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RETIROS

Retiro en Adviento de 2015

Retiro en Adviento de 2015

 

 

UN ADVIENTO PARA LA ARMONÍA

 

        A nivel diario no se habla mucho de armonía. Suena a cosa oriental, a yoga, a gente algo especial, a algo fuera de lo cotidiano. Pero, en realidad, la armonía es la capacidad para entablar una buena relación con los demás, con el entorno y, para los creyentes, hasta con Dios. Si se va logrando (porque es un proceso) esa buena relación, esa armonía, los beneficios son múltiples.

        El mismo Evangelio, libro de relaciones, puede entenderse como un libro que pretende llevarnos por un camino de armonía, de relación jugosa, de fraternidad en definitiva. Por eso mismo podemos decir que contiene semillas de armonía que son muy útiles a quien anhele ese valor que da un sabor distinto a la vida.

        Y, según como se mire, la encarnación es un misterio de armonía, la búsqueda de ese sueño divino de que el camino de los humanos y el de Dios puedan llegar a coincidir, que los anhelos del corazón nuestro y los del corazón de Dios puedan ser los mismos. Un gran sueño de armonía.

        Por eso, siempre con la intención de dar más sentido a la fe que vivimos, podríamos entender y vivir este año el Adviento como un Adviento para la armonía,  para generar más armonía dentro, más disfrute, más equilibrio, más gozo, más humanidad, más fe. Desde ahí, el tiempo del Adviento puede ser una estupenda preparación para la Navidad del Señor.

 

1. Lo frágil no es inútil

 

        Nuestra gran objeción a la armonía es que, siendo frágiles, ¿cómo vamos a lograr vivir en armonía si todo se quiebra? Lo frágil no es inútil, puede contribuir a la armonía con humildad.

 

Todo lo bello es frágil: los trenes

cuando olían, la escarcha en los ribazos, la boca

de los niños aún sin término, el tacto

del silencio en los camposantos a la orilla

del mar, la redondez si es fruto, el ruiseñor,

su rama. Acaso la memoria. Todo lo verdadero

es frágil. Y no  es inútil. 

Fermín Herrero

 

  • Lo bello es siempre frágil, pero es imprescindible para la armonía. Vivir y celebrar lo frágil puede dejar la sensación de una vida en armonía, aunque eso bello y frágil sea efímero y pase en poco tiempo.
  • Todo es transitorio: el olor, la escarcha, la boca de los niños, el silencio, la redondez, el canto de los pájaros. Pero, aun siendo transitorio, puede dejar un poso de belleza en el alma que lleve a la conclusión de que una vida en armonía es posible.
  • Todo lo verdadero es frágil: porque medimos la fuerza de algo por si persistencia, por su duración. Pero lo que no dura contribuye a la armonía, al sosiego, a la paz de dentro.
  • Por eso, lo frágil no es inútil, puede ayudar a desvelar que, siendo como somos, estamos destinados a una vida armónica.

 

 

2. La luz de la Palabra: Mc 1,35

 

        “Por la mañana, se levantó muy de madrugada y salió; se marchó a un despoblado y allí se puso a orar”.

 

  • Este simple rasgo del comportamiento de Jesús puede desvelar mucho de su vida en armonía. Jesús ora “muy de madrugada” (cuando estaba oscuro, dice el texto). La oración en la noche es una oración “dura”, difícil, sin agarraderos que distraigan: soledad y oscuridad. La armonía de Jesús no es mera lírica, es también trabajo “nocturno”, afrontamiento de sus situaciones. No ora Jesús para dar ejemplo a nadie, sino porque necesita luz, hambrea sentido. Y la oración despojada de la noche propicia su búsqueda.
  • Estar en un “despoblado” (lit. en un “desierto”) quiere indicar el lugar donde se disciernen las cosas, donde se sopesan en el corazón porque no hay elementos que distraigan. La armonía de Jesús es discernida, sopesada, pensada, trabajada en el interior.
  • Se puso a orar: la oración es una ayuda para la armonía, un camino de apaciguamiento, de luz, de sosiego. No es tanto un ejercicio piadoso, cuando un bálsamo para las preguntas que uno lleva dentro.
  • El silencio, del que no se habla, el profundo silencio del desierto, la música que no se oye sobre sus piedras. Un camino también para la armonía.
  • Y tampoco se habla de los olores, luces, detalles de la naturaleza que habitan también el desierto. De seguro que eso también creaba armonía en el corazón de este orante en la noche que es Jesús. Raíces de armonía.

 

3. Profundización

 

a)   Armonía con un Dios de silencio: Ya que el Dios de la religión suele ser un Dios “ruidoso” con el que la armonía no es fácil a veces, entre nuestros intereses y los suyos. Pero hay un Dios menor, oculto, de silencio con el que, quizá, en ese silencio, se pueda llegar a conectar. Y si uno comprende al Dios del silencio, quizá comprende al mejor Dios. “Cuando un sereno silencio lo envolvía todo y la noche estaba a la mitad de su curso”, reza el libro de la Sabiduría, bajó a la tierra “desde el Cielo tu omnipotente Palabra” (Sab 18, 14-15).

b)   Armonía con un cosmos que “baila”: Como decía la patrística, que hablaba de la danza de la trinidad con el cosmos. Es decir, armonía con un cosmos en continuo movimiento, en cambio, en transformación. Armonía para que los caminos de la tierra y los propios se apoyen, se iluminen mutuamente, se entiendan hasta llegar a percibir que una de las fuentes mayores de armonía es la hermana generosa que es la naturaleza y que se ofrece cada día a nosotros.

c)   Armonía que busca los extraños caminos de lo humano: Como dice el libro de los Proverbios: “los caminos del varón por la doncella” (3,19). No leer esos caminos extraños únicamente como desarmonía, sino como un  lugar de tesoros. Como dice G. Martín Garzo “el mundo está lleno tesoros, de frutos que crecen en la oscuridad. Parece un desierto y, cuando menos se espera, la vida regresa con sus frescos racimos”.

d)   Armonía con el fondo de uno mismo: Esa es, quizá, la más difícil de lograr. Pero, poco a poco, se pueden dar pasos. Y en ello tienen mucha importancia los detalles, la paciencia, la mirada libre de prejuicios, la resistencia ante la propia debilidad, la resiliencia. Hay que agradecer el dos que es vivir y respirar, porque ese es el signo de que una vida en armonía no nos tiene que ser ajena, al menos en cierta medida. Y cuando el fondo de uno mismo es acogido, la armonía brota poco a poco.

 

 

4. Caminos de armonía

 

        En consecuencia con lo que llevamos dicho, vamos a sugerir algunos caminos posibles de armonía:

  • Deja un poco más sitio a Dios en tu vida. Que los criterios evangélicos cuenten realmente en tus días. Cree en el Evangelio, obra conforme a lo que dice. Sin más. La armonía asomará el rostro ya que Evangelio y vida están destinado a armonizarse, a entenderse, a mezclarse, a potenciarse.
  • No hagas caso de los cantos de sirena de quienes nos dicen: tú preocúpate de que a ti te vaya bien y los demás, allá penas. No, siéntete hermano para que la alegría de vida y su íntima armonía cobren verdad y rostro. Así es, el rostro de la armonía propia es el rostro de la armonía de quienes te rodean. Una armonía individualista es una contradicción para el cristiano.
  • Elige lo simple, lo normal, lo cotidiano. No te avergüences de ser como todos, de ser pueblo, de ser comunidad. En lo común vivido con gozo habita la armonía. Porque muchas de nuestras desarmonías brotan del afán de ponerse por encima, de destacar, de querer ser uno siendo distinto. La hermosura de lo común es la casa de la armonía.
  • No te enfades por estar abajo, por no tener mando. Ahí se puede ser feliz, te puedes realizar, puedes estar contento. Estar abajo no es malo para quien aspira a la armonía. El Evangelio sostiene con claridad que la armonía de quien sirve es la mejor porque, despojado de ideología, el Evangelio sostiene con claridad que hay más valor en las pobrezas que en la fuerza. ¿Se puede creer en esta clase de armonía que brota del servicio?
  • Que te afecten las pobrezas, que sean para ti lugar de encuentro. No huyas de ellas, porque ahí se encierra, sin duda, el extraño fulgor de la armonía. Hay que aprender que las pobrezas no son solamente desarmonía, descoloque, caos. Hay dentro, abajo, algo de una cierta belleza que puede llevarnos a una reconciliación con ellas, a un cierto agradecimiento y, por paradójico que parezca, a un cierto disfrute.
  • Ora con confianza, como quiere Jesús. Gusta del silencio que sosiega y resitúa las personas y cosas.. Ama la contemplación de lo creado como fuente primordial de armonía. Disfruta con el don que es vivir y respirar. Porque estos son los caminos de la belleza profunda, del disfruto que deja poso. Y si no se disfruta, ¿cómo se va a estar en armonía?
  • Y pon en tu vida una dosis creciente de alegría. Alegría vivida en las pequeñas cosas, en los sencillos acontecimientos, en lo bello que está en nuestras manos. Si no nos apuntamos a la alegría, ¿cómo vamos a estar en armonía con nuestra sencilla vida?

 

Conclusión

 

        A veces es preciso volver a valores esenciales para que la espiritualidad cobre arraigo antropológico. Este valor de la armonía, poco tratado, pertenece a esos valores primordiales que puede ayudarnos a vivir la fe con mayor novedad y gozo. Que el Adviento que prepara la Navidad del Señor, sea entendido y vivido un poco más en la espiritualidad de la armonía, nos abra las puertas del “misterio abrupto” de la Navidad que, más allá de su abruptez, es misterio de profunda armonía.

 

Retiro de cuaresma 2015

 

 

 

 

CUIDAR LA FRAGILIDAD

La conversión entendida como ética del cuidado

 

         Los periódicos nos sorprenden con descubrimientos de los orígenes humanos que iluminan nuestro presente. Según reciente artículo de Science (enero 2015) la mano humana tiene más de tres millones de años. El uso prensil del pulgar constituye, al decir de los científicos, un hito en el proceso de humanización porque habría permitido al austrolopiteco africano manejar herramientas con precisión y sutileza. Y también le habría permitido tocar, acaricia y, con ello, cuidar. La ética descuidado es tan antigua como el caminar humano.

         Por eso, cuando proponemos el cuidado como motivo de reflexión estamos entroncando con lo más profundo de la historia humana, con su mayor verdad. Este tipo de reflexiones da fondo a lo humano, contribuye a consolidar el cimiento sobre el que, ulteriormente, se puede construir cualquier edificio espiritual. Sin estos cultivos las raíces de lo humano quedan desasistidas y, por ello, el peligro de espiritualidades sin base humana se hace evidente. Una espiritualidad sin base humana es un fantasma sin carne, cuando no un peligro evidente de fundamentalismo.

         Muy bien lo ha visto el Papa Francisco cuando en su texto La alegría del Evangelio dedica todo un apartado (nºs 219-216) a este tema de “cuidar la fragilidad”. Dice que esa y no otra ha sido la actitud de Jesús y que por ello “los lentos, débiles o menos dotados” han de tener un sitio en el hecho social. Pondrá ejemplos concretos: los migrantes, la trata de personas, las mujeres excluidas, los niños por nacer, la misma creación. Dice en el nº 216: “Pequeños pero fuertes en el amor de Dios, como san Francisco de Asís, todos los cristianos estamos llamados a cuidar de la fragilidad del pueblo y del mundo en que vivimos”.

         Cuando llega la Cuaresma se escucha en ámbitos cristianos que es tiempo de conversión. Pero, dejado en la inconcretez, el aviso no cobra perfiles de vida y se diluye. ¿Y si entendiéramos la conversión este año como un compromiso más evidente de cuidar la fragilidad propia y ajena? ¿Y si midiéramos nuestro nivel reconversión por el nivel de nuestro cuidado? ¿Y si los frágiles sociales, cercanos y lejanos, ocuparan un poco más de espacio en nuestro horizonte vital? Esa sí que sería una conversión interesante, asentada en el cimiento de lo humano y, a la vez, altamente espiritual.

 

1. Que nadie por tu culpa…

 

         Comenzamos nuestra reflexión con un poema de Amalia Bautista que, más allá de sus formulaciones negativas, invita a vivir y tratar los demás con ese cuidado que demanda lo humano para que pueda prosperar.

 

Que nadie por tu culpa haya pasado hambre,

haya sentido miedo o frío.

Que nadie haya dejado de vivir por tu culpa,

ni temido la muerte, ni deseado morir.

Que ninguno haya dicho tu nombre con espanto

o mirado tu rostro con desprecio.

Que los demás te lloren cuando partas.

Así tu corazón no habrá albergado el plomo

que lastra las mudanzas.

Así tu corazón será más leve

que la más leve pluma.

 

  • Que nadie por tu culpa…: La ética del cuidado lleva emparejada la de la responsabilidad. Hay que apercibirse de la responsabilidad que tenemos en el descuido de los débiles sociales. Decir: no es cosa mía, yo no tengo la culpa, es una ceguera y una irresponsabilidad. Hay que mirar, hay que condolerse, hay que verse afectado.
  • Hambre, frío, miedo, muerte…: Cualquiera de las variantes de la herida humana ha de ser mirada de frente. Honradez con lo real. En menos de diez pasos llegas al umbral de la casa del hambre o del frío y el miedo, o de la misma muerte. Esa casa está cerca de la tuya.
  • Un rostro benévolo: Comencemos por ahí. Que el rostro, las actitudes más elementales no se apunten a la lista del desentendimiento, aislamiento, individualismo, indiferencia.
  • Que las lágrimas de quienes te lloran no sea solamente por tu ausencia: Sino por la pérdida de un cuidador de la vida, por el desamparo de quien siente que un cuidador/a aún tenía tarea por cuidar los caminos humanos.
  • El plomola levedad: Cuidar es transformar el plomo en levedad, cambiar la losa en aire libre, echar al fondo del mar las penas que no tienen por qué comernos el terreno de la dicha. Algo de eso es cuidar.

 

2. Una parábola de siempre: Lc 10,25-37

 

         Es cierto que, para todos los guisos, estamos recurriendo a los mismos textos. Pero es que las parábolas son insondables, inagotables en su sencillez. Y esta del samaritano compasivo es especialmente rica. Ahí está el cristianismo originario. Tan lejos que nos hemos ido (“si Jesús volviera, habría que explicarle todo”, dijo Rahner), este texto nos remite al punto inicial, a aquel que nunca debimos abandonar porque fue el de Jesús y habría de ser el de todo seguidor/a (“Haz tú lo mismo”).

         Es que ahí se describe el mecanismo de amparo, de cuidado, que se desencadena en la vida de quien entiende de qué va esto del reino de Dios, de la nueva fraternidad, el sueño de Jesús. No nos cansemos de leerla:

 

         25En esto se levantó un jurista y le preguntó para ponerlo a prueba: -Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar vida definitiva? 26Él le dijo: ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo es eso que recitas? 27Éste contestó: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo” (Dt 6,5; Lev 19,18). 28Él le dijo: -Bien contestado. Haz eso y tendrás vida. 29Pero el otro, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: -Y ¿quién es mi prójimo? 30Tomando pie de esta pregunta dijo Jesús: -Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y lo asaltaron unos bandidos; lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon dejándole medio muerto. 31Coincidió que bajaba un sacerdote por aquel camino; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 32Lo mismo hizo un clérigo que llegó a aquel sitio; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 33Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, al verlo, se conmovió, 34se acercó a él y le vendó las heridas echándoles aceite y vino; luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a la posada y lo cuidó. 35Al día siguiente, sacó dos denarios y dándoselos al posadero, le dijo: -“Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a mi vuelta”. 36¿Qué te parece? ¿Cuál de estos tres se hizo prójimo del que cayó en manos de los bandidos? 37El jurista respondió: -El que tuvo compasión de él. Jesús le dijo: Pues anda, haz tú lo mismo.

 

         Hemos explicado muchas veces esta parábola en todos sus detalles. Vamos a hacerlo esta vez en modos de una narración ficticia.

 

        Yo tenía mi nombre. Me llamaba Abner. Era un buen jurista, del grupo fariseo. Aquel maestro pobretón, llamado Jesús nos estaba metiendo demasiado el dedo en el ojo. Quise aprovechar una ocasión para ridiculizarlo, para ponerlo en evidencia, para que la gente se diera cuenta de que era un simple, un cualquiera. La pelota me vino a la mano en aquella ocasión en tierras de Samaría. Le hice la pregunta del millón: “¿Qué hay que hacer para heredar vida definitiva?” En nuestras discusiones rabínicas habíamos debatido esa cuestión hasta la saciedad sin hallar una respuesta clara. ¡La vida definitiva! Quedaba lejos y se podía decir lo que se quisiera.

        Me devolvió la pelota: “¿Cómo es eso que recitas?”. No me iba a dejar en evidencia y le dije de corrida las leyes básicas del Deuteronomio y del Levítico. Se ve que él no tenía ganas de litigar porque me dijo: “Muy bien. Haz eso y tendrás vida”, como dando por zanjada la cuestión.

