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FIAIZ

Retiro de Navidad 2016

 

Retiro en la Navidad de 2016

 

 

HIJO DE LA TIERRA

La encarnación entendida y vivida

como pertenencia a la tierra

 

 

        Hay un documental, premiado en los Goya, que lleva el título de Hijos de la tierra. De él tomamos el título, nada más. Es que podemos entender a Jesús como un hijo de la tierra, el mejor, el más fiel, el más de la tierra.

        El imaginario religioso nos da a pensar que Jesús viene de arriba, de las estrellas, del cielo. Lo creemos tan divino que su nacimiento no puede ser tan humilde y tan pobre como el nuestro que tiene por origen la tierra, el vientre de una madre que es de la tierra. Pero el nacimiento de Jesús es así de igual y su origen exactamente el mismo. No viene de las estrellas, viene de la tierra.

        Por eso, el misterio de la encarnación puede llegar a plantearse y vivirse desde esta simple y contundente pertenencia a la tierra. ¿Cómo esto que es de la tierra tiene dentro el hálito de lo divino, la vida de un humilde que se identifica con la tierra, la fuerza de la pobreza de la tierra?

        Nos sentimos mejor en el imaginario de lo excelso, de lo distinto, de lo especial, de lo divino. Pero, ¿no podríamos, como creyentes adultos, pensar en un Jesús que encarna lo divino siendo tierra? ¿Es poco pensar y amar a un Dios que es tierra por amor? ¿Es empobrecerla resituar la encarnación en el marco de lo terrestre? ¿No es eso mismo la encarnación, locura de amor del Dios que se mezcla a la tierra?

        Y si se acepta esto, la derivación es fácil: sería tarea nuestra encarnacional no solamente el vivir bien en la tierra, sino el sentirse tierra, viniendo de ella y volviendo a ella, como madre que nos da a luz y madre que nos acoge al final para una vida plena. Hacer más “terrenal” la experiencia cristiana; ésa sería una tarea encarnacional.

        Quizá sea mejor equivocarse en un planteamiento espiritual que quedarse quieto en los de siempre y vivirlos rutinariamente. Y la Navidad, con toda su parafernalia, empuja a quedarse en lo de siempre, aunque como adultos que tienen conciencia nos percatemos que eso es mera y bienintencionada superficialidad.

        Por eso, cualquier intento de que la hermosa Navidad no pase en balde será válido. Si no sirviera este enfoque, otro. Pero situarse en planteamientos que no enriquecen tampoco lleva a nada.

 

1. Este lugar es tierra sagrada...

 

        Alguna otra vez hemos utilizado el texto hermoso de esta canción como apertura de la reflexión del retiro. Lo volvemos a tomar porque evoca los valores hondos de ser tierra:

 

Este lugar,  es tierra sagrada, 

Este lugar, es tierra de Encuentro

Este lugar, es tierra de todos

Este lugar, es tierra de Amor

 

Este lugar, es tierra de vida,

Este lugar, es tierra de gracia,

Este lugar, es tierra de amigos

Este lugar, es tierra de luz.

 

Esto lugar es tierra distinta

Esto lugar es tierra de gritos

Esto lugar es tierra de hermanos

Esto lugar es tierra de Dios.

 

  • Tierra sagrada por ser tierra de encuentro: Donde hay dolor hay tierra sagrada, decía O. Wilde. Y donde hay encuentro también, ya que el encuentro, a cualquier nivel, prefigura y anuncia el gran encuentro de amor al que Dios ha destinado a la creación. La sacralidad de la tierra viene por su posibilidad de generar encuentros. Cuando el encuentro sea total y pleno, será el logro del Reino. 
  • Tierra de todos por ser tierra de amor: Ya que la exclusividad, la apropiación, al autorreferencialidad bloquea  la certeza de que esta tierra no tiene otro dueño que el “nosotros” al que Dios la ha destinado. Cuanto más tierra de nosotros, más tierra de amor.
  • Tierra de vida por ser tierra de gracia: Ya que la gracia de Dios a la tierra está ordenada a la vida. Precisamente por eso, la vida sigue creciendo en modos y formas cada vez más maravillosas. Precisamente por eso la ciencia y el amor se ven arrastrados por la vida.
  • Tierra de amigos por ser tierra de luz: Cuanta más amistad, más luz; cuanta más enemistad, más oscuridad. Engendrar amistad es engendrar luz. Si se quiere ir eliminando la oscuridad vital de la historia, la amistad, el amor al otro, al distinto, al pobre, son los mejores generadores de luz.
  • Tierra distinta por ser tierra gritos: Ya que esto también es la tierra: gritos, desencuentros, heridas, humillaciones, increíbles heridas. Con esto hay que contar también para ir elaborando caminos de curación, sendas de reconciliación. Para ir bloqueando y tapando las heridas y acercarnos al tiempo nuevo sin luto, sin muerte, sin llanto.
  • Tierra de hermanos por ser tierra de Dios: Y, al final de todo, la fraternidad que hace que la tierra sea tierra de Dios. Una tierra de hermanos es el gran sueño de Dios sobre la historia. Él no quiere tanto una tierra que le alabe, cuanto una tierra donde vivir simplemente como hermanos sea algo con contenido.

 

2. Texto bíblico: Jn 1,43-46

 

43Al día siguiente decidió Jesús salir para Galilea; fue a buscar a Felipe y le dijo: - Sígueme. 44FeIipe era de Betsaida, del pueblo de Andrés y Pe­dro. 45Felipe fue a buscar a Natanael y le dijo: - Al descrito por Moisés en la Ley, y por los Profetas, lo hemos encontrado: es Jesús, hijo de José, el de Nazaret. 46Natanael le replicó: - ¿De Nazaret puede salir algo de calidad? Felipe le contestó: - Ven a verlo.

 

Este texto nada tiene que ver, directamente hablando, con la espiritualidad de la tierra. Pero encierra un problema esencial: una de las mayores dificultades para dar crédito al mesianismo de Jesús es que se conocía su tierra, se sabía de qué tierra era. Como resulta que Nazaret era una aldea que no salía ni en los mapas, la dificultad se acrecentaba. Se conocía su tierra y, además, era una tierra ignota y de no muy buena fama por su enmarcamiento en la levantisca Galilea. Todas las notas juntas para que la tierra le fuera uno de los grandes obstáculos a su mesianismo. La tierra como obstáculo para la adhesión, la tierra como barrera para creer en Jesús.

  • Nazaret, tierra desconocida: ya lo decimos, no viene ni en los mapas. La sorpresa de Natanael está más que justificada. Posiblemente había aldeas desperdigadas por la Galilea que, al ser tan pobre y pequeñas, se enmarcaban en comarcas más amplias, poco más que caseríos, pueblos casi sin nombre, de casas excavadas en el terreno, meras cuevas. Contempla a un Jesús que viene de una tierra de pobreza.
  • Nazaret, tierra pobre: porque, efectivamente, la región era pobre. Posiblemente Jesús tuvo que ganarse el pan, como muchos de sus contemporáneos, trabajando en las obras públicas que construían los romanos en la costa. Tierra de pobreza, que no puede alimentar a sus moradores. Tierra de la que uno no se puede vanagloriar. Tierra de pan escaso. Contempla la pobreza de la tierra de Jesús y sus consecuencias.
  • Nazaret, tierra de mala fama: porque las aldeas de Galilea eran focos de resistencia a los romanos, gente levantisca, siempre en el punto de mira de la policía romana. Tierra que no goza de las simpatías del sistema político y tampoco del religioso, porque está demasiado lejos del control de Jerusalén. Tierra de sospecha, sospechoso Jesús. Contempla a un Jesús siempre bajo sospecha por ser de Nazaret.
  • Nazaret, tierra rechazadora: porque Jesús fue desechado en su propia tierra, porque tuvo que desplazarse a la vecina aldea de Cafarnaún y hacer de esta “su ciudad”. Tierra ruin, Nazaret, y encima tierra de rechazo para con sus propios hijos. En ese rechazo tuvo que aprender Jesús el amparo que le daba el Padre. Tierra de rechazo para hacer de Jesús hermano de todas las otras tierras. Contempla a un Jesús rechazado en su tierra que sigue amando las otras tierras, las nuestras.
  • Nazaret, sello de pertenencia de Jesús a la tierra: porque siempre ser “el nazareno”, aunque haya sido echado de esa aldea, aunque haya recorrido todos los caminos del país, aunque haya viajado al extranjero. Nazaret será el sello de identificación de Jesús: la tierra como señal de su identidad más honda. Contempla a un Jesús marcado por el sello de la tierra.
  • Jesús, hijo de la tierra: esa es la conclusión: un hijo de la tierra, con sus pros y sus contra, con sus sombras más que luces. Hijo de aquella tierra que le dio a luz a través de un padre y una madre nazarenos también. Nunca renegó Jesús de su tierra, nunca negó su pertenencia a la tierra pobre, nunca maldijo la tierra que le vio nacer, jamás maldijo la pobreza de la tierra, sino que la puso muchas veces como ejemplo y cauce de comprensión del Reino. Hijo de la tierra.

 

3. Profundización

 

  • Estar en la tierra, ser tierra: es una certeza que estamos en la tierra; no lo es tanto que seamos tierra, que nuestro ser se identifique con la tierra, por más que volvamos “al polvo” de la tierra. Los anhelos espirituales nos ha hecho huir de la tierra y, con ello, nos han llevado a despegarnos de esta tierra y de sus inherentes responsabilidades. ¿Cómo tomar otra orientación? ¿Cómo coger el camino del que quizá no debíamos habernos apartado, que venimos de la tierra y volvemos a su seno materno? ¿No es posible conjugar esto con los anhelos cristianos, la recapitulación de todo en Cristo, la sintonía con la fuente de amor que subyace a la creación, el encuentro con el amor del padre que hace de esta naturaleza una creación? La certeza de ser tierra podría devolvernos una confianza, un equilibrio y un gozo vital verdaderamente profundos.
  • Tierra limitada, tierra ilimitada: porque tenemos una fuerte experiencia de limitación terrenal. Y eso nos ha hecho huir hacia una patria que no sea la tierra, el cielo. Pero si alimentáramos la certeza de que la vivencia terrenal limita puede ser vivida de formas ilimitadas, totales, en conexión de ambas realidades (tierra limitada y tierra ilimitada), quizá brotaría, además de una mayor responsabilidad y amor por esta tierra, un gozo que nos liberaría de muchos miedos y nos abriría a una dimensión nueva de la experiencia cristiana. Viviremos en la tierra ilimitada donde entenderemos cómo Dios nos ha amado en la tierra limitada.
  • Amar la tierra que el Señor nos da: porque la espiritualidad corriente ha vertido litros de acíbar sobre la tierra y la ha convertido en una amargura, en un valle de lágrimas. En las situaciones más duras, y aun en las menos duras, no hemos sabido percibir el destello de luz que el Padre ha sembrado en la realidad creacional. ¿Cómo ayudarnos a amar esta tierra que Dios nos ha dado por amor? ¿Cómo sacarle todo el partido posible a nuestra casa de la tierra?  ¿Cómo terminar agradeciendo cada día el haber sido creados y nacidos de esta tierra? Sin este amor no será posible un cambio de orientación.
  • Una tierra con alma: porque la ciencia nos enseña de muchas maneras que dentro de la tierra no hay más que fuego, metales y cosas así. Pero es una realidad con alma, con soplo de Padre, con orientación, con valores. Llegar a creer que la tierra tiene alma, el “soplo incorruptible” de Sab 11, es un gran logro espiritual que podría ayudarnos a una visión distinta de nuestra pertenencia a la tierra y nuestra vuelta al cimiento de lo creado donde habita la fuente del amor.

 

4. Derivaciones

 

  • Mirar hacia dentro/mirar hacia fuera: nuestro imaginario religioso mira mucho hacia fuera, hacia el cielo. Pero para entender a un Jesús hijo de la tierra es preciso mirar hacia adentro, hacia el interior de esta pobre realidad en la que el Padre y Jesús han hecho morada (Jn 14,23). Cambiar la orientación de la mirada es muy importante para elaborar otro imaginario espiritual, si es que queremos huir de la superficialidad del imaginario que mira hacia fuera. Es una verdadera prueba para adquirir una visión más adulta de la fe.
  • Misericordiosos con la tierra: al terminar el año de la misericordia, hemos de tratar de ser misericordiosos también con la “hermana y madre tierra”. Madre por nos da a luz, hermana porque nos acoge después de andar los caminos de la historia. Si nos engendra y nos acoge, ¿cómo no habríamos de mirar con ojos compasivos a esta buena hermana y madre?
  • Una encarnación diminutiva: así rezamos en la LH con el poema de L. Panero. Eso es lo que somos cada persona, cada ser, una encarnación en pequeño. Y ello porque provenimos de la misma fuente: de la tierra y del amor del Padre. Por eso, celebrar la encarnación es celebrar el existir, la hermandad del ser, la familia de quienes ha tenido la suerte de ser criaturas.
  • Para celebrar una tierra con alma: es preciso volver a la certeza de que el alma de Dios está sembrada en la historia. Celebrar la tierra con alma es saber que el amor de Jesús anida en ella, es saber que dentro de lo creado corre siempre la corriente del amor, es percatarse de que la hermosura de Dios se nos ha dado ya como ánimo para mantener viva la utopía de que llegaremos a amar sin límites.

 

5. Itinerario en Navidad

 

  • Primera semana: podríamos dedicarla a la mera contemplación de nuestro ser tierra. Mirar la tierra, tocarla, ponerla cerca en un cuenco sobre la mesa de nuestro cuarto, hablarle, agradecerle que sea “madre y hermana”.
  • Segunda semana: celebrar que Jesús haya sido de la tierra, que nosotros seamos de la tierra, que nuestros pasos nos vayan llevando hacia la tierra sin límites del amor pleno. Perfumar la tierra, verter unas gotas de perfume sobre la tierra cercana, como signo de agradecimiento con la tierra.
  • Tercera semana: celebrar que Jesús y nosotros seamos tierra. Hacer las celebraciones navideñas con perspectiva “de tierra”. Gozamente, con humildad, en sintonía con toda la tierra. Poner en el lugar de la celebración alguna foto bonita del cosmos que nos evoque nuestro caminar hacia la tierra del amor pleno.

 

Fidel Aizpurúa Donazar (Logroño)

Marcos 29-40

CVMc

Domingo,  2 de octubre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

29. Mc 4,26-29

 

Una reflexión inicial:

 

            Muchos se pregunta sorprendidos de dónde brota el bien y la dulzura, por qué sigue habiendo gente buena más allá de toda maldad, por qué la humilde planta del amor surge en cada esquina de la existencia, cuáles son las fuerzas que hacen germinar la semilla pequeña de la generosidad.

                En el subsuelo de lo humano obran unas fuerzas germinativas de enorme potencia: la entrega sin pedir nada a cambio, la preocupación por el otro aunque eso no sea de mi familia o de mi grupo, la impresión que siguen causando las lágrimas de los pobres, el interés por el bien de quienes son más frágiles, el cuidado de lo que se quiebra con facilidad, el empeño por sacar una sonrisa de los rostros apagados, el amor en definitiva por todo aquello que necesita ser amado.

                Estas fuerzas están siempre trabajando en el subsuelo de la vida, día y noche, sin fronteras ni límites, en las zonas más oscuras de la existencia. Hay quien llama Dios a tales fuerzas; hay quien las considera un misterio de la vida. Pero lo cierto es que hacen germinar el bien traspasando la dura corteza del mal, del desamor, del abandono, del frío.

                Por eso mismo, mientras esas fuerzas sigan estando ahí, que lo estarán siempre, la cosecha del bien está asegurada. Nadie podrá frenar su poder germinativo. Nadie las podrá encadenar.

 

El texto:

 

                26Y siguió diciendo: - Así es el reinado de Dios, como cuando un hombre ha lanzado la semilla en la tierra: 27duerma o esté despierto, de noche o de día, la semilla germina y va creciendo sin que él sepa cómo. 28Por sí misma la tierra va produciendo el fruto: primero hierba, luego espiga, luego grano repleto en la espiga. 29Y cuando el fruto se entrega, envía enseguida la hoz, porque la cosecha está ahí.

  • Las parábolas tratan de explicar lo incomprensible del misterio del reino que está ya actuando en la historia mediante comparaciones comprensibles: aquí la de una fuerza similar al “incomprensible” vigor de la tierra que hace que la semilla llegue a la sazón del grano.
  • El sembrador está dotado de una confianza sensata. No sabe si habrá cosecha o no. Pero como en otras ocasiones nunca ha fallado la cosecha, mejor o peor, vuelve a lanzar la semilla. No es una confianza ciega sino probada. Así es el reino y el bien: siempre han brotado ¿por qué no van a brotar una vez más si se siembra?
  • El misterio de la semilla que crece se resuelve en el poder de los nutrientes de la tierra. El reino tiene sus nutrientes: el amor, la le ternura, la generosidad, la preocupación por el débil, la respuesta al dolor ajeno, etc. Esos son sus nutrientes. Por eso el reino brota y llegará madurar. El bien hará madurar al reino.
  • El que haya “grano repleto en la espiga” está indicando que el proceso de eclosión del reino no se quedará a medias. Llegará a buen fin y de manera generosa. La certeza del triunfo del bien es lo que alimenta la esperanza del sembrador.
  • “La cosecha está ahí”. Y a veces no la vemos, pero la cosecha del bien acompaña el tortuoso camino de los humanos. Si la vemos es porque somos nutrientes de la bondad.

 

Para pensar u orar:

 

  1. 1.       Que celebremos los nutrientes del bien que hay bajo la vida.
  2. 2.       Que colaboremos nosotros a ser nutrientes del bien.
  3. 3.       Que la confianza en el bien nunca nos abandone.

 

Un valor: Descubrir a los bondadosos

 

            Se ha puesto de moda esa peculiar “caza” de Pokemon por las esquinas de las ciudades. “Cazar” el bien, descubrir a los bondadosos sería un ejercicio muy interesante para alimentar nuestra base humana y para confiar en la promesa del Evangelio de que el reino llegará a su cita, a ser “grano repleto”.

  • Para descubrir a los bondadosos es preciso ser atraído por el brillo de la bondad. Mientras lo oscuro de lo inhumano nos impacte más que el bien, nos costará dar el paso.
  • Para descubrir a los bondadosos es preciso capacitarse con prácticas de bondad. Es la mejor forma de establecer conexión con quien, en el subsuelo de la vida, no sucumbe al mal.
  • Para descubrir el bien es preciso no dejarse anegar por la corriente del mal, no engrosar el río de la desesperanza. Por el contrario, hay que verter la humilde gota de la vida en el cauce del gozo y del amparo.
  • Para descubrir a los bondadosos hay que ponerse las gafas del amor porque el bien, con frecuencia, se oculta entre los pliegues de lo cotidiano, como camuflado.
  • Para descubrir a los bondadosos hay que alejarse de una mentalidad de poder, porque a este no le interesa para nada el bien.

 

 

 

 

 

 

Una foto:

 

 

 

Hemos visto tantas fotos como esta que ya no nos impresiona. En uno de los “asaltos” de la valla  de Melilla, dos subsaharianos ayudan a un compañero desfallecido. Posiblemente lo hacen por amistad o por simple bonhomía. Es el amparo que se dan los excluidos. La bondad en estado puro. Descubrir a estos bondadosos natos es lo que habría de ayudarnos a no desfallecer en la certeza de que el bien dará fruto.

 

Un poema:

 

Que nada nos detenga. La llamada

del infinito debe obedecerse.

Soberana inquietud que nos animas,

enséñanos a merecer el néctar

de estos días que nos tocan. Muéstranos

un modo de luchar contra el vacío

de este dulce interludio. Que la fe

en la alegría posible no abandone

ni la razón despierta ni el recuerdo.

Sé que tengo sentido porque vivo,

y sé que no hay dolor ni menoscabo

que puedan inmolar esta fortuna

de ser en el presente, de existir,

de sentirme el orfebre del instante.

Yo soy mi propio riesgo. Doy por cierta

la sed de infinitud que me espolea.

Ante el placer de respirar me postro.

No hay verdad más profunda que la vida

 

R. Lanseros

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo,  9 de octubre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

30. Mc 4,30-34

 

Una reflexión inicial:

 

            La tendencia a generar “cotos privados” parece imparable. Es una tendencia social e ideológica. Hay “cotos” que son urbanizaciones, barrios selectos, clubes, etc., y “cotos” ideológicos, religiosos, científicos, sociales, populares. Cotos de toda índole.

                Posiblemente sea esto debido a que los humanos necesitamos perfiles definidos de territorios. No hemos logrado todavía superar los límites de la “caverna” que nos acompañan desde la época de los homínidos.

                Pero puede haber otra manera de vivir. Una que tienda a ir superando la tendencia a construir cotos privados, aquella que empieza a entender en su pequeño ámbito de vida que las fronteras, del tipo que sean, no dejan de constituir algo cuestionable, con muchos interrogantes. Aquellas personas que entienden lo “selecto” no viene por el coto, sino por el amor y la entrega del corazón.

                Son personas del futuro, de los horizontes nuevos, de los caminos no hollados. Posiblemente su nombre no pase a la historia pero son los/as constructores/as de la historia nueva.

                Porque desde muchos lados vamos aprendiendo que el futuro está ligado a la generosidad, a los límites desaparecidos, a las fronteras inexistentes, a la cavernas ignoradas. El futuro de lo humano es la amplitud, la generosidad, el terreno amplio y común de una vida que abraza a todas las realidades, de una mesa en la que cada ser tiene un puesto. No son utopías totalmente inalcanzables; hay quien las está construyendo.

 

El texto:

 

                30Dijo Jesús también: - ¿Con qué compararemos el reinado de Dios? 31Con un grano de mostaza; cuando se siembra en la tierra es la semilla más pequeña de todas, 32pero, una vez sembrada, brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden anidar a su sombra.

