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FIAIZ

PERDIMOS TODO

PERDIMOS TODO, NOS QUEDA LA FE; LA FE NOS SOSTIENE Y NOS IMPULSA A CAMINAR

Dimensión bíblica de la fe inspirada en Daniel y otros paradigmas bíblicos

 

            ¿Cuál es la mejor situación para pasar de la fe al amor? ¿La de una fe fuerte, compacta, bien diseñada, incuestionable o la de una fe vacilante, con dudas, en un cierto desamparo, pero resistente y resiliente? “Nuestra fe no significa que todo lo tenemos claro. No significa que tenemos soluciones acabadas, respuestas últimas para nada. Tenemos la inestimable memoria de Jesús, la presencia activa de su espíritu, la compañía de una gran Iglesia de hermanos y hermanas, pero ello no nos exime de la duda, la búsqueda, el diálogo. Somos caminantes”[1].

            Preguntarse por el futuro de la fe desde un cierto desamparo puede ser una buena perspectiva, siempre que la comprensión de lo cristiano está más asentada en la experiencia que en la ideología y que la conexión social sea, más allá de un necesario sentido crítico, benigna.

            De cualquier manera ha de quedar claro, según el aserto paulino, que “lo más valioso es el amor” (1 Cor 13,13). De manera que la formulación de la experiencia creyente ha de estar supeditada a tal amor ya que el futuro del amor es lo que importa, el logro final al que todo, incluida la fe que va unida a él, ha de tender.

 

  1. 1.      El tsunami de la secularidad

 

Estando, como estamos en medio del torbellino, quizá no nos percatemos de la fuerza que tiene el tsunami de la secularidad. Una escapatoria fácil es decir que tal fenómeno afecta solamente a los países “descristianizados”, europeos, sobre todo[2]. Pero la evidente realidad es que, en una medida o en otra, la secularidad avanza a ojos vistas, incluso en ámbitos más cerrados al hecho religioso, como son los países islámicos[3]. La radicalización y el auge de las tradiciones religiosas no para el empuje de la secularidad[4].

De tal manera que hay quien habla de un nuevo “tiempo axial”, un tiempo distinto al de las sociedades agrícolas (por mucho que estas hayan incorporado las nuevas tecnologías) donde el recurso a la religión ya no será necesario. Pero eso no impedirá la referencia a los valores  de las grandes tradiciones religiosas. “Hay que volver al legado de las grandes tradiciones religiosas de la humanidad, al legado de todas, pero desde donde estamos, desde sociedades laicas, sin creencias ni sacralidades. Ahí tenemos una gran herencia desde la que poder cultivar la calidad de individuos y de grupos y la espiritualidad, sin tener que ser hombres religiosos ni creyentes”[5]

Este es el dilema que se plantea a la VR: ¿cómo aportar algo al ámbito de la fe sin tener que ser personas religiosas, nosotros que nos definimos como tales? ¿Hay un sitio para la VR en el mundo de la secularidad? La pregunta, más que religiosa es social: ¿cuál es el lugar social de la VR en el mundo de hoy? Si logramos entender ese lugar podremos plantear la posibilidad de hacer una propuesta de fe y, lógicamente, de amor motivado por la fe. Estamos apuntando ya a los posibles logros de nuestra reflexión.

Mientras tanto, resultará útil un apunte sobre la relación entre VR y secularidad. La relación es inevitable porque los religiosos/as no somos marcianos, sino miembros de la sociedad a pleno derecho. Nos vemos influenciados por el hecho social del que hacemos parte. Frenar este influjo es querer poner puertas al campo. Más aún, hay que reconocer que una gran parte de nuestros saberes se deben a aprendizajes sociales, no principalmente místicos. Así es lo que sabemos de la relación, de la familia, del dinero, de las tecnologías, de la política, de la ciudadanía, de la idea del mundo moderno, no nos vienen dados por vía de la ideología religiosa, sino por el camino de los aprendizajes sociales[6].

Por lo tanto, para no estar siempre en parámetros de discursos negativizadores, para no retar a quien nos puede vencer, para no crear una mentalidad de desclasados, es necesario leer la secularidad en parámetros nuevos, no como una enfermedad que pasará, sino como un camino que se abre al futuro. El estremecimiento que provoca en el interior de quien ha anclado su experiencia creyente en otros marcos no habría de ser superior al necesario anhelo de conexión social que es la fuente de una pregunta correcta por el hoy.

Todo ello hasta entrever el rostro de esa “otra sociedad” que encierra en su fondo un dinamismo espiritual con el que la “gente del espíritu” puede conectar: “Cada vez que nos encontramos con un ser humano en el amor, quedamos capacitados para descubrir algo nuevo de Dios. Cada vez que se nos abren los ojos para reconocer al otro, se nos ilumina más la fe para reconocer a Dios”[7].

Esta actitud inicialmente benigna es la única manera de hacer pie en medio de los torbellinos de hoy. A partir de ahí se podrá intuir la posibilidad de un testimonio de amor basado en comportamientos, en estilos de vida, más que en la ideología. Entender el tránsito de la fe al amor a través de un camino meramente ideológico es arriesgarse a la esterilidad.

 

  1. 2.      La luz de la Palabra: Daniel y Apocalipsis

 

La apocalíptica es un género literario que ha ocupado mucho espacio en la literatura de la antigüedad. No tiene fácil parangón con nuestros gustos literarios. Es algo próximo a la ciencia ficción, pero con intención religiosa. La idea general es sencilla: en épocas de gran adversidad, de persecución religiosa explícita, los autores quieren sostener y animar la fe creyente en la espera de tiempos más propicios. El recurso al juicio de Dios sobre los malvados y la promesa del premio para los justos es su puntal ideológico. Es una literatura para época de desamparo: “Ya no vemos nuestros estandartes, ni tenemos un profeta, ninguno de nosotros sabe hasta cuándo” (Sal 74,9).

Pero ocurre, como es lógico, que un planteamiento así, por mucho que se lo oculte, no puede obviar el componente vindicativo. En el fondo, tanto el autor como los lectores tienen la convicción de que Dios va a “vengar” todo el mal que se está infiriendo a un pueblo justo. Las cosas no pueden quedar así. Cuando venga la restauración Dios aniquilará a los malvados que han zaherido y oprimido a los buenos.

Así ocurre explícitamente en el libro de Daniel. La obra, compuesta hacia el 167 a.C., refleja la dura persecución de Antíoco IV Epífanes a lo que se suman las divisiones internas en el seno del judaísmo. El autor quiere infundirles ánimo y esperanza. Y lo hace con un personaje ficticio y aureolado, Daniel, en un género nuevo para la Biblia, el apocalíptico.

