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FIAIZ

EL DECRECIMIENTO EN LA BIBLIA

EL DECRECIMIENTO EN LA BIBLIA

 

Introducción

 

            Tiene parte de razón quien piensa que tratar de percibir en la Biblia una espiritualidad como la del decrecimiento es no solamente forzar los textos, sino intentar justificar posturas ideológicas con textos ajenos a las mismas. Pero, dado que el itinerario histórico de los humanos no evoluciona en maneras bruscas sino que hay una base que se mantiene constante, sí que es posible conectar la moderna espiritualidad del decrecimiento con las páginas bíblicas.

            Efectivamente, las utopías del decrecimiento (“vivir con menos para vivir mejor”; “vivir sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir”) pueden encontrar confirmación, iluminación y aliento en los textos de la Escritura. Esto es de importancia para los creyentes porque la mezcla de mística y política es lo que va impulsando las distintas opciones vitales.

            La Biblia ofrece luz, dada su capacidad inspiradora. No propone, lógicamente, estrategias de actuación en el hoy. Estas deben contar con el momento sociológico. Pero, como decimos, puede facilitar una luz que haga más posible la estrategia concreta de actuación. Negar esta capacidad inspiradora, iluminadora a los textos bíblicos sería dejarlos por inútiles.

            Además, un modo fecundo de leer la Palabra es hacerlo desde una perspectiva social. La perspectiva espiritual (muchas veces espiritualista), aunque valiosa, no puede ser la única. Una forma de leer con mucho provecho la Palabra es conectarla con los aprendizajes sociales, con las maneras como la sociedad elabora sus planteamientos vitales y espirituales. Eso no es rebajar el élan místico de la Palabra sino, por el contrario, potenciarlo con el empuje de la más inmediata realidad.

            Muchas veces, los cristianos apelamos a la necesidad de conversión que tiene la vida cristiana para ser fermento en la masa. Pues bien, la espiritualidad del decrecimiento puede ser un cauce tocable para ese cambio de mentalidad y de prácticas que exige la constante conversión. La Palabra puede ser una instancia de apoyo real para quienes la apreciamos e intentamos incorporarla a nuestro diario vivir.

 

I

“NO TE CIERRES A LA CARNE DE TU HERMANO”

(Is 58,7-8)

 

  1. 1.   Texto

 

7El ayuno que yo quiero es éste:

abrir las prisiones injustas,

hacer saltar los cerrojos de los cepos,

dejar libres a los oprimidos

romper todos los cepos;

8compartir tu pan con el hambriento,

hospedar a los pobres sin techo,

vestir al que ves denudo

y no cerrarte a la carne de tu hermano.

 

  • Este texto hace parte del llamado III Isaías, aunque es, más bien, una colección de oráculos heterogéneos. De cualquier modo, pertenece a tiempos donde la vieja ilusión de una patria floreciente (tema de Isaías II) ha dejado paso a un cierto desencanto, un desinfle. Por eso, se vuelve sobre “cosas de siempre”, como la práctica del ayuno (muy importante en aquellos contextos) dándoles un sesgo nuevo: un ayuno existencial, social.
  • El texto alude, en palabras actuales, a una nueva idea de justicia y de economía. Se viene a decir que la opción por una sociedad justa es decisiva para lograr tiempos de humanidad. Y que el logro de tal justicia ha de ser construido, trabajado, perseguido. La justicia no va a venir por su pie. Por eso se habla de abrir-hacer saltar-dejar libres-romper. La sociedad nueva no brota sin una opción decidida por la justicia, de manera explícita, con compromiso tocable.
  • Y, además, es necesaria una nueva economía, una economía de igualdad e inclusión- Si los parámetros económicos son los mismos, no hay posibilidad de soñar con una humanidad nueva, con un país distinto. No se trata de “obras de misericordia”, sino de un reordenamiento económico nuevo basado en una redistribución distinta. Por eso se habla de compartir pan-compartir techo-compartir vestido. Otro horizonte económico.
  • Y la razón definitiva es clara: el otro es “tu carne”, es como tú; su dignidad se basa en la pertenencia a la familia humana. Si se es de la misma familia la justicia y la economía han de ser comunes e iguales. Cerrarse  a esto, aislarse, volverse refractario a la justicia y la economía es ser un inhumano, un antifraterno, un no persona.
  • Es importante atribuir a la profecía un pathos que va más allá del simple consejo, de la inocua recomendación. Quien relativiza esto, quien no le otorga la decisividad que el profeta quiere darle, quien desvirtúa este planteamiento alejándolo de su horizonte vital o tomándolo a broma, no solo aleja a Dios de su vida, sino que reniega de la Alianza. La Alianza de Dios, efectivamente, es una alianza de dignidad y humanidad. Una fe que no tenga esto en cuenta no es la fe de la Palabra.
  • Si se camina en la dirección de la nueva justicia y economía, “surgirá tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía” (v.10). Es decir, la justicia basada en la dignidad y la economía de inclusión son la base de una sociedad luminosa, distinta, hermana. Estos son los grandes “dogmas” de quien da fe a la Palabra.

 

  1. 2.   Derivaciones espirituales

 

  • La necesaria conmoción: No nos referimos a una conmoción sensiblera, a flor de piel, pasajera, olvidadiza, lamentatoria pero ineficaz. No, es la conmoción de quien mira desconcertado, herido, concernido, implicado, en el silencio de la verdad de lo humano. Nuestro bienestar nos hace perder el sentido de conmoción social y económica. Nuestro no tener problemas con la justicia y nuestro armario y nuestro frigo bien abastecidos nos hace de epidermis dura, no hay quien nos taladre. Conmoverse desde los adentros es el motor de los procesos de amparo humano (como sucede al samaritano en Lc 10,33). 
  • La conciencia aislada: La evidencia de los desvalores (antivalores, contravalores) es tan contundente que negarla sería propio de quien cierra los ojos sobre la realidad. Todo un cúmulo de compactas y tóxicas estructuras tanto a nivel personal (la deshonestidad, la arrogancia, el odio) como social (la corrupción, el desprecio al frágil, la des-socialización). ¿De dónde brotan estos desvalores para hacerse tan presentes en el caminar humano? Quizá tenga razón Husserl cuando habla de “la conciencia aislada” entendiéndola como una realidad que “no tiene verdad, por lo que tiende hacia el objeto por la tendencia del deseo. Necesita el objeto para realizarse pero la realización del deseo es la eliminación del objeto con lo que la evidencia del objeto del deseo se derrumba”. En esa definición filosófica se encierra una simple verdad existencial: quien vive en la conciencia aislada está desligado de los demás, alejado de la relacionalidad, instalado en un egoísmo estructural de difícil reorientación. Con palabras más asequibles lo dice el papa Francisco: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien” (EG 2). Esa conciencia aislada es, como decimos, el origen de los desvalores. Estos pueden llegar a ámbitos sociales de universalidad con lo que su potencial destructivo resulta inmenso.
  • Estremecidos por la desigualdad: Percibir la desigualdad es relativamente fácil. No hay más que acudir a cualquier informe, bien de rango nacional o internacional. Pero “ver” la desigualdad es otra cosa. Hay que “salir” para verla, para entrar en contacto con ella. Y luego, percibir si esa desigualdad va entrando en nuestra casa, en nuestra persona, o se queda fuera.
  • Abrirse a la “carne” del hermano: Porque el problema está en la “carne”, en la carnalidad de las personas. Si ese problema no encuentra solución es muy difícil dar paso a preguntas de otro calado. Las preguntas esenciales no son las teológicas o las científicas. Son las preguntas de la carne: ¿dónde y qué comen, cómo se asean, dónde duermen, quién los sana, dónde defecan, etc.? Y luego vienen las otras: ¿quién los ama, cómo lloran y quién les consuela, qué sueñan, quién o qué les sostiene, etc.? Y más adentro ¿cómo creen, cómo trascienden lo concreto, a quién rezan, etc.?

 

  1. 3.   Lectura subrayada

 

Lo inaceptable:

  • Es inaceptable que la vida de un ser humano tenga menos valor que una supuesta seguridad o impermeabilidad de las fronteras de un estado. Es inaceptable que una decisión política vaya llenando de sepulturas un camino que los pobres recorren con la fuerza de una esperanza.
  • Es inaceptable que mercancías y capitales gocen de más derechos que los pobres para entrar en un país. Es inaceptable que las políticas migratorias de los llamados países desarrollados, ignoren a los empobrecidos de la tierra, vulneren sus derechos fundamentales, y se conviertan en el caldo de cultivo necesario para que se multiplique en los caminos de los emigrantes el poder de las mafias que los explotan.
  • Es inaceptable que se reclamen fronteras impermeables para los pacíficos de la tierra, y se toleren permeables para el dinero de la corrupción, para el turismo sexual, para la trata de personas, para el comercio de armas. Es inaceptable que una política inhumana de fronteras obligue a las fuerzas del orden a cargar la vida entera con la memoria de muertes que nunca quisieron causar.
  • Es inaceptable que el mundo político no tenga una palabra creíble que dar y una mano firme que ofrecer a los excluidos de una vida digna. Es inaceptable que a los fallecidos en las fronteras se les haga culpables, primero de su miseria, y luego de su muerte. Ellos no son agresores: han sido agredidos desde que sus corazones empezaron a latir al sur del Sahara, hasta que se paran para siempre, antes en nuestra indiferencia que en nuestras fronteras.
  • Es inaceptable que el negrero de ayer perviva en los gobiernos que hoy vuelven a encadenar la libertad de los africanos, supeditándola a los mismos intereses y al mismo poder opresor.

(Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger)

 

  1. 4.   Actividad en sala

 

  • Se habla con quien se tenga a derecha y a izquierda sobre este punto: Subraya una idea de lo explicado que te parezca interesante.
  • Se van comentando las ideas.

 

  1. 5.   Actividad on line: Meditación ante el armario

 

  • Enviar a fiaiz@hotmail.com antes de las 10 de la noche.
  • Se abre el armario del propio cuarto y se hacen estas preguntas (no más de un folio en conjunto; dos líneas por pregunta; lo importante no es tanto escribir cuanto meditar)

 

  1. ¿Sabes de dónde viene todo lo que tienes en tu armario?
  2. ¿Sabes qué empresa lo ha hecho? ¿Conoces algo de esa empresa?
  3. ¿Crees que necesitas todo lo que tienes ahí?
  4. ¿En caso de que no lo necesites, por qué lo sigues teniendo?
  5. ¿Por qué crees que tú puedes tener todo eso y otros no pueden tenerlo?
  6. ¿Tienen otras personas acceso a las cosas de tu armario?
  7. ¿Tienes problemas de “acumulación” de cosas?
  8. ¿Quisieras tener más cosas?
  9. ¿Conoces a gente que no tiene armario?

10.  ¿Te parece que tienes que dar un giro a algo de tu armario?

 

(Poner nombre y apellidos)

 

 

II

CALDEROS COMUNES

(Zac 14,20-21)

 

  1. 1.   Texto

 

20“Aquel día los cascabeles de los caballos llevarán escrito: Consagrado al Señor. Los calderos del templo serán como los aspersorios del altar. 21Todos los calderos de Jerusalén y de Judá estarán consagrados al Señor. Los que vengan a ofrecer sacrificios los usarán para guisar en ellos. Y ya no habrá más mercaderes en el Templo del Señor Todopoderoso en aquel día”.

 

  • Este pertenece al “segundo Zacarías”, más utópico, soñador, en el extremo de la profecía. De ahí esas series inacabables de oráculos “aquel día”. El autor tiene una fe explícita en Dios como Señor de la historia: las maravillas que dicen que hizo antaño, las seguirá haciendo hogaño. Desde esa confianza plantea la utopía de un mundo nuevo. Quizá por esto, Zacarías II es el más citado en el NT, porque creían que lo de Jesús visibilizaba el sueño del visionario Zacarías. Palabras para utópicos que sueñan con otra realidad, con otra justicia, con otra humanidad.
  • Los versos que proponemos son, justamente, los dos últimos, el postrer oráculo de “aquel día”. Estos oráculos mezclan la apocalíptica, la profecía, la visión y, sobre todo, el anhelo de una realidad distinta. A veces, como en Daniel o el mismo Apocalipsis, la visión es vindicativa, a costa de los enemigos. En Zacarías es más benigna, más social, más ecológica incluso.
  • Hay un cierto talante secular cuando Zacarías equipara la santidad de los aspersorios del altar con la de los calderos del Templo que se usaban para guisar la comida de quienes trabajaban en el lugar y de quienes peregrinaban. Tan santo era el culto como el cubrir las necesidades humanas. Jesús romperá definitivamente la frontera entre lo sacro y lo profano (Mt 15,11). Habría que tener una visión salvífica, humanizadora, englobante, de lo social y de lo religioso frenando el sacralismo exagerado.
  • Eran “ollas comunes” al amparo de la institución religiosa. La preocupación de que quien se acerca a lo sagrado ha de tener sus necesidades cubiertas. Y que las necesidades humanas son tan sagradas como las necesidades de la fe. Y que eso ha de estar enmarcado en lo común, en aquello en lo que pueden participar todos, en lo no elitista. Todos los que “vengan a ofrecer sacrificios” podrán comer en ellas; no hace falta que cada uno traiga lo suyo. Es el misterio del compartir que Jesús consagrará en relatos como el de la multiplicación de los panes (Jn 6,1ss).
  • Y de ahí lo innecesario de que haya mercaderes en el Templo. Asentada la espiritualidad sobre las necesidades comunes cubiertas y sobre el compartir básico, se alejan todas las tentaciones de lucro, de privatización y de explotación. Jesús, que arrojó a los mercaderes del templo lo propuso de manera contundente (Jn 2,13-22).

 

  1. 2.   Derivaciones espirituales

 

  • ¿Una fe sin utopías?: Si la experiencia creyente no alberga utopías (por ejemplo, la de la justicia para todos, la de la necesidad saciada para todos) se termina hallando en la religión un modo de instalación, de aquietamiento, de parálisis en suma. Si la utopía anida en la experiencia creyente, ésta puede convertirse no solamente en motor de cambio social, sino también en dinámica renovadora, desinstaladora, del hecho religioso.
  • Soñar un mundo de necesidades cubiertas: Creerlo posible, desearlo, defenderlo sin dar un paso atrás. Para todos, no solamente para una parte del planeta. Creerlo como derecho, no como limosna que se otorga generosamente. Percibir lo que los modos de vida de quienes tienen más que lo que necesitan influyen en quienes no tienen aún lo que les es necesario. Análisis y compromiso.
  • Valoración de lo común: Frente a la tendencia a creer que lo privado funciona mejor, que tiene otra fuerza, otra calidad. Creer en la fuerza de lo común, y estar atentos a los peligros de lo individual, la economía de exclusión. Para ello, librarse de la autorreferencialidad, personal y social. Salir al ámbito de lo público con amor.
  • Entrar en el misterio del compartir: Algo más que la mera práctica de la ayuda puntal. Creer que en el compartir hay un dinamismo transformador del hecho humano y cósmico. Creer en ello para que creer al Evangelio y superar la paradoja de creer en Dios no dando fe a los mecanismos evangélicos.
  • Abandonar posiciones de lucro, de élite, de privatización: Porque desde ahí, hablar de decrecimiento es hablar de algo imposible. Discernir los aspectos institucionales que, recibiendo el amparo de la legalidad, se sitúan en esos ámbitos de superioridad. Huir de la conciencia de moralidad superior para sentirse hermanado con quien busca y anhela un estado de cosas distinto.

 

  1. 3.   Lectura subrayada

 

El Retorno de las "Ollas Comunes" y la "Economía de la Solidaridad"

 

El aumento de los comedores solidarios, las cajas de alimentos y de ollas comunes son soluciones obligadas para quienes ya no les alcanza el dinero para satisfacer sus necesidades básicas por su propia cuenta. Es la otra cara de la crisis económica, la cara más dura. Parroquias, fundaciones, universidades y organizaciones de diversa índole ayudan a personas que han perdido su fuente de ingresos, a los nuevos desempleados que ya ascienden a alrededor del 13% en Santiago, según datos de la Universidad de Chile.

El número de comensales y beneficiarios de las organizaciones sin fines de lucro indudablemente ha aumentado junto al desempleo, al mismo que tiempo que la crisis económica ha llevado a los donantes a disminuir sus aportes en dinero, alimentos, remedios o vestuario. 

Las organizaciones privadas de beneficencia, entre enero y abril de este año ya atendieron a la misma cantidad de personas que en todo 2008 y han notado un aumento de hombres que piden asistencia social, especialmente desempleados de la construcción y del sur del país. 

"No sólo estamos atendiendo a los más pobres, sino que hoy también ayudamos a los que debido a su cesantía pasan a ser vulnerables y ese grupo ha ido en aumento", explica Marta Grez, subdirectora de Caritas Santiago. 

También las iniciativas para la búsqueda de empleo han aumentado. Por ejemplo en la parroquia Nuestra Señora del Carmen del Salto, desde hace 6 años, 13 voluntarios dedican dos días a la semana a encontrar empleo a los vecinos cesantes de Recoleta. 

La historia de las Ollas Comunes, comedores comunitarios, organizaciones colectivas de consumidores no es nueva. "A partir de 1870 comienzan a aparecer en los diarios descripciones del hambre desoladora que atacaba a los indios como consecuencia de la guerra", de acuerdo a Bengoa. Aparecieron las primeras ollas comunes, que volverían a organizarse durante la crisis del 1930, y el retorno de los trabajadores del salitre del norte. Miles de obreros que volvían con lo puesto a Santiago. 

La historia reciente de nuestro país está llena de personas que trabajan juntas para producir lo que necesitan, que comparten bienes y servicios para satisfacer sus necesidades comunes, que colaboran unos con otros para desarrollar sus comunidades locales y generar formas de consumo comunitario. Esto es lo que Luis Razeto denominaría la “Economía de Solidaridad”. 

Es interesante conocer el origen de la "economía de la solidaridad", que emerge en el año 1981, porque es uno de los pocos conceptos que llegan a formar parte de una ciencia, y que se incorpora a la enseñanza social de la Iglesia, habiendo nacido del mundo popular, en nuestro país. Surge de las reflexiones e intercambios de experiencias de una serie de organizaciones con diferentes nombres: "talleres solidarios", "ollas comunes", "comedores populares", "comprando juntos", "centros de servicio a la comunidad", "instituciones de apoyo y servicio", etc. 

