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RETIROS

Retiro en Pascua de 2013

ESE LUGAR QUE LLAMAN LA MAÑANA

Retiro en la Pascua de 2013

 

            Hablar del mañana en este agobiante hoy de la crisis puede parecer una banalidad. Cuando millones de personas viven con la espada de Damocles encima en este presente incierto, sugerir la hermosura de un mañana nuevo puede parecer hiriente. Pero, como luego diremos, no queremos situar la espiritualidad de la resurrección en el mundo de las ensoñaciones. De ahí que decir la resurrección en la metáfora del mañana incluye necesariamente el duro y lacerante hoy.

            Se puede pensar el mañana tomando en serio el hoy. Más aún, todos sabemos que la hermosura del mañana depende en gran parte del trabajo que hagamos hoy. Por eso mismo, una reflexión sobre el mañana de la resurrección ha de medir su verdad en la evidencia de un hoy más dinámico, más lleno, más trabajado, más colmado de experiencia. Un hoy empobrecido desautoriza cualquier espiritualidad sobre la resurrección. La resurrección tiene que ver con el mañana desde la experiencia del hoy.

            En este agobiante hoy del 2013 la resurrección de Jesús podría ser un lugar de respiro que plantea la posibilidad de un mañana distinto desde el realismo del hoy. El anhelo del mañana reforzaría las opciones espirituales de hoy. Hablemos, pues, del mañana que es la resurrección de Jesús y su hermoso mensaje.

 

1. ¿Dónde está ese lugar que llaman la “Mañana”?

 

            Queremos comenzar con un poema de Emily Dickinson, hermoso como todos los suyos:

 

No he visto ningún páramo,

no he visto nunca el mar,

pero sé qué aspecto tiene el brezo

y lo que son las espumas.

 

No he hablado con Dios

ni he ido a visitarlo al cielo,

pero estoy segura de dónde está

como si se entregasen mapas.

 

¿Habrá de verdad un “Mañana”?

¿Existirá eso del “Día”?

¿Podría yo verlo desde los montes

si fuese tan alta como ellos?

 

¿Tiene pies como los nenúfares?

¿Tiene plumas como un pájaro?

¿Lo traen de países famosos

de los que nunca he oído hablar?

 

A ver si un estudioso, un marinero,

algún sabio de los cielos,

le explica a esta pequeña peregrina

dónde está el lugar que llaman la “Mañana”.

 

* Sé qué aspecto tiene el brezo y lo que son las espumas: Hay signos humildes de un mañana que se desconoce: la bondad, la amabilidad, el respeto, la acogida, el abrazo cálido, el gesto volcado al otro; todo eso son signos de un mañana luminoso. Hablar del mañana no es hablar de una realidad oscura.

* Estoy segura de dónde está el cielo: No en un lugar, ni en una conversación especial con Dios, ni en ninguna clase de extraño viaje, sino en la certeza de que alguien nos acompaña, de que la soledad no es totalmente densa, impenetrable.

* ¿Habrá de verdad una “Mañana”?: Es la gran pregunta. No tanto si habrá un cielo, sino simplemente un mañana que nos conduzca hacia él. Los pequeños mañanas que son camino para la dicha plena. Es una suerte enorme tener “mañanas” cada día.

* Los nenúfares…los pájaros: El mensaje del “Mañana” viene por muchos lados, como el viento que sopla sin saber de dónde viene ni adónde va. Muchos son los caminos que nos llevan al “Mañana”.

* A ver quién explica a esta pequeña peregrina: ¿Cómo explicar, hablar, ofrecer el mensaje de un “mañana” a quien anda en la pobreza de esta historia nuestra? Muy difícil. Pero es a las pobrezas a quienes hay que decir con más fuerza que el mañana les pertenece.

 

2. La luz de la Palabra: Lc 12,35-38

 

Tened el delantal puesto y encendidos los candiles; pareceos a los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para, cuando llegue, abrirle en cuanto llame. ¡Dichosos esos siervos si el señor al llegar los encuentra despiertos! Os aseguro que él se pondrá el delantal, los hará recostarse y les irá sirviendo uno a uno. Si llega entrada la noche o incluso de madrugada y los encuentra así, ¡dichosos ellos!

 

* Es un texto cuyo contexto es muy querido por la espiritualidad evangélica: hay que estar vigilantes, atentos, vivos ante los signos de los tiempos, despiertos. Una fe mantuda, adormecida, narcotizada, no es la evangélica.

* Quien vigila y está despierto va a ser servido por el amo cuando vuelva. Se trastruecan los papeles: el amo tendría que ser servido. Pues no, lo será quien esté vigilante, activo, despierto, sensible, vivo.

* La imagen del amo que sirve, de Jesús que sirve es cautivadora: se pone el delantal (deja la presidencia de la mesa), hace que se recuesten (les reconoce su total libertad) y les sirve uno a uno (de manera personal e individualizada). Es decir: el “mañana” para quien viva despierto y activo es un servicio en libertad y único que Dios nos va a hacer, un servicio de amor, un cambio de situaciones profundísimo: se mostrará de manera evidente lo que era una certeza: que Dios está a nuestro servicio, que nos sirve, que se hace sirviente para nosotros, que se alegra de hacernos este servicio. Un mañana sin distinción entre nosotros y Dios, se han roto todas las barreras, la familiaridad fluye, la evidencia de que se nos ha hecho hijos se cumple.

 

3. El “mañana” que ofrece Jesús

 

            El “mañana” que ofrece Jesús en su resurrección no es otro sino el que ha ofrecido a lo largo de su vida y que queda reflejado en los Evangelios. Anotemos algunos rasgos:

* El mañana de que toda persona tiene derecho a sentarse en el banquete de la vida: Y por ello, quien hoy está expulsado de ese banquete (de lo básico para llevar una vida digna) no pierde el derecho que le asiste. Por eso es lícito aspirar a un mañana donde todo lo creado tenga un sitio en la mesa común de la historia (“Vendrán a sentarse de oriente y occidente en el banquete del reino”: Lc 13,29).

* El mañana de que las desventuras de los pobres tendrán un fin: Porque puede pensarse que las desventuras de los débiles son para siempre. Pues no; es posible un mañana sin pobreza, sin que los pobres “estén ahí” (Jn 12,8) porque ha llegado el tiempo en que los opresores han sido desplazados para siempre.

* El mañana de que las personas sean valoradas desde el corazón: No desde las apariencias sociales, culturales o religiosas. Por eso Jesús ha comenzado a valorar así a las personas (“No te fijas en las apariencias”: Mt 22,16).

* El mañana de que el mundo es casa común y nadie se la puede apropiar: Una casa donde el sol sale “para buenos y malos”, donde toda persona puede tener su sitio porque adueñarse de esa casa es destruirla ya que está destinada a ser casa de acogida y de amparo (Mt 5,45).

* El mañana de una sociedad asentada sobre la bondad y no sobre la fuerza: Porque la bondad es la que va a triunfar y por eso anima a Jesús a “ser buenos del todo como el Padre es bueno del todo” (Mt 5,48). Un mañana basado en la bondad es lo que da fuerza para resistir, para creer en la esperanza.

* El mañana de la dignidad, por encima de la moralidad: Porque la dignidad es el último recurso de la persona, su bastión inexpugnable, su mayor seguridad ya que viene del amor creacional de Dios. En la medida en que la dignidad sea tenida en cuenta, hay mañana, nadie será condenado (“Yo tampoco te condeno”: Jn 8,11).

 

4. Ahondamiento reflexivo

 

            Vamos a proponer algunos puntos de ahondamiento reflexivo que nos adentren más en esa espiritualidad del mañana que es la propia de la resurrección:

1)      Jesús, hombre del mañana: Por su tenacidad utópica, por mantener vivo el sueño del Reino, por no desistir de valorar a la persona desde la dignidad, por no caer víctima del desaliento al comprobar la fragilidad humana, por haber sabido hacer frente a crisis internas y externas, por haber mezclado los sueños con el realismo más cotidiano sin que se murieran aquellos y mejorando éste, por su anhelo inapagado aunque algo equivocado de que los sueños grandes se iban a cumplir ya, por todo este cúmulo de dinamismos activos y latientes, se puede decir que Jesús es un hombre del mañana. No ha quedado atrapado en un hoy duro y ramplón, no ha acrecentado la lista de los “realistas” desalentados, no ha perecido a la amargura de las vidas pobres, ha hecho frente a la desilusión con la fuerza renovada cada día de un amor vivo. Hombre del mañana desde un presente hondamente humano.

2)      Hacia una teología de un mañana humano: Porque no interesa tanto elaborar una teología de componente religioso que desvincula la pregunta por el mañana desde el hoy más concreto. Porque no interesa una elaboración teológica despreocupada del mañana y desconectada del duro presente de la más cruda realidad. ¿Cómo ir elaborando una teología de un mañana humano? Dando cancha a los anhelos hondos de los sencillos humanos, respondiendo a las preguntas elementales de quien se debate en este hoy interrogando al futuro: ¿Dónde dormirán los pobres? ¿A qué tribunal acudirán para que sean acogidas sus demandas que nadie quiere escuchar? ¿Quién hará justicia a quienes la justicia maltrata? ¿Quién se ocupará de la suerte de los perdedores? ¿En qué casa serán acogidos los errantes, los excluidos, los peregrinos, los desplazados, los apátridas, los sin techo? ¿Hasta cuándo pagarán los débiles los platos rotos de los desaguisados de los poderosos? Estas son las preguntas de la “teología del mañana” que los pobres quisieran que fueran respondidas. Porque la teología del mañana es vital para los débiles, mientras que los poderosos la posponen sine die, no les interesa para nada.

3)      Una espiritualidad de un mañana que se cuece en el hoy de las relaciones nuevas: Ya que hablar del mañana sin trabajar el tema de las relaciones nuevas es música celestial. La posibilidad de un mañana distinto se cuece en el trabajo de hoy por dar cuerpo al sueño primordial del Jesús, el reinado de Dios, la sociedad nueva, las relaciones distintas, los caminos humanos amparados y abrazados. De ahí que todo lo que contribuya a dar un nivel mayor de humanidad a nuestras relaciones despeja las incógnitas del mañana. Éste será mucho mejor en la medida en que mejoren las relaciones de  hoy y se entenebrecerá en la medida en que se deteriore la relación de hoy.

4)      Una sociedad del mañana cálida y familiar: Hace demasiado frío en nuestra historia cotidiana. De tal manera que hay quien dice que nuestras ciudades no tienen alma, que son aglomeraciones de humanos sin alma. ¿Cómo vamos a pensar en una ciudad nueva, en un mundo nuevo, desde el frío de una relación que no incluye la evidencia de que somos familia? ¿Cómo el mañana va a tener otro tono si no logramos ver y vivir la evidencia creacional de que somos familia cósmica, por raro que nos parezca? Cuando algunos santos, como Francisco de Asís, dicen que las criaturas son “hermanas”, así lo creen, así lo viven. Ha llegado a la misma conclusión que va llegando la ciencia de hoy: que nuestro componente genético nos hermana en modos interrelacionados. Más calidez, más familiaridad, si queremos un mañana más luminoso.

 

5. Hacia una espiritualidad cotidiana del mañana

 

            Tratando de poner “carne” a la espiritualidad, vamos a proponer algunos caminos cotidianos para construir una espiritualidad del mañana inserta en la vida, mezclada a nuestros caminos en los que se vierte la fuerza del resucitado:

  • Mirar con brillo en la mirada: Puede parecer vulgarmente poético, pero el brillo en la mirada es la persistencia de lo nuevo, el anhelo nunca agostado, la ilusión mantenida, la búsqueda nunca cerrada. Esta manera de mirar apunta a un mañana distinto y se percibe en los ojos de quien mira con “brillo”.
  • Levantar los hombros con facilidad: Que es lo mismo que no caer en la pesadumbre, en la rutina, en la desgana continuada. Tener facilidad para echarse a espaldas las contrariedades de la vida y seguir adelante con lo que tiene de positivo. Levantar los hombros y seguir adelante: ese es, muchas veces, el camino del mañana.
  • Hablar con la calidez que acoge: Ya que la frialdad de las palabras nos lleva a la noche del pasado, mientras que la calidez y la comprensión en la manera de hablar es lenguaje de un mañana distinto. Las palabras buenas están orientadas al futuro, a un mañana más luminoso.
  • Interesarse por horizontes distintos: Salir de los entornos conocidos, siempre amenazados de desgaste y de rutina. Estar abiertos a interrogantes que pueden hacernos crecer, así se puede construir una espiritualidad del mañana. No cerrarse en lo pequeño del propio entorno; ensanchar los límites de la tienda, que diría el profeta.
  • Implicarse en luchas humildes: En las luchas de los humildes que solamente salen a la luz cuando constituyen un auténtico escándalo público. Tomar partido por ellos, porque, más allá de sus contradicciones, les asiste el derecho de la justicia.
  • Colaborar quien tiene muy duro el hoy: Para que se vea que el mañana les pertenece, y que se llegue a la conclusión de que ese mañana suyo ha de comenzarse a disfrutar hoy. Colaborar en sus inquietudes humildes, en sus anhelos inmediatos, en sus reivindicaciones pobres. Estar ahí, donde están quienes lo pasan mal.
  • No hundirse en las aguas turbias de la desesperanza: Turbias y enajenantes, paralizantes. No darse como excusa para el abandono la conclusión de la desesperanza, del tirar la toalla, del aquí me paro. Buscar caminos para la pequeña esperanza, para la sencilla posibilidad, para el gesto sencillo que hable el lenguaje del mañana y nos diga que las cosas puede ser de otra manera, si nos damos a la tarea.
  • Ser especialistas en sortear desalientos: Porque abundan los desalientos y está convirtiéndose en una carrera de obstáculos el trabajo por sortearlos. Porque los desalientos nos vuelven al ayer y bloquean el mañana. Y parece que son una razón para detenerse, para abandonar, para dejarlo todo, pero es preciso agarrarse a lo que sea para creer en la posibilidad de un mañana otro.
  • Afiliarse al grupo del disfrute posible: Ya que tener fe en el mañana sin disfrute resulta poco menos que imposible. Por eso mismo, procurar pequeños disfrutes a los débiles y disfrutar con ellos es hablar el lenguaje del mañana de Jesús, ya que ha prometido un mañana disfrute, de banquete, de dicha, de inclusión.
  • Amar sin esperanza: Por difícil que parezca. Porque si se ama siempre con esperanza de recibir correspondencia, muchos amores quedan fuera. Y el amor del mañana se forja, en ocasiones, en la generosidad de quien ama sin esperanza de recibir amor a cambio.

 

Conclusión

 

            Puede que estas reflexiones no sean más que balbuceos. Pero quieren contribuir a poner “carne” una verdad como la de la resurrección de Jesús. Quizá si se logra sugerir que esa resurrección tiene que ver con el mañana de nuestra vida pobre hayamos apuntado a algo interesante. Si a los “pequeños peregrinos”, como decía Dickinson, se nos dice que el “mañana” está en el Resucitado, nos hacen un favor, porque hambreamos ese mañana.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Retiro cuaresma 2013

Retiro Cuaresma 2013

 

“TU CUERPO ES PRECIOSA LÁMPARA”

La Cuaresma como conversión a la corporeidad

 

        Tradicionalmente se ha entendido la conversión como un movimiento espiritual, interior, aunque tenga sus consecuencias sociales. Pensamos que si el interior se renueva, cambia, “se convierte”, la vida mejorará, la fe será más viva. Y, en parte, esto es así.

            Esta dirección, del interior hacia el exterior, se debe a la sobrevaloración del alma, de lo espiritual, de lo místico. Pero, hoy día, de acuerdo con las orientaciones de la moderna antropología que considera lo humano como una estructura unitaria, se podría decir que el camino inverso, del cuerpo, de la corporeidad al interior quizá sea un camino interesante.

            Eso quiere decir que hay posibilidad de una nueva valoración de la corporalidad y de la corporeidad que la envuelve. La corporalidad ha sido con frecuencia denostada por el hecho religioso y contemplada con sospecha cuando no con condena. Por otro lado, la corporeidad, eso que enmarca el cuerpo (sentimientos, historia personal, valoración de las cosas, rincones devastados, etc.) no ha entrado en el terreno de las consideraciones espirituales.

            ¿No sería la Cuaresma un tiempo bueno para hacer un ejercicio de conversión a la corporeidad, con la corporalidad incluida? ¿No sería útil convertirse a una manera nueva de sentir, vivir, disfrutar, entregarse, socorrer el propio cuerpo y el de los demás? ¿No derivaría de esta “conversión” un hondo beneficio para los cuerpos y para las almas, para la persona entera, para las personas enteras de los hermanos/as?

