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FIAIZ

RETIRO DE CUARESMA 2024

 

Retiro en Cuaresma 2024

 

SANANDO HERIDAS 

 

Al llegar la Cuaresma, la llamada a la conversión resuena en la Iglesia. Puede tener el peligro de ser algo cíclico que deriva en rutina. Pero también es posible hacerle un sitio en el itinerario del creyente. No es un mero deseo; también es una posibilidad.

Hay quien define la conversión como una “revolución del alma” (J. Baggini). Podría parecer excesivo, pero de algo de eso se trata: apuntar al corazón, a la interioridad y creer que la propuesta de modificación, de cambio, que hace el evangelio tiene que ver con uno. No es un brindis al sol, sino un dardo al propio corazón.

La concreción para la conversión que proponemos este año es SANAR HERIDAS. Cualquiera sabe que las heridas son elemento de la más concreta realidad. Están siempre ahí, con mayor o menor profundidad, con diverso grado de dolor, con repercusiones de distinto calado. Pero están ahí. Mejor encararlas que obviarlas.

Y también está comprobado que, en parte al menos, podemos ejercer con ellas una acción sanante, mitigadora, curativa. Eliminar las heridas no está en nuestra mano; sanarlas sí en la medida en que nos inclinemos a ellas, las acojamos, las cuidemos.

Comenzar la Cuaresma de este año con un planteamiento tal puede ser algo más que un anhelo. Puede ser tomarse en serio la capacidad “samaritana” de la vida y de la fe ante la evidente presencia de las heridas en nuestra vida. Pasar del deseo al trabajo con ellas; he ahí el desafío y el marco de la conversión.

 

1. Llegó con tres heridas

 

         Vamos a comenzar trayendo a colación el conocido poema de M. Hernández en su “Cancionero y romancero de ausencias”.

 

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

 

Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.

 

Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.

 

  • Nos resulta raro contemplar a Jesús con heridas (excepto las de su pasión). Pero en él está la herida del amor (Mt 23,37), la de la vida (Jn 10,10-11) y, por supuesto, la de la muerte (Jn 19,30). La piedad lo ha entendido como “varón de dolores” (siguiendo a Is 53,3). Pero, en realidad, es “varón de heridas” porque está herido de amor, del amor “más grande” del que se da a quienes se ama (Jn 15,13-17).
  • Con las tres heridas viene también la persona de hoy: la de la vida, porque la vida no se detiene a pesar de las heridas (testimonio de J. R. Amores, alcalde de La Roda: “La ELA me ha hecho mejor persona”); la del amor (Fiducia supplicans); la de la muerte (36 conflictos armados).
  • Con las tres heridas vamos cada uno de nosotros: la de la vida, porque construir buena relación no es siempre camino fácil, contiene heridas; la de la muerte, porque van apareciendo las goteras personales que apuntan en esa dirección; la del amor, porque, mal que bien, nos apoyamos y acompañamos con innegable aprecio cercano al cariño.

 

2. La luz de la Palabra

 

         Hay palabras que resumen todo el evangelio. Una de ellas es “curar”. Por eso Jesús, cuando envía a anunciar el reino envía a curar: “Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios” (Mt 10,8). Curar, en cualquiera de sus dimensiones, es evangelizar. Quien cura hace la obra de Jesús, la obra del mismo Dios (Os 6,2).

  • Jesús cura las heridas de la vida: cuando esta se ha reducido a los mayores límites (viuda de Naím: Lc 7,11-17). Y por ello, él tiene claro que lo suyo es venir “para que tengan vida y la vida sobreabunde” (Jn 10,10). Él quiere taponar las heridas por las que se va la vida hasta que llegue el mundo sin dolor, sin llanto, sin luto (Ap 21,4).
  • Jesús cura las heridas del amor: y encaja el amor que no es correspondido por egoísmo (joven rico: Mc 10,17-30) o por debilidad (Pedro: Lc 22,32). Y es curado en las mismas heridas de amor que él sufre por el rechazo familiar y que quedan enjugadas con el consuelo que le aporta su “otra familia”, la de quienes cumplen el designio (Mc 3,31-35).
  • Jesús cura las heridas de la muerte: las cura en su propia madre (“una espada truncará tus anhelos”: Lc 2,35) y en él mismo (anuncios de la pasión: Mt 16,21-23). Enfrentado a su propia muerte, buscando luz en sus propias tinieblas (transfiguración: Mc 9,2-10).

Así que se puede concluir con 1 Pe 2,25 que “sus heridas nos han curado”. La paradoja amplía el sentido. Como se dice en el himno “Oh cruz fiel”: “la gracia está en el fondo de la pena y la salud brotando de la herida”. La curación de Jesús es su evangelio; la mejor medicina para cualquier herida de la vida y de la fe.

 

3. Profundizando

 

         Vamos a intentar dar algunas pistas que nos ayuden a profundizar en el tema. Quien sabe de la profundidad, sabe de Jesús. Y el tema de las heridas, tan amargo a veces, puede ser luminoso. Dice J. L. Chretien: “la fragilidad humana, en lugar de ser lo que se debería vencer, e incluso eliminar, puede convertirse en la grieta o en la gracia que la transfigura”.

  • Las heridas nos llevan a la apertura: puede que, en algún caso, las heridas no lleven a cerrarnos, a aislarnos. Pero las experiencias de vulnerabilidad llevan aparejadas preguntas, a veces irresolubles, que interrogan sobre el sentido de la vida. Si ocurre esto, las heridas nos hacen un gran beneficio porque una persona aislada es como una realidad muerta. Las heridas no solamente abren la carne, abren, así mismo, el corazón, el alma, el sentido. 
  • Las heridas nos llevan al encuentro: porque estamos hablando de experiencias fuertes, las heridas pueden llevarnos al encuentro con el otro que ha sufrido semejante fragilidad o que, sin haberla sufrido en la propia carne, las sufre en la convivencia. Del encuentro de quien sufre similares heridas brota, con frecuencia, la luz y la compasión. Las heridas del apaleado en el camino llevan al encuentro con el samaritano. Y, cuando ese encuentro se produce, la tiranía de las heridas aminora. 
  • Las heridas nos llevan al asombro: porque al acarrear preguntas, las heridas nos abren a respuestas insospechadas. Uno ve, a toro pasado,, que tiene comportamientos que no los habría tenido como los tiene ahora después de una experiencia de fragilidad. Y así vemos el asombro de percibir que las heridas, por duras que sean, no matan la ilusión y el deseo de vivir; a  veces lo confirman y aumentan. Y aparece el asombro enorme de percibir que la herida, a veces, nos ha humanizado y ha logrado hacernos sensibles a algo que desconocíamos. 
  • Las heridas nos llevan a la humildad: no tanto a una humildad religiosa o moral, cuanto existencial. Nos ayudan a vernos en la verdadera talla de lo que somos abriéndonos a una correcta autoestima que no humilla ni ensoberbece. Eso puede ayudarnos a percibir también a los demás con una humildad (una verdad) que no adula y que tampoco menosprecia. Las heridas nos recuerdan que, aunque somos barro bendecido,del barro venimos. 
  • Las heridas nos llevan al acompañamiento:porque, al percibir que la curación de muchas heridas no está en nuestras manos, entendemos que la tarea es otra: acompañarnos y sostenernos como necesita un brazo amable que le evite tropezar, ir más abajo aún. Y todos sabemos que una herida acompañada es una herida de menor virulencia experimentando, ala vez, la posibilidad de una vida en gozo aunque las lágrimas estén ahí. 
  • Las heridas nos llevan al infinito:ya que, por muchas que sean las lágrimas, no logran impedir del todo ver la luz del sol y entender que esto frágil tiende a horizontes de plenitud irremediablemente. Aunque parezca una exageración, nuestras lágrimas nos conectan con las del Jesús (Jn 11,33) y con las del odre en que Dios las guarda (Sal 56,8). 

 

4. Nuestras heridas cercanas

 

         ¿Y cuáles nuestras heridas más cercanas, aquellas que nos urgen cada día?

  • La herida de la soledad: es, quizá, la principal herida del yo, aquella que brota de la honda dificultad para entregar el corazón. Y a ello se le añaden las dificultades de relación que provienen del carácter diverso, de la distinta visión de la sociedad, de la mirada diferente. De tal manera que, para sobrevivir, nos instalamos en la soledad. Herida profunda que va minando el alma. Herida que demanda ser acompañada con paciencia y entrega. 
  • La herida de la imposibilidad: que acompaña crecientemente a la vivencia familiar, comunitaria. Una resignación que lleva al indefectible “no hay nada que hacer”. Por ser tal, es una herida a la que no se pone remedio, porque las cosas son como son. Demanda esta herida acompañarla con la ilusión renovada y la creencia firme de que siempre pueden germinar brotes verdes en cualquiera de nuestros desiertos. 
  • La herida del aislamiento: que tanto afecta a la Iglesia. Herida que se alimenta del autismo que es la certeza de que como la sociedad no noscomprende, nuestros caminas de diversifican y termina el creyente siendo un “marciano”, un aislado en el conjunto social. Herida que se cura con diálogo, con pacto, con cercanía que no renuncia a las posibilidades de convivir con lo diverso. 
  • La herida de la exclusión: que es la que más afecta a la sociedad, polarizada, como decimos ahora. Herida que la llevan quien excluye y quien es excluido, ambos dos. Herida que necesita insistir enque la dicha se consigue mejor cuando el abrazo es amplio que cuando se le da a alguien la espalda. Herida que, si se atiende, pone al fráil en el ámbito de lo social y a quien excluye le libera de la certeza de que su eclusión social es “el pecado más grande”, del que habla el evangelio (Mt 12,21-33). 

 

5. Itinerario

 

  • 19-24 de febrero:ponemos ante Jesús nuestras dolencias más personales, nuestras soledades y silencios. Escribe cada día una herida que te acompaña. Preséntala en la oración. 
  • 26 febrero a 2 de marzo: ponemos ante Jesús las heridas fraternas de las que hacemos parte. Escribe cada día una herida fraterna y preséntala en una petición de vísperas.
  • 4-9 de marzo:ponemos ante Jesús las heridas familiares que conocemos. Las escribimos, día a día, y pedimos en Laudes por ellas.
  • 11-16 de marzo:ponemos ante Jesús las heridas eclesiales, el aislamiento, los abusos a menores, la voracidad económica. Escribimos, si hay lugar, una petición para la eucaristía diaria.
  • 18-23 de marzo: ponemos ante Jesús las heridas sociales, las exclusiones, la polarización, los agravios injustos. Ponemos esas heridas en el cartel de anuncios con el deseo de que sean heridas curada.

 

Conclusión

 

         La Cuaresma, lo sabemos, es un fuerte toque de atención a la comunidad cristiana. El tema de las heridas y su acompañamiento puede ser una concreción que nos ayuda este año a dar más hondura a nuestra vivencia cuaresmal. Jesús, el que cura y acompaña nuestras heridas, nos muestra una senda. Si escuchamos la voz, no endurezcamos el corazón (Sal 94,7).

 

 

RETIRO EN NAVIDAD 2023

Retiro en Navidad 2023

 

DIVINOS SON

QUIENES REVELAN EL MISTERIO 

 

Cuando la vida nos va colmando de años, aparece con más claridad la certeza de que hay cosas que no se ven, pero están; hay músicas que no se oyen, pero suenan; hay palabras que no se dicen, pero llegan a los labios. Es la realidad evidente del misterio, aquello otro que nos es ajeno, pero que nos compone.

Muchos humanos, antes y ahora, se han adentrado en esas aguas profundas. Muchos creyentes lo hemos intuido, a nuestra medida. Es un río ancho el que discurre hacia las fuentes del misterio. Jesús ha sido un enfrentado al misterio. Él ha hecho un enorme esfuerzo por renombrarlo, por describirlo en actitudes comunes, por sugerirlo sin pretensiones de adoctrinamiento ideológico, por vivirlo en maneras que únicamente quedan sugeridas por las páginas evangélicas. Ha situado su vida en el torbellino de lo que existe, en el tejido de circunstancias de los días, en el mundo de relaciones que son las que más marcan la senda a seguir. Y ahí ha vivido al ritmo de la fuerza de Dios, ímpetu y dinamismo de aguas escondidas. Ahí ha revelado el misterio.

Es que algo de eso es la Navidad: un tiempo para confrontarse con el misterio y un tiempo para recordar y celebrar al Jesús revelador del misterio, hombre que se ha lanzado al río del misterio y nos lo ha hecho cercano y asequible. “Oh, gran misterio y admirable sacramento”, decían los antiguos cuando celebraban la Navidad: misterio que nos lleva a Jesús y a Dios, sacramento que nos señala en la dirección de lo profundo.

Que la Navidad de este año pueda ayudarnos a celebrar con gozo el amparo del Jesús que nos revela el misterio y a vivir con alegría la certeza de que, por Él, el misterio y nuestra vida, por sencilla que sea, se mezclan. No nos apeemos de los anhelos espirituales; no dejemos de cultivar la mística, la profundidad.

 

1. Divinos son

 

         Comenzamos con poema sencillo que puede ayudarnos a captar mejor esta espiritualidad del misterio que, como el viento, no sabemos de dónde viene ni a dónde va, pero escuchamos su rumor:

 

Divinos son los dedos

que apuntan al lucero de la mañana,

porque, en realidad,

revelan el abrazo del día.

 

Divinos son los pasos

que tienden al horizonte

porque, en realidad,

revelan el país de los sueños.

 

Divinos son los brazos

que abrazan sin temor

porque, en realidad,

revelan amparos.

 

Divinos son los labios

que hablan de bienaventuranzas,

porque, en realidad,

revelan la dicha.

 

Divinos son los ojos

que miran con brillo

porque, en realidad,

revelan el alma.

 

Divinos son los corazones

que cantan en la noche

porque, en realidad,

revelan la esperanza.

 

  • Revelar a Dios en cada amanecer: porque cada amanecer es el sacramento de la vida, la certeza de que Dios hace camino con nosotros, la seguridad de que sembrar es siempre posible. Son reveladores los locutores que en la radio anuncian el día, los panaderos que sirven el pan recién hecho, los sanitarios que cogen el turno viniendo a decir que sigues acompañado en el nuevo día. Reveladores de Dios en el amanecer que es sigo de continuidad de vida.
  • Revelar a Dios en los sueños: porque el camino humano es ir en busca de sueños que unas veces se cumplen y otras no. Pero sin sueños estaríamos muertos. Revelan a Dios quienes tienen el sueño de sobrevivir, el sueño de amar, el sueño de una sociedad más igualitaria: los gobernantes que se dan al pueblo (Aníbal Vázquez), los aventureros que escalan cumbres (Edurne Pasabán), los emigrantes que cruzan desiertos (familia Valdayo).
  • Revelar a Dios amparando al débil: porque Dios encuentra un cauce en la tarea de quien ampara, de quien se convierte en apoyo para quien flaquea, de quien escucha “amantemente” las peripecias del duro vivir de los pobres. Amparar a sin techo (Alasca), a indocumentados (servicio de extranjería de Cáritas), a personas con riesgo de soledad (grupos de visita a residencias). El amparo es lenguaje revelador del Dios que ampara.
  • Revelar a Dios contribuyendo a la dicha: porque, según Jesús, Dios nos ha creado para la dicha. Contribuir a ella mediante la curación (gemelas Kadije y Cherive), alimentación (Mary’sMeals) o el trabajo (Ángel Gaitán) son maneras de revelar a Dios poniendo como cimiento el nivel de dicha posible logrado con ayuda de quien “revela” a Dios
  • Revelar a Dios con una mirada distinta: porque el tema de la mirada distinta es la puerta que puede abrir, entre otras cosas, a una valoración distinta de la realidad de Dios. La mirada desde las lágrimas de quienes están a punto de naufragar (Open Arms), la mirada de quienes encuentran ánimo tras una pérdida (grupos de duelo), la mirada de quienes encuentran refugio (para mujeres maltratadas) son miradas que desvelan al Dios que nos mira de manera amorosa y benigna (1 Cor 13,12).
  • Revelar a Dios cantando en la noche:porque, incomprensiblemente, hay quienes cantan en la más oscura noche de su vida: El proyecto CAMFED (Campaign for Femal Education) para la educación y empoderamiento de las niñas africanas ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2023.

 

2. Jesús, revelador del misterio

 

         Podríamos recoger muchos textos que nos acercan a la realidad de un Jesús revelador del misterio. Espiguemos algunos pasajes de las primeras páginas del evangelio de Juan:

 

  • «Sí, os los aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar por el Hijo del Hombre» (Jn 1,51).

 

Alude al sueño incubatorio que tuvo Esaú cuando marchaba al destierro (Gen 28,10-17) que responde a una pregunta: ¿Está Dios conmigo en este abandono o no está? Por el sueño se responde que sí está. Pues bien, con Jesús tocamos la realidad, no es un sueño. En él hemos palpado al misterio (1 Jn 1,2), en él se ha revelado palpablemente que Dios acompaña nuestra vida. Guardados por el misterio. Eso celebramos en la Navidad.

 

  • «Ya no creemos por lo que tú nos cuentas, nosotros mismos lo hemos estado oyendo y sabemos que éste es realmente el salvador del mundo. Al cabo de dos días salió de allí para Galilea» (Jn 4,42-43).

 

Rememora el pasaje el texto de Oseas 6,2: “En dos días nos volverá a la vida y al tercero nos hará resurgir”. En un breve tiempo Jesús ha abierto la puerta del misterio a los samaritanos. Basta ponerse en actitud de acogida para que lo que se escapa comience a aparecer. El tiempo de Navidad es breve pero puede ser intenso para acercarse a Jesús.

 

  • «Así, igual que el Padre levanta a los muertos dando vida, así también el Hijo da vida porque los quiere” (Jn 5,19a)».

 

El oficio de Jesús es levantar muertos para darles vida. Jesús nos da vida mostrándonos un perfil nuevo de Dios: el Dios que comparte y ampara nuestros caminos. La Navidad puede darnos vida, impulsar la búsqueda de un Dios nuevo, distinto.

 

  • «El Padre que me envió va dejando testimonio en mi favor» (Jn 5,37).

 

Jesús goza del amparo del Padre y desvela que toda criatura goza de similar amparo. Navidad es buen tiempo para cultivar la certeza de que nuestra vida está guardada por las manos de Dios.

 

  • «Trabajad no por el alimento que se acaba, sino por el alimento que dura dando vida definitiva, el que os va a dar el Hombre, pues a este, el Padre Dios lo ha marcado con su sello» (Jn 6,27).

 

Jesús está capacitado para darnos el alimento de una espiritualidad que enriquece y perdura. El Padre lo capacita y lo apoya. Navidad nos desvela que por el cauce de Jesús, nuestra vida está bien orientada.

 

  • «Yo vivo por el Padre y el que me come vivirá por mí» (Jn 6,57).

La vida de Jesús es alimento para quien bucea en el misterio. Orientarlo todo desde él no puede sino producir frutos positivos de evangelio. En Navidad cultivamos el deseo de alimentarnos de ese Jesús del evangelio que nos enamora.

 

  • «Yo no estoy solo; estamos yo y el Padre que me mandó» (Jn 7,16).

 

Jesús tiene la certeza de que el Padre está con él aunque las cosas vengan mal dadas.  En Navidad podemos ahondar en esa misma certeza hasta lograr ver con gozo que nuestra vida nunca está sola.

 

  • «Propongo exactamente lo que me ha  enseñado el Padre. Además, el que me ha enviado está conmigo; no me ha dejado solo; la prueba es que yo hago siempre lo que le agrada a él» (Jn 8,29).

 

Hacer lo que agrada al Padre, el designio de reconciliación (según Ef y Col). Navidad también es tiempo para reconciliaciones, sencillas y profundas. Una Navidad que agrade a Dios. A algo de eso hay que aspirar, aunque nos venga grande.

 

 

 

3. Reflexión espiritual

 

  • Algo que se esconde y huye:

         El discurso teológico suele hablar de Dios con contundencia, diciendo qué es y qué no es, qué quiere y qué no quiere. En realidad, habla de algo que se escapa al razonamiento humano y, cuanto más se le encasilla, menos probablemente se atina. Por eso hay quien postula el cambio mismo del vocablo “Dios”, por patriarcal y reaccionario. No hay que olvidar que los vocablos los creamos los humanos. Y, por ello, son susceptibles de cambio, siempre que tal variante deje más claro lo que queremos decir. No hay que temer tocar el vocablo “Dios”.

         Efectivamente, queremos hablar de algo que se esconde y huye. Y lo hacemos con los argumentos de una pretendida ciencia que encasilla todo en beneficio de una supuesta claridad y comprensión. Aunque las bibliotecas de teología y espiritualidad sean inmensas, eso no aumenta el conocimiento del misterio de Dios que escapa en la metáfora de un “ciervo” huidizo, según san Juan de la Cruz. Solo la mística ha caminado anhelante tras un Dios que no se deja atrapar.

         En Navidad nos situamos ante ese misterio en actitud espiritual adorante. O sea: no intentamos tanto comprender cuanto “estar”, quedarse, entrever. Queremos que percibir que eso que se nos escapa hace parte de lo nuestro, convive con nosotros, nos toca dentro. “Un no sé qué que queda balbuciendo…”, decía el místico. La Navidad es, como todo lo grande de la fe, una tarea para la mística.

 

  • Trabajos desveladores:

Podría pensarse que ir desvelando el misterio es una tarea rara, para gente especial. Nada de eso: el misterio se revela en lo cercano, en lo cotidiano, en lo relacional. Se trata, por ejemplo, de desvelar el bien que anida en los pliegues del alma de cada persona y de cada ser. Velado por mil limitaciones adheridas, se puede llegar a la falsa convicción de que el núcleo constitutivo de las cosas es el mal. Esto es un error: lo que existe tiende al bien, aunque haya de librar una batalla larga y penosa para sacar ese bien del magma del mal. Enorme y deseada pretensión.

         Otro trabajo revelatorio es ahondar en la capacidad de fraternidad social que anida en el ser humano e, incluso, la tendencia a una especie de hermandad cósmica que mueve a todos los seres. Empuja a luchar a brazo partido contra la siembra de prejuicios que llega a producir la desastrosa cosecha de certezas inamovibles que denigran a la persona. Anima a acoger-proteger-promover-integrar al distinto creyendo que la orientación a la fraternidad es primigenia. Quiere hacer ver que el futuro de lo humano pasa por la “gran batalla” de la fraternidad cívica.

         Además, el misterio se desvela en la certeza de la interdependencia de los seres. La autorreferencialidad puede llevar a pensar que uno es más creyéndose autosuficiente. Esta falsa conclusión está muchas veces alimentada por estereotipos consagrados por el rechazo social. Quiere el evangelio remover esa pesada losa para que la vida no quede sofocada por la toxicidad de un aislamiento que lleva a chocar con el muro del sinsentido.

         Es posible que todo esto nos diga poco,  que no haga vibrar nuestro interior. Pero de algo de eso se trata cuando vivimos la Navidad un poco despegados del ruido y del folclore externo navideño. Se necesita otra mirada sobre todo esto. ¿Estamos dispuestos a lanzarnos por estos caminos? ¿Lo podremos hacer si seguimos e n los de siempre?

 

  • El Dios revelado por Jesús:

Nuestra mirada a Jesús percibe sus trabajos por revelar un nuevo perfil de Dios como condición necesaria para acoger su propuesta de vida nueva. Efectivamente, sus esfuerzos han querido revelar, desvelar, rasgar los velos, prejuicios, tópicos consagrados, encubrimientos interesados, temores infundados, ideas esclerotizadas, con los que se ha envuelto y ocultado el perfil de Dios. Y ha logrado hacerlo en maneras de comportamiento pegadas a la vida como, por ejemplo, comiendo con pecadores. Dice J. A. Pagola: «Lo que más escandaliza de Jesús no es verle en compañía de gente pecadora, sino observar que se sienta con ellos a la mesa. Estas comidas con “pecadores” son uno de los rasgos más sorprendentes y originales de Jesús, quizá el que más le diferencia de todos sus contemporáneos y de todos los profetas y rabinos del pasado». Estos trabajos de desvelamiento constituyen su conciencia-para-nosotros, su saberse llamado a lo nuestro. Somos nosotros quienes lo percibimos así: revelador, desvelador.

         Por eso mismo, los cristianos no creemos en Dios en general, sino en la manera precisa del Dios revelado por Jesús. Viendo los comportamientos cotidianos de Jesús deducimos el perfil de su Dios: Jesús acoge a pecadores, el Dios de Jesús acoge a pecadores; Jesús elogia la generosidad, el Dios de Jesús es generoso; Jesús ofrece segundas oportunidades, el Dios de Jesús abre la posibilidad de una nueva oportunidad; Jesús sueña con el fin de las penas de los pobres, el Dios parcial de Jesús empuja en la dirección del señorío de los pobres. Y así sucesivamente. En esta traslación de las actitudes de Jesús al perfil de Dios se palpa el carácter revelador de la persona de Jesús.

 

  • Hacer asequible el misterio:

Hablar de todo esto nos parece que es hablar de lejanías. ¿Cómo hace más asequible el misterio?¿Cómo poner una realidad de enormes lejanías al alcance de la mano sin, por ello, limitarlo ni empequeñecerlo? Jesús no rebajó el misterio cuando hizo comparaciones cotidianas, cuando lo situó en los caminos comunes, cuando lo tradujo a un idioma comprensible para cualquiera. Acercar la realidad humana al misterio fue la manera de mostrar que tal realidad incluía la vida en sus modos más elementales, que no había obstáculo que se interpusiera entre el misterio y lo humano.

         Más aún, Jesús desveló algo inusitado y de difícil comprensión para la persona religiosa: que el misterio estaba a nuestro servicio y no al revés, que todas las grandezas del misterio se ponían a los pies de la persona y que ese era su sentido, servir a lo que existe. En sus propios afanes, Jesús desveló los increíbles trabajos del misterio a favor de lo que vive. Solamente desde los torbellinos del amor, desde lo sorprendente de alguien que ama, podrían entenderse estas sendas extrañas.

         Y todo esto se hizo sin apartarse del camino de la sencillez. Una sencillez que ahonda, que rumia en lo interior, que no se queda en la cáscara, ya que si no aboca a la pura magia. De esta manera la vida de los humildes se hizo más llevadera porque, contra toda apariencia, les hizo percibir que aspirar a la dicha desde la pobreza no era una quimera. El misterio servía a la justicia.

         Navidad puede ser un buen tiempo para animarse a vivir el misterio en modos asequibles. No es cosa arcana e intrincada. Quizá sea cuestión, sencillamente, de sembrar el bien. En el libro del Eclesiastés se dice: “Siembra el bien por la mañana y por la tarde, porque no sabes cuál de las dos siembras fructificará; quizá las dos” (Ecl 11,6). Siembra concordia, siembra escucha, siembra disfrute sencillo. ¿No pueden ser estos caminos “navideños de acercamiento al misterio?

 

  • Rasgar velos que ocultan el misterio:

El acceso al “misterio abrupto” de la Navidad no es fácil. No se acerca uno a él por vía de una vivencia superficial y consumista, Es preciso poner más carne en el asador. Quizá se pueda decir que hay que hacer un trabajo de “rasgar velos” porque hemos oscurecido del misterio envolviéndolo en cuestiones que no son el misterio, pero que lo entorpecen. Habrá que cuestionar todas las estratagemas que usamos para ocultar, para entorpecer, para confundir, para oscurecer y poner en juego mecanismos de claridad, de iluminación, de verdad.

Navidad es un misterio de luz que se vive en la luz. Pide que la tiniebla ocupe el menor espacio posible. Pide esfuerzos de  sinceridad, reconocimiento del propio error, lejanía del engaño. ¿Cómo vamos a acercarnos a la luz sin intentar abandonar la zona de sombras? La Navidad nos invita acercarnos desnudamente a la luz desnuda, con la mano tendida a los brazos de Dios que se nos tienden, con un corazón sin recovecos ocultos ante un Dios que ofrece totalmente su ancho corazón.

