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FIAIZ

LOS SUEÑOS SE CONSTRUYEN JUNTAS

 

LOS SUEÑOS SE CONSTRUYEN JUNTAS

Reflexión y oración antes de un Capítulo Electivo en comunidades contemplativas

 

 

         Nadie pondrá en duda que un Capítulo de Elecciones es un momento importante en la vida de una comunidad. No se puede hacer depender todo de él ni de las hermanas que salgan elegidas para los cargos porque, en la mayor parte, la vida comunitaria depende de la aportación de cada una de las hermanas. Pero es, sin duda, un momento que merece vivirse con todo sentido.

         Es un momento de renovación, no solamente de cargos, sino del espíritu comunitario. Nuestra vida se enmarca en estas situaciones y de ellas toma impulsos renovadores. Hay que desear que un Capítulo suponga un momento de renovación comunitaria. Entenderlo y vivirlo como algo rutinario sería una pérdida.

         Es, así mismo, un momento especial de discernimiento. No se puede hacer ni vivir un Capítulo de cualquier manera, sino que es preciso poner a funcionar todos los mecanismos de discernimiento, personal y comunitario. De las decisiones que se tomen en Capítulo depende en parte la marcha de la comunidad. Merece, pues, pensar bien las cosas.

         Y también es un momento espiritual, un tiempo para ahondar en la fe, no solamente en los modos de organización de la comunidad. Es el momento para renovar la opción fraterna y contemplativa. Desposeer al Capítulo de este aliento espiritual sería reducirlo mucho.

 

  1. 1.    Escucha de la Palabra

 

Como siempre, los cristianos ponemos en un lugar prioritario a la palabra de Dios, porque ella es “lámpara para nuestros pasos” (Sal 118), como tantas veces decimos.

         “Porque en el cuerpo, que es uno, tenemos muchos miembros, pero no todos tienen la misma función; lo mismo nosotros, con ser muchos, unidos a Cristo formamos un solo cuerpo y, respecto de los demás, cada uno es miembro; pero con dotes diferentes, según el regalo que Dios nos haya hecho: si es el hablar inspirado, ejérzase en proporción a la fe; si es el servicio, dedicándose a servir; si es el que enseña, a enseñar; si es el que exhorta, a exhortar; el que contribuye, hágalo con esplendidez; el encargado, con empeño; el que reparte la asistencia, con simpatía” (Rom 12,4-8).

  • No sabemos por qué vía, Pablo entendió que la fe cristiana se expresa y vehicula en la comunidad. Prueba de ello es que en sus textos dedica amplios espacios al tema comunitario: en Romanos, 4 de los 15 capítulos. Y lo hace descendiendo a detalles concretos, porque en lo concreto de cada día es donde se juega la verdad de la vida común. 
  • Pablo ha usado en muchas ocasiones la metáfora del cuerpo: muchos miembros con funciones diversas en una unidad. Es una metáfora que sigue vigente: somos un conjunto hecho de diversas. Hay que amar la unidad y tener en cuenta a la diversidad. Es preciso tener el proyecto de vida como lugar común sabiendo que, desde mi individualidad, puedo aportar algo.
  • Lo nuestro no es una mera organización humana bien llevada (que no sería poco). Es, además, algo que está “unido a Cristo”. Es decir: el sentido de nuestra unidad es Jesús. Si la vida comunitaria no lleva a Jesús, no alimenta su enamoramiento, no lo hace visible, estaría falta de su sentido principal. Nosotras creemos en Jesús siendo hermanas: Nuestra hermandad nos lleva a él.
  • Pero respecto a los demás somos miembros: tenemos responsabilidades adquiridas desde el momento en que optamos por una vida en común. Vivir en comunidad desligado de la responsabilidad por la hermana es un contrasentido.
  • Pablo pone el acento en las diferentes funciones, porque el problema y la posibilidad está en la conjunción de las diferencias. Por eso se dedica a describir ampliamente la diversidad de funciones de este cuerpo único:

-         El hablar inspirado: la persona que sabe entender y proponer bien las cosas para que redunden en bien del grupo. Tiene que hacerlo “en proporción a la fe”, sabiendo que no todas caminamos al mismo ritmo, sin desesperarse porque haya quien camine lenta, animando y seduciendo a quien es más remisa.

-         El servicio: entregándose a servir en cuerpo y alma; sabiendo, como dice Jesús, que, sirviendo, se puede ser “primero”, se puede estar contenta. Contenta de servir, ese habría de ser un lema comunitario.

-         Enseñar: que quizá no sea tanto la enseñanza escolar, sino esa otra que abre horizontes, que enriquece. La formación permanente podría ser una traducción de hoy. Quien tiene algo que aportar en ese terreno, no se desaliente porque cueste aceptar dicha formación, incluso porque se rechace.

-         Exhortar: que es animar, empujar el carro, mantener el buen temple, no desanimarse, no sucumbir a lo negativo. Quien tenga más ánimo, póngalo al servicio de la comunidad, no se borre la sonrisa de su rostro, mantenga el buen humor todo lo posible.

-         Contribuir: hay quien tiene más capacidades que otra. No se crea superior por eso, Contribuya con “esplendidez”, sin esperar siempre el premio, el aplauso, el agradecimiento.

-         El encargado: no es el dueño de la comunidad, sino el encargado (se le da y por un tiempo). Tiene que “empeñarse” en cumplir con el encargo, no con incuria ni desgana, sin con todo el interés del mundo

-         La asistencia: que en nuestra vida comunitaria se traduce por “el cuidado”, a las mayores, las frágiles, a las de menos posibilidades. Hay que asistir con “simpatía”, no en modos ariscos y desganados.

 

  1. 2.    Ahondamiento

 

El “kairós” del Capítulo se podría vivir como un momento especial para ahondar en la fidelidad de nuestra opción de seguimiento a Jesús en el modo de vida comunitario. Ahondemos en la fidelidad:

a)    Fidelidad a Jesús: es importante para nosotras. En ser fieles al Jesús que nos llamó se juega el sentido de nuestra vida. Pero resulta que nuestra fidelidad a Él pasa por nuestra fidelidad a la comunidad porque la comunidad es para nosotras el rostro vivo de Jesús. Por eso, en una hora de revisión y de discernimiento hay que preguntarse si somos fieles a la comunidad en la que vivimos porque si no, nuestra fidelidad a Jesús se tambalea.

b)    Fidelidad creativa y actualizada: no hay que creer que ser fieles a Jesús y a la comunidad es, simplemente, no haberse salido de monja. El vigor de la fidelidad no se mide solamente por el mero permanecer sino también y sobre todo por la manera en que permanecemos. Si lo hacemos de manera creativa, actualizada, en los modos de la Iglesia de hoy y del momento social de hoy estamos en buena línea.

c)     Fidelidad responsable: porque la fidelidad se traduce en responsabilidad. Si una dejara sus responsabilidades o las hiciera deficientemente, hablar de fidelidad se haría muy difícil. Más aún, la fidelidad va más allá de las responsabilidades que se me han encargado hasta sentirme responsable de lo que no se me ha encargado a lo que puedo contribuir.

d)    Fidelidad alegre: ya que la comunidad siempre está necesitada de alegría, de respiro, de gozo comunitario. Una fidelidad gris, embrumada, negativa, triste sería una fidelidad que no es la de Jesús.

 

  1. 3.    Los sueños se construyen juntas

 

La construcción de la vida comunitaria es un “sueño” (un ideal en que se pone manos a la obra), no una “ensoñación” (un ideal en que no se pone manos a la obra). Dice el papa Francisco algo en la nueva encíclica Fratelli tutti que nos puede ser de mucho interés:

 «He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos! Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos. Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos».

  • La fraternidad puede ser una “hermosa aventura”, no solamente un modo de estar en una sociedad que reconoce el estilo de vida de clausura.
  • La comunidad es necesaria: encerrarse en la soledad es suicidarse en vida. Pelear solo y contra todos contradice nuestro ser humano que tiende al corazón del otro.
  • La comunidad es sostén y ayuda para “mirar hacia adelante”, para mantener el sueño con el que iniciamos este camino, para no llegar a ser desconfiadas y amargadas.
  • La comunidad nos libra de los espejismos que aparecen cuando una camina sola, cuando no se piensa más que en lo mío, cuando las demás me importan poco. Eso crea falsedades, espejismos, despistes. La comunidad nos ayuda a ser realistas.
  • Los sueños se construyen juntas: no construye otra por mí, no hay constructoras de sueños para que yo los disfrute. Se construyen entre todas, con la aportación de todas sin exclusión.
  • Somos “caminantes en la misma carne humana”, en las mismas limitaciones, en parecidos deseos, en valores similares. El que seamos iguales no nos empobrece sino que nos enriquece. No hay que anhelar grandes líderes comunitarios sino ilusión común, deseo de colaborar todas.
  • A todas nos cobija esta misma tierra, eso nos hace hermanas en la tierra, en su hermosura, en su debilidad, en sus promesas de una tierra renovada. Si la tierra es casa común es que somos familia.
  • Donde cada uno aporta lo que tiene: la riqueza de su fe, la fuerza de sus convicciones, la palabra de su voz. Una gran riqueza la de la comunidad. Una suerte vivir en comunidad, no sobre todo un pesar, una “penitencia”. El “lote hermoso” que nos ha tocado (Sal 15,6) y del que deberíamos disfrutar todos los días.

 

  1. 4.    Notas para el discernimiento

 

Ya hemos dicho que un Capítulo Electivo es tiempo de discernimiento. Damos algunas notas por si alguna de ellas puede servir:

  • El bien de la comunidad: eso es lo que hay que perseguir en un Capítulo. Si hubiere otros anhelos (ver si soy elegida, a ver si eligen a aquella con la que me llevo bien, etc.) estaríamos equivocadas. Si pretendes del Capítulo otra cosa que servir, vas equivocada.
  • La comunidad es esta de hoy: cuando se han unido varias comunidades puede ocurrir que una elija como abadesa alguien de su antigua comunidad porque eso puede depararle beneficios. La comunidad antigua ya no existe; esta de hoy es la comunidad real. Hay que elegir a quien pueda servir mejor a esta comunidad de hoy.
  • No funcionar con filias/fobias: me cae bien esta hermana, es amiga mía, es de mi grupo…la voto. No lo es…no la voto. Esta manera de funcionar no lleva a nada bueno. Es preciso elegir, como hemos dicho, a quien mejor creamos que pueda servir a la comunidad. ¿Es amiga? Muy bien. ¿No lo es tanto? Muy bien. ¿Es de mi gusto? Muy bien. ¿No lo es tanto? Muy  bien. Lo que quiere decir que las elecciones hay que hacerlas con criterios de fraternidad, no con criterios de gustos.
  • Impulsar la vida comunitaria: no habrá que fijarse en las cualidades de la hermana de antemano (como parece dibujar Const 219,2) porque todas somos frágiles y no estamos para muchas euforias. Pero habrá que preguntarse qué superiora y qué equipo (discretas) pueden impulsar mejor la buena relación, la formación permanente, la contemplación actualizada, el disfrute fraterno. Cosas como estas podrían orientar nuestra opción.
  • Formarse un criterio personal: no es de recibo ir a una elección sin un criterio propio, a votar lo que voten las demás. Hay que formarse lo mejor posible un criterio personal, aunque una pueda recabar la ayuda de una o varias hermanas para formarse ese criterio. Pero lo personal es ineludible si es que somos personas adultas. 

 

  1. 5.    Notas para la oración

 

Todas sabemos que una manera buena, espiritual, de enfocar estos momentos importantes en la vida de comunidad es recurrir a la oración personal. Damos algunas pistas:

  • Rom 12-15: meditar ese amplio conjunto de la carta de san Pablo que habla de la vida comunitaria. Empaparse de esa espiritualidad.
  • Salmos de fraternidad: meditar algunos de los salmos de fraternidad: el Sal 15 (lote hermoso), el Sal 132 (qué delicia convivir los hermanos unidos), Sal 134 (los que pasáis la noche en la casa del Señor).
  • Mc 9,33b-37: catequesis de Jesús sobre el servicio al otro. Puede ser completada con Lc 22,24-27, el gozo de estar sirviendo “fuera de la mesa”.

 

  1. 6.    Oración final de la FT (adaptada)

 

Señor  y Padre de la humanidad,
que creaste a todas las hermanas

con la misma dignidad,
infunde en nuestros corazones un espíritu fraternal.
Inspíranos un sueño de encuentro.

Que nuestro corazón se abra
a cada hermana,
para reconocer el bien y la belleza
que sembraste en cada una,
para estrechar lazos de unidad,

de proyectos comunes,
de esperanzas compartidas. Amén.

 

Como quien cuida la casa común

COMO QUIEN CUIDA LA CASA COMÚN 

 

Como quien entra descalzo

al silencioso santuario

donde la única oración

es el amor…

 

Como quien huele con gozo

el aroma del café primero

y del dulce pan recién hecho

en el horno del cariño…

 

Como quien entra en la cocina,

templo de lo cotidiano

donde se cuece

lo que sostiene tus pasos…

 

Como quien toma en sus manos

el libro que ilumina

los senderos de la vida

con luz viva…

 

Como quien reconoce

en la forma del sillón

el lugar que tiene guardado

el cálido amor…

 

Como quien se sienta

bajo la lámpara luminosa

que disipa las sombras

que se pegan a la piel…

 

Como quien sabe

que, aunque se vaya,

se queda para siempre,

día a día…

 

Como quien cuida su casa,

como quien cuida su alma.

Ejercicios 2020

“COMO SELLO SOBRE TU CORAZÓN”

(Cant 8,6)

Hacia una experiencia cordial de la vida cristiana 

 

         La vida cristiana ofrece ejemplos de vida relacional hermosos. Muchos creyentes han entendido que la vida cristiana se construye en la buena relación y en el gozo. Su talante es amable y bienhumorado. Pero no podemos sustraernos a la evidencia de que la vivencia de la fe resulta, con frecuencia, demasiado “seca”, poco cordial, escasamente jugosa. Achacamos eso al modo como se nos ha enseñado la religión cristiana: asentada sobre el temor y el pecado. Pero quizá se deba a que hay una carencia en la cordialidad como valor social y religioso. Esta cordialidad, como todos los valores humanos, también se construye.

         Si esto fuera así, ¿por qué no dedicar una semana de retiro a la valoración de la hermosura de los caminos relacionales cultivados, de la cordialidad experimentada, de la belleza sencilla del convivir bien? ¿Por qué no trabajar, desde la reflexión y la oración, el tema de la cordialidad? ¿No nos podrá ayudar algo insistir sobre cuestiones a asentar mejor nuestra vida cristiana? ¿No contribuiría esto a evitar el llegar a edades altas con una carga de amargura relacional que, a veces, nos resulta difícil de sobrellevar?

         Para muchos, y no sin razón, la Palabra de Dios no es ejemplo de cordialidad, sino más bien lo contrario, Palabra de una cierta “aspereza”. Queremos recurrir a un texto que todos admiramos pero que, raramente, hacemos objeto de nuestra reflexión bíblica: el Cantar de los Cantares. Hay libros bíblicos con los que el cristiano tiene una deuda que casi nunca salda. Quizá el Cantar sea uno de tales libros. A todos nos gusta su lírica, con alguna frecuencia se lo lee en la liturgia, pero raramente lo tomamos como tema continuado de reflexión. ¿Y si lo utilizáramos como trampolín para el pensamiento sobre la cordialidad de la vida cristiana? ¿No podría ayudarnos un texto tan vibrante en materia de relación y de amor? ¿O, por eso mismo, habríamos de desecharlo para siempre? Esta semana de retiro podría ser un momento bueno para volcarse a tal libro del AT, al menos en algunos de sus pasajes.

         Por otra parte, este cuaderno de reflexión es deudor de un librito de L.Boff, Derechos del corazón. Una inteligencia cordial (Trotta, Madrid 2015). Él nos ayudará a profundizar para encontrar más sentido a la hora de valorar los caminos del corazón. Podemos aprender de los “veteranos” que han recorrido caminos a veces complicados, pero no se han apeado ni de la vida ni del amor. Uno de los tales es L. Boff.

         “Como sello sobre tu corazón” canta el más hermoso de los Cantares. Un corazón marcado, sellado, por el amor, por la certeza de que los caminos de las relacionalidad son los caminos verdaderos, no los caminos del sistema, de la costumbre, de lo avalado por la norma. Para arriesgarse a andar esos caminos, a veces extraños y paradójicos, pero siempre llenos de vida. Para animarse a construir el difícil y cautivador edificio de la relación, más que cualquiera de los grandes edificios modernos con los que nos sorprenden los arquitectos estrella. Para mantener jugosas unas entrañas capaces de concebir vida, ilusión, horizontes, sueños y no sucumbir a la tentación de un corazón insensible, acorchado. Estas serían las intenciones de la presente oferta de reflexión en una semana de retiro.

 

1. El amor que mueve el cielo y las estrellas

 

         Esta frase es de Dante (Divina Comedia, Paraíso 33). Es preciso caer en la cuenta de la potencia del amor, de la buena relación. Un formidable dinamismo que utilizado en la dirección de lo humano es fecundísimo. Moverse por amor, por relación saludable, más que por ideas, normas o costumbres. Ahí existe un filón siempre a la mano.

         ¿Es la vida cristiana una opción religiosa (y a veces ni eso, sino una costumbre) o es una opción de amor? ¿Es lo mismo? ¿Son realidades compatibles? ¿Acierta quien cumple la normativa religiosa, pero es seco en la relación? ¿Tiene sentido ser “buen cristiano/a” sin saber de amor? ¿Decae, muere el anhelo de amar a la vez que decae el vigor físico, la fuerza de la juventud, la reciedumbre de la madurez? ¿No debería ser el creyente adulto alguien experimentado en cuestiones de amor? Preguntas interesantes para ponerlas sobre la mesa de la reflexión y de la oración.

 

a)  Cant 8,5b-7

 

«5bDesperté tus deseos bajo el manzano,

donde tu madre te dio a luz,

donde con tanto dolor te trajo al mundo.

6Ponme como un sello sobre tu corazón,

como un sello sobre tu brazo.

Pues el amor es tan fuerte como la muerte,

y sus celos, tan duraderos como la tumba.

El amor destella como el fuego

con la llama más intensa.

7Las muchas aguas no pueden apagar el amor,

ni los ríos pueden ahogarlo.

Si un hombre tratara de comprar amor

con toda su fortuna,

su oferta sería totalmente rechazada». 

 

  • Despertar los deseos: Porque los deseos, los dinamismos, los anhelos, los sueños, duermen o dormitan, enmohecen, se atontan. La buena relación, el amor que vive, necesita estar despierto, hay que despertarlo si se adormece. No son necesarias grandes sacudidas, fuertes convulsiones. Los detalles cotidianos impregnados de buen deseo, de buen amor, son capaces de impedir que el amor se adormezca. Los modos “normales” no son siempre lo mejor; las “locuras” de amor son preferibles, por complicadas que sean, incluso cuestionables a veces. 
  • Como un sello: Como algo que marca, como cosa que se ve, como recuerdo constante.  Sellados por el amor, de tal manera que, cuando la cosa flaquea, el sello nos anime, nos recuerde, nos aliente. El sello, un signo pequeño que recuerda la orientación de fondo. Una sonrisa, un detalle, una palabra amable, un mirar a los ojos, un gesto de amabilidad. La poca cosa del sello que habla de lo mucho que hay detrás. Vida de relación con sellos que hablan. 
  • Un amor fuerte: Fuerte para reconocer su potencia; fuerte para encajar su debilidad. Fuerte para acoger su empuje; fuerte para no estar siempre llorando su pérdida. Fuerte para saber caminar a su sombra; fuerte para entender que muchas veces hay que caminar fuera de su amparo; fuerte para no quebrarse a la primera; fuerte para encajar con paz sus límites; fuerte ante su puerta abierta; fuerte cuando se cierra la puerta y nos quedamos “a la puerta cubierto de rocío”; fuerte para reír, fuerte para encajar llantos sin estar llorando siempre. 
  • Los destellos del amor: Que no son destellos para deslumbrar sino para cautivar, para seducir en el buen sentido de la palabra. Destellos hechos de sencillez, no de vanidad; destellos con verdad, no mero escaparate y apariencia; destellos que brillan con la luz oscura de lo humilde, no con el brillo cegador de quien quiere imponerse; destellos sin publicidad, en el silencio humilde y hermoso de quien se relaciona bien “como si nada”. 
  • Inapagable: Inapagable en el anhelo, en el deseo, en el sueño, en el trabajo por alimentar ese “fueguito” que decía Galeano. No inapagable como un volcán, como un horno. Inapagable aunque se apague, aunque languidezca, aunque tiemble su llama. Inapagable, tenaz, rescoldo siempre dispuesto a ser activado, aunque los síntomas no lo demuestren. Inapagable en sus apagamientos.  
  • Amor sin precio: Poner precio a la buena relación, demandar favores a cambio de ella, estar esperando siempre alguna ganancia, es algo que sonroja, es la corrupción del amor, llevar a la buena relación a callejones sin salida. Admitir la dinámica del sistema (te aprecio mientras te uso) como la única real es sucumbir al desamor, hacerle el juego a quien quiere estructurar la existencia al margen de la buena relación, en la lejanía de los misterios hermosos del corazón de la persona. 

 

b)  Reflexión 

 

  • Conectar con el otro: Hay conexiones con el otro para sobrevivir. Muchas de nuestras conexiones son de supervivencia, de no dejarse avasallar, de llegar vivos a la noche, de luchar por la estima y la valoración. Pero hay conexiones de relaciones gratuitas, espontáneas, que a veces ni se sabe de dónde proceden. Estas son el móvil de las más hermosas acciones humanas. Conectar al otro por gratuidad, sin ganancias premeditadas, sin luchas ni codazos, por elemental benignidad. 
  • Convertirse en otro: La buena relación se orienta hacia el otro porque el otro permite surgir el ethos que ama. El otro es el que me permite amar. Por eso somos “necesarios” para Dios mismo, para que nos ame. El amor necesita permiso del otro. Un amor sin ese permiso es un amor impuesto, una contradicción. Jesús orientó su vida a los otros; ellos le “permitieron” amarles. Les estuvo siempre agradecidos; por eso no los desechó ni aunque fueran un estorbo, como lo fueron a veces sus propios discípulos. Dios se convierte en otro para nosotros en Jesús. Por eso podemos amarle. 
  • El otro es importante: El amor, buena relación, vuelve al otro importante, hace salir afuera la dignidad que lleva dentro. Por eso amar es dar vida de nuevo a quien la necesita (¿y quién no?), a quien languidece, a quien renquea, a quien tropieza. El amor da fuerza y razón para existir, para levantarse cada mañana y no ceder a la grisura de los días, para poner un poco de color o, mejor, para reconocer el color de lo humilde, el brillo que está oculto en el matorral. 

 

c)    Derivaciones

 

  • ¿Tiramos la toalla?: Algo que se hace no con una declaración formal de intenciones sino en el cansancio y la rutina de cada día. Se llega a la convicción de que este estilo de vida, el de la vida cristiana, no puede pretender más que lo que da. Y que una vida jugosa y en buena relación es algo que le sobrepasa. Por eso nos instalamos en la mecánica religiosa. Nos parece que con respetarnos, es suficiente. Y no es poco. Pero quitar el anhelo de la buena relación, del amor, del horizonte creyente es, a priori, un acto de empobrecimiento. Por eso, tirar la toalla habría de ser lo último, incluso lo que nunca habría que hacer. Si se trabaja, los días ofrecen posibilidades, a veces muy pequeñas, de construir el camino de la buena relación. Algo asequible y al alcance de la mano. Si se trabaja. 
  • Opción de amor: Al derecho no le suena esto a nada. Pero ¿qué es la vida cristiana sin esa opción? Y ¿cómo habría de hacerse una opción de amor en la vida cristiana? Primero, en la certeza de que es posible vivir en buena relación; segundo, en la certeza del valor hermoso del otro, quienquiera que sea; tercero, en el salir decidido al camino del otro como camino propio; cuarto, en la bonhomía y el buen humor de quien cree en el gozo del buen amor; quinto, en la seguridad de que lo de Jesús va un poco por ahí; sexto, en la resistencia al canto sistémico de que esto lleva a la ruina; séptimo, en la conciencia de que hemos venido a la vida para ampararnos; octavo, en la generosidad de quien sabe que toda aportación al gozo de la vida es importante; noveno, leyendo la realidad con benignidad crítica; decimo, aprobando el curso de amor a la vida y aprendiendo técnicas de disfrute sencillo. 
  • Medida real: La buena relación es la medida real del vigor de nuestra vida cristiana. No lo es tanto el funcionamiento del andamiaje administrativo, la gestión y su eficacia, las tradiciones seguidas y cumplidas, sino la vibración del corazón ante la vida del hermano, la facilidad para urdir planes comunes, la agilidad para saltar del propio camino al camino del otro, la habilidad para compartir lo que late dentro. Estos son los puntos a medir. 
  • Aún se te llama: No nos conviene pintar las cosas de excesivo color no sea que provoquen el efecto contrario: creer que ya no se me llama a esta empresa. Muchas respuestas negativas encierran el anhelo de que no todo debería estar perdido. Hay mil voces, mil situaciones, mil pequeños atisbos que indican que la llamada a la dicha sigue vigente en todo tipo de estructura relacional. “Si hoy escuchas su voz…”. 

 

d)  Texto evangélico de meditación: Mt 5,45

 

«Vuestro Padre del cielo hace salir su sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos».

 

Dios lo supedita todo al amor. No hace distinciones a la hora de mover los astros o los elementos de la naturaleza. Ello indica que su amor es el que lo ordena todo. Una vida orientada en todo desde el amor.

 

e)   Un poema

 

Arcaico corazón

 

Tú, que eres como una casa

hecha de arcilla:

Pequeña, frágil,

de cuatro habitaciones;

 

Tú, que llenas de fantasmas,

y que te asustas,

y que lloras,

cuando llega la noche;

 

Tú, que en la oscuridad

te haces pedazos

como una hucha

arrojada contra el suelo;

 

Tú, arcaico corazón,

mira por la ventana,

mira hacia ese bosque

que ya reverdece.

 

Tú, que una vez caído

gritas palabras

en una lengua

que yo no comprendo,

 

Tú, arcaico corazón,

entra en ese bosque:

surgió de la arcilla,

como tú. 

                                B. Atxaga

 

 

2. Rumbo al propio corazón 

 

         Entendida como propuesta de buena relación, propuesta de amor,  la vida cristiana demanda salir al camino del corazón del otro, romper la coraza atosigante del yo. Pero también pide poner rumbo al propio corazón. ¿Cómo íbamos a poder entrar a los umbrales del corazón ajeno si no hemos puesto rumbo al nuestro? ¿Corremos el peligro de pasar muchos años en la vida sin haber llamado a esas puertas que son tan íntimamente nuestras?

         Esto demanda una actitud de ahondamiento, de recuperación de la dimensión de profundidad, de apuntar al subsuelo, a eso que hay debajo de la piel. Ir en la dirección de lo profundo quizá pida cambiar de rumbo en muchas cosas. Hay que estar dispuesto a dar un golpe de timón o, al menos, a ir variando paulatinamente el rumbo de lo superficial empobrecido para orientarlo a lo profundo lleno de “tesoros”. No entiende lo que es el corazón humana si nada siempre en las aguas superficiales.

 

a) Cant 3,2

 

«2Así que me dije: «Me levantaré y recorreré la ciudad,

y buscaré por todas las calles y las plazas.

Buscaré a mi amado». 

 

  • Me levantaré: Es preciso animarse a hacer el camino del propio corazón, a levantarse con buen temple, superando cualquier cansancio y rutina. Es duro, a veces, comprobar que dentro hay un corazón cansado. Pero es preciso sobreponerse a esa languidez. Es preciso tener el coraje de aprestarse a bajar al sótano del propio corazón, donde, a veces, hace frío y hay luz escasa. Pero ahí está el cimiento de lo que somos, el Caín oculto y el Samaritano sensible. Quien baja a ese sótano puede comprender mejor los recovecos de cualquier otro corazón, sus retrasos, sus contradicciones, sus saltos de júbilo. Solamente el experto en el propio corazón puede ser amparo para otro corazón. 
  • Recorreré la ciudad: Porque el corazón tiene su casa en la ciudad, en el lugar de los seres humanos, en parajes habitados por otros. La soledad no es el mejor lugar para el encuentro de corazones, de no ser para coger impulso. Es en la ciudad y sus lugares comunes, en la dignidad común, donde los corazones encuentran su contexto. De ahí que buscar en la dirección del corazón quiere decir buscar en la dirección de la ciudad, de los lugares que son de todos, en los marcos comunes, no en el elitismo exquisito. Es preciso ver cómo late el corazón de lo común, de lo ciudadano, de lo comunitario. 
  • Buscaré por las calles y plazas: Por las sendas de los humanos, por los lugares de tránsito y de descanso, por los sitios donde haya posibilidad de encuentros. El encuentro con el propio corazón se aprende en el encuentro con los otros corazones. Por eso hay que frecuentar calles y plazas, salir de uno mismo para ir más adentro de uno mismo; ir más adentro de uno mismo para volver a la calle y la plaza donde habita el otro, escapar de la enfermedad del yo. Movimiento de idea y vuelta, verdadero latir de los corazones y sus búsquedas. 

 

b) Reflexión

 

  • Un viaje a través de los sentimientos: La evolución del camino humano muestra que la estructura elemental de lo humano no es la razón (esto vendría después), sino las pasiones, las experiencias seminales, los sentimientos. Esto ha sido antes, y esto es lo que sigue moviéndonos en gran parte, más que las ideologías. Solo tardíamente entra a funcionar el cerebro del homo sapiens. De ahí que, para entendernos bien, hayamos de hacer el inevitable viaje por el terreno, resbaladizo, de los sentimientos, al homo sentiens (la persona que siente). Saber de los sentimientos es saber de la verdad del otro y de la propia. 
  • Despegarse del cerebro: Nuestra formación, nuestro imaginario, nuestra cultura es excesivamente cerebral. Eso nos ha hecho poco sensibles al sufrimiento humano y al de los demás seres de la tierra. Lo que, como dice el papa Francisco, da como resultado la autorreferencialidad, la globalización de la indiferencia y la insensibilidad radical. Si se quiere hacer el camino del corazón habrá que tener a raya lo meramente cerebral y dar más cancha, sin temor ni vergüenza, al mundo de los sentimientos. 
  • El rescate del corazón: No se llega al fondo del corazón sin pasar por el afecto y el amor. Por eso, ante el corazón del hermano, ante su verdad más verdadera, la senda correcta es el afecto, el amor, la buena relación, el disfrute común, la mirada agradecida al interior del otro. Eso es lo que puede darnos una experiencia de totalidad, más allá de lo fragmentario que nos despista tanto (este o aquel fallo). 
  • La estructura del deseo: El deseo es un dinamismo que pone en marcha toda la vida psíquica. Toda persona tiene deseos (solo los muertos no los tienen). Educar el deseo es orientarlo a la verdad del corazón, no a la acumulación de cosas que nos dejan siempre anhelantes, que no nos sacia. Los místicos dicen que el deseo se sacia en Dios. Pero hay que dar a esa búsqueda de saciedad un contenido antropológico: más allá de la evidente limitación humana, la suma de los corazones, su entreveramiento, la mezcla de los fondos de las personas, el amor en definitiva, puede ser, contando con cualquier limitación, un modo de saciar el anhelo del deseo. Y si eso se da, la vida cristiana podrá ser satisfactoria. Y si no, siempre habrá un cierto poso de decepción o amargura y nos refugiaremos en los ritos, en las costumbres, en las devociones. 

 

c) Derivaciones

 

  • No temer mirar adentro: La huida de la profundidad nos lleva a no mirar adentro porque, a veces, no nos gusta lo que vemos. Pero ahí, en ese sótano, está nuestra verdad, lo bueno y lo no tanto. No ponerse nerviosos. No temer mirar a ese interior. Ser benignos con él. Saber llevarlo de la manera más equilibrada posible. Poder mostrarlo sin querer justificar y, mucho menos, sin pretender que otro lo bendiga, aunque anhelemos comprensión. Y si se da la comprensión, la acogida, el amparo, para tal fondo, estamos tocando la verdadera fraternidad. 
  • Reconciliación con los extraños caminos: Porque los caminos humanos son extraños, a veces, se sepa o no. En realidad, dado que nos llevamos el canto de un duro, no son tan radicalmente extraños. Muchos los andan. Reconciliación no quiere decir justificación moral. Más aún, una tal reconciliación llevará a un replanteamiento de lo moral, si es que el derrotero es inmoral. Pero hay que mirar lo del fondo, la fuente de la que brota tal derrotero. Porque si brotara del amor, con todas sus limitaciones, habría modo de incorporarlo al caudal del amor, al ámbito de la relación fraterna, aunque haya que emplear fórmulas algo inusuales. 
  • Una riqueza para otros y para uno mismo: Eso son los trabajos de profundidad. La superficialidad empobrece a la persona y a la comunidad. La profundidad, en cualquiera de sus formas (oración, diálogo, lectura, reflexión, meditación ante la naturaleza, etc.) nos enriquece. Una vida cristiana profunda (no decimos éticamente inmaculada) tiene mejor horizonte y mejor futuro fraterno que otra superficial. Todos los recursos que se usen para generar fraternidad (formación, diálogo, compartir, escucha común, gozo común, etc.) son recursos “benditos”. 
  • Escuela del deseo: Eso podría ser la vida cristiana: una escuela para orientar bien el formidable mecanismo del deseo, para orientarlo no a la autosatisfación, a la acumulación o al egoísmo, sino al corazón, al disfrute común, al gozo compartido, al camino andado en compañía. Los trabajos de la vida cristiana habrían de responder a esta necesidad de educar el deseo, no solamente a ser meras herramientas para dar salida al impulso religioso. 

 

d): Texto evangélico de meditación: Lc 6,45

 

«El que es bueno, de la bondad que almacena en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal: porque lo que rebosa del corazón lo habla la boca».

 

El corazón es la fuente de lo que uno es. Hay que mirar en esa dirección, dice Jesús para discernir comportamientos que son evangélicos y aquellos otros que no lo son tanto. Desde ahí nuestra vida podrá “rebosar” bondad.

 

e) Un poema 

 

Los pasos lejanos

 

Mi padre duerme.

Su semblante augusto

figura un apacible corazón;
está ahora tan dulce...
si hay algo en él de amargo, seré yo.
 

Hay soledad en el hogar; se reza;

y no hay noticias de los hijos hoy.

Mi padre se despierta, ausculta

la huida a Egipto, el restañante adiós.  

Está ahora tan cerca;
si hay algo en él de lejos, seré yo.
Y mi madre pasea allá en los huertos,
 

saboreando un sabor ya sin sabor.

Está ahora tan suave,

tan ala, tan salida, tan amor.
Hay soledad en el hogar sin bulla,
sin noticias, sin verde, sin niñez.
Y si hay algo quebrado en esta tarde,
y que baja y que cruje,
son dos viejos caminos blancos, curvos.
 

Por ellos va mi corazón a pie.                                         

 

C. Vallejo

 

3. Un nudo de relaciones

 

         Algunos definen la vida cristiana, de un modo gráfico, como un “hacer nudos” con otros. Efectivamente, la vida cristiana es una vida en nudo de relaciones, un tapiz urdido a base de pequeños nudos que se van haciendo a lo largo de la vida. Por eso es tan importante la cordialidad, porque es la cuerda con la que elaboran los nudos que tejen el tapiz de la vida común, de la vida relacionada. Sin cordialidad no hay cuerda para los nudos, la vida se disuelve, desaparece y ser pierde.

Es verdad aquello del poemilla de A. Machado: “Poned atención/un corazón solitario/no es un corazón”. Si la vida cristiana es una suma de corazones solitarios, quizá no hemos dado aún con el verdadero quid de nuestra opción de fe. Si no necesitamos de los demás para creer, si yo personalmente me las arreglo con Dios sin necesidad de los hermanos/as, no hemos dado con la fe relacionada que Jesús propone en su Evangelio. Generar cordialidad en común es el cimiento antropológico sobre el que se puede pensar en construir el edificio de lo cristiano. Sin tal cimiento, la vida cristiana corre el riesgo de ser algo ficticio, inventado, sin carne.

a)  Cant 5,9 

 

«9¿Por qué es tu amante mejor que todos los demás,

    oh mujer de singular belleza?

¿Qué hace que tu amante sea tan especial

    para que te hagamos esa promesa?» 