            Siempre estamos necesitados de pararnos y reflexionar cuando la Cuaresma llama a nuestras puertas cada año para que esta oportunidad de reorientación, de catequesis de adultos, no pase desapercibida y podamos vivir la Pascua (a eso apunta la Cuaresma) con una conciencia renovada. Al fin y al cabo, la Pascua apunta al cuerpo glorificado de Jesús nuestro hermano, corporeidad bendita para nosotros.

 

1. Tu cuerpo es preciosa lámpara

 

            Rufino Grández, hermano capuchino, escribió en su día un himno litúrgico inspirado dedicado al cuerpo santo de Jesús. Nosotros queremos traerlo hoy aquí pero leyéndolo como una realidad que apunta no solamente al cuerpo de Jesús, sino a los nuestros propios. En lugar de leerlo “a lo divino” (así se solía hacer frecuentemente con textos profanos) nosotros lo leeremos “a lo humano”. Quizá así nos empuje en la dirección de la conversión a la corporeidad.

 

Tu cuerpo es preciosa lámpara,
llagado y resucitado,
tu rostro es la luz del mundo,
nuestra casa, tu costado.

Tu cuerpo es ramo de abril
y blanca flor del espino,
y el fruto que nadie sabe
tras la flor eres tú mismo.

Tu cuerpo es salud sin fin,
joven, sin daño de días;
para el que busca vivir
es la raíz de la vida.

 

  • La corporalidad es lámpara preciosa.  Cuando la corporalidad se oscurece, se oscurece la vida. Menospreciar la corporalidad es sumir a la persona en las tinieblas más densas. Es preciso dejarse iluminar por lo corpóreo, por la “bendita materia” de la que hablaba Teilhard.
  • Este cuerpo nuestro, esta historia nuestra, es llagada y resucitada, engloba aspectos hermosos, gozosos, disfrutantes, fraternos. Y también incluye rincones devastados, cadáveres en los armarios, hondas heridas. Todo hace parte del cuerpo. Y con todo ello hay posibilidad de caminar en la dirección de lo humano, en la senda del seguimiento.
  • Un rostro luminoso es luz del mundo,  un rostro que perdona desvela el rostro mismo de Dios (Gen 33,11). Un rostro opaco, oscuro, turbio, agrio, oscurece el camino de la vida. Dar luz a los rostros, he ahí una tarea hermosa.
  • Los cuerpos encuentran casa en el costado del otro cuerpo, en su intimidad en su cercanía. Junto a ese costado pone uno su estera, como dice García Calvo. Si la intimidad de los cuerpos nos es ajena, iremos por la senda de la deshumanización, de la frialdad, del menosprecio a este cauce único de vida que tenemos.
  • Los cuerpos son, a veces, ramo de abril, de jara, que encienden el fuego y lo levantan hasta las nubes. Todos los dinamismos se encierra en la corporeidad. Es cuestión de mantenerlos activados, cultivados. Una corporeidad apagada conlleva una espiritualidad apagada o rutinaria.
  • Es la corporeidad blanca flor del espino,  hermosura que encierra toda debilidad, flores blancas con espinas incluidas. Una realidad indisociable donde lo bueno y sus posibilidades son amenaza y herida por el mal y sus duros estigmas. Pero, aun así, hay posibilidad de vivir en humanidad.
  • Hay un nivel hondo, escondido, radical en la corporeidad que no es lo que aparece; es la sede de la bondad, de la belleza. No sabemos de dónde brota, pero está ahí. Resulta preciso tocar ese fondo de verdad, el tú mismo que hay en toda persona, en toda realidad creada. Será preciso ahondar en el hecho humano hasta dar con esa hermosa y limitada bondad que anida en las personas.
  • La enfermedad cerca a la corporeidad, pero hay un sueño de salud sin fin, un anhelo de bienestar esencial en el que los días no hagan daño. Este anhelo lo ha sembrado la generosidad de la vida que es la traducción de la generosidad del amor del Padre.
  • Todo cuerpo, toda realidad creada, busca vivir y anhela llegar a la raíz de la vida. No es otra que la honda humanidad, el estrato final en que el bien tiene su última palabra, la paz que es capaz de encajar todo desasosiego, la “alegría inarrebatable” de la que habla Jn 16,22.

 

2. La luz de la Palabra: El samaritano: un restaurador de cuerpos (Lc 10,25-37)

 

En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó: “Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?” Jesús le dijo: “¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?” El doctor de la ley contestó: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús le dijo: “Has contestado bien; si haces eso, vivirás”. 

El doctor de la ley, para justificarse, le preguntó a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?” Jesús le dijo: “Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se conmovió, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al posadero y le dijo:

‘Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso’.

¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?” El doctor de la ley le respondió: “El que tuvo compasión de él”. Entonces Jesús le dijo: “Anda y haz tú lo mismo”.

 

  • Jesús propone como ejemplo de ciudadano del reino a uno que se conmovió. No dice el texto si era persona religiosa (había samaritanos que lo eran), si era buen mercader u honesto contribuyente, si era amante de su familia o ciudadano considerado. Los indicios más bien son negativos (no viene de Jerusalén, lo que indica que no era adicto a la ley oficial; anda solo por desiertos y posadas abandonando a su familia-mujer en casa, cosa no recomendable por la tradición, promete volver y pagar lo que quiere decir que su género de vida va a continuar, que no hay conversión, etc.). No era muy recomendable persona (como se pensaba de los samaritanos), pero se conmovió. Solamente por eso es puesto como prototipo de ciudadano del reino.
  • Se conmovió y puso en marcha un mecanismo de amparo práctico que apunta al cuerpo del caído en el camino. Efectivamente, el caído en el camino es un cuerpo robado, herido y dejado medio muerto. El problema lo tiene el caído con su corporalidad que ha sido avasallada. El ciudadano del reino ha de tender a restaurar las corporalidades avasalladas.
  • El mecanismo de amparo de la corporalidad tiene estos elementos:

-         Acercamiento: La repulsión de un cuerpo herido ha de ser sustituida por un acercamiento que posibilite una ulterior restauración. Sin este acercamiento se hace imposible la percepción de la realidad del cuerpo herido.

-         Poner aceite y vino en las heridas: El aceite y el vino son valores preciados en épocas de pobreza. Al estar herido tan gravemente, se ha requerido una cantidad apreciable de estos elementos. La generosidad con los cuerpos es imprescindible para su humanización.

-         Vendar las heridas: Es necesaria la cercanía a las heridas hasta vendarlas, sin reparar en lo que el contacto puede dar (contagio de la enfermedad o contagio de impureza legal). La restauración del cuerpo demanda una cercanía al mundo de las heridas.

-         Poner en la cabalgadura: La cabalgadura, aunque fuera modesta, era un gran medio en la época. La restauración de cuerpos no repara en “gastos”, en energías, a la hora de entregarse a los cuerpos heridos. Al ponerlo en la cabalgadura e ir él a pie se trastrueca el honor: el montado-herido es el digno, el que va a pie desmontado el servidor. Reconocer la dignidad y “supremacía” de los cuerpos heridos.

-         Llevarlo al mesón: Lugar de dudosa moralidad, pero ámbito de recuperación. No dudar que la restauración de cuerpos se hace mejor, a veces, en ámbitos “dudosos” siempre que haya acogida suficiente. El posadero no pone obstáculos para recibir a un cuerpo herido.

-         Pagar al contado: Dos denarios, dos días de jornal, es una cantidad significativa aunque no excesiva. El montante económico de la restauración de cuerpos puede que no sea el obstáculo principal en muchos casos. Los inconvenientes son otros (sociales, religiosos).

-         Promesa de pago ulterior: Es un proceso, algo más que un simple acto de caridad puntual. La promesa de vuelta y pago indica que se está ahí, en el proceso de restauración, con todas sus consecuencias.

  • Es toda una obra de recuperación del cuerpo del caído sin ninguna otra pretensión (ni económica, ni religiosa). La obra del seguidor (“Haz tú lo mismo”) tiene que ver con  la restauración de la corporalidad

 

3. Ahondamiento reflexivo

 

            Vamos a tratar de ahondar en el tema porque profundizar es una manera de alimentar las raíces de la espiritualidad.

a)      Jesús y los cuerpos: Es mucha, según los evangelios, la relación de Jesús con los cuerpos, casi siempre heridos: cuerpos enfermos (Mc 1,23-39), postergados (Mc 1,40-45), excluidos (Mc 3,1-6), desahuciados (Lc 8,43-48), hambrientos (Jn 6,1ss), muertos (Lc 7,11-17). Sin esa relación el Evangelio se desmorona. Casi siempre su relación es curativa, ya que en “curar cuerpos” se puede resumir la actividad mesiánica de Jesús. Esto lo hace Jesús porque cree que para llegar a curar el interior, la relación social, la dignidad, se requiere pasar por esta mediación histórica que es la corporalidad. Un seguimiento que obvia la corporeidad es, tal vez, algo expuesto al vacío.

b)      La revelación en lo mínimamente corporal: Eso mínimamente humano, corporal, es la preocupación por la vida, la relacionalidad y la libertad, cosas tres que tienen que ver con el ser corporal de la persona. Dios se revela en Jesús justamente en ese ámbito de humanidad corporal. En la humanidad de Jesús conocemos la humanidad de Dios; de su preocupación por los cuerpos deducimos la preocupación de Dios por mostrarse en los cuerpos. Dios es entrañablemente humano en los cuerpos porque es radicalmente divino. El Dios que presentó y representó Jesús es el Dios que se hace presente, ante todo y sobre todo, en la corporalidad humana de los seres humanos.

c)      La corporeidad acogida con benignidad: Porque el mecanismo religioso que tendría que haber ayudado a desvelar a Dios fundido a lo humano, a la corporalidad, ha echado vinagre y culpa sobre ella. Por eso, se necesita acoger la corporeidad (incluso la creaturidad, englobando a toda creatura como realidad corpórea que es) con benignidad y como lugar único de revelación, por lo que sabemos de Jesús. Esto habría de desencadenar en nosotros un caudal de piedad y compasión hacia lo humano en su debilidad, mirándolo como marco de revelación y de amor del Padre.

d)      Los cuerpos más humildes: Los más heridos de la historia, los más “crucificados”, ésos deberían ser objetivo de nuestra mirada para tratar de mitigar su dolor, para contribuir a sus justas reivindicaciones, para acompañar su difícil caminar, para solidarizarse más con sus causas. Los cuerpos más humildes del hecho creacional son los más necesitados de amparo para restaurar en ellos la corporeidad ultrajada y hacer que su dignidad, nunca perdida, brille y sea tenida en cuenta en todas sus dimensiones.

 

4. Derivaciones

 

            Tratando de situarnos mejor en el caminar creyente, vamos a sugerir algunas derivaciones que modifiquen los cinco sentidos de nuestra corporalidad:

  • Mirar con entrañabilidad: Haciendo que las “entrañas”, lo de dentro, se asomen a nuestra mirada. Alejar las miradas frías, despectivas, hirientes; cambiarlas por miradas que acogen, que intentan comprender y ponerse en el lugar del otro. Hacer ejercicios de miradas distintas con los mirados socialmente mal, con los que por cultura tendemos a mirar con recelo, con los no-mirados por nadie. Cambiar los ojos del cuerpo humanizando la mirada.
  • Tocar para curar: Crear caricias que curan, que mitigan, que sanan los lugares más heridos del corazón, del recuerdo, de la historia personal. Que nuestros dedos no hurguen en las heridas viejas, ni en las recientes. Que se intuya por la ternura de nuestras manos cómo son de tiernas la manos del Padre. Que los abrazos, gratis y generosos, hablen claramente del Padre que nos abraza.
  • Escuchar con implicación: No solamente como quien aguanta el chaparrón, como quien no puede hacer otra cosa. No escuchar con los solamente oídos y no con el interior. Una escucha que lleve a la implicación práctica, a intentar hacer algo, si se puede, por aquel que desgrana su vida ante ti. Unos oídos como los del Padre, como los de Jesús que escuchaba a horas intempestivas (como cuando fue Nicodemo, “de noche”).
  • El perfume humilde de la belleza sencilla: De eso que está más allá de la sencillez y de la pobreza: los gestos amables, la dignidad mantenida en la pobreza, el gusto por una higiene que quiere hablar de un interior limpio, las costumbres sociales sencillas que quieren sembrar ciudadanía y buen vivir. Maneras de transformar el olfato y el perfume hasta ser “el buen olor de Cristo”, como decía san Pablo (2 Cor 2,15).
  • Una comida compartida: La mejor manera de cambiar el gusto es gustar con otros, ayudar a que quien no guste (quien no come o come poco y mal) pueda gustar como humano (los humanos no solo comemos sino que gustamos lo que comemos). Una mesa de gusto compartido, justa, donde todo el mundo pueda sentarse a ella. Un gusto que tiene en cuenta la justicia y no despilfarra (el 40% de lo que se tira de comida se hace en los hogares).

 

5. Conclusión

 

            Quizá no sea esta manera de entender la conversión (conversión a la corporeidad) el modo habitual de plantear la Cuaresma como camino de la Pascua (camino hacia el cuerpo vivo de Jesús). Pero tal vez pueda ayudar algo. La conclusión de quien aceptara algo de estas premisas es que la gran tarea con los cuerpos es el cuidado esencial (como decía Boff), algo más que un acto puntual de cuidado, una actitud, una manera de ser que ha descubierto que cuidar la corporeidad es hacer la misma obra que el Padre hace con la historia y que hemos sabido por Jesús, el mejor cuidador de cuerpos, de personas, que se nos ha dado. Que la Pascua pueda ser una contemplación honda de la hermosa lámpara que es el cuerpo vivo de Jesús.

 

6. Un posible “plan espiritual” para la Cuaresma

 

            Sería una especie de plan al filo de los planteamientos anteriores, un itinerario de cinco semanas camino de la Pascua:

  1. Semana del 17 al 23 de febrero: MIRAR  CON ENTRAÑABILIDAD: rastrear en el NT las miradas de Jesús. Hacer ejercicios explícitos de miradas benignas con las personas con las que convivimos.
  2. Semana del 24 de febrero al 2 de marzo: TOCAR PARA CURAR: mirar en los Evangelios escena donde Jesús toque y sea tocado. Hacer algo concreto por alguien que, en su enfermedad, necesita ser “tocado”. Hacerlo con aprecio.
  3. Semana del 3 de marzo al 9 de marzo: ESCUCHAR CON IMPLICACIÓN: ver a Jesús escuchando a la gente, enseñando con calma. Escuchar no como quien aguanta, sino como quien intenta comprender y quiere colaborar a mitigar algo el malestar o la soledad de quien habla.
  4. Semana del 10 de marzo al 16 de marzo: EL PERFUME HUMILDE DE LA BELLEZA SENCILLA: vivir con sencillez y corazón bueno. Ofrecer pequeños detalles que hagan más llevadero el camino de alguna persona que aguanta más el peso de la vida.
  5. Semana del 17 de marzo al 23 de marzo: COMPARTIR LA MESA: tener la preocupación de otros gusten los placeres de una mesa amigable, de una fe amigable. Prepararse a la semana santa, mesa de eucaristía, de entrega y de triunfo, siendo generoso con quien necesita cuidados en su corporeidad.

 

 

Retiro Navidad 2012

 

Retiro en Navidad de 2012

 

 

HAY UNA GRIETA EN TODAS LAS COSAS

 

            Para muchas personas estos tiempos, estas Navidades, serán tiempos de “oscuridad”, de pobreza más fuerte, de hondo temor por el desahucio que avecina, de no saber cómo ir afrontando los gastos que conlleva el sobrevivir. Tiempos de oscuridad. Incluso para nosotros: nos contagiamos y contagiamos el pesimismo, nos volvemos impasibles, se aleja el optimismo y el brillo de la vida. La oscuridad parece compacta.

            Pero esto es algo relativo: porque también estos tiempos nuestros pueden ser tiempos en los que, a través de las grietas, de los nubarrones se filtre una luz. De hecho, lo que llamamos la encarnación de Jesús puede ser entendida como una luz que filtra en las grietas de la vida porque “hay una grieta en todas las cosas”, dice el poema de Cohen que da título a nuestra reflexión.

            Necesitamos llenar de sentido y de conciencia la celebración de la Navidad para que esta sociedad nuestra, tan inmersa en el consumo navideño a pesar de todas las crisis, no devore nuestro anhelo de Jesús. Quizá esta meditación sobre la luz que entra a través de nuestras grietas pueda ser una pequeña ayuda espiritual para ello. Dice muy sabiamente el pensamiento de E. Sábato: “El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos  porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer”.  

