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FIAIZ

3 Juan 1

C3J 

Domingo 22 de marzo de 2015

 

SERVICIO O PODER

 Plan de oración con 3 Juan

 

1. 3 Jn 1,1-4

 

Introducción:

 

                El ansia de poder es un componente de la estructura humana. Es verdad que, a veces, toma el cariz del despotismo y de la opresión. Pero, sin llegar a tanto, todos observamos que en las relaciones humanas hay un inevitable componente de poder. La cuestión está cómo controlarlo y cómo orientarlo. Se controla bien si hay sinceridad; se desmanda si se asienta sobre la mentira. Mirar de frente a nuestro afán de poder y no ocultarlo con cortinas de humo es ya un paso notable. A partir de ahí se podría reorientar si le sumamos una buena dosis de colaboración, participación, sentido de grupo, dejando de lado liderazgos que, descaradamente, sostienen que uno es el único que puede resolver una situación. generalmente esto no es así y encubre un ansia desmedida y no tratada de poder. Encarar este tema del poder como simple componente antropológico puede ser algo muy saludable.

                Es que la 3 Jn habla justamente de ese asunto del poder. Estamos en el año 100 de nuestra era y, a pocos años de la muerte de Jesús, se pone un ejemplo de comunidad cristiana que ha caído ya en las garras del ambicioso de poder (se llama Diotrefes). Por eso viene bien volcarse orantemente sobre este escrito casi desconocido. La figura de Cayo, amigo del autor de la carta, es la antítesis de Diotrefes, el jefe de la comunidad que hace y deshace a su antojo. En Cayo se dan los valores del buen jefe de comunidad, aunque la carta no pretenda desfenestrar a Diotrefes, sino reorientar su comportamiento. Cayo, por el contrario, es una persona sincera. Ese valor es el que alegra al autor del texto y, puesto de entrada, viene a querer decir que tendría que ser valor, sobre todo, de quien está al frente de la comunidad. Una comunidad con un insincero delante puede echarse a temblar.

 

***

 

Texto:

 

                1El anciano, a su amigo Gayo, a quien quiere de verdad.

                2Querido amigo, te deseo que la prosperidad personal de que ya gozas se extienda a todos tus asuntos, y buena salud.

                3¡Qué alegría he tenido cuando han llegado hermanos y nos han hablado de tu sinceridad, de lo sinceramente que tú procedes! 4No puedo tener mayor alegría que enterarme de que mis hijos proceden con sinceridad.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

                Esta mujer ruandesa es Victoria Ingabire, una pacifista que el régimen dictatorial de Paul Kagame ha condenado a 15 años de prisión por alta traición (lo de siempre). Lleva ya tres años en la cárcel. Es una mujer poco conocida, pero su lucha es de la envergadura de la de otros como Gandhi, Luter King o Nelson Mandela. Un día será reconocida como se merece y se valorará su pacífica y tenaz resistencia, a costa de su vida, del poder opresor que arrasa su país.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes construyen la paz; gracias por quienes hace frente al poder opresor con humanidad; gracias por quienes sufren por su pueblo.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                 Jesús fue una persona sincera. Hizo suyo aquel dicho: “Vuestro sí sea un sí y vuestro no un no” (Mt 5,37). Eso le ha servido para no sucumbir a la tentación del poder, ya que la suya ha sido, como la nuestra o más, una vida tentada por el poder. Su formidable resistencia ha hecho que cumpliera lo que el Padre quería, un designio de entrega, no lo que le tentaba a él, un poder mesiánico sobre personas y cosas (así lo vemos en Mc 14,36).

                Oramos: Te alabamos, Señor, por tu sinceridad de fondo; te damos gracias por tu entrega generosa; te bendecimos por resistir con firmeza a la tentación del poder.

 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                La regeneración social exigen una dosis de sinceridad de la que hoy no disponemos. Pero esa sinceridad ha de estar hecha de sinceridad personal. ¿Cómo vamos a anhelar la sinceridad en la gestión pública si la privada está trufada de mentiras? De ahí que tanto social como personalmente hay que trabajar la “higiene” de la verdad, necesaria para la construcción de un camino humano. De lo contrario, el horizonte de lo humano se entenebrece.

                Oramos: Que seamos sinceros para poder demandar sinceridad; que apoyemos los caminos sociales más sinceros; que nos alejemos de los caminos de la mentira y de la trampa.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                Si mantenemos el gozo de encontrarnos, de rezar juntos, de comunicar nuestras inquietudes, de compartir las alegrías, todo eso está basado en la sinceridad. No sería posible vivir en ningún de comunidad, de relación, con el trasfondo de la mentira y del engaño. Por eso, para poder rezar en comunidad no solamente hay que tener fe, es preciso también tener deseos y comportamientos sinceros. Tan necesario es lo uno como lo otro.

                Oramos: Que además de rezar juntos, seamos sinceros entre nosotros; que además de apreciar la Palabra, apreciemos nuestras palabras veraces; que además de caminar juntos, caminemos en la mayor sinceridad posible.

***

 

Palabras que alientan:

 

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras. 

Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente. 

Que tú me entendieras a mí sin palabras 

como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.

 

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte, 

Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes. 

Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible, 

la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.

 

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte. 

Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve. 

Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma, 

yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese. 

Criatura también de alegría quisiera que fueras, 

criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.

 

Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas 

y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil, 

y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros, 

y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde…

 

Si ahora yo te dijera 

que es tu vida esa roca en que rompe la ola, 

la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste, 

aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha, 

aquel niño que azota la mar con su mano inocente…

 

Si yo te dijera estas cosas, amigo, 

¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente, 

qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos? 

Y ¿cómo saber si me entiendes? 

¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos? 

¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte? 

¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna, 

poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?

 

Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

José Hierro

 

***

 

Tu parte:

 

                Trata de ser lo más sincero posible, huyendo de trampas o palabras de doble sentido.

                              

***

 

Catequesis de Pascua

CATEQUESIS DE PASCUA

 

Presentación

 

            Muchas veces hemos dicho que “la meta es el camino” aludiendo a lo importante que es vivir, disfrutar, compartir el camino de los días con aquellos a quienes queremos y con toda persona. Caminar es lo importante, no tanto la meta. La Semana Santa y la Pascua es el final del camino de Jesús, sus días más importantes. Anímate a vivirlos con Él y con tus amigos y amigas.

            Para Jesús fueron días difíciles. Dice Lc 10 51 que “cuando iba llegando el tiempo de que se lo llevaran a lo alto, también él resolvió ponerse en camino para encararse con Jerusalén”. Puso “mala cara” a Jerusalén (el término dice expresivamente “frunció el ceño de cara a Jerusalén”, como quien se apresta a un ataque). Merece la pena hacer esta etapa dura del camino con Jesús, porque al término del mismo hay luz, hay Pascua.

            Puede pasarte un poco como ocurre en el camino de Santiago: si andas los últimos 100 km te dan “la compostelana”, aunque no hayas hecho todo el camino. Es fácil que, por muchos motivos, no hayas tenido sosiego para hacer todo el camino de la Cuaresma de este año. Puedes andar estos últimos kilómetros que son la Semana Santa y de darán la “compostelana” de la Pascua, la alegría que brota de la luz del Resucitado. Es una oportunidad magnífica que no habrías de desperdiciar.

            Para andar este camino con Jesús se precisa, sobre todo, corazón, amor. No hace falta equipaje especial, ni estar en perfecta forma física, ni tener dinero en la cartera. Es suficiente mirar a Jesús, ahondar en su gesto de amor, vivirlo con buen corazón, compartirlo con los hermanos y celebrar la posibilidad de que hoy Jesús haga su camino para nuestro beneficio. O sea: fundamentalmente es cuestión de amor. Anímate a entrar a fondo y con alegría en este camino hermoso de una Semana Santa que es la puerta de la luz de la Pascua.

 

1.  Jueves Santo

 

Narración:

 

            Yo, Pedro, el apóstol hice muchos caminos con Jesús. Tres años de ir y venir por el país dan para mucho. Íbamos a Jerusalén temerosos. El miedo de Jesús pasaba a nosotros porque todos intuíamos que las cosas podía ir mal en Jerusalén, en la boca del lobo. Nunca imaginamos que fueran a ir tan mal. Íbamos con miedo a celebrar la cena de Pascua. Pensábamos que iba a ser la última, como así fue. Íbamos en silencio; el ruido de las sandalias con las piedras del camino era lo único que, a ratos, se escuchaba. Cada uno con sus pesados pensamientos.

            La cena transcurrió normal, aunque no se disipara la nube gris que teníamos encima. El colmo fue cuando vi que nos iba a lavar los pies. No era la primera vez que lo hacía. A mí se me revolvían las tripas. ¿Qué se podía esperar de un Mesías que lava pies? Nosotros queríamos un Mesías brillante y poderoso, no un esclavo que lava pies. No podía yo con aquello. Él lo notó y por eso se dirigió a mí y me dijo aquella frase que nunca olvidaré: “Si no te dejas lavar los pies, no tienes nada que ver conmigo”. Un mazazo auténtico.

            Ahí entendí que ser de su grupo conllevaba aprender el tema del servicio, que Él quería ser un Mesías servidor, no un jefe que es servido. Y que todo el que quisiera ser de su grupo tenía que encajar ese asunto. Algo se me iluminó y lo entendí. Con el tiempo, cuando me repuse del trauma de la dura muerte de Jesús, vino muchas veces a mi memoria aquella frase suya hasta que entendí que lo nuestro servir. Así de simple.

