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¿Como formar en la vida religiosa hoy?

¿CÓMO FORMAR EN LA VIDA RELIGIOSA HOY?

 

            El trabajo de la formación en la VR ha sido siempre una tarea apasionante y enriquecedora. Más allá de sus innegables dificultades, se evidencia a lo largo de los años, tanto en los formadores como en los formandos, que el tiempo de la formación fueron decisivos, hermosos y productivos. El tiempo de formación, verdaderamente, un auténtico kairós para todos, incluida la comunidad formadora. Es preciso, pues, aprovechar ese viento a favor.

            Los formadores saben bien que formar es influir. Pretender una formación aséptica, sin que se note la influencia del formador es negar la realidad. Para formar hay que elaborar, ofrecer y, en algunos casos, forzar perspectivas, propuestas, caminos. Dejar que sea el tiempo en su devenir el que marque los caminos del formando es una ficción peligrosa. Hay que influir en el deseo de que la propuesta formativa vaya siendo incorporada al proceso del formando.

            Por eso mismo, por mera sinceridad con la comunidad formadora y con el formando, resulta necesario mostrar las cartas, hacer visibles las tendencias, proponer con claridad los caminos que se quiere que quien está en formación vaya andando. No se trata de imponer caminos a priori, sino de hacer juntos, formador-comunidad-formando/a, el trecho decisivo de la época de formación. Proponemos algunas de esas orientaciones formativas que nos parecen prioritarias en estos momentos. 

 

1. Formación para la vida en grupo

 

            Este es el cimiento de la formación. Antes que cualquier otro valor (incluidos los religiosos) es preciso “medir” la capacidad del formando para la vida en grupo o su trabajo para el logro de tal valor.

            La vida en grupo en el gozo de la VR y su cruz. Es su campo de trabajo. Dar por obvio este elemento es arriesgarse a situar a una persona en el lugar que no le corresponde y es, para la comunidad, cargar con un problema que, en determinados momentos se le haga insoportable.

            La capacidad para vivir en grupo se puede medir de muchas maneras confluyentes: con herramientas técnicas (ayuda terapéutica) o por simple trabajo observacional. Han de quedar lo más claras posibles la aptitudes del formando para la colaboración común, para el gozo compartido, para la agilidad a la hora de sumarse al proyecto comunitario, para mostrar empatía con sus compañeros y con los miembros de la comunidad formadora.

            De manera que el formador habrá de ser ágil para captar comportamientos relacionales que desvelen el interior de la persona. Y no ha de temer trabajar con seriedad y constancia el proceso de valoración e incardinación en el ámbito común. Dejar pasar esto es correr un gran riesgo.

            Así se preparará al formando para insertarse en un tipo de vida que tiene como orientación primaria generar comunión, fraternidad, buena relación ad intra y también en el ad extra de la sociedad: “Sólo en comunión con aquellos que tienen la misma vocación, tanto en el marco de la orden o congregación concretas como en otro tipo de relaciones interpersonales, podemos apropiarnos e interiorizar la llamada a vivir en la relación trinitaria. En ese contexto es como gradualmente nos daremos cuenta de que el Dios trinitario no lo encontraremos en otro mundo sino en el Nuevo Reino que está en el corazón de este mundo, proclamado e inaugurado (desde el punto de vista cristiano) en la vida y misión de Jesús”[1].

 

2. Formar para una espiritualidad redescubierta

 

            En estos tiempos en los que las religiones ocupan un lugar importante en el concierto de la ciudadanía, más allá del inevitable secularismo, los candidatos a la VR vienen con una gran carga religiosa y se identifican con ella. Se sienten cómodos en las formas exteriores y cultivan prácticas religiosas que creíamos arrumbadas. El ambiente religioso les reconforta.

            Siendo esto así y queriendo trabajar con los formandos tal como vienen y tal como son, creemos que es preciso decir que los procesos formativos han de estar imbuidos por una espiritualidad redescubierta, no meramente imitativa en intenciones y formas antiguas.

            Por eso, la Palabra ha de ser redescubierta para desvelar el rostro de Jesús y para que no se convierta en una “terrible siembra de ateísmo” en el corazón del candidato[2]. De ahí que haya de huirse del fundamentalismo y del historicismo que convierte la Palabra en un sermón sabido e inaguantable.

            Ha de ser camino la “vuelta a las fuentes” carismáticas en modos de fidelidad creativa, no en mera arqueología. Por supuesto, en los tramos finales del proceso formativo, el candidato ha de aprender a elaborar espiritualidad a través de sus fuentes carismáticas. No puede contentarse con ser un mero lector y, menos todavía, un repetidor papagayesco de frases de los escritos del fundador/a.

            Habrá que redescubrir, así mismo, la nueva producción teológica que afecta al imaginario hondo de la experiencia creyente. No se puede estar con el imaginario que se aprendió de niño en la escuela o en la catequesis parroquial. Es preciso incorporar en el proceso formativo los nuevos caminos de la teología o, al menos, las sugerencias que nos va dando la Iglesia. Por su componente profético, la VR habría de cultivar una espiritualidad compasiva y comprometida. Y dada la primacía numérica de vocaciones religiosas femeninas, éstas han de incorporar con decisión a los procesos formativos la espiritualidad feminista[3].

            Y como la liturgia es muy atractiva para los actuales formandos, será preciso ir cultivando una liturgia más social, más mezclada a la realidad histórica, menos descolgada de los avatares de la persona moderna. ¿Cómo inocular en los formandos una experiencia litúrgica para el cultivo de la interioridad y, a la vez, para el anhelo de la justicia? He ahí un buen reto[4].

            Habría también una hermosa tarea de redescubrimiento en el trabajo por reorientar los tópicos sociales que afectan a la VR: el tópico aun vigente del ámbito separado del mundo; el tópico de la vida conventual como una vida santa y pacífica; el tópico de que el religioso/a está mas cerca de Dios; el tópico del asexuamiento de los religiosos; el tópico del desinterés por el poder. Contienen una cierta verdad, pero es preciso hacer ver que la VR es más compleja que cualquiera de tales tópicos.

            Si estos trabajos por redescubrir una nueva espiritualidad no se hacen en el tiempo del proceso formativo, posiblemente serán casi irrealizables en el itinerario existencial posterior del religioso/a.

 

3. Formar para una Iglesia en salida

 

            La dificultad para ser hoy seguidor de Jesús en cualquier parte del globo afecta también la VR: no resulta fácil vivir el seguimiento en comunidad en estilos proféticos. Por eso, la VR, como la misma Iglesia, siente la tentación de replegarse a sus cuarteles de invierno y cerrarse en la burbuja religiosa donde no se le contradice ni se le zarandea.

            El Papa Francisco habla ampliamente en EG 20-24 sobre “la Iglesia en salida”. Quiere el Papa que hoy la Iglesia salga de los ámbitos religiosos que le son familiares y se lance al frío de la secularidad para aportar el aliento del Evangelio: “Salir y atreverse a llegar a las periferias que necesitan la luz del Evangelio”[5].

            A la comunidad cristiana le cuesta escuchar este llamado y a la VR también. Por eso mismo, en el proceso formativo habrá que cultivar explícitamente esta espiritualidad de una fe en éxodo. Eso habría de traducirse en participación explícita en los movimientos no solamente parroquiales, cristianos, sino sociales. Todo formando habría de cultivar, de acuerdo con el formador, un ámbito social donde se haga presente y donde aporte, aunque sea con su presencia sencilla, la luz del Evangelio de Jesús.

            Habrá que acompañar esas actividades para que no sucumban a los embates de la secularidad. Pero si para ahorrarse quebraderos de cabeza, el formador desecha ese camino y mantiene a sus formando en el calor reconfortante de la estufa religiosa, los hace menos resistentes con el ambiente social en el que, más tarde, habrán de situar su compromiso creyente.

            Por eso mismo, de no ser en etapas de la formación muy específicas, como la del noviciado, el resto de etapas habrían de estar idealmente asentadas en comunidades abiertas en las que el formando aprenda a “salir” para ir generando el tipo de Iglesia que el Papa demanda a los creyentes de hoy[6].

 

4. Formar para los aprendizajes sociales humanizadores

 

            La VR puede llegar a creer que nutre su espiritualidad únicamente de los aprendizajes carismáticos (liturgia, Palabra, sacramentos, carisma, etc.). Pero, en realidad, hay un maestro más potente que este: es el de los aprendizajes sociales. Efectivamente, gran parte de lo que el religioso sabe de la familia, la política, la economía, la sexualidad, la relación social, el uso de los bienes, los modernos métodos de comunicación, etc., lo aprende por contagio social.

            A. Bandura difundió esta teoría de los aprendizajes sociales que el trabajo social y la misma criminología aún emplea[7]. Él viene a decir que, por aprendizaje observacional, el ambiente social modifica la conducta de la persona. Esto afecta profundamente a la VR en maneras concretas de pensar respecto a los temas señalados, en las mismas estructuras de VR, en asuntos de libertad, obediencia dialogada, economía transparente, preferencia por los empobrecidos, etc.

            Por eso, ya desde los procesos formativos iniciales hay que tratar de incorporar los aprendizajes sociales humanizadores (la parte más positiva de lo que es la sociedad) a los trabajos de discernimiento vocacional. En realidad, es ahí donde se refleja mucho de la verdad del formando, más que en sus ideas o en sus prácticas religiosas. Para ello habrá que enseñarle a tener una visión benigna y crítica de la sociedad alejándose de censuras tópicas del lenguaje clerical y siendo persona que profundiza en lo que ocurre en el hecho social. De ello depende mucho el futuro de la vida religiosa concreta del formando[8].

            El formador ha de trabajar el angelismo con el que, a veces, viven la vida los formandos. Por su peculiar modo de situar en la VR creen que las cosas “llueven del cielo”, sin contexto económico y cultural. Es preciso resituarlos en tales contextos y enseñarles el camino del discernimiento social que les puede ayudar a construir una VR utópica y realista a la vez.

 

5. Formar para la profecía, más que para la institución

 

            El formador sabe muy bien, porque pertenece a la teología de la VR más clásica, que la aportación de ésta al concierto de la Iglesia es la profecía. Es cierto que resulta necesaria la institución para dar cuerpo y rostro a la intuición. Pero si se sacrifica la profecía para hacer fuerte la institución, en el caso de la VR, se la hace más débil.

            Ya hace muchos años el teólogo J. B. Metz hacía una serie de agudas preguntas a la VR aún no respondidas: “¿Quién hace hoy frente en la Iglesia al peligro de una insidiosa adaptación pasiva a la mentalidad del bienestar? ¿Quién despierta a nuestra Iglesia de aquel sopor espiritual con que intenta hacer frente a las exigencias de nuestro tiempo?”[9]. Pues bien, es a la VR a quien corresponde intentar despejar tales interrogantes.

            De ahí que en el proceso formativo haya que hacer hincapié en el valor de la profecía, en el trabajo que es preciso hacer para darle cuerpo, que en corporativismo de la institución. Lo decisivo no es el buen nombre del Instituto, algo muy querido y cuidado por la VR, sino el vigor de la profecía, la misión que el Espíritu ha confiado a la VR.

            La formación para la profecía ha de estar amasada en Espíritu y en libertad. El primero para situarse en los márgenes, en las fronteras, ya que el componente liminar es inherente a la espiritualidad evangélica. Y luego, la libertad engastada en el proyecto común, libertad para hacer siempre el bien en el marco del seguimiento común.

 

6. Formar para una nueva visión ecológica

 

            El Papa Francisco da mucha importancia a este punto que todavía no tiene espacio propio en los planes formativos de la VR: “Espero también que en nuestros seminarios y casas religiosas de formación se eduque para una austeridad responsable, para la contemplación agradecida del mundo, para el cuidado de la fragilidad de los pobres y del ambiente”[10]. De manera que la ecoalfabetización ha de comenzar a implantarse en las casas de formación de la VR.

Va siendo hora de que la espiritualidad ecológica entre de lleno y como cosa normal en los planes de formación teológica, incluso en los programas catequéticos a nivel de pueblo cristiano. Que esto se entienda como algo baladí es hoy empobrecer de manera notable la experiencia creyente en Jesús. Efectivamente LS 96-100 pone la ecología en conexión íntima con la persona de Jesús. Desechar aquella es empobrecer a esta. Por esta razón “cristológica” habrá que comenzar a pensar planes de formación adecuados a este anhelo.

Habría que comenzar por generar una espiritualidad que contemple los ejes en los que se mueve la ecología cristiana hoy y que vienen descritos con bastante precisión en LS’ 16: “La íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida. Estos temas no se cierran ni abandonan, sino que son constantemente replanteados y enriquecidos”.

Y luego habría que ir generando pequeñas prácticas de conversión ecológica que animen al formando a incorporar, de manera sencilla y normal, la ecología a su concepción espiritual de la vida y a sus caminos cotidianos. Menospreciar este ámbito de formación sería cerrarse a muchas posibilidades y desoír la voz de la iglesia que nos empuja en esa dirección.

 

6. Formar para el amor

 

            Porque esa es, en definitiva, la meta a la que tiende todo ser humano: una vida dichosa dentro de las posibilidades de la historia. Y esa dicha no se podrá lograr nunca si no se cultiva el amor. Por eso, a la larga, el camino profético del seguimiento de Cristo vivido en común apunta al amor.

            Ya ha aprendido la VR que, desde la formación, hay que trabajar por conocer e integrar los procesos afectivos personales. Pero es preciso dar al tema una amplitud mayor. Hay que formar para un amor creacional, ya que todas las criaturas, que tienen un valor en sí mismas, siendo antes su ser que su ser útiles, solamente se entienden y se valoran bien desde un amor creacional que las respete, las cuide y, en suma, las ame.

            Habrá de incluir todo proceso formativo un amor social ya que situarse como enfrentados a la propia sociedad, más allá de sus fallos, es algo suicida. Como hemos indicado, habrá que poner a funcionar el principio de la benignidad crítica que puede abrir las puertas a un discernido amor social, muy útil para una correcta comprensión del papel de la VR en la sociedad.

            Un amor especial que sería preciso ir incluyendo en el proceso formativo es el amor a las pobrezas, más que a los pobres. La certeza de que ese es el lugar donde el seguidor quiere echar su suerte. Por eso, en el proceso formativo se ha de percibir si el mundo de las pobrezas conecta cada más con el formando o, por el contrario, le cuesta encajar de manera sencilla y real esa parte de la sociedad que es lugar propio de la opción de seguimiento en la VR[11].

            También será necesario trabajar un amor eclesial que va más allá de un corporativismo religioso que nos predispone a la defensa de nuestra Iglesia ante el ataque de fuerzas contrarias a ella. El amor eclesial es aquel que brota de la certeza de que es en esta comunidad histórica de fe conde se va gestando el reino y donde uno ha sido llamado a desarrollar su adhesión inicial a Jesús.

            El amor a la Congregación ha de ser, como hemos indicado, algo más que el mero aprecio a la Institución a la que el religioso pertenece. Ha de tener el contenido cierto de que el programa común de seguimiento es bueno para mí. Y por ello, el proyecto comunitario ha de ser susceptible de convertirse en proyecto propio. De ahí brotará un amor distinto a la propia comunidad de seguimiento, un amor que va más allá del aprecio al grupo religioso y a su historia.

 

Conclusión

 

            Ya hemos dicho desde el principio que el trabajo de formación es hermoso, pero difícil. Quien detenta esta hermosa tarea en los Institutos de VR ha de ser persona fuerte para encajar el trabajo y persona positiva para disfrutar de los beneficios.

            Quizá sea una tarea que desborda a la persona individual y haya que insistir en que la comunidad formativa la componen los formadores, la comunidad en donde están los formandos y, por supuesto, éstos. Es una tarea coral. Por eso hay que apelar a la colaboración y a la responsabilidad de todos.

            Y en lo que atañe al formador que está al frente, quizá le venga bien recordar aquel dicho de san Pablo: “Aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; que en Cristo Jesús yo os engendré por el Evangelio"[12] . De modo que al formador le ha tocado en suerte la de engendrar a la VR, expresión cualificada de fe y de seguimiento de Jesús, a sus formandos.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño (España)

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

AIZPURÚA, F., Discernimiento del compromiso ante las pobrezas, Ed. Fontera Hegian, Vitoria 2010.

 

BOFF, L., “Papa Francisco: Iglesia en salida. ¿De dónde y hacia dónde?”, en http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=715.

 

CASTILLO, J. M., El futuro de la vida religiosa,  Ed. Trotta, Madrid 2004.

 

CHITTISTER, J., Tal como éramos,  Ed. Publicaciones Claretianas, Madrid  2006.

 

GEBARA, I., El rostro oculto del mal. Una teología desde la experiencia de las mujeres, Ed. Trotta, Madrid 2002.

 

METZ, J. B., Las órdenes religiosas. Su misión en un futuro próximo como testimonio vivo del seguimiento de Cristo,  Ed. Herder, Barcelona 1988.

 

O’MURCHU, D., Rehacer la vida religiosa. Una mirada abierta al futuro, Ed. Publicaciones claretianas, Madrid 2001.

 

TORRES QUEIRUGA, A., Por el Dios del mundo en el mundo de Dios. Sobre la esencia de la vida religiosa,  Ed. Sal Terrae, Santander 2000.

 



[1] D. O’MURCHU, Rehacer la vida religiosa. Una mirada abierta al futuro, Ed. Publicaciones claretianas, Madrid 2001, p.76.

[2] A. TORRES QUEIRUGA, Por el Dios del mundo en el mundo de Dios. Sobre la esencia de la vida religiosa,  ed. Sal Terrae, Santander 2000, p.98.

[3] Cf I. GEBARA, El rostro oculto del mal. Una teología desde la experiencia de las mujeres, Ed. Trotta, Madrid 2002.

[4] Cf J. CHITTISTER, Tal como éramos,  Ed. Publicaciones Claretianas, Madrid  2006, pp.255-267.

[5] EG 20.

[6] Véase el interesante elenco de propuestas de salida que propone L. BOFF, “Papa Francisco: Iglesia en salida. ¿De dónde y hacia dónde?”, en http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=715.

[7] A. BANDURA, Teoría del aprendizaje social,  Ed. Espasa Calpe, Madrid 1982.

[8] J. M. CASTILLO, El futuro de la vida religiosa,  Ed. Trotta, Madrid 2004.

[9] J. B. METZ, Las órdenes religiosas. Su misión en un futuro próximo como testimonio vivo del seguimiento de Cristo,  Ed. Herder, Barcelona 1988, p.18.

[10] LS’ 214.

[11] Cf. F. AIZPURÚA, Discernimiento del compromiso ante las pobrezas, Ed. Fontera Hegian, Vitoria 2010.

[12] 1 Cor 4,14-15.

El extranjero en la Biblia

“NO ES LA SANGRE LO QUE HACE AL PRÓJIMO,

SINO LA MISERICORDIA”[1]

La misericordia con el extranjero en la Biblia

 

Introducción

 

            Hemos querido titular nuestra reflexión con un conocido y repetido dicho de San Ambrosio de Milán desvelando así la intención general de la misma: la misericordia es el motor que genera la “proximidad”, más que la sangre que para nosotros es la evidencia indiscutida que hace prójimo nuestro al otro.

            Por eso mismo, lo adelantamos también, la misericordia es la que hace que el extranjero llegue a ser entendido, considerado y amado como alguien de la propia familia. Sin  una tal misericordia, el otro, y más si es lejano en estilos de vida y cultura, sigue siendo otro. Para que sea, de alguna manera, uno como yo ha de activarse la misericordia con el otro e, incluso, con uno mismo[2].

            Nuestra sociedad moderna se mueve en modos de una esquizofrenia múltiple en relación con los extranjeros. El abanico de reacciones es enorme: desde el sadismo de cargarse al diferente[3], hasta la acogida directa y militante[4]; desde el rechazo social sostenido por opciones políticas, hasta el ensalzamiento del extranjero por causa de las mismas opciones políticas[5]; desde el rechazo verbal explícito al extranjero y, a la vez, hasta la contratación de sus servicios para temas altamente sensibles (cuidado de niños, de mayores, etc.); desde el anhelo de nacionalismos excluyentes, hasta la certeza de que la sociedad occidental envejecida necesita mano de obra para los estratos laborales más bajos[6]. Lo dicho: una esquizofrenia múltiple.

            ¿Cómo ir elaborando de una manera aceptable tal situación? ¿Podría una lectura razonable y creyente de la Palabra colaborar a ello? Entendiendo que la Palabra es inspirada e inspiradora, podemos pretender que se convierta en una luz, no tanto en una solución, para nuestras situaciones históricas de dificultad. Al ser “luz para nuestros pasos”[7], estos tales puede que nos lleven más fácilmente a una relación humanizadora. No se trata de invocar las supuestas “raíces cristianas” de nuestra cultura, sino la fe que anida en el subsuelo de la Palabra[8].

            La reflexión es una aventura implicativa. No se puede trabajar un tema reflexivo con el presupuesto de quedarse, existencialmente hablando, en el mismo punto en el que se estaba al comienzo de la reflexión. Con ello estamos queriendo decir que reflexionar conlleva tomar partido. Hablar la misericordia con el extranjero demanda estar predispuesto, desde el inicio, a esa misericordia que dimana de la justicia.

 

I. ITINERARIO BIBLICO

 

A) Antiguo Testamento

 

            Los textos bíblicos que, de una u otra manera, reflejan las diversas actitudes con los extranjeros son innumerables. Ello revela que el asunto ha sido algo vivo, polémico y sugerente a la vez, en la trayectoria histórica de Israel. Por ello mismo, nosotros haremos aquí una pequeña selección para indicar un itinerario, aquel que va desde el problema hasta la posibilidad.

 

1. Una identidad de escasa misericordia: Dt 26,65

 

            Dt 26 “se ha convertido en pieza maestra del Pentateuco, por su presencia en él del llamado Credo”[9]. El núcleo de ese credo es la confesión: “Mi padre era un arameo errante” y describe el movimiento: errante-gran pueblo-oprimido-liberado. Es cierto que Israel en sus textos se ha querido entender, ¡qué remedio le quedaba!, como un pueblo obligado a la emigración. Los textos veterotestamentarios son elocuentes en este sentido[10].

            Pero creemos que esta es una identidad falsa, quizá bienintencionada, pero falsa porque proviene de una visión ideológica, teológica, promovida por una fe religiosa. Pero la realidad es que Canaán era una tierra ocupada y jamás se aposentaron ella como extranjeros, sino como conquistadores[11]. ¡Que se lo digan al libro de Josué! ¡Esa es la cruda realidad!

            El antiguo Israel transformó el concepto de elección en identidad social nacionalista y desde ahí enfocó al extranjero. Siempre fue considerado como una amenaza y como una puerta para la disolución de la identidad y de la misma religión[12]. Faltó misericordia social en los ingredientes de la identidad nacional de Israel. ¿Habría supuesto eso la disolución de tal identidad o su fortalecimiento? ¿Se habría olfateado la nueva ciudadanía a la que estaba llamado Israel a contribuir más que los otros pueblos por su elección?[13].

 

2. La misericordia que se transforma en profecía de humanidad: Gen 18,1-15

 

            El relato yahvista de Gen 18,1-15 es un tema común en la literatura de la antigüedad[14]. Eran épocas de más credulidad y de menos interferencias entre lo humano y lo divino. “Dioses que circulan por el mundo en figura humana para poner a prueba la hospitalidad de los mortales, para castigarlos o premiarlos, son tema literario de la antigüedad y con variantes entre gente sencilla de hoy. También en Canaán podían circular semejantes historias”[15]. Los matices propios de la narración yahvista (tres, cambio del singular al plural, etc.) quieren controlar la excesiva humanización de Dios en la narración.