 

1. Una grieta en todas las cosas

            Antes de beber de la fuente de la Palabra queremos reflexionar sobre un extracto del poema de L. Cohen The birds they sang: 

 

Los pájaros cantaron
al romper el día:

“Empieza otra vez", 

escuché que decían. 

No te empeñes

en lo que ya ha pasado

o en lo que está por venir. 

 

Toca las campanas que aún suenan. 

Olvídate de tu ofrenda perfecta. 

Hay una grieta en todo: 

y justo por ahí entra la luz. 

 

Puedes añadir las partes, 

pero no alcanzarás la suma total. 

Puedes iniciar la marcha, 

no hay tambor. 

Cada corazón, cada corazón

para amar llegará...

y será como un refugio. 

 

Toca las campanas que aún suenan. 

Olvídate de tu ofrenda perfecta. 

Hay una grieta en todo: 

y justo por ahí entra la luz.

 

  • Empieza otra vez: No se trata del clásico “carpe diem” que huye del pasado y del futuro y se instala en un presente ciego. Pero no sirve de nada estar añorando el pasado o temblar ante el futuro que aún no ha venido. El modo mejor de encontrar sosiego es comenzar cada día con buen ánimo, sin desfallecer. Del pasado añorado no viene la luz, del futuro temido, tampoco. Solamente un presente vivido con la mayor paz, sosiego y esperanza puede ser luminoso, se tengan los años que se tengan, se esté en la situación en la que se esté.
  • Toca las campanas que aún suenan: Porque hay campanas que “suenan”, aunque estén un poco “rajadas” por el uso, por los años, por los desencantos, por las heridas. Todavía suenan, todavía pueden entonar canciones nuevas, todavía pueden soñar.
  • Olvídate de la ofrenda perfecta: Tanto que se nos inculcó la perfección, tanto que la hemos visto alejarse de nuestra vida. Olvidémonos de lo perfecto y trabajemos lo bueno. Porque es fácil que no podamos ser perfectos, pero sí podemos ser mejores cada día. No se trata de un conformismo empobrecedor, sino de un realismo luminoso y esperanzado.
  • Hay una grieta en todo y justo por ahí entra la luz: Porque la “oscuridad” de la vida, de nuestras situaciones, de nuestras perplejidades, de nuestras heridas no es tan densa como nos lo quiere hacer creer el desaliento (y a veces hasta la sociedad). Hay grietas, hay pequeños espacios, entre las nubes se abre paso un rayo de luz. Esto es verdad en cualquier momento personal, comunitario o social.
  • Puedes añadir las partes…sin suma total: No nos angustie la suma total, sino que trabajemos las partes de cada día, los pequeños actos de bondad que pueden traer luz y esperanza a nuestros caminos.
  • Inicia la marchasin tambor: No estemos esperando a que todos, en tropel, en bullicioso ejército a ritmo de tambor, nos pongamos en marcha. Hagámoslo aunque no haya tambores, sin fanfarria, sencillamente, sin armar bulla. Creamos en el valor de una vida sencilla sin más.
  • Cada corazón…será como un refugio: La verdadera casa que reconforta: el corazón. Vayamos en esa dirección. Jesús y el Padre también han ido por ahí. Eso es la encarnación: un camino hacia el corazón.

 

2. Una luz irrumpe en la vida

 

            Vamos a tomar el texto de 1Jn 1,5-7, carta que se lee como lectura continua en la Navidad, porque habla de cómo la luz del amor del Padre, por Jesús, irrumpe en la vida y cómo, desde ahí, esto nuestro se ilumina, por encima y a pesar de cualquier tiniebla:

 

            “El anuncio que le oímos a él y que os manifestamos a vosotros es éste: que Dios es luz y que en él no hay tiniebla alguna. Si afirmamos estar asociados a él mientras nos movemos en las tinieblas, mentimos y, además, nuestra conducta no es sincera. En cambio, cuando nos movemos en la luz, imitándolo a él, que está en la luz,  somos solidarios unos con otros y, además, la sangre de Jesús su Hijo nos limpia de todo pecado”.

 

  • El anuncio de Jesús: Todo lo que de Jesús se puede resumir en este anuncio: “Dios es luz”. No es un enemigo a la puerta, sino una instancia de iluminación en el ámbito, a veces oscuro, de la historia. Un Dios que no ilumina, que no alegra, que no esponja, que no suscita esperanza no es el Dios de Jesús, Dios luminoso e iluminador. Por lo tanto, no mezclemos a Dios con las “tinieblas” del miedo, del castigo, de la cólera, de la lejanía, de la dureza.
  • No moverse en las tinieblas: Por eso mismo, quien comprende lo anterior hace un esfuerzo explícito por alejarse de las tinieblas, de las condenas, de las pesadumbres echadas a los hombros de otros, de los juicios que condenan, de los desplantes que amargan. Cosas como esas son el dominio de lo oscuro. Es preciso ir en la dirección justamente contraria: acercarse a personas y situaciones que iluminen, quitar de los hombros propios y ajenos las pequeñas o no tan pequeñas pesadumbres que nos van aplastando, controlar todo juicio condenatorio a base de una mirada siempre misericordiosa y comprensiva, usar la palabra para dar contento, seguridad y disfrute.
  • Somos solidarios: Porque hay una forma fenomenal de hacer luz: ser solidarios, ser justos, preocuparse por la situación de quien lo pasa mal, tener siempre entre ceja y ceja los caminos de los pobres, funcionar por criterios de justicia cuando nos planteemos acciones de consumo, de gasto, de inversiones. Las mayores oscuridades que se ciernen sobre lo humano vienen de la mano de las injusticias.
  • Una sangre que nos limpia: Si esta espiritualidad va abriéndose camino en nosotros/as, la entrega de Jesús tiene sentido. Si fuéramos cada vez más oscuros, más tenebrosos, más amargados, más despectivos, haríamos estéril la entrega de Jesús, su sangre no había logrado hacer luz en nuestro camino.

 

3. Las grandes “grietas” por las que ha entrado la luz a la historia

 

            Podríamos hacer una lista inacabable de “grietas” por las que ha entrado y va entrando la luz a la vida humana. Son grietas enormes, auténticos chorros de luz, verdaderos torrentes que hacen frente al caudal de mal que se empeña también en anegar la vida. Citemos algunas para animarnos:

  • La grieta del amor del Padre por la que ha entrado su designio de bondad: Ya que nuestra conclusión ha sido, a veces, que Dios es nuestro “enemigo”. Pero no hay tal: sabemos por la Palabra que el designo del Padre, su “voluntad”, es un designio de amor, de amparo, de acompañamiento, de ternura, de hogar, de acogida sin límites, de perdón inabarcable. No hay quien pare esa luz que se cuela por todas las rendijas de la historia.
  • La grieta de la persona de Jesús por la que sigue entrando la hermosa luz del Evangelio: Con todos su valores primordiales subrayados, revalorizados, puestos en clave de vida. La luz de un Evangelio que no son normas, sino poción de amor; la luz de una Palabra que sigue resonando en el corazón de muchos/as, en los silencios habitados de los orantes, en los adentros de quien necesita agallas para enfrentarse a la injusticia. La hermosa luz del Evangelio que hace que recordemos con un amor inapagable al Jesús que hemos amado “desde el principio” y que, amándole más, sabemos que su amor para con nosotros sigue vivo.
  • La grieta de las personas bondadosas por la que entra la luz que nos reconcilia con la vida: Personas de todas las épocas, de todas las culturas y religiones, de todos los rincones. Los “mártires de la bondad”, quienes han preferido ser buenos antes que ser ricos, que ser poderos e, incluso, antes que vivir. Sin ellas, haría ya mucho que el sentido de la vida se habría oscurecido totalmente.
  • La grieta humilde de los pobres que, a pesar de todo, no maldicen y sonríen: La grieta de quienes soportan mucho peso en la historia y son sensibles, cariñosos, amables. Por ellos nos viene una luz pura que haríamos mal en rechazar porque es luz que no está contaminada por ningún interés.
  • La luz que entra en la grieta de los lugares mismos de la derrota: La vida que renace en el lugar del terremoto, del tsunami, de la guerra devastadora, de la ruina del desempleo, de la catástrofe del desahucio, de la enorme inhumanidad del campo de concentración o de las prisiones terribles. Ahí, en esos escenarios horribles, surge la vida con una pujanza que nos sorprende.
  • La grieta de nuestro perviviente deseo de felicidad por la que entra una luz animosa: Porque es una maravilla que sigamos deseosos de dicha, aunque la busquemos, a veces, por caminos equívocos. Porque hay muchas personas que, olvidándose un poco de sí mismas, dedican esfuerzos explícitos a hacer un poco más felices a otras personas. Gente luminosa en medio de la ciudad.

 

4. Diez grietas por las que entra la luz en nuestra vida

 

            También en nuestra vida, por sencilla que sea, hay grietas cotidianas por las que entra la luz. Algunas de ellas:

  • Una fe alimentada: Que es lo mismo que decir, una adhesión a Jesús alimentada que huye de la rutina, de la costumbre, de lo de siempre. Una manera de creer que tiene pasión por Dios y por la persona y que está dispuesta a crecer, a cambiar, a mejorar, a enriquecerse. Por ahí entra luz a la vida cristiana.
  • Una celebración cultivada: Y que, por lo tanto, que acepta pequeños cambios, signos, sugerencias, ayudas para que la rutina no nos coma el pan del morral, para que no se apodere de nosotros la distracción y el sueño. Una fe que se mete en la celebración es la mejor manera de iluminar nuestro hecho celebrativo.
  • Una oración con responsabilidad: Que no echa a los hombros de Dios lo que nos corresponde a nosotros. Una oración hecha con la conciencia explícita de que si algo está en nuestra mano a favor del otro lo vamos a hacer. Para que la oración no resulte estéril. La responsabilidad ilumina la oración.
  • Una relación bondadosa: ya que el buen corazón arroja muchísima luz sobre los caminos humanos. La entraña dura, juzgadora, implacable, tiene por marco el reino de lo oscuro, ensombrece todo. Cuanto más bueno es uno, más luz en él, más luz en los demás.
  • Una acogida amplia: Porque la acogida es la puerta que abre a espacios de luz. Si la acogida es mala, todo se ensombrece. Si hay una sonrisa, unos brazos que esperan, una mano que estrecha con afecto, una palabra de cariño, la luz comienza a abrirse paso en medio de cualquier tiniebla.
  • Una vida sencilla: Porque la simplicidad, cuando no se pretende aleccionar ni dar ejemplo a nadie, es pura y luminosa como la vida de quienes van a lo esencial, de quienes se contentan con lo elemental, de quienes disfrutan con lo poco de cada jornada. Cada día hay muchos motivos sencillos para el disfrute; anotarlos llevaría a un tupido entramado de dicha y de luz.
  • Una sensibilidad social recrecida: Ya que la preocupación por lo social abre muchas ventas y por ellas entra la luz. La cerrazón en lo de uno, el egoísmo puro y duro conlleva la oscuridad más evidente. La preocupación por el otro, por su dolor, nos hace transmisores de una luz que todo el mundo agradece.
  • Y sobre todo, la solidaridad: Ya lo hemos dicho leyendo el texto de 1 Jn: es la mayor de las luminosidades que se pueden verter sobre la vida. Por eso Jesús fue un bueno totalmente solidario. Por eso fue luminoso y sigue siéndolo. Quien quiera lograr summa cum laude en luminosidad, que la logre igualmente en solidaridad.
  • Un optimismo contagioso: Ya que el pesimismo engendra oscuridad y contagia desaliento hasta llegar a hacer creer, falsamente, que no hay salida para una situación de dificultad. El optimismo sensato, la esperanza ponderada, el ánimo realista es un chorro de luz sobre situaciones sociales y personales difíciles.
  • Una utopía mantenida: Ya que hay razones para el abandono de las utopías, de los sueños, de los anhelos e ideales. Pero quien logra mantener vivos esos dinamismos, ayuda eficazmente a que las tinieblas se contengan y se amplíe el espacio de la luz y la pureza del aire que respiramos.

 

5. Un itinerario para la Navidad

 

            Proponemos cuatro pequeñas etapas para este itinerario navideño de 20 días (hasta la fiesta del bautismo del Señor)

 

1)      Contemplar la luz (25-29 de diciembre): Llevar a la oración el tema de la luz releyendo algunos pasajes de la 1 Jn, los que pone la liturgia, por ejemplo.

2)      Disfrutar de la luz (30 de diciembre a 2 de enero): repasar día a día las pequeñas “luces” que Dios va poniendo en la vida. Darle gracias de corazón.

3)      Celebrar la luz (3 de enero a 6 de enero): Avivar la presencia de Dios y de Jesús como luz en las sencillas celebraciones de cada día y en las dominicales y festivas.

4)      Regalar la luz (7 de enero a 13 de enero): Acercarse a personas y situaciones con falta de “luz” y tratar de aportar algo de esa luz mediante una sonrisa, una buena palabra, un regalo personal y sencillo.

 

Conclusión

 

            Por todo este mundo “agrietado” va entrando la luz. Por esos caminos de luz se va encarnando hoy aquel que, un día, se encarnó en modos iluminadores y compasivos, Jesús nuestro hermano. De ahí que una manera, creemos buena, de acercarse a este “misterio abrupto” de la encarnación sea meditar, agradecer, disfrutar, contemplar la luz de la bondad que se filtra en las grietas de la historia. Vendrá un día, lo esperamos, en que todo será luz y la oscuridad habrá retrocedido hasta desparecer. No es vana esperanza.

 

Fidel Aizpurúa Donazar (Logroño)

Retiro Adviento 2012

Retiro de Adviento 2012

 

SOMOS LO QUE SOÑAMOS SER

Esperar al Jesús que alimenta sueños

 

Introducción

 

            Como dice M. Vicent, un gran fantasma recorre hoy nuestra sociedad global.. Es el fantasma de la desilusión, del desencanto. Una parálisis que nos agarrota y que nos hace ver como normal todo lo anormal que nos está ocurriendo en la sociedad, todo el desbaratamiento del estado de bienestar. En algunos el desencanto ha dado pie a la indignación, el desaliento se ha transformado en fuerza para una honda protesta que conecta con amplias capas sociales. Pero la mayoría seguimos acoquinados, con el alma encogida y con los sueños malheridos, por no decir muertos. ¿Podrán revivir nuestros sueños? ¿Podremos mantenerlos vivos, aunque, hoy por hoy, no puedan cumplirse? ¿Alimentar sueños es alimentar fantasías?

            Por otra parte, acogotados por el sentimiento de utilidad, el “para qué”, nos preguntamos en directo: ¿Para qué sirven los sueños? Y no sabemos qué responder, aunque, siguiendo a E. Galeano cuando habla de las utopías, nos digamos que sirven “para andar”. Pero no nos termina esto de parecer “útil”. Se debe, en parte, a un arrinconamiento de los dinamismos, las fuerzas que nos mueven dentro. Llegamos a creer que lo que nos mueven son las ideas y su derivada planificación. Pero, en realidad, lo que más nos mueve, las fuerzas que obran en los trasfondos, son dinamismos que es bueno tener en cuenta. ¿De dónde brota el anhelo, los sueños, la utopía, la pregunta, la intuición, etc.? No lo sabemos, pero son fuerzas que nos “mueven”. De ahí la contradicción, renegamos de los sueños pero, en el fondo, nos movemos por ellos. ¿Por qué no acogerlos, hacerles un sitio, “hablar” con ellos, valorarlos, tomarlos como compañeros de camino?  

            Algo nos consuela: persisten los sueños, tan social como personalmente. No mueren, aunque, quizá como ahora, estén algo apagados. De repente rebrotan, surgen potentes. Suenan todas las alarmas en el sistema y despliega todos sus medios para apagar cualquier atisbo de fuego. Pero el sistema sabe que están ahí, que arden debajo, que son fuegos ocultos que pueden prender a cualquier brisa que sople. Tiene razón Rivas cuando dice que “somos lo que soñamos ser”. Somos lo que soñamos, eso hace parte de lo que realmente somos y no habrá imperio capaz de arrancar el dinamismo de los sueños y su oculta fuente.

            ¿No podría ser esta una orientación para un retiro en Adviento, para una visión alimentada de este tiempo de catequesis cristiana que precede a la Navidad, para estas semanas engullidas por la sociedad de consumo entre la fiesta de Halloween y la de Papá Noel-Año nuevo-Reyes? ¿Qué sería esperar a un Jesús (lleno él de sueños) que puede alimentar nuestro sueños de ahora? ¿Qué tipo de sueños puede alimentar Jesús deduciéndolos de su Mensaje? El fruto de un retiro así sería levantar los hombros, respirar, mirar al horizonte, seguir soñando más allá cualquier nubarrón, de la propia oscuridad, de los días teñidos de gris. Por esas grietas puede entrar el rayo de luz luminosa de un Jesús que hace parte de nuestra existencia.

