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FIAIZ

Filipenses 17

CVF 

Domingo 15 de febrero de 2015

 

VOLVER A JESÚS

 Plan de oración con Filipenses

 

17. Filp 4,4-7

 

Introducción:

 

                Ya se ha hecho proverbial el aserto de que “otra forma de vida es posible”. Porque hemos llegado a la convicción de que esta manera de vivir de la que parece que no podemos escapar, sí admite escapatoria. No es que la vida sea así, es que la hacemos de un determinado modo. Si la hiciéramos de otro modo, los resultados serían diversos. Así que la cuestión no es cómo es la vida, sino cómo la hacemos. El resultado final es si, dentro de las limitaciones, la vivimos con sosiego o alteradamente. El sosiego vital, que no es pasotismo, sino modo apaciguado de vivir es decisivo. La histeria, la alteración, el sobresalto, son síntomas de un interior alterado; la tranquilidad, el sosiego, el respirar hondo, la contemplación, el silencio, son síntomas de un vivir sosegado. Construir esta manera de vivir es la mejor forma de encontrar sentido a nuestro camino humano.

                Es que Pablo nos habla de esto: vivir en paz. Para ello da unos ingredientes interesantes: ser agradecidos, ser comprensivos, vivir con la mayor tranquilidad que se pueda, orar con paz. Son ingredientes elementales que llevan a una vida en paz. Esta no es una vida de rosas, porque la vida tiene sus alteraciones diarias. Se trata de vivir en una paz de base, aunque haya problemas. Ese logro de una vida en paz, de otro estilo de vida, menos histérico, menos alterado, menos nervioso, es posible si se lo construye día a días. Los trabajos de la fe, la oración, tendrían que contribuir más que a asuntos religiosos, al logro de esa paz básica de la que depende el gusto por la vida. No es una meta inalcanzable; basta hacer camino día a día.

 

***

 

Texto:

 

                4Estad siempre alegres con el Señor, os lo repito, estad alegres. 5Que todo el mundo note lo comprensivos que sois. El Señor está cerca, 6no os agobiéis por nada; en lo que sea, presentad ante Dios vuestras peticiones con esa oración y esa súplica que incluyen acción de gracias; 7así la paz de Dios, que supera todo razonar, custodiará vuestra mente y vuestros pensamientos mediante el Mesías Jesús.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

            Este es el cartel del Festival de Mantras que se realizará en Madrid la semana que viene. Puede parecer que es cosa de otra época, algo residual. Pero la búsqueda de  otra manera de vivir, de la interioridad, de los valores que están más hondo que la piel, no se apaga. Siempre hay personas que escuchan la llamada de otra manera de vivir, con más profundidad, con más hondura. Nos hacen mucho bien, aunque los caminos sean algo pintorescos.

                Oramos: Te damos gracias por quienes buscan en el interior; te bendecimos por quienes alaban con paz; te bendecimos por quienes apuntan al corazón de la persona.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                 Jesús ha sido una persona de paz interior. Quizá los Evangelios lo perfilan de una manera un tanto hierática, pero, en el fondo, es alguien que no pierde la paz. En sus noches de oración, en la escucha del corazón de las personas, en la vida sencilla, aprendió la paz. Esa paz no le abandonó nunca. Por eso, más allá de matices, para muchas personas sigue siendo hoy una fuente de paz.

                Oramos: Gracias, Señor, por ser fuente de paz; gracias por tu corazón pacificado; gracias por envolver nuestra vida en tu paz.

 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                Para logra vivir en paz en el hecho social, tan alterados siempre, es preciso tener una visión benigna de la sociedad. Si nuestra manera de enfocar el hecho social es negativista y censurador, no habrá manera de vivir en paz en nuestras calles, en nuestras empresas, en nuestras actividades sociales. La crispación estará siempre en primer lugar. Un mirada benigna (no exenta de crítica) a nuestra sociedad puede sernos de gran utilidad para generar paz interior.

                Oramos: Que miremos con benignidad al hecho social; que valoremos lo más positivamente a nuestros conciudadanos; que tengamos sosiego para enfocar bien la debilidad social.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                En nuestra comunidad virtual hemos de tratar de encontrar modos de darnos paz, sobre todo con los que convivimos a diario. Orar para el logro de la paz esencial, de la paz del corazón. Esa sería una buena finalidad para nuestros grupos. Eso no es debilitar la vertiente religiosa, sino situar el trabajo orante en el marco de la vida. La oración, efectivamente, es para la vida, no al revés. Por eso, una manera de “medir” los efectos beneficiosos de la oración es mirar el nivel de paz: a más paz, mejor oración; a más desasosiego menor calidad en la oración:

                Oramos: Que oremos para tener paz; que nuestra paz se alimente de la oración; que oremos y nos pacifiquemos.

 

***

 

Palabras que alientan:

 

Nada más indeleble que la huella

de la esperanza, cuando están las cosas

por hacer y los días prometen ocasiones. 

Luego todo se hace para olvidar, no salen

las horas, no se amoldan los veranos 

al dibujo, no cuadran 

las cuentas. Es el tiempo primero el que se hace 

a la medida del deseo: todo

crece y crece, la estancia se hace enorme;

lejana, la lejana raya del mar; el cielo 

nunca se acaba, nunca terminará el anuncio 

de lo feliz. Feliz aquél que quiere 

ser feliz, el que intenta pronósticos dorados, 

planea paraísos, urde edenes, 

quema torvos agueros y a sí mismo se elige 

dios. Los años divinos nunca insisten, mas dejan 

un reguero de gracia que permite 

ahogar lo que nos queda

 

                        Alfonso Canales

 

***

 

Tu parte:

 

                Trata en esta semana de vivir lo más sosegadamente que puedas. Contagia paz en el corazón de quien vive contigo.

 

***

 

 

Retiro de cuaresma 2015

 

 

 

 

CUIDAR LA FRAGILIDAD

La conversión entendida como ética del cuidado

 

         Los periódicos nos sorprenden con descubrimientos de los orígenes humanos que iluminan nuestro presente. Según reciente artículo de Science (enero 2015) la mano humana tiene más de tres millones de años. El uso prensil del pulgar constituye, al decir de los científicos, un hito en el proceso de humanización porque habría permitido al austrolopiteco africano manejar herramientas con precisión y sutileza. Y también le habría permitido tocar, acaricia y, con ello, cuidar. La ética descuidado es tan antigua como el caminar humano.

         Por eso, cuando proponemos el cuidado como motivo de reflexión estamos entroncando con lo más profundo de la historia humana, con su mayor verdad. Este tipo de reflexiones da fondo a lo humano, contribuye a consolidar el cimiento sobre el que, ulteriormente, se puede construir cualquier edificio espiritual. Sin estos cultivos las raíces de lo humano quedan desasistidas y, por ello, el peligro de espiritualidades sin base humana se hace evidente. Una espiritualidad sin base humana es un fantasma sin carne, cuando no un peligro evidente de fundamentalismo.

         Muy bien lo ha visto el Papa Francisco cuando en su texto La alegría del Evangelio dedica todo un apartado (nºs 219-216) a este tema de “cuidar la fragilidad”. Dice que esa y no otra ha sido la actitud de Jesús y que por ello “los lentos, débiles o menos dotados” han de tener un sitio en el hecho social. Pondrá ejemplos concretos: los migrantes, la trata de personas, las mujeres excluidas, los niños por nacer, la misma creación. Dice en el nº 216: “Pequeños pero fuertes en el amor de Dios, como san Francisco de Asís, todos los cristianos estamos llamados a cuidar de la fragilidad del pueblo y del mundo en que vivimos”.

         Cuando llega la Cuaresma se escucha en ámbitos cristianos que es tiempo de conversión. Pero, dejado en la inconcretez, el aviso no cobra perfiles de vida y se diluye. ¿Y si entendiéramos la conversión este año como un compromiso más evidente de cuidar la fragilidad propia y ajena? ¿Y si midiéramos nuestro nivel reconversión por el nivel de nuestro cuidado? ¿Y si los frágiles sociales, cercanos y lejanos, ocuparan un poco más de espacio en nuestro horizonte vital? Esa sí que sería una conversión interesante, asentada en el cimiento de lo humano y, a la vez, altamente espiritual.

 

1. Que nadie por tu culpa…

 

         Comenzamos nuestra reflexión con un poema de Amalia Bautista que, más allá de sus formulaciones negativas, invita a vivir y tratar los demás con ese cuidado que demanda lo humano para que pueda prosperar.

