Blogia

FIAIZ

Marcos 10

CVMc

Domingo, 10 de enero de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

10. 1,39-45

 

Una reflexión inicial:

 

            Las leyes habrían de estar al servicio de los ciudadanos, no al revés. Y, más aún, sobre todo al servicio de los ciudadanos frágiles, de manera que sintieran que había estructuras sociales de amparo para situaciones de emergencia.

                Esas estructuras de amparo serían de esta índole o similar: nunca me voy a quedar sin casa si no me llega el sueldo, nunca me van a cortar la luz si no puedo pagarla, nunca me voy a quedar sin atención sanitaria, nunca me voy a quedar sin un trabajo decente cuando me despidan del que ahora tengo, nunca mis hijos se van a quedar sin escuela aunque mis ingresos sean escasos.

                Si esta clase de estructuras de amparo no están garantizadas por ley es que todavía las leyes no están al servicio de quien anda en necesidad. Aún no se ha conseguido la finalidad humanizadora de una legislación.

                Es raro leer o escuchar a quienes se dedican a la política que están dispuestos a que estas leyes de amparo se cumplan. Al final, todo queda a mitad de camino o menos. A veces hay atisbos de ello (ver la imagen del final), pero el camino por recorrer aún es muy largo.

                Por eso mismo, la denuncia y hasta la indignación son todavía necesarias. Ahora que estrenamos un gobierno nuevo es lícito aspirar a ello, para que no tengamos que esgrimir nuestro desacuerdo y nuestra indignación “como prueba contra ellos”.

 

El texto:

 

            39Fue predicando por las sinagogas de ellos, por toda Galilea, y expulsando los demonios. 40Se le acercó un leproso y le suplicó de rodillas: -Si quieres, puedes limpiarme. 41Conmovido, extendió la mano y lo tocó diciendo: -Quiero, queda limpio. 42Al momento se le quitó la lepra y quedó limpio. 43Reprimiéndolo, lo sacó afuera enseguida 44y le dijo: -¡Cuidado con decirle nada a nadie! Al contrario, ve a que te examine el sacerdote y ofrece por tu purificación lo que prescribió Moisés como prueba contra ellos. 45Pero él, al salir, se puso a proclamar y divulgar el mensaje a más y mejor; en consecuencia, Jesús no podía ya entrar manifiestamente en ninguna ciudad; se quedaba fuera, en despoblado, pero acudían a él de todas partes.

 

  • El leproso es en la antigüedad un caso extremo de marginación. La ley, elaborada por los sacerdotes (en tiempos de teocracia) impone su exclusión fuera “del campamento”, fuera de la comunidad.
  • Cuando Jesús “toca” al leproso comete un acto prohibido. Es su manera de decir que no está de acuerdo con una legislación que excluye a los débiles. El reino no excluye a nadie; más aún, el frágil debiera estar en el centro.
  • Por eso, dice que ofrezca lo prescrito “como prueba contra ellos”. Es decir, ellos han hecho una ley de exclusión del débil, ellos debieran rectificar. La curación se convierte en argumento contra una ley que no ampara al frágil.
  • Si la gente acude a Jesús de todas partes no solamente manifiesta con ello su necesidad, sino la evidencia de que el reino de Dios es para quien más excluido está. El reino ampara al frágil.

 

 

Para pensar y orar

 

  1. ¿Tienes una mentalidad inclusiva o excluyente?
  2. ¿Hay posibilidad de mejorar las leyes de amparo social?
  3. ¿Cómo ponerse de parte de quien lo pasa mal?

 

Un valor: recuperar la indignación

 

Como las cosas van tan rápidas, nos parece que aquello del 15-M es algo que pasó a la historia y era el 15 de mayo de 2011. Ayer. Allí la palabra “indignado” cobró un peso que no había tenido en toda la historia, sobre todo, porque ese movimiento se contagió a muchos países, sobre todo del área mediterránea.

                Y, sin embargo, la indignación no ha desaparecido ya que el sentimiento de indignación es un componente de la estructura humana. Quien nunca se indigna, quien todo le da igual, o es un apático o es un excluido de la sociedad. Indignarse es necesario; indignarse bien es difícil, indignarse mal, algo muy corriente. Pasar de la indignación a la violencia, es fácil; pasar de la indignación a la colaboración y a la responsabilidad es difícil.

Está claro que la indignación aislada no es suficiente. Es preciso añadirle una serie de ce apoyos y de cauces que den salida a lo bueno del ser humano:

  • Colaboradores: Si no estás dispuesto a colaborar en algo, tu indignación es una vaciedad, un grito al aire, pura fachada.
  • Respetuosos: Si indignarse supone faltar al respeto básico a la persona se entra en una espiral de desprestigio que no puede llevar a nada bueno.
  • Valoradores de lo positivo: Porque la indignación, lógicamente, apunta a asuntos negativos. Por eso mismo, hay que hacer esfuerzo para poner sobre la mesa del discernimiento también lo positivo. Si no, se produce un desenfoque.
  • Celebradores de la vida: Para que la indignación no se convierta en amargura, en crispación, en talante desagradable.
  • Insistidores: Porque se tiende a no insistir cuando algo no ha salido, y pensar que, por ello, se ha fracasado. Insistir es una manera de creer en el valor de la persona.

 

Una imagen:

 

El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid ha acordado crear un fondo solidario, que se nutrirá de las aportaciones de las distintas administraciones públicas y de las empresas energéticas, para cubrir el pago de recibos de electricidad y de gas, de aquellas personas que se encuentren en situación de exclusión. Este fondo para luchar contra la “pobreza energética”, contará con una dotación inicial de un millón de euros, aportado por la Comunidad. Estos son los caminos del amparo social.

 

Un poema:


En busca de un sueño 
tallaron la piedra 
En busca de un sueño 
Dios vino a la tierra 

 

 

FELIZ 2016




 

La difícil misericordia


LA DIFICIL MISERICORDIA
Una relectura de la CtaM en el “Año de la misericordia”

A pesar de su posible devaluación, la palabra “misericordia” parece subir en el ranking del vocabulario civil. Hay escritores, como Gustavo Martín Garzo, que en medios laicos (el diario El País, por ejemplo) hablan sin tapujos de la necesidad de la misericordia . Quizá, sí, la misericordia esté recobrando terreno en el inhumano desierto de nuestro mundo, vista la enorme necesidad que tenemos de ella.
La iniciativa del Papa Francisco de convocar un “Jubileo extraordinario de la misericordia” es un empujón más en la buena dirección, aunque, al dar al asunto un matiz de carácter básicamente religioso, su influencia queda automáticamente restringida a ese campo. Pero bienvenido sea. Hablemos de misericordia.
Todos los franciscanos sabemos que en la CtaM tenemos como el credo de la misericordia franciscana. No hay comentador o glosador de este texto que no loe el valor de la misericordia como eje central del texto y como piedra de fundamento de la espiritualidad franciscana .
Pero algo han intuido los estudiosos cuando han mirado de cerca el texto, algo que tiene que ver con lo difícil, con lo duro, con lo extremo. Pongamos un ejemplo: “Erich Auerbach, buen conocedor de la literatura occidental, enumera esta carta entre las obras maestras del realismo. Francisco vio claramente que el ministro buscaba un recogimiento tranquilo en vez de las agotadoras funciones de su cargo. Pero Francisco no admite la meditación como un refugio. Con renovado ímpetu suplica al ministro que se humille en el rumbo de las cosas de cada día, que acepte todo sin excepción, incluso las bofetadas, que incluso ame a quienes le pegan, y todo ello no con apatía estoica, sino voluntariamente y con alegre agradecimiento. Las frases, presurosamente escritas y que empiezan casi todas con «y», los numerosos pronombres demostrativos, «la inmediatez por completo aliteraria de la expresión, muy cercana al lenguaje hablado», subrayan «un contenido muy radical: una doctrina llevada hasta los límites extremos de no rehuir el mal y no oponerle resistencia; una conjura a no huir del mundo sino a soportar apasionadamente el mal en medio de sus propias dificultades; más aún: no debe (el ministro) desear otra cosa... Francisco llega a un extremo teológico-moral casi peligroso, al escribir: "et in hoc dilige eos et non velis quid sint meliores christiani" -y ámalos precisamente en esto, y tú no exijas que sean cristianos mejores-, pues ¿es lícito ahogar el deseo de que el prójimo sea mejor cristiano, en aras de probarnos a nosotros mismos mediante el sufrimiento? Sólo en la aceptación del mal puede manifestarse, según el convencimiento de Francisco, la fuerza del amor y de la obediencia» . Esta radicalidad en la renuncia a la propia voluntad tiene como reverso la inquebrantable confianza de que cada suceso es una gracia. El ministro puede así estar abierto a todo; no será aplastado por el peso de su cargo ni desalentado por los golpes de sus hermanos. La entrega total y el amor sin límites valen más que la vida que uno elige vivir en un eremitorio, «más que la solitaria meditación fuera del mundo» .

1. El tono de CtaM

Las maneras adultas de leer un texto son múltiples. Una de ellas, por extraño que parezca, es hacerlo desde los presupuestos de una cierta sospecha. No se desconfía ni del texto ni del autor. Pero uno, ante ciertas expresiones, se pregunta ¿qué estamos realmente leyendo? ¿Qué hay detrás de las palabras? ¿Qué se dice especularmente más allá de la imagen que aparece en el espejo? Quizá un tipo de lectura así pueda alejarnos de tópicos y nos ayude a una mayor profundidad.
Vamos, pues, a hacer un análisis reflexivo simplemente sobre el “tono” de CtaM. Tanto si se la lee en castellano como en latín, y ya desde el comienzo, hay algo que nos va llevando a un terreno más alejado que el de las meras locuciones verbales. Hagamos una enumeración:

1) Frati N. Ministro: casi todas las cartas de Francisco (excepto 1 y 2 CtaF y CtaL) comienzan de otra manera, con su presentación como “pequeñuelo y despreciable, vuestro siervo” (CtaA), “siervo y pequeñuelo” (1CtaCus), “el más pequeño de los siervos” (2CtaCus), “hombre vil y caduco, vuestro pequeñuelo siervo” (CtaO), “pobrecillo en Cristo” (CtaJac). Aquí: un frío y tajante: “Al hermano N., ministro”. Se escribe de jefe a ministro, de líder a encargado. Sin aditamentos, como si se estuviera ya harto de esta clase de explicaciones. No se intuye el gozo de escribir, como en las otras cartas . El mismo encabezamiento Dominus te benedicat que reenvía a la BenL resulta escueto y cortante, como quien no quisiera seguir con el resto de la bendición.
2) ¿Qué significa ese Dico tibi sin paliativos? Más aún, ¿qué encierra ese sicut possum? ¿Como puedo, como mejor puedo? ¿No aparece como un cierto hartazgo en la expresión como si se diera: estoy cansado, harto, de decir esto? ¿Qué es eso del facto anime tuae? ¿Algún tipo de consulta espiritual al estilo de CtaL? ¿Algo que tenían hablado ya muchas veces?
3) Ciertamente se habla de un impedimento, de un problema: de cosas que impiden (ea quae te impediunt amare Deum) y de personas que impiden (quicumque tibi impedimentum fecerunt). Y, además, es un impedimento que cerca a la persona del ministro porque está dentro y fuera de casa (sive fratres sive alii). Una situación insostenible para el ministro y para el mismo Francisco. Algún asunto del que ambos están hasta arriba. Un impedimento con ciertas dosis de violencia: la imagen de los azotes lo indica (etiam si te verberarent). ¿Qué quiere decir que debes habere pro gratia? No que harías bien en tenerlo por gracia, sino que “debes”. Y para rematar la cosa: Et ita velis y non aliud. O sea: no pienses en otros caminos, en otras soluciones, no me vengas con otros planteamientos. ¿Ha ido el ministro en cuestión con otros planteamientos?
4) Y una vuelta de tuerca más en base a la “obediencia”, recurso último en el argumentario espiritual franciscano: Et hoc sit per tibi vera oboedientiam. Sin paliativos, sin discusión, como te lo manda quien tiene autoridad espiritual sobre ti, como algo indiscutible. Y es obediencia: Domini Deo et meam. Osea que no hay posibilidad de recurso, ya que la obediencia del hermano que viene de Dios se vehicula en el líder Francisco. No hay posibilidad de discusión. Y, más aún, ahí está la propia convicción de Francisco: firmiter scio. O sea: algo sin duda, sin resquicios. Qod ista es vera oboedientia. Que no plantee el ministro ninguna otra salida. ¿La planteaba?
5) Y un ulterior acogote: tienes que ver todo esto desde el lado del amor. Por lo tanto: Dilige eos qui ista faciunt tibi. Ante ese imperativo (dilige) no cabe recurso. Y más tarde: Et in hoc dilige eos. No hay escapatoria: si no llegas a amar, no has llegado al final. Por eso, te mando que ames. ¿Un amor mandado no es un amor contradicho?
6) Y por si quedara una puerta para escapar, la puerta de la conversión del otro, está también se cierra: Et non velis aliud de eis…non velis quos sint meliores christiani. La fórmula quantum Dominus dederit tibi es una imprecisión que trata de poner la posibilidad de conversión en el querer de Dios.
7) Y, hablando con claridad, istud sit tibi plus quam eremitorium. Porque eso era pillarle a Francisco en lo que verdaderamente amaba, la contemplación. Pero él lo tiene claro: la misma temporalidad que subyace a la RegEr denota que el acento en la vida franciscana está en otro lado más “sagrado” que la misma contemplación, en la fraternidad y, como diría años más tarde san Vicente de Paúl, a veces habrá que “dejar a Dios por Dios”, el Dios de la contemplación por el don del hermano en necesidad . No hay, pues, escapatoria. Francisco va cerrando todas las posibles fugas que lleven al abandono de la misericordia. Pero este ejercicio de “taponamiento” está hablando de la difícil misericordia, no de un placentero ejercicio espiritual.
8) Y se desciende un peldaño más en la concreción del amor real que el ministro dice tener a Dios y al hermano Francico: In hoc volo cognoscere si tu diligis Dominum et me servum suum et tuum. No digas que me amas y que amas a Dios si no eres capaz de hacer (si feceris) cosas como las que se van a describir: scilicet quod non sit aliquis frater in mundo (¡nada menos!), qui peccaverit, quantumcumque potuerit peccare (¡pecados inimaginables!), quos, postquam viderit oculos tuos (el tema de la mirada), nunquam recedat sine misericordia tua. Esta es la misericordia en los extremos, en las situaciones que colisionan con la norma, con el derecho, con la legalidad. El ministro no tiene escapatoria porque su situación seguro que no cae fuera de tal parámetro
9) ¿Y qué pasa si la misericordia es rechazada, si no se valora, si se la menosprecia, si no surte ningún efecto un comportamiento misericordioso (si querit misericordiam)? En ese caso: si non quaereret misericordiam, tu quaeras ab eo, si vult misericordiam. Ese quaeras es demoledor: el otorgante de la misericordia ofreciendo su “mercancía” a quien la menosprecia. El mundo al revés. La misericordia en el extremo tiene visos de insensatez, de locura, de irracionalidad.
10) Y más abajo todavía: no hay que encajar este esfuerzo titánico de la misericordia en los extremos una sola vez sino millies postea coram oculis (¡en tus propias barbas!) tuis peccaret, dilige eum plus quam me adhoc…et semper (no una sola vez, en un esfuerzo agónico), miserearis talibus. Quizá así trahas eum ad Dominus. Es comprensible que este anhelo esté ahí; pero habría que abandonarlo a tenor de lo anterior.
11) Y el broche final es de componente profético, ya que esto puede suscitar un rechazo total en los buenos frailes: Istud denunties guardianis, quando poteris, quod per te ita firmus es facere. Es decir, han de ver los guardianes que de ahí no te van a mover. Y que este es el espíritu de la misericordia franciscana en los extremos, en las situaciones de dificultad legal.