         Pero yo no me amilanaba fácilmente. Y para quedar bien y para dejar bien al gremio de estudiosos al que pertenecía le lancé una segunda cuestión: “Y ¿quién es mi prójimo?”. Como si yo no lo supiera desde niño, desde siempre. Era nuestro modo rabínico de razonar: devolverla pelota para ver cómo se defiende el otro. Y él aceptó el reto. Me miró a los ojos, hasta entonces no lo había hecho. Lo que iba a decir lo decía para todos, pero lo decía especialmente para mí. Por eso no olvidaré nunca cuando se dio la vuelta y, al hacerle yo la pregunta, me miró no con ira, ni con pena, ni con desprecio, sino con ese brillo en los ojos que solamente aparece en la mirada de quien ama de verdad. Me miró y me amó, me miró y me desarmó. Mi supuesta ciencia se esfumó ante aquella mirada como deshace la niebla ante un sol potente.

        Y sin apartar sus ojos de los míos desgranó aquella parábola que, por mucho que se la lea miles de veces, no pierde ni un ápice de vigor, de hermosura y de estremecimiento. Estábamos en tierras de Samaría.

        Aquí mismo, en este camino hacia Jericó, decía, un hombre fue asaltado por bandidos. Yo había oído historias de esas muchas veces. Los caminos de pedregoso desiertote Judá eran caminos de bandoleros. La gente que caminaba sola arriesgaba mucho. Un asaltado, desnudado, molido a palos, robado y dejado por muerto. Alimento para las hienas que salen a la noche de sus guaridas. Lo vieron caído un sacerdote y un clérigo, pero dice que dieron un rodeo. No querían implicarse, no les importaba el caído aunque era de su “parroquia” porque, como ellos, venía de Jerusalén. Lo vieron pero siguieron en su conciencia aislada. Por eso, pasaron de largo sin ningún remordimiento.

        Pero luego, y aquí su mirada se hizo más intensa, pasó un maldito samaritano, un apestado social, una persona de dudosa reputación porque andar por posadas era lo mismo que abandonar a la propia mujer en casa dejándola expuesta a mil atropellos. Un paria social. Pero resulta que aquel desgraciado tenía ojos y corazón. Lo vió y se conmovió. El maestro galileo hizo una pausa, como si a él también se le quebrara la voz, como si supiera bien qué era eso de conmoverse por dentro. Como si me dijera: si no te conmueves nunca entenderás lo que quiero decirte, si no se te revuelven las tripas ante un caído en el camino, mejor que te vayas.

        Hizo una pausa que a mí se me hizo muy larga. Como seguía yo allí, continuó. Aquel maldito samaritano empezó a desarrollar un humilde trabajo de amparo con el caído. Lo hacía como mecánicamente, aunque en realidad era una cascada de amor brotando de un corazón fundamentalmente bueno. Se acercó para ver bien en qué estado lamentable se encontraba aquel caído sin importarle que fuera un judío de los que se reían e insultaban a los samaritanos. Era un herido al que había que socorrer, a quien había que alejar de las fieras de la noche, porque, aunque fuera un judío, su necesidad estaba por encima de todo.

        No había tiempo que perder; la noche se echaba encima y Jericó aún quedaba lejos. Como era un viajero llevaba aceite y vino para preparar sus comidas cuando se detenía a reponer fuerzas. Eran productos preciosos y caros, pero no dudó en untar con generosidad las heridas y hematomas del caído. Con los paños de su pobre ajuar hizo unas vendas y cubrió las brechas y los golpes. Las manos de aquel hombre, decía el galileo, eran las manos del mismo Dios. Dios estaba curando a aquel desgraciado. Con esfuerzo lo montó en su cabalgadura. El enfermo arriba, él a pie. El mundo al revés: un samaritano que cede su cabalgadura a un judío herido. Muchos en su pueblo se habrían reído de él. Pero a aquel samaritano le pareció cosa evidente: el débil debía ser señor y el fuerte siervo. Así los vio entrar el posadero cuando llegaron a Jericó caída la noche.

        Pasó la noche con él, mirándole de vez en cuando, vigilando su sueño, dándole, cada cierto tiempo, un poco de agua. Lo mismo que hace Dios: acompañar los agitados sueños de nuestra vida. Lo mismo que hace Dios: y me miraba con más intensidad. Con el alba él tenía que proseguir su camino; era trabajador, vivía de sus negocios. Pero aflojó la bolsa y dio un poco de dinero al posadero, no tenía mucho. Dos denarios, el jornal de dos días de cualquier trabajador del campo que va a la vendimia. Pero no se desentendió sin más. Prometió volver y prometió pagar. Lo mismo que Dios, que vuelve y paga cada día.

        Cuando me dijo “Haz tú lo mismo” entendí: Haz como Dios. El dardo de su mirada me atravesó. Desde entonces no he olvidado aquellos ojos. Cuando subía el camino del desierto hacia Jerusalén iba rumiando sus palabras y recordando aquella mirada. Nunca la olvidé. Los evangelios nada más dicen de mí. Pero aquel día aprendí de Dios más que en toda mi vida de estudios. Y desde aquel día miro en la dirección de los frágiles y me repito lo que me dijo: Haz como Dios…haz como Dios.

 

 

3. Repercusiones de la espiritualidad del cuidado

 

         L. Boff escribió librito luminosos: El cuidado esencial  (Trotta, Madrid 2002). En él nos inspiramos para estas reflexiones. Voces diferentes que cantan el mismo estribillo del cuidado:

  • Un fenómeno biológico: Eso es, a la base, el cuidado. No es un milagro religioso, sino algo inscrito en los genes de lo humano. No ha sido la lucha por la supervivencia del más fuerte lo que ha garantizado la continuidad de la vida, sino la cooperación y la coexistencia entre ellos. Los homínidos de hace millones de años se hicieron humanos en la medida en que compartieron entre ellos, cada vez más, los resultados de la cosecha y de la caza, así como su afecto. Y de ahí brotó la solidaridad y el cuidado (la mandíbula de Dmanisi es una prueba de ello). El lenguaje y hasta el uso prensil de la mano surgieron en en el interior de este dinamismo de amor y de compartir.
  • La justa medida del cuidado: Es aquella que se alcanza a través del reconocimiento realista del otro, con sus límites y valores. Lo que lleva a la aceptación humilde de “lo otro” como parte de lo mío. Y conlleva la óptima utilización de los límites: puedo cuidar hasta donde puedo cuidar. Así se confiere sostenibilidad a todos los procesos, a la Tierra, a la sociedad, a la persona. El cuidado es un acto humano en todos sus límites.
  • Ternura vital: La ternura es sinónimo del cuidado. Es el afecto que brindamos a las personas y el cuidado que aplicamos a sus situaciones existenciales. Es un conocimiento que va más allá de la razón, e inteligencia que intuye y va hasta lo profundo y establece la comunión. La ternura es cuidado sin obsesión. La ternura irrumpe en el sujeto cuando éste se descentra de sí mismo y sale en la dirección del otro, siente como el otro, participa en lo del otro y se deja tocar por la historia de su vida. La relación de ternura no implica angustia porque no busca ventajas ni dominación. La ternura es el deseo profundo de compartir caminos.
  • La caricia esencial: La caricia es una de las expresiones máximas del cuidado. El órgano de la caricia es la mano, pero es más que una mano: a través de la mano se revela el ser que quiere tocar lo profundo del corazón de la persona, el yo verdadero. Exige la renuncia a cualquier otra intención que no sea la experiencia de querer y amar. Nunca hay caricia en la violencia que echa abajo la puerta, cuando se invade la intimidad de la persona. No es lo mismo acariciar que aferrar. Las caricias no pueden ser contratos.
  • La amabilidad fundamental: Es aquel “ver con el corazón” del que hablaba El Principito. La amabilidad supone la capacidad de sentir el corazón del otro y el corazón secreto de todas las cosas. La persona amable ausculta, pega el oído a la realidad, presta atención y pone cuidado en todas las cosas.
  • La convivencialidad necesaria: Es la capacidad de que convivan producción y cuidado, efectividad y compasión, pertenencia mutua entre sociedad y naturaleza. Combina el valor técnico con el valor ético. Una economía de bienes materiales ha de ir unida a una economía de cualidades humanas. Solamente así se podrá poner límites a la voracidad del poder-dominación, de la producción-explotación.
  • La compasión radical: La com-pasión no es un sentimiento menor de piedad hacia quien sufre. No es algo pasivo sino muy activo. Es la capacidad de com-partir la pasión del otro y con el otro. Se trata de salir del propio círculo y entrar en la galaxia del otro en cuanto otro, para sufrir con él, alegrarse con él, caminar junto a él y construir la vida en sinergia con él.

 

4. Concretizaciones del cuidado

 

         ¿Cómo poner carne y rostro a esta espiritualidad? ¿Cómo apuntar a caminos posibles para que una persona se anime a entrar en la espiritualidad del cuidado, a convertirse cuidando? Demos alguna pista:

1)   Cuida el planeta: Ya vamos aprendiendo. Somos más cuidadosos/as, aunque siempre se puede hacer más. Pero quizá haya que conseguir otra mirada sobre lo creado, no solamente como algo fuera de mí, sino como algo de lo que hago parte. Casa común, barca donde navegamos todos, hermandad real…Una mirada nueva sobre casa criatura que se mueve. Eso sería algo estupendo, verdadera “conversión”.

2)   Cuida el nicho ecológico: Cuidar el ecosistema natural y social en el que se desarrolla la vida. No se trata de patriotismos excluyentes, sino una promesa de fidelidad a la tierra concreta en la que hoy se desarrolla tu vida. Eso hará posible que, por lo que sea, cambies de “nicho” y también lo puedas amar. Porque los amores son conjugables, mezclables, sumables. 

3)   Cuida la sociedad de todos: Y eso significa que tienen que caber todos, que pueden hacer parte todos, que hay posibilidad de que todos, sea quien sea, se sienta a la mesa. Conviértete a una comensalia social, a una mesa abierta, a una acogida fácil. Esa es buena conversión.

4)   Cuida del otro: Vela para que el diálogo con el otro sea liberador, interesante, jugoso, constructor de sendas de relación buena. Cuida tu rostro ante el otro, su mirada, su brillo, su trasfondo. Déjate convertir por el rostro del otro, por su mirada que interpela. No te acuestes sin haber mirado bien el rostro de alguien. Y si puedes mirar un rostro empobrecido, quizá sea eso el comienzo de algo.

5)   Cuida a los empobrecidos: Que es algo más que dar una ayuda, un socorro puntual, una pequeña opción de defensa de los frágiles. Interésate por sus caminos, aunque, a veces, parezcan meras estadísticas. Lee en la sociedad el derrotero de los que lo pasan peor. Apóyales, aunque tú estés mejor. No hables mal de ellos, aunque haya motivos (“Hablar mal de los pobres es hablar mal de Jesucristo”, decía san Francisco). Cree que la suerte de los frágiles depende el alguna medida, aunque sea pequeña, de tus comportamientos.

6)   Cuida de tu corporeidad: Que es más que la mera corporalidad. Es el ser humano como un todo vivo y orgánico que incluye la historia personal, los sentimientos, las maneras de ver la vida, la “mochila” que uno lleva consigo. Cuidar El cuerpo de uno es cuidar la piel y lo que hay debajo de la piel. Es cuidar la fragilidad de algo hermoso y vulnerable. Cuidar el cuerpo significa cuidar lo que nos va ocurriendo en la vida, compromisos y trabajos, encuentros y crisis, éxitos y fracasos, salud y sufrimiento. Así nos convertimos en personas maduras, autónomas, sabias y libres.

7)   Cuida de tu integridad: La persona es cuerpo, es mente, es espíritu. Todo junto y mezclado. Cuidar todas las dimensiones en el mayor equilibrio posible. No hace falta recurrir a trascendencias heterónomas. En la misma realidad humana hay espacio para todos estos elementos. Mantén una vida lo más sana posible, una mente lo más “higiénica” posible, un espíritu lo más luminoso posible.

8)   Cuida de tu alma: Que es lo mismo que decir: cuida tu interioridad, ese espacio de dentro del que depende mucho de comportamiento externo. Alimenta tus raíces, cuida tu espiritualidad básica, eso que alienta en el fondo de esta humilde realidad que es la vida. Cuida los sentimientos, los sueños, los deseos, las pasiones contradictorias, las utopías escondidas en el corazón. El cuidado es la dirección correcta.

9)   Cuida de tu espíritu: Que son los grandes sueños de Dios y los de la persona que coinciden ambos en el sueño de la fraternidad humana, universal. Mantén siempre vivas las grandes preguntas, aunque no logremos dar respuesta cumplida a muchas de estas. ¿Cuánta luz hace falta para iluminar lo oscuro? ¿Qué significa realmente estar perdidos en el universo? ¿Por qué lloramos la muerte de quienes amamos como algo irreversible? Cuidar el espíritu es no desistir de tal clase de preguntas. El cultivo de la mística colabora con la ética del cuidado.

 

Conclusión

 

         La Cuaresma prepara la Pascua. Si vivimos la Cuaresma de este año bajo la ética del cuidado, la Pascua habría que vivirla en la certeza del cuidado de Jesús Resucitado a nuestra existencia. Si estamos cuidados por él, la posibilidad de que nosotros nos cuidemos aumenta. Jesús es nuestro gran Cuidador, el más interesado en nuestro bien, en nuestra dicha. Desde ahí el tiempo de Pascua puede ser entendido y vivido como un tiempo de alegría honda y de sosiego.

 

5. Itinerario Cuaresmal

 

  • Primera semana (22-28 febrero): Reflexión: Relee estas notas para imbuirte un poco más de la espiritualidad del cuidado y sus consecuencias.
  • Segunda semana (1 al 7 de marzo): Palabra: Relee la parábola y paráfrasis del samaritano solidario y otros textos que te sean evocadores para la espiritualidad del cuidado (Mt 6,25 y ss).
  • Tercera semana (8-14 de marzo): Experiencia de cuidado con los que convives: Trata estos días de hacer una experiencia consciente de cuidado más intenso en la persona de aquello que son tu familia, con quienes convives a diario.
  • Cuarta semana (15 al 1 de marzo): Experiencia de cuidado social: Interésate por la marcha de l sociedad en estos tiempos movidos de elecciones. Enfoca el asunto desde el interés por cuidar una sociedad de la que haces parte.
  • Quinta semana (22 al 29 de marzo): Cuida tu experiencia creyente: Aprovecha los tiempos de oración, Palabra, eucaristía para ahondar en la certeza de que Jesús y el Padre cuidan de nuestros caminos. Enfoca la próxima Pascua como un tiempo de luz y de cuidado.

 

6. Oración

 

1. Canto de entrada

 

DICHOSO QUIEN SE ACUERDA DEL HERMANO

PORQUE CUMPLE EL MANDAMIENTO DEL SEÑOR (bis).

 

En su casa habrá riquezas y abundancia

cada día de lo suyo podrá dar.

Quien es justo, clemente y compasivo

 como luz en las tinieblas brillará.

 

2. Recuerdo…y deseo

 

Que nadie por tu culpa haya pasado hambre,

haya sentido miedo o frío.

Que nadie haya dejado de vivir por tu culpa,

ni temido la muerte, ni deseado morir.

Que ninguno haya dicho tu nombre con espanto

o mirado tu rostro con desprecio.

Que los demás te lloren cuando partas.

Así tu corazón no habrá albergado el plomo

que lastra las mudanzas.

Así tu corazón será más leve

que la más leve pluma.

 

3. Lectura del Papa Francisco

 

         “Jesús, el evangelizador por excelencia y el Evangelio en persona, se identifica especialmente con los más pequeños. Esto nos recuerda que todos los cristianos estamos llamados a cuidar de los más frágiles de la tierra. Pero en el vigente modelo ‘exitista’ y ‘privatista’ no parece tener sentido invertir para que los lentos, débiles o menos dotados puedan abrirse camino en la vida” (EG 209).

 

4. Oración común

 

¿Mi tierra? 
Mi tierra eres tú. 

¿Mi gente? 
Mi gente eres tú. 

El destierro y la muerte 
para mi están adonde 
no estés tú. 

¿Y mi vida? 
Dime, mi vida, 
¿qué es, si no eres tú?

L. Cernuda

 

5. Palabra evangélica

 

         “No andéis preocupados en exceso por la vida pensado qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir…Fijaos en los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan; y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellos?” (Mt 6,25ss).

 

6. Silencio y compartir

 

7. Oración común

 

         Que tus preocupaciones sean mis preocupaciones,

         Que tus caminos sean mis caminos,

         Que tus lágrimas sean mi llanto,

         Que tus alegrías me iluminen el rostro,

         Que tus palabras lleguen a mi alma,

         Que tu amparo sea mi casa,

         Que tu fe anime mi seguimiento,

         Que tu cuidado y el mío

         Reflejen el cuidado del Padre y de Jesús.

