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FIAIZ

3 Juan 3

C3J 

Domingo 12 de abril de 2015

 

SERVICIO O PODER

 Plan de oración con 3 Juan

 

3. 3 Jn 9-10

 

Introducción:

 

                El afán de dominio es un componente de la estructura humana y se manifiesta en el ámbito público y, también, en la más estricta intimidad. Queremos autoafirmarnos por el poder. Para ello empleamos un lenguaje opresor y construimos toda una normativa de exclusión. Sin embargo, hay ciudadanos que creen que ser respetuoso y comprensivo en el lenguaje es condición imprescindible para la convivencia. Y por ello hablan siempre con respeto, hasta de sus rivales. Y piensan también que incluir al otro, sobre todo al débil, es la mejor forma de construir la ciudadanía. Su mente y sus hechos de vida tienden a la inclusión. Estos segundos son los constructores de la amistad cívica, esa que es absolutamente necesaria para poder ser humano con y para el otro.

                Estos mecanismos relacionales existían ya en las primeras comunidades cristianas. De hecho, tenemos hasta el nombre de uno, Diotrefes, que habla mal de quienes no son de su cuerda y los excluye. Explota a la comunidad en su provecho. Nos hemos alejado ya del mensaje del servidor Jesús y sale a flote lo que uno es de verdad. La propuesta de 3 Jn es clara: hay que aceptar al otro, hablar bien de él y acogerlo. Con esos elementos relacionales tan sencillos se puede llegar a controlar el ansia de poder y, además, se construye la comunidad sobre bases sólidas. Efectivamente, una espiritualidad evangélica sin bases relacionales sólidas es una fantasía expuesta al derrumbe. Por el contrario, cuando la relación comunitaria es humana, respetuosa y acogedora, se puede comenzar a hablar de espiritualidad.

***

 

Texto:

 

                9Escribí unas letras a la comunidad, pero Diotrefes, con su afán de dominar, no nos acepta. 10En vista de eso, cuando vaya por ahí sacaré a relucir lo que está haciendo con esas puyas malignas que nos echa. Y no contento con eso, él, por sí o ante sí, tampoco acepta a los hermanos, y a los que quieren aceptarlos se lo impide y los expulsa de la comunidad.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

 

                Estos son los miembros de una Fundación denominada “Amistad Cívica”, de allá por Chile, en Valparaíso. Ciudadanos que tratan de difundiré en el ámbito educativo y social los más elementales valores ciudadanos. Puede que nos haga sonreír este sencillo afán, pero quizá sean los constructores de la sociedad del mañana, ya que una sociedad que pretende una básica amistad está engendrando la fraternidad humana soñada.

                Oramos: Gracias por quienes se esfuerzan en generar amistad; gracias por quienes miran benignamente a la sociedad; gracias por quienes aman socialmente.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                No se suele calificar a Jesús como “buen ciudadano”. Pero, en realidad, lo fue. Aun cuando fustigó a quienes esquilmaban al pueblo, ejerció una ciudadanía responsable. Por eso, no se hallan en el Evangelio palabras duras contra los de su pueblo, ni su mensaje contempla ningún tipo de exclusión. Todo lo contrario, incluye a los más débiles y habla con humanidad a toda persona. La suya fue una ciudadanía curativa y humanizadora.

                Oramos: Gracias, Señor, por acogernos; gracias por hablarnos con amor; gracias por aceptarnos con nuestras debilidades.

                 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                Uno de los valores hondos que son necesarios para vivir en amistad cívica es el sentido de familia humana. Efectivamente, si no miramos al otro, quienquiera que sea, como miembro real de nuestra familia humana estaremos tentados de aprovecharnos del él, aunque lo hiramos. Pero si lo vemos como familiar nunca ejerceremos violencia contra él y jamás lo expropiaremos o excluiremos. Nos conviene ejercitar una mirada benignamente crítica con nuestra sociedad.

                Oramos: Que nunca nos aprovechemos del otro; que nunca lo excluyamos; que jamás lo hiramos.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                De alguna forma, los tres elementos de la amistad cívica (aceptación, hablar bien, inclusión) se dan en nuestra comunidad virtual. Quizá la lejanía física facilite la cosa, porque es más difícil mantener estos valores en el roce diario. Pero, de todos modos, son valores que también en la lejanía se pueden vivir. Los largos años que llevamos en este empeño hablan de que esa amistad cívica ha sido la base de nuestra oración común en torno a la Palabra.

                Oramos: Que sigamos aceptándonos; que continuemos valorándonos; que persistamos en la acogida sin condiciones.

 

***

 

Palabras que alientan:

 

Haz una llave, aunque sea pequeña, 

entra en la casa. 

Consiente en la dulzura, ten piedad

de la materia de los sueños y de las aves. 

 

Invoca el fuego, la claridad, la música

de los flancos. 

No digas piedra, di ventana,

no seas como la sombra. 

 

Di hombre, di niño, di estrella. 

Repite las sílabas

donde la luz es feliz y se demora. 

 

Vuelve a decir: hombre, mujer, niño. 

Donde la belleza es más nueva. 

 

 

 

                    Eugénio de Andrade, 

 

***

 

Tu parte:

 

                Intenta valorar las declaraciones de los partidos desde un ángulo de amistad. Empuja en esta dirección en este tiempo preelectoral.

 

                              

 

3 Juan 2

C3J 

Domingo, 5 de abril de 2015

 

SERVICIO O PODER

 Plan de oración con 3 Juan

 

2. 3 Jn 5-8

 

Introducción:

 

                Dicen que la lealtad, que es poner confianza en quien sabes que no te va a traicionar,es escasa en nuestra sociedad y que la desconfianza brota en la sociedad con una pujanza inusitada. No estamos seguros de ello, porque vemos también mucha gente leal en la que se puede confiar. Sobre todo, la lealtad brilla cuando se traduce en generosidad con los frágiles sin exigirles nada a cambio. Ser leal con el poderoso puede albergar temores o esperanzas de recompensas. Serlo con el frágil que o puede devolverte el favor es decir con claridad que el único premio que se espera de uno es que sea él quien prospere y nada más. Por extraño que parezca, como lo hemos dicho, el nuestro no es mal tiempo para la lealtad que se traduce en generosidad.

                3 Jn habla de la lealtad de Gayo que se ha traducido en ayudar a unas personas a las que ni siquiera conocía, sin pedirles nada a cambio. Quien detentara el “poder” en la comunidad, habría de ser persona leal. La deslealtad y el egoísmo le desautorizan. Si no se puede confiar en quien está llamado a presidir la fe, si su generosidad es escasa, si los frágiles, de hecho, no le importan, ese tal no merecería estar al frente de la comunidad. Para que estos criterios sean efectivos se necesita otra mentalidad de más calado humano y cristiano. Esta mentalidad es la que todo seguidor puede ir cultivando y las comunidades irán conformándose no en base a nombramientos sino en base a valores.

