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FIAIZ

LA SOLIDARIDAD CON EL GÉNERO HUMANO

 

LA SOLIDARIDAD CON EL GÉNERO HUMANO.

ITINERARIO BÍBLICO

 

Introducción

 

            Más allá de los evidentes avances técnicos de nuestro momento histórico y de los que el futuro inmediato promete, hay que reconocer que la estructura básica humana sigue conteniendo una evidente ancestralidad. En los pliegues del alma humana sigue vigente la ancestral certeza de que los de mi caverna, los de mi tribu, son mi familia. El resto, los que están más allá de esos círculos inmediatos no cuentan, o son tenidos por enemigos. Hablar de la humanidad como de una familia contraviene ese fondo que sigue vigente en muchas manifestaciones sociales, políticas, económicas[1].

            Y, sin embargo, en esos mismos niveles de la profundidad humana, algo habla de conexión familiar. Y no solamente entre los seres humanos, sino con todas las criaturas. La evidencia de la gran semejanza de los componentes del genoma humano y de los demás seres vivos es elocuente[2].

            ¿Puede ayudarnos la Biblia a conectar y desvelar este componente de familiaridad humana que suponga un ir dejando atrás la familiaridad tribal? La experiencia espiritual de la Biblia contiene, lógicamente, muchos niveles antropológicos. Algunos de ellos se sitúan en la más pura tribalidad[3]. Pero hay otros que no, que hablan, a veces quedamente, el lenguaje de la familiaridad universal. Ponerlos en evidencia, subrayar sus valores, sacar de ellos derivaciones espirituales que empujen en la dirección del logro, muy lejano aún, de la familia humana es una tarea espiritual de envergadura pero atrayente.

            Hace 50 años decía el Vat.II: “La iglesia se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia”[4]. Es preciso llenar de contenido y de verdad un aserto así; no es suficiente con decir. El Papa Francisco habla del “gusto espiritual de ser pueblo”[5]. Podría ampliarse el pensamiento y anhelar el gusto espiritual de ser humanidad con todas las consecuencias, personales y estructurales, que algo así contiene. Es preciso que hoy descendamos a estos niveles elementales para recuperar el dinamismo que nos lleve a modificar los paradigmas espirituales y teológicos, tan agotados.

            Efectivamente, la gran tarea del pensamiento teológico es la humanización de la relación humana en todas sus vertientes. No es únicamente un trabajo de contenido social, sino espiritual en sentido amplio. Porque cuanto más se ahonde en los niveles de humanidad, tanto mejor se podrá pensar la idea de un Dios humano y al servicio de lo humano[6].

            El presente curso pretende desvelar algunos textos bíblicos que contengan semillas en torno a la espiritualidad de la familia humana. Y, a partir de ahí, encontrar razonamientos adecuados para ayudar a forjar una espiritualidad sólida y cercana a la vez de pertenencia a la familia humana. Tal vez sea este el camino para suscitar prácticas de humanidad que apunten al logro hermoso, pero inalcanzado, de la fraternidad humana y creacional.

 

I
LA SOLIDARIDAD CON LA FAMILIA HUMANA OBLIGA A “SALIR” DEL SOFOCANTE CÍRCULO DEL IMPERIALISMO

(Gen 11,1-9)

 

            Puede sonar como a trasnochado. Pero el imperialismo, el poder consagrado por el sistema, no se aleja del caminar humano. Va tomando una u otra forma, un rostro más visible y otros más ocultos. Pero sigue estando ahí. Quizá hoy tome el perfil de una globalización que favorece solamente a un sector de la población, a los cercanos a los círculos del poder, una globalización envenenada. Este es, quizá, el mayor obstáculo para la comprensión y vivencia de la humanidad como familia.

 

  1. 1.      Texto: Gen 11,1-9

 

1El mundo entero hablaba la misma lengua con las mismas palabras. 2Al emigrar de oriente, encontraron una llanura en el país de Senaar, y se establecieron allí. 3Y se dijeron unos a otros: -Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos –empleando ladrillos en vez de piedras y alquitrán en vez de cemento-. 4Y dijeron: -Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance el cielo, para hacernos famosos y para no dispersarnos por la superficie de la tierra. 5El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres; 6y se dijo: -Son un solo pueblo como una sola lengua. Si esto no es más que el comienzo de su actividad, nada de lo que decidan les resultará imposible. 7Vamos a bajar y a confundir su lengua, de modo que no entienda uno la lengua del prójimo. 8El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y dejaron de construir allá la ciudad. 9Por eso se llama Babe, porque allí confundió el Señor la lengua de la tierra, y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra”.

 

1)      Gen 1-11 es un bloque, del yahvista en su mayoría, que se suele denominar Orígenes, en que se plantea de una forma muy profunda algo que está en el fondo de todas las culturas: la formidable lucha del bien contra el mal. El esfuerzo ideológico del yahvista es cómo alimentar la certeza de que el bien llegará a triunfar del mal. La respuesta que se dará es religiosa (el bien es fundamentalmente vida y amistad con Dios), pero esa respuesta pasa por el cauce de lo sociológico. De tal manera que una lectura social del texto es, por paradójico que parezca, la más espiritual.

2)      Hay una serie de interpretaciones de este pasaje que, por una razón o por otra, parece que es preciso desechar. Son las habituales, pero da la impresión que no llegan al fondo del asunto. Las enumeramos:

a)      Etiológica: El texto trataría de explicar el hecho insólito para aquella época (y en parte para la nuestra) de la enorme diversidad de las lenguas sobre la tierra. Dios dispersa a los una sola lengua y de ahí la enorme diversidad de las mismas.

b)      Moralista: Los hombres cultivan el insensato orgullo de alcanzar el cielo, de ser como Dios. Éste castiga esa esencial soberbia humana destruyendo el zigurat que simbolizaba su orgullo y dispersándolos a la fuerza por todo el mundo. La dispersión, en este caso, es un  castigo de Dios contra quienes supuestamente hablaban una sola lengua, contra el orgullo, en definitiva.

c)      Demográfica: El gran problema de la antigüedad es la despoblación, o cómo ir repoblando las para ellos inmensas comarcas de la tierra. Quien se niega a repoblar (una idea fija de Génesis) es obligado a salir por la dispersión y confusión de lenguas que Dios envía a la historia. Así no tendrá la persona más remedio que salir a “conquistar” la tierra. Lógicamente esto no responde a la moderna paleontología que se pregunta: cuál fue el móvil real de las grandes migraciones de los homínidos desde África al resto del mundo.

3)      Para el yahvista, el ser humano es el origen del mal cuando impone su egoísmo a los demás (3,1-24). El ambicioso se asocia a otros de la misma calaña para excluir, dominar, oprimir (4,17-24). El mismo pueblo de Israel traicionó su vocación a la vida (6-9). Los demás pueblos se engrandecieron, lógicamente, a costa de los débiles (10,1-32). Es el imperio del mal, la fuerza del sistema, la economía y políticas de exclusión.

4)      Este relato cuestiona el rol imperialista de las estructuras políticas y religiosas, la evidencia de su transformación en un sistema compacto de ideología, moral, sociología y política. Notemos que el texto hebreo dice literalmente en el v.1: “Toda la tierra tenía únicamente un único labio”. “En diferentes documentos del Antiguo Oriente, se encuentran textos que contienen esta misma expresión y cuyo sentido es la dominación impuesta por un solo señor, el emperador…el prisma de Tiglat-Piléser (1115-1077 a.C.) dice: ‘Desde el principio de mi reinado, hasta mi quinto año de gobierno, mi mano conquistó por todo 42 territorios y sus príncipes; desde la otra orilla del río Zab inferior, línea de confín, más allá de los bosques de las montañas, hasta la otra orilla del Eúfrates, hasta la tierra de los hititas, y el Mar de Occidente, yo los convertí en una única boca, tomé rehenes y les impuse tributos”[7]. La expresión “única boca” tiene razón política: la imposición por la fuerza de un único sistema, el tributario. Bajo esta perspectiva, el texto no habla de castigo de Dios, sino de prácticas imperialistas.

5)      Una torre así solamente puede construirla el poder. Y, además, quiere consagrar ese poder con la divinidad, ya que la torre culminaba con la cámara destinada a la visita de la divinidad al constructor de la torre.  Así se le hacía creer al pueblo en una liturgia anual. Es el fruto de una religión vendida al sistema. El relato dice que Dios no baja para consagrar el sistema, sino para desbaratarlo y destruirlo. Es un acto liberador de Dios

 

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

1)      ¿Es inevitable el componente sistémico del hecho creyente?:  Quizá sí. Otra cosa es ver si ha de ser el que tiene y en el nivel que lo tiene. Este componente sistémico cobra rostro en la dificultad para flexibilizar el paradigma ideológico (menos aún para cambiarlo)[8], en la férrea jerarquización de la comunidad cristiana[9], en la connivencia con los sistemas de poder que “favorecen” la religión (todos ellos de componente conservador)[10] y en la irrefrenable tendencia al dinero[11]. El denominador común de todas ellas es el solapado instinto de poder que es donde se asienta toda opción sistémica. ¿Resulta todo esto inevitable? Hoy por hoy, está ahí. Pero su inevitabilidad ofrece fisuras y márgenes en los que se puede vivir y gestar otro tipo de fe, no sin dificultades. Una cierta libertad social es un aliado bueno. Y el anhelo de una realidad cristiana que vuelva al evangelio, asistemático, nunca morirá. 

2)      ¿Es posible una fe sin servidumbres?: La pertenencia al sistema no sale gratuita. Hay que pagar fuertes peajes. Los más importantes son en materia política y económica[12]. Pero hay posibilidad de alejarse fraternamente de tales servidumbres, eso sí “devolviendo al César lo que es del César” (Mc 12,17). De lo contrario, amplios sectores sociales (los pobres, los desamparados del sistema) nunca verán en la comunidad cristiana una posibilidad de construir familia humana. 

3)      Globalizar la misericordia: Eso es lo que, al amparo del año santo extraordinario que declarará el papa Francisco quiere también el episcopado español[13]. Esa sería una manera óptima de poner cimiento al anhelo de la familia humana y un freno de primera magnitud contra la globalización envenenada. Solamente que tal freno no podrá consistir únicamente en el anhelo o en la oración. Es preciso dar pasos sociales en esa dirección, visibilizar los deseos religioso. Cualquier trabajo que se haga en esa dirección tendrá valor.

4)      Una fe para la libertad: Ya que los sistemas tienden a generar mucha sumisión, la necesaria para que el poder se mantenga en la cúspide del sistema. La fe cristiana no ha sido ajena a ese movimiento. Mantenerlo hoy en día, generar pensamiento de sometimiento por razones religiosas es algo que va contra el aprendizaje social de la adultez, la democracia y la libertad. En este sentido, la fuerte jerarquización de la comunidad cristiana habría de flexibilizarse en modos de gobierno y de gestión de componente mucho más democrático y fraterno[14]. Sin tal libertad se cae en los imperialismos que imponen “una única lengua”, un pensamiento único, un comportamiento esclerotizado y tiránico.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • Una globalización envenenada: En teoría, la globalización podría ser defendida como una herramienta formidable para la construcción de la familia humana. Hay que decir que la globalización está “envenenada”. Y su veneno no es otro, como luego diremos, que el acaparamiento de su fuerza en beneficio de un exclusivo y excluyente sector de la sociedad. Eso contradice su sentido básico, porque una globalización para un sólo sector del mundo es una contradicción. Conceptos como desarrollo sostenible, derechos humanos, salvaguarda de la creación, mercado libre, dignidad humana nunca han estado menos globalizados que ahora. El gran mal, generador de inhumanidad, es la privatización de los valores humanos que pretende la globalización actual la desautoriza y la envenena sin posibilidad de curación. Solamente su universalización podría hacer florecer los aspectos positivos que encierra en sí mismo el concepto de globalización. Dice Juan Pablo II: “Nuestro mundo empieza el nuevo milenio cargado de las contradicciones de un crecimiento económico, cultural, tecnológico, que ofrece a pocos afortunados grandes posibilidades, dejando a millones y millones de personas no sólo al margen del progreso, sino a vivir en condiciones de vida muy por debajo del mínimo requerido por la dignidad humana. ¿Cómo es posible que, en nuestro tiempo, haya todavía quien se muere de hambre; quien está condenado al analfabetismo; quien carece de la asistencia médica más elemental; quien no tiene techo donde cobijarse?”[15]. Y nosotros nos preguntamos: ¿Cómo es posible que no nos hayamos percatado todavía que somos nosotros/as, los humanos, quienes, por querer mantener nuestro tren de vida, no dudamos en hacer un expolio y empobrecimiento sistemático de medio planeta?
  • La civilización de la pobreza: ¿Hay salida para una situación así? Puede haberla pero no a cualquier precio. Pensadores de hoy, como I. Ellacuría, nos hablan de revertir el dinamismo de la actual globalización hasta constituir lo que él llama una “civilización de la pobreza”. Afirma programáticamente:

“Una civilización…donde la pobreza ya no sería la privación de lo necesario y fundamental debido a la acción histórica de grupos o clases sociales y naciones o conjunto de naciones, sino un estado universal de cosas en que está garantizada la satisfacción de las necesidades fundamentales, la libertad de las opciones personales y un ámbito de creatividad personal y comunitaria que permita la aparición de nuevas formas de vida y cultura, nuevas relaciones con la naturaleza, con los demás hombres, consigo mismo y con Dios”[16].

      ¿Es posible creer en un planteamiento así? Quizá nuestra honda hermandad con el marco económico en el que vivimos, más fuerte sin duda que los cultivos evangélicos, nos lleve a esbozar una sonrisa. Pero es preciso seguir en la espera de manera lúcida y activa. Dice E. Sábato: “No podemos olvidar que en estos viejos tiempos, ya gastados en sus valores, hay quienes nada creen, pero también hay multitud de seres humanos que trabajan y siguen en la espera, como centinelas”[17]. Uno de esos “centinelas” es, en este tema, J. Sobrino. En muchas de sus páginas quiere hacer ver a las culturas de la riqueza cómo la cultura de la pobreza encierra valores y, sin duda, mucho más trascendentales para el devenir humano: “En un mundo configurado pecaminosamente  por el dinamismo capital-riqueza es menester suscitar un dinamismo diferente que lo supere salvíficamente. Este dinamismo proviene del mundo de la pobreza. Y esa pobreza es la que realmente ‘civiliza’, da espacio al espíritu, que ya no se verá ahogado por el ansia de tener más que el otro, por el ansia concupiscente de tener toda suerte de superfluidades, cuando a la mayor parte de la humanidad le falta lo necesario. Podrá entonces florecer el espíritu, la inmensa riqueza espiritual y humana de los pobres y los pueblos del Tercer Mundo, hoy ahogada por la miseria y por la imposición de los modelos culturales más desarrollados en algunos aspectos, pero no por eso más plenamente humanos”[18].

  • Otras estructuras económicas: Se dice que para generar familia humana, para contrarrestar el imperialismo sistémico tan devastador hay que crear otro tipo de estructuras económicas. ¿Existen? Evidentemente el poder instalado dice que no, que se acepta sus propuestas económicas o la alternativa es el caos. Pero parece que no es así. Hay otras posibilidades como la espiritualidad del decrecimiento o del bien común[19]. Son modos de vida concretos que aspiran a una economía de rostro humano, como dice J. Melé. La realidad de que hay entidades empresariales que funcionan así evidencia la posibilidad de otro tipo de estructuras económicas.

 

4. Lectura subrayada: LENGUAJE E INCESTO

Mi padre era esperantista, de modo que pasé gran parte de mi infancia escuchando la apología de ese idioma mítico que, cuando se impusiera sobre los demás, permitiría a cualquier persona, en cualquier parte del mundo, preguntar dónde se encontraba el cuarto de baño y ser entendido.

—Tú entrarás en un bar de Australia —añadía con un entusiasmo loco—, preguntarás por el servicio en esperanto y te responderán, también en esperanto, que al fondo a la izquierda.

El servicio, en los bares españoles, está al fondo a la derecha, pero mi padre creía que del mismo modo que en el hemisferio sur el agua gira alrededor del sumidero del lavabo en sentido contrario al de las agujas del reloj, el cuarto de baño debería estar allí en el lado opuesto al que ocupaba entre nosotros. Le fascinaban los cambios que se producían en las relaciones especulares, aunque nunca entendió por qué, si en el espejo aparece a la derecha lo que en la imagen real se encuentra a la izquierda, no vemos la cabeza donde deberían aparecer los pies.

Mi padre se murió sin resolver este enigma y sin saber que el esperanto había triunfado, aunque se llamaba inglés. En efecto, el inglés en el que se expresa el 90% de la población mundial que lo habla es un idioma de aeropuerto, que sirve para averiguar dónde está el retrete y poco más. Podríamos decir que se trata de un inglés escatológico, pero es que también el esperanto que yo conocí era un idioma escatológico, no sólo por la utilidad principal que le atribuía mi padre, sino porque, más que anunciar el principio de una nueva cultura, amenazaba con la muerte de todas.

Quien haya leído la Biblia sabrá que el relato de la Torre de Babel apenas ocupa 10 o 15 líneas. Resulta increíble que una fábula de ese tamaño, y con una trama tan sencilla, haya atravesado los siglos llegando al día de hoy tan fresca como cuando se escribió. Sobre esa fábula se han escrito miles de páginas, pues ha sido motivo de inspiración para filósofos y ensayistas, aunque también para pintores y músicos. Cualquier escritor sensato daría un brazo por alumbrar un cuento con esa capacidad para sobrevivir y crecer a lo largo del tiempo. ¿Dónde está su secreto? ¿De dónde procede su vigencia inagotable? ¿Cuál es la carga simbólica que la mantiene viva? Para mí que la juventud perenne de ese relato se debe a que resume de manera admirable un momento inaugural en la historia de los seres humanos, pues cuando Dios confundió las lenguas de los habitantes de Babel, obligándolos a organizarse en grupos lingüísticos que tomaron diferentes direcciones, comenzó, desde mi punto de vista, la cultura.

En otras palabras, la cultura se inaugura al mismo tiempo que la diferencia. Podríamos decir que hasta ese instante la humanidad vivía en una situación indiferenciada, que es la que caracteriza al incesto. Los habitantes de Babel hablaban un idioma único, el esperanto de la época, que los mantenía patológicamente confundidos al modo en que el bebé confunde su cuerpo con el de la madre, pues ignora dónde termina él y comienza ella. Desconoce, en fin, la frontera existente entre sí mismo y la realidad. Para crecer, para ser alguien, para conquistar una subjetividad que otorgue un lugar en el mundo, es preciso separarse de la madre, desgajarse de ella literalmente, como las lenguas románicas se desgajaron en su día del latín para alumbrar el castellano, el francés, el gallego, el catalán, el portugués y todas sus secuelas culturales. De aceptarse esta idea, el relato de la Torre de Babel haría coincidir el nacimiento de la cultura, además de con el reconocimiento del otro, con la consideración del incesto como tabú. Ese tabú es uno de los pilares fundamentales de nuestra cultura. ¿Por qué? Quizá porque el incesto, en tanto en cuanto significa un regreso al origen, a la indiferenciación de los primeros tiempos, simboliza también la muerte. Mi padre, que era un hombre ingenuo, se quedaría espantado si escuchara esta interpretación según la cual su deseo de que se impusiera el esperanto ocultaba el de meterse en la cama con mi abuela.

La vigencia del inglés, en los términos en los que se está produciendo, que va más allá de lo que históricamente se ha entendido por una lengua franca, ¿significa una vuelta atrás? Quizá sí. Claro que el inglés no tiene la culpa, le podía haber tocado a otro idioma, incluso al esperanto, pero de momento le ha tocado al inglés. Tal vez el inglés del futuro sea el chino.

Según algunas estadísticas, el 60% de los idiomas del mundo está en trance de desaparecer. Últimamente todo está en trance de extinción. Cada 20 minutos, por ejemplo, desaparece una especie animal y empeora la calidad del esperma de las que van quedando. Del 40% de los idiomas que no corren ningún peligro, el principal en nuestro ámbito es el inglés, que la mayoría de las personas habla de un modo aproximado, y no para preguntarse precisamente quiénes son, adónde van o de dónde vienen, que es para lo que lo utilizaba Shakespeare, sino para averiguar dónde está el cuarto de baño. Hay gente que se las arregla con un vocabulario de 70 u 80 palabras, lo que para el pensamiento es tan peligroso como para la biología que nos manejáramos con un esperma que no contuviera más de 70 u 80 espermatozoides.

Este panorama remite a los procesos de implosión, de encogimiento, de regreso a los orígenes, a la muerte. ¿Acaso no vivimos en sociedades muy incestuosas en el sentido de que son muy tolerantes con lo que no deberían serlo y muy prohibitivas en asuntos banales? ¿No queda esto perfectamente metaforizado en el regreso a un idioma global que apenas sirve para averiguar la hora?

La naturaleza tiende al policultivo porque gracias a él, cuando se produce una epidemia, sólo muere la especie afectada. En el monocultivo, un invento específicamente humano, cuando hay una epidemia todo el terreno queda baldío. El monocultivo en el mundo vegetal ha sido bueno para la alimentación. Pero el monocultivo, en lo que a las lenguas se refiere, podría ser un desastre. Da lugar a ese fenómeno que llamamos pensamiento único. La globalización, entendida como homogeneización, es la muerte. Los bancos de esperma, cada vez más solicitados, reciben sobre todo peticiones de material genético cuyos donantes tengan los ojos azules, 1,80 de altura y pelo rubio. La globalización, también en lo que a la genética se refiere, se está traduciendo en una forma de estandarización escalofriante. En unos años, si esta demanda se consolida, la humanidad podrá disfrutar no sólo de un pensamiento único, sino de una uniformidad física total. Al contemplar al otro creerás que estás mirándote en el espejo y te enamorarás de él, es decir, de ti, como Narciso, que elevó la endogamia a los extremos de todos conocidos.

Me gusta decir que la lengua es un órgano de la visión porque cuando voy al campo yo solo, y dada mi ignorancia en asuntos relacionados con la naturaleza, apenas veo árboles, pero cuando voy con un amigo experto, además de árboles, veo acacias y chopos y pinos y fresnos y álamos y castañales y robles. La reducción del lenguaje estrecha el campo de la visión y reduce el del pensamiento. Una sociedad que habla mal o que escribe mal no puede pensar bien, aunque tenga los ojos azules y mida 1,80. Digo esto porque, además del triunfo inesperado del esperanto y de la pérdida diaria de alguna lengua, uno tiene la impresión de que del mismo modo que cada vez hay menos clases de escarabajos, cada vez se utilizan menos palabras en los idiomas que sobreviven a esta extinción desoladora. Cada palabra que se cae del vocabulario, como cada lengua que se pierde, equivale a la pérdida de una pieza dental. Con esas piezas dentales que llamamos palabras masticamos la realidad para digerirla y comprenderla. Los tractores que esquilmaron impunemente la Amazonía no sólo acabaron con un ecosistema, sino con multitud de lenguas a través de cuya óptica se comprendía la necesidad de mantener intacta esa reserva. Quizá deberíamos comenzar a mostrar en relación a las palabras y a los idiomas la misma preocupación que mostramos por las especies animales o vegetales. Hace falta la aparición de un activismo en relación a la lengua y a las lenguas, especialmente en un momento en el que la globalización se está mostrando incompatible con el mantenimiento de la identidad lingüística, de las identidades lingüísticas. Si las lenguas sólo sirvieran para averiguar dónde está el baño, nos daría lo mismo. Pero preferiríamos que las generaciones del futuro las utilizaran para algo más.

 

Juan José Millás

BABAELIA, El País, 15.8.15, p.4  

 

II

LA ELEMENTAL APERTURA A LO HUMANO COMO REQUISITO PARA LA SOLIDARIDAD CON LA HUMANIDAD

(Ex 18,13-27)

 

            Luna clave básica para la construcción de estructuras espirituales (la de la familia humana lo es) estriba en la apertura de mente y de vida. La cerrazón, el hermetismo, la construcción de un muro insalvable únicamente puede derivar en posiciones fanáticas. El ideal de la familia humana, y la creacional, queda paralizado. De ahí que en la apertura anide una clave principal.

 

  1. 1.      El texto: Ex 18,13-27

 

13“Al día siguiente, Moisés se sentó para resolver los asuntos del pueblo y hubo gente en torno a él desde la mañana hasta la tarde. 14El suegro de Moisés vio el trabajo que su yerno se imponía por el pueblo y le dijo: «¡Cómo te sacrificas por el pueblo! ¿Por qué estás ahí tú solo y todo este pueblo queda de pie a tu lado desde la mañana hasta la tarde?» 15Moisés contestó a su suegro: «El pueblo viene a mí para consultar a Dios. 16Cuando tienen un pleito vienen a mí, yo juzgo entre unos y otros, y les doy a conocer las decisiones de Dios y sus normas.» 17Entonces su suegro le dijo: «No está bien lo que haces. 18Acabarás por agotarte tú y este pueblo que está contigo; pues la carga es demasiado pesada para ti y no puedes llevarla tú solo. 19Ahora escúchame, te voy a dar un consejo, y Dios estará contigo. Tú serás para el pueblo el representante de Dios, y le llevarás sus problemas. 20Les explicarás las normas y las instrucciones de Dios, les darás a conocer el camino que deben seguir y las obras que tienen que realizar. 21Pero elige entre los hombres del pueblo algunos que sean valiosos y que teman a Dios, hombres íntegros y que no se dejen sobornar, y los pondrás al frente del pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta o de diez. 22Ellos harán de jueces para tu pueblo en forma habitual; te presentarán los asuntos más graves, pero decidirán ellos mismos en los asuntos de menos importancia. Así se aliviará tu carga pues ellos la llevarán contigo. 23Si procedes como te digo, Dios te comunicará sus decisiones y tú podrás hacerles frente, y toda esa gente llegará felizmente a su tierra.» 24Moisés escuchó a su suegro e hizo todo lo que le había dicho. 25Eligió hombres capaces de todo Israel y los puso al frente del pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez. 26Ellos atendían al pueblo en forma habitual para arreglar los problemas de menor importancia, y llevaban a Moisés los asuntos más delicados. 27Luego Moisés despidió a su suegro y lo encaminó hacia su tierra”.

 

1)      El texto se sitúa en la primera etapa en el desierto. El pueblo ha salido de Egipto y no ha llegado a Canaán. Entre las dos fronteras se extiende un tiempo de reflexión, de prueba, de tanteos. El pueblo tiene que hacer un proceso de conquista de la libertad. Para ello utilizará la mediación de sus líderes (Moisés) y éstos tomarán herramientas de las situaciones de la vida. Tiempo intermedio de dilación, para templar el aguante y cultivar la esperanza, para vivir de la promesa después de haber experimentado el primer favor: la liberación.

2)      Moisés se casó con una madianita, Séfora (2,21), lo que indica ya algo de su peculiaridad. En un momento dado, su suegro Jetró, que siempre fue benévolo con él, le visita en el campamento con la mujer y los hijos de ambos. La cogida al madianita es magnífica, gozosa, bendición incluida (18,10-11). La acogida dentro del campamento, a la mesa y a la oración está indicando un modo peculiar de enfocar al paganismo, a los de más allá del cerco. Una paz primitiva que luego se rompió y dio paso a una eterna enemistad entre hebreos y madianitas.

3)      Jetró, viendo la deficiente manera de administrar la justicia en el pueblo que tiene Moisés acaparando todos los casos,  da un consejo insólito a Moisés: “Elige entre los hombres del pueblo algunos que sean valiosos y que teman a Dios, hombres íntegros y que no se dejen sobornar, y los pondrás al frente del pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta o de diez” (18,21). Se trata de otra concepción del poder: distribuido para ser eficaz y para evitar la tiranía. Moisés acepta el consejo en directo. Se ha hecho caso a quien aconseja bien, aunque no pertenezca a la tribu, aunque sea un sacerdote de otro Dios.

4)      Esta lectura es ejemplarizante. Algunos la ubican no en los tiempos del desierto, sino en los del rey Josafat (870-848 a.C.) cuya forma de gobierno se proyecta retrospectivamente a la época del desierto. De este modo, las experiencias del pasado se convierten en paradigma del presente.

5)      Son de notar los criterios para el nombramiento de ayudantes: respetuosos de Dios, sinceros, enemigos del soborno. Piedad, verdad, integridad. No se trata tanto de personas expertas, cuanto de personas buenas. Aunque ellos se ocupan solo de asuntos “sencillos”, son los asuntos de la vida y ahí debe brillar también la justicia.

6)      Esto dará paso al definitivo reparto de responsabilidades que se verá en Núm 11,16. Allí serán 70 ancianos que reciben el mismo espíritu de Moisés y, por lo tanto, se sitúan al mismo nivel de responsabilidad. Aún habrá otro nivel más profundo, soñado, anhelado: “Ojalá todo mi pueblo fuese profeta” (Núm 11,29)[20]. Pero el cimiento está ya puesto.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • Una espiritualidad social: Es aquella que proviene no tanto de los aprendizajes carismáticos (oración, Palabra, sacramentos, liturgia, etc.), sino de los sociales. Efectivamente, aunque parezca que los aprendizajes carismáticos son los únicos, y por lo mismo centrales, en realidad, nuestras conductas dependen, en notable medida, de aprendizajes sociales. Lo que es la familia, la participación ciudadana, las relaciones sociales, la economía, las reglas democráticas, el valor de la política, las normas de educación, etc., no viene de los aprendizajes endogámicos sino de la sociedad. Lo aprendemos por observación social autorregulada, compartida. De ahí que la vida cristiana, de hecho, depende directamente del tiempo y del medio cultural en el que vive. La cuestión es cómo mezclar los valores carismáticos estando en ese tiempo y en ese medio para que salgan potenciados, no suprimidos ni olvidados. Pero intentar hacerlo en contra de los modos de comportamiento sociales que emanan del momento histórico es punto menos que imposible[21].
  • La otra sociedad: A Juan XXIII se le atribuye aquel dicho de que “la sociedad es instrumento del Espíritu”. Algo de eso hay en las palabras del Papa Francisco: “Cada vez que nos encontramos con un ser humano en el amor, quedamos capacitados para descubrir algo nuevo de Dios. Cada vez que se nos abren los ojos pare reconocer al otro, se nos ilumina más la fe para reconocer a Dios”[22]. La percepción global del hecho social que muchos creyentes tienen suele ser tan negativa que ni siquiera se la considera como lugar de evangelización. ¿Cómo se va a evangelizar a quien no se ama? El Papa Francisco y otros muchos creyentes piensan que, yendo al escenario social con buena voluntad y en modos fraternos, se puede hacer obra de evangelización si se actualizan los métodos y las propuestas. No se logra dar el paso definitivo: creer que la sociedad, con toda su debilidad y con sus valores, puede ser instrumento de evangelización y, por ende, mediación de inspiración espiritual para los grupos de creyentes. Ella sería una formidable instancia de aprendizaje social que si no se cambia de perspectiva no solamente pasaría desapercibida, sino que generaría una inspiración negativa, si es que puede hablarse así.
  • Contra la superioridad moral: Es aquel autoengaño que cree, sin más, que una ideología, un pensamiento, una religión, están por encima de la media humana y, por lo tanto, tienen una cierta superioridad que exige ser respetada, escuchada, atendida y obedecida. Esta actitud es un bloqueo de fondo de la espiritualidad de la humanidad compartida en base a la mera igualdad, a la dignidad inalienable de toda persona. Si no se supera esto, no sólo la fraternidad con la familia humana es imposible, sino que se puede derivar en acciones realmente execrables[23].
  • Responsabilidad espiritual compartida: No existe un solo grupo humano que ha de llevar a la plenitud espiritual a la historia. Es una responsabilidad compartida. Todos los grupos tendrán alguna parte en ese gran cometido de construir el alma de la historia. Y si toso los grupos tienen parte en ese cometido, todos deben ser valorados y tenidos en cuenta. La interreligiosidad, temida por el sistema, ha de ser aceptada como una realidad evidente[24].

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • Cuando el sistema aconseja: No todo es rechazable. Los consejos de la OMS, por ejemplo, generalmente son equilibrados[25]. Merecen ser escuchados. Por hay entidades del sistema, como el FMI, el BCE o el Banco de España, por poner tres ejemplos cuyos “consejos” (amenazas) son totalmente cuestionables para quien aspire a la fraternidad humana. Son consejos para el funcionamiento de los grandes capitales, a costa, evidentemente de los empobrecidos del mundo. El daño que hacen estos organismos a la familia humana es incalculable[26].
  • Fanatismos encubiertos: Nuestra sociedad se echa las manos a la cabeza cuando en la ciudad iraní de Mosul un grupo de militantes de Al Qaeda destruye a mazazos unas estatuas de la cultura milenaria de los asirios guardadas en el museo. Pero cuando en España la cultura está gravada con el 21% de IVA parece la cosa normal[27]. Es otra destrucción, otro fanatismo que destruye un cauce de humanidad necesario para crear dignidad y familia humana: la cultura. Apoyar a grupos que mantienen esta posición ante la cultura es apoyar a fanáticos que destruyen el hecho humano.
  • La “decencia” como requisito para gobernantes: Porque ese podría ser el requisito elemental como el de aquellos que eligió Moisés. La decencia que es la honradez[28]. E. Lledó dice que es la condición imprescindible para la vida pública[29]. Esto es lo que sería exigible a todo gobernante. Y la ciudadanía no debería resignarse a ser gobernada por un gobernante que no es bueno[30]. De ahí que todo lo que se haga para forzar a la decencia va por buen camino.
  • Creer en las culturas: Como capaces de generar familia humana. Eso significa cuestionar aquellos elementos tribales que aún componen el entramado cultural de muchos pueblos y regiones de la tierra. Demanda también el anhelo de potenciar esos elementos humanizadores que, sin duda, también hacen parte del entramado de los pueblos. La aspiración a una especie de cultura universal con lo mejor de cada cultura no es una utopía inalcanzable, del mismo modo que no lo es el de una justicia universal, elemento básico para llegar a niveles dignos de convivencia humana. Son los cimientos de esa familiaridad de la que hablamos.

 

  1. Lectura subrayada

 

Elogio de la decencia

HA TENIDO que venir un filósofo para hablarnos de decencia en la campaña electoral. Y para hacerlo con la naturalidad de quien no imposta ni dramatiza ni se deshace en fingidos golpes de pecho, sino que se limita a expresar lo que, una vez pronunciado, resulta desconcertantemente obvio. Emilio Lledó, sevillano de nacimiento y flamante Premio Princesa de Asturias de Humanidades, nos ha regalado esta semana algunas pinceladas de Epicuro, que entiende la existencia como un sinónimo de la esperanza, «como una aventura que nos aleja del miedo a la muerte si se ha vivido con decencia». Y nos ha cedido también de forma generosa unas dosis de Aristóteles, a quien cita para recordarnos que la política es «una tarea para hombres decentes». Qué mejor programa electoral que ése, digo yo.

Con su elogio de la decencia, Lledó propone nada menos que una revolución silenciosa que necesitaría de ejércitos bien pertrechados de paciencia para resistir la tentación de las influencias y el clientelismo, del voto fácil y del bolsillo avaricioso.