 

Reflexión:

 

            Los cristianos, por mecanismo religioso, hemos creído que mostrábamos nuestro ser cristiano por signos religiosos: un cruz en el pecho, una cruz en lo alto de una Iglesia, la señal de la cruz que hacemos al rezar, etc. Pero Jesús dice que nuestro signo de identidad es el servicio: “En esto conocerán que sois discípulos míos, si os amáis” (Jn 13,34-35).

            Es decir: eres del grupo de Jesús si sirves, no eres de su grupo si no sirves. Eres cristiano si sirves, no lo eres si no sirves. O como dijo aquel obispo francés: “Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada”. Por eso, para saber si eres del grupo de Jesús no tienes que preguntarte ante todo si estás bautizado, si has hecho la comunión, si te has confirmado, si te vas a casa por la Iglesia, si rezas mucho, si lees el Evangelio, etc. Todo eso es valioso, pero la pregunta decisiva es ésta: sirves o sirves. Si no apruebas el examen del servicio, no has aprobado el primer paso.

            Imaginad esto: hoy, Jueves Santo, a la hora de la celebración os encontráis en la puerta del lugar donde vais a celebrar la cena del Señor una especie de piquete: cuatro o cinco personas fornidas y decididas que paran a todo el que quiere entrar y le conminan: “¿Estás por el servicio o no estás? Porque si estás, entra; y si no estás, ya te puedes marchar”.

            No te extrañe esto. Se celebra hoy el tema del servicio. Quien lo entiende, puede andar el camino con Jesús. Quien no lo entiende, andará otros caminos. Él tenía claro que se puede estar contento sirviendo. Lo había experimentado en su vida y lo llevó hasta las últimas consecuencias.

 

Pregúntate:

 

  1. 1.      ¿Estás contento cuando sirves, cuando haces un favor, cuando ayudas a alguien o te cierras en lo tuyo y solamente te interesan tus asuntos?
  2. 2.      ¿Te emociona un Jesús que sirve hasta el final o te deja la cosa frío?
  3. 3.      ¿Cuáles crees que son hoy los principales servicios que debes hacer?

 

2.  Viernes Santo

 

Yo, Malco, como dice el Evangelio, era criado del sumo sacerdote. Me dijeron que fuera con la policía del templo a prender a Jesús. Fuimos de noche, en silencio subiendo la cuesta del monte de los Olivos. Solo el ruido de nuestros pasos, el de las armas y alguna orden dada en voz baja se escuchaban en el serpenteante camino del monte. Yo me decía: vamos camino de la muerte. Porque estaba seguro de que aquel camino conducía a la muerte. Como así fue: un camino de muerte.

Ocurrió aquello que narra el Evangelio: aquel Pedro, en la refriega del arresto, desenvainó un machete (¿de dónde lo habría sacado?) y me cercenó el lóbulo de la oreja derecha. Sangraba mucho. Mientras se lo llevaban preso yo, con un trapo en la oreja para contener la hemorragia, me fui solo a casa para ser curado.

Yo había visto muchas veces que, cuando se consagraba a un nuevo sumo sacerdote, se le hacía una incisión en el lóbulo de la oreja derecha para, mezclando esa sangre a la de los sacrificios, significar un “pacto de sangre” entre Dios y el elegido. Y me decía en el camino: ya no tiene sentido cortar más lóbulos, ya no tiene sentido el viejo sumo sacerdocio. En ese pobre hombre entregado y avasallado está el sacerdocio de verdad, el mediador válido, el acompañante definitivo.

No dicen los Evangelios que luego yo, una vez curado en mi casa, me eché a la calle y le seguí durante todo su duro camino a la cruz. Cuando veía su sangre, decía: es la sangre nueva, la que da sentido por su honda entrega, la que dice que derramar cualquier sangre es un fracaso. Iba en silencio y miraba su sangre.

 

Reflexión:

 

            El Evangelio tiene un planteamiento que da sentido a la muerte de Jesús: las entregas tienen un valor en sí mismas y, por tanto, nunca se pierden. Su valor no depende del premio, del pago, del reconocimiento, del aplauso. Tienen valor en sí mismas. La entrega de Jesús es valiosa, aunque no se la reconozca, aunque uno se burle de ellas. No en vano Jesús se definía a sí mismo como un “entregado” (“El hijo del Hombre va a ser entregado…” Mc 9,31).

            Hoy, por todo el país, habrá muchas procesiones. Muchas personas verán las imágenes de Cristo crucificado y se emocionarán porque tienen un sentimiento religioso. Ven la sangre (aunque se en imagen) y se emocionan. Pero lo importante es emocionarse por la entrega incondicional de este hombre a lo nuestro, por haber intentado dar alguna respuesta los sufrimientos de otros, por haber andado muchos caminos que no eran los suyos.

            Desde ahí podríamos deducir que la fe cristiana apoya las hermosas entregas al otro, sostiene la incertidumbre de quien piensa que si no me pagan o me aplauden no tiene sentido darse al otro, da fuerza para sobreponerse a la falta de agradecimiento cuando me doy y no me lo reconocen.

            El camino cristiano es un camino de entrega, con todos los riesgos que pueda eso tener. Y ello con la convicción de que darse a la realidad del otro, a sus necesidades y demandas, es justamente hacer lo mismo que hizo Jesús. Tal cual.

 

Pregúntate:

 

  1. 1.      ¿Cómo te suena esta espiritualidad de la entrega?
  2. 2.      ¿Merece la pena seguir a un “entregado”?
  3. 3.      ¿Qué entregas de hoy mismo tienes pendientes?

 

 

3. Sábado Santo

 

Narración:

 

            Nos levantamos cuando estaba aún oscuro y nos echamos al camino. Éramos tres sombras en la noche, tres mujeres con el corazón herido: María Magdalena, María la de Santiago, Salomé.  Íbamos en silencio por el camino pero, por dentro, todas teníamos la misma preocupación: la losa, la losa…¿Quién moverá la losa, tan pesada? Nos arriesgábamos a volvernos de vacío si no encontrábamos medio de mover aquella losa tan grande.

            Nuestra sorpresa fue mayúscula: la losa estaba movida. Lo vimos de lejos porque ya amanecía. María Madgalena rompió el silencio: “No deberíamos habernos preocupado tanto por la losa”, dijo. “La losa la teníamos nosotras”, añadió. Aceleramos paso.

            Algo había pasado con el cuerpo de Jesús, no podríamos decir más. Un cuerpo sin el peso de la losa de la limitación y de la muerte, un cuerpo liberado de las trabas a las que está sujeto todo cuerpo. Todo lo que digamos, quizá está de más.

            Volvimos también en silencio. De repente, de nuevo María Magdalena fue la que dijo: “Hay que empezar a quitar las losas. La primera es quitarse esta losa de Jerusalén y su sistema religioso. Tenemos que ir a Galilea, como dijo él. Hay que empezar allí de nuevo, con más brío, con más confianza, con más fe”. Nadie dijo nada. Pero el silencio era elocuente porque nos sabíamos hermanas en ese anhelo. Ahora era cuestión de convencer a sus discípulos y a Pedro, oprimidos por la losa de la pena y del fracaso. Había que decirles que en Galilea había luz, en la vida con el Resucitado había esperanza.

 

Reflexión:

 

            El Sábado Santo es el día de contemplación no tanto del Jesús enterrado, sino sobre todo de la losa removida. En ese signo está oculta la verdad nueva de la resurrección. Ésta dice simplemente: las más pesadas losas, tuyas y de los demás, pueden ser removidas.

            En el relato de la resurrección de Lázaro (Jn 11), se dice que Jesús dio gracias al padre no cuando Lázaro salió de la tumba, sino cuando los que rodeaban su sepulcro quitaron la losa. Quitar losas es vivir ya desde ahora la resurrección. No hay que aguardar al final de los tiempos. Ya desde ahora, en este día, puedes quitar losas de ti y de los demás. Si lo haces, estás viviendo como un “resucitado”.

            Todos sabemos que la vida está llena de losas, pequeñas y grandes, las que nos ponemos nosotros mismos, las que ponemos a los demás. Palabras pesadas y tóxicas, prejuicios inamovibles, segundas intenciones que pesan enormemente. Si haces algo por quitar esa clase de losas, la piedra de tu “sepulcro” está movida, vives en el gozo de la resurrección.

            No se nos puede quedar la celebración de la resurrección en una idea o en una mera celebración, por muy festiva que sea. Tiene que tener incidencia en la vida. Y este asunto de quitar losas, de hacer una vida respirable, de poner una bocanada de aire fresco en nuestro caminar, puede ser una manera buena de vivir como un “resucitado”.

 

Pregúntate:

 

  1. 1.      ¿Cómo poner carne a la celebración de la resurrección?
  2. 2.      ¿Qué losas te pesan y habrías de echar mano a ellas?
  3. 3.      ¿Qué puedes hacer para quitar losas en los demás?

 

4. Desierto del Viernes Santo

 

            A lo largo de este día de DESIERTO vamos a poner de relieve una serie de personajes anónimos del relato de la pasión que leeremos esta tarde. De cada uno de ellos sacaremos un punto de reflexión personal.

