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FIAIZ

Juan 23

CVJ

Domingo, 22 de noviembre de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

23. Jn 5, 31-40

 

Introducción:

 

                Los institutos de estadística e incluso algunos bancos hacen, con alguna frecuencia, encuestas sobre los valores de la sociedad actual. La parte alta del ranking la ocupan valores que afectan a uno mismo: "mi" familia, "mi" trabajo, "mi" bienestar...Los valores de la solidaridad ocupan los puestos bajos de la tabla. Resulta difícil entender que mis valores principales puedan ser los valores, las preocupaciones, las inquietudes de los demás. Orientar lo mejor de la vida al bien del otro parece una especie de inutilidad. Y, sin embargo, hay quien va descubriendo que uno/a es más persona cuando sus valores personales son la dicha y la felicidad de los demás. Dice Reyes Mate: "Nunca uno mismo, desde sí mismo, alcanza al otro. Pero ese otro nos es vital porque es como si tuviera el secreto de nuestra realidad...Es el otro, la memoria del otro, la pregunta del otro la que nos despierta a la vida, a la subjetividad moral, al conocimiento puro y simple. Verse con la mirada del otro" (La herencia del olvido,  p.83).

                El texto de esta semana habla de los avales que sostienen la vida de Jesús: el "innecesario" aval del Bautista que ha testimoniado en su favor, el aval del Padre que lo sostiene, el de la Escritura que habla de él, pero, sobre todo, el aval de las obras hechas a favor de la persona. Ése es el gran apoyo y el sentido de la vida de Jesús. Lo suyo valió porque se orientó hacia el otro, porque se vio a sí mismo con la mirada de los otros, de los débiles. No le importó hacer del otro su gran valor, su sentido, su porqué vital. Sus afanes personales pasaron a un segundo plano. Descubrió que la vida de los demás daba sentido a la propia. Y se lanzó por ese camino a tumba abierta.

 

***

 

Texto:

 

                        31-Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es veraz. 32Hay otro que da testimonio de mí y sé con seguridad que es válido el testimonio que da de mí.

                        33Vosotros enviasteis mensajeros a Juan y él ha dado testimonio de la verdad. 34No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto lo es para que vosotros os salvéis. 35Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.

                        36Pero el testimonio que yo tengo a mi favor es de más calidad que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a término; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. 37Y el Padre que me envió, él mismo va dando testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni habéis visto su semblante, 38y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis.

                        39Escudriñáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna: pero ellas han dado testimonio de mí, 40¡y, sin embargo, no queréis venir a mí para tener vida.

***

Ventana abierta:

 

                Esta mujer es la religiosa Mª Presentación López. Su figura pasó rápidamente en los medios de comunicación porque perdió las dos piernas en un ataque sufrido en su misión del Congo. Incluso hubo asociaciones que le otorgaron un premio de valores humanos. Ahora, el silencio. Pero su entrega al pueblo africano sigue siendo válida y los valores que han acompañado su vida permanecen vigentes. Son gente cuyo valor principal es el bien del otro, del débil. Son como Jesús.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes hacen de la suerte de los débiles sus mejores valores; gracias por quienes no buscan siempre su beneficio personal; gracias por quienes recogen las lágrimas de quienes más sienten el desamparo.

 

***

 

Desde la persona de Jesús: 

 

Bien claramente dice Jesús cuando habla de sus avales, de los verdaderos apoyos de su vida, del cimiento hondo que lo sostiene: "esas obras que hago, me acreditan". Las obras de humanidad que está haciendo por los débiles (los de Caná, el hijo del funcionario, el paralítico de la piscina...) son su verdadero crédito. Entender a Jesús en otro lado que en sus obras de humanidad (por ejemplo en lados dogmáticos) es empobrecerlo. Si se quiere hablar de Jesús, será preciso hablar, ante todo, de humanidad y misericordia. Es lo suyo.

Oramos: Que nos encandile la humanidad de Jesús; que nos encandile su misericordia; que nos encandile su corazón entregado.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

Quien entiende a Jesús como uno con sentido cuando se entrega al otro, entiende también su propuesta humilde: "acercaos a mí para tener vida". Intentar caminar por la misma senda de Jesús, adquirir sus maneras de vivir y comportarse, contagiarse de sus sentimientos, "contaminarse" de su honda humanidad, es la manera de ir "teniendo vida". Esto se da de frente contra el planteamiento egoísta de lo "mío" como cimiento de la propia existencia. El Evangelio sostiene que un estilo de vida distinto es posible, el estilo de vida evangélico que mira a uno mismo de la mirada y la realidad del otro.

Oramos: Que nos acerquemos fielmente al Jesús que nos da vida; que nos acerquemos al corazón de la persona; que nos acerquemos a la realidad con actitudes de fraternidad.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                No cabe duda que los planteamientos evangélicos son hermosos y nos atraen, pero necesitamos apoyo, ayuda continua para ir entrando de forma humana y gozosa por esta nueva senda de vida. La comunidad virtual puede ser una ayuda para ello. Saber que hay un buen grupo de personas interesado en esta clase de planteamientos ha de romper en nosotros/as la sensación de soledad y, con ella, la de imposibilidad. Que el ánimo contagiado sea un apoyo real para ir entrando, poco a poco, en la senda del Evangelio.

                Oramos: Que nos ayudemos a caminar en el Evangelio; que nos animemos al aprecio hondo de Jesús; que creamos en el valor básico de la entrega al otro.

 

***

 

Para orar:

 

Mis manos tan vacías, tan dolientes,
de tanto asir las horas de recuerdo
que se escurren sigilosas en las noches
cuando mis ojos y mi alma buscan esconderse en el sueño.
¿No ves? Ya no hay nada más entre mis dedos;
mis manos solo sangran desilusión y miedo.
Te lo has llevado todo, todo te lo has llevado.
Cómo se aferran ellas por las noches a veces a mi pecho
tratando de arrancar este dolor que me consume el cielo;
a veces a mi garganta, como buscando el aire
ese que ya no tengo; se fue extinguiendo lento.
Como lento se extinguió la ilusión de saberte cierto,
de creer a ojos cerrados que eras la continuidad de mis versos.
Mira mis manos... ¿que puedes ver sino más que un hueco?
Ahora espacio vacío donde una vez abrigué un sueño.

