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FIAIZ

Juan 28

CVJ

Domingo, 10 de enero de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

28. Jn 6,22-27

 

                Cuando se escucha la palabra "generosidad" todos echamos la mano a la cartera, para ponerla a buen recaudo. Porque no es fácil que este valor encaje bien con los planteamientos economicistas de nuestra sociedad. Pero la generosidad no es sólo cuestión de dinero: es cuestión de tiempo, de prestar atención, de acompañar, de interesarse, de acercarse, de compartir, de caminar juntos, de hacer propio el dolor ajeno, de imaginar a la vez, de valorar como propias las situaciones ajenas. En definitiva, la generosidad es una manera distinta de mirar a la realidad y a las personas, aquella que las ve en honda relación con lo que yo soy. Es ingenuo decirlo: pero muchas de las situaciones que afligen el camino humano se suavizarían muchísimo con el lubricante de la generosidad. Más aún: los comportamientos generosos abren la puerta del corazón de muchas personas.

                No ha de extrañar que el Evangelio apele muchas veces a la generosidad como remedio para las duras situaciones de la vida. La multiplicación de los panes había sido más que una invitación un desafío de generosidad. Según el texto que leemos hoy, la gente no lo ha entendido así: buscan a Jesús porque su propuesta les ha llenado el estómago y quieren seguir gozando de ese privilegio sin tener que poner nada de lo suyo, de sus cosas y actitudes. Jesús les quiere hacer ver que "la vida definitiva" que él da pasa por el cambio de estructuras personales y sociales. Y éstas, según él, difícilmente se darán si no funciona el dinamismo de la generosidad. Así es, ésta es más que una virtud, es una fuerza, un empuje, un valor básico. Volver sobre la generosidad es volver sobre las raíces del Evangelio y sobre los trasfondos del sueño de Jesús. Éste, la fraternidad ente las personas y con las cosas, nunca podrá lograrse si la generosidad no impulsa los caminos humanos. Pretender ser seguidor/a de Jesús sin generosidad es prácticamente imposible.

 

***

Texto:

 

                        22Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no había habido más que una barquilla y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos. 23Entre tanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan (sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias). 24Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

                        25Al encontrarlo en la otra orilla del lago le preguntaron:

                -Maestro, ¿cuándo has venido aquí?

                        26Jesús les contestó:

                -Os lo aseguro: me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido pan hasta saciaros. 27Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura dando vida definitiva, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el padre Dios.

 

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Ventana abierta:

 

 

            En la foto una madre mira a su hija enferma con trastorno bipolar. Es el vivo reflejo de tantas madres que, desbordadas y acongojadas, se hacen cargo de los enfermos, dejan sus trabajos para dedicarse a cuidarlos, se encierran de por vida con el hijo en el domicilio familiar, lugar con frecuencia de muy difícil convivencia. Son imagen de la generosidad oculta, la más dura y la más hermosa de todas las generosidades. Sin ellas, la sociedad se colapsaría y no habría manera de salir adelante. Posiblemente poca gente les reconoce su aportación, pero son decisivas.

                Oramos: Gracias por toda persona que es generosa en lo oculto; gracias por quienes siguen en la brecha de la entrega; gracias por quienes andan los caminos difíciles de los débiles.

 

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Desde la persona de Jesús:

 

                Dice el texto que el Padre ha marcado a Jesús con su sello. ¿Qué dice el sello de Dios? Según Jn  3,33, la inscripción de sello de Dios reza: "Dios es leal", que es lo mismo que decir: Dios es siempre generoso, por encima de cualquier debilidad histórica. Una generosidad, la de Dios, terca, entregada, más allá de agradecimientos o desdenes. Esta generosidad increíble es la que hace que Jesús pueda dar vida definitiva. Esta clase de generosidad sin espera de premio, aplauso o recompensa es con la que el seguidor/a de Jesús puede hacer algo en el ambiente en que se mueve. Por eso, la generosidad no es solamente una virtud, sino una fuerza y la señal de que se va entendiendo el planteamiento de Jesús. Creer en él siendo tacaño no es posible.

                Oramos: Te damos gracias, Señor, por Jesús, generoso incansable con el camino humano; te damos gracias por su estar de nuestro lado, más allá de nuestra incomprensión; te damos gracias por su generosidad derramada sin mirar a quién.

 

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Ahondamiento personal:

 

                El problema de la multitud, según este pasaje, es saciarse. Para saciarse emplea el camino de comer: comer mucho, siempre, tener asegurada la comida, lo que nos mantiene en pie en nuestro lado físico. Eso, evidentemente, es necesario. Pero no es suficiente. Hay "otras necesidades", como decía Ellacuría: la necesidad de respetarnos en nuestros derechos humanos, la necesidad de la libertad, de las nuevas relaciones con la naturaleza, la necesidad de ser amados-abrazados-amparados. No son necesidades menores. La vida sin ellas se vería abocada al fracaso. Cualquier cosa que se haga por colmar esas hondas necesidades nos coloca en la línea del Evangelio.

                Oramos: Que colmemos la necesidad de amparo y ternura; que colmemos la necesidad de dignidad; que colemos la necesidad de silencio y contemplación.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                En nuestro grupo virtual podemos enseñarnos la generosidad en maneras sencillas: estando ahí, aun en la distancia; orando juntos, o separados, en una comunión de Evangelio que traspasa fronteras; en los pequeños momentos de cercanía y de interés por la situación de vida de los demás; en el disfrute de los gozos pequeños de la vida y de la fe; en las convivencias que hacemos y que nos acercan los unos a los otros. Cualquier manera es buena para ser generosos. Si las ponemos en práctica seremos los primeros beneficiados. Es así: la generosidad engendra generosidad con todos y también con el donante.

                Oramos: Que creamos en la importancia de los detalles generosos; que nos acerquemos con gusto a la vida de los demás; que nos ayudemos en cosas sencillas que confortan el alma.

 

***

 

Para orar:

 

Señor, ayúdame a buscar en primer lugar tu voluntad. Libérame de las preocupaciones sofocantes de la vida cotidiana. Concédeme la serenidad de los lirios del campo y de los pajarillos, que no se angustian por su supervivencia.

Hazme generoso, Señor. Haz que piense antes en los otros que en mí mismo. Concédeme el discernimiento necesario para realizar cada vez elecciones justas.

Señor, me gustaría ser capaz de dar testimonio de ti, de llevar tu Palabra a los hombres en el mundo en el que vivo. Pero me atosigan las dificultades, tengo demasiado miedo a no salir bien del envite, soy tímido y me falta seguridad. Hazme comprender que el éxito no depende de mis capacidades, sino de tu voluntad.

Concédeme el don de la sencillez, Señor, para que sepa encontrar lo esencial y no me disperse en mil revuelos de actividades superfluas.

***

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Creo que Dios es Padre misericordioso...

CREO QUE DIOS ES PADRE

 

Introducción

 

                No es raro que, en determinados momentos, se proponga el CREDO como base de reflexión para una semana de retiro. Como nuestra fe está muy asentada sobre verdades, es normal que la reflexión sobre el Credo brote espontánea. Por eso, de salida, tomar el Credo como base de reflexión es un acierto.

                Pero también es verdad que, para no pocos cristianos, las formulaciones del Creo son "indecibles", es decir, se acomodan con dificultad a su evolución creyente. ¿Habría manera de decir lo que hay en el fondo de los postulados dogmáticos de manera más viva, más actualizada, más vibrante, más cautivadora? Ése quiere ser nuestro intento y nuestra aportación en esta semana.

                Para ello, tomamos el Credo que se recita todos los domingos en algunas parroquias. No sabemos de dónde proviene (quizá eso sea bueno) pero parece que las comunidades cristianas se identifican fácilmente con él. Lo hacemos nuestro y lo utilizamos como material de reflexión.

               

Creo que Dios es Padre misericordioso.

Creo en Jesucristo, su hijo, nacido de María,

testigo del amor de Dios entre los humanos.

Pasó por la vida haciendo el bien

y anunciando la Buena Noticia

de que Dios nos quiere

y que su Reino ha llegado para los pobres.

Entregó su vida por amor,

pero resucitó al tercer día,

alentado por el Espíritu,

porque el amor es más fuerte que la muerte.

Creo en el Espíritu Santo,

que es el amor de Dios

derramado en nuestros corazones.

Creo en la Iglesia,

comunión de los que se aman,

manifestación viva de la caridad,

servidora de los hombres y mujeres.

Creo que, al final, todos celebraremos

la Pascua definitiva,

la vida en plenitud,

convocados por Cristo en el amor.

1

Creo que Dios es Padre misericordioso

 

                1. Posiblemente haya que decir que no entendemos nada del Dios de Jesús si no llegamos a la convicción profunda de que tenemos un Dios que es Padre misericordioso, esencialmente bueno, olvidadizo con nuestro pecado y de buenísima memoria para amarnos. En la Biblia hay imágenes de Dios para todos los gustos, pero prima la del Padre-Madre bueno, compasivo, que busca a la persona, que lo acompaña, que lo sostiene, que anda con ella los caminos de la vida. Hay personas a las que la lectura de la Biblia les ha llevado a la conclusión de que "Dios no es de fiar" (así lo dice Saramago). Nosotros habríamos de llegar al polo opuesto: la certeza de que Dios nunca nos va a fallar, nunca nos va a dejar en la estacada, siempre va a andar nuestros caminos con un amor y un respeto que no somos capaces de imaginar.

2. Cuando Jesús ha querido poner un ejemplo de persona cabal, nos ha hablado de uno "movido a misericordia", el buen samaritano.  Es ejemplo consumado de quien cumple el mandamiento del amor al prójimo; pero en el relato de la parábola no aparece para nada que el samaritano socorra al herido para cumplir un mandamiento, por excelso que sea, sino, simplemente, "movido a misericordia". De Jesús se dice que hace curaciones, y a veces se le muestra extrañado porque los curados no se lo agradecen; pero en modo alguno aparece que Jesús realizara dichas curaciones para recibir agradecimiento (ni para que llegaran a pensar en su peculiar realidad o en su poder divino), sino "movido a misericordia". Del Padre celestial se dice que acogió al hijo pródigo; pero no se insinúa siquiera que aquello fuese una sutil táctica para conseguir lo que supuestamente le interesaba (que el hijo confesara sus pecados y, de ese modo, pusiera en orden su vida), sino que actúa simplemente "movido a misericordia".

3. La comunidad cristiana tendría que ser apóstol del Dios misericordioso. Aunque parezca excesivo, nuestras comunidades cristianas están llamadas, como apostolado primordial, a mostrar en modos "tocables" que Dios es sólo amor. Puede parecer que esto es algo etéreo, espiritualista, inverificable, de otra época. Pero, dado que para muchas personas la realidad de Dios sigue siendo algo intragable, es preciso vivir un estilo de vida y de fe que hablen de un Dios del que uno/a se puede fiar. Más aún, tendríamos que hacer nuestras aquellas palabras del Hno. Roger: "Pienso que desde mi juventud nunca me ha abandonado la intuición que una vida cristiana pudiese ser el signo que Dios es amor y solamente amor. Poco a poco surgió en mí la convicción que era esencial crear comunidad con personas que buscasen comprenderse y reconciliarse siempre: una comunidad donde la bondad del corazón y la simplicidad estuviesen al centro de todo". Crear una comunidad parroquial de buen corazón y de maneras simples y directas de relacionarnos, una comunidad donde la misericordia no sea paternalismo, sino cuidado del otro, deseo de que se haga justicia con el más débil, anhelo de que el más sólo se sienta acompañado y el más lastimado sea curado. Una comunidad samaritana, he ahí el ideal.

4. Cuando cada domingo decimos "Creo que Dios es Padre misericordioso" estamos diciendo no solamente algo de Dios, sino de nosotros/as mismos/as. Estamos expresando nuestro deseo y nuestro propósito de pensar y vivir desde la misericordia, desde el respeto y cuidado al otro, desde el amor. Proclamar la misericordia del Padre sin apuntarnos nosotros a ella es una planta sin raíz. Decir este primer punto del Credo implica el ver si realmente, tanto a nivel personal, como familiar y social leemos la realidad de la vida desde la misericordia.

Por eso: palabras misericordiosas, gestos de misericordia, manera distinta de enfocar los problemas sociales, generosidad para entender al débil y toda debilidad, incansable comprensión, cuidado tenaz, actitudes benignas para quien piensa y vive distinto que nosotros, cambio de la base ética bueno-malo por la de la dignidad irrenunciable de toda persona. Es hermoso vivir desde la misericordia, pero no resulta fácil.

5. Pongamos un punto concreto: ¿cómo entender desde la misericordia a quien vive en la calle? ¿Quiénes son, por qué están ahí? ¿Conservan valores? ¿Qué actitud honda habríamos de tener? ¿Qué comportamientos inmediatos? Si la misericordia no se traduce en caminos concretos, queda estéril, lo repetimos y el Credo es una plegaria nada más.

 

Para pensar:

 

•1.       ¿Con el correr de los años, ves que la misericordia crece en tu vida?

•2.       ¿Cómo hacer una parroquia, una Diócesis de creciente misericordia?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2

Creo en Jesucristo, su Hijo,

nacido de María

 

                1. Lo primero que confiesa nuestra fe, el punto inicial, de partida, insustituible es que Jesús pertenece a nuestra familia. Al decir "nacido de María" lo que estamos diciendo es esto: si algo queda claro en la cuestión de Jesús es que fue de nuestra familia, de nuestra historia, de nuestro mundo, de nuestro lado. Por eso nació de mujer, como toda persona ha nacido de mujer. El ser nacido de mujer es lo que nos iguala con él. Creemos en un nacido de mujer, en uno en quien, sea lo que sea, nacer de mujer no es un obstáculo, sino su mayor posibilidad. Ligar a Jesús a una mujer es hacerlo hermano definitivo, caminante que siempre acompaña, compartidor de experiencias comunes. Creer en un nacido de mujer es profesar la fe no sólo en él, sino en todos los que son como él, en todos los humanos, en toda realidad creada. Una fe que nos lleva a verlos como de nuestra familia, la gran familia de la creación. Creer en un nacido de mujer es sumergirse en la gran corriente de la vida, ir en dirección del gozo por lo creado.

                Esto no ha impedido para nada que el "nacido de María" fuera el Hijo del Padre, el querido, el predilecto, el cercano, el identificado, el amado. Ser hijo siendo un nacido de mujer es, más que una pega, un gozo para quienes somos de la familia. Con razón dirá san Pablo que podemos decir, como un hijo que hereda, Abbá, Padre.

Así será el gran anuncio del Evangelio: que un nacido de mujer puede ser hijo del Altísimo. Se han roto las barreras entre nosotros y Dios, entre lo divino y lo humano. Dios ha venido a meterse en este humildísimo camino de la historia. Dios se hace Padre haciendo a Jesús y a nosotros hijos. Tal vez no sea para darle muchas vueltas, sino para quedarse mirando, contemplando.

                2. Gracias a aquella mujer, María. "Algo de Dios en ti había, tu mirada él heredó, heredó tu sonrisa y tus besos, de tu piel tuvo el mismo color", cantamos a María. Por ella tenemos la certeza de que Jesús fue realmente uno de los nuestros. ¡Qué desenfoque tan grande tenemos respecto a María! La piedad ha querido ensalzarla como una "diosa". Nos ha hecho con ello un flaco favor: ha perdido lo más genuino: su pertenencia al camino humano, a lo pobre y hermoso de la historia, la gran verdad de que somos de la familia y que, por ella, Jesús se ha incorporado a la aventura de nuestra familia. María: asignatura pendiente, controvertida sin causa, lejana aunque madre, pagadora de otros excesos, compañera a quien no se invita, compañía que no se disfruta, silencio por poco aprecio, mujer de perfiles diluidos, madre sin arraigos maternales, señora y esclava a tu pesar, invento para piadosos, mujer coronada para devotos, y a pesar de todo, mujer que da vida, piadosa, compasiva.

                3. La comunidad creyente ha de mirar con benignidad y agradecimiento a todas las mujeres, a todos los nacidos de mujer. No podemos defender, si creemos en el nacido de María, ningún tipo de discriminación, de avasallamiento, de menosprecio, de palabra hiriente, de pretendida superioridad. Quizá el darnos la vida, la posibilidad de caminar hacia la plenitud de ser hijos de Dios, se la debamos en mucha parte a las mujeres que nos han engendrado y a quienes nos ha acompañado en nuestro caminar humano. No se trata de poner a nadie por encima de nadie. Se trata de simple y pura mirada agradecida.

                4. Cuando el creyente profesa la fe en un Hijo nacido de María ha de replantearse dos cosas: sus hondas potencialidades para ser él también hijo y su mirada a las mujeres y los nacidos de mujer. De lo primero, habría de surgir una creciente responsabilidad ante la vida: Dios nos ha dado la capacidad de caminar en la línea de la plenitud, del gozo, de la filiación. ¿Estamos activando esa capacidad? El Evangelio no quiere admiradores, sino seguidores, gente que se arremangue. Hagámonos una sencilla pregunta: ¿Cuándo muramos, quedará la tierra, tu ciudad, tu parroquia, tu familia, mejor que cuando viniste a ella? Si no hubiéramos aportado algo al caudal de humanidad habríamos fracasado, no habríamos cumplido nuestra vocación de hijos de Dios. Y luego: ¿Es nuestra mirada a las mujeres y a todos los nacidos de mujer agradecida, generosa, comprensiva? Decir que creemos en un hijo nacido de mujer no es mera formulación religiosa. Es también profesión de fe en todos los hijos que nacen de mujeres, en el amor a toda realidad creada. Si este amor esencial no va brotando en nosotros, terminaremos en formas religiosas pero sin raíces, sin jugo, sin hondura, sin mística.

                5. Desde el punto de vista práctico hay que preguntarse al amparo del Credo sobre el camino que la Iglesia (y la misma sociedad) va haciendo en la construcción de la igualdad de género, hombres y mujeres. ¿Somos duros todavía? ¿Damos los cristianos ejemplo claro de que nos consideramos todos y todas iguales? No miremos solamente a las "altas esferas"; mirémonos en nuestros comportamientos cotidianos, en tu casa, en la calle, en el bar, en las tiendas. ¿Cómo hablamos, entendemos y vivimos ahí nuestras relaciones de género?

 

Para pensar:

 

•1.       ¿Tus actitudes ante las mujeres son inclusivas?

•2.       ¿Cómo avanzar en modos reales en la integración de la mujer en la comunidad cristiana?

 

 

 

 

3

Testigo del amor de Dios

entre los humanos

 

                1. Puede parecer exagerado decir que el gran cometido de Jesús en la historia no es tanto salvarnos cuanto darnos a entender que Dios es uno de nuestro lado, que su amor nos envuelve, que Él ha unido su éxito y su suerte a los nuestros, que es vecino de nuestro barrio, que es de fiar, que adherirnos a Él nos potencia como personas, que sus brazos nos envuelven, que nos lleva en las palmas de su mano, que no estamos abandonados, que, en definitiva, nos ama con una pasión loca, casi irracional. Esto es en lo que se ha empeñado: desvelar ante nosotros la evidencia de que Dios nos ama sin más.

                ¿Y cómo lo ha hecho? Con su propio estilo de vida. Jesús es Dios en su sencilla y compartida humanidad. Su vida misma es la Buena Noticia. Por su estilo humilde sabemos dónde está la verdadera grandeza de Dios. Por su cariño al pecador arrepentido conocemos el sentido de la santidad divina. En su compasión por todo el dolor, en su alinearse al lado de los pobres, en su defensa de los maltratados, marginados y oprimidos, se nos abre la actitud definitiva de Dios para el hombre y su intención al ponerlo en el mundo. Desde su aparición entre nosotros, cuando alguien se siente abrumado o inquieto frente al misterio sobrecogedor de lo divino, tiene delante de sí una vida clara y fraterna donde ir leyendo con humildad y confianza la respuesta segura y definitiva.

                2. De una forma que nosotros, quizá, banalicemos, Jesús nos ha dicho que nosotros somos para Dios hijos, no solamente criaturas, o seres racionales. Somos hijos, hay una familiaridad, de tal manera que podemos vivir nuestra relación con Dios en los modos del más elemental amor. Al entender nuestra filiación en modos religiosos la hemos hecho polvo, de tal manera que decir que somos hijos no provoca en nosotros ninguna emoción, no se altera nuestro pulso.

                Pero podríamos caer en la cuenta de que con su estilo de vida pone Jesús delante de nuestros ojos el modelo preciso de lo que es una existencia humana auténtica. Espíritu filial que conjunta, sin tensiones, la adoración y la confianza sin límites. Alegría de vivir, que no escapa a las durezas de la vida, y valentía, que no se crispa jamás ante el odio. Fraternidad como estilo, y amor como norma suprema. Comunión con todos, sin caer en trampa alguna, porque desde siempre y sin vacilación se sitúa abajo: con los pobres y marginados, con los enfermos y desgraciados, con los humillados y ofendidos.

                3. Este afán de Jesús por ser testigo del amor de Dios entre los humanos habría de ser el mismo afán de cualquier comunidad cristiana. ¿Cómo hacerlo? El Hno. Roger de Taizé nos daba una pista sencilla, pero interesante (volvemos a leer este texto): "Pienso que desde mi juventud nunca me ha abandonado la intuición que una vida cristiana pudiese ser el signo que Dios es amor y solamente amor. Poco a poco surgió en mí la convicción que era esencial crear comunidad con personas que buscasen comprenderse y reconciliarse siempre: una comunidad donde la bondad del corazón y la simplicidad estuviesen al centro de todo".