La segunda parte de la carta cambia de tono. Es como si el fogoso escritor de antes se plegara a un designio que le sobrepasa y contra el que no puede luchar: el designio de la legalidad ante casos de flagrante delito. Es como si ya no se tuvieran casi fuerzas para luchar en otra dirección de la que manda la ley.
1) ¿Cómo aplicar esta doctrina profética de la misericordia en los extremos a un Capítulo de Pentecostés que ha de ir de acuerdo con la legalidad? ¿Cómo encajar la profecía en el marco de la ley? Vuelve el irresoluble dilema de la espiritualidad franciscana en el seno de una iglesia en la que el evangelio no es la norma real de gobierno de su estructura. Cuando dice que en ese Capítulo de Pentecostés faciamus istud tale capitulum ¿se está refiriendo a un acuerdo capitular del tenor de la misericordia en el extremo o de la misericordia concordista? ¿O hay un intento de mantener aquella en esta del modo que sea?
2) Lo primero: ¿Aquel hermano que no se sabe si quiere o no quiere misericordia por su pecado, es el mismo por el que se pide per oboedientiam teneatur recurrere ad guardianum suum o estamos en otro contexto, más legal, pero mucho menos real? ¿Y qué ocurre cuando ese supuesto no se da, cuando el hermano hace de su capa un sayo y desoye el consejo capitular? El guardián se quita el problema de encima enviando al hermano conflictivo a la autoridad superior. ¿Es el mismo espíritu del planteamiento profético anterior?
3) La cadena que se establece cuando el hermano peca mortalmente (¿es este pecado aquel quantumcumque potuerit peccare de CtaM 9?) hermanos-compañero-custodio tiene, ciertamente un componente de misericordia:
- los hermanos: non faciant verecundiam nec detractionem, sed magna misericordia habeant circa ipsum. Sabio consejo porque hacer leña del árbol caído no lleva a nada y porque lo que no se consigue con misericordia ¿se va a conseguir por ley? Además, se pide una cierta privacidad en base al texto de Mt 9,12 (Non est opus sanis medicus, sed male habentibus). ¿Es signo de delicadeza fraterna o estamos ya bordeando el peligro de encubrimiento?
- el compañero: No se dice nada de él. Se deduce su papel de vigilante del traslado del pecador (¿del “reo”?) al custodio.
- el custodio: A este se le da la medida de la misericordia evangélica apelando a su propia persona: misericorditer provideat ei, sicut ipse vellet provideri sibi, si in consimili casu esset, aludiendo a Mt 7,12.
4) Se completa el panorama con la casuística sobre el perdón de pecados veniales: en primera instancia está el sacerdote que los absuelve canonice. Si en la fraternidad no hay sacerdote (cosa muy probable en la época de la carta) se recurre al principio de Sant 15,16: confiteatur fratri suo. Y que a estos no se les ocurra imponer ninguna clase de penitencia (porque eso queda reservado a los ordenados “in sacris”), sino solamente el saludable aserto joánico de vade et noli amplius peccare (Jn 8,11).
5) La prevención de guardar el escrito hasta el Capítulo habeas tecum ¿indica un ambiente hostil alrededor de él? ¿Es este tema de la misericordia en los extremos y su versión canónica algo quae minus sunt irregula? ¿Es todo esto algo que luego cuajará en la legislación de Rnb 5,1-8 y en Rb 7? ¿Aporta entonces algo nuevo este documento sobre aquella minuciosa y concreta legislación?

2. Contexto y deducciones

Mucho de lo que se pueda decir y deducir deriva de la situación cronológica del texto. Las propuestas de datación han sido varias: antes de 1221, por tanto, antes de Rnb; entre 1222 y 1223; después de 1223 tras la aprobación de Rb. Esser y Guerra la colocan antes de 1221 por razones fundamentalmente de tipo histórico . En ese caso, la CtaM es algo previo a la fijación de las Reglas en materia de disciplina comunitaria al tratar el tema del pecado de los hermanos.
Habrá que decir que este tema, el pecado de los hermanos, era crucial en la primitiva comunidad franciscana porque no solamente afectaba a temas canónicos sino al espíritu mismo de la fraternidad. En algo tan sensible para la espiritualidad medieval como el pecado ¿cómo habría de organizarse una fraternidad que, en sus orígenes, fue de indudable componente laical? ¿Qué espiritualidad y qué prácticas habrían de adoptar los hermanos a la hora de tratar el pecado y su consiguiente penitencia? ¿Cómo entiende esto una comunidad fundamentalmente de laicos que aspiran a una vida evangélica sencilla?
Habrá que decir que la cosa no pudo ser fácil, no tanto en el tema de legislación (eso ya lo organizaba la iglesia, el derecho), sino en el ámbito espiritual. Por eso la CtaM es de suyo “confusa”, la confusión interior de quien está elaborando algo en donde “pelean” dos intuiciones: el anhelo de una vida evangélica libre, profética, sorprendentemente misericordiosa (como el Jesús del Evangelio que ejerce la misericordia libremente y, a veces, en pugna contra la legalidad) y una pertenencia a la iglesia querida y explícitamente deseada, una iglesia que tiene bien legislado el tema de la administración del pecado y sus consecuencias punitivas. ¿Ha de acompañar esta confusión al tema de la misericordia franciscana? ¿Si se aclara, por medio de la apelación a la legalidad, se esfuma su componente profético?
Más aún, el tono, a nuestro juicio expeditivo y hasta duro de una carta plagada de imperativos que dejan fuera la posibilidad de discusión, ¿no está indicando la indecisión de quien escribe, la percepción de su propia oscuridad frente al tema? La basculación en la segunda parte de la carta (14-22) hacia la legalidad, ¿no está anunciando ya cómo se van a resolver las cosas?
Siempre se ha subrayado en esta carta el talante misericordioso de Francisco que quiere trasvasar a un ministro atribulado por graves problemas comunitarios de los que quiere huir proponiendo la honrosa y apreciada alternativa franciscana de la contemplación. Efectivamente, si la descontextualizamos, suena así. Pero tengamos en cuenta el contexto histórico de la carta si la situamos antes de la Rnb:
• Francisco vuelve de Oriente en 1220. La situación de la Orden se ha hecho para él ingobernable. Por eso nombra a Pedro Catani como Vicario. Esto quiere decir que quizá deja el gobierno en sus aspectos institucionales. Pero no deja el liderazgo: sigue siendo el líder de esta fraternidad. Esta carta lo demuestra a las claras: Francisco usa su autoridad espiritual para tratar de conjugar su visión evangélica de la misericordia con las necesarias exigencias de la legislación vigente.
• Hay quien dice que esta CtaM va dirigida a Elías, su segundo Vicario, antes de ser nombrado general . Es posible, aunque no parece que se compagine muy bien la situación con el carácter resolutivo de Elías. Hay como un amedrentamiento del interlocutor en la CtaM quizá motivado por el enérgico tono del mismo Francisco.
• Por otra parte, da la impresión de que en ese momento se necesitaba algún tipo de legislación dada la dispersión de la Orden primitiva. Era habitual, al parecer, que un sector de hermanos anduviera “vagando fuera de la obediencia” . Francisco reaccionó fuertemente contra estos tales en texto como CtaO 44-45 . Ahora bien, ¿Cuál era el camino a seguir, la misericordia difícil, la ley más clara y fácil, una mezcla de ambas? “Francisco, tan misericordioso por lo demás con los pecadores, se muestra inexorable cada vez que se pone en peligro este fundamento de la vida fraterna (la obediencia”) .

3. La misericordia difícil: criterios franciscanos

La práctica de la misericordia se resuelve, casi siempre, en asuntos cotidianos pequeños porque en esa urdimbre se realiza nuestra vida. Pero también hay momentos de más calado vital, más difíciles. La espiritualidad franciscana de la misericordia difícil que se adivina en CtaM puede quizá, releída desde nuestra sensibilidad de hoy, ayudar al franciscano/a en su tarea de vida y al superior en su trabajo de gobierno. Establezcamos una especie de decálogo de criterios franciscanos para la misericordia difícil:
1º) La MD demanda apelar a las más hondas dimensiones humanas: Son esas dimensiones que van más allá y más adentro que las ideas religiosas o teológicas que, con frecuencia, se quedan en la superficie de la inteligencia. Si se quiere ser misericordioso en momentos de dificultad será necesario situarse en terrenos de honda humanidad, allá donde rige la ley del corazón, de la empatía, de la condolencia en los caminos distintos y, a veces, extraviados .
2º) La MD demanda cuestionar el a priori de la superioridad de la norma: Algo que el sistema ha inoculado en nuestro imaginario y que el subsistema religioso ha ahondado con argumentos de obediencia, fidelidad y comunión. La sacralización de la norma es uno de los mayores obstáculos a la práctica de la MD. No quiere ello decir que no se aprecie la función reguladora de la norma. Se aprecia pero no como un a priori inamovible, sagrado .
3º) No es bueno para la espiritualidad de la MD entender las relaciones entre misericordia y legalidad en maneras de confrontación: Ya que las confrontaciones llevan, a veces, a verdaderos atolladeros sin salida. Conflictivizar el problema aleja del horizonte la posibilidad de la misericordia. No querer conflictivizar no significa menospreciar la legalidad, pero sí que es preciso hacer ver que la opción prioritaria es la de la persona. Y que la ley ha de ir en segundo término. Es preciso encontrar el camino de una dialéctica saludable, no frontista.
4º) El trabajo de la MD exige evitar el bloqueo de “la única solución”: Porque quien se sitúa desde la perspectiva de la legalidad puede que, con frecuencia, se enroque en la posición de que lo que plantea la legalidad es “la única solución”. La vida enseña que los caminos pueden ser múltiples. Quien trabaja desde la misericordia no se ahorrará el empeño de buscar posibles soluciones que, a primera vista, no se hacen presentes .
5º) Cuando se anhela la MD habrá que entender algo tan sencillamente evangélico como que si la legalidad y la persona colisionan, habrá que primar la opción por la persona: Eso es lo que Jesús ha hecho a lo largo de su misión del reino . Esta no opción no es indiscriminada, irracional, indiscernida. Pero optar por la persona engendra, con frecuencia, muchos problemas con la legalidad. El franciscano ha de trabajar para que esa conflictividad disminuya.
6º) La práctica de la MD demandará, en ocasiones, poner en segundo plano la honorabilidad de la institución: Con mucha frecuencia es esta honorabilidad la que, incluso por encima de la persona concreta, y más si tal persona es uno que delinque, trata de salvarse. Si lo que se pretende es que la institución salga indemne, antes que la persona concreta prospere, se tomarán derroteros que, con frecuencia, nada tendrán que ver con la misericordia .
7º) Para caminar los las sendas de la MD el incansable discernimiento ha de ser la marca de fábrica de todo el proceso: Ya que, como la legalidad tiene las cosas claras desde su perspectiva, quiere actuar pronto y bien (aunque luego no sea la cosa tan bien). Mientras que la MD es lenta en el discernimiento y muchas veces se concluye con preguntas que no tienen respuesta. Esta indefinición no gusta a la legalidad; pero su supuesta claridad se lleva, con frecuencia, por delante a la persona. No cansarse de discernir, volver a esa tarea con ahínco y perseverancia es la clave de muchos comportamientos misericordiosos .
8º) La MD demanda un esfuerzo misericordioso implicativo: La legalidad pretende, a veces, una vez aplicada, desentenderse. Quien conculca la legalidad queda excluido y quien aplica la legalidad queda tranquilo. Si no hay implicación en la suerte del excluido la aplicación de una norma de exclusión deriva, con frecuencia, en inhumanidad. La implicación daría como resultado una aplicación más benigna de la legalidad y el hallazgo de recursos compensatorios para que la persona salga a flote, aunque se le aplique la ley.
9º) La práctica de la MD puede llevar a una cierta “denigración” por parte de quienes se escudan en la legalidad: Viendo los toros desde la barrera, quienes son inclinados a la legalidad, acusan de “blandos” o de “vendidos” a los legisladores, o superiores, que no aplican con rigor la legalidad. Es preciso hacer frente a ese tipo de acusaciones haciendo ver que se sigue trabajando y que se hace el discernimiento desde el anhelo de la MD.
10º) Es preciso hacer catequesis continua sobre la MD: Porque la fragilidad del corazón, el olvido de los principios evangélicos y la presión social e institucional dan como resultado el inclinarse hacia una superficial aplicación de la legalidad en casos conflictivos. Por eso, habrá que “seducir” a los hermanos/as con la espiritualidad franciscana de la misericordia sabiendo que es preciso aplicarla, con más contundencia, en los casos más complicados .