Porque la corrupción ha demostrado ser un fenómeno que se mueve en las capas intermedias de la política y, allí donde se instala, sobrevive incluso a los cambios de gobierno. Se crea pero difícilmente se destruye; si acaso se transforma. Por eso resulta tan necesario el discurso de quien describe la regeneración como un regreso a lo elemental, a unos valores que son transversales y no entienden de partidos.

Puestos a militar en la esperanza, como nos propone el filósofo galardonado, resulta un consuelo asistir a una campaña electoral rescatada de los excesos y sometida a las restricciones del recorte presupuestario y las nuevas exigencias del marketing, que ahora es comedido y minimalista.

Los partidos no sólo tienen menos dinero para los grandes fuegos de artificio, sino que han entendido que la ostentación, si antes era una demostración de músculo y poderío, hoy se recibe como un insulto al contribuyente, que es el votante. Al político, sospechoso siempre de privilegios, ya no se le fía. Más bien se le espera a la vuelta de la esquina con ánimo revanchista. La confianza se presta a muy corto plazo y el voto es altamente caprichoso y volátil.

La decencia, aunque no requiere de grandes inversiones, es sin embargo la eterna promesa incumplida. La gran asignatura pendiente

Teresa López Pavón

El Mundo 24/05/2015 

 

 

III

HORIZONTES LIMITADOS/HORIZONTES ILIMITADOS

(Ez 36,24-28)

 

            Una de las tareas más hermosas de la profecía bíblica es abrir horizontes[31]. Pero la profecía lleva también la marca de sus autores. Y éstos, por muy profetas que sean, tienen también la marca de lo tribal, lo que limita mucho los horizontes de su profecía. Es el caso de la profecía de Ezequiel. La reflexión de hoy puede abrir esa profecía a lo ilimitado de la familia humana dándole así una dimensión nueva, impensada, a la profecía antigua.

 

  1. 1.      El texto: Ez 36,24-28

 

24Os recogeré de entre las naciones,
os reuniré de todos los países,
y os llevaré a vuestra tierra.

25Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará:
de todas vuestras inmundicias e idolatrías
os he de purificar;
26y os daré un corazón nuevo,
y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.

27Os infundiré mi espíritu,
y haré que caminéis según mis preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

28Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo,
y yo seré vuestro Dios.

 

1)      Cuando el antiguo Israel estuvo a punto de desaparecer del mapa por el exilio a Babilonia, dos personajes, Isaías II y Ezequiel mantuvieron viva la idea de pueblo y, con ella, la esperanza[32]. Ezequiel fue un clérigo desterrado llamado a la profecía. Por eso, su esperanza tiene el aval de su propia situación. El tema de la esperanza es el que domina en la segunda actividad del profeta (caps.33-39): nuevo orden de cosas, nuevos pastores, nuevo corazón, nueva nación, nueva prosperidad. El profeta inventa registros inusuales, metáforas nuevas, ideas que apuntan a horizontes que no existen para mantener viva la conciencia de pueblo y, con ello, la pervivencia de la fe yahvista.

2)      Pero, lógicamente, Ezequiel es uno que se debe al pueblo judío. Es verdad que, a veces, maldice y reniega de él. Pero es, evidentemente, porque, como buen clérigo, quisiera un pueblo cumplidor de la alianza, religioso y fiel al yahvismo. Pero su gran amor es el pueblo judío y a él va orientada su hermosa profecía. Es un horizonte limitado por las mismas circunstancias históricas. En ese caso, no nos serviría a nosotros, gentes de otra religión y de otra época. Pero la profecía, como ser vivo que es (como todas las utopías), puede ser trasplantada a otro marco y cobrar ahí un sentido nuevo. Un marco más universalista es el que podría servirnos para aplicarla al hecho de la familia humano saltando la estrecha valla del judaísmo en su primera acepción. Desde ahí la leemos.

3)      Ezequiel habla de reagrupación en el país (v.24ss). En una nación a punto de desaparecer por la despoblación, él dice que Dios reagrupará de nuevo al pueblo en la tierra[33]. Una lectura de horizonte ilimitados será la contraria en este tiempo que, además, tiene como problema demográfico el contrario, la superpoblación: la mezcla de países, el tránsito itinerante como derecho y como práctica cotidiana, la mezcla de situaciones económicas, etc., son signos de que se camina hacia la “tierra” de verdad, la que albergará a toda la familia humana.

4)      Ezequiel emplea una metáfora increíble en épocas en que hablar de trasplante de corazones era insoñable: Dios hará un trasplante de corazón al pueblo para que, al fin, sea un corazón fiel a la alianza, porque el corazón natural de Israel (de piedra) ha sido, es y será siempre infiel (v.26). Una lectura de horizontes ilimitados es la que cree en la bondad básica del corazón de toda persona, más allá de sus indudables limitaciones. Ese es un “dogma” para mantener la utopía de la familia universal.

5)      Más aún, Ezequiel sueña una nueva infusión del espíritu, de la ruaj,  una nueva creación (v.27). La primera creación ha fallado; es preciso hacer con Israel una nueva. Si suprimirlo, desde lo que hay (ese es el matiz), pero habrá que hacer algo nuevo, por imposible que parezca: hacer una nueva creación con lo viejo. Ese es el gran sueño del profeta. Pero si se amplía esto a horizontes ilimitados, habrá que reconocer que no es necesaria una nueva creación con “lo viejo”: esto viejo sigue siendo lugar del espíritu de Dios, de su fidelidad y empuje. Ningún extravío hace perder la fuerza creacional que se va abriendo paso a través de las diversas circunstancias históricas. No se trata de desechar lo viejo por malo, sino descubrir el tortuoso camino del avanzar hacia lo bueno. Y en esa tarea, toda la familia humana está implicada. El pensamiento cristiano de hoy sostiene el caminar hacia un punto omega de plenitud[34].

6)      El tribalismo de Ezequiel surge espontáneo en el v.28: “vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios”. La ampliación a una profecía de horizontes ilimitados se aleja del autoengaño de la elección y valora la evidente realidad de que todo el colectivo humano y creacional está “llamado” a “ser de Dios”, a la plenitud histórica y existencial[35]. Ser de Dios no supone siquiera la adscripción a una religión. Basta con pertenecer al hecho creacional. Esto es lo que “da derecho” a ser de Dios, ya que, al crear, Dios mismo otorga tal derecho.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • Una teología que suscite esperanza:  A veces los teólogos de oficio se quejan de que su pensamiento tiene poca incidencia mientras que cualquier “aficionado” publica un libro sobre religión y se vende a tope. Hay que preguntarse por qué ocurre tal fenómeno. Quizá porque la teología no hace sino reproducir el paradigma oficial, ya sabido en sus intenciones más básicas; porque emplea un lenguaje que no es evocador sino repetitivo; porque no explora caminos nuevos de pensamiento; porque se mantiene en el marco propio de lo religioso sin salir a lo social. Así, es difícil que una tal teología suscite esperanza, abra horizontes, ilumine situaciones, sugiera caminos. Y si esto no ocurre, la persona que está necesitada de todo eso, le da la espalda a ese modelo de teología. En este sentido, la teología se hermana con la profecía: si no suscita esperanza es una profecía muerta, una teología muerta.
  • Contra la profecía reduccionista: A eso tienden las religiones: profetizan solamente a su favor, no a favor de los demás. La profecía evangélica tiene que serlo a favor de los débiles. Una profecía que incluye compromiso y caminos andados. No vale escribir sobre la caridad o las pobrezas; es preciso que la profecía sea visible, tocable, significable, proyectable[36]. Este tipo de profecía inclusiva es la que escucha el grito de los pobres y a partir de ahí trata de dar una respuesta en consonancia con esa demanda[37]. Una profecía que no grita, que no se posiciona, que no duele y hace doler, no es profecía de esperanza.
  • Una dogmática con arraigo antropológico: Así es la de la profecía, porque sin ese arraigo, la profecía es una ensoñación. La construcción ideológica que es la dogmática, si carece de tal arraigo resulta una superestructura, algo que no toca la realidad. Mientras que si se hiciera una teología con tal arraigo brotaría un tipo de verdad sobre Dios, una dogmática, capaz de conectar con la verdad antropológico de la persona. Las religiones son muy remisas a cambiar no solamente el fondo, sino hasta la forma de las formulaciones dogmáticas. Pero su empecinamiento le aleja cada vez más al creyente de ella. Si la profecía tiene fuerza es, sin duda, porque mantiene tal arraigo.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • Instancias sociales de esperanza: Son aquellas que tocan directamente al tema de las relaciones humanas: el mundo amplio de las adopciones de niños, las mezclas raciales que se sellan con planes de vida de convivencia, la movilidad creciente y la flexibilización del concepto de frontera, el creciente aprendizaje de lenguas como llave de paso a las culturas, etc. Son instancias sociales de hoy que cada vez ensanchan más su horizonte y, más allá de sus evidentes limitaciones, hablan de días de más esperanza para el caminar humano.
  • Contra la vigencia de los reduccionismos sociales:  Aquellos que provienen de los prejuicios, de los estereotipos, de los velos que nos ponemos ante el otro, sin comprender que el sentido de la vida humana es “vivir con para el otro”[38]. Estos reduccionismos empequeñecen la profecía humana y su horizonte, ridiculizan la utopía de pensarse y vivirse como familia humana y llevan al egoísmo excluyente que mina el hecho humano. Es preciso luchar con ellos con denuedo. Son todavía la raíz de muchas heridas y mutilaciones que nos hacemos los humanos[39]. Desterrar tales reduccionismos, no darles cancha, es la mejor manera de apuntalar la utopía de la familia humana.
  • Estructuras políticas de bondad: Existen, aunque su caminar sea tortuoso. Todo lo relativo a la justicia universal[40], la no prescripción de los delitos de genocidio y de lesa humanidad, el reconocimiento de los derechos de las víctimas, etc. Por mucho que los gobiernos se plieguen a las presiones económicas o políticas y pospongan o dejen temporalmente de lado tal doctrina, el camino recorrido es irreversible y la evidencia ciudadana de que tales estructuras son buenas para las personas y para la familia humana resulta indudable.
  • Familiares humanos que no cuentan: Son muchos, porque el sentimiento de pertenencia a lo humano se extiende entre quienes contamos, más o menos, en el devenir de la historia. Pero son legión los que, hoy por hoy, están excluidos de ese devenir[41]. A ellos hay que decirles también que hacen parte de la familia humana. Y el mejor modo de decírselo es hacerles partícipes de los derechos humanos más elementales. La evidencia de que no cuenten no les desposee de sus derechos. Quizá ni ellos lo sepan, pero dárselo a conocer puede ser el comienzo.

 

  1. 4.      Lectura subrayada

 

El FMI advierte de que la desigualdad social frena el crecimiento

 

AMANDA MARS Madrid 15 JUN 2015 - 21:41 CEST

 

Cuanto más concentrada está la riqueza en pocas manos, menor es el crecimiento de un país. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha presentado este lunes un informe en el que advierte de que el aumento de la brecha social en un país supone un freno para el crecimiento económico, en línea con lo planteado por la OCDEel pasado mes de mayo. La desigualdad merma expectativas y desincentiva la formación y la productividad.

El Fondo calcula que si el 20% de la población más favorecida aumenta un punto porcentual la cuota de ingresos que acumulan, el aumento del PIB de un país es un 0,08% más bajo en los cinco años siguientes. En cambio, cuando el 20% más bajo de un país gana un punto del pastel de los ingresos de un país, el crecimiento es un 0,38% mayor.

Esta relación entre distribución de la riqueza y dinamismo económico persiste si, en lugar de mirar ese 20%, se lleva a segundos y terceros quintiles de la escala social, lo que sería ya la clase media. La defensa de la clase media como valor en sí y como motor de un país se ha puesto sobre la mesa tras la gran tormenta financiera global. El presidente de EE UU, Barack Obama, lo ha considerado “el reto que caracteriza nuestro tiempo”.

Pobreza y desigualdad no son lo mismo, aunque haya sido la Gran Recesión la que ha elevado las diferencias a niveles récord en los países ricos. Por eso hay quien no ve en la desigualdad un problema en sí mismo. Por ejemplo, Martin Feldstein, de la Universidad de Harvard, siempre advierte de que las políticas públicas debe centrarse en reducir la pobreza, no tanto la brecha social.

El experto plantea un ejercicio de imaginación: si un pájaro mágico entrega a cada persona 1.000 dólares, ello no reduciría ninguna desigualdad, pero no deja de ser una mejora para todos que no recae a expensas de nadie. Es más, señala que esos 1.000 dólares significan más para el pobre que para el rico, con lo que su situación avanza más en términos relativos.

Las organizaciones internacionales muestran cada vez más preocupación por las desigualdades. Lo que FMI y OCDE plantean es que la desigualdad excesiva no solo supone un riesgo para la convivencia sino que es también un problema macroeconómico. Afecta a la productividad de un país y, por tanto, a su progreso: “Por ejemplo, puede llevar a invertir menos en educación, ya que los niños pobres tienen menos capacidad de ir a la universidad”, así que acumulan menos capital físico y humano. Además, “cuanta más disparidad de ingresos, menos movilidad social hay entre generaciones y menores incentivos para la formación”.

 

 

 

IV

LA PERTENENCIA A LO HUMANO

COMO BASE DE LA COMPASIÓN

(Sab 12,2-21)

 

 

            Mucho de la espiritualidad de la familia humana depende del cambio de mirada a lo humano. Este cambio no podrá darse sin compasión. El AT no es, precisamente, un libro generalmente compasivo. Pero, a veces, asoman a sus páginas hermosos atisbos de comprensión de lo humano desde un lado distinto. Sus intuiciones pueden ser útiles para esa espiritualidad de la familia humana que cuesta tanto construir.

 

  1. 1.      El texto: Sab 12,2-21

 

2Por eso corriges poco a poco a los que caen,

les recuerdas su pecado y los reprendes,

para que se conviertan y crean en ti, Señor.

3A los antiguos pobladores de tu santa tierra

4los aborreciste por sus prácticas detestables,

ritos execrables y actos de magia,

5crueles sacrificios de criaturas

y banquetes canibalescos de vísceras y sangre humana;

a estos cofrades iniciados,

6progenitores asesinos de vidas indefensas,

decidiste eliminarlos por medio de nuestros padres,

7para que tu tierra predilecta

acogiera a la digna colonia de los hijos de Dios.

8Pero aun a ésos, como hombres que eran,

los perdonaste y les enviaste,

como avanzada de tu ejército, avispas,

para exterminarlos paulatinamente.

9Bien que podías haber entregado a los impíos

en manos de los justos, en batalla campal,

o haberlos aniquilado de una vez

por medio de fieras terribles, o con una palabra inexorable;

10pero, castigándolos paulatinamente, les diste ocasión de arrepentirse,

a sabiendas de que eran de mala cepa,

 de malicia congénita, .

y que su manera de ser no cambiaría nunca.

11Eran raza maldita desde su origen;

si les indultaste los delitos no fue porque tuvieras miedo a nadie.

12Porque ¿quién puede decirte: «qué has hecho»?

¿Quién protestará contra tu fallo?

¿Quién te denunciará por el exterminio de las naciones que tú has creado?

¿Quién se te presentará como vengador de delincuentes?

13Además, fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todos,

ante quien tengas que justificar tu sentencia;

14no hay rey ni soberano que pueda desafiarte por haberlos castigado.

15Eres justo, gobiernas el universo con justicia

y estimas incompatible con tu poder

condenar a quien no merece castigo.

16Porque tu fuerza es el principio de la justicia

y el ser dueño de todos te hace perdonarlos a todos.

17Ante el que no cree en la perfección de tu poder despliegas tu fuerza,

y a los que la reconocen los dejas convictos de su atrevimiento;

18pero tú, dueño de tu fuerza, juzgas con moderación

y nos gobiernas con mucha indulgencia;

hacer uso de tu poder está a tu alcance cuando quieres.

19Actuando así, enseñaste a tu pueblo

que el hombre justo debe ser humano,

e infundiste a tus hijos la esperanza,

pues dejas arrepentirse a los que pecan.

20Pues si a los enemigos de tus hijos, reos de muerte,

los castigaste con tanto miramiento. e indulgencia,

dándoles tiempo y ocasión de arrepentirse de sus culpas,

21 ¿con cuánto esmero no has juzgado a tus hijos,

a cuyos padres prometiste favores con juramentos y alianzas?”.

 

1)      El AT tiene libros terriblemente judíos (como el de Josué) y libros más “modernos”, más abiertos al paganismo, más comprensivos con el hecho humano. Uno de ellos es el libro de la Sabiduría. Puede decirse que es una especie de tratado de “teología política” cuyo gran tema es la justicia. Apunta a los gobernantes, pero va dirigido también a todos[42]. Explota una veta de Dios de absoluta modernidad. Para el autor Dios es “amigo de la vida” (11,26)[43]. Desde esa posición “amigable” de Dios es desde donde demanda la justicia.

2)      Dentro de este tema de la justicia, los caps. 11-12 presentan una serie de juicios históricos sobre realidades del antiguo Israel[44]. Quiere a través de ellos establecer las bases de la justicia. Y, yendo al fondo, planta la idea de que la compasión, la misericordia es justamente el cimiento de la justicia. Esta misericordia se derrama, incomprensiblemente, hasta los mayores enemigos de Israel, los cananeos[45]. Ellos habrían merecido el aniquilamiento, pero han sido objeto de misericordia. El argumento de Sab 12,1 es: Dios corrige “poco a poco…recuerda el pecado…para que se conviertan”. La compasión se basa en la irrenunciable fe en la bondad de la persona y su capacidad de cambio.

3)      Para describir la maldad que no merecería misericordia, porque la justicia y la misericordia se topan con la maldad, el autor recurre a los tópicos más literarios: ritos execrables, actos de magia, sacrificios de criaturas, canibalismo…Pero Dios les ha perdonado pero les ha castigado “paulatinamente” (12,8.10) para dar ocasión al arrepentimiento. Y esto, con una fe inexplicable en las posibilidades de la persona, aun a sabiendas de que “no cambiarían nunca” (12,10).

4)      Y no es que Dios tenga miedo (12,11) o tenga que justificarse ante nadie (12,12-13). No, Dios es justo y tiene una visión misericordiosa de la justicia: “el ser dueño de todos te hace perdonarlos a todos” (12,16), incluso a esos malditos cananeos. La misericordia de Dios sabe englobar en ella la justicia y el perdón.

5)      Dios es un moderado y un indulgente para dar “tiempo y ocasión” al cambio (12,18). Y aquí viene el gran principio: “Así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano” (12,19). Dios ha obrado como un “humano” que se ha dejado llevar por el corazón, más que por los hechos (aunque estos han de pasar por el cedazo del arrepentimiento). De ahí se deduce que la comprensión de la misericordia pasa por la vivencia de lo humano. Solamente quien sabe de humanidad puede saber de misericordia.

6)      El argumento termina con una obviedad: si Dios ha tratado con misericordia “humana” hasta a los impíos cananeos, es que trata a todos con esa misericordia suya (12,20-21). La realidad histórica está envuelta en un misterio de misericordia que engloba a la justicia y al perdón. Éstos han de funcionar en todas sus dimensiones. Pero, cuando acaba su itinerario, aún persiste la realidad de la misericordia.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • La humanización de Dios: Podría decirse que el tema de la humanización de Dios es el gran tema de la teología y, por ello, de la espiritualidad. La humanización de Dios es tema pendiente para las religiones e incluso para la cultura[46]. Y ello no solamente porque sigue en pie el viejo paradigma religioso[47], sino también porque la tendencia a “deshumanizar” a Dios es connatural tanto a la religión como a la cultura. Separar y establecer la barrera entre lo sagrado y lo profano parece ser un requisito imprescindible para la comprensión y vivencia de la experiencia de transcendencia. Sin embargo, el afán encarnacional del Evangelio se vierte en el anhelo de establecer que, sin confundirse, ya no hay barreras entre lo humano y lo divino[48], se han roto los diques de la tradición[49], de la norma[50], del culto[51]. Esto supone entrar en un nuevo paradigma sobre Dios, entenderlo como Padre[52], sin cosificarlo[53], Dios de afanes incluyentes[54], identificado con la suerte de lo humano[55], cuestionado cuando se le entiende como Dios violento o ruin[56], etc. Supone, así mismo, una percepción distinta sobre Jesús entendiéndolo como anonadamiento de Dios[57], encarnación suya[58], locura del amor de Dios[59], no religioso en sentido estricto[60], revelador del amor del Padre[61], presencia interpelante de Dios[62]. Y se demanda también una nueva visión del camino histórico, hecho de benignidad y fraternidad. Más al fondo, hay que pensar si es posible verse libre de la atávica tendencia a la sacralidad que acompaña el devenir humano y la cuestionable utilización que se ha hecho de ella a lo largo de la historia, sobre todo por razones de poder. Desde esta clase de parámetros se puede comenzar a pensar en el tema de la humanización de Dios del que dependerá la humanización de la espiritualidad. Para muchas personas este es un asunto que les resulta intolerable, aunque no sepan cómo hacer coincidir al Dios omnipotente con el pobre galileo de Nazaret con el riesgo de que la realidad de Jesús salga deformada[63]. “En Jesús describimos que la humanización de Dios trasciende lo humano porque supera y elimina cualquier signo o forma de deshumanización…por eso se puede afirmar que Dios es tan entrañablemente humano porque es tan radicalmente divino…El Dios que presentó y representó Jesús es un Dios que se hace presente, ante todo y sobre todo, en la humanidad, en lo humano de los seres humanos…Lo que Jesús dejó claro es que a Dios lo encontramos primordialmente y ante todo, no por el camino de la ‘perfección’, ni por el de la ‘santificación’, ni tampoco por el de la ‘espiritualización’ sino, sobre todo, por el camino de la ‘humanización’[64].
  • Creo en la misericordia: Creer en la misericordia es creer que la misericordia que anida en el subsuelo de lo humano y nunca desaparece, aunque la maldad aflore; que la misericordia que se hermana con la fragilidad y que es casa de amparo para quien llora en la noche; que Jesús impactaba por su misericordia. Para él nada hay más acá ni más allá de ella y desde ella se define a Dios y a la persona; creer en el Dios misericordioso que Jesús nos mostró con su vida, alejándome de otras imágenes de Dios y abriéndome al hermoso abrazo se su amor; es creer en la misericordia y no en el juicio, creo en el amor y no en el temor, creo en la felicidad y no en el pecado; que Dios es Madre de entrañas buenas, que se acuerda del bien de sus hijos y que disfruta con sus logros y éxitos; es creer en una comunidad sostenida por la misericordia, anclada en ella, buena de corazón y de vida simple; que la vida comunitaria puede ser vivida como un oasis de misericordia en el que se puede ser uno mismo ante el otro y donde las fragilidades se convierten en impulsos de vida; que la misericordia hace al seguidor de Jesús creíble en la vida. Creo que la misericordia puede ser motor de humanidad y fuente del verdadero amor; es creer en el testimonio de la misericordia, testimonio de corazón entregado de pasión por la vida y por aquello que ni los ojos ven ni los oídos oyen; es creer en la misericordia como bálsamo de heridas, como sosiego de inquietudes, como alegría inarrebatable; es creer en la fuerza política de la misericordia, en su capacidad para regenerar la vida social, en su fuerza para sanear situaciones que se dan por desahuciadas[65].
  • Actualidad de las “Semina Verbi”: Uno de los logros más sonados del Vat.II fue, en medio de un ambiente conservador, elaborar las bases de una idea nueva de misión. Recuperando planteamientos ya existentes, como el de las Semina Verbi de Justino[66], se dio un paso de gigante en la adecuación de la espiritualidad misionera a un tiempo de globalización. De ahí vino todo el esfuerzo de inculturación, de diálogo con las religiones, de oferta que no se impone sino que se ofrece, de colaboración con las iglesias locales, etc. Los peligros sempiternos de la misión, la creencia en la bondad única del mensaje cristiano y de ahí su imposición universal, quedaban en parte frenados y reorientados. Y, además, quizá sin pretenderlo, colaboraba a la espiritualidad de la familia humana, ya que el reconocimiento de esas “semillas” en toda cultura es una declaración de humanidad global, por encima de diferencias religiosas o culturales.
  • La erradicación de la maldad básica: Es cierto que en el fondo de lo humano anida una fiera[67]. Pero de ahí a deducir que el ser humano, como tal, es malo hay un abismo. Mantener viva esta certeza en doctrinas como la del pecado original es un freno real a la espiritualidad de la familia humana[68]. Por eso, habrá que alejarse de ellas para que el sentimiento de culpa que acompaña el camino humano no se vea alimentado sino cuestionado. No se trata de defender una bondad rousoniana, sino de creer en las posibilidades del bien que encierra el caminar humano aun contando con las limitaciones[69].
  • El amor como englobante de la justicia y del perdón: Porque esa puede ser la manera de entender el conflicto que plantea la injusticia y el mal. No se quiere decir que ambos no sean relevantes o haya que dejarlos en suspense. Están ahí. Pero pueden ser vividos y entendidos por Dios con la misericordia como mecanismo englobante. Algo de eso puede ser trasladado al comportamiento humano. En ese caso, la misericordia se constituye como el aglutinante de la espiritualidad de la familia humana.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • Los valores de la fraternidad social: En la fraternidad social anida el sueño compartido de una sociedad distinta, la de la igualdad real: Algo que va más lejos de las igualdades jurídicas, ontológicas, políticas u otras que tardan en ser, de verdad, una igualdad real. Un mundo de iguales, más allá de diversidades constitutivas, es una enorme utopía. Pero si uno no se sitúa en la sociedad desde la certeza cultivada de la más elemental igualdad, si obra en él la desestabilizadora mentalidad jerarquizante que establece preeminencias y puestos de honor, pensar en una experiencia gratificante de fraternidad social no es posible. “La igualdad no es un esfuerzo ni una renuncia, sino la conciencia de que la propia existencia está tejida en y por las circunstancias de los demás. Cuando las personas están desprovistas de ego, la estimulación y el instinto de autosuperación no se ejercen a costa de la exclusión y menos aún de la humillación”[70]. Situarse como igual en la vivencia social es lo que puede contener la banalización de la desigualdad, la sensación de que ser desiguales es normal. Porque la banalización de la desigualdad es “la globalización de la indiferencia”[71] y, más al límite, a la banalización del mal[72]. El temor atávico a la desintegración social por vía de la igualdad solamente podrá ser atajado por el gozo compartido de la igualdad como cimiento saludable para el entramado de relaciones humanas que constituyen la experiencia de familia humana.
  • Los derechos esenciales: Que no pueden ser negados a nadie. Son aquellos derechos constitutivos anteriores a cualquier legislación o reconocimiento. Como decía J. Maritain, “se trata de establecer la existencia de derechos(…). inherentes al ser humano, anteriores y superiores a las legislaciones escritas y a los acuerdos entre los gobiernos, derechos que no le incumbe a la comunidad civil otorgar, sino el reconocer y sancionar como universalmente valederos, y que ninguna consideración de utilidad social podría, ni siquiera momentáneamente, abolir o autorizar su infracción”[73]. Son los derechos que vienen unidos al hecho de ser persona o, más ampliamente, de ser parte de la historia puesto que los otros seres, de algún modo, también los tienen. El que a estas alturas la sociedad necesite “luchar” por tales derechos habla de la dificultad histórica que acompaña el devenir humano y del problema con el que habrá que lidiar si se quiere llegar al sueño de una fraternidad humana básica.
  • El necesario perdón social: Una convivencia difícil que demanda un delicado trabajo de construcción de la convivencia es aquella que se da, en un ámbito más cercano, cuando en el mismo país, en el mismo pueblo a veces, tienen que convivir víctimas y victimarios que han cumplido ya su condena penal. Los viejos fantasmas, los odios anquilosados y sosegados por la cárcel, los temores a la reincidencia, las heridas nunca cerradas del todo vuelven a surgir con una potencia inusitada. Los trabajos por una convivencia que se sitúe en terrenos de relación posible se hace imprescindible. Tanto organizaciones públicas como personas privadas (Fernando Buesa, Universidad de Deusto) están empeñadas en trabajar el minado camino de la convivencia entre víctimas y victimarios. Una condición para la memoria y la convivencia es que los victimarios hagan un reconocimiento del daño causado, que quede claro el reconocimiento social del sufrimiento de las víctimas. Y otra condición es que las víctimas, por encima de su hondo sufrimiento, se sitúen en un terreno de una cierta confluencia, lo más alejada posible del odio, la revancha y la venganza. Las instituciones públicas no habrían de subirse a ninguna de las olas en boga para ganar votos. Por el contrario, tendrían que arbitrar caminos posibles de encuentro en situaciones sociales tan difíciles. Y el conjunto de la sociedad habría de trabajar en este difícil camino más por una justicia restaurativa que por otra distributiva. “En medio del debate entre los partidos políticos, las asociaciones de víctimas y los grupos de solidaridad con los presos sobre las distintas opciones, estrategias y medidas a seguir en la política penitenciaria, la de la justicia restaurativa aparece como una posibilidad muy interesante de generar un «escenario nuevo», por contener dicha categoría unas referencias (focalización en la víctima y sus derechos, apuesta por la reinserción social del agresor, responsabilización de los protagonistas, integrando entre ellos a la propia sociedad…) que debilitan, si no disuelven definitivamente, los nudos gordianos en los que se encuentra la recuperación social de víctimas y victimarios”[74].
  • Los esfuerzos por integrar al distinto: la difícil convivencia tiene unámbito de trabajo continuo en el esfuerzo por hacer ver que la mesa de la ciudadanía ha de acoger a toda persona que vive, trabaja, ama, sufre y muere en una ciudad, en un lugar. Los prejuicios que juegan a la hora de integrar al distinto tienen que ceder por la simple percepción de que el distinto es humano y que sus necesidades especiales pertenecen a su modo de ser persona y que, por lo tanto, no pueden ser obviadas. Es preciso huir de la ideologización que domina a las personas y toma excusa del patriotismo o de la religión para frenar la convivencia común. Este tema adquiere particular importancia en el caso de la inmigración. Ahí sí que la página de la integración es algo que se está escribiendo. Sería bueno escuchar la voz de personas sosegadas como A. Maalouf: “Con ese espíritu me gustaría decirles, primero a los “unos”: cuanto más os impregnéis de la cultura del país de acogida, tanto más podréis fecundarla con la vuestra, y después a los “otros”: cuanto más perciba un inmigrado que se respeta su cultura de origen, más se abrirá a la cultura del país receptor”[75]. Pero también afecta a colectivos que, por tendencia social y por su poco peso específico en los procesos de logro del poder, se tiende a excluir (discapacitados, viudas, transeúntes, pensionistas, enfermedades raras, etc.). Esto afecta a temas laborales, formativos, de ocio, de accesibilidad, de salud. Mil millones de habitantes, un 15% de la población mundial, tienen algún tipo de discapacidad. Un quinto del total global estimado, entre 110 millones y 190 millones de personas, sufren impedimentos significativos. Las personas con discapacidades, en promedio como grupo, tienen más probabilidades de experimentar situaciones socioeconómicas adversas que aquellas sin dicha condición, tales como: baja educación, peor estado de salud, menor nivel de empleo y mayor tasa de pobreza. Por un lado la pobreza puede aumentar el riesgo de la discapacidad a través de la malnutrición, el acceso inadecuado a la educación y la salud, condiciones de trabajo inseguras, un ambiente contaminado, y la falta de acceso a agua potable y saneamiento. Por otro, una discapacidad puede incrementar el riesgo de vivir en la pobreza por el desempleo, los salarios más bajos y el aumento del costo de la vida debido a dicha condición. Una tupida red de organizaciones sociales quiere contribuir a la garantía de ciudadanía de toda persona y a la equidad que dimana de la realidad de tener algún tipo de discapacidad. En estos trabajos cercanos estriba el éxito de acercarse más al ideal de la familia humana.

 

  1. Lectura subrayada

 

EL PORTADOR COMPASIVO

"¡Nunca hubiera creído que llevar un niño en los brazos fuera algo tan hermoso!”, anota en un instante de exaltación el protagonista de la novela de Michel Tournier El rey de los alisos. Pensé en esta frase al ver las imágenes de Aylan Kurdi, el niño sirio que murió ahogado en Turquía tras huir con los suyos de su país en guerra. Son muchos los que protestaron por la manipulación que de tales imágenes hicieron los medios de comunicación, argumentando que son incontables los niños que en circunstancias semejantes han muerto antes que Aylan Kurdi sin que apenas reparáramos en ello. Y tienen toda la razón. Sin embargo hay imágenes que tienen el raro poder de enseñarnos a ver lo que antes no queríamos o nos negábamos a aceptar. No me refiero solo a la imagen del pequeño sobre la arena, sino a la del policía que portaba su cuerpecito en los brazos, como si contuviera algo precioso que ni la misma muerte pudiera oscurecer. Es el mito del adulto fórico, al que Michel Tournier dedica su novela. El adulto encargado de portar a los niños, como san Cristóbal, el gigante que ayudaba a los caminantes a cruzar el río, y que representa a todos los adultos que llevando a los niños en sus brazos tratan de protegerles de los peligros de la vida.

Este mismo verano se difundió por la prensa y la televisión una imagen que, como esta del niño y el policía turco, tenía el poder de sintetizar la dolorosa injusticia de este mundo. En un plató de la televisión alemana, Angela Merkel respondía las preguntas de un grupo de jóvenes. Todo transcurría de esa manera previsible y relamida con que suelen hacerlo las cosas en estos programas hasta que una muchacha palestina, sobre la que pendía la amenaza de una pronta deportación, le preguntó a la canciller en perfecto alemán por qué no podía seguir estudiando y vivir como sus otros compañeros de clase. Angela Merkel salió del paso como pudo diciéndole que la comprendía, pero que no todos los inmigrantes podían quedarse en Alemania y que muchos tenían que regresar a sus casas. La canciller siguió contestando a otras preguntas cuando la muchacha rompió a llorar desconsoladamente, llamando la atención con sus lágrimas no solo sobre el drama de los que como ella aspiraban a tener una vida mejor, sino también sobre la inoperancia de nuestros gobernantes a la hora de encontrar soluciones que remedien el sufrimiento de gran parte de la población mundial.

Una creencia judía afirma que en cada época en la tierra aparecen 36 justos. Nadie les conoce, ya que se confunden con los hombres comunes. Pero ellos llevan a cabo su misión en silencio, que no es otra que sostener el mundo con la fuerza de su misericordia. La leyenda judía sigue diciendo que, cuando finalmente mueren, esos justos están tan helados, por haber hecho suya la aflicción de los hombres, que Dios tiene que cobijarlos en sus manos y tenerles allí por espacio de mil años, al objeto de infundirles un poco de calor.<TB>

¿Y si el verdadero héroe fuera el que dispone el desayuno cada mañana para los que ama? En un mundo como el nuestro donde tantos se autoproclaman justos conviene no olvidar que una de las enseñanzas de esta fábula es que ninguno de esos justos discretos que sostienen el mundo sabe que lo es. Jorge Luis Borges escribió al final de su vida un poema basado en esta leyenda. En él va nombrando las acciones humildes de algunos hombres anónimos: el tipógrafo que compone una buena página, el que acaricia a un animal dormido, quien justifica o quiere justificar un mal que le han hecho, el poeta que cuenta con cuidado las sílabas de sus versos, el jardinero que poda y abona sus plantas. Y nos dice que son esas acciones las que sostienen el mundo. Son los nuevos justos, ninguno actúa con apatía o indiferencia. Para ellos el bien es algo tan sencillo como mecer una cuna para que un niño se duerma.

