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Señales para tener vida

SEÑALES PARA TENER VIDA

Una lectura social de los signos del Evangelio de Juan

 

 

            Durante casi una década hemos podido desarrollar, de diversas maneras, en nuestro ámbito de docencia en la Facultad de Teología del Norte de España (Sede Vitoria) un trabajo, creemos que provechoso, de lectura social del NT. Que hayamos podido hacerlo sin ninguna clase de trabas y con el apoyo explícito de sus autoridades académicas es algo reseñable.

            Este trabajo lo hemos desarrollado en una serie ya larga de publicaciones[1] y en otra serie de cursos para el grado de licenciatura que han contado, casi todos los años, con un nutrido grupo de alumnos/as[2]. Quizá esta haya sido nuestra mayor contribución a la vida académica de la Facultad, además del callado trabajo de los cursos propios del currículo teológico y de los diferentes grados.

            Creemos que una Facultad puede animar el trabajo creativo de los docentes no solamente “permitiendo” que uno de ellos desarrolle una línea de trabajo, sino también apoyándole en las publicaciones y ofreciéndole incentivos que vayan en consonancia con el trabajo realizado. Uno de los evidentes signos de vitalidad de una Facultad es la investigación de los docentes que se aleja de la mera repetición de los cursos, tentación perenne por más que el tratado de Bolonia espolee para la actualización.

            En la historia de una Facultad son piedras vivas estos trabajos de los profesores. De ellos se nutre no solamente el alumnado, sino la misma Iglesia diocesana en la que radica el Centro. Permítasenos colaborar en esta efemérides con una nueva contribución sobre una lectura social de los signos del Evangelio de Juan 

            Básicamente estamos de acuerdo con la intuiciones ideológicas de J. Shelby Spong sobre los relatos de milagros: le forma más cuestionable de acercarse a ellos es tomarlos por simples narraciones históricas[3]. Es verdad que, tanto desde el punto de vista bíblico como dogmático, las narraciones de milagros plantean muchas cuestiones abiertas. Pero desde el paradigma posnewtoniano y desde perspectivas como las de la física cuántica es preciso intentar lecturas nuevas que abran a otras posibilidades[4].

            Creemos que la lectura social, con su doble preocupación activada, la lectura profundizada del texto y el latido de los dinamismos sociales, puede ser una puerta abierta, así como la lectura desde paradigmas antropológicos, tanto de la antropología cultural del siglo I[5], como desde la actual antropología[6].

            Siempre hemos defendido en estas páginas que las diversas perspectivas de lectura puede ser confluyentes. A fuer de sinceros, hay que decir que, en este tema de los milagros, la confluencia de una lectura historicista y la de otra social se hace problemática, aunque no la terminemos de descartar. Pero es mejor poner las cartas sobre la mesa.

            De cualquier manera, como en todo texto del NT, hay que trabajar denodadamente la búsqueda de sentido. Si se hace este trabajo sin segundas intenciones, con el saludable y creyente deseo de dar con el Mensaje que subyace en el subsuelo de los textos, es imposible que una tal lectura pueda ser nociva para el hecho creyente. Con esta certeza proponemos estas páginas sobre los siete signos del Evangelio de Juan.

            Raramente los comentarios al cuarto evangelio toman los derroteros de una lectura social. Todo lo más se centran en consideraciones políticas sobre el tema del proceso de Jesús en su pasión[7]. Por eso creemos que una perspectiva como la de la lectura social puede resultar novedosa e iluminadora.

            Dice Jn 20,31 que los signos de Juan se han escrito “para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y con esta fe tengáis vida gracias a él” (Hina pisteusête hoti ho Iêsous estin ho Khristos ho huios tou Theou kai hina pisteuontes zôên ejête en tô onomati autou). Esta finalidad ha de marcar cualquier lectura del texto que se propugne. Si una tal lectura no llegara a vivificar la adhesión a Jesús, habría fallado en su intención más básica.

 

A. LECTURA BÍBLICA

 

1. El signo de lo alternativo (Jn 2,1-12)

 

            De salida, es preciso superar dos perspectivas de lectura: la historicista y la sacramentalista. La primera trata el texto como una historia ocurrida a Jesús y su familia. Más allá de cualquier posibilidad, esa lectura es estrecha e improductiva de cara al Mensaje. La segunda es una evidente anacronismo difícil de sustentar[8]. Hay que intentar alguna otra variable de sentido.

            El marco esponsal , es apropiado para hablar de cambios de una alternatividad que proviene de la adhesión, del amor. Efectivamente, el amor será el motor para tomar una postura alternativa. No se plantea esto por razones ideológicas, sino por los ignotos caminos del corazón. La invitación a la boda a Jesús y a sus discípulos genera el mejor marco posible para la alternatividad (“Hubo una boda en Caná de Galilea”: Gamos egeneto en Kana tês Galilaias: v. 1).

            La primera parte del diálogo entre “la madre” (Hê mêtêr) y Jesús desvela la dificultad inicial para situarse en planos de comprensión equivalente. El modismo “¿Quién te mete a ti en esto, mujer?” (Ti emoi kai soi gynai: v.4) está indicando la diferencia de plano de los actantes: la mujer entiende desde el mesianismo potente, Jesús desde la entrega del reino que es un camino de alternatividad[9].

La madre y lo que representa, el Israel fiel que quiere dar un paso hacia la nueva comunidad, tiene hartas dificultades para entender los mecanismos del reino como cambio de adhesión, como alternatividad. Lo entiende en los modos mesianistas de la potencia, modos que afianzan la vieja adhesión pero que no abren a otras posibilidades [10]. De ahí que la propuesta de la mujer “a los sirvientes” (Tois diakonois), cae en el vacío como apuntando a otra expectativa.

El paso a lo alternativo ha de darse cayendo en la cuenta de qué es aquello que se quiere abandonar, la vieja adhesión. En ese sentido, el v.6 es paradigmático: encierra en un verso “tallado” todo lo que para el cuarto Evangelio supone la vieja adhesión, la alianza primera desde la que es preciso desplazarse hacia la nueva comunidad.

Efectivamente, la metáfora de las tinajas vacías refleja esa realidad que ha quedado superada por la propuesta del reino. Se trata de una realidad fija, estática, inamovible, incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos: “Estaban allí colocadas”, clavadas, estáticas, inamovibles (Êsan de ekei)[11]. Eran tinajas “de piedra” (Lithinai), que tienen que ver, idiomáticamente incluso, con las realidades expresadas en una Ley inscrita en las “losas de piedra”[12]. Es una realidad destinada “a la purificación de los Judíos” (Kata ton katharismon tôn ioudaiôn). Lo bueno de la purificación es, sin duda, el acercarse a Dios en condiciones de máxima pureza ritual. Pero la debilidad histórica demuestra que la persona es falible y debe recurrir constantemente al rito de purificación. Es decir, las tinajas pueden purificar, pero no solucionan la situación de la conexión con lo divino de raíz. O sea, purifican, pero no salvan. Además, la purificación está en manos de los Judíos, de los dirigentes[13]; ellos controlan y manipulan la realidad religiosa. Dios ha perdido el “control” sobre los mecanismos religiosos. Estos, se apropian de Dios. Por otra parte, la enorme capacidad de las tinajas (Metrêtas duo ê treis cada una: unos seiscientos litros en total) está sugiriendo, con una cierta ironía, la ineficacia del viejo dinamismo: demasiada agua para un rito purificatorio que no consigue nada[14]. Y además, como se deduce del v.7, están vacías. Estatismo, vieja alianza, ineficacia, manipulación, inutilidad,  vacío, etc…, estos son los ingredientes que mezcla la comprensión que de la vieja adhesión tiene el cuarto Evangelio. No solamente por razones históricas, sino incluso literarias, se extrema la situación que se quiere abandonar para llenar de más sentido la nueva propuesta que se propone.

Esa nueva perspectiva viene depara por “el vino de calidad guardado hasta ahora” (Ton kalon oinon heôs arti). El vino tiene una importancia decisiva como referente microcósmico en la antropología bíblica: simboliza la amistad compartida, el gozo participado, la alegría multiplicada. Y de ahí, la realidad de lo nuevo, el horizonte inesperado, la novedad que surge imparable, la utopía tocada con las puntas de los dedos. Todo eso está encarnado en el vino que es Jesús, Mesías guardado hasta ahora [15]. Por eso la alternativa a las “tinajas”, a la alianza primera, es “el vino”, la realidad del Jesús que suscita vida, alegría y esperanza.

Tres personajes comienzan el itinerario nuevo de adhesión: los sirvientes que “habían sacado el agua” (Hoi êntlêkotes to hydôr: v.9), el maestresala que testifica ente “llamando al novio” (Phônei to nymphion: v.9) y los discípulos que “le dieron su adhesión” (Episteusan eis auton hoi mathêtai autou: v.11). El verdadero signo no es el agua cambiada en vino sino el cambio de adhesión que abre las posibilidades de una época nueva de la historia. Es el milagro de la posibilidad de un cambio de adhesión, una alternatividad que abre a la esperanza, un situarse ante la realidad con el lenguaje de lo nuevo.

 

2. El signo de reconstruir personas: Jn 4,46b-54

 

            Considerar los milagros como signos de poder, generar posiciones dogmáticas en base a tal poder es, probablemente, errar profundamente en la interpretación de los signos joánicos. No son señales de poder, sino signos de vida, signos que apuntan a la génesis y comprensión de un nuevo estilo de vida. Si tal preocupación no surge de la interpretación, posiblemente estamos equivocados en la orientación.

            En este signo hay que considerar las marcas del dinamismo narrativo. Ellas nos indican la posible ruta a seguir en la interpretación. Está, en primer lugar, la marca del personaje del funcionario real, verdadero replicante del personaje Jesús. Este comienza siendo un “funcionario real” (Basilikos), descrito por su función social y política, no por alguna de sus componentes personales. La propuesta de curación la hace desde su ser padre (“que curase a su hijo”: Kai iasêtai autou ton huion), pero sigue siendo funcionario (v.49). Mientras no se baje a otro nivel de mayor profundidad antropológica es difícil plantear un signo como señal de vida. Es por eso que, una vez recibido el mensaje del signo (“ponte en camino”: Poreuou: v.50), el funcionario pasa a ser un “hombre” (“se fió el hombre”: Kai episteusen ho anthrôpos: v.50). Es el hombre quien se pone en camino, quien acepta la posibilidad de una fe activa para él como signo de vida (queda desplazado el acento de significación de lo meramente narrativo, el enfermo, a lo humano). Cuando el hombre comprueba la eficacia del planteamiento de vida de Jesús, que si entras en el dinamismo del seguimiento, lo más tuyo, el ser padre, vive, el funcionario-hombre deviene “padre”  (“Cayó en la cuenta el padre”: Egnô oun ho patêr:  v.53), persona rehecha, reconstruida. Es decir: la propuesta de Jesús, el seguimiento, es un dinamismo que reconstruye lo más vivo de la persona. El verdadero signo no es que el niño salga de las garras de la muerte, sino que la persona (tipificada como padre), si acepta la propuesta de Jesús y entra en su dinamismo (“Se puso en camino”: Kai eporeueto) termina viviendo[16]. El signo de un dinamismo para la vida. El seguimiento es un dinamismo que da vida, que engendra espiritualidad.

            Una segunda marca es la correspondiente al niño enfermo. Es un “hijo” (Huios: vv.46b.47) que en la boca de padre y en su paradigma inicial es un “chiquillo” (Paidios: v.49). Indica afecto y dominio, cariño y sobreprotección, amor y dependencia. En boca de Jesús es un “hijo” (Huios: v.50). Los criados lo conceptúan como un “chico” (Pais: v.51). Al final termina siendo de nuevo un “hijo” (Huios : v.53). El dinamismo de un seguimiento activo lleva a abandonar posiciones de dependencia envueltas en afecto para dejar a la persona en toda la talla de su dimensión humana (como “hijo”), más allá y por encima de toda limitación. Los dinamismos del seguimiento construyen la persona del débil, además de la persona del padre.

            Finalmente, la otra marca de actantes del relato es el coro de personajes que envuelven a los actores principales. Hay un coro de un componente un tanto implícito en el plural “veáis” del v.48 (Idête). Es el marco de una cierta hostilidad. O, si se prefiere, aquellos que quieren signos maravillosos, no planteamientos implicativos de vida. Otro conjunto son los “siervos” (Hoi douloi : v.51) que significan los proclives a una cierta aceptación de los dinamismos reconstructores del reino. Y, luego está “la familia”, la casa (Hê oikia: v.53) que tipifica a quienes han entrado de modo comunitario en la propuesta de Jesús. Es decir, el grupo en torno al padre hace un itinerario de reconstrucción hasta llegar a ser familia, buena relación, constructo humano. Ellos también dejan ver que salen beneficiados de la aceptación del dinamismo humanizador de la propuesta de Jesús.

            Lo que se está manejando aquí es el gran signo de reconstruir personas, grupos humanos. El dinamismo de la propuesta de Jesús tiene la fuerza para poner en pie el gran “milagro” de que vaya brotando la persona nueva, los frágiles integrados, las relaciones comunitarias de contenido humano, el gran sueño de “la ciudad de los seres humanos”, de la que hablaban los monjes del desierto. Un dinamismo, el del reino, para la profunda humanización.

 

3. La posibilidad de un señorío histórico: Jn 5,1-9a

 

            Tras la guerra del 70, las instituciones judías estaban bajo mínimos. Por eso, la crítica que el EvJn hace a las mismas, al Templo sobre todo, tiene una gran carga significativa; se cuestiona no tanto el Templo de Jerusalén y sus mecanismos, sino la mentalidad religiosa que pretende hacer de una institución caduca la mediación necesaria para la experiencia creyente. Para entender desde un lado social el signo del pueblo enfermo y del inválido que camina de Jn 5,1ss se precisa tal telón de fondo. La evidencia de la confrontación queda marcada desde el v.1: “los Judíos” (Hoi Ioudaôi), que son los dueños de la ciudad, por un lado y “Jesús que sube a Jerusalén” por otro (Kai anebê Iêsous eis Hierosolyma: v.1).

            Así es; al situar el relato en la piscina que esta “junto a la puerta de las Ovejas” (Epi tê probatikê: v.2) estamos en los aledaños del Templo, a su sombra, en su radio de influencia. Una puerta construida por el sumo sacerdote y sus parientes[17]. Un lugar donde no se genera la vida porque ahí “yacía una muchedumbre” (Katekeito plêthos: v.3). Todos los detalles narrativos (la elipsis “Ovejera”, la conexión “ovejas-muchedumbre”, el “foso” como separación de la ciudad, etc.) empujan en la dirección de una imposibilidad: esa muchedumbre permanente es el evidente fracaso del Templo, su mediación no sirve para dar salud, sigue produciendo gente sometida que espera lo que nunca va a ocurrir[18].

            Se individualiza el problema del sometimiento a la estructuras en uno de los sometidos: “un hombre que llevaba allí treinta y ocho años con su enfermedad” (Ên de tis anthrôpos ekei triakontaokto etê ekhôn en tê astheneia autou: v.5). Esclavo de su enfermedad, sometido a ella. La enfermedad es la dueña, la señora de su vida. Todo está ordenado desde ella, hasta la creencia de que se puede salir de ella en una mediación que no solamente no le aporta nada sino que quita el horizonte de su vida.  Una vida entera sin futuro[19]. Una persona que da fe a una ideología que no le aporta nada, atrapado en un mecanismo sociorreligioso que no le saca del nicho asignado: enfermo. Sometido y sumiso, esclavizado y sostenedor del sistema que lo esclaviza. Cada día de cada año que va a la piscina ratifica su condición de sometido y santifica al sistema que lo excluye.

            La pregunta motiva el signo[20]. La locución “¿Quieres ponerte sano?” (Theleis hygiês genesthai: v.6) tiene un alcance amplio considerando el contexto: la cuestión no es la mera salud física, sino la salud social y religiosa. Se demanda si se quiere pasar a otra alternativa, vista la ineficacia de la oficial. Se pregunta, al rescoldo de libertad que anida en toda persona, si se quiere, todavía, empezar otro camino, creer que es posible adueñarse de la pobre existencia de un marginal para devenir dueño de sí mismo, «capitán de su alma»[21]. La respuesta del marginal corrobora la profunda soledad existencial que no llega a tocar ni de lejos la institución ineficaz: “no tengo un hombre” (Anthrôpon ouk ekhô: v.7). La institución oficial no es mediación de humanidad, camino único para el enseñoramiento de la propia vida.

            Jn 5,8 es un verso muy bien construido. Recurre a la técnica de la intensificación de los verbos. Éstos, efectivamente, al concitar la acción de la oración, admiten muchos matices de intensificación que aportan sentidos matizados y nuevos, más incluso que la intensificación de adjetivos y adverbios. En ese caso, la expresión “Levántate” (Egeirai) está aludiendo a una especie de “resurrección”, un estilo de vida nuevo, algo radicalmente impensable hasta ahora, una vida “sana” como se dirá luego (Egeneto hygiês: v.9b). La locución “carga con tu camilla” (Aron ton krabatton) alude a la posibilidad de liberación, al señorío de que sea la persona la que lleve la camilla y no al revés como hasta ahora, además de que se conculque la norma de la institución que dice que no se pueden transportar cosas por el recinto del Templo en día de fiesta[22]. Y la frase “echa a andar” (Periepatei) alude al echar a andar que propicia el seguimiento, el andar de una vida nueva, el nuevo caminar, la nueva senda de vida lejos del sistema.

            Es decir, se está dibujando el perfil de la persona que logra, in extremis, escapar de la opresión del sistema socioreligioso y da con un camino de señorío personal que le facilita la propuesta de Jesús. Ese va a ser el verdadero signo: la adquisición de tal señorío, por imposible que parezca. La inmediatez y corroboración del v.9b lo deja claramente expresado “Inmediatamente se puso sano el hombre, cargó con su camilla y echó a andar” (Kai eytheôs egeneto hygiês ho anthrôpos, êren ton krabatton autou kai periepatei: v.9b). La tesis es clara: si se opta por la liberación de Jesús, si se “anda” con él, y se encara la opresión del sistema tipificado en “la camilla” cargada al hombro, brota la persona “sana”, señora de sí misma, no dependiente de mediaciones que son, a la larga, una soga al cuello. La hermosa posibilidad de señorío más allá de toda limitación.

 

4. El signo del compartir desde la pobreza: Jn 6,1-13

 

            De entrada hay que decir que la lectura de este texto se hace cada día más desde perspectivas sociales. El historicismo con el que se ha enfocado siempre el relato ha dejado paso, quizá por influencia de la secularización o del mero sentido común, a una lectura de tipo más social[23]. La evidencia de que los valores sociales y económicos, entendidos en sentido amplio, son telón de fondo de muchos pasajes evangélicos queda aquí confirmada una vez más.

            Este relato figura en los cuatro evangelios (Mt y Mc lo narran dos veces) y tiene como antecesor veterotestamentario a 2 Re 4,42-44, lo que da ya una idea de cómo construyen los relatos los autores del NT. Un modo posible de abordarlo con cierta novedad sería la racionalización de la narración. No se trata, simplemente, de seguir la huella de la narración, sino de racionalizarla desde la posición del lector. No hay que olvidar que él es parte principal, gestor del hecho de lectura.

Comienza la narración planteando un escenario peculiar: geográficamente se sitúa “al otro lado del mar de Galilea” (Peran tês thalassês tês Galilaias: v.1). Estamos en territorio pagano. La propuesta de nueva economía que se va a hacer no está supeditada a marcos religiosos, sino que se dirige a cualquier persona. Y, si se apura el sentido de la narración, más a no religiosos que a éstos, ya que aquellos son más libres para dar un tipo de adhesión que no demanda fe en Dios, sino fe en la sociedad y sus dinamismos[24].  Además, subraya el texto que la causa de que haya un alto número de seguidores es porque “percibían las señales que realizaba con los enfermos” (Hoti heôrôn autou ta sêmeia ha epoiei epi tôn asthenountôn: v.2). Es por causa de la bondad básica, esencial, por lo que Jesús atrae. Ese mismo parámetro ha de regir la propuesta de una economía del compartir: es una economía sanante, curativa, para el hecho humano. La mención del “monte” (Oros) y el hecho de “estar sentado allí con sus discípulos” (Kai ekei ekathêto meta tôn mathetôn autou: v.3), puede querer apuntar hacia un tipo de enseñanza no religiosa (que era la de la época), no ceñida a las autoridades consagradas[25]. Es la enseñanza que se dirige al corazón de la persona, al sentido del hecho social. Una enseñanza con arraigo antropológico. Es también un planteamiento enfrentado a “la Pascua, la fiesta de los Judíos” (Ên de eggys to paskha, hê heortê tôn Ioudaiôn: v.4) y su economía propia, economía del lucro[26].

El planteamiento de fondo del signo es cómo pasar de una situación de escasez a otra de abundancia, qué mecanismos económicos utilizar. La escasez alimentaria es síntoma de cualquier otra escasez; es primordial, ya que si la persona no come, sencillamente se muere[27].  La escasez se vuelca sobre una pregunta esencial para la economía del lucro: “¿Con qué podríamos comprar pan?” (Pothen agorasomen artous: v.5). Esta economía se pregunta siempre sobre los mecanismos externos al hecho económico, como si tales mecanismos podrían suplir la responsabilidad personal ante la economía. La glosa del v.6 indica que hay otros horizontes posibles más allá del “¿Con qué?” (Pothen). La respuesta de Felipe, racional desde el punto de vista de la economía del lucro, lleva a un callejón sin salida[28].

La propuesta de solución viene por el lado más inesperado, por el de la pobreza. La economía del lucro piensa que los pobres son el problema, mientras que la economía del compartir los considera como parte de la solución[29]. De ahí que la propuesta sobre la economía del compartir arranca de la decisión de un pobre, un “chiquillo” (Paidarion) que está dispuesto a poner sobre la mesa los bienes de su pobreza, “cinco panes de cebada y dos peces” (Pente artous krithinous kai duo opsaria)[30]. La gran excusa de la economía del lucro es la pobreza. La economía del compartir pasa por encima de ella y sitúa el tema en la raíz de la persona y su voluntad de participar con lo suyo en el proceso económico. Aquí radica el contenido del signo, no en que salgan panes del cesto por la acción mágica de Jesús, sino que un pobre se sienta empujado a ser parte activa de un problema económico. Cuando eso sucede, la economía del compartir comienza a activarse. A partir de aquí se suscitan los grandes valores de la economía del compartir, la libertad[31] y la abundancia[32]. He ahí el signo.

La corroboración del mecanismo desencadenado queda de manifiesto en la acción de Jesús que “reparte” (Diedôken: vv.11a) y por la saciedad, “todo lo que querían” (Hoson êthelon: v.11b), de la concurrencia. Es la certeza de que un dinamismo económico tan simple funciona. Porque eso es lo que habrá que comprobar: no tanto la complejidad del mecanismo, sino su funcionamiento[33].

La comprobación final sobre lo que sobra, “doce cestos” (Dôdeka kophinous: v.13), indica que la economía del compartir genera abundancia entre los empobrecidos y, con ello, en la misma sociedad. En dar fe a esta clase de dinamismos estriba la fe en el Evangelio necesaria para una fe centrada en la experiencia de Jesús[34].

 

5. El signo de la superación de la diferencia exacerbada: Jn 6,16-21

 

            Una lectura meramente historicista deja a esta relato sin utilidad espiritual y, de alguna forma, expuesto al ridículo. Una lectura más “teofánica” abriría otro camino de más posibilidades espirituales[35]. Pero conectando bien el texto con la narración joánica se accede a otras posibilidades de lectura.

            Efectivamente. Ocurre en Jn algo que lo diferencia de los sinópticos. Éstos narran la marcha sobre el lago unida al signo de la multiplicación de los panes, pero tanto Mt como Mc (Lc no lo reporta) lo colocan en tierra de Israel (Mt 14,23b-33; Mc 6,47-52)[36]. Es decir, el texto tiene que ver con los paganos, con la Decápolis que es desde donde, en Jn, se dirigen a Cafarnaún[37]. Y, por supuesto, tiene que ver con la multiplicación de los panes o, más en concreto, con el tema de “hacerlo rey” (Hina poiêsôsin auton basileia :v.15). Este marco narrativo condiciona decisivamente la interpretación.

            Las marcas del relato son los elementos constitutivos de la lectura. La primera de ellas, como hemos dicho, está la intención de la gente de “hacerlo rey por la fuerza” (Kai arpazein hina poiêsôsin auton basileia :v.15), lo que indica que no se ha llegado a la comprensión de la teoría del compartir sobre la base del todo. A pesar de que el signo habla de disponibilidad, la gente lo interpreta como producción milagrosa. La percepción del signo prodigioso oculta el signo de fe. No se ha logrado lo que se pretendía.

            Esa incomprensión del fondo del signo sume al discipulado en el “anochecer-tiniebla-soledad (Hôs de opsia egeneto-skotia-ouk elêlythei pros autous: vv.16-17). La resistencia a aceptar la dinámica interior, espiritual, de los signos oculta al Jesús mesiánico y deja al discipulado en una situación de precariedad espiritual. Esta “tiniebla” viene, además, por otro motivo: no pueden entender que el pan se multiplique en tierra de paganos. Un pan para los paganos era algo insólito, sería un “pan para los perros”[38]. Esto es lo que  “entenebrece” al discipulado.

            Por otro lado están el mar y el viento en contra.  Si es viento en contra yendo, como van, en dirección a Cafarnaún es un viento del oeste, del lado del Mediterráneo, del paganismo que apunta hacia los paganos. Contra ese “viento” (hanemos) lucha el discipulado. La fuerza del viento habla de su elocuencia: es un viento que asalta la barca del discipulado, su mentalidad. Es el viento de los paganos que reclaman su parte en el banquete del reino, para el que, según Jesús, no es imprescindible una concreta adscripción religiosa[39].

            Son dos mentalidades que se enfrentan ante el planteamiento universalista de Jesús: la de los discípulos y su perplejidad y la de los paganos que reclaman su parte y su lugar en el proyecto del reino. Cuando Jesús se manifiesta en la fórmula revelatoria “Soy yo, no temáis” (Egô eimi mê phobeisthe: v.20) está queriendo indicar que el revelador del Padre (Soy yo) libera del miedo que produce el anhelo de privatizar el reino. El verdadero milagro es que el discipulado se abra a una mentalidad universalista y comprenda como un beneficio el reino compartido, la economía compartida, la fraternidad ofrecida. Si se liberan de eso miedo se predisponen para la acogida del diferente y, con ello, para una misión integradora[40].

            En esta lectura el hecho de caminar sobre el lago pasa a un segundo lugar, meramente narrativo, para corroborar el carácter epifánico del revelador. Hacer hincapié en ello es caer en la maraña del historicismo del que no es fácil salir. La rentabilidad espiritual de una comprensión social (el paganismo tiene sitio en el banquete del reino) es mucho mayor. Desde ahí “la tierra adonde iban” (Epi tês gês eis ên hypêgon: v.21) se convierte en tierra de acogida, en tierra universal donde las diferencias, por grandes que sean, quedan encajadas en el conjunto del reino, de la fraternidad.

 

6. El signo de una vida luminosa: Jn 9,1-30

 

            Los relatos evangélicos han visto en la actividad curandera de Jesús un signo de la llegada del reino. Que hubiera curanderos populares era una necesidad en una sociedad a millas de distancia de la medicina técnica que disfruta el ciudadano de hoy. Pero que en esa actividad específica de Jesús se descubriera la llegada del reino es un dato que atañe a percepciones de fe no fáciles de explicar.

            La ceguera como algo que afecta a la realidad de Israel, como símbolo de su alejamiento de Dios a través del apartamiento de la ley y de la justicia, está ampliamente tratada en los textos bíblicos[41]. Por eso “se esperaba que, en la época mesiánica, Dios acabaría con la ceguera de su pueblo”[42].

            No es de extrañar, por tanto, que los evangelios reporten varias curaciones de ciegos: en Mt 9,27-31 (dos ciegos); en Mt 20,29-34 (dos ciegos); en Mc 8,22-26 (un ciego); en Mc 1046b-52 (un ciego); en Lc 18,35-43 (un ciego). Devolver la vista a un ciego era un signo eximio de curación, fuera lo que fuere.

            Pero en Jn 9,1 se trata de “un hombre ciego de nacimiento” (Anthrôpon typhlon ek genêtes). En el sintagma “de nacimiento” hay una especificidad joánica que da una orientación nueva al relato: es la persona en su oscuridad existencial, esa que le acompaña desde el nacimiento, que no se cura con medicamentos u operaciones quirúrgicas, sino con algo existencial, espiritual, algo que afecte al ser básico de las persona. En la expresión  “hombre” queda reflejado el mismo hecho de ser humano: la humanidad que vive en lo oscuro, en la honda ignorancia de la pérdida.

            Esta ignorancia, esta noche, cerca de la persona, “se acerca la noche” (erkhetai nyx: v.4b), incluso a la misma persona de Jesús en su muerte anunciada[43]. ¿Cómo liberar a la persona, al mismo Jesús, de esa oscuridad existencial? El texto joánico propone hacer un proceso, un itinerario, como suele ser habitual en la estructuración de sus signos.

            Se comienza por la mera narración del signo que va a dar lugar al proceso (vv.6-7): barro-lavarse-volver con vista. Siguiendo con el mecanismo de la intensificación de los verbos, la fórmula “fue, se lavó y volvió con vista” (Apêlthen oun kai enipsato kai êlthen blepôn: v.7) puede ser entendida: se puso en seguimiento, encaró su limitación y se hizo la luz en su vida oscura. Es el milagro de iniciar un camino de luz.

            Pero en Jn, como decimos, los logros vitales se consiguen a través de un largo proceso que viene descrito en el diálogo subsiguiente al signo. Se parte de una comprensión de Jesús como hombre que da luz: “Ese hombre que se llama Jesús” (Anthrôpos legomenos Iêsous:  v.11). Es un hombre en toda la dimensión de su humanidad capaz, a su vez, de generar humanidad en torno. La premisa de su ser luz para la persona no es su divinidad, sino su honda humanidad. Siendo capaz de entender el hecho humano, de bajar a su sótano, es desde ese abajamiento desde donde puede proponerse como luz[44].

            El segundo paso es entender a Jesús como profeta, capaz de ser “señal de Dios”, más allá de su ser histórico, de su ser “pecador”: “Es un profeta” (Hoti prophêtês estin: v.17). En ese caso, Jesús se convierte en revelador de Dios, en su señal: lo que sabemos de Dios, lo sabemos por Jesús. Si Jesús devuelve la luz, eso quiere decir que Dios nos quiere luminosos y que el empeño de lograrlo es un empeño divino.

            En conexión con ello, el tercer paso es hacer ver que Jesús, por muy humano que sea, goza del aval de Dios, “viene de Dios”, porque “Si este no viniera de parte de Diois, no podría hacer nada” (Ei mê ên outos para theou ouk êdynato poiein ouden: v.33). Creer que un humano goza del aval de Dios demanda una dosis total de confianza en él. Con esa dosis se le puede aceptar como instancia de luz, como motor de luminosidad. Esto demanda ya un salto de fe, un paso a ese otro lado de la confianza plena.

Finalmente, situado el proceso en el terreno de la fe, el paso definitivo para lograr la luz más profunda es comprender a Jesús como “señor” de la existencia, razón última de la adhesión plena: “Te doy mi adhesión, Señor” (Pisteuô kyrie:  v.38). La adhesión a Jesús dota a la persona de una luminosidad, de un sentido capaz de hacer que su trayectoria histórica pueda ser entendida y vivida como una realidad luminosa.

En ese caso, el milagro no es meramente sacar de una ceguera, sino dotar a la persona de esa luz necesaria para que llegue a encontrar un sentido profundo al camino histórico y para que lo pueda vivir como una realidad que apunta a una plenitud y a la dicha[45].

 

7. El signo de una vida plena en la historia: Jn 11,1-46

 

            Resulta una paradoja hablar de plenitud en el marco de la historia. Aquí radica la mayor novedad de este séptimo signo joánico: se quiere desvelar, revelar, el fondo de la realidad como algo que participa ya de la plenitud, a pesar de hacer parte de categorías históricas. Es la búsqueda de sentida en el último sótano de la existencia.

            El texto comienza planteando el choque brutal de la muerte como obstáculo casi insuperable para quien quiera hablar de sentido y de vida en el fondo de la realidad histórica. No se trata de puentear lo que es evidente, la dentellada de la muerte: “Lázaro ha muerto” (Lazaros apethanen: v.14). Pero la muerte, por absurdo que parezca, puede tener la finalidad de agudizar el sentido, “para que llegáis a creer” (Hina pisteusête:  v.15) y para que Dios reciba gloria no como si recibiera el duro tributo de los mortales, sino para tener “manifestar la gloria del Hijo de Dios” (Hina doxasthê ho huios tou theou di’autês: v.4), la gloria de uno que muere con sentido y en su caminar a la muerte hay orientación, hay oferta de vida.

            La respuesta religiosa ante el muro de la muerte, tipificada en la respuesta del judaísmo, es la afirmación de la vida en el más allá[46]. Ante el peso enorme del sinsentido de la muerte que se tiene ante los ojos, las religiones elaboran la fe en una resurrección fuera del marco de la historia. “Yo sé que resucitará en la resurrección del último día” (Oida hoti anastêsetai en tê anastasei en tê eskhatê hêmera: v.24). Esta fe, con ser fuerte no logra disipar el sinsentido de la muerte histórica ni dota a la persona, al menos en no pocos casos, de herramientas para la superación de la pérdida. Claramente se ve esto en el texto en la afirmación de Marta como representante de la humanidad herida. El planteamiento de Jn buscará sentido en otra dirección.

            La propuesta de Jesús es una propuesta de vida en la realidad del más acá, aunque esta realidad se vea afectada por la muerte. La adhesión a él, la confianza honda en su programa de vida, es el único argumento sobre el que construir el sentido: “el que me presta adhesión, no morirá nunca” (Pisteuôn eis eme apothanê eis tôn aiôna: v.26). Es decir, el asunto no es tener fe en la resurrección, sino creer a uno que dice que hay vida en el terreno de la misma muerte. Es una cuestión de fe personal que puede desvelar el fondo de una realidad que aparece derrotada de antemano, vacía de vida como tal, carente de sentido.

            Como el discurso joánico no es lineal, se vuelve a poner delante el gran obstáculo para elaborar un pensamiento tal: lo duro de la muerte tipificado en el sepulcro y su hedor “huele mal, lleva ya cuatro días” (Kyrie êdê ozei: v.39)[47]. El llanto de Jesús (v.35) no es tanto por amistad cuanto por percibir la dificultad enorme que la persona tiene para aceptar la propuesta de vida en el marco histórico. Es un llanto “ideológico”, espiritual.

            El relato da un salto incomprensible cuando consigna que, ante el sepulcro, “entonces quitaron la losa” (Êran oun ton lithon: v.41). La lógica narrativa habría sugerido la reafirmación de la muerte inane ante el sepulcro. Pero si echan mano de la losa, la que ellos mismos habían puesto, es fiados en la palabra de quien dice que, en el fondo del despojo de la muerte histórica anida una realidad de vida. Por eso quitan la losa, liberan las fuerzas de vida que anidan en la muerte física.

            En esa lógica ilógica es donde se inserta la oración de Jesús: “Gracias, Padre, por haberme escuchado” (Pater eukharistô sou hoti ekousas mou: v.41). El muerto sigue en la tumba, pero Jesús ha sido escuchado en la adhesión de  quienes han creído, contra toda evidencia, que en los subsuelos de la muerte anida la vida. Se ha verificado el milagro, por mucho que Lázaro siga envuelto en sus vendas y su sudario.

            El desarrollo de la narración demanda que el muerto salga de la tumba, pero la cúspide del signo ha sido superada cuando se ha dado adhesión a quien dice que hay vida en el fondo de la muerte histórica. Dado que los signos en Jn están seriados, el peso recae sobre este último signo: la adhesión a Jesús lleva a una perspectiva distinta sobre lo histórico, aquella que llega a la certeza de que lo que se creía destinado a la muerte está, en realidad, enmarcado, ya desde ahora, en el paradigma de la vida[48].

 

 

B. DERIVACIONES SOCIALES

 

            Tras la lectura bíblica de los signos desde una perspectiva social derivamos hacia caminos que puede aportar otra luz al caminar humano. No quieren ser conclusiones de los textos bíblicos sino, apelando a la capacidad inspiradora de la Palabra, se trata de entrever caminos que puedan abrir a una comprensión distinta de la realidad.

 

1. Las pobrezas como alternativa

 

            Aún persiste la maldición de la pobreza y acompañará al devenir humano por mucho tiempo. No es fácil reorientar el curso de la historia. Es imposible hablar de alternatividad a quien sufre la dentellada de la pobreza severa. De ahí que se lea como una maldición y no como un posible lugar de encuentro, mucho menos como una alternativa a otra manera de entender el hecho social[49].

            Y, sin embargo, el pensamiento moderno va elaborando “teorías”, paradigmas de novedad, que tratan de integrar a las pobrezas en el pensamiento humanista actual no solamente como una parte del mismo sino como un dinamismo que puede tener una cierta decisividad[50]. Planteamientos como los de la civilización de la pobreza[51], la economía del bien común[52], la sobriedad feliz[53], el decrecimiento[54], etc., tienen a la base el anhelo de integrar el mundo de las pobrezas en la economía real, creyendo que todo ciudadano ha de tener el derecho a una vida digna. Es lo que el Papa Francisco llama la economía de inclusión[55].  Son profecías sociales que confluyen con el fondo mismo del Evangelio.

            A veces se dice que el cristianismo es propio de una sociedad de pobres que no ha sabido elaborar una mística compatible con una sociedad del bienestar. Quizá por eso haya que intentar una lectura de los textos bíblicos conectada a esta sociedad del llamado bienestar. En ese caso se podría intentar, al filo de textos como Jn 2,1-11, una lectura del bienestar desde la justicia debida a los empobrecidos. Y ello no solamente para censurar los indudables desmanes de tal bienestar, sino también para percibir la parte que se adeuda a los empobrecidos por razones de equidad, de justicia o de mera reparación histórica.

            Desde ahí podría entenderse el mundo de las pobrezas como un mundo positivamente alternativo: cuando las pobrezas entran en la dinámica de la economía real las posibilidades de un mundo humano se acrecientan; cuando los empobrecidos van ocupando el sitio que les corresponde en las estructuras económicas se genera un horizonte de más luz para lo humano. Así las pobrezas pueden ser alternativa social y económica saludable, no solamente un peso para una economía de mercado que, a la postre, se sacude la desagradable carga de los pobres.

            ¿Puede la sociedad encontrar salida por la aportación de las pobrezas? Sin duda, ya que su colaboración al horizonte de la justicia, a la utopía de lo humano, al sueño de la fraternidad social puede ser decisivo. Ese es, quizá, el “vino guardado hasta ahora”, el dinamismo en el cual no se termina de creer, el potencial menospreciado que espera a ser puesto en marcha, a ser considerado como una posibilidad para que la historia humana tome otros derroteros. Matar estos sueños, considerarlos “oxidados”, pasados de moda, inservibles, no puede ser sino una ceguera propia de personas que quieren ceder su secular parcela de poder[56].

 

2. Dinamismos sociales que construyen la comunidad humana

 

            El signo joánico de Jn  4,46b-54 habla de dinamismos reconstructores de la persona. Pero más que de reconstrucción sería bueno hablar de simple construcción. Un imaginario muy influenciado por una mentalidad moralista sigue creyendo que la persona, la sociedad, han perdido un “paraíso” y hay que reconstruirlo[57]. Pero, en realidad, es una mera construcción lo que está en juego, la construcción del camino humano, de la buena relación, del reinado de Dios, diría Jesús[58]. Hay que aprestarse a la construcción como quien cumple una tarea, no como quien recompone ruinas.

            Un ámbito primario de construcción es la sociedad, algo que se entrelaza y depende de la construcción de la propia persona. Si subrayamos la construcción de la sociedad es porque creemos que la de la persona depende de aquella y no de ésta. Así es, las dificultades personales de construcción, aunque enraizadas en la estructura humana, dependen, en gran medida, del desarrollo constructivo de lo social. De ahí que haya que incidir en ello y percibir lo que los textos evangélicos pueden aportar a tal construcción de lo social[59].     

            ¿Qué clase de dinamismos son los que construyen el hecho social? ¿Qué puede aportar el EvJn a tales fuerzas?

            Obran dinamismos como el de la amistad cívica. El concepto de «amistad cívica» ha quedado sencillamente definido por A. Cortina: «La amistad cívica…sería más bien la de los ciudadanos de un Estado que, por pertenecer a él, saben que han de perseguir metas comunes y por eso existe ya un vínculo que les une y les lleva a intentar alcanzar esos objetivos, siempre que se respeten las diferencias legítimas y no haya agravios comparativos»[60]. Este cimiento de la amistad cívica es ineludible si se quiere hablar de construcción social. Sus implicaciones son múltiples. Que el hombre que se acerca a Jesús en Jn 4,46bss sea un “funcionario real”, uno al servicio de un sistema que Jesús rechaza, no es obstáculo definitivo para que entre en relación con él. Viven en un mismo marco social y las necesidades personales se hacen comunes.

            Otro dinamismo es la certeza de que los bienes han de tener un uso común. La “sagrada” doctrina de la propiedad privada que las religiones han consagrado con frecuencia, está siendo considerada desde otro punto de vista por el actual magisterio de la Iglesia: “La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada”[61]. Es justamente esa función social la que se apunta en el relato de Jn 4,46bss: al final de todo proceso es la “familia”, la casa, la que sale beneficiada del dinamismo de construcción del seguimiento propuesto por Jesús. Este dinamismo no se reduce ni se refiere en su techo a lo privado, sino a lo público.

            Además, un dinamismo hondísimo en la construcción de lo social es la respuesta que se da al dolor ajeno. Mientras el dolor no rebase los límites de lo personal, mientras solamente el dolor propio ocupe todo el ámbito del sufrimiento, mientras los dolores sociales no sean dolores propios, no se habrá llegado a entender y vivir de modos nuevos el hecho social. Tiene razón el filósofo P. Ortega cuando dice que «la primacía del otro nos constituye en sujetos morales cuando respondemos de él»[62]. Es decir, la respuesta al sufrimiento ajeno nos hace sujetos morales, dice qué tipo de personas somos. Aplicando ese parámetro de construcción social a Jesús en Jn 4,46bss el resultado es claro: Jesús ha sido un totalmente preocupado por el sufrimiento ajeno. Por ello, ha contribuido decisivamente a la construcción social. El seguidor se apunta a esa dirección.

            Y un cuarto dinamismo de construcción social es la tenacidad en los trabajos por lograr la equidad humana, cosa que es más que la simple igualdad. Se trata de posibilitar al expoliado medios adecuados para que pueda abandonar su marginación. Lógicamente tales medios habría de ser socialmente más generosos cuanto más marginada esté la persona. La evidencia de la inequidad es tal que pensar en un constructo social fraterno obviando tal evidencia es abocarse al fracaso. La situación de desigualdad de quien ve que se le muere el sentido (funcionario de Jn 4,46bss) está demandando una generosidad social que Jesús encarna en el socorro prestado[63].

            Una fe que se une al esfuerzo histórico de construir la sociedad es la que se deduce de los signos de vida de Jesús. Darle a la Palabra este trasfondo social no merma la posibilidad de otras lecturas, pero abre a horizontes antropológicos y sociales de mayor calado.

 

3. El señorío: posibilidad que se construye

 

            Para muchas personas, para una notable parte de la humanidad, hablar de señorío sobre sus vidas puede parecer insultante de tan dura y oprimida que es su existencia. Para el resto, sin ser la cosa tan dramática, sin ser algo tan extremo, puede resultar ilusorio hacer la propuesta de un enseñoreamiento del camino histórico. Y, sin embargo, hay algo en las entrañas de lo humano que le hace aspirar al señorío y no al sometimiento. Ni siquiera la culpa de fondo o el pecado religioso añadido logran extinguir ese anhelo.

            Pero este señorío, si es que se considera una utopía sostenible, no va a venir llovido del cielo, sino que ha de ser construido pieza a pieza, esfuerzo a esfuerzo, alternando fracasos con éxitos. La propuesta del Evangelio es la de una herramienta para construir ese señorío. Por eso Jesús «sacaba asnos de la zanja en sábado»[64]. La metáfora, rural, evoca el esfuerzo por construir los procesos históricos de liberación social.

            El texto de Jn 5,1ss marca la sendas de lo que puede llevar al señorío de lo humano más allá de la fragilidad. En primer lugar  es una cuestión de lucidez ante la evidencia del sistema y nuestra pertenencia inevitable a él. Mientras se le haga el juego al sistema de manera indiscernida, éste se frota las manos. Por eso, todas las sendas sociales “adespóticas”, alternativas, tanto en economía como en pensamiento político son el camino para el señorío[65]. Que el sistema se presente como un torrente que anega el todo de la vida social no ha de ser óbice para pensar que tal torrente puede ser en parte sorteado y con ello, de alguna manera, frenado[66].

            Además resulta necesaria la conciencia de responsabilidad personal y colectiva. Echar el peso de la construcción del señorío a fuerzas ajenas a uno mismo, es inhibirse del trabajo que a cada cual corresponde para que este asunto pueda, siquiera, alborear. El sistema desrresponsabiliza; ahí se halla uno de sus recursos. Y cuando nadie es responsable, el proceso se detiene. Por eso es tan necesario el compromiso privado y el público[67]. Pretender señoríos esquivando la responsabilidad es pretender lo imposible.

            Una tercera senda es aquella que humaniza,  que sana en la base de lo humano. La preocupación por la humanización es la primera de todo proceso de construcción del señorío y de toda espiritualidad[68]. Una humanización de los sectores más delicados y resbaladizos de la existencia humana, como son los asuntos que tocan a la vida (manipulación genética, ingeniería genética, ética de los límites, etc.), por problemáticos que sean, contribuyen de manera decisiva al enseñoreamiento de la vida[69].

            Finalmente un cuarto camino es mantener vida la fe en las posibilidades de las personas. O lo que es lo mismo: mantener viva la certeza de la bondad esencial de lo humano, por encima del torrente de maldad que anega el caminar histórico. Si se pierde esta fe, hablar del señorío de la vida es impensable.

            Puede parece que hablar de “señorío” es algo de una soberbia histórica inaceptable, vista la insignificancia que el planeta tierra representa en el conjunto del cosmos[70]. Pero el anhelo no es proporcional a la magnitud física sino a la del corazón. Y ese anhelo de una vida “señorial” en los límites de la historia es algo permanente en el dinamismo utópico de la vida.

 

4. La economía del compartir como futuro económico

 

            Se es consciente de que, desde textos como Jn 6,1ss, impulsar la economía del compartir es pretender caminar por la vía opuesta a los vientos de proteccionismo empobrecedor que parece que corren últimamente[71]. Es cierto que a la libre circulación de la riqueza no le acompañó en la misma medida la de los trabajadores, ni la armonización global de la fiscalidad. Es cierto también que la extrema robotización y el hipercontrol tecnológico de los servicios no ayudan a una economía social. Pero “una globalización sin derechos humanos ni instituciones internacionales, no representa una alternativa viable a lo que conocemos”[72].

            De ahí que la propuesta de una economía que comparte, incluye y redistribuye con equidad por oposición  a una “economía que mata” tenga hoy todos los visos de posibilidad, por lo menos como planteamiento ideológico[73]. Para Jn 6,1ss no es mera posibilidad, sino certeza: partiendo de un microcosmos de pobreza cercana se experimenta la verdad de funcionamiento de un mecanismo económico que puede ser útil incluso en un marco macroeconómico.

            ¿A qué niveles habría que construir la economía del compartir para verificar su verdad y su valor? En primer lugar a nivel de política económica. No se puede negar la decisividad de las decisiones políticas en la economía. La enorme sensibilidad de los mercados financieros a ese tipo de decisiones indica su importancia. Pero también la economía real está sujeta a las decisiones políticas en gran medida. Puede parecer que las grandes decisiones económicas se toman sin contar con la política o que aquellas condicionan a esta. Pero la relación es indiscutible[74].

            Un segundo nivel es el de los mercados. El compartir pasa por una política de mercados donde el acceso a los países empobrecidos sea un realidad y donde el proteccionismo a los poderosos no excluya a las economías empobrecidas y su problemática. El sueño de un mercado libre constata que nunca como ahora es menos libre el mercado. La exclusión, el proteccionismo y la diferencia abismal que engendra la herramienta de la tecnología son, hoy por hoy, barreras muy difícilmente franqueables. Mientras los países ricos controlen el 72% del comercio mundial; mientras el 80% del comercio sea Norte-Sur y solamente un 10% en la dirección contraria; mientras las grandes decisiones económicas se tomen en los países occidentales o de fuerte desarrollo, hablar de mercado libre es un escarnio. El mercado constituye la antítesis de los derechos humanos.

                Un tercer nivel de fuerte compartir hoy y de más fuerte en el futuro es la tecnología. Una persona, un país sin acceso a la tecnología es una realidad condenada al ostracismo. De ahí que, si se quiere una economía más compartida, el acceso a la tecnología ha de ser más fácil y más barato que lo que es ahora[75].  La tecnología ayuda a reducir la pobreza ya que acorta y disminuye barreras sociales geográficas y económicas tanto de las personas en forma individual como de una comunidad. Pero el gran hándicap de este asunto es la acumulación: el 99% de la tecnología está acumulada en los países ricos. La fuga de cerebros a ellos es uno de sus más duros rostros y el desarrollo de los productos sintéticos que sustituyen a las materias primas naturales producidas en los países en desarrollo otro[76]. Este acceso debe afectar incluso a la tecnología espacial, ya que es tecnología para el futuro[77].

            Y un cuarto nivel es aquel que afecta al acceso a la formación, ya que de esta depende la capacidad de inserción en el mercado laboral y, a través de ella, en el mercado como tal. Nos referimos a una formación para un mercado compartido, no tanto para un mercado hegemónico. En primer lugar habrá que tener acceso a la formación para el mercado laboral: “Decidir invertir tiempo y recursos en conseguir una adecuada formación es una decisión sumamente acertada, no sólo por la satisfacción personal del individuo, sino porque se constituye como un arma sumamente valiosa para enfrentarnos a un mercado de trabajo cada vez más complejo, ya que nos permite abordarlo en un triple frente: nos ayuda a conseguir trabajo, a conservarlo en momentos difíciles y a alcanzar unas condiciones laborales más ventajosas para el individuo[78]”. Pero, además, será necesario formarse para entender y, en su caso, cuestionar los mercados y su desigual mundo. Un reto necesario

            El mercado compartido sería una ganancia para todos aunque conllevaría un reparto más equitativo de los bienes mercantiles y una desconcentración de poder económico en manos de unos poco, unas mayor equidad[79]. Pero el cómputo general de riqueza, el PIB mundial, aumentaría considerablemente. Con esto se está queriendo decir lo que sugiere Jn 6,1ss: que la pobreza no es obstáculo invencible para el compartir, que se puede vencer a la pobreza con un desarrollo más igualitario[80].

            Las consecuencias personales de una espiritualidad de la economía del compartir aparecen con facilidad: es preciso agudizar el sentido crítico para no dar para evidente lo que ocurre, ya que esto es fruto de un proceso económico dirigido por las élites en la dirección de la concentración de la riqueza y del dominio del mercado. Además llevaría a opciones personales como las de acercarse al comercio justo, ya que este, por más insignificante que se lo quiera en el conjunto del mercado, tiene un alto poder significativo porque dice de modo tangible que la dirección del mercado puede ser otra que la actual. Y, finalmente, había que inocular en la espiritualidad la sobriedad no tanto por causas ascéticas cuanto por razones de justicia para frenar, entre otras cosas, la devoradora lógica del consumo[81].

 

5. La superación de las tensiones históricas por la asunción de la diferencia

 

            A estas alturas de la historia la persona ha experimentado por enésima vez que las diferencias mal asimiladas son la causa de múltiples sufrimientos sociales. Las pretensiones hegemónicas, los nacionalismos exacerbados, las dictaduras crueles, las enormes dificultades para que los pueblos caminen en la misma dirección tienen como fuente principal la imposibilidad para asimilar la diferencia. Es un movimiento que nos conecta con la época de las cavernas: resulta dificultoso ver al habitante de la otra caverna uno al que no hay que combatir. Precisamente por ser algo tan ancestral es una realidad de muy difícil orientación.

Se puede comprender fácilmente que el odio al distinto tiene aquí su raíz y que la tarea de asumir la diferencia es algo de un volumen que, con frecuencia, sobrepasa a los humanos.

Este problema se agranda cuando el odio al distinto alcanza niveles de globalización, salta las fronteras de un país y comienza a implicar a gentes de cualquier lugar de la tierra[82]. Los recelos entre las sociedades están bien vivos y el odio a las minorías sigue funcionando. La supuesta lucha por la identidad lleva aparejada la violencia, signo evidente de la dificultad de armonizar caminos de vida múltiples y fragmentados.

En Jn 6,19-21 tenemos un ejemplo de enorme dificultad para armonizar diferencias y las tensiones que generan entonces como hoy[83]. Hay maneras de asumir diferencias que se asientan sobre falso: toda suerte de imposición del más fuerte, mediante dictaduras, presiones económicas, tiranías culturales. El imperialismo cultural es, sin duda, una forma de machacar las diferencias en beneficios de la cultura dominante, la del neoliberalismo más crudo asentado en los países más desarrollados, sobre todo USA. Se puede definir imperialismo como la “actitud y doctrina de quienes propugnan o practican la extensión del dominio de un país sobre otro u otros por medio de la fuerza militar, económica o política”[84].

Una forma más sutil de puentear las diferencias es uniformar, hacer que todo el mundo valore, hable, se comporte en modos uniformes, esos modos que están dictados de antemano por la moda, el consumo, la banalización de la individualidad. Este es un objetivo prioritario del imperialismo cultural. “El imperialismo tiene como finalidad exportar e imponer los valores y cultura de los países desarrollados, hacia los países receptores, los cuales adoptan de una manera pasiva y casi imperceptible los flujos informativos y los productos culturales extranjeros”[85].

Pero hay otra serie de caminos más posibilitadores. Son aquellos que comienzan trabajando la memoria, que se resisten al olvido como manto que cubre heridas que es preciso restañar y curar. Como dice R. Mate, “hacer presente el pasado de los vencidos amplía el campo de la justicia”[86]. El campo de la justicia se amplía con el perdón[87]. Si se quiere edificar en justicia es necesario contar con los agravios del pasado para integrarlos en el proceso de construcción armonizable del presente.

Será necesario, igualmente, encarar las diferencias, afrontar el “viento” en contra, como dice Jn 6,18, encajar la evidencia de que la diferencia es un componente ineludible de los seres históricos y que pretender ignorarla es una rotunda equivocación. Más aún, será preciso ver la diferencia como un valor, como una posibilidad de enriquecimiento, no solamente en lo que tiene de obstáculo. Es el gran valor de la diferencia. La única manera de contrarrestar el efecto desintegrador de la diferencia es, justamente, convertir la diferencia en un motor del hecho social. Ese es el milagro del compartir sobre la base del todo: convierte una carencia en un motor de actuación social, como queda claro en el signo de Jn 6,1ss. “Aceptar a estas personas [diferentes] es, entenderlas y comprenderlas como personas diferentes, como individualidades que puedes querer o aborrecer, que te importan o de las que pasas pero en las que ves, además de su limitación -evidente o no-, sus valores, sus inquietudes, sus motivaciones, su forma de ser. Aceptarlas como un factor más, como un elemento que junto con muchos otros, determinan su personalidad. No hay que integrar a los diferentes, mediante sistemas paralelos. Hay que permitirles vivir en el mundo -el nuestro y el suyo-, y que se coloquen donde quieran estar. Hay que dotarles de la capacidad necesaria, para que puedan tener las mismas oportunidades, que el resto de las personas para vivir como ellos quieran vivir”[88].

Finalmente, será preciso un esfuerzo por establecer conexiones en los entornos de gran diversidad, tratando de elaborar planes de superación de conflictos estableciendo tales relaciones en las posibilidades de encuentro, por pequeñas que estas sean. En tales casos, el diálogo y no la fuga es el camino adecuado [89]. El diálogo “representa la más genuina representación del tratamiento de conflictos basado en el pacto…Como estrategia permanente, el diálogo tiene efectos preventivos y puede ayudar a que un conflicto constructivo siga siéndolo…El diálogo es herramienta útil en un problema familiar o vecinal y en el más grave conflicto internacional o político”[90].

Construir  un proceso integrador en un entorno complejo demanda reconocer la complejidad de nuestro entorno, aplicar el discernimiento y el pensamiento con rigor y realizar acciones encaminadas al ideal integrador[91]. Cuando el Papa Francisco repite en la LS’ que “todo está conectado” está aludiendo, más allá la interconexión de las creaturas, al destino profundo de la historia: llegar a una formidable reconciliación, a una integración total[92].

Las tradiciones religiosas, y la evangélica en concreto, olvidando sus diferencias ancestrales, pueden ser decisivas para un ideal integrador para “contribuir a un conocimiento por el cual quien conoce pierde toda desconfianza y se abre a la entrega sin reservas a ‘eso único’ que se dice con claridad en esa noticia gratuita y absoluta”[93]. Jn 6,19ss se inscribe en ese proceso integrador de la diferencia que es ganancia para toda cultura, por diversa que sea.

 

 

6. Confluencias necesarias para un caminar histórico más luminoso

 

            El logro de un caminar histórico luminoso no es algo que va de sí. El mismo EvJn lo pone como un “signo” del Reino, algo hacia lo que se camina muchas veces entre densas penumbras. Por eso mismo, para avanzar en la dirección de la luz, es necesaria la confluencia de muchas variables que hagan posible que la densa oscuridad se abra y brote la luz en la senda humana. Ya los filósofos nos decían que el camino del hombre hacia el ser, hacia el sentido, es un camino de oscuridad[94]. Y hasta los estudios sobre el cosmos nos informan sobre la loca carrera de lo creado en la oscuridad más increíble[95]. Desde ahí hay que medir la pretensión humana y espiritual de vivir en la luz.

            Para mantener en una cierta racionalidad esta pretensión es preciso, como decimos, que confluyan muchas variables. En primer lugar, la variable democrática: es preciso que muchos quieran, Si unos no lo desean y otros sí, la sensación de que las sombras ganan la partida será más fuerte que la realidad de la luz que avanza[96]. Es cierto que el mundo avanza hacia caminos democráticos más amplios cada vez; pero la zona de sombras es, todavía, densa[97].

            Se requiere, así mismo, la confluencia de voluntades económicas que entiendan el dinero desde parámetros de solidaridad. Las múltiples economías alternativas (el bien común, la sobriedad feliz, el decrecimiento, la banca ética y solidaria, etc.) abren sendas significativas, aunque todavía pequeñas en esa dirección porque tienen la certeza de que los datos macroecómicos, el PIB por ejemplo, no indican nada, no hacen luz, si no se los combina con la economía real, la economía civil, la del ciudadano de a pie[98].

            Igualmente sería necesaria la confluencia de voluntades culturales en las que se ponga por delante el cultivo del espíritu, entendido este no tanto en el marco de los estrictamente religioso cuando en lo amplio de lo humano. Pretender luz con el espíritu ahogado, muerto, es pretender lo imposible a nivel social[99]. Las tradiciones religiosas, sensibles a esto, puede hacer aportaciones valiosas, el acceso a otra dimensión de la realidad[100].

También se intuye como necesaria la confluencia de las voluntades solidarias ya que la oscuridad se hace más densa en el individualismo y la indiferencia hacia el otro y brota la luz en la solidaridad y la equidad. “Cuando somos capaces de superar el individualismo, realmente se puede desarrollar un estilo de vida alternativo y se vuelve posible un cambio importante en la sociedad”[101]. En este sentido, la nube de voluntariados que envuelve el planeta es un foco de luz sobre los pasos de la persona sobre la tierra[102].

Por su parte, y hoy más que nunca, se hace necesaria la confluencia de las voluntades que tratan de entender, vivir y ofrecer la ciencia en modos humanizadores. Un foco de luz inmenso viene de este lado, siempre que, como decimos, el valor de la persona sea el frontispicio de todo el trabajo científico. “Estas técnicas van a ser una liberación, van a dar lugar a nuevo humanismo”[103].

Finalmente la unión de voluntades creativas puede aportar mucha luz sobre el camino humano desde el lado de la belleza, ya que este elemento está hecho, si es que es belleza, de pura luz. El papel de los creadores de belleza ha sido decisivo para mantener encendida la llama de la esperanza en las épocas más sombrías del caminar humano. Con toda claridad lo siguen soñando los espíritus cercanos a la belleza:  “Vendrá un día en que a medida que se llene de luz la conciencia del hombre, se debilitarán los dogmas que lo esclavizaron desde siempre; y este se irá identificando con el sol cuanto más se aproxime a los ideales de dignidad y libertad humanas”[104].

