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Las bienaventuranzas: lectura para la vida cotidiana

LAS BIENAVENTURANZAS:

LECTURA PARA LA VIDA COTIDIANA

 

 

            La reflexión es una manera, humilde, de activación no solamente de la ideología, sino también de la praxis. Una de las de las causas de la debilidad social quizá sea la escasez de reflexión. Eso mismo pasa con la fe: su debilidad proviene, en alguna medida, de su frágil reflexión. De ahí que todo lo que sea potenciar la reflexión es, de alguna manera, potenciar la fe.

            Por otra parte, el paso de la espiritualidad del laicado pensada a la espiritualidad vivida no se dará sin la mediación de una seria reflexión sobre los componentes esenciales de la fe. La reflexión laica sobre la fe, cuando es adulta, liberada de presiones clericales,  aporta un componente saludable al hecho cristiano[1].

            Los teólogos de profesión se quejan de que sus textos no son leídos y parece que producen hastío en la población[2]. Quizá sea porque pertenecer al staff clerical otorga a los textos un componente que hoy encuentra difícilmente una audiencia. De eso podrían verse libres los textos de los laicos “teólogos”, de aquellos que piensan la fe desde coordenadas menos sistémicas.

            Por otro lado, la reflexión sobre los textos evangélicos está demandando en su lectura ese aire fresco que puede otorgarle el laicado adulto. En España no tenemos aún tradición de biblistas y teólogos laicos, aunque haya centros universitarios que llevan años en esta tarea[3]. Pero quizá una generación nueva de autores y autoras está naciendo. Y ello otorga un plus de esperanza a la reflexión cristiana y, por ello, a la misma fe. Cuando decimos que, a pesar de todo, hay esperanza en el laicado, no estamos hablando de utopías irrealizables.

            Finalmente, volcarse sobre las bienaventuranzas es hacerlo sobre un texto sensible que hoy todavía tiene un eco palpable en la sociedad secular[4]. Aquella luz encendida hace tantos siglos sigue brillando e iluminando el camino de los humanos. Por ello, tomar las bienaventuranzas como tema de reflexión cristiana social es, sin duda, un acierto.

 

 

 

1. Volver al Evangelio

 

Nos parece que este tipo de lectura bíblica “desde la vida cotidiana” se inscribe en un movimiento mayor que se da en la realidad de la vida cristiana: el movimiento de “volver a Jesús”, o si se quiere, de “volver al Evangelio”[5].

¿Es que para volver al Evangelio hay que aceptar que nos hemos ido de él? Ahí esta uno de los problemas.

            Sí, nos hemos alejado del Evangelio no solamente por nuestra fragilidad, sino también porque los sistemas (y el religioso es uno de ellos) terminan por alejarnos del centro ya que ellos mismos anhelan constituirse en centro.

  • Volver al Evangelio es como volver a casa: siempre está esperándonos, siempre somos bienvenidos, siempre hay calor ahí.
  • Volver al Evangelio es poner de nuevo el acento en lo importante, relativizando aquello que no lo es tanto.
  • Volver al Evangelio es asentarse de nuevo en lo que garantiza el valor de la fe, porque el resto, por mucho que nos digan lo contrario, es de menos valor.
  • Volver al Evangelio es aprender un poco más el rostro de Jesús, conocer mejor su sonrisa y sus arrugas, sus brillos y sus sombras. Conocer ese rostro mejor para amarle más.
  • Volver al Evangelio es disponerse a gustar de nuevo las pequeñas delicias ocultas en el texto, rumiarlo, saborearlo.
  • Volver al Evangelio es retomar las viejas utopías, oxidadas, embrumadas, perdidas y darles de nuevo el valor que siempre tuvieron.
  • Volver al Evangelio es aprender otra vez la melodía de una vida que se mezcla con el resto de la vida. No es el Evangelio algo aparte de la vida.
  • Volver al Evangelio es retomar los caminos trillados para descubrir en ellos esos leves motivos para vivir con alegría.
  • Volver al Evangelio es cantar con Jesús la melodía que puede espantar nuestros males y nuestras asperezas.
  • Volver al Evangelio es volver al corazón de la persona porque el sueño de Jesús es el mismo que el de la fraternidad más elemental.

 

2. Una lectura social del Evangelio

 

Se ha repetido hasta la saciedad la frase atribuida a K. Barth de que es preciso hacer teología con la Biblia en una mano y en la otra el periódico. Una legión de estudiosos, exegetas y predicadores han muerto en el intento. Pero, en estos años de modernidad líquida, según Bauman, con el auge de las religiones y, a la vez, del secularismo se percibe claramente que los amantes y estudiosos de la Biblia cada vez abandonan más el periódico, el hecho social, y se vuelven a centrar en la sola Palabra como terreno realmente válido para vehicular la fe. Se ha llegado a la convicción de que el discurso religioso como herramienta hermenéutica para la lectura de la Palabra es la mejor y prácticamente la única.

            La exégesis bíblica cuando está al servicio de una ideología se centra únicamente en sí misma, incluso con la pretensión de ciencia; se vuelve moralista, con el irreprimible afán de universalidad y de imposición; roza y cae en un acechante fundamentalismo con expectativas de que sus enseñanzas cristalicen en leyes sociales. Estos son los frutos del abandono del “periódico”, del alejamiento y menosprecio del hecho social. Corregir esta trayectoria, aunque sea ir contracorriente y pasar por un auténtico “antisistema” dentro del campo de la exégesis es para, algunos biblistas, una obligación.

            Mirar la realidad es un trabajo imprescindible para quien se apresta a leer con profundidad la Palabra porque ésta, por duro que suene, es una realidad a su servicio. Si, como dice el prólogo joánico, “la Palabra se hizo carne” (Jn 1,14), es la “carne”, la historia, el ojo lector, el verdadero timonel del hecho de lectura. Una Palabra al servicio de la historia es, para muchos estudiosos, un concepto inaceptable. La Palabra y el hecho histórico se miran en mutua e imprescindible relación y de una manera circular: de uno al otro y viceversa. Pero en esta mirada circular es el hecho histórico quien comanda la lectura porque él es el necesitado de amparo.

            Mirar la realidad no es solamente mirar lo que hay. Es hacerlo tratando de descubrir lo que no hay, las posibilidades que encierra, los horizontes sugeridos, los soles tras la bruma. Es la capacidad innata que todos los seres humanos tenemos para ver la realidad con otros ojos, con una mirada atenta que nos permita abrir la puerta a un abanico de posibilidades que aún están por descubrir. Es, incluso, hacer justicia a lo que ya fue: “Mirar sólo lo que hay empequeñece la realidad y la mirada, pues la hace superficial. Necesitamos conocer la tumultuosa vida que hay detrás de cada objeto, de cada institución política, de cada costumbre. Lo mismo pasa en los asuntos humanos. Para saber dónde estamos, tendremos que preguntarnos: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Cuando al mirar vemos las cosas, prolongadas por su genealogía, el mundo alcanza profundidad”[6].

            Una lectura social es aquella que mira a la realidad y desde la realidad con el texto bíblico en la mano. Más que de un método se trata de una sensibilidad que intuye que la mezcla de la Palabra ahondada con la realidad social discernida puede ser altamente provechosa. Es cuestión, así mismo, del logro de una perspectiva que conecte con facilidad el imaginario del texto leído con el del mundo que vive el agente lector; sin esta conexión, el texto arriesga la infecundidad. Es, en fin, un anhelo, aquel que pretende hacer que el texto llegue a lo más profundo de la intimidad personal y ese pueda ser el cauce para una vivencia recreada del Mensaje.

 

3. Las bienaventuranzas en Mateo: parte de un entramado (Mt 5,1-12)

 

            Al ser el de las bienaventuranzas un texto tan luminoso, por eso mismo corre el riesgo de ser magnificado. En realidad, el texto de Mateo es la primera de las cinco grandes instrucciones, o enseñanzas primordiales, sobre las que está asentado el edificio mateano. Todas esas instrucciones tienen un denominador común: el Reino de Dios (o, como dice, Mateo con propiedad de escriba: “el reino de los cielos”, con lo que se evita nombrar a Dios[7]). Esa es su gran preocupación

            Las instrucciones son: 1) las bienaventuranzas del reino (5-7); 2) los heraldos del reino (100); 3) el reino revelado en parábolas (13); 4) los verdaderos hijos del reino (18); 5) el alborear del reino (25). Por eso mismo, el tema central que da unidad y coherencia a todas las bienaventuranzas es el del reinado de Dios. Es preciso leerlas desde esa espiritualidad.

            Por otra parte, parece quedar claro que esa realeza de Dios solamente puede funcionar en la medida en que haya personas que “eligen ser pobres” y permanecen fieles a esa elección (Mt 5,3.10). “En efecto, los pobres de espíritu (gr. tô pneumati) no son los humillados de la vida, ni siquiera aquellos que tienen un ‘espíritu de pobreza’, sino aquellos que se han hecho pobres en virtud de una elección voluntaria, que se han despojado de sus riquezas, no por ascetismo, sino para darlas a los pobres y así disminuir su pobreza y, en general, la de nuestro mundo. Por tanto la pobreza no es para Cristo un bien o un ideal; al contrario, es un mal que hay que eliminar de la tierra y que debería, al menos, atenuarse si los hombres fuesen fieles a la enseñanza de Jesús”.

 

4. La pobreza con espíritu[8]

 

            Pero aún hay más: la opción voluntaria por la pobreza se traduce en encuentro, en lucha y en cambio social desde la situación de los empobrecidos del mundo. Es otra mística. Se trata de irse situando en la esfera de la pobreza para combatirla desde el compartirla.

Esta opción es la que llena la pobreza de fuerza, de profecía, de empuje y de peligrosidad. La pobreza con espíritu es lo contrario a una mística de la pobreza compasiva pero contemporizadora, lamentatoria pero ineficaz, quejosa pero acrítica. La pobreza con espíritu es la que abre las puertas de una sociedad nueva basada sobre la fraternidad y la equidad. Expliquemos esto en mayor detalle:

  • La pobreza con espíritu entiende y apoya la civilización de la pobreza; de ahí su implicación. Porque, efectivamente, la desimplicación desactiva todo el potencial de justicia que anida en la vida de los excluidos del sistema. Pero, al implicarse, la persona pobre con espíritu, además de afectada, se convierte en testigo y desenmascaradora de cualquier actitud social que pretenda mantener vigente un orden injusto. Por eso, a pesar de su aparente debilidad, el pobre con espíritu es temido por el sistema.
  • La pobreza con espíritu es, por ineficaz que se la crea, el único camino para subvertir el curso de la historia. Y lo hace, tomando el símil de la cruz, bajando a los crucificados por el sistema del patíbulo injusto en que los ha colocado. Al bajarlos deja al descubierto la enorme injusticia de quien, por egoísmo estructural, crucifica a los excluidos. Las grandes herramientas para ir haciendo esta formidable obra de des-crucifixión son la compasión y la esperanza. Porque los pobres con espíritu son hondos en la compasión y tenaces en la esperanza. Y eso les hace resistentes a cualquier embate del gigante del sistema. Cuando parece que éste los ha hundido en la miseria, es entonces cuando renacen con más fuerza de su propio dolor; cuanto más humillados sean, más vigor histórico acumulan y más sólido es su anhelo de justicia.
  • La pobreza con espíritu tiene fe en la concreción de la utopía, en la solidificación del anhelo, en la evidencia de que los sueños pueden tener carne. No son únicamente palabras, sino también convicciones profundas que ni la más negra tiranía logra erradicar.  Esto lo hace combinando sabiamente, humanamente, el logro y el fracaso. Porque el pobre con espíritu sabe que la vida, por dura que sea, no es únicamente fracaso, sino también, algunas veces, logro evidente, horizonte alcanzado, sueño realizado. La oscura zona de la pobreza en la que se halla situado no es obstáculo definitivo para abandonar esta certeza. Como dice G. Martín Garzo “el mundo está lleno tesoros, de frutos que crecen en la oscuridad. Parece un desierto y, cuando menos se espera, la vida regresa con sus frescos racimos”.
  • La pobreza con espíritu lleva su esperanza al límite hasta estar dispuesto a la entrega total a favor de otros. El pobre con espíritu no es un temerario, un insensato que no valora los riesgos, un suicida que menosprecia la hermosura de la vida. Es alguien que entiende que la entrega es la cumbre de una existencia y que, dándose a los demás, él mismo se encuentra en su centro. Por eso, la historia de los pobres con espíritu es la historia de sus entregas, de sus causas nunca perdidas, de su generosidad valiosa aunque no sea aplaudida. Los pobres con espíritu creen a pie juntillas que las entregas encierran en sí mismas, más allá de su reconocimiento o no, un valor esencial que pasa a constituir el tesoro más preciado de la vida.
  • La pobreza con espíritu es paladín del triunfo no tanto del bien, cuanto de la bondad. Porque el bien puede ser ideología y por él pueden hacerse auténticos disparates (los dictadores dicen obrar por el bien de su pueblo). Pero la bondad es el bien con rostro, con respeto al otro, con humanidad evidente, con abrazo cuyo calor se siente. A veces la bondad tiene la forma de la lejanía del bien considerado como tal por el sistema oficial de valores. Pero la bondad reconforta el interior de quien anda en los márgenes y sueña con otro mundo habitable y fraterno.
  • La pobreza con espíritu sabe que el silencio de Dios es su manera de estar en los procesos históricos. No es lejanía ni desentendimiento, sino garantía de verdad para que no manipulemos y destruyamos la realidad de un Dios que ha puesto su tienda en la orilla de los perdedores. Por eso, el pobre con espíritu no teme a ese silencio, ya que sabe que el Dios parcial de Jesús no dejará nunca de estar ahí, acompañando su camino, poniendo su esperanza en él, compartiendo su suerte, siendo vecino cercano de su humilde barrio. De ahí que el pobre con espíritu no habla nunca del abandono de Dios, jamás dice que ha sido dejado de su mano, y percibe su presencia en los momentos de mayor dureza vital escuchando el casi inaudible sonido de las lágrimas que brotan de los ojos divinos, ya que cree a pie juntillas que el Padre y Jesús lloran con quien llora.
  • La pobreza con espíritu no se cansa de cuestionar la realidad actual en cuanto manera opresora de relacionarse con quienes andan fuera del banquete oficial. Exige a la vez la erradicación de la injusticia y la conversión personal. Aquella porque nunca hará migas con quien devasta desde siempre los caminos humanos; ésta porque también los mecanismos de desamor y de opresión anidan en el corazón de cualquier pobre, ya que éste ha de ser más considerado por su situación social pero participa de toda debilidad moral.
  • La pobreza con espíritu sabe que a la base de estos anhelos no hay únicamente voluntarismo humano, lucha denodada, trabajo cuantificado, afán histórico. En la pobreza con espíritu está, en el fondo, el Espíritu, la formidable fuerza de Dios, la fuerza de su amor, que trabaja a destajo, con denuedo, por revertir el curso de la historia, por dar una orientación de plenitud, salvífica, al caminar humano y cósmico. Esta gran obra del Espíritu que se verifica en el fondo de la vida es cierta, aunque “aún sigan corriendo las aguas del sufrimiento y de la culpa y supongamos que aún no se las ha vencido en el manantial del que brotan. Aunque la maldad siga trazando arrugas en el rostro de la tierra y deduzcamos que en el corazón más profundo de la realidad ha muerto el amor”[9].

 

5. No olvidemos las “malaventuranzas” de Lc 6,20-26

 

            Las bienaventuranzas del sermón del “llano” de Lucas proponen dos horizontes, uno de felicidad (20-23) y otro de desdicha (24-26). Ambos tienden a invertir los valores de la sociedad. Las bienaventuranzas tienen parangón con las de Mt solamente en las de los pobres (Mt 5,3/Lc 6,20), en la de los que pasan hambre (Mt 5,6: hambre y sed de esa justicia”/Lc 6,21), la de los perseguidos (Mt 5,11-12/Lc 6,22-23). La lucana de “los que lloran” es propia (6,21).

            Pero Lc añade cuatro malaventuranzas: contra los ricos (6,24), los repletos (6,25a), los que ríen (6,25b), aquellos de los que se habla bien (6,26). Los pobres son quienes quieren construir un mundo distinto libre de injusticia. Los ricos los que quieren mantener la injusticia. En el pensamiento lucano, Dios está con los primeros[10].

            Para entender bien estos textos es preciso renovar la fe en el Dios que escucha los gritos de los oprimidos (Ex 3,7); hay que recuperar el sentido de la indignación que acompaña a la profecía bíblica (Jer 25,30); hay que asimilar al Jesús que grita su mensaje y su vida.

Desde aquí sería preciso elaborar una teología del grito descarnado que censura al opresor. “Posiblemente nadie la haya hecho. Los teólogos se ocupan de menesteres más sublimes. Pero una teología que tenga en cuenta la realidad antropológica de la persona podría conectar y elaborar esa clase de teología. Si, además, toma como “alma” de su teología la Palabra de Dios, con más razón se aproximaría a una teología del grito. Esta  no ha de avergonzarse de la estridencia del grito, sino que ha de centrarse en el anhelo de justicia. Y más aún, sería una teología que trabajaría el “sueño de Dios”, que por la Palabra y por el mismo Jesús, sabemos que es, ni más ni menos, la creación de una nueva fraternidad, la sociedad de las relaciones nuevas, el reino de Dios en la historia que es camino para el reino pleno de la total comunión. Hacer de ese “sueño” el centro de la actividad teológica conllevaría la inserción de los empobrecidos y sus dolorosas situaciones en el centro mismo de la reflexión teológica. No hay que avergonzarse de una teología así porque tener vergüenza de los gritos de los empobrecidos es tener vergüenza del mismo Jesús”[11].

 

6.  Algunas orientaciones para Mt 5,6[12]

 

            Una primera aproximación es aquella que puede hacerse a través de las distintas maneras de traducir.

1) Traducción literal: “Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia

                                               porque ésos van a ser saciados”

-         Desde el punto de vista antropológico hablar de “hambre y de sed” apunta a algo importante, elemental, una auténtica necesidad. Quienes hambrean la justicia lo hacen como quien pasa hambre, como quien le devora la sed. Un anhelo de la justicia que quema por dentro. Algo imparable.

-         Al hablar de “la” justicia se refiere a la justicia que engloba todas las otras justicias, a la justicia “de Dios”, aquella que está en el horizonte, el máximo de la justicia.

-         Cuando se habla de ser “saciados” se está dibujando el colmo del logro, el éxito total. La profecía es que no solamente se va a avanzar en esa línea, sino que se va a lograr lo tantas veces soñado. Una auténtica utopía.

 

2) Traducción teológica: “Dichosos los que tienen hambre y sed de esa justicia

                                               porque serán saciados”.

 

- Cuando se habla de “esa” justicia se refiere a los dos versos anteriores: “los que sufren” (v.4) y “los sometidos” (v.5). Condensa, pues, las dos bienaventuranzas anteriores. Y por ello se refiere a verse libres de la opresión, gozar de independencia y libertad. Es una justicia que se asienta sobre la libertad.

- El hambre y la sed saciados indica la plenitud a la que apunta el Evangelio. Es decir, la justicia no será un anhelo truncado, sino que, avanzando poco a poco, se llegará a la tierra de la fraternidad. El Evangelio cree que los sufrimientos de los pobres han de tener fin algún día.

 

3) Traducción pastoral: “Aquellos que viven por la justicia:

                                               ¡Dichosos! ¡Porque serán satisfechos!

 

-         ­“Vivir por la justicia” es no abandonar el anhelo de un mundo justo por nada del mundo, mantener los criterios de la justicia por encima de persecuciones, ser fieles a los propios criterios de justicia sin apearse jamás de ellos.

-         La expresión “¡Dichosos!” podría entenderse como ¡Qué honorables!, dignos de honor porque son quienes cambian realmente el rumbo del planeta.

“A través del don generoso de su vida, los hambrientos y sedientos de justicia transmiten elementos de paz a la sociedad y se hacen manifestación visible de aquella ‘paz en la justicia’ (Bar 5,4b) deseada por Dios. Gracias a su compromiso, el ‘reino de los cielos’ (Mt 5,3b) se hace presente en la realidad de la comunidad de los creyentes, vivos ‘oasis de justicia’, donde florece ‘aquel fruto de la justicia sembrado con la paz de aquellos que trabajan por la paz’”[13].

 

7. Derivaciones sociales

 

            Dado que, como lo admiten la mayoría de autores, “todas las bienaventuranzas se reducen a una, que es la causa o consecuencia de las restantes: ‘Dichosos los que eligen ser pobres, porque esos tienen a Dios por rey’”[14], resulta lógico que nuestras derivaciones sociales tomen el cauce del tema del dinero y sus tremendas consecuencias[15].

 

  • La vida o el dinero: Todos sabemos que para vivir hace falta dinero. Pero el asunto es dónde uno va poniendo sus apoyos vitales, sus esperanzas, sus alegrías, sus pasos, sus anhelos, sus búsquedas. Más aún, la experiencia nos dice claramente que sabemos de qué estamos hablando. La aceptación de las bienaventuranzas exige una reorientación del horizonte económico de cada cual, de la sociedad. Sin reorientación, sin que nada de lo que decimos cambie un ápice la orientación de la vida económica es desvirtuar el Evangelio. Mejor sería no leerlo.
  • Esperanza del reino o pesimismo-optimismo: Anímicamente solemos dividir a las personas entre optimistas o pesimistas. El Evangelio no divide así, sino que a todos, optimistas o no tanto, se les propone la esperanza, la utopía, del Reino. Diciendo que ya no estamos para utopías, los estamos diciendo todo: nos apuntamos a la desesperanza. Decir que la utopía todavía nos conmueve es indicio de que estamos todavía con ganas de caminar en la dirección de lo humano[16].
  • Prioridad de la persona o prioridad del lucro: generar lucro, vivir instalado en él a costa de lo que sea, medir todo desde el lucro son los parámetros de la sociedad económica de exclusión. Por el contrario, priorizar a la persona, sobre todo a la frágil, generar una economía de inclusión es caminar en la línea de las bienaventuranzas[17]. Para dar cuerpo a la espiritualidad de éstas es preciso pasar por una opción manifiesta, por un “credo”, en la realidad de la persona. De lo contrario, la espiritualidad del lucro nos atrapa y las bienaventuranzas suenan a total imposibilidad.
  • Óbolo de la viuda o donativo del rico: En el Evangelio la cosa es clara: se opta por el óbolo de la vida (Lc 21,1-4). Es que creemos que la transformación del mundo que anhelan las bienaventuranzas se logrará con medios adecuados, cuanto más potentes mejor. Pero el Evangelio tiene otra orientación: “El Gran capital y sus grandes donativos no transformarán el corazón y el mundo. Es la bondad y la generosidad anónima de los pobres los que ya están transformándola”[18]. Por lo tanto, leer las bienaventuranzas a la sombra del capitalismo en cualquiera de sus variantes es el peor lugar para hacerlo.
  • Compasión confiada o violencia temerosa: Mil voces urden el coro de quienes dicen que hay que desconfiar de las personas, sobre todo si son de otra cultura, de distinta religión, de diferente lengua, sobre todo si son pobres[19]. La lectura de las bienaventuranzas supone una compasión confiada en la persona con todas sus consecuencias y aporías. Vivir en la desconfianza y leer el Evangelio es un oxímoron, una contradicción.

 

Conclusiones

 

      Terminamos nuestra reflexión con cuatro asertos que indican la mentalidad que subyace a todo el texto:

1)      Las bienaventuranzas siguen vivas si se las len en contextos sociales. Si le las saca de ahí corren el riesgo de ser una espiritualidad vacía, un fantasma espiritual de poco fruto.

2)      Las bienaventuranzas inquieren antes sobre el tipo de estructuras sociales que se tienen que sobre la fe que se profesa. Porque se puede dar el caso de una fe correcta en estructuras sociales discutibles y eso invalida el pensamiento evangélico y lo vuelve estéril.

3)      Más allá de toda disquisición teológica, la lectura de las bienaventuranzas dejan ver con claridad que “existe más verdad entre los débiles que entre los fuertes”[20].

4)      Un mensaje está vivo en la medida en que hoy se lo vive, no solamente en cuanto está en un libro. Ojalá esta reflexión haya servido algo para animarse a vivir con mayor afán el hermoso camino de las bienaventuranzas.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

 

 

 

 

 



[1] No se puede discutir que reflexiones como las de M. GUERRA CAMPOS; La confesión de un creyente no crédulo, Ed. Verbo Divino, Estella 1998 aportan mucho al pensamiento y la vida cristiana.

[2] “Da la impresión de que la ‘producción teológica’ de siempre se está agotando en su capacidad de decir algo que pueda interesar a los más amplios sectores de la opinión publica, mientras que la ‘producción atea’, siendo de una calidad teológica muy discutible y con frecuencia bastante débil, sin embargo es un hecho que son muchos los que en eso encuentran un sentido y una respuesta que no suelen encontrar en los que hablamos o escribimos desde la etiqueta de ‘profesionales’ de la teología. El hecho es que el esoterismo o la crítica teológica interesan más y a bastante más gente que la teología erudita con cuño de ortodoxia”:  J. M. CASTILLO, La humanización de Dios,  Ed. Trotta, Madrid 2009, p.18.

[3] Las universidades de Deusto y de Comillas quizá sean en esto pioneras.

[4] Literatos o artistas trabajan constantemente este texto: Cf A. MARCOS; Los bienaventurados,  Ed. Universidad de Salamanca, Salamanca 2022.

[5] “Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual” (EG 11). Textos significativos de esta espiritualidad son las últimas producciones de J. A. PAGOLA, Volver a Jesús. Hacia la renovación de las parroquias y comunidades,  Ed. PPC, Madrid 2014; Recuperar el proyecto de Jesús,  Ed. PPC, Madrid 2015.

[6] J. A. MARINA, “El destornillador”, en La Vanguardia,  6 diciembre 2008.

[7] La expresión basileia tôn ouranôn viene en: Mt 32,;4,17; 5,3.10.19ab.20; 7,21ab; 8,11; 10,7; 11,11.12; 13,11.24.31.33.44. 45.47.52; 16,19; 18,1.3.4.23; 19,12.14.23.24; 20,1; 22,2; 23,13, 25,1.

[8] Cf  F. AIZPURÚA, Discernimiento del compromiso ante las pobrezas,  Ed. Frontera, Vitoria 2010, pp.58-60.

[9] Texto atribuido a K. Rahner., citado en D. ALEIXANDRE, Las puertas de la tarde. Envejecer con esplendor,  Ed. Sal Terrae, Santander 2007, p.21.

[10] “En el contexto cultural de las sociedades del honor, ‘Dichosos…’ significaría: ‘Qué honorables…’. Por otra parte, ‘¡Ay de…’ connota: ‘Qué falta de vergüenza…’”.: B. J. MALINA-R. L. ROHRBAUGH, Los evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I. Comentario desde las ciencias sociales,  Ed. Verbo Divino, Estella 1996, p..244.

[11] A. CABALLERO-F. AIZPURÚA, La VR a la escucha del grito de la tierra y de los empobrecidos. Pobreza evangélica y compromiso,  Ed. Frontera, Vitoria 2015, p.55.

[12] Para un estudio asequible: A. MAGGI, Las bienaventuranzas. Traducción y comentario de Mt 5,1-12,  Ed. El Almendro, Córdoba 2001. Para un estudio más profundo: F. CAMACHO ACOSTA, La proclama del reino. Las bienaventuranzas del Evangelio,  Ed. Cristiandad, Madrid 1987.

[13] A. MAGGI, op.cit., p.104.

[14] J. PELÁEZ, La otra lectura de los Evangelios II. Ciclo C,  Ed. El Almendro, Córdoba 1988, p.176.

[15] Nos basaremos en el cap.5 (“Por el reino y contra mamón”) del libro de J. ARREGI OLAIZOLA, Invitación a la esperanza, Ed. Herder, pp.103ss.

[16] La vieja canción de Serrat “Utopía” sigue siendo un auténtico himno de vida.

[17] EG 186-216.

[18] J. ARREGUI, op.cit., p.118-119.

[19] Ver el artículo paradigmático en este sentido de A. PÉREZ REVERTE, “Los godos del emperador Valente” en XLSemanal - 13/9/2015.

[20] E. CARRÈRE en  “CARRÈRE: ‘El cristianismo es un invento revolucionario’”, en Babelia-El País, 14-9-2015.

La espiritualidad de san Francisco: un camino para vivir en armonía

LA ESPIRITUALIDAD DE SAN FRANCISCO,

UN CAMINO PARA VIVIR EN ARMONÍA

 

            Hoy se habla poco de armonía. La palabra casi ni suena. La emplean los libros de autoayuda o viene en espiritualidades del gusto oriental. Raramente decimos: este matrimonio vive en armonía; esta ciudad disfruta de mucha armonía; esta persona crea armonía en torno a sí; en esta comunidad se respira armonía. Es raro.

            Todos sabemos que, aunque no se hable de ella, la armonía es muy importante para la vida. Pero si ni se habla de ella, si se la da por supuesta, si nos parece un poco friki, como dicen los jóvenes, hasta hablar de ella, quizá estemos echando leña al fuego contrario: la crispación, la histeria, los malos modos, los desajustes personales, los malos entendimientos, los desentendimientos. De eso, sí que sabemos mucho.

            Pues bien, una manera de entender el franciscanismo es entender la espiritualidad de san Francisco como un camino para vivir en armonía.

 

1. ¿Cómo vivió Francisco de Asís su vida en armonía con Dios, con sus hermanos, con las personas, con los animales, con la creación? ¿Qué caminos anduvo?

  1. Le hizo un sitio importante a Dios y a su Palabra en su vida. Por eso, cuando en la somnolienta y rutinaria predicación del cura de san Damián brilló para él la Palabra de Jesús (“Vete, vende, dalo a los pobres…”), todo se iluminó y dejó atrás la “tremenda lucha”, como dice Celano, que se libraba en su corazón. Cuando se abrió a Dios, vino la armonía.
  2. Aparentemente fue muy sencillo: se hizo la armonía en su corazón cuando se decidió a tener a cualquier persona por hermana. Así de simple. Dice san Buenaventura que brotaba en su corazón una armonía gozosa cuando “consideraba el origen común de todos los seres pues sabía que todos tienen el mismo principio”. No era una teoría sino algo inmediato: eres una criatura, somos familia. Nunca serás mi enemigo. Contigo me siento en tu casa. Podemos vivir en armonía.
  3. Brota la armonía a raudales en la vida de Francisco cuando la simplicidad se convierte en sabiduría profunda. Dice LP que “quería ver a sus hermanos apasionados por la pura y santa simplicidad”. Él descubrió que el secreto de la armonía es ser bueno de corazón y llevar una vida simple, sencilla, corriente.
  4. La armonía brillaba con lustre cuando tomaba el último lugar como una opción voluntaria. “Nadie nos ha obligado”, decía. Y por eso decía con frecuencia: “Ningún hermano tenga potestad o dominio, y menos entre ellos”. Instaba a los suyos a “estar en el llano” (LP). Porque si hubiera sido otra la actitud, la armonía habría desaparecido como la niebla bajo los rayos del sol.
  5. Para él fue importante el misterio de la pobreza, la conexión con las pobrezas, llegar al brillo oscuro de lo humilde. Por eso, la pobreza evangélica fue para él camino de libertad y armonía. Siendo pobre fue feliz; estando con los pobres se sintió acompañado, sufriendo como los pobres encontró el secreto de la solidaridad. Lo que para muchos de nosotros es solo un disgusto, él lo entendió como una posibilidad. El frío helado de la pobreza generó en él el extraño calor de la armonía.
  6. No fue todo lírica, sino vida sin más, a ras de tierra. La armonía ocupó su alma y su cuerpo cuando vivió queriendo salvaguardar, sobre todo, las relaciones humanas. ¡Cuánto se empeñó en que sus hermanos vivieran con calidez, como madres e hijos”! ¡Cuánto se movió para que en las ciudades de su tierra, muchas devastadas por el odio y la muerte, pudiera brotar el entendimiento y la paz! Él que sabía de guerras y de muertes, puso a la persona por delante de todo y desde ahí brotó la paz y la armonía.
  7. Para él orar fue una manera segura de dar con el camino de Jesús. Por eso oraba tanto. Le decían ya entonces que oraba demasiado. Pero, para él, orar era como comer. Y lo necesitaba de igual manera. Por eso, cuando oraba, y sus períodos de oración eran largos, se abría la puerta de la armonía, las cosas se aquietaban, los problemas adquirían dimensiones reales, la alegría asomaba el rostro y se quedaba. Sin oración no hubiera podido vivir en armonía.
  8. Finalmente, cómo no, la alegría fue fuente de armonía porque era el cauce por el que asomaba la verdad del Evangelio y la certeza de haber elegido el buen camino. No empleó discursos para justificar sus opciones. Estaba contento y la alegría era su argumento. Y viviendo con alegría, la armonía se quedaba a vivir en su casa, se instalaba en los pliegues de su alma.

 

2. ¿Nos dice esto algo a quienes, a pesar de tanto años, de tantos siglos, seguimos amando a Francisco de Asís? Puede que sí.

  • Deja un poco más sitio a Dios en tu vida, nos dice Francisco. Que los criterios evangélicos cuenten realmente en tus días. Cree en el Evangelio, obra conforme a lo que dice. Sin más. La armonía asomará el rostro.
  • No hagas caso de los cantos de sirena de quienes nos dicen: tú preocúpate de que a ti te vaya bien y los demás, allá penas. No, siéntete hermano para que la alegría de vida y su íntima armonía cobren verdad y rostro.
  • Elige lo simple, lo normal, lo cotidiano. No te avergüences de ser como todos, de ser pueblo, de ser comunidad. En lo común vivido con gozo habita la armonía.
  • No te enfades por estar abajo, por no tener mando. Ahí se puede ser feliz, te puedes realizar, puedes estar contento. Estar abajo no es malo para quien aspira a la armonía.
  • Que te afecten las pobrezas, que sean para ti lugar de encuentro. No huyas de ellas, porque ahí se encierra, sin duda, el extraño fulgor de la armonía.
  • Ora con confianza, como quiere Jesús. Gusta del silencio. Ama la contemplación de lo creado. Disfruta con el don que es vivir y respirar.
  • Y pon en tu vida una dosis creciente de alegría. Alegría vivida en las pequeñas cosas, en los sencillos acontecimientos, en lo bello que está en nuestras manos. Si no nos apuntamos a la alegría, ¿cómo vamos a estar en armonía con nuestra sencilla vida?

 

Hermanos y hermanas: decir que la espiritualidad franciscana es un camino de armonía implica el ánimo para andar ese camino. ¿Por qué no tomar aliento y empuje al celebrar la memoria y la vida del hermano Francisco en esta tarde?

 

Ver la ciudad con los ojos de Dios

 

VER LA CIUDAD CON LOS OJOS DE DIOS[1]

LAS CIUDADES EN LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES

 

Introducción

 

            En la audiencia a los participantes en la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio de los Laicos del 27/2/2015 el papa Francisco anima a los cristianos a “ver la ciudad con los ojos de Dios”[2]. Ya en la Evangelii Gaudium había dedicado un apartado a los desafíos de las culturas urbanas[3]. Habiendo él vivido en una gran megalópolis, parece normal esa preocupación[4].

            En EG 73 subraya cuatro puntos que, de entrada, merecen nuestro interés en esta reflexión que, sobre las ciudades en los Hechos de los Apóstoles, nos proponemos hacer.

1)      Se sorprende el papa de que la revelación diga que “la plenitud de la humanidad y de la historia se realice en una ciudad” (Ap 21,2-4). Siendo, como es, el hecho bíblico, en su conjunto, una realidad rural, por razones socioculturales, en su imaginario, las ciudades ocupan un lugar significativo primordial.

2)      Dice el papa, y causa un poco de sorpresa, que es preciso mirar la ciudad “con mirada contemplativa”. Y dice qué entiende por tal: “Descubrir al Dios que habita en los hogares, en sus calles, en sus plazas”. Un Dios ciudadano, urbanita, vecino del barrio.

3)      Por otra parte, la acción de Dios cobra rostro en la promoción de los valores humanos: “Dios vive entre los ciudadanos promoviendo la solidaridad, la fraternidad, el deseo del bien, de verdad, de justicia”. El rostro de Dios son los valores primordiales, humanos, básicos.

4)      Una certeza está siempre en el fondo: “Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con corazón sincero, aunque lo hagan a tientas, de manera imprecisa y difusa”. El ocultamiento de Dios no conlleva la imposibilidad del encuentro con él.

Nos parece útil este pórtico porque el esfuerzo reflexivo volcado sobre Hechos no lo planteamos como un mero trabajo de búsqueda bíblica, sino también como una instancia de iluminación. Suena en nuestra mente aquel acertado aserto de E. Lledó: “Nadie recorrería las sendas del pasado, si no subyaciese a ese recorrido el irrefrenable deseo de reconocer, en él, todas aquellas semejanzas que nos llevan a entender y a aprender de otras exigencias”[5].

Efectivamente, nuestra tarea reflexiva sobre las comunidades de Hechos quiere ayudar a entender cuál es el papel del cristianismo en esta sociedad urbana consolidada y que tiende hacia una megaurbanización[6]. No se puede negar que una parte de la ideología, de los métodos de evangelización y de catequesis, y algunas de las maneras de situarse en el concierto social son aún deudores de un paradigma rural, siendo así que hasta los ámbitos rurales están, de hecho, orientados hacia la mentalidad urbana. El esfuerzo que demanda el papa de mirar “contemplativamente”, ahondadamente, la realidad urbana se hace hoy imprescindible.

      Las páginas de Hechos contienen una buena parte de los ecos que han quedado de la aventura misional de las primeras comunidades, salvados todos los matices que haremos posteriormente. Aún hoy, son páginas vibrantes, capaces de dinamizar la opción cristiana porque contienen un pathos creyente indudable y, por lo mismo, una fuerte capacidad de evocación y de inspiración.

 

I. DOS NOTAS PREVIAS

 

  1. 1.      Origen urbano del cristianismo

 

            Es un hecho comúnmente admitido por la exégesis bíblica en general que el cristianismo primitivo se forjó en las ciudades[7]. Quizá haya que dar por bueno este presupuesto. Pero no hay que olvidar, para medir la novedad, o, simplemente, para plantear la pregunta, que el ministerio de Jesús, tal como dimana de los textos evangélicos, fue rural.

            La querencia del Jesús Evangélico por las aldeas (kômê) que “recorría” sistemáticamente “de aldea en aldea” para “enseñar” (Mt 4,23; 9,35; Mc 6,6; Lc 81), su deambular con los discípulos por las aldeas de la zona (Mc 8,27), la frecuentación de las gentes de las aldeas en las que se sitúan muchos pasajes importantes (Mc 6,35), la obra de misión de los discípulos “de aldea en aldea” (Lc 9,6), la connivencia con los habitantes de las aldeas (Lc 9,38; 19,30), están marcando una indudable opción de tipo rural.

            Añadimos la pertenencia de Jesús al mundo de la aldea. En el siglo I el noventa por ciento de la población palestina era rural. El honor y la supervivencia económica eran los valores principales, que Jesús conculcó por su vida itinerante, hasta el punto de que llegaron a creer que había perdido el juicio (Mc 3,21). En las zonas rurales “la pobreza crónica, políticamente inducida, de los campesinos, como resultado del exceso de impuestos y de la manipulación de las deudas, produjo un descontento que se deja traslucir frecuentemente en los evangelios”[8].

            Quizá pueda leerse la realidad de las aldeas en la persona de Jesús desde dos vertientes: Jesús, que era un tekton, un “carpintero” (Mt 13,55; Mc 6,3), un trabajador manual, un campesino sin tierras que se sitúa en lo más bajo de la pirámide social[9], tuvo que trabajar necesariamente en las grandes obras romanas de la época[10]. Pero él opta por una vida marginal, estigmatizada, como la de quienes viven por fuerza las penurias del campo[11]. Y, en segundo lugar, esto condicionó su mensaje no solamente en las formas, sino en su contenido.

            ¿Cómo se pasa de ahí a un movimiento de componente fundamentalmente urbana? Quizá el tema de las comunidades palestinas que hasta ahora había sido poco estudiado haya de ser considerado como un puente de transición entre ambas realidades. La diáspora después del martirio de Esteban fue dirigida a un sector, al judeohelenista, pero el sector de origen palestino permaneció en núcleos rurales, además de estar, lógicamente, en la comunidad de Jerusalén (8,1)[12].

            De cualquier manera hay que pensar que, aunque la aventura misional de la primera comunidad tal como la conocemos por los textos del NT gire en torno a ciudades, las comunidades rurales siempre estuvieron ahí. De tal manera que hablar exclusivamente de un movimiento paleocristiano exclusivamente urbano nos parece excesivo[13].

 

  1. 2.      La ciudad y las personas: una realidad relacionada

 

Cambiando de registro, y puesto que vamos a analizar la manera de buscar a Dios en la ciudad que han tenido las primeras comunidades cristianas según hechos, es necesario percibir la directa relación que existe, antes como ahora, entre la ciudad y las personas.

Lo primero que hay que decir es que “las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no son solo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos”[14]. De modo y manera que las ciudades son realidades vivas e interactuantes con los procesos personales. No son solamente realidades que están ahí, sino que, estando yo dentro de ellas, son algo de mí, a la vez que son más que yo. La ciudad no sería una realidad en sí, sino para la persona. “No puede ser jamás efectivamente en sí, porque sus articulaciones son las mismas que nuestra existencia y se pone al principio de una mirada o al término de una explosión sensorial que la inviste de humanidad”[15]. Partamos, pues, de que la realidad de la ciudad plurisignificativa, plurivalente e, incluso a veces, paradójica.

            Por eso queremos describir, a grandes rasgos, la interacción ciudad-persona sobre todo en lo que se refiere al sustrato antropológico, en el que se asentará después la posible pregunta sobre la lectura que una persona, una comunidad, puede hacer de la realidad de Dios en la ciudad.

1) La ciudad ofrece una cosmovisión previa, una perspectiva sobre la vida que varía notablemente de una ciudad a otra, sobre todo cuando pertenecen a ámbitos geográficos e históricos distanciados. Rechazar esa cosmovisión es arriesgarse a vivir como apátrida; dejarse llevar por ella sin ningún sentido crítico llevaría a una falsa inclusión. Los primeros cristianos, al ser minoría extrema, se han visto envueltos en esa cosmovisión. Las respuestas serán diversas[16].