***

 

Texto:

 

                5Querido amigo, qué lealmente te portas en todo lo que haces por los hermanos, y eso que para ti son extraños; 6ellos han hablado de tu caridad delante de la comunidad de aquí. Por favor, provéelos para el viaje, como Dios se merece, 7pues emprendieron este viaje por Cristo sin aceptar nada de los paganos; 8es deber nuestro hacernos cooperadores de la verdad ayudando a hombres como estos.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

 

Hablando de personas leales, vuelve a nuestro recuerdo la persona de FelixArrondo. Muchos de vosotros lo conocisteis. Un hombre bueno y humilde en quien se podía confía. Un amigo lo definió como “una luz que nos guió cuando estábamos despistados”. Otro amigo cura dijo de él que se le podía aplicar aquello del viejo canto: “Iba diciendo por los caminos amigo soy, soy amigo”. Uno en quien se podía confiar, una persona leal.

                Oramos: Te damos gracias por todos los leales; te bendecimos por quienes no tienen doblez; te damos gracias por quienes brindan amistad.

 

***

 

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                En Jn 3,33 se dice que Dios pone su sello en la realidad de Jesús y que ese sello lleva una inscripción: “Dios es leal”. O sea: Jesús es el rostro de la lealtad de Dios con nosotros. Por él podemos saber que Dios se porta con nosotros lealmente, sin doblez, con generosidad desinteresada. Esta lealtad de Dios con Jesús se traduce en lealtad con nosotros. Jesús es uno de quien la persona se puede fiar. Esto es mucho más importante que creer.

                Oramos: Gracias, Señor, por tu inagotable lealtad; gracias por ser generoso en extremo con nosotros; gracias por ser para nosotros rostro de la lealtad de Dios.

 

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Volver a los valores hondos:

 

                Lógicamente el valor social al que habría que volver sería la lealtad. Pero en lo cotidiano. Como todos los grandes valores humanos, la lealtad se juega en el metro cuadrado en que se desenvuelve la vida de uno. No hay que pensar en lealtades extraordinarias sino en la que demanda esa persona que entreteje su camino contigo, en esa situación laboral o social que te afecta directamente, en ese ámbito del que haces parte. Lealtad en lo diario; ése es un buen ideal.

                Oramos: Que seamos leales en lo diario; que lo seamos con las personas cercanas; que la vivamos con naturalidad.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                No sabemos si la lealtad es uno de nuestros valores, pero pensamos que sí, aunque sea en pequeña medida. Efectivamente, construir un grupo orante asentado en el cimiento de la desconfianza sería algo realmente imposible. Uno de los frutos de la oración compartida es la posibilidad de fiarnos los unos de los otros. Lo contrario sería extraño.

                Oramos: Que confiemos siempre en quien ora con nosotros; que apoyemos siempre a quien ora con nosotros; que nos situemos cerca de quien ora con nosotros.

               

***

 

Palabras que alientan:

 

Poema de Pascua

 

El instante se ha llenado de azul. 

 

Caminamos bajo la monarquía absoluta del sol. 

 

Hay un total acuerdo

entre el estar aquí y estar vivos. 

 

                  José Emilio Pacheco  

 

***

 

Tu parte:

 

                Procura vivir con la mayor lealtad posible en estas semanas de Pascua.

                              

***

 

¡¡¡FELIZ PASCUA!!!

 

 

 

 

 

3 Juan 1

C3J 

Domingo 22 de marzo de 2015

 

SERVICIO O PODER

 Plan de oración con 3 Juan

 

1. 3 Jn 1,1-4

 

Introducción:

 

                El ansia de poder es un componente de la estructura humana. Es verdad que, a veces, toma el cariz del despotismo y de la opresión. Pero, sin llegar a tanto, todos observamos que en las relaciones humanas hay un inevitable componente de poder. La cuestión está cómo controlarlo y cómo orientarlo. Se controla bien si hay sinceridad; se desmanda si se asienta sobre la mentira. Mirar de frente a nuestro afán de poder y no ocultarlo con cortinas de humo es ya un paso notable. A partir de ahí se podría reorientar si le sumamos una buena dosis de colaboración, participación, sentido de grupo, dejando de lado liderazgos que, descaradamente, sostienen que uno es el único que puede resolver una situación. generalmente esto no es así y encubre un ansia desmedida y no tratada de poder. Encarar este tema del poder como simple componente antropológico puede ser algo muy saludable.

                Es que la 3 Jn habla justamente de ese asunto del poder. Estamos en el año 100 de nuestra era y, a pocos años de la muerte de Jesús, se pone un ejemplo de comunidad cristiana que ha caído ya en las garras del ambicioso de poder (se llama Diotrefes). Por eso viene bien volcarse orantemente sobre este escrito casi desconocido. La figura de Cayo, amigo del autor de la carta, es la antítesis de Diotrefes, el jefe de la comunidad que hace y deshace a su antojo. En Cayo se dan los valores del buen jefe de comunidad, aunque la carta no pretenda desfenestrar a Diotrefes, sino reorientar su comportamiento. Cayo, por el contrario, es una persona sincera. Ese valor es el que alegra al autor del texto y, puesto de entrada, viene a querer decir que tendría que ser valor, sobre todo, de quien está al frente de la comunidad. Una comunidad con un insincero delante puede echarse a temblar.

 

***

 

Texto:

 

                1El anciano, a su amigo Gayo, a quien quiere de verdad.

                2Querido amigo, te deseo que la prosperidad personal de que ya gozas se extienda a todos tus asuntos, y buena salud.

                3¡Qué alegría he tenido cuando han llegado hermanos y nos han hablado de tu sinceridad, de lo sinceramente que tú procedes! 4No puedo tener mayor alegría que enterarme de que mis hijos proceden con sinceridad.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

                Esta mujer ruandesa es Victoria Ingabire, una pacifista que el régimen dictatorial de Paul Kagame ha condenado a 15 años de prisión por alta traición (lo de siempre). Lleva ya tres años en la cárcel. Es una mujer poco conocida, pero su lucha es de la envergadura de la de otros como Gandhi, Luter King o Nelson Mandela. Un día será reconocida como se merece y se valorará su pacífica y tenaz resistencia, a costa de su vida, del poder opresor que arrasa su país.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes construyen la paz; gracias por quienes hace frente al poder opresor con humanidad; gracias por quienes sufren por su pueblo.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                 Jesús fue una persona sincera. Hizo suyo aquel dicho: “Vuestro sí sea un sí y vuestro no un no” (Mt 5,37). Eso le ha servido para no sucumbir a la tentación del poder, ya que la suya ha sido, como la nuestra o más, una vida tentada por el poder. Su formidable resistencia ha hecho que cumpliera lo que el Padre quería, un designio de entrega, no lo que le tentaba a él, un poder mesiánico sobre personas y cosas (así lo vemos en Mc 14,36).

                Oramos: Te alabamos, Señor, por tu sinceridad de fondo; te damos gracias por tu entrega generosa; te bendecimos por resistir con firmeza a la tentación del poder.

