese gran NO que es la existencia humana (“no existe más que una palabra verdadera: no”, p.21). Desde aquí vivir es “avanzar ciegamente hacia el gran sueño blanco” (p.77) y por eso “la falsedad es el único fruto consentido en esta espesura viviente” (p.82). Esto hace que la tiniebla ocupe el centro del itinerario humano, la “semejanza entre el ser y el no ser” (p.109). De ahí se concluye la evidencia de “haber vivido sin saber para qué y morir sin saber para qué” (p.112). La actitud correcta es “abandonar las preguntas” (p.120)  y “que la muerte sea la madre de la vida” (p.127). Pero quien entendiera todo esto como una cerrazón a la esperanza y un profundo desamor con la existencia no entendería bien. En este marco de inexistencia brilla, por paradójico que se quiera, la hermosura del vivir, del amor, de la fraternidad. Para el autor, en este itinerario de desconcierto existe la luz; continuamente recurre a ella, a su deseo y a su indudable verdad: “La luz es el comienzo de la causa invisible” (p.36). El territorio de la vida no es únicamente territorio de pobreza: “Arde la nieve en el territorio dibujado por la pobreza” (p.41), hay vida en el marco de la pobreza histórica. La tumba y su vaciedad tiene una puerta abierta a la pregunta: “En las tumbas vacías flota la ausencia y, en las últimas celdas, un dios incierto hunde sus manos y abre la herida de los límites” (p.46). El mismo autor confiesa esta apertura en la inexistencia: “Canción errónea quizá representa mi última pasión, la indiferencia. Permanecer algún tiempo, sin miedo ni esperanza, en este accidente, este error, esta interrupción del no-hecho natural, que es, lógicamente, la inexistencia. No cierro por ello mi conciencia a los pequeños hechos existenciales accidentales: el sufrimiento, el placer, el amor, la amistad, los crímenes sociales. Están ahí”. ¿Cómo unificar estas experiencias aparentemente contradictorias? La respuesta sería que en la inexistencia hay una semilla de existencia, más allá de cualquier olvido. Y el llegar a percibirlo abre la puerta a un horizonte que no es la mera desaparición sino el tránsito a otra estancia que la mera inexistencia. Por eso, la primera inexistencia y la segunda, aun con serlo, no son iguales. En la segunda anida un anhelo que no contiene la primera porque todo el tránsito histórico ha dado un sentido a un horizonte distinto. El poeta se traiciona deliberadamente cuando dice: “Desprecio la eternidad. He vivido y no sé porqué. Ahora he de amar mi propia muerte y no sé morir. Qué equivoco” (p.29). En ese equívoco hay una puerta abierta al asombro de otro ámbito de experiencia; en el “no saber morir” hay un atisbo de vida.
  • El transformismo como esperanza: Quizá haya que recurrir a “profetas” que han habitado el mundo de la ciencia moderna (la profecía y la ciencia no tienen porqué ser incompatibles). Vamos a traer a la memoria un texto de uno de esos profetas científicos que fue Teilhard de Chardin: “Para quien percibe el Universo bajo una forma de subida laboriosa en común hacia la conciencia suprema, la Vida, lejos de parecer ciega, dura y despreciable, se carga de gravedad, de responsabilidad, de nuevas ligazones. Como ha escrito no ha mucho con toda justicia Sir Oliver Lodge: ‘Bien entendida, la doctrina transformista es una escuela de esperanza’, y añadamos, por nuestra parte, una escuela de mayor caridad mutua y mayor esfuerzo. Tanto, que puede sostenerse, en toda línea, sin paradoja la tesis siguiente: el transformismo no abre necesariamente las vías a una invasión del Espíritu por la Materia; más bien atestigua de un triunfo esencial del Espíritu. Lo mismo, si no mejor, que el fijismo, el evolucionismo es capaz de conferir al Universo la magnitud, la profundidad, la unidad, que son la atmósfera natural de la fe cristiana. Y esta última reflexión nos lleva a concluir con la observación general siguiente: Finalmente, por mucho que digamos los cristianos, con respecto al transformismo, o bien con respecto a los otros puntos de vista nuevos que atraen el pensar moderno, jamás demos la impresión de temer nada que pueda renovar y hacer más amplias nuestras ideas sobre el Hombre y el Universo. El mundo jamás será lo bastante vasto, ni la Humanidad lo bastante fuerte como para ser digna de aquel que los ha creado y se ha encarnado en ellos” (Himno al Universo, pp.89-90). Los temores de Teilhard son infundados y, según el Evangelio, el amor del Padre nos capacita y nos hace dignos de Él. Pero el fondo es interesante: la existencia puede ser entendida como una subida hacia la Vida plena, hacia la conciencia suprema. Todo el itinerario humano es una trasformación en esa vida. De ahí surge la esperanza de que tal Vida en plenitud se logrará. No necesitamos imaginarios pueriles para vivir con esta esperanza honda. Y esta esperaza motiva “la caridad”, la justicia y el esfuerzo por la construcción del camino humano.

 

2. Segunda aproximación: La luz de la Palabra

 

            Podríamos tomar para recabar luz y sentido de la Palabra cualquiera de los textos de componente escatológico que abundan en el NT en general y en los Evangelios en particular cuya mística de tiempo escatológico de crisis en una coyuntura crítica junto con la peregrinación de las naciones y el tema de la realeza de Dios configuran un telón de fondo en la actividad del Jesús histórico (J. Jeremías, TNT I,  pp.280-290). Vamos tomar el texto de Jn 4,4-44 que, en primera instancia, nada parece tener que ver con temas de escatología. Mirado más de cerca, quizá podamos situarlo bajo lo que Crossan llama la “escatología ética”. Según este autor, los documentos evangélicos negarían la escatología apocalíptica que se sitúa en parámetros totalmente extrahistóricos y afirman la escatología ética que es “una resistencia divinamente ordenada y no violenta a la normalidad de la discriminación, explotación, opresión y persecución” (J.D.Crossan, El nacimiento del cristianismo,  p.317). En ese sentido el diálogo de Jesús con una samaritana podría ser leído como tal resistencia por parte de Jesús ante el fenómeno samaritano.

            Pero nosotros, teniendo eso en cuenta, y apoyándonos en el carácter polisémico de los textos y en la teoría literaria de la especularidad narrativa, vamos a hacer una lectura de Jn 4,4-44 como texto iluminador del tema de la consumación.

            El diálogo de Jesús con la mujer de Samaría es la otra cara de la medalla de la entrevista nocturna con Nicodemo (Jn 3,1-21). Allí, un notable no puede aceptar la propuesta de reino; aquí, una excluida es vehículo para que los excluidos en general (los samaritanos) acepten la propuesta. Observamos en el relato lo que podríamos llamar un proceso de consumación o, si se quiere, un proceso de sentido.

            En una primera parte, la samaritana recaba sentido y pregunta sobre el horizonte de tres grandes supuestos de la actividad humana y religiosa: en primer lugar, se inquiere sobre el sentido de la pertenencia racial: si un judío puede ser más que Jacob. ¿Qué pueblo es el mejor? La respuesta de Jesús habla de “un manantial que salta dando vida definitiva”. Es decir, el sentido no le viene a la historia, a los pueblos, a la persona por su pertenencia social, sino por su honda estructura humana. El trabajo por bajar a la profundidad, como diría P. Tillich, es la gran vocación de la existencia. En segundo lugar se demanda luz sobre el componente religioso en la dialéctica “este monte”-Jerusalén. La respuesta de Jesús es que la adoración básica se hará “en espíritu y lealtad”, es decir, en el espíritu de amor de Jesús y en su lealtad a la causa de la vida. Por lo tanto la existencia se consuma, avanza positivamente, cuando se camina en la dirección de la solidaridad y de la fidelidad al camino humano. Y en tercer lugar se pregunta sobre los grandes anhelos de cambio que siempre anidan en el corazón de las sociedades, el tema de los mesianismos. Jesús responde que el verdadero Mesías es “el que habla contigo”. Un Mesías que habla, un mesianismo en la línea de la más pura humanidad. La conclusión de esta primera parte es clara: la existencia se consuma, adquiere sentido, cuando, aquí y ahora, se construye el hecho humano. La humanización de la vida es la clave de la comprensión de Jesús y del horizonte de consumación: la historia tiende hacia una plenitud humanizadora, fraterna, solidaria, amparadora, abrazante. En ese sentido, “el cristianismo, que prolonga en la historia la presencia de Jesús, no tiene otra finalidad ni otra razón de ser que hacer presente y operativo el proceso de humanización que se inició en la encarnación” (J.M.Castillo, La humanización de Dios, p.348).

            En una segunda parte, el relato muestra que este proceso de humanización que tiende hacia su plenitud llega a esta plenitud en la medida de que es un proceso común, amplio, universal, cósmico. Por eso, “el pasaje culmina en una experiencia de fe confesada y confesante. Un modo confesante de vivir la fe no tiene nada que ver con un estilo fanático de entender lo religioso. Confesar la fe es decir, del modo más experiencial posible, la transformación que lo creyente ejerce en la propia historia. Eso, evidentemente, se calcula en medida de humanidad, de historia reconstruida, de apertura creciente a la persona” (F.Aizpurúa, Evangelio de san Juan,  p.105). Cuando esto toma la dimensión de “lo popular”, de lo común, de  lo universal, el proceso ha llegado a su plenitud, la consumación ha alcanzado su madurez.

            Entre estas dos partes, articuladas y conectadas, se incluye una digresión sobre el trabajo apostólico (Jn 4,31-38) que sale al paso de la objeción básica de esta utopía: no resulta posible; la humanización de la historia, la consumación de la plenitud es una utopía inalcanzable. El Evangelio habla de “campos dorados para la siega” y de que “os habéis encontrado con el fruto de una fatiga”. El EvJn se escribe en torno al año 100 cuando ya se tiene experiencia elaborada de la primitiva misión cristiana. En ella se ha comprobado que el Mensaje ofrecido a los paganos no solamente ha sido aceptado, sino que ha producido las comunidades cristianas más vivas. Es decir, en la misión hay una evidencia de que los trabajos de consumación humanizadora de la existencia tienen futuro.

 

3. Tercera aproximación: Un pueblo espera la consumación de la salvación

 

            El título propuesto para esta reflexión nos da pie para otra aproximación al tema: “Un pueblo espera la consumación de la salvación”.

  • La buena perspectiva del tema de la consumación es la perspectiva comunitaria. Es cierto que las grandes opciones de la vida tienen un componente personal ineludible. Pero el sentido brota del marco social porque es desde ahí desde donde la persona se nutre y, consecuentemente, devuelve en moneda de enriquecimiento social el bien que ha recibido del marco social. Esto quiere decir que las elaboraciones de la consumación que hagan los cristianos han de tener el ineludible componente de lo social y de lo comunitario, de lo eclesial. Una espiritualidad de la consumación meramente individualista (yo me salvo, yo me condeno, yo llego a la dicha, yo me plenifico) tienen visos de pérdida y de abocamiento a una situación sin salida. Por el contrario, cuando se pasa del horizonte del uno al horizonte de todos, e incluso al horizonte cósmico es cuando puede surgir el anhelo vivo de la consumación.
  • La espera de la consumación es una espera activa. Los Evangelios han hablado de esto con profusión bajo el tema de la “vigilancia”: “Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: manteneos despiertos” (Mc 13,37). Esta vigilancia se ejercita gobernando la casa de la vida con la autoridad de Jesús, con el amor que humaniza (“dio a los siervos su autoridad”: Mc 13,33). Es decir, la posibilidad increíblemente compleja de una historia plenificada no va a venir llovida del cielo, sino que es una obra histórica, algo que es preciso construir paso a paso. El mecanismo religioso que entiende la salvación como consecuencia de un acto religioso (una confesión de pecados antes de morir, por ejemplo) queda fuera de lugar. Es todo el itinerario vital de la persona y de las sociedades el que pesa a la hora del logro de la consumación. Esta “vigilancia” es la que demanda Jesús y la que Dios espera de quienes dicen estar adheridos a su proyecto.
  • Una consumación entendida como salvación: si tal comprensión queda ceñida al aspecto meramente religioso (yo me salvo yendo al cielo) la consumación queda disminuida y raquitizada. Es mucho más que eso. La salvación ha de ser ampliada y quizá hasta el mismo vocablo ha quedado sumamente estrecho. Es preciso hablar con otro lenguaje y elaborar propuestas de amor pleno, humanidad lograda, felicidad total, alegría compartida, u otro tipo de expresiones que hablen a la persona de hoy en un lenguaje mezclable a la comprensión tremendamente amplia del cosmos que tienen los ciudadanos y a la profundidad cada día más trabajada por las ciencias antropológicas que está pasando ya al acervo popular. Por eso hablamos de consumación cósmica, universal. Esto es diluir los anhelos personales de logro, sino inscribirlos en marcos más amplios, más verdaderos, más benéficos.

 

4. Cuarta aproximación: Una lectura no teísta de la consumación

 

            No hay una lectura posteísta elaborada y expresada en formas simples. Todavía somos deudores de nuestra propia época religiosa. Pero la adecuación de la experiencia creyente a nuestro hoy está llevándonos a algunas certezas: la evidencia de que hay que mirar más en dirección a la historia; la certeza de que ésta, la historia, es una realidad acompañada por Dios; la seguridad de que Dios ha empeñado su éxito en el proceso de consumación histórico; la verdad de que este asunto es un negocio colectivo, cósmico; la seguridad de que la salvación ha de ser entendida básicamente como humanización. Son elementos dispersos de un puzzle que aún no está construido.

            Para contribuir reflexivamente a esa obra aún por hacer vamos a proponer tres elementos que, de algún modo, habrían de ir entrando en una comprensión no teísta de la consumación y que los autores llevan ya mucho tiempo elaborando:

a)      La fe en la materia: El citado Teilhard de Chardin habló de esto en páginas sublimes como su conocido “Himno a la materia”: “Bendita seas, universal Materia, duración sin límites, éter sin orillas, triple abismo de las estrellas, de los átomos y de las generaciones, tú que desbordas y disuelves nuestras estrechas medidas y nos revelas las dimensiones de Dios” (Himno al universo,  p.64). Alejarse de una negativización de la materia ya sería un paso para su espiritualización. La nueva consumación demanda un cambio radical respecto a la comprensión de la materia.

b)      La fraternidad cósmica: Lo que exigiría, inicialmente, un abandono del insensato antropocentrismo que ha dominado todo el pensamiento humano. Y, en segundo lugar la evidencia de que somos tierra. L.Boff ha escrito profundas reflexiones sobre la evidencia de nuestro ser tierra, una nueva manera de enfocar nuestra pertenencia a la tierra. Él dice que esa nueva manera no podrá surgir sin tener una experiencia eco-espiritual: “Vivir en la globalidad del ser, en el sentimiento que se estremece, en la inteligencia que se ensancha infinitamente, en el corazón que queda inundado de conmoción y ternura: eso es hacer una experiencia eco-espiritual” (Ecología, p.251). No se trata de sentimentalismos superficiales. Esta actitud lleva implícita un gran cambio: “Durante siglos hemos pensado acerca de  la Tierra. Nosotros éramos el sujeto de pensamiento y la Tierra su objeto y contenido. Después de todo cuanto hemos aprendido de la nueva cosmología, es importante que pensemos en cuanto Tierra, que sintamos como Tierra y que amemos como Tierra. La Tierra es el gran sujeto vivo que siente, que ama, que piensa y que sabe que piensa, que ama y siente por nosotros y a través de nosotros” (p.252). Esta honda experiencia espiritual es necesaria para avanzar en el camino de fraternidad cósmica.

c)      La utopía mantenida del “reinado de Dios”: Que no es otra cosa, en la mente de Jesús, sino la nueva sociedad, la nueva relación, la otra manera de mirar el hecho histórico. Una definición cristiana de la consumación ha de estar alimentada por la posibilidad real, histórica, de esta utopía. Si, dados los embates de la inhumanidad, cede el creyente en tal utopía, el recurso a una idea de la consumación meramente religiosa y personalista se vuelve algo pequeño y triste. Es preciso, como dice José A. Pagola “vivir y morir con la esperanza de Jesús”. Este dinamismo “resurreccional” resulta imprescindible para hablar de consumación.

 

5. Quinta aproximación: Una evangelización posteísta de la consumación

 

            Nuestra reflexión podría ser calificada, con verdad, de “balbuceos”. Efectivamente, nada está hecho; pero la certeza de que las viejas herramientas se quedan cada vez más obsoletas es la que mueve a intentar otros caminos. ¿Cómo hacer hoy una evangelización de la consumación en esta época secular, posteísta? Damos algunas pinceladas:

1)      Más allá de la “malcreencia”: No se puede evangelizar hoy en temas de consumación “limitándonos simplemente a cumplir una función y a emplear un lenguaje que ya no vivimos personalmente” (F. Varone, El dios ausente,  p.59). Es la malcreencia. El buen evangelizador tendrá que mezclar un exquisito respeto a las creencias de los demás y, a la vez, un esfuerzo por no proponer como camino aquello en lo que no cree. Quizá para ello habrá de sacudirse el miedo que infunde el sistema y que paraliza el anhelo de caminos nuevos.

2)      Consumación intrahistórica: Lo que demanda una comprensión de la historia no solamente positiva y valorativa, sino la comprensión de que la historia es camino necesario y único para el encuentro con Dios. La persistente tentación de gnosticismo debe ser conjurada. Desde ahí se podrá entender que la consumación ha de ser orientada no hacia un “afuera” del hecho histórico sino a esa dimensión de profundidad en donde el Dios ha puesto su morada a perpetuidad (Jn 14,23).

3)      Componente ecológico: Donde el “negocio” de la salvación no es solamente individual y antropocéntrico, sino universal y cósmico. El anhelo de la creación del que hablaba Rom 8,22 tiene que ser integrado en la espiritualidad de la consumación.

4)      Participación sin disolución: Así podría ser entendido el modo de ser en consumación: una participación en el hecho creacional vivido en profundidad sin que ello conlleve la disolución en una masa informe. No solamente se conjuran así errores teológicos (panteísmo, inmanentismo, etc.), sino que se aguza el imaginario para valorar lo personal y la participación en el proceso histórico.

5)      Más desde dinamismos que desde ideologías: Porque la consumación extrahistórica está hecha, en gran parte, desde una ideología, desde una dogmática. La consumación entendida desde la historia demanda el mantenimiento en vida de dinamismos, de “fuerzas” que hagan posible y creíble una vivencia de la consumación en la historia concreta de cada persona. Esos dinamismos son el anhelo, el sueño, la búsqueda, la pregunta, la utopía, etc.

 

6. Una existencia cristiana que incluye la consumación en su proyecto espiritual

 

            ¿Qué actitudes habría de ir cultivando el cristiano/a que quiera ir incluyendo en su proyecto espiritual una vivencia de la consumación desde una perspectiva histórica? Ofrecemos alguna pista de reflexión:

 

1)      Amor a la vida: Porque sin haber hecho y aprobado el “Curso de amor a la vida”, sin haber amado la historia y sus avatares, resulta muy difícil entrar por caminos de novedad en la vivencia de la consumación. Este amor a la vida tendría que llevar a una comprensión del camino histórico cristiano no como un mero humanismo ideológico, sino como una vía realmente abierta a la humanidad profunda. De Jesús se ha dicho que solamente uno tan profundamente humano podría ser Dios: “Su historia personal reveló un modo de ser hombre, una forma de comportarse, de hablar, de relacionarse con Dios y con los otros que rompía los criterios comunes de interpretación religiosa. Su profunda humanidad dejó vislumbrar estructuras antropológicas de  una limpidez y transparencia para lo divino que superaban todo lo que  hasta entonces había surgido en la historia religiosa de la humanidad.  Tan humano como Jesús sólo podía ser Dios mismo” (L. Boff, Jesucristo y la liberación,  p.268). Lo mismo habría que decir del creyente.

