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FIAIZ

Marcos 17

CVMc

Domingo,  28 de febrero de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

17. Mc 3,1-7a

 

Una reflexión inicial:

 

            El desarrollo de las potencialidades humanas es, a veces, un verdadero misterio. Hay personas que nunca llegarán a desarrollar todo el potencial de vida y de amor que llevan dentro. Otras lo harán a medias. Otras, sin embargo, lo harán en épocas tardías de su vida. Algunas otras lo harán cuando cambien de medio: nunca se pensaba que podrían ser lo que han sido en un determinado contexto. Lo que decimos: un misterio.

                Pero en el nivel de ese desarrollo se halla una de las mayores satisfacciones humanas. De ahí que poner empeño en lograr el mayor nivel de desarrollo personal es un trabajo de honda humanidad.

                Y no se trata solamente de desarrollar una parte, lo ideológico, sino el todo de la persona, esos valores que anidan en los adentros.

                Ayudarse a esta tarea de desarrollo personal es uno de los grandes favores que nos podemos hacer en la vida. El gozo humano no consiste solamente en darse cosas, bienes, dinero. También implica el darse ánimo para decirle a una persona: en tu interior hay valores interesantes: desarróllalos.

 

El texto:

 

            3,1Entró de nuevo en la sinagoga y había allí un hombre con el brazo atrofiado. 2Estaban al acecho para ver si lo curaba en sábado y presentar una acusación contra él. 3Le dijo al hombre del brazo atrofiado: -Levántate y ponte en medio. 4Y a ellos les preguntó: -¿Qué está permitido en sábado, hacer bien o hacer daño, salvar una vida o matar? Ellos guardaron silencio. 5Echándoles en torno una mirada de ira y apenado por su obcecación, le dijo al hombre: -Extiende el brazo. Lo extendió y su brazo volvió a quedar normal. 6Al salir, los fariseos, junto con los herodianos, se pusieron enseguida a maquinar en contra suya, para acabar con él; 7aJesús, junto con sus discípulos, se retiró en dirección al mar.

 

                Los relatos de milagros de los Evangelios, más que relatos de curación son, en realidad, relatos de inserción social. Lo que a Jesús le interesa no es tanto la curación física, sino aquella que vuelve a la persona a hacer parte de la familia humana.

  • Cuando dice, pues, al enfermo “ponte en medio” le está queriendo indicar que su lugar, por muy frágil que sea su salud, es “el medio”. Él hace parte integrante, y central, de la sociedad.
  • Cuando dice “extiende el brazo”, desde el punto de vista narrativo se refiere al brazo malo. Pero desde el valor de la persona quizá se esté refiriendo al brazo bueno que le queda. Es como si le dijera: desarrolla tus potencialidades, aunque no tengas más que un brazo dentro de ti hay una estupenda fuerza de vida.
  • Cuando le dice “levántate” se le está diciendo que si desarrolla lo que hay debajo, nacerá una persona nueva, “resucitada” (es el mismo verbo con el que se dice resucitar).

Este es el bien que Jesús hace a la persona: no tanto un milagro desde fuera sino, sobre todo, un milagro desde dentro, desde las potencialidades de la persona.

 

                Para pensar un poco:

 

  1. 1.       ¿Crees en el valor de lo que llevamos dentro?
  2. 2.       ¿Ayudas a que otros lo desarrollen?
  3. 3.       ¿Valoras a la persona por lo que es?

 

Un valor:

 

            La fe en el valor de lo pequeño. Nos seduce lo grande, lo deslumbrante, lo maravilloso. Pero lo pequeño, sencillo, oculto, interior tiene un gran valor de transformación.

  • Cree en la fuerza de lo pequeño, de los pocos. Es una fuerza, a veces, sofocada por el grito de los poderosos. Pero está ahí, como una buena noticia.
  • Cree en el valor de lo sencillo, porque lo grandioso deja un mal gusto de boca y de corazón, mientras que lo sencillo reconforta el alma.
  • Cree en el brillo de lo oculto, porque parece que no está, pero sigue ahí iluminándonos los ojos.
  • Cree en el valor del interior, de lo que está debajo de la piel, porque ahí anida una fuerza estupenda.

 

Una foto

 

                Este chico es Miguel Herrán que ha recibido este año 2016 el goya como mejor actor revelación por la película “A cambio de nada”. En los agradecimientos hizo un escueto pero bonitísimo agradecimiento al director de la película con estas palabras: “Has conseguido que un chaval sin ilusiones, sin ganas de estudiar, sin que le guste nada, descubra un mundo nuevo y quiera estudiar, quiera trabajar y se agarre a esta vida nueva como si no hubiera otra. Me has dado una vida, Daniel. Gracias”. Gente a la que le han ayudado a desarrollar lo que había dentro.

 

Un pensamiento:

 

 

En cada recién nacido Dios se vuelve a poner entre nuestras manos

poco seguras, como un jugador que, brillantemente, vuelve a apostar

a aquello que ha perdido mil veces. 

Christian Bobin

 

 

 

 

Marcos 16

CVMc

Domingo, 21 de febrero de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

16. Mc 2,23-27

 

Una reflexión inicial:

 

            Hay en los humanos una querencia a las normas; como los toros a las tablas cuando se sienten heridos. En realidad, las normas nos matan, generalmente, se vuelven contra nosotros o las vuelven contra nosotros. Pero seguimos creyendo a pie juntillas que sin normas no se puede vivir.

                Y quizá sea verdad, quizá sea cierto que las necesitamos para poder convivir. Pero algo nos dice que hay un valor anterior y superior a las normas: ese valor es la persona. Las normas habrían de estar supeditadas a ese valor primordial.         

                Por eso mismo, habrá que controlar mucho las normas para que no nos devoren, para que no campen a sus anchas, para que no se constituyan en centro.

                De ahí que una saludable anarquía es necesaria, que una cierta libertad es imprescindible para poder respirar, que una cierto desorden en las filas es necesario para que brote la creatividad.

                Nos tendría que horrorizar más el orden que acogota a la persona que el desorden que puede ser una especie de freno para una convivencia saludable. Es cuestión de perspectiva.

 

 

 

El texto:

 

            23Sucedió que un sábado iba él atravesando lo sembrado, y sus discípulos comenzaron a caminar arrancando espigas. 24Los fariseos le dijeron: -¡Oye! ¡Cómo hacen en sábado lo que no está permitido? 25Él les replicó: -¿No habéis oído nunca lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre, él y los que estaban con él? 26¿Cómo entró en la casa de Dios en tiempo de Abiatar, sumo sacerdote, y comió los panes de la ofrenda, que no está permitido comer más que a los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros? 27 Y les dijo: -El precepto existió por el hombre, no el hombre por el precepto; 28luego señor es el Hombre también del precepto.