                33Con muchas parábolas parecidas les estuvo exponiendo el mensaje, según lo que podían oír. 34No les habló más que en parábolas, pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

  • El judaísmo, como todo sistema religioso-ideológico, había elaborado la certeza de que los paganos (esos “pájaros”, así los llamaban) no entrarían nunca en el huerto cerrado, en el coto religioso, del pueblo elegido. Estaban excluidos por origen. Sin más.
  • Jesús maneja otro paradigma: él cree que la pertenencia al reino no demanda ningún coto cerrado. Más aún, el horizonte más amplio, la pertenencia más común, la comensalía más abierta son las señas del reino. De ahí que las actitudes privatizadoras quedan desenmascaradas y desautorizadas.
  • Por eso la mostaza, metáfora del humilde reino, va a invadir, como una plaga, el coto religioso del judaísmo y cualquier otro coto que se quiera construir.
  • No se trata de una cuestión religiosa solamente. Es algo antropológico. La parábola apunta a lo básico de la vida: querer construir el camino humano con una mentalidad particularista es lastrarlo, ponerlo al borde del colapso, para la evolución del corazón.
  • Por eso el Evangelio quiere que entendamos la parábola. Jesús, la Palabra, nos la explica todas las veces que haga falta. Pero, al final, hay que comprender que el abrazo total, la eliminación de cotos, la generosidad que crea la gran familia de la ida, es lo natural, aquello a lo que estamos destinados/as.

 

Para pensar u orar:

  1. 1.       Que no nos roan los particularismos.
  2. 2.       Que nos deslumbre la humilde pero hermosa voz de lo común.
  3. 3.       Que cantemos el himno de un coro universal, voces mezcladas y entrelazadas.

                 

 

Un valor: Sentirse a gusto en lo común

 

            Quizá esa sea la condición para entender de manera vital que los cotos no tienen futuro. Es preciso ir construyendo una mística del disfrute y valoración de lo más común, de lo de todos, de aquello que nos hace iguales a cualquier ser, hasta de aquellos de los que nos creemos más alejados.

  • Para sentirse a gusto en lo común hay que habituarse a mirar a los ojos del otro, a los “ojos” de las cosas. Una mirada huidiza de la mirada del otro no logrará ver en la persona alguien con quien ser uno mismo sin necesidad de muchas justificaciones.
  • Para sentirse a gusto en lo común hay que valorar lo que la persona es y hace no tanto desde la productividad sino desde la ofrenda. No vale uno más porque produce más, sino porque se entrega más.
  • Para sentirse a gusto en lo común hay que tender a sumar, más que a restar. Y no solamente a causa de la eficacia (por eso de que “la unión hace la fuerza”), sino porque sumar multiplica posibilidades de encuentro, facilita la relación cordial y pone en funcionamiento lo mejor que llevamos cada ser dentro.
  • Para sentirse a gusto en lo común hay que entonar un canto común a la vida, un himno compartido de experiencias y de valores. Los particularismos terminan por hacer desaparecer el anhelo de lo común.

 

Una foto:

 

 

 

Dentro de la “literatura” deportiva que se escucha en períodos como las elecciones hay frases que nos pueden ser sugerentes. La atleta Ruth Beitia, medalla de oro en salto de altura femenino, decía que, cuando volvió a entrenar tras un período de obligada pausa, lo hizo “sin piedras en la mochila”, liberada, disfrutante. Es hermosa la frase: las piedras que lastran la mochila humana derivan, con frecuencia, de los particularismos, de la vuelta a la “caverna” de lo mío, de los egoísmos enquistados que pesan como plomo. Sacarlos de la “mochila”, liberarse de ellos es todo un trabajo, hermoso y productivo.

 

Un poema:

 

¿Tantos años

para tan parco saber,

corazón tan débil?

¿Ni un desgastado óbolo con que pagar

al barquero, si si se acerca?

––Me surtí de hierba y agua rápida,

permanecí liviano

para hundir menos la barca.

 

Ph. Jaccottet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo,  16 de octubre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

31. Mc 4,35-41

 

Una reflexión inicial:

 

            Lo duro de la vida, los avatares sufridos, las heridas acumuladas, y muchos otros factores invitan a la persona a replegarse sobre sí misma, a verse como único centro, a asentarse en su propia y única ideología. Es la tentación del involucionismo, de la vuelta a los cuarteles de invierno, la reducción del mundo a mi mundo.

                Pero resulta que en el salir hay un secreto de vida. Quien sale, quien se aventura, quien “cruza la mar”, solemos decir, encuentra horizontes de vida que le enriquecen.

                Por eso, los humanos vivimos a costa de los profetas, los aventureros, los arriesgados, los emprendedores, los investigadores, los que nadan contra corriente. Todos esos que han “salido” son los que abren los horizontes de la vida.

                Porque, como decimos, en “salir” hay una clave de vida que contrarresta la tendencia empequeñecedora a quedarse en lo mío, en lo cercano, en lo manejable, en lo conocido.

                Salir demanda una confianza indudable porque esa es la masa de la que está hecho. Salir requiere mirar en la dirección de lo otro, en la dirección de lo que aún no es. Salir pide mantener vivas las preguntas, aunque todavía no se encuentre respuesta. Salir es apostar, arriesgarse, dejar de lado un poco lo que consideramos nuestras seguridades.

                Quien sale encuentra vida, aunque haya pérdidas. Quien no sale, quizá no pierda mucho, pero no encuentra casi nada, se empobrece.

 

El texto:

 

                35El día aquel, al caer la tarde, les fijo: - Crucemos a la orilla de enfrente. 36Ellos dejaron a la gente y se lo llevaron en la barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. 37Se produjo un fuerte torbellino de viento y las olas se abalanzaban sobre la barca hasta casi llenarla de agua. 38Él estaba a popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron gritándole: -Maestro, ¿no te importa que nos hundamos? 39Se despertó, increpo al viento y dijo al lago: -¡Silencio, cállate! El viento amainó y sobrevino una gran calma. 40Él les dijo: - ¿Por qué sois tan cobardes? ¿Cómo es que no tenéis fe? 41Les entró un miedo atroz y se decían unos a otros: - Pero entonces, ¿quién será éste que hasta el viento y el mar le obedecen?

  • Jesús descoloca a sus discípulos cuando les dice que pase al otro lado, al lado de los paganos (la Decápolis). ¿Qué se le había perdido a un judío en territorio de paganos, de esos destinados al infierno? Y más: ¿Qué se le había perdido a un Mesías en esa tierra? El Mesías era solo para Israel.
  • Por eso “secuestran” a Jesús, lo cogen en la barca y lo alejan del territorio pagano. Pero las fuerzas del mar que simbolizan al paganismo se levantan encrespadas. También los paganos tienen derecho al reino. Era, pues, necesario haber salido en esa dirección, no haberse vuelto a territorio judío. Los discípulos no entienden que el “salir” hacia el otro, aunque sea un pagano, hace parte de los dinamismos del reino.
  • Jesús calma el ardor del paganismo y el involucionismo de los discípulos. Hay que tener “fe” en los dinamismos del reino, en que cuanto más se da uno al otro, en que cuanto más se “sale” en la dirección del otro, más beneficio reciben las personas.

 

Para pensar u orar:

 

  1. 1.       Hay que animarse a salir para ofrecer el reino y sus valores.
  2. 2.       Hay que animarse a salir para aprender de lo bueno de la sociedad.
  3. 3.       Hay que animarse a salir para que los corazones se encuentren.

 

Un valor: Lo positivo del despojo

 

            Para animarse a salir hay que aceptar un cierto nivel de despojo. Pretender salir con todo el bagaje personal y cultural intacto es difícil, ya que es, muchas veces, eso, un peso.

  • Hay que despojarse de los dogmas culturales y religiosos que nos dicen que lo nuestro, nuestra cultura, nuestra religión, es la única y la valiosa. Hay que ver los valores de otras culturas, de otras religiones.
  • Hay que despojarse de los prejuicios, estereotipos, velos que nos impiden percibir que estamos hechos para vivir el uno con y para el otro.
  • Hay que despojarse de las pequeñas comodidades que nos atan cuando no sabemos compartirlas con los demás. Si lo hacemos, son comodidades y ayudas para todos.
  • Hay que despojarse del “demonio” de querer tener la razón en todo, de imponer mi criterio como único válido, de pretender consagrar mi visión de la vida como la que debe ser aceptada por todas.
  • Hay que desprenderse de costumbres, tradiciones, rutinas que consagramos con los años hasta darles la categoría de leyes.

 

 

 

Una foto:

 

 

 

                Esta señora es África de la Cruz Tomé, profesora jubilada, que ejerce de celebrante los domingos en las aldeas de Segovia. Lo hace con conciencia y con sentido crítico, sabiendo que, hoy por hoy, el lugar de la mujer en la Iglesia es de completa inferioridad. Lo hace para reivindicar una igualdad que no llega. Personas que abandonan su comodidad de jubilada y que quieren seguir en la brecha porque consideran que en el salir arriesgado hay posibilidad de crecimiento humano y cristiano. Personas que pasan “a la otra orilla”, como quería Jesús.

 

Un poema:

 

Consejos llegados del afuera: algunos lugares, algunos momentos nos inclinan, hay como una presión de la mano, de una mano invisible, que nos incitan a cambiar de dirección (de los pasos, de la mirada del pensamiento); esta mano podría ser también un soplo, como el que orienta las hojas,  las nubes, los veleros. Una insinuación, en voz muy baja, como de alguien que susurra: mira, o escucha, o simplemente espera. Pero, ¿tenemos tiempo para esperar, paciencia para esperar? Y además, ¿se trata realmente de esperar?

Ph. Jaccottet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo,  23 de octubre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

32. Mc 5,1-20

 

Una reflexión inicial:

 

                La maldad es, ciertamente, un torrente avasallador, se lleva todo por delante, anega todas las parcelas de la vida, pasa por encima de las humildes iniciativas del bien. Hay quien deduce que no se puede hacer nada contra él. Argumentos no le faltarán.

                Sin embargo, hay que resistir, no dejarse anegar por el torrente de la maldad. Tratar de sobrevivir a su embate, mantener fuera la cabeza y el corazón para que las aguas cenagosas del mal no nos inunden el alma.

                Resistir al mal es una obra de profunda humanidad, ya que la sociedad se deja, con frecuencia, arrastrar por ese torrente devastador. Pero siempre hay personas que le plantan cara, flexibles y aguerridas para no dejarse vencer a la primera.

                Con frecuencia demandan nuestra colaboración, ya que una resistencia ante el torrente del mal hecha en grupo tiene más visos de ser eficaz, más posibilidades de aguantar. No les neguemos esa colaboración porque, a la larga, nos beneficiará a nosotros.

                Y es preciso aprender a resistir no tanto con soflamas o quejas, sino proponiendo alternativas humanizadoras, abriendo pequeños caminos de humanización en el kilómetro cercano en el que uno/a desarrolla su vida diaria.

                De cualquier manera, lo más importante es no caer en la indiferencia, esa actitud que, a priori, menosprecia el torrente del mal, sobre todo si afecta a otros, pero, a la larga ella misma es víctima de su propia indiferencia. Ser indiferentes al torrente del mal es ser sus mejores colaboradores.

 

El texto:

 

            5,1Llegaron a la orilla de enfrente, a la región de los gerasenos. 2Apenas desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu inmundo, 3que vivía en los sepulcros; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; 4muchas veces lo habían ya sujetado con grillos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los grillos, y nadie tenía fuerza para domeñarlo. 5Se pasaba el día y la noche en las tumbas y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras.

                6Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó a voz en cuello: 7- ¿Quién te mete a ti en esto, Jesús, Hijo de Dios Soberano? Te conjuro por Dios a que no me atormentes.

                8Porque Jesús le había dicho: -Espíritu inmundo, sal de este hombre. 9Jesús le preguntó: -¿Cómo te llamas? Le respondió: - Me llamo Legión, porque somos muchos.

                10Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.

                11Había allí cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. 12Los espíritus le rogaron: - Déjanos ir y meternos en los cerdos.

                13Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se lanzó al lago acantilado abajo y se ahogó.

                14Los porquerizos salieron huyendo y lo contaron por el pueblo y por los cortijos. La gente fue a ver lo que había pasado. 15Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado sentado, vestido y en su juicio, el mismo que había tenido la legión y les entró miedo. 16Los que lo habían visto les refirieron lo que le había ocurrido al endemoniado y lo de los cerdos. 17Ellos le rogaban que se marchase de su país.

                18Mientras se embarcaba, el endemoniado le rogaba que lo admitiese en su compañía, 19pero no se lo consintió y, en cambio, le dijo: - Vete a casa con los tuyos y cuéntales todo lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia.

                20El hombre se marchó y se puso a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho por él; y todos se admiraban.

  • Jesús se enfrenta al “torrente del mal” yendo a tierra de paganos, a la Decápolis. Para un judío, el paganismo era el mal por antonomasia. Jesús va ahí como un resistente, como alguien que no se pliega a los dictados de ese mal.
  • Jesús saca al endemoniado del torrente del mal y lo sitúa en el ámbito de lo humano (sentado, vestido y en su juicio).
  • Los de la zona no le entiende y le piden que se aleje de su término. Están tan anegados que no perciben lo dramático de su situación. Jesús se va. Paciencia histórica.
  • Contaba el curado “lo que Jesús había hecho por él”. Esa es la gran cuestión para resistir al mal: hacer el bien que está en nuestra mano.

 

Para pensar u orar:

 

  1. 1.       Haznos fuertes como tú, Señor, ante el torrente del mal.
  2. 2.       Haznos generosos como tú ante el egoísmo del mal.
  3. 3.       Haznos resistentes como tú ante el empuje de quien pasa por encima de los frágiles.

 

Un valor: Responsables del bien

 

                Resistir al torrente del mal solamente será posible en la medida en que nos sintamos responsables del bien:

  • Responsables del bien cercano y del lejano en la medida que sea.
  • Dispuestos a hacer lo que esté en nuestra mano para que el mal no tenga bula.
  • Sabedores de que cualquier acción buena que se haga no se pierde, por mucho que sea el canto de victoria que entone el mal.
  • Manteniendo la certeza de que el mal triunfará sobre el bien, a pesar de todo.

 

Una foto:

 

 

 

Cuando el atleta etíope Feyisa Lilesa cruzó la línea de meta en segundo lugar en el maratón de los Juegos Olímpicos de Río, elevó sus brazos y los cruzó en forma de 'x'. En la ceremonia de celebración posterior, repitió el gesto y desveló su significado: protestaba contra el gobierno de su país y en señal de solidaridad con el grupo étnico Oromo, al que pertenece, perseguido por su gobierno. Gente que resiste al torrente del mal en modos sencillos pero con consecuencias y riesgos.

 

Un poema:

 

Entre tanto guijarro de la orilla  

no sabe el mar  

en dónde deshacerse 

 

¿Cuándo terminará su infernidad 

que lo ciñe 

a la tierra enemiga 

como instrumento de tortura 

y no lo deja agonizar 

no le otorga un minuto de reposo? 

 

Tigre entre la olarasca 

de su absoluta impermanencia 

Las vueltas 

jamás serán iguales 

La prisión 

es siempre idéntica a sí misma 

 

Y cada ola quisiera ser la última

quedarse congelada

en la boca de sal y arena

que mudamente

le está diciendo siempre:

Adelante.

 

J.E. Pacheco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo,  30 de octubre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

33. Mc 5,21-24a.35-43

 

Una reflexión inicial:

 

            Todos sabemos que una de las formas más sutiles de poder es la sobreprotección. Efectivamente, es una forma sutil porque va envuelta, aparentemente (y quizá también realmente) en amor. Por causa del amor se sobreprotege y por esa misma causa se oprime. Es algo que, sobre todo aplicado a niños, es rechazado por todos los terapeutas.

                Pero así somos: con buena voluntad, queriendo lo mejor para el otro, lo rodeamos de cuidados excesivos que anulan a la persona, la reducen a mero repetidor de nuestros anhelos y, en fin, queda sometido a nuestra voluntad. Romper, a veces, ese círculo infernal es muy difícil. Por eso hay que estar alerta.

                Es preciso dejar que el otro sea otro, que elija los caminos que quiera andar, que se arriesgue en las sendas que le resulten atractivas. Por eso, quien no quiera caer en la sobre protección tendrá que aprender a encajar sobresaltos, a aguantar las opciones que no cuadran con su sensibilidad. Ni sobre protección ni sobre exigencia.

                Y, además, habrá de aprender a leer positivamente los disfrutes y opciones del otro, a no querer imponer marcos de gozo que son los propios pero que no son los ajenos siempre. Respetar la libertad que disfruta por caminos propios es un aprendizaje necesario para eludir la sobreprotección.

                Todo este trabajo se inscribe en la tarea de construir relaciones saludables, cosa no fácil siempre y en muchas ocasiones muy complicada. Pero si las relaciones no son saludables, la vida se convierte en un infierno. Por eso hay que lanzarse con buen ánimo a esta hermosa y complicada tarea.

 

El texto:

 

            21Jesús atravesó de nuevo en barca a la orilla de enfrente, se le reunió otra vez mucha gente alrededor y se quedó junto al lago.

22Se acercó un jefe de sinagoga que se llamaba Jairo, 23y al verlo se echó a sus pies rogándole con insistencia: - Mi hijita está en las últimas; ven a aplicarle las manos para que se cure y viva.

24aJesús se fue con él.

35Aún estaba hablando cuando llegaron de casa del jefe de sinagoga para decirle: - Tu hija ha muerto. ¿Por qué molestar al maestro?

36Pero Jesús, sin hacer caso del recado, le dijo al jefe de la sinagoga: - No temas, te fe y basta.

37No permitió que lo acompañara nadie más que Pedro, Santiago y su hermano Juan. 38Llegaron a casa del jefe de sinagoga y estuvo contemplando el alboroto de los que lloraban gritando sin parar. 39Luego entró y les dijo: - ¿Qué alboroto y qué lloros son estos? La chiquilla no está muerta, está dormida.

40Ellos se reían de él, pero él los echo a todos fuera y con el padre y la madre de la chiquilla y sus acompañantes entró donde estaba la niña. 41La cogió de la mano y le dijo: - Talitha qum (que significa “Muchacha, a ti te digo, levántate”).

42Inmediatamente se uso en pie la muchacha y echó a andar (tenía doce años). Se quedaron viendo visiones.

43Les advirtió con insistencia que nadie se enterase y encargó que se le diera de comer.

 

  • Hay una progresión en la manera de denominar a la hija del jefe de sinagoga que indica la orientación del relato: para el padre es, primeramente, “hijita”: indica minoría de edad, dependencia, sobreprotección. Los criados habla de “hija”: pertenencia legal, sin sobreprotección. Jesús comienza hablando de “chiquilla”: afecto sin sobre protección para terminar nombrándola como “muchacha”: persona en situación legal de adultez (en aquel tiempo la edad adulta para casarse era temprana, debida a la mortalidad infantil).
  • Es decir: el verdadero milagro no es curar a la muchacha sino dejarle ser ella misma. Su enfermedad es el sometimiento al sistema al que se ve obligada. Liberarla de las garras de sistema sobreprotector es como resucitarla.
  • Lo que el reino de Jesús pretende es justamente eso: dar adultez a la persona y con ella, la libertad innegociable a la dignidad.

 

Para pensar u orar:

  1. 1.       Que el Mensaje nos lleve a la libertad.
  2. 2.       Que el Mensaje nos lleve a la adultez.
  3. 3.       Que el Mensaje nos lleve al respeto

 

Un valor: El sentido de la adultez

 

            El entenderse y vivirse como persona adulta es sinónimo todo el itinerario humano para llegar a ser uno/a mismo/a.

  • Para ser adulto hay que considerar a los demás como adultos.
  • Para ser adulto se demanda no apagar nunca el anhelo de libertad.
  • Para ser adulto es preciso respetar la pluralidad de los caminos humanos.
  • Para ser adulto se requiere la renuncia a cualquier poder que oprima al otro.
  • Para ser adulto se requiere una paciente espera ante los caminos distintos de los demás.
  • Para ser adulto hay que entender que al misterio de la persona y al de Dios se accede por puertas muy diversas.

 

 

Una foto:

 

 

Es una foto que se puede aplicar a muchas cosas, pero también al tema de la sobreprotección. Hemos de dejar que el otro sea él, que aspire el perfume de las flores por su cuenta, que se embelese de lo que le llama la atención, que elija sus opciones, que ande los caminos que le atraen. Contemplar la diversidad es lo que puede ayudarnos a generar flexibilidad en las relaciones.

 

Un poema:

 

Yo no te pido

que me bajes una estrella azul

solo te pido

que mi espacio llenes con tu luz.

 

Yo no te pido

que me firmes diez papeles grises para amar

solo te pido

que tú quieras las palomas que suelo mirar.

 

En lo pasado no lo voy a negar

el futuro algún día llegará

y en el presente

que me importa la gente si es que siempre van hablar.

 

Sigue llenando

este minuto de razones para respirar

no me complazcas

no te niegues

no hables por hablar.

S. Rodríguez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo,  6 noviembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

34. Mc 24b-34

 

Una reflexión inicial:

 

            Por alguna razón, hay en nuestro interior una facilidad grande para conectar con lo gris, lo malo, lo negativo, lo truculento. Por eso venden tanto las noticias que tienen ese componente trágico; por eso tienen tanta acogida grupos sociales o políticos de componente muy sombrío; por eso nos atrae menos la luz y lo positivo.

                Sin embargo, conectar con lo bueno, situarse en lo positivo, valorar lo luminoso, serían cosas que nos harían mucho bien. Efectivamente, desarrollarían los mejores valores que tenemos las personas y las sociedades, fomentarían pautas positivas y humanizadoras de comportamiento, serían causa de alegría para nuestros días.