 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                La regeneración social exigen una dosis de sinceridad de la que hoy no disponemos. Pero esa sinceridad ha de estar hecha de sinceridad personal. ¿Cómo vamos a anhelar la sinceridad en la gestión pública si la privada está trufada de mentiras? De ahí que tanto social como personalmente hay que trabajar la “higiene” de la verdad, necesaria para la construcción de un camino humano. De lo contrario, el horizonte de lo humano se entenebrece.

                Oramos: Que seamos sinceros para poder demandar sinceridad; que apoyemos los caminos sociales más sinceros; que nos alejemos de los caminos de la mentira y de la trampa.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                Si mantenemos el gozo de encontrarnos, de rezar juntos, de comunicar nuestras inquietudes, de compartir las alegrías, todo eso está basado en la sinceridad. No sería posible vivir en ningún de comunidad, de relación, con el trasfondo de la mentira y del engaño. Por eso, para poder rezar en comunidad no solamente hay que tener fe, es preciso también tener deseos y comportamientos sinceros. Tan necesario es lo uno como lo otro.

                Oramos: Que además de rezar juntos, seamos sinceros entre nosotros; que además de apreciar la Palabra, apreciemos nuestras palabras veraces; que además de caminar juntos, caminemos en la mayor sinceridad posible.

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Palabras que alientan:

 

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras. 

Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente. 

Que tú me entendieras a mí sin palabras 

como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.

 

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte, 

Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes. 

Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible, 

la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.

 

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte. 

Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve. 

Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma, 

yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese. 

Criatura también de alegría quisiera que fueras, 

criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.

 

Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas 

y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil, 

y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros, 

y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde…

 

Si ahora yo te dijera 

que es tu vida esa roca en que rompe la ola, 

la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste, 

aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha, 

aquel niño que azota la mar con su mano inocente…

 

Si yo te dijera estas cosas, amigo, 

¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente, 

qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos? 

Y ¿cómo saber si me entiendes? 

¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos? 

¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte? 

¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna, 

poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?

 

Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

José Hierro

 

***

 

Tu parte:

 

                Trata de ser lo más sincero posible, huyendo de trampas o palabras de doble sentido.

                              

***

 

Catequesis de Pascua

CATEQUESIS DE PASCUA

 

Presentación

 

            Muchas veces hemos dicho que “la meta es el camino” aludiendo a lo importante que es vivir, disfrutar, compartir el camino de los días con aquellos a quienes queremos y con toda persona. Caminar es lo importante, no tanto la meta. La Semana Santa y la Pascua es el final del camino de Jesús, sus días más importantes. Anímate a vivirlos con Él y con tus amigos y amigas.

            Para Jesús fueron días difíciles. Dice Lc 10 51 que “cuando iba llegando el tiempo de que se lo llevaran a lo alto, también él resolvió ponerse en camino para encararse con Jerusalén”. Puso “mala cara” a Jerusalén (el término dice expresivamente “frunció el ceño de cara a Jerusalén”, como quien se apresta a un ataque). Merece la pena hacer esta etapa dura del camino con Jesús, porque al término del mismo hay luz, hay Pascua.

            Puede pasarte un poco como ocurre en el camino de Santiago: si andas los últimos 100 km te dan “la compostelana”, aunque no hayas hecho todo el camino. Es fácil que, por muchos motivos, no hayas tenido sosiego para hacer todo el camino de la Cuaresma de este año. Puedes andar estos últimos kilómetros que son la Semana Santa y de darán la “compostelana” de la Pascua, la alegría que brota de la luz del Resucitado. Es una oportunidad magnífica que no habrías de desperdiciar.

            Para andar este camino con Jesús se precisa, sobre todo, corazón, amor. No hace falta equipaje especial, ni estar en perfecta forma física, ni tener dinero en la cartera. Es suficiente mirar a Jesús, ahondar en su gesto de amor, vivirlo con buen corazón, compartirlo con los hermanos y celebrar la posibilidad de que hoy Jesús haga su camino para nuestro beneficio. O sea: fundamentalmente es cuestión de amor. Anímate a entrar a fondo y con alegría en este camino hermoso de una Semana Santa que es la puerta de la luz de la Pascua.

 

1.  Jueves Santo

 

Narración:

 

            Yo, Pedro, el apóstol hice muchos caminos con Jesús. Tres años de ir y venir por el país dan para mucho. Íbamos a Jerusalén temerosos. El miedo de Jesús pasaba a nosotros porque todos intuíamos que las cosas podía ir mal en Jerusalén, en la boca del lobo. Nunca imaginamos que fueran a ir tan mal. Íbamos con miedo a celebrar la cena de Pascua. Pensábamos que iba a ser la última, como así fue. Íbamos en silencio; el ruido de las sandalias con las piedras del camino era lo único que, a ratos, se escuchaba. Cada uno con sus pesados pensamientos.

            La cena transcurrió normal, aunque no se disipara la nube gris que teníamos encima. El colmo fue cuando vi que nos iba a lavar los pies. No era la primera vez que lo hacía. A mí se me revolvían las tripas. ¿Qué se podía esperar de un Mesías que lava pies? Nosotros queríamos un Mesías brillante y poderoso, no un esclavo que lava pies. No podía yo con aquello. Él lo notó y por eso se dirigió a mí y me dijo aquella frase que nunca olvidaré: “Si no te dejas lavar los pies, no tienes nada que ver conmigo”. Un mazazo auténtico.

            Ahí entendí que ser de su grupo conllevaba aprender el tema del servicio, que Él quería ser un Mesías servidor, no un jefe que es servido. Y que todo el que quisiera ser de su grupo tenía que encajar ese asunto. Algo se me iluminó y lo entendí. Con el tiempo, cuando me repuse del trauma de la dura muerte de Jesús, vino muchas veces a mi memoria aquella frase suya hasta que entendí que lo nuestro servir. Así de simple.

 

Reflexión:

 

            Los cristianos, por mecanismo religioso, hemos creído que mostrábamos nuestro ser cristiano por signos religiosos: un cruz en el pecho, una cruz en lo alto de una Iglesia, la señal de la cruz que hacemos al rezar, etc. Pero Jesús dice que nuestro signo de identidad es el servicio: “En esto conocerán que sois discípulos míos, si os amáis” (Jn 13,34-35).

            Es decir: eres del grupo de Jesús si sirves, no eres de su grupo si no sirves. Eres cristiano si sirves, no lo eres si no sirves. O como dijo aquel obispo francés: “Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada”. Por eso, para saber si eres del grupo de Jesús no tienes que preguntarte ante todo si estás bautizado, si has hecho la comunión, si te has confirmado, si te vas a casa por la Iglesia, si rezas mucho, si lees el Evangelio, etc. Todo eso es valioso, pero la pregunta decisiva es ésta: sirves o sirves. Si no apruebas el examen del servicio, no has aprobado el primer paso.

            Imaginad esto: hoy, Jueves Santo, a la hora de la celebración os encontráis en la puerta del lugar donde vais a celebrar la cena del Señor una especie de piquete: cuatro o cinco personas fornidas y decididas que paran a todo el que quiere entrar y le conminan: “¿Estás por el servicio o no estás? Porque si estás, entra; y si no estás, ya te puedes marchar”.

