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FIAIZ

1.000 HAIKUS

CONTEMPLACIÓN

1.000 Haikus 

 

            El término contemplación contiene en su origen filológico el cum que indica grupo, comunidad, asamblea y al vocablotemplum, como lugar donde los augures observaban el volar de las aves para descifrar los enigmas de la vida. La contemplación es así, antes que un ejercicio religioso, un mirar en común, un ponerse ante la naturaleza para llegar a entender el simple pertenecer a la vida. Contemplar lo que vive. Esa es la contemplación pura.

         Los haikus son un género poético japonés, una miniatura poética (5-7-5 sílabas sin rima) que, en su puridad, tienen como tema el acontecer de lo que vive, la contemplación más elemental de la naturaleza. No saca lecciones morales ni se hacen derivaciones sociales. Es mirar lo que acontece con hondura y tratar de expresarlo en un destello de belleza literaria.

         Los haikus que se ofrecen en esta colección han sido escritos durante años y en muy diversas circunstancias. Tratan todos ellos sobre lo que acontece en la naturaleza entendida como lugar de contemplación. La mayoría de ellos tienen fecha y lugar, cosa que acredita su valor contemplativo a ras de tierra.

         Permítasenos comenzar con un poema de Asunción Escribano:

 

Le ruego al claro Dios de la mañana

que derrame sus espigas 

                        de luz sobre este día. 

Que no me permita mirar

                        lo mismo en cada cosa. 

Que llene el aire de candiles y mis poros

              como zarzas los perciban. 

Que me diga el nombre verdadero  del delirio

y no me prive de la dicha de ser ascua. 

Que el agua de las horas

humedezca mi canto y que me impulse. 

Que deshaga mis dudas y me asombre

                         el tacto con bengalas. 

Que llene mi camino con guijarros de hogueras. 

Que la madeja de palabras con que nombro

                     sea solo  nudo alado

en el que se desorbite la lógica, 

y que en él dé cobijo  al extravío. 

Que no me prive el Dios  de la infinita lumbre

esta mañana de sentir la desmesura

                           del pábilo inquieto

de este día. 

Que a este universo fúlgido  y hermoso

el júbilo lo sostenga para siempre. 

 

 

1

Mugen los corzos

en los Montes del Pardo,

muge la vida.

         (El Pardo, 24-9-14)

 

2

Año tras año

el olmo centenario

guarda la casa.

         (El Pardo, 25-914)

 

3

¿Adónde viaja

el trino de los mirlos

en la mañana?

(El Pardo, 25-9-14)

4

Árboles de oro

en la luz de la tarde,

viejos destellos.

(El Pardo, 25-9-14)

 

5

¿Graznan las ramas

o es que son las cotorras,

verdes y ocultas?

(El Pardo, 26-9-14)

 

6

El prado verde

va perdiendo su brillo:

llega el otoño.

(Logroño, 29-9-14)

 

7

Las hojas muertas

sobre la tierra muda

como un sudario.

(Logroño, 29-9-14)

 

8

Pasas de largo

al escuchar los trinos

en la enramada.

(Logroño, 30-9-14)

 

9

Se espera el agua

en el curso del río,

el barro huele.

(Logroño, 30-9-14)

 

10

Como de huesos

el ruido de los pies

sobre las hojas.

(Logroño, 30-9-14)

 

11

Las ubres negras

de la vid en otoño

plenas de vida.

(Logroño, 1-10-14)

 

12

El sol del otoño

dora el cauce del río,

oro que corre.

(Logroño, 2-10-14)

 

13

La roca muda

grita desde el silencio

que está bien viva.

(Pamplona, 3-10-14)

 

14

Al cielo apuntan

sus cinco lanzas verdes

los cinco chopos.

(Ilúrdoz, 3-10-14)

 

15

Canta el arroyo

oculto en la espesura

su canto antiguo.

(Ilúrdoz, 3-10-14)

 

16

El verde espejo

de los álamos blancos,

el Duero en Soria.

(Soria, 5-10-14)

 

17

Cae una gota

sobre la frente altiva,

llega la lluvia.

(Logroño, 6-10-14)

 

18

Suave aterriza

sobre el lecho del río

el blanco ánade.

(Logroño, 7-10-14)

 

19

La mariquita

sube, baja, va y vuelve

en la hoja seca.

(Logroño, 7-10-14)

 

20

Surgen del fondo

las hierbas escondidas,

respiran sol.

(Logroño, 7-10-14)

 

21

El arco iris,

paleta de colores,

pinta la tarde.

(Logroño, 8-10-14)

 

22

Cortado el césped,

ya se huele la muerte

de muchos tréboles.

(Logroño, 9-10-14)

 

23

Cae una gota

de la rama a tierra

buscando el río.

(Logroño, 10-10-14)

 

24

El cielo rojo

en la tarde apacible

tiñe las cepas.

(Logroño 11-10-14)

 

25

La humilde flor

al borde del camino

sonríe sola.

(Aránzazu, 12-10-14)

 

26

Entra la garza

en el río apacible,

¿dónde saldrá?

(Logroño, 13,10-14)

 

27

Vigila el monte:

la viña en la llanura

está guardada.

(Calatayud,  17-10-14)

 

28

La hierba seca

en mitad del otoño

bebe la lluvia.

(El Pardo, 17-10-14)

 

29

La viña sola;

al lagar van las uvas,

fin del otoño.

(Calatayud, 23-10-14)

 

30

Semillas de oro

las hojas de los chopos;

cae la tarde.

(Cella, 23-10-14)

 

31

Cruzan los gamos

el sembrado en el otoño;

corre la vida.

(Borja, 26-10-14)

 

32

Vuelan las grullas

en formación de flecha,

lejos la diana.

(Logroño, 27-10-14)

 

33

El labrantío,

grávido por la siembra,

engendra vida.

(Paniza, 26-10-14)

 

34

Las sombras buscan

en las cárcavas grises

algún cobijo.

María de Huerva, 26-10-14)

 

35

Celosamente,

el yermo bajo tierra

engendra vida.

(Monegros, 1-11-14)

 

36

Besa la luz

los campos en silencio;

se muere el día.

(Monegros, 1-11-14)

 

37

Las hojas de oro

de los álamos altos

doran el río.

(Villava, 3-11-14)

 

38

Las flores blancas

bajo la oscuridad

el día aguardan.

(Barcelona, 30-10-14)

 

39

La lluvia llama:

con sus deditos de agua

toca la puerta.

(Logroño, 4-11-14)

 

40

El río lento

esperando las aguas

caídas lejos.

(Logroño, 5-11-14)

 

41

Bajan los troncos

en la turbia corriente

buscando el mar.

(Logroño, 8-11-14)

 

42

El viento fuerte

zarandea el olivo

y tus cabellos.

(Por la autovía Zaragoza-Logroño, 9-11-14)

 

43

Nubes de fuego

cuando cae la tarde

sobre las viñas.

(Por la autovía Zaragoza-Logroño, 9-11-14)

 

44

Lasnubes grises

besan los montes yertos,

rozan las cumbres.

(Camino de Madrid, 15-11-14).

 

45

La rama vieja

muerta ya en el suelo

llora a su árbol.

(Madrid, 17-11-14)

 

46

El cisne altivo

pasea en soledad;

la tarde es fría.

(Madrid, 18-11-14).

 

47

Un ejército

de dorados cipreses

espera al cierzo.

(Madrid, 18-11-14)

 

48

No cuenta días

la lentitud del río

que sueña el mar.

(Zaragoza, 30-10-14)

 

49

Sudario de hojas

sobre la tierra yerma

cuando el invierno.

(Logroño, 14-11-14)

 

50

Empuja el trigo

por salir de la tierra

fría de invierno.

(Egino, 25-11-14)

 

51

El crepitar

de la fina llovizna

sobre las hojas.

(El Escorial, 29-11-14)

 

52

Lágrimas de oro

las hojas cuando caen

en el otoño.

(El Pardo, 28-11-14)

 

53

Interminable

lluvia sobre las fauces

secas del suelo.

(Zaragoza, 30-11-14)

 

54

Levantan vuelo

las raudas garzas negras,

flechas del bosque.

(El Pardo, 4-12-14)

 

55

La nieve asoma:

las cumbres de la sierra

blancura y niebla.

(El Pardo, 4-12-14)

 

56

Las ramas secas

de la higuera en invierno

sueñan con higos.

(Viana, 14-12-14)

 

57

Tres hojas quedan

en la seca enramada

del olmo viejo.

(Arre, 13-12-14)

 

58

La blanca niebla,

cabellera de plata

sobre las cumbres.

(Pamplona, 17-12-14)

 

59

Duerme la niebla

en la cuna del valle,

llega la noche.

(Pamplona, 17-12-14)

 

60

La peña hendida:

su corazón de ramas,

el alma viva.

(Teo, 24-12-14)

 

61

El árbol seco

abraza con sus ramas

las rocas solas.

(Teo, 24-12-14)

 

62

Las flores rojas

Suavizanlas espinas

hasta olvidarlas.

(Cochabamba, 6-1-15)

 

63

Es imposible

impedir a la hoja

que caiga muerta.

(Cochabamba, 8-1-15)

 

64

En el invierno

las raíces trabajan

la dura tierra.

(El Pardo, 15-1-15)

 

65

Duerme el arroyo

esperando las nieves

del frío invierno.

(El Pardo, 15-1-15)

 

66

La tarde gris

anuncia quedamente

que el sol vendrá.

(El Pardo, 15-1-15)

 

67

La niebla oculta

las nieves en su blancura

para guardarlas.

(Madrid-Zaragoza, 18-1-15)

 

68

Cae la nieve,

se ocultan los pájaros

quién sabe dónde.

(Madrid-Zaragoza, 15-1-15)

 

69

El beso frío

de la nieve que envuelve

la tierra yerma.

(Madrid-Zaragoza, 18-1-15)

 

70

Callan los surcos

cuando la nieve posa

sus alas blancas.

(Madrid-Zaragoza, 18-1-15)

 

71

¿A dónde llevan

los caminos nevados

en el invierno?

(Madrid-Zaragoza, 18,1-15)

 

72

Baten las olas

las rocas impasibles

con terquedad.

(Ciutadella, 28-1-15)

 

73

¿Con qué ojos ver

el mar desde la isla

que está a los lejos?

(Ciutadella, 27-1-15)

 

74

Las nubes negras

amenazan la mar

de olas bravías.

(Ciutadella, 27-1-15)

 

75

Galopan locas

las nubes tumultuosas

por sobre el mar.

(Ciutadella, 28-1-15)

 

76

Los talaiots

continúan enhiestos,

cual centinelas.

(Alaior, 29-1-15)

 

77

¿Por qué el azul

de las aguas del mar

no alumbra el fondo?

(Ciutadella, 28-1-15)

 

78

Los chopos borran

sus siluetas que tiemblan

bajo la nieve.

(Tren Madrid-Zaragoza, 2-2-15)

 

79

La nieve queda

allí donde se posa

con su silencio.

(Tren Madrid-Zaragoza, 2-2-15)

 

80

Muere la luz,

pero nunca la nieve,

aunque es de noche.

(Tren Madrid-Zaragoza, 2-2-15)

 

81

Cuando desciende

nadie mira la nieve,

pero ella cae.

(Tren Madrid-Zaragoza, 2-2-15)

 

82

En dura lid

lucha el sol con las nubes

y vence el sol.

(Madrid-Valencia (tren) 6-2-15)

 

83

Las lomas suaves

como los senos verdes

de madre-tierra.

(Madrid-Valencia (tren), 6-2-15)

 

84

Siempre paciente

la nieve duerme fría

en su intemperie.

(Madrid-Valencia (tren), 6-2-15).

 

85

La nieve duerme

en los montes que saben

que hay mil desiertos.

(Cumple de Teo, 13-2-15)

 

86

¿Por qué florecen

tan pronto los almendros

si el hielo está?

(Zaragoza, 24-2-15)

 

87

Bebe el azul

en el cauce del río

el cisne blanco.

(El Pardo, 20-2-15)

 

88

Las aguas turbias

los árboles arrastran

secos y yertos.

(Zaragoza, 26-2-15)

 

89

Los patos buscan

remansos en las aguas

turbias del río.

(Zaragoza, 26-2-15)

 

90

La garza negra

que sobrevuela el río,

flecha imparable.

(El Pardo, 28-2-15)

 

91

¿Cuántos los años

del abeto plantado

en el umbral?

(El Pardo, 28-2-15)

 

92

La enredadera

abraza al árbol solo

con amor verde.

(El Pardo, 26-2-15)

 

93

La niebla cae

sobre el bosque que duerme

en la alborada.

(El Pardo, 3-3-15)

 

94

Manto de niebla

que envuelve en el silencio

todas las cosas.

(El Pardo, 3-3-15)

 

95

Honda quietud

cuando la niebla cae

sobre los pinos.

(El Pardo, 3-3-15)

 

96

Reina la urraca

desde lo alto del pino

como en su trono.

(El Pardo, 3-3-15)

 

97

Mira la luna

en su balcón de nubes

la tierra en sombras.

(Madrid-Logroño, 4-3-15)

 

98

Vuelve la nieve

en las alas del viento

fría e hiriente.

(Logroño-Madrid, 5-3-15)

 

99

Entre la nieve

de los montes asoma

la primavera.

(El Pardo, 6-3-15)

 

100

El azul vivo

de las violetas dice:

soy primavera.

(El Pardo, 8-3-15)

 

101

Los tiernos brotes

en el tronco reseco

hablan de vida.

(El Pardo, 7-3-15)

 

102

La nieve altiva

no impide que llegue

la primavera.

(El Pardo, 6-3-15)

 

103

¿Dónde han estado

las tercas abubillas

en el invierno?

(El Pardo, 9-3-15)

 

104

Como las perlas,

las margaritas blancas

sobre la hierba.

(El Pardo, 10-3-15)

 

105

El azul denso

de las violetas tiernas

en la pradera.

(El Pardo, 10-3-15)

 

106

Las aguas vuelven

al cauce primigenio:

es primavera.

(El Pardo, 10-3-15)

 

107

Los gritos verdes

ahuyentan al invierno:

son las cotorras.

(El Pardo, 10-3-15)

 

108

Beben las aguas

los árboles del río

hasta el verano.

(El Pardo, sin fecha)

 

109

Las aguas traen

la nieve por el río

desde los montes.

(El Pardo, sin fecha)

 

110

No queda lejos

el tórrido verano

cuando más nieva.

(El Pardo, sin fecha)

 

111

La luz primera

del día besa al árbol:

beso de oro.

(El Pardo, 11-3-15)

 

112

Bulle la savia

en el árbol dormido:

es primavera.

(El Pardo, 11-3-15)

 

113

Sosiega el vuelo

el pájaro en la rama

y otra vez vuela.

(El Pardo, 11-3-15)

 

114

Todos los trinos

caben en el concierto

de primavera.

(El Pardo, 12-3-15)

 

115

La urraca sola

en el desnudo árbol

vigila y canta.

(El Pardo, 12-3-15)

 

116

Las avefrías

retozan en el agua

del río quieto.

(El Pardo, 12-3-15)

 

117

Manto de nubes

sobre el bosque de pinos,

llega la lluvia.

(El Pardo, 13-3-15)

 

118

Mueven las ramas

con la brisa temprana

sus brazos verdes.

(El Pardo, 13-3-15)

 

119

Tarda en llegar

a los árboles yertos

la primavera.

(El Pardo, 13-5-15)

 

120

El blanco explota

en la flor del almendro

rayando el día.

(El Pardo, 13-5-15)

 

121

Las flores blancas

del almendro, las rojas

de los perales.

(Madrid-Zaragoza, 16-3-15)

 

122

Tímido el sol

entre las nubes grises,

llega la lluvia.

(El Pardo, 17-3-15)

 

123

Lenta y premiosa

entre las nubes grises

la luz del día.

(El Pardo, 18-3-15)

 

124

Se oye el silencio

en la quieta mañana

del día calmo.

(El Pardo, 18-3-15)

 

125

Todavía no,

los pájaros no están,

todavía no.

(El Pardo, 19-3-15)

 

126

El blanco cisne

mira el verde del agua

desde su cuello.

(El Pardo, 19-3-15)

 

127

Como habitante

solitario del río

navega el cisne.

(El Pardo, 19-3-15)

 

128

Mira la mano

que se acerca ofrecida

el confiado cisne.

(El Pardo, 19-3-15)

 

129

El viento loco

zarandea los pinos

con fuerza bruta.

(El Pardo, 20-3-15)

 

130

Gritan los pinos

cuando el viento los saca

de sus ensueños.

(El Pardo, 20-3-15)

 

131

Es en la noche

cuando la nieve cae

blanca y callada.

(Madrid- Zaragoza, 23-3-15)

 

132

No impide el frío

que los árboles broten

en primavera.

(Madrid- Zaragoza, 23-3-15)

 

133

Sobre el almendro

la nieve cae mansa,

beso de hielo.

(Zaragoza-Madrid, 23-5-15)

 

134

El sol de abril

calienta trigo verde

que asoma y nace.

(Rabé, 31-3-15)

 

135

El pajarillo,

va de arbusto en arbusto,

peregrinando.

(Rabé, camino de Santiago, 31-3-15)

 

136

Un mar ver

brota en los sembrados

al fin de marzo.

(Rabé, 31-3-15)

 

137

La luna mira

el verde renacido

del campo en marzo.

(Rabé, 31-3-15)

 

138

Nueva es la luz

que en todas las mañanas

abre la vida.

(El Pardo, 8-4-15)

 

139

Le cuesta al frío

del invierno dejar 

su helado rostro.

(El Pardo, 8-4-15)

 

140

Con lentitud

se despierta el álamo

de su letargo.

(El Pardo, 8-4-15)

 

141

En el silencio

de los árboles mudos

duerme la vida.

(El Pardo, 9-4-15)

 

142

Como esmeraldas

que vuelan con estruendo

son las urracas.

(El Pardo, 9-4-15)

 

143

Se oyen los pasos

del caminante, el pato

levanta el vuelo.

(El Pardo, 9-4-15)

 

144

Perlas de luz

las gotitas del agua

sobre la hierba.

(El Pardo, 9-4-15)

 

145

Aunque hace frío

trinan vivos los mirlos

en la enramada.

(El Pardo, 9-4-15)

 

146

Las nubes grises

no impiden que haya cantos

en la espesura.

(El Pardo, 10-4-15)

 

147

Pobres los trigos

malnacidos. Qué duro

será el verano.

(Zaragoza-Antequera, 17-4-15)

 

148

Los olivares

de plata oscura y bronce

sobre las lomas.

(Zaragoza-Antequera, 17-4-15)

 

149

Blanco ejército,

las nubes en la tarde

sobre los bosques.

(Zaragoza-Antequera, 17-4-15)

 

150

El amarillo

entre los campos verdes,

la colza, el trigo.

(Zaragoza-Antequera, 17-4-15)

 

151

Los yertos montes,

túmulos de retama,

encierran vida.

(Zaragoza-Antequera, 17-4-15)

 

152

El mes de abril

estrenando color,

llega el verano.

(Antequera, 18-4-15)

 

153

Huele el amor

con el azahar nuevo,

fiesta de vida.

(Antequera, 18-4-15)

 

154

Es fuerte el sol

de la tarde en abril,

vida que muere.

(Antequera-Madrid, 18-4-15)

 

155

Isla de verde

el campo de naranjos

entre olivares.

(Antequera-Madrid, 18-4-15)

 

156

Solo las nubes

pueden guardar al sol

sin abrasarse.

(Antequera-Madrid, 18-4-15)

 

157

Cae la noche

en el negro olivar,

silencio oscuro.

(Antequera-Madrid, 18-4-15)

 

158

Se muere el sol

tras los montes lejanos,

vida en lo oculto.

(Antequera-Madrid, 18-4-15)

 

159

La primavera

explotando en los árboles

del verde soto.

(El Pardo, 20-4-15)

 

160

El verde nuevo

en las yemas del árbol,

hojas de vida.

(El Pardo, 20-4-15)

 

161

Estalla el sol

en mil llamas de rosas:

pitiminí.

(El Pardo, 22-4-15)

 

162

Las flores vivas

de las pitiminíes

al sol sonríen.

(El Pardo, 23-4-15)

 

163

El amarillo

del rosal explosiona

en mil estrellas.

(El Pardo, 23-4-15)

 

164

Los abedules

sonríen al buen tiempo

con labios verdes.

(El Pardo, 21-4-15)

 

165

¿A dónde fueron

los olmos centenarios

llenos de vida?

(El Pardo, 21-4-15)

 

166

¿De dónde vienen

los pájaros que llenan

de vida el río?

(El Pardo, 28-4-15)

 

167

Curva del Duero

cantada por Machado,

yo te saludo.

(Soria, 4-10-14)

 

168

De la alta rama

se derrama el zureo

de las palomas.

(El Pardo, 28-4-15)

 

169

La sinfonía

de múltiples perfumes

en primavera.

(El Pardo, 28-4-15)

 

170

¿Respira o canta

el mirlo en la enramada

cuando amanece?

(El Pardo, 29-4-15)

 

171

¿Vuelven los mirlos

cada año al mismo sitio

del bosquecillo?

(El Pardo, 29-4-15)

 

172

Los pinos negros

aguardan quietos al sol

en la mañana.

(El Pardo, 30-4-15)

 

173

La yedras verdes

se entibian con el sol

cuando la aurora.

(El Pardo, 39-9-15)

 

174

De encaje verde

se visten los hayedos

en primavera.

(Urbasa, 3-5-15)

 

175

Música humilde

la del arroyo claro

para las flores.

(Egino, 5-5-15)

 

176

Jaras y espinos

blanquean las montañas,

mayo florido.

(Egino, 5-5-15)

 

177

De alas rojizas

pajarillo confiado

en el silencio.

(Urbasa, 1-5-15)

 

178

Manto de nubes

sobre la hierba verde,

calor del cielo.

(Urbasa, 2-5-15)

 

179

Mínimas setas

perdidas en la hierba,

las senderuelas.

(Urbasa, 3-5-15)

 

180

Montes de flores

en el castaño de indias,

árbol de luz.

(Logroño, 4-5-15)

 

181

Desde la roca

en la corriente fresca

bebe la garza.

(Logroño, 4-5-159)

 

182

La rama verde

navega alborozada

en la corriente.

(Logroño, 4-5-15)

 

183

Blancos penachos:

se alinean los olmos,

huestes de luz.

(Egino, 7-5-15)

 

184

El aire fresco

de la mañana nueva

insufla vida.

(El Pardo, 8-5-15)

 

185

¿Qué esconde el río

en sus aguas oscuras

como la noche?

(El Pardo, 9-5-15)

 

186

Discurre el río,

plácido y sosegado,

como quien ama.

(El Pardo, 9-5-15)

 

187

Lluvia de perlas

sobre el manto de hierba:

el aspersor.

(El Pardo, 10-5-15)

 

188

La sombra oscura

atrae al caminante

cuando el sol quema.

(El Pardo, 11-5-15)

 

189

Desde el invierno

mueren en los recodos

pequeñas balsas.

(El Pardo, 11-5-15)

 

190

Canta en la noche

la lechuza escondida:

late la vida.

(El Pardo, 14-6-15)

 

191

Gama de verdes,

el bosque familiar:

calma en los ojos.

(El Pardo, 14-6-15)

 

192

Árboles muertos

en el cauce del río:

tumba de agua.

(El Pardo, 14-4-15)

 

193

La hierba muerta

descansa sobre el campo

tranquila y sola.

(Rabé, 15-5-15)

 

194

El fiero cierzo

cabalga enloquecido

sobre los trigos.

(Rabé, 15-5-15)

 

195

El sol se mira

sobre los lienzos verdes

de los trigales.

(Rabé, 15-5-15)

 

196

El viento azota

los álamos que siguen

mirando al cielo.

(Rabé, 15-5-15)

 

197

Blancura y blanco,

dos mariposas vuelan:

luz sobre luz.

(Rabé, 165-15)

 

198

La rosa humilde

en rosal de pobreza

perfuma el trigo.

(Rabé, 17-5-15)

 

199

Canta el jilguero

sin que nadie lo escuche:

canta de nuevo.

(Rabé, 17-5-15)

 

200

Penacho de oro

entre los verdes campos

la áspera aliaga.

(El Pardo, 19-5-15)

 

201

Las hierbas muertas

viajan en la corriente:

funeral verde.

(El Pardo, 19-5-15)

 

202

Lanzas enhiestas

en la quietud del río

las cañas secas.

(El Pardo, 19-5-15)

 

203

Sombra de nubes

en el azul del cielo,

llega la lluvia.

(El Pardo, 19-5-15)

 

204

Canta un pájaro

y el eco lo repite

dentro, en la fronda.

(El Pardo, 20-5-15)

 

205

Una tras otra

dos palomas cortejan

de rama en rama.

(El Pardo, 20-5-15)

 

206

El pescador

mira al río y el pez

ronda los cebos.

(El Pardo, 20-5-15)

 

207

Son las cotorras,

algarabía verde

de árbol en árbol.

(El Pardo, 21-5-15)

 

208

Se quiebra el árbol,

cae al cauce del río,

muere en silencio

(El Pardo, 21-5-15)

 

209

El sol se mira

en el brillo del agua

sobre la hierba.

(El Pardo, 21-5-15)

 

210

El verde oscuro

del río silencioso

¿qué esconde dentro?

(El Pardo, 22-5-15)

 

211

El duro sol

seca la hierba tierna

de los caminos.

(El Pardo, 22-5-15)

 

212

Con dedos largos

quieren tocar los pinos

el cielo azul.

(El Pardo, 22-5-15)

 

213

El viento fresco

de la mañana nueva

con sus perfumes.

(El Pardo, 25-5-15)

 

214

Abrazo tierno

de las enredaderas,

al arbolillo.

(El Pardo, 25-5-15)

 

215

Amarillea

el río por el polen

que viaja en él.

(El Pardo, 30-5-15)

 

216

Las cañas verdes

brotan entre las secas:

vida en la muerte.

(El Pardo, 30-5-15)

 

217

Lento va el cauce,

pero el agua camina,

lenta se mueve.

(El Pardo, 30-5-15)

 

218

El tronco negro

quemado en el incendio

grita su muerte.

(El Pardo, 30-5-15)

 

219

Luz entre agua,

oro disperso y gozo

sobre la hierba.

(El Pardo, 1-6-15)

 

220

Muere la tierra

con rostro de ceniza,

negra y quemada.

(El Pardo, 1-6-15)

 

221

Nace el sol limpio

y se acompaña en la tarde

de nubes negras.

(El Pardo, 1-6-15)

 

222

Como la muerte,

negro el tronco quemado,

como la muerte.

(El Pardo, 1-6-15)

 

223

Mueve su cola,

pizpireta y graciosa,

la fea urraca.

(El Pardo, 1-6-15)

 

224

Una luz nueva

entra en el verde follaje

por la mañana.

(El Pardo, 1-6-15).

 

225

Serios los pinos

velan el sueño blanco

de las estrellas.

(El Pardo, 1-6-15)

 

226

El pato espera

en el cauce del río

que pase el pez.

(Logroño, 2-6-15)

 

227

Lenta, muy lenta,

camina la cigüeña

por el manglar.

(Logroño, 2-6-15)

 

228

Se ven las piedras

en el fondo del río

como sus huesos.

(Logroño, 2-6-15)

 

229

Gozo infinito

la bandada de alondras

cruzando el cielo.

(Logroño 3-6-15)

 

230

Se ven los peces

en su casa desnuda

de límpida agua.

(Logroño, 4-6-15)

 

231

La sombra oscura

del árbol cierra puertas

al duro sol.

(Logroño, 4-6-15)

 

232

A pocos días

del incendio cruel

brota la hierba.

(El Pardo, 8-6-15)

 

233

Bajo las aguas

sigue la vida calma,

mira las aguas.

(El Pardo, 8-6-15)

 

234

Los pobres cardos

orlan el polvoriento

camino a casa.

(El Pardo, 8-6-15)

 

235

Casa de sombra

la del mirlo que canta

en la espesura.

(El Pardo, 8-6-15)

 

236

La blanca jara

inunda de sonrisas

el monte seco.

(Manzanares, 8-6-15)

 

237

Derrama humilde

su perfume el cantueso

entre los pinos.

(Manzanares, 8-6-15)

 

238

Una tras otra,

millares de cascadas

buscando el río.

(Manzanares, 8-6-15)

 

239

Cabalga el río,

Rápidos y remansos,

corazón de agua.

(Manzanares, 8-6-15)

 

240

Sube la hormiga

por el tronco del árbol

y luego baja.

(El Pardo, 9-6-15)

 

241

Corre el gardacho,

como un verde relámpago,

hacia la sombra.

(El Pardo, 9-6-15)

 

242

Música verde,

el viento entre los pinos

en la tardeada.

(El Pardo, 10-6-15)

 

243

Nubes y viento

en la tormenta airada,

luego la calma.

(El Pardo, 9-6-15)

 

244

Truena a lo lejos;

se esconde el avefría

entre las cañas.

(El Pardo, 10-6-15)

 

245

Suenan los truenos

y enmudecen las aves;

de nuevo cantan.

(El Pardo, 106-15)

 

246

Desde lo alto

las nubes vigilantes

velan las sendas.

(El Pardo, 10-6-15)

 

247

La hierba seca

perfuma los caminos

después de muerta.

(El Pardo, 10-6-15)

 

248

Tímido el sol

asoma entre las nubes

cuando abre el día.

(El Pardo, 10-6-15)

 

249

Retumba lejos

la cascada del trueno;

llega la lluvia.

(El Pardo, 10-6-15)

 

250

Un manto de agua

cae sobre la hierba,

ardor calmado.

(El Pardo, 10-6-15)

 

251

La voz del trueno

se derrumba en la tierra

como un torrente.

(El Pardo, 11-6-15)

 

252

Llama amarilla

la retama a brillante

en el secano.

(El Pardo, 13-6-15)

 

253

Se va y se viene

la tormenta que ruge

como una fiera.

(El Pardo, 11-6-15)

 

254

Huyen las sombras,

estalla la centella

en la tormenta.

(El Pardo, 11-6-15)

 

255

Vuelan los pájaros

a la rama y se posan;

miran, se van.

(El Pardo, 12-6-15)

 

256

Crecen las hierbas

en el jardín, altivas,

siempre rebeldes.

(El Pardo, 12-6-15)

 

257

La enredadera

se agarra a la alambrada

con tesón vivo.

(El Pardo, 12-6-15)

 

258

Tardan las nubes

en irse contemplando

al relámpago.

(El Pardo, 12-6-15)

 

259

¿Cómo es posible

que el árbol esté vivo

y no se mueva?

(El Pardo, 13-6-15)

 

260

Con las tormentas

muchos cardos azules

han florecido.

(El Pardo, 15-6-15)

 

261

El cisne blanco

en el río de aguas negras

hunde su pico.

(El Pardo, 15-6-15)

 

262

Fuera del agua

los patos picotean;

vuelven al río.

(El Pardo, 16-6-15)

 

263

La urraca sola

sobre la rama verde

bizquea y canta.

(El Pardo, 16-6-15)

 

264

Velan las rocas

el discurrir del río

lento y sereno.

(El Pardo, 17-6-15)

 

265

Se oculta el río

entre las verdes sombras

y en su silencio.

(El Pardo, 17-6-15)

 

266

Callan los mirlos,

el relámpago estalla,

vuelven al canto.

(El Pardo, 17-6-15)

 

267

Vienen y van

los vencejos al nido,

entran y salen.

(El Pardo, 18-6-15)

 

268

En el camino,

pisada y olvidada,

muere la hierba.

(El Pardo, 18-6-15)

 

269

¿Por qué está solo

en el río tranquilo

el cisne blanco?

(El Pardo, 18-6-15)

 

270

¿Cómo vivir

sin la lluvia y su tenue

murmullo en tierra?

(Logroño, 22-6-15)

 

271

¿No es el frescor

de la lluvia en la noche

la senda al sueño?

(Logroño, 22-6-15)

 

272

Cuando olvidemos

el ruido de la lluvia,

desmemoriados.

(Logroño, 22-6-15)

 

273

Paz en la noche,

la humilde y tenue lluvia

que nos envuelve.

(Logroño, 22-6-15)

 

274

Se anuncia el día,

la luz recién nacida,

vuelve la vida.

(Logroño, 13-6-15)

 

275

Canta el pájaro

en la ciudad callada:

amanecer. 

(Logroño, 23-6-15)

 

276

En la cascada

se ha bañado la garza

como una reina.

(El Pardo, 12-6-15)

 

277

Tras los insectos

locos van como flechas

negros vencejos.

(El Pardo, 12-6-15)

 

278

En la alta rama

del pino la cigüeña

observa y reina.

(Manzanares, 17-6-15)

 

279

Llegan volando

las cigüeñas; son dardos

partiendo el aire.

(Manzanares, 27-6-15)

 

280

Cloc, cloc, cloquean

las cigüeñas, a la torre

llegan las sombras.

(Manzanares, 27-6-15)

 

281

Duerme en la torre

la cigüeña cansada

de cortar vientos.

(Manzanares, 27-6-15)

 

282

Muerto cayó

el cuerpecillo leve

del petirrojo.

(Zaragoza, 29-6-15)

 

283

¿Por qué se mueren

los pájaros?¿No saben

que ya no hay luz?

(Zaragoza, 29-6-15)

 

284

En la corriente,

los pececillos gozan;

los patos, lejos.

(Logroño, 30-6-15)

 

285

Ya caen hojas

aunque el verano acaba

de comenzar.

(Logroño, 30-6-15)

 

286

Siete cigüeñas

cruzan el cielo azul,

silencio y luz.

(Logroño, 24-6-15)

 

287

Vuelo de locos

a la luz de la luna,

los avioncillos.

(Logroño, 24-6-15)

 

288

En los geranios

rompe el sol de verano

en mil destellos.

(Logroño, 24-6-15)

 

289

Rondan y rondan

los vuelos del avanto

los mallos rojos.

(Logroño, 25-6-15)

 

290

Naves al viento

el vuelo de los buitres

sobre los montes.

(Logroño 25,6-15)

 

291

El rojo vivo

de las cerezas dulces

sobre hojas verdes.

(Logroño, 25-6-15)

 

292

Pálida luna

que miras en silencio

los campos grises.

(Logroño, 25-6-15)

 

293

Trinos tenaces

anuncian la jornada:

amanecer.

(Logroño, 26-6-15)

 

294

Igual que un velo

la niebla oculta el rostro

de la montaña.

(Loiola, 2-7-15)

 

295

Besa la niebla

la aspereza de piedra

del monte gris.

(Loiola, 2-7-15)

 

296

Aguanta el árbol

la canícula dura

estoicamente.

(Loiola, 3-7-15)

 

297

Los avellanos

zarandeados al viento

anuncian lluvia.

(Loiola, 3-7-15)

 

298

Corren las nubes

perseguidas por vientos,

locas y vivas.

(Loiola, 3-7-15)

 

299

Baja la niebla

desde la cumbre altiva

al valle, hambrienta.

(Loiola, 4-7-15)

 

300

Una magnolia

pone luz en el cauce

del río oscuro.

(Loiola, 5-7-15)

 

301

Sobre el magnolio

cae la fina lluvia,

besos de agua.

(Loiola, 5-7-15)

 

302

De carne blanca

las flores del magnolio,

para besarlas.

(Loiola, 5-7-15)

 

303

Llueve en silencio

sobre la huerta humilde

casi sin flores.

(Loiola, 5-7-15)

 

304

¿Dónde la niebla

que ayer, tenaz, velaba

la faz del valle?

(Loiola, 6-7-15)

 

305

¿Cuánto resiste

una magnolia muerta

lejos del árbol?

(Loiola, 6-7-15)

 

306

El tilo bebe

los vientos de la tarde

y se refresca.

(Loiola, 7-7-15)

 

307

Presas las flores

tras las rejas inertes

de la ventana.

(Zaragoza, 8-7-15)

 

308

Sola la adelfa

con sus flores hermosas,

tóxica y sola.

(Logroño, 9-7-15)

 

309

Brotan los lirios

de las profundidades

del río turbio.

(Logroño, 9-7-15)

 

310

Un montoncito,

con algunas plumas, huesos,

el pajarillo.

(Logroño, 11-7-15)

 

311

Sobre una roca

la cigüeña vigila

al pez del río.

(Logroño, 11-7-15)

 

312

En la maraña

la vid del emparrado

del sotobosque.

(Logroño, 11-7-15)

 

313

Como en familia,

la menta junto al río

con las ortigas.

(Logroño, 11-7-15)

 

314

Los incansables

chopos con verde orgullo

tienden a lo alto.

(Burgos, 15-7-15)

 

315

Beben con sed

los árboles del soto,

verdes sus fauces.

(Burgos, 15-7-15)

 

316

En la mañana

se preparan los pinos,

calor de muerte.

(Madrid, 22-7-15)

 

317

Abre sus fauces

la tierra requemada

a la tormenta.

(Madrid, 22-7-15)

 

318

Cae implacable

la tormenta en la tarde,

surge la vida.

(Madrid, 22-7-15)

 

319

¡Ríe, cantuta,

campana del Perú

que mira al suelo!

(Baiona, 26-7-15)

 

320

Lamen las nubes

el rostro de la luna,

lengua en la noche.

(Baiona, 27-7-15)

 

321

Sigue el arroyo

con su cauce ignorado

buscando el mar.

(Baiona, 27-7-15)

 

322

¿Qué esconde el mar

en sus olas oscuras

y tumultuosas?

(Baiona, 30-7-15)

 

323

Golpea el agua

de las tenaces olas

la dura roca.

(Baiona, 30-7-15)

 

324

No se fatigan

las olas incansables

de ir a la playa.

(Baiona, 30-7-15)

 

325

Duerme la tierra

la siesta del verano

inacabable.

(Villanueva de Alcardete, 4-8-15)

 

326

¿Quién no agradece

el olor del espliego

por la mañana?

(Villanueva de Alcardete, 5-8-15)

 

327

Huele la higuera

a creación primera,

a día nuevo.

(Villanueva de Alcardete, 5-8-15)

 

328

¿Con cuántos soles

madurarán las uvas

de tantas cepas?

(Villanueva de Alcardete, 5-8-15)

 

329

Uva de agosto,

hermana agraz y pobre

de la de otoño.

(Villanueva de Alcardete, 6-8-15)

 

330

No espera el sol

a que nadie le vea

alborear.

(Villanueva de Alcardete, 6-8-15)

 

331

Tres ramas verdes

brotan del tronco viejo

ya cercenado.

(Villanueva de Alcardete, 6-8-15)

 

332

Llanura inmensa

vigilada de noche

por las montañas.

(Villanueva de Alcardete, 7-8-15)

 

333

Vuelo rasante

de los vencejos negros

sobre el rastrojo.

(Villanueva de Alcardete, 7-8-15)

 

334

Lleva la hormiga

una carga pesada,

¿sabe por qué?

(Villanueva de Alcardete, 7-8-15)

 

335

En su silencio

las piedras del marcuero

dicen que viven.

(Villanueva de Alcardete, 8-8-15)

 

336

Las vides muertas,

cual campo de batalla,

hondo silencio.

(Villanueva de Alcardete, 8-8-15)

 

337

A borbotones,

como racimos de uvas

dulces endrinas.

(Villahizán de Treviño, 10-8-15)

 

338

Como una estrella

brilla el cardo en el cielo

de la cuneta.

(Villahizán de Treviño, 10-8-15)

 

339

Fieles vigías

los árboles en el río

guardando sueños.

(Villahizán de Treviño, 11-8-17)

 

340

Las hojas secas

danzan en torbellinos

de un viento loco.

(Villahizán de Treviño, 11-8-15)

 

341

Dueña y señora

como reina de Saba

va la cigüeña.

(Villahizán de Treviño, 17-8-15)

 

342

Cubre la luna

de ternura la tierra

con luz humilde.

(Villahizán de Treviño, 18-8-13)

 

343

Un monte de oro

entre las esmeraldas,

los girasoles.

(Villahizán de Treviño, 16-8-13).

 

344

Dunas de oro

en el áspero páramo,

los girasoles.

(Villahizán de Treviño, 17-8-15)

 

345

Libres y altivos,

al sol vuelven la espalda

los girasoles.

(Villahizán de Treviño, 17-8-15)

 

346

La luz que muere

siembra de oro los campos

de girasoles.

(Villahizán de Treviño, 17-8-15)

 

347

El blanco espino

y sus humildes frutos,

las manzanitas

(Villava, 15-8-15)

 

348

Rosal silvestre

de escaramujos rojos

en el camino.

(Villava, 15-8-15)

 

349

Las dulces moras

con humildad se ofrecen

al caminante.

(Estercuel, 24-8-15)

 

350

Gota de miel,

los higos pequeñitos

en las higueras.

(Estercuel, 24-8-15)

 

351

Música de harpa,

el viento entre los pinos

cuando atardece.

(Estercuel, 24-8-15)

 

352

Un petirrojo

anida en la quebrada,

hermoso y solo.

(Estercuel, 25-8-15)

 

353

El cielo azul

no recuerda las nubes

de la tormenta.

(Estercuel, 25-8-15)

 

354

El color muerto:

muerta la mariposa

sobre el asfalto.

(Estercuel, 26-8-15)

 

355

El pino muere

en brazos amantes

del verde bosque.

(Estercuel, 27-8-15)

 

356

Sobre la roca

el pino se alza enhiesto,

¿de qué aguas bebe?

(Estercuel, 28-8-15)

 

357

Brillo de luz,

rayo pobre y humilde,

la mariposa.

(Estercuel, 30-8-15)

 

358

El agua limpia,

baño de luz y vida

en la tormenta.

(Logroño, 31-8-15)

 

359

Las hojas secas

del plátano entierran

a las petunias.

(Logroño, 1-9-15)

 

360

Tarde de nubes

que amenazan tormentas

de broncas aguas.

(Logroño, 1-9-15)

 

361

Cae la lluvia

en la ciudad dormida,

mansa y oscura.

(Logroño, 1-9-15)

 

362

La garza gris

pesca en el río turbio,

altiva y quieta.

(Logroño, 1-9-15)

 

363

El río lleva

barros ocres lejanos

buscando el mar.

(Logroño, 2-9-15)

 

364

Música tierna

el agua de la lluvia

en los cristales.

(Logroño, 2-9-15)

 

365

Pena y placer

pisar en el otoño

las hojas secas.

(Logroño, 3-9-5)

 

366

Bien afilado,

el viento del otoño

habla de inviernos.

(Logroño, 3-9-15)

 

367

Las moras secas

recuerdan que el verano

también murió.

(Logroño, 6-9-15)

 

368

Nace y renace

el rosal en el parque

entre abedules.

(Logroño, 6-9-15)

 

369

Los faros velan

la noche y sus caminos,

¿y los del día?

(Costa da morte, 8-9-15)

 

370

Lamen las olas

incansables la arena,

¿hasta qué luna?

(Lekeitio, 10-9-15)

 

371

De rocas y agua

la catedral del mar,

siempre en azules.

(Itziar, 11-9-15)

 

372

Potente trino

en la densa enramada,

jilguero isleño.

(Palma, 16-9-15)

 

373

Luna que crece

iluminando el cielo

de la isla oscura.

(Palma, 17-9-15)

 

374

Los gallos cantan,

coro desharrapado

de la isla pobre.

(Palma, 18-9-15)

 

375

Enhiesta y recta

la palmera, ella sola,

en el jardín.

(Palma, 18-9-15)

 

376

¿De dónde sale

el sol de la mañana

sobre las islas?

(Palma, 18-9-15)

 

377

Las nubes cubren

con su manto de niebla

la isla quieta.

(Palma, 18-9-15)

 

378

Miles de orugas

por el tronco del haya

hasta sus hojas.

(Urbasa, 20-9-15)

 

379

Un viento frío

zarandea los olmos

en el otoño.

(Logroño, 23-9-15)

 

380

Siembra de hojas

sobre el mullido césped,

llega el otoño.

(Logroño, 23-9-15)

 

381

Entre las nubes

la luna viaja sola

en las tinieblas.

(Logroño, 26-9-15)

 

382

Viene el otoño

derrochando los oros

de su luz muerta.

(Logroño, 3-10-15)

 

383

Las aguas verdes

del río llevan lejos

la luz del árbol.

(Logroño, 7-10-15)

 

384

Las garzas negras

miran pasar el río

desde una roca.

(Logroño, 6-10-15)

 

385

Al vendaval

los álamos resisten

con viva fuerza.

(Logroño, 6-10-15)

 

386

Escaramujos,

frutos nunca apreciados

de los otoños.

(Logroño, 9-10-15)

 

387

Caen las hojas,

caricia seca y fría

sobre la hierba.

(Logroño, 9-10-15)

 

388

No hay en la noche

un silencio más denso

que el aire mudo.

(Logroño, 11-10-15)

 

389

Cae la lluvia,

compañía que abraza,

húmeda y gris.

(Logroño, 11-10-15)

 

390

Caen al suelo

las castañas pilongas

muertas y solas.

(Logroño, 11-10-15)

 

391

Lloran los álamos

sobre las aguas verdes

su llanto de hojas.

(Logroño, 11-10-15)

 

392

Pájaro y río

desgranan en la tarde

sus melodías.

(Logroño, 11-10-15)

 

393

Las cuatro tórtolas,

locas y arrebatadas,

buscan el nido.

(Logroño, 11-10-15)

 

394

Saltan los peces

de los fondos del río,

círculos de agua.

(Logroño, 11-10-15)

 

395

Las viñas secas,

vendimiadas, sin uvas,

guardan silencio.

(Logroño, 12-10-15)

 

396

Caen las nueces,

muertas, sobre los brazos

de los olivos.

(Carreteras de Aras, 12-10-15)

 

397

De rojo y ocre

el manto de las viñas,

como unas reinas.

(Carretera de Aras, 12-10-15)

 

398

Lava el rocío

las zarzas del camino,

limpias y bellas.

(Carretera de Aras, 12-10-15)

 

399

Mil instrumentos

resuenan en la orquesta

de la tormenta.

(Logroño, 12-10-15)

 

400

La niebla envuelve

como manto entrañable

al monte en paz.

(Somosierra, 17-10-15)

 

401

Limpias, brillantes,

al alba en el rocío

las zarzamoras.

(Logroño, 18-10-15)

 

402

Viajan las hojas

en carruajes de agua

hasta qué mares.

(Villava, 19-10-15)

 

403

Sembrado el trigo,

los vientos mensajeros

llegan veloces.

(Villava, 19-10-15)

 

404

Canto incansable

el de las olas grises

sobre la playa.

(Santander, 20-10-15)

 

405

Aires de otoño

que desnudan al bosque

de sus colores.

(Haro, 21-10-15)

 

406

Como un relámpago

el salto de la ardilla

entre los pinos.

(Logroño, 21-10-15)

 

407

Arden las hojas

del olmo iluminado

en el otoño.

(Vitoria, 22-10-15)

 

408

Las nubes negras,

lentas, amenazantes,

¿a dónde van?

(Logroño, 22-10-15)

 

409

Tiñen de oro

los árboles de otoño

las aguas del río.

(Logroño, 23-10-15)

 

410

Mueren las viñas

con colores de sangre

cuando atardece.

(Logroño, 23-20-25)

 

411

Paciente espera

el maíz, el postrero

en ser segado.

(Tafalla, 27-10-15)

 

412

El viento sur

frena al otoño frío

en larga espera.

(Tafalla, 27-10-15)

 

413

Crecen los chopos

hace poco plantados

buscando vida.

(El Pardo, 29-10-15)

 

414

¿A dónde fueron

los mirlos que cantaban

en la arboleda?

(El Pardo, 29-10-15)

 

415

El sol se mira

en el brillante espejo

de la bahía.

(Palma, 30-1-15)

 

416

Lame la niebla

los tejados del pueblo

adormecido.

(Espinosa del Camino, 31-10-15)

 

417

Vigila el pato

el río que oscurece,

el pez se esconde.

(Logroño, 31-10-15)

 

 

418

Como helicópteros

de oro, azules y verdes,

unas libélulas.

(Madrid, 16-10-15)

 

419

Un mirlo canta,

rezagado y gozoso,

en el otoño.

(Logroño, 3-11-15)

 

420

La verde hiedra

con las lluvias de otoño,

vive de nuevo.

(Logroño, 3-11-15)

 

421

Las garzas negras

náufragas en el río

helado y turbio.

(Logroño, 4-11-15)

 

422

El árbol duerme

en el largo silencio

de sus raíces.

(Logroño, 4-11-15)

 

423

Caen las gotas

sobre el cauce del río,

agua sobre agua.

(Logroño, 4-11-15)

 

424

Baña la niebla

los árboles dormidos

en la mañana.

(Logroño, 6-11-15)

 

425

Sube la niebla

como aliento del río

hacia lo alto.

(Logroño, 11-11-15)

 

426

Entre las zarzas

las hojas muertas lloran

su fría herida.

(Logroño, 11-11-15)

 

427

Borra la niebla

el rostro de las cosas

hasta la aurora.

(Madrid, 15-11-15)

 

428

Blanca mortaja

sobre la tierra yerta

la niebla fría.

(Madrid, 15-11-15)

 

429

El sol de otoño

besa el trigo nacido,

el hielo acecha.

(Logroño, 16-11-15)

 

430

Se duerme el monte

con la manta dorada

del sol de otoño.

(Logroño, 17-11-15)

 

431

Lágrimas de oro

llora aterido el árbol

en el otoño.

(Logroño, 18-11-15)

 

432

Confiados, fríos,

los árboles aguardan

la primavera.

(Logroño, 18-11-15)

 

433

Últimas rosas

que esperanal invierno

estoicamente.

(Logroño, 18-11-15)

 

434

Con el arrullo

de la lluvia que cae

se duerme el bosque.

(Lesaka, 20-11-15)

 

435

Tamborilea

la lluvia de la noche

sobre el tejado.

(Lesaka, 20-11-15)

 

436

Cuando diluvia,

¿dónde están los pájaros,

su trino y canto?

(Lesaka, 20-11-15)

 

437

Se oye el silencio

en la tarde de lluvia

de los otoños.

(Lesaka, 20-11-15)

 

438

Sin previo aviso

las nubes nos regalan

su carga de agua.