            La misericordia traducida en hospitalidad pasa a ser[16], en la segunda parte de la narración profecía de aquello que se le prometió a Abrahán como premio a su fe[17]. Es decir, en este relato paradigmático el extranjero se convierte en profeta y, por ello, en vocero de la justicia de Dios cumplida en el embarazo de Sara.

            La misericordia adquiere en el relato una densidad enorme hasta conectar con la promesa de Dios. El extranjero se convierte, de este modo, en profeta y verificador de la justicia de Dios para quien confía en él. El relato es mucho más que un ensalzamiento de proverbial hospitalidad semítica. ¿Cómo le habría ido a Israel si hubiera percibido en la extranjería una profecía, una posibilidad, de humanidad, y no una amenaza constante?

 

3. La misericordia legislada, pero nunca lograda: Dt 10,19

 

            Como nos ocurre a nosotros (esto pertenece a la dinámica estructural de lo humano), Israel se ha debatido entre la certeza de que el Dios de amor empuja a la acogida del extranjero, por su debilidad social, y el rechazo racial al mismo por su diferencia. De ahí las mentes lúcidas han tratado de legislar la misericordia con los extranjeros, creyendo que, por esa vía, se lograría lo que es difícil lograr por la vía del corazón y de la empatía. Hay leyes positivas y negativas que pretenden salir al paso de cualquier práctica discriminatoria[18]. Pero, si se legisla contra la discriminación es que la discriminación está ahí.

            En Dt 10,19 se dice: “Amaréis al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto”. Este verso hace parte de la gran segunda parte del libro del Deuteronomio, aquella en que se explica la ley básica de comportamiento que se deriva de la fe yahvista (4,44-28,68) y, más en concreto, donde se propone el decálogo y su parénesis (4,44-11). El texto que nos ocupa se inserta en la sección parenética (5-11) articulada por las fórmulas “escucha, Israel” 85,1; 6,4; 9,1) y “ahora, Israel” (10-12).

            La segunda parte del cap.10 que trata del principal mandamiento de la Ley, el amor a Dios, subraya el tema teológico de la justicia de Dios. “Su justicia es esencialmente defender al indefenso, ayudar al desvalido: huérfano, viuda y forastero como categoría social de los indefensos”[19]. Y ahí es justamente donde se inserta, justamente, el v.19: “La justicia de Dios se impone como modelo que los israelitas deben imitar, pues ellos han experimentado la condición de forasteros y el auxilio del Señor en tal situación. El verso interrumpe la exposición, indicando lo importante que es para el autor”[20].

            Pero precisamente ese afán de legislar un comportamiento generoso con el extranjero es lo que levanta la pregunta: ¿se legisla porque se carece de misericordia? ¿Se quiere impulsar con leyes lo que la vida no da con generosidad? O de otra manera: ¿Fue Israel misericordioso con quienes sufrían lo que él había sufrido? ¿Qué necesidad habría de leyes si esa misericordia fuera patrimonio cultural y real de la vida cotidiana del israelita?[21]. Solamente el visionario Ezequiel anunciará que en la época de la restauración de Israel después del exilio, los inmigrados serán miembros en forma total del pueblo elegido e incluso recibirán una parte de la tierra dada por Dios[22], aunque, en realidad, se le dejó “fuera de juego”[23].

 

4. Una memoria del sufrimiento que no integra la misericordia: Ex 22,20

 

            Resulta cierto que la memoria histórica del sufrimiento de Israel evocado en la emigración y la opresión de Egipto fundamenta la vivencia de su extranjería: Ex 22,20[24]. El sufrimiento se hará proverbial en libros como el de Sabiduría[25]. “Convertir la memoria del sufrimiento y la tradición de los oprimidos en razón y argumento de las leyes que miran por el bien y la liberación de los pobres y de los inmigrantes es encontrar la razón humana más profunda del derecho y la justicia”[26].

            Pero eso no ha ocurrido en Israel: él se ha tragado su sufrimiento sin convertirlo en base para una antropología de compasión y misericordia con todo aquel que sufre por causa de su extranjería. Hechos antiguos y recientes muestra que ese dolor se ha transformado en odio y, cuando se ha podido, en instancia de nueva opresión, a veces más dura que la sufrida[27].

            ¿Qué papel podría haber tenido la misericordia social en la configuración del imaginario político de Israel? Es una pregunta que queda en el aire, pero por esa senda se podría haber elaborado otra espiritualidad del sufrimiento y con ella otro camino de convivencia.

 

5. La misericordia de Dios como motor de misericordia con el extranjero: Sab 11,24-12,1

 

            No cabe duda de que el libro de la Sabiduría, prácticamente contemporáneo de la época de Jesús, es un libro singular en el abanico que se abre entre el rechazo al extranjero y la apertura a él. La tercera parte del libro (caps. 11-12) contiene una serie de juicios históricos sobre los enemigos prototípicos de Israel, los egipcios y los cananeos, aunque ambas etnias había desaparecido históricamente en el momento en el que se escribe[28].

            La tesis general de esta parte es clara: si el Dios de Israel, Yahvéh, hubiera obra como suele un Dios tendría que haber aniquilado a ambos pueblos, enemigos encarnizados de los israelitas. Porque ¿para qué sirve un Dios que no defiende a sus fieles? Por eso, tendría que haberlos aniquilado dándoles la peor de las muertes. Pero no fue así: Dios no castigó a tales enemigos. Así podrían arrepentirse.

            Pero más allá de esta motivación religiosa, Sabiduría elabora una espiritualidad de la misericordia con el extranjero (y el extranjero que hace daño) muy hermosa: Dios ama a todos los seres, no aborrece ningún ser, acoge a todos porque es amigo de la vida y porque ha dado a todos los seres, incluidos esos malditos extranjeros, el “soplo incorruptible” que los mantiene vivos. De modo y manera que hasta los extranjeros que nos han perseguido tienen un puesto en el concierto de lo creado. Y ello se demuestra por “la humanidad” con que Dios ha obrado[29].

¿Hasta qué punto esta doctrina se ha abierto paso en el discurso y, más todavía, en el imaginario religioso de Israel? ¿Hasta dónde se ha llegado a creer que es posible que los extranjeros “se arrepientan” y encuentren un sitio en el plan creador de Dios? Vistos la ideología y el comportamiento del bajo judaísmo, creemos que Sabiduría ha sido una voz en el desierto.

 

B) Nuevo Testamento

 

            De salida, constatamos la práctica ausencia del tema de la extranjería en la espiritualidad del bajo judaísmo: La Misná ni lo menta, ni siquiera en el tratado Peá (La esquina de tu campo) que habla de “pobres” dentro del judaísmo. Los textos contemporáneos de Jesús hablan poco de tal fenómeno, aunque la relación con ellos era inevitable. Pero no hacen parte del imaginario[30]. Hay como una cerrazón ante el tema, como si se hubiera llegado a la conclusión de que ese es un tema cerrado que no lleva a nada volver a abrirlo. Los evangelios, en ese sentido, constituyen una cierta novedad.

 

1. La misericordia con el extranjero ofrecida de mala gana: Mc 7,24-30

 

            Por muchas vueltas que se le dé y con todos los matices que se quiera hacer[31], Mc 7,27 muestra que “el reproche de Jesús expresa el sentido de superioridad propio de los judíos y el desprecio que estos sentían hacia los paganos”[32]. Es decir, Jesús ha ido a la comarca pagana de Tiro de mala gana, forzado por “alguien” o movido por “algo”: eso pertenece al secreto de Jesús, pero lo cierto es que el personaje no está a sus anchas en ese territorio. ¿Qué se le había perdido a un judío en la región de Tiro, de no ser por cuestiones de comercio[33]? Y nada digamos si lo planteamos desde el punto de vista del mesianismo: ¿Qué hace un Mesías de los judíos en una tierra de paganos? ¿Por qué fue?

            No es posible una respuesta fiable. Pero también pueden leerse los textos con suposiciones, siempre que estas encajen en el conjunto del Evangelio. En el episodio de la transfiguración (Mc 9,28-36) se percibe que Jesús sube al monte en busca de sentido. Lc 9,31 dice que conversaba con Moisés y Elías sobre “su éxodo, que iba a completar en Jerusalén”. Es decir, sobre el sentido de su entrega, de su posible desgracia, como así fue.. Por otra parte en Mc 1,35 se consigna la costumbre de Jesús de retirarse en “despoblados” para orar. ¿No será en esta oración de busca de sentido donde Jesús ha logrado entender, aunque fuera de mala gana, que también los paganos tenían un puesto en el banquete del reino? ¿No se podrá decir que va “forzado”, porque forzado va, por el Padre y su designio que le “forzará” a entregas mayores que Jesús aceptará “à contrecoeur”, permítasenos la gráfica expresión francesa?[34]

            De cualquier manera, a pesar del principio discriminatorio que los judíos aplicaban a los paganos, Jesús obra con misericordia con la mujer que reconoce el derecho de todos a la dicha (meta del Reino) rompiendo así cualquier discriminación social. Se abre una puerta que a nosotros se nos antoja estrecha, pero que en el contexto de la época supone un avance notable en el tema de la relación misericordiosa con los extranjeros: porque ellos también tiene derecho al reino han de ser tratados con misericordia en sus situaciones carenciales. Es un deber de justicia, no de mera generosidad.

 

2. El prototipo del ciudadano del Reino: un extranjero misericordioso: Lc 10,25-37

 

            El estereotipo cristiano sobre el fariseo nos puede hacer creer que los fariseos eran gente desalmada y sin entrañas. Nada más lejos de la realidad. Es cierto que, para elaborar su identidad al estilo de una hermandad de fines religiosos y caritativos hicieron excesivo hincapié en las normas. Los mismos escribas, grupo diferenciado y menos numeroso, trabajaron desde ese modo para marcar distancias con los saduceos, menos estrictos. Pero no cabe duda de que el fariseísmo tiene un notable contenido espiritual[35]. Por otra parte, el fariseísmo de después de Yamnia que reflejan Mateo y el resto de los evangelistas con mayor o menor fuerza es un fariseísmo militante, para tiempos de diáspora y, por lo mismo, de un componente extremo.

            Con esto se quiere decir que proponer a un samaritano, extranjero rechazado, como ejemplo de misericordia y, por ello, como prototipo de ciudadano del reino es una extralimitación del paradigma. El menosprecio del bajo judaísmo a los samaritanos era manifiesto[36]. ¿Cómo un maldito podía ser puesto como ejemplo a seguir: “Vete y haz tú lo mismo”? ¿Cómo uno que se ha saltado las leyes de la pureza, tan sacrosantas para el fariseo, puede ser ejemplo de nada?[37] ¿Cómo uno que tiene el sambenito social de ladrón va a quedar como espejo de generosidad? Por eso, decimos, hay una extralimitación que lleva a preguntar si, en realidad, esto fue realmente considerado por las comunidades cristianas primitivas.

            A pesar de que Pablo diga que algunas veces fue socorrido por extranjeros[38], a pesar de que él mismo organizara una gran colecta entre paganos para los pobres de Jerusalén[39], no se ve con claridad que el NT proponga ejemplos morales de extranjeros que los cristianos deban imitar. El mismo texto de Rom 16, quizá por su carácter escueto de billete de saludos, aunque valora positivamente personas que son paganas de origen, no quedan propuestas como paradigma de actuación moral.

Tendemos a concluir que, quizá por su extralimitación, el paradigma del extranjero misericordioso como modelo a seguir no tuvo excesivo eco en el imaginario creyente de los primeros cristianos. Siendo, como era, un texto hermoso, no tuvo fuerza para contribuir a elaborar una mística de aprecio al extranjero por su encomiable generosidad. ¡Generosos los samaritanos, siendo como eran unos ladrones! ¡Generosos los paganos, siendo como eran gente marcada por la exclusión religiosa! Hubiera hecho falta otro elemento que el mismo texto evangélico, al ser incardinado en un movimiento religioso, no supo dar.

 

3. La misericordia de los extranjeros que hace posible la misión cristiana: Filp 2,19-3,1a

 

            Lo de Pablo con la comunidad de Filipos fue un flechazo. Si damos crédito a la visión del macedonio que llama a Pablo para que pase a su tierra según Hech 16,5-10, Pablo se encontró en Filipos con una comunidad pobre, sin lugar de oración, constituida mayoritariamente por mujeres y que no tuvo empacho en “obligar” a que un judío pudiera recibir hospedaje en sus casas[40]. De ahí arranca un idilio que Pablo no tuvo con ninguna de las otras comunidades, ni siquiera con las de Corinto.

            Por eso, cuando estuvo en extrema necesidad[41], no temió recurrir a la ayuda de los filipenses, en contra de su sacrosanto principio de haber trabajado para subvenir a sus necesidades sin tener que pedir nada a nadie[42]. Y los extranjeros filipenses ayudaron con gran generosidad al judío Pablo.

            No sabemos si Pablo habló de sus benefactores (quizá más benefactoras) como modelo de misericordia  a seguir, entre otras cosas porque la carta a los Filipenses puede que sea la última de las cartas auténticas, después de Romanos.  Pero en sus otras cartas no se hace mención de la generosidad de esta comunidad primitiva.

            Lo cierto es que esa misericordia pagana colaboró al éxito de la misión cristiana ayudando a los misioneros itinerantes que, como Pablo, pasaban, a veces, por grandes penurias[43]. Es el mundo al revés: los portadores del mensaje habrían de ser agentes de misericordia, pero se encuentran con que los receptores del mismo son quienes ejercen la misericordia con ellos.

 

4. La benignidad crítica en  un medio extranjero: 1 Pe 3,13-17

 

            No cabe duda que la perspectiva de lectura de 1 Pedro ha dado un vuelco en los últimos años. Una lectura de componente escatológico ha dado paso a una lectura de componente más histórico: la patria de que se habla a estos emigrantes dispersos y  cuyo anhelo se quiere orientar no es tanto el cielo cuanto la comunidad cristiana. Efectivamente, el migrante cristiano, perdido en el mar del paganismo, tiene en la comunidad una patria que le acoge, le ampara y le consuela[44].

            Pero, como ocurre en la génesis de todos los procesos migratorios, la comunidad minoritaria puede estar tentada de cerrarse en el pequeño límite de sus fronteras alimentando con ello la endogamia y, quizá, la nostalgia y el resquemor. Nada de eso ocurre en 1 Pedro. En ese sentido es una carta de talante moderno.

            Ella sostiene que la comunidad ha de abrirse a la sociedad en la que vive, aunque sea pagana. Ha de mantener principio éticos de bondad y de compasión. Y ha de tener temple para arrostrar la incomprensión y aun la persecución si llega el caso.

Por ello ha de leer la realidad con benignidad crítica. Benignidad para no cerrarse y seguir considerando la relación como cauce de humanidad. Y sentido crítico para saber quién es uno, quién es el otro y como situarse correctamente entre ambos polos.  

Traducir la misericordia en benignidad crítica quizá sea una manera óptima de entender el tema de la misericordia en situaciones de dificultad[45]. Cuando es el extranjero quien pone en práctica tal planteamiento, la misericordia social brota pujante.

 

II. LA ELABORACIÓN DE UNA MÍSTICA DEL OTRO

 

            En esto estriba gran parte del éxito de la misericordia, algo que supere el mero sentimentalismo y se anime a una comprensión distinta de la realidad que incluya un valor, de la misericordia, con frecuencia relegado al ámbito de lo religioso o del círculo del mero individuo[46].

            Por eso, tras haber hecho un recorrido bíblico, siquiera a zancadas, y, percibiendo inicialmente que, más allá de la buena voluntad de una ética de máximos, como es la ética bíblica, cuando apunta a la relación con el extranjero, creemos necesaria una reflexión antropológica sobre la posibilidad de ir elaborando una mística del otro que sea cimiento de una ética en relación con el extranjero.

 

1. De la autorreferencialidad a la alterorrefencialidad

 

            El papa Francisco habla  sobre los daños de la autorreferencialidad que lleva a la conciencia aislada, a crear ese caparazón aislante donde lo único que importa es lo propio y donde lo extraño se ignora, se concibe como una amenaza y se intenta destruir[47]. Dentro de esa coraza no cabe el otro.

            ¿Cómo generar, en otra dirección, un movimiento de alterreferencialidad? ¿Cómo hacer ver que cuando lo del otro entra en el horizonte vital de lo mío, mis intereses más profundos no desaparecen sino que salen potenciados? ¿Cómo dar crédito a la certeza evangélico de que “sirviendo se es primero”?[48]

            Como ocurre con los grupos sociales que se quieren alternativos y que se denominan “altersistemas”, el estatus los considerar “antisistema”, ya que ven en ellos una amenaza real para su posición social e ideológica[49]. Lo mismo ocurre a nivel personal: la persona cerrada en sí misma y en su propio beneficio considera la salida hacia lo alter como un auténtico suicidio. “El espacio que habitamos acostumbra a ser el lugar extraño para los extraños. Cuando éstos pretenden entrar lo vivimos desde dinámicas de intrusión. Una amenaza de este tipo induce a medidas defensivas que transforman el espacio propio en una fortaleza. Pero los mecanismos defensivos no impiden que estemos expuestos unos a otros, lo queramos o no. El tránsito entre el espacio de dentro y el de fuera sucede por encima de un umbral difuso. La extrañeza, ante la que no tenemos elección, nos viene a buscar en lo más propio”[50]. Es necesario desvelar que el movimiento hacia lo otro constituye un beneficio personal ya que, al ampliar los horizontes, se amplía la posibilidad de humanización.

            Es ahí donde está el quid de la cuestión: en la humanización, en el concepto de persona, en la claridad de la certeza de los valores que componen realmente el existir de la persona. Eso es, justamente, lo que les falla a las éticas de máximos, como la bíblica. Creen que el quid está en la “divinización” de la persona, en su espiritualización por vía de grandes principios religiosos o morales. Al dejar de lado la humanización, el fracaso es estrepitoso.

 

2. La mística del nosotros: la familia humana

 

            Debido a múltiples variables biológicas y culturales, la evidencia de que la familia es la biológica resulta incuestionable para muchos. Y más allá de la extensión del término familia a otras realidades sociales, religiosas, culturales y hasta políticas, la preponderancia de lo biológico sigue viva[51]. Mi familia es mi familia biológica.

            Pero a nada que se mire con una perspectiva un poco más amplia, fácilmente se deducirá que si tengo una familia biológica es porque ha habido una familia histórica, una trayectoria de gran familia a lo largo de los 35.000 años desde que apareció el homo sapiens sobre la tierra. De modo que es la familia humana la verdadera familia sobre la que se asienta cualquier otro tipo de familia, incluida la biológica.

            La reflexión social, y aun la religiosa, sobre la familia humana es todavía escasa[52]. Las alusiones a este tema no son frecuentes[53]. Da la impresión que es un campo de la reflexión filosófica, ética, religiosa y quizá antropológica aún por descubrir.

            Y, sin embargo, intuimos que sería algo fecundo y altamente provechoso para el descubrimiento real de lo otro y de los otros como familia. Mientras este descubrimiento no se dé, hablar de una relación correcta con el extranjero, que es el otro, se nos antoja harto difícil.

            La solidaridad con la familia humana obliga a salir del estrecho círculo de lo cultural y demanda como requisito la elemental apertura a lo humano. Además la pertenencia a lo humano es la base real de la compasión; sin aquella, esta es imposible. Incluso más, anhelar la ciudadanía en base a lo individual es meterse en un callejón sin salida. Dígase lo que se diga, los amores universales son los que constituyen el núcleo de la historia humana.

            ¿Qué argumentos habría que manejar para ir introduciendo tal tipo de reflexión? Biológicos, porque las diferencias que nos afectan son, básicamente, si no superficiales, cuando menos relativas[54]. Culturales, los más duros de pelar, porque las culturas asentadas sobre la familia entendida clanísticamente terminan por ser, irremediablemente, familias cerradas y excluyentes[55]. Religiosos, porque las teorías como elección y similares generan una inevitable sectarización que bloquea cualquier paso en el entendimiento y relación humanos[56].

            El logro de la difícil mística del nosotros es el mayor reto antropológico que tiene la humanidad delante desde que comenzó su recorrido por el planeta. El clásico lema de la revolución francesa (libertad, igualdad, fraternidad) puede decirse que ha avanzado notablemente en temas de libertad e incluso, a pesar de las enormes diferencias sociales, en la igualdad. Pero la fraternidad, y ahí está el tema de la acogida al distinto, al extranjero, está todavía en mantillas.

            Bien dice L. Boff en sus “Bienaventuranzas de las virtudes”: “Dichosos quienes manifiestan tolerancia para con los diferentes, renuncien por amor a convencerlos, no intenten siquiera hacerles mejores personas y, además, acojan generosamente cuanto no comprendan de sus respectivas culturas: ellos serán llamados hijos e hijas de Dios, porque Dios manifiesta la misma actitud de tolerancia para con todos, buenos y malos, justos e injustos”[57]

 

3. Transformar la masa en sujetos

 

            Es un recurso social fácil señalar al diferente y extranjero y hacerlo chivo expiatorio de todas las carencias sociales de un mundo en crisis. Esto cala hasta en las clases desfavorecidas que reaccionan en modos xenófobos[58]. La solución ideológica podría ser transformar la masa en sujetos, poner rostro al anonimato de la multitud. Posicionarse ante el extranjero sin rostro es fácil; tomar una decisión cuando se le tiene delante, es otra cosa.

            ¿Cómo transformar el ellos de una masa informe en sujetos con rostros que nos interpelan? “La llamada del papa Francisco a construir un mundo más solidario es una llamada a reconstruir el valor del reconocimiento; a construir sobre la base de un conocimiento real de las particularidades que configuran lo extraño que nos lleve a un reconocimiento que permita entablar un diálogo con el vosotros y, en última instancia, nos conduzca a centrarnos en los intereses comunes a el nosotros y el vosotros. Los europeos y los asiáticos, pueden ser tan diferentes como se quiera, tan extraños entre sí como pueda imaginarse, pero son siempre seres humanos, con capacidad para conocerse, comprenderse e invitarse a formar parte de un aquí mayor”[59].

            Ese aquí mayor no lo es por la cantidad (en eso la masa es maestra), sino en la mirada profunda como enfocar el lado humano de la persona. Y en ello el reconocimiento de la dignidad tiene un papel preponderante. Si no se elabora una espiritualidad de la dignidad, hablar de sujetos es hablar de lo imposible.

            Además, esto demanda que el valor de cada sujeto sea un tema de ámbito político: “La dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica, pero a veces parecen sólo apéndices agregados desde fuera para completar un discurso político sin perspectivas ni programas de verdadero desarrollo integral”[60]. Cuando esto es así, se entiende a los extranjeros como masa, sin individualizar cada problema, cada vida, cada situación, que es la manera de caer en la cuenta de la común dignidad de toda persona.

 

4. Cuando se participa en la alegría del extranjero

 

            Hay un remedio que ayudaría mucho a una nueva visión del fenómeno social de la extranjería: participar cordialmente en la alegría del extranjero; el propio participando en la alegría del extraño. La celebración de la alegría es el anticipo de la dicha a la que está destinada la persona. Participar en ella es participar en el futuro del otro.

La misma Biblia había intuido algo de esto, pero en el AT se queda corta: “Celebrarás la fiesta de los tabernáculos…te regocijarás en tu fiesta, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, el levita, el extranjero”[61]. Es el extranjero quien participa en el gozo de Israel. No es poco admitir a un extraño al gozo propio, pero hacerlo a la inversa es un paso decisivo.