¿Que más puedo ofrecerte?

Llena, Señor, el hueco que dejaste.

 

 

Juan 22

CVJ

Domingo, 15 de noviembre de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

22. Jn 5,28-30

 

Introducción:

 

                Hay quien dice que para vivir hay que olvidar. Y se dan con ahínco a esa tarea de hacer tabla rasa de su pasado. Pero tal vez haya que decir que para vivir hay que recordar. No para vivir en el perpetuo dolor o en el resentimiento que no deja de manar. Hay que recordar para hacer justicia a quien no tuvo justicia, para envolver de amor a quien no fue amado, para aprender la lección que en su día no se quiso escuchar. Recordar con humanidad es lo que nos hace realmente humanos/as. Dios nos ha dotado de conciencia y de recuerdo. Son los dones que nos distinguen de los otros seres creados. Renunciar a ellos sería renunciar a lo más nuestro. Recordar para amar más. Ésa es la gran meta y finalidad del recuerdo.

                Es que el difícil párrafo del Evangelio con el que hoy oramos es preciso leerlo bajo esa perspectiva del recuerdo, más que desde el lado de la amenaza velada que contiene o desde el tema de la retribución del bien o del mal. Cuando dice que los muertos van a salir del sepulcro, está queriendo indicar que, por mucho que nos empeñemos, el olvido no tapa y hace desaparecer a la justicia debida. Mucha gente olvidada, postergada, empobrecida, ha muerto sin justicia. La única manera de devolverles algo de lo que se les debía es recordarlos con amor, envolver su olvidada trayectoria histórica con aprecio. Y luego, obrar en consecuencia. Dios recoge en su "odre" todas las lágrimas, todas las vidas. Nadie cae en el total olvido. Nosotros habríamos de ayudarle a mantener vivo el recuerdo de quienes no fueron amados para tratar de amarlos en nuestra memoria. Desde ahí aprenderemos también la hermosa tarea de recordarnos a nosotros siempre con aprecio y amor.

 

***

 

Texto:

 

                        28No os sorprenda que venga la hora en que los que estén en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien 29saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.

                        30Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi querer, sino el querer del que me envió.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                Esta foto alude a un asunto que está en el actual panorama de la convivencia social y política en España: cómo tratar el recuerdo de quienes en la guerra civil fueron masacrados. No es cosa fácil porque son heridas viejas que todavía (después de tantos años) hacen daño. Pero es preciso tener una actitud benigna: es bueno recordar a quienes no tuvieron la justicia a la que, como personas, eran acreedores. Fueran del lado que fueran o del bando que fueran. Es un deber de humanidad volver a ello, a su recuerdo, con el amor que no tuvieron. Es un asunto de humanidad, de corazón, no tanto de política. Quizá este ejercicio nos lleve a ser personas que recuerdan siempre con amor a los débiles. Como Jesús:

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes recuerdan con amor; gracias por quienes guardan en el corazón el tesoro de las personas que amaron; gracias por quienes son generosos/as cuando recuerdan a quienes fueron deliberadamente olvidados.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús dice que él persigue el designio del Padre. Ése designio no es sino el de una vida en dicha, felicidad, justicia y amor para con todo ser creado. Desear eso, trabajar por eso, recordar eso continuamente es hacer la obra que Dios hace con la historia. Por eso mismo el criterio para recordar es el criterio de humanidad. Recordamos para ser humanos/as, para que nadie quede excluido del banquete de lo humano.

                Oramos: Que nadie quede excluido del banquete de lo humano; que recordemos como Jesús nos recuerda; que seamos benignos con toda criatura, como lo fue Jesús.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Practicar el bien es el criterio que define nuestras posturas ante los demás y ante Dios. Una forma de practicar el bien es ser benigno en el recuerdo, ser humano al recordarnos y al recordar a los demás. Los malos recuerdos son, con frecuencia, malos porque están faltos de humanidad. Cuando a los recuerdos se les insufla la bondad y el amor se convierten en ánimo y acompañamiento para el presente. Cuanto más humanos seamos con nuestros recuerdos de antaño más felices seremos en nuestro presente de hoy.

                Oramos: Que seamos humanos con nuestros recuerdos; que seamos acogedores con nuestros caminos equívocos; que seamos amables al recordar a quienes no nos amaron como hubiéramos deseado.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Una de las mejores cosas de nuestra comunidad virtual es que, con los años, no mengua el recuerdo. Nos recordamos siempre, continuamente y con aprecio. Muchas veces repasamos la lista de nuestro Directorio para poner los nombres de todos/as en la mesa del recuerdo y de los nombres. Cualquier cosa que se haga, por pequeña que sea, para avivar este recuerdo de nombres y personas estamos, no lo dudemos, construyendo la comunidad.

                Oramos: Nos agradecemos nuestro continuado recuerdo; nos agradecemos los gestos que nos hacen presentes a los demás; nos agradecemos las palabras que nos recuerdan con aprecio.

 

***

 

Para orar:

 

No te veo desde hace muchos años.
Las arenas del tiempo han enterrado
la risa y el recuerdo de tus ojos.
A veces, una voz aún me dice
que habitas en las cosas que un día fueron.

Pero no sé buscar el tiempo de la dicha.
Declaro mi derrota como el hombre
que ha perdido todas sus batallas
luchando contra el miedo y la distancia.
en el campo del olvido que es tu pecho.

Si pudiera volver a aquellos días
al abrazo de todas las mañanas,
me quedaría, sin duda, con tus labios.
Con la tarde que riendo me dijiste:
"crúzame esta calle entre tus brazos".