2)      Mentalidad incluyente: No solamente por influencia de irreversible concepto de globalización sino por la certeza de que todo ser creado tiene que ver en el proceso de consumación ya que, al ser llamado existencia, también está llamado a la plenitud. De ahí brota la responsabilidad ante lo creado no como algo derivado de la experiencia religiosa, sino como parte del núcleo de tal experiencia. Porque “la universalidad no es un conjunto de ideas que haya que imponer a todos, sino una responsabilidad hacia el universo y hacia todas las criaturas que en él se encuentran” (R.Mate, La herencia del olvido, p.20). Queda así superado el concepto de mera salvación personal que conlleva una gran dosis de desentendimiento y una gran falta de responsabilidad.

3)      Aprecio de la ciencia: En la conciencia de que, generalmente, no es un obstáculo para la experiencia creyente sino un buen aliado que sitúa las cosas en terrenos empíricos con lo que se evitan muchos desenfoques. Aun sabiendo que la ciencia tiene sus límites, el creyente cree que lo científicamente probado en un momento ha de ser tenido en cuenta en la comprensión del proceso de consumación. Del mismo modo que ciencia y filosofía están llamadas a entenderles, igualmente experiencia religiosa y ciencia han de buscar la hermandad saliendo del propio ensimismamiento que las condena al ostracismo. “Hoy se ha perdido el lazo (entre ciencia y filosofía) pero hay que recuperarlo. La pregunta fundamental sigue siendo la filosofía, es decir, cómo es el mundo y cómo es el hombre”, afirma el filósofo Víctor Gómez (I. Landa, Donde rayan ciencia y filosofía, p.34). Lo mismo habría que decir del hecho creyente: necesita de la ciencia no tanto para solucionar sus aporías, sino para situarlas correctamente.

4)      Sueños alimentados por una praxis samaritana concreta: Porque al hablar de consumación no hablamos de meros planteamientos ideológicos sino de procesos históricos en línea de humanización. Eso demanda un comportamiento “samaritano”, solidario y compasivo. Este pensamiento ha sentado cátedra en la reflexión cristiana: “El ‘Principio-Misericordia’ es el que debe actuar en la Iglesia de Jesús; y el pathos de la misericordia es lo que debe informarla y configurarla. Esto quiere decir que también la Iglesia, en cuanto Iglesia, debe releer la parábola del buen samaritano con la misma expectativa, con el mismo temor y temblor con que la escucharon los oyentes de Jesús: qué es lo fundamental; en qué se juega todo. Muchas otras cosas deber ser y hacer la Iglesia; pero, si no está transida -por cristiana y por humana- de la misericordia de la parábola, si no es, antes que nada, buena samaritana, todas las demás cosas serán irrelevantes y podrán ser incluso peligrosas si se hacen pasar por su principio fundamental” (J. Sobrino, La Iglesia samaritana, p.3).

5)      Mística de futuro: Y de recuperación de la utopía que pasa, entre otras cosas, por el alejamiento de los sistemas que se nutren de la convicción arraigada de que las cosas no pueden ser de otra manera. El creyente ha de mantener la certeza de que los “imperios” no son tan fuertes como ellos creen. “No es ninguna ingenuidad anti-académica pretender que las cosas pueden ser de otra manera. Y no resulta en absoluto utópico pensar en un sistema social en que el mercado y su lógica deje de ser un fin en sí mismo para convertirse en un medio” (I. Zubero, Movimientos sociales,  p.95). El sistema se encarga de propalar la idea de que es imbatible, compacto y que su fortaleza está más allá de cualquier ataque. Sin embargo su fragilidad ha quedado palmariamente de mostrada en esta formidable crisis en la que el mismo mercado y sus egoístas leyes nos han metido. Quien quiere vivir su existencia creyente en conexión con la historia de cara a una consumación de plenitud va introduciendo estos elementos sociales en su edificio místico porque una mística sin historia es una fantasía.

 

 

Conclusiones

 

  • Al terminar la reflexión, que hemos calificado de balbuceos, no podemos menos de decir que esta clase de anhelos sobre el tipo de consumación que vamos construyendo han de tener cabida cada vez más en la mística cristiana. Ésta, que históricamente ha estado urdida de certezas impuestas, ha de dar acogida a las preguntas hondas.
  • El gran dilema (incluso en la teología) es la manera de leer y de integrar el hecho histórico en el edificio humano y, por ello, en la espiritualidad. Cuanto más se parta y se reflexione desde una perspectiva histórica, más posibilidades de lograr una espiritualidad integrada.
  • Vivir en la dirección de la consumación intrahistórica se traduce por vivir en la dirección de lo humano en creciente profundidad. El requisito, test y consecuencia de una espiritualidad como la planteada es el crecimiento en humanidad.
  • Por otra parte, creemos que Dios, que ha puesto su morada en el fondo de la existencia, acompaña este anhelo y estos desvelos. Lo nuestro no es una empresa prometeica, sino un profundo acto de confianza en el Dios que acompaña, vela y participa en nuestra aventura histórica.
  • Creemos que una espiritualidad así puede ser agua que calme la sed de hondura que tienen muchas personas. Será un agua que “saltará hasta la vida eterna”, un agua que saciará la sed honda de toda criatura.
  • Y terminamos con un pensamiento de ese gran lírico y pensador que es Leonard Cohen en su último disco Olds ideas: “Vuelvo a casa a paso lento, vuelvo a casa menos mal que antes de ayer, vuelvo a casa sin rencillas, vuelvo a casa de puntillas, vuelvo a casa sin disfraces ni porqués”. En el fondo es el gran anhelo de volver a nuestra casa de la historia, humilde y hermosa, donde del amor del Padre, de la que nunca deberíamos irnos, a la que siempre podemos volver y cuya consumación nos inundará de felicidad plena.

 

BIBLIOGRAFIA DE REFERENCIA

 

  1. AIZPURÚA, F., Evangelio según Juan, Ed. Universidad Francisco Marroquín, Quetzaltenango 2008.
  2. BOFF,L., Jesucristo y la liberación del hombre,  Ed. Cristiandad, Madrid 1981; Ecología. Grito de los pobres, grito de la tierra, Ed. Trotta, Madrid 2009.
  3. CASTILLO, J.M., La humanización de Dios. Ensayo de cristología, Ed. Trotta, Madrid 2009.
  4. COHEN, L., Old ideas, 2012.
  5. CROSSAN, J.D., El nacimiento del cristianismo, Ed. Sal Terrae, Santander 2002.
  6. GAMONEDA, A., Canción errónea, Ed. Tusquets, Barcelona 2012.
  7. JEREMÍAS, J., Teología del Nuevo Testamento I,  Ed. Sígueme, Salamanca 1974.
  8. LANDA, I., Donde rayan ciencia y filosofía, en El País, 30 de octubre de 2012, pp.34-35.
  9. MATE, R., La herencia del olvido,  Ed. Errata Naturae, Madrid 2008.
  10. METZ, J.B., Memoria passionis. Una evocación provocadora en una sociedad pluralista, Ed. Sal Terrae, Santander 2007.
  11. PAGOLA; J. A., Jesús. Aproximación histórica,  Ed. PPC, Madrid 20074.
  12. TEILHARD DE CHARDIN, P., Himno al Universo, Ed. Trotta, Madrid 1996.
  13. SHELBY SPONG, J., Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo. Por qué la fe tradicional está muriendo y cómo una nueva fe está naciendo,  Ed. Abya Yala, Quito 2011.
  14. SOBRINO, J., La Iglesia samaritana y el principio misericordia, en Koinonia Relat 192.
  15. ZUBERO, I., Movimientos sociales y alternativas de sociedad,  Ed. Hoac, Madrid 1996.

 

 

 

 

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño

Misterio de carne nuestra

MISTERIO DE CARNE NUESTRA

 

Introducción

 

                 Ponerse ante el misterio de la encarnación es, ante todo, ponerse ante el misterio. Eso no quiere decir que haya que provocar una especie de enajenación mística, sino que hacer referencia a una actitud interior viva, gozosa, disfrutante. Ponerse ante ese misterio con unas entrañas capaces de “concebir”, no como las entrañas secas de Sara (Gen 18,11). El realismo, los años, la pertenencia a la cultura secular, la herida de los días nos incapacitan para temblar de vida y de deseo ante el misterio. Pero ¿cómo hablar de encarnación sin ese temblor? ¿Puede llevarnos a algo una reflexión ordenada, fría, escolar, oficial sobre el tema de la encarnación? ¿No habrá que intentar otros cauces, aunque quizá siempre caigamos en la fosa de nuestra propia ideología consagrada? Intentémoslo, echemos vibración interior a esta tarea. Quizá desde ahí la cosa cambie.

                 El misterio de la encarnación, digámoslo ya desde ahora, es el misterio de la carne, de la carnalidad como algo misterioso, de creer que en esta carnalidad, tan humilde, clamor puede tener cabida y, con él, la misma realidad de eso que llamamos Dios. Un Dios acogido en la carne, situado ahí, envuelto en ella, mezclado hasta no poder casi separarse. Esto es solamente creíble si se acepta la mezcla del amor, la evidencia de que Dios se hace de la misma condición de la carne (“Dos que duermen en el mismo colchón…”). Quizá haya que ensanchar la carne, ampliar su capacidad de ser marco de lo divino más allá de su pobreza, percibirla, como luego diremos, con otra mirada. Quizá también haya que poner con valentía el asunto de la humanización de Dios sobre la mesa de la reflexión teológica. Tal vez haya que volver a los textos bíblicos encarnacionales desde otra perspectiva. Desde ahí es desde donde podremos mirar con ojos nuevos a nuestras propias encarnaciones. Todo un programa.

                 En nuestro imaginario religioso la encarnación ha entrado por vía de la dogmática, no del estremecimiento del corazón. No vamos a cuestionar ese camino, pero tampoco lo vamos a seguir. Primero, porque básicamente ya lo conocemos; segundo, porque pensamos que está prácticamente agotado. ¿Hay posibilidad de otra senda? Es lo que queremos intentar, aunque no logremos despegarnos totalmente de nuestro componente dogmático. Volvemos a decir que el camino del estremecimiento del corazón y de la mirada a la más elemental y cotidiana realidad puede ayudarnos a percibirnos vivos ante el misterio. Reflexión que apunte al interior y mirada a lo que vivimos, esos serán nuestros caminos, nuestras herramientas para descubrir en modos algo renovados el misterio de nuestra carne que es la hermosura de lo más básico de la vida, esa zona en la que Dios ha hecho morada (Jn 14,23).

                 El fruto pretendido del trabajo de estos días será, justamente, un amor acrecentado a la pobre y hermosa carne que es casa del Dios que nos ama; un estremecimiento antes ese Dios mezclado a la carne y ante esta carne que se mezcla a Dios. Puede parecer que esto resulta, de salida, desvaído e inatrapable. Habrá que concretar.

                 Haremos alusiones frecuente a la espiritualidad franciscana que, así lo creemos, es espiritualidad de un descubrimiento maravillado de la humanización de Dios. Trabajaremos también, a modo de seminario común, una serie de documentales y de películas que, desde otro lado, apunten al tema de lo encarnacional.

                 Para comenzar, ponemos en esta introducción el texto que, en su día, escribiera Rufino Grández como un himno para la liturgia de Navidad que rememora el misterio de la encarnación en lacuela de Greccio. De él hemos tomado el título para nuestra reflexión:

 

Misterio de carne nuestra,

      ¡misterio!,

palabras de Aquel que sabe

más allá de las palabras,

palabras juntadas todas

en la Palabra encarnada,

      ¡Palabra!

 

Está gimiendo en el heno,

      ¡gimiendo!,

el amoroso Dios nuestro,

que si por fuerza sufriera,

dejara de ser quien es,

Señor de cielos y tierra,

      ¡Dios nuestro!

 

Ternura toda del cielo,

      ¡ternura!,

caricia de amor divino,

ternura de piel humana:

por siempre Dios el esposo

de una esposa perdonada,

      ¡por siempre!

 

 

Llegaos, hombres errantes,

      ¡llegaos!:

un Niño mendigo y rico

trae el abrazo de paz;

al odio le ha dado muerte

con armas de caridad,

      ¡un Niño!

 

Francisco lo está adorando,

      ¡Francisco!;

en Greccio exulta de amor

por el nombre de Jesús,

porque si Dios ha nacido

es segura la salud,

      ¡en Greccio!

 

Bendito el Hijo de Dios,

      ¡bendito!

¡Oh gloria eterna del Padre,

oh regalo del Espíritu,

Jesús de santa María,

gozo del orbe y los siglos!

      ¡bendito!

Amén.

 

I. UNA NUEVA MIRADA A LA HISTORIA

 

            Para intentar gestar una nueva espiritualidad sobre la encarnación, tal vez haya que comenzar por algo elemental: llegar a tener una nueva mirada sobre la historia, sobre los caminos humanos, sobre nuestro estar aquí en el concierto de la creación. Puede parecer que esto es ir demasiado lejos. Pero, en realidad, de ese “disco duro” dependen muchas de nuestras ideas y comportamientos religiosos. Por eso nos conviene comenzar por aquí:

 

1. Somos tierra

 

a) Frase guía:

 

“El error consistió en creer que la tierra era nuestra cuando la verdad de las cosas es que nosotros somos de la tierra (N. Parra).

 

Efectivamente, la ingenuidad de la persona (y su descontrolada soberbia) le ha llevado a creer que era “rey de la creación” con todos los derechos al expolio, cuando, en realidad, es un ser altamente dependiente del resto de seres. No ha tenido en cuenta jamás una humildad cósmica que lo situara correctamente en el coro de lo creado. La afirmación por la apropiación le ha llevado a la destrucción. Un camino equivocado de siglos que, tal vez ahora, estamos colectivamente comenzando a verlo de otra manera.

Nosotros somos de la tierra y, como dirá Boff, somos tierra, eso y no otra cosa. Tierra con toda su hermosura y su limitación, con su entrañabilidad y con su dureza. Pertenecemos al orden de la tierra. En base a una mal comprendida espiritualidad nos hemos alejado de lo “terrenal” y lo hemos opuesto a lo espiritual, ensalzando esto último y menospreciando a aquello, para perjuicio de ambos. No hemos sabido elaborar una espiritualidad de la tierra (hasta estos últimos tiempos) y, por lo mismo, no nos ha preocupado el cuidado de la tierra.

Pero hoy, como dice J. Gaillot, podemos soñar con un tiempo en que los humanos aprendamos que cuidar la tierra es cuidarnos a nosotros mismos, que saberse tierra es situarse en el mejor ámbito para comprender los inextricables caminos de nuestro arcaico corazón. Saberse tierra no es ningún desdoro y quizá sea la senda mejor para toparse por la honda espiritualidad de la existencia, y esto solamente en apariencia es paradójico.

 

b) Texto bíblico: Gen 3,19

 

            “Comerás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste sacado; pues eres polvo y al polvo volverás” (Gen 3,19).

 

  • El contexto es una profecía de maldición: la violación del precepto se concretiza en una percepción negativa y dialéctica con la tierra. La vuelta a la tierra es lo que marca la liberación de la condena. No se puede leer desde ahí la pertenencia a la tierra como un disfrute, sino como una negatividad. La misma concepción del pan-con-sudor, aun siendo una visión muy realista de una parte del trabajo humano, deja en la sombra loa otra parte, la creatividad, el disfrute, el logro. Una tierra conde se trabaja solo con sudor no puede ser una tierra amable.
  • Si uno es sacado de la tierra y vuelve a ella (fórmula de totalidad) es que es tierra. Lo que quiere decir que habría de vivir entre estos dos polos en modos terrenales positivos, no como si viviera en un destierro: siendo persona de tierra habría que amar la tierra. Parece que la tierra niega sus gozos a quien a transgredido el mandato divino, cuando, en realidad, es casa acogedora y consuelo para quien anda en dureza y en debilidad.
  • Considerar la tierra como “polvo” (al menos en la traducción castellana) manifiesta la visión negativa del hecho de ser tierra. El polvo es, efectivamente, lo menospreciable, lo pasajero, lo no fiable, lo no valioso. Si fuera “barro” ya sería algo, porque de barro, aunque frágil, se hacen vasijas. Si fuera tierra con cantos, cal y canto, sería argamasa dura de la que se hacen los cimientos de las ciudades. Pero no, se es polvo, tierra despreciada.
  • Es preciso leer estos textos “contra el texto”, especularmente pero de modo negativo: lo que dicen es lo que no quiero aceptar, aun siendo verdad, porque es solamente una parte de la realidad y, por razones de mentalidad, deja de lado otra parte que puede dar mucho más sentido al caminar de la persona por la vida.

 

c) Ahondamiento

 

            * Ama la tierra que el Señor te da: Como se le decía a Moisés. Despreciar la tierra es despreciar al donante. Considerarla un valle de lágrimas (aunque en eso la convertimos muchas veces) es un menosprecio a la generosidad de Dios. Por eso, es preciso amarla, aprender a amarla con sus limitaciones; amarla, contribuyendo a que, si es posible, no sea tan limitada. Hay que estar seguros de que se ama a la tierra. Y como quien sabe de amores, cuando se ama se sabe y cuando no se ama se sabe también.

            * De barro, pero con luz dentro: Eso somos las criaturas: de barro frágil y humilde, pero con luz dentro, fanales que pueden alumbrar. Hay que mantener con realismo que somos barro; pero con idéntico realismo habrá que mantener que tenemos posibilidades de ser luz y de iluminar. Tanto el ser barro como el ser luz lo recibimos de la mano generosa de Dios.

            * Besos piadosos a la tierra que huellan nuestros pies: Porque lo único que hacemos es hollarla, pisarla, despreciarla. Pero, a veces, habría que besara con delicadez, como se besa a quien se ama. Porque merece los besos de quienes somos tierra, de quienes somos familia terrena. Veneración delicada a la tierra de la que hacemos parte, sacramento verdadero de nuestra verdad más íntima.

            * Vivir con gozo el ritmo de la tierra: Del tiempo, de las estaciones, de los días, de las horas, de las épocas, del amanecer hasta el anochecer, el calendario que sustenta nuestra vida. Disfrutar de cada episodio; no renegar de ninguno; verlos todos como momentos propicios para ir caminando gozosos de la mano de la tierra que nos sostiene y abraza.

            * Un adiós para quedarse: Porque así es nuestro adiós a la tierra, como el de Jesús, para “volver” a lo profundo, a la verdad, a la entraña que nos amparará para siempre. Perdido en ese ser de todos que es el ser mismo de Dios donde nadie se pierde.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            “Loado seas, mi Señor, por la hermana y madre tierra, que nos sustenta y gobierna y produce diversos frutos, con coloridas flores y hierbas” (Cánt ).

            Estas son las palabras hermosas de Francisco sobre la tierra: hermana que acompaña nuestro caminar día a día, hermana buena y generosa. Madre que nos engendra y nos acoge, nos consuela y abraza, nos da lo mejor. Sustento sin el que estaríamos perdidos por lo que merece el respeto y la racionalidad en el uso de bienes. Gobierno para darnos cuentas, en la brevedad de la vida, de la oportunidad recibida. Productora de frutos sin los que no habría horizontes para nadie y productora de belleza que alegra, tan importante como los frutos. Y hierbas, que parece que no valen para nada pero en las que viven y de las viven miles de seres que son nuestros benefactores en muchos casos. Misterio de la tierra buena.  

 

e) Taller rápido

 

            Piensa un adjetivo que daría tú a la tierra; que no sea rutinario, sino orginal, poético, delicado.

 

2. Somos familia humana

 

a) Frase guía

 

            “En medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común” (Carta de la tierra de la ONU, año 2000). 

 

            La diversidad de culturas y las formas distintas de vida no ejercen de disolvente de lo humano sino, al contrario, de aglutinador. Una sola familia humana, esa es la base de una comprensión nueva de la encarnación. Mientras el pensamiento teológico y esta evidencia histórica no se toquen, no habremos dado el primer paso. Una sola comunidad terrestre dotada de conciencia dentro de la gran comunidad cósmica. Es preciso ir elaborando un pensamiento cósmico, tan amplio como parece serlo la realidad de un cosmos inabarcable. Un destino común que no es otro que el del logro de la dicha, la bienaventuranza de una vida disfrutante, felicitante.