 

8. Padrenuestro

 

9. Nos bendecimos

 

El Señor nos bendiga y nos guarde; nos muestre su rostro y tenga misericordia de nosotros.  Vuelva su rostro a nosotros y nos dé la paz. El Señor nos bendiga en el nombre del Padre y del Hijo y del ES. Amén.

 

10. Canto final

 

CONFIAD SIEMPRE EN DIOS,

CONFIAD SIEMPRE EN DIOS,

ES EL CAMINO RECTO.

 

A menudo nada sabes del mañana,

estás desorientado y lleno de cuidados,

nada ves, todo te parece estar sin salida

pero tú, sabes que el Señor te ayudará.

 

Retiro navidad 2014

 

Retiro en la Navidad de 2014

 

 

 

LA LUZ ES MÁS ANTIGUA QUE EL AMOR

La encarnación como misterio de luz que ilumina

 

        Una reflexión espiritual surge, a veces, del título de un libro. Así ocurre en esta que ofrecemos en la Navidad de 2014. Ricardo Menéndez Salmón tiene un libro con el título de este retiro: La luz es más antigua que la luz. Porque creemos que el cimiento de la realidad es el amor. Pero hay algo más al fondo, una iluminación, un empuje, un anhelo. La Biblia llama a eso la ruaj de Dios, su Espíritu, que aleteaba sobre las aguas y que toma rostro en la luz. Luego esta luz se derrama sobre la historia y brota la vida y con ella el amor.

        ¿Por qué no entender el misterio de la encarnación, más allá de representaciones religiosas, como un misterio de luz que ilumina. Muchos textos bíblico aluden a esa luz “que nace de lo alto”, que ilumina sin tener que recorrer todo el periplo del firmamento porque es una luz que viene de amor y que empuja al amor.

        Por otra parte, los humanos estamos necesitados de iluminación existencial para escapar al gris de una existencia empobrecida, a la sombra que nos compone y que demanda ser tratada para que cada día ocupe un poco menos de espacio. Muchos han orado pidiendo esa luz profunda (“Ilumina las tinieblas de mi corazón”: san francisco de Asís).

        Tratando, como siempre que llega la Navidad, de llenar de un poco más de sentido espiritual a la misma, queremos meditar y orar desde esta perspectiva: una luz se instala en la existencia humana para hacerla más luminosa y, desde ahí, más capaz de amar.

 

1. Gritar la necesidad de la luz

 

        Queremos comenzar proponiendo dos textos de sendos cantos de Taizé. Allí, mediante esa técnica repetitiva sin reloj, se termina por interiorizar lo que se canta.  Se llega a comprender que lo que se canta y lo que pasa en el interior de cada uno tienen que ver. Muchos de sus cantos hablan de la luz, de su necesidad, de su búsqueda.

 

1. Cristo Jesús,

Oh fuego que abrasa:

Que las tinieblas en mí no tengan voz.

Cristo Jesús,

Disipa mis sombras

Y que en mí solo hable tu amor

 

  • Se percibe la evidencia de la tiniebla en la vida de la persona, su andar envuelto muchas veces en sombras que nos hacen la vida gris, que nos despistan, que borran los perfiles de las situaciones, que nos sumen en la perplejidad, que nos paralizan y nos rutinizan. Muchos de nuestros días son sin brillo, sin fuego dentro, un simple pasar, un cumplir para no ser censurado. Nada más. Son días que necesitan más luz, más brillo, más fulgor.
  • Desde esa luz lograremos que nuestra voz no sea la de las tinieblas, que nuestras palabras no sean “oscuras”, sin brillo, sin ánimo. Una voz llena de luz, eso es lo que necesitamos para animarnos, para animar, para sostener, para consolar.
  • Queremos que esas sombras se disipen y se pueda escuchar la voz de Jesús, la voz de su Evangelio, la de los signos de los tiempos, la voz casi a veces inaudible del empobrecido.

 

2. De noche iremos, de noche,

Que para encontrar la fuente

Solo la sed nos alumbra,

Solo la sed nos alumbra.

 

  • Esta estrofa es el estribillo del canto de san Juan de la Cruz “Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe”, aquello de “Que bien sé yo la fuente que mana y corre aunque es de noche”. La luz de la fe en la noche para que esta sea vivible, entendible asumible, amable.
  • Tratar de encontrar la fuente es el esfuerzo humano por el logro de la dicha, el esfuerzo enorme por realizarse, por ser uno mismo. Un esfuerzo del que depende el sentido de la vida.
  • La sed nos alumbra: la sed de vida, de sentido, de amor, de fe. Sin esa sed no habrá búsqueda de luz, se parará el dinamismo profundo que nos mantiene vivos por dentro. Así la misma sed se convierte en luz que alumbra la búsqueda de la luz. Dejar de sentir y tener esa sed es entrar de nuevo en el reino de las sombras.

 

2. Reflexión bíblica: 1Jn 2,9-10

 

Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

 

  • La 1 Jn es una carta “navideña”, no tanto porque hable del nacimiento de Jesús, sino porque habla del amor. Por eso la liturgia la desmenuza en una especie de “lectura continua” a lo largo de los días del ciclo de Navidad. Es una carta que habla del amor y de la luz.
  • Pero más allá de su modo “espiritualista” de hablar, 1Jn es altamente realista y siempre traduce a modos concretos sus profundas intuiciones espirituales. Aquí dice que esos gnósticos que se han ido de la comunidad dicen andar en la luz divina porque se sitúan en un espiritualismo ahistórico. Pero, en realidad, aborreciendo al hermano, huyendo de la solidaridad, cerrandose en la conciencia aislada, en la autorreferencialidad, se transita en la más profunda de las tinieblas, aunque se crea que se está en la luz. Por lo tanto, anhelar luz y desentenderse del hermano es una contradicción en los términos.
  • La manera concreta de estar en la luz es amar al hermano. Por eso, quien ama tiene una vida más luminosa, y quien no ama está en las sombras oscuras. De ahí que entender la encarnación como luz es lo mismo que entenderla como amor. Y vivir en luz es lo mismo que vivir en amor.
  • Andar en la tiniebla del desentendimiento del otro es “no saber a dónde se va”, una vida sin orientación, sin rumbo, sin norte. Es mirarse las manos y encontrarlas vacías, mirarse el corazón y ver que no hay en él ningún nombre.
  • Más aún, dice 1 Jn, vivir en el desentendimiento del otro es lo mismo que andar a ciegas, cegados los ojos por la tiniebla, como un topo que ha perdido la visión a fuerza de estar siempre en la oscuridad. Por eso la conclusión es clara: quieres luz, ama.                                                                                                                                                                                       

3. Reflexión espiritual

 

1)   Toda religión dice que Dios es luz: Porque la luz es una metáfora recurrente y evidente, sobre todo en culturas antiguas. Pero la encarnación es decir que dios es luz en el barro de la existencia, en el barrio de la vida, en lo oculto del ser. Eso ya no es tan aceptable por la mentalidad religiosa que quiere un Dios en el brillo, en lo numinoso, en lo brillante. Contemplar la encarnación es atravesar la costra de la pobreza de la vida para percibir que ahí, en el fondo está Dios luz de humildad, iluminando lo humilde, luz de pobreza iluminando lo pobre.

2)   Jesús, pobreza con luz dentro: Porque fue un pobre, desde su nacimiento en modos de fuerte pobreza social (como uno de tantos) hasta su muerte pobrísima, violenta e injusta. Pero en esa pobreza estuvo la luz. Y así lo vieron muchos, lo percibieron como una luz en el terreno de los humildes y para los humildes, por eso mismo, una luz inmanipulable. Quizá por eso siguió siendo luz después, aunque se le pusiera de nuevo en el brillo del candelero, un lugar inapropiado.

3)   Las pobrezas son la luz: Porque las pobrezas son como el interior de Jesús, como su verdad. El núcleo de la fe cristiana lo visibilizan los pobres. En su enorme e injusta pobreza anida la luz de dios y la luz de la justicia. Nadie podrá apagar esa luz. Vivir de espaldas a ella es vivir en la oscuridad.

4)   Una fe luminosa en el marco de la vida: No en el marco de lo religioso, eso vino después. Pero al principio, la luz de la encarnación era, simplemente, luz de vida. Volver la luz a la vida es una tarea antropológica y teológica. Hacer de la vida la casa de la luz, el lugar más hermoso para ser persona de luz.

 

 

4. Reflexión antropológica

 

1)   Interior iluminado: La persona no nace con el interior iluminado. Es una construcción, un proceso, un trabajo que acompaña la vida de la persona hasta el fin. Si no se hace ese trabajo, el interior se vuelve oscuro, gris. Hay que ayudarse en esta tarea. La fraternidad puede ser una herramienta estupenda para ir generando luz dentro. Por eso, la VR debería ser una realidad con luz dentro.

2)   Mirada luminosa: Es la de quien lograr mirar lo que vive y le rodea con mirada benigna y crítica. Quizá, para ello, haya que comenzar por asimilar el “principio misericordia” y la comunidad samaritana. Y luego aplicar lo mejor que se sepa la benignidad crítica. Una mirada luminosa es una mirada benigna y crítica. Se distingue de las miradas aviesas que provienen de la sombra no de la luz de la generosidad.

3)   Ojos abiertos a la luz, a la vida: Porque la vida está necesitado de personas de ojos abiertos, que miren con deseo de colaborar a la realidad que les rodea, que tratan de entender los caminos tortuosos de nuestro paso por la tierra, que se interrogan por lo que pasa y lo que les pasa.

4)   Contagiar luz: Que es lo mismo que contagiar alegría, algo en que insiste con tenacidad el papa Francisco. La alegría envuelve de luz a la persona y la tristeza lo envuelve de oscuridad. El sol de la alegría disipa las sombras oscuras que, con frecuencia, se agarran a nuestra vida como la niebla a las cumbres.

 

5. Reflexión social

 

1)   La solidaridad y la justicia: las luces imprescindibles: Así lo son. Sin otras luces se podrá vivir, pero sin estas no. Si falta la solidaridad, la vida volcada al otro, la vida se vuelve oscura y regresamos a los tiempos del egoísmo cavernario. Si, por el contrario, la solidaridad es vigorosa, la luz vuelve a la tierra. Por eso, los más solidarios son las antorchas sin las que el caminar humano entraría en el infierno de la más profunda oscuridad. Esas luminarias desde la solidaridad son realmente imprescindibles. 

2)   Dejarse Iluminar con quienes tienen más luz: Y esos no son otros que los más empobrecidos. ¿Pueden ellos iluminar? Quizá a pesar suyo, más allá de su ignorancia. Pero sus anhelos de justicia, de perdón, de enorme paciencia, de sufrimiento no protestado, de su increíble tendencia a la paz, son los elementos que arden y que dan luz. Dejarse coger por ellos es la manera de llegar a ser, uno también, luminoso/a.

3)   Luz social, luz personal: Ambas son necesarias. No podemos pretender la una sin la otra, que haya luz en la sociedad si la persona concreta no es luminosa. No podemos pretender la erradicación de la corrupción, rostro de la tiniebla, sin hacerla desaparecer en nuestra propia vida más allá de lo pequeño de su radio de acción. Apelar al anhelo de la luz manteniendo las propias oscuridades intactas es música celestial.

4)   Luz en ámbitos cercanos: En tu casa, en tu familia, en tu comunidad, en tu trabajo, en tu barrio, en tu bloque, en tu propio cuarto. Si no se cultiva la luz en la cercanía, cómo se va a cultivar en lo inatrapable de lo lejano. Hay que comprobar si se ama la luz en lo cercano, en el metro cuadrado donde se desenvuelve tu vida.

 

Conclusión

 

Dice el papa Francisco a los religiosos/as en la inauguración del año de la VR: “Iluminad al mundo con vuestro testimonio profético y a contracorriente”. Quizá haya que proponerse algo más modesto: déjate iluminar y luego ya se verá. Por eso, el tiempo de Navidad puede ser bueno para recibir un baño de luz, espiritual y social. Y luego, ya se verá.

 

Itinerario

 

  • Semana de contemplación de la luz (25 al 31 de diciembre): Toma la 1 Jn como texto “iluminativo”, medítala en los trozos que te propone la liturgia. Haz algún gesto, personal o fraterno, de iluminación (encender una vela perfumada ante el “misterio” con alguna pequeña frase alusiva…).
  • Semana de socialización de la luz (del 1 al 11 de enero): Medita el discurso del papa en la inauguración del año de la vida consagrada. Haz cada día un algo consciente de aprender luz de los hechos sociales y de tratar de ser persona de mirada y de corazón luminoso dentro de tu comunidad o en tu familia.

 

 

 

Retiro en Pascua 2014

 

Retiro en la Pascua 2014

 

 

 

TU DELICADA PERPENDICULAR HECHA SOLO DE AMOR

 

 

        Un poco “al vuelo”, pero siempre con ilusión proponemos este tema de reflexión y de retiro en la Pascua de Jesús. La gran novedad del tema de la resurrección desde el punto de vista cristiano, a nuestro modo de ver es que Jesús pretende que la resurrección se viva ya en el ahora de la historia, sin posponerla hasta el incierto más allá. Vivir como resucitados ahora. Esa es su gran pretensión. El Evangelio dará pistas para ello, muchas veces.

        Por otro lado, ¿cómo pasar de una creencia en la resurrección a un dinamismo? ¿Cómo enfocar el tema de la resurrección en otro terreno distinto al que lo aprendimos, más vivencial, más dinámico, más arrastrador a posiciones de vida? Si no, no salimos del frío del raciocinio.

        Vamos a intentarlo desde ahí.

 

1. Para animarse, un poema hermoso

 

        La poesía, la buena, la profunda, siempre nos anima.

 

No los viajes. No el sexo.  

No aventura ninguna. No el deporte. 

No los libros. Ni el arte. Ni la música.  

¿Quién nos redime 

de la totalidad de la melancolía, 

de la totalidad de la tristeza, 

de la totalidad 

del dolor en el alma, sino Tú,  

tu delicada perpendicular

hecha sólo de amor?

 

Juan Antonio González  Iglesias (Del lado del amor, Madrid 2010)

 

Breve comentario: la “delicada perpendicular” de Jesús resucitado, su mirarnos desde su triunfo, su amor volcado todos los días a nuestra vida, su preocupación por nosotros, su acompañarnos sin desfallecer, su compartir lo nuestro, su anidar en el fondo de la vida, su no dejarnos solos, su amor leal, su increíble cercanía…eso es lo que nos redime, lo que da fuerza, lo que nos puede devolver la estabilidad.  Esto es lo que nos puede sacar de la melancolía, de la tristeza, del dolor del alma que es el peor de todos.

 

2. Una reflexión inicial

 

¿Cómo fue posible un nuevo comienzo?

 

        Es una pregunta que se hacen muchos teólogos (H. KÜNG en Ser cristiano lo plantea con mucha claridad).

 

  • Hay que medir lo que supuso, personalmente para Jesús y para su grupo, el trallazo de la muerte en cruz, muerte ominosa, vomitable, para no recordar. Nosotros que venimos de una tradición religiosa de una cruz “loable” y venerable nunca llegaremos a sentir las arcadas que tuvo Pablo ante la cruz. Desde ahí hay que medir la densidad de la pregunta.
  • El testimonio Flaviano (de Flavio Josefo y que casi todos los estudiosos consideran básicamente histórico, no una interpolación) nos da una pista: "Apareció en este tiempo Jesús, un hombre sabio, si en verdad se le puede llamar hombre. Fue autor de hechos sorprenden­tes; maestro de personas que reciben la verdad con placer. Muchos, tanto judíos como griegos, le siguieron. Este era el Cristo (el Mesías). Algunos de nuestros hombres más eminentes le acusaron ante Pilato. Este lo condenó a la cruz. Sin embargo, quienes antes lo habían amado, no dejaron de quererlo. Se les apareció resucitado al tercer día, como lo habían anunciado los divinos profetas que habían predicho de él ésta y otras mil cosas maravillosas. Y hasta hoy, la tribu de los cristianos, que le debe este nombre, no ha desaparecido." (Ant., 18, 3, 3). “Quienes antes lo habían amado, no dejaron de quererlo”. Es decir, el amor es el que abre la posibilidad no solamente de un recuerdo benigno, sino de la certeza de una presencia de vida.
  • Es preciso flexibilizarse en el tema de las presencias: no solamente la presencia es física. Hay presencias no físicas que tienen objetividad, entidad humana, certeza espiritual. La resurrección de Jesús pertenece a esa clase de presencias no físicas, no hay que olvidarlo.