 

  1. Uno de la patrulla: Estábamos al servicio del sistema; nos pagaban por actuar sin pensar; muchas veces habíamos detenido a gente inocente. Lo veíamos y teníamos que callar. Aquel fue un caso más. No había que pensar.

 

Hemos de detenernos, reflexionar, para huir de la superficialidad y para no hacer el juego a quien quiere sacar beneficio de todos. Construir una fe saludablemente crítica, sensata y reflexiva.

 

  1. El otro discípulo: Me han identificado con san Juan; cosas de la piedad. Fui uno que buscó el sentido a lo de Jesús; él me apreció. Pero no logró sacarme de mi anonimato. No llegué a unir del todo mi vida personal y mi opción por él.

 

Habría que construir un tipo de vivencia cristiana que, poco a poco, vaya tocando lo que uno es de verdad. No algo añadido a lo que somos. No se trata tanto de ir diciendo a todo el mundo que soy cristiano; pero sí se trata de no funcionar en todo como el mundo. Porque entonces, ¿para qué sirve el Evangelio?

 

  1. Uno de los criados: Lo nuestro era servir a los amos. Y estos eran los jefes del pueblo, los senadores, los sumos sacerdotes. Educados para obedecer sin rechistar. Despojados de criterio y de voz.

 

Recuperar la voz, dar voz a los que no la tienen y relativizar a aquellos que tienen demasiada voz. Hacer una vivencia pública de la fe sabiendo que se está en una sociedad plural. Creer que una voz con humanidad es, a la larga, escuchada y apreciada.

 

  1. Uno de la multitud: Yo grité con todos, contagiado, “a ese no, a Barrabás”. Veía que aquello no era justo, pero grité. No supe mantener el anhelo de justicia cuando este era pisoteado.

 

Una fe que no lleva al anhelo de justicia no es la fe de Jesús. Y esto hay que construirlo cerca y lejos, a un kilómetro de casa y en cuestiones de tipo universal. Aquel que moría, Jesús, era un enamorado de la justicia.

  1. Otro de la multitud: Yo estaba en la multitud que grito “¡Fuera!” cuando Pilato lo presentó a la gente. Aquel guiñapo no era “el hombre”, la idea de persona que yo tenía, lo que yo quería ser. No supe ver dentro.

 

Estrellarse contra el muro de las apariencias es perderse lo mejor de la verdad de la persona. Juzgar por las apariencias es casi siempre equivocarse. Valorar solamente lo que se ve y lo que se toca es arriesgarse a no entender nada.

 

  1. Uno de los jefes: Yo fui de los que dije “No tenemos más rey que al César”. Sé bien que eso no lo dice un judío ni borracho. Pero había que eliminar a aquel sujeto que ponía en riesgo nuestro tren de vida.

 

Habríamos de estar dispuestos a cuestionar nuestro tren de vida. Vivir con menos para que oros puedan simplemente vivir. No cambiaremos la vida si nosotros mismos no cambiamos de vida.

 

  1. Uno de los soldados: Dividimos y nos repartimos su ropa, como era costumbre. Aquel ajusticiado que su pueblo rechazado tenía algo. El jefe afirmaba que tenía algo de “dios”. Pero moría entre los espasmos de la muerte. Era un pobre más.

 

Mirar las pobrezas; mirar con humanidad. Algo tenemos que ver con ellas. Ser sensibles y activos ante los problemas sociales. Ayudar a bajar de la cruz a los crucificados de la historia.

 

  1. Uno de los que pidieron que lo quitase de la cruz: Era como una ofensa, verlos allá crucificados siendo, como era, la Pascua. Había que quitarlos de la cruz. Por eso se lo pedimos a Pilato. Él quería mantenerlos allí para escarnio nuestro.

 

El Papa Francisco habla de cultura de la exclusión, de la indiferencia, de la conciencia aislada que no mira más que a los propios beneficios. Mirar a Jesús crucificado es pensar que los otros tienen un sitio en mi vida, hacerles un sitio.

 

Pregúntate:

 

  1. 1.      ¿Con cuál de estos personajes anónimos te identificas? ¿Por qué?
  2. 2.      ¿Crees que tienes que cambiar algo en tu relación con los empobrecidos (crucificados)?
  3. 3.      ¿Cómo ayudarnos a que los relatos de pasión de Jesús sean algo que vaya más lejos que la simple sensibilidad?

La humanidad, nuestra familia básica

LA HUMANIDAD, NUESTRA FAMILIA BÁSICA

 

            Puede comprenderse que los humanos consideremos que la familia auténtica es la que llamamos familia biológica, sin entrar a matices con otros modelos de familia más actuales. La cercanía, el cuidado, el amor, la entrega, la generosidad que, normalmente, acompañan la relación familiar lleva a la evidente conclusión de que “mi familia” son estos con quienes convivo. Por ese pequeño grupo nuclear estaría uno dispuesto a todo. De ahí que el lema “mi familia ante todo” se haya constituido en una especie de dogma social.

            Pero si miramos en profundidad el hecho humano, quizá descubramos que la verdadera familia, la básica, aquella que es la fuente de la dignidad, esa es la familia humana. Ser humanos nos hace familia de todos los humanos. Por eso mismo, es intolerable cualquier violencia entre humanos, porque no es de recibo ejercer la violencia contra los miembros de la propia familia. Hace ya 50 años, la Gaudium et Spes proclamaba con claridad:  “La Iglesia se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia” (nº 1). Esta solidaridad con lo humano, base de la verdadera familia humana, es la que se percibe en algunos pasajes de la Escritura que queremos subrayar:

  1. Gén 11,1-9: Es el conocido pasaje de “la torre de Babel”. Normalmente se interpreta este pasaje como la confusión de las lenguas que Dios propició para que la soberbia humana no construyera “una torre que alcance el cielo” (v.4), es decir, para frenar sus ansias de poder que anhela hacerse con la realidad misma de Dios. La evidencia de la multiplicidad de lenguas ya desde la antigüedad quedaba así explicada y, a la vez, se construía una fábula moral sobre la humildad esencial de la persona.

Pero puede haber otra manera de leerla: escrita la narración mítica en tiempos demográficos de gran peligro de despoblación y, por lo tanto, de extinción (una situación muy distinta a la nuestra), el relato va contra quienes no quieren dispersarse, contra quienes quieren asentarse y no salir de su pequeño entorno. Dios confunde sus lenguas y esa diversidad es la que obliga a salir, a “dispersarlos por toda la superficie de la tierra” (v.9).

Esta dispersión de la misma experiencia de humanidad, del mismo tronco (no en sentido genético, sino existencial) es la que puede hacer entender que todos los “dispersos” pertenecen al mismo ámbito de lo humano, a la misma familia fundamental. Esta troncalidad común ha de estar por encima de cualquier diversidad lingüística u otra. Se es familia.

  1. Sab 12,2-21: Podríamos decir que el libro de la Sabiduría es el más “moderno” de los del Antiguo Testamento. Trata un problema hacia fuera del colectivo israelita, hacia los paganos. Éstos que, según la mentalidad habitual judía, estaban destinados al infierno porque eran “raza maldita desde su origen” (v.11), también pueden encontrar una salida en la increíble compasión y misericordia de Dios.

Porque un Dios que se precie, de acuerdo con la vieja mentalidad, tiene que defender a sus fieles de quienes los atacan. Y si alguien ha atacado con saña a Israel, ésos han sido los cananeos. Pero aun a esos “los trató con miramiento” (v.8), ya que “el ser dueño de todos te hace perdonarlos a todos” (v.16) y el poder divino está sometido a su justicia y a su compasión.  Y aquí llega la declaración fundamental: “Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano” (v.19). es decir, por encima de la justicia está la humanidad. Esta es la que nos une a todos y desde ella hay que enfocar hasta los yerros que cometemos.

La pertenencia a lo humano es la base de la compasión y engloba a la justicia. Salirse del ámbito de lo humano es poner en peligro la justicia y olvidar la compasión. Entonces la vida humana se hace imposible. Por eso el “principio de humanidad” ha de regir la convivencia ciudadana.

  1. Mc 3,20-21.31-35: La actividad misionera de Jesús parece que ha suscitado preocupación y rechazo entre su misma familia que pensaban “que no estaba en sus cabales” (v.21). Por eso, su familia “le llama desde fuera” (v.31). Eso es lo que le ha llevado a hacerse una familia subrogada, la de aquellos “que cumplen el designio de Dios” (v.35).

¿Cuál es ese designio que convierte a quienes lo cumplen en la verdadera familia de Jesús, por encima y más profunda que la biológica? El designio de Dios es que los humanos vivamos en justicia y en fraternidad. Ya estaba formulado desde los tiempos de Isaías en que Dios busca como respuesta a su amor no tanto el culto, la oración o la ley, sino la “justicia y derecho”, la convivencia en humanidad (Is 5,7).

Vivir en humanidad es lo que lleva a constituir a la persona como familiar de Jesús. Es decir, la pertenencia y la vivencia a lo humano genera la identidad del seguidor. Ésta no le viene por vía de la religión, sino por vía de humanidad. Ser familia humana no solamente por razones biológicas, sino por prácticas de humanidad es lo que nos lleva al secreto anhelo de Jesús, a sus gozos familiares.