(Donamaría, 21-11-15)

 

439

Viene y van

las nubes alocadas,

¿tienen un rumbo? 

(Donamaría, 21-11-15)

 

440

Se engrisa el cielo

cuando, desde la altura,

bajan las nubes.

(Donamaría, 21-11-15)

 

441

Las hojas secas

revuelan desnortadas

a cuatro vientos.

(Donamaría, 21-22-15)

 

442

Porque ha llovido

se hace joven la hierba

en el otoño.

(El Pardo, 23-11-15)

 

443

Oscuro y negro

el verde de los pinos

luce brillante.

(El Pardo, 23-11-15)

 

444

Se esconde el pato

en las aguas oscuras

del río helado.

(El Pardo, 23-11-15)

 

445

El viento frío

que viene de los montes

ahuyenta al mirlo.

(El Pardo, 23-22-15)

 

446

No ha amanecido

y el pájaro ya canta

en la enramada.

(El Pardo, 27-11-15)

 

447

Son dos silencios,

el del bosque y el río,

en el invierno.

(El Pardo, 28-11-15)

 

448

Destella el sol

en las agujas verdes

del pino joven.

(El Pardo, 28-11-15)

 

449

En gran silencio

revuelan los milanos

por sobre el río.

(El Pardo, 28-11-15)

 

450

Aunque es invierno

quedan uvas heladas

en los viñedos.

(San Asensio, 1-12-15)

 

451

Son dedos secos

los sarmientos podados

entre las cepas.

(San Asensio, 1-12-15)

 

452

En los manzanos

olvidados anida

el petirrojo.

(Egino, 2-12-15)

 

453

Escaramujos,

rojos frutos de dicha

en el invierno.

(Egino, 4-12-1)

 

454

Cae la tarde

y el viento se apacigua

hasta morir.

(El Pardo, 4-12-15)

 

455

Se duerme el mar

en la bahía quieta

entre las sombras.

(Cádiz, 5-12-15)

 

456

Se baña en luz

la gaviota en su vuelo

al alba nueva.

(Cádiz, 5-12-15)

 

457

Las dos gaviotas

se posan suavemente

sobre el mar calmo.

(Cádiz, 7-12-15)

 

458

Cae la noche,

lo oscuro en lo oscuro,

sobre la mar.

(Cádiz, 7-12-15)

 

459

Mueren las hojas

y caen en silencio,

último vuelo.

(Logroño, 16-12-15)

 

460

Nadan los patos,

pacífico escuadrón

en el remanso.

(Logroño, 16-12-15)

 

461

Florece el árbol

cuando aún es invierno,

el hielo observa.

(Logroño, 16-12-15)

 

462

En mil pedazos

se quiebra la corriente

al despeñarse.

(Logroño, 16-12-15)

463

Reloj de invierno

el crotoreo seco

de las cigüeñas.

(Logroño, 17-12-15)

 

464

Las margaritas

brotan en el invierno,

¡bella inconsciencia!

(Logroño, 18-12-15)

 

465

Dulzura y oro,

las hojas de los robles

sobre los prados.

(Orgi, 19-12-15)

 

466

Con el rocío

se lava el praderío

su verde rostro.

(Orgi, 19-12-15)

 

467

Música de oro

las hojas de los robles

contra las ramas.

(Orgi, 19-12-15)

 

468

Como barquitos

navegan las mil hojas

en la laguna.

(Orgi, 19-12-15)

 

469

Verde bufanda

que llena de calor

el musgo al roble.

(Orgi, 19-12-15)

 

470

Mueren las hojas

grandes de los plátanos

sobre la acera.

(Logroño, 20-12-15)

 

471

Bebe del río

la lavandera blanca

el agua helada.

(Logroño, 21-12-15)

 

472

Altiva y bella

en la más alta rama

la garza blanca.

(Logroño, 21-12-15)

 

473

De muerte herida

cae en silencio la hoja

y aún está verde.

(Logroño, 25-12-15)

 

474

Busca cobijo

la garza en la espesura

del denso bosque.

(Logroño, 18-12-15)

 

475

Llega hasta el alma

el humo de la leña,

olor de invierno.

(Logroño, 18-12-15)

 

476

Siguen viviendo

los pájaros del bosque

en el invierno.

(El Pardo, 11-1-16)

 

477

Vuela el gorrión

sin saber que es invierno,

ebrio de vida.

(El Pardo, 12-1-16)

 

478

Mueren las aguas

en silencio en el río

como quien parte.

(ElPardo, 12-1-16)

 

479

Pequeñas moscas

vuelan al trasluz

en el invierno.

(El Pardo, 12-1-16)

 

480

Aviones de oro

los milanos que vuelan

al par que el viento.

(El Pardo, 12-1-15)

 

481

El tibio sol

de un verano muy suave

ríe en el río.

(El Pardo,13-1-16)

 

482

Una gran flecha

de grullas atraviesa

el horizonte.

(ElPardo, 14-1-16)

 

483

Vuelan las grullas,

ejército de luz,

al mediodía.

(El Pardo, 14-1-16)

 

484

¿Dónde la diana

de la flecha potente

que hacen las grullas?

(El Pardo 14-1-16)

 

485

Blanca se oculta

la nieve tras la nube

de la montaña.

(El Pardo 15-1-16)

 

486

Las grises aguas

del río en el invierno

duermen su sueño.

(El Pardo, 17-1-16)

 

487

Echa el anzuelo

el pescador. Los peces

miran callados.

(El Pardo, 17-1-16)

 

488

¿Desde cuándo

las piedras del camino

guardan silencio?

(El Pardo, 17-1-16)

 

489

Tan majestuoso

el vuelo amplio y libre

del cisne blanco.

(El Pardo, 17-1-16)

 

490

Siguen las cañas

velando al río helado,

amores fieles.

(El Pardo, 19-1-16)

 

491

Detrás del velo

de niebla fría, el sol

oculta el brillo.

(El Pardo, 19-1-16)

 

492

El carbonero

anuncia con su trino

la primavera.

(El Pardo, 25-1-16)

 

493

El agua canta

en el desaguadero

de la represa.

(El Pardo, 26-1-16)

 

494

De abrazo frío

la niebla compañera

oprime el alma.

(El Pardo, 27-1-16)

 

495

Tiembla el rocío

sobre las hojas muertas

al alba nueva.

(El Pardo, 27-1-16)

 

496

Se incendia el cielo

con el rojo del alma

del sol que muere.

(El Prado, 30-1-16)

 

497

Van los mosquitos

al ritmo de los pasos

del caminante.

(El Pardo, 4-2-16)

 

498

Billa el arroyo

entre la fronda seca

del bosque helado.

(El Pardo, 5-2-16)

 

499

Cabalgan locas

las nubes con sus alas

ennegrecidas.

(El Pardo,9-2-16)

 

500

Rugen los pinos

movidos por el viento,

harpa gigante.

(El Pardo, 9-2-16)

 

501

Un pato vuela

solo, hacia el pantano.

Llega la noche.

(El Pardo, 15-2-16)

 

502

Sobre la nieve,

la flecha de las grullas

hacia los montes.

(El Pardo, 17-2-16)

 

503

El cisne blanco

navega entre las cañas

del río muerto.

(El Pardo, 18-2-16)

 

504

Brilla la nieve

bajo el sol de febrero,

blancura inmensa.

(El Pardo, 18-2-16)

 

505

Por la mañana,

manta de lana fría,

la niebla abraza.

(El Pardo, 22-2-16)

 

506

Quietos los pinos

reciben el abrazo

frío: la niebla.

(El Pardo, 22-2-16)

 

507

Bruma en febrero

que desdibuja el bosque

y lo disuelve.

(El Pardo, 22-2-16)

 

508

Podan el árbol

y se deja cortar

pacientemente.

(El Pardo, 22-2-16)

 

509

Para las garzas

 el olmo es una percha

en el invierno.

(Logroño, 25-2-16)

 

510

No sé tu nombre,

pajarillo que cantas

en la laguna.

(Logroño, 23-2-16)

 

511

El mirlo canta

en el árbol desnudo,

canto hacia el cielo.

(El Pardo, 29-2-16)

 

512

Nieve de marzo

en los montes lejanos,

agua en verano.

(El Pardo, 2-3-16)

 

513

El árbol viejo

como padre del bosque

abre sus ramas.

(El Pardo, 2-3-16)

 

514

De la espesura

salen cuatro palomas:

dardos al cielo.

(El Pardo, 5-3-16)

 

515

Bajo la lluvia

fría de marzo canta

el mirlo oculto.

(El Pardo, 5-3-16)

 

516

Los estorninos

planean cual ladrones

del olivar.

(San Asensio, 5-3-16)

 

517

Cargadas de agua

las nubes sobrevuelan

el quieto bosque.

(San Asensio, 5-3-16)

 

518

Recién plantados,

los arbolillos tiernos

tiemblan de frío.

(San Asensio, 9-3-16)

 

519

Las nieves lejos

vigilan el viñedo

frío, aterido.

(San Asensio, 9-3-16)

 

520

Grávidas de agua

se encabalgan las nubes

sobre las viñas.

(San Asensio, 9-3-16)

 

521

El solitario

cisne pesca en el río

peces de plata.

(El Pardo, 13-3-16)

 

522

Las aguas muertas

junto al río que corre

lloran oscuras.

(ElPardo, 16-3-16)

 

523

Siguen dormidos

los árboles enormes,

sueño profundo.

(El Pardo, 16-3-16)

 

524

Lento discurre

el río en el silencio

y sus ensueños.

(El Pardo, 17-3-16)

 

525

Enmudecidos,

cae sobre los pinos

la fina lluvia.

(Los Negrales, 18-3-16)

 

526

Como una sábana

la nieve envuelve al bosque:

quietud sublime.

(Los Negrales, 20-3-16)

 

527

Rostro de luz

sobre los pinos negros,

luna dorada.

(Los Negrales, 22-3-16)

 

528

Calienta el sol

los ateridos pinos

en la mañana.

(Los Negrales, 22-2-16)

 

529

Pregunta el árbol

si volverá mañana

el sol que nace.

(Garrapinillos, 27-3-16)

 

530

¿Dónde estuvieron

las margaritas muertas

en el invierno?

(Garrapinillos, 27-3-16)

 

531

Brillan al sol

en todo su esplendor

las caléndulas.

(Garrapinillos, 29-3-16)

 

532

Peinan los cierzos

la cabellera verde

de los trigales.

(Garrapinillos, 31-3-16

 

533

Se calma el viento,

cabecean los pinos

con mansedumbre.

(Garrapinillos, 31-3-16)

 

534

Rompen los rayos

del sol cuando amanece

el gris compacto.

(Garrapinillos, 1-4-16)

 

535

Sorda la lluvia

sobre el pinar callado:

todo silencio.

(El Pardo, 4-4-16)

 

536

Tamborilea

la lluvia sobre el techo

de la cabaña.

(El Pardo, 4-4-16)

 

537

Bajo la lluvia,

canta el mirlo, incansable,

su melodía.

(El Pardo, 4-4-16)

 

538

Cae la tarde

y con ella la lluvia

se hace silencio.

(El Pardo, 4-4-16)

 

539

Las nubes blancas

duermen sobre la nieve,

lecho y blancura.

(El Pardo, 6-4-16)

 

540                                       

Alta la nieve,

lejana en sus montañas,

blanca de orgullo.

(El Pardo, 6-4-16)

 

541

Ya canta el cuco,

por la puerta está entrando

la primavera.

(El Pardo, 6-4-16)

 

542

La rama rota

del imponente álamo

muere en silencio.

(El Pardo, 7-4-16)

 

543

Vuelven las nubes

de nuevo a la carga

con aguas lejanas.

(El Pardo, 9-4-16)

 

544

Duermen los olmos

su postrer sueño, llega

la primavera.

(El Pardo, 10-4-16)

 

545

Del árbol muerto

siguen brotando ramas

año tras año.

(El Pardo, 10-4-16)

 

546

Lenta labor,

pájaro carpintero,

en tu trabajo.

(El Pardo, 11-4-16)

 

547

Largo es el día

cuando la lluvia cae

tan pertinaz.

(El Pardo, 12-4-16)

 

548

El petirrojo

picotea el camino

bajo la lluvia.

(El Pardo, 12-4-16)

 

549

Cae la lluvia

dulce y lenta en la noche,

suave murmullo.

(El Pardo, 12-4-16)

 

550

Lluvia de abril

purificador baño

para la hierba.

(El Pardo, 12-4-16)

 

551

Con agua fresca

se lavan los alerces

siempre que orvalla.

(El Pardo, 12-4-16)

 

552

Sol mañanero

que acaricia la hiedra

y sus temblores.

(El Pardo 13-4-16)

 

553

Viejo de años

olmo quemado y seco

y aún con ramas.

(El Pardo, 13-4-16)

 

554

Ailanto seco

que esperas el sol nuevo

de primavera.

(El Pardo, 13-4-16)

 

555

Las once flores

que fueron arrancadas

mueren calladas.

(El Pardo, 14-4-16)

 

556

El lirio azul

amanece en la aurora

con luz del cielo.

(El Pardo, 16-4-16)

 

557

Temblor, plumaje,

el canto de los mirlos

incendia el árbol.

(El Pardo, 17-4-16)

 

558

A todas horas

resuenan en el bosque

los trinos vivos.

(El Pardo, 17-4-16)

 

559

El verdecillo

ha llegado cantando

con trinos nuevos.

(El Pardo, 17-4-16)

 

560

Bulle la vida

en el cañaveral

sin que se vea.

(El Pardo, 18-4-16)

 

561

Pujante crece

la hierba que han regado

las lluvias cálidas.

(El Pardo, 18-4-16)

 

562

Se nubla el cielo,

no abandona la lucha

el crudo invierno.

(El Pardo, 28-4-16)

 

563

Habláis de cruz,

dulces lirios morados

del mes de abril.

(El Pardo, 28-4-16)

 

564

Ríen al cielo

los lirios llameantes,

fuego amarillo.

(El Pardo, 28-4-16)

 

565

Los caracoles

se ocultan en la broza,

casa escondida.

(El Pardo, 28-4-16)

 

566

De fuego el bosque

ardiendo con el canto

de muchos mirlos.

(El Pardo, 3-5-16)

 

567

La luz del sol

acaricia los tilos

cuando amanece.

(El Pardo, 4-5-16)

 

568

Los tilos blancos

contemplan con sorpresa

los azulados.

(El Pardo, 4-5-16)

 

569

Plantío dulce

el campo de las fresas

de verde y rojo.

(El Pardo, 4-5-16)

 

570

Aun entre nubes

la luz de la mañana

es siempre nueva.

(El Pardo, 6-5-16)

 

571

La tierra espera,

en sosiego y silencio,

la lluvia nueva.

(El Pardo, 6-5-16)

 

572

Gotas de lluvia,

diamantes sobre el verde,

cuando atardece.

(El Pardo, 6-5-16)

 

573

A última hora

la lluvia en el campo:

dulce promesa.

(El Pardo, 10-5-16)

 

574

Sonrisa amarilla

que ilumina el sembrado,

la colza viva.

(El Pardo, 10-5-16)

 

575

Tímidas gotas

anuncian la tormenta

que ya se acerca.

(El Pardo, 10-5-16)

 

576

Nos mira el árbol

cuando sobre él hablamos

con desparpajo.

(El Pardo, 15-5-16)

 

577

El tibio sol

de mayo entre las nubes

se despereza.

(El Pardo, 15-5-16)

 

578

No existe dron

que persiga a los mirlos,

su loco vuelo.

(El Pardo, 15-5-16)

 

579

Danzan las nubes

en el cielo mezclado

de azul y blanco.

(El Pardo, 15-5-16)

 

580

¿Por qué florecen

tan pronto los almendros

si el hielo está?

(Zaragoza, 18-4-16)

 

581

Bebe el azul

en el agua del río

el blanco cisne.

(El Pardo, 18-4-16)

 

582

Campos de colza,

sementera de luz

entre los trigos.

(Pamplona, 19-4-16)

 

583

Bosque de malvas

al borde del camino,

lívida luz.

(El Pardo, 24-5-16)

 

584

Muestra el espino

sus nubes floreadas

de estrellas blancas.

(El Pardo, 24-5-16)

 

585

Vivo amarillo

en las matas de aliagas

cuando florecen.

(El Pardo,24-5-16)

 

586

Las ateridas

hojas de la amapola

al viento frío.

(El Pardo, 25-5-16)

 

587

Perfuma el aire

el límpido azahar

de los arbustos.

(El Pardo, 25-5-16)

 

588

Cae en silencio

la lluvia en primavera

como quien besa.

(El Pardo, 29-5-16)

 

589

Él también ríe

en el tapiz de flores,

el cardo azul.

(El Pardo, 1-6-16)

 

590

Aunque esté verde

la acacia de tres púas,

la enciende el mirlo.

(El Pardo, 1-6-16)

 

591

El viento besa

las hojas de los árboles

recién nacidas.

(El Pardo, 4-6-16)

 

592

El sol humilla

las flores y las hierbas

de primavera.

(El Pardo,5-6-16)

 

593

De las palomas

en lo oculto del árbol

se oye el zureo.

(El Pardo, 6-6-16)

 

594

Nieve sobre agua,

se posan los milanos

en el remanso.

(El Pardo, 6-6-16)

 

595

De dos en dos,

verde mezclado a verde,

van las cotorras.

(El Pardo, 7-6-16)

 

596

Con amarillas

túnicas las retamas

visten su mata.

(El Pardo, 8-6-16)

 

597

Los dedos verdes

de los jóvenes pinos

suben al cielo.

(El Pardo, 21-6-16)

 

598

Las ramas secas

de los árboles muertos

surgen enhiestas.

(El Pardo, 21-6-16)

 

599

Calienta el sol

desde por la mañana:

llega el verano.

(El Pardo, 22-6-16)

 

600

Del olmo viejo

se apodera la hiedra,

abrazo verde.

(El Pardo, 24-6-16)

 

601

La flor del cactus

mitiga la dureza

de sus espinas.

(Tiana, 2-7-16)

 

602

Del altozano

los pinos miran fijos

al mar azul.

(Tiana, 3-7-16)

 

603

El sol que besa

con sus besos de luz

al mar que sueña.

(Tiana, 5-7-16)

 

604

La suave brisa

de la mañana besa

las hierbas secas.

(Tiana, 6-7-16)

 

605

Cuando amanece

la niebla es el tamiz

del sol que nace.

(Tiana, 6-7-16)

 

606

Como alocadas

cabalgan entre los pinos

las nubes rotas.

(Tiana, 7-7-16)

 

607

La cola blanca

del conejo saltón

saluda y ríe.

(Tiana, 7-7-16)

 

608

Bebe en las rocas

el pino vigilante

savia de vida.

(Tiana, 7-7-16)

 

609

Asciende el muro

la inquieta lagartija

y luego baja.

(Tiana, 8-7-16)

 

610

Murió el gran pino

de grave enfermedad,

cansado y yerto.

(Tiana, 9-7-16)

 

611

¿Qué fiero rayo

hirió de muerte al pino

partiendo su alma?

(Tiana, 9-7-16)

 

612

Incendia el sol

las ramas de los pinos

en la alborada.

(Tiana, 9-7-16)

 

613

El pino muerto

espera que lo corten

y lo troceen.

(Tiana, 9-7-16)

 

614

De intenso rojo

se viste el firmamento

rayando el día.

(Tiana, 12-7-16)

 

615

En la mañana

las cigüeñas se beben

la luz que albea.

(Logroño, 18-7-16)

 

616

Amoratados,

los racimos caminan

hacia el dulzor.

(Logroño, 27-7-16)

 

617

Raíces secas

se abrazan a la roca,

seguro el pino.

(Gilet, 2-8-16)

 

618

Se escucha el trino

oculto en la maleza,

mirlo emboscado.

(Gilet, 4-8-18)

 

619

Despierta el bosque,

la luz del sol que nace

desde la mar.

(Gilet, 5-8-16)

 

620

La flor de acanto

envidia a las columnas

del viejo templo.

(Mérida, 13-8-16)

 

621

El pino bebe

en las tranquilas aguas

del manso mar.

(La Ramallosa, 19-8-16)

 

622

Las incansables olas

besan la playa,

comen sus algas.

(La Ramallosa, 19-8-16)

 

623

De verde oscuro

se visten los naranjos,

brillarán luego.

(Montiel, 21-8-16)

 

624

El sol que nace

calienta el alma fría

de los naranjos.

(Montiel, 22-8-16)

 

625

Llega la noche,

la flor de los hibiscos

llegará al alba.

(Montiel, 23-8-16)

 

626

Incendia el sol

la dulce serranía

de junto al mar.

(Montiel, 25-8-16)

 

627

Salen a flote

las plantas que se esconden

entre los fondos.

(Logroño, 29-8-16)

 

628

Las aguas verdes

del río en el verano

perezosean.

(Logroño, 31-8-16)

 

629

Muriendo el sol

se tiñe el mar de sangre

para la vida.

(Valdemosa, 5-9-16)

 

630

La luna roja

se ahoga en la bahía:

muerte en la vida.

(Palma, 6-9-16)

 

631

El tibio sol

besando los cipreses

borra las sombras.

(Zaragoza, 9-9-16)

 

632

Cae la niebla

como mortaja gris

sobre el silencio.

(Oporto, 11-9-16)

 

633

Como incansables

marinos las gaviotas

surcan el Duero.

(Oporto, 12-9-16)

 

634

Cae la lluvia,

implacable tormenta,

se encoge el alma.

(Oporto, 12-9-16)

 

635

El cisne negro

se mueve majestuoso

entre los patos.

(Sintra, 17-9-16)

 

636

Jardín de helechos,

verdes palmeras que tocan

las manos tibias.

(Sintra, 17-9-16)

 

637

El lago verde

es morada que esconde

fúlgidos peces.

(Sintra, 17-9-16)

 

638

La fuente humilde

encuentra un eco claro

en el silencio.

(Sintra, 17-9-16)

 

639

La flor del brezo

pinta de humilde morado

la luz del bosque.

(Sintra, 17-9-16)

 

640

Surgen los juncos

de los húmedos senos

del río seco.

(Logroño, 20-9-16)

 

641

Como familia,

patos, garzas, cigüeñas,

pueblan el río.

(Logroño, 26-9-16)

 

642

Una libélula

revuela rumorosa,

avión de gozo.

(Logroño, 27-9-16)

 

643

Cruza la sombra

de un buitre silencioso

por el pinar.

(Logroño, 30-9-16)

 

644

Los abejorros

liban las flores trémulas

aunque es otoño.

(Viana, 11-10-16)

 

645

Con el resol

se han secado las moras,

es tiempo de uvas.

(Viana, 11-10-16)

 

646

Alguien robó

el sol delos membrillos,

se ha hecho oscuro.

(Viana, 11-10-16)

 

647

Fiesta en la boca

el néctar de los higos

en el viñedo.

(Viana, 11-10-16)

 

648

Llueve en otoño;

es agua del verano

que va al invierno.

(Logroño, 12-10-16)

 

649

De ocre y oro

los castaños se visten

para el otoño.

        (Logroño, 1-11-16)             

 

650

Lágrimas de oro

van llorando los sauces

en el crepúsculo.

(Logroño, 1-11-16)

 

651

Ya sin los higos,

la higuera va enfilando

hacia el invierno.

(Logroño, 4-11-16)

 

652

Jinete loco,

la niebla va cabalgando

hacia el invierno.

(Logroño, 4-11-16)

 

653

Las hojas secas

como alfombra de muerte

para quien vive.

(Logroño, 4-11-16)

 

654

Gotas de lluvia

picotean la piel

del río calmo.

(Logroño, 4-11-16)

 

655

Las plumas de oro

de los álamos altos

en las orillas.

(Logroño, 17-11-16)

 

656

En la mañana

la niebla y el sol luchan

en luz y en duelo.

(Logroño, 17-11-16)

 

657

¿Cuándo se agotan

las lágrimas de lluvia

en el otoño?

(El Pardo, 23-11-16)

 

658

Las hojas muertas

a caer se resisten

del árbol de oro.

(El Pardo,23-11-16)

 

659

Cae la nieve

con el primer furor

del crudo invierno.

(El Pardo, 23-11-16)

 

660

El sol se cuela

entre las hojas secas

del avellano.

(El Pardo, 23-11-16)

 

661

Siembra la nieve

semillas de blancura,

yerto está el campo.

(El  Pardo, 24-11-16)

 

662

Terca la lluvia

clava en el duro campo

flechas de agua.

(El Pardo, 24-11-16)

 

663

Vuela la niebla

sobre los montes negros

de oscura luz.

(El Pardo, 24-11-16)

 

664

Yertas las viñas

se cubren de hojas de oro

mientras tiritan.

(El Pardo, 24-11-16)

 

665

Calladamente

nacen los trigos verdes

en el otoño.

(Cizur, 28-11-16)

 

666

El viento helado

del invierno que avanza

hiere al sembrado.

(Cizur, 28-11-16)

 

667

Hojas de muerte

sobre la acera fría,

las hojas secas.

(Logroño, 6-12-16)

 

668

El viento frío

los árboles desnuda,

tiritan solos.

(Logroño, 8-12-16)

 

669

Caen las gotas

que la niebla posa

entre las ramas.

(Vitoria, 10-12-16)

 

670

Túnica verde

el trigo que ha nacido

en el otoño.

(Cizur, 23-12-16)

 

671

El agua fría

del río va diciendo:

pasa el invierno

(Logroño, 24-12-16)

 

672

Los patos grises

sobre el espejo azul

del río quieto.

(Logroño, 29-12-16)

 

673

Se han adueñado

las garzas del islote

del río, oculto.

(Logroño, 3-1-17)

 

674

Con porte altivo

el cisne surca el río

día tras día.

(El Pardo,8-1-17)

 

675

Con gran estruendo

levanta el vuelo el cisne

lleno de fuerza.

(El Pardo, 8-1-17)

 

676

El duro pico

del carpintero muerde

la rama de oro.

(El Pardo,8-1-17)

 

677

Vida escondida

en el cañaveral,

se oyen los patos.

(El Pardo, 10-1-17)

 

678

Cae la nieve

sobre las tres palomas,

blanco con blanco.

(El Pardo, 16-1-17)

 

679

Muere la luz

del sol como un murmullo

de los pinares.

(El Pardo, 17-1-17)

 

680

Uno delante,

otro detrás, los dos patos

nadan callados.

(El Pardo, 22-1-17)

 

681

Vuelan las grullas

en el frío horizonte

de un cielo gris.

(El Pardo, 29-1-17)

 

682

Sigue la niebla

cubriendo con su manto

al pajarillo.

(El Pardo, 30-1-17)

 

683

Como un flagelo

golpea el oleaje

los farallones.

(Menorca, 12-2-17)

 

684

Hiere la luz

del sol la piel tranquila

del mar en calma.

(Menorca, 15-2-17)

 

685

Solo el barquillo

danzando en el espejo

del mar en paz.

(Menorca, 17-2-17)

 

686

En el invierno

se plantó el arbolito

que espera el sol.

(El Pardo, 26-2-17)

 

687

Entre la niebla

los toros ven pasar

al tren ruidoso.

(Sevilla, 25-2-17)

 

688

El caminante

escucha el canto alegre

del mirlo oculto.

(El Pardo, 26-2-17)

 

689

Vuelve el calor

y vuelven los mosquitos,

¿serán los mismos?

(El Pardo, 14-3-17)

 

690

Ha florecido

la rama del espino

con flores nuevas.

(El Pardo, 14-3-17)

 

691

Casa habitada

cañaveral del río,

los patos gozan.

(El Pardo, 14-3-17)

 

692

Quietas las vides

esperan el aliento

de primavera.

(Murcia 5-3-17)

 

693

Anuncio nuevo

la flor de los almendros

en primavera.

(Murcia, 5-3-17)

 

694

Se duerme el páramo

bajo el cielo embrumado

en el invierno.

(Murcia, 5-3-17)

 

695

Vienen los mirlos

al recodo del río,

su vieja casa.

(El Pardo, 15-3-17)

 

696

El tierno verde

de los brotes del árbol

canta la vida.

(El Pardo, 15-3-17)

 

697

Las ramas muertas

en el lecho del río

duermen calladas.

(El Pardo, 15-3-17)

 

698

Se oculta el ave

en la fronda del río,

casa segura.

(El Pardo, 16-3-17)

 

699

El sol caldea

las ramas casi heladas

del río gris.

(El Pardo, 16-3-17)

 

700

Levanta el vuelo

la garza retadora

rompiendo el viento.

(El Pardo, 16-3-17)

 

701

Paciente espera

el cisne majestuoso

que el pez asome.

(El Pardo,16-3-17)

 

702

Arde la hoguera

en la arboleda; el humo

perfuma el aire.

(El Pardo, 21-3-17)

 

703

Agujas finas

sobre la piel del río

la lluvia helada.

(El Pardo, 22-3-17)

 

704

Bajo la lluvia

canta su melodía

el tenaz mirlo.

(El Pardo, 22-3-17)

 

705

Tímidamente

cae lenta la nieve

sobre los bosques.

(El Pardo, 23-3-17)

 

706

Cae la tarde

y su nostalgia envuelve,

sosiega el alma.

(El Pardo, 23-3-17)

 

707

La niebla fría

cala hasta las entrañas

del árbol seco.

(El Pardo, 24-3-17)

 

708

Las margaritas

puntuales en el prado:

es primavera.

(El Pardo, 26-3-17)

 

709

Inacabables

los vuelos hacia el río

de la cigüeña.

(Logroño, 26-3-17)

 

710

Los brotes nuevos

alegremente anuncian

el sol de abril.

(Logroño, 26-3-17)

 

711

Refleja el río

el cielo azul y el rastro

de los aviones.

(El Pardo, 29-3-17)

 

712

Una ramita

colgando de su pico:

construye el nido.

(El Pardo, 29-3-17)

 

713

Lirio morado

que nos anuncias las penas,

brillas al sol.

(El Pardo, 30-3-17)

 

714

Peinan los cierzos

los trigales que brotan

con frío peine.

(Logroño, 23-3-17)

 

715

Suenan los carrizos

con la fuerza azotados

del duro cierzo.

(Zaragoza, 1-4-17)

 

716

El cierzo loco

revuelve los cabellos

de los álamos.

(Zaragoza, 2-4-17)

 

717

Abeto blanco,

escondido en la espesura,

no vives solo.

(Ochagavía, 11-9-20)

 

718

Baila una sombra

de rama en rama. El mirlo

incendia el árbol.

(El Pardo, 3-4-17)

 

719

El viento azota

el olivar callado,

silencio y luna.

(Cambrills, 28-4-17)

 

720

Lejos el mar,

fina línea azul,

labio de dioses.

(Cambrills, 24-4-17)

 

721

El gris del mar

y el del cielo se unen

a un gris total.

(Cambrills, 26-4-17)

 

722

El olivar

se encamina al invierno

callado y frío.

(Cambrills, 26-4-17)

 

723

Toc, toc, toc, toc,

pájaro carpintero,

tan incansable.

(El Pardo, 4-4-17)

 

724

Se baña el cisne

sacudiendo sus alas,

molino de agua.

(El Pardo, 4-4-17)

 

725

Tres nubecillas

surcan el cielo azul

rumbo a qué mares.

(El Pardo, 5-4-17)

 

726

Luna de día

que esperas con paciencia

el fiel crepúsculo.

(El Pardo, 8-4-17)

 

727

Trina el jilguero

con su trémolo trémulo,

temblor del alma.

(Solsona, 8-4-17)

 

728

La nieve lejos

corona las montañas

con nimbo blanco.

(Solsona, 10-4-17)

 

729

En las montañas

las nubes se encabalgan

amenazantes.    

(Salvatierra, 14-4-17)

730

El árbol seco

en el centro del prado,

marrón y verde.

(El Pardo, 17-4-17)

 

731

La luna aguarda

durante todo el día

la noche oscura.

(El Pardo,17-4-17)

 

732

Sola amapola

en el campo anchísimo

de verde vivo.

(El Pardo, 17-4-17)

 

733

De un modo tímido

revientan los pámpanos

en los viñedos.

(Logroño, 17-4-17)

 

734

Recién nacidas

las hojas del álamo

ya ofrecen sombra.

(El Pardo, 17-4-17

 

735

Que las hormigas

vayan y vengan muchas,

pero van solas.

(El Pardo, 19-4-17)

 

 

736

Van los jilgueros

buscando las semillas:

canto y revuelo.

(El Pardo, 28-4-17)

 

737

En la penumbra

de los juncos del río

atisba el cisne.

(El Pardo, 28-4-17)

 

738

Como un susurro

cae la lluvia fina

en el silencio.

(El Pardo, 30-4-17)

 

739

Las hojas nuevas

después de la tormenta

sonríen verdes.

(El Pardo, 29-4-17)

 

740

Canta el jilguero

bajo la lluvia, terco,

fiel a la vida.

(El Pardo, 29-4-17)

 

741

El verderón

salta de rama en rama

buscando casa.

(El Pardo, 30-4-17)

 

742

Como una flecha

los dos patos perforan

la piel del río.

(El Pardo, 30-4-17)

 

743

Las aves cantan

la libertad perdida,

las enjauladas.

(Zaragoza, 2-5-17)

 

744

Sólo la noche

logrará enmudecer

a los jilgueros.

(Zaragoza, 3-5-17)

 

745

Se fue la nieve

de la cresta del monte;

si volverá…

(El Pardo, 7-5-17)

 

746

El duro enebro

vencido por el viento

y verde aún.

(El Pardo, 8-5-17)

 

747

Persigue el cisne

al pato pequeñito,

blanca amenaza.

(El Pardo, 8-5-17)

 

748

El cauce de agua

va gestando la vida,

madre de río.

(El Pardo, 9-5-17)

 

749

Aunque hace frío,

se huele ya el perfume

del mes de abril.

(El Pardo, 28-4-17)

 

750

Las nubes grises

cabalgan voceando:

¡llega la lluvia!

(El Pardo,10-5-17)

 

<751

Muere la rama

desgajada del tronco,

olvido verde.

(El Pardo, 10-5-17)

 

752

Unos relámpagos

iluminan la cara

gris de las nubes.

(El Pardo, 10-5-17)

 

753

Mansa la lluvia

sobre la tierra mansa

envuelta en noche.

(El Pardo, 10-5-17)

 

754

Silban los vientos

enloqueciendo al árbol,

verdes corceles.

(El Pardo, 11-5-17)

 

755

Perlas de plata

en las hojas del pino,

las gotas de agua.

(El Pardo, 12-5-17)

 

756

Sobre la cresta

de la cornisa lanza

su canto el mirlo.

(El Pardo, 17-5-17)

 

757

La motosierra

doblegó al olmo viejo,

el resistente.

(El Pardo, 17-5-17)

 

758

En el camino

los dos patos exploran

la senda humana.

(El Pardo, 17-5-17

 

759

Vuela el avanto

en majestuoso vuelo

sobre su presa.

(El Pardo, 18-5-17)

 

760

El rincón verde

del río, de los mirlos

casa habitada.

(El Pardo, 18-5-17)

 

761

Tumbas de nadie

los marcueros silentes

en los sembrados.

(El Pardo, 19-5-17)

 

762

Verdes sotillos

en pequeñas vaguadas,

perlas ocultas.

(Zaragoza, 19-5-17)

 

763

Hablan los pinos

cuando el viento enloquece,

verdes cabellos.

(Zaragoza, 19-5-17)

 

764

La luz aprende

el dolor de vivir

en lucidez.

(Zaragoza, 20-7-17)

 

765

La acacia herida

aguanta el paso lento

de las jornadas.

(Zaragoza, 20-7-17)

 

766

La hierba crece;

no percibe el oído

su lento medrar.

(Zaragoza, 20-7-17)

 

767

Mueren las hojas

al cobijo benigno

del seto verde.

(Zaragoza, 20-7-17)

 

768

Se mezcla el trino

de los muchos pájaros

del bosque oscuro.

(Zaragoza, 20-7-17)

 

769

La  caléndula brota

sola en el prado llano

siempre verde.

(Zaragoza, 20-7-17)

 

770

Vuelan con paz

los pájaros oscuros

sobre el tejado.

(Zaragoza, 20-5-17)

 

771

Vigila el bosque

el sueño de la mar

en la montaña.

(Palma, 4-8-17)

 

772

La cabellera

verde de la montaña

pasto del fuego.

(Palma, 4-8-17)

 

773

Descansa el mar

de su oscura fatiga

cuando amanece.

(Palma, 4-8-17)

 

774

Perfuma el aire

la retama; y el brezo

responde altivo.

(Palma 4-8-17)

 

775

Al alba liban

las abejas veloces

el néctar suave.

(Palma, 4-8-17)

 

776

Sorprende el sol

a la hierba que duerme

cuando amanece.

(Palma 5,8-17)

 

777

Duerme la mar

con un manto de nubes

sobre su lecho.

(Palma, 5-8-17)

 

778

Rayos de luz

van trenzando las nubes

en la alborada.

(Palma, 5-8-17)

 

779

La fuentecilla

esconde el hilo de agua,

tímida se oye.

(Palma, 5-8-17)

 

780

Corona el monte

la nube que amenaza:

la tormenta sigue.

(Palma, 6-8-17)

 

781

¿Dónde los mirlos

cuando retumba el trueno

en la tormenta?

(Palma, 6-8-17)

 

782

Tras de la lluvia,

la tierra y su frescor

surgen de nuevo.

(Palma 6-8-17)

 

783

Abraza el mar

las oscuras tormentas,

llegan a casa.

(Palma, 6-8-17)

 

784

Fresca la tarde,

el canto de cigarras

ya no se escucha.

(Palma, 6-8-17)

 

785

Los abanicos

de refulgente verde

en el desierto.

(Palma, 6-8-17)

 

786

Tiene el paisaje

una dimensión nueva

cuando clarea.

(Palma, 7-8-17)

 

787

Palmas de verde

que contagian al viento

verde esperanza.

(Palma, 7-8-17)

 

788

Que caiga la noche

y que se duerma el mar

en el silencio.

(Palma, 7-8-17)

 

789

Sol entre nubes,

luz envuelta en las sombras,

brota la vida.

(Palma, 7-8-17)

 

790

Rayos de verde

de un sol pequeño y tierno,

palmas humildes.

(Palma, 7-8-17)

 

791

Se oculta el mar

tras la niebla engrisada.

¿Dónde los barcos?

(Palma, 8-8-17)

 

792

Se agarra el pino

a la imponente roca,

lucha de vida.

(Palma 8-8-17)

 

793

Velo de nubes

que oculta el sol naciente,

piedad y gozo.

(Palma, 8-8-17)

 

794

Besa la mar

con su brisa a los montes,

beso de vida.

(Palma, 8-8-17)

 

795

Camino lácteo

de nubes, luminoso

en la mañana.

(Palma, 9-9-17)

 

796

En el silencio

de la mañana surge

la voz del viento.

(Palma, 9-8-17)

 

797

Los habitantes

del bosque se despiertan

buscando el sol.

(Palma, 9-8-17)

 

798

Se arremolinan

las nubes en la cumbre,

corona gris.

(Palma, 9-8-17)

 

799

Limpio está el aire

por el baño gozoso

de la tormenta.

(Palma, 10-817)

 

800

Sacia la sed

la sierra con la lluvia,

fuerte y ruidosa.

(Palma, 10-8-17)

 

801

Es más azul

el mar tras la tormenta,

abrazo de agua.

(Palma, 10-8-17)

 

802

Plácido el río,

en la mañana quieta

se despereza.

(Logroño, 13-8-17)

 

803

Cuando amanece,

la luz del sol remueve

el dulce verde.

(Logroño, 13-8-17)

 

804

El canto fiel

del río, un día y otro,

habla de amor.

(Logroño, 13-8-17)

 

805

Procesión verde

de los chopos del río.

¿Hacia qué templo?
         (Villahizán, 14-8-17)

 

806

Seco el rastrojo

tras beberse el rocío,

sigue con sed.

(Villahizán, 14-8-17)

 

807

Miran las nubes

los campos requemados,

lloran sobre ellos.

(Villahizán, 14-8-17)

 

808

Muertos de sed,

los girasoles doblan

su gris cabeza.

(Villahizán, 14-8-17)

 

809

Cardos estoicos

bajo el ardiente sol,

vivos por dentro.

(Villahizán, 14-8-17)

 

810

Tierra mojada,

esponja de la vida,

salve, fecunda.

(Villahizán, 15-8-17)

 

811

Verdes de vida,

álamos de los sotos,

tan solitarios.

(Villahizán, 15-8-17)

 

812

Peinan los vientos

la verde cabellera 

de la enramada.

(Villahizán, 15-8-17)

 

813

Se eleva un pájaro

de la broza del monte;

baja en picado.

(Villahizán, 15-8-17)

 

814

La flor de acacia

alfombra de amarillo

la vieja senda.

(Palma, 16-6-17)

 

815

Vuela el pájaro

luchando contra el viento,

potente y loco.

(Logroño, 28-6-17)

 

816

A toda orquesta,

las hojas sacudidas

de los álamos.

(Logroño, 28-6-17)

 

817

Sombría sombra

del soto en la penumbra,

fresco refugio.

(Logroño, 4-6-17)

 

818

La araña teje

con un hilo de seda

los sueños leves.

(Logroño, 4-6-17)

 

819

La blanca luna

mira al sol que amanece

fuerte y hermoso.

(Logroño, 4-6-17)

 

820

Una incansable

procesión de hormiguillas

que va y que viene.

(Logroño, 12-6-17)

 

821

Se oculta el mirlo

en el bosque sombrío,

el sol ya hiere.

(Logroño, 21-6-17)

 

822

Humilde olivo

al borde del camino

lleno de fruto.

(Montiel, 21-8-17)

 

823

Se desperezan

los naranjos callados,

el sol los llama.

(Montiel, 22-8-17)

 

824

Lenguas sedientas

los matojos del camino,

es la sequía.

(Montiel, 23-8-17)

 

825

Asoma el sol

en la cresta del monte,

ve los naranjos.

(Montiel, 23-8-17)

 

826

Muere el silencio

de la noche callada

y nace el día.

(Montiel, 23-8-17)

 

827

El olivar

duerme su oscuro sueño,

ya milenario.

(Montiel, 24-8-17)

 

828

Los higos chumbos,

ofrenda al caminante

que no los quiere.

(Montiel, 24-8-17)

 

829

Perfil de luz,

la cresta de la sierra

cuando amanece.

(Montiel, 24-8-17)

 

830

Velan el sueño

del olivar las luces

de las estrellas.

(Montiel, 25-8-17)

 

831

Las secas cuencas

de los bosques quemados

miran al cielo.

(Montiel, 25-8-17)

 

832

En los naranjos,

el canto de los mirlos

incendia el verde.

(Montiel, 25-8-17)

 

833

Campos de esparto,

áspero y seco, con sed

nunca saciada.

(Montiel, 26-8-17)

 

834

Lento amanece,

tarda el sol en salir,

huele el otoño.

(Montiel, 26-8-17)

 

835

De día y noche

los vencejos persiguen

a los mosquitos.

(Montiel, 26-8-17)

 

836

Carga de lluvia

van llevando las nubes

hacia otras tierras.

(Montiel, 27-8-17)

 

837

Duerme el naranjo

esperando la aurora

con sueño verde.

(Montiel, 27-8-17)

 

838

La vida rompe

la densa oscuridad,

parto de luz.

(Montiel, 27-8-17)

 

839

Se oye el silencio

cuando, al punto del día,

despierta el alba.

(Montiel, 27-8-17)

 

840

Noche tras noche

los olivos aguardan

el sol de enero.

(Montiel, 29-8-17)

 

841

Las higueruelas

mueren entre las zarzas

sin higos dulces.

(Montiel, 29-8-17)

 

842

Cálices rojos

que el rocío recogen,

bellos hibiscos. 

(Montiel, 29-8-17)

 

843

Esperan quietas

los soles del otoño,

naranjas verdes.

(Montiel, 29-8-17)

 

844

Miran las nubes

el extraño camino

de los humanos.

(Montiel, 29-8-17)

 

845

Cayó la lluvia,

escasa y retenida,

pequeño alivio.

(Montiel, 29-8-17)

 

846

Fruto sin dueño,

las castañas amargas

que nadie quiere.

(Logroño, 4-9-17)

 

847

Muy lentamente

colorea el otoño

los olmos de oro.

(Logroño, 4-9-17)

 

848

No siente el olmo

junto al río la herida

de la sequía.

(Logroño, 4-9-17)

 

849

Ofrece el tilo

su fruto que apacigua

al paseante.

(Logroño 6-9-17)

 

850

Turbias las aguas,

trae el río el recuerdo

de las montañas.

(Logroño, 6-9-17)

 

851

Sol del otoño

que recuerdas los días

de los veranos.

(Logroño, 26-9-17)

 

852

El agua verde

canta la melodía

de la esperanza.

(Logroño, 26-9-17)

 

853

Mueren las hojas

dejando atrás los sueños

de primavera.

(Logroño, 26-9-17)

 

854

Caen las nueces

de la noguera seca,

soles de otoño.

(Logroño, 26-9-17)

 

855

Los olmos brillan

con el sol del otoño

envueltos de oro.

(Logroño, 29-9-17)

 

856

Grávidas de uva,

las cepas a pie firme

aguantan tiesas.

(Logroño, 29-9-17)

 

857

La higuera vieja

ofrece su dulzura

de pura miel.

(Logroño, 29-9-17)

 

858

Fuego en la fronda

del árbol cuando canta

el mirlo hermoso.

(Logroño, 30-9-17)

 

859

Canto de muerte

los pies del caminante

sobre las hojas.

(Logroño, 30-9-17)

 

860

Vida y dulzura

son las uvas cortadas

en el otoño.

(Logroño, 7-10-17)

 

861

Dulce y azul

el jaspe del racimo

recién cortado.

(Zaragoza, 7-10-17)

 

862

Año tras año

los pinos van velando

al peregrino.

(Villimar, 2-10-17)

 

863

Muere el rastrojo

con la muerte del otoño,

llega el invierno.

(Villimar, 2-10-17)

 

864

Peinan los vientos

el agreste cabello

de la hierba seca.

(Villimar, 2-10-17)

 

865

La mariposa

tardía vuela, loca,

hacia el invierno.

(Villimar, 3-10-17)

 

866

Aunque es otoño

apetece la sombra

bajo los pinos.

(Villimar, 3-10-17)

 

867

Huelen a sol

los membrillos maduros

en el camino.

(Villimar, 3-10-17)

 

868

El frío aliento

de las cumbres nevadas

habla de inviernos.

(Villimar, 26-10-17)

 

869

El viento cálido

quiere frenar el frío

de los inviernos.

(Logroño, 20-10-17)

 

870

Oro sobre oro,

las luces del otoño

sobre el follaje.

(Logroño, 26-10-17)

 

871

Mudas las aguas

de la corriente verde.

¿Las cigüeñas, dónde?

(Logroño, 26-10-17)

 

872

Troncos y ramas

navegan por el río,

náufragos secos.

(Logroño, 26-10-17)

 

873

Suena el batir

de las alas del buitre,

vuelo de azul.

(Río Lobos, 30-10-17)

 

874

Huye el cernícalo

entre los matorrales

que le protegen

(Río Lobos, 30-10-17)

 

875

Cantan los pinos

con cantos verdes hechos

de finas hojas.

(Río Lobos, 30-10-17)

 

876

Las hojas muertas

se posan en el lago

de los nenúfares.

(Río Lobos, 30-10-17)

 

877

Temblor y miedo

sobre las cuatro patas

del cervatillo.

(El Pardo, 12-11-17)

 

878

Manto de rojo

el de las viñas frías

en el otoño.

(Logroño, 14-11-17)

 

879

Hiende la nube

el hacha luminosa

de los relámpagos.

(Villahizán, 2-10-18)

 

880

En el silencio

el ruido que ensordece

de los insectos.

(Villahizán, 2-10-18)

 

881

Cruza la sombra

del corzo hacia el riachuelo

cuando atardece.

(Villahizán, 2-10-18)

 

882

Hablan las nubes

su idioma fantasioso

de eternidades.

(Villahizán, 2-10-18)

 

883

Mueren callados

con la vida cumplida

los girasoles.

(Villahizán, 2-10-18)

 

884

Son las alondras

las dueñas del silencio:

les pertenece.

(Villahizán, 2-10-18)

 

885

Fuente escondida

del río que se escucha

aunque no hable.

(Villahizán, 2-10-18)

 

886

Los cervatillos

saltan y sobresaltan

los girasoles.

(Villahizán, 3-10-18)

 

887

En el rastrojo,

lejos de la manada,

pacen dos ciervos.

(Villahizán, 3-10-18)

 

888

Ha huido el agua

del cauce ahora seco

del arroyuelo.

(Villahizán, 3-10-18)

 

889

En el secano 

del rastrojo ahora muerto

quedan las flores.

(Villahizán, 3-10-18)

 

890

¿A dónde ha ido

el cantar del arroyo,

ahora seco?

(Villahizán, 3-10-18)

 

891

Añil y gris

para lavar las nubes

al sol tendidas.

(Villahizán, 3-10-18)

 

892

Verde que embriaga

el olor de la higuera

que envuelve el alma.

(Villahizán, 3-10-18)

 

893

Hora tras hora

el sol en el camino

siembra su luz.

(Villahizán, 3-10-18)

 

894

Flores azules

para el agua que, muerta,

se marchó lejos.

(Villahizán, 3-10-18)

 

895

Silencio y frío

en la muda campana

del campanario.

(Villahizán, 3-10-18)

 

896

Locura y vuelo,

la bandada de oncejos

entre los chopos.

(Villahizán, 3-10-18)

 

897

Perdido sol,

pequeño girasol

ante el tocón.

(Villahizán, 4-10-18)

 

898

Pinar oculto

entre los girasoles,

verde esmeralda.

(Villahizán, 4-10-18)

 

899

Caricia suave,

mariposa ingrávida,

beso de viento.

(Villahizán, 4-10.-18)

 

900

Juegan las nubes

su juego de algodones

en la blancura.

(Villahizán, 4-10-18)

 

901

Quiebran los vientos

el tallo principesco

del girasol.

(Villahizán, 4-10-18)

 

902

¿A dónde van

los pensamientos grises

que el viento lleva?

