Blogia

FIAIZ

Marcos 15

CVMc

Domingo, 14 de febrero de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

15. Mc 2,21-22

 

Una reflexión inicial:

 

                Siempre hay una pugna entre lo nuevo y lo viejo, lo tradicional y lo moderno, lo anquilosado y lo renovado. En esa pugna sale siempre granando lo nuevo, aunque sea de peor calidad que lo antiguo.

                Y es que lo nuevo tiene más posibilidades de ganar porque conoce lo antiguo, sus fallos y posibilidades, y sabe situarse en lugares de más brillo, de mejor expectativa.

                Pero hay que decir que el valor tanto de lo antiguo como de lo nuevo lo da la humanidad. Si cualquiera de las dos posibilidades carece de humanidad, no nos sirve. Si una de ellas tiene un componente más humanizador, ahí hay que agarrarse a eso.

                ¿Hay posibilidad de sumar el valor humano de lo antiguo y el de lo nuevo? La hay, siempre que la preocupación sea, justamente, el valor de la persona. De eso hay que hacer cimiento.

 

El texto:

 

                21Nadie le cose a una pieza de paño sin estrenar a un manto pasado; si no, el remiendo tira del manto –lo nuevo de lo viejo- y deja un roto peor. 22Tampoco echa nadie vino nuevo en odres viejos; si no, el vino reventará los odres y se pierden el vino y los odres; no, a vino nuevo, odres nuevos.

 

                Siempre se ha entendido esto de una manera simple: lo de Jesús es una novedad sobre la espiritualidad del Antiguo Testamento y ha de ser echado en odres nuevos. Hay que abandonar la vieja espiritualidad y abrazar la nueva, la de Jesús. Quizá la cosa no sea tan simple:

  • Si lo nuevo es el remiendo que tira del manto y deja un roto peor, se está aludiendo a una novedad que no tiene el componente de lo humano. Tal vez se esté aludiendo a la novedad de las interpretaciones de la ley que destrozan el viejo anhelo de Dios de salvar lo humano. Las novedades sin componente humanizador han terminado por destrozar el sueño de Dios, la fraternidad humana.
  • Echar vino nuevo en odres viejos es echar a perder los odres. La ley santa, el deseo salvador de Dios, su sueño de la fraternidad igualitaria, era el odre viejo del que salía vino de calidad. Echar ahí el vino nuevo de doctrinas que se alejan de ese sueño de Dios, que deshumanizan, es echar a perder el planteamiento salvador de Dios.
  • No es que Jesús propugna lo viejo, sino aquello que contiene un nivel mayor de humanidad. Y constata que las triquiñuelas de la religión y del pensamiento rabínico han terminado por alejar al pueblo de la fe humanizadora de la alianza. O sea, lo nuevo ha echado a perder a lo humano, no porque lo nuevo sea malo, sino porque está exento de humanidad.

 

Para pensar un momento:

 

  1. 1.       ¿Te interesa cada vez más el componente humanizador de la vida?
  2. 2.       ¿Cómo tener sentido crítico, olfato, para percibir lo humano?
  3. 3.       ¿Cómo ayudarnos a ser cada vez más humanos/as?

 

 

 

Un valor:

 

                El valor de mirar hacia delante con humanidad: situarse en maneras nuevas sin olvidar el componente humano. Para ello:

  • Tener una mirada a la realidad entrañable, profunda. No ver las cosas solamente en su epidermis, en lo que aparece. Entrar un poco más en la realidad.
  • Salir de una actitud nostálgica que cree que lo pasado fue mejor sin más. Hacer una lectura crítica y humanizadora, realista y sensible, del pasado.
  • Acoger el presente con benignidad, sin histerias ni distorsiones. Creerse parte de este presente. Valorar lo bueno y tener suficiente visión para cuestionar lo cuestionable.
  • Trabajar con ánimo de cara al futuro, ya que éste, en parte, depende del trabajo de ahora. No ensoñar, pero sí soñar.
  • Recabar fuerza de los que nos quieren para seguir adelante con humanidad, sin resquemores ni sensaciones excesivas de pérdida.
  • Pensar que las situaciones difíciles puede ser elaboradas (quizá no solucionadas del todo). Saber que las cosas no tienen una única solución.
  • Apoyarse en los valores humanizadores de la fe, de la Palabra, del grupo cristiano, para cobrar impulso.

 

Una foto:

 

            Esta es una foto que ha estado últimamente en todos los periódicos: es Antonia Guzmán, una mujer de 93 años que ha colaborado en una película de su nieto. Y a su alta edad, ha dado cara a un trabajo y lo ha hecho bien, ha sabido estar en su lugar y es un ejemplo de persona fuerte que sabe dar cara a las cosas. Y sabemos que esta clase de personas abundan: gente que mantiene sus esencias, pero que sabe conectar, a su manera, con el presente.

 

Un poema:

 

Amanece sobre la nieve. 

La noche ha sido larga. 

Hay una hiriente claridad o amenazadora inocencia. 

 

No podría decir que velo aunque esté en pie,

sino que alguien que tal vez contemplara mi sueño

me impidiese cerrar los ojos

con su muda presencia. 

 

Los que duermen están

lejos en su recinto,

y aunque gritara ahora

no podría alcanzarlos. 

 

Me pregunto qué ha pasado esta noche,

por qué acudo a mi mesa,

con quién es el convite. 

 

Amanece sobre la nieve. 

¡Y a qué altura sobre mi frente

inmóvil

nace la claridad! 

                          Aguardo.

Alguien puede llegar, venir de pronto,

no sé quién, conociendo

más que yo de mi vida. 

 

José Ángel Valente 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Marcos 10

CVMc

Domingo, 7 de febrero de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

14. Mc 2,18-21

 

Una reflexión inicial:

 

            Muchas personas han llegado a la conclusión de que vivir es una suerte; otras muchas han concluido que vivir es una desgracia. Quizá, en parte, ambas tengan razón.

                Algunos tenemos suerte en la vida, pero eso no nos libra de preguntas, inquietudes y sufrimientos. Otros son excluidos del banquete de la vida, pero eso no les impide, de vez en cuando, disfrutar, vivir y cantar.

                El secreto de esta realidad ambivalente es que quien dice tener suerte vaya sumiendo sus lados de sombra y quien dice no tener suerte vaya aumentando sus lados de dicha.

                Ya decía Italo Calvino que “El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio”. Leímos esta cita en el funeral-despedida de Alfredo Pérez.

                El éxito es, pues, saber en medio del infierno de la vida qué no es infierno. O sea, cómo sacar el mejor partido a los días que hemos de transitar por este el mundo. Es mirada positiva es decisiva.

 

El texto:

 

                18Los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Fueron a preguntarle: -Los discípulos de Juan y los fariseos ayunan; entonces, ¿por qué razón tus discípulos no ayunan? 19Les replicó Jesús: -¿Es que pueden ayunar los amigos del novio mientras el novio está con ellos? En tanto tienen al novio con ellos no pueden ayunar. 20Pero llegará un día en que les arrebaten al novio; entonces, aquel día, ayunarán. 21Nadie le cose una pieza de paño sin estrenar a un manto pasado; si no, el remiendo tira del manto –lo nuevo de lo viejo- y deja un roto peor. 22Tampoco echa nadie vino nuevo en odres viejos; si no, el vino reventará los odres y se pierden el vino y los odres; no, a vino nuevo odres nuevos.

 

Para la gente del tiempo de Jesús, el ayuno era cosa decisiva: si ayunabas, eras persona religiosa de fiar; si no ayunabas, no representabas nada en el mundo de lo religioso. Pero Jesús no da el perfil de un ayunante sino, como se dice Mt 11,19, de un “glotón y borracho, amigo de pecadores”. De ahí el desconcierto que muestra este texto:

  • Discípulos que no ayunan de un maestro que no ayuna. Para Jesús, antes que el ayuno está la persona. No va contra el ayuno, pero está a favor de la persona. Si ambas realidades entran en litigio, él opta por la persona.
  • Y da una razón: el “novio” está con ellos. Es decir: la vida con Jesús es un tiempo de bodas. Y en tiempo de bodas, nadie ayuna.
  • Dice el Evangelio que cuando les quiten el novio, ayunarán. Pero resulta que el “novio”, Jesús, nunca va a dejar de estar con nosotros. Ni ahora ha dejado de estar porque acompaña nuestra vida y está en lo profundo de la vida. Ha venido a nosotros y ha puesto para siempre su morada entre nosotros (Jn 14,23). Por eso, el ayuno ha dejado de tener valor, si no es para beneficio de los pobres. De lo contrario, no tiene sentido ayuna, porque la vida es como un “tiempo de bodas”, de oportunidades, de disfrute dentro de la posible, de hermandad.
  • Esta evidencia es el “vino añejo” que es el bueno. Ir con “novedades” religiosas de que Dios quiere al ayunante no tiene sentido.

 

Para pensar un momento:

 

  1. 1.       ¿te parece que merece la pena enfocar la vida desde el lado positivo?
  2. 2.       ¿Creces en disfrute, a pesar de las limitaciones?
  3. 3.       ¿Hay luz en tus palabras, en tu mirada, en tus gestos?

 

Un valor:

 

                Vivir la vida con el valor de un optimismo razonable puede algo muy positivo. No se trata de ser un/a ingenuo/a creyendo que la vida es Jauja para todo el mundo. Eso no es cierto ni aquí ni a lo lejos. La vida tiene su tiniebla inevitable. Otra cosa es que uno se instale en ella y enfoque con tintes grises su vida y la de los demás.