            No te extrañe esto. Se celebra hoy el tema del servicio. Quien lo entiende, puede andar el camino con Jesús. Quien no lo entiende, andará otros caminos. Él tenía claro que se puede estar contento sirviendo. Lo había experimentado en su vida y lo llevó hasta las últimas consecuencias.

 

Pregúntate:

 

  1. 1.      ¿Estás contento cuando sirves, cuando haces un favor, cuando ayudas a alguien o te cierras en lo tuyo y solamente te interesan tus asuntos?
  2. 2.      ¿Te emociona un Jesús que sirve hasta el final o te deja la cosa frío?
  3. 3.      ¿Cuáles crees que son hoy los principales servicios que debes hacer?

 

2.  Viernes Santo

 

Yo, Malco, como dice el Evangelio, era criado del sumo sacerdote. Me dijeron que fuera con la policía del templo a prender a Jesús. Fuimos de noche, en silencio subiendo la cuesta del monte de los Olivos. Solo el ruido de nuestros pasos, el de las armas y alguna orden dada en voz baja se escuchaban en el serpenteante camino del monte. Yo me decía: vamos camino de la muerte. Porque estaba seguro de que aquel camino conducía a la muerte. Como así fue: un camino de muerte.

Ocurrió aquello que narra el Evangelio: aquel Pedro, en la refriega del arresto, desenvainó un machete (¿de dónde lo habría sacado?) y me cercenó el lóbulo de la oreja derecha. Sangraba mucho. Mientras se lo llevaban preso yo, con un trapo en la oreja para contener la hemorragia, me fui solo a casa para ser curado.

Yo había visto muchas veces que, cuando se consagraba a un nuevo sumo sacerdote, se le hacía una incisión en el lóbulo de la oreja derecha para, mezclando esa sangre a la de los sacrificios, significar un “pacto de sangre” entre Dios y el elegido. Y me decía en el camino: ya no tiene sentido cortar más lóbulos, ya no tiene sentido el viejo sumo sacerdocio. En ese pobre hombre entregado y avasallado está el sacerdocio de verdad, el mediador válido, el acompañante definitivo.

No dicen los Evangelios que luego yo, una vez curado en mi casa, me eché a la calle y le seguí durante todo su duro camino a la cruz. Cuando veía su sangre, decía: es la sangre nueva, la que da sentido por su honda entrega, la que dice que derramar cualquier sangre es un fracaso. Iba en silencio y miraba su sangre.

 

Reflexión:

 

            El Evangelio tiene un planteamiento que da sentido a la muerte de Jesús: las entregas tienen un valor en sí mismas y, por tanto, nunca se pierden. Su valor no depende del premio, del pago, del reconocimiento, del aplauso. Tienen valor en sí mismas. La entrega de Jesús es valiosa, aunque no se la reconozca, aunque uno se burle de ellas. No en vano Jesús se definía a sí mismo como un “entregado” (“El hijo del Hombre va a ser entregado…” Mc 9,31).

            Hoy, por todo el país, habrá muchas procesiones. Muchas personas verán las imágenes de Cristo crucificado y se emocionarán porque tienen un sentimiento religioso. Ven la sangre (aunque se en imagen) y se emocionan. Pero lo importante es emocionarse por la entrega incondicional de este hombre a lo nuestro, por haber intentado dar alguna respuesta los sufrimientos de otros, por haber andado muchos caminos que no eran los suyos.

            Desde ahí podríamos deducir que la fe cristiana apoya las hermosas entregas al otro, sostiene la incertidumbre de quien piensa que si no me pagan o me aplauden no tiene sentido darse al otro, da fuerza para sobreponerse a la falta de agradecimiento cuando me doy y no me lo reconocen.

            El camino cristiano es un camino de entrega, con todos los riesgos que pueda eso tener. Y ello con la convicción de que darse a la realidad del otro, a sus necesidades y demandas, es justamente hacer lo mismo que hizo Jesús. Tal cual.

 

Pregúntate:

 

  1. 1.      ¿Cómo te suena esta espiritualidad de la entrega?
  2. 2.      ¿Merece la pena seguir a un “entregado”?
  3. 3.      ¿Qué entregas de hoy mismo tienes pendientes?

 

 

3. Sábado Santo

 

Narración:

 

            Nos levantamos cuando estaba aún oscuro y nos echamos al camino. Éramos tres sombras en la noche, tres mujeres con el corazón herido: María Magdalena, María la de Santiago, Salomé.  Íbamos en silencio por el camino pero, por dentro, todas teníamos la misma preocupación: la losa, la losa…¿Quién moverá la losa, tan pesada? Nos arriesgábamos a volvernos de vacío si no encontrábamos medio de mover aquella losa tan grande.

            Nuestra sorpresa fue mayúscula: la losa estaba movida. Lo vimos de lejos porque ya amanecía. María Madgalena rompió el silencio: “No deberíamos habernos preocupado tanto por la losa”, dijo. “La losa la teníamos nosotras”, añadió. Aceleramos paso.

            Algo había pasado con el cuerpo de Jesús, no podríamos decir más. Un cuerpo sin el peso de la losa de la limitación y de la muerte, un cuerpo liberado de las trabas a las que está sujeto todo cuerpo. Todo lo que digamos, quizá está de más.

            Volvimos también en silencio. De repente, de nuevo María Magdalena fue la que dijo: “Hay que empezar a quitar las losas. La primera es quitarse esta losa de Jerusalén y su sistema religioso. Tenemos que ir a Galilea, como dijo él. Hay que empezar allí de nuevo, con más brío, con más confianza, con más fe”. Nadie dijo nada. Pero el silencio era elocuente porque nos sabíamos hermanas en ese anhelo. Ahora era cuestión de convencer a sus discípulos y a Pedro, oprimidos por la losa de la pena y del fracaso. Había que decirles que en Galilea había luz, en la vida con el Resucitado había esperanza.

 

Reflexión:

 

            El Sábado Santo es el día de contemplación no tanto del Jesús enterrado, sino sobre todo de la losa removida. En ese signo está oculta la verdad nueva de la resurrección. Ésta dice simplemente: las más pesadas losas, tuyas y de los demás, pueden ser removidas.

            En el relato de la resurrección de Lázaro (Jn 11), se dice que Jesús dio gracias al padre no cuando Lázaro salió de la tumba, sino cuando los que rodeaban su sepulcro quitaron la losa. Quitar losas es vivir ya desde ahora la resurrección. No hay que aguardar al final de los tiempos. Ya desde ahora, en este día, puedes quitar losas de ti y de los demás. Si lo haces, estás viviendo como un “resucitado”.

            Todos sabemos que la vida está llena de losas, pequeñas y grandes, las que nos ponemos nosotros mismos, las que ponemos a los demás. Palabras pesadas y tóxicas, prejuicios inamovibles, segundas intenciones que pesan enormemente. Si haces algo por quitar esa clase de losas, la piedra de tu “sepulcro” está movida, vives en el gozo de la resurrección.