(Villahizán, 4-10-18)

 

903

Al mar oscuro

donde mueren las penas

y los silencios.

(Villahizán, 4-10-18)

 

904

Cuadros sin luz

en el páramo yerto

del pintor pobre.

(Villahizán, 4-10-18)

 

905

El puente humilde

sobre el arroyo seco

llora sin lágrimas.

(Villahizán, 4-10-18)

 

906

Rueda varada

de molinos antiguos,

vieja y sin sueños.

(Villahizán, 4-10-18)

 

907

Claustro en silencio

de cánticos huidos,

piedras de tumbas.

(Villahizán, 4-10-18)

 

908

Rosal del claustro:

tu llamarada roja

habla de amor.

(Villahizán, 5-10-17)

 

909

Las regañadas

ciruelillas resisten

al frío norte.

(Villahizán, 5-10-18)

 

910

¿Ha sonado tal

la voz gruesa del trueno

desde el comienzo?

(Villahizán, 5-10-18)

 

911

Huir no puedes

del silencio que habitas,

es tu morada.

(Villahizán, 5-10-18)

 

912

Arroyo humilde

que, aunque baja con agua,

baja en silencio.

(Villahizán, 5-10-18)

 

913

Altos castillos

que anheláis cada día

tocar las nubes.

(Villahizán, 5-10-18)

 

914

Loca de vida

va la pequeña ardilla,

de pino en pino.

(Logroño, 25-8-20)

 

915

Brilla la luz

en la mañana nueva,

no estamos solos.

(Logroño, 25-8-20)

 

916

Quejidos de hojas

como de huesos secos

cuando se pisan.

(Logroño, 26-8-20)

 

917

Miran pacientes

los patos pescadores

las aguas mansas.

(Logroño, 26-8-20)

 

918

Descansan muertas

sobre el banco del parque

las hojas secas.

(Logroño, 26-8-20)

 

919

Sueños de plata

va soñando el olivo

bajo la luna.

(Logroño, 27-8-20)

 

920

Grazna la chova

entre el zarzal espeso

y no hay respuesta.

(Logroño, 27-8-20)

 

921

Aún no cantan

los pájaros al alba,

lenta y pausada.

(Logroño, 27-8-20)

 

922

Mudos, callados,

dormitan los árboles

antes del alba.

(Logroño, 27-8-20)

 

923

Vuelan los buitres

en círculos pausados.

¿Dónde la presa?

(Logroño, 30-8-20)

 

924

Rosa caída

en el asfalto, muerta,

del rosal lejos.

(Logroño, 30-8-20)

 

925

Suma de verdes:

el río, la arboleda,

la charca oscura.

(Logroño, 29-8-20)

 

926

Duermen las viñas

con sus últimos sueños,

cantan los gallos.

(Logroño, 1-9-20)

 

927

Caricias de oro

para las secas hierbas

el sol que nace.

(Logroño 1-9-20)

 

928

Sobre el asfalto

camina el caracol.

¿De dónde viene?

(Logroño, 1-9-20)

 

929

Mueren las moras

al terminar agosto,

dulce recuerdo.

(Logroño, 3-9-20)

 

930

Entre las vides

asoman los conejos,

zigzag de vida.

(Logroño, 3-9-20)

 

931

¿Cuántos los ojos

que ven en la ciudad

la luna llena?

(Logroño, 3-9-20)

 

932

Una locura

de vida y de color,

son las surfinias.

(Zaragoza, 3-9-20)

 

933

Percha es el sauce

para las garzas blancas

 junto al arroyo.

(Zaragoza, 4-9-20)

 

934

Los avellanos,

vecindario apacible

del caserío.

(Beruete, 5-9-20)

 

935

Con sirimiri

se refresca el nogal

ante la casa.

(Beruete, 5-9-20)

 

936

Haces de leña

esperan al invierno

en el umbral.

(Beruete, 5-9-20)

 

937

Las balconadas

de geranios que ríen

cantan la vida.

(Beruete, 5-9-20)

 

938

El centenario

roble sigue mirando

a quienes marchan.

(Jaunsaras, 5-9-20)

 

939

Cargado de años

el roble centenario

sigue verdeando.

(Jaunsaras, 5-9-20)

 

940

Los grandes robles

centenarios, ya muertos,

yacen caídos.

(Jaunsaras, 5-9-20)

 

941

Cíclope vivo

de brazos verdeantes,

roble inmortal.

(Jaunsaras, 5-9-20)

 

942

Tu lento fin,

gigante de otro tiempo,

yo lo acompaño.

(Jaunsaras, 5-9-20)

 

943

Tabla redonda

de robles vigilantes

en la espesura.

(Jaunsaras, 5-9-20)

 

944

Brazos gigantes

que se elevan al cielo,

inmenso roble.

(Jaunsaras, 5-9-20)

 

945

Moras delicadas

para labios golosos,

dulzura tierna.

(Jaunsaras, 5-9-20)

 

946

Balas de vida,

caen muchas bellotas

desde la encina.

(Jaunsaras, 5-9-20)

 

947

Como vigías

al borde del camino

dos robles miran.

(Jaunsaras, 5-9-20)

 

948

Salva de brazos

que se elevan a lo alto,

robles silentes.

(Galarreta, 6-9-20)

 

949

Roble quemado,

malherido por el rayo,

vives con fuerza.

(Galarreta, 6-9-20)

 

950

Sombra inmensa

que albergas en tus ramas

a todo lo que vive.

(Galarreta, 6-9-20)

 

951

Roble de siglos,

tu corteza longeva

tocan mis dedos.

(Galarrteta, 6-9-20)

 

952

El verde helecho

en el tronco del roble

encuentra casa.

(Zalduondo, 6-9-20)

 

953

Con ramas verdes,

el haya, siempre joven,

caída muere.

(Zalduondo, 6-9-20)

 

954

El fresco hayedo

es un gozo continuo

para el espíritu.

(Zalduondo, 6-9-20)

 

955

Leve sonido

del arroyo que corre

bajo las hayas.

(Zalduondo, 6-9-20)

 

956

Haya gigante

caída en el camino,

yo te bendigo.

(Zalduondo, 6-9-20)

 

957

Hondo silencio

en el bosque, aunque vuelan

las mariposas.

(Zalduondo, 6-9-20)

 

958

Sublime órgano

con sones de los vientos,

hayedo hermoso.

(Sorogain, 7-9-20)

 

959

El sol envuelve

la espesura benéfica,

sublime luz.

(Sorogain, 7-9-20)

 

960

¿Cuántos romances

desgrana el arroyuelo

en su correr?

(Sorogain, 7-9-29)

 

961

Violeta hermosa

que las hayas envidian,

luz de humildad.

(Sorogain, 7-9-20)

 

962

Pisas las ramas

secas como los huesos,

se queja el alma.

(Sorogain, 7-9-20)

 

963

El arbolito

al borde del barranco

no teme nada.

(Alduides, 8-9-20)

 

964

Anciana encina

de frutos abundantes,

madre de vida.

(Errazu, 8-9-20)

 

965

Cuerno y cuerno,

las ovejas dormitan

en el sestero.

(Errazu, 8-9-20)

 

966

Lloran los sauces

al borde del arroyo,

llanto y llanto.

(Saint Étienne de Baigorri, 8-9-20)

 

967

Suenan esquilas,

lejana soledad, 

latir de vida.

(Izpegi, 8-9-20)

 

968

Cumbres desnudas

sin arboleda verde,

dignas testuces.

(Izpegi, 8-9-20)

 

969

Árbol cortado

con las raíces dentro,

en la tiniebla.

(Errazu, 8-9-20)

 

970

Ríen las dalias

con risas de colores

mirando al sol.

(Errazu, 8-9-20)

 

971

Hermoso avellano

cargado de ricos frutos,

sombra y cobijo.

(Errazu, 8-9-20)

 

972

Sombras amables

al paso del peregrino,

hayas hermanas.

(Roncesvalles, 9-9-20)

 

973

Perenne acebo

de hojas de plata verde,

anuncias paz.

(Roncesvalles, 9-9-20)

 

974

Huerto cuidado,

reflejo de tu alma,

frescura y paz.

(Roncesvalles, 9-9-20)

 

975

¿Por qué la ortiga

no quiere las caricias

de mano alguna?

(Roncesvalles, 9-9-20)

 

976

La solitaria

nube oculta al sol,

noche en el día.

(Roncesvalles, 9-9-20)

 

977

Dos florecillas

En la mata de aliagas,

azul y espinas.

(Roncesvalles, 9-9-20)

 

978

Las manzanitas

de pastor, perlas rojas

en el camino.

(Roncesvalles, 9-9-20)

 

979

Entran los vientos

por el bosque de abetos

con voz de trueno.

(Roncesvalles, 9-9-20)

 

980

La malva flor

de la espanta pastores

habla de inviernos.

(Roncesvalles, 9-9-20)

 

981

La melodía

simple del arroyuelo

encanta el alma.

(Irati, 10-9-20)

 

982

Dura madera,

el boj se yergue altivo

entre matojos.

(Irati, 10-9-20)

 

983

El árbol muerto

sobre el arroyo turbio

sirve de puente.

(Irati, 10-9-20)

 

984

Alfombra suave

el mullido camino

con hojas de haya.

(Irati, 10-9-20)

 

985

Se cuela el sol

entre el dosel tupido

del bosque de hayas.

(Irati, 10-9-20)

 

986

Las hayas miden

el tiempo sin medida,

sin calendario.

(Irati, 10-9-20)

 

987

Las tiernas hayas

se cobijan en la sombra

del haya madre.

(Irati, 10-9-20)

 

988

El arroyo seco

esconde en su interior

torrentes vivos.

(Irati, 10-9-20)

 

989

Hayas gemelas,

potentes surtidores

subiendo al cielo.

(Irati, 10-920)

 

990

El delicado

musgo abriga el alma

de las rocas.

(Irati, 10-9-20)

 

991

Como no hay moras

es menos dulce la senda,

menos liviana.

(Irati, 10-9-20)

 

992

Es mediodía

y aún dura el rocío

de la mañana.

(Irati, 10-9-20)

 

993

¿De qué velero

serás palo mayor,

haya intrépida?

(Irati, 10-9-20)

 

994

Declina el día,

los pájaros dialogan

entre los robles.

(Irati, 10-9-20)

 

995

Vive de espaldas

al bosque el hombre urbano,

extrañas sendas.

(Irati, 10-9-20)

 

996

Perfuma el boj

la senda del hayedo,

respira el alma.

(Ochagavía, 11-9-20)

 

997

Perfora el túnel

de verdor el camino

hacia la dicha.

(Ochagavía, 11-9-20)

 

998

Un arce solo

al borde del camino

se hermana al roble.

(Ochagavía, 11-9-20)

 

999

Cerrado bosque,

vuelto sobre ti mismo,

ábrete al sol.

(Ochagavía, 11-9-20)

 

1.000

Dicen las púas

 hirientes del espino:

no me toques, no.

(Ochagavía, 11-9-20)

 

 

Una valoración de FRATELLI TUTTI

EL SUEÑO DE LA FRATERNIDAD UNIVERSAL Y LA AMISTAD SOCIAL

Una valoración de la encíclica “Fratelli tutti”

 

El domingo 4 de octubre de 2020, festividad de san Francisco de Asís, el Papa Francisco nos ofreció su tercera encíclica titulada  con la expresión franciscana Fratelli tutti que lleva como subtítulo: “Sobre la fraternidad y la amistad social”. Una encíclica es una catequesis eclesial de gran nivel y, más allá de su aspecto magisterial, constituye un espacio de reflexión seria sobre un aspecto de la vida cristiana que el Papa juzga necesario poner de relieve. No se trata aquí, por tanto, de resumir el contenido de la encíclica sino de subrayar lo que nos parece más relevante y de reflexionar sobre la estructura interna del texto, aun a riesgo de que muchas cosas queden en la penumbra.

La prueba de que FT ha suscitado un gran interés es la multiplicidad de reacciones que, desde todo punto de vista, han ido desgranando los periodistas de los diversos medios. Ciertamente ha tocado algo sensible porque el tipo de valoraciones, ha estado en muchos casos, rozando lo visceral[1]. Algunos lo han dicho claramente con los viejos planteamientos: “Es mejor que el Papa hable de Dios y deje la economía a un lado”[2]. La polarización de los políticos ante un texto pontificio creemos que es también novedoso: en contra personas como J. C. Girauta, C. Vidal, etc.; a favor, P. Sánchez, A. Garzón y el mismo P. Echenique. La misma Masonería ha celebrado que el Papa abrazara el principio de la fraternidad universal, muy querido para ellos[3].

Más allá de este maremágnum, es importante caer en la cuenta de que, al poner su pensamiento social en el rango de una encíclica, el Papa viene a decir que no se puede rechazar este  pensamiento desde diversos sectores eclesiales porque se inscribe en el magisterio de la Iglesia. Entra a hacer parte de la doctrina social.

Además, hay que percibir que esta encíclica conecta con una las dos grandes preocupaciones del Papa: la dimensión social del cristianismo y la reforma de la Iglesia. En ambas los obstáculos, dentro y fuera de la Iglesia, son innumerables[4]. La tenacidad de su propuesta adquiere una indudable pasión profética[5].

Otra característica de los documentos de Francisco y de este en particular es que quieren ser propuestas de dialogo con cualquier persona de buena voluntad que esté interesada por los derroteros de esta humanidad nuestra. Hay quien entiende con mucha dificultad un magisterio que dialogue; piensan, más bien, que habría de imponerse por su mera autoridad. Pero, como luego diremos, la fe del Papa en el diálogo parece granítica, como se ve desde el comienzo en el n.6. Un diálogo “con toda persona de buena voluntad” es un diálogo expuesto a incomprensiones, ridiculizaciones y también aprecio, acogida y uso de plataforma de debate. Parece que el documento no teme lo primero y persigue lo segundo. El que tanto Laudato Si’ como  Fratelli tutti toquen temas no religiosos hace a estos documentos más “desprotegidos”, pero más útiles para el diálogo social.

También hay que considerar que, como dice el n.7, el Papa ya había comenzado a redactar este texto, pero el Covid-19 trastocó todo y obligó a ahondar en el sentido de nuestro momento histórico porque «nadie se salva solo, que únicamente es posible salvarse juntos» (32). Los momentos de dificultad histórica son propicios para la reflexión y la profecía.

 

  1. 1.      A primera vista

 

El documento es largo y, creemos que, a veces, reiterativo. Hubiera sido, quizá, más eficaz ser más corto e, incluso, más incisivo[6]. Hay que evitar que un documento así termine reposando en los anaqueles de las bibliotecas eclesiásticas o en las hemerotecas. No es fácil animar a su lectura a creyentes sencillos y a increyentes apresurados con los que se quiere entrar en diálogo.

Todos los comentaristas coinciden en señalar que el texto es un resumen de los siete años de pontificado del Papa Francisco sobre todo en su doctrina más social. Efectivamente, las numerosas autocitas de sus propios documentos lo demuestran[7]. Es una síntesis de sus siete años de pontificado en los textos que él juzga más elocuentes. Pero hay que decir también que es preciso estar atentos para percatarse de las “ampliaciones” que el Papa hace a su propio pensamiento. No es un mero repetir lo dicho, sino un recrear desde lo dicho.

Podría decirse que, de alguna manera, el documento tiene un componente biográfico: el Papa escribe desde él, desde su propia experiencia, personalizando sus afirmaciones, aduciendo vivencias propias. Es algo poco común en esta clase de documentos oficiales, pero eso da al texto un calor de humanidad y de cercanía que invita a su lectura. No creemos que esa manera de escribir, que a algunos parecerá un tanto desenfadada, reste valor a su contenido ideológico.

Por eso, no tiene dificultad en emplear un lenguaje directo, incisivo, profético, hecho, a veces, de preguntas y de exclamaciones[8]. Quiere ser un texto interpelante, no una disertación que deje frío al lector. Creemos que este documento está lejos de la que algunos llamaron “soberbia magisterial”, esa manera heredada de una Iglesia docente a la que nadie tiene que rechistar y cuyos mensajes todos deben acatar. El texto de FT está muy lejos de todo eso. Quizá se perciban algunos ribetes derivados de una cierta conciencia de liderazgo religioso. Pero, en su conjunto, el documento adquiere el aire de una amigable conversación que pretende entender los caminos de la humanidad de hoy en diálogo con cualquier persona, creyente o no.

No cabe duda, ya desde el subtítulo, que estamos ante el documento más “político” del Papa[9]. Es una constante en sus textos y actuaciones pretender situar su pensamiento en el foro de lo público, convencido de que la fe cristiana puede ser una aportación valiosa al concierto social. En otras ocasiones ha manifestado su fe en el valor noble de la política cuando está al servicio de la ciudadanía. En esta encíclica esa confianza, más allá de toda crítica, está en primer plano.

Siempre es orientativo el número y calidad de los autores citados en el texto, además de sus propios documentos y los relativos al magisterio eclesiástico. A los autores propios de un lector eclesiástico se suman otros de corte más filosófico[10]. Lugar aparte ocupa el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmed El-Tayeb, máxima autoridad suní en el mundo musulmán. Esta relación del Papa con el Gran Imán cuajó en el “Documento sobre la fraternidad humana para la paz mundial y la convivencia común” firmado en bu Dabi el 4 de febrero de 2019[11].

Un conflicto menor, y quizá para algunos superficial, ha sido la polémica en torno al título del documento, pues, aun siendo una cita textual de los escritos franciscanos[12], a ciertos colectivos de mujeres católicas les ha parecido discriminatorio para estos tiempos de igualdad. Así se lo quiso hacer ver la Catholic Women’s Council en una carta abierta[13]. El Papa mantuvo el título, lo que no le impidió escribir números contundentes a favor de la mujer como el n.32[14].

Los analistas parecen coincidir en que el texto no presenta doctrinas nuevas respecto al magisterio de Francisco. Pero la oportunidad, el rigor y el ánimo con los que una persona tan adulta plantea los problemas actuales indican que estamos ante un documento escrito por un autor vigoroso y no exento de liderazgo ideológico y espiritual.

Una lectura superficial y sesgada del documento podría llevar a la conclusión de que el Papa quiere hacer de analista sociológico, que no es un documento propio de una persona creyente. Pero no hay tal: el Papa escribe «desde sus convicciones cristianas» (6). Más aún, quizá en su argumentación podría haber sido un tanto más parco en expresiones religiosas precisamente para suscitar el diálogo en una sociedad secular donde los argumentos religiosos han perdido mucho de su vigencia.

 

  1. 2.      Contenidos principales

 

No resulta fácil sintetizar un documento tan complejo. Intentémoslo poniendo de relieve primeramente algunos de sus principales contenidos.

 

1)      Principio fontal: la inalienable dignidad humana

 

Todo el documento está transido por el pensamiento de la dignidad humana leído desde todas las perspectivas[15]. La dignidad es intrínseca al ser humano (118.124) y fundamenta la igualdad de derechos (22.107.127) y la fraternidad (5) cosa que cuestiona más la situación de los inmigrantes (39.133) y muchas mujeres que no gozan de tal consideración (23). Esto le hace ser al Papa taxativo: «Que todo ser humano posee una dignidad inalienable es una verdad que responde a la naturaleza humana más allá de cualquier cambio cultural» (213). La cultura del descarte puede ser abandonada desde la promoción de la dignidad (188). Sobre el pilar de la dignidad habrá que ir construyendo las alternativas sociales que necesitamos (168). Hasta el amor está hecho de compasión y dignidad (62). Esta dignidad debe ocupar el centro de la catequesis y de la pastoral (86). Creerse con más dignidad que los demás es un desatino (74). La dignidad es trascendente porque el Papa piensa, como creyente que es, que tal dignidad procede de Dios (2739. Podemos decir que el cimiento de todo el edificio reflexivo que propone el texto es el de la dignidad humana traducida a actitudes y comportamientos concretos, políticos, cotidianos incluso (68).

 

2)      Certeza firme: los humanos somos familia

 

El segundo elemento constitutivo del armazón ideológico de FT es la certeza firme de que la humanidad es una familia. Esta certeza, para muchos obvia, tiene unas consecuencias impredecibles en todos los terrenos tanto en el personal y relacional como en el político y económico[16]. Efectivamente, para el Papa la humanidad es «la gran familia, donde todos podamos sentirnos en casa» (62.149.205). El reconocimiento de esta gran familia es la que llevará al logro de la paz «desde una ética global de solidaridad y cooperación al servicio de un futuro plasmado por la interdependencia y la corresponsabilidad entre toda la familia humana» (127). Esto se dará si se llega a pensar como familia humana, no solamente como país (141): una familia de naciones (151.173). Esta familia de universal incluye la diversidad de sus miembros (100) y, por supuesto, a los empobrecidos como miembros de privilegio (233).

 

3)      La construcción de una nueva arquitectura social

 

Retomando una expresión de Benedicto XVI, el Papa postula lo construcción de una nueva arquitectura económica y financiera internacional (173)[17]. El Papa Francisco ampliará esta idea hablando de «una “arquitectura” de la paz, donde intervienen las diversas instituciones de la sociedad, cada una desde su competencia, pero hay también una “artesanía” de la paz que nos involucra a todos» (217). Este binomio incluye, a nuestro juicio, una serie de elementos que afectan a la cultura, a la idea de sociedad y a la economía

 

a)      Cultura del encuentro

 

Convencido a la altura de su existencia de que la vida es un tiempo de encuentro (66.215) y de que uno se realiza transcendiéndose en el encuentro con los otros (87.111) acuña el documento la expresión “cultura del encuentro” que se opone a la “cultura del enfrentamiento”, único camino para devolver la esperanza a la sociedad (32) superando el miedo que bloquea tal encuentro (41) y abriéndose a la escucha (48)[18]. Porque la cultura del encuentro «exige colocar en el centro de toda acción política, social y económica, a la persona humana, su altísima dignidad, y el respeto por el bien común» (232), el Papa está convencido de que «un camino de fraternidad, local y universal, sólo puede ser recorrido por espíritus libres y dispuestos a encuentros reales» (59). La misma política, dirá luego, es cuestión de encuentros (165.190). Por todo esto llega a decir que «hablar de “cultura del encuentro” significa que como pueblo nos apasiona intentar encontrarnos, buscar puntos de contacto, tender puentes, proyectar algo que incluya a todos» con sus diferencias (216-217). De ahí que el documento se anime a proponer «un encuentro social real pone en verdadero diálogo las grandes formas culturales que representan a la mayoría de la población» (219). 

Como herramientas necesarias para el logro de esta cultura del encuentro, propone el Papa, en primer lugar, los trabajos por un gran pacto social que ponga «en verdadero diálogo las grandes formas culturales que representan a la mayoría de la población» (219). Ese pacto social ha de incluir, a su vez, un pacto cultural «que respete y asuma las diversas cosmovisiones, culturas o estilos de vida que coexisten en la sociedad» (219). En segundo lugar se necesita emplear exhaustivamente la herramienta del diálogo, paciente y confiado (134). Se necesita una educación para el diálogo (103) para que pueda ser una realidad el diálogo con los diferentes (148). La certeza del valor imprescindible del diálogo se asienta en la certeza de que «un verdadero espíritu de diálogo se alimenta la capacidad de comprender el sentido de lo que el otro dice y hace, aunque uno no pueda asumirlo como una convicción propia» (203). Por eso el diálogo es imprescindible en la tarea política (196). El documento dedica casi un capítulo, el sexto, al diálogo que construye el amor social porque «el auténtico diálogo social supone la capacidad de respetar el punto de vista del otro aceptando la posibilidad de que encierre algunas convicciones o intereses legítimos» (203.219.262).           

Otro elemento necesario para una saludable arquitectura social de encuentro es el de generar procesos de inclusión que tengan a raya la amenaza de la cultura del descarte (188). El Papa tiene una perspectiva clara: «La inclusión o la exclusión de la persona que sufre al costado del camino define todos los proyectos económicos, políticos, sociales y religiosos» (69). De ahí que el documento recuerda a la cultura moderna, tan orgullosa de sus logros, que «al crecimiento de las innovaciones científicas y tecnológicas tendría que corresponder también una equidad y una inclusión social cada vez mayores» (31).

Más que en el apartado de la política, quizá haya que situar aquí un tema al que el documento dedica varios números: la memoria que aleja a la venganza[19]. El olvido es inaceptable por lo que se precisa mantener viva la memoria (246). Nunca se avanza sin memoria (249). Pero ni la venganza ni la impunidad resuelven nada (251-252). El perdón resulta así elemento insustituible de la arquitectura de la paz para no caer en una paz aparente (236). Para el Papa la clave es tener controlada la sed de venganza (241-242.251) a la que opondría el arma de la bondad (243) manteniendo la fe de que en los procesos sociales la unidad es superior al conflicto (245).

 

b)      Alejamiento del neoliberalismo y del globalismo[20]

 

Aunque la encíclica apunta más al componente político del hecho social y a la aportación de una espiritualidad creyente a tal ámbito, el texto dedica un amplio margen a las cuestiones económicas. Algo que ha dolido mucho a personas críticas con el Papa, incluso creyentes, es que se desprende del texto un evidente alejamiento del neoliberalismo económico. Esto es algo que le cuesta a tradición católica porque ha estado y sigue estando muy adherido a él.  Cuestiona la teoría del “derrame” porque, asegura, que «el mercado solo no resuelve todo» (168)[21]. Esto va unido a creencia de que el consumidor es “rey” en virtud de su libertad de consumir. En realidad el consumo exagerado es el que genera inequidad (125). Junto a esta crítica al mercado, que, como decimos, ha dolido mucho[22], el documento cita como impedimento a la fraternidad económica el de la especulación financiera que postula la ganancia a cualquier precio, gracias a la cual «los pobres siempre pierden» (52) porque tiene como fin la ganancia fácil y por ello sigue causando estragos (168)[23], entre ellos el de bloquear la posibilidad de acabar con el hambre (189). Tener connivencia con esta ideología aleja al creyente del corazón de los frágiles y, por ello, del Evangelio.

Desde esta perspectiva se entiende que el trabajo es el “gran tema” (162) de manera que el lema «tierra, techo y trabajo para todos» (127) no es un lema “revolucionario” de otra época, sino un anhelo vivo en la historia de muchos descartados porque la falta de trabajo y la injusta remuneración es la peor pobreza (162). Por eso, el Papa amplía el campo de consecuencias del trabajo más allá de la mera remuneración económica: «En una sociedad realmente desarrollada el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo» (162).

Pero tal vez lo que más perplejos ha dejado a propios y extraños es el tema de la función social de la propiedad privada. En LS’ 93 había explicado palmariamente el principio de subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes donde afirmó categóricamente que «la tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada»[24]. Ahora el Papa Francisco concluye con claridad: «El derecho a la propiedad privada sólo puede ser considerado como un derecho natural secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes creados, y esto tiene consecuencias muy concretas que deben reflejarse en el funcionamiento de la sociedad». Pero él mismo no puede menos de reconocer: «Sucede con frecuencia que los derechos secundarios se sobreponen a los prioritarios y originarios, dejándolos sin relevancia práctica». Lo que quiere decir que esto no ha entrado aún en nuestra mentalidad capitalista[25]. Esto habría de animar a acercar la empresa a una economía popular evitando el cortoplacismo (169)[26]

 

c)      Contra la política mezquina

 

Desde el comienzo se ha calificado a este documento como el más político del Papa Francisco. Hay a quienes les ha parecido excesivamente político[27]. Pero la del Papa es «una reivindicación de la política como expresión de amor y de servicio que debe introducir controles democráticos en el mercado y priorizar las necesidades de los más pobres»[28].

El documento reivindica el amor social y político. Para el Papa el amor social es una «fuerza capaz de suscitar vías nuevas para afrontar los problemas del mundo de hoy y para renovar profundamente desde su interior las estructuras, organizaciones sociales y ordenamientos jurídicos» (183). Por su parte, el amor político es «el esfuerzo dirigido a organizar y estructurar la sociedad de modo que el prójimo no tenga que padecer la miseria» (186). Esta manera de pensar se asienta en el concepto de “caridad política” que es «ejercicio supremo de la caridad que genera procesos sociales de justicia y fraternidad para todos» (180). El documento valora esta forma de caridad que quizá sea algo más de lo que algunos denominan “amistad cívica”[29]. Efectivamente, para la FT «La caridad social nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar efectivamente el bien de todas las personas, consideradas no sólo individualmente, sino también en la dimensión social que las une» (182). Todo este pensamiento constituye un redimensionamiento y actualización del término “caridad”, tan denostado.

            Dada la situación de la política a nivel mundial quizá haya que situar en este apartado un punto innecesario para quien no percibe ese tiburón que nos habita y que los mecanismos de respeto y buen trato quieren controlar[30]. Para FT, el tema de la amabilidad no es un detalle menor. Por el contrario, «la amabilidad es una liberación de la crueldad que a veces penetra las relaciones humanas, de la ansiedad que no nos deja pensar en los demás, de la urgencia distraída que ignora que los otros también tienen derecho a ser felices» (224). La amabilidad no es, pues, solamente una cuestión de formas, sino el reflejo de una actitud interior constructiva y valorativa del otro.

 

  1. 3.      Contenidos colaterales

 

Quizá en estos temas no haya que buscar tanto la originalidad doctrinal «sino la forma adecuada de plantearlos de modo que sean operativos en las circunstancias históricas actuales»[31].

 

1)      No a la guerra, incluida la “injusta”

 

El Papa es contundente a la hora de condenar la guerra (258) porque  «toda guerra deja al mundo peor que como lo había encontrado. La guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal» (261). El Papa lidia como puede con el concepto de guerra “en legítima defensa” que el Catecismo de la Iglesia Católica aún sostiene diciendo que «fácilmente se cae en una interpretación demasiado amplia de este posible derecho» (258). No deja de ser paradójico que un líder espiritual se sitúe en un plano más profético que la legislación de su propia Iglesia.

 

2)      No decidido a la pena de muerte

 

En este asunto no hay fisuras. La postura del Papa, en base a la dignidad humana,  es definitiva: «la pena de muerte es inadmisible y la Iglesia se compromete con determinación para proponer que sea abolida en todo el mundo» (263). Los argumentos del NT que aduce son poco relevantes y los relativos a la historia de la Iglesia pueden volverse contra quien los maneja ya que la historia de la fe está llena de ejemplos en las dirección contraria[32]. Este rechazo a la pena de muerte se extiende, así mismo, a la cadena perpetua que es considerada por el Papa como “una pena de muerte oculta” (268)[33].

 

3)      La reformulación de la ONU

 

De este tema ya se venía hablando desde Benedicto XVI[34] vista la poca eficacia de la institución cuando se trata, sobre todo, de conflictos armados. Basado en la mejor eficacia de los pactos internacionales que los meramente bilaterales, el Papa nos deslegitima la actual ONU, pero propone «una reforma tanto de la Organización de las Naciones Unidas como de la arquitectura económica y financiera internacional, para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones» (173). Dicho así quizá parezca un brindis al sol. Pero mientras persista la actual estructura con países con derecho a veto en los conflictos más agudos, ese foro mundial estará muy dimidiado. Sin embargo, la necesidad de un organismo internacional en esa dirección es imprescindible para caminar en la dirección de la familia humana[35].

 

4)      La aportación de las religiones

 

A este tema se le dedica un capítulo entero, el octavo y último del documento. Creemos que no es muy relevante porque sostiene el a priori de que todas las religiones encierran en su fondo un anhelo de justicia y de paz. Todos sabemos que el problema no está en el a priori sino en el a posteriori. Citando en FT 282 íntegramente el Documento de Abu Dabi, el Papa sostiene que «las religiones no incitan nunca a la guerra y no instan a sentimientos de odio, hostilidad, extremismo, ni invitan a la violencia o al derramamiento de sangre. Estas desgracias son fruto de la desviación de las enseñanzas religiosas, del uso político de las religiones y también de las interpretaciones de grupos religiosos que han abusado —en algunas fases de la historia— de la influencia del sentimiento religioso en los corazones de los hombres»[36].

 

  1. 4.      Conclusión

 

Tras este recorrido valorativo quedan en el fondo del ánimo de quien lee una serie de certezas generales que enumeramos:

 

  • Documento creyente: creyente y religioso. El Papa no aparca sus creencias para hacer esta oferta de diálogo, sino que lo hace en todo momento desde su fe en Dios y en el Jesús del Evangelio: « manantial de dignidad humana y de fraternidad está en el Evangelio de Jesucristo» (277). Poner esto en duda es pretender que fe y vida no se mezclen en los procesos históricos; es pretender una fe desencarnada.
  • Documento dialogante: la fe en el diálogo que tiene este documento, como hemos dicho, es total: «Podemos buscar juntos la verdad en el diálogo» (50). Y por eso, todo el texto es una mano tendida para ese diálogo donde la imposición, incluso cuando se habla del tema de la verdad, queda alejada de cualquier postura inflexible (184-185). 
  • Documento utópico: el tema de los sueños es muy querido al Papa Francisco como quedó palmariamente demostrado en Querida Amazonía[37]. En cierto que habrá quien tilde este documento de algo sin base real como quien ensueña más que como quien sueña[38]. Pero creemos que su análisis, en general, quiere tener los pies en tierra y que su mirada a la realidad no es la de quien se sitúa por encima en las nubes sino como «caminantes en la misma carne humana» (8).
  • Documento profético: algo que quizá se percibe precisamente porque no intenta serlo. Para el Papa «la profecía toma carne en Jesucristo» (270) y desde esa profecía las palabras del documento abren, sin duda, horizontes de pensamiento y caminos concretos para la acción. No solamente se denuncia sino que se lee la realidad con esperanza. Esa es la más importante de las tarea de la profecía.
  • Documento con limitaciones: nada es perfecto y tampoco hay que leer este documento como si nada fuera cuestionable. Si es un documento para el diálogo, resulta normal que haya discrepancia sobre algunos puntos. Quizá sea texto excesivamente largo y algo reiterativo; tal vez demasiado religioso para ser plataforma de diálogo con el mundo secular y con conceptos tradicionales que quizá haya que actualizar[39]. Pero estas limitaciones no afectan a la espiritualidad troncal de la encíclica.
  • Documento para agradecer y para no olvidar, para ser trabajado: porque ese es el gran peligro de estos textos valiosos: que el olvido se los coma o, simplemente, que sean objeto de estudio pero no de trabajo para las comunidades cristianas y para cualquier otro grupo. Por eso mismo dice la encíclica que «es importante que la catequesis y la predicación incluyan de modo más directo y claro el sentido social de la existencia, la dimensión fraterna de la espiritualidad, la convicción sobre la inalienable dignidad de cada persona y las motivaciones para amar y acoger a todos» (86).

 

Se puede, pues, concluir que Fratelli tutti es, sin duda, una gran colaboración al sueño hermoso de la fraternidad universal y de la amistad social.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño



[1] Ver el despectivo artículo de J. M. DE PRADA, “Fratelli tutti” en ABC del 12-10-2020 o el de J. F. SERRANO OCEIA, “El Papa, Pedro Sánchez y su tropa”, también en ABC del 11-10-2020 apoyándose en el texto pontifico para atacara a los socialistas.

[2] Así lo afirma J. R. Bauzá, diputado de Ciudadanos y expresidente de Baleares, que califica a la encíclica como “falta de respeto a millones de católicos”: en: J. PLAYÀ MASET, “La encíclica que apunta a la tercera vía”, en La Vanguardia del 12-10-20.

[3] El mediático cardenal C. M. Vigano ha llegado a afirmar que “daría la impresión de que ha sido escrita por un masón”.

[4] Piénsese en el tema social las difíciles relaciones con Iglesias que parecían “fieles”, como España por ejemplo, y en la reforma de la Iglesia el incesante tema de la corrupción de los grandes eclesiásticos (ver: D. VERDÚ, “La trama que hace temblar al Vaticano”, en El País, 15-10-2020, p.2).

[5] Parece que el Papa no estuvo muy preocupado por la ecología en años anteriores a su pontificado, pero en los temas sociales siempre ha sido inquieto.

[6] Lumen fidei tiene 60 números; Laudato Si’ tiene 246 y Fratelli tutti 286.

[7] El papa se cita unas 130 veces.

[8] 41 veces hace preguntas y 14 veces utiliza exclamaciones, una idea de la vivacidad con que se ha redactado el texto.

[9] Llama la atención la extensión dedicada al tema de la política (176-192).

[10] G. Marcel, K. Rahner, P. Ricoeur, G. Simmel, J. Hoyos-Vásquez, A. Spadaro, R. Voillaume, V. De Moraes, etc. Un rasgo, creemos que deliberado, del documento es el número abundante de citas de conferencias episcopales, pensamos que como elemento de sinodalidad magisterial: 11 veces se citan a tales conferencias episcopales.

[11] Ahmed El-Tayeb es una figura controvertida porque, si bien ha desempeñado un papel importante contra los secuestros de Boko Haram y de la abolición de la esclavitud, ha tenido intervenciones discutidas como la afirmación de que las mujeres pueden ser golpeadas “sin romperles los huesos” y su interpretación  restrictiva de la poligamia

[12] Adm 6,1.

[13] Cf https://www.catholicwomenscouncil.org/es/una-carta-abierta-al-papa-francisco-escrita-y-distribuida-por-el-catholic-womens-council/.

[14] S. Agrelo dice que no se menciona al escalafón más débil de las mujeres, las migrantes (Vida Nueva, n.3.195, p.25). Interprétese como se quiera pero antes de firmar la encíclica en Asís el Papa quiso comer con las clarisas de Spello.

[15] 65 veces aparece el término a todo lo largo del documento.

[16] Del vocablo “familia” que aparece en el texto 35 veces, 9 de ellas se refieren a la humanidad como familia.

[17] Caritas in veritate 67.

[18] Según FT 48, Francisco de Asís fue un ejemplo de escucha.

[19] 14 veces emplea el documento el término “venganza”, lo que da idea de su importancia.

[20] El Papa define el globalismo como «mercados, donde las personas cumplen roles de consumidores o de espectadores» (12).

[21] Esta teoría del “derrame” (teoría que postula que las regulaciones salariales a los empleados son innecesarias para garantizar su bienestar y que resultan obstaculizantes para la productividad, alegando que un mercado con regulaciones mínimas o inexistentes al sector laboral incentivarán la inversión, que generará más riqueza y en consecuencia, los salarios aumentarán naturalmente) ya había sido cuestionada en EG 54:  «Las teorías del “derrame”, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo».

[22] Ver la increíble opinión de D. BARCELÓ; “Fratelli tutti: buenas intenciones, teorías erradas” cuando asevera que «en una economía comunista, el consumidor es rehén. Pero en una economía de libre mercado, es el rey”: https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20201009/fratelli-tutti-buenas-intenciones-teorias-erradas/526817319_12.html.

[23] Ahí están los llamados “tiburones financieros”: el tiburón financiero no está interesado en la empresa ni en su actividad económica, lo que busca es la oportunidad de especular con su precio y obtener ganancias a corto plazo.

[24] Se remitía para fundamentar este principio a varios documentos de Juan Pablo II.

[25] El citado artículo de D. Barceló llega en su desacuerdo a decir que afirmar el principio de secundariedad de la propiedad privada «puede considerarse contraria a los mandamientos de “no robarás” y de “no codiciarás los bienes ajenos”».

[26] Cf S. MORA, “Recrear la empresa hacia una economía popular”, en Vida Nueva, nº 3195, p.18.

[27] «Encíclica que asumiría un comunista» (L. Bernaldo de Quirós).

[28] R. AGUIRRE, “El Papa, contra la política mezquina”, en La Rioja,  12-10-20, p.17.

[29] A. CORTINA, “Amistad cívica” en El País  del 6 de mayo de 2008 propone la perspectiva de tal amistad próxima a lo que parece querer decir FT: «La amistad cívica sería más bien la de los ciudadanos de un Estado que, por pertenecer a él, saben que han de perseguir metas comunes y por eso existe ya un vínculo que les une y les lleva a intentar alcanzar esos objetivos, siempre que se respeten las diferencias legítimas y no haya agravios comparativos».

[30] «En lo más profundo de nuestros corazones deambula un tiburón al que el esfuerzo ímprobo de millones de personas a lo largo de siglos ha conseguido ir encerrando en una jaula de derechos democráticos»: R. MONTERO, “El tiburón interior”, en El País Semanal, 27-9-2017. 

[31] R. AGUIRRE, art.cit., p.17.

[32] Piénsese, por ejemplo, en la persona de san Cirilo de Alejandría. ¿Cómo se puede mantener una figura tan violenta en el santoral de la Iglesia?

[33] Los partidos políticos susodichamente cristianos que la postulan habrían de revisar tal postura. Lo mismo habría que decir de la pena de prisión permanente revisable.

[34] En Caritas in veritate  67.

[35] Otras voces se han alzado también en esa dirección:  «La reforma de la ONU debe comenzar en la cima, con el Consejo de Seguridad, cuyos cinco miembros permanentes —China, Francia, Rusia, el Reino Unido y EE.UU.— continúan ejerciendo un poder de veto que corresponde al pasado. Ampliar la membresía permanente del Consejo para incluir a otros países —de Asia, Latinoamérica y Medio Oriente— permitiría un equilibrio más justo en las decisiones mundiales»: H. BIN ABDULAZIZ AL-KAWARI en: http://ambitointernacional.com/onu-y-la-necesidad-urgente-de-una-reforma/.

[36] En la rueda de prensa de Abu Dabi del 4 de febrero de 2019 decía el Papa Francisco: Dice el papa: «Me acusan de dejarme instrumentalizar [por los musulmanes y] por todos, también por los periodistas. Es parte del trabajo, pero sí quiero decir una cosa y esto lo afirmo claramente. Desde el punto de vista católico el documento no se ha alejado ni un milímetro del Vaticano II». Esas “acusaciones” vienen del lado católico.

[37] Documento que se articula en torno a cuatro grandes sueños (QA 7).

[38] J. M. de Prada en el art. cit. lo tilda despectivamente de “cháchara sociológica…de un utopismo ruborizante”.

[39] Como el tema de los valores universales (146.208-209) permanentes y transcendentes que parecen ser precisamente los que defiende la Iglesia católica (211).

LOS SUEÑOS SE CONSTRUYEN JUNTAS

 

LOS SUEÑOS SE CONSTRUYEN JUNTAS

Reflexión y oración antes de un Capítulo Electivo en comunidades contemplativas

 

 

         Nadie pondrá en duda que un Capítulo de Elecciones es un momento importante en la vida de una comunidad. No se puede hacer depender todo de él ni de las hermanas que salgan elegidas para los cargos porque, en la mayor parte, la vida comunitaria depende de la aportación de cada una de las hermanas. Pero es, sin duda, un momento que merece vivirse con todo sentido.

         Es un momento de renovación, no solamente de cargos, sino del espíritu comunitario. Nuestra vida se enmarca en estas situaciones y de ellas toma impulsos renovadores. Hay que desear que un Capítulo suponga un momento de renovación comunitaria. Entenderlo y vivirlo como algo rutinario sería una pérdida.

         Es, así mismo, un momento especial de discernimiento. No se puede hacer ni vivir un Capítulo de cualquier manera, sino que es preciso poner a funcionar todos los mecanismos de discernimiento, personal y comunitario. De las decisiones que se tomen en Capítulo depende en parte la marcha de la comunidad. Merece, pues, pensar bien las cosas.

         Y también es un momento espiritual, un tiempo para ahondar en la fe, no solamente en los modos de organización de la comunidad. Es el momento para renovar la opción fraterna y contemplativa. Desposeer al Capítulo de este aliento espiritual sería reducirlo mucho.

 

  1. 1.    Escucha de la Palabra

 

Como siempre, los cristianos ponemos en un lugar prioritario a la palabra de Dios, porque ella es “lámpara para nuestros pasos” (Sal 118), como tantas veces decimos.

         “Porque en el cuerpo, que es uno, tenemos muchos miembros, pero no todos tienen la misma función; lo mismo nosotros, con ser muchos, unidos a Cristo formamos un solo cuerpo y, respecto de los demás, cada uno es miembro; pero con dotes diferentes, según el regalo que Dios nos haya hecho: si es el hablar inspirado, ejérzase en proporción a la fe; si es el servicio, dedicándose a servir; si es el que enseña, a enseñar; si es el que exhorta, a exhortar; el que contribuye, hágalo con esplendidez; el encargado, con empeño; el que reparte la asistencia, con simpatía” (Rom 12,4-8).

  • No sabemos por qué vía, Pablo entendió que la fe cristiana se expresa y vehicula en la comunidad. Prueba de ello es que en sus textos dedica amplios espacios al tema comunitario: en Romanos, 4 de los 15 capítulos. Y lo hace descendiendo a detalles concretos, porque en lo concreto de cada día es donde se juega la verdad de la vida común. 
  • Pablo ha usado en muchas ocasiones la metáfora del cuerpo: muchos miembros con funciones diversas en una unidad. Es una metáfora que sigue vigente: somos un conjunto hecho de diversas. Hay que amar la unidad y tener en cuenta a la diversidad. Es preciso tener el proyecto de vida como lugar común sabiendo que, desde mi individualidad, puedo aportar algo.
  • Lo nuestro no es una mera organización humana bien llevada (que no sería poco). Es, además, algo que está “unido a Cristo”. Es decir: el sentido de nuestra unidad es Jesús. Si la vida comunitaria no lleva a Jesús, no alimenta su enamoramiento, no lo hace visible, estaría falta de su sentido principal. Nosotras creemos en Jesús siendo hermanas: Nuestra hermandad nos lleva a él.
  • Pero respecto a los demás somos miembros: tenemos responsabilidades adquiridas desde el momento en que optamos por una vida en común. Vivir en comunidad desligado de la responsabilidad por la hermana es un contrasentido.
  • Pablo pone el acento en las diferentes funciones, porque el problema y la posibilidad está en la conjunción de las diferencias. Por eso se dedica a describir ampliamente la diversidad de funciones de este cuerpo único:

-         El hablar inspirado: la persona que sabe entender y proponer bien las cosas para que redunden en bien del grupo. Tiene que hacerlo “en proporción a la fe”, sabiendo que no todas caminamos al mismo ritmo, sin desesperarse porque haya quien camine lenta, animando y seduciendo a quien es más remisa.

-         El servicio: entregándose a servir en cuerpo y alma; sabiendo, como dice Jesús, que, sirviendo, se puede ser “primero”, se puede estar contenta. Contenta de servir, ese habría de ser un lema comunitario.

-         Enseñar: que quizá no sea tanto la enseñanza escolar, sino esa otra que abre horizontes, que enriquece. La formación permanente podría ser una traducción de hoy. Quien tiene algo que aportar en ese terreno, no se desaliente porque cueste aceptar dicha formación, incluso porque se rechace.

-         Exhortar: que es animar, empujar el carro, mantener el buen temple, no desanimarse, no sucumbir a lo negativo. Quien tenga más ánimo, póngalo al servicio de la comunidad, no se borre la sonrisa de su rostro, mantenga el buen humor todo lo posible.

-         Contribuir: hay quien tiene más capacidades que otra. No se crea superior por eso, Contribuya con “esplendidez”, sin esperar siempre el premio, el aplauso, el agradecimiento.

-         El encargado: no es el dueño de la comunidad, sino el encargado (se le da y por un tiempo). Tiene que “empeñarse” en cumplir con el encargo, no con incuria ni desgana, sin con todo el interés del mundo

-         La asistencia: que en nuestra vida comunitaria se traduce por “el cuidado”, a las mayores, las frágiles, a las de menos posibilidades. Hay que asistir con “simpatía”, no en modos ariscos y desganados.

 

  1. 2.    Ahondamiento

 

El “kairós” del Capítulo se podría vivir como un momento especial para ahondar en la fidelidad de nuestra opción de seguimiento a Jesús en el modo de vida comunitario. Ahondemos en la fidelidad:

a)    Fidelidad a Jesús: es importante para nosotras. En ser fieles al Jesús que nos llamó se juega el sentido de nuestra vida. Pero resulta que nuestra fidelidad a Él pasa por nuestra fidelidad a la comunidad porque la comunidad es para nosotras el rostro vivo de Jesús. Por eso, en una hora de revisión y de discernimiento hay que preguntarse si somos fieles a la comunidad en la que vivimos porque si no, nuestra fidelidad a Jesús se tambalea.

b)    Fidelidad creativa y actualizada: no hay que creer que ser fieles a Jesús y a la comunidad es, simplemente, no haberse salido de monja. El vigor de la fidelidad no se mide solamente por el mero permanecer sino también y sobre todo por la manera en que permanecemos. Si lo hacemos de manera creativa, actualizada, en los modos de la Iglesia de hoy y del momento social de hoy estamos en buena línea.

c)     Fidelidad responsable: porque la fidelidad se traduce en responsabilidad. Si una dejara sus responsabilidades o las hiciera deficientemente, hablar de fidelidad se haría muy difícil. Más aún, la fidelidad va más allá de las responsabilidades que se me han encargado hasta sentirme responsable de lo que no se me ha encargado a lo que puedo contribuir.

d)    Fidelidad alegre: ya que la comunidad siempre está necesitada de alegría, de respiro, de gozo comunitario. Una fidelidad gris, embrumada, negativa, triste sería una fidelidad que no es la de Jesús.

 

  1. 3.    Los sueños se construyen juntas

 

La construcción de la vida comunitaria es un “sueño” (un ideal en que se pone manos a la obra), no una “ensoñación” (un ideal en que no se pone manos a la obra). Dice el papa Francisco algo en la nueva encíclica Fratelli tutti que nos puede ser de mucho interés:

 «He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos! Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos. Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos».