 

4. Navidad: tiempo de luz

 

  • Tiempo de contemplación ahondada:

Nuestro día a día, tan ajetreado, necesita, de vez en cuando, espacios de respiro, de sosiego, de contemplación. Navidad es un tiempo óptimo para ello: el recogimiento del invierno, la vuelta al espacio familiar, la oración más sosegada, son elementos que ayudan a la contemplación. Aprovechar la Navidad para ahondar en el gozo de la fe es  una posibilidad a la mano.

 

  • Tiempo de experiencias de dentro:

Porque la vida nos lleva a vivir muy en lo de fuera, en la superficie, en lo externo. Navidad es tiempo bueno para hacerse preguntas de calado en el sosiego de la reflexión o de la oración: ¿qué voy haciendo con mi vida? ¿Qué voy dejando de bueno por los lugares por los que paso? ¿Cómo voy entrando, a mi edad, en el secreto del misterio de Dios? ¿Qué vigor real tiene mi seguimiento a Jesús? No nos desalentemos por la amplitud de estas cuestiones Preguntémonos con paz.

 

  • Tiempo de siembra de fraternidad:

Nos cuesta sembrar el bien. Para nosotros, el campo principal de siembra es la fraternidad. Renovemos en Navidad nuestra decisión de sembrar el bien en la comunidad. Este es el rostro principal del misterio que nosotros hemos de desvelar y contemplar.

 

  • Tiempo de gozos simples:

Porque no se puede desvelar el misterio de Dios en la historia sin gozo, sin alegría, sin disfrute. Nosotros vivimos esto en los gozos simples de la vida fraterna, en las alegrías cotidianas de la gente sencilla. Porque el gozo no está en la cantidad, sino en la vivencia del corazón. Demos hondura en Navidad a nuestros gozos sencillos. No nos quedemos en lo meramente exterior. Sepamos leer el brillo del misterio en los ojos de nuestros hermanos/as.

 

  • Tiempo de vida que brota:

Parece que en invierno la vida se retrae, se vuelve sobre sí misma, se encoge. Pero no, crece por dentro para luego explotar por fuera. Si tenemos oportunidad, miremos los campos de trigo o cebada: las hierbitas del grano recién nacido van pintando de verde la tierra. Brota la vida, imparable, nueva. Así es el misterio que revela Jesús: persistente como la llamada del amor, tenaz como quien acompaña fielmente, amigo como quien sostiene con generosidad.

 

5. Itinerario

  • 24-26: contempla las manos de quien apunta a la luz.
  • 27-29: contempla los pasos que llevan a los sueños.
  • 30-1: contempla los brazos que amparan y sostienen.
  • 2-3: contempla los labios que hablan palabras de gozo.
  • 4-5: contempla el brillo de los ojos que llevan a Dios.
  • 6-7: contempla los corazones que suscitan esperanza.

 

6. Conclusión

No dejemos pasar la oportunidad que es la Navidad. Dejémonos envolver por el fascinante misterio que Jesús revela con su vida. Es la mano tendida del Padre que nos acompaña. Apoyémonos en la comunidad para andar estos caminos. Y, con seguridad, la Navidad será un tiempo de gracia y de crecimiento espiritual.

RETIRO ADVIENTO 2023

COMO LA NIEBLA QUE SE FILTRA

BAJO LA PUERTA CERRADA 

 

 

Hay una frase en la LS’ 112 que suele pasar desapercibida pero que es  honda y poética a la vez: «La auténtica humanidad, que invita a una nueva síntesis, parece habitar en medio de la civilización tecnológica, casi imperceptiblemente, como la niebla que se filtra bajo la puerta cerrada. ¿Será una promesa permanente, a pesar de todo, brotando como una empecinada resistencia de lo auténtico?».

Según el texto, “la auténtica humanidad habita en medio de la civilización tecnológica”. Esto sale al paso de los negacionistas de la bondad, de los detractores del buenismo al que consideran algo banal empeñados en censurar el mal del que no creen hacer parte, de los obsesionados por el pecado al que quieren hacerlo eje del mundo y de la fe. No, la humanidad habita en el fondo de nuestra civilización. Quizá sea el Adviento, tiempo de esperanza, un marco adecuado para recuperar esa certeza si es que se halla velada o para potenciarla si es ya un logro.

La presencia de esa nueva humanidad en el fondo de la realidad es, muchas veces, “imperceptible”. Porque se demandan realidades de bulto, que pesen, que se puedan tocar. Si no, como si fueran inexistentes. La espiritualidad habría de ayudarnos a intuir lo imperceptible, a tocar lo que parece intocable, a escuchar la música más sutil. Hay quien se ampara en una espiritualidad tosca, normativa, legalista, tocable siempre, pero se pierde eso imperceptible que late dentro, los “gemidos inefables” de los que hablaba san Pablo (Rom 8,26). Adviento podría ser un tiempo propicio para tocar lo imperceptible, para “entrever” la realidad de una historia con Dios dentro (Jn 3,3).

Y LS’ nos da esa hermosa imagen: “como la niebla que se filtra bajo la puerta cerrada”. La puerta cerrada bloquea el paso, es un muro de oposición, el empecinamiento de quien piensa que la identidad sale fortalecida del aislamiento, cuando es al revés. Pero aun así, la humanidad, terca, se filtra por la rendija de debajo de la puerta y su  aroma se expande por la casa, como el nardo aquel de Betania  (Jn 12,3). Con una grieta le es suficiente a la vida para florecer. Es la “empecinada resistencia” del bien que se vierte en la vida, aunque no sepamos cual es su fuente y origen,

Adviento es tiempo propicio para creer en la “promesa permanente” de que lo humano, el bien, está ahí, muchas veces sojuzgado por el mal, muchas veces desterrado por los apóstoles de la infelicidad. Lo “auténtico” sigue haciendo parte del caudal de la vida.

Conectamos así con lo más propio del Adviento: alimentar la esperanza, leer los signos de los tiempos desde la perspectiva de la esperanza. Y, como dice el final de la LS’ (244): «Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza». Tras ese gozo que eclosiona en la Navidad van los caminos del Aviento.

 

1. Atenerse a la esperanza

 

Yo me atengo a lo dicho:
La justicia,
a pesar de la ley y la costumbre,
a pesar del dinero y la limosna.
 
La humildad,
para ser yo verdadero.
 
La libertad,
para ser persona.
 
Y la pobreza,
para ser libre.
 
La fe cristiana,
para andar de noche,
y, sobre todo, para andar de día.
 
Y, en todo caso, hermanos,
yo me atengo a lo dicho:
¡LA ESPERANZA!

 

  • La justicia es el valor básico sobre el que se asienta la esperanza. Sin ella sería una vaciedad, una ensoñación. Por ello, cuando se piensa en la esperanza hay que estar dispuesto a someterse al examen de la justicia. Anhelar la esperanza sin vibrar por la justicia es una contradicción.
  • La esperanza va siempre hermanada con la humildad. Una esperanza ensoberbecida es una esperanza desaparecida. La desesperanza es hermana de la soberbia, de la mirada altiva, de la equivocada senda de quien se sitúa por encima del otro. 
  • Pretender la esperanza es imposible sin libertad. La opresión es el rostro de quien ha perdido la esperanza, su lenguaje cotidiano. Decir que no hay esperanza no es solo lenguaje del desalentado, sino también de los que roban la esperanza.
  • Y esa libertad es impensable sin pobreza, sin la austeridad que va poniendo el acento en cosas simples y cada vez más elementales. La sobriedad y la austeridad encuentran eco en la persona que hace de la esperanza la casa que quiere habitar.
  • Puede que se piense que hablamos un lenguaje meramente humano. Pero, precisamente por serlo, es lenguaje de fe. Porque la casa de la fe y de la esperanza es la misma y una fe sin esperanza es una fe ideológica, muerta.
  • Y como síntesis de todo valor humano y creyente: la esperanza. No es solo lo último que se pierde, sino lo primero que se necesita. Porque sin ella todo se ensombrece, todo entra en la grisura.

 

  1. 2.    La luz de la Palabra: Qoh 11,6

 

         «De mañana siembra tu semilla con esperanza y a la tarde no cruces los brazos, pues no sabes cuál de las dos siembras resultará o si las dos tendrán éxito».

  • Sembrar con esperanza es poner la confianza en el valor de la semilla, no tanto en las labores que se hagan con ella. Para recuperar la esperanza  cristiana se requiere renovar la fe en el poder germinativo de la Palabra en la historia.
  • La constancia en la siembra de la esperanza no es cabezonería ciega, sino la percepción de quien ve el fondo bueno de la persona y cree en él. La Palabra puede dar esa nueva perspectiva que se necesita para lograr que la esperanza no sucumba al embate de los días.
  • El resultado de la siembra de la esperanza no tiene un ciclo previsible. Brota cuando brota, no cuando se quiere que brote. Hay que despojarse de anhelos egoístas que llevan a la frustración y a la desesperanza.
  • La siembra de la esperanza en la comunidad parte de la certeza de que el cambio es posible. Empecinarse en la imposibilidad del cambio bloquea cualquier camino de esperanza.

 

  1. 3.    Lectura de los signos de los tiempos

 

El Vat.II animó a los creyentes a leer los “signos de los tiempos” (GS 4): «es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas». Aunque ya casi nadie habla de ello, no hemos de echar en olvido esta espiritualidad que ha aportado tantos beneficios a la fe.

Si leer los signos de los tiempos positivos requiere un esfuerzo, muchos más lo demandan los signos de los tiempos negativos. Pero son justamente ellos los que piden una lectura desde la perspectiva de la esperanza. La luz de la Palabra se hace aquí imprescindible.

 

1. Las guerras que asuelan al mundo

 

“De las espadas forjarán arados,

de las lanzas, podaderas.

no alzará la espada

pueblo contra pueblo,

o se adiestrarán

para la guerra” (Is 2,4).

 

     He aquí los versos que el Adviento recuerda cada año y que pertenecen al segundo canto del libro de Isaías. Los conocemos de memoria. Son profecía atípica en el contexto social del antiguo Israel y en el nuestro, contextos ambos siempre sumidos en guerras. Es verdad que están envueltos en nacionalismo, el del antiguo Israel, pero, al fin y cabo, cuando se sueña el día de la plenitud histórica se le sueña como día de paz. Adviento mantiene ese sueño en el horizonte.

Pero el signo de los tiempos que es la guerra sigue siendo cercano y elocuente, no solamente en los conflictos de Ucrania e Israel que nos tocan más de cerca y en los algo más lejanos de Siria, Afganistán, Irak, Yemen, etc. Y en las guerras olvidadas, los más de 50 conflictos armados que asuelan el planeta. El día que soñó Isaías queda, aún, bien lejos, inalcanzable.

Pero en el fragor de la batalla suenan voces de paz. Voces como las de Baremboin, el músico, Edith Bruck, escritora y superviviente del holocausto, David Grosman, escritor judío, A. Ayalón, exjefe militar de Israel, etc. Las voces de la  diplomacia que piden contención. Las voces de quienes piden distinguir entre una población desvalida y un grupo terrorista violento. En medio del torbellino, se anhela la paz, en el naufragio se habla de derechos humanos.

La profecía de las podaderas avanza lentamente y demanda, en nosotros, el cultivo del anhelo de la paz y de la certeza que Francisco de Asís pedía a sus hermanos para quien osara predicar la paz: “Que la paz que predicáis habite primeramente en vuestro interior”. ¿Cómo vamos a hablar de paz si las sombras de la violencia campan en nuestro corazón?  ¿Cómo no desear en este Adviento de 2023 la lejana paz? ¿Cómo no empatizar con las lágrimas, los gritos y las heridas de quienes viven bajo las bombas?

 

2. La fragilidad de la Iglesia

 

“Tú eres petros

y sobre esta piedra

edificaré mi comunidad

y el poder de la muerte

no la derrotará” (Mt 16,13-20).

 

         La conocida confesión de Pedro en Cesarea de Filipo se ha interpretado como la inamovible presencia de la Iglesia demostrada con dos milenios de existencia. El texto mateano dice, más bien, lo contrario: Cefas es un “petros”, un guijarro del camino, una piedra dura, terca y molesta, que no sirve ni para cimiento (la piedra desechada que dice el Sal 118,22). Sobre esa fragilidad (que somos nosotros) se construye la comunidad de Jesús. Y si no se hunde será porque Jesús la sostiene, no por la fortaleza del cimiento.

         ¡Cómo estamos palpando esta fragilidad, delictiva incluso, en el tema de los abusos a menores dentro de la Iglesia! Muchos cristianos y clérigos de distinto nivel no quieren ver esto porque es muy amargo. La supuesta autoridad moral de la Iglesia queda hecha añicos. No es paliativo el hecho empírico de que tal lacra afecta solamente a un 4% de los clérigos del mundo. Duele igual e implica a todos los cristianos, aunque uno no sea un delincuente y le repugne el tema. ¿Cómo encontrar caminos de esperanza en medio de esta hecatombe? ¿Cómo dar crédito a aquella esperanzadora profecía de Jesús en Cesarea de Filipo?

         Hay esperanza porque se está saneando un comportamiento delictivo por el duro camino no solamente del reconocimiento, sino de la restauración y del amparo a las víctimas. Se sanea la soberbia eclesiástica que ha manejado el poder, a veces, en modos inhumanos que nada tenían que ver con el evangelio. Hay esperanza de que esto se frene, si no por criterios de humanidad evangélica, al menos por temor a la justicia. Es duro, sin paliativos, y la Iglesia que ha de nacer de estas ruinas ha de ser, sin duda, otra. Es la esperanza que pasa por la enorme derrota del mal, la esperanza que nos hace recoger los restos de la nave desarbolada y tratar de seguir con humildad al Maestro poniéndonos, otra vez, al servicio de los frágiles.

 

  1. 3.    El impacto del cambio climático

 

“Cuando oyeron la voz del Señor Dios

que se paseaba por el jardín a la hora de brisa,

Adán y su mujer se escondieron

de la vista del Señor Dios

ntre los árboles del jardín”(Gén 3,19).

 

         Este texto es una pincelada colorida del yavista: Dios va dando voces por el jardín (cantando quizá) y se pasea al freso de la tarde. Es una manera mítica de decir que lo creado está llamado a ser lugar de delicias para el mismo Dios en compañía de la persona, Eso que imagina el escritor avanza lentamente en el proceso histórico porque el paraíso no está al principio, sino al final.

         El Papa ha escrito una exhortación apostólica (Laudate Dominum) sobre el impacto del cambio climático y cuestiona las posturas de quienes se burlan, ridiculizan, no les importan, acusan de ello a los pobres y no tienen en cuenta los riesgos, ya casi irreversibles, a los que se somete al planeta. Por otra parte, afirma taxativamente que «sabemos que fe auténtica no solamente da fuerzas al corazón humano, sino que transforma la vida entera, transfigura los propios objetivos, ilumina la relación con los demás y los lazos con todo lo creado» (61).

         Para que el Adviento contribuya a ser signo de esperanza aumentando nuestra sensibilidad en torno al tema del cambio climático hay que cultivar la mística de que somos familia universal, de que todo esto tiene que ver con la dignidad personal, que no cambiaremos la vida si no cambiamos nosotros un poco de vida. Es el trabajo por la adquisición de una nueva cultura «para gestar grandes procesos de transformación que operan desde las profundidades de la sociedad» (71).

         Es fácil que todo esto nos suene lejos, que no nos haga vibrar. Es cuestión de irlo trabajando, de mirarlo muchas veces. La esperanza, para el planeta y para nosotros mismos, no se genera en un solo día. Se trata de procesos larguísimos, de construcciones de siglos. Se necesita una maduración de las formas de vida. Para pensarlo y para dar pasos sencillos y asequibles en esa dirección (reducir, reutilizar, reparar, restaurar, rediseñar, reciclar, recuperar, etc.). La espiritualidad de la esperanza cobra otro sentido cuando se la inscribe en el tema del medio ambiente. Porque hay caminos que se abren.

 

  1. 4.    Mirar a través de las lágrimas de los pobres

 

         «Me puse a considerar la peor de las opresiones perpetradas bajo el sol: vi llorar a los pobres sin que nadie los consolase; la violencia de los opresores, sin que nadie les detuviese» (Qoh 4,1).

La peor de las opresiones es la violencia y el menosprecio con los pobres, la génesis inhumana de situaciones  establecidas de pobreza, la división del mundo entre los que cuentan y los que no cuentan. Es muy difícil entender que las pobrezas son el lado más inhumano de la historia cuando no se pertenece a ese mundo, cuando se está lejos de las garras que destrozan y de las hambres que devoran. Dos absolutos: Dios y el hambre, decía Casaldáliga. Ni siquiera el primero; sólo el segundo. Las lágrimas de los pobres que nadie recoge, que no importan a nadie, que se pierden en el mayor de los olvidos. Dios las recoge (Sal 56,8). Hacer llorar a un pobre es una iniquidad. Esa opresión se “perpetra”, igual que un crimen. De alguna manera,  es preciso generar consuelo, interés, preocupación. La violencia que nadie detiene. Pero, en realidad, hay muchos  que se oponen tenazmente a la violencia con riesgo de sus vidas (obispo Rolando Álvarez). Sin esa oposición, la violencia habría destruido ya la tierra. La violencia contra los pobres supera la impunidad en la resistencia de los pacíficos. El silencio en el que discurren las lágrimas de los empobrecidos, se hace, algunas veces, clamor elocuente.

         El Adviento puede ser instancia de esperanza cuando nos animamos a mirar no solamente las lágrimas de los pobre sino a ver la vida a través de esas lágrimas. Aunque eso nos lleve a un lío, no habríamos de endurecer el corazón únicamente con las perspectiva de una caridad organizada. Hay aspectos de la vida que se pueden practicar sin que tenga que llegarse siempre a la cuestión del dinero. ¿Cómo mirar la ciudad desde los frágiles? ¿Cómo enfocar la vida fraterna desde ese ángulo? ¿Cómo recuperar la paz cuando las pobrezas nos han alterado (que no está nada mal)? ¿Cómo podemos hablar de un Adviento de esperanza si, de alguna manera, eso no toca la vida de los frágiles?

 

  1. 5.    Los inesperados hermanos

 

«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua» (Hech 2,7-11). 

Son “inesperados” (aunque los “llame” nuestra necesidad y la suya). Por eso los recibe la guardia civil en nuestras costas. Son inesperados y para muchos indeseados. Son “partos, medos, elamitas”, etc. Pero sobre ellos de derrama el Espíritu de Jesús. Sobre ellos habría de derramarse la empatía, la compasión, el amparo, la esperanza. Queda mucho camino por hacer hasta ver que los grandes flujos migratorios son, además de un problema administrativo, una oportunidad de humanidad.

¿Cómo llegar a entender la diversidad social como una posibilidad? Las sociedades de hoy son multiétnicas, multirreligiosas, multiculturales. Y eso es una riqueza, no una amenaza. Al igual que una orquesta con músicos de todo el mundo, necesitan practicar para tocar en armonía: lo mismo ocurre con la sociedad. La diversidad requiere inversión social, cultural, política, religiosa; a veces inversión en cohesión social; para asegurarse de que en una sociedad diversa, cada comunidad ha de sentir que se respeta su identidad, como la identidad del violinista debe ser respetada, junto con cada instrumentista.

¿Cómo ser mediación de esperanza en el ámbito de la diversidad social? El Papa Francisco marca un itinerario:

  • Acoger: comenzar por abrir puertas y corazones. Tratar de ponerse en la situación de quien emigra, comprendiendo sus sueños, compartiendo sus penalidades.
  • Discernir: tratar de entender las motivaciones de quienes piensan, siente y viven en otros parámetros culturales que los nuestros. Todas las visiones del mundo pueden ser compatibles.
  • Acompañar: ser brazo en el que se apoye quien está más desvalido ante la administración, las instancias culturales o sanitarias.
  • Integrar: no pedir la renuncia a la propia identidad, sino insistir en el sueño de compatibilidad social que hace de una sociedad plural una realidad en la que caben todos.

 

  1. 6.    ¿Quién eres tú que ahora llegas?

 

«Viéndolo Jesús echado y notando que llevaba mucho tiempo, le dijo: ¿Quieres ponerte sano?» (Jn 5,6).

Hay como una idea oculta en el EvJn: Jesús se hace presente cuando han fallado todos los mecanismos religiosos, cuando no se le espera. En los márgenes, en la imposibilidad, en la penumbra, entonces aparece él, entonces se hace la propuesta del seguimiento.

Quizá eso puede dar esperanza a la vida religiosa en esta hora de formidable reducción. Lo que se vive como desolación, desaparición, acabamiento quizá pueda verse con una cierta esperanza, aquella que está al otro lado de nuestros proyectos, nuestros números y nuestro insaciable deseo de pervivencia.

«¿Quién eres tú que ahora llegas cuando todo parece terminar?». Este verso de José A. Valente podría iluminarnos. Todo parece terminar. Pero, en realidad, las promesas que se nos hicieron y las que nosotros hicimos siguen en pie. La vida fraterna puede estar bien viva en este momento de incertidumbre si la alimenta la esperanza confiada. No sabemos adónde vamos, pero Jesús sigue sosteniendo los anhelos de la fe, más que nunca. Confiemos en quien decimos confiar.

 

  1. 4.    Abrir paso a la esperanza

 

Quizá la esperanza no se abra paso ella sola. Tal vez haya que “forzarla” un poco para que pueda ser, como decía Labordeta.

 

a)   Pensar con esperanza:

 

Sanear la mente y el corazón, liberarlos de la grisura en la que a veces nos movemos, despejar las nieblas de un pesimismo tóxico que nos pega al alma. No se trata de ser un ingenuo que no ve las dificultades, sino de situar la vida más en los intentos, en los anhelos, en el sol que brilla al otro lado de la niebla que en la niebla misma. Pensamientos esperanzados como tierra de esperanza que acoja semillas de gozo y no de pesadumbre.

 

b)   Hablar con esperanza:

 

Porque mucho de la esperanza, como mucho de la vida, se juega en nuestras palabras. Si son palabras negativizadoras, la cosecha es el desaliento. Si son palabras de esperanza, la cosecha es el ánimo. No están negadas las palabras esperanzadas con el realismo y la cordura. Pero no se dejan envolver, como un tela de araña, por la amargura que destilan las palabras que brotan de la decepción y del fastidio.

 

c)    Orar con esperanza:

 

Sabiendo que la oración no es solución, sino empuje, aliento y dinamismo. Orar como quien otea un día de esperanza, orar como centinelas que aguardan el primer rayo del sol, orar como vislumbra la presencia de Jesús en la vida. Orar con la tenacidad de quien encuentra en la Palabra las perspectivas nuevas que le van sosteniendo en la vida y que le descubren nuevos caminos cotidianos. Una oración enmacetada en la esperanza, no un mero acto de piedad.

 

d)   Construir espacios sociales esperanzados:

 

Contribuir, de la forma que sea, a que la vida de los frágiles, tan propensa a la desesperanza, tenga un horizonte más abierto. Controlar nuestro sentido exclusor y dar cancha a la acogida del distinto, incluso en el ámbito religioso. Ser fieles y tenaces en el ideal de hacer propio el sufrimiento ajeno.

 

  1. 5.    Conclusión

 

Todos lo sabemos: el Adviento es tiempo fuerte para renovar el dinamismo de la esperanza. ¿Cómo de manera más intensa y más deseada? ¿Cómo situarse cada vez más en el lado de quien espera? ¿Hay que ceder a la sensación de quien asevera que ya no esperamos nada? Celebrar la Navidad sin esperanza sería celebrarlaç de manera muerta. Para  hacerlo de manera viva hay que volver la mirada a Jesús, nuestra esperanza viva. Que el Señor nos conceda la mística de la esperanza.

 

TRÁNSITO 2023

EL VASO PRECIOSO

Celebración del Tránsito de san Francisco

3 de octubre de 2023

 

Monición de entrada

 

         Como cada año, el 3 de octubre, víspera de la celebración de la fiesta de san Francisco, la familia franciscana se reúne para recordar el momento, decisivo y entrañable, de la muerte de san Francisco, de su tránsito al encuentro final con Jesús, al que siempre amó. Así lo hacemos nosotros esta tarde con toda devoción y alegría. Es una manera más de decir que seguimos teniendo al hermano Francisco en nuestro corazón y en nuestros caminos. Comenzamos cantando:

 

Canto

 

Alabado seas, mi Señor,
alabado seas, mi Señor.
El sol y las estrellas
proclaman tu grandeza,
las flores y la luna
nos cantan tu poder;
Las flores y la luna
nos cantan tu poder;

ALABADO SEAS, MI SEÑOR,
ALABADO SEAS, MI SEÑOR.
CANTANDO EL UNIVERSO
TE OFRECE SU HERMOSURA,
PUES TODA CRIATURA
ES CÁNTICO DE AMOR;
PUES TODA CRIATURA
ES CÁNTICO DE AMOR.

 

Oración

 

         Al contemplar, Señor, esta tarde la muerte del hermano Francisco danos la gracia de seguir a Jesús con el mismo anhelo que anidó en su corazón. Te lo pedimos por JCNS. Amén.

 

Lectura de 3 Cel 39

 

Deshecha en lágrimas  Jacoba, el vicario del Santo la hace entrar discretamente y, puesto en brazos de ella el cadáver de su amigo, le dice: "Helo aquí; ten después de su muerte al que has amado en vida". Con llanto más pronunciado aún y con lágrimas más ardientes, Jacoba lo abraza y besa entre sollozos y voces de lástima; levanta el paño que lo cubre para verlo, y contempla el vaso precioso en que se había escondido el precioso tesoro, y lo contempla enriquecido con cinco perlas; considera las cinceladas, que sólo la mano del Todopoderoso había verificado para asombro del mundo, y, no obstante la muerte del amigo, se siente envuelta en gozo desacostumbrado. Decide luego que no hay que disimular ni esconder por más tiempo el inaudito prodigio, sino ponerlo resueltamente a la vista de todos. Corren todos a porfía para admirar este espectáculo, y, llenos de estupor, comprueban y admiran que es verdad que Dios no hizo tal a nación alguna.

 

Reflexión: Sanador Herido

 

Hermano Francisco:

         Mucho se ha dicho y escrito sobre ti. Aún seguimos hablando y recordándote cada día. Fuiste, de verdad, una persona excepcional, un hermano querido, una luz entre la niebla, como dijo alguien. No nos cansamos de evocarte porque nos iluminas.

         Se han dicho cosas magníficas de ti, pero no se ha hablado demasiado de tus heridas, las que la vida te fue trayendo. Pensaron, quizá, que era rebajarte cuando, en realidad, tus heridas son tu corona, lo más vivo de ti.

         Tu herida profundísima del principio fue la guerra con Perusa. Quizá aún recuerdes el ruido sordo de la espada que manejabas entrando en el vientre de tu adversario. Perdiste esa guerra y, tras un año de prisión, volviste a Asís. Nunca serías el mismo. Aquella herida no se cerró nunca del todo.

         Y en los días iniciales fue una herida de hondo dolor el conflicto con tu padre. Os amabais, os amasteis siempre. Pero el evangelio te llevó a decirle: “Tengo otro Padre”. ¡Una puñalada en el corazón! Cuentan que acudiste a su lecho de muerte y que te recibió con una sonrisa. No lo sabemos.

         Y también fue una herida abierta la situación de la Iglesia. Para ti era algo querido, vivo, fraterno. Por eso, su desvarío y su ruina te pesaban, aunque no hubiera en tu actitud ni un atisbo de juicio.

         Tu sabiduría de pobre fue despreciada por los fieros guerreros de las cruzadas, aunque las muertes se contaran a millares. Fuiste, pacífico, al escenario de la violencia. Muchos piensan que aquello no sirvió para nada. ¿No sirvió para nada cuando el Papa Francisco y el gran imán Ahamad Al-Tayyeb firmaron su documento sobre “Fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común”?

         La herida del sentido que se aloja en los pliegues del alma también te tocó. Hubo momentos en que parecía que querías echar la vista atrás y quitar la mano del arado. Entonces Clara, la valiente, fue tu gran apoyo, ella que no dudó ni un instante del camino que tú mismo habías marcado. Acogió tu herida sin hacer demasiadas preguntas.

