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FIAIZ

OTROS TEXTOS

Icono de la anunciación

MARÍA DE NAZARET NOS HABLA DEL

ICONO DE LA ANUNCIACIÓN

 

            Permitidme que yo, María de Nazaret, mujer de fe pero sin mucha escuela pueda explicaros desde el corazón el relato de la Anunciación que tanto habéis apreciado. Vuestros mejores escritores y pintores, los más agudos exégetas han explicado este icono. Permitidme que yo lo haga a mi manera.

            Todas vosotras, porque apreciáis de corazón la figura de María, habéis tenido elogiosas palabras sobre el “sí” que yo di a Dios y habéis ensalzado de mil maneras mi virginidad ofrecida, mi fidelidad desde el inicio. Son palabras hermosas, aunque en realidad las cosas fueron algo distintas. Mi fidelidad se construyó a partir de cero a golpe de corazón entregado. Los textos evangélicos reflejan poco el trabajoso proceso que se inició en mi vida y que culminó en mi apoyo total al proyecto de mi hijo Jesús. Creer en él fue un arduo camino, una senda llena de contrariedades. Mis más profundos anhelos fueron trabajosamente contrastados con la propuesta de Jesús. No fue fácil entenderle ni darle adhesión, por más madre suya que fuera. El mío es, pues, un “sí” trabajado, esculpido en el mármol duro, en lucha entre mi amor de madre y mi corazón de creyente. Podéis pensar que fue fácil, pero no lo fue tanto. Solo el caudal, siempre vivo, de mi amor creciente por mi hijo logró ser luz cuando los días se volvían grises.

            También veneráis mi virginidad hasta el punto que ese calificativo es el que me denomina comúnmente. Mi virginidad es mi fidelidad. Siempre le fui fiel, tanto como una madre puede ser al hijo que ha dado a luz, que ha amamantado, que ha acompañado días y noches hasta que amanecía la adultez en aquel muchacho. Pero es más, le fui fiel a su oferta de felicidad, a sus palabras y sueños, a su misma fe. Hice de su fe mi fe. Nunca vacilé en esa apuesta, por más que, a veces, parecía que iba a perderla. Sí, aposté por él como madre y como creyente discípula. Esos son mis grandes valores.

            Habréis de tener en cuenta esto que es lo más vivo de mi verdad para poder entender la explicación del icono de la anunciación. Os lo digo en directo: lo que ahí se quiere decir es algo muy elemental y muy profundo a la vez: se anuncia que de una mujer va a nacer un hijo del Altísimo. ¡Un humano puede ser hijo del Altísimo! Algo inconcebible. Los humanos creen que hay que buscar a la divinidad en terrenos más hermosos, más celestiales, que los de esta tierra humilde, pobre y destinada a la muerte. Pero el anuncio es claro: uno de mujer, cualquiera nacido de mujer, puede llegar, tiene capacidad para ser hijo del Altísimo.

            Quizá esto hubiera sido aceptado si mi hijo y yo hubiéramos sido ricos. Los emperadores eran tenidos por dioses. Pero nosotros éramos pobres. ¿Cómo un excluido, un perteneciente a la masa de un población empobrecida, podría llegar a ser hijo del Altísimo? ¿Cómo en la mugre de la pobreza iba a brillar el resol de la divinidad? El que fuéramos pobres era un inconveniente; pero, a la vez, era nuestro mejor agarradero: somos hijos del Altísimo cuando más nos sumergimos en las pobrezas. Esto que vosotros y yo lo pensamos a veces fue para mi hijo una verdad inconmovible. Por eso estuvo siempre a gusto en los márgenes sociales, en las mesas de los rechazados, en las casas de los proscritos. Ser hijo del Altísimo no le llevaba a una conciencia aislada, sino a un amor compartido con los que nadie ama.

            Y además, dice el icono de la anunciación que el nacido de mujer será hijo de Dios. Puede ser que esto suene a sabido. Pero en mi tiempo decir que todo nacido de mujer, aunque sea pobre, es hijo de Dios era casi una blasfemia. Los hijos de Dios eran los santos, los poderosos, los reyes, los destinados a la posteridad. ¿Cómo iban a ser hijos de Dios los destinados al olvido, al silencio, a la mudez del manto de los siglos que borra todo rastro? Pero mi hijo se empeñaría en decir de mil maneras que estos tales eran realmente los hijos del reino, los que no necesitan vestiduras regias, sino que bastan sus pobres harapos para entrar al banquete del reino.

            Puede ser que esta lectura os parezca fría. Para mí no lo fue. Si no hubiese sido por el fuego que ardía en mi corazón nunca lo hubiera podido entender. En realidad, algo de eso han dicho en vuestros días los que profundizan en este icono: “En este icono vemos que ese asentimiento, esa callada disponibilidad, esa mezcla de gratitud y de gracia, este mundo de luz que lo invade todo es la piedad. Y la piedad y la luz son los grandes protagonistas de este icono. Por eso nos sigue atrayendo, porque el misterio de la encarnación no es otro que el misterio del amor humano”. Si no arde en vuestro corazón esta llama, todo esto os parecerá frío. Para mí fue un volcán callado, oculto, siempre ardiendo, que devoró mi vida hasta el final.

            Vosotras queréis hacer de este icono un elemento dinamizador de vuestra presencia de vida religiosa en la sociedad, de vuestra fe. Es muy bueno este anhelo. Porque eso supone una fe fuerte en el valor de fondo de los hijos del Altísimo, de los hijos Dios. Ese valor, en vuestro lenguaje, es lo que llamáis la dignidad de las personas. Si queréis ser significativas habrías de estar siempre en las trincheras de la dignidad, allí donde corre peligro el oscurecimiento de la dignidad que nada ni nadie puede arrebatar pero sí menospreciar, oscurecer, arrumbar. Del mismo modo que mi hijo echara su suerte en el lado de las pobrezas, así vosotras si queréis que vean que la propuesta de Jesús tiene un sentido para el ciudadano de hoy.

            Incluso más, queréis hacer de este icono un apoyo para animar una pastoral vocacional. Es un acierto. Pero no podrá haber vocaciones si no hay antes y a la vez un deslumbramiento por el proyecto de mi hijo, por el Evangelio. Hoy ya no es un plan de vida venir a un convento por situarse de algún modo en la sociedad. Pero sí puede ser el dar cuerpo hoy a una propuesta, la de Jesús, que cautive, que enamore, que atraiga, que nos deje boquiabiertos. El problema, hermanas, no son las vocaciones, sino el enamoramiento con que vivimos y ofrecemos a Jesús. Sin esto, pretender vocaciones es muy complicado.

            Habría que soñar que en todas nuestras comunidades haya un anhelo y un plan para descubrir de nuevo a Jesús. Tendrían que florecer los grupos de Jesús, de vuelta al evangelio, de enamoramiento del proyecto de Jesús. Si la Congregación se enamora hoy con más fuerza de Jesús su presencia será significativa y quizá surjan más enamorados de Él, bien sea en forma de vocaciones religiosas o en forma de creyentes laicos. Suena raro, pero mientras no asimilemos el tema del enamoramiento de Jesús nuestra presencia en la sociedad será decreciente y no podremos pretender vocaciones renovadoras.

            Puede ser que esta explicación que os doy del icono de la anunciación os parezca atípica, desconcertante incluso. También lo fue para mí. Tuve que darle muchas vueltas en mi corazón para asomarme al secreto. Cada una de vosotras, si os contagiáis ilusión por Jesús y por el Evangelio, podréis lograrlo. Os lo deseo con amor.

María de Nazaret

San Francisco 2019

 

Franciscanas Misioneras de María

Villimar 2-4 de octubre de 2019

 

TRES REFLEXIONES FRANCISCANAS.

CELEBRACIÓN DEL TRÁNSITO 

 

         Como en años anteriores, nos preparamos a la celebración de la fiesta de san Francisco con la reflexión y la oración. Para este año hemos tomado tres reflexiones de corte personal: los escritos franciscanos nos ayudan a ser mejores personas y mejores hermanas. El tesoro que tenemos los franciscanos son los escritos de Francisco y Clara junto con las antiguas biografías. Son nuestro “evangelio franciscano”. De ahí aprendemos la fe y la espiritualidad franciscana.

 

1

¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO AMAR LA VIDA?

 

         Hay muchas personas que afirman amar apasionadamente la vida y que, en consecuencia, tienen muchas ganas de vivir. Estas personas son jóvenes, o tienen buena salud, o les va bien en los negocios, o se sienten queridas. La vida les sonríe. Desde ahí parece lógico y fácil decir que se ama la vida.  Pero el panorama es muy distinto cuando las cosas no funcionan, cuando la enfermedad nos visita y se instala en nuestra cercanía, cuando nos muerde la soledad y no encontramos el sosiego, cuando las limitaciones económicas nos amargan los días, cuando, en fin, nos sentimos excluidos del banquete de la vida. La misma cercanía de la muerte nos deja sin alegría y pone su última gota de acíbar en nuestro caminar.

         Es entonces cuando se desata nuestro desamor contra la vida y decimos que es dura y un valle de lágrimas, que no merece la pena desgastarse por ella y que, a la larga, no sirve para nada. La misma espiritualidad cristiana, o una parte de ella, ha generado desde los viejos tiempos bíblicos una manera de pensar en que se decía que, al ser de tan poco valor la existencia humana, había que anhelar “la otra vida” en la que se nos daría el gozo y la fortuna que aquí se nos había negado. Se elaboró entonces la certeza de que “estábamos de paso”, en una morada transitoria, prestada, a la que no convenía dedicarle mucho esfuerzo. Había más bien que reservar las fuerzas y los anhelos para las eternas moradas.

         Este desenfoque que ha llegado a tratar con tan poca benignidad y con tan escasa valoración el camino humano quizá brote de la experiencia de transitoriedad de la vida. Siempre se ha creído que lo nuestro era tan efímero que considerarlo como un valor no tenía sentido. Ya el viejo Píndaro (siglo V a.C.) decía en uno de sus versos: “Somos efímeros, ¿qué es uno?, ¿qué no es? Sombra de un sueño, el hombre” (Píndaro, Pítica VIII, 95-96). Seres de un día, así se nos considera. La imaginación poética vio la existencia humana sometida a la singularidad de ese día de la vida, breve recorrido luminoso o nublado de la luz por el cielo. Una luz que surge aún sin saber lo que va a iluminar, y que en un punto del horizonte se extinguirá. Más allá de este sentimiento de transitoriedad, la fe cristiana quiere dar consistencia a la vida haciendo ver que ella, en sí misma, y por obra de la creación del amor de Dios, merece la pena. Que su valor sobrepasa a su limitación y que sus fronteras, tan breves, se ven desbordadas por el calor que Dios mismo ha puesto en ella. Sin esta nueva perspectiva no solamente no se entiende la vida sino que, además, tampoco se entiende el amor del Padre.

 

         Francisco de Asís es uno que ama profundamente la vida, con sus grandes valores y con sus no pequeñas limitaciones. Ha comprendido perfectamente que esta existencia nuestra, al ser don de Dios, encierra en su seno, más allá de sus estrecheces vitales, una semilla de gozo pleno al que está destinada:

  • Así, en el Cántico del Hermano Sol tenemos no solamente un hermoso poema digno de mención, como así se hace notar, en las más renombradas antologías de la literatura italiana de todos los tiempos. Es también un formidable canto de amor a la vida. Francisco no canta tanto la realidad de Dios cuanto la hermosura que es hacer parte del coro de la vida, compartiendo este gozo con las piedras, los vegetales y las personas: “Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas” (Cánt 3). Ninguna realidad queda excluida y desechada de la casa de la vida. Así lo creado se convierte en lugar de encuentro y de disfrute, promesa de plenitud total.
  • Es significativa la actitud que Francisco ha mantenido ante su propia enfermedad. Aunque ha llegado a estar prácticamente ciego, con graves dolencias digestivas, con debilidades notables fruto de una crónica desnutrición, con llagas incluso, todo ello no ha conseguido borrar en él el gozo de vivir, sino que éste ha sido creciente en su existencia. Estando ya en la recta final de su vida, como lo reseña LP 85, envuelto en la enfermedad, aún tuvo humor para escribir unas letrillas para que las hermanas de san Damián celebraran sus recreaciones más festivamente (son el escrito que llamamos UltVol). La enfermedad no logró nublarle el horizonte ni despistarle a la hora de entender la pertenencia a esta vida como una suerte.
  • Adquirió una perspectiva nueva sobre lo creado. No es otra que la total reconciliación y hermandad con lo que existe. De tal manera que le hizo vivir en un “estado de inocencia” característico no de quien no se entera de las cosas, sino de quien ha entendido el secreto de lo que existe: “La reconciliación universal con cada una de las criaturas, lo retornaba al estado de inocencia”, dice LM 8,1.
  • Así entendemos que, como dice 1C 109, recibiera la muerte cantando: “Mandó a sus hermanos que cantaran con él las alabanzas del Señor por la muerte que se avecinaba”. Solamente quien ha descubierto la semilla del gozo sembrada en el surco hondo y oscuro de la vida es capaz de no perder el equilibrio ante el zarpazo de la muerte y mantener la alegría y el buen talante hasta el último aliento.

 

Estando un grupo de hermanos franciscanos de visita en el monasterio ecuménico de Taizé (Francia), su carismático y anciano fundador, el hermano Roger, les decía: “Ustedes, los franciscanos, deberían ser apóstoles del gusto por la vida, ya que el gusto por la vida es el mejor don del Espíritu”. Francisco de Asís ha sido uno que, en un mundo de enormes limitaciones personales y sociales, ha descubierto y vivido ese gusto por la vida del que hablaba el hermano Roger. Ha sabido mantener una mirada de benevolencia y de amor sobre esta pobre vida y la ha llegado a ver valiosa y rica como el mejor don de Dios a nosotros. Por otra parte, el mundo de hoy está necesitado, como siempre y más, de esa profecía del gusto por la vida ya que el peligro de la pérdida de sentido que siempre ha sido compañero de camino de las personas es hoy más acuciante que nunca. Es por eso que la fe en el valor de la vida es parte irrenunciable del credo franciscano.