  • La fraternidad puede ser una “hermosa aventura”, no solamente un modo de estar en una sociedad que reconoce el estilo de vida de clausura.
  • La comunidad es necesaria: encerrarse en la soledad es suicidarse en vida. Pelear solo y contra todos contradice nuestro ser humano que tiende al corazón del otro.
  • La comunidad es sostén y ayuda para “mirar hacia adelante”, para mantener el sueño con el que iniciamos este camino, para no llegar a ser desconfiadas y amargadas.
  • La comunidad nos libra de los espejismos que aparecen cuando una camina sola, cuando no se piensa más que en lo mío, cuando las demás me importan poco. Eso crea falsedades, espejismos, despistes. La comunidad nos ayuda a ser realistas.
  • Los sueños se construyen juntas: no construye otra por mí, no hay constructoras de sueños para que yo los disfrute. Se construyen entre todas, con la aportación de todas sin exclusión.
  • Somos “caminantes en la misma carne humana”, en las mismas limitaciones, en parecidos deseos, en valores similares. El que seamos iguales no nos empobrece sino que nos enriquece. No hay que anhelar grandes líderes comunitarios sino ilusión común, deseo de colaborar todas.
  • A todas nos cobija esta misma tierra, eso nos hace hermanas en la tierra, en su hermosura, en su debilidad, en sus promesas de una tierra renovada. Si la tierra es casa común es que somos familia.
  • Donde cada uno aporta lo que tiene: la riqueza de su fe, la fuerza de sus convicciones, la palabra de su voz. Una gran riqueza la de la comunidad. Una suerte vivir en comunidad, no sobre todo un pesar, una “penitencia”. El “lote hermoso” que nos ha tocado (Sal 15,6) y del que deberíamos disfrutar todos los días.

 

  1. 4.    Notas para el discernimiento

 

Ya hemos dicho que un Capítulo Electivo es tiempo de discernimiento. Damos algunas notas por si alguna de ellas puede servir:

  • El bien de la comunidad: eso es lo que hay que perseguir en un Capítulo. Si hubiere otros anhelos (ver si soy elegida, a ver si eligen a aquella con la que me llevo bien, etc.) estaríamos equivocadas. Si pretendes del Capítulo otra cosa que servir, vas equivocada.
  • La comunidad es esta de hoy: cuando se han unido varias comunidades puede ocurrir que una elija como abadesa alguien de su antigua comunidad porque eso puede depararle beneficios. La comunidad antigua ya no existe; esta de hoy es la comunidad real. Hay que elegir a quien pueda servir mejor a esta comunidad de hoy.
  • No funcionar con filias/fobias: me cae bien esta hermana, es amiga mía, es de mi grupo…la voto. No lo es…no la voto. Esta manera de funcionar no lleva a nada bueno. Es preciso elegir, como hemos dicho, a quien mejor creamos que pueda servir a la comunidad. ¿Es amiga? Muy bien. ¿No lo es tanto? Muy bien. ¿Es de mi gusto? Muy bien. ¿No lo es tanto? Muy  bien. Lo que quiere decir que las elecciones hay que hacerlas con criterios de fraternidad, no con criterios de gustos.
  • Impulsar la vida comunitaria: no habrá que fijarse en las cualidades de la hermana de antemano (como parece dibujar Const 219,2) porque todas somos frágiles y no estamos para muchas euforias. Pero habrá que preguntarse qué superiora y qué equipo (discretas) pueden impulsar mejor la buena relación, la formación permanente, la contemplación actualizada, el disfrute fraterno. Cosas como estas podrían orientar nuestra opción.
  • Formarse un criterio personal: no es de recibo ir a una elección sin un criterio propio, a votar lo que voten las demás. Hay que formarse lo mejor posible un criterio personal, aunque una pueda recabar la ayuda de una o varias hermanas para formarse ese criterio. Pero lo personal es ineludible si es que somos personas adultas. 

 

  1. 5.    Notas para la oración

 

Todas sabemos que una manera buena, espiritual, de enfocar estos momentos importantes en la vida de comunidad es recurrir a la oración personal. Damos algunas pistas:

  • Rom 12-15: meditar ese amplio conjunto de la carta de san Pablo que habla de la vida comunitaria. Empaparse de esa espiritualidad.
  • Salmos de fraternidad: meditar algunos de los salmos de fraternidad: el Sal 15 (lote hermoso), el Sal 132 (qué delicia convivir los hermanos unidos), Sal 134 (los que pasáis la noche en la casa del Señor).
  • Mc 9,33b-37: catequesis de Jesús sobre el servicio al otro. Puede ser completada con Lc 22,24-27, el gozo de estar sirviendo “fuera de la mesa”.

 

  1. 6.    Oración final de la FT (adaptada)

 

Señor  y Padre de la humanidad,
que creaste a todas las hermanas

con la misma dignidad,
infunde en nuestros corazones un espíritu fraternal.
Inspíranos un sueño de encuentro.

Que nuestro corazón se abra
a cada hermana,
para reconocer el bien y la belleza
que sembraste en cada una,
para estrechar lazos de unidad,

de proyectos comunes,
de esperanzas compartidas. Amén.

 

Como quien cuida la casa común

COMO QUIEN CUIDA LA CASA COMÚN 

 

Como quien entra descalzo

al silencioso santuario

donde la única oración

es el amor…

 

Como quien huele con gozo

el aroma del café primero

y del dulce pan recién hecho

en el horno del cariño…

 

Como quien entra en la cocina,

templo de lo cotidiano

donde se cuece

lo que sostiene tus pasos…

 

Como quien toma en sus manos

el libro que ilumina

los senderos de la vida

con luz viva…

 

Como quien reconoce

en la forma del sillón

el lugar que tiene guardado

el cálido amor…

 

Como quien se sienta

bajo la lámpara luminosa

que disipa las sombras

que se pegan a la piel…

 

Como quien sabe

que, aunque se vaya,

se queda para siempre,

día a día…

 

Como quien cuida su casa,

como quien cuida su alma.

Ejercicios 2020

“COMO SELLO SOBRE TU CORAZÓN”

(Cant 8,6)

Hacia una experiencia cordial de la vida cristiana 

 

         La vida cristiana ofrece ejemplos de vida relacional hermosos. Muchos creyentes han entendido que la vida cristiana se construye en la buena relación y en el gozo. Su talante es amable y bienhumorado. Pero no podemos sustraernos a la evidencia de que la vivencia de la fe resulta, con frecuencia, demasiado “seca”, poco cordial, escasamente jugosa. Achacamos eso al modo como se nos ha enseñado la religión cristiana: asentada sobre el temor y el pecado. Pero quizá se deba a que hay una carencia en la cordialidad como valor social y religioso. Esta cordialidad, como todos los valores humanos, también se construye.

         Si esto fuera así, ¿por qué no dedicar una semana de retiro a la valoración de la hermosura de los caminos relacionales cultivados, de la cordialidad experimentada, de la belleza sencilla del convivir bien? ¿Por qué no trabajar, desde la reflexión y la oración, el tema de la cordialidad? ¿No nos podrá ayudar algo insistir sobre cuestiones a asentar mejor nuestra vida cristiana? ¿No contribuiría esto a evitar el llegar a edades altas con una carga de amargura relacional que, a veces, nos resulta difícil de sobrellevar?

         Para muchos, y no sin razón, la Palabra de Dios no es ejemplo de cordialidad, sino más bien lo contrario, Palabra de una cierta “aspereza”. Queremos recurrir a un texto que todos admiramos pero que, raramente, hacemos objeto de nuestra reflexión bíblica: el Cantar de los Cantares. Hay libros bíblicos con los que el cristiano tiene una deuda que casi nunca salda. Quizá el Cantar sea uno de tales libros. A todos nos gusta su lírica, con alguna frecuencia se lo lee en la liturgia, pero raramente lo tomamos como tema continuado de reflexión. ¿Y si lo utilizáramos como trampolín para el pensamiento sobre la cordialidad de la vida cristiana? ¿No podría ayudarnos un texto tan vibrante en materia de relación y de amor? ¿O, por eso mismo, habríamos de desecharlo para siempre? Esta semana de retiro podría ser un momento bueno para volcarse a tal libro del AT, al menos en algunos de sus pasajes.

         Por otra parte, este cuaderno de reflexión es deudor de un librito de L.Boff, Derechos del corazón. Una inteligencia cordial (Trotta, Madrid 2015). Él nos ayudará a profundizar para encontrar más sentido a la hora de valorar los caminos del corazón. Podemos aprender de los “veteranos” que han recorrido caminos a veces complicados, pero no se han apeado ni de la vida ni del amor. Uno de los tales es L. Boff.

         “Como sello sobre tu corazón” canta el más hermoso de los Cantares. Un corazón marcado, sellado, por el amor, por la certeza de que los caminos de las relacionalidad son los caminos verdaderos, no los caminos del sistema, de la costumbre, de lo avalado por la norma. Para arriesgarse a andar esos caminos, a veces extraños y paradójicos, pero siempre llenos de vida. Para animarse a construir el difícil y cautivador edificio de la relación, más que cualquiera de los grandes edificios modernos con los que nos sorprenden los arquitectos estrella. Para mantener jugosas unas entrañas capaces de concebir vida, ilusión, horizontes, sueños y no sucumbir a la tentación de un corazón insensible, acorchado. Estas serían las intenciones de la presente oferta de reflexión en una semana de retiro.

 

1. El amor que mueve el cielo y las estrellas

 

         Esta frase es de Dante (Divina Comedia, Paraíso 33). Es preciso caer en la cuenta de la potencia del amor, de la buena relación. Un formidable dinamismo que utilizado en la dirección de lo humano es fecundísimo. Moverse por amor, por relación saludable, más que por ideas, normas o costumbres. Ahí existe un filón siempre a la mano.

         ¿Es la vida cristiana una opción religiosa (y a veces ni eso, sino una costumbre) o es una opción de amor? ¿Es lo mismo? ¿Son realidades compatibles? ¿Acierta quien cumple la normativa religiosa, pero es seco en la relación? ¿Tiene sentido ser “buen cristiano/a” sin saber de amor? ¿Decae, muere el anhelo de amar a la vez que decae el vigor físico, la fuerza de la juventud, la reciedumbre de la madurez? ¿No debería ser el creyente adulto alguien experimentado en cuestiones de amor? Preguntas interesantes para ponerlas sobre la mesa de la reflexión y de la oración.

 

a)  Cant 8,5b-7

 

«5bDesperté tus deseos bajo el manzano,

donde tu madre te dio a luz,

donde con tanto dolor te trajo al mundo.

6Ponme como un sello sobre tu corazón,

como un sello sobre tu brazo.

Pues el amor es tan fuerte como la muerte,

y sus celos, tan duraderos como la tumba.

El amor destella como el fuego

con la llama más intensa.

7Las muchas aguas no pueden apagar el amor,

ni los ríos pueden ahogarlo.

Si un hombre tratara de comprar amor

con toda su fortuna,

su oferta sería totalmente rechazada». 

 

  • Despertar los deseos: Porque los deseos, los dinamismos, los anhelos, los sueños, duermen o dormitan, enmohecen, se atontan. La buena relación, el amor que vive, necesita estar despierto, hay que despertarlo si se adormece. No son necesarias grandes sacudidas, fuertes convulsiones. Los detalles cotidianos impregnados de buen deseo, de buen amor, son capaces de impedir que el amor se adormezca. Los modos “normales” no son siempre lo mejor; las “locuras” de amor son preferibles, por complicadas que sean, incluso cuestionables a veces. 
  • Como un sello: Como algo que marca, como cosa que se ve, como recuerdo constante.  Sellados por el amor, de tal manera que, cuando la cosa flaquea, el sello nos anime, nos recuerde, nos aliente. El sello, un signo pequeño que recuerda la orientación de fondo. Una sonrisa, un detalle, una palabra amable, un mirar a los ojos, un gesto de amabilidad. La poca cosa del sello que habla de lo mucho que hay detrás. Vida de relación con sellos que hablan. 
  • Un amor fuerte: Fuerte para reconocer su potencia; fuerte para encajar su debilidad. Fuerte para acoger su empuje; fuerte para no estar siempre llorando su pérdida. Fuerte para saber caminar a su sombra; fuerte para entender que muchas veces hay que caminar fuera de su amparo; fuerte para no quebrarse a la primera; fuerte para encajar con paz sus límites; fuerte ante su puerta abierta; fuerte cuando se cierra la puerta y nos quedamos “a la puerta cubierto de rocío”; fuerte para reír, fuerte para encajar llantos sin estar llorando siempre. 
  • Los destellos del amor: Que no son destellos para deslumbrar sino para cautivar, para seducir en el buen sentido de la palabra. Destellos hechos de sencillez, no de vanidad; destellos con verdad, no mero escaparate y apariencia; destellos que brillan con la luz oscura de lo humilde, no con el brillo cegador de quien quiere imponerse; destellos sin publicidad, en el silencio humilde y hermoso de quien se relaciona bien “como si nada”. 
  • Inapagable: Inapagable en el anhelo, en el deseo, en el sueño, en el trabajo por alimentar ese “fueguito” que decía Galeano. No inapagable como un volcán, como un horno. Inapagable aunque se apague, aunque languidezca, aunque tiemble su llama. Inapagable, tenaz, rescoldo siempre dispuesto a ser activado, aunque los síntomas no lo demuestren. Inapagable en sus apagamientos.  
  • Amor sin precio: Poner precio a la buena relación, demandar favores a cambio de ella, estar esperando siempre alguna ganancia, es algo que sonroja, es la corrupción del amor, llevar a la buena relación a callejones sin salida. Admitir la dinámica del sistema (te aprecio mientras te uso) como la única real es sucumbir al desamor, hacerle el juego a quien quiere estructurar la existencia al margen de la buena relación, en la lejanía de los misterios hermosos del corazón de la persona. 

 

b)  Reflexión 

 

  • Conectar con el otro: Hay conexiones con el otro para sobrevivir. Muchas de nuestras conexiones son de supervivencia, de no dejarse avasallar, de llegar vivos a la noche, de luchar por la estima y la valoración. Pero hay conexiones de relaciones gratuitas, espontáneas, que a veces ni se sabe de dónde proceden. Estas son el móvil de las más hermosas acciones humanas. Conectar al otro por gratuidad, sin ganancias premeditadas, sin luchas ni codazos, por elemental benignidad. 
  • Convertirse en otro: La buena relación se orienta hacia el otro porque el otro permite surgir el ethos que ama. El otro es el que me permite amar. Por eso somos “necesarios” para Dios mismo, para que nos ame. El amor necesita permiso del otro. Un amor sin ese permiso es un amor impuesto, una contradicción. Jesús orientó su vida a los otros; ellos le “permitieron” amarles. Les estuvo siempre agradecidos; por eso no los desechó ni aunque fueran un estorbo, como lo fueron a veces sus propios discípulos. Dios se convierte en otro para nosotros en Jesús. Por eso podemos amarle. 
  • El otro es importante: El amor, buena relación, vuelve al otro importante, hace salir afuera la dignidad que lleva dentro. Por eso amar es dar vida de nuevo a quien la necesita (¿y quién no?), a quien languidece, a quien renquea, a quien tropieza. El amor da fuerza y razón para existir, para levantarse cada mañana y no ceder a la grisura de los días, para poner un poco de color o, mejor, para reconocer el color de lo humilde, el brillo que está oculto en el matorral. 

 

c)    Derivaciones

 

  • ¿Tiramos la toalla?: Algo que se hace no con una declaración formal de intenciones sino en el cansancio y la rutina de cada día. Se llega a la convicción de que este estilo de vida, el de la vida cristiana, no puede pretender más que lo que da. Y que una vida jugosa y en buena relación es algo que le sobrepasa. Por eso nos instalamos en la mecánica religiosa. Nos parece que con respetarnos, es suficiente. Y no es poco. Pero quitar el anhelo de la buena relación, del amor, del horizonte creyente es, a priori, un acto de empobrecimiento. Por eso, tirar la toalla habría de ser lo último, incluso lo que nunca habría que hacer. Si se trabaja, los días ofrecen posibilidades, a veces muy pequeñas, de construir el camino de la buena relación. Algo asequible y al alcance de la mano. Si se trabaja. 
  • Opción de amor: Al derecho no le suena esto a nada. Pero ¿qué es la vida cristiana sin esa opción? Y ¿cómo habría de hacerse una opción de amor en la vida cristiana? Primero, en la certeza de que es posible vivir en buena relación; segundo, en la certeza del valor hermoso del otro, quienquiera que sea; tercero, en el salir decidido al camino del otro como camino propio; cuarto, en la bonhomía y el buen humor de quien cree en el gozo del buen amor; quinto, en la seguridad de que lo de Jesús va un poco por ahí; sexto, en la resistencia al canto sistémico de que esto lleva a la ruina; séptimo, en la conciencia de que hemos venido a la vida para ampararnos; octavo, en la generosidad de quien sabe que toda aportación al gozo de la vida es importante; noveno, leyendo la realidad con benignidad crítica; decimo, aprobando el curso de amor a la vida y aprendiendo técnicas de disfrute sencillo. 
  • Medida real: La buena relación es la medida real del vigor de nuestra vida cristiana. No lo es tanto el funcionamiento del andamiaje administrativo, la gestión y su eficacia, las tradiciones seguidas y cumplidas, sino la vibración del corazón ante la vida del hermano, la facilidad para urdir planes comunes, la agilidad para saltar del propio camino al camino del otro, la habilidad para compartir lo que late dentro. Estos son los puntos a medir. 
  • Aún se te llama: No nos conviene pintar las cosas de excesivo color no sea que provoquen el efecto contrario: creer que ya no se me llama a esta empresa. Muchas respuestas negativas encierran el anhelo de que no todo debería estar perdido. Hay mil voces, mil situaciones, mil pequeños atisbos que indican que la llamada a la dicha sigue vigente en todo tipo de estructura relacional. “Si hoy escuchas su voz…”. 

 

d)  Texto evangélico de meditación: Mt 5,45

 

«Vuestro Padre del cielo hace salir su sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos».

 

Dios lo supedita todo al amor. No hace distinciones a la hora de mover los astros o los elementos de la naturaleza. Ello indica que su amor es el que lo ordena todo. Una vida orientada en todo desde el amor.

 

e)   Un poema

 

Arcaico corazón

 

Tú, que eres como una casa

hecha de arcilla:

Pequeña, frágil,

de cuatro habitaciones;

 

Tú, que llenas de fantasmas,

y que te asustas,

y que lloras,

cuando llega la noche;

 

Tú, que en la oscuridad

te haces pedazos

como una hucha

arrojada contra el suelo;

 

Tú, arcaico corazón,

mira por la ventana,

mira hacia ese bosque

que ya reverdece.

 

Tú, que una vez caído

gritas palabras

en una lengua

que yo no comprendo,

 

Tú, arcaico corazón,

entra en ese bosque:

surgió de la arcilla,

como tú. 

                                B. Atxaga

 

 

2. Rumbo al propio corazón 

 

         Entendida como propuesta de buena relación, propuesta de amor,  la vida cristiana demanda salir al camino del corazón del otro, romper la coraza atosigante del yo. Pero también pide poner rumbo al propio corazón. ¿Cómo íbamos a poder entrar a los umbrales del corazón ajeno si no hemos puesto rumbo al nuestro? ¿Corremos el peligro de pasar muchos años en la vida sin haber llamado a esas puertas que son tan íntimamente nuestras?

         Esto demanda una actitud de ahondamiento, de recuperación de la dimensión de profundidad, de apuntar al subsuelo, a eso que hay debajo de la piel. Ir en la dirección de lo profundo quizá pida cambiar de rumbo en muchas cosas. Hay que estar dispuesto a dar un golpe de timón o, al menos, a ir variando paulatinamente el rumbo de lo superficial empobrecido para orientarlo a lo profundo lleno de “tesoros”. No entiende lo que es el corazón humana si nada siempre en las aguas superficiales.

 

a) Cant 3,2

 

«2Así que me dije: «Me levantaré y recorreré la ciudad,

y buscaré por todas las calles y las plazas.

Buscaré a mi amado». 

 

  • Me levantaré: Es preciso animarse a hacer el camino del propio corazón, a levantarse con buen temple, superando cualquier cansancio y rutina. Es duro, a veces, comprobar que dentro hay un corazón cansado. Pero es preciso sobreponerse a esa languidez. Es preciso tener el coraje de aprestarse a bajar al sótano del propio corazón, donde, a veces, hace frío y hay luz escasa. Pero ahí está el cimiento de lo que somos, el Caín oculto y el Samaritano sensible. Quien baja a ese sótano puede comprender mejor los recovecos de cualquier otro corazón, sus retrasos, sus contradicciones, sus saltos de júbilo. Solamente el experto en el propio corazón puede ser amparo para otro corazón. 
  • Recorreré la ciudad: Porque el corazón tiene su casa en la ciudad, en el lugar de los seres humanos, en parajes habitados por otros. La soledad no es el mejor lugar para el encuentro de corazones, de no ser para coger impulso. Es en la ciudad y sus lugares comunes, en la dignidad común, donde los corazones encuentran su contexto. De ahí que buscar en la dirección del corazón quiere decir buscar en la dirección de la ciudad, de los lugares que son de todos, en los marcos comunes, no en el elitismo exquisito. Es preciso ver cómo late el corazón de lo común, de lo ciudadano, de lo comunitario. 
  • Buscaré por las calles y plazas: Por las sendas de los humanos, por los lugares de tránsito y de descanso, por los sitios donde haya posibilidad de encuentros. El encuentro con el propio corazón se aprende en el encuentro con los otros corazones. Por eso hay que frecuentar calles y plazas, salir de uno mismo para ir más adentro de uno mismo; ir más adentro de uno mismo para volver a la calle y la plaza donde habita el otro, escapar de la enfermedad del yo. Movimiento de idea y vuelta, verdadero latir de los corazones y sus búsquedas. 

 

b) Reflexión

 

  • Un viaje a través de los sentimientos: La evolución del camino humano muestra que la estructura elemental de lo humano no es la razón (esto vendría después), sino las pasiones, las experiencias seminales, los sentimientos. Esto ha sido antes, y esto es lo que sigue moviéndonos en gran parte, más que las ideologías. Solo tardíamente entra a funcionar el cerebro del homo sapiens. De ahí que, para entendernos bien, hayamos de hacer el inevitable viaje por el terreno, resbaladizo, de los sentimientos, al homo sentiens (la persona que siente). Saber de los sentimientos es saber de la verdad del otro y de la propia. 
  • Despegarse del cerebro: Nuestra formación, nuestro imaginario, nuestra cultura es excesivamente cerebral. Eso nos ha hecho poco sensibles al sufrimiento humano y al de los demás seres de la tierra. Lo que, como dice el papa Francisco, da como resultado la autorreferencialidad, la globalización de la indiferencia y la insensibilidad radical. Si se quiere hacer el camino del corazón habrá que tener a raya lo meramente cerebral y dar más cancha, sin temor ni vergüenza, al mundo de los sentimientos. 
  • El rescate del corazón: No se llega al fondo del corazón sin pasar por el afecto y el amor. Por eso, ante el corazón del hermano, ante su verdad más verdadera, la senda correcta es el afecto, el amor, la buena relación, el disfrute común, la mirada agradecida al interior del otro. Eso es lo que puede darnos una experiencia de totalidad, más allá de lo fragmentario que nos despista tanto (este o aquel fallo). 
  • La estructura del deseo: El deseo es un dinamismo que pone en marcha toda la vida psíquica. Toda persona tiene deseos (solo los muertos no los tienen). Educar el deseo es orientarlo a la verdad del corazón, no a la acumulación de cosas que nos dejan siempre anhelantes, que no nos sacia. Los místicos dicen que el deseo se sacia en Dios. Pero hay que dar a esa búsqueda de saciedad un contenido antropológico: más allá de la evidente limitación humana, la suma de los corazones, su entreveramiento, la mezcla de los fondos de las personas, el amor en definitiva, puede ser, contando con cualquier limitación, un modo de saciar el anhelo del deseo. Y si eso se da, la vida cristiana podrá ser satisfactoria. Y si no, siempre habrá un cierto poso de decepción o amargura y nos refugiaremos en los ritos, en las costumbres, en las devociones. 

 

c) Derivaciones

 

  • No temer mirar adentro: La huida de la profundidad nos lleva a no mirar adentro porque, a veces, no nos gusta lo que vemos. Pero ahí, en ese sótano, está nuestra verdad, lo bueno y lo no tanto. No ponerse nerviosos. No temer mirar a ese interior. Ser benignos con él. Saber llevarlo de la manera más equilibrada posible. Poder mostrarlo sin querer justificar y, mucho menos, sin pretender que otro lo bendiga, aunque anhelemos comprensión. Y si se da la comprensión, la acogida, el amparo, para tal fondo, estamos tocando la verdadera fraternidad. 
  • Reconciliación con los extraños caminos: Porque los caminos humanos son extraños, a veces, se sepa o no. En realidad, dado que nos llevamos el canto de un duro, no son tan radicalmente extraños. Muchos los andan. Reconciliación no quiere decir justificación moral. Más aún, una tal reconciliación llevará a un replanteamiento de lo moral, si es que el derrotero es inmoral. Pero hay que mirar lo del fondo, la fuente de la que brota tal derrotero. Porque si brotara del amor, con todas sus limitaciones, habría modo de incorporarlo al caudal del amor, al ámbito de la relación fraterna, aunque haya que emplear fórmulas algo inusuales. 
  • Una riqueza para otros y para uno mismo: Eso son los trabajos de profundidad. La superficialidad empobrece a la persona y a la comunidad. La profundidad, en cualquiera de sus formas (oración, diálogo, lectura, reflexión, meditación ante la naturaleza, etc.) nos enriquece. Una vida cristiana profunda (no decimos éticamente inmaculada) tiene mejor horizonte y mejor futuro fraterno que otra superficial. Todos los recursos que se usen para generar fraternidad (formación, diálogo, compartir, escucha común, gozo común, etc.) son recursos “benditos”. 
  • Escuela del deseo: Eso podría ser la vida cristiana: una escuela para orientar bien el formidable mecanismo del deseo, para orientarlo no a la autosatisfación, a la acumulación o al egoísmo, sino al corazón, al disfrute común, al gozo compartido, al camino andado en compañía. Los trabajos de la vida cristiana habrían de responder a esta necesidad de educar el deseo, no solamente a ser meras herramientas para dar salida al impulso religioso. 

 

d): Texto evangélico de meditación: Lc 6,45

 

«El que es bueno, de la bondad que almacena en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal: porque lo que rebosa del corazón lo habla la boca».

 

El corazón es la fuente de lo que uno es. Hay que mirar en esa dirección, dice Jesús para discernir comportamientos que son evangélicos y aquellos otros que no lo son tanto. Desde ahí nuestra vida podrá “rebosar” bondad.

 

e) Un poema 

 

Los pasos lejanos

 

Mi padre duerme.

Su semblante augusto

figura un apacible corazón;
está ahora tan dulce...
si hay algo en él de amargo, seré yo.
 

Hay soledad en el hogar; se reza;

y no hay noticias de los hijos hoy.

Mi padre se despierta, ausculta

la huida a Egipto, el restañante adiós.  

Está ahora tan cerca;
si hay algo en él de lejos, seré yo.
Y mi madre pasea allá en los huertos,
 

saboreando un sabor ya sin sabor.

Está ahora tan suave,

tan ala, tan salida, tan amor.
Hay soledad en el hogar sin bulla,
sin noticias, sin verde, sin niñez.
Y si hay algo quebrado en esta tarde,
y que baja y que cruje,
son dos viejos caminos blancos, curvos.
 

Por ellos va mi corazón a pie.                                         

 

C. Vallejo

 

3. Un nudo de relaciones

 

         Algunos definen la vida cristiana, de un modo gráfico, como un “hacer nudos” con otros. Efectivamente, la vida cristiana es una vida en nudo de relaciones, un tapiz urdido a base de pequeños nudos que se van haciendo a lo largo de la vida. Por eso es tan importante la cordialidad, porque es la cuerda con la que elaboran los nudos que tejen el tapiz de la vida común, de la vida relacionada. Sin cordialidad no hay cuerda para los nudos, la vida se disuelve, desaparece y ser pierde.

Es verdad aquello del poemilla de A. Machado: “Poned atención/un corazón solitario/no es un corazón”. Si la vida cristiana es una suma de corazones solitarios, quizá no hemos dado aún con el verdadero quid de nuestra opción de fe. Si no necesitamos de los demás para creer, si yo personalmente me las arreglo con Dios sin necesidad de los hermanos/as, no hemos dado con la fe relacionada que Jesús propone en su Evangelio. Generar cordialidad en común es el cimiento antropológico sobre el que se puede pensar en construir el edificio de lo cristiano. Sin tal cimiento, la vida cristiana corre el riesgo de ser algo ficticio, inventado, sin carne.

a)  Cant 5,9 

 

«9¿Por qué es tu amante mejor que todos los demás,

    oh mujer de singular belleza?

¿Qué hace que tu amante sea tan especial

    para que te hagamos esa promesa?» 

 

  • ¿Mejor que los demás?: La atracción amorosa se alimenta de la diferencia (supuesta) del amado. Pero el amor relacional, de salida, considera a toda persona susceptible de ser amada por ella misma. El amor relacional no se asienta sobre diferencias, ni funciona en la dinámica filias-fobias.  Nadie es mejor que otro para establecer una buena relación, aunque, por carácter y por otras notas, sea inicialmente más fácil el acceso a unos que a otros. Funcionar con el “mejor que los demás” es siempre reduccionista y peligroso para la buena relación humana y cristiana. 
  • Tan especial: Lo mismo decimos de esos modos “especiales” con los que la relación amorosa adorna a quien se ama (aunque luego se ve que nadie es tan especial). Una buena relación con quien no tiene nada de especial, con quien es normal, como todo el mundo, es la que tiene por delante la vida cristiana. Si hubiera que formar una comunidad de gente especial para tener ahí una buena relación, tendríamos que suprimir la mayor parte de las comunidades humanas y cristianas. 
  • Promesas de singularidad: No habría que hacer promesas de singularidad en base a las cualidades excepcionales de un grupo cristiano. Los caminos de la buena relación comunitaria son normales, cotidianos, poco relevantes. Fundamentar la buena relación en la relevancia de las personas o las tareas puede ser un error. A la larga, esas notas relevantes caen por tierra ante la evidencia de lo que en realidad uno es. Por eso no conviene hacerlas cimiento del entramado comunitario. 

 

b)  Reflexión

 

  • Relaciones totales: El ser humano es un complejo relacional. Su nudo de relaciones va en todas las direcciones: hacia abajo, hacia adentro, por dentro, por fuera. Somos un complejo relacional. Todas esas direcciones nos son necesarias. Somos una apertura ilimitada hacia nosotros mismos, hacia el mundo, hacia el otro, hacia la totalidad. De ahí la insatisfacción y la búsqueda, la falta de plenitud y el sueño de lo pleno. De ahí, también, el gozo de la variedad, la alegría de la pluralidad, la riqueza de lo diverso. 
  • Relaciones sociales: Buena parte de la construcción de lo humano se realiza en las relaciones sociales, en la conjunción de esfuerzo, en la colaboración en los proyectos comunes. La multidireccionalidad de la relación encuentra un marco estupendo en las relaciones sociales. Una persona sola no sería capaz de elaborar el complejo tejido de las relaciones. Para construir nudos relacionales se necesita de los otros. 
  • Cuatro patas: Las cuatro “patas” de una relación saludable son: la participación (actores del proceso de relación), la igualdad y la equidad (base de los derechos personales y sociales), la diferencia (respeto y acogida), la comunión (la espiritualidad). Estos son los elementos que nos educan para ir entretejiendo nudos relacionales que nos den equilibrio en la vida comunitaria. 
  • Relaciones con la tierra: Todos los seres son portadores de derechos. Por eso mismo resulta imprescindible entablar con ellos unas relaciones saludables, hacer también con ellos los nudos que nos hacen fraternos. Por alejado que nos parezca, la fraternidad cósmica puede ser un buen elemento para la espiritualidad de la creación de nudos relacionales. En todas estas dimensiones, el ser humano se realiza en la historia y en la vida concreta, en la vida fraterna, en un proceso que nunca se detiene.

 

c)    Derivaciones

 

  • Dispuestos para la relación: Es buena y necesaria una predisposición para la relación, para el tejer nudos. Fomentar esa buena disposición es saludable. Apoyar y sostener actitudes de aislamiento, de individualismo consagrado, de comportamientos anquilosados que no hablan ya el lenguaje de lo común no nos favorece nada. Una puerta abierta a la demanda de relación, así habría de ser la puerta de nuestra casa.
  • Saber de: Para entretejer nudos hay que saber algo de los hilos que se mezclan. Saber del hermano no es entrometerse en asuntos que no son de nuestra incumbencia. Pero es preciso entrar en ese mundo de datos externos e internos que nos faciliten la buena relación. Los gustos, los valores, los sentimientos, los caminos gozosos, los recuerdos que nutren…conocer todo ese mundo es algo muy útil para entretejer nudos.
  • Mantener las relaciones: Las relaciones que entretejen nudos no pueden estar circunscritas al tiempo (a veces breve) de un período concreto de vida. Habría que mantener las relaciones más allá de esos marcos coyunturales. Los modernos medios de comunicación nos ayudan mucho en ello. Utilizarlos bien puede ser útil para la empresa fraterna de la buena relación.
  • Algo delicado: El material de este tejido de nudos es delicado, es lo más vivo de las personas. Por eso habrá que tratarlo con delicadeza. Ser toscos, descuidados, lenguaraces, olvidadizos en todo este mundo de las relaciones es una siembra de sal. Quizá sea la causa principal que nos hace retraernos en el proceso de construcción de lo comunitario. Por eso hay que tener mucho cuidado con ello.

 

 

d)  Texto evangélico de meditación: Mc 3,34-35

 

«Y, paseando la mirada por los que estaban sentados en corro en torno a él, dijo: -He aquí mi madre y mis hermanos. Quienquiera que lleve a efecto el designio de Dios, ése es hermano mío y hermana y madre».

 

La nueva familia de Jesús es un nudo de relación en torno al designio de la Padre que no es otro sino que la humanidad, la creación incluso, viva reconciliada, en la forma de la fraternidad, de la buena relación, tejiendo un nudo de relaciones.

 

e)   Un poema

 

Geografía humana

 

Mirad mi continente conteniendo

brazos, piernas y tronco inmensurado,

pequeños son mis pies, chicas mis manos,

hondos mis ojos, bastante bien mis senos.

Tengo un lago debajo de la frente,

a veces se desborda y por las cuencas,

donde se bañan las niñas de mis ojos,

cuando el llanto me llega hasta las piernas

y mis volcanes tiemblan en la danza.

Por el norte limito con la duda

por el este limito con el otro

por el oeste Corazón Abierto

y por el sur con tierra castellana.

Dentro del continente hay contenido,

los estados unidos de mi cuerpo,

el estado de pena por la noche,

el estado de risa por el alma

-estado de soltera todo el día-.

Al mediodía tengo terremotos

si el viento de una carta no me llega,

el fuego se enfurece y va y me arrasa

 

El bosque de mis pelos mal peinados

se eriza cuando el río de la sangre

recorre el continente,

y por no haber pecado me perdona.

El mar que me rodea es muy variable,

se llama Mar Mayor o Mar de Gente

a veces me sacude los costados,

a veces me acaricia suavemente;

depende de las brisas o del tiempo,

del ciclo o del ciclón, tal vez depende,

el caso es que mi caso es ser la isla

llamada a sumergirse o sumergerse

en las aguas del océano humano

conocido por vulgo vulgarmente.

Acabo mi lección de geografía.

Mirad mi contenido continente. 

 

                                            G. Fuertes

 

4. Auscultar el corazón del otro

 

         Auscultar el corazón del otro no como quien avasalla e invade, sino como quien asiste a un misterio cercano, el misterio insondable del fondo de la persona. Construir la cordialidad en común demanda necesariamente mirar en la dirección del corazón del otro, acercarse a la senda de sus sentimientos, entrar en la casa de sus regocijos, probar el vino de su alegría y atender a sus llantos. Para ello hay que estar atento a los movimientos delicados y sutiles del corazón. No se puede entrar como elefante en cacharrería. El respeto delicado se hace imprescindible. Tratar mal al corazón es cerrar su puerta para siempre

         El Dios que tiene corazón es el que mira en la dirección de lo nuestro para que nosotros miremos en dirección de él a través del camino imprescindible del corazón ajeno.  En esta “mirada de corazones” se encierra no poco del sentido de la vida. No podemos entender la realidad de Dios como desprovista de corazón. Él es “humano”, dice Sab 12,19, obra con la humanidad de quien tiene un corazón hondamente comprensivo. Despojar a Dios del corazón es vaciarlo de contenido amoroso cosa que lleva a “secarlo”.

 

a)  Cant 1,5-6

 

«5Soy morena pero hermosa,

    oh mujeres de Jerusalén,

morena como las carpas de Quedar,

    morena como las cortinas de las carpas de Salmá.

6No me miréis así por ser morena,

    el sol ha bronceado mi piel.

Mis hermanos se airaron conmigo;

    me obligaron a cuidar de sus viñedos,

    por eso no pude cuidarme a mí misma, mi propio viñedo».

 

  • Morena pero hermosa: La morenez no impide la hermosura; le otorga incluso un plus de belleza, a pesar de que, en el poema, sea considerada como un déficit. No será obstáculo para que sea la esposa amada. Ya no se volverá a mencionar más a lo largo del Cantar. Las circunstancias personales pueden ser bellas cuando detrás está la fuente del amor. Lo que consideramos oscuro encierra una indudable luz.
  • Como las carpas de Quedar…de Salmá: Los indómitos árabes de Quedar y sus negras tiendas nómadas hechas de pelo de cabra,  o las de los nómadas del Sur como Salmá. Negrura de márgenes, de excluidos, pero que tiene una indudable belleza, porque en los márgenes también está la vida, también esas carpas protegen la vida.
  • No me miréis así: Si se quiere ver el corazón hay que sobrepasar el muro de las apariencias, de lo de fuera, hay que mirar de otra manera. Por supuesto, para el Esposo del Cantar lo de fuera no es obstáculo para llegar al corazón de la amada; la morenez ni cuenta.
  • Me obligaron a cuidar sus viñedos: El marginado sufre la opresión del sistema. Pero eso tampoco borrará la vitalidad del oprimido, su dignidad, su recurso a la justicia, sus sueños innegociables. Esta es la belleza de dentro del corazón.
  • Mi propio viñedo: Un viñedo no guardado, el propio, pero un viñedo que sigue ahí, más allá de cualquier expolio. Los valores del corazón son perennes, no dependen de la consideración social o de los vaivenes de las circunstancias.

 

b)  Reflexión

 

  • Prácticas de cordialidad: Porque la cordialidad, como todos los valores éticos y humanos, es, ante, todo, cuestión de práctica. La mejor práctica de cordialidad es el cuidado. La ética del cuidado desvela la realidad verdadera de la cordialidad. Esta sin aquel es imposible. Cuidar es más que un acto, es una actitud, una manera de situarse ante la realidad del otro.
  • Espíritu de delicadeza: Las razones del corazón y el espíritu de delicadeza definen a la persona (Pascal). Es preciso incorporar la inteligencia cordial a la intelectual para hacernos una humanidad más sensible al otro y, por tanto, más solidaria con los que sufren. Somos seres de afecto, de pasión y cuidado. Dinamismos imprescindibles para asomarnos a la propia realidad y a la del otro.
  • Un corazón palpitante: Cordialidad significa el modo de ser que descubre un corazón palpitante en cada realidad. Consigue ver más allá de los hechos y de las circunstancias para tocar lo que late. Supone tener la capacidad de sentir del corazón del otro y el corazón secreto de todas las cosas.

 

c)    Derivaciones

 

  • Saltar la valla: Los humanos cercamos nuestra interioridad con una valla, celosos de ella, temerosos de la que hieran, desconfiados de que se enteren de lo que hay en ese huerto y nos hieran, guardianes aguerridos para que nadie toque lo que creemos que nos pertenece en exclusiva. Auscultar el corazón supone intentar saltar esa valla o, mejor, abrir esa cancela tan celosamente guardada. Mientras sea un muro compacto, no habrá posibilidad de que los corazones se aproximen. Y tengamos en cuenta que la casa del corazón se abre por dentro. Es decir: no se puede forzar, ha de ser el otro quien abra. Y nosotros, fielmente, estar esperando a la puerta.
  • Saber de itinerarios hondos: No quedarse en los itinerarios de fuera, exteriores, que tienen también su importancia cómo no (la enfermedad, los trabajos, las actividades, las anécdotas cotidianas). Ir más adentro: los sentimientos, las visiones la vida, las valoraciones de las cosas, los gustos o disgustos de lo que acaece. No estar siempre navegando en aguas superficiales. Auscultar el corazón es saber algo de eso para acogerlo, agradecerlo, acompañarlo, sostenerlo, soportarlos, abrazarlo.
  • El latido de lo comunitario: Un latido particular, no fácil de detectar. Hay que estar muy atento al proceso comunitario, a su evolución. Eso requiere un cierto análisis y evaluación, una reflexión razonada de los caminos que la comunidad  de vida y de fe va tomando. Si se hace esta tarea, se puede detectar de alguna manera el nivel de entrelazamiento comunitario que se tiene.

 

d) Un texto evangélico para la meditación: Mc 10,21

 

«Jesús, fijando la vista en él (el joven rico), le demostró su amor diciéndole: - Una cosa te falta: márchate, todo lo que tienes, véndelo y dáselo a los pobres».

 

Jesús mira en la dirección del otro con amor. La propuesta que le hace de irse entregando es una propuesta de amor, dirigida al corazón, no a ningún deber o ley. Propuestas de amor.

 

 

e) Un poema

 

La plaza

 

La piedra está

firme y anónima.

Sostienen los pilares

con gravedad la sombra acogedora.

Aquí alguien habló

tal vez a hombres unidos

en la misma esperanza.

Tal vez entonces

tuvo en verdad la vida

cauce común y fue la patria

un nombre más extenso

de la amistad o del amor.

Aquí latía un solo corazón unánime

 

José Ángel Valente

 

 

5. El cultivo de la ternura

 

         Pretender una inteligencia cordial, una vida en buena relación, un estilo de vida comunitaria jugoso sin el cultivo explícito de la ternura resulta imposible. Si se quiere conservar, fortalecer, dar sostenibilidad a una opción de vida en relación, la ternura es un elemento imprescindible. Si queremos que el otro entre en el ámbito de nuestro horizonte vital, la ternura es la puerta. Estanos hablando de los resortes afectivos del fondo que determinan el actuar humano.

         No resulta fácil esto en estilos de vida que han censurado, por peligrosod y lindantes con la inmoralidad, muchos de los comportamientos del corazón. Pero hoy se puede reivindicar con cierta facilidad la necesaria dosis de ternura en la vida cristiana. Hay que animarse y hay que alejarse de viejos imaginarios que hoy ya no tienen vigencia (la rectitud, la fría honestidad, la justicia sin corazón).

 

a)  Cant 8,4

 

«Prometedme, oh mujeres de Jerusalén,

    que no despertaréis al amor

hasta que llegue el momento apropiado».

 

  • Promesas de ternura: No son promesas en el vacío, sino que encierran el afán por relacionarse bien con el otro. Promesas alimentadas por el amor. No son promesas “blandas”, melifluas, sino hondamente vivenciales y, por supuesto, con el decidido afán de llevarlas a cabo en la medida de lo posible. Esas promesas sostienen el débil andamiaje de los días.
  • Despertar al amor: Ponerlo a funcionar, hacer de él un dinamismo real de la vida, convertirlo en empuje y en la orientación de cada día. La fuerza orientadora del amor es muy grande, la capacidad para dar sentido es evidente, la energía para sostener en situaciones difíciles es cosa comprobada.
  • El momento apropiado: Pero no conviene forzar situaciones. Todo tiene su momento. La ternura ha de aprender a no avasallar, a respetar, a asimilar silencios, a sostener interrogantes que aún no pueden tener respuesta. Cada paso del proceso del amor tiene su momento; es preciso aceptarlo y construirlo con paz.

 

b)  Reflexión

 

  • Algo que puede morir: Es así. El amor es una realidad viva, expuesta,  y puede morir, y de hecho se acaba y muere. También esto hay que aceptarlo con paz en la dinámica relacional. No se trata de odio, sino de mera indiferencia, de falta de cultivo, de intereses que derivan hacia otros caminos. Encajar esto con humanidad es bueno. La ternura puede ser alimento para que esto no se dé, se retrase o, en el peor de los casos, se encaje del mejor modo posible.
  • La savia del amor: La savia del amor es la ternura. La ternura irrumpe cuando la persona se descentra de sí misma, sale en la dirección del otro, siente al otro como otro, participa de su existencia y se deja tocar por su historia vital. Cuando no se deja atrapar por la enfermedad del yo. El otro marca al sujeto. Marcados por el otro, esa podría ser una buena definición de la vida comunitaria.
  • Sensibilidad y cálculo: Pascal opone la sensibilidad al cálculo, el espíritu de delicadeza al de geometría. Sin embargo, ambos son necesarios en la vida común. Solo que el primero (el cálculo) habría de estar supeditado al segundo (la delicadeza, la ternura, la compasión, el aprecio). La ternura no renuncia al sentido crítico, pero lo supedita para que no haga desaparecer el jugo que hace la vida interesante.

 

c)    Derivaciones

 

  • Estamos a tiempo: Siempre se está a tiempo de elaborar pensamiento y vivencia en torno a la ternura. Siempre hay posibilidad de abrir una pequeña brecha en el compacto muro de nuestra indiferencia. Siempre hay una grieta por la que la plantita de la ternura puede verdear. Es cuestión de animarse a trabajar en esa dirección, ser paciente con los, a veces, escasos resultados y resistir en el empeño no con tozudez sino con fidelidad.
  • Palabras y gestos: Porque la ternura, como todas las realidades sutiles necesita “sacramentos”, signos externos que sean lenguaje comprensible y generador de ánimo. De ahí que las palabras que expresan ternura (sin ñoñería) y los gestos humildes que la significan (sin amaneramiento) sean tan necesarios en la vida cristiana. Habríamos de superar la “vergüenza” que, por razones culturales y educativas, produce esto en nuestro comportamiento.
  • Sensibles y críticos: Las dos cosas pueden y quizá deban ir unidas. La sensibilidad sin componente crítico deriva en gazmoñería; el sentido crítico sin sensibilidad deriva en códigos normativos fríos.  De ahí que ambas realidades deban ir emparejadas. Eso sí, el sentido crítico, como hemos dicho, siempre sujeto a la sensibilidad, a la ternura.
  • Tierna corporalidad: Porque el cuerpo es el instrumento imprescindible para nuestra vida. Hay que tratarlo con ternura. No vayamos a irnos a la tumba sin haber sido tiernos con nuestra corporalidad (el cuerpo y lo que contiene: sentimientos, historia, perspectivas de vida, etc.). Dios mismo tiene ternura de su cuerpo en la creación y en el cuerpo de Jesús. Una de las formas de vehicular la ternura en la comunidad cristiana es hacerlo en la corporalidad de los cuerpos de los hermanos con todos sus avatares.

 

d)  Texto bíblico de meditación: Sal 103,13

 

«Como un padre siente ternura por sus hijos, así siente el Señor ternura por sus fieles».

 

Un padre de ternura. Paternidad y ternura es una ternura al cuadrado, aumentada. Una ternura aumentada es la que siente Dios por su creación. De ahí deriva su estilo de relación con lo creado. ¿Cómo mantener el imaginario de un Dios exclusivamente bueno, todo bien, sumo bien?

 

e)   Un poema

 

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.

Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.

Que tú me entendieras a mí sin palabras

como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,

Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.

Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,

la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.

Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.

Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,

yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.

Criatura también de alegría quisiera que fueras,

criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.

Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas

y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil,

y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,

y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde...

Si ahora yo te dijera

que es tu vida esa roca en que rompe la ola,

la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,

aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,

aquel niño que azota la mar con su mano inocente...

Si yo te dijera estas cosas, amigo,

¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,

qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?

Y ¿cómo saber si me entiendes?

¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?

¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?

¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,

poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?

Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

 

J. Hierro

 

6. Descubrir la caricia

 

         Hablar de caricias en marcos de vida cristiana es algo sin contexto, cuando no algo inapropiado e, incluso, censurable. Deudores todavía de una moralidad represiva no hemos descubierto caminos integradores que despojen de peligro a los movimientos del corazón y los conviertan en dinamismos saludables para una vida en buenas relaciones.

         Por eso hablamos de descubrir la caricia, como quien iniciara un camino no hollado, como quien se preguntara por primera vez, sin prejuicios, sobre un dinamismo que puede ser nuevo y útil. ¿Cómo generar un “modo acaraciente” de fe más que una manera áspera y lacerante de creer? ¿Cómo sentir que nuestro corazón sale reconfortado con el apoyo de la comunidad de fe? Pueden parecer asuntos que no tienen relación con la fe. Pero es la falta de costumbre la que nos habita, la escasa imaginación para pensar maneras que pongan carne a este tipo de intuiciones.

 

a)  Cant 2,3-6

 

«3Como el manzano más selecto del huerto

    es mi amante entre los jóvenes.

Me siento bajo su sombra placentera

    y saboreo sus deliciosos frutos. 

4Él me escolta hasta la sala de banquetes;

    es evidente lo mucho que me ama.

5Fortalecedme con pasteles de pasas,

    refrescadme con manzanas,

    porque desfallezco de amor.

6Su brazo izquierdo está debajo de mi cabeza,

    y su brazo derecho me abraza».

 

  • Como el manzano: La hermosura del árbol, la sensualidad del fruto, la caricia del viento que se cuela entre su follaje. Hechos para la caricia, para la caricia esencial. De ahí puede brotar ese aliento que  reconforta desde el fondo, que rehace a la persona, que toca la fibra más sensible por la que vibra una persona y que hace que los días escapen a la grisura que los hace irrelevantes y pesados.
  • Sombra placentera…deliciosos frutos: Los que puede dar quien acaricia siempre que no haya en él ningún afán de avasallamiento, de posesión, de atrapar al otro en sus redes. Un placer orientado y moldeado por la relación. Para nada algo egoísta que se cierra en uno mismo.
  • Pasas y pasteles: La sensualidad de lo que se come con amor, el regusto de aquello que se nos dio para comer desde el amor de madre y que perdura desde la infancia hasta la adultez. Cuando se comen los frutos de la ternura se recuerdan siempre porque quedan grabados no tanto en la boca, cuanto en el fondo del alma.
  • Su brazo izquierdo…su brazo derecho: La caricia del cuerpo que toca al cuerpo que ama, respeta, y aprecia. El toque que no es irruptor, sino amabilidad y preocupación, caricia esencial. Envuelto por los brazos que aman, por la amabilidad que rodea, por el cuidado que quiere ayudar en cualquier necesidad, por pequeña que sea.