Lo interesante de estas organizaciones de Economía de la Solidaridad es que se potencian justamente por la fuerza de la solidaridad. Y, en este sentido, aunque para algunos parezca insólito, la solidaridad es una fuerza económica, un factor de alta eficiencia y productividad.  En tiempos de crisis económica las personas se reorganizan en función a tareas de asistencia para cubrir las necesidades básicas; se constituyen con sus familias, amigos y vecinos para transformarse en grupos de consumidores con mayor poder de negociación en pro de mejores precios de compra; los grupos sociales se reorganizan para apoyar la satisfacción de necesidades básicas de los que lo están pasando mal. Este y otros ejemplos asumen los grupos más afectados en tiempos de crisis económica que, según Vittorio Corbo, no hay ninguna evidencia de que haya tocado fondo aún. 

Mahia Saracostti Schwartzman 

Jueves, 21 de Mayo 2009

 

  1. 4.   Actividad en sala
  • Personalmente se toma la explicación del texto bíblico de Zacarías y se formula una pregunta sobre él.
  • Se hace la pregunta en voz alta.

 

  1. 5.   Actividad on line: Meditación en la despensa
  • Enviar a fiaiz@hotmail.com antes de las 10 de la noche.
  • Se va uno a la despensa de su casa y se hacen estas preguntas (no más de un folio en conjunto; dos líneas por pregunta; lo importante no es tanto escribir cuanto meditar)

 

  1. ¿Por qué nosotros/as podemos tener tondo esto y otros no?
  2. ¿Necesitamos todo esto?
  3. ¿Qué idea de la economía hay detrás de todo esto?
  4. ¿Quién se beneficia de todo esto?
  5. ¿Sabemos de dónde viene todo esto?
  6. ¿Se tiene todo esto con acuerdo comunitario?
  7. ¿Ayuda algo de esto a cubrir necesidades elementales de otros?
  8. ¿Crees que habría que hacer algún correctivo?
  9. ¿Hablamos de esto en nuestras conversaciones?

10.  ¿Hay posibilidad de hacer parte de cooperativas de consumo?

 

 

III

EL JUBILEO

(Lev 25,8-19.23-55?

  1. 1.   Texto


                8Contarás siete semanas de años, siete veces siete años; de modo que el tiempo de las siete semanas de años vendrá a sumar cuarenta y nueve años. 9Entonces en el mes séptimo, el diez del mes, harás resonar clamor de trompetas; en el día de la Expiación haréis resonar el cuerno por toda vuestra tierra. 10Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada cual regresará a su familia. 11Este año cincuenta será para vosotros un jubileo: no sembraréis, ni segaréis los rebrotes, ni vendimiaréis la viña que ha quedado sin podar, 12porque es el jubileo, que será sagrado para vosotros. Comeréis lo que el campo dé de sí. 13En este año jubilar recobraréis cada uno vuestra propiedad. 14Si vendéis algo a vuestro prójimo o le compráis algo, ved que nadie dañe a su hermano. 15Comprarás a tu prójimo atendiendo el número de años que siguen al jubileo; y según el número de los años de cosecha, él te fijará el precio de venta: 16a mayor número de años, mayor precio cobrarás; cuantos menos años queden, tanto menor será su precio, porque lo que él te vende es el número de cosechas. 17Ninguno de vosotros dañe a su prójimo, antes bien teme a tu Dios; pues yo soy Yahveh vuestro Dios.

 

  • El jubileo comienza con el toque del jôbel, cuerno de carnero, con la que se invita a tomar conciencia de ser pecador y con ello a la penitencia para escapar de la ira divina.
  • El jubileo plantea un problema técnico en relación con el año sabático: si éste es al final de un septenario de años, el año jubilar sería el siguiente al año sabático del séptimo septenario, con lo que si se le suma el hecho de que las cosechas vienen al año de sembrarse, el pueblo estaría nada menos que tres años seguidos sin cosechar (el sabático, el jubilar y el que tarda en venir la cosecha): ¿Puede un pueblo pobre subsistir en estas condiciones?
  • El jubileo parece iniciarse en el día del gran perdón (yom hakippurîm) y proclama una gran “liberación” (deror), un año para regresar a la propiedad familiar y un año de descanso para la tierra. El corazón del jubileo es “el regreso a la propiedad y el regreso a la familia” (Lev 25,10): se trata de volver a la tierra patrimonial. Es decir, se pretende corregir las desviaciones sociales acumuladas en años por la recuperación de la integridad de la tierra patrimonial. Cree el teólogo sacerdotal que así se mostrará que Dios es el único dueño de la tierra y que el israelita no es más que el usufructuario, no teniendo derecho a explotarla.
  • Quizá piensa el autor sacerdotal que la vuelta del exilio, tras cuarenta y ocho años de condena, es el momento ideal para poner en pie esta utopía social y religiosa.
  • La legislación del jubileo concluye con una larga serie de cuestiones casuísticas que tienen como afán común el de mantener íntegro el patrimonio familiar a la vez que se tiene viva la convicción de que explotar al compatriota nunca asegurará la prosperidad.

Con matices diversos y con inflexiones propias de la época, el AT mantiene una línea bastante uniforme en su sueño social que dimanan de una mirada profunda y nueva en torno a la persona y a la realidad. Desde ahí, mucho de este sueño se convierte en profecía.

 

  1. 2.   Derivaciones espirituales

 

  • Un jubileo social: No cabe duda que el sueño social de Israel ha sido hermoso y aún lo es. Pero su gran “fallo” ha sido poner el dinamismo último de todo esto en una realidad religiosa. Así se ha mostrado que lo religioso como motor de lo social no solamente lleva a la inoperancia y a la frustración, cuando no a una fanática talibanización de las reformas sociales. Mucha de la normativa legal en torno a la desigualdad social del AT tiene, sí, una valoración nueva y profunda de la dignidad humana. Pero el absoluto es Dios, ahí está la “razón” última del comportamiento social. Esta ha sido, y sigue siendo la raíz de “fracaso” porque el absoluto último es la persona en toda la dimensión de su propia altura y dignidad. De donde se puede deducir, por contraste, que la Palabra enseña que el jubileo, para que pueda ser efectivo, ha de ser social más que religioso, histórico, más que trascendente, teniendo a la persona débil como centro ya que Dios mismo une su suerte a la persona débil. La espiritualidad del decrecimiento puede ayudarnos a poner rostro social al anhelo profético del jubileo.
  • Un jubileo peligroso: El jubileo del AT no llegó realmente nunca a ser peligroso a nivel social. Las desigualdades siguieron, al parecer, más vivas que nunca. Solamente la voz de algunos profetas fueron un peligro y el poder se encargó muy bien de acallarlas. Pero la ideología de los teóricos, la espiritualidad de los teólogos, no llegó a ser un peligro real para el poder establecido. Pues bien, hay que decir que un jubileo que no resulta peligroso no es el verdadero jubileo al que apuntaban los anhelos del AT. La espiritualidad del decrecimiento se la tiene que ver como “peligrosa”.
  • Un jubileo que experimenta la indignación: Puede parecer hoy que las teorías sociales en torno al jubileo del AT son cuestiones de escuela, pero para muchos sin duda que habrán sido de una auténtica experiencia de indignación: la indignación que causa el ver que los poderosos acumulan cada vez más tierras y los pobres no tienen donde caerse muertos, la experiencia indignante  de quien ve cómo se esquilma la tierra en una relación de amo siervo y no de fraternidad con lo creado;  la experiencia indignante y humillante de quien tiene que vender sus cosas y su persona en un último intento de sobrevivir. Es imposible pensar en un jubileo social sin haber dicho alguna vez ¡basta ya!, sin haberse plantado ante el poder, sin haber plantado cara a situaciones inaceptables con el riesgo de que te partan esa cara. Un jubileo y una espiritualidad del decrecimiento planteados desde una sensación de bondad beatífica ante la situación tremenda de desigualdad social, mucho más lacerante hoy que hace dos mil setecientos años, no es lo que soñaron los viejos profetas de Israel.
  • Un jubileo racionalizador: El jubileo con el que sueña Israel no es un jubileo para la limosna sino para la racionalización económica. Es el viejo y moderado sueño del pobre que tiende a igualar, a hacer desaparecer un poco las estridentes diferencias que marcan la vida de las personas en todos sus detalles. Si hay algún paradigma de la sinrazón humana, junto con el de las guerras, es el de la desigualdad social, sobre todo cuando esa desigualdad proviene por simples condicionamientos históricos y sociales que uno no elige.
  • Un jubileo vigilante: Porque el jubileo en el AT brota de una actitud vigilante sobre la realidad social. La religiosidad genera, con frecuencia, un desentendimiento una irresponsabilidad ante el hecho creado, ante la historia, ante el lento caminar de lo humano. El jubileo podría ser entendido como un verdadero “observatorio” del proceder humano en materia de reparto de recursos, porque el problema de todo esto no está en la producción sino en el reparto. Erigirse en observadores de la realidad y mostrarla lo más crudamente posible cuando es injusta, ésa sería una óptima manera de enmarcar la espiritualidad del decrecimiento.
  • Un jubileo que nos hermane con la tierra: Porque ésa es otra de las grandes preocupaciones de los teólogos del AT en el asunto del jubileo. Hoy más que nunca el grito de la tierra, y hasta su silencio que es una manera de decir su herida, habría de ser escuchado por quien entiende algo de lo que es este camino nuestro. Un decrecimiento que celebre la hermandad con la tierra, la certeza de que vamos en la misma barca, que nos une una indudable comunidad de destino.

 

  1. 3.   Lectura subrayada

 

“El pobre ocupa un lugar epistemológico central, es decir, el pobre constituye el lugar a partir del cual se intenta pensar el concepto de Dios, de Cristo, de la gracia, de la historia, de la misión de las iglesias, el sentido de la economía, de la política y el futuro de las sociedades y del ser humano. Partiendo de la perspectiva del pobre nos damos cuenta de hasta qué punto son excluyentes las actuales sociedades y en qué medida las religiones y las iglesias se ven arrastradas por los intereses de los poderosos”: L. BOFF, Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres, Ed. Trotta, Madrid 20115 , p. 139.

  1. 4.   Actividad en sala

* Se comenta en grupos pequeños algo sobre la MV (Misericordiae Vultus) del papa Francisco. ¿Se conoce el documento? ¿Se podría decir algo de él?

  1. 5.   Actividad on line: Meditación sobre estructuras
  • Enviar a fiaiz@hotmail.com antes de las 10 de la noche.
  • Se sienta uno en su cuarto y se hace estas preguntas (no más de un folio en conjunto; dos líneas por pregunta; lo importante no es tanto escribir cuanto meditar)

 

  1. ¿Qué estructuras inmuebles tiene mi casa?
  2. ¿Están bien rentabilizadas?
  3. ¿Son estructuras que podrían generar trabajo, amparo, ayuda?
  4. ¿Tocan los pobres esas estructuras?
  5. ¿Hay posibilidad de dar el propio parecer?
  6. ¿Hay estructuras de otro tipo: educativas, sociales, etc.?
  7. ¿Quiénes son los principales beneficiarios?
  8. ¿Podría ampliarse el radio de beneficiarios?
  9. ¿Se colabora con otras estructuras similares?

10.  ¿Hay inquietud por ajustar las estructuras a las necesidades reales?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV

“La esquina de tu campo”

(Peah)

 

1. El texto          

 

Este tratado de La Misná versa sobre unas antiguas disposiciones a favor de los pobres: la esquina de tu campo, la rebusca y la gavilla olvidada. Es, en definitiva, vivir con menos para vivir mejor. Se trata con más amplitud lo referente a “la esquina de tu campo” en torno a la obligación de todo propietario de dejar sin recoger una esquina de su campo a favor de los pobres (Dt 24,19-21; Lev 23,22).

Peah toma en serio la causa de los pobres y mantiene una posición clara en contra de cualquier forma de favoritismo, falta de consideración, trampa o actitud negligente que afecte la ayuda a los pobres. Afirma que “quien no permita que los pobres espiguen o permita que uno lo haga y no el otro, o ayude sólo a uno de ellos (en la recolección), roba al pobre” (Peah 5, 6). El granjero también “roba” al pobre cuando coloca una cesta en el suelo para atrapar las uvas que caen de las matas para prevenir que sean clasificadas como “uvas caídas”, las cuales serían elegibles para que las tomaran los pobres (Peah 7, 3).

De igual manera, los sabios exigieron que se les diera alojamiento y comida a los pobres transeúntes. Peah insiste en esta obligación moral: “Al pobre que deambula de lugar en lugar no debe dársele una hogaza de pan por menos del valor de un dupondium cuando cuatro se’ahs cuestan una sela. Si la persona quiere pasar la noche, debe dársele para el costo de su estadía. Si se queda durante el día de reposo, debe dársele alimento para tres comidas. (Peah 8, 7a).

Siguiendo esta corriente de pensamiento, los rabinos se pronunciaron en contra de quienes pudieran aprovecharse de la generosidad de sus benefactores: “Quien tenga los recursos para dos comidas, no debe aceptar nada del comedor de beneficencia para los pobres. Si tiene para catorce alimentos, no debe aceptar ayuda del banco de ayuda pública para los pobres. Dos personas se encargan de pasar la caja de los pobres como colecta y es compartida por tres” (Peah 8, 7b). De esta manera se trata de evitar abusos al utilizarse los servicios sociales públicos. Por eso los rabinos apelan a la conciencia de los mismos pobres para que tomen la decisión correcta.

Peah 8, 7 identifica dos fuentes de asistencia a los pobres: el tamhuy y la quppah. El tamhuy era una especie de “plato de caridad”, es decir, la comida que se recogía diariamente y se distribuía por la noche a los pobres de otras poblaciones. La quppah (lit. “cesta”) era un fondo comunal para dar socorro a los pobres del pueblo, no a los pobres de otras localidades. La comida se dividía los viernes para el resto de la semana. Estos datos perecen indicar que existía un sistema bastante organizado de ayuda pública.

Finalmente, en Peah 8, 8-9 los rabinos parecen haber determinado niveles de pobreza. Para tal efecto desarrollaron algunos “criterios” a objeto de determinar quiénes eran pobres y quiénes no debían participar de Peah u otro tipo de donativos. Por ejemplo, quien tenía doscientos zuz no era elegible para optar a ninguna de las ayudas contempladas en el tratado Peah. Si la persona solo tenía doscientos zuz menos un denar, ésta sí calificaba para la ayuda. En caso de que estuviese en deuda con un acreedor o que tuviese que pagar por el contrato matrimonial de su esposa, podía también beneficiarse de Peah. En dicha circunstancia, tal persona no estaba en la obligación de vender su casa o vestidos para saldar la deuda. Quien tuviera cincuenta zuz y comerciara con esta cantidad no calificaba para la ayuda. Y quien no tuviese necesidad de la ayuda de Peah, no moriría hasta que dependiera de otros. Y quien esté en necesidad y no se beneficia de Peah, no morirá de viejo hasta tanto no ayude a otros de sus propios recursos, y de él el versículo dice: “bendito es el hombre que confía en el Eterno y el Eterno ha de ser su confianza” (Peah 8, 8-9). Los sabios también definieron “el nivel básico de pobreza” y, al hacerlo, delimitaron la elegibilidad de los beneficiarios. Los criterios son esencialmente económicos; es decir, basados en los ingresos económicos, pero también buscan minimizar algunos abusos potenciales que ciertas personas pudieran cometer, sean éstas necesitadas o no.

 

2. Derivaciones espirituales

 

  • Contra una mentalidad explotadora: Que genera muchas disfunciones en el comportamiento económico: siempre que se gane, se puede explotar. No se entiende que los recursos son agotables y que, por lo tanto, hay que establecer políticas y comportamientos de cuidado y de regulación. En definitiva, hay que luchar contra el egoísmo que justifica todo.
  • “Robar al pobre”: Una de las mayores inquidades humanas. Se puede hacer de muchas formas. De todos modos, hay que luchar contra la canalización de la indiferencia: da igual que el pobre sea expoliado o no. Es prueba máxima de inhumanidad.
  • La “conciencia del pobre”: Aunque muchas veces esté velada por su propia pobreza (material y espiritual), los pobres tienen valores, sentido de la justicia y de la equidad. Tienen activado el mecanismo de amparo entre ellos. Tienen voz (eso de “voz de los sin voz” es muy discutible). Lo que es preciso hacer es darles cancha, dejarles el ámbito social que en justicia les corresponde, no hacerlos, sin más, náufragos del bienestar.
  • Algo no logrado: Leyendo las páginas de La Misná en el tratado Peah uno ve que hay una enorme legislación para soportar (cuando no para burlar) el peso del precepto de “La esquina de tu campo” sobre todo en tiempos de pobreza (y de no pobreza). Seguramente, como el jubileo, no funcionó. ¿Por qué? Porque se quiere hacer el socorro al débil por vía de la normatividad y no por vía del amor. Y las normas nunca favorecen al débil, aunque puedan ayudarle. Lo que mueve todo es, en definitiva, el amor apasionado al débil.
  • Ampliar el nivel de la pobreza: No para abajo, ni para arriba, sino en la dirección de la igualdad. El ideal del decrecimiento no puede ser que todos seamos más pobres. Quizá tampoco que todos seamos más ricos, sino que todos seamos suficientemente iguales, con las necesidades cubiertas para vivir en dignidad.

 

 

 

3. Lectura subrayada

 

El Ayuntamiento de Sevilla amplía las multas por “rebuscar” en la basura

 

Las personas que rebuscan en los contenedores de basura podrán ser multadas con una multa de hasta 750 euros a partir del 24 de octubre de 2015 en Sevilla. Ese día entra en vigor la nueva ordenanza municipal de limpieza pública y gestión de residuos municipales, que eleva las sanciones por hurgar entre los restos. Entre las ‘Prohibiciones y deberes’ incluye explícitamente lo siguiente: “Queda prohibido extraer o rebuscar residuos una vez depositados en los contenedores” (artículo 11, punto 19).

El Ayuntamiento hispalense lleva esta cuestión al capítulo de ‘Infracciones’, especificando que tendrá la consideración de leve “la manipulación, extracción o rebusca de los residuos una vez puestos a disposición de los servicios municipales”, es decir, una vez se arrojen al contenedor. Las multas en este apartado se elevan en su cuantía máxima respecto a la anterior ordenanza, que establecía sanciones de entre 90 y 300 euros, pasando ahora a ser de entre 90 y 750 euros.

La nueva normativa aprobada por el Consistorio dirigido por el popular Juan Ignacio Zoido va más allá, terminológica y económicamente, que la aprobada en 2003, que ahora queda derogada. Entonces, el aspecto de buscar en los contenedores se encuadraba en el apartado ‘Propiedad de los residuos’, donde se establecía que “se prohíbe seleccionar y retirar para su aprovechamiento cualquier clase de material residual depositado”, incluyéndose entre las infracciones leves “la manipulación de basuras en la vía pública”.

El matiz de la ordenanza en esta cuestión, aparte de elevar las sanciones máximas, llama la atención en un momento en el que, por desgracia, cada vez es más habitual ver a personas buscando en los contenedores de basura, de Sevilla y otras ciudades, con la crisis socioeconómica encima y con índices de pobreza nunca conocidos en España.