 

1. Somos lo que soñamos ser

 

            Queremos comenzar haciendo una lectura reflexiva del poema de Manuel Rivas que da título a nuestro retiro:

 

Somos lo que soñamos ser
Y ese sueño, no es tanto una meta
Como una energía
Cada día es una crisálida
Cada día alumbra una metamorfosis
Caemos, nos levantamos
Cada día la vida empieza de nuevo
La vida es un acto de resistencia y de reexistencia
Vivimos, revivimos
Pero todos esos tienen la memoria
Somos lo que recordamos
La memoria es nuestro hogar nómada
Como las plantas o las aves emigrantes
Los recuerdos tienen la estrategia de la luz
Van hacia delante
A la manera del remero que se desplaza de espaldas para ver mejor
Hay un dolor parecido al dolor de muelas
A la pérdida física
Y es perder algún recuerdo que queremos
Esas fotos imprescindibles en el álbum de la vida
Por eso hay una clase de melancolía que no atrapa
Sino que nutre la libertad
En esa melancolía como espuma en las olas
Se alzan los sueños.

 

 

Manuel Rivas

 

  • Somos lo que soñamos ser: Una verdad contundente y reconfortante. El “material” de los sueños nos compone. Sin ellos habríamos desaparecido de la tierra como humanos. Por eso nos conviene alimentar, cuidar, sostener sueños: por razones de humanidad.
  • Y ese sueño es una energía: Un dinamismo, una fuerza, algo que sale de dentro, algo que nos sostiene e impide que se quiebre el alma. Los sueños son una energía que nos mantiene erguidos y en pie.
  • Un acto de resistencia y de reexistencia: Porque en la resistencia habita la esperanza, como dice Sábato. Y en la reexistencia habita la posibilidad de vida de cada día. Los sueños nos hacen resistentes y reexistentes.
  • Somos lo que recordamos: No para ahogarnos en la añoranza, en la melancolía, sino para que, una vez cogido el impulso de lo soñado, nos lacemos con ánimo bueno a la arena de batalla de cada día, para que no nos derroten ni las horas amargas ni las propias debilidades.   
  • Sobre la melancolía se alzan los sueños: Porque soñar no es “ensoñar”, sino salir a flote del marasmo, de la convulsión, del follón diario.

 

2. Reflexión básica

 

            Para dar un poco más de densidad a nuestra reflexión, vamos a desgranar una serie de ideas en torno a los sueños:

  • Un dinamismo: ya lo hemos dicho, algo que nos mueve por dentro. Verse movido por sueños es uno de los gozos de lo humano.
  • Diferente de ensoñaciones: También lo hemos indicado: un sueño es un dinamismo que lleva a poner a funcionar algún mecanismo nuevo; una ensoñación es un anhelo que, al no poner en marcha ningún mecanismo de vida, se queda vacío.
  • No hay que empeñarse en saber su origen: están ahí y punto. A veces brotan y a veces no. En unos brotan y en otros no. También es cierto que se puede ayudar a suscitar sueños (personas, ambientes, planes de vida que los favorezcan).
  • El sueño va unido a una cierta responsabilidad: no es de recibo tener sueños y abandonarlos sin más; quien tiene sueños adquiere responsabilidad.
  • Contra la tendencia a que los sueños se caigan: lo poco que duran las utopías. Hay que luchar contra esa tendencia y contra los derribadores de sueños (personas o sistemas).
  • Los sueños se pueden alimentar: como toda realidad viva. Un sueño alimentado (aunque sea poco) tiene futuro; un sueño no alimentado se esfuma.
  • Los sueños y los deseos: tienen mucho que ver ambas realidades. Tener deseos, sobre todo si están centrados en el valor de lo humano, puede ser un impulso decisivo para los sueños y estos para el logro de realidades.

 

3. Los viejos tendrán sueños: Joel 2,28:

Y sucederá que después de esto,
derramaré mi Espíritu sobre toda carne;
y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán,
vuestros ancianos soñarán sueños,
vuestros jóvenes verán visiones.

  • Derramaré mi espíritu sobre toda carne: La vieja profecía piensa que toda carne, toda la realidad histórica, puede ser sujeto del Espíritu. Es decir, se ha roto la barrera entre la historia y lo santo, entre lo divino y lo humano. No hay más que lo humano con Dios dentro. Esta seriedad histórica es imprescindible para creer en sueños que se pueden realizar ya aquí y que es aquí donde habrá que construirlos.
  • Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán: Como lo constata el mismo evangelio. Hay en la historia una capacidad sembrada por Dios para la profecía, para el sueño, para el anhelo. Matar esa capacidad es empobrecer lo humano e imposibilitarse para una acción espiritual.
  • Vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes tendrán visiones: Es una fórmula de totalidad: todos, viejos y jóvenes, vivirán anhelando sueños y visiones, maneras distintas de entender la realidad, formas más humanas de pertenecer a la historia, el gran anhelo de formar una fraternidad cósmica. Estas son las grandes visiones, los sueños enormes a los que Dios llama a la historia, a nosotros.

 

4. Los “grandes sueños”

 

            Aunque ya los conocemos, no esta mal que los grandes sueños estén como telón de fondo de nuestros humildes y concretos sueños cotidianos. Son sueños que no han sido únicamente anhelos, sino que hay detrás personas que se han empeñado y se empeñan en por los en clave de vida. Los ponemos delante:

1) El sueño de Dios: Porque por increíble que nos parezca, conocemos el sueño de Dios a través de la Biblia. Y es éste: que los humanos vivamos en el mundo nuevo de las relaciones nuevas, de la igualdad, de la justicia, de la fraternidad. Ése es su gran sueño.

2) El sueño de Jesús: Es el mismo, el que ha denominado “el reinado de Dios”, la nueva sociedad, la fraternidad vivida en las relaciones con las personas, con las cosas y con el mismo Dios.

3) El sueño de Francisco de Asís: Idéntico, la fraternidad universal desde la certeza de que en lo humilde se esconde una esperanza, de que son los débiles quienes pueden abrirnos al misterio de lo humano.

4) El sueño de quienes piensan en la posibilidad de otro mundo: Como por ejemplo S. Latouche, defensor del “decrecimiento” de que es posible vivir mejor si se vive con menos.

5) El sueño de quienes piensan la vida cristiana en modos sostenibles: Como J. Eizaguirre que piensa que es posible vivir una vida “sobria, honrada y religiosa” en maneras ecológicas y respetuosas con todos y con todo.

 

5. Sueños que persisten

 

            ¿Se han acabado los sueños? ¿Se han hundido como dicen los profetas de la caída de las utopías? ¿Es tan sofocante y abrasivo el día a día la cruda realidad como para decir que ya no hay sueños en las personas y en nuestra sociedad? Creemos que no. Enumeramos algunos

 

a) A nivel personal:

 

  • El sueño de dar salida a la bondad que hay dentro de toda persona: Porque la hay, lo que pasa es que muchas veces no sale. ¿Cómo darle salida? En la simple práctica de la bondad y la sencillez.
  • El sueño de una vida personal en pie, sin quebrarse ante las presiones del sistema: Por eso habrá que alejarse lo más posible de los ámbitos sistémicos (sociales, religiosos) si no queremos que el sistema nos fagocite y apague para siempre nuestra capacidad de soñar.
  • El sueño de una vida que integra presencias que ya no se ven: La presencia de quienes se han ido, se han muerto, se han alejado de nosotros (o nosotros de ellos), de quienes “amamos sin ver” (al mismo Jesús). Una vida con presencias integradas no solamente para sufrir menos, sino para disfrutar más.
  • El sueño de una vida lejos de la culpa: Libre de presiones hondas, cada vez más confiada (en las personas sobre todo, e incluso en Dios). Una vida lejos de los infiernos y de las retribuciones, una vida apoyada en el corazón hondo de la vida, de las personas, de Dios.
  • El sueño de poder dialogar con la persona de entro: Que es lo mismo que el sueño de una persona que se sitúa cada vez más en el lado de la profundidad, en el terreno de la verdad, que es terreno que abraza la debilidad en modos compasivos.

 

b) A nivel social:

 

  • El sueño de una sociedad donde los débiles realmente cuenten: La cosa está aún muy lejos. Pero la lucha denodada de muchas personas por hacer a los débiles un sitio en la mesa común de la historia está ahí y se va cumpliendo. Díganselo si no a quienes han orientado su vida o parte ella a ese lado de la realidad.
  • El sueño de un mercado que pone el lucro en segundo plano: Sueño que nos parece realmente imposible hoy. Pero, apoyándonos en atisbos (trueque, consumo sostenible, prácticas ecológicas,  bancas alternativas, etc.), se puede soñar otro tipo radicalmente distintote relación económica y de mercado.
  • El sueño de una cultura abierta que no teme: Que ha superado el ancestral miedo al distinto; que mira con embeleso los valores de quien no es de su “tribu”; que logra ver en el rostro ajeno el propio corazón que late al unísono.
  • El sueño de un mundo con la violencia controlada: Sueño todavía lejano (más de 50 conflictos armados en el mundo y un sin fin de violencias en todos los pueblos). Pero los brotes de los innumerables movimientos por la paz, las vidas de los pacificadores segadas y suprimidas pero hermosas, la creciente conciencia de que la paz social es un bien mayor, nos hace abrigar la esperanza de otro mundo hermano y por lo tanto el sueño es lícito.
  • El sueño de una sociedad entregada al cuidado esencial: Ese cuidado que es preocupación por la casa común de la tierra, generosidad para construir una vida verdaderamente humana, interés por dejar a las generaciones futuras un mundo mejor que el que nosotros encontramos.

6. Los sueños de la comunidad cristiana

 

            Muchos han soñado la comunidad cristiana del futuro. Da la impresión de que su sueño no se ha cumplido porque los derroteros de la Iglesia oficial van por otro lado. Pero nadie puede impedirnos soñar, anhelar. ¿Qué comunidad cristiana podemos soñar?

  • Una comunidad compasiva/samaritana: Donde la comprensión y la compasión tengan el primado, no la estructura y sus intereses.
  • Una comunidad con creciente sensibilidad social: Más centrada en la justicia que en el culto, con un tipo de experiencias espirituales crecientemente insertas en la realidad social.
  • Una comunidad que sabe quienes son sus miembros: No un conglomerado religioso sin nombres, sin perfil concreto, sin relación cultivada. Una experiencia sacramental vivida desde ese planteamiento.
  • Una comunidad que se anima a afrontar el posteísmo: Cambiando sus esquemas ideológicos, historizando la fe, modificando prácticas que han tenido vigencia hasta hoy pero que ha caído sobre ellas un pesado interrogante.
  • Una comunidad del lado de la esperanza: No del lado de la tristeza, de la desesperanza, del negativismo, de la visión gris de la realidad cotidiana, del lenguaje desilusionante.
  • Una comunidad que evangeliza en los márgenes: Y por ello no le importa mucho el número, ni el liderazgo, ni que los pueblos sean cristianos, ni la primacía religiosa. Le interesa el bien del marginado y su duro destino. Y ahí cree que se puede hablar de la fe que uno considera buena.

 

7. Itinerario de Adviento

 

            Podríamos sugerir un pequeño itinerario espiritual para las cuatro semanas del Adviento:

 

  • Primera semana: creer en la capacidad de soñar: Hacer en la oración personal o comunitaria una alusión a la importancia de soñar desde la fe otro mundo posible.
  • Segunda semana: amar nuestros pobres sueños: Anotar en el cuaderno personal los pobres sueños que uno tiene y a los que no ha renunciado. Tomar cada día uno de ellos para un momento de reflexión personal. 
  • Tercera semana: renovar la fidelidad a los sueños: Escribir una pequeña oración personal renovando la fidelidad a los sueños no cumplidos. Leerla toda la semana.
  • Cuarta semana: compartir sueños sin vergüenza: Hablar en alguna reunión comunitaria sobre este tema de los sueños y cómo la Navidad los apoya y sostiene.

 

8. Conclusión

 

            ¿Se nos va esta espiritualidad por entre los dedos como quien quiere coger agua en sus manos? ¿No tiene esto cuerpo ni sentido? O, por el contrario, ¿salimos más animados de una reflexión así? Ese sería un buen síntoma. De todos modos, por estas “grietas” entra la luz, eso que llamamos misterio de la encarnación.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño, noviembre de 2012

Retiro en la Pascua de 2012

 

Retiro en Pascua de 2012

 

 

“EXCEPTO EL AMOR INTENSO…

NO TENGO OTRO TRABAJO”

La Resurrección como abrazo y

valoración positiva de los “amores oscuros”

 

            Durante el tiempo de Resurrección, en muchas comunidades cristianas, se recordará la famosa “glosa de Flavio Josefa”, historiador hebreo de unos 50 años después de la muerte de Jesús que escribe en latín  y en una cuyas obras (Las antigüedades Judías, XVIII,63-64) dice esta increíble frase: "Por este tiempo apareció Jesús, un hombre sabio (si es que es correcto llamarlo hombre, ya que fue un hacedor de milagros impactantes, un maestro para los hombres que reciben la verdad con gozo), y atrajo hacia Él a muchos judíos (muchos griegos además. Era el Cristo). Y cuando Pilatos, frente a la denuncia de aquellos que son los principales entre nosotros, lo había condenado a la Cruz, aquellos que lo habían amado desde el principio no lo abandonaron (ya que se les apareció vivo nuevamente al tercer día, habiendo predicho esto y otras tantas maravillas sobre Él los santos profetas) La tribu de los cristianos llamados así por Él no han cesado hasta este día".

            Subrayamos la relación que existe entre el amor desde el principio y el hecho de que se les apareció vivo nuevamente al tercer día. Se puede recurrir a sesudos argumentos teológicos para intentar probar la verdad de la resurrección de Jesús (?). Pero, en el fondo de todo, hay una cuestión de amor: entiende la resurrección quien ama desde el principio, en proporción al despliegue del amor. Efectivamente, el motor último de la resurrección (como ha sido el de toda la vida de Jesús) no puede ser otro que clamor. Y desde ahí habría que aproximarse al hecho resurreccional. Debajo del tema de la resurrección no está la creencia, sino el amor.

            ¿No se podría entender el tiempo de Pascua como un tiempo para el ahondamiento en el amor? Más aún: ¿no se podría verlo como el tiempo del abrazo amoroso y cálido de Jesús a esos “amores oscuros”, heridos, frágiles, poco reconocidos socialmente, poco relevantes, desconocidos, no contabilizados? ¿No será el gran y hondo amor del resucitado la esperanza final de tales amores. Dice el educador Antonio Pérez Esclarín: La plenitud humana sólo es posible en el encuentro. Uno se constituye en persona como ser de relaciones. Toda auténtica vida humana es vida con los otros, es convivencia.  La persona humana es imposible e impensable sin el otro. Lo propio del ser humano, lo que nos define como personas es la capacidad de amar, es decir, de relacionarnos con otros buscando su bien, su felicidad. Lo que nos deshumaniza  es vivir y morir sin amor. Detrás de cada tirano, cada asesino, cada malhechor, hay un déficit profundo de amor o una mala comprensión del amor”.

            El místico sufí, de origen español, Ibn ‘Arabi tiene un poemilla que se ha extendido mucho estos días por internet. Reza así:

“Excepto el Amor intenso,

excepto el Amor,

no tengo otro trabajo;

salvo el Amor tierno

no siembro otra semilla”

            Creemos que estas palabras pueden aplicarse con toda propiedad a Jesús resucitado y a su “actividad” con nosotros: su único trabajo es el amor intenso, inundar de amor el camino de esta vida, a veces tan limitado. Su siembra de resucitado no es otra que la de un amor tierno en el corazón de toda persona, de toda realidad, más allá de sus limitaciones y oscuridades. Por eso, reflexionar sobre el amor, y con más razón en los lugares oscuros donde parece que ese amor se deslíe, es una actividad espiritual bien propia de la resurrección.

 

1. Un soneto de “amor oscuro”

 

            De todos es conocida la condición homosexual de Federico García Lorca que, en gran parte, fue la causa de su ruina. Él escribió un cuaderno llamado Sonetos del amor oscuro que no se publicaron hasta 1984. Son poemas de alto vuelo lírico. Leídos desde esta perspectiva del amor derramado de Jesús (sobre todo en los amores frágiles, oscuros, cuestionables) quizá pueda servirnos de apoyo espiritual. Elegimos uno de esos sonetos:

 

¡Ay voz secreta del amor oscuro!
¡ay balido sin lanas! ¡ay herida!
¡ay aguja de hiel, camelia hundida!
¡ay corriente sin mar, ciudad sin muro!