Pues bien, según esto la bondad de corazón y la vida sencilla habrían de ser caminos suficientes para mostrar que Dios es únicamente amor. La bondad de corazón es un cambio de mirada, de estructura persona, de relación elemental con las personas y las cosas. Un cambio en la línea de la fraternidad, el respeto y el gozo de convivir. La vida sencilla es, por razones de justicia más que de economía, ajustar nuestro tren de vida a nuestras necesidades alejándonos del terreno de lo innecesario.

4. Cuando uno profesa la fe en un Jesús, cuyo mayor testimonio es mostrar el amor de Dios entre los humanos, está comprometiéndose a una vida desde la perspectiva del amor. Eso le tiene que llevar, primeramente, a no desfallecer en ese camino de amar, visto el daño que nos hacemos y que hacemos a los demás. A pesar de nuestra inevitable limitación moral es preciso creer a pie juntillas en el triunfo del amor.

Y luego, hay que poner rostro a nuestro supuesto amor a Dios en comportamientos tocables de amor con las personas. Si no sabemos concretar los caminos del amor es que aún no hemos dado con el meollo del asunto. Quien ama concreta; quien no concreta, anda en la teoría del amor. Uno de los mayores esfuerzos de los cristianos es pasar del amor pensado al amor vivido.

5. El testimonio del amor ha de verterse, sobre todo, en aquellas personas que nadie ama. Pongamos como ejemplo el colectivo social de los transeúntes. Tienen todas las pegas: ni casa, ni salud, problemas con la justicia, desarraigo familiar. Todas las debilidades se concitan en ellos. ¿Cómo verter en esas vidas desestructuradas una gota de amor? Es cierto que es un campo muy difícil; pero eso no elimina la pregunta.

 

Para pensar:

 

•1.       ¿Crees que tu vida lleva a pensar que Dios es de fiar?

•2.       2. ¿Cómo hacer comunidades cristianas buenas de corazón y de vida sencilla?

 

 

 

 

 

 

 

4

Pasó por la vida haciendo el bien

 

                1. Así describe a Jesús el NT: "pasó por la vida haciendo el bien"  (Hech 10,38). Efectivamente, el perfil general que de Jesús nos dan los Evangelios es el de una persona buena y compasiva, piadosa y liberal, flexible y creyente. No es una bagatela en una sociedad de fuertes tintes fanáticos, por razones tanto políticas como religiosas. Por eso se lanzó a los caminos a curar, a consolar, a acompañar, a levantar la voz contra los que tenían demasiada voz, a proclamar un horizonte de esperanza para quien se halla excluido del banquete de la vida. Una vida en honda bondad. Quizá por ello fuera recordado más tarde, ya que no hizo las grandes empresas por las que suelen ser recordados los humanos eximios. Fue bueno. Eso es todo.

                Jesús es bueno, pero parece que él cree que la bondad es solamente un atributo que con propiedad hay que aplicar exclusivamente a Dios: "¿Por qué me llamas bueno", dice al joven rico. "Bueno como Dios, ninguno" (Mc 10,18). Para Jesús la bondad es un ideal mayor de vida, no una simple virtud moral. Y es así porque Dios es la bondad, Él es solo bondad, sin amargura y sin castigo. Si hemos entendido y vivido la realidad de Dios como la de un Dios cruel, eso indica que no hemos entendido al Dios que Jesús nos propone.

                2. ¿Cómo pudo estar siempre en la orilla del bien? ¿Cómo no la abandonó cuando le rechazaban, cuando le herían, cuando le traicionaban, cuando percibía el fallo y el abandono? Ya lo hemos dicho: porque él logro cambiar el fondo de su base ética. ¿Cuál es, habitualmente, ese fondo? Aquel que divide a las personas entre buenas y malas. Siempre nos han enseñado eso: hay que apreciar, adherirse y amar a los buenos; hay que alejarse, rechazar y menospreciar a los malos. Pero resulta que, con frecuencia, ni los buenos son tan buenos como ellos dicen ser, ni los malos son tan malos como nosotros decimos que son. En los buenos hay zonas de sombras y en los malos hay espacios para la luz. Por eso, Jesús abandonó esa base ética de buenos-malos y se adhirió a la de la dignidad. Para él toda persona, buena o mala, es digna. Y miró a todos con esa mirada. Eso le llevó a proponer el programa del Reino a buenos y no tanto (Mateo) y a no condenar a nadie (Jn 8,1ss: la pecadora) convencido, como estaba, que "Dios hace salir su sol sobre buenos y malos, sobre justos e injustos" (Mt 5,45), o sea, que tampoco Dios distingue entre buenos y malos, sino que ama a todos, aunque su forma de amar al justo y al injusto sean diferentes.

3. Tal vez parezca que el lenguaje de la bondad es excesivamente suave y hasta peligroso para expresar lo que necesita nuestra sociedad. Pero quizá tenga la fuerza necesaria para despertarnos y sacudirnos. Porque, aun cuando es cierto que la bondad no es suficiente, sí es absolutamente necesaria en un mundo que hace todo lo posible por ocultar el sufrimiento y evitar que lo humano se defina desde la reacción a ese sufrimiento. Por eso, cuando estamos hablando de sociedad bondadosa estamos hablando, en primer lugar, de sufrimiento, o mejor, de solidaridad en el dolor. Despojar a la bondad de esta solidaridad en lo débil es reducirla a una mera acción caritativa, cuando no a un paternalismo que encierra una más que cuestionable prepotencia.

Además, al hablar de bondad desde el lado social, estamos hablando de preocupación por un futuro común, donde el "sálvese quien pueda" quede desterrado para siempre. Solamente la bondad puede llevar a la certeza de que el horizonte de la sociedad es un éxito o un fracaso común y que tiene sentido implicarse en el logro de ese futuro común, aunque sea en cosas cotidianas y menores. La bondad, como el amor, no puede ser sino implicativa. Una bondad que no se implica en el caminar histórico es de sospechar.

4. Confesar la fe en un Jesús que pasó haciendo el bien es ponerse decididamente en la orilla de la bondad. Popularmente solemos decir que "es tan bueno que parece tonto". Pero, en realidad, eso no es así; el bueno nunca es tonto por su bondad. Si algo caracteriza al que es bueno es su estar despierto y su lucidez. Por eso sabe dar lo justo a quien lo necesita, cuando es conveniente y del modo más adecuado. Nunca da lo innecesario ni se ofrece para lo superfluo y jamás hace nada por el otro que éste pueda hacer por sí mismo.  El bueno colabora, el necio reemplaza. El bueno responde, el tonto se adelanta. El bueno hace con el otro, el necio hace por el otro. El bueno acompaña, el tonto sustituye. Aquél ayuda, éste soluciona.  La persona buena no renuncia a nada para colmar el exceso de otros, pero puede renunciar a cualquier cosa para satisfacer la demanda justa de alguien realmente necesitado. La renuncia o donación del bueno es siempre un gesto de afirmación y por eso es vivido con satisfacción y gozo. No se siente menguar en nada porque siempre está colmado de su sí mismo.  Finalmente, también huye de la tentación de universalizar su bien porque reconoce que no necesariamente lo bueno para él es bueno para otros.  El bueno vive siempre su capacidad de donación y entrega hasta el extremo, pero no en exceso.

5. ¿Con quién ir siendo buenos, cada día mejores? Es preciso comenzar por los que tienes en el metro cuadrado de tu propia vida ordinaria. En concreto: ¿cómo ser bueno con las personas cercanas, con los familiares, que no nos han comprendido o nos han hecho algún daño? ¿Hay que dar la batalla por perdida? ¿No hay ningún camino de acercamiento, de conexión, de perdón? ¿Se puede confesar la fe en un Jesús bueno y no intentar ser bueno allí donde vemos que algo no ha ido bien?

 

Para pensar:

 

•1.       ¿Te tiene la gente por una persona buena?

•2.       ¿Cómo animar alas comunidades cristianas a invertir más en solidaridad?

 

 

5

Anunciando la Buena Noticia de que Dios nos quiere

 

                1. Fue un anunciador de buenas noticias. En Lc 4,18 no dudó en censurar el oráculo de Isaías que anunciaba buenas noticias para Israel y malas para los paganos. Lo censuró viniendo a decir que él quería buenas noticias para todos judíos y paganos. Por eso, prestó la voz a quienes no eran escuchados y contradijo a quienes tenían demasiada voz, a quienes se arrogaban toda la voz. 

                ¿Qué buenas noticias anunció? Más sociales que religiosas: la buena noticia de que las justas demandas de los débiles, su deseo de sentarse al banquete de la vida, era una realidad que no les podía ser negada; la buena noticia de las desventuras de los pobres pueden tener un fin; la buena noticia de que Dios no calibra como lo hacen los humanos, sino mirando al corazón de la persona; la buena noticia de que el mundo es casa de todos y quien se apropia de él es un ladrón; la buena noticia de una sociedad distinta, asentada sobre la bondad y no sobre la fuerza; la buena noticia de que toda persona es digna más allá de su condición moral. A su manera, la gente sencilla, los ojloi,  le entendió.

                Pero su gran noticia es hacernos entender desde dentro que Dios nos quiere, que está a nuestro lado, que sostiene la vida, que ha unido su suerte a la nuestra, que es de nuestro barrio, de nuestra familia, no un Dios fiscalizador, aguafiestas, censurador, condenador, malvado. Lo dijo de modos atrevidos: un Dios loco e imprudente que va tras una oveja exponiendo a las otras 99 en el aprisco sólo; un Dios que perdona siempre y que no necesita nuestro arrepentimiento para ello (hijo pródigo); un Dios que paga por generosidad no por exigencias de salario (trabajadores a la viña); un Dios que no quiere que se pierda nadie y que se alegra de encontrarse con el desorientado en su propio camino extraviado. ¿Le creyeron? ¿Le creemos? Quizá no, porque el peso del mecanismo religioso es enorme sobre nuestras vidas y culturas. Pero su mejor noticia es esa.

                2. ¿Puede ser buena noticia Dios en nuestra sociedad? Quizá sí en la medida en que no propongamos a Dios como un absoluto. Así nos lo ha enseñado siempre la religión: Dios es más, es el supremo, el poderoso, el absoluto; la criatura es lo contrario. Mientras persista este mecanismo, la sociedad experimentará un fuerte rechazo a un Dios por encima, al que hay que obedecer-venerar-aceptar me guste o no. ¿Y si propusiéramos otro perfil, uno que se parece más a lo que Jesús dice en el Evangelio? Un Dios de nuestro lado, a nuestro favor, menor, compasivo, comprendedor, que se interesa más por nuestra dicha que por nuestro pecado, que nos respeta, que colabora con lo nuestro, que sostiene nuestros sueños, que lo que realmente le importa es que vayamos construyendo una vida lo más gozosa posible dentro de nuestras limitaciones.

                ¿Cuándo cambiaremos esta idea de Dios? ¿Cuándo Dios podrá ser una buena noticia y no justamente lo contrario? Únicamente si va acompañada de buenas noticias históricas, de humanidad, de consuelo, de ayuda, de justicia, de amparo, de abrazo. Hablar a la sociedad de hoy de un Dios que es buena noticia desde las teorías espirituales es cosa que parece no interesa mucho. ¿Y si lo hiciéramos desde estilos de vida?

                3. Quien afirma que cree en un Jesús que es Buena Noticia ha de contribuir a construir (se construyen) buenas noticias en la sociedad, todas aquellas que apuntan a la dicha de los humanos, sobre todo la de quienes el gozo está más lejano de sus vidas. Las Buenas Noticias no vienen llovidas del cielo; es preciso construirlas con tenacidad, resistencia, fidelidad y amor. Es una obra de artesanía; se hace con tiempo e ilusión.

                4. Esto no será posible si, personalmente, no somos personas positivas, que leen la vida desde lados benignos, gozosos y de una indudable alegría. La negativización de la sociedad es camino cerrado para el anuncio de buenas noticias. Es cierto que hay que leer el hecho social con sentido crítico y denunciar aquello que no funciona, que es mucho. Pero los creyentes que confesamos a un Jesús Buena Noticia de Dios para nosotros hemos de tender a ser positivos en la lectura de los signos de los tiempos, incluso de aquellos que son más ásperos, contradictorios, inhumanos.

                5. Por ejemplo: ¿cómo podríamos ser buena noticia para un parado en estos tiempos de gran desempleo? Primero comprensión, respeto, acogida, mirada benigna; no menosprecio, desentendimiento, olvido. Segundo, tratar de ser justos cuando necesitamos contratar a alguien que nos eche una mano en nuestra casa, en nuestra pequeña empresa. Tercero, colaborar con entidades que ponen algunos planes de mitigación de esta lacra (Cáritas por ejemplo). Cuarto, creer que nos ponemos en marcha encontraremos alguna pequeña salida que alivie algo a quien anda mal en cuestiones de empleo. Quinto, no desfallecer porque no encontremos solución; lo que no es posible, tal vez mañana lo sea. Cosas de estas son las que conlleva la profesión de fe en un Jesús que es Buena Noticia hoy.

 

Para pensar:

 

•1.       ¿Cómo puedes ser buena noticia para tus compañeros sacerdotes?

•2.       ¿Qué buenas noticias necesita la gente de tu parroquia?

 

 

 

6

Y que su Reino ha llegado

para los pobres

 

                1. Confesar la fe en Jesús de Nazaret es confesarla en su mayor "obsesión", el Reino de Dios. En realidad, no era un "invento" suyo. Muchos soñaron con ese famoso Reino. ¿De qué se trataba? De una sociedad en la que el eje y el cimiento fuera la fraternidad humana y cósmica, el dinamismo el amor, la mayor preocupación la suerte de los débiles, el mayor gozo que toda persona caminara en dirección a la felicidad. Y todo ello hasta llegar a una plenitud que traspasara el tiempo y tocara lo eterno. Un increíble sueño, al que Jesús jamás renunció. ¿Cómo un pobre pudo mantener viva esa utopía? No es fácil de saberlo.

                Otros, sí, habían soñado con ese Reino, pero Jesús habló de él de un modo sencillo, como hablan los campesinos, de una fiesta en la que todo el mundo tendría un sitio, el banquete del Reino, que no es otro que el mismo banquete de la vida. Él creía que toda persona tenía un sitio en tal banquete. Y que si alguien había sido despojado de ese Reino eso era obra de quien no ama, no de Dios. Además, creyó, erróneamente, que ese Reino venía enseguida. Cosa que no ocurrió porque Jesús no sabía que el Reino se construye con esfuerzo, con lentitud, ya que cambiar las estructuras de la historia es tarea que ha de llevar muchos millones de años, todos los años en que el hombre pise esta tierra.

                Confesar a un Jesús que tiene esa utopía del reino requiere superar toda tentación de desaliento. Porque hay quien dice que "Cristo anunció el reino y vino la Iglesia". Huelga decir que la tal frase rezuma decepción y una parte de verdad. Decepción porque sobreentiende que la Iglesia no ha cumplido las hermosas expectativas del reino. Una cierta verdad porque no se puede negar que, en muchos aspectos, el proyecto de Jesús tal como lo leemos en el Evangelio y los caminos históricos de la comunidad cristiana han sido, con frecuencia, extraños entre sí. ¿Por qué ha ocurrido esto? ¿Por qué la utopía de Jesús parece haber durado tan poco en su verdor primaveral? ¿Por qué todo ha tomado el color y la hechura de un sistema? Son preguntas que vienen una y otra vez a la mente y al corazón de muchos cristianos e incluso no cristianos.

                Además, Jesús creyó que, aunque toda persona tiene un sitio en el Reino, los pobres tenían un lugar central. Si de alguien es ese sueño, lo sepan o no, es de los pobres. Por eso, Jesús se puso a su lado y nos habló de un Dios situado en la orilla de los pobres. Dios es Padre de todos, pero no del mismo modo: a los pobres les da la razón, a los causantes de la pobreza los cuestiona y emplaza. No entender a un Jesús que quiere trasmitir la utopía del Reino sobre todo a los pobres es no haber entendido nada de su sueño.

                2. Puede ser que la sociedad no esté hoy para muchas utopías y sueños. Pero siempre rebrotan y la profecía nunca está del todo ausente en la vida humana. Más bien hay que decir que estos tiempos nuestros no son malos tiempos para la utopía, necesaria como el pan de cada día. Por eso, confesar, plantear el sueño de una sociedad distinta no es algo exagerado. Muchas personas van tras este sueño. Y es fácil escuchar hoy: otro mundo es posible, otra iglesia es posible, otra economía es posible, otra comunidad es posible. Esos sueños entroncan con gran sueño de Jesús del Reino. Es el credo actualizado.

                3. Los sueños son motores de nuestros comportamientos, pero si no se trabaja por hacerlos realidad se esfuman, se pierden, caen en la nada. Construir sueños en nuestra sociedad conlleva el alejarse de los mecanismos del sistema (poder, consumo, derroche, frialdad humana) y construir caminos alternativos, aunque sea en cosas sencillas. Si tenemos los cristianos los mismos valores de quienes no están interesados por sueños de humanidad, ¿cómo vamos a confesar a uno, Jesús, que tenía ese sueño? ¿Y si no nos parece atractivo el sueño de Jesús, para qué nos sirve creer en el Él?

                4. Quizá tengamos el peligro de, viendo lo que pasa a nuestro alrededor, volvernos realistas, ceñidos a lo que pasa, gente que no cree más que en lo que toca. Ese exceso de realismo (claudicar, tirar la toalla) puede matar nuestros sueños y el del mismo Jesús, puede llevarnos a un conformismo que, en el fondo, es una derrota. Hay que trabajar, personal y colectivamente, por no caer en tal situación. Y, ayudándonos, se pueden conseguir cosas.

                5. Apuntando a lo concreto: ¿Cómo creer que "otra economía es posible"? ¿Con qué requisitos, con qué aportaciones? ¿Cómo se puede ver esto en actuaciones concretas, en comportamientos personales nuestros? Hablemos de algún pequeño signo, para animarnos.

 

Para pensar:

 

•1.       ¿Qué amistades de gente pobre tienes?

•2.       ¿Qué sitio real ocupan los pobres en tu parroquia?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7

Entregó su vida por amor

 

                1. No creo que pueda negarse que en Jesús, globalmente, fue el amor quien movió su vida. Confesar a Jesús entregado, Salvador, como uno que es movido por el amor es confesar su último motor. ¿Le interesaron otras cosas? No da esa impresión: la obra de Jesús es una obra sin pago, sin premio, casi sin agradecimiento. Una vez vino a agradecerle un samaritano, un marginado, un leproso curado. Pero otras muchas personas a las que amó, a las que acompañó, a las que curó, no dice el texto que le agradecieran ni que le hicieran ningún regalo. Él funcionó por amor, porque para él amar tuvo siempre sentido. Confesar a un Jesús, Hijo que ama, da una calidez al Credo que no pueden darle los postulados dogmáticos. El final, este Credo reafirma la validez última del amor, más que la fuerza de las convicciones ideológicas. Por eso, el Credo hace relación a algo más hondo que las ideas; tiene que ver con las vivencias, con los movimientos hondos del corazón, con la mirada que apunta a las entrañas.

Hay quien desde siempre se ha preguntado qué es lo que tiene Jesús para que lo recuerden, para que lo llamasen "divino" siendo como era un paria, que pasara a la historia cuando no ha hecho nada por lo que los humanos suelen pasar a dicha historia (ganar un batalla, escribir un libro genial, inventar una vacuna milagrosa, construir una obra de arte, etc.). ¿Qué hizo para ser tan recordado, tan querido por muchos? Simplemente amó, en profundidad, con entrega absoluta, sin desfallecer, teniendo fe ciega en que el amor triunfará sobre toda limitación. Confesar a un Jesús que entregó su vida por amor es, en el fondo, hacer una profesión de fe en el amor, en todo amor, en cualquier amor. Quien dice un Credo sin creer en el amor dice verdades, pero no la verdad última que ha movido a Jesús.

Algo de esto debieron captar sus propios compañeros/as, la gente que acompañó a Jesús en sus caminos. Un pagano, Flavio Josefo, historiador judío vendido a los romanos, dice en una obra suya que "aquellos que lo habían amado desde el principio dijeron, después de su muerte, que estaba vivo". Lo habían amado desde el principio, desde siempre, hasta más allá de la muerte, porque habían aprendido de de él que, como dirá luego san Pablo, lo único que realmente permanece es el amor. Lo demás es todo relativo. Sobre ese cimiento del amor asentó su vida; desde ahí edificó el edificio de sus días y de su muerte. Por eso, un Credo que no haga alusión a este amor único es un Credo vacío de lo más importante.

2. Nuestra sociedad de hoy habla mucho del amor (en canciones, en textos) pero su mucho hablar quizá muestra su carencia fuerte. Más allá de lo lírico, quizá se cree que el amor es cuestión privada y que quien lo tiene, suerte tiene. Pero, como decía Gandi, el amor es una fuerza "política", puede llegar a transformar el hecho social, a cambiar los parámetros de la convivencia, a reorientar y dar sentido a la historia humana. Quien profesa en el Credo el amor de Jesús, también de alguna manera profesa la certeza de que el amor podría ser una fuerza social.

