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FIAIZ

Juan 9

CVJ

Domingo, 27 de abril de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

9. Jn 2,23-3,12

 

Introducción:

 

                Dicen muchas personas, y razones no les faltan, que la desconfianza es la característica más acusada de la sociedad moderna. En realidad, confiar siempre ha sido difícil porque eso supone fiarse de alguien de quien no se tienen todas las pruebas de que va a responder a nuestras expectativas. Confiar supone dejar muchos cabos sueltos y soltar amarras en el incierto mar del corazón de la persona. Para confiar sin pruebas es preciso tomar como "prueba" el contradictorio interior de la persona. Sin esos elementos, la confianza encuentra cualquier excusa para echarse atrás. Por eso mismo, que haya todavía muchas personas que confían es un verdadero milagro de la vida y la prueba de que estos llamados a ser humanos/as.

                El evangelio joánico de la entrevista nocturna con Nicodemo es una prueba de lo que acabamos de decir. San Juan pinta a un Jesús "que no se confía a las personas, porque las conoce a todas". Pero, en realidad, se confía a Nicodemo, a uno que es jefe entre los judíos, uno por el que no habría de tener, a priori, excesiva confianza. Pero Jesús se fía, le espera, le abre la puerta de su casa a horas intempestivas, le hace su oferta del reino con respeto y con claridad, no espera una respuesta positiva inmediata (aunque habrá alguna respuesta más tarde como se ve en 7,50 y en 19,39). No es Jesús de las personas que ponen la desconfianza como parapeto insalvable, sino de quienes abren la puerta con facilidad. No juzga a la persona, por eso no la teme; no exige nada, por eso aguarda. No pone condiciones previas, de ahí que el otro pueda abrirse con facilidad. Persona confiante y confiada. Así es Jesús.

 

***

Texto:

 

                23Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos dieron adhesión a su persona, viendo los signos evidentes que hacía; 24pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

 

                        3,1Había un fariseo llamado Nicodemo, magistrado judío.

 

                2Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo:

                -Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él.

                        3Jesús le contestó:

                -Te lo aseguro de verdad, quien no nazca de nuevo no puede ni entrever el Reino de Dios.

                       

                        4Nicodemo le pregunta:

                -¿Cómo puede nacer alguien siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?

                        5Jesús le contestó:

                -Te lo aseguro de verdad, quien no nazca de agua y de Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. 6Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. 7No te extrañes en absoluto que te haya dicho: "Tenéis que nacer de nuevo"; 8el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes ni de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.

                       

                        9Replicó Nicodemo:

                -¿Cómo es posible que esto suceda?

                        10Repuso Jesús:

                -Y tú, siendo maestro en Israel, ¿no conoces estas cosas? 11Te lo aseguro: de lo que hemos visto damos testimonio y no aceptáis nuestro testimonio. 12Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo?

 

Ventana abierta:

 

 

                He aquí dos muchachas envueltas en la bandera de Australia. Pese a los últimos  infortunios (incendios masivos), éste es el país optimismo generalizado. Un sentimiento de generosidad y apoyo ha inundado la atmósfera. Hasta los bancos han cancelado los créditos de las familias que han perdido sus casas. ¡Lo nunca visto! El espíritu de superación ante las adversidades ha salido reforzado. No olvidemos que esta joven nación ha salido adelante a pesar de lo inhóspito de su geografía y lejanía de todas partes. Creen en lo que hacen y han alcanzado un nivel de bienestar sin igual en Occidente. El australiano tiene muchos motivos para sentirse contento, feliz y realizado con su vida. Apenas hay paro, la crisis mundial todavía no se ha hecho notar. Todo tipo de etnias y religiones comparten la misma tierra, en un ejemplo atípico de convivencia pacifica. Un estilo de vida donde no existe el stress. Un país confiado parece que es un país más próspero. ¿No será la desconfianza uno de nuestros males sociales a la base del sistema?

                Oramos: Que la desconfianza no nos pueda; que sembremos confianza en lo elemental de la vida diaria; que miremos a los valores del otro/a para activar la confianza.

 

***

 

La mirada de Jesús:

 

                En la entrevista con Nicodemo dice Jesús una enigmática frase: "Si os he expuesto lo de la tierra y no me creéis, ¿cómo vais a creer si os expongo lo del cielo?". Eso quiere decir: Jesús ha expuesto "lo de la tierra", refiriéndose al signo del templo donde ha dicho que la historia es lugar de encuentro con Dios. Eso será más fácil de entender que "lo del cielo", la gloria de Jesús que pasa por la muerte. Por eso, quien quiera hacer prácticas de confianza que comience por "lo de la tierra", por la persona, por las situaciones sociales, por los caminos humanos. Luego podrá hablar de trascendencia o de confianza en Dios.

                Oramos: Que confiemos en los difíciles caminos de las personas; que no reneguemos de la sociedad de la que hacemos parte; que no desertemos nunca de los caminos humanos, a veces tan pobres.

 

***

 

Apuntando a lo profundo:

 

                Las gran excusa que pone Nicodemo para confiar es que "es viejo", que tiene ya muchas millas recorridas, que se sabe todos los trucos de la persona y sus trampas. Y puede ser cierto. Pero Jesús sostiene que, ni aun en ese caso, eso será razón para desconfiar. Por eso, aunque respetables, las razones para la desconfianza no pueden basarse en las experiencias amargas y fracasadas de nuestro confiar. ¿Cómo confiar más allá de nuestros desalientos? ¿Cómo hacer inmune a la decepción nuestro corazón tan inclinado al abandono y a la amargura cuando creemos que alguien nos falla?

                Oramos: Que la desconfianza no nos amargue el corazón; que nuestros desalientos no apaguen la confianza; que nuestras decepciones no sean mayores que nuestro amor.

 

***

 

Apoyo cotidiano:

 

                Es interesante percibir que, cuando Nicodemo va a Jesús a ver de noche, él le estaba esperando. Si no, podría haberle dicho que volviera otro día, a hora más conveniente. Pero Jesús espera siempre. Por él sabemos que Dios es uno de espera incansable. Con ello quizá se esté queriendo decir que sin espera la confianza se vuelve imposible. Quien espera se halla ya en la senda de la confianza. Quien se cansa de esperar es que la desconfianza empieza a enseñorearse de su vida. Por eso, en nuestra comunidad virtual no habríamos de cansarnos de esperar, de tener la puerta abierta. Es la manera de propiciar el encuentro.

                Oramos: Que nuestra espera sea paciente, ojalá inagotable; que la puerta de nuestra vida no se cierre nunca a cal y canto; que la espera nos vuelva más flexibles.

 

***

 

Para orar:

 

Confianza en el anteojo, no en el ojo;
en la escalera, nunca en el peldaño;
en el ala, no en el ave
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

Confianza en la maldad, no en el malvado;
en el vaso, más nunca en el licor;
en el cadáver, no en el hombre
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

Confianza en muchos, pero ya no en uno;
en el cauce, jamás en la corriente;
en los calzones, no en las piernas
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

Confianza en la ventana, no en la puerta;
en la madre, más no en los nueve meses;
en el destino, no en el dado de oro,
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

 

César Vallejo

 

***

 

 

Retiro en Pascua 2009

Retiro en Pascua 2009

 

 

"LES HABLÓ LLEGÁNDOLES AL CORAZÓN" (Gen 50,21)

La Pascua como tiempo de crecimiento en la comunicación

 

            En el último Congrego de Megalópolis, las más grandes ciudades del globo, se llegó a una conclusión esperada: cuanto más crecen las ciudades, más crece la soledad, fruto de una mayor incomunicación. Es decir, el sempiterno trabajo por comunicarse desde dentro de la persona sigue vigente en formas más o menos nuevas. La persona moderna, a pesar de tantos medios (pensemos solamente que en España hay más de cien millones de teléfonos móviles), tiene siempre por delante el problema y la posibilidad de la comunicación humana.

            Creemos que el viejo cauce de la palabra sigue útil, vigente y necesario. Eso sí, siempre que la palabra contenga algo de la propia verdad personal. Si no, todos lo sabemos, se vuelve palabra vacía, cacharro que suena: las palabras que más suenan son las más vacías, dice un proverbio oriental. ¿Es posible en estos tiempos nuestros tener, ofrecer y construir una palabra que no sea pura vaciedad? Sí que lo es, con tal, como decimos, que la palabra emitida contenga algo de la verdad de la propia persona, algo de su propio corazón. Si no, será un motivo más de frustración. Hay quien dice que estamos saturados/as de palabras. Y es verdad: estamos saturados de palabras vacías. Pero las palabras llenas, con contenido, con experiencias dentro, con vida en sus venas, estremecen el corazón de las personas y atraen como un imán.

            Pues bien, la Pascua es tiempo de palabras vibrantes, llenas de vida, la vida del Resucitado, de todos los resucitados de la historia, de todas aquellas personas que han  pasado de la muerte a la vida, de grandes apuros a sosiegos hermosos. Su palabra vale su peso en oro, en vida. Las palabra de los resucitados son palabras que anuncian la posibilidad de la vida, el horizonte de la dicha, la cosecha del triunfo. ¿Por qué no hacer de la Pascua un tiempo para palabras grávidas de vida, de fraternidad, de amparo, de consuelo?

            Dice Gen 50,21 que aquel José de Egipto, cuando su padre Jacob murió y sus hermanos temían que revocase su perdón en el momento en que el patriarca ya no controlaba el clan, que José mantuvo el perdón dado a sus hermanos aunque el padre ya no estaba. Y que calmó su temor y temblor en sosiego y tranquilidad diciéndoles "palabras que les llegaron al corazón". Esas son las palabras del Resucitado, de todos los resucitados, de quienes quieren vivir, ya desde ahora, en clave resurreccional.

 

1. Como pan vino la palabra

 

            Antes de entrar a la Palabra de Dios, genuina fuente de luz para quienes aprecian a Jesús, vamos a recurrir a la palabra humana, también profunda e iluminadora cuando sale de las entrañas de la vida. Tomamos al ya muchas veces comentado poema "místico y eucarístico" de José Angel Valente que nosotros ahora aplicamos al misterio de la palabra que llega a hacer de la comunicación un misterio de vida:

 

COMO pan vino la palabra,
como fragmento de crujiente pan
fue dada,
igual que pan que alimentase el cuerpo
de materia celeste.

Vino, compartimos su íntima sustancia
en la cena final del sacrificio.

Y nos hicimos hálito, sólo soplo de voz.

Palabra, cuerpo, espíritu.

El don había sido consumado.

 

  • Como pan vino la palabra: La vida relacional se muere por desnutrición sin la palabra, sin las buenas palabras que abren la puerta del corazón y el horizonte de la vida. Las buenas palabras son decisivas hasta para la economía, para las relaciones políticas internacionales. Lo son para que cualquiera no termine perdido/a en el marasmo de los días, en la niebla pertinaz. Sin este pan de la palabra la vida se nos muere.
  • Como fragmento de crujiente pan fue dada: Fragmento a fragmento, trozo a trozo, pieza a pieza. Quizá no podamos darnos toda la palabra, todo su hondo misterio. Pero unas migajas pueden salvar, pueden evitar la inanición. Lo fragmentario, lo pobre de nuestras palabras, no les hace perder su valor. Desde ellas cobran sentido cualquier gesto que trate de comunicar algo humano, algo vivido. Es, además, un pan crujiente, apetitoso, bienoloroso, deseado. Las buenas palabras son dulces en la boca de quien las dice y, más todavía, en el corazón de quien las recibe.
  • Igual que alimentase el cuerpo de materia celeste: Porque la palabra humana, cuado está cargada de humanidad, es, de hecho, una materia celeste. Dios habla con esas palabras. Prestamos a Dios nuestras palabras para que nos hable de amor, de justicia, de sueños, de solidaridad, de amparo. No son solamente las buenas palabras un fenómeno del aparato fonador humano. Hunden sus raíces en la "garganta" de Dios, en su mismo corazón.
  • Vino, compartimos su íntima sustancia: Esa sustancia íntima no es sino el amor. Por eso, una comunidad humana que es pobre en palabras bondadosas es una comunidad débil. Hay un remedio contra esa pobreza elemental: compartir esa sustancia, decirse palabras benignas que acompañen a gestos benignos. La palabra está destinada a ser compartida, porque una palabra para uno sólo es palabra muerta.
  • En la cena final del sacrificio: El sacrificio de la ofrenda personal, de eso que encerramos en el vallado huerto del corazón. La palabra que se ofrece a la comunidad humana es el mejor de los sacrificios, de las entregas, de las ofrendas, porque no es un don el que se ofrece, sino una vida, una entraña, el valor más apreciado que anida en el fondo del alma. Por eso, hablar palabras buenas es como una eucaristía de vida.
  • Y nos hicimos hálito, soplo de su voz: Espíritu, eso interior que nos sostiene y nos mantiene en pie. Cuando falta, el derrumbe, la soledad, la depresión, el hastío campan a sus anchas. Si ese "soplo de voz", ese espíritu de humanidad que anida en la voz se ofrece al otro, la sociedad, la familia, la comunidad, se vuelven espirituales, humanas. Quizá la crisis espiritual de nuestra época tenga algo que ver con la crisis de nuestras palabras, pocas, superficiales, sin hálito dentro.
  • Palabra, cuerpo, espíritu: Verdadera trinidad de vida, mezcla hondísima que nos abre al horizonte humano. Un cuerpo sin palabra es un cuerpo muerto, una palabra sin espíritu es una vaciedad, una palabra sin cuerpo es la sombra de un sueño.
  • El don se había consumado: El don de uno mismo/a, del mundo, se consuma en la palabra buena habitada por el espíritu humano. La entrega que genera vida se palpa en la palabra benigna y compasiva. Asistir a la palabra como quien asiste al ofrecimiento más valioso.

 

2. Las palabras del Resucitado:

 

            Vamos a repasar las palabras del Resucitado Jesús en los cuatro Evangelios. Son bastantes. En el fondo, son las mismas que dicen todos/as los resucitados/as, aquellos que van pasando a ámbitos de vida desde lugares de muerte. Enumerémoslas:

  • Una palabra para contener llantos y hacer brotar la alegría: Así lo vemos en Mt 28,9 (alegraos) y Jn 20,15 (¿por qué lloras?). Un Resucitado es el mejor antídoto contra la tristeza porque desvela el gozo de que hay justicia y amor por encima de cualquier desconsuelo. Una palabra que consuela y alegra es el idioma de todo resucitado.
  • Una palabra para controlar miedos y generar paz: Porque en el Evangelio lo opuesto a la fe no es la increencia, sino el miedo. En Mt 28,10 (no tengáis miedo) se alienta a contener el miedo; en Lc 24,36 se ofrece la paz (paz a vosotros); en Jn 20,16 se pronuncia el nombre con todo amor (María). Quien vuelve de lugares muerte con vigor interno, controla y enseña a controlar miedos y se desprenden de él fácilmente palabras que llevan a la paz. Lenguaje de resucitados/as.
  • Una palabra para "ir a", para creer que el mundo es casa habitable: Ya que las palabras del resucitado son palabras de envío que supone una confianza básica en el hecho humano. Palabra, en Mt 28,10, sobre la posibilidad de recomenzar (id a Galilea), sobre la fe en la persona como capaz de acoger propuestas de dicha humana, como dice Mt 28,9 y Jn 21,19.22 (id y haced discípulos), una palabra, como Jn 20,21, de envío a cualquier lugar sabiendo que tal lugar puede ser casa propia. Los resucitados, quienes vienen del dolor al sosiego, tienen al mundo por casa propia y al corazón humano por amparo cierto.
  • Una palabra que confirma una presencia y suscita promesas: Ya que estas realidades, las promesas y las presencias, son imprescindibles para poder vivir en gozo. Por eso, Mt 28,10 promete una presencia cotidiana (yo estoy con vosotros cada día) y una promesa del Espíritu, espíritu de humanidad, que toda realidad creada recibe, como se dice en Lc 24,49 (voy a enviaros la promesa del Espíritu). Si la palabra no flexibiliza el tema de las presencias, si no da cuerpo a las promesas no puede ser palabra de resucitado, de personas que saben de honduras.
  • Una palabra de honda comprensión: Palabra que ha eliminado el sentido de juicio y de apropiación del otro. Por eso, como en Lc 24,17 el Resucitado pregunta por la conversación del camino, ya que realmente le interesa para acercarse al corazón de quien camina (qué conversación traíais por el camino) y como dice también Lc 24,25 comprende la lentitud para la profecía, para entrever el sentido profundo de las cosas (qué lentos para acoger lo que dijeron los profetas). Una palabra que no comprende el lado débil de la existencia no puede ser la palabra de un resucitado, de quien ha vuelto de los lados oscuros de la existencia.
  • Una palabra que anima a tocar llagas: Para curarlas, para comprenderlas, para implicarse en su debilidad. Así queda claramente dicho en Lc 24,39 y, sobre todo, en Jn 20,27 (mirad mis manos y pies...mete tu dedo...mete tu mano). Las palabras que agrandan las llagas no son las palabras de un resucitado; las palabras curativas son las propias de quien ha gustado las amarguras de cualquier muerte y ha vuelto a la luz del amor y de la vida.
  • Una palabra de total familiaridad: Porque la palabra del Resucitado pretende generar familia entre los humanos y con toda la creación. El mensaje central del Resucitado es, según Jn 20,15ss la certeza de que entre el Padre, Jesús y la persona se ha establecido una alianza de raíces familiares tan fuertes que nadie podrá quebrarla (mi Padre...vuestro Padre/mi Dios...vuestro Dios). Los resucitados, quienes vuelven a la vida desde perspectivas nuevas, engendran familia creacional con sus palabras atinadas.

 

3. Ahondamiento reflexivo:

 

            Antes de tocar los presupuestos para una creciente y fructífera comunicación comunitaria  vamos a tratar de ahondar en el hecho de la comunicación como tal:

•1)      La comunicación, elemento de humanización: Podría decirse que lo que nos hace realmente humanos no es únicamente la fonación (el habla) y la conceptualización (la capacidad de abstracción). Lo que realmente nos humaniza es la comunicación, el hecho de que el interior de la persona queda abierto y de manifiesto ante la mirada del otro. Efectivamente, nos humaniza porque, en contra de lo que pensaba Sastre, la persona no teme la mirada del otro que, por causa de su amor, no la cosifica, sino que la acoge. Esta capacidad de abrirse al otro/a es realmente lo que nos ennoblece y nos humaniza, más incluso que el hecho objetivo de estar dotados de conciencia. Por eso mismo, ser humanos sin comunicación es, prácticamente, una empresa imposible.

•2)      La comunicación, imprescindible para cualquier estructura común: Cualquier estructura común (familia, sociedad, Iglesia, comunidad parroquial o religiosa, grupos sociales) necesita de la comunicación, de la apertura del propio interior ante el otro, para superar el mero estadio organizativo. Quizá sea más fácil para las estructuras comunes funcionar organizativamente, amparadas en las normas. Pero, a la larga y a la corta, termina siendo más empobrecedor. Aducir que las organizaciones comunes no pueden tocar ese horizonte de la comunicación profunda es recortar a priori el sueño de la vida que es, digámoslo así o de otra manera, un sueño de fraternidad.

•3)      La comunicación, imprescindible en una Iglesia de comunión: Hay gente, como H. Küng, que no duda en decir que lo que ha conducido a la crisis en la Iglesia no ha sido el Concilio Vat.II, sino la "traición" a éste. Y personas como Pikaza dicen que en una Iglesia de comunión, pueblo de Dios, la comunicación es imprescindible. Por eso, quien no piensa así (incluso en altos estamentos eclesiásticos) sigue aferrado a la incomunicación, al secreto, a las deliberaciones ocultas, a la denuncia anónima, etc. Con esas herramientas podrá funcionar una Iglesia-sistema, pero no una Iglesia-pueblo de Dios. Quien aspira a esto segundo no se apea de la necesidad y de la hermosura evangélica de una comunicación franca, respetuosa, sin segundas intenciones, alentadora.

•4)      La comunicación, fortaleza/debilidad de la comunidad fraterna: Fortaleza porque una comunidad que se comunica tiene mucho mejor futuro que otra que lo haga débilmente o no lo haga en absoluto. Debilidad porque la carencia de comunicación está indicando que, todavía, no se ha animado uno a recorrer la senda del corazón de sus hermanos/as. Resulta impensable una comunidad ilusionada, con algo que ofrecer, medianamente satisfecha, con un nivel decente de disfrute humano sin que en esa comunidad funcione la comunicación. Muchas de las frustraciones que aquejan a las comunidades brotan, con frecuencia, de una carencia continuada de comunicación, tanto a nivel comunitario como personal.

 

4. Los caminos de la comunicación en la comunidad fraterna

 

            El mundo de la comunicación, al decir de psicólogos y terapeutas, no es fácil, aunque siempre digan que es positivo. Hay que desearlo para la vida fraterna, para la vida familiar. ¿Es la vida comunitaria un espacio propicio para la comunicación? Creemos, sinceramente, que sí. Esbocemos algunos posibles caminos:

•1)      Pasión por la relación: No por las "relaciones públicas" o por enterarse de todos los chismorreos. La pasión por la comunicación es una especie fe, aquella que cree, sin apearse de tal convicción, de que cuando me comunico con otros y cuando ellos se comunican conmigo mi bienestar humano crece y mis días son más disfrutantes, con más sentido. Sin esta convicción, sin esta fe, concretar más los caminos de la comunicación resulta difícil.

•2)      No aferrarse a un pasado de incomunicación: Hoy cuela difícilmente el argumento (en parte verdadero) de que no fuimos educados para la comunicación, que no fue un valor que se nos inculcara desde niños. Es cierto, pero también lo es que desde hace muchos años y desde diversos lados se nos empuja a abrirnos, a relacionarnos, a fomentar la saludable relación. Las que se dicen "personas mayores" no habrían de encontrar aquí una excusa, porque lo cierto es que  tales personas cuando quieren comunicarse con quien tienen interés, lo hacen.

•3)      Imposible sin dedicar tiempos y lugares: La comunicación demanda tiempos y lugares. Lograr una comunicación jugosa en cinco minutos es imposible. Hace falta mucho tiempo hasta que la puerta del corazón se abra por dentro. Y son también necesarios lugares apropiados. Si el runruneo de la TV está siempre de por medio, la comunicación es difícil. Una comunidad que anhele la comunicación tiene que replantearse seriamente el uso adecuado de los medios de comunicación.

•4)      Una vida "reunida": Hay personas que, habiendo hecho una opción de vida comunitaria, por diversas razones, han llegado a "odiar" las reuniones. Si por ellos fuera, no habría ni una, o muy pocas. Quizá han experimentado con mucha agudeza la esterilidad de no pocas de ellas. Pero, ¿por qué son estériles? Porque tal vez se va a ellas sin anhelo, sin preparación, dejando la responsabilidad sobre los hombros de los "responsables". Si la mayoría del grupo va en tal actitud, no es de extrañar que nuestras reuniones resulten inadecuadas para una comunicación jugosa. Y ¿si fuéramos en otra actitud? ¿Si tomáramos en nuestras manos, como cosa nuestra, el fruto de una reunión? ¿Si no nos cansáramos de colaborar? Veríamos que para no pocas comunidades, una reunión con contenido es cauce principal de renovación. Y esto es así porque la comunicación produce cuando se la toma gozosa y responsablemente. Si se la enmarca en la rutina y el hastío, la cosa resulta totalmente ineficaz, incluso contraproducente.

•5)      Sobre la mesa de la comunidad: Sería estupendo despojarse de un cierto "pudor" (tras el que nos escudamos) para poner encima de la mesa de la comunidad y poder compartir esa serie de movimientos interiores que es el lugar donde se juega mucho de lo que somos: nuestros sentimientos ante las cosas y los acontecimientos, nuestras penas que nos acongojan, nuestros disgustos y asperezas, nuestras alegrías. Si todo este mundo interior es siempre de gestión privada, algo no va bien en la dinámica comunitaria. ¿Qué podemos perder si, con corrección y sencillez, eso sale sobre la mesa y se comenta, se valora, se comparte? Y si esto no es compartible ¿qué sentido tiene el habernos reunido en grupo, el haber tomado el camino de la comunidad? Cualquier paso que se diera en esa dirección es en la buena dirección de la comunicación en la que se anda. Naturalmente, esto habría de estar rodeado de una afectuosa discreción: lo que se entrega al corazón de la comunidad es de la comunidad, no del dominio público. Andar de aquí para allá con esas confidencias comunitarias es una siembra de sal sobre la comunicación fraterna.

•6)      Comunicaciones espirituales: Que no son comunicaciones teológicas, o "místicas", sino aquellos valores hondos que van haciendo parte de mí. Por ejemplo: cómo supero los desalientos, cómo me siento en una iglesia que involuciona, qué camino estoy haciendo en la oración, cómo vivo los sacramentos después de tantos años, cómo vivo el futuro incierto de mi grupo religioso, qué lugar creo ocupar en el mundo, qué o quién me hace vibrar y me resulta imprescindible, donde están mis sueños, en quién descanso, etc. Esto es lo que compone el verdadero espíritu de la vida de una persona. ¿No puede ser algo de esto compartible, comunicable? ¿Hay que renunciar al triunfo antes de dar la batalla?

•7)      Comunicarse es alejar miedos: Porque el freno a la comunicación es, para empezar, un miedo atávico al otro como si los demás, en principio, iban a aprovecharse de mis comunicaciones para mi desdicha. ¿Por qué ha de ser así? ¿Por qué no pensar que en la comunicación todos salimos ganando? Y luego, los otros miedos: el miedo a perder prestigio, a que no cuenten conmigo para cargos, a que me etiqueten, a que me vean débil. Pero si esa es mi verdad, ¿no pueden entenderme mis hermanos en mi verdad?  ¿Pues, entonces, en qué consiste realmente la fraternidad?

•8)      Posibles mediaciones: Puede ser que haya quien piense que esto es interesante pero imposible para mi grupo concreto dado el tipo de personas que somos. Quizá se podría intentar con alguna mediación: personas de fuera que nos ayuden durante un tiempo a desbloquear situaciones; pequeñas técnicas de comunicación que, bien usadas, podrían ayudarnos a mirar en la dirección del otro; lecturas comunes que nos puedan animar; días de relax, de excursión, de disfrute, de vacaciones que nos puedan acercar desde lados más humanos; días de "familia", porque por medio de la familia se entra no pocas veces en el corazón de la persona.

•9)      Una ayuda humilde pero eficaz: Es la lectura en común de un libro o documento asequible a la comunidad y de un cierto interés para todos. Al principio puede parecer una cosa fría, teórica (y más entre gente de estudios teológicos). Pero si hay alguien que le da un cierto arraigo antropológico, una cierta humanidad, la cosa puede resultar como buen medio de comunicarse.

•10)  Libertad y silencios: La comunicación fraterna, como el amor, ha de estar presidida por la libertad. Si la comunicación es obligatoria se desfigura y se superficializa; se hace insoportable. Esa libertad es la que hace valorar los silencios de hermanos/as que, por lo que sea, tienen más dificultades. Quien se comunica bien ha de saber distinguir el silencio de quien está en el asunto aunque no hable y el silencio cansado, hastiados, que se duerme. El primero, a su manera, favorece la comunicación; el segundo la bloquea.

 

5. Pascua: tiempo de comunicación

 

            Puede ser tomada la Pascua como un tiempo bueno para la comunicación: Desde la comunicación del Resucitado a la comunidad hasta nuestra diaria comunicación. Se podía marcar un pequeño itinerario. Damos algunas pistas:

  • Primera semana: Escuchar lo que el Resucitado dice a través de los Evangelios. Interiorizar los textos del punto 2. Hacerlos objeto de profundización, de contemplación.
  • Segunda semana: Acentuar el deseo y el esfuerzo de comunicarse con la fraternidad. Acercarse explícitamente a los momentos colectivos de diálogo, de discernimiento. Llegar a ver el poder hablar con los hermanos/as como una suerte de nuestra opción de vida.
  • Tercera Semana: Escuchar y comunicarse de manera explícita con los hermanos/as más débiles, aquellas personas que, por lo que sea, tienen menos facilidad para la comunicación. Comunicarse con ellas, sobre todo dejándoles expresarse de la manera que quieran, incluido el silencio.
  • Cuarta semana: Comunicarse mejor con la sociedad, escuchar con más atención lo que pasa, no conformarse con los titulares del telediario, asistir a algún acto social que trate algún problema de hoy.
  • Quinta semana: Comunicarse con la comunidad eclesial a través de alguna acció o evento de la iglesia local.