 

Creo que tanto el policía turco que llevaba en sus brazos el cuerpo yerto de Aylan Kurdi, como la muchacha palestina que rompió a llorar inesperadamente ante una de las mujeres más poderosas de la tierra, podrían formar parte de esa nómina de justos que sin saberlo sostienen el mundo. Primo Levi, en uno de sus libros sobre su experiencia en los campos de exterminio de Auschwitz, cuenta cómo una noche los judíos se dan cuentan de que los van a matar. Enseguida se corre en el campamento la noticia, y cunde la desesperación. Sin embargo, las mujeres con niños que atender siguieron ocupándose de ellos como si no pasara nada, y tras lavar sus ropas la tendieron a secar en los alambres de espinos. Este hermoso y doloroso pasaje expresa fielmente esa inocencia activa de la que vengo hablando, y que tiene que ver con la facultad de negar nuestro consentimiento ante todo lo que prolonga o justifica el sufrimiento del mundo. Las madres de las que habla Primo Levi no lavaban la ropa de los niños para acatar la disciplina del campo de concentración, sino porque esa era su forma de cuidarlos. Lo hacían por dignidad, para sentirse vivas, para decirles lo que todas las madres les dicen a sus hijos: que nunca morirán. Su inocencia tenía que ver con ese compromiso capaz de abrir, incluso en el lugar más siniestro y oscuro, un espacio de esperanza.

Hay imágenes que tienen el poder de enseñarnos a ver lo que antes nos negábamos a aceptar. El policía turco que portaba al niño muerto creaba al hacerlo un espacio así. Por eso le llevaba con ese cuidado, como si su gesto contuviera la promesa de una resurrección. Era el portador compasivo, para quien el peso de los niños se confunde con la dulce gravidez del sentido: un peso que se transforma en gracia. Pero ¿qué pasa cuando el niño que se lleva en los brazos está muerto? El cuerpo de Aylan Kurdi en la playa nos recuerda el cuerpo de esos niños que se quedan dormidos en el sofá de sus casas y que sus padres llevan con cuidado en los brazos hasta la cama para que no se despierten. Solo que Aylan Kurdi ya no despertará de ese sueño, ni volverá a sentir en su boca el tibio dulzor de la leche. Tampoco llegará a conocer el misterio del paso del tiempo, ese misterio que un día le habría llevado a pronunciar sus primeras palabras de amor. En¡Qué bello es vivir!, la película de Frank Capra, se nos dice cuán insustituible somos, y cómo hasta la vida más insignificante guarda el germen de la salvación de otras vidas. Pero este niño ¿a quién estaba destinado a salvar, qué muchacha le habría amado, qué anfitrión habría pronunciado su nombre como el del más querido de sus invitados? ¿Qué idea, el sueño de qué país o de qué raza puede justificar su desaparición? El hombre lleva siglos asociando la idea del heroísmo a la del sacrificio, la identidad y la muerte, pero ¿y si el verdadero héroe fuera el que dispone apacible cada mañana para los que ama el pan reciente y el café oloroso del desayuno?

 

GUSTAVO MARTÍN GARZO 

 

 

V

¿FAMILIAS SUPLENTES, FAMILIAS VERDADERAS?

(Mc 3,20-21.31-35)

 

            La fuerte vinculación con la familia biológica hace creer a la persona que esa es la  familia. Pero, en realidad, la vida demuestra de muchas maneras que uno encuentra su familia en otros colectivos más allá del meramente biológico: personas, grupos, regiones, países que no son los suyos se convierten en sus “verdadera” familia, más llena de verdad familiar que su propia familia biológica. Quizá esas familias subrogadas, suplentes, son decisivas. La familia humana puede ser considerada como una de esas familias. Aunque tal vez eso no le haga justicia: es la familia verdadera, aquella que constituye el cimiento de cualquier otra familia. Pero el fenómeno de la subrogación puede acercarnos a la espiritualidad de la familia humana.

 

 

  1. 1.      El texto

 

“Fue a casa, y se reunió de nuevo tal multitud de gente que no podían ni comer. Al enterarse los suyos se pusieron en camino para echarle mano, pues decían que había perdido el juicio…Llegó su madre con sus hermanos y, quedándose fuera, lo mandaron llamar. Una multitud de gente estaba sentada en torno a él. Le dijeron; — Mira, tu madre y tus hermanos te buscan ahí fuera. Él les contestó: — ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y, paseando la mirada por los que estaban sentados en corro en torno a él, añadió: — Miren a mi madre y mis hermanos. Cualquiera que cumpla el designio de Dios, ése es hermano mío y hermana y madre”.

 

1)      “La familia suministró al primitivo movimiento cristiano una de sus imágenes básicas para definir la identidad y cohesión sociales cristianas. En la Antigüedad, la familia extensa tenía mucha importancia. No sólo era la fuente del propio estatus comunitario, sino que funcionaba también como la principal red de relaciones económicas, religiosas, educativas y sociales. La pérdida de conexión familiar significaba la pérdida de esas redes vitales, así como la pérdida de conexión con el país. Pero una familia subrogada, lo que los antropólogos denominan grupo ficticio de parentesco, podía tener las mismas funciones que la familia de origen. La comunidad cristiana, que hace las veces de familia subrogada, es, tanto para Mateo, Marcos y Lucas, el lugar propio de la buena nueva. La familia subrogada trascendía de inmediato las categorías normales de nacimiento, estatus social, educación, riquez y poder, aunque no descartaba fácilmente las categorías de género y raza... La familia subrogada se convierte en un lugar de refugio para quienes ya están desvinculados de sus familias de origen (p. ej. hijos sin posibilidad de heredar que se trasladan a la ciudad). Para la gente con buenos contactos, especialmente entre la élite urbana, dejar a la familia de origen por la familia subrogada cristiana (como exige Jesús en Mateo 12,46-50) era una decisión que constaría muchísimo tomar (ver Mt 8,18-22; 10,34-36.37-39; 19,23-30). Significa romper los vínculos, no sólo con la familia, sino con la entera red social de la que uno podía formar parte”[76].

2)      La “casa” es el lugar donde Jesús desvela su “intimidad mesiánica”, sus anhelos de Mesías. La familia está fuera. Se quiere constituir el Israel mesiánico a partir de lo que hay. La familia no se integra. La expresión “echarle mano” lleva directamente a “creían que había perdido el juicio”. Se empieza de bajo cero. La ruptura con la familia ha sido un hecho en la vida de Jesús. Quizá porque comenzó “tarde” a su extraña actividad de predicación[77]. La ruptura familiar de Jesús es evidente[78].

3)      En el v.31 la familia “se queda fuera”, mientras que los de la familia subrogada están “sentados en torno a él”: un círculo con él en el centro, imagen de la comunidad de seguidores[79]. No se puede desligar del texto una cierta hostilidad del entorno familiar. Esto quizá esté indicando la dificultad del cristianismo primitivo para implantar comunidades de seguidores en el ambiente judío. O tal vez hay rasgos históricos de lo acaecido con Jesús.

4)      Los “sentados en corro” son “madre y hermanos”. No hay padre: el padre era autoridad y el reino de Jesús es libertad sin coacción. La nueva familia tiene que tener ese rasgo como prioritario. Cumplir el designio es trabajar por lo humano dando adhesión al promotor de lo humano que es Jesús[80]. Quien cumple eso es “hermano-hermana-madre”. La diferenciación de género no es insignificante. La primera misión cristiana incorporó a la mujer en pie de una cierta igualdad[81].

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • Otra teología de la familia: Sin, quizá, dejar de lado la clásica espiritualidad cristiana sobre la familia (“santuario doméstico”), tal vez haya que elaborar otra teología de la familia: trampolín de humanidad, camino para la vivencia de la familia humana, lugar donde se aprende la más grande familia de lo humano. Ello conllevaría una espiritualidad que mira hacia fuera más que hacia adentro, hacia el mundo que hacia el pequeño colectivo biológico, hacia la totalidad que hacia lo particular. La teología de Jesús, el reino, tiene esa misma orientación.
  • La familia de la libertad y la igualdad: Así es la de Jesús. Si las familias se asientan sobre el sometimiento y la jerarquización, ese tipo de familia no es el de Jesús. precisamente él huye del “padre” en su familia subrogada: “No llaméis a nadie padre” (Mt 23,9). Eso está indicando qué tipo de relación quiere: no basada en el honor social, sino en relaciones de libertad y de igualdad[82]. Esos mismos valores habrían de ser los que sustenta la gran familia de lo humano. De lo contrario, bajo la opresión y la inequidad, la familiaridad resulta imposible.
  • Eludiendo la sectarización: Toda religión tiene un peligro indudable de sectarización. En eso encuentra el grupo un modo de definir sus perfiles, de saber quién es quién, y una fuerza para mantenerse ante los posibles embates del enemigo[83]. La espiritualidad de la familia humana, por definición, se coloca fuera de ese peligro y, en ese sentido, es muy beneficiosa para el espíritu humano. Cuanto más se consiga crear un mundo sin barreras, sin requisitos previos, sin exigencias de pertenencia, cuanto más se vea la posibilidad de poder vivir sin fraccionar, sin dividir, sin excluir, estaremos mucho más cerca del sueño de la fraternidad.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • La opción por otro pueblo que llega a ser mi pueblo: Desde los tiempos del libro de Rut[84], hasta hoy mismo (Hermanita Genoveva del pueblo Tapirapé)[85]siempre ha habido personas que han hecho de otro pueblo su pueblo, con todas las consecuencias. Constituyen ejemplos reales de la posibilidad de engendrar una nueva pertenencia humana, aquella que considera a cualquier pueblo como propio siempre que se quiera de verdad vivir en él como miembro activo. La realidad de que hay personas que logran hacer vida suya este planteamiento, evidencia su posibilidad. No estamos hablando de una pertenencia subrogada que ya sería interesante, sino de una pertenencia del todo real y con todas sus consecuencias. Esta clase de personas son los adelantados de ese mundo nuevo de una única familia, los antípodas de quienes creen que el futuro está en la exclusión. La acogida en la mesa social a otros pueblos no debilita a ninguno sino que, más allá de problemas administrativos u otros, enriquece a todos porque se pone sobre esa mesa y se suma el valor que toda persona encierra en su propia dignidad. “Cuando hablamos de estas vidas y acciones alternativas nos referimos, pues, a modos de proceder que son una auténtica locura en un mundo en el que la pérdida del buen sentido es lo corriente. Pero se trata de la verdadera sensatez. Los testigos alternativos nos hacen salir de lo ilusorio y nos revelan la verdad de las cosas, el sentido profundo de la vida, la dirección recta hacia la utopía que nos ha de iluminar y mover. Son pues profetas, porque nos dirigen una palabra viva e inquietante que nos ayuda a salir de la situación engañosa en la que fácilmente quedamos atrapados”[86]. La profecía hecha en pueblos que no son el propio habla claro y alto del misterio de fraternidad universal como realidad posible.
  • Las otras familias en las que la fraternidad es el cimiento del cariño: Porque hay muchas pequeñas residencias de menores con problemas en las que la fraternidad humana en todas sus variantes se convierte en el cimiento del cariño. No son familias al uso; quizá ni los mismos adolescentes las sienten como tal. Perono serían nada sin esa base de fraternidad que anida en el corazón de las personas. Sin ella, no brotaría el amor; ni siquiera surgiría el trabajo callado de acompañamiento que va más allá que la justificación de un sueldo. Merecen ser considerados estos grupos como familias de verdad, aunque no tengan la estructura de la biológica. E incluso más que aquellas, porque su horizonte se amplía cada día para poder acoger a otros más sin desfallecer. Gente de fraternidad; maestros y maestros reales de la misma.
  • El diálogo con el ateísmo doméstico: Porque para muchos creyentes, este es el verdadero “pueblo cananeo” de la actualidad. El ateísmo doméstico: Es el que está en nuestras casas, en nuestras familias, en nuestras amistades. Es propio de lo que se denomina la “tercera oleada” de secularización que sufre España. “Se trata de una nueva forma de secularización, definida como exculturación, proceso por el cual la cultura va perdiendo sus raíces católicas”[87]. Se observa que, en no pocos casos, esta exculturación no conlleva la pérdida de valores humanos, familiares y sociales. A la vez que se “pierde” la religión, permanecen los valores relacionales y se mantienen los sueños utópicos. Es decir, el ateísmo circundante, doméstico, no lleva a un empobrecimiento. Todo lo contrario, da la impresión de vivir un proceso de liberación que redunda en una mayor humanización. La visión religiosa, muy extendida, de que la pérdida de valores religiosos conlleva una perdida en la humanización no se da. La solidaridad humana en todas sus variantes brota, pujante, en marcos no religiosos. De este ateísmo se deduce un comportamiento humanizador de indudable calidad. Dejarse enseñar por esto puede ser algo muy positivo para la espiritualidad y los carismas.

 

  1. Lectura subrayada

 

La lección de los pobres

Hay un país en África cuya población está en condiciones de dar una lección de humanidad a Occidente. No es demagogia, es pura estadística. Ese país sin salida al mar es uno de los más pobres del mundo, en ese país la esperanza de vida es de 51 años, en ese país solo la mitad de la población tiene acceso al agua potable y más de tres millones de personas están en situación de inseguridad alimentaria. Y, pese a todo, ese país de 13 millones de habitantes, lastrado por la corrupción, el terrorismo de Boko Haram y la caída del precio del petróleo, comparte de forma silenciosa sus escasos recursos con más de 645.000 desplazados que huyen o han huido de la guerra en las naciones vecinas. Ese país es Chad, tiene el mismo presidente, Idriss Déby, desde 1990 y, como noveno Estado del mundo con más migrantes dentro de sus fronteras, ha asistido como el hermano pobre al regateo de 120.000 asilados protagonizado por la próspera Europa en nombre de sus 500 millones de ciudadanos.

"Somos conscientes de la situación en otras partes del mundo, pero estamos muy necesitados de ayuda. Chad no puede contener solo esta situación", dice Mahamat Ali Hassane, gobernador del Moyen-Chari, una de las regiones que más refugiados y repatriados acoge porel conflicto de la República Centroafricana y que EL PAÍS ha visitado invitado por Oxfam Intermón y ECHO, la oficina de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea.

 

Tras una sucesión de guerras, invasiones y dictaduras, la que fue colonia francesa hasta 1960 —hoy en el puesto 184º de 187 del índice de desarrollo humano de Naciones Unidas— ha vivido en los últimos años la frágil estabilidad propia de un Estado fallido, seriamente amenazada además por el polvorín bélico que le circunda desde hace décadas y la crisis migratoria que lleva aparejada. No hay uno solo de los puntos cardinales de sus fronteras ajeno al fenómeno, porque no hay una sola de sus fronteras libre de conflicto.

En el norte, la pesadilla libia y la batalla por los recursos y el tráfico de armas; en el sur, los sanguinarios combates entre las milicias cristianas anti-Balaka y las musulmanas Séléka en la República Centroafricana, en las que se vieron implicados soldados chadianos, supuestamente encargados de contribuir a estabilizar la guerra y acusados en 2014 de atizarla al ponerse de parte de los rebeldes musulmanes; en el oeste, el terrorismo de Boko Haram que ha traspasado Nigeria para adentrarse en Camerún y el lago Chad, y en el este, sin tocar la línea fronteriza y pasado lo peor del conflicto racial entre árabes y negros en Sudán, Sudán del Sur, que trata de salir de la guerra civil.

 

Cuando uno se apaga y amaina el goteo de refugiados, como ocurre ahora con el de la República Centroafricana, se enciende el otro: la violencia de la secta islamista que ha atentado con saña en Chad, ha causado miles de desplazados y una inseguridad que ha llevado al cierre de fronteras y "que está afectando a la estabilidad política, social y económica del país y con ello a la vida de la población", resalta Mamadou Cire Diallo, director de Oxfam Intermón en Chad.

Déby, más preocupado de consolidar su poder que de sacar a los chadianos de la miseria, gobierna la nación con mano de hierro y no es precisamente un modelo a seguir en la defensa de las libertades y los derechos humanos. Se le acusa de haberlo corrompido todo, desde la justicia hasta la sanidad, y de haber hecho de la represión una práctica cada vez más común. Pero paradójicamente, este jefe de Estado, que afronta nuevas elecciones en 2016, ha dado a lo largo de los últimos años más de una muestra de solidaridad con los desplazados por la guerra, sea por convicción o por mera impotencia.

Bajo su mandato, el Ejecutivo de Yamena —que este año ha recibido 234 millones de euros de los 502 previstos para ayuda humanitaria— ha cedido tierras para dar cobijo a los refugiados en distintos puntos de su territorio y se ha hecho cargo de los nacionales de los países vecinos de origen chadiano sin límite de generación, mientras Europa cuestiona aMerkel por su excesiva hospitalidad y discute la construcción de asentamientos fuera de sus fronteras para atajar la crisis migratoria por la guerra en Siria. La población de Chad, además, le ha secundado, soportando con llamativa generosidad en algunas zonas la llegada de más bocas sedientas y necesitadas de alimentos. No es un decir. En Sido, al sur del país y a un kilómetro de la frontera con la República Centroafricana, más de 4.000 familias han dado cobijo a más de 18.000 desplazados del otro lado de la frontera, y en la región de Mandoul, 12.500 han sido también acogidos por la comunidad local.

—¡Cómo vamos a dejar tirados a los refugiados si hemos visto lo que es la guerra!

El marabú Faki Ahmat Yaya, de 60 años, líder religioso de Sido, estaba hace 12 años de visita en ese país cuando estalló uno de los múltiples episodios de violencia de las últimas décadas. Vio matar a tres de sus hermanos y a siete sobrinos. Vio el éxodo de la gente que huía del horror. Hoy, casado con tres mujeres con las que tiene 22 hijos, tiene abiertas las puertas de su casa para los desplazados: ha llegado a tener acogidos al mismo tiempo a 120 exiliados de la República Centroafricana por la guerra que estalló en 2013 tras el golpe de Estado y la toma de poder del grupo Séléka. "Cuando empezaron a llegar no había infraestructuras suficientes para recibirlos", explica. "Pensé que no eran condiciones dignas de vida, que no me gustaría estar en su situación y decidí acogerlos".

Construyó tiendas de plástico bajo los árboles de su casa, mató una vaca para darles de comer los primeros días, mandó hacer harina con 500 kilos de maíz y cedió parte de su finca cultivable a algunas de las familias. Eso fue al principio. Cuando ya no pudo más, el Programa Mundial de Alimentos acudió en su auxilio para completar las raciones de comida y Oxfam Intermón le dio material agrícola para cultivar la tierra.

Hoy el marabú se siente exhausto. "Todo lo que tenía se acabó, es muy duro". "Ahora no sé cuántos vivimos aquí", dice con franqueza, "pero somos más de 45". Los cabezas de familia volvieron a la República Centroafricana a buscarse la vida y confiaron a Yaya a sus mujeres e hijos, que le observan hablar con devoción. "Cuando has visto la muerte, escapas de ella y te acogen así, solo puedes sentir felicidad y gratitud infinita", dice la portavoz de las acogidas sobre una colorida alfombra.

El marabú dice que jamás, ni en los momentos más difíciles, ha pensado en decirles que se marchen. Quizá sea pura humanidad, quizá su generosidad esté movida por la religión. "En el islam recibir a gente en casa es un honor", explica Loum Diguera, el empresario local que ejerce de traductor en este viaje.

Esta esplendidez entre los pobres resulta especialmente sorprendente cuando se cotejan las cifras que dan idea de la presión que la presencia de refugiados ejerce sobre la población local. Según Oxfam Intermón, en la zona sur del país ha disminuido en un 50% la cobertura de necesidades básicas de las casas receptoras de desplazados, faltan productos en mercados locales cerca de la frontera con la República Centroafricana, se ha disparado un 70% el precio de los alimentos básicos y la tasa de acceso al agua en los pueblos receptores ha caído del 58% al 36% desde el inicio de la crisis.

La pregunta se hace imprescindible. ¿Ha habido conflictos entre los desplazados y las poblaciones locales? La respuesta a ese interrogante, formulado a una decena de interlocutores, es siempre la misma. "No". Mahamat Saleh, prefecto de Maro, cuartel general en la zona de varias organizaciones humanitarias, lo explica así: "No ha habido un problema de cohabitación porque tienen el mismo origen e incluso hablan la misma lengua, el sango", dice sentado a la sombra de un mango.

La otra posible explicación a esta insólita convivencia pacífica en esta nación de mayoría musulmana (53% frente al 35% de cristianos) en la que conviven más de 200 etnias y se habla fundamentalmente árabe y francés está en la ayuda humanitaria. Los chadianos, al menos en el sur, comparten con la población local los beneficios de los proyectos impulsados por las ONG: distribución de alimentos y semillas, construcción de letrinas y rehabilitación de pozos en una región en la que la dificultad de acceder al agua potable está detrás de un buen número de enfermedades.

"La población se ha beneficiado del dinero y la ayuda de emergencia de las ONG empezando por las instalaciones sanitarias", admite el prefecto de Maro cuando se le pregunta si la llegada de desplazados ha mejorado o empeorado la calidad de vida en la región. Pero también es verdad que su presencia ha tenido un impacto negativo en el coste de la comida. El precio del pollo, por ejemplo, se ha duplicado". A la incidencia de la presión demográfica en la carestía de los alimentos hay que sumar el cierre de fronteras, que ha tenido consecuencias fatales para el tradicional comercio de ganado.

En temporada de lluvias, el sur de Chad llama la atención por el color rojizo de la tierra y el verde de los campos y los árboles de mango. Sorprende también porque apenas se observan diferencias entre los pueblos y los campos de refugiados, que se han convertido en pequeñas ciudades con habitantes generalmente decididos a quedarse. Los dos colectivos tienen prácticamente las mismas condiciones de vida. Subsisten gracias a los pequeños cultivos, la ganadería y el comercio, vendiendo lo mismo aceite que jabón, tabaco o mazorcas de maíz en determinados tramos de la tortuosa carretera que conduce desde Sarh, donde aterrizan los aviones de Naciones Unidas, hasta la frontera con la República Centroafricana. Tienen también los mismos problemas: nutrición, acceso a la educación, la electricidad, la higiene, la sanidad… En un país en el que el mosquito Anopheles campa a sus anchas, hace dos semanas, el 49% de las consultas en el centro de salud del campo de Maingama, que comparten locales y retornados, fueron por malaria. El maldito palú, como lo llaman allí, no distingue entre locales y desplazados. Tampoco el sarampión o el cólera.

"La gente vive de la ayuda humanitaria, pero cuando se acaben las misiones, ¿qué va a ocurrir?", se lamenta el subprefecto de Sido, Bechir Yacouba. Los perjuicios comienzan a hacerse evidentes ahora que pasado el aluvión de llegadas de 2013 y 2014 los fondos se han reducido en el sur un 70% —según ONG que trabajan en el terreno—, en favor de la zona del lago Chad, donde ahora se concentra la crisis migratoria por la violencia de Boko Haram. La población lo nota en cosas tan básicas como el tamaño de las raciones de comida.

Adjide Moussa, retornada de la República Centroafricana, vive con angustia el racionamiento. Tiene a su cargo a sus cinco hijos y a Saleh Amadou, un chico que hace poco más de un año llegó solo a Sido. Hijo de un camionero y una cocinera, tenía 17 años cuando los anti-Balaka lanzaron una granada dentro de su casa en Bangui, la capital de la República Centroafricana. Era la hora de la cena y todos salvo su padre —su madre y sus cinco hermanos— estaban en la vivienda. "Se produjo un momento de confusión y cada uno trató de salvarse", cuenta ahora. Buscó desesperadamente a su madre, pero no la encontró y se enteró de que estaba a punto de salir el último convoy dispuesto por el Gobierno de Déby para repatriar a los centroafricanos de origen chadiano.

Amadou llegó solo a Chad. Una noche dormía al raso en el campo de retornados junto a la modesta caseta habitada por Adjide Moussa, de 28 años, y sus cinco hijos. "Le vi fuera y me dio lástima. Le dije que viniera a vivir con nosotros", explica. "Él estaba siempre como ausente, triste. Y le dije: ‘Nos ha tocado vivir una nueva vida. Tienes que aguantar lo que estamos pasando. Nosotros somos ahora tu nueva familia. Lo poco que tenemos es también tuyo". "Hoy", aclara, "sigue sin tener noticia de sus padres y hermanos, pero está un poco mejor".

La familia recibe cada mes un cupón por persona por valor de 6.000 francos (no llega a 10 euros) para coger comida del Programa Mundial de Alimentos. Con ellos consigue arroz, aceite, azúcar… "Pero no es suficiente", dice Moussa, que en la República Centroafricana vivía "muy bien" como comerciante en una tienda de ultramarinos. Ahora hace croquetas, buñuelos y tartas y las vende para tener un complemento con el que sobrevivir. Pero no le llega para enviar a los niños a la escuela. "Me piden casi 10.000 francos [15,20 euros] al año por cada uno y yo no tengo ese dinero", dice. La educación de los refugiados de Chad, país en el que solo un 40% de los niños completa el ciclo de primaria, es todo un desafío.

La emergencia ya pasó en esta zona, así que las organizaciones humanitarias tratan de romper la dependencia de los más vulnerables. Oxfam Intermón y ECHO, por ejemplo, que han construido pozos e impulsado programas agrícolas con un presupuesto de 750.000 euros este año, están ayudando a 1.400 familias a vivir de los pequeños cultivos. Han repartido cupones por valor de 30.000 francos (45,70 euros) con los que los beneficiarios pueden comprar en temporada de lluvias cuatro tipos de semillas —sorgo, frijol, cacahuete y maíz— y material para labrar la tierra. Cuando cesen las precipitaciones, 530 familias recibirán también 20.000 francos (30,50 euros) y formación para vivir de las plantaciones de lechuga, melón, tomate y pepino.

La primera campaña empezó en mayo y la distribución de semillas y materiales en junio, así que la cosecha empieza a recogerse ahora. "Yo, antes, en la República Centroafricana, trabajaba en el mercado. Hasta ahora no sabía cultivar la tierra", dice Heoua Bdoulaye, de 30 años, que responde con un "no sé" cuando se le pregunta cuántos hijos tiene —luego dirá que son ocho—. "Por lo menos tendremos qué comer".

El proyecto termina en 2016 porque no hay más fondos, explica Tahp Yussine Fadoul, responsable de Seguridad Alimentaria en Maro. Y para empezar a rozar la autosuficiencia, las familias necesitarían al menos dos años.

"La mayoría de la gente de la zona es válida para trabajar. Tienen que aprender a buscarse la vida. No es un problema generalizado, pero es cierto que una parte de la población que ha estado recibiendo ayuda, comida gratis, se ha acostumbrado y no quiere trabajar", dice Kossia Nicole, responsable de los programas humanitarios de Oxfam Intermón en Chad. "No podemos responsabilizarnos de ellos eternamente. La emergencia terminó".

Su compañera Kamilah Morain, responsable del programa Chad WA, incide también en ello: "Hay una gran dependencia de estas poblaciones de los trabajadores humanitarios. Sería muy deshonesto no reconocer que es una lacra del sistema". Y añade: "Los donantes, Gobiernos y organizaciones debemos tener una reflexión global sobre cómo conseguir la autonomía de las poblaciones y romper con la dependencia sin dejarles tirados".

Acabar con la dependencia de la ayuda. Ahí es nada. Sobre todo, en esta nación azotada por desastres naturales, sequías e inundaciones que ha visto sepultadas en los últimos tiempos sus expectativas de desarrollo. La caída del precio del petróleo, de cuya dependencia excesiva ya alertó el Fondo Monetario Internacional, y el aumento de inversiones militares para combatir a Boko Haram —Chad es el gran gendarme de África contra el yihadismo— han impactado de lleno en el gasto social y en infraestructuras, que ha caído alrededor de un 20%.

El corazón muerto de África, como se conoce a Chad, sigue así siendo el cuarto país más pobre del mundo, solo por detrás de Níger, la República Democrática del Congo y la República Centroafricana, con todo lo que eso significa. Solo un dato: su población vive de media con tres euros al día.

Y no tiene problema en compartirlos.

 

Maribel Marín

 

VI

LA FAMILIA HUMANA EN EL MARCO DE LA LAICIDAD

(Jn 19,25-27)

 

            La vinculación religiosa establece un cierto nivel de conexión familiar entre sus adeptos, una especie de sintonía que a sus miembros les lleva a sentirse familia. Pero el hecho creyente puede tomar lo religioso como impulsor para espacios más amplios, de familia universal. Es decir, las tradiciones religiosas pueden y deberían colaborar a la construcción de la espiritualidad de la familia universal en lugar de llevar al sectarismo. Son un gran potencial y el logro estaría mucho más cerca. Esto podría concretarse en la certeza de que el marco de la laicidad, marco más común, es lugar propicio para la aspiración a la familia humana.

 

  1. 1.      El texto: Jn 19,25-27

 

25"Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. 26Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: -Mujer, ahí tienes a tu hijo. 27Luego, dijo al discípulo: -Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa".

 

1)      A priori, y lógicamente, este texto nada tiene que ver con la laicidad. La interpretación corriente en concordancia con la piedad de que Juan el discípulo que era joven (?) acogió a María, viuda, sola y mayor en su casa (?) no se ajusta a los niveles de significación del cuatro Evangelio. Hay que buscar en otra dirección.

2)      Este texto se escribe después de muchos años de la primitiva misión cristiana. En ella se ha experimentado que el cristianismo ha “respirado” cuando ha salido de los estrechos límites de Palestina, en la misión entre paganos. Son éstos los que han dado aliento a la propuesta de Jesús, los que han creado comunidades muy vivas, más allá de sus defectos (como las de Corinto), los que han comenzado a pensar la experiencia creyente desde dimensiones no meramente judías. En ese caso, el texto que nos ocupa viene a decir que el discipulado que nace en la nueva comunidad (el discípulo predilecto) acoge en su seno (en su casa, “en sus asuntos”, eis ta idia) a la mujer (que significa el resto de Israel que quiere dar pasos en la nueva dirección de Jesús). O sea, son los paganos los que han vivificado y gestionado la fe primitiva, aunque su origen a nivel de personas esté en Israel.

3)      Que sean las mujeres (dos, tres o cuatro) la que estén al pie de la cruz es otro apunte interesante: son las mujeres las que están en ese límite, esa frontera, que posibilita el paso al nuevo estilo de experiencia creyente. Los varones, que constituyen en grupo de honor social, no están presentes, excepto en el discípulo amado. Ya en el año 100 se pide repensar el papel de la mujer. Se vuelve al esquema de siempre. María Magdalena sería la parte más proclive (la antigua “mujer”, la madre, será sustituida por la nueva “mujer”: la Magdalena, Jn 20,13.15). El papel de la madre, la antigua comunidad, termina en la cruz; el de María Magdalena comienza en ella.

4)      Entre la antigua y la nueva comunidad se genera una relación de fraternidad, de igualdad, entre el pueblo antiguo y fiel y la nueva comunidad. Ha cesado el privilegio de Israel y la nueva comunidad no adquiere ese privilegio. La comunidad de Jesús, y la misma comunidad humana, ha de ser un grupo de personas bien relacionadas sin privilegios, asentada en la base de la común dignidad.

5)      Cambia el juego de personajes: el discípulo representa a esa nueva comunidad surgida del corazón y del mensaje de Jesús. Se pide un reconocimiento mutuo. “El antiguo Israel debe reconocer su legítima descendencia (hijo) en la comunidad nueva y universal. La nueva comunidad debe reconocer su origen (madre) en el Israel fiel a Dios. Este se integra en la comunidad universal”. Este paso, que a nosotros nos parece normal, fue gigantesco. Desde ahí se puede pensar en un paso ulterior: la laicidad como marco valioso para la experiencia de humanidad y como lugar donde puede crecer la experiencia religiosa con más propiedad.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • La experiencia espiritual gestionada por gente no religiosa: Es algo a lo que el ámbito religioso (y el teológico) se resiste porque se cree que hay un “derecho”, un monopolio sobre ello. Pero la realidad hace ver que personas no religiosas en sentido habitual proponen modo de gestión espiritual laica que integren las tradiciones religiosas. Marià Corbí habla de es la superación tanto de las religiones como de las grandes ideologías. Ambas no sirven para el acceso a los nuevos valores de las sociedades nuevas. El recurso al legado de sabidurías de las tradiciones religiosas (no de sus modos religiosos) puede ser un modo de acceder a la espiritualidad en el mundo posaxial en el que vivimos. “Hay que volver al gran legado de las tradiciones religiosas de la humanidad, al legado de todas, pero desde donde estamos, desde sociedades laicas, sin creencias ni sacralidades. Ahí tenemos una gran herencia desde la que poder cultivar la calidad de individuos y grupos y la espiritualidad, sin tener que ser hombres religiosos ni creyentes”[88]. Y aquí las tecnologías pueden prestar un enorme servicio para allanar ese camino, para hacerlo más visible a la sociedad de hoy. Lo mismo podríamos decir respecto a la belleza: la reinterpretación de las tradiciones desde la belleza puede conducirnos al umbral de la espiritualidad:  “Hay que aprender a leer las narraciones religiosas no como descripción de hechos y personajes, sino como metáforas, como símbolos que apuntan y aluden a la dimensión absoluta de la realidad. Tenemos que aprender a leerlas y vivirlas como hacemos con los poemas”.
  • Tres maneras de hacer la misión: Puede haber tres maneras de hacer misión. La tercera es la que más se puede aproximar al ideal de que en la laicidad agarre fuerte la espiritualidad de la familia humana.

a)      Hacer misión con los que vienen a nosotros: La mayor parte de las parroquias, grupos y personas evangelizadoras se sitúan, básicamente, en este primer modo. Se trabaja con las personas que vienen a nosotros. Con ellas se hace la obra evangelizadora que mejor se sabe hacer. Pero el hecho secular hace que los que vienen son una franca minoría ya que, aunque en España todavía un 75% (34,7 millones) y el de bautizados, aunque ha descendido, se sigue manteniendo (estamos en el 92%), e incluso haya aumentado la práctica dominical un 23,9% ¿por el “efecto Francisco”?, el hecho que solamente el 13,3% de los creyentes participan en la eucaristía semanal. Basta ver cómo es la asistencia de la mayoría de nuestras sencillas eucaristías parroquiales. Pero ahí es donde los evangelizadores echan el resto e invierten lo mejor de personas y de medios. Lo que ocurre con el 87% de la ciudadanía que llamamos “alejados” queda fuera de los anhelos evangelizadores. No hay cauces para una conexión que pueda apuntar a otro tipo de misión.

b)      Habría otra forma de hacer misión: ir a los areópagos sociales para ofrecer la alternativa del Evangelio. El Papa Francisco quiere situar la evangelización en este otro ámbito. Por eso, en la EG habla sin cansarse de “salir” (nºs 20-24; 261). Él está convencido de que los valores evangélicos son ofertables, que pueden enganchar con la profundidad de la persona y de la sociedad. “Tenemos un tesoro de vida y de amor que es lo que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar. Es una respuesta que cae en lo más hondo del ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nada más puede llegar. Nuestra tristeza infinita solo se cura con un infinito amor” (265). No se menciona nada de cómo salir, con qué herramientas, apuntando a qué objetivos, con qué dialéctica. A veces se habla en maneras generales de “ser pueblo” (como lo veremos a partir del nº 268), pero no hay mecanismos concretos para salir de la “burbuja” de quienes vienen a nosotros. El mero planteamiento es valioso y hasta encomiable. Pero nos tememos (el mismo Papa se lo teme: nº 201) que este buen deseo no sea suficiente para ello. Quizá el apartado 2º del cap.4º (La inclusión social de los pobres) sea el más lúcido para indicar actuaciones concretas en el plano social que es donde se juega la conexión con el mundo, imprescindible para que la oferta pueda ser aceptada. En este sentido, consideramos que es un gran avance y, ciertamente, una propuesta válida para ir cambiando el modelo de evangelización imperante.

c)      Pero hay una tercera manera posible de enfocar la evangelización: ir a la sociedad para aprender de ella. La vieja teoría de los “aprendizajes sociales” de A. Bandura, aún vigente, puede ser de gran utilidad. Gran parte de la conducta humana se elabora por el aprendizaje social que, mediante la observación, por la retención y elaboración de imaginarios, lleva a conductas determinadas. En este sentido la sociedad es maestra decisiva para la persona. ¿Podría ser entendida la sociedad como un lugar de aprendizaje para las opciones creyentes? ¿No está enseñando la sociedad muchas cosas, valores, posiciones, demandas, que conectan con los anhelos del Evangelio? Desde ahí: ¿no podría entenderse la misión como un “ir para aprender”? En la medida en que se ha aprendido, ¿no podrían ser los valores evangélicos una reafirmación y contribución a los mejores sueños sociales? Este es terreno aun casi por explorar pero, a nada que se piense, está ahí.