¡Ay noche inmensa de perfil seguro,
montaña celestial de angustia erguida!
¡ay perro en corazón, voz perseguida!
¡silencio sin confín, lirio maduro!

Huye de mí, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza
donde sin fruto gimen carne y cielo.

Deja el duro marfil de mi cabeza,
apiádate de mí, ¡rompe mi duelo!
¡que soy amor, que soy naturaleza!
 

 

  • Los amores oscuros tiene “voces secretas”, ignoradas, lugares de poco reconocimiento social. Pasan, con frecuencia, desapercibidos; también muchas veces son incomprendidos, maltratados, pisoteados. Pero son lugares de amor y el resucitado los ampara.
  • Son “corriente sin mar, ciudad sin muro”, donde todos puede entrar, donde, a veces, se entra sin cuidado, sin miramientos, avasallando, menospreciando, ridiculizando, condenando. Jesús resucitado no entra sí, sino cuidando respetando, consolando, abrazando.
  • Hay que comprender que los amores heridos sean, a veces, “aguja de hiel”, queja, desplante, palabra hiriente. Porque el amor menospreciado acumula dolor. Jesús resucitado abraza ese dolor y le quita el aguijón de su propia debilidad para volverlo un amor valioso y humano.
  • También el amor oscuro, frágil, pero generoso y entregado es “voz perseguida”, porque los amores que no cuentan, que no producen, que no son bellos ni modélicos, sufren, con frecuencia, la incomprensión y la persecución. Por eso mismo pueden encontrar en Jesús la casa amorosa que les niega la vida.
  • Quien anda en esos extremos quisiera, a veces, que ese amor “huyera de mí”, que no estuviera ahí, que sus amores fueran legales, consagrados, aceptados, comunes, acogidos socialmente. Pero Jesús les consuela diciendo: el mío también fue un amor en los márgenes, también fue incomprendido, perseguido y derrotado. Es como el vuestro.
  • El grito que merece piedad y acogida de todos los amores oscuros es “soy amor, soy naturaleza”, soy humanidad, más allá de cualquier forma discutible, empobrecida, postergada, no tenida en cuenta. La resurrección de Jesús confirma la evidencia de que eso es así. De ahí los abrazos del resucitado a tales amores.

 

2. “Mucho de le perdona porque ha amado mucho”: Lc 7,36-50

 

Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.»  Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte.» El dijo: «Di, maestro.» Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?» Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más.» El le dijo: «Has juzgado bien», y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.» Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?» Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz.»

 

  • El pasaje une lo “inunible”: la maldad social de una mujer considerada como pecadora y el perfume. También el malo puede perfumar; el considerado despreciable, desde el punto de vista social, es capaz de llenar la casa, la vida, del bueno olor del amor. Negar el amor al discutible es negar el amor.
  • La dinámica del amor es bañar-limpiar-besar-perfumar: una serie de acciones con el cuerpo. Los trabajos para construir un amor de honda raíz humana tienen que ver con la corporalidad. Un amor que no se asienta sobre la corporalidad es peligroso, puede convertirse no solamente en una fantasía sino, incluso, en una instancia de opresión. Eso es lo que se le reprochará a Simón: no ha tenido piedad de la corporalidad de la mujer porque no tiene piedad tampoco de la corporalidad de Jesús a quien no ha bañado-enjugado-besado-perfumado.
  • Para el mecanismo religioso el problema es si uno es “profeta”, si sabe de religión, si desvela y cataloga los planteamientos morales. No es problema si ama o no. ¿Se puede ser profeta sin un hondo amor? ¿Es profeta Elías, hombre de escaso amor y de fuerte violencia? Jesús es uno que ama; su componente profético está supeditado a su capacidad de amar. Eso es lo que no entiende Simón el fariseo.
  • La parábola o alegoría explicativa, núcleo del relato, es clara: a mayor deuda, mayor perdón. Esto es así por razones de gratuidad, ya que lo lógico habría sido: a mayor deuda, menor perdón. Pero no, el perdón le viene a la mujer no por su gran deuda, sino por su amor grande.
  • El punto que descoloca de la parábola (toda parábola tiene un componente de “despiste”, de extrañeza, de sorpresa, de desacuerdo) es el de llevar a creer erróneamente que para recibir el mucho perdón haya que pecar mucho. No quiere decir eso el pasaje. La serie mucho pecado-mucho amor-mucho perdón encuentra su correlato negativo en la serie (menos pecado)-menos amor-menos perdón. Ponemos entre paréntesis el término menos pecado porque eso cree que es el fariseo Simón. Habrá que verlo (se tiene menos pecado por su invisibilidad, pero luego resulta que no), pero aunque hubiere menos pecado, si eso conlleva la no percepción de la gratuidad del perdón es como si hubiera pecado porque, de hecho, tiene menos perdón y recibe menos amor.
  • Con la fórmula pasiva “tus pecado son perdonados” se demuestra que el sujeto agente del perdón generoso es Dios. Los fariseos ven que ese perdón se lo arroga Jesús. Y así es: el perdón que nos damos es evidencia del perdón que Dios da (“Vi tu rostro que me perdonaba y era como ver el rostro de Dios”: Gen 33,11).
  • Un perdón, el del Padre-Jesús, que proviene de la fe y engendra fe, que aumenta la paz de la persona, la reconciliación de su situación con la vida, la aceptación fácil de la honradez con lo real.

 

3. La obra de amor del resucitado en los amores oscuros

 

Esta clase de perdón que abraza y que se hace desde la increíble generosidad de Dios es anuncio del perdón del resucitado a todos los “amores oscuros” en lo que con frecuencia se mueve nuestra vida. Derivemos hacia esos ámbitos para percibir mejor la hermosa obra del resucitado en nuestra vida.

  • Los amores amarrados a una presencia que ya no se ve: Todos esos amores de personas que siguen siendo fieles al recuerdo de quien les dejó, que lo sienten vivo en medio de sus caminos, que “hablan” con él, cuyo amor sigue más vivo que nunca aunque esté más herido. El resucitado acompaña ese camino que, con frecuencia, hace sufrir.
  • Los amores de quienes no logran que su sed de amor se concrete en alguien: Gente que ama y que es amada, pero que parece estar destinada a una inconcretez que les hace dudar de su amor y por lo que pasan malos ratos al no poder abrazar, tocar, hablar, concretar su amor en alguien. Jesús abraza y calienta esas vidas para decirles que, más allá de cualquier inconcretez, su amor es valiosísimo y riquísimo.
  • Los amores que luchan por vivir fuera de normas rígidas: Y que quieren sobrevivir a planteamientos legalistas consagrados pero que dejan insatisfechos los corazones. Personas que, aun con heridas, siguen buscando los caminos del amor en la maraña de disposiciones legales, morales, con las que está urdida la vida de los grupos humanos y religiosos. Jesús resucitado alienta a persistir en la búsqueda del amor sin quebrarse nunca por lo que a veces parece una compacta imposibilidad.
  • Los amores que incluyen inevitables pérdidas: Que son muchos, quizá la mayoría. Personas que siguen empeñadas en hacer de su vida un camino de amor y que no sucumben ante las pérdidas que van acumulando a lo largo de su vida. La certeza de que el resucitado Jesús les acoge es lo que, con frecuencia, les da ánimo para seguir amando.
  • Los amores soñados que se topan con una realidad áspera: Personas muy dotadas para captar e intuir los horizontes del amor, pero se topan con la cruda realidad de la dificultad para construir el amor con la persona que han elegido, en la situación laboral y social en la que viven, en el ambiente en que se desenvuelve su día a día. Aunque no lo perciban, el aliento del resucitado Jesús se mezcla con sus más limpios anhelos y los sostiene vivos.
  • Los amores que no encuentran el camino de su propia definición: Y que, con frecuencia, son considerados como amores turbios, inconfesables, inaceptables, desdeñables, pecaminosos, etc. Más allá de su componente moral o inmoral, Jesús echa su manto de amor sobre ellos y les dice que sigue a su lado y que lo suyo no es obstáculo para aspirar al horizonte de la dicha que la resurrección de Jesús tiene destinado a toda realidad.
  • Los amores sublimados pero fuertemente necesitados de “carnalidad”: Porque su sublimación es valiosa, pero una necesidad de concretez, de rostro, de carnalidad, también lo es. Jesús resucitado alienta esos amores y quiere poner pequeños gestos de “carnalidad” en la vida humilde de los propios hermanos/as, de las circunstancias concretas de cada día, de las personas que se relaciona con ellas.
  • Los amores que arrastran déficits afectivos a perpetuidad: Porque eso es una gran “cruz” que, a veces, se toma con humor, y no está mal. Pero ese buen humor no logra disipar el sufrimiento inherente. Personas que llevan con elegancia estos déficits porque hay de por medio otros logros en sus opciones afectivas. Jesús aumenta esos logros y toma como suyos esos déficits para hacerlos más sobrellevables, más humanos.
  • Los amores no colmados desde la infancia: Y, por ello, muy duros de sobrellevar en el decurso de la vida ulterior. Son los de personas que en la mirada y en los gestos demandan, desde niños, su parte justa de amor en esta vida. El resucitado Jesús suscita el amor de personas que, más allá de su profesionalidad, se hacen objeto de amor que palie un poco tan grande desamparo.
  • Los amores errantes de quienes han sido erradicados de la tierra que amaban: Todos los inmigrantes, los desplazados, los apátridas, los transeúntes de cualquier índole. Personas que son muy sensibles a los gestos de amor. El resucitado Jesús ejerce una actividad increíble para suscitar una solidaridad amorosa en torno a ellos.
  • Los amores de quienes la sociedad sigue estigmatizando: Descolocados sociales, lúmpenes raciales, reclusos, gente marcada por enfermedades estigmatizantes. Personas en quienes anida el amor a veces en formas muy evidentes  y puras, más allá de sus indudables fallos. Son, de acuerdo con la espiritualidad evangélica, los predilectos del resucitado Jesús, aquellos a quienes mira primero y con mayor ternura.
  • Los amores de quienes trabajan para suscitar otros amores oscuros: Porque, más allá, de connotaciones sociales o laborales, palian el despiste en materia de amor que conllevan muchos seres humanos. El menosprecio con que los trata la sociedad, la bienpensante y la no tanto, es acogido por el despreciado Jesús, que ahora está a su lado.
  • Los amores a los que el sistema parece que ha secado la raíz: Y por eso parece que ya no saben de amor y da la impresión de que clamor no suscita ningún eco, ningún gozo, ninguna novedad. No es así. En el último pliegue del alma habita el amor, incombustible, vivo a pesar de todo. El resucitado Jesús sopla bajo esas cenizas sin desesperar de poder reavivar ese fuego oculto bajo tantas capas sistémicas.
  • Los amores que no necesitan preguntar: Que aceptan la situación del otro como normal, que no quieren garantías de ninguna clase para ser solidarios, que hacen tabla rasa de lo cuestionable y se centran en lo positivo. Gente tenida por ingenua, por descabellada. Pero se parecen mucho al resucitado Jesús que tiene una memoria de alzheimer para nuestro mal y solamente recuerda lo bueno que todos tenemos.  
  • Los amores de enorme candidez: Que siguen mirando de maneras limpias e ingenuas, que no se quiebran ni amargan porque alguien se aproveche de ellos, que siguen pensado que la persona, toda persona, es esencialmente buena, que disfrutan con todos y de todo. Esa limpieza del amor es la que derrama en ellas el resucitado Jesús, totalmente limpio de corazón también él.

 

4. Elementos de espiritualidad para un itinerario de amor en la Pascua

 

            No se trata de consagrar ninguna anomalía, ninguna ilegalidad, ningún desajuste. Se trata de ir haciendo un itinerario de amor en esta Pascua, mirando más a ese lado de los amores “oscuros”. Vamos a proponer unos elementos de espiritualidad que, quizá, puedan ayudarnos a ello:

  • Acercamiento cuidadoso: Porque estamos trabajando con un material muy sensible, ya que el amor (con frecuencia herido) es el más sensible de los elementos de nuestra vida. No entrar en estos ámbitos como elefante en cacharrería, sino con el cuidado, de palabra-gestos-obra, que merecen las cosas delicadas. El menosprecio o el descuido hacen polvo esta clase de valoraciones.
  • Respeto exquisito: Porque es posible que en muchas cosas de las que aquí se sugieren, por formación-sensibilidad-ideas, no estemos de acuerdo. No pasa nada. No se trata de coincidir en la ideología sino en la humanidad.
  • Camino compartido: Ya que hasta que no se anda ese camino común, por modesto que sea, por incipiente que se le quiera, estaremos hablando “de teorías”. Y los caminos del amor, el oscuro y el otro, nunca pueden ser teóricos, ya que afectan a la verdad honda de la persona.
  • Espiritualidad inserta: Porque no se puede hacer espiritualidad en maneras alejadas de aquello que se quiere acoger. De ahí que sea preciso superar cualquier sentimiento de rechazo-superioridad-condena hacia cualquiera de estos planteamientos. Jesús no lo haría.
  • Fe en la presencia viva del Resucitado: Ya que los lugares que habita el Resucitado son los lugares del amor, de todo amor, máxime del amor necesitado de mayores cuidados. Por eso, no lo dudemos, en estos “amores oscuros” está la presencia sanante y humanizadora del Jesús vivo que nos acoge.

 

Conclusión

 

            ¿Se tiene todo esto en pie? Quizá haya que lograr otra perspectiva de lectura que la simplemente religiosa o moral. Tal vez haya que hacer un esfuerzo por salirse de un sistema de pensamiento en el que siempre hemos estado anclados. Desde ese otro lugar, desde el “no lugar” de la resurrección de Jesús, tal vez sea posible desvelar la siembra de amor y de ternura que, al decir de los místicos, es la gran labor de quien “resucita”, de la persona nueva, la gran tarea de Jesús. La Pascua de este año podría ser un tiempo bueno para este adensamiento espiritual.

 

Retiro Cuaresma 2012

 

Retiro en Cuaresma de 2012

 

PEOPLE ARE SUFFERING

La Cuaresma como “conversión al dolor del pueblo” 

 

            Cuando llega la Cuaresma sacamos del armario religioso la palabra “conversión”, aunque cada día nos queda más lejana, como con menos contenido real. Es preciso, cada año, tratar de llenar de sentido lo que los años y nuestras costumbres, unidas a la secularidad, han debilitado. Por otra parte, la palabra “pueblo” también nos cae lejos. Nos suena a los años setenta. Por alguna razón ha dejado de ser evocadora. ¿Cómo proponer, entonces, la Cuaresma como un tiempo bueno para la conversión al pueblo?

            Quizá haya que decir que cuando hablamos de esta peculiar conversión estamos hablando de algo distinto a la conversión religiosa o moral habituales, las que se nos han quedado casi vacías. Estamos refiriéndonos a una “conversión social”. Es decir, se trata de tomar el ámbito social como lugar de conversión, de entender que es en los comportamientos sociales en donde ha de situarse la experiencia creyente y el mismo Evangelio. La lejanía de lo social es lo que ha empobrecido la experiencia creyente y ha despojado a los tiempos “fuertes” de ese gancho que los hace interesantes para nuestros proceso cristiano. Pues bien, si esto es así, quizá sea tiempo de intentar, siquiera modestamente, un camino nuevo.

            Esta conversión social ha de mirar, lógicamente, al momento presente. Y este momento, debido a este tsunami de la crisis económica que padecemos, es un momento de sufrimiento general del pueblo, de las clases medias (las pobres siempre han sufrido), del gran colectivo de ciudadanos/as que están pagando en medidas desproporcionadas los propios errores y, sobre todo, los de gobernantes y banqueros, principales causantes de la debacle.

            Este sufrimiento del pueblo, de nosotros, que se traduce en precariedad, paro, tristeza colectiva, desajuste familiar, desposesión violenta de domicilios, pobreza para largo, sentimiento de frustración y engaño, dificultad en muchas personas para la mera subsistencia es el sufrimiento del pueblo. ¿Además de sufrirlo, en una u otra medida, hay posibilidad de mirarlo más de cerca para encajarlo con mayor humanidad? ¿Tiene algo que decir el Evangelio a un tal sufrimiento? Y si no lo tiene, ¿cómo es que el sufrimiento ajeno ocupa un lugar tan central en las preocupaciones de Jesús?