 

b)  Reflexión

 

  • La caricia esencial: La caricia es esencial cuando se transforma en una actitud, un modo de ser que cualifica a la persona en la totalidad, en el pensamiento, en la voluntad, en la interioridad, en las relaciones. Por eso la caricia toca a lo profundo del ser humano. Una caricia superficial no ha llegado aún a su destino. Acariciar es apuntar al fondo de la persona, mirar en la dirección del sustrato más elemental e intentar comprender desde ahí. Por eso confiere reposo, integración y confianza. Banalizar la caricia es banalizar a la persona.
  • Total altruismo: La caricia exige total altruismo, respeto por el otro y renuncia a cualquier otra intención que no sea la de la experiencia de querer bien y de amar. La caricia esencial es leve como un entreabrir suave la puerta. Jamás hay caricia en la violencia de abrir puertas y ventanas forzándolas, es decir, en la invasión de la intimidad de la persona.
  • Acariciar o atrapar: Son dos actitudes contrapuestas: atrapar apunta al dominio, acariciar al cuidado.  La primera es expresión de poder, de manipulación, de sometimiento a mi modo de ser. La mano que acaricia representa la alternativa necesaria: el modo de ser cuidado.

 

c)    Derivaciones

 

  • Tocar al hermano: Hemos ido construyendo una vida cristiana que no se toca, no solamente físicamente, sino “acaricialmente”. Aislados en nuestra corporeidad-espiritualidad hemos creído que nos hacíamos fuertes pero, en realidad, éramos vulnerables. La caricia nos habría hecho más fuertes, el “tocarnos” en nuestra realidad vital nos habría abierto a las realidades de los otros. Sin “tocar” es difícil ser seguidor de un Jesús que “toca” mucho (sobre todo en el Evangelio de Marcos) y que es tocado, “apretujado” (Mc 5,31).
  • Entreabrir la puerta: Con todo respeto, con todos los cuidados, con todos los permisos, sin esgrimir ninguna clase de derechos, sin forzar nada. Asistir con paciencia al momento en que se requiera nuestra presencia en ese huerto interior. Pero, eso sí, saber estar a la puerta, signo de verdadero amor (como en Ap 3,20), saber soportar “el rocío de las noches” que las personas llevamos todas en nuestra vida, saber acoger el peso que toda persona acarrea.
  • Una mano revestida de paciencia: Así habría de ser la mano que acaricia en la comunidad cristiana. Un guante de paciencia que no encierra una mano férrea que agarrota, sino que también por dentro es de fraterna suavidad y cuidado. Pretender acariciar de manera violenta es echar por tierra la posible buena relación en la comunidad.
  • Nuestra fraternidad perdida: La caricia esencial nos devuelve a nuestra humanidad, a nuestra fraternidad, perdida, no hallada todavía. Corremos el peligro de perder lo que nunca hemos hallado. La ternura y la caricia pueden ponernos en la pista de este estilo de comunidad en buena relación que puede contribuir fuertemente a dar sentido a nuestras opciones creyentes.

 

d)  Texto bíblico para la meditación: Is 66,13

 

«Como una madre que acaricia a su hijo, así yo os consolaré a vosotros, y en Jerusalén seréis consolados».

 

Dios acaricia, Dios consuela. Lo suyo no es darnos normas, leyes, decretos, mandatos…lo suyo es darnos ternura y consuelo. Jerusalén puede ser para nosotros/as la comunidad de fe, el lugar de la caricia y del consuelo, el lugar del gozo de la presencia de un Dios que nos acaricia y que nos empuja hacia el corazón del otro.

 

e)   Un poema

 

La caricia perdida

 

Se me va de los dedos la caricia sin causa,

se me va de los dedos... En el viento, al pasar,

la caricia que vaga sin destino ni objeto,

la caricia perdida ¿quién la recogerá?

 

Pude amar esta noche con piedad infinita,

pude amar al primero que acertara a llegar.

Nadie llega. Están solos los floridos senderos.

La caricia perdida, rodará... rodará...

 

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,

si estremece las ramas un dulce suspirar,

si te oprime los dedos una mano pequeña

que te toma y te deja, que te logra y se va.

 

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,

si es el aire quien teje la ilusión de besar,

oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,

en el viento fundida, ¿me reconocerás?

 

  1. Storni

7. Cuando comer nos hace humanos

 

         La cordialidad se vehicula en lo cotidiano. Una cordialidad únicamente para los momentos extraordinarios tiene el peligro de ser una cordialidad ficticia. Sin embargo, la sencillez de cada día, su monotonía, su tendencia a lo gris es el escenario donde la cordialidad habría de brillar para ser auténtica. Eso hará que tales días escapen a la tentación de la rutina y del descoloramiento.

         La vida cristiana, tan ceñida a los caminos del otro, tiene el peligro de descordializarse en lo cotidiano y vivir con exaltación únicamente los momentos privilegiados, los de gran nivel espiritual o teológico, las grandes fiestas religiosas u otras. Pero la verdad de lo que somos se juega en lo cotidiano. Es justamente ahí donde habrá que sembrar la interesante semilla de la cordialidad.

         Por eso hablamos de algo tan cotidiano como comer, ya que todos los días es necesario hacerlo para vivir con salud. En algo tan imprescindible y tan cotidiano como comer es donde habrá que construir un escenario de cordialidad. De lo contrario, corremos el riesgo de generar una espiritualidad de la fraternidad sin carne. Si el comer (los alimentos espirituales y los otros) no está integrado de alguna manera en el hecho de creer, todavía nos falta algo importante.

 

a)  Cant 4,16

 

«16Despierta, cierzo,

llégate, austro,

orea mi jardín:

que exhale mis perfumes.

Entra, amor mío, en tu jardín

a comer de sus frutos exquisitos».

 

  • Despierta, llégate, orea: Porque comer los frutos exquisitos demanda una actitud de lucidez, no de abotargamiento. Participar en el banquete del amor pide que la cabeza esté despejada, ya que amar en la niebla del sentido, sin lucidez, deja un poso de fracaso.
  • Que exhale mis perfumes: El comer juntos ha de estar envuelto en perfumes, no tanto los de las viandas, cuanto el perfume del deseo de querer estar en la compañía del otro. Eso da al banquete cotidiano una mística que lo constituye en lugar de encuentro y en marco de intercambio vital.
  • Comer frutos exquisitos: Que lo son no tanto por su rareza o exquisitez, sino porque el amor los hace exquisitos. Las viandas son la excusa para el amor, la comida la excusa para la fraternidad.

 

b) Reflexión

 

  • Comidas humanas: Dicen los antropólogos que la verdadera humanización de nuestros antepasados comenzó cuando los humanos comenzaron a comer juntos. Comer juntos nos hace humanos, ya que eso no es solamente nutrirse, sino relacionarse, inquirir sobre los caminos del otro, empatizar con las situaciones de vida de quien come junto a mí, alegrarse juntos para sobrellevar mejor el peso de los días. Por eso son tan importantes, antropológicamente hablando, las comidas.
  • En comunión con todos los seres: Las comidas desvelan una realidad más profunda que la que aparece: no solamente se dialoga con quien se comparte mesa, sino también con todos los seres. “La nutrición nunca es una mecánica biológica individual. Consumir comensalmente es comer en comunión con otros; es comulgar con las energías cósmicas que subyacen a los alimentos, especialmente con la fertilidad de la tierra, con el sol, con las florestas, las aguas y los vientos” (Boff). Esta comunión cósmica está en el subsuelo de nuestras comidas.
  • Comer todos: Un anhelo no logrado aún (y falta mucho) es que todos los humanos lleguen a comer como tales. La “soberanía alimentaria” es aún un desideratum. Las reformas agrarias que habrían posibilitado una mesa para todos, siguen pendientes. Mientras tanto, muchos quedan excluidos del banquete de la vida. Quien puede comer, habría de hacerlo con esta espina clavada en la garganta y en el corazón. Eso habría de hacer de su mesa una realidad más abierta apuntando, de algún modo, en la dirección de los excluidos.

 

c) Derivaciones

 

  • ¿Comer en silencio?: Cuando se come solo, leyendo el periódico o mirando al móvil se está en silencio. Comer en silencio es una “anomalía”. Los humanos comemos hablando, de no ser que, temporalmente, apliquemos el silencio a la comida para lograr una mayor profundización espiritual (como en el caso de una semana de retiro). Pero, normalmente, comer en silencio no es de humanos. Por eso, quien se sienta a la mesa ha de intentar potenciar el diálogo común para que sea lo más “nutritivo” para la relación humana. El diálogo es imprescindible para la buena salud de una persona. Por eso mismo, un grupo humano que dialoga en sus comidas (algunas veces sin prisa) tiene mejor futuro que una que no dialoga (lo mismo que si reza, o más aún). Retraerse en la mudez en la mesa, aislarse, meter la cabeza en el plato, no ayuda a la saludable relación humana.
  • En la mesa y en el juego…: Las viejas normas de urbanidad decían que “en la mesa y en el juego se conoce al caballero”. La mesa es un microcosmos. Por eso desvela el talante espiritual del comensal. La vida cristiana ha mantenido, algunas veces, formas hoscas de comportamiento. Tendríamos que ser más flexibles, más educados, más proclives al “por favor”, al “gracias”, al pequeño elogio para quien ha preparado lo que comemos y para quienes lo compartimos. A veces, la relacionalidad se juega en esos detalles básicos.
  • Comidas reconfortantes: Reconfortantes para la relacionalidad. Y no solamente porque nos reconfortan el cuerpo, sino porque esponjan el alma. Muchas comunidades, muchas familias, por el devenir de sus planes sociales y laborales, casi no se juntan a comer más que una vez al día. Y ni eso. Es el único momento de diálogo fuerte en la cotidianeidad. Por eso habrá que potenciar esos tiempos para que sean cauce de relación en lo cotidiano. Menospreciarlos o banalizarlos sería una pérdida.

 

 

d) Texto evangélico de meditación: Mt 22,9

 

         «Id ahora a las salidas de los caminos, y a todos los que encontréis invitadlos a la boda».

 

         La gran invitación de Jesús no es al trabajo o a la actividad, sino al disfrute, al banquete, a la boda. Ese es el lugar donde Jesús se nos ofrece como el que quiere que lleguemos a la dicha, ya que hemos nacido para el disfrute.

 

e) Un poema

 

Memoria

Como pan vino la palabra,
como fragmento de crujiente pan
fue dada,
igual que pan que alimentase el cuerpo
de materia celeste.

Vino, compartimos su íntima sustancia
en la cena final del sacrificio.

Y nos hicimos hálito, sólo soplo de voz.

Palabra, cuerpo, espíritu.

El don había sido consumado.

 

                                                       J.A.Valente

 

 

8. Amabilidad que genera amabilidad

 

         La vida cristiana ha tenido, a veces, el aire de una cierta hosquedad. Precisamente por eso habría que trabajar con más ahínco la amabilidad esencial (como actitud) y los actos de amabilidad (como concreción). No se trata solamente de ser educados/as, que no es poco, sino de generar un entorno más fácil para la buena relación. La amabilidad es algo más que unas meras formas de educación y cortesía. Es la tarea, de la que depende mucho la dicha de nuestra opción de vida creyente, la amabilidad tiene un puesto importante.

         La amabilidad, para que sea “rentable”, hay que ejercitarla a diario. Efectivamente, es en la espiritualidad de la vida cotidiana donde se sitúan esta clase de valores. Aspirar a una vida cristiana de calidad descuidando estos componentes diarios es querer que el carro no chirríe sin engrasarlo bien.

 

a) Cant 2,7

 

«¡Muchachas de Jerusalén,

por las ciervas y las gacelas

de los campos

os conjuro,

que no vayáis a molestar

que no despertéis al amor

hasta que él quiera!».

 

  • Apelar al corazón: Esa es la razón de la amabilidad. Por eso, el estribillo apela “a las ciervas y a las gacelas de los campos”. Ellas que son gráciles, amables, discretas, bellas, son la referencia para que se trate bien al otro, al amado, por su simple belleza. Buscar razones para ser amable es destruir la belleza de la misma amabilidad.
  • No molestar: Ley básica de la amabilidad: tener intuición para saber cuándo se molesta y no meterse por tal camino. El amor es contenido, sabe hasta dónde hay que llegar y qué puertas no hay que atravesar. Si se molesta, el amor se vuelve imposible.
  • Hasta que él quiera: La amabilidad siempre está a expensas de lo que el otro quiera. El otro es la medida. En el fondo hay un gran “abandono” que se hace por amor. La dignidad y la confianza están a la base.

 

b) Reflexión

 

  • Razón calculadora/razón cordial: Ambas realidades habrían de ir juntas y en equilibrio, lo técnico y lo espiritual, lo científico y lo ético, lo racional y los sentimientos. Por desgracia, es siempre la segunda parte la que ha salido perdiendo. Por eso habrá que trabajarla más. Y la amabilidad se apunta a esa segunda parte de la razón cordial.
  • La dignidad a la base: La amabilidad no es planta sin raíz: a la base está el tema de la consideración de la dignidad del otro. Si esa dignidad no aparece en el horizonte de la relación, hablar de amabilidad es hablar de música celestial. La dignidad es la raíz de la amabilidad.
  • El poder es servicio…el servicio es amor: Cuando la amabilidad funciona, el poder se desactiva y se convierte en servicio. Cuando la amabilidad está viva, el servicio se hace con agrado, sin enfado, sin el rostro contrariado. Por eso hay que dar a la amabilidad una categoría de valor que parece habérsele negado.

 

c) Derivaciones

 

  • Relaciones amables espirituales: Porque podemos llegar a creer que las relaciones amables son un mero adorno que tienen algunas personas. Pero la amabilidad es un valor que tiene categoría de espiritual. Además, ¿Cómo vamos a hablar de espiritualidad evangélica si esta espiritualidad más básica no está presente? Quizá sea por eso que muchas valoraciones espirituales que hacemos en el día a día de la vida cristiana quedan infecundas porque no son suficientemente amables.
  • Palabras buenas, gestos buenos: Ya que la amabilidad está, con frecuencia, ligada a la palabra y al gesto. Pretender ser amables con palabras ácidas es imposible; pretender ser amable con gestos airados, displicentes, con desplantes, también. Por eso estos elementos resultan tan decisivos en la relacionalidad humana y cristiana.
  • Apostolado de amabilidad: Ya que la vida cristiana enfoca, con frecuencia, el apostolado desde el lado meramente religioso. Pero el apostolado de la amabilidad puede ser decisivo para hacer creíble el otro, el religioso. Muchas personas de hoy entienden mejor el primero que el segundo. Y otras muchas no podrán entender el segundo sin el primero.

 

d) Texto evangélico de meditación: Mt 5,37

 

         «Que vuestro sí sea un sí y vuestro no un no; lo que pasa de ahí es cosa del Malo».

 

         Jesús corrige viejos planteamientos desviados, los juramentos falsos. Pero puede entenderse desde el lado de la amabilidad: un sí amable y un no amable tiene que estar llenos de verdad y de aprecio a la persona. Si están llenos de trampas, la ruina relacional está servida.

 

e) Un poema

 

Nueva vida

 

Dicen que nada volverá a ser lo que era

antes de que tu pétalo de luz

encendiera mi curva más oscura.

 

Tú, que no sabes ni que existes

mientras me redondeas,

que te formas y sueñas sin mapas

ni conceptos,

 

que no tienes ni nombre,

tú me haces infinita

en tu indefinición.

 

Tú y yo

vamos creando tu cuerpo

a ojos cerrados,

sin saber lo que hacemos,

cómo será la flor.

 

Yo, media luna de sueño,

y tú, mi otra mitad.

  

      Vanesa Pérez-Sauquillo

 

 

9. En el desierto también hay vida y flores

 

         El camino relacional, todos lo sabemos, no es un camino de rosas. El conflicto es compañero de camino. Elaborar conflictos es una tarea siempre pendiente. A veces el conflicto se hace tan pertinaz que parece que la vida cristiana es como un desierto. Nos acomodamos a él, aguantamos largas temporadas de la vida en modos de estar sin sabor, sin alicientes. A veces eso degenera en algo crónico llegando al convencimiento de que esto de la vida cristiana no puede dar más de sí.

         Quizá la mejor manera de trabajar no sea huir de ese desierto. Sino percibir que en el desierto hay vida y flores. Que allá donde creemos que no hay más que soledad y desamparo también hay pequeños brotes de vida, sencillos logros que animan a continuar el camino. Nuestro anhelo no será entonces huir del desierto, sino mirarlo de otro modo, derramar fraternidad sobre nuestros desiertos vitales.

 

a) Cant 8,5

 

«¿Quién es esa que sube del desierto,

apoyada en su amado?

 

Bajo el manzano

te desperté,

allí donde tu madre te dio a luz,

con dolores de parto».

 

  • Subir desde el desierto: Porque el desierto es lugar de vida en todas las batallas relacionales. Aprestarse a los largos caminos del desierto. Recabar todas las posibilidades de vida, por pequeñas que sean, que ofrece el desierto. No maldecir la aridez del desierto, no culparle de nuestra desgana, aprender a mirar su brillo al amanecer, su luz de oro al atardecer. Ayudarse para soportar los fríos de sus noches. Una espiritualidad para vivir en desiertos.
  • Apoyada en su amado: ¿Para qué nos sirve el Evangelio si no nos ayuda a pasar airosamente los desiertos? ¿Es Jesús apoyo real? ¿Y los hermanos/as, no podrían ser ese apoyo que nos ayuda mutuamente a transitar por los desiertos? De cualquier manera una cosa es clara: atravesar desiertos en soledad es muy difícil. Los apoyos son necesarios.
  • Bajo el manzano: También hay fecundidad en los desiertos, también hay “manzanos” por raquíticos que sean, bajo cuya sombra uno puede dar a luz, espacios de vida. No todo es aridez. Manzanos en el desierto…

 

b) Reflexión

 

  • Desiertos de los sentidos: Es cuando falla la relación en su aspecto más humano, cuando convivir con otros es algo áspero, cuando los silencios se instalan a perpetuidad, cuando no se siente alegría en la presencia física del hermano/a, cuando las conversaciones no fluyen, cuando los caminos vitales del hermano/a me son ajenos y no interesan, cuando sus palabras nos chirrían, cuando no encontramos la senda de la cordialidad. Recurrir entonces al sosiego, sentirse próximo en cosas de poca monta, mantener el nivel de amabilidad y de buena educación. Pequeños remedios para sobrellevar con humanidad un mal de fondo.
  • Desiertos del espíritu: Cuando se nos ha ido la ilusión por el desagüe. Cuando ya no percibimos el “soplo” de vida que hay bajo los seres.  Cuando todo se vuelve inmediato, sin trasfondos. Cuando notamos que se hace “seco” nuestro caminar por los días. Cuando cuesta levantarse de la cama y encarar el día. ¿Dónde encontrar esa pizca de sal que sazone la “sosera” de los días? En el cultivo de la belleza sencilla, en el canto humilde que evoca algo, en el buen gusto por hacer las cosas con “elegancia”, en la cercanía y el “contagio” de quien es más animado/a.
  • Desierto de la fe: En la tentación mecánica de refugiarse en la religión, cuando lo que nos ocurre es que nuestra fe está situada en lo superficial. Cuando las prácticas de ahondamiento creyente (oración, reflexión, lectura, silencio, diálogo profundo sobre asuntos de fe, etc.) no resultan muy cuesta arriba. Cuando no encontramos caminos que alimenten de manera adulta nuestros anhelos creyentes, cuando esos anhelos parecen esfumarse. Recurrir entonces a la Palabra leída desde la novedad de la propia situación; recurrir a la oración recuperada desde la más elemental existencia; recurrir al cultivo de una espiritualidad-teología que alimente.

 

c) Derivaciones

 

  • No desertizar la vida cristiana: Porque la vida trae inexorablemente sus desiertos. No ahondarlos. No hacer de la vida cristiana un desierto a priori. Pensar que puede ser un edén. Y cuando el desierto surja, sembrar de oasis, de lugares de verdor, de tiempos de encuentro, de pequeñas alegrías compartidas, de humildes sueños alimentados. No convertir nuestros caminos comunes en desiertos improductivos.
  • Resistencia para atravesar desiertos: “En la resistencia habita la esperanza”, decía Sábato. Como adultos/as, resistir, no quebrarse, no tirar la toalla fácilmente. Levantar los hombros y seguir adelante con bonhomía, con buen humor incluso. No perder la sonrisa de los labios y del corazón. La fortaleza de quien sabe, por los años, de tormentas y de malos momentos, habría de traducirse no en amargura, sino en confianza.
  • Hay vida y flores en los desiertos: Confiar y aguzar la mirada y el corazón para percibir esos signos de vida en las pequeñas cosas de cada día, en lo oculto tras la niebla, en las sorpresas minúsculas que la luz de cada día nos va dando. Las semillas de los desiertos suelen ser pequeñas. Basta una gota de agua para hacerlas florecer.

 

d) Texto evangélico de meditación: Mc 6,31

 

         «Venid vosotros solos aparte, a un desierto, y parad un poco».

 

         El discipulado ha vuelto de la misión habiendo curado y habiendo enseñado la doctrina tradicional. Fue enviado a lo primero, pero hicieron también lo segundo. Por eso, en el desierto tienen que recuperar el encargo primero. Un desierto para resituar, para reorientar, para encontrar salida a los caminos errados. Un desierto para la vida.  

 

e) Un poema

 

Piensa

en los que se mantienen al margen, 

en los que pasan, casi anónimos, 

                                                     y escuchan,

y guardan para sí lo que acaso dirían

si las cosas fuesen de otra manera,

si el altavoz brutal callara un poco. 

No imagines que el desierto es sólo superficie; 

piensa en las arenas  hondas, silenciosas,

o surcadas tal vez de profundas corrientes,

pero llenas de vida. 

Una vida que calla, pero que es verdadera

y sigue, sigue siempre. 

 

José Cereijo 


10. Aceptación y desapego

 

         Estamos dentro del tema de los conflictos, ya que éstos no son solamente con otros sino también consigo mismo. Una forma de irlos superando es trabajar la aceptación de los límites propios y generar una saludable espiritualidad del desapego. Esto tiene su importancia en la relacionalidad, ya que si ambos elementos están mejor asimilados (aceptación de límites y desapego), la relacionalidad será de más calidad.

         Se trata, en el fondo, de trabajar en la línea de la mayor libertad posible. No es cuestión de vivir en un nirvana enervante, sino de, estando sujetos a los vaivenes de los días, generar una cierta estabilidad donde brote con facilidad la buena relación. Todo esto puede ser signo de madurez humana y de fe adulta.

 

a) Un texto: Cant 3,1-2

 

«1En mi cama, por la noche,

buscaba el amor de mi alma:

lo busqué y no lo encontré.

         2Me levanté

y recorrí la ciudad

por las calles y las plazas,

buscando el amor de mi alma;

lo busqué y no lo encontré».

 

  • Buscaba: La relacionalidad, el amor, soporta mal el desapego y los límites. Por eso engendra búsquedas ansiosas. A veces eso se salda con un fracaso. Hay que saber que el amor no depende del resultado de la búsqueda, sino de la intensidad de la relación. Se puede ser persona buscadora y, a la vez, mantener la paz.
  • Recorrer la ciudad por calles y plazas: Los múltiples caminos de la búsqueda. Unos dan resultado positivo, otros no. Es preciso saber encajar ambas realidades: ni enorgullecerse vanamente cuando hay resultados en la relación, ni lamentarse continuamente cuando no los hay.
  • Buscar el amor de mi alma: O buscarme mi amor de mi propia alma. Hay que hacer un fuerte discernimiento para saber qué estamos realmente buscando, a quién estamos realmente buscando. Las búsquedas se confunden con los anhelos y estos, a veces, con los caprichos. Por eso es tan necesario el discernimiento.

 

b) Reflexión

 

  • Creativamente resignados: Eso supone la aceptación de los límites: no una resignación que mate la creatividad, sino una creatividad capaz de asumir límites. La resignación sin creatividad es una especie de muerte; la creatividad sin resignación es una ingenuidad porque se piensa que no hay límites que se le interpongan, siendo así que tales límites está ahí todos los días.
  • Sin que chirríe el alma: Hay que aprender el desapego sin que chirríe el alma. Porque el desapego viene inexorablemente en la vida: de niños, de adolescentes, de jóvenes, de adultos, muchas veces hay que desapegarse. Incluso hay que desapegarse con humanidad de la persona que antaño amamos. Hasta de la propia vida hay que despegarse un día. Quizá todo esto nos lleva a crear las condiciones para que un Ser Mayor nos venga a llenar.
  • De todo podemos aprender: Esa es la conclusión sabia y general: se puede aprender de la experiencia de los límites y se puede aprender de los dolores del desapego. El adulto siempre está en situación de aprendizaje existencial, de aprendizaje de sentido, por áspero que pueda ser, a veces, tal aprendizaje.

 

c) Derivaciones

 

  • Resignación sin creatividad: Porque así se ha presentado, a veces, el valor religioso de la resignación. Mero conformismo que lleva dentro la inactividad, el dejarse amilanar, el sentirse escachado. Hay que sacudirse esa actitud para que la relación de la vida cristiana no entre en la rutina, en el desaliento, en la certeza enquistada de que no hay nada que hacer.
  • En el lugar luminoso: Ahí será preciso situarse a la hora de aceptar los límites porque si se sitúa uno en el gris, en lo oscuro, en la pérdida, las limitaciones son únicamente motivos negativos y nunca trampolines para una posible mejora. La resiliencia es necesaria: hacer de las limitaciones un impulso para crecer  madurando.
  • Cada vez con menos para ser más: El desapego de cosas nos puede llevar no a un empobrecimiento, sino a lo contrario. Tener lo mínimo para vivir con dignidad nos puede ahorrar muchos quebraderos de cabeza y no pocos disgustos. Cuanto más simple sea nuestra vida, más posibilidad de tener riqueza humana y espiritual.
  • Itinerancia: Que es una forma estupenda de desapego: cualquier lugar puede ser nuestra casa; cualquier trabajo puede ser bien hecho siempre que se tenga capacidad para ello; cualquier relación puede ser positiva si se trabaja el camino de la fraternidad. Itinerancia como desapego que produce riqueza espiritual. Una gran sabiduría.

 

d) Un texto evangélico para la meditación: Mt 9,1

 

         «Subió a una barca, cruzó a la otra orilla y llegó a su propia ciudad».

 

         Se refiere a Cafarnaúm que es llamada “su propia ciudad”, ya que en Nazaret fue rechazado. Se instaló allí y allí pagó sus impuestos. Tuvo que aceptar los límites de sus compaisanos y despegarse del lugar que la vio nacer, no fácil desapego.

 

e) Un poema

 

Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma,
y uno aprende que el amor
no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad
y uno empieza a aprender.
Que los besos no son contratos

y los regalos no son promesas
y uno empieza a aceptar sus derrotas

con la cabeza alta y los ojos abiertos

y uno aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes...
y los futuros tienen una forma de
caerse en la mitad.
Y después de un tiempo
uno aprende que si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma, en lugar
de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende...
y con cada día uno aprende.
      

         Atribuido a Jorge Luis Borges

 

 

11. La belleza salvará al mundo

 

         Esta frase lograda es de F. Dostoievsky, el escritor de las sombras y tinieblas, pero anhelante de luz. Cuando hablamos de belleza no nos referimos primordialmente a la física, tan manoseada, sino a eso hermoso que anhela el corazón, a eso sencillo que habla el lenguaje de lo que agrada al alma, a lo que deja un poso de sosiego espiritual cuando se lo contempla, a eso que hay debajo de la piel y vibra. No es fácil decirlo.

         Pero es que el lenguaje ideológico, dogmático, teológico incluso está ya muy agotado y nos evoca poco. ¿Cómo hablar de una vida cristiana con sentido desde la espiritualidad de lo bello? Ya decía el Papa Francisco que no basta que el mensaje sea bueno y justo; tiene que ser bello (EG 167) para que llegue al corazón de las personas.

         La categoría de lo bello no ha sido muy cultivada en la vida cristiana. Parecía que eso era cosa de los artistas o de casas ricas. Y hemos vivido muchas veces en la mediocridad y hasta en el mal gusto estético. Y, sin embargo, lo bello puede ser una cara de la trascendencia tras la que dice andar en lenguaje religioso. Por eso, el cultivo de lo bello nos puede hacer más espirituales.

 

a) Cant 7,2-7

 

«Tus pies hermosos

en las sandalias,

hija de príncipes;

esa curva de tus caderas

como collares,

labor de orfebre;

tu ombligo, una copa redonda,

rebosando de licor;

y tu vientre, un montón de trigo,

rodeado de azucenas;

tus pechos, como crías

mellizas de gacela;

tu cuello es torre de marfil,

tu cabeza se yergue semejante al Carmelo;

tus ojos, dos albercas de Jesbón,

junto a Puerta Mayor;

es el perfil de tu nariz

igual que el saliente del Líbano

que mira a Damasco;

tus cabellos de púrpura

con sus trenzas cautivan a un rey.

¡Qué hermosa estás, qué bella,

qué delicia es tu amor!»

 

  • El cuerpo cantado: Fuente de belleza. Hay que situarse en otro terreno distinto al moralista en que se nos ha habituado y desde el que hemos llegado a no amar los cuerpos, todo cuerpo. Una valoración nueva de la belleza pasa por una valoración de los cuerpos, del hermano cuerpo que tan bien nos sirve y que nos da tantas alegrías y también los pesares propios de su limitación. El Evangelio es un libro de cuerpos y para los cuerpos. Sin amar los cuerpos no es posible volver al Evangelio.
  • De abajo a arriba: Así está descrito el cuerpo de la amada, desde los pies hasta la cabeza. Quizá sea ese el itinerario para volver a una valoración distinta de la corporalidad: desde lo más elemental, los pies, hasta lo más sublime, la cabeza. La espiritualidad de máximos que maneja la religión apunta siempre a lo más alto y olvida lo más bajo. Pero la belleza sencilla está en lo bajo, en lo simple, lo cotidiano. Volver al Evangelio es volver a lo bajo.
  • Signo del reino: La belleza sencilla, el cuerpo cantado, el gozo por lo hermoso es signo del reino. No hemos sido creados ni para la pena ni para el trabajo, sino para el disfrute y la fiesta. Por eso es tan importante la espiritualidad de la belleza. Puede dar un toque distinto a nuestras relaciones comunitarias.

 

b) Reflexión

 

  • Todos los seres tienen una cierta belleza: La cultura nos ha hecho creer que muchos seres son repugnantes, por su morfología o por su historia. Pero todo ser lleva el “alma” incorruptible de Dios (como dice Sab 12,1). Descubrir la belleza oculta de los seres menos queridos es una tarea hermosa. También es una tarea en la vida cristiana descubrirla en los hermanos/as donde la belleza está más oculta por su historia o sus limitaciones.
  • Amor compartido en el dolor: Así definen algunos la belleza profunda. No se trata de meras posiciones estéticas, sino de compartir amor en situaciones de dificultad, ya que en las que no tienen dificultad eso va de sí. Esa ha sido la belleza de Jesús con nosotros, compartidor de amor en nuestros caminos extraviados. Desde ahí los ha hecho bellos, a pesar de sus límites.
  • Contra el utilitarismo: Porque se nos pega algo que socialmente es un “dogma”: lo que no es útil, no vale. Y no es así: muchas veces se demuestra que lo inútil, el considerado poco útil, es el que aporta más al gozo y al sentido de la vida. Lo útil es una categoría que va por detrás de lo bello. Hay que hablar el lenguaje de lo bello para no ser un dominador o un mero consumidor de recursos (EG 11).
  • Dimensión ética y religiosa: Porque lo bello no tiene solamente una dimensión estética. También lo bello es ético porque ayuda a tomar decisiones de cercanía y amor al otro. Y es religioso porque conecta con lo santo que tiene una dimensión estética. Las tres dimensiones van imbricadas, pero, como decimos, lo bello tiene primacía.

 

 

 

c) Derivaciones

 

  • Tiene que ver con la fraternidad: Así es, la belleza tiene que ver con la comunicación porque es algo para compartir. Una belleza para uno solo no es la de la vida cristiana. Cuidar la casa, las personas, únicamente para el exclusivo placer personal no es de recibo. Como todo, la belleza comunitaria ha de ser consensuada, valorada por todos, disfrutada por todos.
  • Ofrecer la fe y la religión en el molde de lo bello: Como lenguaje más adecuado. Aunque nuestras posibilidades sean menguadas, hay que intentarlo. Liturgia bella, oración bella, signos evocadores, lugares cuidados, buen gusto en los cantos, discurso catequético con un poco de lírica, etc. Sin exquisiteces raras, pero de una forma bella.
  • Belleza para andar por casa: Porque todo ayuda, todo genera espiritualidad. Higiene personal y comunitaria cuidada; buen gusto en la ornamentación de la casa, en las comidas, en las manifestaciones ante la gente; detalles que tengan el lenguaje del buen gusto. La inatrapable trascendencia pasa muchas veces por estos caminos sencillos de lo bello.

 

d) Un texto evangélico para la meditación: Lc 12,27

 

         «Fijaos como crecen los lirios: ni hilan ni tejen, y os digo que ni Salomón en todo su fasto estaba vestido como cualquiera de ellos».

 

         Comparación para frenar las excesivas preocupaciones y poder acoger así la bienaventuranza de la pobreza. Pero es significativo que se ponga como ejemplo ecológico y estético: los lirios. Sin belleza y sin amor a la tierra no puede entenderse bien la opción por la pobreza.

 

e) Un poema

 

Bajo el sol

                hay bondad

frente a la luz sólo basta

                abrir los ojos

Limpia las penas

 

de tu corazón

el sufrimiento

de tu cuerpo

bajo el sol

da gracias

a la hierba

al musgo a la lluvia

da gracias

al placer

a la tierra sobre la que vives

y sobre la que mueres

al primer jardín

a los árboles de música

y a sus follajes de silencio

da gracias

al agua de la acequia

al bálsamo en la sangre

al rocío la floresta

al ciervo vulnerable

bajo el sol

al cielo y a sus siglos

a las nubes del aire

al fuego y al frío

a los vientos a las noches

y a los días y a la luz

a los montes y colinas

a las fuentes los mares y riberas

a la muerte

a los pájaros del cielo

y a la muerte

oscuro corzo herido

da gracias

               bajo el sol

 

Ernesto Kavi 

 

 

 

12. Para una sed infinita

 

         Parece que el ser humano, debido al mecanismo del deseo, alberga en su interior una inapagable sed de trascendencia. La religión ha lanzado ese componente antropológico al más allá: en el cielo se calmará esa sed al “ver” a Dios. Pero la evidencia es que tal sed anida ya ahora en el corazón de la persona. Por lo que el tratamiento que se dé al deseo y a su utopía de trascendencia ha de ser algo en la historia, en el hoy.

         La vida cristiana puede tomar como un apostolado connatural a su opción  el tratar de colmar esa sed de trascendencia en el hoy. Esta sed se percibe en muchos signos sociales (foros espirituales, prácticas espirituales que vienen del oriente, modos de contemplación laica, etc.). Eso lo podrá hacer viviendo y ofreciendo más espiritualidad que religión, más profundidad que culto, más interioridad que doctrina.

 

a) Cant 6,11-12

 

         «Bajé a mi nogueral

a examinar los brotes de la vega,

a ver si ya las vides florecían,

a ver si ya se abrían los botones

         de los granados;

         y, sin saberlo,

me encontré en la carroza con mi príncipe».

 

  • Bajar al nogueral: Puede leerse este texto hermoso en modos metafóricos: es bajar a la profundidad para verificar si la vida (brotes-vides-granados) bulle en su interior. Quien no se sumerge en lo profundo de la hermosura de la vida, en las verdades existenciales que tocan el corazón, no puede llegar a disfrutar del sentido de esta vida. La trascendencia que ahonda como requisito para el disfrute y el sentido.
  • Y sin saberlo: Porque el ahondamiento en la vida ha de hacerse con naturalidad, como quien respira, en maneras sencillas y cotidianas. Esa es la sed de quien busca con moderación pero con pasión.
  • En la carroza con mi príncipe: En el sentido, en la verdad que riega la vida, en el Dios que está en el fondo. Estos son los frutos de la trascendencia vivida y ofrecida, de la espiritualidad como elemento del caminar humano.

 

b) Reflexión

 

  • Escuela para la sed: La comunidad podría ser un ámbito propicio para activar la sed de Dios. Y, además, una escuela del para esa sed, orientándola hacia la dicha y hacia la fe profunda, hacia la fe cósmica.
  • Sed de dicha: Algo a lo que ningún humano renuncia: a poder ser feliz dentro de los límites de la historia. El peor pecado que se pueda cometer es no ser feliz, ya que para la dicha hemos sido creados (Borges). La dicha en el marco de lo efímero es muy respetable, ya que aquella en el marco de lo intemporal es insegura, por más que la fe la mantenga.
  • Sed de transcendencia: Normalmente, en el imaginario religioso la trascendencia es hacia fuera. Pero se puede pensar la trascendencia hacia adentro, ahondando en la historia, bajando a los sótanos de la vida para encontrarse con la verdad que es uno. Esta trascendencia, tan espiritual como cualquiera, puede dar verdadero realismo y conecta con la verdad misma de la experiencia cristiana (cf Rom 7).

 

c) Derivaciones

 

  • Una vida cristiana que ofrezca espiritualidad: Porque lo que normalmente se oferta es religión, prácticas religiosas. Pero ¿si se ofreciera espiritualidad? Para ello habría que comenzar por potenciarla en el propio marco de la fe cristiana: una espiritualidad anclada en lo antropológico y en los caminos humanos. Y desde ahí, se podría ofertar y proponer una espiritualidad religiosa. Eso podría ayudar a calmar muchas “sed” que experimentan las personas.
  • En conexión con las grandes sed de la persona: La sed de la justicia, de dicha, de amor, de paz, de igualdad…La vida cristiana si no conecta con esas grandes sed que tiene el camino humano no podrá ofrecer espiritualidad y se resignará al rincón de la espiritualidad religiosa, derivada muchas veces en mera práctica religiosa. Por eso es tan importante conectar con las grandes sed de lo humano.
  • Libre de intereses que se oponen a la trascendencia: Si la vida cristiana pretende hacer una oferta de espiritualidad y sigue ligada a intereses que, en el fondo se oponen a ella, no logrará nunca nada. Así es: el afán de dinero, la tentación del poder, el corporativismo, el buen nombre de la Institución, la gloria humana a través de la gloria religiosa, todo eso son intereses que bloquean los caminos de la espiritualidad profunda. La vida cristiana habría de situarse lo más lejos posible de ellos.

 

d) Texto evangélico de meditación: Jn 14,23

 

         «Vendremos a él y pondremos nuestra morada en él».

 

         El Padre y Jesús han tomado una decisión de vértigo: venir a poner su morada en el fondo de la estructura histórica. Por eso, el cielo está en el fondo de la existencia. Quien quiera encontrarse con el Dios que nos habita, tendrá que ahondar en la historia, bajar al sótano de la realidad. Ahí encontrará a Dios, en esas aguas profundas saciará la sed.

 

f) Un texto

 

El nombre de esta profundidad infinita e inagotable y el fondo de todo ser es Dios. Esta profundidad es lo que significa la palabra Dios. Y si esta palabra carece de suficiente significación para vosotros, traducidla y hablad entonces de las profundidades de vuestra vida, de la fuente de vuestro ser, de vuestro interés último, de lo que os tomáis seriamente, sin reserva alguna. Para lograrlo, quizá tendréis que olvidar todo lo que de tradicional hayáis aprendido acerca de Dios, quizás incluso esta misma palabra. Pero si sabéis que Dios significa profundidad, ya sabéis mucho acerca de Él. Entonces ya no podréis llamaros ateos o incrédulos. Porque ya no os será posible pensar o decir: la vida carece de profundidad, la vida es superficial, el ser mismo no es sino superficie. Si pudierais decir esto con absoluta seriedad, seríais ateos; no siendo así, no lo sois. Quien sabe algo acerca de la profundidad, sabe algo acerca de Dios. El nombre de este fondo infinito e inagotable de la historia es Dios. Tal es el significado de esta palabra y aquello a lo que tienden las expresiones reino de Dios y divina providencia. Y si estas palabras no tienen demasiado sentido para vosotros, traducidlas y hablad de la profundidad de la historia, del fondo y la finalidad de nuestra vida social, y de lo que os tomáis en serio, sin la menor reserva, en vuestras actividades morales y políticas. Quizá daríais el nombre de esperanza, simplemente esperanza, a esta profundidad”.

Paul Tillich

 

 

 

Caminos franciscanos para volver a Jesús

CAMINOS FRANCISCANOS

PARA VOLVER A JESÚS

 

         No cabe duda de que el tema de “volver a Jesús” está de moda. Basta mirar las muchas publicaciones que aparecen con esa idea. ¿Qué es lo que se pretende con este “movimiento”? «Volver a Jesús es reavivar nuestra relación con él. Dejarnos alcanzar por su persona. Dejarnos seducir no solo por una causa, un ideal, una misión, una religión, sino por la persona de Jesús, por el Dios vivo encarnado en él. Dejarnos transformar poco a poco por ese Dios apasionado por una vida más digna, más humana y dichosa para todos, empezando por los últimos, los más pequeños, indefensos y excluidos», dice J. A. Pagola.

         Se trata, pues, de “reavivar”  la experiencia de Jesús, que tiende a “morirse” y que el mecanismo religioso, sin más, no logra mantener viva. Se anhela dejarse “alcanzar” por la persona de Jesús para lo que es necesario hacerle un sitio en el propio centro del yo que tiene que desplazarse para controlar la conciencia aislada, la enfermedad del yo y la autorreferencialidad. No se trata de un convencimiento ideológico, sino de una “seducción”, un quedar atrapado en los movimientos del corazón, no sobre todo, en los razonamientos de la cabeza sabiendo que esa seducción es principalmente por una persona, Jesús y que funciona como todas las seducciones, por un no saber que brota del amor. Y, desde un lado más histórico, es vibrar con algo tan básico como la dignidad de la persona donde se muestra la pasión de Dios y donde verifica la pasión por la persona. No nos extrañe que esta hermosa espiritualidad prenda en el corazón de no pocos creyentes interesados.

         Pues bien, Francisco y Clara de Asís fueron creyentes que, en su día, vivieron e impulsaron una decidida vuelta al Evangelio y a la persona de Jesús. Fueron en su época, en frase de san Buenaventura, “una luz en medio de la niebla” (LM Prólogo 1). ¿Podrían serlo en la nuestra? ¿Podría ser su camino, convenientemente adaptado, una senda útil para nosotros? Esta es la intuición de un curso como el presente: volver a recrear algunos aspectos básicos del franciscanismo que puedan llevarnos a valorar en maneras renovadas el camino del mismo Jesús, su persona. Al fin y al cabo nosotros no seguimos a Francisco ni a Clara, queremos seguir a Jesús. Él es sentido para nuestra vida. La intuición franciscana es cauce para dar con la senda de Jesús.

 

 

1

EL CAMINO DE LA HUMILDE HUMANIDAD

 

         Cuando hablamos de “humilde humanidad” no nos estamos refiriendo a algo virtuoso, sino a una realidad existencial: la certeza de que el itinerario humano es limitado, aunque hermoso. Se trata de aprender a situarse en lo que realmente somos, en nuestra interdependencia, en nuestra limitación por encima de la complejidad biológica, en la insignificancia cósmica más allá de toda relevancia. Somos lo que somos, y eso habría de llevarnos a descubrir el extraño valor de lo humilde.

         El giro que Francisco da a su vida se debe, en gran medida, al descubrimiento de la humanidad humilde, a la percepción de que la amargura de los leprosos conduce a su corazón humano (Test 2) y que la propia amargura personal lleva a la más personal de las humanidades (1R 23,5.8). Desde ahí ha descubierto al Jesús humilde (1R 9,5), en una cultura donde la persona de Cristo era enmarcada en los títulos y modos imperiales. Así es como él ha descubierto que su lugar en la vida estaba con los “crucíferos” (VerAl 14), con aquellos que constaban en los archivos municipales y no eran ciudadanos. Descubriremos estos caminos de humanidad en un tema marginal del PCl.

         Las FMM califican a María de la Pasión como mujer de “extraordinaria humanidad”. Pues una manera de cultivar ese rasgos es trabajar el camino humano como cauce bueno de espiritualidad.

         Entender lo cristiano como descubrimiento del valor de la humilde humanidad puede parecer cosa de poca monta. Pero contribuye a un cambio profundo en nuestra manera de entender a Dios y de entender la fraternidad, Démonos a ello.

 

a)  La voz de los textos franciscanos: PCl III,9

 

Hay en el Proceso de santa Clara un rasgo mínimo, pero elocuente, que queremos subrayar aquí: de los veinte testigos cuya deposición recoge el documento, cinco consignan que Clara, durante toda su vida, cuidó de las enfermas y se reservó el servicio humildísimo de limpiar sus bacines.

         ¿No era Clara la abadesa, por más que tal título no le gustara del todo? ¿No era la fundadora? Había abadesas en la Edad Media con “jurisdicción episcopal”, dueñas de vidas y de haciendas. El estilo “abacial” de Clara nada tiene que ver con esta clase de figuras medievales y el hecho insólito de los dichosos “bacines” está indicando en qué clase de urdimbre antropológica urde Clara su vivencia de la fraternidad. Esa clase de signos, aparte de ser leídos como una cuestión de humildad (así lo hará básicamente PCl) han de ser entendidos como modos significativos de posturas profundas. Eso es lo que da a este asunto una dimensión reflexiva y espiritual que traspasa la mera anécdota.

«Aseguró también que fue tanta la humildad de la bienaventurada madre, que se despreciaba totalmente a sí misma, y anteponía a las demás, haciéndose inferior a todas, sirviéndolas y dándoles agua a las manos, y lavando con sus propias manos los bacines de las hermanas enfermas, y hasta lavando los pies de las serviciales».

El testimonio de este número proviene de sor Felipa de Leonardo de Gislerio. Hay que notar que el de esta hermana es, con mucho, el testimonio más largo de los veinte testigos del proceso. Ello indica que el tribunal ha juzgado de mucho interés la deposición de esta hermana como fuente de información sobre la realidad espiritual de Clara.

Como las testigos anteriores, posiblemente sea interrogada sobre la humildad de Clara. Su respuesta es tópica pero encadena una serie de valores que, al final, terminan dibujando el perfil de alguien dedicada por entero a la comunidad. Comienza diciendo que «se despreciaba totalmente a sí misma y anteponía a las demás, haciéndose inferior a todas». Puede ser esto considerado como un topos, pero quien ha vivido junto a ella treinta y ocho años y sigue teniendo esta valoración está indicando una cierta verdad antropológica.

En un segundo momento se concreta esto en tres acciones: a) «dándoles agua a las manos» (Dando l’acqua alle mane), como tarea de higiene cotidiana en manos que no debían ser muy pulcras dada la inexistencia de agua corriente y la escasez de jabón, a pesar de su existencia, cosa por la que hay quien aduce esto como una de las causas de la peste negra en el siglo XIV; b) «lavando con sus propias manos los bacines de las enfermas»: como la testigo de II,1 el inciso con le propie mane está hablando de una notable dedicación; c) «y hasta lavando los pies de las serviciales»: alude a las hermanas externas. También lo había dicho la testigo anterior. Por lo que sea, la testigo considera que este servicio era más arduo que el de los bacines. Se ve que el embarramiento de los caminos y la suciedad de las poblaciones hacían que los pies de esas hermanas estuvieran particularmente sucios.

En esta tarea se inserta el acto puntual del golpe que una de estas serviciales dio, involuntariamente suponemos, a Clara en el rostro cuando le lavaba los pies y que varias testigos reseñan. Da la impresión que esta clase de detalles tiene para el tribunal eclesiástico tanto o más valor que los milagros que la testigo, ésta en concreto, atribuyen a los supuestos milagros en vida de Clara.

Este tipo de prácticas fraternas no se podía haber mantenido como un rasgo de personalidad sin haber tenido como cimiento una valoración dignificadora de la persona de la hermana que se concreta en el coraje de ser hermana en los límites físicos. Clara ama el cuerpo de sus hermanas, incluso en sus límites, sobre todo en ellos. Para amar el cuerpo hace falta tener el coraje de amarlo en su debilidad, física u otra. El amor en la debilidad es el amor puro, libre de premios o pagos, de no ser la satisfacción de ver mejorado a quien anda en necesidad. El amor en la debilidad es el que muestra el verdadero rostro de la fraternidad. Así lo ha aprendido Clara de Francisco.

 

b)  La voz del Evangelio: Lc 12,35-38

 

«-Tened el delantal puesto y encendidos los candiles: pareceos a los que aguardan a que su amo vuelva de la boda para, cuando llegue, abrirle la puerta en cuanto llame. Dichosos esos criados, si el amo al llegar los encuentra en vela: os aseguro que será él quien se pondrá el delantal, los hará recostarse y les servirá uno a uno».

 

  • Pertenece este texto a Lc 12 que se inscribe en la primera parte del viaje de Jesús a Jerusalén y que quiere describir las actitudes del discípulo. Una de ellas es la vigilancia, un tema que vuelve con frecuencia en los evangelios (Mt 24,42-51; Mc 13,33-37).La cintura se ciñe con una cuerda o con un delantal para dejar más margen de actuación a quien va a ejercer algún tipo de trabajo doméstico. La segunda parte del pasaje indica un delantal que se pone para servir la comida. Se es vigilante si se pone uno el delantal de servir: en la humanidad que necesita ser servida se desvela el rostro de quien nos sirve, Jesús.
  • Al delantal le acompaña el candil. Estamos en épocas de fuerte oscuridad doméstica. En cuanto baja el sol, la casa queda a oscuras. Mientras esté encendida la luz del candil es señal de que alguien espera. Tanto el delantal puesto como el candil encendido aluden a una actitud viva, la de quien lee el camino de sus días como una realidad humana que se vive con interés, como quien ha escapado de la rutina, de la nostalgia, de dejar que las cosas corran sin finalidad. Son símbolos de vida en el marco de lo humilde.
  • Eso mismo indica la actitud de quien vigila para cuando llegue el amo, aunque a esta actitud le falta algo: ¿despiertos, para quién? El evangelio tendría que responder: despiertos para los humildes, para ver en los caminos de los humildes la verdad de la vida.
  • Se trastruecan los papeles: el amo se pone a servir con el delantal ceñido; el servidor es puesto en la mesa y es servido por el señor. Quizá aquí esté los más “revolucionario” de la imagen: hay que ejercer el señorío sobre la visa sirviendo a los humildes. En el servicio al frágil se encierra la verdadera manera de leer el camino de la historia. En las historias de las pobrezas están las verdaderas historias de lo humano que trata de ser igualitario y fraterno.
  • El humilde es obligado a “recostarse”, a comer como un señor (al estilo de los señores romanos) porque encierra todos los componentes del señorío. Y se le sirve “uno a uno”, en su individualidad, en su intransferible dignidad. Con todo el aprecio y cuidado que merece ser servida toda persona, singularmente los más humildes.

