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FIAIZ

Juan 5

CVJ

Domingo, 8 de marzo de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

5. Jn 1,40-42

 

Introducción:

 

                A todos nos cuesta mirar en dirección al propio interior. Y esto es así porque en él hay, además de muchas cosas buenas, un buen montón de limitaciones que uno/a torea como puede. Por eso nos disgusta mirar al interior. A veces nos disgusta, incluso, que otros miren y nos digan qué ven ahí. Sin embargo, la limitación puede ser encajada, puede ser mirada con benevolencia, podemos tener benignidad con nuestro lado débil. Quien lo consigue, quizá no solucione sus limitaciones, pero, al mirarlas con más paz, se sentirá menos herido/a, menos desestabilizado/a, más sosegado/a. Es una gran sabiduría saber mirar el fondo de lo que somos, sobre todo los lados negativos, con acogida y equilibrio.

                Es que el Evangelio de Juan, cuando trata de decir qué clase de discípulos va a tener Jesús, no rehuye el lado limitado de los mismos. Ahí, en esa limitación, puede el discípulo encontrarse con el Jesús benigno. Por eso, dice el texto que Jesús se encuentra con Simón-Pedro en su ser "Cefas", piedra, testarudo, duro de pelar, terco, obstinado. Es el lado débil de Pedro: buena persona, pero cerril, testarudo, siempre esperando sacar algo de Jesús cuando lo que él quiere es que se entregue al Reino. Pero Jesús no le rechaza: cree que aunque sea "Cefas" puede ser seguidor suyo. Él comprende esa debilidad, la acoge, la dignifica y no le retira por ello ni su confianza ni su amor. Se puede ser seguidor/a de Jesús siendo "Cefas", siendo débil, notoriamente limitado. El Evangelio no es para santos, sino para gente ilusionada con Jesús, aunque sea uno/a débil. Al contacto con él, irá menguando esa debilidad.

 

***

 

Texto:

 

                        40Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús;

 

                 41fue a buscar primero a su propio hermano Simón y le dijo:

                -Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).

                        42Y lo llevó a Jesús.

 

                 Jesús se le quedó mirando y le dijo:

                -Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que significa Pedro).

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

 

            Este es el actor de cine Mickey Rourke. Estos días ha estado en la prensa porque parecía que le iban a dar un oscar, pero no se lo han dado. Hizo de san Francisco en la película de Liliana Cavani. Se ve que en su vida ha sido un verdadero truhán. Un tipo nada recomendable. Pero él ha mirado su limitación y, mal que bien, ha podido encajarla. También con una fe explícita que él reconoce. En una entrevista que le hacían días atrás decía: "Te levantas un día por la mañana y te das cuenta de que todo ha desaparecido. Tu respetabilidad, tu dinero... Y también toda esa gente por la que estabas interesado. Es un agujero muy oscuro en el que estás. Y te pones a rezar a Dios. Quiero decir que, literalmente, rezas puesto de rodillas y diciendo: ‘Por favor, Dios mío, ¿no podrías enviar algo de luz a mi vida?'. Y yo siempre pensaba que aquella luz volvería a desaparecer. Porque de vez en cuando surgía una leve esperanza".

                Oramos: Gracias, Señor, por quien mira con paz y esperanza a su debilidad; gracias por quien no se asusta de sus limitaciones; gracias por quien anhela más luz en su vida.

 

***

 

La mirada de Jesús:

 

                La mirada de Jesús sobre "Cefas" es penetrante y acogedora. Dice el texto: "Fijando la vista en él...". Jesús no mira sin más a Cefas. Fija la vista en él. Es decir: le mira con hondura, con aprecio, con sintonía, sabiendo ir más allá de su debilidad. Él comprobará a lo largo de los años que estén juntos que Pedro es bueno, pero es débil. Eso no será obstáculo para encomendarle la tarea hermosa de confirmar la fe de los hermanos, aunque sea después de la traición. Ni entonces le retirará su confianza. Porque Jesús sabe que Pedro es más que su debilidad, que su amor puede sobrenadar su mar oscuro.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por mirarnos siempre con benignidad; te bendecimos por tu mirada a nuestra vida que va más allá de nuestra limitación; te damos gracias por acoger con amor en tus palmas nuestro pecado.

 

***

 

 

Apuntando a lo profundo:

 

                Jesús dice a Pedro que es "Simón". Es su nombre "de pila", lo que es y será siempre. Porque más allá de toda vestimenta que nos pongamos, del ropaje con que nos disfracemos, de los roles que nos atribuyamos, debajo hay un Simón, lo que uno es realmente, con sus posibilidades y limitaciones. No hay que temer a ese Simón de dentro, aunque sea un Cefas. Ahí, en esa necesidad nuestra, es donde Jesús va a realizar un encuentro que nos ilumine y aliente.

                Oramos: Que no temamos mirarnos por dentro; que nos cueste cada vez menos que nos digan nuestra limitación; que la digamos a los demás con aprecio y cariño.

 

***

 

Apoyo cotidiano:

 

                Dice el texto que Andrés condujo a Pedro a Jesús. Y, por ello, se deduce que Pedro se dejó conducir. Es una manera de comenzar a reconocer la propia limitación porque podía haberse opuesto tercamente a ser conducido a Jesús. Pero se dejó hacer. Empezaba el camino bueno. Podemos animarnos de maneras sencillas a hacer el camino de aceptar nuestra limitación. Si lo hacemos con sencillez, aprecio y cercanía, la empresa es posible. Trabajo verdaderamente fraterno.

                Oramos: Que nos ayudemos a caminar con respeto y aprecio; que nos podamos decir nuestra limitación mezclada al amor; que nos animemos siempre a encajar lo débil con buen ánimo.

 

***

 

Para orar:

 

Si yo no creyese en ti, mi Dios,

¿qué sería de mí?

Ahora mismo, ¿sería ahora mismo?

 

Pero mi Dios es bueno,

crece espontáneamente

como la hierbabuena.

 

Pero mi Dios es más que bueno,

crece espontáneamente

como el escaramujo.

 

Pero mi Dios es más bueno que bueno,

es azulísimo,

crece espontáneamente

como la mora en la zarza o la frambuesa.

 

¿Dónde estaría mi día y qué sería

de él, si yo no creyera en Dios?

Mi ahora mismo, ¿sería este ahora mismo?

 

¿Y qué de mí, sin ver mi día,

ni mi ahora, ni siquiera la luz?

Si yo no creyese en ti, mi Dios...

 

Francisco Pino

 

***

 

 

 

 

Juan 4

CVJ

Domingo, 1 de marzo de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

4. Jn 1,35-39

 

                Es cierto que gran parte de la vida la situamos en lo exterior, en lo superficial. Pero hay quienes van mirando en otra dirección: en la dirección de la interioridad.  El camino interior es toda una aventura. No es en primera instancia una actividad religiosa. Andar el camino interior es empeñarse en descubrir los valores que me habitan, en percibir la pleamar de mis emociones y sentimientos, es desvelar los impulsos que me hacen mejor persona, es conectar con los sueños que mantengo tercos y vivos. El camino interior es, en definitiva, descubrir la suerte de ser humano, cuando es la humanidad quien nos habita. Puede parecer algo que se escapa de nuestras manos, algo irreal, pero andar el camino interior es toda una aventura.

                Juan nos dice cómo son por dentro los seguidores de Jesús. Y desde este pasaje los pinta como alguien que, a su manera, busca andar ese camino interior que les descubra la hermosura de su propia persona. Buscando a Jesús buscan, en realidad, su propio interior. Quizá no lo supieran, pero quedándose con Jesús, viendo dónde vivía, haciendo una experiencia de vida con él estaban iniciando el camino de su propia interioridad. Su persona saldría enriquecida de esa senda. Es que para el Evangelio de Juan ser discípulo no es solamente creer unas verdades. Es también andar una senda secreta, un camino íntimo, es llegar a percibir el valor hondo de cada persona y mantener viva la certeza de que en ese lugar está siempre el Jesús que se desvela y se revela a mí, a nosotros/as. No son falsas místicas: es preguntarse por lo mejor de uno/a mismo/a, por la fuente de sus gozos, por el secreto de sus penas. Hacer con Jesús este viaje a lo interior puede ser una instancia enriquecedora de nuestras vidas. Y aunque no fuera más que por escapar de la estéril superficialidad, ya merecería la pena el intento.

 

***

 

Texto:

 

35Al día siguiente, estaba Juan con dos de sus discípulos 36y, fijándose en Jesús que pasaba, dijo:

                -Este es el Cordero de Dios.

                        37Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.

 

                 38Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó:

                -¿Qué buscáis?

                Ellos le contestaron:

                -Rabbí (que equivale a Maestro), ¿dónde vives?

                        39Él les dijo:

                -Venid y lo veréis.

               

                Entonces fueron, vieron dónde vivía, y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.