  1. Ap 7,1-8: No resulta fácil leer el libro del Apocalipsis despegándose de su indudable carácter vindicativo. Una forma de hacerlo quizá sea el leer entre líneas la presencia de uno que, distinto del vidente, piensa que la solución a la inhumanidad que sufre la comunidad no es la destrucción del malvado, sino la potenciación de lo verdaderamente humano.

Eso ocurre en la famosa lista de “marcados”, de destinados a la gloria del Cordero de Ap 7,5-8. Aparece ahí el “vengador” que excluye de la lista a Dan conocido por su proverbial infidelidad (Jue 18) y pone en su lugar a Manasés que es parte de la tribu de José. Pero, en realidad, al poner 144.000 marcados (12, número pleno, por 12, por 1.000: la plenitud total), se está queriendo decir que, a pesar del mal, toda la humanidad está marcada para el bien.

Se podría decir que pertenecer a lo humano “da derecho” a la gloria. No es un derecho que uno se saque de la manga, sino algo que proviene de la generosidad de un Dios que “arroja nuestros pecados al fondo del mar” (Miq 7,19). Pertenecer a lo humano nos salva.

Este breve recorrido bíblico muestra la consoladora evidencia antropológica y espiritual de que es una suerte pertenecer a la hermosa aventura de lo humano. Una suerte y una responsabilidad para colaborar al horizonte de una humanidad lograda. Don y tarea.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

 

Filipenses 21

CVF 

Domingo 15 de marzo de 2015

 

VOLVER A JESÚS

 Plan de oración con Filipenses

 

21. Filp 4,18-22

 

Introducción:

 

                Los humanos no solamente nos intercambiamos bienes, también podemos intercambiarnos vida. La existencia no es meramente un mercado, sino un lugar donde se pone en común lo más valioso de cada uno. Una mentalidad mercantilista puede llevarnos a creer que esta vida tiene sentido en la medida en que se compra y se vende. Por eso hay algunos que son productores, y otros somos consumidores. Esta manera de ver la vida puede ser muy pobre. Todos podemos trasvasarnos vida, aprender unos de otros, ampararnos unos en otros, enriquecernos con el amor unos a otros. Si no entendemos la vida como un trasvase, como un intercambio de humanidad, la empobrecemos.

                Hacemos esta reflexión porque en las líneas finales de la carta a los Filipenses se habla de eso, de que Pablo ha recibido, por medio de Epafrodito, un trasvase de vida de la parte de los filipenses. No solamente le han mandado una ayuda que la necesitaba. Con ella le ha llegado a su prisión un soplo de vida, la certeza de saber que hay alguien ahí afuera que piensa en él y le ama. Eso es mucho más importante que los bienes recibidos. No es de extrañar que llame a esa donación de vida “incienso perfumado”, algo muy agradable a Dios y a la persona. Las propias necesidades de los filipenses, dice Pablo, serán cubiertas por Dios ya, que el trasvase de vida produce el increíble milagro de ver que compartiendo llega para todos.

 

***

 

Texto:

 

                18Este es mi recibo por todo: tengo de sobra, he quedado bien provisto al recibir lo que me mandáis con Epafrodito: es un incienso perfumado, un sacrificio aceptable que agrada a Dios. 19Mi Dios, por su parte, cubrirá todas vuestras necesidades con sus inagotables riquezas por medio del Mesías Jesús. 20A Dios nuestro Padre la gloria por los siglos de los siglos.

                21Recuerdos a todo consagrado por el Mesías Jesús. Os mandan saludos los hermanos que están conmigo; 22os saludan también los consagrados, especialmente los que están al servicio del emperador. 23El favor del Señor os acompañe.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

                Esta mujer es Inmaculada Pimentel, una dentista que hace continuos viajes a Senegal para ayudar con su oficio sanitario. Ella se expresa así: “Voy a que me ayuden, porque yo vuelvo nueva”. Es un trasvase de valore: ella ofrece su saber y su entrega; los otros le dan el sentido y el respiro vital. Así se entienden las relaciones humanas no como una donación sin retorno, sino como un trasvase que enriquece a todos.

                Oramos: Que crezca el número de quienes se entregan y reciben; que agradezcamos a quien se entrega dándole algo de lo nuestros; que entendamos la vida como un trasvase de bondad.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                 Jesús ha trasvasado bienes: de él a nosotros, de nosotros a él. Esto segundo lo vemos en el caso de sus discípulos: no le ayudaban casi nada y prácticamente le estorbaban. Pero nunca los rechazó, porque necesitaba de ellos, de su compañía, de su cercanía, de su presencia, de su vida. Ellos le dieron también sentido. Él también recibió de nosotros, no solamente nosotros de él.

                Oramos: Gracias, Señor, por confiar en nosotros; gracias por recibir de lo nuestro; gracias por encontrar amor en nuestros sencillos caminos.

 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                Nuestra sociedad basa su bienestar en el crecimiento económico. Y crece, pero crece casi únicamente para los poderosos, con lo que tal crecimiento no sirve a amplias capas de la población. La sociedad vive más por el trasvase de valores, por los amparos dados, por los apoyos incondicionales, por el acompañamiento sencillo. Eso es lo que verdaderamente la hace vivir, no la economía excluyente.

                Oramos: Que nos amparemos con generosidad; que nos sostengamos con tenacidad; que nos animemos con buenas palabras.

 

***

 

 

Volvemos a la comunidad:

 

                Una de las evidencias de pertenecer a la comunidad virtual es que, a lo largo de los años, nos hemos ido trasvasando algunas cosas, por sencillas que sean: cariño, interés, acompañamiento, compartir, tener la suerte de poder reunirse y otros muchos “bienes” que han ido circulando. No es tanto el fruto de la oración cuanto el fruto de la relación. La oración ayuda a la relación, esa es su función. Lo agradecemos de verdad.

                Oramos: Que sigamos trasvasándonos vida; que sigamos interesándonos unos por otros; que sigamos creyendo en el valor de la relación humana.

               

***

 

Palabras que alientan:

 

En el olor de los jacintos salvo

la mañana, en la delicadeza de su delgado

aroma. Y está también la mariposa gira

que te gira, girando sobre lo mismo, con otro

apego, me figuro. Quién me lo iba a decir

cuando era un niño derrotado, tantas veces

y a solas, que finalmente aquello fuese a ser

mi salvación, un enrocarse jubiloso en lo frágil

y emocionarse en lo secreto y deleitarse

como la mariposa, gira que te gira, girando. 

 

Fermín Herrero

 

***

 

Tu parte:

 

                Intenta ser generoso con quien es generoso contigo.

 

                              

***

 

Filipenses 20

CVF 

Domingo 8 de marzo de 2015

 

VOLVER A JESÚS

 Plan de oración con Filipenses

 

20. Filp 4,15-17

 

Introducción:

 

                Ante las tragedias humanas, ante los duros caminos de las personas, ante situaciones de dificultad nos conmovemos, tenemos palabras amables, pero nuestra solidaridad no llega a concretarse. Todo queda en el indefinido mundo del deseo. Pero no se encuentra un modo visible de actuar, no se llega uno/a a remangar para aportar algo, aunque sea un pequeño gesto, una aportación que parece que sirve poco. La concreción es necesaria para que fluya la verdadera humanidad. De lo contrario, todo queda en un limbo de incertidumbre que no solamente no ayuda nada, sino que termina por crear una indudable decepción. Para concretar la buena relación es preciso tener unas dosis altas de amor que es el motor de cualquier concreción. Si ese motor del amor falla, la concreción no amanece y brotan a raudales las bellas y vacías palabras. Donde hay amor, hay concreción.

                Eso le ha ocurrido a Pablo: los de Filipos amaban a Pablo, desde aquellos lejanos días en que se encontró con aquella pobre comunidad que se reunía en un recodo del camino, porque no tenían ni un lugar de reunión. Por lo que fuera, el amor surgió entre ellos y ese amor no solamente se mantuvo a lo largo del tiempo, como vemos, sino que adquirió modos muy concretos. Pablo dice que tal amor fue una indudable ganancia para él y un socorro en su pobreza, pero, además, fue un motivo de que “los intereses se acumularan en la cuenta” de los filipenses. Ellos también salieron ganando, a la vez que daban generosamente al pobre Pablo. La concreción delamor fue, sin duda, beneficiosa para todos.

 

***

 

Texto:

 

                15Vosotros los filipenses sabéis además que desde que salí de Macedonia y empecé la misión, ninguna iglesia, aparte de vosotros, se hizo cargo de saldar mi debe y mi haber. 16Ya a Tesalónica me mandasteis más de una vez un subsidio para aliviar mi necesidad; 17no es que yo busque el regalo, busco que los intereses se acumulen en vuestra cuenta.

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

                Pocas veces ponemos una viñeta gráfica. Esta es de una gran sencillez. La raíz del voluntariado es el buen corazón. Un buen corazón que no solamente se conmueve, sino que se concreta. Los voluntarios dejan ver lo que a nosotros nos cuesta mucho: que la solidaridad ha de cobrar algún rostro concreta, para que abandone el mundo de las meras buenas intenciones. Por eso, habríamos de agradecer mucho a los voluntarios porque nos recuerdan en maneras visibles que no basta con buenas intenciones para construir un mundo humano.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes concretan los movimientos de su corazón; gracias por quienes ponen rostro a la bondad; gracias por quienes nos ayudan a mirar la realidad de los débiles de frente.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                Jesús no ha enseñado el Reino desde una ideología, en una escuela, con una teoría. Se ha lanzado a los caminos y ha concretado su enseñanza en una vida en relación humanizadora. Con ello ha dejado bien clara la primacía de la práctica sobre cualquier ortodoxia. El Evangelio pide la concreción de la vida, más allá de cualquier teoría. Una percepción del Evangelio que no va aterrizando en concreciones (algo más que meros propósitos) arriesga ser una teoría hueca.

