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FIAIZ

COMUNIDAD SAN JUAN

Juan 64

CVJ

Domingo, 16 de enero de 2011

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

64. Jn 9,18-23

 

Introducción:

 

                Se atribuye a Thomas Hobbes aquella famosa frase: “El miedo y yo nacimos gemelos”. Es que, constitucionalmente una parte de nosotros, muy honda, está hecha de miedo, de inerradicable temor. Añadir a eso los diversos miedos que se van sumando a lo largo de la vida. Es una realidad tan compacta que tener controlado el miedo es cosa de poca gente, al menos en maneras totales. Sin embargo, es posible plantarle cara a ese fantasma, mirarle a los ojos. Lo hemos dicho en alguna otra ocasión: el miedo gana la partida porque agiganta el fantasma del temor. Si nos acercáramos a él, algunas veces lo venceríamos. Dicen algunos que David venció a Goliat porque se atrevió a acercarse a él. De cerca no parecía tan invencible.

                Es que el pasaje de esta semana describe una situación de mucho miedo: los padres del ciego curado son llamados a declarar y, por miedo al sistema sociorreligioso del judaísmo, declinan cualquier testimonio a favor de su propio hijo. Más allá de los anacronismos que el texto revela (la expulsión de los cristianos palestinos de la sinagoga no se pudo dar en tiempos de Jesús, sino mucho más tarde), el texto deja entrever a un Jesús que, al curar, al devolver la luz al interior de la persona, hace el gran milagro de eliminar miedos anclados en los pliegues del alma. Uno de los síntomas de que la Palabra va haciendo mella en nosotros/as es que los miedos, siquiera en pequeña parte, van retrocediendo. Jesús, la persona que ha controlado sus miedos, infunde valor en quien le sigue y hace camino con él. El valor que infunde Jesús no es mera temeridad, sino coraje para enfrentarse a la limitación y, desde ahí, levantar los hombros y seguir adelante.

 

***

 

Texto:

 

18Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres 19y les preguntaron:

                -¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?

                20Sus padres contestaron:

                -Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; 21pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que ya tiene edad y puede explicarse.   

22Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. 23Por eso sus padres dijeron: “Ya tiene edad, preguntádselo a él”.

 

***

 

Ventana abierta:

 

            Esta foto puede pertenecer a cualquier clase de manifestaciones en la calle porque el miedo inunda muchas parcelas de nuestro vivir diario. Es gente mayoritariamente joven la que porta la pancarta, porque quizá con los años uno sucumbe a los miedos aunque, por lógica humana y evangélica, cuantos más años, más valentía. Así podía ser. Además esas personas proclaman su anhelo de vivir sin miedos a cara descubierta, no se esconden. Es que la manera de hacer frente al miedo es hacerlo confrontándolos, plantándoles cara, aguantando su embate que no resulta ser tan fiero como lo pintan.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes se arman de valor ante sus miedos; gracias por quienes ayudan a encarar temores; gracias por las personas valientes que permanecen firmes ante los asaltos del temor.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Los dirigentes del tribunal preguntan: “¿Cómo es que ahora ve?”. Es la pregunta de quien quiere imponerse con miedo. No preguntan qué es lo que la nueva situación ha aportado al ciego, cómo ha cambiado su vida, qué beneficios le ha traído la visión, qué gozos nuevos han nacido en él. No. Lo que importa dilucidar es cómo ve para ir luego hacia quien le ha dado la visión en sábado. Es un interrogatorio para engendrar miedo, para retroceder en la dicha. No saben que detrás está uno, Jesús, que funciona sin temores y que se planta ante su inicuo tribunal. No lo saben, pero algo de eso intuyen.

                Oramos: Señor Jesús, gracias por tu vida sin temor; Señor Jesús, gracias por quitarnos los temores elementales; Señor Jesús, gracias por llenar de luz nuestros días.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Los padres del ciego curado dicen, para quitarse el marrón de encima, que “ya es mayor”. No se quiere entrar en conflicto con quien tiene poder y con quien me atemoriza. Es una manera diplomática de huir, pero es proclamar que se sigue bajo un régimen de terror. Las fugas ante los problemas que suscitan temor no arreglan nada. Creer que el temor no nos va a dar de dentelladas porque lo puenteemos, porque demos un rodeo, es una equivocación. Lo mejor es, paciente y fraternamente, tratar de darle cara. A la larga, los resultados son mucho más positivos.

                Oramos: Que nos demos coraje para afrontar algunos de nuestros miedos; que nos demos aliento para minimizar el impacto del miedo; que nos demos amparo para ser fuertes ante los miedos de la vida.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                El miedo a la exclusión, a ser expulsados del lugar social (de la sinagoga) es lo que, muchas veces, nos hace ceder a las presiones de quienes tienen poder para hacernos temer. Por eso, una manera de generar valor es incluir, no excluir. La comunidad virtual es un pequeño ejemplo de inclusión. Nada se exige ni para estar ni para no estar; no se pide ningún requisito; no hay condiciones previas. Quien quiera, puede hacer parte de este camino. Esta inclusión elemental es la que puede ayudarnos un poquito a sentirnos más incluidos, menos temerosos.

                Oramos: Gracias por la mesa común y la vida compartida; gracias por el camino común y los días disfrutados con hermanos; gracias por los anhelos comunes y los sueños compartidos.

 

***

 

Poetización:

 

Llegó a vivir sin miedos.

Era como cualquier persona

cercada de temores.

pero supo ponerles coto,

atenuarlos,

hacerlos desaparecer,

al menos muchos de ellos.

¿Cómo logró vivir sin miedos?

Anduvo dos caminos:

entendió de manera directa

que si Dios era Padre,

no podía ser sino solamente amor

y que, por lo mismo,

el temor y Dios no eran compatibles.

Además, al echarse a los caminos,

experimentó algo simple:

el corazón humano era bueno,

básicamente bueno

y anhelante de la bondad.

Y, como quien se lanza al mar,

decidió confiar en las personas.

Así, teniendo la certeza

de que un Padre bueno estaba con él

y de que las personas eran

fundamentalmente buenas,

los miedos se difuminaron

como la niebla cuando sale el sol.

Y a partir de ahí sus días,

aunque sencillos y pobres,

fueron confiados.

El temor se alejaba

y la alegría entraba a raudales en su vida.

 

***

Para la semana:

 

                Trata de vivir confiadamente; pon a raya a tus miedos de cada día. Anima a quien tenga miedo.