Los fenómenos migratorios raramente comprenden este aspecto antropológico tan profundo. Se quedan en la piel de lo administrativo o en la paciencia social para tolerar la presencia de extranjeros en el propio país. Pero de ahí a desear participar en la alegría del extraño hay un paso enorme[62].

Las actitudes personales de Jesús parece que difieren en este sentido ya que él no ve obstáculo en participar de los sectores sociales censurables de la época, fariseos y publicanos, ganándose el motejo de “comilón y borracho, amigo de pecadores”[63].

Y, sin embargo, ese paso abriría las puertas del corazón, vería como mucho más posible la integración e, incluso, se apuntarían posibilidades de inserción laboral y social, ya que en la celebración festiva se fraguan muchos proyectos de vida[64]. Bien dice L. Boff en sus citadas “Bienaventuranzas de las virtudes”: “Dichosos los que disfrutan tanto con los semejantes como con los diferentes, porque se verán enriquecidos en su humanidad”[65]. Ese será el fruto mayor: verse enriquecido en humanidad. Solo por ese camino se puede aspirar a un mundo del nosotros, lejos de la dialéctica de lo propio  y lo extraño.

 

5. Frente a la desolación: lo común

 

            El torrente de la exclusión es inmenso. La cerrazón frente al extranjero muy dura en estos tiempos. El resurgimiento de vallas, muros, fosos, en pleno auge[66]. Un panorama desolador que echaría por tierra cualquier espiritualidad que pretenda la fraternidad y la acogida[67].

            Pero junto a ello, como una profecía, muchos ciudadanos individuales, incluso algunas entidades oficiales, abren el camino a la esperanza cuando abren sus medios y sus países, sus casas incluso al extranjero en necesidad[68]. Estos gestos pueden hacer que no llegue a anegarnos el torrente de la exclusión.

            La categoría de lo común puede ser una solución, un terreno de todos donde todos salgan beneficiados: “Introducimos aquí una nueva categoría; lo común. Si efectivamente no somos capaces de ascender al nivel de reconocimiento y posterior acogida de lo extraño en lo propio, enfoquemos nuestra reflexión hacia el lugar común que habita tanto lo uno como lo otro; dicho de otra forma, hacia aquello que pertenece, no desde un punto de vista ontológico sino material, tanto a lo propio como a lo extraño. Aquello que, por su naturaleza, no puede ser asignado a ninguna de las dos categorías anteriores”[69].

            La naturaleza, la fiesta, el trabajo, la familia, etc., puede ser elementos de un terreno común, lejos del terreno de lo privado (la patria, la lengua, la religión, las costumbres, etc.). Situarse en el terreno de lo común puede ser algo que potencie la vida de  quien acoge y de quien es acogido, de quien viene y de quien ya está, de quien no ha salido y de quien está en éxodo. “La creación y gestión de espacios comunes puede permitir la consecución de un doble objetivo: la preservación de la biodiversidad y la existencia de lugares que superen las dinámicas de exclusión”[70].

            Muchas veces se ha clamado por un nuevo orden mundial, vista la ineficacia de los organismos internacionales que ahora tenemos. Pues bien, si estos surgen habrían de incorporar de manera decidida el concepto de lo común saltando por encima de la estrechas vallas de lo propio. Estamos lejos de ello, pero nunca como ahora se percibe tal necesidad[71].

 

CONCLUSIÓN

 

            Hemos querido en esta reflexión valorar, a la vez, el legado bíblico sobre la espiritualidad relativa al extranjero y también hemos mirado a la realidad. Ambas elementos no son confluyentes. Así de claro.

  • Por eso, hemos visto con claridad que no es suficiente el mensaje humanizador de una religión, en este caso la bíblica, para que demos por resuelto el problema del pensamiento y de la práctica sobre la extranjería. Si añadimos a ello que los países de raigambre cristiana, el mundo occidental, siguen siendo aún los más refractarios a la acogida a extranjeros, la intuición se confirma, mientras que países de la órbita musulmana acogen a cientos de miles de refugiados extranjeros[72]. De aquí se deduce que es necesaria la suma de la espiritualidad con el aprendizaje social de la extranjería. Y este segundo elemento social es imprescindible para que la espiritualidad tenga visos de realidad.
  • Una segunda conclusión es que las religiones habrían de colaborar con decisión a la elaboración de una mística del “nosotros”, de la no homogeneidad, de la no sectarización. Y ello no solamente con textos y discursos, que bienvenidos sean, sino, sobre todo, con cambios que afectan a la estructura misma del hecho religioso: abandono de la pretensión de superioridad religiosa; alejamiento, en el caso de la religión católica, de su secular europeización; rechazo explícito de una jerarquización cuasi militar y aceptación de modos democráticos de funcionamiento que faciliten el acceso de todos, incluidos los no creyentes, a un tipo de comunidad de corte realmente universal; conjunción con todas las instancias de humanización que busquen un estilo de vida mezclado, no homogéneo, renunciando por ello a cualquier pretensión de proselitismo religioso. Sin este tipo de “renuncias” la utopía de una sociedad donde los frágiles, los extranjeros, puedan encontrar una patria, se aleja del horizonte.
  • Por eso, finalmente, nos es necesario un pacto ético mínimo: “Un pacto basado en la defensa intransigente de la vida, en la preservación de la integridad del planeta Tierra, en la garantía de condiciones indispensables para la conservación de la vida de todos y en la decisión de exorcizar definitivamente la violencia como medio de resolución de conflictos entre los pueblos. Esta ética mínima presupone la aceptación del otro como otro, el respeto por su singularidad y la disposición a una alianza duradera con él”[73].

Terminamos nuestra reflexión poniendo de nuevo sobre la mesa la frase luminosa de san Ambrosio de Milán: “no es la sangre lo que hace al prójimo, sino la misericordia”. Que la misericordia y la justicia corran cada vez más por las venas de nuestra vida.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño

 



[1] SAN AMBROSIO DE MILÁN, Exposición del evangelio de Lucas,  7,84.

[2] Cf O. BARTOLOMÉ; “Lo propio y lo extraño. Solidaridad con el género humano” (pro manuscripto), Vitoria 2016.

[3] La razón “por ideología” ha causado en el siglo XX más muertes (144 millones) que la guerra (130 millones): Cf  H.G.BARNÉS, “Cómo murieron los 6.000 millones de personas que vivieron durante el siglo XX”, en El Confidencial (viernes 19 de julio de 2013): en: http://www.elconfencial.com/alma-corazon-vida(2013/03/20/como-murieron-los-6000-millones-de-personas-que-vivieron-durante-el-siglo-xx-117181#.

[4] Cf P. ORDAZ, “El Papa vuelve de Lesbos con 12 refugiados que acogerá en El Vaticano”, en:

http://internacional.elpais.com/internacional/2016/04/16/actualidad/1460794965_677898.html

[5] Cf C. NEVOT, “La política de la UE con los refugiados es terrible, inhumana y antisolidaria”, en La Rioja, 14-10-2014, p.7.L. DONCEL “Los héroes que asombran a Alemania”, en: El País, 12-10-2016, pp.1.6.

[6] Cf H. CAPEL, “Los inmigrantes en la ciudad. Crecimiento económico, innovación y conflicto social”: en: http://www.ub.edu/geocrit/sn-3.htm.

[7] Cf Sal 118,105.

[8] Es lo que pretende defender Víktor Orbán, presidente de Hungría, para tratar de fundamentar su rechazo a los extranjeros: Cf  S. BLANCO, “Víctor Orbán: ‘Europa no funciona sin valores cristianos?”, en: http://internacional.elpais.com/internacional/2013/04/16/actualidad/1366066211_041688.html.

[9] L. ALONSO SCHÖKEL, Los libros sagrados. Pentateuco II. Levítico, Números, Deuteronomio,  Cristiandad, Madrid 1970, p.355.

[10] “Sí, la tierra es mía. Y vosotros emigrantes y residentes en mi tierra” (Lev 25,33); “Yo soy huésped tuyo, forastero como todos mis padres” (Sal 39,13); “Sí, somos emigrantes y extranjeros, igual que nuestros padres” (1 Cro 29,15).

[11] Y eso que Abrahán, que se presenta como un emigrante, inició otra manera de estar en Canaán comprando la propiedad de Efrén el hitita: Gen 23.

[12] Cf 1 Re 17,29-34.

[13] Es lo que dice Ef 2,19: “Ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino ciudadanos y familia de Dios”.

[14] Y en la misma Biblia: Jue 6 y 13.

[15] L.ALONSO SCHÖKEL, Los libros Sagrados. Génesis y Éxodo,  Cristiandad, Madrid 1970, p.81

[16] La conocida ϕιλοξενία

[17] Gen 17,1ss.

[18] Entre las primeras: Ex 22,20; Dt 24,27; 24,14-15; entre las segundas: Ex 20,10; Dt 5,14.

[19] L. ALONSO SCHÖKEL, Los libros sagrados. Pentateuco II. Levítico, Números, Deuteronomio,  Cristiandad, Madrid 1970, p.305.

[20] Ibid.,  p.306.

[21] Los autores valoran la mística de Israel sobre su identidad y legislación en torno a los extranjeros. Pero sus comentarios están llenos de expresiones que no pueden menos que constatar el fracaso histórico de tal anhelo: “Israel vive su condición de extranjero como una segregación…el principio de igualdad no significa que la praxis se haya ajustado al ideal…reacción xenófoba de Esdras y Nehemías la apertura se convirtió en cerrazón”, etc. Cf A. WENIN, “Israel, extranjero y emigrante. El tema de la inmigración en la Biblia”, en: http://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol35/140/140_wenin.pdf. No deja de sorprender que en La Misná el tema de la extranjería no aparece, ni siquiera en el tratado La esquina de tu campo (Peá).

[22] Cf Ez 47,22.

[23] Cf A. WENIN, art.cit., p.5.

[24] Cf también: Ex 23,9; Lev 19,34; Dt 10,19.

[25] Cf Sab 10-19.

[26] J. CERVANTES GABARRÓN, “Los derechos del inmigrante en la Biblia”, en: https://dioscaminaconsupueblo.files.wordpress.com/2013/07/los-derechos-del-inmigrante-en-la-biblia.pdf, p.2.

[27] Muchas de las actuaciones políticas y militares del actual Estado de Israel van en esa dirección, por mucho que se quieran matizar. Cf R. MENESES, “60 años de Israel, 60 años de Nakba”: «Es una desgracia para Israel ocupar territorios porque al lograrlo ha destruido su propia utopía de vivir en paz. Un pueblo que se acostumbra a gobernar sobre otro, inevitablemente se acaba volviendo insensible al sufrimiento. No hay nada intrínsecamente malo en los israelíes, pero ellos mismos se han puesto en una situación en la que la inocencia es imposible. No se puede ser inocente cuando se gobierna a millones de personas por la fuerza porque, inevitablemente, les tienes que hacer daño».

http://www.elmundo.es/especiales/internacional/oriente_proximo/60_agnos/territorios.html.

[28] Se refiere a los egipcios de los tiempos de la opresión y a los cananeos de la época de la conquista. “El autor realiza en su tratado una conjunción de culturas”: L. ALONSO SCHÖKEL, Los libros sagrados. Eclesiastés y Sabiduría”, Cristiandad, Madrid 1974, p.74.

[29] Cf Sab 12,19, texto clave.

[30] El tema de qué lugar y tipo de relaciones ocupa el extranjero en la Jerusalén de Jesús no se plantea, constatando la evidencia de que estaban en la ciudad muy representados: Cf  J. JEREMÍAS, Jerusalén en tiempos de Jesús,  Cristiandad, Madrid 1977, pp.75-104. Filón mismo trata en su obras el concepto de extranjería pero aplicado a los judíos de la diáspora. Pero, de nuevo, la relación real entre judíos y paganos desde la perspectiva de la extranjería no se ve: Cf P. DROUILLE, “La situación cívica de los judíos en los tratados de Filón”, en: file:///C:/Documents%20and%20Settings/Administrador

/Mis%20documentos/Downloads/6095-12028-1-PB.pdf

[31] Como que la expresión kynaria (“perrillos”) tiene un matiz menos despectivo que “perros”.

[32] J.MATEOS-F.CAMACHO, El evangelio de Marcos. Análisis lingüístico y comentario exegético, Vol.II, El Almendro, Córdoba 1993, p.172.

[33] Aunque autores como G.THEISSEN, (“Local und Socialkolorit” 207-209) aludan “a la sangría económica de la población judía, especialmente por parte de los tirios” (J.MATEOS, Op.cit.,  p.172, n.19.

[34] Cáptese la dureza de la expresión de Mc 14,36.

[35] Valórese desde esa perspectiva el tratado Pirqué Abot sobre la espiritualidad de la Torá.

[36] Hay textos muy duros en La Misná: “Quien come pan de los samaritanos es como quien come carne de un cerdo” (Shebiit 8,10); “Las hijas de los samaritanos (se consideran impuras como) menstruantes desde la cuna” (Nidá 4,1).

[37] Tocar al caído, ungirle (indicando que era comerciante que llevaba cosas buenas, ladrón por tanto), ir a posadas como gente si familia…”Tanto la víctima como el samaritano eran, por tanto, personas despreciadas, que no habrían despertado al principio la simpatía de los campesinos que escuchaban a Jesús. La simpatía iría a parar a los bandidos”: B.J.MALINA-R.L.ROHRBAUGH, Los evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I. Comentario desde las ciencias sociales,  Verbo Divino, Estella1996, 262-263.

[38] Cf Filp 2,19-31a.

[39] Cf 2Cor 8,1-15.

[40] Cf Hech 16,11-15.

[41] Filipenses se escribe en la cárcel, sin alimento y sin ropa, como parece deducirse de Gálatas.

[42] Cf 1 Tes 2,9; 1 Cor 4,12; Hech 20,34.

[43] Cf 1 Cor 4,12.

[44] Cf J. H. ELLIOT, Un hogar para los que no tienen patria ni hogar. Estudio crítico social de la Carta primera de Pedro y de su situación y estrategia,  Verbo Divino, Estella 1995.

[45] Cf F. AIZPURÚA, La recreación de los carismas de la Vida Religiosa desde los aprendizajes sociales. Aplicación al movimiento franciscano, Eset, Vitoria 2016, 381.

[46] La misericordia está desterrada de cualquier programa político o social. Causa sonrojo, por mucho que la compasión social aparezca cada día en la prensa y en los medios.

[47] “La actitud básica de autotrascenderse, rompiendo la conciencia aislada y la autorreferencialidad, es la raíz que hace posible todo cuidado de los demás y del medio ambiente, y que hace brotar la reacción moral de considerar el impacto que provoca cada acción y cada decisión personal fuera de uno mismo. Cuando somos capaces de superar el individualismo, realmente se puede desarrollar un estilo de vida alternativo y se vuelve posible un cambio importante en la sociedad” (LS’ 208). Ver también: EG 8.

[48] Cf Mc 9,35.

[49] “Abogamos por un cambio político y social, en el que se respeten los derechos de las personas y el medio ambiente. En esta línea, reivindicamos una banca pública que acabe con nuestros titiriteros, los dueños de los bancos más poderosos, devolviéndose al estado su legitimidad para desenvolverse sin ser sometido a la presión financiera. También apostamos por un cambio de valores, que sean coherentes con éste modelo social y medioambiental, y así, apoyamos y secundamos la iniciativa popular del decrecimiento. Ésta se basa en la falsedad del crecimiento sostenible, inviable a estas alturas si queremos conservar el planeta tal y como es, y apuesta por reducir el consumo tanto energético como de materias primas” (Del programa de IU). Así se puede definir lo altersistémico.

[50] O. BARTOLOMÉ, art.cit., 4.

[51] Cuando el CIS pregunta sobre los valores de los españoles y el primero que sale, es con mucho, el de la familia, la ciudadanía se está refiriendo, lógicamente, a su familia biológica. Incluso para los jóvenes, la familia es un valor anterior al trabajo: http://www.abc.es/sociedad/20130109/abci-vida-familiar-trabajo-jovenes-201301082103.html.

[52] P. DE LORA, “La familia humana y otros animales “file:///C:/Documents%20and%20Settings/

Administrador/Mis%20documentos/Downloads/Dialnet-LaFamiliaHumanaYOtrosAnimales-3313242.pdf. T. M., SCANLON, What We Owe to Each Other, Harvard University Press, 1998.

[53] El papa mismo solamente cita una vez la expresión en EG 245 y dos en LS’ 13 y 52. Gaudium et spes, sin embargo, 21 veces.

[54] Los filósofos del  XVIII ya había visto esto con claridad: “Hasta donde alcanza la observación, no existen diferencias universales discernibles en la especie humana”: D. HUME, Ensayos morales, políticos y literarios, Trotta, 2011, 378. Aunque él mismo se contradice flagrantemente cuando dice: “Sospecho que los negros y, en general, las restantes especies humanas (pues las hay de cuatro o cinco clases) son inferiores por naturaleza a los blancos. Nunca ha existido una nación civilizada que no estuviera compuesta por blancos, ni siquiera un individuo eminente por sus actos o su pensamiento que no lo fuera”: Ibid.,, 212.

[55] Ahí están las bases de cualquier nacionalismo que se precie.

[56] Certezas que siguen de algún modo vigentes en documentos recientes como Dominus Iesus. Este texto dice en su conclusión: “La revelación de Cristo continuará a ser en la historia la verdadera estrella que orienta a toda la humanidad: «La verdad, que es Cristo, se impone como autoridad universal». El misterio cristiano supera de hecho las barreras del tiempo y del espacio, y realiza la unidad de la familia humana: «Desde lugares y tradiciones diferentes todos están llamados en Cristo a participar en la unidad de la familia de los hijos de Dios [...]. Jesús derriba los muros de la división y realiza la unificación de forma original y suprema mediante la participación en su misterio. Esta unidad es tan profunda que la Iglesia puede decir con san Pablo: «Ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios » (Ef 2,19) ». Texto lleno de contradicciones si se los lee con ojos críticos.

[57] L. BOFF, Virtudes para otro mundo posible III. Comer y beber juntos, y vivir en paz,  Sal Terrae, Santander 2007, 134.

[58] Cf P. GUIMÓN, “Todas las culturas son políticas”, en El País,  29-10-16: http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/22/actualidad/1477145409_049665.html.

[59] O. BARTOLOMÉ, Art.cit., 13.

[60] EG 203.

[61] Dt 16,13-14.

[62] En el mismo NT no percibimos este aspecto, más bien el de la desconfianza ante los modos celebrativos paganos que se creen cauce de pecado y, por lo mismo, son rechazables.

[63] Mt 11,19.

[64] En la película De dioses y hombres de X. Beauvois se muestra la integración celebrativa de la comunidad cisterciense con la aldea islámica en la participación activa de una ceremonia de circuncisión.

[65] L. BOFF, Virtudes para otro mundo posible III. Comer y beber juntos, y vivir en paz,  Sal Terrae, Santander 2007, 133.

[66] No hay más que poner delante la nefanda actuación de la UE con la crisis de los refugiados sirios. "No puedo recordar sin dolor las numerosas víctimas del enésimo trágico naufragio de hoy en Lampedusa. Me viene la palabra vergüenza: ¡es una vergüenza!” (Papa Francisco, 3 de octubre de 2013). Viendo la exposición “Caminos del exilio” que el Instituto Francés ha paseado por varias ciudades españolas experimenta uno esa vergüenza: muchos paseantes pasan a los lados, como si nada. Ya lo dice la canción del nóbel Bob Dylan: “How many times can a man turn his head and pretend that he just doesn't see”.

[67] “No entiendo cómo la ciudadanía no se da cuenta de que es imposible vivir en sociedades homogéneas. Una de cada siete personas en el mundo no vive en el lugar donde nació”: R. Grynspan en: J. MARIRRODRIGA, “Rebeca Grynspan. Es imposible vivir en sociedades homogéneas”, en El País Semanal,  30-10-16, 57.

[68] Es el lenguaje de los gestos: el papa trayéndose de Lesbos a tres familias; la pancarta que cuelga de un balcón en Vitoria “En esta casa cabe un refugiado sirio”; los esfuerzos enormes de la guardia costera italiana, de las pocas entidades a nivel nacional que rescata a miles de emigrantes en peligro de muerte todos los días.

[69] O. BARTOLOMÉ, art.cit., 21.

[70] Ibid., 22.

[71] Cf  C.LAVAL-P.DARDOT, Común. Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI, Gedisa, Barcelona 2015.

[72] Léanse las enormes cifras en: “La crisis de los refugiados en África”, en La Vanguardia, http://www.lavanguardia.com/internacional/20151111/54439765914/crisis-refugiados-africa.html

[73] L. BOFF, Virtudes para otro mundo posible. I: Hospitalidad: derecho y deber de todos,  Sal Terrae, Santander 2006, 126.

Francisco de Asís, cantor de la vida

FRANCISCO DE ASÍS

CANTOR DE LA VIDA Y LA FRATERNIDAD

 

                Francisco es un cantor de la vida y de la fraternidad. No desde la lírica vacía, sino desde el gozo encontrado. Quitar el disfrute y la alegría de la espiritualidad franciscana es robarle el alma, sofocar su perfume, arrebatarle el aliento. La suya ha sido una vida en estado de poesía, en canto continuado.

                Dice san Buenaventura (LM Pról.) que Francisco fue “una luz entre la niebla”, ese pequeño farolillo que en la ruta oscura y ennieblada nos sirve de guía y del que, por nada del mundo, nos queremos separar. Pequeña luz en nuestra niebla. Canto de humildad que orienta en lo oscuro. Por eso, a aquella pregunta de B. Brecht “Y en la noche, ¿habrá canto?”, podemos responder: aquí hay uno que ha cantado en la noche. Todavía sus ecos son vibrantes en nuestras noches.

 

  1. 1.       Cantaba y vivía

 

Nació y creció con el canto a flor de labios. Dice 1Cel 2 que, siendo joven, “se esforzaba por ser el primero en las canciones”. En cantar se le iba el alma. Por eso dejó huella en su pequeña ciudad de Asís: el que cantaba tan bien.

¿Por qué quedó este rasgo impreso en la memoria de quienes, años más tarde le recordaron? En nuestros días, el poeta José A. González Iglesia da un estupenda razón: el canto de Francisco es un “canto que desconoce la mordedura de la envidia”. Un canto sin envidia, sin maldad, sin afán de humillar, sin veneno. Así era el canto del joven Francisco; así lo fue siempre.

 

  1. 2.       Cantar al corazón

 

Al corazón y desde el corazón. Porque lo importante no era el sonido que salía de su garganta, sino la melodía que llegaba al corazón. Dice 1Cel 93 “cantaba en su corazón para sí con cantos de júbilo”. Le cantaba a su corazón porque ahí latía su gran amor por Jesús. Cantaba a su corazón porque ahí se metía, a veces, el frío del dolor y el canto se convertía en aliento cálido que anima.

El monologuista español Rafael Álvarez, el Brujo, que tanto aprecia a san Francisco y que ha interpretado por los escenarios españoles las florecillas escritas por Darío Fo, decía que el canto de Francisco es “un canto que parecía de otro mundo”. Era de otro mundo no porque fuera un canto extraterrestre, sino porque remitía a ese otro mundo donde el amor es el centro y el gozo inarrebatable la mejor señal de vida.

 

  1. 3.       Cuando besó al leproso

 

Todos sabemos que el encuentro con el leproso fue decisivo para Francisco. Superó el horror de la lepra que hace que la carne se caiga a pedazos porque vio que en su corazón también había otra lepra, la de su enorme necesidad de amor. Y cuando entendió eso, le vino la paz. Y desde esa paz, cantó. Por eso dice Lm 1,5 que “lleno de admiración se puso a cantar”: Lleno de admiración por él mismo: ¿Cómo podía cantar después de haber besado a un leproso?  Es que algo se le había convertido en “dulzura”, dirá años más tarde.