 

Ventana abierta:

 

 

 

                Hoy queremos recordar otra vez al monasterio de Taizé en Francia. Llevan más de cuarenta años tratando de ser un centro de aprendizaje y experiencia de interioridad, de espiritualidad. Tiene todavía eco en miles de personas del mundo. Su éxito ha sido, justamente, trabajar la interioridad de forma sencilla y humana. No se pregunta a quien llega allá si es cristiano, de otra religión o de ninguna. Únicamente se requiere que el camino interior sea un anhelo, que se quiera mirar en esa dirección, que uno crea que es posible que hoy, en plena época secularizada, la interioridad es una hermosa aventura.

                Oramos: Te damos gracias por quienes nos ayudan a andar el camino de la interioridad; te bendecimos por quienes son entusiastas caminantes de las sendas del corazón; te alabamos por quienes aman la aventura humana.

 

***

 

La mirada de Jesús:

 

                La mirada de Jesús se vierte en este pasaje sobre los discípulos que comienzan a recorrer el camino interior. La mirada de Jesús es generosa ("se volvió"), animadora  ("¿qué buscáis?") e invitadora ("venid y lo veréis"). No reparó Jesús en la debilidad evidente de quienes le pedían ser compañeros de viaje al interior de la persona. No se detuvo en sus límites, siempre en primer plano. No consideró su tendencia al fallo, al abandono, al cansancio. Los miró como sujetos aptos para ese hermoso y no fácil camino de la interioridad. Como a nosotros/as.

                Oramos: Gracias, Jesús, por ser generoso siempre con nosotros/as; gracias por animarnos más allá de nuestros propios cansancios; gracias por invitarnos cada día andar contigo la experiencia de una  vida interior reconfortante.

 

***

 

Apuntando a lo profundo:

 

                Para andar el camino interior hay que desearlo, hay que verle alguna "utilidad". No puede ser otra que el sentido, el enriquecimiento del fondo de la persona y el gozo amoroso por esta vida. Para andar el camino interior es preciso estar a bien con esta vida, haberse reconciliado con la limitación, mirar con benignidad a cosas y personas, tener una paz lo más profunda posible en el propio interior. Un interior alborotado es obstáculo para esa tarea de andar el camino interior. Por eso, contagiémonos sosiego, silencio, paz, tranquilidad en el marasmo de nuestros días cotidianos. Nos haremos bien.

                Oramos: Que el sosiego sea parte de nuestro caminar diario; que la paz se vaya adueñando de nuestro corazón; que la alegría honda nos reconcilie con la vida, a veces tan áspera.

 

***

 

Apoyo cotidiano:

 

                Aunque no lo percibamos claramente, hacer en comunidad virtual este camino de la mano de san Juan es ayudarnos a andar el camino de la interioridad. Quizá la aportación pueda parecernos pequeña. Pero a la larga, el contacto con la Palabra y con las personas que la aprecian nos va haciendo personas más profundas, más ajustadas a la verdad, más sensatas, más sosegadas. Se va enriqueciendo el interior, ese subsuelo que no aparece, pero que está ahí. No menospreciemos esta ayuda. Tampoco es que nos sobren agarraderos para esta clase de tareas. Nos hacemos un bien.

                Oramos: Que quienes amamos la Palabra nos apoyemos en el deseo de caminar con interioridad; que nos digamos con buenas palabras que nuestro deseo de profundidad no es vano; que el sosiego sea un regalo que nos hacemos.

 

***

 

Para orar:

 

Sólo desde el encuentro

con el Todo,

podemos soltarlo todo,

y ser libres y gratis.

 

Dejaremos que se vayan

con su ruido y su torpeza

los recuerdos heridos

pegados a la memoria,

y los miedos futuros

danzando en la fantasía,

las urgencias y desafíos

que nos rompen

porque nos ignoran,

y las pesadumbres como lodo

con su calma cenagosa

de inercia sin salida.

 

No intentaremos ser

los amos del misterio

ni en el yo

ni en el otro.

Sólo servidores

del Señor y de su Reino.

 

Sin tu Espíritu creador

que todo lo llena,

la vida entera

se convierte en rito

de animal domesticado,

con mucho recelo

repartido por el alma,

y con el cuerpo ansioso

por el terrón de azúcar

al final del trabajo.

 

Sólo dejaremos

que todo se vaya libre

en la vida cotidiana,

si Tú llegas hasta nosotros

como la plenitud

en todo lo que somos.

 

Benjamín González Buelta

 

***

 

 

 

 

 

 

Juan 3

CVJ

Domingo, 22 de febrero de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

3. Jn 1,29-34

 

                Con la que está cayendo, no es de extrañar que haya personas que concluyan que nuestro mundo es una realidad sin corazón, sin alma, sin sentimientos. Como ha ocurrido siempre, pero de forma más descarada aún, los poderosos campan a sus anchas, mientras que los débiles lo tienen más crudo que nunca. Y parece que no hay piedad para los pobres. Sin embargo, hay quienes luchan para que el espíritu de humanidad no muera, para que la sensibilidad social no se extinga, para que los débiles sobrevivan al machaque de los poderosos. Hay quien sigue confiando en el corazón de los humanos y pensando que lo mejor se oculta en lo interior, “lo invisible a los ojos”, que decía Saint-Exupéry. Esos tales devuelven el alma a la sociedad, la dotan de espíritu, le proporción un aliento de vida. Gracias a ellos se puede decir que no ha muerto el espíritu en nuestro mundo y podemos soñar y desear que viva siempre.

                Cuando el Evangelio de Juan quiere prepararnos a su propuesta y nos va diciendo quién es Jesús, viene a decir en este texto que es uno con alma, con el Espíritu dentro que se ha quedado en él. Más tarde, en 14,23, se dirá esto de toda persona. No estamos despojados de alma, de corazón, de interioridad. No nos quedemos en la superficie: más allá de lo externo está la hermosa realidad de un corazón que ama, siente y cree (aunque a veces sea en formas no religiosas). Esto tendría que animarnos. Porque si tal cosa es verdad, eso quiere decir que Dios no solamente no ha abandonando nuestra vida, sino que la habita y hace de ella su morada. Para un creyente tal planteamiento tendría que engendrar paz, sosiego, equilibrio y gozo profundos.

 

***

 

Texto:

 

                        29Al día siguiente, al ver a Jesús que venía hacia él exclamó:

                -Éste es el Cordero de Dios, que asume la debilidad del mundo. 30Éste es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un varón que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. 31Yo no lo conocía, pero si he salido a bautizar con agua, es para que sea manifestado a Israel.

               

                32Y Juan dio testimonio diciendo:

                -He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una especie de paloma y se quedó sobre él.

               

                 33Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y quedarse en él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo”. 34Y yo lo he visto, y soy testigo de que éste es el Hijo de Dios.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                Esta foto de una barra de pan partida ilustra la noticia reciente de que en Badalona han pedido 18 meses de cárcel para un sin techo que robó media barra de pan de una panadería. Ni siquiera hay foto de él. Año y medio de cárcel por una barra de pan, mientras los grandes ladrones de guante blanco eluden toda responsabilidad criminal. Sería como una fotografía de este mundo sin alma. Pero basta ver los comentarios que en Internet recibe la noticia para que nos percatemos de que el sentido de la justicia en modo alguno se ha apagado entre las personas. Las protestas por esta clase de decisiones judiciales indican que el corazón del mundo sigue latiendo y que los pobres pueden tener esperanza.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes tienen activado el sentido de la justicia; gracias por quienes sienten en su vida la suerte de los débiles; gracias por quienes mantienen viva la sensibilidad por el bien.

 

***

 

La mirada de Jesús:

 

                Dice el texto que Jesús va a bautizar “con Espíritu”. Es decir, su bautismo no es, ante todo, un gesto religioso, sino un dar Espíritu para que la persona responda espiritualmente, humanamente. Por eso mismo, obrar con inhumanidad es traicionar al Espíritu, es el verdadero pecado contra el Espíritu que dirá Lc 12,10. Por eso, Jesús nos mira a los ojos para decirnos claramente: quieres ser una persona espiritual, pues sé hondamente humano/a. Esa es la manera.

                Oramos: Que seamos espirituales siendo hondamente humanos; que no pequemos contra el Espíritu por nuestra dureza de corazón; que nos impacten las lágrimas de quienes nadie consuela.

 

***

 

Apuntando a lo profundo:

 

                Quienes apreciamos a Jesús, persona con el Espíritu dentro, hemos de intentar leer la realidad como algo que también tiene dentro el Espíritu. Eso quiere decir que es preciso tener lo mejor controlados posible el desaliento por el mal que nos hacemos, la condena por las heridas que reciben los pobres, la maldición por la injusticia que aún funciona a su aire. Para ser personas de Espíritu es preciso leer la realidad con benignidad, como algo que tiene alma en su cuerpo malherido. Únicamente esta benignidad nos puede llevar a amar esta vida.

                Oramos: Que seamos benignos con la dura realidad; que no condenemos por razones del daño que nos hacemos; que no desistamos de vivir en la mayor justicia posible soñando que puede haber un horizonte de felicidad para la vida.