                El optimismo razonable contendría cosas como éstas:

  • Una lectura lo más en positivo de lo que pasa y de lo que nos pasa.
  • Una certeza de que siempre hay en las situaciones algo bueno a que agarrarse.
  • Un no vivir los acontecimientos en modos histéricos, cosa que no ayuda nada.
  • No exagerar las situaciones dureza para no darles más espacio que el que deben tener.
  • No colaborar a aumentar los “infiernos” de la vida.
  • Aprender el arte de disfrutar con lo sencillo.
  • Huir de las personas y situaciones que ennegrecen todo.

Quizá con esta “terapia” sencilla logremos recuperar el valor del optimismo razonable.

 

Una foto:

 

            Es, hoy, una foto sin foto. Rosa Montero en un artículo relativamente reciente de El País semanal habló de Sara M. R., una muchacha marroquí que ha sufrido lo que todo pobre puede sufrir y más. Pero eso no ha conseguido destruir del todo la humanidad, la esperanza y una indudable bondad. Si lo leéis en http://elpais.com/elpais/2015/12/08/eps/1449598299_337782.html os gustará.

 

Un poema:


En campos de silencio
 

las estrellas que caen

siempre germinan. 

 

Todo nos reconoce. 

Todo inclina su gesto generoso

hacia donde la vida

nos cubre y nos concreta. 

 

Hay un cuenco de asombro

en el umbral

de los que saben esperar milagros, 

susurra una verdad. 

 

Hay música, también, 

bajo las cuerdas. 

 

Vanesa Pérez-Sauquillo

 

 

Materiales Pascua Juvenil 2016

MATERIALES PARA UNA PASCUA JOVEN

 

PRESENTACIÓN

 

            A nosotros, a los que vivimos tiempo con ÉL, sus discípulos, nos cambió la vida. Éramos como todos. Teníamos los fallos que tienen todos. Pedro amaba a Jesús, pero era muy ambicioso. Lo mismo que Santiago y Juan que querían sentarse uno a la derecha y otro a la izquierda. Y estos dos era violentos, dispuestos a pegar fuego a aquel pueblo que no les recibió. Y luego estaba Mateo, jefe de malos, jefe de corruptos. Y nada digamos de Judas, el que le entregó. O sea, éramos gente común, con cosas buenas y otras no tanto. Pero nos cambió la vida.

            Vosotros podéis pensar que a vosotros no hay quién os cambie, que ya estáis muy hechos y, como dice la gente mayor, “genio y figura hasta la sepultura”. Es verdad que cambiar es difícil. Pero si alguien nos puede cambiar es alguien a quien amamos. Cuando se ama, hay posibilidad de cambio porque el amor es la fuerza más grande para cambiar.

            Por eso, la finalidad de estos día no es tanto celebrar la Semana Santa, sino tener a la mano una oportunidad de amar más a ese Jesús que nos acompaña. Y si logramos amarle más, quizá nuestra vida pueda ser un poco distinta, quizá pueda tener otro sentido.

            Hablar del sentido de la vida parece que es cosa de filósofos. Pero, para nada. Es saber qué gafas queremos poner en nuestros ojos, gafas que nos impidan ver o gafas que nos ayuden a ver. Gafas que dejen pasar la luz o gafas oscuras que no dejan pasar la luz. Es cierto aquello otro de que la vida es “según el color con que se mira”. Eso es el sentido: el color con el que vamos mirando a la  vida y el que nosotros ponemos en ella.

            Acercarse a Jesús en estos días nos puede ayudar a poner dos colores en nuestra mirada: el de la humanidad y el de la espiritualidad. La humanidad es que el corazón sea sensible a los otros corazones; la espiritualidad es ver eso que está debajo de la piel y que no aparece sin más.

            Anímate, lánzate a Jesús, apóyate en tus hermanos y hermanas, en esos que tienen las mismas ganas que tú de vivir a tope con un sentido nuevo.

 

TU VIDA TIENE MÁS SENTIDO SI SIRVES

(Jueves Santo)

 

            Posiblemente vosotros no os lo creáis. Nosotros tampoco le creíamos del todo. Cuando nosotros, sus discípulos, íbamos de camino con él, bajábamos la cabeza y caminábamos en silencio. Él nos machaba: la vida tiene otro valor si se sabe servir; servir no es perder, sino ganar; se puede estar contento sirviendo. Bajábamos la cabeza porque por dentro nos decíamos: si te poner a servir, estás perdido, todo el mundo se aprovechará de ti. Pero Él, erre que erre, machacando en el yunque.

            Tenía Jesús una costumbre que, la verdad, no nos gustaba mucho. En aquellos tiempos íbamos casi siempre descalzos. No había para calzado. Por eso, antes de ponernos a cenar, por la noche, nos lavábamos los pies sucios. A Él le gustaba hacer ese trabajo. Nos ponía malos verle avanzar con el barreño y la toalla. A Pedro, sobre todo, se le revolvían las tripas.

            Por eso, se quedó Pedro helado cuando, mirándole a los ojos, le dijo: “Si no te lavo los pies, no tienes nada que ver conmigo”. Jamás hubiera pensado Pedro que le iba a lanzar aquel misil. Entendió bien Pedro que le estaba diciendo: tienes que aceptar a un Mesías que sirve, yo estoy contento sirviendo, yo te lavo los pies con amor, esto para mí no es una humillación, esto da sentido a mi vida.

            Cuenta una leyenda de aquella época que, años después, Pedro, en Antioquía lavaba también los pies a sus amigos cristianos y que, cuando lo hacía, él que era sensible y llorón, más allá de su rudeza, dejaba escapar las lágrimas que caían al barreño del agua. Se acordaba de Jesús y de lo que le costó a Pedro entender aquello del servicio.

            Esta tarde, vosotros los jóvenes, leeréis otra vez aquel hermoso texto del lavatorio de los pies. Tomadlo como palabras dichas al corazón, no solo como palabras leídas en una celebración. Si las acogéis en el corazón entenderéis mejor su significado. Haréis vuestra la mística del servicio. Esa sí que da otro color, otro sentido, a la vida.

            Piensa, por ejemplo, que si sirves con generosidad, no te empobreces, sino que sales ganando cosas que te hace más feliz (coherencia, gusto de ver crecer al otro, satisfacción por el bien hecho, etc.). Si eres ágil para servir, ganas corazones. Y quien gana un corazón ilumina su vida. Si sirves, rompes el caparazón de la indiferencia que nos envuelve sin que nos demos cuenta.

            Servir solamente puede hacerse mirando al corazón del otro y descubriendo ahí alguien a quien amar. Mira más allá de ti mismo.

 

            Para pensar:

 

  1. 1.      ¿Crees que la vida tendría otro color cuando servimos sencillamente?
  2. 2.      ¿Qué gesto de servicio podrías hacer hoy mismo?

 

 

TU VIDA TIENE MÁS VALOR SI TE ENTREGAS

(Viernes Santo)

 

            Lo sabéis todos. Para nosotros que estuvimos con él, su muerte fue un mazazo. ¡Cuánto nos costó reponernos! ¡Cuantísimo trabajo nos llevó verle sentido a aquello de lo que, el principio, no queríamos ni siquiera hablar. Pero hubo que hacerlo.

            Vosotros nunca habéis visto crucificados. Mejor, ojalá no los veáis nunca. Nosotros los veíamos con cierta frecuencia. Era espantoso el suplicio. Era tan espantosa la desolación de sus familiares y cercanos. Quedaban marcados para siempre. “Casa del crucificado” era la peor ofensa que se podía decir de una familia.

            Por eso, cuando, de lejos, lo vimos en el madero, nos quedamos helados y no sabíamos qué hacer. Fuimos cobardes. Nos escondimos en nuestras madrigueras, solos con nuestro desconcierto. No sabíamos cómo salir de aquel pozo.

            Nos ayudaron muchísimo las mujeres. En aquella época, ellas contaban poco, aunque tenían nuestro aprecio. Fueron ellas las que entre lágrimas comenzaron a decir que lo de Jesús no podía terminar de aquella mala manera. Decían: su entrega no muere, su generosidad sigue con nosotros, su amor aún late, su presencia no se ha apagado.

            Nos reuníamos por la noche, a la luz de una vela. Y, entre silencios, las mujeres nos hablaban de la hermosura de la entrega de Jesús, no solamente de la dureza de su muerte. Nos decían que Jesús no quiso morir en cruz; que eso se lo encontró porque proponía un estilo de vida nuevo, de más humanidad, de más calor en los corazones, de más justicia. Ese fue su gran valor. Lo hermoso de Jesús no es su muerte, decían, sino el camino de entrega que tuvo como final una muerte violenta.

            Por eso las mujeres nos decían: si queréis recordarle de verdad, no lo recordéis sobre todo crucificado, sino totalmente entregado

            Hoy, vosotros, los jóvenes, vais a celebrar su muerte leyendo el relato del Evangelio de san Juan. Leedlo desde la hermosura de su entrega, no desde el desastre de su muerte violenta. Pensad que se narra ahí el triste final de un corazón entregado, la belleza de una fidelidad que no se detiene ante nada.