                Oramos: Que para nosotros sea más importante la práctica que la teoría; que concretemos la fe en modos de vida; que nos atraiga más el rostro de la persona que el brillo de las teorías.

 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                Socialmente es muy importante poder visibilizar la bondad. Efectivamente, predicar desde planteamientos sociales o políticos la bondad, la mejoría, el progreso, la misma riqueza sin que nada de esos cobre cuerpo y sea tocable en las capas sociales más frágiles es un cínico ejercicio de verborrea, palabras que nacen muertas y que acarrean la muerte. Por eso, quien las lanza con tanta facilidad haría mejor favor si, simplemente, se callara. Una bondad social que no se ve es una perniciosa estrategia de engaño. De ahí que quien se pretenda buen gestor social ha de mirar al lado de la bondad que se toca, no a las hermosas teorías que son intocables.

                Oramos: Que colaboremos y exijamos la bondad que se toca; que se hagan visibles los buenos sentimientos que decimos tener; que no engañemos a nadie con palabras deliberadamente vacías.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                La comunidad virtual habría de visibilizar su relación en pequeños gestos de cercanía, de preocupación por los itinerarios del otro, de amparo. Una comunidad que hace visible su preocupación no es la propia de los seguidores de Jesús. Para visibilizar el bien hay que volver la mirada sobre la realidad del otro, sobre su nombre, sobre sus caminos. A veces un pequeño gesto es suficiente. El silencio es, con frecuencia, el peor de los caminos.

                Oramos: Que los caminos del otros se nos hagan visibles; que la mirada del otro se nos haga visibles; que los anhelos del otro se nos hagan visibles.

 

***

 

Palabras que alientan:

 

EL CESTO

 

PRIMERO se toma una mimbre,

y se la pone en agua, para que pierda altanería, se haga dulce,

mandible, y tenga amor; 

luego se la trenza como un sueño,

y, cuando ya está hecho el cesto,

puede ponerse en él la ropa blanca,

una frutas rojas, doradas, o un gatito.

A veces, crujirá en la noche; 

pero así se hizo el mundo, 

y así, a veces, se lamenta. 

 

 

José Jiménez Lozano,

 

***

 

 

 

 

 

Tu parte:

 

                Durante esta semana intenta hacer visible la bondad que, indudablemente, anida en tu corazón.

                              

***

 

 

Filipenses 19

CVF 

Domingo1 de marzo de 2015

 

VOLVER A JESÚS

 Plan de oración con Filipenses

 

19. Filp 4,10-14

 

Introducción:

 

                La sobriedad no tiene buena prensa, ni en sí misma, ni socialmente. En sí misma porque relacionamos la austeridad y la sobriedad con la pobreza. No tienen nada que ver, porque la sobriedad contempla las necesidades básicas cubiertas. Pero pensamos que vivir a gusto con lo simplemente necesario es lo mismo que vivir mal. Por otra parte, como socialmente la austeridad ha sido invocada por quienes nos han estado explotando todos estos años, tampoco es un valor que tenga buena prensa. Sin embargo, desde antiguo se ha visto como una gran sabiduría el vivir con lo necesario y no más como un camino de humanidad, de solidaridad y, en definitiva, de gozo vital. No es fácil meter este valor en nuestra vida, pero pensemos también si el desmadre consumista nos ha llevado, realmente, a modos de vida más felices. Más bien, da la impresión de lo contrario.

                Es que el Pablo preso (no olvidemos que Filipenses se escribe desde la cárcel) se autorretrata como un sobrio feliz. Esa visión de la persona que sabe vivir con lo que hay deja entrever que el acento está puesto sobre lo esencial: el amor a Jesús y la buena relación con las personas. El resto, por necesario que sea, será siempre secundario. Es verdad que la pobreza de Pablo ha puesto en evidencia la generosidad de los Filipenses. Pero, en realidad, más que su generosidad, lo que ha evidenciado es su amor. Y ese amor no duda en desprenderse de cualquier cosa, aun de lo necesario, por la persona que se aprecia. El sobrio feliz es, con frecuencia, el más generoso.

 

***

 

Texto:

 

                10Como fiel del Señor, me alegré muchísimo de que ahora pudierais por fin expresar de nuevo vuestro interés por mí; pues, aunque lo sentíais, os faltaban ocasiones. 11No penséis que lo digo porque ando escaso, pues yo he aprendido a arreglarme en toda circunstancia: sé vivir con estrechez y sé tener en abundancia; 12ninguna situación tiene secretos para mí, ni estar harto, ni pasar hambre, ni tener de sobra, ni pasar falta; 13para todo me siento con fuerzas, gracias al que me robustece. 14Con todo, me habéis hecho un favor al tomar como vuestra mi dificultad.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

 

            Este señor es Pierre Rabhi (Kenadsa, Argelia, 1938) es un agricultor, político, escritor y filósofo francés de origen argelino. Es uno de los precursores e impulsores del agro-ecologismo. Es asimismo partidario del movimiento de regreso a la tierra, y fundador del concepto de “oasis en todos los lugares” Defiende un modo de sociedad más respetuosa con las personas y la tierra, y apoya el desarrollo de prácticas agrícolas respetuosas con el medio y preservando los recursos naturales, principalmente en los países áridos. Ha escrito un libro hermoso sobre la sobriedad feliz, defendiendo un estilo humano de vivir con lo necesario y no más. Modelos de referencia.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes son sensibles a otro tipo de vida; gracias por quienes valoran más las personas que las cosas; gracias por quienes descubren el gozo en lo sencillo.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                Aunque a Jesús le llamaron “comilón y borracho, amigo de pecadores” (Mt 11,19), en realidad fue un hombre sobrio y no amargado (aunque los evangelios no lo describan como una persona bienhumorada). Cuando dice que “el hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza” (Mt 8,20), parece que lo dice sin amargura, como una opción elegida, que no le impide disfrutar de la relación y de la vida. Volver al Jesús sobrio nos alejaría de ese otro Jesús cristológico lleno de oropeles que nada tiene que ver con la espiritualidad de la sobriedad.

                Oramos: Gracias, Señor, por tu contenida sobriedad; gracias por tu manera simple de ver la vida; gracias por tu desapegode lo no necesario.

 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                Como decíamos más arriba, hablar hoy de austeridad en nuestra sociedad es condenarse al fracaso. Sin embargo la austeridad aceptada nos ayuda a convivir entre nosotros, nos acerca a las situaciones reales de los débiles y, como cristianos, nos hace entender algo mejor el misterio abrupto de la cruz de Cristo. De manera, que, bien tomada, la sobriedad es un beneficio para la persona, siempre, como decimos, que lo básico esté cubierto.

                Oramos: Que, por nuestra sobriedad, mejoremos nuestro nivel de relación; que, por nuestra sobriedad, comprendamos mejor la situación de los débiles; que, por nuestra sobriedad, se nos haga más cercano el misterio de la cruz de Jesús.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                Podríamos decir que nuestra relación en la comunidad virtual es sobria, tal vez un tanto excesivamente. Quizá tendríamos que ser más “jugosos”. Pero eso muestra que el trabajo orante nos lleva a la relación, aunque para que sea más jugosa tiene que haber un ingrediente más explícito. Para hacer más verdad nuestro trabajo orante, habría, pues, que echar más “jugo” a nuestra relación. ¿O no?

                Oramos: Que nos preocupemos más, unos de otros; que nos acerquemos más unos a otros; que nos colguemos más unos de otros.

 

               

***

 

Palabras que alientan:

 

 

 Y el discípulo  dijo: 

"¿Es la pregunta a Dios pregunta a Dios solo?". 

    Y el maestro respondió: "Dios cambia con nosotros. Dejó 

de ser Dios antes de existir, porque Él no existe más que por 

nosotros". 

    Y añadió: "Para ser, cada vez, la invariable pregunta a la 

infinita pregunta a nosotros mismos". 

 

EdmondJabès, 

 

 

***

 

Tu parte:

 

                Intenta estos días mirar la posibilidad de ser, a la vez, sobrio y feliz. Coméntalo con alguien.

 

***

 

Seguimos en camino

 

CONFER

Jornadas áreas de justicia y solidaridad, misión-cooperación

 

 

SEGUIMOS EN CAMINO:

UN PUENTE ENTRE LA MEMORIA Y LA ESPERANZA

 

Introducción:

 

         En esta última ponencia de nuestras jornadas de las áreas de Justicia y Solidaridad, Misión-Cooperación de la CONFER, queremos comenzar rompiendo una lanza a favor de la reflexión y del canto. A favor de la reflexión porque un colectivo que no reflexiona la debilidad le cerca, se agota y muere. Recurrimos a la oración para remediar nuestra debilidad; habría que recurrir más a la reflexión, al ahondamiento, al pensamiento. Y también rompemos una lanza por el canto, ya que este aúna dos elementos, la reflexión y ánimo, el pensamiento y el aliento,  las ideas y el regocijo del corazón que empuja a levantar los hombros y a seguir adelante sin amargura. Reflexión y canto quieren ser los dos ingredientes con los que cocinar esta ponencia final.