                De ahí que sea interesante poner siempre delante este anhelo, animar a tomar estos caminos, empujar en la dirección de lo luminoso, no en la de lo tenebroso. Los anhelos son dinamismos fuertes; si los tomamos desde el lado positivo pueden contribuir notablemente al beneficio de la persona.

                Pero también es necesario hacer opciones concretas, situarnos cada vez más en el terreno de lo positivo, alejarnos de quienes han hecho de la oscuridad el marco habitual de su vida.

                Y junto con todo esto, resistir el embate de lo negativo, hacer frente explícitamente a quien propugna las sombras, valorar a las personas que aportan luz al hacho social.

 

El texto:

 

                24bLo seguía una gran multitud que lo apretujaba.

                25Una mujer que llevaba doce años con un flujo de sangre, 26que había sufrido mucho por obra 27de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía sin aprovecharle nada, sino más bien poniéndose peor, 27como había oído hablar de Jesús, acercándose entre la multitud le tocó por detrás el manto, 28porque se decía: “Si le toco aunque sea la ropa, me salvaré”. 29Inmediatamente se secó la fuente de su hemorragia, y notó en su cuerpo que estaba curada de aquel tormento.

                30Jesús, dándose cuenta interiormente de la fuerza que había salido de él, se volvió inmediatamente entre la multitud preguntad: - ¿Quién me ha tocado?

                31Los discípulos le contestaron: - Estás viendo que la multitud te apretuja y ¿sales preguntando “quién me ha tocado”?

                32Él miraba a su alrededor para distinguir a la que había sido. 33La mujer, asustada y temblorosa por ser consciente de lo que había ocurrido, se acercó, se postró ante él y le confesó toda la verdad. 34Él le dijo: - Hija, tu fe te ha salvado. Márchate a la paz y sigue sana de tu tormento.

  • Para los judíos antiguos el “manto” era una prenda tan importante (no había ropa interior) que robar el manto era uno de los pecados más graves, ya que se exponía a la persona a la muerte.
  • No es de extrañar que el manto llegara a confundirse con lo más valioso de una persona, con su espíritu. El profeta Eliseo le pide a Elías antes de morir que le dé una parte de su espíritu; este le da la mitad de su manto.
  • Por eso mismo, tocar el manto era como tocar el espíritu, lo más valioso de la persona, su verdad más profunda. La mujer lo toca y queda sana.
  • Es decir: toca los valores de Jesús (la paz, el amor, el servicio, la generosidad, etc.). Esto es lo que sana a la mujer: el vivir de acuerdo con los criterios del Evangelio, porque son criterios que aportan salud.

 

Para pensar u orar:

  1. 1.       Que toquemos el manto de Jesús viviendo sus valores.
  2. 2.       Que toquemos el manto de Jesús tocando a los frágiles.
  3. 3.       Que toquemos el manto de Jesús en el manto de nuestros hermanos.

 

Un valor: No hacer el juego al mal

 

            Tiene tanta potencia el mal que hacerle el juego parece la cosa más normal del mundo, aplaudirle, reírle sus gracias, excusar con facilidad sus desmanes. Hay que tomar otra postura:

  • Marcar territorios separados; hacer ver que queremos salir del marco de su influencia.
  • Mantener la crítica y hasta la censura ante los desmanes del mal. Mostrar explícitamente el desacuerdo.
  • Tomar opciones sociales y políticas alejadas de sistemas que consagran el mal y lo banalizan.
  • No hacerles el juego pensando que eso nos va a aportar alguna ganancia. A la larga, hay que pagar la factura.
  • No temer significarse por no estar de su lado; hay muchas personas que nos darán las gracias.
  • Mantener un tono vital de cierto optimismo ante la irrefrenable tendencia del mal por ennegrecer toda la realidad.
  • Desdramatizar situaciones de “negrura” sabiendo que las cosas no son blancas o negras, sino con muchos matices.

 

 

Una foto:

 

 

Esta muchacha es Luisa Broto, vicealcaldesa de Zaragoza. Ella, como otros políticos, cree que para hacer política no hay que tener la piel dura y el rostro de pedernal sino que, por el contrario, hay que redoblar la sensibilidad humana. Posiblemente no se equivoca, por más que haya sectores políticos que piensan justamente lo contrario.

 

Un poema:

 

Quiero echar mi suerte

en el lado de la bondad,

en el campo del corazón,

en el huerto del amor.

 

Por eso he comenzado

por abandonar la telaraña

de los mezquinos.

 

Quiero tocar el espíritu

de quien es humano.

Esa es mi opción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo,  13 de noviembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

35. Mc 6,1-6

 

Una reflexión inicial:

 

            Los agnósticos dicen que es difícil tener fe en Dios. Los ateos que es mejor no tenerla. Pero lo verdaderamente difícil es dar fe a las personas, tener fe en ellas, llegar a una confianza básica, radical, en el corazón humano.

                Eso resulta difícil porque de la persona vemos sus fallos, sus limitaciones, sus contradicciones, sus maldades. ¿Cómo vamos a dar fe a nadie que tenga tales limitaciones?

                Y, sin embargo, sin fe en la persona el mundo caminaría a su destrucción, ya que la confianza en la persona es el sustento de la historia, la posibilidad de llegar a vivir en buena relación, en fraternidad entre humanos y con la creación.

                De ahí que el cultivo de la fe en la persona sea, de alguna manera, mucho más importante que el de la fe en Dios. Esta, según como se mire, depende de aquella.

                Efectivamente, ¿qué tipo de fe en Dios es aquella que puentea la fe en la persona? Si no podemos confiar en la persona, la fe en Dios es una superestructura, un añadido, algo inexistente, algo imposible.

                Y en la tarea de creer en la persona toda persona queda emplazada, porque esa fe no demanda un previo religioso. Sí demanda una aceptación del valor del otro por encima de sus límites y fracasos.

                Esa fe esencial en el otro es decisiva para que la bondad humana se abra camino por la tiniebla de sus sendas. Sin ellas, la vida se hace imposible.

 

El texto:

 

            6,1Y salió de aquel lugar. Fue a su tierra, seguido de sus discípulos. 2Cuando llegó el día de precepto se puso a enseñar en la sinagoga.

                La mayoría, al oírlo, decían impresionados: - ¿De dónde le vienen a éste esas cosas? ¿Qué clase de saber le han comunicado a éste y qué clase de fuerzas son esas que le salen de las manos? 3¿No es este el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago y José, de Judas y Simón? Y ¿no están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban de él. 4Jesús les dijo: - No hay profeta despreciado, excepto en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

                5No le fue posible de ningún modo actuar allí con fuerza; solo curó a unos pocos postrados aplicándoles las manos. 6Y estaba sorprendido de su falta de fe.

                Entonces fue dando una vuelta por las aldeas de alrededor, enseñando.

 

  • El modo de enseñanza al uso era el de citar los textos de los grandes rabinos y así iban haciendo luz. Jesús no cita a nadie, a su experiencia, y eso bloquea la aceptación de su enseñanza popular. Por otra parte, obra “con fuerza”, con espíritu.
  • La inaceptación de que un pobre se meta a enseñar y a curar se traslada al origen familiar de Jesús: si conocemos a su pobre familia, su enseñanza y curaciones quedan desautorizadas, marcadas por la pobreza. Es decir: dar fe a un pobre es el gran problema.
  • El menosprecio de Jesús, la falta de fe en el él, se traduce en escasez de curaciones. Pero al haber algunas, la puerta queda abierta. No se desacredita tan fácilmente al que hace el bien.
  • Jesús mismo se sorprende de que no se le dé fe debido a su origen humilde. Lo que habría que calibrar sería el valor de sus obras a favor de la persona. Eso no cuenta.

 

Para pensar u orar:

  1. 1.       Que demos fe a la persona por encima de sus limitaciones.
  2. 2.       Que demos fe a quien hace el bien.
  3. 3.       Que demos fe a quien amamos y a quien no amamos tanto.

 

Un valor: No estrellarse contra las apariencias

 

            Porque es, con frecuencia, el muro contra el que nos estrellamos: las apariencias de una persona son pobres, le retiramos la confianza, ya no creemos en él. Hay que darse el trabajo de superar ese muro:

  • Para superar el muro de las apariencias hay que mirar en la dirección del corazón del otro.
  • Para superar el muro de las apariencias hay que escuchar pacientemente y no dejarse guiar por habladurías.
  • Para superar el muro de las apariencias hay que valorar humanamente a la persona, no solo desde planteamientos económicos.
  • Para superar el muro de las apariencias hay que rasgar los velos que nos ponemos, los prejuicios, los estereotipos, los lugares comunes.
  • Para superar el muro de las apariencias hay que creer que toda persona tiene valores, más o menos ocultos.

 

Una foto:

        Este es un grupo de usuarios de Proyecto Hombre en Salamanca, fase de reinserción. Están muy agradecidos a los Capuchinos de esa ciudad que han puesto un inmueble a su disposición. Dicen que Los capuchinos nos han demostrado que Francisco de Asís y su espíritu siguen vivos. Quizá demasiado, pero se trata de dar confianza a la persona que anda buscando caminos nuevos para su vida. Lo que hizo Jesús.

 

Un poema:

 

En campos de silencio

las estrellas que caen

siempre germinan. 

 

Todo nos reconoce. 

Todo inclina su gesto generoso

hacia donde la vida

nos cubre y nos concreta. 

 

Hay un cuenco de asombro

en el umbral

de los que saben esperar milagros, 

susurra una verdad. 

 

Hay música, también, 

bajo las cuerdas. 

 

Vanesa Pérez-Sauquillo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo, 20 de noviembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

36.Mc 6,7-13

 

Una reflexión inicial:

 

            No resulta fácil andar confiadamente por la vida. Mil constricciones te obliga a desconfiar de cualquier compañero/a de camino. Y sin embargo, no es posible caminar en la total desconfianza. Por eso, aunque haya fallos, aunque muchas veces sintamos el zarpazo del mal, no hay más remedio que confiar.

                Por otra parte, un camino en la desconfianza se hace amargo, cuesta arriba, desabrido. Esta siempre en actitud de nada y guardar la ropa es algo muy cansino, desgasta mucho. Alguna vez habrá que sacar la mano de la guarda de la espada y tenderla a quien viaja con nosotros. Si no, el desgaste es enorme.

                Más aún, la confianza en el otro, aunque a veces nos falle, es el verdadero descanso del corazón. Hallar descanso en uno mismo solamente es algo incompleto. Al final, se descansa en el corazón del otro, en la vida del otro. Digamos lo que digamos, el otro es nuestro mejor descanso.

                Por eso, la Palabra de Jesús quiere colaborar a construir seguidores/as confiados, no gente que mirar siempre a derecha e izquierda con desasosiego y desconfianza. Incluso más: un/a desconfiado/a no puede ser buen seguidor de Jesús porque el Evangelio no busca gente religiosa y cumplidora, sino personas que ofrezcan el corazón como casa del otro y que entren al corazón del otro como casa suya.

                Orar con la Palabra y no percibir que los niveles de confianza aumentan, sería una evidente contradicción.

 

El texto:

 

            7Llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, confiriéndoles poder sobre los espíritus inmundos. 8Les encargó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja, 9que calzaran sandalias pero que no llevaran dos túnicas.

                10Les decía: -Cuando entréis en una casa, quedaos allí hasta que os marchéis. 11Si en un lugar no os reciben, quedaos allí hasta que os marchéis. 11Si en un lugar no os reciben ni escuchan, salid de allí y sacudíos el polvo de los pies como protesta contra ellos.

                12Se fueron y predicaban que se arrepintieran; 13expulsaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y sanaban.

 

  • Este texto refleja las condiciones en que Jesús ha mandado a sus amigos a hacer aquella rudimentaria misión de anunciar el Evangelio a las aldeas de la Galilea. El denominador común de todas las instrucciones (aunque no salga la palabra exacta) es la confianza. Sobre todo la confianza en las personas y en las casas a las que van. Es decir, Jesús cree que la gente, en general, es buena y que se puede confiar en ella. Sin esa confianza, no se podría ir así.
  • Esa confianza se traduce en beneficio para la gente. De ahí las curaciones en formas sencillas, propias de la época en que no había medicina técnica. Curar con palabras, con exhortaciones, untando con aceite, poniendo las manos, dando ánimo. La confianza es curativa, aunque no lo parezca.
  • Ellos mismos han de suscitar confianza entre la gente. Por eso, hay que apartar todo afán de lucro y de ganancia para que pueda brotar esa confianza.
  • A pesar de esas indicaciones ellos también “predican para que se arrepientan”, cosa que no les había mandado Jesús. Por ahí se puede colar la desconfianza. Hay que tener cuidado con las exigencias religiosas y morales que pueden apartarnos de un camino de confianza básica.

 

Un valor: Mirar adentro de la persona

 

            Porque si no se mira adentro de la persona resulta imposible confiar en ella. Las apariencias, lo de fuera, nos lleva a la desconfianza. Si miramos al interior confiaremos más fácilmente. Para mirar dentro:

  • Hay que huir de tópicos, prejuicios y estereotipos.
  • Hay que sentirse hermanados en el fondo. Todos nos llevamos el canto de un duro.
  • Hay que hacer camino juntos, vivir juntos, para espantar la desconfianza que nos genera la debilidad ajena.
  • Hay que aprender a desvelar los valores pequeños que son susceptibles de engendrar confianza.

 

 

Una foto:

 

 

            Es una foto del papa Francisco saludando a un preso. Ha querido el papa reunirse con ellos en el jubileo de la misericordia. Es una reunión de confianza. Dejar que mil presos vayan a Roma )aunque los habrán “seleccionado”) muestra la confianza de las instituciones penitenciarias en tales reos. Con esos gestos de confianza se dignifica más que con muchas palabras. El papa se lo ha agradecido. No es para menos. Estamos necesitados de gestos sociales de confianza.

 

Un poema:

 

PIENSA

en los que se mantienen al margen, 

en los que pasan, casi anónimos, 

                                                     y escuchan,

y guardan para sí lo que acaso dirían

si las cosas fuesen de otra manera,

si el altavoz brutal callara un poco. 

No imagines que el mar es sólo superficie; 

piensa en las aguas hondas, silenciosas,

o surcadas tal vez de profundas corrientes,

pero llenas de vida. 

Una vida que calla, pero que es verdadera

--más que el fugaz bañista, más que el barco--,

y sigue, sigue siempre. 

 

J. Cereijo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo, 27 de noviembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

37. Mc 6,14-16

 

Una reflexión inicial:

 

            La cuestión de la identidad parece ser un problema de filosofía. Pero, en realidad, es un asunto de vida: ¿quién soy? ¿Quiénes somos como colectivo? ¿Quiénes somos como grupo creyente? ¿Quiénes somos como familia? ¿Quiénes somos, incluso, como cosmos? Son preguntas que vuelven, una y otra vez, sobre la mesa del discernimiento.

                Necesitamos aclararnos, poner luz en nuestra realidad, saber lo mejor posible cuál es la senda que tenemos que recorrer para tocar, siquiera con la punta de los dedos, la dicha que anhelamos. Somos así los humanos.

                En realidad, las preguntas sobre la identidad tienen una respuesta común: somos más acertadamente cuando somos humanos. Lo humano es el denominador común de todas las preguntas sobre la identidad. Cuanto más humanos somos, más sabemos lo que somos; cuanto menos humanos somos, más se diluye la cuestión de la identidad y más volumen cobran las preguntas sin respuesta.

                La identidad se resuelve en la humanidad, en la bondad del corazón, en el amor asimétrico, en la capacidad creciente para darse. Es decir, no es tanto cuestión de ideología, sino de corazón, de interior, de amor, en definitiva.

                La razón de lo humano es darse, entregarse. Y en ese “despojo” se halla la mayor riqueza y la fuente de la identidad.

 

El texto:

 

14Como su fama se había extendido, llegó a oídos del rey Herodes. Unos decían: -Juan Bautista ha resucitado de la muerte y por esto las potencias actúan por su medio. 15Otros, en cambio, opinaban: -Es Elías. Otros, por su parte, decían: -Es un profeta comparable a los antiguos. 16Pero Herodes, al oírlo, decía: -Aquel Juan a quien yo le corté la cabeza, ése ha resucitado.

 

  • El rey Herodes no puede desvelar la identidad verdadera de Jesús por dos razones: por su miedo y porque no entiende la novedad de Jesús. El miedo bloquea la percepción de lo humano de Jesús, de su verdadera identidad. La mirada hacia atrás bloquea la identidad de Jesús porque lo suyo, el Reino, es un planteamiento de total novedad.
  • Confundir a Jesús con el Bautista es no haber entendido que a Jesús no le interesa tanto la conversión religiosa cuanto una vida en buena relación. Esa es la seña de su identidad.
  • Confundir a Jesús con Elías, el fanático religioso, es no saber nada de él. A Jesús no le interesa la religión, sino el amor. En él se basa su identidad.
  • Confundir a Jesús con un profeta de los antiguos es no haber olfateado la novedad de una vida en entrega que es lo que caracteriza la identidad de Jesús.
  • Buena relación, amor, vida entregada. En estos parámetros de sitúa la identidad de Jesús como ánimo para que, también en ellos, se enmarque la vida del seguidor/a.

 

Para pensar o rezar.

 

  • Te alabamos, Señor, por tu capacidad de buena relación.
  • Te bendecimos por tu amor inapagable.
  • Te damos gracias por la novedad de tu vida entregada.

 

Un valor: mirar al rostro del otro

 

                Para desvelar la verdadera identidad del otro, para saber quién es el que realmente convive conmigo, con el que entro en contacto a lo largo del día, es necesario mirar muchas veces su rostro para aprenderlo. En él se refleja su identidad.

  • Mirar un rostro alegre empuja a participar en su alegría para que ésta cobre aún más vuelo.
  • Mirar un rostro sombrío es invitación a acercarse a las sombras del corazón para tratar de aportar algo de luz.
  • Mirar un rostro amable es aprender que la amabilidad es salsa necesaria para todo guiso en la vida.
  • Mirar un rostro cansado es animarse a aliviar los cansancios que tienden a ocupar todo el terreno del corazón.
  • Mirar un rostro generoso es animarse a compartir los caminos donde se aprende la generosidad y la entrega.

 

Una foto:

 

 

                En plena Gran vía de Zaragoza se colocó la exposición “Caminos del Exilio” sobre el éxodo de los refugiados sirios. Unas fotos que impactaban, que llegan al corazón y que hacían brotar la pregunta: ¿Qué estamos haciendo con estas personas? Europa, nosotros, hemos perdido la identidad, si es que la teníamos, de ser tierra de acogida. ¿Cómo recuperarla? Siendo benignos en la comprensión de estos movimientos humanos, siendo sensibles a su situación, colaborando algo si está en nuestra mano. La identidad, ya lo hemos dicho, no es un asunto de filosofía, sino de generosidad humana.

 

Un poema:

 

PIENSA

en los que se mantienen al margen, 

en los que pasan, casi anónimos, 

                                                     y escuchan,

y guardan para sí lo que acaso dirían

si las cosas fuesen de otra manera,

si el altavoz brutal callara un poco. 

No imagines que el mar es sólo superficie; 

piensa en las aguas hondas, silenciosas,

o surcadas tal vez de profundas corrientes,

pero llenas de vida. 

Una vida que calla, pero que es verdadera

--más que el fugaz bañista, más que el barco--,

y sigue, sigue siempre. 

 

José Cereijo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo, 4 de diciembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

38. Mc 6,17-29

 

Una reflexión inicial:

 

            Por desgracia, el mundo está lleno de muerte inútiles, o así lo parecen. Mueren muchas personas, niños incluidos, en bombardeos homicidas que no arreglan nada la situación de un país. Mueren personas en enfrentamientos que hunden más a una región en la violencia. Se muere en accidente insensato, en menosprecio de la vida. Miles de miles de muertes inútiles: no aportan nada al caminar humano, sino dolor.

                Pero algunas de estas muertes son “útiles”, porque están provocadas por el anhelo de justicia y se convierten en clamor de justicia. Las muertes por la justicia, por más que se las quiera silenciar, claman por el día en que la humanidad llegará a taponar todas las vías que llevan a la muerte. Anida en ellas el anhelo de la vida.

                Puede que no se distingan mucho unas de otras, pero las muertes que provoca el anhelo de justicia son siembra de vida para el futuro, se sepa o no, se reconozca o no.

                Siempre será una desgracia la muerte, cualesquiera que sea. Pero hay muertes, como decimos, que incluyen el anhelo de la verdad y la justicia. Son muertes fecundas, por más que todas sea horribles.

                Valorar esas muertes con paz es, también, una manera de sumarse al anhelo que arde en su interior.

 

El texto:

 

17En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, 18y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. 19Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, 20porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto. 21La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. 22La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. 
El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy.»  23Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.»  24Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?» La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista.»  25Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»  26El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. 27En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, 28trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. 29Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

 

  • Más allá de la lectura moralizante, este pasaje puede ser leído como una muerte inútil: no solucionó nada ni al rey, ni a Herodías y su hija. Es pretender acallar una voz, la de la justicia, que no se puede acallar sino afrontando la citación a la que apunta. Por eso, la “voz” del bautista decapitado sigue sonando en la vida de Herodes, como lo ha verificado el párrafo de la semana pasada.
  • Más que un acto de inmoralidad, sobrar al hermano la mujer es un acto de antifraternidad, de mala relación, de no haber entendido que las personas merecen un respeto básico. Esa falta grave de respeto se volverá contra un monarca que no fue respetado (este Herodes Agripa, hijo de Herodes el grande, el de los inocentes, murió en el destierro en Francia).
  • Tendría que haber arrostrado las consecuencias de sus actos. Si hablaba con gusto con el Bautista, tendrían que haber aclarado las consecuencias de los propios actos, tendrían que haber hecho luz sobre los propios caminos.
  • Como no se hace ese trabajo, se llega al resultado de una muerte inútil.