 

Conclusión:

 

            La comunicación tiene un precio y abre a múltiples posibilidades. Tiene el precio de salir del estrecho marco vital de uno mismo/a, de pasarse a la orilla del "nosotros". Si no se paga es precio, imposible. Pero tiene múltiples posibilidades porque en la comunicación radica un porcentaje alto de la dicha y del sentido de la vida humana.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño

"No dejéis morir a los viejos profetas"

"NO DEJÉIS MORIR A LOS VIEJOS PROFETAS"

La VR ante la actual crisis económica

 

            Como diría 1 Jn 1,18, éste es un "momento decisivo". Más que ante una crisis coyuntural estamos en una encrucijada de caminos: por lado, la dirección que lleva a crecer en humanidad. Por otro, la que puede sumirnos más en un escalofriante egoísmo global que hunda en la miseria económica a más de dos mil millones de personas y en la miseria moral al resto de la humanidad. Los religiosos/as de a pie podemos aducir como parapeto inicial que la cosa es muy complicada, y lo es, de manera que no sabemos decir nada y que, en consecuencia, podemos hacer poco. Esta postura inicial no es buena por dos razones: porque con los datos que nos suministra diariamente la prensa podemos elaborar una opinión, aunque no seamos expertos en economía. Para entender lo que pasa no es preciso conocer todos los recovecos del complicado laberinto de esta crisis mundial. Y, en segundo lugar, porque las escasas ganas de verse involucrado en este torbellino podrían reflejar la actitud de la "razón indolente" de quien ni se ve afectado realmente por la crisis, ni tampoco se considera tocado por el dolor de los pobres. Y esto sería más grave. Si la VR quiere actualizar su componente profético, no puede apartar el rostro de la cruda realidad que nos cerca, que se entrelaza a nuestras vidas y actividades.

            Vamos a describir, de entrada, algunas actitudes que, a nuestro modo de ver resultan casi imprescindibles para comenzar a pensar y a hablar de este asunto:

•a)      Indignación: Una formidable indignación, un enfado monumental por haber llegado a esta situación. Una indignación profundísima por EE.UU. que durante estos últimos veinte años ha consumido bienes y servicios del resto del mundo a crédito por un importe de 7 billones de dólares. No hay que olvidar que USA es el país que mayor deuda externa del mundo arrastra y el que emite el mayor porcentaje de CO2 a la atmósfera. Eso significa que por su alto consumo interno lleva décadas comprando más de lo que ha vendido fuera de sus fronteras, sin hablar de la dura colonización a que, desde el punto de vista económico, ha sometido a amplias zonas del planeta. Todo este "imperio" lo ha hecho, en parte, con el dinero que otros países y organismos le han prestado.

 

Indignación por los banqueros de todo pelaje que, en nuestras propias narices, han estado acarreando beneficios superiores al 35% cada año. En el marasmo de los grandes números que se escapan incluso a nuestra imaginación nos quieren hacer creer que esta crisis financiera les está haciendo perder mucho dinero, aunque, en realidad, ellos siempre ganan más, aunque digan que ganan "menos que otros años". Cuando, por ejemplo, Bankinter, uno de los primeros bancos españoles, presenta cuentas nos dice que sus beneficios han caído en 2008 un 30%. Aun así, han ganado 252 millones. Y, si se descuentan ciertas operaciones extraordinarias, en realidad han ganado un 1,6%. Con cualquier crisis, siguen ganando. Eso sí, siguiendo las recomendaciones de nuestro neoliberal Banco Central, no presumen de beneficios. Disimulan para que creamos que ganan menos, o incluso pierden. Como luego diremos, se impone una revisión de nuestros comportamientos "bancarios".

 

Indignación por nuestro gobierno, además socialista (los populares habrían hecho lo mismo o, incluso, más acentuadamente), que hace esfuerzos increíbles para ir a las reuniones del G-20 y para sumarse a la ideología más neoliberal que pueda haber. Indignación porque es cierto que, dada la tendencia neoliberal, prácticamente única, que impera en nuestras sociedades no han dudado en salir rápidamente al rescate de la Banca con unos volúmenes de dinero que creíamos inexistentes y que arrojan lodo al rostro de los pobres del mundo, esperando aún las migajas del 0,7 o los no menos raquíticos Objetivos del Mileno, incumplidos. Con gran ironía lo dice P.Kraugmann: "La crisis apenas ha hecho mella en la cultura del exceso de Wall Street. ‘Digamos que soy un banquero y que he generado 23 millones de euros. Yo debería recibir parte de ese dinero', comentaba un banquero a The New York Times. ¿Y si eres un banquero y has destruido 23.000 millones? ¡El tío Sam acude al rescate!" (El País, negocios,  8-2-09, p.18).

 

Fraterna indignación por la Iglesia jerárquica, que sale a la calle por cuestiones morales y por la familia, pero casi no se le ve ni levanta la voz por el múltiple deterioro de los empobrecidos cuando esto supone ir contra los poderosos. Es cierto que la doctrina social de la Iglesia, hasta el mismo Juan Pablo II, contiene elementos muy valiosos para denunciar y animar en la dirección de una solidaridad internacional. Pero es en esta coyuntura concreta cuando los creyentes y la sociedad necesitan luz, no solamente lamentos. Es en esta hora de gran duda humana cuando se agradece una palabra de aliento y de esperanza. Más allá de colectivos creyentes que sí han alzado su voz, estamos esperando todavía una palabra, un signo elocuente de solidaridad con las víctimas, de denuncia explícita con todas sus consecuencias y de ánimo para leer esta situación en clave positiva. Incluso hay muchas personas que siguen esperando un cambio explícito de rumbo en las prácticas económicas de las Iglesias. Pende sobre nosotros la dura ironía de Kierkegaard: "En la magnificente iglesia del palacio aparece el predicador oficial de la corte, el elegido de un público cultivado, y predica emocionadamente ante un círculo selecto de hombres prominentes y cultos, sobre la sentencia del apóstol: ‘Dios ha escogido a los pequeños y a los despreciados'. ¡Y nadie se ríe!" (Tagebücher,  1.c.).

 

Y también una indignación contra nosotros mismos, que morimos al palo, que nos quedamos como gatos azotados y que carecemos de imaginación para la alternatividad y de profecía para plantarnos hacia quien nos expolia. Indignación por la carencia de pasión por el hecho humano, por sucumbir al adormecimiento de la rutina, por teorizar sobre la situación siempre que nuestras neveras estén llenas y nuestras casas calientes. Y también, profética indignación por unas estructuras de VR que evolucionan muy lentamente en dirección de las necesidades sociales, más allá de grupos religiosos, y aun Congregaciones concretas, que están de siempre y ahora también en las trincheras de las pobrezas. De un tema como la crisis, solamente se puede hablar con enfado.

 

•b)      Contra el chupar de la teta: Un tal Brzezinski, antiguo asesor del presidente Carter, ideó la palabra y el concepto de "entetanimiento" (tittytainment): chupar de la teta, permítasenos la popular expresión (G.SALA, Panfleto contra la estupidez humana, Ed. Laetoli, Pamplona 2007, pp.21-24). Esto no es otra cosa que una mezcla de entretenimiento mediocre y vulgar, bazofia intelectual, propaganda y elementos psicológica y físicamente nutritivos con el fin de satisfacer al ser humano y mantenerlo conveniente sedado, sumiso y servil a los dictados de la minoría que decide su destino sin permitirle siquiera decidir al respecto. Si no se aparta uno de este mecanismo profundamente neoliberal, se pasará la crisis y antes de ella, durante ella y después de ella, los dueños del mundo (el 1%) no habrán sufrido nada, mientras que el resto del mundo habrán sufrido antes, durante y seguirán sufriendo después (el 19% de los países ricos un poco menos; el 80% de los pobres, como siempre, es decir, mucho más).

 

Es preciso sacudir una inercia que nos inocula la misma sociedad, porque quienes la manipulan tienen intereses sobre nosotros/as. Cuando se plantean grandes problemas sociales respondemos ante ellos, con frecuencia, con la pregunta de ¿qué podemos hacer? Pero, en realidad, hay que preguntarse antes ¿qué es lo que nos pasa? Solamente así podremos formular la pregunta decisiva ¿qué estamos dispuestos a hacer? Sin una sacudida general que nos despierte, sin un schok que nos altere, será imposible. La VR, en su profundo ser, quiere ser esa fuerza de schok en la sociedad y en la Iglesia (J.B.METZ, Las órdenes religiosas, Herder, Barcelona, 1978, p.12).

 

•c)      Meditación sobre las grandes cifras: Entre Europa y USA se van a inyectar al sistema financiero tres billones de dólares. Sobre los 7 millones de personas del planeta eso supondría que tocábamos a 428 dólares por persona. Si diéramos esa cantidad a los 2,5 millones de personas que viven con menos de 2 dólares al día saldría una suma de más de un billón de dólares. La FAO había cifrado el logro del primer objetivo del milenio, erradicar la pobreza, en 30.000 millones de dólares. Para esto, no hay dinero. Los estados consideran que es un peso insoportable para sus economías. Esta es la peor radiografía de nuestro mundo, una macroblasfemia de la que casi nadie se siente culpable, una tragedia que causa más muertes que todas las guerras y más inhumanidad que todas las enfermedades. Si no fuera porque la bondad brota imparable en los lugares mismos de la derrota, habríamos de dar razón a aquel viejo dicho del Gen 5,6: "Se arrepintió Dios de haber creado al hombre sobre la tierra".

 

Lo peor de todo esto es que, al ser cuestiones de macroeconomía y de alta política, nosotros/as, la VR, no nos sentimos concernidos. Todo lo más, cada cuatro años, ejercemos nuestro democrático derecho al voto en la dirección que estimamos más conveniente. Nos falta activar el sentido de la pertenencia política que aspira a creer que intervenir en las cuestiones de Estado es un derecho ejercitable para todo ciudadano/a. Más aún, no terminamos de creer que la política vivida por todos los cristianos y cristianas es "expresión más alta del amor fraterno" (Pío XI). Y si la VR es avance y promesa de las realidades futuras, una de ellas la fraternidad universal, no entendemos por qué no ha de sentirse concernida por cuestiones de alta política, por qué no ha de dejar ahí de escuchar su voz y poner su contribución explícita.

 

•d)      Una evidencia: Aquella que nos dice que debajo, bien a la vista y con unas raíces hondísimas estamos ante la evidencia de una crisis moral de enormes proporciones. Lo dicen muchos analistas del momento presente "Lo que algunos han enunciado como una crisis financiera es mucho más que eso: es una crisis global, pues supone el agotamiento de un modelo de crecimiento que modifica el equilibrio ecológico, que también afecta a los alimentos, la energía y ha sido incapaz de combatir la pobreza, el hambre y la exclusión social...Las privaciones y los costes a pagar son demasiado elevados para sentirse satisfechos de una situación en que la prosperidad de una minoría de la población mundial se asienta sobre el sufrimiento de tantos" (C. BERZOSA, Crisis financiera global,  en El País 10-2-2009, p.24). Lo ha dicho también la profecía: "La gran crisis  económica actual es una crisis global de Humanidad que no se resolverá con ningún tipo de capitalismo, porque no cabe un capitalismo humano; el capitalismo sigue siendo homicida, ecocida, suicida" (P.CASALDÁLIGA, Hoy ya no tengo sueños, Circular 2009).

 

Quizá sea la crisis de siempre, la del egoísmo constituyente del hecho humano, la de su incomprensión de que somos familia y que es un crimen atentar contra quien es de tu carne y de tu sangre. Quizá sea lo de siempre, aunque esta coyuntura muestra las vergüenzas más tapadas con una evidencia a la que casi nos estamos acostumbrando. Si no fuera por la imparable profecía, por la también evidencia de que hay mucha gente en el mundo que no está de acuerdo con todo esto, si no fuera porque hay muchas personas que mantienen la utopía y el anhelo de otro mundo, si no fuera por el número alto de resistentes y centinelas que pueblan este mundo, estaríamos al borde del fracaso humano, que es algo más estremecedor que el mero fracaso económico. La constatación de que la esperanza no muere, de que estamos aquí con ella, nos habría de sostener y animar.

 

            Dicen muchos que esta crisis es una encrucijada, una oportunidad. Así la queremos entender y proponer a nuestra VR, por muy afectada que esté por el envejecimiento, la reducción y, lo que es peor, un marcado alejamiento de las inquietudes sociales y políticas. Una oportunidad que nos ha de empujar, ante todo, a actuar, a movernos, a intentar colaborar no tanto a la salida de esta crisis cuanto a la búsqueda de unos parámetros sociales y económicos distintos. Nos ha de abrir los ojos para valorar correctamente las actuaciones concretas de la VR en materia social y económica y poder así apoyar los caminos mejores y animarnos incluso a nuevas sendas, aunque nuestras fuerzas sean exiguas (como dice VC 61). Luego habría que reflexionar lo más hondamente posible para alimentar la llama de la utopía y para sacudirse las inercias que nos paralizan. De esta manera, el clásico esquema ver-juzgar-actuar quedaría invertido para intentar el cambio, la verdadera conversión a la vida, que nos demanda el Mensaje y, con él, nuestra opción evangélica.

 

            Dice el poeta-místico José A. Valente: "No dejéis morir a los viejos profetas pues alzaron su voz contra la usura que ciega nuestros ojos con óxidos oscuros, la voz que viene del desierto, el animal desnudo que sale de las aguas para fundar un reino de inocencia, la ira que despliega el mundo en alas, el pájaro abrasado de los apocalipsis, las antiguas palabras, las ciudades perdidas, el despertar del sol como dádiva cierta en la mano del hombre" (Obra poética 2,  Alianza, Madrid 1999, p.247). Los "antiguos profetas" de la VR fueron sus fundadores/as carismáticos/as. Ellos/as, a su manera, intentaron actuar en las causas de la pobreza, sus anhelos soñaron una sociedad distinta, se arremangaron ante el sufrimiento humano, pusieron su grano de arena en la construcción de la casa de la vida. No dejemos morir su sueño. No aduzcamos nuestra debilidad, nuestro poco número, nuestra "vejez". Que encuentro eco en nosotros/as aquella hermosa profecía de Joel 3,1: "Vuestros ancianos tendrán visiones". Hacemos nuestra la profesión de utopía de Casaldáliga: "Hoy, nosotros, en la convulsa coyuntura actual, profesamos la vigencia de muchos sueños, sociales, políticos, eclesiales, a los que de ningún modo podemos renunciar. Seguimos rechazando el capitalismo neoliberal, el neoimperialismo del dinero y de las armas, una economía de mercado y de consumismo que sepulta en la pobreza y en el hambre a una gran mayoría de la Humanidad. Y seguiremos rechazando toda discriminación por motivos de género, de cultura, de raza. Exigimos la transformación sustancial de los organismos mundiales (ONU, FMI, Banco Mundial, OMC...). Nos comprometemos a vivir una «ecología profunda e integral», propiciando una política agraria-agrícola alternativa a la política depredadora del latifundio, del monocultivo, del agrotóxico. Participaremos en las transformaciones sociales, políticas y económicas, para una democracia de ‘alta intensidad'" (Hoy ya no tengo esos sueños").

 

I. "COMO QUIEN CORRE A APAGAR UN FUEGO"

 

            Esta expresión es de san Vicente de Paúl, hombre que sabía mucho de crisis económicas, de situaciones de dureza (S.VICENTE DE PAÚL, Obras completas. Conferencias/4 1659, Sígueme, Burgos 1972, p.724). Él fue un convertido a la causa de Jesús en la mediación de las pobrezas. La VR, no cabe duda, ha acudido siempre a las pobrezas con la presteza de quien va a pagar un fuego y no se pregunta por las causas en un primer momento. Esa es una buena actitud para empezar, aunque en un determinado momento la pregunta por las causas se hará perentoria. Quizá se pueda decir que la pervivencia de los carismas está muy ligada al tema de la actuación en el mundo de las pobrezas humanas. Por eso, hay que mirar esta actuación no únicamente como una consecuencia de nuestra opción evangélica, sino como algo de lo que depende el sentido, y con él el futuro de nuestra VR. Por eso es tan necesaria y urgente la actuación en estos tiempos de dureza económica global, no solamente por causa de los pobres, sino por nuestro propio sentido en el conjunto de la sociedad y de la Iglesia.

            ¿Qué es lo que realmente nos está pasando en esta formidable crisis económica? Hay maneras técnicas de explicarlo; también las hay morales. El periodista Ignacio Escobar escribió en el diario Público del 26 de octubre de 2008 un artículo titulado Los siete pecados capitalistas.  Con él podemos sistematizar lo que nos está ocurriendo. Ha habido una lujuria especuladora, con las nuevas tecnologías, con la burbuja inmobiliaria, con las hipotecas abaratadas, con mercados sin contemplación de riesgos, únicamente de ganancias. Una euforia psicológica adictiva. Junto a ellos el pecado de la pereza  de los reguladores económicos que no han hecho su trabajo, mirando hacia otro lado. Además ha aparecido, muy vivaz, la envidia de los actores económicos que no se han resignado a vivir moderadamente cuando otros a su lado se hacían ricos. Súmese a todo esto la codicia de los directivos, sus sueldos y su derroche de escándalo. También cuenta la gula de los inversores que da como resultado un sistema en que no se premia al que genera riqueza, sino al que la obtiene rápidamente. Aparece ahora la ira de quien paga los platos rotos, los ciudadanos, en especial los más humildes, a quienes se les dice que no hay dinero para la cohesión social o la erradicación de las pobrezas. Finalmente, la soberbia del mercado que no quería intervencionismos estatales, pero ahora bien que acepta un intervencionismo masivo.

            ¿Qué valoración se puede hacer de una realidad así? Arrogancia, desconcierto, cultura de la impunidad. Arrogancia, lo decía el premio Nobel de economía J. Stiglitz: "Hay una tremenda arrogancia en todo lo que ha sucedido. Banqueros y ejecutivos deberían pensar en lo que han defendido durante años [el libre mercado] y asumir responsabilidades". Desconcierto en los mismos economistas que no veamos que se traduzca en humildad: el economista J.K.Galbraith decía que hay dos clases de expertos en economía "los que no tenemos ni idea y los que no saben ni eso". Esto ha llevado a una cultura de la impunidad en donde, desfachatez máxima, los propios pecadores son quienes quieren imponernos la penitencia.

            ¿Cómo ha de responder, y de hecho está respondiendo, la VR a esta gran inundación? Compasión, solidaridad y denuncia. Compasión para no pasar de largo ante el coro de dolientes que, por causas de esta formidable crisis, se ha acrecentado, ya que la crisis llueve sobre mojado, sobre la realidad de muchas personas que antes ya estaban en crisis, que lo están ahora y que lo seguirán estando si salimos de esta. Pero la VR no puede dejar de estremecerse y actuar ante los más de 900.000 hogares que, entre nosotros, ninguno de sus miembros tiene un puesto de trabajo; ante ese ejército de reserva de 900.000 ciudadanos que no tienen ningún seguro de desempleo. Solidaridad para arbitrar, siquiera en pequeña medida, "empresas", posibilidades de acceso al mercado laboral, que saquen a algunos ciudadanos/as del limbo del desempleo. Denuncia, aunque quizá se haga esto menos (¿están las manos de la VR atadas?), de un sistema que muestra su lado inhumano y egoísta a escala planetaria.

            Por suerte, siempre hay profetas y profetisas en la VR que, como centinelas, atisban el lugar central del pobre en el edificio de la experiencia cristiana y se lanzan, con osadía, por los caminos que llevan a una sociedad nueva. Pero el colectivo, hay que reconocerlo, marcha con lentitud. Nuestras estructuras históricas son un duro peso que nos impide la agilidad, el cambio, la intuición de lo nuevo. Esa es, justamente, la gran pregunta a resolver: ¿Por qué nuestras instituciones de VR van tan lentas ante fenómenos de calado universal? No se puede responder a esta pregunta poniendo por delante la escasez de nuestros recursos. Son los que son (quizás, si no coordinamos, más de los que pensamos). El problema es dónde están o quieren estar invertidos dichos recursos. Todo un reto.

 

II. UNA LUZ ENTRE LA NIEBLA

 

            San Buenaventura dice en el prólogo de la Leyenda Mayor sobre san Francisco que éste fue "una luz entre la niebla" para sus propios coetáneos (SAN FRANCISCO DE ASÍS, Escritos, biografías, documentos de la época, BAC 399, Madrid 19956, p.380). Algo de eso podría ser la VR en esta situación de oscuridad, de "inundación y tsunami" que es la situación en que nos ha metido a todo el mundo la crisis financiera. Una luz, pequeña y humilde, que oriente en este desbarajuste de los valores perdidos, de las referencias desdibujadas. Para ello es preciso analizar las diversas posiciones en las que se enmarca la VR, desde el alejamiento hasta la inserción compartiendo directamente los caminos y la vida de quienes sufren sistemáticamente el despojo de su derecho a la felicidad elemental. Veamos estas etapas:

  • El alejamiento: Algo que la VR ha podido cultivar para que las convulsiones de la sociedad no alteren un ritmo monocorde y sin sobresaltos, aunque empobrecido. El alejamiento deja tranquila a la persona pero le desconecta de los problemas cotidianos reales y difumina los contornos de lo real. Muchas estrategias de la VR (horarios, puertas cerradas con prontitud, tapias y cancelas, horarios sin molestias, ciertos tipos de clausura, incluso) llevan a una desconexión que hace que todo lo que está cayendo en la sociedad prácticamente no toque ni influya el devenir diario de la comunidad. Se sabe que se está en crisis porque lo dicen los telediarios, no por otra cosa.
  • La benevolencia: No se dan pasos concretos pero, por lo menos, se mira con benevolencia y compasión los tragos amargos por los que pasan los desposeídos. Empiezan a sonar nombres de afectados/as y se establece con ello una cierta sintonía. Aunque aún no se decide uno/a a tomar partido concreto, al menos se reza, se habla, se pronuncian nombres. Empieza a entrar en el ámbito comunitario el helador frío de la crisis.
  • La cercanía: Se comienzan a abrir las puertas a personas marcadas por las carencias económicas. Se inicia un proceso de identificación con su situación. Aunque no se termina de ver si la vida personal tiene algo que decir, se actúa prácticamente por una compasión entendida, sobre todo, como socorro puntual, como caridad. Se insinúa, a veces, en la comunidad la posibilidad de actuar en situaciones concretas de pobreza. Si hay rechazo no se insiste, no se enarbola la bandera de la profecía.
  • La actuación: Se abandona, poco a poco, el campo de la teoría para iniciar actuaciones que impliquen a la persona e incluso a la comunidad. Generalmente son asistenciales, pero de ahí puede brotar la pregunta sobre las causas estructurales. Se acoge con más facilidad planes de actuación de otras entidades que tienen más incidencia en el marco social.
  • Inserción: Se plantea la posibilidad de compartir el modus vivendi de quienes están en situaciones carenciales, bien en total inserción en medios de exclusión o en dependencia directa de ellos aunque se viva un estilo de vida comunitaria propio. Se entrevé que esta manera de vivir la VR abre muchas posibilidades a la comprensión del Evangelio y de la sociedad.

Todo este itinerario es el viejo planteamiento que hacía González Faus: "Todos por los pobres, algunos como los pobres, pocos con los pobres". En ese itinerario se enmarca la trayectoria de muchas comunidades religiosas. Si se quiere ser luz entre la niebla de la sociedad de hoy es precio animarse a ir haciendo ese tránsito.

Más aún, cuando se habla de la centralidad del pobre no es cuestión de una disputa entre teólogos. Los hermanos Boff, Leonardo y Clodovis, se han visto encueltos en una disputa teológica sobre la centralidad del pobre. Leonardo sostiene que cuestionar esa centralidad es abandonar el sueño de Jesús y que ese sueño es el núcleo de la misma cristología, del ser de Jesús. Clodovis sostiene que esa centralidad desplaza a la centralidad del mismo Jesús que ha de ser el núcleo de la cristología. Clodovis mantuvo que el error básico de la teología de la liberación es sustituir a Jesucristo con "los pobres" como "principal principio operativo" y apuntó a los censurados textos del jesuita Jon Sobrino, como ejemplo del daño que le hacen a la integridad de la fe cristiana. Primero, estimulan la tendencia a ver a la Iglesia como un "movimiento popular" y los organismos religiosos comienzan entonces a sentirse como ONG militantes.  Y Clodovis se pregunta: ¿Para qué alguien se va a afiliar a una religión que es sólo otra actividad social? ¿Para qué aceptar toda la doctrina católica si el objeto principal de la Iglesia no es salvar almas sino tratar de alcanzar ciertas utopías en este mundo?
Más seriamente, Clodovis sugiere que los teólogos le dan prioridad a los pobres por encima de Cristo, cuyo "resultado inevitable es la politización de la fe, su reducción a un instrumento para la liberación social".  Según él, "el principio de Cristo siempre incluye a los pobres, pero el principio de la pobreza no incluye necesariamente a Cristo". Esa fue una de las críticas hechas, en los Años 80, por el actual Papa Benedicto XVI. Leonardo Boff, en cambio, en su réplica difundida a fines de mayo, se mantiene muy firme en el mismo principio: "Desde el momento que Dios se ha hecho hombre-pobre, el hombre-pobre se convierte en la medida de todas las cosas...No es verdad que la teología de la liberación sustituya a Dios y a Cristo con el pobre. [...] Ha sido Cristo que ha querido identificarse con los pobres. El lugar del pobre es un lugar privilegiado de encuentro con el Señor. Quien encuentra al pobre encuentra infaliblemente a Cristo, además bajo la forma de crucificado, que pide ser depuesto de la cruz y resucitado". Más allá de lo que esta disputa pueda tener de ideológica, refleja el itinerario vital de muchas comunidades religiosas. Las hay quienes de manera religiosa y dogmática, pero no por ello menos creyente, ponen como centro de espiritualidad la persona de Jesús en todos sus atributos salvíficos y divinos. De ahí derivan su vivencia espiritual. Pero hay otras que comienzan a poner en el centro de su experiencia creyente la mera realidad de las pobrezas, que hacen de ello el núcleo de su espiritualidad, el sentido de su propia trascendencia. ¿Meros planteamientos? ¿O reflejo de lo que nos pasa?

Tal vez la Palabra evangélica, por su capacidad inspiradora, pueda ofrecernos esa luz de la que, a veces, carecemos. El Evangelio maneja sueños y realidades, utopías y hechos consumados, anhelos y caminos concretos. Vamos a proponer dos textos que pueden ser considerados el inicio y el fin del camino:

 

•1)      El gran sueño: "Comieron todo lo que quisieron": Jn 6,1-13:

 

El verdadero eje de la narración y el ámbito más propicio para situar el esfuerzo interpretativo es el v.10b donde se dan los verdaderos contenidos del milagro y, por ello, de la entidad salvífica de Jesús ("Se recostaron aquellos hombres adultos, que eran unos cinco mil"). Este verso contiene una serie de elementos que conviene sean subrayados:

 

  • a) "Decid a la gente que se recueste en el suelo": El componente lexemático de anapiptô incluye el matiz de dejarse caer por tierra. Más que de sentarse se trata de recostarse hacia atrás, al modo como se ponen a comer como personas libres. Sólo desde los modos liberadores de Jesús, aceptados como tales, se puede iniciar el camino nuevo de la abundancia en la historia. Así, la libertad es un requisito imprescindible para el nuevo reparto.
  • b) "Había mucha hierba en aquel sitio": Por un lado, el tema de la hierba hace referencia al tema de la fecundidad y de la abundan­cia. Por otro lado, el imperfecto denota una acción abierta e inacabada. Ambos datos apuntan el modo fecundo y persistente que es el de la oferta de posibilidad que abre el hecho de Jesús para la persona.
  • c) "Se recostaron": No es un mero dato de la fuente. Es la verificación de que, según Juan, los hombres aquellos se han fiado de la palabra de Jesús que les ofrece la libertad y la fecundidad en la medida en que se acepta su idea del compartir sobre la base del todo. Se está verificando la verdadera señal de fe.
  • d) "Sólo los hombres eran unos cinco mil": No sólo es una extralimitación para que brille más la singularidad del signo, sino que el dato habla de la universalidad a la que está destinada la señal de Jesús. Además es preciso percatarse del proceso que se da en la multitud dentro del pasaje: polus okhlos (6,5), tous anthropous (6,10a), hoi andres (6,10b). es decir, la multitud pasa a ser "humana" y, finalmente, un colectivo con capacidad jurídica y legal de desposar, personas plenas con todas las atribuciones para serlo. El signo de los panes multiplicados, por haber compartido a la base del todo no siendo obstáculo la pobreza, lo captan personas que viven en modos plenos.