         Y luego estuvo la peor de todas tus heridas: la herida de la fraternidad que tanto te hizo sufrir, sobre todo al final. Creías que todo se venía abajo, que el evangelio había sido una ilusión vacía. ¡Cómo te agarraste a la cruz! Volviste otro de aquel durísimo retiro del Alvernia. El sosiego había llegado a tu corazón y aunque la fuente de tus heridas seguía manando, la paz las envolvía con su abrazo.

         ¿Entiendes ahora por qué nos parece que tus heridas nos curan? Nos alejan de la violencia, nos descubren el amanecer del evangelio, dulcifican nuestra mirada a la Iglesia, nos orientan cuando el sin sentido roe el alma y, sobre todo, nos siguen mostrando que la fraternidad es nuestro tesoro.

         Gracias, hermano Francisco, por tus heridas. Nos curan, nos alientan, nos sostienen.

 

 

Oramos juntos (Oficio de la Pasión 6)

 

Oh todos vosotros los que pasáis por el camino, atended y ved si hay dolor como mi dolor.

Porque me rodearon perros innumerables, me asedió el consejo de los malvados.

Ellos me miraron y contemplaron, se repartieron mis vestidos y echaron a suerte mi túnica.

Taladraron mis manos y mis pies, y contaron todos mis huesos.

Abrieron su boca contra mí, como león que apresa y ruge.


Estoy derramado como el agua, y todos mis huesos están dislocados.

Y mi corazón se ha vuelto como cera que se derrite en medio de mis entrañas.

Se secó mi vigor como una teja, y mi lengua se me pegó al paladar.

Y me dieron hiel para mi comida, y en mi sed me dieron vinagre.

Y me llevaron al polvo de la muerte y aumentaron el dolor de mis llagas.

Yo dormí y me levanté y mi Padre santísimo me recibió con gloria.

Padre santo, sostuviste mi mano derecha y me guiaste según tu voluntad y me recibiste con gloria.

Pues, ¿qué hay para mí en el cielo? y fuera de ti, ¿qué he querido sobre la tierra?

Mirad, mirad, porque yo soy Dios, dice el Señor; seré ensalzado entre las gentes y seré ensalzado en la tierra.

15Bendito el Señor Dios de Israel, que redimió las almas de sus siervos con su propia santísima sangre y no abandonará a ninguno de los que esperan en él.

Y sabemos que viene, que vendrá a juzgar la justicia.

 

Gloria al Padre…

 

Signo

 

         (Se enciende un cirio y se pone en la pequeña repisa ante el gran dibujo del altar a la izquierda…Mientras se canta)

 

Canto

 

ROSAS DE SANGRE HAN FLORECIDO,
REVIVEN EN TU CUERPO LA PASIÓN,
FRANCISCO, EN AMOR ESTÁS HERIDO,
LAS MANOS, LOS PIES Y EL CORAZÓN......

Tus manos acogen a los pobres,
comparte su pan con el mendigo,
Y quiero también amar a todos,
ya puedes señor, cantar conmigo.....

ROSAS DE SANGRE HAN FLORECIDO,
REVIVEN EN TU CUERPO LA PASIÓN,
FRANCISCO, EN AMOR ESTÁS HERIDO,
LAS MANOS, LOS PIES Y EL CORAZÓN.....

 

Sembrando la paz, y bien caminas,
yo sembrador, iré a tu lado,
en tí el evangelio carne viva,
Y Cristo vez crucificado.....

 

ROSAS DE SANGRE HAN FLORECIDO,
REVIVEN EN TU CUERPO LA PASIÓN,
FRANCISCO, EN AMOR ESTÁS HERIDO,
LAS MANOS, LOS PIES Y EL CORAZÓN......

 

Bendición y despedida

PERSPECTIVA FRANCISCANA DE LA FRATELLI TUTTI

PERSPECTIVA FRANCISCANA

DE LA FRATELLI TUTTI

 

            Tras haber visto la FT desde tres perspectivas (fraterna, eclesial y social), vamos a valorar este documento desde el lado franciscano. Es algo que resulta fácil porque todos sabemos la querencia de este papa por la figura de Francisco de Asís y porque sus textos están impregnados de alusiones a Francisco.  Será fácil concluir que estamos ante una “encíclica franciscana”.

 

1. Francisco de Asís en LS’

 

10. … Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad… Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.

11. Su testimonio nos muestra también que una ecología integral requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas o de la biología y nos conectan con la esencia de lo humano… Su reacción era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar todo lo que existe… La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio.

12. Por otra parte, san Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la naturaleza como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad.

 

2. Francisco de Asís en la FT

 

  • Desde el título está presente lo franciscano: Fratellitutti 1 (Adm 6,1), un sueño, un anhelo, una responsabilidad para quienes estamos en esta “órbita” de lo franciscano.
  • En FT 2 se califica a Francisco como “sembrador de paz”, no tanto como orante o predicador de la paz. Sembrar paz más con la vida que con la palabra.
  • En FT 3 se cita la Rnb 16,3.6 con el mandato explícito para evitar toda forma de agresión y de contienda. Merece la pena tener claro este criterio en la práctica comunitaria y social.
  • En FT 4 se dice que Francisco acogió la verdadera paz, liberándose del ansia de dominio y logrando una vida en armonía.
  • Un rasgo poco aplicado a Francisco es tenerlo por modelo de escucha:  “escuchó la voz de Dios, escuchó la voz del pobre, escuchó la voz del enfermo, escuchó la voz de la naturaleza”. Actitud necesaria para el logro de una vida en paz.

 

3. Temas de fondo

 

a)     Fraternidad y amistad social: “polos inseparables” (FT 142). Francisco en Arezzo: recuperan el código de la ciudadanía” (2Cel 108).

b)     Paz social: “la construcción de la paz social exige el compromiso de todos” (FT 232). “Dispuesto a daros completa satisfacción” (LP 101).

c)      Cultura del encuentro: “cultura del enfrentamiento, no; cultura del encuentro, sí” (FT 30). Esteban de Borbón (BAC 972).

 

4. Temas útiles para la fraternidad franciscana

 

  • La vida subsiste donde hay fraternidad (FT 87): muy útil para estos tiempos de reducción.
  • Los sueños se construyen juntos (FT 8): contra toda forma de individualismo y contra el mal de ir cada uno a lo suyo.
  • El milagro de una persona amable (FT 224): las relaciones ásperas o amables, los modos gratos o los hirientes.

 

5. Temas útiles para las FHM

 

  • Según FT 285, “la justicia y de la misericordia, fundamentos de la prosperidad y quicios de la fe”.
  • En FT 77 se dice que hemos de tener “el deseo gratuito, puro y simple de querer ser pueblo”. El tema de la ruralidad, de la cercanía a la gente sencilla.
  • A las FHM les corresponde coger el reto de FT para que “el sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras”.

 

Conclusión

 

  • Aunque sea llevar un poco lejos las cosas, podemos decir que estamos ante un encíclica franciscana (como LS’). Nunca habíamos tenido una suerte tal.
  • La oración de FT 254: “Pido a Dios que prepare nuestros corazones al encuentro con los hermanos más allá de las diferencias de ideas, lengua, cultura, religión; que unja todo nuestro ser con el aceite de la misericordia que cura las heridas de los errores, de las incomprensiones, de las controversias; la gracia de enviarnos, con humildad y mansedumbre, a los caminos, arriesgados pero fecundos, de la búsqueda de la paz».

 

 

¿QUÉ DIRÍA HOY SAN FRANCISCO?

¿QUÉ DIRÍA HOY SAN FRANCISCO?

 

 

            Os diría, hermanos y hermanas, cosas que ya sabéis, cosas que no debéis olvidar y cosas que os pueden ayudar a llevar una vida humana y feliz. Tales como éstas:

 

1. No olvidéis lo que da sentido: la fraternidad

 

            Lo que da sentido a la vida es vivir en y para el otro. Cada día hay que hacer el camino de regreso a la casa del otro. La base sobre la que se sustentan los sueños no es otra que la buena relación, lo que Jesús llegó a formular como “reinado de Dios”: la nueva relación de hermanos, la sociedad sin jerarquías, la convivencia de todos en paz y respeto. Eso está en la base de todos los trabajos de fe y del sueño evangélico. La vida relacional nos hace aterrizar, es la medida realista de la verdad de nuestros anhelos. No nos cansemos de volver a ella. Es la masa que aglutina el edificio de la vida.

Voy a decíroslo con un texto luminoso De la Fratelli Tutti. Harías bien en mirarlos, en sopesar cada palabra. No se puede decir mejor. Me gustaría que lo discutieseis en vuestro capítulo de Peñafiel. Es este: «Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás. Ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros: sólo me comunico realmente conmigo mismo en la medida en que me comunico con el otro. Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar. Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad. Por el contrario, no hay vida cuando pretendemos pertenecer sólo a nosotros mismos y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte» (FT 87).

He aquí un texto luminoso. Todas y cada una de las frases son útiles para generar espiritualidad en torno a la comunidad. Necesitamos luz y ánimo más que grandes documentos. Aprovechemos esta oportunidad rumiando el presente texto. Os digo la verdad: si yo hubiera escuchado estas palabras a Inocencio III en lugar de llamarle “señor papa”, le habría llamado “hermano papa”.

Mi herencia es la fraternidad: en la medida en que se es hermano y hermana se es franciscano. Sé que no lo olvidáis.

 

2. Enamoraos de Jesús

 

            Esta es la segunda cosa que os diría: de una u otra manera, enamoraos de Jesús. Parece bastante claro que quienes han seguido a Jesús han pasado por todas las etapas de cualquier colectivo humano. Comenzaron siendo un movimiento, algo indefinido, pero vital, en torno a Jesús, cautivados por su persona y su sueño. Quizá tras su muerte, rumiando dichos y experiencias, se fue conformando un grupo más definido, con una misión, con unos valores que preservar. Posteriormente nació una comunidad con un cierto componente estructural y con una ideología  que mantener. Y todo terminó en un esquema de Iglesia donde lo estructural comenzó a ser el centro de tal realidad pasando otros valores iniciales a un segundo plano. Cuando se habla de recrear el grupo no se está queriendo decir que haya que volver a algo pasado que ya no puede ser, sino de ver si en nuevos contextos se pueden construir experiencias de libertad, de gozo, de enamoramiento, de anhelo similares a las que surgieron en las horas iniciales, no por imitarlas, sino por ser más coherentes con la propuesta de Jesús.

            ¿Qué sería pues recrear hoy el movimiento de Jesús para que pudiera amanecer un nuevo estilo de ser grupo con él en nuestro marco social? Habría que suscitar, en primer lugar, el enamoramiento de Jesús y su programa: plantear la fe como una mera adscripción religiosa es cercenarla por la base. Además sería preciso revitalizar su sueño creyéndolo interesante para este mundo nuestro, por muy alejado que se lo crea por obra del sistema económico neoliberal. En tercer lugar, habría que recuperar una espiritualidad de caminos, de itinerancia, y un estructura eclesial (si se la puede llamar así) flexible, con gran capacidad de cambio y adaptación, abandonando viejos inmovilismos tanto ideológicos como legales. En cuarto lugar sería preciso hacer del sufrimiento ajeno el verdadero campo de misión del grupo de Jesús: lo que importa no es captar adeptos para la religión, sino  mitigar los dolores de los demás. También, por ingenuo que parezca, habría que des-divinizar la persona de Jesús creyéndolo, sobre todo, compañero de una existencia distinta, fraterna, igualitaria. Finalmente, sería necesario entender el itinerario creyente en comunión con el cosmos y su dinámica expansiva, en un tipo de fraternidad que sugiera realmente la interconexión de todo. ¿Es  esto posible? Soñarlo ya es una manera de ir abriéndole la puerta.

            Enamorarse de Jesús no es una futilidad, un deseo que se esfuma: es todo un anhelo que hay que construir.

 

3. Comprender las heridas de los humanos

 

            Yo sé de heridas, como vosotros. Por eso os digo que habría que comprender y acompañar las heridas de la persona. Dejadme que os hable de mis heridas. Mi herida profundísima del principio fue la guerra con Perusa. Aún recuerdo el ruido sordo de la espada que entrando en el vientre del adversario. Perdiste esa guerra y, tras un año de prisión, volviste a Asís. Nunca sería el mismo. Aquella herida no se cerró nunca del todo.

            Y en los días iniciales fue una herida de hondo dolor el conflicto con mi padre. Nos amábamos, nos amamos siempre. Pero el evangelio me llevó a decirle: “Tengo otro Padre”. ¡Una puñalada en el corazón!

            Y también fue una herida abierta la situación de la Iglesia. Para mí era algo querido, vivo, fraterno. Por eso, su desvarío y su ruina me pesaban, aunque no hubiera en mi actitud ni un atisbo de juicio.

            Mi sabiduría de pobre fue despreciada por los fieros guerreros de las cruzadas, aunque las muertes se contaran a millares. Fui, pacífico, al escenario de la violencia. Muchos piensan que aquello no sirvió para nada. ¿No sirvió para nada cuando el Papa Francisco y el gran imán Ahamad Al-Tayyeb firmaron su documento sobre “Fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común”?

            La herida del sentido que se aloja en los pliegues del alma también me tocó. Hubo momentos en quería echar la vista atrás y quitar la mano del arado. Entonces Clara, la valiente, fue mi gran apoyo, ella que no dudó ni un instante del camino que yo mismo habías marcado. Acogió mis heridas sin hacer demasiadas preguntas.

            Y luego estuvo la peor de todas mis heridas: la herida de la fraternidad que tanto te hizo sufrir, sobre todo al final. Creía que todo se venía abajo, que el evangelio había sido una ilusión vacía. ¡Cómo me agarré a la cruz! Volví otro de aquel durísimo retiro del Alvernia. El sosiego había llegado a mi corazón y aunque la fuente de mis heridas seguía manando, la paz las envolvía con su abrazo.

            ¿Entendéis ahora por qué nos parece que las heridas nos curan? Nos alejan de la violencia, nos descubren el amanecer del evangelio, dulcifican nuestra mirada a la Iglesia, nos orientan cuando el sin sentido roe el alma y, sobre todo, nos siguen mostrando que la fraternidad es nuestro tesoro.

 

4. Le ecología redescubierta

 

            Modernamente habéis redescubierto el valor de la ecología y el cuidado de la casa común. Eso pertenece al núcleo del franciscanismo.

Dice LS’ 10 que Francisco “era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad yen una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo”. La unión entre mística e itinerancia es de una potencia explosiva porque habla de una vida con ebullición interior, con opciones que activan los proyectos, con anhelos que cobran cuerpo. La mística franciscana no es algo esotérico, es cuestión de armonía, de sencillo equilibrio, de atención compartida por todos. Esa armonía es la que respeta el nicho de cada realidad, la que agradece la pluralidad de lo creado, la que admira la diversidad de cada entidad. Una mística hecha de respeto, equilibrio y aprecio diferenciado. Tal mística se une al peregrinaje, a la itinerancia, a los caminos humanos dándoles un dinamismo y una benignidad que los hace amables alejando cualquier deseo de destrucción, explotación egoísta y dominio.

      Tenemos aquí una primera nota de la ecología franciscana: ésta ha de ser una realidad con alma y capaz de conectar con los caminos humanos. Sin esa alma, la andadura histórica termina por ser un cadáver, algo frío, un programa que solamente contempla números, ganancias, pretendidos logros. Si se tuviera tal alma pero no se conectara con los humildes caminos humanos sería algo estéril, improductivo, mero adorno, simple voz al viento. Ambas realidades unidas, dan como resultado un dinamismo capaz de humanizar las sendas de la vida y de amparar a cualquier criatura que se albergue en ella. Esta ecología mística e itinerante lleva a entender, incluso, la realidad del mismo Dios que se hace caminante en nuestras sendas (Lc 24,15).

Porque el interior disperso de la persona tiende a ejercer una obra así mismo dispersa y desparramada, la ecología que propone Francisco de Asís tiene a ser unificadora. Dice LS’ 10: “En Francisco se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior”. Efectivamente, si estos cuatro elementos están desconectados, se hacen irrelevantes. Si la paz genera compromiso, la justicia medra y los pobres salen a flote. Son realidades concatenadas.

La ecología franciscana ha de intentar conectar estas cuatro realidades. Quizá haya de partir de una estructura personal lo más pacificada posible y de un compromiso humilde pero creciente. Desde ahí se podrán abordar con posibilidad de éxito los enormes problemas de la justicia y la honda preocupación por la naturaleza.  Se trata, en definitiva, de no perderse en planteamientos empequeñecedores y desligados, sino de dar coherencia a toda la acción ecológica franciscana.

Precisamente porque la ecología es no solamente un comportamiento social, sino también una espiritualidad, el testimonio ecológico de san Francisco “requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas y conectan con la esencia de lo humano”, dice LS’ 11. La trascendencia que demanda la espiritualidad ecológica es intrahistórica, no extrahistórica. Se logra ahondando en la realidad, sobrepasándola, situándola en la dimensión perdida de la profundidad.

Así es la ecología franciscana: algo que conecta con la esencia de lo humano, que no se queda en la mera superficie, que percibe el hondo beneficio que es para el todo de la persona y de la creación la incorporación hábitos ecológicos la vida. Son las verdaderas raíces de la espiritualidad ecológica.

La tendencia al dominio y a la explotación de la naturaleza ha desterrado el asombro, el brillo en la mirada, el estupor de quien descubre cada día el color de cada cosa. Por eso dice LS’ 11: “Si nos acercamos a la naturaleza y al ambiente sin esta apertura al estupor y a la maravilla, si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador…incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos”. El asombro es el lenguaje del respeto y del amor. Quien se asombra, no invade ni explota, sino que agradece.

La ecología franciscana es la ecología del asombro sencillo, renovado cada día, simple pero profundo, exultante pero sensato. Sin ese asombro nos deslizaríamos al abismo del dominio, al pozo negro de la explotación, a la mirada que calcula todo sin admirarse de nada.

El Papa Francisco concluye la remembranza de san Francisco con este profundo aserto: “El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con gozosa alabanza” (LS’ 12). Es un misterio en cuyo fondo late el corazón del mismo Dios.

Por eso mismo, la ecología franciscana es una ecología creyente, conectada a la experiencia de Dios. Para el franciscano una creación sin la amorosa presencia de Dios sería una ecología sin alma. No se trata de “bautizar” nada, sino de descubrir el hálito que sostiene la universos y que el creyente sabe que es el modo con que Dios se hace vivo en la vida del cosmos.

Se escucha, a veces, la voz de algunos franciscanos o franciscanas que demandan un mayor contenido espiritual en el tratamiento de la ecología. Pues bien, estas notas que nos ofrece el Papa Francisco pueden colmar esas lagunas. Se dibuja en ellas el camino espiritual que el franciscano ha de seguir hoy en materia de ecología para dar a la acción ecológica una profundidad que la haga hondamente humana y fuertemente espiritual. Tenemos la suerte de vivir en un hoy social luminoso y clarificador. Que los trabajos de ecología se vean envueltos y mezclados a esta espiritualidad.

 

5. Un lugar para los animales

 

A muchas personas les parece una desproporción extender el tema de la dignidad a los animales o a las otras creaturas, a la tierra en su conjunto. Hay que decir que la dignidad es diversa en sus formas, pero única en su esencia. Y por ello, los humanos tendrán unos derechos, los animales otros, los árboles otros, pero el denominador común es la dignidad. Y ello, simplemente, porque el espacio es común y eso genera unas relaciones de convivencia que no se pueden eludir.

Se impone, pues, un reparto de la dignidad que no se puede obviar y que tampoco puede hacerse por ley, aunque las leyes puedan construirse siempre con ese presupuesto. El reparto de la dignidad supone el control y el reparto del poder, porque la negación de la dignidad común brota del antropocentrismo desviado de una parte que ve como lógico imponer su ley al resto.

Esto lleva a revisar el antropocentrismo como poder de intervención en el mundo y a superar el paradigma moral del sufrimiento de los animales en una ética animal respetuosa y liberadora. Y lo mismo habría que decir de la instauración de una ética de liberación cósmica. Un intervencionismo que considere obvio el enriquecimiento de lo humano saltándose los derechos de animales y cosas es una parte del imaginario occidental que habría de ser superado. Un intervencionismo desde la dignidad abriría caminos de novedad en la relación cósmica con el consiguiente beneficio para todos los intervinientes.

En todo esto, la espiritualidad franciscana tiene una enorme posibilidad y la familia franciscana una responsabilidad. En el franciscanismo primitivo se produjo un acontecimiento histórico nuevo: la obligación de hacer entrar en un mundo común, es decir, en una comunidad moral, la vida de los animales no humanos y a la naturaleza toda. El siglo XIII, con este acontecimiento, supuso una ruptura histórica fundamental en la ética animal y de la naturaleza. Que tal intuición pueda ser recuperada hoy es tarea, en parte, de la espiritualidad franciscana.

 

6. Mirar con lágrimas las lágrimas de los pobres

 

            En las últimas semanas los pobres han vertido muchas lágrimas: terremoto de Marruecos, inundaciones de Libia, ahogados en el Mediterráneo y las guerras que no cesan. No os acostumbréis a ellas. Mirar llorando a los pobres que lloran. Si no, os olvidaréis de su dolor.

Dice el Eclesiastés 4,1: «Me puse a considerar la peor de las opresiones perpetradas bajo el sol: vi llorar a los pobres sin que nadie los consolase; la violencia de los opresores, sin que nadie les detuviese».

La peor de las opresiones es la violencia y el menosprecio con los pobres, la génesis inhumana de situaciones  establecidas de pobreza, la división del mundo entre los que cuentan y los que no cuentan. Es muy difícil entender que las pobrezas son el lado más inhumano de la historia cuando no se pertenece a ese mundo, cuando se está lejos de las garras que destrozan y de las hambres que devoran. Dos absolutos: Dios y el hambre, decía Casaldáliga. Ni siquiera el primero; sólo el segundo.

Las lágrimas de los pobres que nadie recoge, que no importan a nadie, que se pierden en el mayor de los olvidos. Dios las recoge (Sal 56,8). Hacer llorar a un pobre es una iniquidad. Esa opresión se “perpetra”, igual que un crimen. De alguna manera,  es preciso generar consuelo, interés, preocupación.

La violencia que nadie detiene. Pero, en realidad, hay muchos  que se oponen tenazmente a la violencia con riesgo de sus vidas (obispo Rolando Álvarez). Sin esa oposición, la violencia habría destruido ya la tierra. La violencia contra los pobres supera la impunidad en la resistencia de los pacíficos. El silencio en el que discurren las lágrimas de los empobrecidos, se hace, algunas veces, clamor elocuente.

 

            Todo esto os diría en la alegría de reunirme con vosotros. Pero con vosotros estoy en vuestro recuerdo vivo y gozoso. Sed menores, sed compañeros, sed hermanos. 

 

 

 

 

 

 

LEYENDO A TOMÁS DE CELANO

LEYENDO A

TOMÁS DE CELANO

(Material de reflexión para

Laicos y Capuchinos

2023-2025) 

 

 

Comenzamos nuestra reunión, como siempre, con la oración ante el Cristo de san Damián: “Oh alto y glorioso Dios…”

 

En abril de 2023, en la reunión general de Laicos y Capuchinos tenida en Zaragoza, y después de un debate, se decidió tener como base de reflexión de los grupos las biografías primitivas de san Francisco. Como primer paso se quedó en tomar inicialmente la obra de Tomás de Celano como representante mayor de las vidas de san Francisco. Creemos que así, tras haber estudiado los Escritos, podremos introducirnos en los valores de la vida del santo de Asís.

Tomás de Celano fue un franciscano contemporáneo de san Francisco. Era un hombre culto; escribe bien en latín. No figura entre los “compañeros” íntimos de Francisco. Desde 1224 hasta su muerte en 1260 se dedicó a escribir sobre Francisco: 36 años. Solo por eso le hemos de estar agradecidos. Hay quien dice que era moralista, conservador y hasta oportunista. Puede que sí. Pero amaba a Francisco y dedicó toda vida a proponerlo como camino a seguir.

Celano escribió cinco vidas de Francisco y una de Clara. Nosotros veremos en el Curso 2023-2024 la llamada 1 Celano (1 Cel); en 2024-2025 la 2 Celano (2 Cel) y en 2025-2026 La Leyenda de Clara (LCl).

 

Todos estos textos están en el libro: SAN FRANCISCO DE ASÍS, Escritos, Biografías, Documentos de la época, Editorial BAC, Madrid 2006. Se puede decir que este libro es “la Biblia del franciscano”. Habría que ir pensando en hacerse con él.

 

 

 

1 CELANO (1 Cel)

 

 

         1 Cel era una vida de Francisco escrita por orden del Papa Gregorio IX para la canonización de san Francisco. Es una vida que persigue motivar la devoción a san Francisco. Por eso elimina todo aquello que puede sonar mal y recalca cosas excesivamente piadosas. Pero, aun así, tiene un fondo interesante.

 

Para este primer año (2023-2024) nosotros vamos a ver la 1 Cel hasta el episodio de Greccio. La segunda parte de la vida de Francisco la veremos leyendo a 2

Cel desde Greccio hasta la muerte..

 

 

1. ¿Un retrato poco favorable? (1 Cel 2)

 

         Los hagiógrafos (escritores de vidas de santos) tienden a hacer un retrato favorable de la persona sobre la que escriben, aunque digan aspectos negativos. Por otra parte, es lógico si lo que pretenden es presentarlo como modelo de creyente.

 

 

El texto:

 

         Celano, ciertamente, es un conservador negativizador: todo está corrompido desde la infancia. Y Francisco hace parte de esa sociedad pecadora. Pero, a la postre, esboza un perfil de Francisco interesante. Vamos a subrayar solamente los aspectos más positivos:

 

«Estos son los tristes principios en los que se ejercitaba desde la infancia este hombre a quien hoy veneramos como santo -porque lo es-, y en los que continuó perdiendo y consumiendo miserablemente su vida hasta casi los veinticinco años de edad. Más aún, aventajando en vanidades a todos sus coetáneos, mostrábase como quien más que nadie incitaba al mal y destacaba en todo devaneo. Cautivaba la admiración de todos y se esforzaba en ser el primero en pompas de vanagloria, en los juegos, en los caprichos, en palabras jocosas y vanas, en las canciones y en los vestidos suaves y cómodos; y aunque era muy rico, no estaba tocado de avaricia, sino que era pródigo; no era ávido de acumular dinero, sino manirroto; negociante cauto, pero muy fácil dilapidador. Era, con todo, de trato muy humano, hábil y en extremo afable, bien que para desgracia suya. Porque eran muchos los que, sobre todo por esto, iban en pos de él obrando el mal e incitando a la corrupción; marchaba así, altivo y magnánimo en medio de esta cuadrilla de malvados, por las plazas de Babilonia, hasta que, fijando el Señor su mirada en él, alejó su cólera por el honor de su nombre y reprimió la boca de Francisco, depositando en ella su alabanza a fin de evitar su total perdición. Fue, pues, la mano del Señor la que se posó sobre él y la diestra del Altísimo la que lo transformó, para que, por su medio, los pecadores pudieran tener la confianza de rehacerse en gracia y sirviese para todos de ejemplo de conversión a Dios».

 

  • Cautivaba la admiración de todos: tenía algún tipo de atractivo que cautivaba: “¿Por qué a ti?” (Flor 10).
  • No estaba tocado de avaricia: como lo demostrará toda su vida (el sacerdote Silvestre, que era muy agarrado, se hará fraile al ver la generosidad de Francisco)
  • Era de trato muy humano: siempre le gustará la cortesía y las buenas maneras (quiso que un caballero cortés fuese fraile por lo bien que les había recibido).
  • En extremo afable: siempre dirá a los frailes que sus palabras sean amables y cariñosas.
  • Iban muchos en pos de él: si no, ¿cómo se explica el desarrollo tan grande y rápido de su Orden?
  • Dios fijó en él su mirada: la oferta del reino mira más a la dignidad y los valores que a los fallos (como ocurre en el caso de los discípulos de Jesús).
  • Ayudó a rehacerse en gracia: fue persona decisiva para muchos que se miraron en él (entre ellos, para nosotros).