 

b) Texto bíblico: Gen 11,1-9

 

            “Toda la tierra hablaba una misma lengua con las mismas palabras. Al emigrar los hombres desde Oriente, encontraron una llanura en la tierra de Senaar y se establecieron allí. Se dijeron unos a otros: ‘Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos al fuego’. Y emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de argamasa. Después dijeron: ‘Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance el cielo, para hacernos un nombre, no sea que nos dispersemos por la superficie de la tierra’.

            El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres.

            Y el Señor dijo: ‘Puesto que son un solo pueblo con una sola lengua y esto no es más que el comienzo de su actividad, ahora nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Bajemos, pues, y confundamos allí su lengua, de modo que ninguno entienda la lengua del prójimo’.

            El Señor los dispersó de allí por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad. Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra”.

 

  • Tradicionalmente se ha interpretado este episodio desde la perspectiva del insensato orgullo humano que se atreve a desafiar al mismo Dios (“una torre que alcance al cielo”). No parece que esa sea la mejor manera de verlo. Se trata más bien de un relato etiológico que quiere explicar a su manera una evidencia incomprensible: la diversidad de lenguas que pueblan la tierra. De ahí tratará de sacar una lección: lo malo no es la temida dispersión sino la dificultad para admitir como humano a quien es de otra tierra y de otra lengua (en épocas donde la relación entre las gentes de diversas naciones era infinitamente menor que ahora el problema se planteaba con mucha más crudeza).
  • Efectivamente, el problema de fondo es el de la identidad (“vamos a hacernos un nombre”). Los “babelianos” entienden la identidad como la no dispersión y la evidencia de una sola lengua. Dios que dispersa y da distintas lenguas (por eso destruye la torre) propone una identidad basada en la comprensión de que más allá de la distinta lengua y la diferente patria se tiene en común la humanidad. Por eso no hay que temer en dispersarse por la tierra y hablar distintas lenguas. Se siegue siendo familia humana. Una identidad común más allá de toda identidad particular.
  • El temor a la dispersión revela que no se ha entendido aún la pertenencia familiar a lo humano (“no sea que nos dispersemos por la faz de la tierra”. Por eso la cerrazón sobre un país, una lengua, una manera de ser aleja de la certeza de que somos familia común, humana, universal, la verdadera familia. La vieja mentalidad clánica, o la nacionalista excluyente de hoy, quedan cuestionadas.
  • Las decisiones tomadas desde la no-familia, desde la fuerza de uno solo, son temibles (“nada de lo que decidan les resultará imposible”). Son decisiones que pueden llevar a la ruina.
  • Confundidos y dispersos (“los dispersó de allí por la superficie de la tierra”). Esa es la premisa para volverse a la verdad de la familia humana. Es una especie de “catequesis negativa”. Se podría haber dicho de forma positiva: convencidos del valor de las lenguas y de que la diversidad de patrias no solamente no nubla la identidad familiar humana, sino que la potencia y la enriquece con los valores de la pluriformidad.
  • La conclusión es clara: la identidad humana, el ser familia, está por encima de toda diversidad, peculiaridad, patria diferente, costumbres diversas, morales relativas, etc. Hay una dignidad común a cualquier humano e incluso a cualquier criatura. El gozo de lo humano, la vivencia de la identidad, no dependen de lo particular, sino de la pertenencia a lo común, a lo humano, a lo fraterno.

 

c) Ahondamiento

 

            * La gran vocación: Hemos fagocitado el vocablo “vocación” aplicándolo, casi con exclusividad, a la vocación religiosa o sacerdotal (a veces hablamos del matrimonio como una vocación). Pero, en realidad, la gran vocación, la única vocación, es la dada por Dios a toda realidad creada: vivir y dar vida. Toda otra vocación se asienta sobre ella, incluida la vocación a ser humano, a ser persona en relación con otras personas. Vocación a la vida, vocación a ser persona en la vida, vocación a creer como persona (o a no creer, que también puede ser una vocación), vocación a un modo de vida creyente concreto (matrimonio, sacerdocio, vida religiosa, etc.). Ese es el orden vocacional “lógico”.

            * Una mirada al lado familiar de toda persona: No al lado que no es familiar, que es diferenciador. El lado familiar de toda persona se sitúa en el ámbito del corazón. Será ahí donde habrá que mirar con más intensidad, saltar la valla que rodea todo corazón con sus específicas defensas; dejar que el otro salte nuestra valla sin absolutizar nuestras defensas. Estos son trabajos de mística familiar. Imposible percibir la hermosura de ser familia humana sin andar por estas sendas.

            * Flexibilizar conceptos rígidos: Que los hace rígidos la cultura,  el contexto histórico, la consagración de mitos, etc. Conceptos como patria, frontera, cultura, historia, moral, religión. Flexibilizar no quiere decir erradicar, sino hacer más porosos, menos absolutos, menos inamovibles. Acostumbrarse a buscar fuera del campamento, como decían los profetas. Y por lo mismo, no caer en la gran amenaza del universalismo impuesto: lo que considero bueno para mí también tiene que ser bueno, por necesidad, para los demás.

            * Descubrir el lado gozoso de las otras culturas: No únicamente el lado difícil, pesaroso, costoso, abrumador. Toda cultura tiene un  lado disfrutante. Si no se toca ese lado no es fácil tener mentalidad de familia. Lo que nos une a nuestra familia es, digamos lo que digamos, sobre todo el disfrute que nos ha dado, más que los pesares que hemos compartido.

 

d) Perspectiva franciscana

 

“Y deben gozarse cuando conviven con gente de baja condición y depreciada, con los pobres y débiles, y con los enfermos y leprosos, y con los mendigos de los caminos” (1R 9).

 

            No solamente deben aguantar, se pacientes, escuchar, soportar, acompañar, sino “gozarse”, disfrutar con quien socialmente es tan “distinto”, tan alejado del grupo normal. Porque si no se disfruta, no será posible tenerlos por familia, ya que es sobre todo el gozo lo que crea el verdadero vínculo familiar. El ser de baja condición, el desprecio social, la debilidad, la enfermedad extrema (la lepra), la mendicidad a la que la pobreza obliga no habrían de ser obstáculos definitivo para que el hermano/a menor haga familia con esa clase de personas.

 

e) Taller rápido

 

            Experiencias gratificantes de universalismo: ¿Mantienes activa una relación con hermanas de culturas y lenguas absolutamente distintas a la tuya?

 

3. Somos hermanamiento

 

a) Frase guía

 

            “El hermanamiento fortalece los vínculos debilitados, nos hace reconocer la familiaridad que nos transforma en co-habitantes de este espacio, en  hermanos que comparten una geografía, unos bienes, pero por sobre todo que comparten grandes motivaciones y esperanzas. Este es el lado iluminado de la globalización, un hermanamiento creciente, que va animando una nueva conciencia. Son muchos quienes buscan esta nueva conciencia de hermandad con el mundo y con las personas, muchos dentro y fuera de la Iglesia” (W.H.Elphick).

 

            La vida debilita los vínculos humanos hasta hacerlos peligrar, hasta considerarlos inútiles y contraproducentes. El hermanamiento los fortalece, les inyecta esa cantidad necesaria de utopía y de esperanza que sigue manteniendo con sentido unas relaciones humanas solidarias. El hermanamiento nos hace ver que el nicho humano es un espacio compartido y que expoliar a los demás de esa herencia de dignidad, expulsarlos del nicho es obrar inicuamente. Compartimos la geografía de lo humano, porque solamente hay una la que tenemos entre manos. Sin este compartir de la geografía de la humanidad las esperanzas de justicia se agostan. La globalización tiene algo muy positivo: el hermanamiento no retrocede, aunque crezca a ritmo, a veces, desesperadamente lento. Esto nos va llevando a la nueva conciencia de hermandad humana. Y quienes están empeñados en esta hermosa utopía del hermanamiento no son cuatro gatos, son muchos, y el que estén dispersos, ocultos, olvidados a propósito, perseguidos incluso no los hace menos reales.

 

b) Texto bíblico: Lc 22,24-27

 

            “Surgió además entre ellos una disputa sobre cuál de ellos debía ser considerado el más grande. Jesús les dijo:

            -Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen autoridad sobre ellas se hacen llamar bienhechores. Pero vosotros, nada de eso: al contrario, el más grande entre vosotros iguálese al más joven, y el que dirige al que sirve. Vamos a ver, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? El que está a la mesa, ¿verdad? Pues yo estoy en medio de vosotros como quien sirve.

 

  • La disputa que surge entre los discípulos para ver quién es el más grande resulta más estridente enmarcado el texto como está en los relatos de la pasión, en el marco de su gran entrega. Él se da del todo y los otros andan discutiendo quién es el más grande. La disputa indica que la ambición es común, compartida por todos. Peor todavía. El hermanamiento, la hermandad con rostro social, queda fuera.
  • Quienes no generan hermanamiento se hacen llamar “bienhechores”. Hay que medir la paradoja y la ironía. Destruyen las redes sociales y se autoerigen en bienhechores sociales. Esto está al orden del día. 
  • En una cultura donde la ancianidad es un valor superior, decir que el “más grande se iguale con el más joven” está metiendo un concepto revolucionario: toda persona es hermana independientemente de su edad (el Evangelio no respeta las divisiones sociales a priori. Para él, toda persona es digna, más allá de la estratificación social). Generar hermanamiento demanda esa postura que va contra la jerarquización social, una mentalidad igualadora e igualitaria. 
  • Cuando equipara “el que dirige al que sirve” está subvirtiendo los cimientos del edificio social que no encaja bien el hermanamiento. La distancia entre directores y servidores no tiene sentido. Pretender hacer obra de hermanamiento social manteniendo rangos es pretender un imposible. 
  • Cuando el texto afirma categóricamente que “yo estoy entre vosotros como el que sirve” está dando la clave para la construcción de toda clase de hermanamiento: esa calve es el servicio. Un hermanamiento que no tiene como motor el servicio es una conquista, una invasión, un allanamiento. 

 

c) Ahondamiento

 

            * Trabajos por engendrar hermandad: Eso es lo que llamamos hermanamiento: todo el esfuerzo social por aproximar culturas, pueblos, situaciones sociales para que se produzca un trasvase de valores que genere igualdad y reduzca el desequilibrio en las relaciones sociales. Ciertamente esta es una obra de gran humanidad.

            * La nueva mirada que lleva al hermanamiento: Es una nueva mirada necesaria que contiene una cierta dosis de compasión, pero, sobre todo, tiene una gran dosis de sentido de la dignidad común y de sensibilidad explícita por el sueño de la igualdad social. Mientras esta mirada igualado no florezca siempre se estará amenazado de superioridad y con ello de colonialismo cultural.

            * El hermanamiento, una manera nueva de poner “carne” a la encarnación: Porque se trata de trabajar en una obra de relación igualadora en todos los sentidos. Los proyectos, las colaboraciones, la misión incluso habría de estar imbuida de la espiritualidad del hermanamiento para que no degenere en actuaciones de suplantación que, en el fondo, encierran una indudable dosis de dominio.

            * Compartir la mesa como manera visible de hermanamiento: Toda mesa, la de la casa, la de los presupuestos sociales, la de los recursos naturales, la de la legislación humanizadora, la de la fe que libera. Hacer sitio en la mesa de la vida es un componente de la mística del hermanamiento.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            5Y los hermanos que van, pueden conducirse espiritualmente entre ellos de dos modos. 6Un modo consiste en que no entablen litigios ni contiendas, sino que estén sometidos a toda humana criatura por Dios (1 Pe 2,13) y confiesen que son cristianos. 7El otro modo consiste en que, cuando vean que agrada al Señor, anuncien la palabra de Dios, para que crean en Dios omnipotente, Padre e Hijo y Espíritu Santo, creador de todas las cosas, y en el Hijo, redentor y salvador, y para que se bauticen y hagan cristianos, porque el que no vuelva a nacer del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios (cf. Jn 3,5) (1R 16).

 

            Es tópica, pero no por ello menos sugerente, la idea de que Francisco no envió jamás a sus frailes como predicadores de la cruzada, y, aunque había enviado antes hermanos a Marruecos y a Siria, el año en que se iniciaba la cruzada prohibió enviar allí misioneros, para impedir el menor equívoco en el Islam. 

 

e) Taller rápido

 

            Contar algún tipo de hermanamiento social en el que, de una u otra manera, se haya participado.

 

Taller de cine: TIERRA, LA PELÍCULA DE NUESTRO PLANETA

 

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II. ESPIRITUALIDAD DE LA HUMANIZACIÓN

 

            Puede parecer que no terminamos de entrar en el tema de la encarnación, pero este segundo paso es muy importante: la humanización de la persona y del mismo Dios es puerta abierta a la comprensión de la espiritualidad de la encarnación.

 

1. La humanización de Dios

 

a) Frase guía

 

            “Si partimos del misterio de la Encarnación, mediante el que ‘lo divino’ y ‘lo humano’ se fundieron en un hombre concreto, Jesús de Nazaret, entonces nos encontramos con este planteamiento estimulante y motivador, a saber: nuestro itinerario de encuentro con Dios, el Dios encarnado en Jesús, no es el itinerario de la divinización, sino el incesante logro de la mejor y más entrañable humanización(J.M.Castillo).

 

            La espiritualidad tradicional ha hecho un fuerte hincapié en la divinización porque ha creído que divinizar era la mejor forma de honrar (a Dios, a Jesús, a los santos, a las personas eximias, etc.). Pero la dinámica encarnacional es justamente lo contrario: el camino de la mejor divinización es la honda humanización. Se “mide” el nivel de humanización por el de la humanización: Dios sería el “superhumano”, Jesús el más humano y luego los demás grandes de la fe, grandes por humanos.  Por eso el verdadero itinerario vital de quien anhele la encarnación pasa por la humanización. Es preciso alejar los temores religiosos, dogmáticos, tradicionales que ven en el camino de la humanización un peligro para la espiritualidad. Es justo lo contrario.

 

b) Texto bíblico: Sab 11,23-26.12,1.19a

 

            “Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. Y ¿cómo subsistirían las cosas si tú no lo hubieses querido? ¿Cómo conservarían su existencia si tú no las hubieses llamado? Pero, a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida. Todos llevan tu alma incorruptible…Actuando así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano”.

 

            Se puede decir que el libro de la Sabiduría es el más “moderno” de la Biblia. Su argumento es elemental: todo Dios que se precie ha de defender a sus fieles de las asechanzas de sus enemigos. El pueblo de Israel ha tenido muchos enemigos pero, sobre todo, dos: los egipcios y los cananeos. Si Dios hubiera obra como obra un dios tendría que haber aniquilado a estos enemigos de Israel. Pero no ha sido así. Les ha dejado tiempo para el arrepentimiento.

            Razones: todo viene de Dios, todo lleva su “alma” porque, si fuera así, no podrían subsistir. No puede dejar de amar lo que ha creado. Y los cananeos y egipcios también tienen alma y son, de algún modo, amados por Dios. Si Dios quisiera odiar algo, no lo habría creado. Toda la realidad ha sido llamada a la existencia por un designio de amor de Dios. El perdón a todos ha sido la evidencia del amor, el cerrar los ojos a los pecados. La razón: “son tuyos”. No son realidades huérfanas; tiene a Dios por origen común, por Padre.

            Dios es, por ello, “amigo de la vida” (única vez que aparece este término en la Biblia: ϕιλοψυχε). Si ama esta vida no puede ir contra quienes son de esta vida, de esta historia. Un aliado de la vida humana, un “humano” con los humanos, aunque él no tenga la carne de los humanos, pero tiene sus anhelos, sus intereses, sus búsquedas, sus sueños, sus honduras. Y todo ello lo tiene a la manera como lo tiene un Dios, en los límites que no podemos concebir.

            De todo esto, dice Sabiduría, viene la gran lección: “así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano”. Dios ha sido “humano”, ha obrado con los enemigos seculares de Israel no como un Dios, sino como un humano de buen corazón, paciente, generoso, olvidadizo del perdón, concediendo segundas oportunidades. Por eso, la justicia sin humanidad se queda corta. Lo que da el sentido a la misma justicia es la humanidad. Por eso, el logro de un talante humano y humanizador es la base, el paso primero para llegar a ser como ese Dios que se ha encarnado en lo humano antes de que naciera Jesús. El ser mismo de Dios es una realidad encarnada, humana.

 

c) Ahondamiento

 

            * Ante todo, humanidad: Nuestra formación tradicional nos ha llevado a valorar sobre todo “lo espiritual” en detrimento de “lo humano”. Es una deformación porque lo espiritual se vierte en lo humano; ambas realidades van unidas. Y si uno se aparta de lo humano, se aparta del espíritu. Y si uno acentúa lo humano, acentúa la posibilidad de una vida con espíritu. Por eso, cuanto más humano, más espiritual y nunca al revés. Lo más básicamente humano es la carnalidad (seres humanos de carne y hueso), la sociabilidad (al relación), la individuación (la libertad). Estos elementos (carnalidad, relación, libertad) son el cimiento de la humanidad. Si eso se resquebraja, el edificio espiritual se tambalea. El respeto, la tolerancia y la estima han de ser las herramientas para construir este cimiento. Desde aquí se puede calibrar con estremecimiento el unirse de Dios al fondo de lo humano, si ser carne con nosotros, los abismos de su relación, su apuesta incondicional por la libertad.

            *Ser humanos desde la verdad, más que desde la coherencia: Quien es coherente tiene una herramienta magnífica para construir lo humano. Pero quien no lo es, también puede aspirar a la espiritualidad de lo humano siempre que viva desde la verdad. Lo humano es compatible con una cierta incoherencia, pero es más difícil que lo sea con la hipocresía y la mentira. Por eso, el Dios que es humano es “veraz”, se ofrece en su verdad de amor. Un Dios veraz da sentido a su humanidad. El cultivo de la veracidad, la “honradez con lo real” (Sobrino) es camino imprescindible para quien aspira a una espiritualidad de encarnación.

            * Nada de lo humano es ajeno a Dios: Se puede aplicar con toda razón a Dios aquel dicho de Publio Terencio: “Nada de lo humano me es ajeno”. Porque Dios ha hecho de lo humano su pasión, su búsqueda, su apuesta, por increíble que resulte. Ha hecho de nuestro éxito el suyo; de alguna manera “depende” de nosotros, no nosotros de él. Por eso se entiende aquella extraña y hermosa expresión de Etty Hillesum: hemos de ayudar a Dios (“Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones, pero no puedo asegurarte nada por anticipado. Sólo una cosa es para mí cada vez más evidente: que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a nosotros mismos”). Hemos de colaborar al sueño humano de Dios. Y el mejor modo es interesarse por lo humano, el mismo interés de Dios.

            * Expertas en humanidad: Así habríamos de ser, no tanto expertos en religión (así nos ve la gente). Expertos en superar situaciones de deshumanización, en reivindicar la humanidad que nos es propia. La humanidad como distintivo del creyente, no la religiosidad. En la humanidad de Jesús conocemos la humanidad de Dios, él es experto en humanidad. Al ser tan entrañablemente humano es radicalmente divino. El Dios que presentó y representó Jesús es un Dios que se hace presente, ante todo, en la humanidad, en lo humano de los seres humanos. Lo que más distingue al Dios de Jesús es su humanidad. De ese fondo humano habríamos de ser expertos.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            En una época como la medieval, poco propicia para hablar de la humanidad de Jesús (menos aún de la de Dios) Francisco ha enfocado y descubierto un camino nuevo de comprensión y de vivencia espiritual de la persona de Jesús en el descubrimiento de su humanidad. La conocida escena de Greccio, escena de pobreza y humildad, lo deja bien claro: pobre rey, pobre ciudad, niño inválido (LM 10,7). El camino de la humanidad pobre de Jesús que se mira con ternura y comprensión y que deriva hacia una benigna comprensión de la propia humanidad es una marca de la espiritualidad de Francisco y del franciscano/a.

 

e) Taller rápido

 

            Pon sobre la mesa un ejemplo de comportamiento humano ante situaciones equívocas de la vida.