 

Un valor: arriesgar la vida por amor

 

            Hay gente que lo hace:

 

  • Misioneros y humanitarios que están en las trincheras donde las balas silban.
  • Médicos y sanitarios que dejan de lado su mundo de ganancias y de fama y se entierran en lugares de pobreza haciendo medicina solidaria.
  • Personas de nuestros pueblos y ciudades que dedican tiempo e ilusión a mejorar la vida de la ciudadanía, sin echarse un euro al bolsillo (los hay).
  • Orantes que en el silencio hacen presente el dolor del mundo a los demás y al mismo Dios para que eche una mano y para que lo socorramos en la medida de nuestras posibilidades.
  • Gente solidaria que ha hecho voto de fidelidad y de acompañamiento a personas cercanas que están necesitadas de amparo.

 

Una foto

El trabajador social Anás al Basha que se disfrazaba de payaso para animar a los niños de la ciudad septentrional siria de Alepo ha muerto en un bombardeo llevado a cabo por fuerzas rusas y sirias, anuncio hoy su hermano Mahmud. En un comunicado publicado en Facebook, Mahmud explicó que Anás había rechazado abandonar la asediada Alepo para “continuar su labor como voluntario ayudando a los civiles y dar regalos a los niños en las calles para traerles esperanza”. Muertes útiles, dentro de su “inutilidad”.

 

Un poema

 

Toda la gente

de la que nadie habla

Viviendo

mirando el sol

diciendo hola

cogiendo un resfriado

cogiendo el autobús

Viendo un cuadro

leyendo un libro

teniendo una revelación

de su yo verdadero

antes de morir.

 

Miguel A. Bernat

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo, 11 de diciembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

39. Mc 6,30-32

 

Una reflexión inicial:

 

            La tentación de adoctrinar es siempre grande. Se anhela que el otro piense como yo, diga lo que yo, tenga el mismo discurso que el que yo tengo. Adoctrinar para someter.

                Por eso se emplean muchos medios en propaganda, en publicidad, en divulgación. Se cree que si se atrapa al otro con ideas se lo tiene sojuzgado y a nuestra disposición.

                Muchos sistemas (incluido el religioso) tienden a emplear los mecanismos del adoctrinamiento como mecanismos para crear “fieles”, personas adictas, gente del propio bando.

                Pero habría otro camino para establecer una relación humanizadora: amar sin esperar premio, entregarse sin que siempre haya recompensa, trabajar por el bien del otro sin que siempre haya aplauso, ser generoso sin esperar que todo tenga una paga.

                ¿Este modo es menos eficaz que el adoctrinamiento para crear lazos de amor, de humanidad? Digamos lo que digamos, el amor es más potente que la ideología. Lo decía muy bien Gandhi cuando hablaba de la fuerza política del amor.

                Apuntarse al amor es más productivo que sembrar ideología a mansalva. Lo vemos en nuestras relaciones cotidianas.

 

El texto:

 

            30Los enviados se congregaron donde estaba Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y todo lo que habían enseñado. 31Él les dijo: - Venid vosotros solos aparte, a un lugar despoblado, y descansad un poco. Es que eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. 32Y se marcharon en la barca, aparte, a un lugar despoblado.

 

  • Se envía a los discípulos a curar y a anunciar el reino de Dios. Pero ellos hacen otra cosa que Jesús no les ha mandado: “enseñar”, adoctrinar al modo de la espiritualidad judía. Es decir, siguen diciendo que para entrar en el reino hay que ser religioso, cumplir la ley, las prácticas de la costumbre. La novedad del reino queda empañada.
  • Por eso Jesús los lleva a “un lugar despoblado”, a un desierto, para reconducir el asunto, para reorientar la opción. Ellos tenían que haber curado únicamente, porque ese era el signo de al amor, el signo del reino. Tienen que aprender a dejar de lado la ideología judía que ellos aman tanto.
  • No encuentran tiempo “ni para comer”, ni para compartir con Jesús en profundidad y aprender lo que significa la entrega. Necesitan volver a sentarse a la mesa con él, entrar de nuevo en la dinámica de la entrega.
  • La soledad es camino buena: solos, en la barca, desligados de todo, a un despoblado. Es el silencio que reconduce las orientaciones, que nos resitúa, que nos marca de nuevo el camino a seguir.

 

Para pensar u orar:

 

  1. Que demos amor más que ideología.
  2. Que curemos, más que enseñemos.
  3. Que acompañemos, más que constituirnos en maestros.

 

Un valor: el testimonio de la vida

 

            La persona tiende a creerse grande por las grandes ideas que defiende. Pero, en realidad, la grandeza le viene por el testimonio de su vida. Efectivamente, en la medida en que tu testimonio es humano, tu persona es grande en sí misma.

  • Para dar testimonio, primeramente hay que vivir lo que uno sostiene. O, al menos, habrá que intentarlo. Un testimonio sin una vida que lo respalda es algo frágil.
  • Además habrá que testimoniar con humanidad y mesura, porque un testimonio grandilocuente desvela unas irremediables carencias.
  • Tendrá que ser, además, un testimonio compasivo, capaz de entender las situaciones de los frágiles, más allá de cualquier censura o exclusión.
  • Finalmente, habrá de ser un testimonio muy ligado a la vida, a lo cotidiano, a lo sencillo de la relación más elemental.

 

Una foto:

 

 

 

            Este señor es Teo Nieto, un cura rural en la provincia de Zamora que atiende unos cuantos pueblos pequeños. Su labor es tan sencilla como sentarse en un banco con una anciana, hablar un poco y darle allí mismo la comunión. Testimonios de vida ocultos y sencillos de acompañamiento a quien anda solo por la vida. Así de simple.

 

Un poema:

 

Bajo el sol

 hay bondad

frente a la luz sólo basta

abrir los ojos.

Limpia las penas

de tu corazón

el sufrimiento

de tu cuerpo

bajo el sol

da gracias

a la hierba

al musgo a la lluvia

da gracias

al placer

a la tierra sobre la que vives

y sobre la que mueres

al primer jardín

a los árboles de música

y a sus follajes de silencio

da gracias

al agua de la acequia

al bálsamo en la sangre

al rocío la floresta

al ciervo vulnerable

bajo el sol

al cielo y a sus siglos

a las nubes del aire

al fuego y al frío

a los vientos a las noches

y a los días y a la luz

a los montes y colinas

a las fuentes los mares y riberas

a la muerte

a los pájaros del cielo

y a la muerte

oscuro corzo herido

da gracias

               bajo el sol.

Ernesto Kavi 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo, 18 de diciembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

40. Mc 6,33-34

 

Una reflexión inicial:

 

            Los pastores siempre han gozado de un pensamiento a su favor. La lírica les ha aupado. Y por eso, hablar de pastores es hablar de algo positivo y hasta hermoso.

                Sin embargo, y a nada que se piense, el mayor enemigo del rebaño el pastor porque es quien explota a las ovejas (explotación ganadera). Si las ovejas pensaran, se rebelarían contra su pastor, que es quien las explota.

                Por eso hay que tener mucho cuidado con los “pastores”, por quienes se erigen, o los erigen, en conductores-salvadores del rebaño. Con mucha frecuencia se ve que son meramente explotadores del rebaño.

                Por eso, y a la vez que se lucha contra los pastores, hay que luchar contra la mentalidad de rebaño. Ya lo decía Krahe: “El Señor no es mi pastor, yo no soy un borrego”.

                Efectivamente, no somos borregos, no debiéramos serlo, somos personas adultas y por eso mismo hay que apoyar a quien más ayuda a la adultez, a la autonomía, al valor de toda persona en base a su propia dignidad.

                Construir la adultez de la persona es una de las cosas más positivas a las que los humanos estamos llamados.

 

El texto:

 

            33Los vieron marcharse y muchos los reconocieron; entonces, desde todos los pueblos fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. 34Al desembarcar vio una gran multitud; se conmovió, porque estaban como ovejas sin pastor.

 

  • La masa funciona con anhelos oscuros. Quieren soluciones rápidas a sus carencias. Corren tras los pastores, tras los magos, tras los encantadores. Se encontrarán con un Jesús que les enseña “muchas cosas”, les enseñará a ser adultos.
  • Si andan “como ovejas sin pastor” es por la rapacidad de los pastores y por el poco esfuerzo personal en construir un camino de adultez. Habrá que atajar los dos frentes.
  • Los “muchas cosas” que Jesús les enseña tienen que llevar a la adultez personal. De lo contrario no servirían para nada. Para aprender esa adultez hay que mirarse más a sí mismo que al pedagogo que la enseña. Una mirada al propio interior se hace imprescindible.

 

Para pensar u orar:

 

  1. ¿Me va ayudando el Evangelio a ser más adulto?
  2. ¿Miro con exceso a los “pastores”, al sistema, a las directrices de la propaganda, a las leyes?
  3. ¿Tengo aprecio por las personas más autónomas y libres?

 

Un valor: la autonomía

 

            Los sistemas temen a la autonomía. Para ellos es más rentable la heteronomía: que las leyes que se dan a la persona vengan de fuera, no que la persona elabore sus propias pautas de comportamiento. Pero en este trabajo está el quid de la autonomía.

  • Para ser autónomo hay que construir un camino de equilibrio personal y humanizador.
  • Para ser autónomo hay que creer en el valor de la dignidad propia sin fisuras.
  • Para ser autónomo hay que trabajar los propios caminos sin desaliento.
  • Para ser autónomo hay que recuperar la dimensión de la profundidad.
  • Para ser autónomo hay que cantar en la noche cuando las cosas no vienen bien dadas.
  • Para ser autónomo hay que aprender a respetar la autonomía de los demás.

 

Una foto:

 

 

 

        Este señor es Marcelo Crivella, nuevo alcalde de Río de Janeiro. Es, además, pastor evangélico. Tiene unas ideas peregrinas y religiosas ultraconservadoras. Ha tenido manifestaciones contra los gays, las religiones africanas y la Iglesia católica. Como Trump, pero en brasilero. Un pastor de cuidado. No les arrendamos la ganancia a los ciudadanos de Río. De estos “pastores”, cuanto más lejos, mejor.

 

Un poema:

 

Dicen que nada volverá a ser lo que era

antes de que tu pétalo de luz

encendiera mi curva más oscura.

Tú, que no sabes ni que existes

mientras me redondeas,

que te formas y sueñas sin mapas

 

ni conceptos,

que no tienes ni nombre,

tú me haces infinita

en tu indefinición.

 

Tú y yo

vamos creando tu cuerpo

a ojos cerrados,

sin saber lo que hacemos,

cómo será la flor.

 

Yo, media luna de sueño,

y tú, mi otra mitad.

 

      Vanesa Pérez-Sauquillo

 

 

***

 

 

 

¡¡¡FELIZ NAVIDAD Y BENIGNO AÑO 2017

A TODA LA COMUNIDAD VIRTUAL!!!

 

¿Como formar en la vida religiosa hoy?

¿CÓMO FORMAR EN LA VIDA RELIGIOSA HOY?

 

            El trabajo de la formación en la VR ha sido siempre una tarea apasionante y enriquecedora. Más allá de sus innegables dificultades, se evidencia a lo largo de los años, tanto en los formadores como en los formandos, que el tiempo de la formación fueron decisivos, hermosos y productivos. El tiempo de formación, verdaderamente, un auténtico kairós para todos, incluida la comunidad formadora. Es preciso, pues, aprovechar ese viento a favor.

            Los formadores saben bien que formar es influir. Pretender una formación aséptica, sin que se note la influencia del formador es negar la realidad. Para formar hay que elaborar, ofrecer y, en algunos casos, forzar perspectivas, propuestas, caminos. Dejar que sea el tiempo en su devenir el que marque los caminos del formando es una ficción peligrosa. Hay que influir en el deseo de que la propuesta formativa vaya siendo incorporada al proceso del formando.

            Por eso mismo, por mera sinceridad con la comunidad formadora y con el formando, resulta necesario mostrar las cartas, hacer visibles las tendencias, proponer con claridad los caminos que se quiere que quien está en formación vaya andando. No se trata de imponer caminos a priori, sino de hacer juntos, formador-comunidad-formando/a, el trecho decisivo de la época de formación. Proponemos algunas de esas orientaciones formativas que nos parecen prioritarias en estos momentos. 

 

1. Formación para la vida en grupo

 

            Este es el cimiento de la formación. Antes que cualquier otro valor (incluidos los religiosos) es preciso “medir” la capacidad del formando para la vida en grupo o su trabajo para el logro de tal valor.

            La vida en grupo en el gozo de la VR y su cruz. Es su campo de trabajo. Dar por obvio este elemento es arriesgarse a situar a una persona en el lugar que no le corresponde y es, para la comunidad, cargar con un problema que, en determinados momentos se le haga insoportable.

            La capacidad para vivir en grupo se puede medir de muchas maneras confluyentes: con herramientas técnicas (ayuda terapéutica) o por simple trabajo observacional. Han de quedar lo más claras posibles la aptitudes del formando para la colaboración común, para el gozo compartido, para la agilidad a la hora de sumarse al proyecto comunitario, para mostrar empatía con sus compañeros y con los miembros de la comunidad formadora.

            De manera que el formador habrá de ser ágil para captar comportamientos relacionales que desvelen el interior de la persona. Y no ha de temer trabajar con seriedad y constancia el proceso de valoración e incardinación en el ámbito común. Dejar pasar esto es correr un gran riesgo.

            Así se preparará al formando para insertarse en un tipo de vida que tiene como orientación primaria generar comunión, fraternidad, buena relación ad intra y también en el ad extra de la sociedad: “Sólo en comunión con aquellos que tienen la misma vocación, tanto en el marco de la orden o congregación concretas como en otro tipo de relaciones interpersonales, podemos apropiarnos e interiorizar la llamada a vivir en la relación trinitaria. En ese contexto es como gradualmente nos daremos cuenta de que el Dios trinitario no lo encontraremos en otro mundo sino en el Nuevo Reino que está en el corazón de este mundo, proclamado e inaugurado (desde el punto de vista cristiano) en la vida y misión de Jesús”[1].

 

2. Formar para una espiritualidad redescubierta

 

            En estos tiempos en los que las religiones ocupan un lugar importante en el concierto de la ciudadanía, más allá del inevitable secularismo, los candidatos a la VR vienen con una gran carga religiosa y se identifican con ella. Se sienten cómodos en las formas exteriores y cultivan prácticas religiosas que creíamos arrumbadas. El ambiente religioso les reconforta.

            Siendo esto así y queriendo trabajar con los formandos tal como vienen y tal como son, creemos que es preciso decir que los procesos formativos han de estar imbuidos por una espiritualidad redescubierta, no meramente imitativa en intenciones y formas antiguas.

            Por eso, la Palabra ha de ser redescubierta para desvelar el rostro de Jesús y para que no se convierta en una “terrible siembra de ateísmo” en el corazón del candidato[2]. De ahí que haya de huirse del fundamentalismo y del historicismo que convierte la Palabra en un sermón sabido e inaguantable.

            Ha de ser camino la “vuelta a las fuentes” carismáticas en modos de fidelidad creativa, no en mera arqueología. Por supuesto, en los tramos finales del proceso formativo, el candidato ha de aprender a elaborar espiritualidad a través de sus fuentes carismáticas. No puede contentarse con ser un mero lector y, menos todavía, un repetidor papagayesco de frases de los escritos del fundador/a.

            Habrá que redescubrir, así mismo, la nueva producción teológica que afecta al imaginario hondo de la experiencia creyente. No se puede estar con el imaginario que se aprendió de niño en la escuela o en la catequesis parroquial. Es preciso incorporar en el proceso formativo los nuevos caminos de la teología o, al menos, las sugerencias que nos va dando la Iglesia. Por su componente profético, la VR habría de cultivar una espiritualidad compasiva y comprometida. Y dada la primacía numérica de vocaciones religiosas femeninas, éstas han de incorporar con decisión a los procesos formativos la espiritualidad feminista[3].

            Y como la liturgia es muy atractiva para los actuales formandos, será preciso ir cultivando una liturgia más social, más mezclada a la realidad histórica, menos descolgada de los avatares de la persona moderna. ¿Cómo inocular en los formandos una experiencia litúrgica para el cultivo de la interioridad y, a la vez, para el anhelo de la justicia? He ahí un buen reto[4].

            Habría también una hermosa tarea de redescubrimiento en el trabajo por reorientar los tópicos sociales que afectan a la VR: el tópico aun vigente del ámbito separado del mundo; el tópico de la vida conventual como una vida santa y pacífica; el tópico de que el religioso/a está mas cerca de Dios; el tópico del asexuamiento de los religiosos; el tópico del desinterés por el poder. Contienen una cierta verdad, pero es preciso hacer ver que la VR es más compleja que cualquiera de tales tópicos.

            Si estos trabajos por redescubrir una nueva espiritualidad no se hacen en el tiempo del proceso formativo, posiblemente serán casi irrealizables en el itinerario existencial posterior del religioso/a.

 

3. Formar para una Iglesia en salida

 

            La dificultad para ser hoy seguidor de Jesús en cualquier parte del globo afecta también la VR: no resulta fácil vivir el seguimiento en comunidad en estilos proféticos. Por eso, la VR, como la misma Iglesia, siente la tentación de replegarse a sus cuarteles de invierno y cerrarse en la burbuja religiosa donde no se le contradice ni se le zarandea.

            El Papa Francisco habla ampliamente en EG 20-24 sobre “la Iglesia en salida”. Quiere el Papa que hoy la Iglesia salga de los ámbitos religiosos que le son familiares y se lance al frío de la secularidad para aportar el aliento del Evangelio: “Salir y atreverse a llegar a las periferias que necesitan la luz del Evangelio”[5].

            A la comunidad cristiana le cuesta escuchar este llamado y a la VR también. Por eso mismo, en el proceso formativo habrá que cultivar explícitamente esta espiritualidad de una fe en éxodo. Eso habría de traducirse en participación explícita en los movimientos no solamente parroquiales, cristianos, sino sociales. Todo formando habría de cultivar, de acuerdo con el formador, un ámbito social donde se haga presente y donde aporte, aunque sea con su presencia sencilla, la luz del Evangelio de Jesús.

            Habrá que acompañar esas actividades para que no sucumban a los embates de la secularidad. Pero si para ahorrarse quebraderos de cabeza, el formador desecha ese camino y mantiene a sus formando en el calor reconfortante de la estufa religiosa, los hace menos resistentes con el ambiente social en el que, más tarde, habrán de situar su compromiso creyente.

            Por eso mismo, de no ser en etapas de la formación muy específicas, como la del noviciado, el resto de etapas habrían de estar idealmente asentadas en comunidades abiertas en las que el formando aprenda a “salir” para ir generando el tipo de Iglesia que el Papa demanda a los creyentes de hoy[6].

 

4. Formar para los aprendizajes sociales humanizadores

 

            La VR puede llegar a creer que nutre su espiritualidad únicamente de los aprendizajes carismáticos (liturgia, Palabra, sacramentos, carisma, etc.). Pero, en realidad, hay un maestro más potente que este: es el de los aprendizajes sociales. Efectivamente, gran parte de lo que el religioso sabe de la familia, la política, la economía, la sexualidad, la relación social, el uso de los bienes, los modernos métodos de comunicación, etc., lo aprende por contagio social.

            A. Bandura difundió esta teoría de los aprendizajes sociales que el trabajo social y la misma criminología aún emplea[7]. Él viene a decir que, por aprendizaje observacional, el ambiente social modifica la conducta de la persona. Esto afecta profundamente a la VR en maneras concretas de pensar respecto a los temas señalados, en las mismas estructuras de VR, en asuntos de libertad, obediencia dialogada, economía transparente, preferencia por los empobrecidos, etc.

            Por eso, ya desde los procesos formativos iniciales hay que tratar de incorporar los aprendizajes sociales humanizadores (la parte más positiva de lo que es la sociedad) a los trabajos de discernimiento vocacional. En realidad, es ahí donde se refleja mucho de la verdad del formando, más que en sus ideas o en sus prácticas religiosas. Para ello habrá que enseñarle a tener una visión benigna y crítica de la sociedad alejándose de censuras tópicas del lenguaje clerical y siendo persona que profundiza en lo que ocurre en el hecho social. De ello depende mucho el futuro de la vida religiosa concreta del formando[8].

            El formador ha de trabajar el angelismo con el que, a veces, viven la vida los formandos. Por su peculiar modo de situar en la VR creen que las cosas “llueven del cielo”, sin contexto económico y cultural. Es preciso resituarlos en tales contextos y enseñarles el camino del discernimiento social que les puede ayudar a construir una VR utópica y realista a la vez.

 

5. Formar para la profecía, más que para la institución

 

            El formador sabe muy bien, porque pertenece a la teología de la VR más clásica, que la aportación de ésta al concierto de la Iglesia es la profecía. Es cierto que resulta necesaria la institución para dar cuerpo y rostro a la intuición. Pero si se sacrifica la profecía para hacer fuerte la institución, en el caso de la VR, se la hace más débil.

            Ya hace muchos años el teólogo J. B. Metz hacía una serie de agudas preguntas a la VR aún no respondidas: “¿Quién hace hoy frente en la Iglesia al peligro de una insidiosa adaptación pasiva a la mentalidad del bienestar? ¿Quién despierta a nuestra Iglesia de aquel sopor espiritual con que intenta hacer frente a las exigencias de nuestro tiempo?”[9]. Pues bien, es a la VR a quien corresponde intentar despejar tales interrogantes.