  • En permanente estado de injusticia: Eso dicen algunas teólogas de la actitud de la Iglesia respecto a las mujeres[89]. Y razón no les falta. No es por ninguna clase de maldad, sino porque la estructura no ha asimilado todavía algunos aprendizajes sociales que son viejos de años, casi de siglos[90]. Una manera elocuente de generar pensamiento de familia humana en el marco de la laicidad sería dar cancha a las mujeres, creyentes o no, en los órganos de gestión de la espiritualidad y de la mismas religiones. Para ello, evidentemente, hay que descabalgarse del tema del poder que es uno de los mayores obstáculos para atisbar espiritualidades nuevas.
  • La renuncia explícita a privilegios: Resulta evidente que, con el tiempo, toda estructura, religiosa o laica, acumula poder y privilegios. Para dejar entrar a la laicidad por la puerta grande al mundo de las espiritualidades será precisa una renuncia explícita a los privilegios acumulados y que ya no tienen ninguna razón de ser. Si esa renuncia no es voluntaria, habría que encajar con la mayor humanidad el hecho de que se nos “arrebaten” tales privilegios. Pero pretender nuevos caminos manteniendo todas las prerrogativas acumuladas resulta complicado.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • El diálogo con el ateísmo espiritual: cada vez crece la certeza de que “hoy, más que nunca, es necesario tender puentes y encontrar lenguajes y plataformas de diálogo entre los creyentes en cualquier religión y los hombres y las mujeres que se consideran ateos. Hoy los creyentes y los ateos manifiestan sus convicciones íntimas, abren su corazón y caminan juntos. Todavía hay prejuicios y malentendidos. Pero hay más puntos de contacto de lo que se creía. Sorprende encontrar a hombres que se manifiestan ateos y materialistas haciendo una apología del espíritu y de la espiritualidad. Tal vez los humanos tengamos mucho que avanzar para delimitar en qué Dios creemos, qué relación tenemos con ese Dios y qué es en definitiva lo que llamamos ‘religión’”[91]. Cada vez se abre más paso una posibilidad dialógica y de ello sacará beneficio seguro el hecho creyente y tal vez también el científico.
  • La laicidad es el marco jurídico y político en el que caben todas las ideas y creencias religiosas: Los cristianos y cristianas están llamados/as a colaborar en la construcción de un Estado laico que haga posible una sociedad justa y solidaria, sin discriminaciones por razones religiosas, culturales o sociales. Los movimientos sociales constituyen la mediación necesaria para que el laicismo y el cristianismo sean motores de transformación social y de propuestas alternativas, y no se queden en una ideología legitimadora del orden establecido, como ha sucedido con frecuencia a lo largo de la historia.
  • Cuando la secularidad enseña espiritualidad: Porque hemos de pensar que muchas personas pertenecientes a la secularidad y adscritas al ateísmo pueden ser consideradas como verdaderas “místicas”[92]. Ellas nos pueden enseñar espiritualidad, no religión, valores de profundidad, actitudes ante la vida que desvelen lo mejor de la persona y de la sociedad. Incluso más, nos pueden acercar al misterio, al que se entra por muchas puertas, no solamente por la de una religión concreta. Atribuir este componente místico a la secularidad quizá sería un buen puente de entendimiento y enriquecimiento con el hecho religioso. Entonces sí que habríamos dado un paso importante de cara a la comprensión y vivencia de la familia humana.

 

  1. 4.      Lectura subrayada

 

SUNDAY ASSEMBLY


La Asamblea del Domingo es una reunión laica que celebra la vida. Nuestro lema: vivir mejor, ayudar a menudo, preguntarse más. Nuestra misión: Una Asamblea de Domingo en cada pueblo, ciudad y pueblo que lo desee. Nuestra visión: Para ayudar a todos a vivir la vida tan plenamente como sea posible.

Estamos aquí para todo el que quiera:

  1. Vivir Mejor. Nuestro objetivo es proporcionar inspiración, invita a la reflexión e ideas prácticas que ayudan a la gente a vivir la vida que quieren llevar y ser las personas que quieren ser
  2. Ayudar a menudo. Las Asambleas son comunidades de construcción y acción, vidas de propósito, nos alientan para ayudar a cualquiera que lo necesite, para apoyar el uno al otro
  3. Más disfrute. Al escuchar las conversaciones, cantando, escuchando lecturas e incluso jugar juegos nos ayuda a conectarnos con los demás y el mundo increíble que vivimos.

 

La Asamblea Domingo

 

  1. Es 100% celebración de la vida. Hemos nacido de la nada y nos vamos a la nada. Vamos a disfrutar juntos.
  2. No tiene doctrina. No tenemos textos establecidos por lo que pueden hacer uso de la sabiduría de todas las fuentes.
  3. No tiene deidad. Nosotros no hacemos nada sobrenatural pero tampoco te diremos que te equivocas si lo haces.
  4. Es radicalmente inclusiva. Todos son bienvenidos, sin importar sus creencias; este es un lugar de amor que está abierto.
  5. Es libre de asistir, sin fines de lucro y de ejecución voluntaria. Solicitamos donaciones para cubrir nuestros costos y apoyar al trabajo comunitario.
  6. Tiene una misión comunitaria. A través de nuestros héroes de acción (¡tú!), Es una fuerza para el bien.
  7. Es independiente. No aceptamos patrocinio o promoción de las empresas, organizaciones o servicios
  8. Está aquí para quedarse. Con su participación, La Asamblea del Domingo hará del mundo un lugar mejor
  9. No le diremos cómo vivir, pero trataremos de ayudarle a hacerlo tan bien como pueda.

10.  Y el punto 1 recordar ... La Asamblea del Domingo es una celebración de la vida sabemos que tenemos.

 

Lo que debe esperar de un evento Asamblea del Domingo

 

Sólo por estar con nosotros, debe estar energizado, vitalizado, restaurado, reparado, renovado y recargado. No importa cuál sea el tema de la Asamblea, La preocupación es consolar, provocar la bondad e inyectar un toque de trascendencia en la vida cotidiana. Pero la vida puede ser dura ... Es. A veces pasan cosas malas a la gente buena, tenemos momentos de debilidad o de la vida no es justa. Queremos que la Asamblea del  Domingo sea una casa de amor y compasión, dónde, no importa cuál sea su situación, será recibido, aceptado y amado. Por encima de todo, divertirse, ser agradable y participar.

 

 

 

VII

MANTENER LA CERTEZA DE QUE EN NUESTRO HOY CONCRETO PUEDE BROTAR, POR LA HONDA HUMANIDAD, LA ESPIRITUALIDAD DE LA FAMILIA HUMANA

(Filp 2,19-3,1a)

 

            Hay muchos que se ven cautivados por la hermosura de las utopías, como esta de la familia humana. Pero, a la vez, creen que eso se dará en un momento y en mundo tan lejano que ellas no podrán participar. Una de las pretensiones de la buena mística es hacer ver que en este hoy, por difícil que sea, puede ir brotando la certeza de que, en alguna medida, las utopías son posibles. Si no se une a la utopía el componente histórico, corre el riesgo de disolución.

 

  1. 1.      El texto: Filp 2,19-3,1a:

 

19Con la ayuda del Señor Jesús, espero mandaros pronto a Timoteo, para animarme yo también recibiendo noticias vuestras; 20porque no tengo ningún otro amigo íntimo que se preocupe lealmente de vuestros asuntos; 21todos sin excepción buscan su interés, no el de Jesucristo. 22De Timoteo, en cambio, conocéis la calidad, pues se puso conmigo al servicio del Evangelio como un hijo con su padre; 23éste es el que espero mandaros en cuanto barrunte lo que va a ser de mí; 24aunque, con la ayuda del Señor, confío en ir pronto personalmente. 25Por otra parte, me considero obligado a mandaros de vuelta a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de armas, al que enviasteis vosotros para atender a mi necesidad. 26Él os echaba mucho de menos y estaba angustiado porque os habíais enterado de su enfermedad. 27De hecho, estuvo para morirse, pero Dios tuvo compasión de él; no sólo de él, también de mí, para que no me cayera encima pena tras pena. 28Os lo mando lo antes posible, para que, viéndolo, volváis a estar alegres, y yo me sienta aliviado. 29Recibidlo, pues, en el Señor con la mayor alegría; estimad a hombres como él, 30que por la causa de Cristo ha estado a punto de morir, exponiendo su vida para prestarme en lugar vuestro el servicio que vosotros no podíais. 1aPor lo demás, hermanos míos, estad alegres en el Señor”.

 

1)      Si damos crédito a Hech 16,11-15, lo de Pablo con la comunidad de Filipos ha sido un idilio. Es el lugar en que primero puso pie en la misión de Grecia. Lo primero siempre queda grabado. Además, era una comunidad pobre, sin lugar para orar[93], comunidad compuesta sobre todo por mujeres, pero mujeres valientes[94]. Algo de Pablo conectó con aquella comunidad. De hecho, Pablo que, según 1 Tes 2,9 trabajó “día y noche para no ser una carga para nadie”, y según 2 Cor 11,9 “no le saca el jugo a nadie”, tuvo que pedir un subsidio a la comunidad de Filipos, estando como estaba en la cárcel y sin amparo. ¿Por qué lo pidió? Porque sabía, como así fue, que esa comunidad nunca le echaría en cara el que les hubiera pedido. Nunca hubiera pensado Pablo que una comunidad pagana le iba a ser tan cercana, tan servicial, tan humana. Pablo aprendió humanidad de sus comunidades paganas.

2)      El desamparo humano de Pablo se ve cubierto por la fidelidad de Timoteo. La expresión “se puso conmigo al servicio del evangelio como un hijo con su padre” está indicando la situación del Pablo adulto, necesitado del amparo de otros. Por dura que haya sido la experiencia de la primitiva misión cristiana, Pablo ha encontrado humanidad y ayuda. La siembra de humanidad que él ha pretendido hacer ofreciendo el mansaje de Jesús ha dado cosecha de humanidad[95].

3)      La comunidad de Filipos le mandó el subsidio con un tal Epafrodito, quien, al parecer, contrajo una grave enfermedad que lo puso al borde de la muerte. Decir de él que era “hermano, colaborador y compañero de armas” está de nuevo indicando la honda conexión de humanidad que Pablo tiene con estas personas. No son solo compañeros de apostolado, sino de vida. La apuesta por estas personas de probada humanidad queda clara en esa frase: “estimad a hombres como él”. Son personas que generan humanidad en su entorno.

4)      La causa de esta estima es haber “expuesto la vida”. Cuando se llega a esto estamos en los niveles más profundos de humanidad. No se trata solamente de ofrecer algo de uno mismo, unas donaciones, sino estar dispuesto a la entrega última. El mayor signo de humanidad.

5)      La recomendación final a seguir en alegría es también interesante. Los avatares difíciles por los que es necesario pasar para ir engendrando la espiritualidad de la familia humana no han de hacer que la alegría básica desaparezca de la persona. Sabiendo respetar los tiempos y encajando con benignidad las adversidades se puede tener la alegría inarrebatable de quien anda por la vida con la certeza de que construir lo humano es la empresa más hermosa, más allá sus evidentes dificultades[96].

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • Cosecha de humanidad: Esa habría de ser la cosecha de quien hace misión de humanidad. Tanto el Evangelio, como la misma vida, asegura que esa cosecha se da cuando se siembra humanidad. Pero si la siembra es otra, quizá la cosecha sea otra. Dice EG 273 que la misión tiene por finalidad “iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar” y también dejarse iluminar, aceptar la bendición de la sociedad de hoy, acoger la vida que viene de la misma vida, dejarse levantar en las inevitables caídas, dejarse curar en las inevitables heridas, experimentar que por el otro humano se me libera. La cosecha de humanidad no depende solamente de lo que se siembra, sino de lo que se recibe.
  • Ofrecer el Evangelio: Que no es lo mismo que ofrecer religión. Aquel puede ofrecerse sin esta o con ella. Si solamente ofrecemos religión, si esa es la prioridad, si se hace en modos que, a veces, pueden estar lejos de los valores del mismo Evangelio, no esperemos gran cosecha de humanidad. Más bien experimentaremos la lejanía cuando no el rechazo. Pero si la prioridad es compartir los valores primordiales del Evangelio, quizá haya un margen para poder ofrecerlos en los márgenes de la experiencia religiosa, y ésta será mejor comprendida y, tal vez, aceptada.
  • Una misión que genera compañeros de vida: Como le ha ocurrido a Jesús; como le ha ocurrido a Pablo. Si la misión se hace en la soledad y no engendra vínculos reales entre las personas, hay que sospechar de ella. Y si, además, olvida o menosprecia el mundo de las relaciones, peor lo ponemos. La construcción de la espiritualidad de la familia humana se basa, como todo lo familiar, en la verdad de las relaciones. Si estas son frías o no existen, la cosa se complica. Pero cuando en el caminar humano va aumentado las vidas que se entrecruzan, las que bajan al corazón, entonces el horizonte de lo humano se acerca[97].
  • La alegría que genera humanidad: Esa resulta imprescindible para la misión y para la espiritualidad de la familia. Porque resulta que esa espiritualidad no se va a lograr sin esfuerzo, sin lágrimas. Es entonces cuando la alegría peligra. Pero quien logra mezclar a tales dificultades la confianza y el gozo de estar bien orientado en lo básico de la vida, quizá pueda vivir una experiencia de alegría capaz de sobrevivir a los peores avatares.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • Aprender humanidad en el hoy: Porque, como decía Borges, “los futuros tienen una forma de caerse…”[98].  Por ello, hay que situar los trabajos de humanidad en el hoy. Y para ello es necesario hacer auténticos trabajos de búsqueda de las obras de humanidad que se nos ofrecen en el momento. Hay que buscarlas porque la masa del mal, de las noticias negativas, de las frustraciones que conectan con nuestro ser profundo tan cainita, oscurecen y desplazan a los gestos de humanidad. Pero están ahí a nada que analicemos la realidad. Es preciso subrayarlos para aprender humanidad. Son el libro de texto de esta escuela de la familia humana.
  • Leer con benignidad el rechazo a la religión oficial: Porque aunque el fenómeno religioso crece en muchos ámbitos y manifestaciones, también es cierto que el rechazo por la religión oficial se hace palpable[99]. ¿Cómo leer este fenómeno humanamente, sin desplantes, disgustos, rechazos o palabras condenatorias? Habrá que analizar los comportamientos históricos de las religiones y tratar de reparar daños, aunque parezca que es tarde[100]. Será necesario distanciarse de sistemas opresores de tal manera que se evidencie que se está del lado de lo humano. Habrá que ofrecer alternativas de humanidad que hagan ver el modo humanizador de comprender y vivir el hecho religioso que se desea tener.
  • Construir lo humano, tarea existencial: No puede ser una tarea que, primariamente, la hagamos depender de una experiencia religiosa. No se construye lo humano por ser creyente, sino por ser persona. Y la persona entiende que si no trabaja por la construcción de la familia humana, su itinerario existencial se frustra. Las motivaciones religiosas abundan en ello, pero no son la verdadera fuente.

 

  1. 4.      Lectura subrayada

 

Uno de esos muertos

 

Los atroces actos de crueldad del mundo nos salpican a todos, y el heroísmo, aunque sea anónimo, nos redime.

 

Hay un puñado de biólogos que, encabezados por el británico Rupert Sheldrake y vituperados furiosamente por la comunidad científica oficial, sostienen que los individuos pertenecientes a una misma especie están relacionados entre sí de algún modo, que sus mentes se rozan de una manera imprecisa y sutil. Sheldrake le llama a eso resonancia mórfica. En sus propias palabras, la resonancia mórfica implica que “todos los sistemas autoorganizados, como las moléculas, las células, las plantas, los animales y las sociedades animales, poseen una memoria colectiva de la cual se nutre cada individuo y a la cual contribuye”.

Sheldrake, que se educó en Cambridge y Harvard y fue un brillante bioquímico antes de que empezara a idear teorías arriesgadas y se ganara el ardiente odio de sus pares, ofrece diversos argumentos en sus libros para basar su teoría. Lo más alucinante son una serie de experimentos con ratas que se hicieron en Harvard durante varias décadas a partir de los años veinte.

Enseñaron a las ratas a escapar de un laberinto, y las siguientes generaciones aprendieron cada vez más deprisa, lo cual ya es bastante extraordinario. Pero además sucedió que, después de que las ratas de Harvard hubieran aprendido a escaparse por lo menos diez veces más rápido, cuando otras ratas de la misma especie fueron probadas en un laberinto idéntico en Edimburgo (Escocia) y en Melbourne (Australia), los animales, que no tenían ninguna relación con los de Harvard, empezaron a resolver la prueba más o menos a la misma velocidad máxima que habían llegado a alcanzar las ratas en Estados Unidos, y siguieron mejorando el tiempo a partir de ahí.

 

Las verdades poéticas, ya se sabe, quizá sólo sean un deseo. Pero en cualquier caso son un deseo tan profundo que casi se hace carne.

 

No seré yo quien ponga en solfa las críticas de la comunidad científica hacia Sheldrake (aunque lo acerbo y virulento de las mismas resulte sospechoso): no poseo conocimientos para ello, así que supongo que tendrán razón y que a la teoría le faltará rigor. Sin embargo, los argumentos que Sheldrake ofrece abren la cabeza e incitan a pensar. Y además la resonancia mórfica concuerda con una verdad poética que alienta en el corazón de los humanos desde siempre, una intuición de unidad y de corresponsabilidad de la especie. Dios le dijo a Abraham: encuentra a diez justos y salvaré a Sodoma y Gomorra. Abraham no los encontró, y como se trataba del terrible Dios del Antiguo Testamento, aniquiló a todos los habitantes de las dos ciudades, niños inocentes incluidos. Pero lo que me interesa de esta historia es que entre los mitos fundacionales de la Biblia ya está esa idea de la ósmosis, del entrelazamiento inevitable de los individuos: los actos de un puñado de personas salvan o condenan a toda la colectividad. Esto es llevar la teoría de Sheldrake aún mucho más lejos de lo que él sostiene, desde luego. Las verdades poéticas, ya se sabe, quizá sólo sean un deseo. Pero en cualquier caso son un deseo tan profundo que casi se hace carne.

Yo siempre he creído percibir esa unión intraespecie, y por eso me parece que los atroces actos de crueldad del mundo nos salpican a todos, y que el heroísmo, aunque sea anónimo, nos redime. Los esclavos bárbaramente maltratados de la frontera de Malasia, los patéticos barcos de esos mismos esclavos abandonados por los traficantes a la deriva en los mares asiáticos, los 3.419 inmigrantes ahogados en el Mediterráneo en 2014, según ACNUR: todo ese dolor ignorado y constante tiene que dejarnos el karma fatal (el karma: otro mito de continuidad entre los individuos). Me obsesiona esa lenta y pertinaz marea de cadáveres, su inhumano sufrimiento hasta morir.

Hay un estremecedor documental de 2013 del colombiano Juan Manuel Echevarría titulado Réquiem NN (agradezco a @ambre61 que me pusiera tras su pista) que habla de un pequeño pueblo de Colombia llamado Puerto Berrio. Es zona de conflicto y de dolor, y por el cercano río Magdalena bajan cadáveres anónimos que los vecinos recogen y entierran bajo las siglas NN de los sin nombre. Pero lo conmovedor, lo espeluznante, es que muchos de esos vecinos adoptan a las víctimas; escogen a una y le hacen un entierro como es debido, le limpian el pobre nicho, le ponen flores e imágenes, le rezan y a menudo incluso le dan un nombre. Por ejemplo, el de su propio hijo desaparecido. Esto es ilegal y es un problema, porque al borrar su número de registro para rebautizarlo se pierde para siempre el rastro de ese difunto; pero al mismo tiempo es un gesto tan bello, tan consolador, tan dolorosamente fraternal: al adoptar al NN, impiden que la callada matanza pase inadvertida. Nosotros, en fin, también tenemos nuestros ahogados. Nuestros cadáveres olvidados. Uno de esos muertos del Mediterráneo es mío. Por lo menos.

 

ROSA MONTERO 14 jun 2015 El País Semanal p.96

 

 

VIII

CÓDIGOS FAMILIARES FÉRREOS

(Col 3,18-4,6)

 

            Uno de los requisitos necesarios para aproximarse a la espiritualidad de la familia humana es la flexibilidad. Y uno de los campos donde se puede experimentar esa flexibilidad es, justamente, en los códigos familiares que son relaciones cotidianas y directas. La inflexibilidad en estos ámbitos cotidianos puede hacer que la misma espiritualidad de la familia humana, tan hermosa, desaparezca. Porque si no se es capaz de ser flexible en lo local, ¿cómo se va a ser en lo global?

 

1. El texto: Col 3,18-4,6

 

18“Mujeres, sed dóciles a vuestros maridos, como conviene a cristianas. 19Maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis agrios con ellas. 20Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, que da gusto ver eso en los cristianos. 21Padres, no exasperéis vuestros hijos, para que no se depriman. 22Esclavos, obedeced en todo a vuestros amos humanos, no en lo que se ve, para quedar bien, sino de todo corazón por respeto al Señor. 23Cualquier cosa que hagáis, hacedla con toda el alma, como si fuera para el Señor y no para hombres, 24sabiendo que el Señor os recompensará con la herencia. El Señor a quien servís es Cristo; 25mirad que al injusto le pagarán sus injusticias, y no hay favoritismos. 41Amos, procurad a los esclavos lo que es justo y la igualdad, sabiendo que también vosotros tenéis un amo en el cielo. 2Sed constantes en la oración; que ella os mantenga en vela dando gracias a Dios. 3Pedid al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos dé ocasión de predicar y de exponer el secreto del Mesías, por el que estoy en la cárcel; 4pedid que lo publique con el lenguaje que debo. 5Con los de fuera, proceded con tacto, aprovechando las ocasiones; 6vuestra conversación sea siempre agradable, con su pizca de sal, sabiendo cómo tratar con cada uno”.

 

  • Colosenses es un texto deuteropaulino por su distinto estilo (genitivos en cadena, escasez de partículas), por su cristología cósmica tan desarrollada, por la ausencia del Espíritu y por el poco peso de su escatología. Sería un escrito de los años 80. Otros, sin embargo, sostienen su autenticidad basándose en el estilo tan personal de algunos trozos (4,7-18) y la datan en torno a alguna de las tres cautividades paulinas (Éfeso 54-57, Cesarea 58-60, Roma 61-63). Pablo nunca estuvo en Colosas (ciudad-mercado de Frigia). Epafras fue el fundador de la comunidad y de otras comunidades en la zona. Todo el “equipo” paulino, incluido Epafras, está en la cárcel. Éste ha informado a Pablo de lo que ocurre en la pequeña ciudad: ciertos individuos empiezan a tener su influencia en la comunidad creyente. Sostienen una filosofía o sistema de vida que prometía la plenitud a través de ciertas devociones o culto a los ángeles, es decir, a seres supramundanos que regían los destinos del mundo. Todo esto se concretaba en prácticas ascéticas en materia de comidas, mortificaciones de gran severidad con el cuerpo, esoterismo visionario y culto a los ángeles. Santones que impresionaban. Todo ello envuelto en un cierto gnosticismo religioso, proponiendo una sabiduría secreta, que era un sincretismo de ascética, culto ritualista de los elementos del mundo combinado con ritos judíos de la circuncisión y la especulación sobre los ángeles. Es el problema conocido de todo mecanismo religioso: cómo tocar al Intocable asegurando así el camino hacia él. Colosenses, fiel a la experiencia esencial del Evangelio, propondrá un camino de vida ceñido a los valores del Evangelio, o si se quiere, a los de la misma historia, animando a leer esta realidad más allá de los simples límites de lo que se ve pero sin salirse nunca del marco histórico
  • Colosenses tiene que ver con Efesios. De los 155 versículos que componen Ef, 73 tienen paralelismos verbales con Col. Muchos contenidos teológicos y sus derivaciones son similares. Por eso, no ha de extrañar que ambos textos se abran con un punto de partida similar: la gran idea de la reconciliación de todo en Cristo, la anakephalaiôsis de Ef 1,10 y el apokatallassô de Col 1,20. Esta certeza es la que da sentido a la obra de Jesús y a la de la comunidad. Pero en Col se añade un dato más: la reconciliación se hará “después de hacer la paz por su sangre derramada en la cruz” (1,20). Es decir, la reconciliación no se lleva a efecto mediante una gran maniobra espiritual, por caminos de gloria religiosa u otra, sino a través de la obra de un pobre puesto en cruz. Esto marca ya una perspectiva: la pretendida supremacía de Cristo sobre los seres angélicos o demoníacos no obvia su pobreza histórica. Más aún, es en esa pobreza donde habrá que descubrir la plenitud que es capaz de salvar.
  • Pero, como ocurre en Efesios, toda esta hermosa espiritualidad naufraga cuando se encara la cruda realidad; los códigos domésticos permanecen inamovibles: las mujeres han de ser dóciles a los maridos (3,18), los hijos a sus padres (3,20), los esclavos a sus amos (3,22). La misma espiritualidad se emplea para fundamentar estos códigos: las mujeres han de amar a sus maridos “como conviene a cristianas” (3,18b), los hijos a sus padres “que da gusto ver eso en los cristianos”  (3,20), los esclavos a sus amos “por respeto al Señor” (3,22b). No ha sido suficiente la experiencia para dar un giro nuevo a las relaciones sociales. Particularmente las relaciones amos-esclavos quedan más justificadas que nunca, con lo que el interrogante del valor de la espiritualidad de la experiencia esencial queda más cuestionado que nunca.
  • Se llega a espiritualizar todo  el sistema. Todo lo que se haga manteniéndolo es “como si fuera para el Señor”. Es decir, Dios consagra lo establecido. Y se añade el siempre recurrente premio a “a la vida eterna”. Es decir, la hermosa espiritualidad de la reconciliación tendría que haber sido aplicada en primer lugar a los códigos domésticos para elaborar otro tipo de relación que apuntara a la de la familia humana. Pero no ha sido así: se mantiene todo después de haber aspirado a algo muy hermoso. Aquello queda bloqueado, las aspiraciones quedan sin arraigo antropológico, casi inservibles.

 

2. Derivaciones teológicas

 

  • Fidelidad entendida como consagración de lo establecido por el sistema: Porque la apelación a la fidelidad es constante en la espiritualidad cristiana. Incluso se esbozan planteamientos de más amplio calado, como el de la familia humana[101]. Pero se mantiene lo establecido. Más aún “lo establecido”, el Derecho, es la pauta real por la que se rige la comunidad. Esto es inamovible. Hablar entonces de una espiritualidad flexible para que se pueda acoger espiritualidades como la de la familia humana no es fácil. La pregunta se retrotrae a lo elemental: ¿Dónde está realmente la confianza de la comunidad cristiana, en el Derecho o en el Evangelio? Sabemos que las respuestas no son blanco o negro, pero creemos que la pregunta es pertinente.
  • Una teología que se ajuste a los torbellinos sociales: Porque vivimos en un mundo de torbellinos: el viejo y pertinaz del poder; el siempre inquietante de la necesidad de sentido; el de la pérdida de identidad que tantos desajustes sociales genera; el de la crisis del modelo patriarcal que ha hecho saltar por los aires las relaciones domésticas por mucho que la familia siga siendo un valor de referencia para muchos; el torbellino de las migraciones que, de una u otra índole, conmueven los cimientos del planeta. Resulta necesario conjugar estos torbellinos, porque en ellos estamos, con la reflexión teológica. De lo contrario, una teología intemporal deja intacto el sistema en el que vivimos y, lo que es peor, lo consagra.
  • Una espiritualidad que trasforma los códigos sociales: Tanto Ef como Col dejan un sabor agridulce puesto que, después de elaborar una espiritualidad de profundo contenido, no logran trasladarla al ámbito de los códigos sociales cotidianos. Las relaciones humanas, sobre todo, mujer-hombre, padres-hijos, amos-esclavos, quedan intocadas cuando no confirmadas por la espiritualidad. Ahora bien, una espiritualidad que no logra llegar al marco social y que no intenta modificar sus códigos para el logro y acrecentamiento de la más elemental igualdad queda, desde ese mismo instante, marcada por la sospecha. Por eso, autores espirituales como L. Boff, cuando piensa en las virtudes para otro mundo posible, habla de comer y beber juntos, de vivir en paz, de convivencia, respeto y tolerancia, de hospitalidad. Son los valores básicos adonde confluye la espiritualidad como a su lugar natural. “El desafío consiste en encontrar, bajo la inspiración de estas virtudes, las mediaciones históricas y las mejores condiciones sociales y jurídicas para hacer que, dentro de los límites y el alcance de unas situaciones sociales dadas, tales virtudes no sean negadas ni traicionadas, sino concretadas del mejor modo posibles”[102]. Privar a la espiritualidad de este afán es exponerla a simple esterilidad.

 

3. Derivaciones sociales

 

  • Relativización de lo tribal: Porque nuestro alejamiento de “las cavernas” no es tanto como lo que pensamos. Muchos de nuestros comportamientos más básicos dependen todavía de ese humus ancestral. Es el componente tribal. Por eso mismo hay que relativizarlo, aun a sabiendas de que nos compone. La espiritualidad de la familia humana se bloquea cuando se consagra lo tribal, en cualquier de sus formas, culturales, políticas, religiosas, económicas. Una saludable flexibilización abre puertas a una vivencia de lo humano distinto. Es algo de lo que decía hace muchos años A. Maalouf: “Con ese espíritu me gustaría decirles, primero a los “unos”: cuanto más os impregnéis de la cultura del país de acogida, tanto más podréis fecundarla con la vuestra, y después a los “otros”: cuanto más perciba un inmigrado que se respeta su cultura de origen, más se abrirá a la cultura del país receptor”[103]. Es un trabajo arduo, pero necesario.
  • Los códigos domésticos trampolín de humanidad: Porque pueden ser tratados como afianzamiento de lo tribal o como trampolín de solidaridad. Un caso hirviente es el caso del trabajo. Muchos movimientos políticos “tribales” lo enfocan como una pérdida de potencial económico y de identidad. Pero, en realidad, además de la necesidad que tenemos de tal mano de obra, puede ser entendido como un trasvase de humanidad, además de una necesidad[104]. ¿Empeoraría esta espiritualidad la situación social de un país? ¿O generaría cauces de humanidad que se traducirían, incluso, en enriquecimiento económico?
  • Personas con necesidad de protección internacional: El discurso que se ha manejado entre los países de la Unión Europea para proponer estos sistemas de reubicación y reasentamiento de personas con necesidad de protección internacional ha sido el de la “solidaridad” entre los Estados miembros, es decir, “la necesidad de compartir esfuerzos”. Estos programas establecen un sistema de “cuotas” con el que se pretende aliviar la presión migratoria a la que están expuestos los países receptores del mayor número de solicitantes de asilo, como son Italia, Malta y Grecia, al considerar que la crisis de los refugiados afecta a toda Europa y no sólo a algunos países. Sorprende que el punto de mira de la solidaridad está centrado exclusivamente en los intereses de los países europeos y no en el drama real que viven miles de familias en todo el mundo, obligadas a abandonar su país por causa de las guerras o las hambrunas. Ahí es donde pone el acento la espiritualidad de la familia humana.
  • Racionalidad y consenso: La dificultad de las relaciones domésticas es paradigmática. A los problemas de siempre se añaden los de esta época concreta. La manera de darles tratamiento quizá tenga una salida en dos valores: racionalidad y consenso. Porque lo ancestral basado en lo irracional tiene pocos visos de ser admitido por nadie, menos aún por los jóvenes. Y el logro de consensos, aunque sea costoso, será a la larga una manera de vehicular la convivencia. De cualquier manera, mantener rígidos los códigos patriarcales de siempre nos parece algo de poco éxito.

 

4. Lectura subrayada

 

TESIS 12

Todos los seres humanos somos imagen de Dios y debemos ser respetados por ser la persona que cada uno somos. Por tanto, ninguna descripción exterior del ser de cada uno basada en la raza, la etnia, el género o la orientación sexual, ni ningún credo basado en palabras humanas desarrolladas en la religión en la cual uno ha sido educado, puede usarse como fundamento de rechazo ni de discriminación.

Esto parece bastante obvio en la teoría, pero en la historia cristiana ha sido difícil que los creyentes lo vivan realmente. En el animal humano se da la misma búsqueda de supervivencia que marca a todos los seres vivos. Nuestro miedo a las personas que son diferentes nace de esa búsqueda de supervivencia. ¿Cómo es posible que el antisemitismo fuese producto de la religión que se funda en el judío Jesús? ¿Cómo fue que los líderes de la Iglesia justificaron unas guerras, llamadas “cruzadas”, que se proyectaron para matar a unos infieles que resultaron ser los musulmanes que vivían en la tierra que los cristianos llamaban Tierra Santa? ¿Cómo fue posible que los cristianos buscasen mantener su fe, no sólo pura, sino intacta a base de quemar en la hoguera a cualquiera que discrepase de la ortodoxia de su credo? ¿Sobre qué base ética practicaron la esclavitud algunos papas en la historia, contra gente de color? ¿Cómo fue que cristianos de origen europeo que vivían en esa parte de los Estados Unidos conocida como “el Cinturón de la Biblia”, no sólo esclavizaron a otras personas de origen africano, sino que también se resistieron a renunciar a esa malvada institución en la guerra más sangrienta de la historia norteamericana? Cuando a la esclavitud la sustituyó la segregación, ¿cómo fue posible que aquellos que reivindicaban la identidad cristiana se resistiesen al fin de la segregación con manguerazos, perros policía y bombas puestas en iglesias en las que sólo murieron niñas? ¿Cómo fue posible que los líderes cristianos pudiesen definir a la mitad de la humanidad que es mujer como sub-humana, al no permitirles tener propiedades a su nombre hasta el siglo XIX ni asistir a universidades hasta el XX, al prohibirles por ley el ejercicio del voto, incorporarse a profesiones, ser ordenadas, participar en política y competir por la presidencia de los Estados Unidos hasta finales de ese mismo siglo XX o principios del XXI? ¿Cómo fue posible que la Iglesia Cristiana siguiese creyendo que la homosexualidad era una forma de vida que uno elige, motivada por una enfermedad mental o por la depravación moral, y que aún lo hiciese cincuenta años después de que estas concepciones fuesen desechadas y abandonadas por el saber médico y científico? Todas estas cosas son reales, y han dejado en la historia cristiana una mancha que no se borrará fácilmente de nuestra memoria.