            No se nos puede quedar la celebración de la resurrección en una idea o en una mera celebración, por muy festiva que sea. Tiene que tener incidencia en la vida. Y este asunto de quitar losas, de hacer una vida respirable, de poner una bocanada de aire fresco en nuestro caminar, puede ser una manera buena de vivir como un “resucitado”.

 

Pregúntate:

 

  1. 1.      ¿Cómo poner carne a la celebración de la resurrección?
  2. 2.      ¿Qué losas te pesan y habrías de echar mano a ellas?
  3. 3.      ¿Qué puedes hacer para quitar losas en los demás?

 

4. Desierto del Viernes Santo

 

            A lo largo de este día de DESIERTO vamos a poner de relieve una serie de personajes anónimos del relato de la pasión que leeremos esta tarde. De cada uno de ellos sacaremos un punto de reflexión personal.

 

  1. Uno de la patrulla: Estábamos al servicio del sistema; nos pagaban por actuar sin pensar; muchas veces habíamos detenido a gente inocente. Lo veíamos y teníamos que callar. Aquel fue un caso más. No había que pensar.

 

Hemos de detenernos, reflexionar, para huir de la superficialidad y para no hacer el juego a quien quiere sacar beneficio de todos. Construir una fe saludablemente crítica, sensata y reflexiva.

 

  1. El otro discípulo: Me han identificado con san Juan; cosas de la piedad. Fui uno que buscó el sentido a lo de Jesús; él me apreció. Pero no logró sacarme de mi anonimato. No llegué a unir del todo mi vida personal y mi opción por él.

 

Habría que construir un tipo de vivencia cristiana que, poco a poco, vaya tocando lo que uno es de verdad. No algo añadido a lo que somos. No se trata tanto de ir diciendo a todo el mundo que soy cristiano; pero sí se trata de no funcionar en todo como el mundo. Porque entonces, ¿para qué sirve el Evangelio?

 

  1. Uno de los criados: Lo nuestro era servir a los amos. Y estos eran los jefes del pueblo, los senadores, los sumos sacerdotes. Educados para obedecer sin rechistar. Despojados de criterio y de voz.

 

Recuperar la voz, dar voz a los que no la tienen y relativizar a aquellos que tienen demasiada voz. Hacer una vivencia pública de la fe sabiendo que se está en una sociedad plural. Creer que una voz con humanidad es, a la larga, escuchada y apreciada.

 

  1. Uno de la multitud: Yo grité con todos, contagiado, “a ese no, a Barrabás”. Veía que aquello no era justo, pero grité. No supe mantener el anhelo de justicia cuando este era pisoteado.

 

Una fe que no lleva al anhelo de justicia no es la fe de Jesús. Y esto hay que construirlo cerca y lejos, a un kilómetro de casa y en cuestiones de tipo universal. Aquel que moría, Jesús, era un enamorado de la justicia.

  1. Otro de la multitud: Yo estaba en la multitud que grito “¡Fuera!” cuando Pilato lo presentó a la gente. Aquel guiñapo no era “el hombre”, la idea de persona que yo tenía, lo que yo quería ser. No supe ver dentro.

 

Estrellarse contra el muro de las apariencias es perderse lo mejor de la verdad de la persona. Juzgar por las apariencias es casi siempre equivocarse. Valorar solamente lo que se ve y lo que se toca es arriesgarse a no entender nada.

 

  1. Uno de los jefes: Yo fui de los que dije “No tenemos más rey que al César”. Sé bien que eso no lo dice un judío ni borracho. Pero había que eliminar a aquel sujeto que ponía en riesgo nuestro tren de vida.

 

Habríamos de estar dispuestos a cuestionar nuestro tren de vida. Vivir con menos para que oros puedan simplemente vivir. No cambiaremos la vida si nosotros mismos no cambiamos de vida.

 

  1. Uno de los soldados: Dividimos y nos repartimos su ropa, como era costumbre. Aquel ajusticiado que su pueblo rechazado tenía algo. El jefe afirmaba que tenía algo de “dios”. Pero moría entre los espasmos de la muerte. Era un pobre más.

 

Mirar las pobrezas; mirar con humanidad. Algo tenemos que ver con ellas. Ser sensibles y activos ante los problemas sociales. Ayudar a bajar de la cruz a los crucificados de la historia.

 

  1. Uno de los que pidieron que lo quitase de la cruz: Era como una ofensa, verlos allá crucificados siendo, como era, la Pascua. Había que quitarlos de la cruz. Por eso se lo pedimos a Pilato. Él quería mantenerlos allí para escarnio nuestro.

 

El Papa Francisco habla de cultura de la exclusión, de la indiferencia, de la conciencia aislada que no mira más que a los propios beneficios. Mirar a Jesús crucificado es pensar que los otros tienen un sitio en mi vida, hacerles un sitio.

 

Pregúntate:

 

  1. 1.      ¿Con cuál de estos personajes anónimos te identificas? ¿Por qué?
  2. 2.      ¿Crees que tienes que cambiar algo en tu relación con los empobrecidos (crucificados)?
  3. 3.      ¿Cómo ayudarnos a que los relatos de pasión de Jesús sean algo que vaya más lejos que la simple sensibilidad?

La humanidad, nuestra familia básica

LA HUMANIDAD, NUESTRA FAMILIA BÁSICA

 

            Puede comprenderse que los humanos consideremos que la familia auténtica es la que llamamos familia biológica, sin entrar a matices con otros modelos de familia más actuales. La cercanía, el cuidado, el amor, la entrega, la generosidad que, normalmente, acompañan la relación familiar lleva a la evidente conclusión de que “mi familia” son estos con quienes convivo. Por ese pequeño grupo nuclear estaría uno dispuesto a todo. De ahí que el lema “mi familia ante todo” se haya constituido en una especie de dogma social.

            Pero si miramos en profundidad el hecho humano, quizá descubramos que la verdadera familia, la básica, aquella que es la fuente de la dignidad, esa es la familia humana. Ser humanos nos hace familia de todos los humanos. Por eso mismo, es intolerable cualquier violencia entre humanos, porque no es de recibo ejercer la violencia contra los miembros de la propia familia. Hace ya 50 años, la Gaudium et Spes proclamaba con claridad:  “La Iglesia se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia” (nº 1). Esta solidaridad con lo humano, base de la verdadera familia humana, es la que se percibe en algunos pasajes de la Escritura que queremos subrayar:

  1. Gén 11,1-9: Es el conocido pasaje de “la torre de Babel”. Normalmente se interpreta este pasaje como la confusión de las lenguas que Dios propició para que la soberbia humana no construyera “una torre que alcance el cielo” (v.4), es decir, para frenar sus ansias de poder que anhela hacerse con la realidad misma de Dios. La evidencia de la multiplicidad de lenguas ya desde la antigüedad quedaba así explicada y, a la vez, se construía una fábula moral sobre la humildad esencial de la persona.