El texto de Jn 9 propone el caminar común en la luz, del que se hace adalid el humilde Jesús de Nazaret, que propone un camino de luz en la dura realidad de una existencia amasada a las sombras. El milagro de la vida luminosa se van construyendo, paso a paso, con la generosidad de todos. Certezas que acompañan a la lectura del texto bíblico.

 

7. Posibilidad de plenitudes verdaderas en un marco histórico

 

            Las paradojas, como otras figuras literarias, pueden contribuir al ahondamiento del sentido[105]. Por eso cuando, al filo de Jn 11,1ss, se habla de “plenitudes verdaderas en un marco histórico” no estamos jugando con las palabras. Queremos ahondar en una intuición espiritual: aquella que olfatea que en el marco de la historia, con todas sus limitaciones, se puede aspirar a una cuota de plenitud. Lo decimos de nuevo: no se trata de imaginaciones, sino de procesos de ahondamiento Hablar de una plenitud limitada es una paradoja, pero hay que verificar la posibilidad de contenido que encierra. Si esto arrojara un saldo positivo, se podría echar luz sobre muchas situaciones humanas de gran dificultad, la muerte incluida.

            Un sentido de plenitud anida en lo cósmico, realidad que pasa por enormes mutaciones. Efectivamente, cuando se nos describe el final del sol como estrella que tiene fecha de caducidad, la familia galáctica en la que se inscribe la Vía Láctea, el muro del fin del universo, las ondas gravitacionales, la vertiginosa velocidad a la que viaja la tierra envuelta en el inabarcable torbellino del big bang, etc., puede percibirse dos extremos: la enorme limitación, valga la expresión, de este cosmos o su formidable latido de vida[106]. Esta admiración de la vida que late se ve confirmada, en el ámbito de lo minúsculo, por la física de partículas y su increíble mundo. Todo ello, llama a la vida, al formidable afán por mantenerse en el lado de lo que vive porque hasta “el vacío está realmente lleno e impregnado de campos de energía”[107].

            Atisbamos, también, un sentido de plenitud en el marco social y político que pasa por formidables cambios en las relaciones internacionales. Es cierto que el denominador común del egoísmo más cavernario sigue aún vigente en muchos anhelos políticos. Pero la era de total individualismo ha pasado a la historia. Las relaciones se construyen hoy en el entramado de países que forman el planeta. Por eso, los terremotos políticos afectan a todos los países y los logros también. Existe en el fondo de la relación política una búsqueda, a veces en maneras veladas, de una vida que se anhela y que, de alguna forma, se va poseyendo y se va cuidando. No es obstáculo para esta percepción el retroceso evidente que a veces hacen las libertades, incluso en los gobiernos supuestamente democráticos que deberían consagrarlas[108].

            No cabe duda, además, de que en el conjunto de espiritualidades que en el mundo han sido, más allá de sus limitaciones e incluso de sus fratricidas luchas, hay un indudable anhelo de vida y pueden ser comprendidas como una realidad de fuerte componente vital. Esta ha de ser, sin duda, su mejor aportación al devenir del camino histórico, poder llegar a mostrar “la inmensidad del trasfondo de todo objeto y sujeto, que es su única realidad”[109]. Ese trasfondo lleva la marca de la vida.

            Finalmente, hay una plenitud de vida en el mero ser tierra de la persona, en su honda pertenencia a este cosmos a través del ser familia de la tierra. La religiosidad habla de tierra habitada por Dios, de creación[110]. Es justamente en ese “poner su casa en él”[111] donde radica la certeza de que en lo limitado habita la vida, de que esta se pliega a la historia hasta verla ya latiendo en cada instante.

            Tras esta constatación de la posibilidad de vida en marcos de realidad histórica se podrá construir otra espiritualidad más amplia  de vidas plenas, tal como lo sostiene la utopía cristiana[112]. De hecho, esta vida en lo histórico y aquella otra en el anhelo de la fe son parte de una misma realidad: el misterio de la vida latiendo en lo que existe.

 

Conclusión          

 

            Tras esta larga reflexión, recogemos en sencillos asertos lo que creemos constituye el fondo de la cuestión de este tipo de lectura social de los signos del Evangelio de Juan:

  • La lectura social se apoya en la capacidad inspiradora de la Palabra. Ésta, efectivamente, no solamente es inspirada, sino que tiene un formidable potencial iluminador para las situaciones existenciales de la persona. Los signos del Jn se vuelve así potentes reflectores sobre el fondo existencial de lo humano.
  • Por eso mismo, este tipo de lectura abre las puertas de acceso al marco de la cultura secular. Una lectura tal puede quedar inserta en ese marco no como un cuerpo extraño, sino como una realidad asimilable.
  • Esa lectura quiere apuntar lo profundo de la realidad. Los signos de Jn quedan así leídos desde el sótano último de su significatividad alejándose millas de una lectura meramente historicista o banalmente moralizante.
  • De esto modo se logra un tipo de lectura de una cierta racionalidad lo que vuelve tal lectura mucho más “rentable” de cara a la comprensión del texto y también de cara a la comprensión de la realidad de la que lector hace parte.
  • La lectura social demanda al lector situarse en el lado luminoso de la existencia, en modos positivos de comprensión de la realidad. Conecta así con el esfuerzo iluminador que, creemos, anida en el fondo de todo el mensaje del cuarto evangelio.
  • Con este tipo de lectura se amplían los horizontes humanos. Este trabajo de ampliación de horizontes da a la vida un nuevo sesgo, aquel que le hace conectar con la realidad del propio sentido. Vivir es, así, una enorme posibilidad.
  • Finalmente, la lectura social es, a la postre, una lectura espiritual, aunque se aleje de parámetros específicamente religiosos. La espiritualidad es, por ello, una instancia de modificación del hecho social desde dentro, sin ejercer ninguna violencia externa.

 

Creemos que la Facultad de Teología de Vitoria hace hueco a este tipo de investigación en sus cursos y publicaciones. Nos alegramos de ello, lo celebramos y consignamos esta acogida como un elemento actualizador de su actual actividad docente.

 

Fidel Aizpurúa Donazar



[1] Cf F. AIZPURÚA, “A quienes andan dispersos. Una lectura social de las cartas de Pedro”, I (Lumen 56 (2007) 379-406), II (Lumen 56 (2007) 407-433; “Los caminos de una fe social (Sant)”, Lumen 57 (2008) 25-54; “Una lectura social de las cartas de san Pablo. 1 Tes, 1 Cor, Rom, Filp”, Lumen 57 (2008) 341-426; “¿Una sociedad sin clases? Lectura social de la carta a Filemón” Lumen 58 (2009)273-296; “¿Qué Iglesia, qué sociedad? Una lectura social de la carta a los Efesios”, Lumen 58 (2009) 407-429; “Vivir con y para el otro. Una lectura social de la segunda carta de Juan”, Lumen 59 (2010) 77-92; “La construcción de la libertad. Una lectura social de la carta a los Gálatas”, Lumen 60 (2011) 311-335; “Misterio de exclusión. Una lectura social de la carta de Judas”, Lumen 61 (2012) 77-94; “Ver la ciudad con los ojos de Dios. Las ciudades en los Hechos de los Apóstoles”, Lumen 64 (2015) 391-434.

[2] Cursos como “La solidaridad con el género humano. Itinerario bíblico” (2015); “Ejes importantes para una teología de la casa común” (2016); “El porvenir de la religión” (previsto para 2017).

[3] Su teoría queda expuesta en J. SHELBY SPONG, “Las doce tesis. Llamada a una nueva reforma”, en http://servicioskoinonia.org/relat/436.htm (22-8-2016). Básicamente se viene a decir en la Tesis 6 que: “Creo que ahora podemos mostrar que casi todos los milagros atribuidos a Jesús se pueden explicar como versiones expandidas de historias de Moisés, de Elías y Eliseo, o como aplicaciones a la vida de Jesús, con sentido mesiánico, de las señales del Reino de Dios en Isaías. Si Jesús era el Mesías inauguraría ese Reino y, por tanto, las señales que lo anuncian aparecerían en su vida. Así que los milagros serían señales que interpretan a Jesús, no acontecimientos sobrenaturales que infringen las leyes de la naturaleza”. de la naturaleza.

[4] Por ejemplo el postulado de que la materia tiende a la auto-organización, a la autopoiesis, es germinadora de vida. Por eso no estamos en un cosmos, sino en un caos. “El caos es la forma propia de ser, de evolucionar, de crear órdenes nuevos”: D. O’MURCHU, Teología cuántica. Implicaciones espirituales de la nueva física, Quito 2014, 12.

[5] Cf J.J.BARTOLOMÉ, “Reseña de la investigación crítica sobre los milagros de Jesús”, En R. AGUIRRE MONASTERIO, Los milagros de Jesús. Perspectivas metodológicas plurales, Estella 2002, 39. El autor puntualiza que “afirmar como histórico que Jesús hiciera milagros y exorcismos no asegura todavía base histórica a cada uno de los relatos”, 41.

[6] Cf J.R.AYLLÓN, Antropología paso a paso,  Madrid 2013, 29.

[7] Cf “Una lectura política del evangelio de san Juan”, en: http://www.monografias.com/trabajos12/unalectu/unalectu2.shtml (23-8-2016). Sobre el Evangelio de Marcos es clásico el texto de F. BELO, Lectura materialista del Evangelio de Marcos: relato-practica-ideología, Estella 1975. El chileno T. VEERKAMP, La despedida del mesías, parece que trata el tema político desde el cuarto Evangelio (imposible verificación).

[8] En el nuevo “Rito de la celebración del matrimonio” se lee en el nº 54: “El sacramento del Matrimonio que vamos a celebrar ante esta comunidad, es un acontecimiento gozoso. Jesús, el Señor, y María, su madre, también participaron con alegría de unas bodas en Caná de Galilea. Con su presencia   significaban cuánto Dios bendice el amor de un hombre y de una mujer, que se comprometen a construir un nuevo hogar en fidelidad. El agua convertida en vino, adelantando la hora del Maestro, es signo del amor que Jesús-Esposo profesa a la Iglesia-Esposa, por la que derramó su sangre”.

[9] La expresión ya aparece en Jue 11,1; 2 Sam 16,10; 1 Re 17,18 marcando siempre el diferente plano de los interlocutores. Por eso, la retorsión que hace J. STRAMARE , “La risposta dei Gesù a Maria alla nozze di Cana. Il test della ragionevolezza” positivizando la respuesta, “lo que es tuyo, es mío”, 185, nos parece inverosímil.

[10] La expresión “Cualquier cosa que os diga, hacedla” (Ho ti an legê hymin poiêsate: Jn 2,5) viene de Gén 41,55: “Dirigíos a José y haced lo que él os diga” (Kai ho ean hymin poiêsate) La mujer entiende la obra de Jesús como la de un Mesías redivivo con el poder propio de un ser superior.

[11] El lexema de Istamai indica estatismo, fijeza, inmovilidad.

[12] Lithinai es un hápax joánico y texto hápax en el AT: “Dos losas de piedra”: Duo plakas lithinas: Ex 34,1). La conexión entre los dos textos está fuera de duda.

[13] Cuando el término “Judíos” va unido al poder, se entiende que se refiere a los dirigentes (8,31; 11,19; 12,11). Cf J. MATEOS-C.BARRETO, El Evangelio de Juan. Análisis lingüístico y comentario exegético, Madrid 1979, 90.

[14] La ironía joánica respecto a las cantidades en las cuestiones rituales se manifiesta también en textos como Jn 19, 39 (“unas cien libras”: Hosei litras ekaton) donde se ironiza sobre la enorme cantidad de perfumes para embalsamar a uno que está destinado a la vida. La metreta,  en concreto, contenía 38,88 litros: Cf C. VIAL,  Léxico de antigüedades griegas,  Madrid 1983, 146.

[15] Una tradición judía hablaba de que Dios tenía guardado el vino del Mesías tras el trono de su gloria.

[16] Algo parecido ocurre en Mc 5,35-43.

[17] Cf Neh 3,1.

[18] No se ha superado la visión de Ez 37,1-14; los huesos siguen sin revivir. El sueño ezequieliano continúa pendiente.

[19] El dato de los 38 años, en relación con el número 40, está indicando la casi totalidad de la vida.

[20] Como ocurre en otros relatos de signos, tanto joánicos (Jn 11,34) como sinópticos (Mc 10,51).

[21] Como dice el poema de W.E.Henley, citado en la película Invictus sobre la vida de N. Mandela.

[22] Es el último de la lista de los treinta y nueve trabajos prohibidos en sábado: «cargar un objeto para llevarlo de un sitio a otro»: Shabbat VII,2.

[23] Obras exegéticas de altura, como la de J. M. VAN CANGH, La multiplication des pains et l'Eucharistie, Paris 1975, aún son deudoras de un cierto historicismo más allá de sus posicionamientos teológicos.

[24] Una interpretación secular del Evangelio abriría más posibilidades de lectura que la meramente religiosa, restringida a sus estrechos límites predeterminados.

[25] Como aparece con claridad en La Misná con el conocido modo rabínico de enseñar en base a la cita y confrontación de las sentencias de los grandes rabinos..

[26] Esta es la segunda Pascua en el EvJn. No hay que olvidar que, en la primera (2,13ss), hubo también una temática que apunta a la economía del lucro del Templo.

[27] Sabemos con exactitud que en Israel en tiempos de Claudio (41-54) hubo una gran hambre al que alude la colecta paulina (Hech 11,28-30). Posteriormente, y más después de la guerra del 70, el hambre no menguó en Israel. Cf J. JEREMÍAS, Jerusalén en tiempos de Jesús, Madrid 1977, 141.

[28] Estamos en una época donde económicamente es imposible la erradicación del hambre. No como la de hoy, donde teóricamente, es posible, se cuenta con los medios económicos necesarios, como lo ha dicho Ban Ki Mun, presidente de la ONU, en muchas ocasiones: http://www.un.org/es/zerohunger/challenge.shtml. De hecho, la pobreza extrema ha bajado en 2012 del umbral del 10%: Cf K. LLANERAS, “El mejor de los mundos”, en El País 31-12-2016 (Ideas 2-3).

[29] “Cada vez que hemos estado a punto de sucumbir en la historia nos hemos salvado por la parte más desvalida de la humanidad”: E. Jünger citado en E. SÁBATO, Antes del fin,  Barcelona 2000, 99.

[30] La figura del “chiquillo” (Paidarion) es joánica, así como la precisión “de cebada”  (Krithinous) y la de los “peces en salmuera” (Opsaria). Elementos para subrayar la pobreza de los bienes que se está dispuesto a compartir.

[31] El “recostarse” (Anapeisen) indica la condición de hombres libres.

[32] La “hierba abundante” (Khortos polys) indica la abundancia

[33] Se comprueba que funciona desde los informes de la FAO que pone el acento del problema no en la producción de alimentos, sino en el reparto, hasta cualquier gesto de previsión humana a favor de otros que genera economía compartida.

[34] «Creámosle al Evangelio», dice el Papa Francisco (EG 278).

[35] Cf http://www.lachristite.eu/archives/2014/09/28/30667437.html (26-1-17).

[36] El relato de la multiplicación en tierra de paganos no lleva emparejado el de la marcha sobre el lago (Cf Mt 15,32-39; Mc 8,1-9).

[37] El episodio de la multiplicación se realiza “al otro lado del mar de Galilea” (Peran tês thalassês tês Galilaias: v.1).

[38] Cf Mt 7,6; 15,26; Mc 7,27.

[39] Esta significación del viento se conoce también en el euroaquilón de Hech 27,14.

[40] La primitiva misión cristiana ha dejado eso en evidencia: cuando se ha lanzado a los paganos es cuando la propuesta del reino ha respirado. Si se hubiera ceñido al marco del judaísmo, las posibilidades de pervivencia de algo que era considerado como una mera “herejía” habrían sido mucho más reducidas.

[41] Cf Is 35,5s; Jer 5,12; Ez 12,2; etc.

[42] J. MATEOS-F.CAMACHO, El Evangelio de Marcos. Análisis lingüístico y comentario exegético II, Córdoba 1993, 237. Cf  Jer 5,21-6,2.

[43] Puede ser entendida como una prolepsis.

[44] Cf Filp 2,8: Heb 4,15.

[45] Como sugiere el poema atribuido a J. J. Borges: “He cometido el peor de los pecados 
que un hombre puede cometer. No he sido  feliz”. Llegar a vivir en una felicidad histórica es la meta de lo humano.

[46] Ciertos sectores espirituales del judaísmo, como los fariseos, creen en la resurrección, como aparece en Hech 23,8.

[47] El plazo para cualquier resurrección son tres días, el tiempo de la certeza que separa la barrera de la muerte (Os 6,2). Superado tal plazo, ya no hay posibilidad de vida.

[48] Las series literarias cargan el sentido en el último elemento de la misma.

[49] Cf. F. AIZPURÚA, La pobreza, ¿maldición o lugar de encuentro?,  en Lumen 41 (1992) 281-296.

[50] Nótese que hablamos más de “las pobrezas”, en plural, que de la pobreza. Y eso no solamente porque el plural abarca más, sino porque sitúan al tema de la pobreza en el ámbito de lo social que es el verdadero ámbito de decisividad del tema.

[51] Cf I. ELLACURÍA, “El reino de Dios y el paro en el tercer milenio”, en Concilium 180 (1982) 588-596: «Utopía y profetismo», Revista Latinoamericana de Teología 17, 1989, 170.

[52] Cf Ch. FELBER, La economía del bien común, Bilbao 20136.

[53] Cf Ph. RABHI, Hacia una sobriedad feliz, Madrid 2014.

[54] Cf S. LATOUCHE, La hora del decrecimiento”,  Madrid 2011.

[55] EG 186-216.

[56] “No dejéis morir a los viejos profetas pues alzaron su voz contra la usura que ciega nuestros ojos con óxidos oscuros, la voz que viene del desierto, el animal desnudo que sale de las aguas para fundar un reino de inocencia, la ira que despliega el mundo en alas, el pájaro abrasado de los apocalipsis, las antiguas palabras, las ciudades perdidas, el despertar del sol como dádiva cierta en la mano del hombre”: J.A.VALENTE, “No amanece el cantor”.

[57] LS’ 66 todavía emplea ese esquema.

[58] Cf Lc 17,20-21.

[59] Esto ha quedado ya de manifiesto hace tiempo en la publicación de la obra de  BERGER, P. L.-LUCKMANN, Th., La construcción social de la realidad, Buenos Aires 1986.

[60] A. CORTINA, “Amistad cívica”, El País  (6 de mayo de 2008), 28.

[61] LS’ 93.

[62] ORTEGA RUIZ, P., “La educación moral como pedagogía de la alteridad”, en Revista española de pedagogía 227 (2004) 5. «Ser prójimo es constituirse en sujeto moral y esto ocurre cuando nos aproximamos al caído» (R. MATE, El olvido que seremos,  Madrid  2008, 24).

[63] El dinamismo de lucha contra la inequidad ha de llegar incluso a las relaciones con la creación: «No podemos ser testigos mudos de gravísimas inequidades cuando se pretende obtener importantes beneficios haciendo pagar al resto de la humanidad, presente y futura, los altísimos costos de la degradación ambiental» (LS’ 36).

[64] Cf Lc 14,15. “El discipulado cristiano consiste en vivir en este mundo del modo que Cristo vivió en el suyo: tocando leprosos, sacando asnos de la zanja en sábado, cuestionando lo incuestionable y relacionándose con mujeres”: J. CHITTISTER, “Odres nuevos”. Antología de una visión espiritual, Santander 2003, 13.

[65] LS’ 16 habla de «otros modos de entender la economía y el progreso». El modo del decrecimiento, de la economía del bien común, de la sobriedad feliz, de la economía colaborativa, economía circular, etc., son caminos para esa otra manera de percibir la economía. Y en cuestiones de pensamiento político están desde la democracia participativa hasta  la democracia cósmica, caminos utópicos de una política menos sistémica. Hasta el mismo Evangelio puede ir en esa dirección: textos como Mt 25,14-30 hay que preguntarse si el buen siervo, según el Evangelio, no sería el que entierra el talento porque rompe con el sistema, “que recoge donde no esparce”, el cual, evidentemente, lo echa fuera.

[66] El Papa Francisco advierte en LS’ 54 que «la alianza entre la economía y la tecnología termina dejando afuera lo que no forme parte de sus intereses inmediatos».

[67] «El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de la caridad, que no sólo afecta a las relaciones entre los individuos, sino a las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas» (LS’ 231).

[68] «Lo que Jesús dejó claro es que a Dios lo encontramos primordialmente y ante todo, no por el camino de la “perfección”, ni por el de la “santificación”, ni tampoco por el de la “espiritualización” sino, sobre todo, por el de la “humanización”»: J. M. CASTILLO, La humanización de Dios. Ensayo de cristología,  Madrid 2009, 203.

[69] Temas tan problemáticos, jurídica, legal y moralmente como la fecundación in vitro, la selección de embriones para usos terapéuticos, la eutanasia, etc., han de ser leídos también desde esta perspectiva.

[70] Somos una mota cósmica aislada en el mar de un conjunto de universos. Para hacerse una idea: Aunque Próxima Centauri es la estrella más cercana al Sol, 4,2 años luz sigue siendo una distancia extraordinaria para una nave espacial, que tendría que recorrer 40 billones de kilómetros. La tecnología actual no permite enviar una sonda para explorar este planeta y comprobar si alberga vida. Si mandásemos una nave que viajara a 60.000 kilómetros por hora, que es la velocidad a la que va la sonda Voyager 1, la que más lejos ha llegado [ha salido ya del Sistema Solar], tardaría en llegar a Próxima b 75.000 años. Cf Ch. GALFARD, El universo en tu mano. Un viaje extraordinario a los límites del tiempo y del espacio,  Barcelona 2016.

[71] Sobre todo después de la elección de D. Trump como presidente de USA con sus primeras medidas sobre la industria automovilística y la rescisión del TPP.

[72] Cf OPINIÓN, “Directo hacia atrás”: El País 25 de enero de 2107, 12.

[73] Cf EG 53.

[74] La ONU es un foro de decisión política, por más que sea en muchos casos poco eficaz. Se necesitaría un foro de decisión económica por encima de organismos como el FMI, el BCE o similares. Algo de más calado ideológico y menos ligado a las grandes potencias.

[75] El final del OLPC (One Laptop Per Chile), el ordenador de 100 dólares para los niños de los países en desarrollo no es el final del sueño. Muchos siguen en ello. Cf J. J. TORRES, “OLPC ha muerto, pero no es el final de un sueño”, en: http://gizmologia.com/2014/03/olpc-ha-muerto.

[76] W. SINGER, “Ciencia y tecnología para el desarrollo de los países pobres”, en : http://www.eumed.net/textos/06/singer-tecno.htm (27-1-17).

[77] Cf  “Científicos discuten acceso de países pobres a tecnología espacial”, en El espectador,  7 de marzo de 2016, en: http://www.elespectador.com/tecnologia/cientificos-discuten-acceso-de-paises-pobres-tecnologia-articulo-620760 (27-1-17).

[78] S. CORRAL DELGADO, “Mercado de trabajo y formación”, en eXtoikos 4 (2011) 131.

[79] Las tremendas consecuencias de un mercado concentrado se nos muestran en toda su dureza cuando se nos dice que ocho personas poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad: Cf https://www.oxfam.org/es/sala-de-prensa/notas-de-prensa/2017-01-16/ocho-personas-poseen-la-misma-riqueza-que-la-mitad-mas (27-1-17).

[80] El dato objetivo de que la pobreza extrema se divide entre seis desde 1960. Entonces el 64% de la gente sobrevivía con menos de 1,9 dólares al día. Ahora son solo el 10%.

[81] “Nos desvivimos en consumir sin que esto calme la inquietud que sentimos en nuestro interior. El consumo de un objeto nos aboca al uso de otro artículo, en una espiral que parece no tener fin”: F. TORRALBA, La sobriedad,  Lleida 2012, 54.

[82] El fenómeno del yihadismo resulta elocuente, fenómeno magnificado por las redes sociales.

[83] Con otros actantes, pero el problema sigue vigente en las tierras bíblicas.

[84] Fuente: RAE.

[85] González Liliana “El imperialismo cultural y los procesos de integración latinoamericanos”. En línea. Disponible en: http://www.redalyc.org/articuloBasic.oa?id=199016809009 (27-1-17).

[86] Cf R. MATE, “La herencia del olvido”, en El País 18-1-2009: http://elpais.com/diario/2009/01/18/opinion/1232233205_850215.html (27-1-17). Ver su obra: La herencia del olvido,  Barcelona 2008.

[87] Es el “difícil perdón” del que hablaba P. Ricoeur (Cf F. TORRALBA, La paz,  Barcelona 2014, 74).

[88] J. RUBIO ARRIBAS-R.J. SORIA BREÑA, “La construcción social de la diferencia”, en: https://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/7/jarribas.htm (27-1-17).

[89] Como ocurre en Jn 6,16-21 por parte de los discípulos.

[90] J. FERNÁNDEZ, Ser humano en los conflictos, Madrid 2006, 41-42.

[91] Cf P. GÓMEZ TENA, “Un ideal integrador para un entorno complejo” (Facultad de Teología de Vitoria 2017. Manuscrito).

[92] Cf LS’ 16, 91, 117, 138, 240.

[93] M. CORBÍ, Hacia una espiritualidad laica, Barcelona 2007, 290.

[94] Cf E. MELER, El camino del cisne: estudios sobre Heidegger,  Madrid 2010, 160.

[95] Cf N. DOMÍNGUEZ, “Un enorme vacío hace que nuestra galaxia viaje a dos millones de kilómetros por hora”, en El País,  31-1-2017 (id.).

[96] “Los datos señalan que la humanidad está en la mejor situación de su historia y, sin embargo, la mayoría cree que el mundo empeora”: K. LLANERAS-N.CARRETERO, “Las paradojas del progreso: razones para el optimismo”, en El País-Ideas 31-12-16, 3.

[97] Según “Cifras para un mundo mejor” en El País-Ideas 31-12-16, 2, en 1900 solamente el 12% de la población mundial vivía en países democráticos; en 1950 eran el 31% y en 2015 eran ya el 53%.

[98] De ahí propuestas como la de S. ZAMAGNI propiciando una economía civil como modo de humanizar el mercado, en: Op.cit., 37ss.

[99] Es lo que pretendía hace años aquel “manifiesto contra la muerte del espíritu” de J.R.PORTELLA y A. MUTIS: http://www.elmanifiesto.com/manifiesto/texto_manifiesto.asp (31-1-17).

[100] Cf M. CORBÍ, Op.cit.,  289.

[101] LS’ 208.

[102] Cf A.VV., “Hacia una cultura de la solidaridad”, en: Documentación social 106 (1997) 181-211.

[103] Cf J. ELOLA; “Rafael Yuste”, en  El país Semanal,  22-1-17, 52.

[104] O. ELYTIS, “Discurso pronunciado en el recibimiento del Premio Nobel de Literatura 1979”, en: file:///C:/Users/PC/Documents/Varios/Osysseas%20Elytis%20(discurso).html (31-1-17).

[105] La poesía la suele utilizar con una cierta frecuencia. Cf el poema “Bendito fue aquel maldito instante” de C.C. Juárez Delgado.

[106] Todos estos datos son asequibles en el ensayo de divulgación de Ch. GALFARD, El universo en tu mano,  Barcelona 20162.

[107] R. BACHILLER; “Partículas y espacio vacío”, en El Mundo 25-1-17, 6.

[108] Cf S. LEÓN, “La insoportable levedad”, en El País, 1-2-2017, 2.

[109] M. CORBÍ, Op. cit., 290.

[110] Según la distinción del Papa Francisco entre naturaleza y creación: LS’ 76.

[111] Cf Jn 14,23.

[112] Cf Ap 21,4.

Para mantener vivo el sueño de la justicia

PARA MANTENER VIVO EL SUEÑO DE LA JUSTICIA

La doctrina social en los textos del Papa Francisco. Su influencia en la espiritualidad de la VC.

Derivaciones a las Hijas de la Caridad

 

 

«No dejéis morir a los viejos profetas pues alzaron su voz contra la usura que ciega nuestros ojos con óxidos oscuros, 
la voz que viene del desierto, el animal desnudo que sale de las aguas para fundar un reino de inocencia, la ira que despliega 
el mundo en alas, el pájaro abrasado de los apocalipsis, las antiguas palabras, las ciudades perdidas, el despertar del sol como dádiva cierta en la mano del hombre».

 

(J.A. Valente “No amanece el cantor”)

 

            El sueño de los “viejos profetas” contra la usura, a favor de la inocencia y de la justicia, su voz airada contra la opresión y su voz gozosa a favor de lo humano, sigue vivo. Sería una pena no solamente dejarlo morir, sino no ir dándole contenido.

            Por eso mismo, hacer un curso sobre doctrina social de la Iglesia (DSI) no es solamente estudiar, aprender ideas, analizar conceptos. Sería poco. Es también echar leña al fuego del anhelo de la justicia en la medida en que exista, o encenderlo si no existe. Pero si quien hace un curso así no se pregunta si arde o no en su interior ese fuego de la justicia, no sería un comienzo atinado. De aquí partimos.

            La DSI es algo muy importante en el tesoro doctrinal de la Iglesia. Pero es cosa poco conocida por los cristianos en general y por la VR en particular. Quizá porque hemos creído que se trataba de cosas teóricas. Pero en otras épocas, hubo gente en nuestra misma cultura que puso carne a tal doctrina y fueron personas decisivas para nuestras ciudades y pueblos (cooperativas, construcciones de viviendas, promoción de barrios, etc.). Eso se dio en la cultura de la carestía, en la posguerra.

            ¿Podría darse esto también en la cultura del bienestar (no para todos)? ¿Tendría hoy esta espiritualidad una influencia en nuestros planes personales y comunitarios de vida? Quizá sí. Primero habrá que “estudiarla” (en modos interesados), después, se verá.

            Lo decimos ya desde ahora: un curso así puede ser útil para muchas cosas en quien, como las HHCC, trabajan en marcos sociales: útil para enfocar en modos correctos la actividad solidaria y asistencial; útil para avanzar en propuestas de desarrollo al alcance de la mano; útil para entrever empresas de justicia que, a veces, empiezan por caminos muy pequeños.

            Y en cualquier caso, puede ser útil para alimentar nuestra espiritualidad cristiana que adolece mucho de componente social y le sobra, con frecuencia, componente religioso. Equilibrar mejor ambos aspectos puede ser un buen fruto de un curso como éste.

            Nuestro curso tendrá tres lecciones: en primer lugar veremos algunos contenidos de doctrina social en el Papa Francisco (hacer un recorrido por todos los documentos de la Iglesia sería imposible en tan corto espacio de tiempo); en segundo lugar confrontaremos esa DSI con la VC; y finalmente haremos un aplicación más concreta a la espiritualidad de las HHCC.

 

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LA DOCTRINA SOCIAL EN LOS TEXTOS MAGISTERIALES DELPAPA FRANCISCO

 

1. Una larga historia

 

            Nos parece que es más útil para un curso breve ceñirnos a un solo Papa y a unos pocos documentos. De esta manera podremos sacar más provecho. En cualquier caso, hay que decir, siquiera brevemente, que la de la DSI es una larga historia que resumimos en estos hitos:

 

  • Propiamente la expresión “doctrina social” sería usada por primera vez por Pío XI en su encíclica Quadragesimo anno quien cita a León XIII, aunque reconoce que la preocupación por los problemas económicos y sociales es anterior a la Rerum novarum. Los grandes cambios del siglo XIX como la revolución industrial y el consiguiente crecimiento de las ciudades habían producido graves desigualdades sociales y económicas. Se debatía y se luchaba por establecer una justa relación entre trabajo y capital y de ahí el problema conocido como cuestión obrera. El Papa León XIII afrontó este tema y el de la propiedad privada en su encíclica que se constituyó en documento de referencia y de inspiración para todas las acciones cristianas en el campo social.
  • Cuando en 1931 se cumplen 40 años de la publicación de la Rerum novarum, el Papa Pío XI publicó la Quadragesimo anno donde, además de repasar la doctrina anterior y aplicarla a la situación del momento, afrontó los nuevos problemas ligados al crecimiento de empresas y grupos cuyo poder pasaba fuera de las fronteras nacionales. Recuerda además la condena del socialismo así como la insuficiencia del liberalismo.
  • Pío XII vivió los años de la posguerra con otro orden internacional al que dedicó sus intervenciones. Incluso no publicó encíclicas sobre temas sociales, no dejó de recordar a todos a través de sus radiomensajes, la relación que corre entre la moral y el derecho positivo así como los deberes de las personas en las distintas profesiones.
  • Juan XXIII deja dos contribuciones: las encíclicas Mater et magistra y Pacem in terris. En la primera habla de la misión de la Iglesia por construir comunión que permita tutelar y promover la dignidad del hombre. En la segunda encíclica, además de afrontar el tema de la guerra (en tiempos de proliferación de armamento nuclear), afronta el tema de los derechos humanos desde un punto de vista cristiano.
  • El Concilio Vaticano II trató en la constitución pastoral Gaudium et spes temas de actualidad social y económica, como los nuevos problemas que afrontaba el matrimonio y la familia (por ejemplo, desde las sucesivas facilidades al divorcio concedidas desde el liberalismo decimonónico y el socialismo), la paz y concordia entre los pueblos (en el escenario de la llamada Guerra fría), etc.
  • Con Pablo VI hace su entrada en los documentos del Magisterio el tema del desarrollo en la encíclica Populorum progressio haciendo hincapié en la necesidad de que ese desarrollo sea de toda la persona y de todos los hombres.
  • Juan Pablo II, fuertemente marcado por su experiencia en Polonia, publicó diversas encíclicas sobre temas sociales. La Laborem exercens presenta una espiritualidad y una moral propias del trabajo que realiza el cristiano. La Sollicitudo rei socialis retoma el tema del progreso y el desarrollo íntegros de las personas (publicada con motivo de los veinte años de la publicación de laPopulorum progressio). Finalmente la Centesimus annus -con motivo del centenario de la publicación de la Rerum novarum- se detiene en la noción de solidaridad, que permite encontrar un hilo conductor a través de toda la enseñanza social de la Iglesia. Aunque sus predecesores habían tratado temas sociales como orientaciones para la ética social o para la filosofía, Juan Pablo II planteó la Doctrina social de la Iglesia como una rama de la teología moral y dio orientaciones sobre el modo en que esta disciplina debía ser enseñada en los seminarios.
  • Benedicto XVI publicó en 2009 la encíclica Caritas in Veritate, en la cual insistía en la relación entre la caridad y la verdad, a la vez que defendió la necesidad de una "autoridad política mundial" para dar respuesta adecuada a los problemas más acuciantes de la humanidad.

 

2. Qué es lo que está en juego

 

            No se trata del buen nombre de la Iglesia, aunque este tema le ha granjeado, algunas veces, un cierto aprecio social. No se trata de saber de DSI para ser actual, para poder discutir con el ciudadano de hoy, para dar impresión de que el cristianismo también se moderniza. Todo esto es muy banal.

            También hay que descartar el posible anhelo de influencia que se puede meter de rondón en esta clase de temas, como si la sociedad debiera funcionar al ritmos de las ideas de la DSI o la Iglesia debería ser escuchada en sus posiciones sociales por su autoridad. Es mejor entenderla como una aportación al concierto social para un camino de humanización conjunta.

            Lo que está en juego es la verdad del Evangelio. Casi siempre hemos enfocado la doctrina evangélica desde lados moralistas y religiosos. Pero podría ser enfocado desde lados sociales. Efectivamente, una lectura social del evangelio no solamente es posible, sino que es altamente elocuente y descubre un evangelio de más capacidad evocadora que los otros modos de lectura. Hágase la prueba de leer socialmente por ejemplo el evangelio de Marcos. Se percibirá que más de la mitad de sus 80 perícopas tienen un contenido social claro.  Al fin y al cabo, cuando uno lee el evangelio no puede sustraerse a la sensación de que no es tanto un libro religioso cuanto social, relaciona, humanizador.

            Y también está en juego la posibilidad de ser creíbles. El Papa dice que la misericordia nos hace creíbles. La misericordia y la justicia, que también dice que van estrechamente unidas. Ser creíble hoy por la mera oferta del mensaje religioso es complicada, dado el componente secular de la sociedad. Pero por el lado social la cosa es mucho más factible.

            Y más a la base de todo, está en juego la mera felicidad humana, porque toda realidad histórica (no solamente las personas) busca, de un modo o de otro, ser felices dentro de los límites de la historia. Pretender una felicidad sin justicia es una alienación. Por el contrario, si el bienestar se funda en la justicia ese es el camino correcto ya que es una felicidad global, para todos.

            No habría que apearse de soñar el triunfo de la justicia. No sería bueno decir que eso de la justicia está ya pasado de moda, que huele a tiempos superados. El día en que no haya un excluido del banquete de la vida, entonces habrá que dar por concluida la batalla. Pero mientras tanto (y cuánto falta para que tal cosa llegue) hay que seguir en ese anhelo.

 

3. La DSI en los documentos del Papa Francisco

 

            Analizaremos someramente algunos componente sociales de los grandes documentos del papa Francisco:

 

            a) Lumen Fidel (LF)

 

                        En repetidas ocasiones se le había pedido a Benedicto XVI durante los últimos años de su pontificado que escribiera una encíclica sobre la fe, que concluyese así la trilogía que había iniciado con Deus caritas est sobre el amor, y Spesalvi sobre la esperanza; pudiendo terminar así con las tres virtudes teologalescatólicas. El papa no estaba convencido de realizar ese trabajo, aunque la insistencia hizo que Benedicto XVI la escribiese como conclusión del Año de la Fe que él mismo había convocado, cincuenta años después del Concilio Vaticano II, con la finalidad de «redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada».56

Sin embargo, Benedicto XVI en un gesto insólito78 y calificado por algunos de «revolucionario»,910 anunció su renuncia el papado el 11 de febrero de 2013, cuatro meses después del inicio del Año de la Fe,11 y que se hizo efectiva el 28 de febrero del mismo año; convirtiéndose así en el primer papa en renunciar en seis siglos.12 Esto hizo que diese comienzo el cónclave para nombrar a su sucesor, del que salió elegido Francisco.

Francisco asumió el trabajo realizado por su antecesor, quien ya tenía prácticamente terminada una primera redacción de la encíclica, añadiendo al texto algunas aportaciones personales que, en línea con todo lo que el magisterio de la Iglesia había declarado sobre esta virtud teologal, pretendían sumarse a lo que el papa Benedicto XVI ha escrito en las encíclicas anteriores.

Es en el capítulo cuarto (Dios prepara una ciudad para ellos) donde aparece con más claridad el tema social.

La fe se relaciona con el bien común en cuanto que nace del amor de Dios y hace fuertes los lazos entre las personas. Se pone al servicio del derecho, la justicia y la paz; y por tanto, no aísla del mundo al individuo sino que «la luz de la fe» capta el fundamento último de las relaciones humanas y las pone al servicio del bien común. En cambio, el papa advierte de que sin el amor fiable de Dios, del que nace la fe, la unidad entre los hombres se basaría únicamente en el interés individual, la utilidad o el miedo; por lo que la fe ayuda al ser humano a edificar la sociedad.13

Entre los ámbitos que son «iluminados por la fe» se encontrarían la familia, fundada en el matrimonio, que se entiende como una «unión estable de un hombre y una mujer» y que fundado sobre Cristo, promete «un amor para siempre»; los jóvenes, que «manifiestan la alegría de la fe, el compromiso de vivir una fe cada vez más sólida y generosa»; las relaciones sociales, puesto que la la fe da un nuevo significado a la fraternidad universal entre los hombres que no es una simple igualdad, sino que los considera a todos hermanos hijos de Dios; la naturaleza, que la fe anima a respetar y a «buscar modelos de desarrollo que no se basen sólo en la utilidad y el provecho»; así como la muerte y el sufrimiento, al que el cristiano le puede dar sentido convirtiéndolo en un acto de amor de Dios, quien acompaña al ser humano en sus dificultades y le da esperanza.

 

            b) Evangelii Gaudium (EG)

 

Es la primera exhortación apostólica escrita por el papa Francisco, publicada el 26 de noviembre de 2013 tras el cierre del Año de la Fe. Como la mayor parte de las exhortaciones apostólicas, ésta también se escribió tras una reunión del Sínodo de los Obispos: en este caso se trató de la XIII Asamblea General Ordinaria sobre La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Hay que notar que en la transmisión de la fe entra de lleno el tema socia

El tema social se desarrolla explícitamente en el Capítulo IV: La Dimensión Social de la Evangelización. La fe auténtica, dice el Papa Francisco, ‘siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra‘ y por tanto nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad. En este capítulo, el Papa, señala la inequidad, la falta de justicia social, como la raíz de los males sociales y reza para que crezca en el mundo el número de políticos ‘a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres!‘ y que sean capaces de ‘entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo’

“La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar, no solo por una exigencia pragmática de obtener resultados y de ordenar la sociedad, sino para sanarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que solo podrá llevarla a nuevas crisis”

Respecto al progreso de las ciencias expresa que la Iglesia no solo no pretende detener su admirable sino que se alegra e incluso disfruta reconociendo el enorme potencial que Dios ha dado a la mente humana. Explica que, así como ‘los creyentes tampoco pueden pretender que una opinión científica que les agrada, y que ni siquiera ha sido suficientemente comprobada, adquiera el peso de un dogma de fe’ es una pena que algunos científicos vayan más allá del objeto formal de su disciplina y se extralimiten con afirmaciones o conclusiones que exceden el campo de la propia ciencia, haciendo proposiciones que no responden a la razón sino a una ideología ‘que cierra el camino a un diálogo auténtico, pacífico y fructífero‘. Termina el capítulo sosteniendo que ‘el debido respeto a las minorías de agnósticos o no creyentes no debe imponerse de un modo arbitrario que silencie las convicciones de mayorías creyentes o ignore la riqueza de las tradiciones religiosas. Eso a la larga fomentaría más el resentimiento que la tolerancia y la paz’

 

            c) Laudato Si’ (LS’)

 

Laudato si' (en dialecto umbroAlabado seas, del Cántico al hermano sol de san Francisco de Asís)  es el título de la segunda encíclica del papa Francisco, firmada el 24 de mayoSolemnidad de Pentecostés, del año 2015; y que fue presentada el 18 de junio de 2015. La encíclica se centra en el planeta Tierra como lugar en el que viven los hombres, defendiendo la naturaleza, la vida animal y las reformas energéticas en los seis capítulos compuestos; presenta el subtítulo: Sobre el cuidado de la casa común.

Toda la carta puede ser considerada como doctrina social. Pero nos parece que lo más nuclear está en el Capítulo 3. La raíz humana de la crisis ecológica
            El poder tecnológico en pocas manos: Pero no podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido nos dan un tremendo poder. Mejor dicho, dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero.[…] ¿En manos de quiénes está y puede llegar a estar tanto poder? Es tremendamente arriesgado que resida en una pequeña parte de la humanidad.
            Poder económico de la tecnología que niega la inclusión: (109) El paradigma tecnológico también tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política […]. El mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social.

Las personas antes que el negocio: (128) Dejar de invertir en las personas para obtener un mayor rédito inmediato es muy mal negocio para la sociedad.

 

d) Amoris Letitia (AL)

 

 «La alegría del amor» (en latín) es la segunda exhortación apostólica post-sinodal del Papa Francisco, firmada el día 19 de marzo de 2016 y hecha pública el 8 de abril del mismo año. Como viene indicado en el subtítulo, el documento trata sobre el amor en la familia, por ello se hace mención explícita a los esposos cristianos en la parte que se indica a quien va dirigida. Esta exhortación se publica, como es costumbre en la Iglesia, al haber concluido dos Sínodos, uno extraordinario y otro ordinario (en este caso sobre la Familia), que tuvieron lugar en la ciudad del Vaticano en octubre de 2014 y 2015 respectivamente.

Donde podemos percibir mejor los contenidos sociales puede ser en el Capitulo quinto: “El amor que se vuelve fecundo”. El capítulo quinto esta todo concentrado sobre la fecundidad y la generatividad del amor. Se habla de manera espiritual y psicológicamente profunda del recibir una vida nueva, de la espera propia del embarazo, del amor de madre y de padre. Pero también de la fecundidad ampliada, de la adopción, de la aceptación de la contribución de las familias para promover la “cultura del encuentro”, de la vida de la familia en sentido amplio, con la presencia de los tíos, primos, parientes de parientes, amigos. Amoris laetitia no toma en consideración la familia “mononuclear”, porque es bien consciente de la familia como amplia red de relaciones. La misma mística del sacramento del matrimonio tiene un profundo carácter social. Y al interno de esta dimensión el Papa subraya en particular tanto el rol específico de la relación entre jóvenes y ancianos, como la relación entre hermanos y hermanas como práctica de crecimiento en relación con los otros.

 

***

Trabajo en grupo: lectura subrayada

 

            Cada grupo toma uno de los siguientes apartados. Lee las frases detenidamente. Elige por consenso una. La explica un poco. Luego esto se pondrá en común.

 

1. LF

 

  1. Gracias a la fe, hemos descubierto la dignidad única de cada persona, que no era tan evidente en el mundo antiguo” (n. 54).
  2. “Incluso desde un punto de vista simplemente antropológico, la unidad es superior al conflicto; hemos de contar también con el conflicto, pero experimentarlo debe llevarnos a resolverlo, a superarlo” (n. 55).
  3. “La luz de la fe no disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una lámpara, guía nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar” (n. 57).

 

2. EG

 

  1. “Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. ¿Quién pretendería encerrar en un templo y acallar el mensaje de san Francisco de Asís y de la beata Teresa de Calcuta? Ellos no podrían aceptarlo. Una auténtica fe —que nunca es cómoda e individualista— siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra” (n. 183).
  2. “La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar, no solo por una exigencia pragmática de obtener resultados y de ordenar la sociedad, sino para sanarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que solo podrá llevarla a nuevas crisis. Los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, solo deberían pensarse como respuestas pasajeras. Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales” (n. 202).
  3. “¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo! La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común (…) ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres!” (pto. 205)
  4. “Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo. Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Si esta convicción cae, no quedan fundamentos sólidos y permanentes para defender los derechos humanos, que siempre estarían sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno. La sola razón es suficiente para reconocer el valor inviolable de cualquier vida humana, pero si además la miramos desde la fe, ‘toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre'” (n. 213).
  5. “Precisamente porque es una cuestión que hace a la coherencia interna de nuestro mensaje sobre el valor de la persona humana, no debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión. Quiero ser completamente honesto al respecto. Este no es un asunto sujeto a supuestas reformas o ‘modernizaciones’. No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana. Pero también es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?” (n. 214)
  6. “La Iglesia no pretende detener el admirable progreso de las ciencias. Al contrario, se alegra e incluso disfruta reconociendo el enorme potencial que Dios ha dado a la mente humana. Cuando el desarrollo de las ciencias, manteniéndose con rigor académico en el campo de su objeto específico, vuelve evidente una determinada conclusión que la razón no puede negar, la fe no la contradice. Los creyentes tampoco pueden pretender que una opinión científica que les agrada, y que ni siquiera ha sido suficientemente comprobada, adquiera el peso de un dogma de fe. Pero, en ocasiones, algunos científicos van más allá del objeto formal de su disciplina y se extralimitan con afirmaciones o conclusiones que exceden el campo de la propia ciencia. En ese caso, no es la razón lo que se propone, sino una determinada ideología que cierra el camino a un diálogo auténtico, pacífico y fructífero” (n. 243).
  7. “Un sano pluralismo, que de verdad respete a los diferentes y los valore como tales, no implica una privatización de las religiones, con la pretensión de reducirlas al silencio y la oscuridad de la conciencia de cada uno, o a la marginalidad del recinto cerrado de los templos, sinagogas o mezquitas. Se trataría, en definitiva, de una nueva forma de discriminación y de autoritarismo. El debido respeto a las minorías de agnósticos o no creyentes no debe imponerse de un modo arbitrario que silencie las convicciones de mayorías creyentes o ignore la riqueza de las tradiciones religiosas. Eso a la larga fomentaría más el resentimiento que la tolerancia y la paz” (n. 255).

 

N3. LS’

 

  1. “La tecnociencia bien orientada no sólo puede producir cosas realmente valiosas para mejorar la calidad de vida, también es capaz de producir lo bello ¿se puede negar la belleza de un avión?”.
  2. “Las iniciativas ecologistas pueden terminar encerradas en la misma lógica de la globalización: buscar sólo un remedio técnico a cada problema ambiental que surja es aislar cosas que en la realidad están entrelazadas, y esconder los verdaderos y más profundos problemas del sistema mundial”.
  3. “La gente ya no parece creer en un futuro feliz”.
  4. “Una presentación inadecuada de la antropología cristiana pudo llegar a respaldar una concepción equivocada sobre la relación del ser humano con el mundo: se transmitió muchas veces un dominio sobre el mundo que provocó la impresión de que el cuidado de la naturaleza es cosa de débiles”.
  5. “Cuando no se reconoce el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad; difícilmente podremos escuchar los gritos de la naturaleza”.
  6. “No es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto”.
  7. “La lógica del «usar y tirar», genera tantos residuos por el deseo desordenado de consumir más de lo que realmente se necesita”.
  8. “Estamos llamados al trabajo desde nuestra creación. El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal”.
  9. “Dejar de invertir en las personas para obtener un mayor rédito inmediato es muy mal negocio para la sociedad”.
  10. “La actividad empresarial, que es una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos, puede ser una manera muy fecunda de promover la región donde se instala, si crea puestos de trabajo”.
  11. “No es posible frenar la creatividad humana”.

 

  1. 4.     AL

 

1. 165. El amor siempre da vida. Por eso, el amor conyugal no se agota dentro de la pareja.

2. 167. Las familias numerosas son una alegría para la Iglesia. En ellas, el amor expresa su fecundidad generosa. Esto no implica olvidar una sana advertencia de san Juan Pablo II, cuando explicaba que la paternidad responsable no es «procreación ilimitada o falta de conciencia».

3. 169. Es importante que ese niño se sienta esperado. Él no es un complemento o una solución para una inquietud personal. Es un ser humano, con un valor inmenso, y no puede ser usado para el propio beneficio.

4. 171. A cada mujer embarazada quiero pedirle con afecto: Cuida tu alegría, que nada te quite el gozo interior de la maternidad. Ese niño merece tu alegría. No permitas que los miedos, las preocupaciones, los comentarios ajenos o los problemas apaguen esa felicidad de ser instrumento de Dios para traer una nueva vida al mundo.

5. 173. Valoro el feminismo cuando no pretende la uniformidad ni la negación de la maternidad. Porque la grandeza de la mujer implica todos los derechos que emanan de su inalienable dignidad humana, pero también de su genio femenino, indispensable para la sociedad. Sus capacidades específicamente femeninas —en particular la maternidad— le otorgan también deberes, porque su ser mujer implica también una misión peculiar en esta tierra, que la sociedad necesita proteger y preservar para bien de todos.

6. 175. Hay roles y tareas flexibles, que se adaptan a las circunstancias concretas de cada familia, pero la presencia clara y bien definida de las dos figuras, femenina y masculina, crea el ámbito más adecuado para la maduración del niño.

7. 179. La adopción es un camino para realizar la maternidad y la paternidad de una manera muy generosa, y quiero alentar a quienes no pueden tener hijos a que sean magnánimos y abran su amor matrimonial para recibir a quienes están privados de un adecuado contexto familiar. Nunca se arrepentirán de haber sido generosos. Adoptar es el acto de amor de regalar una familia a quien no la tiene.

8. 183. Un matrimonio que experimente la fuerza del amor, sabe que ese amor está llamado a sanar las heridas de los abandonados, a instaurar la cultura del encuentro, a luchar por la justicia. Dios ha confiado a la familia el proyecto de hacer «doméstico» el mundo, para que todos lleguen a sentir a cada ser humano como un hermano.

9. 186. Cuando quienes comulgan se resisten a dejarse impulsar en un compromiso con los pobres y sufrientes, o consienten distintas formas de división, de desprecio y de inequidad, la Eucaristía es recibida indignamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2

REFLEXIÓN DE FONDO:

LAS CAUSAS DE LAS POBREZAS

 

            Vamos a proponer un tema “de fondo”. Creemos que no se puede ir creciendo en la dirección de la doctrina social si no se van trabajando algunas cuestiones sociales de fondo, una de ellas esta de las causas de las pobrezas.

No descubrimos nada nuevo si decimos, de entrada, que la VR, en su historia, larga y fecunda,  se ha ocupado sobre todo de los terribles efectos de la injusticia y la pobreza. No nos cabe duda de que, sin su aportación, el caminar humano habría sido mucho más doloroso y el horizonte de la vida más gris. Cualquier cosa que digamos para ponderar la entrega de la VR en la realidad de los pobres de la historia nos quedará corta.

            Esta impagable aportación se ha hecho sobre todo, y aún continuamos mayoritariamente en esa dirección, en la forma de lo que llamamos “obras propias”: orfanatos, hospitales, sanatorios, casas de acogida, dispensarios, escuelas populares, centros de atención primaria, etc. Son “nuestras” obras de solidaridad (de caridad, se decía antes). El trabajo en colaboración con otras entidades solidarias está todavía naciendo.

            Junto a esto es preciso reconocer que el trabajo en las causas de las pobrezas ha sido prácticamente inexistente. Algo nos dice que eso no es cosa nuestra sino, más bien, de los políticos, de los economistas, de las ONGs, de la sociedad civil. Sin embargo, cualquiera reconoce que un trabajo en los efectos sin tratar de atajar las causas es pretender achicar el agua que amenaza hundir al barco sin taponar la vía de agua que inunda la nave. Intuye la VR, certeramente, que el trabajo en las causas es complicado, de gran calado, mezclado a cuestiones de política y economía harto complejas. Y deduce que ese no es su terreno. Por otra parte, piensa así mismo que esa clase de trabajos requiere grandes colaboraciones sociales que ponen en peligro la “firma religiosa” de nuestras obras. Y también eso puede echarle atrás.

            La pregunta del millón es cómo no descuidar el campo asistencial, necesario siempre, uniéndolo a las actuaciones en las causas de las pobrezas. Puede parecer una cuestión teórica, pero, aunque el terreno esté todavía muy por desbrozar, tal vez se halle ahí un campo muy prometedor para la espiritualidad de la pobreza en maneras actualizadas. Comenzar por la reflexión es ya un intento; iniciar pequeñas colaboraciones con quienes apuntan a las causas, un logro inicial; plantear esto en términos de vida comunitaria, un horizonte.

 

            1) De señuelos y pescadores:

 

            Vamos a comenzar con una definición de señuelo tomada de un manual de pesca: Los señuelos tienen una composición estructural que corresponde a presentar estímulos cuyo fin es incitar o despertar algunos de los sentidos de los peces que están asociados al acto de la alimentación, esto es morder y tragar. O sea, si es que entendemos bien:

  • Los señuelos tiene una “composición estructural”: hay alguien que los prepara, que los manipula, que tiene unos planes sobre el resultado de la pesca, unos planes de control, exterminio planificado y utilización en su propio provecho. El “compositor estructural” del señuelo es el pescador y sus planes.
  • Para que el pez pique, el señuelo presenta “estímulos” que despiertan algunos sentidos orientados a la alimentación. Es decir, no muere el pez por la boca, sino por su estómago, porque el señuelo le despierta sus ansias estomacales. El pescador sabe dónde dar: lleno un poco su estómago, pero me quedo con todo el pez.
  • Por eso, el éxito de la pesca está en que el pez “muerda y trague” creyendo que ha comido, cuando, en realidad, es a él a quien se van a comer entero. Creía, con buena voluntad, que mordiendo y tragando procuraba por su vida, cuando lo que ocurre es que le arrebatan la vida a él.

La conclusión es lógica: ojo con los señuelos y, sobre todo, ojo con los pescadores que están detrás de ellos.

Se cumplen 40 años de la Populorum Progressio escrita por Pablo VI en tiempos de descolonización, como apoyo a los países que alcanzaban la libertad y reivindicaban “un nuevo orden económico internacional”. Los “pescadores”, los países egoístas y desarrollados, celosos de lo que llaman “estado de bienestar” (un bienestar para unos pocos no deja ser una realidad envenenada), han ido lanzado una serie de señuelos para que la gente de buena voluntad, peces inocentes, vayamos picando y, en definitiva, ese nuevo orden económico se posponga hasta el día de la parusía por la tarde. Pueden ser estos y algunos más:

  • El 0,7 %: Fue lanzado por la ONU. Solamente se impuso en países y ámbitos de decisión muy escasos. Pero ha servido de señuelo propagandístico para que muchos de nosotros nos apuntáramos a esa lucha dejando para un segundo momento los trabajos por la modificación de las causas estructurales de la pobreza. En el subconsciente se piensa que eso es imposible, inalcanzable y que, de hecho, no me implica a mí. Aunque se desmarca bastante de la caridad tradicional, la noble lucha por el 0,7, está muy lejos no solamente de conseguirse, sino de apuntar realmente a esas causas estructurales. Más aún, quien tenga implantado el 0,7 corre el peligro de pensar que ya ha llegado a una meta en el tema del desarrollo de los países empobrecidos.
  • Los 8 Objetivos del Milenio: Juan Pablo II volvía en 1987 sobre el tema de los imperialismos explotadores en la Sollicitudo rei socialis que conmemoraba el 20 aniversario de la Populorum. Esta reivindicación caló en ciertos sectores de la opinión mundial y empezaron a llover críticas a la banca internacional, al FMI, al BM e, incluso, a la misma ONU por su inoperancia. A los pocos años, en 2006, de nuevo la ONU lanza un señuelo de mucho mayor calado: conseguir para el 2015 los ocho Objetivos del Milenio, el primero de los cuáles es la erradicación de la pobreza extrema y el hambre. De nuevo parece ser que lo que predomina es cómo reparar los destrozos, atrasos, insuficiencias, carencias, que se manifiestan en el tejido económico y social de los países empobrecidos, pero las preguntas sobre las causas de tales desaguisados (y que apuntan a los “pescadores”) quedan de nuevo en la sombra. 
  • Los proyectos de desarrollo inmediato: Nos referimos a los pequeños proyectos, cercanos, concretos, que manejan muchas de nuestras ONGs. Hemos dado, ciertamente, un paso de gigante al entender la solidaridad no meramente como acción caritativa (quizá siempre necesaria), sino también como ayuda al desarrollo, a crear posibilidades de emancipación económica. Pero de nuevo el ámbito de las causas parece poco tocado por nuestras ONGs. ¿Será un nuevo señuelo para que ese ámbito quede intacto? ¿Cómo es que, si no, muchas entidades bancarias y administrativas que se significan por su connivencia con las multinacionales que controlan el mercado y por el desarrollo desigual del planeta sean, con frecuencia, las mejores colaboradoras de nuestras ONGs?

¿Hay posibilidad de colaborar en causas de solidaridad sin picar en el señuelo y, desde ahí, apuntar a las causas de las pobrezas. La hay. De hecho podemos decir que, tanto a título comunitario como individual, es cada día mayor el número de hermanos y hermanas empeñados en la causas de la justicia; no mengua la inquietud por una sociedad distinta, aunque disminuyam nuestras fuerzas y estemos en épocas de reducción; cada vez trabajamos con más eficacia en temas de humanización, aunque nuestros trabajos son muy modestos. Desde estas certezas sugerimos:

  • Se puede trabajar en el 0,7% con generosidad y lucidez. Tras las fuertes campañas de años pasados parece que este tema ha desaparecido. Pero el compromiso firmado en 1970 de invertir el 0,7% del PIB en temas de desarrollo sigue sin cumplirse en la mayoría de los países. Se ha avanzado a nivel social, lo que muestra que las campañas de sensibilización y movilización popular no han sido vanas. Muchos ayuntamientos, organizaciones cívicas, comunidades autónomas, etc., han incluido en sus presupuestos ese porcentaje para el desarrollo o están haciéndolo progresivamente. No percibimos que esto haya tenido eco en nuestras comunidades religiosas. Es cierto que muchos grupos dan para temas de solidaridad más que el 0,7. Pero entonces, ¿por qué cuesta incluir este tipo de partidas en nuestros presupuestos? Hacerlo nos llevaría con facilidad a las preguntas sobre las causas. La solidaridad no presupuestada, no “socializada”, tiene el peligro de seguir siendo caritativa, “nuestra”, apuntando únicamente a los efectos.
  • Se puede colaborar en los Objetivos del Milenio porque éstos llevan emparejada la pregunta sobre las causas. No resulta fácil que estas inquietudes globales aterricen en la vida las comunidades religiosas. Nos parecen cosas lejanas, que no nos tocan. Los religiosos, incluso los de mayor edad, hemos olvidado pronto que provenimos del mundo de la pobreza y que una parte notable de nuestra vida la hemos vivido en un contexto social de escasez y de pobreza. Siquiera por eso, el Objetivo 1 (Erradicar la pobreza extrema y el hambre) habría de sernos cercano. Vistas las muertes numerosas de la violencia de género, el Objetivo 3 habría de encontrar resonancia entre nosotros, y más particularmente en las comunidades de mujeres (Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer). Con la sensibilidad, incluso con el aliento del actual Papa proclive al tema del medio ambiente, el Objetivo 7 tendría que suscitar en nosotros un interrogante (Garantizar el sustento del medio ambiente).  Si se quieren tratar estos objetivos con profundidad y cercanía, rápidamente surgirá la pregunta sobre las causas. Por eso, sin picar en el anzuelo con una respuesta rápida, meramente económica, habríamos de aprestarnos a hacer la fecunda y reveladora pregunta de las causas.
  • También se puede trabajar y colaborar en las ONGs sin picar en el anzuelo de la mera subvención, de nuestro nombre puesto a un proyecto, del prestigio social que puede reportar eso, del sentido que quiero dar a mi opción religiosa. No se sabe cuántas ONGs hay en España (los más moderados dicen que 10.000; hay quien habla de 200.000. No hay un registro oficial). Muchas de ellas son de origen religioso y no pocas han nacido al amparo de obras de la VR. Se impone un severo discernimiento en las ya existentes y en las que se pretenden formar. No pueden ser excusa y tapadera para prologar el tema de “nuestras obras” ni tampoco para seguir haciendo caridad en formas más modernas. Para huir de estas asechanzas es preciso incorporar en esas iniciativas el tema básico de las causas. Si se hiciera, posiblemente disminuiría el número, pero aumentaría su vitalidad y compromiso. Y lo que es más: colaborarían de modo decisivo no solamente a paliar los efectos devastadores de las pobrezas, sino a extirparlas en su raíz promoviendo un desarrollo sostenible capaz de hacer evolucionar a los países pobres en la dirección de la justicia y la equidad.