El tema de fondo indica en qué parámetros nos situamos: “El paso dramático de un imperio a otro anticipa y prefigura el cambio final: la restauración del reino definitivo y universal del Señor de la historia, en la que los sujetos pasivos y sufrientes de la misma, los ‘elegidos y consagrados’, pasarán a primer plano con un nuevo poder concebido por Dios”[8].

El aspecto vindicativo está sembrado en todas las páginas del libro: “Dios suscitará un reino que acabe con todos los reinos de la tierra” (2,44); “sean humillados los que nos maltratan, queden confundidos, pierdan el mando, sea triturado su poder” (3,44); “Dios ha enviado esa mano para escribir esto: contado, pesado, medido” (5,24); “el poder real y el dominio sobre todos los reinos bajo el cielo serán entregados al pueblo de los santos del Altísimo” (7,27); “hasta que el fin decretado le llegue al destructor” (9,27); etc. Resulta difícil separar el aspecto vindicativo de la lectura de este texto. Por eso, entenderlo, sin más, como un texto de ánimo para momentos de crisis de fe como la actual, resulta arriesgado.

Algo parecido ocurre con el libro del Apocalipsis, aunque con una variante importante. Efectivamente, hay en este texto un fenómeno literario conocido. Es el que se denomina especularidad narrativa: el texto, como un espejo, refleja no solo lo que se dice, sino también las posibles interpretaciones que suscita en el mismo escritor o en el lector, “padre” del texto. En el caso del autor la especularidad puede ser objetiva o subjetiva, consciente o no, que se mezcla a la objetiva. Lo mismo ocurre en el lector: lee lo que ve y lee también lo que el nuevo sentido sugiere. Ya lo decía Borges: “una literatura difiere de otra, ulterior o anterior, menos por el texto que por la manera de ser leída”[9].

Apliquemos esta teoría al Apocalipsis: “Un relato especular es un relato sobrecargado semánticamente; es decir, un relato cuyo enunciado, que soporta la reflexividad, funciona en dos niveles: como relato en sí mismo y como reflexión de otra realidad segunda que deja traslucir (se trata de un metarrelato)”[10]. En otras palabras, la reflexividad de un relato viene, en primer lugar, del desdoblamiento que se confiesa en uno u otro nivel del relato. Esto es lo que creemos que ocurre en textos como Apocalipsis: se descubre en él una especularidad intratextual quizá inconsciente pero objetiva.  Efectivamente, en el texto de Apocalipsis podemos descubrir como dos niveles: por un lado, la obra del narrador en sí mismo. A este le llamaremos el “vidente”. Pero hay un segundo nivel, oculto, especular, intratextual, al que llamaremos el “teólogo”. El primero, lógicamente, es deudor de la herencia de la literatura apocalíptica judía de la que ha tomado ideas, expresiones y mentalidad. El segundo, como a contrapelo, va poniendo un contrapunto de tipo liberacionista, humanista, evangélico en suma, que “actúa a modo de testimonio de autoridad y garantía con respecto a la verdad ideológica vertida en las enunciaciones por él pronunciadas”[11]. Este contraste percibido en la continuidad del texto es el que posibilita una lectura nueva.

Pongamos un ejemplo: en el canto de los veinticuatro ancianos de Ap 11,15-19 que quieren representar a la humanidad nueva, al todo de la comunidad, se da gracias a Dios porque ha llegado la hora de la cólera de Dios sobre los fautores de inhumanidad, sobre todas las iniquidades que ha amasado la historia. Es la postura del vidente que piensa que el juicio de Dios va a ser el único camino para reorientar la historia y darle una salida válida. Pero, al acabar el canto, el teólogo afirma para nuestra estupefacción: “Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza” (v.19). Es decir, por mucha que sea la iniquidad de la tierra, Dios no abandona su alianza, sus caminos son los de la hermandad, el mal quedará asumido y envuelto en su amor fiel, su justicia no será más grande que su amor. Este contrapunto se desvela en todos los pasajes de Apocalipsis hasta convertirse en un reflejo especular que posibilita otra lectura del texto bíblico.

Esto quiere decir que hay una posibilidad distinta de leer la literatura apocalíptica: es aquella que se lee desde la benignidad social, desde la sintonía de fondo con una sociedad, aunque esta cometa errores, desde el amor en definitiva, desde la misericordia. Esto es lo que puede hacer que esta clase de textos no solamente sirvan para alimentar la fe sino que puedan concordar con el mensaje de paz que es, básicamente, el del Evangelio.

 

  1. 3.      La benignidad crítica

 

Cuando decimos que la fe que nos queda nos sostiene y nos impulsa a caminar es preciso recabar herramientas, estilos de vida, con los que construir este anhelo. Hemos ido insinuando líneas arriba que un camino de vivir en fe, de caminar en conexión social y de aportar fuerza a la VR de hoy sería cultivar la espiritualidad de la benignidad crítica. ¿En qué consistiría esta espiritualidad? El concepto de “benignidad” ha de incluir:

  • La fe inquebrantable en la bondad creacional que llevará a traspasar lo que aparece, el fenómeno, para desvelar el sentido de bondad que anida en el fondo de toda criatura.
  • Incluirá, así mismo, un sentimiento activado de pertenencia a la familia humana, la verdadera familia sobre la que se asientan las formas humanas de ser familia. Desde ahí habrá que comprender que no tiene sentido ejercer la violencia o el menosprecio contra ningún miembro de esa familia esencial.
  • Desde ahí desarrollará una mirada con empatía, ya que en el mirar no solamente existe el peligro de cosificación del otro sino la puerta que abre el corazón del propio secreto.
  • Tendrá que conllevar la flexibilización de los “comportamientos tribales”, esas certezas discutibles de que solamente lo de mi “tribu” (mi país, mi cultura, mi religión, mi cosmovisión) es de recibo y bueno. La bondad traspasa el estrecho cerco de lo tribal.
  • Podrá hacer florecer en la persona un verdadero enamoramiento de la pluralidad creacional y humana, no teniendo a tal pluralidad únicamente por un problema de no fácil solución, sino por una posibilidad de una indudable hermosura.
  • Elaborará con gozo la certeza de la pertenencia en la dependencia, no en el aislamiento y el individualismo. La inevitable dependencia generará una idea de dependencia agradecida, bendiciente, aplaudida. Por ese camino brotará la generosa colaboración, no tanto por la coacción de una ley o un mero quid pro quo.
  • Con estas bases se podrá abordar el núcleo de la benignidad: no te juzgo-no me apropio de ti-no te rechazo, aunque me rechaces. En la contención del mecanismo de juicio, en su superación, se halla una de las principales claves de la benignidad. No quiere decirse que no juzgar conlleve el estar de acuerdo. Podrá haber discrepancia en ideas y comportamientos, pero no se condena por nada. Simplemente se trata percibir el lado compatible con el que se puede caminar juntos.
  • Y dado que los humanos, además de tender a apropiarnos de cosas (robar), nos inclinamos a apropiarnos de personas, de sus sentimientos, ideas, opiniones, para someterlas a nuestras miras de vida, la benignidad tiende a no apropiarse del interior de nadie. Deja, por ello, que el otro sea lo que tenga ser, lo que quiera ser. Se respeta totalmente las opciones de las personas, aunque no se compartan eliminado así cualquier atisbo de imposición.
  • Finalmente, se llega a poder vivir en armonía humana más allá de cualquier rechazo. No se responde al rechazo con la misma moneda, sino que, en una asimetría asimilada, se sigue perviviendo en el amor más allá de tal rechazo.