 

***

 

Apoyo cotidiano:

 

                La oración comunitaria puede ayudarnos a construir, poco a poco, un alma creyente, un espíritu que lea con humanidad los caminos de esta vida. Toda ayuda que nos demos para esta lectura benigna de la vida será siempre bienvenida. Esto frenará en nosotros/as los modos inhumanos de entender la vida que, quizá con razón, siempre están ahí. Nos hará más inmunes a la condena a la vez que más sensibles a la injusticia. Todo beneficios.

                Oramos: Que nos ayudemos a leer la realidad con alma; que nos contagiemos benignidad para no condenar; que no ceda nuestro rechazo de la injusticia y nuestra cada vez menor colaboración con ella.

 

***

 

Para orar:

 

Oh, Señor de mi vida,
¿estaré ante Ti
cara a cara?

Con las manos juntas,
oh Señor de todas las palabras,
¿estaré ante Ti
cara a cara?

Bajo tu gran cielo,
en soledad y silencio,
con humilde corazón,
¿estaré ante Ti
cara a cara?

En este mundo laborioso,
de herramientas y luchas y multitudes con prisa,
¿estaré ante Ti
cara a cara?

 

R.Tagore

***

 

 

 

 

 

CVJ

Domingo, 22 de febrero de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

3. Jn 1,29-34

 

                Con la que está cayendo, no es de extrañar que haya personas que concluyan que nuestro mundo es una realidad sin corazón, sin alma, sin sentimientos. Como ha ocurrido siempre, pero de forma más descarada aún, los poderosos campan a sus anchas, mientras que los débiles lo tienen más crudo que nunca. Y parece que no hay piedad para los pobres. Sin embargo, hay quienes luchan para que el espíritu de humanidad no muera, para que la sensibilidad social no se extinga, para que los débiles sobrevivan al machaque de los poderosos. Hay quien sigue confiando en el corazón de los humanos y pensando que lo mejor se oculta en lo interior, "lo invisible a los ojos", que decía Saint-Exupéry. Esos tales devuelven el alma a la sociedad, la dotan de espíritu, le proporción un aliento de vida. Gracias a ellos se puede decir que no ha muerto el espíritu en nuestro mundo y podemos soñar y desear que viva siempre.

                Cuando el Evangelio de Juan quiere prepararnos a su propuesta y nos va diciendo quién es Jesús, viene a decir en este texto que es uno con alma, con el Espíritu dentro que se ha quedado en él. Más tarde, en 14,23, se dirá esto de toda persona. No estamos despojados de alma, de corazón, de interioridad. No nos quedemos en la superficie: más allá de lo externo está la hermosa realidad de un corazón que ama, siente y cree (aunque a veces sea en formas no religiosas). Esto tendría que animarnos. Porque si tal cosa es verdad, eso quiere decir que Dios no solamente no ha abandonando nuestra vida, sino que la habita y hace de ella su morada. Para un creyente tal planteamiento tendría que engendrar paz, sosiego, equilibrio y gozo profundos.

 

***

 

Texto:

 

                        29Al día siguiente, al ver a Jesús que venía hacia él exclamó:

                -Éste es el Cordero de Dios, que asume la debilidad del mundo. 30Éste es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un varón que está por delante de mí, porque existía antes que yo". 31Yo no lo conocía, pero si he salido a bautizar con agua, es para que sea manifestado a Israel.

               

                32Y Juan dio testimonio diciendo:

                -He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una especie de paloma y se quedó sobre él.

               

                 33Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y quedarse en él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo". 34Y yo lo he visto, y soy testigo de que éste es el Hijo de Dios.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

 

                Esta foto de una barra de pan partida ilustra la noticia reciente de que en Badalona han pedido 18 meses de cárcel para un sin techo que robó media barra de pan de una panadería. Ni siquiera hay foto de él. Año y medio de cárcel por una barra de pan, mientras los grandes ladrones de guante blanco eluden toda responsabilidad criminal. Sería como una fotografía de este mundo sin alma. Pero basta ver los comentarios que en Internet recibe la noticia para que nos percatemos de que el sentido de la justicia en modo alguno se ha apagado entre las personas. Las protestas por esta clase de decisiones judiciales indican que el corazón del mundo sigue latiendo y que los pobres pueden tener esperanza.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes tienen activado el sentido de la justicia; gracias por quienes sienten en su vida la suerte de los débiles; gracias por quienes mantienen viva la sensibilidad por el bien.

 

***

 

La mirada de Jesús:

 

                Dice el texto que Jesús va a bautizar "con Espíritu". Es decir, su bautismo no es, ante todo, un gesto religioso, sino un dar Espíritu para que la persona responda espiritualmente, humanamente. Por eso mismo, obrar con inhumanidad es traicionar al Espíritu, es el verdadero pecado contra el Espíritu que dirá Lc 12,10. Por eso, Jesús nos mira a los ojos para decirnos claramente: quieres ser una persona espiritual, pues sé hondamente humano/a. Esa es la manera.

                Oramos: Que seamos espirituales siendo hondamente humanos; que no pequemos contra el Espíritu por nuestra dureza de corazón; que nos impacten las lágrimas de quienes nadie consuela.

 

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Apuntando a lo profundo:

 

                Quienes apreciamos a Jesús, persona con el Espíritu dentro, hemos de intentar leer la realidad como algo que también tiene dentro el Espíritu. Eso quiere decir que es preciso tener lo mejor controlados posible el desaliento por el mal que nos hacemos, la condena por las heridas que reciben los pobres, la maldición por la injusticia que aún funciona a su aire. Para ser personas de Espíritu es preciso leer la realidad con benignidad, como algo que tiene alma en su cuerpo malherido. Únicamente esta benignidad nos puede llevar a amar esta vida.

                Oramos: Que seamos benignos con la dura realidad; que no condenemos por razones del daño que nos hacemos; que no desistamos de vivir en la mayor justicia posible soñando que puede haber un horizonte de felicidad para la vida.

 

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Apoyo cotidiano:

 

                La oración comunitaria puede ayudarnos a construir, poco a poco, un alma creyente, un espíritu que lea con humanidad los caminos de esta vida. Toda ayuda que nos demos para esta lectura benigna de la vida será siempre bienvenida. Esto frenará en nosotros/as los modos inhumanos de entender la vida que, quizá con razón, siempre están ahí. Nos hará más inmunes a la condena a la vez que más sensibles a la injusticia. Todo beneficios.

                Oramos: Que nos ayudemos a leer la realidad con alma; que nos contagiemos benignidad para no condenar; que no ceda nuestro rechazo de la injusticia y nuestra cada vez menor colaboración con ella.

 

***

 

Para orar:

 

Oh, Señor de mi vida,
¿estaré ante Ti
cara a cara?

Con las manos juntas,
oh Señor de todas las palabras,
¿estaré ante Ti
cara a cara?

Bajo tu gran cielo,
en soledad y silencio,
con humilde corazón,
¿estaré ante Ti
cara a cara?

En este mundo laborioso,
de herramientas y luchas y multitudes con prisa,
¿estaré ante Ti
cara a cara?

 

R.Tagore

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Retiro Cuaresma 2009

 

Retiro en Cuaresma 2009

 

 

 

SOSTENER PREGUNTAS

QUE NO TIENEN RESPUESTA

La conversión entendida como trabajo por mantenerse en las preguntas

 

            Podría pensarse la que nuestra es una sociedad que no se hace preguntas. El ritmo alocado, superficial a veces, de vida podría inducirnos a pensar que ya no hay sitio para las preguntas. No es así. Los "aullidos", que diría Mestre, de las preguntas múltiples siguen escuchándose en el silencio de la noche humana. Cada mañana renacen las preguntas, tercas, más allá de las losas con que pretendemos sofocarlas.

            Hay quien dice que lo bueno de las preguntas es su capacidad de interpelación, no tanto su capacidad de respuesta. Pero, en realidad, buscamos respuestas desesperadamente y pensamos que sostener una pregunta es, simplemente, una esterilidad. La vida es como es. Y en ella, las preguntas sin respuesta vuelven a surgir imparables.

            ¿Y si hiciéramos el esfuerzo de convivir con las preguntas, de no impacientarnos porque no encontramos respuesta? ¿Y si halláramos esa tercera vía de sostener las preguntas, de mirarles a la cara, de elaborar caminos de vida a pesar y más allá de ellas? ¿Si les dijéramos a las preguntas que la vida es algo más que ellas, un camino hermoso aunque estén ellas?

            Puede parecer esto algo teórico, ingenuo y raro. Pero, miremos al fondo de la vida. Ahí están las preguntas. Por eso, ¿no sería la Cuaresma, definida clásicamente como tiempo de conversión, un tiempo bueno para sostener preguntas? Quizá nos llevaría eso a acercarnos al Dios que se revela en lo oscuro a la persona cuyos fondos son difíciles de tocar.