4. Un tiempo para engendrar otra misericordia

Vamos, finalmente, a proponer, de entre los muchos, cuatro caminos de misericordia difícil donde la vida franciscana podría incidir. Es un pequeño esfuerzo por concretar ya que una espiritualidad sin carne histórica es una fantasmagoría.

a) La misericordia en la construcción de un ars moriendi: Sería la MD en el ámbito de lo fraterno. Hace muchos años J. B. Metz proponía a la VR la espiritualidad del ars moriendi. Lo entendía de esta manera: (poner alguna cita del libro). Por estos pagos de España creemos que ha sonado poco esta melodía porque no era de nuestro gusto. Pero la simple muerte biológica de nuestros grupos religiosos va moldeando nuestras opciones. No elegimos nuestra manera de “morir”, pero estamos muriendo de maneras cuestionables, por simple reducción numérica. ¿Cómo ejercer la MD con nuestras comunidades diciéndoles que hay que asumir de manera espiritual el hecho de terminar, o al menos de terminar el estilo de VR que hemos heredado, vivido y amado? Ser misericordiosos en nuestros tiempos de reducción no es solamente contribuir a un repliegue ordenado y a un final humano. Quizá habría que volver al tema de la espiritualidad del ars moriendi con el ingrediente de la misericordia.
b) La misericordia con los teólogos/as: Esta sería la MD en el ámbito institucional, eclesial en nuestro caso. Podría ser un gesto dar cabida y eco al anhelo de rehabilitación de todos los teólogos y teólogas, que suman cientos, represaliados, silenciados y excluidos a lo largo de estas últimas décadas . Entre ellos, hay franciscanos . ¿No podría la Interfranciscana, como gesto de misericordia, demandar la rehabilitación de estos hermanos teólogos? . ¿Es mejor dejar que esa situación pase a las injusticias que han acompañado el camino de la Iglesia?
c) La misericordia en la emigración: Tendríamos aquí un trabajo de MD en el ámbito social. Es verdad que la VR es cada vez más sensible a este fenómeno global. Hay testimonios elocuentes de profunda sensibilidad . Pero la pasividad, la resistencia e incluso el rechazo aún funcionan en nuestras comunidades franciscanas. Es preciso hacer obra de MD en nuestras mismas comunidades. Y la mejor forma de hacerlo será dar algún paso implicativo, animarse a colaborar en instituciones sensibles a este fenómeno social, dar amparo a los hermanos y hermanas que ya lo hacen.
d) La misericordia en el tema de ETA: Esto sí que sería un difícil ejercicio de MD en el ámbito político. La vida franciscana española ha estado casi ausente, en general, del tema. Es decir, se ha aliado con quienes rechazaban de plano la violencia (a veces, paradójicamente, con palabras muy violentas), rezaban por la paz y punto . Pero ahora, tras cuatro años sin muertes y abocada la banda ETA a su desaparición es necesario pensar en cómo llegar a una convivencia pacífica contando con las enormes heridas infligidas al tejido social. Ciertos ámbitos cristianos empiezan a preguntarse por ello y por cómo aplicar la espiritualidad de la misericordia difícil . ¿No sería positivo el que la vida franciscana potenciara la aparición de otro Baketik no tanto para la elaboración del conflicto cuanto para la construcción de la convivencia?

Conclusión

Al concluir esta reflexión dejamos para un posible diálogo una serie de conclusiones:
• Hemos de leer los textos franciscanos con la mayor adultez posible, huyendo de planteamientos tópicos o meramente líricos. Una lectura adulta, con arraigo antropológico, puede engendrar una nueva espiritualidad y dar luz a situaciones de hoy.
• Nos parece que la vida franciscana de España no está para muchos proyectos alternativos. Pero qué hermoso sería contar con una Escuela Social Franciscana donde se tratara la espiritualidad franciscana desde parámetros sociales. Una de las asignaturas de ese centro podría ser la MD o el más amplio tema de la mediación. ¿No colaboraría así el franciscanismo al alborear de la nueva sociedad, del reinado de Dios?
• Estamos llamados en este año de la misericordia a la práctica de este valor evangélico. Y sabemos que hemos de hacerlo, sobre todo, en el ámbito cercano, fraterno. Pero habría que hacerlo con aliento profético, en los asuntos que, como el de ars moriendi, se pasa por alto de puntillas porque nos estremecen.
• Más que un año, el mismo Papa Francisco quiere que la misericordia sea un proyecto para los años venideros: "¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios! A todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros" . Del mismo modo que Francisco se sumó a la “cruzada eucarística” del Papa Honorio III , ¿no sería bueno que la vida franciscana se sumara a este empeño del Papa Francisco para este tiempo de la Iglesia?


Fidel Aizpurúa Donazar
Madrid, enero de 2015

Marcos 9

CVMc

Domingo, 20 de diciembre de 2015

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

9. 1,35-38

 

Una reflexión inicial:

 

            La vida de las personas, tanto a nivel individual como social, oscila entre el encerrarse y el salir. La tendencia a encerrarse es fuerte cuando las cosas no nos van bien o cuando nos van demasiado bien. El aislamiento no es bueno ni para quien quiere huir ni para quien se desentiende de los demás.

                De ahí que mejor medicina sea salir, pisar la calle, estar en el terreno del otro,  hacerse una idea de cuáles son los parámetros lejanos. Saliendo es como se entera uno de la verdadera dimensión de lo humano.

                Hoy es día de elecciones generales en España. Si miramos con detalle los programas de los principales partidos veremos que palabras como “amor”, “bondad”, “bien común”, “preocupación por los demás”,. “dolor ajeno”, etc. no tienen ningún sitio. Desvelan la cerrazón ideológica y social que los sustenta.

                Sin embargo, el éxito de un programa social y político ¿no sería el salir hacia la realidad y necesidad del otro? ¿Iría peor el país porque se pretendiera “políticamente” que los ciudadanos se quisieran más, como decía Tabaré Vazquez? Creemos que no.

                Mirar la realidad del otro, salir hacia ella, tenerla en consideración: he aquí una de las claves no solamente de la gobernabilidad, sino de la misma vida cristiana y humana.

 

El texto

 

            35Por la mañana, se levantó muy de madrugada y salió; se marchó a un despoblado y allí se puso a orar. 36Echó tras él Simón, y los que estaban con él; lo encontraron 37y le dijeron: -¡Todo el mundo te busca! 38Él respondió: -Vamos a la otra parte, a las poblaciones cercanas, a predicar también allí, pues para eso he salido.

 

  • Marcos es quien más habla de la oración de Jesús. Es una oración “dura”: en la noche (muy de madrugada) y en el desierto (en despoblado). Jesús ora buscando sentido y lo hace en la aspereza de la noche y del campo solitario. Indica eso que su búsqueda es dura, a contracorriente.
  • Se puede sospechar, por lo que sigue, que el tema de la oración de Jesús es si va “al otro lado” o no. En el otro lado del lago están los paganos. ¿Hay que ir a los paganos? ¿Esos condenados también tienen derecho al reino? ¿También son hijos amados de Dios, siendo como son unos paganos? Algo de eso es lo que quiere discernir Jesús.
  • Cuando Pedro le dice que le busca todo el mundo, se refiere al “todo el mundo” de los judíos. Es como si le dijera: deja de dar vueltas a lo que está claro. Lo tuyo es ser Mesías de los judíos; deja a los paganos que vayan a su ruina.
  • Jesús se crece y propone ir “a la otra orilla”. Ha comprendido que el éxito de su misión incluye el “salir” a los otros, a los más desprestigiados, a los condenados de antemano, a los despreciados desde la cuna. Por eso, en el salir está la clave de su éxito.
  • La primera misión cristiana llevó al cristianismo a respirar cuando salió a los paganos, como Jesús. Si se hubiera quedado en los estrechos límites de Palestina, se habría ahogado.

 

Para pensar un poco:

 

  1. ¿Crees que Jesús plantea bien la cosa cuando se decide a “salir”?
  2. ¿Qué tendríamos que hacer los cristianos hoy para “salir”?
  3. ¿Por qué nos cuesta tanto ponernos en la piel del otro?

 

Un valor: la apertura

 

            Quizá nos cueste salir porque adolecemos de apertura. Encerrados en nosotros mismos, nos incapacitamos cada vez más para salir.

  • Para salir hay que superar el síndrome de la conciencia aislada, de que si a mí me va bien, los demás que se las apañen. Ese no mirar al lado del débil y encegarse en el propio es fatal.
  • Hay que superar la autorreferencialidad, creer que todo se mide en la vida por lo que yo pienso, por lo que yo vivo, por los que yo soy. Esto empequeñece a la persona y lleva a una distorsión de la realidad que nos hace alejarnos de los demás sin remedio. 
  • Hay que superar, así mismo, la indiferencia, el pasotismo, esa dejadez ante las cosas y las personas refugiados en el falso aserto de que todo da igual y que nunca cambia nada. No es cierto, aunque las cosas no cambien y mejoren como uno desearía.
  • En la apertura de mente, de corazón, de casa, de ideas, de planteamientos sociales y políticos hay una clave no solamente para la saludable convivencia, sino también para el mismo amor. Pretender amar y ser amado cerrándose es equivocar cien por cien el camino.

  

Una imagen

 

            Esta imagen es elocuente. El Papa Fancisco, con gesto cansado, está sentado al mismo nivel que el imán de la mezquita del PK5 de Centroáfrica, el barrio donde se han atrincherado los musulmanes de Bangui cercados por las milicias cristianas. El Papa quiso ir ahí, a la boca del lobo (las balas andan libres) para pedir la paz y orar por la convivencia. Un “salir” peligroso pero elocuente, profético. Salir tiene sus riesgos, pero quizá sea un cauce para deponer la violencia y asome la nariz la posible convivencia.

 

 

Marcos 8

CVMc

Domingo, 13 de diciembre de 2015

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

8. 1,32-34

 

Una reflexión inicial:

 

            Hay un sector de la población española, dentro de los que lo pasan mal, que se podrían denominar “los precarios”. Son gente que no está en la indigencia pero que no consiguen llegar a final de mes y, aunque trabajen, tienen que recurrir a la solidaridad social para poder salir adelante. No pueden permitirse ninguna clase de excesos y aprovechan todas las fuentes de financiación que “para los pobres” ofrece la sociedad.

                Son personas que no han perdido su conciencia de dignidad y aún luchan por participar en el banquete de la vida sobre el que creen tener un cierto derecho. Con frecuencia son el sector más crítico de la sociedad y el que tiene más conciencia política, aunque su formación escolar sea muy sencilla. Son buenos lectores de la realidad y saben situar en su correcto lugar a quienes les expolian.

                No doblan el cuello ante los atropellos de la maquinaria neoliberal, aunque se vean escachados por ella. Lo dicho, mantienen la dignidad en el fondo del corazón, en la entraña de su ser.

                Por eso, los “precarios” son una esperanza para el futuro de esta sociedad, aunque no se les vea así. Y sus posiciones, sus votos, sus protestas, sus acciones en la calle, aunque parece que son ninguneadas por el olvido y el menosprecio, son realmente la semilla de una sociedad nueva.

 

El texto

 

            32Caída la tarde, cuando se puso el sol, le fueron llevando a todos los que se encontraban mal y a los endemoniados. 33La ciudad entera estaba congregada a la puerta. 34Curó a muchos que se encontraban mal con diversas enfermedades y expulsó muchos demonios; y a los demonios no les permitía decir que sabían quien era”

 

  • Estos “sumarios” transmiten la idea que ha quedado en la mente y en el corazón de las primeras comunidades cristianas: Jesús fue uno que se preocupó del dolor de otros, que salió al paso de las carencias de las clases marginadas. Su respuesta al dolor ajeno da la medida de su calidad moral y de su calidad mesiánica: fue Mesías porque se preocupó hondamente del dolor ajeno.
  • “Los que se encuentran mal” son el pueblo que sufre ante la indiferencia de los dirigentes. Seguimos en eso mismo: la conciencia aislada de quien dirige y tiene las espaldas cubiertas no llega a tocar al sector frágil de la sociedad. Y, encima, se hacen llamar bienhechores, servidores del pueblo. Gran cinismo.
  • Los endemoniados son aquellos que les hacen el juego a los poderosos. Quieren situarse por encima de los que están mal, tienen una ideología opresora. Son gente que usa como arma principal la violencia. Jesús se opone frontalmente a los tales.
  • Los precarios se congregan en la puerta, en otro lugar que el poder, porque en el lugar del poder no hay vida para ellos.
  • Jesús hace una obra de curación que consiste en hacer ver que los precarios, y los pobres, tienen un sitio en la sociedad, que la vida les pertenece, que no deben tolerar que se les arrebate la dignidad, que hay un lugar para ellos en el banquete de la vida. Es, más que nada, una curación social.
  • Los violentos, los prepotentes, los endemoniados, quieren usar el nombre de Jesús para su triunfo. Jesús les prohíbe usarlo para eso.

 

Para pensar un momento:

 

  1. ¿Crees que las situaciones se repiten hoy?
  2. ¿Cómo mirar la precariedad con otros ojos, humanos y sociales?
  3. ¿Qué estamos dispuestos a hacer para que esto, en lo que se pueda, mejore?

 

Un valor: el inapelable derecho a una vida con dignidad

 

                Algo de lo que, por suerte, no se apean muchos de “los precarios”. Creen que nadie les puede arrebatar la dignidad y, con ella, el derecho a una vida digna. Y luchan por ello.

  • Más allá de la riqueza económica hay otra riqueza que no se contabiliza en las estadísticas y que debemos proteger porque no es propiedad de nadie.
  • Más allá de los mensajes bidireccionales de compraventa estamos nosotros como personas, con todos los pliegues de humanidad que ello implica.
  • Más allá de las dinámicas que nos reducen a meros agentes comerciales de nosotros mismos, a simples productos del mercado laboral, está nuestro inapelable derecho a vivir con dignidad, con acceso a nuestras necesidades básicas, a una educación y sanidad de calidad, a una vivienda y a un empleo decentes.
  • Y también, cómo no, está nuestro derecho a disfrutar de lo que una inmensa cúpula de estrellas tenga que decirnos en mitad de la noche. Qué sería de la civilización si no miráramos más allá de la pantalla del televisor.