 

                El texto es meridiano. Un canto a la libertad por parte de Jesús. ¿Dónde aprendió esa libertad viviendo como vivía en un ambiente tan coactivo?

  • Conculcar el sábado era casi lo mismo que no ser creyente. Jesús no lo hace por sistema. Pero si la persona entra en colisión con el sábado, él opta por la persona, aunque eso suponga una necesaria violación del sábado.
  • Jesús fuerza el texto del AT al que alude (1 Sam 21,1-7) ya que David no “entró” en la casa de Dios, sino que pidió humildemente al sacerdote que le diera los panes. Pero Jesús propone el episodio de la vida de David como un gesto de rebeldía ante la norma que no tiene sentido cuando hay otros intereses superiores.
  • Hay que medir la hondura de la libertad de Jesús, pues cuestionar el sábado era cuestionar la ley, ser un increyente. Jesús se arriesga por el valor de la persona débil: sus discípulos tienen hambre. Eso relativiza cualquier norma que se interponga.
  • El distanciamiento de la norma ha sido fatal para Jesús. Unida a su crítica al mercado le ha abierto las puertas de su ruina. Pero él no dio un paso atrás en esta opción ni para coger impulso.

Para pensar un poco:

 

  1. 1.       ¿Te resulta evocador el pasaje?
    ¿Cómo asimilas el tema de las normas en tu vida?
  2. 2.       ¿Qué normas te parecen inhumanas?

 

Un valor:

 

            Hemos de trabajar, personal y comunitariamente, por una saludable liberación de las normas entendidas como opresión por encima de la persona. Para ello:

  • Saludable relativismo: No pasa nada, generalmente, porque una norma se flexibilice.
  • Amor incansable a la libertad, a la creatividad, a la imaginación.
  • Acostumbrarse a vivir en los márgenes, donde la norma impera menos.
  • No ser defensor de la norma a ultranza. Ya los tiene y muchos.
  • Añorar aires de libertad y de disfrute, siempre que la persona sea respetada y valorada.

 

Una foto:

 

                Este muchacho es Alberto Rodríguez, diputado de Podemos, cuyas rastas dieron mucho que hablar en su día cuando juró su cargo en el Congreso. Algunos lo tomaron como un desacato. Pero fue un signo de libertad y de ciudadanía. Porque si no gustan las rastas en esos ambientes tan “serios”, ¿no pasa nada cuando los señores bien vestidos y afeitados son unos corruptos?

 

Un poema:

 

TRÁEME nieve en los bolsillos,

o algo que cuando no estés aquí ya no sea

si no pasas todo el camino velándolo.

 

Tráeme nieve y todo ese frío que me contabas,

las cosas que tus ojos vieron,

las que no pudieron ver cuando los llevabas cerrados.

 

¿Bajo la bolsa del cielo

había pájaros?

 

Cuántos azules me puedes contar,

y si llevas cicatrices nuevas

-antojos, ombligos, especias.

 

Tráeme nieve y si llega la noche

llévala en la mano

mientras una vela la alumbra y la deshace

la alumbra y la deshace

mientras muere también la vela

alumbrando y deshaciendo.

 

mientras morimos nosotros

en la noche

en el camino

en la cama

deshaciendo y alumbrando

los raros nudos de corbata

que por dentro

nos ahogan la garganta.

 

Tráeme nieve, anda.

 

Rodrigo Sancho Ferrer

 

 

Marcos 15

CVMc

Domingo, 14 de febrero de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

15. Mc 2,21-22

 

Una reflexión inicial:

 

                Siempre hay una pugna entre lo nuevo y lo viejo, lo tradicional y lo moderno, lo anquilosado y lo renovado. En esa pugna sale siempre granando lo nuevo, aunque sea de peor calidad que lo antiguo.

                Y es que lo nuevo tiene más posibilidades de ganar porque conoce lo antiguo, sus fallos y posibilidades, y sabe situarse en lugares de más brillo, de mejor expectativa.

                Pero hay que decir que el valor tanto de lo antiguo como de lo nuevo lo da la humanidad. Si cualquiera de las dos posibilidades carece de humanidad, no nos sirve. Si una de ellas tiene un componente más humanizador, ahí hay que agarrarse a eso.

                ¿Hay posibilidad de sumar el valor humano de lo antiguo y el de lo nuevo? La hay, siempre que la preocupación sea, justamente, el valor de la persona. De eso hay que hacer cimiento.

 

El texto:

 

                21Nadie le cose a una pieza de paño sin estrenar a un manto pasado; si no, el remiendo tira del manto –lo nuevo de lo viejo- y deja un roto peor. 22Tampoco echa nadie vino nuevo en odres viejos; si no, el vino reventará los odres y se pierden el vino y los odres; no, a vino nuevo, odres nuevos.

 

                Siempre se ha entendido esto de una manera simple: lo de Jesús es una novedad sobre la espiritualidad del Antiguo Testamento y ha de ser echado en odres nuevos. Hay que abandonar la vieja espiritualidad y abrazar la nueva, la de Jesús. Quizá la cosa no sea tan simple:

  • Si lo nuevo es el remiendo que tira del manto y deja un roto peor, se está aludiendo a una novedad que no tiene el componente de lo humano. Tal vez se esté aludiendo a la novedad de las interpretaciones de la ley que destrozan el viejo anhelo de Dios de salvar lo humano. Las novedades sin componente humanizador han terminado por destrozar el sueño de Dios, la fraternidad humana.
  • Echar vino nuevo en odres viejos es echar a perder los odres. La ley santa, el deseo salvador de Dios, su sueño de la fraternidad igualitaria, era el odre viejo del que salía vino de calidad. Echar ahí el vino nuevo de doctrinas que se alejan de ese sueño de Dios, que deshumanizan, es echar a perder el planteamiento salvador de Dios.
  • No es que Jesús propugna lo viejo, sino aquello que contiene un nivel mayor de humanidad. Y constata que las triquiñuelas de la religión y del pensamiento rabínico han terminado por alejar al pueblo de la fe humanizadora de la alianza. O sea, lo nuevo ha echado a perder a lo humano, no porque lo nuevo sea malo, sino porque está exento de humanidad.