Una tal benignidad no excluye el que vaya acompañada, por razones de realismo y de verdad, por un indudable sentido crítico. Efectivamente, si se le despojara de él, la benignidad podría convertirse en un “buenismo” que se quedaría en lo superficial sin hacer preguntas que son decisivas. De ahí que el sentido crítico haya de mantener posturas como estas:

  • No da igual ser justo que no serlo. La decisividad de los actos de la persona ha de mantener por encima de todo. Otra cosa será el valorar tales actos desde la benignidad. Pero esta no puede borrar la carga ética de los mismos. Sería banalizar el mal y propiciar una cruel indiferencia.
  • Además, no da igual que algo esté bien o mal hecho. Lo bien hecho, incluso aunque no sea retribuido, aplaudido, pagado o considerado, está bien hecho, porque es obra de quien sabe que las entregas nunca se pierden. Lo mal hecho, aunque logre ocultarse, empobrece la relación.
  • Por otra parte, una convicción que es preciso mantener en pie es que quien hace el mal no puede irse sin arrostrar sus consecuencias, como si nada hubiere pasado. La impunidad es una injusticia intolerable; el victimario tiene una deuda ante la víctima que ha de intentar repararse hasta donde se pueda.
  • Resulta imprescindible para mantener una actitud crítica, algo compatible con la benignidad, el ir a las causas, el no quedarse únicamente en la dureza de los efectos de las situaciones complicadas de vida. La pregunta por las causas es muy iluminadora y puede ser compatible con una mirada a tales causas cuando estas son el desencadenante de situaciones de injusticia.
  • Todo esto lleva, de salida, a no aliarse con el sistema. No quiere decir esto que todo planteamiento sistémico haya de ser nocivo. Pero, de salida, se los pone en cuarentena ya que el sistema, casi siempre, trabaja solamente en beneficio propio hasta límites de inhumanidad.
  • La capacidad crítica encuentra en la integridad un verdadero aliado y una formidable herramienta de discernimiento. De esa manera se impide el que quien conoce la carencia de integridad extorsione y chantajee a quien pretenda ser crítico. No es condición sine qua non, pero, como decimos, es un formidable agarradero para ejercer la crítica.
  •  El sentido crítico ha de amar la libertad en todas sus variantes porque si solamente se ejerce la libertad en una sola dirección se termina por convertir en una tiranía, la de la verdad única. De ahí que el postulado de una libertad plural en modos y en ideologías ha de ser mantenida como una condición para un sentido crítico saludable.
  • Habrá que sortear el peligro de caer en partidismos que exigen servidumbres ya que entonces la capacidad de ejercer el discernimiento crítico queda muy reducida. Otra cosa es que la relación humana demande una colaboración necesaria. Pero de ahí a saberse sometido por esa relación hay un gran trecho. El corporativismo sumiso bloquea el sentido crítico.
  • Finalmente, el sentido crítico ha de tener un horizonte más amplio que los propios intereses. Si únicamente estos son los que mueven las actuaciones humanas se caerá preso no solamente de esos intereses sino de auténticos caprichos. De ahí que lo que interesa al conjunto ha de pasar a ser también interés personal con la certeza de que cuando el conjunto mejora, la propia persona también mejora.

 

Conclusión

 

El Hno. Roger de Taizé decía: “Pienso que desde mi juventud nunca me ha abandonado la intuición que una vida de comunidad pudiese ser el signo de que Dios es amor y solamente amor. Poco a poco surgió en mí la convicción que era esencial crear una comunidad con hombres decididos a dar toda su vida y que buscasen comprenderse y reconciliarse siempre: una comunidad donde la bondad del corazón y la simplicidad estuviesen al centro de todo”[12]. Quizá ahí anide un secreto para pasar de la fe amor: bondad de corazón y vida simple. Los retos de la VR son sencillos pero profundos.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Madrid 2015

 



[1] J. ARREGUI, “La gracia de creer en nuestro tiempo”, en AA.VV., Hacia una nueva espiritualidad para nuestro tiempo,  Ed. Idatz, San Sebastián 20007, p.78

[2] Francia ha superado ya el umbral del 50% de increencia general. La mitad de la población se define como no creyente.

[3] A. HIRSI ALI, “Cinco tesis de Ayaan Hirsi Ali”, en El País,  12-4-15.

[4] USA es un paradigma: florece el hecho religioso en sus modos más variopintos, pero el componente espiritual está inmerso en un torbellino de secularidad.

[5] M. CORBÍ, “Una nueva espiritualidad más allá de las formas religiosas”, en http:///www.cetr.net/modules.php?file=article&name=News&sid=407.

[6] Fue A. BANDURA el gran difusor de la teoría de los aprendizajes sociales con su obra Teoría del Aprendizaje Social, Ed. Espasa Calpe, Madrid 1982. Esta teoría se aplicó, sobre todo, a las disfunciones de conducta. Por eso se usa mucho en criminología. Pero puede ser aplicada a la conducta en general.

[7] Papa FRANCISCO, La alegría del Evangelio, n.272.

[8] L. ALONSO SCHÖKEL, La biblia de nuestro pueblo,  Ed. Mensajero, Bilbao 2009, p.1235.

[9] J. L. BORGES, Otras inquisiciones,  Ed. Emecé, Buenos Aires 1964, p. 218.