 

2) Trabajos de mediación económica

 

Por extraño que parezca, quizá la VR esté llamada a colaborar en una cierta mediación económica. ¿De qué se trata? El desequilibrio entre países ricos y pobres, entre sectores sociales pudientes y otros necesitados es tan grande que alguien tendría que hacer trabajos de mediación económica que intentaran colmar ese profundo foso. ¿Es éste trabajo de la VR? ¿No habría dedicarse, más bien, a tareas de componente más religioso y espiritual? Pues no. La VR está en una posición estupenda para hacer tareas de mediación. Su despojo, su  “pobreza”, su ausencia de intereses económicos, en la medida en que esto sea así, la posibilita para tareas de mediación.

¿Cómo podría la VR, reconociendo sus evidentes límites, ser instancia de mediación económica? Necesitaría ir decantándose crecientemente por la orilla de los débiles, interesándose de manera explícita por sus situaciones, poniendo rostro (personal y colectivo) a los inapagables anhelos de quienes heredan infortunios. Esto es una mística nueva, totalmente necesaria para plantearse la pregunta sobre la mediación económica. Además, habría de colaborar en proyectos de desarrollo a medio y largo plazo, zafándose un poco de las angustias más inmediatas que asaltan a los pobres y que copan, con frecuencia, todas sus fuerzas. Tendría también que apoyar con decisión planteamientos de mediación económica como el comercio justo, no solo para colaborar con las cooperativas de productores de los países empobrecidos, sino también para indicar que es posible encontrar caminos de reorientación económica. La VR tendría que ser cuidadosa en sus modos de consumo, tendiendo explícitamente hacia la oferta que viene de los países del Sur, aunque sea poco lo que accede a nuestros mercados.

      Un ámbito de mediación es la organización de intercambios entre agentes de desarrollo del mundo rico y del mundo en vías de desarrollo. Este intercambio, camino de ida y vuelta, no solo de ida, podría colaborar a generar un pensamiento crecientemente común que luego, sin duda, llevaría a concreciones. Una ayuda al desarrollo, una acción de las ONGs únicamente en la dirección Norte-Sur es incompleta. Resulta necesario hacer espacio a la dirección Sur-Norte. Es entonces cuando los intercambios podrán ser generadores de una nueva conciencia que, sin duda, se traducirá en caminos de mediación económica.

Y, finalmente, hay que entender la mediación económica como un proceso, no como un acto puntual, alejándose la dinámica de subsidio (caritativa) que tiende a considerar que con una ayuda puntual hemos terminado. Esos procesos demandarán continuidad en lo planificado, acompañamiento en el trayecto del mismo, evaluación en su terminación. Es preciso ser consciente de que hacer obra de solidaridad y, más todavía, de mediación económica es complicado y que, con frecuencia, los planes se agostan mucho antes de llegar al final. Efectivamente, tales planes pasan por mil manos, por muchas vicisitudes, por imponderables que no entraban en lo planeado y, si no se está encima de ellos, terminan por agostarse antes de llegar a su final.

 

3) Discernimiento “empresarial”

 

            Hay quien dice que los religiosos habríamos de reconocer, de una vez por todas, que somos “empresarios” (V. G. Mier). Así aparece en momentos de conflictividad laboral de nuestros centros de enseñanza, sanitarios u otros. Quizá tengan razón. Pero ese reconocimiento bien merece un discernimiento, porque hay matices que es preciso tener en cuenta.

            Un primer paso es clarificar el procedimiento empresarial de nuestras obras propias, ver si nuestras prácticas laborales son buenas o rezuman el más duro neoliberalismo, analizar si nuestros comportamientos económicos son legales, e incluso generosos, comprobar qué calidad de trato se da a los trabajadores de nuestros centros. El tema de la justicia habría de ser una obsesión en nuestras prácticas laborales desterrando cualquier arbitrariedad que se haya podido colar en este campo. Además, sería preciso ver si funciona el principio de inclusividad, aquel que considera importante a todo trabajador, independientemente de su cometido específico, de su cualificación o de sus peculiaridades personales.

            Por otro lado no se ha descartar que la VR participe en empresas de inserción que son, por definición, empresas en los márgenes, con personas de grandes dificultades de acceso al mundo laboral. Para ello tal vez haya que introyectar la idea de trabajar en empresas realmente “no rentables”; esto puede ser una colaboración a la mediación económica. Esta participación habría de serlo al menos en fases iniciales, dejando posteriormente la gestión a personas que pueden llevar tales empresas en la línea establecida. En este discernimiento entran también las instalaciones que poseemos y que, en un momento dado, pueden ser imprescindibles para dar salida al humilde sueño de las empresas de inserción.

            Están más por descubrir todavía las ventajas del trabajo en empresas ajenas. Es cierto que son bastantes los religiosos y religiosas que trabajan en esas empresas. Pero el “modelo empresarial” mayoritario en la VR sigue siendo el de las obras propias. Pretender una especialización del religioso/a en trabajos por cuenta ajena demanda voluntad de caminar en la dirección del religioso profesional, formación adecuada y acompañamiento necesario. De todos modos, el campo del trabajo profesional por cuenta ajena acarrearía muchos beneficios al proyecto de VR no siendo de los menores la libertad y la posibilidad de mostrar un tipo de vida cercano al camino del común de los mortales. De lo contrario, ser del pueblo, vivir como la gente, estar con los pobres y similares anhelos no estarían fácilmente al alcance de la VR.

            Un punto de discernimiento que consideramos importante se refiere al comportamiento de no pocas comunidades religiosas de nuestro entorno europeo que, en estos tiempos de reducción, envejecimiento y carestía vocacional, se lanzan a la construcción de grandes obras modernas (colegios, complejos sanitarios, universidades incluso). Por un lado, la embarcada que supone meterse en tales líos económicos quizá encuentre una razón de ser en el afán de que el esfuerzo económico de las congregaciones religiosas revierta en la sociedad y colabore al desarrollo económico de una ciudad o región. Pero los interrogantes afloran: ¿Por qué se hace tal despliegue económico? ¿Cómo se compaginan esas actuaciones con el testimonio de vida sencilla y pobre al que está llamado el seguidor de Jesús? ¿Quién va a gestionar tales obras dentro de veinte años? ¿Está claro el horizonte económico de tales inversiones? ¿A qué tipo de empresa estamos empujando? Son muchos los interrogantes; el discernimiento habría de ser también notable.

            Por fin, un punto que sigue pesando en nuestros estilos habituales de VR es el tema de la formación de los gestores económicos que, con frecuencia, se realiza en nuestros centros educativos. J.M. Castillo dice que no puede entender que “los profesionales de la pobreza formen a los mejores gestores de la riqueza”. Esto desvela la necesidad de una clarificación de los comportamientos empresariales de la VR y de la ideología que hay detrás de ellos.

 

            4) Buenas noticias en las causas de las pobrezas:

 

                        Ninguno religioso o religiosa ignora que el Evangelio es buena noticia. Así lo proclamamos con frecuencia. Pero se tiene la impresión de que, con frecuencia, esa buena noticia es religiosa, para asuntos de fe, pero no tanto para las necesidades que agobian el caminar humano. ¿Cómo ser buena noticia para los parados, para quien tiene problemas de vivienda, para quien ha tenido que emigrar a buscarse el pan, para quien naufraga en el océano de la crisis?

            Podría la VR colaborar notablemente con los parados en estos tiempos de gran desempleo. Primero: acogida, comprensión, respeto, mirada benigna; no menosprecio, desentendimiento, olvido. Segundo, tratar de ser justos cuando necesitamos contratar a alguien que nos eche una mano en labores coyunturales; no aprovecharse de la precariedad del empleo o del poco tiempo del servicio contratado. Tercero: colaborar con entidades que proponen planes de mitigación de esta lacra (Cáritas, por ejemplo). Cuarto: creer que, si nos ponemos en marcha, encontraremos alguna salida que alivie a quien anda mal en cuestiones de empleo. Quinto: no desfallecer porque no encontremos solución; lo que hoy no es posible, tal vez mañana lo sea.

            El difícil acceso a la vivienda de los sectores sociales más desfavorecidos (la emigración, sobre todo) podría encontrar un paliativo en la VR si ésta se animara a la creación de pequeñas “bolsas de vivienda” por las que la comunidad religiosa hiciera de intermediario entre quien alquila y quien tiene necesidad de vivienda pero no es fiable para el alquilador. Este método que no exigiría grandes inversiones, aunque sí un seguimiento ceñido, podría solucionar no pocos casos de gran dificultad para el acceso a una morada digna.

            La VR se va sensibilizando a pasos agigantados en el acuciante tema de la inmigración. Van surgiendo iniciativas, incluso intercongregacionales, que tratan de hacer de colchón social para un colectivo numeroso que, al menos en sus primeras fases, pasa por situaciones de dificultad. Sin embargo, queda todavía mucho camino por recorrer. Los viejos prejuicios racistas que obran en nuestro país y que se mantienen en modos generalmente latentes pero que están ahí habrían de ser superados por una generosidad que conecte con el recuerdo de que nuestra patria ha sido (y aún lo es) tierra de emigración pura y dura. Los recursos que las comunidades religiosas en general prestan a los colectivos inmigrantes son todavía escasos. Es preciso un discernimiento más agudo y más animoso. Se necesitacaer en la cuenta de manera efectiva que el “fui extranjero y me acogisteis” de Mt 25,35 no solamente sigue vigente, sino que es signo del alborear del Reino. Y si éste no amanece, ¿a que luz contribuye la VR?       

            También la VR está llamada a poner más empeño para echar una mano a quien está apunto de naufragar en el marasmo de la crisis económica o a quien se ha hundido ya. Es cierto que, con mucha frecuencia, las posibilidades de actuación son escasas. Pero eso no habría de ser óbice para intentar actuar. Aquí habríamos de manifestar la alternatividad a la que apunta el seguimiento de Jesús.

 

            5) Cuatro deseos para la Vida Religiosa:

 

            Para terminar condensamos lo dicho en cuatro buenos deseos para la VR. Que el anhelo nos mantenga abiertos en esta situación de encrucijada, que moldee nuestra sensibilidad:

  • Que el dolor no nos sea indiferente: Como canta la hermosa canción de León Greco. Que la VR no pase dando un rodeo a los grandes sufrimientos de la humanidad, que le conmuevan las lágrimas de los pobres, que haga suyas las situaciones de las pobrezas, que ampare y abrace a quien camina en profunda soledad, que se vuelque con fidelidad a las necesidades más hondas, que toque las llagas de la vida para curarlas.
  • Que anhelemos otra manera de vivir: Una manera que rechace la razón cínica que decía que no existían fondos para cumplir los Objetivos del Milenio o condonar la deuda externa. Que también supere la razón indolente que renuncia a su mayoría de edad y no se atreve a pensar autocráticamente y con reflexividad; que entiende este mundo como fatal y necesario sin atreverse a abandonar los viejos mapas y a dibujar otros cuyas distorsiones de la realidad sean menos arbitrarias e inhumanas. Una manera de vivir que aproveche la experiencia vivida para ejercer la razón crítica, que es la que nos posibilita ejercer de seres humanos libres y responsables.
  • Que soñemos con otra dirección: La de una alternativa “con menos y de otro modo, podemos vivir todos”, cosa que pasa por un pacto social que asegure la dignidad ciudadana de los excluidos por la crisis y ponga sobre la mesa los esfuerzos productivos que cada sector debe hacer. Y esto, sin denuncia de la realidad no será posible. Nadie cede nada en situaciones de crisis, si no hay denuncia de la realidad, presión popular y pacto democrático. La VR ha de mostrar con su estilo de vida que con menos y de otro modo hay para todos.
  • Que nunca renunciemos a nuestros sueños de un futuro distinto: “Todavía cantamos, todavía soñamos”, dice la canción de Víctor Heredia. Nos atenemos a la palabra de Jesús: “Fuego he venido a traer a la tierra; y qué puedo querer sino que arda” (Lc 12,49). No es el fuego de la destrucción, sino el del anhelo por la justicia. En ese fuego habría de arder la VR. Si este fuego se apagara, moriría también la llama que alumbra el corazón de la vida comunitaria. Mientras haya soñadores que sueñen en común, un futuro de humanidad es posible.

 

***

 

Para trabajar este tema en grupos:

 

  1. Tras leer el capítulo, comenta brevemente en la reunión de comunidad uno de los cinco apartados propuestos.
  2. ¿Te parece que se van dando pasos en el discernimiento económico? Pon algún ejemplo concreto.
  3. Hablar de alguna iniciativa de la ciudad en la que vives en que se vea que hay quien intenta trabajar en las causas de la pobreza.
  4. Hablar de alguna iniciativa de la Compañía en que se vea que se apunta a las causas de las pobrezas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Y LA ESPIRITUALIDAD DE LAS

HIJAS DE LA CARIDAD

 

 

            El componente social nos parece imprescindible para el carisma de las HHCC. No hay duda. El asunto es trabajarlo para adecuarlo a los momentos históricos diversos por los que va pasando la Compañía.

 

1. Criterios solidarios de san Vicente

 

            Espigamos entre sus pensamientos algunos criterios de solidaridad que hacen relación a lo más concreto, a la gestión de bienes a favor de los pobres. Esto ha de estar como telón de fondo a la hora de ir avanzando en el rema de la doctrina social.

 

1)     “Es preferible que perdamos nuestros derechos antes que desedificar al prójimo” (SV III,63): Una acción solidaria que mira más a mantener los derechos (de la persona o de la institución) no es la que quería Vicente. La “edificación” del prójimo, la reconstrucción de su vida y persona van antes que los derechos de las HC.

2)     “Cuando lo hicisteis con alguno de los más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40): Es un texto muy querido por san Vicente. Lo admirable de la acción solidaria de Mt 25 es que la hicieron sin darse cuenta de que lo hacían a Jesús (¿Cuándo te vimos?). Entonces, ¿por qué lo hicieron? Por amor a la persona, por la simple conmoción ante su necesidad y dolor. Esa es la forma buena: hacerlo sin saber (sin siquiera querer saber) que se hace por Jesús, sino, simplemente, por amor a la persona.

3)     “Por los enfermos…habría que vender hasta los cálices de la iglesia” (SV XI,675): ¿Hay que tomar este tipo de expresiones como una simple metáfora o como una elemental realidad? Eso querría decir que la luz del discernimiento tiene que estar siempre sobre nuestro estilo de obras de solidaridad para que la persona del frágil esté siempre por delante de nuestras obras.

4)     “Un mismo querer y no querer” (SV IX,893): Que, sin leemos bien, quiere decir que, por los débiles hay que querer tener recursos pero, a la vez, para una misma, para la propia institución, no hay que quererlos. Si esto no se corrompe, si no incluimos artimañas (quién más pobres que nosotras y cosas así), la cosa puede ser interesante.

5)     “Al servir a los pobres se sirve a Jesucristo. Por consiguiente, hay que vaciarse de sí mismo para revestirse de Jesucristo”. Son frases que pueden parecer comunes, pero encierran un fuerte vigor místico: la visión cristiana de las pobrezas va más allá de situaciones externas concretas, morales, sociológias u otras, para desvelar en su fondo el grito inapagable de justicia que surge de ahí. Por eso, para atender ese grito es preciso un tremendo vaciamiento, un reordenamiento de la estructura personal, un nacer de nuevo, un cambio de perspectiva vital. Si no se da esto, se hará caridad paternalista con las pobrezas, pero el grito real de las pobrezas seguirá sofocado y los mecanismos de las pobrezas se perpetuarán.

6)     “No me basta con amar a Dios si no amo a mi prójimo”: Dentro de su aparente sencillez, esta frase encierra un auténtico explosivo. Es el tema de los absolutos. Siempre se ha creído que el absoluto para la persona religiosa es Dios: “Hágalo por Dios”. “A mayor gloria de Dios”. Dios es el techo de entre los motivos de actuación. Sin embargo el Evangelio, las actitudes de Jesús desvelan la realidad de un Dios “sometido”, servidor, acompañante al hecho humano. Él mismo toma por absoluto a la persona y se entrega a ella viniendo a poner en ella su “casa” (Jn 14,23). No se trata de ninguna clase de confusión inmanentista. Es la ofrenda del Dios totalmente generoso con la vida. Algo de eso capta Vicente de Paúl: el amor a Dios queda incompleto, cuestionado, relativizado si no cobra el rostro del amor a la persona (como dice 1 Jn 4,19-21). La equiparación del mandamiento del amor de Dios al del prójimo en Mt 23,34-40 está indicando una cierta primacía del amor a la persona en cuanto que éste hace visible al otro. Este principio de “visibilidad” parece asomar en las expresiones de san Vicente.

7)     “¡Cómo! ¡Ser cristiano y ver afligido a un hermano, sin llorar con él, sin sentirse hermano con él! Eso no es tener caridad; eso es ser cristiano en pintura”. La frase es muy expresiva y gráfica. San Vicente ha logrado ver que el dolor ajeno es, de alguna manera, propio. Sin esa apropiación no puede brotar una implicación real, humana, solidaria. El llanto solidario habla de la participación real en ese sufrimiento. Y sin sentirse partícipe ¿cómo se va a aportar algún tipo de solución? De ahí su tajante afirmación de que una caridad desimplicada es una “pintura”, algo externo y tramposo, en relación con la fe.

8)     “No puede haber caridad si no va acompañada de la justicia”: Un aserto que hoy firmaría cualquiera, pero que, suponemos, que en época de san Vicente sería novedoso e incluso escandaloso. Es de los primeros santos que han hecho de la justicia una causa explícita. De alguna manera ha entendido que la justicia es el alma de toda acción solidaria, de toda caridad. Y si falta, se corre el peor de los riesgos: el paternalismo, que no es sino la apropiación del otro a beneficio de uno mismo. Y si esto se hace por motivos religiosos, estamos en la peor de las situaciones.

 

  1. 2.     Un asistencialismo racional y entrañable

 

Hablar de DSI no pone contra las cuerdas a la necesidad de un asistencialismo, mayor cuanto mayor es la época de crisis como la nuestra. De hecho, más allá de toda crítica, las ONG que se dedican a ello reciben, por encima de críticas el reconocimiento social. Algo de eso pasa con las HHCC. Los reconocimientos sociales son muchos (desde el Príncipe de Asturias a la concordia 2005, como el “Premio ciudadano europeo” a la Cocina Económica de Logroño 2014, por decir algunos notables).

Por desgracia, la necesidad del asistencialismo es manifiesta y más en estos tiempos últimos (el 27% de la población española está en riesgo de exclusión). Pero la aplicación de la espiritualidad de la DS puntualiza, de manera saludable, la forma de hacer la labor de asistencia al pobre. Un modo de resumirlo sería decir que ha de ser racional y entrañable a la vez.

Racional porque no se puede hacer con criterios “caritativos” de otra época, sino en maneras coordinadas, organizadas y en relación con las instancias civiles, tendiendo siempre a tratar de superar los modos crónicos que conllevan tantas desviaciones. Ha sonado hace mucho tiempo la hora de trabajar descoordinadamente haciendo la guerra cada uno por su cuenta. Esa misma racionalidad incluye el esfuerzo por alejar la “firma” de lo que hacemos y por no condicionar a nadie por el beneficio de asistencia que se le hace.

Pero también ha de tener el asistencialismo un componente de cordialidad, de entrañabilidad, de conmoción por la persona frágil. Si eso no aparece por ningún lado, el asistencialismo se vuelve frío y puede que reconforte los estómagos, pero no el interior de la persona. Y el frágil, como todos, busca ese calor de dentro que únicamente brota de un corazón cálido. Un asistencialismo frío tiene un algo de inhumanidad que lo hace cuestionable.

 

  1. 3.     Apuntando decididamente al desarrollo del frágil social

 

Aunque una institución como las HHCC pueda haber estado centrada sobre obras asistenciales, la DSI le empuja a que, como orientación, tienda a generar desarrollo. Un desarrollo sostenible y humanizador, no un mero desarrollo económico. Pero el desarrollo es la puerta por la que se sale de la exclusión.

Para ello es preciso tener una nueva mentalidad, una manera de pensar acorde con la DS y con los tiempos de hoy, una mística distinta a la manejada durante siglos y de la que las obras son reflejo. Más aún, como hemos visto, los textos vicencianos, salvadas las distancias, pueden ser una buena base para esa mística nueva (quizá esos textos han sido fagocitados por la mentalidad “caritativa”). El mismo Evangelio ofrece posibilidades con la práctica de la lectura social de la Palabra, una manera nueva y distinta, muy iluminadora, de leer los textos. Si por algo puede caracterizarse esa nueva mentalidad es, como hemos propuesto, por unir conmoción y organización, tendencia a los márgenes y sentido crítico, conmoción por la situación del pobre y anhelo de justicia por su causa.

Pero esta mística nueva tiene que ir acompañado de una praxis concreta, tanto a nivel comunitario como institucional. No vale tener una mística más acorde con la DSI sin tener el ánimo de modificar los modos heredados de la caridad. A nivel institucional esto habría de marcar el derrotero de las opciones, las deciciones respeto a las inversiones, la elección de obras. Aquí hay un trabajo enorme para los diversos gobiernos en la Congregación. Pero dado que las comunidades tienen, indudablemente, un margen real de acción, ellas también están llamadas a la paulatina construcción de una praxis social nueva. No ha de ser solamente las circunstancias las que nos “obliguen” a cambiar, a reducir, a modificar (por ejemplo la carencia de vocaciones), sino que la elección en base a criterios evangélicos y sociales habría de ser la fuerza para tomar pequeños caminos nuevos de actuación para una caridad nueva o un desarrollo más actual.

 

  1. 4.     Se puede

 

Se ha hecho célebre desde Obama aquel lema del “Yes, we can” que ahora se aplica a todo. También a estos derroteros de la DS se puede aplicar. Como una razón para el inmovilismo la VC esgrime la “realidad” de que no podemos, de que nuestras fuerzas son exiguas, de que estamos mayores. Siendo verdad una parte de esto hay que decir que la VC tiene, todavía, un potencial en personas y medios enorme. No deberíamos minimizar nuestras posibilidades, y menos para encubrir nuestras pocas granas de cambio. Quizá podemos más de lo que creemos o decimos. Si fuera así, habría que animarse. Evidentemente, como hemos dicho antes, para “poder” parece que hoy son necesarios la coordinación y el trabajo organizado. Yendo cada uno por su lado, esto es muy difícil.

Para “poder” hace falta una mística de la confianza. Primero, confiar en quien decimos confiar. En Mc 10,27 se dice aquella famosa frase: “Humanamente, imposible; pero Dios lo puede todo”. Las modernas traducciones (J. Mateos) suelen verter: “Humanamente, imposible, pero no con Dios; porque con Dios todoe s posible”. La obra social (la de la vida misma) tiene en Dios funamento y amparo (Jn 14,23). Pues bien, asumamos esa mística: sepamos que la obra social puesta en práctica, aunque sea sencilla, tiene el amparo de Dios. Esa confianza habría de aportar equilibrio, arrojo y ánimo contra cualquier desaliento.

Además, habría que confiar en la fuerza de la comunidad, e incluso en la fuerza de los pobres (la fuerza de los pocos). Siempre hemos creído que la fuerza solamente reside en el poderoso. Pero la vida nos enseña que es el frágil con su escuálida aportación lo que a veces nos saca las castañas del fuego. Lo mismo pasa en la vida de comunidad. Podemos creer que sus fuerzas son menguadas. Pues aunque así lo sean, mezcladas a la confianza pueden dar unos resultados insólitos.

 

  1. 5.     Un nuevo vocabulario para una nueva espiritualidad

 

Hace ya 21 años que se publicó el magnífico libro de consulta de espiritualidad vicenciana Diccionario de espiritualidad vicenciana. La utilidad de este libro queda fuera de dudas, tanto para la Compañía como para la foráneos. Pero, manteniendo toda su vigencia, ¿no habría que ir pensado en un nuevo vocabulario que colaborase al impulso de una nueva espiritualidad?

A nada que leamos los textos de la DSI, tanto antigua como reciente, temas como Dignidad, desarrollo, Cuidado, Creación, bien común, economía, medio ambiente, etc. no tienen entrada en el citado texto y sería estupendo que, se pudiera leer en los textos vivencianos algo de esto, siquiera a nivel de simple semilla. ¿No hacemos algo así con los textos de la Biblia y no creemos que eso sea forzar las coas (léase el cap.II de LS’ sobre el evangelio de la creación)? Lo mismo podría hacerse con los textos carismáticos vicencianos.

Ello sería una buena herramienta para la puesta en pie y alimentación de una nueva espiritualidad ya que es difícil caminar por sendas de novedad si, de algún modo, no se cultiva una mística nueva. Quizá la Compañía esté necesitada de esta clase de herramientas nuevas. Para pensarlo.

 

  1. 6.     Conclusión

 

1)     La DSI es un tema que concierne a las HHCC tanto por razones carismáticas como de misión con los empobrecidos.

2)     Se hace necesario acrecentar el nivel de lectura social de la espiritualidad para equilibrarla con el componente religioso que es el que ha primado, y aún prima en mayor medida. Los comportamientos concretos tienen que ver con esto.

3)     Es una exigencia la mezcla DSI-carisma. Todo lo que se haga en ello redundará en beneficio de la misión.

4)     Si se va asumiendo la DSI tendrá consecuencias en el ámbito del pensamiento, de la estructura y del comportamiento comunitario. De ahí su importancia.

5)     Cuando se llama a la VC a la “fidelidad creativa” quizá se está llamando a algo de esto.

 

Para el trabajo en grupos:

 

            ¿En qué punto (uno solamente) de la doctrina social habría que hacer hincapié?

  • A nivel de la Compañía
  • A nivel de las comunidad
  • A nivel personal.

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño

 

Iba enseñando a sus discípulos

«Iba enseñando a sus discípulos» (Mc 9,31)

Una “catequesis social” en el Evangelio de Marcos

 

 

Introducción

 

            El Jesús del Evangelio de Marcos, a diferencia de lo que ocurre en Mateo y sobre todo en Juan donde se revela «en discursos», «se va revelando en su acción y en sus respuestas ocasionales»[1]. Es decir, su discurso ideológico parte de la vida y apunta a ella. No por ser «fragmentario» resulta menos profundo. «En su vida no aparece un plan preconcebido, sino un intercambio continuo con la realidad que le rodea, un diálogo de acción y palabra»[2]. Es desde estas constataciones desde donde se puede ir pensando en una valoración social del Evangelio de Marcos en general y de la sección 9,30-10,31 en particular.

            No es fácil precisar las intenciones de un autor, la diana a la que se dirige el dardo de su palabra[3]. Su pensamiento se articula entreverando dos destinatarios, los seguidores procedentes del judaísmo (los «discípulos») y los seguidores, judíos o paganos, que no proceden del judaísmo. Estos segundos quedan representados en figuras como la del «chiquillo» de 9,36ss o 10,13-16 en el pasaje que queremos trabajar. Nuestra «catequesis» parece apuntar a «los discípulos». Pero, de rebote, termina dirigiéndose a todo seguidor. La pluralidad de destinatarios otorga más fuerza a la intención de los textos.

            Nos hallamos ante un catequesis, más o menos articulada, de componente social. Es cierto que estos textos tienen sus paralelos en los otros dos sinópticos. Pero en Mc hay una cierta articulación, una especie de orden que los hace, aún, más elocuentes. De salida, llama la atención que una catequesis de Jesús a «los discípulos» no tenga contenidos religiosos, sino sociales. En la más pura tradición religiosa del judaísmo, el adoctrinamiento religioso era imprescindible. Jesús adoctrina con la vida, con comportamientos sociales. Una certeza más para intentar lecturas sociales del NT.

            De aquí brota la posibilidad de contribuir a un paradigma social de componente evangélico, una manera de enfocar la sociedad, una contribución a la reflexión social desde planteamientos evangélicos, más que religiosos. Los grandes «catequetas» tienen una variedad de inspiraciones: sociales[4], económicas[5], éticas[6], educativas[7], etc. ¿Por qué el Evangelio no va a poder ser fuente de inspiración para una reflexión social? Puede ser una tarea de los modernos trabajos bíblicos sacar al Evangelio de los estrechos moldes del uso religioso para situarlo en el campo común de la reflexión social.

            De esta manera se ampliaría, además,  la reflexión de lo que se ha dado en llamar la «doctrina social de la Iglesia», ya que esta no ha de versar solamente sobre temas estrictamente sociales, económicos o políticos, sino también sobre el amplio panorama de las grandes preocupaciones sociales de hoy[8]. La comunidad cristiana está necesitada de una reflexión que entronque con la gran corriente reflexiva de quien aspira a un camino histórico de más calidad humana y de más contenido ecológico.

 

  1. 1.      Punto de partida: la incomprensible entrega(Mc 9,30-33a)

 

La nota inicial que encabeza todo el conjunto de 9,30-10,31 es ilustrativa: se sitúa en el camino que va de Cesarea de Filipo[9] a Jerusalén[10], pasando por Cafarnaúm[11]. Es en el camino que sube a Jerusalén, en el paradigma de su entrega total desde donde se puede entender lo que afecta a Jesús y lo que se propone a los discípulos.

La travesía se hace con el deseo explícito de un cierto incógnito «porque iba enseñando a sus discípulos» (Edidasken gar tous mathêtas autou). Es una enseñanza a «los discípulos», al grupo más necesitado de cambio de paradigma para llegar a la comprensión de la nueva comunidad que brota del seguimiento de Jesús. Podría esperarse una enseñanza por parte de Jesús de temas religiosos (Dios, la oración, el cielo, la piedad, etc..). Nada de eso; es una enseñanza que tiene como denominador común las relaciones humanas, fraternas, los modos de situarse del seguidor en el conjunto del hecho social.

Este segundo anuncio de la pasión en el Evangelio de Mc es determinante, incorporando un elemento nuevo sobre el primero que acentúa su dramatismo[12]: la inclusión de la espiritualidad de la entrega concentrada en el verbo «entregar»  (Paradidomai). Este verbo es frecuente en el estilo profético. Jesús se autocomprende y de autodefine como un «entregado», uno ante el que Dios se ha dado la vuelta y le ofrece su espalda, uno ante quien Dios se desentiende, lo abandona. Resulta difícil llegar al fondo de esta experiencia de abandono[13]. Todo el comportamiento social del seguidor ha de estar marcado por la superación de esta sensación de abandono y la certeza, contra corriente, de que, a pesar de todo, el Padre marca un camino tan paradójico.

Efectivamente, impersonal paradidotai está indicando que la mano del Padre se halla detrás no como quien cumple un designio asesino, sino más bien como quien señala y sostiene en un camino de entrega total.

      La incomprensión de los discípulos y su consiguiente miedo para preguntarle está indicando justamente lo contrario: han entendido bien, o, al menos, han intuido bien. De lo contrario, no tendrían inconveniente en preguntarle. Ellos ven como Jesús la orientación que imprime a la vida del seguidor que «sube» con Jesús a Jerusalén. La dificultad de encajarlo habla de su correcta comprensión.

 

Derivación social: Otra mirada al mundo de los “entregados”

 

            Además de inspirada, la Palabra es inspiradora: puede arrojar luz sobre situaciones de la vida que se hallan envueltas en tinieblas personales o sociales. En ese sentido, la Palabra es terapéutica, capaz de curar y aliviar.

            La comprensión de Jesús como un “entregado” puede echar luz sobre los entregados a su pesar, sobre los dejados del lado por los sistemas, sobre los “descartados” de antemano y por ello entregados desde el nacimiento[14]. Son los 14 millones de personas que malviven campos de refugiados, los varados en Centroeuropa por el cierre de fronteras, los separados por muros y situados en tierra de nadie, los apátridas, los sin papeles y sin posibilidad de tenerlos algún día. Una legión de entregados sociales que no es que sean pobres sino, algo peor, que no cuentan en absoluto para el devenir del mundo. Son los que andan caminos de exilio que no llevan a ninguna parte[15], errantes que solamente llevan consigo “la cosa más importante” que, a veces, es una nadería, una olla, una red de pesca, un muñeco las niñas[16].

            ¿Cómo valorar de otro modo la entrega de quienes son entregados? Sigue siendo imprescindible, aunque no suficiente, la conmoción, el impacto, y con ella la capacidad de indignación, sentir la blasfemia contra lo humano. Algo que se rompa por dentro y nos rompa por dentro[17]. Pero no es suficiente con conmoverse: es preciso también moverse, quebrar la inercia social que nos tiene paralizados, creer en la decisividad de los pequeños signos, mirar hacia delante y a los lados y unirse a quienes han logrado esbozar algún tipo de respuesta. Y luego, habrá que intentar moverse organizadamente para presionar con más eficacia a los gobiernos sistémicos y su criminal política de exclusión y para poder ser más eficaces en la ayuda coordinada que en la ayuda desconectada. Todo un proceso, todo un itinerario de reencuentro.

            Esta espiritualidad podría llevarnos al logro de modificar el imaginario social y descubrir en el duro mundo de los entregados el brillo oscuro de uno valores primordiales. La revalorización de la persona por el extraño lenguaje de su desprecio: cada mirada, cada paso, cada muerte, son un grito que subraya el enorme valor de lo que se menosprecia. Por eso, los entregados son el lenguaje más profundo del valor de lo humano, por más que el sistema haga oídos sordos o, incluso, quiera sofocar esa voz.

            Además, son los descartados los adalides de la utopía de la justicia. En la enorme injusticia que sufren se vierte el anhelo inagotable de la justicia que se debe a los excluidos. Eso, por supuesto, no justifica su condición de entregados. Pero sin su grito, la débil voz de la justicia se extinguiría y no nos daríamos cuenta. Queda cuestionado desde ahí el sistema profundamente injusto en el que mundo occidental, cristiano, ha asentado su sociedad. Lo cuestiona y lo desmiente por mucho que se apele a raíces culturales cristianas[18].

            Así mismo, en las ruinas de su enorme desgracia, brota, con frecuencia, la hermosa planta de la fraternidad. Dicen, en el lenguaje de los entregados, que no hay fuerza capaz de agostar tal planta, que siempre brotará imparable la tendencia de un corazón hacia otro corazón[19]. Esa es la gran denuncia, por vía de humanidad, que hacen a un mundo encastillado en posiciones de vida, de economía y de política que no está dispuesto al compartir humano.

            Finalmente, para los seguidores de Jesús, el entregado, los dejados del lado desvelan el rostro más verdadero de Jesús, aunque sea el más duro. Desde ahí cuestionan una experiencia espiritual que no hace del rostro de un crucificado la piedra angular de una experiencia creyente. Cuestionan la estructura que anhela poder e influencia y que no sabe dar cuerpo institucional a la entrega de Jesús.

 

 

2Ser seguidor=ser servidor (Mc 9,33b-37) 

 

Tras el «principio de la entrega», la primera de las catequesis versa sobre la centralidad del servicio. Es una catequesis que se dirige a quienes «habían discutido quién era el más grande» (Dielekthêsan pros allêlous tis meizôn). Esta insensata, aunque comprensible, discusión tiene lugar «en el camino» (En tê hodô), en el lugar mismo en el que se va viviendo ya la entrega de Jesús. Eso lo hace más paradójico. La «discusión» acalorada[20]      contrasta con el «guardaron silencio» (Hoi de esiôpôn) que indica la permanencia en ese estado. ¿Cómo entender la propuesta de «entrega» en un contexto de discusión? La espiritualidad del servicio sufre la contradicción circundante de la algarabía del poder.

La secuencia «se sentó…les llamó…les dijo» (Kathisas…ephônêsen…legei) indica los modos catequéticos con «los Doce»: sentado, como  estilo de paciencia y de comprensión[21]; llamándoles, como renovando la llamada al seguimiento[22]; diciéndoles, poniendo la pobreza de su palabra ante la fuerza de la ambición avasalladora de los discípulos[23].

El principio del servicio está expresado palmariamente en modos de paradoja: «si uno quiere ser primero de todos, ha de ser último de todos y servidos de todos” (Ei tis thelei prôtos estai pantôn eskhatôs kai pantôn diakonos). La dialéctica «primero/último» está indicando un cierto rango o condición. Es cuestión de posicionamiento social, no de ideas, de ver en qué rango social se sitúa uno. El servicio verifica su verdad en el posicionamiento social que adquiere. Y ello con valor imperativo: no es algo que se deja a la libre voluntad del seguidor: o se sitúa socialmente en un rango de servidor o sus pretensiones de seguidor no tienen cuerpo. La posición enfática del pronombre pantôn está indicando que no hay excepción a la hora de servir: ha de hacerse con cualquier persona que tenga necesidad de ser servido. Y a mayor necesidad, mayor dedicación en el servicio.

La figura del «chiquillo» (Paidiôn) supone un salto cualitativo en la propuesta del servicio. Este personaje puede ser entendido como un “criadito”, un chico que, en épocas de carestía, trabaja en casa ajena a cambio del mero sustento. Es una imagen de desamparo ya que, estado su defensor lejos (el padre), queda al arbitrio del comportamiento del amo: si éste es benigno le irá bien, si no lo es, las pasará de a metro[24].

El seguidor-servidor ha de hacer esa tarea confiando en el solo amparo del Padre-Dios. Si no considera suficiente tal amparo, mejor que se abstenga de entrar en el camino del seguimiento. El doble gesto de «ponerlo en medio…abrazarlo» (Estêsen en mesô…enagkalisamenos) está indicando la identificación y el cariño: Jesús vive así y encuentra en ese modo de ser servidor algo que reconforta su propio interior.

Y no solamente eso: leer bien la realidad de Jesús servidor lleva a leer correctamente la realidad del Padre. Él también es el gran servidor de la historia, aquel que se entrega a lo humano sin red de protección, en donación total[25].

 

Derivación social: Creer en los “grandes servicios” sociales

 

            Creer en tiempos de increencia. Porque eso supone creer en instancias sociales como los políticos, los jueces, los gestores del dinero, los dueños del capital, etc. Visto el comportamiento de esta clase de agentes sociales, pretender mantener aún viva la fe en la bondad de su gestión demanda una fe que nos supera. En realidad, hemos mejorado. Pero la impresión, debida a los hechos en sí mismo y a los medios de comunicación, quiere hacernos ver que estamos en la peor de las sociedades, aunque esto no sea así[26]. Por lo que es preciso avivar la fe social. La fe evangélica puede ayudarnos ya que el Evangelio cree, a pie juntillas, en el valor del servicio como un modo de ser y vivir y, por lo mismo, aunque este tema no lo toque, como factor de conversión social[27].

            Es la fe en el servicio a la justicia que quizá brilla con más relevancia en las escondidas tareas de jueces e investigadores que no están en el sistema judicial, tan maleado por el dinero y el poder fácticos. Pero hay agentes de justicia que siguen trabajando para que las grandes tropelías humanas no queden en el olvido, para que los desaguisados que se hacen contra los pobres, sean al menos juzgados en la parcialidad de los tribunales públicos[28].

            Además está la fe en servicio a la dignidad de quienes creen que ser económicamente frágil no puede ser el camino al vagón de la exclusión, de quienes luchan por dignificar la vida de los frágiles sociales en temas de agricultura[29] o de vivienda[30]. Son gentes cuya voz no cuenta mucho en el concierto social, en el ámbito del mercado. Pero es de admirar que han tomado ese trabajo no solo como una profesión, sino también como una vocación de dignidad.

            Hay que hacer profesión de fe en el servicio a la verdad que desarrollan muchos científicos que no se han dejado seducir por el poder o por la manipulación de su saber[31]. Si a su trabajo se une el afán por hacer accesible la verdad científica al público inexperto, el eco de su trabajo es un factor de profunda humanización[32]. Y si, además, son conscientes de la limitación de sus conocimientos y no se erigen en demiurgos por encima del bien y del mal, su saber humilde tiene más visos de contribuir a la verdad.

            Y, finalmente, está el gran servicio a la paz en instancias de mediación. Hay entidades y personas que se esfuerzan de manera admirable en mediar entre contendientes. Que su trabajo tenga, con frecuencia, poco éxito no resta brillo a su loable esfuerzo[33].

            Todos estos ámbitos llevan al seguidor de Jesús a afianzarse en el valor del servicio no solamente como acción puntual, sino como manera de ver la vida. Estamos hablando de un servicio esencial, básico, aquel sobre el que cimenta el hecho histórico.

 

3. Seguimiento es liberación (Mc 9,38-41)

 

            El autoritario Juan es imagen de quien no entra por esta catequesis social. Su violencia interna le dificulta el camino[34]. Le impide ver algo elemental: que el seguimiento tiene sentido si hace obra de liberación social; de lo contrario, un gran interrogante se cierne sobre él.

Esta escena tiene relación con Mc 9,14-29: allí, los discípulos no han sido capaces de ofrecer una alternativa de liberación al pueblo oprimido en la imagen de un chiquillo epiléptico. Es Jesús quien recrea a la criatura, al pueblo, haciendo con él una obra de liberación: «lo levantó y se puso en pie» (Êgeiren auton kai anestê). En nuestra escena, quienes no han podido hacer obra de liberación tratan de impedir que lo haga otra persona, ese «uno» que bien podría ser un pagano[35].

El «intento de impedirlo» (ekôlyomen autô) está sugiriendo que, a pesar de todo, la obra de liberación se hace. Pero tal intento evidencia la incomprensión por parte de los seguidores del grupo de Jesús de los mecanismos del reino: enfocan todo desde el lado religioso y no desde el social, el humanizador. Y se equivocan.

El desenfoque llega al máximo cuando se da la razón de tal intento de impedimento: «porque no nos seguía a nosotros» (Hoti ou kêkolouthei hêmin). Ya no se trata del seguimiento de Jesús, sino de esa adscripción religiosa, de carácter sectario, que cree tener derechos por pertenecer al mismo grupo ideológico. Una perversión del seguimiento de Jesús. Lo que tenía que ser cauce de liberación se convierte en mera apropiación sectaria.

El planteamiento de Jesús es claro: «nadie que actúa con fuerza como si fuera yo mismo puede luego maldecir de mí» (Oudeis gar estin hos poiêsei dynamin epi tô onomati mou kai dynêsetai takhy kakologêsai me). La obra de liberación tiene un valor en sí misma, no depende de su procedencia ideológica, religiosa o no, sino de la “fuerza”, del dinamismo del espíritu humanizador que la hace brotar. Liberar es la marca que autentifica lo humano y, por ello, el seguimiento. En la obra de liberación confluyen Jesús y ese “uno” que libera sin ser del grupo[36]. Ambos hacen en la historia la misma obra liberadora que realiza el amor del Padre. La obra de éste es una obra “social”, con arraigo histórico.

De ahí que nunca el grupo de seguidores habría de considerar “enemigo” a quien libera sino, justo lo contrario, uno a favor. Por eso, la dialéctica «contra nosotros/a favor nuestro» (Kath’hêmôn/hyper hêmôn) ha de ser superada. La confluencia en una acción liberadora ha de ser el signo evidente de pertenencia a Jesús, del verdadero seguimiento. Desde ahí habrá que leer el hecho social: desde una benignidad crítica que considera a la sociedad como lugar de confluencia para hacer en ella una obra de humanidad[37].

Toda esa obra no quedará «sin recompensa» (Misthon). Habrá quien dé un «vaso de agua» (Potêrion hydatos), algo valioso en terrenos semidesérticos como Palestina. Y ello será «por razón de que sois del Mesías» (En to onomati mou hoti Khristou este), porque con la obra de liberación se desvela el verdadero rostro del mesías liberador y del Padre que busca la felicidad básica de la historia, el triunfo sobre una naturaleza hostil que parece salir siempre vencedora[38].

 

            Derivación social: Caminos de confluencia liberadora

 

            Quienes están interesados en hallar caminos de liberación y de humanización, fácilmente llegan al convencimiento de que es necesario construir sinergias más allá de posiciones sociales, religiosas o incluso políticas. Si se quiere realmente ver subir el nivel de progreso y de humanidad es preciso pasar por alto diferencias que frenen el avance de la liberación humana, tarea que acompaña el devenir de la persona desde los albores de la historia. Para muchas personas ha llegado el final de partidismos y divisiones que llegan a anular las mejores intenciones y los cauces más eficaces de logro. La confluencia liberadora se impone, algo que el Evangelio subraya con la intención misma de Jesús. Hay que renunciar a poner la firma del “donante” en todo lo que se hace por los demás.

            Se inscriben aquí los esfuerzos interculturales de quienes trabajan por acoger la diversidad y el esfuerzo no menos importante de los diversos que tratan de integrarse sin perder su identidad pero abrazando aspectos del espacio en que les coloca su nueva situación. Es aquello de A. Maalouf: “Con ese espíritu me gustaría decirles primero a los ‘unos’: cuanto más os impregnéis de la cultura del país de acogida, tanto más podréis fecundarla con la vuestra, y después a los ‘otros’: cuanto perciba un inmigrado que se respeta su cultura de origen, más se abrirá a la cultura del país receptor”[39]. Nos referimos a esa confluencia liberadora en asuntos identitarios a nivel de ciudadanía corriente, confluencia que se da en los barrios mixtos de las ciudades o pueblos que luchan contra la guetizacion de la cultura de los que se incorporan. Los esfuerzos de personas concretas que abren las puertas de sus casas, flexibilizan sus costumbres, hacen asequibles las tradiciones y logran niveles celebrativos mezclados donde el corazón del distinto es abrazado. Un acto sencillo de abrazo a otra cultura es más decisivo que muchos congresos de estudios ya que la confluencia liberadora no es sobre todo cuestión ideológica sino existencial.

            También es preciso consignar el esfuerzo de confluencia liberadora que mantienen, muchas veces contra viento y marea, quienes creen que las religiones deben dialogar en pie de igualdad. Más allá de los sinsabores que les causa el sistema religioso rígido, su siembre de libertad es positiva[40]. La misma sociedad demanda esa confluencia ya que intuye que si no, se niega el principio de amor que subyace a toda religión[41]. La tradiciones religiosas, como dice Corbí, pueden dar lo mejor de sí mismas para descubrir juntas la fuente del misterio que es fuente de amor y desde esa perspectiva enfocar las difíciles situaciones por las que atraviesa el camino humano[42].

            En este ámbito relacionado con las religiones son remarcables las confluencias de los líderes que ponen, por encima de razones ideológicas o religiosas, el bien de la población y se unen para el logro de una sociedad en paz[43]. Es lenguaje de camino liberador y de amor que entiende todo el mundo. Una de las cosas que más desprestigia a las religiones es el individualismo religioso que quiere triunfar sobre la religión rival.

            Entran en este apartado la innumerable multitud de congresos, simposios, sesiones de estudio, reuniones de científicos que pueblan la actividad mundial. Muchos de ellos podrán tener intereses espurios, el lucro, el brillo del ego, el mero diletantismo. Pero hay que decir que también en no pocos de ellos confluyen variables personales y sociales de todo tipo que abocan a conclusiones que hacen avanzar el camino humano por la senda de la solidaridad[44]. El mismo trasiego de científicos de un país a otro, aunque todavía será la dirección mayoritariamente Norte-Norte, está indicando que lo decisivo no es la nacionalidad del científico sino su aportación al fondo común de la ciencia.

            La moderna política habla de “mareas, confluencias”, etc.[45]. Pero aún siguen siendo muy mediatizadas por determinadas fuerzas excluyentes. Lo cierto es que el escenario social que es la calle puede revelar esta idea de confluencias liberadoras en bien de la ciudadanía. Si se dieran, habría que posponer ideología política, religión, intereses personales, etc., para llegar a confluencias en beneficio de la comunidad social. Estigmatizar estas fuerzas con el moderno calificativo de populismo para no confluir, para arriare el ascua a la propia sardina, es no haber entendido el mensaje liberador de Jesús que suma a todos, aunque “no sea de los nuestros” (Mc 9,40).

 

 

4. La ambición y sus grandes discernimientos (Mc 9,42-49)

 

            La cuarta  instrucción versa sobre un tema transversal en las páginas del Evangelio: la ambición. No cabe duda de que el grupo de discípulos es un grupo adherido a Jesús que, incluso, ama a Jesús. Pero su entrada en el seguimiento no elimina los componentes antropológicos de fondo, uno de los cuales es la ambición. Por eso, se manifiesta ambiciosos con todo “descaro”, sin paliativos[46].

De nuevo, como en 9,38, «uno de estos pequeños» (Hena tôn mikrôn toutôn) es el actante que desencadena la reflexión.  Este es “uno” de esos de fuera del grupo que viene a la comunidad de seguidores creyendo que sus componentes funcionan con otros parámetros distintos a los de una sociedad que busca el lucro y el dominio, una sociedad de violencia y de egoísmo. Llega a la comunidad y se encuentra con que funciona en modos similares a los de la sociedad. Y se “escandaliza”.  Por eso califica a este “uno” como uno «que me da su adhesión» (Tôn pisteuontôn eis eme), uno que ha descubierto en el Evangelio una luz nueva, alguien que ha tomado a la persona de Jesús y su Evangelio como cauce real para su vida.

En el griego posclásico el skandalon era el palo que, una vez tocado por la presa, activa la trampa[47]. Por tanto, debido a lo gráfico de esta imagen y si añadimos la hipérbole de la «rueda de molino» (Mylos onikos) hay que deducir que de los que se está hablando es de una realidad de gran importancia: la capacidad de vivir lo económico (entendido en sentido amplio, como principio organizador de la vida) en modos alternativos. Es decir, lo que provoca el escándalo es que la comunidad funcione como todo el mundo, que el seguimiento no le haya llevado a generar modos de vida alternativos, distintos. Si funciona como todo él mundo, quien anhela maneras distintas se siente frustrado y “escandalizado”. Por lo tanto, a una comunidad de seguidores que no genera maneras alternativas de vida es a la que habría que encajar la rueda de molino y echarla al mar.

La no-alternatividad está tipificada en la ambición, en el “ser jefe”, tal como lo deja ver el diálogo entre los discípulos, el «ser más grande» (Tis meizôn) del v.34, quién iba a estar en medio, en el centro, en el lugar de mando. El gusano tenaz de la ambición que roe las entrañas de lo humano. El ansia de poder que conduce al hecho social por caminos de inhumanidad. Eso es lo que está detrás, lo que no ha abandonado al grupo de seguidores, lo que provoca el escándalo. Midamos la fuerza interpeladora de cara a los discípulos: mientras anide en ellos la ambición serán causa de “escándalo” y por lo tanto se situarán lejos del verdadero seguimiento de Jesús. 

El Evangelio no deja en desamparo al seguidor. Por eso, si quiere caminar por la senda alternativa del no-poder, de la no-ambición, será preciso hace tres grandes discernimientos que apuntan a la raíz antropológica de la perosa:

El primero de tales discernimientos está enunciado con el modismo «si te pone en peligro tu mano, córtatela» (Kai ean skandalizê se hê kheir sou). Con las manos el homo faber hace cosas, fabrica, construye. Es preciso hacer un fuerte discernimiento sobre las obras humanas, sobre aquello que se lleva entre manos, sobre los negocios que urde la persona. Si esas obras van en la senda de la ambición y del lucro por encima de todo, hay que “cortarlas”, tienen que experimentar una fuerte reorientación hacia la generosidad, la entrega y la solidaridad.

El segundo discernimiento queda expresado como «si tu pie te pone en peligro, córtatelo” (Kai ean ho pous sou skandalizê se, apokopsôn auton). Los humanos tienen pies con los que recorren los caminos. Las grandes migraciones, de antes y de ahora, no habrían sido posibles sin los pies que son gobernados por el cerebro. Para ser alternativos es preciso hacer un fuerte discernimiento sobre los caminos que andan los humanos, sobre el mundo relacional, sobre las orientaciones vitales. Resulta necesario ver si el objetivo de los pasos es el corazón de la persona o su cartera, la vida de la persona o sus bienes.

Y el tercero de los discernimientos queda enunciado como «si tu ojo te pone en peligro, sácatelo»  (Kai ean ho ophthalmos sou scandalizê se ekbale). El modismo apunta a la sede de la avaricia, de la ambición que no se sacia con nada[48], a la mirada hambrienta de todos los bienes del otro, no solo de los propios. Mientras este destello de avaricia no abandone los ojos del seguidor, no será alternativa válida y generará con ello el escándalo de quien sueña con otro tipo de mundo.

Este es el «fuego» (Pyr) con el que hay «salarse» (Alisthêsetai). No se trata del «fuego inextinguible» (Eis to pyr to asbeston) del que ha hablado en el v.43. Este “fuego” es el propio de los fuertes discernimientos, el escozor de quien se propone andar por una senda diversa, la mordedura del egoísmo que es precio aguantar para poder hablar de alternatividad.

 

            Derivación social: El destierro de la ambición

 

            La ambición parece ser un elemento estructural, tanto de la persona como del hecho social. Pretender “desterrarla” es pretender lo imposible. Nos referimos a la ambición tóxica, excluyente, aquella que tiene como centro real el beneficio autorreferencia y, por lo tanto, no sufre ni se altera ante las consecuencias, muchas veces dramáticas, que se deducen de un comportamiento ambicioso. No nos referimos a una ambición dinamizadora, aquella que siempre aspira a que las cosas estén mejor hechas, a que los niveles de humanidad suban, a que el progreso y el bienestar se difunda para todos. El Evangelio fustiga la ambición autosuficiente y cree que ese es el gran escándalo de quien viene a la comunidad, merecedora de aquella hiperbólica pero sugerente “rueda de molino” (Lithos mylikos: v.42). Para desterrar la ambición sugiere el texto una serie de discernimientos fuertes (“cortar la mano…cortar el pie…sacar el ojo”: Apokopson autên… apokopson auton… ekbale auton: vv.43-47).

            Pretender el destierro de la ambición en la sociedad sería como querer quitarle la espina dorsal sobre la que está articulada. Pero sí se puede moderar y reorientar. Muchas iniciativas sociales y económicas pretenden una reorientación de la ambición[49]. El que la gran corriente de lo humano, al menos en los países occidentales, esté asentada sobre la más cruda de las ambiciones no invalida los trabajos de quienes, en los márgenes, emplean lenguajes y formas de comportamiento con la ambición controlada cuando no con una forma evidentemente solidaria. No todo es el “estanque de tiburones” en que parecen haberse convertido las relaciones sociales.

            Este trabajo del control de la ambición es también necesario en subsistemas como los religiosos, ya que albergan en su seno unos niveles de ambición realmente espeluznantes. Parece que, por derivado religioso, debería ser todo lo contrario, pero la historia y la realidad diaria lo desmienten[50]. Mientras no se aireen los sótanos de la estructura, mientras no sean cuestionadas estructuras tan rígidas como las de la Curia Vaticana o tan llenas de prejuicios ambiciosos como el clericalismo reinante[51], siempre estará viva la necesidad de una reforma de fondo. Vivir en la burbuja religiosa que afirma y quiere hacer ver que esto no existe es cerrar los ojos a la realidad.

            Hasta en las estructuras sociales de mayor componente relacional, como la familia, será preciso tener controlada la ambición. Porque la desigualdad real en las relaciones de pareja toma muchas veces la prepotencia del poder que es el rostro de la ambición. El equilibrio en el poder y el control de la ambición son piedras del cimiento real sobre la que se asienta la relación familiar[52].

            La propia estructura personal habría de verse afectada por este control de la ambición ya que es, a veces, una tendencia irrefrenable en la persona la de tratar de apoderarse de las realidad íntima del otro. Porque es cierto que los ladrones roban cosas y son penados por la ley, caso de que les atrape. Pero la persona tiende a apropiarse de sentimientos, opiniones, perspectivas de vida, historias de dentro. Somos “ladrones de personas”. Si la ambición campa a sus anchas el ladronicio puede se espantoso, destructor.

 

5. La eterna lección de la igualdad (Mc 10,1-12)

 

            No cabe duda de que el marco narrativo de este pasaje es el de una cierta casuística matrimonial, a la que el judaísmo del tiempo de Jesús era muy aficionado[53]. Las relaciones humanas siempre han sido complejas, tanto a nivel personal como jurídico y social. Y esto queda reflejado ya desde las culturas antiguas.

            Sin embargo, para construir una lectura social habrá que desviarse un poco de tal casuística y de las supuestas derivaciones morales que han pivotado sobre textos como éste, tales como la indisolubilidad del matrimonio. Este ha sido un pilar de la moral cristiana, pero no lo es en el contexto social del NT, ya que el judaísmo permite el divorcio, a veces por cosas que hoy nos parecen nimias, como dejarse quemar la comida[54]. Por lo tanto, cuesta pensar en el caso de Jesús en una mentalidad de indisolubilidad. Hay que intentar otra salida. Es preciso buscar un marco de comprensión más general.

            Ese marco no es otro que la relación de géneros. La cuestión del v.2, “Si está permitido al marido repudiar a su mujer” (Ei exestin andri gynaika apolysai), no es, en el fondo una cuestión de casuística matrimonial, sino de relación de géneros: quién debe mandar en la sociedad, cómo solucionar la dialéctica del poder entre los géneros. O más crudamente: cómo el hombre, verdadero y único gestor social, ha de seguir conservando el poder patriarcal que se le atribuye desde siempre[55]. Es preciso leer en el sustrato de las preguntas.

            La referencia a Moisés en Dt 24,1-4 queda desactivada. Se ha acomodado a lo ya existente. La Ley no ha sabido mantener la profecía de la igualdad ya que ese camino era inviable en una sociedad donde quienes legislan e interpretan lo legislado son hombres. Esa “obstinación” social, verdadera esclerosis del corazón, (Pros tên sklêrokardian hymôn) es la que ha condicionado el texto de la Ley. Por lo tanto, y en este caso, la Ley no puede ser referencia de comportamiento. Jesús recupera la profecía por encima de la misma Ley, del mismo Moisés. Su visión de la sociedad fraterna e igualitaria pasa por encima de condicionamientos sociales que la misma Ley consagra. Es preciso recurrir a otro modelo.

            Ese modelo que puede encajar en la propuesta de Jesús no es otro que el de la igualdad: varón y hembra en igualdad social por encima de diferencias biológicas. Defender la igualdad como parte del programa de Jesús ha de conducir a planteamientos tan elementales como estos: hombre y mujer son socialmente iguales. Y si no lo son, eso choca con la propuesta de Jesús. Esto es así “desde el principio” (Apo de arkhês), desde el querer santo del Dios volcado a la historia, desde el alma de Dios, desde el inicio del camino humano. Y si no lo es, hay que volver a ese principio.

            Jesús propone un camino para recuperar ese “principio”: “que el hombre deje a su padre y a su madre” (Heneken toutou kataleipsei anthrôpos ton patera autou kai tên mêtera). Es decir, es el hombre quien debe abandonar su posición de privilegio social, el lugar, la familia, el clan, donde se hace fuerte e iniciar un desplazamiento hacia el lugar de la mujer, porque socialmente es el lugar de la debilidad. Si no se da tal desplazamiento, hablar de igualdad resulta imposible.

            Por eso “lo que Dios ha emparejado, no lo despareje un hombre” (Ho oun ho Theos synezeusen anthrôpos mê khôrizetô). La metáfora es antigua y algo tosca para nuestro gusto: uncidos al mismo “yugo” (Zeugos), el de la igualdad social, no deben ser separados y, con ello, desigualados. Si uno de los “bueyes” se erige en amo, se ha destruido la igualdad de la pareja.

            Esto lo reafirma el aserto sobre el repudio: repudie quien repudie, sin el consentimiento del otro, incurre en desigualdad. Lo malo del adulterio no es, pues, su connotación moral negativa, sino, más a la base, la desigualdad que genera toda una serie de lacras sociales, entre ellas, el derecho a repudiar con el que se arroga una de las partes, sea quien sea. Atentar contra la igualdad es rechazar la propuesta de Jesús asentada sobre ella. Quien tal hiciere se sitúa fuera de la propuesta del Reino.