Para el Ayuntamiento, según consta en la exposición de motivos de la nueva ordenanza, la normativa municipal viene “a regular en el ámbito jurídico descrito los servicios de limpieza viaria, recogida y gestión de los residuos municipales de la ciudad de Sevilla, adaptándolos a lo previsto en las nuevas normas, y adecuándolo a la nueva realidad social, con la finalidad de atender, en todo lo posible, las demandas sociales, y mejorar el medio ambiente de la ciudad de Sevilla y, en definitiva, la calidad de vida de la ciudadanía”.

 

4. Actividad en sala

 

  • Pensar: ¿Te resulta extraño todo esto de Peah? ¿A qué puede obedecer? ¿Tiene esto algo que ver con el decrecimiento?

 

5. Actividad on line: Los nuevos espigadores

 

  • Enviar a fiaiz@hotmail.com antes de las 10 de la noche.
  • Decir algo (un par de líneas) sobre estos “espigadores”.

 

1. Los que buscan en la basura

2. Los que recogen cartones

3. Los que rebuscan en los campos (patatas, olivas, uvas)

4. Los chatarreros

5. Los emigrantes que rondan por la ciudad buscando

6. Los buscadores en los basureros públicos

7. Los buscadores organizados que reciclan y venden

  1. Los buscadores que están “a lo que se descuida”
  2. Los buscadores de personas que vendan oro o que invitan comer en tal restaurante

10.  Los buscadores que nos llaman de lejos, de los países de la pobreza.

 

V

PRIMER ICONO DE DECRECIMIENTO:

LA MUJER VIUDA (Mc 12,41-44)

 

1. El texto

 

41”Se sentó enfrente de la Sala del Tesoro y observaba cómo la gente iba echando monedas en el tesoro; muchos ricos echaban en cantidad. 42Llegó una viuda pobre y echo dos ochavos, que hacen un cuarto. 43Convocando a sus discípulos, les dijo: - Esa viuda pobre ha echado en el tesoro más que nadie, os lo aseguro. 44Porque todos han echado de lo que les sobra; ella, en cambio, sacándolo de su falta, ha echado todo lo que tenía, todos sus medios de vida”.

 

  • El Tesoro del templo es el verdadero motor: ahí está la sala de impuestos, el bando del Templo, el almacén de la leña, el matadero, la cancillería, etc. El verdadero motor no es el santo de los santos, sino el tesoro. Allí había al parecer diversos “cepillos” (sopharim) donde se recogían las limosnas. Uno de ellos era para la ayuda a los pobres.
  • Cuando Jesús “se sienta…y observa” establece un parámetro social: se mide la fe por los comportamientos económicos. Si hay fe, tendría que importar lo económico.
  • Es lógico que muchos ricos echan en cantidad porque tienen mucho. Pero la calderilla de la mujer-viuda-pobre (múltiple desamparo) se opone al mucho de los muchos ricos. Es decir, hay que hacer una lectura no solo de las riquezas, sino del dinamismo de las pobrezas.
  • El quid de la cuestión está en la oposición “echar de lo que sobra…echar de la propia falta”. Cada postura revela la diferente perspectiva: a) echar mucho teniendo mucho indica que uno no se fía del Templo, aunque lo sostenga; b) echar de la falta significa una fe en la estructura del templo como estructura santa y una confianza, teniendo la certeza de que si se da para los pobres, para los pobres irá. No solamente hay generosidad, sino buena voluntad. La mujer, en su pobreza, no emplea la crítica como elemento de discernimiento
  • La viuda es, ciertamente, antítesis de los dirigentes, infieles a Dios por su amor al dinero. Su mayor pobreza es su generosidad sin posibilidad de discernimiento; su mayor riqueza, su confianza en la bondad de las instituciones y de las personas. En esto es modelo del reino, pero habría que completar el parámetro: no se trata solamente de ser generoso, no se trata incluso de dar el todo, sino de darlo con la certeza de que se está dando en la dirección correcta, apuntando a las causas.

 

2. Derivaciones espirituales

 

  • Lectura social del Evangelio: Ya lo hemos dicho: casi todas las lecturas son espirituales (a veces espiritualistas). Habría que animarse a la lectura social, a hacer ver que los asuntos sociales están en el meollo de las preocupaciones de Jesús. Trabajar el tema del decrecimiento es un trabajo evangélico. Jesús lo habría hecho.
  • La fuerza que encierran las pobrezas: Porque creemos que las pobrezas son solamente debilidad y negatividad. Pero encierran el dinamismo de la justicia, del anhelo, de la pregunta. De ahí que no es tanto que haya que ayudar a los pobres, sino que es preciso hacerse eco de su situación y darles cancha en el espectro social.
  • La crítica como elemento de discernimiento: Es imprescindible en el acto de pensar y en el de colaborar. Si se hace la solidaridad sin discernimiento se pueden cometer, con toda buena voluntad, verdaderos despropósitos. La solidaridad ha de incluir el discernimiento, la evaluación, el control de los proyectos si se quiere avanzar en la dirección de un desarrollo humano.
  • Ir a las causas: No trabajar solamente el campo de los efectos. Y no solamente hay que apuntar a las causas estructurales, que también. Sino incluso en la dirección de la propia persona en cuento hace parte de las causas, del sistema imperante. La profecía, los gestos, las tomas de postura individuales son aquí muy valiosas.

 

3. Lectura subrayada

 

Por una Iglesia pobre, libre y solidaria

 

El camino hacia una Iglesia pobre y solidaria requiere múltiples esfuerzos, todos ellos orientados hacia la AUTOFINANCIACIÓN. Nuestras propuestas en el caso que nos ocupa, el de la Declaración de la Renta, se concreta en dos puntos:

A) Ante el Gobierno y el Parlamento: *ELIMINAR LAS CASILLAS DE ASIGNACIÓN TRIBUTARIA voluntaria, tanto la de la Iglesia Católica como la de “Fines sociales”.

B) A todos los ciudadanos: *NO MARCAR NINGUNA DE LAS DOS CASILLAS CITADAS en nuestra Declaración de la renta. Porque seguir usando estas casillas implica:

--Reducir una parte de nuestros impuestos, pues una parte de lo recaudado de los contribuyentes que marcan la casilla, se detrae (resta) de la bolsa común para la solidaria financiación de los Servicios Públicos que todos necesitamos: Sanidad, Educación, Dependencia, Desempleo, Infraestructuras y transportes públicos…etc.

--Aumentar la discriminación ya existente respecto a otros ciudadanos de creencias no católicas o de convicciones no religiosas

--Respaldar a la Iglesia Católica que sigue beneficiándose con más de 10.000 millones de Euros a costa de los Presupuestos del Estado, un dinero que es de todos y se concede a los católicos, privando de atención a otras necesidades comunes y de mayor urgencia.

En un momento de crisis tan grave como la que hoy vivimos, en medio de los brutales recortes que se acometen hoy contra la sanidad, la educación, la atención a los dependientes…, mantener intocable ese privilegio es una inmoralidad mayor. Así, por ej., los 900 millones que el gobierno ha suprimido de la Ayuda a la Cooperación (lucha contra la pobreza en el mundo) se podrían cubrir con los más de 1000 millones que se recaudarían si la Iglesia pagara el IBI de sus inmuebles y propiedades.

--La casilla de “fines sociales” es contradictoria con el espíritu de la democracia. Pues tales “fines sociales” no son ‘obras de caridad a cargo de ONG, sino de justicia social’. En una democracia son una cuestión de Estado, y a éste le corresponde atenderlos a través de los Presupuestos públicos, controlados por el Parlamento, no de forma opaca ni en función de la discrecionalidad de unos u otros ciudadanos.

Por todo ello, reclamamos la eliminación de las citadas casillas en el IRPF

Para los cristianos, la solidaridad radical con el necesitado y la pobreza evangélica son señas de identidad. El privilegio, el poder y las riquezas patrimoniales son contrarios al evangelio. Nuestra fidelidad al mensaje de Jesús en este terreno nos impele a seguir reclamando la Autofinanciación de la Iglesia Católica, sin recurrir a privilegios del Estado. ¡POR UNA IGLESIA POBRE, LIBRE Y SOLIDARIA!

 

Manifiesto de la Iglesia de Base de Madrid 2014

 

4. Actividad en sala

 

  • Escribe una frase sobre el tema de la Declaración de la Renta.

 

5. Actividad on line:

 

  • Enviar a fiaiz@hotmail.com antes de las 10 de la noche.
  • Poner un x solo cuando crea cuando que la respuesta es afirmativa

 

1__ Hago declaración de la renta

2__ El año pasado me salio a ganar

3__ Pongo la x a favor de la Iglesia

4__ Pongo la x a favor de los fines sociales

5__ No pongo nada

6__ Pago el IBI

7__ Pago algunos impuestos

8__ Colaboro económicamente con alguna ONG

9__ Creo que los contratos de mi casa son justos

10__Creo que hay que poner conciencia al dinero

 

 

VI

SEGUNDO ICONO DE DECRECIMIENTO:

EL SAMARITANO: (Lc 10,25-37)

 

1. Texto

 

25En esto se levantó un jurista y le preguntó para ponerlo a prueba: - Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar vida definitiva? 26 Él le dijo: - ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo es eso que recitas? 27Éste contestó: - “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo” (Dt 6,5; Lv 19,18). 28Él le dijo: - Bien contestado. Haz eso y tendrás vida. 29Pero el otro, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: - Y ¿quién es mi prójimo? 30Tomando pie de la pregunta, dijo Jesús: - Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y lo asaltaron unos bandidos; lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon dejándolo medio muerto. 31Coincidió que bajaba un sacerdote por aquel camino; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 32Lo mismo hizo un clérigo que llegó a aquel sitio; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 33Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, al verlo, se conmovió, 34 se acercó a él y le vendó las heridas echándoles aceite y vino; luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. 35Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta”. 36¿Qué te parece? ¿Cuál de estos tres se hizo prójimo del que cayó en manos de los bandidos? 37El jurista contestó: - El que tuvo compasión de él. Jesús le dijo: - Pues anda, haz tú lo mismo”.

 

  • La inagotable parábola del samaritano compasivo puede ser leída desde la perspectiva del decrecimiento: uno que tiene bastante, se conmueve, y pone en marcha un mecanismo de igualación social que va más allá de la simple caridad ya que el jurista habla de “compasión”, mientras que Jesús habla de “hacerse prójimo”, de aproximar los niveles humanos y económicos.
  • Los trasfondos económicos son interesantes: a) un samaritano que atraviesa solo Judea tiene forzosamente que dedicarse a los negocios siendo raro otro motivo para andar fuera de casa; b) tiene que ser un comerciante relativamente próspero, porque lleva vino y aceite, cosas de valor en la cultura mediterránea y más en tiempos de pobreza; c) tiene cabalgadura, lo que le sitúa por encima de las clases más pobres; d) tiene dinero líquido, aunque no sea excesivo (dos denarios: un denario era un día de jornal según Mt 20,2.9; e) anda por posadas, que hay que pagar, aunque fuera un punto mal visto en la época  (Abandonan a la mujer por la noche en casa, dice el judaísmo).
  • El mecanismo de amparo que desata la conmoción tiene, así mismo, una lectura económica: vierte aceite y vino a las heridas del caído, monta en la cabalgadura, paga en la posada, promete pagar. Es decir, la “compasión” para “hacerse prójimo” ha de pasar por mecanismos económicos igualadores. No vale aducir que lo dado al herido es poco. Es suficiente para elevarlo de nivel social y existencial: de futura carroña para las fieras del desierto a persona curada.
  • Hay, en el fondo, un cambio de estatus que dibuja bien el tema de la cabalgadura: el amo a pie y el socorrido en el caballo. Se han trastocado los niveles sociales. Para hacerse prójimo se acepta el cuestionamiento de los planteamientos de estatus que hace el sistema.

 

3. Derivaciones espirituales

 

  • Una relación dinámica: La expresión evangélica “hacerse prójimo” dice que la relación no existe como cosa estática; hay que crearla por iniciativa propia, con cualquier persona, sin distinción de raza o credo. Eso ocurre con la relación en la espiritualidad del decrecimiento: es una relación que se cultiva, se trabaja, se va creando. No brota por su propio dinamismo.
  • Una idea de economía igualadora: Esa es la que está detrás del relato y del decrecimiento. En el fondo se aspira a una economía de igualdad y de equidad. No es solamente un modus vivendi personal (“vivir con menos para vivir mejor”), sino sobre todo social (“vivir sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir”). Si se carece de esta conciencia de economía igualadora, si de algún modo eso no pasa al imaginario personal, es muy difícil que esta espiritualidad cobre cuerpo en nuestra estructura de vida.
  • Hacia el nivel social de la común dignidad: La jerarquización y la estratificación social es algo casi congénito en las sociedades humanas. Pero la novedad del Evangelio no es tanto la desaparición de clases, sino la aparición de la clase de la común dignidad. Eso es lo que puede generar una economía de inclusión y de equidad que, al menos, no estratifique la sociedad hasta llevar al convencimiento de que las situaciones de desigualdad son prácticamente inamovibles.
  • El cuestionamiento de la religión aislada: El punzante “haz tú lo mismo” de Lc 10,37 está queriendo decir que la mera ideología y practica religiosas aisladas del contexto social son realidades muy cuestionables. La 1 Jn dice claramente que los comportamientos fraternos, sociales, hacen visible al rostro de Dios. Por eso, este tipo de espiritualidad puede ser una buena aliada de nuestros anhelos religiosos más profundos.

 

3. Lectura subrayada

 

«La economía de la exclusión mata»

El papa Francisco suma su voz a quienes creen que la economía del siglo XXI tiene que dar un giro radical y romper una dinámica de desigualdad impuesta por  «ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera». «Tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la desigualdad. Esa economía mata».

En su en su primera exhortación apostólica -Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio)- el papa deja claro que la actual Iglesia no le gusta, pero tampoco el mundo en el que vivimos, en el que sólo queda espacio para los más fuertes. «Cómo el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la desigualdad. Esa economía mata», resalta el papa en el documento de 142 páginas.

Según el papa, «vivimos en la idolatría del dinero» y a todo ello se añade «una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales». Tras la crisis financiera, según el papa, se encuentro «una profunda crisis antropológica que niega la primacía del ser humano y la sustituye con otros ídolos».

El papa, que recientemente ha encargado a la consultora Ernst and Young una auditoría a fondo de las cuentas del Vaticano, lamenta como mientras «las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, la de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz». «De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común», señala.

El papa se dirige a los dirigentes políticos para pedir «una reforma financiera que no ignore la ética» y que afronten «este reto condeterminación y visión de futuro».

Así, el papa se rebela a que «no sea noticia que muera de frío un anciano en la calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa”. «Eso es exclusión», exclama el papa, que denuncia con fuerza en el texto la «cultura actual del descarte».

Una cultura en la que no sólo «se tira la comida cuando hay gente que pasa hambre» sino que «considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar». «Ya no se trata simplemente del fenómeno de los excluidos o explotados, sino de considerarlos como desechos, sobrantes».

Jorge Bergoglio critica a quienes «todavía defienden las teorías que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo».

El papa lamenta como mientras «las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, la de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz». «El dinero debe servir y no gobernar», sentencia el papa, que aunque asegura que «ama a todos, ricos y pobres, tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos».

En otro de los pasajes del amplio texto, el papa considera que la política, a pesar de estar tan denigrada, «es una de las formas más importantes de la caridad». «Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la vida de los pobres», asevera.

El papa dedica un espacio a analizar la relación entre los conflictos y la pobreza y explica que «hasta que no acabe con la exclusión y la injusticia entro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia».

 

4. Actividad en sala:

 

* Pedir aclaración de algún concepto que no haya quedado suficientemente claro.

 

5. Actividad on line: Prácticas de una economía de inclusión (Contratación)

 

* Entregar a fiaiz@hotmail.com antes de las 10 de la noche

* Lo importante es pensar. Escribir dos líneas de cada cosa.

 

1. Supongo que los contratos de nuestros trabajadores/as están bien

2. Contratamos a desempleados/as sin distinción de países

3. Los contratos se hacen previo discernimiento comunitario

4. Tenemos una predilección por las mujeres solas con hijos

5. Somos generosos/as más allá del contrato

6. Sin ser tiránicos, exigimos eficacia

7. Nos guste o no, somos contratadores

8. Podemos ser pequeños emprendedores sociales

9. Contratamos personas y contratamos servicios

10. Liderar proyectos es una forma de economía inclusiva

 

 

VII

ESCÁNDALO Y DISCERNIMIENTO

(Mc 9,42-48)

 

1. El texto

 

42Y a quien escandalice a uno de estos que comienzan a creer en mí, más le valdría que se colgara del cuello una piedra de molino que mueve el asno y lo echaran al mar. 43Y si tu mano te pone en peligro, córtatela. Más te vale entrar manco en la Vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se extingue. 45Y si tu pie te pone en peligro, córtatelo. Más te vale entrar cojo en la Vida que ser arrojado con los dos pies en el infierno. 47Y si tu ojo te hace escandalizar, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos en la gehena, 48donde el gusano de ellos no muere y el fuego no se extingue”.

 

            En el texto anterior, Juan ha querido impedir a “uno” que echara demonios “porque no era de nuestro grupo”. La ambición les hace ver peligros en quien se mete a hacer lo que Jesús hace, liberar. Funcionan como todo grupo humano, por el mecanismo de la ambición.

            Eso escandaliza a uno que comienza a creer, quizá a un pagano que se acerca al grupo de seguidores. No se trata de un escándalo de costumbres o de moral sexual, sino de comportamientos económicos. El que se acerca piensa que los seguidores de Jesús no funcionarán como los demás grupos sociales, que lo hacen por el motor de la ambición. Se acerca, y ve que ellos también son ambiciosos. Y se escandaliza.

            La hipérbole de la rueda de molino al cuello está indicando la enorme importancia que se da al asunto, la imposibilidad de minimizarlo o considerarlo sin valor. Es decisivo y configura la identidad del grupo de seguidores.

            Lograr erradicar la ambición, funcionar en base a la dignidad y al bien de la persona, imaginar una economía que no despierte la ambición de unos contra otros, demanda grandes discernimientos que tocan a todas las áreas de la vida personal: a) las obras, por eso hay que “cortar las manos” que hacen las obras cuando estas son obras de egoísmo y opresión; b) los caminos, por eso hay que “cortar los pies” porque con ellos hacemos nuestras sendas vitales, nuestras orientaciones; c) las ambiciones, por eso hay que “sacarse los ojos” porque en ellos está la sede de la ambición.