Darío Fo, ateo y místico, amante de Francisco, definió al santo de Asís como “aliento invisible de belleza”. La belleza se hacía aliento en su extraño y hermoso canto y por él lo invisible del amor de le hacía más cercano a la persona, hasta hacerle creer algo tan simple como que ella podía ser amada y amar.

 

  1. Cantaba en francés

 

Porque cantar en otra lengua recrea las expresiones. Y quizá su padre Pietro, que tenía buenos negocios en la Provenza francesa le enseñar alguna coplilla en francés que salía de su boca como expresión de júbilo insuperable. “Rompía en jubilosas canciones en francés”, dice 2Cel 127.

Como cuando cantamos en nuestras misas el canto “En este mundo que Cristo nos da…” sobre la melodía de “The answer is blowing in the wind” Bob Dylan, hermosa canción, cuyo texto es mucho más hermoso que la canción de misa. Poder cantar lo de Dylan puede llevarnos a una alegría den dentro y a una reflexión profunda. Cantar en otra lengua el mismo canto de amor común.

 

  1. 5.       En los caminos

 

Fue un hombre de caminos. Los grandes (Jerusalén, Roma, Santiago) y los pequeños (Rieti, La Verna…). Como Jesús, hombre de caminos. Y “estando de viaje cantaba a Jesús” dice LM 2,5. Las piedras, los árboles, los prados, los pequeños regatos, hacían silencio para escuchar su canto a Jesús, incontenible, incendiado, sereno.

Con toda razón dice el papa Francisco en La LS’ 12 que era “un místico y un peregrino”. Encontró en los caminos la manera de cantar como un místico, como cantan los que se han visto inmersos en el río del amor y en él se sumergen.

 

  1. 6.       Como un violín

 

A veces su alegría era tan incontenible que, como los niños, “tomaba un palo del suelo y lo ponía sobre el hombro izquierdo…como un violín” (2Cel 127). Y aquel extraño violín sonaba porque era el amor quien lo hacía sonar. Sería un necio quien tachara de enajenado a quien toca el violín del amor, aunque sea un palo.

El poeta José A: González Iglesias define san Francisco como “teorema tranquilo, de una línea”. Esa línea pura de un palo en el hombro izquierda, la línea pura del amor que va derecho a Jesús y a la entraña del hermano. La mejor música.

 

  1. 7.       Una cítara celeste

 

Es entrañable aquella escena en que Francisco, muy enfermo, pide a un hermano citarista que le haga un poco de música para consolarle y el superior de la casa se la niega, no vayan a pensar los vecinos que los frailes están siempre de zambra. Y, por la noche, un ángel bien a tocar para él la cítara negada. “El Señor no me ha dejado sin consuelo”, decía luego

cándidamente.

                No es pertinente preguntar: ¿esto es real, ocurrió así? Lo que importa es el fondo, aquel Francisco que era, según el poeta Iglesias, “nombre de puro amor junto al océano”. Ese amor puro de Francisco varado en la orilla del puro amor de Dios puede hacer que la milagrosa cítara se escuche en su corazón y que de ahí brote el consuelo y el sosiego.

 

  1. 8.       Juglares

 

Eso quería ser Francisco y deseaba que lo fueran sus hermanos: “Somos  juglares del Señor” (LP 83). Juglares, bufones, comediantes bajos, a los que se puede perseguir, apedrear, desprestigiar. Juglares para, cantando y riendo, llevar a mostrar que Dios ríe y sonríe, que el adusto ser que la religión a veces dibuja no es la mejor foto del Dios del amor.

El ínclito escritor Francisco Umbral, en un artículo de juventud, dice de san Francisco que uno como él “puede salirse de ser vulgar simplemente por amor”. No fue un juglar vulgar, grosero, deslenguado. Su juglaría estaba amasada en el amor. Y eso le alejó de la vulgaridad.

 

  1. 9.       En la enfermedad

 

Porque supo de enfermedades, graves algunas de ellas. Y entonces, cuando el dolor quería ocupar todo el espacio, él cantaba: “Cuando se agravaba su enfermedad, cantaba las alabanzas del Señor” (EP 119). Cantar cuando se está grave…Envolver en canto el dolor que atenaza. Solo quien ha cantado mucho, quien ha gustado mucho el canto, puede agarrarse a él como a un salvavidas cuando el cuerpo débil naufraga.

 

  1. 10.   Y en la muerte

 

Todos sus antiguos biógrafos son unánimes al decir que “recibió a la muerte cantando” (2Cel 114): Débil canto unido al entrecortado canto por los sollozos de sus hermanos que cantan con él en su lecho de muerte. Recibir a la muerte cantando para decirle, con el canto, que la ha vencido de antemano.

Qué bien lo dice Rubén Darío: “En canto vuela con sus alas: armonía y eternidad”. En ese vuelo suyo se mezcla la armonía de una vida cantada y la eternidad de una vida que se va a cantar.

 

                Dice LS' 11 que “así como sucede cuando nos enamoramos de una persona, cada vez que él miraba el sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su alabanza a las demás creaturas”. Su reacción era cantar: era su manera de reaccionar como creyente enamorado de Jesús, como hermano siempre fiel, como compañero humilde de las humildes creaturas. Cantar y vivir. Así de poco, así de simple, así de profundo.

 

La figura de san Francisco en la Laudato Si'

LA FIGURA DE SAN FRANCISCO EN LA LAUDATO SI’

 

1. Una encíclica

 

Las encíclicas papales son documentos de primer nivel (entre las Constituciones Apostólicas y las Exhortaciones apostólicas). Que el Papa haya querido situar su reflexión sobre la ecología en ese marco está indicando la importancia máxima que quiere atribuirle al texto.

Es un texto relativamente largo (246 números) con sus características peculiares: una dedicatoria poco común, sin especificar los estamentos de la Iglesia como comienzan todas las encíclicas está indicando ya desde el principio su orientación universal por encima del exclusivo ámbito de la Iglesia.

Fuera de texto, al final, se ofrecen dos hermosas oraciones con el tema de la creación, que en otros textos papales iban dirigidas a la figura de María.

La encíclica fue lleva la fecha del 24 de mayo de 2015, fiesta de Pentecostés. La elección creemos que tiene su simbolismo: una Iglesia abierta a la sociedad.

 

2. Alusiones a san Francisco

 

En relación con las fuentes hay que citar de manera especial a la figura de san Francisco de Asís del que habla en diez números, además del título de la encíclica que alude al Cántico de las Creaturas. Digamos algo de cada uno de ellos con brevedad:

  • Nº 1: se abre el texto por el título y alusión a Cánt 9, la tierra, nuestra casa común, como hermana y madre.
  • Nºs 10-12: Hace un bosquejo espiritual de la persona de Francisco como hombre ecológico total. En estos números nos detendremos. 
  • Nº 66: Entiende a Francisco como un restaurador de la “armonía” primitiva rota, la vuelta a la “inocencia primera.
  • Nº 87: Cita el Cántico de las Criaturas como modelo eximio de alabanza al Señor.
  • Nº 91: Alude a Cánt 10a, aunque no pegue mucho con el contexto del número (la defensa de lo humano como realidad primordial).
  • Nº 125: Cita de pasada aludiendo a su “admiración contemplativa”.
  • Nº 218: Cita de pasada dentro del tema de la “conversión ecológica” que demanda una “sana relación con lo creado”.
  • Nº 221: Cita también de pasada y, de nuevo, dentro de la “conversión ecológica” aludiendo a la “sublime fraternidad con todo lo creado” de san Francisco.

Es decir, para el conjunto del texto es evidente que el Papa quiere proponer a Francisco de Asís como modelo para la ecología cristiana. El hecho de que las citas estén sembradas a lo largo de todo el documento así lo indica. Los nºs 10-12 son los más sustanciosos. El resto, son ocasionales.

 

3. La figura de san Francisco en LS’ 10-12

 

         En estos tres números no solamente se alude a Francisco como santo de la ecología, sino que también se hace un bosquejo de los valores franciscanos para la actualidad. En ese sentido tienen estos números un valor especial para quienes aman la figura de Francisco.

 

a) San Francisco, ejemplo de ecología integral:

 

         El Papa habla todo el tiempo de una ecología integral. Es aquella “que incorpora las dimensiones humanas y sociales” (LS’ 137). En ella queda implicado lo ambiental, lo económico y lo social.

         San Francisco es puesto, en primer lugar como “ejemplo por excelencia de lo que es débil y de una ecología integral vivida con alegría y autenticidad…En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior” (LS’ 10).

         Es decir, san Francisco es uno que ha entendido bien el moderno concepto de ecología por su honda vivencia de la creación y por su cercanía al mundo de las pobrezas.

 

b) San Francisco, místico y peregrino:

 

         Desvela el Papa algo importante de las raíces espirituales de san Francisco cuando dice que “era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo” (LS’ 10).

         La percepción que san Francisco tiene de la creación nace de una profundidad, de una mística, de una raíz honda: la armonía, el equilibrio interior, la paz que habita el corazón. Eso le hizo ser peregrino pacífico y pacificado por encima de conflictos personales y de duras situaciones externas. 

 

c) San Francisco, conectado con la esencia de lo humano

 

         El amor de san Francisco por las criaturas no es mera superficialidad, poesía barata, ecología de dibujo. Es una profunda conexión con el fondo de la vida, con la esencia de lo humano: “El testimonio de san Francisco nos muestra también que una ecología integral requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas o de la biología y nos conectan con la esencia de lo humano” (LS’ 11).

         San Francisco es una persona conectada con la esencia de lo humano que no es sino el anhelo que toda persona, toda criatura, tiene de ser feliz, de llegar a poder tocar con sus manos la dicha que busca su corazón. San Francisco ha querido contribuir al logro de esa dicha que el programa de Jesús promete. Eso le ha hecho conectar y comprender el fondo de la persona, más allá de sus limitaciones y fallos. Eso le ha llevado a no juzgar a nadie y a envolver de compasión a toda persona y a toda criatura, singularmente a las más frágiles.

 

d) San Francisco, persona de mirada distinta

 

         Porque mucho está en el mirar, en la manera de percibir la realidad, en la cercanía que envuelve la mirada amable y en la lejanía que desvela la mirada hosca.

         San Francisco ha logrado mirar la realidad de una manera distinta, esa manera que tiene quien ama: “Cada vez que él miraba el sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando su alabanza a las demás criaturas…Su reacción era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño” (LS’ 11).

         Él ha conseguido ver el mundo con otros ojos, los ojos de quien se ha hecho hermano de ese mundo y ya no lo ve como valle de lágrimas, ni como lugar de explotación, ni como camino que obligadamente hay que transitar. Francisco entiende, mirando de manera distinta, que vivir es un gozo, una suerte, un don.

 

e) San Francisco, la persona que ha entendido que todos somos familia:

 

         Lo que hoy nos dice la ciencia (la semejanza de los diversos genomas de las personas, animales y cosas) san Francisco lo ha entendido por vía espiritual. Su argumento ha sido sencillo: si todos tenemos el mismo Padre, Dios, somos familia.

         Por eso cita la LS’ 11 aquella hermosa frase de la LM 8,6 de san Buenaventura: “Lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a las criaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas”.

         Puede parecer que esto es mera lírica, un romanticismo irracional. Pero no. Entender la creación como una familia llevará a comportamientos familiares.

 

f) San Francisco, el hombre que no domina

 

         Toda esta manera de ver la creación brota en san Francisco de una fuente: ha renunciado al poder, al dominio, a la explotación. Quien no se apropia del otro lo ama y lo respeta.

         Dice LS’ 11: “La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio”.

         Aquí se halla la clave de todo: san Francisco ha alejado de su vida este dinamismo innato: el poder. Al decidirse a ser hermano en radicalidad ha podido amar a todos sin ningún afán ni pretensión sobre nadie.

 

g) San Francisco, buen lector del libro de la creación:

 

         Porque Dios nos habla por la Palabra, pero también, así lo reconoce la Biblia desde antiguo (Sab 13,5), por el libro de la creación.

         Así lo expresa la LS’ 11: “San Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la naturaleza como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad”.

         La creación no le dio a san Francisco más que satisfacciones, sosiego, paz, comunión con Dios y con las personas. El libro de la creación fue, ciertamente, uno de sus mayores consuelos y alegrías de su vida.

 

3. Y nosotros que amamos a san Francisco…

         Nosotros que amamos a san Francisco hemos de vernos cada vez más envueltos en esta espiritualidad, más amantes del hecho creacional, humildes defensores de los valores de la naturaleza y crecientemente responsables de su cuidado. Y, sobre todo, personas que apuestan por echar su suerte en el lado de los pobres.

 

1)    Ecologistas por franciscanos: No por habernos adherido a alguna tendencia social, que son muy buenas. Un franciscano, por tal, ha de ser ecologista integral, interesado por la creación y por la suerte de los pobres. No hacemos esto porque esté de moda, sino porque pertenece a nuestra vocación franciscana. No hacerlo, sería alejarnos de tal vocación.

2)    Necesitados de una mística: Porque no venimos de esta espiritualidad, porque se ha valorado poco, porque algunos todavía la menosprecian. Nosotros los que amamos a san Francisco creemos que el mundo es cuerpo de Dios y que sus criaturas son su familia. Por eso apreciamos la creación con cordialidad, nos interesan sus sufrimientos y nos admiramos incansablemente de su belleza.  Esta es nuestra mística.

3)    Ecologías y humanos: Porque no se puede ser amante de la naturaleza y de san Francisco, del Evangelio mismo, sin ser humano. Humanizar es la gran tarea del franciscano, su trabajo primordial. Humanizando entenderemos lo humano y lo que no lo es, la naturaleza que convive con los humanos. Sin humanidad es imposible hablar de ecología.

4)    Mirar con otros ojos: Con los ojos de la apertura, del amor a lo creado para expulsar de nosotros al dominador, al mero explotador de recursos, a aquel que no ve en las criaturas más que beneficios a costa de lo que sea. Mirar con los ojos de quien descubre en lo creado una compañía necesaria para andar este, a veces, duro camino de la vida.

5)    Una familia que cuidar: Si consideramos familiares a toda persona y a las mismas criaturas hemos de avanzar en la ética del cuidado. Cuidarnos es nuestra obligación primordial. Cuidar no son solo momentos puntuales sino también una actitud, una manera de ponerse ante el otro. Quien no cuida no podrá amar a la persona y las criaturas. Y, por supuesto, si somos familia, está prohibido el daño entre familiares, la herida o el abandono.

6)    Alejados del poder: Para que esto sea posible es necesario alejarse cada vez más del poder, dejar de ser presa del ansia de domino, intentar abandonar esa actitud innata de querer ser apreciado porque mando, porque decido, porque ordeno. El poder bloque toda actitud de benignidad con la creación y con las personas. Quien ama a san Francisco ha de alejarse paulatinamente de toda actitud de poder.

7)    Volvamos al libro, a la casa de la creación: Porque los humanos nos hemos alejado de ese libro, nos hemos ido de esa casa. Nuestros caminos no se tocan. Volvamos como san Francisco, a leer en el libro de la creación. Entremos de nuevo en esa casa que antaño abandonamos. Hemos de vernos gratamente recompensados en alegría, en gozo y en paz interior.

 

 

CÁNTICO DEL HERMANO FRANCISCO

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

ecologista integral,

porque amó lo creado y amó a los pobres.

Siempre se hermanaron en su corazón

estos dos amores.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

místico y peregrino,

de hondas raíces,

de armonía y equilibrio interior,

pacífico y pacificado.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

hondamente humano,

propagador de la dicha que Jesús promete,

incapaz de juzgar a nadie.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

y por su bella mirada,

capaz de invitar con simplicidad a la alabanza

a todas las criaturas.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

que nos hace todos familia,

que ha querido cuidar con amor de madre

a los seres humildes y a las personas que sufren.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

que no ha tenido tratos

con el poder y el dominio,

que jamás ha explotado a nadie

que nunca se ha aprovechado de nadie.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

que ha leído con gozo

el libro hermoso de la creación

y que se ha aposentado en la casa de las criaturas

como casa desde siempre.

 

Loados seas, por Él,

nuestro hermano y padre san Francisco,

a quien amamos.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Marcos 28

CVMc

Domingo,  25 de setiembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

28. Mc 4,24-25

 

Una reflexión inicial:

 

            La sabiduría popular dice que “a la hora de dar, hasta las campanas tiemblan”. Hace referencia al “temblor” que nos ataca cuando damos algo, porque creemos que, al dar, yo pierdo y los otros ganan. ¿Habría alguna manera de entender y practicar la certeza de que, si me doy a los demás, yo también gano algo bueno (o quizá mucho)?

                Hay quien dice que esto es imposible dado el presupuesto del que parten: yo antes que nadie. ¿Y si se partiera de otro presupuesto: nosotros a la vez, sin postergar a nadie? ¿Si se partiera de que cuando el colectivo gana todos ganan y que cuando gana uno solo de alguna manera los demás pierden, incluido quien cree que gana?

                Estas utopías antropológicas hacen sonreír a cualquiera que tenga sentido común, pero ¿funcionan o no funcionan? ¿Hay ejemplos de ello o no los hay? ¿No se asienta en este tipo de certezas el bienestar de la familia, e incluso el de la sociedad? ¿No es mejor una sociedad donde el colectivo gane? ¿No tiene mejor salud un pueblo donde no se dé una lucha encarnizada entre quienes quieren ganar ellos solos y los que se ven abocados a perder siempre?

                Hay que decirse una y mil veces: si los demás ganan, yo también gano. Las buenas certezas demandan miles de estímulos. Por eso hay que estar machacando siempre sobre el mismo clavo.

 

El texto:

 

24Y siguió diciéndoles: -¡Atención a lo que vais a escuchar! La medida que llenéis la llenarán para vosotros, y con creces, 25pues al que produce se le dará, pero al que no produce le quitarán hasta lo que había recibido.

  • Este texto es un enseñanza a los discípulos, en la intimidad, palabras dichas al corazón, más que a la cabeza.
  • Es cierto que la formulación no es pedagógicamente de nuestro gusto porque utiliza la “amenaza” para animar. Pero se le puede dar la vuelta: una medida generosa genera más generosidad. Os conviene ser generosos: siempre se gana.
  • Se produce bien cuando se produce para todos. Si se produce para unos pocos, el egoísmo roe las relaciones humanas y estas se quiebran. Producir para otros, es producir para todos.
  • Apropiarse e aquello que se produce, guardarlo con celo egoísta, mirarlo únicamente desde el propio lado es darle el peor de los horizontes. La vida lo confirma en no poca ocasiones.

 

Para pensar u orar:

 

  1. 1.       ¿Conforme pasan los años eres más generoso/a o más tacaño/a?
  2. 2.       ¿Te alegra ver que los colectivos débiles progresan algo?
  3. 3.       ¿Cómo hacer una ciudad más generosa?

 

Un valor: Creer en el valor de lo gratuito

 

Hay personas que creen y dicen que lo gratuito no es valorado y, por ello, todo ha de tener un precio. No creen que el valor de lo gratuito es, precisamente, la gratuidad. Ese sí que es un valor de primera magnitud.

  • Lo gratuito tiene valor porque procede del corazón. Y todo lo que brota de esa fuente no puede ser sino algo positivo.
  • Lo gratuito tiene valor porque apunta al bienestar amplio de la persona y no solamente a la parcela de lo económico que, aunque necesaria, no lo es todo.
  • Lo gratuito tiene valor porque une corazones, crea redes de amor, teje vidas y situaciones. Sobre ese tejido de vida se forjan los caminos de las personas.
  • Lo gratuito tiene valor cuando es gratuito hasta el fondo, cuando no crea dependencias, cuando no exige contraprestaciones ocultas, cuando no tiraniza ni ata a nadie.
  • Lo gratuito tiene valor porque, para los creyentes, ayuda a entender la gratuidad de un Dios que no exige nada a cambio, ni siquiera que seamos más buenos, sino que se da a todos para hacer brotar así la bondad que él mismo ha sembrado en todo corazón.

 

Una foto:

 

Las últimas olimpiadas nos dejaron gestos de auténtica generosidad. Uno de los más celebrados ha sido el de Meghan Vogel, alumna de la West Liberty-Salem de Ohio (EE UU) que no dudó en colocar su brazo sobre el hombro de su rival y la cargó hasta la meta. Era en la carrera de 3200 m. Los jueces decidieron no penalizar a las dos corredoras por lo generoso del acto. El gesto provocó un aplauso espontáneo del público. Son gestos de gratuidad que encuentran eco en el corazón de las personas. Prueba evidente de que ahí se encierra un valor social.

 

Un poema:

 

A cambio de mi vida nada acepto.

¿Qué se puede ofrecer que valga más

que el calor de la llama, que la espiga

convocada a ser grano, que la noche

que dentro ya contiene el joven día?

 

Escucho mis pisadas sobre el suelo.

A lo lejos, alguien también las oye.

Tañido lastimero de campanas

en su oído. Eco de brasas tiernas

en el mío, que todavía es temprano

y en el cuerpo palpita el pulso errante.

 

Me pongo por testigo en esta hora,

cuando la lluvia lava más que riega

y los libros liberan más que nutren.

 

¿A qué esperáis? Encended los caminos,

que empapen bien los ojos. Recorredlos

mientras haya una lumbre en los pulmones,

mientras un niño aguarde su ocasión

de convertirse en hombre, mientras verbos

de orígenes distantes desemboquen

en una voz unida, mientras reinen

las noches que nos prenden, abrazad

el destello arcilloso de la tierra

que es nuestro hogar común,

el verdadero. 

 

Raquel Lanseros

 

 

Con esta hojita comenzamos el Curso 2016-2017. La utilizaremos en nuestra convivencia del 25-9-2016.

 

Una relectura de Mt 23,13-39

UNA RELECTURA DE Mt 23,13-39

 

            Es preciso leer un texto como adultos. El NT ha de ser leído de ese modo. Desde ahí no se puede negar la dificultad que supone un texto como Mt 23. Si decimos, con los Evangelios en la mano y la reflexión teológica, que Jesús era un “misericordioso”, ¿cómo salieron de sus labios textos tan duros como el de Mt que no solamente censura con animosidad sino que cae en el insulto y el menosprecio? ¿O es que ese texto proviene de otra mano inserta en la génesis global de un texto como del Mateo?

            Hay que tener en cuenta de que el Evangelio de Mateo está escrito en torno al año 80-90, cincuenta años después de la muerte de Cristo. En ese largo período de tiempo han ocurrido importantes sucesos en la historia de Israel, singularmente la caída de Jerusalén ante las ropas romanas de Tito el año 70. La ciudad fue tomada y arrasada, el Templo destruido.

            En el descabezamiento que sigue a toda destrucción, los romanos se cebaron en las clases dirigentes (saduceos, casta sacerdotal) y fueron más permisivos con los espirituales fariseos, menos peligrosos. Estos se juntaron en Yamnia (Jabné), una pequeña ciudad cerca de la actual Tel Aviv donde, inspirados por Johanan ben Zakkai, urdieron una serie de estrategias para mantener vivo un judaísmo en tiempos de diáspora. Ahí el fariseísmo se radicalizó y anatematizó a los grupos disidentes, entre ellos los cristianos (los “nosrîm”, los nazarenos). Se conserva una “maldición” sobre ellos en el texto de las Dieciocho Bendiciones: “No haya esperanza para los apóstatas. Y destruye pronto el reino del orgullo n nuestros días; y perezcan los nazarenos y los herejes en un instante. Sean borrados del libro de la vida y no queden inscritos con los justos. Bendito seas, Yhwh, que doblegas a los soberbios” (Bendición 12ª). Y Justino dice en su obra Diálogo con Trifón 96,2: “Vosotros en vuestras sinagogas maldecís a los cristianos”.