 

2. Nacido de mujer

 

a) Frase guía

 

            “El feminismo no es lo contrario al machismo, sino que reclama igualdad de derechos. No puedo entender que una mujer en su ser político no se defina como feminista” (Lara Alcázar, del movimiento Femen).

 

            La igualdad de género es todavía una batalla que se está dando y, en muchos sectores sociales y geográficos todavía no ha comenzado o está en los inicios. Verse como fuera de ese campo de lucha puede ser una obcecación (no se quiere ver) y una injusticia (porque se perpetúan los patrones de superioridad y opresión). No se puede ser neutral.

            El feminismo político es, quizá, uno de los primeros pasos a dar para entendernos en régimen de igualdad de género. Cuando hablamos de “encarnación”, si lo hacemos desde parámetros no solamente religiosos sino también seculares, estamos hablando de cosas así. Plantear de manera ahondada el tema de la encarnación es acercarse a esta clase de problemas.

 

b) Texto bíblico: Gal 4,4-5

 

            “Pero cuando se cumplió el plazo envió Dios a su hijo, nacido de mujer, sometido a la Ley, para rescatar a los que estaban sometidos a la Ley, para que recibiéramos la condición de hijos”.

 

  • Para leer bien a Pablo es preciso “aislarlo” de la perspectiva evangélica, que es desde donde se le suele leer. Parece que Pablo no ha tenido acceso a ninguno de los evangelios o relatos similares. El nacimiento de Jesús es entendido como “nacimiento de mujer, bajo la ley, uno de tantos”. Ningún relato de milagros es consignado. La resurrección es comprendida como una experiencia espiritual, no física, en la que él mismo se incluye (1Cor 15,1-10). El mismo canto de Filp se puede entender no en los modos teístas de identificación-encarnación divina, sino como un retrato de Jesús en el cual Dios ha derramado su ser divino. Dice que es portador de “una tradición anterior”. Ésta no ha entrado aún en los moldes del teísmo. Luego, al principio, la comprensión de Jesús no estaba cargada de teísmo. Pero Pablo, al elaborar una espiritualidad de proximidad total de identificación entre Jesús y Dios, al proponer una experiencia espiritual de Dios de una intensidad única arriesgaba el abrir la puerta a un modo teísta de mirar el hecho histórico de Jesús.
  • El hecho de Jesús se da “cumplido el plazo”: Dios tiene un designio, el de que la humanidad camine hacia su plenitud. Este camino está jalonado de hechos históricos. El de Jesús es decisivo. Por eso mismo, el “envío” de Jesús no es como alguien que está afuera y viene de afuera, sino que hay que insertarlo en el proceso histórico: surge en la historia porque es historia, no viene de fuera sino del “adentro” del deseo salvador de Dios (ni ser irá luego fuera de esta historia).
  • Jesús queda definido en este paleocristianismo de Pablo como un “nacido de mujer”. Uno de tantos, que dirá luego. Un perteneciente al camino histórico. Rebajar la verdad humana de Jesús es, como dice González Faus, una de las herejías pertinaces de la iglesia católica, un monofisismo latente dicen. Se parte de la realidad de Dios y como se asegura que Jesús es Dios, tiene que ser un hombre especial, un no-hombre en realidad. La evidencia de que es nacido de mujer tierra por tierra todas estas teorías. Lo escandaloso no es la encarnación de Dios en jesús, sino que sea pobre, sin poder, nacido de mujer, tan débil e indefenso como todos los nacidos de mujer. Un Dios encarnado en la pobreza, no en el poder, ése es el problema.
  • La condición de hijos se recibe por el cauce encarnacional de un Jesús sin poder que habla de un Dios sin poder. Un Dios que se pone de rodillas ente el hombre, que reza al hombre, que hace propia su causa de humanización creciente. Decir que Jesús es nacido de mujer es el mejor antídoto contra cualquier dualismo teológico. Nacido de mujer, como todo el mundo.

 

c) Ahondamiento

 

            * El tema aún vidrioso de la mujer: Es cierto que se van dando pasos en la buena dirección (movidos muchas veces por la sociedad secular, no por la comunidad cristiana). Pero aún es un tema “vidrioso”, a nivel moral, a nivel sexual, a nivel económico, a nivel social y político. Tema sin solucionar, porque la solución no encaja en paradigmas de desigualdad de género, de práctica comunitaria que consagra el patriarcalismo, de situaciones sociales de poder. Encarnarse por la mujer lleva implícita la pregunta por la dignidad de lo que la mujer engendra. La encarnación es, en el fondo, un tema de dignidad (no tanto una cuestión dogmática). Por eso, las posiciones ante el “problema de la mujer” desvelan las verdaderas posiciones encarnacionales.

            * Origen común: El argumento que emplea Gálatas es sencillo: si el origen es común (la mujer), somos familia. Dios mismo es familia porque hace parte del origen común, nacido de mujer. La encarnación de Jesús desvela la realidad hermosa del origen común a Dios y a la persona, que no es otro sino el increíble amor del Padre que anima el proceso histórico. La fraternidad encarnacional habría de brotar de la percepción de este “origen común” (así ocurre en el caso de Francisco LM 8).

            * Carne, psicología, espiritualidad: Son elementos que es preciso aplicar a la realidad de Jesús directamente. No solamente la primera (porque no hay más remedio), sino también la segunda (con todas las tendencias y avatares de la psicología humana) e, incluso, la tercera (una espiritualidad concreta con todas sus consecuencias, incluso las erróneas). Si algo tenemos claro de qué es Jesús es su humanidad por haber nacido de mujer. El resto entra en el terreno de la elucubración (en el sentido más positivo que se quiera).

            * El tema de María: Un asunto que si se repiensa la encarnación, es preciso repensar igualmente y en la misma de la encarnación humanizadora. Por lo tanto, se impone una limpieza de campo enorme, tanto en el plano devocional, cultural como teológico. Si no, la “desencarnación” de María está asegurada. ¿Mejoraría la valoración de María desde un lado encarnacional como el Jesús? Creemos que sí.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            Dice 2C 198: “Rodeaba de amor indecible a la Madre de Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad. Le tributaba peculiares alabanzas (cf. SalVM y OfP ant), le multiplicaba oraciones, le ofrecía afectos, tantos y tales como no puede expresar lengua humana”. El amor proviene por hermanarnos con Jesús, por “atraparlo a él en el camino encarnacional humano. De ahí brotaba su valoración, su devoción, no de “prerrogativas marianas”.

 

e) Taller rápido

 

            Cuenta una experiencia gratificante de trabajo con mujeres empobrecidas.

 

3. Leer la realidad social desde la humanidad

 

a) Frase guía

 

            “Lo que Jesús dejó claro es que a Dios lo encontramos primordialmente y ante todo, no por el camino de la ‘perfección’, ni por el de la ‘santificación’, ni tampoco por el de la ‘espiritualización’, sino sobre todo por el camino de la ‘humanización’” (J.M.Castillo).

 

            El camino de la perfección era el techo: “sed perfectos…”, aunque eso no lograba absorber nuestra evidente debilidad (propósitos que nunca se cumplían). El camino de la santificación era un tópico (verdadero por ello) que se alejaba realmente de nuestros caminos concreto. El camino de la espiritualización ha engendrado muchos equívocos de los que nos vamos desembarazando poco a poco. ¿El camino de la humanización no daría mejores resultados? ¿No han sido nuestros mejores benefactores las personas que se han comportado con nosotros con humanidad? ¿No esperan los frágiles nuestra aportación humanitaria?

 

b) Texto bíblico: Mc 6,34

 

            “Al desembarcar vio una gran multitud; se conmovió, porque estaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles con calma”.

 

  • Es el relato que antecede a la multiplicación de los panes en Mc. “Vio una gran multitud”. ¿Cómo leer la realidad de una multitud deseosa de algo que le saque de la postración? ¿Cómo mirar en esa dirección? ¿Cómo se va a ser benigno si no se mira, si no se está en el mismo escenario, en el mismo marco geográfico, en la misma calle, en la misma lucha?
  • Es necesaria una conmoción ante el hecho social. Imposible que haya comportamiento humano sin conmoción, sin que algo por dentro se mueva. Leer el hecho social desde posiciones frías, alejadas, meramente analíticas impide el funcionamiento del parámetro de humanidad paras valorar una situación social.
  • Estaban como ovejas sin pastor: Jesús palpa el desamparo de la multitud desde su propio desamparo: él es también, encarnado, una especie de “oveja sin pastor”, un aherrojado a la historia sin otro amparo decisivo que el que le pueda dar el mismo Dios. Leer la realidad desde una afectación personal es la mejor manera de leerla.
  • Se puso a enseñarles con calma: Es la actitud de quien lee el hecho social de la humanidad. Para éste, el tiempo no cuenta, la dedicación es total, la persona débil merece un espacio que la sociedad mercantilista no le concede. Es la calma de quien es humano, de quien es hermano.

 

c) Ahondamiento

 

            * Las preocupaciones de Jesús: Desde estas preocupaciones lee Jesús la realidad: su cuidado por la vida en nuestra condición carnal humana; su insistencia en mejorar las relaciones humanas, es decir, las relaciones de alteridad con los otros; su respeto, tolerancia y estima hacia todos en la aceptación de la libertad de cada cual. Una lectura de la realidad desde estas perspectivas solamente puede hacerse desde una total encarnación en el fondo de lo humano.

            * Benignidad crítica: Este puede ser el gran principio de lectura creyente de la realidad (y franciscana): ser benigno y ser crítico. La benignidad lleva a situarse en la sociedad en el lado del amparo, del acompañamiento, de la solidaridad, de la condolencia, del no juicio. El componente crítico lleva al discernimiento, a la no connivencia con el sistema opresor e, incluso, a la denuncia. La mezcla de ambos elementos abre el camino a una verdadera encarnación en el hecho social.

            * Piensa bien y acertarás: Al contrario de lo que corrientemente se suele decir (piensa mal y acertarás). Pensar y actuar desde la bondad es camino preferible a cualquier otro para hacer una lectura humana y cristiana del hecho social. Esto presupone una verdadera encarnación con nuestra propia historia, personal y social, desde la más elemental pertenencia al hecho humano. Si esta encarnación básica no se da, el pensar y actuar bien no brota.

            * Ser humanos en los conflictos: Porque el conflicto acompaña el devenir humano y fraterno. Elaborar conflictos con humanidad (no tanto el solucionarlos, cosa que con frecuencia no está en nuestra mano) es un acto encarnacional porque trabaja el componente ineludible del conflicto para hacer de él un trampolín que nos lleve a una mayor fraternidad, una mayor solidaridad, una encarnación de más calidad.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            La Carta a un Ministro es una manera clara de percibir a Francisco aplicando la benignidad crítica: “Y en esto quiero conocer si tú amas al Señor y a mí, siervo suyo y tuyo, si hicieras esto, a saber, que no haya hermano alguno en el mundo que haya pecado todo cuanto haya podido pecar, que, después que haya visto tus ojos, no se marche jamás sin tu misericordia, si pide misericordia. Y si él no pidiera misericordia, que tú le preguntes si quiere misericordia. Y si mil veces pecara después delante de tus ojos, ámalo más que a mí para esto, para que lo atraigas al Señor; y ten siempre misericordia de tales hermanos”. Benignidad que trasluce en la mirada; amor para proponer un cambio.

 

d) Taller rápido

 

            ¿Observas que en tu comunidad se elaboran los conflictos con humanidad?

 

 

 

Taller de cine: TIERRA DE ÁNGELES

 

  •  
    • La comunidad: personas que siguen a Jesús en grupo
    • Subraya aspecto encarnacional del filme
    • Cómo hacer del mundo una “tierra de ángeles”

 

III. ENCARNACIÓN

 

1. Qué no es

 

a) Frase guía

 

            “Jesús es la puerta de entrada a lo sagrado para aquellos de nosotros que tuvimos el privilegio de conocer su nombre, pero habrá otras puertas para otras personas” (J.S.Spong).

 

            No se puede entender la encarnación de Jesús en modos galácticos (un Jesús que viene del cielo) ni en maneras exclusivistas (solamente por él se hace presente la divinidad en la historia). Él pertenece a la vida y en él se hace visible el modo de ser de Dios; pero no viene de ningún lado ni excluye otras manifestaciones de la manera solidaria (encarnada) de Dios con la historia. Todas esas maneras confluyen en la verdad de que Dios es el fundamento del Ser, que ha soldado su suerte a la nuestra.

 

b) Texto bíblico: 1 Jn 4,2-3

 

            “Esta es la señal de la inspiración de Dios: toda inspiración que confiesa que Jesús es el mesías venido en carne mortal, procede de Dios; y toda inspiración que no confiesa a ese Jesús venido en carne mortal no procede de Dios”.

 

  • La 1 Jn tiene un problema comunitario: un grupo notable e influyente se ha ido de la comunidad porque dice que el camino de la historia pobre no es válido para el encuentro con Dios. Hay que usar otros caminos más sublimes, más “místicos”. Pero despreciar la historia pobre es depreciar a Jesús “en carne mortal”, su historia pobre. Y alejarse de la historia pobre de Jesús como ámbito de revelación deja inútil al proyecto cristiano.
  • Por eso, el gran problema de este texto es la “carne mortal”, si la historia es ámbito o no de revelación. Este problema de un gnosticismo religioso que olvida la historia es recurrente en el caminar de las religiones.
  • El autor, evidentemente, reafirma la carnalidad de Jesús (y la nuestra) con sus consecuencias (la solidaridad con “las carnes” débiles de los otros, cosa que olvidan esos que se han marchado de la comunidad). La carnalidad, la encarnación en lo pobre, es medida de la inspiración y certeza de que se “procede de Dios”, de que se está en el camino de una perspectiva correcta de la experiencia cristiana.

 

c) Ahondamiento

 

            Necesitamos una perspectiva nueva sobre la encarnación:

 

1)      Lo primero que es preciso constatar es que un esquema teísta de la encarnación necesita un mecanismo de entrada (nacimiento virginal) y un mecanismo de salida (ascensión). Esos dos mecanismos no están en los inicios de la comprensión de la experiencia cristiana (fuente Q, Mc, Pablo).

2)      El mecanismo de entrada ignora el papel de la mujer en la fecundación; si lo hubiera conocido, habría entendido que un nacimiento en la historia, por virginal que se quiera, tiene un 50% de aportación femenina, lo que daría origen a una extraña criatura. Resulta inviable. De no ser que se acepte que Dios, entendido teísticamente, intervino milagrosamente y realizó un acto que rompe todos los límites de nuestro conocimiento sobre las funciones reproductivas del universo.

3)      Por su parte, el mecanismo de salida, se hace inviable en la actual comprensión del universo (millones de galaxias, agujeros negros, etc…). Una salida así llevaría a la orbitación o a caer en la desolación del espacio infinito. Se impone también aquí una relectura del imaginario, aún vigente.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            "Él que siendo rico por encima de todos, quiso en el mundo, con la santísima Virgen su madre, elegir la pobreza" (2CtaF 5).

 

            Según Francisco, Jesús “quiso elegir” la pobreza. Algunos traducen “quiso abrazar” la pobreza. Es una opción que se le ha impuesto: nació pobre, de María (ambiente social) pobre. Pudo rechazar, huir, maldecir de la pobreza. Pero él se abrazó a ella justamente para hacer una obra de liberación, para vencer a la pobreza en el combate cuerpo a cuerpo. Luchador contra la pobreza porque la conocía bien, porque la experimentaba en él mismo.

 

e) Taller rápido

 

            Encarnaciones que, a tu juicio, no lo son.

 

2. Qué es

 

a) Frase guía

 

            “Dios está más allá de Jesús, pero Jesús participó de la existencia de Dios y es mi camino para Dios” (J.S.Spong).

 

            Si funcionamos en modos esencialistas no hay nada que decir: jesús es Dios y punto. Si funcionamos en modos más amplios, Dios es la fuente del Ser, Jesús nos lo ha hecho ver porque ha participado en modo diáfano de esa Fuente del Ser y por eso, para nosotros, el camino de Jesús (su manera de pensar y sus estilos de vida) nos hacen conectar con Dios, colman nuestro anhelo de trascendencia.

 

b) Texto bíblico: Filp 2,6-11

 

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
 

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
 

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
 

 

  • Es el famoso y conocido cántico de Filipenses. Generalmente se lo lee de una manera especialista (teísta): Cristo, como era Dios, estaba en el cielo, bajó de allí, vivió pobremente (anonadado) durante equis años, no salvó y volvió de nuevo a su lugar (a la derecha del Padre). Esta manera de entenderlo tiene muchas pegas: la mayor de todas que no se llega a tomar en serio la encarnación: un paso, unos años, un tránsito, no era realmente lo suyo (lo suyo era ser Dios). Y si no se toma totalmente en serio la encarnación, la humanización, ¿dónde queda lo de Jesús? ¿Y dónde queda la increíble apuesta de Dios por lo nuestro?
  • Había otra manera: Jesús pertenece a la historia, viene a ella como venimos nosotros. Pero su comportamiento humano (con la gracia enorme del amor del padre) llega a desvelar cómo es Dios. Y eso lo hace anonadándose, para demostrar que el Dios que se une a la existencia humana es un Dios menor, que no le asusta la pobreza, que se mezcla a ella. Hecho este trabajo histórico, vuelve al fondo de la vida (“vendremos a él” Jn 14,23) para seguir animando la historia humana, para seguir iluminando las zonas oscuras de la existencia, para colaborar a la liberación de la persona, para engendrar el nuevo horizonte, la nueva sociedad, la nueva relación, el reino de Dios. ¿Es esta manera de ver menos espiritual que la anterior?

 

c) Ahondamiento

 

            Veamos si estos puntos nos ayudan a ir cociendo una nueva visión de la encarnación:

 

1)      El reto está en emplear términos más adecuados al hoy manteniendo la experiencia de Dios que Jesús es para nosotros, la puerta que nos abre el misterio, la certeza paulina de que Dios estaba en Cristo. Quizá para ello se requiere una experiencia viva de Jesús (no una experiencia meramente dogmática, catequética). Una experiencia dogmática busca soluciones dogmáticas; una vital, plantea soluciones vitales.

2)      Esa experiencia vital puede ser descrita con alguno de estos rasgos: un Jesús que vibra por el reino, por la nueva sociedad, por la nueva relación; un Jesús que deja sin sentido no solamente las fronteras tribales, sino la frontera entre lo puro y lo impuro, entre lo humano y lo divino; un Jesús que, proponiendo como tipo del reino al samaritano, apela a la “conmoción” ante las pobrezas como detonante de la pertenencia a la nueva humanidad; un Jesús que derriba todo prejuicio, haciendo ver que la verdadera vocación humana (no hay más que esa en sentido estricto) es vivir con y para el otro; un Jesús que es camino hacia una humanidad más plena, llevándonos por ella al misterio de un Dios más pleno; un Jesús que al dar la vida muestra que el donador nunca queda disminuido en la entrega; un ser humano de los que han tenido la capacidad de amar activada a unos niveles que nos superan. Al ver una vida que ama tanto decimos: “Dios está presente en esa vida”. Desde ahí se puede entender que la vida humana no necesita rescate. Lo que sí necesitamos es , más bien, una vida tan abierta, tan libre, tan plena y tan llena de amor que, al experimentarla, seamos llamados a la realidad del amor…A ese amor lo llamo Dios. Lo veo en Jesús de Nazaret y me siento llamado a una nueva forma de ser, una humanidad sin fronteras, y me siento pleno en su presencia. Así estaba Dios en Cristo. Por lo tanto, Jesús revela la fuente del amor y después nos llama a entrar en ella.

3)      Hemos llegado así a una nueva manera de hablar de Cristo: percibimos al Fundamento del Ser a través de él; experimentamos la cualidad incondicional del amor a través de él; es el canal a través del cual se recibe el mensaje de Dios a la vida, por eso es su “palabra”.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            “Yo soy necesitado y pobre, ayúdame, oh Dios”. Esta frase es del Sal 39, pero Francisco la pone en boca de Jesús en OfP 8,6. Esta visión de la pobreza encarnacional de Jesús no le ha producido a Francisco un rechazo que le habría llevado al abandono del amor a Jesús o a su encumbramiento (como hace el mecanismo religioso). No, lo ha apreciado, amado, seguido y anhelo así como era, pobre y gusano (palabra que le recordaba mucho el anonadamiento, la kénosis, de Jesús).