            Es decir, una visión de una economía alternativa demanda fuertes discernimientos que no le serán ahorrados a ningún creyente en Jesús. Como decimos, aquí se juega la verdadera identidad del seguidor, no tanto en cuestiones de adscripción religiosa.

 

2. Derivaciones espirituales

 

  • La ambición destroza el horizonte del decrecimiento: Porque ahí, en el mundo del ambicioso, no entra la situación de los demás, ni sus preocupaciones, ni sus gritos de justicia. Solamente se contempla la propia ganancia y la palabra talismán es “crecer”, aunque sea a costa de otros.
  • Una estructura inmersa en el “escándalo”: Y quizá no pueda salir de ahí. Pero siempre hay márgenes personales y grupales que puedan mantener viva la profecía de un mundo económicamente y humanamente distinto. Por eso la verdad del conforme, del que ha sucumbido al imaginario del sistema no es la única manera de enfocar la realidad.
  • Una igualdad en base a las posiciones económicas: A los planteamientos que se manejan en el fondo. Si los cristianos funcionamos como todo el mundo ¿qué aportamos de hecho al horizonte de lo humano? ¿Si no conectamos con quien, desde lados distintos a la fe, anhela otra economía, si los tratamos como “enemigos” de la sociedad, estamos realmente en el anhelo de Jesús.
  • Se puede controlar la ambición: Al menos en estratos sencillos de vida. Y una forma de hacerlo es cultivar el decrecimiento en maneras sencillas y cotidianas: cuando ambicionamos menos, y sobre todo cuando dejamos de ambicionar lo superfluo, la vida se esponja, el otro y su necesidad se hacen más presentes, los ideales afloran mejor y las utopías se mantienen por encima de argumentos que pretenden mostrar que lo que hay es lo único.

 

3. Lectura subrayada

 

Los 20 puntos centrales de la economía del Bien Común

de Christian Felber

 

1. La economía del bien común se basa en los mismos valores que hacen florecer nuestras relaciones: confianza, cooperación, aprecio, democracia, solidaridad. Según recientes investigaciones científicas conseguir buenas relaciones es la mayor fuente de motivación y felicidad de los seres humanos.

2. El marco legal económico experimenta un giro radical, cambiando las reglas del juego de afán de lucro y competencia por cooperación y contribución al bien común: Empresas que practican la cooperación serán recompensados. En cambio, el comportamiento competitivo conlleva desventajas.

3. El éxito económico no es medido por indicadores monetarios como el beneficio financiero o el BIP, sino con el balance del bien común (a nivel de empresas) y el producto del bien común (a nivel de sistema). El balance del bien común se convierte en el balance principal de todas las empresas. Cuanto más social, ecológica, democrática y solidaria sea la actividad, mejores serán los resultados del balance del bien común alcanzados. Mejorando los resultados del balance del bien común de las empresas en una economía nacional, mejorará el producto del bien común.

4. Las empresas con buenos balances del bien común disfrutarán de ventajas legales: tasas de impuestos reducidas, aranceles ventajosos, créditos baratos, privilegios en compra pública y a la hora de reparto de programas de investigación, etc. La entrada en el mercado se verá, por tanto, más favorecida para actores éticos y sus productos y servicios, que los de los no-éticos, indecentes y no ecológicos.

5. El balance financiero será el balance secundario. El beneficio financiero pasa de ser fin a ser medio. Éste sirve sólo para aumentar el ‘nuevo’ fin empresarial: Aportación al bien común. Los excedentes del balance financiero deberán utilizarse para: inversiones con plusvalía social y ecológica, devolución de créditos, depósitos en reservas limitadas, bonificación a los empleados de forma restringida, así como créditos sin intereses a empresas cooperadoras. No se utilizarán los excedentes para bonificar a personas que no trabajan en la empresa, adquisición hostil de otras empresas, inversión en mercados financieros (éstos dejarán de existir), o aportaciones a partidos políticos. En contrapartida, el impuesto sobre el beneficio empresarial será eliminado.

6. Como el beneficio financiero es ahora un medio, y deja de ser un fin, las empresas pueden esforzarse hacia su tamaño óptimo. No tienen que temer ser adquiridas, o sentirse obligadas a crecer para ser más grandes, más fuertes o con mayores beneficios. Todas las empresas están liberadas de la coerción de crecer y tragar.

7. Existiendo la posibilidad de aspirar sin miedo al tamaño óptimo, habrá muchas empresas pequeñas en todas las ramas. Como no tienen que crecer más, les será más fácil cooperar y practicar la solidaridad. Se pueden ayudar mutuamente con conocimientos, tecnología, encargos, personal o créditos sin interés. Serán recompensadas con resultados del balance del bien común positivos. Las empresas van formando una red de aprendizaje solidaria, la economía se transforma en un sistema win-win.

8. Las diferencias de ingresos y patrimonios serán limitadas: Ingresos máximos de por ejemplo 20 veces el salario mínimo. Propiedades que no excederán p. ej. los 10 millones de euros, el derecho de cesión y herencia, 500.000 euros por persona, en empresas familiares a 10 millones de euros por hijo. El excedente sobre estos límites serán repartidos a través de un “fondo de generaciones” como “Dote democrático” a las siguientes generaciones: igualdad de capital inicial significa mayor igualdad de oportunidades. (Los márgenes exactos deberán ser definidos democráticamente en una asamblea económica.)

9. En grandes empresas a partir de un elevado numero de empleados (por ejemplo, más de 250) los derechos de decisión y propiedad pasan parcial y progresivamente a los empleados y ciudadanos. La población podrá ser representada directamente a través de “parlamentos económicos regionales”. El gobierno no posee derecho decisorio o de intervención en empresas publicas.

10. Esto es igualmente válido para los bienes democráticos, la tercera categoría de propiedad, junto a una mayoría de pequeños y medianos empresarios y grandes empresas de propiedad mixta. Por bienes democráticos entendemos instituciones económicas públicas en campos de enseñanza, salud, acción social, movilidad, energía, o comunicación: la infraestructura básica.

11. Un bien democrático importante es el banco democrático. Éste sirve, como todas las empresas, al bien común y, como todos ellos, controlado por la ciudadanía soberana y no por el gobierno. Sus servicios consisten en depósitos de ahorro garantizados, cuentas corrientes gratuitas, créditos de interés reducido y créditos de riesgo com plusvalía social y ecológica. El Estado se financia primordialmente a través de créditos sin interés del Banco Central. El Banco Central obtiene el derecho exclusivo de la creación de dinero y efectúa las transacciones de capitales internacionales para impedir evasión fiscal. Los mercados financieros en la forma actual ya no existen.

12. Siguiendo la propuesta de John Maynard Keynes del 1944, se establece una cooperación monetaria global a base de una unidad de calculación (p. ej. “globo”, “terra”) para el comercio international. A nivel local, monedas regionales pueden complementar la moneda nacional. Para protegerse de la competencia injusta, la UE inicia una zona de comercio justo (Zona del Bien Común) con estándardes harmonizados o con tarifas aduaneras correlacionadas con el resultado del BBC de la empresa productora. A largo plazo, la meta es una Zona del Bien Común en la ONU.

13. A la naturaleza se le concede un valor propio por lo cual no puede transformarse en propiedad privada. Quien necesite un pedazo de tierra para vivir, agricultura o comercio, se le cede una superficie limitada de forma gratuita o pagando una tasa de utilización. El uso de la tierra está condicionado a criterios ecológicos y al uso concreto. Esto será el final de la especulación inmobiliaria, el “landgrabbing” (apropriación de grandes superficies por multinacionales u otros países) y el latifundismo. En contrapartida, se anula el impuesto sobre el terreno.

14. El crecimiento económico deja de ser un fin. Un nuevo objetivo será la reducción de la huella ecológica de personas privadas, empresas y naciones, hacia un nivel globalmente sostenible y justo. El imperativo categórico de Kant será extendido a la dimensión ecológica. Nuestra libertad de elegir un estilo de vida determinado encuentra su fin cuando limita la libertad de otros de elegir el mismo estilo de vida o por lo menos llevar und vida en dignidad. Personas privadas y empresas serán incentivadas para medir su huella ecológica y reducirla a un nivel globalmente sostenible y justo.

15. El horario de trabajo retribuido se verá reducido escalonadamente hacia la marca, deseada por mayoría de 30 a 33 horas semanales. De este modo queda tiempo libre para otros tres campos de trabajo de gran importancia: trabajo de relaciones y cuidados (niños, enfermos, ancianos), trabajo de crecimiento personal (desarrollo de la personalidad, arte, jardín, ocio), trabajo en la política y actividades públicas. Como consecuencia de este reparto más equilibrado entre las distintas actividades, el estilo de vida se hará más suficiente, menos consumidor, y más sostenible.

16. Cada décimo año en la profesión es un “año sabático” que será financiado a través de un salario mínimo incondicional. Las personas pueden hacer en este tiempo lo que quieran. Esta medida descarga el mercado de trabajo en un diez por ciento de la tasa de desempleo en la Unión Europea.

17. La democracia representativa será completada por la democracia directa y la democracia participativa. La ciudadanía soberana debería poder controlar y corregir su representación, decretar leyes por si misma, modificar la constitución y poder controlar las infraestructuras de abastecimiento: ferrocarril, energía, agua, correos, bancos. En una democracia real son idénticos los intereses de los representantes y los de la ciudadanía soberana. Requisitos para ello son derechos constitucionales de co-legislar y de controlar por parte de la ciudadanía soberana.

18. Todos los puntos angulares deberán madurarse a través de discusiones intensas en un amplio proceso de bases, antes de que se conviertan en leyes elaboradas por una asamblea económica directamente elegida; su resultado se votará democráticamente por la ciudadanía soberana. Lo que sea aceptado, se introducirá en la constitución y sólo podrá volverse a cambiar con el respaldo de la ciudadanía soberana. Aparte de la asamblea económica del bien común puede haber otras convenciones para profundizar la democracia: asamblea para la educación, asamblea para los medios de comunicación o una asamblea para el desarrollo de la democracia.

19. Para afianzar en los niños los valores de la economía del bien común y poderlos practicar, el sistema de educación debería estar orientado igualmente hacia el bien común. Esto requiere otra forma de enseñanza y otros contenidos, como por ejemplo: emocionología, ética, comunicación, educación democrática, experiencia de la naturaleza y sensibilización corporal.

20. Debido a que en la economía del bien común, el éxito empresarial posee un significado muy diferente al que actualmente recibe, se demandan otras competencias de gestión. Las empresas ya no buscan a los gerentes más duros y ejecutivos de la “eficiencia cuantitativa”, sino a los más responsables y socialmente competentes, los más empáticos y sensibles que consideran la codeterminación como una oportunidad y un beneficio para todos.

La economía del bien común no es ni el mejor de los modelos económicos ni el final de una historia, sólo el paso siguiente hacia un futuro más sostenible, justo y democrático. Se trata de un proceso participativo, de desarrollo abierto que busca sinergia en procesos similares como: economía solidaria, economía social, movimiento de bienes comunes, economía del postcrecimiento o democracia económica. Juntando sus esfuerzos, una gran cantidad de personas y actores son capaces de crear algo fundamentalmente nuevo. La implementación de la visión requiere motivación intrínseca y autorresponsabilidad, incentivos económicos, un orden político-legal coherente, así como concienciación. Todas las personas, empresas y comunidades están invitadas a participar en la reconstrucción de la economía hacia el bien común.

 

4. Actividad en sala

 

  • ¿Te parece que hemos hecho una lectura correcta, mínimamente entendible, de Mc 9,42-47?

 

5. Actividad on line: Completa la lectura subrayada

 

  • Entregar a fiaiz@hotmail.com antes de las 10 de la noche
  • Como posiblemente no dé tiempo a leer los 20 puntos de Felber, de los que queden sin leer, hacer un comentario personal (no más de dos líneas cada punto).

 

 

VIII

DECRECER COMPARTIENDO

(Jn 6,1ss)

 

1. El texto

 

4”Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los Judíos. 5Jesús levantó los ojos y, al ver que una gran multitud se le acercaba, se dirigió a Felipe: -¿Con qué podríamos comprar pan para que coman estos? 6(Lo decía para ponerlo a prueba, pues él ya sabía lo que iba a hacer). 7Felipe le contestó: -Doscientos denarios de plata no bastarían para que a cada uno le tocase un pedazo. 8Uno de los discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: 9-Hay aquí un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es eso para tantos? 10Jesús les dijo: -Haced que esos hombres se recuesten. Había mucha hierba en el lugar. Se recostaron aquellos hombres, adultos, que eran unos cinco mil. 11Jesús tomó los panes, pronunció una acción de gracias y se puso a repartirlos a los que estaban acostados, y pescado igual, todo lo que querían. 12Cuando quedaron satisfechos dijo a sus discípulos: -Recoged los trozos que han sobrado, que nada se eche a perder. 13Los recogieron y llenaron doce cestos con trozos de los cinco panes de cebada, que habían sobrado a los que habían comido”.

 

Hemos superado ya hace tiempo la lectura historicista de este signo creyendo que, por el poder de una bendición, salían incontables panes del cesto. El envoltorio narrativo que ya nos era conocido por 2 Re 4,42-44, ha de ser superado y hay que apuntar a la ideología, al mensaje.

El problema que plantea el texto es cómo pasar de una economía de pobreza a otra de necesidades satisfechas (el reino de Dios es un reino de necesidades satisfechas y, por lo tanto, de igualdad y equidad). El primer paso es estar dispuesto a compartir lo que se tiene no siendo obstáculo la pobreza (cinco panes “de cebada” y dos “pececillos” en salmuera).

Es que la teoría del compartir sobre la base del todo no siendo obstáculo la pobreza desplaza el problema de lugar: la pregunta no es si Dios puede socorrernos o no, sino si nosotros estamos dispuestos a abrir el zurrón o no. Cuando un “empobrecido” (un muchacho) está dispuesto a poner sobre la mesa lo que tiene, pueden “sentarse”, empieza el mecanismo del compartir.

Ese acto del compartir sobre la base del todo sin ser obstáculo la pobreza viene a ser como una “eucaristía”, el fondo de la eucaristía. De ahí, el uso de los “verbos eucarísticos”: tomó…pronunció…repartió. Que haya sobras abundantes deja ver que el mecanismo funciona: la preocupación por el otro, la organización de los recursos dejando fuera el ánimo del lucro (base del decrecimiento) lleva a la “abundancia”, a que llegue a sobrar.

Los mecanismos económicos lo confirman tanto a nivel de macroeconomía (informes de la FAO) como de microeconomía (socorros cercanos). Lo que hay que mirar no es la “ingenuidad” del argumento, sino si funciona o no. Y este, funciona.

 

2. Derivaciones espirituales

 

  • La peor forma de leer relatos de milagros: Es aquella que no se despega de la historia. Y la peor forma de entender a Jesús (de hecho en el documento Q no hay relatos de milagros). Es preciso ir al fondo, racionalizarlos y espiritualizarlos para sacarles el sentido. De lo contrario su empobrecimiento los vuelve inservibles.
  • Contra el egoísmo y la indiferencia esenciales: Esos que están en el fondo de la estructura humana. Uno lleva a la otra. Son los grandes obstáculos para construir una economía del compartir, un estilo de vida distinta. La evidencia de que hay personas e instituciones que luchan contra esta lacra, habría de animarnos a sumarnos decididamente a tales esfuerzos.
  • Remedio contra el hambre: Todos los organismos internacionales dicen que hoy estamos en condiciones reales de poder superar el hambre (800 millones de personas lo padecen). Para ello se habla de una equitativa redistribución de los recursos. Eso es primordial. Pero la espiritualidad del decrecimiento puede ser más eficaz que las donaciones, porque lleva en su entraña la dignidad de toda persona y el derecho a las necesidades saciadas.
  • Con arraigo antropológico: Ese es el tipo de espiritualidad cristiana que habrá que ir construyendo: aquel que transforma las estructuras personales y sociales, no solamente la que socorre puntualmente. Por tanto, una eucaristía en la espiritualidad del decrecimiento es aquella que lleva en su entraña la justicia (“sin justicia no hay eucaristía”, decía hace muchos años J. M. Castillo).
  • La abundancia frugal: Así es la que postulan muchos ideólogos del decrecimiento (Latouche, Rahbi). Es un oxímoron, pero tiene su anhelo: se trata de que se pueda vivir en la “abundancia” de una seguridad económica básica, acompañándola de una frugalidad que controle los desmanes de quien derrocha. Esto es lo que el decrecimiento postula.

 

3. Lectura subrayada

 

Joan Antoni Melé, subdirector del Triodos Bank y autor del libro Dinero y Conciencia. A quién sirve tu dinero, analiza con RTVE.es el papel que juega la felicidad en la escena económica y cómo influye la satisfacción personal en la crisis financiera actual.

 

Pregunta: ¿Podemos medir la felicidad desde un punto de vista económico como hace el reino de Bután con su índice de Felicidad Interior Bruta (FIB)?

Respuesta: No conozco exactamente la forma de medirlo, pero lo que sí es importante es que la economía deje de ser tanto matemáticas y cálculo, como ha sido hasta ahora, y empiece a ser algo humano que es lo que tiene que ser.

Para mí ese es el gran problema. La economía siempre se ha basado en números, en beneficios, en costes, y la economía es la relación entre los seres humanos, nuestro trabajo y el planeta que nos da sustento. Todo lo que hemos hecho hasta ahora nos ha llevado al borde de la destrucción medioambiental y humana. En estos momentos, la mitad del planeta, más de tres mil millones, está en situación de pobreza.

Cualquier iniciativa que quiera llevar la economía al ámbito humano me parece bien. Está bien que se quiera enfocar en base a la felicidad en sentido de bienestar humano y no en base al beneficio económico.

P: Existen algunos estudios científicos que demuestran que el dinero no da la felicidad, ¿qué opinión le merece esta afirmación?

R: Hay unos umbrales. Cuando uno es pobre, tener el mínimo de dinero para sobrevivir evidentemente que da la felicidad, permite sobrevivir. Pero una vez cubiertas las necesidades básicas que pueda necesitar una persona -alimento y vivienda-, el resto es cierto que el dinero no lo da. Al contrario, cuanto más dinero se tiene peor. Con el dinero aparece el miedo, la codicia, el ansia de poder, y al final esto se apodera de la persona y la gente no es feliz.

En las civilizaciones que conocemos más ricas es donde hay más malestar, la gente está con tratamiento psicológico, con coaching, con pastillas para tranquilizarse. Tiene que haber unos mínimos, un nivel razonables de ingresos para vivir, pero superado ese umbral, el resto supone solo malestar.

P: ¿Cómo podríamos cambiar esta tendencia?