            De ahí que en el proceso formativo haya que hacer hincapié en el valor de la profecía, en el trabajo que es preciso hacer para darle cuerpo, que en corporativismo de la institución. Lo decisivo no es el buen nombre del Instituto, algo muy querido y cuidado por la VR, sino el vigor de la profecía, la misión que el Espíritu ha confiado a la VR.

            La formación para la profecía ha de estar amasada en Espíritu y en libertad. El primero para situarse en los márgenes, en las fronteras, ya que el componente liminar es inherente a la espiritualidad evangélica. Y luego, la libertad engastada en el proyecto común, libertad para hacer siempre el bien en el marco del seguimiento común.

 

6. Formar para una nueva visión ecológica

 

            El Papa Francisco da mucha importancia a este punto que todavía no tiene espacio propio en los planes formativos de la VR: “Espero también que en nuestros seminarios y casas religiosas de formación se eduque para una austeridad responsable, para la contemplación agradecida del mundo, para el cuidado de la fragilidad de los pobres y del ambiente”[10]. De manera que la ecoalfabetización ha de comenzar a implantarse en las casas de formación de la VR.

Va siendo hora de que la espiritualidad ecológica entre de lleno y como cosa normal en los planes de formación teológica, incluso en los programas catequéticos a nivel de pueblo cristiano. Que esto se entienda como algo baladí es hoy empobrecer de manera notable la experiencia creyente en Jesús. Efectivamente LS 96-100 pone la ecología en conexión íntima con la persona de Jesús. Desechar aquella es empobrecer a esta. Por esta razón “cristológica” habrá que comenzar a pensar planes de formación adecuados a este anhelo.

Habría que comenzar por generar una espiritualidad que contemple los ejes en los que se mueve la ecología cristiana hoy y que vienen descritos con bastante precisión en LS’ 16: “La íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida. Estos temas no se cierran ni abandonan, sino que son constantemente replanteados y enriquecidos”.

Y luego habría que ir generando pequeñas prácticas de conversión ecológica que animen al formando a incorporar, de manera sencilla y normal, la ecología a su concepción espiritual de la vida y a sus caminos cotidianos. Menospreciar este ámbito de formación sería cerrarse a muchas posibilidades y desoír la voz de la iglesia que nos empuja en esa dirección.

 

6. Formar para el amor

 

            Porque esa es, en definitiva, la meta a la que tiende todo ser humano: una vida dichosa dentro de las posibilidades de la historia. Y esa dicha no se podrá lograr nunca si no se cultiva el amor. Por eso, a la larga, el camino profético del seguimiento de Cristo vivido en común apunta al amor.

            Ya ha aprendido la VR que, desde la formación, hay que trabajar por conocer e integrar los procesos afectivos personales. Pero es preciso dar al tema una amplitud mayor. Hay que formar para un amor creacional, ya que todas las criaturas, que tienen un valor en sí mismas, siendo antes su ser que su ser útiles, solamente se entienden y se valoran bien desde un amor creacional que las respete, las cuide y, en suma, las ame.

            Habrá de incluir todo proceso formativo un amor social ya que situarse como enfrentados a la propia sociedad, más allá de sus fallos, es algo suicida. Como hemos indicado, habrá que poner a funcionar el principio de la benignidad crítica que puede abrir las puertas a un discernido amor social, muy útil para una correcta comprensión del papel de la VR en la sociedad.

            Un amor especial que sería preciso ir incluyendo en el proceso formativo es el amor a las pobrezas, más que a los pobres. La certeza de que ese es el lugar donde el seguidor quiere echar su suerte. Por eso, en el proceso formativo se ha de percibir si el mundo de las pobrezas conecta cada más con el formando o, por el contrario, le cuesta encajar de manera sencilla y real esa parte de la sociedad que es lugar propio de la opción de seguimiento en la VR[11].

            También será necesario trabajar un amor eclesial que va más allá de un corporativismo religioso que nos predispone a la defensa de nuestra Iglesia ante el ataque de fuerzas contrarias a ella. El amor eclesial es aquel que brota de la certeza de que es en esta comunidad histórica de fe conde se va gestando el reino y donde uno ha sido llamado a desarrollar su adhesión inicial a Jesús.

            El amor a la Congregación ha de ser, como hemos indicado, algo más que el mero aprecio a la Institución a la que el religioso pertenece. Ha de tener el contenido cierto de que el programa común de seguimiento es bueno para mí. Y por ello, el proyecto comunitario ha de ser susceptible de convertirse en proyecto propio. De ahí brotará un amor distinto a la propia comunidad de seguimiento, un amor que va más allá del aprecio al grupo religioso y a su historia.

 

Conclusión

 

            Ya hemos dicho desde el principio que el trabajo de formación es hermoso, pero difícil. Quien detenta esta hermosa tarea en los Institutos de VR ha de ser persona fuerte para encajar el trabajo y persona positiva para disfrutar de los beneficios.

            Quizá sea una tarea que desborda a la persona individual y haya que insistir en que la comunidad formativa la componen los formadores, la comunidad en donde están los formandos y, por supuesto, éstos. Es una tarea coral. Por eso hay que apelar a la colaboración y a la responsabilidad de todos.

            Y en lo que atañe al formador que está al frente, quizá le venga bien recordar aquel dicho de san Pablo: “Aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; que en Cristo Jesús yo os engendré por el Evangelio"[12] . De modo que al formador le ha tocado en suerte la de engendrar a la VR, expresión cualificada de fe y de seguimiento de Jesús, a sus formandos.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño (España)

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

AIZPURÚA, F., Discernimiento del compromiso ante las pobrezas, Ed. Fontera Hegian, Vitoria 2010.

 

BOFF, L., “Papa Francisco: Iglesia en salida. ¿De dónde y hacia dónde?”, en http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=715.

 

CASTILLO, J. M., El futuro de la vida religiosa,  Ed. Trotta, Madrid 2004.

 

CHITTISTER, J., Tal como éramos,  Ed. Publicaciones Claretianas, Madrid  2006.

 

GEBARA, I., El rostro oculto del mal. Una teología desde la experiencia de las mujeres, Ed. Trotta, Madrid 2002.

 

METZ, J. B., Las órdenes religiosas. Su misión en un futuro próximo como testimonio vivo del seguimiento de Cristo,  Ed. Herder, Barcelona 1988.

 

O’MURCHU, D., Rehacer la vida religiosa. Una mirada abierta al futuro, Ed. Publicaciones claretianas, Madrid 2001.

 

TORRES QUEIRUGA, A., Por el Dios del mundo en el mundo de Dios. Sobre la esencia de la vida religiosa,  Ed. Sal Terrae, Santander 2000.

 



[1] D. O’MURCHU, Rehacer la vida religiosa. Una mirada abierta al futuro, Ed. Publicaciones claretianas, Madrid 2001, p.76.

[2] A. TORRES QUEIRUGA, Por el Dios del mundo en el mundo de Dios. Sobre la esencia de la vida religiosa,  ed. Sal Terrae, Santander 2000, p.98.

[3] Cf I. GEBARA, El rostro oculto del mal. Una teología desde la experiencia de las mujeres, Ed. Trotta, Madrid 2002.

[4] Cf J. CHITTISTER, Tal como éramos,  Ed. Publicaciones Claretianas, Madrid  2006, pp.255-267.

[5] EG 20.

[6] Véase el interesante elenco de propuestas de salida que propone L. BOFF, “Papa Francisco: Iglesia en salida. ¿De dónde y hacia dónde?”, en http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=715.

[7] A. BANDURA, Teoría del aprendizaje social,  Ed. Espasa Calpe, Madrid 1982.

[8] J. M. CASTILLO, El futuro de la vida religiosa,  Ed. Trotta, Madrid 2004.

[9] J. B. METZ, Las órdenes religiosas. Su misión en un futuro próximo como testimonio vivo del seguimiento de Cristo,  Ed. Herder, Barcelona 1988, p.18.

[10] LS’ 214.

[11] Cf. F. AIZPURÚA, Discernimiento del compromiso ante las pobrezas, Ed. Fontera Hegian, Vitoria 2010.

[12] 1 Cor 4,14-15.

El extranjero en la Biblia

“NO ES LA SANGRE LO QUE HACE AL PRÓJIMO,

SINO LA MISERICORDIA”[1]

La misericordia con el extranjero en la Biblia

 

Introducción

 

            Hemos querido titular nuestra reflexión con un conocido y repetido dicho de San Ambrosio de Milán desvelando así la intención general de la misma: la misericordia es el motor que genera la “proximidad”, más que la sangre que para nosotros es la evidencia indiscutida que hace prójimo nuestro al otro.

            Por eso mismo, lo adelantamos también, la misericordia es la que hace que el extranjero llegue a ser entendido, considerado y amado como alguien de la propia familia. Sin  una tal misericordia, el otro, y más si es lejano en estilos de vida y cultura, sigue siendo otro. Para que sea, de alguna manera, uno como yo ha de activarse la misericordia con el otro e, incluso, con uno mismo[2].

            Nuestra sociedad moderna se mueve en modos de una esquizofrenia múltiple en relación con los extranjeros. El abanico de reacciones es enorme: desde el sadismo de cargarse al diferente[3], hasta la acogida directa y militante[4]; desde el rechazo social sostenido por opciones políticas, hasta el ensalzamiento del extranjero por causa de las mismas opciones políticas[5]; desde el rechazo verbal explícito al extranjero y, a la vez, hasta la contratación de sus servicios para temas altamente sensibles (cuidado de niños, de mayores, etc.); desde el anhelo de nacionalismos excluyentes, hasta la certeza de que la sociedad occidental envejecida necesita mano de obra para los estratos laborales más bajos[6]. Lo dicho: una esquizofrenia múltiple.

            ¿Cómo ir elaborando de una manera aceptable tal situación? ¿Podría una lectura razonable y creyente de la Palabra colaborar a ello? Entendiendo que la Palabra es inspirada e inspiradora, podemos pretender que se convierta en una luz, no tanto en una solución, para nuestras situaciones históricas de dificultad. Al ser “luz para nuestros pasos”[7], estos tales puede que nos lleven más fácilmente a una relación humanizadora. No se trata de invocar las supuestas “raíces cristianas” de nuestra cultura, sino la fe que anida en el subsuelo de la Palabra[8].

            La reflexión es una aventura implicativa. No se puede trabajar un tema reflexivo con el presupuesto de quedarse, existencialmente hablando, en el mismo punto en el que se estaba al comienzo de la reflexión. Con ello estamos queriendo decir que reflexionar conlleva tomar partido. Hablar la misericordia con el extranjero demanda estar predispuesto, desde el inicio, a esa misericordia que dimana de la justicia.

 

I. ITINERARIO BIBLICO

 

A) Antiguo Testamento

 

            Los textos bíblicos que, de una u otra manera, reflejan las diversas actitudes con los extranjeros son innumerables. Ello revela que el asunto ha sido algo vivo, polémico y sugerente a la vez, en la trayectoria histórica de Israel. Por ello mismo, nosotros haremos aquí una pequeña selección para indicar un itinerario, aquel que va desde el problema hasta la posibilidad.

 

1. Una identidad de escasa misericordia: Dt 26,65

 

            Dt 26 “se ha convertido en pieza maestra del Pentateuco, por su presencia en él del llamado Credo”[9]. El núcleo de ese credo es la confesión: “Mi padre era un arameo errante” y describe el movimiento: errante-gran pueblo-oprimido-liberado. Es cierto que Israel en sus textos se ha querido entender, ¡qué remedio le quedaba!, como un pueblo obligado a la emigración. Los textos veterotestamentarios son elocuentes en este sentido[10].

            Pero creemos que esta es una identidad falsa, quizá bienintencionada, pero falsa porque proviene de una visión ideológica, teológica, promovida por una fe religiosa. Pero la realidad es que Canaán era una tierra ocupada y jamás se aposentaron ella como extranjeros, sino como conquistadores[11]. ¡Que se lo digan al libro de Josué! ¡Esa es la cruda realidad!

            El antiguo Israel transformó el concepto de elección en identidad social nacionalista y desde ahí enfocó al extranjero. Siempre fue considerado como una amenaza y como una puerta para la disolución de la identidad y de la misma religión[12]. Faltó misericordia social en los ingredientes de la identidad nacional de Israel. ¿Habría supuesto eso la disolución de tal identidad o su fortalecimiento? ¿Se habría olfateado la nueva ciudadanía a la que estaba llamado Israel a contribuir más que los otros pueblos por su elección?[13].

 

2. La misericordia que se transforma en profecía de humanidad: Gen 18,1-15

 

            El relato yahvista de Gen 18,1-15 es un tema común en la literatura de la antigüedad[14]. Eran épocas de más credulidad y de menos interferencias entre lo humano y lo divino. “Dioses que circulan por el mundo en figura humana para poner a prueba la hospitalidad de los mortales, para castigarlos o premiarlos, son tema literario de la antigüedad y con variantes entre gente sencilla de hoy. También en Canaán podían circular semejantes historias”[15]. Los matices propios de la narración yahvista (tres, cambio del singular al plural, etc.) quieren controlar la excesiva humanización de Dios en la narración.

            La misericordia traducida en hospitalidad pasa a ser[16], en la segunda parte de la narración profecía de aquello que se le prometió a Abrahán como premio a su fe[17]. Es decir, en este relato paradigmático el extranjero se convierte en profeta y, por ello, en vocero de la justicia de Dios cumplida en el embarazo de Sara.

            La misericordia adquiere en el relato una densidad enorme hasta conectar con la promesa de Dios. El extranjero se convierte, de este modo, en profeta y verificador de la justicia de Dios para quien confía en él. El relato es mucho más que un ensalzamiento de proverbial hospitalidad semítica. ¿Cómo le habría ido a Israel si hubiera percibido en la extranjería una profecía, una posibilidad, de humanidad, y no una amenaza constante?

 

3. La misericordia legislada, pero nunca lograda: Dt 10,19

 

            Como nos ocurre a nosotros (esto pertenece a la dinámica estructural de lo humano), Israel se ha debatido entre la certeza de que el Dios de amor empuja a la acogida del extranjero, por su debilidad social, y el rechazo racial al mismo por su diferencia. De ahí las mentes lúcidas han tratado de legislar la misericordia con los extranjeros, creyendo que, por esa vía, se lograría lo que es difícil lograr por la vía del corazón y de la empatía. Hay leyes positivas y negativas que pretenden salir al paso de cualquier práctica discriminatoria[18]. Pero, si se legisla contra la discriminación es que la discriminación está ahí.

            En Dt 10,19 se dice: “Amaréis al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto”. Este verso hace parte de la gran segunda parte del libro del Deuteronomio, aquella en que se explica la ley básica de comportamiento que se deriva de la fe yahvista (4,44-28,68) y, más en concreto, donde se propone el decálogo y su parénesis (4,44-11). El texto que nos ocupa se inserta en la sección parenética (5-11) articulada por las fórmulas “escucha, Israel” 85,1; 6,4; 9,1) y “ahora, Israel” (10-12).

            La segunda parte del cap.10 que trata del principal mandamiento de la Ley, el amor a Dios, subraya el tema teológico de la justicia de Dios. “Su justicia es esencialmente defender al indefenso, ayudar al desvalido: huérfano, viuda y forastero como categoría social de los indefensos”[19]. Y ahí es justamente donde se inserta, justamente, el v.19: “La justicia de Dios se impone como modelo que los israelitas deben imitar, pues ellos han experimentado la condición de forasteros y el auxilio del Señor en tal situación. El verso interrumpe la exposición, indicando lo importante que es para el autor”[20].

            Pero precisamente ese afán de legislar un comportamiento generoso con el extranjero es lo que levanta la pregunta: ¿se legisla porque se carece de misericordia? ¿Se quiere impulsar con leyes lo que la vida no da con generosidad? O de otra manera: ¿Fue Israel misericordioso con quienes sufrían lo que él había sufrido? ¿Qué necesidad habría de leyes si esa misericordia fuera patrimonio cultural y real de la vida cotidiana del israelita?[21]. Solamente el visionario Ezequiel anunciará que en la época de la restauración de Israel después del exilio, los inmigrados serán miembros en forma total del pueblo elegido e incluso recibirán una parte de la tierra dada por Dios[22], aunque, en realidad, se le dejó “fuera de juego”[23].

 

4. Una memoria del sufrimiento que no integra la misericordia: Ex 22,20

 

            Resulta cierto que la memoria histórica del sufrimiento de Israel evocado en la emigración y la opresión de Egipto fundamenta la vivencia de su extranjería: Ex 22,20[24]. El sufrimiento se hará proverbial en libros como el de Sabiduría[25]. “Convertir la memoria del sufrimiento y la tradición de los oprimidos en razón y argumento de las leyes que miran por el bien y la liberación de los pobres y de los inmigrantes es encontrar la razón humana más profunda del derecho y la justicia”[26].

            Pero eso no ha ocurrido en Israel: él se ha tragado su sufrimiento sin convertirlo en base para una antropología de compasión y misericordia con todo aquel que sufre por causa de su extranjería. Hechos antiguos y recientes muestra que ese dolor se ha transformado en odio y, cuando se ha podido, en instancia de nueva opresión, a veces más dura que la sufrida[27].

            ¿Qué papel podría haber tenido la misericordia social en la configuración del imaginario político de Israel? Es una pregunta que queda en el aire, pero por esa senda se podría haber elaborado otra espiritualidad del sufrimiento y con ella otro camino de convivencia.

 

5. La misericordia de Dios como motor de misericordia con el extranjero: Sab 11,24-12,1

 

            No cabe duda de que el libro de la Sabiduría, prácticamente contemporáneo de la época de Jesús, es un libro singular en el abanico que se abre entre el rechazo al extranjero y la apertura a él. La tercera parte del libro (caps. 11-12) contiene una serie de juicios históricos sobre los enemigos prototípicos de Israel, los egipcios y los cananeos, aunque ambas etnias había desaparecido históricamente en el momento en el que se escribe[28].

            La tesis general de esta parte es clara: si el Dios de Israel, Yahvéh, hubiera obra como suele un Dios tendría que haber aniquilado a ambos pueblos, enemigos encarnizados de los israelitas. Porque ¿para qué sirve un Dios que no defiende a sus fieles? Por eso, tendría que haberlos aniquilado dándoles la peor de las muertes. Pero no fue así: Dios no castigó a tales enemigos. Así podrían arrepentirse.

            Pero más allá de esta motivación religiosa, Sabiduría elabora una espiritualidad de la misericordia con el extranjero (y el extranjero que hace daño) muy hermosa: Dios ama a todos los seres, no aborrece ningún ser, acoge a todos porque es amigo de la vida y porque ha dado a todos los seres, incluidos esos malditos extranjeros, el “soplo incorruptible” que los mantiene vivos. De modo y manera que hasta los extranjeros que nos han perseguido tienen un puesto en el concierto de lo creado. Y ello se demuestra por “la humanidad” con que Dios ha obrado[29].

¿Hasta qué punto esta doctrina se ha abierto paso en el discurso y, más todavía, en el imaginario religioso de Israel? ¿Hasta dónde se ha llegado a creer que es posible que los extranjeros “se arrepientan” y encuentren un sitio en el plan creador de Dios? Vistos la ideología y el comportamiento del bajo judaísmo, creemos que Sabiduría ha sido una voz en el desierto.

 

B) Nuevo Testamento

 

            De salida, constatamos la práctica ausencia del tema de la extranjería en la espiritualidad del bajo judaísmo: La Misná ni lo menta, ni siquiera en el tratado Peá (La esquina de tu campo) que habla de “pobres” dentro del judaísmo. Los textos contemporáneos de Jesús hablan poco de tal fenómeno, aunque la relación con ellos era inevitable. Pero no hacen parte del imaginario[30]. Hay como una cerrazón ante el tema, como si se hubiera llegado a la conclusión de que ese es un tema cerrado que no lleva a nada volver a abrirlo. Los evangelios, en ese sentido, constituyen una cierta novedad.

 

1. La misericordia con el extranjero ofrecida de mala gana: Mc 7,24-30

 

            Por muchas vueltas que se le dé y con todos los matices que se quiera hacer[31], Mc 7,27 muestra que “el reproche de Jesús expresa el sentido de superioridad propio de los judíos y el desprecio que estos sentían hacia los paganos”[32]. Es decir, Jesús ha ido a la comarca pagana de Tiro de mala gana, forzado por “alguien” o movido por “algo”: eso pertenece al secreto de Jesús, pero lo cierto es que el personaje no está a sus anchas en ese territorio. ¿Qué se le había perdido a un judío en la región de Tiro, de no ser por cuestiones de comercio[33]? Y nada digamos si lo planteamos desde el punto de vista del mesianismo: ¿Qué hace un Mesías de los judíos en una tierra de paganos? ¿Por qué fue?

            No es posible una respuesta fiable. Pero también pueden leerse los textos con suposiciones, siempre que estas encajen en el conjunto del Evangelio. En el episodio de la transfiguración (Mc 9,28-36) se percibe que Jesús sube al monte en busca de sentido. Lc 9,31 dice que conversaba con Moisés y Elías sobre “su éxodo, que iba a completar en Jerusalén”. Es decir, sobre el sentido de su entrega, de su posible desgracia, como así fue.. Por otra parte en Mc 1,35 se consigna la costumbre de Jesús de retirarse en “despoblados” para orar. ¿No será en esta oración de busca de sentido donde Jesús ha logrado entender, aunque fuera de mala gana, que también los paganos tenían un puesto en el banquete del reino? ¿No se podrá decir que va “forzado”, porque forzado va, por el Padre y su designio que le “forzará” a entregas mayores que Jesús aceptará “à contrecoeur”, permítasenos la gráfica expresión francesa?[34]

            De cualquier manera, a pesar del principio discriminatorio que los judíos aplicaban a los paganos, Jesús obra con misericordia con la mujer que reconoce el derecho de todos a la dicha (meta del Reino) rompiendo así cualquier discriminación social. Se abre una puerta que a nosotros se nos antoja estrecha, pero que en el contexto de la época supone un avance notable en el tema de la relación misericordiosa con los extranjeros: porque ellos también tiene derecho al reino han de ser tratados con misericordia en sus situaciones carenciales. Es un deber de justicia, no de mera generosidad.