2) La ciudad propone y a veces impone un paradigma ideológico, moral e, incluso, religioso. Ese paradigma tiene un evidente componente liberador, sobre todo para quien viene de marcos más rígidos, como los rurales. Pero a la vez puede contener un elemento de disolución al no reparar en la situación de fragilidad que se halla quien entra en la ciudad desde otros ámbitos. De cualquier modo, el gran paradigma cultural del siglo I, el helenismo, parece que ha sido escenario donde el cristianismo naciente se ha integrado bien, aunque eso le haya causado problemas tanto con el judaísmo tradicional[17] como con el paganismo[18].

3) A pesar de los condicionamientos sociales y políticos, la ciudad es ámbito más propicio para la libertad en relación con el mundo rural donde los códigos domésticos son socialmente más controlados y más controladores. Como todo lo que nace, el cristianismo primitivo necesitaba un aire de libertad respecto al ambiente enrarecido por la religión en el mundo palestino controlado por las clases dominantes ideológicamente (fariseos) o socioeconómicamente (saduceos). Quizá ese aire respirable lo encontró en las ciudades, aunque los códigos domésticos marcaran el comportamiento social, podrían ser más benignos que en el campo[19].

4) La ciudad propicia la mezcla social, muy alta en el siglo I porque queda demostrado que fue una época de alto componente migratorio[20]. Esta convivencia posibilita, por ósmosis, un trasvase de visiones del mundo. Tiene el peligro de diluir lo específico de un pensamiento concreto o, por el contrario, de empujar a la guetización de los grupos minoritarios[21].

5) Compartir la vida ciudadana abre a horizontes de relación que son mucho más estrechos en los ámbitos rurales. Eso propicia el trasvase de ideas y vivencias, aunque tenga el peligro de caer en “contagios” que pongan en peligro el marco en el que uno decía querer vivir. Esto ha sido particularmente importante para el movimiento cristiano con el tema de uno de sus mayores “enemigos” ideológicos y prácticos: el gnosticismo, corriente ideológica que ha afectado al plano religioso en el asunto del concepto y vivencia de la realidad de Dios. Los primeros autores del NT han sido firmes adversarios de este tipo de doctrinas[22].

6) En la ciudad se entablen muchas relaciones anónimas. Es cierto que en el siglo I las ciudades eran muy pequeñas en comparación con las nuestras. Pero aún así, las relaciones eran más anónimas que en el mundo rural. Eso posibilitaba el que un mensaje, como el cristiano, tuviera más “mercado” pero, a la vez, el componente comunitario sufría al no saber realmente quién era quién en la comunidad[23].

7) La soledad ha acompañado siempre la vida de las ciudades, sobre todo de las grandes megalópolis modernas. Una de las formas de escapar de ella es entrar, del modo que sea, en el movimiento comunitario y, desde ahí, abrirse a la realidad conjurando ese fantasma. La interconexión comunitaria es otra forma de no sucumbir al aislamiento. Los primeros cristianos han cultivado con esmero esta segunda vía[24].

8) El ámbito ciudadano es más favorable a la propagación de ideas, por simple contagio social. Pero eso lleva a una menor personalización de los mensajes, funcionando más por mimetismo y poniendo el acento no en las opciones personales, sino en los movimientos externos del grupo. Algo de eso ha querido frenar Pablo cuando ha hablado en numerosos textos sobre “la adultez cristiana”, el logro de un creyente cabal (Col 3, 12-17; Filp 4, 8; 1 Cor 9, 24 ss ).

9) La ciudad tiene más componente democrático que los ámbitos rurales, que tienden a ser más patriarcales. Pero las minorías tienden a ser tan estigmatizadas o más en la ciudad que en el campo, aunque a priori, éstas pasen más desapercibidas en la ciudad. El cristianismo primitivo era una exigua minoría. Quizá por su cercanía al judaísmo sufrió la estigmatización propia de este[25].

10) La ciudad es frecuentemente camino sin retorno hacia otros destinos. Es decir, quien hace el viaje del campo a la ciudad raramente vuelve a él, de no ser en época distinta. La ruralidad posterior del judaísmo es evidente en el decurso de la historia. Pero el modo urbano del principio fue un quemar las naves lanzándose a un tipo de comunidad cristiana específica: la que vive en la ciudad y la que va a vivir “siempre” en ella[26].

 

II. LAS CIUDADES EN LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES

 

            No queremos hacer principalmente una catalogación y descripción de las diversas ciudades que aparecen en los Hechos, de su orden e importancia, de la peculiaridad de sus comunidades. Aunque daremos unos datos mínimos, nuestra intención es intentar percibir cómo las comunidades cristianas primitivas circunscritas a tal o cual ámbito urbano ven  la ciudad con los ojos de Dios, qué posibilidades ven para vivir una relación de humanidad, cómo el mensaje puede contribuir a la ciudadanía, de qué manera los pequeños grupos de cristianos pueden construir la amistad cívica con las ciudades de acogida. Creemos que desde esos valores básicos es desde donde Dios mira a las personas y a los pueblos, a la historia. Es preguntarse por cómo es el comprender de Dios a lo nuestro, hoy velado y prometido en plenitud para los tiempos plenos del reino[27].

 

1. La iglesia judía de Jerusalén

 

            Tenía que ser así. Cualquier cosa de tipo “mesiánico” que se planteara con anhelo de verdad habría de estar relacionada, anclada, con Jerusalén. Quien no sea judío, difícilmente entenderá esto. Pero la cosa viene del mismo Jesús. La atracción de la ciudad en él, desde el punto de vista mesiánico, no tanto a nivel de propuesta de mensaje, es manifiesta[28]. Cuando uno se pregunta por qué subió, no hay respuesta en una cabeza que no sea judía.

            No ha de extrañar, pues, que la comunidad de Jerusalén se considerara, desde el principio, como el lugar del recuerdo de Jesús, por mucho que él animara al discipulado a dejar la ciudad y recomenzar en Galilea (Mt 20,18). La misma parentela de Jesús, sus “hermanos”, de origen galileo, no vacilaron, al parecer en “establecerse” en la ciudad (1,12-14).

            Muchos años más tarde, y según Hechos, Pablo dará un ejemplo clarividente de esa atracción que Jerusalén ejerce sobre ellos. Pablo no solo cumplió el encargo de hacer una colecta (Gál 2,10), la organizó (2 Cor 8) y, según Hechos, se empeñó, en contra de las directrices del Espíritu que le empujaba en la dirección opuesta, en llevarla personalmente a la ciudad de David (20,23; 21,4.11). Y esto aun a sabiendas de que podría ser mal acogido, como así fue, dejado en enorme desamparo (21,15-36).

            Por eso, cae de su peso que la primera ciudad en relación con el naciente movimiento cristiano fuera Jerusalén. En ella, el poder estaba en manos de “Santiago y los de su grupo”. Él es quien preside la comunidad (15,13), quien fiscaliza por medio de sus emisarios Gál 3,12), quien juzga la calidad cristiana de Pablo (21,18). Es cierto que Hechos es una obra tardía, en torno al año 90, pero si los trazos de la figura de Santiago son tan gruesos, es que algo de eso había quedado en el imaginario de las primeras comunidades.

            ¿Cómo se constituye esa protocomunidad según los textos de Hechos? Es preciso hacer la misma reflexión: aunque la obra de Lucas tiene pretensiones de historia, al modo de la época, lo que se escribe en el año 90 es lo que queda en el imaginario del autor y su entorno. Y todo ello sin poder escapar de intenciones de fondo que pueden ser plurales. Una de ellas, la apologética: una defensa  de los cristianos de la acusación de hostilidad al Estado romano[29].

Otra podría ser la teológica: si la obra de Lucas pretende dibujar el largo camino y sus avatares por el atraviesa la semilla del reino desde los caminos de Galilea en su propuesta inicial por Jesús hasta la meta de Roma de la mano de Pablo, la comunidad de Jerusalén no solamente es el paso intermedio sino que, de algún modo, es la bisagra que hace de puente entre la realidad de Jesús y las comunidades entre paganos. Su función, pues, resulta de mucha importancia.

Veamos, de un modo genérico, el planteamiento de los Hechos respecto a los orígenes de la comunidad cristiana de Jerusalén:

* Para Hechos la comunidad de Jerusalén no queda propuesta como ejemplo de comunidad cristiana (será en Antioquia donde se llamen “cristianos”: 11,26). Esta comunidad, administrada por Santiago y los de su grupo (4,35.37; 5,2), había logrado el reconocimiento oficial del Consejo judío por los buenos oficios de Gamaliel (5,33-42 y sufrirá una escisión con el grupo de procedencia helenista por asuntos “económicos” (6,1-6). No es, pues, una comunidad inicialmente ejemplar.

* Es una comunidad que tiende a erigirse en continuadora de la verdadera tradición de Israel, considerándose un nuevo Israel (1,15-26), aunque ese tema no le interesara nada a Jesús (1,6). Esto les lleva a ser una comunidad que, como una obviedad, se considera depositaria del legado de Jesús y, por ello, fiscaliza a quien anda por caminos sospechosos (2,12), corrige en público a quien no encaja en sus parámetros, aunque sea el mismo Pedro (15,13-21), e ignora a quien se ha alejado demasiado de sus planteamientos 21,20-25). Vivir la fe nueva en un ambiente así era poco menos que una imposibilidad. Un ambiente doblemente coactivo: por parte del judaísmo y por parte de una comunidad revisionista que quiere controlarlo todo.

* La cooptación de Matías puede ser entendida como una censura por parte del autor de Hechos que señale a la ambición del grupo de familiares, entre los que está Santiago, y sus ambiciones mantenidas (1,15-12-25). La investidura del Espíritu está hablando de la fuerza que habría de dirigir la comunidad y de la universalidad de este don, caballo de batalla de muy difícil asunción por la comunidad de Jerusalén 2,1-13). El primer discurso de Pedro y de los Once es ambivalente: habla de universalismo, pero al restringirse a los judíos[30], la cosa cambia: por un lado, sigue en parámetros judíos (pregunta sobre la conversión y respuesta como las de Juan el Bautista), pero por otro lado habla de “distanciarse” de la generación incrédula como la del desierto (2,14-40). Inicios turbios, como no podía ser, quizá de otra manera.

* El primer esbozo de comunidad que aparece en esta Iglesia es algo ecléctico: comunidad de bienes al estilo de las comunidades de Qumrán, elementos judíos como el de erigirse en nuevo Israel, nuevos elementos como la fracción del pan o la enseñanza de los apóstoles (2,41-47). El que sean “bien vistos del pueblo” indica que se les entiende bien en el marco del judaísmo. El que se “les agreguen” judíos a su plan indica lo mismo[31].

* La manifestación de la comunidad ante Israel sigue los siguientes pasos: la curación de un lisiado: la comunidad sigue haciendo lo que hacía Jesús (3,1-10); un discurso de Pedro “sin espíritu” en el que la presentación de Jesús es poco viva (solo se habla de su resurrección) y trata de excusar a los judíos con atenuantes para ganarse su benevolencia marcándose un evidente distanciamiento con el Consejo y lo que representa 3,11-4,9); el segundo sumario sobre la organización económica de la comunidad, punto clave (4,32-5,11) y el tercero describe la actividad hacia fuera, diferencia de la comunidad judía, pero en los parámetros jerosolimitanos (“en el pórtico de Salomón”: 5,12-16); el reconocimiento oficial de la comunidad, pero dentro de las variantes del judaísmo, por parte del Consejo en la persona de Gamaliel cierra el ciclo (5,17-42). Todo un itinerario que no logra marcar la novedad de la comunidad al seguir, mal que bien, en la órbita del judaísmo. Esta no ruptura será la que se querrá imponer, a veces de forma coactiva, a quienes, desde el paganismo, van a llegar a la fe de Jesús  (15,19-21).

            ¿Con qué ojos ven estas comunidades jerosolimitanas la realidad de Dios en su ciudad? Subrayamos tres notas:

            a) Una ciudad donde sigue vivo el anhelo de Dios. Es cierto que es un Dios amalgamado a un sistema religioso de componentes variados y dudosos. Pero no se puede negar el componente espiritual de la comunidad, como tampoco se puede negar el componente espiritual de la espiritualidad judía. Este anhelo de Dios podría ser un dinamizador de una fe nueva si hubiera escapado del nacionalismo judío, del concepto de elección, de la idea de superioridad que acompaña a esta clase de anhelos.

            b) Una ciudad con posibilidades de crecimiento humano desde el lado de la solidaridad más que desde el de la religión, como se ve en el sumario central (5,12-16). Esa sería una veta explotable, aunque el decurso de la narración mostrará que será también un escollo puesto que se entiende la solidaridad solamente con el colectivo judío, no con el resto (6,1). La solidaridad como salida a muchas aporías que plantea el sistema religioso.

            c) Una ciudad de hábitat esclerotizado que necesitaría una verdadera terapia. El hábitat está esclerotizado porque las costumbres están sacralizadas, las jerarquías incuestionadas, se tiene la conciencia de una superioridad moral desigualadora y con una conciencia indiscutible de verdad utilizando el control como arma de sometimiento. Agilizar el hábitat, flexibilizarlo, abrirlo, no temer la mezcla, etc., serían maneras de ver al Dios, Padre de todos, en la ciudad, casa de todos.

            Los pocos logros en estos ámbitos son lo que quizá ha motivado el desplazamiento de lo cristiano hacia zonas del Mediterráneo con menos presión sistémica en las que la indudable novedad del mensaje de Jesús pudiera prender de manera más fácil, más gozosa y más profunda[32].

 

2. La Iglesia cristiana de Antioquía de Siria

 

            La ciudad siria de Antioquía[33] era una ciudad con gran trasfondo histórico y capital de la provincia de Siria en tiempos del imperio romano, desde el año 64 a.C. Aunque las valoraciones oscilan, en el siglo I tendría unos 150.000 habitantes y sería la tercera ciudad del imperio, tras Roma y Alejandría. La población era multicultural e incluía una colonia judía estable que disfrutaba, al parecer, de plenos derechos civiles. La economía era boyante debido a la agricultura y al comercio[34]. Era también conocida por la liberalidad de sus ciudadanos, su “frivolidad” y su tendencia al sarcasmo y a las bromas. Son datos muy genéricos que han quedado en el imaginario que refleja la documentación y el sentimiento popular. Será preciso tenerlos en cuenta.

            Antioquia reunía una serie de notas que venían como anillo al dedo al movimiento de Jesús en sus momentos iniciales: una cierta cercanía geográfica con Israel, una tradición judía instalada en la ciudad, un ambiente ciudadano de menos presión social religiosa que Jerusalén, un horizonte más multicultural donde una minoría podía salir a flote sin ser ni estigmatizada ni absorbida, una ciudad abierta al occidente, es decir, al Mediterráneo contrariamente a Jerusalén de espaldas al mundo de los paganos.

            Por eso, del mismo modo que para la ubicación de no pocos textos del NT se maneja la teoría de la “hipótesis siria”, con más razón se podría pensar en la iglesia de Antioquia como el verdadero origen sociológico del movimiento cristiano de una cierta consolidación, aun contando con los antecedentes jerosolimitanos[35].

            Veamos cómo narran los hechos la constitución de la comunidad de Antioquia y los relatos construidos en torno a ella sabiendo, como sabemos, que eso es lo que ha quedado en el imaginario de la comunidad primitiva y que Hechos moldea al aire de sus propias ideas.

            * Nótese que la constitución de la comunidad helenista brota de un conflicto económico (la sedicente mala atención a las viudas de “lengua griega”: 6,1) y da como resultado una separación aparentemente amistosa y la elección de los siete “hombres de buena fama” (6,1-6), el colofón sobre la expansión de este grupo inicial (6,7); el testimonio cabal de Esteban junto con su martirio con una denuncia explícita de las instituciones judías lo que desata una violenta persecución (7,1-8,1a). A partir de ahí se da la gestación de la nueva iglesia una vez que se ha consumado una cierta escisión. Hay que preguntarse sobre el componente de polémica con el que ha nacido la comunidad cristiana, tanto en el caso del mismo Jesús, como en el de la primera hornada de creyentes. Quizá sea algo implícito al hecho de creer[36].

            * La gestación de la  nueva iglesia a raíz de la persecución y dispersión de la comunidad helenista le sirve a Lucas para presentar en un amplio paréntesis en forma de tríptico la “conversión” de tres personajes: Felipe, como portavoz de los helenistas que fundará en Cesarea una comunidad por primera vez de componente mayoritariamente pagano (8,4-40), Saulo en representación del fariseísmo (9,1-30) y Pedro como portavoz del grupo de habla aramea que entrará en casas de paganos desistiendo de poner trabas para la pertenencia comunitaria (9,31-11,18). Antioquía se constituye así en la ciudad de confluencia de los dispersos aun con supervisión de la comunidad de Jerusalén que envía a Bernabé (11,23). Por el camino, los dispersos habían hecho “misión” en Fenicia y Chipre, pero siempre a judíos. En Antioquía se atreven a proponer el Mensaje a paganos por primera vez y “un gran número creyó, convirtiéndose al Señor” (11,21). Nace la identidad nueva: “fue en Antioquía donde por primera vez fueron llamados cristianos” (11,26)[37].

            * Es algo remarcable que esta comunidad, ya desde estos balbuceos, tenga en sus genes el punto de la misión. De hecho un amplio texto  explica con cierta minuciosidad  la manera cómo se manifiesta esta iglesia cristiana (11,27-12,25). Comienza, sorprendentemente, por la decisión de compartir sus bienes con los judeocristianos pobres de Jerusalén, lo que indica un grado notable de “comunión” (11,27-30). Consigna la persecución de Herodes Agripa I a los judeocreyentes de Jerusalén donde caen Santiago y el mismo Pedro y su trágico fin (12,1-4.18-23) y el éxodo que este segundo  hace fuera de la institución judía como camino a seguir (12,5-17). Marcos, “el garante”, reconoce a la comunidad (12,12.25)[38].

            ¿Cómo puede mirar el Dios de estas comunidades, siempre a través de los ojos de las personas, la realidad de la ciudad que las ha acogido en su diáspora? Subrayemos tres aspectos:

            a) Antioquía puede ser vista, más allá de sus indudables limitaciones históricas propias del momento, como una ciudad de libertad, de multiculturalidad, de inclusión, de acogida en fin. Que los dispersos, los exiliados, puedan encontrar un lugar de descanso, una meta, es una realidad de hondo calado antropológico. Que la encuentren en ámbitos sociales distintos del religioso (Jerusalén) que no fue capaz de brindarles este apoyo, resulta paradójico. Esta acogida abre a posibilidades de oferta de Mensaje que luego, en la misión, se verán. De tal manera que se puede decir, con cierta propiedad, que el movimiento cristiano nace, como tal movimiento, en la ciudad “subrogada”, en Antioquía[39].

            b) Esta ciudad puede ser vista como un lugar de “laicidad saludable”. Y no tanto porque fuera una ciudad sin religiones, ya que confluían en ella, junto con las diferentes etnias, una serie de religiones de variada procedencia. Y es que la laicidad no tiene que ver con la irreligión, sino con el respeto. Este ambiente puede dar un espacio a cualquier minoría para que sienta menos el peso de su insignificancia social. Más allá de la problemática intrajudía (compartir sinagoga) e intracristiana (compartir mesa) que obligaron a ambas comunidades a flexibilizar posturas, lo cierto es que, mal que bien, convivieron con cierta fluidez[40].

            c) Una cosa que sorprende es que, más allá del indudable desgarrón que supuso la escisión y el exilio de la comunidad cristiana judeohelenista, se siguió en conexión solidaria, como lo muestra la colecta hecha a favor de los pobres que Bernabé y Saulo llevaron en persona (11,30)[41]. Es paradójico que la comunidad de Jerusalén que tenía comunidad de bienes pasara hambre. Y también resulta sorprendente que los de Antioquía se plantearan la colecta sin ningún resquemor. Antioquía es una ciudad de solidaridad; Jerusalén, no. Se están barajando primacías.

 

3. Las comunidades de la misión antioquena

 

            El dinamismo engendrado en la comunidad de Antioquía desencadenó toda una aventura: la misión cristiana primitiva. Poniendo el marcha el mecanismo del “ir a”, y en cuatro grandes fases, los misioneros, liderados básicamente por Pablo, desarrollaron una actividad misionera de grandes proporciones. Esta actividad, en los textos, es de corte básicamente urbano. De ahí que se pueda seguir la epopeya de la misión siguiendo el rosario de ciudades en las que se desarrolla.

 

            a) Las comunidades de la primera fase: Pafos, Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra

 

                        Es una etapa de una cierta confusión, como todo lo que nace. Ésta confusión vendrá, fundamentalmente, de los problemas persistentes en la relación con el judaísmo, más que con el paganismo. Pablo será el ejemplo de quien tiene mayor dificultad en adaptarse, mientras que Bernabé y el “garante” Juan Marcos tenderán a una mayor relativización del asunto judío[42]. El conflicto desembocará en la asamblea de Jerusalén (15,1-35).

            La creación de estas comunidades iniciales es algo que viene del Espíritu (13,2), por mucho que Saulo quiera mediatizarlo por su querencia hacia sus connacionales judíos, quienes, por cierto, entorpecerán desde el principio la misión (13,4-14,28). Inicialmente es una misión programática que nace herida por la querencia de obviar la novedad del mensaje[43]. La comunidad de Chipre nace con el mismo conflicto de Pablo escenificado en la oposición entre el nacionalista judío Barjesús y el “hombre sensato”, el procónsul Sergio Pablo (13,6-12). Son comunidades que nacen con un dilema: o se vuelve al nacionalismo judío o nos abrimos a los paganos. Al final, mal que bien, el procónsul se convierte a la fe (13,12) creándose una comunidad de origen pagano en Pafos.

            Algo parecido ocurre en la ciudad de Antioquía de Pisidia. El grupo misionero, del que se ha separado Juan Marcos, reincide en sus preferencias por los judíos. La tesis es clara: las promesas hechas a los padres se han cumplido en Jesús (13,33). Más aún, según Pablo, Jesús es en quien se verifican las grandes predicciones de inmortalidad (13,24-37). Aunque la reacción no es negativa, cuando en segunda convocatoria el público es mayoritariamente pagano, surge de nuevo el conflicto. Cuando, entre la espada y la pared, Pablo se ve forzado a optar, lo hace por los paganos, aunque mantiene la primacía de la oferta a los judíos (13,46): Como Jesús en la sinagoga de Nazaret (Lc 4,16ss) también Bernabé y Pablo son expulsados de la ciudad. Pero queda allí, aunque surgida del conflicto, una comunidad de origen pagano.

            En Iconio se constituye una comunidad mixta. Pero la división se instala en ella: unos por el bando judío, otros por el de los “apóstoles” (14,4). Son comienzos duros ya que nacer de la división siempre será problemático. La fuga precipitada de la ciudad indica en dolor que se llevan consigo. Da la impresión de que la misión entre los paganos avanza no solamente a pesar de los judíos, sino gracias a su oposición. En Listra la cosa es más dramática todavía porque incluye, tras la liberación de un lisiado (imagen del judaísmo atrapado en su férrea legalidad), la lapidación y casi muerte de Pablo. Pero Pablo y lo que representa, el Mensaje, reviven en la comunidad de origen pagano (14,20a).

            El regreso a Jerusalén desandando las comunidades que han ido creando queda resumido en dos pinceladas: 1) “Tenemos que pasar mucho para entrar en el reino de los cielos” (14,22), es decir, el conflicto y la división hacen parte del plan, las comunidades no surgen entre aplausos. 2) “Llegados a Antioquía se pusieron a contarles lo que Dios había hecho con ellos y cómo había abierto a los paganos la puerta de la fe” (14,27); el tema queda claro: las comunidades nacen de la ciudad pagana. 

            ¿Qué tipo de mirada es la de Dios a estas ciudades a través de estos inicios de la fe cristiana en comunidad?

a) Son ciudades que permiten elaborar un conflicto ya que toda obra humana, y la creación de comunidades lo es, incluye una parte innegable de conflictos. Quizá, dado que el hecho religioso tiende a ser muy conflictivo, hay una dosis especial de conflictividad. Pero no es solamente cuestión religiosa, es también asunto de cosmovisión, de idea de la vida[44]. La ciudad que permite la elaboración de conflictos es más propicia para el asociacionismo y, por ello, para todos los movimientos comunitarios, incluido el religioso.

b) Ciudades de divisiones superadas, ya que con frecuencia, lo que está hecho para unir (la religión) contribuye al disenso ciudadano[45]. La superación se hace eligiendo, mal que bien, un bando (el pagano), pero dejando siempre la puerta abierta al otro bando (el judío) para retomar las, a veces, imposibles negociaciones. La ciudad que se sobrepone a la división contribuye al asociacionismo, a la revalorización de la comunidad.

c) Ciudades de amor fraterno a contracorriente, ya que se percibe que, por muchas que sean las trabas, el amor arraiga en los grupos cristianos. Un amor que, en principio, no es militante contra quienes no pertenecen al grupo, sino que tiende a ser instancia de amparo para los creyentes en los duros momentos del inicio. Las ciudades propician esa relación de amor y no interfieren los poderes fácticos en su contra[46].

 

b) El dilema superado: la asamblea de Jerusalén

 

            Es una especie de excursus lógico: el dilema judaísmo-cristianismo superado. Triunfa el cristianismo aunque lo haga con heridas. El tema (15,1-41) tiene una estructura concéntrica: conflicto en Antioquía (1-2), intermedio (3-5), asamblea (6-29), intermedio (30-35), nuevo conflicto en Antioquía. Jerusalén no puede separarse de su ser conflictivo. Eso le arrumbará definitivamente apartándola del horizonte de la misión y del naciente cristianismo.

            La ofensiva de los judeocreyentes de Antioquía plantea un dilema claro que recoge el texto occidental: no es posible la salvación “si no os circuncidáis y no observáis la tradición de Moisés”. Pablo y Bernabé les hacen frente. La misma recensión dice que les obligaron a consultar con Jerusalén[47] (15,1-2). El intermedio es ambivalente: cuentan a las comunidades de paganos su conversión y a los jefes de Jerusalén “lo que Dios ha hecho con ellos”. Aunque la decisión de Pablo es firme, oscila según conveniencias (15,3-5).

            La asamblea la dirimen los apóstoles. La comunidad, presente pero silenciosa. La portavocía de Pedro deja a Pablo en la sombra para no complicar las cosas. Su tesis es que Dios “lee los corazones” (15,8) y que, por lo mismo, no hay que imponer cargas adicionales a los paganos convertidos. Parece que la asamblea asiente (15,12). Pero Santiago da una réplica orientada en otra dirección tergiversando las palabras de Pedro: distingue a los paganos de los creyentes de Israel subordinándolos a ellos, niega toda novedad a lo expuesto por Pedro porque la restauración de la monarquía davídica es condición indispensable para la salvación de la humanidad que es “la obra” desde antiguo. Con estas premisas Santiago sentencia salomónicamente: que no se circunciden los paganos, pero que cumplan las prescripciones que los pensadores liberales judíos aplicaban a los paganos adictos que no se hacían plenamente judíos. Es decir, la comunidad ha de reflejar la clasificación religiosa y social que dimana del estatus religioso. El compromiso acordado deja a Jerusalén fuera del horizonte de la nueva misión. (15,6-29).

            Da la impresión, por el intermedio de 15,30-35 que “la alegría” es por el primer paso de acogida, pero las comunidades siguen el itinerario marcado anteriormente. La ciudad, Jerusalén, ha dejado de ser, si es que alguna vez lo fue, cuna de la experiencia cristiana. Esta se desplazada definitivamente a Antioquía[48]. La asamblea sirve para clarificar posturas: Bernabé no acepta lo propuesto y toma de nuevo al “garante”, Pablo acepta con más facilidad y hace campaña de la determinación de la asamblea (15,36-40). Su ritmo es otro.

            ¿Qué mirada de parte de Dios, de los postulados de la fe, se puede echar a la ciudad que se enroca en sus decisiones de componente judío?

 a) Hay que considerar el tiempo de Dios, incluso para las ciudades. Éstas entran en el plan de salvación y juegan papeles distintos en momentos distintos. Jerusalén ha tenido un rol importante en la primera alianza. En esta segunda, su papel pasa a un segundo lugar porque ha de solucionar el tema del universalismo de la experiencia creyente. Mientras este punto lo tenga en suspenso, no es su tiempo. ¿Es posible recuperar el tiempo de Dios? Sí, Jerusalén podría volver a ser herramienta de fe si relativiza sus teorías sobre una elección incluyente. Algo de esto intuyó Pablo en Rom 9-11.

b) La postura de Pablo, más concordista, quizá tenga respecto a Jerusalén una mirada de un cierto valor: las ciudades evolucionan. Es preciso dejar las puertas abiertas. En realidad, Jerusalén, quizá a su pesar, sigue siendo una instancia de experiencia creyente, incluso para el cristianismo. La multitud de peregrinos que, cada año, dirigen sus pasos a la ciudad santa está indicando que, de algún modo, sigue teniendo una finalidad creyente. Enfocar todo ello desde un lado meramente turístico y económico, sería algo excesivamente estrecho[49]. 

c) Es saludable pensar que el liderazgo creyente de una ciudad no viene por los títulos religiosos que la historia le ha atruibuido, sino por la obra de fe real que se hace. Esto aparece en los mismos evangelios respecto a Jerusalén: Lc 19,41-42. El gran soporte de la ideología de Santiago y los de su grupo es el mesianismo davídico y, por ello, la primacía de la ciudad de Jerusalén. Pero estos avales no le son suficientes a la experiencia cristiana. Por eso mismo, la dicha experiencia se desplaza a Antioquía, una ciudad sin “avales” religiosos oficiales.

 

c) Segunda fase de la misión: Macedonia y Grecia: Filipos, Tesalónica y Berea Atenas, Corinto

 

            La misión da un salto a las ciudades griegas (16,1-18,23). Aquí, sí, definitivamente se ensancha el horizonte. Cada una de las ciudades va marcando una etapa: Filipos (16,11-15), Tesalónica y Berea (17,1-15), Atenas (17,16-34) y Corinto (18,18-23). Aunque más contemporizadora, es la misión de Pablo la que ocupa todo el escenario. Las ciudades se leen desde sus ojos.

            La opción por las ciudades de Grecia es “espiritual”, proviene del Espíritu que le empuja en esa dirección (16,7), y es comunitaria (16,10)[50]. Pero es, a la vez, una salida al callejón en el que se ha metido Pablo al contemporizar con las orientaciones de Santiago más allá incluso de lo que estas demandaban. El paganismo (“un macedonio”: 16,9) lo saca de aquí y reorienta la misión.

            Filipos es una localidad, en lo que respecta a los creyentes judíos, de gran pobreza, sin sinagoga incluso (16,13)[51]. Hay algo que cautiva a los misioneros y al mismo Pablo[52]. Prende el mensaje con fuerza; Lidia es la representante de alguien, el paganismo, que “reta a la fe”: “Si estáis convencidos de que soy fiel al Señor, venid a hospedaros en mi casa” (16,15a). Los misioneros, aún parapetados en sus viejas posiciones, dicen que “nos obligó a aceptar” (16,15b). Pablo y sus compañeros son salvados en Filipos de una misión que iba mal enfocada. Este nuevo enfoque no es algo lírico: tiene repercusiones sociales (liberación de la esclava endemoniada: 16,16-24) que dan con Pablo en la cárcel y es liberado para que termine de ver que su misión está entre los paganos (16,25-40). Filipos es ciudad de reorientación, de profecía y de riesgo para el creyente.

            En Tesalónica Pablo vuelve a las andadas: “discutir” con los judíos (17,1-9)[53]. Aun con este error de método, un grupo notable de paganos adictos al judaísmo provoca un éxodo que lleva a la acusación de sedición política de la que se libra con una fianza (17,9). Ciudad de confrontación que no lleva a la posibilidad de hacer una oferta de mensaje. Pablo deberá hacer un éxodo personal de esta ideología y de esta clase de métodos.

            Parece que en Atenas Pablo cambia de rumbo. En realidad a las dos reacciones  anteriores (Listra: 14,11-18; Filipos: 16,19-21) sigue esta tercera en Atenas que tiene que ver con la ideología: lo cristiano no se presenta como horizonte, sino como amenaza y como escatología que no toca la realidad del auditorio. El fracaso es total; no se ha hablado del verdadero Jesús del Evangelio[54]. Atenas se convierte así en la ciudad que desmonta una ideología que no sirve, a pesar de que el Espíritu suscita y deja constancia de una pequeña comunidad pagana (18,34).

            En Corinto Pablo afianza su doble táctica evangelizadora: la recensión occidental lo dice muy bien: “Acudía a la sinagoga todos los sábados para discutir, a la par que establecía que Jesús es el Señor, tratando de convencer no solo a los judíos, sino también a los griegos”[55]. A pesar de su distanciamiento con Silas y Timoteo, de tendencias judaizantes, y de su explícito propósito de dirigirse a los paganos, Pablo no va muy lejos de su propósito en Corinto. Ejerce una predicación ambigua. Fruto de esta la conversión del jefe de la sinagoga (18,7).  El vendaval de la persecución deja a Pablo y a la comunidad indemnes. Pablo sigue en las turbulentas aguas de una ideología que no termina de aclarar[56].

            ¿Cómo mirar este grupo de ciudades griegas con la mirada espiritual de quien cree que Dios va marcando los itinerarios de la misión? ¿Qué espiritualidad subyace a estas ciudades?

a) La ciudad de Filipos sugiere un ámbito de reorientación, de profecía, de riesgo asumido, de liberación en definitiva. Es la oportunidad primera que Dios pone en la mano de Pablo y sus compañeros para que modifiquen su deriva. Es cierto que serán precisas otras intervenciones del Espíritu. Pero Filipos es la ciudad donde, en pobreza y afecto, se dice que una orientación marcada todavía por el concepto étnico-religioso de elección no tiene futuro. Fue un fogonazo inicial; pero no fue en vano. La profunda relación de Pablo con Filipos así lo demuestra.

b) Tesalónica deja ver el sinsentido de la confrontación inútil, algo que no hace avanzar la propuesta del reino y que, por lo mismo, resulta estéril. Por medio de los acontecimientos Dios dice su mensaje de buena relación, de entendimiento, de conexión. Los desmarques antitéticos por razones ideológicas no llevan, generalmente, a buen puerto.

c) Hay ciudades, como Berea, para construir éxodos (sociales y creyentes). Tender hacia horizontes nuevos demanda, con frecuencia, la dura experiencia de “salir” de marcos y paradigmas que se han creído inamovibles. La ciudad puede ayudar a construir esos éxodos porque las circunstancias van empujando en la dirección de lo nuevo[57].

d) En Atenas se percibe la realidad de una ciudad que desmonta ideologías que no sirven para trasmitir humanidad o fe. Es la acción de Dios en el hecho social que rechaza ideologías sin arraigo antropológico, sin verdad humana, y que parte de intereses preconcebidos. Pablo interpreta esto como un fracaso pero, en realidad, se le está indicando el camino de una profunda novedad: no es suficiente para hacer misión el abandono de la patria, es preciso abandonar, o relativizar al menos, las propias estructuras ideológicas para acercarse a la realidad del otro y llegar a descubrir ahí las “semillas del verbo” con las que uno puede concretar[58].

e) La larga estancia de Pablo en Corinto parece indicar que es una ciudad donde él pretende establecer en su ánimo el status quo de siempre. Pero en, realidad, Dios le está llevando, a veces duramente, por derroteros de novedad[59]. Las ciudades, al igual que el interior de los humanos, oscilan en un vaivén de avance y retroceso. En la pagana Corinto Pablo quiere recomponer sus velas rotas, pero las circunstancias de las comunidades, de la ciudad, le empujan hacia delante. Itinerario humano e itinerario ciudadano entremezclados.

 

d) Tercera fase de la misión: Éfeso,

 

Es la misión en la zona de Asia partiendo de la ciudad de Éfeso como referencia y motor (18,24-19,20). Al abrirse con el personaje de Apolo, del que no se dice que sea bautizado, se está queriendo indicar que se puede hablar de Jesús y su mesianismo sin necesidad de hacerse cristiano. Esto marca tendencia.

Pero Pablo quiere lograr una conversión masiva, de judíos y paganos, basándose en la apologética: “discutiendo a diario” (19,9)[60]. El fracaso en la liberación de demonios está indicando la impotencia y los peligros de la apologética (19,11-19). “El hombre solo puede ser liberado de los múltiples falsos valores de la sociedad pagana cuando la predicación, como en el caso de Jesús, va al fondo del problema. Esto, de momento, no ha ocurrido en Éfeso”[61]. A pesar de todo, como lo indica el colofón, en maneras tan tortuosas, el mensaje avanza (19,20).

¿Qué mirada tiene Dios, las mediaciones históricas, sobre este tipo de planteamiento en ciudades como esa?

a) La lentitud necesaria de los procesos, las tinieblas de los itinerarios humanos que albergan las ciudades, las épocas del “no saber” que acompañan a los caminos humanos y que se “contagian” a las ciudades, a los ámbitos políticos, en sentido amplio. Las ciudades tienen horizontes. Y, a veces, esos horizontes se nublan y no logran abrir retazos de cielo azul. Es una metáfora del tortuoso caminar humano de quienes las habitan.

b) Hay ciudades que ayudan más a ir al fondo del problema humano, al sentido, que otras. No depende de los muros de sus edificios, sino del interior de la ciudadanía. Hay personas, políticos incluso, que ayudan más a esto. Otros, entorpecen la visión de lo humano. Por eso, en el caso de Éfeso, la misión de Asia no parece haber sido particularmente brillante.

 

e) Dilación de la misión: Subida de Pablo a Jerusalén: Éfeso, Tróade, Mileto, Tiro, Cesarea, Jerusalén

 

            Vuelve de nuevo la ciudad de Jerusalén, pero de manera ya tangencial, aunque decisiva para el itinerario de Pablo (19,21-21,26). El motín de Éfeso muestra que la apologética judía irrita a los paganos (19,23-20,1). El método misionero de Pablo, “discutir”, no lleva a la adhesión, sino a la exasperación. Pablo regresa a Jerusalén dando un rodeo por Macedonia, probablemente dedicado a la gran colecta que querrá llevar para los pobres de Jerusalén.

            En Tróade se ve un atisbo de cambio en el método de Pablo: primero “alarga el discurso hasta la medianoche” (20,7). El “discurso” se refiere a los métodos catequéticos judíos. Eso provoca la “muerte” de Buenaventura. Cambia de orientación: “partió el pan y comió”, verbos eucarísticos (20,11). La “conversación hasta el alba”, conversación sobre Jesús, devuelve la vida al difunto (20,11b-12).

            Parece que Pablo utiliza la ciudad de Mileto para un discernimiento sereno con los responsables de la comunidad de Éfeso a los que lleva a un terreno neutral que favorezca ese discernimiento. Ya había salido en 19,21 la evidencia de que Dios le orientaba hacia Roma. Ahora parece que se toma eso en serio, pero antes quiere pasar por Jerusalén (20,22-24). Pablo va clarificando sus posturas aunque con una lentitud que, para el autor de Hechos, resulta exasperante. Aunque recibe un primer aviso del Espíritu, sigue su camino hacia el lado opuesto (20,23).

            En Tiro recibe Pablo el segundo aviso de parte del Espíritu (21,4). Y sigue su camino hacia Jerusalén. Hace caso omiso. A pesar de la presión de “nosotros” y de toda la comunidad, no hay espacio en Pablo para hacerle variar el rumbo.

            El largo viaje hasta Cesarea no solamente no logara disuadir a Pablo, sino que parece que le da fuerzas para enfrentarse al tercero y definitivo aviso del Espíritu, incluida la acción simbólica por parte de Ágabo (21,7-14). No va a conseguir nada en Jerusalén, sus proyectos son ilusorios, pero la actitud de Pablo es arrogante (21,13).

            La dramática llegada a Jerusalén no hace sino confirmar los peores temores (21,15-26): Pablo es ninguneado, menospreciado y humillado por Santiago y los de su grupo. Obligado, incluso, a hacer un voto, expresión ínfima en el escalafón de las prácticas religiosas[62]. Jerusalén se ha convertido en lugar de sufrimiento, de “pasión”, como lo fue en el caso de Jesús.

            ¿Cómo mira Dios, a través de las circunstancias, este itinerario de “tinieblas” que está recorriendo Pablo? ¿Cómo iluminar las ciudades tenebrosas?

            a) Éfeso vuelve a ser la ciudad de la confusión que no resuelve nada. Es el camino histórico dificultoso y tortuoso que tipifica los itinerarios humanos. La ciudad se vuelve ámbito imposible para el discernimiento. Será preciso salir de ella y buscar otro emplazamiento para el discurso.

            b) Tróade se presenta como la ciudad donde siempre es posible un cambio de orientación. Es el tipo de marcos ciudadanos (ideológicos, sociales) en lo que nunca se oscurecen las posibilidades que se hallan si se trabaja desde lo que se tiene.

            c) Mileto, por su parte, es ejemplo vivo de que el discernimiento sereno es posible. La ciudad como lugar de discernimiento matizado, enriquecido, tratando de ver más las posibilidades que las dificultades.

            d) Pero Tiro, Cesarea y, sobre todo, Jerusalén, son, a estas alturas, las ciudades de las “tinieblas”, ese mecanismo que hace que la persona se cierre increíblemente sobre sus posiciones “suicidas” y no haya medio humano ni divino que la saque de ahí. Las ciudades de las tinieblas son, claro está, ciudades para el sufrimiento inútil. Así es el devenir humano.

 

f) Proceso de Pablo: Jerusalén, Cesarea

 

            Es un excursus en la dilación de Pablo hacia Roma, aunque, en realidad, es justamente en lo más opuesto donde el apóstol termina por encontrar la orientación buena que le marca el Espíritu (21,27-26,32).

            Del arresto de Pablo, lo que llama la atención es la indefensión del mismo: la ciudad, su ciudad, no sale en su defensa. La misma comunidad se calla (21,27-46). Cuando una ciudad no defiende a los suyos se vuelve inhumana. ¿Qué atracción tiene esta ciudad sobre Pablo que, aunque Dios le insta a abandonarla sigue profundamente adherido a ella? Algo de esto aparece en su apología (22,17-20). La evitación de la flagelación, cosa por otra parte normal, bajo el amparo del derecho romano muestra quién es el que realmente cuida de Pablo: el paganismo. Si fuera por el judaísmo, hubiera sido flagelado. Nuevo síntoma de su profundo fracaso (22,22-29). La maniobra para escapar del juicio del Consejo, aliarse con los fariseos, indica el turbulento peregrinaje interior de Pablo. La visión le confirma en lo que ya sabía: su orientación tenía que haber sido la de Roma (23,11). Muy turbia la actuación de Pablo en la Jerusalén que desaparece del mapa de Hechos.