Hay personas que contribuyen decididamente a impulsar ese camino. El cristiano tiene por cierto que la persona de Jesús ha sido decisiva en este afán. Efesios proclama que el designio de Dios se "ha llevado a efecto mediante el Mesías, Jesús Señor nuestro" (3,11b). Así es: él ha sido de los grandes impulsores del hecho histórico porque él ha amado como nadie este camino de humanidad. La misma divinidad de Jesús, de acuerdo con los Evangelios, no le viene tanto por su pertenencia a lo divino, cuanto por su terrible bajada al cimiento de lo humano, por su vocación al pueblo, por su amor a fondo perdido al caminar humano, tal como lo proclama el himno de Filp 2,6-11. No puede menos de ser Dios quien ha amado tan profundamente a la historia. Y, junto con él, otras personas han sido decisivas en este trabajo ingente de impulsar el hecho histórico en la dirección de su plenitud: "El caso de Francisco de Asís, más cercano, que en muy pocos años arrastró tras de sí a cientos de seguidores, nos permite imaginar esa conmoción para no desvelar su secreto. El triunfo de estos gigantescos personajes, que aparecen solitarios, entregados a su misión, minúsculos en su arranque, y que han cambiado el mundo, continúa siendo para mí un misterio" (J.A.Marina, Dictamen,  p.104).

3. Las comunidades cristianas tendrían que significarse, más que por lo organizativo, lo cúltico, lo ideológico, por un amor palpable e intenso. Palpable porque hablar del amor está bien, pero empieza a hacer mella en la persona cuando se "toca", cuando se traslada a planes concretos de vida. La poca imaginación, la escasa alternatividad para tomar decisiones comunitarias, parroquiales, en la dirección del amor está hablando de la lejanía del Credo que profesamos, aunque las ideas broten de nuestros labios a borbotones.

4. El amor sigue moviendo la vida de muchas personas. Es cierto que, por la fuerza tremenda del dinero y del poder, los grandes motores sociales, hay muchas personas que tienen oculto, apagado, el mecanismo de un amor social entregado y generoso. Pero si supiéramos activar ese amor que subyace en el fondo de toda persona, habríamos dado con un filón para dar sentido a nuestra vida y para hacerla más dichosa.

 

Para pensar:

 

•1.       ¿Con los años, tienes el corazón más vivo y sensible?

•2.       ¿Qué pinta el amor en tu parroquia, en modos reales?

 

 

 

8

Resucitó al tercer día alentado por el Espíritu

 

                1. Incluir la resurrección de Jesús en el corazón de la fe, en el Credo, es algo obvio, porque de ahí brota el dinamismo de la fe cristiana. Pero al hacerlo se corre el peligro de elaborar una idea que nos deja fríos, que no nos sugiere casi nada, que, todo lo más, nos habla de algo que no entendemos, de un "misterio" al que no podemos acercarnos. ¿Cómo darle cuerpo a esa idea? ¿Cómo hacer de ese asunto de la resurrección no una idea dogmática, religiosa, sino vital? De hecho, así fue al principio y, con toda seguridad, así la vivieron los primeros creyentes. Entonces no se había fraguado aún ninguna dogmática.

Dice este Credo que recitamos que la resurrección se ha dado por el aliento del Espíritu. El Espíritu es el dinamismo más vivo de Dios, eso que acompaña la existencia humana, lo que sostiene nuestro camino, lo que reorienta el sentido de la historia. Ese Espíritu es el que mueve el mundo, el que va haciendo que todo apunte al horizonte de la dicha y la fraternidad. ¿Cómo no iba a derramarse en el Jesús muerto y entregado? No sabemos poner carne ni perfil a estas intuiciones de la fe, pero son preciosas: la vida que brota a borbotones del Espíritu ¿cómo iba a dejar a Jesús en la estacada, en la negrura de su muerte? Al contrario; se vertió sobre él con toda su fuerza. Lo tremendo de todo esto es que afirmarlo de Jesús, es de alguna manera afirmarlo también de toda persona, de toda realidad creada. El aliento del Espíritu nos envuelve, sostiene, empuja y resucita ya desde ahora, de alguna manera. ¿Esto es increíble? Pues entonces, ¿qué decimos cuando afirmamos nuestra fe en la resurrección?

Para acercarnos a esto central de la fe tal vez tengamos que flexibilizarnos en el tema de las presencias. Nosotros creemos que el muro de la muerte es infranqueable: nadie viene de allá a acá, decimos. Pero, en realidad, ese muro no es tan granítico como decimos: hay un trasvase de vida, no sabemos cómo, entre todo lo que ha brotado de la mano creadora y del corazón amoroso del Padre. Por eso, nuestra vida está llena de presencias que, sin ser físicas, son muy vitales y, por lo tanto, muy reales. Así es la presencia del resucitado: no será física, ¿pero no es real simplemente porque no se le vea y se le toque?

2. Tenemos que entender que no le sea fácil a la sociedad de hoy encajar el tema de la resurrección, máxime cuando, por causa de la secularidad, a muchos conciudadanos les resulta increíble el "más allá". Pero hay un tema muy querido para la sociedad de hoy que es el descubrimiento del señorío sobre la propia vida como evidencia de logro y conquista humana. Muchos temas relativos a moral familiar, sexual, problemas éticos, etc., apuntan en esa dirección. El ser humano quiere, de alguna forma "dominar" a la muerte, hacer que esa realidad dura encaje en el conjunto de nuestra vida, que pierdan fuerza los miedos, los castigos eternos, las desgracias que acompañan a la existencia trasladas y amplificadas en el más allá. Este afán de ser señor de la propia existencia no es un desatino, ni una blasfemia, ni un desacato al Creador. Al contrario, es signo de que se responde a algo que Dios ha sembrado en la existencia: la conciencia de su autonomía aunque sea en el marco de la limitación. Pues bien, creer en la resurrección es, de alguna manera, creer en esa posibilidad, recibir la fuerza para continuar el terriblemente duro camino que es el logro de ser dueño de la propia existencia.

3. Cuando se profesa la fe en la resurrección de Jesús, en la propia resurrección, es preciso, con el Evangelio, creer que ese dinamismo resurreccional puede ya funcionar desde ahora y que no hay que esperar al más allá para que la cosa se ponga en marcha. Y ¿cómo vivir, ya desde ahora, en esa dirección de la resurrección? El Evangelio lo dice en Jn 11 (la resurrección de Lázaro): Jesús da gracias al Padre cuando los que están en torno quitan la losa del sepulcro, sabiendo que debajo hay muerte pero fiados en Jesús que dice que puede haber vida. Quitar losas, todo tipo de losas, es la manera de vivir hoy en clave resurreccional.

4. Para encajar la espiritualidad de la resurrección es preciso estar movido por el Espíritu, andar a su ritmo, caminar en sus sendas. ¿Cuáles son? La creatividad y la alternatividad. La creatividad como contrapeso a la rutina que nos amenaza siempre, y más al hecho religioso. La alternatividad para no andar por caminos trillados, sino por esas sendas de novedad en que se puede pensar y vivir el Evangelio en maneras actualizadas.

5. ¿Cómo proponer la espiritualidad de la resurrección en modos medianamente asimilables en situaciones de gran carencia resurreccional? Por ejemplo: ¿cómo hablar hoy con sensatez a personas que están sufriendo y pasando el duelo por la muerte (sobre todo si es violenta o impensable) de los seres a quienes ha querido? Los viejos parámetros ideológicos sirven poco; habrá que idear maneras distintas, espirituales y con enganche antropológico. Si no, muy difícil.

 

Para pensar:

 

•1.       ¿Eres persona religiosa o espiritual, o ambas?

•2.       ¿Cómo ofrecer espacios de espiritualidad en la parroquia y no únicamente de sacramentalización o catequesis?

 

 

 

 

 

9

Porque el amor es más fuerte que la muerte

 

 

1. Ya lo dijo el Cantar de los Cantares (8,6). Y es una verdad comprobada: hay amores que pasan por encima de la muerte, siempre más fuertes que ella. Así fue el amor de Jesús a las personas, a la vida, al Padre. Ese amor, siempre vivo, fue el que lo hizo resucitar, pervivir en el empeño de amar y ser amado. Si entregó su vida por amor, es lógico que el amor no lo abandonara, no lo defraudara. Y así fue, el amor no se alejó nunca más de él, ni en vida ni en muerte. Por eso, la resurrección, más allá de todo planteamiento ideológico, es una cuestión de amor. Y como tal habría de irla percibiendo quien la confiesa en un Credo. Porque si no sobrepasa el nivel de verdad y pasa al consquilleo gozoso del amor no se ha dado el paso decisivo.

Efectivamente, no podía quedar en la muerte quien había amado tanto. Sería un fracaso para el amor. Nunca podríamos cantar y celebrar el amor si la muerte hubiera estado por encima de él. Pero no fue así: quien vivó en amor, triunfó sobre la muerte por amor. El triunfo del amor, que tantos han cantado, se verificó en la persona de Jesús. Si no hubiera sido así habría permanecido en la muerte.

No es de extrañar que lo recordemos siempre al proclamar el Credo como una persona que ha triunfado por amor sobre la muerte, sobre toda muerte. Por eso el recuerdo de Jesús es peligroso para muchos: les recuerda que por muchas que sean sus artimañas para sojuzgar al amor y su dinamismo, nunca lo conseguirán. Dicen los teólogos: "En la fe, los cristianos realizan la memoria passionis, mortis et resurrectionis Jesu Christi; en el acto de creer recuerdan el testimonio de su amor, en el cual amor se manifestó el reinado de Dios entre los hombres por el hecho mismo de que el dominio del hombre por el hombre comenzó a derrumbarse, de que Jesús se puso de parte de los insignificantes, los marginados y los oprimidos, proclamando así el advenimiento del reino de Dios como fuerza liberadora de un amor sin reservas. Esta memoria Jesu Christi no es un recuerdo que dispense engañosamente de los riesgos del futuro. Al contrario, implica una determinada anticipación del futuro, como futuro de los que no tienen esperanza, de los fracasados, de los acosados. Es, pues, un recuerdo peligroso y liberador que constriñe y cuestiona nuestro presente, porque no nos trae a la memoria un futuro abierto cualquiera, sino precisamente este futuro concreto, y porque obliga a los creyentes a transformarse constantemente, para dar razón de este futuro" (J.B.Metz, La fe, en la historia, p.101-102).

2. Puede dar la impresión de que, por muchas causas, los valores del amor y sus derivados son menospreciados por amplios sectores de la sociedad de hoy. Pero no es así. Siempre encuentra eco la llamada del amor. Por eso, por ausencia o por presencia, siempre está vivo el anhelo de amar en nuestra sociedad. De ahí que se pueda decir que el éxito de lo humano sean los logros del amor, de la relación. Dice un poemilla de Casaldáliga: "Al final me preguntarán ¿has amado? Y yo les mostraré mi corazón lleno de nombres". Ése es el éxito del caminar humano que ha acontecido en Jesús y en muchísimos otros.

3. La fortaleza de las comunidades cristianas tendría que basarse en el amor puesto en práctica. Se habla de amor entre cristianos, pero parece que se habla en maneras tan teóricas, tan "sin rostro", tan sin verdadera implicación que, al final, el discurso creyente sobre el amor lleva a la decepción o a la mera parálisis. ¿Y si se tuviera otra clase de discurso? ¿Un amor capaz de incidir en las situaciones sociales y personales? Entonces entenderíamos mejor el planteamiento del Evangelio ("que os améis...") y la entrega misma de Jesús. Desde ahí se podría hacer una verdadera profesión de fe en quien fue resucitado por su amor siempre fuerte.

4. Es cierto que los caminos del amor son equívocos, turbios, fácilmente extraviables. Pero quien no los anda no crece en el mejor de los valores de la vida y difícilmente puede entender el fondo de Jesús, de su misma resurrección, ya que ese fondo está hecho de amor en estado puro. Por eso quizá sea más interesante amar que creer, si por esto segundo entendemos, sobre todo, tener convicciones religiosas. De cualquier manera, fe y amor no tienen porqué ir por caminos separados; bien tendidas son realidades perfectamente mezclables.

5. Todos conocemos a personas que funcionan en manera solidarias y desde el amor. Están cerca de nuestras vidas, en nuestros ámbitos cercanos. También nos asomamos a personas "lejanas" que hacen auténticas aventuras de amor, de toda índole. Agradezcámoselo, valorémoslo, acojámoslo. Ellas nos ayudan a entender la vida y a entender la fe. En ellas se ha verificado lo mismo que ocurrió en el Jesús resucitado: que el amor es más fuerte que la muerte.

 

Para pensar:

 

•1.       ¿Se va llenado tu corazón de nombres?

•2.       ¿Cómo vas entendiendo y viviendo las situaciones de amor no "oficial" de las personas que hay en tu parroquia?

 

 

 

 

 

10

Creo en el Espíritu Santo que es el

amor de Dios derramado en nuestros corazones

 

                1. No sabemos decir en modos concretos qué es el Espíritu. El Evangelio dice en Jn 3 que es un viento que sopla donde quiere. No es mucho decir, aunque eso habla de libertad. Nuestro Credo dice que es una realidad derramada en el corazón. El Credo confiesa, pues, que el lugar del Espíritu es el corazón y que, por lo tanto, funcionando desde el corazón se funciona desde el Espíritu. Quizá no sea mucho decir, pero si queremos saber si una actuación, del creyente, de cualquier persona o de la misma estructura eclesial, viene del Espíritu es preciso preguntarse si se hace desde el corazón, desde la bondad, o no. Por eso mismo, creer en el Espíritu es, de alguna manera, creer en el corazón, en la bondad, en la belleza, en la solidaridad, en los valores más sutiles del corazón.

                Esa fuerza de amor que llamamos Espíritu habitó en Jesús, se quedó en él de manera definitiva y permanente (Jn 1,32). Por eso, su vida siempre fue espiritual: estaba orientada desde el corazón, desde el amor, desde el respeto y el cariño a toda persona. Incluso más, estuvo orientada desde la irrenunciable dignidad de toda criatura. Pero no solo fe eso: Jn 14,23 dice que el Padre y Jesús (y, por supuesto, el Espíritu con ellos) han puesto su morada en la persona con la intención de no abandonarla nunca más. Por eso, la realidad que llamamos Espíritu habita en el fondo de la vida, de la realidad. Ahí hace una formidable obra de reconversión, de reorientación, de fundamentación de la vida (Jn 16,8-11).

                No nos ha de extrañar que por eso mismo podamos contemplar la vida como una realidad acompañada por el Espíritu. No estamos solos/as. El Espíritu es nuestro acompañante permanente y lo es aunque no lo sintamos así, aunque nos parezca una realidad sin cuerpo, sin presencia, sin perfiles definidos. Aun en ese caso, no nos abandona, sigue con nosotros, nos sigue habitando. Profesar la fe en un Espíritu derramado en el corazón habría de hacernos más sensibles a la bondad, más equilibrados ante los palos que inevitablemente da la vida, más abiertos a la realidad de las personas, también habitadas por el mismo Espíritu.

                2. ¿Cómo va a acercarse la sociedad de hoy a esta realidad tan sutil del Espíritu? Quizá haya que decir que nunca Occidente se alejó del Espíritu, y solamente en apariencia es paradójico, como cuando abandonó el cuerpo. Por eso, para recuperar la realidad del Espíritu quizá haya que comenzar por recuperar el cuerpo. ¿Qué sería esa recuperación? Amar los cuerpos, la corporalidad, derramar ternura sobre nuestros cuerpos, tantas veces heridos, menospreciados, humillados. No se trata de ningún hedonismo que cuida los cuerpos en exceso (eso tampoco es bueno), sino de sentir ternura, piedad y amor para esta estructura corporal, débil y muchas veces inhumana, sin la que no podemos vivir y que es nuestro verdadero hermano, el hermano cuerpo. Tal vez por el lenguaje del cuerpo recuperado con humanidad podamos acceder a la realidad sutil del Espíritu.

                3. Una de las tareas apremiantes de las comunidades cristianas es recuperar la espiritualidad, la mística. Para ello, quizá haya que comenzar por recuperar la profundidad, para que no nos trague el torbellino de la superficialidad, nuestro gran y verdadero enemigo. Y luego, valorar la espiritualidad como un componente importante de la persona. Valorar todas las técnicas que nos llevan a ser más espirituales: el silencio, la reflexión, la lectura, la belleza, el diálogo sosegado, el compartir, la contemplación entendida como ahondamiento de la realidad. Recuperar la profundidad y la espiritualidad. Si no, viviremos una fe y una vida sin mística, sin jugo, sin raíces, sin trasfondos, mera superficialidad. Son consecuencias de profesar la fe en un Espíritu derramado en el corazón.

                4. La espiritualidad no es patrimonio de los cristianos, sino de toda persona, de cualquier religión que sea o sin religión. La espiritualidad es esa manera profunda, contemplativa, amorosa en definitiva de contemplar la realidad. Es vivir más de los valores de fondo que de modas, escaparates, superficialidades. La espiritualidad es, en el fondo, contactar con la realidad desde el corazón más que desde los meros sentidos. ¿Cómo vamos a restringir este hondo movimiento supeditándolo a la pertenencia a una pertenencia religiosa?

                5. Habría que preguntarse si consideramos personas espirituales no solo a quienes no son de nuestra religión, sino incluso a las personas no creyentes. Hay muchas personas en nuestro entorno que dicen no creer o que han abandonado de hecho la práctica religiosa. ¿Crees que tienen espiritualidad? Habla de algún comportamiento suyo que te parezca espiritual.

 

Para pensar:

 

•1.       ¿Cultivas técnicas de ahondamiento: lectura, reflexión, silencio, oración, paseo?

•2.       ¿Te planteas en serio el ecumenismo religioso y social?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

11

Creo en la Iglesia, comunión de los que se aman

 

                1. Es algo que siempre está presente en las comunidades cristianas: ¿somos una organización religiosa o somos una comunidad? ¿Somos una sociedad jerarquizada o somos una comunión? ¿Somos un grupo organizado o una familia? Plantearlo en forma de dilema quizá no sea lo más apropiado. Pero lo cierto es que la realidad está ahí: quien entiende, como siempre, que ser cristiano estar en un grupo religioso organizado y quien aspira a otro tipo de relación más comunitario. Profesar la fe en una Iglesia entendida como "comunión de los que se aman" es decantarse claramente por el segundo de los caminos.

                ¿Es posible el sueño de una comunidad de amor, así de claro? Por lo menos es lícito soñar. Hay raíces en el Evangelio, porque Jesús dice que "uno es vuestro Padre y todos vosotros sois hermanos" (Mt 23,1-12). Porque la práctica de la primitiva iglesia fue hecha en clima de igualdad, colaboración y calidez relacional (ver Rom 16). Es el sueño que mantienen aún no pocos creyentes: "Nadie es en la iglesia más que nadie, a no ser el más pequeño, el excluido del sistema, ni nadie es menos: todos son hermanos, no como un orden que marca de manera autoritaria el lugar de cada uno, sino como una comunión donde todos tienen y comparten la palabra" (Pikaza).

                ¿Por qué es tan difícil llegar a niveles interesantes de comunión y de amor? Porque obran en las personas, en los creyentes, los mecanismos del poder, de la ambición, del dominio, de la supremacía. Si esos mecanismos no están controlados, construir un tipo de relación distinto será muy difícil. Siempre ha ocurrido esto en la comunidad cristiana. Ya en la carta 3 de Juan nos encontramos con uno, Diotrefes, que se ha apropiado de la comunidad, hecha puyas malignas contra quien le contradice, tiene un desmedido afán de dominio y excluye a quien no piensa como él. La comunión fraterna, según este texto, no puede estar hecha sino de sinceridad, lealtad y solidaridad.

¿Si esto ha sido así desde el principio, a qué soñar en un tipo de comunidad distinto? No hacerlo sería traicionar el sueño de Jesús y confesar de palabra lo que luego no hacemos en la práctica. Sería una hipocresía. Por eso, confesar una iglesia de comunión de amor conlleva el afán explícito de colaborar a un cambio radical en la relación entre cristianos. Si no, lo nuestro son, al menos, palabras vacías.

2. Muchas personas ajenas a la vida cristiana no nos perciben como una comunión de amor, sino como un avispero de facciones, disputas, controversias, descalificaciones, etc. Quizá no valoran la pluralidad, que es cosa importante. Pero no les falta razón cuando dicen que nadie más desunidos que los cristianos. Tiene que ser un motivo de reflexión y un acicate para el cambio. La comunidad cristiana ha de dejarse de tanta espiritualidad vacía y comenzar por lo más elemental: el diálogo, el respeto, la colaboración, el consenso. Como esta clase de valores no funcionen, pensar en una iglesia de comunión es poco menos que imposible.

3. En el seno mismo de nuestras comunidades cristianas, parroquiales, religiosas, diocesanas, etc., se necesita un tipo de relación más cálido. Hemos construido un tipo de iglesia donde la calidez, la amistad, la relación directa, el conocimiento de los caminos y necesidades del otro, no son realidades imprescindibles para pertenecer al colectivo cristiano. Y, sin embargo, sin esos elementos, la relación, además de jerarquizada, resulta fría, poco gratificante y hablar de una iglesia de comunión, de hermandad, de disfrute sencillo, no es cosa fácil. Una fe vivida y creída en el marco de la comunión empuja a mirar en la dirección del otro, no para avasallar sino para situar al hermano en el horizonte de mis propias preocupaciones.

4. Este tipo de planteamientos nos lleva otra vez a la pregunta de dónde ponemos realmente el acento cuando hablamos de religión. A veces el acento está puesto en la práctica religiosa, en los comportamientos morales, en las tradiciones religiosas o en pequeños comportamientos que tienen que ver con costumbres heredadas. De esas minucias hacemos, a veces, caballo de batalla. Pero, en realidad, ahí no está lo importante, aunque hayan de ser cosas a considerar. Lo importante está en el tipo de relación a la que nos va llevando la adhesión a Jesús. Si esa relación crece en humanidad y amor, vamos por buen camino. Si eso no fuera para nosotros lo importante, estábamos errados.