 

  • ¿Mejor que los demás?: La atracción amorosa se alimenta de la diferencia (supuesta) del amado. Pero el amor relacional, de salida, considera a toda persona susceptible de ser amada por ella misma. El amor relacional no se asienta sobre diferencias, ni funciona en la dinámica filias-fobias.  Nadie es mejor que otro para establecer una buena relación, aunque, por carácter y por otras notas, sea inicialmente más fácil el acceso a unos que a otros. Funcionar con el “mejor que los demás” es siempre reduccionista y peligroso para la buena relación humana y cristiana. 
  • Tan especial: Lo mismo decimos de esos modos “especiales” con los que la relación amorosa adorna a quien se ama (aunque luego se ve que nadie es tan especial). Una buena relación con quien no tiene nada de especial, con quien es normal, como todo el mundo, es la que tiene por delante la vida cristiana. Si hubiera que formar una comunidad de gente especial para tener ahí una buena relación, tendríamos que suprimir la mayor parte de las comunidades humanas y cristianas. 
  • Promesas de singularidad: No habría que hacer promesas de singularidad en base a las cualidades excepcionales de un grupo cristiano. Los caminos de la buena relación comunitaria son normales, cotidianos, poco relevantes. Fundamentar la buena relación en la relevancia de las personas o las tareas puede ser un error. A la larga, esas notas relevantes caen por tierra ante la evidencia de lo que en realidad uno es. Por eso no conviene hacerlas cimiento del entramado comunitario. 

 

b)  Reflexión

 

  • Relaciones totales: El ser humano es un complejo relacional. Su nudo de relaciones va en todas las direcciones: hacia abajo, hacia adentro, por dentro, por fuera. Somos un complejo relacional. Todas esas direcciones nos son necesarias. Somos una apertura ilimitada hacia nosotros mismos, hacia el mundo, hacia el otro, hacia la totalidad. De ahí la insatisfacción y la búsqueda, la falta de plenitud y el sueño de lo pleno. De ahí, también, el gozo de la variedad, la alegría de la pluralidad, la riqueza de lo diverso. 
  • Relaciones sociales: Buena parte de la construcción de lo humano se realiza en las relaciones sociales, en la conjunción de esfuerzo, en la colaboración en los proyectos comunes. La multidireccionalidad de la relación encuentra un marco estupendo en las relaciones sociales. Una persona sola no sería capaz de elaborar el complejo tejido de las relaciones. Para construir nudos relacionales se necesita de los otros. 
  • Cuatro patas: Las cuatro “patas” de una relación saludable son: la participación (actores del proceso de relación), la igualdad y la equidad (base de los derechos personales y sociales), la diferencia (respeto y acogida), la comunión (la espiritualidad). Estos son los elementos que nos educan para ir entretejiendo nudos relacionales que nos den equilibrio en la vida comunitaria. 
  • Relaciones con la tierra: Todos los seres son portadores de derechos. Por eso mismo resulta imprescindible entablar con ellos unas relaciones saludables, hacer también con ellos los nudos que nos hacen fraternos. Por alejado que nos parezca, la fraternidad cósmica puede ser un buen elemento para la espiritualidad de la creación de nudos relacionales. En todas estas dimensiones, el ser humano se realiza en la historia y en la vida concreta, en la vida fraterna, en un proceso que nunca se detiene.

 

c)    Derivaciones

 

  • Dispuestos para la relación: Es buena y necesaria una predisposición para la relación, para el tejer nudos. Fomentar esa buena disposición es saludable. Apoyar y sostener actitudes de aislamiento, de individualismo consagrado, de comportamientos anquilosados que no hablan ya el lenguaje de lo común no nos favorece nada. Una puerta abierta a la demanda de relación, así habría de ser la puerta de nuestra casa.
  • Saber de: Para entretejer nudos hay que saber algo de los hilos que se mezclan. Saber del hermano no es entrometerse en asuntos que no son de nuestra incumbencia. Pero es preciso entrar en ese mundo de datos externos e internos que nos faciliten la buena relación. Los gustos, los valores, los sentimientos, los caminos gozosos, los recuerdos que nutren…conocer todo ese mundo es algo muy útil para entretejer nudos.
  • Mantener las relaciones: Las relaciones que entretejen nudos no pueden estar circunscritas al tiempo (a veces breve) de un período concreto de vida. Habría que mantener las relaciones más allá de esos marcos coyunturales. Los modernos medios de comunicación nos ayudan mucho en ello. Utilizarlos bien puede ser útil para la empresa fraterna de la buena relación.
  • Algo delicado: El material de este tejido de nudos es delicado, es lo más vivo de las personas. Por eso habrá que tratarlo con delicadeza. Ser toscos, descuidados, lenguaraces, olvidadizos en todo este mundo de las relaciones es una siembra de sal. Quizá sea la causa principal que nos hace retraernos en el proceso de construcción de lo comunitario. Por eso hay que tener mucho cuidado con ello.

 

 

d)  Texto evangélico de meditación: Mc 3,34-35

 

«Y, paseando la mirada por los que estaban sentados en corro en torno a él, dijo: -He aquí mi madre y mis hermanos. Quienquiera que lleve a efecto el designio de Dios, ése es hermano mío y hermana y madre».

 

La nueva familia de Jesús es un nudo de relación en torno al designio de la Padre que no es otro sino que la humanidad, la creación incluso, viva reconciliada, en la forma de la fraternidad, de la buena relación, tejiendo un nudo de relaciones.

 

e)   Un poema

 

Geografía humana

 

Mirad mi continente conteniendo

brazos, piernas y tronco inmensurado,

pequeños son mis pies, chicas mis manos,

hondos mis ojos, bastante bien mis senos.

Tengo un lago debajo de la frente,

a veces se desborda y por las cuencas,

donde se bañan las niñas de mis ojos,

cuando el llanto me llega hasta las piernas

y mis volcanes tiemblan en la danza.

Por el norte limito con la duda

por el este limito con el otro

por el oeste Corazón Abierto

y por el sur con tierra castellana.

Dentro del continente hay contenido,

los estados unidos de mi cuerpo,

el estado de pena por la noche,

el estado de risa por el alma

-estado de soltera todo el día-.

Al mediodía tengo terremotos

si el viento de una carta no me llega,

el fuego se enfurece y va y me arrasa

 

El bosque de mis pelos mal peinados

se eriza cuando el río de la sangre

recorre el continente,

y por no haber pecado me perdona.

El mar que me rodea es muy variable,

se llama Mar Mayor o Mar de Gente

a veces me sacude los costados,

a veces me acaricia suavemente;

depende de las brisas o del tiempo,

del ciclo o del ciclón, tal vez depende,

el caso es que mi caso es ser la isla

llamada a sumergirse o sumergerse

en las aguas del océano humano

conocido por vulgo vulgarmente.

Acabo mi lección de geografía.

Mirad mi contenido continente. 

 

                                            G. Fuertes

 

4. Auscultar el corazón del otro

 

         Auscultar el corazón del otro no como quien avasalla e invade, sino como quien asiste a un misterio cercano, el misterio insondable del fondo de la persona. Construir la cordialidad en común demanda necesariamente mirar en la dirección del corazón del otro, acercarse a la senda de sus sentimientos, entrar en la casa de sus regocijos, probar el vino de su alegría y atender a sus llantos. Para ello hay que estar atento a los movimientos delicados y sutiles del corazón. No se puede entrar como elefante en cacharrería. El respeto delicado se hace imprescindible. Tratar mal al corazón es cerrar su puerta para siempre

         El Dios que tiene corazón es el que mira en la dirección de lo nuestro para que nosotros miremos en dirección de él a través del camino imprescindible del corazón ajeno.  En esta “mirada de corazones” se encierra no poco del sentido de la vida. No podemos entender la realidad de Dios como desprovista de corazón. Él es “humano”, dice Sab 12,19, obra con la humanidad de quien tiene un corazón hondamente comprensivo. Despojar a Dios del corazón es vaciarlo de contenido amoroso cosa que lleva a “secarlo”.

 

a)  Cant 1,5-6

 

«5Soy morena pero hermosa,

    oh mujeres de Jerusalén,

morena como las carpas de Quedar,

    morena como las cortinas de las carpas de Salmá.

6No me miréis así por ser morena,

    el sol ha bronceado mi piel.

Mis hermanos se airaron conmigo;

    me obligaron a cuidar de sus viñedos,

    por eso no pude cuidarme a mí misma, mi propio viñedo».

 

  • Morena pero hermosa: La morenez no impide la hermosura; le otorga incluso un plus de belleza, a pesar de que, en el poema, sea considerada como un déficit. No será obstáculo para que sea la esposa amada. Ya no se volverá a mencionar más a lo largo del Cantar. Las circunstancias personales pueden ser bellas cuando detrás está la fuente del amor. Lo que consideramos oscuro encierra una indudable luz.
  • Como las carpas de Quedar…de Salmá: Los indómitos árabes de Quedar y sus negras tiendas nómadas hechas de pelo de cabra,  o las de los nómadas del Sur como Salmá. Negrura de márgenes, de excluidos, pero que tiene una indudable belleza, porque en los márgenes también está la vida, también esas carpas protegen la vida.
  • No me miréis así: Si se quiere ver el corazón hay que sobrepasar el muro de las apariencias, de lo de fuera, hay que mirar de otra manera. Por supuesto, para el Esposo del Cantar lo de fuera no es obstáculo para llegar al corazón de la amada; la morenez ni cuenta.
  • Me obligaron a cuidar sus viñedos: El marginado sufre la opresión del sistema. Pero eso tampoco borrará la vitalidad del oprimido, su dignidad, su recurso a la justicia, sus sueños innegociables. Esta es la belleza de dentro del corazón.
  • Mi propio viñedo: Un viñedo no guardado, el propio, pero un viñedo que sigue ahí, más allá de cualquier expolio. Los valores del corazón son perennes, no dependen de la consideración social o de los vaivenes de las circunstancias.

 

b)  Reflexión

 

  • Prácticas de cordialidad: Porque la cordialidad, como todos los valores éticos y humanos, es, ante, todo, cuestión de práctica. La mejor práctica de cordialidad es el cuidado. La ética del cuidado desvela la realidad verdadera de la cordialidad. Esta sin aquel es imposible. Cuidar es más que un acto, es una actitud, una manera de situarse ante la realidad del otro.
  • Espíritu de delicadeza: Las razones del corazón y el espíritu de delicadeza definen a la persona (Pascal). Es preciso incorporar la inteligencia cordial a la intelectual para hacernos una humanidad más sensible al otro y, por tanto, más solidaria con los que sufren. Somos seres de afecto, de pasión y cuidado. Dinamismos imprescindibles para asomarnos a la propia realidad y a la del otro.
  • Un corazón palpitante: Cordialidad significa el modo de ser que descubre un corazón palpitante en cada realidad. Consigue ver más allá de los hechos y de las circunstancias para tocar lo que late. Supone tener la capacidad de sentir del corazón del otro y el corazón secreto de todas las cosas.

 

c)    Derivaciones

 

  • Saltar la valla: Los humanos cercamos nuestra interioridad con una valla, celosos de ella, temerosos de la que hieran, desconfiados de que se enteren de lo que hay en ese huerto y nos hieran, guardianes aguerridos para que nadie toque lo que creemos que nos pertenece en exclusiva. Auscultar el corazón supone intentar saltar esa valla o, mejor, abrir esa cancela tan celosamente guardada. Mientras sea un muro compacto, no habrá posibilidad de que los corazones se aproximen. Y tengamos en cuenta que la casa del corazón se abre por dentro. Es decir: no se puede forzar, ha de ser el otro quien abra. Y nosotros, fielmente, estar esperando a la puerta.
  • Saber de itinerarios hondos: No quedarse en los itinerarios de fuera, exteriores, que tienen también su importancia cómo no (la enfermedad, los trabajos, las actividades, las anécdotas cotidianas). Ir más adentro: los sentimientos, las visiones la vida, las valoraciones de las cosas, los gustos o disgustos de lo que acaece. No estar siempre navegando en aguas superficiales. Auscultar el corazón es saber algo de eso para acogerlo, agradecerlo, acompañarlo, sostenerlo, soportarlos, abrazarlo.
  • El latido de lo comunitario: Un latido particular, no fácil de detectar. Hay que estar muy atento al proceso comunitario, a su evolución. Eso requiere un cierto análisis y evaluación, una reflexión razonada de los caminos que la comunidad  de vida y de fe va tomando. Si se hace esta tarea, se puede detectar de alguna manera el nivel de entrelazamiento comunitario que se tiene.

 

d) Un texto evangélico para la meditación: Mc 10,21

 

«Jesús, fijando la vista en él (el joven rico), le demostró su amor diciéndole: - Una cosa te falta: márchate, todo lo que tienes, véndelo y dáselo a los pobres».

 

Jesús mira en la dirección del otro con amor. La propuesta que le hace de irse entregando es una propuesta de amor, dirigida al corazón, no a ningún deber o ley. Propuestas de amor.

 

 

e) Un poema

 

La plaza

 

La piedra está

firme y anónima.

Sostienen los pilares

con gravedad la sombra acogedora.

Aquí alguien habló

tal vez a hombres unidos

en la misma esperanza.

Tal vez entonces

tuvo en verdad la vida

cauce común y fue la patria

un nombre más extenso

de la amistad o del amor.

Aquí latía un solo corazón unánime

 

José Ángel Valente

 

 

5. El cultivo de la ternura

 

         Pretender una inteligencia cordial, una vida en buena relación, un estilo de vida comunitaria jugoso sin el cultivo explícito de la ternura resulta imposible. Si se quiere conservar, fortalecer, dar sostenibilidad a una opción de vida en relación, la ternura es un elemento imprescindible. Si queremos que el otro entre en el ámbito de nuestro horizonte vital, la ternura es la puerta. Estanos hablando de los resortes afectivos del fondo que determinan el actuar humano.

         No resulta fácil esto en estilos de vida que han censurado, por peligrosod y lindantes con la inmoralidad, muchos de los comportamientos del corazón. Pero hoy se puede reivindicar con cierta facilidad la necesaria dosis de ternura en la vida cristiana. Hay que animarse y hay que alejarse de viejos imaginarios que hoy ya no tienen vigencia (la rectitud, la fría honestidad, la justicia sin corazón).

 

a)  Cant 8,4

 

«Prometedme, oh mujeres de Jerusalén,

    que no despertaréis al amor

hasta que llegue el momento apropiado».

 

  • Promesas de ternura: No son promesas en el vacío, sino que encierran el afán por relacionarse bien con el otro. Promesas alimentadas por el amor. No son promesas “blandas”, melifluas, sino hondamente vivenciales y, por supuesto, con el decidido afán de llevarlas a cabo en la medida de lo posible. Esas promesas sostienen el débil andamiaje de los días.
  • Despertar al amor: Ponerlo a funcionar, hacer de él un dinamismo real de la vida, convertirlo en empuje y en la orientación de cada día. La fuerza orientadora del amor es muy grande, la capacidad para dar sentido es evidente, la energía para sostener en situaciones difíciles es cosa comprobada.
  • El momento apropiado: Pero no conviene forzar situaciones. Todo tiene su momento. La ternura ha de aprender a no avasallar, a respetar, a asimilar silencios, a sostener interrogantes que aún no pueden tener respuesta. Cada paso del proceso del amor tiene su momento; es preciso aceptarlo y construirlo con paz.

 

b)  Reflexión

 

  • Algo que puede morir: Es así. El amor es una realidad viva, expuesta,  y puede morir, y de hecho se acaba y muere. También esto hay que aceptarlo con paz en la dinámica relacional. No se trata de odio, sino de mera indiferencia, de falta de cultivo, de intereses que derivan hacia otros caminos. Encajar esto con humanidad es bueno. La ternura puede ser alimento para que esto no se dé, se retrase o, en el peor de los casos, se encaje del mejor modo posible.
  • La savia del amor: La savia del amor es la ternura. La ternura irrumpe cuando la persona se descentra de sí misma, sale en la dirección del otro, siente al otro como otro, participa de su existencia y se deja tocar por su historia vital. Cuando no se deja atrapar por la enfermedad del yo. El otro marca al sujeto. Marcados por el otro, esa podría ser una buena definición de la vida comunitaria.
  • Sensibilidad y cálculo: Pascal opone la sensibilidad al cálculo, el espíritu de delicadeza al de geometría. Sin embargo, ambos son necesarios en la vida común. Solo que el primero (el cálculo) habría de estar supeditado al segundo (la delicadeza, la ternura, la compasión, el aprecio). La ternura no renuncia al sentido crítico, pero lo supedita para que no haga desaparecer el jugo que hace la vida interesante.

 

c)    Derivaciones

 

  • Estamos a tiempo: Siempre se está a tiempo de elaborar pensamiento y vivencia en torno a la ternura. Siempre hay posibilidad de abrir una pequeña brecha en el compacto muro de nuestra indiferencia. Siempre hay una grieta por la que la plantita de la ternura puede verdear. Es cuestión de animarse a trabajar en esa dirección, ser paciente con los, a veces, escasos resultados y resistir en el empeño no con tozudez sino con fidelidad.
  • Palabras y gestos: Porque la ternura, como todas las realidades sutiles necesita “sacramentos”, signos externos que sean lenguaje comprensible y generador de ánimo. De ahí que las palabras que expresan ternura (sin ñoñería) y los gestos humildes que la significan (sin amaneramiento) sean tan necesarios en la vida cristiana. Habríamos de superar la “vergüenza” que, por razones culturales y educativas, produce esto en nuestro comportamiento.
  • Sensibles y críticos: Las dos cosas pueden y quizá deban ir unidas. La sensibilidad sin componente crítico deriva en gazmoñería; el sentido crítico sin sensibilidad deriva en códigos normativos fríos.  De ahí que ambas realidades deban ir emparejadas. Eso sí, el sentido crítico, como hemos dicho, siempre sujeto a la sensibilidad, a la ternura.
  • Tierna corporalidad: Porque el cuerpo es el instrumento imprescindible para nuestra vida. Hay que tratarlo con ternura. No vayamos a irnos a la tumba sin haber sido tiernos con nuestra corporalidad (el cuerpo y lo que contiene: sentimientos, historia, perspectivas de vida, etc.). Dios mismo tiene ternura de su cuerpo en la creación y en el cuerpo de Jesús. Una de las formas de vehicular la ternura en la comunidad cristiana es hacerlo en la corporalidad de los cuerpos de los hermanos con todos sus avatares.

 

d)  Texto bíblico de meditación: Sal 103,13

 

«Como un padre siente ternura por sus hijos, así siente el Señor ternura por sus fieles».

 

Un padre de ternura. Paternidad y ternura es una ternura al cuadrado, aumentada. Una ternura aumentada es la que siente Dios por su creación. De ahí deriva su estilo de relación con lo creado. ¿Cómo mantener el imaginario de un Dios exclusivamente bueno, todo bien, sumo bien?

 

e)   Un poema

 

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.

Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.

Que tú me entendieras a mí sin palabras

como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,

Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.

Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,

la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.

Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.

Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,

yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.

Criatura también de alegría quisiera que fueras,

criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.

Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas

y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil,

y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,

y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde...

Si ahora yo te dijera

que es tu vida esa roca en que rompe la ola,

la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,

aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,

aquel niño que azota la mar con su mano inocente...

Si yo te dijera estas cosas, amigo,

¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,

qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?

Y ¿cómo saber si me entiendes?

¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?

¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?

¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,

poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?

Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

 

J. Hierro

 

6. Descubrir la caricia

 

         Hablar de caricias en marcos de vida cristiana es algo sin contexto, cuando no algo inapropiado e, incluso, censurable. Deudores todavía de una moralidad represiva no hemos descubierto caminos integradores que despojen de peligro a los movimientos del corazón y los conviertan en dinamismos saludables para una vida en buenas relaciones.

         Por eso hablamos de descubrir la caricia, como quien iniciara un camino no hollado, como quien se preguntara por primera vez, sin prejuicios, sobre un dinamismo que puede ser nuevo y útil. ¿Cómo generar un “modo acaraciente” de fe más que una manera áspera y lacerante de creer? ¿Cómo sentir que nuestro corazón sale reconfortado con el apoyo de la comunidad de fe? Pueden parecer asuntos que no tienen relación con la fe. Pero es la falta de costumbre la que nos habita, la escasa imaginación para pensar maneras que pongan carne a este tipo de intuiciones.

 

a)  Cant 2,3-6

 

«3Como el manzano más selecto del huerto

    es mi amante entre los jóvenes.

Me siento bajo su sombra placentera

    y saboreo sus deliciosos frutos. 

4Él me escolta hasta la sala de banquetes;

    es evidente lo mucho que me ama.

5Fortalecedme con pasteles de pasas,

    refrescadme con manzanas,

    porque desfallezco de amor.

6Su brazo izquierdo está debajo de mi cabeza,

    y su brazo derecho me abraza».

 

  • Como el manzano: La hermosura del árbol, la sensualidad del fruto, la caricia del viento que se cuela entre su follaje. Hechos para la caricia, para la caricia esencial. De ahí puede brotar ese aliento que  reconforta desde el fondo, que rehace a la persona, que toca la fibra más sensible por la que vibra una persona y que hace que los días escapen a la grisura que los hace irrelevantes y pesados.
  • Sombra placentera…deliciosos frutos: Los que puede dar quien acaricia siempre que no haya en él ningún afán de avasallamiento, de posesión, de atrapar al otro en sus redes. Un placer orientado y moldeado por la relación. Para nada algo egoísta que se cierra en uno mismo.
  • Pasas y pasteles: La sensualidad de lo que se come con amor, el regusto de aquello que se nos dio para comer desde el amor de madre y que perdura desde la infancia hasta la adultez. Cuando se comen los frutos de la ternura se recuerdan siempre porque quedan grabados no tanto en la boca, cuanto en el fondo del alma.
  • Su brazo izquierdo…su brazo derecho: La caricia del cuerpo que toca al cuerpo que ama, respeta, y aprecia. El toque que no es irruptor, sino amabilidad y preocupación, caricia esencial. Envuelto por los brazos que aman, por la amabilidad que rodea, por el cuidado que quiere ayudar en cualquier necesidad, por pequeña que sea.

 

b)  Reflexión

 

  • La caricia esencial: La caricia es esencial cuando se transforma en una actitud, un modo de ser que cualifica a la persona en la totalidad, en el pensamiento, en la voluntad, en la interioridad, en las relaciones. Por eso la caricia toca a lo profundo del ser humano. Una caricia superficial no ha llegado aún a su destino. Acariciar es apuntar al fondo de la persona, mirar en la dirección del sustrato más elemental e intentar comprender desde ahí. Por eso confiere reposo, integración y confianza. Banalizar la caricia es banalizar a la persona.
  • Total altruismo: La caricia exige total altruismo, respeto por el otro y renuncia a cualquier otra intención que no sea la de la experiencia de querer bien y de amar. La caricia esencial es leve como un entreabrir suave la puerta. Jamás hay caricia en la violencia de abrir puertas y ventanas forzándolas, es decir, en la invasión de la intimidad de la persona.
  • Acariciar o atrapar: Son dos actitudes contrapuestas: atrapar apunta al dominio, acariciar al cuidado.  La primera es expresión de poder, de manipulación, de sometimiento a mi modo de ser. La mano que acaricia representa la alternativa necesaria: el modo de ser cuidado.

 

c)    Derivaciones

 

  • Tocar al hermano: Hemos ido construyendo una vida cristiana que no se toca, no solamente físicamente, sino “acaricialmente”. Aislados en nuestra corporeidad-espiritualidad hemos creído que nos hacíamos fuertes pero, en realidad, éramos vulnerables. La caricia nos habría hecho más fuertes, el “tocarnos” en nuestra realidad vital nos habría abierto a las realidades de los otros. Sin “tocar” es difícil ser seguidor de un Jesús que “toca” mucho (sobre todo en el Evangelio de Marcos) y que es tocado, “apretujado” (Mc 5,31).
  • Entreabrir la puerta: Con todo respeto, con todos los cuidados, con todos los permisos, sin esgrimir ninguna clase de derechos, sin forzar nada. Asistir con paciencia al momento en que se requiera nuestra presencia en ese huerto interior. Pero, eso sí, saber estar a la puerta, signo de verdadero amor (como en Ap 3,20), saber soportar “el rocío de las noches” que las personas llevamos todas en nuestra vida, saber acoger el peso que toda persona acarrea.
  • Una mano revestida de paciencia: Así habría de ser la mano que acaricia en la comunidad cristiana. Un guante de paciencia que no encierra una mano férrea que agarrota, sino que también por dentro es de fraterna suavidad y cuidado. Pretender acariciar de manera violenta es echar por tierra la posible buena relación en la comunidad.
  • Nuestra fraternidad perdida: La caricia esencial nos devuelve a nuestra humanidad, a nuestra fraternidad, perdida, no hallada todavía. Corremos el peligro de perder lo que nunca hemos hallado. La ternura y la caricia pueden ponernos en la pista de este estilo de comunidad en buena relación que puede contribuir fuertemente a dar sentido a nuestras opciones creyentes.

 

d)  Texto bíblico para la meditación: Is 66,13

 

«Como una madre que acaricia a su hijo, así yo os consolaré a vosotros, y en Jerusalén seréis consolados».

 

Dios acaricia, Dios consuela. Lo suyo no es darnos normas, leyes, decretos, mandatos…lo suyo es darnos ternura y consuelo. Jerusalén puede ser para nosotros/as la comunidad de fe, el lugar de la caricia y del consuelo, el lugar del gozo de la presencia de un Dios que nos acaricia y que nos empuja hacia el corazón del otro.

 

e)   Un poema

 

La caricia perdida

 

Se me va de los dedos la caricia sin causa,

se me va de los dedos... En el viento, al pasar,

la caricia que vaga sin destino ni objeto,

la caricia perdida ¿quién la recogerá?

 

Pude amar esta noche con piedad infinita,

pude amar al primero que acertara a llegar.

Nadie llega. Están solos los floridos senderos.

La caricia perdida, rodará... rodará...

 

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,

si estremece las ramas un dulce suspirar,

si te oprime los dedos una mano pequeña

que te toma y te deja, que te logra y se va.

 

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,

si es el aire quien teje la ilusión de besar,

oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,

en el viento fundida, ¿me reconocerás?

 

  1. Storni

7. Cuando comer nos hace humanos

 

         La cordialidad se vehicula en lo cotidiano. Una cordialidad únicamente para los momentos extraordinarios tiene el peligro de ser una cordialidad ficticia. Sin embargo, la sencillez de cada día, su monotonía, su tendencia a lo gris es el escenario donde la cordialidad habría de brillar para ser auténtica. Eso hará que tales días escapen a la tentación de la rutina y del descoloramiento.

         La vida cristiana, tan ceñida a los caminos del otro, tiene el peligro de descordializarse en lo cotidiano y vivir con exaltación únicamente los momentos privilegiados, los de gran nivel espiritual o teológico, las grandes fiestas religiosas u otras. Pero la verdad de lo que somos se juega en lo cotidiano. Es justamente ahí donde habrá que sembrar la interesante semilla de la cordialidad.

         Por eso hablamos de algo tan cotidiano como comer, ya que todos los días es necesario hacerlo para vivir con salud. En algo tan imprescindible y tan cotidiano como comer es donde habrá que construir un escenario de cordialidad. De lo contrario, corremos el riesgo de generar una espiritualidad de la fraternidad sin carne. Si el comer (los alimentos espirituales y los otros) no está integrado de alguna manera en el hecho de creer, todavía nos falta algo importante.

 

a)  Cant 4,16

 

«16Despierta, cierzo,

llégate, austro,

orea mi jardín:

que exhale mis perfumes.

Entra, amor mío, en tu jardín

a comer de sus frutos exquisitos».

 

  • Despierta, llégate, orea: Porque comer los frutos exquisitos demanda una actitud de lucidez, no de abotargamiento. Participar en el banquete del amor pide que la cabeza esté despejada, ya que amar en la niebla del sentido, sin lucidez, deja un poso de fracaso.
  • Que exhale mis perfumes: El comer juntos ha de estar envuelto en perfumes, no tanto los de las viandas, cuanto el perfume del deseo de querer estar en la compañía del otro. Eso da al banquete cotidiano una mística que lo constituye en lugar de encuentro y en marco de intercambio vital.
  • Comer frutos exquisitos: Que lo son no tanto por su rareza o exquisitez, sino porque el amor los hace exquisitos. Las viandas son la excusa para el amor, la comida la excusa para la fraternidad.

 

b) Reflexión

 

  • Comidas humanas: Dicen los antropólogos que la verdadera humanización de nuestros antepasados comenzó cuando los humanos comenzaron a comer juntos. Comer juntos nos hace humanos, ya que eso no es solamente nutrirse, sino relacionarse, inquirir sobre los caminos del otro, empatizar con las situaciones de vida de quien come junto a mí, alegrarse juntos para sobrellevar mejor el peso de los días. Por eso son tan importantes, antropológicamente hablando, las comidas.
  • En comunión con todos los seres: Las comidas desvelan una realidad más profunda que la que aparece: no solamente se dialoga con quien se comparte mesa, sino también con todos los seres. “La nutrición nunca es una mecánica biológica individual. Consumir comensalmente es comer en comunión con otros; es comulgar con las energías cósmicas que subyacen a los alimentos, especialmente con la fertilidad de la tierra, con el sol, con las florestas, las aguas y los vientos” (Boff). Esta comunión cósmica está en el subsuelo de nuestras comidas.
  • Comer todos: Un anhelo no logrado aún (y falta mucho) es que todos los humanos lleguen a comer como tales. La “soberanía alimentaria” es aún un desideratum. Las reformas agrarias que habrían posibilitado una mesa para todos, siguen pendientes. Mientras tanto, muchos quedan excluidos del banquete de la vida. Quien puede comer, habría de hacerlo con esta espina clavada en la garganta y en el corazón. Eso habría de hacer de su mesa una realidad más abierta apuntando, de algún modo, en la dirección de los excluidos.

 

c) Derivaciones

 

  • ¿Comer en silencio?: Cuando se come solo, leyendo el periódico o mirando al móvil se está en silencio. Comer en silencio es una “anomalía”. Los humanos comemos hablando, de no ser que, temporalmente, apliquemos el silencio a la comida para lograr una mayor profundización espiritual (como en el caso de una semana de retiro). Pero, normalmente, comer en silencio no es de humanos. Por eso, quien se sienta a la mesa ha de intentar potenciar el diálogo común para que sea lo más “nutritivo” para la relación humana. El diálogo es imprescindible para la buena salud de una persona. Por eso mismo, un grupo humano que dialoga en sus comidas (algunas veces sin prisa) tiene mejor futuro que una que no dialoga (lo mismo que si reza, o más aún). Retraerse en la mudez en la mesa, aislarse, meter la cabeza en el plato, no ayuda a la saludable relación humana.
  • En la mesa y en el juego…: Las viejas normas de urbanidad decían que “en la mesa y en el juego se conoce al caballero”. La mesa es un microcosmos. Por eso desvela el talante espiritual del comensal. La vida cristiana ha mantenido, algunas veces, formas hoscas de comportamiento. Tendríamos que ser más flexibles, más educados, más proclives al “por favor”, al “gracias”, al pequeño elogio para quien ha preparado lo que comemos y para quienes lo compartimos. A veces, la relacionalidad se juega en esos detalles básicos.
  • Comidas reconfortantes: Reconfortantes para la relacionalidad. Y no solamente porque nos reconfortan el cuerpo, sino porque esponjan el alma. Muchas comunidades, muchas familias, por el devenir de sus planes sociales y laborales, casi no se juntan a comer más que una vez al día. Y ni eso. Es el único momento de diálogo fuerte en la cotidianeidad. Por eso habrá que potenciar esos tiempos para que sean cauce de relación en lo cotidiano. Menospreciarlos o banalizarlos sería una pérdida.

 

 

d) Texto evangélico de meditación: Mt 22,9

 

         «Id ahora a las salidas de los caminos, y a todos los que encontréis invitadlos a la boda».

 

         La gran invitación de Jesús no es al trabajo o a la actividad, sino al disfrute, al banquete, a la boda. Ese es el lugar donde Jesús se nos ofrece como el que quiere que lleguemos a la dicha, ya que hemos nacido para el disfrute.

 

e) Un poema

 

Memoria

Como pan vino la palabra,
como fragmento de crujiente pan
fue dada,
igual que pan que alimentase el cuerpo
de materia celeste.

Vino, compartimos su íntima sustancia
en la cena final del sacrificio.

Y nos hicimos hálito, sólo soplo de voz.

Palabra, cuerpo, espíritu.

El don había sido consumado.

 

                                                       J.A.Valente

 

 

8. Amabilidad que genera amabilidad

 

         La vida cristiana ha tenido, a veces, el aire de una cierta hosquedad. Precisamente por eso habría que trabajar con más ahínco la amabilidad esencial (como actitud) y los actos de amabilidad (como concreción). No se trata solamente de ser educados/as, que no es poco, sino de generar un entorno más fácil para la buena relación. La amabilidad es algo más que unas meras formas de educación y cortesía. Es la tarea, de la que depende mucho la dicha de nuestra opción de vida creyente, la amabilidad tiene un puesto importante.

         La amabilidad, para que sea “rentable”, hay que ejercitarla a diario. Efectivamente, es en la espiritualidad de la vida cotidiana donde se sitúan esta clase de valores. Aspirar a una vida cristiana de calidad descuidando estos componentes diarios es querer que el carro no chirríe sin engrasarlo bien.

 

a) Cant 2,7

 

«¡Muchachas de Jerusalén,

por las ciervas y las gacelas

de los campos

os conjuro,

que no vayáis a molestar

que no despertéis al amor

hasta que él quiera!».

 

  • Apelar al corazón: Esa es la razón de la amabilidad. Por eso, el estribillo apela “a las ciervas y a las gacelas de los campos”. Ellas que son gráciles, amables, discretas, bellas, son la referencia para que se trate bien al otro, al amado, por su simple belleza. Buscar razones para ser amable es destruir la belleza de la misma amabilidad.
  • No molestar: Ley básica de la amabilidad: tener intuición para saber cuándo se molesta y no meterse por tal camino. El amor es contenido, sabe hasta dónde hay que llegar y qué puertas no hay que atravesar. Si se molesta, el amor se vuelve imposible.
  • Hasta que él quiera: La amabilidad siempre está a expensas de lo que el otro quiera. El otro es la medida. En el fondo hay un gran “abandono” que se hace por amor. La dignidad y la confianza están a la base.

 

b) Reflexión

 

  • Razón calculadora/razón cordial: Ambas realidades habrían de ir juntas y en equilibrio, lo técnico y lo espiritual, lo científico y lo ético, lo racional y los sentimientos. Por desgracia, es siempre la segunda parte la que ha salido perdiendo. Por eso habrá que trabajarla más. Y la amabilidad se apunta a esa segunda parte de la razón cordial.
  • La dignidad a la base: La amabilidad no es planta sin raíz: a la base está el tema de la consideración de la dignidad del otro. Si esa dignidad no aparece en el horizonte de la relación, hablar de amabilidad es hablar de música celestial. La dignidad es la raíz de la amabilidad.
  • El poder es servicio…el servicio es amor: Cuando la amabilidad funciona, el poder se desactiva y se convierte en servicio. Cuando la amabilidad está viva, el servicio se hace con agrado, sin enfado, sin el rostro contrariado. Por eso hay que dar a la amabilidad una categoría de valor que parece habérsele negado.

 

c) Derivaciones

 

  • Relaciones amables espirituales: Porque podemos llegar a creer que las relaciones amables son un mero adorno que tienen algunas personas. Pero la amabilidad es un valor que tiene categoría de espiritual. Además, ¿Cómo vamos a hablar de espiritualidad evangélica si esta espiritualidad más básica no está presente? Quizá sea por eso que muchas valoraciones espirituales que hacemos en el día a día de la vida cristiana quedan infecundas porque no son suficientemente amables.
  • Palabras buenas, gestos buenos: Ya que la amabilidad está, con frecuencia, ligada a la palabra y al gesto. Pretender ser amables con palabras ácidas es imposible; pretender ser amable con gestos airados, displicentes, con desplantes, también. Por eso estos elementos resultan tan decisivos en la relacionalidad humana y cristiana.
  • Apostolado de amabilidad: Ya que la vida cristiana enfoca, con frecuencia, el apostolado desde el lado meramente religioso. Pero el apostolado de la amabilidad puede ser decisivo para hacer creíble el otro, el religioso. Muchas personas de hoy entienden mejor el primero que el segundo. Y otras muchas no podrán entender el segundo sin el primero.