            La marcha a Cesarea muestra que la salvación le viene a Pablo de sus familiares y del comandante romano (23,16-22). El judaísmo sigue presentando batalla contra Pablo en esa ciudad (24,1-9). Su segunda apología, que deja en la penumbra el mensaje cristiano, tampoco aporta resultados positivos (24,10-27). Ante el peligro de ser condenado, Pablo apela al César ya que la autoridad de Festo no le merece confianza (25,1-12). “La apelación al César, que tantos problemas de índole histórica ha planteado, contiene por encima de todo un dato teológico: marca la progresiva toma de conciencia de Pablo de que su salvación de la hostilidad judía y la suerte de su misión, están en manos de los paganos, personificados por el César. Si Lc hubiese propuesto simplemente narrar el proceso judicial de Pablo, no habría dejado de mencionar la sentencia del César”[63]. En la apología, tercera, ante Agripa, y fracasada como las otras, Lc pretende subrayar el alcance de la apelación al César que motiva su viaje a Roma, meta señalada por el Señor (25,13-27-26,1-23). Todo esto significa que el conocimiento de Pablo sobre Jesús, sobre su misión, ha sido progresivo, y tortuoso a más no poder, según Hech. Los acontecimientos y las ciudades han contribuido a que tome conciencia de su verdadera misión, de su ser cristiano: “lo mismo que yo soy” (26,29)[64]. La ciudad de la legalidad y los consiguientes fracasos han reorientado a Pablo de manera definitiva.

            ¿Cómo mirar la realidad espiritual de estas dos ciudades finales del proceso turbulento de Pablo? ¿Cómo poner la mirada de Dios sobre ellas?

a) Jerusalén es aquí la ciudad que no defiende a los suyos, que no tiene empacho en desdeñar el grito de auxilio de quien la ha amado. Es la ciudad que no resuelve lo más turbio del interior de Pablo, que no da una sola pista para aclarar su más profundas contradicciones. Es la ciudad que olvida y, por ello, la ciudad para olvidar. No podía ser más triste el final de Jerusalén en este texto.

b) Por el contrario, Cesarea aparece aquí como la ciudad que defiende desde la mera legalidad. Y desde esa legalidad aparece más claro el horizonte y la meta final: Roma. Podría parecer poco y frío que se defienda meramente desde la legalidad pero es el primer paso para un amparo mayor. Una ciudad que no sabe respetar las leyes sociales difícilmente será una ciudad que ampare el corazón humano. Cesarea es la ciudad de ¡al fin! Aquella que hace que Pablo ponga rumbo definitivo hacia donde habría de haber estado siempre orientado.

 

g) Cuarta fase de la misión: Malta, Roma

 

            El dramático viaje de Pablo desde Cesarea a Roma a través del Adriático puede ser considerado como un verdadero vía crucis hacia Roma. Es la cuarta y última fase de la misión primitiva (27,1-28,31)[65]. Es interesante que en ese viaje, Pablo celebra en el mismo lugar del peligro, en el puente del barco, una especie de eucaristía en la que participan la tripulación, la guardia y los presos. No se pide ninguna credencial religiosa; es el socorro para cualquier necesitado más allá de su componente religioso (27,27-38)[66].

            La arribada a la isla y ciudad de Malta denota el nuevo talante de la misión: no hay catequesis de ningún tipo. Únicamente se cura a los enfermos y se resiste a las asechanzas bajo la metáfora del veneno de una víbora. Se cumple así lo que dijo Jesús a sus enviados en el Evangelio (Mc 16,18 y Lc 4,38ss). Malta es la ciudad de la necesidad y de la apertura a quien desea sanarla.

            Pablo llega a Roma, el campo de misión que debía de haber sido suyo desde el principio (28,11ss). Aún allá habrá un intento final, agónico, por ganarse a los judíos. Aun sin contexto social, no deja su componente judío en suspenso. Solamente al final de su epopeya parece decir con rotundidad que, al fin, se dedicará solamente a los paganos. El libro acaba. Posiblemente su propósito final, de haber continuado, se vería de nuevo enturbiado[67].

            ¿Cómo mirar a estas dos ciudades con la mirada del plan de Dios, plan de salvación histórica?

a) Malta es la ciudad necesitada de sanación que acoge a quien le cura. En su apertura está su valor; en su necesidad, sus límites. Una ciudad necesitada y sanada, así habrían de ser las ciudades en las que se instale el mensaje, instancia de curación y de amparo. Cuando la orientación es hacia “los paganos”, hacia la necesidad humana, los beneficios de la oferta evangélica son evidentes.

b) Roma es la ciudad meta y trampolín. Meta porque el corazón de la urbe, la secularidad, es la diana hacia la que tiende la oferta del Mensaje. El secuestro del mismo por parte de instancias religiosas no hace justicia a la propuesta del Evangelio que es una propuesta social, para la secularidad. Y, además, es trampolín para, desde ahí, hacer una oferta de universalidad que no tenga ningún componente excluyente ni por razones religiosas ni sociales. Se cumple el deseo de Jesús, su anhelo de ser mediación de entrega para todos.

 

 

 

 

4. A modo de síntesis narrativa

 

            Tras esta larga reflexión, queremos proponer, en otro lenguaje, en el género literario de “viajes”, el itinerario de la primitiva misión cristiana[68]. Lo haremos dando voz a un personaje marginal de Hechos, Juan Marcos, pero que está siempre en la sombra como una instancia crítica. Es que, mírese como se mire, la segunda parte de la obra de Lucas parece ser no tanto una formidable crítica a Pablo, ya difunto hace décadas, sino a quienes, en parecida sintonía con él, sienten la tentación, pasados las primeras mieles de las comunidades primitivas, de volver al viejo esquema del mundo religioso judío, mundo que gozaba de la garantía de una pervivencia de siglos, mundo afín, lógicamente, a la experiencia cristiana. Quizá esta manera de leer nos dé una idea más próxima de la “encarnacionalidad” de la fe en el hecho histórico y nos proporcione arrestos para encarar nuestra situación actual en modos de apertura a la sociedad no en maneras de involución religiosa.

 

            1. El “garante” y el Mediterráneo

 

            A mí, Juan Marcos, me dio Lucas el honroso título de “garante”[69]. Por eso algunos me atribuyen el evangelio de Marcos. Lo cierto es que, aunque en la sombra, agazapado a veces en el “nosotros” de Hechos, fui testigo veraz del tiempo en que, hecha ya la primera y quizá la segunda misión cristiana primitiva, entrábamos en una tercera fase, hacia los años 80, en que la tentación de volver a los sistemas religiosos con solera, al judaísmo en concreto, era una fuerte tentación para las comunidades[70]. Mi trabajo de garante tenía dos puntales irrenunciables: el Mensaje es para todos y es una propuesta de humanidad. Aunque parezca fácil de admitir, esto conllevó muchas horas de gozo y otras tantos de sufrimientos.

            Para conectar con el pathos que subyace a los relatos de Hechos hay que comenzar por aproximarse a la hermosura y a la dureza de nuestro mar: el Mediterráneo. La experiencia cristiana se originó en las orillas de este mar, en las ciudades bañadas por sus aguas, en las tormentas que, a veces, le sacuden. Quien no haya quedado embelesado en sus riberas, con sus olivares, con sus olores, con el hormigueo de sus zocos, con el color deslumbrante de muchos de sus frutos, con la herrumbre de las piedras de sus viejos edificios por los suelos, quien no haya exclamado como vuestro Serrat “¡Qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo!”, no podrá hacer una idea de aquello[71]. Es que la vida y lo que contiene, y la experiencia religiosa es parte de ella, se mezcla al agua del mar, verde y azul unas veces, turbia y encenagada a veces; se mezcla a los caminos, a las ciudades y lo que queda de ellas, a los horizontes y amaneceres que son exactamente iguales a los que veían los ojos de Pablo, de Silas, de Bernabé, de Timoteo y de tantos otros cuyos ojos vieron esta luz, respiraron este aire y hollaron estos caminos. El Mediterráneo era nuestro mar. Más aún, prácticamente la orilla norte era la única que conocíamos, por más que hubiera una potente colonia judía en Alejandría, en la otra orilla.

 

            2. Ciudades distintas

 

            Cuando entre vosotros suena la palabra “ciudad” el imaginario os lleva a poblaciones grandes, ordenadas, dotadas de modernos servicios. Cuando nosotros en Hechos describimos el itinerario de la fe mezclado a las ciudades no estamos hablando de lo mismo. Nuestras ciudades, las que citamos en Hechos, son, en general, pequeñas, con pocos edificios notables. La gente del pueblo vivía en lo que hoy os parecerían meras covachas. Por eso no queda nada de ellas. La vida se hacía en la calle, en los lugares públicos. No os ha de extrañar que la misión tenga un componente público. La predicación estaba donde estaba la gente, y la gente estaba en la calle. El cristiano, por más que lo hayáis recluido en los templos o en las facultades de teología, es una realidad para la calle, para los lugares donde habitualmente está la gente.

            En la misión cristiana han tenido importancia decisiva grandes ciudades como Antioquía o Roma. Pero, a la vez, otras ciudades más humildes, como Filipos o Tróade han sido decisivas en el decurso de la misión. No obstante, tenéis que medir la osadía del cristianismo primitivo, algo tan insignificante desde el punto de vista social, que apunta al corazón del imperio, a Roma. Es como si ahora decidierais apostar por Shangai, por poner un ejemplo de ciudad alejada del cristianismo y decisiva en el devenir de la humanidad actual. No sé cómo tuvimos tal atrevimiento, nosotros que éramos pequeñitas islas en el inmenso mar del paganismo. No se consignan en Hechos los pequeñitos pueblos, las aldeas, tan queridas por Jesús. Pero los pies y el corazón de los misioneros sabían bien que en esos lugares que no han sido nombrados es donde se mantuvieron los cuerpos y los anhelos de los que ofrecían el mensaje. La fe es obra también, y quizá, sobre todo de lo no nombrado, de lo no consignado, de los olvidados en el tiempo.

 

            3. Jerusalén: lo que no pudo ser

 

            Vosotros no sois judíos, aunque me consta que, quienes vais a Jerusalén, experimentáis algo especial. Pero si fuerais judíos, como nosotros, entenderíais muy bien que hubo que aclarar el papel de Jerusalén en la nueva fe que había ya nacido. Por mucho que Santiago y los de su grupo trabajasen a fondo el papel prioritario de la ciudad en la nueva fe, su esfuerzo estaba llamado al fracaso. Las viejas piedras de los edificios de lo que hoy llamáis la Ciudad Vieja, sus callejuelas, sus patios, todo estaba impregnado de la espiritualidad de la primera alianza. El nuevo planteamiento rompía sus costuras y así fue. Es verdad que Jerusalén es como un pegamento del que se zafaron con mucha dificultad los primeros cristianos, Pablo sobre todo. Pero, al fin, la fuerza de ese pegamento era su enorme debilidad para evolucionar, su fuerte componente sistémico, el peso tóxico de los sistemas religiosos. No pudo ser.

            Es cierto que es una ciudad donde, incluso hoy día, a pesar de su violencia, Dios mira con amor, porque “el don y la llamada de Dios son irrevocables”, como diría Rom 11,29, y la llamada a esta ciudad sigue viva. Pero no supo entender, como Hechos quiere hacer verlo, que era una paso, una bisagra, entre las dos alianzas. No supo asimilar ese papel de segundona. Aún tiene pendiente el agilizar su habitat, porque muchas de las desgracias que le ocurren es por su rigidez ideológica, religiosa o política.

            Volverá a aparecer la ciudad en la asamblea de Jerusalén, un nuevo intento de funcionar desde el poder. Tuvo su eco, pero nació muerta. La vida, a pesar de quienes, como el Pablo de Hechos, creen que los sistemas amparan más, es algo condenado al fracaso. Pedro lo dijo allí quizá sin darse cuenta: “Dios lee los corazones” (Hech 15,8). A esos corazones tendría que haberse dirigido la oferta, no a la ideología, al sistema, a la historia. Jerusalén no supo dirigirse a los corazones y los perdió, quizá no para siempre, porque a la ingrata Jerusalén se le sigue amando desde muchos lados, pero sí para la experiencia cristiana primitiva.

            De una forma agónica vuelve a aparecer la ciudad al final del libro cuando a Pablo se le ocurrió la peregrina y antiespiritual idea de llevar la colecta a Jerusalén. Nos daba pena ver a Pablo sumido en tal marasmo, terco como una mula en la dirección opuesta a lo que marcaba el Espíritu. Nos daba pena y se lo advertimos. Y así fue: Jerusalén se comportó con Pablo como una mala madrastra, lo ninguneó, lo menospreció, lo abandonó. Nos llamó la atención que no saliera de Pablo ninguna queja contra “su” ciudad. No sabemos muy bien si esto fue así tal como lo narra Lucas, pero, a juzgar por el amplio lugar que ocupa en sus cartas, Pablo puso mucha carne en el asador en el tema de la colecta. Si el menosprecio que narra Lucas fue tal cual, hay que medir el sufrimiento hondo de Pablo.

            Al fin, la ciudad en la que no pudo ser, fue para Pablo y para la fe el trampolín definitivo para buscar otros horizontes. La experiencia cristiana se construyó a pesar de Jerusalén. Eso quizá se lo deban todos los cristianos, más allá de resquemores que hoy no tienen sentido. Cuando visitéis Jerusalén tened compasión: agradecedle lo que ayudó y comprended lo que no pudo ser. Y preguntaos allí mismo por la ciudad en la que sí pudo ser, por Antioquía.

 

            4. Antioquía: allí donde se llamaron “cristianos”

 

            La llamaban “reina de Oriente”, “dorada Antioquía”. Si hoy vais a Antakia no hay casi rastro del cristianismo. Todo se ha esfumado, aunque es una ciudad de una cierta envergadura[72]. Os diré que Antioquía reunía una serie de notas estupendas para ser lo que fue: una cierta cercanía geográfica con Israel, una tradición judía instalada en la ciudad, un ambiente ciudadano de menos presión social religiosa que Jerusalén, un horizonte más multicultural donde una minoría podía salir a flote sin ser ni estigmatizada ni absorbida, una ciudad abierta al occidente, es decir, al Mediterráneo contrariamente a Jerusalén de espaldas al mundo de los paganos. Todo ello fue decisivo para la nueva fe.

            Antioquía fue la ciudad de la libertad, de la multiculturaldiad, de la inclusión de la acogida. Una ciudad donde los echados de Jerusalén pudieron encontrar una casa y un lugar para el cultivo de la fe. Sí, la cuna de la experiencia creyente no fue Jerusalén, sino Antioquía. No en vano se llegó a formular la identidad de la fe en esta ciudad al llamar al grupo nuevo con el nombre de “cristianos” (Hech 11,26). Una cierta “laicidad”, como diríais hoy, nos ayudo a entender y vivenciar el camino escogido. Pero esta ciudad no guardó resquemor a Jerusalén. Muy al contrario, siguió siendo solidaria con sus pobres.

            Generalmente no entra en los circuitos turísticos religiosos la visita a esta ciudad. Os digo que casi no hay huellas de cristianismo. Pero allí se gestó la fe. Y quizá hoy, como entonces, sigue siendo lugar de acogida para quien es echado de su patria[73].

 

            5. El sur del Asia Menor: Las ciudades que elaboran el conflicto

 

            Esas fueron las de la primera fase de la misión que se expandió desde Antioquía: Pafos, Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra. Pequeñas poblaciones de poco renombre. Ahí vimos que el conflicto iba a acompañar a la misión, que nada iba a ser fácil, que, como luego diría el mismo Pablo, “había que pasar mucho” (14,22). Mal que bien supimos allí, en esos pueblos perdidos del interior de Pisidia y Licaonia, que el conflicto era inherente al creer y que había que elaborarlo de la manera que fuera. Nos parecía que situándonos en el lado de los paganos, de la secularidad, diríais vosotros, el conflicto menguaba y que se acrecentaba cuando nos situábamos en el terreno de la religión.

            Pero el amor crecía a contracorriente, a pesar de todo. Un amor que, en principio, no era militante contra quienes no pertenecían al grupo, sino que tendía a ser amparo para los creyentes en los momentos duros del inicio. Estas ciudades nos enseñaron la tenacidad contra la dificultad y entrevimos las posibilidades del amor.

 

            6. Grecia fue otra cosa

 

            Sí, Grecia fue otra cosa. Tampoco para echar cohetes, pero fue otra cosa. Nunca hubiéramos creído que en la tierra del paganismo ancestral podría arraigar la propuesta cristiana. Pero así fue.

            Algo le entró a Pablo en el corazón cuando pasó a Macedonia y visitó Filipos. Aquella comunidad pobre, sin sinagoga, unas pocas mujeres, le tocaron el alma. El cariño que destila carta a los Filipenses es evidente. Fue una ciudad de envite (“Venid a hospedaros en mi casa”: 16,15a), de riesgo asumido, de profecía, de liberación. Un fogonazo inicial que no fue en vano.

            Tesalónica y Atenas no fueron precisamente una primavera. Afianzado por la acogida en Filipos, Pablo forzó la máquina y sacó toda su batería ideológica. Tesalónica fue una confrontación, Berea un éxodo frustrado y Atenas un fracaso. Así aprendimos que no se podía hacer misión desde nuestros presupuestos, sino que era preciso buscar otro camino.

            Algo de eso apareció en nuestra larga estancia en Corinto. Aquella ciudad de disolutos, que “vivían a la Corintia”, fue tocada por el  Mensaje y nacieron comunidades vivas, aunque, a veces, desorientadas. Pablo tuvo allí grandes alegría y no pequeños sufrimientos, como lo muestra el archivo de cartas a esta comunidad que conocemos. No veía Pablo que las comunidades le empujaban con decisión a orientarse de una vez a la secularidad, al paganismo. Grecia fue otra cosa. Algunos dirán que una ocasión frustrada. Pero no, el paso por Grecia fue decisivo y básicamente positivo.

 

            7. Éfeso: cuando no se va al fondo del problema

 

            En esta ciudad pretendimos hacer como Jesús: liberar. Fracasó la cosa porque no se apuntaba al fondo de lo humano, sino que se buscaba el éxito de la doctrina. Allí nos dimos cuenta de la lentitud de los procesos humanos, de las tinieblas de los itinerarios humanos que albergan las ciudades, de las épocas de no-saber que se mezclan a los pasos de quien camina. El evangelista Juan dirá que la cosecha es inminente, que “los campos están dorados para la siega”, aludiendo a la cosecha apostólica (Jn 4,35). Pero esto no fue así. Éfeso nos lo enseñó. Porque el fondo del asunto era Jesús y su mensaje de misericordia. Y eso quedaba velado por al tira y afloja de los intereses religiosos. Allí lo aprendimos.

 

            8. Las ciudades del camino: Tróade, Mileto, Tiro, Cesarea

 

            Pablo, en contra de los reiterados avisos del Espíritu se empeñó en subir a Jerusalén para llevar la colecta. Las ciudades del camino fueron un lenguaje del Espíritu a través de las comunidades para que Pablo desistiera de su propósito y orientara sus pasos a Roma. No escuchó a nadie. Era algo prototípico. Dibujaba bien la cerrazón de muchos cristianos del año 90 que miraban de nuevo a Jerusalén como solución a sus dilemas, como sosiego para sus zozobras.

            En Tróade hubo un atisbo de cambio de orientación cuando Pablo se decidió a hablar de lo que había que hablar: del Jesús que ofrece posibilidades de vida. Incluso en Mileto hubo tiempo para un discernimiento sereno, tratando de ver más las posibilidades que las dificultades. Pero Tiro, Cesarea y, sobre todo, Jerusalén fueron las ciudades de las “tinieblas”, ése mecanismo que hace que la persona se cierre increíblemente sobre sus posiciones “suicidas” y no haya medio humano ni divino que le saque de ahí. Ciudades para las tinieblas, ciudades para el sufrimiento inútil.

 

            9. Malta, Roma: las ciudades de ¡al fin!

 

            El tortuoso e hiriente proceso de Pablo en Jerusalén y Cesarea nos abrieron las puertas de Roma y, con ello, de la orientación que debiera haber tomado la misión, la orientación que habría de tomar siempre lo cristiano: algo orientado al corazón de la ciudad, al corazón de la sociedad. Una religión al aire libre, en el templo de la sociedad, en la liturgia de la vida.

            En Malta hicimos lo que siempre debiéramos haber hecho: curar y apaciguar el corazón de las personas. Lo que Jesús mandó a sus colaboradores (Mc 3,15). Veíamos que cuando la orientación es hacia “los paganos”, los beneficios de la oferta evangélica son evidentes.

            Y llegamos a Roma, ¡al fin! Era la meta que tendría que haber sido el punto de partida. Pablo llegó con su bagaje judío aún vivo. Pero allí no tenía el contexto de las ciudades de Asia y, menos todavía, el de Jerusalén. Por eso, pronto vio de manera definitiva, así lo creímos, que el campo de misión era el corazón de la gran urbe, el corazón del imperio. La humilde semilla del mensaje sembrada en los campos de Galilea por el nazareno llegaba a su lugar, a la tierra en la que quería fructificar. Desde entonces, fe y secularidad están llamadas a la fraternidad.

 

            Conclusión

 

            Tras este largo itinerario, permítasenos acabar sintetizando en cinco conclusiones los valores de fondo que pueden ser útiles para el cristiano de hoy que lee Hechos desde la luz de sus ciudades:

1)      Hay que amar la ciudad, la secularidad, el mundo en el que estamos. Hay que aprobar el curso de amor a esta vida que abre posibilidades de conexión social y vital. Es preciso descubrir el rostro de la otra sociedad, aquel que puede hermanarnos y caminar juntos sorteando las dificultades inherentes al camino.

2)      Es preciso amar con discernimiento, con sentido crítico. Pero con sintonía, con humanidad y hasta con compasión. No se trata de leer la realidad desde un buenismo estéril. Pero una lectura social despojada de la compasión, de la misericordia se haría muy cuesta arriba para llegar a la fraternidad.

3)      Es verdad que Dios mira las ciudades con su mirada de amor. Por eso, rastrear la huella de Dios en los caminos de la ciudad, leer espiritualmente el hecho urbano, dotar de aliento y espíritu lo que parece no ser más que mera organización ciudadana, es un trabajo de humanidad y de fe.

4)      Aunque la ruralidad merezca todo respeto, es preciso hoy, tal como el mundo se orienta hacia el futuro, construir una experiencia creyente de contenido urbano. La evidencia de que muchas religiones han sido forjadas en marcos rurales y han pervivido en sus modos ideológicos en esa ruralidad habría de ir siendo superada por otro tipo de experiencia: abierto a las nuevas ciencias, sensible a la producción espiritual, en sentido amplio, del saber humano, agradecida a los aprendizajes sociales.

5)      El punto final, el dilema, es si construimos una experiencia hacia adentro de la ciudad o hacia fuera de ella, hacia la secularidad o hacia el sistema conocido. Esto tendría consecuencias para la misión cristiana de hoy. Seguir trabajando con los que vienen, desoír las voces de quienes insisten en que hay que salir para ofrecer el Mensaje, ir para aprender incluso son los grandes desafíos que hoy habrá que responder[74]. Que la experiencia de Hechos de los Apóstoles puda iluminar nuestros caminos de hoy.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño



[1] El presente trabajo ha sido presentado en el XXXII Curso de Teología  del Aula de Estudios sobre la religión de la Universidad de Cantabria el 20 de octubre de 2015.

[2] En su discurso, repite dos veces consecutivas esta expresión: “Vedere la città con gli ochi di Dio”.Cf: https://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2015/02/07/0100/00221.html (2-9-15).

[3] EG nºs. 71-75.

[4] El Gran Buenos Aires tiene 13 millones de habitantes.

[5] E. LLEDÓ, El silencio de la escritura, Ed. Centro de Estudios Constitucionales, Madrid 1992, p.30.

[6] Las megalópolis en el mundo son: Nueva York 39.919.000; Tokio 36.020.000; Ciudad de México 33.842.933; Shanghái 30.100.000; São Paulo 29.000.000; Hong Kong 26.345.000; Seúl 21.980.000; Taipéi 20.880.000; Los Ángeles 20.510.000; Buenos Aires 20.000.000. En España: Madrid región 6,3; Barcelona 4,5; Valencia-Alicante 2,3;Murcia 2,1.

 

[7] Así queda demostrado en estudios clásicos que han  hecho escuela y en otros más recientes: W. A. MEEKS, Los primeros cristianos urbanos,  Ed. Verbo Divino, Estella, 1988; A. PIÑERO (Ed.), Orígenes del cristianismo. Antecedentes y primeros pasos, Ed. El Almendro, Córdoba, 1991; R. STARK, The Rise of Christianity. A sociologist Reconsiders History, Princeton University Press, Princeton 1996; E. W. STEGEMANN-W.STEGEMANN, Historia social del cristianismo primitivo. Los inicios en el judaísmo y las comunidades cristianas en el mundo mediterráneo,   Ed. Verbo Divino, Estella 2001; R. AGUIRRE (ed.), Así empezó todo,  Ed. Verbo Divino, Estella 2010. En estudios más matizados, sobre los que volveremos, se ha intentados describir los diversos modelos de relación con las ciudades del imperio romano que dimanan de los mismos textos del NT: F. RIVAS, La vida cotidiana de los primeros cristianos,  Ed. Verbo Divino, Estella 2011.

[8] B. J. MALINA-R.L.ROHRBAUGH, Los evangelios sinópticos en la cultura mediterránea del siglo I. Comentario desde las ciencias sociales,  Ed. Verbo Divino, Estella 1996, p.326.

[9] G. LENSKI, The Religious Factor: A Sociological Study of Religion's Impact on Politics, Economics, and Family Life, Doubleday U.S, p.291-295.

[10] En Cesarea, en Séforis, etc.

[11] C. GIL, La autoestigmatización en el movimiento de Jesús,  Ed. Universidad de Deusto, Bilbao 2001.

[12] Las citas bíblicas sin abreviatura que las anteceda son siempre del libro de los Hechos.

[13] J. D.CROSSAN-J.L.REED, En busca de Pablo. El Imperio de Roma y el Reino de Dios frente a frente en una nueva visión de las palabras y el mundo del apóstol de Jesús, Ed. Verbo Divino,  Estella 2006. 

[14] I. CALVINO, Las ciudades invisibles,  Ed. Siruela, Madrid 1994, p.15.

[15] Esto lo aplica el autor no tanto las ciudades sino a las cosas en general: M. MERLEAU-PONTY, Fenomenología de la percepción,  Ed. Península, Barcelona 2000.

[16] Desde la negación de Apocalipsis hasta la apertura de 1 Pedro.

[17] En el tema crucial de la circuncisión, por ejemplo: Gal 4,2-12; Filp 3,3; Hech 16,1-4.

[18] En el tema, por ejemplo, de las carnes sacrificadas a los dioses: 1 Cor 8.

[19] Ver el desarrollo de tales códigos en textos deuteropaulinos como Ef 5,21-6,9; Col 3,18-4,6. Códigos básicos, como el de la esclavitud, permanecían inalterables también en la ciudad, aunque haya resquicios para la posibilidad de otro tratamiento, tal como lo muestra la carta paulina a Filemón.

[20] Así lo afirman los historiadores: “Aun con las limitaciones evidentes de los medios y vías de transporte, entonces como ahora las personas se movían hacia otros lugares en donde asentarse en busca de una mejor forma de vida, tanto a título individual como de forma colectiva, en particular en los momentos de crisis económica y fundamentalmente individuos pertenecientes a los grupos más desfavorecidos”: F. PINA POLO, “Las migraciones en masa y su integración en el imperio romano”, en F.J.NAVARRO (Ed.), Pluralidad e integración en el mundo romano,  Ed. Eunsa, Pamplona 2010.

[21] Elocuente es el “caso del incestuoso” de Corinto en que Pablo se esfuerza en no contemporizar con el “vivir a la corintia” de la época: 1 Cor 5,1-13. Cf C.G.VALLÉS, Por la fe a la justicia,  Ed. Sal Terrae, Santander 1988, p.93.

[22] Caso claro es el de 1 Jn, donde un grupo notable e influyente se ha ido de la comunidad porque dice que el camino pobre de la historia no es válido para el acceso a Dios y, por ello, hay que buscar caminos más sublimes y “místicos” de encuentro con Dios. Algo de esto es el gnosticismo. El autor afirma la validez de la historia porque, de lo contrario, no solamente cae un interrogante enorme sobre el valor de la propia vida sino, incluso, sobre la muerte histórica de Jesús, pobre e injusta.

[23] Textos como 1 Cor 1,26ss indican un cierto anonimato.

[24] Ejemplo elocuente es la colecta que Pablo ha llevado adelante a favor de los pobres de Jerusalén tal como se le había pedido en Gal 2,10 y que ha realizado con esmero: 2 Cor 8,1-15.

[25] Textos como 1 Pe 3,16-17 tienen un indudable componente estigmatizador.

[26] El hecho de que la obra de Lucas apunte al corazón del imperio, a Roma, está indicando esa dirección en modos definitivos.

[27] Así queda dicho en 1 Cor 13,12: “Entonces comprenderé como Dios me ha comprendido”.

[28] El hecho de que los sinópticos, sobre todo Lucas, narren en amplias secciones el “viaje de Jesús a Jerusalén” es absolutamente significativo (Mt 16,21-20,34; Mc 10,32-11,11; Lc 9,51-19,46). El llanto de Jesús por la ciudad, es emotivamente elocuente (Mt 23,37-39; Lc 13,34-35).

[29] La formulan los judíos (17,5-7), Pablo la contradice (25,8). Los funcionarios romanos testifican constantemente de la rectitud cívica de Pablo (16,39; 18,15-16; 19,37; 23,29; 25,25; 26,32).

[30] A partir del v.22.

[31] R. Starck dice que el éxito del cristianismo con los judíos fue notable, abandonando la idea general de que no hubo ninguna conversión. Esto quizá fue en los judíos del mundo helénico “para quienes el cristianismo suponía conservar gran parte del contenido religioso de ambas culturas y resolver las contradicciones entre ellas” (Op.Cit., p.89). Habría que ver si esto valía y en qué medida con los judíos de Jerusalén.

[32] Este desplazamiento se hará a lo largo de la costa (Azoto, Lida, Cesarea, Tolemaida, Tiro, Sidón): la apertura al mar como metáfora de la apertura necesaria para que prenda la semilla del reino.

[33] Hoy Antakia (200.000 habitantes), en territorio turco, que hay que distinguir de Antioquia de Pisidia en el interior del Asia Menor (hoy en ruinas, cerca de Yalvaç de 45.000 habitantes).

[34] Se la llama “reina de Oriente” o “dorada Antioquia”, denominaciones que indican su prosperidad y una cierta opulencia. Las ciudades importantes de la región son Seleucia, Apamea y Laodicea. “La provincia de Siria en sí sólo ocupaba en ese momento el norte y el centro de la Siria antigua, comprendía una serie de regiones muy urbanizadas y especialmente helenizadas, dentro de la cual, subsistían numerosos principados clientes. Para este momento, se podría hablar de una Siria de ciudades, gobernada desde Antioquía y que gozaba de una posición estratégica fundamental en la costa mediterránea. Augusto, por lo que pudiera pasar, conservó siempre el mando para sí mismo y nombró a un legado de rango consular que actuaría en su nombre”: A. EGEA VIVANCOS, “Poblamiento romano en el Alto Éufrates Sirio”, en  Antigüedad cristianismo 22 (2005) p.91.

[35] Textos como el Evangelio de Juan parecen que adquieren mejor ubicación en los territorios de la Traconítide, al sur de Damasco, pero en la órbita de la provincia de Siria: Cf K. WENGST, Interpretación del evangelio de Juan,  Ed. Sígueme, Salamanca 1988, p.84ss

[36] Recordar las lapidarias frases de Mt 10,34.

[37] Esto es considerado por los autores como “un paso de gigante”: C. GIL, “La primera generación fuera de Palestina”, en R. AGUIRRE (Ed.), Así empezó el cristianismo,  Ed. Verbo Divino, Estella 2010, p.144.

[38] Juan Marcos vuelve a aparecer en 12,25; 13,5.13; 15,37.39. Se trata de alguien (¿el evangelista?) que es denominado en 13,5 (aunque solamente aparece con el nombre de Juan) hûperetês,  notario, garante. Será causa de conflicto y división entre Bernabé y Saulo quien lo despreciará calificándolo de desertor (15,37ss).

[39] Es como la familia subrogada de Jesús: los que cumplen el designio del Padre (Mc 3,35). Ese designio es el de la acogida, la fraternidad y la reconciliación (Col 1,20).

[40] C. GIL, Art.cit, p.149.

[41] A Bernabé y Saulo se les da el nombre de presbiterio,  responsables, como si los de Jerusalén no hubieran podido alcanzar ese “grado”.

[42] C. GIL sintetiza y traduce bien la problemática de fondo que persiste viva en el momento de la primera fase de la misión: “1) ¿Puede el judeocristianismo basarse solo en la fe en Cristo?, 2) ¿Puede ser la comunidad de Antioquía reconocida como igual por Jerusalén?, 3) ¿Hay que circuncidar a los paganos creyentes?, 4) ¿Quién y cómo ejerce la autoridad en el conjunto de la comunidad de cristianos?: Art.cit.,  p.149.

[43] Tipificada en el “garante “ Juan Marcos que queda postergado ante la enseñanza de Pablo: 13,5.

[44] El tema de la Ley y su consecuente estilo de vida está detrás de toda esta polémica, como lo estuvo en el ministerio de Pablo según sus cartas (Cf por ejemplo: Gal 3).

[45] “Como decía Bernanos, es una locura que, con el programa que contiene el evangelio, el cristianismo se haya terminado convirtiendo en la bestia negra de los hombres libres” E. CARRÈRE en  “CARRÈRE: ‘El cristianismo es un invento revolucionario’”, en Babelia-El País, 14-9-2015.

[46] Es verdad que los grupos cristianos en estas ciudades podrían ser considerados como instancias sociales casi irrelevantes. Pero, dado el carácter reducido de aquellas “ciudades” la situación de una comunidad religiosa tendría incidencia en la vida ciudadana.

[47] “Pablo, en efecto, sostenía vigorosamente que debían permanecer como estaban cuando había creído (cf. 11,23); pero los que habían venido de Jerusalén les ordenaron –a Pablo, a Bernabé y a algunos otros- que subieran para comparecer en Jerusalén ante los apóstoles y responsables, a fin de que fueran juzgados por ellos sobre aquella cuestión”: citado en J. MATEOS, Nuevo Testamento,  Ed. Cristiandad, 1987, p.699.

[48] La vuelta de Pablo a Jerusalén en 21,15ss es residual en lo que toca a la ciudad.

[49] Israel recibió en 2014 3,5 millones de visitantes. De acuerdo con encuestas realizadas en los aeropuertos y pasos fronterizos, un 53% de los 3,5 millones de turistas eran cristianos -la mitad de ellos católicos- y un 28% judíos. 

[50] Aparece con fuerza por primera vez la instancia “nosotros”, característica de esta etapa de la misión paulina.

[51] Se reúnen al aire libre “bordeando el río”: 16,13.

[52] El amor único de esta comunidad a Pablo queda palpablemente descrito en la carta a los Filipenses.

[53] El verbo dialégomai tiene 10 usos en Hech, cobre un conjunto de 13 en todo el NT.

[54] Nótese que Pablo abandona espontáneamente Atenas (18,1), algo inusitado en él que solamente abandona ciudades cuando se le expulsa o persigue (cf. 13,50s; 14,6.19; 16,39ss; 17,5-10.13ss).

[55] J. MATEOS, Ibid.,  p.718.

[56] El voto de nazireato de 18,18 vuelve a poner el acento en esta confusión.

[57] Entender la experiencia cristiana como continuo éxodo, un camino que nunca llega a su patria porque esta es justamente en la que se está, es una constante desde el éxodo prototípico de la Biblia.

[58] La expresión es de S. Justino: 1 Apol. V, 3 Y II Apol. XIII (PG 6, 336 et 465).

[59] Como queda manifiesto sobre todo en 2 Cor.

[60] La recensión occidental puntualiza: “de once a cuatro”.

[61] J. MATEOS, ibid., p.725.

[62] Obligado, quizá, a tener que coger dinero de la misma colecta para “ofrecer la oblación” prescrita por tal voto (21,26).

[63] J. MATEOS, Ibid.,  p.755.

[64] El eufemismo parece reflejar lo que a Pablo le cuesta decir con claridad: soy cristiano.

[65] El grupo “nosotros” vuelve a aparecer aquí para indicar que ahora sí se está en el buen camino.

[66] Los verbos “eucarísticos” (“cogió pan, dio gracias…lo partió y se puso a comer”: 27, 35) avalan esta postura.

[67] En Rom 15,24 habla Pablo de ir “de paso para España”. No se sabe, a ciencia cierta si vino, pero si lo hizo y hubiera en ella comunidades judías, se habría dirigido a ellas.

[68] Hay libros de viajes que constituyen verdaderas lecciones antropológicas de humanidad. No narran solamente lo que ven, sino que lo leen desde una profundidad humana que los hace elocuentes. Téngase  por un sencillo modelo, próximo al mundo del NT,  el libro de R. CHIRBES, Mediterráneos,  Ed. Anagrama, Barcelona 20082. O la voluminosa obra que este mismo autor cita de F. BRAUDEL, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, Ed. Fondo de cultura económica de España, Madrid 2001.

[69] En griego hupêretês,  el notario, el garante: Hech 13,5b.

[70] Juan Marcos aparece en Hech 12,12.25; 13,5.13; 15,37.39. El grupo “nosotros” aparece en la segunda parte de Hechos: 16,10-17; 20,5-21,18; 27,1-28,16.

[71] “Amo apasionadamente el Mediterráneo, tal vez porque, como tantos otros, he llegado a él desde las tierras del norte”: F. BRAUDEL, citado Por R. CHIRBES, op.cit., p.12.

[72] Hoy tiene unos 200.000 habitantes.

[73] Antakia es la principal puerta de entrada en Turquía para miles de refugiados sirios.

[74] Los nºs 20-24 de La alegría del Evangelio hablan de “Una Iglesia en salida”.

Volver al Evangelio

 

VOLVER AL EVANGELIO:

VOLVER A CASA

 

            Hoy se habla mucho de Volver al Evangelio o de Recuperar el proyecto de Jesús. Los “grupos de Jesús” de Pagola, hablan de eso.

            ¿Es que para volver al Evangelio hay que aceptar que nos hemos ido de él? Ahí esta uno de los problemas.

            Sí, nos hemos alejado del Evangelio no solamente por nuestra fragilidad, sino también porque los sistemas (y el religioso es uno de ellos) termina por alejarnos del centro, ya que ellos mismos anhelan constituirse en centro.

  1. Volver al Evangelio es como volver a casa: siempre está esperándonos, siempre somos bienvenidos, siempre hay calor ahí.
  2. Volver al Evangelio es poner de nuevo el acento en lo importante, relativizando aquello que no lo es tanto.
  3. Volver al Evangelio es asentarse de nuevo en lo que garantiaza el valor de la fe, porque el resto, por mucho que nos digan lo contrario, es de menos valor.
  4. Volver al Evangelio es aprender un poco más el rostro de Jesús, conocer mejor su sonrisa y sus arrugas, sus brillos y sus sombras. Conocer ese rostro mejor para amarle más.
  5. Volver al Evangelio es disponerse a gustar de nuevo las pequeñas delicias ocultas en el texto, rumiarlo, saborearlo.
  6. Volver al Evangelio es retomar las viejas utopías, oxidadas, embrumadas, perdidas y darles de nuevo el valor que siempre tuvieron.
  7. Volver al Evangelio es aprender otra vez la melodía de una vida que se mezcla con el resto de la vida. No es el Evangelio algo aparte de la vida.
  8. Volver al Evangelio es retomar los caminos trillados para descubrir en ellos esos leves motivos para vivir con alegría.
  9. Volver al Evangelio es cantar con Jesús la melodía que puede espantar nuestros males y nuestras asperezas.
  10. Volver al Evangelio es volver al corazón de la persona porque el sueño de Jesús es el mismo que el de la fraternidad más elemental.

 

Si todo esto, y mucho más, es volver al Evangelio, volvamos a casa.

Génesis 33

Génesis 33

 

"Y alzando Jacob los ojos miró, y he aquí, Esaú venía y cuatrocientos hombres con él. Entonces dividió a los niños entre Lea y Raquel y las dos siervas. Y puso a las siervas con sus hijos delante, y a Lea con sus hijos después, y a Raquel con José en último lugar; y él se les adelantó, y se inclinó hasta el suelo siete veces hasta que llegó cerca de su hermano."

"Entonces Esaú corrió a su encuentro y lo abrazó, y echándose sobre su cuello lo besó, y lloraron. Y alzó sus ojos y vio a las mujeres y a los niños, y dijo: ¿Quiénes son éstos que vienen contigo? Y él respondió: Son los hijos que Dios en su misericordia ha concedido a tu siervo. Entonces se acercaron las siervas con sus hijos, y se inclinaron. Lea también se acercó con sus hijos, y se inclinaron; y después José se acercó con Raquel, y se inclinaron."

"Y dijo Esaú: ¿Qué te propones con toda esta muchedumbre que he encontrado? Y él respondió: Hallar gracia ante los ojos de mi señor. Pero Esaú dijo: Tengo bastante, hermano mío; sea tuyo lo que es tuyo. Mas Jacob respondió: No, te ruego que si ahora he hallado gracia ante tus ojos, tomes el presente de mi mano, porque vi tu rostro que me perdonaba y era como ver el rostro de Dios. Acepta, te ruego, el presente que se te ha traído, pues Dios me ha favorecido, y porque yo tengo mucho. Y le insistió, y él lo aceptó."

"Entonces Esaú dijo: Pongámonos en marcha y vámonos; yo iré delante de ti. Pero él le dijo: Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que debo cuidar de las ovejas y las vacas que están criando. Si los apuramos mucho, en un solo día todos los rebaños morirán. Adelántese ahora mi señor a su siervo; y yo avanzaré sin prisa, al paso del ganado que va delante de mí, y al paso de los niños, hasta que llegue a mi señor en Seir. Y Esaú dijo: Permíteme dejarte parte de la gente que está conmigo. Pero él dijo: ¿Para qué? Halle yo gracia ante los ojos de mi señor. Aquel mismo día regresó Esaú por su camino a Seir. Y Jacob siguió hasta Sucot”.

 

         El gran tema de Génesis es la Alianza. Un subtema importante: ¿pueden los humanos vivir como hermanos? Casi imposible. Una de las relaciones que propone el texto es la de Esaú y Jacob. Dos hermanos que riñen desde el vientre de la madre, que nacen riñendo, que se engañan en cuanto pueden. Tal es así que ya no pueden convivir juntos. Jacob huye a casa de su tío Labán. Veinte años en el exilio acumulando nostalgia. Su hermano Esaú veinte años acumulando odio. Jacob se decide a volver. Gen 33 narra el encuentro de los dos hermanos después de tan largo tiempo.