 

Derivaciones:

 

  • Huir del negativismo: algo que, por contraste, nos enseña este número. A la base del negativismo está la falta de confianza. Esto se aplica a las personas concretas y a la misma sociedad. El negativismo es algo tóxico y contagioso, envenena el ambiente y no resuelve nada. Francisco de Asís le tenía miedo a esto y decía que las negativizaciones y caras tristes hay que guardarlas para un mismo y no hacerlas sufrir a los demás.
  • Valores y contravalores: las personas tenemos valores positivos y contravalores de carga negativa. Es preciso poner el acento en los valores, lo que nos ayudará a encajar mejor los inevitables contravalores. Toda persona puede aportar algo positivo al hecho humano. Con los años habríamos de ser más valoradores de la persona, menos criticones. Si no ves lo bueno de aquel con quien convives, es que no lo amas aún suficientemente.
  • Lenguaje positivo: una de las mejores formas de valorar al otro es emplear con él un lenguaje positivo, decirle, de vez en cuando, que hace bien las cosas, que te agrada lo que propone. Somos parcos en alabar lo bueno. Para nuestra correcta autoestima, todos estamos necesitados de palabras animosas que nos reconforten. Francisco emplea siempre este tipo de palabras, como lo vimos en las Admoniciones.
  • La necesaria generosidad: para valorar bien al otro es necesaria, entre otras cosas, la imprescindible generosidad, el hacer un poco de sitio al otro en el propio corazón, salir de la agobiante enfermedad del yo. La fraternidad, núcleo de la vida franciscana, demanda ser generoso con el hermano por encima de debilidades, como lo muestra la CtaM que vimos en su día.
  • Podemos ser creyentes con Francisco: él también ejerce sobre nosotros una atracción. Su vida y sus palabras nos atraen, a pesar de los muchos años de distancia que nos separan de él. Es que su vida entregada al evangelio es una luz para nosotros en medio de la niebla, como dice san Buenaventura.

 

Dos preguntas:

 

  1. 1.     ¿Te cuesta ver lo positivo de las personas? ¿Por qué?
  2. 2.     ¿Qué te atrae más de la figura de Francisco?

 

Para saber más:

 

Tomás de Celano, hijo de los condes de Marsi o de CelanoBerardo y Margarita Gualtieri, nació por el año 1190. Recibió una excelente formación humanista con el estudio de las letras clásicas, de la Escritura y de los Padres de la Iglesia. En 1215, sintiéndose llamado por el Señor, profesó en manos de Francisco la Regla de los Hermanos Menores, aprobada oralmente por Inocencio III seis años antes. Tomás fue uno de los 90 religiosos que se ofrecieron a fray Elías para ser enviado a  Alemania, y uno de los 25 elegidos para fundar dicha provincia, con Cesáreo de Spira al frente de ellos. Tomás regresó en 1226 a Asís, a la Porciúncula, donde fue testigo de la muerte de san Francisco, como él mismo afirma y como lo demuestra su forma de relatar los últimos días del "Poverello". Dos años después, será también testigo excepcional de la canonización de Francisco y de la fundación de una basílica en su honor, por obra de Gregorio IX (16-17 de julio de 1228). Hacia el año 1256, después de haber redactado la segunda Vida y el Tratado de los Milagros, a petición de las clarisas se trasladó a Val de Varri, en calidad de director espiritual, y allí permaneció hasta su muerte en el 1260. Su cuerpo reposa en una urna en la iglesia de San Francisco de Tagliacozzo.

 

 

2. Heridas que conlleva la opción (1 Cel 12)

 

         Puede pensarse que lo de darse a la vida evangélica no le costó gran cosa a Francisco. Todo lo contrario: tuvo que lidiar con uno de los mayores sufrimientos, el de la oposición de su propia familia (a Clara y sus hermanas les pasó lo mismo, o peor). Una herida que nunca se cerró del todo, como vimos en TC.

 

El texto:

 

«Extendiéndose durante largo tiempo este rumor y bullicio por las plazas y villas del poblado y corriendo de aquí para allá la voz de los que se burlaban de él, llegó esta fama a oídos de mucha gente y, por fin, a los de su propio padre. Al oír éste el nombre de su hijo, y como si tales injurias de los conciudadanos recayeran sobre él, se levantó en seguida, no para librarlo, más bien para hundirlo; y, sin guardar forma alguna, se lanza como el lobo sobre la oveja, y, mirándolo fieramente y con rostro amenazador, lo apresa entre sus manos, y, sin respeto ni decoro, lo mete en su propia casa.Sin entrañas de compasión, lo tuvo encerrado durante muchos días en un lugar tenebroso, pensando doblegar la voluntad de su hijo a su querer; primero, a base de razonamientos, y luego, con azotes y cadenas. Mas el joven salía de todo esto más decidido y con más vigor para realizar sus santos propósitos, y no perdió la paciencia ni por los reproches de palabra ni por las fatigas de la prisión. Que no es posible doblegar, por medio de azotes y cadenas, los rectos propósitos del alma y su actitud. Ni puede ser arrancado de la grey de Cristo quien tiene el deber de alegrarse en la tribulación. Ni tiembla ante el diluvio de muchas aguas (Sal 31,6) quien tiene por refugio en los contratiempos al Hijo de Dios; para que no nos parezca áspero lo nuestro, nos pone ante los ojos lo que Él padeció, inmensamente mayor».

 

  • Extendiéndose este rumor: el rumor era que se había vuelto loco y que vivía en una cueva. ¿Por qué se le insultaba si había sido rey de las juergas? Lo cambiable de la opinión de la gente.
  • Como si tales injurias recayeran sobre él: el padre cree que el honor de la familia está en cuestión (sociedades de honor). Y lo toma como ofensa personal. No busca el bien de su hijo, sino el suyo, su honorabilidad de la que depende, en parte, su negocio. Pero también hay que considerar el sufrimiento del padre. Las opciones tienen, a veces, inevitables daños colaterales.
  • Lo apresa…y lo mete en su propia casa: el poder el padre en la época era omnímodo dentro del ámbito familiar. La casa se convierte en prisión.
  • Lo tuvo encerrado en un lugar tenebroso: algún lugar sin luz, sin ventanas, quizá bajo las escaleras (eso sugiere la nota de la BAC recordando a san Alejo).
  • Francisco no perdió la paciencia: algo se había pacificado por dentro. Y, además, nunca jamás litigó contra su padre porque, por raros que fueran sus caminos, Francisco amaba a su padre. Se querían; por eso el sufrimiento al ver que esos caminos se separaban fue mayor.
  • No doblegó los rectos propósitos de su alma: la opción no estaba aún clara, pero era firme. Quizá no tenía claro qué quería ser, pero sí sabía lo que no quería ser (un comerciante como su padre).
  • Tiene por refugio los contratiempos de Jesús: quizá este recurso a la persona de Jesús sea hagiografía. Pero puede que lo de Jesús, que siempre fue central en la vida de Francisco, hubiera arraigado desde estas épocas primeras de su camino evangélico.

 

Derivaciones:

 

  • Una fe incomprendida: la fe, la espiritualidad, siempre tiene un punto de incomprensión social (y, a veces, familiar). No es raro, porque estamos hablando de asuntos “que no se tocan”, que se diluyen. Es preciso encajarlo bien, con cierta paz y hasta una pequeña dosis de buen humor.
  • Ser cristiano con ánimo positivo: la vida está amasada en dificultades. No hay quien se las ahorre. Es ahí donde hay que tratar de vivir la fe de manera positiva y sin estar instalados en la queja (“vietato lamentarsi”, dice que pone en la puerta del cuarto del Papa en santa Marta). La espiritualidad tendría que ser un punto de apoyo para sobrenadar las dificultades y orientarlas bien.
  • La espiritualidad es un bien social: sería bueno tener la conciencia de que la espiritualidad es un bien social: una sociedad con espiritualidad (la que sea) es una sociedad más rica y valiosa. Por eso mismo, las personas que aportan espiritualidad son benefactoras sociales (se sles reconozca o no).
  • El amparo de los grupos de fe: puede ser un amparo muy bueno para la “intemperie” de la laicidad, para el viento frío de una sociedad que no comprende ni, a veces, valora el hecho religioso. El grupo de fe (laicos y capuchinos podría ser uno de ellos) ayuda a tirar para adelante cuando el camino de la fe se nubla.
  • Recurrir a la oración…y a Jesús: porque puede parece que la oración no soluciona las cosas, pero ayuda mucho. Y luego, recurrir siempre a la persona de Jesús, al Evangelio, puede ser algo muy terapéutico y animador.

 

Dos preguntas:

 

  1. 1.     ¿Cómo ve la sociedad a los cristianos?
  2. 2.     ¿Qué apoyos tienes para seguir siendo cristiano/a?

 

Para saber más:

 

         Francisco nació cerca de la plaza del ayuntamiento de Asís y allí transcurrió su infancia y su adolescencia. Pedro Bernardone, su padre, poseía allí, probablemente, dos casas muy próximas entre sí. En el lugar de una de ellas fue construida la actual iglesia “Nueva”, sobre la otra, el Oratorio titulado “San Francisco Piccolino”. En esta segunda casa parece que nació san Francisco en 1181. Recuerda el hecho una inscripción latina: “En este oratorio, en un tiempo establo de un buey y un asno, nació Francisco, espejo del mundo”.

 

 

3. Lo que yo quería (1 Cel 22a)

 

         Este pasaje es decisivo. Leer 1 Cel y pasarlo por alto sería imposible. Es el comienzo de la luz, el germen de lo que será la vida de Francisco y de la vida franciscana. Aunque luego habrá que andar el camino, estamos en el núcleo.

 

El texto:

 

«Cierto día se leía en esta iglesia el evangelio que narra cómo el Señor había enviado a sus discípulos a predicar; presente allí el santo de Dios, no comprendió perfectamente las palabras evangélicas; terminada la misa, pidió humildemente al sacerdote que le explicase el evangelio. Como el sacerdote le fuese explicando todo ordenadamente, al oír Francisco que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja, ni bolsa, ni pan, ni bastón; ni tener calzado, ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y la penitencia, al instante, saltando de gozo, lleno del Espíritu del Señor, exclamó: «Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica».

 

  • El evangelio de la misión: el texto de Celano hace relación a las instrucciones que Jesús da a los discípulos para la misión (Mt 10,5-15 y par.). Francisco adaptará este texto a los hermanos suavizándolo (mira Rb 2).
  • Pidió humildemente al sacerdote: Francisco no se fía de que su manera de leer el evangelio sea correcta y pide al sacerdote (humildemente) una explicación. Siempre serán mediación de  fe para  él los sacerdotes rurales, muchas veces poco cultos. El humilde como buen lector del evangelio.
  • Ni oro ni plata: esa será la llave que le abra los tesoros del evangelio: la vida sencilla, la relación menor, el situarse en el lado no brillante de la sociedad. Esto será una orientación fundamental de su vida y una lucha que tendrá que batallar siempre.
  • El reino de Dios y la penitencia: era el camino común del tiempo para ser creyente: la penitencia. Con el tiempo, Francisco aprenderá que la llave es Jesús y la fraternidad. Él no es un ayunante, sino un creyente.
  • Esto es lo que yo busco: ha sido una dura búsqueda que nunca cesará en su vida. Francisco es un buscador incansable; nunca se queda quieto y satisfecho con lo logrado. Buscar es su manera de creer.
  • En lo íntimo del corazón: algo del interior de Francisco conectó con el evangelio y se vio reconfortado por dentro. Cuando el evangelio conecta con lo de dentro, vamos bien. Si solamente son ideas, no hemos llegado al final.

 

Derivaciones:

  • Cuando el evangelio deslumbra: si el evangelio suena siempre a cosa religiosa, no deslumbra ni cautiva. Si cuando se lee se enciende una pequeña luz dentro, buena señal. Si suena al rollo de siempre, la cosa de queda fuera.
  • Aprender la Palabra: estar dispuesto a que alguien (un libro, una persona, un grupo, una circunstancia) me la enseñe. No creer ingenuamente que porque nos sabemos las historias de la Biblia ya conocemos el mensaje. Siempre será necesario profundizar.
  • Vida simple: sigue siendo un cauce de entrada al secreto del evangelio. Si llevamos una vida complicada y enredada es difícil vislumbrar las propuestas que nos hace el evangelio.
  • Una búsqueda: la actitud de búsqueda es siempre necesaria para vivir desde la fe cristiano. Si ya no buscas nada, si te los sabes todo, si crees que nada te va a sorprender, ¿cómo entender el evangelio como buena nueva?
  • Cuando se empeña el corazón: la fe es en parte racional; pero es también impulso, corazón, deseo, anhelo. Si no hay fuego dentro, el corazón está apagado. Y en un corazón apagado, la fe no arde, no brilla.

 

Dos preguntas:

 

  1. 1.     ¿Alguna vez te ha maravillado el evangelio?
  2. 2.     ¿Cómo llevar hoy una vida simple?

 

Para saber más:

 

         TC recuerda que en esos meses de crisis, Francisco desaparecía de la ciudad. En las afueras había una docena de centros religiosos. A los prioratos urbanos de los monjes, a los canónigos de san Rufino, a la residencia episcopal y a las parroquias hay que agregar nueve monasterios más pequeños y tres grandes abadías benedictinas (San Pedro, Subasio, Santa María). No faltaban centros religiosos. Francisco busca luz en la explicación de un cura rural anónimo.

 

4. Crítico y alternativo (1 Cel 43)

 

         Celano se explaya en números y números cantando las glorias de los primeros franciscanos. Todos unos santos, según él. Pero queremos reflexionar sobre un número que muestra un cierto sentido crítico propio de modos sociales de una cierta alternatividad. Es una escena que se sitúa en la estancia de los frailes en la cabaña de Rivotorto.

 

El texto:

 

«Les enseñaba no tan sólo a mortificar los vicios y reprimir los estímulos de la carne, sino también los sentidos externos, por los cuales se introduce la muerte en el alma. Acaeció que por aquellos días y por aquellos lugares pasó el emperador Otón, con mucho séquito y gran pompa, a recibir la corona del imperio terreno; el santísimo Padre y sus compañeros estaban en la aludida choza, junto al camino por donde pasaba; ni salió él a verlo ni permitió que saliera sino aquel que valientemente le había de anunciar lo efímero de aquella gloria.El glorioso Santo preparaba en su interior una morada digna de Dios, viviendo dentro de sí y moviéndose en los amplios espacios de su corazón; el barullo exterior no era capaz de cautivar sus oídos, ni voz alguna podía hacerle abandonar ni siquiera interrumpir el gran negocio que traía entre manos. Estaba investido de la autoridad apostólica, y por eso se resistía en absoluto a adular a reyes y príncipes».

 

  • Los sentidos externos: quizá sea lo más fácil. Pero el sosiego exterior puede ayudar mucho. Y eso que estamos en época de mucho menos ruido que la nuestra. Pero había ruido.
  • Pasó el emperador Otón: es el emperador Otón IV, emperador del sacro imperio gérmánico (1198-1218). El personaje político más importante de la época. No deja de llamar la atención que se le desdeñe.
  • No salió a verlo: ni a verlo, no ya a vitorearle. Como si no le interesase. ¿Por qué era alemán? ¿Por qué le hacía sombra al papa? ¿Por desinterés?
  • No permitió que saliera nadie: aquí vemos una actitud política más militante. Por lo que sea pero se aplica a este personaje una censura deliberada. Quizá porque no gustaban a Francisco sus argucias políticas que, al parecer, eran notables.
  • El que le anunció lo efímero de aquella gloria: se ve que no hermano salió y le anunció lo efímero de aquella gloria. O sea, que le echó en cara su despotismo. Hace falta valor…
  • El barullo exterior: la comitiva se ve que armaba mucho alboroto. Francisco y los suyos se abstraen de ello.
  • Se resistía a adular a reyes y príncipes: comportándose con corrección, pero se ve que los tenía enfilados. ¿Por qué? Queremos pensar que era por asuntos de minoridad, más que por otra cosa.

 

Derivaciones:

 

  • Ir a la profundidad: no quedarse en la superficie, analizar un poco profundamente lo que nos pasa. Informarse todo lo que se pueda. No funcionar con criterios de radio macuto.
  • Visión positiva de la política: no recurrir al tópico negativo de “los políticos” (recordar el nº 205 de “La alegría del evangelio”).
  • Lejos de la adulación: si son de mi cuerda, los valoro. Si no lo son, no. Saber valorar lo positivo de las acciones de gobierno.
  • No funcionar por intereses: si el jerarca me favorece, lo apoyo. Si tiene una visión distinta y no me favorece, lo denigro.
  • Devolver al César: no estar siempre a la sombra de la derecha creyendo que me favorece más. A veces sí, a veces no. Hay que tener siempre un poco de sentido crítico.

 

Dos preguntas:

 

  1. 1.     ¿Nos falta sentido crítico?
  2. 2.     Postura franciscana ante la clase política

 

Para saber más:

 

         Rivotorto es una riachuelo que serpea a través de la llanura a los pies de Asís. En un cierto punto había un “tugurio abandonado de todos” que el tiempo ha borrado por completo Lo que hoy se muestra nada tiene que ver con aquello. Ya no existen ni el tugurio ni los bosques que cubrían aquella región agreste. Pero ha quedado en las fuentes el recuerdo de aquella etapa inicial tan decisiva para la fraternidad franciscana.

 

5. Viajes frustrados (1 Cel55-56)

 

         Aunque Francisco se tuvo siempre por un ciudadano de Asís muy pegado a la ciudad, también viajó mucho para aquella época en que prácticamente no se viajaba. Se puede decir que fue un hombre de caminos y, como vemos en Rb 3, legisló, en contra del sentir de la época, para cuando los hermanos van por el mundo. Algunos de sus viajes se frustraron, pero los relatos muestran a dónde se quería ir y qué se pretendía con tales viajes.

 

El texto:

 

«Inflamado en divino amor, el beatísimo padre Francisco pensaba siempre en acometer empresas mayores. Mantenía vivo el deseo de alcanzar la cima de la perfección, caminando con un corazón anchuroso por la vía de los mandamientos de Dios. El año sexto de su conversión, ardiendo en vehementes deseos de sagrado martirio, quiso pasar a Siria para predicar la fe cristiana y la penitencia a los sarracenos y demás infieles. Para conseguirlo se embarcó en una nave; pero, a causa de los vientos contrarios, se encontró, con los demás navegantes, en las costas de Eslavonia. Viéndose defraudado en tan vivo deseo, poco después rogó a unos marineros que se dirigían a Ancona lo admitiesen en su compañía, pues aquel año apenas había nave que zarpara para Siria. Mas como ellos se negasen rotundamente a tal petición dada la insuficiencia de víveres, el santo de Dios, confiando plenamente en la bondad del Señor, se metió a escondidas en la nave con su compañero. Se presentó entonces, por divina providencia, uno que, sin que nadie lo supiera, traía alimentos; llamó a un marinero temeroso de Dios y le dijo: «Toma todo esto y, cuando surja la necesidad, entrégalo fielmente a los pobres que están ocultos en la nave». Sucedió, pues, que se levantó de improviso una furiosa tempestad, y, habiéndose prolongado los días de navegación, los marineros consumieron los víveres, y no quedaron más alimentos que los que tenía el pobre Francisco. Estos, por gracia y virtud divina, se multiplicaron de tal forma, que, aunque se dilató la travesía, cubrieron con abundancia las necesidades de todos hasta que llegaron al puerto de Ancona. Viéndose los marineros a salvo de los peligros del mar gracias al siervo de Dios Francisco, lo agradecieron al omnipotente Dios, que siempre se muestra admirable y amable con sus siervos. El siervo del Dios excelso, Francisco, dejó el mar y se puso a recorrer la tierra y a trabajar con la reja de la palabra, sembrando la semilla de vida que da frutos de bendición. Al punto, muchísimos hombres buenos e idóneos, clérigos y laicos, huyendo del mundo y rompiendo virilmente con el diablo, por gracia y voluntad del Altísimo, le siguieron devotamente en su vida e ideales. Mas si bien el sarmiento evangélico producía abundancia de frutos sabrosísimos, no por esto se enfrió su excelente propósito y ardiente deseo del martirio. Poco después se dirigió hacia Marruecos a predicar el Evangelio al Miramamolín y sus correligionarios. Tal era la vehemencia del deseo que le movía, que a veces dejaba atrás a su compañero de viaje y no cejaba, ebrio de espíritu, hasta dar cumplimiento a su anhelo. Pero loado sea el buen Dios, que tuvo a bien, por su sola benignidad, acordarse de mí y de otros muchos: y es que, una vez que entró en España, se enfrentó con él, y, para evitar que continuara adelante, le mandó una enfermedad que le hizo retroceder en su camino».

 

  • Ardiendo en vehementes deseos de martirio: Francisco, no cabe duda, estaba contagiado de la mística martirial de la época que veía en los “sarracenos” el lugar máximo del testimonio cristiano. Pero da la impresión de que esa mística no es avasalladora ni despectiva: se quiere llevar a los sarracenos lo que se cree que lo mejor, pero sin avasallar, alejados de toda imposición violenta. Si esto trae consecuencias, se afrontan, incluida la muerte en caso extremo (Francisco no busca la muerte, sino la oferta de la fe).
  • Defraudado en tan vivo deseo: Francisco intenta el viaje a Siria pero los vientos le llevan a Dalmacia (a poco más de 150 km de Ancona, de donde partió). Se frustra el viaje. A Francisco le cuesta leer algo tan simple como que el martirio no es camino de nada (una relación humana que termina en muerte no puede ser camino evangélico).
  • Los pobres ocultos en la nave: se ilustra el viaje con una especie del multiplicación de panes que hace Francisco y su compañero que van de polizones. La pobreza oculta germina en el fruto del compartir.
  • Dejó el mar…y se puso con la reja de la palabra: admira la libertad de Francisco y sus hermanos: sin institución que atender, sin obligaciones religiosas, sin propiedades que cuidar y defender. Libres como el viento. Y si el mar los echa a tierra, se trabaja espiritualmente el nuevo terreno. La Palabra como herramienta de trabajo cristiano. Un “reja” que puede trabajar el corazón, la estructura de la persona.
  • Le siguieron en la vida e ideales: puede parecer pintoresco este modo de andar por la vida sin muchas ataduras. Pero algo tiene que atrae a “muchísimos” Fraternidad y vida simple, esa es la receta.
  • Se dirigió hacia Marruecos: no escarmienta Francisco (tenaz buscador y “cabezón”) y por tierra, por España, quiere ir a Marruecos para ver al “jefe”, a Miramamolín. Es la mística martirial y sus delirios. Tendrá que aprender que el franciscano apunta a lo bajo, no a lo alto.
  • En España se enfrentó con él: ¿quién se enfrentó con él? Entendemos que Dios mismo que le está llevando a caminos no-martiriales, fraternos. No quiere el Espíritu que continúe por ahí. Eso le hará “retroceder en su camino”, abandonar sendas que, por muy transitadas que sean, no son caminos de evangelio.

 

Derivaciones:

 

  • Creados para la buena relación: por eso decimos que todo lo martirial es un fracaso. Hemos sido creados “benditos” y para la buena relación, no para el pecado y la condena. La buena relación es la cosecha de la siembra de lo humano. Si la relación no es buena, la cosecha de lo humano se ha frustrado.
  • Deseos que hay que discernir: a veces uno tiene deseos espirituales interesantes. Hay que discernirlos bien para que no sean fantasías  inútiles. Hay que ver si se está dispuesto a hacer algo o, simplemente, es una ensoñación (algo que se desea pero por lo que no se mueve un dedo).
  • No ir de polizón por la vida: no estar siempre a rebufo de los demás, de lo que digan o propongan. Tener iniciativa para lanzarse a caminos más personales. Decidirse  a ser uno mismo como persona y como creyente. Liarse la manta y hacer lo que uno desea hacer.
  • Roturar la fe con la Palabra: no cansarse de volver siempre a ella (leer el libro del evangelio de cada día). Animarse a leer un comentario “serio” del evangelio. Creer que la escucha atenta de la Palabra puede ayudarme a vivir con más gozo.
  • Seguir a Jesús o seguir a Francisco: el texto trabajado dice que muchos siguieron a Francisco. ¿Seguían a Jesús? Suponemos que sí, en el estilo de Francisco. Releer textos franciscanos ha de llevarnos a mantener más viva que nunca la ilusión por Jesús. Son cosas perfectamente compatibles. Pero no olvidemos: nosotros seguimos a Jesús en el molde de Francisco.
  • Viajes cuestionados: a veces, y con buena voluntad, haceos viajes “religiosos” (a Asís, a Israel, etc.). Están bien Pueden ayudar. Pero no olvidemos: nuestros viaje es a la vivencia de una fe adulta y de un franciscanismo fraterno.

 

Dos preguntas:

 

  1. 1.     ¿Qué te sugiere el que haya cosas cuestionables en las vidas de los santos?
  2. 2.     ¿Qué piensas de los viajes por motivos religiosos?

 

Para saber más:

 

         Muhámmadan-Násir (m. 1213) fue el cuarto emir de la dinastía almohade. El emir era conocido con el sobrenombre de Miramamolín en tierras cristianas, deformación del título árabe Amir al-Mu'minin o Príncipe de los Creyentes. Nació en la primavera del 1181.Era alto, de barba bermeja entrecana, ojos garzos y tenía un defecto en la lengua que le hacía persona de pocas palabras. En general cabizbajo, era benévolo, poco sanguinario, descuidado en lo que no le suscitaba interés y avaricioso. Joven tímido y solitario, heredó de su padre un imperio que mostraba señales de inestabilidad. Volcó entonces su atención para lidiar con la nueva amenaza en al-Ándalus, debida a la cruzada proclamada por el papa Inocencio III. El 16 de julio de 1212 los cristianos infligieron una pesada derrota al ejército musulmán en la batalla de las Navas de Tolosa.

 

6. Extrañas predicaciones  (1 Cel 59)

 

         Son pasajes pintorescos de la vida de san Francisco, de “florecillas”. Pero encierran mucha “metralla”, mucha espiritualidad. Conviene echarles un vistazo.

 

El texto:

 

«Un día llegó a una aldea llamada Alviano a predicar la palabra de Dios; subiéndose a un lugar elevado para que todos le pudiesen ver, pidió que guardasen silencio. Estando todos callados y en actitud reverente, muchísimas golondrinas que hacían sus nidos en aquellos parajes chirriaban y alborotaban no poco. Y era tal el garlido de las aves, que el bienaventurado Francisco no lograba hacerse oír del pueblo; dirigióse a ellas y les dijo: «Hermanas mías golondrinas: ha llegado la hora de que hable yo; vosotras ya habéis hablado lo suficiente hasta ahora. Oíd la palabra de Dios y guardad silencio y estad quietecitas mientras predico la palabra de Dios». Y las golondrinas, ante el estupor y admiración de los asistentes, al momento enmudecieron y no se movieron de aquel lugar hasta que terminó la predicación. Contemplando semejante espectáculo, la gente, maravillada, se decía: «Verdaderamente este hombre es un santo y amigo del Altísimo». Y con toda devoción se apresuraban a tocarle siquiera el vestido, loando y bendiciendo al Señor.En verdad, cosa admirable: las mismas criaturas irracionales percibían el afecto y barruntaban el dulcísimo amor que sentía por ellas».

 

  • Muchísimas golondrinas…alborotaban no poco: simbolizan la dificultad para acoger el Mensaje. Es el ruido externo, mediático, aumentado por la moderna tecnología. El alboroto de las golondrinas es símbolo de todo ruido que aleja del Mensaje.
  • No lograba hacerse oír del pueblo: el pueblo sale perjudicado por el ruido. Si él no recibe el Mensaje. No se ha llegado adonde se quería.  El pueblo destinatario de la Palabra.
  • Hermanas mías golondrinas: cuando Francisco llama “hermanas” a las golondrinas, cree que hay una cierta hermandad con ellas. Es una visión distinta del hecho creacional, una mirada desde otra perspectiva. Hay quien lo logra.
  • Enmudecieron y no se movieron: es el gusto medieval por los milagros. Pero ¿quién puede afirmar que los animales no “entiendan”? Hay vías de conexión con las creaturas más allá del lenguaje lógico.
  • Amigo del Altísimo: ser amigo del Altísimo conlleva ser hermano de las creaturas: es el mismo Padre para todos. El argumento de Francisco es claro: si el Padre es el mismo, somos hermanos.
  • Afecto y amor por las criaturas: todos esto pasa de ser considerado lírica barata si media un respeto y afecto real por las creaturas, una verdadera “admiración” por lo que nos rodea. Si no, todo parece exagerado y sacado de contexto.

