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FIAIZ

Triduo san Antonio

 

LA AUDACIA PROFÉTICA DE LA PREDICACIÓN

DE SAN ANTONIO DE PADUA

(Tres reflexiones para un triduo a san Antonio)

 

            Las reflexiones que vamos a ir haciendo en este triduo de preparación a la fiesta de san Antonio podrían llevar un título común para los tres días: LA AUDACIA PROFÉTICA DE LA PREDICACIÓN DE SAN ANTONIO DE PADUA. De eso queremos hablar. Resulta que nosotros conocemos un san Antonio, sobre todo el de los milagros, el cercano a la necesidad humana y engendrador de una gran devoción popular. Eso, lo sabemos, tiene cosas valiosas y otras más cuestionables. Pero nosotros este año queremos hablar del otro san Antonio, más desconocido para el gran público, pero presente en su vida y sus escritos. Sería el san Antonio social, el de alto componente profético, el lector crítico de la realidad que le rodea, el predicador a favor de la justicia. Como decimos, eso está en las fuentes. 

 

1. Cuando la mentira se vende como verdad (11 de junio)

 

a) La palabra del Evangelio: Mt10,7-13

 

            Hemos escuchado la palabra del Evangelio, las orientaciones que Jesús da a sus discípulos para hacer la misión. Ha de ser una misión hecha desde la generosidad que cura (curad enfermos), desde los trabajos por restaurar a las personas (echad demonios), desde la osadía por estar con quienes el sistema desecha (limpiad leprosos), desde los trabajos infalibles por crear vida (resucitad muertos). Además, es una misión que tendrá que hacerse en modos de total generosidad (dadlo gratis), en un despojo confiado (ni  oro, ni plata, ni calderilla), en modos alejados de la consideración social (dos túnicas, sandalias con las que firmar contratos) y en maneras pacíficas (sin bastón, que es un arma). Y, sobre todo, ha de ser una misión de paz: Este texto impresionó tanto a Francisco de Asís que lo constituyó, tal cual, en uno de los capítulos de su regla: así han de ir los hermanos por el mundo. Antonio de Padua fue uno de aquellos que marcharon de esta manera. Por eso, no nos ha de extrañar que predicara desde la verdad evangélica y que fustigara la mentira vendida como verdad.

 

b) La palabra de san Antonio 

 

Recibida de su  provincial la misión de evangelizar, escribe el primer biógrafo, «comenzó a recorrer ciudades y castillos, aldeas y campiñas, diseminando por doquier la simiente de vida con generosa abundancia y con ferviente pasión». En Antonio, como en Francisco,  predicaba la persona y la vis profética de su mensaje. Ofrecía la vida con la fuerza y el vigor de los profetas verdaderos.

 

A través de sus sermones, escritos mucho tiempo después de haberlos predicado y para destinatarios cultos, es difícil hacernos una idea de lo que fue la predicación de Antonio. Ha sido proclamado Doctor Evangélico por Pío XII. «Heraldo del Evangelio» es el apelativo que le da muchas veces el primer biógrafo. Un heraldo evangélico es, ante todo, un testigo y un enviado, un profeta. En esos mismos sermones, Antonio traza repetidas veces los rasgos del auténtico predicador: es un enviado, un simple portavoz, ministro de la Palabra, la cual posee eficacia en sí misma; ha de basarse siempre en la Palabra de Dios, estudiada, meditada, asimilada;  el predicador ha de predicarla primero a sí mismo y después a los demás, nunca en nombre propio, sino siempre en nombre de Dios. Se puede ser predicador eficacísimo también callando…

 

Pero, de una u otra manera, y como Jesús, el hombre del Evangelio ha de ser testigo de la VERDAD, mártir de su propio mensaje. Dejó escrito en uno de sus sermones: «La verdad engendra odio; por esto algunos, para no incurrir en el odio  de los demás, echan sobre su boca el manto del silencio. Si predicaran la verdad tal como es y la misma verdad lo exige y la divina Escritura abiertamente lo impone, ellos incurrirían en el odio de las personas mundanas… Jamás se debe dejar de decir la verdad, aun a costa de provocar escándalo» (Sermones, I, 332).

 

c) Palabra para hoy

 

            Todos sabemos que, hoy también, la mentira se sigue vendiendo como verdad. A puro repetir mentiras, terminan siendo aceptadas como verdades. Nos sugieren que no hay alternativa económica más que reflotar bancos para que, como dicen, el sistema financiero no falle. Pero todos sabemos que en los consejos de administración de esos bancos se sientan los políticos de turno y sus amigos. Nuestros impuestos financian sus perdidas y quieren hacernos creer que ese es nuestro mayor beneficio.

            El poder político nos vende la idea de que sin armas no es posible la convivencia y de que las guerras son la mejor manera de tener estabilidad en las relaciones entre países. Y todos sabemos que no, que la guerra engendra guerra y la violencia más violencia. La verdad de la guerra es la mentira de la crueldad.

            Nos dicen que es posible erradicar la peste del hambre sobre la tierra pero que no hay dinero disponible para ese cáncer que mata más que cualquier enfermedad. Y todos sabemos que hay dinero, porque el negocio de las armas prospera y las ganancias de cualquier multinacional de segundo nivel es mucho más que el presupuesto para hacer desaparecer el hambre.

            Y la lista sería interminable. Y en esa lista habríamos de incluirnos también nosotros que vendemos la mentira, pequeña o grande, como verdad y nos alejamos de aquel sí que es sí y de aquel no que es no, tal como lo dice el Evangelio.

 

Conclusión

 

            A san Antonio le solemos pedir milagros. Pues bien, pidámosle esta tarde el gran milagro de que la verdad brille en nuestra sociedad, en nuestras vidas, cada vez con más esplendor. Y a la vez que se lo pedimos, hagámosle propósito sincero de colaborar a una vida en creciente verdad. 

 

2. Contra la fuerza devastadora del poder (12 de junio)

 

            Estamos viendo ese “otro lado” de la figura de san Antonio, más social, de contenido más ligado a la vida y que, por lo mismo, encierra valores vivos para nuestro comportamiento de hoy.

 

a) La palabra del Evangelio: Mt 5,13-16

 

            El evangelio de hoy nos ha propuesto dos pequeñas parábolas: la sal de la tierra y la lámpara que alumbra. La primera alude no tanto a la sal que da sabor al alimento, sino aquella que hace arder el horno. Efectivamente, en la antigüedad, época de difícil logro de materiales combustibles, parece que se empleaba la sal para, por su alto poder combustible, hacer arder los hornos de las humildes casas de Galilea que no eran, en muchos casos, sino un mero agujero en el suelo. La sal avivaba el fuego, pero una vez quemada, no servía para nada, solamente para tirarla en el camino. En ese caso, ser sal es mantener vivo y ardiendo el fuegote la justicia, de la humanidad, del reino. Para que esto sea así, más allá de un mero deseo, es preciso poner rostro a esa sal que hace arder y uno de ello es la lucha contra el poder omnímodo que tiende a deshumanizar a la persona. Luchar contra la opresión es sal viva que hace arder el fuego de la dignidad humana.

            La parábola de la lámpara que se pone en lugar adecuado para que alumbre alude, en una época donde hacer luz en la casa era un trabajo arduo e imprescindible, a la lucha denodada que el seguidor de Jesús habría de hacer contra toda tiniebla. La lucha contra el poder opresor, en cualquiera de sus variantes, es la que puede traer luz a los, con frecuencia, caminos de oscuridad humana

 

b) La palabra de san Antonio

 

En el texto latino de sus sermones se percibe la vehemencia profética con que arremetía contra la prepotencia, la opresión y la violencia, contra todos los delitos sociales del tiempo. Nadie escapa a la libertad evangélica con que denuncia a príncipes, señores feudales, prelados de la Iglesia, dueños burgueses, usureros sin entrañas, magistrados, leguleyos… Todos son citados ante el tribunal del Dios justo y recto, el cual «no hace discriminación de personas», como repite muchas veces.