 

***

 

Juan 63

CVJ

Domingo, 19 de diciembre de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

63. Jn 9,13-17

Introducción:

 

                Hay personas que están convencidas de que todo tiene un precio, que todo, hasta lo más sagrado se puede comprar y vender. Sin embargo, hay una realidad que escapa a toda negociación porque no tiene precio: la persona y su dignidad. Cuanto más ahonda uno en la realidad de lo que somos, más se convence que todo se podrá comprar y vender pero  que negociar con personas es inadmisible por inhumano. No hay precio para comprar a nadie. En estas horas nuestras de turbulencias sociales y económicas hay que volver a lo esencial: todo aquello que atente contra la persona y su dignidad no es de recibo (por muy consagrado que se lo quiera); todo aquello que favorece a la persona es valioso, aunque eso bueno sea cuestionado por el sistema. Es que sigue habiendo gente que, por sus propios intereses y no por otra cosa, continúa poniendo a la norma por delante incluso de la dignidad de las personas. Nada tienen que ver con el sentido humano de la vida y con el mismo Evangelio.

                Porque si algo estremece del texto que tenemos para esta semana es que los fariseos pongan por delante la norma religiosa del sábado (que les beneficia) al bien de la persona débil que ha sido curada. A ellos no les interesa si la vida del ciego cambia después de su curación, si mejora su calidad, si se puede ganar mejor el sustento, si su relación afectiva se hace más gozosa. A la gente del sistema no le importa nada de eso. Su único interés es que se cumpla la norma, que se guarde el sábado, que el sistema que les sustenta no queda cuestionado en nada. Lo demás, la dignidad de la persona no les interesa. Es el rostro más perverso de todo sistema; por esto queda, sin más, desautorizado, por mucha religión o poder con que se consagre la norma.

 

***

 

Texto:

 

                13Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. 14(Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos).

 15También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

                Él les contestó.

                -Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.

16Algunos de los fariseos comentaban:

                -Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.

                Otros replicaban:

                -¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?

                Y estaban divididos.

 17Y volvieron a preguntarle al ciego

                -Y dado que te ha abierto los ojos, ¿tú qué dices de él?

                Él contestó:

                -Que es un profeta

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                En su artículo 3 la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad”. Sin embargo, hay una cualidad que está por encima de todo y de la que se derivan los Derechos Humanos. Es la dignidad. La dignidad no es un valor caído del cielo, no es una ley natural que nos hemos encontrado colgada de la rama de un árbol, o una virtud propia de las personas que siguen las prescripciones sociales. No. La dignidad es una creación humana, una invención portentosa de la inteligencia.

                Oramos: Que celebremos la dignidad con la que tú, Señor, has creado a las personas y a las cosas; que valoremos siempre a la persona como realidad innegociable; que acojamos con calidez a toda realidad creada.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice el ciego que Jesús es un “profeta”. Y ¿qué profetiza Jesús? Que la vida es digna, que el horizonte de la historia es la fraternidad; que la persona nunca podrá ser despojada de su dignidad; que somos más que nuestro mal; que nuestro valor radica en el amor en que hemos sido creados y con el que podemos construir la vida. Estos o similares son los contenidos de la profecía de Jesús, profecía de honda humanidad. Alegrémonos por el “profeta” Jesús.

                Oramos: Que nos alegremos por el corazón bueno y humano de Jesús; que disfrutemos de su profecía de humanidad; que cantemos su canto alegre a la bondad de la vida.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                El ciego curado argumenta desde el sentido común: “¿Cómo puede un hombre, siendo pecador, realizar semejantes señales?”. El Evangelio nos pone en nuestro sitio: si haces el bien si te interesa el dolor ajeno, si eres básicamente bueno, no tienen por qué importarte en exceso tus debilidades morales y, desde luego, menos te ha de importa situarte fuera de la ley oficial. Aquellos valores son decisivos, constituyentes; estos otros, muy relativos y hasta prescindibles. Las posturas de Jesús sanean la vida, la humanizan, ayudan a llenarlas de contenido. Quizá todo ello provenga de su honda humanidad y de su increíble libertad.

                Oramos. Que no nos cansemos de hacer el bien; que siempre nos interese el dolor ajeno; que seamos básicamente buenos, más allá de toda ley o norma.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Jesús puso “barro” en los ojos del ciego. Es un barro que no mancha, que no ennegrece, que no ofusca, sino que libera, da luz, abre horizontes. Con el barro de nuestra humanidad, de nuestra debilidad podemos dar luz siempre que miremos a la persona como sujeto de dignidad. Decimos esto porque nos sentimos débiles, pero podemos poner a los demás el barro de la luz y del amor, eso poco con lo que la vida del otro/a pueda ser un poco más gozosa y cercana a la dicha. Podemos hacer lo que hizo Jesús.

                Oramos: Que pongamos el barro del cariño en los ojos y el corazón de quien se siente mal; que pongamos el barro del aprecio en los ojos y el alma de quien no cuenta; que pongamos el barro de la alegría en quien lo pasa mal y llora.

 

***

 

Poetización:

 

Ponía barro en los ojos de los ciegos

y se podría pensar

que era el modo curativo

de quien no tiene otros medios.

Pero, en realidad,

era como una nueva creación

 

hecha desde el barro,

porque el barro que ponía Jesús

tenía dentro el mismo Espíritu

que aleteaba en la primera creación.

Ese Espíritu no era sino el amor

en toda su vivacidad

en su bullente abrazo.

Ponía barro

y, en realidad,

estaba poniendo amor.

Por eso el ciego vio,

no tanto porque se abrieran sus ojos,

sino porque entendió

que, pobre como era,

estaba siendo amado

profundamente,

tiernamente,

hondamente.

El amor fue la verdadera luz

que prendió en sus ojos

y en su corazón cansados.

Con ello se estaba diciendo algo hermoso:

si quieres eliminar cegueras

enciende la llama del amor,

si quieres alejar oscuridades,

alumbra la lámpara ardiente

de un amor vivo.

Ese es el secreto,

tan sencillo

 tan posible.

 

***

 

Para la semana:

 

                Ama estos días sin alharacas, sencillamente, conscientemente, agradecidamente.

 

***

 

Juan 62

CVJ

Domingo, 12 de diciembre de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

62. Jn 9,8-12

Introducción:

 

                La realidad es, con frecuencia, tan dura que una de nuestras reacciones más comunes es cerrar los ojos, desviar la mirada, no querer ver. Así, al menos, tenemos la excusa de la ignorancia. Pero si no se abren los ojos a lo que pasa y nos pasa, por cuestionable y herido que sea, nunca se podrá dar un paso adelante. Para abrir los ojos a lo que ocurre hay que tener, además de bastante valor, no menor cantidad de amor. Porque si no se ama lo que se mira, aunque sea débil, nunca se podrá llegar a comprender algo. Además, para ver bien habrá que matizar, ya que las generalidades anulan las verdaderas percepciones. Incluso será preciso no apearse de la fraternidad, porque mirar la realidad desde el odio y el desencuentro deforma las situaciones. En definitiva, quizá sea todo una cuestión de amor a la vida. Sin él, mirar bien resulta imposible.