5. Cuando se profesa la fe en una iglesia-comunión es preciso preguntarse con tenacidad y sosiego a la vez: ¿cómo ir construyendo una comunidad cristiana de gentes que realmente se conocen y se aman? Cualquier paso que se dé en esta dirección, por sencillo que sea, es interesante. Quedarse impasible, es retroceder.

 

Para pensar:

 

•1.       ¿Qué haces para vivir en comunión real con la sociedad de hoy?

•2.       ¿Te preocupa la estructura eclesiástica o la comunión?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

12

Manifestación viva de la caridad

 

                1. La palabra "caridad" no tiene buena prensa. La gente dice: queremos justicia, no caridad. Como si aquella no fuera envuelta por ésta. Lo cierto es que profesar la fe en una Iglesia que es manifestación viva de la caridad no suena muy allá va. Y sin embargo, en ese adjetivo "viva" quizá esté la solución. Porque la caridad ha sido paternalista, impositiva, condicionante, despectiva incluso. Y, claro, eso no hay quien lo trague hoy. ¿Y si fuera una caridad "viva"? ¿Qué es eso? Ante todo algo que parte de la convicción de que el dolor del otro no me puede ser ajeno; algo que brota de la base ética de la dignidad que se otorga a toda persona; algo que busca, ante todo, humanizar, no cristianizar; algo que tiene por absoluto a la persona y su necesidad, no tanto a la idea religiosa de Dios. Una caridad con esos ingredientes no sería humillante, sino llena de vida, de posibilidades.

                Caridad y misericordia son realidades muy próximas. Cuando Jesús quiere hacer ver lo que es el ser humano cabal cuenta la parábola del buen samaritano... Pues bien, ese ser humano cabal es aquel que vio a un herido en el camino, re-accionó y le ayudó en todo lo que pudo. No nos dice la parábola qué fue lo que discurrió el samaritano ni con qué finalidad última actuó. Lo único que se nos dice es lo que hizo "movido a misericordia". El ser humano cabal es, pues, el que interioriza en sus entrañas el sufrimiento ajeno -en el caso de la parábola, el sufrimiento injustamente infligido- de tal modo que ese sufrimiento interiorizado se hace parte de él y se convierte en principio interno, primero y último de su actuación. La misericordia -como re-acción- se torna la acción fundamental del hombre cabal.

                Quizá esta espiritualidad pueda ser base para entender que la colaboración a una obra de acción social es una exigencia de la fe, del mismo Evangelio. Una lectura espiritual (espiritualista, a veces) del Evangelio nos ha llevado a creer que éste era un libro religioso, pero no hay tal. El Evangelio, el proyecto, el sueño de Jesús, es, más bien, de componente social, relacional. Lo que él llamaba "reinado de Dios" tiene que ver con cambios de estructuras sociales, la nueva fraternidad, la sociedad de hermanos, el mundo de relaciones nuevas. Esto no puede dejarse a la libre voluntad. No, según el conocido texto de Jn 13,34-35 el amor define a la comunidad de seguidores. Si no tiene este cimiento, carece de sentido. La recuperación del lugar social es decisiva para entender la fe en maneras renovadas. Únicamente desde esta clase de planteamientos, o similares, podremos hablar de una caridad "viva".

                2. A nadie se le oculta que para una gran parte de la sociedad lo religioso ha entrado en descrédito. La iglesia es en España la institución menos valorada, por detrás de sindicatos, gobierno e incluso el ejército. Pero, por otra parte, no son pocas las personas que valoran a quien hace obra social por motivos creyentes: misioneros/as, voluntarios, gente solidaria, cooperantes, etc. El lenguaje de una fe social es hoy escuchado con aprecio por nuestra sociedad. ¿No está eso indicando un camino? ¿No sería un lenguaje más fácil de ser escuchado por colectivos, como la juventud, que se están definitivamente descolgando del hecho cristiano?

                3. A la luz de esta clase de planteamientos, nuestras comunidades cristianas tal vez tengan que analizar su situación y ver si no tienen que llegar a un mayor equilibrio las fuerzas, recursos e ilusiones que se emplean en el campo de la doctrina y en el de lo social. Cualquier parroquia vierte muchos más recursos, personales y hasta económicos, en la catequesis, celebraciones, sacramentos, difusión del mensaje que en solidaridad, grupos de voluntariado, proyectos sociales, etc. En la mayoría de las comunidades cristianas hay un desequilibrio entre ambos componentes, cuando no una única opción, la religiosa. De acuerdo con los parámetros del Evangelio y de los otros escritos del NT es por el segundo de los componentes, el social, por el que las comunidades y los creyentes a nivel personal tendrían que distinguirse. Esa es la "caridad viva" que profesamos.

                4. Tal vez esté llegando la hora que en los cristianos nos planteemos personalmente si, por exigencias de la fe, no deberíamos colaborar en algún tipo de voluntariado social o, al menos, parroquial. Una fe que no va llevando a esta clase de compromisos cómo va a poder llamarse "caridad viva". La pequeña limosna que damos en fechas señaladas es un mero signo externo pero puede ser que no nos lleve a esa caridad viva. Es preciso dar un paso más si se quiere ser un cristiano actualizado, coherente, presentable. Es preciso animarse a dar un poco de uno/a mismo/a, de su tiempo, de su apoyo, de su plan de vida. Mientras no lleguemos aquí, la caridad no aparecerá como "viva", sino como religiosa. Y eso, parece, cada vez tiene menos futuro.

                5. Quien es voluntario de algo podría decir su experiencia al respecto. Quizá con las experiencias de otros nos animaremos más. En general el voluntario/a experimenta la profunda satisfacción de acompañar la vida de otros y de aportar algo al caudal humano. Las exigencias indudables de esta postura son, con frecuencia, bien asimiladas por el gozo al que llevan.

 

Para pensar:

 

•1.       ¿Cómo elaboras tu participación personal en el tema de las pobrezas?

•2.       ¿Cómo equilibrar en tu parroquia los esfuerzos dedicados a la catequesis y a la solidaridad?

 

 

 

 

 

 

13

Servidora de los hombres y mujeres

 

                1. De Jesús lo ha tenido que aprender: "yo estoy en medio de vosotros como quien sirve" (Lc 22,27). De él tiene que aprender que, más allá de cualquier ironía, si uno quiere ser "primero", entre quienes creen en Jesús, habrá de servir a todos, habrá de creer no solamente en Jesús como un Dios, sino en uno que sirve. Por eso, profesar la fe en uno que sirve es aprestarse al servicio. Decir que se cree en un Jesús que es Dios y no entender y vivir en línea de servicio al otro, es no creer. El Evangelio no nos demanda una fe de tipo ideológico, sino práctico, vital: creer en Jesús es creer en uno que sirve; por eso, si sirves crees y si no sirves no crees.

                Más aún, como queda bien claro en Jn 13,1ss (el lavatorio de los pies), el servicio a la persona es la "ley" que fundamenta a la comunidad. Es decir, una comunidad cristiana es tal comunidad en la medida en que es una comunidad servidora, no en cuanto que es un grupo de personas que tiene ideas comunes. Hay que percatarse dónde hemos puesto el acento los creyentes: a veces en normas, dogmas o, incluso, en cuestiones secundarias de tradiciones religiosas, en pequeños ritos, en costumbres muy discutibles. En eso hemos puesto el énfasis y de eso hemos hecho nuestras señas de identidad. El Evangelio dice claramente que conocerán que somos discípulos de Jesús en el amor, en el servicio. Ésa es la verdadera y única seña de identidad. El resto es muy relativo. Algo nos ha pasado que hemos derivado a lo secundario dejando de lado a lo importante. Es preciso hacer un esfuerzo por volver al cauce principal.

                Más aún, si queremos que la sociedad nos mire, nos atienda, nos respete incluso, no lo vamos a lograr por la imposición, por el orgullo, por la fuerza, por el discurso imperativo, por la relevancia social. Quizá por este camino del servicio real, fraterno, humilde, colaborador, respetuoso, paciente, lograríamos mucho más, ser aceptados, escuchados y, quizá, compartidos. El obispo J.Gaillot fue tajante en su juicio: "Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada". Y algo de esto es verdad. Por eso, el examen principal que un creyente tiene que superar si sirve o no; el resto, por necesario que sea, es relativo. Y si supera el examen del servicio, ha superado el examen del Credo, de la fe confesada. Si no, todo queda entre interrogantes.

                2. Servir presupone cuidar. La sociedad de hoy no aceptará una propuesta de servicio si no se hace cuidando, con cuidado, con amor respetuoso. Cuidar no es solamente un acto, unos actos puntuales. Es una actitud, un talante, una manera de mirar al otro. Para servir hay que avanzar en la espiritualidad del cuidado. Ésta no es otra sino aquella que ve en toda persona, en toda realidad, algo estupendo que merece ser tratado con todo respeto y atención. Es una espiritualidad que tiene fe en los detalles como camino para acercarse al corazón del otro. Cuidar a la persona, a las cosas, es requisito imprescindible para animarse a servirla, ya que cuidado y servicio se entremezclan. Si no avanzamos en la espiritualidad del cuidado el servicio se nos hará siempre difícil, cuesta arriba, pesado, sin sentido y, a la larga o a la corta, lo abandonaremos.

                3. ¿Cómo habría llegar la comunidad cristiana ser una comunidad servidora? Quizá haya que comenzar por intentar ser una comunidad más abierta, más acogedora, más "ecuménica". En la apertura, de mente, de corazón, de vida, está mucho del secreto del servicio. Una persona, un grupo, cerrado, intransigente, fanático, no puede servir. Se sirve a sí mismo. Es preciso flexibilizarse, salir de posturas rígidas que se mantienen como aprioris necesarios. No quiere decir que todo dé igual, que no importen las cosas, que haya que pesar de todo. No. Se trata de ponerse en la situación del otro, de situarse en los valores del fondo, de mirar con benignidad a los caminos extraños de las personas y, desde ahí, tratar de entender, acompañar y amar. El resto irá viniendo por su pie. Nuestros tiempos están amenazados de fanatismos de todo tipo, también del fanatismo religioso. Es preciso sortearlo si se quiere profesar la fe en una comunidad cristiana

                4. Todos los cristianos/as, por razones de Evangelio y de fe común, hemos de aspirar a ir construyendo en nuestra vida un talante servidor. ¿Cómo lograrlo? Siempre hemos creído, desde niños, que "más es arriba". Es decir, que cuanto más alto estás, cuanto más puedes, cuanto mejor situado económicamente estás, cuanto más considerado eres, eres más. Estar arriba es una aspiración del corazón humano, aunque estando arriba no se es más humano. El Evangelio dice que "más es abajo", es decir, que puedes ser feliz sirviendo, apoyando, amando, entregándote. Algo nos dice dentro que no, que quien se sitúa "abajo" es menos. Pero el Evangelio es terco y viene a decirnos: si te sitúas abajo, si sirves, si acompañas, si amas sin pedir siempre algo a cambio, comprobarás si eres "más" o "menos". Quienes profesamos la fe en una Iglesia servidora habríamos de ser los primeros en hacer la prueba, en comprobar si el Evangelio funciona o no.

                5. A un colectivo a quienes más deberíamos servir, por su indudable necesidad, son los débiles sociales, aquellas personas que tienen todos los derechos y algo más no por su bondad, sino por su necesidad. Discapacitados, ignorados, tenidos en menos, con menos recursos, etc., habrían de ser personas miradas con ojos de aprecio y amparo. Por eso mismo, por causa de nuestra fe en el servicio, tendríamos que apoyar a todas las instancias sociales y políticas que potencian los servicios sociales y ser críticos con quienes los recortan. Así se concreta la espiritualidad del servicio.

 

Para pensar:

 

•1.       ¿Sirves realmente o te sirven?

•2.       ¿Crece tu parroquia en servicios sociales o decrece?

 

14

Creo que, al final, todos celebraremos la Pascua definitiva

 

                1. Creer en la Pascua definitiva supone hacerlo en la Primera Pascua, aquella en que Jesús venció a la muerte. Creer en la resurrección como Pascua es tener por cierto (se trata de certezas, más que de verdades) que la dicha es la finalidad de la vida (por limitada que esta sea) y que la fraternidad es el horizonte de lo creado. Si esto nos parece "inservible", nuestra fe en la resurrección será una idea que no moverá absolutamente nada de nuestra vida, que no nos subirá una pulsación. Creer en la Pascua es, fundamentalmente, creer que pertenecer a esta aventura de lo humano, por modesta que sea, es una suerte. Píndaro decía que la vida es la sombra de un sueño y Aragón que era algo entre dos mareas.  Algunos dicen que el camino humano es un tránsito de una inexistencia a otra inexistencia. Quien cree en la Pascua disiente y piensa que, por muy frágil que sea esta vida, no caminamos a la nada, sino hacia el amor de Jesús; no somos sombra que se desvanece sino proyecto del amor del Padre que se cumple; no somos un paréntesis entre dos instantes, perdidos en el universo, sino una realidad que es amada, acompañada y querida por Jesús y por el Padre. Hay quien piensa que esto es todo fantasía. Pero, si es así, creer en la Pascua, en este hermoso paso (de Jesús y nuestro), se hace imposible.

                Quizá nos ayude el reflexionar en que el famoso paraíso terrenal, el lugar de la dicha plena, nunca ha existido al principio. De existir, estará al final. La fe en la Pascua nos dice que el camino que nos lleva a ese paraíso del final no es una quimera, un camino sin salida, una senda sin destino. Al final se encuentra el gozo definitivo. Es necesario aún que la muerte vaya tejiendo, inexorable, su alfombra. Pero algún día, la luz brillará sobre todos y el sentido de nuestro caminar aparecerá claro. Entonces comprenderemos que hemos caminado en dirección a final de plenitud y de dicha. Por eso decimos que Dios está mucho más preocupado por nuestra dicha que nuestro pecado. Porque el final no es el pecado y su castigo, sino la misericordia y su dicha.

                ¿Es esto huir de la cruda realidad? ¿Es, como se ha dicho tantas veces, una manera de huir, de no afrontar la dura responsabilidad de pertenecer a esta historia? Tiene ese peligro, pero se lo puede sortear. Muy al contrario es cultivar la utopía, el sueño, el anhelo, la certeza para andar con más intensidad, con más sed de justicia, la senda de la vida y su duro trazado. Quien entiende bien la Pascua del final es quien tomar en serio su presente con toda su carga, con toda su posibilidad de dicha, con todas sus promesas. Si la fe en la Pascua nos aleja de la historia, de la vida, del trabajo, del afán por lo justo, algo no estamos entendiendo bien. Si, por el contrario, el ánimo brota en nuestra vida, el gozo se sobrepone a la tristeza, la debilidad queda asumida por la fuerza, la misericordia engloba a la justicia y al mal, es entonces cuando, tal vez, estemos entendiendo qué es creer en una Pascua al final, definitiva, honda, amada, regeneradora.

                2. Es por eso que quien cree en la Pascua definitiva alberga la certeza de que el amor del Padre salva a todos, toda realidad, porque ese amor suyo es más fuerte que cualquier muerte. Hace tiempo que quedó varado en el camino aquello de que fuera de la Iglesia no había salvación. Ésta se derrama, como el Espíritu, por todas partes, de formas múltiples, de todas las maneras. Por eso, por caminos que ignoramos, intuimos que la fuerza de la Pascua engloba a toda realidad histórica, más allá de su debilidad moral. ¿Cómo se conjuga salvación y justicia, misericordia y perdón pleno, acogida y responsabilidad ineludible? No lo sabemos muy bien, pero algo nos dice que tiene que haber una forma, que el amor del Padre la ha encontrado. Por eso, afirmar que todos se salvan no es dejar impune a la injusticia y menos olvidar a la víctima de cualquier modo. Pero el amor hondo e imaginativo del Padre (incomparablemente mayor que el nuestro) ha tenido que inventar alguna manera de hacer posible que toda criatura, después de sus, a veces, muy extraviados caminos, llegue al disfrute para el que fue creada.

                3. Por todo esto, las comunidades cristianas tienen la suerte de poder celebrar anticipadamente esa Pascua del final. Lo celebran en el recuerdo vivo del resucitado, en la fe común que anima a creer en una Pascua plena, en los múltiples gestos que hacen aumentar el caudal de dicha entre los humanos, en las maneras benignas y fraternas de leer los caminos de la vida. El buen corazón es el mejor lenguaje de la Pascua definitiva, la verdadera manera de creer en este "artículo" del credo.

                4. Hemos de aprender a celebrar ya la Pascua; hemos de cantar los humildes logros del camino humano; hemos de poner sobre la balanza las cosas positivas de las que están tejidos nuestros días; hemos de maravillarnos, una y mil veces, de que la bondad y la belleza sigan surgiendo entre nosotros; hemos de agradecer el consuelo, el ánimo y el abrazo que sea dan a los humildes para reconfortarse; hemos de valorar los signos de solidaridad y humanidad que surgen en nuestra sociedad. Son los anuncios, modestos pero necesarios, de lo que será la Pascua definitiva.

                5. Es preciso dar mejor tono, más celebrativo, más festivo, más amable, más sosegado a nuestras expresiones de fe, a nuestras celebraciones, tan frías, tan silenciosas, tan aburridas, tan rutinarias. Otro tono. ¿Cómo hacerlo?

 

Para pensar:

 

•1.       ¿Eres persona de utopía o te ciñes a lo que hay?

•2.       ¿Te preocupa que tu parroquia sea vista en el pueblo (en el barrio) como un lugar de bondad humana?

 

 

15

La vida en plenitud

 

                1. No podemos hacernos a la idea de qué es creer en una vida plena. Como sentimos que tenemos la vida a cuentagotas, que hoy somos y mañana no, que hoy estamos bien y mañana podemos estar al borde del abismo, se nos hace difícil siquiera imaginar qué puede ser una vida plena. Por eso Jesús se ha hartado de decir que lo suyo era dar vida definitiva porque otros han dado vida a cuenta gotas pero, al final, también han terminado. Jesús dice en Jn 5,21 que él levanta a los muertos dándoles vida definitiva porque los ama. Si se sostiene a un muerto y lo pone erguido, se puede llegar a creer que tiene vida. Pero a nada  que se deje de sostenerlo, el muerto vuelve a caer, inerte, a tierra. Jesús levanta a los muertos dándoles vida definitiva; no vuelven a caer, son autónomos y gozosos, tienen las posibilidades intactas, multiplicadas. No nos imaginamos qué pueda ser una vida definitiva pero, por oposición a la que tenemos, tan marcada por la limitación, imaginamos algo hermoso y bello. Pues bien, creemos en esa vida plena no únicamente como un anhelo, como un sueño, como un suspiro que se evapora enseguida. Creemos como una promesa de Jesús y como una certeza de la comunidad de creyentes. Pensarán muchos que no es buena época para alimentar esta clase de sueños. Pero sin ellos, ¿qué es el camino humano, sino un ciego andar no se sabe muy bien a dónde? ¿No es quitarle lo más puro que tiene, su alma, su sentido, su ilusión?

                El mismo Evangelio dice que soñar la vida plena, que creer en ella, no es una vanidad porque Dios ha sembrado en toda persona, en toda realidad ese anhelo, esa "capacidad" para ser hijos, para la dicha total. Hasta en los seres más inertes habita esa dicha; hasta en la persona más vacía y más resentida no muere del todo la chispa del gozo; hasta en el más desesperado y deprimido puede brotar una sonrisa si media el amor. Si esto no fuera cierto, el amor del Padre sería una realidad sin fuerza, sin empuje, sujeta y esclava a la limitación y a la tristeza. Por eso él ha sembrado a manos llenas, en los surcos más profundos, esa semilla de la plenitud. Otra cosa es si las personas estamos dispuestas o no a cuidar, alimentar, afanarse en torno a esa semilla para que fructifique en toda su potencia.

                Un poema que se atribuye a Borges comienza diciendo: "He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer: no he sido feliz". Puede parecer excesivo, pero es verdad: la infelicidad es el fracaso de lo humano; la imposibilidad de plenitud su mayor infierno. Por eso, todo lo que contribuya a ir haciendo más plena, más dichosa, con más contenido esta vida será la mejor manera de decir que creemos en un Jesús cuya obsesión ha sido, como la del Padre, sembrar en el campo de nuestra vida la semilla de lo pleno.

                2. La objeción brota pujante: ¿plenos en la limitación? Quizá no, porque la debilidad nos atenaza. Pero ésta no puede ser impedimento para el sueño, para caminar en esa dirección, para ir orientando la existencia hacia ese horizonte. Con eso, por poco que nos parezca, ya habríamos conseguido mucho. Hay que comprender a quien sucumbe al peso de la limitación y del dolor, porque éste puede llegar a quebrarnos. Pero dichoso/a quien mantenga, por encima de sufrimientos, el sueño hermoso de una vida mejor, de unos días más luminosos, de unos abrazos más cálidos. A ésa persona Jesús le diría aquello de "no estás lejos del reinado de Dios" (Mc 12,34).

                3. La comunidad cristiana que cree en la vida plena, en la semilla de dicha sembrada por el amor del Padre, ha de hacer un esfuerzo explícito por vivir y mostrar una fe gozosa. Es proverbial la tristeza que envuelve a la vida cristiana; es hosco el rostro y los ademanes de quienes celebran misterios de comunión y de vida; parece impropia la alegría a la hora de manifestar la adhesión a Jesús cuando él es el mayor gozo de la historia para nosotros; nos resulta más fácil adherirnos a la cruz que a la resurrección. Es preciso cambiar alguna clavija,

                4. Quizá sea difícil toda esta espiritualidad si los cristianos no vamos elaborando una espiritualidad del disfrute y del placer. Hasta la palabra misma ha sido muchas veces estigmatizada. Pero una vida sin placer no solamente es algo insufrible, es además una realidad que habla difícilmente del Padre y de Jesús que quieren para la creación una vida plena. Porque, ¿cómo vivir una vida plena alejados de la alegría, con el alma encogida, con las lágrimas como único campo de actuación?