         Comencemos por el canto: queremos que escuchen ese himno (como muchas de sus canciones) que salió de Mercedes Sosa, la “negra” Sosa, negra llena de luz, donde nos dice su terquedad, recia como el sonido ronco de los tambores que le acompañan,  en cantar contra viento y marea:

 

Todavía cantamos, todavía pedimos,
todavía soñamos, todavía esperamos.
A pesar de los golpes que asestó en nuestras vidas 
el ingenio del odio, desterrando al olvido 
a nuestros seres queridos.

Todavía cantamos, todavía pedimos,
Todavía soñamos, todavía esperamos.
Que nos digan a donde han escondido las flores 
que aromaron las calles persiguiendo un destino.
Donde, donde se han ido.

Todavía cantamos, todavía pedimos,
Todavía soñamos, todavía esperamos.
Que nos den la esperanza de saber que es posible
que el jardín se ilumine con las risas y el canto 
de los que amamos tanto.

Todavía cantamos, todavía pedimos,
Todavía soñamos, todavía esperamos.
Por un día distinto sin apremios ni ayunos 
sin temor y sin llanto y por que vuelvan al nido 
nuestros seres queridos.

Todavía cantamos, todavía pedimos,
Todavía soñamos, todavía... esperamos.

 

         “Que nos den la esperanza de saber que es posible que el jardín se ilumine…”. De memoria y de esperanza, de eso queremos hablar aquí. Y de cómo la VR ha de andar el camino histórico que media entre una y otra: “Seguimos en camino: un puente entre el camino y la esperanza”. La metáfora del puente es siempre evocadora. También para la VR. Un sector de la misma, entre los que nos encontramos los presentes quiere seguir caminando sobre ese puente entre dos pilares asimétricos, la memoria y la esperanza.

         Asimétricos porque la memoria pesa más que la esperanza. La memoria, siempre llena de experiencias, y siempre llena de peligros (nostalgias, romanticismos, añoranza…). La esperanza utópica y vacilante, anhelante y encogida por lo duro del caminar diario. Pero, ciertamente, entre esos dos pilares, memoria y esperanza, se construye la pasarela del puente por el que camina la VR.

         Por eso mismo, en esta reflexión final, queremos decir algo sobre el tránsito en ese puente, sobre nuestro andar, en esa frágil pasarela que va de la memoria a la esperanza.

 

1. Un buen acompañante: los aprendizajes sociales

 

         Para ese tránsito amenazado sobre la frágil pasarela del puente de nuestra VR podemos contar con un buen acompañante: los aprendizajes sociales.

         La vieja compañía de los aprendizajes místicos sigue vigente: la Palabra, siempre que se la redescubra en maneras recreadas cada día como Palabra viva y sugerente, no cansina y repetida; la “vuelta a las fuentes”, siempre que hayamos ido allí alguna vez, y no sea mera arqueología textual; la nueva reflexión teológica, siempre que nuestra teología de hoy no sea una teología del pasado; la vieja liturgia, viva con la sangre nueva de una liturgia social, abierta, generosa, para la justicia; la vivencia de la misión en la secularidad, misión vivida en madurez personal, en horizontalidad democrática, en pluralidad social caminando al paso de la historia; la recreación de un imaginario que no mire hacia atrás, que tenga poder de evocación, que sea creativo e implicado; la reorientación de los tópicos que pesan sobre la VR, como ámbito separado, corporativista, asexuado, desimplicado económicamente, desinteresado por el poder, más cercano a Dios. Como decimos, estos aprendizajes místicos reorientados pueden ser de gran ayuda para el tránsito de la memoria a la esperanza.

         Pero nosotros queremos hacer ahora más hincapié en los aprendizajes sociales como acompañante útil para el camino.

     La teoría del aprendizaje social tiene más de un siglo de vida. El gran impulsor de esta teoría fue A. Bandura. Este autor sostiene que el entorno, la persona y su conducta están interrelacionados. “La teoría del aprendizaje social explica la conducta humana en términos de una interacción recíproca y continua entre los determinantes cognoscitivos, los comportamentales y los ambientales”[1]. Es decir, las conductas humanas no provienen de una sola fuente, la cognoscitiva, la ideológica, sino que influyen en ella los modos de comportamiento sociales e incluso los contextos ambientales. Por decirlo de manera esquemática:

 

 

Por eso se aprenden nuevas conductas a través del aprendizaje observacional de los factores sociales del entorno. Es decir, la dependencia del entorno para generar conductas no solamente es probable sino del todo necesaria. Aprendemos por el entorno más que por la ideología. “El aprendizaje es una actividad de procesamiento de información en la que los datos acerca de la estructura de la conducta y de los acontecimientos del entorno se transforman en representaciones simbólicas que sirven como lineamientos para la acción”[2]. El aprendizaje por observación se extiende gradualmente hasta cubrir la adquisición y la ejecución de diversas habilidades, estrategias y comportamientos. Por eso, este aprendizaje influye en los integrantes de una sociedad, y éstos a su vez en la misma, en el momento en que entran a trabajar, como luego diremos, las funciones de autorregulación.

La teoría del aprendizaje social señala cuatro requisitos para que las personas aprendan y modelen su comportamiento:

  • Atención: La que presta el observador a los acontecimientos relevantes del medio.
  • Retención: valorar lo que uno observa, recordarlo en el momento preciso, ponerlo como “principio” a la hora de justificar un comportamiento.
  • Reproducción: reproducir lo retenido en conductas tangibles, bien sea hecha esta reproducción en modos explícitos o implícitos.
  • Motivación: Tener una buena razón para reproducir esa conducta. Puede ser, igualmente, una razón elaborada ideológicamente o implícita: se intuye que eso es bueno para mí.

Los modelos de conducta pueden enseñar a los observadores cómo comportarse ante una variedad de situaciones por medio de la autoinstrucción (uno aprende por él mismo), imaginación guiada (alguien le hace ver lo bueno de ese comportamiento) o por el autorreforzamiento (se percibe que tales comportamientos le refuerzan a uno en sus mejores anhelos).

Hay que decir que la observación de modelos no garantiza ni el aprendizaje ni, menos todavía, las conductas derivadas de ello, sino que cumple funciones de información y motivación: comunica la probabilidad de las consecuencias de los actos y modifica el grado de motivación de los observadores para actuar del mismo modo. Los factores que influyen en el aprendizaje y en la acción dependen del estado de desarrollo del aprendiz, el prestigio y la competencia de los modelos, así como de las expectativas y la autoeficacia que se palpe en ese modo de comportarse.

¿Cómo aplicar esta teoría a la VR? ¿Qué aprendizajes sociales se cruzan con ella y podrían ser aceptados como compañeros para el tránsito por la pasarela que va de la memoria a la esperanza?

- Los aprendizajes ideológicos: los movimientos sociales empujan hoy a una comprensión no neoliberal de nuestros sistemas de pensamiento económico, político y social: conciencia del dinero, despegue de los modelos políticos más neoliberales, de prensa, radio y TV; alejamiento de ese pretendido centrismo que no lo es tal, y posicionándose, más allá de las palabras, en un lado de la sociedad, el lado de los frágiles. La enorme dificultad de dar un cambio global a todo este entramado no merma nada la eficacia humilde del pequeño gesto asequible a cualquiera por el que parece que todo sigue igual pero no, porque el gesto habla el lenguaje del futuro ya que es la única manera de comprobar que las cosas podrían ser de otra manera si nos diéramos a la tarea[3].

- Los aprendizajes estructurales: Porque algo nos dice, viendo la flexibilidad de los cambios en la sociedad moderna, más allá de pervivencias de un pasado que se piensa inamovible, que el cambio de las estructuras es posible: la democracia real y los modos democráticos de nuestras estructuras (cuestionando jerarquicismos y personalismos); el aprendizaje de una libertad real, esa que construye a la persona en modos de adultez (cuestionando una obediencia que se opone a la libertad).

- Los aprendizajes convivenciales: Aquellos que nos ayudan a ser y sentirnos parte igualitaria de la sociedad en que nos ha tocado vivir ya que se cree que las opciones evangélicas no desclasan, sino que insertan más en el tejido social. “Ninguna propuesta que busque definir la vida religiosa mediante un tipo de nota que, directa o indirectamente, implique superioridad o excelencia sobre los demás modos de vida cristiana, por disimuladas que estas puedan resultar, va por buen camino”[4].

  • La sociedad laica, no asentada sobre perspectivas religiosas, enseña a la VR el continuo aprendizaje de la más elemental igualdad: el aprendizaje de las nuevas espiritualidades (como la del bien común, la decrecimiento o la economía colaborativa) que no sólo pueden dar nuevo impulso a opciones de siempre (como las de la fraternidad social, la del encaramiento del mundo de las pobrezas o la del compartir evangélico), sino que pueden llevar a la VR a colaborar en la espiritualidad de un mundo menos religioso quizá, pero no menos espiritual[5].
  • Una parte amplia de la población es muy sensible a  la transparencia en las finanzas en general y la fiscalidad en particular. Esto podría llevar a la VR a una vivencia de lo económico que no busca la subvención sin control, la exención de cargas fiscales y, menos todavía, la evasión.
  • La problemática compleja del trabajo escaso y a repartir podría también constituir un aprendizaje para la VR tratando de adquirir una visión del trabajo más social que lucrativa.
  • La tenacidad con la que ciertos movimientos ecológicos no solamente sobreviven en este duro mundo del expolio de la naturaleza, sino su indudable vigor podrían constituir un aprendizaje para generar estilos de VR sostenibles, algo que todavía parece no resultar tan atractivo como para impulsar estilos de vida comunitaria concretos.