 

                  Con todos estos elementos se pretende mostrar que el verdadero milagro de cara a la fe se da cuando el necesitado, el sacudido por la debilidad de la historia no se enquista en su propia debilidad, sino que reconvierte eso débil en posibilidad de crecimiento vital y creyente para sí mismo y para los demás. Esto no puede darse si no es fiado de la palabra de Jesús que empuja a la entrega y a un modo expreso de vida que incluye el compartir sobre la base del todo como elemento dinamizador insus­tituible. Aducir la pobreza, personal o social, como impedimento a este tipo de reparto demuestra la desconfianza en el mecanismo que propone el Mensaje.

            Desde estos datos podemos formular una posible hipótesis interpretativa: Cuando la persona se adhiere a la palabra de Jesús, que incluye la entrega total y el compartir sobre la base del todo, se genera una abundancia para la historia humana que, más allá de cualquier debilidad, preludia la plenitud a la que está destinada la vida. No se trata, sin más, de una actitud filantrópica o caritativa, sino de una visión fraterna y solidaria del mundo. La convivencia humana puede ordenarse desde la perspectiva del compartir.

            O desde un lado más secular: Las entregas hondas y el compartir que implica lo vivo de la realidad personal son la garantía de que habrá días de abundancia y de gozo para el sector más débil de la historia. Y esto podría vivirse no tanto como virtud sino como situación de vida. Es decir, lo importante es crear un marco social de solidaridad, unas condiciones históricas, económicas, políticas, que propicien la realidad de un mundo distinto.

            Creemos que es aquí donde se está verificando el signo de una verdadera multiplicación de vida y de posibilidad. El motor de toda esta palpitante actividad que bulle en el subsuelo de la vida es la realidad salvadora de un Jesús del todo volcado a la historia.

            Este sueño de la sociedad que se articula sobre el compartir sin que sea obstáculo la pobreza es el que no puede borrarse de quien quiera enfocar creyentemente la realidad social. Si el sueño se abandona, si no es un verdadero revulsivo para los comportamientos de la comunidad creyente, si ya no evoca ni suscita ningún planteamiento osado, se ha perdido el alma del Evangelio, la razón de ser de la obra de Jesús. Por eso, más allá de cualquier dificultad, a la VR le corresponde, por su componente profético mantener vivo y activo este sueño, hacer incluso que vaya cobrando cuerpo en la realidad concreta. Si esto no ocurriera, el sentido mismo de la VR quedaría cuestionado. Si, por el contrario, la VR mantiene vivo el sueño, su razón de ser y su mismo futuro están a salvo.

 

            2) La cruda realidad: ruptura con la civilización de la riqueza: Lc 16,19-31:

 

            Las parábolas evangélicas tienen siempre un punto de acidez del que si se las despoja, pierden gran parte de su vigor. Esta parábola que llamamos del rico epulón es, como todas las demás, una parábola que apunta al más acá, no tanto al más allá (como lo es, en realidad, todo el Evangelio). No se refiere por tanto al tema de la remuneración ultraterrena, sino a desvelar comportamientos históricos.

  • Una convicción: Es la que desvela el texto (la que Jesús tiene) de que entre ricos y pobres hay un formidable muro de separación generado por el lucro desmedido (banqueteaba espléndidamente) y por el reiterado olvido de las situaciones de los pobres (todos los días). El epulón ignora a Lázaro, ni lo mira; mucho menos le socorre. La riqueza es la que ha levantado el muro, ya que la pobreza, por necesidad, se dirige hacia la riqueza sin éxito ninguno (ni las migajas). Por lo tanto, de las riquezas y su civilización no se puede esperar ninguna solución.
  • Un intento cruel: Es aquel que hace la riqueza cuando se ve en apuros: que los pobres, a quienes ha sojuzgado, sean ahora quienes le salven (manda a Lázaro). Lo que ocurre ahora: el Estado, la riqueza común, en cuya construcción participan obligatoriamente los pobres, es la que va a sacar de la crisis las empresas financieras de quienes nos han llevado a este callejón sin salida. Para el Evangelio esto no es de recibo.
  • Imparable egoísmo: Como el epulón percibe la firmeza de los planteamientos evangélicos, quiere que, al menos, saquen partido de su situación, los suyos, los de su casa, su clan, su clase opresora (tengo cinco hermanos). Incorregible, hasta estando en el infierno quieren tener influencias, sacar partido para los suyos. Abrahán se niega en redondo a este juego. El Evangelio es insobornable.
  • La honda conciencia: Podría la riqueza haber seguido la voz de la conciencia que, honda y verídicamente, habla siempre a favor de la justicia (la ley y los profetas). Si tampoco a eso hace caso la riqueza, no lo hará aunque resucite un muerto, aunque se arbitren las medidas más drásticas contra ella.

 

            Queremos incluir aquí algunas frases con las que J.L.Vilanova (Volver a empezar, en Alandar enero 2009, p.3) comenta esta parábola del rico epulón:

  • Aprecio a quienes se rompen la cabeza honestamente con las herramientas disponibles para tratar de minimizar el impacto de nuestras ambiciones y despilfarros. Pero al mismo tiempo espero el punto de locura necesario para proponer otra alternativa, otra forma de vivir diferente a la ávida huida hacia delante.
  • Creo que nada de lo que se haga por apuntalar esta estructura moribunda servirá de algo...llegará un día no muy lejano en que ya no podamos huir más hacia delante.
  • Tampoco creo que los políticos puedan hacer mucho. Lo único que les pido es que sean humildes, tengan un mínimo de pudor y no agiten la bandera de la demagogia.
  • Me pregunto si no sería bueno derrumbarse definitivamente, ser arrasados por esos activos tóxicos que desencadenen una septicemia global de la que terminemos por no levantar la cabeza económica. Y desde cero, desnudos, rotos, humillados y vencidos, volver a empezar. Al menos habremos compartido sufrimientos con los lázaros dolientes, pasaremos hambre y privación, nos curaremos las llagas los unos a los otros y aprenderemos que hay que vivir de otra forma.
  • Si somos capaces de crear bienes abundantes de tal forma que queden a la disposición equitativa y racional de todos y cada uno de los humanos que tiramos de nuestra vida por este viejo planeta, mucho mejor. Pero si esto no es posible, prefiero juntarnos y apretarnos todos en la pobreza, antes que lanzar al mundo toneladas de riqueza al grito de ¡que se jodan los torpes!

 

            La VR, como Jesús, ha de cuestionar lo que casi resulta incuestionable, el sistema y sus modos opresores. Ha de cuestionarlo creando entre ambos una barrera insalvable para que no se confunda el sueño de Jesús con los anhelos de un capitalismo inhumano. Si la VR no logra despegarse del sistema opresor, ¿cómo va luego a hacer creíble el Evangelio. Puede parecer antievangélico el planteamiento rupturista del que hablamos. Pero si no se da, quedará hipotecado el sueño de Jesús y, con él, el sentido mismo de la VR.

 

III. MÍSTICOS DE OJOS ABIERTOS

 

            Para mirar la realidad social en la que se ha producido esta crisis, rostro duro de una realidad que subyace siempre al hecho económico planteado desde presupuestos neoliberales es preciso mirarla "con ojos abiertos". Una mística así es la que describe con estas palabras José A. García (En el mundo desde Dios. Vida religiosa y resistencia cultural,  Santander 1989, p.108): "Para los místicos horizontales, el mundo es el lugar de la adoración de Dios. Estos místicos se resisten a transferir a la oración el encuentro con Dios y a apartarse o negar, del modo que sea, el mundo como condición necesaria o camino a dicho encuentro. Para ellos, Dios emerge en la mismísima densidad de las cosas, personas y acontecimientos, y es ahí donde sienten que quiere ser escuchado, servido y amado. El mundo y la historia, lejos de ser un obstáculo para el encuentro con Dios, se convierten para ellos en mediación obligada". Esta mística es deudora de una trascendencia intrahistórica. Ambas realidades son imprescindibles para una lectura distinta, ahondada, creyente de la realidad socioconómcia en la que se mueve nuestra vida.

            Esto es lo que podrá ayudarnos a poner nombre a los depredadores (Soros, Simons, Paulson, Falcone, Griffin, etc), a verbalizar las situaciones de opresión (desajuste norte sur, pretendida flexibilidad laboral, deslocalización, etc.), a designar dónde se hallan las causas reales de nuestros males. Si no, no terminamos de situarnos bien en la realidad. El lenguaje de las causas, ya lo hemos dicho, le puede ser ajeno a la VR mientras que le es muy familiar el de los efectos. Pero ahondar en la crisis económica y sus raíces empuja a la VR a la pregunta por las causas.

Para hablar de ellas tomemos una definición de señuelo de un manual de pesca: Los señuelos tienen una composición estructural que corresponde a presentar estímulos cuyo fin es incitar o despertar algunos de los sentidos de los peces que están asociados al acto de la alimentación, esto es morder y tragar. O sea, si es que entendemos bien:

  • Los señuelos tiene una "composición estructural": hay alguien que los prepara, que los manipula, que tiene unos planes sobre el resultado de la pesca, unos planes de control, exterminio planificado y utilización en su propio provecho. El "compositor estructural" del señuelo es el pescador y sus planes.
  • Para que el pez pique, el señuelo presenta "estímulos" que despiertan algunos sentidos orientados a la alimentación. Es decir, no muere el pez por la boca, sino por su estómago, porque el señuelo le despierta sus ansias estomacales. El pescador sabe dónde dar: lleno un poco su estómago, pero me quedo con todo el pez.
  • Por eso, el éxito de la pesca está en que el pez "muerda y trague" creyendo que ha comido, cuando, en realidad, es a él a quien se van a comer entero. Creía, con buena voluntad, que mordiendo y tragando procuraba por su vida, cuando lo que ocurre es que le arrebatan la vida a él.

La conclusión es lógica: ojo con los señuelos y, sobre todo, ojo con los pescadores que están detrás de ellos.

Se cumplen 40 años de la Populorum Progressio escrita por Pablo VI en tiempos de descolonización, como apoyo a los países que alcanzaban la libertad y reivindicaban "un nuevo orden económico internacional". Los "pescadores", los países egoístas y desarrollados, celosos de lo que llaman "estado de bienestar" (un bienestar para unos pocos no deja ser una realidad envenenada), han ido lanzado una serie de señuelos para que la gente de buena voluntad, peces inocentes, vayamos picando y, en definitiva, ese nuevo orden económico se posponga hasta el día de la parusía por la tarde. Pueden ser estos y algunos más:

  • El 0,7 %: Fue lanzado por la ONU. Solamente se impuso en países y ámbitos de decisión muy escasos. Pero ha servido de señuelo propagandístico para que muchos de nosotros nos apuntáramos a esa lucha dejando para un segundo momento los trabajos por la modificación de las causas estructurales de la pobreza. En el subconsciente se piensa que eso es imposible, inalcanzable y que, de hecho, no me implica a mí. Aunque se desmarca bastante de la caridad tradicional, la noble lucha por el 0,7, está muy lejos no solamente de conseguirse, sino de apuntar realmente a esas causas estructurales. Más aún, quien tenga implantado el 0,7 corre el peligro de pensar que ya ha llegado a una meta en el tema del desarrollo de los países empobrecidos.
  • Los 8 Objetivos del Milenio: Juan Pablo II volvía en 1987 sobre el tema de los imperialismos explotadores en la Sollicitudo rei socialis que conmemoraba el 20 aniversario de la Populorum. Esta reivindicación caló en ciertos sectores de la opinión mundial y empezaron a llover críticas a la banca internacional, al FMI, al BM e, incluso, a la misma ONU por su inoperancia. A los pocos años, en 2006, de nuevo la ONU lanza un señuelo de mucho mayor calado: conseguir para el 2015 los ocho Objetivos del Milenio, el primero de los cuáles es la erradicación de la pobreza extrema y el hambre. De nuevo parece ser que lo que predomina es cómo reparar los destrozos, atrasos, insuficiencias, carencias, que se manifiestan en el tejido económico y social de los países empobrecidos, pero las preguntas sobre las causas de tales desaguisados (y que apuntan a los "pescadores") quedan de nuevo en la sombra.
  • Los proyectos de desarrollo inmediato: Nos referimos a los pequeños proyectos, cercanos, concretos, que manejan muchas de nuestras ONGs. Hemos dado, ciertamente, un paso de gigante al entender la solidaridad no meramente como acción caritativa (quizá siempre necesaria), sino también como ayuda al desarrollo, a crear posibilidades de emancipación económica. Pero de nuevo el ámbito de las causas parece poco tocado por nuestras ONGs. ¿Será un nuevo señuelo para que ese ámbito quede intacto? ¿Cómo es que, si no, muchas entidades bancarias y administrativas que se significan por su connivencia con las multinacionales que controlan el mercado y por el desarrollo desigual del planeta sean, con frecuencia, las mejores colaboradoras de nuestras ONGs?

Cuando se quiere hablar de la posición de la VR ante la situación de crisis en la que estamos metidos, es justamente de algo de esto de lo que hay que hablar. Si el tema de las causas nos parece ajeno, si creemos que esto no es de la incumbencia de la VR porque ésta se sitúa en "los bienes futuros", si eludimos la implicación que demanda claramente el seguimiento de Jesús, es entonces cuando la pregunta por las causas nos será extraña. Pero si hacemos una lectura correcta del sueño de Jesús, si ponemos el oído al clamor del enorme coro de los empobrecidos del mundo, si el llanto incontenible de los débiles, lo "más terrible que hay sobre la tierra" según Qoh 4,1, nos conmueve, entonces comenzaremos a preguntar por las causas, por la fuente de todo este mal, por el manantial mismo de la injusticia.

 

IV. SOSTENIENDO PREGUNTAS

 

            Quizá otra manera de acercarse de manera aguda a la situación de crisis que vivimos sea el que la VR se haga preguntas incisivas de cuya respuesta puede depender nuestra comprensión y vivencia de una situación como la actual. El valor de estas preguntas reside precisamente en su incisividad, en su mordiente. Por eso, no le conviene a la VR eludir esa "dentellada" relativizando las cosas en un más o  menos que diluya nuestra respuesta y con ella nuestra responsabilidad. Enumeramos algunas de esas preguntas:

•1.      ¿Y si no fuera solamente una crisis?: Porque desde ahí la enfocan generalmente los medios ya que éstos se ciñen al mero ámbito económico o político. Pero, en realidad, como muchos de los analistas lo constatan, quizá sea una encrucijada, una fuerte llamada al nacimiento de otra época, un aldabonazo general a la conciencia humana para que se plantee un modelo de desarrollo y aun de mundo distintos. Sí, habría que pensar si lo que estamos viviendo no es una crisis sino algo permanente, el derrumbamiento del edificio que hemos construido, con sus sótanos húmedos y fríos y sus áticos de lujo. Quizás sea el momento de resucitar la utopía, de intentar lo imposible, creer en la posibilidad de un mundo mejor, exigir que se construya sobre unos cimientos más justos.

•2.      ¿Tiene sentido un lujo construido sobre las víctimas?: Ninguno, por causa de la más estricta justicia. En un mundo en el que diez millones de niños mueren todos los años por causas evitables y relacionadas con la pobreza y en el que las emisiones del efecto invernadero amenazan con provocar millones de refugiados por razones climáticas, el lujo de Occidente es una "macroblasfemia" de muy difícil perdón. La crisis tendría que ser una terapia para volvernos más conscientes de las necesidades de quienes están viviendo en la pobreza real y en condiciones mucho peores que las que tendremos nosotros jamás, con o sin crisis financiera.

•3.      ¿Quién pagará la crisis?: Una pregunta que ha de llevarnos a poner el dedo en la llaga de quienes han causado esta situación. No es una pregunta abstracta, sino central. Conocemos a los culpables de la crisis: mercados financieros ultraespeculativos en los que manipuladores sin escrúpulos y accionistas codiciosos invierten con frecuencia, banqueros sospechosos, que son minoría en el oficio pero que le causan un gran daño, un sistema monetario desconectado de la actividad productiva, etc. Quienes tenían un sentido mínimamente realista de la economía sabían desde hacía tiempo que este sistema iba a reventar. ¿Pero quién les escuchó? Ya se anuncia en todo el mundo uno de los mayores signos del paso de la recesión a la depresión: el aumento de las reivindicaciones salariales y de la pobreza. ¿Qué hacer con este sistema que ha provocado el caos, después de haber pretendido ser en estos últimos decenios el mejor y el único? De alguna manera la han de pagar los banqueros desbancando su falacia de acusar a los estados de intervencionismo y reclamarlo luego. Éstos habría de encontrar mecanismos para obligar a los banqueros a agilizar préstamos y a reducir ganancias. La han de pagar los mercados financieros que, después de llevarnos a situación económica de avaricia y locura, reclaman ahora flexibilidad laboral y ayudas ingentes. Habría que controlar esta sed que les devora y que nos devora. De alguna manera la han de pagar los Gobiernos por ir siempre a la zaga del capital sino hacerle frente en sus enormes desvaríos. La cosecha de votos que creen que recogerán con esta actitud habría de volverse contra ellos. Quienes desde luego no tendrían que pagarla habría de ser los meros contribuyentes y, menos que nadie, los pobres de la tierra cuyo reclamo de justicia es hoy más perentorio que nunca.

•4.      ¿Quiénes son las víctimas?: Una pregunta que ha de estar en el centro del tsunami. Las víctimas cercanas: «Según datos de Cáritas de Madrid, entre junio de 2007 y junio de 2008, se han atendido en los 425 despachos de la capital a 66.804 personas, un 21% más que en el mismo periodo de 2006 a 2007... El 60% de quienes acuden son familias jóvenes, de 30 a 40 años, con dos o tres hijos en edad escolar (Infantil y Primaria), que han formalizado una hipoteca a 30 o 40 años en el último lustro y que ahora no pueden hacer frente a los pagos de la letra. Aproximadamente la mitad de ellos son inmigrantes, y la otra mitad, españoles» (20minutos.es). Y luego, el incomensurable coro de las víctimas lejanas. Intentemos poner el corazón en estas cifras: según la FAO, sólo en 2007 aumentó en 75 millones el número de hambrientos en el mundo, pero la cifra total es de alrededor de 923 millones, y otros 848 millones de personas están severamente desnutridas. Y, según Naciones Unidas, cada día que pasa mueren alrededor de 5.000 niños de sed. Mientras leemos esta reflexión varios niños y adultos, como nuestros hijos y como nosotros, están muriendo por carecer de algo tan básico y necesario como el agua o el alimento.

•5.      ¿Salvar el sistema o salvar la humanidad?: Es una pregunta que se la hace claramente P.Casaldáliga optando, claro está, por la salvación de lo humano, no de un sistema que ya sabemos a dónde nos lleva. "Hoy más que nunca nos debemos radicalizar en la búsqueda de la justicia y de la paz, de la dignidad humana y de la alteridad, del verdadero progreso dentro de la ecología profunda. Y como dice Bobbio ‘hay que instalar la libertad en el corazón mismo de la igualdad'; hoy con una visión y una acción estrictamente mundiales. Es la otra globalización, la que reivindican nuestros pensadores, nuestros militantes, nuestros mártires, nuestros hambrientos..." (Hoy ya no tengo sueños).  Por eso mismo, no puede ser nuestro anhelo tanto el salir de esta crisis si eso va a suponer volver a las andadas, cuanto encontrar caminos nuevos, sendas distintas donde el componente humano prime sobre la pura y dura economía neoliberal.

•6.      ¿Dónde dormirán los pobres, a qué tribunal acudirán?: Son preguntas inmediatas pero que habría de provocar en nosotros/as una convulsión. La primera se la hacía con mucha agudeza G. Gutiérrez en un ensayo teológico (En El rostro de Dios en la historia, CEP-CEIB, Lima 1996).Tengamos en cuenta que casi un tercio de la humanidad tiene problemas relacionados con la vivienda. La segunda es de L.González Carvajal. La evidencia de que los pobres son postergados por la justicia está cada día en las páginas de la prensa. Puede parecer que no son preguntas decisivas pero lo son, porque de ellas depende la vida de millones de personas. No sentirse tocado por esta clase de preguntas, no hacerlas parte del núcleo de la reflexión cristiana, es no haber entendido la primacía que el Evangelio otorga a los pobres.

 

V. LOS "NUEVOS" VALORES MORALES

 

Son nuevos, no porque no hayan sido planteados, sino porque, a nivel global, están por vivirse. En recurrir a ello, en insistir sobre su primacía, radica la novedad. Que se vivan a niveles personales es profecía y respiro. Pero hay que aspirar a que puedan ser vividos socialmente, colectivamente, a nivel de humanidad. Mantenerse en esta utopía es imprescindible para conservar la humanidad y para vivir la fe cristiana. Puede uno sumarse a la "profesión de fe y vida" del creyente Calsadáliga: "Hoy, nosotros, en la convulsa coyuntura actual, profesamos la vigencia de muchos sueños, sociales, políticos, eclesiales, a los que de ningún modo podemos renunciar. Seguimos rechazando el capitalismo neoliberal, el neoimperialismo del dinero y de las armas, una economía de mercado y de consumismo que sepulta en la pobreza y en el hambre a una grande mayoría de la Humanidad. Y seguiremos rechazando toda discriminación por motivos de género, de cultura, de raza. Exigimos la transformación sustancial de los organismos mundiales (ONU, FMI, Banco Mundial, OMC...). Nos comprometemos a vivir una «ecológica profunda e integral», propiciando una política agraria-agrícola alternativa a la política depredadora del latifundio, del monocultivo, del agrotóxico. Participaremos en las transformaciones sociales, políticas y económicas, para una democracia de «alta intensidad»" (Hoy ya no tengo sueños).

 

•1)      La persona como bien innegociable: Una economía que destroza personas no puede ser de recibo, sin más. Si algo enseña la espiritualidad evangélica es que la persona es el bien a preservar, incuestionable. Por eso, un sistema que usa a las personas como piezas de recambio en la maquinaria productiva es intrínsecamente perverso e inaceptable desde el lado de la humanidad y de la fe.

•2)      Valorar a la persona por lo que es: Asumir el tema de la dignidad humana con todas las consecuencias, aplicable a toda persona sin distinción. Habría que percibir que la dignidad es una realidad inarrebatable y que persiste, con más brillo si cabe, en las situaciones de pobreza y de opresión. Una mirada profunda al interior de la persona se hace imprescindible en épocas como la nuestra tendentes a la más inmediata deshumanización. En este sentido, las garantías y logros sociales que ayudan a revalorizar la dignidad de la persona habrían de ser ampliados.

•3)      La igualdad irrenunciable: Por muchas que sean las desigualdades hoy. Los abismos de la desigualdad no pueden tragarse el derecho a la igualdad innato acompañante del devenir humano. Los escándalos financieros que establecen desigualdades monstruosas entre los humanos han de ser calificados públicamente como una falta de vergüenza. Como decía el maestro Paulo Freire: "Para mí -al repensar en los datos concretos de la realidad vivida- el pensamiento profético, que es también utópico, implica la denuncia de cómo estamos viviendo, y el anuncio de cómo podremos vivir". Si no hacemos esto hoy, mañana será demasiado tarde.

•4)      La justicia aún por darse: No tragarse ruedas de molino en materia de justicia, hilar delgado. Hay quien dice que los ideales de justicia huelen a mayo del 68. Es posible, pero la realidad es que la conculcación de la justicia en grados gigantescos atraviesa el mapamundi. Hay que negarse a que estos sueños puedan parecer una quimera. Con humildad y coraje hay que mirar de vivir estos sueños en el cada día de la vida. ¿Cómo, si no, vamos a enseñar a los jóvenes las razones verdaderas de la austeridad y de la solidaridad?

•5)      Participar en el devenir de la sociedad: Pensar que se es parte activa de lo que se vive, activar la ciudadanía. No apearse de este mundo, por muchas que sean sus incoherencias y contradicciones. Creer en la capacidad política del amor, de la fuerza interior como herramienta para el cambio social. Organizarse en maneras colectivas que no solamente hagan más rentable "la fuerza", sino que desvelen la verdadera vocación de los humanos: ser familia para bien de todo el hecho creacional.

•6)      Creer en el futuro de lo humano: Como algo que, en parte, depende también de mi actuación, por grande que nos parezca la cosa. Hacerse las grandes preguntas, no solamente las pequeñas, las que más nos tocan. Saber que el futuro será distinto en la medida en que nos adhiramos de hecho a la práctica de la justicia. Tener conciencia de que el día de la plenitud histórica, del reino, se retrasa cuando me afilio a la injusticia. No dejarse caer en brazos de un evolucionismo mecanicista que cree, falsamente, que la nueva era, si es que existe, vendrá por su pie. Como decía Labordeta, "habrá que forzarla para que pueda ser".

•7)      Un sentido de pertenencia histórica: Certeza de que estamos en este mundo para hacerlo más humano. Ver al otro, quien sea, como simple miembro de la misma familia, la única de verdad, la humana. Habría que hacer del ideal de humanidad el gran cimiento de nuestra estructura histórica. Una humanidad que no se constituye como centro único sino que, sabiéndose parte de esta casa de la vida, se abre a ella en fraternidad benigna, en acompañamiento compasivo, en acción de gracias gozosa.

 

VI. ACTITUDES PROFÉTICAS DE LA VR ANTE LA CRISIS

 

            Porque creemos que también para la VR hay caminos de actuación concreta enumeramos algunas actitudes que, posteriormente, puede alcanzar una concreción y un rostro.

 

•1)      Superar el entetamiento: Pensar que fácilmente nos la meten doblada. Los medios de comunicación al servicio del sistema crean nuestro horizonte de pensamiento y deciden los cauces de actuación. Habrá que leer críticamente tales medios, con espíritu de "centinelas". Éstos se convierten en mecanismos de saturazión y de colonización del yo (que hacen menos accesible nuestra interioridad llenando nuestro ambiente fraterno de voces mudas). Activar, por ello, el sentido crítico, profundizar en lo que nos dicen, preguntarse los porqués, las causas, no solamente los efectos de esta crisis. Irse acostumbrado a vivir en la intemperie fuera de los sistemas que nos "amparan" y nos esquilman. Tener el valor de cuestionar lo incuestionable o, al menos, de no hacer el juego a los sistemas ni reírles sus macabras gracias.

•2)      No colaborar a superar una crisis que llevará al mismo estado de cosas: Intentar, en lo que se pueda, ir en otra dirección. O, al menos, desearlo. No suspirar por volver al estado de cosas que nos ha llevado a esta situación. Soñar con "la otra Iglesia posible" al servicio de "otro Mundo posible". Para ello, no temer, apoyados en el Evangelio y confiados en Jesús, emprender caminos de novedad social, más allá de nuestras limitaciones del momento. No repetir los mecanismos que llevan a situaciones de crisis social como la que estamos padeciendo.  

•3)      No angustiarse por una crisis que solamente me afecta en la periferia: Angustiarse por el estado general de la economía de la que yo hago parte con mis comportamientos. Angustiarse por la debilidad de la VR a la hora de ser fuerza de choque en una sociedad que ansía un bienestar egoísta, no universalizado. Asomarse al abismo de esta crisis desde lados reflexivos, no únicamente desde una información de "titulares de telediario". Construir la reflexión comunitaria que derive en tomas de postura comunes.

•4)      Dolerse por las víctimas apoyándoles en su razón: Porque la tienen, por el hecho de ser víctimas. De salida, y si no hay más argumentos, ponerse en la orilla de los débiles. No temer ser "abogados de pobres", de causas perdidas. Con una visión de futuro y de fe, no son causas tan perdidas. No crear estilos de vida que necesitan esclavos y que, además, pretendemos que nos agradezcan el trabajo que les damos (o que les quitamos cuando las cosas no van  bien). Situarse en modos justos y generosos con nuestro personal contratado, tanto en el trato personal como en el económico.

•5)      Redescubrir una ascesis por razones de humanidad y de justicia: Ya que no es de recibo pretender disponer de nuestros bienes a nuestro único antojo. Algo tienen que decir los pobres sobre ellos (ellos los han "producido" en parte). De alguna forma hay que atajar esta congestión de bienestar que nos afecta. Un ahorro no solamente para activar la productividad, sino por razones de justicia. Para ello es preciso percibir que la lógica económica se introduce en nuestros hábitos cotidianos con el cálculo del coste-beneficio restándonos sensibilidad espiritual. Hay que darse cuenta de que la sociedad de consumo y la civilización del ocio nos hacen la vida más fácil, ponen a nuestro alcance todo lo necesario, pero nos traen una sobreestimulación del deseo. La cultura del "usar y tirar" puede sembrar en nosotros/as un fuerte desconcierto. La austeridad no es solamente una virtud, es una cultura. La cultura de un uso inteligente de los recursos y medios para que la solidaridad, la igualdad de oportunidades y la justicia vayan siendo realidades en nuestro mundo.