Pero puede haber otra manera de leerla: escrita la narración mítica en tiempos demográficos de gran peligro de despoblación y, por lo tanto, de extinción (una situación muy distinta a la nuestra), el relato va contra quienes no quieren dispersarse, contra quienes quieren asentarse y no salir de su pequeño entorno. Dios confunde sus lenguas y esa diversidad es la que obliga a salir, a “dispersarlos por toda la superficie de la tierra” (v.9).

Esta dispersión de la misma experiencia de humanidad, del mismo tronco (no en sentido genético, sino existencial) es la que puede hacer entender que todos los “dispersos” pertenecen al mismo ámbito de lo humano, a la misma familia fundamental. Esta troncalidad común ha de estar por encima de cualquier diversidad lingüística u otra. Se es familia.

  1. Sab 12,2-21: Podríamos decir que el libro de la Sabiduría es el más “moderno” de los del Antiguo Testamento. Trata un problema hacia fuera del colectivo israelita, hacia los paganos. Éstos que, según la mentalidad habitual judía, estaban destinados al infierno porque eran “raza maldita desde su origen” (v.11), también pueden encontrar una salida en la increíble compasión y misericordia de Dios.

Porque un Dios que se precie, de acuerdo con la vieja mentalidad, tiene que defender a sus fieles de quienes los atacan. Y si alguien ha atacado con saña a Israel, ésos han sido los cananeos. Pero aun a esos “los trató con miramiento” (v.8), ya que “el ser dueño de todos te hace perdonarlos a todos” (v.16) y el poder divino está sometido a su justicia y a su compasión.  Y aquí llega la declaración fundamental: “Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano” (v.19). es decir, por encima de la justicia está la humanidad. Esta es la que nos une a todos y desde ella hay que enfocar hasta los yerros que cometemos.

La pertenencia a lo humano es la base de la compasión y engloba a la justicia. Salirse del ámbito de lo humano es poner en peligro la justicia y olvidar la compasión. Entonces la vida humana se hace imposible. Por eso el “principio de humanidad” ha de regir la convivencia ciudadana.

  1. Mc 3,20-21.31-35: La actividad misionera de Jesús parece que ha suscitado preocupación y rechazo entre su misma familia que pensaban “que no estaba en sus cabales” (v.21). Por eso, su familia “le llama desde fuera” (v.31). Eso es lo que le ha llevado a hacerse una familia subrogada, la de aquellos “que cumplen el designio de Dios” (v.35).

¿Cuál es ese designio que convierte a quienes lo cumplen en la verdadera familia de Jesús, por encima y más profunda que la biológica? El designio de Dios es que los humanos vivamos en justicia y en fraternidad. Ya estaba formulado desde los tiempos de Isaías en que Dios busca como respuesta a su amor no tanto el culto, la oración o la ley, sino la “justicia y derecho”, la convivencia en humanidad (Is 5,7).

Vivir en humanidad es lo que lleva a constituir a la persona como familiar de Jesús. Es decir, la pertenencia y la vivencia a lo humano genera la identidad del seguidor. Ésta no le viene por vía de la religión, sino por vía de humanidad. Ser familia humana no solamente por razones biológicas, sino por prácticas de humanidad es lo que nos lleva al secreto anhelo de Jesús, a sus gozos familiares.

  1. Ap 7,1-8: No resulta fácil leer el libro del Apocalipsis despegándose de su indudable carácter vindicativo. Una forma de hacerlo quizá sea el leer entre líneas la presencia de uno que, distinto del vidente, piensa que la solución a la inhumanidad que sufre la comunidad no es la destrucción del malvado, sino la potenciación de lo verdaderamente humano.

Eso ocurre en la famosa lista de “marcados”, de destinados a la gloria del Cordero de Ap 7,5-8. Aparece ahí el “vengador” que excluye de la lista a Dan conocido por su proverbial infidelidad (Jue 18) y pone en su lugar a Manasés que es parte de la tribu de José. Pero, en realidad, al poner 144.000 marcados (12, número pleno, por 12, por 1.000: la plenitud total), se está queriendo decir que, a pesar del mal, toda la humanidad está marcada para el bien.

Se podría decir que pertenecer a lo humano “da derecho” a la gloria. No es un derecho que uno se saque de la manga, sino algo que proviene de la generosidad de un Dios que “arroja nuestros pecados al fondo del mar” (Miq 7,19). Pertenecer a lo humano nos salva.

Este breve recorrido bíblico muestra la consoladora evidencia antropológica y espiritual de que es una suerte pertenecer a la hermosa aventura de lo humano. Una suerte y una responsabilidad para colaborar al horizonte de una humanidad lograda. Don y tarea.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

 

Filipenses 21

CVF 

Domingo 15 de marzo de 2015

 

VOLVER A JESÚS

 Plan de oración con Filipenses

 

21. Filp 4,18-22

 

Introducción:

 

                Los humanos no solamente nos intercambiamos bienes, también podemos intercambiarnos vida. La existencia no es meramente un mercado, sino un lugar donde se pone en común lo más valioso de cada uno. Una mentalidad mercantilista puede llevarnos a creer que esta vida tiene sentido en la medida en que se compra y se vende. Por eso hay algunos que son productores, y otros somos consumidores. Esta manera de ver la vida puede ser muy pobre. Todos podemos trasvasarnos vida, aprender unos de otros, ampararnos unos en otros, enriquecernos con el amor unos a otros. Si no entendemos la vida como un trasvase, como un intercambio de humanidad, la empobrecemos.

                Hacemos esta reflexión porque en las líneas finales de la carta a los Filipenses se habla de eso, de que Pablo ha recibido, por medio de Epafrodito, un trasvase de vida de la parte de los filipenses. No solamente le han mandado una ayuda que la necesitaba. Con ella le ha llegado a su prisión un soplo de vida, la certeza de saber que hay alguien ahí afuera que piensa en él y le ama. Eso es mucho más importante que los bienes recibidos. No es de extrañar que llame a esa donación de vida “incienso perfumado”, algo muy agradable a Dios y a la persona. Las propias necesidades de los filipenses, dice Pablo, serán cubiertas por Dios ya, que el trasvase de vida produce el increíble milagro de ver que compartiendo llega para todos.

 

***

 

Texto:

 

                18Este es mi recibo por todo: tengo de sobra, he quedado bien provisto al recibir lo que me mandáis con Epafrodito: es un incienso perfumado, un sacrificio aceptable que agrada a Dios. 19Mi Dios, por su parte, cubrirá todas vuestras necesidades con sus inagotables riquezas por medio del Mesías Jesús. 20A Dios nuestro Padre la gloria por los siglos de los siglos.

                21Recuerdos a todo consagrado por el Mesías Jesús. Os mandan saludos los hermanos que están conmigo; 22os saludan también los consagrados, especialmente los que están al servicio del emperador. 23El favor del Señor os acompañe.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

                Esta mujer es Inmaculada Pimentel, una dentista que hace continuos viajes a Senegal para ayudar con su oficio sanitario. Ella se expresa así: “Voy a que me ayuden, porque yo vuelvo nueva”. Es un trasvase de valore: ella ofrece su saber y su entrega; los otros le dan el sentido y el respiro vital. Así se entienden las relaciones humanas no como una donación sin retorno, sino como un trasvase que enriquece a todos.