 

Que nadie por tu culpa haya pasado hambre,

haya sentido miedo o frío.

Que nadie haya dejado de vivir por tu culpa,

ni temido la muerte, ni deseado morir.

Que ninguno haya dicho tu nombre con espanto

o mirado tu rostro con desprecio.

Que los demás te lloren cuando partas.

Así tu corazón no habrá albergado el plomo

que lastra las mudanzas.

Así tu corazón será más leve

que la más leve pluma.

 

  • Que nadie por tu culpa…: La ética del cuidado lleva emparejada la de la responsabilidad. Hay que apercibirse de la responsabilidad que tenemos en el descuido de los débiles sociales. Decir: no es cosa mía, yo no tengo la culpa, es una ceguera y una irresponsabilidad. Hay que mirar, hay que condolerse, hay que verse afectado.
  • Hambre, frío, miedo, muerte…: Cualquiera de las variantes de la herida humana ha de ser mirada de frente. Honradez con lo real. En menos de diez pasos llegas al umbral de la casa del hambre o del frío y el miedo, o de la misma muerte. Esa casa está cerca de la tuya.
  • Un rostro benévolo: Comencemos por ahí. Que el rostro, las actitudes más elementales no se apunten a la lista del desentendimiento, aislamiento, individualismo, indiferencia.
  • Que las lágrimas de quienes te lloran no sea solamente por tu ausencia: Sino por la pérdida de un cuidador de la vida, por el desamparo de quien siente que un cuidador/a aún tenía tarea por cuidar los caminos humanos.
  • El plomola levedad: Cuidar es transformar el plomo en levedad, cambiar la losa en aire libre, echar al fondo del mar las penas que no tienen por qué comernos el terreno de la dicha. Algo de eso es cuidar.

 

2. Una parábola de siempre: Lc 10,25-37

 

         Es cierto que, para todos los guisos, estamos recurriendo a los mismos textos. Pero es que las parábolas son insondables, inagotables en su sencillez. Y esta del samaritano compasivo es especialmente rica. Ahí está el cristianismo originario. Tan lejos que nos hemos ido (“si Jesús volviera, habría que explicarle todo”, dijo Rahner), este texto nos remite al punto inicial, a aquel que nunca debimos abandonar porque fue el de Jesús y habría de ser el de todo seguidor/a (“Haz tú lo mismo”).

         Es que ahí se describe el mecanismo de amparo, de cuidado, que se desencadena en la vida de quien entiende de qué va esto del reino de Dios, de la nueva fraternidad, el sueño de Jesús. No nos cansemos de leerla:

 

         25En esto se levantó un jurista y le preguntó para ponerlo a prueba: -Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar vida definitiva? 26Él le dijo: ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo es eso que recitas? 27Éste contestó: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo” (Dt 6,5; Lev 19,18). 28Él le dijo: -Bien contestado. Haz eso y tendrás vida. 29Pero el otro, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: -Y ¿quién es mi prójimo? 30Tomando pie de esta pregunta dijo Jesús: -Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y lo asaltaron unos bandidos; lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon dejándole medio muerto. 31Coincidió que bajaba un sacerdote por aquel camino; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 32Lo mismo hizo un clérigo que llegó a aquel sitio; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 33Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, al verlo, se conmovió, 34se acercó a él y le vendó las heridas echándoles aceite y vino; luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a la posada y lo cuidó. 35Al día siguiente, sacó dos denarios y dándoselos al posadero, le dijo: -“Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a mi vuelta”. 36¿Qué te parece? ¿Cuál de estos tres se hizo prójimo del que cayó en manos de los bandidos? 37El jurista respondió: -El que tuvo compasión de él. Jesús le dijo: Pues anda, haz tú lo mismo.

 

         Hemos explicado muchas veces esta parábola en todos sus detalles. Vamos a hacerlo esta vez en modos de una narración ficticia.

 

        Yo tenía mi nombre. Me llamaba Abner. Era un buen jurista, del grupo fariseo. Aquel maestro pobretón, llamado Jesús nos estaba metiendo demasiado el dedo en el ojo. Quise aprovechar una ocasión para ridiculizarlo, para ponerlo en evidencia, para que la gente se diera cuenta de que era un simple, un cualquiera. La pelota me vino a la mano en aquella ocasión en tierras de Samaría. Le hice la pregunta del millón: “¿Qué hay que hacer para heredar vida definitiva?” En nuestras discusiones rabínicas habíamos debatido esa cuestión hasta la saciedad sin hallar una respuesta clara. ¡La vida definitiva! Quedaba lejos y se podía decir lo que se quisiera.

        Me devolvió la pelota: “¿Cómo es eso que recitas?”. No me iba a dejar en evidencia y le dije de corrida las leyes básicas del Deuteronomio y del Levítico. Se ve que él no tenía ganas de litigar porque me dijo: “Muy bien. Haz eso y tendrás vida”, como dando por zanjada la cuestión.

         Pero yo no me amilanaba fácilmente. Y para quedar bien y para dejar bien al gremio de estudiosos al que pertenecía le lancé una segunda cuestión: “Y ¿quién es mi prójimo?”. Como si yo no lo supiera desde niño, desde siempre. Era nuestro modo rabínico de razonar: devolverla pelota para ver cómo se defiende el otro. Y él aceptó el reto. Me miró a los ojos, hasta entonces no lo había hecho. Lo que iba a decir lo decía para todos, pero lo decía especialmente para mí. Por eso no olvidaré nunca cuando se dio la vuelta y, al hacerle yo la pregunta, me miró no con ira, ni con pena, ni con desprecio, sino con ese brillo en los ojos que solamente aparece en la mirada de quien ama de verdad. Me miró y me amó, me miró y me desarmó. Mi supuesta ciencia se esfumó ante aquella mirada como deshace la niebla ante un sol potente.

        Y sin apartar sus ojos de los míos desgranó aquella parábola que, por mucho que se la lea miles de veces, no pierde ni un ápice de vigor, de hermosura y de estremecimiento. Estábamos en tierras de Samaría.

        Aquí mismo, en este camino hacia Jericó, decía, un hombre fue asaltado por bandidos. Yo había oído historias de esas muchas veces. Los caminos de pedregoso desiertote Judá eran caminos de bandoleros. La gente que caminaba sola arriesgaba mucho. Un asaltado, desnudado, molido a palos, robado y dejado por muerto. Alimento para las hienas que salen a la noche de sus guaridas. Lo vieron caído un sacerdote y un clérigo, pero dice que dieron un rodeo. No querían implicarse, no les importaba el caído aunque era de su “parroquia” porque, como ellos, venía de Jerusalén. Lo vieron pero siguieron en su conciencia aislada. Por eso, pasaron de largo sin ningún remordimiento.

        Pero luego, y aquí su mirada se hizo más intensa, pasó un maldito samaritano, un apestado social, una persona de dudosa reputación porque andar por posadas era lo mismo que abandonar a la propia mujer en casa dejándola expuesta a mil atropellos. Un paria social. Pero resulta que aquel desgraciado tenía ojos y corazón. Lo vió y se conmovió. El maestro galileo hizo una pausa, como si a él también se le quebrara la voz, como si supiera bien qué era eso de conmoverse por dentro. Como si me dijera: si no te conmueves nunca entenderás lo que quiero decirte, si no se te revuelven las tripas ante un caído en el camino, mejor que te vayas.

        Hizo una pausa que a mí se me hizo muy larga. Como seguía yo allí, continuó. Aquel maldito samaritano empezó a desarrollar un humilde trabajo de amparo con el caído. Lo hacía como mecánicamente, aunque en realidad era una cascada de amor brotando de un corazón fundamentalmente bueno. Se acercó para ver bien en qué estado lamentable se encontraba aquel caído sin importarle que fuera un judío de los que se reían e insultaban a los samaritanos. Era un herido al que había que socorrer, a quien había que alejar de las fieras de la noche, porque, aunque fuera un judío, su necesidad estaba por encima de todo.

        No había tiempo que perder; la noche se echaba encima y Jericó aún quedaba lejos. Como era un viajero llevaba aceite y vino para preparar sus comidas cuando se detenía a reponer fuerzas. Eran productos preciosos y caros, pero no dudó en untar con generosidad las heridas y hematomas del caído. Con los paños de su pobre ajuar hizo unas vendas y cubrió las brechas y los golpes. Las manos de aquel hombre, decía el galileo, eran las manos del mismo Dios. Dios estaba curando a aquel desgraciado. Con esfuerzo lo montó en su cabalgadura. El enfermo arriba, él a pie. El mundo al revés: un samaritano que cede su cabalgadura a un judío herido. Muchos en su pueblo se habrían reído de él. Pero a aquel samaritano le pareció cosa evidente: el débil debía ser señor y el fuerte siervo. Así los vio entrar el posadero cuando llegaron a Jericó caída la noche.