•6)      Revisión de nuestros comportamientos económicos: Desde la honradez con lo real, pero con decisión. Si no, todo se nos va en palabras. La VR está embarcada en esta empresa desde hace tiempo, pero el camino por recorrer es largo, ya que las prácticas heredadas no son de solidaridad y gratuidad, sino de un notable egoísmo institucional e incluso personal. Por razones evangélicas, tendríamos que haber sido profesionales de la gratuidad y la generosidad, más que de la pobreza. El gran escándalo que la VR sigue dando no es su acumulación de bienes, sino los porqués de tal acumulación. La gente desvela en esos porqués el simple afán de lucro. Y eso, en la medida en que lo es, resulta una siembra de sal sobre la senda del reino, del seguimiento de Jesús. la decisividad de este asunto es clara: una estructura económica que se compagina difícilmente con los planteamientos de Jesús termina volviéndose contra nosotros. Hay quien en la VR piensa que habríamos de funcionar como empresas, que eso es lo que somos. Renunciar a maneras distintas, no empresariales sino altamente fraternas, es recortar el horizonte de la VR hasta los límites del sinsentido.

•7)      Asear las cloacas de la gran sociedad industrial: El dinero sumergido, el trabajo sumergido, los contratos basura, los sin contrato, los pluriempleos no declarados, las estafas a lo público. La mejor manera de asear todo esto es que afecten lo menos posibles al camino diario de nuestras comunidades. Mientras estos caminos oscuros no estén clarificados, hablar de plantar cara a esta crisis inhumana que nos sacude es hablar del sexo de los ángeles. La VR es muy celosa de su intimidad, sobre todo cuando ésta no es presentable. Habría que abrir las ventanas para ver que el bosque de la solidaridad reverdece, que la primavera de la justicia está aguardando.

•8)      No pretender que saneen nuestra economía maltrecha los pobres: No desecharlos como cacharros inútiles ahora que hay menos trabajo. Tratar de ser solidarios con ellos en formas más justas. A la VR le es necesario establecer con los pobres un tipo de relación menor, aquella que trata al otro, más allá de sus pobrezas, con el mismo respeto y atención que merecen toda persona. Por lo tanto, habrá de erradicar de su actividad social la condicionalidad, la superioridad, el menosprecio. Si no, el pobre morderá la mano que le da el pan. Para el logro de este anhelo tal vez haya que empezar por escuchar sus justas demandas y sintonizar su onda de vida. La acción podrá venir después y será más coordinada con sus anhelos y necesidades reales.

•9)      Anhelar una "civilización de la pobreza": Porque ya hemos visto a qué nos ha llevado la de la riqueza. I. Ellacuría definió así la "civilización de la pobreza": "Una civilización...donde la pobreza ya no sería la privación de lo necesario y fundamental debido a la acción histórica de grupos o clases sociales y naciones o conjunto de naciones, sino un estado universal de cosas en que está garantizada la satisfacción de las necesidades fundamentales, la libertad de las opciones personales y un ámbito de creatividad personal y comunitaria que permita la aparición de nuevas formas de vida y cultura, nuevas relaciones con la naturaleza, con los demás hombres, consigo mismo y con Dios" (El reino de Dios y el paro en el tercer mundo, en  Concilium 180 (1982) p.595). Un anhelo así le es demandado a la VR por causa de su componente fraterno.

•10)  Otra sensibilidad: Ya que  antes que medidas concretas, quizá haya que adquirir una sensibilidad distinta, un ponerse en un lado de la vida, unos deseos diferentes de los tenidos hasta ahora. No basta con cambiar la mente, las ideas; hay que descender a la conversión de los hábitos, de los modos de valorar, de desear, hasta la conversión de la sensibilidad. Lo que acabamos amando y nos acaba organizando la vida es lo que deseamos con las tripas y lo que aceptan nuestros sentidos: ahí está la importancia de la educación de la sensibilidad y del deseo. Lo evangélico tiene que gustarnos de verdad, pues al final es la sensibilidad la que elige.

 

Conclusiones:

 

            Para terminar condensamos lo dicho en cuatro buenos deseos para la VR. Que el anhelo nos mantenga abiertos en esta situación de encrucijada, que moldee nuestra sensibilidad:

  • Que el dolor no nos sea indiferente: Como canta la hermosa canción de León Greco. Que la VR no pase dando un rodeo a los grandes sufrimientos de la humanidad, que le conmuevan las lágrimas de los pobres, que haga suyas las situaciones de la pobrezas, que ampare y abrace a quien camina en profunda soledad, que se vuelque con fidelidad a las necesidades más hondas, que toque las llagas de la vida para curarlas.
  • Que anhelemos otra manera de vivir: Una manera que rechace la razón cínica que decía que no había fondos para cumplir los Objetivos del Milenio o condonar la deuda externa. Que también supere la razón indolente que renuncia a su mayoría de edad y no se atreve a pensar autocráticamente y con reflexividad; que entiende este mundo como fatal y necesario sin atreverse a abandonar los viejos mapas y a dibujar otros cuyas distorsiones de la realidad sean menos arbitrarias e inhumanas. Una manera de vivir que aproveche la experiencia vivida para ejercer la razón crítica, que es la que nos posibilita ejercer de seres humanos libres y responsables.
  • Que soñemos con otra dirección: La de una alternativa "con menos y de otro modo, podemos vivir todos", cosa que pase por un pacto social que asegure la dignidad ciudadana de los excluidos por la crisis y ponga sobre la mesa los esfuerzos productivos que cada sector debe hacer. Y esto, sin denuncia de la realidad no será posible. Nadie cede nada en situaciones de crisis, si no hay denuncia de la realidad, presión popular y pacto democrático. La VR ha de mostrar con su estilo de vida que con menos y de otro modo hay para todos.
  • Que nunca renunciemos a nuestros sueños de un futuro distinto: "Todavía cantamos, todavía soñamos", dice la canción de Víctor Heredia. Nos atenemos a la palabra de Jesús: "Fuego he venido a traer a la tierra; y qué puedo querer sino que arda" (Lc 12,49). No es el fuego de la destrucción, sino el del anhelo por la justicia. En ese fuego habría de arder la VR. Si este fuego se apagara, moriría también la llama que alumbra el corazón de la vida comunitaria. Mientras haya soñadores/as que sueñen en común, un futuro de humanidad es posible.

 

Breve bibliografía:

 

  1. Iglesia vida. Revista de pensamiento cristiano, nº 236: ¿Un nuevo capitalismo? (monográfico sobre la crisis económica), Valencia 2008.
  2. COMISIÓN PERMANENTE HOAC, Reflexión sobre la crisis económica,  Madrid, noviembre de 2008.
  3. A. FERNÁNDEZ DE LOS RÍOS, La crisis financiera: su impacto y la respuesta de las autoridades, Ed. Ediciones Empresa Global, Madrid 2009.
  4. G.SALA, Panfleto contra la estupidez humana, Ed. Laetoli, Pamplona 2007.
  5. Para más información: www.centroellacuria.org; www.ttac.es; www.choice.org/bw2/index2.html.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

(Logroño)

 

 

 

 

 

 

Juan 8

CVJ

Domingo, 29 de marzo de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

8. Jn 2,13-22

 

Introducción:

 

                ¿Cuidamos bien a nuestro cuerpo?  Es una de las preguntas que se hacen muchas personas inquietas por los derroteros humanos en esta sociedad nuestra. Vistas las ingentes sumas que gastamos en dietas, gimnasios, tratamientos de belleza, etc., podría responderse que sí nos cuidamos bien. Pero todo eso con frecuencia es producto de una perspectiva distorsionada de lo físico, del valor de la presencia, de la esclavitud de modas que, a veces, tienen poco de racionales y de humanas. Cuidar bien al cuerpo supone una mirada ajustada sobre la realidad física, sobre la historia, para no creer que lo corporal es lo único; hay debajo otros valores. Supone también una mirada solidaria con las personas para no dispendiar lo que, de algún modo, pertenece a otros/as. Supone también una mirada benigna sobre nuestra realidad limitada, para no endiosarla, para no hacerla centro de lo que no es.

                Es que, más allá de la anécdota histórica de la expulsión de los mercaderes del Templo, se esboza aquí una espiritualidad hermosa sobre el cuerpo de Jesús, sobre nuestra realidad corporal. Dice Juan que el cuerpo de Jesús, su corporalidad, su historia toda, es un "santuario", algo donde se revela el amor del Padre volcado a nosotros/as. No es solamente una realidad física, sino una referente del Espíritu. Por eso, como dice un escritor francés, "nunca Occidente estuvo más lejos del Espíritu que cuando abandonó el cuerpo". Abandonar el cuerpo, la historia, es dejar de lado el mejor lugar de encuentro con el Dios de Jesús volcado a ella. Considerar la corporalidad como un mero accidente de lo humano es cerrarse al mejor ámbito de percepción del Dios que nos ama. Una espiritualidad tal es la que habría de llevarnos a ser considerados, amables, justos y benignos con toda realidad corporal, sobre todo con los cuerpos más heridos y sufrientes.

 

***

 

Texto:

 

                13Estaba cerca la Pascua de los Judíos y Jesús subió a Jerusalén.

                14Encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas instalados. 15Haciendo como un azote de cuerdas, a todos los echó del templo, lo mismo a las ovejas que a los bueyes; a los cambistas les desparramó las monedas y les volcó las mesas 16y a los que vendían palomas les dijo:

                -Quitad eso de ahí: no convirtáis la casa de mi Padre en una casa de negocios.

                17Se acordaron sus discípulos de que estaba escrito: "La pasión por tu casa me consumirá" (Is 69,10).

                18Respondieron entonces los dirigentes judíos, diciéndole:

                -¿Qué señal nos presentas para hacer estas cosas?

                19Les replicó Jesús:

                -Suprimid este santuario y en tres días lo levantaré.

                20Repusieron los dirigentes:

                -Cuarenta y seis años ha costado construir este santuario, y ¿tú vas a levantarlo en tres días?

                21Pero él se refería al santuario de su cuerpo.

                22Así, cuando se levantó de la muerte se acordaron sus discípulos de que había dicho esto y dieron fe a aquel pasaje y al dicho que había pronunciado Jesús.

 

***

 

 

 

Ventana abierta:

 

                Este es el famoso detalle de los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina que representa el momento de la creación. Es una metáfora de la espiritualidad sobre el cuerpo: dos manos que se apuntan, se indican, se relacionan, pero que no llegan a tocarse. Se quiere decir que la historia, la corporalidad viene del amor creador del Padre, pero Dios no es como nuestro cuerpo. Se mantiene el viejo concepto de trascendencia. El Evangelio va por otro lado: procedemos de Dios, y éste se mezcla a nuestra corporalidad, la abraza, se mezcla a ella, arriesga con ella, se "humaniza" con ella. Algo de eso indica la encarnación de Jesús, su ser revelación del Padre en realización de la persona.

                Oramos: Gracias, Señor, por abrazar nuestra historia; gracias por darnos el cuerpo de Jesús, su persona toda; gracias por amar nuestros cuerpos que has creado.

 

***

 

La mirada de Jesús:

               

                Una mirada posada sobre su propia realidad histórica. Una mirada profunda que le hace ver su cuerpo, su persona, como santuario, como sacramento de encuentro de Dios con lo humano. Una mirada creyente, profunda, benigna, agradecida al Dios que le ha dado la corporeidad. Una mirada compasiva incluso con un cuerpo que ejerce también su "tiranía" sobre él mismo. Una mirada sobre los otros cuerpos, los de las personas más débiles, a quienes se volcará con ahínco, verdaderos santuarios donde Dios se revela.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por tu mirada profunda y creyente sobre tu corporeidad; te bendecimos por la ternura con que has mirado tu cuerpo sometido a debilidad; te damos gracias por haber mirado con humanidad los cuerpos de los débiles con quienes te topaste.

 

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Apuntando a lo profundo:

 

                El mercado del templo, más allá de su aspecto de negocio turbio, es una ofensa a la corporeidad de los pobres. Allí, en efecto, solamente podían vender las familias sacerdotales ricas. Los pobres tenían vedado su acceso. Por eso la mirada de Jesús sobre ese mercado injusto y maltratador de los pobres es doliente y airada. Desvela el fondo de lo humano, nuestra capacidad de inhumanidad con los cuerpos de los pobres. Por eso, quien entiende la espiritualidad del cuerpo-santuario que el Evangelio de Juan propone tiene mucho cuidado en no conculcar la suerte de los pobres; vierte una mirada de amparo y de respeto a las corporeidades que velan los valores más profundos de la dignidad humana.

                Oramos: Que valoremos la dignidad oculta en los cuerpos de los débiles; que creamos en los valores de fondo de toda persona; que respetemos delicadamente a los cuerpos más desprotegidos.

 

***

 

Apoyo cotidiano:

 

                El texto dice que los discípulos se acordaron de esta espiritualidad "cuando se levantó de la muerte". Al menos entonces. En esa época estamos nosotros/as. Por eso, todo lo que hagamos por respetar, amar, interesarnos, ayudar a  los "cuerpos", a las personas de nuestra comunidad virtual es volver a recordar de manera efectiva la espiritualidad del cuerpo-santuario que Jesús nos ha querido ofrecer. En esta tarea, cualquier detalle es valioso.

                Oramos: Que nos ayudemos a valorar nuestros caminos de vida; que nos respetemos en nuestras incoherencias y caminos extraños; que abracemos nuestros cuerpos, nuestra vida, con el abrazo más cálido del amor.

 

***

 

Para orar:

 

Tu cuerpo es preciosa lámpara

llagado y resucitado,

tu cuerpo es la luz del mundo,

nuestra casa tu costado.

 

Tu cuerpo es ramo de abril

y blanca flor del espino,

y el fruto que nadie sabe

tras la flor eres tú mismo.

 

Tu cuerpo es salud sin fin

sano sin daño de días;

para el que busca vivir

es la raíz de la vida.

 

Tu cuerpo es lazo de amores,

de Dios y del hombre atadura;

amor que a tu cuerpo acude

como tu cuerpo perdura.

 

Tu cuerpo es surco de penas,

hoy es de luz y rocío;

que lo vean los que lloran

con ojos enrojecidos.

 

Tu cuerpo es espiritual,

es la Iglesia congregada,

tan fuerte como tu cruz,

tan bello como tu Pascua.

 

Rufino Grandez

 

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¡FELIZ PASCUA DE JESÚS!

 

 

 

 

 

Pablo y Francisco

Arciprestazgo Oeste

Logroño 16-18/3-09

 

 

EL ANUNCIO DE UN NUEVO AMANECER

San Pablo y San Francisco

 

                Estamos en el año de san Pablo (conmemoración del bimilenario de su nacimiento). Años del Sínodo, año de la Palabra. Vamos a volver de nuevo a los textos paulinos. Y también a Francisco, que tanto ha apreciado los escritos de Pablo. Pablo tuvo aquel ideal de anunciar "un nuevo amanecer" (Hech 26,23). Francisco fue "una luz entre la niebla" (LM 1). Los dos son lámpara para nuestros pasos de hoy.

 

1. El nuevo amanecer de la comunidad

(1 Corintios)

 

  • Cuando el poeta F. Brines se pregunta cuál es la causa de su amor por la persona que ha querido, él mismo responde: "La verdad de mi amor sabedla ahora: la materia y el soplo se unieron en su vida como la luz que posa en el espejo (era pequeña luz, espejo diminuto); era azarosa creación perfecta. Un ser en orden crecía junto a mí, y mi desorden serenaba. Amé su limitada perfección" (Poesía completa, p.180). Lo común es una realidad de "limitada perfección". Amar lo común, una prueba de verdadera humanidad.
  • Este domingo, el diario El País publicaba una entrevista al experto en pensamiento creativo Edwar de Bono que se dedica a dar cursos a empresarios y ejecutivos. El artículo se titula "¿Todavía no ha cambiado de paradigma?". Cuando el periodista le pregunta a qué se refiere cuando habla de cambio de paradigma, él responde textualmente: "Ahora mismo, el gran reto que exige el mundo es que la humanidad cambie de paradigma, es decir, que cambie nuestra manera de ver y de interactuar con la realidad, aprendiendo a diseñar el futuro en consonancia con nuestros verdaderos valores y necesidades humanas. No podemos seguir funcionando desde nuestro egoísmo y egocentrismo. Es hora de funcionar desde el "nosotros", desde la cooperación y el altruismo, a partir de lo que podemos crear verdadero sentido a nuestra existencia".
  • Queremos hablar hoy del valor de lo común como algo que engloba a lo individual y, por ello, una realidad que mantiene una indudable primacía, por encima de comportamientos personales.

 

1. La pasión por la comunidad en Pablo:

 

  • Es su pasión mayor (las otras dos, Jesús y la oferta del Mensaje). Algo de esto lo aprendió en las comunidades de Corinto. No ha sido fácil el proceso ni la relación con ellas. Pero ha triunfado el amor. Quizá ahí aprendió algo de lo que hizo el centro de su vida, de lo que nunca se apeó: que la experiencia cristiana se vive en el marco de la comunidad, que fuera de ella se agosta y pierde su sentido. Como decimos, jamás se desbancó de esta certeza. Según Hechos, Pablo llegó a Corinto tras el fracaso del discurso en el mercado de Atenas (Hech 2,3). Predicó con fervor de primer misionero cristiano en esa comunidad durante mucho tiempo, incluso con la ayuda de Silas y Timoteo. Los frutos inicialmente fueron pocos. Cuando se decidió a despegarse de los judíos y lanzarse con decisión al mundo pagano es cuando el Mensaje comenzó a florecer. Año y medio de trabajo en ambiente no fácil: "En griego koiné, el verbo korinthiazein, ‘vivir como un corintio', llegó a significar ‘llevar una vida licenciosa', al paso que la expresión koré korinthé, ‘doncella corintia' era un eufemismo para designar a las prostitutas" (R. Brown, Comentario san Jerónimo, NT IV, p.10; Hech 18,11). Pero aquellas comunidades, con todos sus fallos, llegaron a anidar en el corazón de Pablo. Amó, sí, su limitada perfección.
  • ¿Puede interesar algo de esto al lector de hoy? Si es lector creyente, con toda seguridad porque él sabe que el marco de la comunidad es el marco más propicio para la experiencia cristiana. Por eso, todo lo que sea ahondar en la dinámica comunitaria de la mano de un experto como es Pablo de Tarso no puede traducirse más que en beneficios. Y para el lector no creyente también puede ser de interés porque la construcción de la comunidad humana no tiene una mecánica diversa que la que activa la comunidad cristiana. El denominador común de ambas es lo comunitario y ahí puede Pablo aportar algo. Más aún, la nuestra es una era de globalización, de comunidad internacional, de relaciones entreveradas a gran nivel. En la construcción de tal comunidad se halla, quizá, el futuro de lo humano, Bien dice L. González Carvajal que "ahora es cuando ha comenzado la verdadera historia universal", en esta época de globalización que, al parecer, no tiene retorno. Toda espiritualidad que contribuya a afianzar y desarrollar el componente comunitario de lo humano, será bienvenida.

 

3. El ideal de comunidad para Pablo:

 

  • Ese ideal no es otro que una buena relación, una relación en creciente amor, en cohesión profunda, en vivencia unificada, en corazones que laten en ritmos acordados. La comunidad cristiana no es, a la base, una organización religiosa, sino un grupo de personas que han descubierto las posibilidades del amor vivido en grupo. Por eso no extraña que el ideal de una comunidad que se ama es, para Pablo, el horizonte al que habría de tender cualquier grupo cristiano.
  • Comienza Pablo haciendo ver el valor que supone la diversidad, más allá del problema que plantea el ser radicalmente distintos. Lo hace describiendo la variedad de dones, de carismas, de maneras de ser que se concitan en una comunidad. Él cree que hay algo que aglutina esa diversidad y le quita el veneno del individualismo. Esa realidad es la que llama Espíritu: "Los dones son variados, pero el Espíritu el mismo" (12,4). ¿A qué Espíritu se refiere? Evidentemente al de Jesús: un espíritu para la dicha humana, para el consuelo, para la dignidad, para el bien común antes que para el provecho exclusivo. "La manifestación particular del Espíritu se le da a cada uno para el bien común" (12,7). De ahí que para calibrar si la diversidad se va integrando en el marco comunitario, lo que hay que medir es la manera como se vive esa diversidad: ¿se vive en la orientación de Jesús? Estamos en su espíritu. ¿Se vive para sacar algún beneficio particular? Es algo cuestionable.
  • Es normal, pues, que Pablo crea que la diversidad no impide la verdadera cohesión. La metáfora del cuerpo humano le sirve para expresar su pensamiento: las partes deben estar interrelacionadas para que funcione el mecanismo; todas las partes son necesarias; un Espíritu anima ese mecanismo. Por eso, queda cuestionada la rivalidad de una parte contra otra o el simple desentendimiento: "No puede el ojo decirle a la mano: ‘no me haces falta', ni la cabeza a los pies: ‘no me hacéis falta'" (12,21). Esta saludable interrelación de lo diverso está sostenida por el afán amoroso de Dios de que la historia funcione en los parámetros de la fraternidad y del mismo amor: "Dios combinó las partes del cuerpo...Dios ha establecido" (12,24b.28a). Dios es el más interesado en que esto funcione, su verdadero garante. ¿Cómo dudar de la posibilidad de integrar lo diverso?
  • De aquí que a la comunidad se le proponga, lisa y llanamente, el ideal del amor como paradigma comunitario: 13,1-13. Con todo su valor, los dones son secundarios; si no hay amor, los dones y los heroísmos están vacíos. Para Pablo es una certeza irrebatible que "el amor no falla nunca" (13,8a). El amor comunitario es la prueba de la adultez humana y creyente. Por eso, por encima de la fe y de la esperanza, "la más valiosa es el amor" (13,13b). Más aún: la verdadera dicha, el verdadero cielo, será cuando veamos cómo Dios nos ha comprendido, ya que su comprensión es una comprensión de amor. "Ahora conozco limitadamente, entonces comprenderé como Dios me ha comprendido" (13,12b). Es decir, en la plenitud se tendrá una visión desde la perspectiva del amor. Esa visión hay que empezar a trabajarla justamente en el hoy de la comunidad. El amor fraterno adelanta la verdadera plenitud a la que está destinada la historia.

 

4.  San Francisco: 1 Cor 11,29: "Porque el que come y bebe sin apreciar el cuerpo, se come y bebe su propia sentencia".

 

Las cartas a los Corintios han dejado catorce empleos, sobre todo en 1R y en la CtaO. En esta última, en el v.19, hace una aplicación de aquel famoso dicho de Pablo de comer el cuerpo haciendo necesario discernimiento. Es interesante ver que Francisco no hace una interpretación moralista y penitencial, sino evangélica y existencial. Es decir: la manera cuestionable de comer el cuerpo no es tanto no estar en gracia de Dios, sino más bien llevar un tipo de vida que no se compagina con los criterios del Evangelio. Lo que invalida la cena del Señor es, en definitiva, la vida injusta e inhumana. Algo de esto parece querer decir Francisco, planteando con novedad el tema de la relación entre justicia y eucaristía.

Esta una relación que todavía se mantiene en tensión. Castillo escribe: "El hecho de la comunidad de los creyentes es el constitutivo esencial del signo sacramental que es la eucaristía. Este signo implica la presencia real de Cristo en las especies del pan y del vino. Esta presencia expresa la entrega de Cristo, muerto y resucitado, a la comunidad. Entrega que se realiza mediante el signo de la comida compartida, en la solidaridad, el amor y el servicio. Por consiguiente, se puede afirmar que donde falta cualquiera de estos elementos no hay eucaristía.

Ahora bien, es evidente que la injusticia y el atropello de los derechos fundamentales de la persona es el atentado más directo que se puede hacer a la comunión entre los hombres. En consecuencia, se puede decir que donde no hay justicia no hay eucaristía. Lo cual no quiere decir que la eucaristía no se puede celebrar mientras no exista una situación de justicia plenamente lograda. Si así fuera, quizás nunca se podría celebrar la eucaristía, habida cuenta de la compleja situación de injusticia que implica nuestra sociedad. Lo que con eso se trata de afirmar es que la eucaristía sólo es celebrada por creyentes que se comprometen seriamente en el empeño por lograr una sociedad más justa y más humana. Y, en cualquier caso, se trata de comprender que requiere el ser celebrada por una verdadera comunidad de creyentes que superan sus diferencias y divisiones y que están dispuestos a compartir lo que son y lo que tienen".

 

5. Conclusión

 

No podemos hacer depender el valor de lo comunitario de la buena prensa que tenga ni de la práctica generalizada o no. Es preciso vivir y percibir el gozo de lo común antes que sus indudables precios. Las prácticas de lo común influyen decisivamente en los comportamientos personales. La construcción de lo común es ideal humano de rango mayor.

 

2. El nuevo amanecer de la bondad

(Filipenses)

 

Viendo ciertas actuaciones humanas, heroicas algunas, humildes otras, más de una vez se pregunta uno por las raíces de la bondad. Lo expresa muy bien el poema de G.Benn: "He encontrado a personas que, con los padres y cuatro hermanos en una sola habitación, crecieron, y de noche, con los dedos en los oídos, aprendieron en el fogón, se elevaron, exteriormente bellas, y señoriales como condesas, e interiormente suaves y diligentes como Nausicaa, y tenían la frente pura de los ángeles. Me he preguntado muchas veces, sin encontrar respuesta, de dónde viene lo suave y lo bueno, tampoco hoy lo sé y ya me tengo que marchar" (Cf G.Martín Garzo, El hilo azul, p.74-75). No sabemos porqué existen personas que, independientemente de sus circunstancias, logran vivir una vida buena. Su carácter permanece suave y sin aristas. Ni la maldad ni la miseria logran abatirlos. Estos individuos excepcionales, difíciles de encontrar pero que pueden aparecer tras doblar cualquier esquina, son sabios precisamente porque son buenos, porque aprecian la belleza del mundo y se conducen en él con suavidad.

 

1. Pablo y la comunidad de Filipos:

 

                La de Filipenses quizá sea su última carta, escrita en la prisión de Roma hacia el 61, después de lo cual se pierde el rastro del apóstol. Otros hablan de la prisión de Éfeso, con lo que sería anterior al 55.  La relación de Pablo con la comunidad de Filipos fue un amor a primera vista. Llegó a esta ciudad, mayoritariamente pagana en su segundo viaje. La presencia de judía era escasa y pobre. Por no tener, no disponían ni de un lugar de oración; se reunían a la orilla del río (Hech 16,13). Pero Pablo se sintió en aquella pobreza con libertad. Habló desde el corazón y el Mensaje tocó el corazón de alguna mujer de aquellas, como Lidia (Hech 13,15). Fue el comienzo de una gran amistad, como suele decirse. Una amistad nunca defraudada y varias veces corroborada en los momentos de dura necesidad que sufrió Pablo. Seguramente que en la soledad de su prisión él también se preguntaba por el origen de esta bondad.

                La carta no teoriza sobre la bondad: la percibe, la aprecia, la agradece y, quizá sin pretenderlo, da con el núcleo creyente y humano de la misma: para Pablo la bondad radica en la entrega de Jesús. Él es el ideal de persona bondadosa con la historia hasta límites de total entrega. Construye así Pablo toda una valoración de Jesús y de la comunidad cristiana desde el lado de la bondad. Y precisamente por ello, sus hallazgos y experiencias son aplicables a toda persona bondadosa, ya que la bondad radica en los pliegues del alma, no en las diferentes ideologías. Pablo conecta con el ideal machadiano de bondad: "bueno en el buen sentido de la palabra". Dentro de su modestia, este es un ideal de altísimo vuelo en el camino humano. No se trata de retroceder hasta la bondad originaria porque la bondad está al final, no al principio. Se trata de caminar en la dirección que el ideal de bondad, sembrado en el núcleo de la historia, va marcando a la persona.