 

1. El Dios que, en sí mismo, es pregunta

 

            Hemos manipulado tanto a Dios que lo entendemos y vivimos como algo ajeno a las preguntas. Todo lo más, le hacemos, nos hace, preguntas ideológicas, dogmáticas pero casi nunca preguntas vitales. Y, sin embargo, bien mirado, Dios es pregunta que nos deja temblando, titubeantes, hasta que aprendamos a verle como pregunta que nos sacude, que nos hace vibrar.

            Vamos a tomar, para "calentar motores", un poema del "místico" orensano José A. Valente. Es profundo e interpelante:

 

Sentí real el pálpito

de tu oscura impresencia.

 

Supe que estabas.

                             Te busqué.

Ardía lento el fuego en los rincones

más secretos del ciego laberinto.

 

No busqué la salida, la imposible

salida.

            Te buscaba.

 

                                   Manifiéstate,

dije, sintiendo repentino

que ya lo habías hecho en el latido

de lo no manifiesto.

 

  • El pálpito de tu oscura impresencia: Quizá no sea bueno un Dios demasiado presente, demasiado claro. Tal vez sea más estimulante, más creativa, una impresencia que palpite. Porque así quedará a salvo la libertad de Dios y aumentará en nosotros/as el deseo de un Dios inmanipulable y libre.
  • Supe que estabas: Porque no hay ninguna impresencia capaz de apagar la llama de la certeza que sabe de presencias. Se sabe que está más allá de todo argumento, de todo signo; más allá de cualquier más allá.
  • Te busqué...te buscaba: No frenéticamente, perdidamente, excesivamente. Sí en modos anhelantes, infatigables, tercos. Con un amor que embriaga, que vive en las "locuras" del amor. Una búsqueda sin otra finalidad que la de ver a un Dios "oscuro".
  • Ardía un fuego en el laberinto: Un fuego inextinguible en este laberinto de vida. Más allá del hecho religioso, más allá de cualquier pertenencia creyente. Un fuego en el secreto laberinto, en los recovecos de cada caminar, en la urdimbre de cada existencia.
  • No busqué la imposible salida: La salida airosa del saber sobre Dios; la certeza de sus normas; la evidencia de sus palabras; lo indiscutible de sus mandamientos. Parecen caminos eficaces, pero llevan a una manipulación de la ausencia con la intención de hacerla presente. Entonces, nos es ya deudora.
  • Manifiéstate...ya lo habías hecho: Incapaces, como en Juan 7,13 ò 14,22, de controlar el grito ahogado que pide la presencia, que desea la respuesta porque le pesa como un muerto la pregunta. Pero ya te habías manifestado en lo inmanifiesto, en la misma pregunta, en todas las preguntas.

 

 

 

2. Una Palabra de aliento: 1 Pe 1,8-9

 

            "Vosotros no lo visteis, pero lo amáis; ahora, creyendo en él sin verlo, sentís un gozo indecible, radiantes de alegría, porque obtenéis el resultado de vuestra fe, la salvación personal".

 

            1 Pe es un texto para el ánimo. Sus destinatarios son cristianos que han tenido que emigrar, posiblemente por razones económicas, a lejanos países. El autor quiere decirles que, lejos de su patria, tienen en la comunidad una nueva casa en la que acoger su desamparo vital, un ámbito en que sus preguntas vitales, preguntas sin respuesta, son acogidas: ¿por qué soy pobre? ¿Por qué he tenido que emigrar? ¿Por qué me es hostil el ambiente? ¿Por qué me puede la añoranza? ¿Por qué siento que no tengo cimiento bajo mis pies? ¿Por qué me cerca la soledad? ¿Qué sentido tiene lo que vivo? ¿Para qué trabajar tanto? ¿Por qué persistir en la fe de Jesús? ¿No es mejor dejarse llevar? Etc., etc.

            Busca el autor en el fondo de su experiencia creyente razones no tanto para responder a ese cúmulo de cuestiones, sino para que la desesperanza no sea el único eco de tantas preguntas.

            Y entonces, vuelve su mirada hacia Jesús:

  • Vosotros, no lo visteis y lo amáis: Por increíble que parezca, se puede amarle sin verle. El rostro de Jesús, como dirían san Juan de la Cruz, curaría toda "dolencia de amor", toda pregunta que escuece. Pero no está a nuestro alcance "el rostro deseado". Sin embargo, sin verle, se le puede amar; su sonrisa, puede verterse luminosa sobre nosotros/as; el brillo de sus ojos puede iluminar nuestra mirada empañada tantas veces por las lágrimas. ¿Es esto creíble? Lo es, dice el autor. Todo eso puede hacerlo realidad la fuerza del amor, el dinamismo de una adhesión viva, la fe mantenida de generaciones de creyentes que no han desviado su mirada de este rostro siempre amable.
  • Creyendo en él, sin verlo, sentís un gozo indecible: No están reñidas las preguntas sin respuesta con el gozo "indecible". Se puede vivir en las preguntas sin que la luz y el brillo de la alegría se extingan. Sí,  es un gozo indecible, inexplicable, que viene no sabemos de qué fuente. Pero la evidencia de que brota pujante, la certeza de que muchas veces sobrepasa y envuelve el caudal de la tristeza es innegable. Gozo indecible, porque no tenemos palabras adecuadas. Pero gozo real, no vano anhelo.
  • Radiantes de alegría: Una alegría rutilante que se irradia, que se expande, que se contagia, que hace de contrapeso a la carga enorme de las preguntas que abruman. Una alegría liviana que hace más respirable el ambiente sofocante en el que, a veces, se mueven nuestros días. Una alegría humilde que hace más llevadero el duro camino vital que se anda bajo el peso de las preguntas sin respuesta.
  • Porque obtenéis el resultado de vuestra fe, la plenitud personal: Ya que, por extraño que parezca, el camino humano, sembrado de preguntas sin respuesta, es, por Jesús, camino de plenitud. Él ha sembrado esa capacidad (Jn 1,12) y no habrá obstáculo definitivo para que se llegue a la plenitud. Entonces, el escozor de las preguntas sin respuesta, dejará de doler, mostrará su oculto sentido. La promesa de plenitud no aminora por el peso de las preguntas. Permanece intacta y vigente porque se asienta sobre su persona, no sobre nuestra incapacidad para encontrar respuestas.

 

3. Preguntas que la fe no responde, pero dice algo

 

                  La vida está trufada, desde antiguo, de preguntas que, por mucho que se intente, no hay quien les dé una respuesta satisfactoria. A veces, sería mejor el simple silencio. Pero también la espiritualidad ofrece atisbos que, sin responder, puedan iluminar. Vamos a mencionar algunas de esas preguntas que se mezclan a nuestros días:

 

  • Preguntas viejas: Son preguntas de todas las generaciones de cristianos/as, desde los días del NT hasta hoy: Se las hace la persona religiosa y la que dice no serlo (como hemos dicho con el texto de Valente):
  • - ¿Por qué Dios no habla? Bonhoeffer decía que un Dios que es, no es Dios. Menos, un Dios que habla. Su modo de hablar es su hondísimo silencio. ¿Cómo entender que ese silencio no es desentendimiento, sino donación total? ¿Cómo ver en su silencio su total cercanía?
  • - ¿Por qué tarda tanto?: En realidad viene, pero al ritmo de los procesos históricos y personales. Dios no avasalla, no pasa por encima de los procesos. Dicen que el en fondo funcionamos como los hombres de hace 50.000 años, los hombres de las cavernas. Dios espera que evolucionemos hacia parámetros de humanidad. Mientras tanto, nos anima cada día a ese camino, nos pone mediaciones que nos ayuden.
  • - ¿Por qué está Dios envuelto en tanta oscuridad?: Hay gente que no soporta eso y envuelve a Dios de enorme claridad. Es una claridad falsa. Como dice el Roto: "Si alguien dice algo de lo que yo soy, tenedlo por un farsante". Una cierta oscuridad le va bien a Dios; le protege de nuestros desatinos.
  • Preguntas de siempre: Y que por ello perviven, ya se cambie de siglo, de época o de situación social. Son preguntas que nos corroen, porque de ellas depende mucha de nuestra felicidad.

- ¿Qué sentido tiene la vida?: Lo ignoramos. Podemos intuir que un horizonte hermoso no tiene por qué sernos ajeno. Pero poco más. Tal vez el amor sea un paliativo para el sentido, una razón para la esperanza. El mismo "amor sin esperanzas" es puro amor que devuelve la esperanza.