R: El ser humano tiene varios ámbitos. Por un lado, está el material porque necesitamos alimento, ropa. En un segundo nivel está el amor, todos necesitamos cariño, darlo y recibirlo. Pero luego hay un tercer nivel, más superior, llámelo espiritual si quiere, en el que el ser humano necesita entender un poco qué sentido le da a su vida y cultivarla.

Esté ámbito es el que hemos dejado abandonado. Yo digo que estamos 'anoréxicos de vida espiritual'. Todo lo hemos basado en el consumo y esto nos hace ser profundamente desgraciados.

Hay que dedicar un tiempo a cultivar esta parte superior. Hay quien hace yoga, medita, a quien lee, ahí no me voy a meter, pero hay que dedicarle un tiempo. Ésto realmente a la larga da un estado interior de paz, de tranquilidad y felicidad porque que te permite ir encontrando un sentido a tu vida. Si lo basas todo en el consumo, no hay salida, da igual que puedas comprar de todo en unos grandes almacenes, sigues igual de desgraciado que el día anterior.

P: ¿Cómo se podría cambiar la cultura dominante de consumo en la que vivimos?

R: Habría que cambiar la educación que damos a los niños. Se les está inculcando en la idea de que tiene que estudiar que si no tiene una carrera no se ganara bien la vida y ya le vamos metiendo el miedo en el cuerpo. No es esto. Un niño tiene que estudiar y tiene que viajar mucho, tiene que conocer para saber que tiene dentro, cuál es su vocación, que quiere hacer en esta vida y que sentido le quiere dar.

Cuando yo era pequeño me decían que tenía que estudiar para el día de mañana ser un hombre de provecho. No es lo mismo ser un hombre de provecho, decir que harás algo que servirá par la sociedad, que ganarte la vida inculcando el egoísmo. Habría que empezar a cambiar la educación, educar en valores.

El mensaje es: descubre quién eres, qué capacidades tienes, qué puedes tú aportar al mundo. Cuando hacemos algo que es útil es cuando nos sentimos felices en esta vida. No se trata de tener mucho dinero, por que en la cuenta corriente da igual que tengas cien mil euros que cien millones. ¿Qué más vas a comprar? ¿Qué te hace falta?

En cambio, descubriendo un potencial interior que además es inacabable, puedes ir desarrollándote más como persona, ésto es con lo que realmente uno se siente bien. En los últimos años cada vez hay más gente en esta búsqueda, pero aun hay una resistencia, se quiere mantener un sistema económico.

P: ¿Cree que sería interesante que el producto Interior Bruto (PIB) incorporara la 'felicidad' como un indicador más?

R: Está bien que se haga esto, que se conciencie a la sociedad. Debemos a ir a otra dirección más humana y más solidaria. No podemos ser felices si hay tanta gente a nuestro alrededor que está mal, hay que ir compartiendo un sentimiento más de comunidad.

Hasta ahora cada uno se ha preocupado de lo suyo y los demás no importaba. A la larga vemos que si hacemos ésto estamos todos mal. Que un Gobierno tome la iniciativa, como el reino de Bután, es bueno, está difundiendo otra visión para empezar a cambiar las cosas.

P: ¿Puede entonces ser útil para los Gobiernos contra con un indicador como el FIB?

R: No sé si es tanto una cuestión del Gobierno. Creo que ya es hora de que los ciudadanos empecemos a decir lo que pensamos y a ser coherentes con nuestras ideas.

No se trata de que los gobiernos tomen grandes decisiones y salven a los países, sino que es la sociedad civil la que tiene que empezar a implicarse y a ser coherente. Es cosa de todos. Estará bien que los gobiernos colaboren y marquen pautas, pero el mundo lo tenemos que cambiar entre todos, es una tarea de todos. No va a ser fácil, porque hemos caído en muchas rutinas pero también es cierto que ya hay miles de personas que lo están haciendo.

4. Actividad en sala

 

  • Pensar un momento: ¿Vamos viendo que la Palabra reflexionada puede ayudar a construir una base ideológica de la espiritualidad del decrecimiento?

 

5. Actividad on line

 

  • Mandar a fiaiz@hotmail.com antes de las 10 de la noche
  • Escribir dos líneas de reflexión a cada uno de las siguientes “reflexiones sensatas”:

 

1. La gente quiere estabilidad

2. Los experimentos con gaseosa y en casa

3. No hay que correr riesgos innecesarios

4. Lo incierto es peor que lo conocido

5. Hay que huir de los salvapatrias

6. El dinero, que corra libre

7. La salud de los mercados es nuestra salud

8. Si no se da dinero a las grandes empresas ¿cómo va a haber trabajo?

9. Necesitamos una economía de rostro y corazón humanos

10. ¿Quién pone conciencia a mi dinero?

 

IX

LA COMUNIDAD ESTÁ VIVA CUANDO HAY QUIEN ALIMENTA EL DECRECIMIENTO

(Hech 9,36-42)

 

1. El texto

 

36En Jafa había cierta discípula de nombre Tabita, que traducido significa Gacela, colmada de obras buenas y, en particular, de las limosnas que hacía. 37Sucedió que, por aquellos mismos días, cayó enferma y murió; la lavaron y la pusieron en la sala de arriba. 38Como Lida está cerca de Jafa, al enterarse los discípulos de que Pedro estaba allí, enviaron a dos hombres que le suplicaron: - No tardes en venir hasta nosotros. 39Pedro se fue con ellos al momento. Cuando llegó, lo llevaron a la sala de arriba y se le presentaron todas las viudas, mostrándole con lágrimas en los ojos los vestidos y mantos que hacía Gacela cuando estaba con ellas. 40Pedro mandó salir fuera a todos, y, de rodillas, se puso a orar. Se volvió hacia el cuerpo y dijo: - Tabita, levántate. Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. 41Él le dio la mano, la levantó y, llamando a los consagrados y a las viudas, se la presentó viva. 42El hecho fue notorio en toda Jafa, y muchos creyeron en el Señor.

 

            El texto es la tercera parte del tríptico de personajes que han elaborado la gestación de la nueva comunidad cristiana: Felipe, Saulo y Pedro. De esta manera Hech describe no solo cuál era la situación de las comunidades primeras, sino qué elementos han de trabajar para que toda comunidad cristiana sea una realidad viva.

            Tabita es exponente de la vitalidad que la comunidad de Jafa tenía otrora. Esa vitalidad ha desaparecido, ha muerto. Las limosnas que hacía son el centro de su actividad solidaria. Es decir, nos situamos en un plano de socorro económico, con comportamientos próximos al decrecimiento: rebajar el nivel de uno para que aumente el del otro. Economía de la subsidiaridad, equidad e inclusión. Todo eso se ha venido a pique en la comunidad. Ha perdido su sentido cristiano, su orientación evangélica.

            Pero la subsidiaridad no ha bastado para evitar la muerte (todas las religiones hacen obras de caridad, más o menos). Se necesita otro elemento que el animador de la comunidad, Pedro, tiene que aportar pronto (“no tardes”…”al momento”). El desamparo de la comunidad es enorme: no hay comunidad si no hay solidaridad encauzada por la orientación evangélica.

Pedro restablece la situación con “una resurrección”, al modo de Jesús (Mc 5,41). Es una resurrección no solamente de la persona, sino del principio solidaridad y de equidad (como el hijo de la viuda Sarepta, 1 Re 17,17-24), o de la Sunamita, 2 Re 4,8-37). La comunidad vuelve a revivir cuando se instala desde el dinamismo de la resurrección, la entrega máxima, el principio de solidaridad.

 Con ello se consagra el mecanismo del decrecimiento como motor de la solidaridad, equidad e inclusión. Cuando este mecanismo funciona, hay comunidad cristiana. Si no funciona, no la hay.

 

            2. Derivaciones espirituales

 

  • La solidaridad en el núcleo de la fe: No como una consecuencia de la fe, sino en el núcleo: la medida de tu solidaridad da la medida de tu fe. Desde esta mística habría que animar a que todo cristiano tuviera en su vida corriente esa dimensión solidaria para verificar la verdad de la propia fe.
  • Resucitar la comunidad por la solidaridad: Cuando se pretende dar con caminos innovadores para la fe. En ese sentido, las espiritualidades económicas actuales (el decrecimiento, el bien común, la sobriedad feliz, la abundancia frugal, etc.) pueden mostrar caminos reales de vivencia nueva de la solidaridad. Pretender revitalizar las comunidades solamente por la doctrina es quedarse corto.
  • Limosnas o desarrollo: Ya vamos aprendiendo que el camino a seguir en temas de solidaridad es el desarrollo. Pero hay que ser cauto para ver si, bajo el paraguas de una espiritualidad del desarrollo (las ONG religiosas, por ejemplo) se sigue practicando un modo limosnario más moderno. Es decir, no se haría nada con cambiar los métodos si no se ha cambiado la mentalidad.
  • La búsqueda equilibrada entre evangelización y solidaridad: En muchas comunidades cristianas estos dos elementos están hoy descompensados: una gran inversión en evangelización (sacramentos, catequesis, liturgia, etc.) y una menor inversión en temas sociales (sensibilización, práctica).

 

3. Lectura subrayada: EG 53-54

 

No a una economía de la exclusión

 

53. Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».

54. En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera.

 

4. Actividad en sala

 

  • ¿Cómo está organizada la solidaridad en la parroquia a la que perteneces?

 

5. Actividad on line: De acuerdo/en desacuerdo

 

  • Entregar antes a fiaiz@hotmail.com antes de las 10 de la noche
  • Responder en dos líneas si se está de acuerdo o en desacuerdo con la frase:

 

  1. La Iglesia no es una ONG
  2. El Estado es el primer responsable de los pobres
  3. Nos debemos a nuestros pobres
  4. Los pobres nos evangelizan
  5. Hay que ser voz de los sin voz
  6. No hay que dar pescado, sino enseñar a pescar
  7. No es lo mismo pobreza que pobrezas
  8. Nuestros señores los pobres
  9. Los religiosos/as somos pobres
  10. A los pobres siempre los tendremos con nosotros

 

 

X

LAS EXIGENCIAS DE LA IGUALACIÓN

(2 Cor 8,7-15)

 

  1. 1.   Texto

 

7”Tenéis abundancia de todo; de fe, de dones de la palabra, de conocimiento, de empeño para todo y de ese amor vuestro por mí: pues que sea también abundante vuestro donativo. 8No es que lo mande; os hablo del empeño que ponen otros por comprobar si vuestra caridad es genuina; 9porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor, Jesús Mesías: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. 10En este asunto doy sólo un consejo; os viene muy bien, pues hace ya un año que tomasteis la iniciativa, no sólo en la ejecución, sino en el propósito; terminad ahora la ejecución, 11de modo que el término corresponda a la buena ejecución del propósito; según vuestros medios, 12pues donde hay buena voluntad se la acepta con lo que tenga, sin pedir imposibles. 13No se trata de aliviar a otros pasando vosotros estrecheces, sino que, por exigencia de la igualdad, 14en el momento actual vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen, para que un día, la abundancia de ellos remedie vuestra falta, y así haya igualdad, 15como dice la Escritura: “Al que recogía mucho no le sobraba y al que recogía poco no le faltaba” (Ex 16,18).

 

Pablo organizó en las comunidades de Grecia una gran colecta a favor de los pobres de Jerusalén. El siglo I tuvo episodios de hambruna en Israel. Según Gal 2,10 la solidaridad con los pobres de Jerusalén fue la única prueba tangible de la “ortodoxia” de Pablo. Él puso mucho interés en este asunto. Según el final de Hechos, él mismo llevó la colecta en propias manos, lo que le granjeó muchos disgustos (Hech 21).

Las comunidades de Macedonia eran pobres y pidieron a Pablo insistentemente participar en la colecta. Pablo se lo recuerda a los de Corinto, que gozan de mejor posición económica (2 Cor 8,1-6). El equilibrio económico no depende únicamente de los bienes que se tienen, sino de la actitud de fondo a la hora de compartir.

Según Pablo, quien tiene abundancia ha de ser generoso en la igualación porque en tal caso no hay razón para racanear. Más aún: la generosidad verifica la calidad de la fe. Un fe rácana, es una fe de mala calidad. Y el argumento de fondo es claro: Jesús se ha empobrecido para sacar adelante a toda persona. Si se quiere seguir a ese Jesús “empobrecido” a favor de otros, habrá que repetir el mismo comportamiento.

Para Pablo, hay que terminar bien lo comenzado. No se trata de establecer cuotas, sino que, partiendo de la buena voluntad, se sea generoso para ver que merece la pena trabajar el equilibrio económico. Porque “no se trata de aliviar a otros pasando vosotros necesidad”, sino de igualar para remediar la falta que los pobres tienen. Y ello “por exigencias de la igualdad”, que es lo mismo que decir que por exigencias del Evangelio, ya que éste es un texto de igualdad, de fraternidad.

Pablo dice que no se sabe qué vueltas van a dar las cosas. Quizá un día cambien las tornas y sean ellos quienes tengan que socorrer a los corintios. El viejo texto de Ex 16,18 es un texto de igualación (hacer obra de igualdad). La solidaridad se impone a quien quiera ser seguidor de Jesús y ella pasa por un trabajo de igualación.

 

  1. 2.   Derivaciones espirituales

 

  • Igualación, más que igualdad: Porque podemos hablar mucho de igualdad, pero de lo que se trata en definitiva es de poner los mecanismos pertinentes para que la obra de igualdad surja. Se trata de pasar de la igualdad pensada a la igualdad vivida. Esta segunda es la que cuenta, por sencilla que sea la aportación real al mundo de la igualdad.
  • Una actitud de fondo: Porque es cierto que la obra de igualación ha de tener cauces concretos. Pero depende de una actitud de fondo, aquella que entiende, anhela, sueña y trabaja para el logro de un mundo más humano. Y eso toca de lleno la igualación económica. Cambiar de mirada, moldear el corazón, llenarlo de humano es absolutamente imprescindible para que broten mecanismos de igualación y se mantengan estables.
  • La calidad de la fe: Lo hemos indicado en textos anteriores, se mide por la solidaridad, no tanto por el componente ideológico o por la adscripción religiosa. De ahí que el baremo para calcular el vigor de la comunidad cristiana sea el del anhelo de igualdad, para la cual el decrecimiento es una herramienta espiritual y económica de primera magnitud.
  • El decrecimiento, bien para todos: Para quien recibe la ayuda, para quien la da; para quien ajusta sus modos económicos de vida y para quien acoge la ayuda necesaria para su desarrollo. Para la misma sociedad en general. Son espiritualidades saludables para construir el caminos de humanización del que estamos muy necesitados.

 

  1. 3.   Lectura subrayada

 

Los Objetivos del Milenio son la demostración de que el conjunto de los seres humanos podemos ponernos de acuerdo para fijar las metas que precisan inmediatas soluciones. Mujeres y hombres de todas las edades y condición se encuentran en estos momentos aportando todas sus capacidades para afrontar los graves problemas que padecemos. Parten de la idea de que otro mundo es posible, de que todos y todas somos responsables en la aldea global, de que desde cualquier lugar del mundo, por muy escondido y remoto que se encuentre, existe un espacio para la acción, la solidaridad y la justicia. Iniciativas como las que las organizaciones de la Plataforma 2015 han puesto en marcha nos demuestran que es posible cumplir, con la voluntad de todos y todas, las metas que nos hemos propuesto. No se trata, por tanto, de esperar que otros actúen. Se trata de sumarnos, de conocer, de saber, de escuchar y de actuar. Lo que ocurre a miles de kilómetros de distancia nos concierne. Lo que hacemos en nuestro entorno repercute a miles de kilómetros. Pensar globalmente, actuar localmente se ha convertido en un deber ético individual y universal

¿Tiene todo esto que ver con el discernimiento que la VR ha de hacer ante el mundo de las pobrezas? Si dijéramos que no habría que pensar que estamos viviendo nuestras opciones evangélicas desconectados de la realidad, lo que cuestionaría esa misma opción. Efectivamente, la teología más tradicional de la VR nos dice que ésta es anuncio de las realidades futuras. Una de esas realidades futuras es la fraternidad plena en el banquete del Reino, el gran sueño de Jesús. ¿Cómo vamos a anunciar esa hermosa realidad hoy si no nos inquieta la evidente exclusión de enormes sectores del planeta de ese banquete de la vida que es una existencia digna? ¿Cómo la VR va a ser significativa en nuestro mundo de hoy si las grandes lacras que sufre la humanidad no la inquietan vivamente? Por eso, con humildad y deseo, aprendamos de la profecía que nos viene de las organizaciones humanitarias que sueñan con un mundo más igualitario. Leamos sus planteamientos en torno a las duras situaciones de pobreza de grandes sectores de la humanidad. Asumamos la espiritualidad del decrecimiento como un cauce real para recrear la espiritualidad de la pobreza. Creamos en la posibilidad de humildes respuestas colectivas que se unan al caudal, cada vez más ancho, de quienes suman esfuerzos para el logro de un mundo más justo y más humano. Esto, no lo dudemos, tiene que ver directamente con la espiritualidad de la pobreza. En verdad, nuestros objetivos son sus derechos. Sólo por esto, ya merecería la pena entrar a considerarlos con interés.

 

  1. 4.   Actividad en sala
  • Hacer una sencilla evaluación del Curso terminado. Aspectos positivos, aspectos a mejorar.

 

Conclusión

         Ya se dijo al comienzo de este Curso que pedir una conexión directa de la espiritualidad del decrecimiento con la Biblia era demasiado pretencioso y fuera de lugar. Pero no se puede negar que las semillas de espiritualidad humanizadora sembradas en el fondo de los textos bíblicos nos puede ayudar mucho a contribuir a un cimiento ideológico y espiritual que haga posible en la Vida Religiosa la acogida y la práctica del decrecimiento.