        Pasó la noche con él, mirándole de vez en cuando, vigilando su sueño, dándole, cada cierto tiempo, un poco de agua. Lo mismo que hace Dios: acompañar los agitados sueños de nuestra vida. Lo mismo que hace Dios: y me miraba con más intensidad. Con el alba él tenía que proseguir su camino; era trabajador, vivía de sus negocios. Pero aflojó la bolsa y dio un poco de dinero al posadero, no tenía mucho. Dos denarios, el jornal de dos días de cualquier trabajador del campo que va a la vendimia. Pero no se desentendió sin más. Prometió volver y prometió pagar. Lo mismo que Dios, que vuelve y paga cada día.

        Cuando me dijo “Haz tú lo mismo” entendí: Haz como Dios. El dardo de su mirada me atravesó. Desde entonces no he olvidado aquellos ojos. Cuando subía el camino del desierto hacia Jerusalén iba rumiando sus palabras y recordando aquella mirada. Nunca la olvidé. Los evangelios nada más dicen de mí. Pero aquel día aprendí de Dios más que en toda mi vida de estudios. Y desde aquel día miro en la dirección de los frágiles y me repito lo que me dijo: Haz como Dios…haz como Dios.

 

 

3. Repercusiones de la espiritualidad del cuidado

 

         L. Boff escribió librito luminosos: El cuidado esencial  (Trotta, Madrid 2002). En él nos inspiramos para estas reflexiones. Voces diferentes que cantan el mismo estribillo del cuidado:

  • Un fenómeno biológico: Eso es, a la base, el cuidado. No es un milagro religioso, sino algo inscrito en los genes de lo humano. No ha sido la lucha por la supervivencia del más fuerte lo que ha garantizado la continuidad de la vida, sino la cooperación y la coexistencia entre ellos. Los homínidos de hace millones de años se hicieron humanos en la medida en que compartieron entre ellos, cada vez más, los resultados de la cosecha y de la caza, así como su afecto. Y de ahí brotó la solidaridad y el cuidado (la mandíbula de Dmanisi es una prueba de ello). El lenguaje y hasta el uso prensil de la mano surgieron en en el interior de este dinamismo de amor y de compartir.
  • La justa medida del cuidado: Es aquella que se alcanza a través del reconocimiento realista del otro, con sus límites y valores. Lo que lleva a la aceptación humilde de “lo otro” como parte de lo mío. Y conlleva la óptima utilización de los límites: puedo cuidar hasta donde puedo cuidar. Así se confiere sostenibilidad a todos los procesos, a la Tierra, a la sociedad, a la persona. El cuidado es un acto humano en todos sus límites.
  • Ternura vital: La ternura es sinónimo del cuidado. Es el afecto que brindamos a las personas y el cuidado que aplicamos a sus situaciones existenciales. Es un conocimiento que va más allá de la razón, e inteligencia que intuye y va hasta lo profundo y establece la comunión. La ternura es cuidado sin obsesión. La ternura irrumpe en el sujeto cuando éste se descentra de sí mismo y sale en la dirección del otro, siente como el otro, participa en lo del otro y se deja tocar por la historia de su vida. La relación de ternura no implica angustia porque no busca ventajas ni dominación. La ternura es el deseo profundo de compartir caminos.
  • La caricia esencial: La caricia es una de las expresiones máximas del cuidado. El órgano de la caricia es la mano, pero es más que una mano: a través de la mano se revela el ser que quiere tocar lo profundo del corazón de la persona, el yo verdadero. Exige la renuncia a cualquier otra intención que no sea la experiencia de querer y amar. Nunca hay caricia en la violencia que echa abajo la puerta, cuando se invade la intimidad de la persona. No es lo mismo acariciar que aferrar. Las caricias no pueden ser contratos.
  • La amabilidad fundamental: Es aquel “ver con el corazón” del que hablaba El Principito. La amabilidad supone la capacidad de sentir el corazón del otro y el corazón secreto de todas las cosas. La persona amable ausculta, pega el oído a la realidad, presta atención y pone cuidado en todas las cosas.
  • La convivencialidad necesaria: Es la capacidad de que convivan producción y cuidado, efectividad y compasión, pertenencia mutua entre sociedad y naturaleza. Combina el valor técnico con el valor ético. Una economía de bienes materiales ha de ir unida a una economía de cualidades humanas. Solamente así se podrá poner límites a la voracidad del poder-dominación, de la producción-explotación.
  • La compasión radical: La com-pasión no es un sentimiento menor de piedad hacia quien sufre. No es algo pasivo sino muy activo. Es la capacidad de com-partir la pasión del otro y con el otro. Se trata de salir del propio círculo y entrar en la galaxia del otro en cuanto otro, para sufrir con él, alegrarse con él, caminar junto a él y construir la vida en sinergia con él.

 

4. Concretizaciones del cuidado

 

         ¿Cómo poner carne y rostro a esta espiritualidad? ¿Cómo apuntar a caminos posibles para que una persona se anime a entrar en la espiritualidad del cuidado, a convertirse cuidando? Demos alguna pista:

1)   Cuida el planeta: Ya vamos aprendiendo. Somos más cuidadosos/as, aunque siempre se puede hacer más. Pero quizá haya que conseguir otra mirada sobre lo creado, no solamente como algo fuera de mí, sino como algo de lo que hago parte. Casa común, barca donde navegamos todos, hermandad real…Una mirada nueva sobre casa criatura que se mueve. Eso sería algo estupendo, verdadera “conversión”.

2)   Cuida el nicho ecológico: Cuidar el ecosistema natural y social en el que se desarrolla la vida. No se trata de patriotismos excluyentes, sino una promesa de fidelidad a la tierra concreta en la que hoy se desarrolla tu vida. Eso hará posible que, por lo que sea, cambies de “nicho” y también lo puedas amar. Porque los amores son conjugables, mezclables, sumables. 

3)   Cuida la sociedad de todos: Y eso significa que tienen que caber todos, que pueden hacer parte todos, que hay posibilidad de que todos, sea quien sea, se sienta a la mesa. Conviértete a una comensalia social, a una mesa abierta, a una acogida fácil. Esa es buena conversión.

4)   Cuida del otro: Vela para que el diálogo con el otro sea liberador, interesante, jugoso, constructor de sendas de relación buena. Cuida tu rostro ante el otro, su mirada, su brillo, su trasfondo. Déjate convertir por el rostro del otro, por su mirada que interpela. No te acuestes sin haber mirado bien el rostro de alguien. Y si puedes mirar un rostro empobrecido, quizá sea eso el comienzo de algo.

5)   Cuida a los empobrecidos: Que es algo más que dar una ayuda, un socorro puntual, una pequeña opción de defensa de los frágiles. Interésate por sus caminos, aunque, a veces, parezcan meras estadísticas. Lee en la sociedad el derrotero de los que lo pasan peor. Apóyales, aunque tú estés mejor. No hables mal de ellos, aunque haya motivos (“Hablar mal de los pobres es hablar mal de Jesucristo”, decía san Francisco). Cree que la suerte de los frágiles depende el alguna medida, aunque sea pequeña, de tus comportamientos.

6)   Cuida de tu corporeidad: Que es más que la mera corporalidad. Es el ser humano como un todo vivo y orgánico que incluye la historia personal, los sentimientos, las maneras de ver la vida, la “mochila” que uno lleva consigo. Cuidar El cuerpo de uno es cuidar la piel y lo que hay debajo de la piel. Es cuidar la fragilidad de algo hermoso y vulnerable. Cuidar el cuerpo significa cuidar lo que nos va ocurriendo en la vida, compromisos y trabajos, encuentros y crisis, éxitos y fracasos, salud y sufrimiento. Así nos convertimos en personas maduras, autónomas, sabias y libres.

7)   Cuida de tu integridad: La persona es cuerpo, es mente, es espíritu. Todo junto y mezclado. Cuidar todas las dimensiones en el mayor equilibrio posible. No hace falta recurrir a trascendencias heterónomas. En la misma realidad humana hay espacio para todos estos elementos. Mantén una vida lo más sana posible, una mente lo más “higiénica” posible, un espíritu lo más luminoso posible.