El mandato de Jesús de amar al prójimo como uno se ama a sí mismo parece no haber sido escuchado por la Iglesia. La parábola del buen samaritano, que sugiere que uno debe amar al objeto de sus miedos y sus prejuicios más profundos, ha sido ignorada. Cuando la Iglesia cantó himnos como “Vengo, ¡oh Cordero de Dios!, tal como soy, sin ninguna excusa”, la mayoría de las veces no era sino una mentira.

Sin duda, hay muchas cosas en la historia de la Iglesia de las que hay que arrepentirse. El único camino que tenemos ante nosotros es hacer este acto de penitencia abiertamente, con honestidad, y pedir perdón a nuestras víctimas. Los blancos se quejan de la ira de los negros, ira que los mismos blancos han provocado. Los cristianos nos quejamos de la ira de los musulmanes, ira que nosotros hemos alimentado durante siglos, desde las cruzadas en los siglos XI al XIII hasta nuestra búsqueda de la riqueza petrolífera en el XX y en el XXI. Los hombres tienen hoy miedo del acceso de las mujeres al poder, y los heterosexuales temen las demandas de los homosexuales de un matrimonio igualitario. Todas estas cosas son manifestaciones de ignorancia y de prejuicios en la religión. Una Iglesia cristiana cuya moralidad se ve tan comprometida en tantos asuntos de nuestra historia nunca podrá ofrecer liderazgo moral al mundo.

En el servicio bautismal de mi Iglesia, se hace a los candidatos al bautismo, a sus padres y a los padrinos la siguiente pregunta: “¿Buscarás a Cristo en cada persona, amando a tu prójimo como a ti mismo?”. Ellos responden: “Lo haré, con la ayuda de Dios”. Esa debe ser la respuesta de toda la Iglesia cristiana si espera sobrevivir en el futuro.

Las doce tesis han sido presentadas ya ante la Iglesia. El futuro del cristianismo dependerá de cómo ésta responda.

John Shelby SPONG

 

 

IX

LA FAMILIA HUMANA INSERTA EN LA CIUDADANÍA

(1 Pe 2,13-17)

 

            La familia biológica tiene una cierta tendencia a plegarse sobre sí misma y sus circunstancias. Hay quien hace de “mi familia es lo importante” un dogma de su vida relacional. Pero la familia podría ser una herramienta de acercamiento a la espiritualidad de la familia humana siempre que se viva inserta en la ciudadanía, siempre que lo público cuente en sus decisiones, siempre que más allá de su valla se entreva el horizonte de la universalidad.

 

  1. 1.      El Texto: 1 Pe 2,13-17

 

13“Acatad toda institución humana por amor del Señor, 14lo mismo al emperador como a soberano que a los gobernadores como delegados suyos para castigar a los malhechores y premiar a los que hacen el bien. 15Porque así lo quiere Dios: que haciendo el bien le tapéis la boca a la estupidez de los ignorantes; 16y esto como hombres libres; es decir, no usando la libertad como tapadera de la villanía, sino sirviendo a Dios. 17Mostrad consideración a todo el mundo, amad a vuestros hermanos, respetad a Dios, honrad al Emperador”.

 

1)      De autor probablemente pseudonímico y en torno al año 64 (persecución de Nerón), 1 Pe es una carta (algunos dicen que es una homilía bautismal por sus numerosas alusiones al bautismo) escrita para judeocristianos por un cristiano de origen pagano que vive en el extranjero, fuera de Palestina. Carta que, haciendo grupo con las católicas, tiene como trasfondo un problema histórico concreto: alentar a los judeocristianos que, como extranjeros, habitan en entornos paganos donde su fe y su estilo de vida encuentran dificultades para ser vividos. En esa situación de extranjería, la comunidad es el aliento y el amparo de quien se siente sin hogar, la familia de la fe se constituye en familia de amparo.

 

2)      Como queda dicho, la evidencia de pertenecer al ámbito de una comunidad que acoge no lleva, como podría haber sido, a una mentalidad elitista, de secta, segregacionista. Todo lo contrario, sin renunciar a las propias opciones de fe, el creyente amparado por la comunidad se siente parte de la comunidad ciudadana, aunque sea extranjero y disperso. Aun contando con la incomprensión de la comunidad pagana, el creyente no ha de aislarse del hecho ciudadano (como queda dicho en 4,1-). Por eso, ha de rechazar cualquier tipo de violencia: “Aun suponiendo que tuvierais que sufrir por ser honrados, dichosos vosotros” (3,14). Esto ha de llevar a una actitud dialogante, “dispuestos siempre a dar razón de vuestra esperanza a todo el que la pide” (3,15). Es una actitud clara y abierta, nada impositiva ni violenta, nada fanática ni sectaria. Además es una actitud resistente que no se quiebra ante cualquier falsa calumnia con la fe en que “las buenas acciones de que son  testigos les obligarán a rectificar” (2,12).

3)      Por eso mismo, se ha de tener consideración con los gobernantes legítimos: “Acatad toda institución humana por amor del Señor” (2,13). Y esto no solamente por una estrategia comprensible, aquella que lleva al respeto de la autoridad porque se está en desventaja numérica y en situación de sospecha ante las estructuras paganas. Más que todo porque se tiene la conciencia tranquila ante el bien hecho y porque se sabe usar la libertad para la construcción del hecho ciudadano. Para el autor de 1 Pe nada tiene que temer quien se porta como un ciudadano correcto. De ahí su taxativa conclusión: “Mostrad consideración a todo el mundo, amad a vuestros hermanos, respetad a Dios, honrad al emperador (2,16)[105].

4)            ¿Y si llega la persecución, como probablemente llegó? 1 Pe tiene claros los criterios: a) Hay que estar alegre en la persecución sabiendo que el Mesías también fue perseguido (4,13); habrá que saber encajar todas las consecuencias que se derivan de la opción cristiana (4,14); será preciso mantener una ética humanizadora en cualquier circunstancia. Quizá todo esto ocurra, piensa el autor, porque los días finales están próximos[106]. La conclusión a la que llega en este tema de la persecución es clara y ejemplo de resistencia: la persecución no es óbice para la práctica del bien. “Los que padecen…que practiquen el bien” (4,19). Ninguna dificultad habría de interrumpir la actividad cristiana. Pero implícitamente hay también otra línea de pensamiento: más allá de la persecución, el creyente, como buen ciudadano, es persona sujeto de derechos y, por lo tanto, dentro de la ciudadanía conserva todos sus derechos independientemente de sus opciones de fe. La certeza de ser ciudadano con derechos no solamente no está excluida de la carta sino que en el acatamiento de toda institución humana van implícitos.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • La apertura como clave de la teología: Aquella que puede llevar a la espiritualidad de la familia humana. Una teología cerrada ni se percatará de que aquí hay un campo hermoso de espiritualidad, de reflexión y de praxis. Sus ambiciones serán de “más vuelo”. Pero volvemos a lo de siempre: ¿Ha de ser la teología una realidad de tanto vuelo que no toque el duro caminar de los humanos? ¿La reflexión sobre Dios ha de estar necesariamente desligada del “barro” de la historia? ¿No es uno de los primeros problemas de la teología la lectura creyente de la realidad, de la historia?[107]
  • Pretensiones fallidas: Las del hecho religioso oficial que quiere que la sociedad funciones con sus parámetros, sus calendarios, sus ideas, sus costumbres. Cuando esto no ocurre se cuela en los lugares religiosos populares o maldice a la sociedad que no aceptas sus prácticas o postulados. Todos ellos, síntomas de una evidente cerrazón. El camino sería otro: acudir a sus foros con humildad y con la mayor verdad posible[108], usar los medios sociales de difusión cuando se ponen al alcance y hacerlo con la mesura de quien sabe dónde está[109], mover ficha a la hora de elaborar una espiritualidad más social[110], aliarse en causas que los sistemas no amparan constituyéndose en profecía de humanización[111]. Por ahí habría salida y sería una magnífica colaboración a la espiritualidad de la humanización.
  • Fe en el diálogo: Un Diálogo en pie de igualdad y depuestos los autoengaños de quien se cree en un nivel superior. La Iglesia no tiene costumbre de acudir a foros de debate en esa actitud. Todo lo más va a lanzar sus ideas y muchos de estos foros la escuchan con respeto[112]. Pero otra cosa es ir como participante del diálogo, como buscador comprometido con otros buscadores, como caminante que quiere elaborar espiritualidad humanizadora para este momento del caminar humano. Esta apertura sería estupenda para la familia humana. Las tradiciones religiosas tendrían mucho que aportar.

 

3. Derivaciones sociales

 

  • Crear experiencias de amparo: La sociedad habría de crear experiencias de amparo si quiere que brote la experiencia fundamental de familia humana. Quien se siente desamparado socialmente no podrá nunca albergar pensamientos positivos sobre la familia humana. Por eso, las experiencias de amparo habrían de ser prioritarias en la convivencia ciudadana[113]. Las espiritualidades no se generan básicamente en los libros, en las ideas, sino en las experiencias contrastadas de vida, en la experiencias sociales.
  • Actitud resistente-resiliente: Indispensable para generar espiritualidad de familia humana. Porque los motivos para abandonar la tarea son muchísimos y al alcance de la mano. Para engendrar espiritualidades es preciso estar vacunados contra el desaliento. El ciudadano espiritual es persona resistente, que pone “la otra mejilla” sin abandonar el campo[114]. Incluso más: es resiliente, haciendo de las adversidades un trampolín para nuevos avances. Este tipo de actitudes de fondo resultan imprescindibles para que surjan espiritualidades nuevas.
  • Respeto democrático: Lo mínimo que se puede pedir al ciudadano en lugares donde funcionan básicamente los mecanismos de la ciudadanía. Hablar de familia humana sin respeto, es como hablar de familia biológica sin respeto. Resulta imposible. Por eso, todos los regímenes políticos, económicos u otros que se saltan este norma básica del respeto alejan a la humanidad del sueño hermoso de llegar a ser familia. Consagrarlos como sistemas únicos, hacerles el juego, contribuir a su pervivencia es tan criminal como perpetrarlos.

 

4. Lectura subrayada

Amor civil y político

(Laudato Si´)

228. El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión. Jesús nos recordó que tenemos a Dios como nuestro Padre común y que eso nos hace hermanos. El amor fraterno sólo puede ser gratuito, nunca puede ser un pago por lo que otro realice ni un anticipo por lo que esperamos que haga. Por eso es posible amar a los enemigos. Esta misma gratuidad nos lleva a amar y aceptar el viento, el sol o las nubes, aunque no se sometan a nuestro control. Por eso podemos hablar de una fraternidad universal.

229. Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos. Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco. Esa destrucción de todo fundamento de la vida social termina enfrentándonos unos con otros para preservar los propios intereses, provoca el surgimiento de nuevas formas de violencia y crueldad e impide el desarrollo de una verdadera cultura del cuidado del ambiente.

230. El ejemplo de santa Teresa de Lisieux nos invita a la práctica del pequeño camino del amor, a no perder la oportunidad de una palabra amable, de una sonrisa, de cualquier pequeño gesto que siembre paz y amistad. Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo. Mientras tanto, el mundo del consumo exacerbado es al mismo tiempo el mundo del maltrato de la vida en todas sus formas.

231. El amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo, es también civil y político, y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor. El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de la caridad, que no sólo afecta a las relaciones entre los individuos, sino a «las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas»[156]. Por eso, la Iglesia propuso al mundo el ideal de una «civilización del amor»[157]. El amor social es la clave de un auténtico desarrollo: «Para plasmar una sociedad más humana, más digna de la persona, es necesario revalorizar el amor en la vida social –a nivel político, económico, cultural–, haciéndolo la norma constante y suprema de la acción»[158]. En este marco, junto con la importancia de los pequeños gestos cotidianos, el amor social nos mueve a pensar en grandes estrategias que detengan eficazmente la degradación ambiental y alienten una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad. Cuando alguien reconoce el llamado de Dios a intervenir junto con los demás en estas dinámicas sociales, debe recordar que eso es parte de su espiritualidad, que es ejercicio de la caridad y que de ese modo madura y se santifica.

232. No todos están llamados a trabajar de manera directa en la política, pero en el seno de la sociedad germina una innumerable variedad de asociaciones que intervienen a favor del bien común preservando el ambiente natural y urbano. Por ejemplo, se preocupan por un lugar común (un edificio, una fuente, un monumento abandonado, un paisaje, una plaza), para proteger, sanear, mejorar o embellecer algo que es de todos. A su alrededor se desarrollan o se recuperan vínculos y surge un nuevo tejido social local. Así una comunidad se libera de la indiferencia consumista. Esto incluye el cultivo de una identidad común, de una historia que se conserva y se transmite. De esa manera se cuida el mundo y la calidad de vida de los más pobres, con un sentido solidario que es al mismo tiempo conciencia de habitar una casa común que Dios nos ha prestado. Estas acciones comunitarias, cuando expresan un amor que se entrega, pueden convertirse en intensas experiencias espirituales.

 

X

AMORES UNIVERSALES

(Ap 7,1-8)

 

      Por su propia naturaleza el amor tiende a ser particular. Sobre la total particularidad, intimidad, del amor de pareja se urde el concepto de familia[115]. ¿hay posibilidad de elaborar el concepto de “amor universal” con contenido, sin que quede en pura vaciedad? Si fuera posible, le vendría muy bien a la espiritualidad de la familia humana ya que ella se basa en ese tipo de amor.

 

  1. 1.      El texto: Ap 7,1-8

 

         4“Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel: de la tribu de Judá, doce mil marcados, de la tribu de Rubén, doce mil, de la tribu de Gad, doce mil, de la tribu de Aser, doce mil, de la tribu de Neftalí, doce mil, de la tribu de Manasés, doce mil, de la tribu de Simeón, doce mil, de la tribu de Leví, doce mil, de la tribu de Isacar, doce mil, de la tribu de Zabulón, doce mil; de la tribu de José, doce mil; de la tribu de Benjamín, doce mil marcados”. 

 

  1. En el texto de Apocalipsis podemos descubrir como dos niveles: por un lado, la obra del narrador en sí mismo. A este le llamaremos el “vidente”. Pero hay un segundo nivel, oculto, especular, intratextual, al que llamaremos el “teólogo”. El primero, lógicamente, es deudor de la herencia de la literatura apocalíptica judía de la que ha tomado ideas, expresiones y mentalidad. El segundo, como a contrapelo, va poniendo un contrapunto de tipo liberacionista, humanista, evangélico en suma, que “actúa a modo de testimonio de autoridad y garantía con respecto a la verdad ideológica vertida en las enunciaciones por él pronunciadas”[116]. Este contraste percibido en la continuidad del texto es el que posibilita una lectura nueva. No hay que extrañarse de esta clase de saltos especulares. Incluso habrá que contemplar la posibilidad de un tercer nivel, aquel que se da en el interior mismo del lector y que se suma a la novedad del hecho de lectura.
  2. Es precio renunciar o, al menos, poner entre paréntesis la pretensión del vidente de Apocalipsis (de no pocos creyentes) de querer conformar la sociedad, la historia, desde una perspectiva religiosa. Tal pretensión impide cualquier intento de lectura nueva y malinterpreta la encarnación, la increíble realidad de un Espíritu sumiso y servidor de la historia.
  3. La primera serie, la de los siete sellos, acaba en una especie de compleja y paradójica liturgia en el cielo (Ap 7,9-17). Antecede a esta liturgia la pormenorizada descripción de los participantes en tal liturgia: doce mil por cada uno de las tribus de Israel. Ciento cuarenta y cuatro mil en total. Ese número, redondo y pleno (doce por mil por doce) podría simbolizar no solamente el todo de los salvados, sino toda la humanidad. Pero el vidente de Apocalipsis impone su visión reduccionista: omite la mención de la tribu de Dan, conocida por su infidelidad (cf Jue 18; omitida en 1 Cr 4-7); en su lugar se pone la de Manasés, parte de la tribu de José. Está queriendo decir, de nuevo, que la salvación no tiene un componente absolutamente universal, sino que hace relación a la fidelidad: los fieles se salvan, los que no lo son quedan relegados. Es la manera de querer suscitar fidelidad en quien se siente perseguido y, por supuesto, fiel.
  4. Pero luego resulta que en la liturgia celeste participa “una muchedumbre innumerable de toda nación y raza, y pueblo y lengua” (Ap 7,9). “El autor subraya más la incontabilidad y universalidad de esta muchedumbre, que su identificación más específica”[117]. Además, se puede decir que “el mesías de Dios ha reunido a toda la humanidad”[118]. Si es muchedumbre innumerable no se puede aplicar el principio de exclusión a causa de la fidelidad; si es de toda raza, no se puede aplicar tampoco el principio de elección; si es de todo pueblo, tampoco se podría aplicar el principio de pertenencia social o religiosa; y si se trata de una muchedumbre de lenguas diversas habrá que aplicar el principio de multiculturalidad. Es decir, el teólogo corrige, de algún modo, la tendencia restrictiva del vidente, como queriendo decir que la ciudad nueva demanda un tipo de amor de componente universalista porque los amores restrictivos vuelven a generar situaciones de inhumanidad como la misma persecución que sufren los fieles.
  5. Define el teólogo a esta multitud como “los que han salido de la gran persecución” (Ap 7,14). En su mentalidad restrictiva puede referirse a los tiempos de Nerón o al imperio opresor de Domiciano o, simplemente, a acciones puntuales contra las minorías religiosas, una de las cuales el naciente cristianismo. Pero también puede entenderse como aquellos “que han consumado su éxodo y han alcanzado la tierra prometida”[119]. En este caso, esta muchedumbre universal está ante el Cordero por el simple hecho de haber hecho el camino histórico. Eso “da derecho” a participar de la liturgia del Cordero, a participar el herencia prometida. Es la entrega del “Cordero”, el haber blanqueado (?) las vestiduras, la vida, en la sangre del Cordero, en su entrega, lo que avala el camino histórico y, con ello, el “derecho” de participar en la liturgia plena (Ap 7,14). Es decir, la posibilidad de participar en la liturgia salvadora tiene en la entrega de Jesús su motor y en la humanidad, en la historia, su beneficiaria natural.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • El amor universal de Jesús:  Ya que la propuesta del reino no está destinada a una religión concreta, sino que apunta al horizonte humano. De ahí que el mismo Jesús, siendo judío, fuera impelido a hacer una oferta en tierra de paganos[120]. Proponer el reino como oferta de amor universal sería un beneficio para la espiritualidad de la familia humana. Proponerlo en un marco religioso, una reducción.
  • El amor a todos puede ser una falacia: Si no supone unos comportamientos, ideológicos y prácticos, de universalidad. No puede sucumbir la reflexión teológica la paradoja de decir que se ama a todos, porque el evangelio lo manda, y hacer de hecho guetos ideológicos[121], morales[122], o sociales. La profecía del amor universal acarrea grandes implicaciones que, de llevarlas a la práctica, daría como resultado un pensamiento teológico y una iglesia en la que aparecería que no vive y trabaja “pro domo sua”, sino para la causa de la universalidad, para la felicidad del conjunto humano y creacional. 
  • Amores universales y evangelización: No son aquellos que quieren que todo el mundo sea cristiano, sino aquellos que anhelan que toda persona, toda cultura, alcance el grado de humanidad suficiente para vivir hoy. Para ello hay que reconocer el valor intrínseco de cada cultura y respetar los tiempos históricos de cada pueblo. Desde ahí se podrá hacer una oferta de aquellos que se considera un valor, la experiencia creyente.
  • La bondad de la acción política: A nivel de documentos, está reconocida por la misma Iglesia católica: "La vida teologal del cristiano tiene una dimensión social y aún política que nace de la Fe en el Dios verdadero, creador y salvador del hombre y de la creación entera. Esta dimensión afecta al ejercicio de las virtudes cristianas o, lo que es lo mismo, al dinamismo entero de la vida cristiana. Desde esta perspectiva adquiere toda su nobleza y dignidad la dimensión social y política de la caridad. Se trata del amor eficaz a las personas, que se actualiza en la prosecución del bien común de la sociedad con lo que entendemos por Caridad Política... Se trata más bien de un compromiso activo y operante, fruto del amor cristiano a los demás hombres, considerados como hermanos, en favor de un mundo más justo y más fraterno con especial atención a las necesidades de los más pobres"[123]. No es necesario abundar en esta clase de textos[124]. Más allá de todo deterioro, de toda corrupción, de toda malversación del caudal público, la Iglesia siempre ha defendido en su doctrina la necesidad, la bondad y la exigencia de la acción política[125]. Habrá que recordar esto cuando la política concreta produzca arcadas en la sensibilidad del

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • La política como forma de amar: Considerar la política como una forma de amar provoca en el hombre de hoy, irremediablemente, una sonrisa de incredulidad. Visto que los políticos y sus formaciones parecen ser tiburones que se devoran unos a otros, apreciando que la actividad política encierra mil y una corrupciones, sabiendo por la historia cercana que la política ha llevado a desastres inconmensurables, decir que la política y el amor pueden ir de la mano parece una broma de mal gusto. Y, sin embargo, en el fondo de la acción política, en general, no deja de subyacer el sueño nunca apagado de una historia de personas, de una ciudad de seres humanos, de una relación asentada sobre la justicia y la equidad. Eso, de alguna manera, está ahí y negarlo es la mejor forma de decir que tan extraño anhelo no ha abandonado el camino humano, sino que se sigue, y nunca con más fuerza, instalado en él.
  • Estrategias de la nueva política: Así son ya algunos de nuestros ciudadanos y no pocos movimientos sociales que, aunque no derriban al sistema, aunque son ninguneados, ridiculizados, olvidados, desechados, están ahí haciendo obra de regeneración política. Son grupos que entienden la libertad con vocación inclusiva, que piensan que igualdad no equivale a homogeneidad, que propugnan una justicia global, por no decir cósmica, y que anhelan una solidaridad empática y compasiva. Son, en definitiva, auténticos apóstoles del bien común en la era moderna, amenazada, como todas, por el egoísmo y el individualismo, elementos persistentes en la historia humana.

 

  1. 4.       Lectura subrayada

 

No llores por los pobres: llora por sus verdugos

 

Mi hermana me lo comunicó así: “Hoy, con Regis, hemos ido a Ben Junes; al llegar al primer grupo que nos esperaba, nos hemos “topado” con la furgoneta del Ejército; estaba metiendo a los emigrantes… Ellos, pidiéndonos ayuda; nosotros dos, atónitos… Se nos han llevado a nuestros hijos, delante de nuestras narices, y nosotros sin poder hacer nada. Después,  piensas: quizás podías haber intercedido por ellos, hacer parar la furgoneta… Sólo hemos llorado y rezado. Hemos llegado a Tánger con el corazón encogido”…

 

Mi hermana, con Regis, iba a llevar alimentos a los emigrantes que, en el bosque de Beliones, sobreviven mientras esperan una oportunidad para entrar en la ciudad vallada de Ceuta. Si queremos encontrarnos con ellos, hemos de hacerlo manteniendo contacto permanente a través del teléfono, y no puedo dejar de pensar que los militares se han servido de esas llamadas para localizar y arrestar a quienes la caridad pide que se hagan visibles para coger el pedazo de pan que les llevamos.

 

En la misa del próximo domingo de Pascua, domingo del Buen Pastor, con Regis y con toda la comunidad eclesial, mi hermana escuchará las palabras del salmista: “La misericordia del Señor llena la tierra; la palabra del Señor hizo el cielo”. Y habrá de conjugar, con el corazón encogido, su experiencia de llanto en el bosque y la confesión de fe que se hace en la asamblea litúrgica: habrá de conjugar lágrimas de víctimas y misericordia de Dios, impotencia del creyente y memoria del poder creador de Dios.

 

Esa síntesis admirable, propia del Reino de Dios, la hará en ti, Iglesia amada del Señor, el Espíritu de Cristo. Sólo él sabe aunar lágrimas y alegría, debilidad y victoria, abajamiento y enaltecimiento.

 

Fíjate en tu Señor, en tu Pastor. Si lo reconoces en Jesús de Nazaret, ves que se hizo siervo de todos y dio la vida por sus ovejas. Si lo contemplas en la Eucaristía, su servicio y su vida entregada se te revelan en un pan consagrado, fraccionado, repartido y comulgado. Si lo ves en ti misma, ves que todavía hace suya tu debilidad, hace suyas tus lágrimas, hace suyos tus deseos de liberación. Si lo ves en los pobres, ves que en unos es olvidado, en otros perseguido, en todos menospreciado. Si lo ves en los emigrantes, el corazón se te encoge de pena porque, en ellos, todavía continuamos atormentado y crucificando a nuestro Señor. Es tu Señor el que, en Beliones, ha sido empujado a las furgonetas del ejército para ser desplazado lejos de las fronteras de un país de epulones, de amos, de dueños; una vez más tu Señor habrá sido humillado y vejado y abandonado como un no hombre, como un sin derechos, como uno de quien Dios se ha olvidado. Pero tú sabes que, en su debilidad, él es siempre tu Señor, él es siempre tu Pastor, él es el Resucitado a quien se ha dado para siempre todo poder.

 

Por eso hoy confiesas con las víctimas y se lo recuerdas a los verdugos: “Sabed que el Señor es Dios, que él nos hizo y somos suyos”.

 

Por eso hoy tú y tus pobres cantaréis con el salmista: “El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades”. Vuestro salmo resonará en la catedral y en las furgonetas del ejército; resonará en la asamblea del débil rebaño del Hijo de Dios, y en el corazón de aquellos a quienes el poder priva del derecho a un futuro digno del hombre. Esa misma bondad, la misma misericordia, la misma fidelidad, que son la esperanza de los pobres, serán el infierno de quienes los condenan a morir en la pobreza.

 

No llores, hermana mía, por los pobres: llora por sus verdugos.

 

Santiago Agrelo, Arzobispo de Tánger

 

 

XI

DESPLAZAMIENTO Y DESINTERÉS

POR LA ESPIRITUALIDAD

DE LA FAMILIA HUMANA

(2 Pe 3,1-8)

 

            Vamos a cerrar este curso con una relectura de un texto de 2Pe, escrito más tardío del NT, para percibir cómo ciertas preocupaciones religiosas desplazan y desconectan de la espiritualidad de la familia humana. Si lo hacemos es, justamente, para evitarlas y para re-conectar si es que se ha desconectado.  Los escritos del NT pueden enseñarnos también desde su negatividad. Es cuestión de leerlos en modos adultos.

Aunque se presenta como un testamento de Pedro, 2 Pe es el más tardío de los escritos del NT (de la primera mitad del siglo II) por su lenguaje, por su mundo conceptual, por el deterioro creyente, por su relación con Judas. Este último rasgo es decisorio, pues marca mucho al escrito[126]. Da la impresión que ya han desaparecido la primera y segunda generación de las comunidades cristianas. El mundo conceptual de la carta indica una época en la que ha cambiado el léxico cristiano. El autor conoce, además, los escritos de Pablo, seguramente redescubiertos tras haber “dormido” durante años. Tuvo problemas para ser incluida en el Canon y solamente lo logró a partir del siglo V. Quizá parezca que este conjunto de datos hacen al escrito irrelevante. Pero, dentro de sus límites, puede ser útil para suscitar la reflexión aunque, como hemos dicho, quizá haya que ir, a veces, en su “contra”. La estructuramos en base a cuatro momentos:

 

            1. El texto: 2 Pe 3,1-8

 

            1Ésta es ya, amigos, la segunda carta que os escribo. En las dos os refresco la memoria, 2para vuestra mente sincera recuerde los dichos de los santos profetas de antaño y el mandamiento del Señor y Salvador comunicado por vuestros apóstoles. 3Sobre todo tened presentes que en los últimos días vendrán hombres que se burlarán de todo y que procederán como les dicten sus deseos. 4Ésos preguntarán: “¿En qué ha quedado la promesa de su venida. Nuestros padres murieron y desde entonces todo sigue como desde que empezó el mundo”. 5Éstos pretenden ignorar que originariamente existieron cielo y tierra; con su palabra, Dios los sacó del agua y los estableció entre las aguas; 6por eso el mundo de entonces pereció inundado por el agua. 7Y por esa misma palabra, el cielo y la tierra de ahora están reservados para el fuego, guardados para el día del juicio y de la ruina de los impíos.

            8Pero no olvidéis una cosa, amigos, que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día. 9No retrasa el Señor lo que prometió, aunque algunos lo estimen retraso; es que tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, quiere que todos tengan tiempo para enmendarse. 10El día del Señor llegará como un ladrón, y entonces los cielos acabarán con un estampido, los elementos se desintegrarán abrasados y la tierra y lo que hace en ella desaparecerán.

            11En vista de esa desintegración universal, ¿qué clase de personas deberíais ser en la conducta santa y en las prácticas de piedad, 12mientras aguardáis y apresuráis la llegada del día de Dios? Ese día incendiará los cielos hasta desintegrarlos, abrasará los elementos hasta fundirlos. 13Ateniéndonos a su promesa aguardamos un cielo nuevo y una tierra nueva en los que habite la justicia (Is 65,17; 66,22)”.

 

                        Tenemos aquí la cuestión central de la carta que se plantea ya en las primeras horas de la historia de la fe cristiana[127]. Es una pregunta que corroe el creyente y pone a prueba no solamente la veracidad de la fe, sino su credibilidad ante quien rechaza el planteamiento de la espera próxima. El autor la formula poniéndola en boca de los mismos que la cuestionan: “¿En qué ha quedado la promesa de su venida?” (Pou estin hê epaggelia tês parousias autou: 3,4). Es una pregunta que deriva de la idea heredada de la primera generación cristiana (quizá del mismo Jesús) acerca de la inminencia del día del Reino de Dios[128]. Al no llegar materialmente ese día, la comunidad primera ha tenido que ir elaborando una espiritualidad de una “venida aplazada”. 2 Pe se suma a este intento y es el problema que trata de resolver. La primera respuesta es decir que la realidad histórica está enmarcada en el anhelo creador de Dios. No es un mundo a la deriva, sino una realidad con Dios dentro, una historia acompañada por el amor creador del Padre. Esto lo propone el autor de una manera inclusiva: entre el polo de la creación y el del día del juicio está incluida toda la existencia histórica: “Con su palabra, Dios los sacó sobre las aguas… y por esa misma palabra el cielo y la tierra están reservados para el juicio” (Kai di’hudatos sunestôsa tô tou theou logô… Hoi de nun ouranoi kai hê gê tô autô logô tetheraurismenoi eisin…eis hêmeran kriseôs: 3,4.7). Es decir, la pregunta por la venida del Señor no se puede responder correctamente si no se valora a la realidad histórica como algo inserto en el proyecto de amor del Padre. De ahí que sería correcto preguntarse no por qué tarda tanto en venir, sino si entiendo la vida que vivo como una historia de amor entre el Padre y la historia. Esa comprensión daría como resultado la posibilidad de poner a funcionar el mecanismo de la espera próxima, el único “productivo” y evangélico[129].

Con una serie de argumentos de raíz bíblica afronta el autor la pregunta por el retraso del Señor de modo directo. El primero de esos argumentos es la diferente manera de valorar el tiempo que tiene Dios. Para él “un día es como mil años y mil años como un día” (Hoti mia hêmera para kuriô ôs khilia etê hôs hêmera mia: 3,8). El argumento era conocido en los Salmos cuando éstos hablan de la brevedad de la vida[130]. Quizá se esté queriendo insinuar esa manera distinta que el creyente ha de tener de medir el tiempo, no sólo por la mera cronología, sino también por esa dimensión profunda que entiende el tiempo como elemento “manipulable” de cara a la venida del Reino. El segundo argumento es el de la paciencia de Dios. También es conocido. En el libro de la Sabiduría, libro escrito de cara a los paganos, se dice que Dios pudo haber destruido a los peores enemigos de Israel, los egipcios y los cananeos, pero no lo hizo porque se compadece todos y no odia nada de lo que ha hecho. Con su paciencia les dio ocasión de convertirse[131]. Dice 2 Pe que Dios tiene “paciencia con vosotros” (Alla makrothumei eis humas: 3,9). No solamente con quienes deforman el final y sostienen que ya se ha dado la resurrección, sino que su paciencia abarca a toda persona, también al creyente, porque toda realidad está necesitada de conversión, de horizonte, de camino hacia lo humano. Más adelante dirá: “La paciencia de Dios es nuestra salvación” (Kai tên tou kiriou hêmôn makrothumian sôtêrian hêgeisthe: 3,15). Es como si dijera que nos conviene que Dios tenga paciencia en el tiempo para que el proceso de humanización pueda culminar. Para que ese proceso avance es necesaria la mentalidad de la espera próxima, la certeza de que la acción de la persona puede adelantar o retrasar el día de la plenitud. La idea de un final del mundo catastrófico, al gusto de las catequesis judías de la época no es suficiente para borrar los trasfondos de los argumentos anteriores [132].

Aunque el autor no se extiende en demasía, deja ver con toda claridad que aceptar esta espiritualidad de la espera próxima tiene inmediatas consecuencias morales, altamente positivas (además de un comportamiento sexual y económico correcto). La primera de ellas es que quien entiende la espera próxima, tal como la entendió Jesús, se da a la tarea de construir una sociedad nueva asentada sobre la justicia: “Ateniéndonos a su promesa, aguardamos un cielo nuevo y una tierra nueva en los que habite la justicia” (Kainous de ouranous kai gên kanên kata to epaggelma autou prosdokômen, en hois dikaiosunê katoikei: 3,13)[133]. Este anhelo de justicia en el hoy de la historia se basa en la promesa de Jesús, la que él ha vivido y la que ha propuesto, la promesa del Reino entendida como nueva sociedad, ya que Jesús no anuncia tanto la salvación cuanto el reinado de Dios, esa nueva sociedad[134]. Desde ese apoyo necesario, quien vive la espera próxima trabaja para que la justicia habite en la historia y ésta se transforme en un cielo nuevo y una tierra nueva. No es realidad que va a venir dada de sí, sino que requiere la colaboración de toda criatura.