            Es de suponer que los cristianos de las comunidades mateanas no se eran mancos y respondieron con invectivas similares. Era una manera de sobrevivir en aquella época de dureza y de nulo ecumenismo (época que ha llegado casi hasta nuestros días; no olvidamos la oración del Viernes Santo por los “pérfidos judíos” que la liturgia del Vat.II cambió).

            De ahí que haya que leer estos textos intentando transformarlos en textos de misericordia. Hagamos un intento:

 

            13Ojalá vosotros, quienes amáis la Palabra, no cerréis a nadie las puertas del reino, puertas amplias como el corazón mismo de Jesús. 14No seáis obstáculo para quienes quieran entrar, aunque sea por una puerta que no es la vuestra.

            15Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, no tengáis como meta primera aumentar el número de afiliados a la religión, sino el número de personas que vivan con los valores del reino. Así aprenderéis que es más importante cristificar que cristianizar.

            16-22Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, seáis gente que ilumine el camino humano sin enredarse en  disquisiciones legales, poniendo como principio inviolable el de la dignidad de la persona y sometiendo toda norma, toda costumbre, toda ley a la persona y su necesidad.

            23Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, seáis generosos a la hora de socorrer al pobre. Ojalá aportéis al caudal de la vida los grandes valores que constituyen el cimiento del caminar humano: la honradez, la compasión, la sinceridad. Esto es lo importante; el resto es más relativo.

            24-26Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, fuerais cuidadosos en tener un interior limpio, ecológico, saludable. Porque del interior brotan las actitudes de la persona. No haríais nada con ser pulcros por fuera y no serlo por dentro.

            27-28Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, seáis gente de sinceridad esencial, de interior claro, de honestidad probada. Y si, por vuestra fragilidad falláis, reconoced el fallo. Eso os abrirá la puerta de la misericordia de Dios y de la comprensión de las personas.

            29-33Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, no echéis alabanza solamente a quien muere el día de su entierro, sino que aprendáis a alabar en vida, valorando todo lo bueno que tienen las personas y alegrándoos del bien que Dios hace a través de cualquier creatura.

            34-36Creed a los profetas, a la gente buena, que os voy enviando para que os animen e iluminen. Creed a gente como Pedro Casaldáliga, profeta de la esperanza, que acaba de fallecer. Creed, sobre todo, a los profetas vivos, a los profetas humildes, buscad en los signos de los tiempos la luz que necesitáis para andar como creyentes lúcidos.

            37-39Así vuestras ciudades serán “ciudades de seres humanos”, donde la humanidad florecerá, y donde vivir en buena relación será posible. Así aguardaremos el momento de plenitud en que todo será reconciliado en el amor cumpliéndose así el secreto designio del Padre y de Jesús.

 

            Hay quien puede pensar que una paráfrasis de este estilo desposee al texto del pathos que tiene. Y es así, efectivamente. Pero a los seguidores de Jesús, el misericordioso, no nos interesa un pathos de condena, sino de misericordia. Por eso, aunque suene un tanto “light” quizá nos pueda ser de mayor utilidad una lectura de este talante.

 

JUSTICIA Y EUCARISTIA

JUSTICIA Y EUCARISTÍA

Notas para una espiritualidad social de la eucaristía

 

1. El sempiterno peligro del “culto vacío”

 

            Algo contra lo que han clamado los profetas (Am 5,21-24; Is 29,13; Os 6,6). Pero es algo que persiste en todas las tradiciones religiosas. A la persona creyente le encanta la escenificación cultual hasta embriagarse con ella. Pero le amenaza un grave peligro: que sea una escenificación, que detrás de la máscara no haya casi nada, que sea una realidad vacía. La eucaristía no se ve libre de tal peligro. Los adalides del rito están siempre ahí, amparados por la normativa. Pero la pregunta es persistente: ¿qué hay realmente detrás del rito?

 

2. Sin justicia no hay eucaristía

 

            Resulta todavía elocuente el estudio famoso de J. M. CASTILLO “Donde no hay justicia no hay eucaristía” (verlo en la biblioteca virtual Koinonia). A muchos les molesta el mero enunciado de este trabajo. Y, sin embargo, es cierto: la justicia habría de ser, de una u otra forma, el corazón de la eucaristía. Y ello por una razón muy simple: porque la cena de Jesús es su apuesta más fuerte por construir una vida en justicia entre los humanos. Sin ese afán por el horizonte de la justicia, la eucaristía se convierte en un mero recuerdo benévolo, deja de ser un “memorial”, un recuerdo para la lucha, para la construcción de la fraternidad, para la economía de inclusión.

 

3. Una eucaristía para la justicia

 

            Esta sería la manera de decirlo positivamente. Los temas de la justicia habrían de tener un sitio privilegiado en la celebración de la Eucaristía, un lugar prioritario, por encima de lo ritual. Habría que emplear un lenguaje adecuado, una participación concorde con las situaciones, incluso una simbología que dejara ver que ese asunto de la justicia es el núcleo del sacramento.

 

4. Eucaristías “peligrosas”

 

            La eucaristía es el recuerdo “peligroso” de Jesús. Su carácter “subversivo” habría de ponerlas en el ojo de huracán del sistema establecido. Si es justamente ese sistema quien participa y patrocina esas eucaristías eso habla de que han perdido su carácter de peligrosidad. Una eucaristía inocua no es la de Jesús. Y si hace el juego al sistema, menos todavía. En las eucaristías habrían de fraguarse las “revoluciones” que apuntan a la justicia.

 

5. En los lugares mismos de la injusticia

 

            Las eucaristías se celebran casi siempre en los templos o en lugares sustitutivos pero no de injusticia. Sería un acto profético hacerlo en esos lugares donde la injusticia es dueña como un acto de auténtica denuncia. En lugares de explotación, de violencia, de economía ladrona, de corrupción esclerotizada. Decir en esos lugares la Palabra de la justicia es más necesario que en los lugares asépticos, limpios y oficiales de los templos consagrados.

 

6. El reino de Dios y su justicia

 

            ¿Cómo traducir y entender hoy el famoso dicho evangélico: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia y el resto se os dará por añadidura (Mt 6,33)?

  • Buscad: trabajad, construid procesos, colaborad en modos organizados para que le dignidad pase de ser una realidad pensada a algo vivido. Tarea por delante.
  • Primero: algo prioritario, baremo para medir humanidad y fe, cosa indiscutible, realidad a la que ha de plegarse el resto de la organización religiosa.
  • El reino de Dios: el gran sueño de Jesús, el mismo sueño de Dios, la fraternidad igualitaria, la economía de inclusión, la relación humanizadora, la vivencia de la familia humana y creacional, la utopía de algo que se olfatea pero que aún no aparece.
  • Y su justicia: la amplia justicia que engloba a todas las otras pero que comienza por lo más “corporal” (Mt 25), por lo más histórico. La justicia del Dios que comprender y engloba la realidad en amor. La mirada distinta sobre una historia necesitada de amparo.
  • Lo demás: todo aquello que constituye lo necesario para la vida, las necesidades básicas, lo que se tiene con sobriedad y ayuda a la mejora de la calidad de la vida.
  • Se os dará por añadidura: el pasivo indica que es Dios mismo quien lo da: quien trabaja por la justicia recibe, por otros cauces, las satisfacciones que van construyendo su humanidad de fondo.

EL DECRECIMIENTO EN LA BIBLIA (2016)

EL DECRECIMIENTO EN LA BIBLIA

(2016)

 

Introducción

 

            Abrimos este Curso con un texto de Laudato si’:  “De todos modos, si en algunos casos el desarrollo sostenible implicará nuevas formas de crecer, en otros casos, frente al crecimiento voraz e irresponsable que se produjo durante muchas décadas, hay que pensar también en detener un poco la marcha, en poner algunos límites racionales e incluso en volver atrás antes que sea tarde. Sabemos que es insostenible el comportamiento de aquellos que consumen y destruyen más y más, mientras otros todavía no pueden vivir de acuerdo con su dignidad humana. Por eso ha llegado la hora de aceptar cierto decrecimiento en algunas partes del mundo aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes. Decía Benedicto XVI que «es necesario que las sociedades tecnológicamente avanzadas estén dispuestas a favorecer comportamientos caracterizados por la sobriedad, disminuyendo el propio consumo de energía y mejorando las condiciones de su uso» (193).

            Tiene parte de razón quien piensa que tratar de percibir en la Biblia una espiritualidad como la del decrecimiento es no solamente forzar los textos, sino intentar justificar posturas ideológicas con textos ajenos a las mismas. Pero, dado que el itinerario histórico de los humanos no evoluciona en maneras bruscas sino que hay una base que se mantiene constante, sí que es posible conectar la moderna espiritualidad del decrecimiento con las páginas bíblicas.

            Efectivamente, las utopías del decrecimiento (“vivir con menos para vivir mejor”; “vivir sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir”) pueden encontrar confirmación, iluminación y aliento en los textos de la Escritura. Esto es de importancia para los creyentes porque la mezcla de mística y política es lo que va impulsando las distintas opciones vitales.

            La Biblia ofrece luz, dada su capacidad inspiradora. No propone, lógicamente, estrategias de actuación en el hoy. Estas deben contar con el momento sociológico. Pero, como decimos, puede facilitar una luz que haga más posible la estrategia concreta de actuación. Negar esta capacidad inspiradora, iluminadora a los textos bíblicos sería dejarlos por inútiles.

            Además, un modo fecundo de leer la Palabra es hacerlo desde una perspectiva social. La perspectiva espiritual (muchas veces espiritualista), aunque valiosa, no puede ser la única. Una forma de leer con mucho provecho la Palabra es conectarla con los aprendizajes sociales, con las maneras como la sociedad elabora sus planteamientos vitales y espirituales. Eso no es rebajar el élan místico de la Palabra sino, por el contrario, potenciarlo con el empuje de la más inmediata realidad.

            Muchas veces, los cristianos apelamos a la necesidad de conversión que tiene la vida cristiana para ser fermento en la masa. Pues bien, la espiritualidad del decrecimiento puede ser un cauce tocable para ese cambio de mentalidad y de prácticas que exige la constante conversión. La Palabra puede ser una instancia de apoyo real para quienes la apreciamos e intentamos incorporarla a nuestro diario vivir.

 

I

“NO TE CIERRES A LA CARNE DE TU HERMANO”

(Is 58,7-8)

 

  1. 1.   Texto

 

7El ayuno que yo quiero es éste:

abrir las prisiones injustas,

hacer saltar los cerrojos de los cepos,

dejar libres a los oprimidos

romper todos los cepos;

8compartir tu pan con el hambriento,

hospedar a los pobres sin techo,

vestir al que ves desnudo

y no cerrarte a la carne de tu hermano.

 

  • Este texto hace parte del llamado III Isaías, aunque es, más bien, una colección de oráculos heterogéneos. De cualquier modo, pertenece a tiempos donde la vieja ilusión de una patria floreciente (tema de Isaías II) ha dejado paso a un cierto desencanto, un desinfle. Por eso, se vuelve sobre “cosas de siempre”, como la práctica del ayuno (muy importante en aquellos contextos) dándoles un sesgo nuevo: un ayuno existencial, social.
  • El texto alude, en palabras actuales, a una nueva idea de justicia y de economía. Se viene a decir que la opción por una sociedad justa es decisiva para lograr tiempos de humanidad. Y que el logro de tal justicia ha de ser construido, trabajado, perseguido. La justicia no va a venir por su pie. Por eso se habla de abrir-hacer saltar-dejar libres-romper. La sociedad nueva no brota sin una opción decidida por la justicia, de manera explícita, con compromiso tocable.
  • Y, además, es necesaria una nueva economía, una economía de igualdad e inclusión. Si los parámetros económicos son los mismos, no hay posibilidad de soñar con una humanidad nueva, con un país distinto. No se trata de “obras de misericordia”, sino de un reordenamiento económico nuevo basado en una redistribución distinta. Por eso se habla de compartir pan-compartir techo-compartir vestido. Otro horizonte económico.
  • Y la razón definitiva es clara: el otro es “tu carne”, es como tú; su dignidad se basa en la pertenencia a la familia humana. Si se es de la misma familia la justicia y la economía han de ser comunes e iguales. Cerrarse  a esto, aislarse, volverse refractario a la justicia y la economía es ser un inhumano, un antifraterno, un no persona.
  • Es importante atribuir a la profecía un pathos que va más allá del simple consejo, de la inocua recomendación. Quien relativiza esto, quien no le otorga la decisividad que el profeta quiere darle, quien desvirtúa este planteamiento alejándolo de su horizonte vital o tomándolo a broma, no solo aleja a Dios de su vida, sino que reniega de la Alianza. La Alianza de Dios, efectivamente, es una alianza de dignidad y humanidad. Una fe que no tenga esto en cuenta no es la fe de la Palabra.
  • Si se camina en la dirección de la nueva justicia y economía, “surgirá tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía” (v.10). Es decir, la justicia basada en la dignidad y la economía de inclusión son la base de una sociedad luminosa, distinta, hermana. Estos son los grandes “dogmas” de quien da fe a la Palabra.

 

  1. 2.   Derivaciones espirituales

 

  • La necesaria conmoción: No nos referimos a una conmoción sensiblera, a flor de piel, pasajera, olvidadiza, lamentatoria pero ineficaz. No, es la conmoción de quien mira desconcertado, herido, concernido, implicado, en el silencio de la verdad de lo humano. Nuestro bienestar nos hace perder el sentido de conmoción social y económica. Nuestro no tener problemas con la justicia y nuestro armario y nuestro frigo bien abastecidos nos hace de epidermis dura, no hay quien nos taladre. Conmoverse desde los adentros es el motor de los procesos de amparo humano (como sucede al samaritano en Lc 10,33). 
  • La conciencia aislada: La evidencia de los desvalores (antivalores, contravalores) es tan contundente que negarla sería propio de quien cierra los ojos sobre la realidad. Todo un cúmulo de compactas y tóxicas estructuras tanto a nivel personal (la deshonestidad, la arrogancia, el odio) como social (la corrupción, el desprecio al frágil, la des-socialización).

¿De dónde brotan estos desvalores para hacerse tan presentes en el caminar humano. Quizá tenga razón Husserl cuando habla de “la conciencia aislada” entendiéndola como una realidad que “no tiene verdad, por lo que tiende hacia el objeto por la tendencia del deseo. Necesita el objeto para realizarse pero la realización del deseo es la eliminación del objeto con lo que la evidencia del objeto del deseo se derrumba”. En esa definición filosófica se encierra una simple verdad existencial: quien vive en la conciencia aislada está desligado de los demás, alejado de la relacionalidad, instalado en un egoísmo estructural de difícil reorientación. Con palabras más asequibles lo dice el papa Francisco: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien” (EG 2). Esa conciencia aislada es, como decimos, el origen de los desvalores. Estos pueden llegar a ámbitos sociales de universalidad con lo que su potencial destructivo resulta inmenso.

  • Estremecidos por la desigualdad: Percibir la desigualdad es relativamente fácil. No hay más que acudir a cualquier informe, bien de rango nacional o internacional. Pero “ver” la desigualdad es otra cosa. Hay que “salir” para verla, para entrar en contacto con ella. Y luego, percibir si esa desigualdad va entrando en nuestra casa, en nuestra persona, o se queda fuera.
  • Abrirse a la “carne” del hermano: Porque el problema está en la “carne”, en la carnalidad de las personas. Si ese problema no encuentra solución es muy difícil dar paso a preguntas de otro calado. Las preguntas esenciales no son las teológicas o las científicas. Son las preguntas de la carne: ¿dónde y qué comen, cómo se asean, dónde duermen, quién los sana, dónde defecan, etc.? Y luego vienen las otras: ¿quién los ama, cómo lloran y quién les consuela, qué sueñan, quién o qué les sostiene, etc.? Y más adentro ¿cómo creen, cómo trascienden lo concreto, a quién rezan, etc.?

 

  1. 3.   Lectura subrayada

 

Lo inaceptable:

  • Es inaceptable que la vida de un ser humano tenga menos valor que una supuesta seguridad o impermeabilidad de las fronteras de un estado. Es inaceptable que una decisión política vaya llenando de sepulturas un camino que los pobres recorren con la fuerza de una esperanza.
  • Es inaceptable que mercancías y capitales gocen de más derechos que los pobres para entrar en un país. Es inaceptable que las políticas migratorias de los llamados países desarrollados, ignoren a los empobrecidos de la tierra, vulneren sus derechos fundamentales, y se conviertan en el caldo de cultivo necesario para que se multiplique en los caminos de los emigrantes el poder de las mafias que los explotan.
  • Es inaceptable que se reclamen fronteras impermeables para los pacíficos de la tierra, y se toleren permeables para el dinero de la corrupción, para el turismo sexual, para la trata de personas, para el comercio de armas. Es inaceptable que una política inhumana de fronteras obligue a las fuerzas del orden a cargar la vida entera con la memoria de muertes que nunca quisieron causar.
  • Es inaceptable que el mundo político no tenga una palabra creíble que dar y una mano firme que ofrecer a los excluidos de una vida digna. Es inaceptable que a los fallecidos en las fronteras se les haga culpables, primero de su miseria, y luego de su muerte. Ellos no son agresores: han sido agredidos desde que sus corazones empezaron a latir al sur del Sahara, hasta que se paran para siempre, antes en nuestra indiferencia que en nuestras fronteras.
  • Es inaceptable que el negrero de ayer perviva en los gobiernos que hoy vuelven a encadenar la libertad de los africanos, supeditándola a los mismos intereses y al mismo poder opresor.

(Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger)

 

  1. 4.   Actividad en sala

 

  • Se habla con quien se tenga a derecha y a izquierda sobre este punto: Subraya una idea del lo explicado que te parezca interesante?
  • Se van comentando las ideas.

 

 

II

CALDEROS COMUNES

(Zac 14,20-21)

 

  1. 1.   Texto

 

20“Aquel día los cascabeles de los caballos llevarán escrito: Consagrado al Señor. Los calderos del templo serán como los aspersorios del altar. 21Todos los calderos de Jerusalén y de Judá estarán consagrados al Señor. Los que vengan a ofrecer sacrificios los usarán para guisar en ellos. Y ya no habrá más mercaderes en el Templo del Señor Todopoderoso en aquel día”.

 

  • Este pertenece al “segundo Zacarías”, más utópico, soñador, en el extremo de la profecía. De ahí esas series inacabables de oráculos “aquel día”. El autor tiene una fe explícita en Dios como Señor de la historia: las maravillas que dicen que hizo antaño, las seguirá haciendo hogaño. Desde esa confianza plantea la utopía de un mundo nuevo. Quizá por esto, Zacarías II es el más citado en el NT, porque creían que lo de Jesús visibilizaba el sueño del visionario Zacarías. Palabras para utópicos que sueñan con otra realidad, con otra justicia, con otra humanidad.
  • Los versos que proponemos son, justamente, los dos últimos, el postrer oráculo de “aquel día”. Estos oráculos mezclan la apocalíptica, la profecía, la visión y, sobre todo, el anhelo de una realidad distinta. A veces, como en Daniel o el mismo Apocalipsis, la visión es vindicativa, a costa de los enemigos. En Zacarías es más benigna, más social, más ecológica incluso.
  • Hay un cierto talante secular cuando Zacarías equipara la santidad de los aspersorios del altar con la de los calderos del Templo que se usaban para guisar la comida de quienes trabajaban en el lugar y de quienes peregrinaban. Tan santo era el culto como el cubrir las necesidades humanas. Jesús romperá definitivamente la frontera entre lo sacro y lo profano (Mt 15,11). Habría que tener una visión salvífica, humanizadora, englobante, de lo social y de lo religioso frenando el sacralismo exagerado.
  • Eran “ollas comunes” al amparo de la institución religiosa. La preocupación de que quien se acerca a lo sagrado ha de tener sus necesidades cubiertas. Y que las necesidades humanas son tan sagradas como las necesidades de la fe. Y que eso ha de estar enmarcado en lo común, en aquello en lo que pueden participar todos, en lo no elitista. Todos los que “vengan a ofrecer sacrificios” podrán comer en ellas; no hace falta que cada uno traiga lo suyo. Es el misterio del compartir que Jesús consagrará en relatos como el de la multiplicación de los panes (Jn 6,1ss).
  • Y de ahí lo innecesario de que haya mercaderes en el Templo. Asentada la espiritualidad sobre las necesidades comunes cubiertas y sobre el compartir básico, se alejan todas las tentaciones de lucro, de privatización y de explotación. Jesús, que arrojó a los mercaderes del templo lo propuso de manera contundente (Jn 2,13-22).

 

  1. 2.   Derivaciones espirituales

 

  • ¿Una fe sin utopías?: Si la experiencia creyente no alberga utopías (por ejemplo, la de la justicia para todos, la de la necesidad saciada para todos) se termina hallando en la religión un modo de instalación, de aquietamiento, de parálisis en suma. Si la utopía anida en la experiencia creyente, ésta puede convertirse no solamente en motor de cambio social, sino también en dinámica renovadora, desinstaladora, del hecho religioso.
  • Soñar un mundo de necesidades cubiertas: Creerlo posible, desearlo, defenderlo sin dar un paso atrás. Para todos, no solamente para una parte del planeta. Creerlo como derecho, no como limosna que se otorga generosamente. Percibir lo que los modos de vida de quienes tienen más que lo que necesitan influyen en quienes no tienen aún lo que les es necesario. Análisis y compromiso.
  • Valoración de lo común: Frente a la tendencia a creer que lo privado funciona mejor, que tiene otra fuerza, otra calidad. Creer en la fuerza de lo común, y estar atentos a los peligros de lo individual, la economía de exclusión. Para ello, librarse de la autorreferencialidad, personal y social. Salir al ámbito de lo público con amor.
  • Entrar en el misterio del compartir: Algo más que la mera práctica de la ayuda puntal. Creer que en el compartir hay un dinamismo transformador del hecho humano y cósmico. Creer en ello para que creer al Evangelio y superar la paradoja de creer en Dios no dando fe a los mecanismos evangélicos.
  • Abandonar posiciones de lucro, de élite, de privatización: Porque desde ahí, hablar de decrecimiento es hablar de algo imposible. Discernir los aspectos institucionales que, recibiendo el amparo de la legalidad, se sitúan en esos ámbitos de superioridad. Huir de la conciencia de moralidad superior para sentirse hermanado con quien busca y anhela un estado de cosas distinto.

 

  1. 3.   Lectura subrayada

 

El Retorno de las "Ollas Comunes" y la "Economía de la Solidaridad"

 

El aumento de los comedores solidarios, las cajas de alimentos y de ollas comunes son soluciones obligadas para quienes ya no les alcanza el dinero para satisfacer sus necesidades básicas por su propia cuenta. Es la otra cara de la crisis económica, la cara más dura. Parroquias, fundaciones, universidades y organizaciones de diversa índole ayudan a personas que han perdido su fuente de ingresos, a los nuevos desempleados que ya ascienden a alrededor del 13% en Santiago, según datos de la Universidad de Chile.

El número de comensales y beneficiarios de las organizaciones sin fines de lucro indudablemente ha aumentado junto al desempleo, al mismo que tiempo que la crisis económica ha llevado a los donantes a disminuir sus aportes en dinero, alimentos, remedios o vestuario. 