                Es llamativo que, de acuerdo con el texto que leemos esta semana, Jesús no abre los ojos al ciego sino que le anima a ir a Siloé y lavarse. Es decir, Jesús empuja a la persona a que encare el sistema opresor (Siloé está pegado al templo y depende del Templo, es negocio de las autoridades: allí se lavaban las victimas que se ofrecían en los sacrificios), a que mire de frente a la realidad que le oprime y tome cartas en el asunto, que se implique. Mirar sin implicarse es lo mismo que no mirar. Podría decirse, un poco forzadamente, que el Evangelio es un libro para aprender a mirar la realidad de otra manera, de una forma humana e implicativa, benigna y denunciadora, profética y fraterna. Jesús quiere que ese trabajo sea aprendizaje nuestro, trabajo nuestro y triunfo nuestro. Él nos alienta con su estilo de vida porque él aprendió a mirar de manera profunda y humana.

 

***

 

Texto:

 

8Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:

                -¿No es ése el que se sentaba a pedir?

                9Unos decían:

                -El mismo.

                Otros decían:

                -No es él, pero se le parece.

                Él respondía:

                -Soy yo.

                10Y le preguntaban:

                ¿Y cómo se te han abierto los ojos?

                11Él contestó:

                -Ése hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver.

                12Le preguntaron:

                -¿Dónde está él?

                Contestó:

                -No sé.

 

***

 

Ventana abierta:

 

                Esta persona es Julian Assange que está en todos los periódicos porque es quien ha vendido la información confidencial de la diplomacia estadounidense. Atónitos asistimos a esa cloaca del poder que es la del país más fuerte del mundo. Ya sabíamos cosas de esas. Pero, puestas todas juntas, y con matices, la cosa resulta repugnante. Algunos lo censuran (por su catadura moral o por otras cosas) y dicen que eso es un ataque a la comunidad internacional. Es la respuesta airada del culpable desvelado. Pero lo cierto es que nos abre los ojos sobre la cruda realidad del poder del sistema. A nosotros nos toca implicarnos.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes nos abren los ojos a la cruda realidad; gracias por quienes muestran con crudeza los bajos fondos del poder; gracias por quienes echan luz sobre las tinieblas de la mentira.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                El ciego dice que “ese hombre” es quien le animó a encarar el sistema y sus trampas. Solamente un “hombre”, una persona de honda humanidad, puede empujar a abrir los ojos. Es difícil animar a caminar en la luz desde la oscuridad personal o, al menos, desde el inmovilismo. Por el contrario, si Jesús puede animar a abrir los ojos es porque él mismo los abrió, aunque eso le costara lo suyo porque lo que veía de su realidad y quizá de él mismo no sería siempre agradable. Pero miró con profundidad y humanidad, con amor. Y desde ahí puede animarnos a nosotros/as.

                Oramos. Gracias, Señor, por tu valentía para mirar la cruda realidad; gracias por tu amor para amar lo que veías; gracias por tu humanidad para no condenar nada de lo que estaba ante tus ojos.

 

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                El ciego que se ha animado a mirar dice que, cuando volvió de Siloé, “empezó a ver”. Es decir, los trabajos por abrir los ojos a la realidad son paulatinos, progresivos, un proceso. No se puede tener esa mirada de honda humanidad que abrace la realidad tal cual en un solo momento. Es preciso hacer prácticas, comenzar a ver lo más cercano, lo más personal; luego los entornos de los que uno hace parte; y, finalmente, incluso del mundo porque es casa común y, por lo mismo, objeto de nuestra mirada. Quizá, como en muchas cosas, el éxito esté en comenzar por lo sencillo e ir caminando en la dirección de una mirada humanizadora.

                Oramos: Que miremos lo personal con benignidad; que miremos lo familiar y fraterno con sosiego; que miremos lo universal con interés.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                El ciego interrogado por sus vecinos dice que no sabe dónde está Jesús. No se ha producido aún el encuentro definitivo que hará luz dentro de su propio corazón. Quizá nosotros también no sabemos cómo mirarnos y cómo mirar la realidad con benignidad. Pero nos vamos ayudando, poco a poco, con nuestra cercanía, nuestra oración y nuestro interés de unos para con otros. En los caminos modestos de la comunidad virtual hay una posibilidad de aprender a abrir mejor los ojos a la realidad de la que hacemos parte.

                Oramos: Gracias por quienes nos ayudan a mirar con amor el propio interior; gracias por quienes nos alientan en nuestras relaciones familiares; gracias por quienes nos abren las ventanas del mundo.

 

***

 

Poetización:

 

No vivió en una época

fácil de mirar con aprecio.

No tuvo un entorno familiar

de color de rosa.

No fue su interior

una realidad sin fisuras.

Pero, a pesar de todo eso

aprendió a mirar con benignidad,

a no cerrar los ojos

a la cruda realidad,

a la humana realidad,

a la necesitada realidad.

Su mirada estaba hecha

de sencillez y acogida,

de espera y de perdón,

de comprensión y aliento,

de lágrimas y abrazos.

Él pensaba que esa era la manera

como el Padre le miraba a él.

Por todo ello,

cuando animaba a mirar,

a lavarse en Siloé,

estaba empujando a construir

la realidad de una persona

nueva y luminosa,

la que aleja

cualquier ceguera

de su camino humano.

Todavía hoy

nos resultan valiosas

sus palabras de aliento.

 

***

 

Para la semana:

 

                Que tengamos interés en abrir los ojos a la realidad y que lo hagamos con sosiego y paz.

 

 

Juan 61

CVJ

Domingo, 5 de diciembre de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

61. Jn 9,6-7

Introducción:

 

                No resulta fácil llegar a tomar la vida propia en las manos. Muchas veces, los acontecimientos (sobre todo si son adversos) nos desbordan, nos vemos sobrepasados. Otras veces, la evidencia de las limitaciones palpadas cada día nos hace desistir del sueño de ser nosotros mismos quienes controlemos nuestros caminos. Y entonces, nos dejamos llevar a donde sea, generalmente a un indudable deterioro. Por eso, nos conviene armarnos de valor y trabajar para llegar a ser lo más dueños/as posible de nuestros caminos. ¿Es un sueño inalcanzable? No, porque muchas personas cercanas lo van logrando e, incluso, si se despistan y hacen dejación de esa tarea, vuelven a recomenzar con buen ánimo.