8)   Cuida de tu alma: Que es lo mismo que decir: cuida tu interioridad, ese espacio de dentro del que depende mucho de comportamiento externo. Alimenta tus raíces, cuida tu espiritualidad básica, eso que alienta en el fondo de esta humilde realidad que es la vida. Cuida los sentimientos, los sueños, los deseos, las pasiones contradictorias, las utopías escondidas en el corazón. El cuidado es la dirección correcta.

9)   Cuida de tu espíritu: Que son los grandes sueños de Dios y los de la persona que coinciden ambos en el sueño de la fraternidad humana, universal. Mantén siempre vivas las grandes preguntas, aunque no logremos dar respuesta cumplida a muchas de estas. ¿Cuánta luz hace falta para iluminar lo oscuro? ¿Qué significa realmente estar perdidos en el universo? ¿Por qué lloramos la muerte de quienes amamos como algo irreversible? Cuidar el espíritu es no desistir de tal clase de preguntas. El cultivo de la mística colabora con la ética del cuidado.

 

Conclusión

 

         La Cuaresma prepara la Pascua. Si vivimos la Cuaresma de este año bajo la ética del cuidado, la Pascua habría que vivirla en la certeza del cuidado de Jesús Resucitado a nuestra existencia. Si estamos cuidados por él, la posibilidad de que nosotros nos cuidemos aumenta. Jesús es nuestro gran Cuidador, el más interesado en nuestro bien, en nuestra dicha. Desde ahí el tiempo de Pascua puede ser entendido y vivido como un tiempo de alegría honda y de sosiego.

 

5. Itinerario Cuaresmal

 

  • Primera semana (22-28 febrero): Reflexión: Relee estas notas para imbuirte un poco más de la espiritualidad del cuidado y sus consecuencias.
  • Segunda semana (1 al 7 de marzo): Palabra: Relee la parábola y paráfrasis del samaritano solidario y otros textos que te sean evocadores para la espiritualidad del cuidado (Mt 6,25 y ss).
  • Tercera semana (8-14 de marzo): Experiencia de cuidado con los que convives: Trata estos días de hacer una experiencia consciente de cuidado más intenso en la persona de aquello que son tu familia, con quienes convives a diario.
  • Cuarta semana (15 al 1 de marzo): Experiencia de cuidado social: Interésate por la marcha de l sociedad en estos tiempos movidos de elecciones. Enfoca el asunto desde el interés por cuidar una sociedad de la que haces parte.
  • Quinta semana (22 al 29 de marzo): Cuida tu experiencia creyente: Aprovecha los tiempos de oración, Palabra, eucaristía para ahondar en la certeza de que Jesús y el Padre cuidan de nuestros caminos. Enfoca la próxima Pascua como un tiempo de luz y de cuidado.

 

6. Oración

 

1. Canto de entrada

 

DICHOSO QUIEN SE ACUERDA DEL HERMANO

PORQUE CUMPLE EL MANDAMIENTO DEL SEÑOR (bis).

 

En su casa habrá riquezas y abundancia

cada día de lo suyo podrá dar.

Quien es justo, clemente y compasivo

 como luz en las tinieblas brillará.

 

2. Recuerdo…y deseo

 

Que nadie por tu culpa haya pasado hambre,

haya sentido miedo o frío.

Que nadie haya dejado de vivir por tu culpa,

ni temido la muerte, ni deseado morir.

Que ninguno haya dicho tu nombre con espanto

o mirado tu rostro con desprecio.

Que los demás te lloren cuando partas.

Así tu corazón no habrá albergado el plomo

que lastra las mudanzas.

Así tu corazón será más leve

que la más leve pluma.

 

3. Lectura del Papa Francisco

 

         “Jesús, el evangelizador por excelencia y el Evangelio en persona, se identifica especialmente con los más pequeños. Esto nos recuerda que todos los cristianos estamos llamados a cuidar de los más frágiles de la tierra. Pero en el vigente modelo ‘exitista’ y ‘privatista’ no parece tener sentido invertir para que los lentos, débiles o menos dotados puedan abrirse camino en la vida” (EG 209).

 

4. Oración común

 

¿Mi tierra? 
Mi tierra eres tú. 

¿Mi gente? 
Mi gente eres tú. 

El destierro y la muerte 
para mi están adonde 
no estés tú. 

¿Y mi vida? 
Dime, mi vida, 
¿qué es, si no eres tú?

L. Cernuda

 

5. Palabra evangélica

 

         “No andéis preocupados en exceso por la vida pensado qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir…Fijaos en los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan; y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellos?” (Mt 6,25ss).

 

6. Silencio y compartir

 

7. Oración común

 

         Que tus preocupaciones sean mis preocupaciones,

         Que tus caminos sean mis caminos,

         Que tus lágrimas sean mi llanto,

         Que tus alegrías me iluminen el rostro,

         Que tus palabras lleguen a mi alma,

         Que tu amparo sea mi casa,

         Que tu fe anime mi seguimiento,

         Que tu cuidado y el mío

         Reflejen el cuidado del Padre y de Jesús.

 

8. Padrenuestro

 

9. Nos bendecimos

 

El Señor nos bendiga y nos guarde; nos muestre su rostro y tenga misericordia de nosotros.  Vuelva su rostro a nosotros y nos dé la paz. El Señor nos bendiga en el nombre del Padre y del Hijo y del ES. Amén.

 

10. Canto final

 

CONFIAD SIEMPRE EN DIOS,

CONFIAD SIEMPRE EN DIOS,

ES EL CAMINO RECTO.

 

A menudo nada sabes del mañana,

estás desorientado y lleno de cuidados,

nada ves, todo te parece estar sin salida

pero tú, sabes que el Señor te ayudará.

 

Filipenses 16

CVF 

Domingo 8 de febrero de 2015

 

VOLVER A JESÚS

 Plan de oración con Filipenses

 

16. Filp 4,2-3

 

Introducción:

 

                La vida social y personal nos muestra la dificultad que es, a veces, lograr y llegar a un acuerdo. El desacuerdo parece ser lo normal; sin embargo, algo dentro nos dice que los humanos estamos hechos para lograr acuerdos. Efectivamente, cuando se logra un acuerdo, aunque sea a costa de ceder algo, lo humano, lo personal, sale potenciado. Los acuerdos generan humanidad, mientras que los desacuerdos nos llevan a la oscuridad y a la ruina. De ahí que, por razones de humanidad, haya que estar siempre dispuestos al acuerdo y sea preciso alejar lo más posible el desacuerdo que no lleva a nada. Propiciar acuerdos es crear humanidad; fomentar desacuerdos es sembrar la mala semilla de lo inhumano. Por eso, quien anhela ser persona anhela a la vez colaborar siempre con la espiritualidad del acuerdo.

                Es que el pasaje de esta semana nos pone delante un caso singular: dos mujeres, Evodia y Síntique, que son cristianas, que han trabajado codo a codo por el Evangelio y ahora están enemistadas. Es decir, el Evangelio no ha logrado que anduvieran de acuerdo, no ha sido capaz de englobar la diferencia. Es la evidencia del fracaso de la propuesta de Jesús que es una propuesta para el acuerdo. Por eso, Pablo recomienda a Timoteo que haga todo lo posible para volver al acuerdo entre ellas, porque volver al acuerdo es volver a lo genuino del Evangelio. Porque un Evangelio en el desacuerdo no es el Evangelio de Jesús.

***

 

Texto:

 

                2Recomiendo a Evodia y lo mismo a Síntique que anden de acuerdo como cristianas que son; por supuesto, a ti en particular, leal compañero, te pido que les ayudes, pues ellas lucharon a mi lado por el evangelio, con Clemente y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están inscritos en el registro de los vivos.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

 

                Estos son A. Tsipras y M. Schultz, presidente de Grecia y del Parlamento europeo respectivamente. Es encomiable que, partiendo de posturas políticas y económicas, tan distintas y distantes traten de llegar a un acuerdo. Están ambos convencidos que el camino de los acuerdos es más productivo para un país que el desacuerdo. Ellos no lo enfocan así, pero al ir en la línea de lo humano van en la línea del Evangelio.