 

d) Texto evangélico de meditación: Mt 5,37

 

         «Que vuestro sí sea un sí y vuestro no un no; lo que pasa de ahí es cosa del Malo».

 

         Jesús corrige viejos planteamientos desviados, los juramentos falsos. Pero puede entenderse desde el lado de la amabilidad: un sí amable y un no amable tiene que estar llenos de verdad y de aprecio a la persona. Si están llenos de trampas, la ruina relacional está servida.

 

e) Un poema

 

Nueva vida

 

Dicen que nada volverá a ser lo que era

antes de que tu pétalo de luz

encendiera mi curva más oscura.

 

Tú, que no sabes ni que existes

mientras me redondeas,

que te formas y sueñas sin mapas

ni conceptos,

 

que no tienes ni nombre,

tú me haces infinita

en tu indefinición.

 

Tú y yo

vamos creando tu cuerpo

a ojos cerrados,

sin saber lo que hacemos,

cómo será la flor.

 

Yo, media luna de sueño,

y tú, mi otra mitad.

  

      Vanesa Pérez-Sauquillo

 

 

9. En el desierto también hay vida y flores

 

         El camino relacional, todos lo sabemos, no es un camino de rosas. El conflicto es compañero de camino. Elaborar conflictos es una tarea siempre pendiente. A veces el conflicto se hace tan pertinaz que parece que la vida cristiana es como un desierto. Nos acomodamos a él, aguantamos largas temporadas de la vida en modos de estar sin sabor, sin alicientes. A veces eso degenera en algo crónico llegando al convencimiento de que esto de la vida cristiana no puede dar más de sí.

         Quizá la mejor manera de trabajar no sea huir de ese desierto. Sino percibir que en el desierto hay vida y flores. Que allá donde creemos que no hay más que soledad y desamparo también hay pequeños brotes de vida, sencillos logros que animan a continuar el camino. Nuestro anhelo no será entonces huir del desierto, sino mirarlo de otro modo, derramar fraternidad sobre nuestros desiertos vitales.

 

a) Cant 8,5

 

«¿Quién es esa que sube del desierto,

apoyada en su amado?

 

Bajo el manzano

te desperté,

allí donde tu madre te dio a luz,

con dolores de parto».

 

  • Subir desde el desierto: Porque el desierto es lugar de vida en todas las batallas relacionales. Aprestarse a los largos caminos del desierto. Recabar todas las posibilidades de vida, por pequeñas que sean, que ofrece el desierto. No maldecir la aridez del desierto, no culparle de nuestra desgana, aprender a mirar su brillo al amanecer, su luz de oro al atardecer. Ayudarse para soportar los fríos de sus noches. Una espiritualidad para vivir en desiertos.
  • Apoyada en su amado: ¿Para qué nos sirve el Evangelio si no nos ayuda a pasar airosamente los desiertos? ¿Es Jesús apoyo real? ¿Y los hermanos/as, no podrían ser ese apoyo que nos ayuda mutuamente a transitar por los desiertos? De cualquier manera una cosa es clara: atravesar desiertos en soledad es muy difícil. Los apoyos son necesarios.
  • Bajo el manzano: También hay fecundidad en los desiertos, también hay “manzanos” por raquíticos que sean, bajo cuya sombra uno puede dar a luz, espacios de vida. No todo es aridez. Manzanos en el desierto…

 

b) Reflexión

 

  • Desiertos de los sentidos: Es cuando falla la relación en su aspecto más humano, cuando convivir con otros es algo áspero, cuando los silencios se instalan a perpetuidad, cuando no se siente alegría en la presencia física del hermano/a, cuando las conversaciones no fluyen, cuando los caminos vitales del hermano/a me son ajenos y no interesan, cuando sus palabras nos chirrían, cuando no encontramos la senda de la cordialidad. Recurrir entonces al sosiego, sentirse próximo en cosas de poca monta, mantener el nivel de amabilidad y de buena educación. Pequeños remedios para sobrellevar con humanidad un mal de fondo.
  • Desiertos del espíritu: Cuando se nos ha ido la ilusión por el desagüe. Cuando ya no percibimos el “soplo” de vida que hay bajo los seres.  Cuando todo se vuelve inmediato, sin trasfondos. Cuando notamos que se hace “seco” nuestro caminar por los días. Cuando cuesta levantarse de la cama y encarar el día. ¿Dónde encontrar esa pizca de sal que sazone la “sosera” de los días? En el cultivo de la belleza sencilla, en el canto humilde que evoca algo, en el buen gusto por hacer las cosas con “elegancia”, en la cercanía y el “contagio” de quien es más animado/a.
  • Desierto de la fe: En la tentación mecánica de refugiarse en la religión, cuando lo que nos ocurre es que nuestra fe está situada en lo superficial. Cuando las prácticas de ahondamiento creyente (oración, reflexión, lectura, silencio, diálogo profundo sobre asuntos de fe, etc.) no resultan muy cuesta arriba. Cuando no encontramos caminos que alimenten de manera adulta nuestros anhelos creyentes, cuando esos anhelos parecen esfumarse. Recurrir entonces a la Palabra leída desde la novedad de la propia situación; recurrir a la oración recuperada desde la más elemental existencia; recurrir al cultivo de una espiritualidad-teología que alimente.

 

c) Derivaciones

 

  • No desertizar la vida cristiana: Porque la vida trae inexorablemente sus desiertos. No ahondarlos. No hacer de la vida cristiana un desierto a priori. Pensar que puede ser un edén. Y cuando el desierto surja, sembrar de oasis, de lugares de verdor, de tiempos de encuentro, de pequeñas alegrías compartidas, de humildes sueños alimentados. No convertir nuestros caminos comunes en desiertos improductivos.
  • Resistencia para atravesar desiertos: “En la resistencia habita la esperanza”, decía Sábato. Como adultos/as, resistir, no quebrarse, no tirar la toalla fácilmente. Levantar los hombros y seguir adelante con bonhomía, con buen humor incluso. No perder la sonrisa de los labios y del corazón. La fortaleza de quien sabe, por los años, de tormentas y de malos momentos, habría de traducirse no en amargura, sino en confianza.
  • Hay vida y flores en los desiertos: Confiar y aguzar la mirada y el corazón para percibir esos signos de vida en las pequeñas cosas de cada día, en lo oculto tras la niebla, en las sorpresas minúsculas que la luz de cada día nos va dando. Las semillas de los desiertos suelen ser pequeñas. Basta una gota de agua para hacerlas florecer.

 

d) Texto evangélico de meditación: Mc 6,31

 

         «Venid vosotros solos aparte, a un desierto, y parad un poco».

 

         El discipulado ha vuelto de la misión habiendo curado y habiendo enseñado la doctrina tradicional. Fue enviado a lo primero, pero hicieron también lo segundo. Por eso, en el desierto tienen que recuperar el encargo primero. Un desierto para resituar, para reorientar, para encontrar salida a los caminos errados. Un desierto para la vida.  

 

e) Un poema

 

Piensa

en los que se mantienen al margen, 

en los que pasan, casi anónimos, 

                                                     y escuchan,

y guardan para sí lo que acaso dirían

si las cosas fuesen de otra manera,

si el altavoz brutal callara un poco. 

No imagines que el desierto es sólo superficie; 

piensa en las arenas  hondas, silenciosas,

o surcadas tal vez de profundas corrientes,

pero llenas de vida. 

Una vida que calla, pero que es verdadera

y sigue, sigue siempre. 

 

José Cereijo 


10. Aceptación y desapego

 

         Estamos dentro del tema de los conflictos, ya que éstos no son solamente con otros sino también consigo mismo. Una forma de irlos superando es trabajar la aceptación de los límites propios y generar una saludable espiritualidad del desapego. Esto tiene su importancia en la relacionalidad, ya que si ambos elementos están mejor asimilados (aceptación de límites y desapego), la relacionalidad será de más calidad.

         Se trata, en el fondo, de trabajar en la línea de la mayor libertad posible. No es cuestión de vivir en un nirvana enervante, sino de, estando sujetos a los vaivenes de los días, generar una cierta estabilidad donde brote con facilidad la buena relación. Todo esto puede ser signo de madurez humana y de fe adulta.

 

a) Un texto: Cant 3,1-2

 

«1En mi cama, por la noche,

buscaba el amor de mi alma:

lo busqué y no lo encontré.

         2Me levanté

y recorrí la ciudad

por las calles y las plazas,

buscando el amor de mi alma;

lo busqué y no lo encontré».

 

  • Buscaba: La relacionalidad, el amor, soporta mal el desapego y los límites. Por eso engendra búsquedas ansiosas. A veces eso se salda con un fracaso. Hay que saber que el amor no depende del resultado de la búsqueda, sino de la intensidad de la relación. Se puede ser persona buscadora y, a la vez, mantener la paz.
  • Recorrer la ciudad por calles y plazas: Los múltiples caminos de la búsqueda. Unos dan resultado positivo, otros no. Es preciso saber encajar ambas realidades: ni enorgullecerse vanamente cuando hay resultados en la relación, ni lamentarse continuamente cuando no los hay.
  • Buscar el amor de mi alma: O buscarme mi amor de mi propia alma. Hay que hacer un fuerte discernimiento para saber qué estamos realmente buscando, a quién estamos realmente buscando. Las búsquedas se confunden con los anhelos y estos, a veces, con los caprichos. Por eso es tan necesario el discernimiento.

 

b) Reflexión

 

  • Creativamente resignados: Eso supone la aceptación de los límites: no una resignación que mate la creatividad, sino una creatividad capaz de asumir límites. La resignación sin creatividad es una especie de muerte; la creatividad sin resignación es una ingenuidad porque se piensa que no hay límites que se le interpongan, siendo así que tales límites está ahí todos los días.
  • Sin que chirríe el alma: Hay que aprender el desapego sin que chirríe el alma. Porque el desapego viene inexorablemente en la vida: de niños, de adolescentes, de jóvenes, de adultos, muchas veces hay que desapegarse. Incluso hay que desapegarse con humanidad de la persona que antaño amamos. Hasta de la propia vida hay que despegarse un día. Quizá todo esto nos lleva a crear las condiciones para que un Ser Mayor nos venga a llenar.
  • De todo podemos aprender: Esa es la conclusión sabia y general: se puede aprender de la experiencia de los límites y se puede aprender de los dolores del desapego. El adulto siempre está en situación de aprendizaje existencial, de aprendizaje de sentido, por áspero que pueda ser, a veces, tal aprendizaje.

 

c) Derivaciones

 

  • Resignación sin creatividad: Porque así se ha presentado, a veces, el valor religioso de la resignación. Mero conformismo que lleva dentro la inactividad, el dejarse amilanar, el sentirse escachado. Hay que sacudirse esa actitud para que la relación de la vida cristiana no entre en la rutina, en el desaliento, en la certeza enquistada de que no hay nada que hacer.
  • En el lugar luminoso: Ahí será preciso situarse a la hora de aceptar los límites porque si se sitúa uno en el gris, en lo oscuro, en la pérdida, las limitaciones son únicamente motivos negativos y nunca trampolines para una posible mejora. La resiliencia es necesaria: hacer de las limitaciones un impulso para crecer  madurando.
  • Cada vez con menos para ser más: El desapego de cosas nos puede llevar no a un empobrecimiento, sino a lo contrario. Tener lo mínimo para vivir con dignidad nos puede ahorrar muchos quebraderos de cabeza y no pocos disgustos. Cuanto más simple sea nuestra vida, más posibilidad de tener riqueza humana y espiritual.
  • Itinerancia: Que es una forma estupenda de desapego: cualquier lugar puede ser nuestra casa; cualquier trabajo puede ser bien hecho siempre que se tenga capacidad para ello; cualquier relación puede ser positiva si se trabaja el camino de la fraternidad. Itinerancia como desapego que produce riqueza espiritual. Una gran sabiduría.

 

d) Un texto evangélico para la meditación: Mt 9,1

 

         «Subió a una barca, cruzó a la otra orilla y llegó a su propia ciudad».

 

         Se refiere a Cafarnaúm que es llamada “su propia ciudad”, ya que en Nazaret fue rechazado. Se instaló allí y allí pagó sus impuestos. Tuvo que aceptar los límites de sus compaisanos y despegarse del lugar que la vio nacer, no fácil desapego.

 

e) Un poema

 

Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma,
y uno aprende que el amor
no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad
y uno empieza a aprender.
Que los besos no son contratos

y los regalos no son promesas
y uno empieza a aceptar sus derrotas

con la cabeza alta y los ojos abiertos

y uno aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes...
y los futuros tienen una forma de
caerse en la mitad.
Y después de un tiempo
uno aprende que si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma, en lugar
de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende...
y con cada día uno aprende.
      

         Atribuido a Jorge Luis Borges

 

 

11. La belleza salvará al mundo

 

         Esta frase lograda es de F. Dostoievsky, el escritor de las sombras y tinieblas, pero anhelante de luz. Cuando hablamos de belleza no nos referimos primordialmente a la física, tan manoseada, sino a eso hermoso que anhela el corazón, a eso sencillo que habla el lenguaje de lo que agrada al alma, a lo que deja un poso de sosiego espiritual cuando se lo contempla, a eso que hay debajo de la piel y vibra. No es fácil decirlo.

         Pero es que el lenguaje ideológico, dogmático, teológico incluso está ya muy agotado y nos evoca poco. ¿Cómo hablar de una vida cristiana con sentido desde la espiritualidad de lo bello? Ya decía el Papa Francisco que no basta que el mensaje sea bueno y justo; tiene que ser bello (EG 167) para que llegue al corazón de las personas.

         La categoría de lo bello no ha sido muy cultivada en la vida cristiana. Parecía que eso era cosa de los artistas o de casas ricas. Y hemos vivido muchas veces en la mediocridad y hasta en el mal gusto estético. Y, sin embargo, lo bello puede ser una cara de la trascendencia tras la que dice andar en lenguaje religioso. Por eso, el cultivo de lo bello nos puede hacer más espirituales.

 

a) Cant 7,2-7

 

«Tus pies hermosos

en las sandalias,

hija de príncipes;

esa curva de tus caderas

como collares,

labor de orfebre;

tu ombligo, una copa redonda,

rebosando de licor;

y tu vientre, un montón de trigo,

rodeado de azucenas;

tus pechos, como crías

mellizas de gacela;

tu cuello es torre de marfil,

tu cabeza se yergue semejante al Carmelo;

tus ojos, dos albercas de Jesbón,

junto a Puerta Mayor;

es el perfil de tu nariz

igual que el saliente del Líbano

que mira a Damasco;

tus cabellos de púrpura

con sus trenzas cautivan a un rey.

¡Qué hermosa estás, qué bella,

qué delicia es tu amor!»

 

  • El cuerpo cantado: Fuente de belleza. Hay que situarse en otro terreno distinto al moralista en que se nos ha habituado y desde el que hemos llegado a no amar los cuerpos, todo cuerpo. Una valoración nueva de la belleza pasa por una valoración de los cuerpos, del hermano cuerpo que tan bien nos sirve y que nos da tantas alegrías y también los pesares propios de su limitación. El Evangelio es un libro de cuerpos y para los cuerpos. Sin amar los cuerpos no es posible volver al Evangelio.
  • De abajo a arriba: Así está descrito el cuerpo de la amada, desde los pies hasta la cabeza. Quizá sea ese el itinerario para volver a una valoración distinta de la corporalidad: desde lo más elemental, los pies, hasta lo más sublime, la cabeza. La espiritualidad de máximos que maneja la religión apunta siempre a lo más alto y olvida lo más bajo. Pero la belleza sencilla está en lo bajo, en lo simple, lo cotidiano. Volver al Evangelio es volver a lo bajo.
  • Signo del reino: La belleza sencilla, el cuerpo cantado, el gozo por lo hermoso es signo del reino. No hemos sido creados ni para la pena ni para el trabajo, sino para el disfrute y la fiesta. Por eso es tan importante la espiritualidad de la belleza. Puede dar un toque distinto a nuestras relaciones comunitarias.

 

b) Reflexión

 

  • Todos los seres tienen una cierta belleza: La cultura nos ha hecho creer que muchos seres son repugnantes, por su morfología o por su historia. Pero todo ser lleva el “alma” incorruptible de Dios (como dice Sab 12,1). Descubrir la belleza oculta de los seres menos queridos es una tarea hermosa. También es una tarea en la vida cristiana descubrirla en los hermanos/as donde la belleza está más oculta por su historia o sus limitaciones.
  • Amor compartido en el dolor: Así definen algunos la belleza profunda. No se trata de meras posiciones estéticas, sino de compartir amor en situaciones de dificultad, ya que en las que no tienen dificultad eso va de sí. Esa ha sido la belleza de Jesús con nosotros, compartidor de amor en nuestros caminos extraviados. Desde ahí los ha hecho bellos, a pesar de sus límites.
  • Contra el utilitarismo: Porque se nos pega algo que socialmente es un “dogma”: lo que no es útil, no vale. Y no es así: muchas veces se demuestra que lo inútil, el considerado poco útil, es el que aporta más al gozo y al sentido de la vida. Lo útil es una categoría que va por detrás de lo bello. Hay que hablar el lenguaje de lo bello para no ser un dominador o un mero consumidor de recursos (EG 11).
  • Dimensión ética y religiosa: Porque lo bello no tiene solamente una dimensión estética. También lo bello es ético porque ayuda a tomar decisiones de cercanía y amor al otro. Y es religioso porque conecta con lo santo que tiene una dimensión estética. Las tres dimensiones van imbricadas, pero, como decimos, lo bello tiene primacía.

 

 

 

c) Derivaciones

 

  • Tiene que ver con la fraternidad: Así es, la belleza tiene que ver con la comunicación porque es algo para compartir. Una belleza para uno solo no es la de la vida cristiana. Cuidar la casa, las personas, únicamente para el exclusivo placer personal no es de recibo. Como todo, la belleza comunitaria ha de ser consensuada, valorada por todos, disfrutada por todos.
  • Ofrecer la fe y la religión en el molde de lo bello: Como lenguaje más adecuado. Aunque nuestras posibilidades sean menguadas, hay que intentarlo. Liturgia bella, oración bella, signos evocadores, lugares cuidados, buen gusto en los cantos, discurso catequético con un poco de lírica, etc. Sin exquisiteces raras, pero de una forma bella.
  • Belleza para andar por casa: Porque todo ayuda, todo genera espiritualidad. Higiene personal y comunitaria cuidada; buen gusto en la ornamentación de la casa, en las comidas, en las manifestaciones ante la gente; detalles que tengan el lenguaje del buen gusto. La inatrapable trascendencia pasa muchas veces por estos caminos sencillos de lo bello.

 

d) Un texto evangélico para la meditación: Lc 12,27

 

         «Fijaos como crecen los lirios: ni hilan ni tejen, y os digo que ni Salomón en todo su fasto estaba vestido como cualquiera de ellos».

 

         Comparación para frenar las excesivas preocupaciones y poder acoger así la bienaventuranza de la pobreza. Pero es significativo que se ponga como ejemplo ecológico y estético: los lirios. Sin belleza y sin amor a la tierra no puede entenderse bien la opción por la pobreza.

 

e) Un poema

 

Bajo el sol

                hay bondad

frente a la luz sólo basta

                abrir los ojos

Limpia las penas

 

de tu corazón

el sufrimiento

de tu cuerpo

bajo el sol

da gracias

a la hierba

al musgo a la lluvia

da gracias

al placer

a la tierra sobre la que vives

y sobre la que mueres

al primer jardín

a los árboles de música

y a sus follajes de silencio

da gracias

al agua de la acequia

al bálsamo en la sangre

al rocío la floresta

al ciervo vulnerable

bajo el sol

al cielo y a sus siglos

a las nubes del aire

al fuego y al frío

a los vientos a las noches

y a los días y a la luz

a los montes y colinas

a las fuentes los mares y riberas

a la muerte

a los pájaros del cielo

y a la muerte

oscuro corzo herido

da gracias

               bajo el sol

 

Ernesto Kavi 

 

 

 

12. Para una sed infinita

 

         Parece que el ser humano, debido al mecanismo del deseo, alberga en su interior una inapagable sed de trascendencia. La religión ha lanzado ese componente antropológico al más allá: en el cielo se calmará esa sed al “ver” a Dios. Pero la evidencia es que tal sed anida ya ahora en el corazón de la persona. Por lo que el tratamiento que se dé al deseo y a su utopía de trascendencia ha de ser algo en la historia, en el hoy.

         La vida cristiana puede tomar como un apostolado connatural a su opción  el tratar de colmar esa sed de trascendencia en el hoy. Esta sed se percibe en muchos signos sociales (foros espirituales, prácticas espirituales que vienen del oriente, modos de contemplación laica, etc.). Eso lo podrá hacer viviendo y ofreciendo más espiritualidad que religión, más profundidad que culto, más interioridad que doctrina.

 

a) Cant 6,11-12

 

         «Bajé a mi nogueral

a examinar los brotes de la vega,

a ver si ya las vides florecían,

a ver si ya se abrían los botones

         de los granados;

         y, sin saberlo,

me encontré en la carroza con mi príncipe».

 

  • Bajar al nogueral: Puede leerse este texto hermoso en modos metafóricos: es bajar a la profundidad para verificar si la vida (brotes-vides-granados) bulle en su interior. Quien no se sumerge en lo profundo de la hermosura de la vida, en las verdades existenciales que tocan el corazón, no puede llegar a disfrutar del sentido de esta vida. La trascendencia que ahonda como requisito para el disfrute y el sentido.
  • Y sin saberlo: Porque el ahondamiento en la vida ha de hacerse con naturalidad, como quien respira, en maneras sencillas y cotidianas. Esa es la sed de quien busca con moderación pero con pasión.
  • En la carroza con mi príncipe: En el sentido, en la verdad que riega la vida, en el Dios que está en el fondo. Estos son los frutos de la trascendencia vivida y ofrecida, de la espiritualidad como elemento del caminar humano.

 

b) Reflexión

 

  • Escuela para la sed: La comunidad podría ser un ámbito propicio para activar la sed de Dios. Y, además, una escuela del para esa sed, orientándola hacia la dicha y hacia la fe profunda, hacia la fe cósmica.
  • Sed de dicha: Algo a lo que ningún humano renuncia: a poder ser feliz dentro de los límites de la historia. El peor pecado que se pueda cometer es no ser feliz, ya que para la dicha hemos sido creados (Borges). La dicha en el marco de lo efímero es muy respetable, ya que aquella en el marco de lo intemporal es insegura, por más que la fe la mantenga.
  • Sed de transcendencia: Normalmente, en el imaginario religioso la trascendencia es hacia fuera. Pero se puede pensar la trascendencia hacia adentro, ahondando en la historia, bajando a los sótanos de la vida para encontrarse con la verdad que es uno. Esta trascendencia, tan espiritual como cualquiera, puede dar verdadero realismo y conecta con la verdad misma de la experiencia cristiana (cf Rom 7).

 

c) Derivaciones

 

  • Una vida cristiana que ofrezca espiritualidad: Porque lo que normalmente se oferta es religión, prácticas religiosas. Pero ¿si se ofreciera espiritualidad? Para ello habría que comenzar por potenciarla en el propio marco de la fe cristiana: una espiritualidad anclada en lo antropológico y en los caminos humanos. Y desde ahí, se podría ofertar y proponer una espiritualidad religiosa. Eso podría ayudar a calmar muchas “sed” que experimentan las personas.
  • En conexión con las grandes sed de la persona: La sed de la justicia, de dicha, de amor, de paz, de igualdad…La vida cristiana si no conecta con esas grandes sed que tiene el camino humano no podrá ofrecer espiritualidad y se resignará al rincón de la espiritualidad religiosa, derivada muchas veces en mera práctica religiosa. Por eso es tan importante conectar con las grandes sed de lo humano.
  • Libre de intereses que se oponen a la trascendencia: Si la vida cristiana pretende hacer una oferta de espiritualidad y sigue ligada a intereses que, en el fondo se oponen a ella, no logrará nunca nada. Así es: el afán de dinero, la tentación del poder, el corporativismo, el buen nombre de la Institución, la gloria humana a través de la gloria religiosa, todo eso son intereses que bloquean los caminos de la espiritualidad profunda. La vida cristiana habría de situarse lo más lejos posible de ellos.

 

d) Texto evangélico de meditación: Jn 14,23

 

         «Vendremos a él y pondremos nuestra morada en él».

 

         El Padre y Jesús han tomado una decisión de vértigo: venir a poner su morada en el fondo de la estructura histórica. Por eso, el cielo está en el fondo de la existencia. Quien quiera encontrarse con el Dios que nos habita, tendrá que ahondar en la historia, bajar al sótano de la realidad. Ahí encontrará a Dios, en esas aguas profundas saciará la sed.

 

f) Un texto

 

El nombre de esta profundidad infinita e inagotable y el fondo de todo ser es Dios. Esta profundidad es lo que significa la palabra Dios. Y si esta palabra carece de suficiente significación para vosotros, traducidla y hablad entonces de las profundidades de vuestra vida, de la fuente de vuestro ser, de vuestro interés último, de lo que os tomáis seriamente, sin reserva alguna. Para lograrlo, quizá tendréis que olvidar todo lo que de tradicional hayáis aprendido acerca de Dios, quizás incluso esta misma palabra. Pero si sabéis que Dios significa profundidad, ya sabéis mucho acerca de Él. Entonces ya no podréis llamaros ateos o incrédulos. Porque ya no os será posible pensar o decir: la vida carece de profundidad, la vida es superficial, el ser mismo no es sino superficie. Si pudierais decir esto con absoluta seriedad, seríais ateos; no siendo así, no lo sois. Quien sabe algo acerca de la profundidad, sabe algo acerca de Dios. El nombre de este fondo infinito e inagotable de la historia es Dios. Tal es el significado de esta palabra y aquello a lo que tienden las expresiones reino de Dios y divina providencia. Y si estas palabras no tienen demasiado sentido para vosotros, traducidlas y hablad de la profundidad de la historia, del fondo y la finalidad de nuestra vida social, y de lo que os tomáis en serio, sin la menor reserva, en vuestras actividades morales y políticas. Quizá daríais el nombre de esperanza, simplemente esperanza, a esta profundidad”.

Paul Tillich

 

 

 

Caminos franciscanos para volver a Jesús

CAMINOS FRANCISCANOS

PARA VOLVER A JESÚS

 

         No cabe duda de que el tema de “volver a Jesús” está de moda. Basta mirar las muchas publicaciones que aparecen con esa idea. ¿Qué es lo que se pretende con este “movimiento”? «Volver a Jesús es reavivar nuestra relación con él. Dejarnos alcanzar por su persona. Dejarnos seducir no solo por una causa, un ideal, una misión, una religión, sino por la persona de Jesús, por el Dios vivo encarnado en él. Dejarnos transformar poco a poco por ese Dios apasionado por una vida más digna, más humana y dichosa para todos, empezando por los últimos, los más pequeños, indefensos y excluidos», dice J. A. Pagola.

         Se trata, pues, de “reavivar”  la experiencia de Jesús, que tiende a “morirse” y que el mecanismo religioso, sin más, no logra mantener viva. Se anhela dejarse “alcanzar” por la persona de Jesús para lo que es necesario hacerle un sitio en el propio centro del yo que tiene que desplazarse para controlar la conciencia aislada, la enfermedad del yo y la autorreferencialidad. No se trata de un convencimiento ideológico, sino de una “seducción”, un quedar atrapado en los movimientos del corazón, no sobre todo, en los razonamientos de la cabeza sabiendo que esa seducción es principalmente por una persona, Jesús y que funciona como todas las seducciones, por un no saber que brota del amor. Y, desde un lado más histórico, es vibrar con algo tan básico como la dignidad de la persona donde se muestra la pasión de Dios y donde verifica la pasión por la persona. No nos extrañe que esta hermosa espiritualidad prenda en el corazón de no pocos creyentes interesados.

         Pues bien, Francisco y Clara de Asís fueron creyentes que, en su día, vivieron e impulsaron una decidida vuelta al Evangelio y a la persona de Jesús. Fueron en su época, en frase de san Buenaventura, “una luz en medio de la niebla” (LM Prólogo 1). ¿Podrían serlo en la nuestra? ¿Podría ser su camino, convenientemente adaptado, una senda útil para nosotros? Esta es la intuición de un curso como el presente: volver a recrear algunos aspectos básicos del franciscanismo que puedan llevarnos a valorar en maneras renovadas el camino del mismo Jesús, su persona. Al fin y al cabo nosotros no seguimos a Francisco ni a Clara, queremos seguir a Jesús. Él es sentido para nuestra vida. La intuición franciscana es cauce para dar con la senda de Jesús.

 

 

1

EL CAMINO DE LA HUMILDE HUMANIDAD

 

         Cuando hablamos de “humilde humanidad” no nos estamos refiriendo a algo virtuoso, sino a una realidad existencial: la certeza de que el itinerario humano es limitado, aunque hermoso. Se trata de aprender a situarse en lo que realmente somos, en nuestra interdependencia, en nuestra limitación por encima de la complejidad biológica, en la insignificancia cósmica más allá de toda relevancia. Somos lo que somos, y eso habría de llevarnos a descubrir el extraño valor de lo humilde.

         El giro que Francisco da a su vida se debe, en gran medida, al descubrimiento de la humanidad humilde, a la percepción de que la amargura de los leprosos conduce a su corazón humano (Test 2) y que la propia amargura personal lleva a la más personal de las humanidades (1R 23,5.8). Desde ahí ha descubierto al Jesús humilde (1R 9,5), en una cultura donde la persona de Cristo era enmarcada en los títulos y modos imperiales. Así es como él ha descubierto que su lugar en la vida estaba con los “crucíferos” (VerAl 14), con aquellos que constaban en los archivos municipales y no eran ciudadanos. Descubriremos estos caminos de humanidad en un tema marginal del PCl.

         Las FMM califican a María de la Pasión como mujer de “extraordinaria humanidad”. Pues una manera de cultivar ese rasgos es trabajar el camino humano como cauce bueno de espiritualidad.

         Entender lo cristiano como descubrimiento del valor de la humilde humanidad puede parecer cosa de poca monta. Pero contribuye a un cambio profundo en nuestra manera de entender a Dios y de entender la fraternidad, Démonos a ello.

 

a)  La voz de los textos franciscanos: PCl III,9

 

Hay en el Proceso de santa Clara un rasgo mínimo, pero elocuente, que queremos subrayar aquí: de los veinte testigos cuya deposición recoge el documento, cinco consignan que Clara, durante toda su vida, cuidó de las enfermas y se reservó el servicio humildísimo de limpiar sus bacines.

         ¿No era Clara la abadesa, por más que tal título no le gustara del todo? ¿No era la fundadora? Había abadesas en la Edad Media con “jurisdicción episcopal”, dueñas de vidas y de haciendas. El estilo “abacial” de Clara nada tiene que ver con esta clase de figuras medievales y el hecho insólito de los dichosos “bacines” está indicando en qué clase de urdimbre antropológica urde Clara su vivencia de la fraternidad. Esa clase de signos, aparte de ser leídos como una cuestión de humildad (así lo hará básicamente PCl) han de ser entendidos como modos significativos de posturas profundas. Eso es lo que da a este asunto una dimensión reflexiva y espiritual que traspasa la mera anécdota.

«Aseguró también que fue tanta la humildad de la bienaventurada madre, que se despreciaba totalmente a sí misma, y anteponía a las demás, haciéndose inferior a todas, sirviéndolas y dándoles agua a las manos, y lavando con sus propias manos los bacines de las hermanas enfermas, y hasta lavando los pies de las serviciales».

El testimonio de este número proviene de sor Felipa de Leonardo de Gislerio. Hay que notar que el de esta hermana es, con mucho, el testimonio más largo de los veinte testigos del proceso. Ello indica que el tribunal ha juzgado de mucho interés la deposición de esta hermana como fuente de información sobre la realidad espiritual de Clara.

Como las testigos anteriores, posiblemente sea interrogada sobre la humildad de Clara. Su respuesta es tópica pero encadena una serie de valores que, al final, terminan dibujando el perfil de alguien dedicada por entero a la comunidad. Comienza diciendo que «se despreciaba totalmente a sí misma y anteponía a las demás, haciéndose inferior a todas». Puede ser esto considerado como un topos, pero quien ha vivido junto a ella treinta y ocho años y sigue teniendo esta valoración está indicando una cierta verdad antropológica.

En un segundo momento se concreta esto en tres acciones: a) «dándoles agua a las manos» (Dando l’acqua alle mane), como tarea de higiene cotidiana en manos que no debían ser muy pulcras dada la inexistencia de agua corriente y la escasez de jabón, a pesar de su existencia, cosa por la que hay quien aduce esto como una de las causas de la peste negra en el siglo XIV; b) «lavando con sus propias manos los bacines de las enfermas»: como la testigo de II,1 el inciso con le propie mane está hablando de una notable dedicación; c) «y hasta lavando los pies de las serviciales»: alude a las hermanas externas. También lo había dicho la testigo anterior. Por lo que sea, la testigo considera que este servicio era más arduo que el de los bacines. Se ve que el embarramiento de los caminos y la suciedad de las poblaciones hacían que los pies de esas hermanas estuvieran particularmente sucios.

En esta tarea se inserta el acto puntual del golpe que una de estas serviciales dio, involuntariamente suponemos, a Clara en el rostro cuando le lavaba los pies y que varias testigos reseñan. Da la impresión que esta clase de detalles tiene para el tribunal eclesiástico tanto o más valor que los milagros que la testigo, ésta en concreto, atribuyen a los supuestos milagros en vida de Clara.

Este tipo de prácticas fraternas no se podía haber mantenido como un rasgo de personalidad sin haber tenido como cimiento una valoración dignificadora de la persona de la hermana que se concreta en el coraje de ser hermana en los límites físicos. Clara ama el cuerpo de sus hermanas, incluso en sus límites, sobre todo en ellos. Para amar el cuerpo hace falta tener el coraje de amarlo en su debilidad, física u otra. El amor en la debilidad es el amor puro, libre de premios o pagos, de no ser la satisfacción de ver mejorado a quien anda en necesidad. El amor en la debilidad es el que muestra el verdadero rostro de la fraternidad. Así lo ha aprendido Clara de Francisco.

 

b)  La voz del Evangelio: Lc 12,35-38

 

«-Tened el delantal puesto y encendidos los candiles: pareceos a los que aguardan a que su amo vuelva de la boda para, cuando llegue, abrirle la puerta en cuanto llame. Dichosos esos criados, si el amo al llegar los encuentra en vela: os aseguro que será él quien se pondrá el delantal, los hará recostarse y les servirá uno a uno».

 

  • Pertenece este texto a Lc 12 que se inscribe en la primera parte del viaje de Jesús a Jerusalén y que quiere describir las actitudes del discípulo. Una de ellas es la vigilancia, un tema que vuelve con frecuencia en los evangelios (Mt 24,42-51; Mc 13,33-37).La cintura se ciñe con una cuerda o con un delantal para dejar más margen de actuación a quien va a ejercer algún tipo de trabajo doméstico. La segunda parte del pasaje indica un delantal que se pone para servir la comida. Se es vigilante si se pone uno el delantal de servir: en la humanidad que necesita ser servida se desvela el rostro de quien nos sirve, Jesús.
  • Al delantal le acompaña el candil. Estamos en épocas de fuerte oscuridad doméstica. En cuanto baja el sol, la casa queda a oscuras. Mientras esté encendida la luz del candil es señal de que alguien espera. Tanto el delantal puesto como el candil encendido aluden a una actitud viva, la de quien lee el camino de sus días como una realidad humana que se vive con interés, como quien ha escapado de la rutina, de la nostalgia, de dejar que las cosas corran sin finalidad. Son símbolos de vida en el marco de lo humilde.
  • Eso mismo indica la actitud de quien vigila para cuando llegue el amo, aunque a esta actitud le falta algo: ¿despiertos, para quién? El evangelio tendría que responder: despiertos para los humildes, para ver en los caminos de los humildes la verdad de la vida.
  • Se trastruecan los papeles: el amo se pone a servir con el delantal ceñido; el servidor es puesto en la mesa y es servido por el señor. Quizá aquí esté los más “revolucionario” de la imagen: hay que ejercer el señorío sobre la visa sirviendo a los humildes. En el servicio al frágil se encierra la verdadera manera de leer el camino de la historia. En las historias de las pobrezas están las verdaderas historias de lo humano que trata de ser igualitario y fraterno.
  • El humilde es obligado a “recostarse”, a comer como un señor (al estilo de los señores romanos) porque encierra todos los componentes del señorío. Y se le sirve “uno a uno”, en su individualidad, en su intransferible dignidad. Con todo el aprecio y cuidado que merece ser servida toda persona, singularmente los más humildes.