 

2. Derivaciones teológicas

 

  • ¿Una fe para el más allá?: Así es como normalmente lo ha entendido la espiritualidad cristiana: el éxito del camino creyente es salvarse en el más allá. Esta preocupación es ajena al Evangelio: el éxito del mismo es que amanezca el reino de Dios en la historia, cosa que es camino para el reino en plenitud en un “más allá” escatológico, no tanto temporal. Por eso, el creyente habría de estar preocupado, sobre todo, por el más acá como requisito previo para la plenitud de un más allá. Más aún, por paradójico que parezca, el “más allá” ha venido a meterse en el fondo del más acá, de la historia. Eso es lo que dice Jn 14,23. La familia humana es la beneficiara de esta  espiritualidad.
  • Una fe histórica: Hay que repetirlo mil veces: la especificidad de la fe cristiana es su componente histórico, la evidencia de que lo relativo a Dios se ha mezclado con la historia. Lo nuestro es una mezcla de intereses, de anhelos, de sueños, entre los de Dios y los de la historia. Despojar del componente histórico al camino cristiano es arriesgarlo a su pérdida de identidad. Por eso, la gran cuestión de la teología no es la escatología, sino la historia. Por eso mismo, el tema de la familia humana entra de lleno en los parámetros de una teología sensata.
  • Un lenguaje no sectario: 2P Pe sucumbe al sectarismo y emplea un lenguaje en esa dirección. Para la teología y la espiritualidad ese tipo de lenguaje es un gran obstáculo. Puede pensarse una teología asentada en las convicciones de la fe pero, a la vez, mantener un lenguaje no solamente respetuoso, sino incluyente. No todo depende del lenguaje cuestiones espirituales, pero una manera amplia y acogedora de hablar posibilita un acceso al corazón y a la mente del interlocutor. De lo contrario, la espiritualidad de la familia humana se bloquea.
  • El anhelo de justicia, anhelo de la familia humana: Por textos como 2 Pe 3,13 se podría conectar directamente con el tema de la familia humana. El sueño de la tierra nueva y del cielo nuevo, la realidad transformada, es un topos humano. Muchas religiones. Culturas, filosofías, filantropías han tenido un sueño semejante. Cada una con sus peculiaridades. La fe cristiana se suma a ese anhelo. La evidencia de que como familia humana podemos aspirar a él no hace sino reforzar la espiritualidad propia de dicha familia humana.

 

3. Derivaciones sociales

 

  • Una correcta lectura de los procesos históricos: La ciencia moderna nos enseña que los procesos históricos son de largo alcance. Los actuales estudios sobre la aparición de las especies nos hablan bien claro de esto: el campo de transición hacia el ser humano tuvo lugar hace 60 millones de años (cuando, tras la desaparición de los dinosaurios, se multiplicaron los mamíferos). Lemures en los árboles (55 millones de años), grandes simios (12 a 9 millones de años). Australopitecos (4,5 millones), género homo (1,7 millones), Neandertal (medio millón), Sapiens (200 mil años). ¿Somos tan especiales? Somos maravilloso polvo de estrellas, pero no somos los humanos el centro del universo. Somos un milagro de la vida en la tierra, pero no somos la corona de la vida. Descendemos de una fusión de bacterias, compartimos ancestros con los chimpancés y tenemos en común con ellos el 98,5% de nuestro ADN. “Los escasos cincuenta mil años del homo sapiens representan en su relación con la historia de la vida orgánica en la tierra algo así como dos segundos al fin de un día de veinticuatro horas. La historia de la humanidad civilizada llenaría pues, en esta escala, sólo un quinto del último segundo de la última hora”[135]. Una catarata de datos para introducir en nuestro imaginario la apertura más que la endogamia y la cerrazón. En este escenario de largo alcance para la familia humana es necesario enmarca la teología y la escatología.
  • Una llamada a la responsabilidad: Eso es lo que se deriva de la certeza del componente histórico de la experiencia cristiana. Una fe que sitúa su logro exclusivamente en el más allá corre el riesgo de generar una gran irresponsabilidad poniendo la vida en manos de los dirigentes, con el peligro que eso conlleva. Por el contrario, una fe histórica es aquella que lleva al creyente a tomar en serio sus responsabilidades sociales y políticas. Esto es lo que puede contribuir de manera decisiva a la espiritualidad de la familia humana.
  • La lucha por la justicia: lucha de humanidad: Hay quien piensa que la lucha por la justicia es algo ya superado, cuestión de otras épocas, de mayo del 68. Pero, en realidad, esta batalla acompaña el caminar humano. Por eso mismo, generar una espiritualidad saludable de la familia humana demanda interesarse y colaborar de manera implicativa en la lucha por la justicia. La teología habría echar fuego a ese anhelo de manera explícita.

 

4. Lectura subrayada

 

            Vamos a proponer algunos puntos de la Evangelio Gaudium que tocan, desde uno u otro lado, el tema de la “indiferencia”, ese peligro de absentismo del hecho humano que es nocivo tanto para la fe como para la espiritualidad de la familia humana.

 

54. En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera.

 

61. Evangelizamos también cuando tratamos de afrontar los diversos desafíos que puedan presentarse[56]. A veces éstos se manifiestan en verdaderos ataques a la libertad religiosa o en nuevas situaciones de persecución a los cristianos, las cuales en algunos países han alcanzado niveles alarmantes de odio y violencia. En muchos lugares se trata más bien de una difusa indiferencia relativista, relacionada con el desencanto y la crisis de las ideologías que se provocó como reacción contra todo lo que parezca totalitario. Esto no perjudica sólo a la Iglesia, sino a la vida social en general. Reconozcamos que una cultura, en la cual cada uno quiere ser el portador de una propia verdad subjetiva, vuelve difícil que los ciudadanos deseen integrar un proyecto común más allá de los beneficios y deseos personales.

 

203. La dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica, pero a veces parecen sólo apéndices agregados desde fuera para completar un discurso político sin perspectivas ni programas de verdadero desarrollo integral. ¡Cuántas palabras se han vuelto molestas para este sistema! Molesta que se hable de ética, molesta que se hable de solidaridad mundial, molesta que se hable de distribución de los bienes, molesta que se hable de preservar las fuentes de trabajo, molesta que se hable de la dignidad de los débiles, molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia. Otras veces sucede que estas palabras se vuelven objeto de un manoseo oportunista que las deshonra. La cómoda indiferencia ante estas cuestiones vacía nuestra vida y nuestras palabras de todo significado. La vocación de un empresario es una noble tarea, siempre que se deje interpelar por un sentido más amplio de la vida; esto le permite servir verdaderamente al bien común, con su esfuerzo por multiplicar y volver más accesibles para todos los bienes de este mundo.

 

276. Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. Verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto. En un campo arrasado vuelve a aparecer la vida, tozuda e invencible. Habrá muchas cosas negras, pero el bien siempre tiende a volver a brotar y a difundirse. Cada día en el mundo renace la belleza, que resucita transformada a través de las tormentas de la historia. Los valores tienden siempre a reaparecer de nuevas maneras, y de hecho el ser humano ha renacido muchas veces de lo que parecía irreversible. Ésa es la fuerza de la resurrección y cada evangelizador es un instrumento de ese dinamismo.

 

 

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño 2016



[1] La diferencia entre ricos-pobres, los nacionalismos excluyentes, la relación Norte-Sur, etc., tiene que ver con este componente de base.

[2] 98% como los chimpancés, 92 como el perro, 90 como el cerdo o la rata, 80 como la oveja, 75 como la vaca, 70 como la mosca, 23 como la levadura, 21 como el gusano, 20 como el arroz.

[3] El componente nacionalista de la Biblia, incluido el NT, es abrumador, desde Josué hasta Apocalipsis.

[4] GS 1.

[5] EG 268.

[6] Cf J. M. CASTILLO, La humanización de Dios. Ensayo de cristología, Ed. Trotta, Madrid 2009.

[7] L. ALONSO SCHÖKEL, La Biblia de nuestro tiempo, Ed. Mensajero, Bilbao 2009, pp.79-80.

[8] Lo que A. TORRES QUEIRUGA llama “el cambio de paradigma”; ver también J.SHELBY SPONG, “Las doce tesis. Llamada a una nueva reforma”, en Koinonía, p.2: “Si la comprensión teísta de Dios ha muerto, entonces se plantea enseguida la cuestión de si es Dios el que ha muerto o la definición humana de Dios. ¿Podemos encontrar un modo de hablar sobre Dios con otros conceptos, con otras palabras, o está Dios tan identificado con nuestro lenguaje teísta que muere cuando muere ese lenguaje? Esta es nuestra cuestión moderna”.

[9] El cap.III de la LG fue un gol por toda la escuadra, como lo hace ver H. KÜNG en el vol.II de sus memorias.

[10] La aversión de 13tv, televisión de los obispos, a los movimientos políticos de izquierdas es antológica.

[11] No hay campaña general e inversión en propaganda más que cuando llega la declaración de la renta para que el creyente ponga la x en la casilla correspondiente. Y como toda propaganda, es engañosa. El caso del piso de Rouco en Madrid ha sido escandaloso para muchos cristianos hasta el punto de construir una campaña de denuncia ante el papa Francisco.

[12] La iglesia española tiene como servidumbres mayores en lo político su dependencia de la derecha y los sistemas derivados del franquismo; en lo económico, su no cumplimiento de autofinanciación amparada en los desfasados acuerdos con la Santa Sede. Quedan otras servidumbres (como la histórica de la alianza con la intransigencia de los, sistemas, la Inquisición) que quedan en el trasfondo del imaginario social. Le costará mucho hacer ver que quiere ser “familia” de lo humano.

[13] Documento “La eucaristía, antídoto contra la indiferencia” del 7 de junio de 2015.

[14] Cuando se asegura que “la Iglesia no es una democracia” queremos pensar que se está diciendo que se es una democracia y más, una familia. No entendemos que se aluda con ello a la consagración de un sistema “monárquico” en tiempos como los actuales.

[15] NMI 50.

[16] I.ELLACURÍA, El reino de Dios y el paro en el tercer mundo, en Concilium  180 (1982) , p.595.

[17] E. Sábato, La resistencia,  Ed. Seix Barral, Barcelona 2000, p.120.

[18] J. SOBRINO, Redención de las víctimas y globalización,  en Concilium 293 (2001), p.138.

[19] El decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social que pretende establecer una relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza y entre los propios seres humanos frente a la situación de dominación hoy existente que está acabando con la naturaleza y frente a la explotación de las personas en beneficio de la producción y la rentabilidad económica de unos pocos. En el año 2010, el economista austriaco Ch. Felber diseñó un modelo de economía sostenible que pretende ser una alternativa a los mercados financieros. Desde entonces, más de 900 empresas de diversos países han optado por aplicar los criterios de la Economía del Bien Común, un movimiento que comienza a extenderse también por nuestro país y cuyo objetivo fundamental es implantar y desarrollar una verdadera economía sostenible y alternativa a los mercados financieros, en la que necesariamente participen las empresas.

 

[20] “Enseñaos unos a otros con toda sabiduría” (Col 3,16). La vieja distinción iglesia docente/iglesia discente es cuestionable.

[21] Valórese esta frase del Papa Francisco:  "La pobreza, para nosotros cristianos, no es una categoría sociológica o filosófica y cultural: no; es una categoría teologal. Diría, tal vez la primera categoría, porque aquel Dios, el Hijo de Dios, se abajó, se hizo pobre para caminar con nosotros por el camino. Y esta es nuestra pobreza: la pobreza de la carne de Cristo, la pobreza que nos ha traído el Hijo de Dios con su Encarnación. Una Iglesia pobre para los pobres empieza con ir hacia la carne de Cristo. Si vamos hacia la carne de Cristo, comenzamos a entender algo, a entender qué es esta pobreza, la pobreza del Señor" (18.5.13).

[22] Papa FRANCISCO, La alegría del Evangelio,  Ed. San Pablo, Madrid 2013, n.272.

[23] Cf R. TRIVERS, La insensatez de los necios. La lógica del engaño y del autoengaño en la vida humana,  Ed. Katz, Madrid 2013.

[24] EG 250-254 oscila entre una cierta apertura pero sin terminar de ceder y considerar a las demás religiones como interlocutoras al mismo nivel.

[25] Poco seguidos por la Iglesia en materias de moral sexual y reproducción humana.

[26] Por otra parte, dada la cuestionable moralidad de sus dirigentes (Strauss Khan, Rodrigo Rato) y sus ofensivos comportamientos (el presidente del Banco de España, Luis Linde,  a la vez que pide bajar los salarios y subir el IVA se sube a sí mismo un 6% su propio sueldo, ¡infame!). Cf J. J. MILLÁS, El tinglado, en El País,  12-6-15, p.48.

[27] Es chocante este gravamen del 21% cuando hasta las publicaciones pornográficas solamente soportan el 4% de impuestos.

[28] “El primer requisito en la política es la honradez intelectual. Si no existe honradez intelectual, todo lo demás es inútil” (J. Mujica).

[29] “Es verdad que la decencia es un ejercicio difícil, pero el que se mete en política debería hacerlo desde esa directriz de la decencia, una palabra tan sencilla y tan bonita como ser decente. Entregarte a los demás y no buscar los compromisos con tu propia, cerrada y a veces entristecedora individualidad y egoísmo. Hay otro texto de la Ética nicomáquea que dice que el principio de las relaciones que tengamos con los demás empieza por la relación que tenemos con nosotros mismos, y para tener una buena relación con la propia mismidad tienes que encontrarte digno de ti mismo, no engreído ni falsificador de tu propia personalidad, tienes que sentirte decente. Si yo me miro en el espejo y veo en mi historia algo negativo, sobre todo en relación con mi trato con los demás (y si soy político, no digamos), tendría que dimitir, pero no dimitir de un cargo, sino dimitir de ser humano, dimitir un poco de ti mismo” (Entrevista en Filosofía hoy). 

[30] Cf A. GRANDES, La bondad,  en El País, 25 de mayo de 2015.

[31] Otra denunciar (en eso se ha puesto casi siempre el énfasis) y otra saber leer con discernimiento los acontecimientos.

[32] Podemos decir que los cristianos estamos aquí gracias a Ezequiel.

[33] De hecho, el imperio persa importó colonos a las zonas despobladas de Samaría para que cultivarán la tierra, dando origen al pueblo samaritano, o eso dice la leyenda.

[34] Según el pensamiento de Teilhard de Chardin.

[35] En Filp 3,12 Pablo dice que “Jesús obtiene el premio para…”. Dios es el que obtiene el premio, no el supuestamente elegido.

[36] Ver el simpático artículo de D. ALEIXANDRE, “El destello”, en Alandar 261, 4-10-2009.

[37] Cf A. CABALLERO/F.AIZPURUA, La VR religiosa a la escucha del grito de la tierra y de los empobrecidos. Pobreza evangélica y compromiso,  Frontera Hegian 88, Vitoria 2015.

[38] En frase de Z. Bauman.

[39] Están a la base de muchos conflictos bélicos de hoy mismo.

[40] La Corte Penal Internacional, por ejemplo.

[41] Los 800.000 que aún pasan hambre, los más de mil millones que tiene  dificultades para tener agua potable y alcantarillado, los que carecen de vivienda, los que se ahogan en el mar o mueren en el desierto, el indigenismo expoliado, los campos de refugiados cronificados, las mujeres que sufren violencia sexual en territorios de guerra, los niños que trabajan, la persistente esclavitud.

[42] L. ALONSO SCHÖKEL dice que podría llevar por título: “A los gobernantes: sobre la justicia” (BNP p.1683).

[43]  φιλόψυχε, hapax en el AT.

[44] Sabiduría es de contexto griego, quizá en Alejandría, y contemporáneo con Jesús, un libro que influye mucho en Pablo y su escuela.

[45] Evidentemente es un tópico: los cananeos, como pueblo, no existen en el s.I.

[46] Cf J. M. CASTILLO, La humanizacion de Dios. Ensayo de cristología, Ed. Trotta, Madrid 2009.

[47] La lectura de la obra de  J. A. T. ROBINSON, Honest to God,  SCM Press, London 1963 (trad. Española Sincero para con Dios,  Ed.Ariel, Barcelona 19671) muestra la vigencia del imaginario tradicional más de medio siglo después de su publicación.

[48] Cf Jn 1,14.

[49] Cf Mt 15,10-20.

[50] Cf Mc 2,27.

[51] Cf Jn 4,24.

[52] Cf Jn 14,1.

[53] Cf Mt 7,21-23.

[54] Cf Lc 15,11-32.

[55] Cf Mt 5,45.

[56] Cf Mt 20,1-16.

[57] Cf Filp 2,6-11.

[58] Cf Jn 1,14.

[59] Cf Mt 18,10-14.

[60] Cf Mc 7,9-13.

[61] Cf Jn 16,27.

[62] Cf Jn 14,9.

[63] La persistente tentación de gnosticismo viene ya desde lejos. 1 Jn es todo un tratado antignóstico para reivindicar la “carnalidad” de Jesús, su pertenencia a la historia y la necesidad de pasar por ella como cauce imprescindible y único para el acceso a Dios: Cf R. SCHNACKENBURG, Cartas de san Juan,  Ed. Herder, Barcelona 1970.

[64] J. M. CASTILLO, La humanización de Dios. Ensayo de cristología, Ed. Trotta, Madrid 2009, pp.191-203.

[65] El Papa Francisco ha convocado un “año santo extraordinario de la misericordia” del 8 de diciembre de 2015 al 8 de diciembre de 2016 con el documento Misericordiae vultus (MV).

[66] Cf AG 15.

[67] Como muy bien dice Rom 7,14ss.

[68] Desde el principio agustiniano de la teoría del pecado original siempre ha habido negacionistas de altura (Julián de Eclana, obispo, contemporáneo de san Agustin hasta hoy: Cf. A. VILLALMONTE, El pecado y la gracia en la cultura occidental. Visión franciscana del hombre,  En Ed. Tenácitas, Salamanca 2010.

[69] Acusar a esta postura de pelagianismo es echar balones fuera. No se trata de doctrinas sino de mirar la realidad humana. La visión de la física cuántica deja obsoletos planteamientos teológicos como los del pecado original: Cf D. O’MURCHU, Teología cuántica. Implicaciones espirituales de la nueva física., Ed. Abya Yala, Quito 2014.

[70] J. MELLONI, “La justicia, pasión por la igualdad”, en AA.VV., Aldea global, justicia parcial,  Ed. Centre d’Estudis Cristianisme i Justícia, Barcelona 2003, p.70.

[71] Papa Francisco, La alegría del Evangelio,  nn.52-64.

[72] Cf H. ARENDT, Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalización del mal,  Ed. Lumen, Barcelona 2003.

[73]J. MARITAIN, Acerca de la filosofía de los derechos del hombre, Ed. Debate, Madrid 1991, p.116.

 

[74] G. BILBAO ALBERDI, “De víctimas y presos: una difícil pero imprescindible recuperación social tras la violencia”, en Galde 9-4-2013.

[75] A. MAALOUF, Identidades asesinas, Ed. Alianza Editorial, Madrid 1999, p.56.

[76] B. J. MALINA y R. L. ROHRBAUGH, Los evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I, Ed. Verbo Divino, Estella 1996, pp.351-352.

 

[77] Notemos que la edad media en aquella época no sobrepasaba los 30 años. Si damos crédito a Lc 3,23 quiere decir que empezó con toda la vida hecha. Tal vez eso despistó a su familia.

[78] Será una de las condiciones del seguimiento: Lc 9,60. Deducir de los evangelios una espiritualidad de la vida familiar convencional basada en la familia de Nazaret no deja de ser algo sorprendente.

[79] Como en Jn 20,19.26.

[80] Cf Jn 6,29.

[81] Cf 1 Cor 9; Rom 16.

[82] “El estilo mediterráneo en el ejercicio de la paternidad se basa directamente en el valor fundacional del honor-vergüenza. Los padres socializan a sus hijos para que sean absolutamente leales a su grupo de parentesco biológico, pues cada miembro de la familia comparte el honor de ésta y la conducta errónea de un miembro deshonra a todo el grupo. Las perspectivas en la vida de cada eslabón del grupo dependía de la solidaridad en la protección del honor familiar” (B. MALINA; Op.cit., p.369).

[83] Ver el decálogo de una secta en http://www.opus-info.org/index.php?title=Hijos_en_el_Opus_Dei/Ser_o_no_ser.

[84] Cf Rut 1,16.

[85] Ver: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=593.

[86] J. RAMBLA, “Testigos de una nueva justicia”, en AA.VV., Aldea global, justicia parcial,  Ed. Centre d’Estudis Cristianisme i Justícia, Barcelona 2003, p.203.

[87] M. ARROYO MENÉNDEZ, “Interpretaciones sobre la situación del catolicismo y al secularización en España”, en Iglesia viva, 257 (2014) p.103; Cf también: A. PÉREZ AGOTE, Cambio religioso en España: los avatares de la secularización, Ed. CIS, Madrid 2012.

[88]M. CORBÍ, “Una nueva espiritualidad más allá de las formas religiosas”, enhttp://www.cetr.net/modules.php?file=article&name=News&sid=407.

[89] M. Pilar Aquino, por ejemplo.

[90] Es cierto que se han dado pasos, por ejemplo: la inclusión del “acercamiento feminista” en IBI, o la composición de la Comisión Teológica Internacional en la que hay 7 mujeres sobre 30 miembros.

[91] L. SEQUEIROS, “El nuevo ateísmo científico (1). En el siglo XXI vuelve la negación de Dios aprovechando las redes sociales”, en Iglesia viva, 249 (2012) p.107.

[92] Personas como Brines, Valente, Saramago, Lledó, Sampedro, Boto, etc., puede tener este componente “místico” del que hablamos.

[93] Allá sigue el río y sus recodos, en la actual Kavala, antes Filipos.

[94] La actitud de Lidia (“si estáis convencidos de que soy fiel al Señor, venid a hospedaros en mi casa”) es todo un desafío: aceptar el hospedaje en una casa de paganos, de esos que, según La Misná, entierran a sus fetos en los bajos de sus casas, esas casa que son como cementerios. La respuesta de hecho suena a excusa: “Nos obligó a aceptar” (Hech 16,15).

[95] Se comprueba aquella teoría de Jn 4,31-38 la cosecha del reino viene ya; no hace falra esperar “cuatro meses”.

[96] CF Jn 16,22; J. A. Marina dice que construir la relación humana es más difícil que hacer grandes obras de arquitectura como las que nos depara la vida moderna.

[97] Cf el recurrente poema de Casaldáliga: "Al final de la vida me preguntarán: ¿has amado?... Y yo no diré nada. Mostraré las manos vacías y el corazón lleno de nombres".

[98] En el poema atribuido a él: “Y uno aprende…”.

[99] La descristianización de Occidente es un ejemplo: Francia ha superado el umbral del 50%. Pero los demás países van en esa dirección. Muchas zonas del globo también. ¿Puede ser leído como un cambio axial de época?

[100] En 1992 Juan Pablo II rehabilitó a Galileo.

[101] Así los hace GS 1, ya citado.

[102] L. BOFF, Virtudes I,  p.14.

[103] A. MAALOUF, Identidades asesinas, Ed. Alianza Editorial, Madrid 1999, p.56.

[104] Según el diario Público del 24-1-10 España necesitaría 7 millones de inmigrantes hasta 2030 para mantener la demografía y la cuotas de la seguridad social.

[105] Quizá tenga puntos en común con la “teoría política” de Rom 13,1ss, aunque allá, si no se considera el pasaje un texto espurio, habrá que leerlo desde la perspectiva del “culto auténtico” de Rom 12,1.

[106] Es conciencia común, como lo muestra ampliamente Apocalipsis, que los días finales han de estar precedidos de grandes tribulaciones.

[107] La misma estructura de los estudios teológicos, ¿no está demasiado alejada del hecho civil normal? Clases para clérigos en horarios a su comodidad, no implicación con las Universidades civiles (másteres), poca proyección a la vida ciudadana normal…

[108] Como lo hacía el obispo Gaillot.

[109] Todos los que van a la radio pública o escriben en diarios no religiosos.

[110] Que se vea realmente que las causas de Cáritas o de la HOAC son apoyadas realmente por la jerarquía eclesiástica.

[111] Por ejemplo las posturas de los obispos Agrelo o de Casaldáliga.

[112] Como cuando van los Papas a la ONU o a Estrasburgo.

[113] Experiencias como: no me voy a quedar sin casa, no me voy a quedar sin luz eléctrica, no me voy a quedar sin trabajo, etc.

[114] Leyendo 5,39 como un texto de resistencia, no de humillación.

[115] Al menos en las cultura monogámicas.

[116] E. MARTÍNEZ GARRIDO, Algunos aspectos de la especularidad narrativa: la identificación en la identificación, la literatura en la literatura,  en Revista de Filología Románica, ED. Universidad Complutense, Madrid 1986,  p.275.

[117] P.RICHARD, Apocalipsis, Ed. Tierra Nueva, Quito 19972,  p.106

[118] X. PIKAZA, Apocalipsis, Ed. VD, Estella, p.108.

[119] J.MATEOS, NT, E. Cristiandad, 1987,  p.1186.

[120] Cf Mc 7,24-31.

[121] El ya clásico de que fuera de la Iglesia no hay salvación.

[122] La exclusivización de textos como la Humanae Vitae o la poca entrega a la causa de la construcción de una moral de corte universal.

[123] COMISIÓN PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Los católicos en la vida pública,  Madrid 1986, nn.60-61.

[124] Ver el sorprendente texto de EG 205.

[125]Cf EG 205.

[126] Véase sobre todo la relación entre  1,5 con Jds 3; 1,12 con Jds 4-16; 3,2-3 con Jds 17-18; 3,14 con Jds 24.

[127] Cf A. T. QUEIRUGA, La revelación de Dios en la realización del hombre,  Madrid 1987, pp.314-33.

[128] “Os aseguro que aún no habréis acabado de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre”: Mt 10,23.

[129] Todas las preguntas sobre la escatología dependen, de alguna manera, de la idea de Dios que se tenga. Ésa es la cuestión a solucionar.

[130] Sal 89,4.

[131] Cf Sab 12,10.12. “Actuando así nos enseñaste que el justo debe ser humano”: Sab 12,19.

[132] Cf Mt 24,4-7 que recoge el pensamiento de Dan 9,24-27.

[133] Cf Is 65,17; 66,22.

[134] “Puede decirse que el ‘reinado de Dios’ proclamado por Jesús no aparece como la clave de una visión esotérica de la historia; más bien un slogan contemporáneo que se refería a Dios fue tomado por Jesús como el término-clave en su vívida afirmación de que Dios está activo entre nosotros”: J.MATEOS-F.CAMACHO, El Evangelio de Marcos. Análisis lingüístico y comentario exegético, Córdoba 1993, p.109, n.9.

[135] W. BENJAMIN,  Escritos políticos, Abada Editores, Madrid 2012, p.180.

Marcos 27

CVMc

Domingo, 26 de mayo de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

27. Mc 4,21-23

 

Una reflexión inicial:

 

            Lo que sale a la luz, generalmente, se desvirtúa, se desenfoca. El brillo le arrebata el alma y lo que era hermoso termina siendo pasto de los focos de un plató que engulle a todo lo que entra en él.

                Por eso mismo hay que tener mucho cuidado para que lo que sale a la luz permanezca en su identidad, en sus valores y pueda ser interesante, causa de luminosidad, para quien anda por la vida sin caer en el brillo cegador de una luz que nos descoloca.

                ¿Cómo ser luz sin que ésta se desvirtúe?. Únicamente si no se pretende el brillo personal, sino que se pretende el brillo de la compasión y de la justicia. Cuando lo que se desea es que la compasión suba de nivel y que la justicia sea considerada, se es luz y no hay peligro de autogloria, de autoafirmación, de egoísmo insensible, de caer en las garras de un yo indiferente a la situación de los demás.

                La luz de los platós nada tiene que ver con la luz de vida. Aquella es ruidosa y sirve para poco; esta es callada, aunque sea luz, y se convierte en instancia luminosa para muchos que andamos en zonas de sombras.

                Si la humilde luz de la compasión acompaña a nuestro modo de estar en la vida y si somos capaces, cada vez más, de aguantar la cegadora luz de la justicia, estaremos siendo instancia de luz para otros. Si lo que pretendemos es el simple brillo de mi propio ego, nuestra luz no alumbrará un metro más allá de nosotros mismos.

 

El texto

 

21-¿Acaso se trae la lámpara para meterla debajo del perol o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? 22Porque si algo está escondido es para que se manifieste, o si algo se ha ocultado es para que salga a la luz. 23¡Si alguno tiene oídos para oír, que escuche!

  • Este es un texto de ánimo para la primera misión cristiana: el mensaje escuchado en las ignotas tierras de Galilea tiene que ser extendido al imperio, tiene que ser luz para otros pueblos. Y eso es lo que ocurrió, dentro de una cierta modestia.
  • Pero, trayéndolo a nuestro caminar humano diario, se plantea la dialéctica entre lo público y lo privado, lo luminoso y lo oculto. En ese sentido hay que prevenir al texto bíblico desde nuestros contextos de hoy: lo oculto que sale a la luz, a los focos, a la primera página, al escaparate, tiene el peligro de desvirtuarse, de corromperse, de quedar cegado por el brillo de los focos. Y entonces, una propuesta quizá buena se convierte en un endiosamiento personal que no sirve a nadie. Ojo, pues, con algo, con alguien, cuando sale a la luz.
  • Cuando el texto dice que lo que se pone en público es para que “se manifieste” está queriendo indicar que eso ha de ser en beneficio de aquello que debe manifestarse, el reino de Dios, reino de la compasión y de la justicia. Si el manifestar no va acompañado de una subida de nivel en temas de compasión y de justicia, hay que sospechar.
  • Escuchar la importancia de la compasión y de la justicia solamente pueden hacerlo oídos que tengan alto contenido humano. Si, por el contrario, ese componente humano es escaso, el mensaje de la compasión y de la justicia se hará inaudible.

 

Para pensar u orar:

  1. Que nuestra luz no deslumbre a nadie sino que ilumine con sencillez.
  2. Que seamos luz de compasión y de justicia.
  3. Que huyamos del brillo que nos roba el alma.

 

 Un valor: Amar la luz de lo humilde

 

                Porque normalmente se ama la luz de lo brillante, de lo que cuenta, de lo que tiene eco social. Amar una luz humilde es difícil. Por eso habrá que amar:

  • La fuerza de los pocos, porque en ellos reside la fuerza de la profecía que habla lenguaje de futuro.
  • El brillo de lo oscuro, porque en lo oscuro también hay brillo, aunque no deslumbre, aunque no consiga seguidores a porrillo.
  • El valor de los que tragan su miedo, porque el brillo humilde está hecho también de miedo vencido, de temor asimilado, de conflicto elaborado.
  • El vigor de quienes dudan, porque no todo es duda en la persona, y en la duda y el temblor hay, a veces, mucha determinación.
  • El coraje de quien sabe que la justicia y la compasión están de su lado, aunque esos valores no le sean explícitamente reconocidos.

 

Una foto:

 

Esta señora es Margarita, una gallega de 101 años que aún cultiva su huerto con sus propias manos. Luces humildísimas: ¿qué puede iluminar una persona así? El amor por la tierra con la que a diario mancha sus manos y de la que vive; el amor por el trabajo humilde, fuente de bienes y de honradez; el amor por la soledad, porque en soledad trabaja; el amor por la vocación ecológica a “labrar y cuidar” la tierra; el amor por la vida simple como una vida con sentido. Luces humildísimas, menospreciadas por muchos, lejos de los focos de los platós y de los periódicos (de no ser esporádicamente). Pero luces, al fin y al cabo.

 

Un poema:
 

LA NUBE

 

Nube, viaje del agua  por el cielo...

nube, cuna del agua niña,

meciéndose en el aire traspasado

de pájaros...

Nube: Infancia celeste de la lluvia...

 

Dulce María Loynaz

 

 

 

 

 

                Con esta hojita finalizamos los envíos por este Curso. Reanudaremos en setiembre. ¡Buen verano!

 

Marcos 26

CVMc

Domingo, 15 de mayo de 2015

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

26. Mc 4,13-20

 

Una reflexión inicial: 

 

                Lo que nos salvará será una mirada humana sobre la vida. Hay a quienes estas cosas les suenan a “buenismo”, a falsa utopía, a no tener los pies en tierra. No hay más que ver las reacciones al discurso del papa cuando hace unos días le dieron el premio Carlomagno. Los adalides del realismo se le echaron a la yugular viniendo a decir que, cuando menos, este tío está en las nubes. Y, sin embargo, la mirada del Papa era la mirada de la persona humana en profundidad.

                Lo mismo ocurre con personas de otro ámbito. Manuela Carmena suele repetir que ella no se resigna a tener que acarrear con enemigos. Según ella, es posible andar por la vida sin ellos. Y vuelven a decir los realistas: es estar en las nubes.

                Pero lo que nos salvará es nuestra capacidad de mirar con humanidad las situaciones de vida y el corazón de los demás. Esa mirada es la que puede devolvernos a ese estado de la persona donde la fraternidad social sea posible. De lo contrario estamos abocados a una vida gris, sin sabor y llena de dolor.

                Quien sabe mirar con humanidad termina por ser humano, en la medida que pueda. Quien no quiere mirar con humanidad, da pábulo a lo más oscuro que lo habita y de ahí al gran disgusto de vivir solamente hay un paso.

 

El texto

 

13 Les dijo además:-¿No habéis entendido esa parábola? Entonces, ¿cómo vais a comprender ninguna de las demás? 14 El sembrador siembra el mensaje. 15 Éstos son “los de junto al camino”: aquellos donde se siembra el mensaje, pero, en cuanto lo escuchan, llega Satanás y les quita el mensaje sembrado en ellos. 16 Éstos son “los que se siembran en terreno rocoso”: los que, cuando escuchan el mensaje, en seguida lo aceptan con alegría, 17 pero no echa raíces en ellos, son inconstantes; por eso, en cuanto surge una dificultad o persecución por el mensaje, fallan. 18 Otros son “los que se siembran entre las zarzas”: éstos son los que escuchan el mensaje, 19 pero las preocupaciones de este mundo, la seducción de la riqueza y los deseos de todo lo demás van penetrando, ahogan el mensaje y se queda estéril. 20 Y ésos son “los que se han sembrado en la tierra buena”: los que siguen escuchando el mensaje, lo van haciendo suyo y van produciendo fruto: treinta por uno y sesenta por uno y ciento por uno.

 

  • La persona de “junto al camino” es la que sucumbe a una mirada injusta. No hay nada que hacer. La injusticia desfigura la realidad y donde se cree que funciona la lógica del mercado y de la economía, lo que funciona es la lógica de la inhumanidad.
  • La persona del “terreno rocoso” es la de quien mira sin atender a las raíces, sin apuntar a la profundidad. Una mirada superficial hace superficial todo lo que mira. Nada tiene importancia, se pasa de todo, no hay que enfadarse por nada (siempre que a mí me vaya bien).
  • La persona de “las zarzas” es la mirada siempre preocupada, excesivamente preocupada. No encuentra tiempo para disfrutar un poco, para pasar un buen rato, para situarse en el terreno de la alegría. Es una mirada siempre apresurada, no se sabe a dónde se va.
  • La persona que “va haciendo suya la Palabra” es la que va haciendo cada día el camino de lo humano. La que se interesa por llegar a entender algo de este “misterio”, la que termina por creer que lo más importante de esta vida es lograr entrar a la casa del corazón del otro, nuestra casa verdadera.

 

Para pensar u orar:

  1. 1.       ¿Te resulta interesante llegar a mirar con mirada humana a las personas y a las cosas?
  2. 2.       ¿Crees que podemos ayudarnos a esto en algo?
  3. 3.       Mira con esa mirada a quien te rodea, con quien convives, incluso a los de lejos.

 

Un valor: Aprender a mirar bien

 

                No es algo que va de sí. Hay que trabajarlo poco a poco, día a día.