 

3. Una lectura social de Jn 20

 

        Ya hemos dicho que leer la resurrección desde posiciones dogmáticas es un trabajo que ya se ha hecho muchas veces. Para algunos cristianos es un modelo “agotado”. ¿Y si lo leyéramos desde una perspectiva social? Esta es aquella que trata de desvelar los valores sociales del texto, no tanto los religioso, para iluminar el camino de hoy. El resultado no es exactamente el mismo que de la lectura dogmática porque la iluminación se hace, como decimos, desde un desvelamiento antropológico y social del testo. Intentémoslo.

 

1. Resurrección y liberación

 

20 ,1El primer día de la semana, muy de mañana, Cuando aún esta­ba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio la losa quitada del sepulcro. 2Fue corriendo adonde estaba Simón Pedro con el discí­pulo a quien quería Jesús y les dijo: Han quitado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto.

 

El v.1 es el texto más antiguo sobre la resurrección, por el estilo escueto, por los datos iniciales, por la ausencia de mensaje específico (la resurrección no hace parte de fuente Q; G. Vermés lo tiene por tal). Y tiene que ver algo con la realidad del cadáver y la tumba, no específicamente con la desaparición del cuerpo. Más específicamente con “la losa quitada”. El v.2 ya empieza a correr por otros derroteros. En Jn 11,41 se habla de este tema metafóricamente: quitar losas es vivir ya el hecho resurreccional. ¿Lee desde ahí Jn 20 el problema con el cadáver?

Lectura social: Entender la consumación como problema final es lo que priva de dinamismo a la propuesta evangélica que dice que la resurrección se puede vivir ya desde ahora en la medida en que se quitan losas. Todo el esfuerzo humano por quitar losas, por no ponerlas, es esfuerzo resurreccional. Una religión que pone losas está alejada de la propuesta evangélica. La losa social de la exclusión sistémica, la de quienes no tienen sitio en el banquete de la vida, la mayor de las losas. La vigencia de la liberación necesaria.

 

2. Apuntarse a la vida

 

3Salió entonces Pedro con el otro discípulo y se dirigieron al sepul­cro. 4Echaron a correr los dos jun­tos, pero el otro discípulo se ade­lantó, corriendo más deprisa que Pe­dro, y llegó primero al sepulcro. 5Asomándose al sepulcro, vio puestos los lienzos, pero no entró. 6Llegó también Simón Pedro siguiéndo­lo, entró en el sepulcro, y contem­pló allí los lienzos puestos 7y el sudario, que había cubierto su cabeza, no puesto con los lienzos, sino do­blado aparte, envolviendo determinado lugar. 8Entonces por fin entró el otro discípulo, el que había llegado el primero al se­pulcro, y vio y creyó. 9Porque hasta entonces no habían entendido lo que dice la Escritura, que tenía que resucitar de la muerte. 10Los discípulos se volvieron a casa.

 

El discípulo cree cuando percibe que el sudario y los lienzos están en sitios distintos. Los “lienzos” aluden al lecho nupcial, a la vida. El sudario a la muerte. Este envuelve “determinado lugar”. El “lugar” es la institución del Templo. El Templo, toda institución, tiene un sudario encima, está muerte. Los lienzos, signo de vida, están aparte. Dos instancias opuestas: lienzos y sudario, vida y muerte. Cuando el discípulo ve, contempla, ahonda, como incompatibles una posición de muerte y otra de vida, cree. O sea: se cree en la medida en que se apunta uno a la vida. Quien más se apunta a la vida es quien más cree.

La defensa de la santidad de vivir (J. Sobrino), de ese estilo de ser que engendra vida en los escenarios mismos de la derrota y de la muerte. La verdadera vocación es vivir y dar vida. La apuesta por la vida, por el señorío de la vida con todos sus riesgos y posibilidades. Esto ha de manifestar con claridad mayor en las cuestiones éticas y económicas.

 

3. Reconocer por los nombres: el valor de la dignidad personal

 

11María se había quedado junto al sepulcro, fuera, llorando. Sin de­jar de llorar se asomó al sepulcro 12y vio dos ángeles vestidos de blan­co sentados uno a la cabecera y otro a los pies, en el lugar donde había estado colocado el cuerpo de Jesús.

13 Le preguntaron ellos: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Se han lle­vado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.

14Dicho esto, se volvió hacia atrás y ve a Jesús allí presente, pero no se daba cuenta de que era Jesús. 15Jesús le preguntó: Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dice: Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré.  16 Le dice Jesús: María. Ella se volvió y le dijo en su lengua: Señor mío (que equivale a “Maes­tro”). 17 Le dijo Jesús: Suéltame, que aún no he subido con el Padre para quedarme. En cambio, ve a decirles a mis hermanos: "Estoy su­biendo a mi Padre que es vuestro Padre, que es mi Dios y vuestro Dios". 18María fue anunciando a los discípulos: He visto al Señor en persona. Y contaba lo que le había dicho.

 

La primera escena de reconocimiento viene a decir que se reconoce a Jesús por su manera de pronunciar los nombres. ¿Cómo los pronuncia? Con amor. Esa evidencia es la que da paso a la certeza de ser familia de Dios (“mi Padre vuestro Padre, mi Dios vuestro Dios”).

Imposible reconocer los nombres con amor sin un cultivo explícito de la dignidad humana que debe abarcar los ámbitos del pensamiento, pero también los de la economía: un empresa desde la dignidad, una banca desde la dignidad, un planteamiento solidario desde la dignidad.

 

4. Tocar las llagas para sanarlas

 

19 Por la tarde, aquel día primero de la semana, estando atrancadas las puertas del lugar donde estaban los discípulos, por miedo a los diri­gentes judíos, llegó Jesús, se puso en el centro y les dijo: Paz con vosotros.

20Y dicho esto les mostró las ma­nos y el costado. Se alegraron mu­cho los discípulos de ver al Señor. 21 Les dijo de nuevo: Paz con vosotros. Igual que el Padre me ha envia­do a mí, os mando yo también a vosotros. 22Y dicho esto soplo y les dijo: Reciban Espíritu Santo. 23A quienes declaréis libres de los peca­dos, quedarán libres de ellos; a quie­nes se los imputéis, les quedarán im­putados.

24 Pero Tomás, es decir, Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuándo llegó Jesús.   25 Los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor en persona. Pero él les dijo: Como no vea en sus manos la señal de los clavos y, además, no meta mi dedo en la señal de los clavos y meta mi mano en su costa­do, no creo.

26Ocho días después estaban de nuevo dentro de casa sus discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús es­tando las puertas atrancadas, se puso en el centro y dijo: Paz con vosotros. 27 Luego se dirigió a Tomás: Trae aquí tu dedo, mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costa do, y no seas incrédulo, sino fiel. 28 Reaccionó Tomás diciendo: ¡ Se­ñor mío y Dios mío!. 29 Le dijo Je­sús: ¿Has tenido que verme en per­sona para acabar de creer? Dicho­sos los que, sin haber visto, llegan a creer.

 

Segunda escena de reconocimiento: la dificultad no es tanto ver al resucitado sino la de unir al llagado de entonces con el triunfador de ahora. Uno y otro no solamente se relaciones sino que entrelazan su verdad: si el resucitado es verdadero, el llagado también lo es, y viceversa. Por eso, tocar las llagas es el camino en la historia para tocar al resucitado.

Tocar las llagas históricas es la manera de tocar al resucitado, de vivir en modos resurreccionales. Tocar las llagas para curarlas, claro está. La fe en la resurrección de verifica en la historia por la capacidad y resultados del tocar las llagas sociales.

 

 

 

5. Creer para tener vida

 

30Hay que saber que Jesús realizó todavía otras muchas señales en presencia de sus discípulos que no están escritas en este libro. 31 Pero éstas quedan escritas para que lle­guéis a creer que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y, creyendo, ten­gáis vida unidos a él.

 

        Este es el epílogo natural del texto: creer para tener vida. El dinamismo de la resurrección es verificable en la capacidad para engendrar vida, para la fecundidad humana en todas sus variantes.

 

 

4. En el metro cuadrado de tu vida, el kilómetro de tu pueblo

 

  • Trata de liberar: palabras liberadoras, ideas liberadoras, consuelos liberadores. No pone más peso sobre nadie, ni sobre ti mismo.
  • Apúntate a la vida: lenguaje positivo, lectura positiva de los acontecimientos, optimismo razonable, buen talante, mira los acontecimientos, la ciencia, desde su potencial de vida.
  • Favorece la cultura de la dignidad: en los más pobres, en aquellos menos considerados, míralos como señores/as, como personas, no como pobres.
  • Toca las llagas sin cansarte: interésate por las llagas y los llagados con discreción, con cuidado. Trata de verter un poco de bálsamo en las heridas. Cura lo que puedas.
  • Una fe para la vida: para mejorar la vida, la relación, la economía, la política. El hecho religioso como palanca para eso mismo.

 

ORACIÓN

 

1. Canto:

 

 

Victimae paschali laudes
immolent Christiani.

Agnus redemit oves:
Christus innocens Patri
reconciliavit peccatores.

Mors et vita duello
conflixere mirando:
dux vitae mortuus,
regnat vivus.

Dic nobis Maria,
quid vidisti in via?
Sepulcrum Christi viventis,
et gloriam vidi resurgentis:

Angelicos testes,
sudarium, et vestes.
Surrexit Christus spes mea:
praecedet suos in Galilaeam.

Scimus Christum surrexisse
a mortuis vere:
Tu nobis, victor Rex, miserere.

Amen. Alleluia.

 

 

2. Lectura laica

 

“Desde el centro del mundo, en el que Jesús se adentró a  morir, construyen las nuevas fuerzas una Tierra Transfigurada. En lo más profundo de toda realidad ya han sido vencidos la banalidad, el pecado y la muerte; pero se requiere todavía el pequeño tiempo que llamamos “Historia después de Cristo”, hasta que en todas partes, y no sólo en su Cuerpo, se deje ver lo que ya ha acontecido realmente. Porque Él no comenzó a curar, a salvar y a transfigurar el mundo en los síntomas de la superficie, sino en las raíces más internas; y nosotros, gentes de la superficie, pensamos que no ha pasado nada. Porque aún siguen corriendo las aguas del sufrimiento y de la culpa, suponemos que aún no se les ha vencido en el manantial del que brotan. Porque la maldad sigue trazando arrugas en el rostro de la tierra, deducimos que en el corazón más profundo de la realidad ha muerto el amor. Pero todo es apariencia, aunque la tomemos por la realidad de la vida. El Resucitado está en el esfuerzo anónimo de todas las criaturas que, aún sin saberlo, se esfuerzan por participar en la glorificación de Su Cuerpo. El Resucitado está en cada lágrima y en cada muerte, como júbilo y vida escondidos, que vencen cuando parecen morir. Por eso nosotros, hijos de esta tierra, tenemos que amarla. Aunque sea todavía terrible y nos torture con su penuria y su sometimiento a la muerte. Tenemos que amarla...” (K. Rahner).

3. Oración común (dos coros)

 

HAY que hacer trasparentes las lágrimas vertidas.

Hay que labrar jardines en los surcos del alma.

Hay que ensartar los besos que murieron sin darse.

Hay que alcanzar los cielos con escalas de abrazos.

 

Hay que vencer las noches con luces de miradas

encendidas de amor, cual luceros gigantes,

que nos hagan arder en nuestro ser más puro

como soles de un mundo nuevo, resucitado.

 

4. Lectura evangélica

 

20 ,1El primer día de la semana, muy de mañana, Cuando aún esta­ba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio la losa quitada del sepulcro. 2Fue corriendo adonde estaba Simón Pedro con el discí­pulo a quien quería Jesús y les dijo: Han quitado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto.

 

5. Compartimos la mañana

 

6. Oramos recordando

 

  • Resucitar no es volver a esta vida, pero sí llevar esta misma vida a la plenitud de sus propios valores
  • La Resurrección está ya presente en este mundo como fuerza de ascensión de todo lo auténticamente humano
  • La Fe Cristiana consiste fundamentalmente en celebrar y secundar mediante nuestra actividad temporal la Obra de Renovación Universal que Cristo Resucitado no deja de realizar en las entrañas de la realidad viva
  • Toda defensa de la vida es en sí misma Comunión con el Resucitado
  • Creer que la muerte ha sido vencida, significa, ante todo, vivir de acuerdo con el Amor como valor supremo de la vida y destino eterno de la misma
  • Creer en la Resurrección de la Carne es afirmar el valor sagrado de la materia de que estamos hechos como parte del Universo en marcha
  • La Resurrección de Cristo es ahora el lugar por excelencia para encontrarnos con Dios, para hacer la experiencia de Dios.
  • ·

7. Padre nuestro y bendición aaronítica

 

8. Canto final

 

 

Aleluya, aleluya,
es la fiesta del Señor.
Aleluya, aleluya,      
el Señor resucitó.
 
1.-Ya no hay miedo,
ya no hay muerte,
ya no hay penas que llorar,
porque Cristo sigue vivo,
la esperanza abierta está.
2.-Cuando un hombre a tu lado
ya no sabe caminar,
no le dejes de la mano,
dale tu felicidad.

 

 

Retiro en la cuaresma 2014

 

Retiro en la Cuaresma de 2014

 

 

EN TIERRA DE NADIE

Vivir la Cuaresma como quien espera la aurora

 

        Muchos inmigrantes subsaharianos esperar en el monte Gurugú de Marruecos, durante meses, la oportunidad de saltar la valla de Ceuta. Están en tierra de nadie porque son habitantes de un mundo que les olvida. Pero ellos, a su manera, esperan la “aurora” de una vida mejor.

Estar en tierra de nadie esperando la aurora. Esa es también la situación de bastantes creyentes. Hay quien no necesita esperar nada, porque está bien donde está. Hay quien no espera nada, porque ha desesperado de todo. Pero hay también personas creyentes que están una especie de tierra de nadie, tanto espiritual como práctica, pero no han dejado de esperar una aurora, un tiempo de novedad como el que anunció el Vat.II y que, luego, en gran medida se ha visto truncado. Siguen a la espera, “como centinelas”, atentos y con los ojos abiertos, lúcidos y críticos, benignos más allá de cualquier dolor.

Nos preguntamos si la Cuaresma no podría ayudarnos a vivir este momento no con un sentimiento de derrota, apocamiento y, menos todavía, amargura, sino lo contrario: un tiempo que anuncia la aurora, que habla de atisbos que merece la pena tener en cuenta, que mantiene la utopía de una vivencia de lo cristiano en una razonable actualidad. Lo hacemos en ese afán por dar también un sentido al tiempo de la Cuaresma, tiempo que prepara la Pascua, el gran anuncio de la aurora del Reino.

 

1. La voz de quien anda en tierra de nadie

 

        Que, de alguna manera, somos todos, porque la itinerancia, el peregrinaje, el ser caminante, pertenece a la esencia de lo humano. Y darse por totalmente satisfecho sin necesidad de moverse es algo parecido a una muerte. Lo hacemos escuchando la voz de un poeta:

 

¿Volver? Vuelva el que tenga,

tras largos años, tras un largo viaje,

consciencia del camino y la codicia

de su tierra, su casa, sus amigos.

Del amor que al regreso fiel le espere.

 

Más ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,

sino seguir libre adelante,

disponible por siempre, mozo o viejo,

sin hijo que te busque, como a Ulises,

sin Ítaca que guarda y sin Penélope.

 

Sigue, sigue adelante y no regreses,

fiel hasta el fin del camino y tu vida,

no eches de menos un destino más fácil,

tus pies sobre la tierra antes no hollada,

tus ojos frente a lo antes nunca visto.

 

(Luis Cernuda, Desolación de la Quimera, Ed. Cátedra, Madrid 20097, p.187).

 

  • Sin codicia, y “sin amor”: Quizá esa sea nuestra situación de adultos cristianos, “viejos árboles” que diría Labordeta. No tenemos codicia en el ámbito cristiano (mucho más en el eclesiástico). Y el “sin amor”, sin una especial acogida, sin un reconocimiento grato, quizá sea escaso. Por eso, volver al viejo planteamiento no nos parece adecuado.
  • Sigue libre adelante…no regreses: Ya no estamos para volver a “las ollas de Egipto”. Ya no nos atraen los viejos parámetros, ni los fastos que les suelen acompañar. Por eso, como sea, lo importante es seguir adelante en la búsqueda con la mayor benignidad posible. 
  • Fiel hasta el fin del camino y de vida: Porque esa fidelidad no es terquedad, cabezonería y querer salir triunfador por encima de todo. Es sentir que en esa dirección puedo vivir mejor, que la dicha se hace más palpable ahí, a pesar de todos los interrogantes. 
  • La tierra antes no hollada…lo antes nunca visto: Ya que eso existe, aunque nuestros ojos no lo vean. Pero intuimos que eso está ahí y merece la pena ir en esa dirección de lo nuevo, de la tierra amasada en la novedad.

 

2. La voz de la Palabra: como quien espera la aurora

 

        Igual que el “buen escriba” del reino que saca del arca lo nuevo y lo viejo (Mc 13,52) traemos a la luz un oráculo de Is 21 11-12:

 

Oráculo contra Duma:

Uno me grita desde Seír:

        Vigía, ¿qué queda de la noche?