                Oramos: Te bendecimos, Señor, por quienes quieren lograr acuerdos para el bien de todos; te damos gracias por quienes creen que el camino de la concordia lleva al corazón de lo humano; te pedimos que los acuerdos provechosos sean el terreno de lo humano.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                Se puede decir que el Jesús del Evangelio ha sido uno que ha querido propiciar acuerdos, entre pobres y poderosos, entre enfermos y sanos, entre legisladores y legislados. Pero eso sí, siempre con la verdad. Por eso, los acuerdos de Jesús potencian el lado de los frágiles, ya que ellos, por razones de equidad, deben ser socorridos y amparados con un plus de humanidad. Los acuerdos del Evangelios no son meros pactos de no agresión, de puro equilibrio. Son acuerdos para el bien de los humildes, no hay que olvidarlo.

Oramos: Gracias, Señor, por tus acuerdos a favor de los frágiles; gracias por tus acuerdos que humanizan a todos; gracias por tus acuerdos con cimiento de justicia.         

 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                Para llegar a acuerdos sociales hay que creer en la posibilidad de construir un acuerdo. Ir a la negociación con la certeza inicial de que esto no hay quien lo arregle es condenar de antemano el resultado al fracaso. Para ir en una actitud positiva es necesario volver al valor elemental de la bondad del corazón humano: toda negociación demanda que se crea que en el fondo de la persona anida el bien y el deseo de vivir en bondad. Si esta certeza no se halla presente, el acuerdo es poco menos que imposible.

Oramos: Que creamos en la bondad del corazón de toda persona; que creamos en las posibilidades de buen entendimiento entre humanos; que creamos que hay caminos para el encuentro.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                Raramente estamos en desacuerdo en la comunidad virtual. Como hay un previo de aprecio y cariño, el acuerdo, para una actividad u otra, resulta siempre fácil. Es otro de los beneficios de este grupo, ayudarnos a entender que la posibilidad de acuerdo entre quienes se aprecian es mucho más grande que si no media el aprecio primero. Por eso mismo, para estar de acuerdo, antes es preciso tener un talante amable y afectuoso con el otro.

                Oramos: Que andemos de acuerdo con facilidad; que nos respetemos para que el acuerdo sea posible; que el amor sea el previo de todo acuerdo entre nosotros.

 

               

***

 

Palabras que alientan:

 

Y LA LLUVIA vendrá y se irán con ella

la clausura, el dolor, la culpa, el frío. 

Los aullidos del viento. 

 

Consuélate, por fin febrero es corto. 

Ya no puede tardar la primavera. 

 

Carlos Aganzo

 

***

 

Tu parte:

 

                Intenta estos días evitar el desacuerdo. Pon por medio el respeto y el aprecio para que el acuerdo brote.

 

***

 

Filipenses 15

CVF 

Domingo 1 de febrero de 2015

 

VOLVER A JESÚS

 Plan de oración con Filipenses

 

15. Filp 3,17-4,1

 

Introducción:

 

                Muchas veces nos lo decimos: nuestro mayor enemigo es la superficialidad. Hay quien cree que no hay nada más allá de la piel, que la persona es una realidad vacía, que dentro no hay nada. Y no nos referimos al “alma”, esa manera dicotómica de describir lo humano que quizá ya no rige. Nos referimos a la interioridad, a la evidencia de que dentro de la persona hay vida, a los valores que conforman ese “disco duro” que es el corazón. Por eso hay dos mentalidades a la hora de vivir: la de quien profundiza y la de quien se sitúa en una perspectiva de profundidad, de humanidad, de espiritualidad. Mirar en la dirección de lo profundo es la mejor manera de ser humano, la forma más enriquecedora de transitar los días. Situarse en términos de hondura no es ninguna extraña mística. Es no sucumbir únicamente a lo que se ve y afirmar la verdad y el valor de lo que no se ve, de lo que anida dentro.

                Hacemos estas reflexiones porque Pablo contrapone en este pasaje dos mentalidades, dos maneras de ver la vida, dos formas de situarse en lo que somos: la de quien no mira más que a lo de fuera, los “centrados en lo terreno” y los que apuntan a profundidades de vida y de fe, “los que tienen el esplendor de Jesús”.  No se trata de cuestiones religiosas, en primera instancia, sino de maneras de entender la vida. Vivir desde fuera termina llevando a un empobrecimiento de lo humano; vivir con profundidad, con ahondamiento, con reflexión, con mirada a lo que no se ve, es lo que va haciendo que el camino humano sea hermoso. Sobra decir que quien trabaja la fe de Jesús, que quien lee la Palabra con detenimiento, está queriendo construir el segundo camino: la mentalidad de quien cultiva lo que hay más adentro de la mera piel.

 

***

 

Texto:

 

                17Hermanos, seguid todos mi ejemplo y tened siempre delante a los que proceden según el modelo que tenéis en nosotros, porque andan por ahí muchos… 18¡Cuántas veces os lo he señalado, y ahora lo hago con lágrimas en los ojos, a esos enemigos de la Cruz del Mesías! 19Su paradero es la ruina, honran a Dios con el estómago, y ponen su gloria en sus vergüenzas, centrados como están en lo terreno.

                20Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos como salvador al Señor Jesús, el Mesías; 21él transformará la bajeza de nuestro ser reproduciendo en nosotros el esplendor del suyo, con esa energía que le permite incluso someterse el universo.

                4,1De modo que, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, mis amigos, manteneos así fieles al Señor.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

                He aquí una escena entrañable: Kareem y sus nietos juegan al ajedrez en el campo de refugiados sirios de Al Azraq, en Jordania. Juegan a la luz de una pequeña lámpara de energía solar. Un proyecto de la ONU lleva iluminación a los campos de refugiados donde cientos de personas viven en condiciones muy duras. “Después de la guerra, estos pequeños placeres son la vida”, dicen. Algo tan simple como una lámpara y no solo se hace la luz, sino que se abre el camino de la profundidad, de la relación, de la vida. Esto indica que esa es la tendencia de la verdad en lo humano: ir a lo profundo, a lo disfrutado, a lo espiritual, entendiendo por tal el nivel ahondado de lo humano.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes posibilitan lo humano; gracias por quienes ayudan al disfrute de los pobres; gracias por quienes cultivan el espíritu con medios sencillos.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                 Dice Pablo que el creyente que mira a lo profundo aguarda como salvador a Jesús. Siempre se ha entendido la salvación en el más allá. Pero el Evangelio postula una salvación en la historia, en el más acá. Esa salvación no es sino la humanización de la vida. Cuanto más humanos más salvados; cuanto más inhumanos, más perdidos. De ahí que si la experiencia cristiana no ayuda a humanizar, no ayuda a salvar. Salvarnos del empobrecimiento, de la soledad, de la maldad, de la pena, a eso apuntan los anhelos del programa de Jesús:

                Oramos: Sálvanos, Señor, del empobrecimiento que nos hace enemigos unos de otros; sálvanos de la soledad que nos aleja a unos de otros; sálvanos de la maldad que nos hace ignorar los rasgos del rostro del otro.

 

***

 

 

 

 

Volver a los valores hondos:

 

                Habla Pablo de una energía que nos permite someter al universo. No se trata de someter, de dominar, de explotar, sino de integrarse, de compartir, de colaborar. La mentalidad humanizadora es una mentalidad colaboradora, respetuosa, amable. Estos son los valores hondos, necesarios, para poder vivir en armonía con lo creado, para conectar el fondo de todas las realidades, humanas y creacionales. Conectarse en el fondo, ejercer la com-pasión con toda realidad creada es lo que puede llevarnos a una nueva mentalidad humanizadora y creyente.

                Oramos: Que conectemos con el fondo de las criaturas; que construyamos la paz con toda realidad creada; que seamos com-pasivos con quien, como nosotros, transita el camino de la vida.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                Tanto los trabajos orantes como los relacionales quieren ayudarnos a escapar de la mera superficie, de la mera piel, para sentirnos y entendernos más desde lo profundo, desde lo real, desde la verdad. Por eso, un gran beneficio de la comunidad orante es ayudarnos a escapar de la superficialidad. Efectivamente, la comunidad nos ayuda a la profundidad y, con ello, nos ayuda a la dicha, al éxito humano, al disfrute sencillo de la vida.

                Oramos: Que nos ayudemos a profundizar; que nos ayudemos a ahondar; que nos ayudemos a disfrutar.

 

***

 

Palabras que alientan:

 

¿Mi tierra? 
Mi tierra eres tú. 

¿Mi gente? 
Mi gente eres tú. 

El destierro y la muerte 
para mi están adonde 
no estés tú. 

¿Y mi vida? 
Dime, mi vida, 
¿qué es, si no eres tú?