[10] E. MARTÍNEZ GARRIDO, E., “Algunos aspectos de la especularidad narrativa: la identificación en la identificación, la literatura en la literatura, en Revista de Filología Románica, Ed. Universidad Complutense, Madrid 1986.,  p.272-273.

[11] Ibid.,  p.275.

[12]HNO. ROGER, Dios solo puede amar,  Ed. PPC, Madrid 2001, p.120.

Creo en la misericordia

CREO EN LA MISERICORDIA

 1. Creo en la misericordia que anida en el subsuelo de lo humano y nunca desaparece, aunque la maldad aflore

 2. Creo en la misericordia que se hermana con la fragilidad y que es casa de amparo para quien llora en la noche

3. Creo en Jesús que impactaba por su misericordia. Para él nada hay más acá ni más allá de ella y desde ella se define a Dios y a la persona.

4. Creo en el Dios misericordioso que Jesús nos mostró con su vida, alejándome de otras imágenes de Dios y abriéndome al hermoso abrazo se su amor.

5. Creo en la misericordia y no en el juicio, creo en el amor y no en el temor, creo en la felicidad y no en el pecado.

6. Creo que Dios es Madre de entrañas buenas, que se acuerda del bien de sus hijos y que disfruta con sus logros y éxitos.

7. Creo en una comunidad sostenida por la misericordia, anclada en ella, buena de corazón y de vida simple.

8. Creo que la misericordia hace al seguidor de Jesús creíble en la vida. Creo que la misericordia puede ser motor de humanidad y fuente del verdadero amor.

9. Creo que la vida comunitaria puede ser vivida como un oasis de misericordia en el que se puede ser uno mismo ante el otro y donde las fragilidades se convierten en impulsos de vida.

10.  Creo en el testimonio de la misericordia, testimonio de corazón entregado de pasión por la vida y por aquello que ni los ojos ven ni los oídos oyen.

11.  Creo en la misericordia como bálsamo de heridas, como sosiego de inquietudes, como alegría inarrebatable.

12.  Creo en la fuerza política de la misericordia, en su capacidad para regenerar la vida social, en su fuerza para sanear situaciones que se dan por desahuciadas.

13.  Creo que, creyendo en la misericordia, podré llevar una vida más misericordiosa.

3 Juan 5

C3J 

Domingo 26 de abril de 2015

 

SERVICIO O PODER

 Plan de oración con 3 Juan

 

5. 3 Jn 12-15

 

 

Introducción:

 

                A veces se nos llena la boca con la palabra verdad. Aludimos a principios ideológicos, religiosos o sociales, que creemos fundamentales y que deducimos que, como nosotros, toda la gente habría de admitirlos. Son “las verdades”. Pero estas verdades, lo comprobamos, fallan más que una escopeta de feria. Hay otra verdad, sencilla, cotidiana, humana: es la entrega a la persona cuando esta lo necesita, cuando demanda que le echen una mano, cuando su situación vital es frágil. Entonces hay personas que se dan, que se entregan, que apoyan, que sostienen. Esas son personas con verdad, con la mayor de las verdades: que estamos hechos para vivir el uno con y para el otro. Y que no hay verdad más profunda que entregarse, en maneras sencillas, a la persona en necesidad.

                De esa  verdad parece que está adornado el tal Demetrio, en contraposición al bandido Diotrefes. Este lanzaba puyas, se lucraba, excluía. Se supone que Demetrio habla con humanidad, es generosos sin aprovecharse de nadie y no excluye a quien no piensa como él. Por eso, es recomendado “con verdad”, la verdad de quien entiende el corazón de la persona y sus profundas necesidades. No se trata de un hombre de verdades ideológicas, sino de verdades vitales. Por eso es bueno para dirigir la comunidad, porque un colectivo cuidado por una persona con esos valores tiene un gran amparo.

***

 

Texto:

 

                12Todos recomiendan a Demetrio, y esto responde a la verdad; también nosotros lo recomendamos y sabes que nuestro testimonio es verdadero.

                13Tendría mucho que decirte, pero no quiero hacerlo con tinta y pluma. 14Espero verte pronto y hablar cara a cara.

                18La paz esté contigo. Un saludo para ti de los amigos. Saluda tú a los amigos uno a uno.

 

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La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

 

                Esta mujer es Ayaan Hirsi Ali una voz valiente en medio del miedo al absolutismo de las religiones, de islam en concreto. Es atea y opina que las religiones están abiertas a las interpretaciones y que deben adaptarse a la sociedad. Gente que arriesga por mantener su verdad, aquello que cree que la convivencia humana es posible con cualquier religión y sin ella. Arriesgan por la verdad, la verdad humana de la posible fraternidad.

                Oramos: Gracias por quienes arriesgan por la verdad; gracias por quienes superando el miedo creen posible la fraternidad; gracias por quienes miran la sociedad con respeto.

 

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Volver al Jesús del Evangelio:

 

                Jesús ha sido un hombre no de verdades teóricas, políticas o religiosas, que se defienden con la fuerza de los argumentos o de las armas. Su verdad ha sido su propia entrega a la causa de los débiles. Una verdad que es ofrenda, donación, amor volcado al necesitado. Quizá por eso se le recuerde hoy aún, quizá por eso mismo se le siga amando. Por eso mismo, convertir la vida de Jesús en verdades doctrinales es arriesgarse a perderse lo mejor de Él.

                Oramos: Gracias, Señor, por la verdad de tu entrega; gracias por tu amor volcado al necesitado; gracias por tu ofrenda del corazón que no demanda nada a cambio.

 

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Volver a los valores hondos:

 

                El valor social de la verdad parece estar arrumbado, vistas las injurias que se le hacen y la casi certeza de que aquí todo el mundo miente. Pero no es así, hay muchas personas que arrostran muchos inconvenientes simplemente por mantenerse en la verdad. Es cierto que, con frecuencia, eso les lleva a verse cuestionados, a perder poder y nivel social, a verse metidos en muchos líos. Pero permanecen en la verdad. Son ciudadanos recomendables, por más que el poder se empeñe en devaluarlos.

                Oramos: Que seamos fuertes para ser verdaderos; que seamos sencillos para no apearnos de la verdad; que seamos desinteresados para no tratar de beneficiarnos de la verdad.

 

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Volvemos a la comunidad:

 

                Nosotros no funcionamos con engaños, no nos ocultamos la verdad, no nos mentimos. Quizá esa sinceridad elemental, ese ser cada uno lo que es, sea la fuerza de un grupo. Habrá que preguntarse si no es un fruto más de la oración. Porque, a veces, creemos que el trabajo orante no llega a concretarse en nada. Pero no es verdad. Van creciendo por dentro actitudes que nos hacen más humanos y más fraternos. Frutos de la oración.