 

2. Lo central: la bondad de Cristo:

 

Es el núcleo espiritual, y aun teológico, de la carta, el conocido himno cristológico de Filp 2,6-11. La motivación del himno es clara: la comunidad de Filipos es bondadosa y solidaria, pero tiene sus debilidades, como humana que es. Y una de ellas, muy común por otra parte, es que existen indicios de división en la comunidad. Los remedios que da Pablo para atajar esta desviación son los de siempre: a) correcta autoestima para no ponerse ni por encima ni por debajo de los demás: "en vez de obrar por egoísmo o presunción, cada cual considere humildemente que los otros son superiores" (2,3); b) mirada distinta a la realidad del otro, a su sufrimiento, a sus anhelos, saliendo de ese círculo cerrado que es la mirada exclusiva a uno mismo: "y nadie mire únicamente por lo suyo, sino también por cada uno de los demás" (2,4).

                Por si esto no bastara, propone Pablo su argumento final: "la actitud del Mesías Jesús" (2,5b). Con un visión un tanto trascendentalista, como no podía ser menos en Pablo (Cristo estaba en la condición de Dios-se despoja voluntariamente-el Padre lo exalta) explica cómo Jesús entra en el fondo de la vida por su solidaridad con lo débil, sin querer aferrarse, como Adán (Gen 3,5) a la "categoría de Dios" (2,6b). Por vía de la adhesión a lo débil sin vanas pretensiones adámicas, "se abajó obedeciendo hasta la muerte y una muerte de cruz" (2,8), el Padre lo ha exaltado: "Dios lo encumbró sobre todo" (2,9). Esto habría de ser suficiente para frenar cualquier conato de división o actuación por propio interés en la comunidad de Filipos.

                Pero nosotros lo leemos desde la perspectiva de la bondad. Según este texto, la bondad no viene de arriba, de Dios, sino de un "simple hombre" (2,7c), del fondo mismo de la historia. Por eso mismo, la bondad pertenece a lo humano, aunque sean también los humanos quienes conculquen esa bondad. La percepción de que la bondad pertenece a la vida se verifica en la medida en que los humanos se vuelquen al débil, como lo ha hecho Jesús en maneras de hondísima solidaridad, en "condición de esclavo" (2,7a). Más aún, esa es la única forma de entender en la historia al Dios bondadoso. El triunfo de Jesús es entonces la verificación de la bondad en el rostro de la historia, la certeza de su posesión en las limitaciones de la existencia, la seguridad de que el mal no tendrá la última palabra en el proceso de la historia y terminará "doblando su rodilla" (2,10a).

                Se encierra aquí todo un mecanismo espiritual que podemos concretar así: la bondad anida en la vida y brota en ella. Se verifica esta "verdad" en la solidaridad con el débil. Así se puede entender a Dios como aliado y hermano de la vida y también se puede mantener la fe en el triunfo de la vida por sobre la muerte y la maldad. Sin la bondad lo humano se oscurece. Jesús nos la hecho ver con su estilo de vida y le ha dado una forma de propuesta en el seguimiento.

                Este dinamismo no es una vana creencia sino una orientación de vida. Por eso, ha de ser continuamente actualizado: "seguid realizando vuestra salvación escrupulosamente" (2,12a) para no frustrar en la comunidad la obra de Dios, que no es sino la obra de la bondad: "es Dios quien activa en vosotros ese querer y ese actuar que sobrepasan la buena voluntad" (2,13). Efectivamente, no es cuestión meramente de buena voluntad, de un lirismo de salón. Creer en la bondad es una firme e implicante actitud ante la vida. La trayectoria histórica de Jesús anima a dar cara a semejante reto.

 

3. San Francisco: "Y guárdense de mostrarse tristes y exteriormente o hipócritamente ceñudos; muéstrense, más bien gozosos en el Señor, (Filp 4,4) y alegres y debidamente agradables".

 

                La carta a los Filipenses ha dejado en los escritos de san Francisco pequeña huella, pero interesante. Dos textos aluden al abajamiento de Jesús, a su misterio de obediencia al Padre (Adm 1,6 y CtaO 46) y un tercero, éste, hace relación al tema de la alegría, ya que Filipenses es un texto raramente hermoso sobre la alegría. Para Francisco la alegría es un componente básico de la fraternidad. Un hermano entristecido u hosco no ha entendido bien la relación fraterna ni el gozo de Jesús. De manera que la alegría es más que una simple cualidad de carácter: es un estado permanente de ánimo, una manera de situarse en la vida, una forma de entender la relación.

Basándonos en la obra de J. M. CASTILLO, Espiritualidad para insatisfechos,  Madrid 2007, pp.59-74: "Felicidad y alegría en la vida cristiana" decimos que al cristianismo le resulta más fácil hablar del sufrimiento que de la alegría. Si se suprimiera aquel y sus derivados, los teólogos irían al paro. Porque, según el dicho popular, todo lo bueno o engorda o es pecado, llegando a la conclusión de que lo que nos agrada a nosotros le desagrada a Dios. No se ha construido una teología del placer y de la alegría (con frecuencia ni está en los diccionarios teológicos esta clase de conceptos). Se puesto la felicidad en el otro mundo; el creyente se cansa de esperar. Jesús habla de la felicidad hoy (Mt 11,5; Lc 7,28). La reiteración del término makarios (50 veces) viene a decir que la reacción correcta ante la propuesta del reino es la dicha (Mt 13,44; Lc 19,6-10). Las bienaventuranzas son una propuesta de alegría para los excluidos de hoy. El abandono de esta orientación elemental ha llevado al cristianismo a una situación sin salida. ¿Por qué el pesimismo religioso? Porque la religión se ha unido a los estados de pobreza; con el bienestar, recede. No se ha sabido ver en la experiencia creyente una posibilidad de sentido que podría ser compatible con cualquier bienestar. La Iglesia ha tenido sus razones para insistir en el sufrimiento: ha vivido una pastoral del miedo, que es una forma sutil, pero profunda, de mantenerse en el poder sobre el otro, sobre su conciencia. No ha podido elaborar una espiritualidad de la felicidad, sino de cumplimiento de códigos. ¿Qué futuro tiene la experiencia cristiana? Si seguimos manteniendo que dicha y cristianismo hoy son poco compatibles, el futuro es poco. Alejarse de la espiritualidad del gozo es desfigurar lo que Jesús representa para la humanidad. Por eso, el futuro del cristianismo está ligado a un mensaje de felicidad y de bienaventuranza. Para lo cual: abandono del Dios violento; abandono de la ética de obligación sustituyéndola por la de necesidad; abandono de la espiritualidad del dolor y del sacrificio por la de la felicidad. Es preciso elaborar una mística de la felicidad: una felicidad que se construye, que apunta sobre todo a los otros, que no se impone sino que se contagia.

 

4. Conclusiones:

 

                Una fe bondadosa demanda una vida en bondad. Habría que llegar aun enfoque humanista y positivo de las situaciones de la vida desde una vivencia bondadosa de la fe. La oferta de un Dios de bondad sigue pendiente. Tendríamos que presentar el perfil de un Dios bondadoso en una comunidad de bondad. La alegría sigue siendo asignatura pendiente.

 

 

3. El nuevo amanecer de otro modo de vida

(Romanos)

 

Muchos movimientos humanos, tanto en sentido literal como existencial, han tenido y tienen como motor y dinamismo el imparable anhelo de otro estilo de vida. Las migraciones, los cambios sociales, los itinerarios personales, etc., buscan y creen que otra manera de vivir es posible. Estos movimientos desean un aire que no respiran sus pulmones, pero que creen que existe; rastrean la huella de otro camino que no andan, pero entienden que es posible dar con él; creen firmemente que hay para ellos un lugar en el mundo distinto al que habitan y se lanzan a su conquista. Estos profundos movimientos de la existencia están causados a la par, tanto por la insatisfacción de lo que se vive como por el anhelo de lo distinto entendido, claro está, como algo mejor.

 

1. San Pablo y la comunidad de Roma:

 

Romanos es el escrito más maduro y sosegado de las siete cartas auténticas de Pablo (Rom, 1 y 2 Cor, Gal, Filp, 1 Tes, Film) contiene en el subsuelo el gozo enorme de haber percibido que otro estilo de vida es posible por la rehabilitación efectuada en la muerte salvadora de Jesús. Cuando Pablo ha comprendido esto, cuando lo ha ido percibiendo porque es un proceso, su vida  ha quedado iluminada, reorientada. Sus más profundas paradojas e interrogantes personales, que Pablo no ha dejado de consignar a fuer de realista (Rom 7,14-25), han logrado encajar en el puzzle de su existencia.

Si el Pablo de Romanos se hubiera paseado por el Londres o Madrid de finales de octubre de 2008 y hubiera leído en algunos autobuses que recorren la ciudad el eslogan: "Es probable que Dios no exista. Ahora, deja de preocuparte y disfruta de la vida", probablemente habría retorcido el argumento. Quizá se habría dirigido a la escritora Ariane Serine como a quien se le ocurrió la idea y al escritor de fama Richard Dawkins mentor económico de la campaña: precisamente ése es el mensaje hondo de Jesús: la vida es el gran don a disfrutar y Jesús ha querido librarte de las enormes preocupaciones que lacran la existencia desde los albores de la humanidad. Es decir: el mensaje de Romanos o es liberador o no es nada. No es una carta religiosa con un mensaje para gente religiosa. Es un texto existencial, social incluso, con una palabra de ánimo para la persona, para la sociedad. La muerte y resurrección de Jesús contribuyen de manera decisiva a dar cuerpo al anhelo de otro estilo de vida, de un tipo de existencia nuevo, ya desde ahora.

Para muchas personas y colectivos que han experimentado fuertemente el anhelo de un estilo de vida distinto, la cruda realidad les ha hecho ver que su sueño era imposible. Y añadiendo una amargura más, definitiva, a su catálogo, han desistido ya de tal empeño. La carta a los Romanos, "el escrito más largo, mejor estructurado y con una inigualable riqueza y profundidad teológica de Pablo" (G. Barbaglio, Pablo de Tarso, p.176) leída también hoy, les anima a no dar por perdida la batalla, a no renunciar a su más profundo deseo, a mantenerse vigilantes y al acecho de esa aurora que anuncie como diría el mismo Pablo "un amanecer" (Hech 26,23), una nueva posibilidad que confirme que vivir en un estilo de vida nueva, satisfactoria, colmada, es, por imposible que parezca, una realidad al alcance de la mano ya desde ahora. Renunciar a estos grandes sueños, diría Pablo, no solamente es entenebrecer la existencia humana, sino abocarla a la ceguera. Dice E. Sábato: "No podemos olvidar que en estos viejos tiempos, ya gastados en sus valores, hay quienes nada creen, pero hay también multitudes de seres humanos que trabajan y siguen en la espera, como centinelas" (La resistencia, p.120). El texto paulino se constituye, hoy también, en medio de nosotros como un centinela que afirma con rotundidad que la espera de un nuevo estilo de vida, no es vana.

 

2. El núcleo de una nueva posibilidad:

 

Aquí viene la gran iluminación que Pablo ha tenido y que él quiere trasmitir a los creyentes de Roma, a cualquiera que, benignamente, se vuelque sobre las páginas de Romanos. No se puede dudar que el judaísmo antiguo era una religión muy espiritual que anhelaba el encuentro con Dios. Pero, percibida la limitación y el pecado que alejan al creyente de esa senda que va hacia Dios, el judaísmo, como toda religión, ha inventado un gran mecanismo corrector. Los judíos lo llamaban yom kippur, día del perdón. Los ritos pormenorizados de esta gran jornada penitencial vienen descritos en Lev 16. Se puede decir que, aun por encima de Rosh Hashana, es la fiesta que guardan todos los judíos, incluso quienes no son muy creyentes: "¿En qué consiste la apasionada observancia de una festividad que sigue ejerciendo su influjo sobre los judíos, aunque se trate de individuos que han perdido todos los vínculos con su pasado y su tradición?" (H.Wouck, Este es mi Dios,  p.85). Los pueblos antiguos utilizaban los pactos de sangre para firmar alianzas. Esa clase de firmas era inviolable. ¿Cómo renovar cada año la "firma" de la alianza que los días, y sus debilidades, amenazaban con hacer desaparecer? Aquí viene la ayuda del rito: el sumo sacerdote (único oficiante en el día del yom kippur) untaba con la sangre de un macho cabrío sacrificado la placa de oro que cubría el arca de la alianza, signo de la presencia de Dios en el templo. Es placa se llama kappôret,  en griego hilastêrion,  en castellano propiciatorio.  Uniendo la sangre de la víctima, el anhelo del perdón, con la placa, signo de la presencia de Dios, se pensaba que se volvía a renovar la alianza. Lo más frágil de este rito es que resulta preciso renovarlo constantemente, anualmente, sin llegar nunca a tener la seguridad total de que Dios aceptara ese tipo de pacto. Pero el anhelo de caminar en su senda hacía que se repitiera, fervientemente, cada año.

                Pues bien, Pablo ha vivido creyentemente tal rito anual. Y, en un momento dado, su interior se ha iluminado: ha comprendido que lo celebrado en el rito, en el anhelo, se daba históricamente, realmente, palpablemente, en la persona de Jesús. Dios ha venido en socorro de la estructura humana envuelta en imposibilidad existencial poniendo a Jesús como kappôret y como víctima: "Dios nos lo ha puesto delante como propiciatorio donde, por medio de la fe, se expían los pecados por su propia sangre" (3,25). En él se ha verificado el verdadero perdón de Dios; en él se ha renovado la alianza a perpetuidad; en él se tiene la seguridad de que el futuro puede ser patrimonio de los humanos, de la historia, y que el sueño de una vida nueva, enmarcada en la justicia, no es una fantasía, sino una posibilidad realmente a la mano. Esa es la "amnistía" (3,21) que Dios ha dado a la historia, "a todos sin distinción" (2,22b), amnistía por la que se borra hasta el historial delictivo, de tal manera que no queda rastro de culpa en el trasfondo de la existencia. Aquí la "generosidad de Dios" (2,24) no es un simple don, sino una reorientación de las bases de la historia. Este mecanismo de alianza definitiva funciona por la sangre, la existencia entregada de Jesús. Y el creyente lo vuelve a hacer funcionar no por un mecanismo ritual, sino "por medio de la fe" (2,25). La fe en el sueño de Dios, la justicia cumplida (no se trata de una fe religiosa), un comportamiento justo entronca con la justicia de Jesús y así, mediante ella, se reproduce el mecanismo salvífico: la historia está orientada y el anhelo de una vida nueva empieza a hacerse realidad.

                No ha de extrañar que este "descubrimiento" llenara de luz la vida de Pablo y la de otros muchos creyentes que han comprendido (desde Marción hasta Barth), igual que Pablo, que la entrega de Jesús activaba la posibilidad de construcción de una vida en justicia, una realidad nueva, una historia distinta. "La vida de Jesús es el lugar de la historia cualificado por Dios para la reconciliación, el lugar de la historia que Dios ha humillado y ensalzado con miras a la reconciliación: ‘Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo consigo' (2 Cor 5,19). El reino de Dios se ha aproximado en este lugar. Tanto se ha aproximado que se podría notar precisamente aquí su venida, su fuerza y significación redentora; tanto se ha aproximado que difícilmente se podría desconocer justo aquí que Dios habita entre los hijos de los hombres, que habla con ellos, que quiere llamar al mundo a la paz; tanto se ha aproximado que precisamente aquí la fe debería imponerse como una necesidad imperiosa" (K.Barth, Carta a los Romanos,  p.154). Pero no se trata de imponerse, sino de percibir simplemente que, con Jesús, el amor del Padre sella definitivamente su decisión de acompañar la existencia humana y de abrirle a posibilidades nuevas que, no por ignoradas, dejen de estar ahí. Más que de reconciliación, de pecado, de lo que se trata es de posibilidad, de amparo, de horizonte, de respiro.

 

3. San Francisco: Rom 8,6: "Los bajos instintos tienden a la muerte; el Espíritu, en cambio, a la vida y a la paz".

 

La obra de Pablo no estuvo totalmente ausente de los escritos franciscanos. De hecho, la carta a los Romanos se cita once veces. De esas citas, quizá la más interesante sea la que viene en 1R 17,9-16. Es un texto dirigido a los hermanos predicadores. Francisco cree que hay que tener en guardia a las palabras que no son apoyadas por las obras, tema frecuente de la espiritualidad. Él llama a este fenómeno "la prudencia de la carne", que sería lo que nosotros traducimos por "bajos instintos": es esa capacidad de la persona para lograr gloria propia a costa de lo más sagrado, de la misma Palabra de Dios que se predica. Por eso, el texto no habla tanto de la coherencia palabra-vida, que también, cuanto de ese mecanismo de apropiación de lo religioso con el que se pretende sacar algún beneficio.

 

Conclusión:

 

                Es preciso controlar el mecanismo religioso para que esté siempre al servicio de la vida y de la fe. La fe apunta a la dicha y a la liberación; se cree en la medida en que se libera. Ello lleva a la confirmación del valor de cualquier senda humana para acceder a Dios. Es preciso mantener siempre la utopía de la posibilidad de cambio y del valor de éste.

 

 

           

 

 

 

Ejercicios Semana Santa 2009

Fidel Aizpurúa Donazar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA GESTA DE JESÚS

Hacer el camino de Jesús que se entrega a la historia

(Notas para una semana de retiro)

Montiel, 5-12 de abril de 2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Logroño 2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Introducción:

 

  • La intención de esta semana de retiro es clara y elemental: Acompañar la Gesta Iesu,  la entrega de Jesús, su muerte y su resurrección. Hacerlo en el marco del silencio y la contemplación. Que entre en nosotros/as por vía de la espiritualidad, más que del raciocinio.
  • Para ello tomaremos los textos de la pasión del Evangelio de Juan que son textos para la contemplación, para el ahondamiento. Hay que leer siempre lo que hay detrás del relato. Desear no quedarse en la mera narración. Conectar con el fondo
  • Insistiremos en el valor del silencio, la oración y el tono contemplativo del retiro para que se nos hagan más presentes los acentos que el texto joánico quiere suscitar.
  • La celebración acompañará nuestro caminar y el centrarnos en ella nos unirá más al Mensaje.

 

 

Día 6 (mañana): El arresto de quien es salvador:

 

a) El texto: Jn 18,1-14:

 

18,1Dicho esto, Jesús salió con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. 2(También Judas, el traidor, conocía el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos).

3 Judas entonces, tomando la compañía y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas.

4Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó a él  y les dijo:

                -¿A quién buscáis?

                5Le contestaron:

                -A Jesús el Nazareno.

                Les dijo Jesús:

                -Yo soy

                (Estaba quieto también con ellos Judas, el traidor).

6Al decirles, entonces, "Yo soy", retrocedieron y cayeron a tierra.

7Les preguntó otra vez:

                -¿A quién buscáis?

                Ellos dijeron:

                -A Jesús el Nazareno

                8Replicó Jesús:

                -Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos.

                9Y así se cumplió lo que había dicho: "No he perdido a ninguno de los que me diste".

10Entonces, Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco.

11Dijo entonces Jesús a Pedro:

                -Mete la espada en la vaina. ¿El amargo trago que me ha dado mi Padre, no lo voy a beber?

12La patrulla, el tribuno y los guardias de las autoridades judías prendieron a Jesús, lo ataron 13y lo llevaron primero a Anás (porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año); 14era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: "Conviene que muera un solo hombre por el pueblo".

 

  • Los ojos de la carne veían un triste arresto, como todos; la fe "ve" a quien le salva. Mirar desde la fe; adorarlo como arrestado, aunque conserve toda su integridad.
  • El mal, personificado en Judas, entra en lucha con el bienhechor que es Jesús. Jesús en el torbellino del mal y del pecado. Como nosotros en todo. ¿Cómo puedo mantener viva su adhesión al Padre? Alabarle por ello.
  • Él es el revelador de Dios (soy yo, como en Ex 3,14), más que un simple arrestado. En su pobreza se desvela el amor entregado del Padre, su unión con lo nuestro, su amparo desde el amor que se da.
  • Se le venera (caen por tierra). Un arrestado, pero venerable; un pobre, pero digno de adoración. Adorar a un pobre que se nos entrega.
  • Jesús se ofrece sin que eso acarree pérdidas ni riesgos para el discipulado. Él ha cuidado hasta el final de los suyos. Su soledad es el rostro de su amor; la huída de los discípulos el de su debilidad. Nos protege en su desamparo, cuidado de nosotros/as en su noche oscura.
  • Es el último sumo sacerdote (corte de la oreja: según Ex 20,29 se hacía una incisión en la oreja del sumo sacerdote el día de su consagración), el definitivo, el último y definitivo rey (Malco significa "rey"). A pesar de su arresto, en Jesús hay una definitividad, una plenitud de la vida y de la historia. Es el hombre, la persona plenificada.
  • Aunque fuera un "maniatado", era quien reconstruía la historia. Era el libre que nos liberaba, el "siervo maniatado" (Is 53,7), libre en su entrega pobre.

 

b) Derivaciones:

 

  • Aprender a "leer" como por detrás. Contemplar con gozo hondo a ese Jesús que se entrega. Sentirse cerca.
  •  Jesús nos muestra el designio del Padre: que el amor envuelva la vida. Por eso la suya es una entrega que tiene como base el amor. Desde ahí solamente puede explicarse su "gesta", su "éxodo" en Jerusalén (Lc 9,31).
  • Su debilidad histórica no lo hace más venerable. Situarse más allá de la debilidad. Lo interesante está más allá. Dejarse deslumbrar por un Jesús que se entrega a fondo, que termina por aceptar el difícil designio del Padre.
  • Un Jesús que nunca ha querido pérdidas.  "No he perdido a los que me diste" (18,9); . "Así tampoco quiere vuestro Padre del cielo que se pierda uno de esos pequeños." (Mt 18,14). Sentirse amparado por el anhelo de Jesús y el Padre que nos quiere sin pérdidas.

 

c) Consecuencias:

 

  • Tener por cierto que el mal nunca tendrá la última palabra. Por muy fuerte que sea su influencia en nosotros/as, en la sociedad, el bien (al que está destinado nuestra vida y desde la que se entiende) triunfará. Hemos nacido naturalmente para entender y para querer.
  • La defensa del hermano como tarea fraterna de primer orden. Del mismo modo que Jesús nos defiende. Librar al hermano de cualquier "arresto", acompañarle si hace presa en él, en la limitación.
  • Captar que Dios se revela en nuestra historia pobre. Su pobreza no es obstáculo para que Dios se revela en ella. Hay detrás de lo que aparece la hermosura que atrae al mismo Dios.
  • Acercarse a los "maniatados" de la sociedad, a los arrestados, a quienes soportan más el peso de la vida. Sintonía con ese mundo duro de las pobrezas hasta intuir la "belleza", lo positivo, que anida en ellas.
  • Oponerse prácticamente a toda violencia. Más aún, irse apuntando a la no-violencia activa. Anhelar  un mundo, una familia, una Congregación, una Iglesia, una sociedad, sin violencia.

 

d) Oración:

 

  • Repasar el texto gustándolo.
  • Leer Is 53: cuarto canto del siervo.
  • Leer, pensar, en estos testimonios de personas arrestadas sin justicia, como Jesús, ponerse cerca de tantos...

 

El 26 de marzo de 1976, secuestrado de mi domicilio, encapuchado y maniatado, fui trasladado al Liceo Militar General Espejo, donde me mantuvieron por espacio de 15 días. Durante ese tiempo pasaron por ese lugar cerca de 500 detenidos." (Enrique Carmelo Durán, Legajo N° 5188). "Fui secuestrado junto a toda mi familia el 29 de marzo de 1976. Nos trasladaron a la Comisaría 25ª de Guaymallén, donde estuvimos toda la noche para ser trasladados al día siguiente al Palacio de Policía, donde permanecimos por 10 días en la sección D-2, De allí nos separaron. Yo fui al Liceo Militar General Espejo. En ese lugar estaban detenidas varias personalidades del gobierno constitucional destituido, periodistas, sindicalistas, etc. El trato era correcto, pero cuando nos llevaban a interrogar éramos encapuchados y se nos amenazaba con una bayoneta en el cuello" (José Vicente Nardi, Legajo N° 6834).

 

 

Día 6 (tarde): Nuestro mejor testigo:

 

a) El texto: Jn 18,15-27:

 

                15Simón Pedro y también otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, 16mientras Pedro se quedó fuera a la puerta.

Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro.

17La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:

                -¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?

                El le dijo:

                -No lo soy.

                18Estaban allí los criados y los guardias quienes habían encendido un fuego de carbón, porque hacía frío, y se calentaban. (También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose).

19El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. 20Jesús le contestó:

                -Yo he hablado abiertamente a todo el mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he hecho nada a escondidas. 21¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ahí los tienes; ellos saben lo que he dicho yo.

                22Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:

                -¿Así contestas al sumo sacerdote?

                23Jesús respondió:

                -Si he faltado en el hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?

                24Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

25Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:

                -¿No eres tú también de sus discípulos?

                Él lo negó diciendo:

                -No lo soy.

                26Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:

                -¿No te he visto yo con él en el huerto?

                27Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.

 

  • Una escena paradójica: Pedro, el libre, niega ser discípulo; Jesús, el maniatado, da testimonio de la doctrina y los discípulos. Escena en duro contraste. ¿Cómo pudo Pedro negar al que tanto le amaba? ¿Cómo pudo sucumbir a la coacción del ambiente? ¿Hasta dónde somos presos de nuestra debilidad? Pero Jesús no le retirará su apoyo ni las funciones de animador de la comunidad (Lc 22,32).
  • Mejor le hubiera ido sin discípulos (el grupo siempre era peligroso), pero nunca se desdijo de ellos. Aunque muchas veces fueron un entorpecimiento para su actividad misionera, no prescindió de ellos, nunca les recriminó nada, nunca los maltrató.
  • Jesús es un testigo íntegro, que nunca pierde los papeles, un testigo con el apoyo del Padre. Para Jn, Jesús es el testigo definitivo, el que nunca deja de decirrnos que lo nuestro tiene futuro, que el Padre nos ampara. Ni en las situaciones más adversas se apea de estas certezas.
  • Pedro niega su discipulado, su re-producir a Jesús; es la manera de negar lo más vivo de la adhesión. Se desdice del camino andado cuando sabe que ese camino ha sido para él amparo y vida. Capaces de desdecirnos de nuestras más hondas certezas. Ese es el rostro de nuestra debilidad.
  • Provisionalmente el gallo, canto de la tiniebla, triunfa. Pero su triunfo no será a perpetuidad.  Luego Jesús "saldrá cantando del sepulcro", como dice la himnodia.

 

b) Derivaciones:

 

  • Un Jesús siempre a favor de la persona; en él, nuestro mejor aliado, nuestro testigo fiel (Ap 1,5). Con él estamos seguros; bajo su amparo se pueden controlar los miedos. Mientras tengamos su amparo vamos seguros.
  • Más allá de los abandonos, Jesús sigue acompañando, testificando a nuestro favor. Nunca dejará de hacerlo por muchas que sea nuestras negaciones, nuestros días lejos de él.
  • La densidad de la fe se mide por un seguimiento que re-produce las prácticas de Jesús hoy. Si no se re-produce la senda de Jesús, si no se le sigue, en realidad nada se sabe de él. Necesitamos un seguimiento activado que defina la identidad cristiana.
  • Ha sonado la hora de un seguimiento activado. Es nuestro mayor problema y nuestra mayor posibilidad. La ilusión por el seguimiento es la que puede sacarnos de muchas de nuestras situaciones de cansancio y de rutina.
  • Los fracasos han de ser asumidos en un horizonte de posibilidad. No somos solamente nuestro fracaso; somos más, hay posibilidades. Jesús, en Jn, asume su fracaso sin desestabilizarse, sin perder su orientación básica. Ése es el ideal. "¿Qué es el éxito, qué el fracaso? La canción del pescador se sumerge en las aguas", reza un poema oriental. Sumergirse en las aguas no quiere decir que lleguemos a ahogarnos. Jesús nos ampara y nunca tolerará que el fracaso nos rompa.

 

c) Consecuencias:

 

  • Negaciones que no son dogmáticas, pero importantes (separación fe/vida). Negaciones de una fe viva, de una fraternidad jugosa, de una relación constructiva. Negaciones que juegan en nuestra contra. Es preciso caer lo menos posible en ellas.
  • El grupo humano, todo grupo, está hecho de debilidades y fortalezas. Saber que Jesús está con él habría de empujarnos a situarnos más en las fortalezas, en las posibilidades que en sus indudables pegas y limitaciones. Creer en el grupo es el rostro de la fe en el mismo Jesús. Él creyó en su grupo.
  • La fuerza para testimoniar: una experiencia viva de Jesús. De ahí puede venir. Si no, los embates de la vida, o el roer de la simple rutina de cada día harán su obra y nos impedirán un testimonio decidido a favor del hermano cuando aprieten las circunstancias difíciles.
  • Una fe "confesante", desde la experiencia, en un mundo secular. Más que desde la ideas, desde la experiencia, desde lo que uno/a vive, desde lo que elabora. Si es solamente cuestión de ideas, tiene poca eficacia en este mundo nuestro.
  • La fortaleza del testimonio creyente para recuperar el encanto de la vida fraterna. Por el testimonio positivo, cuidadoso, agradable, valorativo del hermano/a se puede ir entrando en ese mundo "encantador" de la relación, sin el cual dicha relación se convierte, con frecuencia, en un peso.