Con esta mirada benigna y valorativa sobre la realidad se puede entender correctamente que el final al que está destinada como plenitud, no como fuga del presente, sea la realidad misma de Dios. Dice E. Sábato: “Cualquiera que sean las circunstancias de la vida, nadie le podrá quitar esa pertenencia a una historia sagrada: siempre la vida quedará incluida en la mirada de los dioses” (E. Sábato,  Antes del fin…, p.43). Así es, porque la vida está en la mirada y en el corazón del Padre y tiene, por encima de sus limitaciones, un valor inapreciable. La adultez cristiana y la franciscana se miden, entre otras cosas, por una correcta valoración de la existencia, el mejor don del amor del Padre a sus criaturas.

 

 

2

¿POR QUÉ NO SABEMOS DISFRUTAR CON POCO?

 

         Bien mirado, no es mucho lo que necesitamos para enfilar la senda del disfrute y del gozo. Quizá lo más esencial sea estar en paz y a gusto consigo mismo. A partir de ahí, todo disfrute es posible. Una cultura de desenfrenado consumo, verdadera patología social de hoy, nos ha querido hacer ver que para disfrutar es necesario tener mucho: mucho dinero, mucho tiempo, muchas titulaciones, largos viajes, experiencias extraordinarias. Pensamos que sin esos muchos no se puede disfrutar de la vida. Pero los franciscanos/as somos de esas personas que van aprendiendo que disfrutar con poco es un arte posible, aunque haya que aprenderlo día a día. No pocas de nuestras grandes satisfacciones vienen de cosas muy sencillas: de comer en compañía, de pasear juntos, de escuchar buena música, de estar tranquilos en el campo, de tener una confidencia con una persona amada, etc. No es necesario tener muchas cosas para disfrutar, pero sí es necesario abundar en sentimientos fraternos y benévolos respecto a la vida y a las personas para sentirse bien consigo mismo y con el entorno vital.

         Pongamos un ejemplo sencillo y cotidiano. Raramente nos percatamos de la suerte enorme que es poder vivir un nuevo día, ver otra vez la luz del sol, tener otra oportunidad de enriquecer nuestra vida. Bien mirado, el disfrute de un nuevo día es de los más profundos en la existencia de muchas personas. V. Verdú dice en una de sus columnas (Placeres,  en El País 13-2-2000): “Será por eso que nadie quiere morirse, porque al final de la vida contemplar la salida del sol un día más tiene que ser un placer tan fuerte como el que te proporcionó el primer beso de aquella niña. Llega un momento en que los mortales se agarran como pueden a cada amanecer”. Y esto no por simple supervivencia, sino por el placer de percibir la belleza del milagro cada día nuevo del sol que nace. Incluso en su ocaso hay una enorme carga de vida y de belleza. Dice J.A.Marina: “El sol se está poniendo, y el sol y las islas están dotados de una elocuencia que no entiendo. Son más que mar y más que sol, a la vista está. Pero no sé si son algo más que la fervorosa emoción que me produce tan bello instante” (Dictamen sobre Dios, p.52). A Francisco de Asís le encantaba el sol, al que dedicó su hermoso cántico. Quizá porque él sí que percibía que detrás había algo más. Por eso su disfrute de lo sencillo de la vida era un gozo multiplicado.

 

         Todos sabemos, efectivamente, que Francisco fue un hombre en quien la alegría ocupó un puesto significativo hasta llegar a hacer de su vida una “celebración continua”, como dice san Buenaventura (LM 7). Si miramos los índices de sus escritos veremos que el vocablo “alegría” tiene muchas acepciones porque, como decimos, era para él cosa esencial. Pero si buscamos la palabra “disfrute” seguramente no encontraremos ninguna cita. Se ve que en aquellos tiempos era mucho pedir hablar del disfrute de un santo; se hablaba más de sus ayunos, de sus penitencias o, todo lo más, como en el caso de Francisco, de su alegría. Aun así, era ésta una virtud siempre bajo sospecha. No obstante, de no pocos pasajes de su vida se puede deducir que era una persona no solamente alegre sino con gran capacidad de disfrute de las cosas sencillas:

  • Disfrutaba de la mesa, del comer con gozo y en buena compañía. Como hemos dicho, en EP 66 se narra aquel pintoresco episodio de los ladrones que pedían limosna a los hermanos de Borgo san Sepulcro y a los que Francisco empujó a ir a su encuentro en el bosque sirviéndoles una buena comida con alegría en una mesa aderezada, incluso con mantel. Sabemos que, según EP 112, en sus últimos días pidió a su amiga Jacoba de Sietesolios que no solamente le viniera a ver sino que le trajera unos pastelillos que, al parecer, ella hacía con maestría. De modo que comer, en buena armonía, en maneras sencillas y fraternas, es disfrutar de la vida y de la compañía del hermano/a, disfrute a la mano, rostro visible del Dios que se sienta a la mesa de la vida.
  • Todos sabemos que a Francisco le gustaba mucho el canto. Cantaba muchas veces, y por eso conservamos piezas suyas tan preciosas como el Canto al hermano sol o la Exhortación cantada a las clarisas. Para él, cantar era una hermosa manera no solamente de alabar a Dios sino también de agradecer la vida. Dicen sus biógrafos que, cuando estaba del todo contento, imitaba con un palo el arco de un violín y cantaba a Dios en francés (2 C 127). Cantar en compañía, en fraternidad, es otro modo de disfrutar de la vida.
  • En 1 C 8 y siguientes vemos el estremecimiento que recorre el ser de Francisco en la contemplación de las criaturas, en el amor a todos los seres, en ese saber descubrir la belleza que anida en lo sencillo. Sus largas caminatas por el campo eran para él no solamente un modo de descanso y de disfrute, sino también de una vivencia muy honda de la experiencia primigenia de hacer parte del coro de lo creado, del simple y hermoso hecho de estar vivo, la victoria de “administrar el aire” (A. Tendero).

 

Comer, cantar, pasear, descansar, dialogar, empaparse de la creación, disfrutar del sol, reírse, compartir pequeños descubrimientos… en estas vivencias sencillas es donde se va encontrando la fina sabiduría de aprender a disfrutar hondamente con poco. Dice el experimentado escritor E. Sábato: “Tenemos que reaprender lo que es gozar. Estamos tan desorientados que creemos que gozar es ir de compras. Un lujo verdadero es un encuentro humano, un momento de silencio ante la creación, el gozo de una obra de arte o un trabajo bien hecho. Gozos verdaderos son aquellos que embargan el alma de gratitud y nos predisponen al amor. La sabiduría que los muchos años me ha traído y la cercanía a la muerte me enseñaron a reconocer la mayor de las alegrías en la vida que nos inunda, aunque aquella no sea hoy posible cuando la humanidad soporta sufrimientos atroces y pasa hambre” (La resistencia,  p.68).

Es preciso, incluso, descubrir “los otros disfrutes”, los que van más a la base última de nuestra vida: la solidaridad que entrelaza las vidas y los corazones, el silencio habitado que descubre los rincones de nuestras primeras verdades, la calma y el sosiego que nos posibilita ser fieles a lo recibido y sobre todo al futuro, la misma oración que nos abre a lo trascendente de Dios y a lo no menos trascendente de la persona. Comentaban dos amigos la hermosura del libro de J. Saramago Levantados del suelo. Hablaban sobre la evolución de la pobreza en las sociedades rurales, sobre cómo conseguir llegar a la conciencia de la propia dignidad y sobre el respeto que merecen los pueblos oprimidos. Incluso surgió la pregunta irresoluble, pero necesaria, de cuáles son las causas de las pobrezas colectivas y la parte que los individuos concretos tenemos en ellas. Fue un verdadero disfrute. Poner la sensibilidad, las ideas, los anhelos, incluso las decepciones, en la mesa de la amistad es un modo óptimo de ser persona y de disfrutar. ¿No son éstos los mejores manjares del banquete de la vida? ¿No es justamente a eso a lo que estamos llamados?

 

3

¿PODREMOS VIVIR SIN JUZGAR?

 

         Llevamos un juez dentro, implacable con los demás y, a veces incluso, con nosotros mismos. Un juez que no atiende a eximentes, que no matiza, que no calibra las diversas circunstancias, que, por supuesto, no tiene misericordia. Juzgamos con anticipación, sin esperar a tener todos los datos, sin ponernos en la situación del otro. Hacemos pequeño el “piensa mal y acertarás” situándonos en el “piensa mal y te quedarás corto”. Además, ese juez trabaja en la sombra, oculto, sin atreverse a mostrar su rostro. Cuando se le pide que dé la cara, como es el caso, por ejemplo, de participar en un jurado popular, todos decimos que no querríamos hacer parte de esa institución de justicia. Es que nos va el juicio rastrero, condenador a priori, sin tener el valor de poner la firma. ¿Cómo alejarse de esa estructura negativa que nos compone?

En la película Francesco, de Liliana Cavani, se representa aquella escena importante en que Francisco y sus primeros compañeros se dirigen a Roma para que el Papa bendiga y apruebe su forma de vida. En el film la entrevista queda pintada así: está el papa Inocencio III, hombre seco y altivo, despachando asuntos de Estado  y se presentan allí, como un grupo de mendigos, los penitentes de Asís. El Papa les hace un extraño interrogatorio sobre su situación en la Iglesia que descoloca a Francisco y sus amigos porque ellos han venido a pedir una bendición, no a pleitear. Una de las cuestiones que el Papa les plantea es ésta: “Vosotros sois pobres, nosotros ricos, ¿cómo podréis amarnos?” Y Francisco responde entre desconcertado y balbuceante: “Sin juicio…sin juicio”.

Poder vivir y entender a los demás “sin juicio” es una maravilla, porque ello indica que tal persona se ha alejado de la raíz de todo juicio, que es el afán de autoafirmarse por vía de la apropiación del otro. Efectivamente, en la autoafirmación personal derrochamos cantidades ingentes de energía a lo largo de toda nuestra vida. Y, a veces, lo hacemos por caminos harto extraños y negativos. Uno de ellos es pretender ser más apropiándonos no solamente de las cosas del otro sino de su misma persona: queremos que sea como nosotros, que piense como nosotros, que nos sirva, que haga parte de nuestras “posesiones”. Es entonces cuando, si se resiste a ello, lo juzgamos sin piedad, lo maltratamos, lo abandonamos. De ahí que quien se ve libre del afán de poseer al otro, se ve libre, a la vez, del juicio condenatorio con que enfoca a ese otro cuando no lo posee.

 

Hay muchas personas que, a lo largo de la historia, se han visto libres del deseo de poseer al otro y, en consecuencia, del mecanismo del juicio. Desde Jesús de Nazaret hasta hoy no pocos cristianos han entrado en esa nómina. Pensamos que Francisco de Asís ha sido uno de ellos y por eso nos puede ayudar a mitigar el mecanismo del juicio y sus hondas raíces. Repasemos algunos textos franciscanos a modo de ejemplo:

  • Francisco, ya lo hemos dicho, tenía singular cuidado en lo que podríamos llamar la “fraternidad verbal”. La manera de hablar del hermano no solamente desvela tu talante interior, sino que puede contribuir a hacer florecer la fraternidad, caso de que hables bien de él, o a destruirla, caso de que hables mal. Por eso es tan importante la manera de hablar del otro. En 1 R 11,9, texto de un capítulo dedicado enteramente al bien hablar en fraternidad, dice: “Sean los hermanos mesurados, mostrando una total mansedumbre para con todos los hombres; no juzguen, no condenen”. La mesura, el matiz, favorecen la erradicación de juicio.  La ausencia de juicio y de condena es requisito imprescindible para que florezca la comunidad.
  • Esta perspectiva libre de juicio la ha aplicado Francisco a todos los estamentos sociales. Por ejemplo, a aquellas personas que, siendo de otra posición económica, visten y viven de una manera ostentosa que afecta a la justicia. Francisco insiste diciendo a sus hermanos en 2 R 2,17: “Amonesto y exhorto a todos ellos a que no desprecien ni juzguen a quienes ven que se visten con prendas muelles y de color y que toman manjares y bebidas exquisitas; al contrario, cada uno júzguese y despréciese a sí mismo”. Es muy difícil no juzgar a quien vive opíparamente cuando muerde en el estómago la víbora del hambre; es casi imposible no juzgar a quien tiene ropas buenas para calentar el cuerpo cuando el propio está tiritando. Es difícil mantener a raya en esas circunstancias al juez implacable que llevamos dentro.
  • A veces ese juez se ceba en aquellas personas que, dentro de la Iglesia, debían ser ejemplo y luz y, por su comportamiento, no lo son. Dice Francisco que en modo alguno el menor juzgue a los sacerdotes, aunque estos fallen. Así leemos en Adm 26,2: “¡Ay de aquellos que desprecian a los sacerdotes!; pues, aunque sean pecadores, nadie, sin embargo, debe juzgarlos, porque el Señor mismo se reserva para sí solo el juicio sobre ellos”. Son sacerdotes por encargo del Señor; a él solo le corresponde ser juez. Y no lo será, porque el juicio de Dios es de misericordia con quien quiso servirle, aunque el pecado le llevara a servirle mal.
  • Francisco tenía particular cuidado en no juzgar jamás mal a los pobres, porque su pobreza era una “bula” contra todo juicio. Dice en EP 37 a propósito de un compañero que ironizó sobre un pobre que tenía muchas ganas de ser rico que en modo alguno hay que hablar mal de un pobre porque “la enfermedad y la pobreza de este hombre es para nosotros como un espejo que nos ayuda a escudriñar y meditar piadosamente la enfermedad y pobreza que nuestro Señor Jesucristo sufrió en su cuerpo por nuestra salvación”. Una visión fraternas de las pobrezas es el mejor antídoto contra el juicio, porque éste no ahonda, no matiza, no espiritualiza, sino que juzga por las apariencias y rápidamente.