 

 

 

Una imagen

 

 

            Este señor a quien el Papa Francisco está dando la mano es el sacerdote murciano Joaquín Sánchez, portavoz en la región de Murcia de la PAH, organización que ha parado más de 1500 desahucios. Gente como él son quienes se han situado de manera activa en el lado de los precarios y de quienes andan en el margen. Si no fuera por ellos creeríamos que el sistema devorará a sus propias víctimas. Pero por ellos sabemos que esto nos va a ser a sí. Hay que felicitarles y animarles.

 

Un pensamiento (Vanesa Pérez Sauquillo)

 

En campos de silencio

las estrellas que caen

siempre germinan. 

 

Todo nos reconoce. 

Todo inclina su gesto generoso

hacia donde la vida

nos cubre y nos concreta. 

 

Hay un cuenco de asombro

en el umbral

de los que saben esperar milagros, 

susurra una verdad. 

 

Hay música, también, 

bajo las cuerdas. 

 

 

 

 

class=MsoNormal> 

 

Marcos 7

CVMc

Domingo, 6 diciembre de 2015

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

7. 1,29-31

 

Una reflexión inicial:

 

            Los humanos sufrimos de fiebres

 constantes. Y no nos referimos a fiebres que se miden con el termómetro, las calenturas. No, son otras fiebres: la fiebre del triunfo y del dinero, la de quedar siempre por encima del otro, la del dominio sin que me rechisten, la de la imposición de una ideología, las de la variada gama de violencias que se ejercen contra los demás.

                Fiebres que están ahí, que, a veces, devoran a la personas. Fiebres con frecuencia de consecuencias impredecibles. Nos envuelven esas fiebres. Vivimos enfebrecidos, febricitantes, acompañados siempre de tales fiebres.

                No se quitan con un analgésico; a veces parece que no hay medicina para ellas, porque son insaciables. No se calman ni aunque logren su propósito porque, enseguida, ya están deseando otra cosa.

                ¿Habrá posibilidad de controlar dichas fiebres, de tenerlas a raya, no decimos de hacerlas desaparecer? Sí, hay antídotos, antipiréticos para tales fiebres que tienen que ver con la generosidad, el servicio, la entrega, el amor en definitiva. Siempre ponemos el mismo tipo de remedios; pero es que no hay otros más eficaces. Hay que animarse a empelarlos. Veremos sus efectos.

 

 

 

El texto:

 

            29Al salir de la sinagoga se fue derecho a casa de Simón y Andrés, en compañía de Santiago y Juan. 30La suegra de Simón yacía en cama con fiebre. Enseguida le hablaron de ella. 31Él se le acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a servirles.

  • Jesús toma al ala más conservadora del discipulado. El entorno familiar de Simón (nombre judío) y ellos mismos los discípulos están inficionados de lo que inficiona al judaísmo: el mesianismo potente, la ideología nacionalista amparada en las promesas de la religión.
  • El entorno de Simón (la suegra) está en cama “febricitante”. Siempre le acompaña la fiebre, no le abandona nunca. Fiebre y “fuego” se dicen en griego igual (pyr, de donde viene pirómano). El hombre del “fuego” es el profeta Elías que gozaba de gran reputación en tiempos de Jesús por su nacionalismo religioso. Es el fuego devastador de Elías (que jamás arregló nada) el que habita en el entorno de Simón. Están infectados de nacionalismo excluyente. Esa fiebre les devora.
  • Jesús hace una especie de nueva creación con la suegra: se acerca, la coge de la mano, la levanta. La recrea de nuevo para que produza otra cosa distinta al mesianismo político, al nacionalismo excluyente.
  • Y así es: se pone a servirles. El Evangelio pretende trasformar las fiebres de los humanos en servicio. ¿Será posible? Si no lo fuera en absoluto no lo propondría el Evangelio. De manera que tiene haber algún resquicio.

 

Para pensar un momento:

 

  1. 1.          ¿Qué fiebres crees que hay en ti?
  2. 2.          ¿Estarías dispuesto a tratar de que se convirtieran en otra cosa? ¿Qué hacer?
  3. 3.          ¿Por qué no usar el “antipirético” del servicio y de la entrega al otro?

Un valor: el servicio en lo oculto

 

            A muchos nos gustaría que nuestras fiebres no nos devorasen, que pudiéramos liberarnos de ellas. ¿Y si  aplicáramos el remedio de un servicio sencillo, en lo oculto? ¿Cómo ir construyendo un talante de servidor/a en lo oculto?

  • No quieras estar siempre en el candelero. Estar abajo no es mal sitio para quien quiera servir.
  • No quieras poner la firma a todo lo que haces. Aunque no se sepa que lo has hecho tú, lo bien hecho, bien hecho está.
  • No busques con frenesí el aplauso, el premio, el pago, el agradecimiento. Si lo hay, recíbelo con sencillez; si no lo hay, sigue entregándote sin resquemor.
  • Que tu alegría sea que el otro crezca por tu entrega, sobre todo si ese otro es una persona débil.
  • Los servicios sencillos, los poco reconocidos, son imprescindibles para que la máquina de la relación no chirríe. Por eso, no hay que desanimarse porque lo que hago sea de poca relevancia.
  • No te canses de servir en lo oculto. La perseverancia en ese camino puede dar muy buenos frutos de relación.
  • Depón cualquier actitud de poder. El ansia de poder bloquea el servicio y deriva en imposiciones febriles.

Puede ser estas algunas pistas para ir alejándose de las fiebres que nos reconcomen. Los demás saldrán ganando; nosotros/as también

 

Una imagen

 

            Este señor es Alberto Piris, un militar de alta graduación que, en su itinerario personal, ha llegado a ser una persona importante para la causa de la paz. No vamos a decir que su “fiebre militar” haya desaparecido del todo, pero ese potencial se ha orientado en otra dirección. Es un ejemplo de que lo que pretende el Evangelio con nosotros (cambiar nuestras fiebres en servicio) no es del todo imposible, al menos en parte, hay que animarse con esta personas que, dentro de lo razonable, orientan sus vidas al servicio de los demás.

 

Un pensamiento:

 

No vacilar en nuestros propósitos es la más segura manera de suprimir  

las sutilezas de la inteligencia y los matices de la sensibilidad, que son el mayor encanto de la vida. 

 

       Nicolás Gómez Dávila

 

 

 

 

 

Marcos 6

CVMc

Domingo, 29 de noviembre de 2015

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

6. 1,21b-28

 

Una reflexión inicial:

 

            Mucho se está hablando en estas semanas de los nacionalismos. Hay personas que los aborrecen a todos y a algunos más en particular. A veces detestan el nacionalismo de otros, pero no el suyo. Las palabras y actitudes son, con frecuencia, de mucha dureza.

                En realidad, los nacionalismos, con un ropaje o con otro, acompañan el caminar de las personas, desde las cavernas hasta hoy. Y posiblemente, sea un componente de la estructura humana de difícil transformación. Es cierto que la distinción entre nacionalismos excluyentes e incluyentes es decisiva. Nada tiene que ver un nacionalismo que excluye y aniquila, con otro que, sintiendo y valorando las propias raíces, es flexible hasta incluir a quien no es oriundo de esa “nación” en el ambiente elegido llegando a ser considerado uno más.

                Quizá el nacionalismo benigno tenga cosas buenas, el amor a las raíces, la valoración de lo heredado, la referencia que me hace ser pueblo, el disfrute de la pequeña historia de cada grupo, de cada pueblo. Pero el peligro es evidente.

                Dicen que el nacionalismo se cura viajando. Y quizá, más todavía, amando. Porque el amor pone a raya cualquier exclusión y el desamor, dejado a  sus anchas, puede llevar a exclusiones tremendas. Que los dioses nos libren de ellas.

 

El texto:

 

            21bEl sábado entró en la sinagoga e inmediatamente se puso a enseñar. 22Èstaban impresionados de su enseñanza, pues les enseñaba como quien tiene autoridad, no como los letrados. 23estaba en aquella sinagoga un hombre poseído de un espíritu inmundo en inmediatamente empezó a gritar: 24-¿Qué tienes tú contra nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tu, el Consagrado por Dios. 25Jesús le conminó: -¡cállate la boca y sal de él! 26El espíritu inmundo, retorciéndolo y dando un alarido, salió de él. 27Se quedaron ellos tan desconcertados que se preguntaban unos a otros: -¿Qué significa esto? ¡Un nuevo modo de enseñar, con autoridad: incluso da órdenes a los espíritus inmundos y le obedecen! 28Su fama se extendió inmediatamente por todas partes, llegando a todo el territorio circundante de Galilea.

 

  • Esto de un “espíritu inmundo” hay que entenderlo en el Evangelio como un nacionalismo excluyente: es el judaísmo de la época que piensa que va a llegar un día en que se haga justicia a Israel, todos los pueblos le serán sometidos, Jerusalén será el centro del mundo, los paganos serán masacrados, reinará el Mesías glorioso. Eso es el mensianismo potente, el nacionalismo religioso-político excluyente. El Evangelio dice, ya desde el principio, que Jesús quiere transformar ese componente excluyente en sendas de servicio y fraternidad. ¿Es esto posible?
  • Los de Cafarnaún se quedan desconcertados porque ellos esperaban que el mesianismo de Jesús diera alas al nacionalismo excluyente de Israel. Pero Jesús, nada de eso: enseña con su experiencia humilde pero verdadera y hace callar a quien dice que Israel es todo y los demás no son nada.
  • La fama que se extiende por todas partes no es la buena fama, sino la mala: uno que no es nacionalista excluyente, uno que propone una senda de cordialidad y de amor fraterno. No conviene uno así. Pero estaba marcando un camino: la buena senda de lo humano es aquella manera de ser que acoge a todos y que sabe que, por el hecho de ser humanos, somos familia.

 

Para pensar un poco:

 

  1. ¿Te parece que este sentimiento de exclusión está totalmente alejado de tu vida o hay algunos síntomas de que anda por ahí?
  2. ¿Por qué echamos siempre la culpa de los nacionalismos excluyentes a otros?
  3. ¿Integras con facilidad al que es distinto, de otra tierra, de otra manera de pensar, de otro nivel?

 

Un valor: Un corazón abierto

 

            Porque la erradicación del nacionalismo tiene que ver con el corazón: un corazón abierto es proclive a incluir. Un corazón duro y cerrado excluye con facilidad. ¿Cómo construir en nuestra vida un corazón abierto?

  • Una de las claves está en la acogida: si acoges con facilidad, demuestras que tienes un corazón abierto. Si te cuesta acoger, quizá tengas un corazón cerrado.
  • Es más posible tener un corazón abierto si te esfuerzas por ponerte en la situación del otro. ¿Qué habría hecho yo en su caso? Es una pregunta que habría de ser recurrente.
  • Un corazón abierto es aquel que, aun sin entender todas las razones del otro, está dispuesto a dialogar y a intentar por todos los medios llegar a algún tipo de conclusión conjunta.
  • Tiene dificultades para lograr abir el corazón quien da por perdida la partida antes de jugarla, quien dice que con esos no hay nada que hacer, quien ante el primer intento fallido desiste.

Un corazón abierto es el mejor antídoto contra el veneno del nacionalismo excluyente. Además es tan contagioso que puede animar a otros andar esa senda de comprensión y armonía.

 

Una imagen

 

                Cualquiera podría pensar que este señor es un aldeano vasco escapado de su caserío. Pero no, es un misionero capuchino que lleva toda su vida, él y su boina, en las selvas del Ecuador. Habla el quichua, escribe libros en esa lengua, navega los ríos, tiene proyectos verdaderamente aventureros. Ha aparcado su “nacionalismo navarro” y se ha hecho uno con la gente con la que vive. Cumple aquello hermoso del libro de Rut: “Tu pueblo será mi pueblo, tu Dios será mi Dios, donde tú mueras, yo moriré”. Gente alternativa que transforma los nacionalismos en entrega. ¡Ah! Se llama José Miguel Goldáraz.

 

Una frase:

 

“El Bien acaba siempre por perder: es su manera de ganar”.

 

Ch. Bobin.

 

 

 

Jesús y los derechos humanos

 

 

JESÚS Y LOS DERECHOS

HUMANOS Y SOCIALES

 

        Huelga decir que, a pesar de que en el imperio romano se hilaba muy fino en cuestión de leyes (para los ciudadanos libres, claro), el tema de los derechos humanos tal como los sentimos hoy y los del tiempo de Jesús casi nada tienen que ver.

        Pero en los Evangelios hay semillas inequívocas para la construcción del hermoso edifico de los derechos sociales. Por eso, una reflexión desde esa perspectiva social puede ser muy fructífera.

        Por otra parte, la VR puede aprender de la sociedad esta y otras lecciones e incrementar así su caudal carismático. Efectivamente, la inspiración no nos viene solamente de los aspectos “místicos” de la fe, sino también (y más de lo que nos creemos) de los aspectos “políticos” de la vida.

        Tomaremos para esta jornada, a modo de ejemplo, dos puntos importantes del mesnaje evangélico: las bienaventuranzas y las curaciones de Jesús. Todo ello leído, como decimos, desde una perspectiva social.

 

 

1

SEMILLAS DE DH EN LOS EVANGELIOS

 

        Pedir a los Evangelios un posicionamiento explícito en materia de DH tal como los entendemos hoy es pedirles demasiado. Pero en ellos se pueden desvelar “semillas” que nos ayuden a apuntalar nuestra sensibilidad y práctica en temas de DH. Al fin y al cabo, la Palabra no solamente es inspirada sino también inspiradora, ilumina nuestras situaciones de hoy desde el fondo de situaciones de antes. Tratemos de desvelar algunos textos:

 

1) Los derechos de los padres ancianos: Mt 15,1-6

 

        Jesús ha tenido enfilado el tema de las tradiciones de los mayores (sagradas en aquella cultura) porque ha percibido que, por ser fieles a esas tradiciones (desviadas como casi todas), se termina por olvida lo esencial: la solidaridad con el débil. Anteponer ese tipo de tradiciones a los simples DH, invocar la costumbre, poner por delante los propios beneficios o la permanencia en un cierto estatus social para eludir el aguijón de los de DH es alejarse del Evangelio. Volver a los DH es una forma óptima de volver al Evangelio.