 

e) Taller

 

            Encarnaciones que, a tu juicio, lo son.

 

3. Encarnación social

 

a) Frase guía

 

            “Podemos hacer todas las obras sociales que queramos, y dirán: ’Pero qué buena la Iglesia, qué buena la obra social que hace la Iglesia’ Pero si decimos que hacemos esto porque aquellas personas son la carne de Cristo, viene el escándalo. Y esa es la verdad, esa es la revelación de Jesús: esa presencia de Jesús encarnado” (Papa Francisco).

 

            La persona débil no solamente es la carne de Cristo, es la carne del mismo Dios. Pero no habría que hacer la obra social porque es carne de Dios sino, simplemente, porque es carne. La mejor solidaridad es, según Mt 25, la que se hace sin darse cuenta de que se está haciendo (“¿cuándo te vimos con hambre…?”). Poner una finalidad religiosa a la solidaridad es siempre un peligro.

 

b) Texto bíblico: 1 Pe 3,13-18

 

“¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?  Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois.  Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones,  y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu”.

 

  • La 1 Pe es un texto escrito a inmigrantes creyentes que sienten grandes dificultades para vivir su fe en tierra extranjera. Les viene a decir, en general, que en la comunidad cristiana tienen una patria con cuya ayuda subsistir en la vida y en la fe.
  • Sorprende que, ante la dificultad, para vivir en tierra extranjera, la carta no proponga un repliegue en la comunidad buscando en esta un consuelo y apoyo pero cerrándose al ambiente hostil que le rodea. No, muy al contrario, anima a los creyentes a mantenerse en actitud de apertura al medio social aunque éste no llegue a entenderle del todo. Como primera norma les dice que se den con empeño a lo bueno. La amargura de la emigración no debe anular el planteamiento evangélico básico de hacer el bien.
  • El sufrimiento que, indefectiblemente, conlleva la multiculturalidad ha de sobrellevarse con buen ánimo. El miedo ha de ser vencido amparado en la promesa de Jesús que anima a no tener miedo.
  • Se ha de dar razón de la esperanza no contra la sociedad en la que viven sino dentro de esa sociedad, aceptando estar encarnado en ella como ciudadanos que cumplen sus obligaciones. La tolerancia y el respeto son los “buenos modos” con los que hay que hacer todo este trabajo de encarnación social. 
  • La razón para arrostrar las dificultades de la encarnación social es el mismo Jesús quien también las tuvo que encajar. Esta ha de ser la fuente real de cualquier tipo de encarnación.

 

c) Ahondamiento

 

            * Dios en los procesos históricos: Habría que intentar mejorar nuestro imaginario religioso que siente y piensa a Dios fuera de los procesos históricos, en el más allá. Cómo pensar un “cielo” metido en el fondo de la vida, mezclado a él porque ahí está justamente la realidad del Padre que acompaña a la historia. Cómo sentir a Dios vecino nuestro, participante en nuestra vida, actuante en medio de la aldea. Y no se trata de colocarlo como centro, sino como dinamizador de nuestros procesos históricos. Es su gran obra.

            * Dios en la sociedad secular: Porque parece que Dios es echado de esta sociedad, que no se quiere que cuente en ella, porque se piensa que un mundo sin religiones sería un mundo más feliz. Quizá el problema no esté inicialmente en Dios, sino en la religión. Pero si se la pone a esta en su sitio, el anhelo de Dios está muy vivo en multitud de personas, aunque sea en lenguajes que no entendemos bien.

            * Dios en los sueños sociales: Aunque esos sueños no tenga rostro ni formulación religiosa. Dios en la erradicación de la pobreza, en el acceso al agua, en la globalización de la enseñanza, en la igualdad de género, en la justicia internacional, en la abolición de la pena de muerte, etc. Esos grandes sueños incumplidos son también los sueños de Dios, los sueños del reino.

            * Dios en los colectivos débiles: Porque es ahí sobre todo donde Dios ha puesto su morada: los desplazados, los despojados, los humillados, los explotados, los violados, los ninguneados por el sistema, los frágiles en todos los sentidos, los olvidados y no reclamados, los grandemente en soledad. Percibir a Dios que está ahí es posible solamente con una fuerte visión encarnacional social de Dios.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            Pedir a san Francisco una gran encarnación social podría ser excesivo. Pero, en algunas cosas, la tiene mucho más que nosotros, quizá. Por ejemplo, en el tema de la paz. Él no ha rezado por la paz (o, al menos, no tenemos oraciones de él por la paz ya que la hermosa y “franciscana” Oración por la paz, Señor, haz de mí un instrumento de tu paz, no es suya) pero ha intervenido en procesos sociales de pacificación: Bolonia, Arezzo, Gubbio, Asís. Hombre de paz, hombre encarnado socialmente.

 

e) Taller rápido

 

            ¿Por qué cuesta tanto a los franciscanos/as integrarse de alguna manera en los trabajos de justicia y Paz?

 

Taller de cine: DE DIOSES Y HOMBRES

 

  •  
    • La encarnación en la tierra que Dios te da
    • Escena de encarnación en la película
    • Cómo encarnarse en una sociedad que nos cuesta amar

 

IV. NUESTRAS ENCARNACIONES

 

1. Espiritualidad con carne

 

a) Frase guía

 

            “Nunca occidente se alejó tanto del espíritu, y solo es paradójico en apariencia, como cuando abandonó el cuerpo” (A. Fermet).

 

            Efectivamente, algo nos ha hecho creer que los trabajos espirituales conllevaban la exigencia de alejarnos de la corporalidad. Por eso se ha estigmatizado tanto todo lo relativo a ella. Pero, en realidad, es a través del “abrazo” a esa corporalidad donde habría que haber encontrado la espiritualidad. Esta encarnación espiritual es lo que perseguimos como cambio de óptica.

 

b) Texto bíblico: Jn 15,26-27

 

            “Cuando llegue el valedor que yo voy a mandaros recibiéndolo del Padre, el espíritu de la verdad que procede del Padre, él dará testimonio en mi favor. Pero también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo”.

 

  • El testimonio tiene detrás al Espíritu. Es decir, Dios está presente en los procesos históricos y creemos que es el verdadero motor de la evolución histórica. Nosotros no creemos en el simple azar, sino que a esa fuerza que moviliza la historia le damos el nombre y el contenido del amor del Padre, de la fuerza del Espíritu, lo más vivo de Dios.
  • Esa fuerza va a dar testimonio en favor de Jesús. Es decir, va a confirmar que Jesús, por pobre que fuera, era el rostro vivo de Dios y que por él tenemos acceso a nuestro anhelo de conexión con Dios. Para el seguidor/a Jesús es el verdadero camino de acceso al Dios que anida en la historia, al fundamento del ser.
  • Pero ese testimonio del espíritu cobra un rostro histórico, una verdadera encarnación (tan potente y verdadera como la de Jesús) en la obra del creyente. Por esa obra se “ve” que Dios nos acompaña y se da fe del valor del testimonio de Jesús. Si esa obra del creyente falla, si la encarnación cristiana falla, se retrasan los procesos históricos no se sabe hasta cuándo, quizá hasta la imposibilidad.

 

c) Ahondamiento

 

            * El tiempo del reino: A este asunto de la encarnación en el hoy subyace el tema del tiempo. El tiempo cronológico es mecánico, inmanipulable (el día tiene 24 horas y no más). Pero el tiempo del reino es manipulable: se puede acercar o retrasar según sea el tipo de vida del seguidor/a, según se apunte a la justicia o a la injusticia. Cuanto más justo, más cerca el día del reino; cuanto más injusto, más lejos el día del reino.

            * El testimonio de una vida encarnada: Que no es otro que la preocupación por dejar un mundo mejor que el que encontramos cuando nos toque salir de esta etapa histórica que vivimos. Si el entorno en que se ha desarrollado nuestra vida no ha mejorado nada en humanidad, si todo sigue igual o peor, la encarnación se ha frustrado. Si ha mejorado, aunque fuere un poco, hemos tenido éxito porque el éxito no está en la salvación, sino en logro de una historia más humana.

            * Humildad esencial: Absolutamente necesaria para esta encarnación histórica. Eso quiere decir que la gran preocupación no ha de ser el hacer grandes obras encarnaciones, de testimonio cristiano, de misión, sino sobre todo tener la certeza de que la encarnación histórica avanza en lo humilde, en lo sencillo, en lo irrelevante, pero que la modestia de ese avance es la garantía de su verdad.

            * La encarnación hoy: En nuestro imaginario, y cuando hablamos de la encarnación, hemos de cambiar la perspectiva: lo importante no es aquella encarnación de Jesús que la fe venera y celebra. Lo importantes es ver si, por aquella encarnación, nuestras encarnaciones de hoy van tomando cuerpo. La encarnación de hoy es la gran preocupación de esta espiritualidad.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            Cuentan las biografías de san Francisco que, cuando en la misa de san Matías escuchó el evangelio de la misión exclamó: «Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica» (1 C 22). Esta lectura “literal” del Evangelio es una lectura encarnacional: Francisco pone en práctica el Evangelio tal como lo entiende, en directo. Precisamente ahí halla su fuerza, no en la literalidad, sino en la inmediatez. Encarnación total.

 

e) Taller rápido

 

            Nombra a alguna persona que, en tu opinión, vivan una espiritualidad con “carne”.

 

2. Carisma con carne

 

a) Frase guía

 

            “Los carismas se viven en la medida en que se recrean” (Vita Consecrata)

 

            Es decir, hay que poner también carne a los carismas. Estos no tienen vida meramente por el funcionamiento de la estructura, sino sobre todo por el afán que los miembros de la comunidad hacen, cada uno en supuesto, por recrear el carisma. Si no, aunque la estructura continúe, el carisma agoniza.

 

c) Texto bíblico: Lc 9,28-36

 

            Unos ocho días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y Santiago y los llevó al monte a orar. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente. Dos hombres, de improviso, se pusieron a hablar con él. Eran Moisés y Elías, que aparecieron con un resplandor glorioso y hablaban con él de su muerte, que iba a tener lugar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero lograron mantenerse despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando éstos se alejaban de Jesús, Pedro dijo: "Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". No sabía lo que decía. Mientras hablaba estas cosas se formó una nube y los ocultó. Al entrar ellos en la nube, se atemorizaron. Y salió una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo, el Amado, escuchadle. Cuando sonó la voz, se quedó Jesús solo. Ellos guardaron silencio, y a nadie dijeron por entonces nada de lo que habían visto.

 

  • Normalmente se explica la transfiguración (término que no aparece en Lucas) como algo que viene “de fuera”: una luz “celestial” que ilumina al Jesús del Tabor. Tratemos de leerlo como una luz que brota desde dentro. La carne de Jesús como carne iluminada, recreada (en textos como la oración del huerto será el colmo de una carne tentada).
  • Pedro Juan y Santiago, aunque adheridos a Jesús, son el grupo más conservador, representantes de la dificultad para percibir el funcionamiento de los mecanismos del Reino. Por eso se les va a mostrar a ellos el sentido de la entrega de Jesús (son imagen de nuestras mismas imposibilidades para situarnos en parámetros evangélicos). La “oscuridad” que conlleva el ser carne.
  • La oración de Jesús es por pura necesidad: él necesita encontrar sentido a su camino creyente y utiliza un método conocido: la oración. Una oración buscada desde la necesidad de luz, de recrear día a día su camino hace el padre, de construir la encarnación (es una realidad que se construye).
  • No hay “transfiguración” en Lc. Es un “cambio de aspecto”, la percepción de quien ve a una persona con ánimo dentro cuando antes lo veía con desolación. La subida se hizo en el anhelo, la búsqueda y una cierta desolación. Y ahora, una luz se abre paso desde dentro y cambia su rostro y hasta su ropa cobra un nuevo brillo, una hermosura.
  • Moisés y Elías son los principales representantes de la Escritura, la Ley y la Profecía. La oración, la búsqueda de sentido se hace en diálogo con la Palabra. La Palabra como herramienta para construir la encarnación.
  • El tema de conversación, de la búsqueda de luz es “el éxodo que iba a completar en Jerusalén”, el sentido de su muerte, el valor de una entrega al límite, la luz que esconde la amargura de una muerte intuida.
  • La modorra de los discípulos es imagen de su dificultad, de su lejanía, del poco socorro que pueden prestar a la búsqueda de Jesús. Pero, aun así, ven “la gloria” de Jesús, le verdad del sentido de la entrega de Jesús y la confirmación de los dos que estaban con él.  Ellos reciben los destellos de esa iluminación, aunque se empeñen en negarlos luego. El trabajo enorme por hacer un camino encarnacional.
  • La intentona de hacer “tres chozas” no ha de interpretarse en clave contemplativa (ése no es el problema) sino histórica: quiere frenar el camino a Jerusalén, no le ven sentido a un éxodo que termina en muerte. La propuesta es tan pintoresca que el autor lo excusa diciendo: “No sabía lo que decía” (como en Lc 23,34 “no saben lo que están haciendo”). Todos los frenos que ponemos al hecho encarnacional.
  • La “nube”, la gloria, tiene que venir en confirmación de lo visto. Y lo hace con expresiones de los cantos del siervo: “Mi elegido, mi predilecto” (Is 44,2). Es decir: Dios confirma la opción de Jesús, la de la entrega hasta el fin; ése es el camino que Dios marca, que hay que “escuchar”. De ahí puede venir la luz a creyente, como le ha venido a Jesús. La encarnación en lo pobre como instancia de luz.
  • Jesús se queda “sólo”. Es decir, una vida iluminada no deja sin efecto el esfuerzo del camino histórico por construir una vida entregada.
  • El discipulado “no cuenta a nadie lo que ha visto” porque la iluminación, el sentido, no puede ser aún acogido en su planteamiento vital. Son necesarias más mediaciones.

 

c) Ahondamiento

 

            * La encarnación en Mª de la Pasión: Por lo que pone en vuestra web este tema espiritual de la encarnación lo ha vehiculado vuestra fundadora en la contemplación de María como madre de Jesús. Es más un tema “mariano” que cristológico en sí. Pero lo hace con mucha hondura, con pasión incluso. Eso sí, su imaginario está inscrito, como es normal, en el marco del teísmo imperante en la época. ¿Habría pensado y escrito lo mismo en esta época secular nuestra? ¿Puede una FMM situarse ahí o ha de dar un paso más hacia otro paradigma teológico y vivencial?

            * Vuestra indudable encarnación: La que hacéis en la misión. Esa es vuestra encarnación “en primer acto” (como los teólogos de primer acto, los que viven aunque no escriban). Esa encarnación es la que habría que mantener a toda costa. Pero quizá una encarnación “en segundo acto” reflexiva, en una dirección de componente más histórico podría seos útil. De hecho, en las entrevistas que se dan en la web, los modos de misión son realmente de componente encarnacional histórico.

            * La encarnación en el lado débil: Ese es un denominador común de vuestra acción misionera. Mientras esto se dé, la encarnación real, la de la vida, irá por buen camino. El resto puede venir después. Por lo tanto hay que estar vigilante para no ser tentadas por encarnaciones potentes, que lleguen a muchos, que demanden muchos medios porque así se llega a más gente. El tema no es la eficacia traducida en cifras, sino la mística con la que se hacen las cosas.

            * Encarnación universal: Es otra nota a mantener a pesar de los tiempos de cambio y reducción que nos han tocado. Esto habría que mantenerlo incluso en nuestros países occidentales tan marcados por esta situación. La tentación de un mero repliegue habría de ser encarada con fuerza.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            La carne de Francisco ha acogido hasta físicamente al crucificado. Es el tema de las llagas que el franciscanismo lo ha tratado siempre con un cierto enojo. Pero hay que unir la carne llagada a la carne que ama. En la película Francesco de L. Cavani dice Clara cuando los primeros compañeros le preguntan qué piensa ella de las llagas de Francisco: “Yo las cuidé sin hacer preguntas. El amor hizo su cuerpo igual que el del amado. Me pregunto si yo seré capaz de amar tanto”.

 

e) Taller rápido

 

            ¿Corre peligro vuestra universalidad en estos momentos de reducción?

 

3. Encarnación política

 

a) Frase guía

 

"No logro entender qué Biblia leen quienes dicen que no hay que mezclar religión y política" (Desmond Tutu).

 

Es una frase tópica, pero viene a cuento. La lejanía del tema político de quienes leemos, apreciamos, la Palabra es proverbial, aunque, en realidad, el sistema católico (en sus múltiples variantes) siempre ha hecho política, generalmente de índole conservadora. Se trataría de hacer obra de encarnación política en la línea del Evangelio, es decir, en interés mayoritario de los débiles. Eso es posible en muchas maneras, siempre anide dentro el afán por la justicia.

 

 

b) Texto bíblico: Lc 20,20-2

 

“Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en alguna palabra, para entregarle al poder y autoridad del gobernador. Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad. ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no? Mas él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?  Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César. Entonces les dijo: Pues devolved al César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que maravillados de su respuesta, callaron”.  

 

  • Este episodio que se llama del tributo al Cesar se ha leído normalmente (hasta tópicamente) como lo que hay que dar a cada uno de los poderes, a Dios (a la Iglesia) lo de Dios, al César (al poder civil) lo del César. Obvia de decir que una lectura así resulta inaceptable desde el punto de vista evangélico porque Jesús es uno sin poder, un humilde. Y hasta el Dios que él ofrece es un Dios sin poder. De manera que no hay caso.
  • La clave está en ese “devolved” del v.25: la trampa de lo político, de ver si te alías con el poder fáctico o no, Jesús la resuelve en parámetros de libertad: habría que ser ciudadano libre (una ciudadanía libre). Pero eso conlleva el devolver al poder sus prebendas que llevan dentro la factura de la opresión y del servilismo. El devolver te deja a la intemperie, pero libre; el no devolver te pone al amparo del sistema, pero esclavo. Por lo tanto, la encarnación política tendrá que ver con la libertad, la intemperie y la fraternidad que hace de amparo.

 

c) Ahondamiento

 

            * Alejamiento del sistema: Hay personas religiosas que dicen que no hacen política. La hacen y generalmente de parte del sistema establecido (casi siempre de componente conservador). La encarnación política no exige no hacer política; lo que demanda es hacerla desde el lado y a beneficio exclusivo de los débiles. Para ello habrá que situarse lejos de los sistemas establecidos, aunque eso merme la cuantía que se dispone incluso para la ayuda social. Pero, evangélicamente hablando, más vale que nuestra colaboración a la mejora social sea humilde que potente teniendo que hacer la reverencia al poder con lo que eso conlleva. La encarnación política desde el Evangelio es un modo peculiar de hacer política, el mismo que hizo Jesús: trabajar con medios humildes para que el día del fin de las desventuras de los pobres venga cuanto antes.

            * Amistad cívica: Quizá sea un modo básicamente evangélico de hacer política. La amistad cívica la define así Adela Cortina: “La amistad cívica no consiste en que los ciudadanos se vayan de tapas, porque éstas son cosas que se hacen con los amigos corrientes, con ésos a los que, según el diccionario, se tiene afecto personal desinteresado que se fortalece con el trato. La amistad cívica sería más bien la de los ciudadanos de un Estado que, por pertenecer a él, saben que han de perseguir metas comunes y por eso existe ya un vínculo que les une y les lleva a intentar alcanzar esos objetivos, siempre que se respeten las diferencias legítimas y no haya agravios comparativos”. Esto habría que comenzar a ponerlo en práctica en las mismas comunidades religiosas, necesitadas de esta flexibilidad.