                El Evangelio de esta semana pinta un relato de curación de un ciego. Pero el verdadero milagro es que aquel ciego, fiado en la palabra animadora de Jesús, se animara a “lavarse”, a tomar el problema de su ceguera en las manos y a ver sus posibilidades de vida por encima de tal limitación. Cuando percibió que podía “ver” sin ver, cuando entendió que, a pesar de su limitación física, era una persona completa, es entonces cuando la luz amaneció en su realidad personal. Se había producido el “milagro” porque es mayor milagro que una persona se levante sobre su debilidad en toda su altura que el dar la vista física a un ciego de nacimiento (si decimos que no, es que tal vez no entendemos las propuestas hondas de vida del Evangelio). Jesús mismo hizo personalmente ese trabajo de ver la hermosura de su vida en la pobreza de su limitación histórica hasta llegar a pensarse hijo del Padre siendo un paria como era. 

 

***

 

Texto:

 

6Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, le untó su barro en los ojos al ciego, 7y le dijo:

                - Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).

                Él fue, se lavó y volvió con vista.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

            En la película Invictus, el personaje que interpreta a Mandela dice: “Soy el capitán de mi alma”. Es decir, Mandela, aun en situación de prisión y de gran calamidad, supo ser el “capitán” de su vida. o sea: dio cara a la adversidad y logró salir a flote. Hay muchas personas, no tan famosas, que son “capitanes/as de su alma”, dueños de su vida, aunque ésta pase por situaciones duras. La adversidad no puede con ellas. Son ellas las que controlan los acontecimientos, no al revés. De alguna forma son como el ciego del Evangelio que se animó a “lavarse”, a tomar su vida difícil en las manos.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes son capitanes/as de su alma; gracias por quienes controlan sus limitaciones con sosiego; gracias por quienes no se amargan por su debilidad ni amargan a nadie.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús empuja al ciego de nacimiento a “lavarse”: “Vete a lavarte”. Sin tomar la vida en las manos no se puede dar ningún paso para reorientar a la persona, mucho menos para ser seguidor de Jesús. El Evangelio no nos da soluciones hechas para nuestros problemas de la vida. Es una ayuda, un empuje, una mística para que nosotros tomemos la vida en las manos y nos decidamos a actuar contra cualquier situación de desesperanza. Jesús nos dice que, por muy duras que sean las circunstancias de nuestra vida, puede haber una salida (aunque sea limitada, pobre, sencilla), puede brillar una luz en el fondo de la noche.

                Oramos: Tú, Señor, nos das posibilidades para levantarnos de nuestras situaciones duras; tú, Señor, nos das aliento para no caer en el desaliento; tú, Señor, nos acompañas en nuestros afanes por encarar la limitación.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                El texto evangélico dice taxativamente que el ciego de nacimiento “volvió con vista”. Es decir, los esfuerzos por capitanear nuestra alma, por lograr sobreponernos a la adversidad, por controlar en lo posible nuestras limitaciones nunca son estériles. No podemos ceder a la vana ilusión de que estas circunstancias desaparezcan como por arte de magia. Pero la fe nos dice que tampoco su dominio es total y sin barreras si nos damos a la tarea de trabajar nuestro presente, de “lavarnos”, de ponernos en pie. Siempre se consigue algo, quizá más que algo.

                Oramos: Que nunca caigamos en el pesimismo de creer que tal situación no tiene ninguna solución; que nunca caigamos en la falta de realismo de pensar que todo tiene arreglo fácil; que nunca hagamos parte del coro de “desalentadores” que echa leña al fuego del pesimismo.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                El texto con el que oramos dice que el ciego “fue” decididamente a la piscina de Siloé. Los técnicos nos dicen que tal acción alude al seguimiento de Jesús. O sea, si seguimos a Jesús, podemos tomar con más facilidad en nuestras manos nuestras limitaciones personales. El seguimiento es, de alguna forma, terapéutico. Por eso, los pequeños trabajos de vida cristiana que hacemos (este de la oración u otros) pueden ayudarnos a “seguir” y, con ello, a trabajar nuestras debilidades con más éxito. Si tal cosa es cierta, la comunidad nos ayuda a ser personas un poco más dichosas. Gran ayuda.

                Oramos: Que valoremos la ayuda comunitaria que nos prestamos; que pensemos que podemos ayudarnos a trabajar nuestro presente; que los pequeños gestos de amor se conviertan en ánimo para enfrentarnos a nuestras limitaciones.

 

***

 

Poetización:

 

Mirando a su propio interior

en los largos momentos de oración,

en sus noches de soledad,

había llegado a una conclusión:

el amor del Padre

podía hacer

que las fuertes limitaciones de la vida

fueran controladas y dominadas.

Lo había visto en él mismo

porque la limitación

se amasaba a su vida

como a la de cualquier persona.

Pero un día descubrió

que podía ser

capitán de su alma,

dueño de su oscuro destino.

Creyó incluso

que tales limitaciones

nunca le impedirían

ser hijo del Padre,

estar en la órbita de su amor,

sentir su aliento cálido

en el fondo del corazón

aunque hiciera frío.

Por eso decía con la autoridad

de su experiencia

a quien andaba ciego, hundido, solo, muerto:

vete, lávate, levántate,

puedes ser dueño de tu vida,

puedes controlar tu limitación,

el Padre ha puesto dentro de ti

una fuerza de amor.

No te quedes llorando,

lamiéndote las heridas,

sino ten fuerza

para encarar tu presente,

lo que eres,

lo que vives,

por duro que sea.

Cuando esa llama prendía

en el fondo del alma,

la luz se abría camino

y las cegueras remitían.

Entonces como ahora.

***

 

Para la semana:

 

                Mantén el ánimo levantado durante la semana y encara tus limitaciones con fuerza. Jesús y los hermanos te amparan.

 

Juan 60

CVJ

Domingo, 28 de noviembre de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

60. Jn 9,1-5

 

Introducción:

 

                Puede parecer un asunto muy filosófico, pero una de las cosas que más atormenta al ser humano es el sentimiento de culpa. Es algo con lo que nacemos, previo a la sociedad y a la religión. Éstas, con frecuencia, abundan y aumentan el sentimiento de culpa. Pero hay algo de serie en nosotros/as: nos creemos culpable, no sentimos caídos, nos remuerde la conciencia no solo por el mal hecho, sino por todo lo que no hacemos. A todo esto, añadamos nuestros errores, nuestros fallos, nuestras trampas, etc. Entonces, el sentimiento de culpa se agranda. ¿Podremos vernos libres de tal sentimiento? Se puede intentar y, de alguna manera, se puede ir logrando ese gran pacto, esa hermosa reconciliación con la vida hasta ver que vivir sin sentimientos de culpa es una posibilidad que está en nuestra mano.