 

Para pensar un momento:

 

  1. 1.       ¿Te interesa cada vez más el componente humanizador de la vida?
  2. 2.       ¿Cómo tener sentido crítico, olfato, para percibir lo humano?
  3. 3.       ¿Cómo ayudarnos a ser cada vez más humanos/as?

 

 

 

Un valor:

 

                El valor de mirar hacia delante con humanidad: situarse en maneras nuevas sin olvidar el componente humano. Para ello:

  • Tener una mirada a la realidad entrañable, profunda. No ver las cosas solamente en su epidermis, en lo que aparece. Entrar un poco más en la realidad.
  • Salir de una actitud nostálgica que cree que lo pasado fue mejor sin más. Hacer una lectura crítica y humanizadora, realista y sensible, del pasado.
  • Acoger el presente con benignidad, sin histerias ni distorsiones. Creerse parte de este presente. Valorar lo bueno y tener suficiente visión para cuestionar lo cuestionable.
  • Trabajar con ánimo de cara al futuro, ya que éste, en parte, depende del trabajo de ahora. No ensoñar, pero sí soñar.
  • Recabar fuerza de los que nos quieren para seguir adelante con humanidad, sin resquemores ni sensaciones excesivas de pérdida.
  • Pensar que las situaciones difíciles puede ser elaboradas (quizá no solucionadas del todo). Saber que las cosas no tienen una única solución.
  • Apoyarse en los valores humanizadores de la fe, de la Palabra, del grupo cristiano, para cobrar impulso.

 

Una foto:

 

            Esta es una foto que ha estado últimamente en todos los periódicos: es Antonia Guzmán, una mujer de 93 años que ha colaborado en una película de su nieto. Y a su alta edad, ha dado cara a un trabajo y lo ha hecho bien, ha sabido estar en su lugar y es un ejemplo de persona fuerte que sabe dar cara a las cosas. Y sabemos que esta clase de personas abundan: gente que mantiene sus esencias, pero que sabe conectar, a su manera, con el presente.

 

Un poema:

 

Amanece sobre la nieve. 

La noche ha sido larga. 

Hay una hiriente claridad o amenazadora inocencia. 

 

No podría decir que velo aunque esté en pie,

sino que alguien que tal vez contemplara mi sueño

me impidiese cerrar los ojos

con su muda presencia. 

 

Los que duermen están

lejos en su recinto,

y aunque gritara ahora

no podría alcanzarlos. 

 

Me pregunto qué ha pasado esta noche,

por qué acudo a mi mesa,

con quién es el convite. 

 

Amanece sobre la nieve. 

¡Y a qué altura sobre mi frente

inmóvil

nace la claridad! 

                          Aguardo.

Alguien puede llegar, venir de pronto,

no sé quién, conociendo

más que yo de mi vida. 

 

José Ángel Valente 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Marcos 10

CVMc

Domingo, 7 de febrero de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

14. Mc 2,18-21

 

Una reflexión inicial:

 

            Muchas personas han llegado a la conclusión de que vivir es una suerte; otras muchas han concluido que vivir es una desgracia. Quizá, en parte, ambas tengan razón.

                Algunos tenemos suerte en la vida, pero eso no nos libra de preguntas, inquietudes y sufrimientos. Otros son excluidos del banquete de la vida, pero eso no les impide, de vez en cuando, disfrutar, vivir y cantar.

                El secreto de esta realidad ambivalente es que quien dice tener suerte vaya sumiendo sus lados de sombra y quien dice no tener suerte vaya aumentando sus lados de dicha.

                Ya decía Italo Calvino que “El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio”. Leímos esta cita en el funeral-despedida de Alfredo Pérez.

                El éxito es, pues, saber en medio del infierno de la vida qué no es infierno. O sea, cómo sacar el mejor partido a los días que hemos de transitar por este el mundo. Es mirada positiva es decisiva.

 

El texto:

 

                18Los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Fueron a preguntarle: -Los discípulos de Juan y los fariseos ayunan; entonces, ¿por qué razón tus discípulos no ayunan? 19Les replicó Jesús: -¿Es que pueden ayunar los amigos del novio mientras el novio está con ellos? En tanto tienen al novio con ellos no pueden ayunar. 20Pero llegará un día en que les arrebaten al novio; entonces, aquel día, ayunarán. 21Nadie le cose una pieza de paño sin estrenar a un manto pasado; si no, el remiendo tira del manto –lo nuevo de lo viejo- y deja un roto peor. 22Tampoco echa nadie vino nuevo en odres viejos; si no, el vino reventará los odres y se pierden el vino y los odres; no, a vino nuevo odres nuevos.

 

Para la gente del tiempo de Jesús, el ayuno era cosa decisiva: si ayunabas, eras persona religiosa de fiar; si no ayunabas, no representabas nada en el mundo de lo religioso. Pero Jesús no da el perfil de un ayunante sino, como se dice Mt 11,19, de un “glotón y borracho, amigo de pecadores”. De ahí el desconcierto que muestra este texto:

  • Discípulos que no ayunan de un maestro que no ayuna. Para Jesús, antes que el ayuno está la persona. No va contra el ayuno, pero está a favor de la persona. Si ambas realidades entran en litigio, él opta por la persona.
  • Y da una razón: el “novio” está con ellos. Es decir: la vida con Jesús es un tiempo de bodas. Y en tiempo de bodas, nadie ayuna.
  • Dice el Evangelio que cuando les quiten el novio, ayunarán. Pero resulta que el “novio”, Jesús, nunca va a dejar de estar con nosotros. Ni ahora ha dejado de estar porque acompaña nuestra vida y está en lo profundo de la vida. Ha venido a nosotros y ha puesto para siempre su morada entre nosotros (Jn 14,23). Por eso, el ayuno ha dejado de tener valor, si no es para beneficio de los pobres. De lo contrario, no tiene sentido ayuna, porque la vida es como un “tiempo de bodas”, de oportunidades, de disfrute dentro de la posible, de hermandad.
  • Esta evidencia es el “vino añejo” que es el bueno. Ir con “novedades” religiosas de que Dios quiere al ayunante no tiene sentido.

 

Para pensar un momento:

 

  1. 1.       ¿te parece que merece la pena enfocar la vida desde el lado positivo?
  2. 2.       ¿Creces en disfrute, a pesar de las limitaciones?
  3. 3.       ¿Hay luz en tus palabras, en tu mirada, en tus gestos?

 

Un valor:

 

                Vivir la vida con el valor de un optimismo razonable puede algo muy positivo. No se trata de ser un/a ingenuo/a creyendo que la vida es Jauja para todo el mundo. Eso no es cierto ni aquí ni a lo lejos. La vida tiene su tiniebla inevitable. Otra cosa es que uno se instale en ella y enfoque con tintes grises su vida y la de los demás.