 

            Derivación social: Una creciente y cuidadosa mentalidad de género

 

            El tema del género, y sobre todo la ideología de género, es un gran fantasma para muchas personas y entidades: Creen ver en ello la disolución de la sociedad, la corrección inaceptable de los planes del Creador y la perversión de la juventud en todos sus niveles[56]. Si se despoja el tema de cargas ideológicas previas, quizá la cosa no sea tan grave y derive hacia algo de corte fantasmal. Se trataría de crear un equilibrio social entre dos realidades que, desde el neolítico, parecen haber estado desequilibradas: los géneros. Volvemos a decirlo: no se trata de una lucha por la supremacía, sino por el equilibrio[57]. El Evangelio, en textos como Mc 10,1ss, parece sumarse a tal movimiento.

            El primer ámbito, el más básico, es lograr una igualdad mutua entre géneros desde el lado social: lo que es de todos, ha de ser participado igualmente por todos. La imposibilidad de ciertas culturas y de ciertas mentes para percibir los géneros en una igualdad esencial es proverbial y sigue verdeante[58]. Mientras este paso renquee, hablar de otros es una fantasía. Esta no es la panacea de todos los males sociales, pero abre la puerta a la posibilidad de crecer en igualdad de géneros[59].

            Pero es preciso dar un paso más: se necesita una actitud de cuidado también esencial ya que los dos géneros están amasados en fragilidad y no hay otra instancia de cuidado ajeno a ellos. Cuidar no es un mero acto puntual, es una actitud, una forma de comportamiento continuado, un camino que se va andando[60]. Los géneros necesitan ser cuidados en sus elementos comunes y en su peculiaridad, con todas las variantes. El cuidado allana muchas dificultades que se han instalado en el caminar histórico de las personas.

            Puede parecer algo previo que va de sí, pero la vivencia bien relacionada de géneros demanda una dosis continuada de respeto a la diversidad, tanto en orientación sexual, como en opciones de vida. Si hay leyes, normas o costumbres que no incluyen de modo efectivo tal respeto, quedan contradichas por este elemento esencial. El respeto, correctamente situado y discernido, sabe que su valor se mide por su índice de humanidad. Si este indicador no aparece, el respeto puede convertirse en una trampa de desigualdad y de inhumanidad. El respeto mira a la conjunción con el otro, no a su distanciamiento.

            Por lo que hace a la comunidad cristiana, sigue vigente el trabajo por salir de “un pecado de injusticia continuada” en el tema de la relación de géneros que aún no se ha sabido asimilar. Esto tiene que llevar a que la mujer entre en la relación de géneros no solamente con la entrada del pensamiento o en órganos de gestión sino en el todo del entramado eclesial[61].

 

 

6. El difícil acceso de los frágiles sociales al banquete de la vida (Mc 10,13-16)

 

            En 9,36-37 se había hablado sobre “el chiquillo” como prototipo de ciudadano del reino por su desamparo y la consiguiente y necesaria confianza en Dios. Ahora vuelve el tema con otras resonancias, no solamente por el plural, “los chiquillos” (Paidia), con representatividad colectiva, sino por la fuerza dialéctica del pasaje que adquiere una tensión inusitada.

            Puede entenderse en modo conativo la expresión “le llevaban” (Prosepheron auto): intentaban llevarle. Hay alguien que quiere llevar y hay alguien que impide que sean llevados. Dos fuerzas contrapuestas: el sistema que impide el acceso de los frágiles al banquete de la vida, la propuesta de Jesús que quiere justamente lo contrario: abrir tal banquete a los socialmente más pequeños, los “chiquillos”: esta tensión envuelve la perícopa.

El verbo “tocar” (Hina autôn hapsetai), con todo su realismo, apunta a dar la fuerza necesaria para reivindicar su derecho a tal banquete[62]. Los discípulos “conminan” a quienes llevan a los chiquillos (Epetimêsan autois). Los tratan de “endemoniados”[63]. Resulta “diabólico” querer abrir la puerta del banquete de la vida a todos. El sistema no lo soporta. Para el sistema, lo “diabólico” es pretender acceder en plan de igual al susodicho banquete. Por eso “conminan” (Epetimôn) a quienes intentan llevar a los chiquillos, los tratan de endemoniados. Es entonces Jesús el que responde con “indignación” (Eganaktêsen). Una lucha entre dos conminaciones: la rigidez del sistema y la apertura por parte de Jesús.

Este planteamiento dialéctico abre la puerta a la posición de Jesús: “Dejad que los chiquillos se me acerquen” (Aphete ta paidia erkhestai pros me). La propuesta de Jesús y la de los frágiles sociales no solamente conecta, sino que llega a ser parte del núcleo de la oferta: si los frágiles no entran en el Reino, éste se queda sin contenido. Estos cumplen en su existencia las bienaventuranzas. Por eso “tienen a Dios por rey” (Tôn toioutôn estin he basileia touTheou)[64]. Esta es la carta de ciudadanía del reino que otorga el Evangelio a los excluidos: ellos tienen derecho, por su marginación, a sentarse a la mesa de la que han sido excluidos por los sistemas.

La reafirmación del v.15, “os lo aseguro” (Amên legô hymin), abunda sobre el planteamiento anterior: no acoger el reino como lo hace un chiquillo, creyendo que su exclusión no le despoja del derecho a sentarse en el banquete de la vida, es no haber entendido la propuesta de Jesús, quedarse a sus puertas, no entrar[65].

El “abrazo” de Jesús va más allá del mero “tocar” (Enagkalisamenos auta). Quiere manifestar la aprobación total del planteamiento por parte de Jesús: los “chiquillos” tienen, por derecho, un puesto en la mesa de la vida. Por eso la “bendición” (Kateulogei) esté hecha con ternura, efusividad que denota la abundancia: entran en el reino de manera plena, total, abundante, sin discusión[66].

Hay que medir en textos como este la tensión que subyace a él: el sistema social, político y religioso del bajo judaísmo es de naturaleza excluyente. La propuesta de Jesús pretende quebrar los mecanismos excluyentes del sistema. Esta propuesta encuentra, lógicamente, una oposición directa e interesada en los dirigentes. Pero el resto de la sociedad también está inficionado de exclusión. Tendrán que hacer un proceso de reconversión espiritual y social.

 

Derivación social: Un banquete de la vida excluyente

 

Es el que tenemos. A estas alturas de la historia, masas de gentes, países enteros no han logrado todavía hacerse un sitio en el banquete de la vida. No solo es problemas de pobreza económica, sino de estructuración social y política. Un asunto de índole geoestratégica ya que muchos países hacen depender su bienestar y su desarrollo de la situación de pobreza de otros países. De ahí que tal exclusión sea, como dice el Papa Francisco, un crimen tan grave como el mandamiento de no matar[67].

El elenco de exclusiones sociales que constituyen, hoy por hoy, un obstáculo insalvable para la participación en el banquete de la vida es amplio y de enorme calado. Está ahí, como un lastre, le dificultad para acceder a un mercado llamado libre pero más que nunca controlado por las instancias económicas dominantes a las que el devenir de los frágiles les trae al pairo.

Está la exclusión que divide el mundo en dos bloques y veta el acceso al devenir de la historia a pueblos enteros que tienen difícil acceder a la más elemental tecnología. Los intentos de popularización de algunas herramientas parecen haber fracasado[68]. Por eso sigue abierta la pregunta del acceso a una parte del banquete de la vida, la tecnología, que hoy resulta imprescindible.

Aunque más oculta, está la exclusión de la calidad ambiental. Muchas zonas pobres del planeta tienen calidad ambiental en cuanto a la pureza del aire; lo tienen más crudo en el tema del acceso al agua potable. Pero inmensas periferias de componente popular sufren la baja calidad de un aire contaminado y, por ello, son excluidos de un banquete vital donde el acceso a un medioambiente saludable sea una realidad[69].

Es también de reseñar la exclusión del banquete de la vida por razón de la de la soberanía alimentaria. De ello depende la marginación de amplias zonas de la tierra. No es solamente la pobreza que conlleva la escasez de alimentos, sino que se trata de algo mucho más grave: la imposibilidad de políticas agrarias orientadas a la vida de los desfavorecidos. Cuando tal soberanía desaparece, las garras de las multinacionales alimentarias o agrarias se ceban y expanden su dominio explotador[70].

Finalmente está la más cruel de todas las exclusiones porque afecta a lo más cotidiano de la vida: la exclusión de los bienes básicos que permiten una supervivencia humana (salud, casa, trabajo, familia, cultura, etc.). Es la mesa inmediata de la vida que a muchos millones de personas les está vedada y por la que emprenden exilios suicidas que, con frecuencia, llevan a la pérdida de la vida[71]. Mientras estas corriente migratorias sean tratadas política y económicamente así, hablar de una mesa común es hablar de algo que no existe.

Es preciso romper la dinámica que tienen algunas personas que creen que todo los pertenece por haber nacido en un lugar determinado del mapa y que otras son excluidas de los bienes básicos porque han tenido la mala fortuna de nacer en otra zona del planeta[72]. El espíritu evangélico se sitúa en los márgenes de quienes gritan la nunca saldada injusticia de ser gente aherrojada del banquete de la vida.

 

7. El posible y necesario desplazamiento hacia las pobrezas (Mc 10,17-22)

 

            Abrir la puerta del reino a los frágiles sociales plantea una cuestión de mayor calado: quien quiera ser seguidor de Jesús ha de ir haciendo un proceso de desplazamiento hacia el mundo de las pobrezas. Esa es la forma de identificarse con el proyecto de Jesús, ya que el Dios de Jesús es un Dios del lado de los pobres y su proyecto se entiende y se vive en la medida en que la persona va pasando a la orilla del pobre[73].

            Desde esta perspectiva es normal que el actante con Jesús sea un rico, uno que “tenía muchas posesiones” (Ên gar ekhôn ktêmata polla). Eso se desvelará al final de la narración como para dar la razón de la manera de actuar del protagonista (v.22)[74]. Al inicio (v.17) queda presentado como “uno corriendo” (Prosdramôneis). La indefinición es marco para cualquier persona inquieta por el tema de la muerte, de la “vida definitiva” (Zôên aiônion), para tener algo “asignado” de antemano[75]. Como luego se verá, es un cumplidor moral y religioso, pero esos valores personales no le libran de los temores e interrogantes básicos. El texto apuntará a una vía social. La significatividad gestual (correr…arrodillarse) habla de la zozobra interior en la que se mueve el actante.

            Jesús queda calificado como “maestro muy bueno”, eximio (Didaskale agathe). Es un título que Jesús rechaza (v.18b) ya que el eximio en bondad, solamente es Dios, ni siquiera Jesús. Por eso, hay que remitirse a los preceptos de quien es eximiamente bueno. Nótese que se citan solamente los mandamientos éticos, no los tres primeros que son más religiosos. La cuestión que atormenta al rico si tiene solución es por vía ética[76]. El cuarto mandamiento, “honra a tu padre y a tu madre” (Tima ton patera kai tên mêtera), pasa al final. Quiere decir o bien que se carga de sentido y ese es el baremo real de una vida ética justa o que es preciso postergar las obligaciones familiares para dar más paso a las sociales.

            El rico dice que “ha cumplido desde joven” (Ephylaxamên ek neotêtos mou) con esas prescripciones, no sin esfuerzo[77]. Pero es algo que no le ha llevado a la paz. De ahí la intensificación de la mirada que “se queda mirando” (Emblepsas autô) y quizá el gesto de amor (Êgapêsen auton) que apunta la declaración final de Jesús[78].

            El final del proceso, según Jesús, es “vender y dar” (Pôlêson…dos: v.21). es decir, el éxito para el seguidor es hacer un desplazamiento desde la propia riqueza, desde la propia situación, hasta el lugar de las pobrezas. La venta y la donación son las condiciones para hacer tal proceso, que puede ser de un modo literal e instantaneo o, como una realidad más acomodada a los marcos históricos de la mayoría de las personas, algo procesual pero en la misma orientación y con la misma finalidad. O sea, el paradigma del “rico” de todo aquel que posee algo (y todo el mundo posee, por poco que sea) es hacer, desde esa posición, un desplazamiento hacia el mundo de las pobrezas para que sean no solamente lugar de encuentro sino de nivelación en la dignificación de toda persona, particularmente de aquellos que se encuentran en niveles inferiores de consideración en su dignidad. La valoración de que eso es una “riqueza en Dios” (Kai hexeis thêsauron en ouranô) está indicando que ese es el querer de Dios sobre los bienes de la tierra: que sirvan a la dignificación de toda persona con igualdad y equidad para con los más desfavorecidos. Ese es el camino de un seguimiento con arraigo antropológico: “ven y sígueme” (Kai deuro akolouthei moi). Ese desplazamiento es el único que, al decir de Jesús, puede hacer desaparecer las incógnitas sobre una vida definitiva.

            La narración se termina de forma abrupta desvelando el fracaso de la propuesta y su por qué: “tenía muchas posesiones” (Ên gar ekhôn ktêmata polla)[79]. Una ejemplificación negativa también contiene altas dosis de pedagogía: se percibe el camino que no ha seguir quien quiera acoger la propuesta de Jesús. La racionalización de esta postura se verificará en la perícopa siguiente.

 

            Derivación social: El imprescindible desplazamiento hacia el mundo de las pobrezas

 

            El gran reto hacia la humanidad, la justicia y la misma fe no es la pobreza sino las pobrezas. Es cierto que la austeridad, la contención del despilfarrro, la moderación en las ganancias, etc., son temas que tienen que ver con la pobreza. Pero, repetimos, lo decisivo es cómo se sitúa uno, incluso la posición institucional, ante el variado y lacerante mundo de las pobrezas, como se enfoca ese mundo, qué se tiene que decir a él, que intentos de acercamiento a tal mundo se están construyendo.

            Para ello hay que intentar entender qué significa en la cultura occidental el fenómeno de la acumulación de riqueza como realidad “bendecida”, si no por Dios, si por la sociedad[80].  Para el Evangelio, la desacumulación es un mecanismo perentorio de igualdad ya que, si no se da, hablar de desplazamiento, de interés, por el mundo de las pobrezas resulta imposible[81]. La crítica social que el Evangelio propone a fenómenos como estos es prácticamente nula.

            ¿Hay posibilidad de desplazamiento desde una situación tal? Quizá haya que comenzar por acercarse y mirar. Superar las desconfianza con miradas confiadas; mirar preguntando, interesándose; mirar priorizando, dispuestos a tomar partido; mirar condoliéndose y confraternizado[82]. Y luego será necesario intentar desvelar valores en esos ámbitos de pobreza; romper el esquema mental de que la pobreza lo ocupa todo en los pobres ahogando cualquier otro valor. Habrá que entender el trasvase con ella como un enriquecimiento mutuo, hasta entender, como lo hacen algunos autores, que las pobrezas son mediación de “salvación social”[83].

            Quizá haya que priorizar una ética de mínimos, aquella que valora los mínimos de humanidad y de amparo que se dan los pobres entre sí. Solamente desde ahí se tendrá en pie la posibilidad de una ética de máximos, el sueño de una vida justa para todos. Leer la realidad de las pobrezas desde tal ética está empujando a un desplazamiento hacia esos niveles elementales en los que la vida de los empobrecidos encuentra un sentido.

 

8. Ganancias sociales de la propuesta de Jesús (Mc 10,23-31)

 

            Deriva el pasaje del rico que no acepta el envite de Jesús hacia la dialéctica de la confianza: se confía en las riquezas o se confía en la propuesta del Evangelio. Jesús “pasea la mirada en derredor” (Kai peri blepsamenos). Es un gesto similar a Mc 3,34[84]. Indica que la es a quienes le sigue a quienes quiere hacer ver las “ganancias” que se derivan de poner la confianza en el programa del reino.

            La evidencia de que el personaje del rico es paradigmática queda clara ante el “quedar desconcertados” (Ethambounto) de los discípulos por la tajante afirmación de la “dificultad” (Pôs dyskolon estin) que van a tener los ricos para entrar en el reino mientras confíen en su riqueza. Quizá el desconcierto surja porque rompe el esquema sociorreligioso de la época de que la piedad va unida a la bendición divina en los bienes[85], o porque ellos mismos se sienten “ricos” que no están dispuestos a desplazarse al ámbito de las pobrezas, sino al contrario.

            La hipérbole del camello que no puede pasar por el ojo de una aguja propone de manera rotunda el dilema de la confianza: apoyarse en la riqueza y anhelar el reino es pretender lo imposible. La propuesta de Jesús demanda un esclarecimiento total sobre el tema de la confianza: confiar en la riqueza o confiar en Jesús, un pobre que habla de plenitudes. El rico tiene una manera de ir entrando en el reino: desplazarse al lado de las pobrezas, desacumular, ir dejando de ser rico, “vender y dar” (v.21).

            De nuevo la “enorme impresión” (Perissôs exeplêssonto) muestra la dificultad estructural que hay en la persona para ofrendar la confianza a Jesús en los modos del encuentro dignificador con las pobrezas. Los discípulos hablan de “subsistir” (Sothênai). Estamos en terrenos límite, como si el reino pusiera a la persona ante un abismo. El dicho “con Dios todo es posible” (Panta gar dynata para tô Theô) resulta también extremo: si la persona se pone a la labor, Dios acompañará esa entrega y se llegará buen puerto[86].

            Como en otros textos[87], Pedro toma la portavocía del grupo y con ello adquiere, así mismo, un carácter representativo: se refiere a toda persona que, con buena voluntad, quiere ir entrando en el camino del seguimiento, de los “vienen siguiendo” (Êkolouthêkamen soi)[88]. Ante la evidencia del despojo real que supone el seguimiento se pregunta por las “ganancias” que eso conlleva[89]. Una manera de responder es desvelar las ganancias sociales que acarrea el seguimiento en la respuesta de Jesús de los vv.29-31[90].

            La primera de tales ganancias es la de las ganancias comunes. La introducción “no hay ninguno” (Pas hos) indica que las ganancias descritas (“casa, hermanos…) son para todos. No hay una categorización que discrimine a nadie. Se tiene la conciencia de que cuando todos ganan, la persona concreta gana también. Y nunca al revés. El seguimiento proporciona ganancias, gozos, crecimiento comunes.

            La segunda ganancia es la libertad. Ha de observarse que la segunda de las series ha excluido el término “padre” que sí se daba en la primera. El padre era en el conjunto de la familia clánica una instancia de autoridad. Por eso, en las ganancias del seguimiento no se incluye tal logro porque se considera que vivir libre de autoridad es una de las notas esenciales del reino[91].

            La tercera ganancia es la “vida definitiva” (Zôên aiônion). Una vida que comienza a ser plena en el tiempo y que llega a la total plenitud en el no-tiempo de lo eterno. El seguimiento, en definitiva, es un potenciador de la vida histórica en la dirección de lo pleno.

            Finalmente, y como lo deja ver la conclusión del v.31 con el modismo dialéctico “primero que son últimos, últimos que son primeros” (Polloi de esontai prôtoi eskhatoi kai eskhatoi prôtoi) el seguimiento construye el camino de la igualdad esencial entre humanos[92]. El sueño nunca logrado de tal igualdad no es un anhelo vano y, por ello, el seguidor no ha de caer en la frustración cuando no amanece todavía tal anhelo. El seguimiento mantiene viva la utopía de la igualdad. Esta postura contraviene las ansias de los discípulos, ya que el planteamiento del v.28 encierra un cierto anhelo de elitismo: ellos tienen más derechos que los demás a las ganancias del reino. El v.30 con el tema de la igualdad total como anhelo del reino choca contra un planteamiento tal.

 

            Derivación social: Los beneficios sociales como los mejores logros de lo humano.

 

            La sociedad otorga y celebra los éxitos individuales. Raramente considera éxitos los comunes como beneficio para todos. Sin embargo, la realidad es que los logros individuales con frecuencia acaban en la gloria del individuo, mientras que los sociales revierten en beneficio de todos. De ahí que el Evangelio haga hincapié en los logros comunes porque tiene la certeza de que cuando todos ganan, gana el individuo y nunca al revés.

            Dentro de los beneficios sociales hay que subrayar aquellos que redundan en la humanización de la salud. Todos los esfuerzos que se realizan en este campo, sobre todo aquellos que están orientados a los más frágiles, a los terminales, a quienes más pueden sufrir al dejar esta vida, son beneficios que hacen más humano el existir y el dejarlo. Son beneficios muy valorables ya que ponen coto a la angustia vital que cerca de la persona. El derrotero que va tomando el tema de la “muerte digna” indica que, globalmente, vamos en vías de humanización y, por ello, de beneficio social[93].

            Otro gran beneficio social lo constituyen todos los esfuerzos realizados para el logro de la convivencia pacífica entre ciudadanos. Se inscriben aquí no solamente las acciones de corte político, sino los esfuerzos vecinales  que tienen como fin el entendimiento de los diversos, desde las simples comunidades de vecinos hasta los esfuerzos por conjugar los derechos históricos de cada región. Del logro de la buena vecindad depende mucho el beneficio social y aun el económico. La confianza que demandan los líderes políticos y económicos como base del crecimiento se logra en los niveles de convivencia ciudadana más elemental.

            Son también altos los beneficios sociales que se desprenden de la aceptación de la diversidad personal. La uniformidad no es rentable más que para los líderes. La diversidad es rentable para la ciudadanía. De ahí que todos los esfuerzos que se hagan por encajar la diversidad étnica, de orientación sexual, de componente cultural, de religión o de cualquier otro elemento básico de la estructura humana redunda en beneficio para toda la ciudadanía. La negación de la diversidad lleva a las comunidades humanas a la exclusión y a la estigmatización del otro[94].

            El redescubrimiento de la espiritualidad, entendida antes y más allá de cualquier componente religioso, puede ser consignado, también, como un beneficio para la ciudadanía. La aportación de las grandes tradiciones humanistas y religiosas al tesoro de la espiritualidad puede ser decisiva para encontrar un sentido al caminar humano de hoy. Las personas que ahondan en el sentido de la vida, quienes hacen de su labor científica y humana un trabajo de profundización en el sentido se constituyen en benefactores de la sociedad.

 

 

Conclusión

 

            Al terminar esta reflexión verificamos el componente inspirador de la Palabra. Puede parecer que llevar a terrenos sociales es forzar al Mensaje. Pero, en realidad, la pretensión del mismo es iluminar y hacer fecunda la vida social. Una Palabra para la vida social, ésa es la orientación básica de estas páginas.

            Por otra parte, los beneficios de una lectura social quedan de manifiesto: saca de la burbuja religiosa al Mensaje dándole una fuerza nueva, muestra otro rostro de la Palabra más vivo y existencial, ilumina el camino y vigoriza para que sea andado con fuerza. Todo beneficios.

            Desde esa perspectiva, el texto de Mc 9,30-10,31 queda estructurado de la siguiente manera: partiendo de la “entrega” de Jesús y de quien quiera ser seguidor (9,30-33a), el eje central de la catequesis es la lección de la igualdad como cimiento y baremo de la comprensión y vivencia del reino (10,1-12): Esto tiene como requisitos las actitudes de servicio (9,33b-37), la obra de liberación (9,38-41) y el abandono de cualquier ambición que distorsione esa igualdad (9,42-44). Las consecuencias del logro de esta igualdad básica serán el acceso de los frágiles al banquete de la vida (10,13-16), la posibilidad de iniciar un desplazamiento hacia las pobrezas (10,17-22) y el logro de las ganancias sociales como ganancias para todos (10,23-31).

            Esta urdimbre se comprende mejor si se la sitúa en un nivel de ética de mínimos. Efectivamente, el Evangelio se resuelve, a la postre, en actitudes éticas más que ideológicas. Y la igualdad pertenece a esa ética de mínimos que, como decimos, constituyen el cimiento de lo humano. Este planteamiento no rebaja la hermosura del Evangelio ni lo sitúa en desventaja sobre cualquier otra espiritualidad. Más aún, las verdaderas espiritualidades o contribuyen al cimiento de lo humano o queda prácticamente inservibles.

            Así, la igualdad se constituye en baremo social y también es medida de la vivencia del Mensaje. Así lo expresa el Papa Francisco:  “La visión que consolida la arbitrariedad del más fuerte ha propiciado inmensas desigualdades, injusticias y violencia para la mayoría de la humanidad, porque los recursos pasan a ser del primero que llega o del que tiene más poder: el ganador se lleva todo. El ideal de armonía, de justicia, de fraternidad y de paz que propone Jesús está en las antípodas de semejante modelo, y así lo expresaba con respecto a los poderes de su época: «Los poderosos de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. Que no sea así entre vosotros, sino que el que quiera ser grande sea el servidor » (Mt 20,25-26)”[95].

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño



[1]Nuevo Testamento,  J.MATEOS/L.ALONSO SCHÖKEL (Trads.), Cristiandad, Madrid 19872, 173.

[2]Ibid., 173.

[3] Rememorando la conocida obra de F. LÁZARO CARRETER, El dardo en la palabra, Círculo de Lectores, Madrid 1997.

[4] Como T. JUDT.

[5] Como P.  KRUGMAN.

[6] Como A. CORTINA.

[7] Como J.A.MARINA.

[8] Es lo que ha hecho en la encíclica Laudato Si’ el Papa Francisco. Cf  F. FUENTES ALCÁNTARA (Coord.), Guía para la enseñanza de la doctrina social de la Iglesia,  PPC; Madrid 2014; J. I. CALLEJA, Misericordia, caridad y justicia social. Perspectivas y acentos, Sal Terrae, Santander 2016.

[9] Cf Mc 8,27.

[10] Cf Mc 10,32.

[11] Cf 9,33a.

[12] Mc 8,31-33.

[13]  Mc 15,34  y Mt 27,46 con la cita de Sal 22,2 es un fuerte indicio de esta situación.

[14] El Papa Francisco habla de la “cultura del descarte”: LS’ 16, 22, 43.

[15] Cf la exposición del Institut Français: Chemins de l’éxile.

[16] Así lo muestra la exposición de La Caixa: The most important thing.

[17] El Papa Francisco exclamó  «sólo me viene la palabra vergüenza, es una vergüenza» para referirse al naufragio registrado cerca de la isla de Lampedusa en el que han muerto al menos 93 personas y otras 250 están desaparecidas al volcar una embarcación con 500 inmigrantes.

[18] Una de las grandes obsesiones de Juan Pablo II.

[19] El amparo que se dan los pobres a sí mismos es tremendamente humano y contrapesa la inhumanidad con la que algunos de los descartados tratan a sus semejantes caso de que puedan explotarles.

[20] Sentido de dielogizesthe: 8,16.17.

[21] Cf Mc 4,1.

[22] Cf Mc 1,17.

[23] Cf Mc 1,14.

[24]CF. J. MATEOS; Los Docey otros seguidores en el Evangelio de Marcos, Madrid 1982, § 404.

[25]Cf Mc 9,37.39; 13,6.

[26] El Papa Francisco en EG 205 rompe una lanza a favor de los políticos honestos.

[27] Quizá Jesús, como hombre del pueblo, desconfíe de los gestores públicos. Por eso se dirige a la persona concreta como factor de cambio social más eficaz que los sistemas.

[28] La abogada española Almudena Bernabéu está promoviendo la extradición a España del ex-dictador de Guatemala Efraín Ríos Montt y de otros siete imputados, por el exterminio durante la década de los 80 de más de 200.000 indígenas.

[29]Como las escuelas agrícolas de La Salle en Benin, Togo y Burkina Faso: http://www.proyde.org/index.php/desarrollo-menu/proyectos-de-desarrollo-noticias/684-proyectos-de-educacion-en-benin-togo-y-burkina-faso-un-recorrido-para-ver-y-animar.

[30] Como el arquitecto Alejandro Aravena, llamado “arquitecto de los pobres”: https://www.idealista.com/news/inmobiliario/internacional/2016/01/14/740589-las-obras-mas-famosas-de-alejandro-aravena-el-arquitecto-de-los-pobres-premio.

[31]Como el científico Izpísua: http://www.xlsemanal.com/personajes/20170110/juan-carlos-izpisua-inmortalidad-juventud.html.

[32]Cf Ch: GALFARD, El universo en tu mano, Barcelona 2016.

[33] Desde el punto de vista católico están ahí entidades como las Comunidades de S. Egidio que han mediado en conflictos como los de Angola, Kosovo, etc. Cf J.ROMERO TRILLO, “El papel de la comunidad de Sant’Egidio en la resolución de conflictos”: http://www.caritas.es/imagesrepository/CapitulosPublicaciones/927/03%20el%20papel%20de%20la%20comunidad%20de%20sant'egidio%20en%20la%20resoluci%c3%93n%20de%20conflictos.pdf.

[34]Cf Mc 3,17: “El trueno”; Lc 9,51-55.

[35]Como el “uno de estos pequeños” de Mc 9,42 y en conexión con “un chiquillo de estos” de Mc 9,37. El impersonal, con cierto matiz despectivo, puede apuntar en esa dirección.

[36]Se ventila aquí uno de los conceptos claves del seguimiento: quién es de Jesús y quién no. Esa pertenencia viene por el lado de la obra liberadora, no tanto por la adscripción religiosa. Se puede ser de Jesús sin “estar” con él; se puede no ser de Jesús “estando” con él. En Mc 3,13-14 se dice que la “convocación” de Jesús se hizo «para que estuvieran con él» (Hina ôsin met’autou). “Estar con” es una de las exigencias del seguimiento que es preciso construir. No se trata de un mero estar físico.

[37]Sobre el principio de “benignidad crítica” ver: F. AIZPURÚA, La recreación de los carismas religiosos desde los aprendizajes sociales, Vitoria 2016, 381-387.

[38] “Los médicos ponemos parches a la naturaleza, una naturaleza que es bonita, pero también es salvaje, y al final siempre gana ella”: F. CLOUZET en Un doctor en la campiña, film de Th. Lilti.

[39] A. MAALOUF, Identidades asesinas,  Madrid 1999, 16.

[40] Tenemos el caso de J. M. Vigil y J. Dupuis.

[41]Por eso dice W. KASPER, La unidad de Jesucristo, Santander 2016, 16, que a las diferentes posturas hay que “extraerles el veneno de la contradicción, de modo que sea posible un intercambio de dones diferentes, de enriquecimientos recíprocos y de catolicidad más plena”.

[42] Cf M. CORBÍ, Hacia una espiritualidad laica,  Barcelona 2007, 245.

[43]El obispo y el imán de Bangui: «El diálogo islamo-cristiano no es una abstracción»: http://www.abc.es/sociedad/abci-obispo-y-iman-bangui-dialogo-islamo-cristiano-no-abstraccion-201702021737_noticia.html.

[44]En 2013, ISGlobal fue designado oficialmente Centro Colaborador de la OMS para el Control, la Eliminación y la Erradicación de la malaria. Además, el anterior director del instituto, Pedro L. Alonso, es el actual director del Programa mundial de malaria de la OMS.

[45] Caso de la formación política Podemos.

[46]Cf Mc 10,37; Mt 19,27; Hech 1,6.

[47]Cf Palabras griegas del NT,  en: https://archive.org/stream/PalabrasEnGriegoDelNt/ Palabras_Griegas_del_NT_djvu.txt (28-6-2016).

[48]«Los ojos insaciables»: 1 Jn 2,16.

[49] Iniciativas sociales como las del voluntariado o económicas como la economía del Bien Común (Ch. Felber) o la espiritualidad de la sobriedad feliz (P. Rahbi).

[50]Cf L. BOFF, Iglesia, carisma y poder, Santander 2000. No nos ha de extrañar que, junto a la ambición, aparezca su apocalíptica hermana, la violencia: Cf C. MACISSE, “La violencia en la Iglesia”: en http://www.opuslibros.org/prensa/violencia_iglesia.htm.

[51] “El clericalismo es el peor mal que puede tener hoy la Iglesia”: Papa Francisco en: http://internacional.elpais.com/internacional/2017/01/21/actualidad/1485022162_846725.html. 

[52]Cf Amoris laetitia 98.

[53]No hay más que ver los numerosos tratados de La Misná de contenido legal en torno a cuestiones matrimoniales (Guittín, Ketubbot, Quiddushín, Sotá, Yebamot, etc): Cf C. DEL VALLE, La Misná, Sígueme, Salamanca 19972.

[54]Mientras que la Torá sanciona el divorcio, también expresa lo negativo e indeseable que es la disolución del matrimonio. La Torá sólo acepta un divorcio en el caso de “un asunto de promiscuidad”, un acto deshonesto u otras ofensas morales. Hay una opinión, de la Escuela de Shamai, que esto constituye el único motivo para el divorcio. Pero también los Sabios de la Escuela de Hillel, que permite el divorcio por otros motivos, está de acuerdo que “cuando una persona se divorcia de su primera esposa, también el Altar (en el Templo Sagrado) derrama lágrimas”. Cf Dt 24,1-4.

[55]Aunque las referencias arqueológicas apuntan al neolítico como época en que comienza a regir el modelo patriarcal. Estamos hablando de hace 3.000 años. Los modelos de vida preagrarios no muestran esa estratificación.

[56] Benedicto XVI ha sido adalid en la lucha contra tal ideología. Ver su libro La sal de la tierra, Madrid 201511.

[57] Cf AA.VV., La mujer marginada. Cuestión de género, no de sexo, Madrid 1996.

[58] Tanto en las culturas (ciertas culturas islámicas de arraigo aún muy preindustrial) como en las personas (El Parlamento Europeo ha abierto una investigación contra el diputado polaco Janusz Korwin-Mikke para establecer si debe ser sancionado por sus declaraciones misóginas en el pleno de la Eurocámara, donde este miércoles dijo que las mujeres deben cobrar menos que los hombres porque son menos inteligentes, un comentario que motivó un rifirrafe con la parlamentaria socialista española Iratxe García.).

[59]Cf S. BLANCO, “Suecia: ¿paraíso de la igualdad?”, en: El País 5 marzo 2017.

[60] L. BOFF, El cuidado esencial, Madrid 2002.

[61]  “El papel de la mujer no hay que buscarlo tanto por la funcionalidad, porque así vamos a terminar convirtiendo a la mujer, o al movimiento de la mujer en la Iglesia, en un machismo con faldas. No. Es mucho más importante que una reivindicación funcional. El camino de lo funcional está bien. La subdirectora de la sala de prensa vaticana es una mujer, la directora de los Museos Vaticanos es una mujer… Sí, lo funcional está bien. Pero a mí lo que me interesa es que la mujer nos dé su pensamiento, porque la Iglesia es femenina, es “la” Iglesia, no es "el" Iglesia, y es “la” esposa de Jesucristo, y ese es el fundamento teologal de la mujer”: Papa FRANCISCO en: http://internacional.elpais.com/internacional/2017/01/21/actualidad/1485022162_846725.htm.

[62]El verbo “tocar” tiene muchos espacio en el Evangelio de Mc: 1,41 (leproso), 3,10 (multitud a Jesús), 5,27.28.30.31 (la mujer con flujos a Jesús), 6,56 (enfermos a Jesús, 7,33 (sordomudo), 8,22 (ciego).

[63]En ese sentido suele usarse el verbo epitimaô en Mc: 1,25; 3,12; 4,39; 8,30.32.33; etc.

[64] Como en Mt 5,3.10.

[65] Los Evangelios emplean siempre una “pedagogía negativa” que puede ser transformada en positiva: acoger el reino al modo de los excluidos es la mejor manera que el creyente tiene de entrar en ese reino. La expresión Hôs paidion puede entenderse, en conexión con Mc 9,35, “como un servidor”.

[66] Así se deduce de la lectura Katêulogei ya que el preverbio Kata intensifica al verbo bendecir: intensa y efusiva bendición.

[67] “Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata” (EG 53).

[68]La posibilidad de adquirir ordenadores a menos de 100 euros es ya una realidad. Por ahí habría posibilidad de poner la tecnología al servicio de países en desarrollo. Ver: http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2016/08/24/actualidad/1472053440_424685.html.

[69]Cf LS’ 95.

[70]Cf S. POZZI, “Bayer y Monsanto negocian con Trump para salvar su megafusión”, en:  http://economia.elpais.com/economia/2017/01/17/actualidad/1484674702_433121.html.

[71]Es aterradora la cifra de muertos, supuestos (porque nunca se sabrá la suma total) que han perecido en las aguas del Mediterráneo, verdadera tumba para los excluidos en el banquete de la vida: más de 10.000 muertos desde 2014.

[72] “Seguimos admitiendo en la práctica que unos se sientan más humanos que otros, como si hubieran nacido con mayores derechos” (LS’ 90).

[73]El creyente en Jesús no cree en Dios en general, sino en el Dios que revela Jesús. Ese Dios es parcial, del lado de los pobres (siguiendo la tradición bíblica del Dios de esclavos: Cf Ex 3,7) y la conexión con el programa de Jesús demanda la perspectiva de las pobrezas en toda su variedad.

[74] Algunos mss. Vierten: Idou tis plousios prosdramôn.

[75] El verbo Klêronomeô tiene el matiz de recibir por asignación, por herencia legal, por posesión asignada de antemano. El personaje adquiere rango de paradigma.

[76] Nótese que se invierte el orden entre el 7º y el 8º y que no aparecen el 9º y el 10º mandamientos. Quizá el que añade Mc, “no defraudes” (Mê aposterêsês) supla a estos dos últimos.

[77] Cf Lev 18,4; Dt 4,2.

[78] La conexión de Agapaô con el tema de “los chiquillos” pueda apuntar a algún gesto físico significativo, como el echar la mano a los hombros del rico

[79]Ktêmata hace relación a posesiones agrícolas, tierras, fincas.

[80]La publicación de la lista de más ricos del mundo en revistas como Forbes no provoca ningún rechazo en la población sino una más que clara admiración.

[81] Cf Lc 12,13-21.

[82] Cf F. AIZPURÚA, Discernimiento del compromiso ante las pobrezas, (Frontera Hegian, 69), Instituto de Vida religiosa de Vitoria, 2010, 5-10.

[83] “Cada vez que hemos estado a punto de sucumbir en la historia nos hemos salvado por la parte más desvalida de la humanidad”: E. SÁBATO, La resistencia,  Barcelona 2000, 158.

[84]Periblepsamenos kyklô tous peri auton.

[85] Cf Gen 13,2; 24,35; etc.

[86] La lectura “Dios lo puede todo”, por su contenido dogmatizante (Dios todopoderoso) resulta poco útil.

[87] Cf Mc 8,29.

[88] Nótese el carácter iterativo del perfecto.

[89] Mt 19,27 lo pone con toda claridad: “En vista de eso, ¿qué nos va a tocar?” (Ti ara estaihêmin). Se espera el cobro, las ganancias, que demanda el despojo de dejar todo y seguir a Jesús.

[90] Las ganancias sociales rompen el estrecho e individualista cerco de las ganancias personales. Abren a otro horizonte.

[91] La problemática de Jesús con el “padre” ha dejado huella en muchos textos evangélicos: Cf Mc 3,31-35; Mt 23,9.

[92] Recordar Mc 9,35.

[93] Varias comunidades autónomas (Andalucía, Madrid, Navarra, Aragón, Euzkadi, etc.) han aprobado legislaciones sobre muerte digna de uno u otro caldo dentro de la legalidad.

[94] El grave peligro en que ponen la sociedad líderes políticos como Le Pen, Trump, Wilders, Orbán y otros muchos no puede ser ocultado. Esto ha de tener duras consecuencias para el conjunto de la población.

[95] LS’ 82.

Marcos 41-51

CVMc

Domingo, 15 de enero de 2017

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

41. Mc 6,35-37

 

Una reflexión inicial:

 

                El continuo bombardeo de datos negativos al que nos someten los medios de comunicación crea en nosotros/as la certeza de que todo va mal, de que no hay progreso, de que los humanos marchamos hacia nuestra propia autodestrucción.

                Pero cuando se hacen recopilatorios de unos cuantos años, esto no es así. Por ejemplo: Entre 1960 y 1980 las guerras provocaron 4 de cada 100.000 muertes. Desde el año 2000 han provocado menos del 0,5 por 100.000. O por ejemplo: en 1900 solamente el 12% de la población mundial vivía en países democráticos; en 1950 eran el 31% y en 2015 somos el 53%.

                Esto indica que los trabajos activos por la mejora del camino humano dan sus resultados positivos y que la especie humana tiene capacidad para mejorar y que, más lentamente de lo que algunos desearíamos, la desarrolla.

                Es cierto que todavía nos afligen muchas calamidades causadas por nosotros. Pero si este es el ritmo de humanización, podemos pensar que el futuro será mucho mejor que el pasado vivido.

                Situarse en este lado positivo no lleva a obviar lo negativo, pero habla del anhelo de hacer un camino más humano y fraterno. Quien ama el Evangelio ahí habría de colocarse.

 

 

El texto:

 

            35Avanzada ya la tarde se le acercaron sus discípulos y le dijeron:

                - El lugar es despoblado y ya es tarde; 36despídeles que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer.

                Él les contestó:

-          Dadles vosotros de comer.

Le dijeron.

 - ¿Vamos a comprar panes por doscientos denarios de plata para darles de comer?

 

  • La enseñanza de Jesús afecta al bien de todos. Pero antes una situación de carencia, los discípulos creen que cada uno tiene que buscarse la vida. Se acabó la idea comunitaria: el que venga atrás, que arree.
  • Jesús no piensa así: cree que hay una responsabilidad humana de unos para con otros, piensa que el progreso ha de venir de la mano de la generosidad social de unos para con otros. De ahí su imperativo “Dadles vosotros de comer”. Cubrir las necesidades básicas no es tarea de Dios, sino de la persona.
  • La ironía es el arma de los débiles: por eso hablan de comprar pan por una cantidad grande de dinero como si eso fuera a solucionar algo. No han entendido que el asunto no está en la cantidad, sino en la generosidad del propio corazón. El modelo económico de Jesús es el de bien común desde el lado de la generosidad. El éxito de este modelo no radica en el dinero sino en la actitud de las personas.

 

Para pensar:

 

  1. ¿Por qué nos cuesta creer en el progreso humano?
  2. ¿Creces cada vez más en generosidad? ¿Lo notas?
  3. ¿Aprecias a las personas generosas? Pon ejemplos.

 

Un valor: una lucha activa

 

            Creemos que los grandes problemas humanos se van a solucionar por su pie, sin el concurso de una lucha activa. Craso error.

  • Una lucha activa demanda una decisión clara por la persona, por su dignidad, como valor inalienable.
  • Una lucha activa se basa más en la generosidad que en la cantidad de bienes de que uno dispone.
  • Una lucha activa no se apea de la confianza de que la persona puede mejorar.
  • Una lucha activa traslada, en la medida que puede, estas inquietudes al marco social y político.
  • Una lucha activa demanda apoyarse en otras personas que están en parecido anhelo, ya que solo es muy difícil.

 

Una foto:

 

 

 

Esta foto recoge una situación que hemos visto mucho estos días: un columna de camiones de la cruz-media luna rojas aguarda a entrar en la cercada y masacrada ciudad de Alepo. Es el “dadles vosotros de comer” con el agravante de la máxima necesidad y del máximo peligro. Pero eso no les detiene. Mucha gente, creyente o no, siente lo que dice el Evangelio y se apresta a una colaboración activa. Eso es lo que Jesús pedía a sus discípulos amigos, y a nosotros.

 

Un poema:

 


EL INTRUSO
 

 

Caminaba sobre el agua, llenaba las redes,

los pescadores abandonaban su oficio por seguirlo. 

 

En una boda faltó el vino. Él se hizo cargo: 

centenares de litros,

un golpe de maestro viñador,

agua en vasos de piedra convirtiéndose en vino. 

 

Es mejor, dijeron los invitados, sí, es mejor

el vino que surge sin pisar la uva, 

el pan hecho sin grano ni horno,

el pez que se mete en la barca de un salto. 

 

Desencadenaba el gratis que pertenece a la gracia, 

apasionada y violenta. 

 

Venía de un bautismo en aguas del Jordán, 

murió poco más allá

sobre un travesaño con forma de T

y, cuando un hierro le atravesó el costado, 

brotó agua, como la incisión de un parto. 

Murió convertido en fuente. 

 

He aquí el intruso del mundo, 

empapado de la grasa de todas las culpas, 

perdiendo el color, pálido de frío, en un abril

o incluso en un marzo, más allá de ochocientos metros

sobre el nivel del mar jamás tocado. 

 

Un gargarismo de aguas en el fondo de un pozo seco, 

un carraspeo en la tubería de las arterias: 

así jarrea su resurrección.

 

                Erri de Luca 

 

CVMc

Domingo, 22 de enero de 2017

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

42. Mc 6,38-46

 

Una reflexión inicial:

 

                Cuando se habla de modos alternativos de entender la economía, gran parte de la población y, sobre todo los economistas del neoliberalismo, sonríen y dicen: no hay más que esta manera nuestra de entender la economía, la economía del mercado y de la ganancia, la economía de las multinacionales y de los grandes dineros que ordenan y mandan sobre la historia.

                En parte es cierto y en parte no. Es cierto, porque de hecho, hoy día, ellos tienen la sartén por el mango y  ninguna intención de soltarla. No es cierto porque hay en el mundo intentos reales, con carne, de otro tipo de economía por minoritario que sea: economía del bien común, del decrecimiento, de la sobriedad feliz, de rostro humano, economía sensible, solidaria, etc.

                No representan más que una parte pequeña de la economía real. Por eso el gigante se ríe a mandíbula batiente. Pero teme mucho a esas semillas porque pueden dar otro fruto.

                De tal manera que quizá no se puede ser optimita respecto a un cambio de modelo económico pero sí se puede tener la esperanza de que se vaya poniendo en pie un tipo de economía de rostro e intención humana, sin abandonar el anhelo del progreso económico.

                Muchos llaman a esto populismo, pero es, en realidad, la vieja utopía de la fraternidad igualitaria. Hay sectores sociales que se empeñan en mantener viva esta llama.

           

El texto:

 

                38Él les dijo:

-          ¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.

Cuando lo averiguaron, le dijeron:

-          Cinco panes y dos peces.

39Les ordenó que les hicieran recostarse a todos en la hierba verde formando corros, 40pero se echaron formando cuadros de ciento y de cincuenta.

                41Tomando él los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la acción de gracias, partió los panes y los fue dando a los discípulos para que los sirvieran; también los dos peces los dividió para todos.  42Comieron todos hasta saciarse, 43y recogieron de trozos doce cestos llenos, también de los peces. 44Los que comieron los panes eran cinco mil hombres adultos.

                45Enseguida obligó a sus discípulos a que se montaran en la barca y fueran delante al otro lado, en dirección a Bestaida, mientras él despedía a la multitud. 46Cuando se despidió de ellos se marchó al monte a orar.

 

  • El milagro de los panes repartidos no es que salieran panes del cesto, sino que alguien se aprestara a poner sobre la mesa común lo poco que tiene, cinco panes o dos peces. El milagro es el del compartir, no el de los panes multiplicados (estos se multiplica únicamente partiéndolos).
  • La gente quiere entender esto en la economía de la producción. Por eso se sientan “en cuadros”, la vieja manera de hacer justicia a los pobres, el viejo modelo de mercado. Mientras que Jesús quiere que se siente “en corro”, en una economía que mira la cara del otro, que hace la necesidad del otro mi preocupación, importándome la situación de quien sufre. 
  • Los panes se reparten en este segundo escenario y entonces es cuando “comen todos hasta saciarse”. La saciedad económica no viene tanto por la abundante producción sino por el equilibrado reparto. 

 

Para pensar:

 

  1. ¿Crees que es posible otro tipo de economía más humana?
  2. ¿Tienes alguna práctica persona de ese tipo de economía?
  3. ¿Crees que la economía del bien común puede tener futuro?
  4.  

Un valor: la sobriedad feliz

 

                Un autor francés (P. Rahbí) ha difundido este tipo de economía alternativa que encierra un gran valor de fondo: se puede ser feliz siendo sobrio.

                La sobriedad, la austeridad, ha tenido mala prensa porque se ha practicado de manera ascética, sin tener clara su finalidad o dándole una finalidad religiosa (por Dios) que hoy ya no tiene enganche.

                Pero podría ponerse en pie por causa de la dignidad de la persona: vivo sobriamente y contento porque eso puede influir en que otra persona tenga sus necesidades básicas cubiertas. La evidencia de que este mecanismo funciona es insoslayable.

                Más que de una manera de pensar, se trata de una manera de actuar. Cualquier pequeño paso, cualquier gesto que vaya en esa dirección habla de esperanza.

 

Una foto:

 

 

Esta muchacha es Marta Avesani, una especialista internacional en la economía del Bien común. Ella ha dicho: “La economía del Bien Común, al igual que el modelo True Business Sustainability, invita a la empresa a cambiar de perspectiva: de un enfoque de maximización del beneficio económico para los emprendedores y los inversores externos a repensar la empresa en su totalidad de manera que ella sea la respuesta a una necesidad humana o a un problema local o global. Esta respuesta está integrada en el business model y en los objetivos de la empresa. Además, la empresa no solamente crea valor positivo para la sociedad con su producto o servicio sino también evita crear externalidades negativas sociales y medioambientales en los procesos productivos”.

 

Un poema:

 

“Tener el sol entre las manos, sin quemarse, y pasarlo como una antorcha a los que proseguirán la marcha, es un acto arduo pero sagrado. Lo necesitamos. Vendrá un día en que a medida que se llene de luz la conciencia del hombre, se debilitarán los dogmas que lo esclavizaron desde siempre; y este se irá identificando con el sol cuanto más se aproxime a los ideales de dignidad y libertad humanas”.

 

                             Odiseas Elytis

CVMc

Domingo, 22 de enero de 2017

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

42. Mc 6,38-46

 

Una reflexión inicial:

 

                Cuando se habla de modos alternativos de entender la economía, gran parte de la población y, sobre todo los economistas del neoliberalismo, sonríen y dicen: no hay más que esta manera nuestra de entender la economía, la economía del mercado y de la ganancia, la economía de las multinacionales y de los grandes dineros que ordenan y mandan sobre la historia.

                En parte es cierto y en parte no. Es cierto, porque de hecho, hoy día, ellos tienen la sartén por el mango y  ninguna intención de soltarla. No es cierto porque hay en el mundo intentos reales, con carne, de otro tipo de economía por minoritario que sea: economía del bien común, del decrecimiento, de la sobriedad feliz, de rostro humano, economía sensible, solidaria, etc.

                No representan más que una parte pequeña de la economía real. Por eso el gigante se ríe a mandíbula batiente. Pero teme mucho a esas semillas porque pueden dar otro fruto.

                De tal manera que quizá no se puede ser optimita respecto a un cambio de modelo económico pero sí se puede tener la esperanza de que se vaya poniendo en pie un tipo de economía de rostro e intención humana, sin abandonar el anhelo del progreso económico.

                Muchos llaman a esto populismo, pero es, en realidad, la vieja utopía de la fraternidad igualitaria. Hay sectores sociales que se empeñan en mantener viva esta llama.

           

El texto:

 

                38Él les dijo:

-          ¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.

Cuando lo averiguaron, le dijeron:

-          Cinco panes y dos peces.

39Les ordenó que les hicieran recostarse a todos en la hierba verde formando corros, 40pero se echaron formando cuadros de ciento y de cincuenta.

                41Tomando él los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la acción de gracias, partió los panes y los fue dando a los discípulos para que los sirvieran; también los dos peces los dividió para todos.  42Comieron todos hasta saciarse, 43y recogieron de trozos doce cestos llenos, también de los peces. 44Los que comieron los panes eran cinco mil hombres adultos.

                45Enseguida obligó a sus discípulos a que se montaran en la barca y fueran delante al otro lado, en dirección a Bestaida, mientras él despedía a la multitud. 46Cuando se despidió de ellos se marchó al monte a orar.

 

  • El milagro de los panes repartidos no es que salieran panes del cesto, sino que alguien se aprestara a poner sobre la mesa común lo poco que tiene, cinco panes o dos peces. El milagro es el del compartir, no el de los panes multiplicados (estos se multiplica únicamente partiéndolos).
  • La gente quiere entender esto en la economía de la producción. Por eso se sientan “en cuadros”, la vieja manera de hacer justicia a los pobres, el viejo modelo de mercado. Mientras que Jesús quiere que se siente “en corro”, en una economía que mira la cara del otro, que hace la necesidad del otro mi preocupación, importándome la situación de quien sufre. 
  • Los panes se reparten en este segundo escenario y entonces es cuando “comen todos hasta saciarse”. La saciedad económica no viene tanto por la abundante producción sino por el equilibrado reparto. 

 

Para pensar:

 

  1. ¿Crees que es posible otro tipo de economía más humana?
  2. ¿Tienes alguna práctica persona de ese tipo de economía?
  3. ¿Crees que la economía del bien común puede tener futuro?
  4.  

Un valor: la sobriedad feliz

 

                Un autor francés (P. Rahbí) ha difundido este tipo de economía alternativa que encierra un gran valor de fondo: se puede ser feliz siendo sobrio.

                La sobriedad, la austeridad, ha tenido mala prensa porque se ha practicado de manera ascética, sin tener clara su finalidad o dándole una finalidad religiosa (por Dios) que hoy ya no tiene enganche.

                Pero podría ponerse en pie por causa de la dignidad de la persona: vivo sobriamente y contento porque eso puede influir en que otra persona tenga sus necesidades básicas cubiertas. La evidencia de que este mecanismo funciona es insoslayable.

                Más que de una manera de pensar, se trata de una manera de actuar. Cualquier pequeño paso, cualquier gesto que vaya en esa dirección habla de esperanza.

 

Una foto:

 

 

Esta muchacha es Marta Avesani, una especialista internacional en la economía del Bien común. Ella ha dicho: “La economía del Bien Común, al igual que el modelo True Business Sustainability, invita a la empresa a cambiar de perspectiva: de un enfoque de maximización del beneficio económico para los emprendedores y los inversores externos a repensar la empresa en su totalidad de manera que ella sea la respuesta a una necesidad humana o a un problema local o global. Esta respuesta está integrada en el business model y en los objetivos de la empresa. Además, la empresa no solamente crea valor positivo para la sociedad con su producto o servicio sino también evita crear externalidades negativas sociales y medioambientales en los procesos productivos”.

 

Un poema:

 

“Tener el sol entre las manos, sin quemarse, y pasarlo como una antorcha a los que proseguirán la marcha, es un acto arduo pero sagrado. Lo necesitamos. Vendrá un día en que a medida que se llene de luz la conciencia del hombre, se debilitarán los dogmas que lo esclavizaron desde siempre; y este se irá identificando con el sol cuanto más se aproxime a los ideales de dignidad y libertad humanas”.

 

                             Odiseas Elytis

CVMc

Domingo, 5 de febrero de 2017

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

44. Mc 6,54-56

 

Una reflexión inicial:

 

                Una asignatura pendiente en la sanidad es la humanización de la salud. Los pasos que se van dando son notables, desde la amabilidad de muchos de los sanitarios hasta la creación multiplicada de unidades de dolor para quienes están peor.

                Ahí se ve claramente que curar es no solamente sacar de la enfermedad (en la medida en que esto sea posible), sino humanizar una situación de fragilidad, hacerla compatible, a pesar de la debilidad, con el camino humano.

                Por eso mismo, a quien es humano tratando al enfermo lo apreciamos por encima de sus conocimientos de medicina. Con ello queda clara la sed de humanidad que brota imparable en el corazón humano y que lo hace a borbotones cuando la situación de debilidad lo demanda.

                A esta tarea de humanización está llamada no solamente la clase sanitaria, sino toda persona. El éxito de la vida es su humanización y su fracaso cualquier deshumanización.

                El PIB no dice nada del nivel de humanización; la dicha de la persona sí que lo dice. De ahí que contribuir a esa dicha es la gran riqueza de un país. Y cuando la persona lo necesita más, la dicha lograda es doble.

 

 

El texto:

 

            54Al bajar ellos de la barca, algunos los reconocieron y, enseguida, 55recorriendo toda aquella comarca, empezaron a transportar en camillas a los que se encontraban mal, hasta donde oían que estaba.

                56En cualquier parte en que entraba, aldeas, pueblos o caseríos, colocaban a los enfermos en las plazas y le rogaban que les dejase tocar aunque fuera el borde de su manto; y cuantos lo tocaron obtuvieron la salud.

 

  • Estos sumarios dan cuenta de la actividad curativa ejercida por Jesús. Muchos otros hacían lo mismo en aquellos tiempos en que no había sanidad técnica. Pero la comunidad cristiana desveló las curaciones de Jesús la llegada del Reino. ¿Por qué? Quizá por la inmensa ternura con que estaban hechas.
  • Colocar a los enfermos en “las plazas” da una idea no solamente de popularidad, sino de legalidad: se hacen las curaciones a la vista de todos, en la plaza. Con ello se está indicando que éstas son una especie de “predicación” del Reino. Se predica más curando que hablado. El seguidor ha de tomar nota.
  • Piden los enfermos “tocar el manto”, que es símbolo del espíritu de la persona. Tocar su espíritu,  participar de su fuerza interior, conectar con sus valores, tener algo de lo que constituye el alma de Jesús. Eso es lo que realmente puede curar.

 

Para pensar u orar:

 

  1. ¿Haces obra de “curación” con gente frágil?
  2. ¿Humanizas en tu entorno?
  3. ¿Hablas de la fe o actúas de manera que se trasluce en tu conducta los valores evangélicos.

 

 

 

 

Un valor: la capacidad curativa de la ternura

 

            La medicina técnica progresa cada día, para nuestro bien. Pero aún hay valores, como la ternura, que tienen un alto valor curativo:

  • Una ternura curativa es aquella que no piensa en sí misma, sino en la dicha del otro.
  • Una ternura curativa es aquella que quiere conectar con el corazón del otro, pasando por alto asuntos superficiales.
  • Una ternura curativa es aquella que emplea palabras buenas y gestos amables como su único lenguaje.
  • Una ternura curativa es aquella que tomar en serio los pequeños argumentos de la persona frágil.

 

Una foto:

 

 

 

      Las manos que acogen otras manos, las de una enferma de alzheimer. Quizá no recuerdan nada, porque todo se ha borrado, pero el tacto de las manos permanece. Y por eso, esas manos heridas anhelan ser acogidas en otras manos. Es la ternura que no cura pero que ayuda a dar sentido al sinsentido de una enfermedad destructora. Es el amor y su fuerza increíble.

 

 

 

 

 

Un poema:



¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,
hasta aquí el agua?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,
hasta aquí el fuego?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,
hasta aquí el odio?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,
hasta aquí no?
 


Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran.

 

J. Gelman

CVMc

Domingo, 12 de febrero de 2017

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

45. Mc 7,1-18

 

Una reflexión inicial:

 

                Los pueblos no saben vivir sin tradiciones. Son como las raíces del sentido, la mística de la tribu, los sentimientos que generan identidad.

Por eso pesan tanto las tradiciones. Y, a veces, son un peso absurdo e incluso tóxico, con consecuencias tremendas.

Hay que tener a las tradiciones entre ceja y ceja. Si se las deja a su aire, terminan por adueñarse de la voluntad de los pueblos y de las conciencias de las personas.

¿No podrían ser las tradiciones raíces con humanidad?  ¿No podrían ayudar no tanto a significar la tribu, sino a colaborar con el camino de humanización de la vida? ¿No puede haber tradiciones de humanidad?

Creemos que las hay, pero no son las que se publicitan ni las que se apropian quienes quieren sacar partido de sentimientos muchas veces carentes de racionalidad.

Por eso, la “prueba del algodón” de las tradiciones son su componente humano. Si éste no se halla presente en ellas, se convierten en realidades muy peligrosas.

 

 

 

El texto:

 

            7,1Se congregaron alrededor de él los fariseos y algunos letrados llegados de Jerusalén 2y notaron que algunos de sus discípulos comían los panes con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos.

                3Es que los fariseos, y los judíos en general, no comen sin lavarse las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores; 4y, al volver de la plaza, no comen sin antes hacer abluciones; y se aferran a otras muchas cosas que han recibido por tradición, como enjuagar vasos, jarras y ollas.

                5Le preguntaron entonces los fariseos y los letrados:

                -¿Por qué razón no siguen tus discípulos la tradición de los mayores, sino que comen el pan con manos impuras?

                6Él les contestó:

                -¡Qué bien profetizó Isaías acerca de vosotros los hipócritas! Así está escrito:

 

Este pueblo me honra con los labios,

                pero su corazón está lejos de mí.

7El culto que me dan es inútil,

                porque la doctrina que enseñan

                son preceptos humanos.

 

                8Dejáis el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.

 

  • Nosotros no entendemos bien el trasfondo de este pasaje porque la llamada “impureza legal” ha acogotado al judaísmo antiguo: para presentarse ante Dios había que estar en situación de pureza total, algo prácticamente imposible porque siempre había algún motivo para “contaminarse” (por ejemplo, estar en un mercado donde haya una menstruante; eso causaba impureza, imagínese entre cientos de mujeres).
  • El error de este planteamiento es creer que lavar por fuera es lo mismo que lavar por dentro. Lo que habría que hacer sería justamente lo contrario, poner interés en lavar por dentro. Una pureza de humanidad y de corazón, no de formas externas.
  • Aferrarse a las tradiciones como motivo de identidad puede llevar a situaciones absurdas, peligrosas incluso. Las tradiciones deberían estar al servicio de la persona, no al revés.
  • Todo esto lleva a una religiosidad vacía, a un culto sin raíces, a una fe que no lo es tal, sino regodeo en la práctica de unas costumbres que no tienen sentido. Vaciedad.
  • Se deja “el mandamiento de Dios”, el amor, la humanización. Se ha pervertido el camino. Ya no hay orientación.