Las organizaciones privadas de beneficencia, entre enero y abril de este año ya atendieron a la misma cantidad de personas que en todo 2008 y han notado un aumento de hombres que piden asistencia social, especialmente desempleados de la construcción y del sur del país. 

"No sólo estamos atendiendo a los más pobres, sino que hoy también ayudamos a los que debido a su cesantía pasan a ser vulnerables y ese grupo ha ido en aumento", explica Marta Grez, subdirectora de Caritas Santiago. 

También las iniciativas para la búsqueda de empleo han aumentado. Por ejemplo en la parroquia Nuestra Señora del Carmen del Salto, desde hace 6 años, 13 voluntarios dedican dos días a la semana a encontrar empleo a los vecinos cesantes de Recoleta. 

La historia de las Ollas Comunes, comedores comunitarios, organizaciones colectivas de consumidores no es nueva. "A partir de 1870 comienzan a aparecer en los diarios descripciones del hambre desoladora que atacaba a los indios como consecuencia de la guerra", de acuerdo a Bengoa. Aparecieron las primeras ollas comunes, que volverían a organizarse durante la crisis del 1930, y el retorno de los trabajadores del salitre del norte. Miles de obreros que volvían con lo puesto a Santiago. 

La historia reciente de nuestro país está llena de personas que trabajan juntas para producir lo que necesitan, que comparten bienes y servicios para satisfacer sus necesidades comunes, que colaboran unos con otros para desarrollar sus comunidades locales y generar formas de consumo comunitario. Esto es lo que Luis Razeto denominaría la “Economía de Solidaridad”. 

Es interesante conocer el origen de la "economía de la solidaridad", que emerge en el año 1981, porque es uno de los pocos conceptos que llegan a formar parte de una ciencia, y que se incorpora a la enseñanza social de la Iglesia, habiendo nacido del mundo popular, en nuestro país. Surge de las reflexiones e intercambios de experiencias de una serie de organizaciones con diferentes nombres: "talleres solidarios", "ollas comunes", "comedores populares", "comprando juntos", "centros de servicio a la comunidad", "instituciones de apoyo y servicio", etc. 

Lo interesante de estas organizaciones de Economía de la Solidaridad es que se potencian justamente por la fuerza de la solidaridad. Y, en este sentido, aunque para algunos parezca insólito, la solidaridad es una fuerza económica, un factor de alta eficiencia y productividad.  En tiempos de crisis económica las personas se reorganizan en función a tareas de asistencia para cubrir las necesidades básicas; se constituyen con sus familias, amigos y vecinos para transformarse en grupos de consumidores con mayor poder de negociación en pro de mejores precios de compra; los grupos sociales se reorganizan para apoyar la satisfacción de necesidades básicas de los que lo están pasando mal. Este y otros ejemplos asumen los grupos más afectados en tiempos de crisis económica que, según Vittorio Corbo, no hay ninguna evidencia de que haya tocado fondo aún. 

Mahia Saracostti Schwartzman 

Jueves, 21 de Mayo 2009

 

  1. 4.   Actividad en sala
  • Personalmente se toma la explicación del texto bíblico de Zacarías y se formula una pregunta sobre él.
  • Se hace la pregunta en voz alta.

 

III

EL JUBILEO

(Lev 25,8-19.23-55?

  1. 1.   Texto


                8Contarás siete semanas de años, siete veces siete años; de modo que el tiempo de las siete semanas de años vendrá a sumar cuarenta y nueve años. 9Entonces en el mes séptimo, el diez del mes, harás resonar clamor de trompetas; en el día de la Expiación haréis resonar el cuerno por toda vuestra tierra. 10Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada cual regresará a su familia. 11Este año cincuenta será para vosotros un jubileo: no sembraréis, ni segaréis los rebrotes, ni vendimiaréis la viña que ha quedado sin podar, 12porque es el jubileo, que será sagrado para vosotros. Comeréis lo que el campo dé de sí. 13En este año jubilar recobraréis cada uno vuestra propiedad. 14Si vendéis algo a vuestro prójimo o le compráis algo, ved que nadie dañe a su hermano. 15Comprarás a tu prójimo atendiendo el número de años que siguen al jubileo; y según el número de los años de cosecha, él te fijará el precio de venta: 16a mayor número de años, mayor precio cobrarás; cuantos menos años queden, tanto menor será su precio, porque lo que él te vende es el número de cosechas. 17Ninguno de vosotros dañe a su prójimo, antes bien teme a tu Dios; pues yo soy Yahveh vuestro Dios.

 

  • El jubileo comienza con el toque del jôbel, cuerno de carnero, con la que se invita a tomar conciencia de ser pecador y con ello a la penitencia para escapar de la ira divina.
  • El jubileo plantea un problema técnico en relación con el año sabático: si éste es al final de un septenario de años, el año jubilar sería el siguiente al año sabático del séptimo septenario, con lo que si se le suma el hecho de que las cosechas vienen al año de sembrarse, el pueblo estaría nada menos que tres años seguidos sin cosechar (el sabático, el jubilar y el que tarda en venir la cosecha): ¿Puede un pueblo pobre subsistir en estas condiciones?
  • El jubileo parece iniciarse en el día del gran perdón (yom hakippurîm) y proclama una gran “liberación” (deror), un año para regresar a la propiedad familiar y un año de descanso para la tierra. El corazón del jubileo es “el regreso a la propiedad y el regreso a la familia” (Lev 25,10): se trata de volver a la tierra patrimonial. Es decir, se pretende corregir las desviaciones sociales acumuladas en años por la recuperación de la integridad de la tierra patrimonial. Cree el teólogo sacerdotal que así se mostrará que Dios es el único dueño de la tierra y que el israelita no es más que el usufructuario, teniendo solo el derecho a explotarla, el usufructo.
  • Quizá piensa el autor sacerdotal que la vuelta del exilio, tras cuarenta y ocho años de condena, es el momento ideal para poner en pie esta utopía social y religiosa.
  • La legislación del jubileo concluye con una larga serie de cuestiones casuísticas que tienen como afán común el de mantener íntegro el patrimonio familiar a la vez que se tiene viva la convicción de que explotar al compatriota nunca asegurará la prosperidad.

Con matices diversos y con inflexiones propias de la época, el AT mantiene una línea bastante uniforme en su sueño social que dimanan de una mirada profunda y nueva en torno a la persona y a la realidad. Desde ahí, mucho de este sueño se convierte en profecía.

 

  1. 2.   Derivaciones espirituales

 

  • Un jubileo social: No cabe duda que el sueño social de Israel ha sido hermoso y aún lo es. Pero su gran “fallo” ha sido poner el dinamismo último de todo esto en una realidad religiosa. Así se ha mostrado que lo religioso como motor de lo social no solamente lleva a la inoperancia y a la frustración, cuando no a una fanática talibanización de las reformas sociales. Mucha de la normativa legal en torno a la desigualdad social del AT tiene, sí, una valoración nueva y profunda de la dignidad humana. Pero el absoluto es Dios, ahí está la “razón” última del comportamiento social. Esta ha sido, y sigue siendo la raíz de “fracaso” porque el absoluto último es la persona en toda la dimensión de su propia altura y dignidad. De donde se puede deducir, por contraste, que la Palabra enseña que el jubileo, para que pueda ser efectivo, ha de ser social más que religioso, histórico, más que trascendente, teniendo a la persona débil como centro ya que Dios mismo une su suerte a la persona débil. La espiritualidad del decrecimiento puede ayudarnos a poner rostro social al anhelo profético del jubileo.
  • Un jubileo peligroso: El jubileo del AT no llegó realmente nunca a ser peligroso a nivel social. Las desigualdades siguieron, al parecer, más vivas que nunca. Solamente la voz de algunos profetas fueron un peligro y el poder se encargó muy bien de acallarlas. Pero la ideología de los teóricos, la espiritualidad de los teólogos, no llegó a ser un peligro real para el poder establecido. Pues bien, hay que decir que un jubileo que no resulta peligroso no es el verdadero jubileo al que apuntaban los anhelos del AT. La espiritualidad del decrecimiento se la tiene que ver como “peligrosa”.
  • Un jubileo que experimenta la indignación: Puede parecer hoy que las teorías sociales en torno al jubileo del AT son cuestiones de escuela, pero para muchos sin duda que habrán sido de una auténtica experiencia de indignación: la indignación que causa el ver que los poderosos acumulan cada vez más tierras y los pobres no tienen donde caerse muertos, la experiencia indignante  de quien ve cómo se esquilma la tierra en una relación de amo siervo y no de fraternidad con lo creado;  la experiencia indignante y humillante de quien tiene que vender sus cosas y su persona en un último intento de sobrevivir. Es imposible pensar en un jubileo social sin haber dicho alguna vez ¡basta ya!, sin haberse plantado ante el poder, sin haber plantado cara a situaciones inaceptables con el riesgo de que te partan esa cara. Un jubileo y una espiritualidad del decrecimiento planteados desde una sensación de bondad beatífica ante la situación tremenda de desigualdad social, mucho más lacerante hoy que hace dos mil setecientos años, no es lo que soñaron los viejos profetas de Israel.
  • Un jubileo racionalizador: El jubileo con el que sueña Israel no es un jubileo para la limosna sino para la racionalización económica. Es el viejo y moderado sueño del pobre que tiende a igualar, a hacer desaparecer un poco las estridentes diferencias que marcan la vida de las personas en todos sus detalles. Si hay algún paradigma de la sinrazón humana, junto con el de las guerras, es el de la desigualdad social, sobre todo cuando esa desigualdad proviene por simples condicionamientos históricos y sociales que uno no elige.
  • Un jubileo vigilante: Porque el jubileo en el AT brota de una actitud vigilante sobre la realidad social. La religiosidad genera, con frecuencia, un desentendimiento una irresponsabilidad ante el hecho creado, ante la historia, ante el lento caminar de lo humano. El jubileo podría ser entendido como un verdadero “observatorio” del proceder humano en materia de reparto de recursos, porque el problema de todo esto no está en la producción sino en el reparto. Erigirse en observadores de la realidad y mostrarla lo más crudamente posible cuando es injusta, ésa sería una óptima manera de enmarcar la espiritualidad del decrecimiento.
  • Un jubileo que nos hermane con la tierra: Porque ésa es otra de las grandes preocupaciones de los teólogos del AT en el asunto del jubileo. Hoy más que nunca el grito de la tierra, y hasta su silencio que es una manera de decir su herida, habría de ser escuchado por quien entiende algo de lo que es este camino nuestro. Un decrecimiento que celebre la hermandad con la tierra, la certeza de que vamos en la misma barca, que nos une una indudable comunidad de destino.

 

  1. 3.   Lectura subrayada

 

“El pobre ocupa un lugar epistemológico central, es decir, el pobre constituye el lugar a partir del cual se intenta pensar el concepto de Dios, de Cristo, de la gracia, de la historia, de la misión de las iglesias, el sentido de la economía, de la política y el futuro de las sociedades y del ser humano. Partiendo de la perspectiva del pobre nos damos cuenta de hasta qué punto son excluyentes las actuales sociedades y en qué medida las religiones y las iglesias se ven arrastradas por los intereses de los poderosos”: L. BOFF, Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres, Ed. Trotta, Madrid 20115 , p. 139.

  1. 4.   Actividad en sala

* Se comenta en grupos pequeños algo sobre la MV (Misericordiae Vultus) del papa Francisco. ¿Se conoce el documento? ¿Se podría decir algo de él?

 

IV

“La esquina de tu campo”

(Peah)

1. El texto

 

            Este tratado de La Misná versa sobre unas antiguas disposiciones a favor de los pobres: la esquina de tu campo, la rebusca y la gavilla olvidada. Es, en definitiva, vivir con menos para vivir mejor. Se trata con más amplitud lo referente a “la esquina de tu campo” en torno a la obligación de todo propietario de dejar sin recoger una esquina de su campo a favor de los pobres (Dt 24,19-21; Lev 23,22).

Peah toma en serio la causa de los pobres y mantiene una posición clara en contra de cualquier forma de favoritismo, falta de consideración, trampa o actitud negligente que afecte la ayuda a los pobres. Afirma que “quien no permita que los pobres espiguen o permita que uno lo haga y no el otro, o ayude sólo a uno de ellos (en la recolección), roba al pobre” (Peah 5, 6). El granjero también “roba” al pobre cuando coloca una cesta en el suelo para atrapar las uvas que caen de las matas para prevenir que sean clasificadas como “uvas caídas”, las cuales serían elegibles para que las tomaran los pobres (Peah 7, 3).

De igual manera, los sabios exigieron que se les diera alojamiento y comida a los pobres transeúntes. Peah insiste en esta obligación moral: “Al pobre que deambula de lugar en lugar no debe dársele una hogaza de pan por menos del valor de un dupondium cuando cuatro se’ahs cuestan una sela. Si la persona quiere pasar la noche, debe dársele para el costo de su estadía. Si se queda durante el día de reposo, debe dársele alimento para tres comidas. (Peah 8, 7a).

Siguiendo esta corriente de pensamiento, los rabinos se pronunciaron en contra de quienes pudieran aprovecharse de la generosidad de sus benefactores: “Quien tenga los recursos para dos comidas, no debe aceptar nada del comedor de beneficencia para los pobres. Si tiene para catorce alimentos, no debe aceptar ayuda del banco de ayuda pública para los pobres. Dos personas se encargan de pasar la caja de los pobres como colecta y es compartida por tres” (Peah 8, 7b). De esta manera se trata de evitar abusos al utilizarse los servicios sociales públicos. Por eso los rabinos apelan a la conciencia de los mismos pobres para que tomen la decisión correcta.

Peah 8, 7 identifica dos fuentes de asistencia a los pobres: el tamhuy y la quppah. El tamhuy era una especie de “plato de caridad”, es decir, la comida que se recogía diariamente y se distribuía por la noche a los pobres de otras poblaciones. La quppah (lit. “cesta”) era un fondo comunal para dar socorro a los pobres del pueblo, no a los pobres de otras localidades. La comida se dividía los viernes para el resto de la semana. Estos datos perecen indicar que existía un sistema bastante organizado de ayuda pública.

Finalmente, en Peah 8, 8-9 los rabinos parecen haber determinado niveles de pobreza. Para tal efecto desarrollaron algunos “criterios” a objeto de determinar quiénes eran pobres y quiénes no debían participar de Peah u otro tipo de donativos. Por ejemplo, quien tenía doscientos zuz no era elegible para optar a ninguna de las ayudas contempladas en el tratado Peah. Si la persona solo tenía doscientos zuz menos un denar, ésta sí calificaba para la ayuda. En caso de que estuviese en deuda con un acreedor o que tuviese que pagar por el contrato matrimonial de su esposa, podía también beneficiarse de Peah. En dicha circunstancia, tal persona no estaba en la obligación de vender su casa o vestidos para saldar la deuda. Quien tuviera cincuenta zuz y comerciara con esta cantidad no calificaba para la ayuda. Y quien no tuviese necesidad de la ayuda de Peah, no moriría hasta que dependiera de otros. Y quien esté en necesidad y no se beneficia de Peah, no morirá de viejo hasta tanto no ayude a otros de sus propios recursos, y de él el versículo dice: “bendito es el hombre que confía en el Eterno y el Eterno ha de ser su confianza” (Peah 8, 8-9). Los sabios también definieron “el nivel básico de pobreza” y, al hacerlo, delimitaron la elegibilidad de los beneficiarios. Los criterios son esencialmente económicos; es decir, basados en los ingresos económicos, pero también buscan minimizar algunos abusos potenciales que ciertas personas pudieran cometer, sean éstas necesitadas o no.

 

2. Derivaciones espirituales

 

  • Contra una mentalidad explotadora: Que genera muchas disfunciones en el comportamiento económico: siempre que se gane, se puede explotar. No se entiende que los recursos son agotables y que, por lo tanto, hay que establecer políticas y comportamientos de cuidado y de regulación. En definitiva, hay que luchar contra el egoísmo que justifica todo.
  • “Robar al pobre”: Una de las mayores inquidades humanas. Se puede hacer de muchas formas. De todos modos, hay que luchar contra la canalización de la indiferencia: da igual que el pobre sea expoliado o no. Es prueba máxima de inhumanidad.
  • La “conciencia del pobre”: Aunque muchas veces esté velada por su propia pobreza (material y espiritual), los pobres tienen valores, sentido de la justicia y de la equidad. Tienen activado el mecanismo de amparo entre ellos. Tienen voz (eso de “voz de los sin voz” es muy discutible). Lo que es preciso hacer es darles cancha, dejarles el ámbito social que en justicia les corresponde, no hacerlos, sin más, náufragos del bienestar.
  • Algo no logrado: Leyendo las páginas de La Misná en el tratado Peah uno ve que hay una enorme legislación para soportar (cuando no para burlar) el peso del precepto de “La esquina de tu campo” sobre todo en tiempos de pobreza (y de no pobreza). Seguramente, como el jubileo, no funcionó. ¿Por qué? Porque se quiere hacer el socorro al débil por vía de la normatividad y no por vía del amor. Y las normas nunca favorecen al débil, aunque puedan ayudarle. Lo que mueve todo es, en definitiva, el amor apasionado al débil.
  • Ampliar el nivel de la pobreza: No para abajo, ni para arriba, sino en la dirección de la igualdad. El ideal del decrecimiento no puede ser que todos seamos más pobres. Quizá tampoco que todos seamos más ricos, sino que todos seamos suficientemente iguales, con las necesidades cubiertas para vivir en dignidad.

 

3. Lectura subrayada

 

El Ayuntamiento de Sevilla amplía las multas por “rebuscar” en la basura

 

Las personas que rebuscan en los contenedores de basura podrán ser multadas con una multa de hasta 750 euros a partir del 24 de octubre de 2015 en Sevilla. Ese día entra en vigor la nueva ordenanza municipal de limpieza pública y gestión de residuos municipales, que eleva las sanciones por hurgar entre los restos. Entre las ‘Prohibiciones y deberes’ incluye explícitamente lo siguiente: “Queda prohibido extraer o rebuscar residuos una vez depositados en los contenedores” (artículo 11, punto 19).

El Ayuntamiento hispalense lleva esta cuestión al capítulo de ‘Infracciones’, especificando que tendrá la consideración de leve “la manipulación, extracción o rebusca de los residuos una vez puestos a disposición de los servicios municipales”, es decir, una vez se arrojen al contenedor. Las multas en este apartado se elevan en su cuantía máxima respecto a la anterior ordenanza, que establecía sanciones de entre 90 y 300 euros, pasando ahora a ser de entre 90 y 750 euros.

La nueva normativa aprobada por el Consistorio dirigido por el popular Juan Ignacio Zoido va más allá, terminológica y económicamente, que la aprobada en 2003, que ahora queda derogada. Entonces, el aspecto de buscar en los contenedores se encuadraba en el apartado ‘Propiedad de los residuos’, donde se establecía que “se prohíbe seleccionar y retirar para su aprovechamiento cualquier clase de material residual depositado”, incluyéndose entre las infracciones leves “la manipulación de basuras en la vía pública”.

El matiz de la ordenanza en esta cuestión, aparte de elevar las sanciones máximas, llama la atención en un momento en el que, por desgracia, cada vez es más habitual ver a personas buscando en los contenedores de basura, de Sevilla y otras ciudades, con la crisis socioeconómica encima y con índices de pobreza nunca conocidos en España.

Para el Ayuntamiento, según consta en la exposición de motivos de la nueva ordenanza, la normativa municipal viene “a regular en el ámbito jurídico descrito los servicios de limpieza viaria, recogida y gestión de los residuos municipales de la ciudad de Sevilla, adaptándolos a lo previsto en las nuevas normas, y adecuándolo a la nueva realidad social, con la finalidad de atender, en todo lo posible, las demandas sociales, y mejorar el medio ambiente de la ciudad de Sevilla y, en definitiva, la calidad de vida de la ciudadanía”.

 

4. Actividad en sala

 

  • Pensar: ¿Te resulta extraño todo esto de Peah? ¿A qué puede obedecer? ¿Tiene esto algo que ver con el decrecimiento?

 

 

V

PRIMER ICONO DE DECRECIMIENTO:

LA MUJER VIUDA (Mc 12,41-44)

 

1. El texto

 

41”Se sentó enfrente de la Sala del Tesoro y observaba cómo la gente iba echando monedas en el tesoro; muchos ricos echaban en cantidad. 42Llegó una viuda pobre y echo dos ochavos, que hacen un cuarto. 43Convocando a sus discípulos, les dijo: - Esa viuda pobre ha echado en el tesoro más que nadie, os lo aseguro. 44Porque todos han echado de lo que les sobra; ella, en cambio, sacándolo de su falta, ha echado todo lo que tenía, todos sus medios de vida”.

 

  • El Tesoro del templo es el verdadero motor: ahí está la sala de impuestos, el banco del Templo, el almacén de la leña, el matadero, la cancillería, etc. El verdadero motor no es el santo de los santos, sino el tesoro. Allí había al parecer diversos “cepillos” (sopharim”) donde se recogían las limosnas. Uno de ellos era para la ayuda a los pobres.
  • Cuando Jesús “se sienta…y observa” establece un parámetro social: se mide la fe por los comportamientos económicos. Si hay fe, tendría que importar lo económico.
  • Es lógico que muchos ricos echan en cantidad porque tienen mucho. Pero la calderilla de la mujer-viuda-pobre (múltiple desamparo) se opone al mucho de los muchos ricos. Es decir, hay que hacer una lectura no solo de las riquezas, sino del dinamismo de las pobrezas.
  • El quid de la cuestión está en la oposición “echar de lo que sobra…echar de la propia falta”. Cada postura revela la diferente perspectiva: a) echar mucho teniendo mucho indica que uno no se fía del Templo, aunque lo sostenga; b) echar de la falta significa una fe en la estructura del templo como estructura santa y una confianza, teniendo la certeza de que si se da para los pobres, para los pobres irá. No solamente hay generosidad, sino buena voluntad. La mujer, en su pobreza, no emplea la crítica como elemento de discernimiento
  • La viuda es, ciertamente, antítesis de los dirigentes, infieles a Dios por su amor al dinero. Su mayor pobreza es su generosidad sin posibilidad de discernimiento; su mayor riqueza, su confianza en la bondad de las instituciones y de las personas. En esto es modelo del reino, pero habría que completar el parámetro: no se trata solamente de ser generoso, no se trata incluso de dar el todo, sino de darlo con la certeza de que se está dando en la dirección correcta, apuntando a las causas.

 

2. Derivaciones espirituales

 

  • Lectura social del Evangelio: Casi todas las lecturas son espirituales (a veces espiritualistas). Habría que animarse a la lectura social, a hacer ver que los asuntos sociales están en el meollo de las preocupaciones de Jesús. Trabajar el tema del decrecimiento es un trabajo evangélico. Jesús lo habría hecho.
  • La fuerza que encierran las pobrezas: Porque creemos que las pobrezas son solamente debilidad y negatividad. Pero encierran el dinamismo de la justicia, del anhelo, de la pregunta. De ahí que no es tanto que haya que ayudar a los pobres, sino que es preciso hacerse eco de su situación y darles cancha en el espectro social.
  • La crítica como elemento de discernimiento: Es imprescindible en el acto de pensar y en el de colaborar. Si se hace la solidaridad sin discernimiento se pueden cometer, con toda buena voluntad, verdaderos despropósitos. La solidaridad ha de incluir el discernimiento, la evaluación, el control de los proyectos si se quiere avanzar en la dirección de un desarrollo humano.
  • Ir a las causas: No trabajar solamente el campo de los efectos. Y no solamente hay que apuntar a las causas estructurales, que también. Sino incluso en la dirección de la propia persona en cuento hace parte de las causas, del sistema imperante. La profecía, los gestos, las tomas de postura individuales son aquí muy valiosas.