         Jacob, para ablandar a su hermano, ha ido mandando por delante unos regalos de ovejas y dones (cap.32) que en este capítulo terminan por aceptarse aunque haya un toma y daca.

Primer principio del perdón: Sin regalo no hay perdón. Es precio regalar algo, sonrisas, abrazos, detalles, algo significativo que contenga un deseo de paz.

         Jacob organiza la caravana porque prevé que va a haber palos ya que su hermano sale con cuatrocientos soldados (todo un ejército en la época). Pone primero a las siervas y sus hijos, luego a Lía y sus hijos (con la que le engañó su tío), luego a Raquel y José su ojito derecho. Y luego él mismo se pone al frente.

Segundo principio: Sin riesgo no hay perdón, sin deseo de arrostrar las consecuencias de los propios actos no hay perdón, si siempre se está uno excusando, no puede haber perdón.

         Al ver Esaú que viene desarmado y postrado (siete ves, como los demás de la caravana) se ablanda de repente y se abraza a él y llora.

Tercer principio: Si abrazos, sin llanto, sin conmoción, sin que algo se remueva por dentro, no puede haber perdón.

         Viene la frase más hermosa de todo el AT: “Vi tu rostro que me perdonaba y era como ver el rostro de Dios”. Un rostro que perdona es el rostro mismo del Dios perdonador.

Cuarto principio: Si queremos “ver” a Dios hay que mirarlos en los rostros que perdonan. Si no hay rostros que perdonan, no se puede ver a Dios.

         Al darse una cierta reconciliación, Esaú quiere caminar junto a su hermano como si no hubiese pasado nada. Jacob piensa que si van juntos, volverán a reñir. Por eso le dice que siga él con sus soldados y él irá al paso con su familia y sus rebaños. Esaú le ofrece una pequeña escolta que Jacob desecha porque si tenía miedo a su hermano y éste le ha perdonado ya no hay a quien temer. Terminan yendo cada uno a ciudad distinta: Esaú a Seir, Jacob a Sucot.

Quinto principio: Hay que reconocer los límites del perdón. Somos débiles y no podemos a veces vivir juntos, estar en la misma honda de antes. Por eso, con humildad, hay que reconocer los límites y poner remedio para que no vuelva a desencadenarse el conflicto fraterno.

 

Espiritualidad de "Laudato sí"

ESPIRITUALIDAD Y ECOLOGÍA EN LAUDATO SI'

Fidel Aizpurúa Donazar y José Eizaguirre

Seguramente ninguna otra encíclica papal ha suscitado tanta expectación como Laudato si' (LS). Un año antes de su publicación ya se sabía que Francisco estaba preparándola. Meses antes se conocían los nombres de algunos de los que estaban participando en su redacción. Semanas antes se dio a conocer el título. Cuando el 18 de junio de 2015 se hizo oficialmente pública la encíclica el caldo de cultivo que la precedió venía de lejos. Sorprendentemente, no solo era esperada en ámbitos católicos sino también en ámbitos ecologistas que, en principio, ajenos a lo religioso. Sin duda éste es el documento papal de los últimos tiempos que más ha sido esperado por quienes viven al margen de la Iglesia. Por eso en este artículo abordamos los aspectos espirituales de LS desde el doble ámbito interno y externo.

Por una parte nos preguntamos qué resonancias encuentra la encíclica en la espiritualidad de los católicos. ¿En qué nos afecta a nuestra espiritualidad y qué llamadas y retos nos supone, tanto en la teología pensada como en la vivida? Será la primera parte: el contexto ecológico de los ámbitos espirituales (Fidel Aizpurúa)

Por otra parte, además de ver corroboradas muchas de sus aspiraciones, los ecologistas pueden reconocer a la luz de LS algunos rasgos de espiritualidad que ya están presentes en sus círculos militantes. Aunque con frecuencia no es fácil sacar a la luz estos rasgos –pues se identifica espiritualidad con religión y ésta con la Iglesia Católica, con todas las connotaciones que conlleva–, no hay duda de que pueden ser reconocidos y formulados. He aquí por tanto la segunda parte de este artículo: el contexto espiritual de los ámbitos ecológicos (José Eizaguirre).

I. EL CONTEXTO ECOLÓGICO EN LOS ÁMBITOS ESPIRITUALES

No cabe duda de que la publicación de la encíclica Laudato Si es un nueva oportunidad ofrecida a la vida cristiana para repensar la espiritualidad ecológica y para apuntar a nuevos horizontes. Como el mismo documento lo reseña (nºs 3-9) muchos de los papas modernos e incluso de los patriarcas ortodoxos han hablado del tema. Pero es la primera vez que tenemos una encíclica íntegra sobre el tema. Esto da carta de “eclesialidad” a la ecología.

1. Ecoteología

La ecología, desde ya varios lustros, ha aparecido en la reflexión teológica, aunque aún no haga parte componente de los programas teológicos. Grandes teólogos, como L. Boff, a quien, por cierto, el papa Francisco ha consultado a la hora de escribir este documento, hicieron toda una reflexión profunda sobre la evidencia de que la teología habría de incluir en modos normalesde su pensamiento el tema de la ecología. Para estos autores «la visión eco-teológica de la creación produce una ampliación del campo teológico en tanto que la teología se hace parte de la cultura y, de ese modo, responsable de la misma. La teología es mucho más que un discurso o estudio sobre Dios es, ante todo, en un quehacer socio-cultural e históricamente situado y comprometido con la transformación de la realidad social y espiritual de la época. No desoír este imperativo requiere de

la existencia de una apertura intelectual y espiritual a las nuevas formas de ser y de conocer la realidad. Los conceptos de “democracia cósmica” y de “reencantamiento” ocupan, aquí, un lugar importante. Ambos preceden y acompañan el surgimiento de un imperativo ético que impide el dominio y la explotación de la tierra. “Tierra” que, en un sentido no metafórico, sino real, concreto, histórico, representa a la humanidad, a los hombres y mujeres del mundo, a los pobres, a todos aquellos que -de alguna manera- ven amenazada su integridad y dignidad» (J. Navarrete Cano).

Va siendo hora de que la espiritualidad ecológica entre de lleno y como cosa normal en los planes de formación teológica, incluso en los programas catequéticos a nivel de pueblo cristiano. Que esto se entienda como algo baladí es hoy empobrecer de manera notable la experiencia creyente en Jesús. Efectivamente LS 96-100 pone la ecología en conexión íntima con la persona de Jesús. Desechar aquella es empobrecer a esta.

2. De la ecología pensada a la ecología vivida

Porque por mor de contagio social, los grupos cristianos han recibido una especie de “barniz ecológico” que lleva a no osar menospreciar en público la espiritualidad ecológica. Incluso no pocos de ellos hablan con sinceridad de la hermosura de una vida sostenible y ecológica. Pero es preciso pasar de esa ecología pensada a una ecología vivida. LS 147-155 se dedica íntegramente a la ecología en la vida cotidiana.

El documento da mucha importancia a los espacios públicos donde se desarrolla la vida de la persona urbanita, porque de su nivel de concepción ecológica depende no solamente el bienestar de la persona, sino su mismo nivel de humanidad. El marco ciudadano define la identidad de la persona. Ambientes asfixiantes generan pobreza humana y espiritual. Por eso hay que pensar en la persona a la hora de diseñar las ciudades. Lo mismo habría que decir del transporte público e, incluso, de la ecología corporal. Todos los ámbitos de lo cotidiano quedan tocados por esta espiritualidad trasversal.

Los grupos cristianos necesitan pasar con decisión a la ecología vivida. Es decir, se precisa un pensamiento más extendido entre las comunidades cristianas y una implicación explícita en comportamientos ecológicos que desvelen esas inquietudes. ¿Cuántas parroquias celebran sus fines de curso con un ágape que se sirve en platos y vasos de plásticos de un solo uso que se desechan una vez terminado el evento? ¿Quién recicla el papel, ampliamente usado en las catequesis? ¿A qué conferenciante se le pone agua en una jarra en lugar de ponerle un botellín de plástico con lo que eso supone de contaminación? La conversión a la ecología, de la que luego hablaremos pasa por estos signos iniciales. Luego, los caminos se adentraran en compromisos de mayor envergadura.

3. Ecología como profecía

La profecía ha mantenido vivos el anhelo y la utopía. La profecía se adapta a las situaciones cambiantes de la historia. Hoy la ecología es profecía. La gran profecía viene hoy del lado secular, como la ecología. Por eso, sorprende y anima que un documento pontificio tome las riendas de la profecía ecológica.

Esa profecía tiene en LS 203ss un rostro concreto: apostar por un estilo nuevo de vida. El patrón vigente actual, dice el papa Francisco, es el consumismo obsesivo que, según él, provoca violencia y destrucción (204). Por eso, no queda otra vía para el ciudadano corriente que un cambio de estilos de vida que podrían ejercer una sana presión sobre los que tienen poder político, económico y social (206). Pero es, sobre todo, a nivel personal donde hay que tomar conciencia del “impacto que provoca cada acción y cada decisión personal fuera de uno mismo” (208).

Posiblemente los grupos cristianos estén todavía lejos de llegar a un planteamiento consensuado para alcanzar la firme resolución, más allá de todo consumismo, de alcanzar la sostenibilidad. Son pocos los proyectos específicos desde el lado cristiano para organizarse en modos de consumo

responsable y sostenible. La misma Vida Religiosa, que tiene como núcleo de su razón de ser la profecía, no llega a suscitar proyectos de vida fraterna sostenible. Sumida en su propio esquema organizativo, lo que no sirve a tal esquema queda descartado. Hay, pues, una gran tarea por realizar.

4. Conversión ecológica

El tema de la conversión es un topos de la teología y de la espiritualidad. Se recurre a él con mucha frecuencia, pero sus perfiles se diluyen sin que se llegue a concretar en algo o se pueda evaluar posteriormente el comportamiento personal. La conversión a un modo sostenible de vida puede ser una manera óptima y actual de contribuir a una conversión eficaz.

La conversión ecológica es una de las finalidades primordiales de la LS: lograr una mística, unos móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria (216). ¿En qué cimiento se asienta tal mística? El papa Francisco lo tiene muy claro: Una conversión ecológica implica dejar brotar todas las consecuencias del encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que nos rodea (217).

No es una conversión que viene fácilmente dada sino, según el papa Francisco, son necesarios tres requisitos: la gratitud-gratuidad, la amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás creaturas y el desarrollo de la creatividad con entusiasmo para resolver los problemas del mundo (220).

Cuando llegan tiempos fuertes como la Cuaresma, la vida cristiana apela a la conversión. Generalmente se sitúa la cosa en niveles moralistas o espiritualistas que quedan en nada. Una propuesta cuaresmal en base a la conversión ecológica podría ser una buena campaña de la Cuaresma del 2016. Habría que comenzar por desmontar el imaginario de que la ecología es asunto para gente desocupada o de un cierto matiz lírico, sino que es algo implicativo del núcleo de la identidad cristiana, además de una exigencia social apremiante. Sería posteriormente necesario ofrecer caminos de conversión ecológica al alcance de la mano. Y, finalmente, habría que unificar esfuerzos comunitarios para que esto tome la fuerza necesaria de un modo de vivir la fe hoy, no de una simple moda al uso.

5. Cuenta atrás

Es preciso que todo lo que se haga en materia de vida sostenible y de cuidado del planeta ya llega tarde. El daño ecológico hecho al planeta con la incuria de los depredadores de la tierra y el silencio de quienes no nos movemos en esa dirección será irreparable en muchos casos. Las consecuencias las veremos en los años futuros. No se trata de falso alarmismo, sino de datos irreversibles. Los cambios producidos por el cambio climático afectan a nuestras vida y plantean un fuerte interrogante a la persona de hoy.

¿Puede un cristiano sustraerse a la elemental pregunta de qué mundo vamos a dejar a las generaciones futuras? ¿Es de recibo un estilo de fe que no siente preocupación por el devenir del planeta? El papa denuncia una relación directa entre destrucción del medio ambiente, pobreza y explotación económica y advierte de que no sirve luchar contra uno de estos tres factores si no se atacan a los otros. ¿Vamos los cristianos a creer que esto son palabras al aire, asuntos que no competen a mi experiencia creyente?

El ver que estamos en la cuenta atrás no nos ha de quitar a los cristianos la esperanza de que esto pueda llegar a cambiar, si hay implicación real en la sostenibilidad del planeta. Claramente lo dice una de las frases con las que se cierra el documento del papa: Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza (244).

II. EL CONTEXTO ESPIRITUAL DE LOS ÁMBITOS ECOLÓGICOS1

Superada esa primera distinción entre espiritualidad y religión, hay algunos rasgos de espiritualidad presentes en LS que podemos percibir en los ámbitos ecologistas.

1. Conciencia

La conciencia es un rasgo típico de las personas espirituales. Éstas son personas despiertas, conscientes de su realidad, de su verdad. En las religiones orientales se habla de alcanzar la "iluminación" como sinónimo de quien ha llegado al culmen de la vida espiritual. Esta iluminación supone conciencia, que es mucho más que un mero conocimiento intelectual; es un "darse cuenta", "ver", "ser consciente", "despertar".

Francisco repite 31 veces en LS la palabra “conciencia”. Conciencia de que somos criaturas salidas de las manos del Creador, en comunión con todas las criaturas (42, 202), lo cual implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza (67). Conciencia de que con nuestra forma de vida estamos dañando seriamente la Creación Después de un tiempo de confianza irracional en el progreso y en la capacidad humana, una parte de la sociedad está entrando en una etapa de mayor conciencia. Se advierte una creciente sensibilidad con respecto al ambiente y al cuidado de la naturaleza, y crece una sincera y dolorosa preocupación por lo que está ocurriendo con nuestro planeta (19).

Venimos de tiempos de ignorancia. No hemos sido conscientes de que nuestra forma de vida descansa sobre el sufrimiento de muchas criaturas hermanas. Y recordamos las palabras de Pablo en el aerópago: «Dios pasa por alto esos tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos y en todas partes que se conviertan» (Hch 17, 30). O, como dijo en su día José Saramago, “la alternativa al neoliberalismo se llama conciencia”.

Este es uno de los signos de los tiempos más esperanzadores hoy: estamos saliendo de “tiempos de ignorancia” para darnos cuenta de de cómo funciona este sistema económico en el que vivimos y su sustrato cultural y antropológico, ese antropocentrismo desviado que da lugar a un estilo de vida desviado (122). Cada vez son más las personas que se preguntan por las repercusiones de su forma de vida y toman decisiones conscientes que afectan a su estilo de vida. Es admirable la creatividad y la generosidad de personas y grupos que son capaces de revertir los límites del ambiente, modificando los efectos adversos de los condicionamientos y aprendiendo a orientar su vida en medio del desorden y la precariedad (148).

2. Integración

La persona espiritual se sabe unida a todo y a todos, empezando por uno mismo. Como es sabido, la palabra "monje" procede de la raíz griega "mono", es decir, uno, unido, integrado. El monje, la monja, es una persona integrada, unificada en primer lugar consigo misma, y a la vez con todo y con todos.

Unos de los ejes transversales que Francisco presenta al principio de LS (16) es el convencimiento de que todo está conectado (16, 91, 117, 138, 240), todo está relacionado (70, 92, 120, 137, 142). Todo está integrado en una unidad dolorosamente rota por el pecado humano.

Son muchos los que participando en ámbitos ecologistas viven «la experiencia de sentir que formas parte de algo que conecta a todo y a todos, esa experiencia te hace ver a todos los seres humanos como hermanos y al planeta como casa común que tenemos que cuidar».

Integración de todas las dimensiones de la persona. Cada vez son más los que, fuera de ámbitos religiosos, practican meditación, yoga, tai chi, chi kung y otras disciplinas que ayudan a integrar el cuerpo, la mente y el afecto.

Integración de todos con todos. Otros encuentran en la experiencia colectiva de construcción grupal un “algo más” que hace transcender a las personas más allá de sí mismas: «El mundo no será más sostenible porque un día todas nuestras tecnologías productivas sean ‘eco’. Conocer el funcionamiento de los procesos grupales, aprender del conflicto, hacer un uso consciente del poder que tenemos, saber gestionar las emociones, mejorar nuestra comunicación, tomar decisiones acordes con la sabiduría grupal... son elementos imprescindibles para una forma de vida sostenible.»3 Porque el mundo, creado según el modelo divino, es una trama de relaciones. Y la persona humana más crece, más madura y más se santifica a medida que entra en relación, cuando sale de sí misma para vivir en comunión con Dios, con los demás y con todas las criaturas. (240)

Integración con y en la naturaleza. No son pocos los que se atreven a dejar la ciudad para retornar a una forma de vida rural, incluso formando ecoaldeas, descubriendo la amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás criaturas, de formar con los demás seres del universo una preciosa comunión universal (220).

Pero ya no basta hablar sólo de la integridad de los ecosistemas. Hay que atreverse a hablar de la integridad de la vida humana, de la necesidad de alentar y conjugar todos los grandes valores (224). Una vida integrada –con uno mismo, con los demás, con la naturaleza, con Dios– conlleva una vida íntegra, “de una pieza”, honrada y transparente. Es precisamente la reivindicación de los movimientos sociales y de los partidos políticos alternativos. Cada vez es más evidente que sin integridad moral no habrá regeneración política.

3. Confianza

La confianza es uno de los rasgos más típicos de las personas espirituales. En los salmos, el tema más repetido es precisamente la confianza en Dios frente a algún peligro, concreto o no. La confianza es lo opuesto al miedo. Los místicos de todas las religiones son personas que en la cumbre de la experiencia espiritual saben que no hay nada que les pueda quitar la paz, ni siquiera la muerte. Personas serenas, que transmiten paz y profundidad. Personas confiables.

Después de presentar un panorama justamente preocupante respecto a la situación de nuestra “casa común”, Francisco confía en que no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan (205).

Es la misma convicción de tantas personas que desde los movimientos ecologistas se afanan incansablemente por revertir la situación global de deterioro medioambiental. Es la esperanza de millones de corazones que desde el Foro Social Mundial de Porto Alegre de 2001 corean que “otro mundo es posible”. Sí, con nuestro comportamiento inconsciente y “antropológicamente desviado” hemos configurado el mundo tal y como está. La buena noticia es que con nuestro comportamiento es posible configurar el mundo de otra manera. ¡Otro mundo mejor es posible!

Esta confianza en que otro mundo es posible se refleja en la confianza a priori de unas personas con otras. Aunque no esté directamente relacionado con los ámbitos ecologistas, es llamativo constatar cómo está surgiendo una nueva economía basada en la confianza. La banca ética o las cooperativas de crédito, donde ahorradores depositan su dinero confiados en que será utilizado de forma ética. Los viajes compartidos, donde se comparte coche con varios desconocidos confiando que se tendrá

un viaje agradable. Más aún: las casas compartidas que se prestan unos a otros en la confianza de que los huéspedes se comportarán correctamente (como sucede en la mayoría de los casos).

4. Transformación

Francisco deja muy clara la relación entre la preocupación medioambiental y la social. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza (139). Se trata de transformar esta situación de indignidad y sufrimiento en otra de armoniosa integración de todas las criaturas. Se trata de pensar en los pobres y sentir como propio su sufrimiento, pues son aquellos que más sufren las consecuencias del deterioro medioambiental (20, 25, 29, 48)

Precisamente, en los ambientes ecologistas desde hace años se viene proponiendo un “ecologismo social” que integre el cuidado de las personas con el del medio ambiente, proponiendo un cambio de modelo que ajuste las actividades económicas de los seres humanos a los límites biofísicos de los ecosistemas, con criterios de justicia y equidad. Esta voluntad de transformación ecosocial tiene que ver con una espiritualidad auténtica, que se conmueve por el sufrimiento ajeno y moviliza las fuerzas y la creatividad para evitarlo: junto con la importancia de los pequeños gestos cotidianos, el amor social nos mueve a pensar en grandes estrategias que detengan eficazmente la degradación ambiental y alienten una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad. Cuando alguien reconoce el llamado de Dios a intervenir junto con los demás en estas dinámicas sociales, debe recordar que eso es parte de su espiritualidad, que es ejercicio de la caridad y que de ese modo madura y se santifica. (231)

Esta “cultura del cuidado” no es algo nuevo; desde algunas corrientes de pensamiento como el ecofeminismo se viene proponiendo desde hace décadas poner en el centro de la sociedad el cuidado de las personas y no el beneficio económico, algo en perfecta sintonía con las propuestas del papa Francisco (Cf. Evangelii Gaudium 55-61).

Esta espiritualidad transformadora integra la aparente dualidad de la conversión personal y la transformación global. Puesto que todo está relacionado, contribuimos a otro mundo mejor posible al mismo tiempo que a nuestra propia realización como personas. El compromiso ecosocial brota así de la alineación de los sueños de las personas con las necesidades de la sociedad y del planeta. El resultado es una actitud liberadora y disfrutadora donde no solo se muestra que es posible vivir sin causar sufrimiento (o causando lo menos posible) sino que es posible ser feliz viviendo voluntariamente de esa manera.

Los miembros de los movimientos sociales y ecologistas seguramente sintonizarán también con las palabras de Francisco al término de su encíclica: Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza (244).

 

La esquina de tu campo

LA ESQUINA DE TU CAMPO (PE’Á) 

 

(FuenteLA MISHNÁ, editada por Carlos del Valle (Madrid, Editora Nacional, 1981, págs. 59-75).

 

 

 

     Este tratado versa sobre unas antiguas disposiciones en favor de los pobres: la esquina de tu campo, la rebusca y la gavilla perdida. La que trata con más amplitud es la referente a la ‘esquina de tu campo’ en torno a la obligación de todo propietario de dejar sin recoger una esquina de su campo en favor de los pobres (Lev 19, 9; 23, 22; Dt 24, 19-21).

     Este tratado, como todo el resto del orden de las semillas, exceptuando el primer tratado berajot, no tiene comentario en el talmud babilónico.

     El tratado contiene 8 capítulos:

 

Cap. I: Qué cosas no tienen medida determinada, medida rabínica y lugar del precepto de la esquina de tu campo; qué productos están sujetos al precepto.

Cap. II:  Cómo se determinan los campos con relación al precepto.

Cap. III: Casos especiales, bienes declarados sin propiedad.

Caps. IV-V: Cómo se distribuyen los frutos de “la esquina de tu campo”, la rebusca.

Cap. VI:  Disposiciones en torno al precepto de la gavilla perdida.

Cap. VII: Derechos del pobre sobre olivos y viñas.

Cap. VIII: Tiempo de la rebusca, credibilidad de los pobres sobre sus derechos, el diezmo del pobre, el pobre itinerante, quiénes tienen derecho al disfrute de estos derechos.

 

 

Tratado PE’Á (LA ESQUINA DE TU CAMPO)

 

Cap. I

 

      1. Estas son las cosas sobre las que no hay medida fijada ([1]): la esquina de tu campo ([2]), las primicias ([3]), la presentación en el templo ([4]), el ejercicio de la caridad ([5]) y el estudio de la Torá. Estas son las cosas cuyo fruto puede disfrutar el hombre en este mundo y cuyo capital permanece a su favor para la vida futura: el respeto al padre y a la madre ([6]) la caridad y el restablecer la paz entre un hombre y su prójimo. Pero el estudio de la ley aventaja a todas ellas.

      2. No se puede achicar la esquina más de una sexagésima parte ([7]), a pesar de que se haya dicho que en lo referente a la esquina de tu campo no hay medida fijada. Todo dependerá de la dimensión del campo, del número de los pobres y de la abundancia del grano.

      3. Se puede dejar la esquina al comienzo del campo o en medio. R. Simeón dice: “con tal que en último término se deje según la medida”. R. Yehudá dice: “si uno deja un tallo (al final), puede unir a él (lo dejado al principio o en medio) como cumplimiento del (precepto) de la esquina (de tu campo) ([8]). Pero, si no, será considerado como cosa sin propiedad” ([9]).

      4. Se ha establecido una regla general sobre (el precepto) de la esquina de tu campo: todo lo que es comestible, lo que puede conservarse, lo que crece de la tierra, lo que se recoge al mismo tiempo y se trae para su conservación está sujeto (al precepto) de la esquina (de tu campo). El trigo ([10]) y las legumbres caen bajo esta regla.

      5. Entre los árboles, el sumac ([11]), el algarrobo, el nogal, el almendro, la vid, el granado, el olivo y la palmera están sujetos (al precepto) de la esquina (de tu campo) ([12]).

      6. Siempre se puede dar ([13]) a título de la esquina (de tu campo) y quedar eximido de los diezmos ([14]) hasta que (el montón) quede aplanado. También se puede dar bajo el título de cosa sin propietario y quedar eximido de los diezmos ([15]) hasta que (el montón) quede aplanado. Se puede dar de comer al ganado, bestias y aves, y quedar eximido de los diezmos hasta que (el montón) quede aplanado. Puede tomarlo de la era y sembrarlo y quedar eximido de los diezmos hasta que (el montón) quede aplanado. Tal es la opinión de R. Aquiba. Si un sacerdote o levita compra una era ([16]), los diezmos le pertenecen hasta que (el montón) queda aplanado ([17]). Si uno ha consagrado (un producto) y lo redime, está obligado al diezmo hasta que el tesorero aplane (el montón).

 

 

 

Cap. II

 

      1. Las siguientes cosas introducen la interrupción ([18]) en lo concerniente (al precepto) de la esquina (de tu campo): un arroyo, un canal, un camino privado ([19]), un camino público, un pasadizo público, un pasadizo privado si se mantiene tanto en el tiempo del verano como en la estación de las lluvias, un terreno baldío, un terreno cultivado y otra semilla. Si uno siega (trigo todavía no maduro) para forraje, introduce una interrupción. Esta es la opinión de R. Meír. Los sabios, en cambio, dicen: “no se introduce una interrupción sino sólo si se ara el campo”.

      2. Si un canal de agua (es tan ancho que el trigo en ambas orillas) no puede ser segado simultáneamente, R. Yehudá afirma que introduce una interrupción. Cualquier montaña que es cavada con azadón, aunque el buey no pueda recorrerla con el arado, está sujeta toda ella a una única satisfacción del (precepto) de la esquina (de tu campo).

      3. Todas estas cosas introducen una interrupción en los campos sembrados. En lo que concierne a los árboles, introduce una interrupción sólo un muro ([20]). Pero si las ramas están entrelazadas no introduce interrupción (el muro), sino que todo queda sujeto (a una única satisfacción del precepto) de la esquina (de tu campo).

     4. En cuanto a los algarrobos que son visibles unos de otros (forman una unidad respecto al precepto, a pesar de que estén divididos por muro o valla). Rabán Gamaliel decía: “en casa de mi padre se acostumbraba (a considerar como una unidad respecto a la satisfacción del precepto) de la esquina (de tu campo) los olivos que tenían en cualquier sitio (del campo) y los algarrobos que eran visibles unos de otros. R. Eliezer, hijo de R. Sadoq, decía en su nombre: “respecto a los algarrobos también los que tenía en toda la ciudad”.

     5. Si uno siembra su campo con una sola semilla, a pesar de que llene con ello dos eras, establece una sola (unidad respecto al precepto) de la esquina (de tu campo). Si siembra dos especies de semilla, a pesar de que lo ponga en una misma era, establece dos (unidades respecto al precepto) de la esquina (de tu campo). Si uno siembra su campo con dos especies de trigo y las pone en una misma era, establece una sola (unidad respecto al precepto) de la esquina (de tu campo); si las pone en dos eras, establece dos (unidades).

    6. Ocurrió una vez que R. Simeón de Mispa sembró (de ese modo) y (vino) junto a Rabán Gamaliel. Ambos se fueron a la sala de los sillares ([21]) y lo consultaron. Najum el escriba les dijo: “he recibido de R. Measa, que lo recibió de su padre ([22]), y éste de los “pares” ([23]), y éstos de los profetas, que es precepto de Moisés desde el Sinaí que si uno siembra su campo con dos especies de trigo y las pone en una misma era, establece sobre ellas una sola (unidad en lo concerniente a la satisfacción del precepto) de la esquina (de tu campo); pero si hace dos eras, establece dos (unidades)”.

    7. Si un campo ha sido segado por samaritanos o por ladrones, o ha sido consumido por las hormigas o lo ha destrozado la tormenta o el ganado, queda exento ([24]). Si uno ha segado la mitad y los ladrones siegan la otra mitad, queda exento, porque la obligación (del cumplimiento del precepto) de la esquina (de tu campo se aplicaba) al trigo que quedaba en pie ([25]).

    8. Si los ladrones han segado la mitad del campo y uno siega la otra mitad, tiene que satisfacer (el precepto) de la esquina (de tu campo) en lo concerniente a aquello que siega. Si ha segado la mitad y vende la otra mitad, el comprador tiene que satisfacer por entero (el precepto) de la esquina (de tu campo). Si ha segado la mitad y consagra la otra mitad, el que la redime de las manos del tesorero tiene que satisfacer por entero (el precepto) de la esquina (de tu campo).

 

Cap. III

 

    1. En cuanto a los espacios cuadrados ([26]) con trigo que hay entre los olivos ([27]), la escuela de Samay dice que se ha de establecer una unidad (respecto a la satisfacción del precepto) de la esquina (de tu campo) por cada uno de ellos, mientras que la escuela de Hilel afirma que vale uno por todos. Están de acuerdo en que si los extremos de las líneas se mezclan, entonces se establece una unidad por todos (respecto a la satisfacción del precepto) de la esquina (de tu campo).

   2. Si uno siega por franjas su campo y deja los tallos verdes, R. Aquiba dice que se establece una unidad (respecto a la satisfacción del precepto) de la esquina (del campo) por cada una (de las franjas). Los sabios, en cambio, dicen: “una por todas”. Pero los sabios están de acuerdo con R. Aquiba en que si uno siembra eneldo o mostaza en tres lugares, ha de satisfacer (el precepto) de la esquina (de tu campo) en cada uno de ellos.

   3. Si uno coge cebollas frescas para el mercado y deja las secas para la era, ha de satisfacer (el precepto) de la esquina (de tu campo) por separado respecto a las unas y respecto a las otras. Del mismo modo hay que hacer respecto a los guisantes y a las uvas. Si uno disminuye (la cantidad de cebollas) ([28]), da del resto según lo que dejó. Pero si arranca (las cebollas) de una sola parte ([29]), establece sobre el resto (lo que debe satisfacerse del precepto de la esquina de tu campo) según la totalidad (inicial).

   4. Las cebollas de siembra están sujetas (al precepto) de la esquina (de tu campo). R. Yosé las declara eximidas. Respecto a las parcelas de cebollas que se encuentran entre vegetales, R. Yosé dice que están sujetas cada una de ellas (a la satisfacción del precepto) de la esquina (de tu campo). Los sabios, en cambio, dicen “una por todas”.

   5. Los hermanos que están separados satisfacen cada uno por su cuenta (el precepto) de la esquina (de tu campo). Si vuelven a asociarse, lo satisfacen conjuntamente. Si dos personas compran un árbol, satisfacen conjuntamente (el precepto) de la esquina (de tu campo). Si uno ha comprado la parte del norte y otro la del sur, cada cual satisface por separado (el precepto) de la esquina (de tu campo). Si uno vende troncos de árbol dentro de su campo, tiene que satisfacer (el precepto) de la esquina (de tu campo) por cada uno de ellos. R. Yehudá dice: “¿Cuándo?” Cuando el dueño del campo no deja nada (en él), pero si deja, en ese caso ha de satisfacer (el precepto) de la esquina (de tu campo) de modo global.

   6. R. Eliezer dice: “un terreno de un cuarto de kab está sujeto (al precepto) de la esquina (de tu campo)”. R. Yehosúa afirma: “si produce dos seás” ([30]). R. Tarfón dice: “si tiene seis palmos por seis”. R. Yehudá ben Betera dice: “de modo que puede segarse de dos vueltas”. La halajá es según su opinión. R. Aquiba enseña que todo terreno de cualquier dimensión está sujeto (al precepto) de la esquina (de tu campo) y de las primicias, y (basta) para escribir el prosbol ([31]) y para adquirir bienes muebles por dinero, documento o por usucapión.

   7. Si uno estando gravemente enfermo ([32]) asigna (a otro) sus bienes y deja para sí un terreno de la dimensión que sea, su donación es válida. Pero si no deja ningún terreno de la dimensión que sea, su donación no es válida. Si uno asigna sus bienes a sus hijos y asigna a su mujer un terreno de cualquier dimensión, pierde ésta su ketubá ([33]). R. Yosé dice: “si ella está de acuerdo ([34]), a pesar de que (el marido) no se lo asignara, pierde su ketubá”.

   8. Si uno asigna sus bienes a su esclavo, queda éste emancipado. Pero si conserva para sí un terreno de cualquier dimensión que sea, no queda emancipado. R. Simeón dice que en cualquiera de los casos es un hombre libre, a excepción de que el (dueño) diga: “mira, todos mis bienes han de ser entregados a fulano, mi esclavo, excepto la diezmilésima parte de ellos” ([35]).

 

Cap. IV

 

   1. El precepto de la esquina (de tu campo) se aplica a lo que está agarrado a la tierra. De la cepa con empalizada y de la palmera, el propietario ha de recoger los frutos y repartirlos entre los pobres. R. Simeón dice: “también de los tersos nogales” ([36]). Si noventa y nueve ([37]) dicen que han de ser distribuidos ([38]) y uno solo se pronuncia por la recogida, se escucha al que habla según la halajá.

   2. Respecto a la vid con empalizada y a la palmera no es así. Aunque noventa y nueve digan que han de ser cogidos (sus frutos) y uno solo diga que han de ser distribuidos, se ha de oír a este último que habla según la halajá.

   3. Si uno coge algo (de los frutos del precepto) de la esquina (de tu campo) y lo arroja con lo demás ([39]), no tiene ya parte en ello. Si se arroja sobre ellos y extiende su manto, se le obliga a apartarse de allí. Lo mismo vale para el rebusco ([40]) y para la gavilla olvidada ([41]).

   4. (Los frutos dejados para la satisfacción del precepto) de la esquina (de tu campo) no se siegan con hoces ni se cortan con hachas a fin de que nadie hiera a su compañero.

   5. Tres veces en el día es el momento de la recogida: por la mañana, al mediodía y por la tarde. Rabán Gamaliel dice: “lo establecieron así para que no fueran menos”. R. Aquiba dice: “lo establecieron así para que no fueran más veces”. La gente de la Casa de la pantera ([42]) recogía la cosecha sirviéndose de una cuerda y dejaba de cada línea (frutos para la satisfacción del precepto) de la esquina (de tu campo).

   6. Si un gentil ha recogido la cosecha de su campo y luego se hace prosélito, está eximido de los preceptos del rebusco, de la gavilla olvidada y de la esquina de tu campo. R. Yehudá lo declara obligado respecto a la gavilla olvidada, ya que el precepto de la gavilla olvidada se aplica en el tiempo de hacer las gavillas ([43]).

   7. Si uno ha dedicado al templo trigo que todavía se encuentra en el campo y lo redime, queda obligado ([44]). Si dedica gavillas y las redime, queda obligado (al precepto de la gavilla olvidada). Si dedica trigo que está todavía en el campo y lo rescata cuando está ya dispuesto en gavillas, está eximido, ya que en el tiempo de su obligación estaba exento.

   8. Del mismo modo, si uno dedica al templo sus productos antes de que llegue el tiempo de los diezmos ([45]) y los rescata, quedan obligados ([46]). Si es después del tiempo de los diezmos y los rescata, quedan obligados. Si los dedica al templo antes de madurar y maduran cuando están bajo el tesoro y luego los rescata, están eximidos, ya que en el tiempo de su obligación estaban exentos.

   9. Si uno ([47]) ha recogido (frutos que caen bajo el título del precepto) de la esquina de tu campo y dice: “son para el pobre fulano”, R. Eliezer afirma que los ganó para aquel, mientras que los sabios sostienen que los ha de entregar al primer pobre que encuentre. (Los frutos) de la rebusca, de la gavilla olvidada y de la esquina de tu campo de un gentil están sujetos al precepto del diezmo a no ser que se hayan declarado sin dueño.

   10. ¿Cuál es (el fruto) de la rebusca? Lo que cae al suelo en el tiempo de la cosecha. Si uno recoge la cosecha a mano llena o arranca (una planta) a puño lleno y se clava una espina cayéndosele de la mano (el fruto), éste pertenece al dueño. Lo que cae del medio de la mano o de la hoz pertenece al pobre, pero lo que cae por detrás de la mano o de la punta de la hoz pertenece al propietario. Lo que cae de la punta de los dedos o del extremo de la hoz pertenece, según R. Ismael, a los pobres, mientras que, según R. Aquiba, al propietario.

   11. (El grano) que se halla en los agujeros de las hormigas que se encuentra entre el trigo aún no segado pertenece al dueño; si es después de la siega, el que está arriba pertenece a los pobres; el que está debajo (de tierra), al dueño. R. Meír afirma que todo pertenece a los pobres, ya que lo que es dudoso de si es o no es rebusca cae bajo (la categoría) de la rebusca.

 

Cap. V

 

   1. En un montón de trigo, debajo del cual no se hizo la rebusca, todo lo que está en contacto con la tierra es de los pobres. Si el viento esparce las gavillas, se hace una estimación de qué cantidad habría en la rebusca y se entrega a los pobres. Rabán Simeón ben Gamaliel dice que se da a los pobres según corresponde a la caída normal ([48]).

   2. Si en la siega ha sido dejada una espiga de grano que toca todavía el tallo del trigo aún no cortado, si puede ser recogido juntamente con éste, pertenece al dueño; si no, pertenece a los pobres. Si una espiga que queda para la rebusca se mezcla con el montón de trigo, se hace el diezmo con otra espiga y se entrega (al pobre). R. Eliezer dice: ¿cómo un pobre puede intercambiar algo que no vino a posesión suya? Antes bien, debe (el dueño) otorgar al pobre derecho sobre todo el montón de trigo y luego hacer el diezmo con una espiga y entregársela.

   3. No se puede regar (el campo), según la opinión de R. Meír, mientras que los sabios lo permiten por cuanto que es posible ([49]).

   4. Un propietario que tiene que trasladarse de un lugar a otro y tiene necesidad de coger (los frutos) de la rebusca, de la gavilla olvidada, de la esquina de tu campo, del diezmo de los pobres, los puede tomar, pero, cuando retorna a su casa, tiene que resarcirlos. Esta es la opinión de R. Eliezer. Los sabios dicen: en aquel momento era un pobre.

   5. Si uno hace un cambio con el pobre, lo suyo queda exento y lo del pobre queda obligado. Si dos personas ([50]) toman un campo con derecho a la participación en los frutos, uno puede dar al otro su parte en el diezmo de los pobres y el otro a su vez puede dar a éste su parte en el diezmo de los pobres. Si (un pobre) toma un campo para recoger la cosecha, le queda prohibido (participar) en la rebusca, en la gavilla olvidada, en la esquina de tu campo y en el diezmo de los pobres. R. Yehudá dice: ¿cuándo? Cuando recibe de él la mitad (de la cosecha) o el tercio o el cuarto. Pero, si el propietario le dice: “el tercio de lo que siegues es tuyo”, en este caso le está permitido (participar) en la rebusca, en la gavilla olvidada, en la esquina de tu campo, pero no en el diezmo de los pobres ([51]).

   6. Si uno vende su campo, al vendedor ([52]) le está permitido ([53]), pero al comprador le está prohibido. Nadie puede contratar a un obrero con la condición de que su hijo pueda hacer la rebusca tras él. Si uno no deja a los pobres hacer la rebusca o si deja a uno y a otro no, o si ayuda a uno de ellos, el tal es un expoliador de los pobres. De él está escrito: no removerás los linderos antiguos ([54]).

   7. La gavilla que olvidaron los trabajadores, pero que no olvidó el propietario o que olvidó el propietario, pero que no olvidaron los trabajadores o aquélla frente a la que se pusieron delante los pobres o que la cubrieron con paja, no se considera gavilla olvidada.

   8. Si uno ata las gavillas en forma de sombrero o de muela de molino o de torta o de haz ([55]), no se aplica en ese caso (el precepto) de la gavilla olvidada. Pero, desde allí hasta la era, se aplica (el precepto) de la gavilla olvidada. Si uno ata las gavillas en forma de montón se aplica (el precepto) de la gavilla olvidada, pero, desde allí hasta la era, no se aplica. Esta es la regla general: siempre que se amontonen las gavillas para llevarlas al lugar donde se terminará el trabajo se aplica (el precepto) de la gavilla olvidada, pero a lo que se lleva desde allí a la era no se aplica. Si no es el lugar donde se termina el trabajo, no se aplica el precepto de la gavilla olvidada, pero sí se aplica desde allí a la era.

 

Cap. VI

 

    1. La escuela de Samay enseña: lo que es proclamado propiedad sin propietario a favor de los pobres es considerado sin propietario. Pero la escuela de Hilel dice: no puede considerarse nada sin propietario mientras no sea declarado también sin propietario a favor de los ricos como en el año de la remisión ([56]). Si todas las gavillas del campo son de un kab ([57]) y una es de cuatro kab y fue olvidada, según la escuela de Samay no debe ser considerada como gavilla olvidada, pero según la escuela de Hilel sí.

   2. Si una gavilla está apoyada a una pared o a un montón de trigo o junto al ganado o junto a unos objetos y fue olvidada, la escuela de Samay afirma que no entra en la categoría de gavilla olvidada, mientras que la escuela de Hilel sostiene que sí.

   3. En los extremos de las líneas, la gavilla que está de frente tiene un valor probatorio. Si una gavilla ha sido cogida para ser transportada a la ciudad y es olvidada, están de acuerdo (ambas escuelas) en que no entra en la categoría de gavilla olvidada.

   4. Para los extremos de las líneas vale lo siguiente: si comienzan dos (a recoger las gavillas) por el medio de la línea, uno vuelto hacia el norte y otro vuelto hacia el sur, olvidando (algunas gavillas) delante y detrás de ellos, las que quedan delante de ellos se consideran como gavillas olvidadas, mientras que las que quedan detrás de ellos no se consideran como tales. Si una persona sola comienza por el extremo de la línea y olvidó (algunas gavillas) que estaban unas delante y otras detrás de él, las que están delante de él no se consideran como gavillas olvidadas, pero las que están detrás, si, puesto que a esto se aplica: no vuelva a atrás ([58]). Esta es la regla general: todo a lo que puede aplicarse el no volverás a atrás es considerado como gavilla olvidada, mientras que si no puede aplicarse el no volverás a atrás  no se considera como gavilla olvidada.