L. Cernuda

 

***

 

Tu parte:

 

                Trata en estos días de mirar lo que te pasa con cierta profundidad. Evita los juicios rápidos y superficiales.

                              

***

 

 

Filipenses 14

CVF 

Domingo 25 de enero de 2015

 

VOLVER A JESÚS

 Plan de oración con Filipenses

 

14. Filp 3,12-16

 

Introducción:

 

                En casi todos los órdenes de la vida, ésta queda entendida y vivida como una competición. Tal es así que quien no tiene espíritu competitivo andará muy malgasta para encontrar trabajo. Se valora socialmente la competición, y menos la colaboración. Quien compite y gana (si pierde, silencio) se hace un hueco en la sociedad, logra su cuota de fama. Quien colabora está más en lo oscuro y puede que hasta que nunca salga a la palestra de los medios. De ahí que hasta a los niños se les inculca el espíritu competitivo en el deporte, en los resultados escolares, en las habilidades sociales. Una sociedad colabora tiene mucho mejor futuro que otra competitiva. Aprender el valor de la colaboración demanda un espíritu sensible y abierto a la realidad del otro, “descentrado” de uno mismo, haciendo un sitio al distinto en el propio horizonte. A la larga, eso es mucho más “productivo”.

                San Pablo dice, para evitar personalismos, liderazgos absorbentes y competiciones estériles, que Jesús le ha obtenido el premio. A él y a todos. De tal manera que la competición ha quedado sin sentido. Efectivamente, para Jesús no hay competidores sino hermanos, no hay disputas por un premio, sino el más jugoso compartir, no existe rivalidad sino amble compañerismo. A esto tendría que llevarnos la comprensión de la persona de Jesús y su mensaje. Si en esto también somos como lagente “normal”, ¿qué aporta realmente el Evangelio a una visión alternativa de la sociedad? Conviene pensarlo.

 

***

 

Texto:

 

                12No es que ya haya conseguido el premio o que ya esté en la meta; sigo corriendo a ver si lo obtengo, pues el Mesías Jesús lo obtuvo por mí. 13Hermanos, yo no pienso ya haberlo obtenido personalmente, y solo una cosa me interesa: olvidando lo que queda atrás y 14lanzándome a lo que está por delante, correr hacia la meta, para coger el premio al que Dios llama desde arriba por el Mesías Jesús.

                15¡A ver, los hombres hechos, esta es nuestra línea! Y si en algún punto pensáis de otro modo, Dios se encargará de aclararos también eso. 16En todo caso, seamos consecuentes con lo ya alcanzado.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

 

                Esta muchacha es Laia Sanz que ha competido el Dakar de este año. La única mujer y ha logrado un buen puesto. Todos los telediarios han ofrecido información sobre ella y su “proeza”. Salta a la fama por su capacidad competidora. Desde ahí se hacen populares y entran en todos los hogares. Quien compite tiene un sitio en la sociedad. Quien colabora pasa un segundo plano. Pero en la colaboración está el verdadero futuro de lo humano. No en la competición.

                Oramos: Que admiremos a quien colabora; que apreciemos a quien se entrega; que valoremos a quien ampara.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                 Jesús ha sido un no-competidor nato. No ha querido entrar en litigio con nadie, aunque su vida haya sido complicada. No ha juzgado a nadie, no ha tenido pretensiones sobre nadie y sobre nada. El poder establecido lo ha visto más como un obstáculo a sus inhumanos fines que como un competidor en el mismo terreno. Su generosidad básica, su darse por entero, su buscar el bien del otro han alejado de él todo posible espíritu de competición. Por eso es hermano de cualquiera.

                Oramos: Gracias, Señor, por no haberte apropiado de nadie; gracias por no haber tenido pretensiones sobre nadie; gracias por tener un interior desposeído y ofrecido.

 

***

 

Volver a los valores hondos:

 

                Un peligro del competidor es menospreciar el pasado; un peligro, instalarse en el pasado. Pablo dice que él se lanza hacia lo que está por delante. Sin obviar el pasado, pero el verdadero campo de trabajo de lo humano es el futuro. Por eso, interesante por el futuro, dejarse interrogar por él, construir desde el hoy un futuro más humano, tener preocupación por los grandes futuros (del mundo, del Evangelio, de los débiles…) es la manera de situarse de quien entiende a Jesús, un hombre de futuro.

                Oramos: Que nos preocupe el futuro del mundo; que nos preocupe el futuro del Evangelio; que nos preocupe el futuro de los débiles.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                Nuestra comunidad no compite en nada, no hay zancadillas, ni anhelos de derrotar al otro. No tenemos pretensiones sobre nadie y cualquiera es aceptado como es. Ese es un fruto de la oración y de la vida. Sería un síntoma fatal que hubiera que competir en algo entre nosotros. No habríamos entendido nada de la buena relación y, menos aún, de lo que es una comunidad.

                Oramos: Que nunca compitamos con quien amamos; que nunca litiguemos con quien vive con nosotros; que nunca tratemos de vencer a quien nos quiere.

               

***

 

Palabras que alientan:

 

   NO se puede prever. Sucede siempre

cuando menos lo esperas. Puede pasar que vayas

por la calle, deprisa, porque se te hace tarde

para echar una carta en correos, o que

te encuentres en tu casa por la noche; puede 

acontecer también que sea verano

y que te hayas sentado en la terraza

de una cafetería, o que sea invierno y llueva

y te duelan los huesos; que estés triste o cansado,

que tengas treinta años o que tengas sesenta. 

Resulta imprevisible. Nunca sabes

cuándo ni cómo ocurrirá. 

                                       Transcurre

tu vida igual que ayer, común y cotidiana. 

"Un día más", te dices. Y de pronto,

se desata una luz poderosísima

en tu interior, y dejas de ser el hombre que eras

hace sólo un momento. El mundo, ahora,

es para ti distinto. Se dilata

mágicamente el tiempo, como en aquellos días

tan largos de la infancia, y respiras al margen

de su oscuro fluir y de su daño. 

Praderas del presente, por las que vagas libre

de cuidados y culpas. Una acuidad insólita

te habita el ser: todo está claro, todo

ocupa su lugar, todo coincide, y tú,

sin lucha, lo comprendes. 

                                        Tal vez dura

un instante el milagro; después las cosas vuelven

a ser como eran antes de que esa luz te diera

tanta verdad, tanta misericordia. 

Mas te sientes conforme, limpio, feliz, salvado, 

lleno de gratitud. Y cantas, cantas. 

 

 

Eloy Sánchez Rosillo 

 

***

 

Tu parte:

 

                Activa tu espíritu de colaboración en estos días. Deja de lado cualquier tentación de competir con nadie.

 

                              

***

 

Filipenses 13

Filipenses 12

CVF 

Domingo 11 de enero de 2015

 

VOLVER A JESÚS

 Plan de oración con Filipenses

 

12. Fil 3,1-6

 

Introducción:

 

                Días pasados Francia y todo el mundo vivieron un episodio más de fanatismo. Hay opiniones para toso los gustos, dependiendo de en qué lado se sitúe uno. Pero lo cierto es que el fanatismo acompaña a todos, sean personas religiosas o no y que tenerlo controlado es todo un trabajo. No vale invocar libertades que yo me atribuyo. Ahí está el otro con su manera de ser y eso hay que considerarlo también. Maloof hablaba hace muchos años de las “identidades asesinas”.Las llevamos todos dentro: es eso que hace que yo quiera imponerme al otro por la fuerza, por el escarnio, por el menosprecio, por el olvido. Y hacer de eso mi identidad, mi razón de ser, eso es fanatismo. Por eso mismo el fanatismo invade no solamente el campo de mis ideas religiosas o políticas, sino el campo de mi vida cotidiana. La tolerancia, el diálogo  y el respeto son las únicas medicinas posibles.

                Es que en el texto que tenemos delante esta semana aparece el Pablo más humano y hasta “fanático” de Jesús. Es cierto que, en el contexto, se entiende: un grupo de partidarios de la ley le estaba haciendo la guerra continuamente. Pablo explota y los llama “perros…malos obreros…mutilados (aludiendo a la circuncisión). Habría que decirle a Pablo: ese no es el camino; aunque no te convenza su actitud hay que buscar vías de diálogo. ¿Cómo después va a decir que pone su gloria en el Mesías, si ese Mesías habla de de amor, tolerancia, aguante, respeto? Pablo no acierta en el camino. Y menos todavía cuando aduce que él es “más” que sus detractores. Hay que buscar otros caminos; hay que tener mucho cuidado de las mentalidades ajenas, no por miedo o cobardía, sino por respeto. Todo un camino por recorrer.