                El optimismo razonable contendría cosas como éstas:

  • Una lectura lo más en positivo de lo que pasa y de lo que nos pasa.
  • Una certeza de que siempre hay en las situaciones algo bueno a que agarrarse.
  • Un no vivir los acontecimientos en modos histéricos, cosa que no ayuda nada.
  • No exagerar las situaciones dureza para no darles más espacio que el que deben tener.
  • No colaborar a aumentar los “infiernos” de la vida.
  • Aprender el arte de disfrutar con lo sencillo.
  • Huir de las personas y situaciones que ennegrecen todo.

Quizá con esta “terapia” sencilla logremos recuperar el valor del optimismo razonable.

 

Una foto:

 

            Es, hoy, una foto sin foto. Rosa Montero en un artículo relativamente reciente de El País semanal habló de Sara M. R., una muchacha marroquí que ha sufrido lo que todo pobre puede sufrir y más. Pero eso no ha conseguido destruir del todo la humanidad, la esperanza y una indudable bondad. Si lo leéis en http://elpais.com/elpais/2015/12/08/eps/1449598299_337782.html os gustará.

 

Un poema:


En campos de silencio
 

las estrellas que caen

siempre germinan. 

 

Todo nos reconoce. 

Todo inclina su gesto generoso

hacia donde la vida

nos cubre y nos concreta. 

 

Hay un cuenco de asombro

en el umbral

de los que saben esperar milagros, 

susurra una verdad. 

 

Hay música, también, 

bajo las cuerdas. 

 

Vanesa Pérez-Sauquillo

 

 

Materiales Pascua Juvenil 2016

MATERIALES PARA UNA PASCUA JOVEN

 

PRESENTACIÓN

 

            A nosotros, a los que vivimos tiempo con ÉL, sus discípulos, nos cambió la vida. Éramos como todos. Teníamos los fallos que tienen todos. Pedro amaba a Jesús, pero era muy ambicioso. Lo mismo que Santiago y Juan que querían sentarse uno a la derecha y otro a la izquierda. Y estos dos era violentos, dispuestos a pegar fuego a aquel pueblo que no les recibió. Y luego estaba Mateo, jefe de malos, jefe de corruptos. Y nada digamos de Judas, el que le entregó. O sea, éramos gente común, con cosas buenas y otras no tanto. Pero nos cambió la vida.

            Vosotros podéis pensar que a vosotros no hay quién os cambie, que ya estáis muy hechos y, como dice la gente mayor, “genio y figura hasta la sepultura”. Es verdad que cambiar es difícil. Pero si alguien nos puede cambiar es alguien a quien amamos. Cuando se ama, hay posibilidad de cambio porque el amor es la fuerza más grande para cambiar.

            Por eso, la finalidad de estos día no es tanto celebrar la Semana Santa, sino tener a la mano una oportunidad de amar más a ese Jesús que nos acompaña. Y si logramos amarle más, quizá nuestra vida pueda ser un poco distinta, quizá pueda tener otro sentido.

            Hablar del sentido de la vida parece que es cosa de filósofos. Pero, para nada. Es saber qué gafas queremos poner en nuestros ojos, gafas que nos impidan ver o gafas que nos ayuden a ver. Gafas que dejen pasar la luz o gafas oscuras que no dejan pasar la luz. Es cierto aquello otro de que la vida es “según el color con que se mira”. Eso es el sentido: el color con el que vamos mirando a la  vida y el que nosotros ponemos en ella.

            Acercarse a Jesús en estos días nos puede ayudar a poner dos colores en nuestra mirada: el de la humanidad y el de la espiritualidad. La humanidad es que el corazón sea sensible a los otros corazones; la espiritualidad es ver eso que está debajo de la piel y que no aparece sin más.

            Anímate, lánzate a Jesús, apóyate en tus hermanos y hermanas, en esos que tienen las mismas ganas que tú de vivir a tope con un sentido nuevo.

 

TU VIDA TIENE MÁS SENTIDO SI SIRVES

(Jueves Santo)

 

            Posiblemente vosotros no os lo creáis. Nosotros tampoco le creíamos del todo. Cuando nosotros, sus discípulos, íbamos de camino con él, bajábamos la cabeza y caminábamos en silencio. Él nos machaba: la vida tiene otro valor si se sabe servir; servir no es perder, sino ganar; se puede estar contento sirviendo. Bajábamos la cabeza porque por dentro nos decíamos: si te poner a servir, estás perdido, todo el mundo se aprovechará de ti. Pero Él, erre que erre, machacando en el yunque.

            Tenía Jesús una costumbre que, la verdad, no nos gustaba mucho. En aquellos tiempos íbamos casi siempre descalzos. No había para calzado. Por eso, antes de ponernos a cenar, por la noche, nos lavábamos los pies sucios. A Él le gustaba hacer ese trabajo. Nos ponía malos verle avanzar con el barreño y la toalla. A Pedro, sobre todo, se le revolvían las tripas.

            Por eso, se quedó Pedro helado cuando, mirándole a los ojos, le dijo: “Si no te lavo los pies, no tienes nada que ver conmigo”. Jamás hubiera pensado Pedro que le iba a lanzar aquel misil. Entendió bien Pedro que le estaba diciendo: tienes que aceptar a un Mesías que sirve, yo estoy contento sirviendo, yo te lavo los pies con amor, esto para mí no es una humillación, esto da sentido a mi vida.

            Cuenta una leyenda de aquella época que, años después, Pedro, en Antioquía lavaba también los pies a sus amigos cristianos y que, cuando lo hacía, él que era sensible y llorón, más allá de su rudeza, dejaba escapar las lágrimas que caían al barreño del agua. Se acordaba de Jesús y de lo que le costó a Pedro entender aquello del servicio.

            Esta tarde, vosotros los jóvenes, leeréis otra vez aquel hermoso texto del lavatorio de los pies. Tomadlo como palabras dichas al corazón, no solo como palabras leídas en una celebración. Si las acogéis en el corazón entenderéis mejor su significado. Haréis vuestra la mística del servicio. Esa sí que da otro color, otro sentido, a la vida.

            Piensa, por ejemplo, que si sirves con generosidad, no te empobreces, sino que sales ganando cosas que te hace más feliz (coherencia, gusto de ver crecer al otro, satisfacción por el bien hecho, etc.). Si eres ágil para servir, ganas corazones. Y quien gana un corazón ilumina su vida. Si sirves, rompes el caparazón de la indiferencia que nos envuelve sin que nos demos cuenta.