 

2) Los derechos de las mujeres: Jn 8,1-11

 

        Jesús no tiene una visión igualitaria hombre-mujer porque eso era pedir demasiado. Pero va en esa dirección (de hecho, es indudable que la primitiva misión cristiana se realizó en la primera generación en pie de igualdad: Rom 16, 1 Cor 9,5, aunque pronto se desviara la cosa: Lc 24). El texto de Jn 8,1-11, aunque no es propiamente un tema de DH muestra la visión de Jesús: no solamente acepta el valor de la mujer (de hecho en su grupo las había: Lc 8) sino que lee su desventaja con compasión humanizadora: nadie puede condenar a la mujer condenada por la sociedad, con o sin causa.

 

3) Los derechos de los niños: Mc 9,36-37

 

        El amor de Jesús a los niños no es por su supuesta candidez, sino por su desvalimiento social. Los niños, los criaditos (trabajan en casa ajena por la comida), son un ejemplo de desvalimiento social: no tienen otro amparo que el de Dios. A eso habría de estar dispuesto el seguidor. Por eso mismo, el seguidor se hace valedor de quienes andan en tal desamparo estructural. Hoy quizá nuestros niños no estén en ese desamparo en nuestra sociedad. Pero el mundo es ancho, y el desvalimiento infantil sigue perfectamente vigente en muchos ámbitos del planeta.

 

4) Los derechos de los explotados laborales: Lc 17,7-10

 

        Es un texto cargado de ironía: los que trabajan terminan por reconocer su “inutilidad” ante quien les explota. Les explota y, encima, reconocen su inutilidad. Explotación total. Por eso Jesús, con sorna, anima a revolverse contra tal situación: las estructuras sociales y muchas veces religiosas contribuyen al alejamiento de los derechos laborales. Hay que apartarse de ellas, cuanto más lejos mejor.

 

5) Los derechos de los extranjeros: Mc 7,24-30

 

        Jesús fue a tierra de paganos. Fue a regañadientes (la dura respuesta a la mujer en Mc 7,27 lo deja bien a la vista). Pero fue. Porque llegó a entrever que la propuesta del Reino era también para ellos, y que, ante Dios, tenían tanto “derecho” como cualquier, que ser extranjero no priva de derechos porque estos son inherentes a la dignidad. Esta semilla fue el desencadenante de la primitiva misión cristiana. Para algo valió.

 

6) Los derechos de los marginados sociales: Jn 4,4-44

 

        Lo sabemos, los samaritanos eran marginados sociales (provenían, al parecer, de razas espurias, de cuando la recolonización del país en la despoblación del destierro a Babilonia. Pero quizá median otras razones, hoy siguen siendo marginados en Israel). Jesús “habla” con ellos (Soy yo el que habla contigo). Y estos entrevén que en el pensamiento de Jesús ellos, aunque samaritanos, siguen teniendo sus derechos que los hacen revivir (se quedó dos días: los suficientes para “resucitar”, según Os 6).

 

7) Los derechos de los frágiles sociales: Jn 5,1-7

 

        A los que se les dice que pueden encarar su fragilidad (semilla), puede adquirir una cierta autonomía: levántate, a pesar de su limitación, de su brazo atrofiado: Mc 3), y de que la fe, el seguimiento puede ayudarles al logro de sus ineludibles derechos (echa a andar). Por eso, para Jesús, el frágil social ha de estar en el centro (ponte en medio: Mc 3; ve a presentarte a los sacerdotes como “prueba contra ellos”: Lc 17,11-19). Los DH de estos frágiles sociales tienen un plus de sacralidad.

 

8) Los derechos de los desconsolados: Lc 7,11-17

 

        Porque por muy “viuda” que sea uno, tiene derecho al consuelo y a que devuelvan “al hijo”, a que se le restituya la alegría y el disfrute necesario para vivir con dignidad (la alegría “inarrebatable” de Jn 16). El desconsolado social tiene intacto su derecho a la alegría. Devolver tal derecho si es que se ha perdido o robado, es de justicia.

 

        Para valorar estas semillas y, sobre todo, para irlas incorporando a la propia vida y a la estructura de la que hace uno parte es preciso hacer grandes discernimientos que vienen muy bien dibujados en los modismos de Mc 9,43-48. Hay que “cortarse la mano”: discernir obras; hay que cortarse el pie: discernir caminos; hay que sacarse los ojos: discernir intereses. Sin estos discernimientos que van tan adentro no es fácil incorporar de verdad las semillas de DH que subyacen a los Evangelios.

 

Para hablar o pensar:

 

  1. 1.   Subraya uno de los puntos anteriores.
  2. 2.   ¿Desvelas alguna otra semilla de DH en algún texto evangélico que no hayamos citado?

 

 

2

LAS CURACIONES DE JESÚS:

RESTAURACIÓN DE LOS

DERECHOS SOCIALES

 

        Hace años la ONG Médicos Sin Fronteras ideó una ingeniosa campaña para colaborar en la lucha contra ciertas enfermedades raras. A la tal campaña se le puso el título de “Pastillas contra el dolor ajeno”. Se trataba de dar un euro por una cajita de pastillas de caramelos de menta. Con ese pequeño donativo, se ayudaba a la lucha contra las dichas enfermedades. Cuando se acude a la farmacia, se compran pastillas para el propio dolor o para el de los más próximos. No tiene sentido comprar medicamentos para el ajeno; no tiene sentido perseguir la curación del ajeno, de no ser que el tal ajeno llegue a ser prójimo y cercano.

        Esto ocurre con Jesús de Nazaret: salió a los caminos para aliviar, acompañar, curar el dolor ajeno. Esa fue la escuela de su mesianismo. Efectivamente, Jesús no es Mesías por elección divina, sino por contacto con la pobreza humana. En sus andanzas por las aldeas de Galilea curando, consolando y acompañando estaba construyendo el “por eso Dios lo exaltó” que Pablo constatará más tarde (Filp 2,9).

        Hablar de “curar” en los relatos evangélicos es entrar en un mundo distinto del nuestro a la hora de entender los problemas de salud. En tiempo de Jesús, la medicina técnica de la que ahora gozamos era prácticamente inexistente. Un ciudadano de a pie de hoy sabe más de medicina que el mejor de los médicos de la época de Jesús. Por eso mismo, decir que Jesús “curaba” es decir algo muy distinto a lo que hoy queremos significar cuando afirmamos “tal médico me ha curado”.

        Y es que en la antropología del NT hay que distinguir entre enfermedades y dolencias. Aquellas son disfunciones biomédicas que afectan a un organismo, mientras que estas son estados devaluados del propio ser que afectan a una persona cuando el entramado social en que se mueve se ha venido abajo o ha perdido significado. La dolencia es un asunto social, una desviación de las normas y valores culturales. Huelga decir que es desde ahí desde donde los evangelios enfocan en tema de las curaciones de Jesús.

        Por otra parte, queda fuera de duda que Jesús ejerció esa medicina popular y social propia de la época en las capas sociales empobrecidas. “Es un profeta lleno de espíritu, que vence a los espíritus inmundos, cura diferentes dolencias y devuelve a la gente al lugar que ocupaban en la comunidad. Jesús se relaciona no tanto con enfermedades cuanto con dolencias” (B. J. Malina). Por eso mismo, leer los relatos de curación desde una perspectiva histórica simplista es la peor de las formas de interpretarlos.

        Al tratar este tema siempre quedará un punto en el aire: curanderos al estilo de Jesús tenía que haber muchos en tiempos de Jesús dadas, como decimos, las “tinieblas” en las que estaba el tema médico. ¿Cómo y por qué las primeras comunidades vieron precisamente en las curaciones de Jesús la llegada del reino de Dios? ¿Por qué las otras curaciones, que las habría más “milagrosas” incluso que ellas no suscitaron en el ánimo de las comunidades el olfateo de la venida del reino? ¿Sería porque, además de ser curados, social y quizá físicamente, se percibía de algún modo la misericordia de un Dios cercano a la gente, interesado por las dolencias del pueblo humilde, solidario con las angustia, físicas y sociales, que afectaban a los empobrecidos?

        Desde ahí se puede proponer el tema de la misericordia de Jesús como prioritario, anterior a toda dogmática. “De Jesús impacta la misericordia y la primariedad que le otorga: nada hay más acá ni más de ella, y desde ella define Jesús la verdad de Dios y del ser humano” (J. Sobrino). De ahí que hablar de curaciones es, definitiva, hablar de misericordia, de eso primario que es necesario para entender la vida y para entender a Dios.

        Por lo demás, la obra curativa de Jesús puede ser entendida como un resumen de todo el Evangelio. Así lo hace el mismo evangelio en sus sumarios (Mc 54-56); así lo quiere hacer ver Jesús a sus propios discípulos (Mc 3,15). Resumir el Evangelio en el término “curar” no es un reduccionismo, sino que en él se concentra todo el hacer salvífico de Jesús, en su horizontalidad histórica y en su verticalidad espiritual.

        Queremos proponer, a modo de ejemplo, un breve itinerario bíblico sobre las curaciones de Jesús como respuesta al sufrimiento humano en el evangelio de Marcos. Como queda dicho más arriba, el enfoque será desde la dolencia más que desde la enfermedad: condiciones humanas socioculturalmente anormales que son reorientadas.

 

1. Curación del sufrimiento que conllevan de las ideologías opresoras (Mc 1,29-31)

 

        El breve relato de la curación de la suegra de Simón, leído historicistamente no tiene mucho sentido: no es una gran maravilla curar de una simple fiebre. Los remedios caseros para bajar la fiebre son incontables. Es preciso leer el texto con otra profundidad.

        El texto viene a continuación del relato de la curación de un endemoniado en la sinagoga de Cafarnaún (1,21b-28) que ha terminado con una pregunta de “desconcierto” (1,27), el desconcierto de quien está en contra. El intento de Jesús de liberar a un atrapado por mecanismos inhumanos termina en fracaso.

        La vocación de Jesús de curar al pueblo la lleva a un nuevo intento. Esta vez en casa de “Simón”, nombre judío, en la boca misma del lobo, en el ámbito de quien le rechaza. Además, se lleva a Santiago y Juan, el ala más recalcitrante del judaísmo, el sector más refractario a los planteamientos del reino (1,29).

        La “suegra de Simón”, el entorno de Pedro, aquello que está en el marco del afecto, todo el judaísmo, está en cama con fiebre (1,30a). Una realidad inficionada por la fiebre de una manera continua, “febricitante” (pyressousa), siempre con fiebre, una fiebre que nunca abandona a esa realidad, una fiebre contínua.

        Fiebre y fuego se dicen se dicen en griego de la misma manera (pyr), como en castellano afirmamos de un niño que tiene mucha fiebre “este niño está ardiendo”. El entorno de Simón está lleno de pyr. El hombre del “fuego” es en el AT el profeta Elías, profeta muy apreciado en el bajo judaísmo (1R 18,38). El entorno de Simón, su suegra, tiene el mismo pyr de Elías, la fiebre del yahvismo que, en tiempo de Jesús, está muy mezclada al nacionalismo político.

        Alguien habla a Jesús de esto: “le hablaron de ella” (1,30). El impersonal da a pensar que es alguien ajeno al grupo, alguien, incluso, proveniente del paganismo, un compasivo que percibe que el camino del mesianismo no lleva a nada.      

        Jesús “se acerca-la coge-la levanta” (1,31a). Es como una nueva creación, algo que proviene de la misericordia (se acerca), de la total cercanía (la coge), del afán de hacer una persona nueva (la levanta). El “milagro” se da: se pasa de esa fiebre nacionalista al servicio, la realidad más opuesta que se pudiera pensar (“se puso a servirlos”: 1,31b).

Los grandes sufrimientos que el nacionalismo político ha inferido a Israel se curan con el servicio. Toda ideología opresora se desvanece cuando se la va sustituyendo por el servicio. ¿Podrá hacer el evangelio esa formidable obra de curación-reestructuración en la persona? Si se propone, es que hay posibilidad de ella. Así, la misericordia de Jesús contribuye a la reorientación de la persona y de la misma sociedad cuando la aleja de las ideologías opresoras.

2. Curación del sufrimiento de la exclusión (Mc 3,1-7a)

 

Los sistemas religiosos experimentan un fenómeno absolutizador: lo que no entra en sus parámetros queda cuestionado, quien no acepta el bloque compacto de la legalidad queda excluido. Con ese fenómeno se ha topado Jesús; él ha querido relativizar ese presupuesto y lo ha hecho mostrando una mirada comprensiva con quien sufre la exclusión del sistema.

Algo de eso se observa en el relato de la curación del hombre con el brazo atrofiado (Mc 3,1-7a). Hay que decir, de entrada, que la crítica a la norma que excluye no se hace sin precio. Se puede observar que la escena hay un desafío a uno que relativiza el sistema y con ello el honor en el que éste cree que se halla instalado. Por eso se respira un clima de sospecha, de “acecho”, para elaborar ulteriores “acusaciones”.

La orden de Jesús contiene una indudable intensificación verbal: “levantarse” (egeire) alude, de algún modo a una plenitud “resurreccional”. “Ponerse en medio” indica una plenitud social (3,3a). Le habían dicho al hombre aquel que su deficiencia le excluía de la sociedad. Jesús le restituye socialmente “en el medio”, en el centro de la realidad. El sistema excluye, Jesús cura incluyendo. Su misericordia es socialmente restauradora. Y ello no en base a una supuesta caridad, sino a la más estricta justicia: el pobre debe estar en medio.

El argumento de curación es sin fisuras: ¿No es el sábado un día en que se contempla al Dios creador de bondad? Entonces, ¿se va a hacer el mal en sábado? ¿Dejar de hacer el bien, excluir, no es una perversión de la realidad del Dios bueno? ¿Dejar de lado la misericordia por contemplar al Dios misericordioso en modos legales no es una anomalía absoluta? (3,4).

Es preciso medir bien la “ira”, la indignación de Jesús (3,5a). Quizá la misericordia social para por la recuperación de la indignación. Sin ella no se puede aprestar uno a tomar una deriva distinta a la del sistema.

Por todo ello, cuando Jesús dice al hombre “extiende el brazo”, aunque literariamente se refiere al brazo bueno, especularmente podría entenderse que está hablando del brazo atrofiado: desarrolla las potencialidades que tienes, ser débil no es motivo para la exclusión sino, justamente, para lo contrario (3,5b). Así funciona la misericordia de Jesús ante el sufrimiento humano, como una propuesta de justicia restauradora.