            * Sentido de ciudadanía: Algo imprescindible para la encarnación política: creerse ciudadano e implicarse algo en la ciudadanía. No vivir de espaldas a la ciudad de la que hago parte. Eso no es solamente votar cada cuatro años (algunos, ni eso), sino preocuparse realmente por el devenir humano de mi ciudad y tener algún tipo de implicación social tangible que ayude a mejorar el nivel relacional de esa ciudad. Esto no se ha llevado a la espiritualidad común, pero si hablamos realmente de encarnación estamos hablando de cosas como estas. De lo contrario, todo se esfuma.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            Podrías pensarse que Francisco de Asís es un apolítico. Nada más lejos de la realidad. Pongamos como ejemplo la famosa bendición a la ciudad de Asís: “Al pasar junto al hospital, pidió a los que lo llevaban que dejaran la camilla en el suelo; y como, a consecuencia de la gravísima y larga enfermedad de los ojos, apenas podía ver, pidió que le giraran la camilla de suerte que quedara con el rostro vuelto a la ciudad de Asís. Enderezándose un poco, bendijo la ciudad, diciendo: «Señor, creo que esta ciudad fue en tiempos antiguos morada y refugio de hombres malos e injustos, mal vistos en todas estas provincias; pero veo que, por tu misericordia sobreabundante, cuando tú has querido, le has manifestado las riquezas de tu amor, para que ella sea estancia y habitación de quienes te conozcan, den gloria a tu nombre y difundan en todo el pueblo cristiano el perfume de una vida pura, de una doctrina ortodoxa y de una buena reputación. Te pido, por tanto, Señor Jesucristo, Padre de las misericordias, que no tengas en cuenta nuestra ingratitud, sino que recuerdes siempre la abundante misericordia que has mostrado en esta ciudad, para que ella sea siempre morada y estancia de quienes te conozcan y glorifiquen tu nombre bendito y glorioso en los siglos de los siglos. Amén». Acabada esta plegaria, le llevaron a Santa María de la Porciúncula”. Un hombre político que bendice a su ciudad porque siempre estuvo interesado por ella, aunque lo fuera desde sus propias opciones.

 

e) Taller rápido

 

            Por qué somos tan reacios a llevar asuntos políticos a la mesa de la comunidad.

 

Taller de cine: CÓMO MEJORAR EL MUNDO A TRAVÉS DE UN USO MÁS CONSCIENTE DEL DINERO

 

  •  
    • Subraya una idea
    • ¿Nos afecta algo esto?
    • Cómo dar algún paso personal e institucional

 

CONCLUSIÓN

 

         Tal vez todo este trabajo que hemos realizado no haya alcanzado su finalidad: valorar la espiritualidad de la encarnación desde un lado más histórico y convertirla así en un motor de más potencia que el que nos prestado la espiritualidad tradicional. Esa era la intención. Si no se ha logrado, tengamos paz. Y si se ha logrado, demos gracias al Padre que nos acompaña, a Jesús que nos abre los secretos del misterio y a la fraternidad que nos acompaña en la búsqueda.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Madrid, junio de 2013 

 

 

 

Retiro en el Tabor

Retiro en el Tabor, 8-6-2013

 

 

1

ÚNICA LUZ QUE ALUMBRA

 

Introducción:

 

         La lucha entre la luz y las tinieblas ha sido, desde siempre, un “topos” antropológico. Estamos necesitados de luz y nuestra vida se ve envuelta, con frecuencia, en densas tinieblas. El anhelo de la luz es uno de los más profundos deseos de la vida. Estamos hablando de luz interior.

         La luz interior no es algo que venga incluido en el pack del mero vivir. Es una “construcción”, un trabajo, un proceso, un camino que hay que andar. Todo ello para sortear el riesgo de vivir en oscuridad y lograr ir haciendo que la luz brote en el interior de la persona.

         Un interior luminoso se refleja en el rostro, se refleja en la vida; un interior oscuro oscurece el rostro y oscurece la vida. “Cabizbajo y sombrío como quien llora a su madre… Contemplado y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se ensombrecerá” afirma el Sal 34. El misterio de un interior luminoso.

         Estamos en un lugar donde Jesús buscó y encontró luz, una luz que tuvo sus vaivenes, pero que siempre estuvo ahí, unas veces radiante, otras, más oculta. Subió a esta montaña porque necesitaba esa luz. Su andar fatigoso remontando estas cuestas es el símbolo de su sed de luz. Vamos a anhelar, nosotros también, esa luz. Vamos a dárnosla unos a otros en la medida en que podamos. Vamos a intentar entrever en el lugar hermoso de este monte esa única luz que alumbra todo interior que no es otra que la del amor.

 

1. Única luz que alumbra

 

         Antes de acoger la Palabra, vamos a ponernos en buena disposición fijándonos en la “otra palabra”, la buena palabra de los buenos poetas. Tomamos unos versos de Eloy Sánchez Rosillo titulados “Única luz que alumbra (del poemario Antes del nombre, Ed. Tusquets, Barcelona p.115): 

 

Sólo has vivido de verdad si tuvo
mucho que ver con el amor tu vida.
Todo vino y se fue. Pero aún transcurren
los días en que amaste y fuiste amado.

 

* Si tuvo mucho que ver con el amor de tu vida: La vida de verdad va en relación con la densidad del amor vivido. Si el amor es flojo; la vida es floja. Si el amor es vibrante, la vida ha tenido sentido. Remitirse al amor es, sobre todo, remitirse a los anhelos más que a los fracasos. Éstos pueden ser desplazados por aquellos porque siempre hay posibilidades de amar.

* Aún transcurren los días en que amaste y fuiste amado: Porque esa es la “única luz que realmente alumbra” y cuya luz no se extingue con los años. “El amor no pasa nunca”, decía el viejo Pablo (1 Cor 13,8) y tenía razón. Esa luz perdura y, si se cultiva, se agranda con todos los riesgos y toda la hermosura del agrandarse. Y, desde ahí, puede construirse un interior luminoso: a más amor, más luz; a menos amor, más sombra.

 

2. La iluminación de la Palabra: Lc 9,28-36

 

         Unos ocho días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y Santiago y los llevó al monte a orar. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente. Dos hombres, de improviso, se pusieron a hablar con él. Eran Moisés y Elías, que aparecieron con un resplandor glorioso y hablaban con él de su muerte, que iba a tener lugar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero lograron mantenerse despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando éstos se alejaban de Jesús, Pedro dijo: "Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". No sabía lo que decía. Mientras hablaba estas cosas se formó una nube y los ocultó. Al entrar ellos en la nube, se atemorizaron. Y salió una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo, el Amado, escuchadle. Cuando sonó la voz, se quedó Jesús solo. Ellos guardaron silencio, y a nadie dijeron por entonces nada de lo que habían visto.

 

         Normalmente se explica la transfiguración (término que no aparece en Lucas) como algo que viene “de fuera”: una luz “celestial” que ilumina al Jesús del Tabor. Tratemos de leerlo como una luz que brota desde dentro.

  • Pedro Juan y Santiago, aunque adheridos a Jesús, son el grupo más conservador, representantes de la dificultad para percibir el funcionamiento de los mecanismos del Reino. Por eso se les va a mostrar a ellos el sentido de la entrega de Jesús (son imagen de nuestra mis imposibilidad para situarnos en parámetros evangélicos).
  • La oración de Jesús es por pura necesidad: él necesita encontrar sentido a su camino creyente y utiliza un método conocido: la oración. Una oración buscada desde la necesidad.
  • No hay “transfiguración” en Lc. Es un “cambio de aspecto”, la percepción de quien ve a una persona con ánimo dentro cuando antes lo veía con desolación. La subida se hizo en el anhelo, la búsqueda y una cierta desolación. Y ahora, una luz se abre paso desde dentro y cambia su rostro y hasta su ropa cobra un nuevo brillo, una hermosura.
  • Moisés y Elías son los principales representantes de la Escritura, la Ley y la Profecía. La oración, la búsqueda de sentido se hace en diálogo con la Palabra.
  • El tema de conversación, de la búsqueda de luz es “el éxodo que iba a completar en Jerusalén”, el sentido de su muerte, el valor de una entrega al límite, la luz que esconde la amargura de una muerte intuida.
  • La modorra de los discípulos es imagen de su dificultad, de su lejanía, del poco socorro que pueden prestar a la búsqueda de Jesús. Pero, aun así, ven “la gloria” de Jesús, le verdad del sentido de la entrega de Jesús y la confirmación de los dos que estaban con él.  Ellos reciben los destellos de esa iluminación, aunque se empeñen en negarlos luego.
  • La intentona de hacer “tres chozas” no ha de interpretarse en clave contemplativa (ése no es el problema) sino histórica: quiere frenar el camino a Jerusalén, no le ven sentido a un éxodo que termina en muerte. La propuesta es tan pintoresca que el autor lo excusa diciendo: “No sabía lo que decía” (como en Lc 23,34 “no saben lo que están haciendo”).
  • La “nube”, la gloria, tiene que venir en confirmación de lo visto. Y lo hace con expresiones de los cantos del siervo: “Mi elegido, mi predilecto” (Is 44,2). Es decir: Dios confirma la opción de Jesús, la de la entrega hasta el fin; ése es el camino que Dios marca, que hay que “escuchar”. De ahí puede venir la luz a creyente, como le ha venido a Jesús.
  • Jesús se queda “sólo”. Es decir, una vida iluminada no deja sin efecto el esfuerzo del camino histórico por construir una vida entregada.
  • El discipulado “no cuenta a nadie lo que ha visto” porque la iluminación, el sentido, no puede ser aún acogido en su planteamiento vital. Son necesarias más mediaciones.

 

3. Ahondamiento espiritual

 

Un Jesús luminoso e iluminador: Siguiendo una tradición religiosa común, el NT ha presentado a Dios como luz (1 Jn 1,5). Y Jesús mismo se ha desvelado como “luz del mundo” (Jn 8,12). Por eso Jesús es iluminador. Pero lo es porque ha sabido conjugar su propia tiniebla histórica y la luz del sentido del amor de manera que éste último, mal que bien, ha terminado por triunfar. Es iluminador porque ha hecho una obra de trabajo con su propia tiniebla. Desde ahí es luz. Por eso, uno no sabe qué admira más, si la luz que sin duda el Padre le da o el trabajo que Jesús hace para que esa luz termine por salir adelante. Un trabajador para el engendramiento de la luz, del sentido. Por eso puede ser iluminador para el creyente al que dice que un trabajo semejante y un éxito similar también están al alcance de su mano.

La increíble luz de la esplendidez: El signo de la luz es evocador pero tiene el peligro de diluirse en una cierta estética. El Evangelio es más concreto: dice que la luz es la esplendidez: “La esplendidez da el valor a la persona. Si eres desprendido, toda tu persona vale; en cambio, si eres tacaño, toda tu persona es miserable”: Mt 6,22-23: trad. De Mateos del modismo de “Lámpara del cuerpo es el ojo”). Por eso Jesús es luminoso, porque es totalmente espléndido. Si no lo hubiera sido así, la tiniebla se habría hecho compacta en su interior, irrompible.

Un nuevo amanecer: En Hech 26 Pablo hace por tercera vez una apología de su vocación, ésta ante Agripa. Y dice que Jesús en su kerigma dice que Jesús “anunciaría un amanecer  lo mismo para el pueblo que para los paganos” (Hech 26,23). Un nuevo amanecer: no una doctrina, una teología, una moral, una religión, una filosofía. Un “amanecer”, una posibilidad de vida (eso es el amanecer) ligada a la luz de cada día. O sea, el asunto está en percibir a Jesús como posibilidad como se percibe la luz de mañana como una posibilidad. Hacer luz hablando de posibilidades.

Lámpara que ilumina: Eso es la Palabra. Lo decía el viejo salmo de la Ley (“Lámpara es tu palabra para mis pasos” Sal 118,105) y lo dice Jesús: “No se enciende una lámpara para meterla debajo de la cama” (Mc 4,21). Palabra que ilumina, no palabra que cansa, que adormece, que justifica sistemas, que lleva al inmovilismo. Palabra para desinstalar, para azuzar, para ayudar a imaginar, para entreves caminos. Palabra luminosa porque viene de la luz del Padre y de la luz histórica de Jesús, luchador contra toda tiniebla.

 

4. Derivaciones comunitarias

 

         Vamos ahora a derivar algunas sugerencias a nuestro estilo de vida comunitario. Quizá el contagiarnos ánimo lleve a acrecentar en cada uno de nosotros el caudal de luz.

         1) Comunidades luminosas porque trabajan lo oscuro: No son luminosas porque tienen personas notables (ojalá sí), sino sobre todo porque están acostumbradas a trabajar lo oscuro, a no dejarse vencer por él. Trabajar lo oscuro es encajar la limitación, admitir la corrección, practicar el discernimiento, unir la suerte a la de los “oscuros” (los débiles), construir la solidaridad (luz en lo oscuro), aceptar la posibilidad de ir derivando hacia situaciones marginales más que instalarse en posicionamientos sistémicos. Desde ahí puede venir alguna luz. Desde ahí pueden ser apóstoles del buen vivir, ése al que tiene derecho toda persona por causa de su ineludible dignidad.

         2) Comunidades luminosas a causa de su esplendidez: No únicamente a causa de su generosidad, que no sería poco, sino de su esplendidez. El voto de esplendidez es más luminoso que el de pobreza, aunque éste apunte a aquel. Espléndidas en bondad de corazón, en vida simple, en estilos de vida decrecidos. Desde ahí se podrá ser apóstoles de la esplendidez, porque ¿cómo se va a hacer ese apostolado si nosotros no somos realmente espléndidos?

         3) Comunidades luminosas que hablan de posibilidades: Para ello, comenzar por ser comunidades positivas, porque la negativización es una puerta en las narices para la esplendidez. Tratar de ayudar a ver que hay caminos aunque las situaciones sean duras. Hacerlo ver no solamente de palabra, en la oración, sino en pequeños modos de solidaridad real que hablen de posibilidades para los más débiles (en cuestiones de vivienda, trabajo, derecho humanos). Estas comunidades serán apóstoles de una vida felicitante, con sentido más allá de cualquier  interrogante, disfrutante por encima de heridas.

         4) Comunidades luminosas de Palabras buenas: Palabras y Palabra que sean buenas, que hablen del bien, que contengan la menor carga posible de negatividad, de herida, de menosprecio. Palabras “perfumadas”, como diría san Francisco, que salen de un corazón y de una fe perfumada. Que la luz venga por las buenas palabras, que venga por la Palabra buena. Apóstoles de las buenas palabras y de la Buena Palabra, en maneras de escucha, de oración, de propuesta evangélica atrayente, de caminos de novedad.

 

 

Conclusión

 

         Este es, lo hemos dicho, un lugar de luz, en que Jesús encontró luz. También sus seguidores entrevieron esa luz de la entrega aunque no fueran capaces de digerirla. Que nos ayuden ambos, que nos ayudemos nosotros. Que la reflexión, la Palabra y la oración puedan ser cauce de luz para nuestras vidas personales, para nuestras comunidades. Terminamos con un verso de Charo Rodríguez:

 

Solo el Dios encontrado, 

                                    ningún dios enseñado puede ser verdadero, 

                                    ningún dios enseñado. 

                                    Solo el dios encontrado  

                                    puede ser verdadero.

 

         Busquemos a Dios en este lugar, con estos hermanos, en la luz de esta mañana hermosa. Quizá pueda ayudarnos también este himno de la fiesta de la Transfiguración escrito por el capuchino Rufino Grández.

 


Aquel hombre que asciende a la montaña
a Dios está anhelando con sed viva;
pierde su corazón allá en la fuente
donde el dolor se pierde y pacifica,
y donde el Padre engendra al Hijo amado
con el Amor que de su pecho espira.

Aquel hombre de rostro penetrante
sobre su sangre y éxodo medita;
una luz desde dentro se abre paso,
la hermosa faz más limpia que el sol brilla,
porque es el bello rostro de Jesús,
cuyos ojos los ángeles ansían.

Es el Hijo en la Nube del Espíritu,
el Amado nacido antes del día;
el Padre lo pronuncia con ternura,
con la voz de sus labios lo acaricia;
los testigos videntes de la Gloria,
ebrios de amor lo adoran y se inclinan.

Pasó el fuego encendido en la montaña
y otra vez susurró la suave brisa;
y era él, ya no más transfigurado,
Jesús de Nazaret, el de María;
mas para aquel que vio la faz divina,
sin destellos la faz será la misma.

Jesús de la montaña y de la alianza
presente con gloriosa cercanía,
en el fuego sagrado de la fe
te adoramos, oh luz no consumida;
traspasa tu blancura incandescente
a tu esposa que en ti se glorifica. Amén.


 

 

2

LA FE DE FRANCISCO DE ASÍS

 

         Aunque, debido a los acontecimientos eclesiales (renuncia de Benedicto XVI, elección del papa Francisco) el decretado “año de la fe” ha quedado un poco en la penumbra, quizá podamos en este día de retiro venir un poco a ese tema para alimentar esa luz de la fe del que hablábamos esta mañana.

         Para ello, vamos a decir algunos puntos sobre la fe de Francisco de Asís. Nos referimos no a su fe teologal (fe en Jesucristo, en la Eucaristía, en la Palabra, etc.) o fraterna (en la Orden, en la Evangelización, en la Pobreza y Minoridad, etc.), sino a esos aspectos elementales que pueden arrojar luz sobre nuestro comportamiento creyente o franciscano.

 

1. LA FE DE SAN FRANCISCO EN UN MUNDO DISTINTO

 

        

         Francisco de Asís, tras duras experiencias de inhumanidad, como la cruenta guerra en la participó contra Perusa, llegó a la conclusión de que otro mundo era posible, de que la fraternidad universal era un anhelo con carta de naturaleza, de la que posibilidad de que los humanos vivieran como hermanos no desaparecía ni siquiera a pesar de las enormes heridas que nos inferimos a Dios. Si releemos la hermosa Admonición 27 intuiremos en su hondura el anhelo de ese mundo distinto:

 

Donde hay caridad y sabiduría no hay temor ni ignorancia.

Donde hay paciencia y humildad, no hay ira ni desasosiego.

Donde hay pobreza con alegría no hay codicia ni avaricia.

Donde hay quietud y meditación, no hay preocupación ni disipación.

Donde hay temor de Dios guardando la entrada,

no hay enemigo que tenga modo de entrar en la casa.

Donde hay misericordia y discreción, no hay superfluidad ni dureza.

 

         Como decimos, hay aquí una posibilidad a la mano: nadie puede impedirnos, ninguna ley humana ni divina, ser hoy mismo más fraternos y amables, más humanos y solidarios, más justos y benignos. La posibilidad de construir ese otro mundo soñado es algo que puede ser traído a lo más concreto de cara día. En aquella hermosa oración de Juan XXIII que se titula Sólo por hoy leemos en uno de sus puntos: “Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también”. Es preciso no apearse de esta certeza y construirla cada día.

 

 

2. LA FE DE FRANCISCO DE ASÍS EN LA AMISTAD CÍVICA

 

         Francisco, en una época de conflictos muchos más duros que los nuestros, ha creído también en esta amistad de quien tiene dificultad para convivir dentro de la misma ciudad. Cuentan las biografías franciscanas que el obispo y el alcalde de Asís no se entendían. Aquel excomulgó a éste; y éste prohibió vender nada a aquel. Francisco compuso una cancioncilla (que luego la incluyó en el Cántico de las Criaturas) y, al estar él enfermo y no poderlo hacer  en persona, mandó a dos hermanos a que la cantarán en una ocasión en que el obispo y el alcalde iban a estar juntos en un acto social. La cancioncilla decía así:

Loado seas, mi Señor,

por quienes perdonan por tu amor

y soportan enfermedad y tribulación.

Bienaventurados los que conviven en paz

porque de ti, Altísimo, coronados serán.

         Dicen las crónicas que alcalde y obispo se reconciliaron.

 

3. LA FE DE SAN FRANCISCO EN LAS RELACIONES NUEVAS

 

        

         A san Francisco se le llamará en la posteridad “hombre de gracia nueva”, “luz entre la niebla”, “hombre de la inocencia original”, etc. Son maneras de decir que él hizo un camino al fondo del corazón de la persona y, desde ahí, inició una andadura nueva: aquella que considera a las personas buenas en el fondo, aunque sean moralmente males, como los ladrones de Borgo san Sepulcro, o gente estigmatizada, como los leprosos, o criaturas dañinas, como aquel legendario lobo de Gubio. Francisco ha descubierto que en todos los seres anida la bondad original, muchas veces envuelta en debilidad o en maltrato. Y él ha querido establecer contacto con esa bondad original para, desde ahí, hacer un camino común con toda persona, con toda realidad.