 

3. Otra manera de leer la historia

 

         Hasta ahora siempre se había leído la historia, el camino humano, desde el lado de los poderosos, de los dueños del sistema, de los fuertes, de los vencedores. Eso continúa, pero cada vez más se alzan voces, maneras de leer la vida que no vienen desde el lado de la fuerza y del triunfo, sino desde la dignidad. Esta nueva manera de leer habría de calar, por humanidad, por fe y por franciscanismo en nosotros. Francisco de Asís es alguien que ha logrado tener otra mirada para situarse en los márgenes y ver a la persona desde la perspectiva especial del Evangelio. Decirse franciscano y leer la realidad desde el brillo y el poder del sistema, no ser crítico, no tener sensibilidad para acoger las voces que vienen de la periferia es, digamos lo que digamos, algo extraño. Subrayemos algunas de esas voces sociales que leen el camino histórico de otra manera:

  • La discapacidad que no menoscaba la dignidad: El lenguaje no es inocuo. Por eso se aquilata socialmente cada vez más. Es un paso adelante denominar a uno “persona con discapacidad” y no “discapacitado”. La tenacidad y la lucha de las personas con discapacidad deja ver a las claras que son personas con valores y lucha en grado a veces muy superior a las personas sin discapacidad. Con eso se está ayudando a hacer una lectura distinta del valor de la persona: no reside en sus capacidades sino en su dignidad. Y por ello, toda persona es digna y han de ser más cuidadas aquellas situaciones personales que ponen en riesgo la certeza de la dignidad. Un paso importante en la lectura humanizadora de una historia limitada como la nuestra 
  • Los medios que hacen visibles a los invisibles: Hasta ahora, y ahora en gran parte también, la realidad de los invisibles, de los parias de la tierra, solamente la conocían ellos. Pero ahora, debido a los medios de comunicación, aunque muchas veces manipulados, la suerte de los invisibles y su duro camino humano es, en parte, conocido. Eso llega a empoderar a algunos y hacerles ver que su enrome pobreza no les priva de su dignidad. Es una forma de leer la realidad de los frágiles nueva, que tiene sus pros y sus contras. Pero los invisibles, los apátridas, los rohinyas, los torturados en Libia, los mineros de Kivu, los que atraviesan América Central, los desplazados en general tienen un sitio, reducido a veces, en los medios y eso contribuye a que una parte de la población reaccione. Otra, queda insensible o afianzada en su mentalidad excluyente, como siempre, no más que antes. Son maneras nuevas de leer la historia a favor de la dignidad y de los desposeídos. El día del reino, lejanísimo, se hace un poco más cercano.
  • Las redes que responden rápidamente a los ataques a la dignidad: Las redes sociales tienen muchísimas pegas. Pero tienen también sus ventajas. Una de ellas es que los atropellos que se hacen a la dignidad de los humildes, de las mujeres, de los desfavorecidos, reciben una rápida respuesta por un sector social con sensibilidad humana. Y del mismo modo que circulan injurias a manta, también circulan muchas defensas y valoraciones positivas de las personas frágiles. Sobra decir que, el franciscano/a que lee la historia ha de sumarse a quienes rompen lanzas por los frágiles y habría de distanciarse explícitamente de quienes los zahieren. 
  • Los coros que se suman al gran coro de la gestión ambiental: Porque hay mil matizaciones que hacer a todo el tema medioambiental. Pero es una realidad que cada vez se ve más claro que esto no tiene vuelta de hoja: el cuidado de la tierra es una tarea ineludible de la humanidad y una nota del comportamiento cristiano. De tal manera que eso hay que incorporarlo a la ética y la espiritualidad de la fe. Pues bien, resulta indiscutible que un sector social que antes era irrelevante, los adolescentes, se incorporan de manera decidida a la lucha contra el cambio climático. La voz desconocida de este sector social comienza a ser global y a ser tenida en cuenta.

 

4. Apuntando a la persona

 

  • Pasan los años sin que cambie la visión de la persona y de la sociedad: Puede ocurrir que esto pase en nuestra vida franciscana: entraste con una visión de la sociedad, de la política, de las relaciones humanas, a la vida franciscana hace muchos años y esa visión se ha afianzado, se ha hecho más acentuada. Si no, ¿cómo es posible que la vida franciscana se alíe con frecuencia con los movimientos eclesiales más conservadores, con las tendencias políticas más sistémicas, con las valores sociales más excluyentes, hablando siempre en general? Se argumenta diciendo: “no hay que generalizar” como escapatoria a cualquier crítica. Todos sabemos cómo funcionamos en general y en particular. Y la evidencia es que no percibimos lecturas nuevas del hecho social, del itinerario humano en la mayoría de los hermanos. Son lecturas sistémicas y, además, te identifican sin más con ellas, sin presunción de visión social diferente.
  • Crear itinerarios ecológicos: No cabe duda: vamos mejorando en sensibilidad y en prácticas ecológicas, por mucho que la cosa vaya lenta. Pero nos cuesta hacer planes ecológicos de una cierta envergadura fraterna. Los franciscanos reconstruimos casas (quizá en otros territorios distintos de Europa construimos edificios). ¿Qué preocupación ecológica manifestamos? ¿Hay una manera nueva de leer el camino histórico, esa “otra mirada” de la que nos habla la LS’ LS’ 36, 110-11, 135, 141, 1590. Una forma de leer de manera nueva el humilde camino humano será crear itinerarios ecológicos de una cierta envergadura, sin descuidar lo pequeño. Por lo menos habría que irlo pensado y poner el asunto encima de la mesa cuando se hace discernimiento sobre nuestras obras.
  • Ver las relaciones sociales con ojos nuevos: Es otra manera nueva de leer el humilde camino humano. Hasta ahora, la manera de ver estas relaciones era la propia de sociedades jerarquizadas, androcéntricas y heterónomas. Ahora se van descubriendo otros horizontes: menos jerarquizadas, más igualitarias, más fraternas en definitiva basadas, como decimos, en la dignidad de toda persona por encima de su situación social o económica; menos androcéntricas, por la irrupción del feminismo que quiere hacer ver el valor de toda persona más allá de su sexo, género u opción sexual; menos heterónomas, más autónomas, decidiendo de manera más soberana sobre la vida y sus límites, aunque este sea un terreno con frecuencia resbaladizo.
  • El don sagrado que es vivir y respirar: es comprender el humilde camino de vida como un “don sagrado”, como una suerte enorme para quien hemos sido llamados a la vida, como una posibilidad dentro de los estrechos límites de lo humano. No es fácil hacer ver esto a quien sufre grandes pesos históricos (quizá haya que verlos como obstáculo a ser superado con señorío y dominio sobre ellos); pero, al menos, quienes no los sufrimos tanto habríamos de llegar a verlo con más facilidad.

 

 

2

EL CAMINO ADULTO

DE UN DIOS DE SILENCIO

 

         Todas las religiones quieren que su Dios hable. El creyente lleva muy mal el silencio de Dios. Un Dios en silencio es como un Dios muerto. Es muy difícil creer en un Dios que no habla. El creyente entra en un desconcierto insuperable. Por eso los mecanismos religiosos han generado la certeza de que su Dios habla casi siempre. Un Dios sin voz no puede ser alguien que marque el camino a seguir. Un Dios sin voz es un desprestigio. Por eso, nadie habla de un Dios “mudo”. Sería la peor de las “deficiencias”.

         Y, a pesar de todo esto, uno se topa cada día con el silencio de Dios, con su no responder directamente a nuestras peticiones, a nuestros gritos, a nuestras puyas. Pensamos que Dios escucha y responde a nuestras plegarias, porque se nos hace insoportable la soledad de nuestro ser histórico. Pero Dios no responde sino en el lenguaje de los acontecimientos históricos, en el lenguaje de la historia pobre de Jesús. No nos parece suficiente: queremos que la voz de Dios (?) se escuche por nosotros. Pero no se escucha y un increíble silencio envuelve nuestro itinerario vital. Hay que mirar esta realidad de frente.

         Hay creyentes adultos que han intentado imaginar su vida de fe ante un Dios de silencio. Entre ellos sobresale D. Bonhoeffer: «Dios nos hace saber que hemos de vivir como hombres que logran vivir sin Dios. ¡El Dios que está con nosotros es el Dios que nos abandona (Mc 15, 34)! El Dios que nos hace vivir en el mundo sin la hipótesis de trabajo Dios, es el Dios ante el cual nos hallamos constantemente. Ante Dios y con Dios vivimos sin Dios. Dios, clavado en la cruz, permite que lo echen del mundo. Dios es impotente y débil, y precisamente sóloasí está Dios con nosotros y nos ayuda». Nos parecen sublimes estas expresiones, pero no terminamos de creérnoslas; es para nosotros excesivo el desamparo que las envuelve, por más que las intuyamos verdaderas.

         Quizá, como luego diremos, percibir en el evangelio el tránsito de un Dios que habla (así lo creen los evangelistas por ejemplo en Mt 17,5) hacia otro que no habla (Mc 14,36) puede darnos pie a creer que el Dios de Jesús es, de algún modo, un Dios en silencio. Y que ello no ha sido obstáculo para que él lo creyera presente en su vida (Jn 8,29; 16,32). También la experiencia franciscana puede ayudarnos a encajar sin violencia la realidad hermosa de un Dios que no habla nuestros lenguajes tan cuestionables muchas veces.

 

1. La voz de los textos franciscanos: LP 17 (EP 1)

 

         Todos sabemos, por aquel librito de E. Leclerc, cómo de dura fue la crisis del final de la vida de Francisco cuando todo se oscureció y creyó que la suya había sido una vida estéril y errada: «Señor Dios –dijo entonces Francisco-. Tú has soplado mi lámpara. Y ahora estoy hundido en las tinieblas y conmigo todos los que me habías dado. He llegado a ser para ellos un objeto de horror. Los mismosque me estaban más unidos me huyen. Has alejado de mi a mis amigos, mis compañeros de primera hora. ¡Ah, Señor, escúchame! ¿No ha durado lo bastante la noche? Enciende en mi corazón un fuego nuevo. Vuelve hacia mí tu rostro y háblame, que la luz de tu aurora resplandezca sobre mi cara, para que los que me siguen no caminen en tinieblas. Por ellos, ten piedad de mí». Por eso, también L. Cavani  su película dice, como resolución de la crisis final, que “Dios me ha hablado”.

         Los mismos textos franciscanos van en esa dirección: LP 17 es un texto que ha sido usado y quizá creado por los “espirituales” para dar amparo divino a la Regla leída sin glosa. Después EP 1 lo reproducirá en toda su crudeza. Leamos el texto:

«Estando el bienaventurado Francisco con el hermano León y el hermano Bonicio de Bolonia retirado en un monte para componer la Regla -pues se había perdido la primera, escrita bajo el dictado de Cristo-, muchos de los ministros se reunieron en torno al hermano Elías, vicario del bienaventurado Francisco, y le dijeron: “Hemos oído que ese hermano Francisco está componiendo una nueva Regla. Tememos que la haga tan dura, que no la podamos observar. Queremos que vayas donde él y le digas que nosotros no queremos obligarnos a esa Regla. ¡Que la componga para él, no para nosotros!”.

El hermano Elías les respondió que no quería ir, porque temía la reprensión del hermano Francisco. Como ellos insistían en que fuese, les contestó que en todo caso iría, si ellos le acompañaban. Partieron, pues, todos juntos. Cuando el hermano Elías, acompañado de los mencionados ministros, llegó al lugar en que se encontraba el bienaventurado Francisco, le llamó. Éste respondió al ver a los ministros: “¿Qué desean estos hermanos?” Replicó el hermano Elías: “Son ministros que, habiendo oído que estás componiendo una nueva Regla, y, temerosos de que la hagas demasiado estrecha, dicen y reafirman que no quieren obligarse a ella; que la hagas para ti, no para ellos”.

Entonces, el bienaventurado Francisco levantó su rostro hacia el cielo y le habló así a Cristo: “Señor, ¿no dije bien que no te creerían?” Y se escuchó en lo alto la voz de Cristo, que respondía: “Francisco, nada hay en la Regla que proceda de ti; todo lo que ella contiene viene de mí. Quiero que esta Regla sea observada a la letra, a la letra, a la letra; sin glosa, sin glosa, sin glosa”. Y añadió la voz: “Sé lo que puede la debilidad humana y lo que yo quiero ayudarles. Los que no quieren observarla, que se salgan de la Orden”. El bienaventurado Francisco se volvió a aquellos hermanos y les dijo. “¿Habéis oído? ¿Habéis oído? ¿Queréis que consiga que se os repita?” Los ministros se retiraron confusos y reconociendo su culpa».

         En el texto se apela a la voz de Cristo como la que garantiza la inviolabilidad de la Regla. Pero la cosa no fue así: Francisco tuvo que asumir el silencio de Dios como parte de su camino personal. Para él la fraternidad fue la forma de responder aunque esa fraternidad estuviera herida. Seguir siendo hermano fue la forma de mantenerse en pie ante el silencio de Dios, incluso a pesar de quienes tenían otra manera de las cosas de la Orden. Seguir siendo hermano aunque hubiera que ceder. Asumió el silencio de Dios sin pedirle que hablara: el lenguaje de Dios fue la fraternidad.

 

2. La voz de los evangelios: Lc 22,39-46

 

         Los evangelios son textos enmarcados en una cultura religiosa que tiene por cierto que Dios habla. Por eso en pasajes importantes (bautismo: Lc 3,22 y par.; transfiguración: Lc 9,35 y par.) Dios habla con frases de AT. Deudores de múltiples relatos de teofanías, es normal que se atribuya a Dios el don de “hablar”.

         Pero también hay textos donde Dios ya no habla, cuando era más necesario escuchar su voz. Esto lo vemos sobre todo en los relatos de la oración en Getsemaní en los tres sinópticos (Juan no reporta el pasaje):

«Jesús salió y se dirigió, como de costumbre, al Monte de los Olivos. Los discípulos lo siguieron. Cuando llegaron a ese lugar, les dijo: -Orad, para no exponeros a la tentación.Y se separó de ellos a distancia como de un tiro de piedra, se arrodilló y empezó a orar diciendo: -¡Padre, por favor, no me hagas pasar este trago amargo! Sin embargo, que no se haga mi voluntad sino la tuya. Entonces se le apareció un ángel del cielo para darle fuerzas. Y se apoderó de él una angustia mortal, pero él hacía oración con más intensidad. Y su sudor era como gotas de sangre que caían hasta el suelo.Cuando terminó de orar, fue a donde estaban los discípulos y los encontró dormidos en su tristeza. Entonces les dijo: -¿Por qué estáis durmiendo? Levantaos y orad, para no exponeros a la tentación».

  • El relato es la cara opuesta al de la transfiguración: allí había luz y Dios hablaba. Aquí hay oscuridad, gran tristeza y silencio de Dios. No quiere decir que Dios estuviera ausente, sino que Jesús, debido al terror de la situación que se le venía encima, no lo percibía presente.
  • No era la primera vez que iba al Monte de los Olivos (“como de costumbre”). Quizá en otras noches Dios le habló. Ahora enmudecía. Es un Jesús “separado” de los discípulos el que ora: en la gran soledad de uno mismo, en ese terreno donde no hay sitio ni para el consuelo de los amigos.
  • Jesús percibe la amenaza del “trago amargo”. Él quiere verse libre del mismo, quiere puentear la amargura de una historia, la suya, que se presenta muy dura. Él, también, tentado de situarse fuera de los parámetros de la historia pobre. Él, también, demandando a Dios lo imposible.
  • No extraña que observemos que el camino de Jesús y del Padre no coinciden. Por eso reza: “No se haga mi voluntad sino la tuya”. No coinciden ambas voluntades: Jesús quiere huir, el Padre le muestra en los acontecimientos el camino de la entrega. No lleva a la muerte a Jesús el Padre; son sus propias opciones que ha tomado siguiendo lo que creía que Dios le marcaba las que le han conducido al desastre final. En la oscuridad Jesús no puede renunciar al camino andado.
  • Es entonces cuando quisiera escuchar la voz reconfortante de Dios. Pero no hay voz: silencio y soledad, percibido todo como abandono, como ausencia, como desentendimiento. Él se había definido como “entregado” (Mc 9,31). Pero todo se nubla cuando se llega a modos extremos de entrega, a modos extremos de amor (Jn 14,1). Duro silencio, dura soledad, dura entrega.
  • Lucas (no los otros sinópticos) mete en su narración el consuelo del “ángel”. Pequeño consuelo porque, en realidad, a él no le consuela un ángel sino la cálida voz de su Padre. Ningún consuelo de ángel puede suplirla.
  • Quiere Jesús paliar su angustia orando “con más insistencia”, como si esta pudiera romper el muro de silencio que envuelve a la realidad de Dios, como si eso pudiera desdecir lo que se percibe como terriblemente cierto: no solamente que Dios está en silencio, sino que es silencio. ¿Cómo percibir ese silencio como una presencia cálida? ¿Cómo entender que el silencio es la manera más profunda que Dios tiene de estar cerca de nosotros?
  • Quiere mitigar este escozor fuerte recurriendo a sus amigos que tampoco pueden aportarle mucho porque está “dormidos por la pena”, el sueño enajenante que quiere alejar de la dura realidad. Solo en su soledad, sin mitigaciones, sin alivios, sin consuelos.
  • Cuando dice Jesús que hay que pedir “no caer en la tentación” es en la tentación del sinsentido de vida, de la existencia sin valor porque Dios no se hace presente, de creer que nuestra vida no vale porque Dios no aparece entre sus componentes. La tentación de creer de que porque no se le ve, no está.

 

3. ¿Está no está?

 

         Esta pregunta es vieja: se la hacían los israelitas en el desierto (Ex 17,7). Nosotros, mirando a la sociedad de la que hacemos parte, y como decía Bonhoeffer, está cada vez más fuera. Muchos dirían simplemente: no está. Muchas personas buenas, cercanas, parientes, amigas no incluyen en sus planes vitales la realidad de Dios. Pero no verlo, no incluirlo, no tenerlo como referencia, no hablar de él ¿quiere decir que no esté? ¿No puede que sea que su modo de estar sea el silencio o, si se quiere, que hable en los comportamientos de humanidad?

  • ¿Está en los que se entregan sin pedir cosas a cambio?: A veces los periódicos nos sorprenden con una necrológica donde se glosa la vida de personas que se han entregado a fondo durante décadas o tu propio médico es voluntario los veranos en África. Raramente se entera la ciudadanía de estos derroteros, pero ahí están. ¿No habita Dios en el silencio de esa generosidad? ¿Es necesario que tal o cual de esas personas sea creyente? ¿No está Dios a su gusto en ese silencio que admira la generosidad de las personas?
  • ¿Está en quienes arriesgan la vida por quienes no cuentan?: Nos llama la tención percibir la cantidad de personas que arriesgan su vida, su trabajo, su dinero y se sitúan en el lado de quienes no cuentan (inmigrantes, madres gestantes, náufragos, desplazados, etc.). Gente que algunas veces es religiosa, pero otras no. Gente común. ¿No está Dios en todo eso por más que no se le nombre? Precisamente el no nombrarlo puede contribuir a no estropearlo. ¿No hace Dios justamente eso, estar de nuestro lado en su silencio? ¿Es necesario que hable, que lo haga en los moldes del vocabulario religioso?
  • ¿Está en quienes sirven a los frágiles sabiéndose afortunados?: Porque hay personas que sirven a los frágiles y se saben afortunados. Encuentran en esos servicios humildes una satisfacción que proviene de un fondo común de humanidad: se sienten personas al servir a las personas donde la dignidad está intacta pero rodeada de fragilidad. Cuando se les agradece el servicio que hacen dicen que ellos son los que realmente están agradecidos. Entienden y viven su servicio como la gran oportunidad para enriquecer su persona. ¿Es necesario nombrar a Dios? ¿No lo hacen por puro amor al fondo de lo humano que está intacto en la persona frágil?
  • ¿Está en los silencios más inmensos de quienes lloran y nadie consuela?: Ya dice Qoh 4,1 que lo peor de la vida son las lágrimas de los pobres que nadie consuela. Lágrimas sin consuelo porque nadie lo da o porque no hay consuelo humano que palíe el dolor. Ahí sí que está Dios mudo. Pero su silencio recoge esas lágrimas. Quizá su silencio sea el mejor “odre” para recogerlas.
  • ¿Está en los silencios inmensos del cosmos?: La ciencia moderna nos abre a horizontes desconocidos en el cosmos y no dice que el silencio es el medio en el que se desenvuelve la vida de las galaxias. Un silencio cósmico. El ateo J. Saramago, místico además, llego a decir que "Dios es el silencio del universo, y el ser humano, el grito que da sentido a ese silencio". Quizá sea mucho decir que somos nosotros quienes damos sentido al silencio de Dios Pero, asimilado, puede ser cauce de contemplación. No necesitamos percibir el silencio cósmico de Dios para creer que es fundamento del ser y fuente de la vida.

 

 

4. Volver al Jesús de los silencios

 

         No nos hemos planteado el tema de los silencios con respecto a Jesús. Pero quizá en ello, pero él ha sido también un hombre de silencios, capaz, como hemos visto de asumir silencios, humanos y divinos:

 

  • Al Jesús de los silencios de los evangelios que no se descubren: Además de lo dicho, Jesús es una persona envuelta en silencios: el silencio de su nacimiento pobre, el silencio de sus caminos en Galilea, el silencio de la incomprensión de los suyos y sus discípulos, el silencio de una oferta del reino que no se termina de asimilar en sus justos parámetros, el silencio de su muerte atroz, el silencio de su estar resucitado en el lado de la vida. El silencio siempre amarrado a sus días, a sus anhelos, a sus caminos.
  • Al Jesús de los silencios de quienes no agradecen los servicios: Porque Jesús sabe de caminos no agradecidos, de entregas no pagadas, de agradecimientos raramente recibidos. Entregas y servicios que no menguan en valor porque no sean agradecidos. Jesús compañero de quienes se entregan y no son reconocidos.
  • Al Jesús que ha enmudecido los silencios de los caminos sociales: Jesús que no ha podido mejorar las condiciones de vida de los humanos de no ser en utopías y anhelos; Jesús que no ha logrado hacer ver a su pueblo su alejamiento del querer salvador de Dios; Jesús que no ha contado para el devenir del hecho social, al menos en su tiempo. Pero ese silencio no era sinónimo de ineficacia o de muerte. Era el silencio de la semilla que dará fruto cuando tenga que darlo.
  • Al Jesús deformado, manipulado, privatizado, que habla cada vez menos: Silencio duro que Jesús ha sufrido desde el principio y que sigue sufriendo: deformado por argumentos interesados incluso religiosos; manipulado para hacerle decir lo que uno quiere que diga; privatizado creyendo tener derechos sobre él; un Jesús que se le obliga a enmudecer al ponerlo en situaciones lejanas al Evangelio.

 

PARA EL TRABAJO DE LA TARDE:

 

  1. 1.    Punto de partida: Encerradas en casa

 

(Se lee el texto atentamente, subrayadamente)

 

            Cuando el marido de Dolores falleció, ella se quedó “encerrada en casa”. Así lo cuenta y añade: “Como tengo problemas grandes para moverme, con él tenía una ayuda muy grande”. No obstante, con el amparo de un programa social puede torear ese encierro y abrirse a la socialización. “Si hay alguna salida, dice, me apunto y voy. El almuerzo de los sábados es sagrado y el martes voy a las mandalas. Estoy en el cielo cuando estoy allí. Y Eva, que viene a hacerme un ratito de compañía, ¡ay qué nena más maja! A la edad que una tiene, no puede aspirar a mucho, pero a lo que puedes, pues sí”.

            Los analistas sociales observan: "Ahora cuando uno se jubila, igual le quedan por delante 25 años de vida. Tal vez es mucho tiempo para estar sin un proyecto de vida y en España no tenemos muy claro qué papel juega uno en la sociedad cuando se jubila". Es una tarea social grande encontrar ese “nicho” en el que puedan vivir con humanidad las personas jubiladas.

            Dolores, con 81 años, es una de las casi 1,5 millones de mujeres de más de 65 años que viven solas, el perfil que más siente la soledad. En total, según la encuesta continua de hogares del INE, en España hay 4,7 millones de hogares unipersonales. Es una cifra que sirve para imaginar, pero no para delimitar, un problema estructural e invisible. Porque la soledad ni afecta a todas las personas que viven solas, ni afecta solo a las personas que viven solas. La soledad es, a veces, una puerta para la exclusión, pero, ante todo, es un problema emocional.

            Existen, por lo general, dos redes de apoyo: la familiar y la social. La familia sigue, de alguna manera, cumpliendo su papel antiexclusión. Pero estamos lejos del reemplazo generacional. Antes se nacía en una ciudad y lo normal era que se viviera en el barrio de los padres o en el de al lado. Ahora se puede tener un hijo en Zaragoza, que estudie la carrera en Madrid, el máster en Londres y se vaya a trabajar a Alemania o a la India. El día que uno se hace mayor, está solo, porque aunque el hijo te quiera mucho, no te vas a ir a vivir con él a la India.

            Según los datos que manejan en la Fundación La Caixa, el 20% de las personas entre 20 y 40 años tienen peligro de aislamiento social por soledad. Hay una soledad que, en general, empieza pronto, aguanta hasta los 65 años y, a partir de aquí, va aumentando considerablemente hasta los 80 y muy considerablemente a partir de los 80. En España hay más de 850.000 mayores de 80 años que viven solos y muchos presentan problemas de movilidad que les impiden salir de casa sin ayuda, como Dolores.

            Ana es otra persona que vive sola. Describe muy bien su situación en cuatro pinceladas: "Me levanto, me lavo, me siento, desayuno y ya está. Si quiero leer un ratico, si quiero ver la televisión, aquí -señala a la ventana- para mirar un ratico que vienen muchos chiquillos a la guardería...”. Hace años que se rompió un pie y, sumado a sus problemas de fibromialgia, le da miedo salir de casa. Unas 100.000 personas no salen nunca de casa porque no tienen ayuda.

Ahora Ana recibe todos los martes la visita de Ángel, un voluntario que se animó a dedicar su tiempo cuando se jubiló. "Me dicen que qué buen mozo me he buscado; yo no me lo he buscado, ha venido él a mi casa", bromea ella. "Salimos poquito, cuando estoy medio animosa, pero la mayoría de las veces hablamos de cuando éramos jóvenes, de cómo era nuestra vida, de nuestros hermanos", explica. ¿Le gustaría vivir en casa de sus hijos? "No, no. Yo quiero vivir sola".

Las administraciones solas no pueden resolver el problema de la soledad. Pueden pagar servicios -como apoyo en domicilio, desplazamientos, tratamientos, etc.-, pero la soledad se resuelve con compañía y la compañía la da el entorno. Como la soledad afecta a la salud, se están llenando las salas de espera de los ambulatorios de personas que acuden sin una enfermedad concreta y muchos ayuntamientos se están dando cuenta de que hay una especie de alarma.

            Hablando más estructuralmente los expertos coinciden en señalar la importancia de la construcción de la sociedad. Los valores, la empatía, la compasión, la solidaridad, tienen que ver con cómo queremos ser. Nos estamos jugando qué tipo de sociedad queremos tener.

            Y una reflexión final: Las personas que tienen otro tipo de problemas, en algún momento lo manifiestan. Quienes se sienten solos no generan conflicto, por lo que nadie siente que es un problema. Pero, ¿puede haber más exclusión que no tener con quien hablar?

 

  1. 2.    Preguntas:

 

  1. 1.    ¿Cómo acompañar las vidas más solas? ¿Cómo nos acompañamos?
  2. 2.    ¿Cómo ser humanas con quien sufre? ¿Cuánto nos interesa el sufrimiento de nuestras hermanas?
  3. 3.    ¿Cómo trabajar para hacer de nuestras comunidades grupos de creciente humanidad?
  4. 4.    ¿Cómo llenamos nuestros silencios y los de nuestras hermanas?

 

 

3

EL CAMINO

DE UN SEGUIMIENTO EN HUMILDAD

 

         A tantos años del Vat.II podemos decir que el seguimiento de Jesús ha entrado con toda propiedad en la espiritualidad y mística cristianas. Ya nadie discute que seguir a Jesús sea el molde en el que se vierte la vida cristiana. A estas alturas todos sabemos que el seguimiento crea un nuevo tipo de relación con Jesús. No es sólo confianza en su persona sino en una comunidad de vida y de acción. A los Doce Jesús los llamó "para que estuviesen con él y para enviarlos a predicar" (Mc 3,14). Esto significa que los discípulos formaban un grupo que abrazaba el estilo de vida de Jesús y su práctica.

El seguimiento de Jesús crea un vínculo especial entre aquellos que participan de la misma aventura. La institución de los discípulos pretendía formar una comunidad de hombres libres de las grandes servidumbres de la condición humana, a fin de que pudiesen, por esto mismo, entregarse totalmente al servicio del Reino.

El franciscanismo, en general, lee el seguimiento desde la minoridad. Es decir, para el franciscano, el seguimiento se hace en el molde la humildad, desde la simplicidad[1].

 

  1. 1.    La voz de los textos franciscanos: SalVir

 

«¡Salve, reina sabiduría!, el Señor te salve con tu hermana la santa pura sencillez.
¡Señora santa pobreza!, el Señor te salve con tu hermana la santa humildad.
¡Señora santa caridad!, el Señor te salve con tu hermana la santa obediencia.
¡Santísimas virtudes!, a todas os salve el Señor, de quien venís y procedéis.
No hay absolutamente ningún hombre en el mundo entero que pueda tener una de vosotras si antes él no muere.

El que tiene una y no ofende a las otras, las tiene todas. Y el que ofende a una, no tiene ninguna y a todas ofende. Y cada una confunde a los vicios y pecados.

La santa sabiduría confunde a Satanás y todas sus malicias.

La pura santa sencillez confunde a toda la sabiduría de este mundo y a la sabiduría del cuerpo.

La santa pobreza confunde a la codicia y avaricia y cuidados de este siglo.
La santa humildad confunde a la soberbia y a todos los hombres que hay en el mundo, e igualmente a todas las cosas que hay en el mundo.

La santa caridad confunde a todas las tentaciones diabólicas y carnales y a todos los temores carnales.

La santa obediencia confunde a todas las voluntades corporales y carnales, y tiene

mortificado su cuerpo para obedecer al espíritu y para obedecer a su hermano, y está sujeto y sometido a todos los hombres que hay en el mundo, y no únicamente a solos los hombres, sino también a todas las bestias y fieras, para que puedan hacer de él todo lo que quieran, en la medida en que les fuere dado desde arriba por el Señor». 

 

         Este texto  considera a la simplicidad como valor principal, el valor que más le ha hecho gozar y sufrir a Francisco (“Eres simple e ignorante” veremos en VerAl). La simplicidad: una visión fraterna de la vida y un corazón que no se deja amargar. Desde ahí propone Francisco un estilo de seguimiento humilde. Se ve, sobre todo, en el bloque del “confunde”: hay que entender eso como “es alternativo de”. Es otro camino, otra orientación, otra sensibilidad, otros anhelos. Quizá esto sea lo más interesante para nosotros porque construir la alternatividad de vida y del camino cristiano no es fácil, es ir, muchas veces, contra corriente.

-         La sabiduría (que ahora es “santa”) es alternativa de la malicia de Satanás, es decir, de aquel que quiere hacer daño a la persona para dominarla.

-         La simplicidad es alternativa al que dice que lo sabe todo y al que entiende a la persona solamente como “cuerpo”, como algo sin interioridad.

-         La pobreza es alternativa a quien cree que el éxito de la vida es tener mucho y no el lograr una relación de honda humanidad. Esto lleva a una vida “sin excesivas preocupaciones” (el problema está en lo excesivo y sacado de quicio de nuestras preocupaciones).

-         La soberbia humildad es alternativa a la soberbia del que cree que lo sabe todo, lo domina todo, lo controla todo. Es alternativa a un “mundo” que funciona con mecanismos de inhumanidad.

-         La caridad es alternativa para quien todo lo mira “carnalmente”, es decir, por puro interés. Es una alternativa de generosidad frente al egoísmo consolidado.

-         La santa obediencia es alternativa para quien quiere dominar todo y a todos, para controlar el ansia de dominio que va dentro. Esto incluye a la creación incluso: dominar a las bestias es dominar lo creado explotándolo sin control.

La conclusión pude ser clara: hay aquí un camino distinto, el camino franciscano, el evangélico, una manera distinta de mirar la realidad, de situarse en la vida. La vida “simple” no es simplona, es apuntar al fondo, ir a lo esencial, aprender a poner el acento en lo importante y tener lo accesorio por tal. Esa es la honda sabiduría del seguimiento humilde.

 

  1. 2.    La voz del evangelio: Lc 22,24-27

 

«Surgió además entre ellos una disputa sobre cuál de ellos debía ser considerado el más grande. Jesús les dijo: -Los reyes de las naciones los dominan, y los que ejercen autoridad sobre ellas se hacen llamar bienhechores. Pero vosotros, nada de eso: al contrario, el más grande entre vosotros iguálese al más joven, y el que dirige al que sirve. Vamos a ver, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? El que está a la mesa, ¿verdad? Pues yo estoy entre vosotros como el que sirve».

 

  • El pasaje está ligado al relato de la pasión. No entender el servicio al otro es no entender el gran servicio de la vida entregada de Jesús.
  • Si hay una “disputa” entre ellos es que todos aspiran a ser el jefe. El discipulado en su pertinaz manera de entender el reino como un medre, no como un servicio. Dibuja la estructura interna del egoísmo constituyente.
  • La ironía de Jesús es grande: se hacen llamar “bienhechores”, como lo hacían algunos reyes helenistas: oprimen y encima quieren que se les bendiga. Caer en esa paradoja esboza el ancho mar de inhumanidad en que se mueve el poder.
  • Por eso, el modo tajante de Lucas: “nada de eso: al contrario”. Afincarse en el poder es incapacitarse para el seguimiento humilde. La lucha por el poder, a cualquier nivel que se dé, no tiene nada que ver con el seguimiento al estilo de Jesús.
  • Las igualaciones “viejo/joven…dirige/sirve” están indicando los parámetros del seguimiento humilde: tenerse por más, airear méritos, invocar derechos adquiridos es el camino opuesto al seguimiento que propone Jesús.
  • La dialéctica “estar a la mesa/estar fuera de la mesa” ilustra gráficamente lo que se quiere decir: Jesús está “como quien sirve”, es decir, fuera de la mesa. Las representaciones de la última cena son elocuentes: la occidental (Leonardo de Vinci): Jesús en la mesa, en el centro. La oriental (iconos): Jesús a un lado, pero sigue siendo centro. Faltaría una tercera: Jesús fuera de la mesa, con el delantal puesto (Lc 12,35), sirviendo. Si no se sitúa uno en ese lugar, no entiende el seguimiento humilde.

 

  1. 3.    Los contenidos del seguimiento humilde

 

¿Cuáles serían algunos componentes del seguimiento humilde? ¿Cómo llenar de contenido una intuición así hasta hacerlo un camino viable para una persona de espiritualidad franciscana?

  • Una lectura benigna y crítica de nuestra sociedad: Porque el seguimiento lo vive el cristiano en el marco de la sociedad a la que pertenece. Por eso mismo, el seguimiento ha de tener arraigo antropológico en el hecho social. Es entonces cuando habrá que leer tal hecho desde una actitud benigna, fraterna, y crítica, pensada, estudiada, contrastada y cuestionada cuando deba serlo.  Ni contemporizar superficialmente, ni negativizar cerrilmente.
  • Alejamiento de estructuras de poder: Ya que estando metido en tales estructuras (sociales o eclesiales) no resulta fácil la alternativa del seguimiento humilde. Eso se hará si se construye a la vez un interior sin afán de poder o, al menos, se lo controla, ya que tal afán está metido en las entrañas de lo humano y no resulta fácil desenmascararlo. Alejamiento y no colaboración. Siempre en modos fraternos.
  • Gozo de ser pueblo: No como una pose populista sino con la certeza de que es el caminar juntos todos donde se inscribe el seguimiento humilde. Entender el seguimiento como un elitismo es no haber dado con la pretensión de Jesús.
  • El dinamismo del anhelo de la justicia: La justicia es el dinamismo de fondo del sueño de Jesús. Ha de estar por ello en el núcleo del seguimiento. Eso quiere decir que una vivencia humilde del seguimiento ha de incluir necesariamente el anhelo de la justicia. Si ser humilde lleva al desentendimiento de la justicia no es la humildad humanizadora del evangelio. Más aún, el dinamismo de la justicia otorga a la humildad una reciedumbre que la aleja de todo intimismo vacío.
  • Mentalidad integradora: Es aquella que cree que los humildes de este mundo han de tener un sitio en el devenir de la historia, que no por ser pobres han de ser excluidos. Esta integración libera a la humildad de la aceptación de la humillación como cosa natural y devuelve la mística liberadora a quienes sufren más el peso de la historia.

 

  1. 4.    Una ética desde la humildad esencial

 

         Ni la Declaración hacia una ética mundial de Chicago en 1993, ni la Declaración de principios en torno a una ética universal de la Red internacional para una ética universal que coordina Miguel A. Padilla incluyen el término “humildad”. Quizá no lo consideren necesario. Pero creemos que las religiones deberían incluirlo. Cuando hablamos de humildad esencial no nos estamos refiriendo a la clásica virtud de la humildad que algunos poseen en grado notable y otros no tanto. Nos referimos a ese valor constitutivo de la persona que, en correcta autoestima, hace que nadie se considere a sí mismo más que nadie y nadie menos que nadie, sino que la relación, desde la igualdad y la dignidad inalienables, llegue a ser literalmente hablando, fraterna. Creemos que esta sería la “gran” aportación de las religiones de hoy al sueño hermoso del logro de una ética universal. ¿Cómo se plantearía la ética desde la humildad esencial? No debería brotar desde un sentimiento de culpabilidad puesto que no tiene sentido que una creencia se fustigue por los errores pasados o por las incoherencias del presente. Tendría que mirar más al horizonte de un futuro aún no logrado. Quizá podría ser algo de esto:

1)   Una ética de igualdad, nunca de superioridad: Las religiones están habituadas a moralizar desde un sentimiento de superioridad como si sus hermosos ideales les autorizaran a creerse en una posición moral ventajosa, cuando sus prácticas morales muestran con frecuencia lo contrario. Una ética de igualdad es aquella que reconoce la evidencia de que toda creatura encierra una dignidad creacional inalienable. Que, como hemos dicho, nadie es más que nadie ni menos que nadie. Quizá sean los desvalidos de la historia, por su desvalimiento, quienes gozan de un estatus superior. Los demás, no.

2)   Una ética que acompaña, no que adoctrina: Porque el adoctrinamiento es el arma normal en las religiones. Pero la persona secular está harta de doctrinas y ayuna de acompañamiento. Una ética de acompañamiento es aquella que trata de abrazar la soledad constituyente de la estructura humana y todas las otras soledades, muy duras a veces, que se adhieren al caminar de los humanos.

3)   Una ética de colaboración, no de liderazgo: Ya que las religiones se han llegado a ver investidas de una autoridad divina y han creído incluso que estaban por encima de las leyes sociales. Desde ahí han pretendido liderar los comportamientos éticos e, incluso, los sociales y políticos. Esa insensata ansia de liderazgo se cura con la humilde colaboración, con la disposición a colaborar con quien  busque el bien, sea quien sea. Esa ética de “levadura en la masa” es la que convendría a las religiones.

4)   Una ética de oferta, no de imposición: Porque, creyéndose investidas de autoridad divina y con conciencia de superioridad y liderazgo, las religiones han pretendido imponerse, muchas veces por la fuerza o por la pretendida sacralidad de sus ideas. Una ética que se impone se destruye, es insensata, como quien pretendiera imponer el amor, obligar a amar. Una ética que se ofrece es susceptible, por su mismo componente de oferta, de ser aceptada o no, de escuchada o no, de ser acogida o no.

5)   Una ética de inclusión, no de exclusión: Ya que con frecuencia la propuesta ética de las religiones ha conllevado fuertes dosis de exclusión para aquellas personas que no acomodaban su comportamiento a los dictámenes de la autoridad religiosa. Ese camino no está en el fondo de las utopías creyentes. Más bien se anima a la inclusión, a ampliar los límites de la tienda para ser casa de acogida para los más posibles, para todos incluso, abrazando con honda humanidad y comprensión las incoherencias y fuertes fallos que acompañan el devenir humano.

6)   Una ética de resistencia, no de militancia: Ya que las ideas religiosas y sus consiguientes caminos éticos han sido propuestos en modos militantes, proselitistas, avasalladores. Habría de ser sustituida esa actitud por un talante resistente ante el mal, ante la incomprensión e, incluso, ante la persecución. Una resistencia desde la confrontación no conecta con el fondo de las religiones; una resistencia desde el amor es la que deja sin sentido a cualquier manera militante de presentar los caminos de la ética.

7)   Una ética para la esperanza, no para el desaliento: Porque se quiere ofrecer la ética nueva poniendo como telón de fondo el lado negativo e inhumano de la sociedad, lo que induce, las más de las veces, al desaliento ya que ni la sociedad abandona sus caminos, ni el creyente es capaz de convencer de la supuesta insensatez de los mismos. Una ética humilde es aquella que logra suscitar esperanza incluso en escenarios de gran derrota, de profunda inhumanidad. Su fuerte no es la censura o la condena, sino el aliento y el ánimo que sopla sobre la brasa que arde bajo las cenizas.

8)   Una ética de bendición, no de maldición: Ya que el lenguaje de la maldición es una siembra de sal sobre cualquier propuesta ética. Por eso mismo, las propuestas de una ética desde la humildad han de emplear un lenguaje benigno, comprensivo, laudatorio incluso. De tal manera que la bondad de las palabras anime a la bondad de las prácticas éticas.

9)   Una ética desde gestos de vida humildes, no desde grandes ideas sin gestos: De manera que se perciba que las grandes ideas propuestas desde una ausencia de gestos reales son, las más de las veces, palabras en el vacío. La fuerza de los gestos, su capacidad para hablar el lenguaje del futuro y su humilde fuerza para decir en modos plásticos que las cosas pueden ser de otra manera, es un aval formidable para cualquier propuesta ética.

10)                    Una ética que sostenga a los humildes y que, por lo mismo, se aleje del poder: Porque si la propuesta ética no se desliga de las posiciones de poder se desautoriza a sí misma nada más nacer. Pero si la propuesta está hecha desde el humilde terreno de quienes no quieren tener que ver con el poder político o económico, sino que se hace con la fuerza de la pobreza y su arrolladora verdad es entonces cuando puede tener interés.

 

 

4

EL CAMINO DE UNA IGLESIA QUE DUELE

 

         A muchos cristianos, incluso religiosos/as, la Iglesia no les duele. Simplemente viven su fe al margen de las turbulencias eclesiales. De vez en cuando critican a la Iglesia en general por alguna actuación suya, pero nada más. Hay incluso personas, cercanas al mundo clerical, que defienden a la Iglesia contra viento y marea, más allá de sus cuestionables actuaciones.

         Pero hay también creyentes a quienes la Iglesia les duele. Siguen en ella con dolor. Suman desaliento tras desaliento pero continúan con un sentido de pertenencia vivo a la comunidad eclesial, por más que, a veces, vean como su vivencia de Iglesia se desplaza hacia las afueras.

         Para un franciscano, la fe hay que vivirla en el camino de la Iglesia. Por eso habrá que hacer un trabajo continuado de vuelta a ella, a lo más esencial y vivo de su misterio, aunque duela su estructura. Eso es lo que le llevará a cuestionarla con paz, a valorarla en sus aspectos más positivos, a construir todo lo que queda por hacer. Volver a la Iglesia no es solamente tarea para alejados de ella, sino también para los que estamos dentro. Porque se trata de volver no para justificar una estructura muchas veces cuestionable, sino para vivir un camino necesario para la fe, porque la fe de Jesús se vive en comunidad.

 

  1. 1.    La voz de los textos franciscanos: EP 65

 

Todos sabemos que la vocación de san Francisco nace de la vida eucarística que  se celebra en el seno de la Iglesia. Ahí es donde, a su juicio, cobra sentido la eucaristía. Por eso san Francisco necesita de la Iglesia. Desde ahí entendemos que la ame fervientemente y que sea capaz de pasar por encima de dificultades. La Iglesia es para Francisco lo visible del rostro de Jesús no, sobre todo, una estructura de gobierno.

Esta fe compacta de Francisco en el misterio de la Iglesia hace que sea prácticamente imposible encontrar, tanto en sus escritos como en las primitivas biografías, algún texto en que exprese crítica o sufrimiento por el modo concreto como el sistema eclesiástico se comporta. Él, que no fue un hombre de curias, tampoco es una persona de juicio negativo. Vamos a tomar un texto de EP en el que, quizá, se adivina el dolor concreto de hacer parte de la estructura eclesial:

 

«En un viaje a Florencia encontró allí al señor Hugolino (cf. LP 108 n. 3), obispo de Ostia, que fue después el papa Gregorio IX. Como le manifestara el bienaventurado Francisco que pensaba ir a Francia, se opuso, diciéndole: «Hermano, no quiero que vayas a provincias ultramontanas, porque hay prelados que impedirán el bien de tu Religión en la curia romana. Yo y otros cardenales conmigo, que la amamos, de buen grado la protegeremos y le prestaremos nuestra ayuda si os quedáis en los contornos de esta provincia».

El bienaventurado Francisco le hizo esta observación: «Señor, es para mí de mucha vergüenza que, habiendo enviado a otros hermanos a provincias lejanas, yo me quede en estas provincias y no pueda participar de las contrariedades que ellos han de soportar por el Señor». El señor obispo le contestó como reconviniéndole: «¿Y por qué has enviado tan lejos a tus hermanos a morir de hambre y a tener que soportar otras tribulaciones?» El bienaventurado Francisco, con gran fervor y con espíritu profético, respondió: «Señor, ¿creéis que el Señor ha suscitado esta familia para que envíe hermanos solamente a estas provincias? Os digo en verdad que el Señor ha elegido y enviado a los hermanos por el bien y salvación de las almas de todos los hombres del mundo; y no solamente serán recibidos en tierras de cristianos, sino también de paganos; y ganarán muchas almas».

El señor obispo de Ostia quedó admirado de tales palabras y convencido de que decía verdad. Al no permitirle salir para Francia, el bienaventurado Francisco envió para allí al hermano Pacífico con otros muchos hermanos. Él volvió al valle de Espoleto».

 

  • Después del capítulo de Pentecostés de 1217 se plantea el tema de la misión en “regiones lejanas” a donde Francisco quiere ir como todos los hermanos. Resulta sorprendente que el cardenal Hugolino se oponga tan contundentemente a que Francisco vaya a Francia “porque hay prelados que impedirán el bien de tu religión en la curia romana”. Es decir, Francisco tiene una oposición manifiesta entre algunos dirigentes de la curia. La protección de Hugolino y del grupo de los aman la Orden se da “si os quedáis en los contornos de esta provincia”.  Hay, pues, una división eclesial en torno al franciscanismo.
  • ¿Cómo reacciona Francisco? No cuestionando esas divisiones eclesiales sino apelando al espíritu de la misión, al Evangelio, por encima de planes eclesiásticos. Él cree que el Evangelio es una realidad más importante que las normas de la Iglesia y se debe a él. No hay crítica, pero tampoco se cede.
  • Pero se ve que el cardenal se mantiene en sus trece porque, al final, no permite salir a Francisco para Francia y esté envía al hermano Pacífico. O sea que hay una cierta animadversión contra la persona misma de Francisco. Eso podría ser motivo para un disgusto personal y una crítica directa a tales obispos. No se observa en el texto nada de eso. Si hay dolor, que lo habría, se queda dentro. Las fuentes no lo reflejan.

 

  1. 2.    La voz de los evangelios: Mt 16,13-20

 

«Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: - ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Contestaron ellos: - Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. Él les preguntó: - Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: - Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: - ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás! Porque eso no ha salido de ti, te lo ha revelado mi Padre del cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Piedra, y sobre este guijarro voy a edificar mi comunidad y el poder de la muerte no la derrotará. Te daré las llaves del reino de Dios; así, lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».

 

  • Es un texto decisivo en los sinópticos no tanto por la cuestión de la función de Pedro, sino por la identidad de Jesús: es el Hijo de Dios vivo (eso es revelación del Padre). En cuanto Mesías, es un mesías entregado por amor y por ello abocado a la muerte (tal como se ve en la continuación del relato en 16,21ss).
  • Pero traemos a colación el texto por el asunto de Pedro. Una interpretación “vaticanista” ha visto aquí la roca que es Pedro sobre la que se asienta la fe de la Iglesia y la profecía de su pervivencia a través de los tiempos. Quizá sea así. Pero puede haber otra manera de leer Kepha en arameo significa piedra arrojadiza, guijarro, canto del camino. (Petros sería lo opuesto a lithos,  roca firme). Quizá Simón ha recibido ese apelativo por su testarudez y por su fragilidad.
  • En ese caso: la promesa de Jesús suena de manera distinta: tú eres fragilidad, y sobre tal fragilidad voy a edificar mi comunidad. Es decir, la Iglesia no se hunde porque el cimiento sea firme, que no lo es, es frágil, sino porque Jesús la sostiene sobre ese cimiento débil.
  • La conclusión es clara: hay que contar con la fragilidad en la vivencia de la fe eclesial. Es algo constitutivo de la comunidad cristiana. Por ello mismo, el camino creyente ha de tenerlo en cuenta para encararla del modo más fraterno posible.
  1. 3.    Posibilidades nuevas

 

Quizá lo interesante para ir viendo los dolores de la Iglesia no sea tanto cebarse en sus fallos, sino, contando con ellos, desvelar las posibilidades que tiene al alcance de la mano. No resulta fácil desvelar esa posibilidades nuevas y realistas para la Iglesia por su alto componente sistémico, anclada como está en estructuras muy consagradas y que se empeña, con frecuencia, en mantener y ahondar. No resulta fácil cuando una parte notable de su clero joven ha encontrado como modo de situarse en la sociedad permanecer y volver con ahínco a ese componente sistémico que parece que les da sentido. Pero, aun así, es preciso hacer un esfuerzo reflexivo para tratar de ver los nuevos caminos que se abren a la comunidad cristiana de hoy.