Ante una sociedad estructurada según la desigualdad de la pirámide feudal —príncipes, nobles, plebeyos, siervos de la gleba— él proclama la igualdad entre los hombres: «Todos los fieles son reyes, por ser miembros del Rey supremo… Cualquier  hombre es príncipe, teniendo por palacio la propia conciencia.»

Alza la voz contra los nobles que «despojan a los pobres de sus bienes insignificantes y necesarios, a título de que son sus vasallos». Y contra los prelados y grandes del mundo, los cuales, «después de haber hecho esperar a los necesitados a la puerta de sus palacios, implorando una limosna, una vez que ellos se han saciado opíparamente, les hacen distribuir algunos residuos de su mesa y el agua de fregar».

      Se muestra particularmente duro con los ricos avaros y con los usureros, «pajarracos rapaces», «las siete plagas de Egipto», «reptiles al acecho», «árboles infructuosos, que chupan la tierra», «posesión del demonio», «sordos que tienen los oídos taponados por el dinero», «gentuza maldita que infesta la tierra», «raza de hombres cuyos dientes son armas; roban y despojan a los pobres indefensos que no pueden resistirles con la violencia».

      La emprende con leguleyos y abogados: «idumeos, sanguijuelas que chupan la sangre de los pobres». «Como los que trabajan en la lana, cardan y tejen sutilezas y argucias» para engarbullar a sus clientes. No calla los vicios de los pobres, pero trata de excusarlos. Denuncia la marginación a que se hallan relegados, «alejados por medio de estacadas de palos afilados y de espinos, que significan los aguijones, los dolores y las enfermedades que tienen que soportar». Y hace oír su grito de profeta: «¡Ay de los que poseen depósitos llenos de vino y de grano y dos o tres pares de vestidos, mientras los pobres de Cristo imploran a sus puertas con el estómago vacío y con los miembros desnudos, a los cuales si se les da alguna cosa, es muy poco y no de las cosas mejores, sino todo de desecho!...¡Llegará, llegará la hora en que ellos implorarán de pie, fuera de la puerta: Señor, señor, ábrenos!, y oirán lo que no quisieran oír: ¡En verdad, en verdad os digo, no os conozco!»

 

c) Palabra para hoy

 

            San Antonio hoy seguiría censurando a una Estructura eclesiástica y a unos jerarcas en quienes, como algunas veces vemos, anida la sed de poder. Les diría una y mil veces que su postura nada tiene que ver con el seguimiento de Jesús. Incitaría constantemente a una comunidad de iguales, donde nadie es más que nadie y nadie es menos que nadie, donde la comunión y el diálogo son los caminos para la más inmediata igualdad.

            Se dirigiría también a los gobernantes que emplean un lenguaje populista, que dicen estar a favor del pueblo, pero lo esquilman, que se burlan a las barbas de sus convecinos con frases y comportamientos hirientes, que, tras hablare de lo duro de la crisis, banquetean, viajan y viven de las tarjetas de crédito de su cargo, a costa del humilde contribuyente. Se dirigiría a quienes, diciéndose servidores del pueblo, elegidos por el pueblo tienen sueldos y retribuciones que jamás tendrá nadie del pueblo sencillo.

            San Antonio levantaría su voz contra muchos adinerados y banqueros que tienen sueldos gigantes, que ganan siempre aunque la crisis golpee a los pueblos, que llevan un tren de vida que en nada desmerece a los grandes emperadores, que no reparten jamás sus ganancias y socializan sus pérdidas que enjuaga el Estado, o sea el ciudadano sencillo.

            Tendría que decir también una palabra fuerte a los juristas que persiguen a sus propios compañeros por rivalidades, que postergan los juicios de los ricos hasta que prescriben sus causas, que no tienen valor para encausar a los poderosos, que dilapidan los bienes de todos en auténticas francachelas aparadas por los secretos oficiales.

            También diría una palabra a los sencillos, a nosotros, en quienes anida el deseo de mando y de ambición como en todos, aunque no tengamos mucha posibilidad de darle cuerpo. Sois como ellos, nos diría, por eso tened cuidado ala hora de juzgarlos.

 

d) Conclusión

 

            “Cada uno tiene dentro a su propio enemigo”, dice san Francisco. Eso mismo nos diría san Antonio: mirémonos dentro y también miremos fuera. Que el ansia de poder y de dominio, eterno acompañante del caminar humano, no nos corroa o, al menos, tenga el menor espacio posible en nuestra vida.

 

3. Cuando otra economía es posible (13 de junio)

 

            Estamos desgranando en estos días en torno a la figura de san Antonio su pensamiento social, su implicación como creyente y como franciscano en la construcción del reino. No podemos mirar a los santos únicamente como objetos de veneración, sino también como ánimo para suscitar en nosotros actitudes creyentes.

 

a) La palabra del Evangelio: Mt 5,17-19

 

            No nos cabe duda de que el Jesús histórico fue, a la vez, un piadoso judío cumplidor de la Ley y, a la vez, una persona radical, en el sentido de llevar a la raíz de la vida, a los cimientos, el anhelo de Dios sobre Israel. Por eso dice que no ha venido a abolir la Ley sino a darle cumplimiento. ¿Qué pretendía la Ley, lo que san Pablo llama “la Ley santa”? Que Israel fuera pueblo alternativo, que tuviera unas relaciones basadas en la fraternidad, no en las tensiones del poder; que tuviera una economía solidaria, lejos de todo egoísmo; que entendiera la política como el arte del buen gobierno para todos. Un pueblo distinto a los otros pueblos. ¿Lo logró? Parece que en gran medida no, porque fue, al decir del libro de Samuel, “como los otros pueblos, tan cuestionable en sus comportamientos sociales, humanos, como cualquier pueblo. ¿El anhelo de Dios, pues, se frustró? No del todo porque hubo personas que persistieron en esos caminos de alternatividad humana. Uno de ellos, y en manera eximia, fue Jesús de Nazaret. Él creyó que el reinado de Dios, el gobierno de quien nos ama, habría de llevar a relación es de igualdad, de solidaridad, de amparo del débil, de economía compartida. Por ese ideal vivió y murió.

 

b) La palabra de san Antonio

 

Y el mismo anhelo ha anidado en muchos creyentes que han creído que otra realidad social, otra economía era posible, como hoy decimos. Uno de ellos, sin duda, san Antonio de Padua. San Antonio defiende el principio cristiano de la función social de la propiedad, en  virtud del cual los bienes que no son necesarios al rico para las exigencias fundamentales de la vida, pertenecen al pobre que se halla en necesidad. Un buen conocedor de los escritos del santo ha hecho notar que, mientras son constantes las invectivas contra los delitos de orden social, no se halla mención del pecado sexual. Pero se sabe que, como efecto de su predicación, muchos libertinos de ese desorden se convertían.

      La Legenda Assidua resume en esta forma el éxito de la última campaña de Antonio en Padua: «Devolvía la paz fraterna a los desunidos, la libertad a los detenidos; hacía restituir lo que había sido robado con la usura o la violencia. Llegó a tanto que, hipotecando casas y tierras, se ponía el precio a los pies del santo y, con el consejo de él, se restituía a los perjudicados cuanto les había sido quitado por las buenas o por las malas. Libraba a las prostitutas del torpe mercado. Lograba que ladrones famosos por sus fechorías se abstuvieran de meter mano a los bienes ajenos.»

      Si entendemos bien estos testimonios, podríamos decir que san Antonio es uno de quienes hoy creen que otro tipo de relación social y económica es posible, que la dura situación de los pobres no es una casualidad, sino que hay causas de la pobreza que sería preciso atajar para que el flujo creciente de la pobreza social menguara.