            Cuando veneréis la cruz de Jesús, pensad que estáis besando no a un muerto en cruz, sino, sobre todo, a uno que ha vivido la entrega del corazón con toda seriedad, a uno que ha acompañado con fidelidad inquebrantable, a uno que jamás ha rechazo a nadie, a uno que se dio sin guardarse para sí nada. Vacío de sí, para llenarnos a nosotros. Eso es lo que besas.

            Y en la paz hermosa de este Viernes Santo, piensa que cuando te entregas a fondo, cuando te entregas con amor, cuando no te pones por delante, estás andando el camino de Jesús. Posiblemente tu vida no acabará tan dramáticamente como la suya, pero la entrega tiene un precio, el precio del desdén, de quien te dice que estás en la luna, de quien hace de la indiferencia su bandera. Paga el precio, entrégate, y una paz honda, la de Jesús, vendrá a los pliegues de tu alma.

 

            Para pensar:

 

  1. 1.      ¿Cómo venerar más al entregado que al crucificado?
  2. 2.      ¿En qué puedes entregarte tú mismo y hoy mismo?

 

OÍR LO QUE NO SE OYE, VER LO QUE NO SE VE

(Desierto del viernes)

 

            El peor enemigo de la persona es la superficialidad. Ser superficial es fácil. Basta con dejarse llevar. “Dónde va Vicente, donde va la gente”. La superficialidad es pensar como todo el mundo, decir lo de todo el mundo, obrar como todo el mundo. Dejarse llevar. Esto nos hace muy frágiles, muy vulnerables, muy manipulables.

            Lo contrario es la profundidad. Ser profundo no es ser raro, de pensamiento oscuro, de vida extraña. No es ser un “filósofo” al que no hay quien le entienda. No es decir cosas incomprensibles, ni andar desarrapado por el mundo. Es mirar, fijar bien, apuntar al corazón, creer que debajo de la piel hay algo, tratar de llenarse de algo, ahondar en los porqué de las cosas.

            Si recuperamos la profundidad, sabremos mucho de nosotros y sabremos del mismo Dios. Quien anda en la superficie ni sabe de él, más que unas pocas cosas, ni sabe mucho de Dios. ¿Cómo recuperar la profundidad?

            Trata de oír lo que no se oye. Para ello, no hay que temer al silencio. El silencio es la caja de resonancia para oír eso que no se oye. A veces habrá que escuchar sonidos físicos que el silencio permite escuchar y el ruido no: ¿Cómo suenan las hojas de los árboles cuando el viento las mueve? ¿Qué música tienen las espigas cuando en el campo se frotan entre sí? ¿Cómo suenan las alas de los pájaros grandes cuando vuelan? Si no oímos esos sonidos raros, no podremos apuntar a la profundidad?

            Y luego están los otros sonidos: los del corazón cuando se rompe, cuando grita, cuando llora, cuando ríe; los de las lágrimas de los pobres cuando caen de sus ojos y llegan al suelo; los de las alegrías de los humildes que cantan aunque nadie les escuche; los de los pasos de quienes son expulsados de su tierra y pisan tierra extraña. Si no oímos cosas así, no recuperaremos la profundidad.

            Y, además, habrá que ver lo que no se ve: Ver lo que no se quiere ver en las calles de tu ciudad; ver lo que no se publicita (la solidaridad, la generosidad, el amor sencillo); ver el corazón de la ciudad en la música de los callejeros; ver el amor en los brazos que sostienen a los ancianos titubeantes.

            Ver también el valor de los pasos extraños de quienes están al margen; ver los caminos de luz de quienes buscan caminos alternativos; ver el imparable trabajo de quienes quieren cambiar la órbita del planeta por el amor; ver a quienes tocan y aman la tierra en su huertos urbanos.

            Es que no podemos aspirar a otra forma de vida, a otro sentido en la vida, si no ahondamos, si no recuperamos la profundidad. Quien sabe de la profundidad sabe también de la persona y sabe de Dios. Es ahí cuando otra forma de vida es posible. Hay que animarse.

 

            Para pensar:

 

  1. 1.      Lee Mc 1,35 donde se dice que Jesús oraba de noche trabajando su profundidad.
  2. 2.      Pregúntate: ¿Qué me impide ser más profundo/a?
  3. 3.      ¿Cómo ayudarnos a recuperar la profundidad?

 

TU VIDA ES MÁS GOZOSA SI TE LANZAS A AMAR

(Sábado Santo)

 

            Nosotros, que estuvimos con él, tuvimos bastante pronto la certeza de que estaba vivo. Lo percibíamos en mil detalles: estaba en nuestra cabeza y en nuestro corazón, empezamos a reunirnos en su nombre, recordábamos sus dichos y sus pasos, hablábamos y hablábamos (hasta altas horas de la noche) de sus andanzas, recordábamos uno a uno sus gestos de cariño con nosotros. Estaba vivo en nosotros.

            Lo leeréis esta noche en el Evangelio de vuestra celebración: Fueron las mujeres las que dijeron que estaba vivo. Nos costó creerles, nos parecía una locura. Pero no lo era porque el amor que le tuvimos desde el principio no se rompió a pesar del hachazo de su dura muerte. Le seguíamos amando de manera distinta pero bien profunda.

            Siempre llegábamos a la misma conclusión: es cuestión de amor. Si no amas, si no te lanzas a amar cada día no entenderás nada de la resurrección de Jesús. No es tanto cuestión de creer, sino de amar.

            Cuando se habla de la resurrección hay que hablar de amor. Si esa palabra no sale por ningún lado es que no estamos situando bien la cosa. Porque la resurrección es la certeza de que el amor de Jesús está a nuestro lado en modos más vivos que cuando sus pies hollaban los caminos de Galilea, su tierra.

            Por eso, vosotros, los jóvenes, que esta noche celebraréis con gozo la resurrección de Jesús lo que realmente tenéis que celebrar es el amor y sus posibilidades, la certeza de que si te lanzas a amar tu vida será más gozosa. La seguridad de que si tienes quien te ame tienes un amparo y que si tú amas te convierte en amparo para otros.

            Leeréis en el Evangelio de esta noche que, tras el anuncio de las mujeres, Pedro “se decidió y echó a correr hacia el sepulcro”. No hay que correr hacia el sepulcro, sino hacia el amor. Ahí está el resucitado latiendo y acompañando nuestra vida.

            Si entiendes esto irán entendiendo mejor cuáles son tus verdaderos centros vitales y les irás dando un contenido de mayor humanidad y de mayor espiritualidad. Más aún, es posible que esos centros vitales se desplacen y busquen lugares de más amor. Si logras que el amor se quede en tu casa, tu persona tendrá otra fuerza. Y no olvidéis: el quid de la cuestión no está tanto en que te amen, sino que en tú ames, en que te des, en abras las puerta del corazón (esa puerta que se abre por dentro) y que lo tuyo esté cada día más a disposición del otro.

 

            Para pensar:

 

  1. 1.      ¿Te parece que vivir desde el amor siempre lleva al gozo?
  2. 2.      ¿En qué parcela del amor crees que tienes que trabajar más?
  3. 3.      ¿En qué puedes amar más hoy mismo?

 

Marcos 13

CVMc

Domingo, 31 de enero de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

13. Mc 2,15-17

 

Una reflexión inicial:

 

                Por definición (definición que hacemos quienes decimos creer) los descreídos, los ateos, los increyentes, decimos, son gentes que no tienen fe, porque reniegan o hablan mal de ella, porque se han alejado de la iglesia, etc.

                Pero esto no es totalmente exacto. Con mucha frecuencia, entre los descreídos no solamente hay atisbos de fe, sino de hondo aprecio de la persona de Jesús y del Evangelio (aunque rechacen a la Iglesia por sus estructuras no evangélicas).

                Además, los descreídos nos hacen un gran favor a los creyentes al derribar muchos de los ídolos que construimos con nuestras prácticas religiosas, a veces tan deformantes. Ellos, los ateos, hacen la “limpieza” que nosotros no somos capaces de hacer.

                De ahí que no estaría nada mal entablar diálogo con ellos, tener la actitud e aprender de ellos, porque es cierto que nos pueden enseñar muchas cosas que nos animen a una vivencia del Evangelio más atinada.

 

El texto

 

                15Sucedió que, estando recostado a la mesa en su casa, muchos recaudadores y descreídos se fueron reclinando a la mesa con Jesús y sus discípulos; de hecho, eran muchos y lo seguían. 16Los fariseos letrados, al ver que comía con los recaudadores y los descreídos, decían a los discípulos: -¿Por qué come con los recaudadores y descreídos? 17Lo oyó Jesús y les dijo: -No sienten necesidad de médico los que son fuertes, sino los que se encuentran mal. No he venido a invitar justos, sino pecadores.

  • Uno de los rasgos que nos hace humanos es que comemos juntos, y con rituales de relación y de disfrute. Cuando este estar a la mesa se amplía a quienes la sociedad estigmatiza y excluye, el horizonte humano brilla más. Jesús es más humano cuando come con recaudadores y descreídos. Por eso mismo, es “más Dios” participando de esa mesa de exclusión.
  • Quien rechaza una comensalía abierta e incluyente está “fuera de la mesa”. Estar fuera de la mesa es estar fuera de lo humano. Los comportamientos inhumanos nos alejan de la mesa y nos privan de lo más importante de la vida: la buena relación.
  • Jesús, con su comportamiento, hace una propuesta de encuentro. Todos podrían sentarse a la mesa, incluso quienes estigmatizan a los pobres y descreídos. La mesa podría ser para todos. Pero tiene que haber una acogida básica, porque el rechazo destroza la relación y hace imposible la mesa.
  • Por otra parte, la división entre justos y pecadores es muy discutible desde el punto de vista moral, e incluso espiritual: aquí resulta que los descreídos son los que tienen “fe”, aceptan a Jesús, y los religiosos, no tienen “fe”, rechazan a Jesús. El mundo al revés.