  • - ¿Por qué la soledad vital?: La estructural, la imposible de vencer, de ser transferida a otro/a, la que nos acompaña desde el nacimiento hasta la tumba. El no poder solucionarla debería desatar en nosotros/as la ternura y generar imaginativos mecanismos de amparo.
  • - ¿Qué es el más allá?: Sin respuesta. Solamente la confianza puede ser un paliativo, una luz para orientar. Si no, la negación es lo más evidente y lo más liberador.
  • Preguntas hondas: Son como aguijones porque de éstas no se libra nadie. Se concretizan en situaciones muy vivas e inmediatas. Por eso vienen cada día:
  • - ¿Por qué el dolor?: Sin respuesta. Dios es quien más sufre, a su manera, en su amplitud de Dios. Los duros precios históricos son menos que las posibilidades que se abren. Ni para Dios es posible una posibilidad sin precio porque ese precio hace parte de las leyes de la historia. Enorme respeto ante que quien sufre sin ver las posibilidades. Respeto y misterio.
  • - ¿Por qué el desamor?: Porque anida una fiera en el cañaveral del corazón. Pero esa fiera puede ser mirada, contenida. Y si se desata, siempre queda el recurso a la piedad.
  • - ¿Por qué la dura muerte?: Silencio. Pero es preciso flexibilizar el tema de las "presencias", ablandar el compacto muro que en torno a la muerte hemos construido, personal y socialmente. Quizá eso fuera bálsamo ante las muertes, ánimo para reivindicar la justicia debida a quien ha muerto llevando fuertes pesos de injusticia.
  • Preguntas de hoy: Están todos los días en la calle, las páginas de los periódicos las recogen constantemente y en mil tonos, afectan a todos/as los ciudadanos:
  • - ¿Por qué son los poderosos tan inmisericordes?: Blindan sus salarios exorbitantes; salen de cualquier crisis a costa de los débiles sociales; les importa un comino la suerte de miles de millones de pobres; no saben cómo calmar su enorme sed de ganancias. ¿Qué pintan en este mundo? No lo sabemos. Mientras tanto, es preciso, por razones de dignidad, luchar contra ellos, ser refractarios a sus propuestas, buscar denodadamente alternativas, aunque ellos se cansen de decirnos que no las hay.
  • - ¿Por qué estamos tan lejos de la realidad de la tierra?: Porque el libro de la tierra se nos ha hecho ilegible. Hemos escogido un camino divergente. Nuestra soberbia nos ha llevado a creernos lo que no somos. ¿No es hora de volver a la gran casa de la madre tierra? ¿No es hora de pensar que somos tierra?
  • - ¿Por qué la insensata centralidad del hombre? Ni siquiera de la mujer. Creerse "rey de la creación", enorme ingenuidad que da base a tremendos expolios. ¿Quién nos enseñará humildad y verdad para hacernos saber que hemos sido admitidos a una casa habitada, a un país poblado, a una familia (la de la creación) viejísima de miles de millones de años?
  • Preguntas que habría que responder: A las que la sociedad y el mismo hecho religioso responde con timidez y arbitra soluciones de poco calado, por lo que la tarea para su logro es todavía ingente:
  • - ¿Por qué aún está por darse la lucha por la dignidad?: Porque, tal vez, no sabemos mirar más allá de las apariencias. Porque los intereses nublan el sentido de lo que somos. Porque es más fácil situarse en el silencio cómplice que enarbolar la bandera de cualquier dignidad conculcada.
  • - ¿Por qué no se consideran innegociables y universales los derechos humanos?: Somos cómplices del enorme fracaso y retroceso que, a veces, percibimos en el tema de los derechos humanos. Nuestra inhibición y nuestro desentendimiento serán nuestros acusadores.
  • - ¿Por qué no se apaga la sed de trascendencia?: Porque quizá sea una sed inapagable. Una trascendencia entendida como una realidad intrahistórica, que profundiza en la historia, en lo humano, podría mitigar esa sed que abrasa a no poca gente (dígase de una manera o de otra).

 

4. Cuando las preguntas inundan la vida

 

            Hay un torrente de preguntas que circulan por nuestras calles y plazas porque somos nosotros/as quien las llevamos incorporadas. Quizá no se trate, como hemos dicho, de darles solución sino de, en primer lugar, mirarlas; luego, sintonizar con ellas; tal vez, paliarlas en alguna medida.

  • ¿Dónde apoyar y sostener nuestras ruinas interiores?: No lo sabemos. Pero si no es en otro corazón, posiblemente no encontremos un apoyo eficaz. Por eso, "tocar corazones", entrar en el secreto de la buena relación es, entre otras cosas, el mejor preventivo contra cualquier clase de ruinas.
  • ¿Por qué no se caldean los fríos abismos de las separaciones, de los olvidos, de las divisiones? Porque, incomprensiblemente, no sabemos inventar caminos de acercamiento; porque preferimos sufrir el frío viento del desamor antes que encender una llamita que lo disipe. Por eso, encender esos fuegos, por modestísimos que sean, es acorralar un poco al desamor, de inmenso poder.
  • ¿Por qué no nos cansamos de juzgar condenando?: Porque tenemos dentro un juez implacable. Porque nuestra mirada está embadurnada de inmisericordia. Porque quisiéramos que los demás fueran lo que, en realidad, no somos nosotros/as. Por eso, controlar a ese juez únicamente puede hacerse desde la más elemental misericordia, desde la certeza de que el débil (miser) puede habitarme dentro (cordia).
  • ¿Por qué está tan vigente el afán de apropiarse del otro/a?: Porque queremos autoafirmarnos a costa de quien sea, cuando, en realidad, el camino de la no apropiación, del servicio sencillo, es mejor garantía de autoafirmación.
  • ¿Cuándo encontraremos el camino de nuestro yo interior?: Cuando nos demos cuenta de las enormes posibilidades de fraternidad encierra la historia. Cuando sintamos  vivamente que, con todas las limitaciones, es una suerte haber pertenecido a la aventura de la vida.
  • ¿Por qué nos abandona el vigor vital?: No solamente porque los años acarrean pesos y enfermedades, sino porque se nos nubla el horizonte. ¿Se puede en esa situación mantener luminoso el horizonte? Se puede intentarlo. Siempre en el marco del amparo común, del ánimo compartido, de los apoyos mezclados.
  • ¿Cuándo controlaremos nuestros miedos? Los congénitos y los adquiridos. Posiblemente nunca. Pero tal vez podamos convivir con ellos sin desestabilizarnos del todo. Para ello, habrá que mirarse no solamente en las limitaciones, sino en la elemental limitación de existir y descubrir ahí el gozo de ser uno con otros.
  • ¿Por qué no brota pujante la confianza?: Porque eso supone una entrega de lo más valioso de uno/a mismo. Y somos celosos guardianes de tal realidad. El día que nos decidamos a compartirla, quizá florezca la increíble planta de la confianza.
  • ¿Cuándo entenderemos que el corazón del otro/a es nuestra mejor casa?: Cuando nos asomemos a sus abismos, a los de amor y a los de la debilidad. Entonces nos veremos reflejados y capaces de compartir caminos hasta sabernos en el mundo como la más elemental de las casas comunes, en la familia humana como en la familia primordial, la más verdadera.

 

5. Conclusión

 

            ¿Puede ser la Cuaresma un tiempo propicio para esta clase de planteamientos? Todos/as reconocemos la necesidad de llenar de sentido el tiempo fuerte de la Cuaresma. Hacerlo de esta manera, reflexionar y plantearse lo elemental de lo que nos ocurre, leerlo a la luz de la palabra e imbuirlo de contemplación (entendida ésta como ahondamiento) quizá pueda ser un camino. Desde esta convicción podría hacerse un itinerario cuaresmal:

 

1ª semana: contemplar a Dios que se revela en la impresencia, el Dios ausente que brilla en su ausencia y desde ahí se hace presente.

2º semana: recabar textos bíblicos que hablen de preguntas no respondidas (¿Está Dios con nosotros o no está? ¿Cuándo me consolarás?. Etc.). Preguntar a Dios desde la Palabra.

3ª semana: hacerse las grandes preguntas de la vida, tener presentes en la oración a quienes más se preguntan.

4ª semana: fijarse en la calle, en las preguntas que andan por ahí, en los modos como se preguntan las personas de hoy.

5ª semana: celebrar por anticipado al Jesús que es para los creyentes respuesta confiada a muchas preguntas. Prepararse a la celebración de la muerte-resurrección de Jesús.

 

            Si cualesquiera de estas sugerencias ayudan a vivenciar de manera más vibrante la Cuaresma y la Pascua habrán logrado su objetivo. El Dios de amor que subyace a nuestras preguntas nos vaya mostrando su rostro y si no, como se le dice a Moisés, que nos muestra su bondad.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño

Juan 2

CJ

Domingo, 16 de febrero de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

2. Jn 1,19-28

 

                La búsqueda de amparo es una constante en el caminar humano. Toda persona quiere tener una casa que le cobije, una persona que le abrace, una ideología que le sostenga, una mirada que le acoja. Puede decirse que nuestro caminar humano es un esfuerzo continuado por llegar a alguna "casa", a alguien que nos comprenda y acoja. El desamparo es la forma más brutal de inhumanidad. La persona que se siente desamparada es capaz de los mayores disparates, de las más profundas depresiones. Por eso, amparar al otro/a es la forma más hermosa de decir el sentido de la tarea humana. Quizá hoy no tenga buena prensa ni la misma palabra. Pero el amparo es un anhelo inapagado en el corazón de toda persona, de toda realidad, del mismo Dios: Él quiere buscar amparo en nosotros. ¿No es algo de eso lo que llamamos, en lenguaje religioso, la encarnación?