Lo peor del amor no es el olvido.
Es recordarte a ti. Eternamente

 

(Rodolfo Serrano)

 

***

 

 

Juan 21

CVJ

Domingo, 8 de noviembre

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

21. Jn 5,25-27

 

Introducción:

 

                Pasar de la muerte a la vida es imposible; sí al revés. Pero mucha de la actividad humana lo es contra la muerte, aunque aún no haya sido vencida. Muchas ayudas, muchos socorros, muchas posibilidades ofrecidas, muchos amparos, muchas mejoras, muchas casas y corazones abiertos, muchas conversaciones que consuela, muchos amores que permanecen, muchas curaciones que nos alivian, muchos trozos de pan y de amor dados con generosidad, muchas solidaridades, muchas batallas por la paz, etc., son trabajos por pasar de la muerte a la vida. La vocación humana y la cristiana es, por extraña que parezca, luchar por ese anhelo sabiendo que, de alguna manera, hoy se puede pasar, siquiera un poco, de la muerte a la vida, a la dicha.

                Esto lo dice también claramente el breve párrafo que tomamos para la oración de hoy. Jesús quiere ser ayuda para pasar de la muerte a la vida (el signo del curado en la piscina, pobre signo, a eso apunta). Podría decirse que su aportación ha sido muy modesta, porque sus medios eran elementales. Pero su hondísimo amor al camino histórico, a la persona, ha sido una magnífica aportación a la vida. Nosotros pensamos que por eso podemos mantener, contra viento y marea, la certeza de que la muerte no tendrá la última Palabra. Si esto no fuera así, desde luego, la entrega de Jesús no habría servido para mucho, aunque su pobre aportación a la vida fuera de agradecer. Escuchar el mensaje, rumiarlo, orarlo, habría de animarnos a mantener siempre vivas esta clase de certezas, sobre todo cuando las cosas no pintan del todo bien.

 

***

 

Texto:

 

                        25Os aseguro que llega la hora y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. 26Porque igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo disponer de la vida. 27Y le ha dado potestad de juzgar, porque es Hijo de Hombre.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

 

                Esta señora se llama Salud Hernández y es colombiana. El doctor Cavadas de Valencia le trasplantó en 2007 las dos manos, provenientes de un donante. Le han asegurado que las podrá disfrutar diez años. La medicina misma pone interrogantes. Pero ella acepta el regalo y lo disfruta día a día. Son personas que, de algún modo, logran pasar "de la muerte a la vida", de una situación de gran limitación a una de posibilidades abiertas. Si los humanos somos capaces de hacer cosas similares, ¿qué no hará el Padre con nuestra existencia?

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes dan vida; gracias por quienes disfrutan de lo sencillo de la vida; gracias porque abres horizontes a nuestra existencia.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Viene a decir el texto que una de las maneras de decir que se puede pasar de situaciones de muerte a ámbitos de vida es "oís la voz de Jesús", porque la suya es voz de vida. Nosotros/as escuchamos esa voz a través de su palabra, de los acontecimientos. No escucharemos nunca la voz de Jesús en directo, pero cada día, si abrimos los ojos y el alma, lo veremos en mil detalles que nos hablan de su acompañamiento, de su incansable deseo de darnos vida.

                Oramos: Que te escuchemos, Señor, con anhelo y pasión; que te veamos en los signos humildes de nuestra vida; que te amemos en las mediaciones que pones en nuestro camino.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Dice el texto que el Hijo dispone de la vida. pero, en realidad, todos/as disponemos un poco de la vida del otro/a, todos podemos ser mediadores de vida. Esto tendría que llevarnos a activar nuestra responsabilidad hacia los demás. En parte, quizá en pequeña parte, la vida de los demás depende de nuestro aprecio, de nuestro amor, de nuestro amparo, de nuestra colaboración. Cuando la vida del otro se mete en mi horizonte vital es entonces cuando empiezo a ser persona de verdad.

                Oramos: Que nos preocupe, realmente, la suerte de los demás; que nos interesen los caminos de las personas que amamos; que nos interroguen los derroteros de los humildes.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Aunque suene la cosa un tanto grandilocuente, podemos ayudarnos a vivir, a ir pasando a situaciones de más vida. Una de las maneras es ésta de ayudarnos a orar, a estar en contacto con el Evangelio, a estar en buena relación unos/as con otros/as. Puede que nos parezca poca cosa, que la vida no depende de asuntos tan cotidianos. Pero, en realidad, la vida se forja en lo humilde, en lo modesto. Ahí es donde se está ganando la batalla a la "muerte". No nos desalentemos.

                Oramos: Que nos demos vida relacionándonos; que nos demos vida amparándonos; que nos demos vida recordándonos.

 

***

 

Para orar:

 

Yo no vengo a ti, dice Dios,

para que tú te pierdas
bajo la fuerza de mi amor;
yo no vengo a ti para perderme
en tu existencia ni en la mía;
yo te amo y actúo en tu corazón
para vivir con tu naturaleza,
para que tú te extiendas en mi vida.
Ni tú ni yo. Ni tú ni yo.
Ni tus cabellos esparcidos aunque los amo tanto.
Sólo esta hermosa compañía. Ahora
sientes la libertad. Esparce
tus cabellos. Esparce tus cabellos.

 

(Antonio Gamoneda)

 

***

 

Juan 20

CVJ

Domingo, 1 de noviembre de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

20. Jn 5,19-24

 

Introducción:

 

                En nuestra vida nos cuesta levantarnos. A veces hasta físicamente. Levantarse es recomenzar, retomar la senda abandonada, superar las ganas de tirarlo todo por la borda, no caer en la dulce tentación de dejarse llevar. En definitiva, levantarse es tratar de tomar la propia vida en las manos, enseñorearse de los días propios, pensar que es posible escapar de un azar que, a veces, lo creemos superior a nosotros. Quien vive erguido, levantado del suelo (como diría Saramago), no soberbio, es la persona que camina hacia su humanización. Esto puede parecer filosofía barata pero, en realidad, levantar y levantarse es una de las actitudes que ennoblece a la persona y da sentido al caminar humano.