  • La posibilidad de una moral de verdad y compasión tras el abatimiento: Hay que “morderse la lengua” como dice el Papa Francisco antes de hablar de esto. Pero hay que hablar. Tras el abatimiento y el derrumbe de la pederastia, de la avidez económica de la Iglesia, de su insensibilidad por posicionamientos buscadores en materia científica, etc., se puede hablar de una nueva moral de la verdad y de la compasión. Un camino de verdad que derribe el muro de los silencios, del encubrimiento y de secretos de confesión que son realidades superadas por el mismo evangelio y por una sociedad que ya no aguanta oscuridades. Y una moral de compasión más que una moral de normas, una moral samaritana, laica y humanizadora que mira más al evangelio que a la historia de la moral tan cuestionable.
  • La posibilidad de un diálogo interreligioso efectivo: Cada vez se van dando más pasos en esta posibilidad. El último el  Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común firmado en Abu Dabi el 4-2-19 por el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmed Al-Tayyib. Hay cristianos que acusan al Papa Francisco de plegarse excesivamente al islam. Pero en la rigidez de las religiones se estrella toda posibilidad de diálogo, porque este es “curvo”, vuelto a, flexible, capaz de ceder en formas y contenidos. De lo contrario, el diálogo posibilitador no puede brotar.
  • La posibilidad de una comunidad cristiana de grupos vivos:  Porque, ya hace muchos años, el que luego sería Benedicto XVI predijo la iglesia nueva de grupos pequeños, de minorías. Sigue ahí, tenaz y creyente, lo que queda de las viejas comunidades de base de otras épocas. Pero quizá hoy vuelve el anhelo de andar de nuevo ese camino en una etapa de abandono masivo de la religión, por más que ciertas formas sigan vigentes y en ellas se apoye la institución queriendo creer así que las cosas no han cambiado y que las viejas formas mayorías religiosas siguen en pie. Quizá haya que explorar la posibilidad de una fe de grupos, más que de una fe de masas.
  • La posibilidad de una alteración de la liturgia que la haga más viva: Ya que la publicación del nuevo misal (y de la nueva LH en algunas comunidades) ha supuesto un paso atrás, una involución, un sacar del armario lo viejo ignorando lo nuevo, un oracional donde los pobres no ocupan ningún sitio. Esta reformulación litúrgica está suponiendo para no pocos cristianos una “sublevación” litúrgica que altere esas formas rígidas y haga la celebración más cercana a la vida real de los creyentes. Hay quien celebra alborozado esta vuelta a lo de siempre, pero otros abren la puerta, sin complejos, a una alteración litúrgica que ningún organismo puede parar, y que quizá ni se molestan ya en intentarlo.

 

  1. 4.    Cómo construir la fe en grupo

 

Ir construyendo la fe en grupo quizá sea el mejor modo de ir superando las heridas eclesiales. Para construir la fe en grupo habrá que comenzar por generar un vocabulario adecuado. Son términos problemáticos consagrados por la eclesiología, empezando por: iglesia, catolicidad, comunidad cristiana, catolicismo, etc. Son términos tan impregnados de equivocidad histórica que uno se pregunta si no sería mejor irlos abandonando. Esto le parece algo inaceptable al teólogo clásico. Pero habrá que preguntarse si tal dificultad no deriva de una cierta impotencia para afrontar lo recibido o de la mera comodidad a la que le cuesta  tocar las cosas que siempre han estado ahí.

         ¿Qué vocabulario utilizar? Quizá sea mejor el que nos proporcionan las ciencias sociales. Por eso hablamos del grupo, de lo colectivo, de lo interrelacionado. Por paradójico que parezca, la fe cristiana, llamada a generar comunidad, se ha construido en el individualismo del logro de la propia salvación. No hemos heredado una mística común, por mucho que hayamos estado enmarcados en una organización religiosa. Quien va entendiendo esto comprende que si la fe no genera buenas relaciones queda muy cuestionada en su propio fin. Dar una finalidad meramente religiosa al hecho de creer ahuyenta el componente comunitario. Por el contrario, acentuar el componente social es la puerta que abre a la pertenencia y las prácticas comunitarias.

         ¿Y cómo construir la fe en grupo? Será necesario ir consiguiendo una mística de grupo cosa que conlleva el crecimiento en la buena relación social. No se cree aislado porque el éxito de la propuesta cristiana no es llegar solo y pronto, sino a tiempo y todos juntos. Además, será necesario potenciar todas las herramientas de componente común, no tanto las individuales como las potencia la postura que hace depender el horizonte de la iglesia de tal o cual nombramiento. Para ello, es necesario que las estructuras eclesiales sean, inicialmente, democráticas. Aducir que la iglesia es más que una democracia cuando ni siquiera es eso resulta una falacia.

Quien va poniendo el acento en la fe en lo esencial queda más cautivado por los aspectos comunes del hecho de creer y deja de lado, sin amargura pero sin caer en personalismos que no llevan a nada, el componente jerarquicista tan arraigado en el hecho eclesial. Enamorarse de lo común es, de alguna manera, enamorarse del mismo camino que Jesús ha realizado, lejos de personalismos y lejos de la tentación de mesianismos estériles

 

PARA EL TRABAJO DE LA TARDE:

 

  1. 1.    Punto de partida: ¿Papá, nosotros somos pobres?

 

(Se lee el texto atentamente, subrayadamente)

 

Estamos en setiembre. Tarde del sábado, tomando un café con tres vecinos del barrio, Juan, Gregorio y Toñi. Son trabajadores con contratos muy precarios. Algunas veces aceptan hacer algún trabajillo de limpieza o de transporte por unos pocos euros. Hablamos del trabajo, de la imposibilidad total de salir de la pobreza y de los niños.

Gregorio cuenta, con los ojos cargados de lágrimas, cómo un día su niña de 7 años le hizo, con toda candidez, una pregunta que se clavó en el alma: “¿Papá, nosotros somos pobres?”. Tuvo que inventarse una historia diciéndole que no pasaba por un buen momento, pero que iríamos a mejor. La niña le miraba como diciéndole: “No me has respondido”.

En España hay 1.400.000 niños como la hija de Gregorio que viven en situación de pobreza severa y 2.200.000 en riesgo de pobreza. Los analistas dicen que esta pobreza es estructural. O sea: cronificada, hereditaria y que hay que acostumbrarse a vivir con ella. Como quien ha tirado la toalla.

Pero la hija de Gregorio, los dos niños de Juan y las dos de Toñi no manejan datos estadísticos. Palpan la pobreza de modos vivos: los recibos se amontonan en la mesa de la cocina, la nevera está casi siempre vacía, no hay calefacción, no se repone el material escolar, cero excursiones con la clase, las gafas nuevas no llegan, el tratamiento de las caries está pendiente, no se puede comprar el mínimo equipamiento para hacer parte de un equipo de balonmano, no hay para un bañador en el verano porque tampoco hay piscina o playa. La pobreza que convive con la familia y nunca se va de casa.

Gregorio también toca la pobreza en lo concreto: “A mi niña le encanta la gimnasia. Y me pregunta: -¿Por qué no voy? Y me tengo que inventar: -No puedo porque por el horario no te puedo llevar. Pero no es problema de horario. El problema son 15 euros”. Y Juan cuenta: “Ayer tuve que ir a limpiar un corral por cinco euros. Mierda a montón. Mi hijo me dice que los de su clase celebran un cumpleaños en un kebab. Son 3,5 euros. Y le tengo que decir que no puedo. Y mi hijo me mira con un brillo raro en mi mirada y me dice: -Tú siempre estás igual, que no tienes; cuando sea mayor voy a hacer lo que hacen los demás”.

La consecuencia más directa es que los niños se educan en la pobreza infantil. Dice Juan: “La educación que tú le estás dando a tus hijos es de pobreza, te adaptas a la pobreza y la ves como normal. Ellos se van a criar pasando falta”. Ese pasar falta se traduce en una ulterior desigualdad de oportunidades: los niños que nacen en España en una familia de ingresos altos ganarán un 40% más que si se crece en un hogar con ingresos bajos. La pobreza infantil significa desigualdad de oportunidades. Un niño o una niña de familia pobre no tendrá las mismas oportunidades laborales. La falta de oportunidades lastra la economía. Eso indica que lo que parece ser un problema de algunas familias es, en realidad un problema del país.

Por eso, se necesitan respuestas estructurales, políticas que, hoy por hoy, están todavía muy lejos. Si miramos a los Presupuestos Generales del Estado tendremos ahí una respuesta: el último acuerdo entre UP y el PSOE para sacar adelante unos presupuestos para el 2019 vuelven a dejar caer las políticas de lucha contra la pobreza infantil. El acuerdo solo recoge 180 millones, aproximadamente un 7,2% de la cantidad que ambos partidos consideraban necesaria para combatir esa pobreza. De nuevo, pues, la infancia más vulnerable se puede quedar fuera de los presupuestos

No entiende la clase política que no se puede esperar más, que invertir en infancia es urgente y que la infancia no entiende de ideologías. Pero el futuro de muchas familias y del país necesita consensos sociales que miren este “ángulo oculto” de la pobreza infantil que atrapa a tantas familias y a tantos niños y niñas.

Remediar este problema es, pues, más barato que costear las consecuencias. Un alza en las ayudas económicas a las familias más vulnerables de los 24,25 euros  actuales a 100 al mes para cada hijo, por ejemplo, supondría una inversión anual  de 0,22 puntos del PIB (2.400 millones de euros). Se trata de una cantidad reducida si se la compara con el peso social de de esta lacra, que ronda los 5 puntos del PIB.

Si no se toman este tipo de decisiones políticas el porcentaje de infancia en riesgo de pobreza y de exclusión en España apenas se reducirá en 2030 en comparación con la actualidad. Esta tasa, que hoy afecta a un 28,3% de los niños, pasará al 26,5%. O sea: la pobreza infantil de habrá cronificado.

A Toñi, Juan y Gregorio estos datos les resbalan un poco. Ellos tienen a esa pobreza en su propia casa, en su cuarto de estar, en su cocina y, sobre todo, en las frágiles espaldas de sus hijos. Toñi, que ha estado en silencio dice: “Mis hijas desde chiquitillas se han tenido que acostumbrar a que yo les diga que no puedo comprarles cosas”. Pago los cafés.

 

  1. 2.    Preguntas:

 

  1. 1.    ¿Vemos que nos conciernen cada vez más las situaciones de los humildes? Poner algún ejemplo.
  2. 2.    ¿Cómo ir trabajando para lograr vivir en una comunidad humilde?
  3. 3.    ¿Qué te duele hoy más de la Iglesia?
  4. 4.    ¿Cómo hacer hoy creíble a la Iglesia?

 

 

 

5

EL CAMINO DE UN DECRECIMIENTO

QUE LIBERA EL CORAZÓN

 

 

         La espiritualidad franciscana ha tenido como uno de sus núcleos el de la pobreza. En realidad, el verdadero núcleo es para Francisco el Evangelio. Él cree que la pobreza es camino seguro para el Evangelio. Pero la pobreza es eso, un camino, no una finalidad.

         La vida franciscana hace tiempo que abandonó la “lucha por la pobreza” por más que queden restos de esa batalla. Pero resulta que la profecía laica vuelve a poner sobre la mesa el tema en esta sociedad nuestra de la abundancia. Esa realidad tiene un nombre: decrecimiento.

¿Qué es el decrecimiento y cuál es su objetivo? El decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social que pretende establecer una relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza y entre los propios seres humanos frente a la situación de dominación hoy existente que está acabando con la naturaleza y frente a la explotación de las personas en beneficio de la producción y la rentabilidad económica de unos pocos. El decrecimiento es una herramienta válida al servicio de la construcción de un mundo más habitable, más humano, donde se garanticen los derechos de todas las personas y pueblos y regido por un mínimo principio de equidad. Resulta escandaloso contemplar las diferencias que hoy se dan en el mundo.

El objetivo más llamativo es la disminución de la huella ecológica en los países que denominamos más desarrollados del planeta. Es decir, la reducción significativa de los consumos de bienes y de energía, el reparto del trabajo con la consiguiente disminución de jornada laboral y evidentemente con una disminución del sueldo o la relocalización de la producción de materias en lugares cercanos a su consumo. Pero su principal objetivo es diseñar una nueva sociedad donde se satisfagan las necesidades básicas de las personas, se respete el equilibrio con la naturaleza y en definitiva se viva mejor con menos. Sabemos que puede sonar un poco ingenuo, pero si nos paramos a pensar en el sistema capitalista actualmente vigente no creo que se pueda concluir que la mayoría de las personas ven satisfechas sus necesidades, sobre todo en el Sur, o se sienten felices en la selva del consumismo.

         Quizá estos nuevos lenguajes hagan a la vida franciscana el beneficio no solamente de aclarar y actualizar uno de los contenidos centrales de su espiritualidad sino, además le puede ser muy útil para conectar con el hoy social y constatar que la espiritualidad franciscana sigue siendo válida en nuestros días. Doble favor.

 

  1. 1.    La voz de los textos franciscanos: 2 Cel 91

 

«Viene un día al Santo la madre de dos hermanos y le pide limosna confiadamente. Compadecido de ella, el Padre santo dijo a su vicario el hermano Pedro Cattani: «¿Podemos dar alguna limosna a nuestra madre?» Es de saber que llamaba su madre y madre de todos los hermanos a la madre de cualquier hermano. Le respondió el hermano Pedro: «No queda en casa nada que se le pueda dar». Pero añadió: «Tenemos un ejemplar del Nuevo Testamento, por el que, al carecer de breviarios, leemos las lecciones de maitines». Le replicó el bienaventurado Francisco: «Da a nuestra madre el Nuevo Testamento, para que lo venda y remedie su necesidad, ya que en el mismo se nos amonesta que socorramos a los pobres. Creo por cierto que agradará más a Dios el don que la lectura». Se le da, pues, el libro a la mujer; y así, el primer ejemplar del Testamento que hubo en la Orden fue a desaparecer en manos de esta santa piedad».

 

  • El texto pertenece al bloque que habla de la caridad de Francisco con los pobres en el que Celano pone muchos ejemplos de ello. Nosotros vamos a leer el relato como una narración de decrecimiento más que de caridad.
  • El decrecimiento va a tener una razón no solamente de necesidad  (la pobreza de la mujer), sino de afecto: es la madre de dos hermanos, “nuestra madre”. Es preciso mezclar a razones de orden de económico, de justicia, las de aprecio y valoración cordial de los sectores empobrecidos.
  • La fraternidad ya está decrecida (en queda nada en casa), aunque no totalmente. El decrecimiento, como el Evangelio, pide una entrega cada vez más total, hasta donde uno pueda.
  • Que haya un ejemplar del NT, con lo que valían los libros en aquella época, resulta algo extraño. Es llamativo que se quiera socorrer la pobreza con algo sagrado. La patrística, fray Luis de Granada, el mismo papa Francisco dicen que habría que vender los vasos sagrados para socorrer a los pobres. Pero nadie lo hace. Es tabú. La fraternidad franciscana decrece hasta en los aspectos espirituales más vivos.
  • Es hermosa la razón que se da para hacer este decrecimiento hasta en lo espiritual: “agradará a Dios más el don que la lectura”. La razón del decrecimiento cristiano, como el de cualquier otro, es una razón de humanidad. Si la solidaridad con la persona frágil no está viva, no es fácil que uno se anime a andar este camino.

 

  1. 2.    La voz del evangelio: Mc 12,41-44

 

«Se sentó enfrente de la Sala del Tesoro y observaba cómo la gente iba echando monedas en el tesoro; muchos ricos echaban en cantidad. Llegó una viuda pobre y echo dos ochavos, que hacen un cuarto. Convocando a sus discípulos, les dijo: - Esa viuda pobre ha echado en el tesoro más que nadie, os lo aseguro. 44Porque todos han echado de lo que les sobra; ella, en cambio, sacándolo de su falta, ha echado todo lo que tenía, todos sus medios de vida».

 

  • El Tesoro del templo es el verdadero motor: ahí está la sala de impuestos, el banco del Templo, el almacén de la leña, el matadero, la cancillería, etc. El verdadero motor no es el santo de los santos, sino el tesoro. Allí había al parecer diversos “cepillos” donde se recogían las limosnas. Uno de ellos era para la ayuda a los pobres.
  • Cuando Jesús “se sienta…y observa” establece un parámetro social: se mide la fe por los comportamientos económicos. Si hay fe, tendría que importar lo económico.
  • Es lógico que muchos ricos echan en cantidad porque tienen mucho. Pero la calderilla de la mujer-viuda-pobre (múltiple desamparo) se opone al mucho de los muchos ricos. Es decir, hay que hacer una lectura no solo de las riquezas, sino del dinamismo de las pobrezas.
  • El quid de la cuestión está en la oposición “echar de lo que sobra…echar de la propia falta”. Cada postura revela la diferente perspectiva: a) echar mucho teniendo mucho indica que uno no se fía del Templo, aunque lo sostenga; b) echar de la falta significa una fe en la estructura del templo como estructura santa y una confianza, teniendo la certeza de que si se da para los pobres, para los pobres irá. No solamente hay generosidad, sino buena voluntad. La mujer, en su pobreza, no emplea la crítica como elemento de discernimiento
  • La viuda es, ciertamente, antítesis de los dirigentes, infieles a Dios por su amor al dinero. Su mayor pobreza es su generosidad sin posibilidad de discernimiento; su mayor riqueza, su confianza en la bondad de las instituciones y de las personas. En esto es modelo del reino, pero habría que completar el parámetro: no se trata solamente de ser generoso, no se trata incluso de dar el todo, sino de darlo con la certeza de que se está dando en la dirección correcta, apuntando a las causas.

 

  1. 3.    En la sociedad del despilfarro

 

El despilfarro tiene relación profunda con el decrecimiento. Sin frenar el despilfarro que le es connatural al modo consumista del crecimiento, despilfarro que, unido a la productividad, es motor desarrollo, pensar en una espiritualidad de decrecimiento es prácticamente imposible. La irracionalidad del despilfarro lo despoja de razón, pero sigue funcionando alimentado por el afán depredador de los triunfadores de la economía. La sociedad, indefensa, cae en sus garras, justifica el despilfarro y lo aplaude como síntoma de salud económica. Las consecuencias en el ámbito humano son devastadoras.

Los países ricos, incluido el nuestro, han sido tradicionalmente países de pobreza porque ésta, a nivel sociológico, no ha sido erradicada de occidente hasta hace muy pocas décadas. Viniendo de la pobreza, habiéndola sufrido, la hemos olvidado. Es preciso recuperar la memoria de la necesidad para contener el afán inconsciente del despilfarro que vuelve a la persona egoísta e insolidaria.

Porque no solamente prácticas, muchas veces insensatas, de nuevos ricos, sino también se trata de una mentalidad, de una manera de pensar, de una cosmovisión incluso. Es aquella en que el antropocentrismo se hace egoísta hasta el punto de olvidarse de la situación de sus propios congéneres en dificultad económica. Este desentendimiento desvela la calidad moral de nuestra sociedad en su lado más oscuro.

El despilfarro lleva a una insensibilidad global, un hacer oídos sordos a las demandas sociales que llegan hasta nosotros. Siendo así que nunca como ahora tenemos información sobre los hechos sociales y económicos, la abundancia de datos no mueve a la ciudadanía a actuar. Únicamente algunos “profetas” se conmueven, se mueven y empujan algo a la sociedad en general que, instigada por los mercados, tiende a ir en la dirección del desentendimiento.

El despilfarrador/a, azuzado por su mala conciencia o por elementos externos de componente más profético, elabora una defensa en base a razones, que lo son, pero que, en el fondo, son una cortina de humo: la incuria y la corrupción de los gobernantes de los países pobres, el poco afán de crecimiento y de trabajo de los empobrecidos, su poco deseo de previsión y ahorro, su escasez de cultura comercial y productiva, su poca preparación en tecnologías modernas, etc. Son medias verdades que, todas juntas, no llegan a constituir ninguna clase de verdad. La pregunta sobre el despilfarro apunta al satisfecho que despilfarra, no al pobre que carece de los bienes básicos.

El cuidado esencial es algo que es más que una mera ayuda puntual que calme las conciencias o apacigüe las ansias de liberación que subyacen en la vida de los pueblos empobrecidos. Se trata de saberse responsable de la vida de los otros y desplegar el afán de cuidar a aquellas personas que, imbuidas de la misma dignidad y necesidades que yo, demandan su cuota de justicia no satisfecha. Mientras “cuidar” no sea una vocación explícita y explicitada, el despilfarro campará a sus anchas con la sonrisa del bienpensante que cree que no está haciendo nada malo.

Quizá una manera práctica de entrar en una dinámica distinta a la del despilfarro será “ir a ver”, hacer pequeñas (o no tan pequeñas) experiencias de inmersión en medios sociales globalmente pobres. Valorar ahí el alimento, el agua, la energía, la salud, como realidades frágiles y escasas para luego, comparando con la sociedad del despilfarro, extraer consecuencias personales y sociales que lleven a un cambio.

 

  1. 4.    Una Iglesia decrecida

 

         ¿Puede aplicarse la espiritualidad del decrecimiento a la realidad eclesial? Sin ninguna duda, como a los otros colectivos sociales. De salida creemos que una “iglesia decrecida” está más cercana al sueño de Jesús que una iglesia poderosa. La evangélica idea de la “levadura en la masa” se acomoda más al decrecimiento. Pretender que toda la masa sea levadura (no que la masa fermente, aunque siga siendo masa), es una anomalía.

Hemos heredado la idea de que la Iglesia tiene que ser evangelizadora, misionera, cada vez más amplia hasta ser universal. Esta idea es peligrosa porque cree que es una iglesia más de Jesús cuanto más grande es, en todos los sentidos. Tanto desde el punto de vista ideológico, como desde el práctico, esta idea es peligrosa y va unida a la idea de misión: hacer misión es una obligación, se dice. Pero esta idea de misión grande, universal está asentada sobre la evidencia de la bondad única del mensaje y la lógica obligación de aceptarlo. De ahí a la imposición hay un paso. Y una Iglesia amplia basada en imposiciones se aparte del “la carga ligera” que es la propuesta de Jesús.

Prisioneros del criterio del número, pensamos que cuantos más sean cristianos, mejor. Por eso, el número ha sido el activador de la misión en épocas pasadas (¿en parte no lo continúa siendo?). Hay que decir que, según el Evangelio, cuanto más adheridos a Jesús y sus valores, mejor. El número pasa a un segundo término.

Muchos creyentes, algunos de ellos notables, han tenido la idea de una Iglesia decrecida. Recordamos: “En todas partes constituye una minoría numérica, al menos si hablamos de un cristianismo verdaderamente vivido; de hecho, en ninguna parte desempeña una función de “leadership” que le permita dejar de un modo potente y sensible la huella de los ideales cristianos en la vida seglar” (Rahner 1965). “De la Iglesia de hoy saldrá también esta vez una Iglesia que ha perdido mucho. Se hará pequeña, deberá empezar completamente de nuevo. No podrá ya llenar muchos de los edificios construidos en la coyuntura más propicia. Al disminuir el número de sus adeptos, perderá muchos de sus privilegios en la sociedad” (Ratzinger 1970). “¿Somos los últimos cristianos? Ciertamente somos los últimos de un estilo de cristianismo. No somos los últimos cristianos” (Tillard 1998).

Parece que hemos llegado a lo contrario: una iglesia que no solamente añora los tiempos de la cristiandad sino que hace planes de recuperación de las “raíces cristianas” y que parece buscar esos tiempos perdidos. Una iglesia que quiere ser relevante y que quiere que sus criterios (incluso en asuntos políticos) ser tenida en cuenta. Una Iglesia volcada a los grandes medios de comunicación con expresiones multitudinarias y con el amparo de los gobiernos de turno.

¿Es así toda la realidad eclesial? Ciertamente no. Siguen existiendo, aunque algo silenciadas y ninguneadas por el sistema, las CEBs siempre tras su anhelo de una vida cercana al mensaje liberador de Jesús. Sigue habiendo grupos “paralelos” que buscan incansablemente el rostro de Dios y sienten vivo el acompañamiento de Jesús. Hay, incluso en las parroquias humildes, grupos de búsqueda cristiana, flexibles, conectados con la realidad de hoy, cercanos a la vida de los humildes.

 

6

EL CAMINO DE LA FE VIVIDA

EN ALEGRÍA

 

         Los críticos con la religión cristiana la han censurado porque, dicen, es una religión gris, triste, tremebunda incluso, siempre cercana a la muerte, lejos de la alegría. Habrá que situar las cosas en su justa medida, pero algo de razón no les falta. Basta asistir a cualquiera de nuestras eucaristías.

         El franciscanismo ha sido caracterizado como una espiritualidad de la alegría. La figura de Francisco de Asís se ha pintado en modos amables y alegres. De ahí, quizá, su atractivo. Pero el peligro es banalizar tal alegría, como si Francisco fuera una persona superficial que habla con pajarillos y lobos. La alegría franciscana, como veremos, está urdida con otras mimbres.

         Por eso, aún hoy, un camino franciscano para volver a Jesús es redescubrir la alegría franciscana de ser hermano/a, algo que está construido sobre un camino a veces difícil, pero siempre hermoso.

 

  1. 1.    La voz de los textos franciscanos: VerAl

 

1El mismo fray Leonardo refirió allí mismo que cierto día el bienaventurado Francisco, en Santa María, llamó a fray León y le dijo: «Hermano León, escribe». 2El cual respondió: «Heme aquí preparado». 3«Escribe –dijo– cuál es la verdadera alegría. 4Viene un mensajero y dice que todos los maestros de París han ingresado en la Orden. Escribe: No es la verdadera alegría. 5Y que también, todos los prelados ultramontanos, arzobispos y obispos; y que también, el rey de Francia y el rey de Inglaterra. Escribe: No es la verdadera alegría. 6También, que mis frailes se fueron a los infieles y los convirtieron a todos a la fe; también, que tengo tanta gracia de Dios que sano a los enfermos y hago muchos milagros: Te digo que en todas estas cosas no está la verdadera alegría. 7Pero ¿cuál es la verdadera alegría? 8Vuelvo de Perusa y en una noche profunda llegó acá, y es el tiempo de un invierno de lodos y tan frío, que se forman canelones del agua fría congelada en las extremidades de la túnica, y hieren continuamente las piernas, y mana sangre de tales heridas. 9Y todo envuelto en lodo y frío y hielo, llego a la puerta, y, después de haber golpeado y llamado por largo tiempo, viene el hermano y pregunta: ¿Quién es? Yo respondo: El hermano Francisco. 10Y él dice: Vete; no es hora decente de andar de camino; no entrarás. 11E insistiendo yo de nuevo, me responde: Vete, tú eres un simple y un ignorante; ya no vienes con nosotros; nosotros somos tantos y tales, que no te necesitamos. 12Y yo de nuevo estoy de pie en la puerta y digo: Por amor de Dios recogedme esta noche. 13Y él responde: No lo haré. 14Vete al lugar de los Crucíferos y pide allí. 15Te digo que si hubiere tenido paciencia y no me hubiere alterado, que en esto está la verdadera alegría y la verdadera virtud y la salvación del alma.»

 

         Es un texto franciscano muy conocido y apreciado por los que se sienten ligados a Francisco. Con frecuencia se representa en el teatro o en el cine. Los antiguos franciscanos lo apreciaban mucho. De hecho aparece narrado en 2Cel 125 y ampliado en Flor 8.

-         Dicen que este relato es como una conclusión y síntesis de las Admoniciones: el verdadero quid de la cuestión franciscana es saber si se puede seguir siendo hermano cuando no se te da amor, respeto y acogida.

-         ¿Cómo ser hermano en el amor asimétrico? ¿Cómo reaccionas cuando amando tú crees que no se te devuelve amor? Esa es la cuestión.

-         Este texto ha “surgido presumiblemente en el mismo contexto espacio temporal y anímico que el Cántico de las criaturas y la Exhortación cantada a Clara y sus hermanas”. ¿Cuál es ese contexto? Es el final de la vida de san Francisco, cuando ha estallado el conflicto con los hermanos que quieren una Orden organizada y potente, cuando Francisco piensa que ha fracasado y anda en su noche oscura (aquello que reflejó tan bien el librito de E. Leclerc, Sabiduría de un pobre). En ese rechazo grande, Francisco reafirma su fe inquebrantable en la fraternidad: ni el mayor de los rechazos habría de ser motivo para dejar de ser hermano, para dejar de amar. Hablar de “alegría” en esta situación es francamente para nota.

-         Por eso, no es solamente un texto “bonito”. Es un texto hondamente sufriente, hondamente herido, hondamente fraterno. El calificativo de “hermano” Francisco se lo ha ganado a pulso, a lágrimas, a corazón ofrecido.

 

Saboreamos el texto:

 

  • Escenario del relato: 1-3:

 

-         El lugar es Santa María de los Ángeles, la capillita amada por Francisco, el lugar donde nace la Orden, el sitio más sagrado. Pues bien, ahí se le va a dar con la puerta en las narices. Para medir lo hiriente del relato.

-         El redactor es el hermano León, el más amigo de Francisco. Estas son cosas que solamente pueden hablarse con amigos de verdad, porque se está hablando de las hondas penas del alma, de lo que hiere de verdad, de lo que duele mucho. Solo un amigo puede ser capaz de recoger estas lágrimas tan amargas.

-         Dice Francisco que esto ha de “escribirse”, como si dijera: que los hermanos de hoy y los que vengan no lo olviden, porque esto siempre funciona así: ¿cómo reaccionar ante el amor rechazado? Ya lo decía Jn 13,35: “En esto conocerán que sois discípulos míos…”.

-         Es un asunto de “alegría”. ¿Cómo se puede hablar de alegría en una situación de rechazo? ¿De qué alegría estamos hablando? Juan 16,22 habla de una alegría “que no os quitará nadie”. La alegría normal es muy frágil, desaparece pronto. Esta alegría tiene que ser compatible con las lágrimas, con el sufrimiento. ¿Es posible? Para medir un poco las profundidades en las que se mueve Francisco. Para no banalizar el relato.

 

  • Qué no es verdadera alegría: 4-7:

 

-         Los “maestros de París”, la mejor universidad del mundo entonces, se hacen franciscanos. Es el anhelo de muchos que quieren ya ir a estudiar a París (san Buenaventura será, años más tarde, estudiante en París). Están pensando en montar un studium franciscanum allí. Eso daba peso e identidad a una Orden cuando mucha gente del clero le negaba el pan y la sal. Eso daría un prestigio intocable. No está en este asunto la “verdadera” alegría. Puede haber otra alegría, pero no la verdadera.

-         Los “prelados y el rey de Francia e Inglaterra”: Todos los estamentos de poder, el eclesiástico y el civil. El gran poder, el mayor de la época. El poder que abarca todos los países lejanos: ultramontanos, Francia, Inglaterra, todo el poder conocido. Una Orden con poder, el que muchos anhelan. La exageración pone en evidencia el ansia: anheláis más poder que el rey de Inglaterra. El poder que roe los cimientos de la Orden que algunos sueñan. No es “verdadera” alegría.

-         La conversión de los infieles gracias a la predicación de los hermanos, los abundantes milagros de Francisco: fama a costa del Evangelio, honor que revierte en el milagrero, no en Jesús. Anhelos espirituales que tampoco casan con la “verdadera” alegría porque terminan siendo alimento para un yo enquistado. Una Orden asentada sobre las ganancias del yo. La “verdadera alegría” no puede caber sino en un yo desplazado, en personas que no sucumben a la enfermedad del yo.

 

  • Qué es verdadera alegría: 8-14:

 

En la segunda parte del díptico se narra lo que es esa alegría extraña, “verdadera”. Comienza dibujando el escenario:

-         La palabra más importante es “frío”: invierno, frío, agua frías, aterido y helado. Además de helado por fuera, helado por ser rechazado. Hielo sobre hielo, frío sobre frío. ¿Cómo mantener algo “caliente” (el amor) en un escenario de tanto frío?

-         La “puerta”: puerta cerrada, lo que separa, lo que aísla, lo que rompe la relación. Se llama “un buen rato”. Al que está dentro no le importa lo que pasa fuera, en el frío. El que está dentro se cree hermano, pero es el que llama quien quiere ser hermano. Situación paradójica. ¿Cómo ser hermano estando fuera, en las afueras?

-         El que acude es un “hermano”, pero aislado, molesto, desconsiderado, rechazador. Pero es el hermano. ¿Cómo verlo como hermano cuando se presenta como portero que rechaza?

-         La pregunta “quién es” tiene fondo: es la pregunta por la identidad del que llama, por su verdadero ser en relación con el llamado. Por eso la respuesta es la mejor: un “hermano”, el hermano Francisco: uno que se empeña en la fraternidad evangélica, que no quiere salirse del marco de la fraternidad. Que se le pregunte, que los hermanos mismos le pregunten tú quién eres ya resulta extraño cuando ha sido Francisco quien ha sembrado la semilla evangélica de la fraternidad.

-         Esto va a dar lugar a una serie de rechazos que muestran el extraño y profundo rechazo en que se mueve la vida de Francisco al final de su camino. ¿Cómo es posible que en tan pocos años el sueño de la fraternidad se haya convertido una pesadilla tal?

  • Primer rechazo: “no es hora decente”: no guardas las horas establecidas, las marcadas por una vida estable, monástica. No puede ser hermano nuestro quien anda en los caminos, porque es mal signo: hay que andar en casa, cerrado, recogido, establecido. No es de fiar uno que anda en caminos (nos hemos alejado del Jesús que anduvo en los caminos: “Iba de camino”: Mc 9,30). Francisco y los hermanos que andan a distinta hora.
  • Segundo rechazo: “eres simple e inculto”. La simplicidad que era el signo principal de la vida franciscana se convierte ahora en la mayor dificultad para el que es “culto”. La consecuencia es clara: “ya no vienes con nosotros”: la Orden va por un camino que no es el tuyo. Nuestros caminos se han separado, ¿por qué seguir empeñado en ser hermano de quien va por otro camino? La evidencia: “somos tantos y tales, no te necesitamos”. No eres una aportación útil, no añades ningún valor a nuestra vida. No solamente somos autónomos, sino que somos numerosos. Eres tú quien está en inferioridad numérica y en inferioridad cualitativa. Ya no sirves.
  • Tercer rechazo: el más cargado de sentido porque se invoca “al amor de Dios”, razón última de cualquier apelación a la generosidad entre cristianos. Y, además, se sitúa en los mínimos: “por esta noche”: veamos si es posible mantener los mínimos del amor. Pues decididamente, no: “no lo haré”. Sin titubeos. Y ahora la mayor herida: “Vete al lugar de los crucíferos”: son los lugares donde se refugiaban los hermanos en los primeros tiempos y eran, frecuentemente, leproserías atendidas por “crucíferos” una orden fundada en 1165. O sea: vuelve al comienzo, funda otra vez otra Orden como aquella porque la nuestra es distinta, no es la que tú fundaste. El rechazo es total.

 

  • Conclusión: 15:

 

Se podría pensar que no hay nada que hacer, que asumir la realidad como ruptura de la fraternidad es el único camino. Pues no, “si he tenido paciencia y no me he turbado”, es decir, si sigo en los parámetros de la fraternidad, si no maldigo de quienes me rechazan, si no muere el amor que antes había, si más allá del dolor y de las lágrimas sigo mirando como hermano a quien antes lo miraba así, ahí está “la verdadera alegría, la verdadera virtud y la salvación del alma”. Es decir: ahí se demuestra si entiendes de verdad la fraternidad, si eres persona de evangelio y si te acercas a la plenitud de la fe. Lo demás, es engañarse. Algo insólito.

     Las preguntas se agolpan: ¿cómo se había llegado a una situación así? ¿Solamente por el endurecimiento de los intelectuales? ¿Qué parte tenía el mismo Francisco en esto? ¿Su difícil flexibilidad, su visión personalista del evangelio, su ideal identificado con él mismo no tuvo que ver? ¿El haber aceptado a muchos hermanos sin gran discernimiento no tuvo que ver? ¿La misma Iglesia que vio en los franciscanos un filón no tuvo nada que ver? ¿Se puede poner la relación al borde de la ruptura por cuestiones ajenas a ella?

 

 

  1. 2.    La voz del Evangelio: Lc 10,21

 

«En aquel preciso momento, exultante con el gozo del Espíritu Santo, exclamó: -¡Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque si has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla! Sí, Padre, bendito seas por haberte parecido eso bien».

 

  • En un texto que, dentro del viaje a Jerusalén, narra la vuelta de la misión de los setenta. Es de los pocos textos donde se muestra la alegría de Jesús (el tema de la alegría no es frecuente en los evangelios ¿por qué?).
  • La alegría de Jesús es profunda porque sus seguidores  han hecho la misión del reino en modos aceptables, cosa no fácil para quien proviene del judaísmo. Esa misión ha sido, básicamente, una misión de liberación. Una alegría que brota de la liberación del otro.
  • Los sabios y entendidos no han captado el sentido de liberación del reino porque son gente próxima al poder. Si este se ve amenazado, la tristeza aflora a sus vidas. El reino y su sentido se les oculta. Por ello su vida se instala en el gris sobre gris.
  • El reino es para sencillos que profundizan, no para los superficiales. Por eso, la alegría evangélica brota de fuentes profundas, no de una superficialidad vacía.
  • El Padre es la fuente de alegría de Jesús y su designio de que nada se pierda.

 

  1. 3.    Invitaciones a la alegría

 

  • La alegría se vuelve desbordante en los tiempos mesiánicos. Ya hemos dicho que no ha caracterizado, a veces, la alegría al cristianismo. Una religión de la tristeza, la han tildado algunos. Sería preciso no solamente desarrugar el ceño, sino cultivar el disfrute sencillo, las pequeñas alegrías cotidianas y entender y vivir la práctica religiosa no como una imposición, sino como una suerte que nos enriquece.
  •  Convertirse en mensajero de alegría para los demás: Ya que una alegría que no se contagia no puede ser de calidad. La vida fraterna habría de ser vida de alegría contagiada, no de disgusto multiplicado. La comunidad cristiana habría de elaborar planes de pastoral para el contagio de la alegría en tiempos, como el nuestro, de notables dificultades para la misma. Una alegría que habría de tener arraigo antropológico. No meras palabras, sino también hechos, ayudas, empujes, situaciones de vida que generen alegría.
  • La creación entera participa de esta alegría de la salvación: Es algo que puede ayudarnos a reavivar el fuego de la alegría: la creación, hermana nuestra, también quiere participar en la alegría creacional y puede ayudarnos a avivar la alegría. Alegrarse con la creación es una de las formas más puras de alegría. Esto puede hacerse con todo lo que nos rodea, cuidándolo, amándolo, disfrutándolo. Basta abrir los ojos y el corazón.
  • La alegría se vive en medio de las pequeñas cosas de la vida cotidiana, como respuesta a la afectuosa invitación de nuestro Padre Dios: No se precisan grandes cosas para cultivar la alegría. En el cada día de uno, por sencillo que sea, se puede cultivar la hermosa planta de la alegría. Hacerlo es un acto de fe y de confianza en la invitación del Padre. Sumirse en el desconsuelo y en el gesto adusto es responder mal al afecto de Dios sobre nosotros y sobre las criaturas.

 

  1. 4.    Un río de alegría

 

  • El Evangelio invita insistentemente a la alegría. Cruz y alegría se pueden mezclar; limitación histórica y gozo se pueden unir; debilidad y disfrute pueden ir unidos en parte. Es una sabiduría enorme de vida y de fe saber hacer esta mezcla. Quien lo consigue, logra que la debilidad no le derrote y saca partido a las pequeñas alegrías que la vida ofrece cada día. De ahí la invitación “insistente” del Evangelio a vivir en alegría.
  • Nuestra alegría cristiana bebe de la fuente de su corazón rebosante. Por eso mismo hay que saber del corazón de Jesús. Esto es algo más profundo que lo meramente devocional. hay que saber de los valores evangélicos, que conforman el corazón de Cristo, su más profunda profundidad. Hay que saber en la vida propia, en la práctica de valores como el perdón, la paz, el amor, la generosidad, la entrega, el servicio, la sencillez, etc. Esos son los valores del corazón de Jesús. De ahí, de su práctica, brota un raudal de alegría.
  • En la primera comunidad…había «una gran alegría»: Quizá se halle ahí el secreto del atractivo de aquella comunidad y el de su maravillosa expansión en un mundo nada proclive al Evangelio. Quizá podríamos reproducir en nuestra comunidad aquel anhelo y contribuir con decisión a una comunidad de una fe alegre, contagiosa, jovial, despejada, aireada.
  • ¿Por qué no entrar también nosotros en ese río de alegría?: Como quien entra en un río, sacudiéndose la pereza, deseando entrar en la frescura y el disfrute, queriendo compartir el gozo de hacer parte de una corriente grande de alegría. Hay muchas personas en el mundo que viven contentas, incluso en medio de situaciones no fáciles. Tendríamos que animarnos a entrar en ese río de hermosas aguas; no en la turbia corriente de la tristeza y del disgusto.

 

PARA EL TRABAJO DE LA TARDE:

 

  1. 1.    Punto de partida: Cascarones vacíos

(Se lee detenidamente, subrayadamente)

 

            Aunque es noviembre y el frío se va haciendo cada día más cercano, el sol caldea por la tarde el rincón del parque. Por eso, al abrigo, se está bien, sentados en un banco, hablando con Alí, un apátrida.

            “Mucha gente no sabe qué es un apátrida, por más que la palabra esté en el diccionario. Te lo voy a decir yo: es como si fueras un pez atrapado en un estanque cuadrado, un cascarón vacío. Eres persona, pero no tienes identidad. Intenta sentir lo que yo siento: cuando abro la puerta de mi casa no tengo conciencia de tener un hogar, de estar en mi terreno. No tengo hogar. Somos tan invisibles que la sociedad española no sabe ni que existimos”. Caen las frases como grandes piedras en el fondo del río.

            En el mundo hay entre 10 y 19 millones de apátridas. En Europa son como unos 600.000 mil. Son personas sin identidad social porque vienen de países que se desmembraron o de minorías étnicas que no tienen el reconocimiento civil otorgado por un Estado. Viven en un limbo legal, disfrutando solamente, cuando consiguen el reconocimiento de apátrida, de un acceso mínimo a la protección legal y a la sanidad porque la nacionalidad es esencial para la plena participación en la sociedad. Y ellos no la tienen. Solo pueden viajar y trabajar controladamente, no pueden abrir una cuenta bancaria y si se mueren, su defunción no quedará registrada en documento alguno.

            “Vosotros los españoles, dice Alí, tenéis un refrán que dice: ‘Qué se puede esperar de quien no tiene hogar’. Nosotros no tenemos hogar. Por eso, conseguir la nacionalidad sería para mí como si me tocara la lotería”.

            Alí es de origen baharí, una minoría étnica de Bangladesh a la que despectivamente se le conoce como “los desamparados paquistaníes”. En la guerra de 1971 se provocó la secesión de la parte oriental del país que conocemos como Bangladesh. Los biharia quedaron en ese territorio. Al haber apoyado al gobierno de Paquistán, el gobierno bangladesí no les reconoce la nacionalidad.

            Aunque uno se sumerja en los informes oficiales, es muy difícil saber cuántas personas apátridas hay en España, cuántas demandan esta figura y cuántas concesiones otorga el Estado. Parece que hay varios miles de demandas, en torno a tres mil, y que las concesiones son lentas y muy pocas, algunas decenas al año. La mayor parte de estas peticiones las hacen en España los saharauis. Al no ser reconocido su “estado” como tal (la República Árabe Saharahui Democrática), los jóvenes saharauis que vienen de la excolonia española a la península optan por la apatridia ya que el estatuto de refugiados políticos les está vetado.

            De esta manera quieren hacer visible la causa de su pueblo que lleva más de 40 años dividido entre los territorios ocupados por Marruecos y los campamentos de refugiados en Argelia. Y es lo que ellos dicen: “Sin identidad, se acaba por dejar de existir”. La suya es una lucha por la identidad y por la supervivencia. Y si se acogen a la figura de apatridia es porque les hace falta un documento para poder vivir y viajar temporalmente, porque el tal documento es válido solamente para cinco años. Todos creen que su situación va a ser temporal.

            Puede que se considere todo esto unas “migajas”. Pero ha costado lo suyo llegar a ellas. El Estado español concede el estatuto  de apátrida solo a los saharauis que viven en los campamentos. Antes el ministerio alegaba que tenían la nacionalidad argelina porque Argelia les otorga un pasaporte, que en realidad es un simple título de viaje que no concede la nacionalidad. El recurso a la apatridia implica, en cierto sentido, renunciar a una patria a cambio de poder moverse por el mundo y, en un futuro, solicitar la nacionalidad del país que ha concedido el estatuto. A los saharauis que viven en las zonas ocupadas se les cierra también esta puerta porque se les impone la nacionalidad marroquí.

            “La apatridia, dice Alí, te da una sensación de vacío que nadie puede comprender. Es como vivir sin raíces. Y, aunque no te queda otra, ese vacío del corazón te acompaña hora a hora. Me pregunto si tal vacío no será mi casa para siempre”.

            Cae la tarde sobre el rincón del parque. Antes de despedirnos con un apretón de manos digo a Alí: “No tienes papeles, pero eres una persona”. El silencio y la mirada dicen “gracias”. A secas.

 

  1. 3.    Preguntas:

 

  1. 1.    ¿Cómo acercarse a las vidas decrecidas de los empobrecidos?
  2. 2.    Prácticas de decrecimiento en nuestras comunidades.
  3. 3.    ¿Cómo alegrar un poco la vida de quienes andan por la vida con dificultades?
  4. 4.    Prácticas de alegría en nuestras comunidades.

 

 

7

EL CAMINO DE UNA LIBERTAD

HECHA DE AMOR Y DE INTEMPERIE

 

         La libertad es uno de los grandes valores que constituyen el núcleo de lo humano. Renunciar a ella es renunciar a ser persona; cultivarla es un trabajo de por vida; amarla es  recrear el sueño de la vida en gozo.

         La  VR no ha elaborado mucha espiritualidad sobre la libertad. Más aún, la ha visto como un obstáculo al voto de obediencia y por ello la ha combatido y olvidado. Pero sin libertad, la persona está disminuida. ¿No podría entenderse justamente la obediencia como el voto de la libertad puesta en común, en el molde de lo fraterno?

         Por eso, el camino de la libertad puede ser entendido como una senda de recuperación evangélica. La vida franciscana ha hecho de la libertad un valor originario. Pero tal libertad ha estado hecha de amor al hermano y de intemperie que no se somete al dictado del poder. Quizá por ahí haya un camino.

 

  1. 1.    La voz de los textos franciscanos: CtaL

 

«Hermano León, tu hermano Francisco te desea salud y paz. Así te digo, hijo mío, como una madre, que todo lo que hemos hablado en el camino, brevemente lo resumo y aconsejo en estas palabras, y si después tú necesitas venir a mí por consejo, pues así te aconsejo: Cualquiera que sea el modo que mejor te parezca de agradar al Señor Dios y seguir sus huellas y pobreza, hazlo con la bendición del Señor Dios y con mi obediencia. Y si te es necesario en cuanto a tu alma, para mayor consuelo tuyo, y quieres, León, venir a mí, ven».

 

  • Se ve que Francisco y León, grandes amigos, han tenido algún encontronazo, no sabemos cuál. Es “lo que hemos hablado por el camino”. Los caminos de la libertad en la vida fraterna no vienen dados. Hay que elaborarlos paso a paso, situación a situación.
  • Se ve que había sido doloroso y Francisco lo daba por zanjado, incluso con su autoridad “de madre”, de responsable de la fraternidad. Es compatible la libertad con una cierta autoridad espiritual que puede salir de parte de aquel que trabaja el evangelio. No tiene más razón quien tiene más autoridad, sino quien trabaja más el evangelio.
  • Francisco deja libertad de acción a León: “el modo que mejor te parezca…hazlo con la bendición del Señor”. Al fin y al cabo, muchos de los interrogantes de la vida los tiene que solucionar uno mismo. No puede ser uno suplantado por alguien que diga lo que hay que hacer. Uno mismo, con asesoramiento fraterno, ha de tomar las decisiones y tales decisiones han de contar con el plan comunitario del que se hace parte.
  • Francisco no se cierra al diálogo posterior, no obstante: “si quieres venir a mí, ven”. El hermano siempre tiene acceso a su vida, sea cual sea el tema. Las decisiones que se toman con libertad quedan siempre abiertas a nuevos caminos. Dar por totalmente zanjadas las cuestiones puede ser, a veces, un acto de autoritarismo.

 

  1. 2.    La voz de los evangelios: Mt 12,1-8

 

«En aquella ocasión, un sábado echó Jesús a andar por lo sembrado; los discípulos sintieron hambre y empezaron a arrancar espigas y a comer. Los fariseos, al verlo, le dijeron: -Mira, tus discípulos están haciendo lo que no está permitido en día de precepto. Él les replicó: -¿No habéis leído lo que hizo David cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes y de la ofrenda, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus hombres, sino solo a los sacerdotes. Y ¿no habéis leído en la Ley que los sábados los sacerdotes violan el precepto sin incurrir en culpa? Pues yo os digo que hay algo mas que el templo aquí. Si comprendierais lo que significa misericordia quiero y no sacrificios (Os 6,6) no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hombre es señor del precepto».