        Vigía, ¿qué queda de la noche?

Responde el vigía:

        Vendrá la mañana

        y también la noche.

        Si queréis preguntar, preguntad,

        venid otra vez.

 

  • Es un oráculo para quien está en un “silencio mortal” (eso significa Duma), en una gran desolación. Y viene “desde la tormenta” (eso significa Seír). Maneras de decir: gran desolación.
  • El “vigía” es alguien que ve más claro, el “centinela” del pueblo (Ez 3,16), la persona más crítica, la más esperanzada, la más buscadora. Hay que preguntar a ellos para que nos iluminen.
  • La pregunta angustiada: ¿qué queda de la noche? ¿Cuánta noche queda? ¿Cómo ayudar a desbloquear esa pregunta, a que no sea la pregunta más importante a que sea sustituida por esta otra: cómo vivir la noche sin que todo sea noche? ¿Cómo hacer sitio a algo de luz y de gozo cuando las tinieblas pretenden engullirlo todo?
  • La persistencia de la noche es grande (3 veces se dice la noche, una sola la mañana). El vigía no puede negar esa persistencia pero tendría que insistir más en la mañana. Hay mañana, a pesar de cualquier noche.
  • La ironía del final (“preguntad, venid otra vez”) puede ser entendida como una vuelta a la espera: por mucha que sea la oscuridad, la pregunta de la espera es lícita y tiene un sitio.
  • Cuando Jesús dice en Mc 3,15 “se ha cumplido el plazo, está cerca el reinado de Dios” está anunciando la ruptura de ese círculo vicioso que, como una tormenta que vuelve, no puede despegarse de la oscuridad. Con Jesús, eso es posible. Bien lo entendió san Pablo cuando dice en Hech 26,23 que “el mesías…anunciaría un amanecer lo mismo para el pueblo que para los paganos”. Un amanecer, no una filosofía, una moral, una religión: un amanecer (promesa de posibilidades).

 

3. Decir la fe cuando se está en tierra de nadie

 

        Quien está en tierra “oficial” no tiene dificultad para decir la fe (en realidad, otros se la dicen): tiene los documentos, el CIC, el CDC, y otras herramientas que le solucionan el problema. Quien está en tierra de nadie tiene que elaborar una respuesta. ¿Cómo decir, por ejemplo, la centralidad de la persona de Jesús? ¿Cómo elaborar una espiritualidad sobre Jesús útil para quien está en esta tierra de nadie, hermosa, que es la vida social, el momento histórico en que vivimos? Hagamos un intento:

  1. 1.   Jesús, presencia fiable de Dios en la historia: Porque el rastreo de Dios en la historia ha generado mil fantasmas en torno a él hasta llegar a decir que “Dios no es de fiar” (Saramago, mirar Caín). Sin embargo, de Jesús podemos fiarnos por respuesta positiva ante el dolor humano. Su conmoción por lo nuestro es garantía de su fiabilidad (Mc 6,30-34).
  2. 2.   Jesús, acompañamiento de Dios en el camino humano: Por él sabemos que no estamos solos, que “nuestra tierra tiene marido” (Is 62,1-5), que es nuestro buen levir que nos ampara (Jn 1,27). Una historia acompañada: es la nuestra; lo sabemos por el acompañamiento de Jesús inserto en la base de lo humano (Jn 14,23).
  3. 3.   Jesús, el que nos introduce en el Misterio: En ese misterio que es “no otro” y que no tiene límites. Por su ahondamiento en los caminos de la espiritualidad (la oración, la Palabra, el dolor humano, la preocupación por la suerte de los pobres) sabemos que nos lleva bien hacia el Misterio.
  4. 4.   Jesús, disponible para el bien: Porque la bondad, ideal divino, ha brillado de manera eximia en Jesús que pasó haciendo el bien, que creía en un Dios bueno para todos y que propuso a quienes ejercen la bondad como ciudadanos ejemplares del nuevo reino (Mt 5,45; Hech 10,38).
  5. 5.   Jesús, habitante de la profundidad: Porque la profundidad, la verdadera dimensión de lo que somos (en lo bueno y en lo no tan bueno) es el lugar donde él ha puesto su morada. Y, según el argumento de P. Tillich antes citado, porque sabe de la profundidad, sabe también de Dios. En la profundiad del corazón está la verdad de Dios y de la persona (Mt 15,18).
  6. 6.   Jesús, puerta para la experiencia de Dios: Porque muchas son las puertas que llevan a los umbrales del misterio, a la experiencia viva de lo divino. Para el cristiano Jesús es esa puerta que ayuda a franquear lo que la religión considera inaccesible (Jn 10,7). Es puerta que no excluye, sino que abraza y valora las otras puertas.
  7. 7.   Jesús, miembro luminoso de la comunidad de Dios: Con una luz que es capaz de iluminar la senda de lo humano. Es luz en el mundo y para el mundo (Jn 8,12). Tampoco excluye a las otras luces. Es, más bien, luz humilde y menor, pero utilísima y animadora.
  8. 8.   Jesús, eliminador de barreras hacia la total fraternidad: Ya que la historia humana es un continuo elevar barreras a la fraternidad, a la relación, al entendimiento. Jesús es uno que, a su manera, ha tendido a eliminar barreras, a hacer de “los dos pueblos (de toda variedad social) uno” (Ef 2,14). De ahí que una visión de lo cristiano que mantenga viva la barrera de la religión es algo que se aleja del Evangelio.
  9. 9.   Jesús, camino hacia la profunda humanidad: Porque esa ha sido la meta de su descenso, de la kénosis que da sentido a su existencia histórica (Filp 2,6-11). Eso marca la dirección de la experiencia cristiana: ahondar huyendo de la superficialidad hasta dar con la verdad última que anida en los pliegues profundos del alma.
  10. 10.                    Jesús, que hace innecesaria la distancia entre lo humano y lo divino: Como queda claro en el Evangelio al poner como absoluto único no el de Dios, sino el de la persona. No es el “amor más grande” el amor a Dios sino el de quien entrega su vida por amor (Jn 13,18).
  11. 11.                    Jesús, seguridad que nos confirma en la posibilidad de lograr la plenitud: Ya que la dura experiencia histórica lleva a pensar que el logro de la plenitud es una quimera. Pero Jesús confirma a la persona que está destinado a la dicha y que su mayor pecado sería no lograrla. Por eso el suyo es un programa de felicidad (“Dichosos”).
  12. 12.                    Jesús, facilitador de vida: Por lo que la religión no puede ser un impedimento más en la vida sino un cauce facilitador. Eso ha demandado a Jesús una fuerte resituación del planteamiento religioso: allí donde hay conflicto en religión y persona, Jesús opta por la persona asumiendo con valentía el conflicto (Mt 12,1-8). Su propuesta es “ligera”, tiende a facilitar al máximo los duros caminos de los pobres (Mt 11,30).
  13. 13.                    Jesús, revelador de la fuente del ser: Porque sin ser la fuente del ser ha sido un revelador prístino de esa fuente diciendo que se ha quedado en él (Jn 1,32) y en toda persona (Jn 14,23), en toda realidad. Por él sabemos los cristianos que tal fuente mana aunque, al ser gentes de superficie, no la percibamos e, incomprensiblemente, traicionemos al ser.
  14. 14.                    Jesús, profeta de la plenitud del mañana: Ya que la pregunta por ese lugar que llaman el “mañana” surge en la vida de los débiles (E. Dickinson). Y Jesús no ha anunciado doctrinas, ni leyes, ni morales, ni religiones, sino “un nuevo amanecer”, un posibilidad en las manos (Hech 26,23).

 

4. Acompañar a quien está en tierra de nadie

 

        Para “aprender” a situarse mejor en esta tierra de nadie que anhela la aurora un buen ejercicio práctico es animarse a acompañar a quien anda en tales lugares.

  • Acompañar a quien está decepcionado del sistema, de la Iglesia, de la sociedad: Acompañarle tratando de relativizar, matizar, situar mejor, valorar elaborando el conflicto, de manera que el resultado no sea tan demoledor y ayude a levantar los hombros con un poco más de esperanza.
  • Acompañar a quien está marcado desde el punto de vista moral o social: Hacer nuestros sus anhelos; no quitar hierro banalizando su situación. Sembrar la certeza de que la deshonra no la llevan ellas sino quienes les victimiza; abrirles la sonrisa, las manos y la vida lo más que se pueda.
  • Acompañar a quien camina sin estructuras familiares, sociales, psíquicas: Intentar si no entenderles, al menos no cargarles de más peso. Respetar sus para nosotros “extrañas” decisiones. Implicar al hecho social en el asunto: son parte del hecho social.
  • Acompañar a quien vive en la tierra de nadie de la soledad, el silencio, la vida vivida con disgusto, el dolor siempre presente: No dar ánimos insensatos; estar ahí de la manera más callada posible; intentar aportar algo de luz de la manera más sensata y ceñida a la realidad posible; aguantar con ellas que son quienes más aguantan.
  • Acompañar a quien ha olvidado cómo se canta, cómo se disfruta, cómo es la alegría simple: Hacerlo con el mejor talante posible; asumir esa pena sin contagiarse de ella; insistir mil veces en que hay zonas de sol y de disfrute sencillo.

No son acompañamientos sencillos, ni “agradables”. Pero esta es la verdadera “penitencia”, el cambio real que se nos demanda en la Cuaresma. Hay que creer que estos comportamientos contribuyen al acercamiento de la “aurora” anhelada.

 

5. Itinerario cuaresmal

 

1ª semana: Toma como texto de la semana Jn 10,10 y trata de no colaborar a la decepción de quien está quemado.

2ª semana: Toma como texto Jn 8,11 y no digas palabras duras contra quien no vive la moral que vives tú.

3ª semana: Toma como texto Mc 3,21 y trata de ser fraterno con quien vive en desestructura social.

4ª semana: Toma como texto Mc 7,37 y comparte un poco el silencio obligado de los sin voz.

5ª semana: Toma como texto Jn 3,29 y trata de sembrar en tu entorno gusto por la vida.

Retiro en la Navidad de 2013

 

Retiro en la Navidad de 2013          

 

 

LO INMENSO EN LO PEQUEÑO

PUEDE ENCONTRAR MORADA

 

            Cada vez que uno se pone conscientemente ante el Misterio ha de aquietarse, ha de hacer silencio por dentro, tiene que aguzar la mirada interior, esa que capta intuiciones y alimenta anhelos. Ponerse limpiamente ante el Misterio, sin intentar penetrar en él y sin poner tampoco trabas que no son misterio. Estar ante el “misterio abrupto” de la Navidad (U. von Baltasar). Abrupto porque es misterio de hondura y de pobreza; difícil porque trata de cómo lo nuestro, tan pobre, es morada suya.

         Precisamos cada Navidad hacer este trabajo de ahondamiento para que el ruido social de las fiestas no ahogue, también en nosotros, la hermosura de lo que quiere sugerirnos el Misterio. Tan somos tan despistadizos que cualquier cosita nos desvía del lugar del Misterio. Mucho más si eso está consagrado y apadrinado por una sociedad que respira, en su gran mayoría, otros aires.

         ¿Cómo nombrar a ese Jesús del Misterio? ¿Cómo acercarse a aquello que nos es muy difícil de asimilar porque, a la postre, es el misterio de la pobreza con Dios dentro? ¿Cómo hacerlo de manera que nos ilusiones hoy? Los modos tradicionales de entender la encarnación, modos de origen dogmático, aunque cordialmente aceptados quizá hayan perdido su capacidad de sugerencia y, con ello, su fuerza para renovar en nosotros el estremecimiento del Misterio. Si así fuera, habría que intentar otras maneras de nombrar al Jesús que es carne, a Dios que es carne por amor.

         Eso es lo que vamos a intentar con el deseo de experimentar en modos más vivos aquello en lo que creemos.

 

 

 1. “Dentro de mí”

 

         El poeta Eloy Sanchez Rosillo nos ha dado en su libro Oír la luz (Ed. Tusquets, Barcelona 2008, p.137) un hermoso poema que nosotros leemos desde la perspectiva del misterio de la encarnación. Es la luz de quienes ven más hondo y más sutilmente que nosotros:

 

Lo que mis ojos ven

y lo que sueño,

la luz de cada día,

la extensión de las noches, 

el misterioso amor

y el largo olvido, 

todo el dolor

y toda la alegría. 

En un solo pecho

cabe el mundo. 

Lo inmenso en lo pequeño

puede encontrar morada,

y aún sobra mucho espacio.

 

  • Lo que ven mis ojos y lo que sueño: eso es lo que encierra el misterio: la pobreza del Jesús histórico que “hemos visto” (1 Jn 1,1) y lo que hemos soñado de él, su hondura creyente, porque a ella tiende nuestra adhesión. Las dos cosas van juntas.
  • La luz de cada día y las extensiones de las noches: todo el vivir, respirar, y hacer de Jesús: sus días entregados y sus noches  de fuerte acercamiento al secreto del padre.
  • El misterioso amor y el largo olvido: el amor apasionado con que ha amado esta vida y el increíble olvido del agravio que le ha llevado a darse por entero.
  • Todo el dolor y la alegría: porque ambas cosas han cabido en el ser histórico de Jesús y en su ser creyente. Su dolor y su alegría e, incluso, muchos de nuestros dolores y alegrías.
  • En un solo pecho cabe el mundo: en aquel pecho humano, limitado, destinado a la muerte cabía, de hecho, todo el mundo. Por eso podía derrochar misericordia y empatía con todos; los llevaba dentro.
  • Lo inmenso en lo pequeño puede encontrar morada: esa es la verdad del Misterio: que lo inmenso, el amor inabarcable del padre, puede encontrar morada en lo pequeño de aquel Jesús pobre y de su pobre familia.
  • Y aún sobra mucho espacio: el suficiente para que todo siga entrando a esa casa del misterio del amor que anida en el fondo de la existencia.

 

2. La luz de la Palabra: Mt 1,21.23

 

“Le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados… Se le pondrá por nombre Emmanuel (que significa “Dios con nosotros”) (Mt 1,21.23)”.


         Son los nombres que, según Mateo, se impondrán a Jesús. Los nombres tienen en la antropología hebrea una densidad que no tienen en la nuestra (que son casi meramente ornamentales). Indican algo de la entidad de la persona a quien se nombra así.

  • Jesús: nombre que llevaban muchas personas en aquella época. Indica el anhelo de salvación que Israel ha madurado a lo largo de siglos. Es salvación “para su pueblo”, es decir, para Israel. Tiene un indudable componente nacionales, mesianista. Un Jesús al que se entiende como salvador de Israel nada más, en el sentido exclusivista de las religiones. Jesús mismo tendrá que luchar en su vida contra la cerrazón mesiánica de sus discípulos y contra la suya propia para ampliar el nombre de Jesús a toda persona, para fundar la nueva relación que luego llamaría “el reinado de Dios”.
  • Emmanuel: nombre que “corrige” el anterior porque lo amplía. Jesús revelará que Dios Emmanuel, es decir, que es el fundamento del ser, la base de la existencia, la verdad última de toda criatura, la certeza de la presencia de Dios a perpetuidad en el fondo de lo humano (como luego dirá Jn 14,23). Las personas, la creación incluso, como decía san Francisco, pueden tener por segura la salud por el hecho de un que se revela en la pobreza y hermosura de Jesús. 