                El Evangelio querría contribuir a hacer esa gran obra de liberación que es el poder llegar a tratar de tú a nuestro sentimiento de culpa. Jesús rompe el determinismo popular que creía en su época que si alguien estaba herido (ciego, por ejemplo) era por culpa de su pecado o del de sus padres. Jesús dice que eso no es así, que en la debilidad también está escondida “la gloria de Dios”, una vida con sentido, con gozo. Que se puede ser débil y gozoso, limitado y libre, sencillo y disfrutante. Él, Jesús, había mirado al fondo de la persona, de la suya propia, y parece que llegó a descubrir ahí una fuente de alegría más hermosa y más profunda que sus pobrezas y limitaciones. Quizá el secreto esté en la mirada, en saltar la barrera enorme de la limitación contra la que nos estrellamos. Si se logra, quizá se pueda dominar y hasta superar ese enemigo tenaz de una vida con gozo que es el maldito sentimiento de culpa.

 

***

 

Texto:

 

1Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.

2Y sus discípulos le preguntaron:

                -Maestro, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego?

                3Jesús contestó:

                -Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. 4Mientras es de día tenemos que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. 5Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.

 

***

 

Ventana abierta:

 

                Esta foto nos parece sugerente. El sentimiento de culpa es una dura cadena que nos ata y con la que nosotros mismos nos atamos hasta llegar a concluir que ser humano es una penalidad  (“la pena de ser hombre”, que decía el poeta). Hay personas que no solamente no logran romper esa cadena sino que aumentan su peso a lo largo de su vida. Pero, si observamos bien, veremos que esa cadena está cubierta de unas gotas de lluvia. Quizá se esté queriendo decir con ello que las más duras cadenas, que los sometimientos más inhumanos, las culpas más hondas, pueden ser miradas cara a cara y, tal vez, rociadas con la lluvia de la libertad y de la dicha. Nunca nos habríamos de cansar de decirnos que sucumbir a la culpa, además de no llevar a nada, nos empobrece y nos deshumaniza. Por lo tanto, nos conviene rociar con la lluvia benéfica del amor las culpas que guardamos, para que sean menos, para que lleguen a saber que su casa no puede ser nuestro corazón.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes controlan sus sentimientos de culpa; gracias por todos los enamorados/as de la libertad; gracias por quien levanta los hombros y siguen adelante.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús repite en este texto que es “luz del mundo”. ¿En qué sentido? Es luz diciéndonos insistente y amorosamente que la culpa no puede ser quien nos domine, que somos más que nuestro mal, que nuestros fallos son solo una parte (y no la más importante) de lo que somos, que nuestros errores pueden ser envueltos en nuestro amor, por frágil que sea. No es un mensaje de superficial optimismo. Es el afán por trasvasar a nuestro corazón la certeza de que hemos sido creados para la dicha, para el abrazo, para el disfrute, para la fraternidad. Y que, por lo tanto, hay una manera distinta, nueva, luminosa de leer nuestra vida. Aspirar a ello no es falta de realismo, sino posibilidad a la mano.

                Oramos: Gracias por Jesús, persona luminosa; gracias por Jesús, sembrador de luz; gracias por Jesús, aliado con la dicha.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                La liberación progresiva de nuestro sentimiento de culpa no es gracia que se da sin conquista. Por eso, como dice el texto evangélico, es preciso hacer “obras de luz”, pequeñas prácticas de vida orientadas en la dirección de la luz, ¿Podemos hacerlas? Sin duda. Cualquier cosa que ilumine va en esa dirección: una sonrisa luminosa, una palabra clara, un acompañamiento que alivia, un cuidado que trasluce amor, una preocupación sincera por la situación del otro, un estar ahí de manera solidaria y acompañante. Son  pequeñas luces, pequeños “fueguitos” (que diría Galeano) que reconfortan el corazón y alejan la culpa.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes dan luz acompañando; gracias por quienes encienden luces siendo amables; gracias por quienes iluminan con palabras benignas.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                La relación que posibilita en nosotros/as la oración, la comunidad virtual, es un pequeño gramo de dicha que contribuye al alejamiento de la culpa. Solamente por eso ya es una cosa positiva. Puede parecer poquita cosa, pero con muchos de esos pocos se pone dique al mar de tristeza que arrastra el sentimiento del culpa. Por eso, valorémoslo, apreciémoslo, tiene su sentido. Seamos lo más generosos posible con quien hace camino orante con nosotros/as.

                Oramos: Que nos ayudemos al descubrimiento de la dicha en la vida diaria; que nos acompañemos para que haya más luz en nuestra vida; que creamos en el valor de los comportamientos sencillos para alejar la tristeza y la culpa de nuestra vida.

 

***

 

Poetización:

 

No se descubrieron en él

atisbos

de la amarga presencia

de la culpa.

Al contrario,

su vida discurría

con la placidez

de los grandes ríos.

Logró poner coto

al dragón de la culpa,

a la tristeza de la debilidad,

a la pena del mal.

¿Cómo lo logró?

Cambió su mirada:

Miró al Padre

como compañero de vida

no como enemigo a la puerta.

Miró a la persona

como gozosa compañera,

como amiga del alma,

como casa cálida.

Mirando con ojos nuevos,

orando con corazón limpio,

caminando sin temor,

abrazando sin reparos,

logró tener a raya

a la culpa invasora,

a la pena destructora.

Por eso, por esa mirada,

la gente se acercaba.

Leían en sus ojos

el gozo

que ellos mismos anhelaban.

Todavía…

 

***

 

Para la semana:

 

                Vive tus días de la semana lo más alegre y sosegado/a que puedas. No te alíes nunca con la culpa.

 

***

 

Juan 59

CVJ

Domingo, 21 de noviembre de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

59. Jn 8,54-59

Introducción:

 

                Podríamos decir que nuestra vida está envuelta en velos: los velos con que tejemos nuestras relaciones con los demás y con la naturaleza que nos impiden ver qué es lo que hay dentro; los velos con que envolvemos nuestra persona y que generan mil excusas, mil escapatorias, mil fugas; los velos con que envolvemos las cosas que no nos gustan, la pobreza, la soledad, el dolor, la tristeza y no nos animamos a afrontarlas. ¿Cómo rasgar esos velos y ver lo que hay detrás y que no es sino la certeza de que estamos hechos para vivir con y en los otros? ¿Cómo romper esa “ceguera” que dice ver pero no ve? ¿Cómo iluminar la mirada personal para ver la realidad desde la benignidad y la fraternidad?