         A la par, o quizá por eso, ha descubierto maravillado algo simple: que Dios es esencialmente bueno, el bien. Que en Dios no hay mezcla de oscuridad y de luz, de bondad y castigo, de caricia y maldad. Todo él es bueno, él es el solo bueno. Esta ha sido una de sus más firmes convicciones. Jamás se apeó de ella. Era el cimiento de su sueño de hermandad humana.

         A veces asentaba este sueño de las nuevas relaciones en cosas simples. Decía por ejemplo: “Dichoso quien tanto ama y respeta a la persona cuando está lejos de él como cuando está cerca, y no dice nada a sus espaldas que no pueda decir delante de él” (Admonición 25). Así de simple: hablar bien de la persona es, como dice en otro lugar “hablar bien de Jesucristo”, y al revés. Por eso, quien sueñe con las relaciones nuevas ha de construir ese sueño con, entre otras “piedras”, la del respetuoso y amigable hablar del otro.

 

4. LA FE EN UNA CREACIÓN HERMANA

 

         A estas alturas, toda persona admiradora de san Francisco sabe que su amor por la naturaleza era evidente. Pero siempre ha quedado la cosa de una forma lírica: como si Francisco fuera un medio hippie que andaba por los campos hablando con las plantas, conversando con los lobos y predicando a las aves. Eso no es más que el envoltorio de algo mucho más profundo: su distinta visión de la vida, de las personas y cosas. Él cree que entre nosotros y la creación hay una verdadera hermandad. Lo que ahora sabemos por la ciencia, que el mapa genético de los animales y el nuestro está muy próximo, que hay una causalidad entre acción humana y tierra (lo del cambio climático) Francisco lo intuyó por vía espiritual. Para él, porque provenimos de una misma fuente (el amor del Padre), todas las criaturas somos familia. Esto no es un mero pensamiento poético, sino que hace parte del núcleo duro de su fe: él cree que somos hermanos, que estamos destinados a la fraternidad universal, que la obra de Jesús ha sido reconciliar todo lo creado, como diría san Pablo.

 

5. LA FE EN EL VALOR DE OTRA MIRADA

 

         Para Francisco de Asís, como para muchos, la mirada es restauradora, desveladora del contenido del corazón, gesto capaz de hacer suscitar amor y compasión, dinamismo con fuerza suficiente para iniciar un cambio de vida. Se puede decir que Francisco tiene fe en la mirada porque él se ha sentido mirado por Jesús. Desde el comienzo de su itinerario creyente fue así: se encontró con los leprosos, con los más excluidos, y, en diálogo con el Cristo de san Damián, él creyó que su vida era mirada y acogida con misericordia, con amor. Llegó a la convicción de que, por muchos que fueran sus fallos, había un sitio en la vida para él y un lugar cálido en el corazón de Dios.

         No es de extrañar que, años más tarde, él hiciera de la manera de mirar al otro un espacio para la fraternidad y la misericordia. Por eso escribe en su hermosa Carta a un Ministro: “Que no haya en el mundo hermano que, por mucho que hubiere pecado, se aleje jamás de ti después de haber contemplado tus ojos si haber obtenido misericordia”. Los ojos tienen que desvelar la misericordia que anida en el corazón. Una mirada dura e inmisericorde refleja un interior como el pedernal. Por eso la mirada es decisiva para generar fraternidad, para construir humanidad.

        

6. LA FE EN LA BONDAD COMÚN

 

¿Puede ayudarnos el hermano Francisco en el utópico empeño de construir la bondad común? Sí, con rotundidad porque él integra la nómina, larga, de esas personas que pueden ser calificadas básicamente como “buenas”. Veamos uno de sus textos: según él, habría que derrochar esta bondad sobre todo con los débiles. En la Leyenda Mayor 8,5 se dice: “Admirable era la ternura de compasión con que socorría a todos los que estaban afligidos de cualquier dolencia corporal; y si en alguno veía una carencia o necesidad, llevado de la dulzura de su piadoso corazón, la refería a Cristo mismo”. Para Francisco, el dolor del otro es dolor de Cristo y la bondad con la que se trata al débil es el rostro de la bondad de Cristo.

San Francisco hizo del bien el núcleo de su carisma porque, si se leen bien sus escritos y se valora con exactitud su vida, más que propuestas religiosas las suyas han sido propuestas de bondad, maneras de encontrar sentido, modos de abrir horizontes. Precisamente por eso, al ser bondadoso es cuando ha sido totalmente espiritual. Porque cuando hablamos de la bondad estamos apuntando a la obra de la creación, el trabajo más espiritual del mismo Dios.

 

7. LA FE EN LA SENCILLEZ QUE DESVELA LO QUE SOMOS

 

         Francisco de Asís llegó a tener una fe diáfana que dijese con inmediatez lo que uno era. Él acuñó aquel dicho que muchas veces solemos citar los franciscanos: “Cuanto es el hombre ante Dios, tanto es y no más” (Admonición 19). Dios conoce a la persona y sabe como es. Pretender ser lo que no se es resulta una insensatez, una mentira y un menosprecio a Dios que nos quiere y ama como somos, sin necesidad de engaño.

         Cuenta la Leyenda Mayor de san Buenaventura un episodio extremo: estaba Francisco con fiebre y consintió comer carne. En cuanto recobró un poco las fuerzas se presentó con una soga al cuello y en calzones diciendo a la gente que no le tuvieran por santo porque él era tan glotón y carnal como los demás (LM 6,2). No quería que la gente se hiciera una idea distinta de lo que era en realidad, aunque en modo alguno fuese un glotón.

         El franciscanismo tiene una medicina para esa tendencia a aparentar lo que no somos: vivir con sencillez. Esta “fe” en la sencillez como cauce de verdad es muy de san Francisco. Decía él porque lo creía de verdad: “Donde hay misericordia y sencillez, no hay superfluidad ni endurecimiento” (Admonición 26,6). Un corazón compasivo y un estilo de vida simple son caminos óptimos para tener controlado el afán de mostrar una imagen distinta de lo que somos.

Volveremos a encontrarnos

VOLVEREMOS A ENCONTRARNOS

El Señor nos da hermanos. La fraternidad: un sueño que se cumple

 

         Quiero comenzar recordando el párrafo inicial del discurso de Charles Chaplin en la película “El Gran Dictador”, discurso pronunciado en tiempos de ideologías atroces: “Lo siento, pero no quiero ser emperador. Eso no me va. No quiero gobernar o conquistar a nadie. Me gustaría ayudar a todo el mundo, si fuera posible: a judíos y gentiles; a negros y blancos. Todos queremos ayudarnos mutuamente. Los seres humanos somos así. Queremos vivir para la felicidad y no para la miseria ajena. No queremos odiarnos y despreciarnos mutuamente. En este mundo hay sitio para todos. Y la buena tierra es rica y puede proveer a todos”. Los seres humanos somos así. Por encima de desamparos, nuestro horizonte es la fraternidad.

         A los franciscanos nos encanta hablar del tema de la fraternidad y la trabajamos cuanto podemos. Es una gran parte de nuestras señas de identidad. Hablemos, pues de lo que nos gusta. Hablemos y construyamos los caminos de la fraternidad.

 

1. Hay muchos que sueñan con la fraternidad

 

         Podría parecer que esto de la fraternidad es únicamente para gente creyente, religiosos o franciscanos. Pero no, existe un caudaloso río que atraviesa y riega las raíces del mundo. Mucha gente sueña con un mundo fraterno de relaciones nuevas. Como muestra, un botón:

         En el año 2010 recibió el premio príncipe de Asturias de humanidades y comunicación el anciano sociólogo polaco, judío y represaliado, Zigmunt Bauman, el de la “modernidad líquida”. Éste había dicho que convivir con los otros ha sido un problema omnipresente de la sociedad occidental, y que las principales estrategias utilizadas de oposición a la convivencia son la separación del otro excluyéndolo (estrategia émica), la asimilación del otro despojándole de su otredad (estrategia fágica) y la invisibilización del otro que desaparece del mapa mental. Pues bien, escuchemos tres frases del discurso que Bauman dijo en la recepción del dicho premio príncipe de Asturias: “Toda mi vida he intentado hacer sociología del modo en que mis dos profesores de Varsovia, Stanisław Ossowski y Julian Hochfeld, me enseñaron hace ya sesenta años. Y lo que me enseñaron fue a tratar la sociología como una disciplina de las humanidades, cuyo único, noble y magnífico propósito es el de posibilitar y facilitar el conocimiento humano y el diálogo constante entre humanos… Para ello es necesario hacer pedazos los velos hechos con remiendos de mitos, máscaras, estereotipos, prejuicios e interpretaciones previas; velos que ocultan el mundo que habitamos y que intentamos comprender… Y es esto: que estamos destinados a intentar, una y otra vez y siempre de forma inconclusa, comprendernos a nosotros mismos y comprender a los demás, destinados a comunicar y de ese modo, a vivir el uno con y para el otro”.

Vivir el uno con y para el otro.  Ese es el sueño hermoso y básico de la fraternidad por el que muchos seres humanos ha vivido, han sufrido, han incluso muerto. Por eso nos decimos que hablar y vivir la fraternidad es participar de ese gran río que atraviesa el subsuelo de la historia y del que, modestamente, podemos hacer parte. No pensemos nunca que estamos solos en el sueño hermoso de la fraternidad.

 

2. Francisco, el hermano

 

         Lo sabemos, no quería otro título, ni otra denominación para sí y sus hermanos: “Quiero que esta fraternidad se llame Orden de Hermanos menores” (1C 38). Francisco, como muchos laicos medievales, había descubierto, en el oscuro mundo de aquella época, el brillo luminoso y atrayente de la fraternidad. Quizá fue algo que le cogió con el pie cambiado: él quería vivir el Evangelio y he aquí que, para su sorpresa, se le juntaron pronto un buen grupo de jóvenes de Asís tan decididos o más que él (recordemos a Bernardo de Quintaval, por ejemplo). Pero el colmo fue cuando hubo mujeres, con Clara a la cabeza, que querían también “ser hermanos”, comunidad franciscana. Francisco buscó el Evangelio; la fraternidad le buscó a él.

         Vamos a subrayar algunos de los modos simples con los que Francisco tejió la delicada tela de la vida fraterna:

  • Miró con otros ojos: Cambió la manera de mirar a las personas y a las cosas. “Pasé de los ojos de mi caballo Omar a los amorosos ojos de Francisco”, dice en la película Francisco el hermano Rufino cuando cuenta su entrada en la fraternidad. El cambio de mirada es el cambio de la persona. Mirar como siempre y pretender la fraternidad es imposible.
  • Gozó de la primavera: Y lo hizo con hermanos. Cuando volvieron de la “aprobación” que les dio el papa y anduvieron exultantes y dichosos por el valle de Rieti. Un gozo común y simple. Sin ese ingrediente del disfrute, la fraternidad se hace cuesta arriba.
  • Anduvo por caminos: Porque Francisco, como Jesús, es un hombre de caminos y se alegra y dicen que los menores han de alegrarse de quienes andan por los caminos (1R 9,2). Una fraternidad que no sabe de caminos es una fraternidad encorsetada.
  • Comió con alegría: Porque le gustaban las comidas humildes en fraternidad, aunque fuera un pan robado a los conejos (como se dice en Francesco cuando se cuenta la escena de 2C 22). Comer es mejor que ayunar cuando la comida alegra el cuerpo y el alma del hermano.
  • Disfrutó de lo bello: De la música, del canto loco en francés, de la  música “celestial” aunque los estrictos crean que esto es disipación y mal ejemplo (2C 126). Un disfrute contagiado, eso es la vida en fraternidad, más allá de limitaciones.
  • Dejó de ser el centro: Para que los hermanos, la fraternidad, hagan su camino, aunque a él no le convenciera mucho. Dejó de ser el líder, dejó de estar en el punto de mira, dejó casi de hablar (como los señala la Crónica  de J. de Giano, n.19). Llegó a creer que el centro no era él, sino la comunidad como tal. La fraternidad necesita hermanos animosos, no líderes que arrastren.
  • Cantó en la noche: Porque, al final, la fraternidad fue para él una noche. Pero no dejó de “cantar” (como diría Brecht), no dejó de ser hermano. Así lo vemos en VerAl.
  • Aportó profecía hasta el final: Con aquellos duros gestos que los hermanos recibían con el ceño fruncido (nombramiento de Bernardo de Quintaval como ejemplo de la Orden, nombramiento de la Porciúncula como ejemplo de la Orden, deseo de morir desnudo como profecía contra el tráfico de reliquias, etc.). No fue su forma de hacer fraternidad algo siempre lírico. Tuvo su dureza y la encajó como pudo.

 

3. Hermanos “franciscanos” sin hábito y hasta sin fe

 

         Antes hemos dicho que no estamos solos en el sueño de la fraternidad, que hacemos parte de un gran río. Francisco mismo es una partecita de ese gran caudal. Queremos mostrar, dando un quiebro, una pequeña galería de personas que, a su manera, están en este tema de la fraternidad humana. El ponerlas aquí delante quiere ser un modo de animarse a esta hermosa labor.

 

 

 

         Esta mujer es Virginia Castelló, una cantante a quien la vida le ha llevado a ofrecer su música en ámbitos hospitalarios para hacer más benigna la situación de quien sufre mucho en tales lugares. Dice que “una punción medular con Diana Krall es otra cosa”. Y por eso ha ideado el plan “música en vena” para aliviar la tensión y el dolor de quienes sufren.. Estas personas hacen realidad eso de que en las situaciones de pobreza hay recursos ocultos que es hermoso desvelar. Obra de fraternidad con el débil.

 

 

 

         Esta otra mujer es Inmaculada Pimentel, una odontóloga que se ha volcado en la salud de los niños de África y que considera colaborar en esa obra social como una suerte para ella. Dice: “Voy a África a que me ayuden. De allí vuelvo nueva”. Son personas (las hay muchas) que tocan las llagas de los empobrecidos no con sentimientos de paternalismo o superioridad, sino con agradecimiento. Esa es la manera correcta de tocar llagas para curarlas.

 

 

         Este señor es Carlos Cristos, médico de familia que murió joven por causa de una enfermedad degenerativa y que optó por vivir hasta el último suspiro “a ser posible con una sonrisa”, como él decía. Dio pie a la hermosa película “Las alas de la vida”. Son personas que, aun con grandes limitaciones, aman la vida y estrujan sus posibilidades y disfrute al máximo. Enriquecen el tesoro de la vida a la que aman. Generan fraternidad

 

 

 

Estos son los niños de una clase del colegio de Camposoto de San Fernando de Cádiz. En el centro, abajo, un niño con parálisis cerebral, Antonio, al que sus compañeros llaman “Super Antonio”. Unas maestras que alcanzan el rango de heroínas hicieron posible lo imposible: que ese niño estudie con sus compañeros “normales”, quienes recurren a él para preguntarle cosas que no entienden, para jugar y que lloran cuando “Súper Antonio” falta a clase. “Si Antonio se va, yo me voy”, dice un niño en un video hecho por la escuela. Este es uno de esos pequeños pero impactantes bocados de realidad que saltan a la palestra y nos arrancan a todos una sonrisa, ejemplo de esa alegría que a veces, afortunadamente, trae vivir en este mundo y en este tiempo.

 

 

 

         Este es el hermano Manuel Amunárriz, un franciscano capuchino médico que durante 31 años nada menos ha estado en un hospital perdido en la selva de la amazonía ecuatoriana a más de 12 horas de canoa de cualquier centro humano poblado. Durante todos esos años ha abrazado, como Jesús, el dolor de los más olvidados de la tierra. Ha hecho operaciones de todo tipo, increíbles a veces. Pero, sobre todo, ha tenido una relación humanizadora con cada uno de sus pacientes. Y nadie se ha enterado. El silencio es la envoltura de su bondad. Pero ese silencio no merma en nada la calidad humana del abrazo.

 

 

 

Estas monjas son las clarisas de Ávila, una sencilla comunidad franciscana contemplativa. Ellas han creído que, además de rezar por los parados, tenían que hacer algo concreto. Han puesto una parte de sus ahorros a funcionar en forma de microcréditos para gente en apuros del barrio. La trabajadora social del mismo es la que gestiona el dinero. El resultado ha sido positivo: muchos casos se resuelven, el dinero se devuelve, la gente aporta dinero a ese fondo de socorro. Quizá pueda parecer que no es propio de una comunidad contemplativa andar en estas; pero han hecho lo mismo que Jesús: intentar abrir camino a quien se le cierran las puertas, dar testimonio de la verdad evangélica de que los humanos tenemos salida.

 

 

 

Esta niña es la paquistaní Malala Yousufzai. Fue tiroteada y ha estado al borde de la muerte por propugnar, a su corta edad, la escolarización de las niñas de su país. Los talibán la atacaron porque piensan que la cultura de la mujer es un peligro para el Islam, cuando, en realidad, es un peligro para su poder cavernícola y dictatorial. Esta niña es, tan joven, una bienhechora de la vida, una hermana generosa.

 

 

 

         Este señor es un juez: José M. Almenar. Con otros compañeros, y por encargo del CGPJ, han elaborado un informe demoledor sobre la inquidad de los desahucios en España: “No se trata de cifras frías. Cada procedimiento encierra un auténtico drama que lleva casi inexorablemente a la exclusión social de familias que, impotentes tras haber quedado en el paro o sufrir una drástica reducción de sus ingresos, se ven incapaces de satisfacer las cuotas de unos préstamos que concertaron en época de bonanza económica (por tanto no con fines especulativos o por pura pretensión suntuaria), simplemente para adquirir una vivienda digna que tras el estallido de la crisis no pueden pagar”. El CGPJ que les encargó el informe ha mirado para otro lado y lo ha rechazado. No quieren estar a mal con los banqueros.

 

 

 

         Este muchacho es Moncho Ferrer, hijo del filántropo y misionero, Vicente Ferrer. Por su apariencia sería alguien anodino, cuando no un poco extraño, con su pelo largo y sus abalorios de estilo hippi. Pero es una persona entregada a la causa de los más débiles. Ha prendido en él la llama de la filantropía y del amor social de su padre. Quienes se acercan a él se quedan extrañados de que con tan pocos medios pueda llegar a tantos. No es lo que puede parecer. Anida en su verdad el amor al otro, aunque las formas no sean las oficiales.

 

 

 

         Este señor es Iosu Cabodevilla, un psicólogo que ha trabajado 19 años al frente de la atención psicológica en el hospital de san Juan de Dios de Pamplona. Ahora le han despedido “porque no da el perfil”. Pero él ha ayudado a muchas personas a morir con más dignidad. Ha contribuido decisivamente en la vida de muchas familias a hacer más ligero el duro peso de la losa de la muerte. La incomprensión hacia su persona no rebaja el valor de su obra. Ha quitado muchas losas. Hermano como Jesús.