 

Para pensar u orar:

 

  1. ¿Soy de los que absolutizan las tradiciones?
  2. ¿Me molesta que se cambien las cosas religiosas u otras, o soy flexible?

 

Un valor: la racionalidad cordial

 

            Lo más terrible del apego a las tradiciones sin más es su irracionalidad que, no pocas veces, raya en el absurdo. Habría que vivirlas con una racionalidad cordial, no fría, pero sensata.

  • La racionalidad cordial lleva a preciar las tradiciones sin absolutizarlas.
  • La racionalidad cordial sabe decir cuándo una tradición está caduca y no tiene ya sentido.
  • La racionalidad cordial impulsa aquellas tradiciones que humaniza.
  • La racionalidad cordial apunta al interior de la persona más que al exterior.

 

Una foto:

 

 

 

      Hay tradiciones que plantean muchas preguntas. En USA se “indulta” a uno de los 40.000 pavos que se comen en el día de Acción de Gracias. En un país donde no se indulta a muchos reos que son ejecutados. Una tradición simpática esta del indulto del pavo. Por eso se ríen los dirigentes de la foto de este año. Mientras tanto, muchos presos en el corredor de la muerte esperan la inyección letal. Curiosas tradiciones, vacías de humanidad. Se indulta a un pavo, no se indulta a un reo.

 

Un poema:

 

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

                                                                                                                                             G. Celaya

CVMc

Domingo, 19 de febrero de 2017

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

46.Mc 7,9-13

 

Una reflexión inicial:

 

            Un signo de sociedad evolucionada se da cuando las cargas personales pasan a ser también, en parte, cargas sociales.

                Es el caso del cuidado de nuestros mayores. Siempre han sido cargas personales, familiares, que se han resuelto de la mejor manera posible, a veces de mala manera.

                Pero de un tiempo aquí estar cargas personales o familiares devienen en cargas sociales: es la sociedad la que se ve concernida y toma parte en ello con el consiguiente gasto público.

                Esto, creemos, es un avance y no un retroceso. El Papa Francisco pone, a veces, como ejemplo de familia cristiana, aquella que cuida a sus mayores en casa. Pero, la realidad es que, con frecuencia, o no se puede, o no se debe, o no hay posibilidad, o el mismo anciano elige una forma personal de ir acabando su vida. Estas variables son un progreso.

                Efectivamente, en ellas se verifica que la sociedad tiene deudas de fraternidad con todos sus miembros, sobre todo con los más frágiles y que, en la medida que las cumple, se eleva el nivel de lo humano.

                Por eso, el compromiso ciudadano, el deber de contribuir al hecho social, es una salida al natural desentendimiento con el que, a veces, tendemos a solucionar los problemas de los débiles. En ese sentido hemos mejorado, creemos, respecto a otras épocas donde o la familia respondía o, como era en muchas casos, te quedabas en absoluto desamparo.

 

El texto:

 

            9Y añadió:

                - ¡Qué bien echáis a un lado el mandamiento de Dios para implantar vuestra tradición! 10Porque Moisés dijo: “Sustenta a tu padre y a tu madre” y “el que deje en la miseria a su padre y a su madre tiene pena de muerte” (Ex 20,12; 21,27). 11En cambio vosotros decís: Si uno le declara a su padre o a su madre: “Eso mío con lo que podría ayudarte lo ofrezco en donativo al templo”, 12ya no le dejáis hacer nada por el padre o por la madre, 13invalidando la palabra de Dios con esa tradición vuestra que os habéis transmitido. Y de estas hacéis muchas”.

 

                No habrá que olvidarlo: Jesús es un disidente, uno que se ha enfrentado a las tradiciones, un crítico, en épocas donde serlo era mucho más “peligroso” que ahora, en una sociedad donde esto pesaba como el plomo.

  • Jesús apela a la autoridad de Moisés, al querer de Dios manifestado en una Ley hecha para humanizar. Se ha conseguido darle la vuelta: en vez de humanizar, contribuye al olvido del débil. La ley deja de ser “santa” para convertirse un obstáculo hacia Dios. 
  • Con el donativo al templo se mataban dos pájaros de un tiro: Se pagaba el tributo obligatorio al templo y se cumplía supuestamente la Ley. Los únicos perdedores eran el padre o la madre que quedaban desatendidos. La persona se quitaba la obligación y la sociedad se llamaba andana ante el asunto.
  • Así queda invalidada la Palabra que quiere ser una cobertura para la fragilidad. La Palabra es agua de borrajas.
  • Estas tradiciones “se transmiten” con lo que quedan consagradas y nadie puede osar tocarlas o cambiarlas a riesgo de quedar excomulgado por el sistema. Se ha logrado ganar la partida en todos los frentes.

 

Para orar o pensar:

 

  1. 1.       ¿Conforme oro con el Evangelio, crezco en corresponsabilidad?
  2. 2.       ¿Me interpela la suerte de los frágiles sociales?
  3. 3.       ¿Soy persona aferrada a tradiciones?

 

Un valor: cuando amar es difícil

 

                A veces amar a los frágiles es tarea más o menos fácil. Pero, con frecuencia, esta clase de amores tiene un plus de dificultad:

  • Es difícil amar cuando el frágil es exigente y de trato difícil. Hay que hacer acopio de humanidad y de paciencia.
  • Es difícil amar cuando el frágil se vale de su fragilidad para chantajearnos. Es preciso se amable y fuerte a la vez.
  • Es difícil amar cuando el frágil se cierra y no quiere dejarse ayudar. Es preciso saber estar a la puerta todo lo que sea necesario.
  • Es difícil amar cuando el frágil no quiere moverse de sus posiciones. Hay que animarse a llevar parte de su carga para “seducirle” y que ande.

           

Una foto:

 

 

                Una foto común de un niño en un marco de pobreza. Dicen que España no es país para niños pobres. Que la pobreza severa afecta a un 16,7% de los menores de 18 años, nueve puntos por encima de la media europea. Y la brecha entre niños ricos y niños pobres es incluso mayor que la ya de por sí alta desigualdad de la población adulta española. Es una realidad que nos ha de golpear personal y socialmente.

 

Un poema:

 

Si alguna vez callásemos

como callan los árboles, las nubes

y las piedras, podrían escucharse

los árboles, las nubes y las piedras.

 

También en estas cosas se escucha una canción.

Y desde su silencio nos invitan

a creer en la voz que sin verbo habla.

 

Así,

mientras alguien fabula estrategias que calmen

su incertidumbre,

un lúgano le canta a la mañana

y el cielo le regala los colores del bosque.

 

Mientras alguien disfraza con plegarias su miedo,

un milano dibuja su vuelo entre las nubes

y esparce libertad.

 

Y mientas alguien busca con palabras

la respuesta que salve su alegría,

la primavera llega, tan callada,

y expande los secretos de la dicha.

 

El mundo nos entona su canción.

Una canción en blanco,

sin dictado ni acorde, sin ciencia ni conciencia,

que de la nada viene y en todo se refleja.

 

Basta callar, dejar cantar al mundo,

y oír su voz fugaz para entenderlo.

C. Molina 

 

CVMc

Domingo, 26 de febrero de 2017

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

47.Mc 7,14-15

 

Una reflexión inicial:

 

                Hay una tendencia en nosotros a achacar los errores a los demás, a ver los causantes de nuestra desgracia fuera de nosotros, a poner a los demás como excusa de nuestros yerros.

                Pero hay que decir, con san Francisco, “que el enemigo está dentro”. Es decir, con harta frecuencia nosotros somos las causa de nuestros propios desajustes. Es preciso aceptar esto con la mayor cordialidad posible.

                Es entonces cuando se puede iniciar un proceso de curación, porque mientras uno no reconozca su parte en el daño, hablar de curación es hablar de lo imposible.

                Y es que, nos guste o no, hay dentro una fuente de aguas corruptas, una fiera escondida en el cañaveral, un Caín dentro. Es el componente limitado de nuestro ser que, como decimos, habrá que encajar con la mayor paz posible.

                Eso mismo nos dará fuerza para potenciar lo que de positivo contenemos, que también lo hay en cada interior, y quizá más que contenidos negativos.

                Al final hay que mantener la certeza de que el bien se irá adueñando de nuestro interior, siempre que le demos espacio, porque, por mucho que se diga lo contrario, el bien tiene más fuerza que el mal.

                Esto habría de llevarnos a amar esta vida nuestra por encima de sus evidentes limitaciones con realismo y también con ilusión.

 

El texto:

 

            14Y convocando esta vez a la multitud les dijo: - ¡Escuchadme todos y entended! 15No hay nada que desde fuera del hombre entre en él y pueda hacerlo profano; no, lo que sale del hombre es lo que hace profano al hombre.

 

                Jesús ha roto con un tabú imperante en el mundo religioso: no hay barrera entre lo sagrado y lo profano. Todo es sagrado; únicamente el mal es profano. No hay realidades manchadas, únicamente el corazón puede manchar y estropearlo todo. Por eso hay que tener cucho cuidado en vigilar la ecología interior, el mundo de dentro que voy construyendo.

  • Es algo dicho “a la multitud”, es decir, esto afecta a toda persona, porque nos llevamos el canto de un duro. Quien se crea libre del peligro de “profanar” las cosas no se entiende bien a sí mismo.
  • Hay una dialéctica entre “lo que entra” y “lo que sale”. El problema no está en lo que entra, sino en lo que sale. Lo que entra nunca es malo, porque la creación es buena. Lo que sale, pasado por el tamiz del corazón, es lo que puede ser malo. Con eso es con lo que hay que tener cuidado. 
  • De modo que lo profano es una categoría del corazón, no de la creación. Hacer profano lo que ha sido creado como sagrado es empobrecerlo. 

 

Para pensar u orar:

 

  1. 1.       ¿Voy consiguiendo con el tiempo tener un interior más limpio, un corazón menos maleado?
  2. 2.       ¿Tengo una visión positiva de la creación y de la vida en general?
  3. 3.       ¿Influyo en la visión negativa de los demás o en la positiva?

 

Un valor: ecología interior

 

            L. Boff dice muchas veces que hay que ir construyendo una ecología interior, una especie de mundo interior limpio y positivo, huyendo de grisuras y de perspectivas maleadas. No resulta fácil porque, además de lo que llevamos dentro, influye mucho la sociedad y los medios de comunicación.

  • La ecología interior demanda una mirada limpia sobre la realidad.
  • La ecología interior se identifica con el lado más humano y más positivo de la creación.
  • La ecología interior tiene la certeza de que todas las cosas tienen valor en sí mismas, más allá de su utilidad.
  • La ecología interior sabe que todos los seres tienen una finalidad positiva en el conjunto de lo creado.
  • La ecología interior va eliminando los trasfondos negativos y se aplica a la construcción de los positivos.

 

Una foto:

 

 

 

                Estas personas son Luis Gonzalo Segura, Ana Garrido y Azahara Peralta, personas que han sido valientes y, con gran perjuicio, han denunciado la corrupción en el país. Son gente, además de valiente, de un interior alejado del engaño y el encubrimiento. Más allá de cualquier limitación, son un ánimo para la ciudadanía con el fin de construir un interior social más ecológico y justo. Merecen un respeto y un agradecimiento.

 

Un poema:

 

Si alguna vez callásemos

como callan los árboles, las nubes

y las piedras, podrían escucharse

los árboles, las nubes y las piedras.

 

C. Molina.

CVMc

Domingo, 5 de marzo de 2017

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

48.Mc 7,17-23

 

Una reflexión inicial:

 

                ¿Qué hay realmente en el fondo del corazón de la persona? Somos un verdadero misterio. Uno se asombra de descubrir en el fondo del propio corazón cosas, reacciones, maneras de mirar que nunca habría pensado que estaban ahí, buenas y no tanto.

                Un pozo sin fondo el propio corazón al que nunca llegamos del todo y los demás, a veces, prácticamente ni se asoman a tal fondo.

                Por eso, para entender algo de los extraños caminos del corazón hay que mirar lo mucho, hay que ser muy paciente con él, hay que esperar que grite todo lo que tenga que gritar, que saque afuera todo lo que le pesa, que vierta sus lágrimas con total libertad.

                Solamente así puede uno hacer amistad con el inextricable interior de la persona. Y desde ahí podrá entender algo y acompañar los raros caminos que, a veces, toma el corazón de la persona, el propio y el ajeno.

                No hay que buscar siempre la lógica en su comportamiento, no hay que tratar de entender del todo su comportamiento, no es preciso conocer todos sus recovecos. A veces basta con asistir a ese misterio de manera solidaria, sobrecogida, amparadora.

                Entender el corazón de los humanos, el propio de cada uno, es más cuestión de amparo que de entendimiento. Pero es algo importante, porque mientras no entendamos tales caminos del corazón no sabremos casi nada del sentido de lo humano.

 

El texto:

 

            17Cuando entró en casa separándose de la multitud, le preguntaron los discípulos el sentido de la parábola. 18Él les dijo: - ¿Así que también vosotros sois incapaces de entender? ¿No caéis en la cuenta de que nada de fuera que entre en el hombre puede hacerlo profano? 19Porque no entra en su corazón, sino en su vientre, y se echa en la letrina. (Con esto declaraba puros todos los alimentos). 20Y añadió: -Lo que sale del interior del hombre, eso hace profano al hombre; 21porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las malas ideas: libertinajes, robos, homicidios, 22adulterios, maldades, codicias, engaño, desenfreno, envidia, difamación, arrogancia, desatino. 23Todas esas maldades salen de dentro y hacen profano al hombre.

 

                En conexión con el texto anterior, el presente vuelve a ponerse frente al misterio del corazón humano. El Evangelio no solamente es camino de contemplación de Dios, también lo es de contemplación del fondo de lo humano, del corazón. Hay que preguntarse lo que de común tienen ambos misterios.

  • Le preguntan en casa: hay ciertas cosas que solamente te entienden en las distancias cortas, en la verdad de lo que uno es. Así ocurre con las cosas del corazón.
  • Todo es puro: la realidad es buena en sí misma. Es cuando pasa por el filtro de nuestra maldad cuando se vuelve nociva. Por eso hay que vigilar ese filtro del corazón, su enorme capacidad para malear todo.
  • Malas ideas: no solamente ideas, sino caminos comportamientos, flujos de mal que no podemos controlar a veces. Asistir a este torrente de mal sin perder la esperanza es una prueba máxima de humanidad y de fe.
  • Desatino: eso es lo que anida en el corazón de la persona si uno no elabora una terapia adecuada para controlar y disminuir tal desatino.

 

Para pensar u orar:

 

  1. 1.       ¿Controlas cada vez más el fondo de tu corazón?
  2. 2.       ¿Eres amparo para el corazón de quien vive cerca de ti?
  3. 3.       ¿Contemplas con respeto y aprecio el misterio del corazón del otro?

 

Un valor: vigilar lo que entra en el estómago

 

            Es cierto que, de alguna manera, somos lo que comemos. Por eso hay que vigilar lo que entra en el estómago:

  • Hay que vigilar la justicia o injusticia con la que están hechos los alimentos.
  • Hay que vigilar la mano de obra que los ha confeccionado.
  • Hay que vigilar la repercusión en el medio ambiente de los mismos.
  • Hay que vigilar las buenas prácticas de la empresa que los produce.
  • Hay que vigilar los componentes en pro de una composición sencilla y que se entienda.
  • Hay que vigilar que no entren en los círculos de las grandes multinacionales que son las que nos dan gato por liebre.

 

Una foto:

 

 

                A partir de 2018 los comercios cobrarán entre 5 y 30 céntimos las bolsas de plásticos de los supermercados. Es una manera de mantener mejor el medioambiente y de limpiar algo el corazón de los océanos que es una ciénaga de residuos. También hay que vigilar el corazón y el “estómago” de los mares. Quizá ello contribuya a controlar mejor el contenido de nuestro propio corazón.

 

Un poema:

 

No puedo encontrar a tu recuerdo olvido

Y no se que hacer en mi pasar lunático

Letras y letras que no dan alivio

Escribo en las horas del existir frenético

 

Las palabras frías en el momento estático

Suenan a nada silencio autentico

Y este dolor de singlar hipnótico

Lleva una angustia a mi dolor idéntico

 

Como lo digo en el mural lingüístico

 Sin sonar ufano o proxeneta bélico

Aun te amo y el poema lírico

Es el adiós a nuestro amor agónico

 

Pero eres altanera por tu lindo físico

Y dices que sufro como un dramático

Que puedes decir si tu corazón de plástico

Jamás ha de sentir el amor verídico

 

Te creí y soñé porque fui un estúpido

Quizás atraído por el pensamiento erótico

Fueron solo palabras como un antídoto

Que me embelesaron y quede atónito

 

Siempre he de ser a tu amor incógnito

Y no he de esperar porque es fatídico

Te digo adiós aunque suene irónico

Y prometo olvidarte es lo mas empírico

 

Me dices adiós con un motivo exótico

Siento morir y me mantengo estoico

Porque el mentir se te da fantástico

Y yo no he de creer lo que suene irónico 

A. David

 

CVMc

Domingo, 12 de marzo de 2017

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

49.Mc 7,24-31

 

Una reflexión inicial:

 

            La persona religiosa estigmatiza y, con frecuencia, condena a la increencia, a la secularidad, al agnosticismo. Piensa que son sus “enemigos” y que, por lo tanto, hay que combatirlos. No cree que anide en ellos ni rastro de bondad. Y, sin embargo, eso no es así.

                Efectivamente, la increencia tiene el gran valor de derribar nuestros ídolos y eso aquilata la fe. Además, como comprobamos a diario, muchos increyentes son personas de una calidad moral y aun espiritual que nos desborda y que conecta con el fondo del Evangelio, aunque se emplee el lenguaje contrapuesto. Pero en el fondo, se tocan.

                La misma secularidad es curativa ante los desmanes a los que siempre está expuesto el sentimiento religioso. Por eso, el marco de la secularidad es buenísimo para vivir la fe: contiene las desviaciones que siempre acechan al camino religioso.

                Incluso el agnosticismo es valioso porque éste no es solamente la mera negación de la posibilidad de conocer a Dios, sino que se sitúa humildemente ante el misterio oculto y, en ese sentido, beneficia al camino creyente porque tal camino también se sitúa ante el misterio y relativiza las manipulaciones y abaratamientos que se pueden hacer del mismo.

                De manera que habríamos de estar agradecidos a esta sociedad nuestra por la ayuda que presta a la vivencia de una fe recia y por la indudable bondad que anida en el corazón y en la vida de muchas personas que se dicen fuera del marco religioso.

 

El texto:

 

            24Se marchó de allí a la comarca de Tiro. Entró en una casa, no queriendo que nadie se enterase, pero no pudo pasar inadvertido. 25Una mujer que había oído hablar de él, y cuya hijita tenía un espíritu inmundo, llegó enseguida y se echó a sus pies. 26La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y él le rogaba que echase el demonio de su hija. 27Él le dijo:

- Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros.

28Le contestó ella:

- Señor, también los perros debajo de la mesa comen las migajas que dejan caer los chiquillos.

29Él le dijo:

- Por eso que has dicho, puedes marcharte: el demonio ha salido de tu hija.

30Al llegar a casa encontró a la chiquilla echada en la cama; el demonio se había marchado.

31Dejó Jesús la comarca de Tiro, pasó por Sidón y llegó de nuevo al mar de Galilea por mitad del territorio de la Decápolis.

 

                Jesús va a disgusto a tierra de paganos. No hay más que ver la dura respuesta a la mujer sirofenicia. Pero algo le empujó a ir a tierra de paganos: aprendió (¿dónde? ¿en las noches de oración?) que la propuesta del Reino también era paganos, que debía saltar el molde estrecho de la religión. Y fue. A regañadientes, pero fue.

  • La mujer tiene con su hija una relación de dominio. Por eso, el mensaje tiene que colaborar a que tal relación se quiebre.
  • La hija está “endemoniada”, es decir, siente rabia de que se le oprima, del dominio que se ejerce sobre ella. Aspira a la libertad.
  • La mujer tiene que renunciar a todo principio discriminatorio del mismo modo que los judíos han de renunciar a considerar “perros” a los paganos. Las discriminaciones generan respuestas violentas, “endemoniadas”.
  • Cuando se rompe el principio discriminatorio, cuando se ve en el otro la dignidad que le invade, es cuando hay liberación, el “milagro” de una vida en libertad y fraternidad. El “demonio” se ha ido.

 

Para pensar u orar:

 

  1. 1.       ¿Te va haciendo el Evangelio ser menos opresor, menos instalado en el poder?
  2. 2.       ¿Te gusta, para ti y para todos, el tema de la libertad?
  3. 3.       ¿Vas siendo crecientemente respetuoso/a y agradecido/a a medida que vas orando con el Evangelio?

 

Un valor: Caminos diversos para llegar al fondo de lo humano

 

                La persona creyente tiene a veces la certeza de que el único camino para llegar a la verdad es el suyo. Pero lo que realmente interesa es no tanto la verdad absoluta cuanto situarse y tocar la verdad de la persona, su fondo. Y para eso los caminos son múltiples:

  • Está el camino de las religiones que, en la medida de su humanidad, pueden acercarnos al fondo de lo humano.
  • Está el camino de la belleza, de las artes, que desvelan con brillo lo que anida de más hermoso en el anhelo de toda persona.
  • Está el arduo camino de las ciencias, imprescindible para intentar desvelar el interrogante de la vida.
  • Están los extraños caminos del corazón que generan adhesiones fuertes, verdadero lenguaje del corazón humano.

Múltiples son los caminos que apuntan al fondo de lo humano Absolutizar uno solo de esos caminos sería reducir, empobrecerse.

 

 

Una foto:

 

 

 

                Este señor es el filósofo riojano Gustavo Bueno. Ha veces ha sido un “azote de la religión”, pero muchas de  sus afirmaciones tienen arraigo social. Ha intervenido en muchos temas sociales y ha censurado con rigor la actuación de la Iglesia española en materias de educación y otras. Son voces disonantes pero que es preciso escuchar.

 

Un poema:

 

MIRAR es poseer: 

todo es tuyo si miras, 

aunque el ciego te vea

con las manos vacías. 

 

 

Eloy Sánchez Rosillo,  

 

CVMc

Domingo, 19 de marzo de 2017

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

50.Mc 7,32-37

 

Una reflexión inicial:

 

                La implicación es un baremo de verdad. Hay gente que habla mucho y bien. Pero, a la hora de la verdad, no se implica en nada, es experta en escurrir el bulto. Todas sus palabras quedan entredicho porque sin implicación no hay verdad humana.

                Por el contrario, hay personas de pocas palabras, de poca relevancia social, no aparecen en los medios. Pero son quienes de verdad se implican en la vida de los demás. No temen tomar postura, no esquivan los problemas reales, terminan pringándose.

                A veces lo hacen por razones de humanidad, de familiaridad, de compromiso social o de simple bondad humana. La razón es lo de menos. La realidad es que terminan tomando partido e implicándose. Mezclan su camino humano con el de los demás.

                Son gente que “tocan”, que se pringan, que se manchan las manos con los problemas concretos de cada día. Son la esperanza, porque sin implicación no hay esperanza.

                Son gente que han descubierto que es más importante darse que dar. Y por eso se dan sin medir siempre las cosas, sin tener siempre guardadas las espaldas, sin demandar siempre una ganancia a cambio. Son lo mejor del lado humano. Su implicación nos redime de tantas maldades con las que amasamos nuestros días. Les debemos mucho.

El texto: 

 

                32Le llevaron un sordo tartamudo y le suplicaron que le aplicase la mano. 33Lo tomó aparte, separándolo de la multitud, le metió los dedos en sus oídos y con su saliva le tocó la lengua. 34Levantando la mirada al cielo dio un suspiro y le dijo:

                -Effatá (esto es: “ábrete”).

                35Inmediatamente se le abrió el oído, se le soltó la traba de la lengua y hablaba normalmente. 36Les advirtió que no lo dijeran a nadie, pero, cuanto más se lo advertía, más y más lo pregonaban ellos. 37Extraordinariamente impresionados, decían:

                -¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

 

  • Cuando Jesús “aplica la mano” está mostrando su implicación con la situación de quien anda en limitación, en sordomudez. Su propuesta del reino es implicativa, no es cosa de teorías ni de escuela.
  • Al ponerle saliva emplea Jesús métodos curativos de poca monta, los de aquellos tiempos. La saliva es antiséptica. No teme mezclar lo más suyo con la necesidad del otro.
  • Al decir “ábrete” está indicando que toda persona, incluso la más limitada, tiene posibilidades que desarrollar. La limitación de la persona no tiene por qué ocupar todo el espacio.
  • Cuando anima a que no digan lo ocurrido quiere preservar un gesto de humanidad del ensalzamiento del prodigio. Hacer el bien no debería ser considerado como algo milagroso, sino como cosa normal.
  • La impresión de la gente tiene un componente admirativo. Pero también tiene algo de prevención: como si hubiera que temer a quien se implica, como si cada uno debiera apechugar con lo suyo. El Evangelio es claro: el otro te compete; se es responsable de la situación del débil. Es cosa tuya

 

 

 

Para pensar u orar:

  1. 1.       ¿Te va llevando la oración con la Palabra a aumentar tu implicación?
  2. 2.       ¿Te sientes responsable de la suerte de los débiles?

 

Un valor: Devolver la voz

 

            A veces se suele decir que hay que ser “voz de los son voz”, como si estos no tuvieran voz. La tienen. Solamente que es preciso devolvérsela, caso de que se les haya arrebatado, y escucharles:

  • Devolver la demanda mirar al otro con  toda dignidad.
  • Devolver la voz supone hacer parte al débil de los beneficios del banquete de la vida.
  • Devolver la voz demanda tener que bajar el tono de voz de los que hablan demasiado alto.
  • Devolver la voz requiere renuncia tener siempre la voz, la sartén por el mango.
  • Devolver la voz es un ejercicio de humanidad, de compartid, de benignidad.

 

Una foto:

 

 

                Esta joven se llama Laura Carretero y es una voluntaria de Málaga Acoge. Trabaja en temas de alfabetización. Como ella, hay tantos y tantas. Gente casi anónima que dedica parte de su tiempo a los problemas del otro. No temen implicarse en gestos y posicionamientos sociales a favor de quien anda peor. Como ella, tantos. Son el soporte de lo humano.

Un poema:

 

«Ha brotado la parra, verde y roja, del milímetro roto en el cemento. Ya nada detendrá su crecimiento. Ya va plantando donde se le antoja nuevo estandarte cada nueva hoja, trémulo bajo el sol, feliz si lento. Bajo la lluvia todo es un momento de diminuto bosque que se moja».

 

José A. González Iglesias

CVMc

Domingo, 26 de marzo de 2017

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

51.Mc 8,1-9

 

Una reflexión inicial:

 

 

                La necesidad hace que en muchas partes del mundo, de un tiempo a esta parte, hayan rebrotado las “ollas comunes”, lugares y formas donde los frágiles pueden comer algo y paliar así su inmediata pobreza.

                Entre nosotros mismos vemos largas colas en comedores sociales o en lugares donde se reparten alimentos para paliar el hambre más inmediata. Es el rostro duro de la pobreza. Cáritas reparte más que nunca, el banco de alimentos está a tope, cruz roja se multiplica, y muchas asociaciones privadas tratan de paliar el mero hambre del lado más frágil de la sociedad.

                Dicen algunos que eso mismo hace que se suscite la solidaridad, que hoy más que nunca hay gente generosa que da para otros. Eso es verdad.

                Pero también hay que decir que esas ollas comunes son una denuncia: indican que la justicia está todavía lejos, que la equidad con la que merece ser tratado el débil no amanece, que el bienestar al que toda persona tiene derecho está todavía escondido.

                De alguna manera, la solidaridad es el fracaso de la justicia. Por eso, aun valorando aquella, hay que tener siempre en el punto de mira a la más elemental de las justicias.

                No puede quedar satisfecha una sociedad por el verdear de las ollas comunes sino por la aparición de la justicia.

 

El texto:

 

8,1Por aquellos días, como había otra vez una gran multitud y no tenían qué comer, convocó a los discípulos y les dijo:

2-Me conmueve esta multitud, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer; 3y si los mando a su casa en ayunas, desfallecerán en el camino. Además, algunos de ellos han venido de lejos.

4Le replicaron sus discípulos:

-¿Cómo va a poder nadie saciar a estos de pan aquí en descampado?

5Él les preguntó:

-¿Cuántos panes tenéis?

Contestaron:

-Siete

6Mandó a la multitud que se echara en el suelo; tomando los siete panes, pronunció una acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran; ellos los sirvieron a la multitud. 7Tenían además unos cuantos pececillos; los bendijo y encargó que los sirvieran también.

8Comieron todos hasta saciarse y recogieron los trozos que habían sobrado; siete espuertas. 9Eran unos cuatro mil, y él los despidió.

 

  • Jesús se “conmueve” ante la multitud. Sin conmoción por las pobrezas no se podrá encontrar solución a los problemas. Sin sentido de la dignidad no habrá posibilidad de encarar las pobrezas.
  • Jesús hace una verdadera “eucaristía” (tomó…pronunció…partió…fue dando). Es la eucaristía de la justicia. La ritual sin esta no tendría ningún sentido.
  • La saciedad la marcan los propios hambrientos. Los límites de la ayuda los ha de poner la situación de la persona. Esta manda: si las situaciones de pobreza no retroceden, hay que seguir en ello.
  • Sobran panes, es decir, la solidaridad puede llegar a cubrir las necesidades reales de la persona.

Para pensar u orar:

 

  1. 1.       ¿Creces en generosidad
  2. 2.       ¿Creces en sentido de justicia?
  3. 3.       ¿Te duele el lado frágil de la sociedad?

 

Un valor: La fuerza de lo pequeño

 

                Creemos que solamente los medios potentes son eficaces. Pero, en realidad, muchas cosas comienzan a arreglarse con medios sencillos, con la fuerza de lo pequeño.

  • La fuerza de lo pequeño está en los detalles, en la sensibilidad.
  • La fuerza de lo pequeño está al alcance de cualquier.
  • La fuerza de lo pequeño, si se une a otros, resulta imparable.
  • La fuerza de lo pequeño está alimentada por la sed de justicia.
  • La fuerza de lo pequeño se asienta en la dignidad.
  • La fuerza de lo pequeño devuelve el gozo de vivir a muchos.

 

 

Una foto:

 

 

                Esta cola de personas es de la iglesia de los capuchinos de Mallorca, en pleno centro de la ciudad, en la plaza de España. Cada mañana hacen cola para recibir una bolsa de alimentos. La riqueza de Palma, la opulencia del turismo, se mezcla con esta pobreza evidente de quien anda mal para sobrevivir. Nunca podremos entender lo que nos dice este gobierno: que creciendo el país, haya a la vez más pobreza.

 

Un poema:

 

«Dios quiere que esta noche

haya amor para todos.

Él permanece inmóvil

mientras todos se mueven,

porque sabe el alcance

de la noción de danza

Se ofrece como centro.

Él, creador de la noche,

no interfiere en el giro

de los cuerpos celestes,

pero su amor anima

cada ardiente diástole

y respira en los poros

de las pieles muy próximas.

Dios conoce uno a uno

a todos los que aman».

 

José A. González Iglesias

 

Volver al Evangelio

VOLVER AL EVANGELIO

 

Introducción 

 

         Cuando a algunos teólogos, como J. A. Pagola, se les pregunta qué opinan del momento actual de la Iglesia, ellos suelen responder: “Este es un momento bueno para volver al Evangelio”.

         ¿Volver al Evangelio? Pero, cómo ¿no estamos en él desde hace mucho tiempo? Hacemos esta pregunta porque pensamos que ser católico y ser seguidor de Jesús es lo mismo, que cumplir con la religión y creer en el Evangelio es lo mismo. Y, aunque tienen relación, no son cosas exactamente iguales.

         Si no, ¿por qué la liturgia nos demanda en el miércoles de ceniza a “convertirnos y creer en el Evangelio”? ¿Por qué, entonces, dice el Papa en EG 172 que  hay que “dejarse conmover por la Palabra y a hacerla carne en su existencia concreta.”? Porque existe el riesgo de que la Palabra no nos conmueva, de que vivamos un Evangelio “sin carne”.

         Muchos otros en la historia de la Iglesia han propugnado la vuelta al Evangelio. Y, a veces, de manera brusca cuando no en franca ruptura cuando se creía que la institución eclesial estaba lejos del mismo. En nosotros eso está a millas. Pero sí  que recogemos algo del fondo: cada época tiene que virar hacia el Evangelio porque la realidad indiscutible es que nos hemos ido muy lejos, que quizá estamos muy lejos, y ello con buena voluntad, no solo por la flaqueza de nuestra fe sino por la evolución de la institución. Hoy, a nivel eclesial, la comunidad cristiana se asienta más sobre el Derecho que sobre el Evangelio. Esto nos parece indiscutible.

         ¿Hacia dónde virar? Hacia una lectura más social del Evangelio. Las lecturas espirituales y morales de la Palabra siguen siendo válidas, en cierta medida. Pero hoy se nos pide mezclar más el Evangelio y el acontecer social. La sociedad es el campo al que está destinada la semilla del Evangelio.

         Por eso, esta vuelta al Evangelio, a lo más elemental de la experiencia de Jesús, la consideramos muy necesaria para ir construyendo un tipo de experiencia creyente que se adecue mejor al tiempo en el que vivimos. Volvamos al Evangelio con la certeza de que puede ser una fuerte instancia de humanización en la sociedad y en el tiempo que nos ha tocado vivir.

 

I

VOLVER AL EVANGELIO ES COMO VOLVER A CASA: SIEMPRE ESTÁ ESPERÁNDONOS, SIEMPRE SOMOS BIENVENIDOS, SIEMPRE HAY CALOR AHÍ

 

         “¿Qué de puede esperar de quien no tiene hogar?”, reza un refrán castellano. Andar si hogar, sin techo, es como andar sin amparo. La comunidad cristiana, la iglesia, no es para la mayoría de los cristianos un hogar, un ámbito de encuentro  cordial. Es un lugar público más que hay en el pueblo, en la ciudad, como los bancos, las tiendas o los colegios. Pero no tanto un hogar donde uno se muestra y vive como es. Es la representante de un sistema religioso que se impone a quien se acerca a ella, sistema que no se puede eludir.

         Por eso mismo a la vivencia de la fe acompaña una cierta frialdad, una lejanía del corazón. “Hace frío en ella”, cantaba aquella vieja canción de Cantalapiedra. Y, sin embargo, la fe de Jesús es algo para calentar el corazón, para que descanse en Jesús, para sentirse en el hogar del Padre, para sentirse reconfortado. ¿Y si tomáramos el Evangelio como la casa de quien experimenta la fe?

         Sería una casa donde siempre se nos espera, por muchos que sean los días alejados de ella. Siempre con las puertas abiertas, donde nadie es excluido, ya que no se precisan certificados de buena conducta, ni avales de ninguna clase. Una casa abierta, eso es el Evangelio, donde caben todos, donde nadie es más que nadie (de no ser los pobres), donde no hay jerarquías ni estructuras organizativas que se impongan de antemano. Casa para la vida. ¿No podemos volver a una casa así? ¿Hemos de renunciar a ese hogar por el peso de las estructuras, por las costumbres consolidadas, por la carga de las leyes frías?

         Sería una casa donde siempre somos bienvenidos porque no se apuntan los días de lejanía, ni se recuerdan los errores, ni se exigen reparaciones a los agravios guardados. El Evangelio da siempre la bienvenida a quien se acerca a él. No anda preguntado por qué te alejaste, por qué incluso negaste. ¿Vuelves hoy? Pues eres bienvenido. Por eso mismo, el Evangelio tampoco contabiliza méritos ni paga más a quien no se fue. Incluso tiene una alegría especial para quien vuelve después de mucho tiempo.

         La vida tiene muchos momentos de intemperie, de frío helador, de rocío que cala los huesos. Por eso los humanos buscamos el calor que reconforta. Quizá la ley y la norma no puedan proporcionar ese calor. ¿Podría darlo el Evangelio? Un Evangelio para animar, para estimular, para encender eso que arde debajo de las cenizas. “¿No ardía nuestro corazón…”?, decían los que iban a la finca de Emaús. Un Evangelio para generar calor en el interior, porque quien tiene calor dentro puede ser instancia de calor y de refugio para quien anda trastabillando en la vida.

 

Un texto: Mc 3,31-35

 

"Vienen después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera, enviaron a llamarle. Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan. El les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que cumple el designio  de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre."
 
·       Líos de familia: Los ha tenido, al parecer, Jesús. Quizá porque se metió a predicador, a curandero y a itinerante en épocas tardías de la vida, con toda la vida hecha (entonces la media de edad era muy baja). No era tiempo oportuno para andar con curaciones y predicaciones. Pero, por lo que fuera, Jesús oteó su papel mesiánico tarde. Eso despistó a su familia.
·       Otra familia: Tuvo que hacerse una segunda familia, una familia subrogada. Hay que medir el sufrimiento de Jesús: quería comprensión y acogida como todo el mundo y tuvo que encontrar su casa fuera de su casa natural. Obligado a buscar otra casa.
·       Cumplir el designio: Encontró su casa en el grupo de quienes, aunque fuera con dificultad, querían cumplir el designio del Padre: que nada se pierda, que todo se reconcilie, que la fraternidad se implante, que el reino alboree. Un Jesús que busca casa con otros en el Evangelio. Sus anhelos fueron su casa y la casa de quienes le acompañaron.
Unas consecuencias
 
·       No renunciar al Evangelio y su calor: Porque, llevando, como llevamos, tantos años en la vida cristiana, puede que hayamos tirado ya la toalla: las cosas son como son, dentro y fuera de la iglesia, y no hay quien las cambie. No es fácil, ciertamente. Pero siempre hay márgenes para vivir de otra manera, con otra mentalidad, con otras prácticas. Y ello sin menospreciar a nadie, sin censurar a nadie, sin querer obligar a que los demás piensen como nosotros. Cada uno sabrá lo que tiene que hacer, pero yo puedo intentar vivir con los anhelos del Evangelio. Que esa sea la orientación. Luego, se hará lo que se pueda.
·       No renunciar a que la vida cristiana sea una vida familiar: Porque es verdad que la vida cristiana y sus estructuras se parecen muy poco a una familia en igualdad y aprecio mutuo. Es una realidad más ordenada según un Código. Pero uno puede mantener la utopía de que cuando entra a la fe entra, en realidad, a formar parte de una familia. Y si no hay calor, buena relación, igualdad, si no se superan las castas, los estratos, las jerarquías, es imposible que haya vida familiar. No renunciar al sueño de crear una familia de personas que quieren vivir al estilo que marcó básicamente el Evangelio del Nazareno.
·       No renunciar a una comunidad cristiana de otro estilo: Porque es cierto que muchas cosas hay que dejarlas como están. Pero en pequeños grupos de los que hacemos parte, en ámbitos cercanos, en ciertas maneras creyentes se puede pensar en otros modos de comunidad cristiana: más anclada en la Palabra, más libre, más flexible, más metida en la sociedad, más mezclada a los verdaderos caminos de las personas; menos ideológica, menos legalista, menos estructurada, menos juzgadora. “Utopía, necesaria como el pan de cada día”, cantaba Serrat. Estas utopías nos pueden nutrir.
 
 
II
VOLVER AL EVANGELIO ES PONER DE NUEVO EL ACENTO SOBRE LO IMPORTANTE, RELATIVIZANDO AQUELLO QUE NO LO ES TANTO
 
         El sistema (la rutina, la norma consagrada, lo compacto y rígido que nunca se cambia) pone, con frecuencia, el acento sobe lo no importante (una norma, una ley, una costumbre, una tradición). Y no solamente eso: hace de lo no importante bandera de conflicto, de manera que quien no se acomode a ello sufre sus iras y queda excluido. Esto ha acarreado muchos sufrimientos a los humanos.
         Lo importante, con alguna frecuencia, contradice al sistema porque este se ha alejado tanto de lo central que sus posiciones se han desconectado de lo que era la fuente, la opción primera.
         Así ocurre con el Evangelio; la fuente, la opción primera era el amor, sin más. Pero las posiciones defendidas por el sistema religioso vulneran, con cierta regularidad,  el amor, lo ningunean, lo olvidan y lo contradicen.
         Por eso mismo, volver al Evangelio es volver a poner el acento en lo que es importante, los valores evangélicos: el amor, la dignidad, el perdón, el amparo, la alegría, la trascendencia, la generosidad, etc. Eso es lo esencial. Y si se sitúa uno en otras cosas habrá que tratarlas como accesorias (el rito, las normas consagradas, las costumbres calcificadas, las tradiciones que sirven a unos pocos).
         De ahí que el seguidor/a de Jesús haya de ejercitarse continuamente en la separación de ambas cosas (lo importante, lo relativo) para poder situarse correctamente ante la fe y ante la vida. No ha de temer las iras de quien es desbancado de lo relativo porque su ira es proporcional a su interés, a sus ganancias, del tipo que sean.
         De ahí que no haya que salirse del marco de lo importante para que lo relativo sea bien entendido y empleado. Por eso decimos que la vuelta al Evangelio comporta una continua vuelta a lo importante, a lo esencial que leemos en sus páginas, haciendo de ello el cimiento de nuestra experiencia cristiana y armándonos de paciencia y valor para enfrentarnos a quien absolutiza lo relativo.
         Por otra parte, la relativización de lo que es relativo daría mucha flexibilidad para acoger posiciones diversas y para aunarnos en las cosas importantes, en los valores de fondo del Evangelio.
 
Un texto: Mc 7,1-13
 
Se reúnen junto a él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. Y al ver que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas.
Es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se lavan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas.
Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?».
Él les dijo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito:
Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí.
En vano me rinden culto,
 ya que enseñan doctrinas que
son preceptos de hombres (Is 29,13).
«Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres.»
Les decía también: «¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte. Pero vosotros decís: Si uno dice a su padre o a su madre: `Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro Korbán -es decir: ofrenda-', ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, anulando así la palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas.»
 
·       Valor y contravalor: Eso es lo que ocurría con la llamada “impureza legal” entre los judíos del tiempo de Jesús. Tenía un valor. Querer presentarse puros, justos, ante Dios. Un contravalor: poner esa pureza en ritos lavatorios. Y este segundo aspecto se comió al primero: creían que por refrotarse eran más justos ante Dios. Craso error. Lo relativo reemplazó a lo importante.
·       Vivir conforme a la tradición/vivir conforme a la fe: Esto se presentará como un dilema a toda persona religiosa, la de antes y la de ahora. La respuesta evangélica es clara: hay que vivir, sobre todo, conforme a la fe. Si la tradición se adecua a ella, bien; si no, habrá que pasar por encima de ella.
·       Un corazón lejos de Dios: esa es la cuestión de fondo, el verdadero baremo a tener en cuenta. Si ahí se naufraga, estamos perdidos. La vieja profecía de Isaías, sigue vigente. La tradición cree que nos sitúa más cerca de Dios; pero es falso. Nos sitúa más cerca de nuestros sentimientos, de nuestras valoraciones, de nuestros intereses. Pero el corazón cercano a Dios es el corazón cercano a la persona: para saber si estamos cerca de Dios miremos a qué distancia estamos de las persona.
·       Múltiples Korbanes: Que son los modos de tapar nuestros modos de pensar para ocultar el deseo del Evangelio de ser solidario con el otro. Envolvemos hasta de tradición religiosa nuestros comportamientos, pero en el fondo sabemos que el Evangelio empuja a otra cosa. Verdaderos y múltiples Korbanes. El Evangelio los “desnuda” y los cuestiona.
·       Anular la Palabra de Dios: Eso es lo que pueden hacer las tradiciones, dejar sin fuerza a la Palabra de Dios, desactivar el Mensaje hasta dejarlo sin contenidos. Triunfa lo relativo y se esfuma lo absoluto. Habrá que analizar muchos comportamientos para confrontarlos en directo con el Evangelio. Si superan la prueba, vamos bien; si no la superan, estamos fuera de onda. Ante las tradiciones, la pregunta primera es: ¿qué tiene que ver esta tradición con el Evangelio? De la respuesta depende su importancia.
 
Unas consecuencias
 
·       Libertad ante las tradiciones: Si uno percibe que las tradiciones le atan sin dejarle margen de maniobra, la cosa no va bien. Si la libertad evangélica está coartada por una tradición, hay que liberarse de ella, con la mayor fraternidad y con la mayor firmeza, aunque haya que arrostrar las iras del sistema.
·       ¿Nos duele el Evangelio/nos duelen las tradiciones?: La convivencia ciudadana lleva, a veces, a tener que sufrir alguna conculcación de tradiciones religiosas. Hay a quien le duele esto mucho (ponen el grito en el cielo en la prensa, organizan desagravios, etc.). Pero ¿nos duele cuando se conculcan los valores evangélicos? Estos tendrían que dolernos más que aquellas.
·       Un corazón evangélico: Es el centrado en los valores del Evangelio. Por eso, ese corazón se alberga, a veces, en personas que no pertenecen al mundo religioso y no se percibe en personas altamente piadosas. El corazón evangélico es el corazón mismo de Jesús, con sus valores, con sus vivencias, con su mística.
 
III
VOLVER AL EVANGELIO ES ASENTARSE DE NUEVO EN LA IDENTIDAD CRISTIANA, PORQUE EL RESTO, POR MUCHO QUE SE NOS DIGA, ES DE MENOS VALOR
 
         La identidad cristiana es aquello que nos configura y nos distingue como seguidores de Jesús. ¿Qué es ello? Los valores del Evangelio.
         La identidad cristiana (católica incluso) ha estado asentada sobre componentes religiosos, algunos incluso de segundo nivel: el bautismo, la primera comunión o el matrimonio, la profesión religiosa o el sacerdocio, la aceptación de los dogmas y la autoridad del Papa, la señal de la cruz, la devoción a tal o cual santo, etc.
         Pero el Evangelio la asienta sobre el amor asimétrico como lo ha sido el de Jesús (Jn 13,34-35), el servicio y la entrega (Jn 13,1ss), el querer del Padre que es que nada se pierda (Jn 6,39), la solidaridad con el prójimo frágil (Lc 10,25ss), la reconciliación de todo en Cristo (Ef y Col). Estos son los elementos que configuran la identidad cristiana. Ninguno de ellos de contenido explícitamente religioso.
         Jesús retoma viejos anhelos. En Is 5,1ss se nos ofrece el llamado canto a la viña: Dios ha cuidado a Israel como a una viña y a la hora de la cosecha, uvas amargas en lugar de justicia y derecho. ¿No había respondido Israel al amor de Dios con culto, oraciones, promesas, leyes, etc.? Sí, pero no era la respuesta, la identidad, que Dios quería: él anhelaba justicia y derecho, fraternidad, amparo humano, solidaridad, amor desinteresado. Ahí habría estado la verdadera identidad del Israel creyente. Pero situó su identidad en el ámbito religioso. Y esa fue su frustración.
         ¿Es posible situarse en estos parámetros, asentar ahí la identidad cristiana? Será preciso, primeramente, cambiar el imaginario religioso por otro donde los componentes evangélicos estén más presentes. Y luego, será necesario hacer prácticas de Evangelio, poner el acento en los valores que él quiere proponer.
         Como hemos dicho en temas anteriores, habrá que preguntarse continuamente por la conexión de nuestros comportamientos con el Evangelio. Si esa conexión es débil, por muy grande que sea el peso religioso, la identidad será floja. Si esa conexión con el Evangelio es fuerte, estaremos en onda de la identidad cristiana, aunque el componente religioso no esté muy marcado.
         Entonces, ¿para qué sirve la religión? No como un ámbito de identidad, sino como herramienta valiosa que ayuda a tal identidad. Los elementos religiosos tendrían que llevarnos a una más profunda humanidad, a un amor más generoso, a una entrega con menos condiciones, a una solidaridad limpia, a una reconciliación esforzada.
 

Un texto: Lc 18,9-14

 

A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola:

Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera:

- Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.

Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo:

- Dios, sé propicio a mí, pecador.

Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”.

 

  • ¿Dos maneras de orar o dos maneras de ser?: Normalmente se suele decir que esta parábola enseña dos maneras de orar: la orgullosa y prepotente del fariseo y la humilde y sencilla del publicano. Pero puede entenderse también como dos maneras de ser, y entonces nos situamos en el tema de la identidad: el que basa su identidad en sus avales religiosos (moralidad, prácticas ascéticas, limosna) y el que lo hace en su verdad (su fallo, su pequeñez, su dudosa moral).
  • Error de perspectiva: Dice el texto que el fariseo oraba “puesto en pie”, mientras que el publicano oraba “lejos y sin alzar los ojos del suelo”. No solamente son dos actitudes físicas que se contraponen, sino dos perspectivas distintas: la del orgullo del religioso, la de la humildad de quien se sabe qué es. Esta segunda puede comprender la identidad evangélica; aquella primera, está incapacitada para ello. Por eso resulta tan difícil hacer ver en qué consiste la identidad cristiana a quien está situado en la pura religión.
  • El fracaso del fariseo: Que es el fracaso de la religión cuando esta se constituye en centro de sí misma. Por eso no queda justificado, queda sin razón de ser evangélica, se desliga del camino de Jesús. La religión tomada aisladamente puede alejarnos de la fe, de la identidad evangélica. Hay que tener mucho cuidado con ella. Estamos manejando algo peligroso por su fuerte potencial para el bien o para el desastre.

 

 

 

Unas consecuencias

 

  • Mi yo religioso o mi yo justo: Hay que ver en qué lado de estos dos va creciendo y se configura mi identidad evangélica. Si el énfasis está puesto en las prácticas religiosas, la identidad será frágil; si está puesto en la solidaridad y el amor, será fuerte. Por eso, el examen que hay que pasar es el que atañe a la justicia, a la dignidad, al amor, a la entrega.
  • Un valor redescubierto: Quien asienta su identidad en el hecho religioso piensa, con frecuencia, que la mera mecánica religiosa es suficiente: rezar, cumplir, aceptar. Pero hay que decir que la religión, además de estar al servicio de la fe evangélica (es secundaria, aunque valiosa), ha de ser continuamente redescubierta, actualizada, acomodada a los tiempos. No hay nada más destructor para la identidad cristiana que una actitud religiosa a piñón fijo.
  • Apostolado del gusto por la vida: Ese sería un apostolado derivado de la identidad evangélica: creer que esta vida, creada por el amor del Padre, es valiosa y que ha de ser vivida en el máximo nivel de fraternidad posible. Los apostolados religiosos puede que también tengan sentido. Pero si están desligados del amor a la vida o van contra tal amor, poco tienen que ver con los sueños de Jesús.

 

 

IV
         VOLVER AL EVANGELIO ES APRENDER UN POCO MÁS EL ROSTRO DE JESÚS, CONOCER MEJOR SU SONRISA Y SUS ARRUGAS, SUS BRILLOS Y SUS SOMBRAS.
 
         En el rostro confluyen cuarenta y tres músculos. Con esa cantidad podemos expresar alegría, tristeza, preocupación, sorpresa, dolor, pena, amor. En cualquiera de estos estados, los otros músculos del cuerpo no se transforman ni cambian. El rostro es distinto. Por eso, leer el rostro de la persona es acercarse mucho a su personalidad, a sus sentimientos y a sus situaciones interiores.
         Se comprende entonces que “aprender un rostro” es una tarea complicada y trabajosa. Es como aprender lo básico de la persona. Desde pequeñitos estamos tratando de aprender rostros, de acercarnos a la verdad de las personas. Hasta el bebé hace eso con el rostro de su madre que lo amamanta.
         Acostumbrados a la ideología, nos parece poco decir que volver al Evangelio puede entenderse como aprender el rostro de Jesús. No lo tenemos delante, pero tenemos los Evangelios donde su rostro leído por las primeras comunidades cristianas ha ido dejando huella. Volver al Evangelio es, pues, de algún modo aprender el rostro de Jesús para sumergirse en su alma.
         Ese rostro ha tenido sonrisas y luces que miraban con amor (Mc 10,21), cansancios y hasta enfado a causa de la pertinaz incredulidad sobre él (Mc 3,5), brillo en los ojos por el gozo (Mt 11,25) y por la pena de las lágrimas (Jn 11,35) miradas en busca de amparo y acogida (Mc 3,34). Como cualquiera de los rostros de los hijos de la tierra.
         Pero algo tenía el rostro de Jesús de especial: en él desvelaba la gente el rostro invisible del Padre; en su manera de acoger y perdonar deducía la gente el rostro perdonador del Padre; en su manera de consolar y de animar, entendía la gente el acompañamiento que Dios hacía en su vida. Su rostro era, de alguna manera, el rostro del Padre: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14,9).
         Por eso, se puede plantear la vuelta al Evangelio como una vuelta al rostro de Jesús. Habríamos de cultivar una mística del rostro de Jesús. Y no solamente al modo clásico, en imágenes o iconos, sino también en esos rostros que muchas veces nos muestran las exposiciones de refugiados, exilados, descartados. En sus lágrimas y en sus sonrisas está incluido el rostro de Jesús.
         Para nosotros el Evangelio es el rostro de Jesús. Lanzarse a él, tratar de aprenderlo cada día más, será una forma hermosa de volver al Evangelio.
 
Un texto: Mt 17,1-9
 

Seis días después se llevó Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y subió con ellos a un monte alto y apartado. Allí se transfiguró delante de ellos: su rostro brillaba como el sol y sus vestidos se volvieron esplendentes como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Intervino Pedro y le dijo a Jesús:

- Señor, viene muy bien que estemos aquí nosotros; si quieres, hago aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra. Y dijo una voz desde la nube:

- Éste es mi Hijo, el amado, en quien he puesto mi favor. Escuchadlo.

Al oírla cayeron los discípulos de bruces, aterrados. Jesús se acercó y los tocó diciéndoles:

- Levantaos, no tengáis miedo.

Alzaron los ojos y no vieron más que al Jesús de antes, solo.        

Mientras bajaban del monte, Jesús les mandó:

- No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de la muerte.

 
·       Normalmente se interpreta este texto como una iluminación desde fuera: Jesús busca luz en el monte y, en diálogo con Moisés y Elías, una luz de fuera le invade. Y “su rostro brilla como el sol”.
·       Puede ser leído también como una iluminación desde dentro: Jesús, en oración, y en diálogo con la Palabra  (Moisés y Elías como representantes) habla sobre “lo que iba a pasar en Jerusalén” (Lc 9,31). Al fin se hace luz dentro y ve que sí, que tiene que ir a Jerusalén.
·       Entonces una luz se abre paso desde dentro y brilla su rostro, se iluminan sus facciones, ha encontrado sentido. Un rostro iluminado por el sentido, por la entrega. Aunque en el huerto se ensombrecerá dicho rostro, aquí tiene luz. Luces y sombras en el rostro de Jesús.
 
Unas consecuencias:
 
·       Rostro duro y hermoso: La imaginería religiosa, en su lado más popular, nos ha trasvasado un rostro de Jesús blandengue y amerengado. Habría que volver a otro tipo de rostro, más hebreo, más de la tierra. Cualquier rostro de palestino nos sirve más que los rostros “germánicos” y tópicos de nuestros cristos. Esto es muy secundario, pero en el imaginario juega su pasada.
·       Poner rostro: La vuelta al Evangelio habría de llevarnos a poner rostro a los sufrientes de la tierra. Rostro e individualidad. Rezar genéricamente por los pobres, exilados o descartados, sin rostro, es una cosa; poner rostro transforma la oración porque viene de otra vivencia. La vuelta al Evangelio habría de llevarnos a poner rostro continuamente, a huir de la oración sin rostro.
·       Sacramentalidad del rostro: Acostumbrados al imaginario religioso, creemos que la presencia de Dios se adensa en los sacramentos religiosos. Y así es. Pero hay sacramentos del rostro como el rostro que perdona. Como dice Gen 33,11 un rostro que perdona es ver el rostro del Dios que perdona. En un rostro que perdona hay más carga de sacramentalidad que en un signo religioso.
        
 
 
 
 
V
VOLVER A JESÚS ES DISPONERSE A GUSTAR DE NUEVO LAS PEQUEÑAS DELICIAS OCULTAS EN EL TEXTO, RUMIARLO, SABOREARLO
 
         Viniendo como venimos de una tradición religiosa poco bíblica, aunque hemos mejorado, no nos tiene que extrañar que conozcamos el Evangelio como por encima, como una serie de episodios históricos más o menos creíbles. No hemos dado el paso a desentrañar el texto, a moldearlo, a hacerlo nuestro. El texto evangélico sigue siendo otro para mí, algo todavía poco personalizado, por más que digamos que nos interesa. La prueba es los pocos modos organizados que hay para aventurarse en el mundo del texto evangélico: se escucha en misa y ya está. Ese es el conocimiento por fuera.
         Hoy ya no es excusa decir que no tenemos buenas traducciones: todas son muy buenas. Por esa parte no hay problema. Pero nos falta mística del libro: tener un nuevo testamento mío, donde voy haciendo anotaciones para que, al cabo de los años, consiga romper la cáscara de los relatos y llegue al contenido. ¿Cuándo nos decidiremos como creyentes adultos que se apoyan en el Evangelio a tener un nuevo testamento (o una Biblia) propia, trabajada durante años, acompañante de nuestro deseo de Evangelio? Si no, hablar de volver al Evangelio es más difícil, porque se puede hacer sin Biblia, sin saber leer incluso, pero en estos tiempos eso está ya superado, o tendría que estarlo. ¿Cómo ayudar a construir una generación de creyentes que lee el Evangelio por su cuenta y que lo disfruta?
         El Evangelio, que no es un libro religioso sino de relaciones, tiene textos deliciosos, hasta literariamente. Disfrutar del texto leído. No solamente cuando me lo leen, sino, sobre todo, cuando lo leo yo. Disfrutar de esas pequeñas delicias, resolver los interrogantes que nos plantea, comunicarnos con otros, preguntar. Un texto vivo que me acompaña en mi camino cristiano.
         Saborear al detalle. Tiene que llegar el momento en el que uno/a lea pasajes del Evangelio (el buen samaritano, por ejemplo) y vaya descubriendo pequeñas cosas que le alimentan, que le sugieren, que ponen su manera de vivir la fe en otro nivel. Tiene que ir haciéndolo uno, porque si no, siempre estará a expensas de la explicación de otro.
         Y luego, rumiar. Leer muchas veces, darle mil vueltas con gusto. No conformarse con saber “la historia”, sino medir y rumiar las frases, las expresiones. Medirlas con la propia sensibilidad, no hace falta ir a libros, como se rumia una carta de alguien que amas y que acabas de recibir.
         Todo hasta experimentar que en todo esto hay una cierta novedad. Si no salta el sentimiento de novedad, aún estamos en los viejos parámetros. Pasar del “de oídas” al “te han visto mis ojos”, como decía Job.
 
Un texto: Jn 12,2-7
 

1“Entonces Jesús, seis días antes de la Pascua, vino a Betania donde estaba Lázaro, al que Jesús había resucitado de entre los muertos. 2Y le hicieron una cena allí, y Marta servía; pero Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con El. 3Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro que costaba mucho, ungió los pies de Jesús, y se los secó con los cabellos, y la casa se llenó con la fragancia del perfume. 4Y Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que le iba a entregar, dijo: 5-¿Por qué no se vendió este perfume por trescientos denarios y se dio a los pobres? 6Pero dijo esto, no porque se preocupara por los pobres, sino porque era un ladrón, y como tenía la bolsa del dinero, sustraía de lo que se echaba en ella. 7Entonces Jesús dijo: -Déjala, para que lo guarde para el día de mi sepultura”.

 
·       A modo de ejemplo: Vamos a tomar un solo verso, el 3, para rumiarlo, saborearlo y gustarlo. Evidentemente, habría que encajarlo luego en la interpretación general del pasaje que es la celebración por anticipado de la vida de Jesús que va a morir: ungimos a uno que está destinado a la vida (anticipación). Pero, como decimos, nosotros vemos solo el v.3 para gustarlo.
·       Nardo puro: Es el perfume de las bodas, del amor: “Mientras el rey estaba en su diván, mi nardo despedía su perfume” (Cant 1,12). El perfume del amor que lo invade todo. Un Jesús perfumado, un Jesús de “palabras perfumadas” (S. Francisco).
·       Se los secó con el cabello: El cabello no seca; debe ser secado. Pero alude al cabello como elemento de amor: “Tus cabellos son como la púrpura (¿pelirroja?) ¡un rey están prendado de esas trenzas!” (Cant 7,6). Jesús prendado en nuestro cabello, porque su amor hacia nosotros es irrefrenable.
·       La casa se llenó de la fragancia del perfume: Del perfumado Jesús. El perfume del perfumado. Otra manera de sentir a Jesús, muy alejada de la dogmática.
 