   5. Dos gavillas pueden entrar en la categoría de gavilla olvidada, pero tres no. Dos montones de aceitunas o algarrobas pueden entrar en la categoría de lo olvidado, pero no tres montones. Dos hatillos de lino pueden entrar en la categoría de lo olvidado, pero no tres. Dos gajos pueden entrar en la categoría de gajos caídos, pero no tres. Dos espigas pueden entrar dentro de la categoría de la rebusca, pero no tres. Estas (normas) son conformes a las palabras de Hilel. En todos estos casos, la escuela de Samay dice que tres son del pobre, mientras que cuatro ya pertenecen al propietario.

   6. Si una gavilla contiene dos seás y es olvidada, no se la considera como gavilla olvidada. Si son dos gavillas que juntas hacen dos seás, según Rabán Gamaliel pertenecen al propietario, mientras que según los sabios pertenecen a los pobres. Rabán Gamaliel les puso la cuestión: con la multiplicación de las gavillas, ¿se fortalece o se debilita el derecho de los propietarios? Le respondieron: se fortalece. Les dijo: si cuando se trata de una sola gavilla que contiene dos seás y es olvidada, no se considera como gavilla olvidada, ¿no hay que inferir que si son dos gavillas que contienen juntas dos seás no han de ser consideradas dentro de la categoría de olvidadas? Le replicaron: ¡No! Si tú hablas de una gavilla que es como un montón ¿hablarás de dos gavillas que son como dos hatillos?

   7. Si hay trigo aún no segado que hace dos seás y es olvidado, no entra en la categoría de lo olvidado. Si no contiene dos seás, pero es apto para producir dos seás, aunque sea de la calidad de las habichuelas ([59]), es considerado como si fueran granos de cebada.

   8. El trigo aún no segado salva a la gavilla ([60]) y al trigo aún no segado (que está en torno). La gavilla, en cambio, no salva ni a la gavilla ni al trigo aún no segado. ¿Cuál es el trigo aún no segado que salva a la gavilla? Aquél del que no fue olvidado ni tan siquiera un tallo.

   9. Un seá de trigo cortado y otro de trigo todavía no cortado, lo que es aplicable asimismo a los árboles, a los ajos y a las cebollas, no se unen para formar dos seás, sino que pertenecen a los pobres. R. Yosé dice: si el derecho del pobre se mete por medio de los dos, entonces no se unen; pero si no se mete, se unen.

   10. El trigo que se da para pienso o para enlazar la gavilla y lo mismo vale para las ristras de ajos y cebollas, no entra en la categoría de lo olvidado. Todo lo que está oculto en la tierra, como, por ejemplo, el sarrillo ([61]) el ajo y la cebolla, no entra en la categoría de lo olvidado según R. Yehudá. Los sabios, en cambio, sostienen que sí puede entrar.

   11. Si uno siega durante la noche y hace gavillas o si es ciego, se aplica el precepto de la gavilla olvidada. Si (el tal) se propone coger las gavillas más grandes, no se aplica la ley de la gavilla olvidada (a las pequeñas). Si uno dice: “segaré con la condición de que pueda coger lo que olvidé”, se aplica en este caso la ley de la gavilla olvidada.

 

Cap. VII

 

   1. Si un olivo tiene en el campo una especial fama, tal como el olivo que destila (mucho aceite) en su estación y es olvidado, no entra en la categoría de lo olvidado. ¿A qué se aplica esto? (Al olivo conocido) por su fama o por su producción o por su lugar. Por su fama, cuando es un sifkoní o un besaní ([62]). Por su producción, cuando da mucho. Por su lugar, cuando está al lado de un lagar o de una brecha. En el resto de los olivos, dos pueden entrar en la categoría de lo olvidado, pero no tres. R. Yosé dice: la ley de lo olvidado no se aplica a los olivos.

   2. Si un olivo se encuentra entre tres hileras (de olivos) con dos parcelas (entre cada una) y es olvidado, no entra en la categoría de lo olvidado. Si un olivo que contiene dos seás (de aceituna) es olvidado, no entra en la categoría de producto olvidado. ¿Cuándo se aplica esto? Cuando no se ha comenzado (a recoger la aceituna), pero una vez que se ha comenzado, aunque fuese el olivo que destila (abundantemente) en su tiempo, si es olvidado, entra en la categoría de producto olvidado. En tanto el propietario tenga algo suyo debajo del olivo, le pertenece lo que está en su copa. R. Meír dice: sólo cuando el vareador se va (se aplica al olivo la ley del producto olvidado).

   3. ¿Qué son los gajos de la rebusca? Son los gajos que se caen en el momento de vendimiar. Si el vendimiador corta un racimo que al entrelazarse entre las hojas cae de sus manos al suelo soltándose los gajos, en este caso pertenecen al propietario. El que coloca un cesto debajo de la cepa en el momento de la vendimia es un expoliador de los pobres. De éste está escrito: no removerás los linderos antiguos ([63]).

   4. ¿Cuáles son los racimos de la rebusca? Aquellos que no tienen cuerpo en los laterales ni tampoco en la punta. Si tienen cuerpo en los laterales o en la punta, pertenecen al propietario. Si hay duda, pertenecen a los pobres. Los racimos de la rebusca que se encuentran en los nudos (de la cepa), si son vendimiados con los racimos buenos, pertenecen al propietario; si no, son de los pobres. Si tienen un solo gajo, R. Yehudá dice que es un racimo bueno, mientras que los sabios afirman que es racimo de rebusca.

   5. Si uno aligera un poco las cepas, del mismo modo que puede aligerar lo suyo puede aligerar lo que es de los pobres. Esta es la opinión de R. Yehudá. R. Meír dice: lo suyo está permitido (aligerarlo), pero no lo de los pobres.

   6. Si una cepa tiene cuatro años ([64]), según la escuela de Samay no se le aplica (la ley) del quinto ([65]) ni del alejamiento ([66]),  mientras que la escuela de Hilel afirma que se le aplica. La escuela de Samay sostiene que se le aplica la ley de los gajos caídos y de los racimos de la rebusca. Los pobres pueden hacer el rescate para sí mismos. La escuela de Hilel, en cambio, dice que todo es para el lagar.

   7. Si una viña tiene sólo racimos de rebusca, según R. Eliezer pertenecen al propietario, mientras que según R. Aquiba pertenecen a los pobres. R. Eliezer arguyó: “si tú vendimias, no has de coger los racimos de la rebusca” ([67]). Pero si no hay vendimia, ¿cómo habrá racimos para la rebusca? Le replicó R. Aquiba: “no harás la rebusca de tu viña” ([68]), incluso cuando toda ella no tenga más que racimos de rebusca. Si es así, ¿por qué está escrito: “cuando vendimies tu viña no has de coger los racimos de la rebusca? (Para mostrar que) los pobres no tienen derecho a los racimos de la rebusca antes de la vendimia.

   8. Si uno dedica su viña al templo antes de que se puedan reconocer en ella los racimos de la rebusca, no entran los tales dentro de la categoría de racimos de rebusca para los pobres, pero, si es después de que se puedan reconocer, sí entran dentro de esa categoría. R. Yosé afirma que se deben dar como recompensa de su cultivo al templo. ¿Cuándo se aplica la ley del producto olvidado a la cepa que está sostenida por apoyaturas? Cuando uno no puede extender su mano y alcanzarla. ¿Cuándo se aplica la ley de producto olvidado a la cepa que se extiende por el suelo? Después que (el vendimiador) la deja.

 

Cap. VIII

 

   1. ¿Cuándo puede cualquiera ir a la rebusca? Después que se hayan ido los más lentos (de entre los pobres). ¿Cuándo puede cualquiera ir a la rebusca de los gajos caídos y de los racimos de los pobres? Después que los pobres han ido a la viña y han vuelto. ¿Cuándo se puede ir a la rebusca de la aceituna? Después de haber caído la segunda lluvia. R. Yehudá dice: ¿no hay acaso gente que varea sus olivos tras la segunda lluvia? Más bien cuando el pobre se va y no puede llevar más de cuatro isar ([69]).

   2. (Los pobres) son dignos de crédito respecto a la rebusca, al producto olvidado y a la esquina de tu campo ([70]) cuando es su tiempo y respecto al diezmo de los pobres durante todo el año. El levita es siempre digno de crédito ([71]). Pero sólo son dignos de crédito en aquello que la gente acostumbra (a darles).

   3. Son dignos de crédito respecto al trigo, pero no respecto a la harina o al pan. Son dignos de crédito respecto al arroz que está todavía en la planta, pero no son dignos de crédito respecto al mismo si está suelto, crudo o cocido. Son dignos de crédito respecto a las habas, pero no cuando éstas están machacadas, ya crudas o ya cocidas. Son dignos de crédito cuando dicen: es del diezmo del pobre, pero no cuando dicen: es de las aceitunas vareadas ([72]).

   4. Son dignos de crédito respecto a las verduras crudas, pero no cuando están cocidas, a no ser que dispongan de poca cantidad. Es, en efecto, costumbre del propietario sacar (comida) de su olla.

   5. A los pobres no se les ha de dar en la era menos de medio kab de trigo y un kab de cebada. —R. Meír dice: medio kab o un kab y medio de espelta o un kab de higos secos o una mina de torta de higos.— R. Aquiba dice: un perás ([73]) —o medio log de vino—. R. Aquiba dice: un cuarto —o un cuarto de aceite—. R. Aquiba dice: un octavo. Respecto al resto de los otros frutos dice Abá Saúl que (se debe dar tanto) como para que se puedan vender y comprar a su cambio alimento para dos comidas.

   6. Esta medida se aplica a los sacerdotes, a los levitas y a los israelitas (pobres). Si uno quiere salvar (para sus parientes pobres algo), puede coger una mitad y entregar la otra mitad. Si le queda muy poca cosa, la coloca ante ellos y éstos se la reparten entre sí.

   7. Al pobre que va de un lugar a otro no se le da menos de un bollo de un pondio, cuando cuatro seás (de trigo) valen una selá.  Si pasa allí la noche, se le provee de lo necesario para pernoctar. Si es sábado, se le ha de dar alimento para tres comidas. Si uno tiene alimentos para dos comidas, no cogerá del plato de (los pobres). Si tiene para catorce comidas, no cogerá nada de la caja (de los pobres). (El dinero) de la caja es recogido por dos personas y su distribución es hecha por tres.

   8. Si uno tiene doscientos sús, no podrá tomar los frutos de la rebusca, ni de lo olvidado ni de la esquina de tu campo ni del diezmo de los pobres. Si tiene doscientos menos un dinar, podrá tomarlos incluso cuando mil (propietarios) le den simultáneamente (un producto). Si han sido dados en prenda al acreedor o para ketubá de su mujer, podrá tomarlos. No se le puede obligar a vender su casa o los objetos de su uso.

   9. Si uno tiene cincuenta sús y hace negocio con ellos, no podrá tomar nada. Todo aquel que no necesita tomar nada y, sin embargo, toma, no se despedirá de este mundo sin que haya tenido que necesitar a los otros hombres. Pero todo aquel que necesita tomar y no toma, no morirá en su ancianidad sin que haya podido sustentar a otro con sus riquezas. De él dice la Escritura: Bendito es el varón que confía en el Señor y cuya esperanza es el Señor ([74]). Esto mismo se aplica al juez que emite un juicio justo según verdad. Todo aquel que no es paralítico, ni ciego, ni cojo y se comporta como si lo fuera, no morirá en su ancianidad sin que se haya convertido como uno de ellos, ya que está escrito: al que busca el mal, le vendrá el mal ([75]), y también: sigue estrictamente la justicia ([76]). Todo juez que recibe dádivas y se aparta de la justicia no morirá en su ancianidad sin que se hayan apagado sus ojos, como está escrito: no recibas regalos que ciegan a los prudentes ([77]).

 

 



[1] Por parte de la Torá, ya que por parte rabínica está establecido que se deje al menos 1/60 de los frutos del campo.

[2] Lev. 19, 9; 23, 22.

[3] Que debían ser llevadas al templo (Ex 23, 19).

[4] Con motivo de las tres grandes fiestas de peregrinación (Ex 23, 17).

[5] Gemillut jasadim, expresión que denota algo más que simple caridad y que comporta un servicio personal a todos los hombres.

[6] Ex 20, 12; Dt 5, 6.

[7] Del total del campo. Naturalmente está permitido dejar más cantidad.

[8] Estando exento del diezmo, ya que de ‘la esquina de tu campo’ no se separa diezmo.

[9] Y, en cuanto tal, puede ser adquirido tanto por el pobre como por el rico.

[10] Trigo, avena, cebada, centeno…

[11] Rhus coriaria.

[12] Sólo se aducen algunas especies en plan de ejemplo.

[13] Incluso del fruto ya recogido.

[14] Eran tres los tipos de diezmo que gravaban sobre el israelita: 1) el llamado primer diezmo, que se entregaba al levita (Núm, 18, 21), quien a su vez de aquella cantidad recibida tenía que separar otro diezmo para el sacerdote (Núm 18, 26); 2) el llamado segundo diezmo, que el propietario debía comer en Jerusalén (Dt 14, 23). Podía ser vendido por dinero, con el que, añadiéndole un cuarto de su valor, se adquirían alimentos en Jerusalén y allí eran consumidos; 3) el año tercero y sexto del ciclo septenal había que entregar un diezmo a los pobres, de ahí que se le llamara el diezmo del pobre (Dt 14, 29; 26, 12).

[15] Véase Dt 14, 28.

[16] Llena de grano.

[17] Luego han de ser entregados los diezmos a otro levita.

[18] Hacen que un campo se considere dividido en diversas secciones, en las que hay que respetar el precepto de “la esquina de tu campo”.

[19] Que tiene 4 codos de ancho, frente a los 16 del camino público.

[20] De una altura mínima de diez palmos.

[21] Donde tenía el sanedrín su sede (Mid 5, 4).

[22] Algunos entienden Abba como nombre propio.

[23] El sanedrín estaba presidido por dos personalidades, los pares, en los dos últimos siglos anteriores a la era cristiana.

[24] Del precepto de la esquina de tu campo.

[25] Después de 1a siega de la primera mitad.

[26] Los espacios libres que mediaban entre los árboles eran sembrados, generalmente adoptando una forma cuadrada.

[27] U otros árboles.

[28] Es decir, si arranca cebollas (u otras plantas) para dejar más espacio entre ellas y permitir un mejor desarrollo.

[29] Ya para su propia necesidad o ya para la venta.

[30] Un terreno que tenga una producción de dos seás de fruto.

[31] Todas las deudas cesaban con el año sabático. Pero podían mantenerse incluso tras el año sabático estableciendo un contrato previo, cuyo documento era llamado prosbol. Sólo era posible si el deudor disponía de bienes inmuebles.

[32] Aunque recuperándose más tarde.

[33] La dote que le corresponde en  la viudez o en el caso de ser divorciada. Véase Ket 5, 1.

[34] De heredarlo con los hijos.

[35] Ya que en esa parte exceptuada puede incluir al propio esclavo.

[36] De tronco terso o, según otros, una especie determinada de nogal.

[37] Pobres.

[38] Los frutos, por parte del propietario.

[39] Con ánimo de apropiárselo.

[40] Véase 4, 10.

[41] Dt 24, 19-21.

[42] Nombre de una ciudad (Num 32, 36) o de una familia.

[43] Cuando ya es israelita.

[44] Al precepto de la esquina de tu campo.

[45] Que comienza a contar a partir del momento en que el fruto está ya en la era.

[46] Al diezmo.

[47] Que no es un pobre.

[48] Una cuadragésima quinta parte de la cosecha.

[49] El riego impediría a los pobres recoger el fruto, pero el propietario, según los sabios, tendría  ocasión de resarcir a los pobres. Esta misná es de difícil intelección. Megalgelim parece referirse al instrumento, dotado de ruedas, con el que se sacaba el agua. Existen otras interpretaciones.

[50] Pobres.

[51] Que era separado de lo ya segado.

[52] En su condición de pobre.

[53] La rebusca, gavilla olvidada y esquina de tu campo.

[54] Prov 22, 28.

[55] En pequeños montones, de carácter provisional, para hacer luego un gran montón.

[56] El séptimo año de cada semana de años es año de remisión de todas las deudas, el terreno no se trabaja y lo que crece espontáneamente de la tierra pertenece a todos (Ex 23, 10; Dt 15, 1 ss.).

[57] Véase vocabulario.

[58] Dt 24, 19.

[59] Menudo y raquítico.

[60] Que pudiera haber quedado olvidada.

[61] Según Maimónides, se trataría de una especie de cebolla o de hierba.

[62] Denominaciones que indican probablemente su lugar de procedencia. El besaní, de Bet Sheán.

[63] Prov 22, 28.

[64] Los frutos de los árboles jóvenes no podían ser consumidos en los tres primeros años; en el cuarto año se consagraban a Dios y a partir del quinto quedaban permitidos (Lev 19, 23 ss.).

[65] Véase BM 4, 8.

[66] Véase MSh 5, 6. En el cuarto y séptimo año de la semana de años había que sacar de casa todo lo santo (Dt 26, 12 ss.).

[67] Dt 24, 21.

[68] Lev 19, 10.

[69] Véase vocabulario.

[70] El comprador puede darles crédito y no tiene que separar el diezmo.

[71] Cuando afirma que ha entregado la ofrenda del diezmo.

[72] Procedentes de la esquina de tu campo o del producto olvidado.

[73] Media mina.

[74] Jer 17, 7.

[75] Prov 11, 27.

[76] Dt 16, 20.

[77] Ex 23, 8.

LA SOLIDARIDAD CON EL GÉNERO HUMANO

Facultad de Teología

Vitoria-Gasteiz 2015-2016

 

LA SOLIDARIDAD CON EL GÉNERO HUMANO.

ITINERARIO BÍBLICO

 

Introducción

 

            Más allá de los evidentes avances técnicos de nuestro momento histórico y de los que el futuro inmediato promete, hay que reconocer que la estructura básica humana sigue conteniendo una evidente ancestralidad. En los pliegues del alma humana sigue vigente la ancestral certeza de que los de mi caverna, los de mi tribu, son mi familia. El resto, los que están más allá de esos círculos inmediatos no cuentan, o son tenidos por enemigos. Hablar de la humanidad como de una familia contraviene ese fondo que sigue vigente en muchas manifestaciones sociales, políticas, económicas[1].

            Y, sin embargo, en esos mismos niveles de la profundidad humana, algo habla de conexión familiar. Y no solamente entre los seres humanos, sino con todas las criaturas. La evidencia de la gran semejanza de los componentes del genoma humano y de los demás seres vivos es elocuente[2].

            ¿Puede ayudarnos la Biblia a conectar y desvelar este componente de familiaridad humana que suponga un ir dejando atrás la familiaridad tribal? La experiencia espiritual de la Biblia contiene, lógicamente, muchos niveles antropológicos. Algunos de ellos se sitúan en la más pura tribalidad[3]. Pero hay otros que no, que hablan, a veces quedamente, el lenguaje de la familiaridad universal. Ponerlos en evidencia, subrayar sus valores, sacar de ellos derivaciones espirituales que empujen en la dirección del logro, muy lejano aún, de la familia humana es una tarea espiritual de envergadura pero atrayente.

            Hace 50 años decía el Vat.II: “La iglesia se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia”[4]. Es preciso llenar de contenido y de verdad un aserto así; no es suficiente con decir. El Papa Francisco habla del “gusto espiritual de ser pueblo”[5]. Podría ampliarse el pensamiento y anhelar el gusto espiritual de ser humanidad con todas las consecuencias, personales y estructurales, que algo así contiene. Es preciso que hoy descendamos a estos niveles elementales para recuperar el dinamismo que nos lleve a modificar los paradigmas espirituales y teológicos, tan agotados.

            Efectivamente, la gran tarea del pensamiento teológico es la humanización de la relación humana en todas sus vertientes. No es únicamente un trabajo de contenido social, sino espiritual en sentido amplio. Porque cuanto más se ahonde en los niveles de humanidad, tanto mejor se podrá pensar la idea de un Dios humano y al servicio de lo humano[6].

            El presente curso pretende desvelar algunos textos bíblicos que contengan semillas en torno a la espiritualidad de la familia humana. Y, a partir de ahí, encontrar razonamientos adecuados para ayudar a forjar una espiritualidad sólida y cercana a la vez de pertenencia a la familia humana. Tal vez sea este el camino para suscitar prácticas de humanidad que apunten al logro hermoso, pero inalcanzado, de la fraternidad humana y creacional.

 

I
LA SOLIDARIDAD CON LA FAMILIA HUMANA OBLIGA A “SALIR” DEL SOFOCANTE CÍRCULO DEL IMPERIALISMO

(Gen 11,1-9)

 

            Puede sonar como a trasnochado. Pero el imperialismo, el poder consagrado por el sistema, no se aleja del caminar humano. Va tomando una u otra forma, un rostro más visible y otros más ocultos. Pero sigue estando ahí. Quizá hoy tome el perfil de una globalización que favorece solamente a un sector de la población, a los cercanos a los círculos del poder, una globalización envenenada. Este es, quizá, el mayor obstáculo para la comprensión y vivencia de la humanidad como familia.

 

  1. 1.      Texto: Gen 11,1-9

 

1El mundo entero hablaba la misma lengua con las mismas palabras. 2Al emigrar de oriente, encontraron una llanura en el país de Senaar, y se establecieron allí. 3Y se dijeron unos a otros: -Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos –empleando ladrillos en vez de piedras y alquitrán en vez de cemento-. 4Y dijeron: -Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance el cielo, para hacernos famosos y para no dispersarnos por la superficie de la tierra. 5El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres; 6y se dijo: -Son un solo pueblo como una sola lengua. Si esto no es más que el comienzo de su actividad, nada de lo que decidan les resultará imposible. 7Vamos a bajar y a confundir su lengua, de modo que no entienda uno la lengua del prójimo. 8El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y dejaron de construir allá la ciudad. 9Por eso se llama Babe, porque allí confundió el Señor la lengua de la tierra, y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra”.

 

1)      Gen 1-11 es un bloque, del yahvista en su mayoría, que se suele denominar Orígenes, en que se plantea de una forma muy profunda algo que está en el fondo de todas las culturas: la formidable lucha del bien contra el mal. El esfuerzo ideológico del yahvista es cómo alimentar la certeza de que el bien llegará a triunfar del mal. La respuesta que se dará es religiosa (el bien es fundamentalmente vida y amistad con Dios), pero esa respuesta pasa por el cauce de lo sociológico. De tal manera que una lectura social del texto es, por paradójico que parezca, la más espiritual.

2)      Hay una serie de interpretaciones de este pasaje que, por una razón o por otra, parece que es preciso desechar. Son las habituales, pero da la impresión que no llegan al fondo del asunto. Las enumeramos:

a)      Etiológica: El texto trataría de explicar el hecho insólito para aquella época (y en parte para la nuestra) de la enorme diversidad de las lenguas sobre la tierra. Dios dispersa a los una sola lengua y de ahí la enorme diversidad de las mismas.

b)      Moralista: Los hombres cultivan el insensato orgullo de alcanzar el cielo, de ser como Dios. Éste castiga esa esencial soberbia humana destruyendo el zigurat que simbolizaba su orgullo y dispersándolos a la fuerza por todo el mundo. La dispersión, en este caso, es un  castigo de Dios contra quienes supuestamente hablaban una sola lengua, contra el orgullo, en definitiva.

c)      Demográfica: El gran problema de la antigüedad es la despoblación, o cómo ir repoblando las para ellos inmensas comarcas de la tierra. Quien se niega a repoblar (una idea fija de Génesis) es obligado a salir por la dispersión y confusión de lenguas que Dios envía a la historia. Así no tendrá la persona más remedio que salir a “conquistar” la tierra. Lógicamente esto no responde a la moderna paleontología que se pregunta: cuál fue el móvil real de las grandes migraciones de los homínidos desde África al resto del mundo.

3)      Para el yahvista, el ser humano es el origen del mal cuando impone su egoísmo a los demás (3,1-24). El ambicioso se asocia a otros de la misma calaña para excluir, dominar, oprimir (4,17-24). El mismo pueblo de Israel traicionó su vocación a la vida (6-9). Los demás pueblos se engrandecieron, lógicamente, a costa de los débiles (10,1-32). Es el imperio del mal, la fuerza del sistema, la economía y políticas de exclusión.

4)      Este relato cuestiona el rol imperialista de las estructuras políticas y religiosas, la evidencia de su transformación en un sistema compacto de ideología, moral, sociología y política. Notemos que el texto hebreo dice literalmente en el v.1: “Toda la tierra tenía únicamente un único labio”. “En diferentes documentos del Antiguo Oriente, se encuentran textos que contienen esta misma expresión y cuyo sentido es la dominación impuesta por un solo señor, el emperador…el prisma de Tiglat-Piléser (1115-1077 a.C.) dice: ‘Desde el principio de mi reinado, hasta mi quinto año de gobierno, mi mano conquistó por todo 42 territorios y sus príncipes; desde la otra orilla del río Zab inferior, línea de confín, más allá de los bosques de las montañas, hasta la otra orilla del Eúfrates, hasta la tierra de los hititas, y el Mar de Occidente, yo los convertí en una única boca, tomé rehenes y les impuse tributos”[7]. La expresión “única boca” tiene razón política: la imposición por la fuerza de un único sistema, el tributario. Bajo esta perspectiva, el texto no habla de castigo de Dios, sino de prácticas imperialistas.

5)      Una torre así solamente puede construirla el poder. Y, además, quiere consagrar ese poder con la divinidad, ya que la torre culminaba con la cámara destinada a la visita de la divinidad al constructor de la torre.  Así se le hacía creer al pueblo en una liturgia anual. Es el fruto de una religión vendida al sistema. El relato dice que Dios no baja para consagrar el sistema, sino para desbaratarlo y destruirlo. Es un acto liberador de Dios

 

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

1)      ¿Es inevitable el componente sistémico del hecho creyente?:  Quizá sí. Otra cosa es ver si ha de ser el que tiene y en el nivel que lo tiene. Este componente sistémico cobra rostro en la dificultad para flexibilizar el paradigma ideológico (menos aún para cambiarlo)[8], en la férrea jerarquización de la comunidad cristiana[9], en la connivencia con los sistemas de poder que “favorecen” la religión (todos ellos de componente conservador)[10] y en la irrefrenable tendencia al dinero[11]. El denominador común de todas ellas es el solapado instinto de poder que es donde se asienta toda opción sistémica. ¿Resulta todo esto inevitable? Hoy por hoy, está ahí. Pero su inevitabilidad ofrece fisuras y márgenes en los que se puede vivir y gestar otro tipo de fe, no sin dificultades. Una cierta libertad social es un aliado bueno. Y el anhelo de una realidad cristiana que vuelva al evangelio, asistemático, nunca morirá. 

2)      ¿Es posible una fe sin servidumbres?: La pertenencia al sistema no sale gratuita. Hay que pagar fuertes peajes. Los más importantes son en materia política y económica[12]. Pero hay posibilidad de alejarse fraternamente de tales servidumbres, eso sí “devolviendo al César lo que es del César” (Mc 12,17). De lo contrario, amplios sectores sociales (los pobres, los desamparados del sistema) nunca verán en la comunidad cristiana una posibilidad de construir familia humana.

3)      Globalizar la misericordia: Eso es lo que, al amparo del año santo extraordinario que declarará el papa Francisco quiere también el episcopado español[13]. Esa sería una manera óptima de poner cimiento al anhelo de la familia humana y un freno de primera magnitud contra la globalización envenenada. Solamente que tal freno no podrá consistir únicamente en el anhelo o en la oración. Es preciso dar pasos sociales en esa dirección, visibilizar los deseos religioso. Cualquier trabajo que se haga en esa dirección tendrá valor.

4)      Una fe para la libertad: Ya que los sistemas tienden a generar mucha sumisión, la necesaria para que el poder se mantenga en la cúspide del sistema. La fe cristiana no ha sido ajena a ese movimiento. Mantenerlo hoy en día, generar pensamiento de sometimiento por razones religiosas es algo que va contra el aprendizaje social de la adultez, la democracia y la libertad. En este sentido, la fuerte jerarquización de la comunidad cristiana habría de flexibilizarse en modos de gobierno y de gestión de componente mucho más democrático y fraterno[14]. Sin tal libertad se cae en los imperialismos que imponen “una única lengua”, un pensamiento único, un comportamiento esclerotizado y tiránico.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • Una globalización envenenada: En teoría, la globalización podría ser defendida como una herramienta formidable para la construcción de la familia humana. Hay que decir que la globalización está “envenenada”. Y su veneno no es otro, como luego diremos, que el acaparamiento de su fuerza en beneficio de un exclusivo y excluyente sector de la sociedad. Eso contradice su sentido básico, porque una globalización para un sólo sector del mundo es una contradicción. Conceptos como desarrollo sostenible, derechos humanos, salvaguarda de la creación, mercado libre, dignidad humana nunca han estado menos globalizados que ahora. El gran mal, generador de inhumanidad, es la privatización de los valores humanos que pretende la globalización actual la desautoriza y la envenena sin posibilidad de curación. Solamente su universalización podría hacer florecer los aspectos positivos que encierra en sí mismo el concepto de globalización. Dice Juan Pablo II: “Nuestro mundo empieza el nuevo milenio cargado de las contradicciones de un crecimiento económico, cultural, tecnológico, que ofrece a pocos afortunados grandes posibilidades, dejando a millones y millones de personas no sólo al margen del progreso, sino a vivir en condiciones de vida muy por debajo del mínimo requerido por la dignidad humana. ¿Cómo es posible que, en nuestro tiempo, haya todavía quien se muere de hambre; quien está condenado al analfabetismo; quien carece de la asistencia médica más elemental; quien no tiene techo donde cobijarse?”[15]. Y nosotros nos preguntamos: ¿Cómo es posible que no nos hayamos percatado todavía que somos nosotros/as, los humanos, quienes, por querer mantener nuestro tren de vida, no dudamos en hacer un expolio y empobrecimiento sistemático de medio planeta?
  • La civilización de la pobreza: ¿Hay salida para una situación así? Puede haberla pero no a cualquier precio. Pensadores de hoy, como I. Ellacuría, nos hablan de revertir el dinamismo de la actual globalización hasta constituir lo que él llama una “civilización de la pobreza”. Afirma programáticamente:

“Una civilización…donde la pobreza ya no sería la privación de lo necesario y fundamental debido a la acción histórica de grupos o clases sociales y naciones o conjunto de naciones, sino un estado universal de cosas en que está garantizada la satisfacción de las necesidades fundamentales, la libertad de las opciones personales y un ámbito de creatividad personal y comunitaria que permita la aparición de nuevas formas de vida y cultura, nuevas relaciones con la naturaleza, con los demás hombres, consigo mismo y con Dios”[16].

      ¿Es posible creer en un planteamiento así? Quizá nuestra honda hermandad con el marco económico en el que vivimos, más fuerte sin duda que los cultivos evangélicos, nos lleve a esbozar una sonrisa. Pero es preciso seguir en la espera de manera lúcida y activa. Dice E. Sábato: “No podemos olvidar que en estos viejos tiempos, ya gastados en sus valores, hay quienes nada creen, pero también hay multitud de seres humanos que trabajan y siguen en la espera, como centinelas”[17]. Uno de esos “centinelas” es, en este tema, J. Sobrino. En muchas de sus páginas quiere hacer ver a las culturas de la riqueza cómo la cultura de la pobreza encierra valores y, sin duda, mucho más trascendentales para el devenir humano: “En un mundo configurado pecaminosamente  por el dinamismo capital-riqueza es menester suscitar un dinamismo diferente que lo supere salvíficamente. Este dinamismo proviene del mundo de la pobreza. Y esa pobreza es la que realmente ‘civiliza’, da espacio al espíritu, que ya no se verá ahogado por el ansia de tener más que el otro, por el ansia concupiscente de tener toda suerte de superfluidades, cuando a la mayor parte de la humanidad le falta lo necesario. Podrá entonces florecer el espíritu, la inmensa riqueza espiritual y humana de los pobres y los pueblos del Tercer Mundo, hoy ahogada por la miseria y por la imposición de los modelos culturales más desarrollados en algunos aspectos, pero no por eso más plenamente humanos”[18].

  • Otras estructuras económicas: Se dice que para generar familia humana, para contrarrestar el imperialismo sistémico tan devastador hay que crear otro tipo de estructuras económicas. ¿Existen? Evidentemente el poder instalado dice que no, que se acepta sus propuestas económicas o la alternativa es el caos. Pero parece que no es así. Hay otras posibilidades como la espiritualidad del decrecimiento o del bien común[19]. Son modos de vida concretos que aspiran a una economía de rostro humano, como dice J. Melé. La realidad de que hay entidades empresariales que funcionan así evidencia la posibilidad de otro tipo de estructuras económicas.

 

 

 

 

 

 

II

LA ELEMENTAL APERTURA A LO HUMANO COMO REQUISITO PARA LA SOLIDARIDAD CON LA HUMANIDAD

(Ex 18,13-27)

 

            Luna clave básica para la construcción de estructuras espirituales (la de la familia humana lo es) estriba en la apertura de mente y de vida. La cerrazón, el hermetismo, la construcción de un muro insalvable únicamente puede derivar en posiciones fanáticas. El ideal de la familia humana, y la creacional, queda paralizado. De ahí que en la apertura anide una clave principal.

 

  1. 1.      El texto: Ex 18,13-27

 

13“Al día siguiente, Moisés se sentó para resolver los asuntos del pueblo y hubo gente en torno a él desde la mañana hasta la tarde. 14El suegro de Moisés vio el trabajo que su yerno se imponía por el pueblo y le dijo: «¡Cómo te sacrificas por el pueblo! ¿Por qué estás ahí tú solo y todo este pueblo queda de pie a tu lado desde la mañana hasta la tarde?» 15Moisés contestó a su suegro: «El pueblo viene a mí para consultar a Dios. 16Cuando tienen un pleito vienen a mí, yo juzgo entre unos y otros, y les doy a conocer las decisiones de Dios y sus normas.» 17Entonces su suegro le dijo: «No está bien lo que haces. 18Acabarás por agotarte tú y este pueblo que está contigo; pues la carga es demasiado pesada para ti y no puedes llevarla tú solo. 19Ahora escúchame, te voy a dar un consejo, y Dios estará contigo. Tú serás para el pueblo el representante de Dios, y le llevarás sus problemas. 20Les explicarás las normas y las instrucciones de Dios, les darás a conocer el camino que deben seguir y las obras que tienen que realizar. 21Pero elige entre los hombres del pueblo algunos que sean valiosos y que teman a Dios, hombres íntegros y que no se dejen sobornar, y los pondrás al frente del pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta o de diez. 22Ellos harán de jueces para tu pueblo en forma habitual; te presentarán los asuntos más graves, pero decidirán ellos mismos en los asuntos de menos importancia. Así se aliviará tu carga pues ellos la llevarán contigo. 23Si procedes como te digo, Dios te comunicará sus decisiones y tú podrás hacerles frente, y toda esa gente llegará felizmente a su tierra.» 24Moisés escuchó a su suegro e hizo todo lo que le había dicho. 25Eligió hombres capaces de todo Israel y los puso al frente del pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez. 26Ellos atendían al pueblo en forma habitual para arreglar los problemas de menor importancia, y llevaban a Moisés los asuntos más delicados. 27Luego Moisés despidió a su suegro y lo encaminó hacia su tierra”.

 

1)      El texto se sitúa en la primera etapa en el desierto. El pueblo ha salido de Egipto y no ha llegado a Canaán. Entre las dos fronteras se extiende un tiempo de reflexión, de prueba, de tanteos. El pueblo tiene que hacer un proceso de conquista de la libertad. Para ello utilizará la mediación de sus líderes (Moisés) y éstos tomarán herramientas de las situaciones de la vida. Tiempo intermedio de dilación, para templar el aguante y cultivar la esperanza, para vivir de la promesa después de haber experimentado el primer favor: la liberación.

2)      Moisés se casó con una madianita, Séfora (2,21), lo que indica ya algo de su peculiaridad. En un momento dado, su suegro Jetró, que siempre fue benévolo con él, le visita en el campamento con la mujer y los hijos de ambos. La cogida al madianita es magnífica, gozosa, bendición incluida (18,10-11). La acogida dentro del campamento, a la mesa y a la oración está indicando un modo peculiar de enfocar al paganismo, a los de más allá del cerco. Una paz primitiva que luego se rompió y dio paso a una eterna enemistad entre hebreos y madianitas.

3)      Jetró, viendo la deficiente manera de administrar la justicia en el pueblo que tiene Moisés acaparando todos los casos,  da un consejo insólito a Moisés: “Elige entre los hombres del pueblo algunos que sean valiosos y que teman a Dios, hombres íntegros y que no se dejen sobornar, y los pondrás al frente del pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta o de diez” (18,21). Se trata de otra concepción del poder: distribuido para ser eficaz y para evitar la tiranía. Moisés acepta el consejo en directo. Se ha hecho caso a quien aconseja bien, aunque no pertenezca a la tribu, aunque sea un sacerdote de otro Dios.

4)      Esta lectura es ejemplarizante. Algunos la ubican no en los tiempos del desierto, sino en los del rey Josafat (870-848 a.C.) cuya forma de gobierno se proyecta retrospectivamente a la época del desierto. De este modo, las experiencias del pasado se convierten en paradigma del presente.

5)      Son de notar los criterios para el nombramiento de ayudantes: respetuosos de Dios, sinceros, enemigos del soborno. Piedad, verdad, integridad. No se trata tanto de personas expertas, cuanto de personas buenas. Aunque ellos se ocupan solo de asuntos “sencillos”, son los asuntos de la vida y ahí debe brillar también la justicia.

6)      Esto dará paso al definitivo reparto de responsabilidades que se verá en Núm 11,16. Allí serán 70 ancianos que reciben el mismo espíritu de Moisés y, por lo tanto, se sitúan al mismo nivel de responsabilidad. Aún habrá otro nivel más profundo, soñado, anhelado: “Ojalá todo mi pueblo fuese profeta” (Núm 11,29)[20]. Pero el cimiento está ya puesto.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • Una espiritualidad social: Es aquella que proviene no tanto de los aprendizajes carismáticos (oración, Palabra, sacramentos, liturgia, etc.), sino de los sociales. Efectivamente, aunque parezca que los aprendizajes carismáticos son los únicos, y por lo mismo centrales, en realidad, nuestras conductas dependen, en notable medida, de aprendizajes sociales. Lo que es la familia, la participación ciudadana, las relaciones sociales, la economía, las reglas democráticas, el valor de la política, las normas de educación, etc., no viene de los aprendizajes endogámicos sino de la sociedad. Lo aprendemos por observación social autorregulada, compartida. De ahí que la vida cristiana, de hecho, depende directamente del tiempo y del medio cultural en el que vive. La cuestión es cómo mezclar los valores carismáticos estando en ese tiempo y en ese medio para que salgan potenciados, no suprimidos ni olvidados. Pero intentar hacerlo en contra de los modos de comportamiento sociales que emanan del momento histórico es punto menos que imposible[21].
  • La otra sociedad: A Juan XXIII se le atribuye aquel dicho de que “la sociedad es instrumento del Espíritu”. Algo de eso hay en las palabras del Papa Francisco: “Cada vez que nos encontramos con un ser humano en el amor, quedamos capacitados para descubrir algo nuevo de Dios. Cada vez que se nos abren los ojos pare reconocer al otro, se nos ilumina más la fe para reconocer a Dios”[22]. La percepción global del hecho social que muchos creyentes tienen suele ser tan negativa que ni siquiera se la considera como lugar de evangelización. ¿Cómo se va a evangelizar a quien no se ama? El Papa Francisco y otros muchos creyentes piensan que, yendo al escenario social con buena voluntad y en modos fraternos, se puede hacer obra de evangelización si se actualizan los métodos y las propuestas. No se logra dar el paso definitivo: creer que la sociedad, con toda su debilidad y con sus valores, puede ser instrumento de evangelización y, por ende, mediación de inspiración espiritual para los grupos de creyentes. Ella sería una formidable instancia de aprendizaje social que si no se cambia de perspectiva no solamente pasaría desapercibida, sino que generaría una inspiración negativa, si es que puede hablarse así.
  • Contra la superioridad moral: Es aquel autoengaño que cree, sin más, que una ideología, un pensamiento, una religión, están por encima de la media humana y, por lo tanto, tienen una cierta superioridad que exige ser respetada, escuchada, atendida y obedecida. Esta actitud es un bloqueo de fondo de la espiritualidad de la humanidad compartida en base a la mera igualdad, a la dignidad inalienable de toda persona. Si no se supera esto, no sólo la fraternidad con la familia humana es imposible, sino que se puede derivar en acciones realmente execrables[23].
  • Responsabilidad espiritual compartida: No existe un solo grupo humano que ha de llevar a la plenitud espiritual a la historia. Es una responsabilidad compartida. Todos los grupos tendrán alguna parte en ese gran cometido de construir el alma de la historia. Y si toso los grupos tienen parte en ese cometido, todos deben ser valorados y tenidos en cuenta. La interreligiosidad, temida por el sistema, ha de ser aceptada como una realidad evidente[24].

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • Cuando el sistema aconseja: No todo es rechazable. Los consejos de la OMS, por ejemplo, generalmente son equilibrados[25]. Merecen ser escuchados. Por hay entidades del sistema, como el FMI, el BCE o el Banco de España, por poner tres ejemplos cuyos “consejos” (amenazas) son totalmente cuestionables para quien aspire a la fraternidad humana. Son consejos para el funcionamiento de los grandes capitales, a costa, evidentemente de los empobrecidos del mundo. El daño que hacen estos organismos a la familia humana es incalculable[26].
  • Fanatismos encubiertos: Nuestra sociedad se echa las manos a la cabeza cuando en la ciudad iraní de Mosul un grupo de militantes de Al Qaeda destruye a mazazos unas estatuas de la cultura milenaria de los asirios guardadas en el museo. Pero cuando en España la cultura está gravada con el 21% de IVA parece la cosa normal[27]. Es otra destrucción, otro fanatismo que destruye un cauce de humanidad necesario para crear dignidad y familia humana: la cultura. Apoyar a grupos que mantienen esta posición ante la cultura es apoyar a fanáticos que destruyen el hecho humano.
  • La “decencia” como requisito para gobernantes: Porque ese podría ser el requisito elemental como el de aquellos que eligió Moisés. La decencia que es la honradez[28]. E. Lledó dice que es la condición imprescindible para la vida pública[29]. Esto es lo que sería exigible a todo gobernante. Y la ciudadanía no debería resignarse a ser gobernada por un gobernante que no es bueno[30]. De ahí que todo lo que se haga para forzar a la decencia va por buen camino.
  • Creer en las culturas: Como capaces de generar familia humana. Eso significa cuestionar aquellos elementos tribales que aún componen el entramado cultural de muchos pueblos y regiones de la tierra. Demanda también el anhelo de potenciar esos elementos humanizadores que, sin duda, también hacen parte del entramado de los pueblos. La aspiración a una especie de cultura universal con lo mejor de cada cultura no es una utopía inalcanzable, del mismo modo que no lo es el de una justicia universal, elemento básico para llegar a niveles dignos de convivencia humana. Son los cimientos de esa familiaridad de la que hablamos.