                Oramos: Que crezca el número de quienes se entregan y reciben; que agradezcamos a quien se entrega dándole algo de lo nuestros; que entendamos la vida como un trasvase de bondad.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                 Jesús ha trasvasado bienes: de él a nosotros, de nosotros a él. Esto segundo lo vemos en el caso de sus discípulos: no le ayudaban casi nada y prácticamente le estorbaban. Pero nunca los rechazó, porque necesitaba de ellos, de su compañía, de su cercanía, de su presencia, de su vida. Ellos le dieron también sentido. Él también recibió de nosotros, no solamente nosotros de él.

                Oramos: Gracias, Señor, por confiar en nosotros; gracias por recibir de lo nuestro; gracias por encontrar amor en nuestros sencillos caminos.

 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                Nuestra sociedad basa su bienestar en el crecimiento económico. Y crece, pero crece casi únicamente para los poderosos, con lo que tal crecimiento no sirve a amplias capas de la población. La sociedad vive más por el trasvase de valores, por los amparos dados, por los apoyos incondicionales, por el acompañamiento sencillo. Eso es lo que verdaderamente la hace vivir, no la economía excluyente.

                Oramos: Que nos amparemos con generosidad; que nos sostengamos con tenacidad; que nos animemos con buenas palabras.

 

***

 

 

Volvemos a la comunidad:

 

                Una de las evidencias de pertenecer a la comunidad virtual es que, a lo largo de los años, nos hemos ido trasvasando algunas cosas, por sencillas que sean: cariño, interés, acompañamiento, compartir, tener la suerte de poder reunirse y otros muchos “bienes” que han ido circulando. No es tanto el fruto de la oración cuanto el fruto de la relación. La oración ayuda a la relación, esa es su función. Lo agradecemos de verdad.

                Oramos: Que sigamos trasvasándonos vida; que sigamos interesándonos unos por otros; que sigamos creyendo en el valor de la relación humana.

               

***

 

Palabras que alientan:

 

En el olor de los jacintos salvo

la mañana, en la delicadeza de su delgado

aroma. Y está también la mariposa gira

que te gira, girando sobre lo mismo, con otro

apego, me figuro. Quién me lo iba a decir

cuando era un niño derrotado, tantas veces

y a solas, que finalmente aquello fuese a ser

mi salvación, un enrocarse jubiloso en lo frágil

y emocionarse en lo secreto y deleitarse

como la mariposa, gira que te gira, girando. 

 

Fermín Herrero

 

***

 

Tu parte:

 

                Intenta ser generoso con quien es generoso contigo.

 

                              

***

 

Filipenses 20

CVF 

Domingo 8 de marzo de 2015

 

VOLVER A JESÚS

 Plan de oración con Filipenses

 

20. Filp 4,15-17

 

Introducción:

 

                Ante las tragedias humanas, ante los duros caminos de las personas, ante situaciones de dificultad nos conmovemos, tenemos palabras amables, pero nuestra solidaridad no llega a concretarse. Todo queda en el indefinido mundo del deseo. Pero no se encuentra un modo visible de actuar, no se llega uno/a a remangar para aportar algo, aunque sea un pequeño gesto, una aportación que parece que sirve poco. La concreción es necesaria para que fluya la verdadera humanidad. De lo contrario, todo queda en un limbo de incertidumbre que no solamente no ayuda nada, sino que termina por crear una indudable decepción. Para concretar la buena relación es preciso tener unas dosis altas de amor que es el motor de cualquier concreción. Si ese motor del amor falla, la concreción no amanece y brotan a raudales las bellas y vacías palabras. Donde hay amor, hay concreción.

                Eso le ha ocurrido a Pablo: los de Filipos amaban a Pablo, desde aquellos lejanos días en que se encontró con aquella pobre comunidad que se reunía en un recodo del camino, porque no tenían ni un lugar de reunión. Por lo que fuera, el amor surgió entre ellos y ese amor no solamente se mantuvo a lo largo del tiempo, como vemos, sino que adquirió modos muy concretos. Pablo dice que tal amor fue una indudable ganancia para él y un socorro en su pobreza, pero, además, fue un motivo de que “los intereses se acumularan en la cuenta” de los filipenses. Ellos también salieron ganando, a la vez que daban generosamente al pobre Pablo. La concreción delamor fue, sin duda, beneficiosa para todos.

 

***

 

Texto:

 

                15Vosotros los filipenses sabéis además que desde que salí de Macedonia y empecé la misión, ninguna iglesia, aparte de vosotros, se hizo cargo de saldar mi debe y mi haber. 16Ya a Tesalónica me mandasteis más de una vez un subsidio para aliviar mi necesidad; 17no es que yo busque el regalo, busco que los intereses se acumulen en vuestra cuenta.

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

                Pocas veces ponemos una viñeta gráfica. Esta es de una gran sencillez. La raíz del voluntariado es el buen corazón. Un buen corazón que no solamente se conmueve, sino que se concreta. Los voluntarios dejan ver lo que a nosotros nos cuesta mucho: que la solidaridad ha de cobrar algún rostro concreta, para que abandone el mundo de las meras buenas intenciones. Por eso, habríamos de agradecer mucho a los voluntarios porque nos recuerdan en maneras visibles que no basta con buenas intenciones para construir un mundo humano.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes concretan los movimientos de su corazón; gracias por quienes ponen rostro a la bondad; gracias por quienes nos ayudan a mirar la realidad de los débiles de frente.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                Jesús no ha enseñado el Reino desde una ideología, en una escuela, con una teoría. Se ha lanzado a los caminos y ha concretado su enseñanza en una vida en relación humanizadora. Con ello ha dejado bien clara la primacía de la práctica sobre cualquier ortodoxia. El Evangelio pide la concreción de la vida, más allá de cualquier teoría. Una percepción del Evangelio que no va aterrizando en concreciones (algo más que meros propósitos) arriesga ser una teoría hueca.

                Oramos: Que para nosotros sea más importante la práctica que la teoría; que concretemos la fe en modos de vida; que nos atraiga más el rostro de la persona que el brillo de las teorías.

 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                Socialmente es muy importante poder visibilizar la bondad. Efectivamente, predicar desde planteamientos sociales o políticos la bondad, la mejoría, el progreso, la misma riqueza sin que nada de esos cobre cuerpo y sea tocable en las capas sociales más frágiles es un cínico ejercicio de verborrea, palabras que nacen muertas y que acarrean la muerte. Por eso, quien las lanza con tanta facilidad haría mejor favor si, simplemente, se callara. Una bondad social que no se ve es una perniciosa estrategia de engaño. De ahí que quien se pretenda buen gestor social ha de mirar al lado de la bondad que se toca, no a las hermosas teorías que son intocables.