Unas consecuencias:
 
·       Y lo abrazo y lo huelo…: Decía el cura Benito Ardid: “Y vuelvo a casa por la noche y veo el NT sobre el sillón donde lo dejé la noche anterior. Y lo abrazo, y lo huelo”. Oler el NT es oler a Jesús, es la mística del perfumado, la mística del amor. Esos gestos indican que se está en el Evangelio de manera distinta, vital, honda, existencial.
·       Como un puzzle: Así es el aprendizaje nuevo de los Evangelios: cada día se aprende una fichita del puzzle, se anota, se consigna. Y, poco a poco, se va completando el puzzle de muchísimas piezas que es el NT. Con la paciencia de quien ama algo nuevo.
·       Subrayados, anotaciones: Gustar en el Evangelio de modo nuevo tiene rostro en los subrayados y anotaciones que hacemos en nuestro texto. Un texto sin marcas es algo que seguramente no da el paso al disfrute del detalle textual. Todavía se está en lo general.
·       Animarse a apadrinar un NT: El que será de uso personal e intransferible. El libro que me acompañará muchos años en mi caminar cristiano. El libro con el que podré cerciorarme de que me voy situando en un terreno nuevo en el Evangelio.
 
VI
VOLVER AL EVANGELIO ES RETOMAR LAS VIEJAS UTOPÍAS, OXIDADAS, EMBRUMADAS, CASI PERDIDAS Y DARLES DE NUEVO EL VALOR QUE SIEMPRE TUVIERON
 
         Hay mucha gente agorera que afirma que hoy no es buen tiempo para utopías, que  hay que ser realista. Siempre que alguien propone algo con un poco de idealismo, hay una mano que se levanta para recordarnos que hay que se realista. El realismo es bueno; pero si es sin horizonte, ya no lo es tanto.
         Pero la utopía es, remedando a Hernández como hace Serrat, tan necesaria como el pan de cada día. Sin ella los días se nos vuelven chatos, grises, iguales en su rutina, adormecidos. La utopía es, como decía Galeano, eso que no se atrapa nunca, pero que nos hace caminar.
         Pues bien, volver al Evangelio es recalar en la utopía porque los Evangelios son un libro de utopías, de anhelos, de mística. Ahí están: la gran utopía de la justicia (“buscad primero el reino de Dios y su Justicia”: Mt 6,33); la gran utopía del reino que está ya actuando (“el reino de Dios está dentro de vosotros”: Lc 17,21) y que llegará a su plenitud cuando todo frágil social sea asistido (“tuve hambre y me disteis de comer”: Mt 25,35); la gran utopía de que el sufrimiento de los pobres tendrá fin algún día (“bienaventurados los pobres”: Mt 5,4); la utopía aún no lograda de la igualdad (“todos vosotros sois hermanos”: Mt 23,8); la utopía anuncia de la paz (“mi paz os dejo mi paz os doy”: Jn 14,27); la utopía espiritual de que la nuestra es una vida acompañada (“vendremos a él y nos quedaremos a vivir con él”: Jn 14,23) Y así tantas otras. Si se quita la utopía al Evangelio, no queda nada.
         Estos son los sueños de Jesús. Si no hicieran mella en nosotros se produciría un gran fallo: decimos amar a Jesús, seguirle, basar nuestra fe en él y no nos importan sus sueños. Los sueños de una persona es su mayor valor, su referencia más querida. Menospreciarlos es menospreciar a quien los tiene. Menospreciar los sueños de Jesús es situarse fuera del Evangelio.
         No dejéis morir a los viejos profetas, decía el poeta Ángel Valente. Si dejáramos morir las utopías del Evangelio, éste habría perdido su sentido. Por eso, quien ama el Evangelio mantiene las utopías humanizadoras contra viento y marea.
 

Un texto: Jn 6,37-40

 

                37Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí, no lo echaré afuera; 38porque he bajado del cielo, no para hacer mi querer, sino el de quien me ha enviado. 39Éste es el querer del que me ha enviado: que no se pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. 40Este es el querer de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él, tenga vida definitiva, y yo lo resucitaré en el último día.

 

  • Este tipo de lenguaje de los discursos del Evangelio de san Juan puede que no nos digan mucho, si se los lee de pasada. Pero, si nos detenemos, pueden ser interesantes. Hay que tener la paciencia y el amor de detenerse. Aquí se está hablando de la utopía de que nada se pierda.
  • Una primera cosa interesante es que Jesús “no echa fuera” a lo que el padre le entrega, a todas las personas, a toda la creación. Tenemos en Jesús un aliado, nunca un enemigo.
  • Lo más interesante esa saber que Jesús es uno que quiere ayudarnos a cumplir el “querer” de Dios, su voluntad, que no es sino ésta: “que nada se pierda”, que no haya pérdidas por ningún lado, que en el caminar de la historia se vayan reduciendo las pérdidas, que los humanos trabajemos con él para reducir las pérdidas. Cuando no haya más pérdidas, habrá amanecido la utopía del reinado de Dios.
  • Por eso, el éxito de la fe no es tanto la salvación, cuanto que nadie sea excluido, descartado, extraviado, perdido. Este es el gran anhelo de Jesús y del Evangelio. En esto, san Juan supera a los sinópticos, porque allí se viene a decir (en la parábola del sembrado, Mc 4), que es inevitable que haya pérdidas. Juan no se resigna a eso: hay que soñar una sociedad sin pérdidas.
  • Por eso, la “resurrección del último día”, más que una cosa religiosa (el cielo, la vida eterna, etc.) se refiere al inmenso logro de una sociedad sin pérdidas. Esa es la verdadera resurrección de lo creado, la utopía que se toca con las manos.
  • Por eso se habla más de “vida definitiva” que de “vida eterna”. Porque lo importante no es lo que hace referencia al tiempo, que sea terna, sino a la calidad de esa vida, que sea “definitiva” para toda criatura, que nadie quede excluido de esa vida plena. Los trabajos sociales son trabajos que apuntan a esa utopía.

 

Unas consecuencias:

 

  • Abstenerse realistas: Un letrero así debiera estar colgado en la puerta de las comunidades cristianas. Porque, sí, es bueno el realismo con horizonte, pero la utopía es muy escasa. Y cuando la vida cristiana se aleja de la utopía se convierte en una comunidad moralista, normativa, jerarquizada, represora. Por eso es tan necesaria la utopía: para que entre aire limpio en los pulmones de la comunidad de creyentes.
  • Utopías conectadas a la realidad: Porque si están desconectadas se convierten en fantasías. Por ejemplo: la utopía de que el hambre desaparezca de la faz de la tierra ha de estar conectada a la lucha cotidiana para que ninguno del propio entorno tenga carencias alimentarias. Es una utopía posible. Por primera vez en la historia se ha bajado del umbral del 10% en el tema del hambre. Luego es una utopía factible si hay trabajo en esa dirección.
  • Voluntariados utópicos: Son aquellos que hacen suyo el lema evangélico de “que nada se pierda”. Es la utopía del Papa Francisco que clama contra el descarte de personas frágiles, que quiere una sociedad son desperdicios, sin desechos. Los voluntariados colaboran en la medida que pueden a esta utopía. Un voluntariado sin utopía se convierte en un asistencialismo sin alma.

 

VII

VOLVER AL EVANGELIO ES MEZCLARLO AL CAMINO DE LA VIDA. NO ES EL EVANGELIO ALGO APARTE DE LA VIDA

 

         Si preguntas a la gente a qué le suena la palabra “Evangelio” dirá: a misa, a cosas de los curas, a iglesia, a religión, a catequesis. Es que hemos restringido el uso del Evangelio a esos ámbitos. Y aun siendo lugares donde lógicamente debe sonar el Evangelio, hay que decir que su finalidad es anterior a todos esos usos que vinieron cuando los Evangelios llevaban muchos años escritos. Por eso se puede decir que el Evangelio no es un libro religioso en primera instancia.

         ¿Cuál es, pues, la finalidad de los Evangelios? Es una finalidad relacional, social, de utopía social. Lo que Jesús llamaba el reinado de Dios, la nueva sociedad, la comunidad de hermanos, el sueño de una economía igualitaria que Dios tiene sobre la historia. El Evangelio quiere resituar, según el pensamiento de Jesús, las relaciones humanas. Esta es la gran primera fase de las relaciones plenas del reino de Dios que serán en eso que llamaos parusías o vida eterna.

         Por eso hay que decir que el Evangelio tiene una finalidad ética. Si no se llega a modificar las posturas éticas, no se ha llegado todavía a la finalidad primordial. Un Evangelio solamente para leerlo, estudiarlo, orarlo, venerarlo, creerlo, es algo que se queda corto. El Evangelio no busca admiradores sino seguidores/as.

         Lo entendemos fácilmente: una buena semilla, para que germine, necesita encontrarse con una buena tierra. Lo mismo pasa con el Evangelio: es una semilla óptima pero necesita de la tierra, de la vida, para que sea fecunda. Por eso mismo, sacar el Evangelio de los ámbitos normales de la vida es condenarlo a la esterilidad. Evangelio y vida han de ir hermanados.

         Al fin y al cabo, Jesús no fundó una escuela de oración, ni una cátedra de teología, ni ofició culto alguno, ni hizo catequesis al uso. Salió a los caminos donde bulle la vida y ahí ofreció la semilla del reino. Por eso, más que de iglesias, el Evangelio habría de ser una propuesta en los caminos. Cuanto más se saca al Evangelio de los caminos, más irrelevante se le hace.

         La lectura más correcta del Evangelio es aquella que se hace desde la vida para que vuelva con más fuerza a la misma vida. Hay que estar más preocupados por vivir el Evangelio en lo cotidiano, en los problemas sociales, que por el primer anuncio catequético, algo que preocupa mucho a la gente del sistema religioso.

 

Un texto: Jn 10,7-10

 

         7Entonces dijo Jesús.

         - Pues sí, os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. 8Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos, pero las ovejas no les han hecho caso. 9Yo soy la puerta, el que entre por mí quedará a salvo, podrá entrar y salir y encontrará pastos. 10El ladrón no viene más que para robar, sacrificar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y les rebose.

 
·       Ojo con los pastores: Porque si las ovejas pensaran irían a por el pastor que las explota totalmente, se lucra de ellas. Jesús es un pastor que se entrega por las ovejas, les da todo, no les quita nada, no se lucra de ellas. Un pastor extraño, casi un loco.
·       Jesús, una puerta: Es una puerta al misterio de la vida y al misterio de Dios. Para nosotros es la puerta querida, traspasando sus umbrales, conectando con el Evangelio sabemos algo del Dios que perdona, que acoge, que ama. Otros tienen otras “puertas”, otras maneras de acceder al misterio.
·       Para que tengan vida: El Evangelio está orientado a la vida, esa es su finalidad. No es tanto la moral o la religión, sino la vida. Si no percibiéramos que el Evangelio nos da vida de verdad, no estaría cumpliendo su función. Si no nos sirviera el Evangelio para amar más esta vida con sus gozos y con sus sombras, habría perdido su finalidad.
 
Unas consecuencias:
 
·       Colmar el foso: El que hemos cavado entre el Evangelio y la vida. Es cierto que la espiritualidad del posconcilio ha hecho esfuerzos como nunca en este sentido. Pero todavía, en el imaginario religioso de los cristianos, una cosa es lo que se hace en el templo y otra cosa es lo que vivimos fuera, una cosa es lo que oímos en una catequesis y otro el lenguaje que empleamos en los asuntos comunes de la vida. Hay que trabajar aún más para que ese foso disminuya su hondura.
·       Una lectura social del Evangelio: La que mezcla lo que pasa en la vida y la Palabra de Jesús. Normalmente nuestra lectura del Evangelio es espiritual y moral  (a veces espiritualista y moralista). Pero podría hacerse una lectura social. Surgiría “otro Evangelio”, más ceñido a la vida, más inspirador, no menos espiritual.
·       Amar la vida: Es un requisito para unir Evangelio y vida. ¿Cómo vamos a poder ofrecer el Evangelio a una sociedad a la que censuramos, a la que tratamos de increyente, de la que decimos que no tiene valores, de la que solamente vemos su lado negativo? Para mezclar Evangelio y vida hay que amar las dos cosas, el Evangelio y la vida.
 
VIII
VOLVER AL EVANGELIO ES REMOTAR CAMINOS QUE NOS PARECEN TRILLADOS Y DESCUBRIR AHÍ NUEVOS MOTIVOS PARA VIVIR CON ALEGRÍA
 
         Los humanos somos como los bueyes, o las cosechadoras: trillamos. Mediante la maquinaria de la rutina, del ritmo cansino de hacer las cosas, de perder la sorpresa y ya nada nos maravilla, del aburrimiento que nos distrae y nos abre la boca hasta el límite. Lo trillamos todo y nos situamos en el gris sobre gris de una vida anodina.
         ¿Hay posibilidad de revertir esta perspectiva? La hay.
·       Podríamos cambiar la aburrida celebración (religiosa y social) con un mejor tono de colaboración, de participación, mirándola no como meros espectadores que viene a ver qué les dan.
·       Podríamos revertir el camino trillado de la caridad con una sensibilidad mayor por la justicia y con una implicación mayor no solo en nuestras donaciones económicas sino en nuestras donaciones de tiempo, con los voluntariados.
·       Podríamos recuperar el camino trillado de la bondad dulzona y paternalista con una dosis de fe en la dignidad de toda persona. La espiritualidad de la dignidad puede ser revulsiva.
·       Podríamos reconstruir el trillado camino del perdón (sobre todo del perdón religioso) si nos interpelara la bullente realidad del perdón social en todas sus facetas (familiar, matrimonial, social, penal y hasta escolar). Los trabajos de mediación serían los adecuados.
·       Podríamos mejorar el trilladísimo camino del amor con la espiritualidad del cuidado que es algo más que unos actos puntuales, es una actitud que pone al otro y sus preocupaciones en el propio horizonte personal.
El Evangelio podría colaborar a esta nueva mística, podría ser un revulsivo. Si el Evangelio nos deja tan tranquilos, si no se nos sube una pulsación, ¿qué evangelio estamos leyendo? Algunos dicen que el Evangelio es “peligroso”. Si no constituye ningún tipo de peligro, ni para la sociedad, ni para la iglesia, ¿qué evangelio estamos leyendo? ¿No somos hijos de un disidente que fue excluido por sus modos heréticos de entender a Dios y a la persona? ¿Cómo devolver al Evangelio ese punto de provocación, esas aristas que lo hacen molesto para las gentes de orden?
Y aun dicen que el Evangelio es un libro religioso, piadoso, aquietador, amordazador. Habría de ser lo contrario, revolucionario, peligroso, “terrorista” incluso, si por tal se entiende subvertir el orden establecido, no ser su libro de consolidación. ¿Cómo hacer del Evangelio esa “bomba de relojería” que haga pedazos el sistema que bloquea la sociedad igualitaria y fraterna?
 
Un texto: Lc 12,49-53
 

49“He venido a lanzar fuego a la tierra… 51¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No he venido a traer paz, he venido a traer división. 52Porque, de ahora en adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; 53se dividirá padre contra hijo e hijo contra padre, madre contra hija e hija contra madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

 

  • No paz, sino división: Este es un texto de los “difíciles” del Evangelio porque tenemos dificultad de encajarlo en el perfil de Jesús pacífico y bondadoso. Es un texto de después de la primera misión cristiana donde se ha verificado hasta la saciedad la dificultad y la “división” que entraña la aceptación del Evangelio. Este es un revulsivo del hecho social, pero tiene lógicamente su precio.
  • Familia dividida: La división de la familia (en aquellos tiempos del sólido y compacto clan familiar) es prototipo de subversión social. El Evangelio no quiere dividir las familias, sino que anhela una sociedad de hermanos. El sistema, representado en la sólida familia, se resiste y se defiende. El problema está servido. Pero un Evangelio que aquieta familias, sistemas, ¿para qué sirve? Para hacerle el juego a lo establecido.
  • Padre contra hijo: La línea divisoria del conflicto es la de las generaciones viejas frente a la de los jóvenes. Un Evangelio que justifica la mentalidad de la vieja generación, la que representa al sistema no es la que desea el Evangelio. ¿No era algo de esto lo que quería el Papa Francisco cuando decía a los jóvenes “¡Hagan lío!”?

 

Derivaciones

 

  • Una sacudida: Esto habría de ser el Evangelio, algo para sacudir, no para aquietar. El Evangelio habría de ser un peligro social. Si la sociedad los asimila bien, es que lo ha fagocitado, lo ha domesticado. ¿Cómo devolver al Evangelio su vocación subversiva? ¿Es posible esto en una comunidad cristiana tan sistémica como la nuestra?
  • Situarse en la novedad: Algo de lo que decimos será imposible sino nos situamos en la novedad social y eclesial. Si siempre estamos en los márgenes establecidos, si tememos la creatividad, si censuramos a quien canta fuera del coro, si  nos encontramos a gusto en el calorcito de la estufa oficial, hablar de un Evangelio revolucionario es hablar de algo sin fundamento. Es preciso situare justamente en el lado opuesto, en el gusto por la novedad (no por moda, sino por el potencial de vida que encierra), en la sorpresa de lo que está aún por ocurrir.
  • Nueva alegría: Porque necesitamos motivos de alegría para que los días sean vivibles. Ponernos en el lado de la rutina, de lo trillado, de lo ya sabido, difícilmente nos va a traer algo de alegría, ya que está es hermana de la novedad, de la sorpresa, de lo porvenir. Necesitados como estamos de una alegría nueva, por sencilla que sea, quizá la vuelta a un Evangelio sorprendente y revolucionario nos pueda llevar a los terrenos del gozo.

 

IX

VOLVER AL EVANGELIO ES CANTAR CON JESÚS LA MELODÍA QUE PUEDE ESPANTAR NUESTROS MALES Y NUESTRAS ASPEREZAS

 

 

         “Quien canta su mal espanta”, dice el refrán castellano tantas veces citado. Los humanos tenemos necesidad de cantar, no solamente para espantar males, no solamente para expresar la belleza, sino para reconfortar el corazón, para animarse por dentro, para consolarnos, para emocionarnos. El canto es un elemento antropológico de primer orden presente en todas las culturas.

         La vivencia religiosa ha estado muy ligada al canto. Pero, con frecuencia, es un canto poco unido al Evangelio. Y a veces, aunque lo esté, no logra superar un cierto y profundo sentimiento de temor (la bella música gregoriana ha sido definida como “la música del temor”). ¿Cómo abandonar un canto lastimero para cantar con ánimo ante las dificultades y ante los gozos? ¿Cómo enardecer el corazón con un canto animoso?

         Puede parecer que es un tema baladí para la reflexión. Pero los antropólogos no dirían lo mismo porque saben que el canto es un elemento cultural de primer orden. ¿Podría ser la vuelta al Evangelio un camino para potenciar un canto que humanice y que anime a la construcción de la nueva sociedad, del reinado de Dios?

         Los  Evangelios no hablan de que Jesús cantase, al menos no lo dicen explícitamente. El vocablo canto casi no está en los índices de los manuales de antropología del siglo I y tampoco está en las concordancias bíblicas populares (sí en las técnicas) Pero Jesús “cantaba”, aunque no se diga explícitamente que lo hiciera:

  • El canto de la sociedad de los pobres: “Recoged los trozos, que nada sobre” (Jn 6,12).
  • El canto del consuelo: “No llores” (Lc 7,12).
  • El canto de la alegría: “Te doy gracias, Padre, porque has revelado esto…” (Mt 11,25).
  • El canto de la amistad: “Mirad cómo lo quería” (Jn 11,36).
  • El canto del reconocimiento de valores: “No hay fe en Israel como la de éste” (Lc 7,9).

La vuelta al Evangelio nos podría ayudar a cantar en la noche (como diría Brecht), a levantar los hombros, a mirar el porvenir con más esperanza, a arrostrar el peso de los días con mejor ánimo, a entender nuestra participación en la vida como una suerte.

En los otros textos del NT se anima al canto: “Cantad y tocad con toda el alma para el Señor” (Ef 5,19); “Cantad a Dios con agradecimiento” (Col 3,16). Pero tampoco hay grandes testimonios de canto, de lírica, de poesía. Haría falta una relectura del hecho creyente desde la lírica, por inútil que parezca esto a muchos cristianos embrumados por su preocupación por llegar al cielo sin preocuparles el vivir gozosamente nuestro camino por la tierra.

 

Un texto: Mc 10,32

 

“E iban por el camino subiendo a Jerusalén,Jesús iba delante de ellos; y estaban perplejos, y los que le seguían tenían miedo”.

 

  • Los cantos de las subidas: No habla este texto del canto. Pero cuando los judíos subían a Jerusalén entonaban los “cantos de las subidas”, los salmos  121ss: mi auxilio viene del Señor, vamos a la casa del Señor, como un pájaro de la red del cazador, los que confían en el Señor, cuando el Señor cambió la suerte de Sión, si el Señor no construye la casa, etc. Cantos para el ánimo, para reconfortar el corazón. Los iban cantando todos.
  • Cantar para alejar el temor: Probablemente el temor se alejaba, la perplejidad se contenía, la gran pregunta (¿Para qué iban a Jerusalén si aquello era meterse en la boca del lobo?), se hacía menos amenazadora. Un Jesús que reconforta a los suyos cantando salmos de gozo y de confianza.
  • Cantando delante de ellos: Iba delante de ellos, cantando delante de ellos, como quien tira de una cordada de desalentados. Algo de su ánimo pasaría a sus corazones temblorosos. Dar ánimo con cantos de ánimo, una manera honda de ser hermano.

 

Unas consecuencias

 

  • Huir del coro de las lamentaciones: Ya que en nuestros días, épocas de reducción, de abandono de la religiosidad, de escaso afecto a la estructura eclesiástica, tendemos a estar en el coro de las lamentaciones, canto gris tirando a negro, suspirando por los tiempos pasados y maldiciendo los presentes. Salir de ese coro es algo imperioso si se quiere entender la vida como un  disfrute y una suerte.
  • Cerca de quien canta: Porque siempre hay gente de mirar limpio y de vida positiva que canta a la vida. Y no nos referimos a los cantantes estandar, sino a quien interpreta el camina humano como una senda de posibilidades y una oportunidad que no pasa dos veces por nuestra puerta.
  • Cantar en coro: En grupo, en comunidad, en familia humana. Los humanos no cantamos solos, sino en grupo, en coro común, el coro de la humanidad. El disfrute del canto habría de llevarnos a una mayor humanidad, a la certeza de que hemos sido creados para cantar con otros, para descubrir el amor con otros.

 

X

VOLVER AL EVANGELIO ES VOLVER AL CORAZÓN DE LA PERSONA PORQUE EL SUEÑO DE JESÚS ES ENTREVEAR CORAZONES

 
         El camino del corazón es, a veces, inextricable, pero quien no lo anda ha perdido la senda para la que fue creado. Porque la casa del corazón de la persona es otro corazón similar. Es ahí donde uno se encuentra a sí mismo y encuentra al otro.
         Es cierto que la mayor parte de nuestro recorrido vital anda lejano de las sendas del corazón, empujados por la terrible fuerza del propio egoísmo que piensa que solamente es decisivo el bienestar del propio corazón. Pero esas sendas de soledad abocan a un fracaso que nos deja la boca y el alma amargas.
         Por eso, hay que salir al camino del corazón del otro. Y el Evangelio que es un libro interesado en los corazones, puede ser una ayuda muy buena para recorrer la senda de los corazones que se entreveran.
         Decir que el Evangelio está interesado por el camino del corazón que se mezcla a otros corazones puede parecer cosa barata, tan devaluado está el vocablo corazón cuando se lo refiere al amor. Pero aun así, la vuelta al Evangelio puede ayudar a  descubrir o ahondar más en algo vitalmente importante como es el encuentro con el corazón del otro.
         Aquel grito de Jesús en Mt 11,28 “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados” sigue vigente porque el cansancio y el agobio acompañan la vida de los humanos. Es el corazón lleno de pesares el que Jesús reclama porque cree que fundiendo corazones el peso se aligera y la pena compartida se esfuma más rápidamente.
         La liturgia canta un himno hermoso: “Dios tiene corazón”. Y así es. Hemos construido en el imaginario religioso un Dios sin corazón. La vuelta al Evangelio puede ser la vuelta al corazón de Dios, a la relación cálida con Dios, hogareña (como dice en Jn 14,1).
 
Un texto: Mt 15,19
 
“Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias”.
 
·       Algo a sanear: Porque el riesgo de corrupción, de maldad, es grande. El corazón necesita ser saneado constantemente. El aire limpio del Evangelio puede colaborar a ello.
·       Fuente de bien, fuente de mal: Porque las dos cosas pueden brotar del corazón. El Evangelio quiere potenciar la fuente del bien, hacer que manen sentimientos positivos, valorativos, amables hacia el otro y surja la empatía que fortalece los corazones.
·       Corazón que tiende al otro: Y ahí, en la conexión con el otro, es donde se realiza. La soledad amarga al corazón y lo aleja de su verdadero sentido. La comunicación y en entrecruce es lo que agranda y ahonda el corazón y sus valores.
 
Unas consecuencias:
 
·       No desistir: A veces experimentamos la traición del corazón del otro. No desistir, seguir tratando de conectar por otros caminos, no cortar puentes totalmente, dejar puertas abiertas. Los días pueden llevarnos a una confluencia de corazones por vericuetos inesperados.
·       Una fe cálida, cordial: Porque, al no haber tenido en cuenta este valor del corazón, sino sobre todo la ideología, el resultado ha sido una fe fría y rígida. El Evangelio podría devolver la calidez a la fe, calidez que brota del corazón amable y perdonador de Jesús. Nunca habría que haber abandonado la seda de la cordialidad, senda que al fenómeno religioso no le interesa mucho.
·       Cordialidad para los frágiles: Porque ellos son quienes más necesitados están de un corazón que ampare. Si el Evangelio no los llevara a la miseri-cordia con ellos, estaría frustrado. De mil maneras lo dice el Papa Francisco.
 
Conclusión
 
         La conclusión es clara: los nuestros son tiempos buenos para volver al Evangelio. Hay más posibilidad, más libertad, más empuje, más medios de todo tipo. Quizá haya que hacer un esfuerzo por poner entre paréntesis muchas cosas de la religión aprendidas y que se han esclerotizado y acartonado. Pero si hacemos ese esfuerzo, los frutos pueden ser hermosos. No vamos a ganar en generosidad a la Palabra de Jesús. Ella nos dará mucho más de lo que nosotros le podamos dar.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño 2017

Como sello sobre tu corazón

“COMO SELLO SOBRE TU CORAZÓN” (Cant 8,6)

Hacia una experiencia cordial  

de la vida comunitaria

 

         La VC ofrece ejemplos de vida relacional hermosos y hasta eximios. Pero no podemos sustraernos a la evidencia de que la relación comunitaria resulta, con frecuencia, demasiado “seca”, poco cordial, escasamente jugosa. Achacamos eso a la peculiaridad de nuestro estilo de vida (gente soltera que no se conoce y que vive junta por razones religiosas). Pero quizá se deba a que hay una carencia en el trabajo de la cordialidad, ya que ésta, como todos los valores humanos también se construye.

         Si esto fuera así, ¿por qué no dedicar una semana de retiro a la contemplación de la hermosura de los caminos relacionales cultivados, de la cordialidad experimentada, de la belleza sencilla del convivir bien? ¿Por qué no trabajar, desde la reflexión y la oración, el tema de la cordialidad? ¿No nos podrá ayudar algo insistir sobre cuestiones tan en la base de nuestro cimiento vocacional? ¿No contribuiría esto a evitar el llegar a edades altas con una carga de amargura relacional que, a veces, nos resulta difícil de sobrellevar?

         Para muchos, y no sin razón, la Palabra de Dios no es ejemplo de cordialidad, sino más bien lo contrario, Palabra de una cierta “aspereza”. Queremos recurrir a un texto que todos admiramos pero que, raramente, hacemos objeto de nuestra reflexión bíblica: el Cantar de los Cantares. Hay libros bíblicos con los que el cristiano tiene una deuda que casi nunca salda. Quizá el Cantar sea uno de tales libros. A todos nos gusta su lírica, con alguna frecuencia se lo lee en la liturgia, pero raramente lo tomamos como tema continuado de reflexión. ¿Y si lo utilizáramos como trampolín para el pensamiento sobre la cordialidad de la VC? ¿No podría ayudarnos un texto tan vibrante en materia de relación y de amor? ¿O, por eso mismo habríamos de desecharlo para siempre? Esta semana de retiro podría ser un momento bueno para volcarse a tal libro del AT, al menos en algunos de sus pasajes.

         Por otra parte, este cuaderno de reflexión es deudor de un librito de L.Boff, Derechos del corazón. Una inteligencia cordial (Trotta, Madrid 2015). Él nos ayudará a profundizar para encontrar más sentido a la hora de valorar los caminos del corazón. Podemos aprender de los “veteranos” que han recorrido caminos a veces complicados pero no se han apeado ni de la vida ni del amor. Uno de los tales es L. Boff.

         “Como sello sobre tu corazón” canta el más hermoso de los Cantares. Un corazón marcado, sellado, por el amor, por la certeza de que los caminos de las relacionalidad son los caminos verdaderos, no los caminos del sistema, de la costumbre, de lo avalado por la norma. Para arriesgarse a andar esos caminos, a veces extraños y paradójicos, pero siempre llenos de vida. Para animarse a construir el difícil y cautivador edificio de la relación, más que cualquiera de los grandes edificios modernos con los que nos sorprenden los arquitectos estrella. Para mantener jugosas unas entrañas capaces de concebir vida, ilusión, horizontes, sueños y no sucumbir a la tentación de un corazón insensible, acorchado. Estas serían las intenciones de la presente oferta de reflexión en una semana de retiro.

 

1. El amor que mueve el cielo y las estrellas

 

         Esta frase es de Dante (Divina Comedia, Paraíso 33). Es preciso caer en la cuenta de la potencia del amor, de la buena relación. Un formidable dinamismo que utilizado en la dirección de lo humano es fecundísimo. Moverse por amor, por relación saludable, más que por ideas, normas o costumbres. Ahí existe un filón.

         ¿Es la VC una profesión de votos o una profesión de amor? ¿Es lo mismo? ¿Son realidades compatibles? ¿Acierta quien cumple los votos, pero es seco en la relación? ¿Tiene sentido ser “buen religioso/a” sin saber de amor? ¿Decae, muere el anhelo de amar a la vez que decae el vigor físico, la fuerza de la juventud, la reciedumbre de la madurez? Preguntas interesantes para ponerlas sobre la mesa de la reflexión y de la oración.

 

a)  Cant 8,5b-7

 

5bDesperté tus deseos bajo el manzano,

donde tu madre te dio a luz,

donde con tanto dolor te trajo al mundo.

6Ponme como un sello sobre tu corazón,

como un sello sobre tu brazo.

Pues el amor es tan fuerte como la muerte,

y sus celos, tan duraderos como la tumba.

El amor destella como el fuego

con la llama más intensa.

7Las muchas aguas no pueden apagar el amor,

ni los ríos pueden ahogarlo.

Si un hombre tratara de comprar amor

con toda su fortuna,

su oferta sería totalmente rechazada.

 

  • Despertar los deseos: Porque los deseos, los dinamismos, los anhelos, los sueños, duermen o dormitan, enmohecen, se atontan. La buena relación, el amor que vive, necesita estar despierto, hay que despertarlo si se adormece. No son necesarias grandes sacudidas, fuertes convulsiones. Los detalles cotidianos impregnados de buen deseo, de buen amor, son capaces de impedir que el amor se adormezca. Las ataraxias no son lo mejor; las “locuras” de amor son preferibles, por complicadas que sean.
  • Como un sello: Como algo que marca, como cosa que se ve, como recuerdo constante.  Sellados por el amor, de tal manera que, cuando la cosa flaquea, el sello nos anime, nos recuerde, nos aliente. El sello, un signo pequeño que recuerda la orientación de fondo. Una sonrisa, un detalle, una palabra amable, un mirar a los ojos, un gesto de amabilidad. La poca cosa del sello que habla de lo mucho que hay detrás. Vida de relación con sellos que hablan.
  • Un amor fuerte: Fuerte para reconocer su potencia; fuerte para encajar su debilidad. Fuerte para acoger su potencial; fuerte para no estar siempre llorando su pérdida. Fuerte para saber caminar a su sombra; fuerte para entender que muchas veces hay que caminar fuera de su amparo; fuerte para no quebrarse a la primera; fuerte para encajar con paz sus límites; fuerte ante su puerta abierta, fuerte cuando se cierra la puerta y nos quedamos “a la puerta cubierto de rocío”; fuerte para reír, fuerte para encajar llantos sin estar llorando siempre.
  • Los destellos del amor: Que no son destellos para deslumbrar sino para cautivar, para seducir en el buen sentido de la palabra. Destellos hechos de sencillez, no de vanidad; destellos con verdad, no mero escaparate y apariencia; destellos que brillan con la luz oscura de lo humilde, no con el brillo cegador de quien quiere imponerse; destellos sin publicidad, en el silencio humilde y hermoso de quien se relaciona bien “como si nada”.
  • Inapagable: Inapagable en el anhelo, en el deseo, en el sueño, en el trabajo por alimentar ese “fueguito” que decía Galeano. No inapagable como un volcán, como un horno. Inapagable aunque se apague, aunque languidezca, aunque tiemble su llama. Inapagable, tenaz, rescoldo siempre dispuesto a ser activado, aunque los síntomas no lo demuestren. Inapagable en sus apagamientos.
  • Amor sin precio: Poner precio a la buena relación, demandar favores a cambio de ella, estar esperando siempre alguna ganancia, es algo que sonroja, es la corrupción del amor, llevar a la buena relación a callejones sin salida. Admitir la dinámica del sistema (te aprecio mientras te uso) como la única real es sucumbir al desamor, hacerle el juego a quien quiere estructurar la existencia al margen de la buena relación, en la lejanía de los misterios hermosos del corazón de la persona.

 

 

 

b)  Reflexión

 

  • Conectar con el otro: Hay conexiones con el otro para sobrevivir. Muchas de nuestras conexiones son de supervivencia, de no dejarse avasallar, de llegar vivos a la noche, de luchar por la estima y la valoración. Pero hay conexiones de relaciones gratuitas, espontáneas, que a veces ni se sabe de dónde proceden. Estas son el móvil de las más hermosas acciones humanas. Conectar al otro por gratuidad, sin ganancias premeditadas, sin luchas ni codazos, por elemental benignidad.
  • Convertirse en otro: La buena relación se orienta hacia el otro porque el otro permite surgir el ethos que ama. El otro es el que me permite amar. El amor necesita permiso del otro. Un amor sin ese permiso es un amor impuesto, una contradicción. Jesús orientó su vida a los otros; ellos le “permitieron” amarles. Les estuvo siempre agradecidos; por eso no los desechó ni aunque fueran un estorbo, como lo fueron a veces sus propios discípulos. Dios se convierte en otro para nosotros en Jesús. Por eso podemos amarle.
  • El otro es importante: El amor, buena relación, vuelve al otro importante, hace salir afuera la dignidad que lleva dentro. Por eso amar es dar vida de nuevo a quien la necesita (¿y quién no?), a quien languidece, a quien renquea, a quien tropieza. El amor da fuerza y razón para existir, para levantarse cada mañana y no ceder a la grisura de los días, para poner un poco de color o, mejor, para reconocer el color de lo humilde, el brillo que está oculto en el matorral.

 

c)   Derivaciones

 

  • ¿Tiramos la toalla?: Algo que se hace no con una declaración formal de intenciones sino en el cansancio y la rutina de cada día. Se llega a la convicción de que este estilo de vida, el de la VC, no puede pretender más que lo que da. Y que una vida jugosa y en buena relación es algo que le sobrepasa. Nos parece que con respetarnos y vivir organizadamente, es suficiente. Pero quitar el anhelo de la buena relación, del amor, del horizonte fraterno es, a priori, un acto de empobrecimiento. Por eso, tirar la toalla habría de ser lo último, incluso lo que nunca habría que hacer. Si se trabaja, los días ofrecen posibilidades, a veces muy pequeñas, de construir el camino de la buena relación. Algo asequible y al alcance de la mano. Si se trabaja.
  • Profesión de amor: Al derecho no le suena esto a nada, y mucho le suena lo de los votos canónicos. Pero ¿qué son estos sin aquel? Y ¿cómo habría de hacerse una profesión de amor en la VC? Primero, en la certeza de que es posible vivir en buena relación; segundo, en la certeza del valor hermoso del otro, quienquiera que sea; tercero, en el salir decidido al camino del otro como camino propio; cuarto, en la bonhomía y el buen amor de quien cree en el gozo del buen amor; quinto, en la seguridad de que lo de Jesús va un poco por ahí; sexto, en la resistencia al canto sistémico de que esto lleva a la ruina; séptimo, en la conciencia de que hemos venido a este tipo de vida para ampararnos; octavo, en la generosidad de quien sabe que toda aportación al gozo de la vida es importante; noveno, leyendo la realidad con benignidad crítica; decimo, aprobando el curso de amor a la vida y aprendiendo técnicas de disfrute sencillo.
  • Medida real: La buena relación es la medida real del vigor de nuestra vida comunitaria. No lo es tanto el funcionamiento del andamiaje administrativo, la gestión y su eficacia, las tradiciones seguidas y cumplidas, sino la vibración del corazón ante la vida del hermano, la facilidad para urdir planes comunes, la agilidad para saltar del propio camino al camino del otro, la habilidad para compartir lo que late dentro. Estos son los puntos a medir.
  • Aún se te llama: No nos conviene pintar las cosas de excesivo color no sea que provoquen el efecto contrario: creer que ya no se me llama a esta empresa. Muchas respuestas negativas encierran el anhelo de que no todo debería estar perdida. Hay mil voces, mil situaciones, mil pequeños atisbos que indican que la llamada a la dicha sigue vigente en todo tipo de estructura relacional, también en la de la VC. “Si hoy escuchas su voz…”.

 

d)  Texto evangélico de meditación: Mt 5,45

 

“Vuestro Padre del cielo hace salir su sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos”.

 

Dios lo supedita todo al amor. No hace distinciones a la hora de mover los astros o los elementos de la naturaleza. Ello indica que su amor es el que lo ordena todo. Una vida orientada en todo desde el amor.

 

e)   Un poema

 

Arcaico corazón

 

Tú, que eres como una casa

hecha de arcilla:

Pequeña, frágil,

de cuatro habitaciones;

 

Tú, que llenas de fantasmas,

y que te asustas,

y que lloras,

cuando llega la noche;

 

Tú, que en la oscuridad

te haces pedazos

como una hucha

arrojada contra el suelo;

 

Tú, arcaico corazón,

mira por la ventana,

mira hacia ese bosque

que ya reverdece.

 

Tú, que una vez caído

gritas palabras

en una lengua

que yo no comprendo,

 

Tú, arcaico corazón,

entra en ese bosque:

surgió de la arcilla,

como tú.

                                B. Atxaga

 

 

2. Rumbo al propio corazón

 

         La VC entendida como propuesta de buena relación, propuesta de amor, demanda salir al camino del corazón del otro. Pero también pide poner rumbo al propio corazón ¿Cómo íbamos a poder entrar a los umbrales del corazón ajeno si no hemos puesto rumbo al nuestro? ¿Corremos el peligro de pasar muchos años en la vida sin haber llamado a esas puertas que son tan íntimamente nuestras?

         Esto demanda una actitud de ahondamiento, de recuperación de la dimensión de profundidad, de apuntar al subsuelo, a eso que hay debajo de la piel. Ir en la dirección de lo profundo quizá pida cambiar de rumbo en muchas cosas. Hay que estar dispuesto a dar un golpe de timón o, al menos, a ir variando paulatinamente el rumbo de lo superficial empobrecido a lo profundo lleno de “tesoros”.

 

a) Cant 3,2

 

2Así que me dije: «Me levantaré y recorreré la ciudad,

y buscaré por todas las calles y las plazas.

Buscaré a mi amado».

 

  • Me levantaré: Es preciso animarse a hacer el camino del propio corazón, a levantarse con buen temple, superando cualquier cansancio y rutina. Cansa mucho comprobar el cansancio del propio corazón. Pero es preciso sobreponerse a esa languidez. Es preciso tener el coraje de aprestarse a bajar al sótano del propio corazón, donde, a veces, hace frío y hay luz escasa. Pero ahí está el cimiento de lo que somos, el Caín oculto y el Samaritano sensible. Quien baja a ese sótano puede comprender mejor los recovecos de cualquier otro corazón, sus retrasos, sus contradicciones, sus saltos de júbilo. Solamente el experto en el propio corazón puede ser amparo para otro corazón.
  • Recorreré la ciudad: Porque el corazón tiene su casa en la ciudad, en el lugar de los seres humanos, en parajes habitados por otros. La soledad no es el mejor lugar para el encuentro de corazones, de no ser para coger impulso. Es en la ciudad y sus lugares comunes donde los corazones encuentran su contexto. De ahí que buscar en la dirección del corazón quiere decir buscar en la dirección de la ciudad, de los lugares que son de todos, en los marcos comunes, no en el elitismo exquisito.
  • Buscaré por las calles y plazas: Por las sendas de los humanos, por los lugares de descanso, por los sitios donde haya posibilidad de encuentros. El encuentro con el propio corazón se aprende en el encuentro con los otros corazones. Por eso hay que frecuentar calles y plazas, salir de uno mismo para ir más adentro de uno mismo; ir más adentro de uno mismo para volver a la calle y la plaza donde habita el otro. Movimiento de idea y vuelta, verdadero latir de los corazones y sus búsquedas.

 

b) Reflexión

 

  • Un viaje a través de los sentimientos: La evolución del camino humano muestra que la estructura elemental de lo humano no es la razón (esto vendría después), sino las pasiones, las experiencias seminales, los sentimientos. Esto ha sido antes, y esto es lo que sigue moviéndonos en gran parte. Solo tardíamente entra a funcionar el cerebro del homo sapiens. De ahí que, para entendernos bien, hayamos de hacer el inevitable viaje por el terreno, resbaladizo, de los sentimientos. Saber de los sentimientos es saber de la verdad del otro y de la propia.
  • Despegarse del cerebro: Nuestra formación, nuestro imaginario, nuestra cultura es excesivamente cerebral. Eso nos ha hecho poco sensibles al sufrimiento humano y al de los demás seres de la tierra. Lo que, como dice el papa Francisco, da como resultado la autorreferencialidad, la globalización de la indiferencia y la insensibilidad radical. Si se quiere hacer el camino del corazón habrá que tener a raya lo meramente cerebral.
  • El rescate del corazón: No se llega al corazón del corazón sin pasar por el afecto y el amor. Por eso, ante el corazón del hermano, ante su verdad más verdadera, la senda correcta es el afecto, el amor, la buena relación, el disfrute común, la mirada agradecida al interior del otro. Eso es lo que puede darnos una experiencia de totalidad, más allá de lo fragmentario que nos despista tanto (este o aquel fallo).
  • La estructura del deseo: El deseo es un dinamismo que pone en marcha toda la vida psíquica. Toda persona tiene deseos (solo los muertos no los tienen). Educar el deseo es orientarlo a la verdad del corazón, no a la acumulación de cosas que nos dejan siempre anhelantes, no sacian. Los místicos dicen que el deseo se sacia en Dios. Pero hay que dar a esa búsqueda de saciedad un contenido antropológico: más allá de la evidente limitación humana, la suma d los corazones, su entreveramiento, la mezcla de los fondos de las personas, el amor en definitiva, puede ser, contando con cualquier limitación, un modo de saciar el anhelo del deseo. Y si eso se da, la VC podrá ser satisfactoria. Y si no, siempre habrá un cierto poso de decepción o amargura.

 

c) Derivaciones

 

  • No temer mirar adentro: La huida de la profundidad nos lleva a no mirar adentro porque, a veces, no nos gusta lo que vemos. Pero ahí, en ese sótano, está nuestra verdad, lo bueno y lo no tanto. No ponerse nerviosos. No temer mirar a ese interior. Ser benignos con él. Saber llevarlo de la manera más equilibrada posible. Poder mostrarlo sin querer justificar y, mucho menos, sin pretender que otro lo bendiga, aunque anhelemos comprensión. Y si se da la comprensión, la acogida, el amparo, para tal fondo, estamos tocando la verdadera fraternidad.
  • Reconciliación con los extraños caminos: Porque los caminos humanos son extraños, a veces, se sepa o no. En realidad, dado que nos llevamos el canto de un duro, no son tan radicalmente extraños. Muchos los andan. Reconciliación no quiere decir justificación moral. Más aún, una tal reconciliación llevará a un replanteamiento de lo moral, si es que el derrotero es inmoral. Pero hay que mirar lo del fondo, la fuente de la que brota tal derrotero. Porque si brotara del amor, con todas sus limitaciones, habría modo de incorporarlo al caudal del amor, al ámbito de la relación fraterna, aunque haya que emplear fórmulas algo inusuales.
  • Una riqueza para otros y para uno mismo: Eso son los trabajos de profundidad. La superficialidad empobrece a la persona y a la comunidad. La profundidad, en cualquiera de sus formas (oración, diálogo, lectura, reflexión, meditación ante la naturaleza, etc.) nos enriquece. Una comunidad profunda (no decimos éticamente inmaculada) tiene mejor horizonte y mejor futuro fraterno que una comunidad superficial. Todos los recursos comunitarios que se usen para generar fraternidad (formación, diálogo, compartir, escucha común, gozo común, etc. Son recursos “benditos”.
  • Escuela del deseo: Eso podría ser la vida comunitaria: una escuela para orientar bien el formidable mecanismo del deseo, para orientarlo no a la autosatisfación, a la acumulación o al egoísmo, sino al corazón, al disfrute común, al gozo compartido, al camino andado en compañía. Los proyectos comunitarios habrían de responder a esta necesidad de educar el deseo, no solamente a ser meras herramientas de gestión comunitaria.

 

d): Texto evangélico de meditación: Lc 6,45

 

“El que es bueno, de la bondad que almacena en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal: porque lo que rebosa del corazón lo habla la boca”.

 

El corazón es la fuente de lo que uno es. Hay que mirar en esa dirección, dice Jesús para discernir comportamientos que son evangélicos y aquellos otros que no lo son.

 

e) Un poema

 

Los pasos lejanos

 

Mi padre duerme.

Su semblante augusto

figura un apacible corazón;
está ahora tan dulce...
si hay algo en él de amargo, seré yo.

Hay soledad en el hogar; se reza;

y no hay noticias de los hijos hoy.

Mi padre se despierta, ausculta

la huida a Egipto, el restañante adiós.

Está ahora tan cerca;
si hay algo en él de lejos, seré yo.
Y mi madre pasea allá en los huertos,

saboreando un sabor ya sin sabor.

Está ahora tan suave,

tan ala, tan salida, tan amor.
Hay soledad en el hogar sin bulla,
sin noticias, sin verde, sin niñez.
Y si hay algo quebrado en esta tarde,
y que baja y que cruje,
son dos viejos caminos blancos, curvos.

Por ellos va mi corazón a pie.                                        

                             C. Vallejo

 

3. Un nudo de relaciones

 

         Algunos definen la vida comunitaria, de un modo gráfico, como un “hacer nudos” con otros. Efectivamente, la VC es una vida en nudo de relaciones, un tapiz urdido a base de pequeños nudos que se van haciendo a lo largo de la vida. Por eso es tan importante la cordialidad, porque es la cuerda con la que elaboran los nudos que tejen el tapiz de la vida común, de la vida relacionada.

Es verdad aquello del poemilla de A. Machado: “Poned atención/un corazón solitario/no es un corazón”. Si la vida fraterna es una suma de corazones solitarios, quizá no hemos dado aún con el verdadero quid de nuestra opción. Generar cordialidad en común es el cimiento antropológico sobre el que se puede pensar en construir el edificio de lo fraterno.

 

a)  Cant 5,9

 

9¿Por qué es tu amante mejor que todos los demás,

    oh mujer de singular belleza?

¿Qué hace que tu amante sea tan especial

    para que te hagamos esa promesa?

 

  • ¿Mejor que los demás?: La atracción amorosa se alimenta de la diferencia (supuesta) del amado. Pero el amor relacional, de salida, considera a toda persona susceptible de ser amada por ella misma. El amor relacional no se asienta sobre diferencias ni funciona en la dinámica filias-fobias.  Nadie es mejor que otro para establecer una buena relación, aunque, por carácter y por otras notas, sea inicialmente más fácil el acceso a unos que a otros. Funcionar con el “mejor que los demás” es siempre reduccionista y peligroso para la buena relación comunitaria.
  • “Tan especial”: Lo mismo decimos de esos modos “especiales· con los que la relación amorosa adorna a quien se ama (aunque luego se ve que nadie es tan especial). Una buena relación con quien no tiene nada de especial, con quien es normal, como todo el mundo, es la que tiene por delante la vida comunitaria. Si hubiera que formar una comunidad de gente especial para tener ahí una buena relación, tendríamos que suprimir la mayor parte de las comunidades.
  • Promesas de singularidad: No habría que hacer promesas de singularidad en base a las cualidades excepcionales de una comunidad. Los caminos de la buena relación comunitaria son normales, cotidianos, poco relevantes. Fundamentar la buena relación fraterna en la relevancia de las personas o las tareas puede ser un error. A la larga, esas notas relevantes caen por tierra ante la evidencia de lo que en realidad uno es. Por eso no conviene hacerlas cimiento del entramado fraterno.

 

b)  Reflexión

 

  • Relaciones totales: El ser humano es un complejo relacional. Su nudo de relaciones va en todas las direcciones: hacia abajo, hacia adentro, por dentro, por fuera. Somos un complejo relacional. Todas esas direcciones nos son necesarias. Somos una apertura ilimitada hacia nosotros mismos, hacia el mundo, hacia el otro, hacia la totalidad. De ahí la insatisfacción y la búsqueda, la falta de plenitud y el sueño de lo pleno.
  • Relaciones sociales: Buena parte de la construcción de lo humano se realiza en las relaciones sociales, en la conjunción de esfuerzo, en la colaboración en los proyectos comunes. La multidireccionalidad de la relación encuentra un marco estupendo en las relaciones sociales. Una persona sola no sería capaz de elaborar el complejo tejido de las relaciones. Para construir nudos relacionales necesita de los otros.
  • Cuatro patas: Las cuatro “patas” de una relación saludable son: la participación (actores del proceso de relación), la igualdad y la equidad (base de los derechos personales y sociales), la diferencia (respeto y acogida), la comunión (la espiritualidad). Estos son los elementos que nos educan para ir entretejiendo nudos relacionales que nos den equilibrio en la vida comunitaria.
  • Relaciones con la tierra: Todos los seres son portadores de derechos. Por eso mismo resulta imprescindible entablar con ellos unas relaciones saludables, hacer también con ellos los nudos que nos hacen fraternos. Por alejado que nos parezca, la fraternidad cósmica puede ser un buen elemento para la espiritualidad de la creación de nudos relacionales. En todas estas dimensiones, el ser humano se realiza en la historia y en la vida concreta, en la vida fraterna, en un proceso que nunca se detiene.

 

c)    Derivaciones

 

  • Dispuestos para la relación: Es buena y necesaria una predisposición para la relación, para el tejer nudos. Fomentar esa buena disposición es saludable. Apoyar y sostener actitudes de aislamiento, de individualismo consagrado, de comportamientos anquilosados que no hablan ya el lenguaje de lo común no nos favorece nada. Una puerta abierta a la demanda de relación, así habría de ser la puerta de nuestro cuarto.
  • Saber de: Para entretejer nudos hay que saber algo de los hilos que se mezclan. Saber del hermano no es entrometerse en asuntos que no son de nuestra incumbencia. Pero es preciso entrar en ese mundo de datos externos e internos que nos faciliten la buena relación. Los gustos, los valores, los sentimientos, los caminos gozosos, los recuerdos que nutren…conocer todo ese mundo es algo muy útil para entretejer nudos.
  • Mantener las relaciones: Las relaciones que entretejen nudos no pueden estar circunscritas al tiempo (a veces breve) de un período concreto de vida comunitaria. Habría que mantener las relaciones más allá de esos marcos coyunturales. Los modernos medios de comunicación nos ayudan mucho en ello. Utilizarlos bien puede ser útil para la empresa fraterna de la buena relación.
  • Algo delicado: El material de este tejido de nudos es delicado, es lo más vivo de las personas. Por eso habrá que tratarlo con delicadeza. Ser toscos, descuidados, lenguaraces, olvidadizos en todo este mundo de las relaciones es una siembra de sal. Quizá sea la causa principal que nos hace retraernos en el proceso de construcción de lo fraterno. Por eso hay que tener mucho cuidado con ello.

 

d)  Texto evangélico de meditación: Mc 3,34-35

 

“Y, paseando la mirada por los que estaban sentados en corro en torno a él, dijo: - He aquí mi madre y mis hermanos. Quienquiera que lleve a efecto el designio de Dios, ése es hermano mío y hermana y madre”.

 

La nueva familia de Jesús es un nudo de relación en torno al designio de la Padre que no es otro sino que la humanidad, la creación incluso, viva reconciliada, en la forma de la fraternidad, de la buena relación, tejiendo un nudo de relaciones.

 

e)   Un poema

 

Geografía humana

 

Mirad mi continente conteniendo

brazos, piernas y tronco inmensurado,

pequeños son mis pies, chicas mis manos,

hondos mis ojos, bastante bien mis senos.

Tengo un lago debajo de la frente,

a veces se desborda y por las cuencas,

donde se bañan las niñas de mis ojos,

cuando el llanto me llega hasta las piernas

y mis volcanes tiemblan en la danza.

Por el norte limito con la duda

por el este limito con el otro

por el oeste Corazón Abierto

y por el sur con tierra castellana.

Dentro del continente hay contenido,

los estados unidos de mi cuerpo,

el estado de pena por la noche,

el estado de risa por el alma

-estado de soltera todo el día-.

Al mediodía tengo terremotos

si el viento de una carta no me llega,

el fuego se enfurece y va y me arrasa

 

El bosque de mis pelos mal peinados

se eriza cuando el río de la sangre

recorre el continente,

y por no haber pecado me perdona.

El mar que me rodea es muy variable,

se llama Mar Mayor o Mar de Gente

a veces me sacude los costados,

a veces me acaricia suavemente;

depende de las brisas o del tiempo,

del ciclo o del ciclón, tal vez depende,

el caso es que mi caso es ser la isla

llamada a sumergirse o sumergerse

en las aguas del océano humano

conocido por vulgo vulgarmente.

Acabo mi lección de geografía.

Mirad mi contenido continente. 

 

                                            G. Fuertes

 

4. Auscultar el corazón del otro

 

         Auscultar el corazón del otro no como quien avasalla e invade, sino como quien asiste a un misterio cercano. Construir la cordialidad en común demanda necesariamente mirar en la dirección del corazón del otro, acercarse a la senda de sus sentimientos, entrar en la casa de sus regocijos, probar el vino de su alegría y atender a sus llantos.

         El Dios que tiene corazón es el que mira en la dirección de lo nuestro para que nosotros miremos en dirección de él a través del camino imprescindible del corazón ajeno.  En esta “mirada de corazones” se encierra no poco del sentido de la vida.

 

a)  Cant 1,5-6

 

5Soy morena pero hermosa,

    oh mujeres de Jerusalén,

morena como las carpas de Quedar,

    morena como las cortinas de las carpas de Salmá.

6No me miréis así por ser morena,

    el sol ha bronceado mi piel.

Mis hermanos se airaron conmigo;

    me obligaron a cuidar de sus viñedos,

    por eso no pude cuidarme a mí misma, mi propio viñedo.

 

  • Morena pero hermosa: La morenez no impide la hermosura; le otorga un plus de belleza. No será obstáculo para que sea la esposa amada. Ya no se volverá a mencionar más a lo largo del Cantar. Las circunstancias personales pueden ser bellas cuando detrás está la fuente del amor.
  • Como las carpas de Quedar…de Salmá: Los indómitos árabes de Quedar y sus negras tiendas nómadas hechas de pelo de cabra,  o las de los nómadas del Sur como Salmá. Negrura de márgenes, de excluidos, pero que tiene una indudable belleza, porque en los márgenes también está la vida.
  • No me miréis así: Si se quiere ver el corazón hay que sobrepasar el muro de las apariencias, de lo de fuera, hay que mirar de otra manera. Por supuesto, para el Esposo del Cantar llega al corazón de la amada; la morenez ni cuenta.
  • Me obligaron a cuidar sus viñedos: El marginado sufre la opresión del sistema. Pero eso tampoco borrará la vitalidad del oprimido, su dignidad, su recurso a la justicia, sus sueños innegociables. Esta es la belleza de dentro del corazón.
  • Mi propio viñedo: Un viñedo no guardado, el propio, pero un viñedo que sigue ahí, más allá de cualquier expolio. Los valores del corazón son perennes, no dependen de la consideración social o de los vaivenes de las circunstancias.

 

b)  Reflexión

 

  • Prácticas de cordialidad: Porque la cordialidad, como todos los valores éticos y humanos, es, ante, todo, cuestión de práctica. La mejor práctica de cordialidad es el cuidado. La ética del cuidado desvela la realidad verdadera de la cordialidad. Esta sin aquel es imposible. Cuidar es más que un acto, es una actitud, una manera de situarse ante la realidad del otro.
  • Espíritu de finura: Las razones del corazón y el espíritu de finura definen a la persona (Pascal). Es preciso incorporar la inteligencia cordial a la intelectual para hacernos una humanidad más sensible al otro y, por tanto, más solidaria con los que sufren. Somos seres de afecto, de pasión y cuidado. Dinamismos imprescindibles para asomarnos a la propia realidad y a la del otro.
  • Un corazón palpitante: Cordialidad significa el modo de ser que descubre un corazón palpitante en cada realidad. Consigue ver más allá de los hechos y de las circunstancias para tocar lo que late. Supone tener la capacidad de sentir del corazón del otro y el corazón secreto de todas las cosas.

 

c)    Derivaciones

 

  • Saltar la valla: Los humanos cercamos nuestra interioridad con una valla, celosos de ella, temerosos de la que hieran, desconfiados de que se enteren de lo que hay en ese huerto y nos hieran, guardianes aguerridos para que nadie toque lo que les pertenece. Auscultar el corazón supone salta esa valla o, mejor, abrir esa cancela tan celosamente guardada. Mientras sea un muro compacto, no habrá posibilidad de que los corazones se aproximen.
  • Saber de itinerarios hondos: No quedarse en los itinerarios de fuera, exteriores, que tienen también su importancia cómo no (la enfermedad, los trabajos, las actividades, las anécdotas cotidianas). Ir más adentro: los sentimientos, las visiones la vida, las valoraciones de las cosas, los gustos o disgustos de lo que acaece. Auscultar el corazón es saber algo de eso para acogerlo, agradecerlo, acompañarlo, sostenerlo, soportarlos, abrazarlo.
  • El latido de la comunidad: Un latido particular, no fácil de detectar. Hay que estar muy atento al proceso comunitario, a su evolución. Eso requiere un cierto análisis y evaluación, una reflexión razonada de los caminos que la comunidad va tomando. Si se hace esta tarea, se puede detectar de alguna manera el nivel de entrelazamiento comunitario que se tiene.

 

d) Un texto evangélico para la meditación: Mc 10,21

 

“Jesús, fijando la vista en él (el joven rico), le demostró su amor diciéndole: - Una cosa te falta: márchate, todo lo que tienes, véndelo y dáselo a los pobres”.

 

Jesús mira en la dirección del otro con amor. La propuesta que le hace de ir entregando lo que es una propuesta de amor, dirigida al corazón, no a ningún deber o ley. Propuestas de amor.

 

La plaza

 

La piedra está

firme y anónima.

Sostienen los pilares

con gravedad la sombra acogedora.

Aquí alguien habló

tal vez a hombres unidos

en la misma esperanza.

Tal vez entonces

tuvo en verdad la vida

cauce común y fue la patria

un nombre más extenso

de la amistad o del amor.

Aquí latía un solo corazón unánime

 

José Ángel Valente

 

 

5. El cultivo de la ternura

 

         Pretender una inteligencia cordial, una vida en buena relación, un estilo de vida comunitaria jugoso sin el cultivo explícito de la ternura resulta imposible. Si se quiere conservar, fortalecer, dar sostenibilidad a una opción de vida en relación, la ternura es un elemento imprescindible. Si queremos que el otro entre en el ámbito de nuestro horizonte vital, la ternura es la puerta.

         No resulta fácil esto en estilos de vida que han censurado, por peligrosa y lindante con la inmoralidad, muchos de los comportamientos del corazón. Pero hoy se puede reivindicar con cierta facilidad la necesaria dosis de ternura en la vida comunitaria. Hay que animarse y hay que alejarse de viejos imaginarios que hoy ya no tienen vigencia.

 

a)  Cant 8,4

 

Prometedme, oh mujeres de Jerusalén,

    que no despertaréis al amor

hasta que llegue el momento apropiado.