-              Los aprendizajes espirituales: Serían aquellos que impelen a entender y vivir estos tiempos como propicios para la espiritualidad entendida ésta no tanto como una actividad religiosa sino como un elemento componente de toda estructura humana[6]. Aprender la búsqueda: ya que haber llegado a encontrar la verdad, el total sentido es, quizá, haberse alejado de él. Aprender la itinerancia: algo que pertenece al núcleo del Evangelio y cada vez más a la realidad de la sociedad actual. Aprender a instalar en el fondo una actitud dialogal: con la cultura, con la pluralidad social, con las religiones, con el agnosticismo y el ateismo, con la diversidad de comportamientos morales.

 

2. Posibilidades reales

 

         ¿Es eso soñar? ¿Qué posibilidades hay de acoger a esta espiritualidad social como compañera de camino para la VR?

     Para muchas personas y grupos es algo tan utópico que es mejor no considerarlo. Efectivamente, pesan mucho las ideologías conservadoras, no elaboradas y ancladas en el pasado; pesan mucho las presencias indiscernidas, el estar en un lugar porque siempre se ha estado ahí, el aferrarse a ámbitos que carecen de sentido, la honda artritis estructural para cambiar de lugar cuando hay que hacerlo; pesa y es material tóxico la historia, los largos siglos de inmovilidad consagrada, de enraizamiento  con horizontes recortados; pesan las ideologías, inamovibles a veces, incluso fanáticas, que desechan a priori cualquier planteamiento que no viene con el cuño de lo religioso y, más todavía, si viene con el desnudo aval de una sociedad laica; pesan los estilos de vida monásticos urdidos durante siglos, de difícil solución ya que han sido vividos en la cordialidad y desde ahí se mantienen.

     Y, sin embargo, la VR, por su componente profético, es una espiritualidad de caminos más que de conventos estabilizados, es una espiritualidad de mezcla con todos los riesgos que tal mezcla conlleva y es también una espiritualidad de osadía social, de estar en esos lugares insólitos donde se aprende lo que uno no está dispuesto a aprender en primera instancia, la escuela de los aprendizajes sociales en el “desamparo” de una ideología y de una praxis que no es la religiosa. Ese es el desafío.

Pero, aun así, ¿en qué modos concretos utilizar en este momento el acompañamiento de los aprendizajes sociales? Antes de sugerir nada habría que decir que la sociedad sufre hoy el proceso de demolición que se viene anunciando desde los años 70, aunque aquí haya llegado más tarde. Por eso, nos guste o no, la actualidad está del lado del disenso, la disrupción y el conflicto. Esos son los datos. ¿Cómo elaborar el disenso en la más básica aceptación de lo distinto? ¿Cómo entender la disrupción como el aprendizaje de vivir en la no continuidad? ¿Cómo entender el conflicto en el modo de una posibilidad de crecimiento? En concreto y en este momento:

  • Entre elitismo y populismo: “En este escenario, todas las citas electorales se convierten en plebiscitarias; los fabricantes de programas políticos ya no tienen que esforzarse mucho porque todo se reduce a un solo punto: la elección entre populismo o elitismo”[7]. Quizá este sea el dilema de hoy y haya que arrostrarlo mirándolo de frente.
  • Los  vínculos entre generaciones: “El vínculo de confianza entre generaciones que une el antes y el después en el tiempo, el que permite pasar del ayer al mañana sin tener que poner los contadores a cero cada cuatro años y sin que nadie vea peligrar sus posibilidades de futuro o su pensión de jubilación” se ha quebrado[8]. Reconstruir ese vínculo de confianza solamente será posible si los de antes cedemos el testigo a los de ahora siempre que no quieran reproducir el antes.
  • Un nuevo vínculo de solidaridad entre afortunados y desfavorecidos: “El vínculo de solidaridad entre los más afortunados y los más desfavorecidos, representado por una clase media cuyos hijos no tengan que emigrar para encontrar un trabajo digno y no teman por los servicios públicos, la educación o la sanidad” se ha visto gravemente dañado[9]. Reconstruir ese vínculo en la equidad, en el lado del frágil social, es el lugar primordial de una VR que mira al futuro.

 

3. Tendiena a la esperanza

 

         Los dos pilares del puente del hoy que hay que transitar no son iguales, ya lo hemos dicho. El de la memoria tiende a estar sobrecargado y el de la esperanza propende a ser frágil y lleno de interrogantes. Pero es justamente hacia este hacia el que la VR tendría que apuntar. Y para ello, caminar al paso de la sociedad, en sus estremecimientos y búsquedas, puede ser un camino posible.

         Seguramente que entre los asistentes habrá quien sonría cuando le diga que queremos terminar esta reflexión leyendo y glosando un decálogo sobre la esperanza de E. Punset. Pero es el lenguaje de los no teólogos, mucho más escuchado que el de estos, el que puede hablarnos en el lenguaje de la sociedad en la que vivimos[10]:

 

1. La esperanza de vida sigue aumentando desde el siglo pasado unos dos años y medio cada década. No hacemos ninguna manifestación para celebrarlo, pero debiéramos. Contribuir no solo a la prolongación de la vida, sino a su calidad humana, es trabajar en la dirección de la esperanza.

2. Gracias a lo anterior, la gente puede estar menos obsesionada de lo que estaba antes con saber si existe vida después de la muerte; le importa hoy, muchísimo más, constatar que hay vida antes de la muerte. De ahí que captar el hoy, “no privarse de pasar un buen día”[11].

3. Las políticas de prevención son más importantes y debiéramos dedicarles más tiempo que a las políticas de curación. Básicamente, lo que esto quiere decir es que debiéramos hacer regularmente ejercicio físico, cuidar nuestra dieta y saber disfrutar de todo lo que tenemos, y no solo llorar por lo que no tenemos. La prevención la traduce la VR en “políticas” (planes comunes) de cercanía y acompañamiento a los sectores sociales frágiles.

4. La introducción del aprendizaje social y emocional en el sistema educativo no podemos retrasarlo ni un año más. Para ello hace falta preparar a los educandos para que conozcan las emociones positivas y las negativas y nos ayuden a gestionarlas. Y no solamente en los “educandos”, sino en todos nosotros. Si no vamos gestionando el aprendizaje social y las emociones ¿cómo vamos a encarar un futuro con esperanza?

5. Podemos contribuir a la solución de muchos de nuestros problemas deslindando las competencias negativas, que retrasan la hora de encontrar empleo, de las competencias positivas, que lo aceleran. Entre las primeras está el desconocimiento de las emociones –a ver si aprendemos de una vez lo que significa el desprecio de las demás– y entre las segundas, que la felicidad está en la sala de espera de la felicidad. Una VR con futuro solamente puede estar asentada sobre el aprecio y disfrute de la pertenencia social. Mientras no sepamos apreciar y disfrutar lo que aprecia y disfruta nuestro vecindario no podremos hablar de acompasar nuestra vida al momento en que vivimos.

6. Es hora de constatar la importancia de la intuición y lo que nos dice el inconsciente en contraposición con el llamado «pensamiento racional y consciente». Si la VR quiere tener todo atado y bien atado, si decimos confiar en quien confiamos pero luego elaboramos estrategias interminables para tener las espaldas guardadas, si no hay riesgo ¿cómo vamos a saber algo de futuro y de esperanza?

7. El conocimiento de las verdaderas dimensiones de la felicidad ha sido la gran conquista del siglo XX. Hemos aprendido que no es necesariamente el dinero lo que confiere dicha felicidad. Cuando se vive por debajo del nivel de subsistencia, el dinero es la felicidad; pero una vez alcanzado este nivel, la dimensión más correlacionada con la felicidad es el control de la propia vida. Tener la impresión de que lo que uno hace sirve para algo. La VR está en esta dimensión. Por eso, si la VR quiere darse y dar esperanza ha de ser significativa, ha de hacer lo que hace con sentido. Por eso, la pregunta por el sentido de nuestras actividades va de la mano del futuro y de la esperanza.

8. La belleza, que tanta gente busca, es la ausencia del dolor. Pero demasiada gente está dispuesta a soportarlo sin razones evidentes por la consecución del sueño o trabajo que a uno más le gusta. La VR lucha contra el dolor a brazo partido; pero cree que la belleza, la alegría incluso, tiene que ser mezclable a las lágrimas. De lo contrario, ¿cómo hablar de futuro y esperanza a quien llora?