 

3. Otra manera de leer la historia

 

         Hasta ahora siempre se había leído la historia, el camino humano, desde el lado de los poderosos, de los dueños del sistema, de los fuertes, de los vencedores. Eso continúa, pero cada vez más se alzan voces, maneras de leer la vida que no vienen desde el lado de la fuerza y del triunfo, sino desde la dignidad. Esta nueva manera de leer habría de calar, por humanidad, por fe y por franciscanismo en nosotros. Francisco de Asís es alguien que ha logrado tener otra mirada para situarse en los márgenes y ver a la persona desde la perspectiva especial del Evangelio. Decirse franciscano y leer la realidad desde el brillo y el poder del sistema, no ser crítico, no tener sensibilidad para acoger las voces que vienen de la periferia es, digamos lo que digamos, algo extraño. Subrayemos algunas de esas voces sociales que leen el camino histórico de otra manera:

  • La discapacidad que no menoscaba la dignidad: El lenguaje no es inocuo. Por eso se aquilata socialmente cada vez más. Es un paso adelante denominar a uno “persona con discapacidad” y no “discapacitado”. La tenacidad y la lucha de las personas con discapacidad deja ver a las claras que son personas con valores y lucha en grado a veces muy superior a las personas sin discapacidad. Con eso se está ayudando a hacer una lectura distinta del valor de la persona: no reside en sus capacidades sino en su dignidad. Y por ello, toda persona es digna y han de ser más cuidadas aquellas situaciones personales que ponen en riesgo la certeza de la dignidad. Un paso importante en la lectura humanizadora de una historia limitada como la nuestra 
  • Los medios que hacen visibles a los invisibles: Hasta ahora, y ahora en gran parte también, la realidad de los invisibles, de los parias de la tierra, solamente la conocían ellos. Pero ahora, debido a los medios de comunicación, aunque muchas veces manipulados, la suerte de los invisibles y su duro camino humano es, en parte, conocido. Eso llega a empoderar a algunos y hacerles ver que su enrome pobreza no les priva de su dignidad. Es una forma de leer la realidad de los frágiles nueva, que tiene sus pros y sus contras. Pero los invisibles, los apátridas, los rohinyas, los torturados en Libia, los mineros de Kivu, los que atraviesan América Central, los desplazados en general tienen un sitio, reducido a veces, en los medios y eso contribuye a que una parte de la población reaccione. Otra, queda insensible o afianzada en su mentalidad excluyente, como siempre, no más que antes. Son maneras nuevas de leer la historia a favor de la dignidad y de los desposeídos. El día del reino, lejanísimo, se hace un poco más cercano.
  • Las redes que responden rápidamente a los ataques a la dignidad: Las redes sociales tienen muchísimas pegas. Pero tienen también sus ventajas. Una de ellas es que los atropellos que se hacen a la dignidad de los humildes, de las mujeres, de los desfavorecidos, reciben una rápida respuesta por un sector social con sensibilidad humana. Y del mismo modo que circulan injurias a manta, también circulan muchas defensas y valoraciones positivas de las personas frágiles. Sobra decir que, el franciscano/a que lee la historia ha de sumarse a quienes rompen lanzas por los frágiles y habría de distanciarse explícitamente de quienes los zahieren. 
  • Los coros que se suman al gran coro de la gestión ambiental: Porque hay mil matizaciones que hacer a todo el tema medioambiental. Pero es una realidad que cada vez se ve más claro que esto no tiene vuelta de hoja: el cuidado de la tierra es una tarea ineludible de la humanidad y una nota del comportamiento cristiano. De tal manera que eso hay que incorporarlo a la ética y la espiritualidad de la fe. Pues bien, resulta indiscutible que un sector social que antes era irrelevante, los adolescentes, se incorporan de manera decidida a la lucha contra el cambio climático. La voz desconocida de este sector social comienza a ser global y a ser tenida en cuenta.

 

4. Apuntando a la persona

 

  • Pasan los años sin que cambie la visión de la persona y de la sociedad: Puede ocurrir que esto pase en nuestra vida franciscana: entraste con una visión de la sociedad, de la política, de las relaciones humanas, a la vida franciscana hace muchos años y esa visión se ha afianzado, se ha hecho más acentuada. Si no, ¿cómo es posible que la vida franciscana se alíe con frecuencia con los movimientos eclesiales más conservadores, con las tendencias políticas más sistémicas, con las valores sociales más excluyentes, hablando siempre en general? Se argumenta diciendo: “no hay que generalizar” como escapatoria a cualquier crítica. Todos sabemos cómo funcionamos en general y en particular. Y la evidencia es que no percibimos lecturas nuevas del hecho social, del itinerario humano en la mayoría de los hermanos. Son lecturas sistémicas y, además, te identifican sin más con ellas, sin presunción de visión social diferente.
  • Crear itinerarios ecológicos: No cabe duda: vamos mejorando en sensibilidad y en prácticas ecológicas, por mucho que la cosa vaya lenta. Pero nos cuesta hacer planes ecológicos de una cierta envergadura fraterna. Los franciscanos reconstruimos casas (quizá en otros territorios distintos de Europa construimos edificios). ¿Qué preocupación ecológica manifestamos? ¿Hay una manera nueva de leer el camino histórico, esa “otra mirada” de la que nos habla la LS’ LS’ 36, 110-11, 135, 141, 1590. Una forma de leer de manera nueva el humilde camino humano será crear itinerarios ecológicos de una cierta envergadura, sin descuidar lo pequeño. Por lo menos habría que irlo pensado y poner el asunto encima de la mesa cuando se hace discernimiento sobre nuestras obras.
  • Ver las relaciones sociales con ojos nuevos: Es otra manera nueva de leer el humilde camino humano. Hasta ahora, la manera de ver estas relaciones era la propia de sociedades jerarquizadas, androcéntricas y heterónomas. Ahora se van descubriendo otros horizontes: menos jerarquizadas, más igualitarias, más fraternas en definitiva basadas, como decimos, en la dignidad de toda persona por encima de su situación social o económica; menos androcéntricas, por la irrupción del feminismo que quiere hacer ver el valor de toda persona más allá de su sexo, género u opción sexual; menos heterónomas, más autónomas, decidiendo de manera más soberana sobre la vida y sus límites, aunque este sea un terreno con frecuencia resbaladizo.
  • El don sagrado que es vivir y respirar: es comprender el humilde camino de vida como un “don sagrado”, como una suerte enorme para quien hemos sido llamados a la vida, como una posibilidad dentro de los estrechos límites de lo humano. No es fácil hacer ver esto a quien sufre grandes pesos históricos (quizá haya que verlos como obstáculo a ser superado con señorío y dominio sobre ellos); pero, al menos, quienes no los sufrimos tanto habríamos de llegar a verlo con más facilidad.

 

 

2

EL CAMINO ADULTO

DE UN DIOS DE SILENCIO

 

         Todas las religiones quieren que su Dios hable. El creyente lleva muy mal el silencio de Dios. Un Dios en silencio es como un Dios muerto. Es muy difícil creer en un Dios que no habla. El creyente entra en un desconcierto insuperable. Por eso los mecanismos religiosos han generado la certeza de que su Dios habla casi siempre. Un Dios sin voz no puede ser alguien que marque el camino a seguir. Un Dios sin voz es un desprestigio. Por eso, nadie habla de un Dios “mudo”. Sería la peor de las “deficiencias”.

         Y, a pesar de todo esto, uno se topa cada día con el silencio de Dios, con su no responder directamente a nuestras peticiones, a nuestros gritos, a nuestras puyas. Pensamos que Dios escucha y responde a nuestras plegarias, porque se nos hace insoportable la soledad de nuestro ser histórico. Pero Dios no responde sino en el lenguaje de los acontecimientos históricos, en el lenguaje de la historia pobre de Jesús. No nos parece suficiente: queremos que la voz de Dios (?) se escuche por nosotros. Pero no se escucha y un increíble silencio envuelve nuestro itinerario vital. Hay que mirar esta realidad de frente.

         Hay creyentes adultos que han intentado imaginar su vida de fe ante un Dios de silencio. Entre ellos sobresale D. Bonhoeffer: «Dios nos hace saber que hemos de vivir como hombres que logran vivir sin Dios. ¡El Dios que está con nosotros es el Dios que nos abandona (Mc 15, 34)! El Dios que nos hace vivir en el mundo sin la hipótesis de trabajo Dios, es el Dios ante el cual nos hallamos constantemente. Ante Dios y con Dios vivimos sin Dios. Dios, clavado en la cruz, permite que lo echen del mundo. Dios es impotente y débil, y precisamente sóloasí está Dios con nosotros y nos ayuda». Nos parecen sublimes estas expresiones, pero no terminamos de creérnoslas; es para nosotros excesivo el desamparo que las envuelve, por más que las intuyamos verdaderas.

         Quizá, como luego diremos, percibir en el evangelio el tránsito de un Dios que habla (así lo creen los evangelistas por ejemplo en Mt 17,5) hacia otro que no habla (Mc 14,36) puede darnos pie a creer que el Dios de Jesús es, de algún modo, un Dios en silencio. Y que ello no ha sido obstáculo para que él lo creyera presente en su vida (Jn 8,29; 16,32). También la experiencia franciscana puede ayudarnos a encajar sin violencia la realidad hermosa de un Dios que no habla nuestros lenguajes tan cuestionables muchas veces.

 

1. La voz de los textos franciscanos: LP 17 (EP 1)

 

         Todos sabemos, por aquel librito de E. Leclerc, cómo de dura fue la crisis del final de la vida de Francisco cuando todo se oscureció y creyó que la suya había sido una vida estéril y errada: «Señor Dios –dijo entonces Francisco-. Tú has soplado mi lámpara. Y ahora estoy hundido en las tinieblas y conmigo todos los que me habías dado. He llegado a ser para ellos un objeto de horror. Los mismosque me estaban más unidos me huyen. Has alejado de mi a mis amigos, mis compañeros de primera hora. ¡Ah, Señor, escúchame! ¿No ha durado lo bastante la noche? Enciende en mi corazón un fuego nuevo. Vuelve hacia mí tu rostro y háblame, que la luz de tu aurora resplandezca sobre mi cara, para que los que me siguen no caminen en tinieblas. Por ellos, ten piedad de mí». Por eso, también L. Cavani  su película dice, como resolución de la crisis final, que “Dios me ha hablado”.

         Los mismos textos franciscanos van en esa dirección: LP 17 es un texto que ha sido usado y quizá creado por los “espirituales” para dar amparo divino a la Regla leída sin glosa. Después EP 1 lo reproducirá en toda su crudeza. Leamos el texto:

«Estando el bienaventurado Francisco con el hermano León y el hermano Bonicio de Bolonia retirado en un monte para componer la Regla -pues se había perdido la primera, escrita bajo el dictado de Cristo-, muchos de los ministros se reunieron en torno al hermano Elías, vicario del bienaventurado Francisco, y le dijeron: “Hemos oído que ese hermano Francisco está componiendo una nueva Regla. Tememos que la haga tan dura, que no la podamos observar. Queremos que vayas donde él y le digas que nosotros no queremos obligarnos a esa Regla. ¡Que la componga para él, no para nosotros!”.

El hermano Elías les respondió que no quería ir, porque temía la reprensión del hermano Francisco. Como ellos insistían en que fuese, les contestó que en todo caso iría, si ellos le acompañaban. Partieron, pues, todos juntos. Cuando el hermano Elías, acompañado de los mencionados ministros, llegó al lugar en que se encontraba el bienaventurado Francisco, le llamó. Éste respondió al ver a los ministros: “¿Qué desean estos hermanos?” Replicó el hermano Elías: “Son ministros que, habiendo oído que estás componiendo una nueva Regla, y, temerosos de que la hagas demasiado estrecha, dicen y reafirman que no quieren obligarse a ella; que la hagas para ti, no para ellos”.

Entonces, el bienaventurado Francisco levantó su rostro hacia el cielo y le habló así a Cristo: “Señor, ¿no dije bien que no te creerían?” Y se escuchó en lo alto la voz de Cristo, que respondía: “Francisco, nada hay en la Regla que proceda de ti; todo lo que ella contiene viene de mí. Quiero que esta Regla sea observada a la letra, a la letra, a la letra; sin glosa, sin glosa, sin glosa”. Y añadió la voz: “Sé lo que puede la debilidad humana y lo que yo quiero ayudarles. Los que no quieren observarla, que se salgan de la Orden”. El bienaventurado Francisco se volvió a aquellos hermanos y les dijo. “¿Habéis oído? ¿Habéis oído? ¿Queréis que consiga que se os repita?” Los ministros se retiraron confusos y reconociendo su culpa».

         En el texto se apela a la voz de Cristo como la que garantiza la inviolabilidad de la Regla. Pero la cosa no fue así: Francisco tuvo que asumir el silencio de Dios como parte de su camino personal. Para él la fraternidad fue la forma de responder aunque esa fraternidad estuviera herida. Seguir siendo hermano fue la forma de mantenerse en pie ante el silencio de Dios, incluso a pesar de quienes tenían otra manera de las cosas de la Orden. Seguir siendo hermano aunque hubiera que ceder. Asumió el silencio de Dios sin pedirle que hablara: el lenguaje de Dios fue la fraternidad.

 

2. La voz de los evangelios: Lc 22,39-46

 

         Los evangelios son textos enmarcados en una cultura religiosa que tiene por cierto que Dios habla. Por eso en pasajes importantes (bautismo: Lc 3,22 y par.; transfiguración: Lc 9,35 y par.) Dios habla con frases de AT. Deudores de múltiples relatos de teofanías, es normal que se atribuya a Dios el don de “hablar”.

         Pero también hay textos donde Dios ya no habla, cuando era más necesario escuchar su voz. Esto lo vemos sobre todo en los relatos de la oración en Getsemaní en los tres sinópticos (Juan no reporta el pasaje):

«Jesús salió y se dirigió, como de costumbre, al Monte de los Olivos. Los discípulos lo siguieron. Cuando llegaron a ese lugar, les dijo: -Orad, para no exponeros a la tentación.Y se separó de ellos a distancia como de un tiro de piedra, se arrodilló y empezó a orar diciendo: -¡Padre, por favor, no me hagas pasar este trago amargo! Sin embargo, que no se haga mi voluntad sino la tuya. Entonces se le apareció un ángel del cielo para darle fuerzas. Y se apoderó de él una angustia mortal, pero él hacía oración con más intensidad. Y su sudor era como gotas de sangre que caían hasta el suelo.Cuando terminó de orar, fue a donde estaban los discípulos y los encontró dormidos en su tristeza. Entonces les dijo: -¿Por qué estáis durmiendo? Levantaos y orad, para no exponeros a la tentación».

  • El relato es la cara opuesta al de la transfiguración: allí había luz y Dios hablaba. Aquí hay oscuridad, gran tristeza y silencio de Dios. No quiere decir que Dios estuviera ausente, sino que Jesús, debido al terror de la situación que se le venía encima, no lo percibía presente.
  • No era la primera vez que iba al Monte de los Olivos (“como de costumbre”). Quizá en otras noches Dios le habló. Ahora enmudecía. Es un Jesús “separado” de los discípulos el que ora: en la gran soledad de uno mismo, en ese terreno donde no hay sitio ni para el consuelo de los amigos.
  • Jesús percibe la amenaza del “trago amargo”. Él quiere verse libre del mismo, quiere puentear la amargura de una historia, la suya, que se presenta muy dura. Él, también, tentado de situarse fuera de los parámetros de la historia pobre. Él, también, demandando a Dios lo imposible.
  • No extraña que observemos que el camino de Jesús y del Padre no coinciden. Por eso reza: “No se haga mi voluntad sino la tuya”. No coinciden ambas voluntades: Jesús quiere huir, el Padre le muestra en los acontecimientos el camino de la entrega. No lleva a la muerte a Jesús el Padre; son sus propias opciones que ha tomado siguiendo lo que creía que Dios le marcaba las que le han conducido al desastre final. En la oscuridad Jesús no puede renunciar al camino andado.
  • Es entonces cuando quisiera escuchar la voz reconfortante de Dios. Pero no hay voz: silencio y soledad, percibido todo como abandono, como ausencia, como desentendimiento. Él se había definido como “entregado” (Mc 9,31). Pero todo se nubla cuando se llega a modos extremos de entrega, a modos extremos de amor (Jn 14,1). Duro silencio, dura soledad, dura entrega.
  • Lucas (no los otros sinópticos) mete en su narración el consuelo del “ángel”. Pequeño consuelo porque, en realidad, a él no le consuela un ángel sino la cálida voz de su Padre. Ningún consuelo de ángel puede suplirla.
  • Quiere Jesús paliar su angustia orando “con más insistencia”, como si esta pudiera romper el muro de silencio que envuelve a la realidad de Dios, como si eso pudiera desdecir lo que se percibe como terriblemente cierto: no solamente que Dios está en silencio, sino que es silencio. ¿Cómo percibir ese silencio como una presencia cálida? ¿Cómo entender que el silencio es la manera más profunda que Dios tiene de estar cerca de nosotros?
  • Quiere mitigar este escozor fuerte recurriendo a sus amigos que tampoco pueden aportarle mucho porque está “dormidos por la pena”, el sueño enajenante que quiere alejar de la dura realidad. Solo en su soledad, sin mitigaciones, sin alivios, sin consuelos.
  • Cuando dice Jesús que hay que pedir “no caer en la tentación” es en la tentación del sinsentido de vida, de la existencia sin valor porque Dios no se hace presente, de creer que nuestra vida no vale porque Dios no aparece entre sus componentes. La tentación de creer de que porque no se le ve, no está.

 

3. ¿Está no está?

 

         Esta pregunta es vieja: se la hacían los israelitas en el desierto (Ex 17,7). Nosotros, mirando a la sociedad de la que hacemos parte, y como decía Bonhoeffer, está cada vez más fuera. Muchos dirían simplemente: no está. Muchas personas buenas, cercanas, parientes, amigas no incluyen en sus planes vitales la realidad de Dios. Pero no verlo, no incluirlo, no tenerlo como referencia, no hablar de él ¿quiere decir que no esté? ¿No puede que sea que su modo de estar sea el silencio o, si se quiere, que hable en los comportamientos de humanidad?

  • ¿Está en los que se entregan sin pedir cosas a cambio?: A veces los periódicos nos sorprenden con una necrológica donde se glosa la vida de personas que se han entregado a fondo durante décadas o tu propio médico es voluntario los veranos en África. Raramente se entera la ciudadanía de estos derroteros, pero ahí están. ¿No habita Dios en el silencio de esa generosidad? ¿Es necesario que tal o cual de esas personas sea creyente? ¿No está Dios a su gusto en ese silencio que admira la generosidad de las personas?
  • ¿Está en quienes arriesgan la vida por quienes no cuentan?: Nos llama la tención percibir la cantidad de personas que arriesgan su vida, su trabajo, su dinero y se sitúan en el lado de quienes no cuentan (inmigrantes, madres gestantes, náufragos, desplazados, etc.). Gente que algunas veces es religiosa, pero otras no. Gente común. ¿No está Dios en todo eso por más que no se le nombre? Precisamente el no nombrarlo puede contribuir a no estropearlo. ¿No hace Dios justamente eso, estar de nuestro lado en su silencio? ¿Es necesario que hable, que lo haga en los moldes del vocabulario religioso?
  • ¿Está en quienes sirven a los frágiles sabiéndose afortunados?: Porque hay personas que sirven a los frágiles y se saben afortunados. Encuentran en esos servicios humildes una satisfacción que proviene de un fondo común de humanidad: se sienten personas al servir a las personas donde la dignidad está intacta pero rodeada de fragilidad. Cuando se les agradece el servicio que hacen dicen que ellos son los que realmente están agradecidos. Entienden y viven su servicio como la gran oportunidad para enriquecer su persona. ¿Es necesario nombrar a Dios? ¿No lo hacen por puro amor al fondo de lo humano que está intacto en la persona frágil?
  • ¿Está en los silencios más inmensos de quienes lloran y nadie consuela?: Ya dice Qoh 4,1 que lo peor de la vida son las lágrimas de los pobres que nadie consuela. Lágrimas sin consuelo porque nadie lo da o porque no hay consuelo humano que palíe el dolor. Ahí sí que está Dios mudo. Pero su silencio recoge esas lágrimas. Quizá su silencio sea el mejor “odre” para recogerlas.
  • ¿Está en los silencios inmensos del cosmos?: La ciencia moderna nos abre a horizontes desconocidos en el cosmos y no dice que el silencio es el medio en el que se desenvuelve la vida de las galaxias. Un silencio cósmico. El ateo J. Saramago, místico además, llego a decir que "Dios es el silencio del universo, y el ser humano, el grito que da sentido a ese silencio". Quizá sea mucho decir que somos nosotros quienes damos sentido al silencio de Dios Pero, asimilado, puede ser cauce de contemplación. No necesitamos percibir el silencio cósmico de Dios para creer que es fundamento del ser y fuente de la vida.

 

 

4. Volver al Jesús de los silencios

 

         No nos hemos planteado el tema de los silencios con respecto a Jesús. Pero quizá en ello, pero él ha sido también un hombre de silencios, capaz, como hemos visto de asumir silencios, humanos y divinos:

 

  • Al Jesús de los silencios de los evangelios que no se descubren: Además de lo dicho, Jesús es una persona envuelta en silencios: el silencio de su nacimiento pobre, el silencio de sus caminos en Galilea, el silencio de la incomprensión de los suyos y sus discípulos, el silencio de una oferta del reino que no se termina de asimilar en sus justos parámetros, el silencio de su muerte atroz, el silencio de su estar resucitado en el lado de la vida. El silencio siempre amarrado a sus días, a sus anhelos, a sus caminos.
  • Al Jesús de los silencios de quienes no agradecen los servicios: Porque Jesús sabe de caminos no agradecidos, de entregas no pagadas, de agradecimientos raramente recibidos. Entregas y servicios que no menguan en valor porque no sean agradecidos. Jesús compañero de quienes se entregan y no son reconocidos.
  • Al Jesús que ha enmudecido los silencios de los caminos sociales: Jesús que no ha podido mejorar las condiciones de vida de los humanos de no ser en utopías y anhelos; Jesús que no ha logrado hacer ver a su pueblo su alejamiento del querer salvador de Dios; Jesús que no ha contado para el devenir del hecho social, al menos en su tiempo. Pero ese silencio no era sinónimo de ineficacia o de muerte. Era el silencio de la semilla que dará fruto cuando tenga que darlo.
  • Al Jesús deformado, manipulado, privatizado, que habla cada vez menos: Silencio duro que Jesús ha sufrido desde el principio y que sigue sufriendo: deformado por argumentos interesados incluso religiosos; manipulado para hacerle decir lo que uno quiere que diga; privatizado creyendo tener derechos sobre él; un Jesús que se le obliga a enmudecer al ponerlo en situaciones lejanas al Evangelio.

 

PARA EL TRABAJO DE LA TARDE:

 

  1. 1.    Punto de partida: Encerradas en casa

 

(Se lee el texto atentamente, subrayadamente)

 

            Cuando el marido de Dolores falleció, ella se quedó “encerrada en casa”. Así lo cuenta y añade: “Como tengo problemas grandes para moverme, con él tenía una ayuda muy grande”. No obstante, con el amparo de un programa social puede torear ese encierro y abrirse a la socialización. “Si hay alguna salida, dice, me apunto y voy. El almuerzo de los sábados es sagrado y el martes voy a las mandalas. Estoy en el cielo cuando estoy allí. Y Eva, que viene a hacerme un ratito de compañía, ¡ay qué nena más maja! A la edad que una tiene, no puede aspirar a mucho, pero a lo que puedes, pues sí”.

            Los analistas sociales observan: "Ahora cuando uno se jubila, igual le quedan por delante 25 años de vida. Tal vez es mucho tiempo para estar sin un proyecto de vida y en España no tenemos muy claro qué papel juega uno en la sociedad cuando se jubila". Es una tarea social grande encontrar ese “nicho” en el que puedan vivir con humanidad las personas jubiladas.

            Dolores, con 81 años, es una de las casi 1,5 millones de mujeres de más de 65 años que viven solas, el perfil que más siente la soledad. En total, según la encuesta continua de hogares del INE, en España hay 4,7 millones de hogares unipersonales. Es una cifra que sirve para imaginar, pero no para delimitar, un problema estructural e invisible. Porque la soledad ni afecta a todas las personas que viven solas, ni afecta solo a las personas que viven solas. La soledad es, a veces, una puerta para la exclusión, pero, ante todo, es un problema emocional.

            Existen, por lo general, dos redes de apoyo: la familiar y la social. La familia sigue, de alguna manera, cumpliendo su papel antiexclusión. Pero estamos lejos del reemplazo generacional. Antes se nacía en una ciudad y lo normal era que se viviera en el barrio de los padres o en el de al lado. Ahora se puede tener un hijo en Zaragoza, que estudie la carrera en Madrid, el máster en Londres y se vaya a trabajar a Alemania o a la India. El día que uno se hace mayor, está solo, porque aunque el hijo te quiera mucho, no te vas a ir a vivir con él a la India.

            Según los datos que manejan en la Fundación La Caixa, el 20% de las personas entre 20 y 40 años tienen peligro de aislamiento social por soledad. Hay una soledad que, en general, empieza pronto, aguanta hasta los 65 años y, a partir de aquí, va aumentando considerablemente hasta los 80 y muy considerablemente a partir de los 80. En España hay más de 850.000 mayores de 80 años que viven solos y muchos presentan problemas de movilidad que les impiden salir de casa sin ayuda, como Dolores.

            Ana es otra persona que vive sola. Describe muy bien su situación en cuatro pinceladas: "Me levanto, me lavo, me siento, desayuno y ya está. Si quiero leer un ratico, si quiero ver la televisión, aquí -señala a la ventana- para mirar un ratico que vienen muchos chiquillos a la guardería...”. Hace años que se rompió un pie y, sumado a sus problemas de fibromialgia, le da miedo salir de casa. Unas 100.000 personas no salen nunca de casa porque no tienen ayuda.

Ahora Ana recibe todos los martes la visita de Ángel, un voluntario que se animó a dedicar su tiempo cuando se jubiló. "Me dicen que qué buen mozo me he buscado; yo no me lo he buscado, ha venido él a mi casa", bromea ella. "Salimos poquito, cuando estoy medio animosa, pero la mayoría de las veces hablamos de cuando éramos jóvenes, de cómo era nuestra vida, de nuestros hermanos", explica. ¿Le gustaría vivir en casa de sus hijos? "No, no. Yo quiero vivir sola".

Las administraciones solas no pueden resolver el problema de la soledad. Pueden pagar servicios -como apoyo en domicilio, desplazamientos, tratamientos, etc.-, pero la soledad se resuelve con compañía y la compañía la da el entorno. Como la soledad afecta a la salud, se están llenando las salas de espera de los ambulatorios de personas que acuden sin una enfermedad concreta y muchos ayuntamientos se están dando cuenta de que hay una especie de alarma.

            Hablando más estructuralmente los expertos coinciden en señalar la importancia de la construcción de la sociedad. Los valores, la empatía, la compasión, la solidaridad, tienen que ver con cómo queremos ser. Nos estamos jugando qué tipo de sociedad queremos tener.

            Y una reflexión final: Las personas que tienen otro tipo de problemas, en algún momento lo manifiestan. Quienes se sienten solos no generan conflicto, por lo que nadie siente que es un problema. Pero, ¿puede haber más exclusión que no tener con quien hablar?

 

  1. 2.    Preguntas:

 

  1. 1.    ¿Cómo acompañar las vidas más solas? ¿Cómo nos acompañamos?
  2. 2.    ¿Cómo ser humanas con quien sufre? ¿Cuánto nos interesa el sufrimiento de nuestras hermanas?
  3. 3.    ¿Cómo trabajar para hacer de nuestras comunidades grupos de creciente humanidad?
  4. 4.    ¿Cómo llenamos nuestros silencios y los de nuestras hermanas?

 

 

3

EL CAMINO

DE UN SEGUIMIENTO EN HUMILDAD

 

         A tantos años del Vat.II podemos decir que el seguimiento de Jesús ha entrado con toda propiedad en la espiritualidad y mística cristianas. Ya nadie discute que seguir a Jesús sea el molde en el que se vierte la vida cristiana. A estas alturas todos sabemos que el seguimiento crea un nuevo tipo de relación con Jesús. No es sólo confianza en su persona sino en una comunidad de vida y de acción. A los Doce Jesús los llamó "para que estuviesen con él y para enviarlos a predicar" (Mc 3,14). Esto significa que los discípulos formaban un grupo que abrazaba el estilo de vida de Jesús y su práctica.

El seguimiento de Jesús crea un vínculo especial entre aquellos que participan de la misma aventura. La institución de los discípulos pretendía formar una comunidad de hombres libres de las grandes servidumbres de la condición humana, a fin de que pudiesen, por esto mismo, entregarse totalmente al servicio del Reino.

El franciscanismo, en general, lee el seguimiento desde la minoridad. Es decir, para el franciscano, el seguimiento se hace en el molde la humildad, desde la simplicidad[1].

 

  1. 1.    La voz de los textos franciscanos: SalVir

 

«¡Salve, reina sabiduría!, el Señor te salve con tu hermana la santa pura sencillez.
¡Señora santa pobreza!, el Señor te salve con tu hermana la santa humildad.
¡Señora santa caridad!, el Señor te salve con tu hermana la santa obediencia.
¡Santísimas virtudes!, a todas os salve el Señor, de quien venís y procedéis.
No hay absolutamente ningún hombre en el mundo entero que pueda tener una de vosotras si antes él no muere.

El que tiene una y no ofende a las otras, las tiene todas. Y el que ofende a una, no tiene ninguna y a todas ofende. Y cada una confunde a los vicios y pecados.

La santa sabiduría confunde a Satanás y todas sus malicias.

La pura santa sencillez confunde a toda la sabiduría de este mundo y a la sabiduría del cuerpo.

La santa pobreza confunde a la codicia y avaricia y cuidados de este siglo.
La santa humildad confunde a la soberbia y a todos los hombres que hay en el mundo, e igualmente a todas las cosas que hay en el mundo.

La santa caridad confunde a todas las tentaciones diabólicas y carnales y a todos los temores carnales.

La santa obediencia confunde a todas las voluntades corporales y carnales, y tiene

mortificado su cuerpo para obedecer al espíritu y para obedecer a su hermano, y está sujeto y sometido a todos los hombres que hay en el mundo, y no únicamente a solos los hombres, sino también a todas las bestias y fieras, para que puedan hacer de él todo lo que quieran, en la medida en que les fuere dado desde arriba por el Señor». 

 

         Este texto  considera a la simplicidad como valor principal, el valor que más le ha hecho gozar y sufrir a Francisco (“Eres simple e ignorante” veremos en VerAl). La simplicidad: una visión fraterna de la vida y un corazón que no se deja amargar. Desde ahí propone Francisco un estilo de seguimiento humilde. Se ve, sobre todo, en el bloque del “confunde”: hay que entender eso como “es alternativo de”. Es otro camino, otra orientación, otra sensibilidad, otros anhelos. Quizá esto sea lo más interesante para nosotros porque construir la alternatividad de vida y del camino cristiano no es fácil, es ir, muchas veces, contra corriente.

-         La sabiduría (que ahora es “santa”) es alternativa de la malicia de Satanás, es decir, de aquel que quiere hacer daño a la persona para dominarla.

-         La simplicidad es alternativa al que dice que lo sabe todo y al que entiende a la persona solamente como “cuerpo”, como algo sin interioridad.

-         La pobreza es alternativa a quien cree que el éxito de la vida es tener mucho y no el lograr una relación de honda humanidad. Esto lleva a una vida “sin excesivas preocupaciones” (el problema está en lo excesivo y sacado de quicio de nuestras preocupaciones).

-         La soberbia humildad es alternativa a la soberbia del que cree que lo sabe todo, lo domina todo, lo controla todo. Es alternativa a un “mundo” que funciona con mecanismos de inhumanidad.

-         La caridad es alternativa para quien todo lo mira “carnalmente”, es decir, por puro interés. Es una alternativa de generosidad frente al egoísmo consolidado.

-         La santa obediencia es alternativa para quien quiere dominar todo y a todos, para controlar el ansia de dominio que va dentro. Esto incluye a la creación incluso: dominar a las bestias es dominar lo creado explotándolo sin control.

La conclusión pude ser clara: hay aquí un camino distinto, el camino franciscano, el evangélico, una manera distinta de mirar la realidad, de situarse en la vida. La vida “simple” no es simplona, es apuntar al fondo, ir a lo esencial, aprender a poner el acento en lo importante y tener lo accesorio por tal. Esa es la honda sabiduría del seguimiento humilde.

 

  1. 2.    La voz del evangelio: Lc 22,24-27

 

«Surgió además entre ellos una disputa sobre cuál de ellos debía ser considerado el más grande. Jesús les dijo: -Los reyes de las naciones los dominan, y los que ejercen autoridad sobre ellas se hacen llamar bienhechores. Pero vosotros, nada de eso: al contrario, el más grande entre vosotros iguálese al más joven, y el que dirige al que sirve. Vamos a ver, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? El que está a la mesa, ¿verdad? Pues yo estoy entre vosotros como el que sirve».

 

  • El pasaje está ligado al relato de la pasión. No entender el servicio al otro es no entender el gran servicio de la vida entregada de Jesús.
  • Si hay una “disputa” entre ellos es que todos aspiran a ser el jefe. El discipulado en su pertinaz manera de entender el reino como un medre, no como un servicio. Dibuja la estructura interna del egoísmo constituyente.
  • La ironía de Jesús es grande: se hacen llamar “bienhechores”, como lo hacían algunos reyes helenistas: oprimen y encima quieren que se les bendiga. Caer en esa paradoja esboza el ancho mar de inhumanidad en que se mueve el poder.
  • Por eso, el modo tajante de Lucas: “nada de eso: al contrario”. Afincarse en el poder es incapacitarse para el seguimiento humilde. La lucha por el poder, a cualquier nivel que se dé, no tiene nada que ver con el seguimiento al estilo de Jesús.
  • Las igualaciones “viejo/joven…dirige/sirve” están indicando los parámetros del seguimiento humilde: tenerse por más, airear méritos, invocar derechos adquiridos es el camino opuesto al seguimiento que propone Jesús.
  • La dialéctica “estar a la mesa/estar fuera de la mesa” ilustra gráficamente lo que se quiere decir: Jesús está “como quien sirve”, es decir, fuera de la mesa. Las representaciones de la última cena son elocuentes: la occidental (Leonardo de Vinci): Jesús en la mesa, en el centro. La oriental (iconos): Jesús a un lado, pero sigue siendo centro. Faltaría una tercera: Jesús fuera de la mesa, con el delantal puesto (Lc 12,35), sirviendo. Si no se sitúa uno en ese lugar, no entiende el seguimiento humilde.

 

  1. 3.    Los contenidos del seguimiento humilde

 

¿Cuáles serían algunos componentes del seguimiento humilde? ¿Cómo llenar de contenido una intuición así hasta hacerlo un camino viable para una persona de espiritualidad franciscana?

  • Una lectura benigna y crítica de nuestra sociedad: Porque el seguimiento lo vive el cristiano en el marco de la sociedad a la que pertenece. Por eso mismo, el seguimiento ha de tener arraigo antropológico en el hecho social. Es entonces cuando habrá que leer tal hecho desde una actitud benigna, fraterna, y crítica, pensada, estudiada, contrastada y cuestionada cuando deba serlo.  Ni contemporizar superficialmente, ni negativizar cerrilmente.
  • Alejamiento de estructuras de poder: Ya que estando metido en tales estructuras (sociales o eclesiales) no resulta fácil la alternativa del seguimiento humilde. Eso se hará si se construye a la vez un interior sin afán de poder o, al menos, se lo controla, ya que tal afán está metido en las entrañas de lo humano y no resulta fácil desenmascararlo. Alejamiento y no colaboración. Siempre en modos fraternos.
  • Gozo de ser pueblo: No como una pose populista sino con la certeza de que es el caminar juntos todos donde se inscribe el seguimiento humilde. Entender el seguimiento como un elitismo es no haber dado con la pretensión de Jesús.
  • El dinamismo del anhelo de la justicia: La justicia es el dinamismo de fondo del sueño de Jesús. Ha de estar por ello en el núcleo del seguimiento. Eso quiere decir que una vivencia humilde del seguimiento ha de incluir necesariamente el anhelo de la justicia. Si ser humilde lleva al desentendimiento de la justicia no es la humildad humanizadora del evangelio. Más aún, el dinamismo de la justicia otorga a la humildad una reciedumbre que la aleja de todo intimismo vacío.
  • Mentalidad integradora: Es aquella que cree que los humildes de este mundo han de tener un sitio en el devenir de la historia, que no por ser pobres han de ser excluidos. Esta integración libera a la humildad de la aceptación de la humillación como cosa natural y devuelve la mística liberadora a quienes sufren más el peso de la historia.