                El pasaje del evangelio que hoy tomamos en la mano va por ahí: Jesús ha aprendido del Padre un oficio singular: levantar muertos. El muerto, lógicamente, tiende a estar por tierra. Jesús nos levanta no como quien momentáneamente levanta a un muerto y éste, una vez dejado a su peso, vuelve a caer. No, Jesús levanta dando vida, animándonos a vivir en la mayor plenitud posible, descubriéndonos la hermosura de esta vida, por limitada que sea. Tal vez el verdadero milagro no sea tanto una curación (como la del paralítico), sino ir entrando en la certeza de que la vida, por limitada que sea, merece ser vivida en maneras levantadas, erguidas, "señoriales", disfrutantes, humanas. Saberse levantados/as por Jesús es lo que habría de empujarnos, así mismo, a tratar de colaborar en esa gran obra de humanidad que es "levantar del suelo" a quien, por inercia, tiende a dejarse caer. Todo un trabajo de hermosa humanización.

 

***

 

Texto:

 

19Jesús tomó la palabra y les dijo:

                -Os lo aseguro: un hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer a su padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el hijo, 20pues el padre ama al hijo y le muestra todo lo que hace, y le mostrará las mayores obras para vuestro asombro.

                        21Pues lo mismo que el Padre levanta a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida porque los ama. 22El Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, 23para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.

                        24Os lo aseguro: quien escucha mi palabra y cree al que me envió, posee la vida eterna y no será condenado, porque ha pasado ya de la muerte a la vida.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                En muchas ciudades existe una organización que se denomina "Calor y Café". Calor y Café es un servicio que tiene por objeto ofrecer acogida nocturna a indomiciliados sin recursos económicos que pernoctan en las ciudades y no pueden acceder a los recursos establecidos, para iniciar con ellos un proceso de normalización. Es un modo humilde, pero eficaz, de intentar contribuir al, a veces, difícil proceso de ayudar a levantar a personas que, por la razón que sea, están apeadas de la vida. Su capacidad de signo nos dice que las cosas podrían ser de otra manera si nos diéramos a la tarea.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes sencillamente abren su casa y su corazón a los débiles; gracias por quienes creen en la dignidad de toda persona; gracias por quienes dan su tiempo a los demás sin pedir nada a cambio.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús dice que él levanta a los muertos, da vida, ayuda a que la persona se ponga en pie de manera lo más autónoma posible, porque eso es lo que ha visto que el Padre hace. Es decir: el gran trabajo del Padre es levantar a la humanidad, a la historia, llegar a hacerla señora de sí misma. Saber esto habría de animarnos, llegando a la certeza de que la nuestra no es, en modo alguno, una vida desamparada, sino que el acompañamiento del Padre es un supuesto inamovible de la fe de Jesús y de la nuestra. Si esto fuera una certeza nuestra vida se llenaría de luz.

                Oramos: Te bendecimos, Señor, por no cansarte de darnos vida; te bendecimos porque no te cansan de acompañarnos; te bendecimos por nunca dejas de amarnos.

 

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Ahondamiento personal:

 

                Una manera de dar vida, a sí mismo/a y a los demás, es situarse lo más positivamente posible ante la vida. Lo duro de nuestros caminos va dejando un indudable poso de pesimismo en los pliegues del alma. Es preciso cerrar ese camino a la tristeza. Si no, terminará apropiándose e nuestro interior y amargándonos la vida. Y, aunque las dificultades sean notables, siempre quedan resquicios para la alegría, el disfrute y hasta el buen humor.

                Oramos: Que el abatimiento no nos pueda del todo; que la alegría viva siempre en nuestra casa; que hagamos la hermosa obra de alegrar vidas ajenas.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                No es que nuestra comunicación sea tan fluida como para saber de todos los malos momentos que la vida nos va ofreciendo. Pero en nuestras comunicaciones, reuniones, o simples contactos telefónicos nos vamos trasvasando, a veces, nuestros pequeños miedos, nuestros malos tragos, nuestras horas más grises. Compartirlas un poco, intentar ayudarnos a sobrellevarlas con dignidad, valorar el simple hecho de tener alguien que nos escucha con amabilidad es, de por sí, una manera de contribuir al "milagro" de "levantar" a la persona. No desdeñemos todo eso por humilde. Vale su peso en otro.

                Oramos: Nos agradecemos el consuelo y apoyo que nos damos; nos agradecemos el tiempo que gastamos escuchado; nos agradecemos la cercanía que nos ofrecemos.

 

***

 

Para orar:

 

Levántate y anda

Un pasado cortado de raíz
Reaparece cada noche junto a ti
Una etapa parecía ser feliz
De repente todo pareció un desliz

Un desliz en tu existencia anterior
Un sueño del que jamás despertar
No caigas nunca más en el error
De sentirte culpable una vez más

Levántate y anda, queda mucha vida
Sigue el camino que se abre ante ti
Vuelve a la senda que queda dormida
Esperando verte pasar por allí

Se cierra una puerta, a veces de golpe
Algunas ventanas se abrirán por ti
Se cierra una etapa, no pierdas el norte
Levántate y anda, la vida está ahí

Recuerdos que se convierten en tristes
Sedimentos que siempre estarán ahí
Sólo como sombras, muñecos inertes
La vida despierta cada día por ti

Un pasado que no podrás variar
Días por escribir deben quedar
Levántate y anda y sigue de frente
Mírale a los ojos a quien te merece

No pienses que siempre lo mismo sucede
Que si te utilizan, que si una vez más
Levántate y anda y sigue de frente
Hay un camino largo por explorar

(Manu González )

 

***

 

Juan 19

CVJ

Domingo,

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

19. Jn 5,16-18

 

Introducción:

 

                Para muchas personas, y más en esta época difícil de cara al trabajo, trabajar por uno mismo o por los suyos, por su familia, es un noble ideal y da sentido a la existencia. Pero ocurre algo singular en la vida: hay gente que trabaja por los demás. Y no son únicamente los misioneros o los solidarios, hay mucha gente que encuentra sentido, sin más, en hacer cosas por los otros, cosas que, generalmente, no son nunca retribuidas y bastantes veces no agradecidas. Para muchas personas trabajar por otros es un sinsentido. Bastante tiene uno con lo suyo. Pero los trabajos por los demás son los trabajos que más carga humana aportan al caudal de la historia. Da igual que sean o no pagados o reconocidos o aplaudidos.