                Oramos: Que vivamos en sinceridad elemental; que dejemos ser a cada uno lo que es; que los frutos de la oración sean frutos de vida.

 

***

 

 

Palabras que alientan:

 

Una sociedad sin poetas ni místicos, en la que 
se pierde la dimensión espiritual, sólo conduce al
achatamiento de un ser humano entregado al ansia del consumismo insaciable"
 


Juan Goytisolo

 

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Tu parte:

 

                Trata de darte a la persona con la que convives en cosas sencillas. Así serás más verdadero/a.

                              

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Los valores de la utopía evangélica

LOS VALORES DE LA UTOPÍA EVANGÉLICA

 

            Puede pensarse, a priori, que los valores del Evangelio son valores religiosos. Pero cuanto más se frecuentan sus páginas, tanto más se llega al convencimiento de que los valores de la utopía evangélica son valores “sociales”, relacionales, humanos. A muchos lectores de la Palabra esto les produce una desazón, ya que esperan del Mensaje algo “más” que unos “meros” valores humanos. Pero esos valores primordiales que conforman el cimiento de la vida, son también el cimiento de la fe. ¿Dónde se asentaría la fe si esos valores no existieran?

            En artículos sucesivos analizaremos los contenidos de la gran catequesis que, según Mc 9,30-10,31, Jesús dirigió a sus discípulos, a la comunidad. Nos sorprenderá comprobar que los temas son acerca de valores sociales: la entrega, el servicio, la liberación, la generosidad, la confianza, etc. Vamos a decir ahora, de manera sintética, cuáles son los valores que subyacen a la utopía evangélica:

 

  • La fe inquebrantable en la posibilidad de un mundo nuevo: El tiempo de Jesús, como cualquier otra época de la antigüedad, no fue tiempo especialmente cargado de esperanzas para los pobres, que eran la mayoría (no existía la clase media). Soñar con un mundo nuevo, lo que se llamaba (incluso en el lenguaje pagano) el “Reinado de Dios”, la época de un sociedad justa, era sueño de difícil mantenimiento. Jesús creyó en esa posibilidad y expresó su fe hablando del sueño como de una realidad de pronta realización y expresándose en un tipo de lenguaje (parábolas, actitudes) comprensible para los sencillos. Así alimentó la fe en ese sueño de la humanidad nueva.
  • La fe, no menos inquebrantable, en las posibilidades de toda persona: Porque lo que realmente demanda el Evangelio, el mismo comportamiento de Jesús, no es tanto una cierta fe en Dios sino una muy concreta fe en el valor de la persona. Para él, así queda mostrado en relatos como Jn 8,1-11, toda persona, incluso la moralmente cuestionable, es sujeto apto para el Reinado de Dios. Por eso dijo con taxatividad que había venido a buscar a “quienes se encuentran mal” (Mt 9,12-13), es decir, a toda persona, más allá de su indudable limitación.
  • La certeza del valor de los pobres y de la capacidad civilizadora de las pobrezas: Porque él no confió en la fuerza del poder para proponer el cambio de la sociedad nueva sino en el valor de los pobres, en sus ansias de justicia, en su demanda de solidaridad, en su capacidad de perdón, en su poder para empujar a la coherencia. Como dicen ciertos teólogos contemporáneos (I. Ellacuría, J. Sobrino), Jesús creyó en la capacidad civilizadora de las pobrezas, ya que las riquezas alejaban del sueño del Reino a pasos agigantados. Por eso no dudó en presentar como modelos a personas fuertemente marcadas por la necesidad (Mc 12,41-44).
  • La intuición de un mundo universalizado: O, como diríamos ahora, intercultural. Aun siendo judío, parte de un pueblo muy marcado en la época por un nacionalismo extremo, Jesús intuyó que los pueblos estaban llamados a una interconexión, a una pertenencia familiar. Así se entienden sus viajes “al extranjero” (Tiro y Sidón, Decápolis: Lc 7,24-30), sus tratos con gente pagana (Mt 8,27). El universalismo fue un caballo de batalla de la nueva comunidad. Pero la semilla sembrada por Jesús terminó por fructificar.
  • El sueño de un horizonte de dicha para la persona y para los pueblos: Porque él percibió que la historia está destinada a la dicha y que, aunque aún sea necesario el trabajo y sus sufrimientos, la alegría y la fiesta son la patria de la vida. Por eso, entendió el Reino como una fiesta, como una mesa compartida, como un banquete de igualdad (Lc 14,15-24).
  • La seguridad de un mundo donde los poderes opresores no tendrán la última palabra: Porque así es preciso leer las profecías del final de los Evangelios: los astros caerán del cielo, es decir, los poderosos no dictarán su ley de manera definitiva (Mt 24,29-31). Jesús ha creído en la fragilidad de los imperios y en la fuerza de la solidaridad. Por eso, como se ve ya en el Apocalipsis y en los escritos tardíos del NT, el recuerdo de Jesús es visto como un peligro por los poderes opresores.
  • La fe en la fuerza política del amor: Porque acaso fue tentado por quienes, como el Bautista (heredero de la espiritualidad del violento Elías), creían que son la fuerza y la coacción las que impondrían la fe y la centralidad de Israel. Él llegó a pensar que es el amor y la entrega los que pueden cambiar el rumbo del mundo. Por eso habló de un rey que no se lucra de sus vasallos (Jn 18,36), de un pastor que no vive del rebaño (Jn 10,11), de una fe y un amor que pueden mover montañas (Lc 17,6).

He aquí un elenco no cerrado de valores que subyacen a la gran utopía del reinado de Dios. Las páginas del Evangelio ofrecen una base hermosa para configurar una catequesis a quien anhele el seguimiento de Jesús asentada sobre valores sociales, relacionales.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Las preocupaciones de Jesús

LAS PREOCUPACIONES DE JESÚS

 

            Iniciamos una nueva etapa de “lectura social del NT”. En artículos sucesivos nos adentraremos en el Evangelio de Marcos. Pero antes de desgranar sus textos, queremos hacer, a modo de introducción, unas reflexiones sobre las preocupaciones del Jesús del Evangelio que atraviesan sus textos.

            Leído el Evangelio sin determinismos previos, se percibe que el mundo de preocupaciones de Jesús tiene que ver más con cuestiones sociales que con específicos planteamientos religiosos. ¿Cuáles son esas preocupaciones?