 

  1. 4.    Una ética desde la humildad esencial

 

         Ni la Declaración hacia una ética mundial de Chicago en 1993, ni la Declaración de principios en torno a una ética universal de la Red internacional para una ética universal que coordina Miguel A. Padilla incluyen el término “humildad”. Quizá no lo consideren necesario. Pero creemos que las religiones deberían incluirlo. Cuando hablamos de humildad esencial no nos estamos refiriendo a la clásica virtud de la humildad que algunos poseen en grado notable y otros no tanto. Nos referimos a ese valor constitutivo de la persona que, en correcta autoestima, hace que nadie se considere a sí mismo más que nadie y nadie menos que nadie, sino que la relación, desde la igualdad y la dignidad inalienables, llegue a ser literalmente hablando, fraterna. Creemos que esta sería la “gran” aportación de las religiones de hoy al sueño hermoso del logro de una ética universal. ¿Cómo se plantearía la ética desde la humildad esencial? No debería brotar desde un sentimiento de culpabilidad puesto que no tiene sentido que una creencia se fustigue por los errores pasados o por las incoherencias del presente. Tendría que mirar más al horizonte de un futuro aún no logrado. Quizá podría ser algo de esto:

1)   Una ética de igualdad, nunca de superioridad: Las religiones están habituadas a moralizar desde un sentimiento de superioridad como si sus hermosos ideales les autorizaran a creerse en una posición moral ventajosa, cuando sus prácticas morales muestran con frecuencia lo contrario. Una ética de igualdad es aquella que reconoce la evidencia de que toda creatura encierra una dignidad creacional inalienable. Que, como hemos dicho, nadie es más que nadie ni menos que nadie. Quizá sean los desvalidos de la historia, por su desvalimiento, quienes gozan de un estatus superior. Los demás, no.

2)   Una ética que acompaña, no que adoctrina: Porque el adoctrinamiento es el arma normal en las religiones. Pero la persona secular está harta de doctrinas y ayuna de acompañamiento. Una ética de acompañamiento es aquella que trata de abrazar la soledad constituyente de la estructura humana y todas las otras soledades, muy duras a veces, que se adhieren al caminar de los humanos.

3)   Una ética de colaboración, no de liderazgo: Ya que las religiones se han llegado a ver investidas de una autoridad divina y han creído incluso que estaban por encima de las leyes sociales. Desde ahí han pretendido liderar los comportamientos éticos e, incluso, los sociales y políticos. Esa insensata ansia de liderazgo se cura con la humilde colaboración, con la disposición a colaborar con quien  busque el bien, sea quien sea. Esa ética de “levadura en la masa” es la que convendría a las religiones.

4)   Una ética de oferta, no de imposición: Porque, creyéndose investidas de autoridad divina y con conciencia de superioridad y liderazgo, las religiones han pretendido imponerse, muchas veces por la fuerza o por la pretendida sacralidad de sus ideas. Una ética que se impone se destruye, es insensata, como quien pretendiera imponer el amor, obligar a amar. Una ética que se ofrece es susceptible, por su mismo componente de oferta, de ser aceptada o no, de escuchada o no, de ser acogida o no.

5)   Una ética de inclusión, no de exclusión: Ya que con frecuencia la propuesta ética de las religiones ha conllevado fuertes dosis de exclusión para aquellas personas que no acomodaban su comportamiento a los dictámenes de la autoridad religiosa. Ese camino no está en el fondo de las utopías creyentes. Más bien se anima a la inclusión, a ampliar los límites de la tienda para ser casa de acogida para los más posibles, para todos incluso, abrazando con honda humanidad y comprensión las incoherencias y fuertes fallos que acompañan el devenir humano.

6)   Una ética de resistencia, no de militancia: Ya que las ideas religiosas y sus consiguientes caminos éticos han sido propuestos en modos militantes, proselitistas, avasalladores. Habría de ser sustituida esa actitud por un talante resistente ante el mal, ante la incomprensión e, incluso, ante la persecución. Una resistencia desde la confrontación no conecta con el fondo de las religiones; una resistencia desde el amor es la que deja sin sentido a cualquier manera militante de presentar los caminos de la ética.

7)   Una ética para la esperanza, no para el desaliento: Porque se quiere ofrecer la ética nueva poniendo como telón de fondo el lado negativo e inhumano de la sociedad, lo que induce, las más de las veces, al desaliento ya que ni la sociedad abandona sus caminos, ni el creyente es capaz de convencer de la supuesta insensatez de los mismos. Una ética humilde es aquella que logra suscitar esperanza incluso en escenarios de gran derrota, de profunda inhumanidad. Su fuerte no es la censura o la condena, sino el aliento y el ánimo que sopla sobre la brasa que arde bajo las cenizas.

8)   Una ética de bendición, no de maldición: Ya que el lenguaje de la maldición es una siembra de sal sobre cualquier propuesta ética. Por eso mismo, las propuestas de una ética desde la humildad han de emplear un lenguaje benigno, comprensivo, laudatorio incluso. De tal manera que la bondad de las palabras anime a la bondad de las prácticas éticas.

9)   Una ética desde gestos de vida humildes, no desde grandes ideas sin gestos: De manera que se perciba que las grandes ideas propuestas desde una ausencia de gestos reales son, las más de las veces, palabras en el vacío. La fuerza de los gestos, su capacidad para hablar el lenguaje del futuro y su humilde fuerza para decir en modos plásticos que las cosas pueden ser de otra manera, es un aval formidable para cualquier propuesta ética.

10)                    Una ética que sostenga a los humildes y que, por lo mismo, se aleje del poder: Porque si la propuesta ética no se desliga de las posiciones de poder se desautoriza a sí misma nada más nacer. Pero si la propuesta está hecha desde el humilde terreno de quienes no quieren tener que ver con el poder político o económico, sino que se hace con la fuerza de la pobreza y su arrolladora verdad es entonces cuando puede tener interés.

 

 

4

EL CAMINO DE UNA IGLESIA QUE DUELE

 

         A muchos cristianos, incluso religiosos/as, la Iglesia no les duele. Simplemente viven su fe al margen de las turbulencias eclesiales. De vez en cuando critican a la Iglesia en general por alguna actuación suya, pero nada más. Hay incluso personas, cercanas al mundo clerical, que defienden a la Iglesia contra viento y marea, más allá de sus cuestionables actuaciones.

         Pero hay también creyentes a quienes la Iglesia les duele. Siguen en ella con dolor. Suman desaliento tras desaliento pero continúan con un sentido de pertenencia vivo a la comunidad eclesial, por más que, a veces, vean como su vivencia de Iglesia se desplaza hacia las afueras.

         Para un franciscano, la fe hay que vivirla en el camino de la Iglesia. Por eso habrá que hacer un trabajo continuado de vuelta a ella, a lo más esencial y vivo de su misterio, aunque duela su estructura. Eso es lo que le llevará a cuestionarla con paz, a valorarla en sus aspectos más positivos, a construir todo lo que queda por hacer. Volver a la Iglesia no es solamente tarea para alejados de ella, sino también para los que estamos dentro. Porque se trata de volver no para justificar una estructura muchas veces cuestionable, sino para vivir un camino necesario para la fe, porque la fe de Jesús se vive en comunidad.

 

  1. 1.    La voz de los textos franciscanos: EP 65

 

Todos sabemos que la vocación de san Francisco nace de la vida eucarística que  se celebra en el seno de la Iglesia. Ahí es donde, a su juicio, cobra sentido la eucaristía. Por eso san Francisco necesita de la Iglesia. Desde ahí entendemos que la ame fervientemente y que sea capaz de pasar por encima de dificultades. La Iglesia es para Francisco lo visible del rostro de Jesús no, sobre todo, una estructura de gobierno.

Esta fe compacta de Francisco en el misterio de la Iglesia hace que sea prácticamente imposible encontrar, tanto en sus escritos como en las primitivas biografías, algún texto en que exprese crítica o sufrimiento por el modo concreto como el sistema eclesiástico se comporta. Él, que no fue un hombre de curias, tampoco es una persona de juicio negativo. Vamos a tomar un texto de EP en el que, quizá, se adivina el dolor concreto de hacer parte de la estructura eclesial:

 

«En un viaje a Florencia encontró allí al señor Hugolino (cf. LP 108 n. 3), obispo de Ostia, que fue después el papa Gregorio IX. Como le manifestara el bienaventurado Francisco que pensaba ir a Francia, se opuso, diciéndole: «Hermano, no quiero que vayas a provincias ultramontanas, porque hay prelados que impedirán el bien de tu Religión en la curia romana. Yo y otros cardenales conmigo, que la amamos, de buen grado la protegeremos y le prestaremos nuestra ayuda si os quedáis en los contornos de esta provincia».

El bienaventurado Francisco le hizo esta observación: «Señor, es para mí de mucha vergüenza que, habiendo enviado a otros hermanos a provincias lejanas, yo me quede en estas provincias y no pueda participar de las contrariedades que ellos han de soportar por el Señor». El señor obispo le contestó como reconviniéndole: «¿Y por qué has enviado tan lejos a tus hermanos a morir de hambre y a tener que soportar otras tribulaciones?» El bienaventurado Francisco, con gran fervor y con espíritu profético, respondió: «Señor, ¿creéis que el Señor ha suscitado esta familia para que envíe hermanos solamente a estas provincias? Os digo en verdad que el Señor ha elegido y enviado a los hermanos por el bien y salvación de las almas de todos los hombres del mundo; y no solamente serán recibidos en tierras de cristianos, sino también de paganos; y ganarán muchas almas».

El señor obispo de Ostia quedó admirado de tales palabras y convencido de que decía verdad. Al no permitirle salir para Francia, el bienaventurado Francisco envió para allí al hermano Pacífico con otros muchos hermanos. Él volvió al valle de Espoleto».

 

  • Después del capítulo de Pentecostés de 1217 se plantea el tema de la misión en “regiones lejanas” a donde Francisco quiere ir como todos los hermanos. Resulta sorprendente que el cardenal Hugolino se oponga tan contundentemente a que Francisco vaya a Francia “porque hay prelados que impedirán el bien de tu religión en la curia romana”. Es decir, Francisco tiene una oposición manifiesta entre algunos dirigentes de la curia. La protección de Hugolino y del grupo de los aman la Orden se da “si os quedáis en los contornos de esta provincia”.  Hay, pues, una división eclesial en torno al franciscanismo.
  • ¿Cómo reacciona Francisco? No cuestionando esas divisiones eclesiales sino apelando al espíritu de la misión, al Evangelio, por encima de planes eclesiásticos. Él cree que el Evangelio es una realidad más importante que las normas de la Iglesia y se debe a él. No hay crítica, pero tampoco se cede.
  • Pero se ve que el cardenal se mantiene en sus trece porque, al final, no permite salir a Francisco para Francia y esté envía al hermano Pacífico. O sea que hay una cierta animadversión contra la persona misma de Francisco. Eso podría ser motivo para un disgusto personal y una crítica directa a tales obispos. No se observa en el texto nada de eso. Si hay dolor, que lo habría, se queda dentro. Las fuentes no lo reflejan.

 

  1. 2.    La voz de los evangelios: Mt 16,13-20

 

«Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: - ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Contestaron ellos: - Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. Él les preguntó: - Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: - Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: - ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás! Porque eso no ha salido de ti, te lo ha revelado mi Padre del cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Piedra, y sobre este guijarro voy a edificar mi comunidad y el poder de la muerte no la derrotará. Te daré las llaves del reino de Dios; así, lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».

 

  • Es un texto decisivo en los sinópticos no tanto por la cuestión de la función de Pedro, sino por la identidad de Jesús: es el Hijo de Dios vivo (eso es revelación del Padre). En cuanto Mesías, es un mesías entregado por amor y por ello abocado a la muerte (tal como se ve en la continuación del relato en 16,21ss).
  • Pero traemos a colación el texto por el asunto de Pedro. Una interpretación “vaticanista” ha visto aquí la roca que es Pedro sobre la que se asienta la fe de la Iglesia y la profecía de su pervivencia a través de los tiempos. Quizá sea así. Pero puede haber otra manera de leer Kepha en arameo significa piedra arrojadiza, guijarro, canto del camino. (Petros sería lo opuesto a lithos,  roca firme). Quizá Simón ha recibido ese apelativo por su testarudez y por su fragilidad.
  • En ese caso: la promesa de Jesús suena de manera distinta: tú eres fragilidad, y sobre tal fragilidad voy a edificar mi comunidad. Es decir, la Iglesia no se hunde porque el cimiento sea firme, que no lo es, es frágil, sino porque Jesús la sostiene sobre ese cimiento débil.
  • La conclusión es clara: hay que contar con la fragilidad en la vivencia de la fe eclesial. Es algo constitutivo de la comunidad cristiana. Por ello mismo, el camino creyente ha de tenerlo en cuenta para encararla del modo más fraterno posible.
  1. 3.    Posibilidades nuevas

 

Quizá lo interesante para ir viendo los dolores de la Iglesia no sea tanto cebarse en sus fallos, sino, contando con ellos, desvelar las posibilidades que tiene al alcance de la mano. No resulta fácil desvelar esa posibilidades nuevas y realistas para la Iglesia por su alto componente sistémico, anclada como está en estructuras muy consagradas y que se empeña, con frecuencia, en mantener y ahondar. No resulta fácil cuando una parte notable de su clero joven ha encontrado como modo de situarse en la sociedad permanecer y volver con ahínco a ese componente sistémico que parece que les da sentido. Pero, aun así, es preciso hacer un esfuerzo reflexivo para tratar de ver los nuevos caminos que se abren a la comunidad cristiana de hoy.

  • La posibilidad de una moral de verdad y compasión tras el abatimiento: Hay que “morderse la lengua” como dice el Papa Francisco antes de hablar de esto. Pero hay que hablar. Tras el abatimiento y el derrumbe de la pederastia, de la avidez económica de la Iglesia, de su insensibilidad por posicionamientos buscadores en materia científica, etc., se puede hablar de una nueva moral de la verdad y de la compasión. Un camino de verdad que derribe el muro de los silencios, del encubrimiento y de secretos de confesión que son realidades superadas por el mismo evangelio y por una sociedad que ya no aguanta oscuridades. Y una moral de compasión más que una moral de normas, una moral samaritana, laica y humanizadora que mira más al evangelio que a la historia de la moral tan cuestionable.
  • La posibilidad de un diálogo interreligioso efectivo: Cada vez se van dando más pasos en esta posibilidad. El último el  Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común firmado en Abu Dabi el 4-2-19 por el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmed Al-Tayyib. Hay cristianos que acusan al Papa Francisco de plegarse excesivamente al islam. Pero en la rigidez de las religiones se estrella toda posibilidad de diálogo, porque este es “curvo”, vuelto a, flexible, capaz de ceder en formas y contenidos. De lo contrario, el diálogo posibilitador no puede brotar.
  • La posibilidad de una comunidad cristiana de grupos vivos:  Porque, ya hace muchos años, el que luego sería Benedicto XVI predijo la iglesia nueva de grupos pequeños, de minorías. Sigue ahí, tenaz y creyente, lo que queda de las viejas comunidades de base de otras épocas. Pero quizá hoy vuelve el anhelo de andar de nuevo ese camino en una etapa de abandono masivo de la religión, por más que ciertas formas sigan vigentes y en ellas se apoye la institución queriendo creer así que las cosas no han cambiado y que las viejas formas mayorías religiosas siguen en pie. Quizá haya que explorar la posibilidad de una fe de grupos, más que de una fe de masas.
  • La posibilidad de una alteración de la liturgia que la haga más viva: Ya que la publicación del nuevo misal (y de la nueva LH en algunas comunidades) ha supuesto un paso atrás, una involución, un sacar del armario lo viejo ignorando lo nuevo, un oracional donde los pobres no ocupan ningún sitio. Esta reformulación litúrgica está suponiendo para no pocos cristianos una “sublevación” litúrgica que altere esas formas rígidas y haga la celebración más cercana a la vida real de los creyentes. Hay quien celebra alborozado esta vuelta a lo de siempre, pero otros abren la puerta, sin complejos, a una alteración litúrgica que ningún organismo puede parar, y que quizá ni se molestan ya en intentarlo.

 

  1. 4.    Cómo construir la fe en grupo

 

Ir construyendo la fe en grupo quizá sea el mejor modo de ir superando las heridas eclesiales. Para construir la fe en grupo habrá que comenzar por generar un vocabulario adecuado. Son términos problemáticos consagrados por la eclesiología, empezando por: iglesia, catolicidad, comunidad cristiana, catolicismo, etc. Son términos tan impregnados de equivocidad histórica que uno se pregunta si no sería mejor irlos abandonando. Esto le parece algo inaceptable al teólogo clásico. Pero habrá que preguntarse si tal dificultad no deriva de una cierta impotencia para afrontar lo recibido o de la mera comodidad a la que le cuesta  tocar las cosas que siempre han estado ahí.

         ¿Qué vocabulario utilizar? Quizá sea mejor el que nos proporcionan las ciencias sociales. Por eso hablamos del grupo, de lo colectivo, de lo interrelacionado. Por paradójico que parezca, la fe cristiana, llamada a generar comunidad, se ha construido en el individualismo del logro de la propia salvación. No hemos heredado una mística común, por mucho que hayamos estado enmarcados en una organización religiosa. Quien va entendiendo esto comprende que si la fe no genera buenas relaciones queda muy cuestionada en su propio fin. Dar una finalidad meramente religiosa al hecho de creer ahuyenta el componente comunitario. Por el contrario, acentuar el componente social es la puerta que abre a la pertenencia y las prácticas comunitarias.

         ¿Y cómo construir la fe en grupo? Será necesario ir consiguiendo una mística de grupo cosa que conlleva el crecimiento en la buena relación social. No se cree aislado porque el éxito de la propuesta cristiana no es llegar solo y pronto, sino a tiempo y todos juntos. Además, será necesario potenciar todas las herramientas de componente común, no tanto las individuales como las potencia la postura que hace depender el horizonte de la iglesia de tal o cual nombramiento. Para ello, es necesario que las estructuras eclesiales sean, inicialmente, democráticas. Aducir que la iglesia es más que una democracia cuando ni siquiera es eso resulta una falacia.

Quien va poniendo el acento en la fe en lo esencial queda más cautivado por los aspectos comunes del hecho de creer y deja de lado, sin amargura pero sin caer en personalismos que no llevan a nada, el componente jerarquicista tan arraigado en el hecho eclesial. Enamorarse de lo común es, de alguna manera, enamorarse del mismo camino que Jesús ha realizado, lejos de personalismos y lejos de la tentación de mesianismos estériles

 

PARA EL TRABAJO DE LA TARDE:

 

  1. 1.    Punto de partida: ¿Papá, nosotros somos pobres?

 

(Se lee el texto atentamente, subrayadamente)

 

Estamos en setiembre. Tarde del sábado, tomando un café con tres vecinos del barrio, Juan, Gregorio y Toñi. Son trabajadores con contratos muy precarios. Algunas veces aceptan hacer algún trabajillo de limpieza o de transporte por unos pocos euros. Hablamos del trabajo, de la imposibilidad total de salir de la pobreza y de los niños.

Gregorio cuenta, con los ojos cargados de lágrimas, cómo un día su niña de 7 años le hizo, con toda candidez, una pregunta que se clavó en el alma: “¿Papá, nosotros somos pobres?”. Tuvo que inventarse una historia diciéndole que no pasaba por un buen momento, pero que iríamos a mejor. La niña le miraba como diciéndole: “No me has respondido”.

En España hay 1.400.000 niños como la hija de Gregorio que viven en situación de pobreza severa y 2.200.000 en riesgo de pobreza. Los analistas dicen que esta pobreza es estructural. O sea: cronificada, hereditaria y que hay que acostumbrarse a vivir con ella. Como quien ha tirado la toalla.

Pero la hija de Gregorio, los dos niños de Juan y las dos de Toñi no manejan datos estadísticos. Palpan la pobreza de modos vivos: los recibos se amontonan en la mesa de la cocina, la nevera está casi siempre vacía, no hay calefacción, no se repone el material escolar, cero excursiones con la clase, las gafas nuevas no llegan, el tratamiento de las caries está pendiente, no se puede comprar el mínimo equipamiento para hacer parte de un equipo de balonmano, no hay para un bañador en el verano porque tampoco hay piscina o playa. La pobreza que convive con la familia y nunca se va de casa.

Gregorio también toca la pobreza en lo concreto: “A mi niña le encanta la gimnasia. Y me pregunta: -¿Por qué no voy? Y me tengo que inventar: -No puedo porque por el horario no te puedo llevar. Pero no es problema de horario. El problema son 15 euros”. Y Juan cuenta: “Ayer tuve que ir a limpiar un corral por cinco euros. Mierda a montón. Mi hijo me dice que los de su clase celebran un cumpleaños en un kebab. Son 3,5 euros. Y le tengo que decir que no puedo. Y mi hijo me mira con un brillo raro en mi mirada y me dice: -Tú siempre estás igual, que no tienes; cuando sea mayor voy a hacer lo que hacen los demás”.

La consecuencia más directa es que los niños se educan en la pobreza infantil. Dice Juan: “La educación que tú le estás dando a tus hijos es de pobreza, te adaptas a la pobreza y la ves como normal. Ellos se van a criar pasando falta”. Ese pasar falta se traduce en una ulterior desigualdad de oportunidades: los niños que nacen en España en una familia de ingresos altos ganarán un 40% más que si se crece en un hogar con ingresos bajos. La pobreza infantil significa desigualdad de oportunidades. Un niño o una niña de familia pobre no tendrá las mismas oportunidades laborales. La falta de oportunidades lastra la economía. Eso indica que lo que parece ser un problema de algunas familias es, en realidad un problema del país.

Por eso, se necesitan respuestas estructurales, políticas que, hoy por hoy, están todavía muy lejos. Si miramos a los Presupuestos Generales del Estado tendremos ahí una respuesta: el último acuerdo entre UP y el PSOE para sacar adelante unos presupuestos para el 2019 vuelven a dejar caer las políticas de lucha contra la pobreza infantil. El acuerdo solo recoge 180 millones, aproximadamente un 7,2% de la cantidad que ambos partidos consideraban necesaria para combatir esa pobreza. De nuevo, pues, la infancia más vulnerable se puede quedar fuera de los presupuestos

No entiende la clase política que no se puede esperar más, que invertir en infancia es urgente y que la infancia no entiende de ideologías. Pero el futuro de muchas familias y del país necesita consensos sociales que miren este “ángulo oculto” de la pobreza infantil que atrapa a tantas familias y a tantos niños y niñas.

Remediar este problema es, pues, más barato que costear las consecuencias. Un alza en las ayudas económicas a las familias más vulnerables de los 24,25 euros  actuales a 100 al mes para cada hijo, por ejemplo, supondría una inversión anual  de 0,22 puntos del PIB (2.400 millones de euros). Se trata de una cantidad reducida si se la compara con el peso social de de esta lacra, que ronda los 5 puntos del PIB.

Si no se toman este tipo de decisiones políticas el porcentaje de infancia en riesgo de pobreza y de exclusión en España apenas se reducirá en 2030 en comparación con la actualidad. Esta tasa, que hoy afecta a un 28,3% de los niños, pasará al 26,5%. O sea: la pobreza infantil de habrá cronificado.

A Toñi, Juan y Gregorio estos datos les resbalan un poco. Ellos tienen a esa pobreza en su propia casa, en su cuarto de estar, en su cocina y, sobre todo, en las frágiles espaldas de sus hijos. Toñi, que ha estado en silencio dice: “Mis hijas desde chiquitillas se han tenido que acostumbrar a que yo les diga que no puedo comprarles cosas”. Pago los cafés.

 

  1. 2.    Preguntas:

 

  1. 1.    ¿Vemos que nos conciernen cada vez más las situaciones de los humildes? Poner algún ejemplo.
  2. 2.    ¿Cómo ir trabajando para lograr vivir en una comunidad humilde?
  3. 3.    ¿Qué te duele hoy más de la Iglesia?
  4. 4.    ¿Cómo hacer hoy creíble a la Iglesia?

 

 

 

5

EL CAMINO DE UN DECRECIMIENTO

QUE LIBERA EL CORAZÓN

 

 

         La espiritualidad franciscana ha tenido como uno de sus núcleos el de la pobreza. En realidad, el verdadero núcleo es para Francisco el Evangelio. Él cree que la pobreza es camino seguro para el Evangelio. Pero la pobreza es eso, un camino, no una finalidad.

         La vida franciscana hace tiempo que abandonó la “lucha por la pobreza” por más que queden restos de esa batalla. Pero resulta que la profecía laica vuelve a poner sobre la mesa el tema en esta sociedad nuestra de la abundancia. Esa realidad tiene un nombre: decrecimiento.

¿Qué es el decrecimiento y cuál es su objetivo? El decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social que pretende establecer una relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza y entre los propios seres humanos frente a la situación de dominación hoy existente que está acabando con la naturaleza y frente a la explotación de las personas en beneficio de la producción y la rentabilidad económica de unos pocos. El decrecimiento es una herramienta válida al servicio de la construcción de un mundo más habitable, más humano, donde se garanticen los derechos de todas las personas y pueblos y regido por un mínimo principio de equidad. Resulta escandaloso contemplar las diferencias que hoy se dan en el mundo.

El objetivo más llamativo es la disminución de la huella ecológica en los países que denominamos más desarrollados del planeta. Es decir, la reducción significativa de los consumos de bienes y de energía, el reparto del trabajo con la consiguiente disminución de jornada laboral y evidentemente con una disminución del sueldo o la relocalización de la producción de materias en lugares cercanos a su consumo. Pero su principal objetivo es diseñar una nueva sociedad donde se satisfagan las necesidades básicas de las personas, se respete el equilibrio con la naturaleza y en definitiva se viva mejor con menos. Sabemos que puede sonar un poco ingenuo, pero si nos paramos a pensar en el sistema capitalista actualmente vigente no creo que se pueda concluir que la mayoría de las personas ven satisfechas sus necesidades, sobre todo en el Sur, o se sienten felices en la selva del consumismo.

         Quizá estos nuevos lenguajes hagan a la vida franciscana el beneficio no solamente de aclarar y actualizar uno de los contenidos centrales de su espiritualidad sino, además le puede ser muy útil para conectar con el hoy social y constatar que la espiritualidad franciscana sigue siendo válida en nuestros días. Doble favor.

 

  1. 1.    La voz de los textos franciscanos: 2 Cel 91

 

«Viene un día al Santo la madre de dos hermanos y le pide limosna confiadamente. Compadecido de ella, el Padre santo dijo a su vicario el hermano Pedro Cattani: «¿Podemos dar alguna limosna a nuestra madre?» Es de saber que llamaba su madre y madre de todos los hermanos a la madre de cualquier hermano. Le respondió el hermano Pedro: «No queda en casa nada que se le pueda dar». Pero añadió: «Tenemos un ejemplar del Nuevo Testamento, por el que, al carecer de breviarios, leemos las lecciones de maitines». Le replicó el bienaventurado Francisco: «Da a nuestra madre el Nuevo Testamento, para que lo venda y remedie su necesidad, ya que en el mismo se nos amonesta que socorramos a los pobres. Creo por cierto que agradará más a Dios el don que la lectura». Se le da, pues, el libro a la mujer; y así, el primer ejemplar del Testamento que hubo en la Orden fue a desaparecer en manos de esta santa piedad».

 

  • El texto pertenece al bloque que habla de la caridad de Francisco con los pobres en el que Celano pone muchos ejemplos de ello. Nosotros vamos a leer el relato como una narración de decrecimiento más que de caridad.
  • El decrecimiento va a tener una razón no solamente de necesidad  (la pobreza de la mujer), sino de afecto: es la madre de dos hermanos, “nuestra madre”. Es preciso mezclar a razones de orden de económico, de justicia, las de aprecio y valoración cordial de los sectores empobrecidos.
  • La fraternidad ya está decrecida (en queda nada en casa), aunque no totalmente. El decrecimiento, como el Evangelio, pide una entrega cada vez más total, hasta donde uno pueda.
  • Que haya un ejemplar del NT, con lo que valían los libros en aquella época, resulta algo extraño. Es llamativo que se quiera socorrer la pobreza con algo sagrado. La patrística, fray Luis de Granada, el mismo papa Francisco dicen que habría que vender los vasos sagrados para socorrer a los pobres. Pero nadie lo hace. Es tabú. La fraternidad franciscana decrece hasta en los aspectos espirituales más vivos.
  • Es hermosa la razón que se da para hacer este decrecimiento hasta en lo espiritual: “agradará a Dios más el don que la lectura”. La razón del decrecimiento cristiano, como el de cualquier otro, es una razón de humanidad. Si la solidaridad con la persona frágil no está viva, no es fácil que uno se anime a andar este camino.

 

  1. 2.    La voz del evangelio: Mc 12,41-44

 

«Se sentó enfrente de la Sala del Tesoro y observaba cómo la gente iba echando monedas en el tesoro; muchos ricos echaban en cantidad. Llegó una viuda pobre y echo dos ochavos, que hacen un cuarto. Convocando a sus discípulos, les dijo: - Esa viuda pobre ha echado en el tesoro más que nadie, os lo aseguro. 44Porque todos han echado de lo que les sobra; ella, en cambio, sacándolo de su falta, ha echado todo lo que tenía, todos sus medios de vida».

 

  • El Tesoro del templo es el verdadero motor: ahí está la sala de impuestos, el banco del Templo, el almacén de la leña, el matadero, la cancillería, etc. El verdadero motor no es el santo de los santos, sino el tesoro. Allí había al parecer diversos “cepillos” donde se recogían las limosnas. Uno de ellos era para la ayuda a los pobres.
  • Cuando Jesús “se sienta…y observa” establece un parámetro social: se mide la fe por los comportamientos económicos. Si hay fe, tendría que importar lo económico.
  • Es lógico que muchos ricos echan en cantidad porque tienen mucho. Pero la calderilla de la mujer-viuda-pobre (múltiple desamparo) se opone al mucho de los muchos ricos. Es decir, hay que hacer una lectura no solo de las riquezas, sino del dinamismo de las pobrezas.
  • El quid de la cuestión está en la oposición “echar de lo que sobra…echar de la propia falta”. Cada postura revela la diferente perspectiva: a) echar mucho teniendo mucho indica que uno no se fía del Templo, aunque lo sostenga; b) echar de la falta significa una fe en la estructura del templo como estructura santa y una confianza, teniendo la certeza de que si se da para los pobres, para los pobres irá. No solamente hay generosidad, sino buena voluntad. La mujer, en su pobreza, no emplea la crítica como elemento de discernimiento
  • La viuda es, ciertamente, antítesis de los dirigentes, infieles a Dios por su amor al dinero. Su mayor pobreza es su generosidad sin posibilidad de discernimiento; su mayor riqueza, su confianza en la bondad de las instituciones y de las personas. En esto es modelo del reino, pero habría que completar el parámetro: no se trata solamente de ser generoso, no se trata incluso de dar el todo, sino de darlo con la certeza de que se está dando en la dirección correcta, apuntando a las causas.

 

  1. 3.    En la sociedad del despilfarro

 

El despilfarro tiene relación profunda con el decrecimiento. Sin frenar el despilfarro que le es connatural al modo consumista del crecimiento, despilfarro que, unido a la productividad, es motor desarrollo, pensar en una espiritualidad de decrecimiento es prácticamente imposible. La irracionalidad del despilfarro lo despoja de razón, pero sigue funcionando alimentado por el afán depredador de los triunfadores de la economía. La sociedad, indefensa, cae en sus garras, justifica el despilfarro y lo aplaude como síntoma de salud económica. Las consecuencias en el ámbito humano son devastadoras.

Los países ricos, incluido el nuestro, han sido tradicionalmente países de pobreza porque ésta, a nivel sociológico, no ha sido erradicada de occidente hasta hace muy pocas décadas. Viniendo de la pobreza, habiéndola sufrido, la hemos olvidado. Es preciso recuperar la memoria de la necesidad para contener el afán inconsciente del despilfarro que vuelve a la persona egoísta e insolidaria.

Porque no solamente prácticas, muchas veces insensatas, de nuevos ricos, sino también se trata de una mentalidad, de una manera de pensar, de una cosmovisión incluso. Es aquella en que el antropocentrismo se hace egoísta hasta el punto de olvidarse de la situación de sus propios congéneres en dificultad económica. Este desentendimiento desvela la calidad moral de nuestra sociedad en su lado más oscuro.

El despilfarro lleva a una insensibilidad global, un hacer oídos sordos a las demandas sociales que llegan hasta nosotros. Siendo así que nunca como ahora tenemos información sobre los hechos sociales y económicos, la abundancia de datos no mueve a la ciudadanía a actuar. Únicamente algunos “profetas” se conmueven, se mueven y empujan algo a la sociedad en general que, instigada por los mercados, tiende a ir en la dirección del desentendimiento.

El despilfarrador/a, azuzado por su mala conciencia o por elementos externos de componente más profético, elabora una defensa en base a razones, que lo son, pero que, en el fondo, son una cortina de humo: la incuria y la corrupción de los gobernantes de los países pobres, el poco afán de crecimiento y de trabajo de los empobrecidos, su poco deseo de previsión y ahorro, su escasez de cultura comercial y productiva, su poca preparación en tecnologías modernas, etc. Son medias verdades que, todas juntas, no llegan a constituir ninguna clase de verdad. La pregunta sobre el despilfarro apunta al satisfecho que despilfarra, no al pobre que carece de los bienes básicos.

El cuidado esencial es algo que es más que una mera ayuda puntual que calme las conciencias o apacigüe las ansias de liberación que subyacen en la vida de los pueblos empobrecidos. Se trata de saberse responsable de la vida de los otros y desplegar el afán de cuidar a aquellas personas que, imbuidas de la misma dignidad y necesidades que yo, demandan su cuota de justicia no satisfecha. Mientras “cuidar” no sea una vocación explícita y explicitada, el despilfarro campará a sus anchas con la sonrisa del bienpensante que cree que no está haciendo nada malo.

Quizá una manera práctica de entrar en una dinámica distinta a la del despilfarro será “ir a ver”, hacer pequeñas (o no tan pequeñas) experiencias de inmersión en medios sociales globalmente pobres. Valorar ahí el alimento, el agua, la energía, la salud, como realidades frágiles y escasas para luego, comparando con la sociedad del despilfarro, extraer consecuencias personales y sociales que lleven a un cambio.

 

  1. 4.    Una Iglesia decrecida

 

         ¿Puede aplicarse la espiritualidad del decrecimiento a la realidad eclesial? Sin ninguna duda, como a los otros colectivos sociales. De salida creemos que una “iglesia decrecida” está más cercana al sueño de Jesús que una iglesia poderosa. La evangélica idea de la “levadura en la masa” se acomoda más al decrecimiento. Pretender que toda la masa sea levadura (no que la masa fermente, aunque siga siendo masa), es una anomalía.

Hemos heredado la idea de que la Iglesia tiene que ser evangelizadora, misionera, cada vez más amplia hasta ser universal. Esta idea es peligrosa porque cree que es una iglesia más de Jesús cuanto más grande es, en todos los sentidos. Tanto desde el punto de vista ideológico, como desde el práctico, esta idea es peligrosa y va unida a la idea de misión: hacer misión es una obligación, se dice. Pero esta idea de misión grande, universal está asentada sobre la evidencia de la bondad única del mensaje y la lógica obligación de aceptarlo. De ahí a la imposición hay un paso. Y una Iglesia amplia basada en imposiciones se aparte del “la carga ligera” que es la propuesta de Jesús.