Podría pensarse que esta manera de ver las cosas lleva a una especie de ocultamiento de la justicia, a un alejamiento de la verdad, a una visión acrítica de la realidad. Nada de eso. La ausencia de juicio que postulan el Evangelio y Francisco no es indiscernimiento, no es carencia de análisis y, mucho menos, connivencia con la injusticia. Se puede estar en profundo desacuerdo y, a la vez, no juzgar condenando. Más aún, el no juzgar es compatible con la denuncia cuando esta se hace en modos fraternos y humanizados. Francisco ha sabido hacer esas extrañas mezclas.

De todos modos, muchos asuntos importantes que hoy dividen a la sociedad, sobre todo en materia moral (la eutanasia, las relaciones conyugales difíciles, la homosexualidad, etc.) no podrán nunca tener un tratamiento mientras no nos liberemos de esa estructura de juicio con que las enfocamos. No llegaremos nunca a entender a las personas mientras no partamos de otra perspectiva que la del juicio condenatorio. A veces algunos nos preguntamos qué fue de aquel jesuita francés, el P.Duval, que, allá por los años sesenta, fue un cantautor religioso muy conocido del que aprendimos no pocas y bellas canciones. Poco antes de morir escribió un hermoso libro (El niño que jugaba con la luna) en que cuenta cómo salió del infierno del alcoholismo en el que vivió muchos años. Cuando se hallaba en el fondo de su dura situación se sentía tremendamente juzgado, y eso le hundía más: “Cuando el despensero vio que su bodega se vaciaba más rápidamente de lo previsto, cerró con su llave la alacena. En la casa se respira un aire de reprobación. Silencio. Silencio de menosprecio establecido; miradas que se desvían…Una espesa bruma envuelve nuestras relaciones, haciendo tanto daño que uno toma la única solución que le queda: seguir bebiendo” (p.44). Quizá sea una excusa del alcohólico, pero, a la vez, es un ejemplo en que se muestra que el juicio y la condena no hacen sino acrecentar la destrucción de la autoestima.

En Rom 2,1 se dice aquello tan certero: “Tú, amigo, que te eriges en juez, no tienes disculpa; al dar sentencia contra otro te estás condenando a ti mismo, porque tú, el juez, te portas igual”. Esa es precisamente la más clara verdad: quien juzga es, con frecuencia, tan culpable como el juzgado. Además, añade la impiedad del duro juicio contra el hermano. El franciscano perspicaz entiende perfectamente que la ausencia de juicio genera buenas ganancias, las ganancias de la comprensión, el respeto y el amor.

 

 

 

 

 

4

CONTEMPLACIÓN DE LA MUERTE

DE SAN FRANCISCO

(Celebración del tránsito)

 

1. Canto

 

Rosas de sangre han florecido
revive en tu cuerpo la Pasión,
Francisco de amor estás herido
las manos, los pies, el corazón.

 

Sembrando la Paz y el Bien caminas
y yo sembrador iré a tu lado
en Ti el Evangelio es carne viva
y Cristo también Crucificado.

 

2. Oración

 

         Señor Jesús,

         convocados esta tarde

         por la muerte de nuestro padre y hermano

         san Francisco,

         te pedimos que tu Iglesia

         siga amando a quien tanto te amó

         y a quien fue hermano de todas las personas

         y familiar de todo lo creado.

         Te lo pedimos.  

 

3. Relato de la muerte de Francisco

 

(Vamos a escuchar una vez más el relato de la muerte de Francisco. Así revivimos, año tras año, el momento decisivo en que el santo de Asís recibe el abrazo del Padre)

 

A los veinte años de haberse unido totalmente a Cristo en el seguimiento de la vida y huellas de los apóstoles, el varón apostólico Francisco voló felicísimamente a Cristo, y, después de incontables trabajos, alcanzó el descanso eterno y fue presentado dignamente a la presencia del Señor el día 4 de octubre, domingo, del año de la encarnación 1226.

Había trabajado mucho en la viña del Señor: empeñado y fervoroso en oraciones, ayunos, vigilias, predicaciones y caminatas apostólicas, perseverante en el cuidado y compasión del prójimo y en el desprecio de sí mismo, desde el momento de su conversión hasta su tránsito a Cristo, a quien había amado de todo corazón, mantuvo continuamente vivo su recuerdo, le alabó con la boca y lo glorificó con sus obras fructuosas. Tan de corazón y con tanto ardor amó a Dios, que, oyendo su nombre, se derretía interiormente y prorrumpía externamente, diciendo que el cielo y la tierra deberían inclinarse al nombre del Señor.

 

4. Breve reflexión

 

5. Contemplación de la muerte de san Francisco

 

(Vamos a tener un breve rato de contemplación y de silencio en el recuerdo de la muerte de san Francisco. Lo vamos a hacer leyendo algunos párrafos de la carta que Fray Elías, ministro general, mandó a sus hermanos con motivo de la muerte del santo)

 

"A todos los que aman a Francisco, un saludo de fray Elías pecador. 

 

Nos ha llegado lo que temíamos, a mí y a vosotros; y lo que me aterraba me ha sobrevenido, a mí y a vosotros. Porque se ha alejado de nosotros el consolador; el que nos llevaba en brazos como corderos. Nuestro padre, hermano y madre.


La presencia del hermano y padre nuestro Francisco era, en verdad, luz verdadera, no sólo para los que estábamos cerca, sino también para los que estaban alejados de nosotros por profesión y vida. Era, en efecto, una luz procedente de la verdadera luz, que iluminaba a los que yacían en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.


Su nombre se ha divulgado hasta en las islas lejanas y toda la tierra se maravilla por sus obras admirables. Por eso, hijos y hermanos, no queráis entristeceros en exceso, porque Dios, padre de huérfanos, os consolará con su santa consolación. Y si lloráis, hermanos, llorad por vosotros mismos, no por él.


Mientras su alma vivía en el cuerpo no había belleza en él, sino un rostro despreciable, y ninguno de sus miembros quedó sin sufrimientos. Sus miembros estaban rígidos por la contracción de los nervios, como sucede con los difuntos, pero después de su muerte su aspecto se volvió hermosísimo, resplandeciente de un candor admirable, agradable a la vista.


Por tanto, hermanos, bendecid al Dios del cielo y proclamadlo ante todos, porque ha sido misericordioso con nosotros, y recordad a nuestro padre y hermano Francisco, para alabanza y gloria suya, porque lo ha engrandecido entre los hombres y lo ha glorificado delante de los ángeles. Rezad por él, como antes nos pidió, e invocadlo para que Dios nos haga participes con él de su santa gracia. Amén.

Fray Elías pecador

 

6. Oramos juntos

 

         (Antiguamente los franciscanos salían a celebrar el tránsito con velas encendidas. Nosotros las vamos a encender ahora como símbolo sencillo del alma de Francisco que se apaga y de la luz de Jesús que lo acompaña. Y oraremos con el Salmo 140 que Francisco cantó hasta el final para recibir a la hermana muerte)

 

A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.

Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.

 

Rosas de sangre han florecido
revive en tu cuerpo la Pasión,
Francisco de amor estás herido
las manos, los pies, el corazón.

 

Mira a la derecha, fíjate:
nadie me hace caso;
no tengo adónde huir;
nadie mira por mi vida.

A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio
y mi lote en el país de la vida».

 

Rosas de sangre han florecido
revive en tu cuerpo la Pasión,
Francisco de amor estás herido
las manos, los pies, el corazón.

 

Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán los justos
cuando me devuelvas tu favor.

 

Rosas de sangre han florecido
revive en tu cuerpo la Pasión,
Francisco de amor estás herido
las manos, los pies, el corazón.

 

7. Bendición de san Francisco

Convertir todo en gracia

REGENERAR LA CONVIVENCIA

“Convertir todo en gracia” 

 

         La convivencia humana es algo que degenera, algo que es preciso regenerar. En realidad, la regeneración es parte del proceso de consecución: no se logra y se pierde, sino que se va logrando y perdiendo a la vez en continua interacción. Con esto estamos queriendo decir, ya de entrada, que es normal perder la convivencia, no hay que echarse las manos a la cabeza, y que esa pérdida es compatible con los trabajos por lograrla, por regenerarla cada día. O sea: regenerar la convivencia es algo que pertenece a los trabajos cotidianos por lograrla.

         Los grupos relacionales, convivenciales (sea su opción relacional la que sea) están altamente necesitados de “talleres de restauración”, de ámbitos donde se desmonte pieza a pieza su estructura relacional, se la limpie de adherencias, se la refuerce con ayudas y se la vuelva a colocar en su sitio con las heridas lo más asumidas posible y con un brillo humilde pero nuevo.

         Es que resulta que en los grupos relacionales el cimiento es la convivencia. Darlo por supuesto conlleva un riesgo de suicidio convivencial. Por eso no ha de extrañar que tales grupos estén siempre dando vueltas a esta masa: es su posibilidad y su cruz, su gozo y su pena, su éxito y su fracaso. Por lo que, volver sobre la convivencialidad es volver sobre lo esencial, el fundamento de cualquier edificio humano y espiritual. Construir un edificio, por hermoso que sea, sin cuidar constantemente la cimentación es correr grandes riesgos (ITE).

 

  1. 1.    Vivir con y para el otro

 

El año en que España ganó el mundial de futbol (2010) un anciano sociólogo polaco, Zygmunt Bauman, recibió el premio príncipe de Asturias de comunicación. En el breve discurso de recepción dijo cosas como éstas: “Es en este mundo, en un mundo donde la única certeza es la certeza de la incertidumbre, en el que estamos destinados a intentar, una y otra vez y siempre de forma inconclusa, comprendernos a nosotros mismos y comprender a los demás, destinados de ese modo, a vivir el uno con y para el otro”.

Este es el principio clave de toda relación convivencial: estamos hechos para vivir el uno con y para el otro. Esto es lo que da sentido no solamente a nuestra relación, sino a la vida humana. Sin este valor de fondo, sin esta cimentación, todo el edifico humano corre el riesgo de venirse abajo. Los fracasos relacionales tienen a la base una dificultad para vivir de cara al otro; con frecuencia son fruto de una perspectiva que mira a lo mío, principalmente autorreferencial.

Por si puede ayudar, vamos a ofrecer una especie de decálogo para poder vivir mejor con y para el otro:

1)    Creerás sin desmayo en la dignidad de toda persona: Quizá sea ir a buscar lejos. Pero si no se trabaja constantemente el tema de la dignidad la convivencialidad se hace imposible. Saltar el alto muro de nuestras limitaciones, fallos y traiciones para que quede intocable el “dogma” existencial de la dignidad resulta imprescindible. La dignidad no es algo etéreo: es el valor de fondo de la persona que viene con el paquete creacional. A la dignidad se accede por el mero hecho de pertenecer a la vida. No hay nadie que pueda despojarnos de ella. No reconocerla en el otro, darla por seguro, rodearla de frialdad, es la manera de iniciar el descenso hasta el abismo de desencuentro.

2)    Tendrás que aprender lo que es vivir en grupo: Porque aunque parezca de Perogrullo, a vivir en grupo se aprende. Existe el riesgo de no aprender nunca. La convivencia se hace imposible. Por eso, en el examen para aprobar una vida relacional como no se aprenda esta asignatura siempre se estará cojeando.

3)    Pasarás a la orilla del nosotros: Puede uno pasarse toda la vida en la orilla del yo, en el propio vehículo. Y tengamos en cuenta que muchas veces se pasa a la otra orilla no por propia voluntad, sino porque alguien nos pisa los talones. Dejarse empujar a la convivencia es también una manera de abandonar la orilla del yo, la “enfermedad” del yo que le lleva a uno/a a creer que es el ombligo del mundo y que no hay más en este mundo que su ombligo. Hay que ver si tu discurso vital se tiene en pie si se suprime, siquiera temporalmente, el yo.

4)    Asimilarás los límites como parte del todo: Porque pretender construir la convivencia sin contar con los límites es imposible. Hacen parte del todo. La asimilación puede ser benigna o muy dura (asumir, con la mayor paz que se pueda,  que no se puede vivir juntos). Pero, en cualquier caso, hacer lírica de convivencia sin contar con los límites es vivir en la inopia. Un remedio casero de restauración y de asunción de límites: “que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo” (Ef 4,26).

5)    Creerás que tu casa mejor es el corazón del otro: De ahí que entrar en el corazón del otro, tener el corazón lleno de nombres (Casaldáliga) es el éxito de la relación comunitaria. No es ni el éxito económico, ni de brillo social, ni del carisma, ni de las obras, ni de la evangelización. El éxito es que uno o varios corazones te acojan como inquilino/a. Si no, serás un sin techo, un apátrida, uno perdido por la vida.

6)    Tendrás que entender de buen amor y de buen humor: Porque la vida bienhumorada es una autopista para la convivencia mientras que la malhumorada se convierte en un camino intransitable. No es cuestión de estar contando chistes a todas horas. Pero una pizca de buen humor, y si es inteligente mejor, es como la sal para muchos platos de la vida que sin él serían sosos. La vida en común sin los cascabeles de las risas parece, a veces, un velatorio.

7)    Trabajarás continuamente en la búsqueda de las mejores palabras: Mucho del edificio de la relación se construye con las palabras buenas. Y muchas ruinas son el resultado de las palabras nocivas. A las palabras no se las lleva el viento, ni a las buenas ni a las malas. Quedan en la despensa de la comunidad: de las buenas se echa mano para respirar; las malas terminan con frecuencia sofocando la convivencia.

8)    Mantendrás en silencio lo que debe mantenerse en silencio: Ya que hay cosas que deben quedar en el silencio, por más que sea silencio compartido. Airear lo que es parte del interior del grupo es una siembra de sal sobre la convivencia. Pretender un buen entendimiento cuando circulan por ahí cosas que no deben circular es pedir peras al almo.