 

2. El prototipo del ciudadano del Reino: un extranjero misericordioso: Lc 10,25-37

 

            El estereotipo cristiano sobre el fariseo nos puede hacer creer que los fariseos eran gente desalmada y sin entrañas. Nada más lejos de la realidad. Es cierto que, para elaborar su identidad al estilo de una hermandad de fines religiosos y caritativos hicieron excesivo hincapié en las normas. Los mismos escribas, grupo diferenciado y menos numeroso, trabajaron desde ese modo para marcar distancias con los saduceos, menos estrictos. Pero no cabe duda de que el fariseísmo tiene un notable contenido espiritual[35]. Por otra parte, el fariseísmo de después de Yamnia que reflejan Mateo y el resto de los evangelistas con mayor o menor fuerza es un fariseísmo militante, para tiempos de diáspora y, por lo mismo, de un componente extremo.

            Con esto se quiere decir que proponer a un samaritano, extranjero rechazado, como ejemplo de misericordia y, por ello, como prototipo de ciudadano del reino es una extralimitación del paradigma. El menosprecio del bajo judaísmo a los samaritanos era manifiesto[36]. ¿Cómo un maldito podía ser puesto como ejemplo a seguir: “Vete y haz tú lo mismo”? ¿Cómo uno que se ha saltado las leyes de la pureza, tan sacrosantas para el fariseo, puede ser ejemplo de nada?[37] ¿Cómo uno que tiene el sambenito social de ladrón va a quedar como espejo de generosidad? Por eso, decimos, hay una extralimitación que lleva a preguntar si, en realidad, esto fue realmente considerado por las comunidades cristianas primitivas.

            A pesar de que Pablo diga que algunas veces fue socorrido por extranjeros[38], a pesar de que él mismo organizara una gran colecta entre paganos para los pobres de Jerusalén[39], no se ve con claridad que el NT proponga ejemplos morales de extranjeros que los cristianos deban imitar. El mismo texto de Rom 16, quizá por su carácter escueto de billete de saludos, aunque valora positivamente personas que son paganas de origen, no quedan propuestas como paradigma de actuación moral.

Tendemos a concluir que, quizá por su extralimitación, el paradigma del extranjero misericordioso como modelo a seguir no tuvo excesivo eco en el imaginario creyente de los primeros cristianos. Siendo, como era, un texto hermoso, no tuvo fuerza para contribuir a elaborar una mística de aprecio al extranjero por su encomiable generosidad. ¡Generosos los samaritanos, siendo como eran unos ladrones! ¡Generosos los paganos, siendo como eran gente marcada por la exclusión religiosa! Hubiera hecho falta otro elemento que el mismo texto evangélico, al ser incardinado en un movimiento religioso, no supo dar.

 

3. La misericordia de los extranjeros que hace posible la misión cristiana: Filp 2,19-3,1a

 

            Lo de Pablo con la comunidad de Filipos fue un flechazo. Si damos crédito a la visión del macedonio que llama a Pablo para que pase a su tierra según Hech 16,5-10, Pablo se encontró en Filipos con una comunidad pobre, sin lugar de oración, constituida mayoritariamente por mujeres y que no tuvo empacho en “obligar” a que un judío pudiera recibir hospedaje en sus casas[40]. De ahí arranca un idilio que Pablo no tuvo con ninguna de las otras comunidades, ni siquiera con las de Corinto.

            Por eso, cuando estuvo en extrema necesidad[41], no temió recurrir a la ayuda de los filipenses, en contra de su sacrosanto principio de haber trabajado para subvenir a sus necesidades sin tener que pedir nada a nadie[42]. Y los extranjeros filipenses ayudaron con gran generosidad al judío Pablo.

            No sabemos si Pablo habló de sus benefactores (quizá más benefactoras) como modelo de misericordia  a seguir, entre otras cosas porque la carta a los Filipenses puede que sea la última de las cartas auténticas, después de Romanos.  Pero en sus otras cartas no se hace mención de la generosidad de esta comunidad primitiva.

            Lo cierto es que esa misericordia pagana colaboró al éxito de la misión cristiana ayudando a los misioneros itinerantes que, como Pablo, pasaban, a veces, por grandes penurias[43]. Es el mundo al revés: los portadores del mensaje habrían de ser agentes de misericordia, pero se encuentran con que los receptores del mismo son quienes ejercen la misericordia con ellos.

 

4. La benignidad crítica en  un medio extranjero: 1 Pe 3,13-17

 

            No cabe duda que la perspectiva de lectura de 1 Pedro ha dado un vuelco en los últimos años. Una lectura de componente escatológico ha dado paso a una lectura de componente más histórico: la patria de que se habla a estos emigrantes dispersos y  cuyo anhelo se quiere orientar no es tanto el cielo cuanto la comunidad cristiana. Efectivamente, el migrante cristiano, perdido en el mar del paganismo, tiene en la comunidad una patria que le acoge, le ampara y le consuela[44].

            Pero, como ocurre en la génesis de todos los procesos migratorios, la comunidad minoritaria puede estar tentada de cerrarse en el pequeño límite de sus fronteras alimentando con ello la endogamia y, quizá, la nostalgia y el resquemor. Nada de eso ocurre en 1 Pedro. En ese sentido es una carta de talante moderno.

            Ella sostiene que la comunidad ha de abrirse a la sociedad en la que vive, aunque sea pagana. Ha de mantener principio éticos de bondad y de compasión. Y ha de tener temple para arrostrar la incomprensión y aun la persecución si llega el caso.

Por ello ha de leer la realidad con benignidad crítica. Benignidad para no cerrarse y seguir considerando la relación como cauce de humanidad. Y sentido crítico para saber quién es uno, quién es el otro y como situarse correctamente entre ambos polos.  

Traducir la misericordia en benignidad crítica quizá sea una manera óptima de entender el tema de la misericordia en situaciones de dificultad[45]. Cuando es el extranjero quien pone en práctica tal planteamiento, la misericordia social brota pujante.

 

II. LA ELABORACIÓN DE UNA MÍSTICA DEL OTRO

 

            En esto estriba gran parte del éxito de la misericordia, algo que supere el mero sentimentalismo y se anime a una comprensión distinta de la realidad que incluya un valor, de la misericordia, con frecuencia relegado al ámbito de lo religioso o del círculo del mero individuo[46].

            Por eso, tras haber hecho un recorrido bíblico, siquiera a zancadas, y, percibiendo inicialmente que, más allá de la buena voluntad de una ética de máximos, como es la ética bíblica, cuando apunta a la relación con el extranjero, creemos necesaria una reflexión antropológica sobre la posibilidad de ir elaborando una mística del otro que sea cimiento de una ética en relación con el extranjero.

 

1. De la autorreferencialidad a la alterorrefencialidad

 

            El papa Francisco habla  sobre los daños de la autorreferencialidad que lleva a la conciencia aislada, a crear ese caparazón aislante donde lo único que importa es lo propio y donde lo extraño se ignora, se concibe como una amenaza y se intenta destruir[47]. Dentro de esa coraza no cabe el otro.

            ¿Cómo generar, en otra dirección, un movimiento de alterreferencialidad? ¿Cómo hacer ver que cuando lo del otro entra en el horizonte vital de lo mío, mis intereses más profundos no desaparecen sino que salen potenciados? ¿Cómo dar crédito a la certeza evangélico de que “sirviendo se es primero”?[48]

            Como ocurre con los grupos sociales que se quieren alternativos y que se denominan “altersistemas”, el estatus los considerar “antisistema”, ya que ven en ellos una amenaza real para su posición social e ideológica[49]. Lo mismo ocurre a nivel personal: la persona cerrada en sí misma y en su propio beneficio considera la salida hacia lo alter como un auténtico suicidio. “El espacio que habitamos acostumbra a ser el lugar extraño para los extraños. Cuando éstos pretenden entrar lo vivimos desde dinámicas de intrusión. Una amenaza de este tipo induce a medidas defensivas que transforman el espacio propio en una fortaleza. Pero los mecanismos defensivos no impiden que estemos expuestos unos a otros, lo queramos o no. El tránsito entre el espacio de dentro y el de fuera sucede por encima de un umbral difuso. La extrañeza, ante la que no tenemos elección, nos viene a buscar en lo más propio”[50]. Es necesario desvelar que el movimiento hacia lo otro constituye un beneficio personal ya que, al ampliar los horizontes, se amplía la posibilidad de humanización.

            Es ahí donde está el quid de la cuestión: en la humanización, en el concepto de persona, en la claridad de la certeza de los valores que componen realmente el existir de la persona. Eso es, justamente, lo que les falla a las éticas de máximos, como la bíblica. Creen que el quid está en la “divinización” de la persona, en su espiritualización por vía de grandes principios religiosos o morales. Al dejar de lado la humanización, el fracaso es estrepitoso.

 

2. La mística del nosotros: la familia humana

 

            Debido a múltiples variables biológicas y culturales, la evidencia de que la familia es la biológica resulta incuestionable para muchos. Y más allá de la extensión del término familia a otras realidades sociales, religiosas, culturales y hasta políticas, la preponderancia de lo biológico sigue viva[51]. Mi familia es mi familia biológica.

            Pero a nada que se mire con una perspectiva un poco más amplia, fácilmente se deducirá que si tengo una familia biológica es porque ha habido una familia histórica, una trayectoria de gran familia a lo largo de los 35.000 años desde que apareció el homo sapiens sobre la tierra. De modo que es la familia humana la verdadera familia sobre la que se asienta cualquier otro tipo de familia, incluida la biológica.

            La reflexión social, y aun la religiosa, sobre la familia humana es todavía escasa[52]. Las alusiones a este tema no son frecuentes[53]. Da la impresión que es un campo de la reflexión filosófica, ética, religiosa y quizá antropológica aún por descubrir.

            Y, sin embargo, intuimos que sería algo fecundo y altamente provechoso para el descubrimiento real de lo otro y de los otros como familia. Mientras este descubrimiento no se dé, hablar de una relación correcta con el extranjero, que es el otro, se nos antoja harto difícil.

            La solidaridad con la familia humana obliga a salir del estrecho círculo de lo cultural y demanda como requisito la elemental apertura a lo humano. Además la pertenencia a lo humano es la base real de la compasión; sin aquella, esta es imposible. Incluso más, anhelar la ciudadanía en base a lo individual es meterse en un callejón sin salida. Dígase lo que se diga, los amores universales son los que constituyen el núcleo de la historia humana.

            ¿Qué argumentos habría que manejar para ir introduciendo tal tipo de reflexión? Biológicos, porque las diferencias que nos afectan son, básicamente, si no superficiales, cuando menos relativas[54]. Culturales, los más duros de pelar, porque las culturas asentadas sobre la familia entendida clanísticamente terminan por ser, irremediablemente, familias cerradas y excluyentes[55]. Religiosos, porque las teorías como elección y similares generan una inevitable sectarización que bloquea cualquier paso en el entendimiento y relación humanos[56].

            El logro de la difícil mística del nosotros es el mayor reto antropológico que tiene la humanidad delante desde que comenzó su recorrido por el planeta. El clásico lema de la revolución francesa (libertad, igualdad, fraternidad) puede decirse que ha avanzado notablemente en temas de libertad e incluso, a pesar de las enormes diferencias sociales, en la igualdad. Pero la fraternidad, y ahí está el tema de la acogida al distinto, al extranjero, está todavía en mantillas.

            Bien dice L. Boff en sus “Bienaventuranzas de las virtudes”: “Dichosos quienes manifiestan tolerancia para con los diferentes, renuncien por amor a convencerlos, no intenten siquiera hacerles mejores personas y, además, acojan generosamente cuanto no comprendan de sus respectivas culturas: ellos serán llamados hijos e hijas de Dios, porque Dios manifiesta la misma actitud de tolerancia para con todos, buenos y malos, justos e injustos”[57]

 

3. Transformar la masa en sujetos

 

            Es un recurso social fácil señalar al diferente y extranjero y hacerlo chivo expiatorio de todas las carencias sociales de un mundo en crisis. Esto cala hasta en las clases desfavorecidas que reaccionan en modos xenófobos[58]. La solución ideológica podría ser transformar la masa en sujetos, poner rostro al anonimato de la multitud. Posicionarse ante el extranjero sin rostro es fácil; tomar una decisión cuando se le tiene delante, es otra cosa.

            ¿Cómo transformar el ellos de una masa informe en sujetos con rostros que nos interpelan? “La llamada del papa Francisco a construir un mundo más solidario es una llamada a reconstruir el valor del reconocimiento; a construir sobre la base de un conocimiento real de las particularidades que configuran lo extraño que nos lleve a un reconocimiento que permita entablar un diálogo con el vosotros y, en última instancia, nos conduzca a centrarnos en los intereses comunes a el nosotros y el vosotros. Los europeos y los asiáticos, pueden ser tan diferentes como se quiera, tan extraños entre sí como pueda imaginarse, pero son siempre seres humanos, con capacidad para conocerse, comprenderse e invitarse a formar parte de un aquí mayor”[59].

            Ese aquí mayor no lo es por la cantidad (en eso la masa es maestra), sino en la mirada profunda como enfocar el lado humano de la persona. Y en ello el reconocimiento de la dignidad tiene un papel preponderante. Si no se elabora una espiritualidad de la dignidad, hablar de sujetos es hablar de lo imposible.

            Además, esto demanda que el valor de cada sujeto sea un tema de ámbito político: “La dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica, pero a veces parecen sólo apéndices agregados desde fuera para completar un discurso político sin perspectivas ni programas de verdadero desarrollo integral”[60]. Cuando esto es así, se entiende a los extranjeros como masa, sin individualizar cada problema, cada vida, cada situación, que es la manera de caer en la cuenta de la común dignidad de toda persona.

 

4. Cuando se participa en la alegría del extranjero

 

            Hay un remedio que ayudaría mucho a una nueva visión del fenómeno social de la extranjería: participar cordialmente en la alegría del extranjero; el propio participando en la alegría del extraño. La celebración de la alegría es el anticipo de la dicha a la que está destinada la persona. Participar en ella es participar en el futuro del otro.

La misma Biblia había intuido algo de esto, pero en el AT se queda corta: “Celebrarás la fiesta de los tabernáculos…te regocijarás en tu fiesta, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, el levita, el extranjero”[61]. Es el extranjero quien participa en el gozo de Israel. No es poco admitir a un extraño al gozo propio, pero hacerlo a la inversa es un paso decisivo.

Los fenómenos migratorios raramente comprenden este aspecto antropológico tan profundo. Se quedan en la piel de lo administrativo o en la paciencia social para tolerar la presencia de extranjeros en el propio país. Pero de ahí a desear participar en la alegría del extraño hay un paso enorme[62].

Las actitudes personales de Jesús parece que difieren en este sentido ya que él no ve obstáculo en participar de los sectores sociales censurables de la época, fariseos y publicanos, ganándose el motejo de “comilón y borracho, amigo de pecadores”[63].

Y, sin embargo, ese paso abriría las puertas del corazón, vería como mucho más posible la integración e, incluso, se apuntarían posibilidades de inserción laboral y social, ya que en la celebración festiva se fraguan muchos proyectos de vida[64]. Bien dice L. Boff en sus citadas “Bienaventuranzas de las virtudes”: “Dichosos los que disfrutan tanto con los semejantes como con los diferentes, porque se verán enriquecidos en su humanidad”[65]. Ese será el fruto mayor: verse enriquecido en humanidad. Solo por ese camino se puede aspirar a un mundo del nosotros, lejos de la dialéctica de lo propio  y lo extraño.

 

5. Frente a la desolación: lo común

 

            El torrente de la exclusión es inmenso. La cerrazón frente al extranjero muy dura en estos tiempos. El resurgimiento de vallas, muros, fosos, en pleno auge[66]. Un panorama desolador que echaría por tierra cualquier espiritualidad que pretenda la fraternidad y la acogida[67].

            Pero junto a ello, como una profecía, muchos ciudadanos individuales, incluso algunas entidades oficiales, abren el camino a la esperanza cuando abren sus medios y sus países, sus casas incluso al extranjero en necesidad[68]. Estos gestos pueden hacer que no llegue a anegarnos el torrente de la exclusión.

            La categoría de lo común puede ser una solución, un terreno de todos donde todos salgan beneficiados: “Introducimos aquí una nueva categoría; lo común. Si efectivamente no somos capaces de ascender al nivel de reconocimiento y posterior acogida de lo extraño en lo propio, enfoquemos nuestra reflexión hacia el lugar común que habita tanto lo uno como lo otro; dicho de otra forma, hacia aquello que pertenece, no desde un punto de vista ontológico sino material, tanto a lo propio como a lo extraño. Aquello que, por su naturaleza, no puede ser asignado a ninguna de las dos categorías anteriores”[69].

            La naturaleza, la fiesta, el trabajo, la familia, etc., puede ser elementos de un terreno común, lejos del terreno de lo privado (la patria, la lengua, la religión, las costumbres, etc.). Situarse en el terreno de lo común puede ser algo que potencie la vida de  quien acoge y de quien es acogido, de quien viene y de quien ya está, de quien no ha salido y de quien está en éxodo. “La creación y gestión de espacios comunes puede permitir la consecución de un doble objetivo: la preservación de la biodiversidad y la existencia de lugares que superen las dinámicas de exclusión”[70].

            Muchas veces se ha clamado por un nuevo orden mundial, vista la ineficacia de los organismos internacionales que ahora tenemos. Pues bien, si estos surgen habrían de incorporar de manera decidida el concepto de lo común saltando por encima de la estrechas vallas de lo propio. Estamos lejos de ello, pero nunca como ahora se percibe tal necesidad[71].

 

CONCLUSIÓN

 

            Hemos querido en esta reflexión valorar, a la vez, el legado bíblico sobre la espiritualidad relativa al extranjero y también hemos mirado a la realidad. Ambas elementos no son confluyentes. Así de claro.

  • Por eso, hemos visto con claridad que no es suficiente el mensaje humanizador de una religión, en este caso la bíblica, para que demos por resuelto el problema del pensamiento y de la práctica sobre la extranjería. Si añadimos a ello que los países de raigambre cristiana, el mundo occidental, siguen siendo aún los más refractarios a la acogida a extranjeros, la intuición se confirma, mientras que países de la órbita musulmana acogen a cientos de miles de refugiados extranjeros[72]. De aquí se deduce que es necesaria la suma de la espiritualidad con el aprendizaje social de la extranjería. Y este segundo elemento social es imprescindible para que la espiritualidad tenga visos de realidad.
  • Una segunda conclusión es que las religiones habrían de colaborar con decisión a la elaboración de una mística del “nosotros”, de la no homogeneidad, de la no sectarización. Y ello no solamente con textos y discursos, que bienvenidos sean, sino, sobre todo, con cambios que afectan a la estructura misma del hecho religioso: abandono de la pretensión de superioridad religiosa; alejamiento, en el caso de la religión católica, de su secular europeización; rechazo explícito de una jerarquización cuasi militar y aceptación de modos democráticos de funcionamiento que faciliten el acceso de todos, incluidos los no creyentes, a un tipo de comunidad de corte realmente universal; conjunción con todas las instancias de humanización que busquen un estilo de vida mezclado, no homogéneo, renunciando por ello a cualquier pretensión de proselitismo religioso. Sin este tipo de “renuncias” la utopía de una sociedad donde los frágiles, los extranjeros, puedan encontrar una patria, se aleja del horizonte.
  • Por eso, finalmente, nos es necesario un pacto ético mínimo: “Un pacto basado en la defensa intransigente de la vida, en la preservación de la integridad del planeta Tierra, en la garantía de condiciones indispensables para la conservación de la vida de todos y en la decisión de exorcizar definitivamente la violencia como medio de resolución de conflictos entre los pueblos. Esta ética mínima presupone la aceptación del otro como otro, el respeto por su singularidad y la disposición a una alianza duradera con él”[73].

Terminamos nuestra reflexión poniendo de nuevo sobre la mesa la frase luminosa de san Ambrosio de Milán: “no es la sangre lo que hace al prójimo, sino la misericordia”. Que la misericordia y la justicia corran cada vez más por las venas de nuestra vida.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño

 



[1] SAN AMBROSIO DE MILÁN, Exposición del evangelio de Lucas,  7,84.

[2] Cf O. BARTOLOMÉ; “Lo propio y lo extraño. Solidaridad con el género humano” (pro manuscripto), Vitoria 2016.

[3] La razón “por ideología” ha causado en el siglo XX más muertes (144 millones) que la guerra (130 millones): Cf  H.G.BARNÉS, “Cómo murieron los 6.000 millones de personas que vivieron durante el siglo XX”, en El Confidencial (viernes 19 de julio de 2013): en: http://www.elconfencial.com/alma-corazon-vida(2013/03/20/como-murieron-los-6000-millones-de-personas-que-vivieron-durante-el-siglo-xx-117181#.

[4] Cf P. ORDAZ, “El Papa vuelve de Lesbos con 12 refugiados que acogerá en El Vaticano”, en:

http://internacional.elpais.com/internacional/2016/04/16/actualidad/1460794965_677898.html

[5] Cf C. NEVOT, “La política de la UE con los refugiados es terrible, inhumana y antisolidaria”, en La Rioja, 14-10-2014, p.7.L. DONCEL “Los héroes que asombran a Alemania”, en: El País, 12-10-2016, pp.1.6.