La fuga de Jesús “en dirección al mar” como salvaguarda de su acción liberadora está hablando de ese lugar, el “mar” (el Mediterráneo), donde, lejos de los sistemas religiosos que engendran exclusión, haya posibilidades de entender la obra de inclusión a la que está llamada la historia (3,7a).

 

3. Curación del sufrimiento del desamparo (Mc 5,24b-34)

 

        Para el sistema, la persona no cuenta. Nunca engendra aparo y, cuando más lo necesita uno, se le deja tirado en el camino. Para lo establecido, las personas son piezas de recambio que, una vez utilizadas, ya no sirven y son desechadas. El poder estruja a la persona, le saca todas sus posibilidades y, terminado esto, la arroja lejos del sí.

        Algo de esto hay como trasfondo del relato de la curación con flujos de sangre, personaje significativo del total desamparo (5,24b-34). Efectivamente, el personaje reúne todas las notas que le llevan al desamparo social: es mujer, lleva doce años con flujo (doce años: ciclo terminado), ha sido robada por los médicos. Al no mencionarse ningún familiar, ningún go’el, se ve que es una mujer sola. Es la marginación absoluta, el desamparo en estado puro (5,25-26).

        El tema de los flujos de sangre es el escollo insalvable, ya que una persona así era considerada impura, con el consiguiente extrañamiento de la comunidad. Por eso, “tocar” era violar las leyes de la pureza. Si ya el simple hecho de tocar a un hombre en público está censurado por la ley y la costumbre, el hacerlo desde la impureza aumenta el descaro (5,27-28).

.       Tocar “el manto” es, en la antropología hebrea, participar, siquiera modestamente, del “espíritu”, de la persona que lleva el manto (2R 2,9). La mujer aspira a la curación por la asimilación del espíritu de Jesús, de su ser misericordioso. Quizá no busca tanto la curación física, cuanto una curación que, por la obra de un hombre compasivo, le pueda decir que, sea como sea, esté como esté, sigue contando con el amparo social, que no es una marginada marcada por la exclusión.

        Es preciso percibir que la persona de misericordia que es Jesús es alguien que se deja “apretujar” (5,31). No es posible el ejercicio de la misericordia social desde la lejanía, desde la asepsia del despacho y  sus discursos. Solamente en el camino donde hay polvo y apreturas se puede desvelar el rostro misericordioso del Padre que empara a todos.

        El temblor de la mujer hace referencia a la posibilidad de que el hombre le rechace, cosa que no ocurre. Más bien es lo contrario: la marcada por el desamparo es una “hija” de Abrahán, verdadera hija, ya que su situación física la hace ser merecedora de un amparo mayor (5,34)

La mujer ha encontrado en Jesús el amparo que le negaba la legislación y la misma moral consuetudinaria. El verdadero milagro es percibir en el fondo del frágil la verdad de su dignidad. Demuestra así el evangelio que hay más fuerza en el corazón de la debilidad que en el del poder. La de Jesús es una misericordia social que engloba y cura a la persona y a la sociedad.

 

4. Curaciones que abren a la madurez (Mc 5,35-6,1)

 

        Las curaciones de Jesús donde hay de por medio un niño contienen sugerencias antropológicas que apuntan al tema de la madurez, no solamente y quizá no principalmente al tema de la enfermedad. Este parece ser el caso de Mc 5,35-6,1. Las dificultades que plantea la madurez al sistema se verifican al ver que el relato pone como testigos de lo que va a ocurrir a “Pedro, Santiago y Juan”, el ala derecha, el sector más recalcitrante del discipulado (5,37). Son personajes con alta carga significativa.

        La demostración de que esto es así se confirma cuando se percibe la gradación de la niña actante del relato. La primera fase es la de ser “hija”, vocablo que indica afecto y dependencia (5,35). La segunda es la de ser “chiquilla” (5,39.41), vocablo que indica dependencia sin afecto especial. Para terminar en “muchacha” (5,41), que indica independencia y no niega el afecto.

        Ese término, “muchacha”, indica la mujer casadera con todos los derechos civiles. El padre no termina de dar ese contenido a la relación con su hija. La misma sociedad considera aún “chiquilla” a quien tiene ya el poder de construir un hogar nuevo, dado que los doce años era la edad de mayoría civil para las mujeres. Jesús propone el reconocimiento de la persona en toda su altura.

        Es decir, estamos hablando de un tipo de curación existencial: cómo reconocer la madurez como un derecho social y humano que conlleva una serie de consecuencias organizativas. Cómo salir de parámetros de dependencia y dominio para percibir el perfil de la persona libre y adulta que se encierra en toda realidad humana.

        La insistencia de Jesús de que “den de comer” a la niña está diciendo que se devuelve a la comunidad la persona reconocida como adulta (5,43). Eso constituye un beneficio para ambas.

 

5. Curaciones que ofrecen alternativas (Mc 6,54-56)

 

        El sumario con el que se confirma el éxodo mesiánico de Jesús, sumario de curaciones, atesora matices que indican que la respuesta de Jesús al sufrimiento ajeno es algo más que el mero curar físico (6,54-56).

        Jesús recorre “toda aquella comarca” (6,55a). Es el suyo un afán a la hora de hacer la oferta, una búsqueda, un andar tras las huellas de quien sufre necesidad. Es él quien ofrece la curación, algo anterior a la búsqueda de quienes lo pasan mal.

        El transporte en “camillas” describe las esterillas que utilizaba la gente pobre para dormir. Las curaciones son, pues, ofertas, al lado débil de la sociedad. La expresión “los débiles, los sin fuerzas” (mejor que “los enfermos”) está indicando que la debilidad cerca de toda persona. La alternativa se amplía, es para la persona en necesidad, realidad antropológica elemental (6,55b).

        Los afanes curativos de Jesús se vuelcan en las “aldeas-pueblos-caseríos” (6,56a). Es posible que se quiera decir que se agotan los lugares habitados. Pero la opción rural de Jesús tiene también un trasfondo ideológico: las aldeas son el reducto del nacionalismo, allí donde se refugian las ideologías más extremas. Jesús vuelca ahí su capacidad curativa, puesto que su oferta va justo en la dirección contraria: ofrecer alternativas de vida a todo el mundo.

        Tocar el borde del manto es, como en el caso de la mujer de los flujos de sangre, un modo de participar en el espíritu, en el planteamiento profundo de Jesús (6,56b). es decir, la curación apunta a un modo alternativo de vida, a la posibilidad de vivir de una manera distinta. Así Jesús hace visible el rostro del Dios de la misericordia que ofrece posibilidades de vida a todo camino humano y desvela también la fe humana en el valor de todo ser viviente porque con la vida se le dan los posibles caminos que apuntan a una vida en plenitud.

 

6. Curaciones de cegueras estructurales (Mc 10,46b-52)

 

        Cegueras estructurales son aquellas que estando ahí de forma compacta uno no las ve. Es, como decía Saramago en su “Ensayo sobre la ceguera”: «Creo que no nos quedamos ciegos, creo que esmos ciegosciegos que venciegos que, viendo, no ven». También lo viene a decir Mt 13,13. Esta ceguera afecta a las estructuras sociales. Y, por ello, con frecuencia, se vuelven inhumanas.

        La ceguera estructural está reflejada en nuestro texto en la disputa que antecede: quién iba a ser el más grande (10,32-34). Van camino de Jerusalén, el camino de la entrega de Jesús, y los discípulos andan enredados en el tema del poder. Son ciegos que no quieren ver.

        Por eso, el personaje de Bartimeo, es especular: refleja la ceguera de quienes habitan en la ceguera del poder deseado, en la lejanía de la espiritualidad de la entrega. El que está al “borde del camino”, son quienes van en camino a Jerusalén (10,46b). El que ofrece al viandante su pobreza no es tanto Bartimeo, sino el discipulado y quien piensa como ellos. Esa es la dura lección de Jesús a quienes caminan en dirección a Jerusalén con él.

        La expresión “¿Qué quieres que haga por ti?”, en toda su sencillez y profundidad, es la gran pregunta de la misericordia (10,51). No solamente deja ver la generosidad de quien, pudiendo hacer algo, está dispuesto a hacerlo y lo hará. Sino que apunta el perfil de un Dios que hace por la persona “todo lo que puede” en los parámetros del hecho histórico. Es la misericordia de Dios derramada a través de la luz que aportan las personas para paliar las cegueras estructurales, personales y sociales.

        Cuando uno se ve iluminado en sus cegueras estructurales, le “sigue por el camino” (10,52). Ha aprendido ese tal que la obra de iluminación que no pueda hacer en sí mismo y en su entorno es un trabajo que se suma a las curaciones del mismo Jesús.

 

Conclusiones

 

        ¿Qué se deduce de todo esto? “Tocar” a Jesús para ser curado por él no es un acto mágico ni pasa, a través del tacto, un efluvio magnético. Se trata de “tocar” su espíritu de misericordia, su arrojo para afrontar las enfermedades sociales. Y de alguna manera, tocando a Jesús misericordioso, se toca al Dios de misericordia que se revela en él.

        Como conclusión de la lectura de algunos de los textos en que Jesús se hace misericordia entrañable de Dios ante el sufrimiento humano proponemos estos asertos:

1)   Es preciso intentar leer los relatos evangélicos de forma adulta superando el mero historicismo que los empobrece. Si se logra esa otra lectura, el sentido y la misma vida se iluminan. Pues “nadie recorrería las sendas del pasado, si no subyaciese a ese recorrido el irrefrenable deseo de reconocer, en él, todas aquellas semejanzas que nos llevan a entender nuestra situación y a aprender de otras experiencias” (E. Lledó).

2)   Desde ahí puede ser muy útil el hacer una lectura social de los textos, relativizando el primado y la absolutización de la lectura espiritualista-moralista. De hecho, la propuesta de Jesús no es, en los evangelios, una propuesta religiosa, sino social, una propuesta para la vida. Por eso, leer los relatos de curación desde una perspectiva social puede ser algo muy enriquecedor.

3)   Desde esa perspectiva hay que decir que estos relatos entienden las curaciones más como tratamientos de dolencias que de enfermedades. Es decir, lo que Jesús pretende en su actividad curandera no es tanto devolver la salud cuanto devolver la dignidad de los débiles. Estos han de ser considerados en el hecho social, “puestos en el centro”.

4)   La propuesta de curación personal y social que Jesús ofrece deja entrever, en último término, el perfil de Dios que la sustenta: un Dios de misericordia que pone todo su potencial de amor para sostener y dignificar a quien “se encuentra mal”, a toda persona, a los “frágiles”. La gente intuía ese perfil y creía que ese era signo claro de la venida del reino de Dios.

5)   Por todo ello, la obra de los seguidores de Jesús, desde las primeras comunidades cristianas hasta ahora, habría de ser, ante todo, “curar” a la persona, aportar salud humana, dignidad, reconocimiento social para los pobres, certeza de que tienen un sitio en el banquete de la vida. Esas son las grandes tareas del reino.

6)   Alto y claro lo dice el papa Francisco: “Ésta es la misión de la Iglesia: la Iglesia que sana, que cura. Algunas veces, he hablado de la Iglesia como hospital de campo. Es verdad: ¡cuántos heridos hay, cuántos heridos! ¡Cuánta gente necesita que sus heridas sean curadas! Ésta es la misión de la Iglesia: curar las heridas del corazón, abrir puertas, liberar, decir que Dios es bueno, que Dios perdona todo, que Dios es Padre, que Dios es tierno, que Dios nos espera siempre”.

 

Para hablar en sala:

 

  1. 1.   Pon énfasis en alguno de los textos trabajados.
  2. 2.   ¿Pondrías alguno más? 

 

 

3

LAS BIENAVENTURANZAS:

LECTURA PARA LA VIDA COTIDIANA

 

 

        La reflexión es una manera, humilde, de activación no solamente de la ideología, sino también de la praxis. Una de las de las causas de la debilidad social quizá sea la escasez de reflexión. Eso mismo pasa con la fe: su debilidad proviene, en alguna medida, de su frágil reflexión. De ahí que todo lo que sea potenciar la reflexión es, de alguna manera, potenciar la fe.

        Por otra parte, la revitalización de los carismas religiosos no se dará sin la mediación de una seria reflexión sobre los componentes esenciales de la fe. La reflexión sobre la fe, cuando es adulta, aporta un componente saludable al hecho cristiano[1].

        Los teólogos de profesión se quejan de que sus textos no son leídos y parece que producen hastío en la población[2]. Quizá sea porque pertenecer al staff clerical otorga a los textos un componente que hoy encuentra difícilmente una audiencia. De eso podrían verse libre la VR si pensara la fe desde coordenadas menos sistémicas.

        Finalmente, volcarse sobre las bienaventuranzas es hacerlo sobre un texto sensible que hoy todavía tiene un eco palpable en la sociedad secular[3]. Aquella luz encendida hace tantos siglos sigue brillando e iluminando el camino de los humanos. Por ello, tomar las bienaventuranzas como tema de reflexión cristiana social es, sin duda, un acierto.

 

1. Las bienaventuranzas en Mateo: parte de un entramado (Mt 5,1-12)

 

        Al ser el de las bienaventuranzas un texto tan luminoso, por eso mismo corre el riesgo de ser magnificado. En realidad, el texto de Mateo es la primera de las cinco grandes instrucciones, o enseñanzas primordiales, sobre las que está asentado el edificio mateano. Todas esas instrucciones tienen un denominador común: el Reino de Dios (o, como dice, Mateo con propiedad de escriba: “el reino de los cielos”, con lo que se evita nombrar a Dios[4]). Esa es su gran preocupación

        Las instrucciones son: 1) las bienaventuranzas del reino (5-7); 2) los heraldos del reino (100); 3) el reino revelado en parábolas (13); 4) los verdaderos hijos del reino (18); 5) el alborear del reino (25). Por eso mismo, el tema central que da unidad y coherencia a todas las bienaventuranzas es el del reinado de Dios. Es preciso leerlas desde esa espiritualidad.