                Es que el evangelio de esta semana habla de esa clase de trabajos, de los que hace el Padre y de los que hace Jesús. Casi nadie (que sepamos) ha pintado al Padre o a Jesús trabajando, en traje de faena. Pero Dios, dice el texto, "sigue trabajando y yo también trabajo". Los judíos creían que, con el sábado, Dios había cesado en su actividad creadora. Por tanto, ya no trabajaba. Jesús opina de manera distinta. Él cree que, mientras haya una sola persona necesitada de vida (por ejemplo, el paralítico de la piscina), es preciso trabajar por hacer el bien, por generar humanidad, por dar salida a la ansias de vida. Por eso Jesús trabaja. Da igual que se lo agradezcan o no (de hecho, nadie le agradece nada, excepto aquel samaritano que se volvió). Él sigue en la línea de hacer el bien. No hay que descansar cuando se trata de la necesidad del otro. Porque ningún "sábado" ha llegado hasta que no haya necesidad de trabajar por nadie. Son pensamientos que dan hondura al caminar humano.

 

***

 

Texto:

 

                        16Por esto justamente los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en día de descanso legal.        17Jesús les replicó con fuerza:                  

                -Mi Padre sigue trabajando hasta ahora y yo también trabajo.                                          

                        18Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo violaba el descanso religioso, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.

 

***

 

Ventana abierta:

 

                Este edificio es el ayuntamiento de Ablitas, un pueblo de la ribera de Navarra. En ese pueblo vive la Sra. Dolores Baigorri  quien, durante más de veinte años, ha servido en labores humildes en la parroquia del pueblo como impartir catequesis, cantar en el coro, limpiar la sacristía, leer en misa y pasar el cepillo. Pero, a la vez, es concejala del Ayuntamiento y, en alguna ocasión, parece haber oficiado bodas civiles. Pues bien, el Obispo le ha invitado a dejar de trabajar en la Iglesia porque no lo puede hacer quien "oficia bodas civiles y pertenece a un partido que apoya el aborto". No se comprende lo que es hacer algo por otros. Prima la ideología. No es el comportamiento de Jesús.

                Oramos: Gracias por quienes trabajan sencilla y calladamente por los demás; gracias por quienes les importan las situaciones de los demás; gracias por quienes logran ponerse en la situación del otro.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Nos agrada ver que el Evangelio pinta a Jesús como uno que trabaja. Como todo el mundo. Seguramente que casi toda su vida se ganó el sustento con sus manos, sin avergonzarse trabajando de peón en el campo y en las grandes obras que los romanos hacían en su tierra. Luego trabajó en trabajos de solidaridad humana, de acompañamiento a la vida de los débiles. Un Jesús que trabaja es más atractivo que un Jesús divino de manos finas y ropas impolutas. Un trabajador más, como cualquiera. Pero alguien que entendió que trabajar por otros tiene un sentido.

                Oramos: Que nos entusiasme la figura de un Jesús sudoroso y trabajador; que nos cautive un Jesús que vive de sus manos; que nos aliente un Jesús que ve sentido al trabajar por otros.

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Siempre se nos ha dicho que las personas somos "semejantes a Dios". Pero todos sabemos que no puede ser una semejanza física, de rostro, de figura, porque Dios no tiene ninguna clase de figura. ¿En qué y cuándo somos semejantes a Él? Cuando trabajamos a favor del débil, porque justamente esa es su seña distintiva. Dios desarrolla un ingente trabajo para llevarnos a una plenitud de vida y de humanidad. Las 24 horas del día las emplea en ello. Por eso, trabajar por otros/as es asemejarse a la figura de Dios. Quizá haya dos tipos de rostros que nos desvelan cómo es el rostro de Dios: el rostro de quien perdona y el rostro de quien trabaja con interés a favor de los demás.

                Oramos: Que hagamos cercano el rostro de Dios en nuestro rostro que perdona; que hagamos cercano el rostro de Dios en nuestro rostro que se preocupa por el otro; que hagamos cercano el rostro de Dios en nuestro rostro amable.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Una de las mejores cosas que tiene nuestro grupo virtual, además de su libertad, es que nos interesamos unos por otros/as. En la primera reunión de nuestros encuentros anuales repasamos el "Directorio" del grupo, no tanto para fiscalizar nada, sino para traer a nuestro recuerdo las personas que no están, para decirnos, incluso nombrándolas, que las llevamos en el corazón y que sus vidas nos interesan. Así se llenando el corazón de nombres que amamos. Estos "trabajos de amor" por otros es lo mejor de nuestro colectivo.

                Oramos: Que nos interesen los caminos de nuestros amigos/as; que metamos sus nombres en nuestro corazón; que nos movamos a cercanía y a interés creciente por ellos.

 

***

 

Para orar:

 

 "SI QUIERES, PECA:

te lo dice Dios,

Peca,

si quieres, peca.

a mi no me haces daño,

ni ahogas mi gloria,

ni le quitas nada

a la inmensidad de mi gozo.

Yo seré yo,

plenamente yo,

sin ti.

(en fin, un poquito menos sin ti,

porque te llevo muy en el corazón,

y me tiembla la voz

al decir tu nombre).

Yo sólo quiero

que seas  feliz.

y que tus compañeros de casa y tierra,

tu hermanos,

sean felices también.

Si pecando eres verdaderamente feliz,

peca.

Si pecando ayudas verdaderamente

a la felicidad de los otros,

peca.

Yo sólo quiero

que tú seas tú plenamente.

Yo sólo quiero

que tus hermanos sean hermanos

plenamente

gozosamente.