 

c) Palabra para hoy

 

De ahí que quienes celebramos a san Antonio como gran creyente y gran santo habríamos de alegrarnos de que, por todo el mundo, se corra la voz de que otra economía de corte humano, sostenible, consciente, es posible. Tendríamos que alegrarnos de que la espiritualidad del decrecimiento, de vivir con menos para vivir mejor, vaya cuajando en la vida de muchas personas e instituciones.

            San Antonio elevaría hoy la voz al unísono con miles de indignados en la puerta del Sol o en la Plaza Sintagma de Atenas para gritar la enorme injusticia que es la economía de mercado y las terribles consecuencias que una política neoliberal acarrea en la vida de los sencillos. Ofrecería alternativas basadas en la sensatez, en el buen uso de las cosas y en el sentido solidario de la economía.

            San Antonio sería muy crítico contra una ley hipotecaria que despoja de la vivienda a quien no puede pagar su hipoteca, a la vez que mantiene intacta la deuda con el banco. No sabemos cómo, pero san Antonio intentaría que quienes meten mano en el dinero público no lo hicieran. Tendría trabajo. Nos diría que, a pesar de todo, es deber cívico, moral y cristiano colaborar con nuestros impuestos a la hacienda común y que, quien no lo hace, que no pretenda llamarse cristiano. Puede parecernos todo esto estridente, pero, bien leídas las fuentes antonianas, es lo que fácilmente se desprende tal lectura.

 

d) Conclusión

 

            Sabiamente dice san Francisco que no haríamos nada con cantar las glorias de los santos si, de alguna manera, no los imitáramos nosotros. Por eso, hemos querido presentar un lado de la personalidad de san Antonio, su lado social, como instancia de ánimo para cualquiera de nosotros. Aquí también podríamos escuchar aquel dicho del Evangelio: “¡Ve tú y haz lo mismo!” (Lc 10,37).

 

 

115

CVJ 

Domingo, 3 de junio de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

115. Jn 16,29-31

 

Introducción:

 

                Es muy difícil huir del fantasma de la soledad. Más aún, cuanto más se intenta ponerle coto, más presente se hace. Tal vez sea bueno pensar que la soledad es un componente del caminar humano y, por ello, hay que intentar establecer pactos de buena vecindad con quien nos acompaña. Esos pactos habrían de lograr, por una parte, delimitar bien los terrenos de la soledad impidiendo que invada lo que no es suyo. Quizá algo de eso se logra llevando una vida interior habitada, lo más gozosa que se pueda, sencillamente disfrutante. Pero, además, no es insensato intentar desbancar la soledad de sus reales en el fondo del alma. Y ¿cómo lograrlo? No hay más que una manera: que el otro, que la persona de otro, de otros, vaya ocupando un sitio al lado en el banco en el que estamos sentados. Hay quien piensa que dejar lugar al otro es la manera de quedar aniquilado. Pero no es así: el otro es nuestro “cielo” (no nuestro infierno, como decía Sastre) porque trabaja en nuestro favor para ahuyentar soledades.

                Jesús ha sido uno a quien la soledad (hablamos de la dura y negativa soledad) también le ha mordido, como a toda persona. Y él ha tenido su manera de atajarla: se ha rodeado de personas, aunque estas, a veces, no estuvieran a la altura de las circunstancias. Y también, como dice en el texto de esta semana, ha tenido siempre viva la certeza del acompañamiento del Padre a sus caminos. Puede parecer que esto segundo es algo lejano, frío, sin contenido. Pero en él no ha sido así: la presencia viva del Padre en el fondo de su estructura humana le ha serenado, sosegado, equilibrado, alegrado. Con ella ha sido capaz de “fruncir el ceño” ante Jerusalén, de arrostrar los trances más duras de su vida sin que se resquebrajara del todo la frágil vasija de su corazón. Así de viva y fuerte ha sido esa presencia. Alguna vez, como en este caso, los evangelios se han hecho eco.

 

***

 

Texto:

 

29 Sus discípulos le dijeron: Aho­ra sí que hablas claro, sin usar com­paraciones. 30Ahora sabemos que lo sabes todo y que no necesitas que nadie te haga preguntas. Por eso creemos que procedes de Dios. 31 Je­sús les replicó: ¿Que ahora creéis? 32 Mirad, se acerca la hora, y ya está aquí, de que os disperséis cada uno por vuestro lado y a mí me dejéis solo; aunque yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo.

 

Ventana al mundo:

 

 

 

                Hay muchas imágenes que reflejan la soledad humana porque ésta acompaña la senda de la vida. Esta que nos inspira hoy es la de una mujer joven sentada en un banco, sola en la soledad de una noche cualquiera de una calle cualquiera de una ciudad cualquiera. Quizá ha

pasado una noche de disfrute y de música, pero ahora se siente fatigada y sola. Con ella misma, con su propio cuerpo, con su mirada hacia arriba preguntándose qué está haciendo aquí, qué pinta en esta historia. Hay un sitio vacío junto a ella, porque quizá la respuesta a muchas de las preguntas de la soledad pasa por hacer sitio a otra persona y que ella nos ayude a llenar de sentido los vacíos que conlleva el ser persona. Mucha gente hace este gran beneficio. Hay que estarles agradecidos.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes ayudan a llenar soledades; gracias por quienes ofrecen sentido a los vacíos que llevamos dentro; gracias por quienes siembran esperanza en las oscuridades y noches que nos tocan.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Pocas veces se ha abierto la venta del corazón, del interior mismo de Jesús, para que podamos ver de qué fuentes se nutre su vida. Quizá este evangelio nos muestre una de ellas: Jesús nunca se ha sentido solo; siempre ha creído que el Padre estaba a su lado, sobre todo en los momentos en que la oscuridad se hacía más densa. La certeza de esa presencia ha alimentado su vida y por ella sus caminos, humildes y modestos, se han ido llenando de luz.

                Oramos: Te alabamos, Señor, porque siempre has creído que el Padre te acompañaba; te bendecimos por habernos hecho partícipes de esa presencia del Padre que tú amabas; te damos gracias porque has tocado la cercanía del Padre en los caminos equívocos de tu existencia.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Una de las causas que engendran nuestra soledad es la dispersión. Por eso, cuando los discípulos se han dispersado es cuando más solos se han sentido. Si hubieran permanecido unidos entre ellos y con Jesús las sombras densas de la soledad habrían sido más benignas. Pero tiró cada uno por su lado y la soledad hizo presa en ellos. Para ahuyentar la soledad, para tenerla a raya no hay mejor manera que hacer fraternidad, que unir corazones y vidas, por frágiles que estas sean. A la larga, esa cohesión engendrará fuerza.

                Oramos: Que unamos vidas y corazones para tener a raya a la soledad; que nos abracemos y amparemos para que el espacio de la soledad sea menor; que nos miremos a los ojos y al corazón para poder descubrir ahí al necesidad siempre viva de amparo.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Muchas veces hemos dicho que nuestro trabajo orante tiene, como uno de sus mejores frutos, el ayudarnos a una vida acompañada. Bien mirado, quizá no nos acompañemos tanto. Pero sí es cierto que nuestra soledad ha retrocedido un poco cuando hemos orado juntos, cuando hemos tenido una convivencia, cuando nos hemos comunicado una noticia, cuando han  mediado un email o una llamada de teléfono, cuando hemos celebrado un suceso bueno o no tan bueno de nuestra vida. Se ha verificado la evidencia de que orar es acompañarnos y ser acompañados.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes acompañan sin pedir nada a cambio; gracias por quienes alegran a otros sin demandar pagos de ninguna clase; gracias por quienes ayudan a levantar los hombros sin reclamar aplausos.

 

***

 

Poetización:

 

No era muy pródigo

a la hora de abrir

las ventanas de su corazón;

su mundo interior,

su vida profunda,

era solo de él.

Pero, a veces,

la compartía,

la ofrecía a los suyos,

ponía su corazón abierto

en la mesa de la confidencia.