            Servir solamente puede hacerse mirando al corazón del otro y descubriendo ahí alguien a quien amar. Mira más allá de ti mismo.

 

            Para pensar:

 

  1. 1.      ¿Crees que la vida tendría otro color cuando servimos sencillamente?
  2. 2.      ¿Qué gesto de servicio podrías hacer hoy mismo?

 

 

TU VIDA TIENE MÁS VALOR SI TE ENTREGAS

(Viernes Santo)

 

            Lo sabéis todos. Para nosotros que estuvimos con él, su muerte fue un mazazo. ¡Cuánto nos costó reponernos! ¡Cuantísimo trabajo nos llevó verle sentido a aquello de lo que, el principio, no queríamos ni siquiera hablar. Pero hubo que hacerlo.

            Vosotros nunca habéis visto crucificados. Mejor, ojalá no los veáis nunca. Nosotros los veíamos con cierta frecuencia. Era espantoso el suplicio. Era tan espantosa la desolación de sus familiares y cercanos. Quedaban marcados para siempre. “Casa del crucificado” era la peor ofensa que se podía decir de una familia.

            Por eso, cuando, de lejos, lo vimos en el madero, nos quedamos helados y no sabíamos qué hacer. Fuimos cobardes. Nos escondimos en nuestras madrigueras, solos con nuestro desconcierto. No sabíamos cómo salir de aquel pozo.

            Nos ayudaron muchísimo las mujeres. En aquella época, ellas contaban poco, aunque tenían nuestro aprecio. Fueron ellas las que entre lágrimas comenzaron a decir que lo de Jesús no podía terminar de aquella mala manera. Decían: su entrega no muere, su generosidad sigue con nosotros, su amor aún late, su presencia no se ha apagado.

            Nos reuníamos por la noche, a la luz de una vela. Y, entre silencios, las mujeres nos hablaban de la hermosura de la entrega de Jesús, no solamente de la dureza de su muerte. Nos decían que Jesús no quiso morir en cruz; que eso se lo encontró porque proponía un estilo de vida nuevo, de más humanidad, de más calor en los corazones, de más justicia. Ese fue su gran valor. Lo hermoso de Jesús no es su muerte, decían, sino el camino de entrega que tuvo como final una muerte violenta.

            Por eso las mujeres nos decían: si queréis recordarle de verdad, no lo recordéis sobre todo crucificado, sino totalmente entregado

            Hoy, vosotros, los jóvenes, vais a celebrar su muerte leyendo el relato del Evangelio de san Juan. Leedlo desde la hermosura de su entrega, no desde el desastre de su muerte violenta. Pensad que se narra ahí el triste final de un corazón entregado, la belleza de una fidelidad que no se detiene ante nada.

            Cuando veneréis la cruz de Jesús, pensad que estáis besando no a un muerto en cruz, sino, sobre todo, a uno que ha vivido la entrega del corazón con toda seriedad, a uno que ha acompañado con fidelidad inquebrantable, a uno que jamás ha rechazo a nadie, a uno que se dio sin guardarse para sí nada. Vacío de sí, para llenarnos a nosotros. Eso es lo que besas.

            Y en la paz hermosa de este Viernes Santo, piensa que cuando te entregas a fondo, cuando te entregas con amor, cuando no te pones por delante, estás andando el camino de Jesús. Posiblemente tu vida no acabará tan dramáticamente como la suya, pero la entrega tiene un precio, el precio del desdén, de quien te dice que estás en la luna, de quien hace de la indiferencia su bandera. Paga el precio, entrégate, y una paz honda, la de Jesús, vendrá a los pliegues de tu alma.

 

            Para pensar:

 

  1. 1.      ¿Cómo venerar más al entregado que al crucificado?
  2. 2.      ¿En qué puedes entregarte tú mismo y hoy mismo?

 

OÍR LO QUE NO SE OYE, VER LO QUE NO SE VE

(Desierto del viernes)

 

            El peor enemigo de la persona es la superficialidad. Ser superficial es fácil. Basta con dejarse llevar. “Dónde va Vicente, donde va la gente”. La superficialidad es pensar como todo el mundo, decir lo de todo el mundo, obrar como todo el mundo. Dejarse llevar. Esto nos hace muy frágiles, muy vulnerables, muy manipulables.

            Lo contrario es la profundidad. Ser profundo no es ser raro, de pensamiento oscuro, de vida extraña. No es ser un “filósofo” al que no hay quien le entienda. No es decir cosas incomprensibles, ni andar desarrapado por el mundo. Es mirar, fijar bien, apuntar al corazón, creer que debajo de la piel hay algo, tratar de llenarse de algo, ahondar en los porqué de las cosas.

            Si recuperamos la profundidad, sabremos mucho de nosotros y sabremos del mismo Dios. Quien anda en la superficie ni sabe de él, más que unas pocas cosas, ni sabe mucho de Dios. ¿Cómo recuperar la profundidad?

            Trata de oír lo que no se oye. Para ello, no hay que temer al silencio. El silencio es la caja de resonancia para oír eso que no se oye. A veces habrá que escuchar sonidos físicos que el silencio permite escuchar y el ruido no: ¿Cómo suenan las hojas de los árboles cuando el viento las mueve? ¿Qué música tienen las espigas cuando en el campo se frotan entre sí? ¿Cómo suenan las alas de los pájaros grandes cuando vuelan? Si no oímos esos sonidos raros, no podremos apuntar a la profundidad?

            Y luego están los otros sonidos: los del corazón cuando se rompe, cuando grita, cuando llora, cuando ríe; los de las lágrimas de los pobres cuando caen de sus ojos y llegan al suelo; los de las alegrías de los humildes que cantan aunque nadie les escuche; los de los pasos de quienes son expulsados de su tierra y pisan tierra extraña. Si no oímos cosas así, no recuperaremos la profundidad.

            Y, además, habrá que ver lo que no se ve: Ver lo que no se quiere ver en las calles de tu ciudad; ver lo que no se publicita (la solidaridad, la generosidad, el amor sencillo); ver el corazón de la ciudad en la música de los callejeros; ver el amor en los brazos que sostienen a los ancianos titubeantes.

            Ver también el valor de los pasos extraños de quienes están al margen; ver los caminos de luz de quienes buscan caminos alternativos; ver el imparable trabajo de quienes quieren cambiar la órbita del planeta por el amor; ver a quienes tocan y aman la tierra en su huertos urbanos.