                Cuando el Evangelio de Juan quiere ir preparando el terreno al Jesús del Evangelio comienza por decirnos quién es este Jesús, en el fondo. Y lo dice de manera hondamente cordial: Jesús es uno que nos ampara. Para ello emplea en este pasaje una imagen muy conocida por los judíos, no tanto por nosotros: es la ley del levirato. Esta ley pretendía que la mujer no quedara nunca desamparada desde el punto de vista legal. Para eso, según la costumbre de la época, había de tener un hombre, un go'el, que le amparara. Si éste no cumplía su cometido amparador se le imponía una multa, se le escupía en el rostro, y se le desataba la correa de la sandalia. El gesto significa que nos ha cumplido su obligación de amparo. Juan el Bautista dice que él no es quien para desatar la correa de la sandalia de Jesús, ya que éste ha cumplido muy bien su función de amparador: se ha llevado al pueblo a casa, se ha "casado" con el pueblo, no lo ha dejado sólo, lo ha amparado. Ha sido Jesús un buen go'el. Él nos ampara: ésa es su manera de decir que es para nosotros Hijo. Nunca dejará de ampararnos.

 

***

 

Texto:

 

19Y éste es el testimonio que dio Juan cuando los jefes judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas, a que le preguntaran:

                -¿Tú quién eres?

                20Él confesó sin ninguna reserva esto:

                -Yo no soy el Mesías.

                21Le preguntaron:

                -Entonces ¿qué? ¿Eres tú Elías?

                -Él dijo:

                -No lo soy

                ¿Eres el profeta?

                Respondió:

                -No

                22Pues ¿quién eres? Para que podamos dar una respuestas a quienes nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?

                23Él contestó:

                -Yo, un grito en el desierto,  que ya lo dijo Isaías: Despejad el camino del Señor.

               

24Entre los enviados había fariseos 25y le preguntaron:

                -Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?

                26Juan les respondió:

                -Yo bautizo con agua; pero en medio de vosotros hay uno que no conocéis, 27el que viene detrás de mí, que existía antes que yo y al que yo no soy quién para desatarle la correa de la sandalia.

               

28Estas cosas ocurrían en Betania, a la orilla oriental del Jordán, donde estaba Juan bautizando

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

            Estos niños africanos caminan a un dormitorio común en el norte de Uganda para evitar que los militares los capturen y los conviertan en soldados. La organización africana "El Arca de Noé" los acoge cada noche y les da cobijo y amparo (viene en el documental "Invisibles" bajo el epígrafe Buenas noches, Ouma, se puede ver en youtube). Han tenido la suerte de encontrar alguien que les ampara, que les sostenga en lo más elemental, en el valor de su propia vida. Quien les ampara hace la misma tarea que Jesús hace con nosotros/as.

                Oramos: Gracias, Señor, por quien ampara a los desposeídos; gracias por quien siente como suyas las lágrimas de los pobres; gracias por quienes no se piensan mucho las cosas a la hora de amparar.

 

***

 

La mirada de Jesús:

 

                La mirada de Jesús sobre la persona, no lo dudemos, es la propia de quien hace de su vida un trabajo de amparo. Quizá Jesús no nos da "soluciones" para nuestra vida. Ésas las que tenemos que ir encontrando nosotros/as. Pero saber que Jesús es amparo para la existencia tendría que provocar en nosotras un gran sosiego, un equilibrio interno, una seguridad de que las cosas, aun por caminos torcidos, acabarán bien. Si eso se diera así, como dice Leclerc, "atravesaríamos por la vida con la tranquilidad de los grandes ríos".

                Oramos: Que tu mirada, Señor, nos sosiegue; que tu mirada, Señor, nos convenza de que nunca nos faltará tu amparo; que tu mirada sea siempre benigna sobre nuestros caminos.

 

***

 

Apuntando a lo profundo:

 

                Las heridas que nos hace la vida nos vuelven desconfiados. Por eso, cuando alguien quiere ampararnos, sospechamos y pensamos que algo quiere sacar de nosotros/as. Para asimilar el amparo es preciso tener una actitud de apertura, de acogida, de mano abierta, no de mano escondida que no sabe uno/a si empuña la espada. Esta apertura grande es próxima a la sencillez, a la confianza, a no tener segundas intenciones. Sin ella no es fácil ver que hay quien está dispuesto a ampararnos, Jesús y otras personas.

                Oramos: Que vivamos en modos menores y sencillos; que mantengamos una confianza básica en las personas; que eliminemos lo más posible nuestras segundas intenciones.

 

***

 

Apoyo cotidiano:

 

                Nuestra comunidad virtual no puede brindar grandes amparos, pero algunos sí. Cualquier cosilla que hagamos por conectar con el otro/a, por preocuparnos de él, por hacerle saber que estamos ahí, es el lenguaje del amparo. Y si no empleamos este lenguaje, ¿cómo va a ser eficaz el lenguaje de la oración? Tendríamos que animarnos a creer que nuestra capacidad amparadora es más de la que normalmente pensamos.

                Oramos: Que no tengamos miedo a hacer ver nuestra presencia cercana a la vida de quienes amamos; que empleemos con frecuencia el lenguaje del amparo; que nuestro amparo sea generoso y sin paternalismos.

 

***

 

Para orar:

 

Presencia amparadora del Señor

 

Siento la voz divina de Tu boca
acariciar mi oído tiernamente,
Tu aliento embriagarme, y mi frente
la mano que ilumina cuanto toca.

 

Mi antiguo corazón de amarga roca
ha brotado divina, oculta fuente,
y una armonía dulce y sorprendente
a su celeste Amor, fiel me convoca.

 

La soledad, de la noche en que vivía,
el hondo desamparo y desconsuelo,
la triste esclavitud que me perdía,

 

son ahora presencia, luz sin velo,
son amor, son verdad, son alegría,
son amparo  en Ti, Señor, ¡son cielo!

Bartolomé Llorens

 

***

 

              I

  Señor, me cansa la

 

Juan 1

CVJ

Domingo, 8 de febrero de 2008

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

1. Jn 1,1-18

 

Introducción:

 

                Creer que la persona, toda persona, tiene dentro la capacidad de tocar la dicha, de llegar al gozo, de ponerse en el lado de la bondad; creer en todo esto más allá del daño que nos hacemos, del olvido con que nos tratamos, de la dureza y desconfianza con que nos plantamos ante el otro/a es un verdadero milagro. Pero ese milagro existe. Hay gente, mucha, que no renuncia a la dicha, que no se hunde para siempre en la pena, aunque tendría motivos para ello. Desvelan el porqué último de la vida y el cosmos: no es otro que la nunca apagada vocación a la felicidad. No hay quien sofoque ese fuego.

                Al iniciar su evangelio, Juan ha puesto un prólogo del que la persona religiosa suele subrayar la grandeza de la encarnación de Jesús (v.14: "La Palabra se hizo carne..."). Pero, en realidad, el quid está en el v.12: "Les dio capacidad para ser hijos de Dios": capacidad para el gozo, para la plenitud, para el disfrute anhelado. Una capacidad para este momento de la vida, para esta situación, para este concreto punto del camino. El amor del Padre ha sembrado en el corazón de la persona, y aun de las mismas cosas, esa increíble capacidad. ¿La hago funcionar o no? La pelota está en nuestro tejado. No se trata tanto de creer en la encarnación, cuanto de creer en la capacidad que el Padre ha sembrado en ti, en mí. Honda y verdadera fe.

 

***

 

Texto:

 

                1,1          Antes del principio, la Palabra,

                               y la Palabra, vuelta a Dios,

                               Dios, la Palabra.

•2                    En el principio, vuelta a Dios.

 

•3                    Por medio de la Palabra todo ha ido viniendo

y sin ella nada ha venido

de lo que vive.

•4                    En ella, la vida,

la vida, luz de la humanidad.

•5                    La luz atraviesa la tiniebla

y la tiniebla no la sofocó.

 

•6                                    Surgió un hombre enviado por Dios,

llamado Juan.

                7                             Venía como testigo,

                                               a testimoniar de la luz,

                                               para que todos tuvieran, por su medio,

                                               la experiencia de la fe.

                8                             No era él la luz,

                                               sino sólo su testigo.

 

                9             La Palabra, única luz genuina,

                                que, viniendo al mundo,

                               alumbra a toda la humanidad.

                10           En el mundo estaba;

                               y aunque el mundo se hizo por medio de ella,

                               el mundo no la reconoció.

                11           Vino a su propia casa,

                               y los suyos no la recibieron.

                12           Pero a cuantos la recibieron

                               Les hizo capaces de ser hijos de Dios.

                               Y estos que continúan apoyándose en su persona

                13           no han nacido de sangre,

                               ni de amor carnal,

                               ni de amor humano,

sino de Dios.

                14           Así que la Palabra compartió la historia,

                               poniendo su tienda entre nosotros.