            Más aún: nos preguntamos si este camino no será una estupenda manera de actualizar la espiritualidad y el voto de pobreza de manera que pueda ser creíble en la sociedad de hoy. Nos preguntamos, así mismo, si no será una manera óptima de poner rostro al seguimiento de Jesús en nuestros días.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Madrid 2015

El cap.V de la Evangelii Gaudium

Curso de Teología para sacerdotes

Pamplona, 27 de mayo de 2015

 

 

EVANGELIZADORES CON ESPÍRITU

Una lectura valorativa y crítica del capítulo V de la

Evangelii Gaudium

 

Introducción

 

            Dicho de manera simple, la EG se asienta sobre dos grandes convicciones que subyacen a todo el documento:

a)      No puede haber evangelización sin encuentro con Jesús. Para la EG es fundamental. Si no existe este encuentro podrá haber doctrina, catequesis, pensamiento, cultura religiosa. Pero no habrá verdadera evangelización. En este mismo cap.5 se alude a esto: “El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera. Si uno no lo descubre a Él presente en el corazón mismo de la entrega misionera, pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que trasmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie” (266). Puede parecer algo obvio, pero hay que decir que el Papa sitúa esto en la mística, en los dinamismos de lo cristiano y por ello en los de la evangelización. La secuencia de va completando: imitación de Cristo-seguimiento de Cristo-encuentro con Cristo-vuelta a él. Este último punto no está formulado así de claramente (porque eso supondría aceptar que nos hemos “alejado” de él; es pedir demasiado), pero se atisba algo de esto.

b)      Una segunda convicción, por elemental que parezca, es: no puede haber evangelización sin alegría. Todo este tema de la alegría es mucho más que una mera actitud emocional superficial. Es un talante que apunta a lo profundo de las actitudes personales y creyentes. Es un dinamismo estructural. En formas muy gráficas (cara de funeral, cara de cuaresma…) se dice que la evangelización que no integra el desaliento no tendrá futuro: “No es lo mismo cuando uno, por cansancio, baja momentáneamente los brazos que cuando los baja definitivamente dominado por un descontento crónico, por una acedia que le seca el alma” (277). Se habla, pues, de una alegría de profundidad, “inarrebatable” (Jn 16,22; EG 5).

Por otra parte, se intuye en la EF una actitud evangelizadora que se sitúa en un modo muy específico, si consideramos las tres maneras básicas de hacer evangelización que podrían ser contempladas:

1)      Hacer misión con los que vienen a nosotros: La mayor parte de las parroquias, grupos y personas evangelizadoras se sitúan, básicamente, en este primer modo. Se trabaja con las personas que vienen a nosotros. Con ellas se hace la obra evangelizadora que mejor se sabe hacer. Pero el hecho secular hace que los que vienen son una franca minoría ya que, aunque en España todavía un 75% (34,7 millones) y el de bautizados, aunque ha descendido, se sigue manteniendo (estamos en el 92%), e incluso haya aumentado la práctica dominical un 23,9% ¿por el “efecto Francisco”?, el hecho que solamente el 13,3% de los creyentes participan en la eucaristía semanal. Basta ver cómo es la asistencia de la mayoría de nuestras sencillas eucaristías parroquiales. Pero ahí es donde los evangelizadores echan el resto e invierten lo mejor de personas y de medios. Lo que ocurre con el 87% de la ciudadanía que llamamos “alejados” queda fuera de los anhelos evangelizadores. No hay cauces para una conexión que pueda apuntar a otro tipo de misión.

2)      Habría otra forma de hacer misión: ir a los areópagos sociales para ofrecer la alternativa del Evangelio. El Papa Francisco quiere situar la evangelización en este otro ámbito. Por eso, en la EG habla sin cansarse de “salir” (nºs 20-24; 261). Él está convencido de que los valores evangélicos son ofertables, que pueden enganchar con la profundidad de la persona y de la sociedad. “Tenemos un tesoro de vida y de amor que es lo que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar. Es una respuesta que cae en lo más hondo del ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nada más puede llegar. Nuestra tristeza infinita solo se cura con un infinito amor” (265). No se menciona nada de cómo salir, con qué herramientas, apuntando a qué objetivos, con qué dialéctica. A veces se habla en maneras generales de “ser pueblo” (como lo veremos a partir del nº 268), pero no hay mecanismos concretos para salir de la “burbuja” de quienes vienen a nosotros. El mero planteamiento es valioso y hasta encomiable. Pero nos tememos (el mismo Papa se lo teme: nº 201) que este buen deseo no sea suficiente para ello. Quizá el apartado 2º del cap.4º (La inclusión social de los pobres) sea el más lúcido para indicar actuaciones concretas en el plano social que es donde se juega la conexión con el mundo, imprescindible para que la oferta pueda ser aceptada. En este sentido, consideramos que es un gran avance y, ciertamente, una propuesta válida para ir cambiando el modelo de evangelización imperante.

3)      Pero hay una tercera manera posible de enfocar la evangelización: ir a la sociedad para aprender de ella. La vieja teoría de los “aprendizajes sociales” de A. Bandura, aún vigente, puede ser de gran utilidad. Gran parte de la conducta humana se elabora por el aprendizaje social que, mediante la observación, por la retención y elaboración de imaginarios, lleva a conductas determinadas. En este sentido la sociedad es maestra decisiva para la persona. ¿Podría ser entendida la sociedad como un lugar de aprendizaje para las opciones creyentes? ¿No está enseñando la sociedad muchas cosas, valores, posiciones, demandas, que conectan con los anhelos del Evangelio? Desde ahí: ¿no podría entenderse la misión como un “ir para aprender”? En la medida en que se ha aprendido, ¿no podrían ser los valores evangélicos una reafirmación y contribución a los mejores sueños sociales? Este es terreno aun casi por explorar pero, a nada que se piense, está ahí.

Quizá estas tres posiciones puedan coincidir. Dada la realidad secular en la que nos estamos moviendo parece que un itinerario en la dirección esbozada, de la primera posición a la tercera, podría ser útil. Como hemos indicado, el Papa Francisco se sitúa idealmente en la segunda, aunque el peso de la primera es evidente y, viniendo de él, parte y se sitúa espiritualmente en él. Para pasar a la segunda de manera decisiva habría que hacer grandes transformaciones personales y estructurales.  Muchas más para imaginar la tercera como una posibilidad real.

Desde estos planteamientos iniciales queremos hacer una lectura valorativa y crítica. Valorativa pues, tanto en la forma como en el fondo, este documento contiene, así lo creemos, muchas cosas positivas. Aunque el lenguaje oscila entre el formato eclesiástico de siempre y la novedad que sugiere otro modo expresivo, creemos que prima una indudable novedad. Algo parecido ocurre en cuanto al fondo: frente a planteamientos que suenan a nuevo (por ejemplo el nº 278 sobre el tema “creer al Evangelio”), en otros creemos que resuena la espiritualidad de siempre (toda la mariología del final: nºs 285 y ss). Cuando ponemos la “novedad” como eje de discernimiento estamos queriendo decir que si un planteamiento no suena con una cierta capacidad de sugerencia, ¿cómo se va a convertir en una certeza para la evangelización? Viniendo de donde viene (jesuita, eclesiástico de edad avanzada, desde hace muchos años en el aparato eclesiástico, etc…) es encomiable el afán explícito por “tirar del carro”. Pero tampoco se le puede pedir más de lo que puede dar, dicho sea con todos los respetos y agradecimientos. Vayamos pues a esa lectura valorativa y crítica.

 

  1. 1.      Introducción (nºs 259-261)

 

Aunque mucho del vocabulario de estos números suena a una espiritualidad ya conocida a la que no sabemos darle base (¿Qué quiere decir en concreto eso que “evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo”? ¿Quién teme la acción del Espíritu Santo? ¿Qué es esa acción? ¿Qué es esa parte de la “metáfora trinitaria”?), creemos ver en el nº 261 algo muy interesante: nos parece intuir que el Papa habla de que la evangelización (y la misma vida cristiana) ha de tener una cierta mística: “Cuando se dice que algo tiene ‘espíritu’ esto suele indicar unos móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria”. Es decir, la evangelización necesita una mística, algo que se sitúa en otro terreno que el de las meras ideas, la simple ideología, la estructura mental. Ha de tener vida, pasión, anhelo, sueño, utopía, todos los dinamismos propios de lo vivo. Si no, se transmitirá ideología, pero no vida.

 

  1. 2.      Las motivaciones para un cierto impulso misionero (nºs 262-283)

 

  • En todo este apartado nos parece interesante percibir que la evangelización (la misma vida cristiana) tiene un componente místico y otro político (según la definición de seguimiento de Jesús de J. B. Metz). Y aunque se sigue poniendo el acento en el acrecentamiento del componente místico como se ha hecho siempre (con las formas tradicionales de siempre, incluida la adoración eucarística), y aunque se mencionen los “riesgos” de las prácticas religiosas, se esboza (sobre todo en los números del “El gusto espiritual de ser pueblo”: 268-274) la importancia insustituible del componente político.
  • También es sugerente el tema de la resistencia activa en un presente en que vivir la fe no es ni más fácil ni más difícil que en otras épocas, sino algo distinto (263).

 

El encuentro personal con el amor de Jesús que nos salva

 

  • El nº 264 habla de que Jesús tiene que “volver a cautivar” al evangelizador. Es cierto que lo hace en propuestas harto religiosas (“estar frente a un crucifijo”, etc.). Pero en este cautivar queremos leer nosotros el famoso volver a Jesús de Pagola y tantos otros: reconducir la lejanía a la que nos ha llevado el mecanismo religioso y acercarnos lo más posible al Jesús del Evangelio en sus planteamientos más elementales y directos (Recordar la frase atribuida a Rhaner: “Si Jesús volviera, habría que explicarle todo). Lo básico del Evangelio es lo que coincide con “las necesidades más profundas de las personas” (265). Plantear esta vuelta a Jesús en modos vivenciales es un valor si no deriva en una mística de meros sentimientos piadosos. “El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo von él en medio de la tarea misionera. Si uno no lo descubre a Él presente en el corazón mismo de la entrega misionera, pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que trasmite, le falta fuerza y pasión” (266).

 

El gusto espiritual por ser pueblo

 

  • Por un lado resulta interesante que esto de “ser pueblo” haga parte de las “motivaciones” para el impulso misionero. Por otro lado el que esto se diga que es la Palabra la que “nos invita a reconocer que somos pueblo” le quita fuerza al simple argumento de que por trayectoria humana, porque somos humanos, somos pueblo (268). La Palabra es argumento que se suma, pero sobre la simple base de lo histórico. Además, persiste ese viejo esquema de pueblo-sacado del pueblo-vuelto al pueblo (“nos toma de en medio del pueblo, de tal modo que nuestra identidad no se entiende sin esa pertenencia”). “Deseamos integrarnos a fondo en la sociedad” (269). ¿Es que hemos sido sacados de ella? A nuestro modo de ver, le falta pathos social a esta clase de pensamiento. Es cierto que apunta a la evidencia del distanciamiento clerical (“Mantenernos a distancia del nudo de la tormenta”: 270). Pero, como decimos, algo falla aquí a nivel de pensamiento.
  • A veces, suena más nítido el anhelo del Papa en este punto: “Queda claro que Jesucristo no nos quiere príncipes que miran despectivamente, sino hombres y mujeres de pueblo. Ésta no es la opinión de un Papa ni una opción pastoral entre otras posibles; son indicaciones de la Palabra de Dios tan claras, directas y contundentes que no necesitan interpretaciones que les quiten fuerza interpelante. Vivámoslas «sine glossa», sin comentarios” (271). Poner tanto énfasis es reconocer la lejanía de la acción evangelizadora del vocabulario, de los intereses reales, de la problemática cruda, de las angustias-esperanzas de la ciudadanía (término que no aparece en el texto).
  • El nº 273 evidencia la idea de misión que el Papa anhela y que se corresponde con la segunda propuesta que señalábamos en la introducción: ir a…para ofrecer: “Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar”. Este planteamiento arriesga mucho: desclase, conciencia de superioridad, autorreferencialidad (cosa que tanto cuestiona el Papa (nº 8), etc. ¿No habría posibilidad de plantear el tema desde otra perspectiva? Ser misión para acoger todas las luces que brotan de lo humano, para saberse bendito por las personas, por la sociedad, para acoger la vida que brota a borbotones en nuestro derredor, para saberse apoyado por muchas instancias sociales que no nos dejan caer, para saberse curado, en cuerpo y alma, por la sociedad y sus mediaciones, para acoger con gozo las múltiples liberaciones que la cultura moderna va sembrando en nuestro imaginario y en nuestras conductas. En ese marco podríamos verter nuestra experiencia cristiana como una contribución más al acervo de humanidad del que hacemos parte. Todo esto trasformaría el imaginario religioso poniéndolo al servicio de la vida y no considerándolo como dueño a quien hay que servir. Todo ello llevaría a una fe en medio de la vida, no en los extremos que marca el mecanismo religioso.

 

La acción misteriosa del Resucitado y de su Espíritu

 

  • En el conjunto de una espiritualidad más bien conocida en torno a la resurrección, se vislumbran elementos interesantes. El primero de ellos es que creer en el Resucitado es “creerle a Él” (278). No se trata tanto de dar adhesión a ideas, sino a una persona. Más aún, el Papa habla de “creer al Evangelio”. Se intuye la paradoja que es creer en ideas religiosas, cosa compatible con el increencia con el Evangelio (?). Es la “vuelta al Evangelio” de la que, como decimos, suele hablar Pagola. Relativizar en la misión el Evangelio para dar por sentado que la idea religiosa es la que indiscutiblemente manda es una aberración de quien se dice seguidor de Jesús.
  • Esa adhesión al Jesús evangélico es lo que podría conjurar y reorientar los peligros de la misión: “La misión no es ningún negocio ni un proyecto empresarial, no es tampoco ninguna organización humanitaria, no es un espectáculo para contar cuánta gente asistió gracias a nuestra propaganda; es algo mucho más profundo, que escapa a toda medida” (279). Escapa a toda medida y queda en lo difuso, en lo incontrolado, en lo diluido. Habría que evaluar para saber por dónde andamos; la humanitariedad tendría que ser medida ineludible; la conexión social, no tanto el número, habría de ser un interrogante permanente de la misión.

 

La fuerza misionera de la intercesión

 

  • Aquí nos volvemos a sumergir en el tradicional mecanismo religioso, como si hubiera que interceder ante un Dios que nos ama. Una de cal y otra de arena. Lanzar mensajes nuevos en marcos tradicionales para que nadie se soliviante. Esto merma el vigor de lo nuevo.

 

  1. 3.      María, Madre de la evangelización

 

El regalo de Jesús a su pueblo

 

  • La espiritualidad de siempre en torno a María. No se supera el historicismo indiscernido (desde el punto de vista textual e histórico) de los textos evangélicos. El guiño a la piedad popular es socorrido, pero de cara a un planteamiento de novedad evangelizadora, nada, a nuestro modo de ver. Las atribuciones de ternura, cariño etc., son tópicas. La oración final va en ese sentido.

 

Conclusión

 

            Concluimos este recorrido reflexivo con tres asertos:

 

1)      No hay duda que el documento contiene valores y sugerencias para un nuevo estilo de evangelización y de vida cristiana. Lo hace, con frecuencia, entre tópicos y lugares comunes. Quizá sean los caminos de la Institución: abrir camino manteniendo lo de siempre. El peligro es que lo novedoso se quede en nada, que el documento sea solamente, a lo más, para ser citado, que no llegue a influir en planes concretos en la opción cristiana.

2)      Por eso, quizá haya que tomar como instancia iluminadora solamente algunos aspectos. ¿Es legítima una lectura “parcial”? Creemos que sí, porque de lo que se trata es de alimentar itinerarios de fe, no de dar adhesiones totales a textos magisteriales.

3)      De cualquier manera, nosotros creemos que este texto es una confirmación de lo que podríamos llamar “misión social”, aunque, como decimos, persista el parámetro religioso.

 

Tres preguntas:

 

  1. Subraya un aspecto del texto que te haya resultado evocador, sugerente, con una pizca de novedad.
  2. ¿Es posible un tipo de evangelización que aprenda de la sociedad y sume a ella los valores del Evangelio?
  3. ¿Cómo conjugar una evangelización religiosa con otra social?

PERDIMOS TODO

PERDIMOS TODO, NOS QUEDA LA FE; LA FE NOS SOSTIENE Y NOS IMPULSA A CAMINAR

Dimensión bíblica de la fe inspirada en Daniel y otros paradigmas bíblicos

 

            ¿Cuál es la mejor situación para pasar de la fe al amor? ¿La de una fe fuerte, compacta, bien diseñada, incuestionable o la de una fe vacilante, con dudas, en un cierto desamparo, pero resistente y resiliente? “Nuestra fe no significa que todo lo tenemos claro. No significa que tenemos soluciones acabadas, respuestas últimas para nada. Tenemos la inestimable memoria de Jesús, la presencia activa de su espíritu, la compañía de una gran Iglesia de hermanos y hermanas, pero ello no nos exime de la duda, la búsqueda, el diálogo. Somos caminantes”[1].

            Preguntarse por el futuro de la fe desde un cierto desamparo puede ser una buena perspectiva, siempre que la comprensión de lo cristiano está más asentada en la experiencia que en la ideología y que la conexión social sea, más allá de un necesario sentido crítico, benigna.

            De cualquier manera ha de quedar claro, según el aserto paulino, que “lo más valioso es el amor” (1 Cor 13,13). De manera que la formulación de la experiencia creyente ha de estar supeditada a tal amor ya que el futuro del amor es lo que importa, el logro final al que todo, incluida la fe que va unida a él, ha de tender.

 

  1. 1.      El tsunami de la secularidad

 

Estando, como estamos en medio del torbellino, quizá no nos percatemos de la fuerza que tiene el tsunami de la secularidad. Una escapatoria fácil es decir que tal fenómeno afecta solamente a los países “descristianizados”, europeos, sobre todo[2]. Pero la evidente realidad es que, en una medida o en otra, la secularidad avanza a ojos vistas, incluso en ámbitos más cerrados al hecho religioso, como son los países islámicos[3]. La radicalización y el auge de las tradiciones religiosas no para el empuje de la secularidad[4].

De tal manera que hay quien habla de un nuevo “tiempo axial”, un tiempo distinto al de las sociedades agrícolas (por mucho que estas hayan incorporado las nuevas tecnologías) donde el recurso a la religión ya no será necesario. Pero eso no impedirá la referencia a los valores  de las grandes tradiciones religiosas. “Hay que volver al legado de las grandes tradiciones religiosas de la humanidad, al legado de todas, pero desde donde estamos, desde sociedades laicas, sin creencias ni sacralidades. Ahí tenemos una gran herencia desde la que poder cultivar la calidad de individuos y de grupos y la espiritualidad, sin tener que ser hombres religiosos ni creyentes”[5]

Este es el dilema que se plantea a la VR: ¿cómo aportar algo al ámbito de la fe sin tener que ser personas religiosas, nosotros que nos definimos como tales? ¿Hay un sitio para la VR en el mundo de la secularidad? La pregunta, más que religiosa es social: ¿cuál es el lugar social de la VR en el mundo de hoy? Si logramos entender ese lugar podremos plantear la posibilidad de hacer una propuesta de fe y, lógicamente, de amor motivado por la fe. Estamos apuntando ya a los posibles logros de nuestra reflexión.

Mientras tanto, resultará útil un apunte sobre la relación entre VR y secularidad. La relación es inevitable porque los religiosos/as no somos marcianos, sino miembros de la sociedad a pleno derecho. Nos vemos influenciados por el hecho social del que hacemos parte. Frenar este influjo es querer poner puertas al campo. Más aún, hay que reconocer que una gran parte de nuestros saberes se deben a aprendizajes sociales, no principalmente místicos. Así es lo que sabemos de la relación, de la familia, del dinero, de las tecnologías, de la política, de la ciudadanía, de la idea del mundo moderno, no nos vienen dados por vía de la ideología religiosa, sino por el camino de los aprendizajes sociales[6].