 

***

 

Texto:

 

                3,1Repetiros lo ya dicho otras veces no me cuesta a mi nada y a vosotros os dará seguridad. 2¡Ojo con esos perros, ojo con los malos obreros, ojo con la mutilación! 3Porque los circuncisos somos nosotros, que damos culto con el Espíritu de Dios y que ponemos nuestra gloria en el Mesías Jesús sin confiar en lo propio nuestro. 4Aunque lo que es yo, ciertamente tendría motivos para confiar en lo propio, y si algún otro piensa que puede hacerlo, yo mucho más: 5circuncidado a los ocho días de nacer, israelita de nación, de la tribu de Benjamín, hebreo de pura cepa y, por lo que toca a la Ley, fariseo; 6si se trata de intolerancia, fui perseguidor de la Iglesia, si de la rectitud que propone la Ley, era intachable.

 

***

 

La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

            Esta foto recoge el momento en que, en Paría, una fila de ciudadanos se presta a adquirir el semanario satírico “Charlie Hebdo” que ha sido víctima, días atrás, de un sangriento atentado. Es algo reprobable de todo punto de vista. Pero la libertad de expresión es algo trabajable con el diálogo y el respeto. Este semanario lleva tiempo ahondando el divorcio entre Occidente y el mundo musulmán. Los fanáticos han hecho causa de ello y ahí tenemos el resultado. El semanario ha hecho mal, los fanáticos peor. Pero los desencuentros no se solucionan ni con sátiras, ni mucho menos con tiros. ¿Cuándo entenderemos que el camino es el diálogo, el respeto y la tolerancia, aunque san caminos costosos? ¿Se lo han de aplicar solamente los fanáticos musulmanes y no los fanáticos occidentales?

                Oremos: Que sepamos tolerarnos con paz; que sepamos respetarnos con delicadeza; que sepamos dialogar con serenidad.

 

***

 

Volver al Jesús del Evangelio:

 

                Habla Pablo de la “circuncisión del corazón”. Eso quiere decir: un corazón dispuesto a acoger y a comprender; un corazón que se pone en la situación del otro; un corazón que se conduele con el dolor ajeno; un corazón que trata con mimo las diferencias que tienen con el otro; un corazón que entiende que sus razones no tienen por qué ser las razones del otro; un corazón que aguarda todo lo necesario hasta que pueda producirse el encuentro.

                Oremos: Que nuestro corazón funcione como el de Jesús, con su mismo amor; que nuestros corazón aguarde con la paciencia del mismo Jesús; que nuestro corazón se conduela del mal ajeno como lo hacía el mismo Jesús.

                 

***

 

 

 

 

Volver a los valores hondos:

 

                Cada día hay que volver al valor de la tolerancia. Sin él no se construye ni la amistad cívica ni la espiritualidad social. Los hechos sociales luctuosos nos lo recuerdan a cada paso. Por suerte, hay también muchas personas e instituciones, de todo el arco social y religioso, que abogan por la tolerancia. Son verdaderos profetas de paz que creen, como decía Gandi, en la fuerza política del amor. Son gestes que transforman la sociedad.

                Oramos: Con los profetas de la paz, vivimos la paz; con los constructores de la sociedad nos implicamos en tareas sociales; con los amantes del diálogo tratamos con respeto a todos.

 

***

 

Volvemos a la comunidad:

 

                Por suerte, en nuestro grupo no existen fanatismos de ninguna clase. Eso destruiría nuestros vínculos de amistad y de fe. Por el contrario, en la aceptación de las diferencias está la clave y en la certeza de que nuestras diferencias son nuestro mejore valor, no nuestro peor impedimento. Disfrutar de las diferencias es, aunque no lo parezca, un fruto estupendo de la oración.

                Oramos: Que nos queramos siendo diferentes; que nos respetemos pensando distinto; que nos apoyemos en nuestros caminos diversos.

               

***

 

Palabras que alientan:

Arcaico corazón

Tú, que eres como una casa
hecha de arcilla:
Pequeña, frágil,
de cuatro habitaciones;

Tú, que llenas de fantasmas,
y que te asustas,
y que lloras,
cuando llega la noche;

Tú, que en la oscuridad
te haces pedazos
como una hucha
arrojada contra el suelo;

Tú, arcaico corazón,
mira por la ventana,
mira hacia ese bosque
que ya reverdece.

Tú, que una vez caído
gritas palabras
en una lengua
que yo no comprendo,
 
Tú, arcaico corazón,
entra en ese bosque:
surgió de la arcilla,
como tú.

 

B. Atxaga

 

 

***

 

Tu parte:

 

                Intenta estos días crecer en tolerancia y cuidado en el trato con los demás y en el enfoque de los asuntos cotidianos.

 

                              

***

 

 

Retiro navidad 2014

 

Retiro en la Navidad de 2014

 

 

 

LA LUZ ES MÁS ANTIGUA QUE EL AMOR

La encarnación como misterio de luz que ilumina

 

        Una reflexión espiritual surge, a veces, del título de un libro. Así ocurre en esta que ofrecemos en la Navidad de 2014. Ricardo Menéndez Salmón tiene un libro con el título de este retiro: La luz es más antigua que la luz. Porque creemos que el cimiento de la realidad es el amor. Pero hay algo más al fondo, una iluminación, un empuje, un anhelo. La Biblia llama a eso la ruaj de Dios, su Espíritu, que aleteaba sobre las aguas y que toma rostro en la luz. Luego esta luz se derrama sobre la historia y brota la vida y con ella el amor.

        ¿Por qué no entender el misterio de la encarnación, más allá de representaciones religiosas, como un misterio de luz que ilumina. Muchos textos bíblico aluden a esa luz “que nace de lo alto”, que ilumina sin tener que recorrer todo el periplo del firmamento porque es una luz que viene de amor y que empuja al amor.

        Por otra parte, los humanos estamos necesitados de iluminación existencial para escapar al gris de una existencia empobrecida, a la sombra que nos compone y que demanda ser tratada para que cada día ocupe un poco menos de espacio. Muchos han orado pidiendo esa luz profunda (“Ilumina las tinieblas de mi corazón”: san francisco de Asís).

        Tratando, como siempre que llega la Navidad, de llenar de un poco más de sentido espiritual a la misma, queremos meditar y orar desde esta perspectiva: una luz se instala en la existencia humana para hacerla más luminosa y, desde ahí, más capaz de amar.

 

1. Gritar la necesidad de la luz

 

        Queremos comenzar proponiendo dos textos de sendos cantos de Taizé. Allí, mediante esa técnica repetitiva sin reloj, se termina por interiorizar lo que se canta.  Se llega a comprender que lo que se canta y lo que pasa en el interior de cada uno tienen que ver. Muchos de sus cantos hablan de la luz, de su necesidad, de su búsqueda.

 

1. Cristo Jesús,

Oh fuego que abrasa:

Que las tinieblas en mí no tengan voz.

Cristo Jesús,

Disipa mis sombras

Y que en mí solo hable tu amor

 

  • Se percibe la evidencia de la tiniebla en la vida de la persona, su andar envuelto muchas veces en sombras que nos hacen la vida gris, que nos despistan, que borran los perfiles de las situaciones, que nos sumen en la perplejidad, que nos paralizan y nos rutinizan. Muchos de nuestros días son sin brillo, sin fuego dentro, un simple pasar, un cumplir para no ser censurado. Nada más. Son días que necesitan más luz, más brillo, más fulgor.
  • Desde esa luz lograremos que nuestra voz no sea la de las tinieblas, que nuestras palabras no sean “oscuras”, sin brillo, sin ánimo. Una voz llena de luz, eso es lo que necesitamos para animarnos, para animar, para sostener, para consolar.
  • Queremos que esas sombras se disipen y se pueda escuchar la voz de Jesús, la voz de su Evangelio, la de los signos de los tiempos, la voz casi a veces inaudible del empobrecido.

 

2. De noche iremos, de noche,

Que para encontrar la fuente

Solo la sed nos alumbra,

Solo la sed nos alumbra.