 

d) Oración:

 

  • Releer el texto con sus notas, subrayándolo.
  • Ver también Is 50,4-9, tercero de los cánticos del Siervo de Yahvéh.
  • Que nos ayude este texto de Casaldáliga:

 

Por causa de Tu causa me destrozo
como un navío, viejo de aventura,
pero arbolando ya el joven gozo
de quien corona fiel la singladura.
 
Fiel, fiel..., es un decir. El tiempo dura
y el puerto todavía es un esbozo
entre las brumas de esta Edad oscura
que anega el mar en sangre y en sollozo.
 
Siempre esperé Tu paz. No Te he negado,
aunque negué el amor de muchos modos
y zozobré teniéndote a mi lado.
 
No pagaré mis deudas; no me cobres.
Si no he sabido hallarte siempre en todos,
nunca dejé de amarte en los más pobres.

 

 

Día 7 (mañana): El malhechor-bienhechor:

 

a) El texto: Jn 18,28-32

 

                28Llevaron a Jesús de casa de Caifás al Pretorio. Era el amanecer y ellos no entraron en el Pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua.

29Salió Pilato, afuera, adonde estaban ellos y dijo:

                -¿Qué acusación presentáis contra este hombre?

                30Contestaron diciéndole:

                -Si este no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.

                31Pilato les dijo:

                -Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.

                Los judíos le dijeron:

                -No estamos autorizados para dar muerte a nadie.

32Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.         

 

  • Todo el juicio de Jesús en el ámbito civil. Juan se enfrenta al hondo dilema de la muerte de Jesús: ¿Por qué lo condenó una autoridad civil y a una pena tan terrible? El contexto hay que ponerlo en el todo de lo humano: todos tuvimos parte en esa condena, como todos tenemos parte en cualquier condena, por una razón o por otra. Esta "solidaridad en la condena" habría de hacernos más humildes, más fraternos/as.
  • No quieren contaminarse; ironía: no quieren contaminarse en casa de un pagano y empujan a la muerte. Son las paradojas en las que se mueve nuestra vida, no exentas de hipocresía. No es tan difícil que se nos perdone la debilidad, pero sí la hipocresía.
  • La acusación es más que moral, teológica: no es un "malhechor" porque no ha hecho sino el bien a la persona (siete signos a favor de la persona, toda su vida a favor de la persona). ¿Cómo pudieron acusarle de malhechor a quien más bien había hecho a la persona. "Pasó por la vida haciendo el bien" dice Hech 10,38. Y así era, por encima de acusaciones de maldad.
  • Mayor ironía: la Ley no permite matar y matan. Ellos que dicen amar la Ley, no cumplen su espíritu. El poder de los mecanismos religiosos para desplazar lo importante y hacer bandera de lo secundario.
  • No han entendido el programa del Reino, la posibilidad abierta ante ellos. El peso de la Ley fue insuperable. Al decir que era un malhechor están diciendo que no han entendido que la oferta del Reino estaba destinada no tanto a la religión, sino al bien de la persona. La acusación desvela su hondo desvarío.

 

b) Derivaciones:

 

  • Las incoherencias pueden velarnos el fondo de la experiencia de Jesús, aunque en realidad no podemos vernos libres de un cierto nivel de incoherencia. Pero todavía es peor el engaño, la hipocresía, el decir una cosa y, deliberadamente, hacer otra.
  • Acusar a Jesús de lo que nosotros no hacemos y nos toca hacer. Es otra manera de acusarlo. Así pensamos que nos eximimos de nuestra responsabilidad. En realidad, Jesús acompaña, anima y sostiene para que nosotros/as hagamos lo que debemos hacer. Él no nos suplanta. Acusarle de inoperancia es encubrir nuestra vagancia.
  • Entender la obra de la fe como un bien, humano, social y espiritual. Eso es lo que hace Jesús. bien a cada persona, bien al conjunto social, bien en el ámbito de lo espiritual. El efecto beneficioso de su vida no está circunscrito a un grupo, a una religión, a una Iglesia.
  • Trabajar para que el bien triunfe: decidirse a hacer el bien. Tener el bien, la bondad, por ideal mayor. Trabajar para que prácticamente el bien vaya avanzando, la bondad (que es el bien en acción) vaya copando más estratos en nuestra vida. Para ello, decidirse a hacer el bien. No solamente alabarlo, desearlo, rezar por su logro. Llegar a arremangarse en la tarea de construir la bondad cercana.
  • No estar sujetos a la norma en perjuicio del bien. Porque quizá necesitemos normas para poder convivir, pero si éstas ahogan al bien, no hemos hecho nada. Si entran en colisión normas y bien, el seguidor/a opta decididamente y con todas las consecuencias por el bien de la persona.
  • Peligros de los mecanismos religiosos por su capacidad para desviar lo importante de las cuestiones y situarse en terrenos muy relativos. Desde ahí, se vuelven peso para la persona. Tener controlados esos mecanismos para que sirvan al fin básico de la dicha de la persona y de la construcción de la fe.

 

c) Consecuencias:

 

  • Ponerse a hacer el bien en lo sencillo de cada día, sin exigir razones, si querer pasar siempre la factura, sin esperar siempre el aplauso. Las entregas no se pierden. Así piensa Jesús.
  • La persona como objetivo central del mismo Evangelio. Una realidad innegociable, por encima incluso de la misma realidad de Dios. El amor a la persona desvela la verdad del amor a Jesús y de nuestra adhesión al amor del Padre.
  • No temer la acusación del inhumano, justo precio a situaciones en que uno/a se decide a hacer el bien. Ensanchar las espaldas y el ánimo para que esa persecución haga la menor mella en nuestro interior, en nuestro corazón.
  • Renunciar a cualquier tipo de violencia, incluso en germen, en palabras, en gestos pequeños, en miradas... Renunciar a la violencia para que no brote nunca entre nosotros/as la "acusación de nuestros hermanos" (Ap 12,10).

 

d) Oración:

 

  • Releer pacientemente el texto.
  • Leer Jn 3,14; 8,28; 12,32ss.
  • Ora con este texto de Antonio Pérez Esclarín:

 

La plenitud humana sólo es posible en el encuentro. Uno se constituye en persona como ser de relaciones. Toda auténtica vida humana es vida con los otros, es convivencia.  La persona humana es imposible e impensable sin el otro. Lo propio del ser humano, lo que nos define como personas es la capacidad de amar, es decir, de relacionarnos con otros buscando su bien, su felicidad. Lo que nos deshumaniza  es vivir y morir sin amor. Detrás de cada tirano, cada asesino, cada malhechor, hay un déficit profundo de amor o una mala comprensión del amor.

 

Día 7 (tarde): La verdad que nos plenifica:

 

a) El texto: Jn 18,33-38ª:

 

                33Entró otra vez Pilato en el Pretorio, llamó a Jesús y le dijo:

                -¿Eres tú el rey de los judíos?

                34Jesús le contestó:

                -¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?

                35Pilato replicó:

                -¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?

36Jesús le contestó:

                -Mi realeza no es del mundo. Si mi realeza fuera del mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi realeza no es de aquí.

37Pilato le dijo:

                -Con que, ¿tú eres rey?

Jesús le contestó:

                -Tú lo dices: Soy rey. Yo para esto he nacido y he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.

38aPilato le dijo:

                -Y, ¿qué es verdad?

 

  • El pasaje muestra a Jesús como un rey que no se lucra de sus vasallos. Es un rey especial, fraterno, amable, interesado por nuestro éxito. No un déspota al que todos deben servir. Un rey extraño, generoso, a nuestro servicio.
  • Desde ahí da testimonio de "la verdad": ¿qué verdad? La verdad de Dios que dice que la persona tendrá éxito, que la historia tiene horizonte, que estamos creados para la dicha, que nos espera el abrazo del Padre. No da testimonio de una verdad teológica, sino de nuestra verdad existencial, de la verdad para la que hemos sido creados.
  • Para entender esto hay que amar la vida, es preciso comprender que esta vida nuestra, más allá de su limitación es el mejor regalo que el Padre podía hacernos. Mirar la vida como "un valle de lágrimas" es menospreciar al donante, a Dios. Sin amar la vida no podemos entender el testimonio de verdad que da Jesús.
  • Desde aquí el trabajo cristiano sería vivir y dar vida, engendrar vida en torno a sí, defender y amar la vida. Es del todo necesaria la pasión por la vida. Un verdadero apostolado hoy: difundir el gusto por la vida en estos tiempos en que muchos se disgustan por la pobreza de la vida.

 

b) Derivaciones:

 

  • Curso de amor a la vida. Curso que habríamos de aprobar: la certeza de que hemos sido creados buenos; la utopía de que estamos destinados/as a la dicha; la seguridad de que el amor es el mejor cauce para vivir. La suerte de vivir la aventura humana; las grandes posibilidades que encierran nuestra vida, etc.
  • El horizonte de la vida no es la muerte, es la vida. No pasamos de una inexistencia a otra inexistencia, sino a una luz, a una plenitud, a un abrazo, a un amparo.
  • Vivir ya en clave resurreccional. ¿Cómo? Quitando losas, dice Jn 11,41. haciendo obra sencilla y cotidiana de liberación, de respiro. Quitando cien años de encima de los pesos de la vida.
  • Una percepción creyente del don de Dios, la vida. Ésta no puede ser un destierro, sino el mejor don del Padre a nuestras personas. Por eso mismo, "gracias, Señor, por habernos creado" (Sta Clara).
  • Dar testimonio de ello; una fe confesante desde la vida, no desde la ideas. Desde las experiencias, como hemos dicho, aunque sean sencillas, cotidianas, comunes.
  • No se tiene la verdad desde las ideas, sino desde la entrega. Las entregas son las que desvelan la calidad de nuestra fe.

 

c) Consecuencias:

 

  • Pasión por la vida. Sin esa pasión es imposible entenderla como el mejor don de Dios a nosotros/as. pasión, buena pasión, más allá de sus límites.
  • Apóstoles del gusto por la vida, como decía el hermano Roger. Para ello, hay que comenzar a gustar la vida uno/a mismo/a, aprender el disfrute y el placer de vivir en modos sencillos y fraternos. Una espiritualidad del placer de vivir es imprescindible para entender lo que ha sido puesto en nuestras manos.
  • Más allá de las verdades religiosas. Que son necesarias, pero no suficientes. Casi se puede decir que el lenguaje religioso está agotado, que ya no puede dar más de sí. Se necesita el lenguaje de lo humano, de lo mezclado al corazón de la persona, de la interioridad.
  • Una vida en creciente verdad, incluida la sinceridad. Porque la sinceridad no elimina la debilidad, ni la justifica, pero la hace más asimilable, por nosotros/as y por los/as demás.
  • Compartir la verdad, forma eximia de fraternidad. Compartir el gozo de saber que hay un horizonte para nuestros días, que no está cerrada la puerta del gozo y que se tiene una visión positiva, honda y creyente de nuestro estar en este mundo.

 

d) Oración:

 

  • Releer el texto valorándolo, subrayándolo.
  • Leer Jn 15,7-17.
  • Orar con este texto:

 

A ti, Señor, presento mi ilusión y mi esfuerzo;
en ti, mi Dios, confío, confío porque sé que me amas.
Que en la prueba no ceda al cansancio,
que tu gracia triunfe siempre en mí.
Yo espero siempre en ti. Yo sé que tú
nunca defraudas al que en ti confía.

Indícame tus caminos, Señor, enséñame tus sendas.
Que en mi vida se abran caminos de paz y bien,
caminos de justicia y libertad.
Que en mi vida se abran sendas de esperanza,
sendas de igualdad y servicio.
Encamíname fielmente, Señor.
Enséñame tú que eres mi Dios y Salvador.

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu lealtad
nunca se acaba; no te acuerdes de mis pecados.
Acuérdate de mí con tu lealtad,
por tu gran bondad, Señor.

Tú eres bueno y recto
y enseñas el camino a los desorientados.
Encamina a los humildes por la rectitud,
enseña a los humildes su camino.
Tus sendas son la lealtad y la fidelidad
para los que guardan tu alianza y tus mandatos.

Porque eres bueno, perdona mi culpa.
Cuando te soy fiel, Señor,
tú me enseñas un camino cierto;
así viviré feliz y enriquecerás mi vida con tus dones.
Tú, Señor, te fías de mí y me esperas siempre.
Tú, Señor, quieres que sea de verdad tu amigo.

Tengo los ojos puestos en ti
que me libras de mis amarras y ataduras.
Vuélvete hacia mí y ten piedad,
pues estoy sólo y afligido.
Ensancha mi corazón encogido
y sácame de mis angustias.

Mira mis trabajos y mis penas
y perdona todos mis pecados.
Señor, guarda mi vida y líbrame de mí mismos.
Señor, que salga de mi concha y vaya hacia ti
y que no quede defraudado de haberme confiado a ti.

Indícame tus caminos, Señor, tú que eres el Camino.
Hazme andar por el sendero de la verdad,
tú que eres la Verdad del hombre.
Despierta en mí el manantial de mi vida,
tú que eres la Vida de cuanto existe.

 

Día 8 (mañana): Burlado, pero rey

 

a) El Texto: Jn 19,1-3:

 

                19,1Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar.

2Y los soldados trenzaron una corona de matas, se la pusieron en la cabeza

y le echaron por encima un manto color púrpura;

3y, acercándose a él, le decían:

                -¡Salve, rey de los judíos!

Y le propinaban bofetadas.

 

  • Lo duro de esta escena no es tanto las heridas que le hacen con la burla, sino el menosprecio que sufre Jesús. El autor quiere decir que, aunque menospreciado, era rey. En los sinópticos Jesús es despojados de esas insignias "reales" cuando va a ser crucificado. En Juan no: se le crucificará con el manto y la corona: despreciado, pero rey.
  • Esto habría de llevar al creyente a aprender la humildad esencial que no es tanto una virtud, cuanto una manera de situarse ante la vida, capaz incluso de encajar el sufrimiento y el menosprecio. La humildad esencial es decisiva para la vida comunitaria.
  • Y luego está la resistencia en la que habita la esperanza: no quebrarse a la primera de cambio, tener aguante, flexibilidad, correa. Un Jesús resistente a la burla, eso es lo que se ve.
  • Finalmente, percibir la total dignidad de Jesús: aunque burlado, su dignidad está intacta. Trabajar el tema espiritual de la dignidad de la persona. Hacer ejercicios de ver más allá del menosprecio, de la debilidad, de la ofensa: más allá está siempre intacta la innegociable dignidad de la persona.

 

b) Derivaciones:

 

  • El desarraigo y la burla. El Reino tiene sus exigencias. No se puede vivir un seguimiento indoloro. Es preciso hacer acopio de fortaleza interior para asimilar lo mejor posible las exigencias del Evangelio. Jesús ha encajado esto con una fuerza increíble.
  • La crítica al poder omnímodo. Porque es preciso decirle al poder que no puede mandar sobre los valores básicos de las personas. Hay que resistir al miedo que quiere infundir el poder para hacernos creer que fuera de su radio de acción no hay vida. Jesús cuestiona lo incuestionable. Ahí radica su profecía.
  • El despojo de toda grandeza. Es algo que caracteriza a Jesús: un Mesías pobres, sin grandeza, sin brillo, sin gloria. ¿Se puede uno/a adherir a un Jesús así? Para eso, como decía Pablo, nos tiene que "tirar lo humilde" (Rom 12,16).
  • El amor que llega hasta dar vida y la da en silencio, sin demandar nada a cambio, sin hundirse cuando no hay aplauso ni agradecimiento. Un Jesús que se entrega en toda su generosidad, que encaja el designio del Padre con todas las consecuencias.
  • La resistencia de quien ama. Porque el amor es lo que ha hecho a Jesús resistente, la entrega es la que le ha llevado a no quebrarse, su hondísima generosidad es la que ha hecho que no exigiera nada, ni siquiera nuestro agradecimiento y amor. Resistente porque ama.

 

 

 

 

c) Consecuencias:

 

  • Entregas contantes y sonantes. Eso es lo que mide el nivel de adhesión a Jesús y a la persona. Si no hay entrega, todo queda en palabras, en sonidos vacíos. Las entregas, que nunca se pierden, han de ser visibles, tocables, en lo cotidiano.
  • Un cristianismo "indoloro" no es el que corresponde a la entrega fuertemente dolorida de Jesús. Toda adhesión conlleva unas exigencias que, a veces, duelen. La adhesión a Jesús no es distinta. Solamente un amor cada vez más incondicional puede soportar los "dolores" del amor. Pero ya lo decía la copla de Juan del Encina: "Más vale tener pasión y dolores que andar sin amores".
  • De lado de los burlados. Ése es el buen lugar, la buena orilla para quien quiera ahondar en el seguimiento. Es lo que ha hecho Jesús. Por eso, el lado humilde de la historia es el que corresponde a quien entiende a Jesús. En ir echando la suerte a ese lado estriba el secreto del Evangelio.
  • Más allá del desprecio. Porque el desprecio es, generalmente, un síntoma de un sentimiento de inferioridad y de que no se ha asumido la realidad difícil. El menosprecio es el arma de los débiles, mientras que el aprecio, aunque fuere con dificultades, es la prueba de la fraternidad.
  • La "doble burla" al débil, porque la debilidad es un agravante de toda burla. Por eso, el seguidor/a ha de huir de burlarse de los débiles para no cometer el verdadero "pecado contra el Espíritu", ya que el Espíritu ha tomado a su cargo la suerte de los más frágiles.
  • Una visión de la dignidad. Es algo de lo que siempre estamos necesitados/as. Una espiritualidad de la dignidad activada es freno de mil inhumanidades. Saber desvelar la dignidad en los más heridos de la vida es prueba de honda humanidad y de recia fe.

 

d) Oración:

 

  • Leer el texto con detención.
  • Percibir que Jesús seguirá siempre en el Evangelio de Juan con esas insignias de realeza. Sigue siendo rey, más allá de toda burla y vilipendio.
  • Orar con este himno de Cols:

 

Cristo, Señor y rey de paz y amor divinos,

Cristo, Señor y rey de humildes y sencillos,

Cristo, Señor y rey de justos perseguidos,

Danos poder vivir tu reino de justicia.

 

Cristo, Señor y rey de todos los amores,

Cristo, Señor y rey, perdón de pecadores,

Cristo, Señor y rey en cruces y en dolores,

Danos poder vivir tu reino de justicia.

 

Cristo, Señor y rey de pobre humillados,

Cristo, Señor y rey de hombres torturados,

Cristo, Señor y rey de santos olvidados,

Danos poder vivir tu reino de justicia.

 

Cristo, Señor y rey de largas soledades,

Cristo, Señor y rey de luces y verdades,

Cristo, Señor y rey de dones y bondades,

Danos poder vivir tu reino de justicia.

 

Ven ya, Señor y rey, de vida y esperanza,

Ven ya, Señor y rey, termine tu tardanza,

Ven ya, Señor y rey, acabe la añoranza,

Danos poder vivir tu reino de justicia.

 

Día 8 (tarde): La persona íntegra:

 

•a)       El texto: Jn 19,13-16ª:

 

13Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llaman "el Enlosado" (en hebreo Gábbata). 14Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía.

Y dijo Pilato a los judíos:

                -Aquí tenéis a vuestro Rey.

                15Ellos gritaron:

                -¡Fuera, fuera; crucifícale!

                Pilato les dijo:

                -¿A vuestro rey voy a crucificar?

                Contestaron los Sumos Sacerdotes:

                -No tenemos más rey que al César.

16aEntonces, finalmente,  se lo entregó para que lo crucificaran.

 

  • Para captar la novedad de Juan: el sujeto de quien realmente se sienta en el escaño es ambiguo: desde el punto de vista histórico es Pilato quien se sienta porque él es el juez; pero desde el punto de vista creyente, es Jesús quien se sienta porque con su muerte ejerce un juicio de salvación sobre la historia. Es una imagen de la persona íntegra, más allá de toda adversidad.
  • Se autopresenta como rey (aunque, en realidad, es Pilato quien lo presenta), como señor de la vida. Envuelto como estaba en pobreza era cosa increíble. Pero más allá de esa envoltura era rey, señor y dador de vida.
  • Rechazar la humanidad, rechazar a Dios. Eso es lo que hacen los judíos. Posiblemente no sabían que, al rechazar a Jesús, se estaban apartando de los postulados elementales de su propia Alianza. Nunca estuvo Israel tan lejos de la Alianza como cuando rechazó a Jesús.
  • Por eso, su opción resulta increíble: optan por el César, por aquel que les oprime, por el imperio que les sojuzga, por quien no les deja desarrollarse como pueblo. Parece que una opción de es calibre resulta increíble en boca de un judío. Es la incoherencia humana que puede llevar a extremos increíbles.
  • Jesús, hombre entregado. A Pilato y por Pilato, a los judíos y por los judíos. Pobre y entregado. Pero en esa entrega radica su grandeza, y en esa pobreza su mayor don a nosotros. Solo en apariencia es esto paradójico, porque en el fondo su entrega es la que nos da la vida.

 

b) Derivaciones:

 

  • Una fe expuesta a juicio. Así es la fe de Jesús. Una fe juzgada y condenada, expuesta a las más fuertes amarguras de la historia. Pero también es una fe amparada en su debilidad por la fortaleza del Padre. Ahí tiene su fuerza, su cimiento, su horizonte.
  • La humanidad de Jesús, realidad con Dios dentro, aunque sea una humanidad pobre. No es algo dejado de la mano de Dios, sino con Dios dentro, un Dios que siempre le ha habitado y que nunca le ha dejado sólo (Jn 16,32).
  • Hay opciones increíbles de vida que Jesús tiene que encajar. Cuando él ofrece el horizonte del Reino a personas débiles (el Evangelio no es para "santos", sino para débiles ilusionados) sabe a qué se arriesga. Precisamente porque llega a encajar esto, la pasión no le hace desdecirse de su oferta a nosotros/as.
  • Misterio de entrega, misterio de vida. Porque sin entrega no hay vida, sin donación no hay amor, sin generosidad no se puede abrir la perta del corazón del otro/a.

 

c) Consecuencias:

 

  • Rechazar a la persona es uno de los extraños caminos de los humanos. Habríamos de valorarla siempre, pero la rechazamos con nuestro maltrato. Se opta contra la persona, increíble. Nuestras opciones contra la persona son nuestro mayor delito.
  • La fe en la persona es uno de los postulados del Evangelio y de la pasión. Si no se cree en el valor que Dios ha dado a la persona todo el resto queda sin sentido. Hacer actos de fe explícita en el valor de la persona de nuestros hermanos.
  • Precisamente por eso, cristianizar es humanizar: lo importante de una obra evangelizadora no es tanto dar doctrina religiosa sino generar humanidad (luego puede venir lo otro). Lo importante es que la sociedad funcione con los criterios del Evangelio (libertad, paz, amor, fraternidad, servicio, acompañamiento a los débiles, curación, entrega, generosidad). Eso sería "cristificar" la realidad. Lo otro, la cristianización (que esto tenga el rostro de lo religioso) viene después.
  • Todo esto demanda una fortaleza creyente, una reciedumbre de quien está anclado/a en el Evangelio. Hace falta un rostro "duro como el pedernal" (Ez 3,9) y un corazón tremendamente flexible para ser fuerte, para que la adversidad no eche al traste nuestra opción Jesús. Es preciso ir haciéndose fuerte cada día.
  • Para entender el lado duro de la vida, la "burla" de la historia, se precisa una visión nueva de la historia, aquella que la considera como una historia con Dios dentro, con un Dios que ha venido a poner morada en ella a perpetuidad (Jn 14,23). Eso puede generar equilibrio en nuestro interior y fuerza para arrostrar el lado duro de la existencia.
  • Hemos de hacer un esfuerzo por aclararnos lo más posible en nuestras opciones contradictorias. Pero quizá lo mejor sea ir asumiendo con paz esas contradicciones sin renunciar a la verdad, a la sinceridad. No es lo peor ser contradictorio (lo somos); lo peor es tratar de encubrir nuestras contradicciones para así excusarlas.

 

d) Oración:

 

  • Leer pausada y gustosamente el texto con las notas de la propia Biblia.
  • Meditar con Jn 15,23, frase dura. El rechazo de Jesús, la frialdad con él, la lejanía de él, como rechazo, abandono y lejanía del mismo Dios.
  • Un texto que podría ayudar:

Este hombre es el mismo que conocen los siglos.
Vencedor o vencido, filósofo o esclavo,
justo o impenitente, conforme o vengativo.

Este hombre es el mismo
que ha tirado el guijarro o ha aromado la venda,
que ha escondido el puñal o ha cortado la rosa,
que ha erigido el patíbulo o ha apagado la hoguera.

El que avivó la ira o prendió la alegría;
el que vistió la púrpura o el que anduvo desnudo
o lloró frente al mar o atizó la tormenta.

...O el que desesperado sin esperar blasfema,
o el que ha hundido sus labios en la herida de Cristo
o el que ahoga su llanto profético en la sombra
o el que mide su vida por un grano de trigo.

Todos el mismo hombre que conocen los siglos.
Y en la historia o la fábula diciéndonos hermanos.
Y tú, Dios, perdonando la mentira y el odio
y la sangre vertida que corre en nuestras manos.

Día 9 (mañana): El servicio que fundamenta la comunidad:

a) El texto: Jn 13,1-15:

13,1Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo a estar frente al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, les mostró un amor hasta el extremo.

                2Estaban cenando (ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas, el de Simón Iscariote, que lo entregara) y Jesús, 3sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, 4se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; 5luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

6Llegó a Simón Pedro y éste le dijo:

                -Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?

                7Jesús le replicó:

                -Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.

                8Pedro le dijo:

                -No me lavarás los pies jamás.

                Jesús le contestó:

                -Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.

                9Simón Pedro le dijo:

                -Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.

                10Jesús le dijo:

                Uno que se ha bañado totalmente no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está enteramente limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.

11(Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: "No todos estáis limpios").

12Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

                -¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? 13Vosotros me llamáis "El Maestro" y "El Señor", y decís bien porque lo soy. 14Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: 15os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

 

  • El Evangelio de Juan usa una tradición propia y anterior en el tema del lavatorio de los pies que el evangelista incorpora a su evangelio. La situación (al comienzo del "libro de la gloria") y el tratamiento amplio y profundo que da al texto hablan de su importancia. Se quiere describir algo que tiene que ser irrenunciable para la comunidad cristiana. El servicio fraterno.
  • Efectivamente, el texto propone el servicio como base de la comunidad. Según Jesús, la comunidad se constituye por el servicio, no por una adscripción religiosa. Por eso, una comunidad que no es servidora, no es la comunidad de Jesús. Esta ha sido su lucha continua con el discipulado, con sus seguidores/as: convertir los "demonios" del poder, de la fuerza, del interés, de mesianismo potente, en servicio y entrega. Un cambio formidable.
  • El evangelista ha añadido al primitivo relato un diálogo con Pedro de carácter casi conminatorio: "Si no te dejas lavar los pies, no tienes nada que ver conmigo". La no comprensión de la centralidad del servicio fraterno hace que los caminos del pretendiente a seguidor/a y los de Jesús difieran, marchen en dirección opuesta. Jesús apuesta por la decisividad del servicio.
  • Por eso, el servicio (el amor) es la ley que fundamenta la comunidad. "En esto conocerán..." (Jn 13,35). La comunidad de Jesús es una comunidad de servidores/as, de personas que han hecho del servicio su planteamiento ético, social y personal más decisivo.
  • Quizá solamente se pueda entender algo de esto si se pone a la base de la experiencia de Dios de Jesús (y de la nuestra) la realidad de un Dios menor, a nuestro servicio, humilde con nosotros, lejos de la omnisapiencia, omnipotencia y omnipresencia con que lo hemos rodeado. Un Dios humilde y menor. Ése es el Dios de Jesús y eso ha sido él mismo.