Y aquella vez les reveló

uno se sus más hondos secretos:

él creía que nunca estaba solo,

que el Padre estaba siempre ahí,

en cualquier circunstancia,

sobre todo cuando las cosas

venían mal dadas.

Él pensaba que la mirada del Padre

siempre se vertía con amor

sobre sus pasos,

fueran los que fueran.

Él sentía

que el aliento del Padre

le animaba fuerte

cuando el desaliento lo cercaba

sin piedad,

sin tregua.

Tenía la seguridad

de que siempre podía volver

a la casa amada

de la acogida del Padre,

por mucho que sus pasos,

se hubieran ido bien lejos.

Por eso mismo,

cuando los nubarrones se hacían densos

les dijo con claridad:

tengo el miedo controlado

porque sé que el Padre

anda mis caminos

y sabe de mis pasos.

Lo entenderían

cuando ellos mismos

experimentaran

algo parecido.

 

***

 

Para la semana:

 

                Intenta generar confianza en torno a ti para que tu soledad y la de los demás no muerda tanto el corazón.

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan 114

CVJ 

Domingo, 27 de mayo de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

114. Jn 16,23b-28

 

Introducción:

 

                La mayoría de la gente considera que pedir es una vergüenza, cuando no un gesto de egoísmo inaceptable. Hemos acuñado expresiones muy claras: “contra el vicio de pedir, la virtud de no dar”. O aquella otra: “a la hora de dar, hasta las campanas tiemblan”. Y sin embargo, hay en nosotros una necesidad de pedir, un talante mendicante. Somos, en verdad, mendigos, unos de otros, porque todos dependemos de todos, porque nuestra debilidad es común. Es cierto que en el acto de pedir se esconde muchas veces el egoísmo y el afán de aprovecharse de los demás. Pero, tarde o temprano, todo el mundo tiene que pedir algo. No habríamos de avergonzarnos. Pedir desvela nuestra humanidad necesitada y también que estamos destinados a ayudarnos unos a otros, a socorrernos para ser personas que se amparan.

                La persona religiosa ha pedido siempre y mucho a sus dioses. La respuesta ha sido, con frecuencia, escasa. Jesús habla de “pedir en unión conmigo”. Es decir, de pedir en unión con uno que ha sido solidario con lo nuestro. Pedir desde la solidaridad, esa es la manera de pedir de Jesús. Desde la solidaridad y la confianza. Una manera hondamente humana de pedir. Así habría de ser nuestro pedir a Dios: desde la experiencia de solidaridad y de confianza entre nosotros y con él. Si no, la oración de petición se convierte en una magia, en un pedir a “papá Noel”, a Dios, lo que nos hace falta. Desde la solidaridad y el amparo, la petición a Dios se transforma en la certeza de que él mismo está de nuestro lado dándonos amor antes de que abramos la boca. 

 

***

 

Texto:

 

23b Sí, os lo aseguro: Si pedís algo al Padre en unión conmigo, os lo dará. 24 Hasta el presente no habéis pedido nada en unión conmigo; pedid y recibiréis, así estaréis col­mados de alegría. 25 De esto os he venido hablando en comparaciones. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en comparaciones, sino que os informaré sobre el Padre clara­mente. 26Ese día pediréis en unión conmigo; con esto no quiero decir­os que yo le voy a rogar al Padre por vosotros, 27porque el Padre mismo os quiere, ya que vosotros me queréis de verdad y creéis fir­memente que yo salí de junto a Dios. 28Salí de junto al Padre y vine a estar en el mundo; ahora dejo el mundo y voy con el Padre.

 

***

 

Ventana abierta:

 

                Una imagen dura: un hombre derrotado pide limosna en la plaza Syntagma de Atenas. Es la viva imagen de la pobreza de pedir, de la petición de ayuda in extremis. Cubierto por la gorra de su cazadora se aísla del mundo. Es como si dijera: no soy de este mundo, me habéis echado del mundo. Su vaso de plástico está en actitud caída. Nadie le echa ya nada, nadie le socorre, es un muerto en vida. El caminante que pasa a su lado, con indiferencia, confirma la verdad del pobre: está excluido. Una petición de amparo, de vida, que cae en el olvido.

                Oramos: Que quien nos pide, encuentre en nosotros una mirada; que el discernimiento sensato ante quien pide no haga menor nuestra solidaridad; que encontremos maneras de acercarnos a quien anda en el abismo de la exclusión.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice Jesús que su pedir en nuestro favor casi no tiene sentido, porque “el Padre mismo os quiere”. Es decir, pedir a Dios sin contar con su amor es como pedir a un banco, que te da o no te da según sus criterios económicos. Dios da desde el amor y la confianza. Por eso mismo, de alguna manera, la petición desde esos parámetros encuentra siempre acogida. Como se suele hacer desde parámetros ideológicos, religiosos, acusamos a Dios de su tacañería. Por eso que lo que habría que aumentar no es la petición, sino la confianza y el amor. Desde ahí sabemos que podemos estar amparados por el Padre.

                Oramos: Que crezca nuestra confianza en el Padre que nos ama; que se aquilate el amor al Padre que nos ama; que nos apoyemos en el Padre que nos ama.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Todos sabemos que hay una relación directa entre el pedir y el dar. Quien pide y no da, se desautoriza y la gente huye de él. Quien da con generosidad es fácilmente escuchado cuando necesita pedir. Pretender que nuestras peticiones sean escuchadas cuando se demuestra que somos remisos a la hora de dar es pretender lo imposible. Por eso, quien quiera humanizar el pedir tiene que comenzar por hacer hincapié en el dar.

                Oramos: Que crezcamos en el dar para que sea acogido nuestro pedir; que nuestra generosidad esté siempre en activo; que nuestra vida sea casa abierta para la necesidad del otro.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                A lo largo de nuestro caminar juntos en el trabajo orante y en la relación, nos pedimos pequeñas cosas, favores, ayudas. Y nos las damos con gusto porque está activada en nosotros la confianza y brota, desde ahí, con facilidad la alegría de dar. Si esta alegría no estuviera activada, el pedir se haría muy difícil. Por eso, es un síntoma de buena vivencia comunitaria la sencillez y el modo directo en el pedir y la alegría y la abundancia en el dar, en el ayudarnos en osas pequeñas de la vida pero que hacen más humano nuestro caminar. Ambas cosas son imprescindibles.

                Oramos: Que seamos generosos en el dar para que sea fácil el pedir; que seamos acogedores en el pedir para que brote más fácilmente el dar; que nos acompañemos en nuestros caminos de vida con sencillez.

 

***

 

Poetización:

 

Su religión estaba llena

de peticiones a Dios,

de llamadas agobiantes

a las puertas del cielo,

de inagotables demandas

porque grandes eran las necesidades.

Pero él aprendió

que ese camino estaba errado,

le faltaba confianza y amor.

Y por eso él

inició una senda de amor a fondo,

de una confianza sin fisuras.

Desde ahí

y en sus noches de oración,

su petición al Padre

no era tanto sobre cosas,

sino sobre amor,

sobre confianza

y sobre solidaridad.

Así, su petición

se convirtió en amparo,

en abrazo,

en ayuda,

en interés por el otro.

Sin ningún egoísmo,

su petición era salud

para sus hermanos,

era gozo

para los heridos,

era esperanza

para los desahuciados.

Por eso decía

ente el asombro de los suyos:

no es necesario ni que yo ruegue por vosotros,

el Padre os quiere

y lo que tenéis que hacer es

confiar en él.

Ahí estaba el “secreto”:

 

***

 

Para esta semana:

 

                Trata de aumentar tu dosis de confianza en los otros para que te sea fácil escuchar la voz de quien te pide algo.