 

Derivaciones:

 

  • Seguimiento y creación: dice el papa Francisco que hoy no se puede ser seguidor/a de Jesús sin resolver positivamente la relación con la creación, algo que nunca se nos había dicho. O sea: es preciso incorporar el tema de la ecología a la espiritualidad del seguimiento.
  • Lenguaje creatural: algo a lo que no estamos habituados: vemos las cosas, las creaturas, como algo fuera de nosotros, como algo ajeno. ¿Cómo verlas como algo propio, algo de lo que también nosotros hacemos parte? Realmente hace falta otra mirada. Hablar de las creaturas como quien habla de nosotros.
  • Hermandades amplias: la moderna física nos ayuda: hacemos parte de amplias hermandades, de mundos que nos resultan inabarcables. Más allá de la evidencia de nuestra pequeñez cósmica, hacemos parte de entramados enormes (galaxias que expanden a un millón de km por hora, universos múltiples, etc.). Si san Francisco hubiera conocido todo esto…
  • Creación acompañada: Francisco cree que la creación y Dios están profundamente conectados. La creación no puede ser una inmensa soledad, un insondable silencio (dicen que el universo es silencio). Para el franciscano la soledad honda se ve mitigada por la certeza de que el Padre acompaña cada uno de nuestros pasos en la vida.
  • Una suerte: así habríamos de llegar a entender la vida sobre la tierra, como una suerte de poder participar en este formidable proceso de la creación, aunque sea con algo tan efímero como nuestra vida histórica.

 

Dos preguntas:

 

  1. 1.     ¿Te parece que vale para algo tener otra mirada sobre la creación?
  2. 2.     ¿Cuándo has tocado tierra por última vez con tus manos?

 

Para saber más:

 

San Francisco vio en el pájaro el símbolo de elevación y espiritualidad. Distinguió a las alondras por su sublimación, elevación y plumaje en las que simbolizó la imagen ideal de lo que debía ser el fraile menor. La alondra común es un ave caracterizada por un tono marrón pardo general, salvo en el vientre, que es blanco; una banda blanquecina junto al borde externos de las alas; dos manchas negruzcas en la cola; y una cresta en la cabeza. Se distribuye por Europa (menos en Islandia), Asia y por las montañas del norte de África; las poblaciones orientales son más migratorias, moviéndose más al sur en invierno; cría en herbazales abiertos, en zonas agrarias, campos de cereales y pastos. En España habita de forma continua en la mitad norte de la península. Su voz es chirriante, con un reclamo agudo, corto, melódico. Maniobra en el aire con soltura, puede mantenerse quieta en el aire y ascender y descender con velocidad.

 

        

7. Orante declarado (1 Cel 71b)

 

Es interesante acercarse a esa manera de ser de Francisco: le gustaba rezar. Había en él una tendencia a lo contemplativo. Era la atracción del misterio.

 

El texto:

 

«Por esto escogía frecuentemente lugares solitarios (13), para dirigir su alma totalmente a Dios; sin embargo, no eludía perezosamente intervenir, cuando lo creía conveniente, en los asuntos del prójimo y dedicarse de buen grado a su salvación. Su puerto segurísimo era la oración; pero no una oración fugaz, ni vacía, ni presuntuosa, sino una oración prolongada, colmada de devoción y tranquilidad en la humildad. Podía comenzarla al anochecer y con dificultad la habría terminado a la mañana; fuese de camino o estuviese quieto, comiendo o bebiendo, siempre estaba entregado a la oración. Acostumbraba salir de noche a solas para orar en iglesias abandonadas y aisladas; bajo la divina gracia, superó en ellas muchos temores y angustias de espíritu».

 

  • Lugares solitarios: Greccio, Le Celle de Cortona, Le Carceri, el Alvernia, etc., jalonan los itinerarios del Francisco orante. Más de la mitad de su vida evangélica la pasó en esos lugares. Le atraía el tema. No le tenía miedo a la soledad.
  • Intervenir en los asuntos del prójimo: es interesante que se diga que la oración no le apartaba del camino cotidiano de la vida. Era un orante, pero no un enajenado de la realidad.
  • Puerto segurísimo: la oración se le convirtió en “puerto” donde se recompone la nave averiada, las velas rotas y se encuentran nuevos ánimos para seguir adelante. Resistencia y resiliencia.
  • Oración prolongada: a veces le decían que era demasiado prolongada y él argumentaba que los alimentos se toman despacio para puedan aprovechar.
  • Entregado a la oración: no solo rezaba, sino que se entregaba a esa actividad de fe. Entraba en el secreto del asunto, no se queda solamente en aspectos externos. Ahondaba.
  • En iglesias abandonadas: lugares donde se adensa el silencio externo para ver de lograr silencio por dentro, algo más difícil. Lugares donde lo sagrado ya no está y se descubre eso sagrado en el buceo interior, en el recuerdo vivo de Jesús.
  • Superó temores y angustias: porque han abundado esos temores en la vida de Francisco. Los pasó por el tamiz de la oración. Unas veces se aclararon, otras no tanto. Pero seguramente que la oración fue instancia de luz en sus oscuridades.

 

Derivaciones:

 

  • Rezar u orar: no es exactamente lo mismo, aunque tengan que ver. Una cosa es rezar (actividad religiosa) y otra orar (actividad de fe). En aquella el centro es el orante, en esta el centro es Dios. En aquella se repiten plegarias, en esta se confronta la vida con el evangelio.
  • Esporádicamente o con cierta continuidad: todos rezamos de vez en cuando. Lo interesante sería darle a eso una cierta continuidad: dedicar un espacio concreto al día a rezar un poco (antes de dormir, por ejemplo) o algún día a la semana (rezar el domingo antes de misa leyendo y meditando el evangelio, por ejemplo).
  • Un plan: no a lo que salga, sino con un plan. Por ejemplo: rezar todos domingos un rato leyendo el texto del evangelio que corresponde. Otro ejemplo: orar algunos días con la app que se llama “Rezando voy”.
  • Lugares adecuados: puede ser una iglesia tranquila, una capilla silenciosa. O puede ser también un “rincón orante” en tu casa, con la Biblia, una vela, un algo que te lleve a Jesús. No es que estas cosas sean imprescindibles, pero ayudan mucho.
  • Algo saludable: el mejor fruto de la oración es que hace más feliz nuestra vida, que nos ayuda a disfrutar de lo que tenemos cada día, que nos ayuda a “respirar” mejor.

 

Dos preguntas:

 

  1. 1.     ¿Cómo es tu oración?
  2. 2.     ¿Cómo ayudarnos en este tema de la oración?

 

Para saber más:

 

         Tomás de Celano describe con una imagen sugestiva, la oración de San Francisco: “No era tanto un hombre orante, sino más bien él mismo transformado en oración” (2Cel 95 - FF 692). ¿Qué nos dice a nosotros esta imagen? ¿Es algo que pertenece a una historia edificante de un santo o es capaz de suscitar en nosotros el deseo de vivir una relación profunda y filial con el Dios vivo y verdadero? Comparto con vosotros una simple afirmación, pero al mismo tiempo profunda, de un santo monje del Monte Athos: “¡La oración le es dada a quien ora!”. Quien reza con humildad y fidelidad se da cuenta de que “es estar a solas con Él”, no es más una búsqueda fundada en el propio esfuerzo, sino que es el buen alimento de la propia cotidianeidad. La oración será esa respiración de la que hablan nuestras Constituciones al inicio del tercer Capítulo: “La oración a Dios, como respiración de amor, comienza con la moción del Espíritu Santo por la que el hombre se pone interiormente a la escucha de la voz de Dios que habla al corazón” (45,1). Esta respiración del amor, se hace cada vez más pura y auténtica si se sostiene por la fidelidad cotidiana. Recuerdo haber leído un libro de un joven rabino, el cual contaba que todos los días estaba una hora en silencio delante de Dios. Con el tiempo se dio cuenta de que no podía dejarlo, el silencio orante no era más un esfuerzo sino un momento esperado (Mauro Jörhi).

 

 

8. Que los pobres no sean despreciados (1 Cel 76c)

 

         San Francisco no es un enamorado de la pobreza líricamente. Para él la pobreza es el rostro de los pobres. A su manera los frecuentó y los defendió hasta de los mismos frailes.

 

El texto:

 

«No podía sufrir que algún pobre fuese despreciado, ni tampoco oír palabras de maldición contra las criaturas. Ocurrió en cierta ocasión que un hermano ofendió a un pobre que pedía limosna, diciéndole estas palabras injuriosas: «¡Ojo, que no seas un rico y te hagas pasar por pobre!» Habiéndolo oído el padre de los pobres, San Francisco, se dolió profundamente, y reprendió con severidad al hermano que así había hablado, y le mandó que se desnudase delante del pobre y, besándole los pies, le pidiera perdón. Pues solía decir: «Quien dice mal de un pobre, ofende a Cristo, de quien lleva la enseña de nobleza y que se hizo pobre por nosotros en este mundo».

 

  • Que ningún pobre fuese despreciado: el menosprecio de los pobres en aquella sociedad sin clases medias era más evidente y más injusto aún. Francisco es pobre siendo solidario con las pobrezas (eso quieren mostrar los tratados de milagros que escribió profusamente Celano como complemento de sus biografías).
  • Ofendió a un pobre con palabras injuriosas: los pobres, en su humildad forzada (como dice san Vicente de Paúl), tienen que apechugar con los discursos hirientes que, a veces, les dirigimos. Para Francisco la cosa es clara: si se ofende al pobre, se ofende a Jesucristo.
  • Que se desnudase...que le besara los pies…que le pidiera perdón: pedir perdón a los pobres (recibir su “bautismo”) es quizá el primer paso para empatizar con su dura situación (como lo hizo el papa Francisco cuando visión a los rohinyas en Bangladesh).
  • Ofende a Cristo: las peores ofensas a Cristo no son las religiosas, sino las sociales. Los pobres son el único absoluto. Ofenderles es lo que el evangelio llama la blasfemia contra el espíritu santo (Mt 12,22-37).
  • Cargaba sobre sus hombros: no solo se trata de empatizar anímicamente, sino de echar una mano para reorientar las pobrezas. Hablar de los pobres sin colaborar algo a la erradicación de la pobreza es planta sin raíz.

 

Derivaciones:

 

  • Discernimiento sin desprecio: no se trata de dar la razón a los pobres sin más, sino de discernir sin menosprecio, sin superioridad. Hay que resistir a su “acoso” pero no hay que desentenderse, sino ser eficaz siendo lo más humano posible.
  • Cómo se habla de los pobres: hablar es una cosa y hacer otra. Pero tienen relación. Habrá que cuidar mucho lo que se dice de los pobres: que sea verdadero, que no se exagere, que no haya prejuicios, que los veamos como humanos, como parte de la misma familia, con dignidad.
  • El perdón de los pobres: ya lo hemos dicho, quizá haya que comenzar por ahí. Toda relación con ellos debe comenzar por cómo nos gustaría que nos trataran si estuviéramos en la misma situación. ¿Nos agradaría que nos pidieran perdón?
  • Cristo en ellos: sin espiritualismos pero con verdad evangélica: los pobres han de tener un sitio en la vida cristiana y social no porque sean mejores, sino por su situación de necesidad.
  • Echar una mano: al fin la cosa cobra realismo no tanto en lo que se piensa y se dice, sino en lo que se hace, por poco que sea. Hay que pasar de una actitud limosnaria a otra solidaria.

 

Dos preguntas:

 

  1. 1.     ¿Cómo te sitúas ante las pobrezas?
  2. 2.     ¿Observas algún cambio en el trato con los frágiles sociales?

 

Para saber más:

 

         Se ve que el mero contacto con los pobres no es suficiente; es preciso entroncar eso con el evangelio. Flor 1 y Jordán de Giano 13 nos hablan de un hermano llamado Juan de Campelo que dio en la excentricidad de fundar una orden mixta de leprosos y leprosas. Flor 1 dice que abandonó la Orden y, como Judas, terminó ahorcado (?). Posible exageración…

 

 

9. Un extraño belén (1 Cel 85)

 

         Es algo muy celebrado en la vida popular de Francisco: se le cree fundador de los belenes. El suceso ocurrió en 1223. Estamos en su octavo centenario. Quizá sea un momento para replantear de nuevo el tema central de la encarnación de Jesús.

 

 

El texto:

 

«Llegó el día, día de alegría, de exultación. Se citó a hermanos de muchos lugares; hombres y mujeres de la comarca, rebosando de gozo, prepararon, según sus posibilidades, cirios y teas para iluminar aquella noche que, con su estrella centelleante, iluminó todos los días y años. Llegó, en fin, el santo de Dios y, viendo que todas las cosas estaban dispuestas, las contempló y se alegró. Se prepara el pesebre, se trae el heno y se colocan el buey y el asno. Allí la simplicidad recibe honor, la pobreza es ensalzada, se valora la humildad, y Greccio se convierte en una nueva Belén. La noche resplandece como el día, noche placentera para los hombres y para los animales. Llega la gente, y, ante el nuevo misterio, saborean nuevos gozos. La selva resuena de voces y las rocas responden a los himnos de júbilo. Cantan los hermanos las alabanzas del Señor y toda la noche transcurre entre cantos de alegría. El santo de Dios está de pie ante el pesebre, desbordándose en suspiros, traspasado de piedad, derretido en inefable gozo. Se celebra el rito solemne de la misa sobre el pesebre y el sacerdote goza de singular consolación».

 

  • Hermanos…hombres y mujeres: la celebración se hace fuera del convento, en un lugar ajeno a los hermanos, aunque asisten. Ese visibiliza el problema final con la fraternidad.
  • Para iluminar la noche: es época de noches oscuras (leemos desde contextos sociales distintos). Hacer luz en la noche física y la espiritual: Francisco no está en el mejor momento de su vida.
  • Pesebre, buey y asno: dicen que Francisco es el fundador de los belenes. Pero aquí no es el belén tradicional. No está María ni José. Francisco reproduce una antífona que se cantaba en la liturgia: “¡Oh gran misterio y admirable sacramento! Unos animales miraban al Señor puesto en el pesebre”. El “no hay quien lo entienda” de la encarnación.
  • La pobreza es ensalzada: para Francisco la Navidad es un misterio de alegría pero, antes que nada, un misterio de pobreza: el pobre nacimiento de un humano en toda su fragilidad, un niño que llora sin que sepamos por qué (así lo pinta el primer film de Cavani).
  • Las rocas responden: Dice Benedetti que el silencio de las rocas es su manera de decirnos que están vivas. El anhelo de siempre de Francisco de que la naturaleza participe de la alegría de la creación y aun de la Navidad.
  • Entre cantos de alegría: por encima de todo termina prevaleciendo la alegría. Una alegría que es conjugable con las lágrimas y la pobreza (“Vuestra alegría no os la quitará nadie”, dice Jn 16,23).
  • La misa sobre el pesebre: extraño altar para una peculiar celebración. Encarnación y eucaristía se unen: en la eucaristía descubrimos a diario la certeza de fe del Dios encarnado en la historia.

 

Derivaciones:

 

  • Escenario infrecuente: a veces habría que celebrar la fe en marcos no religiosos (en el campo, en las casas, etc.) para indicar que fe y vida van mezcladas. Como ocurre en Greccio.
  • Las pobrezas siempre ahí: no hay manera de desprenderse de ellas. Y ello por una razón sencilla: ocupan el centro del reino y el del corazón del mismo Jesús. Mientras históricamente estén ahí, han de tener su sitio en la celebración.
  • Encarnación áspera: misterio abrupto, le llamaba Rahner. Nosotros la hemos “dulcificado”, domesticado. Pero tiene algo de duro: ¿cómo es posible que Dios se mezcle a la historia, a su creación? La respuesta tiene que ser evidente: sólo por amor.
  • Gozos hondos: los que se captan si se aparta uno un poco de la corriente general para que ésta no nos engulla. Hace falta un poco de perspectiva, de distancia, de silencio.
  • Más allá de los belenes: que son cosas simpáticas, pero con frecuencia anecdóticas. Husmear lo que hay dentro; contemplar lo incomprensible de un Dios que comparte tus camino, que “duerme en tu colchón” (“Dos que duermen en el mismo colchón se hacen de la misma condición”, dice el refrán: Dios duerme en nuestro colchón, algo de eso es la encarnación).

 

Dos preguntas:

 

  1. 1.     ¿Por qué a unos gusta y a otros disgusta la Navidad?
  2. 2.     ¿Cómo explicar de modo sensato la encarnación?

 

Para saber más

 

         Quiera el Señor que el octavo centenario de la celebración del misterio de la Encarnación en Greccio, con la ayuda del Espíritu Santo, permita que la realidad filial de Jesús se encarne en cada uno de nosotros y en todas nuestras fraternidades, para que finalmente engendremos y demos a luz al hijo de Dios que cada uno de nosotros somos (Roberto Genuin).

 

 

10. El hombre y su enfermedad (1 Cel 98b)

 

         Raramente se habla de Francisco enfermo, como si los santos no enfermasen. Francisco murió a los 44 años, aquejado de varias dolencias.

 

El texto:

 

«Los hermanos le aconsejaban frecuentemente e insistentemente le rogaban que tratara de restablecer, con la ayuda de los médicos, su cuerpo, enfermo y debilitado en extremo. Él, empero, hombre de noble espíritu, dirigido siempre al cielo, que no ansiaba otra cosa que morir y estar con Cristo (Flp 1,23), se negaba en redondo a tal plan. Y como no había cumplido en su carne lo que faltaba a la pasión de Cristo, aunque llevase en su cuerpo las llagas, le acometió una gravísima enfermedad de ojos al tiempo que Dios multiplicaba sobre él su misericordia. El mal iba creciendo de día en día y, al parecer, la falta de cuidado lo agravaba. Por fin, el hermano Elías, a quien había escogido para sí como madre, y para los demás hermanos como padre, le indujo a que no rechazara la medicina, sino que la aceptara en el nombre del Hijo de Dios, por quien fue creada, según está escrito: El Altísimo creó en la tierra la medicina, y el varón prudente no la desechará. El santo Padre asintió amablemente, y con toda humildad se sometió a quien se lo aconsejaba».

 

  • La ayuda de los médicos: es necesaria, aunque limitada por su saber. Se puede pensar cómo estaría la medicina en  la edad media y no sabemos por qué conducto llegaba hasta los frailes. Quizá en esa época en que eran numerosos había algún hermano médico.
  • Se negaba en redondo: por pobreza o por manera de ser. Francisco es uno que se queja poco. Tal vez no le viera mucho sentido cuando su cuerpo se desmoronaba por muchas grietas, además de la vista (alguna dolencia digestiva fuerte, etc.). Aunque, en realidad, su mayor “enfermedad” fue la desnutrición, como la de todos los pobres de la época.
  • La gravísima enfermedad de los ojos: como diremos luego, quizá un tracoma. Lo cierto es que Francisco murió prácticamente ciego. Los remedios que le aplicaron (según 2Cel 66 la cauterización del nervio óptico) fueron peor que la enfermedad.
  • Elías…como madre: sobre Elías caerá una maldición franciscana (porque  esquilmó a los conventos para construir el sacro convento de Asís) pero era muy apreciado por Francisco y por Clara (2CtaCla 15).
  • Según está escrito: como en muchas situaciones de la vida de Francisco, la Palabra es instrumento de discernimiento. Por ella se anima, se decide y cambia de parecer.
  • Con toda humildad: sin hacer aspavientos de deja tratar por el médico, sin dar lecciones a nadie, sin sermones de ninguna clase.

 

Derivaciones:

 

  • Nos dan la salud: en la medida que saben son los médicos quienes nos dan la salud. No la da Dios, sino ellos (o si se quiere: Dios a través de ellos). Habría de ser respetados. Ni “adorados”. Ni mal considerados. Hermanos necesarios.
  • Hemos de colaborar: hay que colaborar con sus indicaciones, con sus diagnósticos, con sus tratamientos. Hemos de colaborar con nuestro comportamiento fiscal, para que mejore la sanidad pública.
  • Cuidarnos en la fragilidad: es el gran trabajo de las sociedades que se entienden como familia. No podemos desentendernos de nadie. No puede haber descartados. Cuidar es una actitud profundamente evangélica.
  • La Palabra y su consuelo: puede ser realmente un consuelo en la enfermedad (por ejemplo, los Salmos). La Palabra está hecha para animar y consolar.
  • Humildes ante la enfermedad: sabiéndonos en la cuerda floja, pero también afortunados por poder asistir cada día a este milagro que es vivir.

 

Dos preguntas:

 

  1. 1.     ¿Vamos adquiriendo mentalidad de “cuidadores”?
  2. 2.     ¿Somos equilibrados en nuestras dolencias?

 

 

 

 

Para saber más:

 

         «No encontramos en los escritos biográficos informaciones científicas que expliquen el origen y la naturaleza de esta enfermedad de los ojos. Algunos profesionales médicos han tratado de realizar un diagnóstico de la enfermedad, tal como nos informa O.Schmucki . Th Cotelle indica las áreas dañadas por la enfermedad: párpados, conductos lacrimales, conjuntiva ocular y palpebral y la córnea, sin atreverse a determinar la etiología de estas alteraciones. O. Parisotti piensa en un glaucoma inflamatorio agudo. J. Strebel habla de una iritis con dolores neurálgicos sobre la base de una tuberculosis general y unas cataratas. G. Lobato, Talbot y C. Andresen son los primeros que hablan del “mal egipcio”, es decir, una conjuntivitis tracomatosa. En la actualidad el tracoma es considerado como una de las enfermedades oculares más importantes que azota a la población mundial. Más de 84 millones de personas la están padeciendo y la OMS afirma que esta enfermedad es la principal causa de la ceguera en el mundo. Sus orígenes están señalados en el Antiguo Egipto, donde adquirió una relevancia muy grande, hasta el punto que  ha recibido el triste sobrenombre de Oftalmía egipcia» (M. Amunárriz).

 

EJERCICIOS 2023

CONTRA EL COLAPSO DEL SENTIDO

Notas para una semana de retiro en 2023 con el libro del Eclesiastés

 

         Hablar del sentido parece una cuestión filosófica, algo que no va con nosotros, teoría para desocupados. Pero no es así: el sentido es la razón que nos hace levantarnos cada mañana con ánimo para afrontar el día; es lo que nos hace mirar la realidad con ilusión, aunque, a veces, las cosas vengan torcidas; es la fuerza (¿de dónde viene?) cuando nos muerde el dolor y nos roe la soledad; es lo que nos devuelve el brillo a los ojos, el canto a los labios y la alegría a la relación. El sentido es la orientación del alma, el rumbo del corazón, la correcta dirección de la interioridad. No sabemos cómo decirlo de manera más exacta.

         ¿Merece la pena dedicar la semana anual de ejercicios a trabajar el sentido desde el punto de vista antropológico y espiritual? Nos parece que sí, que eso puede reportar un beneficio a nuestra vida de creyentes. Al fin y al cabo, si los trabajos de fe no ayudan a mejorar la vida interior, pierden su razón de ser.

         ¿Puede ayudarnos en esta tarea espiritual un libro bíblico tan lejano y raro como el Eclesiastés? Puede que sí, siempre que lo trabajemos. Hemos de ensanchar el campo de lectura bíblica y, de vez en cuando, tenemos que adentrarnos por caminos un tanto desconocidos. Hay que ensanchar los límites de la lectura bíblica. Por lo menos, podemos intentarlo. El recurso a la Fratelli tutti pondrá el contrapunto de actualidad al viejo mensaje.

         El nuestro es tiempo de perplejidad. La Palabra, el silencio, la oración común pueden ayudarnos en estos días a hacernos más fuertes contra el peligro del colapso del sentido y conseguir para nosotros puntos de apoyo más firmes que nos ayuden a seguir caminando con ilusión en la senda de la fe.

 

1

VACÍO

 

Planteamiento

 

         Nuestra vida discurre la mayor parte de los días sin sobresaltos (si no, nos resultaría difícil encajarla). Pero, a momentos, surge dentro como una especie de vacío: pasan los años y, a veces, nos vemos con las manos como vacías, como si lo que hiciéramos no tuviera mucho sentido. Una sensación de vacío. Algo temible; lo que los antiguos llamaban el horror vacui, el terror al vacío.

         Y entonces queremos llenar ese vacío con el consumo, la continua actividad, el móvil, las distracciones. Se nos hace difícil llenar el vacío que entrevemos. Y por eso nos echamos en brazos de todo eso, aunque comprobemos, una y otra vez, que el vacío no se llena.

         ¿Y si encaráramos el vacío? ¿Y si lo miráramos de frente? ¿Y si percibiéramos la posibilidad de elaborarlo, no tanto de suprimirlo? ¿Si lo viéramos más que como un acompañante molesto, como una tierra que es preciso labrar y sembrar? ¿Y si llegáramos a entenderlo como una posibilidad?

         La humanidad (la buena relación) y la fe (la espiritualidad) pueden ser semillas adecuadas para ese campo del vacío. Cuanto más humano/a, menos espacio para el vacío, más campo cultivado; cuanto más buscadores en la fe, menos perplejidad, más confianza.

 

Eclesiastés 1,1-2

 

         «Palabras de Qohélet, hijo de David, rey de Jerusalén. ¡Vacío y más vacío! –dice Qohélet-; ¡vacío y más vacío, todo es vacío!».

  • La pseudonimia de David quizá indique que lo que se quiere decir es importante para el Eclesiastés. No estamos hablando de bagatelas, sino del fondo de lo humano, del cimiento de lo que somos
  • Comienza el libro con la palabra “vacío”. De alguna manera, eso dibuja la existencia: muchas veces nos parece que el camino humano es vacío y lleva al vacío. Son las horas de oscuridad que se hacen presentes en nuestra vida, aunque se mezclen con horas de luz (por suerte). Es una gran sabiduría no temer al vacío, saber que está ahí y que puede ser elaborado.
  • E insiste: “más vacío”. Como diciendo: no se argumente diciendo “no te pongas pesimista”. Ni pesimista ni optimista: el vacío está ahí como parte de nuestra vida. A veces es muy denso; otras veces más benigno. Pero está ahí como un componente de lo que somos.
  • Y todavía más: “todo es vacío”. No, aunque algunas veces nos lo parezca.  Cuando se derrumba la vida parece que todo es vacío, sin sentido. Pero no es así: el amanecer, la luz, el olor de la tierra, el ruido del viento, la pureza del agua, etc. es, con frecuencia, el lenguaje del sentido en momentos de oscuridad. Hay que saber escucharlo para levantar los hombros y seguir adelante, para lograr que no se borre del todo la sonrisa de los labios. No todo es vacío, hermano Qohélet, no todo.

 

Reflexión espiritual

 

  • Antídoto contra el vacío: eso puede ser la experiencia de la fe: herramienta para encajar con humanidad, discernir con sensatez y dar un cierto sentido a lo que parece que no lo tiene. La experiencia de la fe es sanadora, no anestesiante. El cultivo de la interioridad, de la oración, del silencio, del diálogo, del disfrute, puede hacer que el vacío no intente ocuparlo todo, sino que se circunscriba a su terreno y no más y que ahí pueda ser elaborado. 
  • Jesús ha experimentado el vacío: el de la oración (Mc 1,35), el del rechazo (Lc 13,34), el del abandono (Mt 27,46). Experimentado en vacíos, pero no ha sucumbido a ellos. Le ha mantenido la certeza de que el Padre siempre está con él, aunque las cosas vengan mal dadas (Jn 8,29; 16,32). Sabe de vacíos; puede entender y animar los nuestros. Él ha logrado reorientar sus vacíos tomando sobre sí los vacíos de otros. Quizá ahí se halle un camino.
  • Comunidad que alienta: eso habría de ser la comunidad de fe; eso es lo que se palpa en sus mejores miembros, los más tenaces, los más proféticos, a veces los más callados. Leer la débil realidad de la comunidad cristiana desde su capacidad de alentar: una gran sabiduría. Recibes aliento de la comunidad cristiana: agradéceselo, dalo tú a otros, no cultives desalientos que no llevan más que a la desilusión y a la amargura.
  • Fraternidad para compartir ánimo: eso es la fraternidad de la VR, de los grupos de fe, de los colectivos creyentes sean cuales sean. El ánimo compartido es como el pan multiplicado: aunque sea poco. Cunde mucho. Ten el valor de poner tu ánimo, sea poco o sea mucho, sobre la mesa de la comunidad para que Jesús lo multiplique. Sé persona de ánimo compartido, contagioso, extendido.