Por lo tanto, para no estar siempre en parámetros de discursos negativizadores, para no retar a quien nos puede vencer, para no crear una mentalidad de desclasados, es necesario leer la secularidad en parámetros nuevos, no como una enfermedad que pasará, sino como un camino que se abre al futuro. El estremecimiento que provoca en el interior de quien ha anclado su experiencia creyente en otros marcos no habría de ser superior al necesario anhelo de conexión social que es la fuente de una pregunta correcta por el hoy.

Todo ello hasta entrever el rostro de esa “otra sociedad” que encierra en su fondo un dinamismo espiritual con el que la “gente del espíritu” puede conectar: “Cada vez que nos encontramos con un ser humano en el amor, quedamos capacitados para descubrir algo nuevo de Dios. Cada vez que se nos abren los ojos para reconocer al otro, se nos ilumina más la fe para reconocer a Dios”[7].

Esta actitud inicialmente benigna es la única manera de hacer pie en medio de los torbellinos de hoy. A partir de ahí se podrá intuir la posibilidad de un testimonio de amor basado en comportamientos, en estilos de vida, más que en la ideología. Entender el tránsito de la fe al amor a través de un camino meramente ideológico es arriesgarse a la esterilidad.

 

  1. 2.      La luz de la Palabra: Daniel y Apocalipsis

 

La apocalíptica es un género literario que ha ocupado mucho espacio en la literatura de la antigüedad. No tiene fácil parangón con nuestros gustos literarios. Es algo próximo a la ciencia ficción, pero con intención religiosa. La idea general es sencilla: en épocas de gran adversidad, de persecución religiosa explícita, los autores quieren sostener y animar la fe creyente en la espera de tiempos más propicios. El recurso al juicio de Dios sobre los malvados y la promesa del premio para los justos es su puntal ideológico. Es una literatura para época de desamparo: “Ya no vemos nuestros estandartes, ni tenemos un profeta, ninguno de nosotros sabe hasta cuándo” (Sal 74,9).

Pero ocurre, como es lógico, que un planteamiento así, por mucho que se lo oculte, no puede obviar el componente vindicativo. En el fondo, tanto el autor como los lectores tienen la convicción de que Dios va a “vengar” todo el mal que se está infiriendo a un pueblo justo. Las cosas no pueden quedar así. Cuando venga la restauración Dios aniquilará a los malvados que han zaherido y oprimido a los buenos.

Así ocurre explícitamente en el libro de Daniel. La obra, compuesta hacia el 167 a.C., refleja la dura persecución de Antíoco IV Epífanes a lo que se suman las divisiones internas en el seno del judaísmo. El autor quiere infundirles ánimo y esperanza. Y lo hace con un personaje ficticio y aureolado, Daniel, en un género nuevo para la Biblia, el apocalíptico.

El tema de fondo indica en qué parámetros nos situamos: “El paso dramático de un imperio a otro anticipa y prefigura el cambio final: la restauración del reino definitivo y universal del Señor de la historia, en la que los sujetos pasivos y sufrientes de la misma, los ‘elegidos y consagrados’, pasarán a primer plano con un nuevo poder concebido por Dios”[8].

El aspecto vindicativo está sembrado en todas las páginas del libro: “Dios suscitará un reino que acabe con todos los reinos de la tierra” (2,44); “sean humillados los que nos maltratan, queden confundidos, pierdan el mando, sea triturado su poder” (3,44); “Dios ha enviado esa mano para escribir esto: contado, pesado, medido” (5,24); “el poder real y el dominio sobre todos los reinos bajo el cielo serán entregados al pueblo de los santos del Altísimo” (7,27); “hasta que el fin decretado le llegue al destructor” (9,27); etc. Resulta difícil separar el aspecto vindicativo de la lectura de este texto. Por eso, entenderlo, sin más, como un texto de ánimo para momentos de crisis de fe como la actual, resulta arriesgado.

Algo parecido ocurre con el libro del Apocalipsis, aunque con una variante importante. Efectivamente, hay en este texto un fenómeno literario conocido. Es el que se denomina especularidad narrativa: el texto, como un espejo, refleja no solo lo que se dice, sino también las posibles interpretaciones que suscita en el mismo escritor o en el lector, “padre” del texto. En el caso del autor la especularidad puede ser objetiva o subjetiva, consciente o no, que se mezcla a la objetiva. Lo mismo ocurre en el lector: lee lo que ve y lee también lo que el nuevo sentido sugiere. Ya lo decía Borges: “una literatura difiere de otra, ulterior o anterior, menos por el texto que por la manera de ser leída”[9].

Apliquemos esta teoría al Apocalipsis: “Un relato especular es un relato sobrecargado semánticamente; es decir, un relato cuyo enunciado, que soporta la reflexividad, funciona en dos niveles: como relato en sí mismo y como reflexión de otra realidad segunda que deja traslucir (se trata de un metarrelato)”[10]. En otras palabras, la reflexividad de un relato viene, en primer lugar, del desdoblamiento que se confiesa en uno u otro nivel del relato. Esto es lo que creemos que ocurre en textos como Apocalipsis: se descubre en él una especularidad intratextual quizá inconsciente pero objetiva.  Efectivamente, en el texto de Apocalipsis podemos descubrir como dos niveles: por un lado, la obra del narrador en sí mismo. A este le llamaremos el “vidente”. Pero hay un segundo nivel, oculto, especular, intratextual, al que llamaremos el “teólogo”. El primero, lógicamente, es deudor de la herencia de la literatura apocalíptica judía de la que ha tomado ideas, expresiones y mentalidad. El segundo, como a contrapelo, va poniendo un contrapunto de tipo liberacionista, humanista, evangélico en suma, que “actúa a modo de testimonio de autoridad y garantía con respecto a la verdad ideológica vertida en las enunciaciones por él pronunciadas”[11]. Este contraste percibido en la continuidad del texto es el que posibilita una lectura nueva.

Pongamos un ejemplo: en el canto de los veinticuatro ancianos de Ap 11,15-19 que quieren representar a la humanidad nueva, al todo de la comunidad, se da gracias a Dios porque ha llegado la hora de la cólera de Dios sobre los fautores de inhumanidad, sobre todas las iniquidades que ha amasado la historia. Es la postura del vidente que piensa que el juicio de Dios va a ser el único camino para reorientar la historia y darle una salida válida. Pero, al acabar el canto, el teólogo afirma para nuestra estupefacción: “Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza” (v.19). Es decir, por mucha que sea la iniquidad de la tierra, Dios no abandona su alianza, sus caminos son los de la hermandad, el mal quedará asumido y envuelto en su amor fiel, su justicia no será más grande que su amor. Este contrapunto se desvela en todos los pasajes de Apocalipsis hasta convertirse en un reflejo especular que posibilita otra lectura del texto bíblico.

Esto quiere decir que hay una posibilidad distinta de leer la literatura apocalíptica: es aquella que se lee desde la benignidad social, desde la sintonía de fondo con una sociedad, aunque esta cometa errores, desde el amor en definitiva, desde la misericordia. Esto es lo que puede hacer que esta clase de textos no solamente sirvan para alimentar la fe sino que puedan concordar con el mensaje de paz que es, básicamente, el del Evangelio.

 

  1. 3.      La benignidad crítica

 

Cuando decimos que la fe que nos queda nos sostiene y nos impulsa a caminar es preciso recabar herramientas, estilos de vida, con los que construir este anhelo. Hemos ido insinuando líneas arriba que un camino de vivir en fe, de caminar en conexión social y de aportar fuerza a la VR de hoy sería cultivar la espiritualidad de la benignidad crítica. ¿En qué consistiría esta espiritualidad? El concepto de “benignidad” ha de incluir:

  • La fe inquebrantable en la bondad creacional que llevará a traspasar lo que aparece, el fenómeno, para desvelar el sentido de bondad que anida en el fondo de toda criatura.
  • Incluirá, así mismo, un sentimiento activado de pertenencia a la familia humana, la verdadera familia sobre la que se asientan las formas humanas de ser familia. Desde ahí habrá que comprender que no tiene sentido ejercer la violencia o el menosprecio contra ningún miembro de esa familia esencial.
  • Desde ahí desarrollará una mirada con empatía, ya que en el mirar no solamente existe el peligro de cosificación del otro sino la puerta que abre el corazón del propio secreto.
  • Tendrá que conllevar la flexibilización de los “comportamientos tribales”, esas certezas discutibles de que solamente lo de mi “tribu” (mi país, mi cultura, mi religión, mi cosmovisión) es de recibo y bueno. La bondad traspasa el estrecho cerco de lo tribal.
  • Podrá hacer florecer en la persona un verdadero enamoramiento de la pluralidad creacional y humana, no teniendo a tal pluralidad únicamente por un problema de no fácil solución, sino por una posibilidad de una indudable hermosura.
  • Elaborará con gozo la certeza de la pertenencia en la dependencia, no en el aislamiento y el individualismo. La inevitable dependencia generará una idea de dependencia agradecida, bendiciente, aplaudida. Por ese camino brotará la generosa colaboración, no tanto por la coacción de una ley o un mero quid pro quo.
  • Con estas bases se podrá abordar el núcleo de la benignidad: no te juzgo-no me apropio de ti-no te rechazo, aunque me rechaces. En la contención del mecanismo de juicio, en su superación, se halla una de las principales claves de la benignidad. No quiere decirse que no juzgar conlleve el estar de acuerdo. Podrá haber discrepancia en ideas y comportamientos, pero no se condena por nada. Simplemente se trata percibir el lado compatible con el que se puede caminar juntos.
  • Y dado que los humanos, además de tender a apropiarnos de cosas (robar), nos inclinamos a apropiarnos de personas, de sus sentimientos, ideas, opiniones, para someterlas a nuestras miras de vida, la benignidad tiende a no apropiarse del interior de nadie. Deja, por ello, que el otro sea lo que tenga ser, lo que quiera ser. Se respeta totalmente las opciones de las personas, aunque no se compartan eliminado así cualquier atisbo de imposición.
  • Finalmente, se llega a poder vivir en armonía humana más allá de cualquier rechazo. No se responde al rechazo con la misma moneda, sino que, en una asimetría asimilada, se sigue perviviendo en el amor más allá de tal rechazo.

Una tal benignidad no excluye el que vaya acompañada, por razones de realismo y de verdad, por un indudable sentido crítico. Efectivamente, si se le despojara de él, la benignidad podría convertirse en un “buenismo” que se quedaría en lo superficial sin hacer preguntas que son decisivas. De ahí que el sentido crítico haya de mantener posturas como estas:

  • No da igual ser justo que no serlo. La decisividad de los actos de la persona ha de mantener por encima de todo. Otra cosa será el valorar tales actos desde la benignidad. Pero esta no puede borrar la carga ética de los mismos. Sería banalizar el mal y propiciar una cruel indiferencia.
  • Además, no da igual que algo esté bien o mal hecho. Lo bien hecho, incluso aunque no sea retribuido, aplaudido, pagado o considerado, está bien hecho, porque es obra de quien sabe que las entregas nunca se pierden. Lo mal hecho, aunque logre ocultarse, empobrece la relación.
  • Por otra parte, una convicción que es preciso mantener en pie es que quien hace el mal no puede irse sin arrostrar sus consecuencias, como si nada hubiere pasado. La impunidad es una injusticia intolerable; el victimario tiene una deuda ante la víctima que ha de intentar repararse hasta donde se pueda.
  • Resulta imprescindible para mantener una actitud crítica, algo compatible con la benignidad, el ir a las causas, el no quedarse únicamente en la dureza de los efectos de las situaciones complicadas de vida. La pregunta por las causas es muy iluminadora y puede ser compatible con una mirada a tales causas cuando estas son el desencadenante de situaciones de injusticia.
  • Todo esto lleva, de salida, a no aliarse con el sistema. No quiere decir esto que todo planteamiento sistémico haya de ser nocivo. Pero, de salida, se los pone en cuarentena ya que el sistema, casi siempre, trabaja solamente en beneficio propio hasta límites de inhumanidad.
  • La capacidad crítica encuentra en la integridad un verdadero aliado y una formidable herramienta de discernimiento. De esa manera se impide el que quien conoce la carencia de integridad extorsione y chantajee a quien pretenda ser crítico. No es condición sine qua non, pero, como decimos, es un formidable agarradero para ejercer la crítica.
  •  El sentido crítico ha de amar la libertad en todas sus variantes porque si solamente se ejerce la libertad en una sola dirección se termina por convertir en una tiranía, la de la verdad única. De ahí que el postulado de una libertad plural en modos y en ideologías ha de ser mantenida como una condición para un sentido crítico saludable.
  • Habrá que sortear el peligro de caer en partidismos que exigen servidumbres ya que entonces la capacidad de ejercer el discernimiento crítico queda muy reducida. Otra cosa es que la relación humana demande una colaboración necesaria. Pero de ahí a saberse sometido por esa relación hay un gran trecho. El corporativismo sumiso bloquea el sentido crítico.
  • Finalmente, el sentido crítico ha de tener un horizonte más amplio que los propios intereses. Si únicamente estos son los que mueven las actuaciones humanas se caerá preso no solamente de esos intereses sino de auténticos caprichos. De ahí que lo que interesa al conjunto ha de pasar a ser también interés personal con la certeza de que cuando el conjunto mejora, la propia persona también mejora.

 

Conclusión

 

El Hno. Roger de Taizé decía: “Pienso que desde mi juventud nunca me ha abandonado la intuición que una vida de comunidad pudiese ser el signo de que Dios es amor y solamente amor. Poco a poco surgió en mí la convicción que era esencial crear una comunidad con hombres decididos a dar toda su vida y que buscasen comprenderse y reconciliarse siempre: una comunidad donde la bondad del corazón y la simplicidad estuviesen al centro de todo”[12]. Quizá ahí anide un secreto para pasar de la fe amor: bondad de corazón y vida simple. Los retos de la VR son sencillos pero profundos.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Madrid 2015

 



[1] J. ARREGUI, “La gracia de creer en nuestro tiempo”, en AA.VV., Hacia una nueva espiritualidad para nuestro tiempo,  Ed. Idatz, San Sebastián 20007, p.78

[2] Francia ha superado ya el umbral del 50% de increencia general. La mitad de la población se define como no creyente.

[3] A. HIRSI ALI, “Cinco tesis de Ayaan Hirsi Ali”, en El País,  12-4-15.

[4] USA es un paradigma: florece el hecho religioso en sus modos más variopintos, pero el componente espiritual está inmerso en un torbellino de secularidad.

[5] M. CORBÍ, “Una nueva espiritualidad más allá de las formas religiosas”, en http:///www.cetr.net/modules.php?file=article&name=News&sid=407.

[6] Fue A. BANDURA el gran difusor de la teoría de los aprendizajes sociales con su obra Teoría del Aprendizaje Social, Ed. Espasa Calpe, Madrid 1982. Esta teoría se aplicó, sobre todo, a las disfunciones de conducta. Por eso se usa mucho en criminología. Pero puede ser aplicada a la conducta en general.

[7] Papa FRANCISCO, La alegría del Evangelio, n.272.

[8] L. ALONSO SCHÖKEL, La biblia de nuestro pueblo,  Ed. Mensajero, Bilbao 2009, p.1235.

[9] J. L. BORGES, Otras inquisiciones,  Ed. Emecé, Buenos Aires 1964, p. 218.

[10] E. MARTÍNEZ GARRIDO, E., “Algunos aspectos de la especularidad narrativa: la identificación en la identificación, la literatura en la literatura, en Revista de Filología Románica, Ed. Universidad Complutense, Madrid 1986.,  p.272-273.

[11] Ibid.,  p.275.

[12]HNO. ROGER, Dios solo puede amar,  Ed. PPC, Madrid 2001, p.120.

Creo en la misericordia

CREO EN LA MISERICORDIA

 1. Creo en la misericordia que anida en el subsuelo de lo humano y nunca desaparece, aunque la maldad aflore

 2. Creo en la misericordia que se hermana con la fragilidad y que es casa de amparo para quien llora en la noche

3. Creo en Jesús que impactaba por su misericordia. Para él nada hay más acá ni más allá de ella y desde ella se define a Dios y a la persona.

4. Creo en el Dios misericordioso que Jesús nos mostró con su vida, alejándome de otras imágenes de Dios y abriéndome al hermoso abrazo se su amor.

5. Creo en la misericordia y no en el juicio, creo en el amor y no en el temor, creo en la felicidad y no en el pecado.

6. Creo que Dios es Madre de entrañas buenas, que se acuerda del bien de sus hijos y que disfruta con sus logros y éxitos.

7. Creo en una comunidad sostenida por la misericordia, anclada en ella, buena de corazón y de vida simple.

8. Creo que la misericordia hace al seguidor de Jesús creíble en la vida. Creo que la misericordia puede ser motor de humanidad y fuente del verdadero amor.

9. Creo que la vida comunitaria puede ser vivida como un oasis de misericordia en el que se puede ser uno mismo ante el otro y donde las fragilidades se convierten en impulsos de vida.

10.  Creo en el testimonio de la misericordia, testimonio de corazón entregado de pasión por la vida y por aquello que ni los ojos ven ni los oídos oyen.

11.  Creo en la misericordia como bálsamo de heridas, como sosiego de inquietudes, como alegría inarrebatable.

12.  Creo en la fuerza política de la misericordia, en su capacidad para regenerar la vida social, en su fuerza para sanear situaciones que se dan por desahuciadas.

13.  Creo que, creyendo en la misericordia, podré llevar una vida más misericordiosa.

3 Juan 5

C3J 

Domingo 26 de abril de 2015

 

SERVICIO O PODER

 Plan de oración con 3 Juan

 

5. 3 Jn 12-15

 

 

Introducción:

 

                A veces se nos llena la boca con la palabra verdad. Aludimos a principios ideológicos, religiosos o sociales, que creemos fundamentales y que deducimos que, como nosotros, toda la gente habría de admitirlos. Son “las verdades”. Pero estas verdades, lo comprobamos, fallan más que una escopeta de feria. Hay otra verdad, sencilla, cotidiana, humana: es la entrega a la persona cuando esta lo necesita, cuando demanda que le echen una mano, cuando su situación vital es frágil. Entonces hay personas que se dan, que se entregan, que apoyan, que sostienen. Esas son personas con verdad, con la mayor de las verdades: que estamos hechos para vivir el uno con y para el otro. Y que no hay verdad más profunda que entregarse, en maneras sencillas, a la persona en necesidad.