 

b) Derivaciones:

 

  • Si la verdadera fundamentación de la comunidad creyente es el servicio fraterno, hay que examinarse seriamente cómo van evolucionando nuestras actitudes de servicio. Hay que preguntarse su el egocentrismo nos va comiendo el terreno o es la pasión por el "nosotros" la que nos devora. Para verificar esto segundo, calibremos nuestras actitudes servidoras.
  • Nos puede venir muy bien elaborar y experimentar la realidad de Dios que nos sirve. Esto no es "rebajar" a Dios, sino descubrirlo en su más amorosa actividad y relación con la historia humana. Si marchamos esta perspectiva, quizá brote en nosotros/as con más facilidad el servicio fraterno y sus múltiples y cotidianas consecuencias.
  • Cómo aprender el camino del servicio. Haciendo prácticas pequeñas y diarias, mirando con detención la trayectoria vital del hermano/a (sobre todo si está necesitado/a), en proyectos de vida que tengan al servicio como valor central, cuidando los detalles, porque en ellos está el quid de todo esto.
  • Un seguimiento activado es un seguimiento que sirve. Si la realidad del servicio fraterno no está instalada en nuestra vida, el seguimiento pierde su sentido y, con él, se nubla la misma identidad cristiana. Por eso es tan decisivo el servicio para la mística cristiana.
  • En esa línea se podría decir muy bien que servir es nuestra mejor manera de creer. No se cree tanto por ideas cuanto por obras de servicio al hermano/a, a la sociedad. Por otra parte, en esta sociedad nuestra secular, ése lenguaje del servicio sería elocuente frente a lo agotado del lenguaje religioso.

 

c) Consecuencias:

 

  • Una Iglesia que sirve es la que realmente puede ser ofertable a la sociedad de hoy. Una Iglesia que quiere ofrecer e imponer doctrina sufre un creciente rechazo en esta sociedad nuestra. Nadie rechaza a quien le sirve.
  • Para servir bien hace falta disponibilidad y apertura. Disponibilidad para hacer de lo mío algo común, algo ofrecido, algo servido. Apertura para percibir el sufrimiento del otro/a, su necesidad y la posibilidad de que su vida enriquezca también la mía. El servicio es un camino de ida y vuelta: va del hermano a mí y de mí al hermano.
  • Al servicio fraterno le van muy bien los ámbitos de lo pequeño y marginal, ya que el servicio no emplea el cauce de lo grandilocuente ni de lo central. Por eso, quien anhele caminar en la senda del servicio ha de ir encontrándose a gusto en las cosas modestas y aun marginales, sabiendo que también en esos márgenes hay posibilidad de vida hermosa. Esa vida brotará imparable si hay servidores/as situados ahí.
  • Es un duro servicio el de intentar cambiar las estructuras, ya que éstas parece muchas veces que son inamovibles. Sin embargo, no lo son tanto, si se van dando pasos en la dirección del cambio. Para ello, como Jesús, hay que creer que cuestionar lo incuestionable hace parte del núcleo del seguimiento. No se trata de subvertir por subvertir, sino de ir construyendo unas estructuras (fraternas, familiares, sociales, políticas incluso) más concordes con el sueño humanizador de Jesús.
  • Para que el servicio pueda brotar pujante hay que renunciar a pasar siempre factura. Es preciso tener cuidado ya que metemos la factura en los pliegues más recónditos de lo que decimos hacer con talante servidor. El servicio cristiano es gratuito. Si se recibe un salario es un trabajo, cosa honrada, pero distinta. La gratuidad es imprescindible para elaborar una espiritualidad del servicio cristiano.
  • Nos vendrá muy bien tener controlada la ambición, ya que ésta va pegada a nuestra vida como nuestra propia sombra. A veces su manera de actuar es descarada (toda las ambiciones del poder), otras más sutil (los pequeños deseos que me proporcionan una vida al abrigo de sobresaltos). Es preciso hacer una obra continuada de desenmascaramiento de la ambición. Si no, el servicio será imposible.

 

d) Oración:

 

  • Releer el texto más desde la clave de la incitación al servicio que desde la clave histórica.
  • Leer Jn 10,17ss.
  • Quizá pueda servir este texto:

 

Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida,

El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.

 

Día 9 (tarde): El mandamiento del amor asimétrico:

 

a) El Texto: Jn 13,34-35:

 

34Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; que como yo os he amado, también vosotros os améis mutuamente. 35La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros.

 

  • Este texto joánico es una interpolación en el Evangelio de Juan: rompe el discurso del "adonde yo me marcho", emplea una lengua y una temática (la del amor fraterno) que no son propias de su Evangelio. ¿De dónde ha venido aquí este texto? Dicen los técnicos que de 1 Jn. Allí sí que elemento central es el amor al hermano/a. ¿Por qué lo ha metido aquí el cuarto evangelio? Para darle carácter testamentario, para decir que estamos hablando de algo decisivo.
  • El texto habla de la asimetría del amor. Parece que los humanos solamente sabemos amar simétricamente, en corresponsabilidad (y ése es un amor muy hermoso). Pero hay situaciones personales, sociales, familiares, etc. en las que la única manera de amar es asimétricamente, es decir, amar sin que haya correspondencia, sino que se devuelva amor. ¿Es posible mantenerse en ese amor sin desequilibrarse, sin sufrir? El texto dice que por ésa manera de amar se ha de reconocer al verdadero seguidor/a de Jesús. Por otro lado, como dice Rom 5,6, es la manera de amar que Jesús ha tenido con nosotros/as, que no hemos podido devolverle amor porque "estábamos sin fuerzas".
  • Jesús propone este amor asimétrico como distintivo real de la comunidad, como aquello por lo que ha distinguirse el grupo de seguidores/as. No es el distintivo de los creyentes un signo religioso (la santa cruz, como decía el viejo catecismo), sino el amor asimétrico, aquel que ama sin esperanza de recibir amor a cambio, aquel que no se hunde cuando no recibe amor.
  • Todo otro mandamiento queda resumido en éste, porque ésta ha sido la manera de amar de Jesús. Por eso, el amor asimétrico al hermano, es la manera de amar de Jesús y la del mismo Dios que ha unido su éxito a nuestra historia.
  • Así, el amor asimétrico no es un amor de ideas, sino un amor de identificación: se verifica que se ama a Jesús identificándose con su manera de amar. Y su manera de amar ha sido ésta: amar sin esperanza de ser pagado, de ser amado.

 

b) Derivaciones:

 

  • Para amar asimétricamente hay que despojarse del amor a la norma que la constituye centro de la vida. Aquel amor es mucho más que éste, aunque quizá necesitemos de normas para convivir. El amor asimétrico, como el de Jesús, camina por sendas de libertad, de creatividad, de imaginación. Si no, la dureza de muchas situaciones nos hará añorar la casa de la norma, el lugar donde se me devuelve algo porque si no, no puedo soportar esa manera de amar. Jesús ha cuestionado las normas, no por el afán de cuestionarlas sin más, sino porque se situaba en una perspectiva de amor total, asimétrico, única norma para él.
  • Podría considerarse hermosa esta espiritualidad, pero inasequible, inalcanzable. Por eso, aun considerándola interesante, se tendería a abandonarla. Pero resulta que abandonarla es abandonar el mejor sueño de Dios. Él sueña, en efecto, una sociedad en la que el amor llegue hasta los arriesgados límites de lo asimétrico. Cree el amor del Padre que solamente así funcionará esta vida con los criterios humanizadores del Evangelio. Renunciar a esto es renunciar a lo mejor de Jesús y a lo mejor del Padre.
  • La comunidad asentada sobre la asimetría, ése habría de ser el horizonte de la comunidad de Jesús. El horizonte, porque no es fácil llegar a esta realidad que, a veces, parece que nos supera. Pero el intento (estamos en tiempo de intentos) es ya un camino.
  • Como hemos dicho antes, también esto sería imposible sin amar profundamente la vida. Nosotros/as, que somos gente de superficie, creemos que porque todo parece seguir igual (la fuente de las lágrimas, del dolor, de la inhumanidad), que aquí no ha cambiado nada. Pero desde que Jesús ha vivido en el puro amor asimétrico con nosotros/as, todo ha cambiado, o todo puede cambiar. El Espíritu está haciendo en nosotros/as la increíble obra de que el hecho histórico funcione en las maneras del amor entregado y para ello hay que pasar por el amor asimétrico.
  • Jesús nos demanda desde el Evangelio más una opción de amor (de éste amor singular) que una opción de fe, de creencias. Creer en la manera de amar que Jesús ha tenido e intentar trasvasarla a nuestra experiencia diaria es lo que nos exige el Evangelio. Tener ideas religiosas y no caminar en esta senda, es cosa de poco provecho para el anhelo evangélico.

 

 

c) Consecuencias:

 

  • Una fe aprendida desde el amor, así habría de ser la nuestra. No tanto una fe aprendida desde la dogmática, desde el catecismo. Por eso es tan importante el tema del amor fraterno, porque ese es el cauce del verdadero aprendizaje de lo cristiano. Y, desde ahí, se podría hacer una oferta con visos de credibilidad.
  • Las experiencias de asimetría son arriesgadas, porque ahí puede hacer presa el desconsiderado, el injusto. La asimetría no ha de renunciar a la dignidad, aunque ésta sea conculcada. Pero, más allá de este riesgo indudable, las experiencias de asimetría son imprescindibles para el hecho cristiano, para hacerlo creíble, atrayente y auténtico. Una vivencia de lo cristiano sin experiencias de asimetría lleva al empobrecimiento y al descrédito.
  • La espiritualidad de la asimetría se choca contra el cerco que la persona pone a su propio corazón. Ése es su gran reto: querer entregarse a quien se cierra, a quien se enroca, a quien es egoísta. Para seguir empeñados/as en el amor asimétrico no habrá que renunciar a saltar la "valla" del corazón del hermano, siempre que éste abra una rendija en su puerta. ¿Cómo puede abrir esa rendija? A fuerza de amor constante y respetuoso, a fuerza de tenacidad en la espera y en la gratuidad. Si se abre esa rendija, el amor asimétrico empieza a dar sus frutos.
  • Por lo mismo, no hay que perder nunca la esperanza del triunfo de este tipo de amor. Amor asimétrico y esperanza van indisolublemente unidos. Ambos se necesitan. Quizá también vaya emparejada la resistencia porque, como dice Sábato, en ella habita la esperanza.

 

d) Oración:

 

  • Leer el texto con ojos, sentidos, nuevos.
  • Leer Jn 17,21-23.
  • Orar con alguno de estos pequeños textos:

 

"In qua nocte tradebatur"


     Ganando el paso ágil de la intriga,
Tú mismo, por amor, te has entregado;
cautivo por las lanzas de la espiga,
dócil al beso y al bocado.

 
El lavatorio


     A mí lávame el alma. Toda el alma,
desnuda y polvorienta...
     -¡Este lobo de mar que te ha seguido!-
     Sosténmela, Señor, entre tus manos
como para adentrarla en el Camino
definitivamente.

 
A la Virgen del Cenáculo


     Tu voz estremecía su palabra
Y la densa ternura
de tu Maternidad
desbordaba las cuencas de sus ojos...
    
     Tu Corazón velaba ardientemente
su pobre Corazón incomprendido.
Y el pulso de tu Sangre conducía
el Vino derramado de su Sangre...

 

 

Día 10 (mañana): La comunidad que brota de la cruz:

 

a) El Texto: Jn 19,25-27:

 

25Enfrente de la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su Madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena.

26Jesús, pues, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:

                -Mujer, ahí tienes a tu hijo.

                27Luego dijo al discípulo:

                -Ahí tienes a tu madre.

                Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como suya.

 

  • He aquí un texto central en el relato joánico de la pasión, tanto por su situación como por su contenido. Las intenciones del Evangelio de Juan no son narrativas, sino espirituales. Por eso, su gran interés no es tanto narrar la muerte de Jesús cuanto decirnos que de la cruz ha brotado la nueva comunidad, que la entrega de Jesús es el fundamento de esto que llamamos comunidad de seguidores/as. De rechazo está animando a una vida entregada a la comunidad como comprensión correcta de la cruz de Jesús (mediación de vida más que de suplicio).
  • La posibilidad de vivir en integración comunitaria asumiendo la diversidad (como dice 1 Cor) es real. La comunidad está integrada por la mujer y lo que representa (al judaísmo que se ha animado a dar el paso de la adhesión de Jesús) como por el paganismo (representado por el discípulo predilecto). La comunidad que brota de la cruz es integradora, por encima de diversidades y tendencias.
  • Pero, según Juan, son los "paganos" cortan el bacalao. La mujer va a "los asuntos" del discípulo, no al revés. Dejar la dirección a los paganos es lo que ha hecho que la experiencia de Jesús no degenerara en una simple secta del judaísmo. Confiar en el paganismo, en la secularidad, asunto decisivo.
  • La fe de los miembros de la comunidad que brota de la cruz es una fe que ampara: el discípulo no solamente acepta, recibe, sino que acoge. Por parte de la mujer también se requiere tener activado el deseo de ser acogida. Sin acogida no puede brotar esta clase de comunidad.
  • La comunidad es una casa abierta a toda persona y tendencia. La apertura es clave para la integración. Apertura de casa, de mente, de corazón, de vida.

 

b) Derivaciones:

 

  • Ir a los paganos. Este pasaje está escrito después de esa experiencia y la evidencia de que ha funcionado. Cuando la comunidad ha ido hacia los paganos, cuando les ha hecho partícipes de la "dirección" la experiencia cristiana ha cobrado un vuelo inusitado.
  • Aquí se postula otro estilo de comunidad, aquella que está basada más sobre la acogida que sobre la norma, más sobre el amor que sobre la obligación, más sobre la adhesión a Jesús que sobre la estructura. Sin esta perspectiva es difícil captar la novedad que propone el texto.
  • Creer en la cruz que ampara una comunidad abierta. Pensar y vivir la experiencia de la cruz no tanto como algo dolorista, sino como experiencia de fecundidad, de creatividad espiritual y comunitaria. Así la cruz (como luego la resurrección) es más un dinamismo de vida que algo perteneciente al recuerdo o a la mera piedad (o al espectáculo religioso).
  • La acogida a los vientos de la secularidad (fríos, a veces) habría de llevar a experiencias de profecía y de frontera. Si no, ¿cómo vamos a integrar lo diverso? Si no podemos salir de nuestra frontera religiosa, ¿cómo vamos a hacer nuestras las fronteras del mundo?

 

 

c) Consecuencias:

 

  • Para todo esto, ya lo hemos dicho, se requiere apertura, mental y vital. Es preciso quebrar el duro muro de lo inamovible en ideas, planteamientos, rutinas, costumbres, tradiciones, etc. Sin apertura es imposible atisbar la hermosura de una comunidad integradora.
  • Creer en una comunidad nueva no es algo inalcanzable. Se requiere creer en la posibilidad de caminos nuevos asequibles y posibles a personas que arrastran limitaciones, años, historia, pesos consuetudinarios, y otras "losas". A pesar de todo, es preciso creen en que lo nuevo puede brotar. Si no, acoger el mensaje de la comunidad nueva que brota de la cruz (es la tesis de Romanos) es casi imposible.
  • Caminos para esa comunidad: la ilusión como factor primordial; la confianza en Jesús que puede hacer de lo viejo algo nuevo; la certeza de que podemos ayudarnos en caminos de novedad; la práctica (aunque fuere en cosas consideradas nimias) que conlleve un cambio real.
  • Entender y vivir la cruz como acompañamiento y solidaridad participando de manera equilibrada y viva de la suerte de los "crucificados de la historia". No se trata solamente de un sentimiento de piedad (bueno) o de justicia (necesario), sino de simple solidaridad. Una comunidad en que los débiles "nos bauticen" y así nos acepten a la verdadera comunidad de Jesús, a la de los desfavorecidos solidarios.
  • Hacer viva la realidad del crucificado de la forma que sea. La cruz en lado meramente devocional, en el marco del lenguaje religioso, produce ya poco, es camino casi agotado (por mucho que esté inserta en un folclore religioso). ¿Qué tiene que ver la cruz de Jesús y mi vida real, de cada día? Esta clase de preguntas habrá que abordar.

 

d) Oración:

 

  • Leer desde la perspectiva descrita el texto, orarlo.
  • Leer Rom 13,8-14.
  • Orar apoyándose en textos como éste:

Maldita sea la cruz
que cargamos sin amor
como una fatal herencia.

Maldita sea la cruz
que echamos sobre los hombros
de los hermanos pequeños.

Maldita sea la cruz
que no quebramos a golpes
de libertad solidaria,
desnudos para la entrega,
rebeldes contra la muerte.

Maldita sea la cruz
que exhiben los opresores
en las paredes del banco,
detrás del trono impasible,
en el blasón de las armas,
sobre el escote de lujo,
ante los ojos del miedo.

Maldita sea la cruz
que el poder hinca en el Pueblo
en nombre de Dios quizás.

Maldita sea la cruz
que la Iglesia justifica
-quizás en nombre de Cristo-
cuando debiera abrasarla
en llama de profecía.

¡Maldita sea la cruz
que no pueda ser La Cruz!...

 

Día 10 (tarde): Cumplimiento que implica:

 

a) El texto: Jn 19,28-30:

 

28Después de esto, sabiendo Jesús que todo iba llegando a su término, para que se cumpliera aquel pasaje dijo:

                -Tengo sed.

29Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. 30Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:              

-Está cumplido.

E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

 

  • La "entrega del espíritu de Jesús" (Juan evita la palabra "muerte") contiene la espiritualidad de la creación terminada. Los trabajos que el Padre y Jesús realizan para poner en pie a la persona (Jn 5,17) reciben en su muerte el espaldarazo de su verdad: la creación ha entrado en la senda de la plenitud, está siendo "terminada", llegado a su fin.
  • Es la alianza definitiva de Dios con la historia humana, la plenificación de toda otra alianza, la certeza de que el pacto del Padre, su ser familia con nosotros/as, jamás se va a romper. La muerte de Jesús lo garantiza. Si se rompiera, su muerte habría sido en vano.
  • Esta confirmación de lo nuevo radical que empieza, el fin de lo creado, se comienza a dar por encima de toda limitación, de toda norma, de toda constricción histórica, de toda ley (simbolizada en el "vinagre", como en las tinajas de 2,6). No habrá limitación que sea superior al empuje de la muerte creadora y creativa de Jesús.
  • Esta muerte es una plenitud que implica y dinamiza. Implica porque requiere el concurso de lo creado para andar ese camino de plenitud (si no, sería pura magia). Y dinamiza porque la muerte de Jesús ha de ser comprendida y vivida más como un dinamismo que como la rememoración de un simple hecho histórico.
  • La implicación es especial para la comunidad de seguidores/as porque se "entrega el Espíritu" a la comunidad. Ella ha de ser la principal concernida. Hacer dejación de esta responsabilidad ante lo creado empobrece a la comunidad quitándole su misma identidad.

 

b) Derivaciones:

 

  • Para comprender la espiritualidad de la creación terminada se requiere, como requisito imprescindible, amar la creación, el mundo, la historia. Un alejamiento de esta realidad bloquea la vivencia de la creación como realidad terminada e instala al creyente en la mera superficie de lo que se ve, deduciendo que las cosas siguen su cauces, que todo sigue igual.
  • De aquí se deduce que el test que mide esta clase espiritualidad es el simple amor a la vida, en todas sus manifestaciones, sobre todo en aquellos lugares donde corre el riesgo de perder su dignidad.
  • La única manera de activar el seguimiento es vivirlo implicativamente. La contemplación de la entrega de Jesús llama a una creciente implicación en la cristificación del hecho histórico (empeñarse en que el mundo vaya funcionando con los criterios de Jesús: la paz, el amor, el acompañamiento a los débiles, la gratuidad, el perdón, la trascendencia, etc.).
  • La comunidad, depositaria de la obra de Jesús. Ésta es su gran responsabilidad. No es, ante todo, una comunidad de componente religioso, sino espiritual y relacional. Espiritual para acoger este espíritu que Jesús entrega (el de la nueva creación). Y relacional para vivir tal espíritu en las simples relaciones humanas tratando de que sean nuevas.

 

c) Consecuencias:

 

  • En el coro de lo creado. Ahí está la persona inserta. Hasta llegar a ver no solamente que estamos en la tierra, sino que somos tierra, solidarios con todo lo creado. Esto puede llevar a una visión más novedosa de nuestro ser histórico y a comprender mejor la espiritualidad de la creación nueva.
  • Derramar vida en torno será la gran tarea de quien entiende esta espiritualidad. Vivir y dar vida como la gran vocación de las personas, de toda persona, sobre todo de quien recibe el testigo del Jesús entregado. Sobre esa gran vocación se puede apoyar las diversas opciones creyentes y vocacionales explícitas.
  • Activar el seguimiento es una de las grandes tareas que tenemos pendientes las comunidades religiosas, siempre y más en este momento en que suena de una manera particular la llamada al seguimiento. Este es nuestro reto y nuestro problema. Una comunidad seguidora es imposible en la rutina de siempre. Hace falta la pasión por el espíritu de Jesús, por su afán de creación nueva, de vida distinta.
  • Responsables de la entrega de Jesús: así lo tendríamos que ver personal y comunitariamente. Contagiarnos esta responsabilidad sería hacer una gran obra de fraternidad y de fe. Desentendernos de esto, mirarlo como cosa meramente devocional, es abaratar, desnaturalizar, lo más valioso del misterio del Jesús entregado.

 

d) Oración:

 

  • Retomar el texto y leerlo contemplativamente.
  • Leer Jn 4,34: "Para mí es alimento realizar el designio del que me mandó dando remate a su obra".
  • Orar con este breve texto:

 

 Entra en picado

Por aquella kénosis

Que el Verbo aventuró

Desnudamente,

De abismo en abismo,

Hasta el foso fecundo de la muerte.

 

Día 11 (mañana): Promesas de triunfo:

 

a) El texto: Jn 19,38-42:

 

38Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo.

39Llegó también Nicodemo, el que al principio había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.

 40Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos.

41Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. 42Y como era para los judíos el día de la preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

 

  • Se narra un entierro en el lenguaje de unas bodas: perfume de mirra y áloe (perfumes de boda: Sal 44,8), lienzos (nupciales), huerto (lugar de amor y de vida). Se está queriendo decir que, aunque se entierra a un difunto, en realidad se está enterrando a un destinado a la vida, a uno en quien en el fondo anida la vida.
  • Reaparece Nicodemo (por tercera vez), el que había ido a verle de noche. Algo quedó en el fondo de este personaje. Es imagen de la adhesión que avanza muy poco a poco, pero avanza. Empieza a comprender que Jesús es un destinado al triunfo, más allá de su pobre vida y de su terrible muerte.
  • Mirra y áloe, como hemos dicho, son los perfumes nupciales. La vida de Jesús está destinada al amor total, a las bodas más hondas, aquellas que unen al Padre (a través de él) y a la historia, nosotros. Perfecto levir que se ha llevado a la mujer (a lo humano) a casa, amparándola y sosteniéndola, por lo que nadie (ni Juan Bautista) le ha tenido que "desatar" la correa de la sandalia en señal de menosprecio (Jn 1,27).
  • Los lienzos están referidos a los lienzos del lecho nupcial. Es Jesús el novio que alegra el oído de todos sus amigos (Jn 3,29), en cuya presencia no hay que ayunar (Mc 2,19) porque, en realidad, siempre estará con nosotros/as. Gozo por este Jesús, pobre y muerto, pero destinado al más profundo amor.
  • El huerto es signo de vida (Cantar). La pasión de Jesús, según Jn, está enmarca en ese huerto (18,1 y 19,41). Quiere indicar que, más allá de la muerte, la entrega de Jesús es pura fecundidad, puro amor que da vida. No es, pues, una muerte estéril, sino de enorme vigor creativo, fuerza creadora de vida.
  • El entierro se hace en el día de la "preparación": es un formidable anuncio de vida, la preparación para la plenitud que comienza. Hemos llegado a esa plenitud. La superficialidad no habría de hacernos creer que todo sigue igual, porque las raíces de la vida han empezado a dar su gran cambio, el giro hacia la dicha total.

 

b) Derivaciones:

 

  • La vida y la alegría como meta de la existencia, no el sufrimiento y el dolor. Por lo tanto, comprender el triunfo de Jesús como triunfo del amor ha de ir llevando a una espiritualidad del disfrute y de la alegría, más que una elaboración de la tristeza que aumente el dolor. Esto no conlleva el olvido de las limitaciones ni la lucha contra ellas. Pero pone el acento en el horizonte de la dicha.
  • Un anuncio de vida y gozo: así ha de ser comprendida la muerte de Jesús. El "anuncio de un nuevo amanecer", como dice Hech 26,23, de un nuevo horizonte. Si el gozo de la resurrección no es comprendida desde esa enorme posibilidad de dicha y de amor que encierra, le falta lo más importante.
  • Los perfumes de la comunidad no son la mirra y el áloe, sino el respeto, la gratuidad, la paciencia, la solicitud, la benignidad, el no devolver mal por mal, la preocupación real por lo que le preocupa realmente al hermano/a (Sal 133).
  • Jesús es esposo de la vida, de la creación, de las personas. Lo suyo es ampararnos con amor, disfrutar con nosotros/as en los gozos del amor. Esto ha de llevar a la comunidad seguidora a una esponsalidad vital, a un preocuparse con amor los otros y por las cosas. No se trata únicamente de una consecuencia de la fe, sino de algo más vivo: una amorosa de situarse en el mundo
  • La promesa de fecundidad que encierra la persona de Jesús ha de animarnos a conjurar el peligro de esterilidad que amenaza a toda vida y animarnos a ser "fecundos para Dios" y para los demás. Una vida fecunda, creadora de vida, generosa con la vida. para ello, es preciso tener entrañas capaces de engendrar, vivas, sensibles, humanizadas. Las entrañas duras no pueden engendrar.
  • Es preciso anunciar la vida desde una valoración humanizadora de la vida, desde un gozo esencial por la vida, desde un compromiso real con la vida en sus lados más débiles. Esta clase de anuncios es buena para el hecho social y se hace siempre libre de condicionamientos estructurales.

 

 

 

•c)       Consecuencias:

 

  • Apostar por la vida es una exigencia de la resurrección, más allá de toda limitación, de todo desengaño, de toda muerte. Creemos que va ser una apuesta ganada, nunca perdida. Jesús ha apostado así y ha ganado, el padre "lo ha exaltado" (Filp 2,9).
  • El disfrute de lo sencillo es un "arte resurreccional", porque no es únicamente mero disfrute, sino la evidencia de que la resurrección gozosa afecta a todos los aspectos de la vida; éste ha de ser el modo de disfrute de la vida fraterna. Desde ahí se puede pretender ser alternativa para modos de disfrute consumistas basados en el "mucho".
  • Un amor que se difunde, que se expande como los perfumes. Se difunde no sobre todo por una confesión explícita, sonora, de escaparate de las verdades religiosas, sino por el camino de estilos de vida sencillos, pero luminosos. De eso estamos necesitados hoy.
  • El entierro de Jesús en pobreza pero con capacidad de germinación de amor habla de la superioridad de la significatividad sobre la relevancia. A aquella estamos llamados/as (hacer con gusto y sentido lo que hacemos, aunque sea cosa humilde) y a esta otra no (a que se venda nuestro producto, a que estemos en el candelero y el escaparate).
  • ¿Qué espera de nosotros la sociedad? Que vivamos un estilo de vida luminoso, fraterno, compasivo y amante de esta vida tan limitada. Que curemos esta vida cuanto podamos. Que acompañemos los silencios de quien anda mal y sufre el peso de los días. Que mantengamos la utopía de que este mundo nuestro va, sin duda, a mejor, por encima de sus persistentes y enormes limitaciones.

 

d) Oración:

 

  • Leer el pasaje desde esta perspectiva "nupcial".
  • Leer Jn 4,14; 3,6; 4,6; 5,1.13.
  • Orar apoyados en este texto:

 

¿Dónde está tu victoria, muerte extraña?

¿Dónde está tu derrota, muerte amiga?

Nos llevas, te llevamos, en la entraña,

grano en tu surco, de tu surco espiga.

 

Juntos crecemos. Tú hacia el ocaso,

cumplida la misión que nos fecunda.

Nosotros hacia el día, por el "paso"

de tu garganta abierta. La profunda

 

soledad de tu abismo se ha llenado

con el grito de Dios crucificado,

con tu muerte en Su muerte redentora.

 

¡Victoria derrotada en Su agonía,

oh hermana temporal, vientre del Día,

umbral de los "levantes de la aurora"!