  • Jesús se preocupó más de la salud que del pecado: Porque, efectivamente, no es un moralista ni un especialista en casuística religiosa quien se acerca a los que sufren para ver si su vida es moralmente aceptable. Es uno que mira el sufrimiento del otro como a una tierra sagrada y que trata de aportar, como sea, la salud de que la persona está necesitada. Por eso, encontramos tantos relatos de curaciones y tan pocos de planteamientos en torno al pecado.
  • Jesús se preocupó más de la salud social que de la física: Porque sus curaciones, aunque estén presentadas en narraciones de curaciones físicas, son, en realidad, curaciones sociales. Efectivamente, Jesús trata de reinsertar al curado porque las enfermedades (entonces más que ahora) tienen una carga de enfermedad social, una exclusión, un estigma, que, si se supera, la persona se encamina a la curación total. Él quiere, como se muestra en Mc 3,1-6, que la persona viva erguida, participativa y con todas las potencialidades desplegadas. No duda para ello, como vemos en Mc 1,44, en cuestionar el sistema que genera exclusión y enfermedad social (dice al leproso que presente la ofrenda “como prueba contra ellos”, porque los sacerdotes, el sistema, han hecho la ley de exclusión del leproso).
  • Jesús se preocupó más por la persona que por la norma: Así lo percibimos con claridad en toda la problemática en torno al sábado, en su deseo explícito de “sacar de la zanja” a las personas (Lc 14,5), en la certeza de que es preciso “seguir trabajando” para que la persona llegue a la plenitud y a la dicha (Jn 5,17).
  • Jesús se preocupó más de la justicia social que de la rectitud personal: Porque apreciaba a quien era recto, pero le proponía el camino mejor de una sociedad justa, acompañada, sensible con los débiles, solidaria. No tiene otro significado la propuesta de “vender y dar a los pobres” que hizo al hombre rico y honesto que se presentó ante él (Mc 10,21).
  • Jesús se preocupó más de las cuestiones sociales que de las morales o teológicas: Cuando en Mc 9,30-10,31 se nos dan los temas de catequesis con que Jesús alecciona a sus seguidores, nos sorprendemos al comprobar que son todos temas “sociales”: el servicio, el trabajo por liberar, la generosidad que desbanca la ambición, la igualdad, el acompañamiento a los débiles, etc. Parece que lo propio de un Mesías sería que hablase de Dios, o que un maestro religioso enseñara comportamientos morales, pero lo que Jesús hace es mostrar caminos de relación social, porque el cimiento de todo el edificio humano y cristiano es, justamente, la buena relación social.
  • Jesús se preocupa más por la solidaridad que por la santidad: Como claramente queda mostrado en muchas páginas, algunas insondables, como la parábola del buen samaritano (Lc 10,30-37). Tocar al caído, y más viniendo del culto del Templo, era vulnerar las normas religiosas de la pureza, las leyes de la santidad. Al Jesús evangélico parece que eso no le importa, sino que la solidaridad brille por encima del cumplimiento religioso o de las costumbres morales (ir por las posadas era una nota negativa en la época).
  • Jesús está más preocupado por la suerte de los pobres que por el futuro de un mercado injusto: Como quedó de manifiesto en la expulsión de los mercaderes del Templo, gota que colmó el vaso y le llevó a su propia ruina (Jn 2,13-22). Porque el gran mercado del Templo era un mercado privado, controlado y administrado por las familias sacerdotales. Cuando Jesús pone la mano sobre ese tipo de mercado y dice que se opone a la profecía, que auguraba días de abundancia para los pobres (Zac 14,21), que es contrario a la justicia, todas las iras de los poderosos caen sobre él.
  • Jesús está más preocupado por los “sin honor” que por los honorables sociales: Porque vivir sin honor en aquella época era vivir como quien no cuenta en el devenir de la historia, como alguien destinado a la postergación y al olvido. ¿Qué queda de quienes han sido sepultados por el tiempo? Sin embargo, Jesús hizo causa común con ellos y no dudó en fustigar a quienes pusieron su inamovible tienda en la orilla de la fama y la riqueza (ver las “malaventuranzas”a los ricos en Lc 6,24-26).

Parece que este tipo de preocupaciones, como decimos, atraviesa las páginas del Evangelio. Lo que realmente  preocupaba a Jesús era que los pobres, los ojloi, los parias, pudieran tener un “nuevo amanecer” (como luego sintetizará Pablo el sueño de Jesús en Hech 26,23), una nueva sociedad, un mundo diferente. La lectura del Evangelio da un resultado muy distinto desde aquí.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

3 Juan 4

C3J 

Domingo 19 de abril de 2015

 

SERVICIO O PODER

 Plan de oración con 3 Juan

 

4. 3 Jn 11

 

Introducción:

 

                Hay, sin duda, mucha gente que valora el bien, que lo aplaude, que se siente conmovida cuando percibe el bien en su derredor, en la sociedad. Pero el número disminuye cuando se trata de hacer el bien. Con razón dice la sabiduría popular que “del dicho al hecho hay un gran trecho”. Hacer el bien es lo que nos define, no únicamente desear y conmoverse por el bien. Los humanos somos gente que hablamos mucho y hacemos poco. Quien hace el bien, aunque aparentemente sea menospreciado, es persona querida. Hacer el bien es toda una obra de humanidad. No se trata de socorrer sin más, sino de construir un camino donde la dignidad de la persona sea reconocida y valorada. Hacer el bien es algo más que dar algo a un pobre; es trabajar para que ese pobre ocupe un sitio en el concierto social y así su pobreza sea solucionada.

                Dice 3 Jn 11 que quien hace el bien es de Dios. No quien ama a Dios, quien le venera, quien lo estudia, quien propaga la idea de Dios, quien construye edificios para Dios. No, quien hace el bien. El quid está en hacer bien. Ese/a tal es de Dios por una razón muy simple: porque Dios hace el bien con su creación, porque la fragilidad de la creación está envuelta por el anhelo de Dios de hacernos bien, aunque el precio de la historia sea alto. Saramago decía que de Dios no te puedes fiar. La única manera de fiarse de él sería percibir con claridad que, más allá de las circunstancias hostiles de la vida, hay detrás un Dios que quiere tu bien. La propuesta de vida que nos hace es para nuestro bien, aunque, como decimos, el precio que es preciso pagar a la historia sea fuerte.