Prisioneros del criterio del número, pensamos que cuantos más sean cristianos, mejor. Por eso, el número ha sido el activador de la misión en épocas pasadas (¿en parte no lo continúa siendo?). Hay que decir que, según el Evangelio, cuanto más adheridos a Jesús y sus valores, mejor. El número pasa a un segundo término.

Muchos creyentes, algunos de ellos notables, han tenido la idea de una Iglesia decrecida. Recordamos: “En todas partes constituye una minoría numérica, al menos si hablamos de un cristianismo verdaderamente vivido; de hecho, en ninguna parte desempeña una función de “leadership” que le permita dejar de un modo potente y sensible la huella de los ideales cristianos en la vida seglar” (Rahner 1965). “De la Iglesia de hoy saldrá también esta vez una Iglesia que ha perdido mucho. Se hará pequeña, deberá empezar completamente de nuevo. No podrá ya llenar muchos de los edificios construidos en la coyuntura más propicia. Al disminuir el número de sus adeptos, perderá muchos de sus privilegios en la sociedad” (Ratzinger 1970). “¿Somos los últimos cristianos? Ciertamente somos los últimos de un estilo de cristianismo. No somos los últimos cristianos” (Tillard 1998).

Parece que hemos llegado a lo contrario: una iglesia que no solamente añora los tiempos de la cristiandad sino que hace planes de recuperación de las “raíces cristianas” y que parece buscar esos tiempos perdidos. Una iglesia que quiere ser relevante y que quiere que sus criterios (incluso en asuntos políticos) ser tenida en cuenta. Una Iglesia volcada a los grandes medios de comunicación con expresiones multitudinarias y con el amparo de los gobiernos de turno.

¿Es así toda la realidad eclesial? Ciertamente no. Siguen existiendo, aunque algo silenciadas y ninguneadas por el sistema, las CEBs siempre tras su anhelo de una vida cercana al mensaje liberador de Jesús. Sigue habiendo grupos “paralelos” que buscan incansablemente el rostro de Dios y sienten vivo el acompañamiento de Jesús. Hay, incluso en las parroquias humildes, grupos de búsqueda cristiana, flexibles, conectados con la realidad de hoy, cercanos a la vida de los humildes.

 

6

EL CAMINO DE LA FE VIVIDA

EN ALEGRÍA

 

         Los críticos con la religión cristiana la han censurado porque, dicen, es una religión gris, triste, tremebunda incluso, siempre cercana a la muerte, lejos de la alegría. Habrá que situar las cosas en su justa medida, pero algo de razón no les falta. Basta asistir a cualquiera de nuestras eucaristías.

         El franciscanismo ha sido caracterizado como una espiritualidad de la alegría. La figura de Francisco de Asís se ha pintado en modos amables y alegres. De ahí, quizá, su atractivo. Pero el peligro es banalizar tal alegría, como si Francisco fuera una persona superficial que habla con pajarillos y lobos. La alegría franciscana, como veremos, está urdida con otras mimbres.

         Por eso, aún hoy, un camino franciscano para volver a Jesús es redescubrir la alegría franciscana de ser hermano/a, algo que está construido sobre un camino a veces difícil, pero siempre hermoso.

 

  1. 1.    La voz de los textos franciscanos: VerAl

 

1El mismo fray Leonardo refirió allí mismo que cierto día el bienaventurado Francisco, en Santa María, llamó a fray León y le dijo: «Hermano León, escribe». 2El cual respondió: «Heme aquí preparado». 3«Escribe –dijo– cuál es la verdadera alegría. 4Viene un mensajero y dice que todos los maestros de París han ingresado en la Orden. Escribe: No es la verdadera alegría. 5Y que también, todos los prelados ultramontanos, arzobispos y obispos; y que también, el rey de Francia y el rey de Inglaterra. Escribe: No es la verdadera alegría. 6También, que mis frailes se fueron a los infieles y los convirtieron a todos a la fe; también, que tengo tanta gracia de Dios que sano a los enfermos y hago muchos milagros: Te digo que en todas estas cosas no está la verdadera alegría. 7Pero ¿cuál es la verdadera alegría? 8Vuelvo de Perusa y en una noche profunda llegó acá, y es el tiempo de un invierno de lodos y tan frío, que se forman canelones del agua fría congelada en las extremidades de la túnica, y hieren continuamente las piernas, y mana sangre de tales heridas. 9Y todo envuelto en lodo y frío y hielo, llego a la puerta, y, después de haber golpeado y llamado por largo tiempo, viene el hermano y pregunta: ¿Quién es? Yo respondo: El hermano Francisco. 10Y él dice: Vete; no es hora decente de andar de camino; no entrarás. 11E insistiendo yo de nuevo, me responde: Vete, tú eres un simple y un ignorante; ya no vienes con nosotros; nosotros somos tantos y tales, que no te necesitamos. 12Y yo de nuevo estoy de pie en la puerta y digo: Por amor de Dios recogedme esta noche. 13Y él responde: No lo haré. 14Vete al lugar de los Crucíferos y pide allí. 15Te digo que si hubiere tenido paciencia y no me hubiere alterado, que en esto está la verdadera alegría y la verdadera virtud y la salvación del alma.»

 

         Es un texto franciscano muy conocido y apreciado por los que se sienten ligados a Francisco. Con frecuencia se representa en el teatro o en el cine. Los antiguos franciscanos lo apreciaban mucho. De hecho aparece narrado en 2Cel 125 y ampliado en Flor 8.

-         Dicen que este relato es como una conclusión y síntesis de las Admoniciones: el verdadero quid de la cuestión franciscana es saber si se puede seguir siendo hermano cuando no se te da amor, respeto y acogida.

-         ¿Cómo ser hermano en el amor asimétrico? ¿Cómo reaccionas cuando amando tú crees que no se te devuelve amor? Esa es la cuestión.

-         Este texto ha “surgido presumiblemente en el mismo contexto espacio temporal y anímico que el Cántico de las criaturas y la Exhortación cantada a Clara y sus hermanas”. ¿Cuál es ese contexto? Es el final de la vida de san Francisco, cuando ha estallado el conflicto con los hermanos que quieren una Orden organizada y potente, cuando Francisco piensa que ha fracasado y anda en su noche oscura (aquello que reflejó tan bien el librito de E. Leclerc, Sabiduría de un pobre). En ese rechazo grande, Francisco reafirma su fe inquebrantable en la fraternidad: ni el mayor de los rechazos habría de ser motivo para dejar de ser hermano, para dejar de amar. Hablar de “alegría” en esta situación es francamente para nota.

-         Por eso, no es solamente un texto “bonito”. Es un texto hondamente sufriente, hondamente herido, hondamente fraterno. El calificativo de “hermano” Francisco se lo ha ganado a pulso, a lágrimas, a corazón ofrecido.

 

Saboreamos el texto:

 

  • Escenario del relato: 1-3:

 

-         El lugar es Santa María de los Ángeles, la capillita amada por Francisco, el lugar donde nace la Orden, el sitio más sagrado. Pues bien, ahí se le va a dar con la puerta en las narices. Para medir lo hiriente del relato.

-         El redactor es el hermano León, el más amigo de Francisco. Estas son cosas que solamente pueden hablarse con amigos de verdad, porque se está hablando de las hondas penas del alma, de lo que hiere de verdad, de lo que duele mucho. Solo un amigo puede ser capaz de recoger estas lágrimas tan amargas.

-         Dice Francisco que esto ha de “escribirse”, como si dijera: que los hermanos de hoy y los que vengan no lo olviden, porque esto siempre funciona así: ¿cómo reaccionar ante el amor rechazado? Ya lo decía Jn 13,35: “En esto conocerán que sois discípulos míos…”.

-         Es un asunto de “alegría”. ¿Cómo se puede hablar de alegría en una situación de rechazo? ¿De qué alegría estamos hablando? Juan 16,22 habla de una alegría “que no os quitará nadie”. La alegría normal es muy frágil, desaparece pronto. Esta alegría tiene que ser compatible con las lágrimas, con el sufrimiento. ¿Es posible? Para medir un poco las profundidades en las que se mueve Francisco. Para no banalizar el relato.

 

  • Qué no es verdadera alegría: 4-7:

 

-         Los “maestros de París”, la mejor universidad del mundo entonces, se hacen franciscanos. Es el anhelo de muchos que quieren ya ir a estudiar a París (san Buenaventura será, años más tarde, estudiante en París). Están pensando en montar un studium franciscanum allí. Eso daba peso e identidad a una Orden cuando mucha gente del clero le negaba el pan y la sal. Eso daría un prestigio intocable. No está en este asunto la “verdadera” alegría. Puede haber otra alegría, pero no la verdadera.

-         Los “prelados y el rey de Francia e Inglaterra”: Todos los estamentos de poder, el eclesiástico y el civil. El gran poder, el mayor de la época. El poder que abarca todos los países lejanos: ultramontanos, Francia, Inglaterra, todo el poder conocido. Una Orden con poder, el que muchos anhelan. La exageración pone en evidencia el ansia: anheláis más poder que el rey de Inglaterra. El poder que roe los cimientos de la Orden que algunos sueñan. No es “verdadera” alegría.

-         La conversión de los infieles gracias a la predicación de los hermanos, los abundantes milagros de Francisco: fama a costa del Evangelio, honor que revierte en el milagrero, no en Jesús. Anhelos espirituales que tampoco casan con la “verdadera” alegría porque terminan siendo alimento para un yo enquistado. Una Orden asentada sobre las ganancias del yo. La “verdadera alegría” no puede caber sino en un yo desplazado, en personas que no sucumben a la enfermedad del yo.

 

  • Qué es verdadera alegría: 8-14:

 

En la segunda parte del díptico se narra lo que es esa alegría extraña, “verdadera”. Comienza dibujando el escenario:

-         La palabra más importante es “frío”: invierno, frío, agua frías, aterido y helado. Además de helado por fuera, helado por ser rechazado. Hielo sobre hielo, frío sobre frío. ¿Cómo mantener algo “caliente” (el amor) en un escenario de tanto frío?

-         La “puerta”: puerta cerrada, lo que separa, lo que aísla, lo que rompe la relación. Se llama “un buen rato”. Al que está dentro no le importa lo que pasa fuera, en el frío. El que está dentro se cree hermano, pero es el que llama quien quiere ser hermano. Situación paradójica. ¿Cómo ser hermano estando fuera, en las afueras?

-         El que acude es un “hermano”, pero aislado, molesto, desconsiderado, rechazador. Pero es el hermano. ¿Cómo verlo como hermano cuando se presenta como portero que rechaza?

-         La pregunta “quién es” tiene fondo: es la pregunta por la identidad del que llama, por su verdadero ser en relación con el llamado. Por eso la respuesta es la mejor: un “hermano”, el hermano Francisco: uno que se empeña en la fraternidad evangélica, que no quiere salirse del marco de la fraternidad. Que se le pregunte, que los hermanos mismos le pregunten tú quién eres ya resulta extraño cuando ha sido Francisco quien ha sembrado la semilla evangélica de la fraternidad.

-         Esto va a dar lugar a una serie de rechazos que muestran el extraño y profundo rechazo en que se mueve la vida de Francisco al final de su camino. ¿Cómo es posible que en tan pocos años el sueño de la fraternidad se haya convertido una pesadilla tal?

  • Primer rechazo: “no es hora decente”: no guardas las horas establecidas, las marcadas por una vida estable, monástica. No puede ser hermano nuestro quien anda en los caminos, porque es mal signo: hay que andar en casa, cerrado, recogido, establecido. No es de fiar uno que anda en caminos (nos hemos alejado del Jesús que anduvo en los caminos: “Iba de camino”: Mc 9,30). Francisco y los hermanos que andan a distinta hora.
  • Segundo rechazo: “eres simple e inculto”. La simplicidad que era el signo principal de la vida franciscana se convierte ahora en la mayor dificultad para el que es “culto”. La consecuencia es clara: “ya no vienes con nosotros”: la Orden va por un camino que no es el tuyo. Nuestros caminos se han separado, ¿por qué seguir empeñado en ser hermano de quien va por otro camino? La evidencia: “somos tantos y tales, no te necesitamos”. No eres una aportación útil, no añades ningún valor a nuestra vida. No solamente somos autónomos, sino que somos numerosos. Eres tú quien está en inferioridad numérica y en inferioridad cualitativa. Ya no sirves.
  • Tercer rechazo: el más cargado de sentido porque se invoca “al amor de Dios”, razón última de cualquier apelación a la generosidad entre cristianos. Y, además, se sitúa en los mínimos: “por esta noche”: veamos si es posible mantener los mínimos del amor. Pues decididamente, no: “no lo haré”. Sin titubeos. Y ahora la mayor herida: “Vete al lugar de los crucíferos”: son los lugares donde se refugiaban los hermanos en los primeros tiempos y eran, frecuentemente, leproserías atendidas por “crucíferos” una orden fundada en 1165. O sea: vuelve al comienzo, funda otra vez otra Orden como aquella porque la nuestra es distinta, no es la que tú fundaste. El rechazo es total.

 

  • Conclusión: 15:

 

Se podría pensar que no hay nada que hacer, que asumir la realidad como ruptura de la fraternidad es el único camino. Pues no, “si he tenido paciencia y no me he turbado”, es decir, si sigo en los parámetros de la fraternidad, si no maldigo de quienes me rechazan, si no muere el amor que antes había, si más allá del dolor y de las lágrimas sigo mirando como hermano a quien antes lo miraba así, ahí está “la verdadera alegría, la verdadera virtud y la salvación del alma”. Es decir: ahí se demuestra si entiendes de verdad la fraternidad, si eres persona de evangelio y si te acercas a la plenitud de la fe. Lo demás, es engañarse. Algo insólito.

     Las preguntas se agolpan: ¿cómo se había llegado a una situación así? ¿Solamente por el endurecimiento de los intelectuales? ¿Qué parte tenía el mismo Francisco en esto? ¿Su difícil flexibilidad, su visión personalista del evangelio, su ideal identificado con él mismo no tuvo que ver? ¿El haber aceptado a muchos hermanos sin gran discernimiento no tuvo que ver? ¿La misma Iglesia que vio en los franciscanos un filón no tuvo nada que ver? ¿Se puede poner la relación al borde de la ruptura por cuestiones ajenas a ella?

 

 

  1. 2.    La voz del Evangelio: Lc 10,21

 

«En aquel preciso momento, exultante con el gozo del Espíritu Santo, exclamó: -¡Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque si has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla! Sí, Padre, bendito seas por haberte parecido eso bien».

 

  • En un texto que, dentro del viaje a Jerusalén, narra la vuelta de la misión de los setenta. Es de los pocos textos donde se muestra la alegría de Jesús (el tema de la alegría no es frecuente en los evangelios ¿por qué?).
  • La alegría de Jesús es profunda porque sus seguidores  han hecho la misión del reino en modos aceptables, cosa no fácil para quien proviene del judaísmo. Esa misión ha sido, básicamente, una misión de liberación. Una alegría que brota de la liberación del otro.
  • Los sabios y entendidos no han captado el sentido de liberación del reino porque son gente próxima al poder. Si este se ve amenazado, la tristeza aflora a sus vidas. El reino y su sentido se les oculta. Por ello su vida se instala en el gris sobre gris.
  • El reino es para sencillos que profundizan, no para los superficiales. Por eso, la alegría evangélica brota de fuentes profundas, no de una superficialidad vacía.
  • El Padre es la fuente de alegría de Jesús y su designio de que nada se pierda.

 

  1. 3.    Invitaciones a la alegría

 

  • La alegría se vuelve desbordante en los tiempos mesiánicos. Ya hemos dicho que no ha caracterizado, a veces, la alegría al cristianismo. Una religión de la tristeza, la han tildado algunos. Sería preciso no solamente desarrugar el ceño, sino cultivar el disfrute sencillo, las pequeñas alegrías cotidianas y entender y vivir la práctica religiosa no como una imposición, sino como una suerte que nos enriquece.
  •  Convertirse en mensajero de alegría para los demás: Ya que una alegría que no se contagia no puede ser de calidad. La vida fraterna habría de ser vida de alegría contagiada, no de disgusto multiplicado. La comunidad cristiana habría de elaborar planes de pastoral para el contagio de la alegría en tiempos, como el nuestro, de notables dificultades para la misma. Una alegría que habría de tener arraigo antropológico. No meras palabras, sino también hechos, ayudas, empujes, situaciones de vida que generen alegría.
  • La creación entera participa de esta alegría de la salvación: Es algo que puede ayudarnos a reavivar el fuego de la alegría: la creación, hermana nuestra, también quiere participar en la alegría creacional y puede ayudarnos a avivar la alegría. Alegrarse con la creación es una de las formas más puras de alegría. Esto puede hacerse con todo lo que nos rodea, cuidándolo, amándolo, disfrutándolo. Basta abrir los ojos y el corazón.
  • La alegría se vive en medio de las pequeñas cosas de la vida cotidiana, como respuesta a la afectuosa invitación de nuestro Padre Dios: No se precisan grandes cosas para cultivar la alegría. En el cada día de uno, por sencillo que sea, se puede cultivar la hermosa planta de la alegría. Hacerlo es un acto de fe y de confianza en la invitación del Padre. Sumirse en el desconsuelo y en el gesto adusto es responder mal al afecto de Dios sobre nosotros y sobre las criaturas.

 

  1. 4.    Un río de alegría

 

  • El Evangelio invita insistentemente a la alegría. Cruz y alegría se pueden mezclar; limitación histórica y gozo se pueden unir; debilidad y disfrute pueden ir unidos en parte. Es una sabiduría enorme de vida y de fe saber hacer esta mezcla. Quien lo consigue, logra que la debilidad no le derrote y saca partido a las pequeñas alegrías que la vida ofrece cada día. De ahí la invitación “insistente” del Evangelio a vivir en alegría.
  • Nuestra alegría cristiana bebe de la fuente de su corazón rebosante. Por eso mismo hay que saber del corazón de Jesús. Esto es algo más profundo que lo meramente devocional. hay que saber de los valores evangélicos, que conforman el corazón de Cristo, su más profunda profundidad. Hay que saber en la vida propia, en la práctica de valores como el perdón, la paz, el amor, la generosidad, la entrega, el servicio, la sencillez, etc. Esos son los valores del corazón de Jesús. De ahí, de su práctica, brota un raudal de alegría.
  • En la primera comunidad…había «una gran alegría»: Quizá se halle ahí el secreto del atractivo de aquella comunidad y el de su maravillosa expansión en un mundo nada proclive al Evangelio. Quizá podríamos reproducir en nuestra comunidad aquel anhelo y contribuir con decisión a una comunidad de una fe alegre, contagiosa, jovial, despejada, aireada.
  • ¿Por qué no entrar también nosotros en ese río de alegría?: Como quien entra en un río, sacudiéndose la pereza, deseando entrar en la frescura y el disfrute, queriendo compartir el gozo de hacer parte de una corriente grande de alegría. Hay muchas personas en el mundo que viven contentas, incluso en medio de situaciones no fáciles. Tendríamos que animarnos a entrar en ese río de hermosas aguas; no en la turbia corriente de la tristeza y del disgusto.

 

PARA EL TRABAJO DE LA TARDE:

 

  1. 1.    Punto de partida: Cascarones vacíos

(Se lee detenidamente, subrayadamente)

 

            Aunque es noviembre y el frío se va haciendo cada día más cercano, el sol caldea por la tarde el rincón del parque. Por eso, al abrigo, se está bien, sentados en un banco, hablando con Alí, un apátrida.

            “Mucha gente no sabe qué es un apátrida, por más que la palabra esté en el diccionario. Te lo voy a decir yo: es como si fueras un pez atrapado en un estanque cuadrado, un cascarón vacío. Eres persona, pero no tienes identidad. Intenta sentir lo que yo siento: cuando abro la puerta de mi casa no tengo conciencia de tener un hogar, de estar en mi terreno. No tengo hogar. Somos tan invisibles que la sociedad española no sabe ni que existimos”. Caen las frases como grandes piedras en el fondo del río.

            En el mundo hay entre 10 y 19 millones de apátridas. En Europa son como unos 600.000 mil. Son personas sin identidad social porque vienen de países que se desmembraron o de minorías étnicas que no tienen el reconocimiento civil otorgado por un Estado. Viven en un limbo legal, disfrutando solamente, cuando consiguen el reconocimiento de apátrida, de un acceso mínimo a la protección legal y a la sanidad porque la nacionalidad es esencial para la plena participación en la sociedad. Y ellos no la tienen. Solo pueden viajar y trabajar controladamente, no pueden abrir una cuenta bancaria y si se mueren, su defunción no quedará registrada en documento alguno.

            “Vosotros los españoles, dice Alí, tenéis un refrán que dice: ‘Qué se puede esperar de quien no tiene hogar’. Nosotros no tenemos hogar. Por eso, conseguir la nacionalidad sería para mí como si me tocara la lotería”.

            Alí es de origen baharí, una minoría étnica de Bangladesh a la que despectivamente se le conoce como “los desamparados paquistaníes”. En la guerra de 1971 se provocó la secesión de la parte oriental del país que conocemos como Bangladesh. Los biharia quedaron en ese territorio. Al haber apoyado al gobierno de Paquistán, el gobierno bangladesí no les reconoce la nacionalidad.

            Aunque uno se sumerja en los informes oficiales, es muy difícil saber cuántas personas apátridas hay en España, cuántas demandan esta figura y cuántas concesiones otorga el Estado. Parece que hay varios miles de demandas, en torno a tres mil, y que las concesiones son lentas y muy pocas, algunas decenas al año. La mayor parte de estas peticiones las hacen en España los saharauis. Al no ser reconocido su “estado” como tal (la República Árabe Saharahui Democrática), los jóvenes saharauis que vienen de la excolonia española a la península optan por la apatridia ya que el estatuto de refugiados políticos les está vetado.

            De esta manera quieren hacer visible la causa de su pueblo que lleva más de 40 años dividido entre los territorios ocupados por Marruecos y los campamentos de refugiados en Argelia. Y es lo que ellos dicen: “Sin identidad, se acaba por dejar de existir”. La suya es una lucha por la identidad y por la supervivencia. Y si se acogen a la figura de apatridia es porque les hace falta un documento para poder vivir y viajar temporalmente, porque el tal documento es válido solamente para cinco años. Todos creen que su situación va a ser temporal.

            Puede que se considere todo esto unas “migajas”. Pero ha costado lo suyo llegar a ellas. El Estado español concede el estatuto  de apátrida solo a los saharauis que viven en los campamentos. Antes el ministerio alegaba que tenían la nacionalidad argelina porque Argelia les otorga un pasaporte, que en realidad es un simple título de viaje que no concede la nacionalidad. El recurso a la apatridia implica, en cierto sentido, renunciar a una patria a cambio de poder moverse por el mundo y, en un futuro, solicitar la nacionalidad del país que ha concedido el estatuto. A los saharauis que viven en las zonas ocupadas se les cierra también esta puerta porque se les impone la nacionalidad marroquí.

            “La apatridia, dice Alí, te da una sensación de vacío que nadie puede comprender. Es como vivir sin raíces. Y, aunque no te queda otra, ese vacío del corazón te acompaña hora a hora. Me pregunto si tal vacío no será mi casa para siempre”.

            Cae la tarde sobre el rincón del parque. Antes de despedirnos con un apretón de manos digo a Alí: “No tienes papeles, pero eres una persona”. El silencio y la mirada dicen “gracias”. A secas.

 

  1. 3.    Preguntas:

 

  1. 1.    ¿Cómo acercarse a las vidas decrecidas de los empobrecidos?
  2. 2.    Prácticas de decrecimiento en nuestras comunidades.
  3. 3.    ¿Cómo alegrar un poco la vida de quienes andan por la vida con dificultades?
  4. 4.    Prácticas de alegría en nuestras comunidades.

 

 

7

EL CAMINO DE UNA LIBERTAD

HECHA DE AMOR Y DE INTEMPERIE

 

         La libertad es uno de los grandes valores que constituyen el núcleo de lo humano. Renunciar a ella es renunciar a ser persona; cultivarla es un trabajo de por vida; amarla es  recrear el sueño de la vida en gozo.

         La  VR no ha elaborado mucha espiritualidad sobre la libertad. Más aún, la ha visto como un obstáculo al voto de obediencia y por ello la ha combatido y olvidado. Pero sin libertad, la persona está disminuida. ¿No podría entenderse justamente la obediencia como el voto de la libertad puesta en común, en el molde de lo fraterno?

         Por eso, el camino de la libertad puede ser entendido como una senda de recuperación evangélica. La vida franciscana ha hecho de la libertad un valor originario. Pero tal libertad ha estado hecha de amor al hermano y de intemperie que no se somete al dictado del poder. Quizá por ahí haya un camino.

 

  1. 1.    La voz de los textos franciscanos: CtaL

 

«Hermano León, tu hermano Francisco te desea salud y paz. Así te digo, hijo mío, como una madre, que todo lo que hemos hablado en el camino, brevemente lo resumo y aconsejo en estas palabras, y si después tú necesitas venir a mí por consejo, pues así te aconsejo: Cualquiera que sea el modo que mejor te parezca de agradar al Señor Dios y seguir sus huellas y pobreza, hazlo con la bendición del Señor Dios y con mi obediencia. Y si te es necesario en cuanto a tu alma, para mayor consuelo tuyo, y quieres, León, venir a mí, ven».

 

  • Se ve que Francisco y León, grandes amigos, han tenido algún encontronazo, no sabemos cuál. Es “lo que hemos hablado por el camino”. Los caminos de la libertad en la vida fraterna no vienen dados. Hay que elaborarlos paso a paso, situación a situación.
  • Se ve que había sido doloroso y Francisco lo daba por zanjado, incluso con su autoridad “de madre”, de responsable de la fraternidad. Es compatible la libertad con una cierta autoridad espiritual que puede salir de parte de aquel que trabaja el evangelio. No tiene más razón quien tiene más autoridad, sino quien trabaja más el evangelio.
  • Francisco deja libertad de acción a León: “el modo que mejor te parezca…hazlo con la bendición del Señor”. Al fin y al cabo, muchos de los interrogantes de la vida los tiene que solucionar uno mismo. No puede ser uno suplantado por alguien que diga lo que hay que hacer. Uno mismo, con asesoramiento fraterno, ha de tomar las decisiones y tales decisiones han de contar con el plan comunitario del que se hace parte.
  • Francisco no se cierra al diálogo posterior, no obstante: “si quieres venir a mí, ven”. El hermano siempre tiene acceso a su vida, sea cual sea el tema. Las decisiones que se toman con libertad quedan siempre abiertas a nuevos caminos. Dar por totalmente zanjadas las cuestiones puede ser, a veces, un acto de autoritarismo.

 

  1. 2.    La voz de los evangelios: Mt 12,1-8

 

«En aquella ocasión, un sábado echó Jesús a andar por lo sembrado; los discípulos sintieron hambre y empezaron a arrancar espigas y a comer. Los fariseos, al verlo, le dijeron: -Mira, tus discípulos están haciendo lo que no está permitido en día de precepto. Él les replicó: -¿No habéis leído lo que hizo David cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes y de la ofrenda, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus hombres, sino solo a los sacerdotes. Y ¿no habéis leído en la Ley que los sábados los sacerdotes violan el precepto sin incurrir en culpa? Pues yo os digo que hay algo mas que el templo aquí. Si comprendierais lo que significa misericordia quiero y no sacrificios (Os 6,6) no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hombre es señor del precepto».

 

  • El texto refleja la oposición de los dirigentes al Mesías revelado desde su pobreza. No pueden admitir que un excluido obre con la libertad de un empoderado.
  • El sábado era una realidad intocable hasta colocarla por encima de la persona. El mecanismo religioso posterga la libertad de la persona en base al mantenimiento del poder. Quien manda se hace valor imponiendo normas.
  • Jesús tiene otra manera de pensar: no hay valor de más envergadura que la persona, sobre todo la persona con necesidad (con hambre en este caso). La normativa religiosa, por santa que se quiera (la contemplación de Dios creador en sábado) deber ir después (Dt 23,26 permitía arrancar espigas en sembrado ajeno “con la mano”. Pero no tiene la problemática del sábado, que es el asunto aquí).
  • La historia de David y sus soldados con hambre que viene en 1 Sam 24,1ss Jesús la cuenta a su manera: allá se dice que David “pidió” al sacerdote Ajimelec que le diera los panes y aquel se los dio. Pero Jesús dice que “entró en la casa de Dios” con sus hombres, con sus tropeles. Hay aquí una defensa militante de la libertad para obrar cuando la persona tiene necesidad.
  • Para Jesús la cosa está clara: no está en contra del sábado, pero si éste choca con la necesidad de la persona, ésta se pone por delante como primer argumento.
  • ¿Dónde aprendió tal libertad viviendo en un ambiente religioso tan coactivo? ¿Quizá en sus noches de oración (Mc 1,35)?

 

  1. 3.    La libertad de pertenecer

 

         Un antiguo maestro general de los dominicos, Timothy Radcliffe, hablaba de la obediencia como de la “libertad de pertenecer”. Me parece una expresión atinada que puede aplicarse no solamente al llamado voto de obediencia, sino a toda la vida religiosa. Libertad, porque libremente hemos venido a esta vida y libremente estamos en ella. Nadie nos coarta, nadie nos obliga. Estamos aquí porque lo deseamos, porque hemos entrevisto las posibilidades hermosas de una vida en seguimiento dentro de un grupo. Pero, eso sí, estamos dentro de un grupo, “pertenecemos” a un proyecto común, a un plan de conjunto. Estos dos elementos, mi deseo personal y la evidencia de que estoy con otros en grupo, han de estar equilibrados en nuestra vida para vivir la pertenencia con sensatez, sin tensiones excesivas, con creatividad.

         Este equilibrio no resulta fácil. Hay hermanos y hermanas que, llevando muchos años en la vida religiosa, no han entendido del todo que el proyecto común en el que están insertos puede ser el mayor beneficio para su vida personal. Al no entender esto, sufren por una extraña dialéctica: mi comunidad no me entiende, no me siento parte de la comunidad porque no me dan lo que creo necesario para mi vida. Es que no resulta fácil pasar de la orilla de uno a la orilla de la comunidad. Es un proceso que dura toda una vida. Se trata de pasar del horizonte de uno al horizonte de todos. O, si se quiere de una forma más pedestre, se trata de viajar en bus colectivo, no en mi coche individual, para, como decía el poema de León Felipe, “llegar todos juntos y a tiempo”.

         Por todo esto, habrá que entender y vivir la pertenencia no como un peso, sino como un gozo. Hay que caer en la cuenta del contrasentido que es que, habiendo venido a una vida en grupo, nos cueste tanto todo aquello que se construye en grupo. No hemos entendido bien el mecanismo básico de lo que es vivir en comunidad, en relación elemental entre personas. Por eso, hasta el último aliento de la vida habrá que trabajar el aspecto comunitario, la pertenencia a nuestra Congregación. Ésta no es mero sentimiento colectivo, mera adscripción religiosa, simple afán por “defender” a la Congregación. La pertenencia es ilusionarse por el proyecto común, creer que es posible llevarlo adelante a pesar de que seamos grupos frágiles, tener fe en las posibilidades de renovación de la Congregación, sembrar ilusión controlando todos los desalientos. La pertenencia es más una actitud interior que los modos externos de un grupo religioso.

         ¿Pueden nuestros grupos adquirir esa certeza de que el grupo y su proyecto son para mí un gran beneficio, el mayor beneficio que Dios ha puesto en mi vida? Sí, lo pueden. Pero es preciso cultivar el anhelo de todos seamos profetas de la fraternidad, personas enamoradas. Hay en el libro de los Números una escena hermosa: Moisés no podía solo llevar la dirección de la numerosa comunidad israelita y decidió “repartir el espíritu” con otros ancianos. Nombró a setenta. Pero, el día del nombramiento, dos de los señalados, Eldad y Medad, no acudieron a la cita. Posteriormente se pusieron a profetizar como todos y Josué, hombre duro, quiso que Moisés se lo prohibiera. Y entonces dijo Moisés una frase hermosa: “¡Ojalá que todo el pueblo profetizara y el Señor infundiera en todos su espíritu!” (Num 11,29). Pues bien, el proyecto de vida comunitaria quiere poner carne a este gran deseo de Moisés: un pueblo, una comunidad, con espíritu, con alma, con profecía, donde cada uno de sus componentes encuentre su lugar en el mundo, su realización, su felicidad. ¿Es esto un sueño imposible? ¿Nos hemos apuntado a una quimera?

         Pensamos que no. Muchos otros hermanos y hermanas han vivido este sueño a su medida en épocas pasadas y presentes. A los franciscanos y franciscanas nos gusta recordar aquellos primeros capítulos de las esteras en que ser reunían los hermanos para alegrarse y convivir porque “eran felices cuando podían reunirse y más felices cuando podían estar juntos” (1C 39). Ser feliz con el otro, más allá de su limitación, ése es el ideal de la comunidad. Y si no se descubre algo de esto, si no se intuye esa felicidad, si no aparece por ningún lado la alegría de relacionarse y convivir, el tema de la pertenencia se nos hace muy cuesta arriba. Pero si esa dicha elemental de vivir con y para el otro se hace presente en nuestra vida, la pertenencia será una alegría, nunca un peso.

         Hay una película que recomiendo vivamente a los hermanos y hermanas: Tierra de ángeles,  del director Kay Pollak. Narra la vida de un coro humilde de una parroquia luterana en Suecia. Un coro es un grupo de personas que canta. Siempre se pone el acento en el “que canta” y eso se valora de un coro. Pero son “un grupo de personas”. Y el canto depende de cómo funciona ese grupo de personas, de sus anhelos, ilusiones, frustraciones, luchas, acompañamientos, lejanías. Si eso no se aclara y se pone en orden, la pertenencia, es muy difícil que el coro cante bien. Nosotros somos “un grupo de personas que quiere seguir a Jesús”. Si olvidamos que somos “un grupo de personas”, con todo lo que eso conlleva, no podremos seguir a Jesús con ánimo y vigor.

         La pertenencia, pues, está ligada al cimiento de nuestra vida relacional. No basta para ser buen religioso o religiosa cumplir una normativa, llevar un determinado estilo de vida, vivir en una casa grande y sin casarse. Eso es el andamiaje externo, por muy importante que sea. Lo decisivo es la relación con el otro, la manera de mirarle, de amarle, de acogerle. Y, desde ahí, la certeza de que estamos en un proyecto común, en un anhelo compartido, en una vida participada. Esa perspectiva de lo común, esa sensibilidad por lo de todos, esa certeza de que nuestra opción es la fraternidad se hace absolutamente imprescindible para entender y vivir gozosamente la pertenencia.

        

  1. 4.    Una obra de liberación:

 

         Para construir una espiritualidad nueva en estos tiempos de reducción en los que vivimos, necesitamos, como previo, ir haciendo una obra de liberación. Concretamos en algunos puntos:

 

1) Liberarnos del fantasma del número:

 

  • Hemos de intentar liberarnos de la tiranía del número: Jesús no puso como requisito del seguimiento un determinado número y calidad de personas. Se puede ser seguidor/a en número reducido en posibilidades menguadas. La cuestión no es tanto el número cuanto la ilusión.
  • Por lo tanto: habríamos de estar más preocupadas por la ilusión, por el ambiente de la comunidad, por sus ganas de seguimiento, que por sus limitaciones y achaques.
  • Es preciso hacer del seguimiento un tema obstinado de logro y de deseo, poniendo ahí el acento sin obcecarnos con el tema del número y de nuestra situación limitada.
  • No van las cosas mejor en la comunidad solamente porque seamos más brazos para las tareas sino porque los corazones estén más unidos en torno al proyecto evangélico.
  • Hemos de creer a pie juntillas que siendo las que somos, en número y calidad, el ideal del seguimiento es alcanzable en medida interesante por nuestra comunidad.
  • No ha de ser definitivo el que nos sintamos arropadas por un gran número de personas sino por gente que entiende de verdad nuestra opción de seguimiento.
  • No es bueno estar recordando siempre los tiempos en que éramos tanto y tales. También entonces el seguimiento era la cuestión (y a veces resulta en modos menos interesantes que ahora). La fidelidad a lo que se nos ha prometido nos habría de hacer mirar hacia delante más que hacia atrás.
  • No obstante todo lo dicho, hay que sentirse responsables ante el número. Es decir: cómo seguir haciendo hoy una oferta de seguimiento desde el conjunto de la comunidad. Lo que ha sido bueno en otras épocas lo sigue siendo ahora. Hay que preguntarse desde qué perspectivas es ofertable un plan de seguimiento en u determinado carisma.