            Es que no podemos aspirar a otra forma de vida, a otro sentido en la vida, si no ahondamos, si no recuperamos la profundidad. Quien sabe de la profundidad sabe también de la persona y sabe de Dios. Es ahí cuando otra forma de vida es posible. Hay que animarse.

 

            Para pensar:

 

  1. 1.      Lee Mc 1,35 donde se dice que Jesús oraba de noche trabajando su profundidad.
  2. 2.      Pregúntate: ¿Qué me impide ser más profundo/a?
  3. 3.      ¿Cómo ayudarnos a recuperar la profundidad?

 

TU VIDA ES MÁS GOZOSA SI TE LANZAS A AMAR

(Sábado Santo)

 

            Nosotros, que estuvimos con él, tuvimos bastante pronto la certeza de que estaba vivo. Lo percibíamos en mil detalles: estaba en nuestra cabeza y en nuestro corazón, empezamos a reunirnos en su nombre, recordábamos sus dichos y sus pasos, hablábamos y hablábamos (hasta altas horas de la noche) de sus andanzas, recordábamos uno a uno sus gestos de cariño con nosotros. Estaba vivo en nosotros.

            Lo leeréis esta noche en el Evangelio de vuestra celebración: Fueron las mujeres las que dijeron que estaba vivo. Nos costó creerles, nos parecía una locura. Pero no lo era porque el amor que le tuvimos desde el principio no se rompió a pesar del hachazo de su dura muerte. Le seguíamos amando de manera distinta pero bien profunda.

            Siempre llegábamos a la misma conclusión: es cuestión de amor. Si no amas, si no te lanzas a amar cada día no entenderás nada de la resurrección de Jesús. No es tanto cuestión de creer, sino de amar.

            Cuando se habla de la resurrección hay que hablar de amor. Si esa palabra no sale por ningún lado es que no estamos situando bien la cosa. Porque la resurrección es la certeza de que el amor de Jesús está a nuestro lado en modos más vivos que cuando sus pies hollaban los caminos de Galilea, su tierra.

            Por eso, vosotros, los jóvenes, que esta noche celebraréis con gozo la resurrección de Jesús lo que realmente tenéis que celebrar es el amor y sus posibilidades, la certeza de que si te lanzas a amar tu vida será más gozosa. La seguridad de que si tienes quien te ame tienes un amparo y que si tú amas te convierte en amparo para otros.

            Leeréis en el Evangelio de esta noche que, tras el anuncio de las mujeres, Pedro “se decidió y echó a correr hacia el sepulcro”. No hay que correr hacia el sepulcro, sino hacia el amor. Ahí está el resucitado latiendo y acompañando nuestra vida.

            Si entiendes esto irán entendiendo mejor cuáles son tus verdaderos centros vitales y les irás dando un contenido de mayor humanidad y de mayor espiritualidad. Más aún, es posible que esos centros vitales se desplacen y busquen lugares de más amor. Si logras que el amor se quede en tu casa, tu persona tendrá otra fuerza. Y no olvidéis: el quid de la cuestión no está tanto en que te amen, sino que en tú ames, en que te des, en abras las puerta del corazón (esa puerta que se abre por dentro) y que lo tuyo esté cada día más a disposición del otro.

 

            Para pensar:

 

  1. 1.      ¿Te parece que vivir desde el amor siempre lleva al gozo?
  2. 2.      ¿En qué parcela del amor crees que tienes que trabajar más?
  3. 3.      ¿En qué puedes amar más hoy mismo?

 

Marcos 13

CVMc

Domingo, 31 de enero de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

13. Mc 2,15-17

 

Una reflexión inicial:

 

                Por definición (definición que hacemos quienes decimos creer) los descreídos, los ateos, los increyentes, decimos, son gentes que no tienen fe, porque reniegan o hablan mal de ella, porque se han alejado de la iglesia, etc.

                Pero esto no es totalmente exacto. Con mucha frecuencia, entre los descreídos no solamente hay atisbos de fe, sino de hondo aprecio de la persona de Jesús y del Evangelio (aunque rechacen a la Iglesia por sus estructuras no evangélicas).

                Además, los descreídos nos hacen un gran favor a los creyentes al derribar muchos de los ídolos que construimos con nuestras prácticas religiosas, a veces tan deformantes. Ellos, los ateos, hacen la “limpieza” que nosotros no somos capaces de hacer.

                De ahí que no estaría nada mal entablar diálogo con ellos, tener la actitud e aprender de ellos, porque es cierto que nos pueden enseñar muchas cosas que nos animen a una vivencia del Evangelio más atinada.

 

El texto

 

                15Sucedió que, estando recostado a la mesa en su casa, muchos recaudadores y descreídos se fueron reclinando a la mesa con Jesús y sus discípulos; de hecho, eran muchos y lo seguían. 16Los fariseos letrados, al ver que comía con los recaudadores y los descreídos, decían a los discípulos: -¿Por qué come con los recaudadores y descreídos? 17Lo oyó Jesús y les dijo: -No sienten necesidad de médico los que son fuertes, sino los que se encuentran mal. No he venido a invitar justos, sino pecadores.

  • Uno de los rasgos que nos hace humanos es que comemos juntos, y con rituales de relación y de disfrute. Cuando este estar a la mesa se amplía a quienes la sociedad estigmatiza y excluye, el horizonte humano brilla más. Jesús es más humano cuando come con recaudadores y descreídos. Por eso mismo, es “más Dios” participando de esa mesa de exclusión.
  • Quien rechaza una comensalía abierta e incluyente está “fuera de la mesa”. Estar fuera de la mesa es estar fuera de lo humano. Los comportamientos inhumanos nos alejan de la mesa y nos privan de lo más importante de la vida: la buena relación.
  • Jesús, con su comportamiento, hace una propuesta de encuentro. Todos podrían sentarse a la mesa, incluso quienes estigmatizan a los pobres y descreídos. La mesa podría ser para todos. Pero tiene que haber una acogida básica, porque el rechazo destroza la relación y hace imposible la mesa.
  • Por otra parte, la división entre justos y pecadores es muy discutible desde el punto de vista moral, e incluso espiritual: aquí resulta que los descreídos son los que tienen “fe”, aceptan a Jesús, y los religiosos, no tienen “fe”, rechazan a Jesús. El mundo al revés.

 

Para pensar en silencio:

 

  1. 1.       ¿Subraya algún punto que te parezca interesante?
  2. 2.       ¿Te anima ver a un Jesús que se sienta con “descreídos” sin poner condiciones a nadie?
  3. 3.       ¿Encuentras algún parecido con otras “mesas” sociales en las que se sientan los más frágiles?