 

Día 11 (tarde): Una resurrección del lado de la vida:

 

a) El Texto: Jn 20,1-10:

 

                1El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. 2Echó a correr y fue adonde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y les dijo:

                ­-Han quitado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

                3Salió, pues, Pedro y también el otro discípulo camino del sepulcro. 4Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; 5y, asomándose, vio los lienzos ordenados; pero no entró. 6Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: contempló los lienzos ordenados 7y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con los lienzos, sino envolviendo un lugar. 8Entonces, finalmente, entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

9Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos. 10Los discípulos se fueron de nuevo a sus casas.

 

  • Este texto joánico recoge en sus dos primeros versos un testimonio muy antiguo sobre el hecho resurreccional: algo ocurrió con el cuerpo de Jesús que luego dio pie a la espiritualidad de la resurrección. Pero, más a la base, estaba el "amor de los que le habían amado desde el principio", como dice Flavio Josefo. Ese amor fue el chispazo que llevó al incendio posterior de la fe en la resurrección.
  • Refleja también el relato las tensiones de las tendencias diversas de la primitiva comunidad: Pedro, el llamado a confirmar la fe de los hermanos, no entra; el discípulo amado sí. Se está queriendo decir que ha sido el paganismo quien más ha ahondado en la resurrección y sus consecuencias. Las comunidades de fuerte componente judío han sido más remisas a la hora de confesar la fe en la resurrección porque les era un formidable impedimento la muerte deshonrosa que había sufrido Jesús y que ellos/as habían presenciado.
  • ¿Cuál es el argumento principal por el que el discípulo "al fin" cree? porque ve los lienzos en el suelo y el sudario envolviendo "determinado lugar". Los judíos llamaban al templo "el lugar". Lo que quiere decir: que el discípulo ha comprendido que "el lugar", el templo y lo legal que en él se representa, está envuelto en un sudario, es una realidad muerta a la que no hay que prestar ya caso. Mientras que los lienzos, símbolos de vida y amor, están en el suelo, en la realidad que tocan nuestros pies, nuestra vida. La vida está envuelta por el triunfo de Jesús. Por eso, "uno cree" en la resurrección en la medida en que se apunta a los lienzos, a la vida en el marco de la débil historia.
  • Sí la resurrección es una opción por la vida. Ésta ha sido la misma opción de Jesús. Eso es lo que la Escritura quiere revelar a quien lee en profundidad.
  • Pero el camino de la fe es un proceso. Por eso, los discípulos vuelven "a casa", a sus asuntos de siempre. Solamente han dado todavía pasos pequeños, iniciales. Pero la cosa ha comenzado. La fuerza de la resurrección respeta nuestros ritmos. Tiene vigor, tiene potencia, pero es compasiva y se adecua a nuestro paso.

 

b) Derivaciones:

 

  • ¿Cómo fue posible un nuevo comienzo? Es la gran pregunta de la teología (Moltmann, Küng). El amor desde el principio quizá fue el detonante (quizá junto a la sensibilidad y el valor de las mujeres). Lo cierto es que la llamita del triunfo de Jesús provocó un incendio que aún arde.
  • El amor y la vida son los verdaderos motores de la fe en la resurrección. De ellos nace y a ellos vuelve. Sin amor y sin inmersión en la vida la resurrección se sitúa únicamente en el plano de las creencias, no en el de los dinamismos.
  • La resurrección como dinamismo más que como creencia. ¿Cómo lograrlo? Poniendo el acento ya desde ahora más en el gozo, en la fuerza, en el amparo que provoca la resurrección (antropologización de la fe) que en lo ideológico o en las prácticas religiosas. Si uno/a experimenta que la resurrección realmente le potencia por dentro, que le mueve a pequeños planteamientos, que lo sustenta en el gozo y en la alegría, vamos por buen camino.
  • Trabajos por dar vida: éstos son trabajos resurreccionales, sobre todo si se hacen en el ámbito donde la vida está más oscurecida. Trabajos por alegrar, por acompañar, por comprender, por ayudar, por aliviar, por acoger, por sostener...éstos son los trabajos resurreccionales.
  • Ir creciendo: proceso de adultez cristiana. A esto también tendría que ayudarnos la reflexión y la oración en torno a la resurrección. Porque el hecho religioso ha envuelto estas realidades de comportamientos que requieren más madurez, más poner el acento donde está realmente lo importante.

 

c) Consecuencias:

 

  • Agradecidos por vivir. Gracias a la vida, como reza la canción de M. Sosa. La vivencia de la resurrección, de tiempo de Pascua, habría de ser una continua acción de gracias por la vida (tendría que sonar, en las preces, en las oraciones, en las reflexiones comunes, en los disfrutes comunes).
  • Activar cada día el amor. Porque mucho de nuestra espiritualidad, lógicamente, se juega en el cada día, en las pequeñas actuaciones diarias. Vivir la Pascua en la conciencia de que cada día de su cincuentena es una oportunidad para agradecer y disfrutar la vida.
  • Vivir procesualmente la Pascua yendo de menos a más (no de más a menos). Que no se diluya el tiempo de Pascua a la vez que asoma el verano. Tiempo de gozo creciente, de alegría creciente, de disfrute creciente. Una final de la Pascua fruto de un camino hermoso de ahondamiento en el gozo del resucitado.
  • Para ir incorporando esta espiritualidad se precisan modos de vida creyente adulta. Hemos de ir abandonando cada vez más prácticas que no nos ayuda a una manera impactante, vibrante, de vivir la resurrección de Jesús. Hay que preguntarse a medida que la Pascua avanza: ¿qué me está haciendo vibrar?
  • Sentir que se vive, sentir que la vida late en todas nuestras venas, que late en las realidades de la tierra. Percibir el bullir de la vida, ese algo que la mueve por dentro. La fe en la resurrección es para corazones bullentes, que hierven en el hervor mismo de la existencia.

 

d) Oración:

 

  • Leer el texto gustándolo.
  • Leer Jn 4,20; 5,13; 11,48.
  • Apoyarse en textos como éste:

 

El llanto vegetal
del incienso. Y el agua.
Y el fuego del pedernal...
Porque hoy empieza todo,
hoy habla lo elemental.
 
Y el Verbo se hace Luz
en la carne labrada de la cera...
 
Como en Belén tu Madre, en la gozosa
alba de ocaso de tu Navidad,
sobre esta cuna de inmortalidad,
en retorno de amor, vela tu Esposa.
 
Ni el día. Ni la aurora.
Ni los hombres... ¡Tú, Noche veladora
entre las flores del huerto!
 
¡Sólo tú sabes la hora!
 
¡Ha vuelto la golondrina
del Aleluya!
 
Tu Cuerpo es la Primavera.
Todas las rosas se cifran
en tus cinco rosas nuevas.
 
Cuando El llegó
¿qué hora daba, Madre,
tu Corazón?
(Mientras no llegaba,
daba la hora
de la esperanza).
Pero cuando llegó
¿qué hora daba...?
 
Tú, la primera. Habías de ser Tú.
¡Si hasta que vino a verte,
no hubo resucitado enteramente!
 
Hoy, Madre Fuente, conresucitado,
me renuevo en la muerte del Bautismo,
para volver a ser, ya hombre, el mismo
que nací de tu seno inmaculado.
 
¡Yo te seré testigo de Sábado:
como este exultante Diácono!

 

Día 12 (mañana): Tocar las llagas para curar la vida:

 

a) El texto: Jn 20,19-29:

 

            19Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

-Paz a vosotros.

20Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

21Jesús repitió:

-Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

22Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

-Recibid Espíritu Santo; 23a quienes libréis de los pecados, quedan libres; a quienes se los mantengáis, les quedan mantenidos.

24Pero Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25Así que los otros discípulos le decían:

                -Hemos visto al Señor.

                Pero él les contestó:

                -Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

                26A los ocho días, estaban otra vez los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

                -Paz a vosotros.

                27Luego dijo a Tomás:

                -Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

                28Contestó Tomás:

                -¡Señor mío y Dios mío!

29Jesús le dijo:

                -¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

 

 

  • He aquí lo que se denomina una "escena de reconocimiento": un personaje es reconocido por alguna de sus características personales e intrasferibles. Aquí, porque toca las llagas. La comunidad no tenía, al parecer, graves problemas en adherirse a un resucitado. La dificultad estribaba en aceptar que el resucitado de ahora es el llagado de entonces. El texto establece la total conexión entre ambos. Creer en el resucitado implica aceptar al Jesús llagado, la limitación de la historia. Más aún, se le reconoce porque el llagado ha tocado las llagas de la vida: al mostrar sus llagas y al invitar a tocarlas fuertemente está invitando a hacer obra de resurrección tocando las llagas. Nadie ha tocado las llagas como Jesús, nadie ha curado como él. Ahí lo reconoce Tomás, la comunidad.
  • La comunidad: Jesús en medio. Se hace Jesús "presente en el centro" (dos veces). Es signo de lo que es la comunidad: Jesús en medio y los discípulos en torno a él y vueltos los unos/as a los otros/as. Sin esta circularidad no es posible entender el mensaje del tocar las llagas. La comunidad se apoya en Jesús, que ha tocado llagas, y se anima a reproducir su comportamiento curativo.
  • La unión entre el llagado y el resucitado lleva a una mística de conexión entre triunfo y limitación, teniendo por seguro que aquella envolverá y superará a esta. Quedarse en las llagas es algo no lleva a una solución; es preciso dar a la historia débil un horizonte de utopía y de amor solidario que hable de la posibilidad de superar los precios, las llagas, inherentes al hecho histórico.

 

b) Derivaciones:

 

  • Reconocer, más que "creer". Porque de algo de eso se trata. No tanto de ser poseedor/a unas ideas, sino de la experiencia de haber ido en la vida reconociendo al resucitado, su lenguaje, sus presencias, en medio de los acontecimientos. Quien sabe más de reconocimientos, sabe más del resucitado.
  • Una comunidad en torno al Resucitado: la mejor manera de definir la comunidad cristiana. No tanto por adscripción religiosa cuanto por experiencias de comunidad en torno a Jesús. La Pascua es tiempo bien para activar y poner rostro a esas experiencias.
  • La historia como don mayor (único). Por muy limitada que se la perciba. Éste es el don mayor de Jesús a nuestra vida. ¿Cómo no agradecerla, cómo no mirarla con benignidad, cómo no hermanarse profundamente con ella, cómo no descender a su fondo, a su verdad?
  • El gran anuncio de curar es el gran anuncio de la resurrección. No se trata de anunciar un dogma, cuanto de proponer un cauce de curación y de gozo. Y eso que no se trata de mágicas curaciones, sino del acompañamiento a ese esfuerzo titánico por ir humanizado la historia (en el que todavía hemos logrado poco, al parecer). Él apoya este esfuerzo y su apoyo es definitivo para saber de su éxito.
  • Sintonía con los llagados, algo que deriva de la fe en la resurrección. No únicamente por solidaridad o compasión, sino adhesión del resucitado-llagado. Todo lo que les afecta concierne a quien se adhiere a Jesús.

 

c) Consecuencias:

 

  • Una tarea siempre delante. Ésa es la tarea de curar llagas. Es preciso ir dándole solución haciendo pequeñas prácticas, cotidianas maneras de aliviar las llagas de la vida. ése es el modo resurreccional que se puede vivir ya desde ahora (el "quitar las losas" de Jn 11).
  • Testimoniar la resurrección desde estilos de vida. De esto andamos ayunos, esto es lo que nos hace falta: maneras de decir con la vida que el resucitado-llagado es quien dinamiza nuestro plan diario de vida. Es preciso aspirar a comunidades que transparenten la presencia de Jesús en sus maneras de concebir las cosas cotidianas (el trabajo, la relación social, el dinero, la idea política, la solidaridad con los injustamente tratados, etc.). Si no "hablamos" ese lenguaje, el mensaje de la resurrección enmudece.
  • Amar esta casa nuestra, la vida, por pobre que se la quiera. Amarla cuidándola, mejorándola, sanándola, abrazándola. Hay que preguntarse (aunque nos parezca una cuestión excesiva) si cuando dejemos el mundo quedará un poco mejor que como lo encontramos. Si no tuviéramos respuesta, se nublaría el mensaje de la resurrección, hondo mensaje de mejora histórica.
  • Creer que algo ha cambiado, romper la superficialidad que parece decirnos que todo sigue igual. "Resucitado está en cada lágrima y en cada muerte como el júbilo y vida escondidos que vencen cuando parecen morir", decía Rahner. Y es verdad.
  • No temer tocar y sus consecuencias. Porque el temor sería lo puesto a la fe, a la adhesión a Jesús. Si esta es fuerte, el temor mengua y las consecuencias, a veces, duras, del tocar pueden ser más llevaderas. Activar la confianza y la adhesión para tener a raya al temor.

 

d) Oración:

 

  • Releer el texto con aprecio.
  • Leer Jn 13,5.14; 19,30.
  • Apoyarse para orar en textos como éste:

 

Entonces veré el sol con ojos nuevos

y la noche y su aldea reunida;

la garza blanca y sus ocultos huevos,

la piel del río y su secreta vida.

 

Veré el alma gemela de cada hombre

en la entera verdad de su querencia;

y cada cosa en su primero nombre

y cada nombre en su lograda esencia.

 

Confluyendo en la paz de Tu mirada,

veré, por fin, la cierta encrucijada

de todos los caminos de la Historia

 

y el reverso de fiesta de la muerte.

Y saciaré mis ojos en Tu gloria,

para ya siempre más ver, verme y verte.

 

 

           

 

 

Juan 7

CVJ

Domingo, 22 de marzo de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

7. Jn 2,1-12

 

Introducción:

 

                Hay algo que no deja de ser sorprendente: que en esta sociedad de masas, de tribu, de anonimato, haya siempre gente alternativa. Son personas que no bailan al son de la música general, que no disfrutan con los gozos vendibles del mercado, que no entienden la relación social en maneras marcadas de antemano, que no siguen el "camino que lleva a Roma", que diría Brassens. Siempre hay gente alternativa. Más aún, por extraño que parezca, el mismo sistema apunta, a veces, a lo alternativo. Hay economistas que dicen, en este desbarajuste financiero en el que estamos metidos, que la solución puede venir de la solidaridad con los países desfavorecidos; que eso puede ser ganancia para nuestra maltrecha sociedad occidental. Aún falta mucho para ver lo alternativo como solución. Pero algo se mueve.

                El texto evangélico de esta semana nos hace entrar ya formalmente en la primera parte del Evangelio de Juan. Le suelan llamar "el libro de los signos": Jesús revela que es solución para la historia mediante siete signos de fe. El primero de ellos es el que vulgarmente llamamos "las bodas de Caná". Pero, en realidad, habríamos de titularlo: una propuesta de vida alternativa. En el relato se contraponen dos modos de vida: el de quien vive apegado a la rigidez de la norma (lo representan las estáticas tinajas) y el de quien vive en lo creativo de la alegría y del amor (lo representa el vino nuevo). Ser alternativo no es ser raro, estrambótico, extremo. Es tener otra perspectiva sobre la vida, una mirada amable, generosa, imaginativa, nueva. Y, luego, apuntarse a caminos nuevos, buscadores, animosos. No situarse en lo trillado, en lo de siempre, en lo que no sobresalta nunca el corazón. El Evangelio tendría que suscitar en nosotros/as un calorcillo, como el buen vino, para luego animarse a vivir en novedad. Es posible.

 

***

Texto:

 

1Al tercer día había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; 2Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

                        3Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo con insistencia:

                -No les queda vino.

                        4Jesús le contestó:

                -Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.

                        5Su madre dijo a los sirvientes:

                -Haced lo que él diga.

                        6Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.

                        7Jesús les dijo:

                -Llenad las tinajas de agua.

                Y las llenaron hasta arriba.

                        8Entonces les mandó:

                -Sacad ahora, y llevádselo al mayordomo.

                Ellos se lo llevaron.

                        9El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio 10y le dijo:

                -Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora.

                        11Así, en Caná de Galilea, Jesús hizo la primera de sus señales, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él.

                12Después bajó a Cafarnaún con su madre, los hermanos y sus discípulos. Estuvieron allí sólo unos pocos días.

***

 

Ventana abierta:

 

 

R. Montero escribe una columna titulada "María y la vida". Una vida alternativa. "Acabo de reencontrarme con una buena amiga de juventud a la que hacía 30 años que no veía y de la que no sabía nada. Vive sola con dos perros en una urbanización modesta y remota junto a un pueblo perdido de Toledo, sin coche, sin Internet, con una nevera roída por el óxido que parece chatarra pero que enfría bien, cultivando sus propias verduras en un huerto minúsculo, viviendo en el más desnudo filo de una economía de subsistencia. La última vez la vi en la estación de Atocha, ataviada con un mono fabril color butano y tomando un tren camino de la India. Ahora me he enterado de que ha vivido muchos años en Goa y en el Himalaya, y en Italia y en Madrid y de nuevo en la India. Ha atravesado a pie Afganistán, ha desempeñado diversos trabajos, ha dado clases ella misma a sus dos hijos, que no fueron nunca escolarizados. El mayor decidió ser físico, y a los 15 años se examinó en un instituto madrileño para incorporarse directamente al Bachillerato. Sacó los mejores resultados en décadas. Ha hecho la carrera con notas espectaculares y ahora está terminando el doctorado. Se diría que mi amiga les supo educar. También en el cariño: sus dos hijos y sus dos nietos la visitan mucho. Se ha pasado los últimos nueve años cuidando, ella sola, a su compañero, paralítico y enfermo. Él murió hace un mes. Llevaban juntos 33 años. Pintaba y escribía, como mi amiga. La casa está llena de cuadros de los dos, impresionantes cuadros simbolistas de intrincado detalle. Esta casa de austeridad espectral que es la antítesis de nuestra sociedad del desperdicio. De la misma manera que mi amiga, con su vida excéntrica de cometa libérrimo, es la antítesis de lo artificial, de lo convencional y lo superfluo. Hay una especie de sencilla pureza en ella, una autenticidad que corta como una cuchilla. Sí, hay otras maneras de vivir. Se llama María".

                Oramos: Gracias, Señor, porque no se acaba el manantial de los alternativos/as; gracias por quien vive en creciente libertad; gracias por quien mira la vida desde la orilla del amor.

 

***

 

La mirada de Jesús:

 

                Una mirada en este texto sobre su madre, sobre "la mujer", sobre nosotros/as. Le dice que no ha llegado su hora. María cree que la hora mejor de un Mesías es la del triunfo, la de la gloria, la del reconocimiento general. Pero esa no es la hora de Jesús. Su hora es la del "vino nuevo", la de los caminos alternativos en la vida sencilla, la de las entregas reconfortantes pero calladas. El vino nuevo que hace nacer una relación nueva, verdaderamente humana. Ése es el milagro.

                Oramos. Gracias, Señor, por tu amorosa creatividad; gracias por tus caminos siempre sembrados de novedad; gracias por el vino nuevo de tu amor incansable.

 

***

 

Apuntando a lo profundo:

 

                Dice el texto que el vino nuevo había estado "guardado hasta ahora". Como el Mesías esperado que surge en el momento oportuno. El vino nuevo de lo alternativo tiene su momento en nosotros/as y en la sociedad. Imponer la alternatividad sería destruirla, como imponer el amor. Es preciso saber esperar el momento, estar en cercanía, entrelazar caminos y vida. Y luego vendrá el momento de plantar alternativas.

                Oramos: Que aumente nuestra cercanía al corazón de la persona para vivir lo alternativo; que crucemos nuestras sendas con las personas para que nazca lo alternativo; que esperemos con paciencia fraterna el momento bueno para andar caminos de novedad.

 

***

Apoyo cotidiano:

 

                Dice el texto que "los sirvientes sí sabían" de dónde había venido el vino. Los humildes, los que sirven, saben  de alternatividad, aunque no se percaten de ello. Por eso, hay que mirar en su dirección. Podemos ayudarnos en caminos alternativos en modos sencillos, humildes, en pequeños criterios, en apoyos elementales, en palabras que parece que de nada sirven La comunidad virtual puede ser un cauce para ello.   

                Oramos: Que nos animemos a caminos nuevos; que nos digamos palabras nuevas; que apreciemos los proyectos de novedad.

 

***

 

Para orar:

 

Si un día perdiera mi calma y mi paz

tu sabrías qué hacer y cómo ayudar.

Si perdiera la fe tendría en ti

algo en lo que creer.

 

Pongo mi confianza en ti, tu no me dejarás,

nunca me traicionarás, dos impulsos y un solo ser

haciéndome pensar que puedo mantenerme en pie,

nunca perderé mi confianza en ti,

 

Tu aliento me llevó al abrigo del mal,

lejos de la traición, de tanta falsedad,

el tiempo inútil y gris no inyectará

nunca su veneno mortal...

 

Pongo mi confianza en ti, tú no me dejarás

y tienes tanto que decir, dos impulsos y un solo ser

haciéndome creer que puedo mantenerme en pie.

 

Nunca perderé mi confianza en ti

 

Luz Casal

 

***

Juan 6

CVJ

Domingo, 15 de marzo de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

6. Jn 1,43-51

 

Introducción:

 

                Parece increíble, pero en esta época de duro y hasta cruel realismo, sigue aumentando el número de personas que creen en la utopía, que valoran los sueños, que siguen diciendo, en este desierto, que el anhelo de una mundo distinto es posible. No se cansan, no se desdicen, continúan intentándolo por todos los medios. Gente que ha intuido la hermosura de un mundo fraterno y no quiere renunciar a ese sueño. Más allá de sus propias contradicciones, de sus extraños caminos, de sus miedos siempre activos, siguen soñando en un mañana diverso. Esta terquedad tiene que provenir de un fondo humano que no se sacia con cuatro cosas, cuatro dineros, cuatro momentos de placer. Esa "sed" inapagable nace de lo primario de la vida.

                Es que el texto de hoy habla de algo de esto: Natanael es uno que ha sido visto por Jesús "debajo de la higuera". La higuera era el árbol mesiánico; bajo él se sentaban los piadosos judíos a leer la ley; bajo él se alimentaban los sueños de un mañana distinto, el día del reino del Mesías. Natanael es uno que sigue alimentando ese sueño. No le ha hecho desistir de él ni la historia de Israel, tan marcada por el pecado, ni siquiera sus propias limitaciones personales. Sigue emperrado en el sueño de un mundo distinto. Jesús lo percibe así. Y se identifica con él. Como si le dijera: vente conmigo, porque tú y yo tenemos el mismo sueño, lo podemos compartir, podemos trabajar juntos para que ese sueño vaya tomando rostro. De alguna manera, el sueño de otra vida posible, de otra humanidad, de otra historia humana es el mismo sueño de Jesús. lo podemos compartir con él, lo podemos seguir soñando. No nos avergüence esta ingenuidad; mantengamos vivo el anhelo. A su tiempo se verá que no andábamos tan equivocados/as.

 

***

 

Texto:

 

43Al día siguiente, determinó salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice:

                -Sígueme.

                        44Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y Pedro.

                        45Felipe encuentra a Natanael y le dice:

                -Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas lo hemos encontrado: a Jesús, hijo de José, de Nazaret.

                        46Natanael le replicó:

                -¿De Nazaret puede salir algo bueno?

                Felipe le contestó.

                -Ven y verás.

                        47Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:

                -Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.

                        48Natanael le contesta:

                -¿De qué me conoces?

                Jesús le contestó:

                -Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera me fijé en ti.

                        49Natanael respondió:

                -Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

                        50Jesús le contestó:

                -¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.

                        51Y le añadió:

                -Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

 

Ventana abierta:

 

 

 

Este señor es el pensador Edwar de Bono. Se dedica, al parecer, a dar cursos a empresarios sobre lo que él llama "cambio de paradigma", una manera nueva de entender la empresa. Y dice cosas como éstas: "Ahora mismo, el gran reto que exige el mundo es que la humanidad cambie de paradigma, es decir, que cambie nuestra manera de ver y de interactuar con la realidad, aprendiendo a diseñar el futuro en consonancia con nuestros verdaderos valores y necesidades humanas. No podemos seguir funcionando desde nuestro egoísmo y egocentrismo. Es hora de funcionar desde el "nosotros", desde la cooperación y el altruismo, a partir de lo que podemos crear verdadero sentido a nuestra existencia". Hasta los empresarios empiezan, por sus intereses, a considerar al valor de la utopía, del anhelo, del cambio. Los "hijos de las tinieblas" son sagaces y saben ver el valor de los sueños, su rentabilidad. ¿Cómo no vamos a mantenerlo nosotros?

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes no cejan en sus sueños; gracias por quienes creen en la utopía; gracias por los irreductibles del mundo nuevo y distinto.

 

***

 

La mirada de Jesús:

 

                Jesús le dice a Natanael que cuando estaba debajo de la higuera "se fijó" en él. Esa manera intensiva de mirar quiere decir que hay una fuerte compenetración entre el anhelo de Jesús y el Natanael. Jesús anda mirando para fijarse, para decir a quien lo desee que es posible aunar anhelos, sumar sueños, multiplicar intentos. Con esto se está queriendo decir al creyente que si sueña con un estilo de vida nuevo, con una sociedad asentada sobre otros pilares, no está solo en tal búsqueda. Otros y, sobre todo, el mismo Jesús han andado tras esta senda. No es una quimera. La mirada de Jesús, ahondada, amable, animadora, tendría que reconfortarnos.

                Oramos: Que la mirada de Jesús nos reconforte; que el saber que Jesús vivió anhelando la nueva sociedad nos reconforte; que teniendo por cierto que Jesús nos abraza y anima nos reconforte.

 

***

 

Apuntando a lo profundo:

 

                Jesús dice a Natanael que verá "cosas más grandes". ¿A qué se refiere? A lo que viene a continuación, al camino del seguimiento a Jesús. Eso es más grande que nada. ¿Cómo una cosa tan humilde puede ser lo "más grande"? Porque por esa senda se atrapa el sueño de una historia nueva, persona y colectiva. ¿Es esto creíble? Es aquí donde se pone a prueba la confianza en Jesús: si él lo asegura, ¿no va a ser verdad? Si no nos fiamos de él, ¿cómo seguirle?

                Oramos: Que te creamos, Señor, cuando nos aseguras que el seguimiento lleva al sueño de un mundo nuevo; que te demos fe cuando nos dices que el Evangelio apunta a nuevos modos de humanidad; que nos fiemos de ti cuando aseveras que nos espera la realidad "más grande" de un mundo fraterno.

 

***

 

Apoyo cotidiano:

 

                Releyendo el texto de Gen 28,11-17 dice el Evangelio de Juan que veremos a los ángeles de Dios "subir y bajar sobre el Hijo del Hombre". Es decir, veremos la cercanía de Dios, la total cercanía, a la historia humana. Con Jesús se rompe la barrera que establece lo religioso entre lo divino y lo humano. Aquel se mete en éste. Por eso, el intento, el sueño de una sociedad fraterna es un sueño divino, Dios mismo lo hace suyo. Cuando una persona trabaja, lo que sea, por ese mundo distinto, está dando cuerpo y carne al sueño de Dios. Por eso, cualquier cosa que hagamos por generar fraternidad, contacto, amparo, abrazo entre nosotros/as, es colaborar al logro del sueño. Así de sencillo.

                Oramos: Que creamos que podemos colaborar al sueño de Dios amparándonos y amándonos; que pensemos que el sueño del mundo nuevo no está del todo lejos de nuestro alcance; que nos alegre ver que hay muchos gestos de fraternidad que son el lenguaje del mundo nuevo.

 

***

 

Para orar:

 

Todavía cantamos, todavía pedimos,
todavía soñamos, todavía esperamos,
a pesar de los golpes
que asestó en nuestras vidas
el ingenio del odio,
desterrando al olvido
a nuestros seres queridos.
Todavía cantamos, todavía pedimos,
todavía soñamos, todavía esperamos;
que nos digan adónde
han escondido las flores
que aromaron las calles,
persiguiendo un destino
¿Dónde, dónde se han ido?
Todavía cantamos, todavía pedimos,
todavía soñamos, todavía esperamos;
que nos den la esperanza
de saber que es posible
que el jardín se ilumine
con las risas y el canto
de los que amamos tanto.
Todavía cantamos, todavía pedimos,
todavía soñamos, todavía esperamos;
por un día distinto,
sin apremios ni ayuno,
sin temor y sin llanto,
porque vuelvan al nido
nuestros seres queridos.
Todavía cantamos, todavía pedimos,
Todavía soñamos, todavía esperamos...

 

Víctor Heredia

***

 

Noticias del grupo:

 

  • Nada especial que reseñar. Buenos los chistes de Forges que nos envía José L. Terol para mitigar la crisis. Si alguien tiene alguna noticia, por pequeña que sea, bienvenida.