 

3. Nombrar a Jesús en otros modos

 

         ¿Cómo nombrar a Jesús en otros modos que los de la tradición dogmática, aunque sigamos valorándolos? ¿Cómo decir lo que hay dentro de Jesús en maneras que nos cautiven un poco más, que nos han valorar con un brillo nuevo en la mirada eso que decimos desde siempre, que en Jesús aparece lo divino? Intentémoslo:

  1. 1.    Jesús, presencia fiable de Dios en la historia: Porque el rastreo de Dios en la historia ha generado mil fantasmas en torno a él hasta llegar a decir que “Dios no es de fiar” (Saramago, mirar Caín¡¡¡¡¡¡¡¡). Sin embargo, de Jesús podemos fiarnos por respuesta positiva ante el dolor humano. Su conmoción por lo nuestro es garantía de su fiabilidad (Mc 6,30-34).
  2. 2.    Jesús, acompañamiento de Dios en el camino humano: Por él sabemos que no estamos solos, que “nuestra tierra tiene marido” (Is 62,1-5), que es nuestro buen levir que nos ampara (Jn 1,27). Una historia acompañada: es la nuestra; lo sabemos por el acompañamiento de Jesús inserto en la base de lo humano (Jn 14,23).
  3. 3.    Jesús, el que nos introduce en el Misterio: En ese misterio que es “no otro” y que no tiene límites. Por su ahondamiento en los caminos de la espiritualidad (la oración, la Palabra, el dolor humano, la preocupación por la suerte de los pobres) sabemos que nos lleva bien hacia el Misterio.
  4. 4.    Jesús, disponible para el bien: Porque la bondad, ideal divino, ha brillado de manera eximia en Jesús que pasó haciendo el bien, que creía en un Dios bueno para todos y que propuso a quienes ejercen la bondad como ciudadanos ejemplares del nuevo reino (Mt 5,45; Hech 10,38).
  5. 5.    Jesús, habitante de la profundidad: Porque la profundidad, la verdadera dimensión de lo que somos (en lo bueno y en lo no tan bueno) es el lugar donde él ha puesto su morada. Y, según el argumento de P. Tillich antes citado, porque sabe de la profundidad, sabe también de Dios. En la profundiad del corazón está la verdad de Dios y de la persona (Mt 15,18).
  6. 6.    Jesús, puerta para la experiencia de Dios: Porque muchas son las puertas que llevan a los umbrales del misterio, a la experiencia viva de lo divino. Para el cristiano Jesús es esa puerta que ayuda a franquear lo que la religión considera inaccesible (Jn 10,7). Es puerta que no excluye, sino que abraza y valora las otras puertas.
  7. 7.    Jesús, miembro luminoso de la comunidad de Dios: Con una luz que es capaz de iluminar la senda de lo humano. Es luz en el mundo y para el mundo (Jn 8,12). Tampoco excluye a las otras luces. Es, más bien, luz humilde y menor, pero utilísima y animadora.
  8. 8.    Jesús, eliminador de barreras hacia la total fraternidad: Ya que la historia humana es un continuo elevar barreras a la fraternidad, a la relación, al entendimiento. Jesús es uno que, a su manera, ha tendido a eliminar barreras, a hacer de “los dos pueblos (de toda variedad social) uno” (Ef 2,14). De ahí que una visión de lo cristiano que mantenga viva la barrera de la religión es algo que se aleja del Evangelio.
  9. 9.    Jesús, camino hacia la profunda humanidad: Porque esa ha sido la meta de su descenso, de la kénosis que da sentido a su existencia histórica (Filp 2,6-11). Eso marca la dirección de la experiencia cristiana: ahondar huyendo de la superficialidad hasta dar con la verdad última que anida en los pliegues profundos del alma.
  10. 10.                      Jesús, que hace innecesaria la distancia entre lo humano y lo divino: Como queda claro en el Evangelio al poner como absoluto único no el de Dios, sino el de la persona. No es el “amor más grande” el amor a Dios sino el de quien entrega su vida por amor (Jn 13,18).
  11. 11.                      Jesús, seguridad que nos confirma en la posibilidad de lograr la plenitud: Ya que la dura experiencia histórica lleva a pensar que el logro de la plenitud es una quimera. Pero Jesús confirma a la persona que está destinado a la dicha y que su mayor pecado sería no lograrla. Por eso el suyo es un programa de felicidad (“Dichosos”).
  12. 12.                      Jesús, facilitador de vida: Por lo que la religión no puede ser un impedimento más en la vida sino un cauce facilitador. Eso ha demandado a Jesús una fuerte resituación del planteamiento religioso: allí donde hay conflicto en religión y persona, Jesús opta por la persona asumiendo con valentía el conflicto (Mt 12,1-8). Su propuesta es “ligera”, tiende a facilitar al máximo los duros caminos de los pobres (Mt 11,30).
  13. 13.                      Jesús, revelador de la fuente del ser: Porque sin ser la fuente del ser ha sido un revelador prístino de esa fuente diciendo que se ha quedado en él (Jn 1,32) y en toda persona (Jn 14,23), en toda realidad. Por él sabemos los cristianos que tal fuente mana aunque, al ser gentes de superficie, no la percibamos e, incomprensiblemente, traicionemos al ser.
  14. 14.                      Jesús, profeta de la plenitud del mañana: Ya que la pregunta por ese lugar que llaman el “mañana” surge en la vida de los débiles (E. Dickinson). Y Jesús no ha anunciado doctrinas, ni leyes, ni morales, ni religiones, sino “un nuevo amanecer”, un posibilidad en las manos (Hech 26,23).

 

4. Caminos de ahondamiento en el Misterio

 

         Son caminos que el ambiente social no propicia mucho, pero que si se está atento, tampoco son tan difíciles y ya los vamos experimentando desde hace años:

  • El camino del silencio deseado: no impuesto, sino deseado, buscado, personalizado. Navidad es buen tiempo para el silencio, porque el silencio fue el envoltorio encarnacional en los días de su nacimiento y sigue siendo ahora una puerta al Misterio.
  • El camino del compartir sencillo: no solamente la mesa, la liturgia, la oración, al fiesta. También la palabra: hablemos algo de la navidad como misterio de pobreza y alegría. Confiémonos nuestros itinerarios personales.
  • El camino de la cercanía al débil: al que le cuesta más celebrar por lo que sea, a quien está más frío, más solo, más despegado, a quien pasa ya de estas cosas porque las tiene sabidas. Estar ahí diciendo con sencillez y con pocas palabras que el misterio sigue siendo atrayente si lo mira con ojos vivos.
  • El camino de la Palabra rumiada: porque Navidad es tiempo bueno para rumiar la Palabra, la “carta de la Encarnación y del amor” que es la 1 Jn. Tiempo para hacer más sitio a la Palabra.
  • El comino de la contemplación creacional: porque aunque es invierno, la creación sigue siendo hermosa, la hermosa tierra que acogió a Jesús como nos acoge a nosotros. Mirar la tierra, tocarla, besarla, abrazarla, llamarla hermana y madre.
  • El camino de la música profunda: la sencilla música que puede ser nuestro canto y que se prepare mejor que en otras ocasiones. O la gran música que podemos escuchar en el tocadiscos: el Mesías de Händel, siempre hermoso o el “Oratorio de Navidad” de Bach, enorme como toda su música religiosa.
  • El camino de la sencillez que comparte: la de quien sabe celebrar y la de quien sabe compartir porque, a la vez que mira el Misterio, mira su prolongación en el misterio humilde la vida de quien anda en necesidad, como la anduvo Jesús y su familia.

 

Conclusión

 

         No hemos de temer acostumbrarnos a celebrar la Navidad “de otra manera”. No es menos disfrutante que la que nos quiere contagiar el hecho social. Tiene otros gozos, otros valores, otras sensaciones, otros escalofríos. Pero, a la larga, puede ser mucho más satisfactoria. Asomarse al Misterio es, de alguna manera, contagiarse del Misterio.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Retiro Adviento 2013

Retiro en el Adviento de 2013

 

 

EL HORIZONTE ES BRUMA, ES CIELO Y ES ESCARCHA

El Adviento como tiempo para abrir horizontes

 

         Por mucho que se empeñen los medios de comunicación, los gobernantes y hasta los banqueros que nos expoliaron en hacernos creer, en una extraña euforia, que técnicamente hemos abandonado la recesión, que hay luz al final del túnel, que ha empezado la recuperación y cosas por el estilo, el ciudadano de a pie, y más si pertenece a los frágiles sociales, ve el horizonte cada día más cerrado. Las fechas en las que se habla de “luz” cada día se retrasan más. Así es la cruda realidad.

         De ahí que la espiritualidad tenga que venir en ayuda de la persona (para esto está) y trate de colaborar, por una vía muy distinta a la de los poderes fácticos, a abrir horizontes, a dar esperanza por caminos pequeños pero concretos, a sugerir actitudes de vida que contribuyan a levantar el ánimo y a iluminar un poco el, a veces, oscuro camino de la existencia. Mucho de la espiritualidad es resistencia para sostener la posibilidad de una vida más humana y posibilitadora. 

         Por eso hemos creído que el Adviento, tiempo de esperanza, podía ser entendido como tiempo de abrir horizontes, de poner delante aquellos aspectos de la Palabra y de la vida que colaboren a iluminar un poco el horizonte, que ayuden a levantar los hombros y los ojos para no ceder al desaliento, para que la amargura no nos hunda.

         Al fin y al cabo, la encarnación de Jesús que celebramos en Navidad no es sino la seguridad de que hay horizonte para la vida humana: “Desde que Jesús ha nacido, tenemos segura la salud”·, decía san Francisco. Esta seguridad de que hay salidas a nuestras situaciones vitales es lo que celebraremos tras el Adviento, tras un Adviento vivido como tiempo para abrir horizontes.

 

1. El horizonte es bruma, es cielo y es escarcha

 

         Tiene la joven poetisa Elisa Martín Ortega un poemario dedicado al país de Jesús, a Palestina. Y de él tomamos un poema que aplicamos al tema de abrir horizontes.

 

Hoy el sol de la tarde tiene un nombre escondido.
Se oculta en el abismo
de nuestras manos,
acompaña al silencio de las dunas.
El horizonte es bruma, es cielo y es escarcha,
mientras la tierra, azul y sinuosa,
acoge nuestras sombras, y las borra
entre sus pliegues.

 

Sólo respira el aire:
mi cuerpo a la intemperie.
Y sin embargo,
una voz me reclama
donde acaba la piel,
donde la arena duerme,
la misma voz que sorprende en secreto
a mis ingenuos ojos,
y presta me ha traído
a este valle de ausencias,
a este hermoso campo
que aún guarda el dolor
del paraíso.

 

  • El sol de la tarde tiene un nombre escondido: No es de extrañar que la luz del horizonte de la vida esté, con frecuencia escondida. Es toda la obra de mal que nos hacemos para decir al otro y a nosotros mismos que no tenemos salida. Pero eso no es cierto, existen las salidas, más cuanta más luz y solidaridad haya en nuestras vidas.
  • El horizonte es bruma, es cielo y escarcha: No es únicamente luz. Hay que admitir la bruma, su lado oscuro, su pena. Pero es también cielo, logro, por humilde que sea, luz, aunque sea tenue, posibilidad. Por eso es escarcha, porque la escarcha al comienzo del día promete una jornada de luz. Pena, luz, promesa, de esos ingredientes está hecho nuestro horizonte.
  • Mi cuerpo a la intemperie: La dura intemperie de la existencia que puede mitigarse cuando amparamos los cuerpos, cuando cuidamos al otro, cuando abrazamos al que camina con nosotros sin prejuicios.
  • Una voz me reclama: La voz de la esperanza que se concretiza en pequeñas posibilidades, en amparos sencillos, en palabras cercanas, en preocupaciones por la suerte del otro, en miradas que sintonizan sin velos, en soledades acompañadas. Todos los elementos que dicen que el horizonte es nuestra herencia y nuestra casa el futuro.
  • Este hermoso campo que aún guarda el dolor del paraíso: Porque guarda el dolor, pero también la hermosura. Así es la vida que podemos soñar, doliente a veces, hermosa otras. Sobre todo esto segundo. Y trabajar por ello, a la vez que se trabaja por mitigar el dolor, es abrir horizonte a quien está hambriento y necesitado del mismo.

 

2. La luz de la Palabra: Ez 36,24-28

 

         Son muchas las luces, los faros, que enciende la Palabra, desde su pobreza, para iluminar el camino humano. Vamos a rescatar una de las páginas del AT:

 

24Os recogeré de entre las naciones,
os reuniré de todos los países,
y os llevaré a vuestra tierra.
 

 

25Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará:
de todas vuestras inmundicias e idolatrías
os he de purificar;

26y os daré un corazón nuevo,
y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.
 

 

27Os infundiré mi espíritu,
y haré que caminéis según mis preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
 

 

28Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo,
y yo seré vuestro Dios.
 

 

  • Ezequiel era un clérigo. Pero fue arrancado de su ambiente clerical para hacer de profeta en una época terrible para el viejo Israel, aquella en que a punto estuvo de desaparecer del mapa. Pero entonces suscitó Dios a este clérigo cascarrabias, crítico con su propio pueblo, desalentado para hacer obra de apertura de horizontes cuando todo eran nubarrones y tristeza. El pueblo de Israel estaba exilado en Babilonia con la certeza de que nunca más volvería a su amada tierra de Judá. De entre los presos, se alza la voz de este clérigo profeta también preso como ellos.
  • El vendaval de la guerra había dispersado a los hombres fuertes de Israel, a los que sobrevivieron. La profecía dice que Dios los recogerá como se recogen los trozos de un jarrón quebrado. Los irá buscando por todos países como se sigue el rastro de la persona amada que se perdió y se esfumó. Y los llevará a su tierra, a su lugar, al hogar donde uno es él mismo. Volverá las casas a tener habitantes y los hogares encenderán de nuevo el fuego a cuyo amor se pueda vivir. Reunidos, encontrados, abrazados.
  • Pero el clérigo no se resigna a no meter la cuchara: por eso habla de purificar. Como si no hubiese sido suficiente purificación el desastre del exilio, la cadena al cuello, la burla de los cantos robados (Cantadnos un cantar…), el oprobio del rey cegado y desnudo (Sedecías). Él quiere que Israel reconozca que es por sus culpas por las que le ha ocurrido esto. ¿Qué más daba a la hora de necesitar horizonte, en el momento del consuelo, cuando se quería encontrar aliento para no sucumbir?
  • Y el profeta hace la gran profecía: habrá una especie de trasplante de corazón, un corazón nuevo. Porque sin corazón nuevo no puede haber horizonte nuevo, sin el nuevo corazón es imposible soñar un día de humanidad para quien anda mal. Hay que arrancar el corazón de piedra, porque se agarra a sus planteamientos de siempre y poner en su lugar un corazón de carne, de humanidad. Pretender hablar de horizontes sin humanidad es imposible.
  • De tal manera que se andará con el espíritu del Señor, con su valores, con manera de mirar la vida. No tanto para cumplir preceptos y mandatos como añora el clérigo legalista, sino para camina por caminos de humanidad nueva, de economía humana, de política realmente preocupada por los pobres que sufren, de relaciones sociales asentadas sobre la bondad.
  • Y se promete habitar en la tierra de los padres, en una tierra distinta, porque no es tanto la tierra merecida, sino la tierra soñada, no es tanto la tierra del mal sino la tierra de la bondad creciente.  En ese horizonte de humanidad renovada se sabrá que esta pobre realidad que es la historia humana, perdida en el universo, es el pueblo de un Dios de amor.

 

3. Ahondamiento teológico

 

         Quizá haya que hacer un pequeño esfuerzo por enriquecer el imaginario sobre Dios, nuestra manera de entenderlo y de vivirlo:

  • Un Dios para abrir horizontes: No para el castigo, la condena y la ira. Un Dios que le encanta abrir horizontes a esta realidad humilde y limitada que es la historia humana. Un Dios que ha sido desfigurado hasta el extremo cuando se lo ha unido a la violencia, a la coacción, a la exclusión.
  • Un Dios que recoge dispersos: Que recoge la dispersión que tendemos a ser los humanos. Un Dios que recoge las ausencias, los extravíos propios de quien pierde la visión del horizonte. Un Dios que ayuda a unificar la realidad humana en el ámbito básico del amor, de la generosidad, de la benignidad.
  • Un Dios de consuelo que impulsa consuelos: Porque la existencia, a veces, construye enormes desconsuelos, pétreos y sólidos hasta creer que jamás podrán ser disueltos, derribados. Un Dios que lucha denodadamente por consolarnos en las fibras más sensibles de la existencia, sin requerir ninguna clase de moral ni de religión.
  • Un Dios de humanos y para humanos: Para generar humanidad, para modificar en cuanto se pueda el interior cainita que nos compone hasta lograr hacer nacer en nuestra alma el sentido de lo humano, la alegría de gozar como humano, la mentalidad de quien llega a la convicción de que los humanos estamos hechos para vivir el uno con y para el otro.
  • Un Dios para una tierra de bondad: Porque tercamente se empeña en querer hacer ver que más allá de los enormes precios que conlleva el ser histórico esta tierra, esta vida son regalos de bondad, de amor. Y que tales regalos contienen enormes posibilidades si las sabemos desarrollar. Un Dios no para religiosos, sino para buenos. Solo los buenos deberían ser religiosos.