            Una ola de abatimiento, de conformismo, de pesimismo, de pensar que no se puede hacer otra cosa ha caído sobre la población en general siendo el parapeto de cualquier reforma que recorte los derechos adquiridos. Es preciso luchar contra esa manera de sentir. Y no, tal vez, con la pretensión de arreglar lo que parece que no tiene mucho arreglo, sino con el deseo de que no muera la esperanza y la sed de justicia, de que no se apague en las gargantas de los pobres el grito de su dignidad oscurecida. Esto, como diremos, ha de tener algún lado práctico para que no quede en un mero anhelo. La reflexión puede ayudar, la oración también. La Cuaresma de este año puede ser entendida y vivida en este momento como un volver, convertirse, más humanamente a ese pueblo que somos nosotros y que, en muchos de sus sectores, sufre fuertemente. Jesús, a quien le fue vital el sufrimiento ajeno, nos anima a ello.

 

1. People are suffering

 

            Hemos querido dar este título en inglés a nuestra reflexión por mantener el eslogan de esta fotografía:

 

 

 

            Es una fotografía de tantas que se han publicado sobre las manifestaciones civiles en contra de la deriva económica de nuestros países occidentales. Un manifestante enarbola una sencilla “pancarta”, un papel, con la inscripción “People are suffering”, el pueblo sufre. Esa es la gran verdad de nuestro momento social: un gran sufrimiento que el pueblo encaja, generalmente, de manera callada. Y más calladamente cuanto el colectivo social al que pertenece tal ciudadano está más abajo en la escala de la pobreza, cuanto menos numeroso y menos significativo es. A ellos les caen los recortes porque saben que no va a haber respuesta colectiva, que nadie se va a manifestar, que nadie va a dar la cara por ellos. Ahí está, sobre todo, el pueblo que sufre. La fuerza con que los dedos de esas manos sujetan el papel quizá esté queriendo decir que la decisión de gritar la injusticia es una fuerza imparable que hay dentro.

            Una muchacha y un muchacho, a la izquierda de la pancarta, parecen apoyar con su gesto decidido el mensaje de la pancarta. Hay muchas personas que mantienen alta su vida, su cabeza, en estos momentos de gran crisis. No han perdido el norte de su comportamiento humano y saben que sin humanidad no es posible ningún camino válido. Su mirada no es fruto del orgullo, sino de su visión humanista de la vida mantenida en momentos de zozobra.

            Un señor, con gafas, en la parte derecha mira hacia el espectador. Es como si dijera, ¿tú que miras la pancarta, tienes algo que decir a esto? Mirar esta clase de gritos y pasar de largo es una impiedad. Por eso, esta clase de reflexiones hay que hacérselas si uno está dispuesto, al menos, a poner algo de su parte para que este sufrimiento ajeno mengüe. Si no, mejor no mirar.

            Un joven, encapuchado, mira de frente a la pancarta. Es, aunque él por su juventud no lo sienta así, uno de los más amenazados por ese sufrimiento social (el altísimo índice de paro entre ellos, generación perdida, habla con claridad). En su anonimato, quizá haya un reproche: ¿Pero qué mundo nos estáis dejando? Tal vez también haya un rechazo que nos hemos ganado a pulso. De todos modos, el joven tendrá que apechugar con este sufrimiento heredado. Y tendrá que hacerlo poniendo de su parte algo más que una queja.

            En la parte izquierda de la foto una muchacha mete algo apresuradamente al bolsillo de su abrigo. Puede ser leída la figura como la de quien dice: “Guárdate todo lo que puedas antes de que te lo arrebaten”. Es la respuesta del egoísta, de quien quiere salvar sus muebles sin caer en la cuenta de que si la sociedad no sale a flote, él también se hundirá. Es una respuesta al sufrimiento social, por desgracia, muy frecuente.

            Una masa de persona va detrás de la pobre pancarta. Sus rostros se difuminan casi, pero sus vidas están ahí. Amparados en el pobre cartel dicen y gritan su verdad. La pobreza de medios, lo humilde de su voz, el descaro con que les margina no será suficiente para arrebatarles la esperanza y la conciencia de su dignidad conculcada. Mientras esto sea verdad, habrá esperanza.

 

2. La luz de la Palabra: Mc 6,34; Mt 14,14; Lc 9,11

 

            “Al desembarcar vio una gran multitud; se conmovió, porque estaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas” (Mc 6,34).

 

            “Al desembarcar vio Jesús una gran multitud, se conmovió y se puso a curar a los enfermos” (Mt 14,14).

 

            “Él acogió a las multitudes, estuvo hablándoles del reinado de Dios y fue curando a los que lo necesitaban” (Lc 9,11).

 

  • “Se conmovió” (Splagkhnisthê): Una gran conmoción interior que llega hasta las tripas (splagma). El desamparo de la multitud produce en Jesús la misma conmoción que tuvo el samaritano (Lc 10,33) o que experimenta ante la tumba de su amigo Lázaro (Jn 11,33.38). Para Jesús las personas, aunque sean multitud, son sujetos de amor y, por lo mismo, objeto de compasión. Se cumple aquí aquel dicho de J. Sobrino: “De Jesús impactaba la misericordia y la primariedad que le otorgaba: nada hay más acá ni más allá de ella, y desde ella define la verdad de Dios y del ser humano”. Jesús lo vivía todo desde la compasión. Era su manera de ser, su primera reacción ante las personas. No sabía mirar a nadie con indiferencia. No soportaba ver a las personas sufriendo. Era algo superior a sus fuerzas. Así fue recordado por las primeras generaciones cristianas. Pero los evangelistas dicen algo más. A Jesús no le conmueven sólo las personas concretas que encuentra en su camino: los enfermos que le buscan, los indeseables que se le acercan, los niños a los que nadie abraza. Siente compasión por la gente que vive desorientada y no tiene quien la guíe y alimente.
  • “Estaban como ovejas sin pastor” (Êsan ôs probata mê ekhonta poimena): La imagen es patética. Jesús parece estar recordando las palabras pronunciadas por el profeta Ezequiel seis siglos antes: en el pueblo de Dios hay ovejas que viven sin pastor: ovejas «débiles» a las que nadie conforta; ovejas «enfermas» a las que nadie cura; ovejas «heridas» a las que nadie venda. Hay también ovejas «descarriadas» a las que nadie se acerca y ovejas «perdidas» a las que nadie busca (Ez 34,8.31). Un pueblo que muere por desorientación, por sin sentido, por honda desilusión.
  • “Se puso a enseñarles muchas cosas” (Kai êrxato didaskein autous pollas”): Sin enseña muchas cosas, necesariamente ha de enseñar con calma, con acogida. De lo contrario, el nerviosismo sale vencedor. Las muchas cosas hace referencia, sin duda, no tanto a la cantidad cuanto a la hondura: cosas que amparen el desamparo de la gente, palabras útiles para entender a un Dios humano y para entenderse en relación de humanidad.
  • “Se puso a curar a los enfermos” (Kai etherapeusen tous arrôstous autôn”): Curar es una demostración máxima de amor, cualquier clase de curación, ya que es preciso entender esto flexiblemente: Jesús cura las dolencias y la dolencia de una sociedad sin esperanza. Eso es lo que le hace hermoso y esperanzador, a la vez que peligroso para el sistema. Curar es el gran trabajo del anuncio del reino y la gran necesidad de la gente (Lc 9,1). Curar es la “gran fuerza” que sale del Jesús solidario con el pueblo (Lc 6,19).
  • “El acogió a las multitudes” (Kai apodexamenos autous): Tiene el matiz de “acoger calurosamente”. No es una acogida desganada, sino animosa y mirando a la persona, como quien cree que el mejor tiempo empleado es aquel en que se acoge al otro. Y eso que las multitudes “bloquean” la actitud de Jesús que quiere dirigirse a los paganos. Eso no quiebra su capacidad de acogida.

 

3. Ahondamiento

 

            Vamos a subrayar algunos aspectos que se derivan de los textos anteriormente propuestos:

  • La necesaria conmoción: Una frialdad que desvela nuestra inhumanidad hace que miremos los problemas ajenos, su dolor, como si no fuera con nosotros. Sin embargo, como dice R. Mate, “el sufrimiento ajeno nos constituye en sujetos morales”. Es decir, de la respuesta al sufrimiento ajeno depende nuestro nivel de humanidad. Un tratamiento frío, a nivel de simples datos, de lo que está ocurriendo en el lado débil de nuestra sociedad, cada vez más amplio, si no tiene conmoción se quedará lejos de cualquier objetivo de humanización. La frialdad mata las relaciones sociales. Se necesita una dosis creciente de conmoción para que ninguna “guerra” nos deje indiferentes.
  • La pérdida del sentido: Que es algo de lo más fuerte que le puede pasar a la persona y a la sociedad. Se puede llegar a enfermar de sentido, con todas las patologías sociales que eso acarrea. De ahí que todo lo que contribuya a generar sentido, tendrá un valor incalculable, por humilde que sea la aportación. No se trata de algo filosófico sino del abrazo y el calor que reaniman y relanzan a pesar de la niebla que hay que cruzar. La recuperación del sentido perdido tiene que ver mucho con la esperanza y con la certeza de que la reorientación de la vida es posible en momentos de gran dificultad social.
  • La impagable acogida: Dicen que la escucha es la mejor forma de hospitalidad. La escucha y la acogida. En la hospitalidad se pone en juego la capacidad de vaciarnos, descentrando nuestro propio yo para poner en el centro al otro y sus necesidades. La hospitalidad es la historia de un encuentro: hay un alguien que está a la espera, abierto, y hay otro alguien que llega buscando refugio material y/o espiritual por un lapso de tiempo. Esta ocasional convivencia es el aprendizaje de la igualación: la igualdad encarnada. En principio pareciera que uno, el huésped, es el desfavorecido y otro, el hospedero, el proveedor. Pero la auténtica hospitalidad se encamina a desaparecer el tú y el yo para hacer aparecer el nosotros. Cada uno saca de su alforja lo que lleva en ella: el huésped pone sobre la mesa su trozo de camino andado y por andar, el hospedero extiende el mantel y la sonrisa y enciende la lámpara para que ambos puedan compartir ese misterio que trae la bienvenida. Esta espiritualidad es fuertemente aplicable al desamparo social en que se mueven no pocas personas hoy.
  • La curación por el cuidado esencial: Porque las heridas sociales son tan fuertes como las físicas, o más, por sus terribles consecuencias. ¿Cómo curar? Ejerciendo la espiritualidad del cuidado en todas sus manifestaciones. Más que un acto puntual, el cuidado es una actitud, la de quien mira a la realidad, a las personas, con el respeto, interés e implicación suficiente para poner un poco de bálsamo en las heridas que traen los días.

 

4. Derivaciones

 

            Vamos a sacar algunas derivaciones en el afán de poner en clave más concreta la espiritualidad de la conversión al sufrimiento del pueblo:  

  • Una oración en conexión con este tiempo de dolor social: No se trata únicamente de rezar por los pobres, por quienes no encuentran trabajo, por los heridos sociales. Se trata de rezar en el deseo de una implicación real, de un sentir y orientarse desde dentro en la dirección de las pobrezas. Una oración sin un mínimo de implicación es una ilusión.
  • Una espiritualidad social: Porque el Evangelio tiene contenidos sociales, sin duda. Una espiritualidad que sigue siendo espiritual, hondamente espiritual, cuando se la mezcla con las “angustias y esperanzas” de los humanos. Una espiritualidad meramente de libro es algo vacío.
  • Una solidaridad como núcleo de la fe, no como derivado: No es una consecuencia de mi fe, sino el núcleo: en la medida en que se es solidario, se es creyente. El comportamiento de Jesús como queda reflejado en los Evangelios nos lo demuestra.
  • Buenas palabras y más: Al menos, tener buenas palabras para quienes, con causa o sin ella, soportan  el momento más duro de este tiempo social. Y que las palabras buenas puedan llevar a solidaridades buenas.
  • Fe en los gestos: Porque son lenguaje de futuro y dicen que las cosas podrían ser de otro modo si nos diéramos a la tarea. Es muchas veces la única forma de saber que el cambio es posible.
  • Ternura y creatividad: Sabiendo que hay márgenes en los que se puede trabajar si se tiene creatividad y que ese trabajo no puede ser malo si se hace desde el respeto, el aprecio a la persona y la ternura ante quien no lo pasa bien.
  • Potenciar los recursos: Los pocos que tengamos, poniéndolos a funcionar. Cuando un recurso funciona, arrastra a otro. Cuando ninguno funcionan, todos se detienen.
  • Una austeridad creativa: Vivir sencillamente para que otros puedan vivir, como dice Cáritas. O: ayunar para ayudar, como decía hace tiempo también Cáritas. Quizá la mera austeridad tenga poco sentido; pero, orientada a la solidaridad, es fecunda.

 

Conclusión

 

            La que dice el poema de L. Felipe: lo importante es llegar todos juntos y a tiempo, alcanzar el nivel de humanidad para todos y hacerlo antes de que el mal destruya a la persona. Aunque el ideal esté lejos, se puede caminar en esta dirección. Eso sería, de algún modo, convertirse hoy al sufrimiento del pueblo. Cuaresma puede ser un momento de impulso para ello. Desde ahí se podrá hacer una lectura creativa y fecunda de la muerte generosa y de la Pascua viva del Señor.

 

UN ITINERARIO ESPIRITUAL PARA CUARESMA

 

            Se trataría de interiorizar, con la oración y la vida, las actitudes de Jesús ante nosotros y, a partir de ellas, de nosotros ante los demás, sobre todo ante quienes sabemos que sufren socialmente más. De esta manera vamos, poco a poco, caminando hacia la Pascua hermosa de Jesús, Pascua de solidaridad y de amparo:

 

1ª Semana:

 

            “Al desembarcar vio una gran multitud; se conmovió, porque estaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas” (Mc 6,34).

 

            Hacer durante esta semana trabajos de “conmoción” social: informarse más, acercarse a un problema, a una persona concreta. Intensificar la oración por alguien cercano que sabemos que socialmente sufre.

 

2ª Semana:

 

            “Al desembarcar vio Jesús una gran multitud, se conmovió y se puso a curar a los enfermos” (Mt 14,14).

 

            Trabajar el tema del “curar”, la posibilidad que tenemos de ser curativos para quienes sufren alguna herida. Escuchar, rezar, escribir una carta, hacer algún gesto de curación social.

 

3ª Semana:

 

            “Él acogió a las multitudes, estuvo hablándoles del reinado de Dios y fue curando a los que lo necesitaban” (Lc 9,11).

 

            Pensar el tema de la acogida como modo fácil y mejor de hospitalidad. Hacer prácticas de acogida en la oración y en el día sencillo. Perder tiempo (¿) con quien tiene deseo de ser escuchado.

 

4ª Semana:

 

            “Se sentó y, desde la barca, se puso a enseñar a las multitudes con calma” (Lc 5,3).

 

            Trabajar la calma interior y la interior. No tener prisa ante las situaciones de nuestros hermanos en dificultad. Tratar de acercarse con cautela, pero deliberadamente a situaciones de dificultad social.

 

5ª Semana:

 

            “Ahora me siento fuertemente agitado; pero, ¿qué voy a decir: ‘Padre, líbrame de esta hora’?” (Jn 12,27).

 

            Entender la muerte de Jesús como una entrega sin retorno. Situarse espiritualmente ante quien ha entendido y acogido nuestro sufrimiento. Dar a la gesta de Jesús toda la hermosura; creer que puede ser fuente de entrega generosa y alegre para nosotros. Semana de contemplación de cara a la Pascua.

 

 

 

Retiro en Navidad 2011

MYSTERIUM HUMILITATIS

La Navidad como tiempo propicio para trabajar la humildad esencial

 

La palabra “misterio” nos pone ante planteamientos religiosos. Pero se puede entenderla en marcos normales de vida: es un auténtico misterio llegar a ser (es un proceso) una persona humilde, con una visión humanista y acogedora de la propia realidad y de lo que uno vive. Ser humilde es entenderse y entender la realidad desde la benignidad y la fraternidad.

Esta incompleta “definición” deja de lado la humildad entendida como virtud propia solamente de personas de alto nivel religioso o moral. Queda descartada, así mismo, la humildad entendida en esos modos empalagosos e hipócritas de las personas sistémicas que aluden a ella pero que, en el fondo, nada tienen que ver con ella. Y, claro está, queda excluida esa otra visión de la humildad que la entiende como una humillación. No tienen nada en común la humildad (camino de vida elegido y construido) con la humillación (camino impuesto por la fuerza y con dosis increíbles de inhumanidad y dolor).

Huelga decir que, desde el lado cristiano, Dios nos quiere humildes (benignos con la realidad) y no humillados (hundidos en las propia culpa). La humildad es un valor de fuertes y de hermanos. De fuertes porque es un mirar la vida de frente tratando de encajar las limitaciones; de hermanos porque la humildad está construida sobre la acogida.