 

 

 

III

HORIZONTES LIMITADOS/HORIZONTES ILIMITADOS

(Ez 36,24-28)

 

            Una de las tareas más hermosas de la profecía bíblica es abrir horizontes[31]. Pero la profecía lleva también la marca de sus autores. Y éstos, por muy profetas que sean, tienen también la marca de lo tribal, lo que limita mucho los horizontes de su profecía. Es el caso de la profecía de Ezequiel. La reflexión de hoy puede abrir esa profecía a lo ilimitado de la familia humana dándole así una dimensión nueva, impensada, a la profecía antigua.

 

  1. 1.      El texto: Ez 36,24-28

 

24Os recogeré de entre las naciones,
os reuniré de todos los países,
y os llevaré a vuestra tierra.

25Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará:
de todas vuestras inmundicias e idolatrías
os he de purificar;
26y os daré un corazón nuevo,
y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.

27Os infundiré mi espíritu,
y haré que caminéis según mis preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

28Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo,
y yo seré vuestro Dios.

 

1)      Cuando el antiguo Israel estuvo a punto de desaparecer del mapa por el exilio a Babilonia, dos personajes, Isaías II y Ezequiel mantuvieron viva la idea de pueblo y, con ella, la esperanza[32]. Ezequiel fue un clérigo desterrado llamado a la profecía. Por eso, su esperanza tiene el aval de su propia situación. El tema de la esperanza es el que domina en la segunda actividad del profeta (caps.33-39): nuevo orden de cosas, nuevos pastores, nuevo corazón, nueva nación, nueva prosperidad. El profeta inventa registros inusuales, metáforas nuevas, ideas que apuntan a horizontes que no existen para mantener viva la conciencia de pueblo y, con ello, la pervivencia de la fe yahvista.

2)      Pero, lógicamente, Ezequiel es uno que se debe al pueblo judío. Es verdad que, a veces, maldice y reniega de él. Pero es, evidentemente, porque, como buen clérigo, quisiera un pueblo cumplidor de la alianza, religioso y fiel al yahvismo. Pero su gran amor es el pueblo judío y a él va orientada su hermosa profecía. Es un horizonte limitado por las mismas circunstancias históricas. En ese caso, no nos serviría a nosotros, gentes de otra religión y de otra época. Pero la profecía, como ser vivo que es (como todas las utopías), puede ser trasplantada a otro marco y cobrar ahí un sentido nuevo. Un marco más universalista es el que podría servirnos para aplicarla al hecho de la familia humano saltando la estrecha valla del judaísmo en su primera acepción. Desde ahí la leemos.

3)      Ezequiel habla de reagrupación en el país (v.24ss). En una nación a punto de desaparecer por la despoblación, él dice que Dios reagrupará de nuevo al pueblo en la tierra[33]. Una lectura de horizonte ilimitados será la contraria en este tiempo que, además, tiene como problema demográfico el contrario, la superpoblación: la mezcla de países, el tránsito itinerante como derecho y como práctica cotidiana, la mezcla de situaciones económicas, etc., son signos de que se camina hacia la “tierra” de verdad, la que albergará a toda la familia humana.

4)      Ezequiel emplea una metáfora increíble en épocas en que hablar de trasplante de corazones era insoñable: Dios hará un trasplante de corazón al pueblo para que, al fin, sea un corazón fiel a la alianza, porque el corazón natural de Israel (de piedra) ha sido, es y será siempre infiel (v.26). Una lectura de horizontes ilimitados es la que cree en la bondad básica del corazón de toda persona, más allá de sus indudables limitaciones. Ese es un “dogma” para mantener la utopía de la familia universal.

5)      Más aún, Ezequiel sueña una nueva infusión del espíritu, de la ruaj,  una nueva creación (v.27). La primera creación ha fallado; es preciso hacer con Israel una nueva. Si suprimirlo, desde lo que hay (ese es el matiz), pero habrá que hacer algo nuevo, por imposible que parezca: hacer una nueva creación con lo viejo. Ese es el gran sueño del profeta. Pero si se amplía esto a horizontes ilimitados, habrá que reconocer que no es necesaria una nueva creación con “lo viejo”: esto viejo sigue siendo lugar del espíritu de Dios, de su fidelidad y empuje. Ningún extravío hace perder la fuerza creacional que se va abriendo paso a través de las diversas circunstancias históricas. No se trata de desechar lo viejo por malo, sino descubrir el tortuoso camino del avanzar hacia lo bueno. Y en esa tarea, toda la familia humana está implicada. El pensamiento cristiano de hoy sostiene el caminar hacia un punto omega de plenitud[34].

6)      El tribalismo de Ezequiel surge espontáneo en el v.28: “vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios”. La ampliación a una profecía de horizontes ilimitados se aleja del autoengaño de la elección y valora la evidente realidad de que todo el colectivo humano y creacional está “llamado” a “ser de Dios”, a la plenitud histórica y existencial[35]. Ser de Dios no supone siquiera la adscripción a una religión. Basta con pertenecer al hecho creacional. Esto es lo que “da derecho” a ser de Dios, ya que, al crear, Dios mismo otorga tal derecho.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • Una teología que suscite esperanza:  A veces los teólogos de oficio se quejan de que su pensamiento tiene poca incidencia mientras que cualquier “aficionado” publica un libro sobre religión y se vende a tope. Hay que preguntarse por qué ocurre tal fenómeno. Quizá porque la teología no hace sino reproducir el paradigma oficial, ya sabido en sus intenciones más básicas; porque emplea un lenguaje que no es evocador sino repetitivo; porque no explora caminos nuevos de pensamiento; porque se mantiene en el marco propio de lo religioso sin salir a lo social. Así, es difícil que una tal teología suscite esperanza, abra horizontes, ilumine situaciones, sugiera caminos. Y si esto no ocurre, la persona que está necesitada de todo eso, le da la espalda a ese modelo de teología. En este sentido, la teología se hermana con la profecía: si no suscita esperanza es una profecía muerta, una teología muerta.
  • Contra la profecía reduccionista: A eso tienden las religiones: profetizan solamente a su favor, no a favor de los demás. La profecía evangélica tiene que serlo a favor de los débiles. Una profecía que incluye compromiso y caminos andados. No vale escribir sobre la caridad o las pobrezas; es preciso que la profecía sea visible, tocable, significable, proyectable[36]. Este tipo de profecía inclusiva es la que escucha el grito de los pobres y a partir de ahí trata de dar una respuesta en consonancia con esa demanda[37]. Una profecía que no grita, que no se posiciona, que no duele y hace doler, no es profecía de esperanza.
  • Una dogmática con arraigo antropológico: Así es la de la profecía, porque sin ese arraigo, la profecía es una ensoñación. La construcción ideológica que es la dogmática, si carece de tal arraigo resulta una superestructura, algo que no toca la realidad. Mientras que si se hiciera una teología con tal arraigo brotaría un tipo de verdad sobre Dios, una dogmática, capaz de conectar con la verdad antropológico de la persona. Las religiones son muy remisas a cambiar no solamente el fondo, sino hasta la forma de las formulaciones dogmáticas. Pero su empecinamiento le aleja cada vez más al creyente de ella. Si la profecía tiene fuerza es, sin duda, porque mantiene tal arraigo.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • Instancias sociales de esperanza: Son aquellas que tocan directamente al tema de las relaciones humanas: el mundo amplio de las adopciones de niños, las mezclas raciales que se sellan con planes de vida de convivencia, la movilidad creciente y la flexibilización del concepto de frontera, el creciente aprendizaje de lenguas como llave de paso a las culturas, etc. Son instancias sociales de hoy que cada vez ensanchan más su horizonte y, más allá de sus evidentes limitaciones, hablan de días de más esperanza para el caminar humano.
  • Contra la vigencia de los reduccionismos sociales:  Aquellos que provienen de los prejuicios, de los estereotipos, de los velos que nos ponemos ante el otro, sin comprender que el sentido de la vida humana es “vivir con para el otro”[38]. Estos reduccionismos empequeñecen la profecía humana y su horizonte, ridiculizan la utopía de pensarse y vivirse como familia humana y llevan al egoísmo excluyente que mina el hecho humano. Es preciso luchar con ellos con denuedo. Son todavía la raíz de muchas heridas y mutilaciones que nos hacemos los humanos[39]. Desterrar tales reduccionismos, no darles cancha, es la mejor manera de apuntalar la utopía de la familia humana.
  • Estructuras políticas de bondad: Existen, aunque su caminar sea tortuoso. Todo lo relativo a la justicia universal[40], la no prescripción de los delitos de genocidio y de lesa humanidad, el reconocimiento de los derechos de las víctimas, etc. Por mucho que los gobiernos se plieguen a las presiones económicas o políticas y pospongan o dejen temporalmente de lado tal doctrina, el camino recorrido es irreversible y la evidencia ciudadana de que tales estructuras son buenas para las personas y para la familia humana resulta indudable.
  • Familiares humanos que no cuentan: Son muchos, porque el sentimiento de pertenencia a lo humano se extiende entre quienes contamos, más o menos, en el devenir de la historia. Pero son legión los que, hoy por hoy, están excluidos de ese devenir[41]. A ellos hay que decirles también que hacen parte de la familia humana. Y el mejor modo de decírselo es hacerles partícipes de los derechos humanos más elementales. La evidencia de que no cuenten no les desposee de sus derechos. Quizá ni ellos lo sepan, pero dárselo a conocer puede ser el comienzo.

 

  1. 4.      Lectura subrayada

 

El FMI advierte de que la desigualdad social frena el crecimiento

 

AMANDA MARS Madrid 15 JUN 2015 - 21:41 CEST

 

Cuanto más concentrada está la riqueza en pocas manos, menor es el crecimiento de un país. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha presentado este lunes un informe en el que advierte de que el aumento de la brecha social en un país supone un freno para el crecimiento económico, en línea con lo planteado por la OCDEel pasado mes de mayo. La desigualdad merma expectativas y desincentiva la formación y la productividad.

El Fondo calcula que si el 20% de la población más favorecida aumenta un punto porcentual la cuota de ingresos que acumulan, el aumento del PIB de un país es un 0,08% más bajo en los cinco años siguientes. En cambio, cuando el 20% más bajo de un país gana un punto del pastel de los ingresos de un país, el crecimiento es un 0,38% mayor.

Esta relación entre distribución de la riqueza y dinamismo económico persiste si, en lugar de mirar ese 20%, se lleva a segundos y terceros quintiles de la escala social, lo que sería ya la clase media. La defensa de la clase media como valor en sí y como motor de un país se ha puesto sobre la mesa tras la gran tormenta financiera global. El presidente de EE UU, Barack Obama, lo ha considerado “el reto que caracteriza nuestro tiempo”.

Pobreza y desigualdad no son lo mismo, aunque haya sido la Gran Recesión la que ha elevado las diferencias a niveles récord en los países ricos. Por eso hay quien no ve en la desigualdad un problema en sí mismo. Por ejemplo, Martin Feldstein, de la Universidad de Harvard, siempre advierte de que las políticas públicas debe centrarse en reducir la pobreza, no tanto la brecha social.

El experto plantea un ejercicio de imaginación: si un pájaro mágico entrega a cada persona 1.000 dólares, ello no reduciría ninguna desigualdad, pero no deja de ser una mejora para todos que no recae a expensas de nadie. Es más, señala que esos 1.000 dólares significan más para el pobre que para el rico, con lo que su situación avanza más en términos relativos.

Las organizaciones internacionales muestran cada vez más preocupación por las desigualdades. Lo que FMI y OCDE plantean es que la desigualdad excesiva no solo supone un riesgo para la convivencia sino que es también un problema macroeconómico. Afecta a la productividad de un país y, por tanto, a su progreso: “Por ejemplo, puede llevar a invertir menos en educación, ya que los niños pobres tienen menos capacidad de ir a la universidad”, así que acumulan menos capital físico y humano. Además, “cuanta más disparidad de ingresos, menos movilidad social hay entre generaciones y menores incentivos para la formación”.

 

 

IV

LA PERTENENCIA A LO HUMANO COMO BASE DE LA COMPASIÓN

(Sab 12,2-21)

 

 

            Mucho de la espiritualidad de la familia humana depende del cambio de mirada a lo humano. Este cambio no podrá darse sin compasión. El AT no es, precisamente, un libro generalmente compasivo. Pero, a veces, asoman a sus páginas hermosos atisbos de comprensión de lo humano desde un lado distinto. Sus intuiciones pueden ser útiles para esa espiritualidad de la familia humana que cuesta tanto construir.

 

  1. 1.      El texto: Sab 12,2-21

 

2Por eso corriges poco a poco a los que caen,

les recuerdas su pecado y los reprendes,

para que se conviertan y crean en ti, Señor.

3A los antiguos pobladores de tu santa tierra

4los aborreciste por sus prácticas detestables,

ritos execrables y actos de magia,

5crueles sacrificios de criaturas

y banquetes canibalescos de vísceras y sangre humana;

a estos cofrades iniciados,

6progenitores asesinos de vidas indefensas,

decidiste eliminarlos por medio de nuestros padres,

7para que tu tierra predilecta

acogiera a la digna colonia de los hijos de Dios.

8Pero aun a ésos, como hombres que eran,

los perdonaste y les enviaste,

como avanzada de tu ejército, avispas,

para exterminarlos paulatinamente.

9Bien que podías haber entregado a los impíos

en manos de los justos, en batalla campal,

o haberlos aniquilado de una vez

por medio de fieras terribles, o con una palabra inexorable;

10pero, castigándolos paulatinamente, les diste ocasión de arrepentirse,

a sabiendas de que eran de mala cepa,

 de malicia congénita, .

y que su manera de ser no cambiaría nunca.

11Eran raza maldita desde su origen;

si les indultaste los delitos no fue porque tuvieras miedo a nadie.

12Porque ¿quién puede decirte: «qué has hecho»?

¿Quién protestará contra tu fallo?

¿Quién te denunciará por el exterminio de las naciones que tú has creado?

¿Quién se te presentará como vengador de delincuentes?

13Además, fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todos,

ante quien tengas que justificar tu sentencia;

14no hay rey ni soberano que pueda desafiarte por haberlos castigado.

15Eres justo, gobiernas el universo con justicia

y estimas incompatible con tu poder

condenar a quien no merece castigo.

16Porque tu fuerza es el principio de la justicia

y el ser dueño de todos te hace perdonarlos a todos.

17Ante el que no cree en la perfección de tu poder despliegas tu fuerza,

y a los que la reconocen los dejas convictos de su atrevimiento;

18pero tú, dueño de tu fuerza, juzgas con moderación

y nos gobiernas con mucha indulgencia;

hacer uso de tu poder está a tu alcance cuando quieres.

19Actuando así, enseñaste a tu pueblo

que el hombre justo debe ser humano,

e infundiste a tus hijos la esperanza,

pues dejas arrepentirse a los que pecan.

20Pues si a los enemigos de tus hijos, reos de muerte,

los castigaste con tanto miramiento. e indulgencia,

dándoles tiempo y ocasión de arrepentirse de sus culpas,

21 ¿con cuánto esmero no has juzgado a tus hijos,

a cuyos padres prometiste favores con juramentos y alianzas?”.

 

1)      El AT tiene libros terriblemente judíos (como el de Josué) y libros más “modernos”, más abiertos al paganismo, más comprensivos con el hecho humano. Uno de ellos es el libro de la Sabiduría. Puede decirse que es una especie de tratado de “teología política” cuyo gran tema es la justicia. Apunta a los gobernantes, pero va dirigido también a todos[42]. Explota una veta de Dios de absoluta modernidad. Para el autor Dios es “amigo de la vida” (11,26)[43]. Desde esa posición “amigable” de Dios es desde donde demanda la justicia.

2)      Dentro de este tema de la justicia, los caps. 11-12 presentan una serie de juicios históricos sobre realidades del antiguo Israel[44]. Quiere a través de ellos establecer las bases de la justicia. Y, yendo al fondo, planta la idea de que la compasión, la misericordia es justamente el cimiento de la justicia. Esta misericordia se derrama, incomprensiblemente, hasta los mayores enemigos de Israel, los cananeos[45]. Ellos habrían merecido el aniquilamiento, pero han sido objeto de misericordia. El argumento de Sab 12,1 es: Dios corrige “poco a poco…recuerda el pecado…para que se conviertan”. La compasión se basa en la irrenunciable fe en la bondad de la persona y su capacidad de cambio.

3)      Para describir la maldad que no merecería misericordia, porque la justicia y la misericordia se topan con la maldad, el autor recurre a los tópicos más literarios: ritos execrables, actos de magia, sacrificios de criaturas, canibalismo…Pero Dios les ha perdonado pero les ha castigado “paulatinamente” (12,8.10) para dar ocasión al arrepentimiento. Y esto, con una fe inexplicable en las posibilidades de la persona, aun a sabiendas de que “no cambiarían nunca” (12,10).

4)      Y no es que Dios tenga miedo (12,11) o tenga que justificarse ante nadie (12,12-13). No, Dios es justo y tiene una visión misericordiosa de la justicia: “el ser dueño de todos te hace perdonarlos a todos” (12,16), incluso a esos malditos cananeos. La misericordia de Dios sabe englobar en ella la justicia y el perdón.

5)      Dios es un moderado y un indulgente para dar “tiempo y ocasión” al cambio (12,18). Y aquí viene el gran principio: “Así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano” (12,19). Dios ha obrado como un “humano” que se ha dejado llevar por el corazón, más que por los hechos (aunque estos han de pasar por el cedazo del arrepentimiento). De ahí se deduce que la comprensión de la misericordia pasa por la vivencia de lo humano. Solamente quien sabe de humanidad puede saber de misericordia.

6)      El argumento termina con una obviedad: si Dios ha tratado con misericordia “humana” hasta a los impíos cananeos, es que trata a todos con esa misericordia suya (12,20-21). La realidad histórica está envuelta en un misterio de misericordia que engloba a la justicia y al perdón. Éstos han de funcionar en todas sus dimensiones. Pero, cuando acaba su itinerario, aún persiste la realidad de la misericordia.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • La humanización de Dios: Podría decirse que el tema de la humanización de Dios es el gran tema de la teología y, por ello, de la espiritualidad. La humanización de Dios es tema pendiente para las religiones e incluso para la cultura[46]. Y ello no solamente porque sigue en pie el viejo paradigma religioso[47], sino también porque la tendencia a “deshumanizar” a Dios es connatural tanto a la religión como a la cultura. Separar y establecer la barrera entre lo sagrado y lo profano parece ser un requisito imprescindible para la comprensión y vivencia de la experiencia de transcendencia. Sin embargo, el afán encarnacional del Evangelio se vierte en el anhelo de establecer que, sin confundirse, ya no hay barreras entre lo humano y lo divino[48], se han roto los diques de la tradición[49], de la norma[50], del culto[51]. Esto supone entrar en un nuevo paradigma sobre Dios, entenderlo como Padre[52], sin cosificarlo[53], Dios de afanes incluyentes[54], identificado con la suerte de lo humano[55], cuestionado cuando se le entiende como Dios violento o ruin[56], etc. Supone, así mismo, una percepción distinta sobre Jesús entendiéndolo como anonadamiento de Dios[57], encarnación suya[58], locura del amor de Dios[59], no religioso en sentido estricto[60], revelador del amor del Padre[61], presencia interpelante de Dios[62]. Y se demanda también una nueva visión del camino histórico, hecho de benignidad y fraternidad. Más al fondo, hay que pensar si es posible verse libre de la atávica tendencia a la sacralidad que acompaña el devenir humano y la cuestionable utilización que se ha hecho de ella a lo largo de la historia, sobre todo por razones de poder. Desde esta clase de parámetros se puede comenzar a pensar en el tema de la humanización de Dios del que dependerá la humanización de la espiritualidad. Para muchas personas este es un asunto que les resulta intolerable, aunque no sepan cómo hacer coincidir al Dios omnipotente con el pobre galileo de Nazaret con el riesgo de que la realidad de Jesús salga deformada[63]. “En Jesús describimos que la humanización de Dios trasciende lo humano porque supera y elimina cualquier signo o forma de deshumanización…por eso se puede afirmar que Dios es tan entrañablemente humano porque es tan radicalmente divino…El Dios que presentó y representó Jesús es un Dios que se hace presente, ante todo y sobre todo, en la humanidad, en lo humano de los seres humanos…Lo que Jesús dejó claro es que a Dios lo encontramos primordialmente y ante todo, no por el camino de la ‘perfección’, ni por el de la ‘santificación’, ni tampoco por el de la ‘espiritualización’ sino, sobre todo, por el camino de la ‘humanización’[64].
  • Creo en la misericordia: Creer en la misericordia es creer que la misericordia que anida en el subsuelo de lo humano y nunca desaparece, aunque la maldad aflore; que la misericordia que se hermana con la fragilidad y que es casa de amparo para quien llora en la noche; que Jesús impactaba por su misericordia. Para él nada hay más acá ni más allá de ella y desde ella se define a Dios y a la persona; creer en el Dios misericordioso que Jesús nos mostró con su vida, alejándome de otras imágenes de Dios y abriéndome al hermoso abrazo se su amor; es creer en la misericordia y no en el juicio, creo en el amor y no en el temor, creo en la felicidad y no en el pecado; que Dios es Madre de entrañas buenas, que se acuerda del bien de sus hijos y que disfruta con sus logros y éxitos; es creer en una comunidad sostenida por la misericordia, anclada en ella, buena de corazón y de vida simple; que la vida comunitaria puede ser vivida como un oasis de misericordia en el que se puede ser uno mismo ante el otro y donde las fragilidades se convierten en impulsos de vida; que la misericordia hace al seguidor de Jesús creíble en la vida. Creo que la misericordia puede ser motor de humanidad y fuente del verdadero amor; es creer en el testimonio de la misericordia, testimonio de corazón entregado de pasión por la vida y por aquello que ni los ojos ven ni los oídos oyen; es creer en la misericordia como bálsamo de heridas, como sosiego de inquietudes, como alegría inarrebatable; es creer en la fuerza política de la misericordia, en su capacidad para regenerar la vida social, en su fuerza para sanear situaciones que se dan por desahuciadas[65].
  • Actualidad de las “Semina Verbi”: Uno de los logros más sonados del Vat.II fue, en medio de un ambiente conservador, elaborar las bases de una idea nueva de misión. Recuperando planteamientos ya existentes, como el de las Semina Verbi de Justino[66], se dio un paso de gigante en la adecuación de la espiritualidad misionera a un tiempo de globalización. De ahí vino todo el esfuerzo de inculturación, de diálogo con las religiones, de oferta que no se impone sino que se ofrece, de colaboración con las iglesias locales, etc. Los peligros sempiternos de la misión, la creencia en la bondad única del mensaje cristiano y de ahí su imposición universal, quedaban en parte frenados y reorientados. Y, además, quizá sin pretenderlo, colaboraba a la espiritualidad de la familia humana, ya que el reconocimiento de esas “semillas” en toda cultura es una declaración de humanidad global, por encima de diferencias religiosas o culturales.
  • La erradicación de la maldad básica: Es cierto que en el fondo de lo humano anida una fiera[67]. Pero de ahí a deducir que el ser humano, como tal, es malo hay un abismo. Mantener viva esta certeza en doctrinas como la del pecado original es un freno real a la espiritualidad de la familia humana[68]. Por eso, habrá que alejarse de ellas para que el sentimiento de culpa que acompaña el camino humano no se vea alimentado sino cuestionado. No se trata de defender una bondad rousoniana, sino de creer en las posibilidades del bien que encierra el caminar humano aun contando con las limitaciones[69].
  • El amor como englobante de la justicia y del perdón: Porque esa puede ser la manera de entender el conflicto que plantea la injusticia y el mal. No se quiere decir que ambos no sean relevantes o haya que dejarlos en suspense. Están ahí. Pero pueden ser vividos y entendidos por Dios con la misericordia como mecanismo englobante. Algo de eso puede ser trasladado al comportamiento humano. En ese caso, la misericordia se constituye como el aglutinante de la espiritualidad de la familia humana.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • Los valores de la fraternidad social: En la fraternidad social anida el sueño compartido de una sociedad distinta, la de la igualdad real: Algo que va más lejos de las igualdades jurídicas, ontológicas, políticas u otras que tardan en ser, de verdad, una igualdad real. Un mundo de iguales, más allá de diversidades constitutivas, es una enorme utopía. Pero si uno no se sitúa en la sociedad desde la certeza cultivada de la más elemental igualdad, si obra en él la desestabilizadora mentalidad jerarquizante que establece preeminencias y puestos de honor, pensar en una experiencia gratificante de fraternidad social no es posible. “La igualdad no es un esfuerzo ni una renuncia, sino la conciencia de que la propia existencia está tejida en y por las circunstancias de los demás. Cuando las personas están desprovistas de ego, la estimulación y el instinto de autosuperación no se ejercen a costa de la exclusión y menos aún de la humillación”[70]. Situarse como igual en la vivencia social es lo que puede contener la banalización de la desigualdad, la sensación de que ser desiguales es normal. Porque la banalización de la desigualdad es “la globalización de la indiferencia”[71] y, más al límite, a la banalización del mal[72]. El temor atávico a la desintegración social por vía de la igualdad solamente podrá ser atajado por el gozo compartido de la igualdad como cimiento saludable para el entramado de relaciones humanas que constituyen la experiencia de familia humana.
  • Los derechos esenciales: Que no pueden ser negados a nadie. Son aquellos derechos constitutivos anteriores a cualquier legislación o reconocimiento. Como decía J. Maritain, “se trata de establecer la existencia de derechos(…). inherentes al ser humano, anteriores y superiores a las legislaciones escritas y a los acuerdos entre los gobiernos, derechos que no le incumbe a la comunidad civil otorgar, sino el reconocer y sancionar como universalmente valederos, y que ninguna consideración de utilidad social podría, ni siquiera momentáneamente, abolir o autorizar su infracción”[73]. Son los derechos que vienen unidos al hecho de ser persona o, más ampliamente, de ser parte de la historia puesto que los otros seres, de algún modo, también los tienen. El que a estas alturas la sociedad necesite “luchar” por tales derechos habla de la dificultad histórica que acompaña el devenir humano y del problema con el que habrá que lidiar si se quiere llegar al sueño de una fraternidad humana básica.
  • El necesario perdón social: Una convivencia difícil que demanda un delicado trabajo de construcción de la convivencia es aquella que se da, en un ámbito más cercano, cuando en el mismo país, en el mismo pueblo a veces, tienen que convivir víctimas y victimarios que han cumplido ya su condena penal. Los viejos fantasmas, los odios anquilosados y sosegados por la cárcel, los temores a la reincidencia, las heridas nunca cerradas del todo vuelven a surgir con una potencia inusitada. Los trabajos por una convivencia que se sitúe en terrenos de relación posible se hace imprescindible. Tanto organizaciones públicas como personas privadas (Fernando Buesa, Universidad de Deusto) están empeñadas en trabajar el minado camino de la convivencia entre víctimas y victimarios. Una condición para la memoria y la convivencia es que los victimarios hagan un reconocimiento del daño causado, que quede claro el reconocimiento social del sufrimiento de las víctimas. Y otra condición es que las víctimas, por encima de su hondo sufrimiento, se sitúen en un terreno de una cierta confluencia, lo más alejada posible del odio, la revancha y la venganza. Las instituciones públicas no habrían de subirse a ninguna de las olas en boga para ganar votos. Por el contrario, tendrían que arbitrar caminos posibles de encuentro en situaciones sociales tan difíciles. Y el conjunto de la sociedad habría de trabajar en este difícil camino más por una justicia restaurativa que por otra distributiva. “En medio del debate entre los partidos políticos, las asociaciones de víctimas y los grupos de solidaridad con los presos sobre las distintas opciones, estrategias y medidas a seguir en la política penitenciaria, la de la justicia restaurativa aparece como una posibilidad muy interesante de generar un «escenario nuevo», por contener dicha categoría unas referencias (focalización en la víctima y sus derechos, apuesta por la reinserción social del agresor, responsabilización de los protagonistas, integrando entre ellos a la propia sociedad…) que debilitan, si no disuelven definitivamente, los nudos gordianos en los que se encuentra la recuperación social de víctimas y victimarios”[74].
  • Los esfuerzos por integrar al distinto: la difícil convivencia tiene unámbito de trabajo continuo en el esfuerzo por hacer ver que la mesa de la ciudadanía ha de acoger a toda persona que vive, trabaja, ama, sufre y muere en una ciudad, en un lugar. Los prejuicios que juegan a la hora de integrar al distinto tienen que ceder por la simple percepción de que el distinto es humano y que sus necesidades especiales pertenecen a su modo de ser persona y que, por lo tanto, no pueden ser obviadas. Es preciso huir de la ideologización que domina a las personas y toma excusa del patriotismo o de la religión para frenar la convivencia común. Este tema adquiere particular importancia en el caso de la inmigración. Ahí sí que la página de la integración es algo que se está escribiendo. Sería bueno escuchar la voz de personas sosegadas como A. Maalouf: “Con ese espíritu me gustaría decirles, primero a los “unos”: cuanto más os impregnéis de la cultura del país de acogida, tanto más podréis fecundarla con la vuestra, y después a los “otros”: cuanto más perciba un inmigrado que se respeta su cultura de origen, más se abrirá a la cultura del país receptor”[75]. Pero también afecta a colectivos que, por tendencia social y por su poco peso específico en los procesos de logro del poder, se tiende a excluir (discapacitados, viudas, transeúntes, pensionistas, enfermedades raras, etc.). Esto afecta a temas laborales, formativos, de ocio, de accesibilidad, de salud. Mil millones de habitantes, un 15% de la población mundial, tienen algún tipo de discapacidad. Un quinto del total global estimado, entre 110 millones y 190 millones de personas, sufren impedimentos significativos. Las personas con discapacidades, en promedio como grupo, tienen más probabilidades de experimentar situaciones socioeconómicas adversas que aquellas sin dicha condición, tales como: baja educación, peor estado de salud, menor nivel de empleo y mayor tasa de pobreza. Por un lado la pobreza puede aumentar el riesgo de la discapacidad a través de la malnutrición, el acceso inadecuado a la educación y la salud, condiciones de trabajo inseguras, un ambiente contaminado, y la falta de acceso a agua potable y saneamiento. Por otro, una discapacidad puede incrementar el riesgo de vivir en la pobreza por el desempleo, los salarios más bajos y el aumento del costo de la vida debido a dicha condición. Una tupida red de organizaciones sociales quiere contribuir a la garantía de ciudadanía de toda persona y a la equidad que dimana de la realidad de tener algún tipo de discapacidad. En estos trabajos cercanos estriba el éxito de acercarse más al ideal de la familia humana.

 

 

V

¿FAMILIAS SUBROGADAS, FAMILIAS VERDADERAS?

(Mc 3,20-21.31-35)

 

      La fuerte vinculación con la familia biológica hace creer a la persona que esa es la  familia. Pero, en realidad, la vida demuestra de muchas maneras que uno encuentra su familia en otros colectivos más allá del meramente biológico: personas, grupos, regiones, países que no son los suyos se convierten en sus “verdadera” familia, más llena de verdad familiar que su propia familia biológica. Quizá esas familias subrogadas, suplentes, son decisivas. La familia humana puede ser considerada como una de esas familias. Aunque tal vez eso no le haga justicia: es la familia verdadera, aquella que constituye el cimiento de cualquier otra familia. Pero el fenómeno de la subrogación puede acercarnos a la espiritualidad de la familia humana.

 

  1. 1.      El texto

 

“Fue a casa, y se reunió de nuevo tal multitud de gente que no podían ni comer. Al enterarse los suyos se pusieron en camino para echarle mano, pues decían que había perdido el juicio…Llegó su madre con sus hermanos y, quedándose fuera, lo mandaron llamar. Una multitud de gente estaba sentada en torno a él. Le dijeron; — Mira, tu madre y tus hermanos te buscan ahí fuera. Él les contestó: — ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y, paseando la mirada por los que estaban sentados en corro en torno a él, añadió: — Miren a mi madre y mis hermanos. Cualquiera que cumpla el designio de Dios, ése es hermano mío y hermana y madre”.

 

1)      “La familia suministró al primitivo movimiento cristiano una de sus imágenes básicas para definir la identidad y cohesión sociales cristianas. En la Antigüedad, la familia extensa tenía mucha importancia. No sólo era la fuente del propio estatus comunitario, sino que funcionaba también como la principal red de relaciones económicas, religiosas, educativas y sociales. La pérdida de conexión familiar significaba la pérdida de esas redes vitales, así como la pérdida de conexión con el país. Pero una familia subrogada, lo que los antropólogos denominan grupo ficticio de parentesco, podía tener las mismas funciones que la familia de origen. La comunidad cristiana, que hace las veces de familia subrogada, es, tanto para Mateo, Marcos y Lucas, el lugar propio de la buena nueva. La familia subrogada trascendía de inmediato las categorías normales de nacimiento, estatus social, educación, riquez y poder, aunque no descartaba fácilmente las categorías de género y raza... La familia subrogada se convierte en un lugar de refugio para quienes ya están desvinculados de sus familias de origen (p. ej. hijos sin posibilidad de heredar que se trasladan a la ciudad). Para la gente con buenos contactos, especialmente entre la élite urbana, dejar a la familia de origen por la familia subrogada cristiana (como exige Jesús en Mateo 12,46-50) era una decisión que constaría muchísimo tomar (ver Mt 8,18-22; 10,34-36.37-39; 19,23-30). Significa romper los vínculos, no sólo con la familia, sino con la entera red social de la que uno podía formar parte”[76].

2)      La “casa” es el lugar donde Jesús desvela su “intimidad mesiánica”, sus anhelos de Mesías. La familia está fuera. Se quiere constituir el Israel mesiánico a partir de lo que hay. La familia no se integra. La expresión “echarle mano” lleva directamente a “creían que había perdido el juicio”. Se empieza de bajo cero. La ruptura con la familia ha sido un hecho en la vida de Jesús. Quizá porque comenzó “tarde” a su extraña actividad de predicación[77]. La ruptura familiar de Jesús es evidente[78].

3)      En el v.31 la familia “se queda fuera”, mientras que los de la familia subrogada están “sentados en torno a él”: un círculo con él en el centro, imagen de la comunidad de seguidores[79]. No se puede desligar del texto una cierta hostilidad del entorno familiar. Esto quizá esté indicando la dificultad del cristianismo primitivo para implantar comunidades de seguidores en el ambiente judío. O tal vez hay rasgos históricos de lo acaecido con Jesús.

4)      Los “sentados en corro” son “madre y hermanos”. No hay padre: el padre era autoridad y el reino de Jesús es libertad sin coacción. La nueva familia tiene que tener ese rasgo como prioritario. Cumplir el designio es trabajar por lo humano dando adhesión al promotor de lo humano que es Jesús[80]. Quien cumple eso es “hermano-hermana-madre”. La diferenciación de género no es insignificante. La primera misión cristiana incorporó a la mujer en pie de una cierta igualdad[81].

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • Otra teología de la familia: Sin, quizá, dejar de lado la clásica espiritualidad cristiana sobre la familia (“santuario doméstico”), tal vez haya que elaborar otra teología de la familia: trampolín de humanidad, camino para la vivencia de la familia humana, lugar donde se aprende la más grande familia de lo humano. Ello conllevaría una espiritualidad que mira hacia fuera más que hacia adentro, hacia el mundo que hacia el pequeño colectivo biológico, hacia la totalidad que hacia lo particular. La teología de Jesús, el reino, tiene esa misma orientación.
  • La familia de la libertad y la igualdad: Así es la de Jesús. Si las familias se asientan sobre el sometimiento y la jerarquización, ese tipo de familia no es el de Jesús. precisamente él huye del “padre” en su familia subrogada: “No llaméis a nadie padre” (Mt 23,9). Eso está indicando qué tipo de relación quiere: no basada en el honor social, sino en relaciones de libertad y de igualdad[82]. Esos mismos valores habrían de ser los que sustenta la gran familia de lo humano. De lo contrario, bajo la opresión y la inequidad, la familiaridad resulta imposible.
  • Eludiendo la sectarización: Toda religión tiene un peligro indudable de sectarización. En eso encuentra el grupo un modo de definir sus perfiles, de saber quién es quién, y una fuerza para mantenerse ante los posibles embates del enemigo[83]. La espiritualidad de la familia humana, por definición, se coloca fuera de ese peligro y, en ese sentido, es muy beneficiosa para el espíritu humano. Cuanto más se consiga crear un mundo sin barreras, sin requisitos previos, sin exigencias de pertenencia, cuanto más se vea la posibilidad de poder vivir sin fraccionar, sin dividir, sin excluir, estaremos mucho más cerca del sueño de la fraternidad.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • La opción por otro pueblo que llega a ser mi pueblo: Desde los tiempos del libro de Rut[84], hasta hoy mismo (Hermanita Genoveva del pueblo Tapirapé)[85]siempre ha habido personas que han hecho de otro pueblo su pueblo, con todas las consecuencias. Constituyen ejemplos reales de la posibilidad de engendrar una nueva pertenencia humana, aquella que considera a cualquier pueblo como propio siempre que se quiera de verdad vivir en él como miembro activo. La realidad de que hay personas que logran hacer vida suya este planteamiento, evidencia su posibilidad. No estamos hablando de una pertenencia subrogada que ya sería interesante, sino de una pertenencia del todo real y con todas sus consecuencias. Esta clase de personas son los adelantados de ese mundo nuevo de una única familia, los antípodas de quienes creen que el futuro está en la exclusión. La acogida en la mesa social a otros pueblos no debilita a ninguno sino que, más allá de problemas administrativos u otros, enriquece a todos porque se pone sobre esa mesa y se suma el valor que toda persona encierra en su propia dignidad. “Cuando hablamos de estas vidas y acciones alternativas nos referimos, pues, a modos de proceder que son una auténtica locura en un mundo en el que la pérdida del buen sentido es lo corriente. Pero se trata de la verdadera sensatez. Los testigos alternativos nos hacen salir de lo ilusorio y nos revelan la verdad de las cosas, el sentido profundo de la vida, la dirección recta hacia la utopía que nos ha de iluminar y mover. Son pues profetas, porque nos dirigen una palabra viva e inquietante que nos ayuda a salir de la situación engañosa en la que fácilmente quedamos atrapados”[86]. La profecía hecha en pueblos que no son el propio habla claro y alto del misterio de fraternidad universal como realidad posible.
  • Las otras familias en las que la fraternidad es el cimiento del cariño: Porque hay muchas pequeñas residencias de menores con problemas en las que la fraternidad humana en todas sus variantes se convierte en el cimiento del cariño. No son familias al uso; quizá ni los mismos adolescentes las sienten como tal. Perono serían nada sin esa base de fraternidad que anida en el corazón de las personas. Sin ella, no brotaría el amor; ni siquiera surgiría el trabajo callado de acompañamiento que va más allá que la justificación de un sueldo. Merecen ser considerados estos grupos como familias de verdad, aunque no tengan la estructura de la biológica. E incluso más que aquellas, porque su horizonte se amplía cada día para poder acoger a otros más sin desfallecer. Gente de fraternidad; maestros y maestros reales de la misma.
  • El diálogo con el ateísmo doméstico: Porque para muchos creyentes, este es el verdadero “pueblo cananeo” de la actualidad. El ateísmo doméstico: Es el que está en nuestras casas, en nuestras familias, en nuestras amistades. Es propio de lo que se denomina la “tercera oleada” de secularización que sufre España. “Se trata de una nueva forma de secularización, definida como exculturación, proceso por el cual la cultura va perdiendo sus raíces católicas”[87]. Se observa que, en no pocos casos, esta exculturación no conlleva la pérdida de valores humanos, familiares y sociales. A la vez que se “pierde” la religión, permanecen los valores relacionales y se mantienen los sueños utópicos. Es decir, el ateísmo circundante, doméstico, no lleva a un empobrecimiento. Todo lo contrario, da la impresión de vivir un proceso de liberación que redunda en una mayor humanización. La visión religiosa, muy extendida, de que la pérdida de valores religiosos conlleva una perdida en la humanización no se da. La solidaridad humana en todas sus variantes brota, pujante, en marcos no religiosos. De este ateísmo se deduce un comportamiento humanizador de indudable calidad. Dejarse enseñar por esto puede ser algo muy positivo para la espiritualidad y los carismas.

 

VI

LA FAMILIA HUMANA EN EL MARCO DE LA LAICIDAD

(Jn 19,25-27)

 

            La vinculación religiosa establece un cierto nivel de conexión familiar entre sus adeptos, una especie de sintonía que a sus miembros les lleva a sentirse familia. Pero el hecho creyente puede tomar lo religioso como impulsor para espacios más amplios, de familia universal. Es decir, las tradiciones religiosas puede y deberían colaborar a la construcción de la espiritualidad de la familia universal en lugar de llevar al sectarismo. Son un gran potencial y el logro estaría mucho más cerca. Esto podría concretarse en la certeza de que el marco de la laicidad, marco más común, es lugar propicio para la espiración a la familia humana.

 

  1. 1.      El texto: Jn 19,25-27

 

25"Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. 26Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: -Mujer, ahí tienes a tu hijo. 27Luego, dijo al discípulo: -Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa".

 

1)      A priori, y lógicamente, este texto nada tiene que ver con la laicidad. La interpretación corriente en concordancia con la piedad de que Juan el discípulo que era joven (?) acogió a María, viuda, sola y mayor en su casa (?) no se ajusta a los niveles de significación del cuatro Evangelio. Hay que buscar en otra dirección.

2)      Este texto se escribe después de muchos años de la primitiva misión cristiana. En ella se ha experimentado que el cristianismo ha “respirado” cuando ha salido de los estrechos límites de Palestina, en la misión entre paganos. Son éstos los que han dado aliento a la propuesta de Jesús, los que han creado comunidades muy vivas, más allá de sus defectos (como las de Corinto), los que han comenzado a pensar la experiencia creyente desde dimensiones no meramente judías. En ese caso, el texto que nos ocupa viene a decir que el discipulado que nace en la nueva comunidad (el discípulo predilecto) acoge en su seno (en su casa, “en sus asuntos”, eis ta idia) a la mujer (que significa el resto de Israel que quiere dar pasos en la nueva dirección de Jesús). O sea, son los paganos los que han vivificado y gestionado la fe primitiva, aunque su origen a nivel de personas esté en Israel.