 

4. Caminos que llevan al horizonte

 

         Existen caminos, sencillos y humildes, que llevan al horizonte. Esos caminos son los que podríamos transitar en este Adviento:

  1. 1.    Horizontes humanos: Están hechos de materiales simples: palabras buenas, resistencia a prejuicios-estereotipos-velos, amabilidad explícita, lenguaje laudatorio, amistad cívica, respeto a la diferencia. Se trata de construir lo que los monjes del desierto llamaban la ciudad de los seres humanos y los arquitectos de hoy las ciudades habitables, amigables, medioambientales.
  2. 2.    Horizontes económicos: Tan difíciles de lograr. Economías con rostro humano, de decrecimiento, del bien común. Todas las alternativas que existen y que el sistema niega con una sonrisa hipócrita. Y luego, los pequeños socorros, las ayudas hechas con cabeza y con corazón, las iniciativas sencillas que abren la puerta de la inserción laboral y de la ciudadanía a los más desesperados. Eso sí que es abrir horizontes.
  3. 3.    Horizontes espirituales: Para creer que estos nuestros tiempos puede que no sean muy propicios para la religión pero sí que lo son para la espiritualidad. Apreciar los horizontes espirituales que hablan de la contemplación de la naturaleza, de la vuelta a modos sencillos de vida, de los disfrutes elementales. Entender las tradiciones religiosas más como ofertas de espiritualidad que como proselitismo.
  4. 4.    Horizontes relacionales: Ya que mucha de la oscuridad de nuestros horizontes va pareja con el oscurecimiento de nuestras relaciones humanas. Cuanta más luz en ella, cuanto más brillo en los cuerpos y las vidas que viven juntos, cuanta más alegría en los caminos vividos en común, más se ensancha el horizonte. Y al revés. Una relación susceptible de ser ampliada al infinito, sabiendo que las relaciones ampliadas nunca hacen mal a las relaciones inmediatas.
  5. 5.    Horizontes eclesiales: Para creer que es posible remover los viejos cimientos de una tradición eclesial anquilosada, esclerotizada, deformada. Creer en los “aires nuevos”, en las posiciones nuevas, en los caminos no hollados. Huir como del diablo de quien dice que no hay nada nuevo bajo el sol, porque ese estatismo encierra un poder que no se quiere soltar.

 

5. Itinerario de Adviento:

 

  1. 1.    Primera semana (30 nov. Al 6 de diciembre): Trabajar los horizontes de humanidad. Trata de ser humano/a en palabras buenas, en valoraciones ajustadas, en cercanías sencillas. Que lo humano te ensanche el alma. 
  2. 2.    Segunda semana (7 al 13 de diciembre): Trabajar los horizontes económicos. Acércate un poco más a las vidas de quienes lo pasan mal. Trata de aportar algún consuelo o ayuda, por sencilla que sea. Entrevé la posibilidad de pertenecer a alguna organización social de ayuda. 
  3. 3.    Tercera semana (14 al 20 de diciembre): Trabaja los horizontes relacionales. Cuida tus relaciones cotidianas. Aporta algo a ellas esta semana de vitalidad; sugiere caminos de convivencia. Intenta abrirte más a relaciones lejanas; haz alguna conexión con personas conocidas que están lejos. 
  4. 4.    Cuarta semana (21-24 de diciembre): Trabaja estos días los horizontes de espiritualidad. Desea una celebración realmente cristiana de la Navidad, no perdida en el marasmo de las fiestas sociales. Plantéate la posibilidad de hacer una jornada o dos de silencio y retiro persona en estas Navidades para controlar un tanto el embate del consumo y del ambiente bullanguero. 

 

Conclusión

 

         Si un acercamiento a la Palabra no nos sirve para impulsarnos, para animarnos, para activar nuestras vidas titubeantes de cara a abrir más horizonte en los campos en que nos movemos no cumple su cometido. Si se considera el Adviento como tiempo de esperanza pero no superamos la certeza solidificada de que muchos cristianos en realidad no esperan ya nada, el Adviento ha sido poco productivo, mera remembranza cíclica. Si la Navidad que vamos a celebrar no es, realmente, una pequeña iluminación de nuestros horizontes vitales, hemos cedido al planteamiento de una mera sociedad de consumo que dice que hay que celebrar para consumir más. Que no sea así.

 

 

 

 

 

ORACIÓN COMÚN

 

1. Canto:

 

 

ABRE TU TIENDA AL SEÑOR,
RECÍBELO DENTRO, ESCUCHA SU VOZ.
ABRE TU TIENDA AL SEÑOR,
PREPARA TU FUEGO QUE LLEGA EL AMOR.

El Adviento es esperanza, la esperanza salvación;
ya se acerca el Señor,
preparemos los caminos los caminos del amor,
escuchemos su voz.
ESTRIBILLO.

 


2. Lectura laica

 

Muerte y sepultura de la hermanita Genoveva,  partera del pueblo Tapirapé

 

         El 24 de septiembre de 2013 murió en la aldea de los indígenas Tapirapé, en el Araguaia, la Hermanita de Jesús Genoveva, francesa de origen. Ella y sus compañeras han vivido una experiencia que el antropólogo Darcy Ribeiro consideraba una de las más ejemplares de toda la historia de la antropología: el encuentro y la convivencia de alguien de la cultura blanca con la cultura indígena.

         Este es el testimonio de Canuto, que sabe bien de la vida y obra de la Hermanita Genoveva. Así describe su muerte:

         «En la mañana del martes 24 Genoveva estaba bien. Había amasado barro para el arreglo de la casa. Almorzó tranquilamente con la hermanita Odile. Estaban descansando cuando se quejó de dolor en el pecho. Odile fue rápidamente a conseguir transporte para llevarla al hospital de Confresa. En el camino la respiración se fue haciendo más difícil. Murió antes de llegar al hospital.

         De vuelta a la aldea, consternación general. Genoveva había visto nacer casi al 100% de los Apyãwa (así se llamaban a sí mismos los Tapirapé. Así vuelven a autodenominarse hoy), en estos 61 años de vida compartida.

         Los Apyãwa quisieron sepultarla según sus costumbres, como si hubiese muerto otra Apyãwa. Los cantos fúnebres, ritmados con los pasos, se prolongaron por mucho tiempo, durante la noche y el día siguiente. Se oían muchos lloros y lamentaciones.

         Según el ritual Apyãwa, Genoveva fue enterrada dentro de la casa donde vivía. La tumba fue abierta con todo cuidado por los Apyãwa, acompañada de cánticos rituales. A una altura de unos 40 centímetro del suelo fueron colocados dos travesaños, uno en cada extremo. A estos travesaños fue amarrada la hamaca que quedó como una hamaca tendida como quien está durmiendo. Por encima de los travesaños se colocaron tablas y sobre las tablas se colocó la tierra. Toda la tierra que pusieron encima fue peñerada por las mujeres, como es la tradición. Al día siguiente esta tierra se mojó y se moldeó de forma que quedara firme y espesa como la tierra batida. Todo acompañado de cánticos rituales.

         En su hamaca donde dormía todos los días, Genoveva duerme el sueño eterno entre aquellos que escogió para que fueran su pueblo.

         La noticia de su muerte voló por la región, por Brasil y por el mundo. Vinieron muchos Agentes de Pastoral. Los coordinadores del CIMI (Consejo Indígena Misionero) de Cuiabá, llegaron después de un viaje de más de 1.100 kms cuando el cuerpo estaba ya en la tumba, todavía cubierto sólo con las tablas. Los Apyãwa las retiraron para que los que acababan de llegar la viesen por última vez en su hamaca.

         A los cánticos rituales de los Tapirapé se fueron mezclando otros cánticos y testimonios de la caminada cristiana de la hermanita Genoveva. Al final, el cacique dijo que los Apyãwa estaban todos muy tristes con la muerte de la hermanita. Hablando en portugués y en tapirapé resaltó el respeto con el que siempre fueron tratados por las hermanitas durante estos sesenta años de convivencia. Recordó que los Apyãwa deben su supervivencia a las hermanitas, pues cuando ellas llegaron, ellos eran muy pocos y hoy llegan a casi mil personas.

         Plantada en territorio Tapirapé está Genoveva, un monumento de coherencia, silencio y humildad, de respeto y reconocimiento de lo diferente, probando cómo es posible, con acciones simples y pequeñas, salvar la vida de todo un pueblo. Saludos. Canuto”.

 

3. Audición

 


Este lugar,  es tierra sagrada, 

Este lugar, es tierra de Encuentro

Este lugar, es tierra de todos

Este lugar, es tierra de Amor

 

Este lugar, es tierra de vida,

Este lugar, es tierra de gracia,

Este lugar, es tierra de amigos

Este lugar, es tierra de luz.


 

4. Lectura Bíblica: Mt 5,23-24

 

         “Jesús fue recorriendo Galilea entera, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la buena noticia del reino y curando todo achaque y enfermedad del pueblo. Se hablaba de él en toda Siria; le llevaban enfermos con toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados y paralíticos y él los curaba”.

 

         Esta es la manera como Jesús abre horizontes: recorre la galilea, se acerca a la persona. Enseña en las sinagogas, abre las mentes. Proclama la noticia del reino, dice que Dios acompaña nuestra vida. Cura, que es lo mismo que decir que abre horizontes en los lugares mismos del dolor. No es de extrañar que hasta en Siria se hablara de él. No culpabilizaba de las enfermedades, no recriminaba comportamientos morales discutibles, no echaba en cara negligencias reales. Curaba sin más.

 

5. Comentarios personales y peticiones

 

6. Oración común

Si no busco el poder,

ningún poderoso podrá hacerme daño.

Si no ambiciono riquezas,
jamás me sentiré amenazado por la miseria.

Si no corro tras los honores,
convertiré toda humillación en humildad.

Si no me comparo con nadie,
seré feliz con lo bueno que hay en mí mismo.

Si no me dejo invadir por la prisa,
encontraré tiempo para todo lo necesario.

Si no soy esclavo de la eficacia,
daré el fruto que los demás esperan de mí.

Si no me enredo en la competitividad,
entraré en comunión con lo bueno que hay en todo.

Si vivo a fondo el momento presente,
seré dueño absoluto del pasado y del futuro.

Si acepto el fracaso en mi vida,
habré librado mi vida de toda frustración.

Si vivo para el amor,
el amor estará siempre vivo en mí.

 

7. Padrenuestro

 

8. Bendición y canto final

 

 

Vamos a preparar

el camino del Señor.

Vamos a construir

la ciudad de nuestro Dios.

 

Vendrá el Señor con la aurora,

Él brillará en la mañana,

pregonará la verdad.

 

Vendrá el Señor con su fuerza,

Él romperá las cadenas,

Él nos dará la libertad.

 

Él estará a nuestro lado,

Él guiará nuestros pasos,

Él nos dará la salvación.

Nos limpiará del pecado,

ya no seremos esclavos,

Él nos dará la libertad.

 

Vamos a preparar

el camino del Señor.

Vamos a construir

la ciudad de nuestro Dios.

 

Vendrá el Señor con la aurora,

Él brillará en la mañana,

pregonará la verdad.

 

Vendrá el Señor con su fuerza,

Él romperá las cadenas,

Él nos dará la libertad.

Retiro en el Tabor

Retiro en el Tabor, 8-6-2013

 

 

1

ÚNICA LUZ QUE ALUMBRA

 

Introducción:

 

         La lucha entre la luz y las tinieblas ha sido, desde siempre, un “topos” antropológico. Estamos necesitados de luz y nuestra vida se ve envuelta, con frecuencia, en densas tinieblas. El anhelo de la luz es uno de los más profundos deseos de la vida. Estamos hablando de luz interior.

         La luz interior no es algo que venga incluido en el pack del mero vivir. Es una “construcción”, un trabajo, un proceso, un camino que hay que andar. Todo ello para sortear el riesgo de vivir en oscuridad y lograr ir haciendo que la luz brote en el interior de la persona.

         Un interior luminoso se refleja en el rostro, se refleja en la vida; un interior oscuro oscurece el rostro y oscurece la vida. “Cabizbajo y sombrío como quien llora a su madre… Contemplado y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se ensombrecerá” afirma el Sal 34. El misterio de un interior luminoso.

         Estamos en un lugar donde Jesús buscó y encontró luz, una luz que tuvo sus vaivenes, pero que siempre estuvo ahí, unas veces radiante, otras, más oculta. Subió a esta montaña porque necesitaba esa luz. Su andar fatigoso remontando estas cuestas es el símbolo de su sed de luz. Vamos a anhelar, nosotros también, esa luz. Vamos a dárnosla unos a otros en la medida en que podamos. Vamos a intentar entrever en el lugar hermoso de este monte esa única luz que alumbra todo interior que no es otra que la del amor.

 

1. Única luz que alumbra

 

         Antes de acoger la Palabra, vamos a ponernos en buena disposición fijándonos en la “otra palabra”, la buena palabra de los buenos poetas. Tomamos unos versos de Eloy Sánchez Rosillo titulados “Única luz que alumbra (del poemario Antes del nombre, Ed. Tusquets, Barcelona p.115): 

 

Sólo has vivido de verdad si tuvo
mucho que ver con el amor tu vida.
Todo vino y se fue. Pero aún transcurren
los días en que amaste y fuiste amado.

 

* Si tuvo mucho que ver con el amor de tu vida: La vida de verdad va en relación con la densidad del amor vivido. Si el amor es flojo; la vida es floja. Si el amor es vibrante, la vida ha tenido sentido. Remitirse al amor es, sobre todo, remitirse a los anhelos más que a los fracasos. Éstos pueden ser desplazados por aquellos porque siempre hay posibilidades de amar.

* Aún transcurren los días en que amaste y fuiste amado: Porque esa es la “única luz que realmente alumbra” y cuya luz no se extingue con los años. “El amor no pasa nunca”, decía el viejo Pablo (1 Cor 13,8) y tenía razón. Esa luz perdura y, si se cultiva, se agranda con todos los riesgos y toda la hermosura del agrandarse. Y, desde ahí, puede construirse un interior luminoso: a más amor, más luz; a menos amor, más sombra.

 

2. La iluminación de la Palabra: Lc 9,28-36

 

         Unos ocho días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y Santiago y los llevó al monte a orar. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente. Dos hombres, de improviso, se pusieron a hablar con él. Eran Moisés y Elías, que aparecieron con un resplandor glorioso y hablaban con él de su muerte, que iba a tener lugar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero lograron mantenerse despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando éstos se alejaban de Jesús, Pedro dijo: "Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". No sabía lo que decía. Mientras hablaba estas cosas se formó una nube y los ocultó. Al entrar ellos en la nube, se atemorizaron. Y salió una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo, el Amado, escuchadle. Cuando sonó la voz, se quedó Jesús solo. Ellos guardaron silencio, y a nadie dijeron por entonces nada de lo que habían visto.

 

         Normalmente se explica la transfiguración (término que no aparece en Lucas) como algo que viene “de fuera”: una luz “celestial” que ilumina al Jesús del Tabor. Tratemos de leerlo como una luz que brota desde dentro.

  • Pedro Juan y Santiago, aunque adheridos a Jesús, son el grupo más conservador, representantes de la dificultad para percibir el funcionamiento de los mecanismos del Reino. Por eso se les va a mostrar a ellos el sentido de la entrega de Jesús (son imagen de nuestra mis imposibilidad para situarnos en parámetros evangélicos).
  • La oración de Jesús es por pura necesidad: él necesita encontrar sentido a su camino creyente y utiliza un método conocido: la oración. Una oración buscada desde la necesidad.
  • No hay “transfiguración” en Lc. Es un “cambio de aspecto”, la percepción de quien ve a una persona con ánimo dentro cuando antes lo veía con desolación. La subida se hizo en el anhelo, la búsqueda y una cierta desolación. Y ahora, una luz se abre paso desde dentro y cambia su rostro y hasta su ropa cobra un nuevo brillo, una hermosura.
  • Moisés y Elías son los principales representantes de la Escritura, la Ley y la Profecía. La oración, la búsqueda de sentido se hace en diálogo con la Palabra.
  • El tema de conversación, de la búsqueda de luz es “el éxodo que iba a completar en Jerusalén”, el sentido de su muerte, el valor de una entrega al límite, la luz que esconde la amargura de una muerte intuida.
  • La modorra de los discípulos es imagen de su dificultad, de su lejanía, del poco socorro que pueden prestar a la búsqueda de Jesús. Pero, aun así, ven “la gloria” de Jesús, le verdad del sentido de la entrega de Jesús y la confirmación de los dos que estaban con él.  Ellos reciben los destellos de esa iluminación, aunque se empeñen en negarlos luego.
  • La intentona de hacer “tres chozas” no ha de interpretarse en clave contemplativa (ése no es el problema) sino histórica: quiere frenar el camino a Jerusalén, no le ven sentido a un éxodo que termina en muerte. La propuesta es tan pintoresca que el autor lo excusa diciendo: “No sabía lo que decía” (como en Lc 23,34 “no saben lo que están haciendo”).
  • La “nube”, la gloria, tiene que venir en confirmación de lo visto. Y lo hace con expresiones de los cantos del siervo: “Mi elegido, mi predilecto” (Is 44,2). Es decir: Dios confirma la opción de Jesús, la de la entrega hasta el fin; ése es el camino que Dios marca, que hay que “escuchar”. De ahí puede venir la luz a creyente, como le ha venido a Jesús.
  • Jesús se queda “sólo”. Es decir, una vida iluminada no deja sin efecto el esfuerzo del camino histórico por construir una vida entregada.
  • El discipulado “no cuenta a nadie lo que ha visto” porque la iluminación, el sentido, no puede ser aún acogido en su planteamiento vital. Son necesarias más mediaciones.