La humildad, se decía, es la verdad. Y es la bondad, los modos hondamente humanos de ir entendiendo el hecho histórico. Copiamos unas frases lúcidas de García Paredes: La humildad nos permite conocer y aceptar todas las cualidades positivas del cuerpo, la mente y el espíritu de otra persona. La humildad desactiva esa voz que nos vuelve competitivos con los demás y nos quiere colocar siempre en primer lugar. La humildad es un poderoso escudo para el alma que nos defiende de la egolatría, del ansia excesiva de poder. La persona humilde no se siente amenazada por las cualidades de otra persona y, por eso, la elogia y reconoce, pero tampoco se siente sedienta de elogios y reconocimientos.  La humildad es un poder. No son muchos los que tienen el poder de ser humildes. Ese poder nos concede un equilibrio vital que resulta admirable: no nos desequilibrará no ser reconocidos como quisiéramos, no ser atendidos los primeros, no formar parte de la élite… El humilde no necesita ganar siempre, ni tener la última palabra.

Corremos el riesgo de banalización al entender la Navidad como un “misterio de humildad”. Nada tiene que esto que ver  con el caramelo que le hemos echado al asunto, ni con humillaciones tópicas de un Jesús en el pesebre y cosas así. Nos preguntamos si no puede ser la Navidad un momento bueno del año para adentrarnos en el misterio de humildad de la persona (de Jesús y de nosotros) y de aportar algo a ese proceso de humanización y de bondad que es el núcleo de la humildad. Quizá naufrague nuestra pretensión en el marasmo de unos días festivos finales de año que no lograr sobrevivir al follón del consumo. Pero intentarlo es ya una puerta abierta a la esperanza.

 

1. ¿Sólo una “victoria sobre lo que perdimos”?

 

            Hay unos inspirados versos del argentino H. Mújica que nos hablan de la victoria perdida de eso que no somos, con lo que la persona se lanza a un camino de verdad. Eso lo requiere el proceso para construir una vida humilde. Pero ¿es solamente eso? Lo versos aludidos dicen:

 

Después, después de tanto,

el miedo se pierde

al renunciar a lo que jamás se tuvo:

soy mi victoria sobre lo que perdí,

soy lo que ya no espero.

 

            Es cierto: un paso necesario en el desvelamiento y la construcción de una vida en la humildad esencial es perder el miedo y renunciar “a lo que jamás se tuvo”. La insensata soberbia en la que está amasada nuestra vida nos quiere hacer creer que tenemos cosas que, en realidad, no poseemos. No pasa nada por aceptarse en los límites de lo que uno es que, con frecuencia, tienen el rostro de la pobreza. La humildad esencial trabaja sobre lo que hay. Es lo que Jon Sobrino llama “la honradez con lo real” que, por cierto, Jesús tuvo en grado máximo y que demostró con creces cuando se admitió a sí mismo débil y tentado y cuando no tuvo empacho en ofrecer el reino a pecadores y en sentarse con ellos a disfrutar de la mesa y la acogida.

            Por eso mismo, es verdad, la persona de humildad esencial se entiende como una “victoria sobre lo que perdí”, aunque, como luego diremos, es algo más que esa victoria de ningún botín. Es verdad, sí, que ser “lo que no se espera” libra de las fantasías insensatas de la persona vanamente soberbia que lleva a una sobrevaloración que se asienta sobre nada. Este primer paso, cura de realismo total, es imprescindible para poder forjar dentro una persona humilde sobre la base de la humanidad y la acogida.

            Por eso, permítasenos la licencia, queremos “completar” los versos de H. Mújica con estos otros:

 

Y es en esa pérdida

donde la bondad halla su casa

y la humanidad su cueva.

Ahí está el misterio de lo humilde

brillando sin que nadie

pueda empañar sus destellos.

 

            La humildad esencial es más que la pérdida de la falsedad que somos; es el lugar de la bondad sensata y ofrecida, libre de cualquier ribete de imposición y de soberbia. Ahí está su casa, en esa cueva poco grata de los contornos reales (pobres tantas veces) de lo que uno es. Y ahí también brilla el misterio de lo humilde con destellos que nadie logra empañar y que, aunque la humildad sea poco valorada socialmente, nos atrae.

            En algo de esto creemos que se asienta el misterio de humildad del Jesús histórico al que se asoma la Navidad. No es la pobreza del niño o de sus padres tantas veces cantada en la lírica navideña. Se trata de percibir los límites de lo real (la pobreza sociológica de Jesús) y la hermosura de la bondad y de la acogida que queda representada en el amor de sus padres pobres (y hasta de los animales, como cantaba la vieja antífona  O magnum mysterium).

 

2. Humilde con un Dios humilde

 

            El profeta Miqueas tuvo aquellas palabras inspiradas: “¿Con qué me presentaré al Señor, inclinándome al Dios del cielo? ¿Me presentaré con holocaustos, con becerros añojos? ¿Aceptará el Señor un millar de carneros o diez mil arroyos de aceite? ¿Le ofreceré mi primogénito por mi culpa o el fruto de mi vientre por mi pecado? -Hombre, ya te he explicado lo que está bien, lo que el Señor desea de ti: que defiendas el derecho y ames la lealtad, y que seas humilde con tu Dios” (Miq 6,6-8).

            El profeta es lúcido: Dios no quiere sacrificios que, de acuerdo con el mecanismo religioso, pretendan hacer valer al hombre ante Dios. La cantidad de lo ofrecido, la intensidad de lo cúltico no añade nada. Ni siquiera el insensato pero tremendo sacrificio de la vida de un hijo puede hacer valer a la persona ante Dios. Lo que quiere Dios es que la persona “camine humilde” con un Dios que, él también, camina humilde al unirse por amor al camino de la historia pobre.

            Dos humildes, Dios y la persona, reconociendo sus límites y construyendo la humanidad y la acogida. El horizonte de la historia está en los humildes caminantes, Dios y el hombre, capaces de encajar la debilidad de lo creado a la vez que siembran en ese terreno la humanidad y la bondad que hará distinto este mundo (el reino de Dios, que decía Jesús). La humildad esencial es, por todo ello, test real de la verdad de lo cristiano en nuestra vida. Medir por otros parámetros es siempre más arriesgado.

 

3. Iconos de humildad esencial

 

            Vamos a leer los conocidos relatos de la infancia del Evangelio de Lucas como iconos de esta humildad esencial, hecha de verdad-humanización-bondad, de la que venimos hablando. Los relatos evangélicos son polisémicos, admiten muchas lecturas, y desde la perspectiva de la bondad esencial pueden colaborar a construir una espiritualidad cristiana atractiva y valiosa:

  • El icono de la anunciación del Bautista (1,5-25): Zacarías es la figura de un culto y de una observancia que  no han propiciado la fe; una relación con Dios puramente formal. Es un “mudo”. La no aceptación de los límites le bloquea para una relación humilde y agradecida con Dios más allá de los límites de la pobreza. Todavía hay mucho que purificar. Su mujer ve también que su esterilidad es una “vergüenza”. Aceptar la esterilidad de la vida es muy necesario para el caminar humilde. Dios, el más humilde y bueno, otorga el don de la vida de un hijo al que no se hacían acreedores. La vida como signo de encarnación humilde, más allá de nuestras soberbias seculares.
  • El icono de la anunciación de Jesús (1,26-38): La humildad esencial de María que (más allá del asunto de la virginidad que en el relato es cosa secundaria) acepta con mucha dificultad, como es lógico, que uno nacido de hombre y mujer pueda ser “Hijo del Altísimo”, que cualquier nacido tenga acceso a ese mundo. Para aceptar esto hay que creer en la bondad radical de Dios y de la persona, en la capacidad inagotable de acogida de Dios en el anhelo de la persona por hacer de sus caminos sendas de acogida. Una encarnación sin humildad esencial, sin aceptación de los límites y de las posibilidades hermosas que Dios siembra en la vida, no es posible.
  • El icono de la visita a Isabel (1,39-56): De nuevo la humildad esencial de María siempre a contrapelo de sus propios anhelos porque ella también esperaba un mesías de poder para Israel y en parte, aún persiste (“a favor de Abrahán y su descendencia”). El logro de la humildad esencial requiere un trabajo duro. Pero atisba lo hermoso de una vida en esa dirección: “Derriba del trono a los poderosos y ensalza a los humildes”. Es el mundo nuevo, el horizonte de la humildad, la globalización de la misma. Esto solamente puede entenderse y aceptarse como noticia buena si se ha cubierto muchas etapas en el camino de la humildad.
  • El icono del nacimiento del Bautista (1,57-80): Persiste la dificultad para entender la humildad esencial porque eso supone renunciar a privilegios supuestamente pertenecientes a Israel por cuestiones raciales (“la promesa que juró a nuestro padre Abrahán”). Pero va venir un “sol nacido de lo alto”, uno que no va a tener que recorrer todo el trayecto que va del oriente hasta el mediodía. Viene directamente de lo alto, el mediodía en acto. Porque este sol no mira los títulos que uno pueda aducir sino si uno está dispuesto a recibir esa luz o no. Se muestra así el trabajo grande que es la construcción de una estructura de humildad esencial.
  • El icono del nacimiento de Jesús (2,1-7): La señal de la humildad histórica (pañales, pesebre, casa cueva) unida a la verdad de que el caminar de Dios (lo alto) y el humano (la tierra) se entrelazan. La humildad esencial se hace posible en la historia humana. Jesús es su desvelador, por él sabemos que esto queda al alcance de la mano de los humanos y de la creación.
  • El icono de los pastores (2,8-20): Los humildes-humillados (los pastores que quedaban excluidos por oficio del ámbito de la Ley) son los que perciben esto con nitidez. Una evidencia más de que los caminos de la humildad son posibles. La meditación de María está hecha de perplejidad y de esperanza: el salvador no ha nacido como correspondía a sus títulos. El hecho de conservar la memoria de estos hechos posibilitará un día su comprensión.
  • El icono de la circuncisión y presentación (2,21-40): Una espada va a truncar los anhelos de María que aún se resiste, como es lógico (como nosotros), a los caminos de la humildad esencial. Acepta bajar a Nazaret y ponerse al amparo del “favor de Dios”, de su Espíritu de humildad total para ir entendiendo el camino de Jesús y el propio camino. Trabajos y logros.
  • El icono de Jesús que se queda en el templo (2,41-52): Jesús se queda en el templo porque le quema la realidad del Padre. Él quiere hacer de su vida un camino de humildad esencial que no le va a ser fácil, pero que le dará sentido a su existencia, más allá de sus duros riesgos. Se ha producido la ruptura con aquellos caminos del viejo testamento que bloqueaban el camino de la humildad. La senda está abierta.

 

4. Caminos de humildad esencial hoy

 

            Vamos a sugerir algunos caminos por los que hoy puede transitar la humildad esencial. Quizá lo más interesante sea sugerir. Luego, concretar será otra cosa:

1)      El camino humilde de un Dios echado fuera de la aldea: Porque, tal como lo predijo Bonhoeffer, Dios es cada vez más echado fuera de la aldea, cada vez se prescinde más de él, aunque cada vez estemos más necesitados de ese horizonte. Él camina humilde con nosotros más allá de nuestro rechazo.

2)      El camino humilde de un Jesús deshumanizado y deformado: Ya que ahondar en la humanidad de Jesús sigue siendo asignatura pendiente de la espiritualidad cristiana. Los mecanismos religiosos siguen imponiendo su ley que envuelve en brillo y poder todo lo cristiano. Jesús camina humilde en la dirección del no-poder, del no-brillo, de la profundidad, de ese sótano de lo humano donde está nuestro frío y también nuestro posible amor.

3)      El camino humildísimo y silencioso de los millones de humillados: Los que soportan el tren de vida de quienes se han llevado la mayor parte de la tarta. Los que ignoran que sus derechos siguen intactos aunque hayan sido unos expoliados. Los que nunca pensarán que tenía derecho a sentarse en el banquete de la vida. Su caminar humildísimo vale tanto que, aunque casi nadie se lo reconozca, el futuro del mundo se asienta en él.

4)      El camino humilde de las entregas sin ecos: Propio de quienes creen que las entregas nunca se pierden, independientemente del aplauso y del premio. Gente de los silencios y del amor que raramente salen a la luz pública. Personas de extraño amor que no pide nada a cambio.

5)      El camino humilde de las vidas que abrazan el don: Caminos de contemplación entendida como ahondamiento, como sosiego compartido, como estar-con, como quedar atrapados en el torbellino del deseo. Todo el mundo de quienes contemplan la creación, la bondad de los humanos, los movimientos sociales que liberan de verdad. El mundo de quienes “oran” en modos no específicamente religiosos.

6)      El camino humilde las vidas que se abren sin temor: Porque no han perdido la confianza básica, porque saben mirar al corazón saltándose el muro de las duras apariencias, porque siguen creyendo que en el fondo de la realidad se esconde el amor y a él apunta. Gentes de valor porque confían.

7)      El camino humilde de quien tiene sed de humanidad y de profecía: Las dos cosas juntas porque la profecía sin humanidad es el anuncio de una tiranía y porque la humanidad sin profecía es el preludio de la banalidad. Humildes que saben mezclar profecía y humanidad, visión de futuro y equilibro, horizontes hermosos nunca logrados y compasión por la pobreza que es nuestra acompañante.

8)      El camino humilde de quien mira y ama desde las soledades: Y lo hace queriendo ser amparo desde su propio desamparo. Gente que no se amarga por su tremenda soledad (aunque tendría motivos para ello), sino que la convierte en mirada de amor, en amparo eficaz, en esa sabiduría que entiende que un amparo es mucho aunque cuantitativamente parezca poco.

9)      El camino humilde de quien aprende a acompañar las pobrezas: No solamente a remediarlas según sus posibilidades sino a acompasar su pasos con aquellos que han sido despojados de sus inalienables derechos, aquellos que no han tenido la cuota de dicha que les corresponde. Con esa compañía se mantienen más vivos sus sueños de justicia.

10)  El camino humilde de quienes van sintiéndose tierra: No solamente miran y respetan a la tierra, sino que se saben parte de esta tierra, de este cosmos, de este inmenso coro en el que nadie debe dominar ni apropiarse. Ser tierra para ser persona hermana. Camino humilde, camino de mera tierra.

11)  El caminar humilde de quienes regresan a la senda de lo humano: De quienes regresan al perdón y la compasión. Camino humilde y doloroso que implica, muchas veces, el decir “lo siento” desde lo hondo del corazón, el rectificar los locos pasos del desamor, el volverse de las palabras que abrieron profundas heridas. Camino humilde pero imprescindible para crear humanidad.

12)  El camino humilde de quienes andan sobre el saberse perdido: De quienes viven sin tener todo atado y bien atado, de quienes vislumbran luz por encima de la dura tiniebla, de quienes levantan los hombros con facilidad y siguen adelante viviendo y dando vida.

13)  El camino humilde quienes van unificando todas sus orillas: De quienes ya no piensan ni viven en modos tan dualistas, tan dispersos, tan atomizados. Gentes que tienen a unificar lo que viven, lo que siente, lo que son, lo que creen y no hacen mundos separados, caminos  distintos para cada actividad humana. Personas que van centrando todo sobre la simple bondad del corazón y sobre la vida simple y solidaria.

 

 

5. Un itinerario espìritual navideño para trabajar la humildad esencial

 

            Se podría meditar, en el tiempo litúrgico de la Navidad, los ocho iconos de humildad esencial del Evangelio de Lucas, tal como antes han sido descritos, uno o dos cada día. Repasar el texto de cada uno de ellos. Buscar en Internet algún icono o dibujo que represente la idea. Imprimirlo y tenerlo delante.

  • Ante el icono de la anunciación del Bautista (1,5-25) poner delante los límites no aceptados de la persona con paz. No pedir que desaparezcan, sino que los asumamos con la mayor paz posible. Que la paz de la Navidad toque nuestros límites.
  • Ante el icono de la anunciación de Jesús (1,26-38) disfrutar de la posibilidad que abre a la vida el que seamos “hijos e hijas del Altísimo”. Intuir el concepto “revolucionario” de un planteamiento así. Asentar ahí la alegría navideña, no en otras cosas más externas.
  •  Ante el icono de la visita a Isabel (1,39-56) animarse porque un camino de humildad esencial es posible incluso para todo el hecho social. Alegrarse por la globalización de la posibilidad de la humildad.
  • Ante el icono del nacimiento del Bautista (1,57-80) anhelar despojarse cada día más de cualquier privilegio, título o merecimiento de los que uno se crea acreedor para dar salida a la bondad común, a la cogida a todos, a la universalidad de la familia humana. Anchos horizontes.
  • Ante el icono del nacimiento de Jesús (2,1-7) alegrarse de la posibilidad de la hermosa humildad en medio de las limitaciones históricas. Dar gracias simplemente por haber sido creados.
  • Ante el icono de los pastores (2,8-20) mirar en la dirección de los humildes y humillados. Establecer una sintonía interior y poner carne a esa sintonía en gestos tocables.
  •  Ante el icono de la circuncisión y presentación (2,21-40) saber que se puede vivir a gusto sin dar pábulo a falsas expectativas sobre nuestra vida, esas que entienden nuestro camino como un medre, como un ser más, como un litigio con la persona para ver quien “triunfa” en la vida.
  • Y ante el icono de Jesús que se queda en el templo (2,41-52) animarse a ir rompiendo con estilos de vida que nos impiden y bloquean la humildad esencial, la humanización, la dicha elemental.