 

Para pensar en silencio:

 

  1. 1.       ¿Subraya algún punto que te parezca interesante?
  2. 2.       ¿Te anima ver a un Jesús que se sienta con “descreídos” sin poner condiciones a nadie?
  3. 3.       ¿Encuentras algún parecido con otras “mesas” sociales en las que se sientan los más frágiles?

 

Un valor: comensalía abierta

 

                Ya hemos dicho que uno de los rasgos que nos hace más humanos es el comer. Por eso, una manera especial de generar humanidad es abrir la mesa, ampliarla, tener un talante integrador ante todo tipo de mesas, aquellas en las que se comen alimentos y aquellas en las que se “come” la vida. Para ampliar la mesa es precisa una serie de condiciones:

  • Es preciso mirar en la dirección del otro y sus circunstancias. Si solamente me interesa lo mío, la mesa permanecerá cerrada.
  • Hay que estar dispuesto a un constante compartir. Si yo quiera sacar beneficio y lucro a todo, la mesa se cerrará y será solamente para quien puede devolver el favor.
  • Habrá que tener conciencia de que es más importante la persona que lo que se come. Para ello será bueno alegrarse con quien se come, aunque sea alguien sencillo y frágil.
  • También habrá que dejar algo de lado las exigencias morales. Comer solamente con “los buenos” lleva a la exclusión y al desenfoque.
  •  Tendrá que estar activado el mecanismo del disfrute sencillo. Si en la mesa no se disfruta (con la comida, con la conversación, con el canto) algo falla.
  • No habrá que echar la llave al sitio donde se come. Siempre habrá que dejar la puerta abierta para que pueda entrar alguien de última hora.
  • Habrá que ampliar la mesa a los comensales “que no están”, o a los que están lejos. No para que coman, sino para saber que ellos también tienen un sitio guardado, que hay quien piensa en ellos.
  • Se podrá comer, incluso, con toda la creación, pues toda creatura tiene un hueco en el banquete de la vida.

 

 

Una imagen

 

 

            Esta foto es de una comida que llaman “Betania” que hace todos los domingos la parroquia de Sansomendi en Vitoria. Acude quien quiere, quien lleva y quien no lleva, quien es de la ciudad y quien está de paso, quien va a la parroquia y quien no va. Una mesa abierta y que acoge a quien simplemente quiere comer en compañía y fraternidad. Suelen ser comidas de gozo. Como las de Jesús.

 

 

Marcos 12

CVMc

Domingo, 24 de enero de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

12. Mc 2,14

 

Una reflexión inicial:

 

            Desde niños nos han enseñado que el mundo se dividía en buenos y malos. El éxito estaba en adherirse a los buenos y escapar de los malos. Pero esta división falla más que una escopeta de feria porque ni los buenos son tan buenos como ellos dicen, ni los malos son tan malos como nosotros decimos.

                A los “buenos” a veces se les pilla en grandes maldades. Y a los “malos” se les descubren, con frecuencia, maravillosas bondades.

                Por eso, hay que buscar otra manera de dividir o, mejor, de enfocar a las personas, incluso sin dividir. Esa manera es enfocar a la persona, toda persona, más allá de su comportamiento moral, como una persona digna.

                Efectivamente, toda persona es digna en su fondo y como tal ha de ser mirada y respetada. Otra cosa es su comportamiento moral, que puede ser bueno o malo. Y como tal habrá que discernirlo.

Pero la dignidad va emparejada al hecho de ser persona. Y, por eso mismo, nunca se puede perder. Otra cosa es que la dignidad se halle más o menos oscurecida, más o menos aceptada, más o menos tenida en cuenta. Pero siempre estará ahí aunque quede velada por la inmoralidad, la fragilidad, la postergación o cualquier otro velo.

La espiritualidad de la dignidad es básica no solamente para la convivencia social, sino para la relación elemental, para el amor. Cuando se aleja uno de la dignidad por una pérdida de respeto y de cariño, se cae en el precipicio de la inhumanidad.

 

El texto:

 

            15Yendo de paso vio a Levi de Alfeo sentado al mostrador de los impuestos y le dijo: -Sígueme. Él se levantó y lo siguió.

 

  • Jesús va “de paso”. Es el andar de la profecía, de quien anda buscando colaboradores para un proyecto. Jesús necesita de nosotros para que su oferta pueda arraigar en nuestra historia.
  • Levi está “sentado en el mostrador de los impuestos”, en el lugar mismo de la limitación. Es un “jefe de malos”, ya que los recaudadores eran tenidos por escoria, colaboracionistas y opresores, corruptos con amparo de la ley. A uno así se le ofrece el reino no en base a su moralidad, sino en base a su dignidad.
  • La propuesta de seguimiento es sin matices, sin explicaciones, sin una negociación de por medio. Es como el flechazo del amor: o se ama o no se ama. O se sigue o no se sigue. No hay que andar con muchas disquisiciones.
  • La respuesta es inmediata. Le sigue dejando todo empantanado, como quien acepta sin condiciones. Un “malo” responde al resorte de su dignidad y conecta con la propuesta de Jesús.

 

Para pensar en silencio:

 

  1. 1.       ¿Miro a las personas desde la dignidad?
  2. 2.       ¿Sé separar dignidad y moralidad?
  3. 3.       ¿Descubro en los “malos” aspectos positivos y buenos?

 

 

 

Un valor: la bondad original

 

                Dice el Papa Francisco hablando de san Francisco de Asís que  “por la reconciliación universal con todas las criaturas, de algún modo Francisco retornaba al estado de inocencia primitiva”. Esa “inocencia primitiva” no es estar en babia o ser un simplón. Se trataría de activa dinamismo como estos:

-          Mantener la capacidad de sorpresa que uno lleva dentro, el “niño/a” que no deberíamos abandonar.

-          Hacer de la bondad de toda creatura algo de lo que uno no se apea nunca. Creer en la bondad básica de todo corazón.

-          Hay que pensar que si se trata a la persona desde la dignidad, ésta, con frecuencia, responde positivamente.

-          Es preciso vivir cada jornada, cada situación, como una posibilidad, incluso más allá de la adversidad. Si se logra esto, se mira al mundo de otra manera.

-          Habrá que poner en un segundo plano ideas, prejuicios, velos, estereotipos que se van apegando a nuestra vida a lo largo de los días. Hay que obrar con discernimiento, pero sin retorcimiento.

 

Una imagen:

 

      Estos son los “bomberos de Lesbos”, jóvenes españoles que han ido a la isla de Lesbos con el único afán de tratar de evitar que el número de refugiados ahogados en el Egeo crezca más. Las autoridades los han visto como un peligro y los han encarcelado, aunque, ulteriormente, los pusieron en libertad. Son gente que no mira los componentes morales o sociales de los refugiados. Los ven como personas dignas de ayuda y se aprestan a ello. No hace falta más.

 

Un poema:

 

Desde que su madre tiene la enfermedad de Alzheimer, P. no habla con ella más que del presente. Pasan largos ratos juntos discutiendo la forma de las nubes del cielo. Un día ella le pide venir urgentemente "para ver una maravilla": es para  mostrarle el gato dormido sobre un cojín. Otro día pasa de la risa al llanto ante un pequeño limón que brota en el limonero de su jardín. Su enfermedad hace de ella una visionaria sin escritura. Los éxtasis que sufre le permiten ver los milagros que  nuestras pretensiones descuidan.

 

Ch. Bobin

 

 

 

 

 

 

Marcos 11

CVMc

Domingo, 17 de enero de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

11. 2,1-13

 

Una reflexión inicial:

 

            Una de las necesidades de nuestra sociedad es el perdón social. Para que la convivencias sea posible es necesario perdonar como trabajo de reconstrucción social.

                El perdón social es aquel que los miembros de una sociedad se otorgan para poder convivir en paz. No es algo que se exija por ley, sino que ha de brotar de la evidencia de que sin perdón no solamente se arriesga caer en aquello que nos hirió, sino que la paz social nunca llegará.

                La realidad del perdón implica a toda persona que vive en sociedad; no es cosa solamente de víctimas y victimarios. Implica a todos, porque todos hacemos parte del hecho social que necesita convivir.

                De ahí se derivan una serie de actitudes exigibles a todo ciudadano: tener buenas palabras, justas y humanas, para valorar a cualquier persona; mirar también al sufrimiento de los demás, no únicamente al propio; colaborar en los actos de reparación que se hacen a las víctimas; no instalarse en el odio o el menosprecio, sino buscar la convivencia básica (no tanto la amistad); tener un talante generoso para poder ofrecer lo que el victimario no me dio.

                Esto es más fácil decirlo y hacerlo si se hace “en frío”, mediando la reflexión (la oración si se es creyente). El diálogo respetuoso puede ser también reparador.

 

El texto:

 

                2,1 Entró de nuevo en Cafarnaún y, pasados unos días, se supo que estaba en casa. 2 Se congregaron tantos que no se cabía ni a la puerta, y él les exponía el mensaje. 3 Llegaron llevándole un paralítico transportado entre cuatro. 4 Como no podían acercárselo por causa de la multitud, levantaron el techo del lugar donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.