[6] Cf H. CAPEL, “Los inmigrantes en la ciudad. Crecimiento económico, innovación y conflicto social”: en: http://www.ub.edu/geocrit/sn-3.htm.

[7] Cf Sal 118,105.

[8] Es lo que pretende defender Víktor Orbán, presidente de Hungría, para tratar de fundamentar su rechazo a los extranjeros: Cf  S. BLANCO, “Víctor Orbán: ‘Europa no funciona sin valores cristianos?”, en: http://internacional.elpais.com/internacional/2013/04/16/actualidad/1366066211_041688.html.

[9] L. ALONSO SCHÖKEL, Los libros sagrados. Pentateuco II. Levítico, Números, Deuteronomio,  Cristiandad, Madrid 1970, p.355.

[10] “Sí, la tierra es mía. Y vosotros emigrantes y residentes en mi tierra” (Lev 25,33); “Yo soy huésped tuyo, forastero como todos mis padres” (Sal 39,13); “Sí, somos emigrantes y extranjeros, igual que nuestros padres” (1 Cro 29,15).

[11] Y eso que Abrahán, que se presenta como un emigrante, inició otra manera de estar en Canaán comprando la propiedad de Efrén el hitita: Gen 23.

[12] Cf 1 Re 17,29-34.

[13] Es lo que dice Ef 2,19: “Ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino ciudadanos y familia de Dios”.

[14] Y en la misma Biblia: Jue 6 y 13.

[15] L.ALONSO SCHÖKEL, Los libros Sagrados. Génesis y Éxodo,  Cristiandad, Madrid 1970, p.81

[16] La conocida ϕιλοξενία

[17] Gen 17,1ss.

[18] Entre las primeras: Ex 22,20; Dt 24,27; 24,14-15; entre las segundas: Ex 20,10; Dt 5,14.

[19] L. ALONSO SCHÖKEL, Los libros sagrados. Pentateuco II. Levítico, Números, Deuteronomio,  Cristiandad, Madrid 1970, p.305.

[20] Ibid.,  p.306.

[21] Los autores valoran la mística de Israel sobre su identidad y legislación en torno a los extranjeros. Pero sus comentarios están llenos de expresiones que no pueden menos que constatar el fracaso histórico de tal anhelo: “Israel vive su condición de extranjero como una segregación…el principio de igualdad no significa que la praxis se haya ajustado al ideal…reacción xenófoba de Esdras y Nehemías la apertura se convirtió en cerrazón”, etc. Cf A. WENIN, “Israel, extranjero y emigrante. El tema de la inmigración en la Biblia”, en: http://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol35/140/140_wenin.pdf. No deja de sorprender que en La Misná el tema de la extranjería no aparece, ni siquiera en el tratado La esquina de tu campo (Peá).

[22] Cf Ez 47,22.

[23] Cf A. WENIN, art.cit., p.5.

[24] Cf también: Ex 23,9; Lev 19,34; Dt 10,19.

[25] Cf Sab 10-19.

[26] J. CERVANTES GABARRÓN, “Los derechos del inmigrante en la Biblia”, en: https://dioscaminaconsupueblo.files.wordpress.com/2013/07/los-derechos-del-inmigrante-en-la-biblia.pdf, p.2.

[27] Muchas de las actuaciones políticas y militares del actual Estado de Israel van en esa dirección, por mucho que se quieran matizar. Cf R. MENESES, “60 años de Israel, 60 años de Nakba”: «Es una desgracia para Israel ocupar territorios porque al lograrlo ha destruido su propia utopía de vivir en paz. Un pueblo que se acostumbra a gobernar sobre otro, inevitablemente se acaba volviendo insensible al sufrimiento. No hay nada intrínsecamente malo en los israelíes, pero ellos mismos se han puesto en una situación en la que la inocencia es imposible. No se puede ser inocente cuando se gobierna a millones de personas por la fuerza porque, inevitablemente, les tienes que hacer daño».

http://www.elmundo.es/especiales/internacional/oriente_proximo/60_agnos/territorios.html.

[28] Se refiere a los egipcios de los tiempos de la opresión y a los cananeos de la época de la conquista. “El autor realiza en su tratado una conjunción de culturas”: L. ALONSO SCHÖKEL, Los libros sagrados. Eclesiastés y Sabiduría”, Cristiandad, Madrid 1974, p.74.

[29] Cf Sab 12,19, texto clave.

[30] El tema de qué lugar y tipo de relaciones ocupa el extranjero en la Jerusalén de Jesús no se plantea, constatando la evidencia de que estaban en la ciudad muy representados: Cf  J. JEREMÍAS, Jerusalén en tiempos de Jesús,  Cristiandad, Madrid 1977, pp.75-104. Filón mismo trata en su obras el concepto de extranjería pero aplicado a los judíos de la diáspora. Pero, de nuevo, la relación real entre judíos y paganos desde la perspectiva de la extranjería no se ve: Cf P. DROUILLE, “La situación cívica de los judíos en los tratados de Filón”, en: file:///C:/Documents%20and%20Settings/Administrador

/Mis%20documentos/Downloads/6095-12028-1-PB.pdf

[31] Como que la expresión kynaria (“perrillos”) tiene un matiz menos despectivo que “perros”.

[32] J.MATEOS-F.CAMACHO, El evangelio de Marcos. Análisis lingüístico y comentario exegético, Vol.II, El Almendro, Córdoba 1993, p.172.

[33] Aunque autores como G.THEISSEN, (“Local und Socialkolorit” 207-209) aludan “a la sangría económica de la población judía, especialmente por parte de los tirios” (J.MATEOS, Op.cit.,  p.172, n.19.

[34] Cáptese la dureza de la expresión de Mc 14,36.

[35] Valórese desde esa perspectiva el tratado Pirqué Abot sobre la espiritualidad de la Torá.

[36] Hay textos muy duros en La Misná: “Quien come pan de los samaritanos es como quien come carne de un cerdo” (Shebiit 8,10); “Las hijas de los samaritanos (se consideran impuras como) menstruantes desde la cuna” (Nidá 4,1).

[37] Tocar al caído, ungirle (indicando que era comerciante que llevaba cosas buenas, ladrón por tanto), ir a posadas como gente si familia…”Tanto la víctima como el samaritano eran, por tanto, personas despreciadas, que no habrían despertado al principio la simpatía de los campesinos que escuchaban a Jesús. La simpatía iría a parar a los bandidos”: B.J.MALINA-R.L.ROHRBAUGH, Los evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I. Comentario desde las ciencias sociales,  Verbo Divino, Estella1996, 262-263.

[38] Cf Filp 2,19-31a.

[39] Cf 2Cor 8,1-15.

[40] Cf Hech 16,11-15.

[41] Filipenses se escribe en la cárcel, sin alimento y sin ropa, como parece deducirse de Gálatas.

[42] Cf 1 Tes 2,9; 1 Cor 4,12; Hech 20,34.

[43] Cf 1 Cor 4,12.

[44] Cf J. H. ELLIOT, Un hogar para los que no tienen patria ni hogar. Estudio crítico social de la Carta primera de Pedro y de su situación y estrategia,  Verbo Divino, Estella 1995.

[45] Cf F. AIZPURÚA, La recreación de los carismas de la Vida Religiosa desde los aprendizajes sociales. Aplicación al movimiento franciscano, Eset, Vitoria 2016, 381.

[46] La misericordia está desterrada de cualquier programa político o social. Causa sonrojo, por mucho que la compasión social aparezca cada día en la prensa y en los medios.

[47] “La actitud básica de autotrascenderse, rompiendo la conciencia aislada y la autorreferencialidad, es la raíz que hace posible todo cuidado de los demás y del medio ambiente, y que hace brotar la reacción moral de considerar el impacto que provoca cada acción y cada decisión personal fuera de uno mismo. Cuando somos capaces de superar el individualismo, realmente se puede desarrollar un estilo de vida alternativo y se vuelve posible un cambio importante en la sociedad” (LS’ 208). Ver también: EG 8.

[48] Cf Mc 9,35.

[49] “Abogamos por un cambio político y social, en el que se respeten los derechos de las personas y el medio ambiente. En esta línea, reivindicamos una banca pública que acabe con nuestros titiriteros, los dueños de los bancos más poderosos, devolviéndose al estado su legitimidad para desenvolverse sin ser sometido a la presión financiera. También apostamos por un cambio de valores, que sean coherentes con éste modelo social y medioambiental, y así, apoyamos y secundamos la iniciativa popular del decrecimiento. Ésta se basa en la falsedad del crecimiento sostenible, inviable a estas alturas si queremos conservar el planeta tal y como es, y apuesta por reducir el consumo tanto energético como de materias primas” (Del programa de IU). Así se puede definir lo altersistémico.

[50] O. BARTOLOMÉ, art.cit., 4.

[51] Cuando el CIS pregunta sobre los valores de los españoles y el primero que sale, es con mucho, el de la familia, la ciudadanía se está refiriendo, lógicamente, a su familia biológica. Incluso para los jóvenes, la familia es un valor anterior al trabajo: http://www.abc.es/sociedad/20130109/abci-vida-familiar-trabajo-jovenes-201301082103.html.

[52] P. DE LORA, “La familia humana y otros animales “file:///C:/Documents%20and%20Settings/

Administrador/Mis%20documentos/Downloads/Dialnet-LaFamiliaHumanaYOtrosAnimales-3313242.pdf. T. M., SCANLON, What We Owe to Each Other, Harvard University Press, 1998.

[53] El papa mismo solamente cita una vez la expresión en EG 245 y dos en LS’ 13 y 52. Gaudium et spes, sin embargo, 21 veces.

[54] Los filósofos del  XVIII ya había visto esto con claridad: “Hasta donde alcanza la observación, no existen diferencias universales discernibles en la especie humana”: D. HUME, Ensayos morales, políticos y literarios, Trotta, 2011, 378. Aunque él mismo se contradice flagrantemente cuando dice: “Sospecho que los negros y, en general, las restantes especies humanas (pues las hay de cuatro o cinco clases) son inferiores por naturaleza a los blancos. Nunca ha existido una nación civilizada que no estuviera compuesta por blancos, ni siquiera un individuo eminente por sus actos o su pensamiento que no lo fuera”: Ibid.,, 212.

[55] Ahí están las bases de cualquier nacionalismo que se precie.

[56] Certezas que siguen de algún modo vigentes en documentos recientes como Dominus Iesus. Este texto dice en su conclusión: “La revelación de Cristo continuará a ser en la historia la verdadera estrella que orienta a toda la humanidad: «La verdad, que es Cristo, se impone como autoridad universal». El misterio cristiano supera de hecho las barreras del tiempo y del espacio, y realiza la unidad de la familia humana: «Desde lugares y tradiciones diferentes todos están llamados en Cristo a participar en la unidad de la familia de los hijos de Dios [...]. Jesús derriba los muros de la división y realiza la unificación de forma original y suprema mediante la participación en su misterio. Esta unidad es tan profunda que la Iglesia puede decir con san Pablo: «Ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios » (Ef 2,19) ». Texto lleno de contradicciones si se los lee con ojos críticos.

[57] L. BOFF, Virtudes para otro mundo posible III. Comer y beber juntos, y vivir en paz,  Sal Terrae, Santander 2007, 134.

[58] Cf P. GUIMÓN, “Todas las culturas son políticas”, en El País,  29-10-16: http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/22/actualidad/1477145409_049665.html.

[59] O. BARTOLOMÉ, Art.cit., 13.

[60] EG 203.

[61] Dt 16,13-14.

[62] En el mismo NT no percibimos este aspecto, más bien el de la desconfianza ante los modos celebrativos paganos que se creen cauce de pecado y, por lo mismo, son rechazables.

[63] Mt 11,19.

[64] En la película De dioses y hombres de X. Beauvois se muestra la integración celebrativa de la comunidad cisterciense con la aldea islámica en la participación activa de una ceremonia de circuncisión.

[65] L. BOFF, Virtudes para otro mundo posible III. Comer y beber juntos, y vivir en paz,  Sal Terrae, Santander 2007, 133.

[66] No hay más que poner delante la nefanda actuación de la UE con la crisis de los refugiados sirios. "No puedo recordar sin dolor las numerosas víctimas del enésimo trágico naufragio de hoy en Lampedusa. Me viene la palabra vergüenza: ¡es una vergüenza!” (Papa Francisco, 3 de octubre de 2013). Viendo la exposición “Caminos del exilio” que el Instituto Francés ha paseado por varias ciudades españolas experimenta uno esa vergüenza: muchos paseantes pasan a los lados, como si nada. Ya lo dice la canción del nóbel Bob Dylan: “How many times can a man turn his head and pretend that he just doesn't see”.

[67] “No entiendo cómo la ciudadanía no se da cuenta de que es imposible vivir en sociedades homogéneas. Una de cada siete personas en el mundo no vive en el lugar donde nació”: R. Grynspan en: J. MARIRRODRIGA, “Rebeca Grynspan. Es imposible vivir en sociedades homogéneas”, en El País Semanal,  30-10-16, 57.

[68] Es el lenguaje de los gestos: el papa trayéndose de Lesbos a tres familias; la pancarta que cuelga de un balcón en Vitoria “En esta casa cabe un refugiado sirio”; los esfuerzos enormes de la guardia costera italiana, de las pocas entidades a nivel nacional que rescata a miles de emigrantes en peligro de muerte todos los días.

[69] O. BARTOLOMÉ, art.cit., 21.

[70] Ibid., 22.

[71] Cf  C.LAVAL-P.DARDOT, Común. Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI, Gedisa, Barcelona 2015.

[72] Léanse las enormes cifras en: “La crisis de los refugiados en África”, en La Vanguardia, http://www.lavanguardia.com/internacional/20151111/54439765914/crisis-refugiados-africa.html

[73] L. BOFF, Virtudes para otro mundo posible. I: Hospitalidad: derecho y deber de todos,  Sal Terrae, Santander 2006, 126.

Francisco de Asís, cantor de la vida

FRANCISCO DE ASÍS

CANTOR DE LA VIDA Y LA FRATERNIDAD

 

                Francisco es un cantor de la vida y de la fraternidad. No desde la lírica vacía, sino desde el gozo encontrado. Quitar el disfrute y la alegría de la espiritualidad franciscana es robarle el alma, sofocar su perfume, arrebatarle el aliento. La suya ha sido una vida en estado de poesía, en canto continuado.

                Dice san Buenaventura (LM Pról.) que Francisco fue “una luz entre la niebla”, ese pequeño farolillo que en la ruta oscura y ennieblada nos sirve de guía y del que, por nada del mundo, nos queremos separar. Pequeña luz en nuestra niebla. Canto de humildad que orienta en lo oscuro. Por eso, a aquella pregunta de B. Brecht “Y en la noche, ¿habrá canto?”, podemos responder: aquí hay uno que ha cantado en la noche. Todavía sus ecos son vibrantes en nuestras noches.

 

  1. 1.       Cantaba y vivía

 

Nació y creció con el canto a flor de labios. Dice 1Cel 2 que, siendo joven, “se esforzaba por ser el primero en las canciones”. En cantar se le iba el alma. Por eso dejó huella en su pequeña ciudad de Asís: el que cantaba tan bien.

¿Por qué quedó este rasgo impreso en la memoria de quienes, años más tarde le recordaron? En nuestros días, el poeta José A. González Iglesia da un estupenda razón: el canto de Francisco es un “canto que desconoce la mordedura de la envidia”. Un canto sin envidia, sin maldad, sin afán de humillar, sin veneno. Así era el canto del joven Francisco; así lo fue siempre.

 

  1. 2.       Cantar al corazón

 

Al corazón y desde el corazón. Porque lo importante no era el sonido que salía de su garganta, sino la melodía que llegaba al corazón. Dice 1Cel 93 “cantaba en su corazón para sí con cantos de júbilo”. Le cantaba a su corazón porque ahí latía su gran amor por Jesús. Cantaba a su corazón porque ahí se metía, a veces, el frío del dolor y el canto se convertía en aliento cálido que anima.

El monologuista español Rafael Álvarez, el Brujo, que tanto aprecia a san Francisco y que ha interpretado por los escenarios españoles las florecillas escritas por Darío Fo, decía que el canto de Francisco es “un canto que parecía de otro mundo”. Era de otro mundo no porque fuera un canto extraterrestre, sino porque remitía a ese otro mundo donde el amor es el centro y el gozo inarrebatable la mejor señal de vida.

 

  1. 3.       Cuando besó al leproso

 

Todos sabemos que el encuentro con el leproso fue decisivo para Francisco. Superó el horror de la lepra que hace que la carne se caiga a pedazos porque vio que en su corazón también había otra lepra, la de su enorme necesidad de amor. Y cuando entendió eso, le vino la paz. Y desde esa paz, cantó. Por eso dice Lm 1,5 que “lleno de admiración se puso a cantar”: Lleno de admiración por él mismo: ¿Cómo podía cantar después de haber besado a un leproso?  Es que algo se le había convertido en “dulzura”, dirá años más tarde.

Darío Fo, ateo y místico, amante de Francisco, definió al santo de Asís como “aliento invisible de belleza”. La belleza se hacía aliento en su extraño y hermoso canto y por él lo invisible del amor de le hacía más cercano a la persona, hasta hacerle creer algo tan simple como que ella podía ser amada y amar.

 

  1. Cantaba en francés

 

Porque cantar en otra lengua recrea las expresiones. Y quizá su padre Pietro, que tenía buenos negocios en la Provenza francesa le enseñar alguna coplilla en francés que salía de su boca como expresión de júbilo insuperable. “Rompía en jubilosas canciones en francés”, dice 2Cel 127.

Como cuando cantamos en nuestras misas el canto “En este mundo que Cristo nos da…” sobre la melodía de “The answer is blowing in the wind” Bob Dylan, hermosa canción, cuyo texto es mucho más hermoso que la canción de misa. Poder cantar lo de Dylan puede llevarnos a una alegría den dentro y a una reflexión profunda. Cantar en otra lengua el mismo canto de amor común.

 

  1. 5.       En los caminos

 

Fue un hombre de caminos. Los grandes (Jerusalén, Roma, Santiago) y los pequeños (Rieti, La Verna…). Como Jesús, hombre de caminos. Y “estando de viaje cantaba a Jesús” dice LM 2,5. Las piedras, los árboles, los prados, los pequeños regatos, hacían silencio para escuchar su canto a Jesús, incontenible, incendiado, sereno.

Con toda razón dice el papa Francisco en La LS’ 12 que era “un místico y un peregrino”. Encontró en los caminos la manera de cantar como un místico, como cantan los que se han visto inmersos en el río del amor y en él se sumergen.

 

  1. 6.       Como un violín

 

A veces su alegría era tan incontenible que, como los niños, “tomaba un palo del suelo y lo ponía sobre el hombro izquierdo…como un violín” (2Cel 127). Y aquel extraño violín sonaba porque era el amor quien lo hacía sonar. Sería un necio quien tachara de enajenado a quien toca el violín del amor, aunque sea un palo.

El poeta José A: González Iglesias define san Francisco como “teorema tranquilo, de una línea”. Esa línea pura de un palo en el hombro izquierda, la línea pura del amor que va derecho a Jesús y a la entraña del hermano. La mejor música.

 

  1. 7.       Una cítara celeste

 

Es entrañable aquella escena en que Francisco, muy enfermo, pide a un hermano citarista que le haga un poco de música para consolarle y el superior de la casa se la niega, no vayan a pensar los vecinos que los frailes están siempre de zambra. Y, por la noche, un ángel bien a tocar para él la cítara negada. “El Señor no me ha dejado sin consuelo”, decía luego

cándidamente.

                No es pertinente preguntar: ¿esto es real, ocurrió así? Lo que importa es el fondo, aquel Francisco que era, según el poeta Iglesias, “nombre de puro amor junto al océano”. Ese amor puro de Francisco varado en la orilla del puro amor de Dios puede hacer que la milagrosa cítara se escuche en su corazón y que de ahí brote el consuelo y el sosiego.

 

  1. 8.       Juglares

 

Eso quería ser Francisco y deseaba que lo fueran sus hermanos: “Somos  juglares del Señor” (LP 83). Juglares, bufones, comediantes bajos, a los que se puede perseguir, apedrear, desprestigiar. Juglares para, cantando y riendo, llevar a mostrar que Dios ríe y sonríe, que el adusto ser que la religión a veces dibuja no es la mejor foto del Dios del amor.

El ínclito escritor Francisco Umbral, en un artículo de juventud, dice de san Francisco que uno como él “puede salirse de ser vulgar simplemente por amor”. No fue un juglar vulgar, grosero, deslenguado. Su juglaría estaba amasada en el amor. Y eso le alejó de la vulgaridad.

 

  1. 9.       En la enfermedad

 

Porque supo de enfermedades, graves algunas de ellas. Y entonces, cuando el dolor quería ocupar todo el espacio, él cantaba: “Cuando se agravaba su enfermedad, cantaba las alabanzas del Señor” (EP 119). Cantar cuando se está grave…Envolver en canto el dolor que atenaza. Solo quien ha cantado mucho, quien ha gustado mucho el canto, puede agarrarse a él como a un salvavidas cuando el cuerpo débil naufraga.

 

  1. 10.   Y en la muerte

 

Todos sus antiguos biógrafos son unánimes al decir que “recibió a la muerte cantando” (2Cel 114): Débil canto unido al entrecortado canto por los sollozos de sus hermanos que cantan con él en su lecho de muerte. Recibir a la muerte cantando para decirle, con el canto, que la ha vencido de antemano.

Qué bien lo dice Rubén Darío: “En canto vuela con sus alas: armonía y eternidad”. En ese vuelo suyo se mezcla la armonía de una vida cantada y la eternidad de una vida que se va a cantar.