        Por otra parte, parece quedar claro que esa realeza de Dios solamente puede funcionar en la medida en que haya personas que “eligen ser pobres” y permanecen fieles a esa elección (Mt 5,3.10). “En efecto, los pobres de espíritu (gr. tô pneumati) no son los humillados de la vida, ni siquiera aquellos que tienen un ‘espíritu de pobreza’, sino aquellos que se han hecho pobres en virtud de una elección voluntaria, que se han despojado de sus riquezas, no por ascetismo, sino para darlas a los pobres y así disminuir su pobreza y, en general, la de nuestro mundo. Por tanto la pobreza no es para Cristo un bien o un ideal; al contrario, es un mal que hay que eliminar de la tierra y que debería, al menos, atenuarse si los hombres fuesen fieles a la enseñanza de Jesús”.

 

2. La pobreza con espíritu[5]

 

        Pero aún hay más: la opción voluntaria por la pobreza se traduce en encuentro, en lucha y en cambio social desde la situación de los empobrecidos del mundo. Es otra mística. Se trata de irse situando en la esfera de la pobreza para combatirla desde el compartirla.

Esta opción es la que llena la pobreza de fuerza, de profecía, de empuje y de peligrosidad. La pobreza con espíritu es lo contrario a una mística de la pobreza compasiva pero contemporizadora, lamentatoria pero ineficaz, quejosa pero acrítica. La pobreza con espíritu es la que abre las puertas de una sociedad nueva basada sobre la fraternidad y la equidad. Expliquemos esto en mayor detalle:

  • La pobreza con espíritu entiende y apoya la civilización de la pobreza; de ahí su implicación. Porque, efectivamente, la desimplicación desactiva todo el potencial de justicia que anida en la vida de los excluidos del sistema. Pero, al implicarse, la persona pobre con espíritu, además de afectada, se convierte en testigo y desenmascaradora de cualquier actitud social que pretenda mantener vigente un orden injusto. Por eso, a pesar de su aparente debilidad, el pobre con espíritu es temido por el sistema.
  • La pobreza con espíritu es, por ineficaz que se la crea, el único camino para subvertir el curso de la historia. Y lo hace, tomando el símil de la cruz, bajando a los crucificados por el sistema del patíbulo injusto en que los ha colocado. Al bajarlos deja al descubierto la enorme injusticia de quien, por egoísmo estructural, crucifica a los excluidos. Las grandes herramientas para ir haciendo esta formidable obra de des-crucifixión son la compasión y la esperanza. Porque los pobres con espíritu son hondos en la compasión y tenaces en la esperanza. Y eso les hace resistentes a cualquier embate del gigante del sistema. Cuando parece que éste los ha hundido en la miseria, es entonces cuando renacen con más fuerza de su propio dolor; cuanto más humillados sean, más vigor histórico acumulan y más sólido es su anhelo de justicia.
  • La pobreza con espíritu tiene fe en la concreción de la utopía, en la solidificación del anhelo, en la evidencia de que los sueños pueden tener carne. No son únicamente palabras, sino también convicciones profundas que ni la más negra tiranía logra erradicar.  Esto lo hace combinando sabiamente, humanamente, el logro y el fracaso. Porque el pobre con espíritu sabe que la vida, por dura que sea, no es únicamente fracaso, sino también, algunas veces, logro evidente, horizonte alcanzado, sueño realizado. La oscura zona de la pobreza en la que se halla situado no es obstáculo definitivo para abandonar esta certeza. Como dice G. Martín Garzo “el mundo está lleno tesoros, de frutos que crecen en la oscuridad. Parece un desierto y, cuando menos se espera, la vida regresa con sus frescos racimos”.
  • La pobreza con espíritu lleva su esperanza al límite hasta estar dispuesto a la entrega total a favor de otros. El pobre con espíritu no es un temerario, un insensato que no valora los riesgos, un suicida que menosprecia la hermosura de la vida. Es alguien que entiende que la entrega es la cumbre de una existencia y que, dándose a los demás, él mismo se encuentra en su centro. Por eso, la historia de los pobres con espíritu es la historia de sus entregas, de sus causas nunca perdidas, de su generosidad valiosa aunque no sea aplaudida. Los pobres con espíritu creen a pie juntillas que las entregas encierran en sí mismas, más allá de su reconocimiento o no, un valor esencial que pasa a constituir el tesoro más preciado de la vida.
  • La pobreza con espíritu es paladín del triunfo no tanto del bien, cuanto de la bondad. Porque el bien puede ser ideología y por él pueden hacerse auténticos disparates (los dictadores dicen obrar por el bien de su pueblo). Pero la bondad es el bien con rostro, con respeto al otro, con humanidad evidente, con abrazo cuyo calor se siente. A veces la bondad tiene la forma de la lejanía del bien considerado como tal por el sistema oficial de valores. Pero la bondad reconforta el interior de quien anda en los márgenes y sueña con otro mundo habitable y fraterno.
  • La pobreza con espíritu sabe que el silencio de Dios es su manera de estar en los procesos históricos. No es lejanía ni desentendimiento, sino garantía de verdad para que no manipulemos y destruyamos la realidad de un Dios que ha puesto su tienda en la orilla de los perdedores. Por eso, el pobre con espíritu no teme a ese silencio, ya que sabe que el Dios parcial de Jesús no dejará nunca de estar ahí, acompañando su camino, poniendo su esperanza en él, compartiendo su suerte, siendo vecino cercano de su humilde barrio. De ahí que el pobre con espíritu no habla nunca del abandono de Dios, jamás dice que ha sido dejado de su mano, y percibe su presencia en los momentos de mayor dureza vital escuchando el casi inaudible sonido de las lágrimas que brotan de los ojos divinos, ya que cree a pie juntillas que el Padre y Jesús lloran con quien llora.
  • La pobreza con espíritu no se cansa de cuestionar la realidad actual en cuanto manera opresora de relacionarse con quienes andan fuera del banquete oficial. Exige a la vez la erradicación de la injusticia y la conversión personal. Aquella porque nunca hará migas con quien devasta desde siempre los caminos humanos; ésta porque también los mecanismos de desamor y de opresión anidan en el corazón de cualquier pobre, ya que éste ha de ser más considerado por su situación social pero participa de toda debilidad moral.
  • La pobreza con espíritu sabe que a la base de estos anhelos no hay únicamente voluntarismo humano, lucha denodada, trabajo cuantificado, afán histórico. En la pobreza con espíritu está, en el fondo, el Espíritu, la formidable fuerza de Dios, la fuerza de su amor, que trabaja a destajo, con denuedo, por revertir el curso de la historia, por dar una orientación de plenitud, salvífica, al caminar humano y cósmico. Esta gran obra del Espíritu que se verifica en el fondo de la vida es cierta, aunque “aún sigan corriendo las aguas del sufrimiento y de la culpa y supongamos que aún no se las ha vencido en el manantial del que brotan. Aunque la maldad siga trazando arrugas en el rostro de la tierra y deduzcamos que en el corazón más profundo de la realidad ha muerto el amor”[6].

 

3. No olvidemos las “malaventuranzas” de Lc 6,20-26

 

        Las bienaventuranzas del sermón del “llano” de Lucas proponen dos horizontes, uno de felicidad (20-23) y otro de desdicha (24-26). Ambos tienden a invertir los valores de la sociedad. Las bienaventuranzas tienen parangón con las de Mt solamente en las de los pobres (Mt 5,3/Lc 6,20), en la de los que pasan hambre (Mt 5,6: hambre y sed de esa justicia”/Lc 6,21), la de los perseguidos (Mt 5,11-12/Lc 6,22-23). La lucana de “los que lloran” es propia (6,21).

        Pero Lc añade cuatro malaventuranzas: contra los ricos (6,24), los repletos (6,25a), los que ríen (6,25b), aquellos de los que se habla bien (6,26). Los pobres son quienes quieren construir un mundo distinto libre de injusticia. Los ricos los que quieren mantener la injusticia. En el pensamiento lucano, Dios está con los primeros[7].

        Para entender bien estos textos es preciso renovar la fe en el Dios que escucha los gritos de los oprimidos (Ex 3,7); hay que recuperar el sentido de la indignación que acompaña a la profecía bíblica (Jer 25,30); hay que asimilar al Jesús que grita su mensaje y su vida.

Desde aquí sería preciso elaborar una teología del grito descarnado que censura al opresor. “Posiblemente nadie la haya hecho. Los teólogos se ocupan de menesteres más sublimes. Pero una teología que tenga en cuenta la realidad antropológica de la persona podría conectar y elaborar esa clase de teología. Si, además, toma como “alma” de su teología la Palabra de Dios, con más razón se aproximaría a una teología del grito. Esta  no ha de avergonzarse de la estridencia del grito, sino que ha de centrarse en el anhelo de justicia. Y más aún, sería una teología que trabajaría el “sueño de Dios”, que por la Palabra y por el mismo Jesús, sabemos que es, ni más ni menos, la creación de una nueva fraternidad, la sociedad de las relaciones nuevas, el reino de Dios en la historia que es camino para el reino pleno de la total comunión. Hacer de ese “sueño” el centro de la actividad teológica conllevaría la inserción de los empobrecidos y sus dolorosas situaciones en el centro mismo de la reflexión teológica. No hay que avergonzarse de una teología así porque tener vergüenza de los gritos de los empobrecidos es tener vergüenza del mismo Jesús”[8].

 

 

4. Derivaciones sociales

 

        Dado que, como lo admiten la mayoría de autores, “todas las bienaventuranzas se reducen a una, que es la causa o consecuencia de las restantes: ‘Dichosos los que eligen ser pobres, porque esos tienen a Dios por rey’”[9], resulta lógico que nuestras derivaciones sociales tomen el cauce del tema del dinero y sus tremendas consecuencias[10].

 

  • La vida o el dinero: Todos sabemos que para vivir hace falta dinero. Pero el asunto es dónde uno va poniendo sus apoyos vitales, sus esperanzas, sus alegrías, sus pasos, sus anhelos, sus búsquedas. Más aún, la experiencia nos dice claramente que sabemos de qué estamos hablando. La aceptación de las bienaventuranzas exige una reorientación del horizonte económico de cada cual, de la sociedad. Sin reorientación, sin que nada de lo que decimos cambie un ápice la orientación de la vida económica es desvirtuar el Evangelio. Mejor sería no leerlo.
  • Esperanza del reino o pesimismo-optimismo: Anímicamente solemos dividir a las personas entre optimistas o pesimistas. El Evangelio no divide así, sino que a todos, optimistas o no tanto, se les propone la esperanza, la utopía, del Reino. Diciendo que ya no estamos para utopías, los estamos diciendo todo: nos apuntamos a la desesperanza. Decir que la utopía todavía nos conmueve es indicio de que estamos todavía con ganas de caminar en la dirección de lo humano[11].
  • Prioridad de la persona o prioridad del lucro: generar lucro, vivir instalado en él a costa de lo que sea, medir todo desde el lucro son los parámetros de la sociedad económica de exclusión. Por el contrario, priorizar a la persona, sobre todo a la frágil, generar una economía de inclusión es caminar en la línea de las bienaventuranzas[12]. Para dar cuerpo a la espiritualidad de éstas es preciso pasar por una opción manifiesta, por un “credo”, en la realidad de la persona. De lo contrario, la espiritualidad del lucro nos atrapa y las bienaventuranzas suenan a total imposibilidad.
  • Óbolo de la viuda o donativo del rico: En el Evangelio la cosa es clara: se opta por el óbolo de la vida (Lc 21,1-4). Es que creemos que la transformación del mundo que anhelan las bienaventuranzas se logrará con medios adecuados, cuanto más potentes mejor. Pero el Evangelio tiene otra orientación: “El Gran capital y sus grandes donativos no transformarán el corazón y el mundo. Es la bondad y la generosidad anónima de los pobres los que ya están transformándola”[13]. Por lo tanto, leer las bienaventuranzas a la sombra del capitalismo en cualquiera de sus variantes es el peor lugar para hacerlo.
  • Compasión confiada o violencia temerosa: Mil voces urden el coro de quienes dicen que hay que desconfiar de las personas, sobre todo si son de otra cultura, de distinta religión, de diferente lengua, sobre todo si son pobres[14]. La lectura de las bienaventuranzas supone una compasión confiada en la persona con todas sus consecuencias y aporías. Vivir en la desconfianza y leer el Evangelio es un oxímoron, una contradicción.

 

 

 

Conclusiones

 

    Terminamos nuestra reflexión con cuatro asertos que indican la mentalidad que subyace a todo el texto:

1)   Las bienaventuranzas siguen vivas si se las len en contextos sociales. Si le las saca de ahí corren el riesgo de ser una espiritualidad vacía, un fantasma espiritual de poco fruto.

2)   Las bienaventuranzas inquieren antes sobre el tipo de estructuras sociales que se tienen que sobre la fe que se profesa. Porque se puede dar el caso de una fe correcta en estructuras sociales discutibles y eso invalida el pensamiento evangélico y lo vuelve estéril.

3)   Más allá de toda disquisición teológica, la lectura de las bienaventuranzas dejan ver con claridad que “existe más verdad entre los débiles que entre los fuertes”[15].

4)   Un mensaje está vivo en la medida en que hoy se lo vive, no solamente en cuanto está en un libro. Ojalá esta reflexión haya servido algo para animarse a vivir con mayor afán el hermoso camino de las bienaventuranzas.

 

Pequeño taller:

 

        Se hacen tres grupos y cada uno toma una de las bienaventuranzas (excepto la de la pobreza) y hace, a su manera, una lectura social:

-         qué mensaje social tiene

-         qué dice esto al ciudadano de hoy

-         que nos dice a nosotras como ciudadanas creyentes

 

 

4

LO QUE LA SOCIEDAD NOS DEMANDA A LOS CRISTIANOS/AS  (VR) EN MATERIA DE DERECHOS HUMANOS

 

        Quizá sea una demanda “sorda”, ya que muchos creen que los DH y la Iglesia son realidades poco compatibles. Pero, como la Iglesia es una realidad plural, hay, explícita o implícitamente, una demanda a los creyentes sensibles en materia de DH.