 

2) Liberarnos de un pasado “glorioso”:

 

  • Nuestro pasado que, por querido, recordamos como “glorioso” no lo fue tanto. Debajo de las glorias oficiales había mucho “barro” sin aclarar. En ese sentido, hoy estamos en mejor situación para que no se produzca esa “esquizofrenia”.
  • Quizá nuestra actual debilidad nos vaya enseñando a poner el acento en realidades distintas a nuestras obras. Antes se medía mucho esa fuerza por las obras y el talante religioso por la dedicación con que nos dábamos a ellas. Ahora los acentos se van desplazando a otros aspectos más de búsqueda, más espirituales incluso, más fraternos.
  • Bien mirada, la antigua espiritualidad era, en parte, una espiritualidad impuesta, obligatoria, de la que no te podías salir si no querías ser reconvenido, cuando no puesto en cuestión. La prueba de que esto era en parte así es que en estos tiempos nuestros, en que ya no rige tanto la imposición, quienes vivieron aquella espiritualidad son los que más rápidamente la abandonan.
  • Creemos que sí es verdad que nuestra memoria es selectiva, que recoge y guarda los momentos buenos de las épocas pasadas y olvida los menos buenos. Si así fuera, hay que tener cuidado, para que nuestros análisis sean los más correctos posible. Si no, seguiremos viviendo en una especie de “romanticismo”, de añoranza de los viejos tiempos que no nos lleva a nada positivo.
  • Es muy difícil “desanclarse” de aquellas vivencias que nos han sido queridas, de las costumbres que hemos practicado, de las rutinas que se han instalado dentro. Pero es preciso intentarlo ya que no pocas veces eso va en contra de una apertura al presente y de un andar remoloneando ante el futuro.
  • Hay que saber guardar lo bueno del pasado, el “espíritu” de lo vivido. Si es realmente bueno, si es “espiritual” habrá manera de acomodarlo al presente. Si no se acomoda ni al presente ni al futuro hay que empezar a sospechar que no es un elemento “espiritual”.
  • Hemos de intentar guardar, sobre todo, fidelidad al futuro, más que al pasado. La promesa de Jesús, su estar en medio de la comunidad, es una realidad de presente con proyección de futuro. El anhelo de seguirle en modos comunitarios también alude a situaciones de presente y de futuro. Por eso, sin menospreciar el pasado, la vista ha de estar lanzada hacia el futuro.
  • El habitar o proyectar una casa nueva puede ser una “mediación histórica” para afianzarse en caminos de novedad. El hábitat, las paredes, los recovecos, los lugares guardados, los “territorios conquistados”, incitan a quedarse en lo antiguo. Lo que está por venir, lo nuevo, lo cambiante, nos anima a situarnos en paradigmas de presente y de futuro.
  • Tanto para asimilar bien pasado como para orientar correctamente el presente y el futuro el diálogo comunitario es una herramienta imprescindible. El silencio sigue siendo el modo más efectivo para ignorar las cosas. Por eso, esta época nuestra valora más el diálogo que el silencio impuesto o, si se quiere, intenta mezclar silencio y diálogo comunitario a partes iguales.
  • ¿Tiene sentido hablar de futuro desde situaciones de reducción, de notable vejez? Sí que lo tiene, ya que orientarse hacia el futuro no depende únicamente de la edad sino de las ganas que se tengan, de los dinamismos personales, del afán de búsqueda. Y esto es posible en edad altas.

 

3) Liberarnos del desencanto:

 

         ¿Qué pistas podríamos dar para tratar de ir superando nuestras situaciones personales y fraternas de desencanto? Pueden ser cosas muy sencillas; alguna de ellas nos puede ayudar.

 

a)   Creer en el valor de lo pequeño: No albergar ambiciones inútiles. Descubrir el sentido de las cosas pequeñas como parte de un gran sentido mayor que nos puede dar gozo.

b)   Entender los días como una nueva oportunidad: No como un peso o una obligación, sino como una estupenda oportunidad a la mano para sentirse en la vida.

c)    Dejarse encantar por la relación común: porque en el entrecruce de corazones anida la alegría y porque de la buena relación solo podemos sacar beneficios.

d)   Disfrutar de lo sencillo y en el momento: No como quien desconfía del futuro sino como quien sabe que se le ha puesto ahora mismo un don en las manos.

e)   No acumular pesares: Porque el saco de los pesares se puede hacer insoportable, incluso aunque se lo quiera ignorar. Compartir pesares es una prueba estupenda de fraternidad.

f)     Esponjarse ante el otro/a y el Otro: No tener al otro por un “enemigo” sino por uno en quien se puede confiar, más allá de su debilidad. Sin confianza, ¿cómo no va haber profundo desencanto?

g)   Creer en la palabra curativa: Ya que la palabra (la Palabra también) tiene una gran fuerza para curar. Utilizarla lo más posible en esa dirección. Acompañar la palabra de silencios solidarios, de cercanías, de aprender simplemente a estar.

h)   Valorar los caminos recorridos: Por hermanos/as que vivieron antes con ilusión. No idealizarlos, pero tener por cierto que su legado carismático puede ser fuente de gozo y de vida en este hoy nuestro, por muy distinto que sea.

i)     Ofrecerse sin desmayo: Porque en la entrega anida el secreto de muchas alegrías y de muchos contagios positivos.

j)     Mantener tercamente vivo el encanto por Jesús: Como se lo mantiene a aquellas personas a las que nunca se ha dejado de amar. No temer situarse en la utopía, en el anhelo, por ingenua que parezca la cosa.

 

 

8

EL CAMINO DE UNA EXTRAÑA

FRATERNIDAD UNIVERSAL

SOÑADA Y LEJANA

 

         A estas alturas sabemos que la fraternidad universal que es patrimonio de muchas personas en la historia humana es una parte importante del ideal franciscano. Por más lejana que se la crea, el franciscano no renuncia a ese hermoso horizonte. Sería traicionar el sueño de Francisco.

         Muchas veces se pregunta uno por qué sigue atrayendo san Francisco: porque no juzga, porque no se apropia de nadie, porque devuelve amor aunque no se le ame. Esos son los ingredientes de la fraternidad universal franciscana, la manera de mirar la realidad y las personas.

         Por eso mismo, un camino franciscano de vuelta a Jesús tiene que ver con alimentar y mantener vivo este sueño de la fraternidad universal.

 

  1. 1.    La voz de los textos franciscanos: Rnb 5,13-15

 

«13Y ningún hermano haga mal o hable mal al otro; 14sino, más bien, por la caridad del espíritu, sírvanse y obedézcanse voluntariamente los unos a los otros (cf. Gál 5,13). 15Y ésta es la verdadera y santa obediencia de nuestro Señor Jesucristo». 

 

  • Puede creerse que el seguimiento a Jesús tal como lo proponen creyentes tan entregados como Francisco es un camino para selectos. Pero, en realidad, él lo entiende en modos bien simples. Por eso, viene a decir, para comenzar, trata de no hacer mal o, al menos, de no hablar mal del otro, cosas ambas asequibles a cualquiera. La fraternidad comienza por las realidades más básicas.
    • Ser obediente a Jesús es construir la buena relación, no herir con el dardo afilado, y a veces envenenado, de la palabra dura. Si la vivencia del carisma franciscano no mejora nuestras relaciones, no está produciendo el fruto al que está destinado. La fraternidad universal es el sueño de una seciedad de buenas relaciones.
    • Seguir a Jesús es servir al otro con buen talante, con amor y con humor, con deseo de agradar. Porque en la voluntariedad de la fraternidad anida el amor. Una fraternidad vivida con hosquedad y dureza no puede llevar al término de la fraternidad común.
    • Para el franciscano/a la fraternidad en buena relación es la misma obediencia de Jesucristo al designio del Padre que quiere que nada se pierda (Jn 6,39) y que todo se reconcilie en Cristo (Ef 1 y Col 1).

 

  1. 2.    La voz de los evangelios: Mt 5,43-45

 

«Os han enseñado que se mandó: amarás a tu prójimo… (Lev 19,18) y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen para ser hijos de vuestro Padre del cielo, que hace salir su sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos».

 

  • El pasaje pertenece a la corrección que Jesús, el evangelio, hacen de la Ley y de su interpretación. No pretende radicalizar la Ley de Moisés, sino, frente a ella, sacar las consecuencias que se derivan de un principio mucho más exigente: el bien de la persona y la sociedad de amor mutuo.
  • El texto plantea la enorme dificultad de hacer fraternidad con aquel que es considerado “enemigo”. ¿Cómo amar a quien no me ama? ¿Qué tipo de relación hay que construir con quien es diverso, opuesto, distinto y distante?
  • El pasaje habla de amar y rezar. La oración puede ser una ayuda para los amores difíciles. Porque la oración ablanda, trae al recuerdo, anima a no enquistarse en situaciones de dureza.
  • Así, siendo hermanos con quien es difícil serlo se es “hijo del Padre del cielo”. Por la sencilla razón de que Él hace lo mismo: nos ama a nosotros que somos tan opuestos a él.
  • E ilustra esta espiritualidad del amor al distinto con un argumento sencillo pero tumbativo: Dios hace salir su sol sobre buenos y malos, no sobre unos sí y otros no. Sobre todos. Así debería ser el “sol” de la fraternidad: una luz y un calor para todos.

 

  1. 3.    ¿Podemos los pueblos llegar a ser hermanos?

         Muchas filosofías y religiones, antiguas y modernas, han soñado con la fraternidad universal. Los más agudos lectores de la realidad se han percatado de que, por encima de toda debilidad, la persona lleva inscrito en el último pliegue de su alma el anhelo de la fraternidad, del buen entendimiento, del amor en suma.  Por causa de ese anhelo se han firmado miles de tratados de paz, se han otorgado muchos perdones, se han rehecho cantidad de planteamientos. En el 2014 se cumplieron 50 años desde que Martín Luther King pronunciara uno de los discursos que mayor calado social y político ha tenido en la historia. Fue en Washington y fue la guinda a una marcha por los derechos civiles en una de las épocas más convulsas de la sociedad estadounidense con la que empezó la derrota, no completada, de la discriminación y la persecución racial: “Ayer tuve un sueño: que algún día todos los hombres serían iguales. Hoy, en medio de la noche del mundo y en la esperanza de la buena nueva, afirmo con audacia mi fe en el porvenir de la humanidad”.

 Desde el inicio de los tiempos hasta hoy no han dejado de sonar esta clase de voces. No han sido anhelos estériles. Sin ellos ¿dónde estaríamos ahora? Pero la realidad de un mundo fraterno es cosa aún muy lejana. Convivimos con múltiples heridas. Solamente es necesario abrir las páginas del periódico cada mañana para percatarse de cuánto daño, cuánta sangre, cuánta humillación, están todavía vigentes. El siglo XX ha sido, quizá, el más cruel de toda la historia humana, con confrontaciones mundiales que se han saldado con millones de muertos. En pleno siglo XXI siguen tan vivas las guerras de enormes dimensiones, las hambres que afectan a millones de personas, las más inauditas injusticias, vivas y vigorosas como nunca. No nos extrañe que haya quien diga explícitamente que nunca llegaremos a la soñada fraternidad porque, como lo dijo Plauto, el viejo poeta romano, “el hombre es un lobo para el hombre”. Tenía sus razones: estuvo años como un burro dándole vueltas a la rueda del molino de un panadero. Ni siquiera imaginaba que el capitalismo haría realidad universal su amarga sentencia.

El franciscano Eloi Lecrec es muy conocido entre los amantes de san Francisco porque hace años publicó un librito que tuvo mucho impacto y que algunas personas todavía releen. Se titulaba Sabiduría de un pobre. Pues bien, este hermano, ya anciano, ha publicado otro hermoso libro: El sol sale sobre Asís. Cuenta en él con palabras estremecedoras cómo, siendo estudiante franciscano, fue apresado por los nazis en la segunda guerra mundial y durante varios años convivió literalmente con la muerte en varios campos de concentración. Allí aprendió hasta dónde puede degradarse la condición humana. Cuando fue liberado, su cuerpo estaba muy debilitado pero su alma estaba al borde de la depresión y de la muerte. Tenía motivos más que suficientes por el calvario vivido. Pero, poco a poco, fue redescubriendo a través de la espiritualidad franciscana cómo Francisco mantuvo su fe en la fraternidad por encima de situaciones personales, fraternas y aun sociales muy duras. Y llegó a la conclusión de que quien escribió el Cántico del hermano sol no podía ser sino un incondicional de la fraternidad humana: “Socavada mi fe en el ser humano y dudando de todo ideal de fraternidad, me encontré con el ‘humilde Francisco’, que estaba esperándome… También él se había visto sumido en las tinieblas…Pero, en lugar de endurecerse y encerrarse en un aislamiento soberbio, se había dejado desposeer de todo, incluso de su obra…Y se había colocado con gran humildad en medio de las criaturas. Cercano y hermano de los más humildes. Había fraternizado con la tierra, el humus original, con sus oscuras raíces. Y he aquí que ‘nuestra hermana la madre tierra’ había abierto, ante sus asombrados ojos, un camino de fraternidad sin límites, sin fronteras… El humilde Francisco se había convertido en hermano del sol y de las estrellas, del viento, de las nubes, del agua, del fuego y de todo cuanto vive. Entonces se había puesto a cantar su admiración. Todo cantaba en él. La gracia lo había visitado, y con ella el júbilo” (pp.130-131).

     Las religiones, las filosofías, tienen como tarea para el siglo que viene el de desvelar el común anhelo de la fraternidad. Tantas veces que hemos hallado nuestra identidad cristiana en lo que nos diferencia de otras religiones, tantas veces que hemos puesto el acento en lo que nosotros hacemos y los demás dejan de hacer, quizá ha sonado la hora de la gran fraternidad, de la suma de voluntades y anhelos, del propósito de caminar juntos, hermanados, los caminos comunes. Seguramente que no perderemos identidad sino que ganaremos muchos motivos para amar más nuestros valores y para sumar a ellos los valores de los demás. Quien es hermano no teme caminar abierto a la vida y a las personas.

 

  1. 4.    Fraternidad cósmica

 

Puede ser que haya a quien esto de la “fraternidad cósmica” le suene a una especie de secta. Y no andará equivocado. Eugenio Siracusa fue un siciliano que fundó la “Fratellanza Cosmica”, un movimiento cuyo lema era “non siamo soli” (no estamos solos), haciendo alusión a la relación de la persona con todo el universo. Pero nosotros queremos hablar de la espiritualidad franciscana. Efectivamente, se podría sintetizar el pensamiento de san Francisco diciendo que él pretendía construir la fraternidad cósmica, la integración de todos los elementos del coro de lo creado. El franciscano E.Leclerc ha escrito un comentario al Cántico de las Criaturas donde dice: “Rehusar la fraternidad con la naturaleza es también, en definitiva, hacernos incapaces de fraternizar entre humanos” (El cántico de las fuentes, p.15).  Así, un hombre capaz de experimentar vitalmente esa fraternidad cósmica es un ser reconciliado, consigo mismo, con sus raíces y con los demás hombres: ¿Acaso fraternizar con todas las criaturas no es optar por una visión del mundo en la cual la conciliación triunfe sobre el enfrentamiento? ¿No es abrirse por encima de todas las separaciones y las soledades, a un universo de comunión, en un gran hálito de perdón y paz? El mundo pasa, de este modo, de ser un objeto a dominar y poseer, a conformarse como una realidad maravillosa en la que el hombre es admitido para vivir y cooperar en la creación con todo lo que vive. Cuando al depuesto y carismático obispo J.Gaillot le preguntaban cuáles eran sus sueños, respondía: “Sueño con ver a la fraternidad abarcando a todos los vivientes de la naturaleza. Porque somos habitantes de la tierra. Pertenecemos al cosmos. Fraternidad humana y fraternidad cósmica están ligadas”.

         L.Boff ha escrito profundas reflexiones sobre la evidencia de nuestro ser tierra, una nueva manera de enfocar nuestra pertenencia a la tierra. Él dice que esa nueva manera no podrá surgir sin tener una experiencia eco-espiritual: “Vivir en la globalidad del ser, en el sentimiento que se estremece, en la inteligencia que se ensancha infinitamente, en el corazón que queda inundado de conmoción y ternura: eso es hacer una experiencia eco-espiritual” (Ecología, p.251). No se trata de sentimentalismos superficiales. Esta actitud lleva implícita un gran cambio: “Durante siglos hemos pensado acerca de  la Tierra. Nosotros éramos el sujeto de pensamiento y la Tierra su objeto y contenido. Después de todo cuanto hemos aprendido de la nueva cosmología, es importante que pensemos en cuanto Tierra, que sintamos como Tierra y que amemos como Tierra. La Tierra es el gran sujeto vivo que siente, que ama, que piensa y que sabe que piensa, que ama y siente por nosotros y a través de nosotros” (p.252). Esta honda experiencia espiritual es necesaria para avanzar en el camino de fraternidad cósmica.

Cuentan que un monje santo oraba todos los días pidiendo a Jesús que viniese definitivamente a la historia tal como lo había prometido en los mismos evangelios. Toda su oración estaba siempre impregnada de ese anhelo. Una noche, agotado del trabajo y la plegaria, descansaba el monje en su lecho. Y en sueños se le apareció Jesús para decirle: Buen hermano, tu deseo de mi venida es grande, pero has de saber que yo estoy viniendo todos los días a tu vida, en la flor sencilla del camino, en los frutos sabrosos de tu huerto, en la inmovilidad respetuosa de la roca, en la música de las ramas de los árboles, en los silencios de los valles, en las nieblas perezosas, en los días luminosos y brillantes, en las noches de paz y sosiego. Ése es el lenguaje de mi venida. Al despertar, el buen monje miró por la ventana de su cuarto y, aunque el paisaje era el mismo de todos los días, realmente le pareció otro, mucho más hermoso. Bajó a desayunar con sus hermanos y les daba la buena noticia: Jesús ha venido ya. Creían que, por su edad, su mente empezaba a flaquear, pero era el gran anuncio, el que la tierra llevaba dando tantos años.

Sabemos que el paso de la especie humana por la tierra tuvo un comienzo y que, con toda probabilidad, tendrá un fin. La creación estaba ya antes y quizá se quede sin nosotros en el futuro cuando nuestro ciclo vital se acabe. Pero lo cierto es que la orientación de la creación hacia su plenitud depende en gran parte de nuestras buenas relaciones con ella. Ojalá podamos vivir lo que Francisco nos enseña: que la tierra es nuestra casa, que ha puesto a nuestro servicio todo su potencial para que vivamos con ella en modos fraternos y respetuosos. Más aún, tal vez comprendamos un día que, junto con Jesús, la tierra ha sido la gran pedagoga de nuestra fe: nos ha enseñado que el amor del Padre se derramaba día a día, minuto a minuto, sobre nuestra vida.

 

 

PARA EL TRABAJO DE LA TARDE:

 

  1. 1.    Punto de partida: Una selva viva

 

(Se lee detenidamente, subrayadamente)

 

            Mi nombre es muy raro: Nixiwaka. Pertenezco a la etnia de los yawanawás que viven en tierras de la Amazonía, en la frontera entre Perú y Brasil. La vida me ha llevado a tener que vivir en Londres. Entre la bruma de esta ciudad entreveo algunas noches las estrellas, las mismas que brillan en el cielo de la Amazonía.

            Hoy por hoy, la nuestra es la historia de los perdedores que sobreviven. Hemos perdido territorios, recursos naturales, valores medicinales. Hemos perdido más todavía: nuestra lengua, nuestra identidad, nuestras tradiciones, nuestros valores hondos. Los occidentales no os percatáis de lo que esto supone, de lo que es vivir casi sin alma. No caéis en la cuenta de nuestra enorme sorpresa cuando hemos visto que necesitábamos un derecho legal para vivir en nuestra tierra de siempre.

            El causante de todo esto ha sido la ambición desmedida de quien quiere crecer económicamente a costa de quien sea. Es la economía que no duda en matar, una economía asesina. Maltrechos y postergados, no hemos sucumbido, vivimos, sobrevivimos. Os diré que, de alguna manera, nos hemos hechos más fuertes.

            Y también os diré que sobrevivimos no para librar una batalla con vosotros, sino para abrir un camino de comunicación. Creemos que el mundo occidental puede aprender de nosotros a vivir una vida más armoniosa y en paz con el entorno, más centrada en valores de humanidad que de economía agresiva. Yo no descarto que lleguemos, un día, a combinar el conocimiento yawanawá con las ideas occidentales.

            Quizá haya que comenzar por saber qué es la Amazonía ya que muchos de vosotros no habéis tenido oportunidad de poner en ella vuestros pies.

  • La componen los territorios de 9 países de América: Brasil (60%), Perú (13%), Bolivia, Colombia (10%), Ecuador, Venezuela, Surinam, Guayana Francesa y Guayana Inglesa.  Su extensión es de 7 millones y medio de Km. cuadrados.
  • Es el primer gran pulmón del mundo, seguido de la cuenca del río Congo en África.
  • Su población es de 34 millones de personas, que viven en la Amazonía conformando más de 390 pueblos diferentes con una identidad cultural propia.
  • La Amazonia posee las mayores reservas de biodiversidad del mundo; entre el 30 al 50 por ciento de las especies de animales y vegetales de todo el mundo están en la Amazonía. 
  • El 20% de agua dulce no congelada en todo el mundo procede de la Amazonia, igualmente el 20% de oxígeno del mundo lo produce la Amazonía.
  • Esto es una riqueza incalculable que no sabemos valorar y que hoy por hoy, está amenazada de destrucción, algunos expertos en el tema, dicen que más del 20% de la Amazonía está deforestada.
  • La riqueza de la selva y los ríos de la Amazonía, son afectados por una explotación salvaje, por empresas nacionales y trasnacionales que con su extractivismo no regulado del petróleo, minería y la tala de bosques, contaminan los ríos, matan la vegetación y la vida de los pueblos ancestrales.

No queremos presentarnos como víctimas inocentes. Nosotros, los habitantes de la Amazonía, tenemos nuestra parte en este problema: nos hemos dejado llevar por la ambición, no hemos sabido valorar de manera equilibrada nuestra identidad, nos hemos cerrado en banda a un diálogo con quien creíamos superior. Quizá los tiempos del desencuentro han pasado y se abre ante nosotros una etapa de colaboración.

Ha llegado el momento en que nosotros tomemos nuestras propias decisiones, de que tengamos voz y elijamos cómo querer vivir. Por eso, agradecemos los esfuerzos de la Iglesia que ha puesto de relieve en el Sínodo el peligro que corre la Amazonía y las posibilidades de colaboración que se abren ante ella. Pero somos nosotros mismos quienes hemos de construir nuestro futuro, por más que sean bienvenidas las ayudas de quienes nos aprecian.

Quisiéramos tener nuestra propia manera de ver el mundo, lo que no excluye el poder compartir recursos con quienes vivía en otras zonas de la tierra, casa común de todos. Compartir es el camino que puede llevar a la felicidad de los pueblos.

Creedme, la selva es un lugar mágico, una casa enorme donde caben muchos y donde todos podemos encontrarnos en humanidad. ¿Qué van a decir nuestros hijos si no hallamos la senda que nos lleva a la convivencia y el respeto? ¿Qué huella va a quedar de nosotros en la selva hermosa si no sabemos preservarla con vida? ¿Qué herencia podemos dejar en el mundo si no es la del amor?

 

  1. 2.    Preguntas:

 

  1. 1.    ¿Podemos colaborar algo a la libertad de quienes la tienen escasa?
  2. 2.    ¿Con los años te sientes más libre? Poner algún ejemplo.
  3. 3.    ¿Tu carisma misionero te ha llevado a ver a las personas distintas como hermanas? Poner algún ejemplo.
  4. 4.    ¿Cómo leer lo cósmico con otra mirada? ¿Tiene esto alguna importancia en nuestra vida diaria?

 

 



[1] Hablamos de humildad, no de humillación. La humildad es un valor que controla las ansias de poder y se plasma en el servicio al otro. La humillación es el dominio del fuerte al débil que termina siendo explotado. Dios nos quiere humildes, no humillados.

Elogio de la templanza

ELOGIO DE LA TEMPLANZA

 

            El olvido ha arrumbado aquellos viejos tiempos del catecismo en que, desgranando las siete virtudes capitales, cantábamos para cerrar la serie: «contra gula, templanza». José R. Flecha dice que «opuesta a la ira es la templanza o mejor la mansedumbre». Pero no, lo opuesto a la ira es la paciencia. Cada cosa en su sitio. El caso es que hoy hasta la palabra “templanza” es una de esas palabras moribundas que casi ya nadie usa, aunque, de vez en cuando, como ocurre con una reciente novela de María Dueñas que lleva por título justamente La templanza, vuelva a aparecer por los escaparates. El caso es que nuestra revista quiere retomar el tema de la templanza.

 

El término

 

            Y hemos de quedar de acuerdo en su significado: queremos sobrepasar el mero término original temperancia, como moderación ante la tentación de glotonería. La templanza es algo más: es la manera de ser de quien sabe ser moderado ante las circunstancias, quien tiene criterios ponderados sobre las cosas, quien no se hunde a la primera dificultad, más todavía, quien es capaz de resurgir con nuevo ímpetu haciendo de la dificultad un trampolín para una nueva oportunidad. Una persona templada.

            Hay un término que está un tanto de moda que define esta manera moderna más amplia de entender la templanza: la resiliencia. Esto es algo que viene de la física: designa la capacidad del acero para recuperar su forma inicial a pesar de los golpes que pueda recibir y a pesar de los esfuerzos que puedan hacerse para deformarlo. Aplicado a los seres humanos es la capacidad para adaptarse positivamente a las situaciones adversas. Esto es lo que puede definir a una persona “templada”: la increíble capacidad de sacar de una situación difícil algo positivo.

 

Personas con temple

 

            Hemos conocido en nuestros pueblos a personas con temple, resilientes natas. Muchas mujeres mayores que vivieron una dura posguerra y que, con una gran escasez de recursos, sacaron adelante a la familia. Son de otra pasta, decimos, la pasta de la persona templada. Hemos conocido a cuidadores y cuidadoras, sobre todo, que han acompañado durante años la vida de personas mayores y necesitadas de cuidados prácticamente sin ayudas de ninguna clase. Hemos convivido con agricultores que han tenido que cambiar y sufrir la dura evolución del campo desde los tiempos en que casi la mitad de la población activa estaba empleada en el sector primario hasta estos nuestros días en que ya es inferior al 7%. Han aguantado hasta ver ahora que la falta de oportunidades en los núcleos urbanos como consecuencia de la crisis económica, el aumento del nivel educativo, la formación de los jóvenes del medio rural, y una creciente tendencia por la sostenibilidad medioambiental y la demanda de productos de calidad, han dado lugar a un nuevo contexto en el que surgen oportunidades de empleo y vida.

            Nuestros pueblos albergan a gente templada que ha elaborado como ha podido grandes conflictos de antaño como la guerra civil o de hogaño como la reciente pandemia. Lo han hecho sufriendo, muriendo incluso, pero también, cuando se les ha dado voz, denunciando. Su templanza es la de las personas que saben que el derecho y la justicia están de su parte. Se ha manifestado su temple en su capacidad de adaptación para asimilar costumbres morales que chocaban directamente con lo que se les enseñó o con su propia sensibilidad, Pero ellas, por mantener viva la familia, la paz y la armonía cedieron hasta límites importantes. Sin ese temple humano de fondo, tal cosa no habría sido posible. Uno se pregunta si la pervivencia de nuestros pueblos, más allá del vendaval de la despoblación, no ha sido posible gracias al temple de esos “viejos árboles”, como diría Labordeta y a la de quienes van tomando el testigo.

 

Templanza contra crispación

 

            La crispación siempre ha acompañado el camino de los humanos, muy dados a poner el grito en el cielo, a exagerar los términos del problema, a amenazar y a maldecir al otro. Todo ello a pesar que, desde antiguo, la crispación ha tenido mala prensa: ni el camino medio del Buda ni el justo medio de Aristóteles parecen sugerir ese camino. Pero es que en estos tiempos, la crispación se ha convertido en algo sistémico, planeado, parte de la plaza pública. Se crispa para demoler al adversario, para destruirlo.

            Por eso se valora más cuando vemos que en los pueblos hay regidores templados, que saben valorar las situaciones, que no ponen por delante las siglas de su partido, sino el bien de la ciudadanía. Son los buenos políticos de los que el papa Francisco dice que les duele de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres. Valoramos la realidad de los alcaldes que hacen una opción de pueblo, aunque no medie necesariamente un salario. Sin un corazón templado esto no sería posible. La templanza se convierte entonces en la gran abanderada de la dignidad, aquella que no se pierde ni siquiera porque el pueblo sea pequeño, ignorado, sin muchos recursos o sin notoriedad.

 

Una fe templada

 

            También la experiencia espiritual necesita ser templada. Tienen el peligro los pueblos de situarse en una fe de meras tradiciones que se vuelve rígida e intolerante a veces. También la vivencia religiosa necesita ser templada, necesita adaptarse a los tiempos nuevos de la Iglesia, trabajar caminos de vida cristiana nuevos. Es un fenómeno que anima el ver que en muchos pueblos florecen comunidades cristianas que trabajan y actualizan su fe, que montan foros y debates entre fe y cultura, que no se han quedado en las meras tradiciones, sino que viven una fe con implicaciones sociales. Cristianos templados en el frío de una fe rutinaria.

 

            En conclusión: puede que el término “templanza” no sea de actualidad. Pero su contenido lo es. En palabras de Adela Cortina: «Hemos de tratar de abordar esta situación en la que nos encontramos, echando mano de nuestra fortaleza, de nuestra solidaridad y de nuestra templanza. La templanza es fundamental». 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

¿Qué cuerpos importan en la Biblia?

 

 

 

¿QUÉ CUERPOS IMPORTAN EN LA BIBLIA Y EN EL PERIÓDICO? 

 

Recurriendo a aquella sugerencia atribuida a K. Barth de que es preciso pensar la fe teniendo en una mano la Biblia y en la otra el periódico, y siguiendo el espíritu de Vórtices, queremos hacer una comparativa sobre qué cuerpos importan en la Biblia y en el periódico, o mejor, qué cuerpos no importan.

Quizá sea este un camino más expedito: percatarse de los cuerpos que no importan para denunciar su atropello y para reivindicar su derecho a sentarse en el banquete de la vida.

Las viejas páginas de la Biblia encuentran en las de cada día en el periódico un increíble reflejo. Quizá eso pueda ser una manera de generar espiritualidad social a favor del mundo de los migrantes, personas que tienen un puesto en la Biblia y en la prensa, aunque fuera el puesto de la exclusión que lleva incorporado el grito de la justicia.

 

1. Abel: el cuerpo asesinado

 

            Empecemos por lo más trágico. Todo lo que se diga después será más suave. Las páginas de la Biblia se abren con un asesinato entre hermanos: es el mito de Caín y Abel, el breve. Asesinado por razones económicas: pastores contra agricultores, el eterno problema de la tierra y su explotación. El sistema quiere envolver el asesinato en razones religiosas (“El Señor se fijó en Abel y su ofrenda”: Gen 4,4) cuando lo que de verdad está en juego es el reparto de los recursos de la tierra. Con eso empeora las cosas porque sitúa a uno en el ámbito del bien (Abel) y a otro en el ámbito del mal (Caín), cuando los dos ámbitos tienen derecho a vivir. Por eso, la gran pregunta ante el cuerpo asesinado que se quiere ocultar no es “¿Dónde está tu hermano?” sino ¿por qué, siendo hermanos, no habéis llegado a un entendimiento económico? ¿Por qué tienes que matar para que tu economía prospere y sea la única? Este asesinato es no solo un crimen, sino una destrucción de la relacionalidad económica, de aquello a lo que los humanos están destinados por dignidad: sentarse igualitariamente en el banquete de la vida. De ahí la ineludible sentencia: “La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Gen 4,10) no tanto por el crimen, sino por la desigualdad que genera la imposibilidad de entendimiento y, con ella, el crimen. Los cuerpos asesinados apuntan a los sistemas económicos.

 

2. José: el cuerpo vendido

 

            Se veía venir. La historia de José y sus hermanos es una historia de privilegios que desemboca en un drama. Privilegios como el no ir al campo a trabajar como sus hermanos o tener “una túnica con mangas” que, al parecer, los demás hermanos no tenían (Gén 37,3) o de ser soñador ante quien no tiene más sueño que sobrevivir. Por eso, se planea la ruina del “soñador” no como un gesto maldad mitigada, sino también como una reacción a la injusticia sufrida. La venta barata del hermano (“veinte monedas de plata”  Gen 37,8) es la dura respuesta de quien ha acumulado postergación y desigualdad sin cuento. Se vende el cuerpo porque, a la base, hay desigualdad. La desigualdad es la raíz de la venta. Y pretender corregir la venta sin modificar el sistema que genera tal desigualdad es querer curar el síntoma sin hacerlo con el foco de la infección.

 

3. Betsabé: el cuerpo robado

 

            David encarna lo mejor y lo peor del ser humano: la compasión y el orgullo, el perdón y la soberbia, la ternura y la crueldad. Por eso, no extraña que robara el cuerpo hermoso de Betsabé, que se lo robara a Urías el hitita, el hombre íntegro que no quiso ser cómplice de ese robo y ello le acarreó la muerte (2 Sam 11). David es el ladrón del cuerpo hermoso y sin amparo social de Betsabé y el asesino de Urías. Robar cuerpos como quien roba corderos, así se lo dirá el profeta Natán (2 Sam 12,1-4). No quedará impune ese robo de un cuerpo: el hijo fruto de ese robo morirá al nacer, la vida de esta mujer será un continuo sobresalto y, además, nunca llegará del todo a ser mujer de David. La historia la reconocerá siempre como “la mujer de Urías” porque lo que se roba no termina de ser nunca del ladrón que lo afana (Mt 1,6). Los cuerpos robados siguen siendo propiedad de ellos mismos, por mucho que se los robe. Porque se podrá robar el cuerpo, pero no la persona. Cuando se roba cuerpos hay que poner el foco, en primer lugar, sobre el ladrón y luego sobre el cuerpo robado.

 

4. Tobit: el cuerpo desterrado

 

            Tobit era el padre de Tobías, según se cuenta en la novelita bíblica. Era uno que sufrió los avatares de política en el Israel del siglo VIII a.C. Fue deportado a Nínive en Asiria. En su deportación no se resignó a su dura suerte de exiliado, sino que quiso mantener su talante compasivo en una tierra hostil. Un deportado que no pierde sus mecanismos de humanidad. Deportado, pero humano. Por eso, aun a riesgo de incurrir en ilegalidad con el vencedor, se dedicó, dice la novela, a enterrar los cadáveres de los israelitas muertos en la batalla contraviniendo así las humillantes órdenes de insepultura (Tob 1.16-20). El destierro no fue para él un ámbito de muerte, sino un marco de compasión y de humanidad, aunque eso suponga la pérdida de la familia,  la persecución y la pérdida de los bienes (Tob 1,20). Desterrado, pero humano. La humanidad de los desterrados, de los exilados, de los apátridas, queda intacta, queda más de manifiesto por sus obras de humanidad.

 

5. La amada: el cuerpo cantado

 

            El Cantar más hermoso es un poema de amor al cuerpo de una gran delicadeza. No llegamos a creer, como nos dicen, que se cantara por las tabernas de Israel. Nos parece demasiado delicado y bello. En él se canta el cuerpo amado con un vigor y con una ternura que aún hoy asombra: “¡Qué hermosa eres, amada mía…tus ojos de paloma…tus labios cinta escarlata…tus pechos dos crías de gacela…qué hermoso es mi amado, muy dulce su boca, pura delicia” (Cánt 4,1-7; 5,10-16). Por mucho maltrato con que hiramos los cuerpos, por mucho vinagre que echemos a sus heridas, los cuerpos siempre serán atractivos, siempre serán hermosos, siempre serán cantados. Siempre hambreando besos: “¡Que me bese con los besos de su boca! (Cant 1,1). Los cuerpos son el gran valor de quien emigra. El Cantar invita a mirar esos cuerpos por encima del daño, de la apropiación, de la herida, de la violencia, porque la belleza que encierran tales cuerpos habla el lenguaje de la vida.