 

3. Lectura subrayada

 

Por una Iglesia pobre, libre y solidaria

 

El camino hacia una Iglesia pobre y solidaria requiere múltiples esfuerzos, todos ellos orientados hacia la AUTOFINANCIACIÓN. Nuestras propuestas en el caso que nos ocupa, el de la Declaración de la Renta, se concreta en dos puntos:

A) Ante el Gobierno y el Parlamento: *ELIMINAR LAS CASILLAS DE ASIGNACIÓN TRIBUTARIA voluntaria, tanto la de la Iglesia Católica como la de “Fines sociales”.

B) A todos los ciudadanos: *NO MARCAR NINGUNA DE LAS DOS CASILLAS CITADAS en nuestra Declaración de la renta. Porque seguir usando estas casillas implica:

--Reducir una parte de nuestros impuestos, pues una parte de lo recaudado de los contribuyentes que marcan la casilla, se detrae (resta) de la bolsa común para la solidaria financiación de los Servicios Públicos que todos necesitamos: Sanidad, Educación, Dependencia, Desempleo, Infraestructuras y transportes públicos…etc.

--Aumentar la discriminación ya existente respecto a otros ciudadanos de creencias no católicas o de convicciones no religiosas

--Respaldar a la Iglesia Católica que sigue beneficiándose con más de 10.000 millones de Euros a costa de los Presupuestos del Estado, un dinero que es de todos y se concede a los católicos, privando de atención a otras necesidades comunes y de mayor urgencia.

En un momento de crisis tan grave como la que hoy vivimos, en medio de los brutales recortes que se acometen hoy contra la sanidad, la educación, la atención a los dependientes…, mantener intocable ese privilegio es una inmoralidad mayor. Así, por ej., los 900 millones que el gobierno ha suprimido de la Ayuda a la Cooperación (lucha contra la pobreza en el mundo) se podrían cubrir con los más de 1000 millones que se recaudarían si la Iglesia pagara el IBI de sus inmuebles y propiedades.

--La casilla de “fines sociales” es contradictoria con el espíritu de la democracia. Pues tales “fines sociales” no son ‘obras de caridad a cargo de ONG, sino de justicia social’. En una democracia son una cuestión de Estado, y a éste le corresponde atenderlos a través de los Presupuestos públicos, controlados por el Parlamento, no de forma opaca ni en función de la discrecionalidad de unos u otros ciudadanos.

Por todo ello, reclamamos la eliminación de las citadas casillas en el IRPF

Para los cristianos, la solidaridad radical con el necesitado y la pobreza evangélica son señas de identidad. El privilegio, el poder y las riquezas patrimoniales son contrarios al evangelio. Nuestra fidelidad al mensaje de Jesús en este terreno nos impele a seguir reclamando la Autofinanciación de la Iglesia Católica, sin recurrir a privilegios del Estado. ¡POR UNA IGLESIA POBRE, LIBRE Y SOLIDARIA!

 

Manifiesto de la Iglesia de Base de Madrid 2014

 

4. Actividad en sala

 

  • Escribe una frase sobre el tema de la Declaración de la Renta.

 

 

 

VI

SEGUNDO ICONO DE DECRECIMIENTO:

EL SAMARITANO: (Lc 10,25-37)

 

1. Texto

 

25En esto se levantó un jurista y le preguntó para ponerlo a prueba: - Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar vida definitiva? 26 Él le dijo: - ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo es eso que recitas? 27Éste contestó: - “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo” (Dt 6,5; Lv 19,18). 28Él le dijo: - Bien contestado. Haz eso y tendrás vida. 29Pero el otro, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: - Y ¿quién es mi prójimo? 30Tomando pie de la pregunta, dijo Jesús: - Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y lo asaltaron unos bandidos; lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon dejándolo medio muerto. 31Coincidió que bajaba un sacerdote por aquel camino; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 32Lo mismo hizo un clérigo que llegó a aquel sitio; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 33Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, al verlo, se conmovió, 34 se acercó a él y le vendó las heridas echándoles aceite y vino; luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. 35Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta”. 36¿Qué te parece? ¿Cuál de estos tres se hizo prójimo del que cayó en manos de los bandidos? 37El jurista contestó: - El que tuvo compasión de él. Jesús le dijo: - Pues anda, haz tú lo mismo”.

 

  • La inagotable parábola del samaritano compasivo puede ser leída desde la perspectiva del decrecimiento: uno que tiene bastante, se conmueve, y pone en marcha un mecanismo de igualación social que va más allá de la simple caridad ya que el jurista habla de “compasión”, mientras que Jesús habla de “hacerse prójimo”, de aproximar los niveles humanos y económicos.
  • Los trasfondos económicos son interesantes: a) un samaritano que atraviesa solo Judea tiene forzosamente que dedicarse a los negocios siendo raro otro motivo para andar fuera de casa; b) tiene que ser un comerciante relativamente próspero, porque lleva vino y aceite, cosas de valor en la cultura mediterránea y más en tiempos de pobreza; c) tiene cabalgadura, lo que le sitúa por encima de las clases más pobres; d) tiene dinero líquido, aunque no sea excesivo (dos denarios: un denario era un día de jornal según Mt 20,2.9; e) anda por posadas, que hay que pagar, aunque fuera un punto mal visto en la época  (Abandonan a la mujer por la noche en casa, dice el judaísmo).
  • El mecanismo de amparo que desata la conmoción tiene, así mismo, una lectura económica: vierte aceite y vino a las heridas del caído, monta en la cabalgadura, paga en la posada, promete pagar. Es decir, la “compasión” para “hacerse prójimo” ha de pasar por mecanismos económicos igualadores. No vale aducir que lo dado al herido es poco. Es suficiente para elevarlo de nivel social y existencial: de futura carroña para las fieras del desierto a persona curada.
  • Hay, en el fondo, un cambio de estatus que dibuja bien el tema de la cabalgadura: el amo a pie y el socorrido en el caballo. Se han trastocado los niveles sociales. Para hacerse prójimo se acepta el cuestionamiento de los planteamientos de estatus que hace el sistema.

 

3. Derivaciones espirituales

 

  • Una relación dinámica: La expresión evangélica “hacerse prójimo” dice que la relación no existe como cosa estática; hay que crearla por iniciativa propia, con cualquier persona, sin distinción de raza o credo. Eso ocurre con la relación en la espiritualidad del decrecimiento: es una relación que se cultiva, se trabaja, se va creando. No brota por su propio dinamismo.
  • Una idea de economía igualadora: Esa es la que está detrás del relato y del decrecimiento. En el fondo se aspira a una economía de igualdad y de equidad. No es solamente un modus vivendi personal (“vivir con menos para vivir mejor”), sino sobre todo social (“vivir sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir”). Si se carece de esta conciencia de economía igualadora, si de algún modo eso no pasa al imaginario personal, es muy difícil que esta espiritualidad cobre cuerpo en nuestra estructura de vida.
  • Hacia el nivel social de la común dignidad: La jerarquización y la estratificación social es algo casi congénito en las sociedades humanas. Pero la novedad del Evangelio no es tanto la desaparición de clases, sino la aparición de la clase de la común dignidad. Eso es lo que puede generar una economía de inclusión y de equidad que, al menos, no estratifique la sociedad hasta llevar al convencimiento de que las situaciones de desigualdad son prácticamente inamovibles.
  • El cuestionamiento de la religión aislada: El punzante “haz tú lo mismo” de Lc 10,37 está queriendo decir que la mera ideología y practica religiosas aisladas del contexto social son realidades muy cuestionables. La 1 Jn dice claramente que los comportamientos fraternos, sociales, hacen visible al rostro de Dios. Por eso, este tipo de espiritualidad puede ser una buena aliada de nuestros anhelos religiosos más profundos.

 

3. Lectura subrayada

 

«La economía de la exclusión mata»

El papa Francisco suma su voz a quienes creen que la economía del siglo XXI tiene que dar un giro radical y romper una dinámica de desigualdad impuesta por  «ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera». «Tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la desigualdad. Esa economía mata».

En su en su primera exhortación apostólica -Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio)- el papa deja claro que la actual Iglesia no le gusta, pero tampoco el mundo en el que vivimos, en el que sólo queda espacio para los más fuertes. «Cómo el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la desigualdad. Esa economía mata», resalta el papa en el documento de 142 páginas.

Según el papa, «vivimos en la idolatría del dinero» y a todo ello se añade «una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales». Tras la crisis financiera, según el papa, se encuentro «una profunda crisis antropológica que niega la primacía del ser humano y la sustituye con otros ídolos».

El papa, que recientemente ha encargado a la consultora Ernst and Young una auditoría a fondo de las cuentas del Vaticano, lamenta como mientras «las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, la de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz». «De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común», señala.

El papa se dirige a los dirigentes políticos para pedir «una reforma financiera que no ignore la ética» y que afronten «este reto condeterminación y visión de futuro».

Así, el papa se rebela a que «no sea noticia que muera de frío un anciano en la calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa”. «Eso es exclusión», exclama el papa, que denuncia con fuerza en el texto la «cultura actual del descarte».

Una cultura en la que no sólo «se tira la comida cuando hay gente que pasa hambre» sino que «considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar». «Ya no se trata simplemente del fenómeno de los excluidos o explotados, sino de considerarlos como desechos, sobrantes».

Jorge Bergoglio critica a quienes «todavía defienden las teorías que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo».

El papa lamenta como mientras «las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, la de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz». «El dinero debe servir y no gobernar», sentencia el papa, que aunque asegura que «ama a todos, ricos y pobres, tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos».

En otro de los pasajes del amplio texto, el papa considera que la política, a pesar de estar tan denigrada, «es una de las formas más importantes de la caridad». «Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la vida de los pobres», asevera.

El papa dedica un espacio a analizar la relación entre los conflictos y la pobreza y explica que «hasta que no acabe con la exclusión y la injusticia entro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia».

 

4. Actividad en sala:

 

* Pedir aclaración de algún concepto que no haya quedado suficientemente claro.

 

 

 

 

 

 

VII

ESCÁNDALO Y DISCERNIMIENTO

(Mc 9,42-48)

 

1. El texto

 

42Y a quien escandalice a uno de estos que comienzan a creer en mí, más le valdría que se colgara del cuello una piedra de molino que mueve el asno y lo echaran al mar. 43Y si tu mano te pone en peligro, córtatela. Más te vale entrar manco en la Vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se extingue. 45Y si tu pie te pone en peligro, córtatelo. Más te vale entrar cojo en la Vida que ser arrojado con los dos pies en el infierno. 47Y si tu ojo te hace escandalizar, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos en la gehena, 48donde el gusano de ellos no muere y el fuego no se extingue”.

 

            En el texto anterior, Juan ha querido impedir a “uno” que echara demonios “porque no era de nuestro grupo”. La ambición les hace ver peligros en quien se mete a hacer lo que Jesús hace, liberar. Funcionan como todo grupo humano, por el mecanismo de la ambición.

            Eso escandaliza a uno que comienza a creer, quizá a un pagano que se acerca al grupo de seguidores. No se trata de un escándalo de costumbres o de moral sexual, sino de comportamientos económicos. El que se acerca piensa que los seguidores de Jesús no funcionarán como los demás grupos sociales, que lo hacen por el motor de la ambición. Se acerca, y ve que ellos también son ambiciosos. Y se escandaliza.

            La hipérbole de la rueda de molino al cuello está indicando la enorme importancia que se da al asunto, la imposibilidad de minimizarlo o considerarlo sin valor. Es decisivo y configura la identidad del grupo de seguidores.

            Lograr erradicar la ambición, funcionar en base a la dignidad y al bien de la persona, imaginar una economía que no despierte la ambición de unos contra otros, demanda grandes discernimientos que tocan a todas las áreas de la vida personal: a) las obras, por eso hay que “cortar las manos” que hacen las obras cuando estas son obras de egoísmo y opresión; b) los caminos, por eso hay que “cortar los pies” porque con ellos hacemos nuestras sendas vitales, nuestras orientaciones; c) las ambiciones, por eso hay que “sacarse los ojos” porque en ellos está la sede de la ambición.

            Es decir, una visión de una economía alternativa demanda fuertes discernimientos que no le serán ahorrados a ningún creyente en Jesús. Como decimos, aquí se juega la verdadera identidad del seguidor, no tanto en cuestiones de adscripción religiosa.

 

2. Derivaciones espirituales

 

  • La ambición destroza el horizonte del decrecimiento: Porque ahí, en el mundo del ambicioso, no entra la situación de los demás, ni sus preocupaciones, ni sus gritos de justicia. Solamente se contempla la propia ganancia y la palabra talismán es “crecer”, aunque sea a costa de otros.
  • Una estructura inmersa en el “escándalo”: Y quizá no pueda salir de ahí. Pero siempre hay márgenes personales y grupales que puedan mantener viva la profecía de un mundo económicamente y humanamente distinto. Por eso la verdad del conforme, del que ha sucumbido al imaginario del sistema no es la única manera de enfocar la realidad.
  • Una igualdad en base a las posiciones económicas: A los planteamientos que se manejan en el fondo. Si los cristianos funcionamos como todo el mundo ¿qué aportamos de hecho al horizonte de lo humano? ¿Si no conectamos con quien, desde lados distintos a la fe, anhela otra economía, si los tratamos como “enemigos” de la sociedad, estamos realmente en el anhelo de Jesús.
  • Se puede controlar la ambición: Al menos en estratos sencillos de vida. Y una forma de hacerlo es cultivar el decrecimiento en maneras sencillas y cotidianas: cuando ambicionamos menos, y sobre todo cuando dejamos de ambicionar lo superfluo, la vida se esponja, el otro y su necesidad se hacen más presentes, los ideales afloran mejor y las utopías se mantienen por encima de argumentos que pretenden mostrar que lo que hay es lo único.

 

3. Lectura subrayada

 

Los 20 puntos centrales de la economía del Bien Común

de Christian Felber

 

1. La economía del bien común se basa en los mismos valores que hacen florecer nuestras relaciones: confianza, cooperación, aprecio, democracia, solidaridad. Según recientes investigaciones científicas conseguir buenas relaciones es la mayor fuente de motivación y felicidad de los seres humanos.

2. El marco legal económico experimenta un giro radical, cambiando las reglas del juego de afán de lucro y competencia por cooperación y contribución al bien común: Empresas que practican la cooperación serán recompensados. En cambio, el comportamiento competitivo conlleva desventajas.

3. El éxito económico no es medido por indicadores monetarios como el beneficio financiero o el BIP, sino con el balance del bien común (a nivel de empresas) y el producto del bien común (a nivel de sistema). El balance del bien común se convierte en el balance principal de todas las empresas. Cuanto más social, ecológica, democrática y solidaria sea la actividad, mejores serán los resultados del balance del bien común alcanzados. Mejorando los resultados del balance del bien común de las empresas en una economía nacional, mejorará el producto del bien común.

4. Las empresas con buenos balances del bien común disfrutarán de ventajas legales: tasas de impuestos reducidas, aranceles ventajosos, créditos baratos, privilegios en compra pública y a la hora de reparto de programas de investigación, etc. La entrada en el mercado se verá, por tanto, más favorecida para actores éticos y sus productos y servicios, que los de los no-éticos, indecentes y no ecológicos.

5. El balance financiero será el balance secundario. El beneficio financiero pasa de ser fin a ser medio. Éste sirve sólo para aumentar el ‘nuevo’ fin empresarial: Aportación al bien común. Los excedentes del balance financiero deberán utilizarse para: inversiones con plusvalía social y ecológica, devolución de créditos, depósitos en reservas limitadas, bonificación a los empleados de forma restringida, así como créditos sin intereses a empresas cooperadoras. No se utilizarán los excedentes para bonificar a personas que no trabajan en la empresa, adquisición hostil de otras empresas, inversión en mercados financieros (éstos dejarán de existir), o aportaciones a partidos políticos. En contrapartida, el impuesto sobre el beneficio empresarial será eliminado.

6. Como el beneficio financiero es ahora un medio, y deja de ser un fin, las empresas pueden esforzarse hacia su tamaño óptimo. No tienen que temer ser adquiridas, o sentirse obligadas a crecer para ser más grandes, más fuertes o con mayores beneficios. Todas las empresas están liberadas de la coerción de crecer y tragar.

7. Existiendo la posibilidad de aspirar sin miedo al tamaño óptimo, habrá muchas empresas pequeñas en todas las ramas. Como no tienen que crecer más, les será más fácil cooperar y practicar la solidaridad. Se pueden ayudar mutuamente con conocimientos, tecnología, encargos, personal o créditos sin interés. Serán recompensadas con resultados del balance del bien común positivos. Las empresas van formando una red de aprendizaje solidaria, la economía se transforma en un sistema win-win.

8. Las diferencias de ingresos y patrimonios serán limitadas: Ingresos máximos de por ejemplo 20 veces el salario mínimo. Propiedades que no excederán p. ej. los 10 millones de euros, el derecho de cesión y herencia, 500.000 euros por persona, en empresas familiares a 10 millones de euros por hijo. El excedente sobre estos límites serán repartidos a través de un “fondo de generaciones” como “Dote democrático” a las siguientes generaciones: igualdad de capital inicial significa mayor igualdad de oportunidades. (Los márgenes exactos deberán ser definidos democráticamente en una asamblea económica.)

9. En grandes empresas a partir de un elevado numero de empleados (por ejemplo, más de 250) los derechos de decisión y propiedad pasan parcial y progresivamente a los empleados y ciudadanos. La población podrá ser representada directamente a través de “parlamentos económicos regionales”. El gobierno no posee derecho decisorio o de intervención en empresas publicas.

10. Esto es igualmente válido para los bienes democráticos, la tercera categoría de propiedad, junto a una mayoría de pequeños y medianos empresarios y grandes empresas de propiedad mixta. Por bienes democráticos entendemos instituciones económicas públicas en campos de enseñanza, salud, acción social, movilidad, energía, o comunicación: la infraestructura básica.

11. Un bien democrático importante es el banco democrático. Éste sirve, como todas las empresas, al bien común y, como todos ellos, controlado por la ciudadanía soberana y no por el gobierno. Sus servicios consisten en depósitos de ahorro garantizados, cuentas corrientes gratuitas, créditos de interés reducido y créditos de riesgo com plusvalía social y ecológica. El Estado se financia primordialmente a través de créditos sin interés del Banco Central. El Banco Central obtiene el derecho exclusivo de la creación de dinero y efectúa las transacciones de capitales internacionales para impedir evasión fiscal. Los mercados financieros en la forma actual ya no existen.

12. Siguiendo la propuesta de John Maynard Keynes del 1944, se establece una cooperación monetaria global a base de una unidad de calculación (p. ej. “globo”, “terra”) para el comercio international. A nivel local, monedas regionales pueden complementar la moneda nacional. Para protegerse de la competencia injusta, la UE inicia una zona de comercio justo (Zona del Bien Común) con estándardes harmonizados o con tarifas aduaneras correlacionadas con el resultado del BBC de la empresa productora. A largo plazo, la meta es una Zona del Bien Común en la ONU.

13. A la naturaleza se le concede un valor propio por lo cual no puede transformarse en propiedad privada. Quien necesite un pedazo de tierra para vivir, agricultura o comercio, se le cede una superficie limitada de forma gratuita o pagando una tasa de utilización. El uso de la tierra está condicionado a criterios ecológicos y al uso concreto. Esto será el final de la especulación inmobiliaria, el “landgrabbing” (apropriación de grandes superficies por multinacionales u otros países) y el latifundismo. En contrapartida, se anula el impuesto sobre el terreno.

14. El crecimiento económico deja de ser un fin. Un nuevo objetivo será la reducción de la huella ecológica de personas privadas, empresas y naciones, hacia un nivel globalmente sostenible y justo. El imperativo categórico de Kant será extendido a la dimensión ecológica. Nuestra libertad de elegir un estilo de vida determinado encuentra su fin cuando limita la libertad de otros de elegir el mismo estilo de vida o por lo menos llevar und vida en dignidad. Personas privadas y empresas serán incentivadas para medir su huella ecológica y reducirla a un nivel globalmente sostenible y justo.

15. El horario de trabajo retribuido se verá reducido escalonadamente hacia la marca, deseada por mayoría de 30 a 33 horas semanales. De este modo queda tiempo libre para otros tres campos de trabajo de gran importancia: trabajo de relaciones y cuidados (niños, enfermos, ancianos), trabajo de crecimiento personal (desarrollo de la personalidad, arte, jardín, ocio), trabajo en la política y actividades públicas. Como consecuencia de este reparto más equilibrado entre las distintas actividades, el estilo de vida se hará más suficiente, menos consumidor, y más sostenible.

16. Cada décimo año en la profesión es un “año sabático” que será financiado a través de un salario mínimo incondicional. Las personas pueden hacer en este tiempo lo que quieran. Esta medida descarga el mercado de trabajo en un diez por ciento de la tasa de desempleo en la Unión Europea.

17. La democracia representativa será completada por la democracia directa y la democracia participativa. La ciudadanía soberana debería poder controlar y corregir su representación, decretar leyes por si misma, modificar la constitución y poder controlar las infraestructuras de abastecimiento: ferrocarril, energía, agua, correos, bancos. En una democracia real son idénticos los intereses de los representantes y los de la ciudadanía soberana. Requisitos para ello son derechos constitucionales de co-legislar y de controlar por parte de la ciudadanía soberana.

18. Todos los puntos angulares deberán madurarse a través de discusiones intensas en un amplio proceso de bases, antes de que se conviertan en leyes elaboradas por una asamblea económica directamente elegida; su resultado se votará democráticamente por la ciudadanía soberana. Lo que sea aceptado, se introducirá en la constitución y sólo podrá volverse a cambiar con el respaldo de la ciudadanía soberana. Aparte de la asamblea económica del bien común puede haber otras convenciones para profundizar la democracia: asamblea para la educación, asamblea para los medios de comunicación o una asamblea para el desarrollo de la democracia.

19. Para afianzar en los niños los valores de la economía del bien común y poderlos practicar, el sistema de educación debería estar orientado igualmente hacia el bien común. Esto requiere otra forma de enseñanza y otros contenidos, como por ejemplo: emocionología, ética, comunicación, educación democrática, experiencia de la naturaleza y sensibilización corporal.

20. Debido a que en la economía del bien común, el éxito empresarial posee un significado muy diferente al que actualmente recibe, se demandan otras competencias de gestión. Las empresas ya no buscan a los gerentes más duros y ejecutivos de la “eficiencia cuantitativa”, sino a los más responsables y socialmente competentes, los más empáticos y sensibles que consideran la codeterminación como una oportunidad y un beneficio para todos.

La economía del bien común no es ni el mejor de los modelos económicos ni el final de una historia, sólo el paso siguiente hacia un futuro más sostenible, justo y democrático. Se trata de un proceso participativo, de desarrollo abierto que busca sinergia en procesos similares como: economía solidaria, economía social, movimiento de bienes comunes, economía del postcrecimiento o democracia económica. Juntando sus esfuerzos, una gran cantidad de personas y actores son capaces de crear algo fundamentalmente nuevo. La implementación de la visión requiere motivación intrínseca y autorresponsabilidad, incentivos económicos, un orden político-legal coherente, así como concienciación. Todas las personas, empresas y comunidades están invitadas a participar en la reconstrucción de la economía hacia el bien común.