 

FT 36

 

«Si no logramos recuperar la pasión compartida por una comunidad de pertenencia y de solidaridad, a la cual destinar tiempo, esfuerzo y bienes, la ilusión global que nos engaña se caerá ruinosamente y dejará a muchos a merced de la náusea y el vacío».

  • La comunidad de pertenencia (la fe compartida) nos libra de la náusea y del vacío. Necesitamos una experiencia de fe común. Valoremos ese tipo de experiencias, aunque sean sencillas.
  • Para conjurar la náusea y el vacío hay que dar tiempo, esfuerzo y bienes. No se nos va a dar el sentido sin elaboración, sin esfuerzo, sin generosidad.
  • Si no hacemos esta clase de búsquedas, la ilusión global se caerá ruidosamente, nos encontraremos perdidos y como sin alma, a merced de los acontecimientos, sin fuerzas dentro.
  • Es preciso elaborar sentido y espiritualidad para que no ocupe la náusea y el vacío el espacio que está destinado al gozo, al disfrute, a la fraternidad, a la fe.

 

Oración

 

De la frialdad que nos hace indiferentes hacia las cosas.
LÍBRANOS, SEÑOR

Del vacío de las relaciones superficiales.
LÍBRANOS, SEÑOR

De la tristeza que es fruto de poner nuestros ojos

en lo que no es importante.
LÍBRANOS, SEÑOR

De la abundancia que nos convierte en egoístas.
LÍBRANOS, SEÑOR

Del ruido que nos deja sordos a tu Palabra.
LÍBRANOS, SEÑOR

De las distracciones que nos despistan para no seguirte.
LÍBRANOS, SEÑOR

De las riquezas que nos pierden y nos endiosan.
LÍBRANOS, SEÑOR.

 

 

 

2

FATIGA

 

Planteamiento

 

         El corazón humano es, a veces, un corazón fatigado: ¿para qué hago todo esto si nadie me lo agradece? Me canso de hacer cosas que sirven poco, que se repiten, que no tienen relevancia, que no me terminan de satisfacer. Con el cansancio, se hace más gris la vida y más lento el caminar. Pesan los años y pesa su fatiga. Pero quizá la fatiga de no moverse sea más grande, más pesada y más sin sentido que la de andar.

         Tenemos la impresión de que las cosas no cambian. Y en parte es así. Pero eso no quiere decir que encierren siempre una cierta novedad. Descubrir esa humilde novedad, escondida novedad, es antídoto contra la fatiga. Un olfato para lo bueno de lo nuevo: ese es un sentido que no habría que perder.

         Es cierto que tropezamos muchas veces en la misma piedra y eso nos conduce al cansancio, a la fatiga. Pero de cada tropezón se puede aprender y nunca estamos en el mismo punto. El corazón cambia, hace camino, se dirige al horizonte. Para no fatigarnos hay que maravillarse ante un interior que se mueve, que busca, que se pregunta.

Conocemos los remedios contra la fatiga: insistir porque siempre puede surgir una oportunidad nueva; resistir, porque en la resistencia habita la esperanza; ser resiliente, porque de una situación de fatiga asumida puede surgir algo novedoso.

¿No hay nada nuevo? ¿No es nuevo cada amanecer, cada sonrisa, cada gesto de amor, cada camino iniciado, casa sueño acariciado, cada pequeño proyecto planeado, cada abrazo dado con aprecio, cada silencio disfrutado? ¿Nada es nuevo o todo es nuevo para un corazón que palpita? ¿A ver si la novedad está en el corazón más que en las cosas?

 

Eclesiastés 1,3.9

 

         «¿Qué provecho saca la persona de toda la fatiga con que se afana bajo el sol?...No hay nada nuevo».

  • ¿Por qué se pregunta por el provecho, por lo que se puede sacar, por lo que es rentable? ¿Qué nos cansa, los trabajos de vivir o los trabajos que no se consideran pagados? ¿Y si se pagaran con moneda de agradecimiento, de gozo, de alegría común, de disfrute compartido, de camino al corazón andado en compañía? ¿No sería ese un camino provechoso? ¡A ver si la fatiga está en la moneda en que queremos que se nos pague a la que nosotros, por lo que sea, no le damos valor!
  • Hay que distinguir entre fatiga útil y fatiga inútil. La útil es aquella que beneficia al otro, la que proviene de llevar las cargas de los otros, la de hacerse cargo de dolores que no son los míos. La inútil es la que me beneficia solo a mí, la fatiga que me enriquece, aunque, en realidad, tampoco le sacamos provecho. Por eso nos cansa.  La fatiga productiva es aquella que se deriva de vivir con y para el otro.
  • Una fatiga afanosa, desmedida, insensata, desproporcionada. Así es la fatiga inútil, la preocupación por las minucias de una vida empequeñecida. Lo que nos quita el sueño es, a veces, una ridiculez egoísta, cosa próxima al capricho infantil que se quiere satisfacer como sea. Desencapricharse para ensanchar los límites de la vida y del alma. He ahí una gran tarea.
  • Descubrir la novedad, vivir en novedad, sentirse a gusto cuando las cosas cambian para bien del frágil. No anclarse en la terquedad de un beneficio solo para mí, de un poder donde se haga siempre lo que yo diga. Quien dice que no hay nada nuevo bajo el sol es quien quiere que no haya nada nuevo bajo el sol, quien, en el fondo, anda buscando el propio beneficio.

 

Reflexión espiritual

 

  • Un Dios que no se cansa: puede que haya textos donde se diga que Dios se cansó de nosotros (Gen 6,6). Pero Dios es uno que va tras de nosotros sin cansarse (Oseas, Sal 118,170; Lc 15,4). Es paciente y está a la puerta llamando y  esperando a que se le abra (Ap 3,20). Un Dios infatigable, a prueba de desplantes y de agravios, ése es el Dios de Jesús. Porque saber de amor, ni cansa ni se cansa. Siempre está esperando, aunque sea de noche (Jn 3,3).
  • Un Jesús que siempre está a la escucha: porque aunque ande cansado del camino (Jn 4,6) se apresta a escuchar, se “pone cómodo” dispuesto a la total escucha (Lc 19,7). No le fatigan ni nuestra fragilidad moral ni nuestra enorme dificultad para entender y vivir los dinamismos del reino. Sabe de qué pasta estamos hechos y ama y espera sin límites, como quien sabe de amor (1 Cor 13,7). Él no se cansa aunque haya tomado sobre sí nuestro dolor y sea cómplice de nuestra humilde situación (Is 53,4).
  • No cansarse de seguirle: ya que el éxito del seguimiento a Jesús está en su perseverancia, aunque nos sepamos inconstantes y zarandeados por nuestra increencia (Lc 22,31), aunque tengamos que volver a él siempre que nos hayamos extraviado (Lc 22,61).  Hay que pedir la gracia de perseverar hasta el fin no tanto para salvarse (Mt 10,22), sino, sobre todo, para que se nos desvele su rostro, su amor (Ex 33,18).
  • Una fe para descansar de fatigas: ésa es la fe de Jesús, el yugo llevadero y la carga ligera que sosiega y calma, que da energías nuevas, que devuelve el aliento perdido, que nos hace descansar sobre todo de fatigas inútiles (Mt 11,30). Una oración que descanse; una eucaristía alentadora y sosegante; un silencio que repare nuestros desgastes y nos abra a los secretos del alma de Jesús; un discernimiento que aclare nuestros desajustes (Mc 6,31).

 

 

 

 

FT 195

 

         «No se pierde ningún trabajo realizado con amor, no se pierde ninguna de las preocupaciones sinceras por los demás, no se pierde ningún acto de amor a Dios, no se pierde ningún cansancio generoso, no se pierde ninguna dolorosa paciencia».

  • Nada de lo hecho con amor se pierde: las entregas tienen un valor en sí mismas, independientemente del premio, del aplauso, del pago, del reconocimiento. El amor justifica y da sentido a todo acto de entrega.
  • Las preocupaciones sinceras por las situaciones de los demás siempre tienen un valor. Nos conmovemos y, ojalá, nos movamos. Preocuparse por los demás no es entrometerse en su vida; es no cansarse de mirar en la dirección del otro.
  • Todo acto de amor, a Dios y la persona, es productivo porque la buena relación, el reino de Dios, es el trabajo a realizar y la meta a lograr. Al amor le basta una pequeña grieta para florecer.
  • Ningún cansancio generoso, ninguna fatiga humilde, ningún sudor ignorado pierden su valor. pasan al subsuelo de la vida, al humus del que se nutren los corazones, al cimiento de la existencia.
  • Y todo ello aunque a la fatiga le acompañe un cierto dolor, una herida que duele. Un seguimiento de Jesús indoloro no es de calidad.

 

 

 

Oración

 

Señor, me cansa la vida,
tengo la garganta ronca
de gritar sobre los mares,
la voz de la mar me asorda.

Señor, me cansa la vida
y el universo me ahoga.
Señor, me dejaste solo,
solo, con el mar a solas.

Por todas partes te busco
sin encontrarte jamás,
y en todas partes te encuentro
sólo por irte a buscar.

 

 

3

OJOS ABIERTOS

 

Planteamiento

 

         Se puede vivir sin ver, sin mirar, sin lucidez. No es ningún tipo de ceguera física, sino existencial. Quien sabe mirar lleva una vida lúcida; quien no sabe mirar, vive en la inconsciencia. Esto es vivir en el tran tran de los días sin hacerse preguntas, sin valorar, sin queda tocado por lo que pasa; aquel, el vivir lúcido, se detiene en lo que vive, reflexiona, toma decisiones, se mueve sabiendo dónde pone los pies. Son dos maneras de vivir.

         Para mirar con ojos abiertos es preciso estar interesado por la realidad. Se trata de ser interesado, no tanto ser curioso. Habrá que superar esa cultura de titular de telediario que no se informa, que no lee, no profundiza; se queda en la superficie de las cosas. Cuando hablamos de ojos abiertos estos, a la vez, hablando de profundizar un poco.

         ¿Y qué hay que mirar? El lado humano de nuestros caminos. No se trata de vivir en las nubes, sino de descubrir en las sendas de la vida ese lado “espiritual”, profundo, interesante. Tendemos a la superficie y es preciso contrarrestar tal tendencia. Ojos abiertos para crecer en humanidad. De algo de eso se trata.

         Para todo ello, es preciso ser honrados con lo real. Es preciso encarar con humanidad lo que hay, lo que somos en este momento, lo que realmente nos ocupa y nos preocupa. Todo ello para no fugarse de la realidad, para no construir superestructuras que realmente no existen. La mirada de ojos abiertos es una mirada con arraigo antropológico, con raíces en la vida diaria.

         Para eso hay que mirar los detalles, porque en ellos, en su modestia, está encerrada muchas veces la maravillosa verdad de las cosas. Tratar todo en general, grosso modo, es una manera cegata de andar por la vida. No se trata de enredarse en minucias, sino de valorar las posibilidades que se encierran en los pequeños gestos de cada día.

         Todo ello nos llevará a una mística de ojos abiertos, aquella que entiende que para ser seguidor de Jesús no hay que salirse del marco de la cotidianeidad. En tal marco quiere Dios que le amemos y que sirvamos a los hermanos/as.

 

Eclesiastés 2,12-14

 

         «Me puse a considerar la sabiduría, la locura y la  necedad y descubrí que la sabiduría aventaja a la necedad lo mismo que la luz a las tinieblas. El sabio tiene sus ojos abiertos, mas el necio camina en tinieblas».

  • La comparación entre sabiduría y necedad es una manera de analizar la vida. Una ida y una fe despiertas no llegarán sin ese tipo de consideraciones, de discernimientos. Sin ello, la fe se vuelve rutinaria. Se necesitan espacios de discernimiento: oración, silencio, paseo contemplativo, contraste con la Palabra, diálogo con personas de consejo, etc.
  • La sabiduría aventaja a la necedad, el discernimiento a la ruina, una vida despierta a otra adormecida, una fe cultivada a otra simplemente heredada. Merece la pena trabajar por construir una fe y una vida lúcidas, enmacetadas en la realidad y, a la vez, con vuelo utópico, con horizonte.
  • La luz aventaja a las tinieblas: una vida luminosa no es algo que se nos dé sin más. Hacer luz dentro y en los propios caminos vitales es un trabajo que no nos será ahorrado. Se trata de pasar de una mirada opaca y neutra sobre la vida a otra mirada apreciativa, valoradora, disfrutadora de la realidad.
  • Por eso el sabio, el buen lector de la realidad, el creyente trabajador de la fe tiene los ojos abiertos, vive una fe lúcida, creativa, cultivada, redescubierta cada día. Mientras que el necio, el atolondrado, el rutinario, el que no pierde el tiempo en cosas que no producen vive en el atolondramiento y en el despiste de las tinieblas. Y cuanto más se vive en tinieblas, menos capacidad para desear la luz.

 

Reflexión espiritual

 

  • La mirada de Dios: para alimentar una mirada sobre la fe y sobre la vida de ojos abiertos hay que saber cómo nos mira Dios. Dice 1Cor 13,12 que cuando estemos con Jesús, comprenderemos cómo Dios nos ha comprendido. La mirada de Dios sobre nosotros es la mirada del respeto y de la compasión, del amor. Esa misma mirada habría de ir siendo la del creyente, eso es lo que hay que trabajar para que cada día más pueda ser un logro en nuestra vida. La mirada creyente es una mirada nueva sobre la vida, hasta en los detalles.
  • Las miradas de Jesús: Las miradas de Jesús según los evangelios son todo un código que termina por desvelar el rostro del Dios de amor. Efectivamente, ¿cómo saber sin la mirada de Jesús la hondura de su humilde grandeza? Las cristologías hondan en los componentes más profundos de la realidad espiritual de Jesús, pero dejan de lado los matices de componente antropológico. ¿Cómo saber de Jesús sin conectar con sus búsquedas? Y ¿cómo saber de tales búsquedas sin mirar a sus ojos? Por suerte, los evangelios nos han transmitido muchos matices de las miradas de Jesús. De tal manera que, incluso a través de textos tan “manipulados”, podemos hacernos una idea de aquellos ojos, de aquella luz. La mirada penetrante de Jesús está entre velos de sombra. Velos de sombra mezclados a blancos de luz. Mirada que se desdibuja en los telones de la historia. Mirada medio oculta por los avatares de la vida que es preciso desvelar mirando con amor los ojos que te miran con amor. Mirada de la que brota el rojo de la sangre, el rojo del amor que se extiende a lo largo del rostro, porque es una mirada de amor en un rostro que ama. Mirada que demanda otra mirada para que el ir y venir del amor encuentre su verdadera senda. Una mirada que oculta la boca del enamorado pero que se adivina tras los velos del silencio. Porque la suya es una mirada que no muere en el silencio, sino que, por el contrario, la hace más viva, más elocuente. Mirada que pregunta al corazón y que demanda una respuesta que brote de la fuente del amor, del venero inagotable del fundamento de la vida. Antes que mirado, el rostro de Jesús es un rostro que mira. Su mirada ha desvelado la manera de mirar el camino lleno de avatares de la historia que tiene el Dios que ha ceñido su suerte a tal historia. Si algo caracteriza tal mirada es la com-pasión, la pasión por vivir compartida. Esa pasión es la que desata la ternura del corazón y cumple con la vocación primordial que anida en todo ser: vivir, más allá de sobrevivir. Por ello, la compasión que anida en la mirada de Jesús, en la mirada de Dios, deja claro que el camino de la historia, incluidas sus limitaciones, tiene sentido porque anida en él la llamada a la vida. Mirados para sostenernos en la vida, esos son los resultados espirituales de la búsqueda de Jesús.
  • Mirada fraterna: se trata de entender que el grupo de fe (familiar, religioso, parroquial, congregacional) merece ser mirado con la comprensión y el respeto de quien me facilita la fe. Mirada fraterna y agradecida. Hay que alejar lo más posible las miradas desconfiadas, displicentes, ajenas de interés, duras. La mirada es la puerta del corazón. Y eso lo notamos todos.

FT 281

 

         «Entre las religiones es posible un camino de paz. El punto de partida debe ser la mirada de Dios. Porque «Dios no mira con los ojos, Dios mira con el corazón. Y el amor de Dios es el mismo para cada persona sea de la religión que sea. Y si es ateo es el mismo amor. Cuando llegue el último día y exista la luz suficiente sobre la tierra para poder ver las cosas como son, ¡nos vamos a llevar cada sorpresa!».

  • Dios mira con el corazón, tanto para andar los caminos de la paz como cualquier camino de vida. En esa mirada encontramos amparo y orientación. Encontrarse con la mirada compasiva de Dios, por etéreo que parezca, es una gracia impagable.
  • Esa mirada compasiva se derrama más allá de cualquier religión (recordar aquella frase del priori de Tiberine: “Si Dios quiere podré, pues, sumergir mi mirada en la del Padre para contemplar junto con Él a sus hijos del Islam”).
  • Dios mira con amor a los ateos y a nuestros propios ateísmos, los encaja en su corazón que ama hasta hacer de esos ateísmos, por paradójico que suene, un camino hacia él.
  • AL final nos vamos a llevar la sorpresa de un amor volcado a nosotros en totalidad, por encima de fallos, envolviendo el mal y triunfador del bien. Toda una sorpresa anunciada, intuida, algo sabida pero nunca vivida del todo.

 

Oración

 

Están mis ojos cansados
de tanto ver luz sin ver;
por la oscuridad del mundo,
voy como un ciego que ve.

 

Tú que diste vista al ciego
y a Nicodemo también,
filtra en mis secas pupilas
dos gotas frescas de fe.

 

 

 

 

 

 

4

TIEMPO

 

Planteamiento

 

         Por muy fugaz que sea, el tiempo es un don divino: poder estar aquí, poder ver discurrir el tiempo, tener tiempo para hacer el bien, disponer de tiempo para amar, tener oportunidad de aprender con tiempo, tener tiempo para curar y para reorientar la vida. El tiempo: don fugaz, que escapa de las manos, que se pierde a veces, don divino.

         Todos lo sabemos: no es lo mismo dejar pasar el tiempo en vano que aprovechar el tiempo. Dejar pasar el tiempo sin ton ni son es una pérdida irreparable que no vuelve; pasarlo en la búsqueda afanosa del propio bien, del exclusivo placer, hacer del tiempo una herramienta de dominio; todo eso es pérdida. Aprovechar el tempo para la interioridad, el disfrute, la espiritualidad, la cultura y, sobre todo, hacer el bien a quien lo pasa mal es aprovechar el tiempo, aunque el provecho no sea monetario, sino humano.

         Se dice que el tiempo es oro, algo de mucho valor. La expresión lleva implícita la advertencia de que no toques mi precioso tiempo. Si es tiempo para los demás, el “oro” se multiplica y todos salen beneficiados. Si es para uno solo, el oro se devalúa y todos salimos perdiendo. Cuando alguien nos dice “tienes todo mi tiempo”, hace para nosotros la mayor ofrenda.

         Es algo muy saludable vivir en el propio tiempo, ni antes (en la nostalgia) ni después (en la búsqueda desesperada de novedades). Para estar en el tiempo presente es preciso amar la sociedad, ser empático con los movimientos humanos (cosa que no excluye la crítica), desterrar la crítica negativizadora contra el momento presente creyéndolo como la peor de todas las épocas. Ser persona de tu tiempo es ser persona que ama su tiempo.

         El tiempo no vuelve, pero las oportunidades sí. Siempre se puede recomenzar, retomar la senda de la vida y de la fe, recuperar el camino de un amor interrumpido, volver a hacer la promesa de un tiempo dado en ofrenda a quien se ama. Dios y Jesús dan segundas y terceras oportunidades. Hay que aprovecharlas.

 

Eclesiastés 3,1.11

 

         «Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo. Dios ha hecho las cosas apropiadas en su momento y también les concedió el sentido del tiempo».

  • Es preciso saber captar el momento oportuno porque, efectivamente, todo tiene su momento. Es una sabiduría no precipitar el momento y no retrasarlo. Hay que pensar mucho cuándo decir una cosa y decirla cuando se debe. Ser oportuno es una cualidad envidiable; ser inoportuno lleva al sinsentido y al distanciamiento.
  • Cada creatura tiene inscrito en su ser el momento preciso y valioso de su aportación al coro de lo creado. Esa aportación, por humilde y desconocida que sea, resulta valiosa. Viene constituir el humus sobre el que florece la vida.
  • Dios hace y da las cosas apropiadas en su momento: el tiempo de salvación, el tiempo propicio, el kairós. Saber olfatearlo, entreverlo, percibir los pequeños brotes de esperanza es un gran valor que remite a una vida lúcida y a una fe cultivada.
  • Toda cosa tiene el sentido del tiempo, su lugar en la inmensa cadena del cosmos, por mucho que se diluya en medidas de millones de años. La persona también tiene su espacio en ese escenario de millones de años que no sabemos abarcar ni con la imaginación. Se nos dio un tiempo como un regalo, como un precioso don en el inconmensurable regalo del cosmos que vive y se expande.

 

Reflexión espiritual

 

  • Dios generoso: por muy breve que nos parezca la vida, Dios es generoso con nosotros al darnos tiempo para el disfrute, para el conocimiento, para la fraternidad, para la fe, para el gozo, para el saber. Y generoso para la espiritualidad cristiana: para tener y vivir los sacramentos, para poder rezar, para leer la Palabra, para acompañar a los frágiles, para poder sobrevivir a las lágrimas. Nuestra plegaria es la del Salmo 90,12: “Enséñanos a calcular nuestros años para que adquiramos un corazón sensato”.
  • Tiempo suficiente para seguir a Jesús: eso sí que lo tenemos seguro: Dios nos da el tiempo suficiente para hacer el camino con Jesús, para poder intuir de qué va eso y para poder disfrutar el estar con Jesús (Mc 3,14). No es el seguimiento algo tan arcano que no lo alcancemos nunca; se puede lograrlo y depende mucho de la intensidad de relación con Jesús.
  • Tiempos fuertes: así denomina la Iglesia a ciertos tiempos litúrgicos (Adviento, Cuaresma, Pascua). Pero un tiempo “fuerte” puede ser, además, un retiro bien trabajado, un plan de oración seguido con fidelidad, un voluntariado hecho con dedicación, un aprendizaje formativo hecho con alma. Los del Salmo 94,7: “Si hoy escucháis la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón”.
  • Buenos tiempos para la espiritualidad: los nuestros. Porque quizá no sean los mejores para la religión, pero son buenos para la espiritualidad. Hay mucha gente que bucea en el interior, que profundiza, que elabora un camino de fe viva. Es cierto lo que decir Jn 3,8: el Espíritu sopla donde quiere. Hoy también sigue soplando.

 

FT 66

 

 «Con sus gestos, el buen samaritano reflejó que la existencia de cada uno de nosotros está ligada a la de los demás: la vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro».

  • Un tiempo ligado a los demás: esa es la mejor perspectiva para leer y vivir el don divino del tiempo. Mide tu correcta percepción del tiempo por la cantidad y la calidad del tiempo que dedicas a los demás. Al samaritano, la secuencia mirar-acercarse-inclinarse-echar vino y aceite-vendar-montar en la cabalgadura-llevar a la posada-cuidar-prometer volver le llevó mucho tiempo. Algo de mucho más valor que los denarios que dio al posadero.
  • Por eso mismo, la medida del tiempo que vivimos no es tanto el número de años que llegamos a acumular, sino el tiempo que damos a los demás, el que dedicamos al encuentro. Si no brota el encuentro, no estamos empleando bien el tiempo; si se da el encuentro, el tiempo tiene sentido.
  • Y todo porque nuestra existencia está ligada a la de los demás. En esa ligazón adquiere sentido y, si no existiera, estaríamos ante una formidable pérdida de tiempo y de sentido.

 

Oración

 

Así eres Tú, Señor del tiempo y de la vida:

Tú, que llenas de ritmo y compás cada cosa

          Cada latido

Tú que conoces mis tiempos y mis pausas

          Mis idas y venidas

          Mis aciertos y atropellos

          Mi música y mi silencio.

Acompásame, Señor, contigo

          Que respire con tu aliento

          Que camine con tus pasos

          Que mire con tus ojos

          Que responda con tu voz

          Que escuche con tu amor

          Que ame con tu libertad

Y mi corazón, pobre y gastado,

se llene de Espíritu

soplando agradecido:

Tú, mi ritmo.

Tú, mi compás.

Tú, mi silencio.

Tú, primer y último latido.

Tú, Señor de mi tiempo y de mi vida.

 

 

5

DISFRUTE

 

Planteamiento

 

         El disfrute no ha sido tema trabajado en la espiritualidad tradicional. Se le ha mirado con un cierto recelo, por su proximidad (así se pensaba) al pecado (en el Kempis no aparece ni una sola vez). Y sin embargo, es imposible vivir el amor, la fe, la vida en general sin el disfrute. Porque en la vida hay disfrutes abominables (el disfrute de quien mata), pero hay disfrutes hermosísimos: el disfrute de la oración, del amor al trabajo, del gozo de la vida familiar, de la pasión por los pobres, el disfrute de ver que los pobres son, a veces, atendidos y que la justicia les hace caso.

         Una vida sin disfrute es una vida sosa y amarga; una fe sin disfrute desvela que uno no ha sido “atrapado” por la hermosura de Dios y por el atractivo de Jesús. Una Palabra no disfrutada no es una Palabra bien leída; una eucaristía no disfrutada es una eucaristía obligada. Abrazar la espiritualidad del disfrute no es irse por las ramas y, menos todavía, exponerse al peligro. Es algo bien necesario.

         Los disfrutes espirituales son útiles para una experiencia viva de la fe: la oración deseada, la eucaristía compartida, la Palabra degustada, la Iglesia entendida y vivida como casa de amparo y de gozo. Si la acusación de que nuestra fe es triste fuera cierta, habría de ser sustituida por una fe vibrante, gozosa y gustosa.

         Lo mismo pasa con la fraternidad (de la VR, de la vida familiar, de los grupos de fe): si es vivida solamente como reglas que hay que guardar, obligaciones que hay que cumplir, restricciones que se nos imponen, le falta algo, lo más importante: experimentar el gozo de caminar juntos, disfrutar la comunicación sencilla, compartir vivencias comunes. Si todo esto no se diera, la fraternidad se agosta y entra en la rutina que fatiga.

         Hay, incluso, disfrutes sociales que son muy jugosos: ver que el frágil es atendido y respetado, percibir que algunos de los excluidos van saliendo a flote, saber que nadie es desechado en la atención médica (aunque aún quede mucho por hacer con el sector social más vulnerable), alegrarse con las alegrías del vecindario, de la ciudad. Si no disfrutamos de nuestra sociedad, ¿cómo les podremos hacer, llegado el caso, una oferta de espiritualidad cristiana?

 

 

 

Eclesiastés 3,22

 

         «Veo que nada hay mejor para una persona que disfrutar de lo que hace, pues esa es su paga. ¿Quién va a traerle lo que sucederá después de ella?».