9)    Tendrás por cierto que los caminos comunes pueden ser tus caminos: Porque la búsqueda de caminos propios, si es pertinaz, puede ser demoledora de cara a la convivencia. Creer que en los caminos comunes pueden insertarse los caminos personales es prueba de que se está viviendo en la órbita de la colaboración común, no en la de pura autorreferencialidad.

10)                     Creerás que lo más importante es llegar todos y a tiempo: Como decía el poeta (L. Felipe). El éxito comunitario no es solo tu éxito sino, sobre todo, el éxito común. Ese éxito no es otro que el que cada uno pueda recabar la mayor parte de dicha en esta vida. Por eso, una vida comunitaria que termina en disgusto vital y tristeza es el mayor fracaso. Y al revés: terminar la vida con la certeza de que se ha llegado al cupo de dicha al que uno, modestamente, podía llegar, es el mayor de los éxitos.

 

  1. 2.    Convertir todo en gracia

 

Entre los 32 escritos, casi todos breves, que conservamos de Francisco de Asís hay uno llamado Carta a un ministro,  es decir a un superior provincial, a un encargado del colectivo comunitario, a un animador de la relación, digámoslo de una manera u otra. Es uno de los textos maestros de san Francisco, casi suficiente él sólo para darnos la medida exacta de su excepcional talla humana y espiritual, como han  hecho  notar en los últimos tiempos diversos escritores y estudiosos de san Francisco, franciscanos y no franciscanos. Algunos consideran esta carta un hito importante en la historia de Occidente y de la espiritualidad cristiana, viendo en ella una de las obras maestras del realismo cristiano, de la aceptación de lo real como gracia. De gran importancia en el conjunto de los Escritos por sus contenidos evangélicos y espirituales; uno de los vértices de la reflexión de Francisco sobre la gracia de la fraternidad.

Copiamos la primera mitad de la carta, la más interesante para el tema de relación comunitaria:

 


A fray N., superior provincial: El Señor te bendiga (cf. Núm 6,24). Acerca del caso de tu alma, te digo, como puedo, que todo aquello que te impide amar al Señor Dios, y quienquiera que sea para ti un impedimento, trátese de frailes o de otros, aun cuando te azotaran, debes tenerlo todo por gracia. Y así lo quieras y no otra cosa. Y tenlo esto por verdadera obediencia al Señor Dios y mí, porque sé firmemente que ésta es verdadera obediencia. Y ama a aquellos que te hacen esto. Y no quieras de ellos otra cosa, sino cuanto el Señor te dé. Y ámalos en esto; y no quieras que sean mejores cristianos. Y que esto sea para ti más que el eremitorio. Y en esto quiero conocer si tú amas al Señor y a mí, siervo suyo y tuyo, si hicieras esto, a saber, que no haya hermano alguno en el mundo que haya pecado todo cuanto haya podido pecar, que, después que haya visto tus ojos, no se marche jamás sin tu misericordia, si pide misericordia. Y si él no pidiera misericordia, que tú le preguntes si quiere misericordia. Y si mil veces pecara después delante de tus ojos, ámalo más que a mí para esto, para que lo atraigas al Señor; y ten siempre misericordia de tales hermanos. Y, cuando puedas, haz saber a los superiores que, por tu parte, estás resuelto a obrar así.

 

Marcas del texto:

 

  • “El caso de tu alma”: algo que descoloca el “alma”,  el interior, del superior. Algo muy complicado ante lo que ha encontrado como única solución “huir” elegantemente al eremitorio. ¿Cómo conjurar la tentación de huida? Con un discernimiento compartido.
  • “Lo que te impide…aunque te azotaran….debes tenerlo por gracia”: leer la realidad desde la perspectiva de la gracia, desde el momento en que Dios puede hablar en el lenguaje de la comunidad difícil. Aumentar las dosis de “benignidad crítica”.
  • “Y así lo quieras y no otra cosa”: la continua tentación de “otra cosa”, de otra comunidad, de otra situación, de otra época. Salir de la añoranza, del mero sentimiento de impotencia, del “por el bien de la paz”.
  • “Esta es verdadera obediencia”: obediencia a la situación comunitaria porque el voto de obediencia no es a un superior, sino a la comunidad. ¿Nos damos cuenta de que la vida en relación demanda a la base un “voto de relación”?
  • “Después que haya visto tus ojos que no se marche sin misericordia”: lo que hay que salvar es, ante todo, la misericordia, la relación que trata de ponerse en situación ajena. ¿Cómo elaborar un cambio de mirada, ver las cosas desde perspectivas diversas? ¿Cómo ir construyendo una espiritualidad de la misericordia difícil?
  • “Y no quieras de ellos otra cosa…no quieras que sean mejores cristianos”: la pretensión de que las cosas sean “como tienen que ser”, el sueño de un “amor sin esperanzas”.
  • “Si mil veces pecare delante de tus ojos”: el fallo reiterado no ha de hacer cambiar la actitud. ¿Dónde ir encontrando el don de la “incansabilidad”, de la resistencia en la que habita la esperanza?

 

Para convertir todo en gracia habrá que trabajar con ahínco en esos lados más complicados de la relación. Es lo que llamamos la misericordia difícil (MD). Cómo elaborar una teoría espiritual sobre la MD?

1º) La MD demanda apelar a las más hondas dimensiones humanas: Son esas dimensiones que van más allá y más adentro que las ideas religiosas o teológicas que, con frecuencia, se quedan en la superficie de la inteligencia. Si se quiere ser misericordioso en momentos de dificultad será necesario situarse en terrenos de honda humanidad, allá donde rige la ley del corazón, de la empatía, de la condolencia en los caminos distintos y, a veces, extraviados.

2º) La MD demanda cuestionar el a priori de la superioridad de la norma: Algo que el sistema ha inoculado en nuestro imaginario y que el subsistema religioso ha ahondado con argumentos de obediencia, fidelidad y comunión. La sacralización de la norma es uno de los mayores obstáculos a la práctica de la MD. No quiere ello decir que no se aprecie la función reguladora de la norma. Se aprecia pero no como un a priori inamovible, sagrado.

3º) No es bueno para la espiritualidad de la MD entender las relaciones entre misericordia y legalidad en maneras de confrontación: Ya que las confrontaciones llevan, a veces, a verdaderos atolladeros sin salida. Conflictivizar el problema aleja del horizonte la posibilidad de la misericordia. No querer conflictivizar no significa menospreciar la legalidad, pero sí que es preciso hacer ver que la opción prioritaria es la de la persona.  Y que la ley ha de ir en segundo término. Es preciso encontrar el camino de una dialéctica saludable, no frontista.

4º) El trabajo de la MD exige evitar el bloqueo de “la única solución”: Porque quien se sitúa desde la perspectiva de la legalidad puede que, con frecuencia, se enroque en la posición de que lo que plantea la legalidad es “la única solución”. La vida enseña que los caminos pueden ser múltiples. Quien trabaja desde la misericordia no se ahorrará el empeño de buscar posibles soluciones que, a primera vista, no se hacen presentes.

5º) Cuando se anhela la MD habrá que entender algo tan sencillamente evangélico como que si la legalidad y la persona colisionan, habrá que primar la opción por la persona: Eso es lo que Jesús ha hecho a lo largo de su misión del reino. Esta opción no es indiscriminada, irracional, indiscernida. Pero optar por la persona engendra, con frecuencia, muchos problemas con la legalidad.

6º) La práctica de la MD demandará, en ocasiones, poner en segundo plano la honorabilidad de la institución: Con mucha frecuencia es esta honorabilidad la que, incluso por encima de la persona concreta, y más si tal persona es uno que delinque, trata de salvarse. Si lo que se pretende es que la institución salga indemne, antes que la persona concreta prospere, se tomarán derroteros que, con frecuencia, nada tendrán que ver con la misericordia.

7º) Para caminar por las sendas de la MD el incansable discernimiento ha de ser la marca de fábrica de todo el proceso: Ya que, como la legalidad tiene las cosas claras desde su perspectiva, quiere actuar pronto y bien (aunque luego no sea la cosa tan bien). Mientras que la MD es lenta en el discernimiento y muchas veces se concluye con preguntas que no tienen respuesta. Esta indefinición no gusta a la legalidad; pero su supuesta claridad se lleva, con frecuencia, por delante a la persona. No cansarse de discernir, volver a esa tarea con ahínco y perseverancia es la clave de muchos comportamientos misericordiosos.

8º) La MD demanda un esfuerzo misericordioso implicativo: La legalidad pretende, a veces, una vez aplicada, desentenderse. Quien conculca la legalidad queda excluido y quien aplica la legalidad queda tranquilo. Si no hay implicación en la suerte del excluido la aplicación de una norma de exclusión deriva, con frecuencia, en inhumanidad. La implicación daría como resultado una aplicación más benigna de la legalidad y el hallazgo de recursos compensatorios para que la persona salga a flote, aunque se le aplique la ley.

9º) La práctica de la MD puede llevar a una cierta “denigración” por parte de quienes se escudan en la legalidad: Viendo los toros desde la barrera, quienes son inclinados a la legalidad, acusan de “blandos” o de “vendidos” a los legisladores, o superiores, que no aplican con rigor la legalidad. Es preciso hacer frente a ese tipo de acusaciones  haciendo ver que se sigue trabajando y que se hace el discernimiento desde el anhelo de la MD.

10º) Es preciso hacer catequesis continua sobre la MD: Porque la fragilidad del corazón, el olvido de los principios evangélicos y la presión social e institucional dan como resultado el inclinarse hacia una superficial aplicación de la legalidad en casos conflictivos. Por eso, habrá que “seducir” a la persona sabiendo que es preciso aplicarla, con más contundencia, en los casos más complicados.

 

  1. 3.    Regenerar la convivencia en tiempos de una sociedad “gaseosa”

 

Todo el hecho humano depende en una parte notable del momento en que se vive. Por eso, quizá pueda ser de interés, tras haber visto el tema de la convivencia difícil en un texto del medievo, tratar de ver cómo regenerar la convivencia en nuestros tiempos de sociedad “gaseosa”. Vamos a tomar como referencia un reciente artículo de D. Innerarity del que haremos, inicialmente, una lectura subrayada y después sacaremos algunos puntos de reflexión.

 

 

EL AÑO DE LA VOLATILIDAD

DANIEL INNERARITY

 

Sugiero que la palabra del año 2018 sea “volatilidad”, y su metáfora las revueltas de los chalecos amarillos, tras las que no había ningún sindicato ni coherencia reivindicativa y que tiene a su vez que ser gestionada por un presidente de la República, Emmanuel Macron, que no representa propiamente a un partido político sino a algo que prefiere denominarse a sí mismo como un movimiento.

La volatilidad se manifiesta en impredecibilidad que hace fracasar a las encuestas, inestabilidad permanente, turbulencias políticas, histeria y viralidad. Desde Trump, el Brexit y Vox parece que estamos condenados a las sorpresas políticas, esos “accidentes normales” (Charles Perow) que no obedecen ni a la causalidad ni a la casualidad sino que forman parte de una nueva lógica que está todavía por explorar. El resultado de todo ello es la constitución de un público con la atención dispersa, la confianza dañada y en continua excitación.

Cuando Marx y Engels formularon aquella famosa sentencia de que “todo lo sólido se evapora” estaban refiriéndose a un paisaje cultural y político mucho más estable que el actual. Diagnosticaban un conflicto entre dos fuerzas identificables como el capital y el trabajo, unas contradicciones cuya resolución parecía apuntar en un sentido que era posible anticipar. Comparado con el mundo descrito por la idea de volatilidad, el vocablo “revolución” es un término conservador pues presupone un orden que solo habría que subvertir. En una situación de volatilidad, por el contrario, no hay nada estable arriba o abajo, ni centro o periferia, y la distinción entre nosotros y ellos se torna borrosa. Esta es la razón por la que, hablando con propiedad, ya no hay revoluciones sino algo menos visible, menos épico, rotundo y puntual; las transformaciones sociales no son la consecuencia de acciones intencionales, planificadas o gobernadas y las degradaciones de la democracia son más bien procesos de desvitalización; se parecen más al resultado azaroso de la simple agregación de voluntades, donde hay menos perversión que estupidez colectiva.

Nos encontramos en un mundo gaseoso y no en el mundo líquido que Bauman contraponía a la geografía sólida de la modernidad. La idea de liquidez no es suficientemente dinámica para explicar el paso de los flujos a las burbujas. Lo gaseoso responde mejor a los intercambios inmateriales, vaporosos y volátiles, muy alejados de las realidades sólidas de eso que nostálgicamente denominamos economía real. El mundo gaseoso, una imagen muy apropiada también para describir la naturaleza cada vez más incontrolable de determinados procesos sociales, el hecho de que todo el mundo financiero y comunicativo se base más sobre la información “gaseosa” que sobre la comprobación de hechos.

La primera manifestación de la volatilidad es de orden cognitivo. La explosión de posibilidades informativas, el acceso generalizado a la información o la profusión de datos son, al mismo tiempo y por los mismos motivos, una liberación y una saturación. La desintermediación produce una sobrecarga informativa en la medida en que el aumento de los datos disponibles no es compensado con una correspondiente capacidad de comprenderlos. Se podría hablar de una “uberización de la verdad”, en el sentido de que cualquiera tiene acceso a todo, una desprofesionalización del trabajo de la información. Se debilitan los clásicos monopolios de la información, desde la universidad hasta la prensa, en beneficio de las redes sociales, pero en la medida en que no mejora nuestro control de la explosión informativa el resultado es un individuo que puede caer en la perplejidad o en la grata confirmación de sus prejuicios.