 

***

 

Texto:

 

                11Querido amigo, no imites lo malo, sino lo bueno; quien hace el bien es de Dios, quien hace el mal no ha visto a Dios.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

 

                La imagen pertenece al último gran naufragio de inmigrantes en el Mediterráneo: más de 700 inmigrantes desaparecidos, seguramente muertos. Uno de los pocos rescatados es rodeado por mujeres que le arropan y acompañan. Una imagen de la bondad en el escenario mismo del dolor. Una metáfora: la única manera de salir a flote en las paradojas de nuestra sociedad es hacer el bien a todos los niveles. Creer que el bien tienen una posibilidad de cambio social.

                Oramos: Gracias, Señor, por quien se conmueve y actúa a favor del débil; gracias por quien apunta a las causas; gracias por quien mira con benignidad a quien, simplemente, busca ser feliz.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                A Jesús se le define como uno que “pasó haciendo el bien” (Hech 10,38). En realidad, Jesús no hizo grandes obras: no escribió un libro memorable (quizá ni sabía escribir), no ganó una batalla decisiva, no construyó una obra gigantesca, no fundo un movimiento religioso (por más que los cristianos nos fundamentemos en él). Solamente hizo el bien en la medida que pudo, hasta el límite de sus fuerzas. Por eso vemos en él la evidencia del bien que Dios hace con nosotros.

                Oramos: Gracias, Señor, por Jesús, el bueno; gracias por su entrega al bien; gracias por ser bueno con todos.

 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                Una parte notable de la sociedad parece desdeñar el bien como una virtud de débiles. Pero no mengua el número de quienes sienten el bien y hacen el bien. Volver al valor del bien esencial será siempre una tarea en el caminar humano. Ese bien esencial parte de una certeza: toda persona (e incluso toda creatura) encierra dentro de sí la semilla de la bondad. No hay que apearse nunca de esta certeza.

                Oramos: Que creamos en la bondad de la persona; que nunca desistamos de mirar lo bueno de los demás; que valoremos lo que otros hacen para el bien de las personas.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                La comunidad virtual es un pequeño oasis donde percibimos, de manera sencilla, que vivir haciéndonos el bien lleva a buen puerto, al de la alegría de vivir y el contento humano. Son cosas sencillas y esporádicas, pero dejan entrever las ganancias de la bondad. Cuando uno/a está tentado de abandonar la práctica del bien debido a los reveses de la relación, podríamos recordar nuestra relación como un ánimo para seguir adelante.

                Oramos: Que creamos siempre que el bien tendrá la última palabra; que pensemos que cuanto más bien nos hagamos más felices seremos; que valoremos los detalles de bondad con que los días nos obsequian.

               

***

 

Palabras que alientan:

 

La palabra y el amor se implican. 

Todas las desgracias que ocurren entre los hombres proceden de que éstos rara vez pronuncian la palabra recta. 

La palabra recta es siempre aquella que pronuncia el amor. 

 

Ferdinand Ebner

 

***

 

Tu parte:

 

                Trata, en la medida que puedas, de ser una persona simplemente buena.

                              

***

 

3 Juan 3

C3J 

Domingo 12 de abril de 2015

 

SERVICIO O PODER

 Plan de oración con 3 Juan

 

3. 3 Jn 9-10

 

Introducción:

 

                El afán de dominio es un componente de la estructura humana y se manifiesta en el ámbito público y, también, en la más estricta intimidad. Queremos autoafirmarnos por el poder. Para ello empleamos un lenguaje opresor y construimos toda una normativa de exclusión. Sin embargo, hay ciudadanos que creen que ser respetuoso y comprensivo en el lenguaje es condición imprescindible para la convivencia. Y por ello hablan siempre con respeto, hasta de sus rivales. Y piensan también que incluir al otro, sobre todo al débil, es la mejor forma de construir la ciudadanía. Su mente y sus hechos de vida tienden a la inclusión. Estos segundos son los constructores de la amistad cívica, esa que es absolutamente necesaria para poder ser humano con y para el otro.

                Estos mecanismos relacionales existían ya en las primeras comunidades cristianas. De hecho, tenemos hasta el nombre de uno, Diotrefes, que habla mal de quienes no son de su cuerda y los excluye. Explota a la comunidad en su provecho. Nos hemos alejado ya del mensaje del servidor Jesús y sale a flote lo que uno es de verdad. La propuesta de 3 Jn es clara: hay que aceptar al otro, hablar bien de él y acogerlo. Con esos elementos relacionales tan sencillos se puede llegar a controlar el ansia de poder y, además, se construye la comunidad sobre bases sólidas. Efectivamente, una espiritualidad evangélica sin bases relacionales sólidas es una fantasía expuesta al derrumbe. Por el contrario, cuando la relación comunitaria es humana, respetuosa y acogedora, se puede comenzar a hablar de espiritualidad.

***

 

Texto:

 

                9Escribí unas letras a la comunidad, pero Diotrefes, con su afán de dominar, no nos acepta. 10En vista de eso, cuando vaya por ahí sacaré a relucir lo que está haciendo con esas puyas malignas que nos echa. Y no contento con eso, él, por sí o ante sí, tampoco acepta a los hermanos, y a los que quieren aceptarlos se lo impide y los expulsa de la comunidad.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

 

                Estos son los miembros de una Fundación denominada “Amistad Cívica”, de allá por Chile, en Valparaíso. Ciudadanos que tratan de difundiré en el ámbito educativo y social los más elementales valores ciudadanos. Puede que nos haga sonreír este sencillo afán, pero quizá sean los constructores de la sociedad del mañana, ya que una sociedad que pretende una básica amistad está engendrando la fraternidad humana soñada.

                Oramos: Gracias por quienes se esfuerzan en generar amistad; gracias por quienes miran benignamente a la sociedad; gracias por quienes aman socialmente.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                No se suele calificar a Jesús como “buen ciudadano”. Pero, en realidad, lo fue. Aun cuando fustigó a quienes esquilmaban al pueblo, ejerció una ciudadanía responsable. Por eso, no se hallan en el Evangelio palabras duras contra los de su pueblo, ni su mensaje contempla ningún tipo de exclusión. Todo lo contrario, incluye a los más débiles y habla con humanidad a toda persona. La suya fue una ciudadanía curativa y humanizadora.

                Oramos: Gracias, Señor, por acogernos; gracias por hablarnos con amor; gracias por aceptarnos con nuestras debilidades.

                 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                Uno de los valores hondos que son necesarios para vivir en amistad cívica es el sentido de familia humana. Efectivamente, si no miramos al otro, quienquiera que sea, como miembro real de nuestra familia humana estaremos tentados de aprovecharnos del él, aunque lo hiramos. Pero si lo vemos como familiar nunca ejerceremos violencia contra él y jamás lo expropiaremos o excluiremos. Nos conviene ejercitar una mirada benignamente crítica con nuestra sociedad.