  

5 Viendo Jesús la fe de ellos, le dice al paralítico: -Hijo, se te perdonan tus pecados. 6 Pero estaban sentados allí algunos de los letrados y empezaron a razonar en su interior: 7 - ¿Cómo habla éste así? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios sólo? 8 Jesús, intuyendo cómo razonaban dentro de ellos, les dijo al momento: - ¿Por qué razonáis así en vuestro interior? 9 ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico “se te perdonan tus pecados” o decirle “levántate, carga con tu camilla y echa a andar”? 10 Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados... [le dice al paralítico] 11 … A ti te digo: levántate, carga con tu camilla y márchate a tu casa. 12 Se levantó, cargó en seguida con la camilla y salió a la vista de todos. Todos se quedaron atónitos y alababan a Dios diciendo: - Nunca hemos visto cosa igual.

  • Jesús está en Cafarnaún, “su casa”. Es un exilado de su pueblo. Ahí, en el exilio, derrama el perdón social, el que hace que un excluido de la sociedad pueda ser autónomo y respetado.
  • El paralítico es uno que va sujeto a su camilla. Cuando se le diga que coja la camilla y la lleve se habrá verificado que toda persona tiene dentro las posibilidades de ser ella misma.
  • En base a ese componente de dignidad, si se lo reconoce, la persona puede llegar a ser perdonada socialmente, a ser integrada a la sociedad que la había excluido. Con ello, también el hecho social que excluye queda cuestionado. De ahí que el endurecimiento para “perdonar pecados” se vuelve acusación contra una sociedad excluyente.
  • Queda mucho camino por recorrer, ya que la gente que dice atónita “Nunca hemos visto cosa igual” lo dice no porque se adhiera al perdón que incluye en la sociedad, sino porque se resiste a aceptar el planteamiento incluyente de Jesús.

 

Para pensar:

  1. 1.       ¿Tienes una mentalidad incluyente?
  2. 2.       ¿Perdonas con facilidad?

 

Un valor: alejarse de la cultura del descarte

 

            Suele hablar mucho de eso el Papa Francisco: es entender que el hecho social produce “desechos”, personas excluidas, marginadas, náufragos del sistema, gentes que pueden ser desechados como piezas inútiles para el sistema.

                Es algo inaceptable porque atenta contra la dignidad inalienable de toda persona. Más aún: justamente en esos “desechos”, gente “improductiva”, hay que ver las posibilidades de humanización que con frecuencia nos brindan.

                Quizá sea cierto aquello que decía Ernesto Sábato de que han sido los débiles quienes nos han salvado cuando lo humano ha estado en peligro. Por eso, cuanto más alejados de la cultura del descarte, mejor, más humanos y más seguidores de Jesús.

                Esta espiritualidad habría que aplicarla incluso a la creación: generar los menos desechos posible, hacer las menos heridas posible, ya que todo ser es digno en sí mismo y valioso por el mismo. Es preciso salir de ese “antropoceno” que hace de la persona poderosa lo único valioso del sistema, como si los seres humildes y las realidades humildes no contaran para nada, no fueran importantes.

                Para alejarse de la cultura del descarte es preciso mirar al corazón de la realidad, a eso que hay más allá de la piel.

Una imagen:

 

 

 

 


 

 

 

 

                Esta es la portada de uno de los últimos números de Vida Nueva del año pasado. Es elocuente. Refleja la gran dificultad del ciudadano medio para pensar que se puede tener algún tipo de relación distinto al del odio, rechazo y condena con quien ha sido victimario en la sociedad. Muchos dicen: “Sí, claro”, como diciendo: ahora venía a pedir misericordia, la que vosotros no tuvisteis. Aunque sea verdad, hay que intentar algún tipo de perdón social para poder convivir.

 

Un poema (parte)

 

Guárdate 
de los cielos sin ojos ni ventanas 
guárdate 
de los mares cubiertos de escafandras 
guárdate 
guárdate 
de las voces sin risas ni esperanzas 
de los hombres de mirada vana 
guárdate 
de los libros sin lecturas ni palabras 
guárdate 
de las viejas historias trituradas. 
                                J.A.Labordeta

 

 

Marcos 10

CVMc

Domingo, 10 de enero de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

10. 1,39-45

 

Una reflexión inicial:

 

            Las leyes habrían de estar al servicio de los ciudadanos, no al revés. Y, más aún, sobre todo al servicio de los ciudadanos frágiles, de manera que sintieran que había estructuras sociales de amparo para situaciones de emergencia.

                Esas estructuras de amparo serían de esta índole o similar: nunca me voy a quedar sin casa si no me llega el sueldo, nunca me van a cortar la luz si no puedo pagarla, nunca me voy a quedar sin atención sanitaria, nunca me voy a quedar sin un trabajo decente cuando me despidan del que ahora tengo, nunca mis hijos se van a quedar sin escuela aunque mis ingresos sean escasos.

                Si esta clase de estructuras de amparo no están garantizadas por ley es que todavía las leyes no están al servicio de quien anda en necesidad. Aún no se ha conseguido la finalidad humanizadora de una legislación.

                Es raro leer o escuchar a quienes se dedican a la política que están dispuestos a que estas leyes de amparo se cumplan. Al final, todo queda a mitad de camino o menos. A veces hay atisbos de ello (ver la imagen del final), pero el camino por recorrer aún es muy largo.

                Por eso mismo, la denuncia y hasta la indignación son todavía necesarias. Ahora que estrenamos un gobierno nuevo es lícito aspirar a ello, para que no tengamos que esgrimir nuestro desacuerdo y nuestra indignación “como prueba contra ellos”.

 

El texto:

 

            39Fue predicando por las sinagogas de ellos, por toda Galilea, y expulsando los demonios. 40Se le acercó un leproso y le suplicó de rodillas: -Si quieres, puedes limpiarme. 41Conmovido, extendió la mano y lo tocó diciendo: -Quiero, queda limpio. 42Al momento se le quitó la lepra y quedó limpio. 43Reprimiéndolo, lo sacó afuera enseguida 44y le dijo: -¡Cuidado con decirle nada a nadie! Al contrario, ve a que te examine el sacerdote y ofrece por tu purificación lo que prescribió Moisés como prueba contra ellos. 45Pero él, al salir, se puso a proclamar y divulgar el mensaje a más y mejor; en consecuencia, Jesús no podía ya entrar manifiestamente en ninguna ciudad; se quedaba fuera, en despoblado, pero acudían a él de todas partes.

 

  • El leproso es en la antigüedad un caso extremo de marginación. La ley, elaborada por los sacerdotes (en tiempos de teocracia) impone su exclusión fuera “del campamento”, fuera de la comunidad.
  • Cuando Jesús “toca” al leproso comete un acto prohibido. Es su manera de decir que no está de acuerdo con una legislación que excluye a los débiles. El reino no excluye a nadie; más aún, el frágil debiera estar en el centro.
  • Por eso, dice que ofrezca lo prescrito “como prueba contra ellos”. Es decir, ellos han hecho una ley de exclusión del débil, ellos debieran rectificar. La curación se convierte en argumento contra una ley que no ampara al frágil.
  • Si la gente acude a Jesús de todas partes no solamente manifiesta con ello su necesidad, sino la evidencia de que el reino de Dios es para quien más excluido está. El reino ampara al frágil.

 

 

Para pensar y orar

 

  1. ¿Tienes una mentalidad inclusiva o excluyente?
  2. ¿Hay posibilidad de mejorar las leyes de amparo social?
  3. ¿Cómo ponerse de parte de quien lo pasa mal?

 

Un valor: recuperar la indignación

 

Como las cosas van tan rápidas, nos parece que aquello del 15-M es algo que pasó a la historia y era el 15 de mayo de 2011. Ayer. Allí la palabra “indignado” cobró un peso que no había tenido en toda la historia, sobre todo, porque ese movimiento se contagió a muchos países, sobre todo del área mediterránea.

                Y, sin embargo, la indignación no ha desaparecido ya que el sentimiento de indignación es un componente de la estructura humana. Quien nunca se indigna, quien todo le da igual, o es un apático o es un excluido de la sociedad. Indignarse es necesario; indignarse bien es difícil, indignarse mal, algo muy corriente. Pasar de la indignación a la violencia, es fácil; pasar de la indignación a la colaboración y a la responsabilidad es difícil.

Está claro que la indignación aislada no es suficiente. Es preciso añadirle una serie de ce apoyos y de cauces que den salida a lo bueno del ser humano:

  • Colaboradores: Si no estás dispuesto a colaborar en algo, tu indignación es una vaciedad, un grito al aire, pura fachada.
  • Respetuosos: Si indignarse supone faltar al respeto básico a la persona se entra en una espiral de desprestigio que no puede llevar a nada bueno.
  • Valoradores de lo positivo: Porque la indignación, lógicamente, apunta a asuntos negativos. Por eso mismo, hay que hacer esfuerzo para poner sobre la mesa del discernimiento también lo positivo. Si no, se produce un desenfoque.
  • Celebradores de la vida: Para que la indignación no se convierta en amargura, en crispación, en talante desagradable.
  • Insistidores: Porque se tiende a no insistir cuando algo no ha salido, y pensar que, por ello, se ha fracasado. Insistir es una manera de creer en el valor de la persona.