 

6. La adúltera: el cuerpo prostituido

 

            Porque la mujer sorprendida “en flagrante adulterio” (Jn 8,4) no solamente es adúltera sino mirada y castigada como una prostituta. La condena que viene de quienes tienen la sartén de las leyes patriarcales por el mango es la condena a la prostituta, a la marcada por un cuerpo que se cree en venta, lo que parece que da derecho a todo sobre ese cuerpo, a la vida y a la muerte. Es cierto que Jesús no la condena (8,11), pero también es cierto que no condena a quienes condenan desde su posición de poder. Si el adulterio era flagrante, se sabía quién era el adúltero. No aparece en el relato. La confusión de quienes se retiran “empezando por los más viejos” (Jn 8,9) no es suficiente para condenar a quien se prostituye no desde la desigualdad social, como la mujer, sino desde el poder social. Son dos cuerpos prostituidos: el cuerpo desamparado de la mujer que corre riesgo de ser apedreada y el cuerpo oculto del adúltero que parece no correr ningún riesgo. No sabemos qué es peor, si la condena al cuerpo de la mujer o la impunidad del cuerpo prostituido del hombre que se va de rositas.

 

7. Los endemoniados: el cuerpo violentado

 

            Los evangelios hablan mucho de una realidad que nos resulta culturalmente lejana: los espíritus inmundos, los endemoniados. Son los cuerpos violentados por unas fuerzas psíquicas de las que se ignora todo. La violencia contra los cuerpos se manifiesta en “tirarlo al agua o al fuego” (Mc 9,22) o en la autolesión (Mc 5,5). Es el retrato de los pobres cuerpos de los frágiles sociales. Jesús hace obra de expulsión de demonios, de restauración corporal viniendo a decir que tales cuerpos contienen intacta su dignidad. Por eso, más que de exorcismos, se trata de restauración de la dignidad herida. Jesús ha hecho bandera de esta reorientación de los cuerpos y la ha puesto como la primera señal de su sueño (Mc 3,15). El evangelio está contra toda violencia corporal; quien violenta cuerpos no puede ser seguidor de Jesús.

 

8. Los discípulos en la barca: el cuerpo que se ahoga

 

            En la tierra de Jesús hay un lago, el de Galilea, no muy grande pero que, por lo que se ve, a veces se alborota y se vuelve peligroso. Los discípulos, pescadores en ese lago varios de ellos, lo sabían. Y aún así, les pilló la marejada y su grito fue el de todos los ahogados: “¡Sálvanos, que nos hundimos!” (Mt 8,26). Es el grito de la angustia cuando las aguas van a engullir en su torbellino a quien mira con horror el fondo del mar. Narran los evangelios que Jesús apaciguó el mar, metáfora para indicar que los naufragios solamente se sortean con la solidaridad con los náufragos, solidaridad que pasa por otorgarles su derecho a la justicia y a la igualdad que es el viento loco que desata tempestades sin cuento.

 

 

9. Onésimo: el cuerpo esclavizado

 

            Pablo escribió una breve carta a su amigo Filemón intercediendo por un esclavo, Onésimo, que se le había escapado. Le anima a que lo reciba bien “como hermano muy querido”  (Film 1,16). Incluso Pablo se presta a pagar lo que sea si tal fuga ha supuesto un perjuicio económico para el amo (1,18). Pero el cimiento del asunto queda intacto; ese cimiento es la esclavitud. El cristianismo primitivo no ha sabido deducir del mensaje de Jesús que todo cuerpo esclavizado es una anomalía evangélica, que si, como dirá el mismo Pablo en un rapto de claridad (“Ya no se distinguen judío y griego, esclavo o libre, hombre y mujer, pues sois todos uno”: Gál 3,28) hay que sacar las consecuencias: esclavizar cuerpos es una inhumanidad que denuncia el sentido de la dignidad y que corrobora el evangelio. Quien esclaviza cuerpos no es humano y no es seguidor de Jesús.

 

10. Jesús: el cuerpo abandonado

 

            Los evangelios ponen mucho cuidado, quizá excesivo, en consignar que Jesús muerto fue puesto de un sepulcro (Mt 27,57-60 y par.). Pero sabemos por la historia que, con frecuencia, el tratamiento dado a los crucificados, los parias de la sociedad a los que se les aplicaba el peor de los suplicios, era la insepultura. Dejar insepultos los cadáveres echados al estercolero para pasto de perros y buitres era una forma última de condenar al ya condenado y ejecutado. La insepultura repugna al judaísmo (ver Tob 1). ¿Sufrió el cuerpo de Jesús ese último baldón? Un cuerpo muerto y abandonado, comido por las fieras, que lleva dentro, intacta, su dignidad. Por mucho que quiera herir, destruir, ofender y olvidar a un cuerpo, nadie puede desposeerle de su dignidad. Los cuerpos insepultos la tienen, si cabe, más que cualquiera otro.

 

 

 

Cuando los peces predicaron a la casa pontificia

CUANDO LOS PECES PREDICARON A LA CASA PONTIFICIA 

 

            El coche avanzaba airoso por la autopista de Roma a Ostia. Media hora de viaje y se pasaba de la urbe loca a la paz del litoral. El franciscano fray Hermógenes conducía con mano firme y rostro alegre. Ostentaba el título de predicador de la Casa Pontificia, un cargo importante que los franciscanos heredaron de antaño. Predicaba los retiros y las días litúrgicos más señalados. Muchos de sus hermanos le admiraban por ello y él, aunque humilde, tenía un puntito razonable de orgullo. Era a principios de enero. El tiempo, suave para ser invierno.

            Enfilaba a Ostia por una razón muy simple: quería retirarse unos días para preparar sus dos sermones de Cuaresma a la Casa Pontificia: el del Miércoles de Ceniza y el del Viernes Santo. Tenía ya unas cuantas ideas, pero quería escribirlas en la paz del pequeño convento franciscano de santa María de Aracoeli, una casa pequeña cerca de lo que fue el gran convento desaparecido que ahora ocupaba el monumento a Victor Manuel II. Era una comunidad acogedora.

            Aparcó en el pequeño patio de la casa y fray Arturo, amablemente, le indicó que podía ocupar la habitación de siempre, la que le gustaba, la que tenía una panorámica del mar tan hermosa que llegaba a pensarse que estaba literalmente a los pies. La ventana del cuarto permanecía entreabierta y el aroma del mar se había adueñado de la estancia.

            Faltaba un par de horas para la cena y, sin deshacer su maleta, se fue a dar un paseo por la orilla. El convento no estaba lejos de la playa Battistini y se animó a llegar allá. Al cabo de media hora estaba pisando su fina arena. En verano aquello estaba abarrotado. Pero ahora, en invierno, se hallaba casi desierta. Quiso llegar hasta el final de la playa. Caminaba enérgico animado por el batir de las olas.

            Llegó y allí fue el desconcierto. Las olas arrullaban mansamente un verdadero estercolero de botellas, plásticos, zapatos, alguna rueda y un sinfín de basuras. ¿Cómo estaba tal porquería allí? ¿De dónde venía todo aquello?  Se acercó lentamente hasta la orilla y observó, atónito, que entre la basura se contaba un buen número de peces muertos. Los había de todos los tamaños con su panza de plata cara al cielo. Algunos todavía boqueaban con la angustia de la falta de oxígeno reflejada en sus ojos desorbitados. Creyó distinguir pajeles, doradas, chernas y, en medio del bamboleo de plásticos, le pareció entrever el gran cuerpo de una aguja imperial.

            Se quedó noqueado. Su corazón latió con fuerza cuando percibió que una breca boqueaba como si quisiera hablar. Luego lo diría con toda convicción: me habló. Aquella breca me habló. Era como un lamento lejano, un llanto que venía del fondo del mar, una queja amasada en un extraño dolor. Todo se había parado. La breca miraba a fray Hermógenes, o eso creía él, y le iba narrando su agonía y la agonía del Mediterráneo. No sabe cuánto tiempo estuvo así. Notó que tenía los pies helados, aunque estaban fuera del agua. Casi había anochecido.

            Volvió al convento. Los hermanos estaban un tanto inquietos por su tardanza. Hacía ya rato que habían cenado. Notaron que venía como trastornado. Les contó lo ocurrido y le animaron a que tomara la sopa caliente que, según ellos, le devolvería el resuello. Luego le indicaron que se acostara porque daba la impresión de que tenía un poco de fiebre. Descansar le haría bien.

            La noche transcurrió como era de esperar, inquieta y alterada. Volvían a su mente las escenas de la playa Battistini y, sobre todo, los ojos de la breca, su ronco lamento, los ecos angustiados que sonaban a través de su boquear. La aurora le sosegó. El mar seguía allí, inalterable para casi todos, no para él. Algo se había quebrado en su interior. Pasó aquellos días en un extraño estado de ánimo: la hermosura del mar se le había vuelto oscura, su luz no le deslumbraba, el batir de las olas le llenaba de congoja.

            Inexorable, llegó el día de predicar el sermón de, Miércoles de Ceniza ante la Casa Pontificia. Cuando iba fray Hermógenes en el coche oficial que lo recogió, apretaba un sencillo portafolios como si contuviera un tesoro. No iba en paz, por más que hubiera redactado el sermón con tranquilidad, lo hubiera repasado cientos de veces y lo hubiera orado frase a frase. Iba temeroso, pero con una inflexible decisión.

            Recorrió los pasillos del Vaticano y llegó a la sala donde estaban al completo los ilustres miembros de la Casa Pontificia: el Prefecto, el Regente, la Capilla Pontificia, la Familia Pontificia. Y en un sitial de relevancia, delante de todos ellos, el Papa. Hubo una oración inicial y, a continuación, el predicador ocupó la cátedra.

-Santidad, Srs. Cardenales, Ilustres miembros de la Casa Pontificia, hermanos todos: hoy les van a predicar los peces.

Hubo un pequeño revuelo, alguna tos, unos cuantos levantaron la cabeza porque creían no haber oído bien.

-Hoy les van a predicar los peces. Por favor les pido, en nombre de Dios, en nombre de la hermana tierra, que escuchen a los peces.

No era posible. Fray Hermógenes era un predicador de renombre, el mejor. ¿Qué decía de los peces?

-Nosotros los peces os hemos servido con generosidad. Muchos de vosotros comeréis pescado en este día de vigilia. Os hemos acompañado en los mares dando lugar a leyendas y cuentos que os han consolado. Somos personajes de vuestros relatos bíblicos. La mayoría tenemos un alma tan inocente que nunca haríamos daño a un niño. Acompañamos de lejos vuestras alegrías y vuestras penas, aunque no lo notéis. Nos dejamos pescar para llenar de gozo la jornada del pescador. Os amamos, por mucho que esto os suene raro.

Y resulta que por vuestra desidia estamos muriendo. Estáis convirtiendo el hermoso Mare nostrum en un vertedero. Las aguas profundas del mar esconden la mayor concentración de basura nunca registrada. Parece una escena apocalíptica pero, en realidad, es el fondo de nuestra casa. Ahí hay de todo: muebles de cocina, barcas, tazas de váter, colchones, mesas, árboles de Navidad, ropa, ruedas, ladrillos, muñecas, botas, alfombrillas de coche, automóviles completos, señales de tráfico, bicicletas. Los erizos marinos y nosotros mismos los usamos como refugio y los cangrejos caminan arrastrando jirones de plástico. Los fondos marinos albergan la mayor acumulación de basura de toda la Tierra.

No se oía ni una tos. Algunos miraban, incrédulos, al predicador, otros comenzaban a bajar la cabeza. El franciscano seguía imperturbable, algo febril:

-El plástico nos mata. Vuestro plástico nos mata. Sabéis, porque lo sabéis, que el plástico puede durar hasta 500 años en el mar y es una fuente de contaminantes orgánicos persistentes y que son tóxicos para la fauna marina. Terminan por destruir nuestros tejidos. La acumulación de plástico en el fondo impide el intercambio de gases con las aguas superficiales lo que supone un riesgo adicional para la fauna. Cuando vuestras manos acarician una botella de plástico, estáis acariciando un arma.

El silencio era denso. Nadie dormitaba. El Papa miraba al predicador con las manos entrecruzadas pero con evidente atención.

-A vosotros, los humanos, os gustan vuestros bosques, por más que, a veces, les prendáis fuego. A nosotros los peces nos gustan los nuestros, las praderas costeras de posidonia. Son los sumideros de carbono más eficientes, defienden la costa frente a tormentas y tsunamis y la tercera parte de las pesquerías del planeta depende de ellas. Hemos perdido la mitad de las praderas submarinas y bosques del manglar.

La audiencia conectaba con las palabras del predicador. Nadie habría osado levantarse e irse.

            -No podéis convertiros en notarios de la pérdida de ecosistemas y tendrías que desear para vuestros nietos un océano vivo como el que vieron vuestros abuelos. No podéis ser nuestra funeraria, la que nos entierre en fosas comunes, siendo así que estábamos llamados a la vida y a ser sustento de vida. El hermano Antonio de Padua nos predicó un día y nos habló del amor de Francisco de Asís y de todas las buenas gentes por la creación. Le escuchamos con humildad y creíamos que así era, que nos amabais. Os pedimos en esta hora que demostréis vuestro amor cuidando el mar.

            Se hizo un silencio.

            -Si nos dejáis a nosotros los peces, en el sermón del Viernes Santo os hablaremos de las personas, vuestros hermanos, que mueren en nuestras aguas. Les vemos morir, boquear como nosotros, hundirse en la desesperación y perecer en el estertor silencioso de las aguas profundas. Los vemos ahí y los miramos con honda pena, por más que ellos no puedan ver la tristeza de nuestros ojos. Dejadnos hablar de ellos, aunque os duela y no sea agradable. Son hermanos vuestros y mueren en nuestra casa que es su mortaja.

            Quedó el interrogante en suspenso. Nadie osaba decir nada. El franciscano abandonó el estrado en silencio. Al rato el Prefecto entonó la oración conclusiva. Nadie felicitó al predicador. Volvía en el coche oficial a su convento de Roma en silencio, como vacío. Sus hermanos le preguntaron qué tal había ido la cosa. Él, en un susurro, dijo que bien.

            A los días recibió una breve carta del puño y letra del Papa: “Fray Hermógenes, en el sermón de Viernes Santo háblenos de lo que dicen los peces sobre los que mueren en el Mediterráneo. Mi bendición para Ud.”.

El arte de la búsqueda del rostro de Dios

EL ARTE DE LA BÚSQUEDA DEL ROSTRO DE DIOS

Subrayados comentados. Guía de lectura

 

         Documento muy importante. Lo más valioso: poner ante las contemplativas la formación como una realidad inexcusable para la vivencia de la identidad y la vocación. No hay vuelta atrás. Reconoce lo que se hace y empuja hacia lo que aún no se hace.

         Quizá excesivamente religioso (mucha mezcla de textos), repetitivo a veces, una idea de VR clásica que se quiere abrir a la nueva realidad.

 

La exigencia de la formación

 

La Formación (F) pretende sostener y vivificar el itinerario de las contemplativas (3). Sin F, el itinerario se cae y de muere, así de claro. La F es un medio a la mano para contrarrestar ese gran peligro.

La F pretende salir de autorreferencialidad (3), de la vida raquítica de mi yo o de mi monasterio.

Puede ayudar mucho a la F la comunidad y la comunidad de monasterios (3). La formación en soledad es imposible.

“Un proceso artesanal que exige un amplio espacio de tiempo” (4). Artesanal: cosas sencillas; tiempo: no un conferencia de ciento a viento.

 

 

 

  1. I.                  EL SUJETO EN EL PROCESO FORMATIVO

 

(Evolución vital)

 

El trabajo formativo nunca acaba y está en constante evolución (5). No tener un pequeño plan de formación es un empobrecimiento. Siempre ha de estar ahí. Decir que yo, por mi edad o por lo que sea, no necesito formación es un desenfoque.

 

(El desarrollo de la conciencia)

 

La F ayuda a tomar conciencia de una misma (6) porque los engaños acompañan nuestro caminar. No pienses que eres exactamente quien crees que eres. Y hay que descubrirlo. Y esto es hasta que te mueres (7).

Un medio muy bueno de descubrir quién eres es  la colaboración libre, creativa y fiel con las mediaciones formativas (8). Venir a regañadientes a la formación o no venir es ir por otro camino, estar “fuera” del monasterio (se puede estar fuera estando dentro).

La perseverancia sencilla en este camino llevará a aprender la donación real (9), no la imaginaria, la que me parece.

Además, la F ayuda a la serena y valiente acogida de las transformaciones personales, comunitarias y eclesiales (10) sujetnado miedos y sacudiendo inercias y rutinas.

Todo este trabajo es un largo itinerario de perfectibilidad (11). Todo se puede mejorar y habrá que intentar hacerlo. Todo menos caer en la indolencia.

 

(La identidad de discípula)

 

Entenderse como discípula de Jesús no es cosa que se agote en la fase inicial de la formación (12) cuando una fue más fervorosa. Es trabajo diario, hasta el final. Ahí se muestra quién es verdaderamente creyente y contemplativa.

La monja logra ser mujer espiritual a través de la obra artesanal de la F (13). Quizá sea el mejor camino para muchas porque abre horizontes.

No se está hablando de espiritualismos sino de una F en contacto consciente y pacificado con la realidad (14). De lo contrario, la F es espiritualidad vacía.

Por eso la F es exigente y rigurosa (15), no en plan académico, sino vital. No se la puede recibir pasivamente con las manos en el regazo del hábito aguantando sin más.

Esta tarea ha de ser gradual y está destinada a perdurar durante el curso de toda la vida (16). Hay que hacerse a la idea de que, de un u otra forma, la F es componente del caminar contemplativo como lo es la liturgia o la oración.

 

  1. II.               LA FORMACIÓN PARA LA VIDA CONTEMPLATIVA

 

Dimensiones de la formación

 

La llamada a la contemplación ha de ser permanente (17). Lo cual quiere decir que existe el riesgo de dejarse de oís: se sigue en el monasterio pero ¿se escucha cada día la llamada?

La vida contemplativa necesita personas armónicas y equilibradas (18). Esto es más difícil en el monasterio por su reducido espacio vital. Por lo que haya que trabajar con más ahínco por integrar todo.

Hay que plantear la necesidad de acompañamiento (19). ¿Es suficiente el consejo del confesor, la compañía de la celebración, el amparo de la comunidad o habrá que buscar más?

El acompañamiento es necesario en la formación inicial, primeros años de profesión y hermanas en dificultad (20). Pero siempre es beneficioso para cualquier persona. Es algo distinto de la vieja dirección espiritual de la que se salió, a veces, quemado. Es algo más sencillo y colaborativo.

Si el acompañamiento exige un clima de confianza y familiaridad (21) habrá que decir que tal acompañamiento habría de brotar en el seno de la misma comunidad. Formar una hermana para acompañante.

El quid de todo esto está en la confianza (22). Y por parte de quien acompaña: respeto y sensibilidad, formación, experiencia de haber sido acompañada (23). Quizá esto del acompañamiento pueda ser un comienzo fuerte de proceso auténtico de formación (24).

 

(La humanidad integral)

 

La F ayudará a acercarse a la libertad interior (25) que no es un hacer lo que me da la gana sino lo que ayuda a vivir la consagración con mística, con creatividad. Hay libertades que nada tienen que ver con esa libertad interior. Esta es compatible, cómo no, con la vida fraterna.

La F ayudará a mejorar el compromiso ascético que trabaja contra la inmadurez o el falso refugio de la piedad (26). La ascesis es la disciplina y la responsabilidad puestas al servicio de la fraternidad.

En todo esto es esencial integrar la corporeidad, la feminidad y la afectividad (27) algo que hasta ahora quedaba reservado a la propia intimidad y, con ello, al desconocimiento. Hay que abrir puertas.

La humanidad se logra en la relación (28). Tres niveles:

+ Consigo misma: reconciliación con la propia historia, logro de un creciente equilibrio, cuidado de sí misma, superar dependencias. Es el ideal. Lo importante es trabajar.

+ Con las hermanas y con los demás: gusto por la vida fraterna, gratuidad, sentido crítico, sensibilidad por las pobrezas. Valer para la vida en común.

+ Con la creación: uso sobrio de las cosas, contemplación de la naturaleza, trabajo como gracia.

Una madura en la lógica de la relación (29). Se ha venido a una relación, a una comunidad. Pasar a la orilla de la comunidad.

El monasterio es entendido como lugar de formación (30). Si ese aspecto está débil, falla uno de los pilares.

Hay que evitar a toda costa la esclerosis espiritual (31), un peligro muy real en la vida de las comunidades.

 

(En el Espíritu)

 

La F radica en el Espíritu (32). Es una realidad espiritual, más que académica o psicológica. Nos formamos para ser más espirituales, no para ser más sabias.

La liturgia y la eucaristía son la fuente: hay que evitar la rutina y la monotonía (33) que son los principales peligros.

El contacto con la Palabra es decisivo y por ello hay que tener una buena formación bíblica (34). Se hace con deseo y poco a poco.

La lectio es la condición sine qua non de la vida contemplativa (35) no es algo devocional y que pueda una hacer o no según su interés. Hay que aprenderla bien y, sobre todo, hay que practicarla fielmente. Es una suerte poder hacerlo. Muchos lo querrían.

La oración personal es estar con el Señor y dar con el sentido de la propia opción (36). Requiere silencio y soledad (37). De ahí sale gran parte de la profecía de la vida contemplativa en la Iglesia.

 

(Convocadas en comunidad)

 

La comunidad quiere reproducir el estilo de vida de Jesús. Para llegar a ese horizonte ha de formar (38).

Las monjas pueden entenderse como hermanas universales en Cristo (39). Esta fraternidad universal es espiritualmente muy interesante y socialmente muy conectable con el hoy.

Es necesario pasar de la vida en común, a la comunión de vida, de la simple comunidad a la vida fraterna en comunidad (40). Aquí sí que hay todo un trabajo. Hermoso pero no fácil.

Uno de los pilares de la formación es el estudio (41). Aunque sea de modo sencillo, hay que incidir en ello: tiempo, biblioteca, medios informáticos básicos, etc.

Se hace necesaria una sana y equilibrada información (42). Hay que buscar los medios y los modos. No dejarlo por imposible. Ser creativos.

 

(En la dignidad del trabajo)

 

El trabajo es primeramente corresponsabilidad (43). En esto habría que ser muy claro: eludir esta corresponsabilidad es posicionarse fuera de la comunidad.

El trabajo es instrumento de solidaridad con todos los hombres (44). Solidaridad que tendría que “verse” en detalles (privarse de algo y donarlo a Cáritas).

 

(En la misión de la Iglesia según el carisma)

 

La vida contemplativa queda confirmada como verdadero laboratorio de estudio, de diálogo y de cultura (45). Quizá sea demasiado decir, pero una comunidad sin inquietudes culturales, de formación, se empobrece a veces sin remedio.

La fidelidad al carisma demanda una formación en la eclesiología del Vat.II (46). Habría que avanzar más. Han pasado muchos años. Y hay textos del Magisterio que van más lejos. Leer esos textos es un modo de fidelidad eclesial (amamos al Papa pero no leemos sus textos).

La formación ha de facilitar a la contemplativa una síntesis vital del carisma (47). Hay que saber qué es “lo nuestro” específicamente, nuestra manera de ver la vida y la fe.

Es necesario un diálogo generacional en la comunidad: las mayores aceptan a las más jóvenes y su futuro y estás a las mayores y su pasado (48). Han de ser las más jóvenes quienes vayan marcando el paso.

Sin hacer arqueología, hay que amar la historia del monasterio en el que se vive (49). Cuidar archivos, documentos y anotar la historia de cada día.

 

(En la visión ecuménica)

 

La vida contemplativa cultivaría una particular sensibilidad hacia el ecumenismo (50). Habrá que tenerlo en cuenta, al menos en la oración y también en la formación.

 

Ambiente formativo y agentes de la formación

 

En la comunidad contemplativa se aprende el arte espiritual de la búsqueda del rostro de Dios (51). Es una hermosa expresión de san Benito. Pero Dios no tiene rostro, se le ve en la misericordia. Aprender misericordia; gran aprendizaje.

La comunidad también es agente de formación (52). Hay que aprender a implicarse.

El corpus comunitario tiene que vivir un proceso formativo en conjunto (53). La F es cosa de todos.

Todas han de colaborar en el discernimiento de las candidatas (54). Responsabilidad común.

 

(Cada una de las hermanas)

 

Cada hermana es la principal responsable de su propia formación (55). No vale escudarse en la responsabilidad incumplida de las demás.

Es necesaria una disponibilidad formativa (56). Lo contrario iría contra la opción de fraternidad.

Hay hermanas con responsabilidad específica en la F. Entiéndanlo como un servicio y no descuiden su propia formación (57).

Las formadoras han de tener conocimiento experiencial de Dios, sabiduría que viene de la Palabra y un gran amor a la espiritualidad (58). Más como un horizonte que como unos requisitos.

Las formadoras son mediadoras que no deben generar dependencia y no habría de forzar los límites (59). Obvio, pero hay que recordarlo.

Cualidades de las formadoras: escucha y diálogo, conocimiento de sí, estabilidad emocional, cualidades de discernimiento (60). Lo dicho antes, como un horizonte.

Las formadoras han de ser las mejores formadas (61). Obvio. Habría que poner recursos. No nombrar sin más.

La formadora ha de tener tiempo para el diálogo personal (62). Esto sigue siendo cierto: si se habla, se forma.

Habrá que ganarse la confianza de la formanda (63). Este número es importante.

 

(La Superiora mayor)

 

Ha de tener cualidades para ser formadora de la comunidad: atención a las necesidades, equilibrio y respeto, familiaridad y confianza, diálogo y creadora de mística del encuentro (64): Lo dicho antes otra vez: en el horizonte, pero se trabaja con lo que hay.

El ejemplo como mejor herramienta y sin forzar límites (65).

 

(La comunidad)

 

La comunidad es el marco que da el sentido a la vida contemplativa y se construye con la colaboración de todas (66). Algo que hay que repetir hasta la saciedad para que cale.

La participación de todas en la formación crea las condiciones: confianza, coherencia, belleza, relación formativa, responsabilidad, proyecto de vida fraterna, afrontar los conflictos, apertura a los pobres (67). Trabajar en esta dirección.

 

 

 

 

(La presidenta federal)

 

Le corresponde promover y coordinar la F permanente a nivel federal (abadesas y formadoras) (68). Parece lógico.

Habrá que elaborar una Ratio formationis  federal, un plan para la federación que aprobará la asamblea federal (69). Espiritual, pedagógica y evaluable.

 

(Eventuales expertos)

 

La ayuda de las ciencias psicológicas contando siempre con la ayuda de Dios y la implicación de la formanda (70). Parece obvio. 

 

  1. III.            EN FORMACIÓN CONTINUA

 

(La ratio formationis)

 

La F es un proceso del cual la primera responsable es cada persona (71). Este es el punto de partida ineludible. No hay que echar balones fuera.

La Ratio es una urgencia. Ha de contener: cómo vivir el carisma hoy y qué medios se pone para ello (72).

La Ratio es una propuesta formativa para el seguimiento de Jesús en el molde de lo femenino (71). Mujeres seguidoras.

Será elaborada a nivel federal y aplicable a todos los monasterios de la federación (72). Parece lógico. Habría que evaluar.

 

La formación de las monjas

 

La F apunta a la transformación de toda la persona y por ello no acaba nunca (75). Esto tendría que animar, no desanimar.

Exigencia intrínseca de la F que no acaba nunca y tiene un componente ascético. Los monasterios podrían ayudarse con intercambio de materiales e información (76). Lo de la ascesis es interesante para dar una dimensión más positiva a la cosa.

 

(La comunidad monástica: mística del encuentro)

 

El lugar ordinario de la formación es el monasterio para lograr la fidelidad dinámica al propio carisma (77). Habrá que generar medios y planes con los recursos que se tienen a mano y pensar en aumentar, si se puede, esos recursos.

La F es una estupenda aportación al amor común (78). maneras de concretar el amor.

La comunidad es lugar de aprendizaje general que acoge todos los aprendizajes que ayuden al compartir y al sentido de pertenencia, manera de controlar el individualismo (79-80). Básico.

El proyecto formativo ha de lograr integrar a las personas de diversa formación (81): Todas están en un proyecto formativo común, contando con la diversidad. Nadie puede alegrar su “diversidad” para no entrar en el proyecto.

 

(Generar a Cristo en las discípulas)

 

Dios forma a través de las mediaciones (82). Obvio y repetido.

La persona consagrada ha de ser adulta (83). A ello apunta la formación, aunque entran otros aspectos (ideas sobre el voto de obediencia).

La superiora acompaña a las hermanas en el camino formativo de la regla para activar el carisma específico y en modos de sinodalidad (84-86). De alguna manera habrá que repensar la Regla para que sea instancia formativa.

 

(Integración pluricultural)

 

Las jóvenes de otros países, que no se reclutan para la mera supervivencia, se forman en el marco del monasterio, teniendo en cuenta la proveniencia de las mismas (87). Obvio.

 

 

(Tiempos especiales)

 

Los ha de organizar la superiora federal. Para las suplencias se puede echar mano de religiosas de otros monasterios o congregaciones. Todo con tal de asegurar un apoyo real a la formación continua (90). Caminos nuevos.

La F ha de cuidarse en los momentos de transición: desencanto, mediana edad, fragilidad (91). Interesante.

 

La formación de las formadoras

 

Las formadoras mostrarán la belleza del seguimiento y el valor del carisma en que se concretiza (92). Ya dicho, más o menos.

La formación es artesanal. Hay que acompañarla (93).. Ya dicho.

Cuidado a la hora de elegir a las formadoras (93). Obvio.

Las formadoras pueden participar en cursos específicos de formación aunque sea fuera de su monasterio (94). Para no pocos monasterios esto será novedad si a lo que se refiere es a ir a cursos más allá de los congregacionales, porque esos ya se hacen.

Esos cursos no separarán a las hermanas del monasterio más de 7 días en el arco de un mes (95). No vemos cómo se va a compaginar eso con una formación de nivel.

 

La formación de las superioras

 

En la vida contemplativa la autoridad es, ante todo, autoridad espiritual (95). Creemos que, a los efectos, es algo más que eso.

Las superioras habrían de tener una formación específica: magisterio, realidad humana, culturas contemporáneas (96).

Las superioras han de ser formadas para una presencia autorizada y materna (97). Cosa singular. ¿Cómo se compagina con la adultez?

 

La formación de las ecónomas

 

Las ecónomas han de estar adecuadamente formadas, sobre todo si hay mucho patrimonio de por medio. Ha de tener la cosa económica una perspectiva evangélica (98-99). Pastoral de la economía.

 

El Proyecto formativo ordinario

 

Un doble proyecto, personal y comunitario (100). Ambos tendrían que integrarse para no multiplicar proyectos. El comunitario integraría al personal. Actualizable.

 

El proyecto formativo federal

 

La presidenta federal y su consejo harán un proyecto de formación federal según la Ratio para los diversos grupos de hermanas. Evaluable (101).

-         Para las formadoras: personas necesarias (102), formadas ellas mismas (103) preferible en cursos de la Federación que en cursos externos (sin gran alejamiento del monasterio) y con ambiente adecuado (104).

-         Para las profesas de votos simples o temporales: cursos federales que favorezcan el intercambio. Programas adecuados para la preparación a la profesión perpetua (105).

-         Para las profesas de votos solemnes o perpetuos: intercambio de materiales o cursos específicos (106).

-         Ámbitos culturales: se proponen los ámbitos normales (Escritura, patrística, magisterio, etc.) y otros más específicos (icónico, editorial, repostero, etc.) (107).

-         En la cultura digital: acceder con discreción (108) para entender los lenguajes que están presentes en la cultura mediática (109) distinguiendo en internet entre formación y distensión (110) sin ceder a la fascinación (111) y llegar a una gestión controlada de esos medios elaborando en capítulo conventual un marco de criterios comunitarios para el uso de internet (112-113). Una indudable apertura pero mucha cautela.

 

  1. IV.            LA FORMACIÓN INICIAL

 

En los contextos culturales contemporáneos

 

La FI debe ocupar un amplio espacio de tiempo (de nueve a doce años) (114). Ha de ser algo progresivo, no meramente discurrente.

Por autonomía de la persona o por emancipación, el tema de la FI tiene un marco complejo (115). No extrañarse de las fluctuaciones.

Es necesaria una sana pedagogía y una humilde mistagogia (iniciación) (116). Ambientes sanos y normalidad de vida.

La FI no ha de evitar la fatiga de la profundización cuando han nacido en la red (117).

Todo esto habrá de ser conocido y aceptado por las candidatas (118).

 

El discernimiento y el seguimiento vocacional

 

Habrá que ver si el aspirante busca a Dios u otras cosas (120).

 

Promoción y acompañamiento vocacional

 

Cada monasterio haga promoción vocacional con la oración y con itinerarios de catequesis y anuncio (121) con hermanas idóneas que fomenten el encuentro personal con las jóvenes a las que se puede invitar a la hospedería del monasterio (122).

 

 

El itinerario formativo

 

-         Aspirantado: hay que discernir la docilidad del corazón y las circunstancias y obstáculos de la vida (123). Tras el discernimiento pueden ser acogidas en clausura para la confrontación con la vida cotidiana (hasta un año, prolongable) (124). Con las del extranjero hay que consultar a la CIVCSVA y no tener como fin la supervivencia del monasterio (125). La Ratio pondrá los criterios de admisión (126).

-         Postulantado: es tiempo de iniciación a la vida consagrada de una manera más personalizada (127). No menos de un año, prolongable, para verificar la capacidad de vivir las exigencias de esta vida en la comunidad concreta (128).

-         Noviciado: no menos de dos años, para descubrir y experimentar la identidad de la vida monástica, más allá de las contradicciones de nuestro tiempo (131) hasta llegar a una aceptación bajo la responsabilidad personal (132).

-         Tiempo de profesión temporal: no menos de cinco años para verificar una inserción plena en la vida de comunidad contando con sus dones y sus límites (131). Ha de ser tiempo de formación, diálogo con las formadoras y espacios personales para el estudio (132) en saludable equilibrio (133).

 

Casas de formación en la Federación

 

Haya en la federación casas comunes, sobre todo para el noviciado, para garantizar una buena formación. La presidenta puede nombrar una casa de formación en la federación (134). No puede ser una mera delegación.

 

 

 

Equilibrio y armonía

 

El trabajo no debe quitar tiempo a la formación inicial (136).

Antes de la profesión perpetua: un tiempo más intenso de formación (137).

 

Ámbitos de formación

 

-         En el aspirantado y postulantado: Introducción a la fe católica (CIC) la fascinante noticia de Jesús (139); Conocimiento antropológico de la persona en la identidad femenina (140); Introducción a la Escritura con una contextualización básica de los textos (141); Introducción a la lectio divina como escucha orante de la Palabra; Introducción al año litúrgico aproximándose armónicamente a las prácticas litúrgicas (142); Perfiles de santidad sobre todo femeninos (143); Introducción a la espiritualidad del trabajo en comunidad para madurar la sensibilidad al trabajo y al servicio (144); Introducción a la cultura humanista, clásica y pedagógica (145) Conocimiento de las iglesia particular en la que está inserta el monasterio (147).

-         En el noviciado: Escuela del Evangelio, profundización (148); Introducción al Salterio para una lectura personalizada de los salmos (149); Introducción al estudio de la Regla y las Constituciones itinerario de seguimiento en el carisma específico (150); Iniciación a la historia y traditio del monasterio, historia de la Orden (151); Formación para la vida fraterna para mantener la tensión entre el ideal y la fatiga de la vida fraterna (152); Educación musical y artística (153); Introducción a la espiritualidad ecológica cuidadosas y respetuosas con el medio ambiente (154).

-         En el tiempo de profesión temporal: Libros de la Escritura con temáticas bíblicas más específicas (155); Introducción a la liturgia para entrar en el misterio de la liturgia (156); Introducción a la lectura de los padres (157); Introducción a la historia de la Iglesia (158); Introducción a los textos del Magisterio y del Vat.II (159); Teología de la vida consagrada y monástica (160); Introducción a las Escuelas de espiritualidad (161); Diálogo interreligioso ecuménico (162); Principios fundamentales de derecho canónico (163); Cultura humanista (164) Formación en las culturas mediáticas (165); Ámbitos culturales y de grupo (166).

 

Formación como deseo y búsqueda

 

La inquietud de la búsqueda merece ser alimentada. A eso apunta la F, un camino que nunca habría de debilitarse (167).

 

María “summa contemplatrix”

 

         En todo el proceso personal que queda dibujado en su itinerario bíblico.