                El difícil pasaje evangélico con que oramos esta semana pensamos que quiere decir algo de esto. Dice Jesús que él “sabe quién es el Padre”. Eso no puede ser un saber raro, esotérico, espiritual. Alude a una manera de saber la realidad distinta, espiritual, profunda, un conocer la realidad sin velos. La mirada de Jesús ha sido distinta porque su corazón ha sido distinto. No ha sabido ver sin velos porque era Dios, sino que por mirar la realidad, el corazón, directamente, sin velos, se ha ido pareciendo al Dios que nos comprende de manera honda, total, fraterna. Saber del Padre fue para Jesús el logro de una manera nueva de mirar a las personas y a las cosas. Por eso mismo, el corazón de la realidad se le abrió ya que comprendimos que nada teníamos que temer de quien nos mira y ama como somos, sin ninguna clase de velos ni ocultamientos.

 

***

 

Texto:

 

                54Jesús contestó:

                -Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: "Es nuestro Dios", 55aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera "no lo conozco" sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. 56Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensado ver mi día: lo vio, y se llenó de alegría.

                        57Los judíos le dijeron:

                -No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?

                        58Jesús les dijo:

                -Os aseguro que antes que naciera Abrahán yo soy.

                        59Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

 

 

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

            Esta es la carátula de la última película del iraní Abbas Kiarostami. Puede parecer un poco rollo, como todas las suyas, pero es una gran parábola sobre la cantidad de velos, ocultamientos, maneras escondidas que tenemos para no afrontar la relación de un modo directo y sencillo. Hacemos mil “copias” de la realidad abandonando el “original”, la vida simple y directa. Con ello, nuestros caminos se oscurecen y entenebrecen perdiendo su brillo y su atractivo. Es preciso recuperar lo directo, lo sencillo, lo elemental para no caer prisioneros de ningún velo.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes viven en modos sencillos y directos; gracias por quienes van quitando velos de su vida y así viven con más gozo; gracias por quienes caminan con verdad y sencillez en los caminos diarios.

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús dice que desde antes de que existiera Abrahán, desde siempre, el “es lo que es”. La expresión bíblica quiere decir que Jesús desvela hoy en nuestra vida la verdad del Padre. ¿Cuál es esa verdad? Que el Padre nos mira sin velos, nos comprende como somos, nos acompaña cualesquiera que sean los derroteros de nuestra vida, nos acoge más allá de nuestros males y pecados, nos aguarda incansable a que le abramos la puerta del corazón, ha apostado por nosotros y no nos va a abandonar nunca (aunque nosotros no lo sintamos cerca, él está ahí). Esa es su “verdad”. Jesús nos lo ha hecho ver.

                Oramos: Gracias, Jesús, por hacernos ver al Padre que nos acoge; gracias, Jesús, por habernos enseñado la certeza del Padre que nunca dejará de acompañarnos; gracias, Jesús, por animarnos a vivir la realidad de un Dios siempre de nuestro lado.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Mirando nuestros caminos humanos nos quedamos atónitos: nos damos cuenta de que nos enredamos, nos “envelamos”, nos ocultamos, trampeamos, mentimos y nos mentimos, y, sin embargo, persistimos en ese camino que no lleva a nada. Somos como aquellos compatriotas de Jesús que en lugar de animarse a una vida abierta y luminosa, cogieron piedras para tirárselas a quien les empujaba en la dirección de la luz. Un raro misterio de terquedad y de destrucción. Nos vemos reflejados y avisados en ellos.

                Oramos: Que tengamos valor para no ir en la senda de lo negativo y viremos a la luz; que no nos ciegue el mal y nos atraiga el bien; que nos bajemos del burro de nuestra terquedad y nos apeemos de los caminos que llevan al egoísmo.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                El trabajo orante que vamos haciendo, la comunicación, las convivencias, los encuentros personales, las pequeñas noticias que nos damos, el ánimo que nos transmitimos para la vida y para la fe son maneras sencillas de ir quitando los “velos” de la vida, haciendo así nuestra existencia más luminosa y gozosa. Son los indudables beneficios de la comunidad virtual, más allá del cultivo explícito de la espiritualidad.

                Oramos: Que nos ayudemos de maneras sencillas; que nos acompañemos en modos cotidianos; que no menospreciemos los pequeños gestos que nos llevan a la luz.

 

***

 

Poetización:

 

Logró vivir sin velos,

sin trampas,

sin ocultamientos,

sin razones falsas,

sin prejuicios,

sin máscaras,

sin mitos.

La luz anidó en él

y la simple verdad.

cuando decía

que “sabía de Dios”,

eso quería decir

que la luz del Padre

se había instalado en su vida;

que la comprensión del Padre

era la suya

y  que la apuesta del Padre

era su misma apuesta

por nosotros.

Vio con claridad,

iluminó con la luz de su corazón,

alumbró caminos nuevos,

aclaró dudas que corroen,

buscó la lucidez y la contagió,

fue clarividente porque amó a tope,

resultó ser amigo de toda luz.

Por eso hoy,

cuando nos envuelven los velos

él nos ayuda a rasgarlos

para animarnos

al esforzado,

continuado,

y apasionado esfuerzo

por comprender la realidad,

las personas,

desde el simple amor.

 

***

 

Para la semana:

 

                Procurar vivir en una sinceridad elemental sin enredarse en velos que no llevan a nada.

 

 

Juan 58

CVJ

Domingo, 14 de noviembre de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

58. Jn 8,48-53

Introducción:

 

                La muerte no suele hacer parte de nuestras conversaciones y, casi siempre, en modos dramáticos, cuando no histéricos. Pasan los años, cambiamos de siglo y seguimos en el mismo punto de comprensión. ¿No puede haber otra manera de entender el tema? ¿No puede ser, el morir, una parte tragable de una existencia normal? ¿Hay que huir de este asunto como de la peste? ¿No se puede mirar el hecho de morir con mirada benigna, sin histeria? ¿No puede esto hacer parte de una conversación normal, de un camino de vida corriente? ¿Hay que hacerlo bajo el peso y el pesimismo de quien cree tener delante algo gris, oscuro, ciego? ¿Puede esto ser objeto de oración? Y si oramos con referencia a cosas mucho más sencillas y menos decisivas en la vida, ¿no vamos a poder orar ante el misterio hondo de nuestro morir?