 

  • Promesas de ternura: No son promesas en el vacío, sino que encierran el afán por relacionarse bien con el otro. Promesas alimentadas por el amor. No son promesas “blandas”, melifluas, sino hondamente vivenciales y, por supuesto, con el decidido afán de llevarlas a cabo en la medida de lo posible. Esas promesas sostienen el débil andamiaje de los días.
  • Despertar al amor: Ponerlo a funcionar, hacer de él un dinamismo real de la vida, convertirlo en empuje y en la orientación de cada día. La fuerza orientadora del amor es muy grande, la capacidad para dar sentido es evidente, la energía para sostener en situaciones difíciles es cosa comprobada.
  • El momento apropiado: Pero no conviene forzar situaciones. Todo tiene su momento. La ternura ha de aprender a no avasallar, a respetar, a asimilar silencios, a sostener interrogantes que aún no pueden tener respuesta. Cada paso del proceso del amor tiene su momento; es preciso aceptarlo y construirlo con paz.

 

b)  Reflexión

 

  • Algo que puede morir: Es así. El amor es una realidad viva, expuesta,  y puede morir, y de hecho muere. También esto hay que aceptarlo con paz en la dinámica relacional. No se trata de odio, sino de mera indiferencia, de falta de cultivo, de intereses que derivan hacia otros caminos. Encajar esto con humanidad es bueno. La ternura puede ser alimento para que esto no se de, se retrase o, en el peor de los casos, se encaje del mejor modo posible.
  • La savia del amor: La savia del amor es la ternura. La ternura irrumpe cuando la persona se descentra de sí misma, sale en la dirección del otro, siente al otro como otro, participa de su existencia y se deja tocar por su historia vital. El otro marca al sujeto. Marcados por el otro, esa podría ser una buena definición de la vida comunitaria.
  • Sensibilidad y cálculo: Pascal opone la sensibilidad al cálculo, el espíritu de fineza al de geometría. Sin embargo, ambos son necesarios en la vida común. Solo que el primero (el cálculo) habría de estar supeditado al segundo (la fineza, la ternura, la compasión, el aprecio). La ternura no renuncia al sentido crítico, pero lo supedita para que no haga desaparecer el jugo, la ternura, que hace la vida interesante.

 

c)    Derivaciones

 

  • Estamos a tiempo: Siempre se está a tiempo de elaborar pensamiento y vivencia en torno a la ternura. Siempre hay posibilidad de abrir una pequeña brecha en el compacto muro de nuestra indiferencia Siempre hay una grieta por la que la plantita de la ternura puede verdear. Es cuestión de animarse a trabajar en esa dirección, ser paciente con los, a veces, escasos resultados y resistir en el empeño no con tozudez sino con fidelidad.
  • Palabras y gestos: Porque la ternura, como todas las realidades sutiles necesita “sacramentos”, signos externos que sean lenguaje comprensible y generador de ánimo. De ahí que las palabras que expresan ternura (sin ñoñería) y los gestos humildes que la significan (sin amaneramiento) sean tan necesarios en la vida comunitaria. Habríamos de superar la “vergüenza” que, por razones culturales y educativas, produce esto en nuestro comportamiento.
  • Sensibles y críticos: Las dos cosas puede y quizá deban ir unidas. La sensibilidad sin componente crítico deriva en gazmoñería; el sentido crítico sin sensibilidad deriva en códigos normativos fríos.  De ahí que ambas realidades deban ir emparejadas. Eso sí, el sentido crítico, como hemos dicho, siempre sujeto a la sensibilidad, a la ternura.
  • Tierna corporalidad: Porque el cuerpo es el instrumento imprescindible para nuestra vida. Hay que tratarlo con ternura. No vayamos a irnos a la tumba sin haber sido tiernos con nuestra corporalidad (el cuerpo y lo que contiene: sentimientos, historia, perspectivas de vida, etc.). Dios mismo tiene ternura de su cuerpo en la creación y en el cuerpo de Jesús. Una de las formas de vehicular la ternura en la comunidad es hacerlo en la corporalidad de los cuerpos de los hermanos con todos sus avatares.

 

d)  Texto bíblico de meditación: SAL 103,13

 

“Como un padre siente ternura por sus hijos, así siente el Señor ternura por sus fieles”.

 

Un padre de ternura. Paternidad y ternura es una ternura al cuadrado, aumentada. Una ternura aumentada es la que siente Dios por su creación. De ahí deriva su estilo de relación con lo creado. ¿Cómo abandonar el imaginario de un Dios exclusivamente bueno, todo bien, sumo bien?

 

e)   Un poema

 

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.

Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.

Que tú me entendieras a mí sin palabras

como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,

Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.

Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,

la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.

Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.

Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,

yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.

Criatura también de alegría quisiera que fueras,

criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.

Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas

y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil,

y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,

y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde...

Si ahora yo te dijera

que es tu vida esa roca en que rompe la ola,

la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,

aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,

aquel niño que azota la mar con su mano inocente...

Si yo te dijera estas cosas, amigo,

¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,

qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?

Y ¿cómo saber si me entiendes?

¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?

¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?

¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,

poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?

Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

 

J. Hierro

 

 

6. Descubrir la caricia

 

         Hablar de caricias en marcos de VC es algo sin contexto, cuando no algo inapropiado e, incluso, censurable. Deudores todavía de una moralidad represiva no hemos descubierto caminos integradores que despojen de peligro a los movimientos del corazón y los conviertan en dinamismos saludables para una vida en buenas relaciones.

         Por eso hablamos de descubrir la caricia, como quien iniciara un camino no hollado, como quien se preguntara por primera vez, sin prejuicios, sobre un dinamismo que puede ser nuevo y útil.

 

a)  Cant 2,3-6

 

3Como el manzano más selecto del huerto

    es mi amante entre los jóvenes.

Me siento bajo su sombra placentera

    y saboreo sus deliciosos frutos. 

4Él me escolta hasta la sala de banquetes;

    es evidente lo mucho que me ama.

5Fortalecedme con pasteles de pasas,

    refrescadme con manzanas,

    porque desfallezco de amor.

6Su brazo izquierdo está debajo de mi cabeza,

    y su brazo derecho me abraza.

 

  • Como el manzano: La hermosura del árbol, la sensualidad del fruto, la caricia del viento que se cuela entre su follaje. Uno hecho para la caricia que se da, uno para la caricia esencial. De él se puede esperar ese aliento que  reconforta desde el fondo, que rehace a la persona, que toca la fibra más sensible por la que vibra una persona.
  • Sombra placentera…deliciosos frutos: Los que puede dar quien acaricia siempre que no haya en él ningún afán de avasallamiento, de posesión, de agarrar. Un placer orientado y moldeado por la relación. Para nada algo egoísta que se cierra en uno mismo.
  • Pasas y pasteles: La sensualidad de lo que se come con amor, el regusto de aquello que se nos dio para comer desde el amor de madre y que perdura desde la infancia hasta la adultez. Cuando se comen los frutos de la ternura se recuerdan siempre.
  • Su brazo izquierdo…su brazo derecho: La caricia del cuerpo que toca al cuerpo que ama, respeta, y aprecia. El toque que no es irruptor sino amabilidad y preocupación, caricia esencial. Envuelto por los brazos que aman, por la amabilidad que rodea, por el cuidado que quiere ayudar en cualquier necesidad, por pequeña que sea.

 

b)  Reflexión

 

  • La caricia esencial: La caricia es esencial cuando se transforma en una actitud, un modo de ser que cualifica a la persona en la totalidad, en el pensamiento, en la voluntad, en la interioridad, en las relaciones. Por eso la caricia toca a lo profundo del ser humano. Una caricia superficial no ha llegado aún a su destino. Acaricia es apuntar al fondo de la persona, mirar en la dirección del sustrato más elemental e intentar comprender desde ahí. Por eso confiere reposo, integración y confianza. Banalizar la caricia es banalizar a la persona.
  • Total altruismo: La caricia exige total altruismo, respeto por el otro y renuncia a cualquier otra intención que no sea la de la experiencia de querer bien y de amar. La caricia esencial es leve como un entreabrir suave la puerta. Jamás hay caricia en la violencia de abrir puertas y ventanas forzándolas, es decir, en la invasión de la intimidad de la persona.
  • Acariciar o agarrar: Son dos actitudes contrapuestas: agarrar hacia relación al dominio, acariciar al cuidado.  La primera es expresión de poder, de manipulación, de sometimiento a mi modo de ser. La mano que acaricia representa la alternativa necesaria:  el modo de ser cuidado.

 

c)    Derivaciones

 

  • Tocar al hermano: Hemos ido construyendo una vida fraterna que no se toca, no solamente físicamente, sino “acaricialmente”. Aislados en nuestra corporeidad-espiritualidad hemos creído que nos hacíamos fuertes pero, en realidad, éramos vulnerables. La caricia nos habría hecho más fuerte, el “tocarnos” en nuestra realidad vital nos habría abierto a las realidades de los otros. Sin “tocar” es difícil ser seguidor de Jesús que “toca” mucho (sobre todo en el Evangelio de Marcos) y que es tocado, “apretujado” (Mc 5,31).
  • Entreabrir la puerta: Con todo respeto, con todos los cuidados, con todos los permisos, sin esgrimir ninguna clase de derechos, sin forzar nada. Asistir con paciencia al momento en que se requiera nuestra presencia en ese huerto interior. Pero, eso sí, saber estar a la puerta, signo de verdadero amor (como en Ap 3,20), saber soportar “el rocío de las noches” que las personas llevamos todas en nuestra vida, saber acoger el derribo que toda persona acarrea.
  • Una mano revestida de paciencia: Así habría de ser la mano que acaricia en la fraternidad. Un guante de paciencia que no encierra una mano férrea que agarrota, sino que también por dentro es de fraterna suavidad y cuidado. Pretender acaricia de manera violenta es echar por tierra la posible buena relación en la comunidad.
  • Nuestra fraternidad perdida: La caricia esencial nos devuelve a nuestra humanidad, a nuestra fraternidad, perdida, no hallada todavía. Corremos el peligro de perder lo que nunca hemos hallado. La ternura y la caricia pueden ponernos en la pista de este estilo de comunidad en buena relación que puede contribuir fuertemente a dar sentido a nuestras opciones creyentes.

 

d)  Texto bíblico para la meditación: Is 66,13

 

“Como una madre que acaricia a su hijo, así yo os consolaré a vosotros, y en Jerusalén seréis consolados”.

 

Dios acaricia, Dios consuela. Lo suyo no es darnos normas, leyes, decretos, mandatos…lo suyo es darnos ternura y consuelo. Jerusalén puede ser para nosotros/as la fraternidad, el lugar de la caricia y del consuelo, el lugar del gozo de la presencia de un Dios que nos acaricia y que nos empuja hacia el corazón del otro.

 

e)   Un poema

 

La caricia perdida

 

Se me va de los dedos la caricia sin causa,

se me va de los dedos... En el viento, al pasar,

la caricia que vaga sin destino ni objeto,

la caricia perdida ¿quién la recogerá?

 

Pude amar esta noche con piedad infinita,

pude amar al primero que acertara a llegar.

Nadie llega. Están solos los floridos senderos.

La caricia perdida, rodará... rodará...

 

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,

si estremece las ramas un dulce suspirar,

si te oprime los dedos una mano pequeña

que te toma y te deja, que te logra y se va.

 

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,

si es el aire quien teje la ilusión de besar,

oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,

en el viento fundida, ¿me reconocerás?

 

  1. Storni

 

 

7. Cuando comer nos hace humanos

 

         La cordialidad se vehicula en lo cotidiano. Una cordialidad únicamente para los momentos extraordinarios tiene el peligro de ser una cordialidad ficticia. Sin embargo, la sencillez de cada día, su monotonía, su tendencia a lo gris es el escenario donde la cordialidad habría de brillar para ser auténtica. Eso hará que tales días escapen a la tentación de la rutina y del descoloramiento.

         La VC, tan ceñida a los caminos del otro, tiene el peligro de descordializarse en lo cotidiano y vivir con exaltación únicamente los momentos privilegiados, los de gran nivel, las grandes fiestas religiosas u otras. Pero la verdad de lo que somos se juega en lo cotidiano. Es justamente ahí donde habrá que sembrar la interesante semilla de la cordialidad.

         Por eso hablamos de algo tan cotidiano como comer juntos, ya que todos los días es necesario hacerlo para vivir con salud. En algo tan imprescindible y tan cotidiano como comer es donde habrá que construir un escenario de cordialidad. De lo contrario, corremos el riesgo de generar una espiritualidad de la fraternidad sin carne.

 

a)  Cant 4,16

 

16Despierta, cierzo,

llégate, austro,

orea mi jardín:

que exhale mis perfumes.

entra, amor mío, en tu jardín

a comer de sus frutos exquisitos.

 

  • Despierta, llégate, orea: Porque comer los frutos exquisitos demanda una actitud de lucidez, no de abotargamiento. Participar en el banquete del amor pide que la cabeza esté despejada, ya que amar en la niebla del sentido, sin lucidez, deja un poso de fracaso.
  • Que exhale mis perfumes: El comer juntos ha de estar envuelto en perfumes, no tanto los de las viandas, cuanto el perfume del deseo de querer estar en la compañía del otro. Eso da al banquete cotidiano una mística que lo constituye en lugar de encuentro y en marco de intercambio vital.
  • Comer frutos exquisitos: Que lo son no tanto por su rareza o exquisitez, sino porque el amor los hace exquisitos. Las viandas son la excusa para el amor, la comida la excusa para la fraternidad.

 

b) Reflexión

 

  • Comidas humanas: Dicen los antropólogos que la verdadera humanización de nuestros antepasados comenzó cuando los humanos comenzaron a comer juntos. Comer juntos nos hace humanos, ya que eso no es solamente nutrirse, sino relacionarse, inquirir sobre los caminos del otro, empatizar con las situaciones de vida de quien come junto a mí, alegrarse juntos para sobrellevar mejor el peso de los días. Por eso son tan importantes, antropológicamente hablando, las comidas.
  • En comunión con todos los seres: Las comidas desvelan una realidad más profunda que la que aparece: no solamente se dialoga con quien se comparte mesa, sino también con todos los seres. “La nutrición nunca es una mecánica biológica individual. Consumir comensalmente es comer en comunión con otros; es comulgar con las energías cósmicas que subyacen a los alimentos, especialmente con la fertilidad de la tierra, con el sol, con las florestas, las aguas y los vientos” (Boff). Esta comunión cósmica está en el subsuelo de nuestras comidas.
  • Comer todos: Un anhelo no logrado aún (y falta mucho) es que todos los humanos lleguen a comer como tales. La “soberanía alimentaria” es aún un desideratum. Las reformas agrarias que habrían posibilitado una mesa para todos, siguen pendientes. Mientras tanto, muchos quedan excluidos del banquete de la vida. Quien puede comer, habría de hacerlo con esta espina clavada en la garganta y en el corazón. Eso habría de hacer de su mesa una realidad más abierta apuntando, de algún modo, en la dirección de los excluidos.

 

c) Derivaciones

 

  • ¿Comer en silencio?: Tradicionalmente, la VC ha comido en silencio mientras se escuchaba una lectura. Comer en silencio es una anomalía. Los humanos comemos hablando, de no ser que, temporalmente, apliquemos el silencio a la comida para lograr una mayor profundización espiritual. Pero, normalmente, comer en silencio no es de humanos. Por eso, quien se sienta a la mesa ha de intentar potenciar el diálogo común para que sea lo más “nutritivo” para la relación fraterna. El diálogo es imprescindible para la buena salud de una comunidad. Por eso mismo, una comunidad que dialoga en sus comidas (algunas veces sin prisa) tiene mejor futuro que una que no dialoga (lo mismo que si reza, o más aún). Retraerse en la mudez en la mesa, aislarse, meter la cabeza en el plato, no ayuda a la saludable relación fraterna.
  • En la mesa y en el juego…: Las viejas normas de urbanidad decían que “en la mesa y en el juego se conoce al caballero”. La mesa es microcosmos. Por eso desvela el talante espiritual del comensal. La VC ha mantenido, algunas veces, formas hoscas de comportamiento. Tendríamos que ser más flexibles, más educados, más proclives al “por favor”, al “gracias”, al pequeño elogio para quien ha preparado lo que comemos y para quienes lo compartimos. A veces, la relacionalidad se juega en esos detalles básicos.
  • Comidas reconfortantes: reconfortantes para la relacionalidad fraterna. Y no solamente porque nos reconfortan el cuerpo, sino porque esponjan el alma. Muchas comunidades, como muchas familias, por el devenir de nuestros planes sociales y laborales, casi no se juntan a comer más que una vez al día. Es el único momento de diálogo fuerte en la cotidianeidad. Por eso habrá que potenciar esos tiempos para que sean cauce de relación en lo cotidiano. Menospreciarlos o banalizarlos sería una pérdida.

 

d) Texto evangélico de meditación: Mt 22,9

 

         “Id ahora a las salidas de los caminos, y a todos los que encontréis invitadlos a la boda”.

 

         La gran invitación de Jesús no es al trabajo o a la actividad, sino al disfrute, al banquete, a la boda. Ese es el lugar conde Jesús se nos ofrece como el que quiere que lleguemos a la dicha, ya que hemos nacido para el disfrute.

 

e) Un poema

 

Memoria

COMO pan vino la palabra,
como fragmento de crujiente pan
fue dada,
igual que pan que alimentase el cuerpo
de materia celeste.

Vino, compartimos su íntima sustancia
en la cena final del sacrificio.

Y nos hicimos hálito, sólo soplo de voz.

Palabra, cuerpo, espíritu.

El don había sido consumado.

 

                                                       J.A.Valente

 

 

8. Amabilidad que genera amabilidad

 

         La VC tiene, a veces, el aire de una cierta hosquedad. Será, quizá, por su peculiar modo de vida, la soltería. Precisamente por eso habría que trabajar con más ahínco la amabilidad esencial (como actitud) y los actos de amabilidad (como concreción). No se trata solamente de ser educados/as, que no es poco, sino de generar un entorno más fácil para la buena relación. La amabilidad es algo más que unas meras formas de educación social. Y en esa tarea, de la que depende mucho la dicha de nuestra opción de vida en común, la amabilidad tiene un puesto importante.

         La amabilidad, para que sea “rentable”, hay que ejercitarla a diario. Efectivamente, es en la espiritualidad de la vida cotidiana donde se sitúan esta clase de valores. Aspirar a una VC de calidad descuidando estos componentes diarios es querer que el carro no chirríe sin engrasarlo bien.

 

a) Cant 2,7

 

“¡Muchachas de Jerusalén,

por las ciervas y las gacelas

de los campos

os conjuro,

que no vayáis a molestar

que no despertéis al amor

hasta que él quiera!”.

  • Apelar al corazón: Esa es la razón de la amabilidad. Por eso, el estribillo apela “a las ciervas y a las gacelas de los campos”. Ellas que son gráciles, amables, discretas, bellas, son la razón para que se trate bien al otro, al amado. Buscar razones para ser amable es destruir la belleza de la misma amabilidad.
  • No molestar: Ley básica de la amabilidad: tener intuición para saber cuándo se molesta y no meterse por tal camino. El amor es contenido, sabe hasta dónde hay que llegar y qué puertas no hay que atravesar.
  • Hasta que él quiera: La amabilidad siempre está a expensas de lo que el otro quiera. En el fondo hay un gran “abandono” que se hace por amor. La dignidad y la confianza están a la base.

 

b) Reflexión

 

  • Razón calculadora/razón cordial: Ambas realidades habrían de ir juntas, lo técnico y lo espiritual, lo científico y lo ético, lo racional y los sentimientos. Por desgracia, es siempre la segunda parte la que ha salido perdiendo. Por eso habrá que trabajarla más. Y la amabilidad se apunta a esa segunda parte de la razón cordial.
  • La dignidad a la base: La amabilidad no es planta sin raíz: a la base está el tema de la consideración de la dignidad del otro. Si esa dignidad no aparece en el horizonte de la relación, hablar de dignidad es hablar de música celestial. La dignidad es la raíz de la amabilidad.
  • El poder es servicio…el servicio es amor: Cuando la amabilidad funciona, el poder se desactiva y se convierte en servicio. Cuando la amabilidad está viva, el servicio se hace con agrado, sin enfado, sin el rostro contrariado. Por eso hay que dar a la amabilidad una categoría de valor que parece habérsele negado.

 

c) Derivaciones

 

  • Relaciones amables espirituales: Porque podemos llegar a creer que las relaciones amables son un mero adorno que tienen algunas personas. Pero la amabilidad es un valor que tiene categoría de espiritual. Además, ¿Cómo vamos a hablar de espiritualidad evangélica si esta espiritualidad más básica no está presente? Quizá sea por eso que muchas valoraciones espirituales que hacemos en el día a día de la VC quedan infecundas.
  • Palabras buenas, gestos buenos: Ya que la amabilidad está, con frecuencia, ligada a la palabra y al gesto. Pretender ser amables con palabras ácidas es imposible; pretender ser amable con gestos airados, displicentes, con desplantes, también. Por eso estos elementos resultan tan decisivos en la relacionalidad fraterna.
  • Apostolado de amabilidad: Ya que la VC enfoca, con frecuencia, el apostolado desde el lado meramente religioso. Pero el apostolado de la amabilidad puede ser decisivo para hacer creíble el otro, el religioso. Muchas personas de hoy entienden mejor el primero que el segundo. Y otras muchas no podrán entender el segundo sin el primero.

 

d) Texto evangélico de meditación: Mt 5,37

 

         “Que vuestro sí sea un sí y vuestro no un no; lo que pasa de ahí es cosa del Malo”.

 

         Jesús corrige viejos planteamientos desviados, los juramentos falsos. Pero puede entenderse desde el lado de la amabilidad: un sí amable y un no amable tiene que estar llenos de verdad y de aprecio a la persona. Si están llenos de trampas, la ruina relacional está servida.

 

e) Un poema

 

Nueva vida

 

Dicen que nada volverá a ser lo que era

antes de que tu pétalo de luz

encendiera mi curva más oscura.

 

Tú, que no sabes ni que existes

mientras me redondeas,

que te formas y sueñas sin mapas

ni conceptos,

 

que no tienes ni nombre,

tú me haces infinita

en tu indefinición.

 

Tú y yo

vamos creando tu cuerpo

a ojos cerrados,

sin saber lo que hacemos,

cómo será la flor.

 

Yo, media luna de sueño,

y tú, mi otra mitad.

 

 

      Vanesa Pérez-Sauquillo

 

9. En el desierto también hay vida y flores

 

         El camino relacional, todos lo sabemos, no es un camino de rosas. El conflicto es compañero de camino. Elaborar conflictos es una tarea siempre pendiente. A veces el conflicto se hace tan pertinaz que parece que la VC es como un desierto. Nos acomodamos a él, aguantamos largas temporadas de la vida en modos de estar sin sabor, sin alicientes. A veces eso degenera en algo crónico llegando al convencimiento de que esto de la vida en común no puede dar más de sí.

         Quizá la mejor manera de trabajar no sea huir del desierto. A veces, eso es imposible. Sino percibir que en el desierto hay vida y flores. Que allá donde creemos que no hay más que soledad y desamparo también hay pequeños brotes de vida, sencillos logros que animan a continuar el camino. Nuestro anhelo no será entonces huir del desierto, sino mirarlo de otro modo, derramar fraternidad sobre nuestros desiertos vitales.

 

a) Cant 8,5

 

“¿Quién es esa que sube del desierto,

apoyada en su amado?

 

Bajo el manzano

te desperté,

allí donde tu madre te dio a luz,

con dolores de parto”.

 

  • Subir desde el desierto: Porque el desierto es lugar de vida en todas las batallas relacionales. Aprestarse a los largos caminos del desierto. Recabar todas las posibilidades de vida, por pequeñas que sean, que ofrece el desierto. No maldecir la aridez del desierto, no culparle de nuestra desgana, aprender a mirar su brillo al amanecer, su luz de oro al atardecer. Ayudarse para soportar los fríos de sus noches. Una espiritualidad para vivir en desiertos.
  • Apoyada en su amado: ¿Para qué nos sirve el Evangelio si no nos ayuda a pasar airosamente los desiertos? ¿Es Jesús apoyo real? ¿Y los hermanos/as, no podrían ser ese apoyo que nos ayuda mutuamente a transitar por los desiertos? De cualquier manera una cosa es clara: atravesar desiertos en soledad es muy difícil.
  • Bajo el manzano: También hay fecundidad en los desiertos, también ha “manzanos” por raquíticos que sean, bajo cuya sombra uno puede dar a luz, espacios de vida. No todo es aridez. Manzanos en el desierto…

 

b) Reflexión

 

  • Desiertos de los sentidos: Es cuando falla la relación en su aspecto más humano, cuando convivir con otros es algo áspero, cuando los silencios se instalan a perpetuidad, cuando no se siente alegría en la presencia física del hermano/a, cuando las conversaciones no fluyen, cuando los caminos vitales del hermano/a me son ajenos y no interesan, cuando sus palabras nos chirrían, cuando no encontramos la senda de la cordialidad. Recurrir entonces al sosiego, sentirse próximo en cosas de poca monta, mantener el nivel de amabilidad y de buena educación. Pequeños remedios para sobrellevar con humanidad un mal de fondo.
  • Desiertos del espíritu: Cuando se nos ha ido la ilusión por el desagüe. Cuando ya no percibimos el “soplo” de vida que hay bajo los seres.  Cuando todo se vuelve inmediato, sin trasfondos. Cuando notamos que se hace “seco” nuestro caminar por los días. Cuando cuesta levantarse de la cama y encarar el día. ¿Dónde encontrar esa pizca de sal que sazone la “sosera” de los días? En el cultivo de la belleza sencilla, en el canto humilde que evoca algo, en al buen gusto por hacer las cosas con “elegancia”, en la cercanía y el “contagio” de quien es más animado/a.
  • Desierto de la fe: Con la tentación mecánica de refugiarse en la religión, cuando lo que nos ocurre es que nuestra fe está situada en lo superficial. Cuando las prácticas de ahondamiento creyente (oración, reflexión, lectura, silencio, diálogo profundo sobre asuntos de fe, etc.) no resultan muy cuesta arriba. Cuando no encontramos caminos que alimenten de manera adulta nuestros anhelos creyentes, cuando esos anhelos parecen esfumarse. Recurrir entonces a la Palabra leída desde la novedad de la propia situación; recurrir a la oración recuperada desde la más elemental existencia; recurrir al cultivo de una espiritualidad-teología que alimente.

 

c) Derivaciones

 

  • No desertizar la VC: Porque la vida trae inexorablemente sus desiertos. No ahondarlos. No hacer de la VC un desierto a priori. Pensar que puede ser un edén. Y cuando el desierto surja, sembrar de oasis, de lugares de verdor, de tiempos de encuentro, de pequeñas alegrías compartidas, de humildes sueños alimentados. No convertir nuestros caminos comunes en desiertos improductivos.
  • Resistencia para atravesar desiertos: “En la resistencia habita la esperanza”, decía Sábato. Como adultos/as, resistir, no quebrarse, no tirar la toalla fácilmente. Levantar los hombros y seguir adelante con bonhomía, con buen humor incluso. No peder la sonrisa de los labios y del corazón. La fortaleza de quien sabe, por los años, de tormentas y de malos momentos, habría de traducirse no en amargura, sino en confianza.
  • Hay vida y flores en los desiertos: Confiar y aguzar la mirada y el corazón para percibir esos signos de vida en las pequeñas cosas de cada día, en lo oculto tras la niebla, en las sorpresas minúsculas que la luz de cada día nos va dando. Las semillas de los desiertos suelen ser pequeñas. Basta una gota de agua para hacerlas florecer.

 

d) Texto evangélico de meditación: Mc 6,31

 

         “Venid vosotros solos aparte, a un desierto, y parad un poco”.

 

         El discipulado ha vuelto de la misión habiendo curado y habiendo enseñado la doctrina tradicional. Fue enviado a lo primero, pero hicieron también lo segundo. Por eso, en el desierto tienen que recuperar el encargo primero. Un desierto para resituar, para reorientar, para encontrar salida a los caminos errados. Un desierto para la vida.  

 

e) Un poema

 

PIENSA

en los que se mantienen al margen, 

en los que pasan, casi anónimos, 

                                                     y escuchan,

y guardan para sí lo que acaso dirían

si las cosas fuesen de otra manera,

si el altavoz brutal callara un poco. 

No imagines que el desierto es sólo superficie; 

piensa en las arenas  hondas, silenciosas,

o surcadas tal vez de profundas corrientes,

pero llenas de vida. 

Una vida que calla, pero que es verdadera

y sigue, sigue siempre. 

 

José Cereijo 


10. Aceptación y desapego

 

         Estamos dentro del tema de los conflictos, ya que éstos no son solamente con otros sino también consigo mismo. Una forma de irlos superando es trabajar la aceptación de los límites propios y generar una saludable espiritualidad del desapego. Esto tiene su importancia en la relacionalidad, ya que si ambos elementos están mejor asimilados, la relacionalidad será de más calidad.

         Se trata, en el fondo, de trabajar en la línea de la mayor libertad posible. No se trata de vivir en un nirvana enervante, sino de no estar tan sujeto a los vaivenes de los días y generar una cierta estabilidad donde brote con facilidad la buena relación.

 

a) Un texto: Cant 3,1-2

 

En mi cama, por la noche,

buscaba el amor de mi alma:

lo busqué y no lo encontré.

         Me levanté

y recorrí la ciudad

por las calles y las plazas,

buscando el amor de mi alma;

lo busqué y no lo encontré.

 

  • Buscaba: La relacionalidad, el amor, soporta mal el desapego y los límites. Por eso engendra búsquedas ansiosas. A veces eso se salda con un fracaso. Hay que saber que el amor no depende del resultado de la búsqueda, sino de la intensidad de la relación.
  • Recorrer la ciudad por calles y plazas: Los múltiples caminos de la búsqueda. Unos dan resultado positivo, otros no. Es preciso saber encajar ambas realidades: ni enorgullecerse vanamente cuando hay resultados en la relación, ni lamentarse continuamente cuando no los hay.
  • Buscar el amor de mi alma: O buscarme mi amor de mi propia alma. Hay que hacer un fuerte discernimiento para saber qué estamos realmente buscando, a quién estamos realmente buscando. Las búsquedas se confunden con los anhelos y estos, a veces, con los caprichos.

 

b) Reflexión

 

  • Creativamente resignados: Eso supone la aceptación de los límites: no una resignación que mate la creatividad, sino una creatividad capaz de asumir límites. La resignación sin creatividad es una especie de muerte; la creatividad sin resignación es una ingenuidad porque cree que no hay límites que se le interpongan.
  • Sin que chirríe el alma: Hay que aprender el desapego sin que chirríe el alma. Porque el desapego viene inexorablemente en la vida: de niños, de adolescentes, de jóvenes, de adultos, muchas veces hay que desapegarse. Incluso hay que desapegarse con humanidad de la persona que antaño amamos. Hasta de la propia vida hay que despegarse un día. Quizá todo esto nos lleva a crear las condiciones para que un Ser Mayor nos venga a llenar.
  • De todo podemos aprender: Esa es la conclusión sabia y general: se puede aprender de la experiencia de los límites y se puede aprender de los dolores del desapego. El adulto siempre está en situación de aprendizaje existencial, de aprendizaje de sentido.

 

c) Derivaciones

 

  • Resignación sin creatividad: Porque así se ha presentado, a veces, el valor religioso de la resignación. Mero conformismo que lleva dentro la inactividad, el dejarse amilanar, el sentirse escachado. Hay que sacudirse esa actitud para que la relación de la VC no entre en la rutina, en el desaliento, en la certeza enquistada de que no hay nada que hacer.
  • En el lugar luminoso: Ahí será preciso situarse a la hora de aceptar los límites porque si se sitúa uno en el gris, en lo oscuro, en la pérdida, las limitaciones son únicamente motivos negativos y nunca trampolines para una posible mejora. La resiliencia es necesaria: hacer de las limitación un impulso para crecer habiendo madurado.
  • Cada vez con menos para ser más: El desapego de cosas nos puede llevar no a un empobrecimiento, sino a lo contrario. Tener lo mínimo para vivir con dignidad nos puede ahorrar muchos quebraderos de cabeza y no pocos disgustos. Cuanto más simple la vida, más posibilidad de riqueza humana y espiritual.
  • Itinerancia: Que es una forma estupenda de desapego: cualquier lugar puede ser nuestra casa; cualquier trabajo puede ser bien hecho siempre que se tenga capacidad para ello; cualquier relación puede ser positiva si se trabaja el camino de la fraternidad. Itinerancia como desapego que produce riqueza espiritual.

 

d) Un texto evangélico para la meditación: Mt 9,1

 

         “Subió a una barca, cruzó a la otra orilla y llegó a su propia ciudad”.

 

         Se refiere a Cafarnaúm que es llamada “su propia ciudad”, ya que en Nazaret fue rechazado. Se instaló allí y allí pagó sus impuestos. Tuvo que aceptar los límites de sus compaisanos y despegarse del lugar que la vio nacer, no fácil desapego.

 

e) Un poema

 

Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma,
y uno aprende que el amor
no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad
y uno empieza a aprender.
Que los besos no son contratos

y los regalos no son promesas
y uno empieza a aceptar sus derrotas

con la cabeza alta y los ojos abiertos

y uno aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes...
y los futuros tienen una forma de
caerse en la mitad.
Y después de un tiempo
uno aprende que si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma, en lugar
de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende...
y con cada día uno aprende.
      

         Atribuido a Jorge Luis Borges

 

 

11. La belleza salvará al mundo

 

         Esta frase lograda es de F. Dostoievsky, el escritor de las sombras y tinieblas, pero anhelante de luz. Cuando hablamos de belleza no nos referimos primordialmente a la física, tan manoseada, sino a eso hermoso que anhela el corazón, a eso sencillo que habla el lenguaje de lo que agrada al alma, a lo que deja un poso de sosiego espiritual cuando se lo contempla, a eso que hay debajo de la piel y vibra. No es fácil decirlo.

         Pero es que el lenguaje ideológico, dogmático, teológico incluso está ya muy agotado y nos evoca poco. ¿Cómo hablar de una VC con sentido desde la espiritualidad de lo bello? Ya decía el Papa Francisco que no basta que el mensaje sea bueno y justo; tiene que ser bello (EG 167) para que llegue al corazón de las personas.

         La categoría de lo bello no ha sido muy cultivada en la VC. Parecía que eso era cosa de los artistas o de casas ricas. Y hemos vivido muchas veces en la mediocridad y hasta en el mal gusto estético. Y, sin embargo, lo bello puede ser una cara de la trascendencia tras la que dice andar en lenguaje religioso. Por eso, el cultivo de lo bello nos puede hacer más espirituales.

 

a) Cant 7,2-7

 

Tus pies hermosos

en las sandalias,

hija de príncipes;

esa curva de tus caderas

como collares,

labor de orfebre;

tu ombligo, una copa redonda,

rebosando de licor;

y tu vientre, un montón de trigo,

rodeado de azucenas;

tus pechos, como crías

mellizas de gacela;

tu cuello es torre de marfil,

tu cabeza se yergue semejante al Carmelo;

tus ojos, dos albercas de Jesbón,

junto a Puerta Mayor;

es el perfil de tu nariz

igual que el saliente del Líbano

que mira a Damasco;

tus cabellos de púrpura

con sus trenzas cautivan a un rey.

¡Qué hermosa estás, qué bella,

qué delicia en tu amor!

 

  • El cuerpo cantado: Fuente de belleza. Hay que situarse en otro terreno distinto al moralista en que se nos ha habituado y desde el que hemos llegado a no amar los cuerpos, todo cuerpo. Una valoración nueva de la belleza pasa por una valoración de los cuerpos, del hermano cuerpo que tan bien nos sirve y que nos da tantas alegrías y también los pesares propios de su limitación. El Evangelio es un libro de cuerpos y para los cuerpos. Sin amar los cuerpos no es posible volver al Evangelio.
  • De abajo a arriba: Así está descrito el cuerpo de la amada, desde los pies hasta la cabeza. Quizá sea ese el itinerario para volver a una valoración distinta de la corporalidad: desde lo más elemental, los pies, hasta lo más sublime, la cabeza. La espiritualidad de máximos que maneja la religión apunta siempre a lo más alto y olvida lo más bajo. Pero la belleza sencilla está en lo bajo, en lo simple, lo cotidiano. Volver al Evangelio es volver a lo bajo.
  • Signo del reino: La belleza sencilla, el cuerpo cantado, el gozo por lo hermoso es signo del reino. No hemos sido creados ni para la pena ni para el trabajo, sino para el disfrute y la fiesta. Por eso es tan importante la espiritualidad de la belleza. Puede dar un toque distinto a nuestras relaciones comunitarias.

 

b) Reflexión

 

  • Todos los seres tienen una cierta belleza: La cultura nos ha hecho creer que muchos seres son repugnantes, por su morfología o por su historia. Pero todo ser lleva el “alma” incorruptible de Dios (como dice Sab 11). Descubrir la belleza oculta de los seres menos queridos es una tarea hermosa. También es una tarea en la VC descubrirla en los hermanos/as donde la belleza está más oculta por su historia o sus limitaciones.
  • Amor compartido en el dolor: Así definen algunos la belleza profunda. No se trata de meras posiciones estéticas, sino de compartir amor en situaciones de dificultad, ya que en las de facilidad eso va de sí. Esa ha sido la belleza de Jesús con nosotros, compartidor de amor en nuestros caminos extraviados. Desde ahí los ha hecho bellos, a pesar de sus límites.
  • Contra el utilitarismo: Porque se nos pega algo que socialmente es un “dogma”: lo que no es útil, no vale. Y no es así: muchas veces se demuestra que lo inútil, el considerado poco útil, es el que aporta más al gozo y al sentido de la vida. Lo útil es una categoría que va por detrás de lo bello.
  • Dimensión ética y religiosa: Porque lo bello no tiene solamente una dimensión estética. También lo bello es ético porque ayuda a tomar decisiones de cercanía y amor al otro. Y es religioso porque conecta con lo santo que tiene una dimensión estética. Las tres dimensiones van imbricadas, pero, como decimos, lo bello tiene primacía.

 

c) Derivaciones

 

  • Tiene que ver con la fraternidad: Así es, la belleza tiene que ver con la comunicación porque es algo para compartir. Una belleza para uno solo no es la de la VC. Cuidar la casa, la iglesia, las personas, únicamente para el exclusivo placer personal no es de recibo. Como todo, la belleza comunitaria ha de ser consensuada, valorada por todos, disfrutada por todos.
  • Ofrecer la fe y la religión en el molde de lo bello: Como lenguaje más adecuado. Aunque nuestras posibilidades sean menguadas, hay que intentarlo. Liturgia bella, oración bella, signos evocadores, lugares cuidados, buen gusto en los cantos, discurso catequético con un poco de lírica, etc. Sin exquisiteces raras, pero de una forma bella.
  • Belleza para andar por casa: Porque todo ayuda, todo genera espiritualidad. Higiene personal y comunitaria cuidada; buen gusto en la ornamentación de la casa, en las comidas, en las manifestaciones ante la gente; detalles que tengan el lenguaje del buen gusto. La inatrapable trascendencia pasa muchas veces por estos caminos sencillos de lo bello.

 

d) Un texto evangélico para la meditación: Lc 12,27

 

         “Fijaos como crecen los lirios: ni hilan ni tejen, y os digo que ni Salomón en todo su fasto estaba vestido como cualquiera de ellos”:

 

         Comparación para frenar las excesivas preocupaciones y poder acoger así la bienaventuranza de la pobreza. Pero es significativo que se ponga como ejemplo ecológico y estético: los lirios. Sin belleza y sin amor a la tierra no puede entenderse bien la opción por la pobreza.

 

 

 

 

 

e) Un poema

 

 

Bajo el sol

                hay bondad

frente a la luz sólo basta

                abrir los ojos

Limpia las penas

 

de tu corazón

el sufrimiento

de tu cuerpo

bajo el sol

da gracias

a la hierba

al musgo a la lluvia

da gracias

al placer

a la tierra sobre la que vives

y sobre la que mueres

al primer jardín

a los árboles de música

y a sus follajes de silencio

da gracias

al agua de la acequia

al bálsamo en la sangre

al rocío la floresta

al ciervo vulnerable

bajo el sol

al cielo y a sus siglos

a las nubes del aire

al fuego y al frío

a los vientos a las noches

y a los días y a la luz

a los montes y colinas

a las fuentes los mares y riberas

a la muerte

a los pájaros del cielo

y a la muerte

oscuro corzo herido

da gracias

               bajo el sol

 

Ernesto Kavi 

 

12. Para una sed infinita

 

         Parece que el ser humano, debido al mecanismo del deseo, alberga en su interior una inapagable sed de trascendencia. La religión ha lanzado ese componente antropológico al más allá: en el cielo se calmará esa sed al “ver” a Dios. Pero la evidencia es que tal sed anida ya ahora en el corazón de la persona. Por lo que el tratamiento que se dé al deseo y a su utopía de trascendencia ha de ser algo en la historia, en el hoy.

         La VC puede tomar como un apostolado connatural a su opción (anunciar las realidades futuras) el tratar de colmar esa sed de trascendencia en el hoy. Eso lo podrá hacer viviendo y ofreciendo más espiritualidad que religión, más profundidad que culto, más interioridad que doctrina.

 

a) Cant 6,11-12

 

         Bajé a mi nogueral

a examinar los brotes de la vega,

a ver si ya las vides florecían,

a ver si ya se abrían los botones

         de los granados;

         y, sin saberlo,

me encontré en la carroza con mi príncipe.

 

  • Bajar al nogueral: Puede leerse este texto hermoso en modos metafóricos: es bajar a la profundidad para verificar si la vida (brotes-vides-granados) bulle en su interior. Quien no se sumerge en lo profundo de la hermosura de la vida, en las verdades existenciales que tocan el corazón, no puede llegar a disfrutar del sentido de esta vida. La trascendencia como requisito para el disfrute y el sentido.
  • En la carroza con mi príncipe: En el sentido, en la verdad que riega la vida, en el Dios que está en el fondo. Estos son los frutos de la trascendencia vivida y ofrecida, de la espiritualidad como elemento del caminar humano.

 

b) Reflexión

 

  • El motor del deseo: Es el deseo uno de los grandes dinamismos de lo humano (los dinamismos mueven más que las ideas): Todos los humanos vivos tenemos deseos. Cómo educarlos, cómo orientarlos al deseo básico de ser persona con sentido dentro de los límites de la historia. La comunidad podría ser una escuela del deseo, orientándolo hacia la dicha y hacia la fe profunda, hacia la fe cósmica.
  • Anhelantes de dicha: Algo a lo que ningún humano renuncia: a poder ser feliz dentro de los límites de la historia. El peor pecado que se pueda cometer es no ser feliz, ya que para la dicha hemos sido creados (Borges). La dicha en el marco de lo efímero es muy respetable, ya que aquella en el marco de lo intemporal es insegura, por más que la fe la mantenga.
  • Trascendencia hacia dentro: Normalmente, en el imaginario religioso la trascendencia es hacia fuera. Pero se puede pensar la trascendencia hacia adentro, ahondando en la historia, bajando a los sótanos de la vida para encontrarse con la verdad que es uno. Esta trascendencia, tan espiritual como cualquiera, puede dar verdadero realismo y conecta con la verdad misma de la experiencia cristiana (cf Rom 7).

 

c) Derivaciones

 

  • La VC ofreciendo espiritualidad: Porque lo que normalmente se oferta es religión, prácticas religiosas. Pero ¿si se ofreciera espiritualidad? Para ello habría que comenzar por potenciarla en el propio marco de la VR: una espiritualidad anclada en lo antropológico y en los caminos humanos. Y desde ahí, se podría ofertar y proponer una espiritualidad religiosa.
  • En conexión con las grandes sed de la persona: La sed de la justicia, de dicha, de amor, de paz, de igualdad…La VC si no conecta con esas grandes sed que tiene el camino humano no podrá ofrecer espiritualidad y se resignará al rincón de la espiritualidad religiosa, derivada muchas veces en mera práctica religiosa. Por eso es tan importante conectar con las grandes sed de lo humano.
  • Libre de intereses que se oponen a la trascendencia: Si la VC pretende hacer una oferta de espiritualidad y sigue ligada a intereses que, en el fondo se oponen a ella, no logrará nunca nada. Así es: el afán de dinero, la tentación del poder, el corporativismo, el buen nombre del Instituto, la gloria humana a través de la gloria religiosa (beatificaciones, cargos eclesiásticos, etc.), todo eso son intereses que bloquean los caminos de la espiritualidad profunda. La VC habría de situarse lo más lejos posible de ellos.

 

d) Texto evangélico de meditación: Jn 14,23

 

         “Vendremos a él y pondremos nuestra morada en él”.

 

         El Padre y Jesús han tomado una decisión de vértigo: venir a poner su morada en el fondo de la estructura histórica. Por eso, el cielo está en el fondo de la existencia. Quien quiera encontrarse con el Dios que nos habita, tendrá que ahondar en la historia, bajar al sótano de la realidad. Ahí encontrará a Dios.

 

f) Un texto

 

El nombre de esta profundidad infinita e inagotable y el fondo de todo ser es Dios. Esta profundidad es lo que significa la palabra Dios. Y si esta palabra carece de suficiente significación para vosotros, traducidla y hablad entonces de las profundidades de vuestra vida, de la fuente de vuestro ser, de vuestro interés último, de lo que os tomáis seriamente, sin reserva alguna. Para lograrlo, quizá tendréis que olvidar todo lo que de tradicional hayáis aprendido acerca de Dios, quizás incluso esta misma palabra. Pero si sabéis que Dios significa profundidad, ya sabéis mucho acerca de Él. Entonces ya no podréis llamaros ateos o incrédulos. Porque ya no os será posible pensar o decir: la vida carece de profundidad, la vida es superficial, el ser mismo no es sino superficie. Si pudierais decir esto con absoluta seriedad, seríais ateos; no siendo así, no lo sois. Quien sabe algo acerca de la profundidad, sabe algo acerca de Dios. El nombre de este fondo infinito e inagotable de la historia es Dios. Tal es el significado de esta palabra y aquello a lo que tienden las expresiones reino de Dios y divina providencia. Y si estas palabras no tienen demasiado sentido para vosotros, traducidlas y hablad de la profundidad de la historia, del fondo y la finalidad de nuestra vida social, y de lo que os tomáis en serio, sin la menor reserva, en vuestras actividades morales y políticas. Quizá daríais el nombre de esperanza, simplemente esperanza, a esta profundidad”.

Paul Tillich

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño 2017

Retiro de Navidad 2016

 

Retiro en la Navidad de 2016

 

 

HIJO DE LA TIERRA

La encarnación entendida y vivida

como pertenencia a la tierra

 

 

        Hay un documental, premiado en los Goya, que lleva el título de Hijos de la tierra. De él tomamos el título, nada más. Es que podemos entender a Jesús como un hijo de la tierra, el mejor, el más fiel, el más de la tierra.

        El imaginario religioso nos da a pensar que Jesús viene de arriba, de las estrellas, del cielo. Lo creemos tan divino que su nacimiento no puede ser tan humilde y tan pobre como el nuestro que tiene por origen la tierra, el vientre de una madre que es de la tierra. Pero el nacimiento de Jesús es así de igual y su origen exactamente el mismo. No viene de las estrellas, viene de la tierra.

        Por eso, el misterio de la encarnación puede llegar a plantearse y vivirse desde esta simple y contundente pertenencia a la tierra. ¿Cómo esto que es de la tierra tiene dentro el hálito de lo divino, la vida de un humilde que se identifica con la tierra, la fuerza de la pobreza de la tierra?

        Nos sentimos mejor en el imaginario de lo excelso, de lo distinto, de lo especial, de lo divino. Pero, ¿no podríamos, como creyentes adultos, pensar en un Jesús que encarna lo divino siendo tierra? ¿Es poco pensar y amar a un Dios que es tierra por amor? ¿Es empobrecerla resituar la encarnación en el marco de lo terrestre? ¿No es eso mismo la encarnación, locura de amor del Dios que se mezcla a la tierra?

        Y si se acepta esto, la derivación es fácil: sería tarea nuestra encarnacional no solamente el vivir bien en la tierra, sino el sentirse tierra, viniendo de ella y volviendo a ella, como madre que nos da a luz y madre que nos acoge al final para una vida plena. Hacer más “terrenal” la experiencia cristiana; ésa sería una tarea encarnacional.

        Quizá sea mejor equivocarse en un planteamiento espiritual que quedarse quieto en los de siempre y vivirlos rutinariamente. Y la Navidad, con toda su parafernalia, empuja a quedarse en lo de siempre, aunque como adultos que tienen conciencia nos percatemos que eso es mera y bienintencionada superficialidad.

        Por eso, cualquier intento de que la hermosa Navidad no pase en balde será válido. Si no sirviera este enfoque, otro. Pero situarse en planteamientos que no enriquecen tampoco lleva a nada.

 

1. Este lugar es tierra sagrada...

 

        Alguna otra vez hemos utilizado el texto hermoso de esta canción como apertura de la reflexión del retiro. Lo volvemos a tomar porque evoca los valores hondos de ser tierra:

 

Este lugar,  es tierra sagrada, 

Este lugar, es tierra de Encuentro

Este lugar, es tierra de todos

Este lugar, es tierra de Amor

 

Este lugar, es tierra de vida,

Este lugar, es tierra de gracia,

Este lugar, es tierra de amigos

Este lugar, es tierra de luz.

 

Esto lugar es tierra distinta

Esto lugar es tierra de gritos

Esto lugar es tierra de hermanos

Esto lugar es tierra de Dios.

 

  • Tierra sagrada por ser tierra de encuentro: Donde hay dolor hay tierra sagrada, decía O. Wilde. Y donde hay encuentro también, ya que el encuentro, a cualquier nivel, prefigura y anuncia el gran encuentro de amor al que Dios ha destinado a la creación. La sacralidad de la tierra viene por su posibilidad de generar encuentros. Cuando el encuentro sea total y pleno, será el logro del Reino. 
  • Tierra de todos por ser tierra de amor: Ya que la exclusividad, la apropiación, al autorreferencialidad bloquea  la certeza de que esta tierra no tiene otro dueño que el “nosotros” al que Dios la ha destinado. Cuanto más tierra de nosotros, más tierra de amor.
  • Tierra de vida por ser tierra de gracia: Ya que la gracia de Dios a la tierra está ordenada a la vida. Precisamente por eso, la vida sigue creciendo en modos y formas cada vez más maravillosas. Precisamente por eso la ciencia y el amor se ven arrastrados por la vida.
  • Tierra de amigos por ser tierra de luz: Cuanta más amistad, más luz; cuanta más enemistad, más oscuridad. Engendrar amistad es engendrar luz. Si se quiere ir eliminando la oscuridad vital de la historia, la amistad, el amor al otro, al distinto, al pobre, son los mejores generadores de luz.
  • Tierra distinta por ser tierra gritos: Ya que esto también es la tierra: gritos, desencuentros, heridas, humillaciones, increíbles heridas. Con esto hay que contar también para ir elaborando caminos de curación, sendas de reconciliación. Para ir bloqueando y tapando las heridas y acercarnos al tiempo nuevo sin luto, sin muerte, sin llanto.
  • Tierra de hermanos por ser tierra de Dios: Y, al final de todo, la fraternidad que hace que la tierra sea tierra de Dios. Una tierra de hermanos es el gran sueño de Dios sobre la historia. Él no quiere tanto una tierra que le alabe, cuanto una tierra donde vivir simplemente como hermanos sea algo con contenido.

 

2. Texto bíblico: Jn 1,43-46

 

43Al día siguiente decidió Jesús salir para Galilea; fue a buscar a Felipe y le dijo: - Sígueme. 44FeIipe era de Betsaida, del pueblo de Andrés y Pe­dro. 45Felipe fue a buscar a Natanael y le dijo: - Al descrito por Moisés en la Ley, y por los Profetas, lo hemos encontrado: es Jesús, hijo de José, el de Nazaret. 46Natanael le replicó: - ¿De Nazaret puede salir algo de calidad? Felipe le contestó: - Ven a verlo.

 

Este texto nada tiene que ver, directamente hablando, con la espiritualidad de la tierra. Pero encierra un problema esencial: una de las mayores dificultades para dar crédito al mesianismo de Jesús es que se conocía su tierra, se sabía de qué tierra era. Como resulta que Nazaret era una aldea que no salía ni en los mapas, la dificultad se acrecentaba. Se conocía su tierra y, además, era una tierra ignota y de no muy buena fama por su enmarcamiento en la levantisca Galilea. Todas las notas juntas para que la tierra le fuera uno de los grandes obstáculos a su mesianismo. La tierra como obstáculo para la adhesión, la tierra como barrera para creer en Jesús.

  • Nazaret, tierra desconocida: ya lo decimos, no viene ni en los mapas. La sorpresa de Natanael está más que justificada. Posiblemente había aldeas desperdigadas por la Galilea que, al ser tan pobre y pequeñas, se enmarcaban en comarcas más amplias, poco más que caseríos, pueblos casi sin nombre, de casas excavadas en el terreno, meras cuevas. Contempla a un Jesús que viene de una tierra de pobreza.
  • Nazaret, tierra pobre: porque, efectivamente, la región era pobre. Posiblemente Jesús tuvo que ganarse el pan, como muchos de sus contemporáneos, trabajando en las obras públicas que construían los romanos en la costa. Tierra de pobreza, que no puede alimentar a sus moradores. Tierra de la que uno no se puede vanagloriar. Tierra de pan escaso. Contempla la pobreza de la tierra de Jesús y sus consecuencias.
  • Nazaret, tierra de mala fama: porque las aldeas de Galilea eran focos de resistencia a los romanos, gente levantisca, siempre en el punto de mira de la policía romana. Tierra que no goza de las simpatías del sistema político y tampoco del religioso, porque está demasiado lejos del control de Jerusalén. Tierra de sospecha, sospechoso Jesús. Contempla a un Jesús siempre bajo sospecha por ser de Nazaret.
  • Nazaret, tierra rechazadora: porque Jesús fue desechado en su propia tierra, porque tuvo que desplazarse a la vecina aldea de Cafarnaún y hacer de esta “su ciudad”. Tierra ruin, Nazaret, y encima tierra de rechazo para con sus propios hijos. En ese rechazo tuvo que aprender Jesús el amparo que le daba el Padre. Tierra de rechazo para hacer de Jesús hermano de todas las otras tierras. Contempla a un Jesús rechazado en su tierra que sigue amando las otras tierras, las nuestras.
  • Nazaret, sello de pertenencia de Jesús a la tierra: porque siempre ser “el nazareno”, aunque haya sido echado de esa aldea, aunque haya recorrido todos los caminos del país, aunque haya viajado al extranjero. Nazaret será el sello de identificación de Jesús: la tierra como señal de su identidad más honda. Contempla a un Jesús marcado por el sello de la tierra.
  • Jesús, hijo de la tierra: esa es la conclusión: un hijo de la tierra, con sus pros y sus contra, con sus sombras más que luces. Hijo de aquella tierra que le dio a luz a través de un padre y una madre nazarenos también. Nunca renegó Jesús de su tierra, nunca negó su pertenencia a la tierra pobre, nunca maldijo la tierra que le vio nacer, jamás maldijo la pobreza de la tierra, sino que la puso muchas veces como ejemplo y cauce de comprensión del Reino. Hijo de la tierra.

 

3. Profundización

 

  • Estar en la tierra, ser tierra: es una certeza que estamos en la tierra; no lo es tanto que seamos tierra, que nuestro ser se identifique con la tierra, por más que volvamos “al polvo” de la tierra. Los anhelos espirituales nos ha hecho huir de la tierra y, con ello, nos han llevado a despegarnos de esta tierra y de sus inherentes responsabilidades. ¿Cómo tomar otra orientación? ¿Cómo coger el camino del que quizá no debíamos habernos apartado, que venimos de la tierra y volvemos a su seno materno? ¿No es posible conjugar esto con los anhelos cristianos, la recapitulación de todo en Cristo, la sintonía con la fuente de amor que subyace a la creación, el encuentro con el amor del padre que hace de esta naturaleza una creación? La certeza de ser tierra podría devolvernos una confianza, un equilibrio y un gozo vital verdaderamente profundos.
  • Tierra limitada, tierra ilimitada: porque tenemos una fuerte experiencia de limitación terrenal. Y eso nos ha hecho huir hacia una patria que no sea la tierra, el cielo. Pero si alimentáramos la certeza de que la vivencia terrenal limita puede ser vivida de formas ilimitadas, totales, en conexión de ambas realidades (tierra limitada y tierra ilimitada), quizá brotaría, además de una mayor responsabilidad y amor por esta tierra, un gozo que nos liberaría de muchos miedos y nos abriría a una dimensión nueva de la experiencia cristiana. Viviremos en la tierra ilimitada donde entenderemos cómo Dios nos ha amado en la tierra limitada.
  • Amar la tierra que el Señor nos da: porque la espiritualidad corriente ha vertido litros de acíbar sobre la tierra y la ha convertido en una amargura, en un valle de lágrimas. En las situaciones más duras, y aun en las menos duras, no hemos sabido percibir el destello de luz que el Padre ha sembrado en la realidad creacional. ¿Cómo ayudarnos a amar esta tierra que Dios nos ha dado por amor? ¿Cómo sacarle todo el partido posible a nuestra casa de la tierra?  ¿Cómo terminar agradeciendo cada día el haber sido creados y nacidos de esta tierra? Sin este amor no será posible un cambio de orientación.
  • Una tierra con alma: porque la ciencia nos enseña de muchas maneras que dentro de la tierra no hay más que fuego, metales y cosas así. Pero es una realidad con alma, con soplo de Padre, con orientación, con valores. Llegar a creer que la tierra tiene alma, el “soplo incorruptible” de Sab 11, es un gran logro espiritual que podría ayudarnos a una visión distinta de nuestra pertenencia a la tierra y nuestra vuelta al cimiento de lo creado donde habita la fuente del amor.

 

4. Derivaciones

 

  • Mirar hacia dentro/mirar hacia fuera: nuestro imaginario religioso mira mucho hacia fuera, hacia el cielo. Pero para entender a un Jesús hijo de la tierra es preciso mirar hacia adentro, hacia el interior de esta pobre realidad en la que el Padre y Jesús han hecho morada (Jn 14,23). Cambiar la orientación de la mirada es muy importante para elaborar otro imaginario espiritual, si es que queremos huir de la superficialidad del imaginario que mira hacia fuera. Es una verdadera prueba para adquirir una visión más adulta de la fe.
  • Misericordiosos con la tierra: al terminar el año de la misericordia, hemos de tratar de ser misericordiosos también con la “hermana y madre tierra”. Madre por nos da a luz, hermana porque nos acoge después de andar los caminos de la historia. Si nos engendra y nos acoge, ¿cómo no habríamos de mirar con ojos compasivos a esta buena hermana y madre?
  • Una encarnación diminutiva: así rezamos en la LH con el poema de L. Panero. Eso es lo que somos cada persona, cada ser, una encarnación en pequeño. Y ello porque provenimos de la misma fuente: de la tierra y del amor del Padre. Por eso, celebrar la encarnación es celebrar el existir, la hermandad del ser, la familia de quienes ha tenido la suerte de ser criaturas.
  • Para celebrar una tierra con alma: es preciso volver a la certeza de que el alma de Dios está sembrada en la historia. Celebrar la tierra con alma es saber que el amor de Jesús anida en ella, es saber que dentro de lo creado corre siempre la corriente del amor, es percatarse de que la hermosura de Dios se nos ha dado ya como ánimo para mantener viva la utopía de que llegaremos a amar sin límites.

 

5. Itinerario en Navidad

 

  • Primera semana: podríamos dedicarla a la mera contemplación de nuestro ser tierra. Mirar la tierra, tocarla, ponerla cerca en un cuenco sobre la mesa de nuestro cuarto, hablarle, agradecerle que sea “madre y hermana”.
  • Segunda semana: celebrar que Jesús haya sido de la tierra, que nosotros seamos de la tierra, que nuestros pasos nos vayan llevando hacia la tierra sin límites del amor pleno. Perfumar la tierra, verter unas gotas de perfume sobre la tierra cercana, como signo de agradecimiento con la tierra.
  • Tercera semana: celebrar que Jesús y nosotros seamos tierra. Hacer las celebraciones navideñas con perspectiva “de tierra”. Gozamente, con humildad, en sintonía con toda la tierra. Poner en el lugar de la celebración alguna foto bonita del cosmos que nos evoque nuestro caminar hacia la tierra del amor pleno.

 

Fidel Aizpurúa Donazar (Logroño)

Marcos 29-40

CVMc

Domingo,  2 de octubre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

29. Mc 4,26-29

 

Una reflexión inicial:

 

            Muchos se pregunta sorprendidos de dónde brota el bien y la dulzura, por qué sigue habiendo gente buena más allá de toda maldad, por qué la humilde planta del amor surge en cada esquina de la existencia, cuáles son las fuerzas que hacen germinar la semilla pequeña de la generosidad.