                               Y hemos contemplado su gloria:

                               gloria propia del Hijo único del Padre,

                               plenitud de ternura fiel

 

                15                           Juan da testimonio de ella

                                               y grita diciendo:

                                               -Éste es de quien yo dije:

                                               "El que viene detrás de mí,

                                               pasa delante de mí,

                                               porque existía antes que yo".

 

•16                 La prueba es que de su plenitud

todos hemos recibido

una ternura que responde con ternura.

•17                 La Ley se dio por medio de Moisés,

la ternura y la fidelidad

vinieron por medio de Jesucristo.

 

•18                 A la divinidad nadie le ha visto jamás;

pero el Hijo único,

que conocía el corazón del Padre,

es quien lo ha dado a conocer.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                Estas mujeres de la india son beneficiarias de los llamados microcréditos. Con unas cantidades mínimas han logrado sobrevivir en situaciones de gran dureza económica. Alguien creyó en su capacidad para salir a flote; ellas mismas creyeron en tal capacidad. Se verificó el milagro. La fe en la capacidad de las pobrezas es auténtica fe humana y verdadera fe evangélica. Jesús se habría alegrado de ello al comprobar la siembra de capacidad para vivir que el Padre ha hecho en las vidas de los sencillos/as.

                Oramos: Que creamos en las capacidades de los débiles; que animemos la capacidad de quien sufre situaciones de debilidad; que disfrutemos de la siembra de capacidades que el Padre hace en nuestra vida.

 

***

 

La mirada de Jesús:

 

                Jesús ha descubierto su capacidad para "ser Hijo" en el silencio, en la oración, en el compartir los caminos. Ha llegado al convencimiento de que su vida no se entendía sin referencia al Padre que lo habitaba. Desde ahí ha podido presentarse como el que promueve la capacidad de toda persona para ser ella misma. Más tarde dirá en el Evangelio: "Nadie me quita la vida, yo la entrego por toda persona". Una persona entregada capaz de suscitar la certeza de la capacidad de toda persona. Capaz y suscitador de capacidades.

                Oramos: Gracias, Señor, por tu capacidad de amar al Padre; gracias por sembrar capacidades entre las personas; gracias por creer con certeza que el Padre nunca te abandona.

 

***

 

Apuntando a lo profundo:

 

                La gran tarea de la persona es desarrollar su capacidad. Quien lo hace, quien ayuda a ello, colabora a la tarea hermosa de humanizar la existencia. Quizá sea imprescindible creer en las capacidades de los demás, sobre todo en personas que, por lo que sea, tienen dichas capacidades algo oscurecidas. No querer suplantarlas, no dejarles de lado, no pasar por encima. Descubrir esa pequeña llama que arde en toda realidad personal.

                Oramos: Que nunca pasemos por encima de las capacidades de los demás; que seamos pacientes con las personas de capacidad más lenta; que amemos toda capacidad oculta.

 

***

 

Apoyo cotidiano:

 

                Nos podemos apoyar para que nuestras capacidades se activen más, funcionen mejor. A veces no hace falta grandes apoyos: una palabra amable, un interés mostrado hacia las situaciones del otro/a, un encuentro "casual" que anima. Apoyarnos no solamente para ser más eficaces, sino para ser más capaces de vivir y amar.

                Oramos: Que nos apoyemos con decisión; que creamos en el valor de los apoyos sencillos; que nos sintamos amparado y acogidos/as.

 

***

 

Para orar:

 

Adora y confía


No te inquietes por las dificultades de la vida,
por sus altibajos, por sus decepciones,
por su porvenir más o menos sombrío.
Quiere lo que Dios quiere.

Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades
el sacrificio de tu alma sencilla que, pese a todo,
acepta los designios de su providencia.

Poco importa que te consideres un frustrado
si Dios te considera plenamente realizado;
a su gusto.
Piérdete confiado ciegamente en ese Dios
que te quiere para sí.
Y que llegará hasta ti, aunque jamás le veas.

Piensa que estás en sus manos,
tanto más fuertemente cogido,
cuanto más decaído y triste te encuentres.

Vive feliz. Te lo suplico.
Vive en paz.
Que nada te altere.
Que nada sea capaz de quitarte tu paz.
Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales.
Haz que brote, y conserva siempre sobre tu rostro
una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor
continuamente te dirige.

Y en el fondo de tu alma coloca, antes que nada,
como fuente de energía y criterio de verdad,
todo aquello que te llene de la paz de Dios.

Recuerda: 
cuanto te reprima e inquiete es falso.
Te lo aseguro en nombre de las leyes de la vida
y de las promesas de Dios.
Por eso, cuando te sientas 
apesadumbrado,
triste,
adora y confía...

P. TEILHARD DE CHARDIN

 

 

***

 

 

 

 

Mateo 157

Domingo, 25 de enero de 2009

 

EL SUEÑO QUE TOCAN NUESTRAS MANOS

Plan de oración con san Mateo

 

157. Mt 28,16-20

 

Introducción:

 

                Una de las maneras más humanas de decir cuál es el sentido de la vida es ésta: la vida humana consiste en acompañarnos. La radical soledad que anida en el corazón de la existencia, más las soledades añadidas, muchas, pueden ser mitigadas, reorientadas, incluso en parte asumidas, mediante la honda terapia del acompañamiento. Acompañar, lo hemos dicho otras veces, no es, únicamente, dar un poco de tiempo, de alegría, de compañía, a una persona en debilidad. Es hacer caminos juntos, andar proyectos comunes, compartir el fondo de las penas y de las alegrías. Acompañar requiere tiempo, mirada compasiva, certeza de la propia y ajena dignidad, sentimientos hondos compartidos. Acompañarse es un modo de gran hondura de decirnos la más hermosa de nuestras metas históricas. Quien sabe de acompañamiento, sabe de humanidad. La persona experta en acompañamientos termina siendo experta en el sentido de la vida.

                Es que cuando el texto evangélico quiere hablarnos en modos profundos de la resurrección recurre e las palabras del acompañamiento. El resucitado no podía decir a sus seguidores/as, cariacontecidos, de manera más honda y cálida que vivía con ellos que ésta: estoy con vosotros cada día. Lo que quiere decir: hago mi camino con vosotros; por eso, nunca penséis que vuestra soledad es señora de vuestra vida. Estoy con vosotros/as cada día; vuestros afanes, trabajos, sueños y búsquedas no caen nunca en el olvido. Estoy con vosotros/as cada día; podéis dar rienda suelta a vuestra alegría, por encima de penas y de congojas. ¿Comprendieron los discípulos/as lo que Jesús les quería decir? Si así fue, seguramente que su corazón se llenó de profunda paz, de aliento, de osadía incluso. Si no comprendieron, tal vez intuyeron que Jesús les llamaba a hacer camino. Con eso era suficiente.

 

***

 

Texto:

 

                16Los doce discípulos fueron a Galilea al monte donde Jesús les había citado. 17Al verlo se postraron ante él, los mismos que habían dudado. 18Jesús les habló así:

                -Se me ha dado plena autoridad en el cielo y en la tierra. 19Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos para vincularlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo 20y enseñadles a guardar todo lo que os mandé; mirad que yo estoy con vosotros cada día, hasta el fin de esta edad.

 

***

 

Desde un acontecimiento:

 

 

            En realidad, esta foto no es ningún acontecimiento. Es algo que lo vemos cada día, cada noche, en las grandes ciudades. Personas que, por lo que sea, se han descolgado del carro de la sociedad y viven fuera de los filtros sociales. Están al margen y no hay solución para ellos. Su tremenda soledad es el rostro visible de la total soledad humana. Habría que mirarlos con benignidad, como quien se mira al propio interior y descubre la soledad que le compone. Habría que echarles una mano, si se puede. O al menos, agradecer a Dios, a quienes viven contigo, el "simple" hecho, la suerte, de tener quien acompañe y mitigue nuestra soledad.

                Oración: Que miremos con benignidad las soledades humanas; que comprendamos a quienes están heridos porque no saben salir de sus soledades; que agradezcamos a quienes nos sostienen y animan en nuestras constitutivas soledades.

 

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Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús dice en este texto que estará con sus seguidores/as acompañando sus soledades cada día, día tras días, siempre. Este detalle revela la fidelidad y tenacidad de Jesús, su honda fraternidad, para no abandonar nunca, por ninguna causa, el camino humano. En esa fidelidad se basa nuestro aliento creyente. Percibir a un Jesús como acompañante tan fiel habría de sembrar equilibrio y gozo por la vida incluso en situaciones adversas. Que el sosiego envuelva nuestros días, aunque, a veces, se vean sacudidos por fuertes turbulencias.

                Oramos: Gracias por Jesús, acompañante fiel; gracias por Jesús, hermano que nunca se marcha de nuestros caminos; gracias por Jesús, sabedor de cada uno de nuestros pasos.

 

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Desde posturas personales:

 

                El texto afirma que el resucitado en Galilea se acercó a sus discípulos. No hay posibilidad de comprender en hondura el tema del acompañamiento si no se hace un continuo acercamiento a la realidad de las soledades históricas. Acercarse supone benignidad, mirada limpia, comprensión inagotable, deseo de verdad, afán de conectar con el subsuelo de la persona. Sin estos componentes el acercamiento es imposible. Y sin él, no hay manera de intuir la hermosa tarea de acompañar.