                De esa  verdad parece que está adornado el tal Demetrio, en contraposición al bandido Diotrefes. Este lanzaba puyas, se lucraba, excluía. Se supone que Demetrio habla con humanidad, es generosos sin aprovecharse de nadie y no excluye a quien no piensa como él. Por eso, es recomendado “con verdad”, la verdad de quien entiende el corazón de la persona y sus profundas necesidades. No se trata de un hombre de verdades ideológicas, sino de verdades vitales. Por eso es bueno para dirigir la comunidad, porque un colectivo cuidado por una persona con esos valores tiene un gran amparo.

***

 

Texto:

 

                12Todos recomiendan a Demetrio, y esto responde a la verdad; también nosotros lo recomendamos y sabes que nuestro testimonio es verdadero.

                13Tendría mucho que decirte, pero no quiero hacerlo con tinta y pluma. 14Espero verte pronto y hablar cara a cara.

                18La paz esté contigo. Un saludo para ti de los amigos. Saluda tú a los amigos uno a uno.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

 

                Esta mujer es Ayaan Hirsi Ali una voz valiente en medio del miedo al absolutismo de las religiones, de islam en concreto. Es atea y opina que las religiones están abiertas a las interpretaciones y que deben adaptarse a la sociedad. Gente que arriesga por mantener su verdad, aquello que cree que la convivencia humana es posible con cualquier religión y sin ella. Arriesgan por la verdad, la verdad humana de la posible fraternidad.

                Oramos: Gracias por quienes arriesgan por la verdad; gracias por quienes superando el miedo creen posible la fraternidad; gracias por quienes miran la sociedad con respeto.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                Jesús ha sido un hombre no de verdades teóricas, políticas o religiosas, que se defienden con la fuerza de los argumentos o de las armas. Su verdad ha sido su propia entrega a la causa de los débiles. Una verdad que es ofrenda, donación, amor volcado al necesitado. Quizá por eso se le recuerde hoy aún, quizá por eso mismo se le siga amando. Por eso mismo, convertir la vida de Jesús en verdades doctrinales es arriesgarse a perderse lo mejor de Él.

                Oramos: Gracias, Señor, por la verdad de tu entrega; gracias por tu amor volcado al necesitado; gracias por tu ofrenda del corazón que no demanda nada a cambio.

 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                El valor social de la verdad parece estar arrumbado, vistas las injurias que se le hacen y la casi certeza de que aquí todo el mundo miente. Pero no es así, hay muchas personas que arrostran muchos inconvenientes simplemente por mantenerse en la verdad. Es cierto que, con frecuencia, eso les lleva a verse cuestionados, a perder poder y nivel social, a verse metidos en muchos líos. Pero permanecen en la verdad. Son ciudadanos recomendables, por más que el poder se empeñe en devaluarlos.

                Oramos: Que seamos fuertes para ser verdaderos; que seamos sencillos para no apearnos de la verdad; que seamos desinteresados para no tratar de beneficiarnos de la verdad.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                Nosotros no funcionamos con engaños, no nos ocultamos la verdad, no nos mentimos. Quizá esa sinceridad elemental, ese ser cada uno lo que es, sea la fuerza de un grupo. Habrá que preguntarse si no es un fruto más de la oración. Porque, a veces, creemos que el trabajo orante no llega a concretarse en nada. Pero no es verdad. Van creciendo por dentro actitudes que nos hacen más humanos y más fraternos. Frutos de la oración.

                Oramos: Que vivamos en sinceridad elemental; que dejemos ser a cada uno lo que es; que los frutos de la oración sean frutos de vida.

 

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Palabras que alientan:

 

Una sociedad sin poetas ni místicos, en la que 
se pierde la dimensión espiritual, sólo conduce al
achatamiento de un ser humano entregado al ansia del consumismo insaciable"
 


Juan Goytisolo

 

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Tu parte:

 

                Trata de darte a la persona con la que convives en cosas sencillas. Así serás más verdadero/a.

                              

***

 

Los valores de la utopía evangélica

LOS VALORES DE LA UTOPÍA EVANGÉLICA

 

            Puede pensarse, a priori, que los valores del Evangelio son valores religiosos. Pero cuanto más se frecuentan sus páginas, tanto más se llega al convencimiento de que los valores de la utopía evangélica son valores “sociales”, relacionales, humanos. A muchos lectores de la Palabra esto les produce una desazón, ya que esperan del Mensaje algo “más” que unos “meros” valores humanos. Pero esos valores primordiales que conforman el cimiento de la vida, son también el cimiento de la fe. ¿Dónde se asentaría la fe si esos valores no existieran?

            En artículos sucesivos analizaremos los contenidos de la gran catequesis que, según Mc 9,30-10,31, Jesús dirigió a sus discípulos, a la comunidad. Nos sorprenderá comprobar que los temas son acerca de valores sociales: la entrega, el servicio, la liberación, la generosidad, la confianza, etc. Vamos a decir ahora, de manera sintética, cuáles son los valores que subyacen a la utopía evangélica:

 

  • La fe inquebrantable en la posibilidad de un mundo nuevo: El tiempo de Jesús, como cualquier otra época de la antigüedad, no fue tiempo especialmente cargado de esperanzas para los pobres, que eran la mayoría (no existía la clase media). Soñar con un mundo nuevo, lo que se llamaba (incluso en el lenguaje pagano) el “Reinado de Dios”, la época de un sociedad justa, era sueño de difícil mantenimiento. Jesús creyó en esa posibilidad y expresó su fe hablando del sueño como de una realidad de pronta realización y expresándose en un tipo de lenguaje (parábolas, actitudes) comprensible para los sencillos. Así alimentó la fe en ese sueño de la humanidad nueva.
  • La fe, no menos inquebrantable, en las posibilidades de toda persona: Porque lo que realmente demanda el Evangelio, el mismo comportamiento de Jesús, no es tanto una cierta fe en Dios sino una muy concreta fe en el valor de la persona. Para él, así queda mostrado en relatos como Jn 8,1-11, toda persona, incluso la moralmente cuestionable, es sujeto apto para el Reinado de Dios. Por eso dijo con taxatividad que había venido a buscar a “quienes se encuentran mal” (Mt 9,12-13), es decir, a toda persona, más allá de su indudable limitación.
  • La certeza del valor de los pobres y de la capacidad civilizadora de las pobrezas: Porque él no confió en la fuerza del poder para proponer el cambio de la sociedad nueva sino en el valor de los pobres, en sus ansias de justicia, en su demanda de solidaridad, en su capacidad de perdón, en su poder para empujar a la coherencia. Como dicen ciertos teólogos contemporáneos (I. Ellacuría, J. Sobrino), Jesús creyó en la capacidad civilizadora de las pobrezas, ya que las riquezas alejaban del sueño del Reino a pasos agigantados. Por eso no dudó en presentar como modelos a personas fuertemente marcadas por la necesidad (Mc 12,41-44).
  • La intuición de un mundo universalizado: O, como diríamos ahora, intercultural. Aun siendo judío, parte de un pueblo muy marcado en la época por un nacionalismo extremo, Jesús intuyó que los pueblos estaban llamados a una interconexión, a una pertenencia familiar. Así se entienden sus viajes “al extranjero” (Tiro y Sidón, Decápolis: Lc 7,24-30), sus tratos con gente pagana (Mt 8,27). El universalismo fue un caballo de batalla de la nueva comunidad. Pero la semilla sembrada por Jesús terminó por fructificar.
  • El sueño de un horizonte de dicha para la persona y para los pueblos: Porque él percibió que la historia está destinada a la dicha y que, aunque aún sea necesario el trabajo y sus sufrimientos, la alegría y la fiesta son la patria de la vida. Por eso, entendió el Reino como una fiesta, como una mesa compartida, como un banquete de igualdad (Lc 14,15-24).
  • La seguridad de un mundo donde los poderes opresores no tendrán la última palabra: Porque así es preciso leer las profecías del final de los Evangelios: los astros caerán del cielo, es decir, los poderosos no dictarán su ley de manera definitiva (Mt 24,29-31). Jesús ha creído en la fragilidad de los imperios y en la fuerza de la solidaridad. Por eso, como se ve ya en el Apocalipsis y en los escritos tardíos del NT, el recuerdo de Jesús es visto como un peligro por los poderes opresores.
  • La fe en la fuerza política del amor: Porque acaso fue tentado por quienes, como el Bautista (heredero de la espiritualidad del violento Elías), creían que son la fuerza y la coacción las que impondrían la fe y la centralidad de Israel. Él llegó a pensar que es el amor y la entrega los que pueden cambiar el rumbo del mundo. Por eso habló de un rey que no se lucra de sus vasallos (Jn 18,36), de un pastor que no vive del rebaño (Jn 10,11), de una fe y un amor que pueden mover montañas (Lc 17,6).

He aquí un elenco no cerrado de valores que subyacen a la gran utopía del reinado de Dios. Las páginas del Evangelio ofrecen una base hermosa para configurar una catequesis a quien anhele el seguimiento de Jesús asentada sobre valores sociales, relacionales.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Las preocupaciones de Jesús

LAS PREOCUPACIONES DE JESÚS

 

            Iniciamos una nueva etapa de “lectura social del NT”. En artículos sucesivos nos adentraremos en el Evangelio de Marcos. Pero antes de desgranar sus textos, queremos hacer, a modo de introducción, unas reflexiones sobre las preocupaciones del Jesús del Evangelio que atraviesan sus textos.

            Leído el Evangelio sin determinismos previos, se percibe que el mundo de preocupaciones de Jesús tiene que ver más con cuestiones sociales que con específicos planteamientos religiosos. ¿Cuáles son esas preocupaciones?

  • Jesús se preocupó más de la salud que del pecado: Porque, efectivamente, no es un moralista ni un especialista en casuística religiosa quien se acerca a los que sufren para ver si su vida es moralmente aceptable. Es uno que mira el sufrimiento del otro como a una tierra sagrada y que trata de aportar, como sea, la salud de que la persona está necesitada. Por eso, encontramos tantos relatos de curaciones y tan pocos de planteamientos en torno al pecado.
  • Jesús se preocupó más de la salud social que de la física: Porque sus curaciones, aunque estén presentadas en narraciones de curaciones físicas, son, en realidad, curaciones sociales. Efectivamente, Jesús trata de reinsertar al curado porque las enfermedades (entonces más que ahora) tienen una carga de enfermedad social, una exclusión, un estigma, que, si se supera, la persona se encamina a la curación total. Él quiere, como se muestra en Mc 3,1-6, que la persona viva erguida, participativa y con todas las potencialidades desplegadas. No duda para ello, como vemos en Mc 1,44, en cuestionar el sistema que genera exclusión y enfermedad social (dice al leproso que presente la ofrenda “como prueba contra ellos”, porque los sacerdotes, el sistema, han hecho la ley de exclusión del leproso).
  • Jesús se preocupó más por la persona que por la norma: Así lo percibimos con claridad en toda la problemática en torno al sábado, en su deseo explícito de “sacar de la zanja” a las personas (Lc 14,5), en la certeza de que es preciso “seguir trabajando” para que la persona llegue a la plenitud y a la dicha (Jn 5,17).
  • Jesús se preocupó más de la justicia social que de la rectitud personal: Porque apreciaba a quien era recto, pero le proponía el camino mejor de una sociedad justa, acompañada, sensible con los débiles, solidaria. No tiene otro significado la propuesta de “vender y dar a los pobres” que hizo al hombre rico y honesto que se presentó ante él (Mc 10,21).
  • Jesús se preocupó más de las cuestiones sociales que de las morales o teológicas: Cuando en Mc 9,30-10,31 se nos dan los temas de catequesis con que Jesús alecciona a sus seguidores, nos sorprendemos al comprobar que son todos temas “sociales”: el servicio, el trabajo por liberar, la generosidad que desbanca la ambición, la igualdad, el acompañamiento a los débiles, etc. Parece que lo propio de un Mesías sería que hablase de Dios, o que un maestro religioso enseñara comportamientos morales, pero lo que Jesús hace es mostrar caminos de relación social, porque el cimiento de todo el edificio humano y cristiano es, justamente, la buena relación social.
  • Jesús se preocupa más por la solidaridad que por la santidad: Como claramente queda mostrado en muchas páginas, algunas insondables, como la parábola del buen samaritano (Lc 10,30-37). Tocar al caído, y más viniendo del culto del Templo, era vulnerar las normas religiosas de la pureza, las leyes de la santidad. Al Jesús evangélico parece que eso no le importa, sino que la solidaridad brille por encima del cumplimiento religioso o de las costumbres morales (ir por las posadas era una nota negativa en la época).
  • Jesús está más preocupado por la suerte de los pobres que por el futuro de un mercado injusto: Como quedó de manifiesto en la expulsión de los mercaderes del Templo, gota que colmó el vaso y le llevó a su propia ruina (Jn 2,13-22). Porque el gran mercado del Templo era un mercado privado, controlado y administrado por las familias sacerdotales. Cuando Jesús pone la mano sobre ese tipo de mercado y dice que se opone a la profecía, que auguraba días de abundancia para los pobres (Zac 14,21), que es contrario a la justicia, todas las iras de los poderosos caen sobre él.
  • Jesús está más preocupado por los “sin honor” que por los honorables sociales: Porque vivir sin honor en aquella época era vivir como quien no cuenta en el devenir de la historia, como alguien destinado a la postergación y al olvido. ¿Qué queda de quienes han sido sepultados por el tiempo? Sin embargo, Jesús hizo causa común con ellos y no dudó en fustigar a quienes pusieron su inamovible tienda en la orilla de la fama y la riqueza (ver las “malaventuranzas”a los ricos en Lc 6,24-26).

Parece que este tipo de preocupaciones, como decimos, atraviesa las páginas del Evangelio. Lo que realmente  preocupaba a Jesús era que los pobres, los ojloi, los parias, pudieran tener un “nuevo amanecer” (como luego sintetizará Pablo el sueño de Jesús en Hech 26,23), una nueva sociedad, un mundo diferente. La lectura del Evangelio da un resultado muy distinto desde aquí.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

3 Juan 4

C3J 

Domingo 19 de abril de 2015

 

SERVICIO O PODER

 Plan de oración con 3 Juan

 

4. 3 Jn 11

 

Introducción:

 

                Hay, sin duda, mucha gente que valora el bien, que lo aplaude, que se siente conmovida cuando percibe el bien en su derredor, en la sociedad. Pero el número disminuye cuando se trata de hacer el bien. Con razón dice la sabiduría popular que “del dicho al hecho hay un gran trecho”. Hacer el bien es lo que nos define, no únicamente desear y conmoverse por el bien. Los humanos somos gente que hablamos mucho y hacemos poco. Quien hace el bien, aunque aparentemente sea menospreciado, es persona querida. Hacer el bien es toda una obra de humanidad. No se trata de socorrer sin más, sino de construir un camino donde la dignidad de la persona sea reconocida y valorada. Hacer el bien es algo más que dar algo a un pobre; es trabajar para que ese pobre ocupe un sitio en el concierto social y así su pobreza sea solucionada.

                Dice 3 Jn 11 que quien hace el bien es de Dios. No quien ama a Dios, quien le venera, quien lo estudia, quien propaga la idea de Dios, quien construye edificios para Dios. No, quien hace el bien. El quid está en hacer bien. Ese/a tal es de Dios por una razón muy simple: porque Dios hace el bien con su creación, porque la fragilidad de la creación está envuelta por el anhelo de Dios de hacernos bien, aunque el precio de la historia sea alto. Saramago decía que de Dios no te puedes fiar. La única manera de fiarse de él sería percibir con claridad que, más allá de las circunstancias hostiles de la vida, hay detrás un Dios que quiere tu bien. La propuesta de vida que nos hace es para nuestro bien, aunque, como decimos, el precio que es preciso pagar a la historia sea fuerte.

 

***

 

Texto:

 

                11Querido amigo, no imites lo malo, sino lo bueno; quien hace el bien es de Dios, quien hace el mal no ha visto a Dios.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

 

                La imagen pertenece al último gran naufragio de inmigrantes en el Mediterráneo: más de 700 inmigrantes desaparecidos, seguramente muertos. Uno de los pocos rescatados es rodeado por mujeres que le arropan y acompañan. Una imagen de la bondad en el escenario mismo del dolor. Una metáfora: la única manera de salir a flote en las paradojas de nuestra sociedad es hacer el bien a todos los niveles. Creer que el bien tienen una posibilidad de cambio social.

                Oramos: Gracias, Señor, por quien se conmueve y actúa a favor del débil; gracias por quien apunta a las causas; gracias por quien mira con benignidad a quien, simplemente, busca ser feliz.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                A Jesús se le define como uno que “pasó haciendo el bien” (Hech 10,38). En realidad, Jesús no hizo grandes obras: no escribió un libro memorable (quizá ni sabía escribir), no ganó una batalla decisiva, no construyó una obra gigantesca, no fundo un movimiento religioso (por más que los cristianos nos fundamentemos en él). Solamente hizo el bien en la medida que pudo, hasta el límite de sus fuerzas. Por eso vemos en él la evidencia del bien que Dios hace con nosotros.

                Oramos: Gracias, Señor, por Jesús, el bueno; gracias por su entrega al bien; gracias por ser bueno con todos.

 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                Una parte notable de la sociedad parece desdeñar el bien como una virtud de débiles. Pero no mengua el número de quienes sienten el bien y hacen el bien. Volver al valor del bien esencial será siempre una tarea en el caminar humano. Ese bien esencial parte de una certeza: toda persona (e incluso toda creatura) encierra dentro de sí la semilla de la bondad. No hay que apearse nunca de esta certeza.

                Oramos: Que creamos en la bondad de la persona; que nunca desistamos de mirar lo bueno de los demás; que valoremos lo que otros hacen para el bien de las personas.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                La comunidad virtual es un pequeño oasis donde percibimos, de manera sencilla, que vivir haciéndonos el bien lleva a buen puerto, al de la alegría de vivir y el contento humano. Son cosas sencillas y esporádicas, pero dejan entrever las ganancias de la bondad. Cuando uno/a está tentado de abandonar la práctica del bien debido a los reveses de la relación, podríamos recordar nuestra relación como un ánimo para seguir adelante.

                Oramos: Que creamos siempre que el bien tendrá la última palabra; que pensemos que cuanto más bien nos hagamos más felices seremos; que valoremos los detalles de bondad con que los días nos obsequian.

               

***

 

Palabras que alientan:

 

La palabra y el amor se implican. 

Todas las desgracias que ocurren entre los hombres proceden de que éstos rara vez pronuncian la palabra recta. 

La palabra recta es siempre aquella que pronuncia el amor. 

 

Ferdinand Ebner

 

***

 

Tu parte:

 

                Trata, en la medida que puedas, de ser una persona simplemente buena.

                              

***