9. La manada –cuando tiene que atravesar un río o subirse a la montaña– siempre busca a los jóvenes. El gran problema del próximo siglo será la redistribución del trabajo y no de la riqueza. Las escuelas, los sindicatos, las empresas nuevas debieran haber iniciado ya el estudio y la aplicación de este principio. En el Estado, las demás instituciones sociales y las empresas se deberían abrir las puertas a la juventud, que sigue marginada. Abrir las puertas a la juventud siempre que sea para atravesar el río o subirse a la montaña. Si es para volver a la caverna…

10. Por favor, ya es hora de renunciar al dogmatismo y aceptar el principio de incertidumbre como práctica cotidiana. Cuando se intuye algo, es preciso comprobarlo y, si funciona, aplicarlo hasta que alguien más venga a demostrar lo contrario. Newton convenció a medio mundo de que el tiempo era igual para todos, de que era absoluto. Luego vino Einstein y dijo que el tiempo es relativo; distinto en función de la masa física que lo sustentaba y de su velocidad. ¡Abajo los dogmáticos que tanto sufrimiento han impuesto a los que dudaban! Una VR de cara al futuro es una realidad sin dogmatismos, ni religiosos, ni sociales. Levadura en la masa, ya lo dijo Aquel…

 

Conclusión

 

         La esperanza no puede ser una ilusión vana, es un trabajo, una construcción espiritual y social. Querer que el puente de la VR esté asentado sobre la esperanza sin el esfuerzo continuado por lograrlo, es andar tras una quimera. La contribución de la VR es más a la esperanza que a la religión.

         Y si el sentido de la vida, como decía Z. Bauman, es vivir “el uno con y para el otro” ahí tiene la VR que trabajar la esperanza: hacer ver que ese sentido social básico es posible, a pesar de desencuentros, crisis y limitaciones. Hacer de ese anhelo un modo de vida visible, práctico y plástico, por modesta que sea, es la mejor contribución de la VR a la esperanza y la manera más viva de que ella misma viva con esperanza.

         Queremos terminar la reflexión. No hemos podido saber si este texto de Casaldáliga que vamos a leer ha sido cantado por alguno de los muchos músicos que han tomados los textos del Obispo de Sao Félix como textos inspirados. Nosotros lo leemos como una oración:

 

 

YO ME ATENGO A LO DICHO

Yo me atengo a lo dicho:

La justicia,

A pesar de la ley y la costumbre,

A pesar del dinero y la limosna.

La humildad,

Para ser yo, verdadero.

La libertad,

Para ser hombre.

Y la pobreza,

Para ser libre.

La fe, cristiana,

Para andar de noche,

Y, sobre todo, para andar de día.

Y, en todo caso, hermanos,

Yo me atengo a lo dicho:

¡La esperanza!

 

¡Muchas gracias!

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

 

 

 



[1] A. BANDURA, Teoría del aprendizaje social, Ed. Espasa-Calpe, Madrid 1982, p.10.

[2] Ibid., p.51.

[3] “Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá, Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable”: E. GALEANO, citado por I. ZUBERO, Movimientos sociales y alternativas de sociedad,  Ed. Hoac, Madrid 1996, p.139.

[4] A. TORRES QUEIRUGA, Por el Dios del mundo en el mundo de Dios,  Sobre la esencia de la Vida Religiosa, Ed. Sal Terrae, Santander 2000. p.14.

[5] “No es que nos hayamos degradado y que seamos consumistas, que quizá lo seamos, es que no podemos. Tenemos que estar siempre dispuestos a cambiar, por lo tanto no podemos fijarnos con creencias; las sociedades tienen que estar dispuestas a cambiar al ritmo acelerado de las ciencias y de las tecnologías” (M. CORBÍ, Entrevista a Marià Corbí,  en http://www.cetr.net/modules.php?name=News&file=article&sid=620).

[6] “El enmarque en lo histórico hace que la preocupación por la espiritualidad pase de ser una preocupación religiosa a una preocupación social. Se anhela la recuperación de la espiritualidad, el deseo de que el espíritu no muera en nuestra cultura, pero no por razones religiosas, sino, simplemente, porque la pérdida de los valores más constituyentes del espíritu humano lleva a la persona a una situación sin salida en la historia. Desde aquí se puede anhelar, sin el componente religioso, una historia humanamente espiritual”: F. AIZPURÚA, La espiritualidad bíblica, Ed. Verbo Divino, Estella 2009, p.19.

[7] J. L. PARDO, “Lo viejo y lo nuevo”,  en: El País,  11 de febrero de 2015, p.29.

[8] Ibid.

[9] Ibid.

[10] Como dice J. M. CASTILLO, La humanización de Dios,  Ed. Trotta, Madrid 2009, p.18.

[11] Si 14,11.14 citado en EG 4, del Papa Francisco.

Filipenses 18

CVF 

Domingo 22 de febrero de 2015

 

VOLVER A JESÚS

 Plan de oración con Filipenses

 

18. Filp 4,8-9

 

Introducción:

 

                Se insiste mucho en que esta crisis larga que estamos viviendo es una crisis de valores, como si antes de estos años los valores habrían estado ahí. La lucha por los valores es una realidad de siempre. Más aún, quizá nunca como hoy los apreciemos, aunque haya que trabajarlos siempre. Vivir sin valores es llevar el camino humano al abismo. Por eso en la sociedad, por muy insolidaria que se la quiera, tiene en su fondo valores de toda índole que son los que hacen que la vida sea vivible. Contribuir a que tales valores vivan es contribuir al sentido de lo humano. Los valores hay que llevarlos al terreno de lo cotidiano porque sin esa cercanía, los valores son mero sueño, mera utopía inalcanzable. Cuando los valores cobran rostro cercano es cuando brota la esperanza sobre esta vida nuestra.

                Pablo habla en este pasaje de los valores que él aprecia: lo verdadero, lo respetable, lo justo, lo honrado, lo estimable, la buena fama, etc., valores todos ellos de rango humano. Es que la verdad de los valores se juega en el cimiento de lo humano. Pretender construir valores espirituales sobre un cimiento humano frágil es construir sobre arena. De tal manera que cualquier actividad espiritual ha de lleva a hacer más sólido el cimiento de los valores humanos. Ahí está la clave de su valor y de su verdad.

 

***

 

Texto:

 

                8Por último, hermanos, todo lo que sea verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo honrado, todo lo estimable, todo lo de buena fama, cualquier virtud o mérito que haya, eso tenedlo por vuestro; 9 y lo que aprendisteis, y recibisteis, y oísteis, y visteis de mí o en mí, eso llevadlo a la práctica; así el Dios de la paz estará con vosotros.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

            Ha sido noticia en estos últimos días el “Proyecto Gloria”: una señora de Madrid ha abierto su casa durante años a personas sin techo y marginadas, más de 180 han pasado por su casa. Con días buenos, y con días duros. Es algo especial; incluso se pueda decir que estas maneras personales de ejercer la solidaridad tienen sus pegas. Pero no deja de ser algo admirable. Ahí, los valores más básicos (dignidad, respeto, solidaridad, amparo) están activos. De lo contrario, no sería posible llevar tal cosa adelante. En la sociedad de la conciencia aislada como la nuestra, surgen estos movimientos de profundos valores.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes mantienen vivos los valores de lo humano; gracias por quienes se sienten responsables de los frágiles; gracias por quienes se estremecen ante las situaciones ajenas.

 

***

 

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                No cabe duda: el gran valor de Jesús ha sido la persona, ni siquiera Dios. Él ha supeditado todo a la persona: la religión, las costumbres, los comportamientos sociales, la moral, todo ha de quedar por debajo y al servicio de la persona. El mismo Dios está al servicio de la persona. Esto no es ningún reduccionismo, sino asentar la verdad de Jesús sobre el cimiento común de lo humano. Efectivamente, ¿qué sería de Jesús y su mensaje sin ese cimiento? Un peligro.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por tu honda humanidad; te bendecimos por tu inagotable amor; te damos gracias por mirar siempre en dirección de lo humano.

                 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                Los valores que interesan los que se viven, no los que se publicitan. Hay entidades que, con fines muy variados, publicitan valores. Tienen un denominador común: el beneficio no es tanto para el otro sino para quien se presenta como poseedor de tal valor. Eso da que sospechar. Porque los verdaderos valores humanos tienen como beneficiario principal no tanto quien dice poseer ese valor, sino el débil que se beneficia de los mismos. O sea, que si la recompensa es tu gloria, el valor queda supeditado a ella. Por eso mismo, el desinterés es el mejor aval de cualquier valor.

                Oramos: Que nuestros valores no sean interesados; que el bien del otro nos satisfaga; que la alegría del otro nos alegre.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                Podemos decir que los valores mejores de nuestra comunidad son, en verdad, valores humanos: la alegría, la cercanía, el respeto, el gozo de compartir experiencias de dentro, los pequeños amparos cotidianos, la escucha. Estos son los valores más importantes y sobre ellos se asienta la espiritualidad, el aprecio por la persona de Jesús, el deseo de una fe más honda, los sacramentos vividos en una cierta novedad. Estos valores creyentes sin aquellos valores humanos serían, como decimos, casa sin cimiento.

                Oramos: Que nuestros valores espirituales estén asentados sobre el cimiento de lo humano; que seamos humanos y creyentes a la vez; que valores lo que somos y lo que creemos.

               

***

 

Palabras que alientan:

 

SI no has visto un cántaro vacío, 

rojo, terroso, seco, áspero,

no sabrás qué es un alma

en su solemne soledad de barro

hueco.

Y, si no has visto un alma derramada,

no sabrás qué es un cántaro,

su sonora soledad si lo golpeas

y retumba su nada. 

Como el alma. 

 

 

José Jiménez Lozano

 

***

 

Tu parte:

 

                No te apees de tus mejores valores. No te desalientes si te parece que no son apreciados. Insiste.

                              

***