Lo demás no importa nada"

 

***

Juan 18

CVJ

Domingo, 18 de octubre de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

18. Jn 5,9b-15

 

Introducción:

 

                La variedad de "absolutos" en la vida de las personas es enorme. Hay quien se mueve por absolutos de gran calado (el dinero, el trabajo, la familia, Dios, etc.) y otros por absolutos de calado más cuestionable (la moda, la apariencia, el escaparate, etc.). Un absoluto es aquello central que va dirigiendo mi vida, mis ilusiones, mis sueños y mis pasos. Un absoluto es aquello que, si se suprime, mi existencia pierde sentido. Pues bien, los hay también quienes van entendiendo que poner como absoluto el corazón del otro, el valor de la persona, el bien del débil, puede ser una manera estupenda de vivir. En realidad, quien tal hace, adquiere mucho sentido vital y abre horizonte para las personas.

                Es que el Evangelio, por extraño que parezca, no tiene como absoluto a Dios, sino a la persona. Para Jesús, la persona es el bien innegociable. Él vive y muere por las personas. Él llega a ser Hijo por su amor a la persona, por su vocación de pueblo, por haber bajado al sótano de la vida y haber puesto allí su tienda, por amor. El pasaje de esta semana parece sugerirlo así: a los dirigentes no les importa que el lisiado se cure o no; lo que les importa es que su curación no se haga "en día de descanso", en el día en que se prohíbe transportar cosas (el curado transporta la camilla). Ellas, las personas de la norma, no se preguntan si el curado ha mejorado o no de vida, si está más contento o no, más integrado en la sociedad o no. Ellos lo que quieren es que se cumpla la norma, ya que, por causas religiosas, piensan que la norma es un absoluto. Lo innegociable de la persona resulta negociable ante el valor absoluto de la norma. El Evangelio quiere advertirnos por contraste: que la norma no sea nunca en vuestra vida un absoluto; que lo sea el bien de la persona. Eso es lo que nos viene a decir.

 

***

 

Texto:

 

                        9bAquel día era de descanso obligatorio10 y los judíos dijeron al que había quedado sano:

                -Hoy es descanso y no se puede cargar con la camilla.

                        11Él les contestó:

                -El que me ha curado es quien me ha dicho: Carga con  tu camilla y echa a andar.

                        12Ellos le preguntaron:

                -¿Quién es el hombre que te ha dicho: carga  y echa a andar?

                        13Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado.

                        14Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:

                -Mira, has quedado sano, no peques más no sea que te ocurra algo peor.

                        15Se marchó aquel hombre y avisó a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.

 

***

Ventana abierta:

 

                Esta señora es Soledad Puertas. Ella y su marido buscaron tener un segundo hijo por amor y por una gran necesidad: se trataba de salvar a su hijo Andrés, amenazado de muerte por una grave dolencia, con las células del cordón umbilical de su hermanito Javier. Así se hizo, por modernos procedimientos de selección genética. Los defensores de la norma rígida de la no experimentación con células madres pusieron el grito en el cielo. Ellos no entienden algo tan simple como que una madre quiere ver sanos a sus hijos. Para ellos la norma es el absoluto, no la vida que dicen defender.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes se arriesgan al poner como absoluto el bien del débil; gracias por quienes postergan la norma a favor de la persona; gracias por quienes crecen en sensibilidad y cercanía al más necesitado.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús queda definido en este trozo como uno "que me ha dado la salud". Su opción por la persona, el ponerla como absoluto de su vida y de sus actuaciones, le ha llevado a dar la salud. Ésa es su gran aportación a la vida: él no ha escrito libros famosos, ni ha inventado medicamentos decisivos, ni ha hecho construcciones notables, no ha sido un gran político, etc. Él, simplemente, ha curado a quien sufría. Por esa obra de curación ha creído la gente que el Reino de Dios se acercaba a la tierra. Y así es: porque quien pone por absoluto al valor de la persona, lo lógico es que se empeñe en curar su debilidad.

                Oramos: Te bendecimos, Señor, por quienes curan cuerpos y almas; te damos gracias por quienes aman sin esperar siempre la recompensa; te alabamos por quienes aman a las personas aunque no sea de su tierra, de su pueblo, de su religión, de su cultura.

 

***

 

 

Ahondamiento personal:

 

                Suena como una amenaza eso de "no peques más, no sea que te ocurra algo peor". Quizá lo escriba el evangelista porque entonces se creía que el mal sufrido era consecuencia de un pecado. Son vestigios de que la norma religiosa está por encima de la persona. Pero, leyendo "contra el texto" tendríamos que decir que no: no te puede ocurrir nunca algo peor si pones por delante el bien de la persona. Porque, justamente, si se la posterga es cuando vienen los peores males a la humanidad, los peores pecados. De ahí que el pecado que hay que temer no es tanto el pecado legal o religioso, sino el pecado humano, la herida infligida a la persona.

                Oramos: Que nunca hiramos a nadie; que temamos el pecado de inhumanidad; que creamos que el mayor disfrute es el bien del otro/a.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Si algo nos va enseñando esta experiencia pequeña de comunidad virtual es el respetar a cada uno/a en sus decisiones, tanto personales como comunitarias. A nadie se obliga, a nadie se impone nada, a nadie se exige nada. Todo ha de ser voluntario, salido del corazón de cada cual. Porque, a la par que oramos, vamos aprendiendo que la persona es el bien innegociable y, por ello, respetable al máximo. Es uno de los grandes beneficios que podemos hacernos.

                Oramos: Que nunca perdamos de perspectiva que el valor principal de la vida es el bien de la persona con la que me relaciono; que respetemos al máximo las decisiones de las personas; que nunca obliguemos a nadie a hacer lo que no quiere.

 

***

 

Parar orar:

 

¿Cómo seré o
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.

Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, Señor,  fieles.

 

  • (A. González)

Juan 17

CVJ

Domingo, 11 de octubre de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

17. Jn 5,1-9ª

 

Introducción:

 

                Uno de los trabajos imprescindibles de la vida en que, a veces, naufragamos es el de encarar las propias limitaciones. Éstas, están ahí. El asunto es como colocarlas en un movimiento de vida, cómo no tenerlas por enemigas a las que hay que odiar y marginar. Las limitaciones nos provocan desazón porque revelan nuestro lado débil. Pero están ahí, inexorables, delante. ¿No sería mejor mirarlas con benignidad, con comprensión, como parte real de lo que uno/a es y tratar de hacer un pacto de buena vecindad con ellas? Posiblemente no se las solucionaría, quizá nunca se solucionarán algunas. Pero, al menos, si se las trata con benignidad sufriremos menos, viviremos más sosegados y quizá aflore algún atisbo de solución para alguna de ellas. Por eso, encajar las limitaciones con humanidad es fuente de sabiduría humana y de gozo.