 

 

 

Juan 113

CVJ 

Domingo, 20 de mayo de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

113. Jn 16,16-23a

 

Introducción:

 

                Con razón dice el adagio popular que “dura poco la alegría en casa de los pobres”. Es que si algo hay de frágil en la vida humana es la alegría: basta una palabra hiriente, un problema cotidiano, un gesto de dureza para que la alegría se esfume. Nada digamos si tenemos un disgusto fuerte. La alegría huye inmediatamente. ¿Se puede aspirar a un estado de alegría, de “poesía”, más estable? Hay quienes dicen que no, que los nuestros son malos tiempos “para la lírica”, para el sueño, para el horizonte de la dicha. Pero no hay profecía de derrota que logre apagar el anhelo de una alegría honda, estable, duradera.

                Es que el Evangelio habla de una alegría “que nadie puede quitar”. ¿Es esto posible? Si ha de serlo, una tal alegría ha de tener que poder mezclarse con las lágrimas, con la debilidad, con la pena, con el sufrimiento. Porque si para tener esa clase de alegría tienen que desaparecer esas circunstancias, no va a ser posible. Jesús dice que la alegría que su vuelta, su estar con nosotros, va a aportar a la historia humana esa alegría inarrebatable que nadie puede quitar y que, por lo tanto, se puede mezclar a las circunstancias adversas de la vida. Una alegría que no desaparece aunque se llore, que no se esfuma aunque haya dolor, que se mantiene viva aunque los disgustos de la vida nos zarandeen. El Evangelio dice que es la presencia de Jesús en lo profundo de nuestra vida, su acompañamiento fiel, su sostenernos en nuestra debilidad lo que puede hacer que la alegría se mezcle con nuestras limitaciones y que, por lo tanto, no desaparezca en el momento en que éstas nos atosigan. Quien entiende que su vida está acompañada de verdad por Jesús, quizá logre que la alegría honda y hermosa se sobreponga a la dureza de la pena y el dolor que siempre están ahí.

 

***

 

Texto:

 

16-Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde y me volveréis a ver.        

17Comentaron entonces algunos discípulos entre ellos:

            -¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”, y eso de “me voy con el Padre”?

            18Y se preguntaban:

            -¿Qué significa ese “poco”? No entendemos lo que dice.    

19Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo:

            -¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho “Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”? 20Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.

21La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza porque ha llegado su hora; pero en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. 22También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría.

 

23aEse día no me preguntaréis nada.

 

 

 

Ventana abierta:

 

                Una de las cosas que más llama la atención cuando uno visita algún país del África subsahariana es la habilidad que tienen los niños para construirse sus propios juguetes (patines, cochecitos) a base de desperdicios, latas, tapas de botella, envases de Cocacola, etc. Son verdaderas obras de “ingeniería”. Es un síntoma de que la alegría les pertenece, aunque la pobreza y el colonialismo se la haya arrebatado. ¿Cómo es posible que la alegría habite en la casa de los humillados? Es un misterio y una profecía.

                Oramos: Te alabamos, Señor, porque no se aleja del todo la alegría de la casa de los pobres; te bendecimos por quienes suscitan gozo en la vida de los humildes; te damos gracias por quienes sonríen por encima de su pena.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús promete que, con su vuelta al fondo de la vida, con su acompañamiento fiel hará que “nuestra tristeza se convierta en alegría”. Algo maravilloso, que en medio de la pena renazca la sonrisa, que cuando aún fluyen las lágrimas aparezca el sol, que cuando el dolor nos aprieta brote sin saber de dónde viene un rayo de esperanza. Es el milagro de una vida distinta, de un horizonte más despejado. Estas son las “grandes” promesas de Jesús, necesarias para que la vida tenga un sentido. Creer en ellas es el rostro de la adhesión a Él.

                Oramos: Que creamos al Jesús que nos promete que la pena se trocará en alegría; que celebremos a un Jesús que promete la dicha; que contagiemos alegría desde nuestra debilidad.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                La parábola de la mujer que da a luz dice que toda pena se olvida con la alegría de “haber dado una persona al mundo”, de haber alumbrado un camino nuevo de vida, de haber dado vida. Por eso, un modo buenísimo de acercarse al reino de la alegría es dar vida. Quien da vida a los demás (en todos los sentidos de la palabra) experimenta la alegría que nace de haber alumbrado la esperanza y la posibilidad. No hay que andar esperando a que la alegría “nos venga”. Es preciso construirla viviendo y dando vida a los demás.

                Oramos: Que demos vida para que la alegría se acerque a nuestros caminos; que vivamos con humanidad para que la alegría muestre su rostro; que amemos la vida para que la alegría se haga vecina de nuestro barrio.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                A lo largo de los años en que nos vamos conociendo más y que sabemos de nuestros caminos vitales nos alegramos con los gozos y nos condolemos con las penas. Ambas realidades se mezclan. Pero creemos que la que sale ganando es la esperanza y, con ella, su hermana la alegría. Por ello nos resultan gratos nuestros encuentros, nuestras noticias (sobre todo cuando son buenas), nuestros pequeños éxitos. Se verifica, siquiera modestamente, aquello de que la tristeza se convierte en alegría.

                Oramos: Que nuestros gozos sean compartidos para que sean mayores; que nuestras penas sean comunes para que sean menos; que nuestros caminos se mezclen para que verdee la alegría.

 

***

 

Poetización:

 

Sabía de qué hablaba

cuando prometía

una alegría viva

más allá de la mordedura

de la pena.

Él se había acercado

a esa alegría honda.

Por eso,

aunque sus ojos se llenaban de lágrimas

con el dolor de los demás,

aunque su garganta se acongojaba

ante el sufrimiento injusto,

aunque su corazón se dolía

por la herida de la pobreza,

la alegría honda no le abandonaba.

Es más,

había llegado a ver

que la alegría podía ser

inarrebatable,

siempre presente.

De ahí que,

a la hora de hacer grandes promesas

prometía la alegría perenne

que se mezcla a las lágrimas

y las sobrevive,

que nada en el océano de las penas.

Los suyos no entendían esto

porque la pena les atenazaba.

Más tarde,

cuando el dolor cedió

comprendieron que su promesa

era cierta.

 

***

 

 

 

 

Para la semana:

 

 

                Trata de vivir estos días de la manera más ecuánime posible, incluso alegre, aunque haya momentos difíciles. Contagia alegría.

 

***

 

 

Juan 112

CVJ 

Domingo, 13 de mayo de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

112. Jn 16,12-15

 

Introducción:

 

                La verdad de la persona es su corazón, su bondad. Los filósofos y pensadores entablan arduas discusiones sobre el tema de la verdad. Pero, en realidad, quizá la cosa sea más simple: la verdad de la persona es su bondad. Esto admite la debilidad, el fallo, la incoherencia. Porque si se es bueno de fondo, se llegará a superar esas debilidades con cierta facilidad. La bondad es el lado más humano de la persona y, por ello, su máxima verdad. Más aún, esa verdad, esa bondad, se puede ir acrecentando día a día porque no hay ley humana ni divina que nos impida ser buenos hoy mismo. Y todavía: la bondad, en general, no está hecha de grandes hazañas, sino de pequeñas entregas cotidianas, siempre al alcance de la mano. Por eso la bondad, verdadero ideal divino, es también un ideal al alcance de la mano, algo que tú y yo podemos hacer hoy mismo.

                Lo mismo se pueden decir de la verdad de Jesús, ésa que, según dice el texto que vamos a leer, revela al seguidor el espíritu de Jesús. La verdad de Jesús no es su divinidad sino su bondad. Si no hubiera sido hondamente bueno no habríamos podido entender que Dios era bueno con nosotros. Si no hubiera acogido incansablemente, consolado sin cesar, abrazado con enorme calidez no sabríamos que Dios acoge, consuela y abraza. Por eso mismo, su mayor verdad es su bondad. Eso es lo que el espíritu quiere desvelarnos porque, al hacerlo, está ya empujándonos a nosotros también a una vida simple y bondadosa. El Padre y Jesús están unidos en el ideal de bondad y nos asocian a su “empresa” de bondad. Nos cerraríamos muchas salidas en la vida si nos hiciéramos los desentendidos.