3)      Que sean las mujeres (dos, tres o cuatro) la que estén al pie de la cruz es otro apunte interesante: son las mujeres las que están en ese límite, esa frontera, que posibilita el paso al nuevo estilo de experiencia creyente. Los varones, que constituyen en grupo de honor social, no están presentes, excepto en el discípulo amado. Ya en el año 100 se pide repensar el papel de la mujer. Se vuelve al esquema de siempre. María Magdalena sería la parte más proclive (la antigua “mujer”, la madre, será sustituida por la nueva “mujer”: la Magdalena, Jn 20,13.15). El papel de la madre, la antigua comunidad, termina en la cruz; el de María Magdalena comienza en ella.

4)      Entre la antigua y la nueva comunidad se genera una relación de fraternidad, de igualdad, entre el pueblo antiguo y fiel y la nueva comunidad. Ha cesado el privilegio de Israel y la nueva comunidad no adquiere ese privilegio. La comunidad de Jesús, y la misma comunidad humana, ha de ser un grupo de personas bien relacionadas sin privilegios, asentada en la base de la común dignidad.

5)      Cambia el juego de personajes: el discípulo representa a esa nueva comunidad surgida del corazón y del mensaje de Jesús. Se pide un reconocimiento mutuo. “El antiguo Israel debe reconocer su legítima descendencia (hijo) en la comunidad nueva y universal. La nueva comunidad debe reconocer su origen (madre) en el Israel fiel a Dios. Este se integra en la comunidad universal”. Este paso, que a nosotros nos parece normal, fue gigantesco. Desde ahí se puede pensar en un paso ulterior: la laicidad como marco valioso para la experiencia de humanidad y como lugar donde puede crecer la experiencia religiosa con más propiedad.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • La experiencia espiritual gestionada por gente no religiosa: Es algo a lo que el ámbito religioso (y el teológico) se resiste porque se cree que hay un “derecho”, un monopolio sobre ello. Pero la realidad hace ver que personas no religiosas en sentido habitual proponen modo de gestión espiritual laica que integren las tradiciones religiosas. María Corbí habla de es la superación tanto de las religiones como de las grandes ideologías. Ambas no sirven para el acceso a los nuevos valores de las sociedades nuevas. El recurso al legado de sabidurías de las tradiciones religiosas (no de sus modos religiosos) puede ser un modo de acceder a la espiritualidad en el mundo posaxial en el que vivimos. “Hay que volver al gran legado de las tradiciones religiosas de la humanidad, al legado de todas, pero desde donde estamos, desde sociedades laicas, sin creencias ni sacralidades. Ahí tenemos una gran herencia desde la que poder cultivar la calidad de individuos y grupos y la espiritualidad, sin tener que ser hombres religiosos ni creyentes”[88]. Y aquí las tecnologías pueden prestar un enorme servicio para allanar ese camino, para hacerlo más visible a la sociedad de hoy. Lo mismo podríamos decir respecto a la belleza: la reinterpretación de las tradiciones desde la belleza puede conducirnos al umbral de la espiritualidad:  “Hay que aprender a leer las narraciones religiosas no como descripción de hechos y personajes, sino como metáforas, como símbolos que apuntan y aluden a la dimensión absoluta de la realidad. Tenemos que aprender a leerlas y vivirlas como hacemos con los poemas”.
  • Tres maneras de hacer la misión: Puede haber tres maneras de hacer misión. La tercera es la que más se puede aproximar al ideal de que en la laicidad agarre fuerte la espiritualidad de la familia humana.

a)      Hacer misión con los que vienen a nosotros: La mayor parte de las parroquias, grupos y personas evangelizadoras se sitúan, básicamente, en este primer modo. Se trabaja con las personas que vienen a nosotros. Con ellas se hace la obra evangelizadora que mejor se sabe hacer. Pero el hecho secular hace que los que vienen son una franca minoría ya que, aunque en España todavía un 75% (34,7 millones) y el de bautizados, aunque ha descendido, se sigue manteniendo (estamos en el 92%), e incluso haya aumentado la práctica dominical un 23,9% ¿por el “efecto Francisco”?, el hecho que solamente el 13,3% de los creyentes participan en la eucaristía semanal. Basta ver cómo es la asistencia de la mayoría de nuestras sencillas eucaristías parroquiales. Pero ahí es donde los evangelizadores echan el resto e invierten lo mejor de personas y de medios. Lo que ocurre con el 87% de la ciudadanía que llamamos “alejados” queda fuera de los anhelos evangelizadores. No hay cauces para una conexión que pueda apuntar a otro tipo de misión.

b)      Habría otra forma de hacer misión: ir a los areópagos sociales para ofrecer la alternativa del Evangelio. El Papa Francisco quiere situar la evangelización en este otro ámbito. Por eso, en la EG habla sin cansarse de “salir” (nºs 20-24; 261). Él está convencido de que los valores evangélicos son ofertables, que pueden enganchar con la profundidad de la persona y de la sociedad. “Tenemos un tesoro de vida y de amor que es lo que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar. Es una respuesta que cae en lo más hondo del ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nada más puede llegar. Nuestra tristeza infinita solo se cura con un infinito amor” (265). No se menciona nada de cómo salir, con qué herramientas, apuntando a qué objetivos, con qué dialéctica. A veces se habla en maneras generales de “ser pueblo” (como lo veremos a partir del nº 268), pero no hay mecanismos concretos para salir de la “burbuja” de quienes vienen a nosotros. El mero planteamiento es valioso y hasta encomiable. Pero nos tememos (el mismo Papa se lo teme: nº 201) que este buen deseo no sea suficiente para ello. Quizá el apartado 2º del cap.4º (La inclusión social de los pobres) sea el más lúcido para indicar actuaciones concretas en el plano social que es donde se juega la conexión con el mundo, imprescindible para que la oferta pueda ser aceptada. En este sentido, consideramos que es un gran avance y, ciertamente, una propuesta válida para ir cambiando el modelo de evangelización imperante.

c)      Pero hay una tercera manera posible de enfocar la evangelización: ir a la sociedad para aprender de ella. La vieja teoría de los “aprendizajes sociales” de A. Bandura, aún vigente, puede ser de gran utilidad. Gran parte de la conducta humana se elabora por el aprendizaje social que, mediante la observación, por la retención y elaboración de imaginarios, lleva a conductas determinadas. En este sentido la sociedad es maestra decisiva para la persona. ¿Podría ser entendida la sociedad como un lugar de aprendizaje para las opciones creyentes? ¿No está enseñando la sociedad muchas cosas, valores, posiciones, demandas, que conectan con los anhelos del Evangelio? Desde ahí: ¿no podría entenderse la misión como un “ir para aprender”? En la medida en que se ha aprendido, ¿no podrían ser los valores evangélicos una reafirmación y contribución a los mejores sueños sociales? Este es terreno aun casi por explorar pero, a nada que se piense, está ahí.

  • En permanente estado de injusticia: Eso dicen algunas teólogas de la actitud de la Iglesia respecto a las mujeres[89]. Y razón no les falta. No es por ninguna clase de maldad, sino porque la estructura no ha asimilado todavía algunos aprendizajes sociales que son viejos de años, casi de siglos[90]. Una manera elocuente de generar pensamiento de familia humana en el marco de la laicidad sería dar cancha a las mujeres, creyentes o no, en los órganos de gestión de la espiritualidad y de la mismas religiones. Para ello, evidentemente, hay que descabalgarse del tema del poder que es uno de los mayores obstáculos para atisbar espiritualidades nuevas.
  • La renuncia explícita a privilegios: Resulta evidente que, con el tiempo, toda estructura, religiosa o laica, acumula poder y privilegios. Para dejar entrar a la laicidad por la puerta grande al mundo de las espiritualidades será precisa una renuncia explícita a los privilegios acumulados y que ya no tienen ninguna razón de ser. Si esa renuncia no es voluntaria, habría que encajar con la mayor humanidad el hecho de que se nos “arrebaten” tales privilegios. Pero pretender nuevos caminos manteniendo todas las prerrogativas acumuladas resulta complicado.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • El diálogo con el ateísmo espiritual: cada vez crece la certeza de que “hoy, más que nunca, es necesario tender puentes y encontrar lenguajes y plataformas de diálogo entre los creyentes en cualquier religión y los hombres y las mujeres que se consideran ateos. Hoy los creyentes y los ateos manifiestan sus convicciones íntimas, abren su corazón y caminan juntos. Todavía hay prejuicios y malentendidos. Pero hay más puntos de contacto de lo que se creía. Sorprende encontrar a hombres que se manifiestan ateos y materialistas haciendo una apología del espíritu y de la espiritualidad. Tal vez los humanos tengamos mucho que avanzar para delimitar en qué Dios creemos, qué relación tenemos con ese Dios y qué es en definitiva lo que llamamos ‘religión’”[91]. Cada vez se abre más paso una posibilidad dialógica y de ello sacará beneficio seguro el hecho creyente y tal vez también el científico.
  • La laicidad es el marco jurídico y político en el que caben todas las ideas y creencias religiosas: Los cristianos y cristianas están llamados/as a colaborar en la construcción de un Estado laico que haga posible una sociedad justa y solidaria, sin discriminaciones por razones religiosas, culturales o sociales. Los movimientos sociales constituyen la mediación necesaria para que el laicismo y el cristianismo sean motores de transformación social y de propuestas alternativas, y no se queden en una ideología legitimadora del orden establecido, como ha sucedido con frecuencia a lo largo de la historia.
  • Cuando la secularidad enseña espiritualidad: Porque hemos de pensar que muchas personas pertenecientes a la secularidad y adscritas al ateísmo pueden ser consideradas como verdaderas “místicas”[92]. Ellas nos pueden enseñar espiritualidad, no religión, valores de profundidad, actitudes ante la vida que desvelen lo mejor de la persona y de la sociedad. Incluso más, nos pueden acercar al misterio, al que se entra por muchas puertas, no solamente por la de una religión concreta. Atribuir este componente místico a la secularidad quizá sería un buen puente de entendimiento y enriquecimiento con el hecho religioso. Entonces sí que habríamos dado un paso importante de cara a la comprensión y vivencia de la familia humana.

 

  1. 4.      Lectura subrayada

 

SUNDAY ASSEMBLY


La Asamblea del Domingo es una congregación laica que celebra la vida. Nuestro lema: vivir mejor, ayudar a menudo, se preguntan más. Nuestra misión: Una Asamblea Domingo en cada pueblo, ciudad y pueblo que quiere uno. Nuestra visión: Para ayudar a todos a vivir la vida tan plenamente como sea posible.

Estamos aquí para todo el que quiera:

  1. Vivir Mejor. Nuestro objetivo es proporcionar inspiración, invita a la reflexión e ideas prácticas que ayudan a la gente a vivir la vida que quieren llevar y ser las personas que quieren ser
  2. Ayude a menudo. Asambleas son comunidades de construcción acción vidas de propósito, nos alientan para ayudar a cualquiera que lo necesite para apoyar el uno al otro
  3. Más Wonder. Al escuchar las conversaciones, cantando como uno, escuchando lecturas e incluso jugar juegos nos ayuda a conectarnos con los demás y el mundo increíble que vivimos.

 

La Asamblea Domingo

 

  1. Es 100% celebración de la vida. Hemos nacido de la nada y nos vamos a la nada. Vamos a disfrutar juntos.
  2. No tiene doctrina. No tenemos textos establecidos por lo que pueden hacer uso de la sabiduría de todas las fuentes.
  3. No tiene deidad. Nosotros no hacemos sobrenatural pero tampoco te diremos que te equivocas si lo hace.
  4. Es radicalmente inclusiva. Todos son bienvenidos, sin importar sus creencias - este es un lugar de amor que está abierto y aceptar.
  5. Es libre de asistir, sin fines de lucro y de ejecución voluntaria. Solicitamos donaciones para cubrir nuestros costos y apoya al trabajo comunitario.
  6. Tiene una misión comunitaria. A través de nuestros héroes de acción (¡tú!), Nos va a ser una fuerza para el bien.
  7. Es independiente. No aceptamos patrocinio o promovemos fuera de las empresas, organizaciones o servicios
  8. Está aquí para quedarse. Con su participación, La Asamblea Domingo hará del mundo un lugar mejor
  9. No le diga cómo vivir, pero trataremos de ayudarle a hacerlo tan bien como puedas

10.  Y el punto 1 recordar ... La Asamblea Domingo es una celebración de la vida sabemos que tenemos.

 

Lo que debe esperar de un evento Asamblea del Domingo

 

Sólo por estar con nosotros, debe estar energizado, vitalizado, restaurado, reparado, renovado y recargado. No importa lo que el tema de la Asamblea, se preocupa consuelo, provocar la bondad e inyectar un toque de trascendencia en la vida cotidiana. Pero la vida puede ser dura ... Es. A veces pasan cosas malas a la gente buena, tenemos momentos de debilidad o de la vida no es justa. Queremos La Asamblea Domingo para ser una casa de amor y compasión, dónde, no importa cuál sea su situación, será recibido, aceptado y amado. Por encima de todo, divertirse, ser agradable y participar.

 

VII

LA INDUDABLE CERTEZA DE QUE ES POSIBLE QUE LA FAMILIA HUMANA BROTE EN EL HOY

(Filp 2,19-3,1a)

 

      Hay muchos que se ven cautivados por la hermosura de las utopías, como esta de la familia humana. Pero, a la vez, creen que eso se dará en un momento y en mundo tan lejano que ellas no podrán participar. Una de las pretensiones de la buena mística es hacer ver que en este hoy, por difícil que sea, puede ir brotando la certeza de que, en alguna medida, las utopías son posibles. Si no se une a la utopía el componente histórico, corre el riesgo de disolución.

 

  1. 1.      El texto: Filp 2,19-3,1a:

 

19Con la ayuda del Señor Jesús, espero mandaros pronto a Timoteo, para animarme yo también recibiendo noticias vuestras; 20porque no tengo ningún otro amigo íntimo que se preocupe lealmente de vuestros asuntos; 21todos sin excepción buscan su interés, no el de Jesucristo. 22De Timoteo, en cambio, conocéis la calidad, pues se puso conmigo al servicio del Evangelio como un hijo con su padre; 23éste es el que espero mandaros en cuanto barrunte lo que va a ser de mí; 24aunque, con la ayuda del Señor, confío en ir pronto personalmente. 25Por otra parte, me considero obligado a mandaros de vuelta a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de armas, al que enviasteis vosotros para atender a mi necesidad. 26Él os echaba mucho de menos y estaba angustiado porque os habíais enterado de su enfermedad. 27De hecho, estuvo para morirse, pero Dios tuvo compasión de él; no sólo de él, también de mí, para que no me cayera encima pena tras pena. 28Os lo mando lo antes posible, para que, viéndolo, volváis a estar alegres, y yo me sienta aliviado. 29Recibidlo, pues, en el Señor con la mayor alegría; estimad a hombres como él, 30que por la causa de Cristo ha estado a punto de morir, exponiendo su vida para prestarme en lugar vuestro el servicio que vosotros no podíais. 1aPor lo demás, hermanos míos, estad alegres en el Señor”.

 

1)      Si damos crédito a Hech 16,11-15, lo de Pablo con la comunidad de Filipos ha sido un idilio. Es el lugar en que primero puso pie en la misión de Grecia. Lo primero siempre queda grabado. Además, era una comunidad pobre, sin lugar para orar[93], comunidad compuesta sobre todo por mujeres, pero mujeres valientes[94]. Algo de Pablo conectó con aquella comunidad. De hecho, Pablo que, según 1 Tes 2,9 trabajó “día y noche para no ser una carga para nadie”, y según 2 Cor 11,9 “no le saca el jugo a nadie”, tuvo que pedir un subsidio a la comunidad de Filipos, estando como estaba en la cárcel y sin amparo. ¿Por qué lo pidió? Porque sabía, como así fue, que esa comunidad nunca le echaría en cara el que les hubiera pedido. Nunca hubiera pensado Pablo que una comunidad pagana le iba a ser tan cercana, tan servicial, tan humana. Pablo aprendió humanidad de sus comunidades paganas.

2)      El desamparo humano de Pablo se ve cubierto por la fidelidad de Timoteo. La expresión “se puso conmigo al servicio del evangelio como un hijo con su padre” está indicando la situación del Pablo adulto, necesitado del amparo de otros. Por dura que haya sido la experiencia de la primitiva misión cristiana, Pablo ha encontrado humanidad y ayuda. La siembra de humanidad que él ha pretendido hacer ofreciendo el mansaje de Jesús ha dado cosecha de humanidad[95].

3)      La comunidad de Filipos le mandó el subsidio con un tal Epafrodito, quien, al parecer, contrajo una grave enfermedad que lo puso al borde de la muerte. Decir de él que era “hermano, colaborador y compañero de armas” está de nuevo indicando la honda conexión de humanidad que Pablo tiene con estas personas. No son solo compañeros de apostolado, sino de vida. La apuesta por estas personas de probada humanidad queda clara en esa frase: “estimad a hombres como él”. Son personas que generan humanidad en su entorno.

4)      La causa de esta estima es haber “expuesto la vida”. Cuando se llega a esto estamos en los niveles más profundos de humanidad. No se trata solamente de ofrecer algo de uno mismo, unas donaciones, sino estar dispuesto a la entrega última. El mayor signo de humanidad.

5)      La recomendación final a seguir en alegría es también interesante. Los avatares difíciles por los que es necesario pasar para ir engendrando la espiritualidad de la familia humana no han de hacer que la alegría básica desaparezca de la persona. Sabiendo respetar los tiempos y encajando con benignidad las adversidades se puede tener la alegría inarrebatable de quien anda por la vida con la certeza de que construir lo humano es la empresa más hermosa, más allá sus evidentes dificultades[96].

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • Cosecha de humanidad: Esa habría de ser la cosecha de quien hace misión de humanidad. Tanto el Evangelio, como la misma vida, asegura que esa cosecha se da cuando se siembra humanidad. Pero si la siembra es otra, quizá la cosecha sea otra. Dice EG 273 que la misión tiene por finalidad “iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar” y también dejarse iluminar, aceptar la bendición de la sociedad de hoy, acoger la vida que viene de la misma vida, dejarse levantar en las inevitables caídas, dejarse curar en las inevitables heridas, experimentar que por el otro humano se me libera. La cosecha de humanidad no depende solamente de lo que se siembra, sino de lo que se recibe.
  • Ofrecer el Evangelio: Que no es lo mismo que ofrecer religión. Aquel puede ofrecerse sin esta o con ella. Si solamente ofrecemos religión, si esa es la prioridad, si se hace en modos que, a veces, pueden estar lejos de los valores del mismo Evangelio, no esperemos gran cosecha de humanidad. Más bien experimentaremos la lejanía cuando no el rechazo. Pero si la prioridad es compartir los valores primordiales del Evangelio, quizá haya un margen para poder ofrecerlos en los márgenes de la experiencia religiosa, y ésta será mejor comprendida y, tal vez, aceptada.
  • Una misión que genera compañeros de vida:  Como le ha ocurrido a Jesús; como le ha ocurrido a Pablo. Si la misión se hace en la soledad y no engendra vínculos reales entre las personas, hay que sospechar de ella. Y si, además, olvida o menosprecia el mundo de las relaciones, peor lo ponemos. La construcción de la espiritualidad de la familia humana se basa, como todo lo familiar, en la verdad de las relaciones. Si estas son frías o no existen, la cosa se complica. Pero cuando en el caminar humano va aumentado las vidas que se entrecruzan, las que bajan al corazón, entonces el horizonte de lo humano se acerca[97].
  • La alegría que genera humanidad: Esa resulta imprescindible para la misión y para la espiritualidad de la familia. Porque resulta que esa espiritualidad no se va a lograr sin esfuerzo, sin lágrimas. Es entonces cuando la alegría peligra. Pero quien logra mezclar a tales dificultades la confianza y el gozo de estar bien orientado en lo básico de la vida, quizá pueda vivir una experiencia de alegría capaz de sobrevivir a los peores avatares.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • Aprender humanidad en el hoy: Porque, como decía Borges, “los futuros tienen una forma de caerse…”[98].  Por ello, hay que situar los trabajos de humanidad en el hoy. Y para ello es necesario hacer auténticos trabajos de búsqueda de las obras de humanidad que se nos ofrecen en el momento. Hay que buscarlas porque la masa del mal, de las noticias negativas, de las frustraciones que conectan con nuestro ser profundo tan cainita, oscurecen y desplazan a los gestos de humanidad. Pero están ahí a nada que analicemos la realidad. Es preciso subrayarlos para aprender humanidad. Son el libro de texto de esta escuela de la familia humana.
  • Leer con benignidad el rechazo a la religión oficial: Porque aunque el fenómeno religioso crece en muchos ámbitos y manifestaciones, también es cierto que el rechazo por la religión oficial se hace palpable[99]. ¿Cómo leer este fenómeno humanamente, sin desplantes, disgustos, rechazos o palabras condenatorias? Habrá que analizar los comportamientos históricos de las religiones y tratar de reparar daños, aunque parezca que es tarde[100]. Será necesario distanciarse de sistemas opresores de tal manera que se evidencie que se está del lado de lo humano. Habrá que ofrecer alternativas de humanidad que hagan ver el modo humanizador de comprender y vivir el hecho religioso que se desea tener.
  • Construir lo humano, tarea existencial: No puede ser una tarea que, primariamente, la hagamos depender de una experiencia religiosa. No se construye lo humano por ser creyente, sino por ser persona. Y la persona entiende que si no trabaja por la construcción de la familia humana, su itinerario existencial se frustra. Las motivaciones religiosas abundan en ello, pero no son la verdadera fuente.

 

  1. 4.      Lectura subrayada

 

Uno de esos muertos

 

Los atroces actos de crueldad del mundo nos salpican a todos, y el heroísmo, aunque

sea anónimo, nos redime

ROSA MONTERO14 JUN 2015 EL PAÍS SEMANAL p.96

 

Hay un puñado de biólogos que, encabezados por el británico Rupert Sheldrake y vituperados furiosamente por la comunidad científica oficial, sostienen que los individuos pertenecientes a una misma especie están relacionados entre sí de algún modo, que sus mentes se rozan de una manera imprecisa y sutil. Sheldrake le llama a eso resonancia mórfica. En sus propias palabras, la resonancia mórfica implica que “todos los sistemas autoorganizados, como las moléculas, las células, las plantas, los animales y las sociedades animales, poseen una memoria colectiva de la cual se nutre cada individuo y a la cual contribuye”.

Sheldrake, que se educó en Cambridge y Harvard y fue un brillante bioquímico antes de que empezara a idear teorías arriesgadas y se ganara el ardiente odio de sus pares, ofrece diversos argumentos en sus libros para basar su teoría. Lo más alucinante son una serie de experimentos con ratas que se hicieron en Harvard durante varias décadas a partir de los años veinte.

Enseñaron a las ratas a escapar de un laberinto, y las siguientes generaciones aprendieron cada vez más deprisa, lo cual ya es bastante extraordinario. Pero además sucedió que, después de que las ratas de Harvard hubieran aprendido a escaparse por lo menos diez veces más rápido, cuando otras ratas de la misma especie fueron probadas en un laberinto idéntico en Edimburgo (Escocia) y en Melbourne (Australia), los animales, que no tenían ninguna relación con los de Harvard, empezaron a resolver la prueba más o menos a la misma velocidad máxima que habían llegado a alcanzar las ratas en Estados Unidos, y siguieron mejorando el tiempo a partir de ahí.

 

Las verdades poéticas, ya se sabe, quizá sólo sean un deseo. Pero en cualquier caso son un deseo tan profundo que casi se hace carne

No seré yo quien ponga en solfa las críticas de la comunidad científica hacia Sheldrake (aunque lo acerbo y virulento de las mismas resulte sospechoso): no poseo conocimientos para ello, así que supongo que tendrán razón y que a la teoría le faltará rigor. Sin embargo, los argumentos que Sheldrake ofrece abren la cabeza e incitan a pensar. Y además la resonancia mórfica concuerda con una verdad poética que alienta en el corazón de los humanos desde siempre, una intuición de unidad y de corresponsabilidad de la especie. Dios le dijo a Abraham: encuentra a diez justos y salvaré a Sodoma y Gomorra. Abraham no los encontró, y como se trataba del terrible Dios del Antiguo Testamento, aniquiló a todos los habitantes de las dos ciudades, niños inocentes incluidos. Pero lo que me interesa de esta historia es que entre los mitos fundacionales de la Biblia ya está esa idea de la ósmosis, del entrelazamiento inevitable de los individuos: los actos de un puñado de personas salvan o condenan a toda la colectividad. Esto es llevar la teoría de Sheldrake aún mucho más lejos de lo que él sostiene, desde luego. Las verdades poéticas, ya se sabe, quizá sólo sean un deseo. Pero en cualquier caso son un deseo tan profundo que casi se hace carne.

Yo siempre he creído percibir esa unión intraespecie, y por eso me parece que los atroces actos de crueldad del mundo nos salpican a todos, y que el heroísmo, aunque sea anónimo, nos redime. Los esclavos bárbaramente maltratados de la frontera de Malasia, los patéticos barcos de esos mismos esclavos abandonados por los traficantes a la deriva en los mares asiáticos, los 3.419 inmigrantes ahogados en el Mediterráneo en 2014, según ACNUR: todo ese dolor ignorado y constante tiene que dejarnos el karma fatal (el karma: otro mito de continuidad entre los individuos). Me obsesiona esa lenta y pertinaz marea de cadáveres, su inhumano sufrimiento hasta morir.

Hay un estremecedor documental de 2013 del colombiano Juan Manuel Echevarría titulado Réquiem NN (agradezco a @ambre61 que me pusiera tras su pista) que habla de un pequeño pueblo de Colombia llamado Puerto Berrio. Es zona de conflicto y de dolor, y por el cercano río Magdalena bajan cadáveres anónimos que los vecinos recogen y entierran bajo las siglas NN de los sin nombre. Pero lo conmovedor, lo espeluznante, es que muchos de esos vecinos adoptan a las víctimas; escogen a una y le hacen un entierro como es debido, le limpian el pobre nicho, le ponen flores e imágenes, le rezan y a menudo incluso le dan un nombre. Por ejemplo, el de su propio hijo desaparecido. Esto es ilegal y es un problema, porque al borrar su número de registro para rebautizarlo se pierde para siempre el rastro de ese difunto; pero al mismo tiempo es un gesto tan bello, tan consolador, tan dolorosamente fraternal: al adoptar al NN, impiden que la callada matanza pase inadvertida. Nosotros, en fin, también tenemos nuestros ahogados. Nuestros cadáveres olvidados. Uno de esos muertos del Mediterráneo es mío. Por lo menos.

 

 

VIII

CÓDIGOS FAMILIARES FÉRREOS

(Col 3,18-4,6)

 

            Uno de los requisitos necesarios para aproximarse a la espiritualidad de la familia humana es la flexibilidad. Y uno de los campos donde se puede experimentar esa flexibilidad es, justamente, en los códigos familiares que son relaciones cotidianas y directas. La inflexibilidad en estos ámbitos cotidianos puede hacer que la misma espiritualidad de la familia humana, tan hermosa, desaparezca. Porque si no se es capaz de ser flexible en lo local, ¿cómo se va a ser en lo global?

 

1. El texto: Col 3,18-4,6

 

18“Mujeres, sed dóciles a vuestros maridos, como conviene a cristianas. 19Maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis agrios con ellas. 20Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, que da gusto ver eso en los cristianos. 21Padres, no exasperéis vuestros hijos, para que no se depriman. 22Esclavos, obedeced en todo a vuestros amos humanos, no en lo que se ve, para quedar bien, sino de todo corazón por respeto al Señor. 23Cualquier cosa que hagáis, hacedla con toda el alma, como si fuera para el Señor y no para hombres, 24sabiendo que el Señor os recompensará con la herencia. El Señor a quien servís es Cristo; 25mirad que al injusto le pagarán sus injusticias, y no hay favoritismos. 41Amos, procurad a los esclavos lo que es justo y la igualdad, sabiendo que también vosotros tenéis un amo en el cielo. 2Sed constantes en la oración; que ella os mantenga en vela dando gracias a Dios. 3Pedid al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos dé ocasión de predicar y de exponer el secreto del Mesías, por el que estoy en la cárcel; 4pedid que lo publique con el lenguaje que debo. 5Con los de fuera, proceded con tacto, aprovechando las ocasiones; 6vuestra conversación sea siempre agradable, con su pizca de sal, sabiendo cómo tratar con cada uno”.

 

  • Colosenses es un texto deuteropaulino por su distinto estilo (genitivos en cadena, escasez de partículas), por su cristología cósmica tan desarrollada, por la ausencia del Espíritu y por el poco peso de su escatología. Sería un escrito de los años 80. Otros, sin embargo, sostienen su autenticidad basándose en el estilo tan personal de algunos trozos (4,7-18) y la datan en torno a alguna de las tres cautividades paulinas (Éfeso 54-57, Cesarea 58-60, Roma 61-63). Pablo nunca estuvo en Colosas (ciudad-mercado de Frigia). Epafras fue el fundador de la comunidad y de otras comunidades en la zona. Todo el “equipo” paulino, incluido Epafras, está en la cárcel. Éste ha informado a Pablo de lo que ocurre en la pequeña ciudad: ciertos individuos empiezan a tener su influencia en la comunidad creyente. Sostienen una filosofía o sistema de vida que prometía la plenitud a través de ciertas devociones o culto a los ángeles, es decir, a seres supramundanos que regían los destinos del mundo. Todo esto se concretaba en prácticas ascéticas en materia de comidas, mortificaciones de gran severidad con el cuerpo, esoterismo visionario y culto a los ángeles. Santones que impresionaban. Todo ello envuelto en un cierto gnosticismo religioso, proponiendo una sabiduría secreta, que era un sincretismo de ascética, culto ritualista de los elementos del mundo combinado con ritos judíos de la circuncisión y la especulación sobre los ángeles. Es el problema conocido de todo mecanismo religioso: cómo tocar al Intocable asegurando así el camino hacia él. Colosenses, fiel a la experiencia esencial del Evangelio, propondrá un camino de vida ceñido a los valores del Evangelio, o si se quiere, a los de la misma historia, animando a leer esta realidad más allá de los simples límites de lo que se ve pero sin salirse nunca del marco histórico
  • Colosenses tiene que ver con Efesios. De los 155 versículos que componen Ef, 73 tienen paralelismos verbales con Col. Muchos contenidos teológicos y sus derivaciones son similares. Por eso, no ha de extrañar que ambos textos se abran con un punto de partida similar: la gran idea de la reconciliación de todo en Cristo, la anakephalaiôsis de Ef 1,10 y el apokatallassô de Col 1,20. Esta certeza es la que da sentido a la obra de Jesús y a la de la comunidad. Pero en Col se añade un dato más: la reconciliación se hará “después de hacer la paz por su sangre derramada en la cruz” (1,20). Es decir, la reconciliación no se lleva a efecto mediante una gran maniobra espiritual, por caminos de gloria religiosa u otra, sino a través de la obra de un pobre puesto en cruz. Esto marca ya una perspectiva: la pretendida supremacía de Cristo sobre los seres angélicos o demoníacos no obvia su pobreza histórica. Más aún, es en esa pobreza donde habrá que descubrir la plenitud que es capaz de salvar.
  • Pero, como ocurre en Efesios, toda esta hermosa espiritualidad naufraga cuando se encara la cruda realidad; los códigos domésticos permanecen inamovibles: las mujeres han de ser dóciles a los maridos (3,18), los hijos a sus padres (3,20), los esclavos a sus amos (3,22). La misma espiritualidad se emplea para fundamentar estos códigos: las mujeres han de amar a sus maridos “como conviene a cristianas” (3,18b), los hijos a sus padres “que da gusto ver eso en los cristianos”  (3,20), los esclavos a sus amos “por respeto al Señor” (3,22b). No ha sido suficiente la experiencia para dar un giro nuevo a las relaciones sociales. Particularmente las relaciones amos-esclavos quedan más justificadas que nunca, con lo que el interrogante del valor de la espiritualidad de la experiencia esencial queda más cuestionado que nunca.
  • Se llega a espiritualizar todo  el sistema. Todo lo que se haga manteniéndolo es “como si fuera para el Señor”. Es decir, Dios consagra lo establecido. Y se añade el siempre recurrente premio a “a la vida eterna”. Es decir, la hermosa espiritualidad de la reconciliación tendría que haber sido aplicada en primer lugar a los códigos domésticos para elaborar otro tipo de relación que apuntara a la de la familia humana. Pero no ha sido así: se mantiene todo después de haber aspirado a algo muy hermoso. Aquello queda bloqueado, las aspiraciones quedan sin arraigo antropológico, casi inservibles.

 

2. Derivaciones teológicas

 

  • Fidelidad entendida como consagración de lo establecido por el sistema: Porque la apelación a la fidelidad es constante en la espiritualidad cristiana. Incluso se esbozan planteamientos de más amplio calado, como el de la familia humana[101]. Pero se mantiene lo establecido. Más aún “lo establecido”, el Derecho, es la pauta real por la que se rige la comunidad. Esto es inamovible. Hablar entonces de una espiritualidad flexible para que se pueda acoger espiritualidades como la de la familia humana no es fácil. La pregunta se retrotrae a lo elemental: ¿Dónde está realmente la confianza de la comunidad cristiana, en el Derecho o en el Evangelio? Sabemos que las respuestas no son blanco o negro, pero creemos que la pregunta es pertinente.
  • Una teología que se ajuste a los torbellinos sociales: Porque vivimos en un mundo de torbellinos: el viejo y pertinaz del poder; el siempre inquietante de la necesidad de sentido; el de la pérdida de identidad que tantos desajustes sociales genera; el de la crisis del modelo patriarcal que ha hecho saltar por los aires las relaciones domésticas por mucho que la familia siga siendo un valor de referencia para muchos; el torbellino de las migraciones que, de una u otra índole, conmueven los cimientos del planeta. Resulta necesario conjugar estos torbellinos, porque en ellos estamos, con la reflexión teológica. De lo contrario, una teología intemporal deja intacto el sistema en el que vivimos y, lo que es peor, lo consagra.
  • Una espiritualidad que trasforma los códigos sociales: Tanto Ef como Col dejan un sabor agridulce puesto que, después de elaborar una espiritualidad de profundo contenido, no logran trasladarla al ámbito de los códigos sociales cotidianos. Las relaciones humanas, sobre todo, mujer-hombre, padres-hijos, amos-esclavos, quedan intocadas cuando no confirmadas por la espiritualidad. Ahora bien, una espiritualidad que no logra llegar al marco social y que no intenta modificar sus códigos para el logro y acrecentamiento de la más elemental igualdad queda, desde ese mismo instante, marcada por la sospecha. Por eso, autores espirituales como L. Boff, cuando piensa en las virtudes para otro mundo posible, habla de comer y beber juntos, de vivir en paz, de convivencia, respeto y tolerancia, de hospitalidad. Son los valores básicos adonde confluye la espiritualidad como a su lugar natural. “El desafío consiste en encontrar, bajo la inspiración de estas virtudes, las mediaciones históricas y las mejores condiciones sociales y jurídicas para hacer que, dentro de los límites y el alcance de unas situaciones sociales dadas, tales virtudes no sean negadas ni traicionadas, sino concretadas del mejor modo posibles”[102]. Privar a la espiritualidad de este afán es exponerla a simple esterilidad.

 

3. Derivaciones sociales

 

  • Relativización de lo tribal: Porque nuestro alejamiento de “las cavernas” no es tanto como lo que pensamos. Muchos de nuestros comportamientos más básicos dependen todavía de ese humus ancestral. Es el componente tribal. Por eso mismo hay que relativizarlo, aun a sabiendas de que nos compone. La espiritualidad de la familia humana se bloquea cuando se consagra lo tribal, en cualquier de sus formas, culturales, políticas, religiosas, económicas. Una saludable flexibilización abre puertas a una vivencia de lo humano distinto. Es algo de lo que decía hace muchos años A. Maalouf: “Con ese espíritu me gustaría decirles, primero a los “unos”: cuanto más os impregnéis de la cultura del país de acogida, tanto más podréis fecundarla con la vuestra, y después a los “otros”: cuanto más perciba un inmigrado que se respeta su cultura de origen, más se abrirá a la cultura del país receptor”[103]. Es un trabajo arduo, pero necesario.
  • Los códigos domésticos trampolín de humanidad: Porque pueden ser tratados como afianzamiento de lo tribal o como trampolín de solidaridad. Un caso hirviente es el caso del trabajo. Muchos movimientos políticos “tribales” lo enfocan como una pérdida de potencial económico y de identidad. Pero, en realidad, además de la necesidad que tenemos de tal mano de obra, puede ser entendido como un trasvase de humanidad, además de una necesidad[104]. ¿Empeoraría esta espiritualidad la situación social de un país? ¿O generaría cauces de humanidad que se traducirían, incluso, en enriquecimiento económico?
  • Personas con necesidad de protección internacional: El discurso que se ha manejado entre los países de la Unión Europea para proponer estos sistemas de reubicación y reasentamiento de personas con necesidad de protección internacional ha sido el de la “solidaridad” entre los Estados miembros, es decir, “la necesidad de compartir esfuerzos”. Estos programas establecen un sistema de “cuotas” con el que se pretende aliviar la presión migratoria a la que están expuestos los países receptores del mayor número de solicitantes de asilo, como son Italia, Malta y Grecia, al considerar que la crisis de los refugiados afecta a toda Europa y no sólo a algunos países. Sorprende que el punto de mira de la solidaridad está centrado exclusivamente en los intereses de los países europeos y no en el drama real que viven miles de familias en todo el mundo, obligadas a abandonar su país por causa de las guerras o las hambrunas. Ahí es donde pone el acento la espiritualidad de la familia humana.
  • Racionalidad y consenso: La dificultad de las relaciones domésticas es paradigmática. A los problemas de siempre se añaden los de esta época concreta. La manera de darles tratamiento quizá tenga una salida en dos valores: racionalidad y consenso. Porque lo ancestral basado en lo irracional tiene pocos visos de ser admitido por nadie, menos aún por los jóvenes. Y el logro de consensos, aunque sea costoso, será a la larga una manera de vehicular la convivencia. De cualquier manera, mantener rígidos los códigos patriarcales de siempre nos parece algo de poco éxito.

 

4. Lectura subrayada

 

TESIS 12

Todos los seres humanos somos imagen de Dios y debemos ser respetados por ser la persona que cada uno somos. Por tanto, ninguna descripción exterior del ser de cada uno basada en la raza, la etnia, el género o la orientación sexual, ni ningún credo basado en palabras humanas desarrolladas en la religión en la cual uno ha sido educado, puede usarse como fundamento de rechazo ni de discriminación.

Esto parece bastante obvio en la teoría, pero en la historia cristiana ha sido difícil que los creyentes lo vivan realmente. En el animal humano se da la misma búsqueda de supervivencia que marca a todos los seres vivos. Nuestro miedo a las personas que son diferentes nace de esa búsqueda de supervivencia. ¿Cómo es posible que el antisemitismo fuese producto de la religión que se funda en el judío Jesús? ¿Cómo fue que los líderes de la Iglesia justificaron unas guerras, llamadas “cruzadas”, que se proyectaron para matar a unos infieles que resultaron ser los musulmanes que vivían en la tierra que los cristianos llamaban Tierra Santa? ¿Cómo fue posible que los cristianos buscasen mantener su fe, no sólo pura, sino intacta a base de quemar en la hoguera a cualquiera que discrepase de la ortodoxia de su credo? ¿Sobre qué base ética practicaron la esclavitud algunos papas en la historia, contra gente de color? ¿Cómo fue que cristianos de origen europeo que vivían en esa parte de los Estados Unidos conocida como “el Cinturón de la Biblia”, no sólo esclavizaron a otras personas de origen africano, sino que también se resistieron a renunciar a esa malvada institución en la guerra más sangrienta de la historia norteamericana? Cuando a la esclavitud la sustituyó la segregación, ¿cómo fue posible que aquellos que reivindicaban la identidad cristiana se resistiesen al fin de la segregación con manguerazos, perros policía y bombas puestas en iglesias en las que sólo murieron niñas? ¿Cómo fue posible que los líderes cristianos pudiesen definir a la mitad de la humanidad que es mujer como sub-humana, al no permitirles tener propiedades a su nombre hasta el siglo XIX ni asistir a universidades hasta el XX, al prohibirles por ley el ejercicio del voto, incorporarse a profesiones, ser ordenadas, participar en política y competir por la presidencia de los Estados Unidos hasta finales de ese mismo siglo XX o principios del XXI? ¿Cómo fue posible que la Iglesia Cristiana siguiese creyendo que la homosexualidad era una forma de vida que uno elige, motivada por una enfermedad mental o por la depravación moral, y que aún lo hiciese cincuenta años después de que estas concepciones fuesen desechadas y abandonadas por el saber médico y científico? Todas estas cosas son reales, y han dejado en la historia cristiana una mancha que no se borrará fácilmente de nuestra memoria.

El mandato de Jesús de amar al prójimo como uno se ama a sí mismo parece no haber sido escuchado por la Iglesia. La parábola del buen samaritano, que sugiere que uno debe amar al objeto de sus miedos y sus prejuicios más profundos, ha sido ignorada. Cuando la Iglesia cantó himnos como “Vengo, ¡oh Cordero de Dios!, tal como soy, sin ninguna excusa”, la mayoría de las veces no era sino una mentira.

Sin duda, hay muchas cosas en la historia de la Iglesia de las que hay que arrepentirse. El único camino que tenemos ante nosotros es hacer este acto de penitencia abiertamente, con honestidad, y pedir perdón a nuestras víctimas. Los blancos se quejan de la ira de los negros, ira que los mismos blancos han provocado. Los cristianos nos quejamos de la ira de los musulmanes, ira que nosotros hemos alimentado durante siglos, desde las cruzadas en los siglos XI al XIII hasta nuestra búsqueda de la riqueza petrolífera en el XX y en el XXI. Los hombres tienen hoy miedo del acceso de las mujeres al poder, y los heterosexuales temen las demandas de los homosexuales de un matrimonio igualitario. Todas estas cosas son manifestaciones de ignorancia y de prejuicios en la religión. Una Iglesia cristiana cuya moralidad se ve tan comprometida en tantos asuntos de nuestra historia nunca podrá ofrecer liderazgo moral al mundo.