                5. Dice Sábato que estamos tan confundidos que "estamos tan desorientados que la felicidad es ir de compras". En realidad, mucho del secreto de la dicha radica en cosas sencillas: un café tomado en buena armonía, un encuentro con diálogo, un paseo acompañado, una obra de arte, una música que llega dentro, un silencio que sosiega, un corazón que se siente amparado, una pequeña ayuda que habla del amor que se tiene al otro y del respeto que se merece. Los gozos cotidianos son el lenguaje de la fe en la vida en plenitud.

 

Para pensar:

 

•1.       ¿Amas la vida disfrutando hondamente de ella?

•2.       ¿Cómo se acerca la parroquia a quienes la vida trata peor?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

16

Convocados por Cristo en el amor

 

                1. Profesar la fe cristiana es, en definitiva, hacer una profesión de amor, creer que lo que va a quedar es el amor y pensar que orientar toda la vida en la dirección del amor es haber acertado. Por eso mismo, la calidad de la fe no se mide por la fuerza de las creencias, sino por la densidad del amor. En la medida en que se ama, se cree en Jesús, si el amor es difuso, débil, poco apreciado, aunque se tengan bien arraigadas las creencias, la fe es débil. Es útil y necesario que la profesión de la fe nos recuerde cada domingo la primariedad del amor, su centralidad, su ser fuente de la vida cristiana. Así se frena, modera y reconduce esa tendencia del hecho religioso a poner el acento donde no está lo importante.

                El amor que profesa la fe cristiana es un amor que proviene de la convocación de Jesús: Él nos convoca al amor. Al decir que él es quien nos convoca estamos afirmando que no somos nosotros quienes estamos en el fondo del hecho de creer. Quien convoca es quien está al frente y da sentido a una reunión, a una asamblea. Jesús nos convoca. El sentido es él, la razón viene de él, la orientación la pone él a través del Evangelio. Apropiarse de su convocación deja sin sentido a la comunidad cristiana. No estamos en la fe, no celebramos, no venimos a la parroquia para dar gusto al cura, para que él esté contento, para que la parroquia tenga brillo y notoriedad. Venimos por Jesús, él nos llama y por él venimos. No tendríamos que alejarnos de la comunidad cristiana por sus debilidades. Mientras Jesús nos llame (y él siempre nos llamará) hay razón para acudir a la llamada

                Y nos convoca al amor, no a las ideas, no a la organización, no a la militancia, no a los planes religiosos. Nos llama al amor, porque el Padre ha sembrado en las personas (en las criaturas incluso) la vocación al amor. Una fe que no ayuda acrecer en amor, no sirve desde el punto de vista cristiano. Porque al final de todo, la medida real de nuestra fe será el amor. Y si la vivencia cristiana, del modo que sea, no nos ha llevado a crecer en el amor, hay que decir que es una fe que ha fracasado. Y tengamos por cierto que el peligro de fracasar en esta orientación decisiva y elemental es real, nos amenaza en nuestro caminar humano. Por todo ello, hay que decir que es verdadero creyente quien llega a amar de verdad, con desinterés, sin esperar siempre que se nos pague y agradezca. El amor gratuito, generoso, solidario, es la marca, la señal por la que se reconoce a quien ha entendido no de Jesús ("En esto sabrán que sois discípulos míos, si os amáis...": Jn 13,35).

                2. Gandi, ya lo hemos dicho antes, solía hablar de la fuerza política del amor. Ningún partido político incluirá esto en su programa electoral. Pero, en realidad, el amor tiene un formidable potencial de transformación social: el amor puede cambiar el horizonte y la práctica concreta de las relaciones humanas. Por eso, un Credo religioso que se asienta sobre el amor va en la dirección de la construcción de la sociedad. Cuando vemos que no resulta fácil el encaje de las religiones con la sociedad civil, hay que reafirmar que, desde la perspectiva del amor, esa conexión es fácil, porque el amor trabaja en la dirección del bien de la sociedad, de la felicidad de las personas. Un credo a favor de la sociedad; ése es el Credo de la fe cristiana.

                3. Si el amor ha de ser el distintivo de la comunidad cristiana en la sociedad, habrá que dotar a ese amor de unos contenidos sociales explícitos. El amor que viene de la fe (como ésta misma) ha tenido siempre el peligro de diluirse en maneras de amar que no se concretan en nada. Un amor inconcreto no es amor. Por eso, el amor que dimana del hecho de creer (como todo amor) ha de tener un rostro concreto. Si damos contenidos sociales a nuestra manera de amar por causa de nuestra fe habremos dado un gran paso. ¿Cuáles son esos contenidos sociales? Un amor solidario, un voluntariado cada vez más intenso, una preocupación real por quienes andan en los márgenes, una integración deseada en organizaciones que buscan el bien de las personas, una economía orientada a las pobrezas, una creciente generosidad de cara a quien anda mal. Como el amor no tenga este tipo de rostros, correrá siempre el riesgo de quedar en un fervor espiritual que no tiene contenido.

                4. Profesar un Credo que apunta en definitiva al amor es renovar la verdadera vocación, personal y creyente, a la que todos/as estamos llamados/as. Esa vocación no es otra que el amor. Una reducción del término y de la práctica religiosa nos ha llevado a creer que tener vocación es aprestarse a ser cura, fraile o monja (o casado/a, ampliando la cosa). Pero, en realidad, nuestra vocación primordial, elemental, básica, central por lo tanto, no es otra que el amor. A esa vocación hemos sido llamados y llegar a ella sería el triunfo. Desde ahí será preciso entender y enfocar el éxito de nuestro camino cristiano.

                5. Quizá una buena concreción final sea precisamente animarse a amar a quien nadie ama. Hay muchas personas en nuestro derredor que, por una causa o por otra, arrastran déficits de amor (además del que todos solemos llevar). Pues bien, animarse a estar cerca de ellas, abrazarlas cuando nadie las abraza, consolarlas cuando no hay consuelo para ellas, acompañarlas en su soledad social, etc., he ahí el camino bueno del amor en obras que es la verdadera vocación de quien profesa un Credo que apunta al amor.

 

Para pensar:

 

•1.       ¿Moderas la tentación de ser el centro de la convocatoria a la fe?

•2.       ¿Cómo es tu discurso catequético y tu acción pastoral en materia de amor?

 

 

 

 

 

Conclusión

 

                Hemos recorrido, uno a uno, los contenidos del Credo que se recita cada domingo en algunas parroquias. Habría de llevarnos no solamente a apreciar más esta hermosa plegaria, sino, sobre todo, a hacer más nuestra la fe que profesamos, a hacerla más adulta. El éxito de camino cristiano es crecer en adultez. Para ello, apropiarse espiritualmente del credo es un buen camino.

                Más adulta y más gozosa, porque una fe que se vive sin gozo, rutinariamente, cansinamente, es una fe empobrecida. Gozo y credo son realidades compatibles, sobre todo cuando se profundiza un poco en el caminar cristiano. Creer no habría de ser una pesadez, algo de lo que uno se libra y se siente mejor, sino algo que, precisamente por que se ama, nos hace más ligeros, más saludables, más hermanos, más ciudadanos.

                Recitarlo en comunidad, reflexionarlo en comunidad (raramente recita el Credo una persona sola) habría de animarnos, aún más, a una fe común que apunta y se basa en el amor solidario. Podemos hacernos el hermoso favor de ayudarnos a creer, a construir un camino cristiano vivo.

                Por eso, de una manera u otra, agradecemos a  nuestra comunidad cristiana las posibilidades que nos da para crecer en la fe. Agradecemos y queremos colaborar, de la manera que sea, a la construcción de una fe común adulta, hermosa, libre y actualizada.

Retiro en Navidad 2009

 

Retiro Navidad de 2009       

 

 

NAVIDAD: TIEMPO DE ABRAZOS

 

                En el "Libro de los abrazos" Eduardo Galeano dice que hay abrazos que se guardan toda la vida, abrazos inolvidables, sentidos y también de los otros, fríos, metálicos, abrazos que no debieron ser. Nunca olvidaremos el abrazo de una persona amiga, abrazo fuerte y contenido, un abrazo de despedida. Abrazos de pareja, de amistad, de despedidas, de reencuentros, de cariño, de protocolo. Abrazo cortos, largos, apretados, tímidos. Un abrazo es una forma de compartir alegrías, consuelo en el dolor. Un buen abrazo permite refugiamos en los brazos de otro,  aunque en ocasiones sintamos el vacío de no poder completar un abrazo, de no poder terminarlo, de dejarlo inconcluso en la memoria. Otros abrazos, fingidos, te envuelven de engaño escondiendo cuchillos. ¿Quién no necesita en algún momento de su vida guarecerse entre unos brazos llenos de ternura? Un proverbio dice que necesitamos cuatro abrazos diarios para sobrevivir, ocho para mantenernos y doce para crecer.

Y ahora resulta que una ONG catalana "vende" unas cajas sencillas, vacías, cuyos precintos dicen: 365 abrazos, 1.039 caricias, 1 kg de te quiero, etc. Con ello pretende dos cosas: decir que lo importante del regalo es el amor y que con esa "compra" se puede ayudar a niños enfermos (lo organiza el hospital S. Juan de Dios.

                Eso y aquel estribillo de una canción del grupo The Streets, que dice así: "Llegué al mundo sin nada. Me iré del mundo sin nada. Excepto amor. Todo lo demás es prestado" nos ha parecido suficiente para volver en este retiro sobre el tema de los abrazos, que es volver sobre el tema del amor.

                Puede que alguien se lo tome en plan blandengue. Pero los abrazos, sobre todo los abrazos que cuestan, no tienen nada de blandengue: tienen mucho de humano y aun de difícil. Por eso, en este retiro, mediado el Adviento pero apuntando ya a la Navidad (parece que en la calle no hay otra cosa) vamos a plantear nuestra vivencia de la Navidad como un tiempo propicio para los abrazos.

 

 

 

I. TIEMPO DE ABRAZAR

 

1. El abrazo de María

                Es abrazo propio de este tiempo de Adviento. Abrazo de mujer alegre y apurada, de mujer ilusionada y perpleja ante lo que ocurre, de creyente y de corazón que confía en un Dios que le ha llevado hasta esto. ¿Cómo prepararía paría sus brazos para acoger a lo que venía? ¿Cómo sus brazos serían la prolongación de su corazón cálido? Los brazos de María. Por qué no considerarlos, contemplarlos, amarlos. Ninguno como ellos acarició a Jesús. Ninguno con tanto amor. "Algo de Dios en ti había", solemos cantar en Misa...Y así era. Los suyos eran los brazos del mismo Dios. El calor de Dios pasaba al cuerpo de Jesús a través de ellos. Brazos de mujer humilde hechos para abrazar. Brazos que el mismo José abrazaría sabiendo bien lo que abrazaba.

                Nunca Jesús olvidaría sus abrazos. Cómo los echaría en falta en los momentos duros. Cuánto hubiera dado por sentirlos en la hora de la prueba. Abrazos de mujer creyente y buena, de madre que acompaña y alienta, de mujer que comparte, de vecina que consuela y alienta.

 

2. Los abrazos de Jesús

                Fue generoso con los abrazos. Muchos los experimentaron. Abrazó a niños, a mujeres, a viudas, a enfermos, a muertos incluso. Se prodigó en abrazos. Abrazó porque en aquel signo común se trasmitía a la persona el oculto abrazo del Padre. Cuando la gente era abrazada por Jesús sentía que algo de Dios pasaba a ellos. Por eso, cuando habló del Padre que persona siempre, habló de uno que acogió al pródigo con abrazos, besos y lágrimas.

                Nunca se avergonzó de sus abrazos. Más aún, cuando habló de la gran fiesta del cielo la entendió como una boda donde abundan los besos, abrazos y caricias. Y cuando habló del abrazo que Dios da a los pobres lo hizo abrazando a un chiquillo.

                Sin sus abrazos, su mensaje habría sido poco más que una doctrina y sus sueños poco más que una utopía inalcanzable. Pero sus brazos envolvieron todo ello de honda humanidad y por eso impactaba e impacta aún su propuesta.

 

3. Los abrazos de los pobres

                Con frecuencia no son abrazos agradables. Oprimen demasiado, huelen dudosamente, son ásperos, los rehuímos. Pero quizá sean abrazos verdaderos porque vienen del miedo, de la necesidad, del hambre. Alguna vez incluso pueden ser abrazos tramposos que ocultan su verdadera razón, que les demos algo. Pero raramente vienen de la violencia y del deseo de hacer daño sin más.

                También los abrazos de los débiles son abrazos amables, con mucho cariño, con desapego. No tienen nada que dar, más que amor. Y a veces lo dan con una generosidad de la que nosotros no somos capaces. Son abrazos, los de algunos pobres, que nos devuelven a la santidad original, a la bondad primera, a la sencillez elemental. No los despreciemos porque no vienen acompañados de un don económico valioso.

 

4. Los abrazos de los creyentes

                Quizá no sean numerosos. Nos abrazamos poco por el hecho de creer juntos, lo mismo, por celebrar los mismos acontecimientos de la fe. Nos abrazamos poco, por eso nuestras celebraciones son, a veces, frías, rituales, distantes. No hemos metido el abrazo en nuestra experiencia de Jesús, en nuestras maneras de vivir la fe. Quizá no lo hemos metido porque intuimos que abrazar es como dar el corazón. y ése lo tenemos a buen recaudo, porque no queremos que nadie sea dueño de él. Pero un corazón con dueño, como el de Jesús, es mucho más interesante que un corazón que nadie ha abrazado.

                En ningún plan de pastoral estará el fomento de los abrazos. Pero habría que ver qué resultados daba la cosa. En pocas parroquias se animará al fomento generoso de los abrazos, las caricias, los te quiero, pero habría que ver. No se trata de simplezas o de sentimentalismos de tres al cuarto. Se tarta de poner a la vista nuestro mejor valor, nuestro fondo más luminoso, nuestro trasfondo que nos ennoblece.

 

5. Los abrazos de la creación

                Casi ni nos los imaginamos porque no entendemos a la creación como "madre que nos sustenta y gobierna", como decía Francisco. El abuelo de Saramago, analfabeto, antes de morir quiso que sus hijos lo bajaran al huerto y él, uno a uno, iba abrazando los árboles que había plantado para despedirse de ellos. Sería analfabeto, pero había aprendido algo fundamental: el amor está en todas partes y en todas las cosas y lo que se ama hay que abrazarlo.

                Dejarse abrazar por la creación, por el aire, el frío, la lluvia, el mal tiempo de diciembre, la soledad de los campos, el silencio de los caminos, la luminosidad de una estrella, el rostro de una llena, las humildes criaturas que son los verdaderos "labradores" de nuestra tierra, trabajan para nosotros, no es poesía barata, sino la certeza de una evidente hermandad. Y entre hermanos, ¿por qué no abrazarse, por qué no mirarse con los ojos de dentro?

 

6. El abrazo de la sociedad, del mundo

                Es el abrazo de nuestra única familia. Es cierto que sus abrazos son, con frecuencia, más que abrazos zarpazos llenos de saña. Porque aún no sabemos controlar el Caín que hay dentro de cada uno; porque aún no hemos aprendido que ser hermano es la mejor garantía de prosperidad, de amor y de disfrute.

                Pero también proliferan en la tierra muchas personas que no se cansan de abrazar a los suyos, a los que no son suyos, a los hermosos y a quienes no lo son tanto, a los que tienen suerte y a quienes no tienen ninguna suerte. Son los abrazos de los segundos, sobre todo, los que desatan la ternura del corazón de Dios. Por ellos sabemos que estamos llamados a días de disfrute y de gozo.

 

II. EN NAVIDAD, ABRAZA

 

  1. Abraza a Jesús: No solamente a esa imagencita que damos a venerar después de las Misas del tiempo de Navidad. Abrázalo en unas celebraciones sentidas, deseadas, participadas, recogidas. No trasladar el bullicio navideño comercial a nuestras celebraciones. Buscar la más adecuada para tu momento de fe.
  2. Abraza a los pobres: Y ya lo sabes cómo: no te excedas. La austeridad tiene sentido como dique contra la ofensa a los pobres, además de que es de necios el insensato despilfarro. No te canses de repetirte que el techo de la fiesta no es el mucho y selecto comer y beber, sino en el mucho amor. Controla ese mundo y el mundo de tus regalos: regala tiempo, corazón, escucha, acompañamiento, atención, servicio, generosidad.
  3. Abraza a los creyentes: Vive lo que celebras. Hazlo con gusto. Participa. Estate dispuesto a colaborar si te lo piden. Mira bien a quien celebra a tu lado. Ten por una suerte el tener una comunidad. Felicita la Navidad a los de tu parroquia como lo haces con tus familiares queridos; deséale buen año.
  4. Abraza a la creación: No es Navidad tan mal tiempo para darse un pequeño paseo por un parque o camino, en soledad, disfrutando del silencio. Disfruta y felicita a la "madre tierra" porque de ella ha nacido Jesús y nosotros. Ten sentimientos de humanidad con ella. Eso nos hace más humanos. Toca las cosas, las criaturas humildes, felicítalas.
  5. Abraza a la sociedad, al mundo: Aunque te parezca que no lo merece, que te ha hecho muchas jugarretas, que te ha traicionado. Reconcíliate con tu presente para no amargarte y, si pudieras, con tu pasado para libertarte de un gran peso. "Abraza" a tus conciudadanos que pasa por la acera; diles "gracias" en tu corazón, aunque no sea con palabras.
  6. Abraza a María: Porque por ella podemos estar diciendo todo esto. Felicítale una y mil veces por su vientre colmado de dicha, por su fe fiel y por su entrega generosota. Felicita y abraza estas navidades a las mujeres que te ayudan y te acompañan, no porque sean mejores, sino porque son del género de María y les debemos mucho.

 

Conclusión: Nada de lo dicho tendría sentido si se interpretara como un fervorín sin raíces. Quizás las raíces tengamos que ponerlas nosotros/as en el silencio, en la oración, en el vibrar del fondo del corazón. Una mañana de silencio y de oración puede ser un buen momento para ello.

 

Un itinerario de oración en Navidad (1 Juan)

 

UN ITINERARIO DE ORACIÓN

EN NAVIDAD

(1 Juan)

 

            1 Juan tiene un peso específico y determinante en el corpus del NT. Es un texto hondas raíces, de auténtica mística cristiana. No es de extrañar que, frecuentemente, los ojos de los creyentes se posen en él. Así lo ha hecho el liturgista que ha propuesto esta carta como texto "navideño" para la lectura continua de las ferias de Navidad.

                Es que los grandes temas de la carta encajan como anillo al dedo en la espiritualidad de la encarnación: el amor como raíz última y definitiva del actuar de Dios y de la persona; la "sangre" de Jesús, su Encarnación entregada, como clave para leer la historia; la solidaridad que dimana de quien entiende la vida desde ahí; el valor de nuestra historia pobre como camino necesario y prácticamente único de acceso a Dios; la luz en la que se camina cuando se guarda el mandamiento del amor, etc. Son los grandes temas que encuentran un eco especial y ajustado en la espiritualidad de la Encarnación.

                ¿Por qué no hacer de este texto, al filo del uso litúrgico, un itinerario de oración en Navidad? Esta es la propuesta de este sencillo folleto: proporcionar algún apoyo para que el/la creyente vaya haciendo esta Navidad de 2009 un camino de oración personal de la mano del texto joánico. Ojalá lo logremos. Sería una manera óptima de celebrar cristianamente la Natividad del Señor.

 

1

27 de diciembre: san Juan: 1,1-4

 

a) Hemos palpado al que existía

 

                Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplaron y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible).

 

                1. En la comunidad joánica ha ocurrido una catástrofe: un grupo notable e influyente de la comunidad, un grupo muy espiritual, se ha marchado porque ha llegado a la conclusión de que el camino de la historia es muy pobre para llegar al encuentro con Dios. Según éstos, hay que ir por caminos más sublimes, más religiosos, más místicos, más "en el cielo".

                El autor se opone a este planteamiento porque, si no, entramos en un camino sin salida: no ha servido para nada la historia pobre de Jesús con su pobre muerte y, además, nuestra misma historia, también pobre, no tiene valor. Por eso, el autor quiere confirmar a la comunidad en el valor de la "sangre" de Jesús, de su historia pobre entregada, y, de rechazo, de nuestra pobre historia, camino de acceso al corazón del Padre.

                Desde ahí dice en este comienzo del prólogo algo muy hermoso: en Jesús hemos "visto" al que existía desde el principio, lo hemos "oído" y, lo que es más, lo hemos "palpado", tocado, abrazado, acariciado. Esto haría vomitar a los "espirituales" que se han ido. Pero para nosotros es el mayor consuelo y ánimo: podemos abrazar a Jesús, podemos sentir sus abrazos.

                2. Los abrazos de Jesús: fue generoso con los abrazos. Muchos los experimentaron. Abrazó a niños, a mujeres, a viudas, a enfermos, a muertos incluso. Se prodigó en abrazos. Abrazó porque en aquel signo común se trasmitía a la persona el oculto abrazo del Padre. Cuando la gente era abrazada por Jesús sentía que algo de Dios pasaba a ellos. Por eso, cuando habló del Padre que persona siempre, habló de uno que acogió al pródigo con abrazos, besos y lágrimas.

                Nunca se avergonzó de sus abrazos. Más aún, cuando habló de la gran fiesta del cielo la entendió como una boda donde abundan los besos, abrazos y caricias. Y cuando habló del abrazo que Dios da a los pobres lo hizo abrazando a un chiquillo.