 

***

 

Texto:

 

12Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora: 13cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que os comunicará cada cosa que le digan y os interpretará lo que está por venir. 14Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. 15Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará. 

 

Ventana abierta:

 

 

                Esta es una archiconocida foto de Albert Einstein. Además de un gran científico era un pensador porque era de esa gente que, más allá de sus contradicciones, tenía vida interior. Una de las frases que se le atribuyen es esta: “Soy en verdad un viajero solitario, y los ideales que han iluminado mi camino y han proporcionado una y otra vez nuevo valor para afrontar la vida han sido: la belleza, la bondad y la verdad”. La bondad y la verdad han sido luz en el camino de esta persona. Lo son en el de toda persona. Quizá haya que ir reduciendo muchos caminos a estas sendas simples.

                Oramos: Que seamos buenos de manera sencilla; que seamos verdaderos en modos bondadosos; que disfrutemos de la vida en modos fraternos. 

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice el texto evangélico que cuando el espíritu desvele la verdad de Jesús, su bondad, “tomará de lo mío”, es decir, empleará el mismo lenguaje de Jesús para hacerlo: la bondad de los buenos. Por eso, todos los gestos de bondad de cualquier persona son lenguaje revelatorio, nos dicen quién es Jesús y quien es Dios, ambos buenos. Si no existieran las personas buenas no podríamos saber, entre otras cosas, quién es Jesús y cómo es el Padre. Por eso mismo les estamos más agradecidos.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes nos desvelan tu bondad; gracias por quienes nos dicen cómo es el rostro bondadoso del Padre; gracias por quienes hablan el lenguaje de la bondad a diario.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Dice el texto que el espíritu nos irá llevando hacia “la verdad toda”, la verdad completa. Es, ciertamente, un ideal inalcanzable porque nuestro saber y nuestra experiencia es muy limitada. Pero ese horizonte de verdad completa no es una utopía inalcanzable. Al contrario, cuando uno vive en bondad, ese ideal se acerca a pasos agigantados a la vida de las personas. Por eso, muchas personas, aun siendo débiles, viven en verdad “completa” porque son radicalmente, básicamente buenos. Son las personas como Jesús, las conozcamos o no.

                Oramos: Te alabamos por quienes viven en bondad creciente; te bendecimos por quienes no desisten de ser buenos; te damos gracias por quienes contagian bondad.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Aún con el regusto bueno de nuestra última convivencia en la sierra de Urbasa podemos decir que en ella hemos palpado la dicha y la bondad. Cierto que es algo fragmentario, pasajero incluso y que eso no debe hacernos creer que la vida es siempre disfrute. Pero si uno analiza por qué tras ocho años de reunirnos oficialmente (16 convivencias ya) da la impresión de que el frescor de nuestras reuniones está tan vivo como lo estuvo en la primera, quizá encuentre alguna respuesta en esto de lo que hablamos: procuramos ser buenos, amables, respetuosos, comprensivos, los unos con los otros. La bondad es el marco de nuestras reuniones.

                Oramos: Gracias, Señor, porque nos gusta reunirnos con sencillez; gracias por la bondad que se palpa y respira; gracias por los gestos de bondad que alegran la vida.

 

***

 

Poetización:

 

Los paisanos de Jesús

entreveían en él

algo del Dios soñado.

En su bondad

descubrían al Bueno,

en su respeto

intuían al Compasivo,

en su abrazo

desvelaban al Misericordioso.

Les atraía

no por sus grandes doctrinas,

o por sus palabras rutilantes.

Ni siquiera

por sus milagros,

pobres signos.

Les encantaba su bondad

y en ella

veían su verdad.

Si un bueno estaba de su lado

es que Dios estaba de su lado;

si un respetuoso les miraba con cuidado,

es que Dios mismo les miraba sin reproche;

si sus brazos cálidos

se enroscaban a sus cuerpos

es que Dios mismo los abrazaba.

Sí, su verdad era bondad

y eso era suficiente

para apreciarle,

para seguirle,

para quererle,

Aunque la nube negra de la traición

pasara por un momento

por encima de sus cabezas.

volvería el gozo

de tener a un bueno,

resucitado,

a su lado.

***

 

Para la semana:

 

                Que nada te impida estos días hacer el bien. Inténtalo sin desaliento.

 

***

 

Juan 111

CVJ

Domingo, 29 de abril de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

111. Jn 16,8-11

 

Introducción:

 

                Aunque solemos decir que las apariencias engañan, de hecho, funcionamos mucho por las apariencias, por la buena presencia, por los tópicos sociales, por ropajes, por estatus, por títulos, por consideraciones no discernidas. ¿Cómo ir más allá de las apariencias? ¿Cómo vamos a ser considerados con la persona en situación de debilidad, con quien no cuenta demasiado, con los frágiles, si no miramos más allá de las apariencias? Acostumbrarse a mirar al fondo de las personas es un ejercicio de tremenda humanidad. Podría darnos una visión nueva de la vida, una percepción revolucionaria del hecho social.

                Es que Jesús habla en este complicado pasaje del evangelio de san Juan (el más complicado de todos) de algo de eso: Jesús ha sido uno que ha sido juzgado, desacreditado, condenado por apariencias. Era un pobre y, como tal, no iba a ser considerado por un estatus manejado por los poderosos. Era un desarmado, un insignificante económico, un sin poder. Tenía todos los números para que no se viera lo que había dentro. Se le miraba por fuera, por su origen, por su humilde pueblo, por su economía de pobre, por sus palabras sencillas. No se percibía en él ningún dato por los que los poderes suelen reaccionar, considerar, doblar el espinazo. Por eso mismo, cuando lo condenaron nadie se inquietó (más allá de la mujer de Pilato, si hemos de dar crédito a Mt 27,19). Nadie se marchó aquella noche a casa desazonado por haber puesto en el patíbulo a un justo. Era pobre, y esa era su peor maldición. Sin embargo, anidaba en su interior el amor más humano, la solidaridad más cabal, la ternura más limpia. Juzgado, condenado, desacreditado, pero amante de la vida, hermano de la persona, solidario con la causa de los humildes.

               

***

 

Texto:

 

8Y cuando llegue él, le echará en cara al mundo que tiene pecado, que llevo razón y que se ha dado sentencia. 9Primero, que tiene pecado, y la prueba es que se niegan a darme su adhesión; 10luego, que llevo razón, y la prueba es que marcho al Padre y que dejaréis de verme; 11por último, que se ha dado sentencia, y la prueba es que el jefe de este mundo está ya condenado.

 

 

Ventana abierta:

 

 

                No tiene nombre y es el rostro de muchas personas que hoy, obligadamente, calladamente, sufren las consecuencias de una política europea de recortes insensible a la necesidad social. Son personas con nombre y apellidos, con historia, con sentimientos, con cuerpos. Pero son tratados como números de estadísticas, como sujetos de análisis sociológico. Hay que tener el valor de mirar a esos ojos para percibir la dignidad que se oculta detrás de ellos. Si no miramos más allá, no nos enganchará esa mirada que pregunta ¿por qué no ves lo que realmente soy?

                Oramos: Que miremos más allá de cualquier apariencia; que veamos el valor oculto de la dignidad del débil; que sintamos sobre nosotros/as la mirada de quien no es considerado en su valor de persona.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice Jesús que el desvelamiento de esa realidad oculta que es la verdad hermosa de su dignidad y de la de cualquier persona lo va a hacer “el valedor”, que no es otro que el Padre y Jesús trabajando por nuestra historia. Ellos, a través de nuestros trabajos de justicia y de bondad, están diciendo, quedamente pero firmemente, que tras las apariencias (sobre todo las de quienes son más frágiles) anida el bien, la dignidad y una cierta belleza. No es “poesía barata”. Se trata de adquirir otro ángulo de visión sobre las personas, no el que nos vende, nos inyecta la sociedad y sus mecanismos cuestionables.