                En el subsuelo de lo humano obran unas fuerzas germinativas de enorme potencia: la entrega sin pedir nada a cambio, la preocupación por el otro aunque eso no sea de mi familia o de mi grupo, la impresión que siguen causando las lágrimas de los pobres, el interés por el bien de quienes son más frágiles, el cuidado de lo que se quiebra con facilidad, el empeño por sacar una sonrisa de los rostros apagados, el amor en definitiva por todo aquello que necesita ser amado.

                Estas fuerzas están siempre trabajando en el subsuelo de la vida, día y noche, sin fronteras ni límites, en las zonas más oscuras de la existencia. Hay quien llama Dios a tales fuerzas; hay quien las considera un misterio de la vida. Pero lo cierto es que hacen germinar el bien traspasando la dura corteza del mal, del desamor, del abandono, del frío.

                Por eso mismo, mientras esas fuerzas sigan estando ahí, que lo estarán siempre, la cosecha del bien está asegurada. Nadie podrá frenar su poder germinativo. Nadie las podrá encadenar.

 

El texto:

 

                26Y siguió diciendo: - Así es el reinado de Dios, como cuando un hombre ha lanzado la semilla en la tierra: 27duerma o esté despierto, de noche o de día, la semilla germina y va creciendo sin que él sepa cómo. 28Por sí misma la tierra va produciendo el fruto: primero hierba, luego espiga, luego grano repleto en la espiga. 29Y cuando el fruto se entrega, envía enseguida la hoz, porque la cosecha está ahí.

  • Las parábolas tratan de explicar lo incomprensible del misterio del reino que está ya actuando en la historia mediante comparaciones comprensibles: aquí la de una fuerza similar al “incomprensible” vigor de la tierra que hace que la semilla llegue a la sazón del grano.
  • El sembrador está dotado de una confianza sensata. No sabe si habrá cosecha o no. Pero como en otras ocasiones nunca ha fallado la cosecha, mejor o peor, vuelve a lanzar la semilla. No es una confianza ciega sino probada. Así es el reino y el bien: siempre han brotado ¿por qué no van a brotar una vez más si se siembra?
  • El misterio de la semilla que crece se resuelve en el poder de los nutrientes de la tierra. El reino tiene sus nutrientes: el amor, la le ternura, la generosidad, la preocupación por el débil, la respuesta al dolor ajeno, etc. Esos son sus nutrientes. Por eso el reino brota y llegará madurar. El bien hará madurar al reino.
  • El que haya “grano repleto en la espiga” está indicando que el proceso de eclosión del reino no se quedará a medias. Llegará a buen fin y de manera generosa. La certeza del triunfo del bien es lo que alimenta la esperanza del sembrador.
  • “La cosecha está ahí”. Y a veces no la vemos, pero la cosecha del bien acompaña el tortuoso camino de los humanos. Si la vemos es porque somos nutrientes de la bondad.

 

Para pensar u orar:

 

  1. 1.       Que celebremos los nutrientes del bien que hay bajo la vida.
  2. 2.       Que colaboremos nosotros a ser nutrientes del bien.
  3. 3.       Que la confianza en el bien nunca nos abandone.

 

Un valor: Descubrir a los bondadosos

 

            Se ha puesto de moda esa peculiar “caza” de Pokemon por las esquinas de las ciudades. “Cazar” el bien, descubrir a los bondadosos sería un ejercicio muy interesante para alimentar nuestra base humana y para confiar en la promesa del Evangelio de que el reino llegará a su cita, a ser “grano repleto”.

  • Para descubrir a los bondadosos es preciso ser atraído por el brillo de la bondad. Mientras lo oscuro de lo inhumano nos impacte más que el bien, nos costará dar el paso.
  • Para descubrir a los bondadosos es preciso capacitarse con prácticas de bondad. Es la mejor forma de establecer conexión con quien, en el subsuelo de la vida, no sucumbe al mal.
  • Para descubrir el bien es preciso no dejarse anegar por la corriente del mal, no engrosar el río de la desesperanza. Por el contrario, hay que verter la humilde gota de la vida en el cauce del gozo y del amparo.
  • Para descubrir a los bondadosos hay que ponerse las gafas del amor porque el bien, con frecuencia, se oculta entre los pliegues de lo cotidiano, como camuflado.
  • Para descubrir a los bondadosos hay que alejarse de una mentalidad de poder, porque a este no le interesa para nada el bien.

 

 

 

 

 

 

Una foto:

 

 

 

Hemos visto tantas fotos como esta que ya no nos impresiona. En uno de los “asaltos” de la valla  de Melilla, dos subsaharianos ayudan a un compañero desfallecido. Posiblemente lo hacen por amistad o por simple bonhomía. Es el amparo que se dan los excluidos. La bondad en estado puro. Descubrir a estos bondadosos natos es lo que habría de ayudarnos a no desfallecer en la certeza de que el bien dará fruto.

 

Un poema:

 

Que nada nos detenga. La llamada

del infinito debe obedecerse.

Soberana inquietud que nos animas,

enséñanos a merecer el néctar

de estos días que nos tocan. Muéstranos

un modo de luchar contra el vacío

de este dulce interludio. Que la fe

en la alegría posible no abandone

ni la razón despierta ni el recuerdo.

Sé que tengo sentido porque vivo,

y sé que no hay dolor ni menoscabo

que puedan inmolar esta fortuna

de ser en el presente, de existir,

de sentirme el orfebre del instante.

Yo soy mi propio riesgo. Doy por cierta

la sed de infinitud que me espolea.

Ante el placer de respirar me postro.

No hay verdad más profunda que la vida

 

R. Lanseros

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo,  9 de octubre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

30. Mc 4,30-34

 

Una reflexión inicial:

 

            La tendencia a generar “cotos privados” parece imparable. Es una tendencia social e ideológica. Hay “cotos” que son urbanizaciones, barrios selectos, clubes, etc., y “cotos” ideológicos, religiosos, científicos, sociales, populares. Cotos de toda índole.

                Posiblemente sea esto debido a que los humanos necesitamos perfiles definidos de territorios. No hemos logrado todavía superar los límites de la “caverna” que nos acompañan desde la época de los homínidos.

                Pero puede haber otra manera de vivir. Una que tienda a ir superando la tendencia a construir cotos privados, aquella que empieza a entender en su pequeño ámbito de vida que las fronteras, del tipo que sean, no dejan de constituir algo cuestionable, con muchos interrogantes. Aquellas personas que entienden lo “selecto” no viene por el coto, sino por el amor y la entrega del corazón.

                Son personas del futuro, de los horizontes nuevos, de los caminos no hollados. Posiblemente su nombre no pase a la historia pero son los/as constructores/as de la historia nueva.

                Porque desde muchos lados vamos aprendiendo que el futuro está ligado a la generosidad, a los límites desaparecidos, a las fronteras inexistentes, a la cavernas ignoradas. El futuro de lo humano es la amplitud, la generosidad, el terreno amplio y común de una vida que abraza a todas las realidades, de una mesa en la que cada ser tiene un puesto. No son utopías totalmente inalcanzables; hay quien las está construyendo.

 

El texto:

 

                30Dijo Jesús también: - ¿Con qué compararemos el reinado de Dios? 31Con un grano de mostaza; cuando se siembra en la tierra es la semilla más pequeña de todas, 32pero, una vez sembrada, brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden anidar a su sombra.

                33Con muchas parábolas parecidas les estuvo exponiendo el mensaje, según lo que podían oír. 34No les habló más que en parábolas, pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

  • El judaísmo, como todo sistema religioso-ideológico, había elaborado la certeza de que los paganos (esos “pájaros”, así los llamaban) no entrarían nunca en el huerto cerrado, en el coto religioso, del pueblo elegido. Estaban excluidos por origen. Sin más.
  • Jesús maneja otro paradigma: él cree que la pertenencia al reino no demanda ningún coto cerrado. Más aún, el horizonte más amplio, la pertenencia más común, la comensalía más abierta son las señas del reino. De ahí que las actitudes privatizadoras quedan desenmascaradas y desautorizadas.
  • Por eso la mostaza, metáfora del humilde reino, va a invadir, como una plaga, el coto religioso del judaísmo y cualquier otro coto que se quiera construir.
  • No se trata de una cuestión religiosa solamente. Es algo antropológico. La parábola apunta a lo básico de la vida: querer construir el camino humano con una mentalidad particularista es lastrarlo, ponerlo al borde del colapso, para la evolución del corazón.
  • Por eso el Evangelio quiere que entendamos la parábola. Jesús, la Palabra, nos la explica todas las veces que haga falta. Pero, al final, hay que comprender que el abrazo total, la eliminación de cotos, la generosidad que crea la gran familia de la ida, es lo natural, aquello a lo que estamos destinados/as.

 

Para pensar u orar:

  1. 1.       Que no nos roan los particularismos.
  2. 2.       Que nos deslumbre la humilde pero hermosa voz de lo común.
  3. 3.       Que cantemos el himno de un coro universal, voces mezcladas y entrelazadas.

                 

 

Un valor: Sentirse a gusto en lo común

 

            Quizá esa sea la condición para entender de manera vital que los cotos no tienen futuro. Es preciso ir construyendo una mística del disfrute y valoración de lo más común, de lo de todos, de aquello que nos hace iguales a cualquier ser, hasta de aquellos de los que nos creemos más alejados.

  • Para sentirse a gusto en lo común hay que habituarse a mirar a los ojos del otro, a los “ojos” de las cosas. Una mirada huidiza de la mirada del otro no logrará ver en la persona alguien con quien ser uno mismo sin necesidad de muchas justificaciones.
  • Para sentirse a gusto en lo común hay que valorar lo que la persona es y hace no tanto desde la productividad sino desde la ofrenda. No vale uno más porque produce más, sino porque se entrega más.
  • Para sentirse a gusto en lo común hay que tender a sumar, más que a restar. Y no solamente a causa de la eficacia (por eso de que “la unión hace la fuerza”), sino porque sumar multiplica posibilidades de encuentro, facilita la relación cordial y pone en funcionamiento lo mejor que llevamos cada ser dentro.
  • Para sentirse a gusto en lo común hay que entonar un canto común a la vida, un himno compartido de experiencias y de valores. Los particularismos terminan por hacer desaparecer el anhelo de lo común.

 

Una foto:

 

 

 

Dentro de la “literatura” deportiva que se escucha en períodos como las elecciones hay frases que nos pueden ser sugerentes. La atleta Ruth Beitia, medalla de oro en salto de altura femenino, decía que, cuando volvió a entrenar tras un período de obligada pausa, lo hizo “sin piedras en la mochila”, liberada, disfrutante. Es hermosa la frase: las piedras que lastran la mochila humana derivan, con frecuencia, de los particularismos, de la vuelta a la “caverna” de lo mío, de los egoísmos enquistados que pesan como plomo. Sacarlos de la “mochila”, liberarse de ellos es todo un trabajo, hermoso y productivo.

 

Un poema:

 

¿Tantos años

para tan parco saber,

corazón tan débil?

¿Ni un desgastado óbolo con que pagar

al barquero, si si se acerca?

––Me surtí de hierba y agua rápida,

permanecí liviano

para hundir menos la barca.

 

Ph. Jaccottet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo,  16 de octubre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

31. Mc 4,35-41

 

Una reflexión inicial:

 

            Lo duro de la vida, los avatares sufridos, las heridas acumuladas, y muchos otros factores invitan a la persona a replegarse sobre sí misma, a verse como único centro, a asentarse en su propia y única ideología. Es la tentación del involucionismo, de la vuelta a los cuarteles de invierno, la reducción del mundo a mi mundo.

                Pero resulta que en el salir hay un secreto de vida. Quien sale, quien se aventura, quien “cruza la mar”, solemos decir, encuentra horizontes de vida que le enriquecen.

                Por eso, los humanos vivimos a costa de los profetas, los aventureros, los arriesgados, los emprendedores, los investigadores, los que nadan contra corriente. Todos esos que han “salido” son los que abren los horizontes de la vida.

                Porque, como decimos, en “salir” hay una clave de vida que contrarresta la tendencia empequeñecedora a quedarse en lo mío, en lo cercano, en lo manejable, en lo conocido.

                Salir demanda una confianza indudable porque esa es la masa de la que está hecho. Salir requiere mirar en la dirección de lo otro, en la dirección de lo que aún no es. Salir pide mantener vivas las preguntas, aunque todavía no se encuentre respuesta. Salir es apostar, arriesgarse, dejar de lado un poco lo que consideramos nuestras seguridades.

                Quien sale encuentra vida, aunque haya pérdidas. Quien no sale, quizá no pierda mucho, pero no encuentra casi nada, se empobrece.

 

El texto:

 

                35El día aquel, al caer la tarde, les fijo: - Crucemos a la orilla de enfrente. 36Ellos dejaron a la gente y se lo llevaron en la barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. 37Se produjo un fuerte torbellino de viento y las olas se abalanzaban sobre la barca hasta casi llenarla de agua. 38Él estaba a popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron gritándole: -Maestro, ¿no te importa que nos hundamos? 39Se despertó, increpo al viento y dijo al lago: -¡Silencio, cállate! El viento amainó y sobrevino una gran calma. 40Él les dijo: - ¿Por qué sois tan cobardes? ¿Cómo es que no tenéis fe? 41Les entró un miedo atroz y se decían unos a otros: - Pero entonces, ¿quién será éste que hasta el viento y el mar le obedecen?

  • Jesús descoloca a sus discípulos cuando les dice que pase al otro lado, al lado de los paganos (la Decápolis). ¿Qué se le había perdido a un judío en territorio de paganos, de esos destinados al infierno? Y más: ¿Qué se le había perdido a un Mesías en esa tierra? El Mesías era solo para Israel.
  • Por eso “secuestran” a Jesús, lo cogen en la barca y lo alejan del territorio pagano. Pero las fuerzas del mar que simbolizan al paganismo se levantan encrespadas. También los paganos tienen derecho al reino. Era, pues, necesario haber salido en esa dirección, no haberse vuelto a territorio judío. Los discípulos no entienden que el “salir” hacia el otro, aunque sea un pagano, hace parte de los dinamismos del reino.
  • Jesús calma el ardor del paganismo y el involucionismo de los discípulos. Hay que tener “fe” en los dinamismos del reino, en que cuanto más se da uno al otro, en que cuanto más se “sale” en la dirección del otro, más beneficio reciben las personas.

 

Para pensar u orar:

 

  1. 1.       Hay que animarse a salir para ofrecer el reino y sus valores.
  2. 2.       Hay que animarse a salir para aprender de lo bueno de la sociedad.
  3. 3.       Hay que animarse a salir para que los corazones se encuentren.

 

Un valor: Lo positivo del despojo

 

            Para animarse a salir hay que aceptar un cierto nivel de despojo. Pretender salir con todo el bagaje personal y cultural intacto es difícil, ya que es, muchas veces, eso, un peso.

  • Hay que despojarse de los dogmas culturales y religiosos que nos dicen que lo nuestro, nuestra cultura, nuestra religión, es la única y la valiosa. Hay que ver los valores de otras culturas, de otras religiones.
  • Hay que despojarse de los prejuicios, estereotipos, velos que nos impiden percibir que estamos hechos para vivir el uno con y para el otro.
  • Hay que despojarse de las pequeñas comodidades que nos atan cuando no sabemos compartirlas con los demás. Si lo hacemos, son comodidades y ayudas para todos.
  • Hay que despojarse del “demonio” de querer tener la razón en todo, de imponer mi criterio como único válido, de pretender consagrar mi visión de la vida como la que debe ser aceptada por todas.
  • Hay que desprenderse de costumbres, tradiciones, rutinas que consagramos con los años hasta darles la categoría de leyes.

 

 

 

Una foto:

 

 

 

                Esta señora es África de la Cruz Tomé, profesora jubilada, que ejerce de celebrante los domingos en las aldeas de Segovia. Lo hace con conciencia y con sentido crítico, sabiendo que, hoy por hoy, el lugar de la mujer en la Iglesia es de completa inferioridad. Lo hace para reivindicar una igualdad que no llega. Personas que abandonan su comodidad de jubilada y que quieren seguir en la brecha porque consideran que en el salir arriesgado hay posibilidad de crecimiento humano y cristiano. Personas que pasan “a la otra orilla”, como quería Jesús.

 

Un poema:

 

Consejos llegados del afuera: algunos lugares, algunos momentos nos inclinan, hay como una presión de la mano, de una mano invisible, que nos incitan a cambiar de dirección (de los pasos, de la mirada del pensamiento); esta mano podría ser también un soplo, como el que orienta las hojas,  las nubes, los veleros. Una insinuación, en voz muy baja, como de alguien que susurra: mira, o escucha, o simplemente espera. Pero, ¿tenemos tiempo para esperar, paciencia para esperar? Y además, ¿se trata realmente de esperar?

Ph. Jaccottet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo,  23 de octubre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

32. Mc 5,1-20

 

Una reflexión inicial:

 

                La maldad es, ciertamente, un torrente avasallador, se lleva todo por delante, anega todas las parcelas de la vida, pasa por encima de las humildes iniciativas del bien. Hay quien deduce que no se puede hacer nada contra él. Argumentos no le faltarán.

                Sin embargo, hay que resistir, no dejarse anegar por el torrente de la maldad. Tratar de sobrevivir a su embate, mantener fuera la cabeza y el corazón para que las aguas cenagosas del mal no nos inunden el alma.

                Resistir al mal es una obra de profunda humanidad, ya que la sociedad se deja, con frecuencia, arrastrar por ese torrente devastador. Pero siempre hay personas que le plantan cara, flexibles y aguerridas para no dejarse vencer a la primera.

                Con frecuencia demandan nuestra colaboración, ya que una resistencia ante el torrente del mal hecha en grupo tiene más visos de ser eficaz, más posibilidades de aguantar. No les neguemos esa colaboración porque, a la larga, nos beneficiará a nosotros.

                Y es preciso aprender a resistir no tanto con soflamas o quejas, sino proponiendo alternativas humanizadoras, abriendo pequeños caminos de humanización en el kilómetro cercano en el que uno/a desarrolla su vida diaria.

                De cualquier manera, lo más importante es no caer en la indiferencia, esa actitud que, a priori, menosprecia el torrente del mal, sobre todo si afecta a otros, pero, a la larga ella misma es víctima de su propia indiferencia. Ser indiferentes al torrente del mal es ser sus mejores colaboradores.

 

El texto:

 

            5,1Llegaron a la orilla de enfrente, a la región de los gerasenos. 2Apenas desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu inmundo, 3que vivía en los sepulcros; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; 4muchas veces lo habían ya sujetado con grillos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los grillos, y nadie tenía fuerza para domeñarlo. 5Se pasaba el día y la noche en las tumbas y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras.

                6Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó a voz en cuello: 7- ¿Quién te mete a ti en esto, Jesús, Hijo de Dios Soberano? Te conjuro por Dios a que no me atormentes.

                8Porque Jesús le había dicho: -Espíritu inmundo, sal de este hombre. 9Jesús le preguntó: -¿Cómo te llamas? Le respondió: - Me llamo Legión, porque somos muchos.

                10Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.

                11Había allí cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. 12Los espíritus le rogaron: - Déjanos ir y meternos en los cerdos.

                13Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se lanzó al lago acantilado abajo y se ahogó.

                14Los porquerizos salieron huyendo y lo contaron por el pueblo y por los cortijos. La gente fue a ver lo que había pasado. 15Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado sentado, vestido y en su juicio, el mismo que había tenido la legión y les entró miedo. 16Los que lo habían visto les refirieron lo que le había ocurrido al endemoniado y lo de los cerdos. 17Ellos le rogaban que se marchase de su país.

                18Mientras se embarcaba, el endemoniado le rogaba que lo admitiese en su compañía, 19pero no se lo consintió y, en cambio, le dijo: - Vete a casa con los tuyos y cuéntales todo lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia.

                20El hombre se marchó y se puso a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho por él; y todos se admiraban.

  • Jesús se enfrenta al “torrente del mal” yendo a tierra de paganos, a la Decápolis. Para un judío, el paganismo era el mal por antonomasia. Jesús va ahí como un resistente, como alguien que no se pliega a los dictados de ese mal.
  • Jesús saca al endemoniado del torrente del mal y lo sitúa en el ámbito de lo humano (sentado, vestido y en su juicio).
  • Los de la zona no le entiende y le piden que se aleje de su término. Están tan anegados que no perciben lo dramático de su situación. Jesús se va. Paciencia histórica.
  • Contaba el curado “lo que Jesús había hecho por él”. Esa es la gran cuestión para resistir al mal: hacer el bien que está en nuestra mano.

 

Para pensar u orar:

 

  1. 1.       Haznos fuertes como tú, Señor, ante el torrente del mal.
  2. 2.       Haznos generosos como tú ante el egoísmo del mal.
  3. 3.       Haznos resistentes como tú ante el empuje de quien pasa por encima de los frágiles.

 

Un valor: Responsables del bien

 

                Resistir al torrente del mal solamente será posible en la medida en que nos sintamos responsables del bien:

  • Responsables del bien cercano y del lejano en la medida que sea.
  • Dispuestos a hacer lo que esté en nuestra mano para que el mal no tenga bula.
  • Sabedores de que cualquier acción buena que se haga no se pierde, por mucho que sea el canto de victoria que entone el mal.
  • Manteniendo la certeza de que el mal triunfará sobre el bien, a pesar de todo.

 

Una foto:

 

 

 

Cuando el atleta etíope Feyisa Lilesa cruzó la línea de meta en segundo lugar en el maratón de los Juegos Olímpicos de Río, elevó sus brazos y los cruzó en forma de 'x'. En la ceremonia de celebración posterior, repitió el gesto y desveló su significado: protestaba contra el gobierno de su país y en señal de solidaridad con el grupo étnico Oromo, al que pertenece, perseguido por su gobierno. Gente que resiste al torrente del mal en modos sencillos pero con consecuencias y riesgos.

 

Un poema:

 

Entre tanto guijarro de la orilla  

no sabe el mar  

en dónde deshacerse 

 

¿Cuándo terminará su infernidad 

que lo ciñe 

a la tierra enemiga 

como instrumento de tortura 

y no lo deja agonizar 

no le otorga un minuto de reposo? 

 

Tigre entre la olarasca 

de su absoluta impermanencia 

Las vueltas 

jamás serán iguales 

La prisión 

es siempre idéntica a sí misma 

 

Y cada ola quisiera ser la última

quedarse congelada

en la boca de sal y arena

que mudamente

le está diciendo siempre:

Adelante.

 

J.E. Pacheco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo,  30 de octubre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

33. Mc 5,21-24a.35-43

 

Una reflexión inicial:

 

            Todos sabemos que una de las formas más sutiles de poder es la sobreprotección. Efectivamente, es una forma sutil porque va envuelta, aparentemente (y quizá también realmente) en amor. Por causa del amor se sobreprotege y por esa misma causa se oprime. Es algo que, sobre todo aplicado a niños, es rechazado por todos los terapeutas.

                Pero así somos: con buena voluntad, queriendo lo mejor para el otro, lo rodeamos de cuidados excesivos que anulan a la persona, la reducen a mero repetidor de nuestros anhelos y, en fin, queda sometido a nuestra voluntad. Romper, a veces, ese círculo infernal es muy difícil. Por eso hay que estar alerta.

                Es preciso dejar que el otro sea otro, que elija los caminos que quiera andar, que se arriesgue en las sendas que le resulten atractivas. Por eso, quien no quiera caer en la sobre protección tendrá que aprender a encajar sobresaltos, a aguantar las opciones que no cuadran con su sensibilidad. Ni sobre protección ni sobre exigencia.

                Y, además, habrá de aprender a leer positivamente los disfrutes y opciones del otro, a no querer imponer marcos de gozo que son los propios pero que no son los ajenos siempre. Respetar la libertad que disfruta por caminos propios es un aprendizaje necesario para eludir la sobreprotección.

                Todo este trabajo se inscribe en la tarea de construir relaciones saludables, cosa no fácil siempre y en muchas ocasiones muy complicada. Pero si las relaciones no son saludables, la vida se convierte en un infierno. Por eso hay que lanzarse con buen ánimo a esta hermosa y complicada tarea.

 

El texto:

 

            21Jesús atravesó de nuevo en barca a la orilla de enfrente, se le reunió otra vez mucha gente alrededor y se quedó junto al lago.

22Se acercó un jefe de sinagoga que se llamaba Jairo, 23y al verlo se echó a sus pies rogándole con insistencia: - Mi hijita está en las últimas; ven a aplicarle las manos para que se cure y viva.

24aJesús se fue con él.

35Aún estaba hablando cuando llegaron de casa del jefe de sinagoga para decirle: - Tu hija ha muerto. ¿Por qué molestar al maestro?

36Pero Jesús, sin hacer caso del recado, le dijo al jefe de la sinagoga: - No temas, te fe y basta.

37No permitió que lo acompañara nadie más que Pedro, Santiago y su hermano Juan. 38Llegaron a casa del jefe de sinagoga y estuvo contemplando el alboroto de los que lloraban gritando sin parar. 39Luego entró y les dijo: - ¿Qué alboroto y qué lloros son estos? La chiquilla no está muerta, está dormida.

40Ellos se reían de él, pero él los echo a todos fuera y con el padre y la madre de la chiquilla y sus acompañantes entró donde estaba la niña. 41La cogió de la mano y le dijo: - Talitha qum (que significa “Muchacha, a ti te digo, levántate”).

42Inmediatamente se uso en pie la muchacha y echó a andar (tenía doce años). Se quedaron viendo visiones.

43Les advirtió con insistencia que nadie se enterase y encargó que se le diera de comer.

 

  • Hay una progresión en la manera de denominar a la hija del jefe de sinagoga que indica la orientación del relato: para el padre es, primeramente, “hijita”: indica minoría de edad, dependencia, sobreprotección. Los criados habla de “hija”: pertenencia legal, sin sobreprotección. Jesús comienza hablando de “chiquilla”: afecto sin sobre protección para terminar nombrándola como “muchacha”: persona en situación legal de adultez (en aquel tiempo la edad adulta para casarse era temprana, debida a la mortalidad infantil).
  • Es decir: el verdadero milagro no es curar a la muchacha sino dejarle ser ella misma. Su enfermedad es el sometimiento al sistema al que se ve obligada. Liberarla de las garras de sistema sobreprotector es como resucitarla.
  • Lo que el reino de Jesús pretende es justamente eso: dar adultez a la persona y con ella, la libertad innegociable a la dignidad.

 

Para pensar u orar:

  1. 1.       Que el Mensaje nos lleve a la libertad.
  2. 2.       Que el Mensaje nos lleve a la adultez.
  3. 3.       Que el Mensaje nos lleve al respeto

 

Un valor: El sentido de la adultez

 

            El entenderse y vivirse como persona adulta es sinónimo todo el itinerario humano para llegar a ser uno/a mismo/a.

  • Para ser adulto hay que considerar a los demás como adultos.
  • Para ser adulto se demanda no apagar nunca el anhelo de libertad.
  • Para ser adulto es preciso respetar la pluralidad de los caminos humanos.
  • Para ser adulto se requiere la renuncia a cualquier poder que oprima al otro.
  • Para ser adulto se requiere una paciente espera ante los caminos distintos de los demás.
  • Para ser adulto hay que entender que al misterio de la persona y al de Dios se accede por puertas muy diversas.

 

 

Una foto:

 

 

Es una foto que se puede aplicar a muchas cosas, pero también al tema de la sobreprotección. Hemos de dejar que el otro sea él, que aspire el perfume de las flores por su cuenta, que se embelese de lo que le llama la atención, que elija sus opciones, que ande los caminos que le atraen. Contemplar la diversidad es lo que puede ayudarnos a generar flexibilidad en las relaciones.

 

Un poema:

 

Yo no te pido

que me bajes una estrella azul

solo te pido

que mi espacio llenes con tu luz.

 

Yo no te pido

que me firmes diez papeles grises para amar

solo te pido

que tú quieras las palomas que suelo mirar.

 

En lo pasado no lo voy a negar

el futuro algún día llegará

y en el presente

que me importa la gente si es que siempre van hablar.

 

Sigue llenando

este minuto de razones para respirar

no me complazcas

no te niegues

no hables por hablar.

S. Rodríguez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo,  6 noviembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

34. Mc 24b-34

 

Una reflexión inicial:

 

            Por alguna razón, hay en nuestro interior una facilidad grande para conectar con lo gris, lo malo, lo negativo, lo truculento. Por eso venden tanto las noticias que tienen ese componente trágico; por eso tienen tanta acogida grupos sociales o políticos de componente muy sombrío; por eso nos atrae menos la luz y lo positivo.

                Sin embargo, conectar con lo bueno, situarse en lo positivo, valorar lo luminoso, serían cosas que nos harían mucho bien. Efectivamente, desarrollarían los mejores valores que tenemos las personas y las sociedades, fomentarían pautas positivas y humanizadoras de comportamiento, serían causa de alegría para nuestros días.

                De ahí que sea interesante poner siempre delante este anhelo, animar a tomar estos caminos, empujar en la dirección de lo luminoso, no en la de lo tenebroso. Los anhelos son dinamismos fuertes; si los tomamos desde el lado positivo pueden contribuir notablemente al beneficio de la persona.

                Pero también es necesario hacer opciones concretas, situarnos cada vez más en el terreno de lo positivo, alejarnos de quienes han hecho de la oscuridad el marco habitual de su vida.

                Y junto con todo esto, resistir el embate de lo negativo, hacer frente explícitamente a quien propugna las sombras, valorar a las personas que aportan luz al hacho social.

 

El texto:

 

                24bLo seguía una gran multitud que lo apretujaba.

                25Una mujer que llevaba doce años con un flujo de sangre, 26que había sufrido mucho por obra 27de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía sin aprovecharle nada, sino más bien poniéndose peor, 27como había oído hablar de Jesús, acercándose entre la multitud le tocó por detrás el manto, 28porque se decía: “Si le toco aunque sea la ropa, me salvaré”. 29Inmediatamente se secó la fuente de su hemorragia, y notó en su cuerpo que estaba curada de aquel tormento.

                30Jesús, dándose cuenta interiormente de la fuerza que había salido de él, se volvió inmediatamente entre la multitud preguntad: - ¿Quién me ha tocado?

                31Los discípulos le contestaron: - Estás viendo que la multitud te apretuja y ¿sales preguntando “quién me ha tocado”?

                32Él miraba a su alrededor para distinguir a la que había sido. 33La mujer, asustada y temblorosa por ser consciente de lo que había ocurrido, se acercó, se postró ante él y le confesó toda la verdad. 34Él le dijo: - Hija, tu fe te ha salvado. Márchate a la paz y sigue sana de tu tormento.

  • Para los judíos antiguos el “manto” era una prenda tan importante (no había ropa interior) que robar el manto era uno de los pecados más graves, ya que se exponía a la persona a la muerte.
  • No es de extrañar que el manto llegara a confundirse con lo más valioso de una persona, con su espíritu. El profeta Eliseo le pide a Elías antes de morir que le dé una parte de su espíritu; este le da la mitad de su manto.
  • Por eso mismo, tocar el manto era como tocar el espíritu, lo más valioso de la persona, su verdad más profunda. La mujer lo toca y queda sana.
  • Es decir: toca los valores de Jesús (la paz, el amor, el servicio, la generosidad, etc.). Esto es lo que sana a la mujer: el vivir de acuerdo con los criterios del Evangelio, porque son criterios que aportan salud.

 

Para pensar u orar:

  1. 1.       Que toquemos el manto de Jesús viviendo sus valores.
  2. 2.       Que toquemos el manto de Jesús tocando a los frágiles.
  3. 3.       Que toquemos el manto de Jesús en el manto de nuestros hermanos.

 

Un valor: No hacer el juego al mal

 

            Tiene tanta potencia el mal que hacerle el juego parece la cosa más normal del mundo, aplaudirle, reírle sus gracias, excusar con facilidad sus desmanes. Hay que tomar otra postura:

  • Marcar territorios separados; hacer ver que queremos salir del marco de su influencia.
  • Mantener la crítica y hasta la censura ante los desmanes del mal. Mostrar explícitamente el desacuerdo.
  • Tomar opciones sociales y políticas alejadas de sistemas que consagran el mal y lo banalizan.
  • No hacerles el juego pensando que eso nos va a aportar alguna ganancia. A la larga, hay que pagar la factura.
  • No temer significarse por no estar de su lado; hay muchas personas que nos darán las gracias.
  • Mantener un tono vital de cierto optimismo ante la irrefrenable tendencia del mal por ennegrecer toda la realidad.
  • Desdramatizar situaciones de “negrura” sabiendo que las cosas no son blancas o negras, sino con muchos matices.

 

 

Una foto:

 

 

Esta muchacha es Luisa Broto, vicealcaldesa de Zaragoza. Ella, como otros políticos, cree que para hacer política no hay que tener la piel dura y el rostro de pedernal sino que, por el contrario, hay que redoblar la sensibilidad humana. Posiblemente no se equivoca, por más que haya sectores políticos que piensan justamente lo contrario.

 

Un poema:

 

Quiero echar mi suerte

en el lado de la bondad,

en el campo del corazón,

en el huerto del amor.

 

Por eso he comenzado

por abandonar la telaraña

de los mezquinos.

 

Quiero tocar el espíritu

de quien es humano.

Esa es mi opción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo,  13 de noviembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

35. Mc 6,1-6

 

Una reflexión inicial:

 

            Los agnósticos dicen que es difícil tener fe en Dios. Los ateos que es mejor no tenerla. Pero lo verdaderamente difícil es dar fe a las personas, tener fe en ellas, llegar a una confianza básica, radical, en el corazón humano.

                Eso resulta difícil porque de la persona vemos sus fallos, sus limitaciones, sus contradicciones, sus maldades. ¿Cómo vamos a dar fe a nadie que tenga tales limitaciones?

                Y, sin embargo, sin fe en la persona el mundo caminaría a su destrucción, ya que la confianza en la persona es el sustento de la historia, la posibilidad de llegar a vivir en buena relación, en fraternidad entre humanos y con la creación.

                De ahí que el cultivo de la fe en la persona sea, de alguna manera, mucho más importante que el de la fe en Dios. Esta, según como se mire, depende de aquella.

                Efectivamente, ¿qué tipo de fe en Dios es aquella que puentea la fe en la persona? Si no podemos confiar en la persona, la fe en Dios es una superestructura, un añadido, algo inexistente, algo imposible.

                Y en la tarea de creer en la persona toda persona queda emplazada, porque esa fe no demanda un previo religioso. Sí demanda una aceptación del valor del otro por encima de sus límites y fracasos.

                Esa fe esencial en el otro es decisiva para que la bondad humana se abra camino por la tiniebla de sus sendas. Sin ellas, la vida se hace imposible.

 

El texto:

 

            6,1Y salió de aquel lugar. Fue a su tierra, seguido de sus discípulos. 2Cuando llegó el día de precepto se puso a enseñar en la sinagoga.

                La mayoría, al oírlo, decían impresionados: - ¿De dónde le vienen a éste esas cosas? ¿Qué clase de saber le han comunicado a éste y qué clase de fuerzas son esas que le salen de las manos? 3¿No es este el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago y José, de Judas y Simón? Y ¿no están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban de él. 4Jesús les dijo: - No hay profeta despreciado, excepto en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

                5No le fue posible de ningún modo actuar allí con fuerza; solo curó a unos pocos postrados aplicándoles las manos. 6Y estaba sorprendido de su falta de fe.

                Entonces fue dando una vuelta por las aldeas de alrededor, enseñando.

 

  • El modo de enseñanza al uso era el de citar los textos de los grandes rabinos y así iban haciendo luz. Jesús no cita a nadie, a su experiencia, y eso bloquea la aceptación de su enseñanza popular. Por otra parte, obra “con fuerza”, con espíritu.
  • La inaceptación de que un pobre se meta a enseñar y a curar se traslada al origen familiar de Jesús: si conocemos a su pobre familia, su enseñanza y curaciones quedan desautorizadas, marcadas por la pobreza. Es decir: dar fe a un pobre es el gran problema.
  • El menosprecio de Jesús, la falta de fe en el él, se traduce en escasez de curaciones. Pero al haber algunas, la puerta queda abierta. No se desacredita tan fácilmente al que hace el bien.
  • Jesús mismo se sorprende de que no se le dé fe debido a su origen humilde. Lo que habría que calibrar sería el valor de sus obras a favor de la persona. Eso no cuenta.

 

Para pensar u orar:

  1. 1.       Que demos fe a la persona por encima de sus limitaciones.
  2. 2.       Que demos fe a quien hace el bien.
  3. 3.       Que demos fe a quien amamos y a quien no amamos tanto.

 

Un valor: No estrellarse contra las apariencias

 

            Porque es, con frecuencia, el muro contra el que nos estrellamos: las apariencias de una persona son pobres, le retiramos la confianza, ya no creemos en él. Hay que darse el trabajo de superar ese muro:

  • Para superar el muro de las apariencias hay que mirar en la dirección del corazón del otro.
  • Para superar el muro de las apariencias hay que escuchar pacientemente y no dejarse guiar por habladurías.
  • Para superar el muro de las apariencias hay que valorar humanamente a la persona, no solo desde planteamientos económicos.
  • Para superar el muro de las apariencias hay que rasgar los velos que nos ponemos, los prejuicios, los estereotipos, los lugares comunes.
  • Para superar el muro de las apariencias hay que creer que toda persona tiene valores, más o menos ocultos.

 

Una foto:

        Este es un grupo de usuarios de Proyecto Hombre en Salamanca, fase de reinserción. Están muy agradecidos a los Capuchinos de esa ciudad que han puesto un inmueble a su disposición. Dicen que Los capuchinos nos han demostrado que Francisco de Asís y su espíritu siguen vivos. Quizá demasiado, pero se trata de dar confianza a la persona que anda buscando caminos nuevos para su vida. Lo que hizo Jesús.

 

Un poema:

 

En campos de silencio

las estrellas que caen

siempre germinan. 

 

Todo nos reconoce. 

Todo inclina su gesto generoso

hacia donde la vida

nos cubre y nos concreta. 

 

Hay un cuenco de asombro

en el umbral

de los que saben esperar milagros, 

susurra una verdad. 

 

Hay música, también, 

bajo las cuerdas. 

 

Vanesa Pérez-Sauquillo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo, 20 de noviembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

36.Mc 6,7-13

 

Una reflexión inicial:

 

            No resulta fácil andar confiadamente por la vida. Mil constricciones te obliga a desconfiar de cualquier compañero/a de camino. Y sin embargo, no es posible caminar en la total desconfianza. Por eso, aunque haya fallos, aunque muchas veces sintamos el zarpazo del mal, no hay más remedio que confiar.

                Por otra parte, un camino en la desconfianza se hace amargo, cuesta arriba, desabrido. Esta siempre en actitud de nada y guardar la ropa es algo muy cansino, desgasta mucho. Alguna vez habrá que sacar la mano de la guarda de la espada y tenderla a quien viaja con nosotros. Si no, el desgaste es enorme.

                Más aún, la confianza en el otro, aunque a veces nos falle, es el verdadero descanso del corazón. Hallar descanso en uno mismo solamente es algo incompleto. Al final, se descansa en el corazón del otro, en la vida del otro. Digamos lo que digamos, el otro es nuestro mejor descanso.

                Por eso, la Palabra de Jesús quiere colaborar a construir seguidores/as confiados, no gente que mirar siempre a derecha e izquierda con desasosiego y desconfianza. Incluso más: un/a desconfiado/a no puede ser buen seguidor de Jesús porque el Evangelio no busca gente religiosa y cumplidora, sino personas que ofrezcan el corazón como casa del otro y que entren al corazón del otro como casa suya.

                Orar con la Palabra y no percibir que los niveles de confianza aumentan, sería una evidente contradicción.

 

El texto:

 

            7Llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, confiriéndoles poder sobre los espíritus inmundos. 8Les encargó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja, 9que calzaran sandalias pero que no llevaran dos túnicas.

                10Les decía: -Cuando entréis en una casa, quedaos allí hasta que os marchéis. 11Si en un lugar no os reciben, quedaos allí hasta que os marchéis. 11Si en un lugar no os reciben ni escuchan, salid de allí y sacudíos el polvo de los pies como protesta contra ellos.

                12Se fueron y predicaban que se arrepintieran; 13expulsaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y sanaban.

 

  • Este texto refleja las condiciones en que Jesús ha mandado a sus amigos a hacer aquella rudimentaria misión de anunciar el Evangelio a las aldeas de la Galilea. El denominador común de todas las instrucciones (aunque no salga la palabra exacta) es la confianza. Sobre todo la confianza en las personas y en las casas a las que van. Es decir, Jesús cree que la gente, en general, es buena y que se puede confiar en ella. Sin esa confianza, no se podría ir así.
  • Esa confianza se traduce en beneficio para la gente. De ahí las curaciones en formas sencillas, propias de la época en que no había medicina técnica. Curar con palabras, con exhortaciones, untando con aceite, poniendo las manos, dando ánimo. La confianza es curativa, aunque no lo parezca.
  • Ellos mismos han de suscitar confianza entre la gente. Por eso, hay que apartar todo afán de lucro y de ganancia para que pueda brotar esa confianza.
  • A pesar de esas indicaciones ellos también “predican para que se arrepientan”, cosa que no les había mandado Jesús. Por ahí se puede colar la desconfianza. Hay que tener cuidado con las exigencias religiosas y morales que pueden apartarnos de un camino de confianza básica.

 

Un valor: Mirar adentro de la persona

 

            Porque si no se mira adentro de la persona resulta imposible confiar en ella. Las apariencias, lo de fuera, nos lleva a la desconfianza. Si miramos al interior confiaremos más fácilmente. Para mirar dentro:

  • Hay que huir de tópicos, prejuicios y estereotipos.
  • Hay que sentirse hermanados en el fondo. Todos nos llevamos el canto de un duro.
  • Hay que hacer camino juntos, vivir juntos, para espantar la desconfianza que nos genera la debilidad ajena.
  • Hay que aprender a desvelar los valores pequeños que son susceptibles de engendrar confianza.

 

 

Una foto:

 

 

            Es una foto del papa Francisco saludando a un preso. Ha querido el papa reunirse con ellos en el jubileo de la misericordia. Es una reunión de confianza. Dejar que mil presos vayan a Roma )aunque los habrán “seleccionado”) muestra la confianza de las instituciones penitenciarias en tales reos. Con esos gestos de confianza se dignifica más que con muchas palabras. El papa se lo ha agradecido. No es para menos. Estamos necesitados de gestos sociales de confianza.

 

Un poema:

 

PIENSA

en los que se mantienen al margen, 

en los que pasan, casi anónimos, 

                                                     y escuchan,

y guardan para sí lo que acaso dirían

si las cosas fuesen de otra manera,

si el altavoz brutal callara un poco. 

No imagines que el mar es sólo superficie; 

piensa en las aguas hondas, silenciosas,

o surcadas tal vez de profundas corrientes,

pero llenas de vida. 

Una vida que calla, pero que es verdadera

--más que el fugaz bañista, más que el barco--,

y sigue, sigue siempre. 

 

J. Cereijo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo, 27 de noviembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

37. Mc 6,14-16

 

Una reflexión inicial:

 

            La cuestión de la identidad parece ser un problema de filosofía. Pero, en realidad, es un asunto de vida: ¿quién soy? ¿Quiénes somos como colectivo? ¿Quiénes somos como grupo creyente? ¿Quiénes somos como familia? ¿Quiénes somos, incluso, como cosmos? Son preguntas que vuelven, una y otra vez, sobre la mesa del discernimiento.

                Necesitamos aclararnos, poner luz en nuestra realidad, saber lo mejor posible cuál es la senda que tenemos que recorrer para tocar, siquiera con la punta de los dedos, la dicha que anhelamos. Somos así los humanos.

                En realidad, las preguntas sobre la identidad tienen una respuesta común: somos más acertadamente cuando somos humanos. Lo humano es el denominador común de todas las preguntas sobre la identidad. Cuanto más humanos somos, más sabemos lo que somos; cuanto menos humanos somos, más se diluye la cuestión de la identidad y más volumen cobran las preguntas sin respuesta.

                La identidad se resuelve en la humanidad, en la bondad del corazón, en el amor asimétrico, en la capacidad creciente para darse. Es decir, no es tanto cuestión de ideología, sino de corazón, de interior, de amor, en definitiva.

                La razón de lo humano es darse, entregarse. Y en ese “despojo” se halla la mayor riqueza y la fuente de la identidad.

 

El texto:

 

14Como su fama se había extendido, llegó a oídos del rey Herodes. Unos decían: -Juan Bautista ha resucitado de la muerte y por esto las potencias actúan por su medio. 15Otros, en cambio, opinaban: -Es Elías. Otros, por su parte, decían: -Es un profeta comparable a los antiguos. 16Pero Herodes, al oírlo, decía: -Aquel Juan a quien yo le corté la cabeza, ése ha resucitado.

 

  • El rey Herodes no puede desvelar la identidad verdadera de Jesús por dos razones: por su miedo y porque no entiende la novedad de Jesús. El miedo bloquea la percepción de lo humano de Jesús, de su verdadera identidad. La mirada hacia atrás bloquea la identidad de Jesús porque lo suyo, el Reino, es un planteamiento de total novedad.
  • Confundir a Jesús con el Bautista es no haber entendido que a Jesús no le interesa tanto la conversión religiosa cuanto una vida en buena relación. Esa es la seña de su identidad.
  • Confundir a Jesús con Elías, el fanático religioso, es no saber nada de él. A Jesús no le interesa la religión, sino el amor. En él se basa su identidad.
  • Confundir a Jesús con un profeta de los antiguos es no haber olfateado la novedad de una vida en entrega que es lo que caracteriza la identidad de Jesús.
  • Buena relación, amor, vida entregada. En estos parámetros de sitúa la identidad de Jesús como ánimo para que, también en ellos, se enmarque la vida del seguidor/a.

 

Para pensar o rezar.

 

  • Te alabamos, Señor, por tu capacidad de buena relación.
  • Te bendecimos por tu amor inapagable.
  • Te damos gracias por la novedad de tu vida entregada.

 

Un valor: mirar al rostro del otro

 

                Para desvelar la verdadera identidad del otro, para saber quién es el que realmente convive conmigo, con el que entro en contacto a lo largo del día, es necesario mirar muchas veces su rostro para aprenderlo. En él se refleja su identidad.

  • Mirar un rostro alegre empuja a participar en su alegría para que ésta cobre aún más vuelo.
  • Mirar un rostro sombrío es invitación a acercarse a las sombras del corazón para tratar de aportar algo de luz.
  • Mirar un rostro amable es aprender que la amabilidad es salsa necesaria para todo guiso en la vida.
  • Mirar un rostro cansado es animarse a aliviar los cansancios que tienden a ocupar todo el terreno del corazón.
  • Mirar un rostro generoso es animarse a compartir los caminos donde se aprende la generosidad y la entrega.

 

Una foto:

 

 

                En plena Gran vía de Zaragoza se colocó la exposición “Caminos del Exilio” sobre el éxodo de los refugiados sirios. Unas fotos que impactaban, que llegan al corazón y que hacían brotar la pregunta: ¿Qué estamos haciendo con estas personas? Europa, nosotros, hemos perdido la identidad, si es que la teníamos, de ser tierra de acogida. ¿Cómo recuperarla? Siendo benignos en la comprensión de estos movimientos humanos, siendo sensibles a su situación, colaborando algo si está en nuestra mano. La identidad, ya lo hemos dicho, no es un asunto de filosofía, sino de generosidad humana.

 

Un poema:

 

PIENSA

en los que se mantienen al margen, 

en los que pasan, casi anónimos, 

                                                     y escuchan,

y guardan para sí lo que acaso dirían

si las cosas fuesen de otra manera,

si el altavoz brutal callara un poco. 

No imagines que el mar es sólo superficie; 

piensa en las aguas hondas, silenciosas,

o surcadas tal vez de profundas corrientes,

pero llenas de vida. 

Una vida que calla, pero que es verdadera

--más que el fugaz bañista, más que el barco--,

y sigue, sigue siempre. 

 

José Cereijo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo, 4 de diciembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

38. Mc 6,17-29

 

Una reflexión inicial:

 

            Por desgracia, el mundo está lleno de muerte inútiles, o así lo parecen. Mueren muchas personas, niños incluidos, en bombardeos homicidas que no arreglan nada la situación de un país. Mueren personas en enfrentamientos que hunden más a una región en la violencia. Se muere en accidente insensato, en menosprecio de la vida. Miles de miles de muertes inútiles: no aportan nada al caminar humano, sino dolor.

                Pero algunas de estas muertes son “útiles”, porque están provocadas por el anhelo de justicia y se convierten en clamor de justicia. Las muertes por la justicia, por más que se las quiera silenciar, claman por el día en que la humanidad llegará a taponar todas las vías que llevan a la muerte. Anida en ellas el anhelo de la vida.

                Puede que no se distingan mucho unas de otras, pero las muertes que provoca el anhelo de justicia son siembra de vida para el futuro, se sepa o no, se reconozca o no.

                Siempre será una desgracia la muerte, cualesquiera que sea. Pero hay muertes, como decimos, que incluyen el anhelo de la verdad y la justicia. Son muertes fecundas, por más que todas sea horribles.

                Valorar esas muertes con paz es, también, una manera de sumarse al anhelo que arde en su interior.

 

El texto:

 

17En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, 18y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. 19Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, 20porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto. 21La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. 22La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. 
El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy.»  23Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.»  24Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?» La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista.»  25Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»  26El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. 27En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, 28trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. 29Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

 

  • Más allá de la lectura moralizante, este pasaje puede ser leído como una muerte inútil: no solucionó nada ni al rey, ni a Herodías y su hija. Es pretender acallar una voz, la de la justicia, que no se puede acallar sino afrontando la citación a la que apunta. Por eso, la “voz” del bautista decapitado sigue sonando en la vida de Herodes, como lo ha verificado el párrafo de la semana pasada.
  • Más que un acto de inmoralidad, sobrar al hermano la mujer es un acto de antifraternidad, de mala relación, de no haber entendido que las personas merecen un respeto básico. Esa falta grave de respeto se volverá contra un monarca que no fue respetado (este Herodes Agripa, hijo de Herodes el grande, el de los inocentes, murió en el destierro en Francia).
  • Tendría que haber arrostrado las consecuencias de sus actos. Si hablaba con gusto con el Bautista, tendrían que haber aclarado las consecuencias de los propios actos, tendrían que haber hecho luz sobre los propios caminos.
  • Como no se hace ese trabajo, se llega al resultado de una muerte inútil.

 

Un valor: arriesgar la vida por amor

 

            Hay gente que lo hace:

 

  • Misioneros y humanitarios que están en las trincheras donde las balas silban.
  • Médicos y sanitarios que dejan de lado su mundo de ganancias y de fama y se entierran en lugares de pobreza haciendo medicina solidaria.
  • Personas de nuestros pueblos y ciudades que dedican tiempo e ilusión a mejorar la vida de la ciudadanía, sin echarse un euro al bolsillo (los hay).
  • Orantes que en el silencio hacen presente el dolor del mundo a los demás y al mismo Dios para que eche una mano y para que lo socorramos en la medida de nuestras posibilidades.
  • Gente solidaria que ha hecho voto de fidelidad y de acompañamiento a personas cercanas que están necesitadas de amparo.

 

Una foto

El trabajador social Anás al Basha que se disfrazaba de payaso para animar a los niños de la ciudad septentrional siria de Alepo ha muerto en un bombardeo llevado a cabo por fuerzas rusas y sirias, anuncio hoy su hermano Mahmud. En un comunicado publicado en Facebook, Mahmud explicó que Anás había rechazado abandonar la asediada Alepo para “continuar su labor como voluntario ayudando a los civiles y dar regalos a los niños en las calles para traerles esperanza”. Muertes útiles, dentro de su “inutilidad”.

 

Un poema

 

Toda la gente

de la que nadie habla

Viviendo

mirando el sol

diciendo hola

cogiendo un resfriado

cogiendo el autobús

Viendo un cuadro

leyendo un libro

teniendo una revelación

de su yo verdadero

antes de morir.

 

Miguel A. Bernat

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo, 11 de diciembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

39. Mc 6,30-32

 

Una reflexión inicial:

 

            La tentación de adoctrinar es siempre grande. Se anhela que el otro piense como yo, diga lo que yo, tenga el mismo discurso que el que yo tengo. Adoctrinar para someter.

                Por eso se emplean muchos medios en propaganda, en publicidad, en divulgación. Se cree que si se atrapa al otro con ideas se lo tiene sojuzgado y a nuestra disposición.

                Muchos sistemas (incluido el religioso) tienden a emplear los mecanismos del adoctrinamiento como mecanismos para crear “fieles”, personas adictas, gente del propio bando.

                Pero habría otro camino para establecer una relación humanizadora: amar sin esperar premio, entregarse sin que siempre haya recompensa, trabajar por el bien del otro sin que siempre haya aplauso, ser generoso sin esperar que todo tenga una paga.

                ¿Este modo es menos eficaz que el adoctrinamiento para crear lazos de amor, de humanidad? Digamos lo que digamos, el amor es más potente que la ideología. Lo decía muy bien Gandhi cuando hablaba de la fuerza política del amor.

                Apuntarse al amor es más productivo que sembrar ideología a mansalva. Lo vemos en nuestras relaciones cotidianas.

 

El texto:

 

            30Los enviados se congregaron donde estaba Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y todo lo que habían enseñado. 31Él les dijo: - Venid vosotros solos aparte, a un lugar despoblado, y descansad un poco. Es que eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. 32Y se marcharon en la barca, aparte, a un lugar despoblado.

 

  • Se envía a los discípulos a curar y a anunciar el reino de Dios. Pero ellos hacen otra cosa que Jesús no les ha mandado: “enseñar”, adoctrinar al modo de la espiritualidad judía. Es decir, siguen diciendo que para entrar en el reino hay que ser religioso, cumplir la ley, las prácticas de la costumbre. La novedad del reino queda empañada.
  • Por eso Jesús los lleva a “un lugar despoblado”, a un desierto, para reconducir el asunto, para reorientar la opción. Ellos tenían que haber curado únicamente, porque ese era el signo de al amor, el signo del reino. Tienen que aprender a dejar de lado la ideología judía que ellos aman tanto.
  • No encuentran tiempo “ni para comer”, ni para compartir con Jesús en profundidad y aprender lo que significa la entrega. Necesitan volver a sentarse a la mesa con él, entrar de nuevo en la dinámica de la entrega.
  • La soledad es camino buena: solos, en la barca, desligados de todo, a un despoblado. Es el silencio que reconduce las orientaciones, que nos resitúa, que nos marca de nuevo el camino a seguir.

 

Para pensar u orar:

 

  1. Que demos amor más que ideología.
  2. Que curemos, más que enseñemos.
  3. Que acompañemos, más que constituirnos en maestros.

 

Un valor: el testimonio de la vida

 

            La persona tiende a creerse grande por las grandes ideas que defiende. Pero, en realidad, la grandeza le viene por el testimonio de su vida. Efectivamente, en la medida en que tu testimonio es humano, tu persona es grande en sí misma.

  • Para dar testimonio, primeramente hay que vivir lo que uno sostiene. O, al menos, habrá que intentarlo. Un testimonio sin una vida que lo respalda es algo frágil.
  • Además habrá que testimoniar con humanidad y mesura, porque un testimonio grandilocuente desvela unas irremediables carencias.
  • Tendrá que ser, además, un testimonio compasivo, capaz de entender las situaciones de los frágiles, más allá de cualquier censura o exclusión.
  • Finalmente, habrá de ser un testimonio muy ligado a la vida, a lo cotidiano, a lo sencillo de la relación más elemental.

 

Una foto:

 

 

 

            Este señor es Teo Nieto, un cura rural en la provincia de Zamora que atiende unos cuantos pueblos pequeños. Su labor es tan sencilla como sentarse en un banco con una anciana, hablar un poco y darle allí mismo la comunión. Testimonios de vida ocultos y sencillos de acompañamiento a quien anda solo por la vida. Así de simple.

 

Un poema:

 

Bajo el sol

 hay bondad

frente a la luz sólo basta

abrir los ojos.

Limpia las penas

de tu corazón

el sufrimiento

de tu cuerpo

bajo el sol

da gracias

a la hierba

al musgo a la lluvia

da gracias

al placer

a la tierra sobre la que vives

y sobre la que mueres

al primer jardín

a los árboles de música

y a sus follajes de silencio

da gracias

al agua de la acequia

al bálsamo en la sangre

al rocío la floresta

al ciervo vulnerable

bajo el sol

al cielo y a sus siglos

a las nubes del aire

al fuego y al frío

a los vientos a las noches

y a los días y a la luz

a los montes y colinas

a las fuentes los mares y riberas

a la muerte

a los pájaros del cielo

y a la muerte

oscuro corzo herido

da gracias

               bajo el sol.

Ernesto Kavi 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CVMc

Domingo, 18 de diciembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

40. Mc 6,33-34

 

Una reflexión inicial:

 

            Los pastores siempre han gozado de un pensamiento a su favor. La lírica les ha aupado. Y por eso, hablar de pastores es hablar de algo positivo y hasta hermoso.

                Sin embargo, y a nada que se piense, el mayor enemigo del rebaño el pastor porque es quien explota a las ovejas (explotación ganadera). Si las ovejas pensaran, se rebelarían contra su pastor, que es quien las explota.

                Por eso hay que tener mucho cuidado con los “pastores”, por quienes se erigen, o los erigen, en conductores-salvadores del rebaño. Con mucha frecuencia se ve que son meramente explotadores del rebaño.

                Por eso, y a la vez que se lucha contra los pastores, hay que luchar contra la mentalidad de rebaño. Ya lo decía Krahe: “El Señor no es mi pastor, yo no soy un borrego”.

                Efectivamente, no somos borregos, no debiéramos serlo, somos personas adultas y por eso mismo hay que apoyar a quien más ayuda a la adultez, a la autonomía, al valor de toda persona en base a su propia dignidad.

                Construir la adultez de la persona es una de las cosas más positivas a las que los humanos estamos llamados.

 

El texto:

 

            33Los vieron marcharse y muchos los reconocieron; entonces, desde todos los pueblos fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. 34Al desembarcar vio una gran multitud; se conmovió, porque estaban como ovejas sin pastor.

 

  • La masa funciona con anhelos oscuros. Quieren soluciones rápidas a sus carencias. Corren tras los pastores, tras los magos, tras los encantadores. Se encontrarán con un Jesús que les enseña “muchas cosas”, les enseñará a ser adultos.
  • Si andan “como ovejas sin pastor” es por la rapacidad de los pastores y por el poco esfuerzo personal en construir un camino de adultez. Habrá que atajar los dos frentes.
  • Los “muchas cosas” que Jesús les enseña tienen que llevar a la adultez personal. De lo contrario no servirían para nada. Para aprender esa adultez hay que mirarse más a sí mismo que al pedagogo que la enseña. Una mirada al propio interior se hace imprescindible.

 

Para pensar u orar:

 

  1. ¿Me va ayudando el Evangelio a ser más adulto?
  2. ¿Miro con exceso a los “pastores”, al sistema, a las directrices de la propaganda, a las leyes?
  3. ¿Tengo aprecio por las personas más autónomas y libres?

 

Un valor: la autonomía

 

            Los sistemas temen a la autonomía. Para ellos es más rentable la heteronomía: que las leyes que se dan a la persona vengan de fuera, no que la persona elabore sus propias pautas de comportamiento. Pero en este trabajo está el quid de la autonomía.

  • Para ser autónomo hay que construir un camino de equilibrio personal y humanizador.
  • Para ser autónomo hay que creer en el valor de la dignidad propia sin fisuras.
  • Para ser autónomo hay que trabajar los propios caminos sin desaliento.
  • Para ser autónomo hay que recuperar la dimensión de la profundidad.
  • Para ser autónomo hay que cantar en la noche cuando las cosas no vienen bien dadas.
  • Para ser autónomo hay que aprender a respetar la autonomía de los demás.

 

Una foto:

 

 

 

        Este señor es Marcelo Crivella, nuevo alcalde de Río de Janeiro. Es, además, pastor evangélico. Tiene unas ideas peregrinas y religiosas ultraconservadoras. Ha tenido manifestaciones contra los gays, las religiones africanas y la Iglesia católica. Como Trump, pero en brasilero. Un pastor de cuidado. No les arrendamos la ganancia a los ciudadanos de Río. De estos “pastores”, cuanto más lejos, mejor.

 

Un poema:

 

Dicen que nada volverá a ser lo que era

antes de que tu pétalo de luz

encendiera mi curva más oscura.

Tú, que no sabes ni que existes

mientras me redondeas,

que te formas y sueñas sin mapas

 

ni conceptos,

que no tienes ni nombre,

tú me haces infinita

en tu indefinición.

 

Tú y yo

vamos creando tu cuerpo

a ojos cerrados,

sin saber lo que hacemos,

cómo será la flor.

 

Yo, media luna de sueño,

y tú, mi otra mitad.

 

      Vanesa Pérez-Sauquillo

 

 

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¡¡¡FELIZ NAVIDAD Y BENIGNO AÑO 2017

A TODA LA COMUNIDAD VIRTUAL!!!