                Para algo de eso quiere servir el Evangelio, la buena noticia de Jesús que apunta a nuestro ser limitado. En la imagen del paralítico que coge su camilla y echa a andar se quiere decir: si uno encara sus limitaciones (la camilla) y se pone en seguimiento de Jesús (echa a andar), su persona revive (se "levanta"). Para el paralítico aquel, la camilla que le dominaba era la norma que le ataba (no podía llevar la camilla), la religión que le oprimía (esta en la piscina del templo). Atrapado por la norma, por la ley, por la costumbre. Al fin, apoyado en Jesús, se decide a dar cara a su limitación y coge la camilla y la lleva él. Ya no está sujeto a la camilla, sino que él es señor de su vida y la camilla le está sometida. Es, como decimos, una metáfora: el asunto es si uno/a va aprendiendo, con el correr de los años, a dar un tratamiento humanitario a sus limitaciones. Solo de esa manera podrá "librarse" de ellas.

 

***

 

Texto:

 

                        1Un tiempo después se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús se volvió a Jerusalén.

                        2Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, 3y allí estaban echados una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos[i].

                        5Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. 6Jesús, al verlo postrado, y sabiendo que llevaba mucho tiempo le dice:

                -¿Quieres quedar sano?

                        7El enfermo le contestó:

                -Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado.

                        8Jesús le dice:

                -Levántate, toma tu camilla y echa a andar.

                        9aY al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.

 

***

 

Ventana abierta:

 

            Esta muchacha en silla de ruedas es Teresa Perales, una Zaragoza que decidió dar cara a sus limitaciones físicas y se ha convertido en una nadadora paralímpica varias veces campeona del mundo. Tiene un interesante libro escrito con el título "La vida sobre ruedas" donde reflexiona sobre sus limitaciones y llega a la conclusión que, dándoles cara, uno encuentra recursos increíbles dentro de ellas mismas. Si lo dijera alguien que ha triunfado sin tener que trabajar lo creeríamos con dificultad. Pero lo dice alguien que ha tenido que superarse día a día para ver su vida como algo bueno siendo lo que es. Esta clase de personas nos anima profundamente.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes se superan con buen ánimo; gracias por quienes no se quedan en lamentos; gracias por las personas que nos animan con su fortaleza.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice el relato de san Juan que Jesús "viendo al paralítico echado...". Jesús mira de frente a la limitación, la suya y la de los demás. Y además la mira con detención, con benignidad, con amor. Y más aún: con fe en que más allá de esa limitación que se ve hay una persona con posibilidades de seguir adelante. No es menos maravillosa la fe de Jesús en el paralítico que la de éste en él. Efectivamente: Jesús "cree" en el paralítico. Y éste, de alguna manera, entiende y valora esa fe y ahí halla fuerza. Quizá sea este el verdadero milagro.

                Oramos: Gracias, Señor, por creer en nosotros/as; gracias porque nos das la posibilidad de ser personas por encima de cualquier limitación; gracias por sembrar vida en los pliegues de nuestra alma.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Dice el relato que el paralítico, cuando vio que Jesús lo valoraba por encima de sus limitaciones, "inmediatamente, se puso sano...". No aguardó a más tarde, no lo dejó para mejor ocasión, no postergó la acción como si no confiase en quien realmente confiaba en él. Inmediatamente pasó a la acción. Quien realmente entiende que sus limitaciones pueden ser leídas con esperanza, se levanta y pone manos a la obra. Un día que se deja pasar sin ponerse a ser feliz, a ser persona, a trabajar con otros/as, a vivir con la mayor intensidad posible, es un día perdido.

                Oramos: Que no perdamos nuestros días, Señor; que seamos rápidos para vivir y ayudar a vivir; que disfrutemos del hoy como un don de tu amor.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                El paralítico del relato se queja de que "no tiene a nadie que le meta en la piscina". Es la persona en su honda soledad. Nosotros/as quizá no podemos decir eso: tenemos a muchas personas en nuestro entorno que nos pueden ayudar en nuestras limitaciones. Quizá no sean la solución llovida del cieloq ue, a veces, esperamos, pero nos pueden ayudar algo, mucho tal vez. Es cuestión de acoger y agradecer tal ayuda. Nuestra comunidad virtural, dentro de su sencillez, puede ser una pequeña ayuda en esa desigual batalla contra nuestras limitaciones.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes nos echan una mano en nuestra soledad; gracias por quienes nos quieren, por encima de nuestras limitaciones; gracias por quienes nos ayudan en nuestros caminos diarios.

 

***

 

Para orar:

Amores imposibles,
Carámbanos de hielo en la nariz.
Ciudades deslumbrantes,
Que nunca te parecen lo que son.
Antílopes cruzando,
Llegando al otro lado.
Los ojos del coyote,
En un televisor de marca ACME.
La sombra que proyecta un DC10.
Las suelas de las botas, que se habrán gastado.
Y tú me estás mirando, igual que ha un bicho raro.
Soy lo que soy,
Y no me ha inventado nadie.
Todo lo que doy, todo lo que soy,
Todo lo que forma parte.
Todo lo que se, todo lo que ves,
Al final soy sólo lo que soy.
Mensajes de otro mundo.
Botellas de licor de flor de cactús.
Bólidos de nieve.
Kilómetros de bosques incendiados.
Tú me estás mirando,
Igual que a un bicho raro.
Soy lo que soy, sólo lo que soy,
Y no me ha inventado nadie.
Todo lo que se, todo lo que ves, todo lo que soy.

Al final soy sólo lo que soy.