                Oramos: Que colaboremos y exijamos la bondad que se toca; que se hagan visibles los buenos sentimientos que decimos tener; que no engañemos a nadie con palabras deliberadamente vacías.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                La comunidad virtual habría de visibilizar su relación en pequeños gestos de cercanía, de preocupación por los itinerarios del otro, de amparo. Una comunidad que hace visible su preocupación no es la propia de los seguidores de Jesús. Para visibilizar el bien hay que volver la mirada sobre la realidad del otro, sobre su nombre, sobre sus caminos. A veces un pequeño gesto es suficiente. El silencio es, con frecuencia, el peor de los caminos.

                Oramos: Que los caminos del otros se nos hagan visibles; que la mirada del otro se nos haga visibles; que los anhelos del otro se nos hagan visibles.

 

***

 

Palabras que alientan:

 

EL CESTO

 

PRIMERO se toma una mimbre,

y se la pone en agua, para que pierda altanería, se haga dulce,

mandible, y tenga amor; 

luego se la trenza como un sueño,

y, cuando ya está hecho el cesto,

puede ponerse en él la ropa blanca,

una frutas rojas, doradas, o un gatito.

A veces, crujirá en la noche; 

pero así se hizo el mundo, 

y así, a veces, se lamenta. 

 

 

José Jiménez Lozano,

 

***

 

 

 

 

 

Tu parte:

 

                Durante esta semana intenta hacer visible la bondad que, indudablemente, anida en tu corazón.

                              

***

 

 

Filipenses 19

CVF 

Domingo1 de marzo de 2015

 

VOLVER A JESÚS

 Plan de oración con Filipenses

 

19. Filp 4,10-14

 

Introducción:

 

                La sobriedad no tiene buena prensa, ni en sí misma, ni socialmente. En sí misma porque relacionamos la austeridad y la sobriedad con la pobreza. No tienen nada que ver, porque la sobriedad contempla las necesidades básicas cubiertas. Pero pensamos que vivir a gusto con lo simplemente necesario es lo mismo que vivir mal. Por otra parte, como socialmente la austeridad ha sido invocada por quienes nos han estado explotando todos estos años, tampoco es un valor que tenga buena prensa. Sin embargo, desde antiguo se ha visto como una gran sabiduría el vivir con lo necesario y no más como un camino de humanidad, de solidaridad y, en definitiva, de gozo vital. No es fácil meter este valor en nuestra vida, pero pensemos también si el desmadre consumista nos ha llevado, realmente, a modos de vida más felices. Más bien, da la impresión de lo contrario.

                Es que el Pablo preso (no olvidemos que Filipenses se escribe desde la cárcel) se autorretrata como un sobrio feliz. Esa visión de la persona que sabe vivir con lo que hay deja entrever que el acento está puesto sobre lo esencial: el amor a Jesús y la buena relación con las personas. El resto, por necesario que sea, será siempre secundario. Es verdad que la pobreza de Pablo ha puesto en evidencia la generosidad de los Filipenses. Pero, en realidad, más que su generosidad, lo que ha evidenciado es su amor. Y ese amor no duda en desprenderse de cualquier cosa, aun de lo necesario, por la persona que se aprecia. El sobrio feliz es, con frecuencia, el más generoso.

 

***

 

Texto:

 

                10Como fiel del Señor, me alegré muchísimo de que ahora pudierais por fin expresar de nuevo vuestro interés por mí; pues, aunque lo sentíais, os faltaban ocasiones. 11No penséis que lo digo porque ando escaso, pues yo he aprendido a arreglarme en toda circunstancia: sé vivir con estrechez y sé tener en abundancia; 12ninguna situación tiene secretos para mí, ni estar harto, ni pasar hambre, ni tener de sobra, ni pasar falta; 13para todo me siento con fuerzas, gracias al que me robustece. 14Con todo, me habéis hecho un favor al tomar como vuestra mi dificultad.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

 

            Este señor es Pierre Rabhi (Kenadsa, Argelia, 1938) es un agricultor, político, escritor y filósofo francés de origen argelino. Es uno de los precursores e impulsores del agro-ecologismo. Es asimismo partidario del movimiento de regreso a la tierra, y fundador del concepto de “oasis en todos los lugares” Defiende un modo de sociedad más respetuosa con las personas y la tierra, y apoya el desarrollo de prácticas agrícolas respetuosas con el medio y preservando los recursos naturales, principalmente en los países áridos. Ha escrito un libro hermoso sobre la sobriedad feliz, defendiendo un estilo humano de vivir con lo necesario y no más. Modelos de referencia.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes son sensibles a otro tipo de vida; gracias por quienes valoran más las personas que las cosas; gracias por quienes descubren el gozo en lo sencillo.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                Aunque a Jesús le llamaron “comilón y borracho, amigo de pecadores” (Mt 11,19), en realidad fue un hombre sobrio y no amargado (aunque los evangelios no lo describan como una persona bienhumorada). Cuando dice que “el hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza” (Mt 8,20), parece que lo dice sin amargura, como una opción elegida, que no le impide disfrutar de la relación y de la vida. Volver al Jesús sobrio nos alejaría de ese otro Jesús cristológico lleno de oropeles que nada tiene que ver con la espiritualidad de la sobriedad.

                Oramos: Gracias, Señor, por tu contenida sobriedad; gracias por tu manera simple de ver la vida; gracias por tu desapegode lo no necesario.

 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                Como decíamos más arriba, hablar hoy de austeridad en nuestra sociedad es condenarse al fracaso. Sin embargo la austeridad aceptada nos ayuda a convivir entre nosotros, nos acerca a las situaciones reales de los débiles y, como cristianos, nos hace entender algo mejor el misterio abrupto de la cruz de Cristo. De manera, que, bien tomada, la sobriedad es un beneficio para la persona, siempre, como decimos, que lo básico esté cubierto.

                Oramos: Que, por nuestra sobriedad, mejoremos nuestro nivel de relación; que, por nuestra sobriedad, comprendamos mejor la situación de los débiles; que, por nuestra sobriedad, se nos haga más cercano el misterio de la cruz de Jesús.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                Podríamos decir que nuestra relación en la comunidad virtual es sobria, tal vez un tanto excesivamente. Quizá tendríamos que ser más “jugosos”. Pero eso muestra que el trabajo orante nos lleva a la relación, aunque para que sea más jugosa tiene que haber un ingrediente más explícito. Para hacer más verdad nuestro trabajo orante, habría, pues, que echar más “jugo” a nuestra relación. ¿O no?

                Oramos: Que nos preocupemos más, unos de otros; que nos acerquemos más unos a otros; que nos colguemos más unos de otros.

 

               

***

 

Palabras que alientan:

 

 

 Y el discípulo  dijo: 

"¿Es la pregunta a Dios pregunta a Dios solo?". 

    Y el maestro respondió: "Dios cambia con nosotros. Dejó 

de ser Dios antes de existir, porque Él no existe más que por 

nosotros". 

    Y añadió: "Para ser, cada vez, la invariable pregunta a la 

infinita pregunta a nosotros mismos". 

 

EdmondJabès, 

 

 

***

 

Tu parte:

 

                Intenta estos días mirar la posibilidad de ser, a la vez, sobrio y feliz. Coméntalo con alguien.

 

***