                Sin sus abrazos, su mensaje habría sido poco más que una doctrina y sus sueños poco más que una utopía inalcanzable. Pero sus brazos envolvieron todo ello de honda humanidad y por eso impactaba e impacta aún su propuesta.

                3. En Navidad, abraza: a tu comunidad, a los débiles, a la sociedad, a la creación, etc. Abrazar es lo que Jesús hace con nosotros, lo que hemos podido hacer con él. Sabemos que Dios se encarna porque podemos abrazarle en Jesús.

 

 

b) Un testimonio de amor

 

                Nosotros lo hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó.

 

                1. Como el de la resurrección, el gran mensaje de la Encarnación es un testimonio de amor: que el Padre ha unido su suerte a la nuestra, que ha venido a morar en el fondo de la existencia, que nuestra vida es, siempre, una vida acompañada.

                Puede parecer exagerado decir que el gran cometido de Jesús en la historia no es tanto salvarnos cuanto darnos a entender que Dios es uno de nuestro lado, que su amor nos envuelve, que Él ha unido su éxito y su suerte a los nuestros, que es vecino de nuestro barrio, que es de fiar, que adherirnos a Él nos potencia como personas, que sus brazos nos envuelven, que nos lleva en las palmas de su mano, que no estamos abandonados, que, en definitiva, nos ama con una pasión loca, casi irracional.

                ¿Y cómo lo ha hecho? Con su propio estilo de vida. Jesús es Dios en su sencilla y compartida humanidad. Su vida misma es la Buena Noticia. Por su estilo humilde sabemos dónde está la verdadera grandeza de Dios. Por su cariño al pecador arrepentido conocemos el sentido de la santidad divina. En su compasión por todo el dolor, en su alinearse al lado de los pobres, en su defensa de los maltratados, marginados y oprimidos, se nos abre la actitud definitiva de Dios para el hombre y su intención al ponerlo en el mundo. Desde su aparición entre nosotros, cuando alguien se siente abrumado o inquieto frente al misterio sobrecogedor de lo divino, tiene delante de sí una vida clara y fraterna donde ir leyendo con humildad y confianza la respuesta segura y definitiva.

                2. Posiblemente haya que decir que no entendemos nada del Dios de Jesús si no llegamos a la convicción profunda de que tenemos un Dios que es Padre misericordioso, esencialmente bueno, olvidadizo con nuestro pecado y de buenísima memoria para amarnos. En la Biblia hay imágenes de Dios para todos los gustos, pero prima la del Padre-Madre bueno, compasivo, que busca a la persona, que lo acompaña, que lo sostiene, que anda con ella los caminos de la vida. Hay personas a las que la lectura de la Biblia les ha llevado a la conclusión de que "Dios no es de fiar". Nosotros habríamos de llegar al polo opuesto: la certeza de que Dios nunca nos va a fallar, nunca nos va a dejar en la estacada, siempre va a andar nuestros caminos con un amor y un respeto que no somos capaces de imaginar.

3. ¿Cómo testimoniar ese amor hondo del Padre? El hno. Roger daba una pista: "Pienso que desde mi juventud nunca me ha abandonado la intuición que una vida de comunidad pudiese ser el signo que Dios es amor y solamente amor. Poco a poco surgió en mí la convicción que era esencial crear una comunidad con personas decididas a dar toda su vida y que buscasen comprenderse y reconciliarse siempre: una comunidad donde la bondad del corazón y la simplicidad estuviesen al centro de todo".

 

 

c) Unidad y alegría

 

Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa.

 

                1. La comunidad de Juan ha sufrido mucho con la escisión de quienes se han marchado (lo peor que le puede sobrevenir a una comunidad es una escisión). Pero, más allá del sufrimiento, la comunidad no renuncia a la unidad y a la alegría. Visto lo que les ha pasado, esa unidad y alegría no pueden venir más que del lado de la certeza de que el padre y Jesús los hayan asociado a su unidad y su alegría.

                Jesús ha sido una persona de unidad: nuca ha dividido, nunca ha sembrado la semilla de la discordia, nunca ha utilizado caminos distintos a los de cualquier persona. La suya ha sido una obra de unidad, su sueño "que todos sean uno". No se trata de ninguna uniformidad, sino de mirar todos en la dirección del anhelo del Padre, que no es otro que el sueño de la fraternidad, la nueva sociedad de las relaciones distintas. Ésa unidad es la que interesa a Jesús. Y esa unidad no se puede lograr si no se ama esta vida, esta historia, esta persona concreta que está a mi lado. La unidad de la encarnación es una realidad que se construye mirando cara a cara a la realidad histórica, al rostro de la persona, a la necesidad del débil.

                Y luego está la alegría que es, igualmente, un logro que proviene de la entrega de la vida y del corazón. No brota porque sí. Jesús ha sido causa de alegría y de gozo porque se ha entregado, porque ha velado por el camino humano, porque ha amado hasta el fondo sin mirar a los fallos de la persona.

                2. El mayor apostolado de una comunidad creyentes es que se percibe, a través de sus estilos de ida, que caminan en unidad y alegría. Unidad que no uniformidad sino afán común porque el Evangelio cobre rostro en nuestros comportamientos. Alegría para ver que el padre está mucho más interesado en nuestra dicha que en nuestros pecados.

                3. En Navidad, y todo el año, construye unidad en tu comunidad. No quiere decir servilismo, uniformidad, rutina, sino deseo de caminar juntos, experiencias de modos de vida compartidos con gusto, ilusión por los proyectos comunes. Si se ve que hay unidad en torno al Evangelio hemos logrado decir algo de lo que es el mensaje profundo de la Encarnación. Y luego, alegría, que va mezclada a la unidad. Alegría que no tiene que ser jolgorio externo sino ambiente respirable, respeto gozoso, fiesta humilde pero compartida, disfrute en el simple estar, en el pequeño acompañarnos cada día. Y desde ahí, abrirse a otros, ampliar los círculos. Así será una alegría "completa", la alegría de Jesús persona como nosotros/as.

 

 

 

2

28 de diciembre, lunes: santos Inocentes:

1,5-2,2

 

                Os anunciamos el Mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si decimos que estamos unidos a él, mientras vivimos en las tinieblas, mentimos con palabras y obras. Pero, si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y los limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y no poseemos su palabra. Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

 

                1. Juan toma la metáfora común de la luz: acoger al Dios que acompaña a la historia es andar en la luz y eso nos llevará, como antes ha dicho, a vivir en unidad y a creer que la "sangre" de Jesús, su entrega, nos limpia del pecado.

                La evidencia de nuestra debilidad puede hacernos creer que es un impedimento real para aceptar con fuerza y deseo la propuesta de Jesús, su seguimiento. No, Jesús es honrado con lo real y si nos ofrece el camino del seguimiento es porque podemos andarlo, aunque nos cerque la limitación.

                Por eso, es preciso encarar el pecado, tratar de encajarlo, de entenderlo, de superarlo, de sobrepasarlo si se puede. Pero nuestra debilidad moral u otra no puede ser obstáculo para comprender que se nos llama a la luz, al camino hermoso de una vida en la perspectiva de Jesús.

                2. La espiritualidad de la encarnación es una espiritualidad positivizadora, animadora, y realista a la vez. Nos dice que nuestra vida, por pecadora y cruel que se la quiera ver, tiene una salida desde el momento en que hay oferta de Jesús. Y si no hubiese oferta, no habría habido encarnación. "Desde que Dios ha nacido, estamos seguros de nuestra salvación" decía Francisco de Asís. Si no hubiese salida para nuestra limitación, la encarnación quedaría sin sentido.

                3. Navidad es tiempoo para renovar nuestro amor a la vida, nuestra fe en que, más allá de su limitación, el camino humano está llamado a la dicha. Sosiégate ante la evidencia de la limitación personal, fraterna y social. Digámonos con convicción: podemos amarnos, aunque seamos débiles. Y si todo falla, siempre queda un recurso que nunca falla: el amor de Jesús que sigue trabajando a nuestro favor las 24 horas del día, nuestro verdadero defensor y apoyo.

 

 

 

 

 

3

29 de diciembre: martes: Día V de la Octava: 2,3-11:

 

                En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: "yo le conozco" y no guarda sus mandamientos es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su Palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos con él. Quien dice que permanece en él, debe vivir como vivió él. Queridos. No os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la Palabra que habéis escuchado. Y, sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo -lo cual es verdadero en él y en vosotros-, pues las tinieblas pasan y la luz verdadera brilla ya. Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

 

                1. Hay una manera de saber si uno anda por la senda hermosa de la espiritualidad de la encarnación: andar por el mismo camino por el que anduvoi Jesús. ¿Cuál es ese camino? El de la entrega a todos, sobre todo a los más débiles. Las entregas nunca se pierden, tienen valor en sí mismas, no depende ese valor del aplauso, ni del premio, ni del agradecimiento. Valen aunque no tengan esas consecuencias. Así ha vivido Jesús su entrega, generosa aunque no se agradeciese. Ése es el camino de la encarnación.

                Además, ese mandamiento del amor, de la entrega, es "antiguo" porque viene de Jesús, no hay que inventarse nada. Pero es también "nuevo" porque hay que actualizarlo día a día. Es quizá en esto segundo donde hay que hacer hincapié: imaginación y amor para hacer cada día nuevo el Mensaje.

                Y luego, toda esta espiritualidad es preciso concretarla, hacerla visible. Y no hay más que una manera: vivirla, para empezar, con el hermano concreto con quien compartes la vida. Si no se concreta, toda esta espiritualidad se difumina.

                2. La vida en comunidad nos dice, día a día, que el valor de las entregas es decisivo. La entrega es aquello que va más allá de la simple obligación. Si no anduviéramos nunca en ese terreno, todavía no habríamos abierto la puerta del misterio de la encarnación.

                3. Navidad es tiempo bueno para entregas concretas, para avivar lo que siempre debería estar vivo: que la entrega al hermano no es solamente una obra de caridad o de amor, sino que es sentido y razón de nuestro vivir juntos/as el Evangelio. Una comunidad sin entrega desdice su propia opción; una comunidad de creciente entrega se carga cada día de sentido y de gozo.

 

 

 

 

4

30 de diciembre: miércoles: Día VI de la Octava: 2,12-17

 

                Os escribo a vosotros, hijos míos, porque se os han perdonado los pecados por su nombre. Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os he escrito a vosotros, hijos míos, porque conocéis al Padre. Os he escrito a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, los jóvenes, porque sois fuertes, y la Palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno. No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo -las pasiones del hombre terreno, y la codicia de los ojos y la arrogancia del dinero- eso no procede el Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, con sus pasiones. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

 

                1. 1 Jn quiere ser, cómo no, un escrito animador. Por eso, no duda en decir que "se puede vencer al malo", es decir, que se puede hacer un camino de construcción de lo cristiano, más allá de toda limitación. Quien entiende este ánimo que proviene de la Encarnación, del acompañamiento del Padre a nuestra vida, no se desalienta diciendo que no hay nada que hacer, no se rinde diciendo que las cosas no hay quien las cambie. Es persona resistente porque sabe que en la resistencia habita la esperanza.

                Eso sí, tal certeza no va a brotar en nosotros/as si no tenemos controlados algunos mecanismos "inhumanos" que hace parte de nuestra estructura: el leer la realidad desde lados negativos (pasiones del hombre terreno), el entrar en la vorágine de un consumo que nos consume (ojos insaciables) y el humillar a los pobres con una manera insolidaria de vivir (arrogancia del dinero).

                De esta forma caeremos en la cuenta de cuál es la voluntad de Dios (la nueva sociedad, la comunidad de hermano, el mundo distinto) y, lo que es más, nos animaremos a compartir esa voluntad y a ir haciéndola nuestra. Ése será el gran fruto de la Encarnación y del Evangelio.

                2. Hemos de trabajar la fragilidad de nuestras comunidades, su tendencia a ceder a la rutina a dejarse envolver por el desaliento en esta hora difícil. Más que nunca la vida fraterna necesita personas con coraje que crean de verdad que se puede vivir el Evangelio aunque sea con intervenciones obligadamente exiguas.

                3. Navidad es tiempo bueno para desear sumarse a la voluntad del Padre que conocemos bien por el Evangelio: hacer que la vida humana camine en la dirección de la dicha. Si haces algo en esa dirección, estás trabajando en la espiritualidad de la Encarnación, por ésta no pretende, en el fondo, sino la gran dicha de lo humano, el gozo de la filiación plena.

 

 

5

Día 31 de diciembre: jueves: Día VII de la Octava: 2,18-21

 

                Hijos míos, es el momento final. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido por lo cual nos damos cuenta de que ya es la última hora. Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos eran de los nuestros. En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Espíritu Santo y todos vosotros los sabéis. Os he escrito no porque desconozcáis la verdad, sino porque la conocéis y porque ninguna mentira viene de la verdad.

 

                1. La comunidad joánica no comprende cómo esas personas que se han ido han podido salir de entre ellos. Reflexiona y dice: en realidad, no eran de los nuestros. Es pobre el razonamiento porque es muy fácil excluir a posteriori. Tenían que haber trabajado antes, haberles hecho ver que, de cualquier forma, podrían ser hermanos. Haberse flexibilizado tanto hasta que aquellos vieran que su búsqueda errada también podía haber sido comprendida por la comunidad. Quizá así las cosas habrían discurrido por otros derroteros.

                La espiritualidad de la Encarnación, como la de todo el Evangelio, no puede ser una espiritualidad de exclusión, de rechazo, de caminos divergentes. Jesús nunca ha sido así. De lo contrario no habría podido comer y sentarse a la mesa con pecadores, no habría ofrecido el programa del Reino a gente de mal vivir. Él fue una persona siempre incluyente, nunca excluyente.

                Desde ahí se podría conocer mejor esa verdad a la que alude el texto, que no es una verdad dogmática, ideológica, sino la simple y elemental verdad de que el Evangelio está de nuestra parte, que el nos hace bien, que quiere colaborar al logro de la dicha de la historia.

                2. Una comunidad que excluye no puede ser la comunidad de Jesús; una comunidad que destierra, excomulga y condena no puede ser la comunidad de Jesús. No hay que mirar únicamente al comportamiento de ciertas autoridades, sino a uno/a mismo/a con esa capacidad que tenemos para excluir a quien no piensa, actúa, siente como nosotros/as. Cuanto más excluyamos, menos somos de Jesús.

                3. Navidad es tiempo bueno para hacer prácticas de inclusión, de incitación que acoge, de camino común que se ofrece. En esta misma jornada puede hacerlo. Quien queda incluido se sentirá más persona; quien incluye también. Al fin y al cabo, la obra de la Encarnación no es sino una formidable obra de inclusión que hace ver que todo lo creado tiene un sitio en el corazón del Padre y que nada queda excluido.

 

 

 

 

6

Día 2 de enero: sábado: San Basilio y Gregorio: 2,22-28

 

                ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre. En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre; y ésta es la promesa que él mismo os hizo: la vida eterna. Os he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros. Y en cuanto a vosotros, la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas -y es verdadera y no mentirosa-, según os enseñó, permaneced en él. Y ahora, hijos míos, permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su venida.

 

                1. Ya lo había visto el Evangelio de Juan (Jn 15,1ss) que lo importante en la vida cristiana era "permanecer", estar conectados, funcionar con certezas que generan adhesión, resistir cualquier embate que nos quiera apartar de los valores del Evangelio. Permanecer no es posible sin grandes dosis de amor y no menos grandes de adultez humana. Si no hay estos ingredientes, las adhesiones corren el riesgo de quebrarse. En permanecer en la adhesión a Jesús está la clave del éxito cristiano.

                Jesús es para nosotros la verdadera "unción", el ánimo que se experimenta cuando uno recibe un masaje. Se ve que los que se habían ido hacían unciones con aceite perfumado para "colocarse" y entrar así en trances místicos. El autor dice que el creyente no necesita otra "unción" que lad e Jesús, su pobre vida entregada a fondo. Con esto tiene bastante para animarse a permanecer unido a él.

                De esta manera, no habrá ninguna vergüenza porque Jesús no puede avergonzar a quien ama, de la forma que sea. El amor que se adhiere al corazón es la mejor garantía de que Jesús nos acogerá. Ya lo dijo él que "a quien mucho ama, mucho se le perdona" (Lc 7,50).

                2. La comunidad habría de sr un lugar de ánimo, un verdadero taller de empuje y de deseo. Todo se contagia, menos la hermosura, solemos decir. El aliento se contagia, y también el desaliento. Cuando la comunidad contagia aliento, contagia espíritu encarnacional, porque la Encarnación es el gran aliento del Padre a la historia.

                3. En Navidad se pueden hacer trabajos de animación, sencillos, pero valiosos. Animar a quien anda más solo, más limitado, más al margen, más desechado. A veces basta con una palabra, un gesto, una pequeña cercanía. Para quien anda en el desaliento todo vale. Entender la encarnación es hacer obra de animación y de amparo.

 

 

 

7

Día 4 de enero: lunes: Feria de Navidad: 3,7-10

 

                Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo, como él es justo. Quien comete el pecado es del diablo, pues el diablo peca desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo. Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado, porque su germen permanece en él, y no puede pecar, porque ha nacido de Dios. En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo el que no obra la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano.

 

                1. El autor de 1 Jn lo tiene claro: el quid del comportamiento humano está en la justicia. ¿Por qué? Porque esa es la clave de actuación de Dios: su gran sueño es un mundo en justicia. Cuando no lo ve, su disgusto es enorme. Basta leer el cántico de la viña de Is 5,1ss: "esperó justicia...esperó derecho".

                Eso es lo que les falla a esos que se han escindido de la comunidad: son muy espirituales, pro la justicia no les importa. Su espiritualidad queda muy cuestionada porque una espiritualidad sin justicia es una voz vacía, un hueco de nada.

                La justicia es la que nos va haciendo "impecables", porque cuanto más lugar dejemos a la justicia, menos queda para el pecado. La mejor lucha contra éste es la construcción de una vida en sensibilidad para los temas de la justicia.

                Y no se crea que esto es algo difuso, desvaído, sin perfiles. No, la justicia empieza a cobrar rostro en los comportamientos fraternos. Si estos no están imbuidos de actuaciones justas, respetuosas, tolerantes, amparadoras, hablar de Encarnación es hablar de música celestial.

                2. Nuestras comunidades, por lo que sea, vibran poco por los temas de la justicia. Les parece que son temas sociales, políticos, laborales, pero no temas de vida religiosa. Pues bien, la lejanía y frialdad en temas de justicia es incompatible con una vivencia vibrante de la Encarnación del Señor. Porque en el fondo, cuando decimos que Jesús se encarnó "para salvarnos", lo que estamos queriendo decir no es tanto para llevarnos al cielo, sino para hacernos personas en plenitud y eso es impensable sin el contenido de la justicia en todas sus dimensiones.

                3. En el silencio de la Navidad no estaría mal leer algo de la encíclica Caritas in veritate,  o de algún otro texto social. Pedir a Jesús una preocupación mayor por los temas de la justicia. Creer que podemos colaborar algo. Si este mundo nos resulta lejano, la Encarnación de Jesús ¿qué es entonces?

 

 

 

 

 

 

8

Día 5 de enero: martes: Feria de Navidad: 3,11-21

 

                Este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No seamos como Caín, que procedía del maligno y asesinó a su hermano. ¿Y por qué lo asesinó? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran buenas. No os sorprenda, hermanos, que el mundo os odie: nosotros hemos pasado de la muerte a la vida: lo sabemos porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva en sí la vida eterna. En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Pero si uno tiene de qué vivir y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos, si la conciencia no nos condena tenemos plena confianza ante Dios.

 

                1. Para Juan, amar es pasar de muerte a vida. Bien mirado, ese itinerario es imposible; es más bien el contrario (de vida a muerte) el que es normal. Pero no; Juan dice que hay una manera de vencer a la muerte, a toda muerte y sus secuelas (el odio, el desamor): amar. He ahí la solución. Es la potencia del amor, su fuerza política y su vigor vital. Amar es la manera de cambiar la realidad desde el fondo. Quien desespera de este planteamiento se sume en el desconcierto.

                Pero, claro, ese amor tiene un rostro histórico. Y el autor lo pone bien claro: el rostro del amor es la solidaridad concreta con el hermano en necesidad. Si el amor no nos lleva a cauces concretos de solidaridad, es un amor de salón, de boquilla, ficticio. Por eso, el amor al prójimo visibiliza todo amor, el que decimos tener a Dios, a Jesús y a la persona.

                Puede ser que, viéndolo así, no tengamos vigor para ponerlo en práctica. Pues bien, que no nos condene nuestra conciencia, que no nos derrote la mala conciencia. Dios apaciguará nuestros propios remordimientos y nos empujará de nuevo a la solidaridad.

                2. El amor, lo sabemos, es el cimiento de la comunidad. No es la organización, ni la estructura, ni los planes, siempre necesarios. Si todo eso no está imbuido de amor, termina siendo una cárcel de hierro. Por eso, en crecer en el amor está el reto.

                3. Saber en Navidad (y siempre) que la visibilización del amor tiene que ver con los bienes habría de llevarnos a un estilo de vida sencillo, ajustado a nuestras necesidades reales, disfrutante con lo humilde, valorador de las pequeñas cosas, de los mecanismos humildes de vida (la ternura, el compartir, la compasión, el interés por el otro).

 

9

Día 7 de enero: jueves: Feria de Navidad:

3,22-4,6

 

                Cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros tal como nos mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio. Queridos: no os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido del mundo. Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios: es del anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo. Ellos son del mundo, por eso hablan según el mundo y el mundo les escucha. Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.