                Oramos: Que tengamos mirada limpia cuando apuntamos al corazón de la persona; que no nos dé miedo bajar a los sótanos de lo humano; que el afán de verdad sea también camino de acompañamiento en nuestras vidas.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Hoy terminamos nuestro largo recorrido con Mateo. Seguramente que podemos destacar un buen número de cosas positivas. Pero una manera global de decir lo bueno que nos ha ocurrido es ésta: nos hemos acompañado. Más o menos, pero con buen corazón, con buenos deseos, nos hemos acompañado. Hemos hecho un largo trecho con Mateo, un trecho común, en gran medida compartido. Nos hemos acompañado. A lo largo de estos años nos hemos sentido comunidad, dicho, muchas cosas. Nos hemos acompañado. Un hermoso trabajo de oración con Mateo y un trabajo, no menos hermoso, de acompañamiento. Para agradecerlo en el fondo del alma.

                Oramos: Gracias, Señor, por habernos dado hermanos/as que nos han acompañado; gracias por los caminos orante compartidos; gracias por los caminos de vida compartidos.

 

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Poetización:

 

No era fácil,

ni siquiera para el resucitado,

hacerles ver

qué suponía

la fuerza nueva

que brotaba

de la fuente de la resurrección.

Por eso, Jesús,

se lo dijo de forma simple:

yo os acompaño,

yo estoy con vosotros,

yo os sostengo,

yo os reconstruyo.

Más aún,

les dijo:

cada día,

todos los días,

en toda circunstancia,

por encima de avatares,

más allá de temblores,

pasando por encima del miedo.

¿Lo entendieron?
Tal vez no

porque su temor era enorme,

porque la herida de la muerte vergonzosa

estaba todavía fresca.

Pero algo les decía dentro

que su honda soledad

estaba tocada de muerte,

que había quien compartiera

sus caminos pesarosos,

que la oscuridad del alma

podía recibid una luz.

Percibieron

la resurrección

como un vigor,

como un dinamismo,

como un empuje.

No ha de extrañar que, luego,

se lanzaran al ancho mar,

al océano de las grandes ciudades,

a la cueva del lobo de un mundo extraño.

Si Él estaba con ellos,

todo terminaría bien.

Nunca les abandonó

esa convicción...

 

***

 

 

 

 

 

 

 

 

               

 

 

Mateo 156

Domingo, 18 de enero de 2009

 

EL SUEÑO QUE TOCAN NUESTRAS MANOS

Plan de oración con san Mateo

 

 

156. Mt 28,11-15

 

Introducción:

 

                El engaño, la trampa, el embuste, siempre han hecho parte del caminar humano. Hay gente especialista en vender lo engañoso como verdadero. Y, con frecuencia, lo consiguen. Ahora mismo, el engaño cobra unas dimensiones planetarias por las modernas tecnologías cuando éstas son manipuladas para intereses engañosos. No es fácil hacer luz en este panorama ensombrecido por la trampa. Pero hay muchas personas que no se resignan, que intentan sacar a la luz la verdad, que ponen las ocas en su sitio. Es cierto que su voz, mucho más débil que los grandes instrumentos de difusión al servicio del dinero y del engaño, se escucha menos. Pero nunca se apaga.

                Es que el Evangelio que leemos esta semana es un "engaño": los judíos de la primera época de la fe decían que los discípulos habían robado el cuerpo del Resucitado para luego afirmar que había resucitado. Como contrarréplica, se inventó este relato: los guardias fueron sobornados para que dijeran una mentira. Pero este relato es de todo punto improbable (para empezar ¿cómo iba a dejar soldados el Gobernador para custodiar a un reo de ínfima condición, quizá insepulto sobre el estercolero?). Si Jesús hubiera podido hablar les diría: no es necesario inventar cosas que no han existido para fundamentar la verdad de mi resurrección; con vuestro amor fiel es bastante. Ése es el verdadero argumento. Por eso, cuando la fe se apoya en embustes, en invenciones, en falsedades, se le hace un flaco favor. La verdad pura y dura, desnuda, es la mejor aliada del Mensaje de Jesús, aunque haya que soportar interrogantes que nunca acaban de resolverse.

 

***

 

Texto:

 

                11Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad e informaron a los sumos sacerdotes de todo lo sucedido. 12Éstos se reunieron con los senadores, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una suma considerable, 13encargándoles:

                -Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. 14Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros lo calmaremos y os sacaremos de apuros.

                15Los soldados aceptaron el dinero y siguieron las instrucciones. Por eso corre esta versión entre los judíos hasta el día de hoy.

 

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Desde un acontecimiento:

 

 

                Este señor es un fotógrafo llamado Gervasio Sánchez. En mayo pasado se le entregó el premio Ortega y Gasset de fotografía, el más importante en España. En el pequeño discurso ante las autoridades dijo cosas muy duras contra la venta de armas que hace España porque la foto premiada era la de una mujer mutilada junto a su niño. Entre otras cosas dijo: "me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo, y  me avergüenzo de mis representantes políticos". Son voces que no se callan ante la verdad, que la dicen ante quien sea, con las consecuencias que sea.

                Oramos: Gracias, Señor, porque no muere la verdad; gracias por quien la defiende sin miedo; gracias por los profetas que luchan contra la mentira.

 

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Desde la persona de Jesús:

 

                Nada se dice de Jesús en este pasaje, pues se le supone muerto. Pero si él hubiera podido hablar habría dicho a las primeras comunidades cristianas: no teníais que haber inventado este relato para contrarrestar una mentira, porque una mentira no se contrarresta con otra. Además, la verdad de la resurrección se basta a sí misma y no se demuestra con relatos apologéticos, sino con la adhesión al Resucitado. Por eso, si queréis construir un argumento fuerte a favor de la resurrección, poneos de parte de la vida, apuntaos a una vida en justicia y amor, derramad alegría en torno. Esas son las maneras de "demostrar" la resurrección.

                Oramos: Que nos pongamos de parte de la vida para decir nuestra fe en el Resucitado; que nos apuntemos a una vida en justicia y amor para creer en el Resucitado; que derramemos alegría en los caminos humanos para creer en el Resucitado.

 

***

 

Desde actitudes personales:

 

                Aceptar un soborno para justificar una mentira es una de las peores formas de mentira. El dinero es tentador, por eso hay que estar siempre muy alerta para que no justifique en nuestra vida ningún tipo de mentira. Y si, por lo que fuera, uno/a cae en esa tramapa, ser ágiles para reconocerlo y para volver a apuntarse de nuevo a la verdad, sin temer quedar a la intemperie. A la larga, una vida en verdad es mucho más reconfortante que otra en la impostura.

                Oramos: Que controlemos nuestro deseo del dinero para mantenernos en la verdad; que no justifiquemos ninguna mentira para crecer en estima de los poderosos; que seamos ágiles para reconocer el fallo y volver lo más pronto posible a la senda de la verdad.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Por suerte, nuestras relaciones son sinceras. Sería un cañonazo en la línea de flotación que funcionáramos entre nosotros/as con mentiras o con medias verdades. La limitación, el fallo, puede ser comprensible y excusable. Pero el engaño es mucho más difícil de perdonar.  No se trata de ir siempre cantando las verdades al lucero del alba, sino simplemente de funcionar en modos lo más claramente posibles. Eso lo agradece todo el mundo.

                Oramos: Que siempre nos relacionemos en modos de verdad y de aprecio; que valoremos a los otros/as más allá de su debilidad; que la verdad haga cada vez más parte de nuestras vidas.

 

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Poetización:

 

Eran tiempos duros.

El nacimiento de la fe

fue dificultoso,

polémico.

Por eso,

se inventaron relatos

para justificar la fe.

Jesús podría haberlo dicho:

la fe en mi resurrección

no necesita

de relatos ficticios.

Basta con que me améis sencillamente,

con que derraméis justicia,

con que sembréis amor,

con que derrochéis alegría,

con que miréis con benignidad.

Porque creer en el Resucitado

no es algo que se demuestra con argumentos,

con relatos capciosos,

con ideas elaboradas.

La vida sencilla,

la generosidad creciente,

el amor afable,

el consuelo amable,

éstos son los argumentos

de la resurrección.

Porque si algo es compatible con la verdad

e incompatible con la mentira

es la resurrección.

Si Jesús hubiera podido hablar

les habría comprendido

cuando inventaron este relato.

Pero les habría animado

a no entrar en polémicas,

a no enzarzarse

en discusiones doctrinales,

a no porfiar

por cuestiones religiosas.

Les habría animado incluso

a ver en cualquier persona,

incluso en los judíos,

los de antes y los de ahora,

la innegable huella del Resucitado,

o lo que es lo mismo,

el deseo humano

de una vida

en humanidad y gozo.

Quizá ese ánimo

habría relativizado

tantos litigios.

 

***