 

1) La sociedad nos demanda mantener y acrecentar la sensibilidad por los DH

 

        Porque de la sensibilidad, de la manera de mirar, de la forma de sentirse en este asunto dependen luego no pocas de nuestras actuaciones. Hay grupos cristianos a los que les interesa el asunto. No ceder en ese anhelo, ser instancias de humilde y paciente profecía, usar todos los medios posibles a nuestro alcance para mantener viva la llama de los DH. Mezclar los calendarios religioso y civil que ayuden a potenciar el asunto. La sociedad demanda a la VR una espiritualidad más laica, más capaz de conectar con estos temas sociales que son, en realidad, temas espirituales.

 

2) Hacer campaña, propagar la llama

 

        No cansarse en insistir en ello, porque hay que insistir en lo decisivo. Y esto lo es. Utilizar todas las herramientas de difusión que tenemos en la VR (revistas, boletines, foros internos) para estar siempre ahí. Muchos creerán que es el raca-raca de siempre. Pero, en realidad es ser “centinela” de algo decisivo. Es una verdadera vocación (como la de los profetas: Ezequiel). La sociedad demanda a la VR que se haga más presente en los foros cercanos cuando se trata de DH.

 

3) Andar caminos

 

        Porque en DH no se trata tanto de documentos, cuanto de caminos andados. Bajar a la arena del asunto. Hacer, muchas veces en silencio, el camino de quienes andan tras el anhelo de los DH. Comenzar por tu entorno sencillo, doméstico. Si hablas del derecho al agua, ten cuidado con ella; si hablas del derecho a la educación, haz obra de educación no reglada; si hablas del derecho a la igualdad, trata de ponerla en pie en tus relaciones. Si se habla solamente de teoría, los DH languidecen. La sociedad demanda a la VR que salga de sus castillos y se aproxime a los caminos reales de la ciudadanía.

 

4) Acompañamiento y consuelo

 

        Ya que la relación con los que aún sufren por sus DH conculcados no tiene muchas otra salida que esta: acompañar y consolar. Escuchando sus gritos,  devolviendo a estos gritos su blasfemia primigenia, estando en silencio ante lo irremediable y, a la vez, armándose de fuerza para hacer lo que se puede. Y luego consolar: hacerlo con el consuelo de Jesús, con el anhelo de que los sufrimientos de los pobres han de tener necesariamente fin. Un consuelo con dinamismo dentro. La sociedad demanda a la VR que esté en los lugares de desconsuelo y que aprenda los modos de consuelo que tienen arraigao antropológico.

 

5) Adquiriendo cada día la conciencia de igualdad hombres-mujeres

 

        Porque del mismo modo que esa conciencia se ha perdido día a día desde los albores de nuestra “civilización”, habrá que rehacerla día a día. Y habrá que hacerlo no solamente con el “grito”, que también, sino con la construcción de modos de convivencia que lo expresen realmente. Sin complejo de inferioridad y sin anhelos de superioridad. Todo un trabajo a la mano de una cuestión clave de DH. La sociedad demanda a la VR que espabile en este tema pues aún no hace parte de acervo de su espiritualidad habitual.

 

6) Mirando a los niños y adolescentes en la perspectiva de sujetos de amor y de derechos

 

        De amor porque toda persona, y más los pequeños por su desvalimiento vital, necesitan amparo y amor. Y luego, sus derechos inalienables como personas, sujetos que son de ellos mismos, no de otros (ni siquiera de sus padres; a veces habrá que librarlos de ellos). Ayudar a crear referentes que sean, de verdad, instancia de crecimiento personal y de amor. No hablamos del máximo respeto a su desventaja, pero eso queda fuera de duda absolutamente. La sociedad demanda algo más que el alejamiento de cualquier tipo de abusos.

 

7) Los derechos de quienes empiezan, ya en vida, a no contar

 

        Todas las personas mayores, ancianos, que se van desplazando hacia el margen de la vida. Sus derechos han de permanecer en estado de integridad, aunque haya que adaptarlos a su situación. Abandonar ese camino, valerse de su decrepitud sería imperdonable. La sociedad demanda a la VR algo más que el hecho, valioso, de cuidarlos en residencias adecuadas.

 

8) Una sensibilidad laborad de corte profético

 

        Porque, lo sabemos, en materia laboral no está el horno para bollos. Y los DH de los trabajadores andan en la cuerda floja. Ahí es donde hay que hacer lo posible por mantener esos derechos vigentes, comenzando por el propio entorno (colegios, “empresas”, medios domésticos). Luego, participar en aquellos actos que, de alguna manera, quieren mantener aún vivo el tambaleante estado de derechos laborales logrado hasta ahora. La sociedad demanda a la VR que una sus fuerzas, las que sean, para que los derechos laborales no se hundan más y se recupere el nivel perdido o, mejor, todavía, un nivel superior.

 

9) Otra sensibilidad frente a los DH de quienes andan en los márgenes sociales

 

        Porque la dignidad humana conlleva, en el mismo paquete, los DH. Por eso, los frágiles sociales, los emigrantes, los apátridas, los desplazados, quienes no pueden sentarse todavía en el banquete de la vida tienen intactos sus derechos. Ponerse de ese lado, ir echando la suerte en su terreno, hacer fuerza con ellos en su demanda, muchas veces ignorada, de sus justos derechos. Eso es algo que la sociedad pide a la VR aunque su aportación en terreno tan complicado sea modesta.

 

10) En el ámbito de la comunidad cristiana

 

        Porque, a nivel estructural, no es que la comunidad cristiana ande precisamente sobrada de espiritualidad y de práctica de DH. Hacer fraterna presión en este campo, no resignarse a lo que parece inamovible, colaborar a nivel cercano en que los DH aparezcan como realidad vigente es una demanda que, por su componente profético, se dirige con especial fuerza a la VR.

 

Para pensar y hablar:

 

  1. 1.   Subraya uno de los puntos anteriores que, por lo que sea, te “toca” más.
  2. ¿Qué otro ámbito relativo a los DH crees que se demanda hoy a la VR?

Oración por los derechos humanos

 

Padre de todos, te damos gracias porque todos los hombres, mujeres y niños nacemos libres e iguales en dignidad y derechos. Ayúdanos a vivir en tu presencia como hermanos y hermanas, ven y enséñanos la sabiduría que nace de nuestra dignidad de hijos e hijas de Dios. Danos poder para crear un mundo donde quepamos todos. Señor, ya que nacemos seres libres, deja que permanezcamos libres hasta que retornemos a Ti.

 



[1] No se puede discutir que reflexiones como las de M. GUERRA CAMPOS; La confesión de un creyente no crédulo, Ed. Verbo Divino, Estella 1998 aportan mucho al pensamiento y la vida cristiana.

[2] “Da la impresión de que la ‘producción teológica’ de siempre se está agotando en su capacidad de decir algo que pueda interesar a los más amplios sectores de la opinión publica, mientras que la ‘producción atea’, siendo de una calidad teológica muy discutible y con frecuencia bastante débil, sin embargo es un hecho que son muchos los que en eso encuentran un sentido y una respuesta que no suelen encontrar en los que hablamos o escribimos desde la etiqueta de ‘profesionales’ de la teología. El hecho es que el esoterismo o la crítica teológica interesan más y a bastante más gente que la teología erudita con cuño de ortodoxia”:  J. M. CASTILLO, La humanización de Dios,  Ed. Trotta, Madrid 2009, p.18.

[3] Literatos o artistas trabajan constantemente este texto: Cf A. MARCOS; Los bienaventurados,  Ed. Universidad de Salamanca, Salamanca 2022.

[4] La expresión basileia tôn ouranôn viene en: Mt 32,;4,17; 5,3.10.19ab.20; 7,21ab; 8,11; 10,7; 11,11.12; 13,11.24.31.33.44. 45.47.52; 16,19; 18,1.3.4.23; 19,12.14.23.24; 20,1; 22,2; 23,13, 25,1.

[5] Cf  F. AIZPURÚA, Discernimiento del compromiso ante las pobrezas,  Ed. Frontera, Vitoria 2010, pp.58-60.

[6] Texto atribuido a K. Rahner., citado en D. ALEIXANDRE, Las puertas de la tarde. Envejecer con esplendor,  Ed. Sal Terrae, Santander 2007, p.21.

[7] “En el contexto cultural de las sociedades del honor, ‘Dichosos…’ significaría: ‘Qué honorables…’. Por otra parte, ‘¡Ay de…’ connota: ‘Qué falta de vergüenza…’”.: B. J. MALINA-R. L. ROHRBAUGH, Los evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I. Comentario desde las ciencias sociales,  Ed. Verbo Divino, Estella 1996, p..244.

[8] A. CABALLERO-F. AIZPURÚA, La VR a la escucha del grito de la tierra y de los empobrecidos. Pobreza evangélica y compromiso,  Ed. Frontera, Vitoria 2015, p.55.

[9] J. PELÁEZ, La otra lectura de los Evangelios II. Ciclo C,  Ed. El Almendro, Córdoba 1988, p.176.

[10] Nos basaremos en el cap.5 (“Por el reino y contra mamón”) del libro de J. ARREGI OLAIZOLA, Invitación a la esperanza, Ed. Herder, pp.103ss.

[11] La vieja canción de Serrat “Utopía” sigue siendo un auténtico himno de vida.

[12] EG 186-216.

[13] J. ARREGUI, op.cit., p.118-119.

[14] Ver el artículo paradigmático en este sentido de A. PÉREZ REVERTE, “Los godos del emperador Valente” en XLSemanal - 13/9/2015.

[15] E. CARRÈRE en  “CARRÈRE: ‘El cristianismo es un invento revolucionario’”, en Babelia-El País, 14-9-2015.

Marcos 5

CVMc

Domingo, 22 de noviembre de 2013

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

5. 1,16-21a

 

Una reflexión inicial:

 

            Aunque provengamos de familias sencillas, por contagio social, hay en nosotros una cierta tendencia al elitismo, Nos parece que lo privado, lo exclusivo, lo cercado por una tapia es algo de más valor que lo público, lo común, el terreno de todos.

                Por eso hay que trabajar la idea y la práctica de que vivir donde viven las personas, sentirse pueblo, comunidad, etc., no es mala cosa para nosotros, ya que lo común potencia lo personal, nunca va en su contra.

                El Papa Francisco habla de “la alegría de ser pueblo” (EG 268). Es una alegría que hay que construir y practicar. De lo contrario, tendemos a lo elitista.

 

El texto

 

                16Yendo de paso junto al mar de Galilea vio a un cierto Simón y Andrés, el hermano de Simón, que echaban redes de mano en el mar, pues eran pescadores. 17Jesús les dijo: -Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres. 18Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. 19Un poco más adelante vio a Santiago el de Zebedeo y a Juan, su hermano, que estaban en la barca poniendo a punto las redes, 20e inmediatamente los llamó. Dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los asalariados y se marcharon con él. 21aY fueron a Cafarnaún.

  • Simón y Andrés están en el ámbito de privado, en el negocio privado, en sus propios asuntos. La invitación de Jesús “veníos conmigo” está queriendo decir: venid a un terreno nuevo, a un marco nuevo, al que señala mi manera de vivir  que es el marco de lo común, de lo fraterno, de lo universal.
  • Por eso, la expresión “pecadores de hombres” alude a lo universal. Efectivamente, si uno quiere pescar ¿a dónde va? Al río o al mar. Allí están indefectiblemente los peces. Pero si uno quiere “pescar hombres” ¿a dónde tiene que ir? A donde están los hombres. Y ¿dónde están? Por todas partes. Es decir, para “pescar hombres”, para conectar con la persona, tiene uno que tener una mente y unos caminos universalistas, tan universales como los caminos de los humanos que se hallan en toda la tierra. Ser discípulo de Jesús sin sensibilidad por lo común es muy difícil.
  • Los otros dos hermanos, Santiago y Juan, dejan al padre y a los asalariados, optan por la libertad (el padre es sinónimo de sometimiento) y a los asalariados, a aquellos que son dominados. Sin una experiencia de libertad no se puede seguir a Jesús. La vivencia de la comunidad puede ayudar al logro de tal experiencia de liberación.

 

Para pensar un momento:

 

  1. ¿Te tira lo común o te encandila lo privado, lo elitista?
  2. ¿Cómo ir hoy como creyente a los lugares sociales comunes?
  3. ¿Te parece que si no se tiene experiencia de libertad y de gozo no es fácil ver el valor de lo común?

 

 

 

 

Un valor: Construir obras y caminos comunes

 

            Ya lo hemos dicho: hay una tendencia en nosotros que tira más hacia el lado de lo elitista. Por eso lo común se construye con esfuerzo y dedicación. ¿Qué es construir lo común?

  • Creer que en las sendas comunes hay más horizonte que en las particulares.
  • Creer que en las sendas de todos es donde los frágiles tienen más posibilidades de socorro.
  • Creer que, aunque en lo común las cosas vayan más lentas, a la larga perduran más las opciones comunes que las privadas.
  • Creer en lo común lleva a que allí donde vivas te intereses y colabores en la construcción de lo público.
  • Creer en lo común demanda una visión amplia y gozosa del corazón ajeno como lugar de vida y como espacio de amor.
  • Creer en lo común demanda creer en la bondad de la persona, de toda persona, más allá de fallos y limitaciones.
  • Creer en lo común tiene que llevarnos a ser resilientes, a no pensar que porque lo privado triunfe a veces ese es el camino mejor.
  • Creer en lo común nos empuja a eliminar sospechas y a quitar de nuestra vida intereses inconfesables que se instalan en lo oculto de lo privado.
  • Creer en lo común es algo que también toca a la fe, porque la propuesta de Jesús es para todos y el horizonte del reino es un valor para toda la comunidad humana y creacional.

Se verifica aquí de manera clara que evangelio y vida se entremezclan en esta plaza única de la vida común, del gozo compartido, de la fraternidad llevada a sus últimas consecuencias.

 

 

Una imagen

 

            Este es el cartel Foro Cristiano en Zaragoza que tuvo lugar el 7 de noviembre pasado. Un grupo grande de cristianos de muy diversa procedencia que querían “encontrarse para ser”. Era una forma de construir la experiencia común de la fe y de la vida. Puede pensarse que son cosas de poco relieve. Pero los espacios comunes se construyen poco a poco. Andar los caminos del encuentro es, de alguna manera, ser “pescadores de hombres”, construir la propuesta de Jesús.

 

 

Un poema:

 

“Sin pensar en nada me he encontrado en el paraíso. He debido empujar una puerta sin verla”.

Ch. Bobin.