 

Un valor: comensalía abierta

 

                Ya hemos dicho que uno de los rasgos que nos hace más humanos es el comer. Por eso, una manera especial de generar humanidad es abrir la mesa, ampliarla, tener un talante integrador ante todo tipo de mesas, aquellas en las que se comen alimentos y aquellas en las que se “come” la vida. Para ampliar la mesa es precisa una serie de condiciones:

  • Es preciso mirar en la dirección del otro y sus circunstancias. Si solamente me interesa lo mío, la mesa permanecerá cerrada.
  • Hay que estar dispuesto a un constante compartir. Si yo quiera sacar beneficio y lucro a todo, la mesa se cerrará y será solamente para quien puede devolver el favor.
  • Habrá que tener conciencia de que es más importante la persona que lo que se come. Para ello será bueno alegrarse con quien se come, aunque sea alguien sencillo y frágil.
  • También habrá que dejar algo de lado las exigencias morales. Comer solamente con “los buenos” lleva a la exclusión y al desenfoque.
  •  Tendrá que estar activado el mecanismo del disfrute sencillo. Si en la mesa no se disfruta (con la comida, con la conversación, con el canto) algo falla.
  • No habrá que echar la llave al sitio donde se come. Siempre habrá que dejar la puerta abierta para que pueda entrar alguien de última hora.
  • Habrá que ampliar la mesa a los comensales “que no están”, o a los que están lejos. No para que coman, sino para saber que ellos también tienen un sitio guardado, que hay quien piensa en ellos.
  • Se podrá comer, incluso, con toda la creación, pues toda creatura tiene un hueco en el banquete de la vida.

 

 

Una imagen

 

 

            Esta foto es de una comida que llaman “Betania” que hace todos los domingos la parroquia de Sansomendi en Vitoria. Acude quien quiere, quien lleva y quien no lleva, quien es de la ciudad y quien está de paso, quien va a la parroquia y quien no va. Una mesa abierta y que acoge a quien simplemente quiere comer en compañía y fraternidad. Suelen ser comidas de gozo. Como las de Jesús.

 

 

Marcos 12

CVMc

Domingo, 24 de enero de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

12. Mc 2,14

 

Una reflexión inicial:

 

            Desde niños nos han enseñado que el mundo se dividía en buenos y malos. El éxito estaba en adherirse a los buenos y escapar de los malos. Pero esta división falla más que una escopeta de feria porque ni los buenos son tan buenos como ellos dicen, ni los malos son tan malos como nosotros decimos.

                A los “buenos” a veces se les pilla en grandes maldades. Y a los “malos” se les descubren, con frecuencia, maravillosas bondades.

                Por eso, hay que buscar otra manera de dividir o, mejor, de enfocar a las personas, incluso sin dividir. Esa manera es enfocar a la persona, toda persona, más allá de su comportamiento moral, como una persona digna.

                Efectivamente, toda persona es digna en su fondo y como tal ha de ser mirada y respetada. Otra cosa es su comportamiento moral, que puede ser bueno o malo. Y como tal habrá que discernirlo.

Pero la dignidad va emparejada al hecho de ser persona. Y, por eso mismo, nunca se puede perder. Otra cosa es que la dignidad se halle más o menos oscurecida, más o menos aceptada, más o menos tenida en cuenta. Pero siempre estará ahí aunque quede velada por la inmoralidad, la fragilidad, la postergación o cualquier otro velo.

La espiritualidad de la dignidad es básica no solamente para la convivencia social, sino para la relación elemental, para el amor. Cuando se aleja uno de la dignidad por una pérdida de respeto y de cariño, se cae en el precipicio de la inhumanidad.

 

El texto:

 

            15Yendo de paso vio a Levi de Alfeo sentado al mostrador de los impuestos y le dijo: -Sígueme. Él se levantó y lo siguió.

 

  • Jesús va “de paso”. Es el andar de la profecía, de quien anda buscando colaboradores para un proyecto. Jesús necesita de nosotros para que su oferta pueda arraigar en nuestra historia.
  • Levi está “sentado en el mostrador de los impuestos”, en el lugar mismo de la limitación. Es un “jefe de malos”, ya que los recaudadores eran tenidos por escoria, colaboracionistas y opresores, corruptos con amparo de la ley. A uno así se le ofrece el reino no en base a su moralidad, sino en base a su dignidad.
  • La propuesta de seguimiento es sin matices, sin explicaciones, sin una negociación de por medio. Es como el flechazo del amor: o se ama o no se ama. O se sigue o no se sigue. No hay que andar con muchas disquisiciones.
  • La respuesta es inmediata. Le sigue dejando todo empantanado, como quien acepta sin condiciones. Un “malo” responde al resorte de su dignidad y conecta con la propuesta de Jesús.

 

Para pensar en silencio:

 

  1. 1.       ¿Miro a las personas desde la dignidad?
  2. 2.       ¿Sé separar dignidad y moralidad?
  3. 3.       ¿Descubro en los “malos” aspectos positivos y buenos?

 

 

 

Un valor: la bondad original

 

                Dice el Papa Francisco hablando de san Francisco de Asís que  “por la reconciliación universal con todas las criaturas, de algún modo Francisco retornaba al estado de inocencia primitiva”. Esa “inocencia primitiva” no es estar en babia o ser un simplón. Se trataría de activa dinamismo como estos:

-          Mantener la capacidad de sorpresa que uno lleva dentro, el “niño/a” que no deberíamos abandonar.

-          Hacer de la bondad de toda creatura algo de lo que uno no se apea nunca. Creer en la bondad básica de todo corazón.

-          Hay que pensar que si se trata a la persona desde la dignidad, ésta, con frecuencia, responde positivamente.

-          Es preciso vivir cada jornada, cada situación, como una posibilidad, incluso más allá de la adversidad. Si se logra esto, se mira al mundo de otra manera.

-          Habrá que poner en un segundo plano ideas, prejuicios, velos, estereotipos que se van apegando a nuestra vida a lo largo de los días. Hay que obrar con discernimiento, pero sin retorcimiento.

 

Una imagen:

 

      Estos son los “bomberos de Lesbos”, jóvenes españoles que han ido a la isla de Lesbos con el único afán de tratar de evitar que el número de refugiados ahogados en el Egeo crezca más. Las autoridades los han visto como un peligro y los han encarcelado, aunque, ulteriormente, los pusieron en libertad. Son gente que no mira los componentes morales o sociales de los refugiados. Los ven como personas dignas de ayuda y se aprestan a ello. No hace falta más.