 

  • Esta estrofa es el estribillo del canto de san Juan de la Cruz “Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe”, aquello de “Que bien sé yo la fuente que mana y corre aunque es de noche”. La luz de la fe en la noche para que esta sea vivible, entendible asumible, amable.
  • Tratar de encontrar la fuente es el esfuerzo humano por el logro de la dicha, el esfuerzo enorme por realizarse, por ser uno mismo. Un esfuerzo del que depende el sentido de la vida.
  • La sed nos alumbra: la sed de vida, de sentido, de amor, de fe. Sin esa sed no habrá búsqueda de luz, se parará el dinamismo profundo que nos mantiene vivos por dentro. Así la misma sed se convierte en luz que alumbra la búsqueda de la luz. Dejar de sentir y tener esa sed es entrar de nuevo en el reino de las sombras.

 

2. Reflexión bíblica: 1Jn 2,9-10

 

Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

 

  • La 1 Jn es una carta “navideña”, no tanto porque hable del nacimiento de Jesús, sino porque habla del amor. Por eso la liturgia la desmenuza en una especie de “lectura continua” a lo largo de los días del ciclo de Navidad. Es una carta que habla del amor y de la luz.
  • Pero más allá de su modo “espiritualista” de hablar, 1Jn es altamente realista y siempre traduce a modos concretos sus profundas intuiciones espirituales. Aquí dice que esos gnósticos que se han ido de la comunidad dicen andar en la luz divina porque se sitúan en un espiritualismo ahistórico. Pero, en realidad, aborreciendo al hermano, huyendo de la solidaridad, cerrandose en la conciencia aislada, en la autorreferencialidad, se transita en la más profunda de las tinieblas, aunque se crea que se está en la luz. Por lo tanto, anhelar luz y desentenderse del hermano es una contradicción en los términos.
  • La manera concreta de estar en la luz es amar al hermano. Por eso, quien ama tiene una vida más luminosa, y quien no ama está en las sombras oscuras. De ahí que entender la encarnación como luz es lo mismo que entenderla como amor. Y vivir en luz es lo mismo que vivir en amor.
  • Andar en la tiniebla del desentendimiento del otro es “no saber a dónde se va”, una vida sin orientación, sin rumbo, sin norte. Es mirarse las manos y encontrarlas vacías, mirarse el corazón y ver que no hay en él ningún nombre.
  • Más aún, dice 1 Jn, vivir en el desentendimiento del otro es lo mismo que andar a ciegas, cegados los ojos por la tiniebla, como un topo que ha perdido la visión a fuerza de estar siempre en la oscuridad. Por eso la conclusión es clara: quieres luz, ama.                                                                                                                                                                                       

3. Reflexión espiritual

 

1)   Toda religión dice que Dios es luz: Porque la luz es una metáfora recurrente y evidente, sobre todo en culturas antiguas. Pero la encarnación es decir que dios es luz en el barro de la existencia, en el barrio de la vida, en lo oculto del ser. Eso ya no es tan aceptable por la mentalidad religiosa que quiere un Dios en el brillo, en lo numinoso, en lo brillante. Contemplar la encarnación es atravesar la costra de la pobreza de la vida para percibir que ahí, en el fondo está Dios luz de humildad, iluminando lo humilde, luz de pobreza iluminando lo pobre.

2)   Jesús, pobreza con luz dentro: Porque fue un pobre, desde su nacimiento en modos de fuerte pobreza social (como uno de tantos) hasta su muerte pobrísima, violenta e injusta. Pero en esa pobreza estuvo la luz. Y así lo vieron muchos, lo percibieron como una luz en el terreno de los humildes y para los humildes, por eso mismo, una luz inmanipulable. Quizá por eso siguió siendo luz después, aunque se le pusiera de nuevo en el brillo del candelero, un lugar inapropiado.

3)   Las pobrezas son la luz: Porque las pobrezas son como el interior de Jesús, como su verdad. El núcleo de la fe cristiana lo visibilizan los pobres. En su enorme e injusta pobreza anida la luz de dios y la luz de la justicia. Nadie podrá apagar esa luz. Vivir de espaldas a ella es vivir en la oscuridad.

4)   Una fe luminosa en el marco de la vida: No en el marco de lo religioso, eso vino después. Pero al principio, la luz de la encarnación era, simplemente, luz de vida. Volver la luz a la vida es una tarea antropológica y teológica. Hacer de la vida la casa de la luz, el lugar más hermoso para ser persona de luz.

 

 

4. Reflexión antropológica

 

1)   Interior iluminado: La persona no nace con el interior iluminado. Es una construcción, un proceso, un trabajo que acompaña la vida de la persona hasta el fin. Si no se hace ese trabajo, el interior se vuelve oscuro, gris. Hay que ayudarse en esta tarea. La fraternidad puede ser una herramienta estupenda para ir generando luz dentro. Por eso, la VR debería ser una realidad con luz dentro.

2)   Mirada luminosa: Es la de quien lograr mirar lo que vive y le rodea con mirada benigna y crítica. Quizá, para ello, haya que comenzar por asimilar el “principio misericordia” y la comunidad samaritana. Y luego aplicar lo mejor que se sepa la benignidad crítica. Una mirada luminosa es una mirada benigna y crítica. Se distingue de las miradas aviesas que provienen de la sombra no de la luz de la generosidad.

3)   Ojos abiertos a la luz, a la vida: Porque la vida está necesitado de personas de ojos abiertos, que miren con deseo de colaborar a la realidad que les rodea, que tratan de entender los caminos tortuosos de nuestro paso por la tierra, que se interrogan por lo que pasa y lo que les pasa.

4)   Contagiar luz: Que es lo mismo que contagiar alegría, algo en que insiste con tenacidad el papa Francisco. La alegría envuelve de luz a la persona y la tristeza lo envuelve de oscuridad. El sol de la alegría disipa las sombras oscuras que, con frecuencia, se agarran a nuestra vida como la niebla a las cumbres.

 

5. Reflexión social

 

1)   La solidaridad y la justicia: las luces imprescindibles: Así lo son. Sin otras luces se podrá vivir, pero sin estas no. Si falta la solidaridad, la vida volcada al otro, la vida se vuelve oscura y regresamos a los tiempos del egoísmo cavernario. Si, por el contrario, la solidaridad es vigorosa, la luz vuelve a la tierra. Por eso, los más solidarios son las antorchas sin las que el caminar humano entraría en el infierno de la más profunda oscuridad. Esas luminarias desde la solidaridad son realmente imprescindibles. 

2)   Dejarse Iluminar con quienes tienen más luz: Y esos no son otros que los más empobrecidos. ¿Pueden ellos iluminar? Quizá a pesar suyo, más allá de su ignorancia. Pero sus anhelos de justicia, de perdón, de enorme paciencia, de sufrimiento no protestado, de su increíble tendencia a la paz, son los elementos que arden y que dan luz. Dejarse coger por ellos es la manera de llegar a ser, uno también, luminoso/a.

3)   Luz social, luz personal: Ambas son necesarias. No podemos pretender la una sin la otra, que haya luz en la sociedad si la persona concreta no es luminosa. No podemos pretender la erradicación de la corrupción, rostro de la tiniebla, sin hacerla desaparecer en nuestra propia vida más allá de lo pequeño de su radio de acción. Apelar al anhelo de la luz manteniendo las propias oscuridades intactas es música celestial.

4)   Luz en ámbitos cercanos: En tu casa, en tu familia, en tu comunidad, en tu trabajo, en tu barrio, en tu bloque, en tu propio cuarto. Si no se cultiva la luz en la cercanía, cómo se va a cultivar en lo inatrapable de lo lejano. Hay que comprobar si se ama la luz en lo cercano, en el metro cuadrado donde se desenvuelve tu vida.

 

Conclusión

 

Dice el papa Francisco a los religiosos/as en la inauguración del año de la VR: “Iluminad al mundo con vuestro testimonio profético y a contracorriente”. Quizá haya que proponerse algo más modesto: déjate iluminar y luego ya se verá. Por eso, el tiempo de Navidad puede ser bueno para recibir un baño de luz, espiritual y social. Y luego, ya se verá.

 

Itinerario

 

  • Semana de contemplación de la luz (25 al 31 de diciembre): Toma la 1 Jn como texto “iluminativo”, medítala en los trozos que te propone la liturgia. Haz algún gesto, personal o fraterno, de iluminación (encender una vela perfumada ante el “misterio” con alguna pequeña frase alusiva…).
  • Semana de socialización de la luz (del 1 al 11 de enero): Medita el discurso del papa en la inauguración del año de la vida consagrada. Haz cada día un algo consciente de aprender luz de los hechos sociales y de tratar de ser persona de mirada y de corazón luminoso dentro de tu comunidad o en tu familia.