 

                1. La Encarnación nos ha revelado lo que le agrada a Dios: ponerse en la orilla de los sencillos, hacer una opción crecientemente decidida por quienes viven o son relegados a los márgenes, amar a quien casi nadie o nadie ama. Eso agrada a Dios, desata la ternura de su corazón.

                Precisamente eso es lo que quiere enseñarnos el Espíritu de Dios que acompaña el caminar humano. Él está haciendo una gran obra de reorientación desde el fondo de la vida para que esta historia logre alcanzar su plenitud. Esa historia se hará sobre todo cuando quienes más soportan su peso, los más injustamente tratados, aquellos cuyo dolor no es tenido en cuenta, las víctimas nunca reparadas, tengan un puesto en el devenir de la vida.

                Por eso mismo, no vale cualquier espíritu: un espíritu en las antípodas de la fraternidad, no es el Espíritu de Jesús; un espíritu que se mueve por la solidaridad es el Espíritu de Jesús.

                2. Creer que el espíritu está haciendo su obra en el fondo de la vida habría de llevar a la comunidad a empeñarse en ser colaboradora de tal Espíritu. La colaboración se hace sobre todo con generosidad y apertura. Generosidad para que puede brotar el gozo; apertura para englobar a toda persona, a toda criatura en la obra de liberación del Evangelio.

                3. Navidad es buen tiempo para volver a empeñarse en hacer lo que agrada a Dios, sabiendo que se trata de mirar, apuntar, orientarse a los márgenes de l vida donde viven, malviven, millones de seres. Ése es el lugar del Espíritu, de los espirituales, porque es el lugar de la mayor necesidad.

 

 

 

 

10

Día 8 de enero: viernes: Feria de Navidad:

4,7-10

 

                Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su único Hijo para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.

 

                1. El autor de 1 Juan llega a síntesis profundas y elementales: de todo lo dicho deduce que Dios es amor. Muchos han  llegado a una conclusión muy simple: «Dios sólo puede amar»: esta certeza ha sido expresada por un pensador cristiano del siglo VII, San Isaac de Nínive. Llegó a esta conclusión después de haber estudiado largamente el Evangelio según San Juan y meditado las palabras "Dios es amor" (1Jn 4,8). Así la recogía el hno Roger de Taizé en su carta de 2003. Puede parecer algo evidente creer que Dios solamente pueda amar. Pero llegar a esta certeza (no solo a una convicción ideológica) es lo que loe teólogos modernos (Queiruga, por ejemplo) denominan "cambio de paradigma", cambio de marco referencial, de manera de entender la cosa. Puede parecer todo esto teórico. Pero en Jesús no lo ha sido. Esto es lo que luego le ha llevado a los caminos, a una comprensión del corazón de las personas, a una valoración nueva de la dignidad humana y creatural.

                Más aún, ese amor se "ve". Lo vemos en Jesús. Podríamos creer que el amor de Dios es algo difuso. Pero, en realidad, el rostro de Jesús, su historia, maravillosa y pobre, hace visible el rostro del mismo Dios. Por eso la Encarnación es un misterio de desvelamiento del rostro de Dios.

                Esto habría de hacernos caer en la cuenta que al misterio de la Encarnación no se llega por voluntarismo, por "puños", sino por caer en la cuenta de algo tan simple como que Dios ha amado primero, ha hecho mayor apuesta que nosotros, ha puesto toda su carne en el asador.

                2. La comunidad ha de intentar hacer visible el rostro de Dios en su manera de amarse entre sus miembros. Esa es su "tarea encarnacional", la lógica respuesta a quien se adentra en el "misterio abrupto" (Von Baltasar) de Jesús hombre.

                3. En Navidad habría que caer maravillado y rendido ante el misterio de un Dios que ama primero, que ama más, que ama más hondamente, más arriesgadamente, más locamente. Por eso, el cauce de la contemplación es imprescindible para acercarse al misterio. Que se concretice en sosiego, en pararse, en oración, en contemplación.

 

 

 

 

 

11

Día 9 de enero: sábado: Feria de Navidad: 4,11-18

 

                Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él y él nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su hijo para ser salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor en que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del Juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira al castigo; quien teme, no ha llegado a la plenitud en el amor.

 

                1. El misterio de la encarnación nos ha llevado a una certeza: por Jesús hemos conocido a Dios, por él sabemos lo que le agrada, porque él nos lo ha mostrado estamos seguros de que el sueño de Dios es el llegar a una sociedad distinta, fraterna, benigna, el Reino. Sin Jesús nada sabríamos del corazón del Padre, de sus anhelos y esperanzas sobre sus criaturas.

                Eso es lo que habría de hacer brotar en nosotros/as una certeza de confianza esencial: saber que, si Dios nos revela al Padre, se convierte para nosotros/as en el camino primordial de acceso a Dios. De ahí que la decisión de lanzarse al camino que es Jesús tenga como trasfondo la certeza de que ese camino nos ha de llevar derechos al corazón del Padre.

                Desde ahí podremos echar fuera el temor, los temores constituyentes de la estructura humana y los que se van añadiendo a lo largo de la vida. Y vivir sin temores es vivir en el gozo, en la libertad, en la creatividad.

                2. Una comunidad sin temores, decidida por encima de sus miedos, arriesgada en opciones y planteamientos. Esa sería la comunidad que encaja con la Encarnación. Porque si Jesús y el Padre sostienen nuestra existencia, ¿qué temor básico no va a poder ser encajado desde ahí? Quizá necesitemos subir el nivel de la confianza, en Dios y en la persona concreta, porque sin confianza el temor se apodera de cada una de nuestras células.

                3. Termina el tiempo de Navidad. Para la sociedad de consumo está casi olvidada; estarán pensando en la nueva campaña comercial. Nosotros/as, en este día final agradecemos al Padre su insondable generosidad con nosotros, a Jesús su darse a la historia, a la Palabra su compañía y su luz, a la comunidad su amparo y a los débiles su continuo recordatorio de quiénes son los destinatarios primeros de la entrega de Jesús.

 

 

Juan 26

CVJ

Domingo, 13 de diciembre de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

26. Jn 6,14-15

 

Introducción:

 

                El argumento de la fuerza es, todavía, un gran argumento: por la fuerza se invaden países, por la fuerza se ordena el mundo de la economía, por la fuerza se impone un género sobre otro y una persona sobre otra, por la fuerza se quiere apabullar con ideas u opiniones, por la fuerza se empuja al débil a la cuneta de la exclusión. La fuerza sigue siendo un dinamismo auténticamente operativo. Quien trabaje por desactivarlo se verá, él mismo, muchas veces empujado por un vendaval de fuerzas que quieren sojuzgar y acallar el anhelo de una vida sin el empleo de la fuerza. En el seno mismo de la familia, de la pareja, cuando la puerta de casa se cierra, es, con frecuencia, el argumento de la fuerza el que conduce las relaciones. ¿No es posible a los humanos vivir sin el argumento de la fuerza?

                El texto de esta semana es la reacción a la propuesta del compartir sobre la base del todo no siendo obstáculo la pobreza. Parece que la reacción normal habría sido la aceptación del planteamiento de Jesús, abrir la "bolsa" de cada uno/a para poner sobre la mesa aquello de que se dispone en el deseo de compartir. Pero no. La reacción es el empleo de la fuerza para aprovechar el liderazgo de Jesús en beneficio exclusivo de quien ve ahí un filón de ganancias. Por eso "iban a llevárselo por la fuerza para hacerlo rey". En realidad, no querían tanto encumbrar a Jesús cuanto hacer valer el argumento de su fuerza, sabiendo que, luego, le sacarían partido. Gente de la fuerza, en vez de personas del compartir. Ahí se describe el extravío de lo humano que nos aleja de la humanización, del sentido y del gozo de vivir. ¿Aprenderemos de la mano del Evangelio el paulatino abandono de la fuerza?

 

***

Texto:

 

                        14La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:

                -Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.

                        15Jesús, sabiendo que iban a llevárselo por la fuerza para proclamarlo Rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                Este es un dibujo muy popularizado de Hypatia de Alejandría. Esta figura nos es más conocida hoy debido a la película "Ágora" de Amenábar. Más allá de certezas históricas (no se sabe mucho de ella), parece indudable que murió descuartizada por alguna horda de cristianos fanáticos porque no quiso convertirse al cristianismo. Arrollada por la devastación de la fuerza, como tantas otras personas de las que ni siquiera se guardará en la historia el mínimo recuerdo. Pero el Evangelio les da la razón porque cree que su muerte injusta no ha sido en vano, ya que la fuerza no tendrá la última palabra, sino que serán el bien, el respeto, la tolerancia y el amor quienes, al final, saldrán airosos. ¿Es posible mantener hoy en día en pie y viva esta convicción?

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes sucumbieron a la fuerza manteniéndose en sus convicciones; gracias por quienes sembraron respeto, tolerancia y amor; gracias por quienes, aunque olvidados, fueron víctimas inocentes del inhumano vendaval de la fuerza.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice el texto que Jesús "se retiró de nuevo al monte, él sólo". Ese "de nuevo" indica que Jesús frecuentaba aquella soledad. Quizá no era la primera vez que el vendaval de la fuerza pretendía arrollarle, que el torbellino de los intereses particulares quería tragarlo. Pero él, hombre fiel y resistente, se opuso con todas sus fuerzas. Y esas fuerzas las halló en la soledad, en el monte, en la oración, en el alejamiento de los circuitos de poder. Había que tener claras las cosas, lúcidas las opciones para no dejarse trastornar por  los agradables cantos de quien promete días de gloria, aunque en el fondo esté su insaciable sed de poder.

                Oramos: Gracias, Señor, por tu fidelidad mantenida en contra de crisis internas y externas; gracias por ir a la soledad para encontrar sentido y orientación; gracias por mantenerte lúcido cuando suena en tu entorno la melodía del poder.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Entre "aquellos hombres" que, dice el texto eran unos cinco mil, habría, sin duda, gentes de buena voluntad que, sin segundas intenciones, querían proponer a Jesús un liderazgo mayor que el del mismo Elías el Profeta. Eso es justamente lo que hace el poder: so capa de liderazgo, de beneficio para el colectivo, de mejora para la comunidad, en realidad, lo que propone es la ganancia de quien encumbra en el poder. Por eso, si uno/a pretende mantenerse crítico ante el poder, lo que ha de hacer es, en primera instancia, alejarse, lo más posible, de los entramados de poder, de cualquier poder, del poder cotidiano, laboral, familiar, social que está al alcance de la mano. Como entres en la maraña del poder, no saldrás bien parado de ella.

                Oramos: Que nos alejemos de todo entramado de poder; que mantengamos la capacidad crítica en la lejanía de toda instancia de poder; que nos sintamos bien fuera de las estructuras de poder.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                El mecanismo del compartir no nos puede llevar a ser avasalladores con el argumento de la fuerza. Al contrario, el respeto, la tolerancia, el diálogo, la capacidad de reconocer en el camino del otro/a un camino válido habrían de alejarnos de la fuerza. Esos son los valores básicos sobre los que se asienta nuestra comunidad virtual. Si ha podido "resistir" durante años ha sido por esa flexibilidad que no exige nada a nadie, sino que acoge cualquier decisión que se tome. Desde el momento en que usáramos la fuerza, estaríamos destruyendo lo construido.

                Oramos: Que el respeto nos sea siempre un valor querido; que la tolerancia fundamente nuestra relación; que el diálogo sea nuestra mejor manera de acercarnos al corazón del otro/a.

 

***

 

Para orar:

 

El vendaval llega a la orilla sin previo aviso
de repente todo está lleno de su fuerza
todo gira, todo vuela
como en una gigantesca composición
como en un nuevo orden.

El vendaval llega
y se impone en forma natural
es imposible negársele
y no hay defensas que no rompa
y no hay equilibrio que no altere

El vendaval llega
y se va dejando sus marcas,
dejando cual estela de frenesí
y desmesurada intensidad
la desolación.

 

Es entonces cuando tú, Señor,

Nos dices, quedo, humilde:

ven al monte,

ven al silencio,

sosiégate,

encuentra de nuevo el rumbo.

 

***

 

 

Juan 25

CVJ

Domingo, 6 de diciembre de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

25. Jn 6,1-13

 

Introducción:

 

                No resulta fácil al ciudadano/a de hoy  creer en el funcionamiento de los que podríamos llamar "mecanismos simples" como por ejemplo: el acompañamiento como remedio a la honda soledad, la alegría común como gozo potenciado, la generosidad como grasilla que engrasa el chirriante carro de la relación, el compartir como remedio al más primigenio egoísmo. Son, como decimos, humildes mecanismos que no gozan de prestigio ni se cree en ellos. Pero, ¿funcionan o no funcionan? Cuando se analiza el comportamiento de cualquiera de ellos se conviene en decir que funcionan, o mejor, que funcionarían si se los pusiera en práctica. Su pobreza, su menosprecio no puede ocultar su indudable eficacia. No estamos hablando de "filosofías", sino de maneras de funcionar en lo más cotidiano de la vida.

                El texto que proponemos para la oración en esta semana tiene que ver con uno de esos mecanismos simples: el compartir como remedio al egoísmo primigenio. El signo de la llamada "multiplicación de los panes" tiene en el fondo sembrado este planteamiento: compartiendo sobre la base del todo, llega, no siendo obstáculo la pobreza. No hay economista sensato que proponga una cosa así (aunque, en realidad, en esta hora de la crisis, hay gente que habla de tales planteamientos). Pero la cosa es si el mecanismo funciona o no: ¿cómo, si no, controlar ese egoísmo íntimo que anida en la estructura del ser humano? ¿Cómo intentar modificar, si se pretende, esa imparable tendencia a creer que si procuro mi bien exclusivo ahí se acaba el problema? ¿Cómo hacer nuestro el sufrimiento del otro como requisito para una relación nueva? Y, finalmente, podría preguntarse: ¿hay gente que funciona con ese mecanismo simple del compartir? La hay; siempre la ha habido. Y no son gente infeliz; más bien, lo contrario.

 

***

 

Texto:

                        1Algún tiempo después, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). 2Lo seguía una multitud, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. 3Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. 4Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.

                        5Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:

                -¿Con qué compraremos pan para que coman estos? 6(lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer).

                        7Felipe le contestó:

                -Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.

                        8Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:

                        9-Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces pero ¿qué es eso para tantos?

                        10Jesús dijo:

                -Decid a la gente que se recueste en el suelo.

                Había mucha hierba en aquel lugar. Se recostaron: sólo hombres eran unos cinco mil.

                        11Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron de pescado.

                        12Cuando se saciaron dijo a sus discípulos:

                -Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.

                        13Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                He aquí una pintada cualquiera en una pared de nuestras calles. En realidad canta una verdad cuya melodía no queremos escuchar: el consumo desenfrenado, rostro común del egoísmo personal y social, termina devorándonos. No solamente es un alegato contra el consumo, es, además, una profecía contra un tipo de vivencia de la economía desde el ángulo exclusivo del crecimiento y del consumo privado. Crecer es la palabra talismán; consumir es la clave de una economía activa. Pero ni el crecimiento desaforado, ni el consumo refinado terminan haciéndonos más felices. Todo lo que constituye el gozo humano tiene que ver con el compartir (tiempo, bienes, cariño, apoyo, etc.).

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes resisten al consumo con humanidad; gracias por quienes miran la vida desde el gozo del compartir; gracias por quienes quieren crecer menos para vivir mejor.

 

***

Desde la persona de Jesús:

 

                Cuando Jesús dice "haced que esos hombres se recuesten" se está empujando a una postura de libertad como fundamento del compartir. Efectivamente, "recostarse" era postura en la que comían los hombres libres en la época de Jesús. Para entender y vivir la teoría del compartir es preciso sentirse en libertad. Precisamente el truco del consumo egoísta y del no compartir con nadie está en la esclavitud a que nos somete el sistema. Por eso, cuanto más libres, más capaces de generosidad; cuanto más autónomos, más capaces de mirar en la dirección del otro, sobre todo en la del débil.

                Oramos: Gracias por Jesús, hombre libre y generoso; gracias por Jesús, hombre fuerte ante cualquier sistema dominador; gracias por Jesús, persona de gran autonomía para beneficio nuestro.

 

***

Ahondamiento personal:

 

                Cuando el texto dice que "hay aquí un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces" se está escenificando dos cosas: la evidente pobreza que acompaña a la vida humana y la generosidad de quien está dispuesto a compartir desde su pobreza. Todos los planteamientos de fuga del compartir tienen como excusa (evidente) la pobreza. Pero el Evangelio viene a decir que la cuestión no es la cuantía de tus bienes, sino la disposición a compartir lo que tienes. Sobre esto segundo quiere poner el acento el Evangelio. Por eso, el verdadero milagro es que cada uno abramos realmente nuestra "bolsa" y pongamos sobre la mesa lo que poseemos. Será valioso, por humilde que sea.

                Oramos. Gracias, Señor, por los pobres que comparten; gracias por quienes abren su bolso para ofrecer lo que tienen; gracias por quienes van más allá de su pobreza y saben ser generosos.

 

***

Desde la comunidad virtual

 

                Dice el texto que "había mucha hierba en aquel lugar". La hierba es símbolo de fecundidad. Cuando se comparte, hay fecundidad. La comunidad virtual es, en realidad, una cosa muy humilde. Pero puede ser un lugar "con hierba" en la medida en que se comparta. Si no se comparte nada, la comunidad se empobrece. Si hay algún pequeño compartir (oración, recuerdo, compañía, noticias, etc.) se va tejiendo el hermoso vestido del amparo y del gozo común. Habríamos de animarnos, cada vez más, en la dirección del compartir común.

                Oramos: Que nos parezca interesante compartir lo sencillo con generosidad; que nos parezca útil saber que compartiendo llega y se multiplica lo compartido; que nos alegremos de saber que lo compartido es lo más productivo y causa de gozo para todos/as.

 

***

Para orar:

 

No dejes que termine el día
sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz,
sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite
el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer
de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y
las poesías sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está
intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.

No permitas que la vida
te pase a ti sin que la vivas...

Walt Whitman

 

Juan 24

CVJ

Domingo, 29 de noviembre de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

24. Jn 5,41-46

 

Introducción:

 

                Hay quien dice que todos tenemos diez minutos de gloria en esta vida. Y que esos minutos hay que aprovecharlos. Es que el tema de la "gloria" nos atrae como la miel a las moscas. La "gloria" es la pequeña fama, la posibilidad de ser único, estar alguna vez en el candelero, ser reconcido y apreciado, brillar, sentirse único, estar por encima de la media, salir en la foto, tener más dominio. Cosas de esas son la gloria. Nos trae porque eso nos hace ver que estamos vivos, que somos valiosos, que tenemos algo que decir en esta vida. Es un componente de nuestra estructura. Por eso, renunciar a la gloria es prácticamente imposible. Por eso muchas personas se desmelenan tras el logro de esos minutitos de fama que creen que van a cambiar su vida. Es, ciertamente, un espejismo, pero caminamos tras embobados/as.

                El Evangelio acoge esa tendencia natural y la reorienta, le quiere dar un nuevo sentido, un horizonte distinto. Viene a decir que esta "gloria humana" tendría que ser inaceptable, mientras que hay otra gloria que sí se puede aceptar: la gloria de las "obras" a favor de los demás. Es decir, uno tendría que quedar satisfecho, como quien recibe gloria, cuando ve que el otro/a (sobre todo el débil) crece, madura, prospera, disfruta, se anima, florece. Ya decían los antiguos que la gloria de Dios es que la persona viva. Pues esa misma es la gloria del seguidor/a de Jesús: hacer vivir a las personas, vivir con ellas, comulgar en una vida compartida. ¿Va a darnos esta gloria menos satisfacciones que la otra, la de la fama y los honores? Posiblemente no. Razón de más para hacer caso al Evangelio.

 

***

 

Texto:

 

                        41No recibo gloria de los hombres; 42además os conozco y sé muy bien que el amor de Dios no está en vosotros. 43Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése sí lo recibís. 44¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? 45No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. 46Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. 47Pero si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?

 

Ventana abierta:

 

A este señor lo conocemos todos. Es Josep Guardiola, entrenador del FC. Barcelona, quien, al parecer, ha rechazado el Premio Príncipe de Asturias que le habían ofrecido. Ha argumentado que es muy joven y que su trabajo se basa en un equipo. En estos premios nunca jamás, se reconoce el trabajo anónimo de la gente sino solo a las personas muy reconocidas y que están en ese momento en el candelero, pero jamás se apuesta por estimular el trabajo silencioso ni la solidaridad discreta. Solo los fuegos artificiales, o premiar a los muy consagrados, o a los que están de moda en ese momento. "Que me lo den a los sesenta años, ahora es muy prematuro". Son premios a gloria de quien premia.

Oramos: Gracias, Señor, porque hay quien no se deja avasallar por falsas glorias; gracias por quien se mantiene en la cordura y sencillez; gracias por quien aprecia más las obras colectivas que las individuales.

***

Desde la persona de Jesús:

                Jesús dice claramente en este pasaje: "gloria humana no la acepto". Nunca anduvo tras esa gloria de los diez minutos, de la fama, del escaparate, de la fanfarria. Su gloria fue otra: ver que las lágrimas de los desconsolados cesaban, ver que los solos se sentía más acompañados, ver que los oprimidos levantaban la cabeza, ver la justicia podía cumplirse siquiera mínimamente, ver que Dios se hacía cercano a los más sencillos y se revelaba a ellos, ver que nadie quedaba excluidos de un reino de fraternidad. Ésa fue su gloria. Con ella disfrutó, por ella vivió y murió.