 

                Dice LS' 11 que “así como sucede cuando nos enamoramos de una persona, cada vez que él miraba el sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su alabanza a las demás creaturas”. Su reacción era cantar: era su manera de reaccionar como creyente enamorado de Jesús, como hermano siempre fiel, como compañero humilde de las humildes creaturas. Cantar y vivir. Así de poco, así de simple, así de profundo.

 

La figura de san Francisco en la Laudato Si'

LA FIGURA DE SAN FRANCISCO EN LA LAUDATO SI’

 

1. Una encíclica

 

Las encíclicas papales son documentos de primer nivel (entre las Constituciones Apostólicas y las Exhortaciones apostólicas). Que el Papa haya querido situar su reflexión sobre la ecología en ese marco está indicando la importancia máxima que quiere atribuirle al texto.

Es un texto relativamente largo (246 números) con sus características peculiares: una dedicatoria poco común, sin especificar los estamentos de la Iglesia como comienzan todas las encíclicas está indicando ya desde el principio su orientación universal por encima del exclusivo ámbito de la Iglesia.

Fuera de texto, al final, se ofrecen dos hermosas oraciones con el tema de la creación, que en otros textos papales iban dirigidas a la figura de María.

La encíclica fue lleva la fecha del 24 de mayo de 2015, fiesta de Pentecostés. La elección creemos que tiene su simbolismo: una Iglesia abierta a la sociedad.

 

2. Alusiones a san Francisco

 

En relación con las fuentes hay que citar de manera especial a la figura de san Francisco de Asís del que habla en diez números, además del título de la encíclica que alude al Cántico de las Creaturas. Digamos algo de cada uno de ellos con brevedad:

  • Nº 1: se abre el texto por el título y alusión a Cánt 9, la tierra, nuestra casa común, como hermana y madre.
  • Nºs 10-12: Hace un bosquejo espiritual de la persona de Francisco como hombre ecológico total. En estos números nos detendremos. 
  • Nº 66: Entiende a Francisco como un restaurador de la “armonía” primitiva rota, la vuelta a la “inocencia primera.
  • Nº 87: Cita el Cántico de las Criaturas como modelo eximio de alabanza al Señor.
  • Nº 91: Alude a Cánt 10a, aunque no pegue mucho con el contexto del número (la defensa de lo humano como realidad primordial).
  • Nº 125: Cita de pasada aludiendo a su “admiración contemplativa”.
  • Nº 218: Cita de pasada dentro del tema de la “conversión ecológica” que demanda una “sana relación con lo creado”.
  • Nº 221: Cita también de pasada y, de nuevo, dentro de la “conversión ecológica” aludiendo a la “sublime fraternidad con todo lo creado” de san Francisco.

Es decir, para el conjunto del texto es evidente que el Papa quiere proponer a Francisco de Asís como modelo para la ecología cristiana. El hecho de que las citas estén sembradas a lo largo de todo el documento así lo indica. Los nºs 10-12 son los más sustanciosos. El resto, son ocasionales.

 

3. La figura de san Francisco en LS’ 10-12

 

         En estos tres números no solamente se alude a Francisco como santo de la ecología, sino que también se hace un bosquejo de los valores franciscanos para la actualidad. En ese sentido tienen estos números un valor especial para quienes aman la figura de Francisco.

 

a) San Francisco, ejemplo de ecología integral:

 

         El Papa habla todo el tiempo de una ecología integral. Es aquella “que incorpora las dimensiones humanas y sociales” (LS’ 137). En ella queda implicado lo ambiental, lo económico y lo social.

         San Francisco es puesto, en primer lugar como “ejemplo por excelencia de lo que es débil y de una ecología integral vivida con alegría y autenticidad…En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior” (LS’ 10).

         Es decir, san Francisco es uno que ha entendido bien el moderno concepto de ecología por su honda vivencia de la creación y por su cercanía al mundo de las pobrezas.

 

b) San Francisco, místico y peregrino:

 

         Desvela el Papa algo importante de las raíces espirituales de san Francisco cuando dice que “era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo” (LS’ 10).

         La percepción que san Francisco tiene de la creación nace de una profundidad, de una mística, de una raíz honda: la armonía, el equilibrio interior, la paz que habita el corazón. Eso le hizo ser peregrino pacífico y pacificado por encima de conflictos personales y de duras situaciones externas. 

 

c) San Francisco, conectado con la esencia de lo humano

 

         El amor de san Francisco por las criaturas no es mera superficialidad, poesía barata, ecología de dibujo. Es una profunda conexión con el fondo de la vida, con la esencia de lo humano: “El testimonio de san Francisco nos muestra también que una ecología integral requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas o de la biología y nos conectan con la esencia de lo humano” (LS’ 11).

         San Francisco es una persona conectada con la esencia de lo humano que no es sino el anhelo que toda persona, toda criatura, tiene de ser feliz, de llegar a poder tocar con sus manos la dicha que busca su corazón. San Francisco ha querido contribuir al logro de esa dicha que el programa de Jesús promete. Eso le ha hecho conectar y comprender el fondo de la persona, más allá de sus limitaciones y fallos. Eso le ha llevado a no juzgar a nadie y a envolver de compasión a toda persona y a toda criatura, singularmente a las más frágiles.

 

d) San Francisco, persona de mirada distinta

 

         Porque mucho está en el mirar, en la manera de percibir la realidad, en la cercanía que envuelve la mirada amable y en la lejanía que desvela la mirada hosca.

         San Francisco ha logrado mirar la realidad de una manera distinta, esa manera que tiene quien ama: “Cada vez que él miraba el sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando su alabanza a las demás criaturas…Su reacción era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño” (LS’ 11).

         Él ha conseguido ver el mundo con otros ojos, los ojos de quien se ha hecho hermano de ese mundo y ya no lo ve como valle de lágrimas, ni como lugar de explotación, ni como camino que obligadamente hay que transitar. Francisco entiende, mirando de manera distinta, que vivir es un gozo, una suerte, un don.

 

e) San Francisco, la persona que ha entendido que todos somos familia:

 

         Lo que hoy nos dice la ciencia (la semejanza de los diversos genomas de las personas, animales y cosas) san Francisco lo ha entendido por vía espiritual. Su argumento ha sido sencillo: si todos tenemos el mismo Padre, Dios, somos familia.

         Por eso cita la LS’ 11 aquella hermosa frase de la LM 8,6 de san Buenaventura: “Lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a las criaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas”.

         Puede parecer que esto es mera lírica, un romanticismo irracional. Pero no. Entender la creación como una familia llevará a comportamientos familiares.

 

f) San Francisco, el hombre que no domina

 

         Toda esta manera de ver la creación brota en san Francisco de una fuente: ha renunciado al poder, al dominio, a la explotación. Quien no se apropia del otro lo ama y lo respeta.

         Dice LS’ 11: “La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio”.

         Aquí se halla la clave de todo: san Francisco ha alejado de su vida este dinamismo innato: el poder. Al decidirse a ser hermano en radicalidad ha podido amar a todos sin ningún afán ni pretensión sobre nadie.

 

g) San Francisco, buen lector del libro de la creación:

 

         Porque Dios nos habla por la Palabra, pero también, así lo reconoce la Biblia desde antiguo (Sab 13,5), por el libro de la creación.

         Así lo expresa la LS’ 11: “San Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la naturaleza como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad”.

         La creación no le dio a san Francisco más que satisfacciones, sosiego, paz, comunión con Dios y con las personas. El libro de la creación fue, ciertamente, uno de sus mayores consuelos y alegrías de su vida.

 

3. Y nosotros que amamos a san Francisco…

         Nosotros que amamos a san Francisco hemos de vernos cada vez más envueltos en esta espiritualidad, más amantes del hecho creacional, humildes defensores de los valores de la naturaleza y crecientemente responsables de su cuidado. Y, sobre todo, personas que apuestan por echar su suerte en el lado de los pobres.

 

1)    Ecologistas por franciscanos: No por habernos adherido a alguna tendencia social, que son muy buenas. Un franciscano, por tal, ha de ser ecologista integral, interesado por la creación y por la suerte de los pobres. No hacemos esto porque esté de moda, sino porque pertenece a nuestra vocación franciscana. No hacerlo, sería alejarnos de tal vocación.

2)    Necesitados de una mística: Porque no venimos de esta espiritualidad, porque se ha valorado poco, porque algunos todavía la menosprecian. Nosotros los que amamos a san Francisco creemos que el mundo es cuerpo de Dios y que sus criaturas son su familia. Por eso apreciamos la creación con cordialidad, nos interesan sus sufrimientos y nos admiramos incansablemente de su belleza.  Esta es nuestra mística.

3)    Ecologías y humanos: Porque no se puede ser amante de la naturaleza y de san Francisco, del Evangelio mismo, sin ser humano. Humanizar es la gran tarea del franciscano, su trabajo primordial. Humanizando entenderemos lo humano y lo que no lo es, la naturaleza que convive con los humanos. Sin humanidad es imposible hablar de ecología.

4)    Mirar con otros ojos: Con los ojos de la apertura, del amor a lo creado para expulsar de nosotros al dominador, al mero explotador de recursos, a aquel que no ve en las criaturas más que beneficios a costa de lo que sea. Mirar con los ojos de quien descubre en lo creado una compañía necesaria para andar este, a veces, duro camino de la vida.

5)    Una familia que cuidar: Si consideramos familiares a toda persona y a las mismas criaturas hemos de avanzar en la ética del cuidado. Cuidarnos es nuestra obligación primordial. Cuidar no son solo momentos puntuales sino también una actitud, una manera de ponerse ante el otro. Quien no cuida no podrá amar a la persona y las criaturas. Y, por supuesto, si somos familia, está prohibido el daño entre familiares, la herida o el abandono.

6)    Alejados del poder: Para que esto sea posible es necesario alejarse cada vez más del poder, dejar de ser presa del ansia de domino, intentar abandonar esa actitud innata de querer ser apreciado porque mando, porque decido, porque ordeno. El poder bloque toda actitud de benignidad con la creación y con las personas. Quien ama a san Francisco ha de alejarse paulatinamente de toda actitud de poder.

7)    Volvamos al libro, a la casa de la creación: Porque los humanos nos hemos alejado de ese libro, nos hemos ido de esa casa. Nuestros caminos no se tocan. Volvamos como san Francisco, a leer en el libro de la creación. Entremos de nuevo en esa casa que antaño abandonamos. Hemos de vernos gratamente recompensados en alegría, en gozo y en paz interior.

 

 

CÁNTICO DEL HERMANO FRANCISCO

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

ecologista integral,

porque amó lo creado y amó a los pobres.

Siempre se hermanaron en su corazón

estos dos amores.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

místico y peregrino,

de hondas raíces,

de armonía y equilibrio interior,

pacífico y pacificado.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

hondamente humano,

propagador de la dicha que Jesús promete,

incapaz de juzgar a nadie.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

y por su bella mirada,

capaz de invitar con simplicidad a la alabanza

a todas las criaturas.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

que nos hace todos familia,

que ha querido cuidar con amor de madre

a los seres humildes y a las personas que sufren.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

que no ha tenido tratos

con el poder y el dominio,

que jamás ha explotado a nadie

que nunca se ha aprovechado de nadie.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

que ha leído con gozo

el libro hermoso de la creación

y que se ha aposentado en la casa de las criaturas

como casa desde siempre.

 

Loados seas, por Él,

nuestro hermano y padre san Francisco,

a quien amamos.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Marcos 28

CVMc

Domingo,  25 de setiembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

28. Mc 4,24-25

 

Una reflexión inicial:

 

            La sabiduría popular dice que “a la hora de dar, hasta las campanas tiemblan”. Hace referencia al “temblor” que nos ataca cuando damos algo, porque creemos que, al dar, yo pierdo y los otros ganan. ¿Habría alguna manera de entender y practicar la certeza de que, si me doy a los demás, yo también gano algo bueno (o quizá mucho)?

                Hay quien dice que esto es imposible dado el presupuesto del que parten: yo antes que nadie. ¿Y si se partiera de otro presupuesto: nosotros a la vez, sin postergar a nadie? ¿Si se partiera de que cuando el colectivo gana todos ganan y que cuando gana uno solo de alguna manera los demás pierden, incluido quien cree que gana?

                Estas utopías antropológicas hacen sonreír a cualquiera que tenga sentido común, pero ¿funcionan o no funcionan? ¿Hay ejemplos de ello o no los hay? ¿No se asienta en este tipo de certezas el bienestar de la familia, e incluso el de la sociedad? ¿No es mejor una sociedad donde el colectivo gane? ¿No tiene mejor salud un pueblo donde no se dé una lucha encarnizada entre quienes quieren ganar ellos solos y los que se ven abocados a perder siempre?

                Hay que decirse una y mil veces: si los demás ganan, yo también gano. Las buenas certezas demandan miles de estímulos. Por eso hay que estar machacando siempre sobre el mismo clavo.

 

El texto:

 

24Y siguió diciéndoles: -¡Atención a lo que vais a escuchar! La medida que llenéis la llenarán para vosotros, y con creces, 25pues al que produce se le dará, pero al que no produce le quitarán hasta lo que había recibido.

  • Este texto es un enseñanza a los discípulos, en la intimidad, palabras dichas al corazón, más que a la cabeza.
  • Es cierto que la formulación no es pedagógicamente de nuestro gusto porque utiliza la “amenaza” para animar. Pero se le puede dar la vuelta: una medida generosa genera más generosidad. Os conviene ser generosos: siempre se gana.
  • Se produce bien cuando se produce para todos. Si se produce para unos pocos, el egoísmo roe las relaciones humanas y estas se quiebran. Producir para otros, es producir para todos.
  • Apropiarse e aquello que se produce, guardarlo con celo egoísta, mirarlo únicamente desde el propio lado es darle el peor de los horizontes. La vida lo confirma en no poca ocasiones.

 

Para pensar u orar:

 

  1. 1.       ¿Conforme pasan los años eres más generoso/a o más tacaño/a?
  2. 2.       ¿Te alegra ver que los colectivos débiles progresan algo?
  3. 3.       ¿Cómo hacer una ciudad más generosa?

 

Un valor: Creer en el valor de lo gratuito

 

Hay personas que creen y dicen que lo gratuito no es valorado y, por ello, todo ha de tener un precio. No creen que el valor de lo gratuito es, precisamente, la gratuidad. Ese sí que es un valor de primera magnitud.

  • Lo gratuito tiene valor porque procede del corazón. Y todo lo que brota de esa fuente no puede ser sino algo positivo.
  • Lo gratuito tiene valor porque apunta al bienestar amplio de la persona y no solamente a la parcela de lo económico que, aunque necesaria, no lo es todo.
  • Lo gratuito tiene valor porque une corazones, crea redes de amor, teje vidas y situaciones. Sobre ese tejido de vida se forjan los caminos de las personas.
  • Lo gratuito tiene valor cuando es gratuito hasta el fondo, cuando no crea dependencias, cuando no exige contraprestaciones ocultas, cuando no tiraniza ni ata a nadie.
  • Lo gratuito tiene valor porque, para los creyentes, ayuda a entender la gratuidad de un Dios que no exige nada a cambio, ni siquiera que seamos más buenos, sino que se da a todos para hacer brotar así la bondad que él mismo ha sembrado en todo corazón.

 

Una foto:

 

Las últimas olimpiadas nos dejaron gestos de auténtica generosidad. Uno de los más celebrados ha sido el de Meghan Vogel, alumna de la West Liberty-Salem de Ohio (EE UU) que no dudó en colocar su brazo sobre el hombro de su rival y la cargó hasta la meta. Era en la carrera de 3200 m. Los jueces decidieron no penalizar a las dos corredoras por lo generoso del acto. El gesto provocó un aplauso espontáneo del público. Son gestos de gratuidad que encuentran eco en el corazón de las personas. Prueba evidente de que ahí se encierra un valor social.

 

Un poema:

 

A cambio de mi vida nada acepto.

¿Qué se puede ofrecer que valga más

que el calor de la llama, que la espiga

convocada a ser grano, que la noche

que dentro ya contiene el joven día?

 

Escucho mis pisadas sobre el suelo.

A lo lejos, alguien también las oye.

Tañido lastimero de campanas

en su oído. Eco de brasas tiernas

en el mío, que todavía es temprano

y en el cuerpo palpita el pulso errante.

 

Me pongo por testigo en esta hora,

cuando la lluvia lava más que riega

y los libros liberan más que nutren.

 

¿A qué esperáis? Encended los caminos,

que empapen bien los ojos. Recorredlos

mientras haya una lumbre en los pulmones,

mientras un niño aguarde su ocasión

de convertirse en hombre, mientras verbos

de orígenes distantes desemboquen

en una voz unida, mientras reinen

las noches que nos prenden, abrazad

el destello arcilloso de la tierra

que es nuestro hogar común,

el verdadero. 

 

Raquel Lanseros

 

 

Con esta hojita comenzamos el Curso 2016-2017. La utilizaremos en nuestra convivencia del 25-9-2016.

 

Una relectura de Mt 23,13-39

UNA RELECTURA DE Mt 23,13-39

 

            Es preciso leer un texto como adultos. El NT ha de ser leído de ese modo. Desde ahí no se puede negar la dificultad que supone un texto como Mt 23. Si decimos, con los Evangelios en la mano y la reflexión teológica, que Jesús era un “misericordioso”, ¿cómo salieron de sus labios textos tan duros como el de Mt que no solamente censura con animosidad sino que cae en el insulto y el menosprecio? ¿O es que ese texto proviene de otra mano inserta en la génesis global de un texto como del Mateo?

            Hay que tener en cuenta de que el Evangelio de Mateo está escrito en torno al año 80-90, cincuenta años después de la muerte de Cristo. En ese largo período de tiempo han ocurrido importantes sucesos en la historia de Israel, singularmente la caída de Jerusalén ante las ropas romanas de Tito el año 70. La ciudad fue tomada y arrasada, el Templo destruido.

            En el descabezamiento que sigue a toda destrucción, los romanos se cebaron en las clases dirigentes (saduceos, casta sacerdotal) y fueron más permisivos con los espirituales fariseos, menos peligrosos. Estos se juntaron en Yamnia (Jabné), una pequeña ciudad cerca de la actual Tel Aviv donde, inspirados por Johanan ben Zakkai, urdieron una serie de estrategias para mantener vivo un judaísmo en tiempos de diáspora. Ahí el fariseísmo se radicalizó y anatematizó a los grupos disidentes, entre ellos los cristianos (los “nosrîm”, los nazarenos). Se conserva una “maldición” sobre ellos en el texto de las Dieciocho Bendiciones: “No haya esperanza para los apóstatas. Y destruye pronto el reino del orgullo n nuestros días; y perezcan los nazarenos y los herejes en un instante. Sean borrados del libro de la vida y no queden inscritos con los justos. Bendito seas, Yhwh, que doblegas a los soberbios” (Bendición 12ª). Y Justino dice en su obra Diálogo con Trifón 96,2: “Vosotros en vuestras sinagogas maldecís a los cristianos”.

            Es de suponer que los cristianos de las comunidades mateanas no se eran mancos y respondieron con invectivas similares. Era una manera de sobrevivir en aquella época de dureza y de nulo ecumenismo (época que ha llegado casi hasta nuestros días; no olvidamos la oración del Viernes Santo por los “pérfidos judíos” que la liturgia del Vat.II cambió).

            De ahí que haya que leer estos textos intentando transformarlos en textos de misericordia. Hagamos un intento:

 

            13Ojalá vosotros, quienes amáis la Palabra, no cerréis a nadie las puertas del reino, puertas amplias como el corazón mismo de Jesús. 14No seáis obstáculo para quienes quieran entrar, aunque sea por una puerta que no es la vuestra.

            15Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, no tengáis como meta primera aumentar el número de afiliados a la religión, sino el número de personas que vivan con los valores del reino. Así aprenderéis que es más importante cristificar que cristianizar.

            16-22Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, seáis gente que ilumine el camino humano sin enredarse en  disquisiciones legales, poniendo como principio inviolable el de la dignidad de la persona y sometiendo toda norma, toda costumbre, toda ley a la persona y su necesidad.

            23Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, seáis generosos a la hora de socorrer al pobre. Ojalá aportéis al caudal de la vida los grandes valores que constituyen el cimiento del caminar humano: la honradez, la compasión, la sinceridad. Esto es lo importante; el resto es más relativo.

            24-26Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, fuerais cuidadosos en tener un interior limpio, ecológico, saludable. Porque del interior brotan las actitudes de la persona. No haríais nada con ser pulcros por fuera y no serlo por dentro.

            27-28Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, seáis gente de sinceridad esencial, de interior claro, de honestidad probada. Y si, por vuestra fragilidad falláis, reconoced el fallo. Eso os abrirá la puerta de la misericordia de Dios y de la comprensión de las personas.

            29-33Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, no echéis alabanza solamente a quien muere el día de su entierro, sino que aprendáis a alabar en vida, valorando todo lo bueno que tienen las personas y alegrándoos del bien que Dios hace a través de cualquier creatura.

            34-36Creed a los profetas, a la gente buena, que os voy enviando para que os animen e iluminen. Creed a gente como Pedro Casaldáliga, profeta de la esperanza, que acaba de fallecer. Creed, sobre todo, a los profetas vivos, a los profetas humildes, buscad en los signos de los tiempos la luz que necesitáis para andar como creyentes lúcidos.

            37-39Así vuestras ciudades serán “ciudades de seres humanos”, donde la humanidad florecerá, y donde vivir en buena relación será posible. Así aguardaremos el momento de plenitud en que todo será reconciliado en el amor cumpliéndose así el secreto designio del Padre y de Jesús.

 

            Hay quien puede pensar que una paráfrasis de este estilo desposee al texto del pathos que tiene. Y es así, efectivamente. Pero a los seguidores de Jesús, el misericordioso, no nos interesa un pathos de condena, sino de misericordia. Por eso, aunque suene un tanto “light” quizá nos pueda ser de mayor utilidad una lectura de este talante.