                El texto evangélico de esta semana pone este asunto sobre la mesa. Y sostiene que trabajar con el mensaje, orar con la Palabra, puede hacer de contrapeso a la amargura de la muerte y desvelar el gozo de vivir sin entender el acabarse como una desgracia total. Orar con el Mensaje podría ayudarnos a entender esto desde una perspectiva nueva que daría otro jugo a nuestra vida. ¿Es esto mera filosofía, pajas mentales? Creemos que no y que de ello depende una buena parte del gusto por la vida. Nuestros horizontes vitales cobrarían más luz si vertiéramos aquí un poco de novedad. Son cosas que nos ayudan a madurar por dentro.

 

***

 

Texto:

 

                        48Repusieron los dirigentes:

                -¿No tenemos razón en decir que eres un samaritano y que estás endemoniado?

                        49Replicó Jesús:

                -Yo no estoy loco, sino que honro a mi Padre; en cambio, vosotros queréis quitarme la honra a mí; 50aunque yo no busco mi gloria; hay quien se encarga de eso y es juez en el asunto.

                        51Os aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre.

                        52Le dijeron los judíos:

                -Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices "quien guarda mi palabra no conocerá lo que es morir para siempre"? 53¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                Hay personas que mueren de manera envidiable. Francisco de Asís llamó “hermana muerte” a su muerte y dicen que la recibió cantando. ¿Es posible? Sí, hay gente que tiene otra visión de la jugada. Hace poco falleció en Logroño Jesús Santamaría, un cura atípico, un profeta, un hombre espiritual que supo mezclar mística y política, vida espiritual y compromiso social. Su “testamento” es hermoso. Concluye así: “Al final ya sólo aspiro a ser uno con la vida y con Dios. Eso es la salvación... Cuando habléis de mí, o de cualquier otro, y nos recordéis, no habléis como de alguien que murió, sino de quien sigue vivo en el Señor”. Hubiéramos querido poner una foto suya. No la hemos encontrado. Hemos puesto esas espigas: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere…”.

                Oramos: Que entendamos la vida desde dentro; que creamos en la vida más allá de las apariencias dura del morir; que amemos la vida con todo, incluso con paz y sosiego.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice Jesús, nada menos, que quien cumple su mensaje “no probará nunca la muerte”. ¿Quiere decir eso que no va un seguidor/a a morir? Sí, como todo el mundo. Pero la persona evangélica puede verse libre de la acidez de la muerte, de su desasosiego, de su herida. ¿Es esto posible? El Evangelio dice que sí. Pero habrá que comenzar desde ahora. Porque eso no es magia, algo que sucede al final porque sí. Cumplir el mensaje, andar poco a poco la senda de la Palabra, ir pegando la vida a la de Jesús y sus criterios quita a la muerte la acidez que nos la hace tan amarga (no el dolor ni el sufrimiento que conlleva, eso tiene que quitarlo la medicina)

                Oramos: Que vivamos cercanos a Jesús para que nos envuelva su sosegado amor; que incorporemos la Palabra a nuestra vida para que la luz no nos abandone; que amemos los criterios de Jesús para encontrar sentido a lo que vivimos.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Esta nueva mística en torno a la muerte sosegada y con sentido, tendría que llevarnos a trabajar contra toda muerte, a poner algo de luz en las duras muertes que nos envuelven y que nos tocan. Quien colabora a humanizar la muerte de alguien, sus limitaciones, está haciendo lo que hizo Jesús. Es una hermosa tarea colaborar a que la amargura de la muerte, su soledad, su ruptura, la pruebe lo menos posible las personas. Ya lo decimos, es hacer lo que hizo Jesús.

                Oramos. Que ayudemos a que alguien pruebe menos la amargura de la muerte; que rodeemos de ternura a quien se adentra en lo oscuro de su muerte; que abracemos a quien va muriendo poco a poco en esta vida con un abrazo cálido y reconfortante.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                El mejor camino para enseñarnos la buena senda de la muerte sosegada es ayudarnos a vivir el camino de una vida hermosa. Por eso, en la comunidad virtual, en la medida en que nos alegramos en una vida gozosa y con sentido nos alejamos de las tinieblas de una muerte áspera. Que nos demos la vida para que nos demos sentido a nuestro humano morir. Quizá sin darnos cuenta nos hacemos un gran favor.

                Oramos: Que nos ayudemos a vivir amando la vida; que nos iluminemos con la cercanía y el amparo; que nos soseguemos con  una fe compartida.

 

***

 

Poetización:

 

Su vida fue dura

y  más lo fue su muerte.

Sin embargo,

creyó que morir

era parte de la vida

y que vivir en la onda del Padre

era una ayuda decisiva

para no probar

el acíbar de la muerte.

Entendió la muerte

porque entendió la vida;

murió con fe

porque vivió con fe.

Para muchos

su muerte fue ominosa;

pero, en el fondo,

en esa muerte

había vida,

porque en sus caminos,

en sus abrazos,

en sus palabras,

en sus silencios,

en sus miradas

Había derrochado vida.

Ese derroche de amor

hizo que,

aunque su muerte violenta

fuera inadmisible,

tuviera para él

algún rayo de luz

tenue y escondido,

pero reconfortante.

La muerte no le venció,

no probó la amargura de su sinsentido.

Un misterio de vida,

no un raro milagro.

Por eso,

para animar a morir bien

animó a vivir bien,

con gozo y dicha,

con calidez y amplitud.

***

 

Para la semana:

 

                Un gesto de aprecio con alguien acosado por la dura enfermedad.

 

***

 

Juan 57

CVJ

Domingo, 7 de noviembre de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

57. Jn 8,39-47

Introducción:

 

                Se nos ha inculcado desde niños que no hay que mentir. Hemos hecho de ello un asunto de comportamiento moral, pero de baja intensidad. De hecho, la mentira campea a sus anchas. Pero lo más terrible no es que la mentira sea un fallo moral, sino que es una lacra social. En la sociedad que compartimos, con frecuencia la mentira se vende como verdad. De tal manera que grandes masas de la tierra llegamos a aceptar mentiras como realidades que ha ocurrido: ¿dónde están las armas de destrucción masiva en Irak? ¿Es la de Afganistán una guerra por causas de humanidad? ¿Se quiere liberar a los países de África cuando se interviene en ellos? ¿Lo que llamamos cooperación no es, con frecuencia, un colonialismo? ¿No son los grandes banqueros quienes sostienen las empresas que explotan a los países carentes de recursos? ¿Es todo esto mera demagogia o es una verdad oculta, una mentira en la que nos vemos envueltos?