  • Puede parecer que el disfrute como paga de lo que se hace es medida rácana, escasa. Pero no; el disfrute es una buena medida: ¿si no disfrutas de los que haces, si lo que haces no tiene para ti mismo un valor, cómo lo va a tener para los demás? De ese disfrute depende la significatividad de la vida (hacer bien lo que se hace, aunque sea poco) en contra del anhelo de relevancia (querer salir en la foto, estar en el escaparate). La vida creyente está llamada a ser significativa más que relevante.
  • La satisfacción de hacer bien algo puede parecer poca cosa, pero es una gran satisfacción, se premie o no, se pague o no, se agradezca o no. No dar paso a algo defectuoso (laudes del miércoles semana II) es un propósito muy valioso porque la desidia nos cerca. Hacerlo bien es la mejor manera de escapar de ella.
  • Lo que suceda después de lo bien hecho no se sabe, nadie se lo va a decir de antemano. Lo más posible es que tenga efectos beneficiosos, pero no se sabe. Por ello, disfrutar haciéndolo bien en el presente es su  mejor garantía de cara al futuro. Es medicina contra la indolencia y el todo da igual.

 

 

 

Reflexión espiritual

 

  • Dios apasionado: así es el Dios de Jesús. La única pasión que abandona es la cólera, aunque el judío que hay en Pablo aún la mantenga (Rom 3,18). Pero su pasión es el perdón (Lc 15,11-32), la generosidad (Mt 20,1-16), la espera incansable (Ap 3,20), el amor (1 Jn 4,8). Dios de pasiones y de disfrutes (Lc 15,7).  ¿Un Dios frío, impasible, hierático podría haber sido el motor de una fe viva?
  • Jesús disfrutante: no son explícitos los evangelios en este punto. Pero lo vemos disfrutando en sus oraciones vivas (Mt 11,25; Jn 11,41), en su aprecio de las personas (Mt 11,11), en sus anhelos de dentro (Jn 8,29), en sus amistades (Jn 11,1). ¿Cómo iba a ser bálsamo para las heridas de quienes andan en los caminos con un rostro adusto y un corazón de corcho? Por el contrario, hasta la fe de los  paganos lo ablandaba (Mc 7,24-30). Un Jesús proclive al disfrute porque está cerca del corazón.
  • Una fe jugosa: hecha de experiencias vivas, más que de ideas, de vivencias de dentro más que de dogmas definidos. Una fe con historia personal, no con argumentos fríos. Una fe biográfica en la que se ha aprendido a Jesús por uno mismo, no por la mediación de otros, aunque esto, sin duda, puede ayudar.
  • Inocencia original: algo de eso hace falta para vivir una fe disfrutante: recuperar al niño que llevamos dentro y a la inocencia de nuestra primera mirada a Jesús. LS’ 66 dice que san Francisco fue de los que logró recuperar esa inocencia  original. Se puede comenzar desterrando lo más lejos posible la desconfianza porque, con ella presente, el disfrute se hace prácticamente imposible.

 

FT 219

 

«Cuando un sector de la sociedad pretende disfrutar de todo lo que ofrece el mundo, como si los pobres no existieran, eso en algún momento tiene sus consecuencias. Ignorar la existencia y los derechos de los otros, tarde o temprano provoca alguna forma de violencia, muchas veces inesperada». 

  • Es un texto que tiene algo de rapapolvos porque nosotros podemos entendernos como personas que puede disfrutar de todo, que tienen derecho a todo, frente a quienes no siendo de aquí (por más que sean personas) parece que no tienen los mismos derechos. Los derechos son universales; mientras no los disfruten todos, no se ha llegado a su verdad.
  • Ignorar a los pobres, apartarlos del disfrute, entenderlos solamente como mano de obra necesitada es un desenfoque. Promocionar y unirse a los gozos de los pobres es unirse a Jesús que secaba las lágrimas de quienes lloraban. Privar a los pobres de sus gozos es uno de los mayores pecados.
  • No podemos extrañarnos, dice el Papa, que la privación del disfrute de los derechos de los pobres pueda llegar a engendrar formas de violencia. Ellos procesan su situación de excluidos del banquete de la vida y se rebelan contra ella. No se puede pretender despojarles impunemente del gozo al que tienen derecho simplemente por ser creaturas.

 

Oración

 

Enséñame, Señor, a vivir el don de cada día,
sin otros planes que los tuyos, los de cada día.
Que pueda maravillarme de tu amor.
Que el rostro de mi prójimo sea nuevo para mí.

Dame un corazón, Padre,
resistente con el sufrimiento de cada día,
fuerte con la lucha frente al mal
amoroso con la oración de cada día.

Que sepa confiar en Ti,
dejando en tus manos el mañana
sin inquietudes ni prisas.
Que cada día estrene tu paz,
aprendiendo de Ti, cada día,
el sentido de la salud o la enfermedad,
del éxito o el fracaso,

del progreso o del retroceso.
Enséñame, Señor, a vivir el don de cada día.

 

 

 

 

 

 

6

POBREZAS

 

Planteamiento

 

         La espiritualidad de la pobreza habría de ser cambiada  por la preocupación por las pobrezas. Ese plural es el que interesa: ¿qué sabemos de las pobrezas? ¿En qué medida nos interesan? ¿Cómo podemos incidir en ellas? Esas son las cuestiones que es preciso ir resolviendo ante el duro y múltiple mundo de las pobrezas.

         Es bueno que las pobrezas nos conmuevan (peor sería si nos dejaran indiferentes, anestesiados). Pero lo más interesante es que las pobrezas nos muevan, deriven en conductas prácticas. Por lo que sea, ese paso se da con dificultad quedando solamente la conmoción del corazón que no lleva a orientar los pasos en una determinada dirección.

         Será preciso activar la responsabilidad, porque quien vive en la abundancia cree que él no tiene parte en el cruel desaguisado de las pobrezas. Es cierto que comprar es un acto moral. Y viajar, trabajar, vestir, comer, curarse, etc. Toda actividad humana tiene su reflej oen el conjunto de la sociedad. Mientras no sintamos esta implicación siempre veremos el problema de las pobrezas como algo desde fuera, algo en lo que yo no tengo parte.

         Y la actuación ante las pobrezas demanda en estos tiempos un nivel de organización que antes no era tan necesario. Y ello, no solamente por razones de eficacia, sino también por la dinámica del desarrollo al que  tiende la actuación con las pobrezas (no solamente por razones de socorro), por razón de humanidad. Actuar contra las pobrezas no es fácil: demanda un alto nivel de corresponsabilidad, organización, control en los proyectos de desarrollo y, en definitiva, fe en lo humano.

         Para la VR el viejo voto de pobreza habría de evolucionar en voto de mayordomía (de buena gestión, evangélica) y de generosidad. El hermoso logro de una economía orientada desde el evangelio habría de tener como meta la preocupación explícita, organizada y eficaz ante las pobrezas. Si no, pretender que la sociedad crea que los religiosos/as somos pobres es una fantasía insostenible.

         El trabajo continuado y acrecentado en la madurez de la vida por llevar una vida simple puede ayudar mucho a entrar en la órbita de las pobrezas. La sencillez de vida aclara mucho las cosas y deja las preguntas desnudas delante del seguidor/a de Jesús.

 

Eclesiastés 4,1

 

         «Me puse a considerar la peor de las opresiones perpetradas bajo el sol: vi llorar a los pobres sin que nadie los consolase; la violencia de los opresores, sin que nadie les detuviese».

  • La peor de las opresiones es la violencia y el menosprecio con los pobres, la génesis inhumana de situaciones  establecidas de pobreza, la división del mundo entre los que cuentan y los que no cuentan. Es muy difícil entender que las pobrezas son el lado más inhumano de la historia cuando no se pertenece a ese mundo, cuando se está lejos de las garras que destrozan y de las hambres que devoran. Dos absolutos: Dios y el hambre, decía Casaldáliga. Ni siquiera el primero; sólo el segundo.
  • Las lágrimas de los pobres que nadie recoge, que no importan a nadie, que se pierden en el mayor de los olvidos. Dios las recoge (Sal 56,8). Hacer llorar a un pobre es una iniquidad. Esa opresión se “perpetra”, igual que un crimen. De alguna manera,  es preciso generar consuelo, interés, preocupación.
  • La violencia que nadie detiene. Pero, en realidad, hay muchos  que se oponen tenazmente a la violencia con riesgo de sus vidas (obispo Rolando Álvarez). Sin esa oposición, la violencia habría destruido ya la tierra. La violencia contra los pobres supera la impunidad en la resistencia de los pacíficos. El silencio en el que discurren las lágrimas de los empobrecidos, se hace, algunas veces, clamor elocuente.

 

Reflexión espiritual

 

  • Dios de pobres, Dios de esclavos: pocas veces ocurre en la historia de las religiones que Dios se presente como un Dios de pobres, al lado de los esclavos (Ex 3,7). Por muchas que sean las infidelidades de Israel, sigue siendo el Dios de los oprimidos. Dios ama a todos, pobres y ricos, pero no del mismo modo: se alía con los empobrecidos y advierte a los poderosos (Lc 1,39-56). Dios abandona a estos en su necia terquedad (Lc 16,19-31) y acoge al frágil en su debilidad (Prov 31,9).
  • En la mesa de los pobres: uno de los rasgos definitorios del comportamiento de Jesús es haberse sentado a la mesa de pobres y pecadores asociándose, de algún modo, a su ser pecador. Ningún profeta o gran “santo” del AT se ha comportado así. Por eso mismo, las pobrezas están en el núcleo de la fe en Jesús, no son mera consecuencia de esa fe (contra Clovis Boff). Esto tiene que llegar a marcar la vida y las opciones del seguidor/a.
  • ¿Dentro o fuera?: quizá hayamos hecho un tipo de fe que no permite que las pobrezas estén dentro de las preocupaciones de la vida cristiana, aunque vamos mejorando notablemente. La Iglesia habla mucho de los pobres a la vez que crea una estructura donde no tienen cabida, excepto en sectores específicos (Cáritas, Manos Unidas, ONGs católicas, etc.).. Para avanzar en esto se precisa un cambio tan fuerte en la estructura eclesial que hoy todavía es un sueño.
  • Con los pobres de la tierra: así comienza el poema de José Martí. Teniendo a un Dios y a un Jesús que han echado su suerte a ese lado, se impone para el creyente una tarea imprescindible: tomar carta de responsabilidad en el tema de las pobrezas. No se puede mirar para otro lado. Es preciso hacerse cargo del tema tanto personal como institucionalmente. Nos jugamos en eso mucha de la orientación evangélica de la vida del creyente y de la misma Iglesia.

 

 

FT 21

 

«Hay reglas económicas que resultaron eficaces para el crecimiento, pero no así para el desarrollo humano integral. Aumentó la riqueza, pero con inequidad, y así lo que ocurre es que nacen nuevas pobrezas. Cuando dicen que el mundo moderno redujo la pobreza, lo hacen midiéndola con criterios de otras épocas no comparables con la realidad actual. Porque en otros tiempos, por ejemplo, no tener acceso a la energía eléctrica no era considerado un signo de pobreza ni generaba angustia. La pobreza siempre se analiza y se entiende en el contexto de las posibilidades reales de un momento histórico concreto».

  • Las reglas económicas no son todo. Los planes de regeneración económica pueden encerrar la perpetuación de las pobrezas bajo modos más “civilizados” pero tan excluyentes como siempre (crear empleo en condiciones de “esclavitud”).
  • Al haber inequidad, nacen nuevas pobrezas (no llegar a fin de mes aun teniendo trabajo, generar dependencia en base a contratos legales pero empobrecedores, pobreza climática, pobreza energética, inseguridad alimentaria, etc.). Surgen nuevas pobrezas porque la fuente de las mismas sigue manando: la desigualdad.
  • La reducción de la pobreza y del hambre se hace con criterios geopolíticos. Pero quien está sumido en la pobreza sigue en ella. No le consuelan las estadísticas,  no llenan su estómago.
  • La pobreza energética, las dificultades para lograr una vivienda, le imposibilidad de emancipación, la tiranía de la dependencia económica, etc., generan angustia y “llanto” social.

 

Oración

 

Padre, Creador de Abundancia,
concédenos generosidad para compartir tus dones y beneficios
con nuestros hermanos y hermanas en toda la Tierra.

Jesús, Príncipe de Paz,
que seamos artesanos de la paz que fortalece la justicia
y de la justicia que sostiene la paz.

Espíritu de Justicia,
que el amor y la igualdad que compartes con el Padre y el Hijo
nos inspiren a apoyar políticas justas de comercio que levanten a los pobres.

Padre, Creador del mundo,
que seamos buenos corresponsables de las riquezas de la Tierra
y respetemos los pueblos de cuyas tierras se extraen los recursos.

Jesús, Señor que alivias nuestras Cargas,
que nos apiademos de las naciones agobiadas por las deudas
y nos comprometamos a buscar su exoneración.

Espíritu Santo, Autor de la Vida,
inspíranos paraa proteger el don de la Creación,
y a ayudar a los pobres que más sufren a causa del daño al medio ambiente.

Dios que eres comunión de Amor,
ayúdanos a amar a todos nuestros prójimos y a los desplazados de sus hogares,
acogiendo a los refugiados e inmigrantes y aliviando la pobreza en otros países.

Padre
ayúdanos a reconocer tu rostro en todos los afectados por la pobreza mundial
y llénanos con el amor y la fortaleza necesarias para combatir sus causas.

 

 

7

FRATERNIDAD

 

Planteamiento

 

Hablar sobre la fraternidad es estar amasando siempre la misma masa, la masa de lo humano. Por eso aparece el asunto en textos antiguos y en propuestas de hoy. La fraternidad, en cualquiera de sus variantes, es el objetivo y sentido del camino humano. Por mucho que la maltratemos, la hiramos, la oscurezcamos, la fraternidad sigue interpelando al corazón humano. Antes y ahora.

Como decía Bauman (Príncipe de Asturias 2011) el sentido de la vida humana es vivir con y para el otro: eso es la fraternidad, situarse en la órbita de lo común y entregarse con dedicación los trabajos comunes. Esto es una bomba en la línea de flotación del individualismo, de la autorreferencialidad.

Problema complejo porque se trata de adquirir una mirada común a la vida lo que supone sumar individualidades, difícil suma siempre. Posibilidad porque la suma de personas multiplica los caminos y abre horizontes desconocidos a la persona. Cuantas más posibilidades se abran, más se reduce el volumen de los problemas.

Una de las preocupaciones de hoy en esta coyuntura reductiva de las fraternidades es generar ilusión. La ilusión es más importante que las vocaciones (aunque no las desechamos). Un grupo con ilusión tiene el dinamismo de la creatividad, de la alternatividad y del gozo. Contagiar ilusión es una tarea de siempre, especialmente de nuestro hoy.

La vida fraterna es una vida reunida. Quien no ama lo común tiene un fuerte problema de fraternidad, no ha venido a buen sitio. La esterilidad de nuestras reuniones ha de ser revertida por el afán de mezclarse con la realidad del hermano como mejor camino de seguimiento.

 

Eclesiastés 4,9-10

 

«Mejor dos juntos que uno solo, pues su fatiga les aprovecha más. Si uno cae, le levantará su compañero, pero ¡pobre del solo que cae!, pues no tendrá quien le levante».

  • Para el Eclesiastés es cosa clara: uno más uno no son dos, sino mucho más. Es la pura realidad: la unidad, la fraternidad no solamente suma, sino que, además, multiplica. Las pegas de la fraternidad quedan ampliamente superadas por sus beneficios. La fraternidad es rentable en muchos aspectos (humanos, económicos, espirituales, etc.).
  • Las fatigas menguan en  la vida fraterna porque es esencial a la misma el reparto de los pesos de la vida. Una fraternidad que, ella misma, suponga un peso es una contradicción: lo suyo es aliviar pesos, hacer más ligera la carga de los días. Los disfrutes fraternos son antídoto contra la fatiga.
  • Las inevitables caídas de la vida, algunas graves, son más llevaderas en todos los casos si la fraternidad las acoge. Muchas veces hemos experimentado que nos ha levantado de nuestra debilidad la fortaleza de un compañero/a, de alguien que vive con nosotros. Todos hemos sentido en nuestra vida la ayuda impagable de un cirineo en momentos de dificultad.
  • Caer solo es doblemente penoso. Por eso mismo, la gran tarea de la fraternidad, como la de Jesús (Jn 5,21), es colaborar a levantar al caído, sacar de la zanja a quien anda en oscuridad, abrir horizonte cuando todo se oscurece. De san Francisco dice san Buenaventura que fue luz en tiempos de oscuridad. Esa es la gran vocación de la vida comunitaria.

 

Reflexión espiritual

 

  • Un Dios familiar: Desde tiempo inmemorial ha visto la espiritualidad y lo ha deseado fervientemente que Dios sea como un familiar al que se puede tratar con confianza. El Dios del Génesis así lo demuestra: baja al fresco del jardín para el diálogo amigable (Gén 3,8), cose pellizas a Adán y Eva para que no pasen frío (Gén 3,21), profesa una fidelidad a la persona por encima de sus fallos (Gén 9,13), ampara al exilado (Gén 28,11-19), etc. Es el Dios materno que enseña a andar a Israel (Os 11,3) o que se dirige a él con acentos de honda ternura (Is 41,14-16). El anhelo de un Dios familiar que se concreta en la familia de quienes cumplen el designio del Padre (Mc 3,35r).
  • Un Jesús necesitado de hermanos a quienes amar: tuvo Jesús muchos motivos para despedir a sus discípulos. No le ayudaban mucho y, a veces, eran un estorbo (Mc 4,36). Pero nunca los despachó porque los necesitaba para amarlos, para que estuvieran con él (Mc 3,14). Por eso los echó de menos cuando lo dejaron solo (Jn 16,32). Jesús, él también, necesitado de fraternidad. Creía que el reino se implantaba por el cauce de la fraternidad con el débil (Mt 25). Jesús, hermano que necesita hermanos y hermanas (Jn 20,17).
  • La fe se experimenta en la fraternidad: porque la fe no es cosa principalmente de ideas, sino de experiencias personales. Y la experiencia de la fe, los grandes principios, se “tocan” en la vida fraterna. Lo vemos en la carta a los Romanos: dice Pablo que, por la muerte de Jesús, Dios nos ha liberado del pecado, de la ley y de la muerte de modo que podemos llevar una vida nueva en Cristo. Pero esa vida nueva de palpa en la vida comunitaria con sus pequeños problemas (uno come una cosa, otro otra; uno guarda un día, otro uno distinto; etc.). De tal manera que los fuertes han de llevar las flaquezas de los débiles (Rom 15,1).
  • Grupos de fe: no son aquellos con los que uno normalmente se va por ahí de fiesta. Son, sin embargo, grupos de fraternidad porque se comparte en ellos un aspecto importante como es la experiencia cristiana. Puede que de ellos nazca la amistad o puede que no. Pero son grupos fraternos muy importantes para el desarrollo de la fe. Es bueno cultivarlos.

 

FT 87

 

«Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás. Ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros: Sólo me comunico realmente conmigo mismo en la medida en que me comunico con el otro. Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar. Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad. Por el contrario, no hay vida cuando pretendemos pertenecer sólo a nosotros mismos y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte».

  • Un número muy bueno. Podría estar en las paredes de las casa religiosas y de las familias. Uno cree que se realiza a costa de los demás. El Papa dice que uno se realiza en la entrega al otro.    Lo mismo dice Jesús en el evangelio (Mc 9,35).
  • En el encuentro con los otros se encuentra uno consigo mismo. El otro nos ve desde fuera y su visión es, en parte, acertada. Menospreciarla es un error de conocimiento y de fraternidad.
  • Para lograr crecer en fraternidad hay que habilitar espacios de comunicación. Si cada uno va a lo suyo, se diluye la fraternidad.
  • La vida brota si hay fraternidad: es el terreno adecuado para que florezcan los mejores valores humanos. La fraternidad es el terreno natural de los valores.
  • Hace falta concretos a quienes amar y por quienes rezar (Rom 1,8). La concreción de la fraternidad ayuda a la espiritualidad.

 

Oración

 

Señor y Padre de la humanidad,
que creaste a todos los seres humanos

con la misma dignidad,

infunde en nuestros corazones

un espíritu fraternal.

Inspíranos un sueño de reencuentro,

de diálogo, de justicia y de paz.
Impúlsanos a crear sociedades más sanas

y un mundo más digno,
sin hambre, sin pobreza, sin violencia, sin guerras.

 

Que nuestro corazón se abra
a todos los pueblos y naciones de la tierra,

para reconocer el bien y la belleza
que sembraste en cada uno,
para estrechar lazos de unidad,

de proyectos comunes, de esperanzas

compartidas. Amén.

 

 

 

8

DINERO

 

Planteamiento

 

         No hay que hacer lírica barata: necesitamos del dinero para vivir. Siempre ha sido así, pero más en esta sociedad nuestra donde el trueque, el pago en especie, etc., han quedado casi desaparecidos, residuales. Es preciso ir construyendo una espiritualidad para esta época nuestra del dinero sin terminar aprisionados por él.

         Efectivamente, lo malo del dinero es que su ser “caníbal”: termina devorándolo todo de manera insaciable (la vieja canción del “todos queremos más”). La espiritualidad del dinero, su supeditación a lo humano, ha de darse por encima y más allá de la cantidad: el tener poco no exime de trabajar su reorientación.

         El poder omnímodo del dinero se contrarresta con una espiritualidad de la justicia y de la generosidad. El lado injusto del dinero queda patente cuando se trata del mucho dinero; pero también puede estarlo en el poco dinero. Su lado cuestionable está sustentado por el egoísmo que alienta nuestra visión del dinero y que va emparejado con la injusticia. Todo ello se cura a base de generosidad, La generosidad es necesaria con lo que sobra y puede llegar hasta lo que hace falta y solamente puede brotar de alguien que ha escapado de las garras del egoísmo. Difícil, pero posible.

         Parece un axioma consagrado aquello de que con mi dinero hago lo que yo quiero. Desde el punto de vista evangélico y social, tu dinero no es solamente para ti, no puedes hacer lo que quieras: alguien, el necesitado, tiene algún tipo de derecho sobre lo tuyo. Su necesidad es la que le otorga ese cierto derecho. Es una exigencia de nuestro ser familia humana y de nuestro ser familia creyente.

         Y, junto a la generosidad, la sencillez de vida. Es saludable aquello que dice Cáritas: vive sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir. Las repercusiones morales de nuestros actos económicos son evidentes. Con los años habríamos de cultivar explícitamente la sencillez de vida en la que, por cierto, se encierra un verdadero gozo ya que al despojarnos de lo que no es esencial brota con más facilidad lo que es importante. No se trata de racanear, sino de moderarse.

 

Eclesiastés 5,9.14

 

         «Quien ama el dinero no se harta de él. Quien ama la abundancia quiere más ganancias. Desnudo salió del vientre de su madre y desnudo volverá, tal como ha venido, y nada se llevará de la fatiga de sus manos».

  • La manera de controlar la “insaciabilidad” del dinero es ir aprendiendo el arte del disfrute con poco, del gozo de los placeres sencillos y muchas veces gratuitos (respirar, contemplar lo creado, la conversación agradable, la pluralidad ciudadana, la alegría de los niños, etc.). Gozos que no cuestan dinero pero son imprescindibles para que la vida tenga sabor.
  • ¿Cómo amar otra “abundancia” que la económica? La abundancia de buena relación, de diálogo, de amabilidad, de respeto, de cercanía, de sensibilidad, de interés por el frágil, etc. Las otras abundancias que están libres de la tiranía de las ganancias. ¿Es todo esto lírica o es algo realmente posible?  ¿Cómo escapar a esa visión “realista” de la vida que todo lo circunscribe a las ganancias económicas?
  • La consideración de la “desnudez” humana es muy saludable: los valores están, sobre todo, en la realidad de la persona, en su interioridad, no en los ropajes monetarios que se ponga encima. A la larga sale la verdad: lo que uno es no se ve en lo que se pone, en lo que tiene, sino en lo que es. ¿Cómo escapar de los añadidos externos y animarse a construir valores de dentro?
  • Es evidente que nada nos llevamos de la fatiga de nuestras manos. Decía J. Melé de Tríodos Bank que si viéramos lo que muchas veces hacen los herederos con el dinero heredado.. Y el Papa Francisco tiene una frase irónica: “¡Nunca he visto, detrás de un coche fúnebre, un camión de mudanzas! No tiene sentido acumular si un día moriremos. Lo que debemos acumular es la caridad, es la capacidad de compartir, de no permanecer indiferentes delante de las necesidades de los otros”.

 

Reflexión espiritual

 

  • Dios generoso: quizá sería más fácil controlar nuestra ansia de dinero si asumiéramos la certeza de que el Dios de Jesús es un Dios generoso. Viene magníficamente expresado en la parábola de los trabajadores a la viña (Mt 20,1-16): “¿Vas a molestarte porque yo sea generoso?”. La generosidad de Dios se manifiesta en lo creado (millones de galaxias, 400 millones de espermatozoides, etc.). Pablo hablaba de la “sobreabundancia de la gracia” (Rom 5,20). Dios es un derrochador porque él no mira su potencia con egoísmo. La idea de un Dios que da con cuentagotas es una proyección de nuestro racanismo.
  • Jesús libre de ambiciones: murió tan pobre como vivió. Le encontró sentido al servicio y se definió como uno que sirve (Lc 22,27). No hizo mella en él la ambición y habló de “devolver” al poderoso su dinero para marcar un camino alternativo (Lc 20,25). Porque la alternatividad debía ser una característica del seguidor/a de Jesús (Mt 18,6ss). Si de algo queda libre la persona de Jesús es de su afán por el dinero.
  • Tesoro en el cielo: en Mt 6,19-34 se habla de tener un tesoro en cielo. Un tesoro divino, cercano a Dios. ¿Cuál es ese tesoro? El tesoro de la solidaridad, de la ayuda al frágil, el tesoro de lo que se da, de lo que se ofrece aquí en la tierra, que es manera mejor de atesorar en el cielo. Es la función social del dinero, por pequeña que sea: querer que mi dinero contribuya al freno de la desigualdad, a la dignidad de los empobrecidos, al desarrollo de los que tienen el peligro de quedar atrás. Ése es el tesoro en el cielo.
  • La conciencia del dinero: algo que hemos de ponerlo nosotros. Hace falta lucidez, información y decisión. Porque estando convencidos del valor de la lucha contra la pobreza, el hambre y la enfermedad, no terminamos de dar el paso al frente. ¿Qué nos podía ayudar? Cultivar los grandes valores: el sentido de familia humana, la dignidad, la igualdad, etc. No descreer de los grandes valores por mucho que se los quiera desvirtuar. Nuestra conciencia es la que pone conciencia al dinero.

 

FT 116

 

         «Solidaridad es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del Imperio del dinero».

  • Puede sonar lejano eso de luchar contra las causas estructurales de la pobreza. Pero se puede traducir a cosas al alcance de la mano: no fomentar la desigualdad practicando un consumo responsable, solidaridad con proyectos sociales y educativos sencillos, cercanía a colectivos excluidos, aumentar la capacidad de escucha, etc.
  • Los efectos destructores del imperio del dinero a los que podemos colaborar quizá sin darnos cuenta: maneras de hablar, modos voraces de comprar, maneras injustas de contratar, etc.

 

 

Oración

 

El dinero y Tú, Señor, estáis reñidos
porque cuando el primero se hace el rey
me obliga a dejarte a Ti a un lado.

 

Cuando acumulo, gasto, deseo, compro,
mi cabeza hace números y cuenta,
se centra en mis caprichos y en las cosas
y me aparta de tu serenidad y tu sosiego.

 

Cuando vivo esclavo de lo que tengo,
se me rompe el amor y no comparto,
se me pega el corazón a lo que tengo
y soy incapaz de amar de forma libre.

 

Siento que ser pobre me hace libre,
tener menos me aligera el equipaje,
me hace estar menos pegado a todo
y estar más disponible y despreocupado

 

Ayúdame, Señor, a ir desprendiéndome
a regalar y compartir mis cosas,
a disminuir mis pertenencias y deseos,
a vaciar armarios y estanterías
y a vivir como de otros todo lo mío.

 

Hazme un regalo, Señor, para la gente:
que no tenga nada mío, sino de todos,
que comparta cada cosa, cada libro,
cada música, aprendizaje y tesoro.

 

Quiero tener mi corazón,
puesto en Ti, del todo, Señor.
Quiero vivir en desapego,
para ganar en libertad interior.

Quiero sentirme ligero de equipaje
y necesitar cada día menos,
para compartir un poco más
y así vivir amando a los demás.