La volatilidad afecta muy especialmente a la política. Venimos de una democracia de partidos, que era la forma adecuada a una sociedad estructurada establemente en clases sociales, destinadas a encontrar una correspondencia en términos de representación. Al igual que otras organizaciones sociales, los partidos eran organizaciones pesadas que no se limitaban a gestionar los procesos institucionales de la representación, sino que también incorporaban a sus estructuras áreas enteras de la sociedad, orientando su cultura y sus valores de modo que pudieran asegurarse la previsibilidad de su comportamiento político y electoral. Hoy tenemos una “democracia de las audiencias” (Manin), es decir, una democracia en la que los partidos han sido de alguna manera arrollados por esta volatilidad y actúan con oportunismo en vez de estrategia, en correspondencia con un comportamiento de los electores sin compromisos estables. Esos individuos se sienten mal representados porque de hecho ya no son representables a la vieja manera de un mundo estable; emiten señales difusas que el sistema político no consigue identificar, elaborar y representar adecuadamente. Por eso los partidos tienen grandes dificultades para escuchar a sus votantes y entender, agregar o procesar sus demandas.

No estaríamos en un entorno de tal volatilidad si no fuera porque el tiempo se ha acelerado vertiginosamente. Vivimos en lo que Paul Valéry llamaba un “régimen de sustituciones rápidas”. Qué poco duran las promesas, el apoyo popular, las esperanzas colectivas e incluso la ira, que se aplaca antes de que se hayan solucionado los problemas que la causaban. En el carrusel político las cosas “irrumpen”, pero también se desgastan rápidamente y desaparecen.

En un panorama acelerado se pierde, paradójicamente, la lógica de la acción política, su capacidad de gobernar el cambio social. El desconcierto puede dar lugar a la agitación improductiva o a la indiferencia apática, nada que se parezca a la voluntad política clásica. Se han debilitado las instituciones que otorgaban estabilidad a la sociedad y que al mismo tiempo articulaban el cambio político. Por eso puede darse la extraña situación de que en el régimen de la volatilidad convivan la aceleración y el estancamiento. Tanto las convulsiones emocionales como la indecisión obedecen a una psicología sobrecargada de excitaciones y coinciden también en no dar lugar a ninguna transformación efectiva de nuestras democracias. Detrás de muchos fenómenos de indignación y protesta hay estimulaciones que irritan pero no movilizan de manera organizada.

El gran problema político del mundo contemporáneo es cómo organizar lo inestable sin renunciar a las ventajas de su indeterminación y apertura. Tendremos que aprender a vivir con menos certezas, itinerarios vitales menos lineales, electorados imprevisibles, representaciones contestadas y futuros más abiertos que nunca. No creo que haya una posibilidad de revertir esta situación, que se ha convertido en aquello que tenemos que gobernar. En el célebre lamento del Manifiesto comunista se percibe un tono de nostalgia hacia un mundo más estructurado y ese mundo, entonces y ahora, ha quedado atrás. La gran tarea de la inteligencia colectiva consiste hoy en explorar las posibilidades de producir equilibrio en un mundo más cercano al caos que al orden. Hemos de preguntarnos de qué modo podemos regular esos nuevos espacios, hasta qué punto está en nuestras manos proporcionar una cierta estabilidad, si podemos corregir nuestra fijación en el presente y hacer del futuro el verdadero foco de la acción política, cómo generamos confianza cuando los otros son tan imprevisibles como nosotros, si es posible construir los acuerdos necesarios en entornos de fragmentación política y radicalización, en qué medida podemos mitigar el impacto social de lo inevitable. De lo único que podemos estar ciertos es de que se equivocan quienes aseguran que la política es una tarea simple o fácil.

 

Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política e investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco. Acaba de publicar Política para perplejos (Galaxia) y Comprender la democracia(Gedisa). @daniInnerarity

 

 

 

 

  1. 1.    La volatilidad es una situación

 

Es una situación en la que no hay nada estable, ni arriba ni abajo, ni centro o periferia, y la distinción entre unos y otros se torna borrosa. Esto, por un lado, complica el mundo de la relación pero, por otro le otorga una primariedad: el reto de la sociedad gaseosa sigue siendo el de la relación.

 

  1. 2.    Procesos de desvitalización

 

Las transformaciones sociales en tiempos de volatilidad no son la consecuencia de acciones intencionales, planificadas o gobernadas y las degradaciones son más bien procesos de desvitalización. Este es también el peligro de la relación: que se desvitalice, que pierda ilusión y fuelle.

 

  1. 3.    Un mundo gaseoso

 

Estamos en un mundo gaseoso, más que líquido. Lo gaseoso responde mejor a los intercambios inmateriales, vaporosos y volátiles, muy alejados de eso que nostálgicamente llamamos lo de siempre. Esa volatilidad se complementa con el trabajo del cimiento de la relación. Cuanto más se trabaje la relación, más posibilidad de estabilidad.

 

  1. 4.    Información gaseosa

 

Todo el mundo financiero e informativo se hace más sobre una información “gaseosa” que sobre la comprobación de hechos. La relación contrapesa esta tendencia: se ciñe a hechos cotidianos de buena relación. Ahí encuentra su verdad.

 

  1. 5.    Sobrecarga de datos informativos

 

La desintermediación produce una sobrecarga informativa en la medida en que el aumento de datos disponible no es compensado con una correspondiente capacidad de comprenderlos. A la relación más que lo informativo le interesa el ahondamiento.

 

  1. 6.    Más allá de los monopolios de la información

 

Cualquiera tiene acceso a la información. Ello puede llevarnos a la perplejidad o a la grata confirmación de los prejuicios. La información de la relación es aquella que conecta con el propio corazón, no tanto lo que se da sin más en las redes.

 

  1. 7.    La fuente de la relación

 

En épocas de volatilidad los mismos partidos son arrollados. Los votantes se sienten mal representados porque ya no son representables desde un mundo estable. Sus señales no las identifica el sistema político. Por eso los partidos quedan fuera de juego. La relación sí identifica sus señales y sabe distinguir si la fuente es el amor o el rechazo.

 

  1. 8.    Algo que se desgasta

 

Lo volátil se desgasta rápidamente. Y desaparece. Hasta la ira social se aplaca antes de que haya habido soluciones. Si persiste, nos cansa (lucha por las pensiones, por ejemplo). La relación también sufre desgaste; por eso hay que reforzarla con la ayuda del grupo y con la resistencia.

 

  1. 9.    Relación en instituciones debilitadas

 

Porque la volatilidad pone en evidencia la debilidad de las instituciones. Detrás de muchos fenómenos de indignación y protesta hay estimulaciones que irritan pero no movilizan de manera organizada. Hay que trabajar la relación sabiendo que nuestras instituciones son débiles. La debilidad no invalida los presupuestos relacionales.

 

  1. 10.                       Una cuestión de confianza

 

Ya que la pregunta por la confianza es muy propia en épocas de volatilidad. Hay que ver si es posible construir acuerdos en entornos de fragmentación política y radicalización. La confianza sigue siendo imprescindible para la relación, condición ineludible.

 

CONCLUSIÓN

 

  • Sigue vigente y verdeante la hermosa y humilde tarea de construir la convivencia. En ello está empeñado el ser humano desde los albores de la historia. Que en su camino haya habido enormes fracasos no habría de hacer menguar el anhelo de otra relación posible.
  • Habrá que tener ánimo sobre todo para construir, pero también para regenerar cuando la construcción funcione peor. Quizá haya que decir que cuanto más se construya, menos complicada será la tarea de reconstrucción.
  • En esta tarea tienen que confluir dos fuerzas: la constante decisión personal y los trabajos comunitarios para construir la buena relación. Ambos imprescindibles.
  • En cualquier modelo relacional en el que vivamos quizá habría que hacer un voto de relación al compartir ese camino. Esto es anterior a cualquier otra decisión relacional.
  • Puede pensarse que una obra de arte es fruto de un espíritu privilegiado. Pero construir una buena relación es más complicado y quizá más hermoso que la más espectacular de las obras de arte. La obra de arte primigenia.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

 

BREVE TALLER: TERAPIAS ACCESIBLES

PARA REGENERAR LA CONVIVENCIA

 

Objetivo

 

         Se trata de que cada uno de los cuatro grupos que se hagan tome una “terapia” y la trabaje: Lo hacen durante 45 minutos y luego en otros 45 se pone en común. Alguien que anote lo más importante, no todo.

 

Terapia 1ª: Las buenas palabras

 

         ¿Crees que hablamos bien, reflexivamente, del otro?
         ¿Lo crucificamos con palabras?

         ¿Tenemos cuidado con nuestra forma de hablar?

         Hablamos a espaldas, exageradamente, calumniosamente, descuidadamente?

         ¿Cómo podrían contribuir las buenas palabras a la regeneración de la relación? Ejemplos.

 

Terapia 2ª: Silencios creativos

 

         ¿Cuándo las cosas no van bien nos refugiamos en el silencio?
         ¿Cómo salir de los silencios que no generan paz?

         ¿Cómo saber cuándo hablar y cuando callar?

         ¿Hasta dónde hay que callar por amor, hasta dónde hay que hablar?

         ¿Aireamos los entresijos de la relación fuera del ámbito en que deberían ser guardados?

 

Terapia 3ª: El saludable reparto del peso de la relación

 

         ¿Qué actitudes tomamos cuando la relación pesa?      

¿Repartimos bien el peso de la relación cuando no va bien o hay uno que se come el marrón y los demás se inhiben?

         ¿Qué actitudes habría que tener para repartir bien el peso de la relación entre todos?

         ¿Qué pequeñas técnicas de reparto de peso podríamos hacer?

 

Terapia 4ª: El derroche del tiempo

 

         ¿Queremos tener buena relación si ser generoso con el tiempo?

         ¿Por qué somos tacaños con el tiempo (el tiempo es oro)?

         ¿Dónde nos demanda el otro que le demos tiempo?

         ¿Hasta dónde estamos dispuestos a invertir tiempo en la relación?

Cuidadoras de la casa común

CUIDADORAS DE LA CASA COMÚN 

 

         Es una alegría ver que el tema de la ecología va entrando en nuestros planes de formación permanente. Es verdad que lo hace lentamente. Pero, viniendo de donde venimos, de los tiempos en que esto ni se olía, es para estar esperanzados. Paso a paso iremos haciendo camino y convenciéndonos de la hermosa tarea de trabajar la “conversión ecológica”, de la que habla tanto el papa Francisco.

         Además, la ecología, junto con el feminismo, son espiritualidades sociales con futuro. A veces pensamos en nuestro futuro incierto pero trabajamos poco las espiritualidades sociales que hoy van abriendo camino. La ecología es una de ellas y ha de tener mucha más importancia en los años  venideros. Así que estamos en línea.

         Vamos aprendiendo también que este es un buen tema para la fraternidad. Es verdad que el trabajo de los “profetas” de la ecología es valiosísimo. Pero hasta que las comunidades como tales no entren en danza no habremos llegado al verdadero punto de partida. Por eso, trabajarlo en grupo es una ayuda impagable y una perspectiva correcta.

         Por otra parte, todos lo sabemos, no se trata solamente de ir almacenando estupendas ideas, sino de dar pequeños pasos. Por eso, platearemos en esta jornada un pequeño taller para ver, realistamente hablando, qué pueden ir haciendo nuestras comunidades y nosotros dentro de ellas.

         Deliberadamente enfocamos esta jornada hacia temas que nos abran un poco de horizonte. De ecología sabemos todos muchas cosas buenas; pero nos conviene abrir más las ventas porque la ecología y el futuro son hermanos. Orientaremos el tema con libertad.

 

1

EL SUEÑO DE UNA COMUNIDAD FRATERNA

QUE CUIDA LA TIERRA

 

 

“Tengo la conciencia demencial, ligada paradójicamente a nuestra actual pobreza existencial, y al deseo, que descubro en muchas miradas, de que algo grande pueda consagrarnos a cuidar afanosamente de la tierra en que vivimos” (E. Sábato).

 

         Con la encíclica Laudato Sí’ está ocurriendo algo singular: hace casi tres años que fue publicada y todavía sigue siendo estudiada, reflexionada, subrayada desde aquel 24 de mayo de 2015. Algo en este texto hace que siga sobre la mesa, al contrario de lo que suele suceder con muchos textos pontificios que casi nunca llegan al gran público o permanecen poco tiempo en primera línea. Quizá sea por haber situado la reflexión cristiana en un tema y un ámbito civil, el de la ecología. Si así fuera, el hecho social nos habla de que los esfuerzos por “salir” de la burbuja religiosa pueden ser muy rentables.

         Y esto a pesar de un cierto desaliento. Todas las publicaciones actuales dicen que la ecología integral propugnada por la LS es una asignatura pendiente. Según el índice elaborado por la Universidad católica de Costa Rica el 55,25% de la población mundial vive en condiciones inaceptables. La conversión ecológica está por hacerse. No nos resultan extraños estos resultados. Venimos de una mentalidad a-ecológica. No se logra la alfabetización ecológica en cuatro años. La cosa tiene que ser más procesual.

         Aunque tímidamente, quizá se esté cumpliendo el anhelo del Papa Francisco en LS’ 214: “A la política y a las diversas asociaciones les compete un esfuerzo de concientización de la población. También a la Iglesia. Todas las comunidades cristianas tienen un rol importante que cumplir en esta educación. Espero también que en nuestros seminarios y casas religiosas de formación se eduque para una austeridad responsable, para la contemplación agradecida del mundo, para el cuidado de la fragilidad de los pobres y del ambiente. Dado que es mucho lo que está en juego, así como se necesitan instituciones dotadas de poder para sancionar los ataques al medio ambiente, también necesitamos controlarnos y educarnos unos a otros”.       

 

  1. 1.    Contenidos espirituales de la carida0d ecológica

 

La caridad es un paraguas bajo el que caben muchos conceptos, ya que el amor es polisémico y polifuncional. La caridad como concepto espiritual e incluso social tuvo una ampliación en la “caridad política”. El tema se ha trabajado desde Pío IX hasta el papa Francisco y es ya un topos de la doctrina social de la Iglesia que todo el mundo admite. Basados, precisamente, en la amplitud semántica y vital del amor, podríamos plantea la posibilidad de entender la caridad como caridad ecológica. ¿Qué es la caridad ecológica?