                Oramos. Gracias, Señor, por seguir amándonos aunque te condenaran; gracias por seguir con nosotros aunque te desacreditaran; gracias por mantenerte solidario con nuestra causa aunque te excluyeran.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Situarnos en las apariencias nos hace muy vulnerables; situarnos en la dignidad honda nos hace más fuertes. Por eso mismo hemos de intentar saltar la valla con la que rodeamos a las personas y mirar en la dirección de su honda humanidad. Nos haría mucho bien huir de ese tipo de información que banaliza la vida de las personas, que lo reduce a sus apariencias sociales. ¿Qué hay detrás de eso, que hay más allá de lo que se ve, qué fondo tiene esta persona? No habríamos de cansarnos de este tipo de planteamientos.

                Oramos: Que no nos cansemos de apuntar en dirección al corazón de la persona; que no nos enredemos en cuestiones externas cuando valoramos a una persona; que seamos capaces de ver con la mirada profunda del mismo Jesús cuando alguien se nos pone delante.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Cuanto más caminamos juntos/as en estos trabajos orantes de la comunidad virtual, cuanto más nos reunimos, cuanto más nos comunicamos, mejor podemos conocernos. O si se quiere: mejor podemos valorarnos desde ese otro lado de nuestras apariencias. Si nos apreciáramos por ellas, si pusiéramos nuestros valores en lo que aparentamos, no habríamos entendido nada del Evangelio. Éste nos va haciendo más verdaderos no porque nos enseñe una ciencia que otros no poseen, sino porque nos va animando, paso a paso, a mirar en la dirección correcta: el interior valioso de toda persona.

Oramos: Que nos dejemos conducir por el Evangelio en la dirección del corazón del otro; que apreciemos a quien es sencillo y profundo; que valoremos los esfuerzos por acercarnos a los demás.

               

***

 

Poetización:

 

Lo miraban por fuera,

como se mira a los pobres.

Su origen oscuro,

su economía fragilísima,

su poder negado,

su formación inexistente,

su carencia de apoyos,

su no tener donde caerse muerto

condicionó

la manera de mirarlo.

No supieron sobrepasar

la dura costra

de la pobreza amarga.

Por eso lo juzgaron con injusticia,

lo desacreditaron con mentiras,

lo excluyeron sin remordimientos.

A él y a tantos como él.

Decía a los suyos

que las cosas no iban a quedar así,

que el descrédito

se transformaría en aprecio,

que las condenas

terminarían en abrazo,

que las exclusiones

acabarían en corazones tocados.

Les decía también

que esa obra gigantesca

la iba a ir haciendo

Él a través de los siglos.

Pero añadía que ellos eran

los brazos de su espíritu,

la mediación necesaria.

Les estaba empujando

a mirar en la dirección buena,

la del interior de la persona,

lejos de cualquier apariencia.

 

***

 

Para la semana:

 

                Haz estos días un esfuerzo por mirar a alguna persona frágil “de otra manera”.

 

***

 

Juan 110

CVJ

Domingo, 22 de abril de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

110. Jn 16,4b-7

 

Introducción:

 

                Por mucho que siempre queramos hacerla desaparecer de un manotazo, por más que la queramos alejar ya que su presencia nos molesta en extremo, por mucho que la ignoremos, ahí está esa maldita compañera de vida: la tristeza. La única manera de tratar con ella es mirarla a la cara, preguntarle qué hace ahí, de dónde viene, quién le ha llamado, por qué no se va. Y luego decirle con rotundidad: me acompañas, pero no lo harás hasta el final; me pesas, pero un día me liberaré de ti; me empujas al desaliento y al llanto, pero en un cierto momento la luz podrá más que tu tremenda oscuridad. La batalla contra la tristeza hay que darla sin complejos, reconociendo que, a veces nos vence, pero que no va a tener la última palabra.

                Jesús habla aquí de la dura tristeza que ha anegado el corazón de los suyos porque saben que lo van a perder. Trata de animarles con algo que sus amigos no comprenden, pero que es verdad: si “se va”, si muere entregado a ellos, volverá con una fuerza imparable y su vida ya no estará a merced de la dura tristeza sino que ésta podrá ser vencida porque hay uno que lucha a su favor, porque hay uno empeñado en que sus vidas sean siempre luminosas. Es muy posible, no lo dice el Evangelio, que sus discípulos, además de no comprenderles no habrían valorado esa situación de un Jesús entregado como una “situación mejor”. La tristeza es una siembra de ciclo corto, mientras que la alegría lo es de ciclo largo. Por eso es necesario engendrar ánimo para no sucumbir a la batalla inmediata a la que nos lleva la tristeza. La persona adulta, el creyente adulto, saben que, a la larga, la tristeza tiene la batalla perdida. Por eso, no caen víctimas de un desaliento que les paralice.

               

***

 

Texto:

 

No os lo dije desde principio porque estaba con vosotros. 5Ahora, en cambio, me voy al que me envió, pero ninguno de vosotros me pregunta: “¿adónde vas?”. 6Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. 7Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

            Una foto fácil de encontrar en el Google: la profunda e inexplicable tristeza de los niños. Es la tristeza que encierra todas las tristezas y todos los desamparos. No tiene justificación alguna y causarla es un crimen, mientras que reducirla un acto de amor comparable al de Dios. Por eso nos conmueve. Pero en la foto, en la parte derecha,, hay una mano, no se sabe de quién a la que se aferra el niño. Esa mano anónima es una mano salvadora, la de quien acompaña las tristezas tratando de paliar su maléfico efecto. Es, para nosotros, no solamente la mano de quien nos ama, sino la mano del mismo Jesús.

                Oramos: Gracias, Señor, por las manos que nos amparan; gracias por las manos que nos sostienen; gracias por las manos que nos animan.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús dice que la manera de acompañarles, de animarles, de luchar con ellos a brazo partido contra la tristeza va a ser el “envío del valedor”. Quiere eso decir que un “valedor”, el Jesús resucitado, el Padre amoroso, van a estar las veinticuatro horas del día del lado humano. La vida no es una tierra desamparada, “sin marido”, como decía la vieja profecía, sino, justo lo contrario: vida acompañada, aunque a veces la soledad nos roa el alma; vida acariciada, aunque a veces solo sintamos en la cara y en el alma el frío más helador; vida abrazada, aunque a veces nuestros brazos parezcan cerrarse sobre la nada.

                Oramos: Gracias, Señor, por tu amparo; gracias por tu compañía; gracias por tu caricia.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Puede ser que esta espiritualidad en torno a la tristeza y sus horizontes negados no suene bien. Quizá nos parezca mejor y único camino la lucha directa contra la tristeza. Pues, adelante. Todo lo que se haga por derrotarla nos enriquecerá. Pero eso sí, si la lucha contra la tristeza se hace echando sobre un manto que la ignore, un velo que nos la oculte, quizá nos estamos engañando. Con sorna dijo aquel: “yo, bebiendo para olvidar las penas, sin saber que las penas saben nadar”. Efectivamente, saben nadar. Por eso, quizá más importantes que olvidarlas sea ir poniendo a su lado socorros de humanidad que hagan que su terreno sea cada día menor.

                Oramos: Que pongamos humanidad para que la tristeza no tenga tanto sitio; que pongamos amor para que la tristeza se esfume; que pongamos generosidad para que la tristeza no encuentre casa en nosotros/as.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Una manera eficacísima de luchar contra la tristeza, de acorralarla es alegrarse con y por el otro. A eso podemos contribuir un poco en nuestra comunidad virtual. Nuestros encuentros, sean en grupo o en general, nos alegran profundamente. La tristeza tiene muy poco espacio en ellos. Por eso los fomentamos y apreciamos. Quizá sea un simple fruto del trabajo orante: estar un poco más contentos. Si lo logramos, estupendo.

                Oramos: Que nos alegremos al encontrarnos; que nos alegremos al abrazarnos; que nos alegremos al escucharnos.

 

***

 

Poetización:

 

Él, como todos,

sabía de tristeza.