 

4. Actividad en sala

 

  • ¿Te parece que hemos hecho una lectura correcta, mínimamente entendible, de Mc 9,42-47?

 

 

VIII

DECRECER COMPARTIENDO

(Jn 6,1ss)

 

1. El texto

 

4”Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los Judíos. 5Jesús levantó los ojos y, al ver que una gran multitud se le acercaba, se dirigió a Felipe: -¿Con qué podríamos comprar pan para que coman estos? 6(Lo decía para ponerlo a prueba, pues él ya sabía lo que iba a hacer). 7Felipe le contestó: -Doscientos denarios de plata no bastarían para que a cada uno le tocase un pedazo. 8Uno de los discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: 9-Hay aquí un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es eso para tantos? 10Jesús les dijo: -Haced que esos hombres se recuesten. Había mucha hierba en el lugar. Se recostaron aquellos hombres, adultos, que eran unos cinco mil. 11Jesús tomó los panes, pronunció una acción de gracias y se puso a repartirlos a los que estaban acostados, y pescado igual, todo lo que querían. 12Cuando quedaron satisfechos dijo a sus discípulos: -Recoged los trozos que han sobrado, que nada se eche a perder. 13Los recogieron y llenaron doce cestos con trozos de los cinco panes de cebada, que habían sobrado a los que habían comido”.

 

Hemos superado ya hace tiempo la lectura historicista de este signo creyendo que, por el poder de una bendición, salían incontables panes del cesto. El envoltorio narrativo que ya nos era conocido por 2 Re 4,42-44, ha de ser superado y hay que apuntar a la ideología, al mensaje.

El problema que plantea el texto es cómo pasar de una economía de pobreza a otra de necesidades satisfechas (el reino de Dios es un reino de necesidades satisfechas y, por lo tanto, de igualdad y equidad). El primer paso es estar dispuesto a compartir lo que se tiene no siendo obstáculo la pobreza (cinco panes “de cebada” y dos “pececillos” en salmuera).

Es que la teoría del compartir sobre la base del todo no siendo obstáculo la pobreza desplaza el problema de lugar: la pregunta no es si Dios puede socorrernos o no, sino si nosotros estamos dispuestos a abrir el zurrón o no. Cuando un “empobrecido” (un muchacho) está dispuesto a poner sobre la mesa lo que tiene, pueden “sentarse”, empieza el mecanismo del compartir.

Ese acto del compartir sobre la base del todo sin ser obstáculo la pobreza viene a ser como una “eucaristía”, el fondo de la eucaristía. De ahí, el uso de los “verbos eucarísticos”: tomó…pronunció…repartió. Que haya sobras abundantes deja ver que el mecanismo funciona: la preocupación por el otro, la organización de los recursos dejando fuera el ánimo del lucro (base del decrecimiento) lleva a la “abundancia”, a que llegue a sobrar.

Los mecanismos económicos lo confirman tanto a nivel de macroeconomía (informes de la FAO) como de microeconomía (socorros cercanos). Lo que hay que mirar no es la “ingenuidad” del argumento, sino si funciona o no. Y este, funciona.

 

2. Derivaciones espirituales

 

  • La peor forma de leer relatos de milagros: Es aquella que no se despega de la historia. Y la peor forma de entender a Jesús (de hecho en el documento Q no hay relatos de milagros). Es preciso ir al fondo, racionalizarlos y espiritualizarlos para sacarles el sentido. De lo contrario su empobrecimiento los vuelve inservibles.
  • Contra el egoísmo y la indiferencia esenciales: Esos que están en el fondo de la estructura humana. Uno lleva a la otra. Son los grandes obstáculos para construir una economía del compartir, un estilo de vida distinta. La evidencia de que hay personas e instituciones que luchan contra esta lacra, habría de animarnos a sumarnos decididamente a tales esfuerzos.
  • Remedio contra el hambre: Todos los organismos internacionales dicen que hoy estamos en condiciones reales de poder superar el hambre (800 millones de personas lo padecen). Para ello se habla de una equitativa redistribución de los recursos. Eso es primordial. Pero la espiritualidad del decrecimiento puede ser más eficaz que las donaciones, porque lleva en su entraña la dignidad de toda persona y el derecho a las necesidades saciadas.
  • Con arraigo antropológico: Ese es el tipo de espiritualidad cristiana que habrá que ir construyendo: aquel que transforma las estructuras personales y sociales, no solamente la que socorre puntualmente. Por tanto, una eucaristía en la espiritualidad del decrecimiento es aquella que lleva en su entraña la justicia (“sin justicia no hay eucaristía”, decía hace muchos años J. M. Castillo).
  • La abundancia frugal: Así es la que postulan muchos ideólogos del decrecimiento (Latouche, Rahbi). Es un oxímoron, pero tiene su anhelo: se trata de que se pueda vivir en la “abundancia” de una seguridad económica básica, acompañándola de una frugalidad que controle los desmanes de quien derrocha. Esto es lo que el decrecimiento postula.

 

3. Lectura subrayada

 

Joan Antoni Melé, subdirector del Triodos Bank y autor del libro Dinero y Conciencia. A quién sirve tu dinero, analiza con RTVE.es el papel que juega la felicidad en la escena económica y cómo influye la satisfacción personal en la crisis financiera actual.

 

Pregunta: ¿Podemos medir la felicidad desde un punto de vista económico como hace el reino de Bután con su índice de Felicidad Interior Bruta (FIB)?

Respuesta: No conozco exactamente la forma de medirlo, pero lo que sí es importante es que la economía deje de ser tanto matemáticas y cálculo, como ha sido hasta ahora, y empiece a ser algo humano que es lo que tiene que ser.

Para mí ese es el gran problema. La economía siempre se ha basado en números, en beneficios, en costes, y la economía es la relación entre los seres humanos, nuestro trabajo y el planeta que nos da sustento. Todo lo que hemos hecho hasta ahora nos ha llevado al borde de la destrucción medioambiental y humana. En estos momentos, la mitad del planeta, más de tres mil millones, está en situación de pobreza.

Cualquier iniciativa que quiera llevar la economía al ámbito humano me parece bien. Está bien que se quiera enfocar en base a la felicidad en sentido de bienestar humano y no en base al beneficio económico.

P: Existen algunos estudios científicos que demuestran que el dinero no da la felicidad, ¿qué opinión le merece esta afirmación?

R: Hay unos umbrales. Cuando uno es pobre, tener el mínimo de dinero para sobrevivir evidentemente que da la felicidad, permite sobrevivir. Pero una vez cubiertas las necesidades básicas que pueda necesitar una persona -alimento y vivienda-, el resto es cierto que el dinero no lo da. Al contrario, cuanto más dinero se tiene peor. Con el dinero aparece el miedo, la codicia, el ansia de poder, y al final esto se apodera de la persona y la gente no es feliz.

En las civilizaciones que conocemos más ricas es donde hay más malestar, la gente está con tratamiento psicológico, con coaching, con pastillas para tranquilizarse. Tiene que haber unos mínimos, un nivel razonables de ingresos para vivir, pero superado ese umbral, el resto supone solo malestar.

P: ¿Cómo podríamos cambiar esta tendencia?

R: El ser humano tiene varios ámbitos. Por un lado, está el material porque necesitamos alimento, ropa. En un segundo nivel está el amor, todos necesitamos cariño, darlo y recibirlo. Pero luego hay un tercer nivel, más superior, llámelo espiritual si quiere, en el que el ser humano necesita entender un poco qué sentido le da a su vida y cultivarla.

Esté ámbito es el que hemos dejado abandonado. Yo digo que estamos 'anoréxicos de vida espiritual'. Todo lo hemos basado en el consumo y esto nos hace ser profundamente desgraciados.

Hay que dedicar un tiempo a cultivar esta parte superior. Hay quien hace yoga, medita, a quien lee, ahí no me voy a meter, pero hay que dedicarle un tiempo. Ésto realmente a la larga da un estado interior de paz, de tranquilidad y felicidad porque que te permite ir encontrando un sentido a tu vida. Si lo basas todo en el consumo, no hay salida, da igual que puedas comprar de todo en unos grandes almacenes, sigues igual de desgraciado que el día anterior.

P: ¿Cómo se podría cambiar la cultura dominante de consumo en la que vivimos?

R: Habría que cambiar la educación que damos a los niños. Se les está inculcando en la idea de que tiene que estudiar que si no tiene una carrera no se ganara bien la vida y ya le vamos metiendo el miedo en el cuerpo. No es esto. Un niño tiene que estudiar y tiene que viajar mucho, tiene que conocer para saber que tiene dentro, cuál es su vocación, que quiere hacer en esta vida y que sentido le quiere dar.

Cuando yo era pequeño me decían que tenía que estudiar para el día de mañana ser un hombre de provecho. No es lo mismo ser un hombre de provecho, decir que harás algo que servirá par la sociedad, que ganarte la vida inculcando el egoísmo. Habría que empezar a cambiar la educación, educar en valores.

El mensaje es: descubre quién eres, qué capacidades tienes, qué puedes tú aportar al mundo. Cuando hacemos algo que es útil es cuando nos sentimos felices en esta vida. No se trata de tener mucho dinero, por que en la cuenta corriente da igual que tengas cien mil euros que cien millones. ¿Qué más vas a comprar? ¿Qué te hace falta?

En cambio, descubriendo un potencial interior que además es inacabable, puedes ir desarrollándote más como persona, ésto es con lo que realmente uno se siente bien. En los últimos años cada vez hay más gente en esta búsqueda, pero aun hay una resistencia, se quiere mantener un sistema económico.

P: ¿Cree que sería interesante que el producto Interior Bruto (PIB) incorporara la 'felicidad' como un indicador más?

R: Está bien que se haga esto, que se conciencie a la sociedad. Debemos a ir a otra dirección más humana y más solidaria. No podemos ser felices si hay tanta gente a nuestro alrededor que está mal, hay que ir compartiendo un sentimiento más de comunidad.

Hasta ahora cada uno se ha preocupado de lo suyo y los demás no importaba. A la larga vemos que si hacemos ésto estamos todos mal. Que un Gobierno tome la iniciativa, como el reino de Bután, es bueno, está difundiendo otra visión para empezar a cambiar las cosas.

P: ¿Puede entonces ser útil para los Gobiernos contra con un indicador como el FIB?

R: No se si es tanto una cuestión del Gobierno. Creo que ya es hora de que los ciudadanos empecemos a decir lo que pensamos y a ser coherentes con nuestras ideas.

No se trata de que los gobiernos tomen grandes decisiones y salven a los países, sino que es la sociedad civil la que tiene que empezar a implicarse y a ser coherente. Es cosa de todos. Estará bien que los gobiernos colaboren y marquen pautas, pero el mundo lo tenemos que cambiar entre todos, es una tarea de todos. No va a ser fácil, porque hemos caído en muchas rutinas pero también es cierto que ya hay miles de personas que lo están haciendo.

4. Actividad en sala

 

  • Pensar un momento: ¿Vamos viendo que la Palabra reflexionada puede ayudar a construir una base ideológica de la espiritualidad del decrecimiento?

 

 

IX

LA COMUNIDAD ESTÁ VIVA CUANDO ELLA ALIMENTA EL DECRECIMIENTO

(Hech 9,36-42)

 

1. El texto

 

36En Jafa había cierta discípula de nombre Tabita, que traducido significa Gacela, colmada de obras buenas y, en particular, de las limosnas que hacía. 37Sucedió que, por aquellos mismos días, cayó enferma y murió; la lavaron y la pusieron en la sala de arriba. 38Como Lida está cerca de Jafa, al enterarse los discípulos de que Pedro estaba allí, enviaron a dos hombres que le suplicaron: - No tardes en venir hasta nosotros. 39Pedro se fue con ellos al momento. Cuando llegó, lo llevaron a la sala de arriba y se le presentaron todas las viudas, mostrándole con lágrimas en los ojos los vestidos y mantos que hacía Gacela cuando estaba con ellas. 40Pedro mandó salir fuera a todos, y, de rodillas, se puso a orar. Se volvió hacia el cuerpo y dijo: - Tabita, levántate. Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. 41Él le dio la mano, la levantó y, llamando a los consagrados y a las viudas, se la presentó viva. 42El hecho fue notorio en toda Jafa, y muchos creyeron en el Señor.

 

            El texto es la tercera parte del tríptico de personajes que han elaborado la gestación de la nueva comunidad cristiana: Felipe, Saulo y Pedro. De esta manera Hech describe no solo cuál era la situación de las comunidades primeras, sino qué elementos han de trabajar para que toda comunidad cristiana sea una realidad viva.

            Tabita es exponente de la vitalidad que la comunidad de Jafa tenía otrora. Esa vitalidad ha desaparecido, ha muerto. Las limosnas que hacía son el centro de su actividad solidaria. Es decir, nos situamos en un plano de socorro económico, con comportamientos próximos al decrecimiento: rebajar el nivel de uno para que aumente el del otro. Economía de la subsidiaridad, equidad e inclusión. Todo eso se ha venido a pique en la comunidad. Ha perdido su sentido cristiano, su orientación evangélica.

            Pero la subsidiaridad no ha bastado para evitar la muerte (todas las religiones hacen obras de caridad, más o menos). Se necesita otro elemento que el animador de la comunidad, Pedro, tiene que aportar pronto (“no tardes”…”al momento”). El desamparo de la comunidad es enorme: no hay comunidad si no hay solidaridad encauzada por la orientación evangélica.

Pedro restablece la situación con “una resurrección”, al modo de Jesús (Mc 5,41). Es una resurrección no solamente de la persona, sino del principio solidaridad y de equidad (como el hijo de la viuda Sarepta, 1 Re 17,17-24), o de la Sunamita, 2 Re 4,8-37). La comunidad vuelve a revivir cuando se instala desde el dinamismo de la resurrección, la entrega máxima, el principio de solidaridad.

 Con ello se consagra el mecanismo del decrecimiento como motor de la solidaridad, equidad e inclusión. Cuando este mecanismo funciona, hay comunidad cristiana. Si no funciona, no la hay.

 

            2. Derivaciones espirituales

 

  • La solidaridad en el núcleo de la fe: No como una consecuencia de la fe, sino en el núcleo: la medida de tu solidaridad da la medida de tu fe. Desde esta mística habría que animar a que todo cristiano tuviera en su vida corriente esa dimensión solidaria para verificar la verdad de la propia fe.
  • Resucitar la comunidad por la solidaridad: Cuando se pretende dar con caminos innovadores para la fe. En ese sentido, las espiritualidades económicas actuales (el decrecimiento, el bien común, la sobriedad feliz, la abundancia frugal, etc.) pueden mostrar caminos reales de vivencia nueva de la solidaridad. Pretender revitalizar las comunidades solamente por la doctrina es quedarse corto.
  • Limosnas o desarrollo: Ya vamos aprendiendo que el camino a seguir en temas de solidaridad es el desarrollo. Pero hay que ser cauto para ver si, bajo el paraguas de una espiritualidad del desarrollo (las ONG religiosas, por ejemplo) se sigue practicando un modo limosnario más moderno. Es decir, no se haría nada con cambiar los métodos si no se ha cambiado la mentalidad.
  • La búsqueda equilibrada entre evangelización y solidaridad: En muchas comunidades cristianas estos dos elementos están hoy descompensados: una gran inversión en evangelización (sacramentos, catequesis, liturgia, etc.) y una menor inversión en temas sociales (sensibilización, práctica).

 

3. Lectura subrayada: EG 53-54

 

No a una economía de la exclusión

 

53. Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».

54. En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera.

 

4. Actividad en sala

 

  • ¿Cómo está organizada la solidaridad en la parroquia a la que perteneces?

 

 

X

LAS EXIGENCIAS DE LA IGUALACIÓN

(2 Cor 8,7-15)

 

  1. 1.   Texto

 

7”Tenéis abundancia de todo; de fe, de dones de la palabra, de conocimiento, de empeño para todo y de ese amor vuestro por mí: pues que sea también abundante vuestro donativo. 8No es que lo mande; os hablo del empeño que ponen otros por comprobar si vuestra caridad es genuina; 9porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor, Jesús Mesías: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. 10En este asunto doy sólo un consejo; os viene muy bien, pues hace ya un año que tomasteis la iniciativa, no sólo en la ejecución, sino en el propósito; terminad ahora la ejecución, 11de modo que el término corresponda a la buena ejecución del propósito; según vuestros medios, 12pues donde hay buena voluntad se la acepta con lo que tenga, sin pedir imposibles. 13No se trata de aliviar a otros pasando vosotros estrecheces, sino que, por exigencia de la igualdad, 14en el momento actual vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen, para que un día, la abundancia de ellos remedie vuestra falta, y así haya igualdad, 15como dice la Escritura: “Al que recogía mucho no le sobraba y al que recogía poco no le faltaba” (Ex 16,18).

 

Pablo organizó en las comunidades de Grecia una gran colecta a favor de los pobres de Jerusalén. El siglo I tuvo episodios de hambruna en Israel. Según Gal 2,10 la solidaridad con los pobres de Jerusalén fue la única prueba tangible de la “ortodoxia” de Pablo. Él puso mucho interés en este asunto. Según el final de Hechos, él mismo llevó la colecta en propias manos, lo que le granjeó muchos disgustos (Hech 21).

Las comunidades de Macedonia eran pobres y pidieron a Pablo insistentemente participar en la colecta. Pablo se lo recuerda a los de Corinto, que gozan de mejor posición económica (2 Cor 8,1-6). El equilibrio económico no depende únicamente de los bienes que se tienen, sino de la actitud de fondo a la hora de compartir.

Según Pablo, quien tiene abundancia ha de ser generoso en la igualación porque en tal caso no hay razón para racanear. Más aún: la generosidad verifica la calidad de la fe. Un fe rácana, es una fe de mala calidad. Y el argumento de fondo es claro: Jesús se ha empobrecido para sacar adelante a toda persona. Si se quiere seguir a ese Jesús “empobrecido” a favor de otros, habrá que repetir el mismo comportamiento.

Para Pablo, hay que terminar bien lo comenzado. No se trata de establecer cuotas, sino que, partiendo de la buena voluntad, se sea generoso para ver que merece la pena trabajar el equilibrio económico. Porque “no se trata de aliviar a otros pasando vosotros necesidad”, sino de igualar para remediar la falta que los pobres tienen. Y ello “por exigencias de la igualdad”, que es lo mismo que decir que por exigencias del Evangelio, ya que éste es un texto de igualdad, de fraternidad.

Pablo dice que no se sabe qué vueltas van a dar las cosas. Quizá un día cambien las tornas y sean ellos quienes tengan que socorrer a los corintios. El viejo texto de Ex 16,18 es un texto de igualación (hacer obra de igualdad). La solidaridad se impone a quien quiera ser seguidor de Jesús y ella pasa por un trabajo de igualación.

 

  1. 2.   Derivaciones espirituales

 

  • Igualación, más que igualdad: Porque podemos hablar mucho de igualdad, pero de lo que se trata en definitiva es de poner los mecanismos pertinentes para que la obra de igualdad surja. Se trata de pasar de la igualdad pensada a la igualdad vivida. Esta segunda es la que cuenta, por sencilla que sea la aportación real al mundo de la igualdad.
  • Una actitud de fondo: Porque es cierto que la obra de igualación ha de tener cauces concretos. Pero depende de una actitud de fondo, aquella que entiende, anhela, sueña y trabaja para el logro de un mundo más humano. Y eso toca de lleno la igualación económica. Cambiar de mirada, moldear el corazón, llenarlo de humano es absolutamente imprescindible para que broten mecanismos de igualación y se mantengan estables.
  • La calidad de la fe: Lo hemos indicado en textos anteriores, se mide por la solidaridad, no tanto por el componente ideológico o por la adscripción religiosa. De ahí que el baremo para calcular el vigor de la comunidad cristiana sea el del anhelo de igualdad, para la cual el decrecimiento es una herramienta espiritual y económica de primera magnitud.
  • El decrecimiento, bien para todos: Para quien recibe la ayuda, para quien la da; para quien ajusta sus modos económicos de vida y para quien acoge la ayuda necesaria para su desarrollo. Para la misma sociedad en general. Son espiritualidades saludables para construir el caminos de humanización del que estamos muy necesitados.

 

  1. 3.   Lectura subrayada

 

Los Objetivos del Milenio son la demostración de que el conjunto de los seres humanos podemos ponernos de acuerdo para fijar las metas que precisan inmediatas soluciones. Mujeres y hombres de todas las edades y condición se encuentran en estos momentos aportando todas sus capacidades para afrontar los graves problemas que padecemos. Parten de la idea de que otro mundo es posible, de que todos y todas somos responsables en la aldea global, de que desde cualquier lugar del mundo, por muy escondido y remoto que se encuentre, existe un espacio para la acción, la solidaridad y la justicia. Iniciativas como las que las organizaciones de la Plataforma 2015 han puesto en marcha nos demuestran que es posible cumplir, con la voluntad de todos y todas, las metas que nos hemos propuesto. No se trata, por tanto, de esperar que otros actúen. Se trata de sumarnos, de conocer, de saber, de escuchar y de actuar. Lo que ocurre a miles de kilómetros de distancia nos concierne. Lo que hacemos en nuestro entorno repercute a miles de kilómetros. Pensar globalmente, actuar localmente se ha convertido en un deber ético individual y universal

¿Tiene todo esto que ver con el discernimiento que la VR ha de hacer ante el mundo de las pobrezas? Si dijéramos que no habría que pensar que estamos viviendo nuestras opciones evangélicas desconectados de la realidad, lo que cuestionaría esa misma opción. Efectivamente, la teología más tradicional de la VR nos dice que ésta es anuncio de las realidades futuras. Una de esas realidades futuras es la fraternidad plena en el banquete del Reino, el gran sueño de Jesús. ¿Cómo vamos a anunciar esa hermosa realidad hoy si no nos inquieta la evidente exclusión de enormes sectores del planeta de ese banquete de la vida que es una existencia digna? ¿Cómo la VR va a ser significativa en nuestro mundo de hoy si las grandes lacras que sufre la humanidad no la inquietan vivamente? Por eso, con humildad y deseo, aprendamos de la profecía que nos viene de las organizaciones humanitarias que sueñan con un mundo más igualitario. Leamos sus planteamientos en torno a las duras situaciones de pobreza de grandes sectores de la humanidad. Asumamos la espiritualidad del decrecimiento como un cauce real para recrear la espiritualidad de la pobreza. Creamos en la posibilidad de humildes respuestas colectivas que se unan al caudal, cada vez más ancho, de quienes suman esfuerzos para el logro de un mundo más justo y más humano. Esto, no lo dudemos, tiene que ver directamente con la espiritualidad de la pobreza. En verdad, nuestros objetivos son sus derechos. Sólo por esto, ya merecería la pena entrar a considerarlos con interés.

 

  1. 4.   Actividad en sala
  • Hacer una sencilla evaluación del Curso terminado. Aspectos positivos, aspectos a mejorar.

 

Conclusión

         Ya se dijo al comienzo de este Curso que pedir una conexión directa de la espiritualidad del decrecimiento con la Biblia era demasiado pretencioso y fuera de lugar. Pero no se puede negar que las semillas de espiritualidad humanizadora sembradas en el fondo de los textos bíblicos nos puede ayudar mucho a contribuir a un cimiento ideológico y espiritual que haga posible en la Vida Religiosa la acogida y la práctica del decrecimiento.

            Más aún: nos preguntamos si este camino no será una estupenda manera de actualizar la espiritualidad y el voto de pobreza de manera que pueda ser creíble en la sociedad. De hoy. Nos preguntamos, así mismo, si no será una manera óptima de poner rostro al seguimiento de Jesús en nuestros días.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Madrid 2016