 

Conclusión

 

            Es posible que todo esto no toque el núcleo de la realidad, que sean balbuceos que no llegan a decir lo que realmente se intuye. Pero en el misterio de humildad que es la navidad hay algo hermoso, algo que se ofrece a nuestra vida. Sería bueno, por el camino que fuere, que pudiésemos siquiera tocarlo con nuestros dedos o, al menos, que viéramos la puerta entreabierta.

Retiro de Adviento 2011

 

Retiro en el Adviento de 2011

 

OSAR ANDAR SOBRE EL SABERSE PERDIDO

El Adviento como tiempo de alternativas

 

            Si para algo no estamos, es para pensar en alternativas. Decimos que no hay alternativas para la situación económica y que lo único que se puede esperar es que el paro aumente todavía más. Así mismo, decimos que no existe alternativa este modelo neoliberal de vida y pensamiento, por lo que hay que subirse a ese carro, guste o no. Afirmamos también que esta es la Iglesia involucionista que nos ha tocado vivir y que hay que aceptar esta hora con resignación. La palabra alternativa, no suena.

            Y, cuando suena, su voz es sofocada por el sistema que propone sus alternativas, las de siempre, que no alternativa de nada. Así ha ocurrido con el libro de Vincenç Navarro y Alberto Garzón “Hay Alternativas” (Io puedes encontrar en la web de ATTAC). Después de tener la promesa de publicarlo, Alfaguara lo ha desechado. Y ¿por qué? Porque en ese grupo editorial están los bancos, los políticos del sistema. Y las alternativas que el libro propone no son las del sistema. Pero alternativas, haylas.

            Por otra parte, cuando llega cada año el Adviento es precio hacer un esfuerzo explícito para generar espiritualidad en torno a él, si no queremos que pase sin pena ni gloria. Quizá una forma de traducir el clásico “Adviento tiempo de esperanza” pueda ser “Adviento tiempo de alternativas”. No es fácil verlo así. Pero entonces, ¿Cuándo hablamos de esperanza, de qué hablamos? Una esperanza sin rostro es una esperanza vacía. Llamar a una esperanza vacía es un fraude intolerable.

            2 Pe 3,13 dice aquella hermosa frase que habríamos de grabar en nuestra memoria y en nuestro corazón como un sueño irrenunciable: “Nosotros ateniéndonos a su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia”. ¿Cómo va a brotar la justicia si flaquea la esperanza? ¿Cómo van a surgir la maravilla de un cielo nuevo y una tierra nueva si desaparecen las alternativas a esto que tenemos que no es, ni de lejos, ese cielo y tierra nuevos soñados?

            Es preciso ser osados, como luego diremos, para “andar sobre el saberse perdido”, para resistir en todos nuestros extravíos y pérdidas y querer encontrar, una y mil veces, el mejor camino que nos lleve al soñado día del Reino de Jesús. El problema no es cuánto podemos, sino a cuánto estamos dispuestos. La pelota está en nuestro tejado. Es preciso animarse.

 

1. Osar andar sobre el saberse perdido

 

            Como en otras ocasiones, y antes de ir a la luz de la Palabra de que la que sacamos ánimo e inspiración para ir caminando en la fe, queremos comentar un poemilla del poeta y sacerdote argentino H.Múgica (Y siempre después el viento, Visor, Madrid 2011, p.60):

 

Ver no es abrir los ojos,

es arrojar a un lado el bastón blanco:

osar andar

sobre el saberse perdido

 

  • Ver no es abrir los ojos, es arrojar a un lado el bastón blanco: Ver es luchar contra todas  las cegueras, contra el desaliento de haber sucumbido a la evidencia de que ya no se ve y de que se es esclavo del bastón blanco, de los apoyos y andadores que nos suministra el sistema (especialista en fabricarlos, para tenernos amarrados). Lo importante no es tanto decir que se ve, cuanto animarse a andar más allá de cualquier limitación, de cualquier oscuridad. Por eso, quien más ve no es quien mejor vista tiene, sino quien más ánimo encierra en el alma y se pone a caminar.
  • Osar andar sobre el saberse perdido: No quedarse quieto, paralizado, en actitud de conformista derrota cuando uno se siente perdido. Atreverse a seguir andando por encima de toda desorientación, más allá de la pretendida evidencia del sistema de que no hay nada que hacer (siempre que se haga lo que dice él). Esa osadía es la que se requiere para ser modestamente alternativo, para que los sueños no solamente no se apaguen sino para que se mantengan vivos a pesar del helador viento que desatan quienes no quieren ninguna clase de alternativa, a pesar del desaliento que nosotros mismos sembramos en el campo de nuestra propia alma. Ser alternativos exige una cierta osadía y el precio que conlleva. Porque no se puede ser alternativo, si siquiera un poco (que es lo mismo que se profético) sino que rápidamente te pasen factura.

 

2. La vocación de la comunidad cristiana a lo alternativo

 

            Lo peor que le puede pasar a la comunidad cristiana es que la alternatividad (que, ya lo decimos, es la misma profecía) se muera, que se adocene y funcione como todo el mundo, que piense y valore la realidad como todo el mundo. Entonces no tendrá nada que aportar al futuro de lo humano, a los sueños más acariciados de la existencia histórica. La alternatividad es lo que le costó a Jesús el cuello, pero es lo mejor del Evangelio. Si hubiera hecho una propuesta espiritual al uso, habría sido, todo lo más, un buen fariseo. Pero hizo otra clase de propuesta: tocó leprosos, sacó asnos de la zanja en sábado, cuestionó lo incuestionable, se relacionó con colectivos débiles (mujeres, niños, leprosos, etc.). Su vida fu alternativa, por eso pudo proponer un camino así a la comunidad de quienes se dicen sus seguidores. Vamos a tomar un texto elocuente.

Mc 9,42-48 pertenece a la gran catequesis que Jesús hace a los discípulos en privado y luego a la gente más en general (Mc 9,30-10,31). Es una catequesis social y económica puesto que los temas no tienen ningún componente religioso. Habla del servicio, de la liberación, de la alternatividad que pone freno a la ambición, de la elemental igualdad, del acompañamiento a los débiles, de las raíces de la confianza. En 9,42-48, pasaje que siempre ha sido leída desde la perspectiva del “escándalo” (dándole a la cosa connotaciones de moralidad sexual sobre todo) parece, en el fondo, hablarse del comportamiento alternativo que en materia de relación humana, proyectos, caminos y economía ha de tener la comunidad creyente.

            Un ajeno a la comunidad, “uno de estos pequeños” (quizá un pagano) que no tiene ambición de poder y preeminencia, que está harto de una sociedad asentada sobre el dominio, el poder, la riqueza opresora, uno que aspira a otro tipo de vida más humano, fraterno y solidario, se llega a la comunidad de Jesús creyendo que ahí va a encontrar eso distinto, alternativo, que anda buscando. Y cuando se llega a la tal comunidad se encuentra que ellos también, los seguidores de Jesús, funcionan como todo el mundo, en los parámetros del poder, del dinero opresor, de los negocios turbios. Y se escandaliza profundamente. A la comunidad que genera ese escándalo, “más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y la arrojasen al mar”. La exageración, la hipérbole, está hablando de la extrema gravedad de tal escándalo. No es otro que la incapacidad de la comunidad cristiana para generar caminos económicos alternativos al hecho social imperante, a la economía de mercado globalizada, al pensamiento único que deja fuera a quien piense de maneras distintas, a modos sociales de vivir que hacen del mundo un planeta de náufragos aherrojados fuera del “trasatlántico” rutilante del sistema. La comunidad de seguidores tendría que ser paladín de otra economía, de una alternatividad económico-social que sea patria de quien anhela un mundo distinto y fraterno.

            Puede ser que la comunidad se anime a construir ese duro y exigente camino alternativo. ¿Cómo hacerlo? El texto da tres pistas claras:

  • Examinar las obras: Con las manos hacemos las obras (homo faber), fabricamos múltiples recursos, entramos en el mundo de la producción económica. El creyente tiene que “cortarse las manos”. El modismo semita indica que es preciso hacer un fuerte análisis sobre nuestros modos de producción económica porque lo importante, según el sueño de Jesús, no es producir mucho, sino hacerlo en modos y planteamientos humanizadores. Si en la comunidad no se viera esto claro, sería necesario un tremendo esfuerzo reorientador hacia un tipo de producción, de negocio, al servicio de la humanización de la persona, no pasando por encima y destruyéndola, al servicio de un cruel capitalismo.
  • Examinar las conductas: Con los pies andamos; únicamente los humanos tenemos pies para desplazarnos y cabeza para saber a dónde queremos ir. Es un símil de nuestras conductas, de nuestros comportamientos relacionales, de los caminos que elegimos en nuestro mundo de relaciones. El modismo “cortarse el pie” está indicando que para construir una sociedad alternativa se precisa un fuerte discernimiento sobre nuestro mundo relacional para ver si está montado sobre una relación fraterna, constructiva de amor y de dicha, sobre la justicia y el respeto con todos, singularmente con los débiles, o, más bien, sobre la opresión, la apropiación de las personas, el expolio afectivo, el menosprecio de quien tiene menos recursos personales. Si es así, merecería la comunidad la piedra de molino al cuello. Si fuera lo contrario, habría entendido ensueño de Jesús y sus lógicas exigencias.
  • Examinar la economía: Los ojos son la sede de la ambición (“los ojos insaciables”, que dice 1 Jn 2,16); con ellos “devoramos” los bienes y en ellos se refleja el brillo atrayente del dinero. Pues bien, el modismo “sacarte el ojo” está indicando un fuerte discernimiento sobre nuestros planteamientos económicos, sobre nuestros estilos monetarios. El Evangelio tiene por cierto que la persona y sus valores están por encima del brillo del dinero. Si esto funciona en la comunidad estaremos en los parámetros del Reino; si no funciona así, hay que volver a aplicar el “correctivo” de la piedra de molino al cuello.

La vida cristiana habría de tomar bien en serio esta clase de textos no tanto para sucumbir bajo su amenaza (el Evangelio no quiera amenazar), cuanto para animarse a generar alternatividad económica y social en un marco ciudadano que, con bastante frecuencia, va por otras sendas. Si la vida cristiana funciona en materias de economía y de vida (de evangelización incluso) como todo el mundo ¿cómo va a proponer sin sonrojarse una espiritualidad evangélica? ¿Cómo va a ordenar sus propias estructuras con la novedad que postula el compromiso del seguimiento?

 

3. Caminos de alternatividad humilde

 

            Porque cuando se habla de ser alternativos no estamos ni queriendo hacer la lección a nadie ni pretendiendo grandes cambios. Simplemente deseamos que los caminos del seguimiento con Jesús tengan un punto de diferencia y de promesa que los sistemas no están capacitados para darlos porque, sencillamente, no les interesan. Esbocemos algunos campos de esa alternatividad humilde:

 

a) Caminos sociales

 

  • En el tema del empleo: Tener en el punto de mira y de las preocupaciones los cinco millones de dramas que son los parados. Si hay que contratar a alguien (a nivel parroquial, o familiar) hacerlo bien; apuntar al sector más débil de los parados (la inmigración); apoyar, si viene al caso, empresillas de inserción de poco beneficio.
  • En el tema de la vivienda: Unirse varias parroquias para crear una “bolsa de alquileres” para aquellos con grandes dificultades para alquilar (sin papeles); acogida sencilla en locales parroquiales a modo de ayuda pasajera; acogida en casa, cuando y como se pueda, siendo personas que acogen.
  • En el tema de la comida: No tirarla; tratar de solucionar siquiera temporalmente el problema, no avergonzarse de pedir para dar; no avergonzar al dar, hacerlo con dignidad.
  • En el tema de la denuncia: Apoyar a las comisiones de denuncia de Cáritas; creer en el valor de la denuncia con humanidad; hacerse visible en lugares de denuncia; apoyar campañas on line que apuntan a la denuncia.

 

b) Caminos espirituales

 

  • Espiritualidad y comportamientos liberadores: hablar, pensar y actuar en lados lo más alejados posibles de lo oficial, de lo sistémico, de lo consagrado. “Profetizar” diciendo nuestras posturas no oficiales, aunque eso marque un poco. Apuntar a maneras alternativas de leer el hecho social. Tener fuentes de información algo “marginales”.
  • Acompañar procesos: No tanto actos puntuales, maneras espirituales que no tienen los modos de un proceso con principio y fin; ser acompañante de caminos difíciles (adolescentes, personas marcadas, fuertes soledades).
  • Escuchar lo que no se oye: Porque hay muchas cosas y muchas personas a las que no se oyen. Leer con ojos distintos la bondad que se oculta en la gente “mala”, lo positivo que hay en las situaciones de pobreza (malas en sí mismas), los gozos que esconde el dolor (también malo en sí mismo), la justicia que piden las situaciones de injusticia aunque no les hagamos caso.
  • Seguir leyendo incansablemente los signos de los tiempos: Porque ya casi nadie habla de ellos. Leer los signos buenos y los no tan buenos como voz de Dios que habla. Traducir esa voz a lenguajes inteligibles para percibir que la realidad está transida de la presencia de Dios en nuestra historia.

 

c) Caminos evangelizadores

 

  • Eucaristías alternativas: Porque la eucaristía tiene el grave problema de su rutina, de su ritualismo, de su aburrimiento, de su poca participación, de su cansancio. Intentar eucaristías alternativas, de pequeños grupos, fuera del marco del templo, con participación, más cercanas a la realidad que vivimos todos.
  • Homilías con alma: No solo con sabiduría (que no estaría mal). Homilías que realmente dicen algo al corazón de quien habla y en las que éste habla desde el corazón, no solo desde la cabeza (o desde el oficio de predicador). Tratar de palpar las situaciones vitales de las personas para verter ahí una palabra de ánimo y luz. Y si no, mejor calla, porque, como dice alguien, el alejamiento de la fe viene, en parte notable, por la deficiencia de nuestras homilías (catequesis habitual de las comunidades cristianas).
  • Ofrecer oración y espiritualidad: No solamente sacramentos. Ir abandonando el camino fácil y repetitivo de las eucaristías rituales y meter, de vez en cuando, un espacio de oración, de espiritualidad pura, de mística.
  • Evangelizar fuera del templo: En los locales parroquiales, en la misma calle. Plantearse la pregunta de la presencia ciudadana del hecho cristiano, más allá de shows religiosos. Volver a retomar el nunca tomado del todo tema de los “alejados” de la fe, de una ciudadanía alejada del hecho creyente.

 

d) Caminos fraternos

 

  • Mirarnos con benignidad en nuestras pobrezas: Porque, en esta época de reducción, puede ser que aflore la mirada cuestionadota de nuestras pobrezas, cuando tendría que aparecer una manera benigna de mirarnos, lo que no excluye el discernimiento. Mirarse para animarse a trabajar más a pesar de la disminución de vigor social de nuestros grupos.
  • Abrirnos: Conjurar el peligro de cerrarnos ideológicamente, solidariamente, vitalmente. Intentar crear un tipo de vida fraterna aireada, no sectaria, de corte profético, no sistémico. Acercarse a lugares de secularizad para proponer ahí espiritualidad.
  • Vida sobria, honrada y religiosa: Como una forma concreta de revitalizar el hecho fraterno. Volver a los caminos de lo simple, del disfrute con poco, del consumo controlado, del decrecimiento.
  • Creer en la fuerza de nuestro potencial: Humano y de medios. Aunque haya disminuido mucho, aún tenemos posibilidades de trabajar, de colaborar con quien se preocupa por el futuro de lo humano. Estar dispuestos a compartir ese potencial con otros.

 

Conclusión

 

            Los caminos de la alternatividad no son imposibles ni fuera del alcance de cualquier persona que los anhele. Basta levantar los hombros ante las limitaciones y animarse a caminar. La realidad enseña que personas con ilusión ha sido capaces de andar sendas nuevas, propuestas distintas. Que el “alternativo”  Jesús nos ilumine en este Adviento para que la Navidad sea, en realidad, la fiesta hermosa de una alternativa humanizadora, no un mero final de año o una fiesta sin rumbo.