                Puede parecer irrelevante que Jesús diga que él dice la verdad porque procede de un Padre que dice la verdad. ¿Qué es la verdad para Jesús? ¿Algo filosófico, algo escondido, algo para sabios? No, es una cosa bien sencilla: él dice la verdad de que toda persona es digna, que está destinada a la dicha y que tiene por vocación la fraternidad universal, incluso con la creación. Esa es su verdad, por la que ha vivido y ha muerto. Puede parecer que aceptar esa verdad no tiene consecuencias, pero sí que las tiene: habría que mirar a toda persona con auténtico respeto y de modos positivamente valoradores porque es digna; habría que estar preocupados por la dicha y la felicidad de las personas mucho más que por su pecado o su debilidad; habría que comprender que la fraternidad nos lleva a dar una respuesta al sufrimiento del otro y que, si no lo hacemos, no podemos decirnos seguidores/as de Jesús. Vivir en la verdad es, según Jesús, algo más que no decir mentiras. Es vivir con una luz nueva y en modos de vida hondamente humanos.

 

***

 

Texto:

 

                        39Los judíos replicaron a Jesús::

                -Nuestro padre es Abrahán.

                Jesús les dijo:

                -Si fuerais hijos de Abrahán haríais lo que hizo Abrahán. 40Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que escuché a Dios, y eso no lo hizo Abrahán. 41Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre.

                Le replicaron:

                -Nosotros no somos hijos de prostituta; tenemos un solo padre: Dios.

                        42Jesús les contestó:

                -Si Dios fuera vuestro padre me amaríais, porque yo salí de Dios y aquí estoy. Pues no he venido por mi cuenta, sino que Él me envió. 43¿Por qué razón no entendéis mi lenguaje? Porque no sois capaces de escuchar este mensaje mío. 44Vosotros procedéis de ese padre que   es el enemigo, y queréis realizar los deseos de vuestro padre. Él ha sido homicida desde el principio y nunca ha estado en la verdad, porque en él no hay verdad; cuando expone la mentira le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira. 45A mí, en cambio, porque digo la verdad, no me creéis. 46¿Quién de vosotros puede echarme en cara pecado alguno? Si digo la verdad, ¿por qué razón vosotros no me creéis? 47El que procede de Dios escucha las exigencias de Dios; por eso vosotros no escucháis, porque no procedéis de Dios.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                Este libro lo ha escrito el historiador Giles McDonogh y habla de una gran mentira histórica: se nos ha hecho creer que los nazis fueron malos (y lo fueron) y los aliados los buenos de la película. Ahora se destapa lo que hicieron los aliados con el pueblo alemán vencido. Un horror. Más de tres millones de alemanes murieron innecesariamente tras el anuncio oficial del final de la guerra. Un millón de soldados murió antes de poder regresar a las ruinas de lo que fueran sus hogares. Dos millones de civiles alemanes fueron víctimas de enfermedades, frío, hambre, suicidios o asesinatos en masa. En los Sudetes, 250.000 alemanes fueron masacrados por compatriotas checos y hechos similares tuvieron lugar en Polonia, Silesia y el Este de Prusia. 200.000 niños nacieron fruto de las violaciones. Una barbarie. Nunca lo hemos mirado, pero la cosa estaba ahí.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes desvelan la verdad; gracias por quienes miran a la heridas sociales sean de quienes sean; gracias por quienes nos quitan los velos de los ojos.

 

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Cuando Jesús dice que no hay nadie que le pueda echar en cara un solo pecado no está diciendo que a él nadie le pilla en falta, en debilidad, en fallo. Quizá los tuviera. Probablemente. Pero él ha vivido en esa verdad de la dignidad, de la preocupación por la dicha ajena, de la fraternidad total. Ahí sí que no hay quien le coja en falta porque sería lo mismo que negarse a sí mismo. Esa “verdad” profunda en la que ha enmarcado su vida es la que nos puede sostener si nos animamos a ir entrando, poco a poco, por esa misma senda.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por haber vivido en una verdad de profunda humanidad; te bendecimos por haber vivido una verdad de profundo amor; te damos gracias por haber vivido en una verdad de total fraternidad.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Posiblemente nosotros no seamos personas tremendamente mentirosas, sino que aunque, como todo el mundo digamos a veces alguna mentira, básicamente somos sinceros. Pero el Evangelio quiere empujar a otra dimensión cuando nos alienta a la misma verdad que Jesús: quiere que nos interese cada día más la dignidad de toda persona, que nos preocupe con intensidad colaborar como sea a la felicidad del otro, que nos ilusiones creer y vivir la simple fraternidad entre las personas. A esa verdad nos empuja el Evangelio.

                Oramos: Que nos animemos a vivir en la verdad del respeto al otro; que nos animemos a vivir en la verdad del gozo con el otro; que nos animemos a vivir en la verdad del compartir con el otro.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Nuestra relación comunitaria nos puede ayudar un poco a vivir en esa verdad profunda de la que venimos hablando. Nos puede ayudar por la senda del animo, del compartir peuqeños grozo y preocupaciones, de vivir en similar sintonía creyente, de disfrutar de la convivencia y de la cercanía aunque estemos físicamente lejos. En realidad, uno de los beneficios mejores del trabajo orante es ayudarnos a caminar en esa senda de la verdad que nos va haciendo fuertes ante el embate de toda mentira, incluso de la nuestra. Es de agradecer.

                Oramos: Que nos ayudemos a la verdad respetándonos; que nos ayudemos a la verdad alegrándonos juntos; que nos ayudemos a la verdad orando con gozo la Palabra del Evangelio.

 

***

 

Poetización:

 

Podía tener fallos,

debilidades,

fisuras.

Quizá las tuvo.

Por ello, tal vez,

no era un ejemplo

de persona intachable,

si es que tal clase de personas

puede existir entre los humanos,

tan frágiles.

Pero era verdadero.

Se entusiasmaba con la verdad básica,

Inalienable,

de que toda persona es digna

más allá de sus actos morales.

Se ilusionaba con aquella verdad

de que cuanto más feliz es una persona

más se acerca al Dios del gozo.

Vibraba con la verdad,

oculta perro cierta,

de que el horizonte de lo humano,

del cosmos incluso,

era la fraternidad.

Nadie le podría echar en cara

que se hubiera apeado

de esta clase de verdades profundas.

Por eso era un ánimo

para sus seguidores,

no tanto por su inusitada bondad moral,

sino por su afán de vivir

en las verdades profundas

del corazón y de la vida.

Por eso interesaba a muchos.

Por eso mismo

puede interesarnos a nosotros/as.

 

***

 

Para la semana:

 

                Que esta semana no solamente la mentira esté lo más lejos posible, sino que también estén cerca el respeto, el gozo compartido y la vida ofrecida en formas sencillas.

 

 

***