 

4. Don del Señor…y labor humana

 

         Los franciscanos citamos con mucha facilidad una frase emblemática de Francisco: “El Señor me dio hermanos” (Test 14). Y esto es cierto, los hermanos, las personas las vemos como don de Dios. Pero hay una labor humana que realizar: construir la hermandad. Don y labor se entremezclan en este sueño de la fraternidad:

  • El don de la diversidad y la tarea del proyecto común: Porque Dios nos hace diversos, hijos cada cual de una madre. Y esa diversidad, más allá de su problematicidad, es una riqueza. Pero ¿cómo insertar la diversidad en el proyecto común? Esa es la tarea, el duro trabajo de creer que el proyecto común no solamente no va en contra del personal, sino que es su verdadero sentido.
  • El don del corazón del hermano y la tarea de saltar su valla: Porque no hay duda que el corazón hermoso, el arcaico corazón, de cada hermano/a es un don. Pero ¿cómo saltar la valla con que está rodeado? ¿Cómo permitir que el otro salte la valla de nuestro propio corazón tan celosamente cercado?
  • El don de la dignidad inalienable y la tarea de mantenerla viva: Ya que es un don creacional la dignidad que acompaña a cada creatura. Quizá el más grande de los dones con que Dios capacita a cada persona, a cada realidad. Pero viene la tarea de mantener viva esa dignidad a toda creatura, sobre todo cuando esa dignidad está oscurecida por la pobreza, por la negatividad moral, por el menosprecio.
  • El don del perdón y la tarea de elaborar el conflicto: Porque Dios nos dota de un corazón generoso, capaz de perdonar hasta límites enormes. Pero está la tarea cotidiana de elaborar nuestros propios conflictos humanos, fraternos, para que estos no sean un muro infranqueable que nos endurezca y nos imposibilite para perdonar.
  • El don de la palabra y la tarea de construir palabras buenas: Porque Dios dota a cada hermano de la palabra, del concepto, de la expresión, de la capacidad de decir que amamos y que queremos amar. Pero, a renglón seguido, viene la tarea,  fácil al parecer, pero no tanto,  de construir palabras buenas, de alejarse del cáncer de la palabra hiriente. Si no, la fraternidad naufraga.
  • El don de los brazos y la tarea de engendrar abrazos universales: Ya que con dos brazos se nos crea. Pero está la tarea de emplear los abrazos para construir lo fraterno y de extender esos abrazos hasta límites universales, aquellos que son capaces de abrazar a quien nadie abraza.
  • El don de la tierra y la tarea de ser tierra: Ya que la tierra es hermana y madre para nosotros. Sin ese don no seríamos nada, si haber sido hechos tierra, nada vendría después. Hay que llegar no solamente a saber de la tierra, sino a ser tierra, a creer que algo nos hermana profundamente con esta tierra en la que vivimos, de la que hacemos parte.
  • El don de la vida y la tarea de vida: Porque vivos estamos por la obra creadora de Dios, a pesar de nuestras limitaciones. Y con el enorme don de la vida viene la tarea de dar vida, de engendrar vida para otros. Por eso nuestra respuesta ante el dolor humano nos hace sujetos morales y sujetos franciscanos: la manera,  cantidad y entusiasmo para ser causa de vida desvela qué tipo de franciscanos somos.

 

5. La fraternidad más amplia

 

         La fraternidad, ya lo hemos dicho, es un sueño. Y, como tal, los sueños son inabarcables. No es una ensoñación, porque ésta es una realidad soñada pero en la que no muevo un dedo para que se realice. No, la fraternidad es un sueño, algo que me implica. Pero, aun con implicaciones modestas, limitadas, el sueño de la fraternidad es amplísimo.

         Hay franciscanos que hablan de una fraternidad cósmica una manera de entender la relación con el cosmos en modos directamente fraternos. Ya lo decía E. Leclerc: “Rehusar la fraternidad con la naturaleza es también, en definitiva, hacernos incapaces de fraternizar entre humanos”. Una persona capaz de experimentar vitalmente la fraternidad cósmica es un ser reconciliado, consigo mismo, con sus raíces y con los demás hombres: ¿Acaso fraternizar con todas las criaturas no es optar por una visión del mundo en la cual la conciliación triunfe sobre el enfrentamiento? ¿No es abrirse por encima de todas las separaciones y las soledades, a un universo de comunión, en un gran hálito de perdón y paz? El mundo pasa, de este modo, de ser un objeto a dominar y poseer, a conformarse como una realidad maravillosa en la que la persona es admitida para vivir y cooperar en la creación con todo lo que vive. Cuando al depuesto y carismático obispo J.Gaillot le preguntaban cuáles eran sus sueños, respondía: "Sueño con ver a la fraternidad abarcando a todos los vivientes de la naturaleza. Porque somos habitantes de la tierra. Pertenecemos al cosmos. Fraternidad humana y fraternidad cósmica están ligadas".

            L.Boff ha escrito profundas reflexiones sobre la evidencia de nuestro ser tierra, una nueva manera de enfocar nuestra pertenencia a la tierra. Él dice que esa nueva manera no podrá surgir sin tener una experiencia eco-espiritual: "Vivir en la globalidad del ser, en el sentimiento que se estremece, en la inteligencia que se ensancha infinitamente, en el corazón que queda inundado de conmoción y ternura: eso es hacer una experiencia eco-espiritual".

         Se habla, incluso, del sueño de una civilización realmente planetaria. Así lo decía aquel pionero llamado Robert Müller, alto funcionario de la ONU, que fue llamado el “padre de la educación global”. El ideó aquel “Nuevo Génesis” que comienza así: «Y vio Dios que todas las naciones de la Tierra, negras y blancas, pobres y ricas, del Norte y del Sur, del Oriente y del Occidente, de todos los credos, enviaban sus emisarios a un gran edificio de cristal a orillas del río del Sol Naciente, en la isla de Manhattan, para estudiar juntos, pensar juntos y juntos cuidar del mundo y de todos sus pueblos”. Puede pensarse que estas son utopías no solo inalcanzables, sino ingenuas. Pero recordemos aquella frase de Oscar Wilde: «Un mapa del mundo que no incluya la utopía no es digno de ser mirado, pues ignora el único territorio en el que la humanidad siempre atraca, partiendo enseguida hacia una tierra todavía mejor... El progreso es la realización de utopías».

 

6. 30 años son muchos años

 

         Cuando participamos en una boda todos estamos encantados de estar ante una promesa de amor. Es bonito, pero las promesas son nada más que eso, promesas. Luego viene el duro y hermoso camino, la fatiga, el sudor, la caminata, los días y su malicia, los días y su bondad. Por eso, cuando celebramos unas bodas de plata y no digamos unas bodas de oro, todos percibimos que estamos ante la realización de un sueño. Los años, más allá de los costurones que da la vida, son la verdad del amor que vive.

         Pues bien, las comunidades del Grupo de san Francisco de Granada cumplen nada menos que treinta años de existencia fraterna. Ignoramos el camino en sus detalles y, seguramente que habrá habido sus más y sus menos. Pero treinta años y seguir vivos es una prueba evidente de que el sueño de la fraternidad es un sueño que se cumple.

         Y por eso, no solamente nuestra felicitación, sino también el acoger la parte de profecía que tiene una cosa así: la fraternidad humana, la fraternidad franciscana, son posibles. Más allá de los límites que se quiera poner a esto, la evidencia es que el, para muchos, lejano sueño de la fraternidad es realizable por personas y para personas de carne y hueso.

         Por eso, los actos de esta XXVII Semana de Franciscanos por la Paz que organizáis este año son la rúbrica de la verdad de este sueño.

 

Conclusión

 

         La fraternidad, como el perdón, necesita de los “regalos”, los que brotan del corazón, no los de los comercios. Queremos regalaros sobre todo a los Grupos Franciscanos de Granada un poema del recientemente fallecido José Luis Sampedro, un franciscano sin hábito y hasta sin fe, pero franciscano al cabo. Es el anhelo de llegar a encontrarse como hermanos en esa casa del corazón del otro que todos añoramos:

 

Volveremos a encontrarnos, tal vez
cuando la materia se junte de nuevo,
en la próxima contracción del universo.

Seremos, entonces, átomos compatibles.
Porque llevamos grabada en la memoria
un mensaje irrefrenable de sentirnos poseídos y poseer.
Un mismo deseo y una misma voluntad,
que los prejuicios impidieron unirse cuando nos miramos.

Volveremos desde el principio a vivir y amar
sin prejuicios, sin pecado, sin miedo, sin pudor,
para purificarnos de todo desatino.

Volveremos, tal vez, a encontrarnos,
por la fuerza universal del amor.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

 

Dar fe al Evangelio

DAR FE AL EVANGELIO

10 Caminos

 

            A veces, en Cuaresma, por ejemplo, se invita a los creyentes a “Creer en el Evangelio”. Nuestra fe está asentada sobre verdades, sobre dogmas, sobre normas, sobre mandamientos. Pero ¿está asentada sobre el Evangelio? ¿Cuál es la fe del Evangelio? ¿Cómo habría de ser la vida de quien da fe al Evangelio? Sería una contradicción decir que se tiene fe y no creer en la fe del Evangelio. Vamos a proponer diez caminos de fe evangélica que puedan iluminar nuestro itinerario cristiano en este año de la fe.

  1. 1.      El Evangelio cree que las entregas no se pierden: Jesús se entiende a sí mismo como un “entregado”, uno que se da hasta el final (Mc 9,31). De aquí se deriva la certeza de que las entregas tienen un valor en sí mismas. No dependen ni del aplauso, ni del premio, ni del pago. Ellas valen por sí mismas. Nadie agradeció a Jesús su entrega en cruz. Al contrario, se mofaban de él (Mc 15,29). Y sin embargo, su entrega valía absolutamente, entrega de salvación.
  2. 2.      El Evangelio cree en el poder de la generosidad: La generosidad es “salsa” para muchos guisos. La generosidad ilumina el interior de la persona. Por eso “si eres generoso, cuánta luz dentro” (Mt 6,22-23). Y esto por una sencilla razón: porque el mismo Dios, el Padre, es incomprensiblemente generoso con toda persona (Mt 20,15). Pretender ser creyente en el Evangelio desde actitudes tacañas, individualistas, es imposible.
  3. 3.      El Evangelio cree que cuando el otro gana, tú también ganas: Porque desde niños se nos ha hecho creer que si te das al otro, él gana y tú pierdes. Sumado esto al egoísmo natural de toda persona, el aserto evangélico de “invita a pobres que no pueden pagarte” se hace increíble (Lc 14,13). La fe evangélica tiene por cierto que cuando todos ganan, tú ganas; y cuando solamente tú ganas, en realidad, todos pierden, incluso tú.
  4. 4.      El Evangelio cree que se puede estar contento sirviendo: Porque algo nos dice que el servicio al hermano débil no nos puede contentar, satisfacer, realizar. Pero el Evangelio cree que se puede ser “primero” estando al servicio del otro (Mc 9,35). Jesús mismo se ha presentado como “uno que sirve” (Lc 22,27). Así él ha sido feliz, sirviendo, entregándose. No entender el servicio como modo de vida es arriesgarse a “no tener nada que ver” con Jesús (Jn 13,8).
  5. 5.      El Evangelio cree que no es imposible llegar a una comunidad de iguales: Porque nuestra mentalidad desigualadora y jerarquizante nos dice que eso es imposible, que siempre seremos desiguales. Pero el gran sueño de Jesús es una comunidad de seguidores en la que “uno es vuestro Padre y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,8). Es muy difícil llegar a esto. Quizá tengamos que recorrer aún muchos tramos largos de historia humana. Pero renunciar a este sueño hermoso de Jesús sería desdecirse de la fe del Evangelio.
  6. 6.      El Evangelio cree que las penalidades de los pobres han de tener fin: De ahí que no lee bien el Evangelio quien entiende Jn 12,8 como “a los pobres siempre los tendréis con vosotros”. No, Jesús cree que las desdichas de los débiles han de tener fin. Por eso, cuando proclama “Bienaventurados los pobres” está queriendo decir que los pobres, aunque despojados de sus derechos, tienen razón y que sus exigencias de justicia no prescriben (Mt 5,3).
  7. 7.      El Evangelio cree que la vida humana es una vida acompañada: Lo cree firmemente y de forma taxativa lo dice Juan 14,23: “Vendremos a él y pondremos nuestra morada en él”. Nosotros que somos gentes de superficie creemos, con frecuencia, que la vida está “dejada de la mano de Dios”. Pero, para el Evangelio, eso no es cierto, sino todo lo contrario: en el fondo de la vida, en el subsuelo de la existencia, en el cimiento de la realidad, Dios sostiene nuestro camino. Como dicen los teólogos, Dios es el fundamento del ser. Y esto es así porque en Jesús mismo ha venido a quedarse para siempre la realidad de lo divino (Jn 1,32). Por eso sabemos que Dios acompaña la existencia, porque antes ha acompañado el caminar de Jesús.
  8. 8.      El Evangelio cree que Dios ha sembrado en la historia la capacidad de llegar a ser hijo: Lo dice Jn 1,12: “les dio capacidad para ser hijos de Dios”. El acto creacional es la evidencia de que estamos llamados a la filiación. Las penalidades evidentes que conlleva el vivir, siendo la mayor de todas la muerte, quedan más que compensadas por la ganancia de poder llegar al gozo de la filiación, al sentido encontrado, a la dicha al alcance de la mano. Esto es lo que el Evangelio de Juan quiere decir: por la encarnación de Jesús (Jn 1,14) Dios te ha dotado de la capacidad de ser hijo. Ahora la pelota está en nuestro tejado.
  9. 9.      El Evangelio cree que el éxito de la vida es llegar a una buena relación: Porque si a Jesús le hubieran dicho si quería una nueva religión, se habría extrañado ya que tenía la suya, el judaísmo. Pero él cree que lo importante es que la persona llegue a una buena relación con Dios, con los hermanos, con la naturaleza. Piensa que esa nueva relación que va más allá de las normas (Mc 7,13), que se ofrece incluso a paganos (Mc 7,24-37) es el éxito de la ciudadanía del reino.

10.  El Evangelio cree que somos de la familia de Jesús: Porque ese es el mensaje y meollo de la resurrección: que el viejo sueño de la alianza ha tomado en Jesús la realidad de una familia: “Mi Padre es vuestro Padre, mi Dios es vuestro Dios” (Jn 20,17). Dios ha hecho a la creación de su familia y ninguna vicisitud romperá esa familiaridad. Si no fuera así, la vida y resurrección de Jesús carecerían de valor

            Estos son los caminos de fe que marca el Evangelio. Estas son las “palabras de vida” a las que haríamos bien en adherirnos porque redundarían en beneficio nuestro (Jn 6,68). Pretender avivar la fe sin creer a la Palabra del Evangelio nos parece imposible. Dice Benedicto XVI cuando catequiza sobre el año de la fe: “Es fundamental la Sagrada Escritura, donde la Palabra de Dios se hace audible para nosotros y alimenta nuestra vida de «amigos» de Dios. Toda la Biblia relata la revelación de Dios a la humanidad; toda la Biblia habla de fe y nos enseña la fe narrando una historia en la que Dios conduce su proyecto de redención y se hace cercano a nosotros, los hombres, a través de numerosas figuras luminosas de personas que creen en Él y a Él se confían, hasta la plenitud de la revelación en el Señor Jesús”. Dar fe al Evangelio es asentar la vida en el cimiento sólido de quien construye sobre roca (Mt 7,25).

 

Fidel Aizpurúa Donazar

 

 

 

 

Juan 144

CVJ 

Domingo, 5 de mayo de 2013

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

144. Jn 21,24-25

 

Introducción:

 

                En la vida hay muchas cosas “indecibles” que no se pueden expresar. Quedan en lo oculto, solamente se dicen en balbuceos, pero están ahí. Quizá sean las cosas más hermosas, porque al ser vividas en lo profundo, en lo más interior, no son fáciles de decir. Pero se adivinan en la mirada brillante, en los gestos de entrega, en la evidente sensación de estar a gusto con quien se ama y aprecia. Eso que pasa dentro y que no se dice es el río de agua que riega las raíces de la vida. Valorar lo que no se dice es valorar lo vivo de la experiencia humana y creyente.

                Es que, tras tan largo recorrido, el colofón del  Evangelio de Juan dice que “hay otras muchas cosas que hizo Jesús” que no han sido escritas. Quedan en el silencio, en el interior de la historia. Nunca las sabremos, aunque nos gustaría mucho conocerlas. Su reino es el reino del silencio y de la verdad. El silencio porque quedarán envueltas en él para siempre. La verdad porque, aunque no las conozcamos, se vivieron. Nunca sabremos el tono de su voz, la fuerza de sus manos, el brillo de sus ojos. Nunca conoceremos las confidencias en la noche, los compartires después de la oración, los abrazos animosos. Nunca podremos saber, más que por el espejo de los Evangelios, la hondura de sus sueños, la vibración de sus anhelos más personales, lo más original de sus posturas creyentes. Todo un mundo que ha pasado al silencio, a la honda oscuridad, al olvido, pero no a la irrealidad ni a la pérdida. Lo que sabemos de él es hermoso; pero el silencio cae sobre el resto, sobre todo lo demás, y lo envuelve con el manto de la verdad.

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Texto:

 

24Éste es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito: y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.

                25Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo.

 

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Ventana abierta:

 

 

                Esta foto es de Galilea, la tierra del Señor. Son los montes que el vio, los caminos por los que él anduvo. Guardan sus secretos, las palabras que no fueron escritos, los cantos que no hemos escuchado, las lágrimas de las que no ha quedado rastro. Pero no quiere decir que no existieran. Han quedado ocultas ahí, pero siguen siendo verdad para nosotros. Por eso anhelamos conocer esa tierra, para acercarnos a lo que no se dijo, para escuchar el latido de lo que encierra.

                Oramos: Gracias, Señor, por lo que nos dejaste y por lo que viviste aunque no lo conozcamos; gracias por sembrar tu vida en nuestros caminos; gracias por estar con nosotros más allá de tu silencio.

 

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Desde la persona de Jesús:

 

                El evangelista se empeña, lo dice expresamente, en “dar testimonio”. Siempre habrá gente que dé testimonio de que lo más importante de la vida se nos va de las manos como la arena entre los dedos. Y dará testimonio de eso hondo que no se ve con modos de vida sencillos y comunes, fraternos y agradecidos, cariñosos y amables. No se quebrarán ante el odio ni el desamor, no les desarbolarán las traiciones ni los engaños. Seguirán amando y acompañando eso hondo que no aparece a los ojos. Testigos en la vida.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes aman sencillamente; gracias por los tenaces en amar la vida; gracias por quienes ven más allá de lo que se ve.

               

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Ahondamiento personal:

 

                Una de las mejores maneras de percibir que uno ha captado el valor de lo que no se ve es vivir acompañando la vida de los demás. Acompañarse sin desaliento es una de las maneras más humanas de decir lo que es el amor. Por eso, al hacer de este tramo de nuestra vida una “vida acompañada” podemos decir, simplemente, que hemos hecho un tramo de vida en amor. Así, directamente.

                Oramos: Que nos sigamos acompañando, del modo que sea; que agradezcamos el acompañamiento vivido; que valoremos mucho a quien acompaña con ánimo.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Algunos definen la oración como “escuchar lo que no se oye”. Algo de eso se puede decir de nuestro trabajo orante ahora que llegamos a su conclusión: hemos oído muchas cosas, nos hemos dicho también muchas, hemos compartido muchas pequeñas experiencias (o no tan pequeñas). Pero queda algo que no se oye, que no se dice, pero que permanece en el fondo del corazón, de la realidad personal. Habríamos de guardar todo eso como un tesoro.

                Oramos: Que tengamos por una suerte lo vivido y lo compartido; que tengamos por una suerte lo vivido y lo no compartido; que tengamos por una suerte a la Palabra y a las personas amigas.

 

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Poetización:

 

Nunca lo sabremos,

aunque lo intuimos.

Nunca llegaremos a sentir

la vibración interna de sus amigos/as

en las noches de confidencias.

Nunca percibiremos

el brillo de sus ojos,

el cielo de su sonrisa,

el sol de su rostro iluminado,

la firmeza de sus manos,

el calor de sus abrazos

o la hermosura pobre

de sus pies cansados.

Nunca sabremos

de sus sueños más acariciados,

de sus cantos más vibrantes,

de sus anhelos que se balbucean.

Nunca conoceremos

el amargor de sus desalientos,

la acidez de sus lágrimas,

la dureza de sus silencios.

Pero todo eso y más

está ahí,

en el fondo de la vida

como un tesoro de verdad.

Las páginas de su Evangelio

reflejan solamente un parte.

Pero lo demás está ahí,

llamándonos, animándonos

y confirmándonos

en la hermosa certeza

de que la nuestra es

una VIDA ACOMPAÑADA.

 

***

 

Para esta semana:

 

                Que valoremos cordialmente hasta lo que no se ve.

 

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