La había visto rondar

su casa pobre;

la había percibido

en los ojos de su madre

cuando se fue de casa

sin entenderle.

La había sentido

cuando sus amigos

lo iban abandonando.

Por eso, podía hacer

un aviso contra la tristeza

de los suyos:

les quiso decir,

aunque no le entendieran,

que la tremenda soledad

que les iba a causar su entrega

no era la última palabra,

no era el punto final.

Había detrás otra cosa:

el abrazo increíble del Padre,

la sonrisa amiga del Jesús resucitado,

la caricia de las manos de Dios,

únicas y hermosas,

los besos de los labios del resucitado

no fáciles de sentir,

ero verdaderos.

Por eso les decía:

vendremos,

seremos para vosotros como un valedor,

uno que se entrega y acompaña

sin pedir nada a cambio.

No tendría que consumirles la tristeza,

pero ella, como un pájaro del agüero,

sobrevolaba sus corazones.

Algún día sería vencida.

 

***

 

Para la semana:

 

                Trata de ser estos días lo más jovial que puedas. Ayuda a disipar alguna tristeza, aunque sea pequeña.

 

***

 

 

Juan 109

CVJ

Domingo, 22 de abril de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

109. Jn 16,1-4a

 

Introducción:

 

                Uno de los lados más duros y crueles del comportamiento humano toma el rostro de la exclusión. Llevada al terreno social y político, la exclusión ha causado estragos en la historia de la humanidad: todas las luchas étnicas, todos los genocidios, todas la violencias que han herido la vida de los pueblos vienen de la raíz inhumana de la exclusión. En el terreno personal: todos los egoísmos, el mirar para el otro lado ante la necesidad ajena, la no implicación en la suerte de los pobres, el corazón cerrado a cal y canto ante el otro, todo esto proviene de un misterio de exclusión que siempre acecha al caminar humano. El antídoto, lo sabemos, es lo contrario: la inclusión, la acogida, el abrazo, el amparo, la conmoción por la necesidad y por la vida del otro, la certeza de que estamos ante un “familiar” y excluirlo de lo que sea carece totalmente de sentido.

                Jesús previene a los suyos de la exclusión que puede generar la pertenencia a su grupo. Lo habían sufrido en las carnes: los cristianos nacidos del tronco común del judaísmo eran considerados como unos “herejes” (así son denominados en los textos). Eso conllevaba una dura exclusión religiosa y social. Al prevenir, el Evangelio quiere que ese doloroso trago sea encajado con la mayor humanidad posible, sin responder, a modo de equivalencia, con idéntica exclusión. El rechazo puede llegar al límite inhumano, cainítico, de dar muerte al excluido. Ha ocurrido y ocurre. Es ahí donde habrá que sembrar humanidad denunciando tales atropellos y vertiendo bálsamo sobre las heridas de quien se siente excluido. De lo contrario, el Evangelio servirá para poco.

 

***

 

Texto:

 

16,1Os voy a hablar de esto, para que no se tambalee vuestra fe. 2Os excomulgarán de la Sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte, pensará que da culto a Dios. 3Y esto lo harán porque no han conocido al Padre ni a mí. 4Pero os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho.

 

Ventana abierta:

 

Cuando pensamos en excluidos nos viene a la mente los sin techo que andan tirados por la ciudad. Pero hay excluidos por otras razones. Teresa se despertó una mañana de su matrimonio feliz y se encontró con que su pareja le había infectado de sida. "A mí y al bebé del que estaba embarazada. Lo mío me dolió, pero lo del niño me partió el alma", recuerda Teresa, alta, huesuda, ojeras y la voz firme. Corría el año 1993 y los seropositivos, aún más que ahora, tenían un estigma. Ella consiguió superar el bache gracias a la ONG Apoyo Positivo. "Menos mal, han sido mi punto de apoyo", dice. Ahora no tiene problema en hablar de su enfermedad, en cambio, su hijo, adolescente, tiene sida y no quiere "salir del armario". "Se lo tuve que contar con 10 años, el niño tomaba la medicación, veía en la tele cosas sobre el sida, y claro, no era tonto", explica su madre. Teresa tiene sida, al igual que Antonio. Pero ninguno quiere que su identidad quede oculta en unas iniciales o en una fotografía entre sombras. "Me llamo Teresa Rodríguez". "Y yo, Antonio Moraleda, soy homosexual, y también estoy enfermo de sida".

                Oramos: Que la oración nos lleve a mirar con aprecio a quien sufre exclusión; que nos lleva a implicarnos en algo; que nos lleve a ser humanos con todos.

 

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Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús previene contra la mordedura de la exclusión, la que él mismo ha sufrido fuertemente, para encajarla con humanidad. Eso quiere decir, para encajarla viendo la dignidad intacta en quien es excluido y captando la injusticia tremenda que es excluir a quien realmente necesita ser acogido más que nadie. Si no está encendida siempre la llama de la dignidad es fácil que se apague en aquellas vidas que son más frágiles. Si el anhelo de la justicia no está activo, fácilmente volveremos el rostro de aquellas personas que cargan más, injustamente, con el peso de la vida.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por haberte mantenido en humanidad, a pesar de tu exclusión; te bendecimos por haber visto siempre la dignidad de la persona en quien era excluido; te damos gracias por no haber renunciado nunca a la parte de dignidad que toca a toda persona.

 

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Ahondamiento personal:

 

                Excluir es un misterio de iniquidad. Hacerlo por motivos religiosos (se cree que ofrece un culto a Dios) es ya rizar el rizo de lo inhumano. Por eso, el lector del Evangelio y quien aprecie a Jesús se pone al otro lado de quienes excluyen por motivos religiosos, de quienes dicen que tal o cual colectivo no tiene acceso a los socorros de la fe por sus opciones sociales o sexuales. Eso no lo haría Jesús.

                Oramos: Que nunca excluyamos por motivos religiosos; que apoyemos a quienes son excluidos por tales motivos; que animemos a quien siente la mordedura de la exclusión de quien realmente tenía que acogerle.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Es un hecho que en nuestra comunidad virtual nunca se ha palpado la exclusión, porque nunca se ha dado. Más aún, siempre nos ha alegrado que venga gente, aunque no sea más que para pasar un día de convivencia. Si excluyéramos, quedaría en evidencia que no hemos entendido nada del Evangelio y que nuestro trabajo orante no tenía base. Por el contrario, laa cogida es la marca de verdad evangélica. Mientras acojamos, estamos cerca del Evangelio de Jesús.

                Oramos: Que no cejemos en acoger lo mejor que podamos; que nuestra alma y nuestro rostro se alegren cuando acogemos; que apreciemos y valoremos a quien tiene mucha capacidad de acogida.

 

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Poetización:

 

Lo había experimentado

en sus propias carnes:

ser excluido

era lo más duro de la vida.

¿Cómo pudo encajarlo

sin que el corazón se le amargase?

¿Cómo pudo seguir amando

cuando se le negaba el amor?

Tuvo que mirar muchas veces,

muchas noches,

al rostro del Padre

para comprender que,

aunque uno sea rechazado,

el Padre jamás excluye a nadie.

Tuvo que mirar con piedad

el rostro y el corazón de las personas

para comprender

que la dignidad permanecía intacta

en quien era más rechazado.

Tuvo que caminar codo con codo

con los desvalidos

para entender que,

contra toda evidencia,

la justicia que se les negaba

no hacía que desapareciera

su exigencia de justicia.

Pudo prevenir contra toda exclusión

porque el sueño de su vida,

lo que llamaba “el reino”,

era una fiesta de total inclusión,

sin requisitos,

sin condiciones,

sin exigencias.

Toda persona estaba incluida

porque todos estamos necesitados

de amor y de dicha.

 

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Para la semana:

 

                Trata de controlar esta semana los sentimientos y acciones de exclusión con los débiles. Hazles un sitio en tu vida. Acógelos.

 

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