Para introducirnos en esta nueva posibilidad conceptual y vital de la caridad leemos la LS’ en su nº 231: “El amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo, es también civil y político, y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor. El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de la caridad, que no sólo afecta a las relaciones entre los individuos, sino a «las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas». Por eso, la Iglesia propuso al mundo el ideal de una «civilización del amor». El amor social es la clave de un auténtico desarrollo: «Para plasmar una sociedad más humana, más digna de la persona, es necesario revalorizar el amor en la vida social –a nivel político, económico, cultural–, haciéndolo la norma constante y suprema de la acción». En este marco, junto con la importancia de los pequeños gestos cotidianos, el amor social nos mueve a pensar en grandes estrategias que detengan eficazmente la degradación ambiental y alienten una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad. Cuando alguien reconoce el llamado de Dios a intervenir junto con los demás en estas dinámicas sociales, debe recordar que eso es parte de su espiritualidad, que es ejercicio de la caridad y que de ese modo madura y se santifica”.

Según el texto el amor social, la caridad social (algo más englobante que la caridad política), empuja a “pensar, junto con los pequeños gestos, en grandes estrategias que detengan la degradación ambiental y alienten la cultura del cuidado”. Estas dos tareas, según LS’, hacen parte de la “espiritualidad” de un llamado de Dios, de una vocación política, del seguimiento de Jesús en definitiva. Ser seguidor ha de incluir este tipo de espiritualidad y sus consiguientes opciones. Un seguimiento sin preocupación ecológica no es hoy el seguimiento de Jesús.

Vamos a desarrollar los contenidos espirituales de la caridad ecológica apoyándonos en textos de LS’:

a)    La ecología entendida desde el amor: La ecología no puede ser entendida únicamente como el logro de una serie de estrategias que lleven a la sostenibilidad. Ha de ser una cuestión de amor y desde esa perspectiva habrá que plantear las acciones pertinentes. El amor a lo creado encuentra un paradigma en san Francisco de Asís quien “así como sucede cuando nos enamoramos de una persona, cada vez que él miraba el sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su alabanza a las demás criaturas” (11). Enamoramiento y canto. Si el enfoque general de la naturaleza es su estar fuera de mí o su mera utilidad, hablar de caridad ecológica resulta imposible.

b)    Una sintonía en clave de amor, no solo de utilidad: Porque esa ha sido la clave de la relación con la creación: si me es útil o no, si la puedo explotar o no, si le puedo sacar beneficio o no. Y esto, a veces, a costa de cualquier expolio dejándose caer en el abismo del dominio. Dice LS’ 108 citando a Romano Guardini, autor predilecto del Papa Francisco: «El hombre que posee la técnica sabe que, en el fondo, esta no se dirige ni a la utilidad ni al bienestar, sino al dominio; el dominio, en el sentido más extremo de la palabra». Por eso resulta grave enfocar las relaciones con lo creado desde la mera utilidad. Ésta no es inocua: lleva en su seno el gusano venenoso del dominio.

c)     Una actitud valorativamente respetuosa en mezcla con el amor: Al decir “valorativamente” estamos hablando del respeto mezclado al amor. No se trata solamente de guardar las distancias correctas con lo creado, como si fuera algo que está ahí sin mí y con lo que hay que andarse con cuidado porque a veces parece responder en modos de desastre (catástrofes naturales). Se trata del respeto de quien quiere de verdad implicarse porque ama. Dice LS’ 89: “Las criaturas de este mundo no pueden ser consideradas un bien sin dueño: «Son tuyas, Señor, que amas la vida» (Sb 11,26). Esto provoca la convicción de que, siendo creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde”. Calificar el respeto de “sagrado” eleva la relación con la creación a ese nivel en que se mira con profunda visión de amor no solamente aquello que se tiene delante, sino aquello de lo que se hace parte.

d)    Una colaboración fruto del amor: Colaborar con la creación puede parecer una utopía angélica. Pero es necesario llegar a un diálogo, a un entendimiento con el hecho creacional, cosa que solamente se logrará con la colaboración franca con las criaturas. Lo dice LS’: “La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común (13); todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades (14)”. Esta colaboración, pasados, en teoría al menos, los tiempos del desencuentro y de la ignorancia de lo creado, se hace más necesaria que nunca por la persistencia del viejo paradigma, negacionista y expoliador y sobre todo por la dificultad para lograr la implicación tanto de las instancias políticas como personales.

e)    Un caminar en modos interaccionados por causa del amor: Porque en LS’ es un “dogma” la expresión “Todo está conectado” (16, 19, 117, 138, 240). Esta interconexión es una tupida y profunda red de relaciones: “La ecología estudia las relaciones entre los organismos vivientes y el ambiente donde se desarrollan. También exige sentarse a pensar y a discutir acerca de las condiciones de vida y de supervivencia de una sociedad, con la honestidad para poner en duda modelos de desarrollo, producción y consumo. No está de más insistir en que todo está conectado. El tiempo y el espacio no son independientes entre sí, y ni siquiera los átomos o las partículas subatómicas se pueden considerar por separado. Así como los distintos componentes del planeta –físicos, químicos y biológicos– están relacionados entre sí, también las especies vivas conforman una red que nunca terminamos de reconocer y comprender. Buena parte de nuestra información genética se comparte con muchos seres vivos. Por eso, los conocimientos fragmentarios y aislados pueden convertirse en una forma de ignorancia si se resisten a integrarse en una visión más amplia de la realidad” (LS’ 138). Todas las teorías de la ciencia moderna consignan esta interdependencia, incluso aunque no sepan explicarla racionalmente. ¿Qué razón de base, qué certeza sino el amor puede sustentar la verdad de la interacción de las creaturas? Sin tal amor, la autorreferencialidad es el gran peligro para los humanos.

f)      La necesidad de actuaciones políticas en materia de ecología como exigencias del amor social: Porque las actuaciones ecológicas no arriban a esa playa de las decisiones políticas, se pierden en el maremágnum de las meras iniciativas privadas. Por eso la LS’ aboga explícitamente por la implicación de la política internacional y de las políticas nacionales y locales. ¿Por qué razón un político ha de incorporar a su bagaje de pensamiento y de acción el tema de la ecología? Por razones de amor social. Si es un mero gestor político, si no “ama” a la ciudadanía a la que representa (por angelical que parezca), ¿dónde va a encontrar razones para una actuación de este tipo? Esto demanda, claro está, políticos honestos y de talante humanizador. Pues de lo contrario, todo terminará arrumbado por inútil, por improductivo.

g)    En “estado de poesía” con la creación porque es latido de amor: Casaldáliga decía que el cristiano habría de vivir “en estado de poesía” porque la verdad poética es vehículo de espiritualidad y de mística. El redescubrimiento de ese otro lado de lo creado, de esa cara oculta de las cosas, puede encontrar en la exaltación poética de las criaturas un cauce de espiritualidad. Dice la LS que si todo se reduce a ciencia empírica “desaparecen la sensibilidad estética, la poesía, y aun la capacidad de la razón para percibir el sentido y la finalidad de las cosas” (LS’ 199). En LS’ 233 se lee: “El universo se desarrolla en Dios, que lo llena todo. Entonces hay mística en una hoja, en un camino, en el rocío, en el rostro del pobre”. Esto lleva a la contemplación de la naturaleza desde la hondura del amor, cosa que habría de reflejarse hasta en el mismo lenguaje poético de las expresiones espirituales.

h)    Mantener la esperanza de un futuro ecológico para lo creado porque se lo ama con viveza: LS’ ha sido tachada, entre otras cosas, de documento negativista y oscuro por sus diagnósticos acerados sobre la situación presente del planeta, sobre todo en cuestiones como la del cambio climático. Pero en su conjunto, LS’ cree en las posibilidades de una regeneración, de un cambio de rumbo en materia de ecología:”El ser humano todavía es capaz de intervenir positivamente” (58).  “La Carta de la Tierra nos invitaba a todos a dejar atrás una etapa de autodestrucción y a comenzar de nuevo, pero todavía no hemos desarrollado una conciencia universal que lo haga posible. Por eso me atrevo a proponer nuevamente aquel precioso desafío: «Como nunca antes en la historia, el destino común nos hace un llamado a buscar un nuevo comienzo […] Que el nuestro sea un tiempo que se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida; por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad; por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz y por la alegre celebración de la vida»” (207). Y el final del texto es elocuente: “Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza” (244).

Pudiera pensarse que estas notas espirituales, que quieren ahondar en la caridad ecológica, no llegan atrapar el asunto y no consiguen enmarcar una verdadera mística ecológica nueva capaz de suscitar planes de actuación. Habrá que seguir intentándolo. Pero siempre hay tener presente el aviso de Jn 3, 8 de que el viento sopla y se oye su ruido, aunque no hay quien lo atrape. Pretender atrapar una espiritualidad es cosificarla, destruir su capacidad de sugerencia.

 

2. Espiritualidad del cuidado

 

         La espiritualidad del cuidado es el camino más adecuado para ir poniendo carne a la espiritualidad de la caridad ecológica. LS’ elabora un amplio panorama espiritual sobre el cuidado de la creación:

  • El fundamento básico de esta espiritualidad resulta elemental: “el solo hecho de ser humanos mueve a las personas a cuidar el ambiente” (64). La humanidad muestra su rostro en el cuidado de lo creado. Cuanto más cuides el ambiente, más humano eres.
  • El Papa elabora una espiritualidad bíblica nueva sobre el cuidado que aún no hemos asimilado: “Es importante leer los textos bíblicos en su contexto, con una hermenéutica adecuada, y recordar que nos invitan a «labrar y cuidar» el jardín del mundo (cf. Gn 2,15). Mientras «labrar» significa cultivar, arar o trabajar, «cuidar» significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar. Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza” (67). Toda tentación de expolio amparada en el hecho religioso es absolutamente rechazable. Por el contrario, entender bien la Palabra predispone y empuja en la dirección del cuidado.
  • El cuidado no es algo baladí, sino que tiene profundas consecuencias. Dice la LS’ citando a Juan Pablo II: “Toda pretensión de cuidar y mejorar el mundo supone cambios profundos en «los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad»” (5). De ahí, como hemos dicho, el afán de LS’ por situar el tema de la ecología en las estructuras políticas.
  • A nivel personal, el cuidado tiene también consecuencias y depende de la capacidad de hacer propias las situaciones de los demás: “Siempre es posible volver a desarrollar la capacidad de salir de sí hacia el otro. Sin ella no se reconoce a las demás criaturas en su propio valor, no interesa cuidar algo para los demás” (208). En ese “salir de sí” es donde se halla una de las principales claves de la espiritualidad ecológica.
  • Y habría que trasladar esta espiritualidad de los gestos diarios, a las actuaciones locales, que son las que pueden dar verdad a modos más globales de situar el problema: “Es muy noble asumir el deber de cuidar la creación con pequeñas acciones cotidianas, y es maravilloso que la educación sea capaz de motivarlas hasta conformar un estilo de vida” (211). La suma de esos pequeños gestos son los que llevan a conformar estilos de vida. Por eso los gestos son tan decisivos.
  • Esta espiritualidad habría que aplicarla incluso a lo más básico, a la realidad corporal: “Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es esencial para una verdadera ecología humana” (155).

Los pensadores más inquietos sobre el problema ecológico nos advierten con claridad: “Para cuidar el Planeta, todos tenemos que pasar por una alfabetización ecológica y revisar nuestros hábitos de consumo. Hay que desarrollar una ética del cuidado”. ¿No debería ser esta una preocupación explícita de la caridad ecológica?

 

Conclusión

 

         El sueño de una comunidad fraterna que cuida de la tierra va hermanado con el sueño de esa misma humanidad que cuida de los pobres. No pueden ir por separado. Es cierto que muchas personas han desistido de tales sueños, pero otras muchas siguen en la brecha. Es, para los cristianos, el mismo sueño de Jesús que creía que las desventuras de los pobres habrían de tener fin algún día. Es el mismo sueño de tantos “centinelas” que leen los signos de los tiempos con novedad y tratan de caminar de su mano.

         Terminamos con una cita de un poeta, de esos que tienen la “verdad poética” que muchas veces se aproxima a la verdad de la vida:  “No dejéis morir a los viejos profetas pues alzaron su voz contra la usura que ciega nuestros ojos con óxidos oscuros, la voz que viene del desierto, el animal desnudo que sale de las aguas para fundar un reino de inocencia, la ira que despliega el mundo en alas, el pájaro abrasado de los apocalipsis, las antiguas palabras, las ciudades perdidas, el despertar del sol como dádiva cierta en la mano del hombre” (J. A. Valente).

 

 

2

UN CAMBIO DE PERSPECTIVA:

CUATRO INVERSIONES FUNDAMENTALES

ANTE EL SÍNODO DE LA AMAZONÍA

 

Del 6 al 27 de octubre tendrá lugar el Sínodo sobre la Amazonía. Las Terciarias Capuchinas están presentes en seis de los nueve países amazónicos (Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Venezuela y Ecuador). Pensamos que merece la pena una reflexión sobre este acontecimiento eclesial único. Es una manera de ensanchar nuestros horizontes ecológicos.

Desde el primer anuncio del Sínodo de la Amazonía, allá por el 15 de octubre de 2017, la intencionalidad del mismo fue claramente propuesta por el Papa Francisco: “Estudiar nuevas formas de evangelizar al pueblo de Dios, especialmente a los indígenas frecuentemente olvidados”. La perspectiva general del enfoque es, pues, la evangelización.

El Documento Preparatorio (DP) de dicho Sínodo secunda ese enfoque. Su segunda parte, la más amplia, la dedica toda ella al tema de la evangelización. El ideal es llegar a una Iglesia “con rostro amazónico”.

Sin embargo, la tarea del pensador cristiano es crear trasfondos ideológicos adecuados que luego el pastoralista traducirá en caminos concretos de actuación. De ahí que, aun a riesgo de ser excesivamente teóricos, propongamos una reflexión ideológica como telón muy de fondo de este Sínodo.

Para ello proponemos cuatro inversiones fundamentales que abrirían la puerta a un enfoque distinto.