  • Mira sin prejuicios, sin velos, sin estereotipos, sin tópicos.
  • Mira sin engaño, sin doblez, sin segundas intenciones.
  • Mira con benignidad, con compasión e incluso con ternura.
  • Mira con sentido crítico, con información, con una valoración equilibrada.
  • Mira con perdón, con capacidad para volver al comienzo.
  • Mira como quisieras que los demás te miraran a ti.

 

Una foto:

 

            Es una de tantas fotos conmovedoras de los refugiados sirios. Es este Abdul HalimAttar, un padre sufriente, al borde del llanto, que trata de vender bolígrafos con su hija dormida a cuestas. ¿Cómo no leer estas vidas con el corazón, con una mirada profunda? ¿Cómo podemos decir luego que no vengan, que no entren, que os quitan la identidad? ¿Es posible? Si algún día estas fotos no nos dicen nada, desapuntémonos del Evangelio.

 

Un poema:

 

Consejos llegados del afuera: algunos lugares, algunos momentos nos inclinan,

hay como una presión de la mano, de una mano invisible,

que nos incitan a cambiar de dirección (de los pasos, de la mirada del pensamiento);

esta mano podría ser también un soplo, como el que orienta las hojas, 

las nubes, los veleros. Una insinuación, en voz muy baja,

como de alguien que susurra: mira, o escucha, o simplemente espera.

Pero, ¿tenemos tiempo para esperar, paciencia para esperar?

Y además, ¿se trata realmente de esperar?

 

 

PhilippeJaccottet

 

 

Pentecostés

PENTECOSTÉS: FIESTA DE LIBERTAD

 

            ¿Cómo sacudir de los pliegues del alma el polvo que se posa en ellos y oculta sus mejores vibraciones? El cristiano que lee el título de este pliego está amenazado de cansancio, de cosa conocida, de terreno hollado.  ¿Qué puede aportar una reflexión sobre un Pentecostés de novedad? ¿Qué decir a estas alturas de la fiesta y de la libertad, conceptos que reverdecieron allá por mayo del 68 y que consideramos ingenuos en esta época donde todo está ya sabido, donde lo que vale es lo que se nos cuenta, etiquetado, en un hashtag?

            Y, sin embargo, esta es la hora de insistir en lo que hay que insistir, precisamente por su decisividad. Y la fe cristiana no puede vivir verdeante sin la continua renovación de su Pentecostés. Y se ahoga en la tristeza si no reivindica la fiesta. Y se sumerge en el gris de lo inhumano si no anhela y bebe con sed el agua dinamizadora de la libertad.

            Por eso hoy, en este eón nuestro de consumo y de indiferencia, pero también de anhelos y voces nunca acalladas del  todo, en estos pasos humanos queriendo escuchar lo que no se oye y ver lo que no aparece, plantear un Pentecostés de fiesta y de libertad es algo que brota de los adentros más vivos, de los últimos reductos de los sueños.

            Pueden ayudarnos todavía los versos del poeta cabrero, Miguel Hernández, que Joan Manuel Serrat cantara de manera tan viva que, aún hoy, la vitalidad de la vieja melodía sigue intacta: “Para la libertad, sangro, lucho, pervivo”. Y luego está la fiesta, la alegría compartida. No es cierto aquello que afirmaba Margarita Duras de que “la alegría no nos necesita”. Nosotros a ella, sí. Y quitarla de la vida, quitarla de la fe es asomar la nariz a la negrura del infierno.

            Por otra parte, Pentecostés es el final de la Pascua, de esta Pascua del Año de la Misericordia. La misericordia, dice el Papa Francisco es “fuente de alegría, de serenidad y de paz” (n.2) porque “Dios es alegría sobre todo cuando perdona” (n.24) y “desea vernos colmados de alegría y serenos” (n.24). Recuerda el Papa los viejos textos de la profecía de Isaías, siempre vigorosos, en los que se dice explícitamente que el verdadero ayuno es “dejar en libertad al oprimido”, tarea siempre acompañante del caminar humano (n.17). Razones, todas ellas, para leer la realidad de la Pascua desde la perspectiva, siempre interesante, del gozo compartido, la fiesta, y los horizontes soñados en fraternidad, la libertad.

            Podría entonarnos un poemilla, algo amañado, publicado recientemente por José Jiménez Lozano:

 

Cántaro roto, su agua derramada,

como la vida del hombre cuando muere,

no puede recogerse,

y así siglo tras siglo

y desgarro a desgarro.

Más la fiesta y la libertad,

aún también derramadas como agua

pueden recogerse. Es un hecho, una certeza.

 

  1. 1.     La “locura” de la libertad

 

Hubo en la década de los 70, cuando la “primavera” del Vat.II y del momento social una especie de descubrimiento de lado festivo de la vida y, con él, de la vivencia cristiana. Si uno abre, aún hoy, Las fiestas de locos de H. Cox, de sus envejecidas páginas brota todavía la frescura de un sueño, el aire nuevo de otro lenguaje, la novedad que conecta con el “estado original” del que hablaban los teólogos medievales. Fueron tiempos de novedad. Y allí, la libertad adquirió una densidad vital notable.

Los mismos autores católicos se tomaron el trabajo de generar reflexión sobre la libertad cristiana de maneras actualizadas. Decía J. Mateos en su Cristianos en fiesta: “Celebrar exige inventiva; hay que encontrar formas aptas de expresión. Si en la antigüedad la celebración papal se inspiró en los rituales imperiales, pertenecientes a la vida civil, también tienen hoy derecho los cristianos a aprovechar los datos de la cultura que contribuyan a su celebración”.

Pero, para regocijo de algunos, las aguas volvieron  a su cauce. Viene a la memoria aquel luminoso párrafo del hace poco fallecido U. Eco en su difundida novela El nombre de la rosa:  “Al aldeano que ríe, mientras ríe, no le importa morir, pero después, concluida su licencia, la liturgia vuelve a imponerle, según el designio divino, el miedo a la muerte. ¿Y qué seríamos nosotros, criaturas pecadoras, sin el miedo, tal vez el más propicio y afectuoso de los dones divinos?”.
Así somos. Oscilamos entre la libertad y el miedo. Y quizá en este momento de la sociedad y de la Iglesia, haya que volver a poner énfasis en la fiesta y en la libertad para que no olvidemos que estamos hechos para la fiesta, no para el trabajo; para la libertad, no para la fatiga.
La libertad está hecha de respiro, de pluralismo, de deslumbramiento. De respiro porque un ahogo y un sofoco estremecen el caminar humano hasta creer que la angustia es compañero inseparable de nuestro caminar, de tal modo que, cuando escampa e intuimos que podemos respirar nos parece que eso es un espejismo. De pluralismo, porque si hay algo que sofoca es la uniformidad, la ley para todos igual de opresora, la ceguera que no distingue matices y colores. De deslumbramiento, ya que quien no queda gozosamente estremecido por lo inesperado termina perdiendo el brillo de lo que le rodea. Y ¿qué regalo es, la vida, sin brillo?
La fiesta está hecha de fantasía, creatividad y gozo vital. La fantasía no es algo irreal sino la proyección de los mejores anhelos que tienen dificultades en encontrar una salida humana. La fantasía, tan estigmatizada socialmente, desvela la dimensión paradisíaca de la vida. La creatividad logra que los días sean desiguales y que la novedad azucare la sosera de las jornadas sin gusto. La creatividad que es valor de niños que ahondan y de adultos que no quieren abandonar su lado infantil. El gozo vital, tan herido por el daño, la limitación, la envida y la mentira, pero tan vivo a pesar de tantas cuchilladas.
Cuando hablamos de la libertad como una “locura” estamos hablando de las locuras del amor. ¿Cómo vamos a poder plantear la libertad si nunca hemos hecho locuras de amor? Estas locuras tienen tales riesgos que muchos las consideran insensatas, cuando no nocivas, humillantes, despersonalizadoras. Por eso se vuelve a la seriedad de la norma. Pero las locuras de amor tienen una oculta sensatez, aquella que la captan quien sabe, a la vez, de la dicha y de la “desdicha de amar” que decía J. Ferrat. De esa sensatez loca está hecho el corazón de la libertad.
 
2.     La fuente de la libertad cristiana
 
Es cierto que Pablo de Tarso fue, forzado por las circunstancias, un pensador decisivo para el tema de la libertad cristiana, como se muestra en el volcánico texto de Gálatas. No deja de extrañar que un “hebreo de pura cepa” (Filp 3,5) reflexione con tanta agilidad y haga formulaciones donde corren tan libremente los vientos de la libertad. ¡Cuántos creyentes agobiados por el peso de la estructura eclesiástica han encontrado alivio y refugio en las decisivas palabras de Pablo! ¿Hasta dónde fue capaz, él mismo, de situarse en ese terreno de hermosura y desamparo que es la libertad?
Pero la fuente de la libertad cristiana es, para el creyente, el mismo Jesús que supo, en un ambiente muy restrictivo y amando las estructuras religiosas de las que hizo parte, aprender, no sabemos muy bien por qué vía, la senda asistémica de la libertad.
Jon Sobrino se pregunta en La fe en Jesucristo qué es lo que impactaba de Jesús que, al menos en los primeros meses de la misión, llevó a que grandes masas de gente, más allá de las cifras bíblicas de los evangelios, lo siguieran de manera ferviente. Sobrino hace una lista de asuntos que, a su juicio, provocaban tal impacto. Y una de esas cosas es esta: “De Jesús impactaba su libertad para bendecir y maldecir, para acudir a la sinagoga en sábado y para violarlo, libertad en definitiva para hacer el bien”.  Una libertad inusitada para bendecir niños (Mt 19.13-15; Mc 10.13-16) y para maldecir a ricos (Lc 6,24-26), con lo que eso conllevaba
Es un texto emblemático de libertad militante el de Lc 6,1-5, las espigas arrancadas en sábado. Advertido Jesús de la grave transgresión de sus discípulos que han “trillado” (trabajo prohibido en sábado) restregando las espigas en sus manos un día de sábado, Jesús responde, dialécticamente, reescribiendo la escena de 1 Sam 21,1ss. En aquel texto se dice que David solo pidió pan a Ajimélec y que este, sin poner pegas, le dio cinco panes de la ofrenda amablemente. No hay en las escena ningún forzamiento. Pero Jesús relee la escena de otra forma: David y sus tropeles entran en el templo y cogen por su cuenta el pan de la ofrenda sin ningún tipo de miramiento porque el hambre da derecho a coger el pan. Una libertad militante.
¿Dónde aprendió Jesús este tipo de libertad en un marco social y religioso tan coactivo como el suyo? En Lc 6,12 se dice que Jesús se pasó la noche orando. Nada sabemos del contenido de esa oración hecha en la aspereza de la noche, en el silencio y en el descampado. Pero es razonable que ahí se forjaran sus mejores dinamismos, uno de los cuáles, su increíble libertad, su libertad para hacer el bien. Una libertad para el bien, ese es el distintivo de la libertad cristiana, la de Jesús.
Poco se ha valorado la libertad de Jesús, englobados estos valores en el cubretodo que es su ser divino. Pero en esa fuente mana la libertad cristiana, gozosa y osada, asistémica y delicada, profética y cuidadosa, inclasificable y entregada. Quizá haya sonado en la Iglesia la hora de recuperar la hermosa libertad de Jesús.
En la hermosa película De Dioses y  Hombres de X. Beauvois,  uno de los hermanos trapenses de Thiberine, el hermano Luc, el viejo médico, dialoga con el abad diciéndole que no teme a la muerte porque se considera libre. Cuando se marcha de la celda del abad, se levanta renqueante y con retranca afirma: “Dejad pasar al hombre libre”. Hoy habría que tomar este eslogan como nuestro: dejemos pasar a Jesús, el hombre libre, que tan maniatado está por nuestros miedos, nuestra normativa, nuestro interesado juego al sistema. Dejemos paso al hombre libre para que su siembra de libertad no se agoste.
 
3.     Un relato de libertad
 
Los relatos bíblicos son destilados de experiencia creyente que admiten, como todos los textos vivos, muchas posibilidades de lectura. El texto de Hech 2 ha sido leído casi siempre como un texto de efusión del Espíritu Santo. Y lo es. Pero puede ser leído también como un texto de libertad, allí donde se cumple aquella profecía que formulará posteriormente Jn 3,8 diciendo que el espíritu es como el viento, que oyes su ruido, no lo ves, ni sabes de dónde viene ni adónde va, pero que no hay duda de que está ahí.
Efectivamente, el Espíritu se da en la fiesta de Pentecostés, quincuagésimo día después de la Pascua judía, fiesta de las primicias de la cosecha. Una cosecha nueva, la del Espíritu. Cosecha de novedad. Si algo hubiere nuevo, eso es la libertad. Una libertad “vieja” es una contradicción flagrante.
Todos reciben el Espíritu, los “ciento veinte” reunidos (1,15), múltiplo de doce, el nuevo Israel de la comunidad global. El Espíritu es oferta común de libertad, porque una libertad restringida, privatizada, no es verdadera libertad.
Cuando el relato habla “violenta ráfaga de viento” manifiesta, por un lado, la fuerza del la libertad y, por otro, la oposición que ejerce la persona para admitir una propuesta espiritual de libertad. Nunca le ha sido sencillo a la libertad abrirse paso al corazón de la persona. Nunca se le ha facilitado a la libertad el enorme trabajo de “romper los hielos del alma”, como dice J. Hierro.
El Espíritu impetuoso de la libertad resuena en toda la “casa”, en el ámbito de la comunidad, en su estructura interior. Una comunidad sin libertad no es la casa del Espíritu. Fundamentar la fuerza de la comunidad cristiana en la uniformidad y en la mera autoridad es ir por sendas no espirituales.
La metáfora de las “lenguas como de fuego” está indicando un fuego que no es devorador, como el anunciado por el Bautista (Lc 3,9.16), sino que es un fuego para la misión, lenguas, para ofrecer con pasión lo que se vive con pasión. La libertad arraiga en el fuego de la pasión y se extingue en el apagado pábilo del desaliento.
Contrariamente a lo que piensa el sistema de que la libertad disgrega, el Espíritu une las diversas lenguas, sin anularlas, hasta el punto de que es posible entenderse por encima de su notable diferencia. Es una experiencia misionera habida ya: la multiplicidad de lenguas de la cuenca del mediterráneo no ha sido óbice para que se lleve a cabo la misión del reino. Lo que quiere decir que el Espíritu de libertad nunca será un factor de desunión, de disgregación, temor grande de quienes propugnan la uniformidad. Las divisiones no le han venido a la Iglesia por la libertad, sino por las ambiciones e imposiciones.
Las tres categorías de personas (nativos de Jerusalén, residentes y forasteros) apuntan al todo de la humidad. El Espíritu de libertad no está constreñido por ninguna clase de regiones ni de tiempos. Privatizar al Espíritu es ahogar la libertad. Identificar al Espíritu con una sección de la experiencia creyente en empobrecer el aliento espiritual del Evangelio.
La universalidad de los pueblos, según una línea imaginaria, los enlaza los cuatro puntos cardinales partiendo del oriente, pasando por el centro y terminando en occidente. Todo el hecho humano y cósmico queda envuelto en esta llamada a la libertad que se hace en la fiesta de Pentecostés.
El discurso de Pedro, que ha recibido el Espíritu, se desliza hacia una libertad condicionada: hay que arrepentirse y bautizarse necesariamente para recibir el Espíritu (se comienza a restringir por razones cristianas). Pero, de acuerdo con una lectura “libertaria” de este texto, habría que mantener a ultranza la universalidad del Espíritu de libertad.
Efectivamente, el Espíritu y su inalterable libertad es más que una confesión, que una iglesia, que una comunidad creyente. Es patrimonio de todo el hecho creacional. Por eso, toda realidad creada está amasada en la libertad y arrebatarle tal libertad es un acto contra el Espíritu. Medir la comprensión de la vida desde el baremo de la libertad es medirla desde el baremo del Espíritu.
 
4.     ¿Un nuevo manifiesto de la libertad?
 
Allá por el 1520 Martín Lutero publicó su decisivo De libertate christiana con sus 32 tesis sobre la libertad en que se trataba de entender el hecho creyente no como una religión de sumisión sino de liberación. Que el garante de la libertad, la Iglesia, se hubiera convertido en su amo y que el uso que se dio a las tesis luteranas en las revueltas de los campesinos fuera el que fue, es harina de otro costal.
Hoy, a 500 años de la reforma luterana y tras la “rehabilitación” que Benedicto XVI hizo de la figura de Lutero en el convento de Erfurt allá por 2011 quizá estamos en condiciones de proponer un nuevo manifiesto de la libertad cristiana no contra nadie, sino a favor del Espíritu que es libertad pura y que quiere encontrar casa en la historia humana para hacerla más libre y más gozosa.
 
Manifiesto de la libertad
 
·        Seguimos enamorados y anhelantes de libertad, a pesar del maltrato que le damos y de las heridas que le infligimos.
·        Creemos en la certeza de que el divino fuego de la libertad arde sin consumirse en el fondo de la estructura humana.
·        Tenemos por cierto que la persona libre es la meta del caminar humano y que ese anhelo en el horizonte es irrenunciable.
·        Nadie podrá inducirnos a creer que es un comportamiento humano el oprimir a otro humano e, incluso, a las creaturas. Somos todos una familia de seres llamados a la libertad.
·        A pesar de las enormes opresiones que aún sojuzgan a los humanos, reafirmamos nuestro compromiso de participar en una sociedad de iguales. Mientras llega ese día lejano, trabajamos con ahínco por una relación en la mayor libertad posible.
·        Acariciamos la posibilidad de un nuevo orden mundial donde el equilibrio de fuerzas no sea el que lo mantenga en pie, sino la más elemental libertad que es la antesala del amor.
·        Nunca renunciaremos los cristianos al sueño de la libertad. Hacerlo sería traicionar al hombre libre, Jesús, y a su costosa siembra de libertad.
·        Y, porque la comunidad cristiana ha de anunciar el reino de la libertad, nos mantendremos firmes en la postura de quien quiere vivir en una Iglesia de libertad, aunque sean hoy numerosos los comportamientos que la contradicen.
·        Convencidos, como nos lo recuerdan los últimos Papas, de que la fe no se impone sino que se propone, haremos los cristianos una propuesta de fe en el marco de la más respetuosa libertad. Perseverando en ello conseguiremos que depongan sus actitudes impositivas otros modelos de pensamiento u otras religiones.
·        Notamos que nuestras manos acarician el horizonte de la libertad. Por eso nos remangamos para el arduo y hermoso trabajo de construir un marco histórico de personas y creaturas libres.
 
5.     El nudo gordiano
 
No es otro sino el modo de comprender la autonomía o la heteronomía de la persona y su comportamiento moral. Quienes afirman la autonomía de la persona y su libertad niegan la heteronomía, que las reglas de la partida las marque un Dios desde fuera. Quienes sostienen que es ineludible el recurso a Dios y que la libertad ha de pasar por ese trámite de la conexión con Dios, afirman que la libertad sale potenciada, aunque construyen sospechas en torno a la libertad de la persona.
      A nivel teórico parece que la cosa está más o menos solucionada. Teólogos como A. Torres Queiruga lo explican así: Creando desde la libre gratuidad de su amor, Dios funda y sostiene la libertad sin sustituirla; crea para que la criatura se realice a sí misma. La llamada divina que, de entrada, pudo parecer una imposición (heteronomía), aparece como tarea insustituible de la propia persona, invitada a realizarse, optando y decidiendo por sí misma (autonomía), para acabar reconociendo su acción como idéntica al impulso amoroso y creador de Dios (teonomía).
La teología actual expresa esto hablando de teonomía, es decir, hablando de "la razón autónoma unida a su propia profundidad" (P. Tillich). La teonomía, al incluir la palabra "Dios" (theós), califica esa autonomía, no para negarla, sino para evitar la ruptura de su relación con lo divino en una perspectiva distinta. Relación obvia para el creyente que, como criatura, sabe que tanto su ser como su esfuerzo en la búsqueda le vienen de Dios. Interpretado esto como imposición, lleva a la heteronomía e interpretado como don gratuito y llamada amorosa, no sólo no disminuye su autonomía, sino que la afirma. Cuanto más se abre la criatura a la acción creadora, más es en sí misma y más se potencia su libertad.
Pero el problema no está en la teología, sino en algo mucho más cotidiano: ¿quién y cómo se ejercita la libertad, quién y cómo se gestiona, qué uso se hace de ella y cómo se valora ese uso, etc.? Es decir, lo más complicado es el modo de usar el producto. Y ahí hay quienes se erigen en instancia legal, en gestor moral, en autoridad para marcar líneas rojas, en intérpretes certeros de una teoría que es amplia y espiritual.
Las enormes corruptelas a las que puede llegar una determinada gestión indican que es preciso buscar en otra dirección a la hora de vivir la libertad. Esa dirección no podrá ser otra que la fraternidad hecha de comprensión, respeto, benignidad y también sentido crítico. Efectivamente, sin benignidad la libertad se desliza al inhóspito terreno de una legalidad sin alma; sin sentido crítico la libertad puede degenerar en tremendas opresiones.
 
6.     El sueño de una sociedad libre
 
Algo a lo que no han renunciado ni los grandes (M. L. King, N. Mandela, A. S. Suu Kyi) ni los luchadores desconocidos (T. Vásquez, W. Abu al-Khair, L. Piung). Su apuesta se ha sellado muchas veces con su sangre o con precios muy altos en moneda de prisión o de exilio. Pero han sembrado la enorme utopía de una sociedad libre. Y su siembra no ha sido en vano.
Una sociedad que aspira a la  libertad habría de superar el  ya de por sí hermoso anhelo de igualdad apuntando a la equidad. Este es aquel valor que considera que es de justicia cuidar más a quien es socialmente más frágil. A este le asiste un derecho que le viene de sus carencias, de su situación de inferioridad. Pretender la libertad en la mera igualdad es empobrecerla.
Además, para que amanezca el hermoso día de una sociedad de iguales resulta necesario luchar a brazo partido contra la madre de todas las opresiones: la desigualdad. Hablar de libertad en una sociedad desigual como la nuestra es hablar de música celestial. De ahí que la lucha por la libertad adquiere una relevancia enorme cuando se la concreta en el tocable camino de la lucha por la igualdad.
En tercer lugar, el sueño de una sociedad libre si se lo quiere algo más que una simple ensoñación, habrá de enraizarse, como lo afirma el Papa Francisco por activa y por pasiva, en la superación de la indiferencia y de la conciencia aislada. Aquella lleva a la frialdad de considerar que mientras yo sea libre, me resulta indiferente la suerte de los demás. Esto no puede desembocar sino el enorme error existencial de que a mí se me debe la libertad y no a otros. Y la conciencia aislada en la tóxica burbuja de quien ni sabe ni le interesa que existe un mundo de náufragos, de “descartados”, como dice otra vez el Papa.
Finalmente, la sociedad libre no nacerá del parto de la tecnología, sino del de la espiritualidad. Considerar la espiritualidad como un valor social, no primariamente religioso, puede ser un camino para el valor primordial de la espiritualidad que es la libertad. Una sociedad espiritual es una sociedad más rica humanamente y más cercana a ese día  “como un pájaro sobre la rama más alta” como cantaba L. Aragon.
 
7.     El sueño de una Iglesia libre
 
Vista la trayectoria histórica de la Iglesia y algunos de sus actuales comportamientos, hay quien deduce que libertad e Iglesia es un auténtico oxímoron. Sin embargo, no se puede negar que muchas son las causas de la libertad que ha apoyado la Iglesia y no pocos los cristianos y cristianas que se han dejado la piel en el empeño. Países enteros en general y personas individuales en concreto han sido más libres por la acción de los cristianos.
Por eso no ha de extrañar que el sueño de la libertad haya acampado para siempre en los anhelos de no pocos creyentes. Precisamente por eso, cuando son interpelados sobre su continuidad en la comunidad cristiana, vistas las heridas que se infligen a la libertad, responden que se quedan porque la quieren más libre, más ceñida al programa de aquel “hombre libre” que fue el Nazareno.
Se va cumpliendo parte del sueño de libertad cuando vemos que el Papa enseña libertad en materias de economía (LS’ 203), o de cuidado de la creación (LS’ 78) o desde una ética humanista (LS’ 105). Y también cuando se proponen los caminos de la libertad desde el mismo hecho de creer (EG 165. 280). La misma reflexión cristiana ha de tener el componente de la libertad (EG 40). De manera que una enseñanza amasada con la libertad dará, en su momento, frutos positivos de humanidad y de fe.
Quienes reaccionan diciendo que es tarde para esta espera, que ya se ha demostrado que nada se consigue esperando sería bueno que meditaran esta frase hermosa de LS’ 205: “Sin embargo, no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan. Son capaces de mirarse a sí mismos con honestidad, de sacar a la luz su propio hastío y de iniciar caminos nuevos hacia la verdadera libertad. No hay sistemas que anulen por completo la apertura al bien, a la verdad y a la belleza, ni la capacidad de reacción que Dios sigue alentando desde lo profundo de los corazones humanos. A cada persona de este mundo le pido que no olvide esa dignidad suya que nadie tiene derecho a quitarle”.
 
8.     Necesitados de un nuevo Pentecostés
 
La necesidad de un nuevo Pentecostés es perentoria porque se ha agudizado la necesidad de la libertad, dadas las circunstancias de la sociedad moderna. El cambio de estructuras eclesiásticas y de estructuras personales es posible. No son los sistemas tan compactos como para que no quede un fisura por la que se cuele el viento del Espíritu.
Necesitamos una purificación y un cambio de rumbo en las grandes estructuras católicas. Es necesario que entre en esos lugares viciados por prácticas discutibles longevas el aire fresco de un Espíritu de transparencia y cercanía al pueblo cristiano. Ha sonado hace tiempo la hora de que la fe no sea fiscalizada ni manipulada por secretos designios que la comunidad cristiana ignora. Las manipulaciones secretas deben terminar.
Necesitamos un esfuerzo de adaptación a este mundo secular de hoy desde una fe libre y misericordiosa. El Papa está dando múltiples pruebas de un lenguaje dulcificado, suavizado, humanizado. Necesitamos un nuevo Pentecostés para pasar del lenguaje a gestos y de estos a posturas nuevas ante un mundo que, aunque mantiene una cierta adhesión al hecho cristiano, le da la espalda en los comportamientos cotidianos.
Necesitamos un nuevo Concilio que haga hoy un similar esfuerzo como el que hizo el Vat. II. Necesitamos que la Iglesia vuelva de nuevo a abrir las ventanas cerradas por miedo a contraer enfermedades que el Señor salió a los caminos a curar. Necesitamos que la profecía vuelva al seno de la Iglesia, como la “gloria” que se marchó del templo según los relatos de Ezequiel.
Necesitamos el ímpetu del Espíritu para hacer que el laicado entre de manera real por la puerta grande del bautismo y no por la pequeña de la escasez de vocaciones sacerdotales y religiosas. Necesitamos el Espíritu para confiar en los bautizados, para confiar en quien realmente decimos confiar.
Nuestra necesitad de una nueva fiesta de Pentecostés se debe a que, en el fondo del alma, los cristianos no nos hemos apeado de la certeza de que la dicha y el gozo constituyen el programa de Jesús y de que para eso hemos entrado en la comunidad de creyentes.
 
9.     La fuerza de lo humilde
 
La fiesta de Pentecostés clausura la Pascua. En realidad, es la que abre la Pascua al mundo, la que, siguiendo los pasos de las primitivas comunidades cristianas, se lanza al “afuera” de la realidad para hacer la oferta del Reino desde el compartir caminos, desde el trasvase de experiencias, desde las lágrimas y sufrimientos comunes. Más que final de algo, resulta ser comienzo de una aventura. Y para generar aventuras, la libertad es imprescindible. Si no estamos para aventuras, ¿para qué ha servido celebrar el triunfo de Jesús, aventura total?
Los vientos de libertad de hoy son, para muchos cristianos, auténticos huracanes, destructores tsunamis. Por eso, se vuelven al refugio de los cuarteles de invierno, a la doctrina segura, a la moral inalterable. Pero esa postura es contraria a la vieja “parresía”, al miedo vencido, al “rostro como el pedernal” para afrontar las situaciones de la vida. El Espíritu de libertad es riesgo. Y quien no quiera correr tal riesgo renunciará, a la vez, a la hermosura de la libertad, libertad hecha también de desamparo.
Habría que comenzar por emplear un lenguaje de libertad, del mismo modo que el Papa se empeña en decir que hoy es imprescindible el lenguaje de la misericordia. También lo es el de la libertad. Hay muchos corazones, en la Iglesia y fuera de ella, que son como desiertos sedientos de que alguien vierta el agua fresca de la libertad. Quienes tienen miedo dar esa agua, si es que la tienen, exponen al sediento a su muerte.
Hemos de escuchar las melodías de la libertad que no se cantan, quizá, en las iglesias, sino en los festivales de música, en las gargantas de las manifestaciones por los derechos humanos, en las concentraciones que proponen otras democracias, en los gritos sofocados de los empobrecidos. Es la voz del Espíritu de libertad la que canta en esos grandes coros humanos.
Puede ser que nuestra reflexión no haya logrado hacer que salte la chispa brillante del anhelo de libertad. Pobreza humana. Puede ser que viendo el conjunto de opresiones que construimos los humanos no logremos mandar al destierro a la desesperanza. Pero este lado gris es una prueba más de que existe ese otro lado de la niebla que hay que cruzar, el lado de la libertad. Lo dice muy bien este poema de José Jiménez Lozano con el que queremos terminar, pues no está mal recurrir a los poetas cuando se habla del Espíritu:
 
Desde el “Campo de Tiro”,
herido, casi muerto, un pichoncillo
se arrastró hasta el poblado
y anunció a las buenas gentes:
“Si ya no os oprimen
y os dan libertad vuestros señores,
es que, cual los platónicos,
llaman libertad a la muerte.
Ya os lo anuncio”. Pero, en el poblado,
se rieron, arguyendo
que, de seguro, era un antiguo ángel.
¿Qué podría entender de nuestro mundo?
 
***
 
 
 
 
 
 

Marcos 25

CVMc

Domingo, 8 de mayo de 2015

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

25. Mc 4,10-12

 

Una reflexión inicial:

 

            Ante problemas o situaciones arduas de la vida escuchamos con frecuencia: yo, de eso no entiendo. De política, no entiendo; de economía, no entiendo; de justicia, no entiendo; de pobrezas, no entiendo. Pero, ¿no se entiende o no se quiere entender?

                La vida muestra que cuando nos toca de cerca un problema (de tribunales, de hipotecas, de relaciones difíciles) se puede entender aunque uno no sea experto en leyes.

                Para entender es necesario, en primer lugar, tener deseo de entender, querer mezclarse a eso, a ese problema, aunque la cosa me complique la vida. Además, hay que acercarse, porque de lejos las cosas se ven siempre mal. Incluso habrá que informarse y preguntar a quien ha pasado por ahí, porque los otros nos pueden enseñar muchas cosas. Y, claro está, habrá que estar dispuesto a tomar postura. Esto último es lo que más nos enseña.

                La vida ciudadana y la vida cristiana queda siempre en el aire si no hay implicación. Mientras lo cristiano no toque la realidad de nuestra casa, de nuestra persona, de nuestros componentes sociales, siempre será una bella teoría, bella, pero teoría.

                El Evangelio no quiere tanto admiradores de sus enseñanzas, sino seguidores/as que estén dispuestos a remangarse.

El texto:

 

            10Cuando se quedó a solas, los que estaban en torno a él le preguntaron con los Doce la razón de usar parábolas. 11Él les dijo: -A vosotros se os ha comunicado el secreto del reinado de Dios; ellos, en cambio, los de fuera, todo eso lo van teniendo en parábolas, 12para que por más que vean no perciban y por más que escuchen no entiendan, a menos que se conviertan y se les perdone (Is 6,9-10).

 

  • Las parábolas son muy poco habituales en el Antiguo Testamento. Sin embargo, Jesús las usa mucho. Es un modo popular de explicar algo. De manera que son parábolas que la gente sencilla las entendía. Quizá no sacaran las consecuencias que Jesús pretendía. Por eso dice “ven sin percibir”.
  • A los discípulos se les revela “el secreto del reino” porque están con Jesús y entienden a qué va. Ese “secreto” es muy sencillo: Dios quiere hacer de la historia una sola familia, la de los hermanos que se respetan y aman. Esta “reconciliación” de fondo es el secreto designio de Dios (así lo dice san Pablo), la razón del reino.
  • Esa cita de Isaías es una cita de “despecho profético”. El profeta quiere que se le entienda y acepta. Pero si no aceptan, ¡que les zurzan!. Algo parecido ocurre con Jesús: explica el reino, lo entienden, pero no aceptan. Pues ¡que les den! En realidad es un grito de dolor ante la incomprensión de los planteamientos de Jesús.

Para orar o pensar:

  • ¿Entendemos el Evangelio pero nos implicamos?
  • Profundizar en el Evangelio puede ser una buena ayuda para entender el “secreto”.
  • Ser hermano/a es el secreto. Así de sencillo.

 

 

 

Un valor: Sentirse concernido

 

            Alguna otra vez hemos hablado de la amenaza de la indiferencia: mientras algo no me pase a mí, si les pasa a los demás allá penas. La indiferencia es uno de los peores azotes morales de la sociedad de hoy (esto lo dice en todos los tonos el papa Francisco).

                El antídoto contra esta “enfermedad” es llegar a sentirse concernido. No puede por ello sernos indiferente la situación de quien lo pasa mal.

                Para sentirse concernido hay que:

  • Percibir que todo está unido, que estamos más cerca de las situaciones de los demás que lo que nos parece.
  • Hay que darse cuenta también de que tengo parte en las situaciones de los frágiles. Ellos no tienen toda la culpa de sus desgracias. Yo, nuestra sociedad está también ahí con sus maneras de pensar, vivir, gastar, relacionarse, etc.
  • También será bueno caer en la cuenta de que mis comportamientos no son inocuos. Si no son justos, en otra parte del mundo, en otras personas, recae mi injusticia. Esto es verdad, por lejano que parezca.
  • En definitiva, no cabe eludir la responsabilidad de que una parte de la situación de los débiles se debe a nosotros. Como decía Rosa Montero, uno de esos ahogados en el mediterráneo, al menos, me toca a mí. Y esto no es lírica, es verdad de algún modo. Decir que yo no tengo parte en nada de eso es cerrar los ojos a la realidad.

 

Una foto:

 

                Miremos bien a este señor: es Mohamed Wasim Maaz, médico sirio. El único médico pediatra de un gran barrio de Alepo (Siria). El día 29 murió bajo las bombas. Su familia había huido. Él se quedó para atender a los niños en el hospital. Tenía 36 años. Iba a casarse. ¿Pensamos que no tenemos nada que ver cuando no hay manera de acoger a alguno de los sirios que huyen de este infierno? ¿Y aún tenemos el valor de decir que no tenemos que acogerles para que no se cuelen yihadistas? ¿Quién se acusa de este horrendo crimen”? ¿Quién tiene que hacer “penitencia”?