 

Una imagen:

 

El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid ha acordado crear un fondo solidario, que se nutrirá de las aportaciones de las distintas administraciones públicas y de las empresas energéticas, para cubrir el pago de recibos de electricidad y de gas, de aquellas personas que se encuentren en situación de exclusión. Este fondo para luchar contra la “pobreza energética”, contará con una dotación inicial de un millón de euros, aportado por la Comunidad. Estos son los caminos del amparo social.

 

Un poema:


En busca de un sueño 
tallaron la piedra 
En busca de un sueño 
Dios vino a la tierra 

 

 

FELIZ 2016




 

La difícil misericordia


LA DIFICIL MISERICORDIA
Una relectura de la CtaM en el “Año de la misericordia”

A pesar de su posible devaluación, la palabra “misericordia” parece subir en el ranking del vocabulario civil. Hay escritores, como Gustavo Martín Garzo, que en medios laicos (el diario El País, por ejemplo) hablan sin tapujos de la necesidad de la misericordia . Quizá, sí, la misericordia esté recobrando terreno en el inhumano desierto de nuestro mundo, vista la enorme necesidad que tenemos de ella.
La iniciativa del Papa Francisco de convocar un “Jubileo extraordinario de la misericordia” es un empujón más en la buena dirección, aunque, al dar al asunto un matiz de carácter básicamente religioso, su influencia queda automáticamente restringida a ese campo. Pero bienvenido sea. Hablemos de misericordia.
Todos los franciscanos sabemos que en la CtaM tenemos como el credo de la misericordia franciscana. No hay comentador o glosador de este texto que no loe el valor de la misericordia como eje central del texto y como piedra de fundamento de la espiritualidad franciscana .
Pero algo han intuido los estudiosos cuando han mirado de cerca el texto, algo que tiene que ver con lo difícil, con lo duro, con lo extremo. Pongamos un ejemplo: “Erich Auerbach, buen conocedor de la literatura occidental, enumera esta carta entre las obras maestras del realismo. Francisco vio claramente que el ministro buscaba un recogimiento tranquilo en vez de las agotadoras funciones de su cargo. Pero Francisco no admite la meditación como un refugio. Con renovado ímpetu suplica al ministro que se humille en el rumbo de las cosas de cada día, que acepte todo sin excepción, incluso las bofetadas, que incluso ame a quienes le pegan, y todo ello no con apatía estoica, sino voluntariamente y con alegre agradecimiento. Las frases, presurosamente escritas y que empiezan casi todas con «y», los numerosos pronombres demostrativos, «la inmediatez por completo aliteraria de la expresión, muy cercana al lenguaje hablado», subrayan «un contenido muy radical: una doctrina llevada hasta los límites extremos de no rehuir el mal y no oponerle resistencia; una conjura a no huir del mundo sino a soportar apasionadamente el mal en medio de sus propias dificultades; más aún: no debe (el ministro) desear otra cosa... Francisco llega a un extremo teológico-moral casi peligroso, al escribir: "et in hoc dilige eos et non velis quid sint meliores christiani" -y ámalos precisamente en esto, y tú no exijas que sean cristianos mejores-, pues ¿es lícito ahogar el deseo de que el prójimo sea mejor cristiano, en aras de probarnos a nosotros mismos mediante el sufrimiento? Sólo en la aceptación del mal puede manifestarse, según el convencimiento de Francisco, la fuerza del amor y de la obediencia» . Esta radicalidad en la renuncia a la propia voluntad tiene como reverso la inquebrantable confianza de que cada suceso es una gracia. El ministro puede así estar abierto a todo; no será aplastado por el peso de su cargo ni desalentado por los golpes de sus hermanos. La entrega total y el amor sin límites valen más que la vida que uno elige vivir en un eremitorio, «más que la solitaria meditación fuera del mundo» .

1. El tono de CtaM

Las maneras adultas de leer un texto son múltiples. Una de ellas, por extraño que parezca, es hacerlo desde los presupuestos de una cierta sospecha. No se desconfía ni del texto ni del autor. Pero uno, ante ciertas expresiones, se pregunta ¿qué estamos realmente leyendo? ¿Qué hay detrás de las palabras? ¿Qué se dice especularmente más allá de la imagen que aparece en el espejo? Quizá un tipo de lectura así pueda alejarnos de tópicos y nos ayude a una mayor profundidad.
Vamos, pues, a hacer un análisis reflexivo simplemente sobre el “tono” de CtaM. Tanto si se la lee en castellano como en latín, y ya desde el comienzo, hay algo que nos va llevando a un terreno más alejado que el de las meras locuciones verbales. Hagamos una enumeración:

1) Frati N. Ministro: casi todas las cartas de Francisco (excepto 1 y 2 CtaF y CtaL) comienzan de otra manera, con su presentación como “pequeñuelo y despreciable, vuestro siervo” (CtaA), “siervo y pequeñuelo” (1CtaCus), “el más pequeño de los siervos” (2CtaCus), “hombre vil y caduco, vuestro pequeñuelo siervo” (CtaO), “pobrecillo en Cristo” (CtaJac). Aquí: un frío y tajante: “Al hermano N., ministro”. Se escribe de jefe a ministro, de líder a encargado. Sin aditamentos, como si se estuviera ya harto de esta clase de explicaciones. No se intuye el gozo de escribir, como en las otras cartas . El mismo encabezamiento Dominus te benedicat que reenvía a la BenL resulta escueto y cortante, como quien no quisiera seguir con el resto de la bendición.
2) ¿Qué significa ese Dico tibi sin paliativos? Más aún, ¿qué encierra ese sicut possum? ¿Como puedo, como mejor puedo? ¿No aparece como un cierto hartazgo en la expresión como si se diera: estoy cansado, harto, de decir esto? ¿Qué es eso del facto anime tuae? ¿Algún tipo de consulta espiritual al estilo de CtaL? ¿Algo que tenían hablado ya muchas veces?
3) Ciertamente se habla de un impedimento, de un problema: de cosas que impiden (ea quae te impediunt amare Deum) y de personas que impiden (quicumque tibi impedimentum fecerunt). Y, además, es un impedimento que cerca a la persona del ministro porque está dentro y fuera de casa (sive fratres sive alii). Una situación insostenible para el ministro y para el mismo Francisco. Algún asunto del que ambos están hasta arriba. Un impedimento con ciertas dosis de violencia: la imagen de los azotes lo indica (etiam si te verberarent). ¿Qué quiere decir que debes habere pro gratia? No que harías bien en tenerlo por gracia, sino que “debes”. Y para rematar la cosa: Et ita velis y non aliud. O sea: no pienses en otros caminos, en otras soluciones, no me vengas con otros planteamientos. ¿Ha ido el ministro en cuestión con otros planteamientos?
4) Y una vuelta de tuerca más en base a la “obediencia”, recurso último en el argumentario espiritual franciscano: Et hoc sit per tibi vera oboedientiam. Sin paliativos, sin discusión, como te lo manda quien tiene autoridad espiritual sobre ti, como algo indiscutible. Y es obediencia: Domini Deo et meam. Osea que no hay posibilidad de recurso, ya que la obediencia del hermano que viene de Dios se vehicula en el líder Francisco. No hay posibilidad de discusión. Y, más aún, ahí está la propia convicción de Francisco: firmiter scio. O sea: algo sin duda, sin resquicios. Qod ista es vera oboedientia. Que no plantee el ministro ninguna otra salida. ¿La planteaba?
5) Y un ulterior acogote: tienes que ver todo esto desde el lado del amor. Por lo tanto: Dilige eos qui ista faciunt tibi. Ante ese imperativo (dilige) no cabe recurso. Y más tarde: Et in hoc dilige eos. No hay escapatoria: si no llegas a amar, no has llegado al final. Por eso, te mando que ames. ¿Un amor mandado no es un amor contradicho?
6) Y por si quedara una puerta para escapar, la puerta de la conversión del otro, está también se cierra: Et non velis aliud de eis…non velis quos sint meliores christiani. La fórmula quantum Dominus dederit tibi es una imprecisión que trata de poner la posibilidad de conversión en el querer de Dios.
7) Y, hablando con claridad, istud sit tibi plus quam eremitorium. Porque eso era pillarle a Francisco en lo que verdaderamente amaba, la contemplación. Pero él lo tiene claro: la misma temporalidad que subyace a la RegEr denota que el acento en la vida franciscana está en otro lado más “sagrado” que la misma contemplación, en la fraternidad y, como diría años más tarde san Vicente de Paúl, a veces habrá que “dejar a Dios por Dios”, el Dios de la contemplación por el don del hermano en necesidad . No hay, pues, escapatoria. Francisco va cerrando todas las posibles fugas que lleven al abandono de la misericordia. Pero este ejercicio de “taponamiento” está hablando de la difícil misericordia, no de un placentero ejercicio espiritual.
8) Y se desciende un peldaño más en la concreción del amor real que el ministro dice tener a Dios y al hermano Francico: In hoc volo cognoscere si tu diligis Dominum et me servum suum et tuum. No digas que me amas y que amas a Dios si no eres capaz de hacer (si feceris) cosas como las que se van a describir: scilicet quod non sit aliquis frater in mundo (¡nada menos!), qui peccaverit, quantumcumque potuerit peccare (¡pecados inimaginables!), quos, postquam viderit oculos tuos (el tema de la mirada), nunquam recedat sine misericordia tua. Esta es la misericordia en los extremos, en las situaciones que colisionan con la norma, con el derecho, con la legalidad. El ministro no tiene escapatoria porque su situación seguro que no cae fuera de tal parámetro
9) ¿Y qué pasa si la misericordia es rechazada, si no se valora, si se la menosprecia, si no surte ningún efecto un comportamiento misericordioso (si querit misericordiam)? En ese caso: si non quaereret misericordiam, tu quaeras ab eo, si vult misericordiam. Ese quaeras es demoledor: el otorgante de la misericordia ofreciendo su “mercancía” a quien la menosprecia. El mundo al revés. La misericordia en el extremo tiene visos de insensatez, de locura, de irracionalidad.
10) Y más abajo todavía: no hay que encajar este esfuerzo titánico de la misericordia en los extremos una sola vez sino millies postea coram oculis (¡en tus propias barbas!) tuis peccaret, dilige eum plus quam me adhoc…et semper (no una sola vez, en un esfuerzo agónico), miserearis talibus. Quizá así trahas eum ad Dominus. Es comprensible que este anhelo esté ahí; pero habría que abandonarlo a tenor de lo anterior.
11) Y el broche final es de componente profético, ya que esto puede suscitar un rechazo total en los buenos frailes: Istud denunties guardianis, quando poteris, quod per te ita firmus es facere. Es decir, han de ver los guardianes que de ahí no te van a mover. Y que este es el espíritu de la misericordia franciscana en los extremos, en las situaciones de dificultad legal.