 

1. Los pueblos amazónicos, de infieles a empobrecidos

 

         Puede ser que se dé por superado el axioma “extra Ecclesiam nulla salus”. Pero hay que preguntarse si los afanes evangelizadores se ven libres de él o sigue solapadamente vigente. La pluralidad de espiritualidades y cosmogonías de los pueblos amazónicos empujan a un abandono total de este parámetro.

         Yendo todavía más al fondo, hay que preguntarse si, desde el punto de vista cultural, el Sínodo enfoca a los pueblos amazónicos desde una posición de igualdad o persiste todavía la superioridad tradicional del blanco, del católico, del conquistador. Esta posición no es un vestigio histórico, sino que puede ser una dominante cultural.

         Desde aquí se plantea al Sínodo un doble camino: el de una evangelización religiosa o el de un compromiso de liberación social. Es el viejo dilema que la teología de la liberación quiso abordar con métodos de análisis y con actitudes que generaron mucha controversia en la Iglesia. Pero el dilema vuelve de nuevo si no se quiere que el Sínodo termine en una exhortación religiosa de reducida eficacia.

         Es cierto que DP describe bien la situación de precariedad de los pueblos amazónicos desde el mismo preámbulo del texto. Y es cierto que maneja un discurso social de evidente aprecio, de sintonía y de una cierta reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas. Eso da al documento un indudable valor, valor que, justo hay que reconocerlo, toma otro derrotero en la segunda parte.

         Pero esta perspectiva no habría de hacer perder de vista al Sínodo que el gran problema de los pueblos indígenas no es su pertinaz dificultad para aceptar una evangelización católica, o la escasez de sacerdotes, o el deslizamiento de los creyentes sencillos hacia las religiones evangélicas. El problema nunca resuelto sigue siendo la pobreza, aumentada en esta época por la voracidad de las multinacionales con su cultura del descarte y su mentalidad extractivista. El problema sigue siendo la pertinacia de la xenofobia contra los mismos indígenas tratados como extranjeros en su propia tierra. El problema sigue siendo el parco apoyo que los movimientos sociales indígenas reciben de la misma Iglesia. El problema continúa en el desamparo social, político y económico en que están enmarcados los pueblos “invisibles” que viven en aislamiento voluntario. El tema de las minorías étnicas habría de tener un capítulo aparte y prioritario en la reflexión del Sínodo.

         El DP salva siempre la acción de la Iglesia como decidida aliada de los pueblos indígenas. Pero todos sabemos que esa es una parte de la realidad. Por eso el Sínodo habría de afrontar como problema prioritario de la Amazonía no su componente religioso, sino su empobrecimiento social. La tragedia no es el riesgo de la fe en los nueve países de la Amazonía, sino la cruel persistencia de su pobreza que marca para siempre la vida de los ciudadanos más frágiles.

 

2. De una salvación entendida religiosamente a una salvación entendida como futuro social

 

         Es cierto que el DP es parco en el tema de la “salvación de las almas” (una sola vez), pero hay que decir que la salvación primordial de los pueblos indígenas es bloquear el riesgo gravísimo de exterminio y extinción y, luego, procurar para esos pueblos un modo de vida acorde con los derechos humanos. Son las tareas de igualdad y de la equidad. Esa es la salvación primera que esperan tales pueblos.

         Desde ahí se entiende que el ya amplio martirologio de los pueblos amazónicos incluya, en su mayor parte, los nombres y vidas de cristianos que han entregado la suya por la justicia, recreando así la vida del maestro de Nazaret que dijo que “no hay amor más grande que el de quien da su vida por los que ama” (Jn 15,13). Ese “amor más grande” es el que la comunidad cristiana sigue estando llamada a ofrecer en el, con frecuencia, penoso caminar de la liberación de los pueblos amazónicos y su expoliada tierra.

         Resuena en esta idea de salvación entendida como futuro social el eco evangélico de  la llamada a ponerse al servicio de los últimos y la invitación arriesgar la propia vida para que otros la tengan en abundancia. Se pasa así de una visión estrecha y parcial de salvación a otra más amplia e integral. Es comprensible que una sensibilidad de fe que pone su acento en los pobres y ancestralmente olvidados, redescubra y recupere también vertientes o dimensiones de la salvación no aún debidamente reconocidas como tales. Quizá este cambio venga antes por una praxis evangélica que por un proceso mental reflexivo.

         El mismo Papa Francisco parece entender que este futuro social es la tarea principal a realizar: «Creo que el problema principal está en cómo conciliar el derecho al desarrollo incluyendo también el derecho de tipo social y cultural, con la protección de las características propias de los indígenas y de sus territorios» (DP 5). Efectivamente ese es el problema “salvífico”, el verdadero desafío que, si se pasa por alto, no se llega a una comprensión integral de la salvación.

         Así se logra cambiar una visión extrinsecista de la salvación, como desde fuera, por una percepción de que la vida de los pueblos amazónicos está positivamente inserta en el designio salvífico de Dios y de que su historia, tal como es, resulta ser historia de salvación. Así se logra desactivar ese Jesús empaquetado en una cultura diferente y con frecuencia hostil.

         Efectivamente, se conjura así el peligro de una salvación venida de fuera que ha conllevado la colonización religiosa y cultural en modos impositivos de pretensiones universales con la larga secuela de atropellos a personas y culturas. Quizá se ha creído que Dios no estaba ya presente en esa historia y por eso era necesario introducir la salvación de fuera para que la vida de estos pueblos adquiriera una densidad salvífica y tuviera transcendencia. Hay que ver si estamos lejos de estos planteamientos o, en el subconsciente eclesiástico, siguen todavía vivos.

         Los pueblos amazónicos necesitan ser salvados no con su inclusión en la historia de la salvación, porque Dios está trabajando dentro de esos pueblos conduciéndolos a la plenitud de Cristo. Necesitan una salvación histórica que tenga nombre de futuro porque lo tienen escaso, racionado y, en algunos casos, borrado.

         El preámbulo del DP habla del anhelo de un “futuro sereno” para los pueblos indígenas y todas las comunidades que viven en la Amazonía. Un tal futuro no es otro que el de la igualdad, los derechos y obligaciones compartidas y, en definitiva, el básico reconocimiento de la dignidad que pase de ser un principio teórico a una evidencia en la vida de los pueblos hoy marginados del banquete de la vida.

 

3. La Iglesia: de evangelizadora a evangelizada

 

         El DP participa en la secular evidencia de que es la Iglesia quien debe evangelizar porque ella es la depositaria y administradora de la fe de Jesús. Esta visión, nunca hasta ahora discutida, recibe un profundo interrogante cuando se reflexiona sobre la realidad amazónica.

         Puebla habló del potencial evangelizador de los pueblos, sin dar a ese potencia un componente necesariamente religioso. Los pueblos indígenas, como pueblos empobrecidos y con frecuencia ninguneados, tienen un potencial evangelizador real que puede ser puesto en marcha para quien sean ellos quienes evangelicen a la Amazonía no para que, por necesidad, hayan de ser previamente evangelizados.

         De ahí que haya que plantear la cuestión no tanto de cómo evangelizar la Amazonía, sino como dejarse evangelizar por los más empobrecidos de las cuencas amazónicas. Así los supuestamente evangelizados pasan a ser, desde su pobreza, los auténticos evangelizadores. Este es el gran discernimiento que el Sínodo podría hacer: leer la realidad indígena como elemento evangelizador para una nueva comprensión y vivencia de la fe en la Amazonía.

         El Vaticano II recuperó la tradición patrística de las “semillas del Verbo” por las que san Justino se atrevía a decir que “Sócrates, Heráclito y gente como ellos son cristianos”. Habría que dar un paso más: desvelar la capacidad evangelizadora de las culturas que, aunque no sean cristianas, han vivido de acuerdo con un ética social y religiosa deducida de su propia vivencia histórica. Obviar esto, además de ser un menosprecio, es arriesgar a construir una evangelización cristiana sobre cimientos inexistentes.

         Hay que preguntarse si estas colectividades amazónicas no será el “nuevo pueblo de Dios” en esta hora de zozobra, cuando su vida y su hábitat peligran. Habrá que preguntarse si no serán el Isaías II y el Ezequiel de este exilio del progreso inhumano que están llamando a una vivencia humanizadora de las relaciones humanas. Habrá que preguntarse si la débil voz de quienes están a punto de sucumbir bajo el peso de la actividad de una economía de muerte no es la voz con la que realmente habla hoy Dios a la Iglesia.

 

4. De plantadores de la Iglesia a parteros de una eclesiogénesis desde abajo

 

         El Papa Francisco lo dijo bien claramente a la vuelta de su viaje a Myanmar y Bangladesh: “Evangelizar no es hacer proselitismo”. Pero de nuevo hay que preguntarse si el veneno del proselitismo ha sido conjurado totalmente en las intenciones y en las prácticas evangelizadoras.

         ¿No se sigue creyendo que el aumento del número de cristianos es síntoma de buena salud eclesial? ¿No se sigue valorando socialmente la fuerza de la presencia de la Iglesia en la sociedad por el número de practicantes o por el de los supuestamente creyentes en Dios? ¿No produce temblor el abandono de la práctica religiosa en occidente o el desplazamiento hacia las religiones evangélicas en los países de la Amazonía? ¿No tiene el mismo Sínodo algo de eso, más allá de su indudable interés, al amparo de la Laudato Si’, por el futuro ecológico de la cuenca amazónica?

         La Iglesia de hoy está llamada a vivir el tránsito desde una concepción expansionista de la Iglesia a otra eclesiogénesis en la que ella renace desde abajo, sea como comunidad o como iglesia particular o local en los diversos contextos humanos, éticos, culturales y religiosos.

         En la génesis de esa nueva Iglesia los pueblos que están “abajo”, no pocos de los pueblos amazónicos entre ellos, habrían de jugar un papel primordial a la hora de construir el modelo de Iglesia, la obra evangelizadora, los ministerios y cualquier otro aspecto necesario para la comunidad cristiana. En lugar de marcarles pautas de evangelización sería interesante que dichos pueblos propusieran su modelo de Iglesia.

         Esta actitud supone un compromiso con un itinerario de descubrimiento y de acogida en fe de los modos de presencia y acción divinos en las costumbres, sistemas de vida y organización, cultura y expresiones religiosas de los pueblos indígenas.

         Así el evangelizador se convierte de fundador de iglesias en colaborador, de persona de iniciativas y decisiones autónomas en gente de diálogo, de escucha y, en cierta medida, de disponibilidad y de obediencia.

         No habría de temer el evangelizador en desasirse y replegarse a una segunda fila, de ser hermano, de verse más como un “invitado” que como un “enviado” por una decisión unilateral que se tomó lejos y sin contar con nadie.

         Para escoger esta vía habrá que comenzar a hacer prácticas decididas de democratización de la Iglesia, de control de aparato jerárquico, de desclericalización, de participación en el anhelo de la más estricta igualdad. Habría que estar dispuesto a iniciar un cambio eclesial que comience por ablandar el duro bloque granítico en que se ha convertido el esclerotizado sistema eclesial.

         Es preciso creer en esta posibilidad y no desecharla por imposible, absurda o contraria a la praxis eclesial de siglos. Si se la margina sin más, tendremos, una vez más, un Sínodo que publica un documento más o menos interesante pero que incide muy poco en la marcha realidad de la Iglesia de base y que aclara poco el cometido de la comunidad cristiana en el tiempo en que le ha tocado vivir.

 

Conclusión

 

         No hemos querido caer en el viejo y, creemos, insostenible mito del “buen salvaje” al estilo de Rousseau. Creemos que el DP es proclive a ello en la medida que dibuja a los indígenas en modos siempre positivos. Eso es muy de valorar, aunque sabemos que todos los pueblos, los indígenas también, arrastran zonas de sombras y posicionamientos discutibles. Pero lo cierto es que la frágil situación de las comunidades amazónicas está empujando a una seria reflexión antropológica, ecológica y eclesial. En ese sentido, creemos que la oportunidad de un Sínodo sobre la Amazonía es pertinente y el haberlo convocado es una prueba más del anhelo del papa Francisco de situar la vivencia de la fe en los contextos más vivos de la historia actual.

         Por más que el Sínodo verse sobre la Amazonía, desde su convocatoria ha querido el Papa que sea algo para el conjunto de la Iglesia. Efectivamente, la Amazonía es un asunto de corte universal y el asunto de su futuro creyente es cuestión de ámbito eclesial. Sería una pena el desentenderse de esta asamblea amparados en un localismo que no existe.

         Precisa la Iglesia una conversión indígena que incluye la conversión ecológica de la que habla Laudato Si’ y la conversión a los pueblos empobrecidos a los que alude la Evangelii Gaudium. Esta conversión demanda una auténtica inversión de paradigmas. Pide el DP que, en frase del Papa, los pueblos de la Amazonía «ayuden a sus Obispos, ayuden a sus misioneros y misioneras, para que se hagan uno con ustedes, y de esa manera dialogando entre todos, puedan plasmar una Iglesia con rostro amazónico y una Iglesia con rostro indígena. Con este espíritu convoqué el Sínodo para la Amazonia en el año 2019». Para plasmar una Iglesia con ese rostro, quizá sean los estamentos eclesiásticos quienes deban ayudar a los pueblos indígenas y no al revés. La solución, en la medida que exista, está principalmente en sus manos.

         Tal vez, como gesto inicial, sería bueno que el tal Sínodo se hubiera celebrado en un país amazónico y no tanto en Roma. Y, sobre todo, hubiera sido deseable que la asamblea sinodal fuera más representativa de la realidad de la Iglesia en la que clérigos y obispos no llegan a un 0,4% de los católicos. Y sería un gozo ver que en el Sínodo los pueblos indígenas no solamente están presentes, no solamente son escuchados, sino que, de alguna manera, ellos toman el timón de la reflexión porque quizá ellos son los parteros de la nueva Iglesia con rostro indígena que es la que se anhela.