 

Un poema

 

Mira, ha entrado mayo,
Ha extendido su párpado azul sobre el puerto.
Ven, hace tiempo que no sé de ti,
Se te ve tembloroso, como esos gatitos que ahogamos siendo niños.
Ven, y hablaremos de las cosas de siempre,
Del valor que tiene ser amable,
De la necesidad de arreglárselas con las dudas,
De cómo llenar los huecos que tenemos dentro.
Ven, siente en tu rostro la mañana,
Cuando estamos tristes, todo nos parece oscuro;
Cuando estamos fuertes, el mundo se desmigaja.
Cada uno de nosotros guarda algo desconocido de las vidas ajenas,
Sea un secreto, un error o un gesto.
Ven y pondremos verdes a los vencedores,
Saltaremos desde el puente riéndonos de nosotros mismos.
Contemplaremos en silencio las grúas del puerto,
Porque estar juntos en silencio es
La mejor prueba de la amistad.
Vente conmigo, quiero cambiar de país,
Dejar este cuerpo mío a un lado
Y meterme contigo en una concha,
Con nuestra pequeñez, como los bígaros.
Ven, te espero,
Continuaremos la historia interrumpida hace un año,
Como si no tuvieran un círculo más
los abedules blancos de la ribera. 

Kirmen Uribe

 

 

 

Marcos 24

CVMc

Domingo, 1 de mayo de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

24. Mc 4,2b-9

 

Una reflexión

 

                La palabra “confianza” se ha convertido, hoy en día, en un auténtico talismán. Piden confianza los políticos, la piden los empresarios y, por supuesto, la piden los bancos. Se ve que sin confianza no hay posibilidad de hacer negocio. Pero cuanta más confianza se demanda, más parece escasear.

                No se llega a entender que la confianza no es una moneda de cambio ni una herramienta para hacer transacciones. La confianza es un asunto de la interioridad, del corazón, de lo que está en el terreno de lo vivo, de las entretelas del alma. Y si no se baja a ese lugar demandarla es un brindis al sol.

                Por eso mismo, quien quisiera situarse en el terreno de la confianza habrá de ser un experto en  interioridad, en corazones entreverados, en empatía, en caminos del corazón. Es en ese terreno peculiar del lenguaje del corazón donde se habla el lenguaje de la confianza.

                Quizá la comunidad, el grupo, los otros, sea una instancia buena para crecer en confianza. Lo meramente individual, el simple egoísmo constitutivo de la persona no abre puertas a la confianza. Cuanto más nos volvamos a los otros, más posibilidades de que mane la fuente de la confianza.

                Habría que hacer apuestas comunes para el logro de la confianza. Y quizá eso se logra empezado a confiar en quien tienes más cerca, en tu ámbito relacional cercano.

El texto

 

            2bJesús dijo: 3-¡Escuchad! Una vez salió el sembrador a sembrar. 4Sucedió que, en la siembra, algo cayó junto al camino; llegaron los pájaros y se lo comieron. 5Otra parte cayó en el terreno rocoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó enseguida, 6pero cuando salió el sol se abrasó y, por falta de raíz, se secó. 7Otra cayó entre las zarzas, la ahogaron y no llegó a dar fruto. 8Otros granos cayeron en la tierra buena: a medida que brotaban y crecían fueron dando fruto, produciendo treinta por uno y sesenta por uno y ciento por uno. 9Y añadió: -¡Quien tenga oídos para oír, que escuche!

 

                Esta clase de textos se han recopilado tras la experiencia de la misión cristiana primitiva. En esa aventura se ha experimentado que siempre ha habido fruto. Y, a la vez, que las pérdidas, de todo tipo, han sido también considerables. Pero la conclusión se impone: por muchas que sean las pérdidas, la posibilidad del fruto está ahí. O sea: nunca será estéril el hacer la propuesta del reino, siempre que se haga desde planteamientos humanizadores, más que desde perspectivas doctrinales.

  • La pérdida del camino es porque “los pájaros” (los paganos) se la comen. Hay modos sociales invasores que hacen mella en cualquier creyente.
  • La pérdida del terreno rocoso es la pérdida que acarrea la superficialidad, la banalización de lo más sagrado.
  • La pérdida de las zarzas es la de los frutos asilvestrados, porque las zarzas dan frutos, pero de poca utilidad.
  • La escala de producción es irreal: las espigas dan, como máximo, de 25 a 30 granos nuevos. Pero indica que siempre hay posibilidad de acogida, que nunca es estéril una oferta de humanidad.

La conclusión de quien lee esta lectura es que hay que levantar los hombros y respirar. Siempre la persona responderá con humanidad (en un grado o en otro) si se le hace una oferta de humanidad, si se acerca uno a ella con la confianza por delante.

 

Un valor: Mirar a lo profundo

 

            Lo hemos dicho muchas veces: nuestro mayor enemigo es la superficialidad. Es muy cómodo ser superficial, muy sencillo. Basta dejarse llevar. Pero eso nos hace muy vulnerables. Mientras que la profundidad es difícil lograrla, hay que trabajar mucho. Pero, en la medida en que se consigue, nos hace fuertes.

                Para que brote la confianza es preciso ser persona de profundidad. A mayor profundidad, más confianza; a menor profundidad, menos confianza. Por eso es importante mirar en la dirección de lo profundo. Para ello:

  • Animarse a preguntar las causas de lo que nos pasa.
  • Usar el diálogo como herramienta para acercarse a lo que no se ve de la persona.
  • Trabajar la reflexión, la lectura, todo aquello que empuja hacia lo de adentro.
  • Fomentar la contemplación, la visión ahondada, la mirada perspicaz para que se escapen el menor número de detalles.

La confianza no es una adhesión bobalicona, sino bien lúcida. Cuanto más se cultive la lucidez que anida en lo profundo, más posibilidad de una confianza hermosa.

 

Una foto

 

                Hay parejas que han hecho de la acogida un estilo de vida, no algo esporádico. Jesús Fernández y Marta Vázquez son una pareja de Zaragoza que llevan más de 14 años acogiendo a niños como alternativa a los centros de menores. Para ellos es como una vocación. No se podría hacer todo esto sin una confianza explícita en el valor de los niños, en su dignidad. Personas de “gran confianza”, sembradores de bondad. Jesús muestra en la foto el símbolo de inocencia y vida de los niños.

 

Un poema

 

A Job pidió un mendigo una limosna, y contestóle aquel: "¡Dios le ampare! Aunque

no debería nombrar a Dios, ciertamente,

porque estoy con Él en guerra".

Rogó el mendigo, entonces: "Si le vences,

¡por favor ni le hieras ni le mates!

Es mi amparo único".

 

                                     José Jiménez Lozano

 

 

Marcos 23

CVMc

Domingo, 24 de abril de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

23. Mc 4,1-2a

 

Una reflexión

 

            Para entender muchas cosas de la vida o, al menos, para encajarlas bien hay una clave inicial: apertura. Una menta abierta, un corazón abierto, una casa abierta es, en principio, una herramienta muy buena para entender el secreto de la vida, que estamos hechos para vivir el uno con y para el otro.

                La cerrazón, el corazón duro, la mente obtusa, el empecinamiento y cabezonería no llevan a nada; con ellos el camino se oscurece y se hace más pesado.

                Por el contrario, la persona de mente abierta vive más y mejor, los días se le hacen más livianos porque adquieren más sentido, la convivencia con las personas se le vuelve grata porque se aproxima a ese secreto último de las personas que se confunde con el ansia de ser feliz.

                Tener la mente y el corazón abiertos no debilita el núcleo de la propia identidad, como si acoger a otros y a otras situaciones en ese centro personal desplazara al yo. Al contrario, cuanto más se acoge, cuantos más caben en esa casa celosamente guardada del yo, cuantas más brisas recorren la tierra del adentro, más es uno mismo, más fuerte la propia identidad, más seguros los pasos sobre la tierra.

                De ahí que, aunque parezca un despilfarro, en la apertura está el secreto de la dicha y del sentido, el gozo de vivir simplemente como persona en el conjunto de la fraternidad humana y de la creación. Por eso mismo, nunca insistiremos demasiado: cuanto más abiertos, más humanos.

 

El texto

 

            4,1De nuevo empezó a enseñar junto al mar. Se congregó alrededor de él una multitud grandísima; él entonces se subió a la barca y se quedó sentado, dentro del mar. Toda la multitud quedó en tierra, de cara al mar, 2y se puso a enseñarles muchas cosas con parábolas.

 

                Esto es la introducción a la colección de parábolas que reporta el EvMc. Viene a decir que, para entender bien las parábolas, el mensaje del reino, hay que colocarse en tierra mirando al mar de Galilea, o sea, de cara a las ciudades paganas (la Decápolis) que están en la orilla oriental del lago. Al hablar desde la barca, Jesús “obliga” a que la gente se ponga de cara a los paganos a los que abominan. Como si se dijera: el reino es para todos, incluso para esos paganos que despreciáis. Quizá para ellos más que para ningún otro. Si no entendéis bien esto, no podréis entender nada de los que es el reino.

  • Jesús enseña junto al mar: el mar, para el judío, es el camino que lleva al paganismo. Israel no ha sido nunca un pueblo marinero.
  • Si se congrega una multitud grandísima es porque desvelan en Jesús el perfil de un Dios acogedor con el débil que no tenía el Dios de la legalidad judía.
  • Se subió a una barca: enseñar desde la barca es lo opuesto a enseñar desde una cátedra. Fragilidad, movilidad, riesgo, esos son los componentes de esta enseñanza.
  • Enseña sentado: con calma, con paciencia, de igual a igual no en pie desde la cátedra superior.
  • Dentro del mar: en el lugar mismo de la duda, del riesgo. No es una enseñanza dogmática sino sujeta a todos los avatares.
  • La gente se queda en la tierra, de cara al mar: teniendo ante sus ojos a los paganos. De alguna manera hay que integrar a la secularidad en el proyecto del reino.
  • La enseñanza en parábolas (inusual en toda la Biblia) indica que Jesús quiere llegar al corazón de la persona, del pueblo. Si no se entiende el reino cordialmente, no se entiende bien.

 

Un valor

 

            Dentro del valor que es la apertura, tiene un lugar especial la apertura al débil. Y ello porque en la fila de quienes esperan, están los últimos por su “inutilidad”, porque se dice que no aportan nada (no es así, pero…). Por eso, si se quiere medir el vigor de la apertura de uno, hay que mirar a ver su relación con el frágil. El Papa Francisco pone especial énfasis en ello.

  • Dice que hay que tener en cuenta a los “descartados” y crear un tipo de sociedad y de economía no solamente que los tenga en cuenta sino, sobre todo, que no los produzca.
  • Dice que hay que salir de la “indiferencia globalizada”, ese no importarme más que lo mío que me hace insensible a la suerte de los desheredados, de los empobrecidos.
  • Afirma también que hemos de salir de la “conciencia aislada”, una vida centrada en mis asuntos, instalados a perpetuidad en la orilla del yo, sin terminar de pasar nunca a la orilla del nosotros.

 

Una foto

 

            Una  foto más del tema de los refugiados sirios. Un griego trata de sacar del agua a un niño sirio que se ahoga. Gente, los griegos, algunos por lo menos, que se pone de cara al mar y de cara a los frágiles que se adentran en sus aguas y que da un socorro. Hacen lo que Jesús quería que hiciéramos cuando nos pone de cara al mar. Cumple, sin saberlo, el principal mandato del reino: hacer con ellos, con quien sea, lo mismo que necesita uno: ser sacado de las aguas de la muerte para poder vivir. 

 

Un poema

 

Cántaro roto, su agua derramada

como la vida del hombre cuando muere,

no puede recogerse,

y así siglo tras siglo,

y desgarro a desgarro. Mas la esperanza,

aun también derramada como el agua

puede recogerse. Es un hecho, una certeza.

 

José Jiménez Lozano

 

CAMBIAR LA TENDENCIA EN LA VIDA RELIGIOSA

CAMBIAR LA TENDENCIA EN LA VIDA RELIGIOSA.

LA AYUDA DE LOS APRENDIZAJES SOCIALES

 

Introducción

 

                Además de ayudar a regar las raíces de la persona, ampliar el espacio interior e iluminar horizontes, la reflexión puede ser un camino para el acrecentamiento de sentido. Por eso, un grupo que se reúne para reflexionar contribuye con ello al sentido de lo que vive ahora. Es preciso sacudir perezas.

            Y es que cuando hablamos de “cambiar tendencias” (luego diremos qué entendemos por tal), hay a priori personas que son refractarias a la misma reflexión. No quieren reflexionar pues lo consideran una pérdida de tiempo, una tarea que no produce ningún fruto. Les resulta mejor vivir en el no-saber y que las cosas rueden a donde tengan que rodar.

            Pero hay otros que, si fuera posible, no lo es, volverían a los viejos tiempos, a las viejas ideas, a los parámetros superados, a las ideologías hace tiempo desaparecidas. Sus esfuerzos, a veces desesperados, son infructuosos, pero los hacen y, en su ámbito más cercano, se empeñan en situarse en los tiempos que fueron y que ya no son.

            Evidentemente, hablar de cambio de tendencia en ambos casos no solamente es hablar de música celestial, sino resulta contraproducente porque levanta ampollas que no llevan a nada. ¿Cómo seducir para que este tipo de personas se desprendan del caparazón de lo ya vivido? Difícil cuestión.

            Sin embargo, en nuestros grupos fraternos, la mayoría de hermanos es más tolerante y predispuesta a la reflexión. Quizá haya quien, generosamente, viene a decir: preguntémonos lo que haya que preguntarse, aunque todo va a seguir, más o menos, igual. Es un paso, aunque abortado de salida. Y hay también quien está dispuesto a una reflexión que pueda llevar a un posible cambio de orientación. Aunque difícil, la cosa puede tener visos de posibilidad en la medida en que nos demos a la tarea.

            Hace ya mucho tiempo que J.B. Metz hablaba en su libro Las órdenes religiosas del duro aprendizaje que les esperaba a los religiosos: aprender el ars moriendi ante su incierto futuro. Hay pensadores de nuestra actual VR a quienes no les gusta la expresión: prefieren cambiarla por la de ars vivendi,  cómo vivir hoy con sentido, con ilusión, con ánimo, aun contando y más allá de nuestras limitaciones evidentes.

            Esta reflexión quiere inscribirse en esa orientación de ars vivendi. Por eso, aunque muchas de sus preguntas no tengan respuesta, aguantar ese tipo de cuestiones puede ser una puerta que quizá llegue a abrirse para vivir con más sentido lo que queremos vivir. No se lean, pues, estas reflexiones con el ceño fruncido, sino con el ánimo de quien se pregunta por lo que ama.

 

  1. 1.   La tendencia

 

Recurramos a la wikipedia para hacernos una idea de lo que es la tendencia: “El concepto de tendencia no es privativo de los mercados financieros. En un sentido general, es un patrón de comportamiento de los elementos de un entorno particular durante un período. En términos del análisis técnico, la tendencia es simplemente la dirección o rumbo del mercado. Pero es preciso tener una definición más precisa para poder trabajar. Es importante entender que los mercados no se mueven en línea recta en ninguna dirección. Los movimientos en los precios se caracterizan por un movimiento zigzagueante. Estos impulsos tienen el aspecto de olas sucesivas con sus respectivas crestas y valles. La dirección de estas crestas y valles es lo que constituye la tendencia del mercado, ya sea que estos picos y valles vayan a la alza, a la baja o tengan un movimiento lateral”.       

  • Comportamiento en un período inmediato: los pronósticos que se hacen sobre la VR son cada vez más a corto plazo. Generalmente se resumen en una retirada ordenada y humanizadora.
  • Dirección o rumbo: el rumbo es hacia un final cada vez más acelerado, aunque hay que contar con la enorme resistencia de los carismáticos.
  • Movimiento zigzagueante: existe, lo que hay que mirar es si se zigzaguea hacia adelante o hacia atrás.
  • Crestas y valles: decimos lo mismo. El que haya crestas y valles no es problema. La dirección sigue siendo la cuestión.

¿Cómo sería la tendencia, en general, de nuestros grupos religiosos, sabiendo que siempre hay excepciones en ellos y fuera de ellos?

1)    La tendencia demográfica es clara: se va en la dirección de una drástica reducción, de un final, aunque no suponga necesariamente la desaparición de la Congregación. No queremos decir que los grupos se van a acabar en cuatro días, no. Pero se va en esa dirección. Si en España murieron en 2015  mil quinientos sesenta religiosos y religiosas y hay 344 novicios y novicias (con lo que esto tiene de incierto), ya se ve la tendencia. No hay que abundar más.

2)    La tendencia ideológica: sigue siendo, a nuestro juicio, generalmente conservadora a nivel teológico, espiritual y mental, como es propio de un colectivo de alta edad. En el conjunto de la Iglesia, quizá sea el sector más “profético”, pero globalmente, en la “vida religiosa profunda”, el conservadurismo ideológico nos parece palpable.

3)    La tendencia social: de nuevo, y en general, nos parece conservadora, a veces en extremo. En la horquilla social, la VR se sitúa, a nuestro juicio, en un centro-centro con una tenacidad digna de mejor causa.

4)    La tendencia evangelizadora: aunque la VR, siempre a nuestro juicio, acoge bien las orientaciones eclesiales, su modus operandi es trabajar con los que vienen (solamente algunos más animosos “van a”) y hacerlo en parámetros de costosa renovación, cuando no de mantenimiento y afirmación de estilos que creíamos superados.

A quien entienda estas valoraciones, tan generales, en parámetros de negatividad le diríamos que no nos ha entendido bien o que nosotros no nos hemos expresado con claridad. Somos lo que somos y nuestros caminos son los que son. Esto no tendría que abrumarnos sino que habríamos de sacar la consecuencia de que desde el punto exacto en el que estamos podemos iniciar caminos de una cierta novedad si nos sentimos con ánimo.

 

  1. 2.   Cambiar la tendencia

 

¿Es posible intentar cambiar la tendencia? Intentarlo es posible, quizá no tanto lograrlo. Pero los intentos han de ser considerados como la condición necesaria para un posible cambio de tendencia.

1)    Cambios en la demografía:

  • Se podría trabajar más con laicos, hacerlos más parte de los proyectos, abrir más la casa, compartir con ellos plegaria y mesa, abrir espacios para que puedan venir matrimonio con niños, mezclarse a ellos, ir a sus ámbitos, a sus hogares. La mezcla con los laicos ¿traerá más vocaciones? Sí o no, pero traerá más sentido y más pertenencia social. Y eso facilitará un posible cambio de tendencia.
  • Sigamos apoyando a quien trabaja en pastoral juvenil. Apoyémoslos trabajando cada uno y cada comunidad algo en el tema. Dejar esto en manos de un comisión es resignarse a poco. Las comunidades han de tomar cartas en el asunto, no solamente en temas de oración, sino de contacto, de vidas mezcladas, de cercanía a los jóvenes.
  • Los “envejecidos” pueden hacer trabajo vocacional. Dejarlo esto a los “jóvenes” es crear reductos, cuando no quemar a personas.
  • Preparar ofertas de acogida: semanas, jornadas, dando cancha a los laicos. Idear colaboraciones temporales que mezclen los dos caminos, el de la VR y el laicado.

 

2)    Cambios en la ideología:

  • No ceder tanto a la historia de una VR del lado de los “vencedores”; no ceder tanto a las presiones del sistema eclesiástico (¿dónde queda la profecía, dónde esa otra manera de ser Iglesia que descubrieron los carismáticos: veneración+profecía). Creer que aún no se ha agotado del todo la herramienta de la formación permanente organizada, “unificada” (entre grupos franciscanos o con otros). Abrir cauces insólitos (las 12 tesis de Spong), apoyar a quienes los abren (H. Küng).
  • Discernir sobre la formación diaria (o información) de la comunidad: periódicos, tv, conferencias, actos culturales, lecturas. Apartarse fraternamente de los elementos que “intoxican” a las comunidades. Frecuentar medios laicos, lo más equilibrados posible.
  • Trabajar de algún modo el paradigma ideológico y teológico, cosa muy importante. Atreverse a hincar el diente, comunitariamente, a las ideas que se vierten en las homilías, publicaciones, etc.

 

3)    Cambios en la sociología:

  • Creer que es posible mezclar a la tendencia tradicional de “estar con los pobres” sin estar de verdad en sus luchas verdaderas (mujeres pobres, ecología, vivienda, inmigración).
  • Encarar de manera profética el tema del uso de los bienes inmuebles, siendo ágiles para idear transformaciones.
  • Fomentar según nuestros medios (que aún son importantes) el empleo humanizador, el apoyo empresas de inserción.
  • Fomentar una espiritualidad sociológica.

 

4)    Cambios en la evangelización:

  • Despegarse todo lo que se pueda de esa tendencia de siempre, a hacer más o menos lo de siempre, a valorar como siempre lo de siempre, a creer a pie juntillas en lo de siempre (aunque esté periclitado). Cuestionar el “corporativismo” del grupo religioso.
  • Revisar el apoyo a grupos de Iglesia de componente sistémico, situarlo bien, discernir con continuidad. No dejarse atrapar por la sensación de que al menos se hace algo, o de la seducción de los “regalos”.
  • Animarse a pensar campos de evangelización distintos, de más componente sociológico, de tendencia más adulta, de estilos de fe menos religiosos y más creyentes.
  • Creer que puede ser interesante elaborar una evangelización del “ir a”, más de la de “que vengan a nosotros”.

Se trata, en definitiva, de una tendencia menos sistémica, más profética, con más desamparo, pero con más libertad, con más agilidad pero con menos ataduras (menos bienes), más al margen pero más cerca de la gente.

La tendencia es algo que se puede elaborar desde cualquier punto en el que, tanto personal como comunitariamente, se encuentre uno. Se puede elaborar desde cualquier obra en la que se esté y desde cualquiera posición que se haya heredado. Habrá más o menos facilidad para lograr algo, pero el trabajo se puede hacer y se puede acomodar a toda circunstancia y persona.

 

  1. 3.   La ayuda de los aprendizajes sociales

 

Creyendo cada vez más en la agotabilidad del discurso teológico y espiritual, proponemos otro tipo de discurso, el de los aprendizajes sociales para ir elaborando un cambio de tendencia. . Quizá la profecía venga hoy desde el lado de la sociedad.

      La teoría del aprendizaje social tiene más de un siglo de vida. el gran impulsor de esta teoría fue A. Bandura. Este autor sostiene que el entorno, la persona y su conducta están interrelacionados. “La teoría del aprendizaje social explica la conducta humana en términos de una interacción recíproca y continua entre los determinantes cognoscitivos, los comportamentales y los ambientales”. Es decir, las conductas humanas no provienen de una sola fuente, la cognoscitiva, la ideológica, sino que influyen en ella los modos de comportamiento sociales e incluso los contextos ambientales. Por decirlo de manera esquemática: la persona, más el ambiente es lo que da como resultado la conducta.

Por eso se aprenden nuevas conductas a través del aprendizaje observacional de los factores sociales del entorno. Es decir, la dependencia del entorno para generar conductas no solamente es probable sino del todo necesaria. Aprendemos por el entorno más que por la ideología. “El aprendizaje es una actividad de procesamiento de información en la que los datos acerca de la estructura de la conducta y de los acontecimientos del entorno se transforman en representaciones simbólicas que sirven como lineamientos para la acción”. El aprendizaje por observación se extiende gradualmente hasta cubrir la adquisición y la ejecución de diversas habilidades, estrategias y comportamientos. Por eso, este aprendizaje influye en los integrantes de una sociedad, y éstos a su vez en la misma, en el momento en que entran a trabajar, como luego diremos, las funciones de autorregulación.

La teoría del aprendizaje social señala cuatro requisitos para que las personas aprendan y modelen su comportamiento:

  • Atención: La que presta el observador a los acontecimientos relevantes del medio.
  • Retención: valorar lo que uno observa, recordarlo en el momento preciso, ponerlo como “principio” a la hora de justificar un comportamiento.
  • Reproducción: reproducir lo retenido en conductas tangibles, bien sea hecha esta reproducción en modos explícitos o implícitos.
  • Motivación: Tener una buena razón para reproducir esa conducta. Puede ser, igualmente, una razón elaborada ideológicamente o implícita: se intuye que eso es bueno para mí.

Los modelos de conducta pueden enseñar a los observadores cómo comportarse ante una variedad de situaciones por medio de la autoinstrucción (uno aprende por él mismo), imaginación guiada (alguien le hace ver lo bueno de ese comportamiento) o por el autorreforzamiento (se percibe que tales comportamientos le refuerzan a uno en sus mejores anhelos).

Hay que decir que la observación de modelos no garantiza ni el aprendizaje ni, menos todavía, las conductas derivadas de ello, sino que cumple funciones de información y motivación: comunica la probabilidad de las consecuencias de los actos y modifica el grado de motivación de los observadores para actuar del mismo modo. Los factores que influyen en el aprendizaje y en la acción dependen del estado de desarrollo del aprendiz, el prestigio y la competencia de los modelos, así como de las expectativas y la autoeficacia que se palpe en ese modo de comportarse.

Bandura introdujo el concepto de reforzamiento autorregulado que puede ser determinante a la hora de aumentar la motivación. Evaluando la eficacia de nuestra propia conducta al utilizar normas de ejecución previa o comparando nuestra ejecución con los demás

¿Cómo aplicar esta teoría, tan esquemáticamente esbozada a la vida religiosa? ¿Puede llevarnos a alguna conclusión?

a)             Aunque parezca que los aprendizajes carismáticos son los únicos, y por lo mismo centrales, en la vida franciscana, en realidad, nuestras conductas dependen, en notable medida, de aprendizajes sociales. Lo que es la familia, la participación ciudadana, las relaciones sociales, la economía, las reglas democráticas, el valor de la política, las normas de educación, etc., no viene de los aprendizajes endogámicos sino de la sociedad. Lo aprendemos por observación social autorregulada, compartida.

b)            De ahí que la vida religiosa, de hecho, depende directamente del tiempo y del medio cultural en el que vive. La cuestión es cómo mezclar los valores carismáticos estando en ese tiempo y en ese medio para que salgan potenciados, no suprimidos ni olvidados. Pero intentar hacerlo en contra de los modos de comportamiento sociales que emanan del momento histórico es punto menos que imposible.

c)             La vida religiosa busca, como todos, el correcto uso de los modelos cognoscitivos con el fin de obtener un control de los estados afectivos y reestructurar los conocimientos e interpretaciones. Es decir, tanto la dicha y el sentido personal y colectivo dependen en gran medida de los aprendizajes sociales que motivan nuestras conductas. No se logra esto tanto por vía de aprendizajes carismáticos.

d)            La autorregulación de la vida comunitaria es la que podría unificar la pluralidad de actuaciones individuales eligiendo aquellas que sean mejores para el conjunto y, por lo mismo, más productivas para la persona concreta. Fraternidad y confluencia de aprendizajes sociales es una realidad alcanzable.

 

            ¿Cuáles son los aprendizajes sociales que actúan sobre la VR? Pretendemos a continuación leer algunos aprendizajes sociales que, de hecho, influyen en la VR y que, asumidos, podrían ayudar al logro de un “nuevo rumbo” para ella. Porque también la VR está no en una mera época de cambios, sino en un cambio de época. “O como matiza el catedrático de ciencia política, Joan Subirats, ‘en una situación de interregno entre dos épocas’, en el que se constatan discontinuidades significativas entre lo que hacíamos y vivíamos y lo que estamos haciendo y viviendo, si bien no se vislumbran con claridad los escenarios del futuro”. Se trataría de que la VR acompase mejor su paso al paso de la sociedad en la que vive, de la que aprende y de cuyo aprendizaje elabora conductas de manera más o menos explícita:

- Los aprendizajes ideológicos: los movimientos sociales empujan hoy a una comprensión no neoliberal de nuestros sistemas de pensamiento económico, político y social: conciencia del dinero, despegue de los modelos políticos más neoliberales, de prensa, radio y TV; alejamiento de ese pretendido centrismo que no lo es tal, y posicionándose, más allá de las palabras, en un lado de la sociedad, el lado de los frágiles. La enorme dificultad de dar un cambio global a todo este entramado no merma nada la eficacia humilde del pequeño gesto asequible a cualquiera por el que parece que todo sigue igual pero no, porque el gesto habla el lenguaje del futuro ya que es la única manera de comprobar que las cosas podrían ser de otra manera si nos diéramos a la tarea.

- Los aprendizajes estructurales: Porque algo nos dice, viendo la flexibilidad de los cambios en la sociedad moderna, más allá de pervivencias de un pasado que se piensa inamovible, que el cambio de las estructuras es posible: la democracia real y los modos democráticos de nuestras estructuras (cuestionando jerarquicismos y personalismos); el aprendizaje de una libertad real, esa que construye a la persona en modos de adultez (cuestionando una obediencia que se opone a la libertad).

- Los aprendizajes sociológicos: Aquellos que nos ayudan a ser y sentirnos parte igualitaria de la sociedad en que nos ha tocado vivir ya que se cree que las opciones evangélicas no desclasan, sino que insertan más en el tejido social. “Ninguna propuesta que busque definir la vida religiosa mediante un tipo de nota que, directa o indirectamente, implique superioridad o excelencia sobre los demás modos de vida cristiana, por disimuladas que estas puedan resultar, va por buen camino”. La sociedad laica, no asentada sobre perspectivas religiosas, enseña a la VR el continuo aprendizaje de la más elemental igualdad: el aprendizaje de las nuevas espiritualidades (como la del bien común, la decrecimiento o la economía colaborativa) que no sólo pueden dar nuevo impulso a opciones de siempre (como las de la fraternidad social, la del encaramiento del mundo de las pobrezas o la del compartir evangélico), sino que pueden llevar a la VR a colaborar en la espiritualidad de un mundo menos religioso quizá, pero no menos espiritual. Una parte amplia de la población es muy sensible a  la transparencia en las finanzas en general y la fiscalidad en particular. Esto podría llevar a la VR a una vivencia de lo económico que no busca la subvención sin control, la exención de cargas fiscales y, menos todavía, la evasión. La problemática compleja del trabajo escaso y a repartir podría también constituir un aprendizaje para la VR tratando de adquirir una visión del trabajo más social que lucrativa. La tenacidad con la que ciertos movimientos ecológicos no solamente sobreviven en este duro mundo del expolio de la naturaleza, sino su indudable vigor podrían constituir un aprendizaje para generar estilos de VR sostenibles, algo que todavía parece no resultar tan atractivo como para impulsar estilos de vida comunitaria concretos.

- Los aprendizajes espirituales: Serían aquellos que impelen a entender y vivir estos tiempos como propicios para la espiritualidad entendida ésta no tanto como una actividad religiosa sino como un elemento componente de toda estructura humana. Aprender la búsqueda: ya que haber llegado a encontrar la verdad, el total sentido es, quizá, haberse alejado de él. Aprender la itinerancia: algo que pertenece al núcleo del Evangelio y del franciscanismo y cada vez más a la realidad de la sociedad actual. Aprender a instalar en el fondo una actitud dialogal: con la cultura, con la pluralidad social, con las religiones, con el agnosticismo y el ateismo, con la diversidad de comportamientos morales.

¿Cómo encaja el franciscanismo esta interpelación de los aprendizajes sociales? Se va entrando en ellos por mera pertenencia social, por avance ideológico y por sintonía social, aunque, como en casi todos los grupos carismáticos que tienden a un evidente conservadurismo, el avance sea moderado.

Efectivamente, pesan mucho las ideologías conservadoras, no elaboradas y ancladas en el pasado; pesan mucho las presencias indiscernidas, el estar en un lugar porque siempre se ha estado ahí, el aferrarse a ámbitos que carecen de sentido, la honda artritis estructural para cambiar de lugar cuando hay que hacerlo; pesa y es material tóxico la historia, los largos siglos de inmovilidad consagrada, de enraizamiento  con horizontes recortados; pesan las ideologías, inamovibles a veces, incluso fanáticas, que desechan a priori cualquier planteamiento que no viene con el cuño de lo religioso y, más todavía, si viene con el desnudo aval de una sociedad laica; pesan los estilos de vida monásticos urdidos durante siglos, de difícil solución ya que han sido vividos en la cordialidad y desde ahí se mantienen.

      Y, sin embargo, la espiritualidad de la VR es una espiritualidad de caminos más que de conventos estabilizados, es una espiritualidad de mezcla con todos los riesgos que tal mezcla conlleva y es también una espiritualidad de osadía social, de estar en esos lugares insólitos donde se aprende lo que uno no está dispuesto a aprender en primera instancia, la escuela de los aprendizajes sociales en el “desamparo” de una ideología y de una praxis que no es la religiosa. Ese es el desafío.

            La acogida de los aprendizajes sociales como fuentes de inspiración carismática puede ser una salida para muchas de las aporías a las que ha llevado la historia de la VC. Hay aquí una veta a explotar. Quizá sea suficiente considerar cada vez más a esta sociedad en la que vivimos y de la que, a veces, renegamos como una sociedad hermana. Esta benignidad inicial, como lo hemos reseñado de una u otra manera, es la puerta que abre a ulteriores posibilidades.

            Tal vez esta propuesta sea como estar en tierra de nadie. Pero es distinto estar ahí como quien espera la aurora o como quien se encoge ante el abundamiento de las sombras.

 

  1. 4.   Interrogantes

 

Es bueno hacerse interrogantes, aunque no se encuentren respuestas. Los interrogantes hechos con paz son una forma de caminar.

  1. ¿Un cambio de tendencia haría que tuviéramos más futuro? No lo sabemos, pero ciertamente nos ayudaría a tener más sentido. Y no cabe duda de que una vida con un índice alto de sentido tiene mejor futuro que una con el índice de sentido bajo.
  2. ¿Se puede ser fiel y pretender cambiar la tendencia heredada? No solamente somos fieles a lo que hemos prometido, sino a lo que se nos ha prometido. Y eso tiene más que ver con actitudes de novedad y de búsqueda que de estancamiento y conservadurismo.
  3. ¿Si vamos cambiando la tendencia crecerá el nivel de fraternidad? No nos cabe duda, ya que la rutina y lo hecho mecánicamente lleva a un empobrecimiento de las relaciones. Mientras que lo vivido en una búsqueda sensata acerca la vida y los corazones de los hermanos.
  4. ¿Un cambio en la canonicidad de la VR ayudaría a cambiar la tendencia? Es posible, aunque eso hoy no pueda ser contemplado. Pero puede ser pensado. Desde luego, la dificultad en mezclar canonicidad y Evangelio es más que manifiesta. Habría que pensar si el Evangelio no es más “libre” sin ella.

 

  1. 5.   Conclusión

 

¿Estamos necesitados de este tipo de reflexiones o pensamos que es mejor no remover las cosas? Los reflexionado con estremecimiento, si se hace con un poco de sensatez, puede abrir en su momentos horizontes que hoy no se ven claros. Por eso mismo, la reflexión seria no es solamente útil, sino también necesaria.

Un indicio de madurez personal y fraterna es animarse a remover las bases de nuestro pensamiento y de nuestros comportamientos. Hoy se pide un modo carismático de vida adulto, capaz de sintonizar con este mundo vertiginoso en donde nos ha tocado vivir. Seguir anclados en parámetros ya agotados es empeñarse en lo vano.

¿Qué dirían los fundadores ante una situación tan compleja, aunque a ellos tampoco se les ahorraron situaciones similares? Pues creemos que dirían lo que dice san Francisco en la carta a su hermano: “haz lo que creas conveniente con la bendición de Dios”. Y, una por una, mantened la fraternidad. Libertad y fraternidad son dos herramientas de primer orden para proponerse cualquier cambio de tendencia.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Madrid, abril de 2016