                Oramos: Jesús, que disfrutabas cuando veías crecer al débil, te adoramos; Jesús, que gozabas con las alegría de los desfavorecidos, te bendecimos; Jesús, que te estremecías cuando la justicia florecía, te damos gracias

.

***

 

Ahondamiento personal:

 

                El Evangelio desvela una actitud profunda de nuestro ser: nos gusta recibir gloria unos de otros, nos gusta pasarnos la mano por el lomo, nos agrada que nos halaguen aunque dudemos de que sienten lo que nos dicen, nos hinchamos cuando cantan nuestros valores. Pero todos sabemos que eso es, con frecuencia, una realidad vacía. Por eso, habríamos de huir de tal parafernalia para situarnos en la honradez de lo real, en lo que hay, en lo que somos de verdad. Quizá desde ahí podamos recibir más satisfacciones que desde los halagos vacíos.

                Oramos: Que nos alejemos de los halagos vacíos; que nos agrade ser honrados con lo real; que valoremos a los demás desde su verdad, aunque sea humilde.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Al terminar el texto de hoy se plantea un interrogante peculiar: "¿cómo vais a dar fe a mis palabras?". Dar fe a sus palabras no es un acto religioso, sino creer de verdad que la gloria verdadera es que la persona (sobre todo la más desfavorecida) prospera y crezca. Esa "palabra" es a la que Dios quiere que demos fe. En la comunidad virtual nos ayudamos a ellos. Vemos comportamientos de personas que están directamente orientados a hacer que el débil prosperes. Esa ayuda para creer en la Palabra de Jesús es impagable.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes, de una u otra forma, nos ayuda a dar fe a tu palabra de humanidad; gracias por quienes son generosos con los débiles; gracias por quienes hablan el lenguaje del amor.

 

***

Para orar:

Tu mirar es amar.
Tu mirar es hacer el bien.
Tu mirar es alegrar mi vida.
Yo también quiero, Señor, disfrutar de la rosa sin tener que encontrarme sus espinas.
Yo también quiero, Señor, mal que bien

Vivir tu Evangelio
Entra en mi vida como un fuego luminoso.
Abrasa mis horas, mi corazón.
Tú lo das todo y todo lo pides.
Ayúdame a ver las cosas como Tú las ves
Planto mi tienda en tu amor, Jesús.
Delante de tu gloria descalzo mi alma.
Tú siempre me amas el primero.
Donde Tú vayas, quiero ir yo sostenido por tu amor.

 

***

 

Retiro de Adviento 2009

 

 

 

 

Retiro Adviento 2009

 

 

 

¿QUIÉN ERES TÚ QUE AHORA LLEGAS

CUANDO TODO PARECE TERMINAR?

 

Introducción:

 

            El título de este cuaderno es un verso tomado de un poema de José A. Valente (Fragmentos para un libro futuro,  p.88). El poeta, por supuesto, lo aplica a otra persona. Pero nosotros lo dirigimos directo a Jesús. Ahora que parece que todo va acabando (el número de nuestros grupos, el vigor, las presencias, quizá la ilusión, en esta hora no fácil), ahora es cuando Él parece llegar. Ahora es cuando Jesús nos dice que siempre es buen tiempo para seguirle, que siempre hay posibilidad de disfrutar de su presencia, que siempre podemos crecer en adhesión. Ahora que en nuestra vida aparecen con más claridad las debilidades, las fisuras, las limitaciones, etc., ahora viene la persona, toda persona, a decirnos que hay caminos, que podemos reorientar nuestras fuerzas, que hay posibilidad de ahondar y de ser creyente en el mundo de hoy, que la fraternidad es más posible que nunca.

            Se nos pide, pues, el viejo "renacer de nuevo" de Jn 3. ¿Diremos, como Nicodemo, que es muy hermoso el reto pero imposible? Habría que borrar de nuestros labios y, sobre todo de nuestro corazón, ese vocablo. Porque la imposibilidad está, tal vez, en nuestros miedos, en nuestras comodidades, en nuestro no querer complicarnos, en la dificultad para lanzarse a la piscina de lo nuevo. Pero si superamos esa inercia, lo difícil puede ser, en parte, posible. "Con Dios todo es posible" (Mt 19,26). ¿Damos fe a este Evangelio? ¿O, al decir que no es posible, estamos diciéndonos que Dios no acompaña nuestro camino humano?  Ojalá no sea así.

            Podríamos enfocar el Adviento de este año como una llamada no a esperas ya acaecidas, sino como tiempo para desvelar la oportunidad que llama a nuestras puertas en estos tiempos de reducción. Esa oportunidad tiene un nombre, Jesús, y a punta a la posibilidad de una vida cristiana con sentido, valiosa, amparadora. Tendría que brotar el ánimo, la luz y el agradecimiento. Si eso ocurre, el Adviento habrá sido realmente tiempo favorable para nuestra fe.

 

1. De la mano de la poesía

 

            Vamos a "calentar motores" con un hermoso poema de José Jiménez Lozano que remeda el texto evangélico de Lc 13,6ss que luego comentaremos:

 

Diez años esperó que el árbol seco
floreciera de nuevo.
Diez años con el hacha aguzada y temblorosa,
pero el árbol sólo exhibía sus desnudos brazos,
la percha de la urraca y de los cuervos.
Cortóle al fin, y,
de repente, vio su corazón verde,
borbotón de savia; un año más,
y hubiera florecido.

 

  • Diez años esperó: Más que los tres del Evangelio. Una larga espera, porque las llamadas se escuchan en su momento.
  • Floreciera de nuevo: Porque el árbol está llamado siempre a florecer. Lo suyo no es acabar en leña para fuego sino, antes que nada, en flor de novedad. Como los árboles, nosotros llamados primero a la flor de la novedad.
  • Diez años con el hacha aguda y temblorosa: Con toda suerte de amenazas que se pueden conjurar. La única manera de hacerlo es poner cuanto antes a dar fruto, sacudir la pereza existencial que nos paraliza.
  • El árbol sólo exhibía sus desnudos brazos: Porque a fuerza de poner sobre la mesa únicamente las dificultades para una vida con contenido, se nublan las posibilidades que encierran nuestros días. Todo se contagia; la conciencia de posibilidad o de imposibilidad también.
  • La percha de la urraca y de los cuervos: Se van añadiendo a nuestra rutina, debilitamiento y parálisis todas las negatividades del momento. La única manera de conjurarlas es ponerse en una actitud creativa, acogedora, posibilista, animosa.
  • Cortóle, al fin: Es lo que hacemos en nuestro desaliento vital, echarse a la cuneta, dar todo por perdido, caer en el pozo del desaliento.
  • De repente vio su corazón verde: Porque siempre quedan posibilidades, soluciones, caminos abiertos, puertas que se franquean. Más de las que, a veces, pensamos. El bosque siempre reverdece.
  • Borbotón de savia: Posibilidad de trasmitir vida por cauces modestos. Borbotones, gran abundancia, latido de un corazón vivo.
  • Un año más, y hubiera florecido: El lamento inútil de quien ha malgastado la hermosura de su camino, la posibilidad que tenía en su haber, la fuerza que anidaba en su debilidad. Envolver de imposibilidad los caminos es hacer un guiño a la esterilidad.

 

 

 

2. La luz de la Palabra: Lc 13,6-9

 

Entonces dijo esta parábola: "Cierto hombre tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo halló. Entonces dijo al viñador: He aquí, ya son tres años que vengo buscando fruto en esta higuera y no lo hallo. Por tanto, córtala. ¿Por qué ha de inutilizar también la tierra? Entonces él le respondió diciendo: Señor, déjala aún este año, hasta que yo cave alrededor de ella y la abone. Si da fruto en el futuro, bien; y si no, la cortarás."

  • La higuera está plantada en una viña: algo roba a la viña la savia que necesita y, además, no produce fruto, es estéril. En El viaje de Jesús a Jerusalén hace éste un fuerte juicio sobre lo que ocurre en su tiempo: Israel está siendo esquilmado por una "higuera", símbolo de la institución legal. No tiene salida, es estéril y esteriliza al pueblo.
  • El plazo de tres años es la última oportunidad. Contra el texto: Dios da muchas oportunidades. Tiempo suficiente para poder dar un giro. ¿Por qué la higuera permanece en su esterilidad? Misterio de los negativos y extraños caminos de nuestra existencia.
  • El viñador interviene, la misericordia se vierte sobre la debilidad sin abandonar la responsabilidad. No es una misericordia sine die. Pero la prórroga y los cuidados (estiércol) dejan abierta la puerta a la posibilidad.
  • Más que temor, la parábola habría de producir ánimo, coraje, afán por encarar las situaciones de debilidad sabiendo que siempre hay posibilidades. Esta lectura va un poco "contra el texto" porque el marco de la narración es el extraño rechazo de Jerusalén.

 

3. Ahondamiento

 

            ¿Cómo hacer del Adviento ese tiempo bueno para descubrir la oportunidad que Jesús pone incansablemente en nuestra vida, incluso en tiempos como los nuestros. Vamos a dar unas pistas básicas:

a) Una nueva base antropológica:

 

            Para acercarse al meollo de toda acción relacional humana, y una unificación es una obra de relación de envergadura, es precio, tal vez, que vayamos cambiando las bases éticas. ¿Cuáles son estas bases? Tradicionalmente han estado asentadas sobre el parámetro bondad-maldad. Así se nos ha enseñado siempre: rodéate de buenos y huye de los malos. Pero la vida nos ha hecho ver que ni los buenos lo son tanto como dicen, ni los malos tanto como decimos. Por eso, tales bases éticas son equívocas. ¿Y si la base ética fuera la simple dignidad que lleva a la innegociabilidad de la persona? Tal ha sido la base ética de Jesús, tal como aparece en todas las páginas del Evangelio (p.e.: Mt 9,9-13 o Jn 8,1-11). Él se ha entregado a la persona porque, más allá de sus comportamientos morales, la ha considerado digna, fruto del amor creador del Padre. Por eso, no exige conversiones previas sino ánimo e ilusión para seguirle. Un Adviento nuevo sobre una base de comprensión de la persona nueva.

 

b) Un encuentro nuevo con el Jesús histórico

 

            ¿Cómo ha de ser un tal encuentro? Vamos a decirlo con un párrafo de Jon Sobrino que está cargado de novedad al preguntarse qué es lo que realmente impactaba y puede impactar hoy de aquel Jesús histórico hasta llegar a provocar ese encuentro en novedad al que aludimos.

"De Jesús impactaba la misericordia y la primariedad que le otorgaba: nada hay más acá ni más allá de ella, y desde ella define la verdad de Dios y del ser humano.

De Jesús impactaba su honradez con lo real y su voluntad de verdad, su juicio sobre la situación de las mayorías oprimidas y de las minorías opresoras, ser voz de los sin voz y voz contra los que tienen demasiada voz, e impactaba su reacción hacia esa realidad: ser defensor de los débiles y denuncia y desenmascaramiento de los opresores.

De Jesús impactaba su fidelidad para mantener honradez y justicia hasta el final en contra de crisis internas y de persecuciones externas.

De Jesús impactaba su libertad para bendecir y maldecir, acudir a la sinagoga en sábado y violarlo, libertad, en definitiva, para que nada fuese obstáculo para hacer el bien.

De Jesús impactaba que quería el fin de las desventuras de los pobres y la felicidad de sus seguidores, y de ahí sus bienaventuranzas.

De Jesús impactaba que acogía a pecadores y marginados, que se sentaba a la mesa y celebraba con ellos, y que se alegraba de que Dios se revelaba a ellos.

De Jesús impactaban sus signos -sólo modestos signos del reino- y su horizonte utópico que abarcaba a toda la sociedad, al mundo y a la historia.

Finalmente, de Jesús impactaba que confiaba en un Dios bueno y cercano, a quien llamaba Padre, y que, a la vez, estaba disponible ante un Padre que sigue siendo Dios, misterio inmanipulable".

Un Adviento que no se cansa de buscar caminos de experiencia más vibrante y llena con el Jesús de la historia. Así se podrá tener raíz para un planteamiento de novedad de fe en este tiempo nuestro.

 

c) Una experiencia nueva de comunidad

 

            Esa nueva experiencia tiene una clave: apertura. Toda clase de apertura: ideológica, de casa, de corazón, de proyectos. La manera de encontrar identidad ha sido, en otras épocas, el cerrarse sobre lo propio, el cultivo de los valores exclusivos, la creación de certezas desde lo distinto. Pero, por muchas razones, ha llegado la hora de tratar de encontrar identidad en lo común, en la colaboración, en la participación, en la unidad de lo diverso. Sin este "nuevo paradigma" no puede ser fácil apropiarse de una mentalidad comunitaria útil.

            En estos tiempos de "postcristianismo" podemos todavía comprendernos y vivirnos como un lugar de fraternidad, de acompañamiento. Desde el diálogo podemos hablar con todos, sin excluir a nadie. Esta posibilidad está a la mano: atrevimiento y creatividad para estar presentes, saliendo de nuestros territorios, cuidando nuestro estar y preguntándonos por lo que transmitimos, enrolándonos en lo de todos, aprendiendo a no dirigir siempre. Nadie nos quitará esta oportunidad. La persona que quiere ser hermana, crear comunidad, siempre tendrá un espacio, mil lugares de presencia y acompañamiento. La experiencia de una fe posible hoy viene dada en el molde la certeza de una comunidad creyente nueva. ¿Podremos acentuar esta certeza en el Adviento?

 

c) Una visión innovadora de la misión

 

            Entendida como algo más que un trabajo, aunque lo sea, y por ello haya que tomarlo totalmente en serio. Algo más que una manera de ganarme la vida o de justificar mi presencia en el hecho social. Todo esto no es poco. Pero la misión arranca de una adhesión a la persona por causa y al modo del amor de Jesús a ella. Si esa visión ahondada, amorosa, a la persona no anima el trabajo de misión, siempre tendremos el peligro de caer en un funcionariado, del tipo que sea.

Más aún, el origen de la misión en la vida cristiana es una realidad mística, tiene que ver con las opciones hondas de cara a Jesús y al padre. Por eso, aunque parezca excesivo, nuestras comunidades cristianas están llamadas, como apostolado primordial, a mostrar en modos "tocables" que Dios es sólo amor. Puede parecer que esto es algo etéreo, espiritualista, inverificable, de otra época. Pero dado que para muchas personas la realidad de Dios sigue siendo algo intragable ("Dios no es de fiar", dice Saramago), es preciso vivir un estilo de vida y de fe que hablen de un Dios del que uno/a se puede fiar. Habrá que reforzar estas certezas en el silencio del Adviento.

 

d) Una manera nueva de situarse en la sociedad

 

            Porque quizá hasta ahora nos hemos situado y nos han situado como gente religiosa, especial. Nos entendemos así y la gente nos entiende bien así. Pero eso nos circunscribe a un espacio muy reducido, al espacio de lo religioso, alejándonos, con frecuencia, del patio de vecinos que es la vida corriente.

            ¿Puede haber otra manera de situarse? Sí, como ciudadano cristiano que intenta vivir el seguimiento en comunidad. Ciudadanos cristianas, personas que están en la movida social, que participan de los avatares comunes de la gente. Personas que creen que la ciudadanía y la fe no están en colisión y que la segunda aumenta el beneficio de la primera. Y, además, que tienen una forma de vivir su ciudadanía cristiana: en el marco y paradigma del Evangelio.

            Esta manera de situarse es la que, quizá, puede contribuir a hacer ver que es posible superar el sentimiento de que el Evangelio, las mismas bienaventuranzas, han fracasado en nuestra sociedad. Desde planteamientos de alejamiento y peculiaridad religiosa es muy difícil hacer ver esto. Desde unos determinados modos de ciudadanía quizá sea más posible.

 

4. Brotes verdes

 

            ¿Es todo esto un mero anhelo o es que hay "brotes verdes" (como ahora se dice) que muestran que la propuesta de Jesús hoy está hecha y que hay alguien que la acoge? Señalemos algunos:

  • El interés social por la persona de Jesús (véase la mucha producción bibliográfica).
  • La persistente vida del movimiento comunitario cristiano, aunque esté un poco en las "catacumbas".
  • La gente creyente que sigue en la trinchera de las "guerras" humanitarias, fielmente.
  • La evidencia de que hay personas que no se pliegan del todo ni al sistema social ni al eclesiástico.
  • El empuje tenaz de los laicos/as que quieren entrar en la comunidad creyente por la puerta grande de su vocación.
  • La libertad, a pesar de tantas coacciones. Lo voz distinta que se sigue escuchando.
  • Las búsquedas orantes que cada día concitan más interés.
  • Las solidaridades juveniles que no pocas veces tienen un componente cristiano o, cuando menos, evangélico aunque no lleven ese nombre.
  • Los voluntariados sociales que no menguan.

Puede parecer que estos "brotes" son pocos y débiles. Pero no los apreciaríamos bien si los menospreciáramos. Hablan de nuevas oportunidades, de caminos abiertos.

 

Conclusión:

 

            Adviento es tiempo de olfateo, de "levantar la cabeza", de agarrarse a lo que vive contra toda desesperanza. ¿Por qué no ha de ser tiempo bueno para percibir a Jesús haciendo ofertas de novedad en tiempos de reducción? Nos animaría, activaría la resistencia, haría más aquilatada la fidelidad, nos ayudaría a "respirar". Y así entenderíamos mucho mejor la "roca abrupta del misterio" de la encarnación, la áspera e interesante certeza de un Dios que acompaña en modos humanos nuestro caminar.

 

ORACIÓN

1. Canto:

 

CERCA ESTÁ EL SEÑOR,

CERCA ESTÁ EL SEÑOR,

CERCA DE MI PUEBLO,

CERCA DEL QUE LUCHA POR AMOR.

CERCA ESTÁ EL SEÑOR,

CERCA ESTÁ EL SEÑOR,

ES EL PEREGRINO

QUE COMPARTE MI DOLOR.

 

1.- También está el Señor, le conoceréis,

en el que lucha por la igualdad.

También está el Señor, le conoceréis,

en el que canta la libertad.

También está el Señor,

no olvidéis su voz,

sufre el gran dolor del oprimido.

 

2. Plegaria común (todos)

 

Jesucristo, Palabra del Padre, luz eterna de todo creyente;

ven y escucha la súplica ardiente,

ven Señor, porque ya se hace tarde.

Cuando el mundo dormía en tinieblas,

en tu amor tú quisiste ayudarlo

y trajiste, viniendo a la tierra,

esa vida que puede salvarlo.

Con María, la Iglesia te aguarda

con anhelos de esposa y madre,

y reúne a sus hijos, fieles,

para juntos poder esperarte.

 

3. Texto de Adviento

 

"Todo el mundo sabe lo que es arrastrar los pies, durante  kilómetros, alargando ávidamente la vista hacia una luz que  representa de alguna forma el hogar. ¡Qué difícil resulta en esta  situación apreciar las distancias! En plena oscuridad, podrá haber un  par de kilómetros hasta el lugar de nuestro destino, o sólo unos  cuantos cientos de metros; no podemos saberlo. Eso les ocurría a los  Profetas hebreos, cuando miraban hacia adelante, en espera de la  redención de su Pueblo. No podían decir con aproximación de cien  años ni de quinientos, cuándo habría de venir la liberación. Sólo  sabían que en alguna ocasión la raza de David retoñaría de nuevo,  que en alguna época encontraría una llave que abriría la puerta de su  cárcel, que en algún momento la luz que sólo se divisaba entonces  como un débil punto en el horizonte se ensancharía, al fin, hasta ser  un día perfecto. Esta actitud de expectación la Iglesia desea que sea  alentada en nosotros, sus hijos, de un modo permanente. Considera como una parte esencial de nuestra labor cristiana que  sigamos aún mirando al futuro, aunque va a hacer ya dos mil años  desde que el primer día de Navidad vino y se fue, y tenemos que  seguir mirando al futuro". (KNOX)

 

4. Evangelio (el de la p.4)

 

5. Eco de la jornada

 

6. Padre nuestro (todos)

 

Padre nuestro que estás en los lugares donde aparece la bondad.
Déjanos hacer con tu nombre una herramienta de esperanza.
No nos dejes caer en la tentación de no decir lo que pensamos.
Dadnos hoy la ilusión necesaria para subsistir el día a día.
Y líbranos de no creer en las palabras que estamos pronunciando.

 

7. Oración final (todos)

 

Has venido para salvarnos

            de nuestra ceguera para descubrirte presente.

            de nuestra pereza para caminar contigo

            de nuestras excusas para alejarnos de ti.

Has venido para salvarnos

            de nuestra sordera a tu palabra

            de nuestros desplantes injustificados

            de nuestras luchas por los primeros puestos

Has venido para salvarnos

            de nuestra comodidad

            de nuestra falta de comprensión hacia los otros,

            de nuestro egoísmo

Has venido para salvarnos

            de nuestra superficialidad

            de los dioses que hemos fabricado

            de la rutina que nos aprisiona

Has venido para salvarnos

            Dios salvador nuestro,

            Dios amigo nuestro.

 

 

8. Canto

 

VAMOS A PREPARAR

EL CAMINO DEL SEÑOR.

VAMOS A CONSTRUIR

LA CIUDAD DE NUESTRO DIOS

VENDRÁ EL SEÑOR CON LA AURORA,

ÉL BRILLARÁ EN LA MAÑANA

PREGONARÁ LA VERDAD.

VENDRÁ EL SEÑOR CON SU FUERZA

ÉL ROMPERÁ LAS CADENAS,

ÉL NOS DARÁ LA LIBERTAD.

 

1.- Él estará a nuestro lado,

Él guiará nuestros pasos,

Él nos dará la salvación.

Nos limpiará del pecado,

ya no seremos esclavos,

Él nos dará la libertad.