En el servicio bautismal de mi Iglesia, se hace a los candidatos al bautismo, a sus padres y a los padrinos la siguiente pregunta: “¿Buscarás a Cristo en cada persona, amando a tu prójimo como a ti mismo?”. Ellos responden: “Lo haré, con la ayuda de Dios”. Esa debe ser la respuesta de toda la Iglesia cristiana si espera sobrevivir en el futuro.

Las doce tesis han sido presentadas ya ante la Iglesia. El futuro del cristianismo dependerá de cómo ésta responda.

John Shelby SPONG

 

IX

LA FAMILIA HUMANA INSERTA EN LA CIUDADANÍA

(1 Pe 2,13-17)

 

            La familia biológica tiene una cierta tendencia a plegarse sobre sí misma y sus circunstancias. Hay quien hace de “mi familia es lo importante” un dogma de su vida relacional. Pero la familia podría ser una herramienta de acercamiento a la espiritualidad de la familia humana siempre que se viva inserta en la ciudadanía, siempre que lo público cuente en sus decisiones, siempre que más allá de su valla se entreva el horizonte de la universalidad.

 

  1. 1.      El Texto: 1 Pe 2,13-17

 

13“Acatad toda institución humana por amor del Señor, 14lo mismo al emperador como a soberano que a los gobernadores como delegados suyos para castigar a los malhechores y premiar a los que hacen el bien. 15Porque así lo quiere Dios: que haciendo el bien le tapéis la boca a la estupidez de los ignorantes; 16y esto como hombres libres; es decir, no usando la libertad como tapadera de la villanía, sino sirviendo a Dios. 17Mostrad consideración a todo el mundo, amad a vuestros hermanos, respetad a Dios, honrad al Emperador”.

 

1)      De autor probablemente pseudonímico y en torno al año 64 (persecución de Nerón), 1 Pe es una carta (algunos dicen que es una homilía bautismal por sus numerosas alusiones al bautismo) escrita para judeocristianos por un cristiano de origen pagano que vive en el extranjero, fuera de Palestina. Carta que, haciendo grupo con las católicas, tiene como trasfondo un problema histórico concreto: alentar a los judeocristianos que, como extranjeros, habitan en entornos paganos donde su fe y su estilo de vida encuentran dificultades para ser vividos. En esa situación de extranjería, la comunidad es el aliento y el amparo de quien se siente sin hogar, la familia de la fe se constituye en familia de amparo.

 

2)      Como queda dicho, la evidencia de pertenecer al ámbito de una comunidad que acoge no lleva, como podría haber sido, a una mentalidad elitista, de secta, segregacionista. Todo lo contrario, sin renunciar a las propias opciones de fe, el creyente amparado por la comunidad se siente parte de la comunidad ciudadana, aunque sea extranjero y disperso. Aun contando con la incomprensión de la comunidad pagana, el creyente no ha de aislarse del hecho ciudadano (como queda dicho en 4,1-). Por eso, ha de rechazar cualquier tipo de violencia: “Aun suponiendo que tuvierais que sufrir por ser honrados, dichosos vosotros” (3,14). Esto ha de llevar a una actitud dialogante, “dispuestos siempre a dar razón de vuestra esperanza a todo el que la pide” (3,15). Es una actitud clara y abierta, nada impositiva ni violenta, nada fanática ni sectaria. Además es una actitud resistente que no se quiebra ante cualquier falsa calumnia con la fe en que “las buenas acciones de que son  testigos les obligarán a rectificar” (2,12).

3)      Por eso mismo, se ha de tener consideración con los gobernantes legítimos: “Acatad toda institución humana por amor del Señor” (2,13). Y esto no solamente por una estrategia comprensible, aquella que lleva al respeto de la autoridad porque se está en desventaja numérica y en situación de sospecha ante las estructuras paganas. Más que todo porque se tiene la conciencia tranquila ante el bien hecho y porque se sabe usar la libertad para la construcción del hecho ciudadano. Para el autor de 1 Pe nada tiene que temer quien se porta como un ciudadano correcto. De ahí su taxativa conclusión: “Mostrad consideración a todo el mundo, amad a vuestros hermanos, respetad a Dios, honrad al emperador (2,16)[105].

4)            ¿Y si llega la persecución, como probablemente llegó? 1 Pe tiene claros los criterios: a) Hay que estar alegre en la persecución sabiendo que el Mesías también fue perseguido (4,13); habrá que saber encajar todas las consecuencias que se derivan de la opción cristiana (4,14); será preciso mantener una ética humanizadora en cualquier circunstancia. Quizá todo esto ocurra, piensa el autor, porque los días finales están próximos[106]. La conclusión a la que llega en este tema de la persecución es clara y ejemplo de resistencia: la persecución no es óbice para la práctica del bien. “Los que padecen…que practiquen el bien” (4,19). Ninguna dificultad habría de interrumpir la actividad cristiana. Pero implícitamente hay también otra línea de pensamiento: más allá de la persecución, el creyente, como buen ciudadano, es persona sujeto de derechos y, por lo tanto, dentro de la ciudadanía conserva todos sus derechos independientemente de sus opciones de fe. La certeza de ser ciudadano con derechos no solamente no está excluida de la carta sino que en el acatamiento de toda institución humana van implícitos.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • La apertura como clave de la teología: Aquella que puede llevar a la espiritualidad de la familia humana. Una teología cerrada ni se percatará de que aquí hay un campo hermoso de espiritualidad, de reflexión y de praxis. Sus ambiciones serán de “más vuelo”. Pero volvemos a lo de siempre: ¿Ha de ser la teología una realidad de tanto vuelo que no toque el duro caminar de los humanos? ¿La reflexión sobre Dios ha de estar necesariamente desligada del “barro” de la historia? ¿No es uno de los primeros problemas de la teología la lectura creyente de la realidad, de la historia?[107]
  • Pretensiones fallidas: Las del hecho religioso oficial que quiere que la sociedad funciones con sus parámetros, sus calendarios, sus ideas, sus costumbres. Cuando esto no ocurre se cuela en los lugares religiosos populares o maldice a la sociedad que no aceptas sus prácticas o postulados. Todos ellos, síntomas de una evidente cerrazón. El camino sería otro: acudir a sus foros con humildad y con la mayor verdad posible[108], usar los medios sociales de difusión cuando se ponen al alcance y hacerlo con la mesura de quien sabe dónde está[109], mover ficha a la hora de elaborar una espiritualidad más social[110], aliarse en causas que los sistemas no amparan constituyéndose en profecía de humanización[111]. Por ahí habría salida y sería una magnífica colaboración a la espiritualidad de la humanización.
  • Fe en el diálogo: Un Diálogo en pie de igualdad y depuestos los autoengaños de quien se cree en un nivel superior. La Iglesia no tiene costumbre de acudir a foros de debate en esa actitud. Todo lo más va a lanzar sus ideas y muchos de estos foros la escuchan con respeto[112]. Pero otra cosa es ir como participante del diálogo, como buscador comprometido con otros buscadores, como caminante que quiere elaborar espiritualidad humanizadora para este momento del caminar humano. Esta apertura sería estupenda para la familia humana. Las tradiciones religiosas tendrían mucho que aportar.

 

3. Derivaciones sociales

 

  • Crear experiencias de amparo: La sociedad habría de crear experiencias de amparo si quiere que brote la experiencia fundamental de familia humana. Quien se siente desamparado socialmente no podrá nunca albergar pensamientos positivos sobre la familia humana. Por eso, las experiencias de amparo habrían de ser prioritarias en la convivencia ciudadana[113]. Las espiritualidades no se generan básicamente en los libros, en las ideas, sino en las experiencias contrastadas de vida, en la experiencias sociales.
  • Actitud resistente-resiliente: Indispensable para generar espiritualidad de familia humana. Porque los motivos para abandonar la tarea son muchísimos y al alcance de la mano. Para engendrar espiritualidades es preciso estar vacunados contra el desaliento. El ciudadano espiritual es persona resistente, que pone “la otra mejilla” sin abandonar el campo[114]. Incluso más: es resiliente, haciendo de las adversidades un trampolín para nuevos avances. Este tipo de actitudes de fondo resultan imprescindibles para que surjan espiritualidades nuevas.
  • Respeto democrático: Lo mínimo que se puede pedir al ciudadano en lugares donde funcionan básicamente los mecanismos de la ciudadanía. Hablar de familia humana sin respeto, es como hablar de familia biológica sin respeto. Resulta imposible. Por eso, todos los regímenes políticos, económicos u otros que se saltan este norma básica del respeto alejan a la humanidad del sueño hermoso de llegar a ser familia. Consagrarlos como sistemas únicos, hacerles el juego, contribuir a su pervivencia es tan criminal como perpetrarlos.

 

4. Lectura subrayada

 

Aprender a vivir juntos

 


  Si bien vivimos un período donde muchas transformaciones pueden tener carácter transitorio, existen suficientes evidencias que hacen posible sostener que, en el nuevo capitalismo, la posibilidad de vivir juntos no constituye una consecuencia "natural" del orden social sino una aspiración que debe ser socialmente construida. Algunos conceptos y debates tradicionales deben, por ello, ser revisados. Así, por ejemplo, reforzar el vínculo entre educación y cohesión ya no puede ser considerado simplemente como una aspiración conservadora y reproductora del orden social dominante. A la inversa, promover estrategias educativas centradas en el desarrollo del individuo no constituye necesariamente un enfoque liberador, alternativo a las tendencias dominantes. 

 

Asistimos a fenómenos de individualismo a-social y de fundamentalismo autoritario que comparten una característica común: la negación de la dimensión política de la sociedad. En el primer caso, las decisiones se toman en función de la lógica del mercado y el ciudadano es reemplazado por el consumidor o el cliente. En el segundo, el ciudadano es reemplazado por el grupo, el clan, la tribu o cualquier otra forma de identidad adscriptiva. Vivir juntos, en cambio, siempre ha implicado la existencia de un compromiso con el otro. La elaboración de este compromiso, a diferencia de la dinámica propia de la sociedad industrial, ya no puede surgir como producto exclusivo de determinaciones económicas o culturales. Debe, en cambio, ser construido de manera más voluntaria y más electiva. Esta es la razón última por la cual el objetivo de vivir juntos constituye un objetivo de aprendizaje y un objetivo de política educativa. Intentar comprender esta situación constituye un paso necesario para brindar un soporte teórico sólido y un sentido organizador a la definición de líneas de acción para todos aquellos que trabajan por una sociedad más justa y solidaria. 

 

Juan Carlos Tedesco

 

 

 

X

AMORES UNIVERSALES

(Ap 7,1-8)

      Por su propia naturaleza el amor tiende a ser particular. Sobre la total particularidad, intimidad, del amor de pareja se urde el concepto de familia[115]. ¿hay posibilidad de elaborar el concepto de “amor universal” con contenido, sin que quede en pura vaciedad? Si fuera posible, le vendría muy bien a la espiritualidad de la familia humana ya que ella se basa en ese tipo de amor.

 

  1. 1.      El texto: Ap 7,1-8

 

         4Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel: de la tribu de Judá, doce mil marcados, de la tribu de Rubén, doce mil, de la tribu de Gad, doce mil, de la tribu de Aser, doce mil, de la tribu de Neftalí, doce mil, de la tribu de Manasés, doce mil, de la tribu de Simeón, doce mil, de la tribu de Leví, doce mil, de la tribu de Isacar, doce mil, de la tribu de Zabulón, doce mil; de la tribu de José, doce mil; de la tribu de Benjamín, doce mil marcados”. 

 

  1. En el texto de Apocalipsis podemos descubrir como dos niveles: por un lado, la obra del narrador en sí mismo. A este le llamaremos el “vidente”. Pero hay un segundo nivel, oculto, especular, intratextual, al que llamaremos el “teólogo”. El primero, lógicamente, es deudor de la herencia de la literatura apocalíptica judía de la que ha tomado ideas, expresiones y mentalidad. El segundo, como a contrapelo, va poniendo un contrapunto de tipo liberacionista, humanista, evangélico en suma, que “actúa a modo de testimonio de autoridad y garantía con respecto a la verdad ideológica vertida en las enunciaciones por él pronunciadas”[116]. Este contraste percibido en la continuidad del texto es el que posibilita una lectura nueva. No hay que extrañarse de esta clase de saltos especulares. Incluso habrá que contemplar la posibilidad de un tercer nivel, aquel que se da en el interior mismo del lector y que se suma a la novedad del hecho de lectura.
  2. Es precio renunciar o, al menos, poner entre paréntesis la pretensión del vidente de Apocalipsis (de no pocos creyentes) de querer conformar la sociedad, la historia, desde una perspectiva religiosa. Tal pretensión impide cualquier intento de lectura nueva y malinterpreta la encarnación, la increíble realidad de un Espíritu sumiso y servidor de la historia.
  3. La primera serie, la de los siete sellos, acaba en una especie de compleja y paradójica liturgia en el cielo (Ap 7,9-17). Antecede a esta liturgia la pormenorizada descripción de los participantes en tal liturgia: doce mil por cada uno de las tribus de Israel. Ciento cuarenta y cuatro mil en total. Ese número, redondo y pleno (doce por mil por doce) podría simbolizar no solamente el todo de los salvados, sino toda la humanidad. Pero el vidente de Apocalipsis impone su visión reduccionista: omite la mención de la tribu de Dan, conocida por su infidelidad (cf Jue 18; omitida en 1 Cr 4-7); en su lugar se pone la de Manasés, parte de la tribu de José. Está queriendo decir, de nuevo, que la salvación no tiene un componente absolutamente universal, sino que hace relación a la fidelidad: los fieles se salvan, los que no lo son quedan relegados. Es la manera de querer suscitar fidelidad en quien se siente perseguido y, por supuesto, fiel.
  4. Pero luego resulta que en la liturgia celeste participa “una muchedumbre innumerable de toda nación y raza, y pueblo y lengua” (Ap 7,9). “El autor subraya más la incontabilidad y universalidad de esta muchedumbre, que su identificación más específica”[117]. Además, se puede decir que “el mesías de Dios ha reunido a toda la humanidad”[118]. Si es muchedumbre innumerable no se puede aplicar el principio de exclusión a causa de la fidelidad; si es de toda raza, no se puede aplicar tampoco el principio de elección; si es de todo pueblo, tampoco se podría aplicar el principio de pertenencia social o religiosa; y si se trata de una muchedumbre de lenguas diversas habrá que aplicar el principio de multiculturalidad. Es decir, el teólogo corrige, de algún modo, la tendencia restrictiva del vidente, como queriendo decir que la ciudad nueva demanda un tipo de amor de componente universalista porque los amores restrictivos vuelven a generar situaciones de inhumanidad como la misma persecución que sufren los fieles.
  5. Define el teólogo a esta multitud como “los que han salido de la gran persecución” (Ap 7,14). En su mentalidad restrictiva puede referirse a los tiempos de Nerón o al imperio opresor de Domiciano o, simplemente, a acciones puntuales contra las minorías religiosas, una de las cuales el naciente cristianismo. Pero también puede entenderse como aquellos “que han consumado su éxodo y han alcanzado la tierra prometida”[119]. En este caso, esta muchedumbre universal está ante el Cordero por el simple hecho de haber hecho el camino histórico. Eso “da derecho” a participar de la liturgia del Cordero, a participar el herencia prometida. Es la entrega del “Cordero”, el haber blanqueado (?) las vestiduras, la vida, en la sangre del Cordero, en su entrega, lo que avala el camino histórico y, con ello, el “derecho” de participar en la liturgia plena (Ap 7,14). Es decir, la posibilidad de participar en la liturgia salvadora tiene en la entrega de Jesús su motor y en la humanidad, en la historia, su beneficiaria natural.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • El amor universal de Jesús:  Ya que la propuesta del reino no está destinada a una religión concreta, sino que apunta al horizonte humano. De ahí que el mismo Jesús, siendo judío, fuera impelido a hacer una oferta en tierra de paganos[120]. Proponer el reino como oferta de amor universal sería un beneficio para la espiritualidad de la familia humana. Proponerlo en un marco religioso, una reducción.
  • El amor a todos puede ser una falacia: Si no supone unos comportamientos, ideológicos y prácticos, de universalidad. No puede sucumbir la reflexión teológica la paradoja de decir que se ama a todos, porque el evangelio lo manda, y hacer de hecho guetos ideológicos[121], morales[122], o sociales. La profecía del amor universal acarrea grandes implicaciones que, de llevarlas a la práctica, daría como resultado un pensamiento teológico y una iglesia en la que aparecería que no vive y trabaja “pro domo sua”, sino para la causa de la universalidad, para la felicidad del conjunto humano y creacional. 
  • Amores universales y evangelización: No son aquellos que quieren que todo el mundo sea cristiano, sino aquellos que anhelan que toda persona, toda cultura, alcance el grado de humanidad suficiente para vivir hoy. Para ello hay que reconocer el valor intrínseco de cada cultura y respetar los tiempos históricos de cada pueblo. Desde ahí se podrá hacer una oferta de aquellos que se considera un valor, la experiencia creyente.
  • La bondad de la acción política: A nivel de documentos, está reconocida por la misma Iglesia católica: "La vida teologal del cristiano tiene una dimensión social y aún política que nace de la Fe en el Dios verdadero, creador y salvador del hombre y de la creación entera. Esta dimensión afecta al ejercicio de las virtudes cristianas o, lo que es lo mismo, al dinamismo entero de la vida cristiana. Desde esta perspectiva adquiere toda su nobleza y dignidad la dimensión social y política de la caridad. Se trata del amor eficaz a las personas, que se actualiza en la prosecución del bien común de la sociedad con lo que entendemos por Caridad Política... Se trata más bien de un compromiso activo y operante, fruto del amor cristiano a los demás hombres, considerados como hermanos, en favor de un mundo más justo y más fraterno con especial atención a las necesidades de los más pobres"[123]. No es necesario abundar en esta clase de textos[124]. Más allá de todo deterioro, de toda corrupción, de toda malversación del caudal público, la Iglesia siempre ha defendido en su doctrina la necesidad, la bondad y la exigencia de la acción política[125]. Habrá que recordar esto cuando la política concreta produzca arcadas en la sensibilidad del

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • La política como forma de amar: Considerar la política como una forma de amar provoca en el hombre de hoy, irremediablemente, una sonrisa de incredulidad. Visto que los políticos y sus formaciones parecen ser tiburones que se devoran unos a otros, apreciando que la actividad política encierra mil y una corrupciones, sabiendo por la historia cercana que la política ha llevado a desastres inconmensurables, decir que la política y el amor pueden ir de la mano parece una broma de mal gusto. Y, sin embargo, en el fondo de la acción política, en general, no deja de subyacer el sueño nunca apagado de una historia de personas, de una ciudad de seres humanos, de una relación asentada sobre la justicia y la equidad. Eso, de alguna manera, está ahí y negarlo es la mejor forma de decir que tan extraño anhelo no ha abandonado el camino humano, sino que se sigue, y nunca con más fuerza, instalado en él.
  • Estrategias de la nueva política: Así son ya algunos de nuestros ciudadanos y no pocos movimientos sociales que, aunque no derriban al sistema, aunque son ninguneados, ridiculizados, olvidados, desechados, están ahí haciendo obra de regeneración política. Son grupos que entienden la libertad con vocación inclusiva, que piensan que igualdad no equivale a homogeneidad, que propugnan una justicia global, por no decir cósmica, y que anhelan una solidaridad empática y compasiva. Son, en definitiva, auténticos apóstoles del bien común en la era moderna, amenazada, como todas, por el egoísmo y el individualismo, elementos persistentes en la historia humana.

 

  1. 4.       Lectura subrayada

 

Concejales y alcaldesas

 

            No me importa de qué partidos sois, y ojalá que tampoco os importe a vosotros en vuestra práctica de gobierno. No quisimos escoger –aunque el sistema nos obligó a hacerlo– una papeleta con una lista entera, cerrada, elaborada no sabemos dónde ni por quién. No quisimos escoger militantes de un partido, sino hombres y mujeres del pueblo, gente de la calle, vecinos y vecinas de barrio.

            Os elegimos como pudimos, pero ahí estáis, concejales y concejalas de nuestros pueblos y ciudades. A pesar de todo,  y de nosotros mismos, representáis lo más generoso y lo mejor de la política: el compromiso a favor de los ciudadanos, no de los partidos convertidos en fin. Representáis la política a pie de calle, al servicio de la gente Ojalá en vuestra labor seáis libres de los altas directivas, aun cuando en muchos casos sean ellas las que os han designado. Ojalá hagáis caso omiso de las encuestas de voto, y os mantengáis ajenas, ajenos a los turbios engranajes del poder. Ojalá practiquéis una política digna de ese nombre: una política humana, con alma y sensibilidad, con espíritu y entrañas, con inteligencia y compasión, que no son dos cosas, sino una y la misma.

Sois sin duda la abrumadora mayoría de los políticos, si podemos llamaros así. En la gran mayoría de los casos, hacéis política sin pertenecer a la clase política, sin someteros a sus servidumbres y sin enzarzaros en sus querellas sin fin. A pesar de ello –justamente por ello, habría que decir más bien–, no ocupáis las primeras planas ni los titulares de los grandes medios, a no ser allí donde los grandes partidos y los medios poderosos os utilizan para sus propios intereses, que no son los nuestros, tampoco los vuestros. ¿Pero de qué nos hablan entonces las primeras planas y los titulares? ¿Y a quién sirven los que hicieron de la política su oficio?

            No hagáis de la política vuestro oficio, cuánto menos medio de ascenso y de lucro personal. Seguid siendo lo que sois, lo que vuestro nombre indica. “Concejal” viene del latín concilium, que en su origen significaba una asamblea ciudadana encargada de administrar los asuntos de todos. Tiene, como veis, la misma raíz que “conciliar” y “reconciliar”. ¡Cuánto nos enseñan las palabras, si dejamos que nos hablen con su intención originaria, la que tuvieron antes de que las hayamos prostituido y manipulado, como sucede tanto en los foros políticos, que así corrompen a la vez el lenguaje y la política. Os llamáis también “ediles”, que viene del latín aedes, “casa”. Así se llamaban en la antigua Roma los encargados de cuidar los templos y las casas públicas. Pues eso: cuidad de nuestras casas, cuidad de nuestra casa común, y de que todos tengan una casa. Cuidad de hacer de nuestros pueblos y ciudades templos llenos de aliento vital, de calma y bienestar para todos.

Ateneos a vuestro nombre, a vuestro ser verdadero. Sed conciliadores allí donde haya divergencias, que siempre las habrá. Sed reconciliadores allí donde haya conflictos, que serán inevitables. No obedezcáis a las consignas de las cúpulas, no sirváis a los intereses de los grandes. No caigáis en la tentación de la política como profesión y como carrera, que sabemos a dónde conduce, ante quién acaba postrándose, a quién acaba sirviendo, cómo acaban ignorándonos y despreciándonos a la inmensa mayoría.

A vosotros, alcaldes y alcaldesas recién nombradas, os damos la enhorabuena y os expresamos nuestra gratitud, sobre todo a quienes vais a regir los municipios más pequeños, ignorados de todos, y a quienes, gobernando las grandes ciudades, vais a rebajaros el sueldo. También vosotras, vosotros, atended a la palabra, al nombre que lleváis. “Alcalde”, como sabéis, viene del árabe alqadí: “juez”. Juez es el que hace justicia. Haced justicia en todo aquello que esté en vuestra mano. ¿Que es poco lo que podéis? ¿Que no os queda sino administra las migajas según unas leyes que otros os imponen? Aunque así fuera, sed fieles en eso poco y todo será distinto. Ya hemos visto a una alcaldesa impedir el primer desahucio. No miréis a las cúpulas que os nombraron para la lista, sino a los ciudadanos que os eligieron para su servicio. No miréis arriba, mirad abajo, a los de más abajo. Sed justos y haced justicia.

¿Qué es justicia? Es que todos –¡todos!– tengan una casa y vivan con dignidad. Que todos coman. Que nadie robe y tenga demasiado. Que nadie deba rebuscar de noche en el contenedor de la basura. Que los derechos humanos no dependan del color de la piel ni de unos papeles ni de unas fronteras, siembre impuestas a la fuerza  La justicia requiere resistir a los dictados de los grandes poderes, a los que tan sometidos están los grandes partidos. Justicia es el máximo bien común posible, el máximo estado de paz o bienestar posible de todos los seres.

No habrá justicia sin paz ni paz sin justicia. No habrá justicia y paz si no creéis que puede haberlas en este mundo en peligro. Pero solo las habrá empezando desde abajo, y aportando cada día un granito.

 

José Arregi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] La diferencia entre ricos-pobres, los nacionalismos excluyentes, la relación Norte-Sur, etc., tiene que ver con este componente de base.

[2] 98% como los chimpancés, 92 como el perro, 90 como el cerdo o la rata, 80 como la oveja, 75 como la vaca, 70 como la mosca, 23 como la levadura, 21 como el gusano, 20 como el arroz.

[3] El componente nacionalista de la Biblia, incluido el NT, es abrumador, desde Josué hasta Apocalipsis.

[4] GS 1.

[5] EG 268.

[6] Cf J. M. CASTILLO, La humanización de Dios. Ensayo de cristología, Ed. Trotta, Madrid 2009.

[7] L. ALONSO SCHÖKEL, La Biblia de nuestro tiempo, Ed. Mensajero, Bilbao 2009, pp.79-80.

[8] Lo que A. TORRES QUEIRUGA llama “el cambio de paradigma”; ver también J.SHELBY SPONG, “Las doce tesis. Llamada a una nueva reforma”, en Koinonía, p.2: “Si la comprensión teísta de Dios ha muerto, entonces se plantea enseguida la cuestión de si es Dios el que ha muerto o la definición humana de Dios. ¿Podemos encontrar un modo de hablar sobre Dios con otros conceptos, con otras palabras, o está Dios tan identificado con nuestro lenguaje teísta que muere cuando muere ese lenguaje? Esta es nuestra cuestión moderna”.

[9] El cap.III de la LG fue un gol por toda la escuadra, como lo hace ver H. KÜNG en el vol.II de sus memorias.

[10] La aversión de 13tv, televisión de los obispos, a los movimientos políticos de izquierdas es antológica.

[11] No hay campaña general e inversión en propaganda más que cuando llega la declaración de la renta para que el creyente ponga la x en la casilla correspondiente. Y como toda propaganda, es engañosa. El caso del piso de Rouco en Madrid ha sido escandaloso para muchos cristianos hasta el punto de construir una campaña de denuncia ante el papa Francisco.

[12] La iglesia española tiene como servidumbres mayores en lo político su dependencia de la derecha y los sistemas derivados del franquismo; en lo económico, su no cumplimiento de autofinanciación amparada en los desfasados acuerdos con la Santa Sede. Quedan otras servidumbres (como la histórica de la alianza con la intransigencia de los, sistemas, la Inquisición) que quedan en el trasfondo del imaginario social. Le costará mucho hacer ver que quiere ser “familia” de lo humano.

[13] Documento “La eucaristía, antídoto contra la indiferencia” del 7 de junio de 2015.

[14] Cuando se asegura que “la Iglesia no es una democracia” queremos pensar que se está diciendo que se es una democracia y más, una familia. No entendemos que se aluda con ello a la consagración de un sistema “monárquico” en tiempos como los actuales.

[15] NMI 50.

[16] I.ELLACURÍA, El reino de Dios y el paro en el tercer mundo, en Concilium  180 (1982) , p.595.

[17] E. Sábato, La resistencia,  Ed. Seix Barral, Barcelona 2000, p.120.

[18] J. SOBRINO, Redención de las víctimas y globalización,  en Concilium 293 (2001), p.138.

[19] El decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social que pretende establecer una relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza y entre los propios seres humanos frente a la situación de dominación hoy existente que está acabando con la naturaleza y frente a la explotación de las personas en beneficio de la producción y la rentabilidad económica de unos pocos. En el año 2010, el economista austriaco Ch. Felber diseñó un modelo de economía sostenible que pretende ser una alternativa a los mercados financieros. Desde entonces, más de 900 empresas de diversos países han optado por aplicar los criterios de la Economía del Bien Común, un movimiento que comienza a extenderse también por nuestro país y cuyo objetivo fundamental es implantar y desarrollar una verdadera economía sostenible y alternativa a los mercados financieros, en la que necesariamente participen las empresas.

 

[20] “Enseñaos unos a otros con toda sabiduría” (Col 3,16). La vieja distinción iglesia docente/iglesia discente es cuestionable.

[21] Valórese esta frase del Papa Francisco:  "La pobreza, para nosotros cristianos, no es una categoría sociológica o filosófica y cultural: no; es una categoría teologal. Diría, tal vez la primera categoría, porque aquel Dios, el Hijo de Dios, se abajó, se hizo pobre para caminar con nosotros por el camino. Y esta es nuestra pobreza: la pobreza de la carne de Cristo, la pobreza que nos ha traído el Hijo de Dios con su Encarnación. Una Iglesia pobre para los pobres empieza con ir hacia la carne de Cristo. Si vamos hacia la carne de Cristo, comenzamos a entender algo, a entender qué es esta pobreza, la pobreza del Señor" (18.5.13).

[22] Papa FRANCISCO, La alegría del Evangelio,  Ed. San Pablo, Madrid 2013, n.272.

[23] Cf R. TRIVERS, La insensatez de los necios. La lógica del engaño y del autoengaño en la vida humana,  Ed. Katz, Madrid 2013.

[24] EG 250-254 oscila entre una cierta apertura pero sin terminar de ceder y considerar a las demás religiones como interlocutoras al mismo nivel.

[25] Poco seguidos por la Iglesia en materias de moral sexual y reproducción humana.

[26] Por otra parte, dada la cuestionable moralidad de sus dirigentes (Strauss Khan, Rodrigo Rato) y sus ofensivos comportamientos (el presidente del Banco de España, Luis Linde,  a la vez que pide bajar los salarios y subir el IVA se sube a sí mismo un 6% su propio sueldo, ¡infame!). Cf J. J. MILLÁS, El tinglado, en El País,  12-6-15, p.48.

[27] Es chocante este gravamen del 21% cuando hasta las publicaciones pornográficas solamente soportan el 4% de impuestos.

[28] “El primer requisito en la política es la honradez intelectual. Si no existe honradez intelectual, todo lo demás es inútil” (J. Mujica).

[29] “Es verdad que la decencia es un ejercicio difícil, pero el que se mete en política debería hacerlo desde esa directriz de la decencia, una palabra tan sencilla y tan bonita como ser decente. Entregarte a los demás y no buscar los compromisos con tu propia, cerrada y a veces entristecedora individualidad y egoísmo. Hay otro texto de la Ética nicomáquea que dice que el principio de las relaciones que tengamos con los demás empieza por la relación que tenemos con nosotros mismos, y para tener una buena relación con la propia mismidad tienes que encontrarte digno de ti mismo, no engreído ni falsificador de tu propia personalidad, tienes que sentirte decente. Si yo me miro en el espejo y veo en mi historia algo negativo, sobre todo en relación con mi trato con los demás (y si soy político, no digamos), tendría que dimitir, pero no dimitir de un cargo, sino dimitir de ser humano, dimitir un poco de ti mismo” (Entrevista en Filosofía hoy). 

[30] Cf A. GRANDES, La bondad,  en El País, 25 de mayo de 2015.

[31] Otra denunciar (en eso se ha puesto casi siempre el énfasis) y otra saber leer con discernimiento los acontecimientos.

[32] Podemos decir que los cristianos estamos aquí gracias a Ezequiel.

[33] De hecho, el imperio persa importó colonos a las zonas despobladas de Samaría para que cultivarán la tierra, dando origen al pueblo samaritano, o eso dice la leyenda.

[34] Según el pensamiento de Teilhard de Chardin.

[35] En Filp 3,12 Pablo dice que “Jesús obtiene el premio para…”. Dios es el que obtiene el premio, no el supuestamente elegido.

[36] Ver el simpático artículo de D. ALEIXANDRE, “El destello”, en Alandar 261, 4-10-2009.

[37] Cf A. CABALLERO/F.AIZPURUA, La VR religiosa a la escucha del grito de la tierra y de los empobrecidos. Pobreza evangélica y compromiso,  Frontera Hegian 88, Vitoria 2015.

[38] En frase de Z. Bauman.

[39] Están a la base de muchos conflictos bélicos de hoy mismo.

[40] La Corte Penal Internacional, por ejemplo.

[41] Los 800.000 que aún pasan hambre, los más de mil millones que tiene  dificultades para tener agua potable y alcantarillado, los que carecen de vivienda, los que se ahogan en el mar o mueren en el desierto, el indigenismo expoliado, los campos de refugiados cronificados, las mujeres que sufren violencia sexual en territorios de guerra, los niños que trabajan, la persistente esclavitud.

[42] L. ALONSO SCHÖKEL dice que podría llevar por título: “A los gobernantes: sobre la justicia” (BNP p.1683).

[43]  φιλόψυχε, hapax en el AT.

[44] Sabiduría es de contexto griego, quizá en Alejandría, y contemporáneo con Jesús, un libro que influye mucho en Pablo y su escuela.

[45] Evidentemente es un tópico: los cananeos, como pueblo, no existen en el s.I.

[46] Cf J. M. CASTILLO, La humanizacion de Dios. Ensayo de cristología, Ed. Trotta, Madrid 2009.

[47] La lectura de la obra de  J. A. T. ROBINSON, Honest to God,  SCM Press, London 1963 (trad. Española Sincero para con Dios,  Ed.Ariel, Barcelona 19671) muestra la vigencia del imaginario tradicional más de medio siglo después de su publicación.

[48] Cf Jn 1,14.

[49] Cf Mt 15,10-20.

[50] Cf Mc 2,27.

[51] Cf Jn 4,24.

[52] Cf Jn 14,1.

[53] Cf Mt 7,21-23.

[54] Cf Lc 15,11-32.

[55] Cf Mt 5,45.

[56] Cf Mt 20,1-16.

[57] Cf Filp 2,6-11.

[58] Cf Jn 1,14.

[59] Cf Mt 18,10-14.

[60] Cf Mc 7,9-13.

[61] Cf Jn 16,27.

[62] Cf Jn 14,9.

[63] La persistente tentación de gnosticismo viene ya desde lejos. 1 Jn es todo un tratado antignóstico para reivindicar la “carnalidad” de Jesús, su pertenencia a la historia y la necesidad de pasar por ella como cauce imprescindible y único para el acceso a Dios: Cf R. SCHNACKENBURG, Cartas de san Juan,  Ed. Herder, Barcelona 1970.

[64] J. M. CASTILLO, La humanización de Dios. Ensayo de cristología, Ed. Trotta, Madrid 2009, pp.191-203.

[65] El Papa Francisco ha convocado un “año santo extraordinario de la misericordia” del 8 de diciembre de 2015 al 8 de diciembre de 2016 con el documento Misericordiae vultus (MV).

[66] Cf AG 15.

[67] Como muy bien dice Rom 7,14ss.

[68] Desde el principio agustiniano de la teoría del pecado original siempre ha habido negacionistas de altura (Julián de Eclana, obispo, contemporáneo de san Agustin hasta hoy: Cf. A. VILLALMONTE, El pecado y la gracia en la cultura occidental. Visión franciscana del hombre,  En Ed. Tenácitas, Salamanca 2010.

[69] Acusar a esta postura de pelagianismo es echar balones fuera. No se trata de doctrinas sino de mirar la realidad humana. La visión de la física cuántica deja obsoletos planteamientos teológicos como los del pecado original: Cf D. O’MURCHU, Teología cuántica. Implicaciones espirituales de la nueva física., Ed. Abya Yala, Quito 2014.

[70] J. MELLONI, “La justicia, pasión por la igualdad”, en AA.VV., Aldea global, justicia parcial,  Ed. Centre d’Estudis Cristianisme i Justícia, Barcelona 2003, p.70.

[71] Papa Francisco, La alegría del Evangelio,  nn.52-64.

[72] Cf H. ARENDT, Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalización del mal,  Ed. Lumen, Barcelona 2003.

[73]J. MARITAIN, Acerca de la filosofía de los derechos del hombre, Ed. Debate, Madrid 1991, p.116.

 

[74] G. BILBAO ALBERDI, “De víctimas y presos: una difícil pero imprescindible recuperación social tras la violencia”, en Galde 9-4-2013.

[75] A. MAALOUF, Identidades asesinas, Ed. Alianza Editorial, Madrid 1999, p.56.

[76] B. J. MALINA y R. L. ROHRBAUGH, Los evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I, Ed. Verbo Divino, Estella 1996, pp.351-352.

 

[77] Notemos que la edad media en aquella época no sobrepasaba los 30 años. Si damos crédito a Lc 3,23 quiere decir que empezó con toda la vida hecha. Tal vez eso despistó a su familia.

[78] Será una de las condiciones del seguimiento: Lc 9,60. Deducir de los evangelios una espiritualidad de la vida familiar convencional basada en la familia de Nazaret no deja de ser algo sorprendente.

[79] Como en Jn 20,19.26.

[80] Cf Jn 6,29.

[81] Cf 1 Cor 9; Rom 16.

[82] “El estilo mediterráneo en el ejercicio de la paternidad se basa directamente en el valor fundacional del honor-vergüenza. Los padres socializan a sus hijos para que sean absolutamente leales a su grupo de parentesco biológico, pues cada miembro de la familia comparte el honor de ésta y la conducta errónea de un miembro deshonra a todo el grupo. Las perspectivas en la vida de cada eslabón del grupo dependía de la solidaridad en la protección del honor familiar” (B. MALINA; Op.cit., p.369).

[83] Ver el decálogo de una secta en http://www.opus-info.org/index.php?title=Hijos_en_el_Opus_Dei/Ser_o_no_ser.

 

[84] Cf Rut 1,16.

[85] Ver: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=593.

[86] J. RAMBLA, “Testigos de una nueva justicia”, en AA.VV., Aldea global, justicia parcial,  Ed. Centre d’Estudis Cristianisme i Justícia, Barcelona 2003, p.203.

[87] M. ARROYO MENÉNDEZ, “Interpretaciones sobre la situación del catolicismo y al secularización en España”, en Iglesia viva, 257 (2014) p.103; Cf también: A. PÉREZ AGOTE, Cambio religioso en España: los avatares de la secularización, Ed. CIS, Madrid 2012.

[88]M. CORBÍ, “Una nueva espiritualidad más allá de las formas religiosas”, enhttp://www.cetr.net/modules.php?file=article&name=News&sid=407.

[89] M. Pilar Aquino, por ejemplo.

[90] Es cierto que se han dado pasos, por ejemplo: la inclusión del “acercamiento feminista” en IBI, o la composición de la Comisión Teológica Internacional en la que hay 7 mujeres sobre 30 miembros.

[91] L. SEQUEIROS, “El nuevo ateísmo científico (1). En el siglo XXI vuelve la negación de Dios aprovechando las redes sociales”, en Iglesia viva, 249 (2012) p.107.

[92] Personas como Brines, Valente, Saramago, Lledó, Sampedro, Boto, etc., puede tener este componente “místico” del que hablamos.

[93] Allá sigue el río y sus recodos, en la actual Kavala, antes Filipos.

[94] La actitud de Lidia (“si estáis convencidos de que soy fiel al Señor, venid a hospedaros en mi casa”) es todo un desafío: aceptar el hospedaje en una casa de paganos, de esos que, según La Misná, entierran a sus fetos en los bajos de sus casas, esas casa que son como cementerios. La respuesta de hecho suena a excusa: “Nos obligó a aceptar” (Hech 16,15).

[95] Se comprueba aquella teoría de Jn 4,31-38 la cosecha del reino viene ya; no hace falra esperar “cuatro meses”.

[96] CF Jn 16,22; J. A. Marina dice que construir la relación humana es más difícil que hacer grandes obras de arquitectura como las que nos depara la vida moderna.

[97] Cf el recurrente poema de Casaldáliga: "Al final de la vida me preguntarán: ¿has amado?... Y yo no diré nada. Mostraré las manos vacías y el corazón lleno de nombres".

[98] En el poema atribuido a él: “Y uno aprende…”.

[99] La descristianización de Occidente es un ejemplo: Francia ha superado el umbral del 50%. Pero los demás países van en esa dirección. Muchas zonas del globo también. ¿Puede ser leído como un cambio axial de época?

[100] En 1992 Juan Pablo II rehabilitó a Galileo.

[101] Así los hace GS 1, ya citado.

[102] L. BOFF, Virtudes I,  p.14.

[103] A. MAALOUF, Identidades asesinas, Ed. Alianza Editorial, Madrid 1999, p.56.

[104] Según el diario Público del 24-1-10 España necesitaría 7 millones de inmigrantes hasta 2030 para mantener la demografía y la cuotas de la seguridad social.

[105] Quizá tenga puntos en común con la “teoría política” de Rom 13,1ss, aunque allá, si no se considera el pasaje un texto espurio, habrá que leerlo desde la perspectiva del “culto auténtico” de Rom 12,1.

[106] Es conciencia común, como lo muestra ampliamente Apocalipsis, que los días finales han de estar precedidos de grandes tribulaciones.

[107] La misma estructura de los estudios teológicos, ¿no está demasiado alejada del hecho civil normal? Clases para clérigos en horarios a su comodidad, no implicación con las Universidades civiles (másteres), poca proyección a la vida ciudadana normal…

[108] Como lo hacía el obispo Gaillot.

[109] Todos los que van a la radio pública o escriben en diarios no religiosos.

[110] Que se vea realmente que las causas de Cáritas o de la HOAC son apoyadas realmente por la jerarquía eclesiástica.

[111] Por ejemplo las posturas de los obispos Agrelo o de Casaldáliga.

[112] Como cuando van los Papas a la ONU o a Estrasburgo.

[113] Experiencias como: no me voy a quedar sin casa, no me voy a quedar sin luz eléctrica, no me voy a quedar sin trabajo, etc.

[114] Leyendo 5,39 como un texto de resistencia, no de humillación.

[115] Al menos en las cultura monogámicas.

[116] E. MARTÍNEZ GARRIDO, Algunos aspectos de la especularidad narrativa: la identificación en la identificación, la literatura en la literatura,  en Revista de Filología Románica, ED. Universidad Complutense, Madrid 1986,  p.275.

[117] P.RICHARD, Apocalipsis, Ed. Tierra Nueva, Quito 19972,  p.106

[118] X. PIKAZA, Apocalipsis, Ed. VD, Estella, p.108.

[119] J.MATEOS, NT, E. Cristiandad, 1987,  p.1186.

[120] Cf Mc 7,24-31.

[121] El ya clásico de que fuera de la Iglesia no hay salvación.

[122] La exclusivización de textos como la Humanae Vitae o la poca entrega a la causa de la construcción de una moral de corte universal.

[123] COMISIÓN PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Los católicos en la vida pública,  Madrid 1986, nn.60-61.

[124] Ver el sorprendente texto de EG 205.

[125]Cf EG 205.