 

Un poema:

 

Desde que su madre tiene la enfermedad de Alzheimer, P. no habla con ella más que del presente. Pasan largos ratos juntos discutiendo la forma de las nubes del cielo. Un día ella le pide venir urgentemente "para ver una maravilla": es para  mostrarle el gato dormido sobre un cojín. Otro día pasa de la risa al llanto ante un pequeño limón que brota en el limonero de su jardín. Su enfermedad hace de ella una visionaria sin escritura. Los éxtasis que sufre le permiten ver los milagros que  nuestras pretensiones descuidan.

 

Ch. Bobin

 

 

 

 

 

 

Marcos 11

CVMc

Domingo, 17 de enero de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

11. 2,1-13

 

Una reflexión inicial:

 

            Una de las necesidades de nuestra sociedad es el perdón social. Para que la convivencias sea posible es necesario perdonar como trabajo de reconstrucción social.

                El perdón social es aquel que los miembros de una sociedad se otorgan para poder convivir en paz. No es algo que se exija por ley, sino que ha de brotar de la evidencia de que sin perdón no solamente se arriesga caer en aquello que nos hirió, sino que la paz social nunca llegará.

                La realidad del perdón implica a toda persona que vive en sociedad; no es cosa solamente de víctimas y victimarios. Implica a todos, porque todos hacemos parte del hecho social que necesita convivir.

                De ahí se derivan una serie de actitudes exigibles a todo ciudadano: tener buenas palabras, justas y humanas, para valorar a cualquier persona; mirar también al sufrimiento de los demás, no únicamente al propio; colaborar en los actos de reparación que se hacen a las víctimas; no instalarse en el odio o el menosprecio, sino buscar la convivencia básica (no tanto la amistad); tener un talante generoso para poder ofrecer lo que el victimario no me dio.

                Esto es más fácil decirlo y hacerlo si se hace “en frío”, mediando la reflexión (la oración si se es creyente). El diálogo respetuoso puede ser también reparador.

 

El texto:

 

                2,1 Entró de nuevo en Cafarnaún y, pasados unos días, se supo que estaba en casa. 2 Se congregaron tantos que no se cabía ni a la puerta, y él les exponía el mensaje. 3 Llegaron llevándole un paralítico transportado entre cuatro. 4 Como no podían acercárselo por causa de la multitud, levantaron el techo del lugar donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.

  

5 Viendo Jesús la fe de ellos, le dice al paralítico: -Hijo, se te perdonan tus pecados. 6 Pero estaban sentados allí algunos de los letrados y empezaron a razonar en su interior: 7 - ¿Cómo habla éste así? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios sólo? 8 Jesús, intuyendo cómo razonaban dentro de ellos, les dijo al momento: - ¿Por qué razonáis así en vuestro interior? 9 ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico “se te perdonan tus pecados” o decirle “levántate, carga con tu camilla y echa a andar”? 10 Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados... [le dice al paralítico] 11 … A ti te digo: levántate, carga con tu camilla y márchate a tu casa. 12 Se levantó, cargó en seguida con la camilla y salió a la vista de todos. Todos se quedaron atónitos y alababan a Dios diciendo: - Nunca hemos visto cosa igual.

  • Jesús está en Cafarnaún, “su casa”. Es un exilado de su pueblo. Ahí, en el exilio, derrama el perdón social, el que hace que un excluido de la sociedad pueda ser autónomo y respetado.
  • El paralítico es uno que va sujeto a su camilla. Cuando se le diga que coja la camilla y la lleve se habrá verificado que toda persona tiene dentro las posibilidades de ser ella misma.
  • En base a ese componente de dignidad, si se lo reconoce, la persona puede llegar a ser perdonada socialmente, a ser integrada a la sociedad que la había excluido. Con ello, también el hecho social que excluye queda cuestionado. De ahí que el endurecimiento para “perdonar pecados” se vuelve acusación contra una sociedad excluyente.
  • Queda mucho camino por recorrer, ya que la gente que dice atónita “Nunca hemos visto cosa igual” lo dice no porque se adhiera al perdón que incluye en la sociedad, sino porque se resiste a aceptar el planteamiento incluyente de Jesús.

 

Para pensar:

  1. 1.       ¿Tienes una mentalidad incluyente?
  2. 2.       ¿Perdonas con facilidad?

 

Un valor: alejarse de la cultura del descarte

 

            Suele hablar mucho de eso el Papa Francisco: es entender que el hecho social produce “desechos”, personas excluidas, marginadas, náufragos del sistema, gentes que pueden ser desechados como piezas inútiles para el sistema.

                Es algo inaceptable porque atenta contra la dignidad inalienable de toda persona. Más aún: justamente en esos “desechos”, gente “improductiva”, hay que ver las posibilidades de humanización que con frecuencia nos brindan.

                Quizá sea cierto aquello que decía Ernesto Sábato de que han sido los débiles quienes nos han salvado cuando lo humano ha estado en peligro. Por eso, cuanto más alejados de la cultura del descarte, mejor, más humanos y más seguidores de Jesús.

                Esta espiritualidad habría que aplicarla incluso a la creación: generar los menos desechos posible, hacer las menos heridas posible, ya que todo ser es digno en sí mismo y valioso por el mismo. Es preciso salir de ese “antropoceno” que hace de la persona poderosa lo único valioso del sistema, como si los seres humildes y las realidades humildes no contaran para nada, no fueran importantes.

                Para alejarse de la cultura del descarte es preciso mirar al corazón de la realidad, a eso que hay más allá de la piel.

Una imagen:

 

 

 

 


 

 

 

 

                Esta es la portada de uno de los últimos números de Vida Nueva del año pasado. Es elocuente. Refleja la gran dificultad del ciudadano medio para pensar que se puede tener algún tipo de relación distinto al del odio, rechazo y condena con quien ha sido victimario en la sociedad. Muchos dicen: “Sí, claro”, como diciendo: ahora venía a pedir misericordia, la que vosotros no tuvisteis. Aunque sea verdad, hay que intentar algún tipo de perdón social para poder convivir.

 

Un poema (parte)

 

Guárdate 
de los cielos sin ojos ni ventanas 
guárdate 
de los mares cubiertos de escafandras 
guárdate 
guárdate 
de las voces sin risas ni esperanzas 
de los hombres de mirada vana 
guárdate 
de los libros sin lecturas ni palabras 
guárdate 
de las viejas historias trituradas. 
                                J.A.Labordeta