 

3. Ahondamiento espiritual

 

Un Jesús luminoso e iluminador: Siguiendo una tradición religiosa común, el NT ha presentado a Dios como luz (1 Jn 1,5). Y Jesús mismo se ha desvelado como “luz del mundo” (Jn 8,12). Por eso Jesús es iluminador. Pero lo es porque ha sabido conjugar su propia tiniebla histórica y la luz del sentido del amor de manera que éste último, mal que bien, ha terminado por triunfar. Es iluminador porque ha hecho una obra de trabajo con su propia tiniebla. Desde ahí es luz. Por eso, uno no sabe qué admira más, si la luz que sin duda el Padre le da o el trabajo que Jesús hace para que esa luz termine por salir adelante. Un trabajador para el engendramiento de la luz, del sentido. Por eso puede ser iluminador para el creyente al que dice que un trabajo semejante y un éxito similar también están al alcance de su mano.

La increíble luz de la esplendidez: El signo de la luz es evocador pero tiene el peligro de diluirse en una cierta estética. El Evangelio es más concreto: dice que la luz es la esplendidez: “La esplendidez da el valor a la persona. Si eres desprendido, toda tu persona vale; en cambio, si eres tacaño, toda tu persona es miserable”: Mt 6,22-23: trad. De Mateos del modismo de “Lámpara del cuerpo es el ojo”). Por eso Jesús es luminoso, porque es totalmente espléndido. Si no lo hubiera sido así, la tiniebla se habría hecho compacta en su interior, irrompible.

Un nuevo amanecer: En Hech 26 Pablo hace por tercera vez una apología de su vocación, ésta ante Agripa. Y dice que Jesús en su kerigma dice que Jesús “anunciaría un amanecer  lo mismo para el pueblo que para los paganos” (Hech 26,23). Un nuevo amanecer: no una doctrina, una teología, una moral, una religión, una filosofía. Un “amanecer”, una posibilidad de vida (eso es el amanecer) ligada a la luz de cada día. O sea, el asunto está en percibir a Jesús como posibilidad como se percibe la luz de mañana como una posibilidad. Hacer luz hablando de posibilidades.

Lámpara que ilumina: Eso es la Palabra. Lo decía el viejo salmo de la Ley (“Lámpara es tu palabra para mis pasos” Sal 118,105) y lo dice Jesús: “No se enciende una lámpara para meterla debajo de la cama” (Mc 4,21). Palabra que ilumina, no palabra que cansa, que adormece, que justifica sistemas, que lleva al inmovilismo. Palabra para desinstalar, para azuzar, para ayudar a imaginar, para entreves caminos. Palabra luminosa porque viene de la luz del Padre y de la luz histórica de Jesús, luchador contra toda tiniebla.

 

4. Derivaciones comunitarias

 

         Vamos ahora a derivar algunas sugerencias a nuestro estilo de vida comunitario. Quizá el contagiarnos ánimo lleve a acrecentar en cada uno de nosotros el caudal de luz.

         1) Comunidades luminosas porque trabajan lo oscuro: No son luminosas porque tienen personas notables (ojalá sí), sino sobre todo porque están acostumbradas a trabajar lo oscuro, a no dejarse vencer por él. Trabajar lo oscuro es encajar la limitación, admitir la corrección, practicar el discernimiento, unir la suerte a la de los “oscuros” (los débiles), construir la solidaridad (luz en lo oscuro), aceptar la posibilidad de ir derivando hacia situaciones marginales más que instalarse en posicionamientos sistémicos. Desde ahí puede venir alguna luz. Desde ahí pueden ser apóstoles del buen vivir, ése al que tiene derecho toda persona por causa de su ineludible dignidad.

         2) Comunidades luminosas a causa de su esplendidez: No únicamente a causa de su generosidad, que no sería poco, sino de su esplendidez. El voto de esplendidez es más luminoso que el de pobreza, aunque éste apunte a aquel. Espléndidas en bondad de corazón, en vida simple, en estilos de vida decrecidos. Desde ahí se podrá ser apóstoles de la esplendidez, porque ¿cómo se va a hacer ese apostolado si nosotros no somos realmente espléndidos?

         3) Comunidades luminosas que hablan de posibilidades: Para ello, comenzar por ser comunidades positivas, porque la negativización es una puerta en las narices para la esplendidez. Tratar de ayudar a ver que hay caminos aunque las situaciones sean duras. Hacerlo ver no solamente de palabra, en la oración, sino en pequeños modos de solidaridad real que hablen de posibilidades para los más débiles (en cuestiones de vivienda, trabajo, derecho humanos). Estas comunidades serán apóstoles de una vida felicitante, con sentido más allá de cualquier  interrogante, disfrutante por encima de heridas.

         4) Comunidades luminosas de Palabras buenas: Palabras y Palabra que sean buenas, que hablen del bien, que contengan la menor carga posible de negatividad, de herida, de menosprecio. Palabras “perfumadas”, como diría san Francisco, que salen de un corazón y de una fe perfumada. Que la luz venga por las buenas palabras, que venga por la Palabra buena. Apóstoles de las buenas palabras y de la Buena Palabra, en maneras de escucha, de oración, de propuesta evangélica atrayente, de caminos de novedad.

 

 

Conclusión

 

         Este es, lo hemos dicho, un lugar de luz, en que Jesús encontró luz. También sus seguidores entrevieron esa luz de la entrega aunque no fueran capaces de digerirla. Que nos ayuden ambos, que nos ayudemos nosotros. Que la reflexión, la Palabra y la oración puedan ser cauce de luz para nuestras vidas personales, para nuestras comunidades. Terminamos con un verso de Charo Rodríguez:

 

Solo el Dios encontrado, 

                                    ningún dios enseñado puede ser verdadero, 

                                    ningún dios enseñado. 

                                    Solo el dios encontrado  

                                    puede ser verdadero.

 

         Busquemos a Dios en este lugar, con estos hermanos, en la luz de esta mañana hermosa. Quizá pueda ayudarnos también este himno de la fiesta de la Transfiguración escrito por el capuchino Rufino Grández.

 


Aquel hombre que asciende a la montaña
a Dios está anhelando con sed viva;
pierde su corazón allá en la fuente
donde el dolor se pierde y pacifica,
y donde el Padre engendra al Hijo amado
con el Amor que de su pecho espira.

Aquel hombre de rostro penetrante
sobre su sangre y éxodo medita;
una luz desde dentro se abre paso,
la hermosa faz más limpia que el sol brilla,
porque es el bello rostro de Jesús,
cuyos ojos los ángeles ansían.

Es el Hijo en la Nube del Espíritu,
el Amado nacido antes del día;
el Padre lo pronuncia con ternura,
con la voz de sus labios lo acaricia;
los testigos videntes de la Gloria,
ebrios de amor lo adoran y se inclinan.

Pasó el fuego encendido en la montaña
y otra vez susurró la suave brisa;
y era él, ya no más transfigurado,
Jesús de Nazaret, el de María;
mas para aquel que vio la faz divina,
sin destellos la faz será la misma.

Jesús de la montaña y de la alianza
presente con gloriosa cercanía,
en el fuego sagrado de la fe
te adoramos, oh luz no consumida;
traspasa tu blancura incandescente
a tu esposa que en ti se glorifica. Amén.


 

 

2

LA FE DE FRANCISCO DE ASÍS

 

         Aunque, debido a los acontecimientos eclesiales (renuncia de Benedicto XVI, elección del papa Francisco) el decretado “año de la fe” ha quedado un poco en la penumbra, quizá podamos en este día de retiro venir un poco a ese tema para alimentar esa luz de la fe del que hablábamos esta mañana.

         Para ello, vamos a decir algunos puntos sobre la fe de Francisco de Asís. Nos referimos no a su fe teologal (fe en Jesucristo, en la Eucaristía, en la Palabra, etc.) o fraterna (en la Orden, en la Evangelización, en la Pobreza y Minoridad, etc.), sino a esos aspectos elementales que pueden arrojar luz sobre nuestro comportamiento creyente o franciscano.

 

1. LA FE DE SAN FRANCISCO EN UN MUNDO DISTINTO

 

        

         Francisco de Asís, tras duras experiencias de inhumanidad, como la cruenta guerra en la participó contra Perusa, llegó a la conclusión de que otro mundo era posible, de que la fraternidad universal era un anhelo con carta de naturaleza, de la que posibilidad de que los humanos vivieran como hermanos no desaparecía ni siquiera a pesar de las enormes heridas que nos inferimos a Dios. Si releemos la hermosa Admonición 27 intuiremos en su hondura el anhelo de ese mundo distinto:

 

Donde hay caridad y sabiduría no hay temor ni ignorancia.

Donde hay paciencia y humildad, no hay ira ni desasosiego.

Donde hay pobreza con alegría no hay codicia ni avaricia.

Donde hay quietud y meditación, no hay preocupación ni disipación.

Donde hay temor de Dios guardando la entrada,

no hay enemigo que tenga modo de entrar en la casa.

Donde hay misericordia y discreción, no hay superfluidad ni dureza.

 

         Como decimos, hay aquí una posibilidad a la mano: nadie puede impedirnos, ninguna ley humana ni divina, ser hoy mismo más fraternos y amables, más humanos y solidarios, más justos y benignos. La posibilidad de construir ese otro mundo soñado es algo que puede ser traído a lo más concreto de cara día. En aquella hermosa oración de Juan XXIII que se titula Sólo por hoy leemos en uno de sus puntos: “Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también”. Es preciso no apearse de esta certeza y construirla cada día.

 

 

2. LA FE DE FRANCISCO DE ASÍS EN LA AMISTAD CÍVICA

 

         Francisco, en una época de conflictos muchos más duros que los nuestros, ha creído también en esta amistad de quien tiene dificultad para convivir dentro de la misma ciudad. Cuentan las biografías franciscanas que el obispo y el alcalde de Asís no se entendían. Aquel excomulgó a éste; y éste prohibió vender nada a aquel. Francisco compuso una cancioncilla (que luego la incluyó en el Cántico de las Criaturas) y, al estar él enfermo y no poderlo hacer  en persona, mandó a dos hermanos a que la cantarán en una ocasión en que el obispo y el alcalde iban a estar juntos en un acto social. La cancioncilla decía así:

Loado seas, mi Señor,

por quienes perdonan por tu amor

y soportan enfermedad y tribulación.

Bienaventurados los que conviven en paz

porque de ti, Altísimo, coronados serán.

         Dicen las crónicas que alcalde y obispo se reconciliaron.

 

3. LA FE DE SAN FRANCISCO EN LAS RELACIONES NUEVAS

 

        

         A san Francisco se le llamará en la posteridad “hombre de gracia nueva”, “luz entre la niebla”, “hombre de la inocencia original”, etc. Son maneras de decir que él hizo un camino al fondo del corazón de la persona y, desde ahí, inició una andadura nueva: aquella que considera a las personas buenas en el fondo, aunque sean moralmente males, como los ladrones de Borgo san Sepulcro, o gente estigmatizada, como los leprosos, o criaturas dañinas, como aquel legendario lobo de Gubio. Francisco ha descubierto que en todos los seres anida la bondad original, muchas veces envuelta en debilidad o en maltrato. Y él ha querido establecer contacto con esa bondad original para, desde ahí, hacer un camino común con toda persona, con toda realidad.

         A la par, o quizá por eso, ha descubierto maravillado algo simple: que Dios es esencialmente bueno, el bien. Que en Dios no hay mezcla de oscuridad y de luz, de bondad y castigo, de caricia y maldad. Todo él es bueno, él es el solo bueno. Esta ha sido una de sus más firmes convicciones. Jamás se apeó de ella. Era el cimiento de su sueño de hermandad humana.

         A veces asentaba este sueño de las nuevas relaciones en cosas simples. Decía por ejemplo: “Dichoso quien tanto ama y respeta a la persona cuando está lejos de él como cuando está cerca, y no dice nada a sus espaldas que no pueda decir delante de él” (Admonición 25). Así de simple: hablar bien de la persona es, como dice en otro lugar “hablar bien de Jesucristo”, y al revés. Por eso, quien sueñe con las relaciones nuevas ha de construir ese sueño con, entre otras “piedras”, la del respetuoso y amigable hablar del otro.

 

4. LA FE EN UNA CREACIÓN HERMANA

 

         A estas alturas, toda persona admiradora de san Francisco sabe que su amor por la naturaleza era evidente. Pero siempre ha quedado la cosa de una forma lírica: como si Francisco fuera un medio hippie que andaba por los campos hablando con las plantas, conversando con los lobos y predicando a las aves. Eso no es más que el envoltorio de algo mucho más profundo: su distinta visión de la vida, de las personas y cosas. Él cree que entre nosotros y la creación hay una verdadera hermandad. Lo que ahora sabemos por la ciencia, que el mapa genético de los animales y el nuestro está muy próximo, que hay una causalidad entre acción humana y tierra (lo del cambio climático) Francisco lo intuyó por vía espiritual. Para él, porque provenimos de una misma fuente (el amor del Padre), todas las criaturas somos familia. Esto no es un mero pensamiento poético, sino que hace parte del núcleo duro de su fe: él cree que somos hermanos, que estamos destinados a la fraternidad universal, que la obra de Jesús ha sido reconciliar todo lo creado, como diría san Pablo.

 

5. LA FE EN EL VALOR DE OTRA MIRADA

 

         Para Francisco de Asís, como para muchos, la mirada es restauradora, desveladora del contenido del corazón, gesto capaz de hacer suscitar amor y compasión, dinamismo con fuerza suficiente para iniciar un cambio de vida. Se puede decir que Francisco tiene fe en la mirada porque él se ha sentido mirado por Jesús. Desde el comienzo de su itinerario creyente fue así: se encontró con los leprosos, con los más excluidos, y, en diálogo con el Cristo de san Damián, él creyó que su vida era mirada y acogida con misericordia, con amor. Llegó a la convicción de que, por muchos que fueran sus fallos, había un sitio en la vida para él y un lugar cálido en el corazón de Dios.

         No es de extrañar que, años más tarde, él hiciera de la manera de mirar al otro un espacio para la fraternidad y la misericordia. Por eso escribe en su hermosa Carta a un Ministro: “Que no haya en el mundo hermano que, por mucho que hubiere pecado, se aleje jamás de ti después de haber contemplado tus ojos si haber obtenido misericordia”. Los ojos tienen que desvelar la misericordia que anida en el corazón. Una mirada dura e inmisericorde refleja un interior como el pedernal. Por eso la mirada es decisiva para generar fraternidad, para construir humanidad.

        

6. LA FE EN LA BONDAD COMÚN

 

¿Puede ayudarnos el hermano Francisco en el utópico empeño de construir la bondad común? Sí, con rotundidad porque él integra la nómina, larga, de esas personas que pueden ser calificadas básicamente como “buenas”. Veamos uno de sus textos: según él, habría que derrochar esta bondad sobre todo con los débiles. En la Leyenda Mayor 8,5 se dice: “Admirable era la ternura de compasión con que socorría a todos los que estaban afligidos de cualquier dolencia corporal; y si en alguno veía una carencia o necesidad, llevado de la dulzura de su piadoso corazón, la refería a Cristo mismo”. Para Francisco, el dolor del otro es dolor de Cristo y la bondad con la que se trata al débil es el rostro de la bondad de Cristo.

San Francisco hizo del bien el núcleo de su carisma porque, si se leen bien sus escritos y se valora con exactitud su vida, más que propuestas religiosas las suyas han sido propuestas de bondad, maneras de encontrar sentido, modos de abrir horizontes. Precisamente por eso, al ser bondadoso es cuando ha sido totalmente espiritual. Porque cuando hablamos de la bondad estamos apuntando a la obra de la creación, el trabajo más espiritual del mismo Dios.

 

7. LA FE EN LA SENCILLEZ QUE DESVELA LO QUE SOMOS

 

         Francisco de Asís llegó a tener una fe diáfana que dijese con inmediatez lo que uno era. Él acuñó aquel dicho que muchas veces solemos citar los franciscanos: “Cuanto es el hombre ante Dios, tanto es y no más” (Admonición 19). Dios conoce a la persona y sabe como es. Pretender ser lo que no se es resulta una insensatez, una mentira y un menosprecio a Dios que nos quiere y ama como somos, sin necesidad de engaño.

         Cuenta la Leyenda Mayor de san Buenaventura un episodio extremo: estaba Francisco con fiebre y consintió comer carne. En cuanto recobró un poco las fuerzas se presentó con una soga al cuello y en calzones diciendo a la gente que no le tuvieran por santo porque él era tan glotón y carnal como los demás (LM 6,2). No quería que la gente se hiciera una idea distinta de lo que era en realidad, aunque en modo alguno fuese un glotón.

         El franciscanismo tiene una medicina para esa tendencia a aparentar lo que no somos: vivir con sencillez. Esta “fe” en la sencillez como cauce de verdad es muy de san Francisco. Decía él porque lo creía de verdad: “Donde hay misericordia y sencillez, no hay superfluidad ni endurecimiento” (Admonición 26,6). Un corazón compasivo y un estilo de vida simple son caminos óptimos para tener controlado el afán de mostrar una imagen distinta de lo que somos.