 

9

PESADUMBRE

 

Planteamiento

 

         La pesadumbre siempre acecha a la persona, quizá un poco más a medida que avanzan los años. Unas veces hay motivo para ella; otras, sin motivo explícito. De repente, los días se nublan y todo parece entrar en una fase de “sosera”. Las cosas y la relación pierden su sabor y comienza a dar todo igual. Las garras de la pesadumbre. Cuanto más lejos esté de nuestra vida, mejor. Que, si es posible, no vaya a más.

         Más allá de su complejidad, quizá la pesadumbre sea un derivado de uno de los componentes de nuestra estructura personal: la soledad. Las soledades añadidas quizá sea susceptibles de ser superadas. Pero la soledad básica es intransferible. Por eso mismo, si de ahí deriva, a veces, la pesadumbre, habrá que establecer un pacto lo más saludable posible con esa soledad que nos constituye. No habrá que huir de ella, sino acogerla con comprensión y tratar de andar los caminos en la mejor relación humana posible para que la soledad no se adueñe de todo.

         Del mismo modo que las alegrías compartidas se multiplican, las pesadumbres compartidas menguan. Por eso, también en esto la fraternidad tiene un papel positivo que jugar. Una vida fraterna, relacional, saludable deja menos espacio a la pesadumbre, la despoja de sus argumentos que suelen ser, en general, negativos. Por eso mismo el cultivo de la vida relacional produce luz en el camino humano; el alejamiento de  la relación engendra sombras.

         Los trabajos de lucha contra la pesadumbre son trabajos de por vida. Es preciso estar al tanto hasta los días finales de nuestro camino si queremos que la muerte nos encuentre lo más vivos posible. Esta resistencia profunda al desaliento es una característica del humano conseguido y, por ello, del creyente adulto.

 

 

 

Eclesiastés 7,9-10

 

«No te dejes llevar por la pesadumbre, pues la pesadumbre anida en el pecho de los necios. No te preguntes: ¿por qué el pasado es mejor que el presente?, pues no es cosa propia de sabios hacerse esa pregunta».

  • La pesadumbre es como un río  que arrastra sin meter mucho ruido. El camino hacia ese abismo es, con frecuencia, paulatino y moderado. Pero hay que aprender a no dejarse llevar por él, haya motivo o, peor todavía, si no lo hay.
  • Hay quien entiende aquí pesadumbre por “cólera” y, por ello, se alude a no dejarse llevar de la cólera a la hora de valorar personas y cosas. Una reflexión tranquila posibilitará un buen diagnóstico. Pero aquí, como en Job 6,2, se habla de pesadumbre, de esas nieblas que se enganchan al alma y lo envuelven en grisura y desaliento. No hay manera de quitárselos de encima y hace que los días se vacíen de sentido.
  • Es signo de nostalgia sin base que puede llevar a la pesadumbre pensar que el pasado fue siempre mejor y que el presente es una realidad desazonada, sosa, sin sentido. Refugiarse en el pasado puede ser un falso refugio que lleva a la pesadumbre o a un absurdo tradicionalismo. Es necesario hacerle frente a esto para no caer en utopías románticas sin base.
  • El sabio (el creyente lúcido, la persona de ojos abiertos) no se hace la pregunta por el pasado y el futuro sin considerar que ambas dos dependen, en parte, de la manera de vivir el presente, un presente que entiende el pasado con comprensión y respeto y un futuro que se fragua en los valores del presente. Ni pesadumbre, ni falsas euforias, sino sencillo construir de un presente humano y disfrutante, sensato y trabajador, aireado y fraterno.

 

Reflexión espiritual

 

  • Rostro que se oculta: en la Biblia se expresa la pesadumbre con la metáfora del Dios que oculta su rostro. De ahí la súplica: “no me escondas tu rostro, Señor” (Sal 26,8). Él no lo esconde; lo que ocurre es que el dolor nos impide verlo donde está, no en el cielo, no en el milagro que desearíamos, sino en las mediaciones históricas de bondad que nos van saliendo al camino y que, quizá, no reparamos en ellas. Si las percibiéramos, la soledad y la pesadumbre se harían menos densas.
  • Sin preguntas: Cuando el corazón está lleno de pesadumbre se deja de hacer preguntas a Jesús (Jn 16,6) Es el síntoma de una fe que se adormece o, peor todavía, que se apaga. Preguntar es necesario para alejar pesadumbres porque la pregunta brota de un corazón que anhela, que está vivo (aunque sufra). Avivar la fe, como alejar el desamor, es alejar la pesadumbre.
  • Espíritu fuerte, carne débil: eso dice Mt 26,41. Y en cierto modo es así: somos muy lanzados en espíritu, en la teoría, en los deseos. Pero llega luego la zopenca realidad y nos hace ver que las cosas son más modestas que lo que decíamos. Hay que acoger esa debilidad, lo que nos hará más fuertes. Es preciso ser compasivo y hasta tierno con uno mismo porque si no lo somos ¿cómo vamos a controlar la pesadumbre?
  • Fuerza en la debilidad: uno puede tender a pensar que en la pesadumbre todo es debilidad. Pero san Pablo dice en 1 Cor 12,8 que hay fuerza en la debilidad. Así es, la debiidad no es, cien por cien, negatividad. En esa zona oscura que, a veces, nos anega, hay también una fuerza puesta por Dios o puesta por el amor de quien nos ama. Tal fuerza, por sencilla que sea, puede ser de mucha utilidad para huir de las sombras.

 

FT 51

 

         « Algunos países exitosos desde el punto de vista económico son presentados como modelos culturales para los países poco desarrollados, en lugar de procurar que cada uno crezca con su estilo propio, para que desarrolle sus capacidades de innovar desde los valores de su cultura. Esta nostalgia superficial y triste, que lleva a copiar y comprar en lugar de crear, da espacio a una autoestima nacional muy baja. En los sectores acomodados de muchos países pobres, y a veces en quienes han logrado salir de la pobreza, se advierte la incapacidad de aceptar características y procesos propios, cayendo en un menosprecio de la propia identidad cultural como si fuera la única causa de los males».

  • Podríamos decir que estamos hablando aquí de una pesadumbre nacional que afecta a todo un país: se presenta a un país o a una región del mundo como ejemplo de dicha; quien no se acomode a ese parámetro no cuenta. Esto sume a un país en una especie de depresión nacional, en una vida que no merece la pena. No se tienen en cuenta los valores de los humildes, se menosprecian estilos de vida que no son exitosos económicamente hablando.
  • Brota así la “nostalgia superficial y triste” (y peligrosa) que lleva a imitar modelos de vida que no son ni los mejores, ni los posibles: se copia, se compra y, al final, brota una autoestima baja. Colaborar a la baja autoestima de un país no puede sino llevar a efectos indeseados, incluida la violencia.
  • Quienes logran prosperar colabora, dándose cuenta o no, a remachar la idea de que el propio país no merece la pena si se lo compara con los países ricos lo que lleva a un menosprecio de la identidad cultural como si hubiera que estar siempre imitando el estilo de vida de los países enriquecidos. Esta pesadumbre sociopolítica genera muchas disfunciones sociales.

 

Oración

 

No te inquietes por las dificultades de la vida,

por sus altibajos, por sus decepciones,

por su porvenir más o menos sombrío.

Quiere lo que Dios quiere.

Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades

el sacrificio de tu alma sencilla que,

pese a todo,

acepta los designios de su providencia.

Poco importa que te consideres un frustrado

si Dios te considera plenamente realizado,

a su gusto.

Piérdete confiado ciegamente en ese Dios

que te quiere para sí.

Y que llegará hasta ti, aunque jamás lo veas.

Piensa que estás en sus manos,

tanto más fuertemente cogido,

cuanto más decaído y triste te encuentres.

Vive feliz. Te lo suplico. Vive en paz.

Que nada te altere.

Que nada sea capaz de quitarte tu paz.

Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales.

Haz que brote,

y conserva siempre sobre tu rostro,

una dulce sonrisa,

reflejo de la que el Señor

continuamente te dirige.

Y en el fondo de tu alma coloca,

antes que nada,

como fuente de energía y criterio de verdad,

todo aquello que te llene de la paz de Dios.

Recuerda:

cuanto te deprima e inquiete es falso.

Te lo aseguro en el nombre

de las leyes de la vida

y de las promesas de Dios.

Por eso,

cuando te sientas apesadumbrado, triste,

 adora y confía.

 

10

HONRADEZ

 

Planteamiento

 

         La tipología buenos/malos está muy próxima a la de honrados/malvados. Hay otras: los que miran al dolor ajeno y los que no miran; los que cuidan y los que no cuidan. La honradez es un valor que apunta a esta segunda clase de tipologías. No se trata tanto de una honradez reconocida socialmente sino de la honradez esencial, el corazón bueno, que actúa en toda clase de personas, incluso en los, a veces, considerados malos.

         Por otro lado hay que moderarse a la hora de presentarse como totalmente honrados. Es muy difícil lograr esa totalidad. Todo el mundo tiene rincones devastados, algún “cadáver” en el armario. No se trata de andar exhibiéndolo sino de, al saber que está ahí, vivir, entenderse y presentarse con una honradez humilde, marcada también por la limitación.

Es totalmente necesario, ya lo hemos dicho, ser honrados con lo real. Es lo que hay, nos guste más, menos o nada, y se trata de encajarlo con benignidad y de corregir su trayectoria si fuera necesario Aceptar esto proporciona una cierta paz y capacita más para encararlo y asimilarlo con humanidad. Ser honrado con lo que no hay lleva a auténticas esquizofrenias.

Como muchos valores, la honradez se lidia en los detalles de cada día, en el marco de la sencilla vida cotidiano. Ser honrado en lo poco es garantía de ser honrado en lo mucho. Despreciar la honradez por su poca envergadura es imposibilitarse para saber el camino a elegir cuando se presente la gran cuestión.

La honradez social tiene como motor el amor social (lo mismo ocurre en los otros tipos de honradez). Ser honrado sin amor es algo muy difícil. Por el contrario, a quien ama a la sociedad le sale fácilmente ser honrado y cumplidor con ella y sus obligaciones.

 

Eclesiastés 7,15.20

 

         «De todo he visto en mi existencia: honrados que fracasan en su honradez y malvados que envejecen en su maldad. No hay nadie en la tierra tan honrado que haga el bien sin cometer nunca errores».

  • Hay honrados que fracasan en su honradez midiendo el éxito con los parámetros del triunfo económico o social. Pero si se mide desde la perspectiva de lo humano y desde el evangelio, la honradez nunca es un fracaso, aunque no sea reconocida ni aplaudida. Más aún, una honradez “fracasada” puede que sea mejor que la “aplaudida” porque está libre de la tentación del éxito.
  • Y ciertamente hay malvados que envejecen en su maldad y mueren tan tranquilos, al parecer. No vamos a decir que tendrán un castigo en el más allá; esto es una proyección de venganza. Pero en el más acá, incluso aunque no estén ellos ya, su falta de honradez desvelará en sus disfunciones (familiares o sociales) sus desajustes.
  • Por otro lado, hay que tener cuidado al enarbolar la propia honradez porque es fácil que en ella se cuele una cierta maldad. Ser honrado cien por cien es una utopía, más que un logro. Es preciso que hasta la honradez sea humilde.

 

Reflexión espiritual

 

  • ¿Honrados con Dios?: Job persiste en su honradez (2,9) pero eso no le lleva a experimentar a Dios (Job 42,5). ¿Cómo ser honrados con Dios? No primeramente en base a un comportamiento moral, sino a una experiencia de él. Es, como decíamos, que el amor es la base de la experiencia. No se puede saber de Dios sin tener pasión por él. Entender la honradez como un mero planteamiento moral es reducirla. Brota de un planteamiento de amor, por ingenuo que suene.
  • Jesús, un hombre honrado: el perfil de Jesús que dan los evangelios es el de un hombre honrado. No engañó, no se lucró, murió tan pobre como había vivido siempre. Planteó el reino desde su experiencia. Animaba a vivir lo que él vivía. Nunca quiso dar ejemplo; precisamente por eso es ejemplo. No se predicó a él, sino que predicó insistentemente la fe en un Dios Padre de lado de los frágiles.
  • Padecer por ser honrado: la primera carta de Pedro, texto escrito a los emigrantes cristianos dispersos en el mar del paganismo, anima ser honrados sabiendo encajar la incomprensión que, a veces, conlleva ser honrado (1 Pe 3,17). Toda opción de humanidad tiene un precio y es preciso saber encajarlo con humanidad. Una honradez indolora es rara.
  • Honradez con el hermano/a: es aquella, como decía san Francisco, que no es capaz de decir detrás de la persona lo que uno no se atrevería a decir delante de ella. Y, además, decirlo bien, con respeto y humanidad. El valor de la honradez, como todos los valores humanos, se juega, casi siempre, en el espacio limitado donde se desarrolla habitualmente su vida.

 

FT 33

 

         «Nos hemos alimentado con sueños de esplendor y grandeza y hemos terminado comiendo distracción, encierro y soledad; nos hemos empachado de conexiones y hemos perdido el sabor de la fraternidad. Hemos buscado el resultado rápido y seguro y nos vemos abrumados por la impaciencia y la ansiedad. Presos de la virtualidad hemos perdido el gusto y el sabor de la realidad»

  • Es un pasaje un tanto negativista; pero viene bien reflexionarlo. Los sueños de esplendor y grandeza están amasados con frecuencia con la falta de honradez. Eso ha desembocado en distracción, encierro, soledad, desentendimiento del dolor ajeno. La honradez ha sido aparcada y los efectos inhumanos han aparecido enseguida.
  • Empachados de conexiones con el mundo del brillo, de lo deslumbrante, de lo anónimo, donde la honradez y la veracidad cuentan poco. El cauce de relación sencillo e inmediato de la fraternidad se ha esfumado. La fraternidad necesita en su cimiento la honradez; de lo contrario, el edificio de la relación se va al garete.
  • Abandonando el lento camino de la honradez, hemos querido todo y ya y hemos conseguido vivir en la ansiedad y el sin vivir de quien cree, ingenua y falsamente, que si tengo el último cachivache de moda me voy a encontrar mejor. La ansiedad se apodera de nosotros y desde ahí la honradez ya no es relevante.
  • Puede que en la virtualidad cuente menos la honradez, aunque debería. El anonimato desplaza a la verdad y a la honradez. Eso nos aleja del corazón del hermano, de la relación fresca y veraz, de la honradez esencial para llegar a ser uno mismo ante el otro.

 

Oración

 

Viviendo día a día;

disfrutando de cada momento;

sobrellevando las privaciones

como un camino hacia la paz;

aceptando este mundo tal cual es

y no como yo creo que debería ser,

tal y como hizo Jesús en la tierra:

así, haciendo siempre el bien;

entregándome a tu voluntad,

podré ser razonablemente feliz en esta vida

y alcanzar la felicidad en la próxima.

Amén.

 

11

INCLUSIÓN

 

Planteamiento

 

  • La exclusión es un misterio y la inclusión, otro. ¿Por qué un humano excluye a otro humano siendo así que es de su familia? Por intereses múltiples, pero siempre quedará la pregunta en el aire. ¿Y por qué incluye? Por empatía, por filantropía, por amor o por no se sabe qué ¿De qué fuentes brotan el amor al distinto y el rechazo al diferente? No lo sabemos muy bien.
  • Quizá excluyamos porque pensamos que así nos autoafirmamos. Pero en realidad, excluyendo nos debilitamos, mientras que incluyendo, sumando, nos hacemos más fuertes. Por eso mismo, hay que decir que la inclusión es un beneficio para todos, para el incluyente y para el incluido.
  • La paradoja de la exclusión llega en ocasiones a tal extremo que el mismo excluido es exclusor de otros porque piensa que se le va a quitar algo que le “pertenece”. Pero ocurre también que el incluido se vuelve inclusor y hace un sitio en la mesa al excluido como él. Es el misterio de los pobres que rechaza a pobres y el de los pobres que ampara a pobres.
  • ¿Y por qué se excluye? Lógicamente por poder, por dinero, por intereses, por cotas de bienestar, etc. Y también, no sabemos por qué, por una aversión que está los pliegues del alma. La lucha por ser humano es la lucha por modificar la trayectoria de esa tendencia excluyente hasta convertirla en socorro y abrazo.
  • De ahí que haya que trabaja la tendencia excluyente en el ámbito cercano, en la familia, en tu comunidad, en tu vecindario. Ese es el banco de pruebas donde ser forja la inclusión porque pretender una inclusión más amplia no pudiendo con la más cercana resulta imposible.

 

Eclesiastés 9,10

 

         «También he visto bajo el sol que no siempre corren los más ágiles, ni ganan la batalla los valientes; que también hay sabios sin pan, inteligentes sin hacienda y doctos que no gustan».

  • El agudo observador que es el Eclesiastés percibe la exclusión en toda su irracionalidad. Hace parte de la vida, pero no deja de ser un sinsentido. Y así se da cuenta de que no siempre corren los más ágiles, ya que muchos avances en lo humano han sido realizados por personas con limitaciones (hasta en el plano artístico: recordar al concertista de trompa Felix Klieser).
  • Muchas batallas se han ganado por gente temerosa, débil, poco motivada pero que han cumplido con su cometido. No solamente batallas militares, sino sociales, sindicales, etc. Gente con temor pero que ha seguido adelante por encima de su miedo.
  • Y es evidente que hay sabios sin pan, científicos y letrados que han desarrollado su labor en modos precarios, sin apoyos, a veces incluso siendo excluidos por el sistema. De eso sabemos mucho por aquí. El no tener pan no ha frenado su trabajo, aunque lo haya ralentizado.
  • Hay muchos inteligentes sin hacienda y su inteligencia se frustrará por falta de amparo social. Y también hay muchos inútiles con hacienda vanagloriándose de ello. La exclusión del inteligente pobre sigue viva aunque cada vez más acorralada por la conciencia social.
  • Y hay doctos que no gustan. Por eso el sistema los persigue y excluye. Pero su ciencia, su capacidad de utopía, su fuerza alternativa no habrá quien la frene. Tarde o temprano habrá que sentarlos en la mesa de la participación ciudadana.

 

Reflexión espiritual

 

  • Sobre buenos y malos: el Dios del Jesús del evangelio es incluyente, hace salir su sol sobre buenos y malos (Mt 5,45), no arranca la cizaña (Mt 13,29) prepara un banquete de vida para todos (Mt 22,9), etc. Privatizar a Dios es algo contrario al pensamiento evangélico. Excluir por razones religiosas nada tiene que ver con el perfil del Padre que nos ofrece el evangelio.
  • Llamó a doce: el grupo de discípulos, fuera lo que fuere en realidad, muestra el talante inclusivo de Jesús. Llama a ambiciosos (Pedro), violentos (Santiago y Juan), corruptos (Mateo), traidores (Judas), etc. Para todos puede ser el programa del reino, hasta para los paganos (por eso fue a Tiro y Sidón y a la Decápolis). No hay condiciones previas, no hay normas que impiden. Todos pueden sentarse a la mesa del reino (Lc 14,15-24).
  • Dos pueblos que son uno solo: Ef y Col dicen que el designio secreto de Dios es la reconciliación de todo. Y la prueba de ello, dice, es que Dios ha hecho de dos pueblos irreconciliables (paganos y judíos) un solo pueblo, como se ve en la comunidad cristiana en la que hay personas de ambos sectores. La inclusión se convierte así en el rostro del corazón del Padre y en verdad de la obra de Jesús.
  • Comunidad que excluye: es la que resulta censurada en 1 Cor 11 porque se tienen prácticas de exclusión: a los pobres no se les espera y se les margina en la comida. Lo mismo ocurre en la carta de Santiago (Sant 2,3). Una comunidad que excluye no es la comunidad de Jesús y, como tal, se autoanula.

 

FT 69

 

         «La inclusión o la exclusión de la persona que sufre al costado del camino define todos los proyectos económicos, políticos, sociales y religiosos».

  • Un proyecto económico, tanto a nivel general de un país como al nivel particular de cada persona, queda definido por la inclusión. ¿Se tiene en cuenta a los frágiles sociales? El proyecto es válido. A la hora de hacer una gestión económica (dinero en bancos, compras, honradez fiscal, etc.) hay que tener en cuenta a quienes lo pasan mal. Mientras eso vaya por un cauce y nuestras actuaciones económicas por otro, todavía queda tarea por hacer.
  • Lo mismo pasa por los proyectos políticos: para optar por un proyecto político (hacer parte de una organización política, participar en unas elecciones, asistir a un acto público, etc.) es preciso mirar cómo ese proyecto trata a los débiles. ¿Es ese el criterio que nos mueve en nuestra opción política? Por cristianos y por humanos se nos está pidiendo un poco de alternatividad en este dominio.
  • Y lo mismo, dice FT, habría que pedir a todo proyecto religioso (documento de la Iglesia, opción comunitaria o familiar de los cristianos, opciones de un determinado grupo de fe): si los caídos al borde del camino no entran en sus planes, le falta algo esencial, lo que le define como cristiano. Queda mucho camino por hacer.

 

Oración

 

Concede, Señor, a los cristianos que vivamos el Evangelio
y podamos reconocer a Cristo en cada ser humano,
para verlo crucificado

en las angustias de los abandonados
y olvidados de este mundo
y resucitado en cada hermano que se levanta.

Te lo pedimos por Jesús, nuestro hermano. Amén

 

 

12

ÁNIMO

 

Planteamiento

 

         El Eclesiastés es, sin duda, un texto al borde del desaliento total. Pero  creemos que queda un resquicio: a su palabra desalentada subyace un cierto ánimo. De lo contrario, no seguiría hablando. Por eso, podemos terminar nuestra tarea espiritual con una palabra de aliento.

El autor agradece de muchas formas el estar, el don sagrado que es vivir y respirar. Es verdad que su manera de ver la vida es un tanto sombría. Pero agradece ver la luz del sol y poder contarse entre los vivos para desentrañar el sentido de lo que existe. Estar aquí, haber sido creado (como decía santa Clara) es un don impagable y posibilitador.

Vivir el presente no ha tenido muy buena fama en la espiritualidad cristiana tradicional porque se creía que era una especie de hedonismo que se desentendía del cielo. No es así: el presente es la posibilidad que cada día Dios pone en nuestras manos. Es un sacramento de su presencia. Vivirlo con intensidad es el mejor camino de desvelar un futuro para la fe.

Solemos decir que todo se contagia. Contagiemos aliento, ilusión, sensato optimismo. No carguemos el horizonte de nubarrones innecesarios. No busquemos penitencias ajenas a las de la misma vida. Aprendamos la hermosa lección de desvelar en las cosas pequeñas motivos para el gozo. Vivamos nuestras relaciones modo satisfactorio, alejando lo más posible la amargura.

De cualquier manera, que nos quede la certeza de que una experiencia de fe viva y gozosa es posible, aun en medio de las situaciones de dificultad de la vida. Que creamos que podemos ir construyendo el sentido de la vida y de la fe poco a poco, entre todos, en conexión con nuestro mundo. Que tengamos la certeza de que el cultivo de la espiritualidad ensancha nuestro horizonte vital. 

 

Eclesiastés 9,18

 

         «Por la indolencia se arruina el techo, por la negligencia se derrumba la casa».

  • Son proverbios comprobados y que contienen un cierto desaliento pero quieren provocar lo contrario, ánimo, decisión y no dejarse pillar por una vagancia que nuble el sentido y le deje a uno perdido en sus caminos.
  • La indolencia va dejando una gotera en el tejado, luego otra y al final se arruina todo el techo y la casa entera se va a la ruina. Se está animando a reparar la gotera en cuanto se la detecta. Este ánimo para tomar los problemas de la vida con adultez y rapidez es lo que puede salvar a la persona de una dejadez que le haga abandonar el sentido de la vida y de la fe cayendo en el pozo del pasotismo y del todo da igual.
  • Todos sabemos que las casas en las que se van dejando caer las cosas al final son una ruina económica (porque hay que gastar todo lo que no quisiste gastar en su día y más) y, sobre todo, porque la desidia externa lleva a una desidia interior. Quien deja arruinar la casa tiene el peligro de dejar arruinar su plan de vida, su proyecto personal, su vida familiar y comunitaria. El Eclesiastés nos hace un favor advirtiéndonoslo.

 

Reflexión espiritual

 

  • Un Dios vibrante en medio de ti: Dios no es un indolente, un dejado, un rutinario. Es dador de ánimo porque él disfruta en la relación con sus criaturas. Es bueno rescatar EG 4: «Pero quizás la invitación más contagiosa sea la del profeta Sofonías, quien nos muestra al mismo Dios como un centro luminoso de fiesta y de alegría que quiere comunicar a su pueblo ese gozo salvífico. Me llena de vida releer este texto: «Tu Dios está en medio de ti, poderoso salvador. Él exulta de gozo por ti, te renueva con su amor, y baila por ti con gritos de júbilo» (3,17). Es la alegría que se vive en medio de las pequeñas cosas de la vida cotidiana, como respuesta a la afectuosa invitación de nuestro Padre Dios: «Hijo, en la medida de tus posibilidades trátate bien […] No te prives de pasar un buen día» (Si 14,11.14). ¡Cuánta ternura paterna se intuye detrás de estas palabras!».
  • Sembrador de ánimo: eso es Jesús (Mt 14,27). Porque para los evangelios, lo contrario a la fe no es el ateísmo, sino el miedo. Por eso Jesús quiere sacar de sus temores a quien quiera unirse a él. El creyente habría de comprobar el creciente vigor de su fe en la disminución de sus miedos.
  • Un amanecer: eso dice Pablo que Cristo resucitado quiere anunciar, por medio de los creyentes, un amanecer a cualquier persona (Hech 26,23). No tanto una religión, una filosofía, una moral, sino un amanecer, una posibilidad nueva, una tarea por delante, una posibilidad renovada de disfrute. Esas sí que son palabras de ánimo.
  • Animar desde los márgenes: porque se puede animar desde el centro de la estructura, pero también situándose en los márgenes, en lo alternativo, en lo no oficial. Estando en los márgenes se puede vivir la fe con novedad e intensidad. A veces no será fácil pero, con la ayuda del grupo, la fe en los márgenes será posible y “productiva”.

 

FT 223

 

          «San Pablo mencionaba un fruto del Espíritu Santo con la palabra griega jrestótes (Ga 5,22), que expresa un estado de ánimo que no es áspero, rudo, duro, sino afable, suave, que sostiene y conforta. La persona que tiene esta cualidad ayuda a los demás a que su existencia sea más soportable, sobre todo cuando cargan con el peso de sus problemas, urgencias y angustias. Es una manera de tratar a otros que se manifiesta de diversas formas: como amabilidad en el trato, como un cuidado para no herir con las palabras o gestos, como un intento de aliviar el peso de los demás. Implica decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan», en lugar de «palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian».

  • La benevolencia (eso significa jrestótes) es una herramienta óptima para animar y para difundir aliento. El sembrador de desaliento es, él en primer lugar, un desalentado. El que habla y te conforta, el que te anima con su manera sencilla de vivir hace una obra magnífica de fraternidad.
  • Quien ayuda a vivir con más holgura el peso de los días es un jrestótes, un hermano benévolo. Es un gozo para la familia, una bendición para la comunidad.
  • El tema de las palabras y gestos es decisivo: ahí se forja el 80 por ciento de nuestro malestar o de nuestro bienestar. Hay que cuidarlo en extremo.
  • Las palabras negativas hacen polvo la convivencia. Quien entiende los caminos hermosos de la vida y de la fe anima sin descanso. Si desanimas es que no has entrado por esos caminos.

 

Oración

 

Padre, me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal que tu voluntad se cumpla en mí,
y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Padre.

Te confío mi alma,
te la doy con todo el amor
de que soy capaz,
porque te amo.

Y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.

 

CONCLUSIÓN

 

         Quizá no hemos podido sacar más en limpio del viejo y casi desalentado Eclesiastés, aunque creemos que su intención de fondo era decirnos que la esperanza es posible. Lo que le falte a él, lo pone el animoso Jesús al que seguimos. Que acabemos con la certeza de que el cultivo de la espiritualidad enriquece nuestra vida y nuestra fe. El ánimo de Jesús nos acompaña.