 

Amaral

 

***

 

 


 

Juan 16

CVJ

Domingo, 25 de Octubre de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

16. Jn 4,45-54

 

Introducción:

 

                Es fácil que ante los sucesos humanos, sobre todo los más adversos, nos conmovamos. El sentido hondo de filantropía que anida en el corazón humano hace que no nos sintamos insensible ante lo que nos ocurre, sobre todo ante el dolor ajeno. Esto es estupendo. Pero quizá sea preciso dar un paso más: además de conmoverse habrá que moverse. Eso es harina de otro costal porque, moverse conlleva la implicación de la persona, de su tiempo, de sus bienes, de sus planteamientos diarios de vida. Moverse conlleva cambiar, modificar trayectorias, cambiar costumbres, variar hábitos arraigados. Y eso nos cuesta mucho más. Pero una cosa es clara: si no nos movemos, si nos quedamos en nuestro sitio de siempre, nunca llegaremos a disfrutar del corazón de la persona. De ahí que moverse sea, en definitiva, un beneficio para quien se mueve.

                El texto evangélico con que reanudamos nuestra oración en la comunidad de Juan habla de algo de esto: el padre va buscando un beneficio para su hijo y se encuentra con un planteamiento nuevo de parte de Jesús: lo importante es que tú te pongas en camino, en seguimiento, en movimiento hacia el otro. Si te mueves hacia el corazón del otro, viene a decir Jesús, lo más tuyo vive. Por eso, el verdadero milagro no es tanto la curación del niño, sino que "se fió el hombre de las palabras de Jesús y se puso en camino". El verdadero milagro es que nos movamos en la dirección del otro/a y su necesidad. Eso es lo que el Evangelio quiere hacer en nosotros/as.

 

Texto:

                45Cuando llegó a Galilea, los galileos le recibieron bien porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén, durante la fiesta. 46Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.

                Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún.

                        47Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.

                        48Jesús le dijo:

                -Como no veáis señales prodigiosas, no creéis.

                        49El funcionario insiste:

                -Señor, baja antes de que muera mi niño.

                        50Jesús le contesta:

                -Sigue, tu hijo está curado.

                El hombre creyó en la palabra de Jesús y seguía.

                        51Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. 52El les preguntó a qué hora había empezado la mejoría.                            Y  le contestaron:

                -Hoy a la una le dejó la fiebre.

                        53El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho "tu hijo está curado". Y creyó él con toda su familia.

                        54Esta segunda señal la hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

 

Ventana abierta:

 

            Este es el médico valenciano Pedro Cavadas. Se ha hecho famoso por hacer tremendos trasplantes (uno de ellos de cara completa) que pocos cirujanos se han atrevido. Al parecer tiene mucho éxito. Algunos lo califican de "médico-estrella". Puede que sí, pero también es cierto que este singular cirujano hace en Kenia cada vez que va más de 80 operaciones para gente sin recursos. Es uno de tantos que, a su manera, se mueve en la dirección del otro, más allá de sus posibles contradicciones personales. Es gente que da que pensar y que hace bueno el planteamiento de Jesús: moverse en dirección del necesitado es sendero de vida y de amor.

                Oramos: te damos gracias por quienes se mueven en dirección al necesitado; te bendecimos por quienes aman con generosidad; te alabamos por suscitar cercanía en el corazón de las personas.

 

***

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice el texto introductorio a este relato que Jesús volvió de nuevo a Caná de Galilea. Antes estuvo cuando lo de la famosa boda de Caná. Jesús va y viene por los caminos de la necesidad de la persona. Él ha sido una persona que se ha movido en la dirección del corazón necesitado de la persona. Ahí ha aprendido el valor decisivo de la misericordia, parámetro definitivo de actuación. Dice J.Sobrino: "De Jesús impactaba la misericordia y la primariedad que le otorgaba: nada hay más acá ni más allá de ella, y desde ella define la verdad de Dios y del ser humano".

        Oramos: Jesús, lleno de amor por el débil, te veneramos; Jesús, caminando siempre en la dirección del otro, te admiramos, Jesús, viviendo siempre de cara al corazón humano, te damos gracias.

***

Ahondamiento personal:

 

                El padre que se pone en camino se encuentra con los criados, que también se han puesto en camino movidos por el gozo de la curación. Gente en camino. La hay mucha en la humanidad. Es cierto que grandes núcleos de personas se mueven en la dirección del propio egoísmo. Sobre todo el bloque Norte se mueve en esa dirección. Pero no escasean tampoco los colectivos atraídos por la realidad del otro, sus sufrimientos y necesidades. Muchos colectivos civiles (ONGs, Asociaciones, Fundaciones, etc.) van en esa dirección. Son profecía social de un mundo distinto, de una historia preñada de humanidad.

                Oramos: Con quienes sintonizan con la vida de los pueblos empobrecidos, te bendecimos, Señor; con quienes aman por encima de fronteras, te bendecimos, Señor; con quienes hacen suyas las situaciones de pueblos que no son suyos, te bendecimos, Señor.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                No está mal para reanudar nuestras reuniones comenzar animándonos a caminar en la dirección del otro/a. En realidad, nuestro trabajo orante tiene como finalidad básica algo de eso. Efectivamente, orar no es una actividad sin dirección y quizá no primariamente con la dirección hacia Dios sino, más bien, en dirección a la persona, sobre todo a quien no le van del todo bien las cosas. Por eso, orar en esa dirección es poner las bases para un creciente encuentro. Algo de esto venimos haciendo a lo largo de estos años con nuestros encuentros de oración. Consideremos que, en el fondo, es una gran suerte.

                Oramos. Que nos agradezcamos nuestros gestos de cercanía; que nos agradezcamos las palabras buenas que nos dirigimos; que nos agradezcamos el amor que nos brindamos.

 

***

 

Para orar:

 

Es difícil el descenso hasta Dios. Pero mira:
te agotas de llevar los cántaros vacíos,
y de pronto, resulta que ser niño, joven, mujer,
basta para que él quede satisfecho sin fin.

Él es el agua: limítate a hacer sólo
una taza con tus manos juntas,
y arrodíllate luego. Pródigamente
hará rebosar tu límite más alto.

 

                                  (R.M.Rilke)