La segunda parte de la carta cambia de tono. Es como si el fogoso escritor de antes se plegara a un designio que le sobrepasa y contra el que no puede luchar: el designio de la legalidad ante casos de flagrante delito. Es como si ya no se tuvieran casi fuerzas para luchar en otra dirección de la que manda la ley.
1) ¿Cómo aplicar esta doctrina profética de la misericordia en los extremos a un Capítulo de Pentecostés que ha de ir de acuerdo con la legalidad? ¿Cómo encajar la profecía en el marco de la ley? Vuelve el irresoluble dilema de la espiritualidad franciscana en el seno de una iglesia en la que el evangelio no es la norma real de gobierno de su estructura. Cuando dice que en ese Capítulo de Pentecostés faciamus istud tale capitulum ¿se está refiriendo a un acuerdo capitular del tenor de la misericordia en el extremo o de la misericordia concordista? ¿O hay un intento de mantener aquella en esta del modo que sea?
2) Lo primero: ¿Aquel hermano que no se sabe si quiere o no quiere misericordia por su pecado, es el mismo por el que se pide per oboedientiam teneatur recurrere ad guardianum suum o estamos en otro contexto, más legal, pero mucho menos real? ¿Y qué ocurre cuando ese supuesto no se da, cuando el hermano hace de su capa un sayo y desoye el consejo capitular? El guardián se quita el problema de encima enviando al hermano conflictivo a la autoridad superior. ¿Es el mismo espíritu del planteamiento profético anterior?
3) La cadena que se establece cuando el hermano peca mortalmente (¿es este pecado aquel quantumcumque potuerit peccare de CtaM 9?) hermanos-compañero-custodio tiene, ciertamente un componente de misericordia:
- los hermanos: non faciant verecundiam nec detractionem, sed magna misericordia habeant circa ipsum. Sabio consejo porque hacer leña del árbol caído no lleva a nada y porque lo que no se consigue con misericordia ¿se va a conseguir por ley? Además, se pide una cierta privacidad en base al texto de Mt 9,12 (Non est opus sanis medicus, sed male habentibus). ¿Es signo de delicadeza fraterna o estamos ya bordeando el peligro de encubrimiento?
- el compañero: No se dice nada de él. Se deduce su papel de vigilante del traslado del pecador (¿del “reo”?) al custodio.
- el custodio: A este se le da la medida de la misericordia evangélica apelando a su propia persona: misericorditer provideat ei, sicut ipse vellet provideri sibi, si in consimili casu esset, aludiendo a Mt 7,12.
4) Se completa el panorama con la casuística sobre el perdón de pecados veniales: en primera instancia está el sacerdote que los absuelve canonice. Si en la fraternidad no hay sacerdote (cosa muy probable en la época de la carta) se recurre al principio de Sant 15,16: confiteatur fratri suo. Y que a estos no se les ocurra imponer ninguna clase de penitencia (porque eso queda reservado a los ordenados “in sacris”), sino solamente el saludable aserto joánico de vade et noli amplius peccare (Jn 8,11).
5) La prevención de guardar el escrito hasta el Capítulo habeas tecum ¿indica un ambiente hostil alrededor de él? ¿Es este tema de la misericordia en los extremos y su versión canónica algo quae minus sunt irregula? ¿Es todo esto algo que luego cuajará en la legislación de Rnb 5,1-8 y en Rb 7? ¿Aporta entonces algo nuevo este documento sobre aquella minuciosa y concreta legislación?

2. Contexto y deducciones

Mucho de lo que se pueda decir y deducir deriva de la situación cronológica del texto. Las propuestas de datación han sido varias: antes de 1221, por tanto, antes de Rnb; entre 1222 y 1223; después de 1223 tras la aprobación de Rb. Esser y Guerra la colocan antes de 1221 por razones fundamentalmente de tipo histórico . En ese caso, la CtaM es algo previo a la fijación de las Reglas en materia de disciplina comunitaria al tratar el tema del pecado de los hermanos.
Habrá que decir que este tema, el pecado de los hermanos, era crucial en la primitiva comunidad franciscana porque no solamente afectaba a temas canónicos sino al espíritu mismo de la fraternidad. En algo tan sensible para la espiritualidad medieval como el pecado ¿cómo habría de organizarse una fraternidad que, en sus orígenes, fue de indudable componente laical? ¿Qué espiritualidad y qué prácticas habrían de adoptar los hermanos a la hora de tratar el pecado y su consiguiente penitencia? ¿Cómo entiende esto una comunidad fundamentalmente de laicos que aspiran a una vida evangélica sencilla?
Habrá que decir que la cosa no pudo ser fácil, no tanto en el tema de legislación (eso ya lo organizaba la iglesia, el derecho), sino en el ámbito espiritual. Por eso la CtaM es de suyo “confusa”, la confusión interior de quien está elaborando algo en donde “pelean” dos intuiciones: el anhelo de una vida evangélica libre, profética, sorprendentemente misericordiosa (como el Jesús del Evangelio que ejerce la misericordia libremente y, a veces, en pugna contra la legalidad) y una pertenencia a la iglesia querida y explícitamente deseada, una iglesia que tiene bien legislado el tema de la administración del pecado y sus consecuencias punitivas. ¿Ha de acompañar esta confusión al tema de la misericordia franciscana? ¿Si se aclara, por medio de la apelación a la legalidad, se esfuma su componente profético?
Más aún, el tono, a nuestro juicio expeditivo y hasta duro de una carta plagada de imperativos que dejan fuera la posibilidad de discusión, ¿no está indicando la indecisión de quien escribe, la percepción de su propia oscuridad frente al tema? La basculación en la segunda parte de la carta (14-22) hacia la legalidad, ¿no está anunciando ya cómo se van a resolver las cosas?
Siempre se ha subrayado en esta carta el talante misericordioso de Francisco que quiere trasvasar a un ministro atribulado por graves problemas comunitarios de los que quiere huir proponiendo la honrosa y apreciada alternativa franciscana de la contemplación. Efectivamente, si la descontextualizamos, suena así. Pero tengamos en cuenta el contexto histórico de la carta si la situamos antes de la Rnb:
• Francisco vuelve de Oriente en 1220. La situación de la Orden se ha hecho para él ingobernable. Por eso nombra a Pedro Catani como Vicario. Esto quiere decir que quizá deja el gobierno en sus aspectos institucionales. Pero no deja el liderazgo: sigue siendo el líder de esta fraternidad. Esta carta lo demuestra a las claras: Francisco usa su autoridad espiritual para tratar de conjugar su visión evangélica de la misericordia con las necesarias exigencias de la legislación vigente.
• Hay quien dice que esta CtaM va dirigida a Elías, su segundo Vicario, antes de ser nombrado general . Es posible, aunque no parece que se compagine muy bien la situación con el carácter resolutivo de Elías. Hay como un amedrentamiento del interlocutor en la CtaM quizá motivado por el enérgico tono del mismo Francisco.
• Por otra parte, da la impresión de que en ese momento se necesitaba algún tipo de legislación dada la dispersión de la Orden primitiva. Era habitual, al parecer, que un sector de hermanos anduviera “vagando fuera de la obediencia” . Francisco reaccionó fuertemente contra estos tales en texto como CtaO 44-45 . Ahora bien, ¿Cuál era el camino a seguir, la misericordia difícil, la ley más clara y fácil, una mezcla de ambas? “Francisco, tan misericordioso por lo demás con los pecadores, se muestra inexorable cada vez que se pone en peligro este fundamento de la vida fraterna (la obediencia”) .