                Oramos: Que nunca nos aprovechemos del otro; que nunca lo excluyamos; que jamás lo hiramos.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                De alguna forma, los tres elementos de la amistad cívica (aceptación, hablar bien, inclusión) se dan en nuestra comunidad virtual. Quizá la lejanía física facilite la cosa, porque es más difícil mantener estos valores en el roce diario. Pero, de todos modos, son valores que también en la lejanía se pueden vivir. Los largos años que llevamos en este empeño hablan de que esa amistad cívica ha sido la base de nuestra oración común en torno a la Palabra.

                Oramos: Que sigamos aceptándonos; que continuemos valorándonos; que persistamos en la acogida sin condiciones.

 

***

 

Palabras que alientan:

 

Haz una llave, aunque sea pequeña, 

entra en la casa. 

Consiente en la dulzura, ten piedad

de la materia de los sueños y de las aves. 

 

Invoca el fuego, la claridad, la música

de los flancos. 

No digas piedra, di ventana,

no seas como la sombra. 

 

Di hombre, di niño, di estrella. 

Repite las sílabas

donde la luz es feliz y se demora. 

 

Vuelve a decir: hombre, mujer, niño. 

Donde la belleza es más nueva. 

 

 

 

                    Eugénio de Andrade

 

***

 

Tu parte:

 

                Intenta valorar las declaraciones de los partidos desde un ángulo de amistad. Empuja en esta dirección en este tiempo preelectoral.

 

                              

 

3 Juan 2

C3J 

Domingo, 5 de abril de 2015

 

SERVICIO O PODER

 Plan de oración con 3 Juan

 

2. 3 Jn 5-8

 

Introducción:

 

                Dicen que la lealtad, que es poner confianza en quien sabes que no te va a traicionar,es escasa en nuestra sociedad y que la desconfianza brota en la sociedad con una pujanza inusitada. No estamos seguros de ello, porque vemos también mucha gente leal en la que se puede confiar. Sobre todo, la lealtad brilla cuando se traduce en generosidad con los frágiles sin exigirles nada a cambio. Ser leal con el poderoso puede albergar temores o esperanzas de recompensas. Serlo con el frágil que o puede devolverte el favor es decir con claridad que el único premio que se espera de uno es que sea él quien prospere y nada más. Por extraño que parezca, como lo hemos dicho, el nuestro no es mal tiempo para la lealtad que se traduce en generosidad.

                3 Jn habla de la lealtad de Gayo que se ha traducido en ayudar a unas personas a las que ni siquiera conocía, sin pedirles nada a cambio. Quien detentara el “poder” en la comunidad, habría de ser persona leal. La deslealtad y el egoísmo le desautorizan. Si no se puede confiar en quien está llamado a presidir la fe, si su generosidad es escasa, si los frágiles, de hecho, no le importan, ese tal no merecería estar al frente de la comunidad. Para que estos criterios sean efectivos se necesita otra mentalidad de más calado humano y cristiano. Esta mentalidad es la que todo seguidor puede ir cultivando y las comunidades irán conformándose no en base a nombramientos sino en base a valores.

***

 

Texto:

 

                5Querido amigo, qué lealmente te portas en todo lo que haces por los hermanos, y eso que para ti son extraños; 6ellos han hablado de tu caridad delante de la comunidad de aquí. Por favor, provéelos para el viaje, como Dios se merece, 7pues emprendieron este viaje por Cristo sin aceptar nada de los paganos; 8es deber nuestro hacernos cooperadores de la verdad ayudando a hombres como estos.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

 

Hablando de personas leales, vuelve a nuestro recuerdo la persona de FelixArrondo. Muchos de vosotros lo conocisteis. Un hombre bueno y humilde en quien se podía confía. Un amigo lo definió como “una luz que nos guió cuando estábamos despistados”. Otro amigo cura dijo de él que se le podía aplicar aquello del viejo canto: “Iba diciendo por los caminos amigo soy, soy amigo”. Uno en quien se podía confiar, una persona leal.

                Oramos: Te damos gracias por todos los leales; te bendecimos por quienes no tienen doblez; te damos gracias por quienes brindan amistad.

 

***

 

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                En Jn 3,33 se dice que Dios pone su sello en la realidad de Jesús y que ese sello lleva una inscripción: “Dios es leal”. O sea: Jesús es el rostro de la lealtad de Dios con nosotros. Por él podemos saber que Dios se porta con nosotros lealmente, sin doblez, con generosidad desinteresada. Esta lealtad de Dios con Jesús se traduce en lealtad con nosotros. Jesús es uno de quien la persona se puede fiar. Esto es mucho más importante que creer.

                Oramos: Gracias, Señor, por tu inagotable lealtad; gracias por ser generoso en extremo con nosotros; gracias por ser para nosotros rostro de la lealtad de Dios.

 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                Lógicamente el valor social al que habría que volver sería la lealtad. Pero en lo cotidiano. Como todos los grandes valores humanos, la lealtad se juega en el metro cuadrado en que se desenvuelve la vida de uno. No hay que pensar en lealtades extraordinarias sino en la que demanda esa persona que entreteje su camino contigo, en esa situación laboral o social que te afecta directamente, en ese ámbito del que haces parte. Lealtad en lo diario; ése es un buen ideal.

                Oramos: Que seamos leales en lo diario; que lo seamos con las personas cercanas; que la vivamos con naturalidad.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                No sabemos si la lealtad es uno de nuestros valores, pero pensamos que sí, aunque sea en pequeña medida. Efectivamente, construir un grupo orante asentado en el cimiento de la desconfianza sería algo realmente imposible. Uno de los frutos de la oración compartida es la posibilidad de fiarnos los unos de los otros. Lo contrario sería extraño.

                Oramos: Que confiemos siempre en quien ora con nosotros; que apoyemos siempre a quien ora con nosotros; que nos situemos cerca de quien ora con nosotros.

               

***

 

Palabras que alientan:

 

Poema de Pascua

 

El instante se ha llenado de azul. 

 

Caminamos bajo la monarquía absoluta del sol. 

 

Hay un total acuerdo

entre el estar aquí y estar vivos. 

 

                  José Emilio Pacheco  

 

***

 

Tu parte:

 

                Procura vivir con la mayor lealtad posible en estas semanas de Pascua.

                              

***

 

¡¡¡FELIZ PASCUA!!!