 

  • El texto refleja la oposición de los dirigentes al Mesías revelado desde su pobreza. No pueden admitir que un excluido obre con la libertad de un empoderado.
  • El sábado era una realidad intocable hasta colocarla por encima de la persona. El mecanismo religioso posterga la libertad de la persona en base al mantenimiento del poder. Quien manda se hace valor imponiendo normas.
  • Jesús tiene otra manera de pensar: no hay valor de más envergadura que la persona, sobre todo la persona con necesidad (con hambre en este caso). La normativa religiosa, por santa que se quiera (la contemplación de Dios creador en sábado) deber ir después (Dt 23,26 permitía arrancar espigas en sembrado ajeno “con la mano”. Pero no tiene la problemática del sábado, que es el asunto aquí).
  • La historia de David y sus soldados con hambre que viene en 1 Sam 24,1ss Jesús la cuenta a su manera: allá se dice que David “pidió” al sacerdote Ajimelec que le diera los panes y aquel se los dio. Pero Jesús dice que “entró en la casa de Dios” con sus hombres, con sus tropeles. Hay aquí una defensa militante de la libertad para obrar cuando la persona tiene necesidad.
  • Para Jesús la cosa está clara: no está en contra del sábado, pero si éste choca con la necesidad de la persona, ésta se pone por delante como primer argumento.
  • ¿Dónde aprendió tal libertad viviendo en un ambiente religioso tan coactivo? ¿Quizá en sus noches de oración (Mc 1,35)?

 

  1. 3.    La libertad de pertenecer

 

         Un antiguo maestro general de los dominicos, Timothy Radcliffe, hablaba de la obediencia como de la “libertad de pertenecer”. Me parece una expresión atinada que puede aplicarse no solamente al llamado voto de obediencia, sino a toda la vida religiosa. Libertad, porque libremente hemos venido a esta vida y libremente estamos en ella. Nadie nos coarta, nadie nos obliga. Estamos aquí porque lo deseamos, porque hemos entrevisto las posibilidades hermosas de una vida en seguimiento dentro de un grupo. Pero, eso sí, estamos dentro de un grupo, “pertenecemos” a un proyecto común, a un plan de conjunto. Estos dos elementos, mi deseo personal y la evidencia de que estoy con otros en grupo, han de estar equilibrados en nuestra vida para vivir la pertenencia con sensatez, sin tensiones excesivas, con creatividad.

         Este equilibrio no resulta fácil. Hay hermanos y hermanas que, llevando muchos años en la vida religiosa, no han entendido del todo que el proyecto común en el que están insertos puede ser el mayor beneficio para su vida personal. Al no entender esto, sufren por una extraña dialéctica: mi comunidad no me entiende, no me siento parte de la comunidad porque no me dan lo que creo necesario para mi vida. Es que no resulta fácil pasar de la orilla de uno a la orilla de la comunidad. Es un proceso que dura toda una vida. Se trata de pasar del horizonte de uno al horizonte de todos. O, si se quiere de una forma más pedestre, se trata de viajar en bus colectivo, no en mi coche individual, para, como decía el poema de León Felipe, “llegar todos juntos y a tiempo”.

         Por todo esto, habrá que entender y vivir la pertenencia no como un peso, sino como un gozo. Hay que caer en la cuenta del contrasentido que es que, habiendo venido a una vida en grupo, nos cueste tanto todo aquello que se construye en grupo. No hemos entendido bien el mecanismo básico de lo que es vivir en comunidad, en relación elemental entre personas. Por eso, hasta el último aliento de la vida habrá que trabajar el aspecto comunitario, la pertenencia a nuestra Congregación. Ésta no es mero sentimiento colectivo, mera adscripción religiosa, simple afán por “defender” a la Congregación. La pertenencia es ilusionarse por el proyecto común, creer que es posible llevarlo adelante a pesar de que seamos grupos frágiles, tener fe en las posibilidades de renovación de la Congregación, sembrar ilusión controlando todos los desalientos. La pertenencia es más una actitud interior que los modos externos de un grupo religioso.

         ¿Pueden nuestros grupos adquirir esa certeza de que el grupo y su proyecto son para mí un gran beneficio, el mayor beneficio que Dios ha puesto en mi vida? Sí, lo pueden. Pero es preciso cultivar el anhelo de todos seamos profetas de la fraternidad, personas enamoradas. Hay en el libro de los Números una escena hermosa: Moisés no podía solo llevar la dirección de la numerosa comunidad israelita y decidió “repartir el espíritu” con otros ancianos. Nombró a setenta. Pero, el día del nombramiento, dos de los señalados, Eldad y Medad, no acudieron a la cita. Posteriormente se pusieron a profetizar como todos y Josué, hombre duro, quiso que Moisés se lo prohibiera. Y entonces dijo Moisés una frase hermosa: “¡Ojalá que todo el pueblo profetizara y el Señor infundiera en todos su espíritu!” (Num 11,29). Pues bien, el proyecto de vida comunitaria quiere poner carne a este gran deseo de Moisés: un pueblo, una comunidad, con espíritu, con alma, con profecía, donde cada uno de sus componentes encuentre su lugar en el mundo, su realización, su felicidad. ¿Es esto un sueño imposible? ¿Nos hemos apuntado a una quimera?

         Pensamos que no. Muchos otros hermanos y hermanas han vivido este sueño a su medida en épocas pasadas y presentes. A los franciscanos y franciscanas nos gusta recordar aquellos primeros capítulos de las esteras en que ser reunían los hermanos para alegrarse y convivir porque “eran felices cuando podían reunirse y más felices cuando podían estar juntos” (1C 39). Ser feliz con el otro, más allá de su limitación, ése es el ideal de la comunidad. Y si no se descubre algo de esto, si no se intuye esa felicidad, si no aparece por ningún lado la alegría de relacionarse y convivir, el tema de la pertenencia se nos hace muy cuesta arriba. Pero si esa dicha elemental de vivir con y para el otro se hace presente en nuestra vida, la pertenencia será una alegría, nunca un peso.

         Hay una película que recomiendo vivamente a los hermanos y hermanas: Tierra de ángeles,  del director Kay Pollak. Narra la vida de un coro humilde de una parroquia luterana en Suecia. Un coro es un grupo de personas que canta. Siempre se pone el acento en el “que canta” y eso se valora de un coro. Pero son “un grupo de personas”. Y el canto depende de cómo funciona ese grupo de personas, de sus anhelos, ilusiones, frustraciones, luchas, acompañamientos, lejanías. Si eso no se aclara y se pone en orden, la pertenencia, es muy difícil que el coro cante bien. Nosotros somos “un grupo de personas que quiere seguir a Jesús”. Si olvidamos que somos “un grupo de personas”, con todo lo que eso conlleva, no podremos seguir a Jesús con ánimo y vigor.

         La pertenencia, pues, está ligada al cimiento de nuestra vida relacional. No basta para ser buen religioso o religiosa cumplir una normativa, llevar un determinado estilo de vida, vivir en una casa grande y sin casarse. Eso es el andamiaje externo, por muy importante que sea. Lo decisivo es la relación con el otro, la manera de mirarle, de amarle, de acogerle. Y, desde ahí, la certeza de que estamos en un proyecto común, en un anhelo compartido, en una vida participada. Esa perspectiva de lo común, esa sensibilidad por lo de todos, esa certeza de que nuestra opción es la fraternidad se hace absolutamente imprescindible para entender y vivir gozosamente la pertenencia.

        

  1. 4.    Una obra de liberación:

 

         Para construir una espiritualidad nueva en estos tiempos de reducción en los que vivimos, necesitamos, como previo, ir haciendo una obra de liberación. Concretamos en algunos puntos:

 

1) Liberarnos del fantasma del número:

 

  • Hemos de intentar liberarnos de la tiranía del número: Jesús no puso como requisito del seguimiento un determinado número y calidad de personas. Se puede ser seguidor/a en número reducido en posibilidades menguadas. La cuestión no es tanto el número cuanto la ilusión.
  • Por lo tanto: habríamos de estar más preocupadas por la ilusión, por el ambiente de la comunidad, por sus ganas de seguimiento, que por sus limitaciones y achaques.
  • Es preciso hacer del seguimiento un tema obstinado de logro y de deseo, poniendo ahí el acento sin obcecarnos con el tema del número y de nuestra situación limitada.
  • No van las cosas mejor en la comunidad solamente porque seamos más brazos para las tareas sino porque los corazones estén más unidos en torno al proyecto evangélico.
  • Hemos de creer a pie juntillas que siendo las que somos, en número y calidad, el ideal del seguimiento es alcanzable en medida interesante por nuestra comunidad.
  • No ha de ser definitivo el que nos sintamos arropadas por un gran número de personas sino por gente que entiende de verdad nuestra opción de seguimiento.
  • No es bueno estar recordando siempre los tiempos en que éramos tanto y tales. También entonces el seguimiento era la cuestión (y a veces resulta en modos menos interesantes que ahora). La fidelidad a lo que se nos ha prometido nos habría de hacer mirar hacia delante más que hacia atrás.
  • No obstante todo lo dicho, hay que sentirse responsables ante el número. Es decir: cómo seguir haciendo hoy una oferta de seguimiento desde el conjunto de la comunidad. Lo que ha sido bueno en otras épocas lo sigue siendo ahora. Hay que preguntarse desde qué perspectivas es ofertable un plan de seguimiento en u determinado carisma.

 

2) Liberarnos de un pasado “glorioso”:

 

  • Nuestro pasado que, por querido, recordamos como “glorioso” no lo fue tanto. Debajo de las glorias oficiales había mucho “barro” sin aclarar. En ese sentido, hoy estamos en mejor situación para que no se produzca esa “esquizofrenia”.
  • Quizá nuestra actual debilidad nos vaya enseñando a poner el acento en realidades distintas a nuestras obras. Antes se medía mucho esa fuerza por las obras y el talante religioso por la dedicación con que nos dábamos a ellas. Ahora los acentos se van desplazando a otros aspectos más de búsqueda, más espirituales incluso, más fraternos.
  • Bien mirada, la antigua espiritualidad era, en parte, una espiritualidad impuesta, obligatoria, de la que no te podías salir si no querías ser reconvenido, cuando no puesto en cuestión. La prueba de que esto era en parte así es que en estos tiempos nuestros, en que ya no rige tanto la imposición, quienes vivieron aquella espiritualidad son los que más rápidamente la abandonan.
  • Creemos que sí es verdad que nuestra memoria es selectiva, que recoge y guarda los momentos buenos de las épocas pasadas y olvida los menos buenos. Si así fuera, hay que tener cuidado, para que nuestros análisis sean los más correctos posible. Si no, seguiremos viviendo en una especie de “romanticismo”, de añoranza de los viejos tiempos que no nos lleva a nada positivo.
  • Es muy difícil “desanclarse” de aquellas vivencias que nos han sido queridas, de las costumbres que hemos practicado, de las rutinas que se han instalado dentro. Pero es preciso intentarlo ya que no pocas veces eso va en contra de una apertura al presente y de un andar remoloneando ante el futuro.
  • Hay que saber guardar lo bueno del pasado, el “espíritu” de lo vivido. Si es realmente bueno, si es “espiritual” habrá manera de acomodarlo al presente. Si no se acomoda ni al presente ni al futuro hay que empezar a sospechar que no es un elemento “espiritual”.
  • Hemos de intentar guardar, sobre todo, fidelidad al futuro, más que al pasado. La promesa de Jesús, su estar en medio de la comunidad, es una realidad de presente con proyección de futuro. El anhelo de seguirle en modos comunitarios también alude a situaciones de presente y de futuro. Por eso, sin menospreciar el pasado, la vista ha de estar lanzada hacia el futuro.
  • El habitar o proyectar una casa nueva puede ser una “mediación histórica” para afianzarse en caminos de novedad. El hábitat, las paredes, los recovecos, los lugares guardados, los “territorios conquistados”, incitan a quedarse en lo antiguo. Lo que está por venir, lo nuevo, lo cambiante, nos anima a situarnos en paradigmas de presente y de futuro.
  • Tanto para asimilar bien pasado como para orientar correctamente el presente y el futuro el diálogo comunitario es una herramienta imprescindible. El silencio sigue siendo el modo más efectivo para ignorar las cosas. Por eso, esta época nuestra valora más el diálogo que el silencio impuesto o, si se quiere, intenta mezclar silencio y diálogo comunitario a partes iguales.
  • ¿Tiene sentido hablar de futuro desde situaciones de reducción, de notable vejez? Sí que lo tiene, ya que orientarse hacia el futuro no depende únicamente de la edad sino de las ganas que se tengan, de los dinamismos personales, del afán de búsqueda. Y esto es posible en edad altas.

 

3) Liberarnos del desencanto:

 

         ¿Qué pistas podríamos dar para tratar de ir superando nuestras situaciones personales y fraternas de desencanto? Pueden ser cosas muy sencillas; alguna de ellas nos puede ayudar.

 

a)   Creer en el valor de lo pequeño: No albergar ambiciones inútiles. Descubrir el sentido de las cosas pequeñas como parte de un gran sentido mayor que nos puede dar gozo.

b)   Entender los días como una nueva oportunidad: No como un peso o una obligación, sino como una estupenda oportunidad a la mano para sentirse en la vida.

c)    Dejarse encantar por la relación común: porque en el entrecruce de corazones anida la alegría y porque de la buena relación solo podemos sacar beneficios.

d)   Disfrutar de lo sencillo y en el momento: No como quien desconfía del futuro sino como quien sabe que se le ha puesto ahora mismo un don en las manos.

e)   No acumular pesares: Porque el saco de los pesares se puede hacer insoportable, incluso aunque se lo quiera ignorar. Compartir pesares es una prueba estupenda de fraternidad.

f)     Esponjarse ante el otro/a y el Otro: No tener al otro por un “enemigo” sino por uno en quien se puede confiar, más allá de su debilidad. Sin confianza, ¿cómo no va haber profundo desencanto?

g)   Creer en la palabra curativa: Ya que la palabra (la Palabra también) tiene una gran fuerza para curar. Utilizarla lo más posible en esa dirección. Acompañar la palabra de silencios solidarios, de cercanías, de aprender simplemente a estar.

h)   Valorar los caminos recorridos: Por hermanos/as que vivieron antes con ilusión. No idealizarlos, pero tener por cierto que su legado carismático puede ser fuente de gozo y de vida en este hoy nuestro, por muy distinto que sea.

i)     Ofrecerse sin desmayo: Porque en la entrega anida el secreto de muchas alegrías y de muchos contagios positivos.

j)     Mantener tercamente vivo el encanto por Jesús: Como se lo mantiene a aquellas personas a las que nunca se ha dejado de amar. No temer situarse en la utopía, en el anhelo, por ingenua que parezca la cosa.

 

 

8

EL CAMINO DE UNA EXTRAÑA

FRATERNIDAD UNIVERSAL

SOÑADA Y LEJANA

 

         A estas alturas sabemos que la fraternidad universal que es patrimonio de muchas personas en la historia humana es una parte importante del ideal franciscano. Por más lejana que se la crea, el franciscano no renuncia a ese hermoso horizonte. Sería traicionar el sueño de Francisco.

         Muchas veces se pregunta uno por qué sigue atrayendo san Francisco: porque no juzga, porque no se apropia de nadie, porque devuelve amor aunque no se le ame. Esos son los ingredientes de la fraternidad universal franciscana, la manera de mirar la realidad y las personas.

         Por eso mismo, un camino franciscano de vuelta a Jesús tiene que ver con alimentar y mantener vivo este sueño de la fraternidad universal.

 

  1. 1.    La voz de los textos franciscanos: Rnb 5,13-15

 

«13Y ningún hermano haga mal o hable mal al otro; 14sino, más bien, por la caridad del espíritu, sírvanse y obedézcanse voluntariamente los unos a los otros (cf. Gál 5,13). 15Y ésta es la verdadera y santa obediencia de nuestro Señor Jesucristo». 

 

  • Puede creerse que el seguimiento a Jesús tal como lo proponen creyentes tan entregados como Francisco es un camino para selectos. Pero, en realidad, él lo entiende en modos bien simples. Por eso, viene a decir, para comenzar, trata de no hacer mal o, al menos, de no hablar mal del otro, cosas ambas asequibles a cualquiera. La fraternidad comienza por las realidades más básicas.
    • Ser obediente a Jesús es construir la buena relación, no herir con el dardo afilado, y a veces envenenado, de la palabra dura. Si la vivencia del carisma franciscano no mejora nuestras relaciones, no está produciendo el fruto al que está destinado. La fraternidad universal es el sueño de una seciedad de buenas relaciones.
    • Seguir a Jesús es servir al otro con buen talante, con amor y con humor, con deseo de agradar. Porque en la voluntariedad de la fraternidad anida el amor. Una fraternidad vivida con hosquedad y dureza no puede llevar al término de la fraternidad común.
    • Para el franciscano/a la fraternidad en buena relación es la misma obediencia de Jesucristo al designio del Padre que quiere que nada se pierda (Jn 6,39) y que todo se reconcilie en Cristo (Ef 1 y Col 1).

 

  1. 2.    La voz de los evangelios: Mt 5,43-45

 

«Os han enseñado que se mandó: amarás a tu prójimo… (Lev 19,18) y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen para ser hijos de vuestro Padre del cielo, que hace salir su sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos».

 

  • El pasaje pertenece a la corrección que Jesús, el evangelio, hacen de la Ley y de su interpretación. No pretende radicalizar la Ley de Moisés, sino, frente a ella, sacar las consecuencias que se derivan de un principio mucho más exigente: el bien de la persona y la sociedad de amor mutuo.
  • El texto plantea la enorme dificultad de hacer fraternidad con aquel que es considerado “enemigo”. ¿Cómo amar a quien no me ama? ¿Qué tipo de relación hay que construir con quien es diverso, opuesto, distinto y distante?
  • El pasaje habla de amar y rezar. La oración puede ser una ayuda para los amores difíciles. Porque la oración ablanda, trae al recuerdo, anima a no enquistarse en situaciones de dureza.
  • Así, siendo hermanos con quien es difícil serlo se es “hijo del Padre del cielo”. Por la sencilla razón de que Él hace lo mismo: nos ama a nosotros que somos tan opuestos a él.
  • E ilustra esta espiritualidad del amor al distinto con un argumento sencillo pero tumbativo: Dios hace salir su sol sobre buenos y malos, no sobre unos sí y otros no. Sobre todos. Así debería ser el “sol” de la fraternidad: una luz y un calor para todos.

 

  1. 3.    ¿Podemos los pueblos llegar a ser hermanos?

         Muchas filosofías y religiones, antiguas y modernas, han soñado con la fraternidad universal. Los más agudos lectores de la realidad se han percatado de que, por encima de toda debilidad, la persona lleva inscrito en el último pliegue de su alma el anhelo de la fraternidad, del buen entendimiento, del amor en suma.  Por causa de ese anhelo se han firmado miles de tratados de paz, se han otorgado muchos perdones, se han rehecho cantidad de planteamientos. En el 2014 se cumplieron 50 años desde que Martín Luther King pronunciara uno de los discursos que mayor calado social y político ha tenido en la historia. Fue en Washington y fue la guinda a una marcha por los derechos civiles en una de las épocas más convulsas de la sociedad estadounidense con la que empezó la derrota, no completada, de la discriminación y la persecución racial: “Ayer tuve un sueño: que algún día todos los hombres serían iguales. Hoy, en medio de la noche del mundo y en la esperanza de la buena nueva, afirmo con audacia mi fe en el porvenir de la humanidad”.

 Desde el inicio de los tiempos hasta hoy no han dejado de sonar esta clase de voces. No han sido anhelos estériles. Sin ellos ¿dónde estaríamos ahora? Pero la realidad de un mundo fraterno es cosa aún muy lejana. Convivimos con múltiples heridas. Solamente es necesario abrir las páginas del periódico cada mañana para percatarse de cuánto daño, cuánta sangre, cuánta humillación, están todavía vigentes. El siglo XX ha sido, quizá, el más cruel de toda la historia humana, con confrontaciones mundiales que se han saldado con millones de muertos. En pleno siglo XXI siguen tan vivas las guerras de enormes dimensiones, las hambres que afectan a millones de personas, las más inauditas injusticias, vivas y vigorosas como nunca. No nos extrañe que haya quien diga explícitamente que nunca llegaremos a la soñada fraternidad porque, como lo dijo Plauto, el viejo poeta romano, “el hombre es un lobo para el hombre”. Tenía sus razones: estuvo años como un burro dándole vueltas a la rueda del molino de un panadero. Ni siquiera imaginaba que el capitalismo haría realidad universal su amarga sentencia.

El franciscano Eloi Lecrec es muy conocido entre los amantes de san Francisco porque hace años publicó un librito que tuvo mucho impacto y que algunas personas todavía releen. Se titulaba Sabiduría de un pobre. Pues bien, este hermano, ya anciano, ha publicado otro hermoso libro: El sol sale sobre Asís. Cuenta en él con palabras estremecedoras cómo, siendo estudiante franciscano, fue apresado por los nazis en la segunda guerra mundial y durante varios años convivió literalmente con la muerte en varios campos de concentración. Allí aprendió hasta dónde puede degradarse la condición humana. Cuando fue liberado, su cuerpo estaba muy debilitado pero su alma estaba al borde de la depresión y de la muerte. Tenía motivos más que suficientes por el calvario vivido. Pero, poco a poco, fue redescubriendo a través de la espiritualidad franciscana cómo Francisco mantuvo su fe en la fraternidad por encima de situaciones personales, fraternas y aun sociales muy duras. Y llegó a la conclusión de que quien escribió el Cántico del hermano sol no podía ser sino un incondicional de la fraternidad humana: “Socavada mi fe en el ser humano y dudando de todo ideal de fraternidad, me encontré con el ‘humilde Francisco’, que estaba esperándome… También él se había visto sumido en las tinieblas…Pero, en lugar de endurecerse y encerrarse en un aislamiento soberbio, se había dejado desposeer de todo, incluso de su obra…Y se había colocado con gran humildad en medio de las criaturas. Cercano y hermano de los más humildes. Había fraternizado con la tierra, el humus original, con sus oscuras raíces. Y he aquí que ‘nuestra hermana la madre tierra’ había abierto, ante sus asombrados ojos, un camino de fraternidad sin límites, sin fronteras… El humilde Francisco se había convertido en hermano del sol y de las estrellas, del viento, de las nubes, del agua, del fuego y de todo cuanto vive. Entonces se había puesto a cantar su admiración. Todo cantaba en él. La gracia lo había visitado, y con ella el júbilo” (pp.130-131).

     Las religiones, las filosofías, tienen como tarea para el siglo que viene el de desvelar el común anhelo de la fraternidad. Tantas veces que hemos hallado nuestra identidad cristiana en lo que nos diferencia de otras religiones, tantas veces que hemos puesto el acento en lo que nosotros hacemos y los demás dejan de hacer, quizá ha sonado la hora de la gran fraternidad, de la suma de voluntades y anhelos, del propósito de caminar juntos, hermanados, los caminos comunes. Seguramente que no perderemos identidad sino que ganaremos muchos motivos para amar más nuestros valores y para sumar a ellos los valores de los demás. Quien es hermano no teme caminar abierto a la vida y a las personas.

 

  1. 4.    Fraternidad cósmica

 

Puede ser que haya a quien esto de la “fraternidad cósmica” le suene a una especie de secta. Y no andará equivocado. Eugenio Siracusa fue un siciliano que fundó la “Fratellanza Cosmica”, un movimiento cuyo lema era “non siamo soli” (no estamos solos), haciendo alusión a la relación de la persona con todo el universo. Pero nosotros queremos hablar de la espiritualidad franciscana. Efectivamente, se podría sintetizar el pensamiento de san Francisco diciendo que él pretendía construir la fraternidad cósmica, la integración de todos los elementos del coro de lo creado. El franciscano E.Leclerc ha escrito un comentario al Cántico de las Criaturas donde dice: “Rehusar la fraternidad con la naturaleza es también, en definitiva, hacernos incapaces de fraternizar entre humanos” (El cántico de las fuentes, p.15).  Así, un hombre capaz de experimentar vitalmente esa fraternidad cósmica es un ser reconciliado, consigo mismo, con sus raíces y con los demás hombres: ¿Acaso fraternizar con todas las criaturas no es optar por una visión del mundo en la cual la conciliación triunfe sobre el enfrentamiento? ¿No es abrirse por encima de todas las separaciones y las soledades, a un universo de comunión, en un gran hálito de perdón y paz? El mundo pasa, de este modo, de ser un objeto a dominar y poseer, a conformarse como una realidad maravillosa en la que el hombre es admitido para vivir y cooperar en la creación con todo lo que vive. Cuando al depuesto y carismático obispo J.Gaillot le preguntaban cuáles eran sus sueños, respondía: “Sueño con ver a la fraternidad abarcando a todos los vivientes de la naturaleza. Porque somos habitantes de la tierra. Pertenecemos al cosmos. Fraternidad humana y fraternidad cósmica están ligadas”.

         L.Boff ha escrito profundas reflexiones sobre la evidencia de nuestro ser tierra, una nueva manera de enfocar nuestra pertenencia a la tierra. Él dice que esa nueva manera no podrá surgir sin tener una experiencia eco-espiritual: “Vivir en la globalidad del ser, en el sentimiento que se estremece, en la inteligencia que se ensancha infinitamente, en el corazón que queda inundado de conmoción y ternura: eso es hacer una experiencia eco-espiritual” (Ecología, p.251). No se trata de sentimentalismos superficiales. Esta actitud lleva implícita un gran cambio: “Durante siglos hemos pensado acerca de  la Tierra. Nosotros éramos el sujeto de pensamiento y la Tierra su objeto y contenido. Después de todo cuanto hemos aprendido de la nueva cosmología, es importante que pensemos en cuanto Tierra, que sintamos como Tierra y que amemos como Tierra. La Tierra es el gran sujeto vivo que siente, que ama, que piensa y que sabe que piensa, que ama y siente por nosotros y a través de nosotros” (p.252). Esta honda experiencia espiritual es necesaria para avanzar en el camino de fraternidad cósmica.

Cuentan que un monje santo oraba todos los días pidiendo a Jesús que viniese definitivamente a la historia tal como lo había prometido en los mismos evangelios. Toda su oración estaba siempre impregnada de ese anhelo. Una noche, agotado del trabajo y la plegaria, descansaba el monje en su lecho. Y en sueños se le apareció Jesús para decirle: Buen hermano, tu deseo de mi venida es grande, pero has de saber que yo estoy viniendo todos los días a tu vida, en la flor sencilla del camino, en los frutos sabrosos de tu huerto, en la inmovilidad respetuosa de la roca, en la música de las ramas de los árboles, en los silencios de los valles, en las nieblas perezosas, en los días luminosos y brillantes, en las noches de paz y sosiego. Ése es el lenguaje de mi venida. Al despertar, el buen monje miró por la ventana de su cuarto y, aunque el paisaje era el mismo de todos los días, realmente le pareció otro, mucho más hermoso. Bajó a desayunar con sus hermanos y les daba la buena noticia: Jesús ha venido ya. Creían que, por su edad, su mente empezaba a flaquear, pero era el gran anuncio, el que la tierra llevaba dando tantos años.

Sabemos que el paso de la especie humana por la tierra tuvo un comienzo y que, con toda probabilidad, tendrá un fin. La creación estaba ya antes y quizá se quede sin nosotros en el futuro cuando nuestro ciclo vital se acabe. Pero lo cierto es que la orientación de la creación hacia su plenitud depende en gran parte de nuestras buenas relaciones con ella. Ojalá podamos vivir lo que Francisco nos enseña: que la tierra es nuestra casa, que ha puesto a nuestro servicio todo su potencial para que vivamos con ella en modos fraternos y respetuosos. Más aún, tal vez comprendamos un día que, junto con Jesús, la tierra ha sido la gran pedagoga de nuestra fe: nos ha enseñado que el amor del Padre se derramaba día a día, minuto a minuto, sobre nuestra vida.

 

 

PARA EL TRABAJO DE LA TARDE:

 

  1. 1.    Punto de partida: Una selva viva

 

(Se lee detenidamente, subrayadamente)

 

            Mi nombre es muy raro: Nixiwaka. Pertenezco a la etnia de los yawanawás que viven en tierras de la Amazonía, en la frontera entre Perú y Brasil. La vida me ha llevado a tener que vivir en Londres. Entre la bruma de esta ciudad entreveo algunas noches las estrellas, las mismas que brillan en el cielo de la Amazonía.

            Hoy por hoy, la nuestra es la historia de los perdedores que sobreviven. Hemos perdido territorios, recursos naturales, valores medicinales. Hemos perdido más todavía: nuestra lengua, nuestra identidad, nuestras tradiciones, nuestros valores hondos. Los occidentales no os percatáis de lo que esto supone, de lo que es vivir casi sin alma. No caéis en la cuenta de nuestra enorme sorpresa cuando hemos visto que necesitábamos un derecho legal para vivir en nuestra tierra de siempre.

            El causante de todo esto ha sido la ambición desmedida de quien quiere crecer económicamente a costa de quien sea. Es la economía que no duda en matar, una economía asesina. Maltrechos y postergados, no hemos sucumbido, vivimos, sobrevivimos. Os diré que, de alguna manera, nos hemos hechos más fuertes.

            Y también os diré que sobrevivimos no para librar una batalla con vosotros, sino para abrir un camino de comunicación. Creemos que el mundo occidental puede aprender de nosotros a vivir una vida más armoniosa y en paz con el entorno, más centrada en valores de humanidad que de economía agresiva. Yo no descarto que lleguemos, un día, a combinar el conocimiento yawanawá con las ideas occidentales.

            Quizá haya que comenzar por saber qué es la Amazonía ya que muchos de vosotros no habéis tenido oportunidad de poner en ella vuestros pies.

  • La componen los territorios de 9 países de América: Brasil (60%), Perú (13%), Bolivia, Colombia (10%), Ecuador, Venezuela, Surinam, Guayana Francesa y Guayana Inglesa.  Su extensión es de 7 millones y medio de Km. cuadrados.
  • Es el primer gran pulmón del mundo, seguido de la cuenca del río Congo en África.
  • Su población es de 34 millones de personas, que viven en la Amazonía conformando más de 390 pueblos diferentes con una identidad cultural propia.
  • La Amazonia posee las mayores reservas de biodiversidad del mundo; entre el 30 al 50 por ciento de las especies de animales y vegetales de todo el mundo están en la Amazonía. 
  • El 20% de agua dulce no congelada en todo el mundo procede de la Amazonia, igualmente el 20% de oxígeno del mundo lo produce la Amazonía.
  • Esto es una riqueza incalculable que no sabemos valorar y que hoy por hoy, está amenazada de destrucción, algunos expertos en el tema, dicen que más del 20% de la Amazonía está deforestada.
  • La riqueza de la selva y los ríos de la Amazonía, son afectados por una explotación salvaje, por empresas nacionales y trasnacionales que con su extractivismo no regulado del petróleo, minería y la tala de bosques, contaminan los ríos, matan la vegetación y la vida de los pueblos ancestrales.

No queremos presentarnos como víctimas inocentes. Nosotros, los habitantes de la Amazonía, tenemos nuestra parte en este problema: nos hemos dejado llevar por la ambición, no hemos sabido valorar de manera equilibrada nuestra identidad, nos hemos cerrado en banda a un diálogo con quien creíamos superior. Quizá los tiempos del desencuentro han pasado y se abre ante nosotros una etapa de colaboración.

Ha llegado el momento en que nosotros tomemos nuestras propias decisiones, de que tengamos voz y elijamos cómo querer vivir. Por eso, agradecemos los esfuerzos de la Iglesia que ha puesto de relieve en el Sínodo el peligro que corre la Amazonía y las posibilidades de colaboración que se abren ante ella. Pero somos nosotros mismos quienes hemos de construir nuestro futuro, por más que sean bienvenidas las ayudas de quienes nos aprecian.

Quisiéramos tener nuestra propia manera de ver el mundo, lo que no excluye el poder compartir recursos con quienes vivía en otras zonas de la tierra, casa común de todos. Compartir es el camino que puede llevar a la felicidad de los pueblos.

Creedme, la selva es un lugar mágico, una casa enorme donde caben muchos y donde todos podemos encontrarnos en humanidad. ¿Qué van a decir nuestros hijos si no hallamos la senda que nos lleva a la convivencia y el respeto? ¿Qué huella va a quedar de nosotros en la selva hermosa si no sabemos preservarla con vida? ¿Qué herencia podemos dejar en el mundo si no es la del amor?

 

  1. 2.    Preguntas:

 

  1. 1.    ¿Podemos colaborar algo a la libertad de quienes la tienen escasa?
  2. 2.    ¿Con los años te sientes más libre? Poner algún ejemplo.
  3. 3.    ¿Tu carisma misionero te ha llevado a ver a las personas distintas como hermanas? Poner algún ejemplo.
  4. 4.    ¿Cómo leer lo cósmico con otra mirada? ¿Tiene esto alguna importancia en nuestra vida diaria?

 

 



[1] Hablamos de humildad, no de humillación. La humildad es un valor que controla las ansias de poder y se plasma en el servicio al otro. La humillación es el dominio del fuerte al débil que termina siendo explotado. Dios nos quiere humildes, no humillados.

Elogio de la templanza

ELOGIO DE LA TEMPLANZA

 

            El olvido ha arrumbado aquellos viejos tiempos del catecismo en que, desgranando las siete virtudes capitales, cantábamos para cerrar la serie: «contra gula, templanza». José R. Flecha dice que «opuesta a la ira es la templanza o mejor la mansedumbre». Pero no, lo opuesto a la ira es la paciencia. Cada cosa en su sitio. El caso es que hoy hasta la palabra “templanza” es una de esas palabras moribundas que casi ya nadie usa, aunque, de vez en cuando, como ocurre con una reciente novela de María Dueñas que lleva por título justamente La templanza, vuelva a aparecer por los escaparates. El caso es que nuestra revista quiere retomar el tema de la templanza.

 

El término

 

            Y hemos de quedar de acuerdo en su significado: queremos sobrepasar el mero término original temperancia, como moderación ante la tentación de glotonería. La templanza es algo más: es la manera de ser de quien sabe ser moderado ante las circunstancias, quien tiene criterios ponderados sobre las cosas, quien no se hunde a la primera dificultad, más todavía, quien es capaz de resurgir con nuevo ímpetu haciendo de la dificultad un trampolín para una nueva oportunidad. Una persona templada.

            Hay un término que está un tanto de moda que define esta manera moderna más amplia de entender la templanza: la resiliencia. Esto es algo que viene de la física: designa la capacidad del acero para recuperar su forma inicial a pesar de los golpes que pueda recibir y a pesar de los esfuerzos que puedan hacerse para deformarlo. Aplicado a los seres humanos es la capacidad para adaptarse positivamente a las situaciones adversas. Esto es lo que puede definir a una persona “templada”: la increíble capacidad de sacar de una situación difícil algo positivo.

 

Personas con temple

 

            Hemos conocido en nuestros pueblos a personas con temple, resilientes natas. Muchas mujeres mayores que vivieron una dura posguerra y que, con una gran escasez de recursos, sacaron adelante a la familia. Son de otra pasta, decimos, la pasta de la persona templada. Hemos conocido a cuidadores y cuidadoras, sobre todo, que han acompañado durante años la vida de personas mayores y necesitadas de cuidados prácticamente sin ayudas de ninguna clase. Hemos convivido con agricultores que han tenido que cambiar y sufrir la dura evolución del campo desde los tiempos en que casi la mitad de la población activa estaba empleada en el sector primario hasta estos nuestros días en que ya es inferior al 7%. Han aguantado hasta ver ahora que la falta de oportunidades en los núcleos urbanos como consecuencia de la crisis económica, el aumento del nivel educativo, la formación de los jóvenes del medio rural, y una creciente tendencia por la sostenibilidad medioambiental y la demanda de productos de calidad, han dado lugar a un nuevo contexto en el que surgen oportunidades de empleo y vida.

            Nuestros pueblos albergan a gente templada que ha elaborado como ha podido grandes conflictos de antaño como la guerra civil o de hogaño como la reciente pandemia. Lo han hecho sufriendo, muriendo incluso, pero también, cuando se les ha dado voz, denunciando. Su templanza es la de las personas que saben que el derecho y la justicia están de su parte. Se ha manifestado su temple en su capacidad de adaptación para asimilar costumbres morales que chocaban directamente con lo que se les enseñó o con su propia sensibilidad, Pero ellas, por mantener viva la familia, la paz y la armonía cedieron hasta límites importantes. Sin ese temple humano de fondo, tal cosa no habría sido posible. Uno se pregunta si la pervivencia de nuestros pueblos, más allá del vendaval de la despoblación, no ha sido posible gracias al temple de esos “viejos árboles”, como diría Labordeta y a la de quienes van tomando el testigo.

 

Templanza contra crispación

 

            La crispación siempre ha acompañado el camino de los humanos, muy dados a poner el grito en el cielo, a exagerar los términos del problema, a amenazar y a maldecir al otro. Todo ello a pesar que, desde antiguo, la crispación ha tenido mala prensa: ni el camino medio del Buda ni el justo medio de Aristóteles parecen sugerir ese camino. Pero es que en estos tiempos, la crispación se ha convertido en algo sistémico, planeado, parte de la plaza pública. Se crispa para demoler al adversario, para destruirlo.

            Por eso se valora más cuando vemos que en los pueblos hay regidores templados, que saben valorar las situaciones, que no ponen por delante las siglas de su partido, sino el bien de la ciudadanía. Son los buenos políticos de los que el papa Francisco dice que les duele de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres. Valoramos la realidad de los alcaldes que hacen una opción de pueblo, aunque no medie necesariamente un salario. Sin un corazón templado esto no sería posible. La templanza se convierte entonces en la gran abanderada de la dignidad, aquella que no se pierde ni siquiera porque el pueblo sea pequeño, ignorado, sin muchos recursos o sin notoriedad.

 

Una fe templada

 

            También la experiencia espiritual necesita ser templada. Tienen el peligro los pueblos de situarse en una fe de meras tradiciones que se vuelve rígida e intolerante a veces. También la vivencia religiosa necesita ser templada, necesita adaptarse a los tiempos nuevos de la Iglesia, trabajar caminos de vida cristiana nuevos. Es un fenómeno que anima el ver que en muchos pueblos florecen comunidades cristianas que trabajan y actualizan su fe, que montan foros y debates entre fe y cultura, que no se han quedado en las meras tradiciones, sino que viven una fe con implicaciones sociales. Cristianos templados en el frío de una fe rutinaria.

 

            En conclusión: puede que el término “templanza” no sea de actualidad. Pero su contenido lo es. En palabras de Adela Cortina: «Hemos de tratar de abordar esta situación en la que nos encontramos, echando mano de nuestra fortaleza, de nuestra solidaridad y de nuestra templanza. La templanza es fundamental». 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

¿Qué cuerpos importan en la Biblia?

 

 

 

¿QUÉ CUERPOS IMPORTAN EN LA BIBLIA Y EN EL PERIÓDICO? 

 

Recurriendo a aquella sugerencia atribuida a K. Barth de que es preciso pensar la fe teniendo en una mano la Biblia y en la otra el periódico, y siguiendo el espíritu de Vórtices, queremos hacer una comparativa sobre qué cuerpos importan en la Biblia y en el periódico, o mejor, qué cuerpos no importan.

Quizá sea este un camino más expedito: percatarse de los cuerpos que no importan para denunciar su atropello y para reivindicar su derecho a sentarse en el banquete de la vida.

Las viejas páginas de la Biblia encuentran en las de cada día en el periódico un increíble reflejo. Quizá eso pueda ser una manera de generar espiritualidad social a favor del mundo de los migrantes, personas que tienen un puesto en la Biblia y en la prensa, aunque fuera el puesto de la exclusión que lleva incorporado el grito de la justicia.

 

1. Abel: el cuerpo asesinado

 

            Empecemos por lo más trágico. Todo lo que se diga después será más suave. Las páginas de la Biblia se abren con un asesinato entre hermanos: es el mito de Caín y Abel, el breve. Asesinado por razones económicas: pastores contra agricultores, el eterno problema de la tierra y su explotación. El sistema quiere envolver el asesinato en razones religiosas (“El Señor se fijó en Abel y su ofrenda”: Gen 4,4) cuando lo que de verdad está en juego es el reparto de los recursos de la tierra. Con eso empeora las cosas porque sitúa a uno en el ámbito del bien (Abel) y a otro en el ámbito del mal (Caín), cuando los dos ámbitos tienen derecho a vivir. Por eso, la gran pregunta ante el cuerpo asesinado que se quiere ocultar no es “¿Dónde está tu hermano?” sino ¿por qué, siendo hermanos, no habéis llegado a un entendimiento económico? ¿Por qué tienes que matar para que tu economía prospere y sea la única? Este asesinato es no solo un crimen, sino una destrucción de la relacionalidad económica, de aquello a lo que los humanos están destinados por dignidad: sentarse igualitariamente en el banquete de la vida. De ahí la ineludible sentencia: “La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Gen 4,10) no tanto por el crimen, sino por la desigualdad que genera la imposibilidad de entendimiento y, con ella, el crimen. Los cuerpos asesinados apuntan a los sistemas económicos.

 

2. José: el cuerpo vendido

 

            Se veía venir. La historia de José y sus hermanos es una historia de privilegios que desemboca en un drama. Privilegios como el no ir al campo a trabajar como sus hermanos o tener “una túnica con mangas” que, al parecer, los demás hermanos no tenían (Gén 37,3) o de ser soñador ante quien no tiene más sueño que sobrevivir. Por eso, se planea la ruina del “soñador” no como un gesto maldad mitigada, sino también como una reacción a la injusticia sufrida. La venta barata del hermano (“veinte monedas de plata”  Gen 37,8) es la dura respuesta de quien ha acumulado postergación y desigualdad sin cuento. Se vende el cuerpo porque, a la base, hay desigualdad. La desigualdad es la raíz de la venta. Y pretender corregir la venta sin modificar el sistema que genera tal desigualdad es querer curar el síntoma sin hacerlo con el foco de la infección.

 

3. Betsabé: el cuerpo robado

 

            David encarna lo mejor y lo peor del ser humano: la compasión y el orgullo, el perdón y la soberbia, la ternura y la crueldad. Por eso, no extraña que robara el cuerpo hermoso de Betsabé, que se lo robara a Urías el hitita, el hombre íntegro que no quiso ser cómplice de ese robo y ello le acarreó la muerte (2 Sam 11). David es el ladrón del cuerpo hermoso y sin amparo social de Betsabé y el asesino de Urías. Robar cuerpos como quien roba corderos, así se lo dirá el profeta Natán (2 Sam 12,1-4). No quedará impune ese robo de un cuerpo: el hijo fruto de ese robo morirá al nacer, la vida de esta mujer será un continuo sobresalto y, además, nunca llegará del todo a ser mujer de David. La historia la reconocerá siempre como “la mujer de Urías” porque lo que se roba no termina de ser nunca del ladrón que lo afana (Mt 1,6). Los cuerpos robados siguen siendo propiedad de ellos mismos, por mucho que se los robe. Porque se podrá robar el cuerpo, pero no la persona. Cuando se roba cuerpos hay que poner el foco, en primer lugar, sobre el ladrón y luego sobre el cuerpo robado.

 

4. Tobit: el cuerpo desterrado

 

            Tobit era el padre de Tobías, según se cuenta en la novelita bíblica. Era uno que sufrió los avatares de política en el Israel del siglo VIII a.C. Fue deportado a Nínive en Asiria. En su deportación no se resignó a su dura suerte de exiliado, sino que quiso mantener su talante compasivo en una tierra hostil. Un deportado que no pierde sus mecanismos de humanidad. Deportado, pero humano. Por eso, aun a riesgo de incurrir en ilegalidad con el vencedor, se dedicó, dice la novela, a enterrar los cadáveres de los israelitas muertos en la batalla contraviniendo así las humillantes órdenes de insepultura (Tob 1.16-20). El destierro no fue para él un ámbito de muerte, sino un marco de compasión y de humanidad, aunque eso suponga la pérdida de la familia,  la persecución y la pérdida de los bienes (Tob 1,20). Desterrado, pero humano. La humanidad de los desterrados, de los exilados, de los apátridas, queda intacta, queda más de manifiesto por sus obras de humanidad.

 

5. La amada: el cuerpo cantado

 

            El Cantar más hermoso es un poema de amor al cuerpo de una gran delicadeza. No llegamos a creer, como nos dicen, que se cantara por las tabernas de Israel. Nos parece demasiado delicado y bello. En él se canta el cuerpo amado con un vigor y con una ternura que aún hoy asombra: “¡Qué hermosa eres, amada mía…tus ojos de paloma…tus labios cinta escarlata…tus pechos dos crías de gacela…qué hermoso es mi amado, muy dulce su boca, pura delicia” (Cánt 4,1-7; 5,10-16). Por mucho maltrato con que hiramos los cuerpos, por mucho vinagre que echemos a sus heridas, los cuerpos siempre serán atractivos, siempre serán hermosos, siempre serán cantados. Siempre hambreando besos: “¡Que me bese con los besos de su boca! (Cant 1,1). Los cuerpos son el gran valor de quien emigra. El Cantar invita a mirar esos cuerpos por encima del daño, de la apropiación, de la herida, de la violencia, porque la belleza que encierran tales cuerpos habla el lenguaje de la vida.

 

6. La adúltera: el cuerpo prostituido

 

            Porque la mujer sorprendida “en flagrante adulterio” (Jn 8,4) no solamente es adúltera sino mirada y castigada como una prostituta. La condena que viene de quienes tienen la sartén de las leyes patriarcales por el mango es la condena a la prostituta, a la marcada por un cuerpo que se cree en venta, lo que parece que da derecho a todo sobre ese cuerpo, a la vida y a la muerte. Es cierto que Jesús no la condena (8,11), pero también es cierto que no condena a quienes condenan desde su posición de poder. Si el adulterio era flagrante, se sabía quién era el adúltero. No aparece en el relato. La confusión de quienes se retiran “empezando por los más viejos” (Jn 8,9) no es suficiente para condenar a quien se prostituye no desde la desigualdad social, como la mujer, sino desde el poder social. Son dos cuerpos prostituidos: el cuerpo desamparado de la mujer que corre riesgo de ser apedreada y el cuerpo oculto del adúltero que parece no correr ningún riesgo. No sabemos qué es peor, si la condena al cuerpo de la mujer o la impunidad del cuerpo prostituido del hombre que se va de rositas.

 

7. Los endemoniados: el cuerpo violentado

 

            Los evangelios hablan mucho de una realidad que nos resulta culturalmente lejana: los espíritus inmundos, los endemoniados. Son los cuerpos violentados por unas fuerzas psíquicas de las que se ignora todo. La violencia contra los cuerpos se manifiesta en “tirarlo al agua o al fuego” (Mc 9,22) o en la autolesión (Mc 5,5). Es el retrato de los pobres cuerpos de los frágiles sociales. Jesús hace obra de expulsión de demonios, de restauración corporal viniendo a decir que tales cuerpos contienen intacta su dignidad. Por eso, más que de exorcismos, se trata de restauración de la dignidad herida. Jesús ha hecho bandera de esta reorientación de los cuerpos y la ha puesto como la primera señal de su sueño (Mc 3,15). El evangelio está contra toda violencia corporal; quien violenta cuerpos no puede ser seguidor de Jesús.

 

8. Los discípulos en la barca: el cuerpo que se ahoga

 

            En la tierra de Jesús hay un lago, el de Galilea, no muy grande pero que, por lo que se ve, a veces se alborota y se vuelve peligroso. Los discípulos, pescadores en ese lago varios de ellos, lo sabían. Y aún así, les pilló la marejada y su grito fue el de todos los ahogados: “¡Sálvanos, que nos hundimos!” (Mt 8,26). Es el grito de la angustia cuando las aguas van a engullir en su torbellino a quien mira con horror el fondo del mar. Narran los evangelios que Jesús apaciguó el mar, metáfora para indicar que los naufragios solamente se sortean con la solidaridad con los náufragos, solidaridad que pasa por otorgarles su derecho a la justicia y a la igualdad que es el viento loco que desata tempestades sin cuento.

 

 

9. Onésimo: el cuerpo esclavizado

 

            Pablo escribió una breve carta a su amigo Filemón intercediendo por un esclavo, Onésimo, que se le había escapado. Le anima a que lo reciba bien “como hermano muy querido”  (Film 1,16). Incluso Pablo se presta a pagar lo que sea si tal fuga ha supuesto un perjuicio económico para el amo (1,18). Pero el cimiento del asunto queda intacto; ese cimiento es la esclavitud. El cristianismo primitivo no ha sabido deducir del mensaje de Jesús que todo cuerpo esclavizado es una anomalía evangélica, que si, como dirá el mismo Pablo en un rapto de claridad (“Ya no se distinguen judío y griego, esclavo o libre, hombre y mujer, pues sois todos uno”: Gál 3,28) hay que sacar las consecuencias: esclavizar cuerpos es una inhumanidad que denuncia el sentido de la dignidad y que corrobora el evangelio. Quien esclaviza cuerpos no es humano y no es seguidor de Jesús.

 

10. Jesús: el cuerpo abandonado

 

            Los evangelios ponen mucho cuidado, quizá excesivo, en consignar que Jesús muerto fue puesto de un sepulcro (Mt 27,57-60 y par.). Pero sabemos por la historia que, con frecuencia, el tratamiento dado a los crucificados, los parias de la sociedad a los que se les aplicaba el peor de los suplicios, era la insepultura. Dejar insepultos los cadáveres echados al estercolero para pasto de perros y buitres era una forma última de condenar al ya condenado y ejecutado. La insepultura repugna al judaísmo (ver Tob 1). ¿Sufrió el cuerpo de Jesús ese último baldón? Un cuerpo muerto y abandonado, comido por las fieras, que lleva dentro, intacta, su dignidad. Por mucho que quiera herir, destruir, ofender y olvidar a un cuerpo, nadie puede desposeerle de su dignidad. Los cuerpos insepultos la tienen, si cabe, más que cualquiera otro.