3. La misericordia difícil: criterios franciscanos

La práctica de la misericordia se resuelve, casi siempre, en asuntos cotidianos pequeños porque en esa urdimbre se realiza nuestra vida. Pero también hay momentos de más calado vital, más difíciles. La espiritualidad franciscana de la misericordia difícil que se adivina en CtaM puede quizá, releída desde nuestra sensibilidad de hoy, ayudar al franciscano/a en su tarea de vida y al superior en su trabajo de gobierno. Establezcamos una especie de decálogo de criterios franciscanos para la misericordia difícil:
1º) La MD demanda apelar a las más hondas dimensiones humanas: Son esas dimensiones que van más allá y más adentro que las ideas religiosas o teológicas que, con frecuencia, se quedan en la superficie de la inteligencia. Si se quiere ser misericordioso en momentos de dificultad será necesario situarse en terrenos de honda humanidad, allá donde rige la ley del corazón, de la empatía, de la condolencia en los caminos distintos y, a veces, extraviados .
2º) La MD demanda cuestionar el a priori de la superioridad de la norma: Algo que el sistema ha inoculado en nuestro imaginario y que el subsistema religioso ha ahondado con argumentos de obediencia, fidelidad y comunión. La sacralización de la norma es uno de los mayores obstáculos a la práctica de la MD. No quiere ello decir que no se aprecie la función reguladora de la norma. Se aprecia pero no como un a priori inamovible, sagrado .
3º) No es bueno para la espiritualidad de la MD entender las relaciones entre misericordia y legalidad en maneras de confrontación: Ya que las confrontaciones llevan, a veces, a verdaderos atolladeros sin salida. Conflictivizar el problema aleja del horizonte la posibilidad de la misericordia. No querer conflictivizar no significa menospreciar la legalidad, pero sí que es preciso hacer ver que la opción prioritaria es la de la persona. Y que la ley ha de ir en segundo término. Es preciso encontrar el camino de una dialéctica saludable, no frontista.
4º) El trabajo de la MD exige evitar el bloqueo de “la única solución”: Porque quien se sitúa desde la perspectiva de la legalidad puede que, con frecuencia, se enroque en la posición de que lo que plantea la legalidad es “la única solución”. La vida enseña que los caminos pueden ser múltiples. Quien trabaja desde la misericordia no se ahorrará el empeño de buscar posibles soluciones que, a primera vista, no se hacen presentes .
5º) Cuando se anhela la MD habrá que entender algo tan sencillamente evangélico como que si la legalidad y la persona colisionan, habrá que primar la opción por la persona: Eso es lo que Jesús ha hecho a lo largo de su misión del reino . Esta no opción no es indiscriminada, irracional, indiscernida. Pero optar por la persona engendra, con frecuencia, muchos problemas con la legalidad. El franciscano ha de trabajar para que esa conflictividad disminuya.
6º) La práctica de la MD demandará, en ocasiones, poner en segundo plano la honorabilidad de la institución: Con mucha frecuencia es esta honorabilidad la que, incluso por encima de la persona concreta, y más si tal persona es uno que delinque, trata de salvarse. Si lo que se pretende es que la institución salga indemne, antes que la persona concreta prospere, se tomarán derroteros que, con frecuencia, nada tendrán que ver con la misericordia .
7º) Para caminar los las sendas de la MD el incansable discernimiento ha de ser la marca de fábrica de todo el proceso: Ya que, como la legalidad tiene las cosas claras desde su perspectiva, quiere actuar pronto y bien (aunque luego no sea la cosa tan bien). Mientras que la MD es lenta en el discernimiento y muchas veces se concluye con preguntas que no tienen respuesta. Esta indefinición no gusta a la legalidad; pero su supuesta claridad se lleva, con frecuencia, por delante a la persona. No cansarse de discernir, volver a esa tarea con ahínco y perseverancia es la clave de muchos comportamientos misericordiosos .
8º) La MD demanda un esfuerzo misericordioso implicativo: La legalidad pretende, a veces, una vez aplicada, desentenderse. Quien conculca la legalidad queda excluido y quien aplica la legalidad queda tranquilo. Si no hay implicación en la suerte del excluido la aplicación de una norma de exclusión deriva, con frecuencia, en inhumanidad. La implicación daría como resultado una aplicación más benigna de la legalidad y el hallazgo de recursos compensatorios para que la persona salga a flote, aunque se le aplique la ley.
9º) La práctica de la MD puede llevar a una cierta “denigración” por parte de quienes se escudan en la legalidad: Viendo los toros desde la barrera, quienes son inclinados a la legalidad, acusan de “blandos” o de “vendidos” a los legisladores, o superiores, que no aplican con rigor la legalidad. Es preciso hacer frente a ese tipo de acusaciones haciendo ver que se sigue trabajando y que se hace el discernimiento desde el anhelo de la MD.
10º) Es preciso hacer catequesis continua sobre la MD: Porque la fragilidad del corazón, el olvido de los principios evangélicos y la presión social e institucional dan como resultado el inclinarse hacia una superficial aplicación de la legalidad en casos conflictivos. Por eso, habrá que “seducir” a los hermanos/as con la espiritualidad franciscana de la misericordia sabiendo que es preciso aplicarla, con más contundencia, en los casos más complicados .




4. Un tiempo para engendrar otra misericordia

Vamos, finalmente, a proponer, de entre los muchos, cuatro caminos de misericordia difícil donde la vida franciscana podría incidir. Es un pequeño esfuerzo por concretar ya que una espiritualidad sin carne histórica es una fantasmagoría.

a) La misericordia en la construcción de un ars moriendi: Sería la MD en el ámbito de lo fraterno. Hace muchos años J. B. Metz proponía a la VR la espiritualidad del ars moriendi. Lo entendía de esta manera: (poner alguna cita del libro). Por estos pagos de España creemos que ha sonado poco esta melodía porque no era de nuestro gusto. Pero la simple muerte biológica de nuestros grupos religiosos va moldeando nuestras opciones. No elegimos nuestra manera de “morir”, pero estamos muriendo de maneras cuestionables, por simple reducción numérica. ¿Cómo ejercer la MD con nuestras comunidades diciéndoles que hay que asumir de manera espiritual el hecho de terminar, o al menos de terminar el estilo de VR que hemos heredado, vivido y amado? Ser misericordiosos en nuestros tiempos de reducción no es solamente contribuir a un repliegue ordenado y a un final humano. Quizá habría que volver al tema de la espiritualidad del ars moriendi con el ingrediente de la misericordia.
b) La misericordia con los teólogos/as: Esta sería la MD en el ámbito institucional, eclesial en nuestro caso. Podría ser un gesto dar cabida y eco al anhelo de rehabilitación de todos los teólogos y teólogas, que suman cientos, represaliados, silenciados y excluidos a lo largo de estas últimas décadas . Entre ellos, hay franciscanos . ¿No podría la Interfranciscana, como gesto de misericordia, demandar la rehabilitación de estos hermanos teólogos? . ¿Es mejor dejar que esa situación pase a las injusticias que han acompañado el camino de la Iglesia?
c) La misericordia en la emigración: Tendríamos aquí un trabajo de MD en el ámbito social. Es verdad que la VR es cada vez más sensible a este fenómeno global. Hay testimonios elocuentes de profunda sensibilidad . Pero la pasividad, la resistencia e incluso el rechazo aún funcionan en nuestras comunidades franciscanas. Es preciso hacer obra de MD en nuestras mismas comunidades. Y la mejor forma de hacerlo será dar algún paso implicativo, animarse a colaborar en instituciones sensibles a este fenómeno social, dar amparo a los hermanos y hermanas que ya lo hacen.
d) La misericordia en el tema de ETA: Esto sí que sería un difícil ejercicio de MD en el ámbito político. La vida franciscana española ha estado casi ausente, en general, del tema. Es decir, se ha aliado con quienes rechazaban de plano la violencia (a veces, paradójicamente, con palabras muy violentas), rezaban por la paz y punto . Pero ahora, tras cuatro años sin muertes y abocada la banda ETA a su desaparición es necesario pensar en cómo llegar a una convivencia pacífica contando con las enormes heridas infligidas al tejido social. Ciertos ámbitos cristianos empiezan a preguntarse por ello y por cómo aplicar la espiritualidad de la misericordia difícil . ¿No sería positivo el que la vida franciscana potenciara la aparición de otro Baketik no tanto para la elaboración del conflicto cuanto para la construcción de la convivencia?

Conclusión

Al concluir esta reflexión dejamos para un posible diálogo una serie de conclusiones:
• Hemos de leer los textos franciscanos con la mayor adultez posible, huyendo de planteamientos tópicos o meramente líricos. Una lectura adulta, con arraigo antropológico, puede engendrar una nueva espiritualidad y dar luz a situaciones de hoy.
• Nos parece que la vida franciscana de España no está para muchos proyectos alternativos. Pero qué hermoso sería contar con una Escuela Social Franciscana donde se tratara la espiritualidad franciscana desde parámetros sociales. Una de las asignaturas de ese centro podría ser la MD o el más amplio tema de la mediación. ¿No colaboraría así el franciscanismo al alborear de la nueva sociedad, del reinado de Dios?
• Estamos llamados en este año de la misericordia a la práctica de este valor evangélico. Y sabemos que hemos de hacerlo, sobre todo, en el ámbito cercano, fraterno. Pero habría que hacerlo con aliento profético, en los asuntos que, como el de ars moriendi, se pasa por alto de puntillas porque nos estremecen.
• Más que un año, el mismo Papa Francisco quiere que la misericordia sea un proyecto para los años venideros: "¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios! A todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros" . Del mismo modo que Francisco se sumó a la “cruzada eucarística” del Papa Honorio III , ¿no sería bueno que la vida franciscana se sumara a este empeño del Papa Francisco para este tiempo de la Iglesia?


Fidel Aizpurúa Donazar
Madrid, enero de 2015