 

 

3

BREVE TALLER

 

 

         No son solamente importantes las ideas. Las pequeñas prácticas ecológicas son también muy valiosas. Por eso nos preguntamos:

 

  1. 1.    ¿Qué crees que, realistamente hablando, puede hacer tu comunidad para cuidar mejor la creación?
  2. 2.    ¿Qué crees que, realistamente hablando, tu comunidad puede hacer ante el sínodo de la Amazonía?

 

  • Alguien toma nota.
  • Ponemos luego en común.

 

 

 

 

 

 

 

4

AMPLIANDO HORIZONTES:

RETOS QUE PLANTEA

LA ESPIRITUALIDAD CUÁNTICA

 

Algunas nociones sobre física cuántica

 

         La mayoría aprendimos en la escuela en base a la física convencional, euclidiana. Nuestro paradigma mental está organizado desde ahí. Y, en consecuencia, el espiritual. Pero siempre se puede aprender e interrogarse puede ser muy saludable.

         Hay que tener en cuenta que la física cuántica, vieja de más de un siglo, es una ciencia admitida por la comunidad científica. Y hay que ver que muchas de sus aplicaciones (en medicina, electrónica, etc.) están cada día más presentes en la vida de los ciudadanos.

         No es algo fácil de comprender pero podemos hacer acercamientos que nos lleven a una mayor sensibilidad y apertura. Desde ahí se podría pensar las implicaciones de esta nueva física en la espiritualidad. Hay que tener presente que el tratamiento que tal física da al universo ha creado conceptos espirituales que revolucionan el paradigma teológico y espiritual.

         Por otra parte, uno puede preguntarse cómo conectar con tal física mentalidades (la del cristianismo, la del franciscanismo) y textos (los Evangelios, los escritos de san Francisco) que han sido elaborados desde presupuestos euclidianos. Quizá haya que ahondar, bajar al nivel de lo elemental para encontrar caminos de conexión.

         Veamos algunas nociones aproximativas:

 

  1. 1.    A gran escala

 

  • Solos y aislados: Puede ser que nos creamos el centro del Universo. Pero, en realidad, estamos solos y aislados en un pequeño sistema solar como los hay millones, de una galaxia (la vía láctea) que también como ella hay millones (100.000). La estrella más próxima a nuestro sistema solar es Alfa de Centauro que está a 4 millones años luz (la Voyager 2, la nave más rápida, tomaría 70.000 años para llegar hasta ella).
  • Viajando a velocidades increíbles: Puede parecer que la tierra está quieta, que nada se mueve, pero, en realidad, a causa del big bang estamos viajando a velocidades de vértigo: nuestra galaxia y nosotros dentro de ella viaja a razón de dos millones de km por hora. Un universo que se expande.
  • Muchos universos: La cifras que maneja la física cuántica le hace suponer que no solamente hay millones de galaxias, de constelaciones, de estrellas, etc. Sino que probablemente hay muchos universos antes del “muro” sin saber lo que hay detrás de ese “muro”. La medida humana no significa casi nada en comparación con esta medida inmedible.

 

  1. 2.    A pequeña escala

 

  • La danza de los elementos: Los cuánticos usan el término “danza” porque los elementos  (átomos) y sus partículas (neutrones, protones, neutrinos) y otros componente subatómicos están en una frenética danza que, gracias a la gravedad, compone cuerpos con una enorme vida dentro. La idea de quietud no se corresponde con lo que ocurre en el más allá de lo que ven nuestros ojos.
  • Somos vacío: Más que materia, somos vacío, lo que da una idea de otra realidad. Si se eliminara el vacío volveríamos a medidas de insignificancia. Ese vacío, a gran escala, es lo que llamamos agujeros negros: vacíos de materia desconocida donde se organizan las relaciones de los elementos que danzan atómicamente.
  • El caos se organiza: Porque además de vacío, somos caos, lo que no es sinónimo de negatividad porque el caos se organiza caóticamente. La idea de orden, tan querida de la espiritualidad, queda cuestionada por una realidad física distinta.

 

  1. 3.    Cambio de paradigma

 

  • No somos el centro, sino una especie más: Hemos venido a esta “casa común” cuando llevaba millones de años ocupada. Y quizá nos vayamos, y este planeta siga dando vueltas. El no ser el centro no lleva a desimplicación, sino a la moderación de un antropocentrismo que siempre es una amenaza para el planeta.
  • Somos interdependientes: El papa Francisco no se cansa de decirlo en la LS’: todo está conectado, dependemos unos de otros (la polinización es la fuente vida para el planeta; los verdaderos “labradores” de la tierra son los insectos que pueblan el humus, etc.). De modo que se puede hablar de una especie de “familia universal” dice LS’ 89.
  • El mundo sin nosotros: Del mismo modo que antes estuvo sin nosotros, quizá pueda estarlo. El daño que hacemos al mundo, en realidad nos lo hacemos a nosotros. Tal vez el mundo pueda funcionar sin nosotros, pero la acción humana puede ser muy útil para que, mientras poblemos este planeta, funcione mejor.

 

  1. 4.    Cambiar la espiritualidad

 

  • Un Dios dentro: No tanto un Dios, un cielo, una realidad divina externa, sino un Dios en el fondo de lo que existe: “vendremos a él y pondremos nuestra morada en él” (Jn 14,23). La tarea de ahondar en la realidad, en la historia, en el camino cósmico.
  • Nuevas maneras de entender y designar a Dios: Ir dejando las exclusivas maneras teístas para nombra la realidad de Dios de otros modos: fuente del amor, principio de vida, base del ser, origen de la bondad, etc. Ir llenado de “carne” estas expresiones que nos suenan poco.
  • Somos tierra: De ella venimos y a ella volvemos. Imaginar modos de vida eterna menos localistas, menos geográficos y desplazarse a maneras más espirituales que no entren en litigio con lo que nos muestra la física cuántica y las nuevas cosmologías.

 

La espiritualidad franciscana ante la física cuántica

 

         Francisco no conocía las peculiaridades de la física cuántica, pero su pensamiento y su vida se aproximan en muchas cosas:

  • Leer el libro de la creación: Libro “escrito” antes que la Palabra. Francisco sabe leerlo con profundidad y cordialidad (Cánt). La creación trajo a Francisco un solaz y una posibilidad de encuentro con el amor de Dios que, a veces, no lo encontraba ni en los mismos hermanos. Es fácil imaginar a Francisco “contemplando las estrellas y el firmamento” (1 Cel 80). Buen lector del firmamento porque habitaba en él el amor que “mueve el cielo y las estrellas” (Dante).
  • La hermosura de lo pequeño: Francisco no sabe de átomos ni de partículas subatómicas. Pero lo que consiera pequeño, los insectos, los gusanillos, las piedras, el agua que corre, las humildes criaturas, son lenguaje para él de lo sublime. En lo pequeño halla lo grande (2 Cel 165).
  •  Cambio de paradigma: Algo de eso fue lo que llamamos conversión de san Francisco: encontró en el frágil (leproso) la certeza de que el centro de su vida estaba ocupado por otro, por lo Otro. Se dio cuenta de que él también era “leproso”, es decir interdependiente (1R 23,8). Comprendió que la tierra es “madre” (Cánt), que vamos dentro de ella como una realidad maternal, nunca fuera de ella.
  • Otra espiritualidad: Aun perteneciendo a una mentalidad teísta, Francisco llega a entender que Dios está en el fondo de la realidad, que es fuente de amor, todo bien (AlD) y que, como luego dirá Clara, el gran don de Dios es haber sido creado (PCl 3,20). Un Dios que sostiene lo creado en los modos incomprensibles para nosotros de una creación desbordante (2 Cel 165).

 

CONCLUSIÓN

 

  • El trabajo reflexivo de esta jornada ha mostrado una pequeña parte del ancho mundo de la ecología que tiene ramificaciones múltiples. No se puede abarcar todo de una tacada. Ir poco a poco, paso a paso. Lo importante es no detenerse.
  • Es muy importante en la comunidad contagiar entusiasmo por las cosas, hablar bien de la espiritualidad ecológica en este caso. A veces es tan importante crear buen ambiente como dar pasos concretos. Todo es necesario
  • El valor de la ecología empieza a aparecer en la lista de los valores amigonianos. Quizá sea demasiado pedir a la figura de Luis Amigó que conecte con este tema actual de la ecología. Pero, por ejemplo, en su Autobiografía cinco veces termina diciendo: “¡Bendigan a Dios todas sus criaturas!”. Es como un pequeño mantra ecológico. No está nada mal que las Terciarias se apropien de él.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Lectura social el evangelio de Juan

  

 

Una lectura social del

EVANGELIO DE JUAN

 

            Tras 18 sesiones de lectura social del Evangelio de Marcos, nos aprestamos a otra etapa: leer, desde una perspectiva social, el Evangelio de Juan. ¿Es posible hacerlo con este “evangelio espiritual”? Sí, porque contiene semillas sociales que nos pueden ser de mucho interés como alimento de nuestra fe y de nuestro trabajo en Cáritas.

 

1

DIGNIDAD ANTE TODO,

NO TANTO HUMILDAD

(Jn 1,19-28)

 

Texto:

 

19Y éste es el testimonio que dio Juan cuando los jefes judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas,

 

a que le preguntaran:

            -¿Tú quién eres?

            20Él confesó sin ninguna reserva esto:

            -Yo no soy el Mesías.

            21Le preguntaron:

            -Entonces ¿qué? ¿Eres tú Elías?

            -Él dijo:

            -No lo soy

            ¿Eres el profeta?

            Respondió:

            -No

            22Pues ¿quién eres? Para que podamos dar una respuestas a quienes nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?

            23Él contestó:

            -Yo, un grito en el desierto,  que ya lo dijo Isaías: Despejad el camino del Señor.

           

24Entre los enviados había fariseos 25y le preguntaron:

            -Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?

            26Juan les respondió:

            -Yo bautizo con agua; pero en medio de vosotros hay uno que no conocéis, 27el que viene detrás de mí, que existía antes que yo y al que yo no soy quién para desatarle la correa de la sandalia.

           

28Estas cosas ocurrían en Betania, a la orilla oriental del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

 

  • Se ha leído como un texto de humildad: desatar la correa de las sandalias como algo humilde. Pero, ¿por qué precisamente desatar? Es un asunto de derecho matrimonial de la época.
  • En el tiempo de Jesús las mujeres no son sujetos civiles. Tienen que tener siempre un hombre que les represente legalmente. Si una mujer se queda sola (viuda, por ejemplo) hay establecido un mecanismo de amparo. Se llama ley del LEVIRATO. Consiste en lo siguiente: un hombre (el cuñado, el primo, etc…) tiene el derecho y la obligación de amparar a la mujer sola llevándosela a casa (estamos en ambientes poligámicos). Si no se la lleva tiene que pagar una multa, aguantar el ultraje de un escupitajo y dejar que se desate la correa de la sandalia.
  • Este es un gesto no solo de menosprecio, sino que indica que no eres un hombre de ley, no cumples las obligaciones humanas, no eres buena persona.
  • Según esto, ¿qué dice el Evangelio? Que Jesús ha cumplido esa ley, se ha llevado a la “mujer desamparada”, a nosotros, y le ha dado amparo. Tenemos un buen marido, un amparador, alguien que no nos va a dejar tirados.
  • Y ¿por qué hace esto? Porque nos trata como personas dignas, porque ve más allá de las apariencias y valora nuestra dignidad de criaturas, porque sin dignidad no hay humanidad ni Evangelio.

 

Aplicaciones al trabajo social:

 

  • Reconocer la dignidad del otro, del débil, es cuestión fundamental. No se trata de hacer caridad (en sentido empobrecido), sino de reconocer la dignidad.
  • Ello conlleva hacer al otro sujeto de derechos, y más cuando se está en desventaja.
  • Por lo tanto, sentido de respeto, de igualdad, de valoración positiva. No se trata tanto de estar “humildemente” con los pobres, sino de reconocer su valía como personas y luchar desde ahí.
  • Si no amparamos a los frágiles se nos “desatará la correa de la sandalia”, el Evangelio nos dirá no solamente que no somos seguidores de Jesús, sino que no somos personas, no tenemos humanidad, no hay alma dentro.
  • Una frase del papa Francisco: “No nos preocupemos –propone, en consecuencia– sólo por no caer en errores doctrinales, sino también por ser fieles a este camino luminoso de vida y de sabiduría”; porque “a los defensores de ‘la ortodoxia’ se dirige a veces el reproche de pasividad, de indulgencia o de complicidad culpables respecto a situaciones de injusticia intolerables y a los regímenes políticos que las mantienen”.

 

2

CUERPOS QUE SON TEMPLOS

(Jn 2,13-21)

Texto:

 

13Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.

 

             14Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; 15y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas;

 

            16y a los que vendían palomas les dijo:

            -Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. 17Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: "El celo de tu casa me devora" (Sal 69,10).

               

                18Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:

            -¿Qué signos nos muestras para obrar así?

                19Jesús contestó:

            -Destruid este templo y en tres días lo levantaré.

                20Los judíos replicaron:

            -Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?

                21Pero él hablaba del templo de su cuerpo. 22Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de lo que había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

 

  • Este es un texto importante. En los sinópticos está al final. Quizá san Juan, poniéndolo al principio, quiera decir que Jesús es, desde el principio, sacramento, lugar verdadero, del encuentro con Dios. Ni en el Templo, ni en la Ley, está Dios en verdad, sino en el cuerpo de Jesús, en los cuerpos.
  • En el Templo se negociaba mal: mercado privado de las familias pudientes (los saduceos), mercado injusto porque los comerciantes y cambistas se aprovecha. “Cueva de ladrones”. Jesús cuestiona el Templo que es símbolo del mercado injusto.
  • Pero hay algo más. Aun en el supuesto que los mercaderes del Templo hubieran negociado justamente, no hace falta ni templo, porque hay otro lugar de encuentro con Dios (eso quería ser el templo) mucho más importante: su corporalidad, su persona, si historia…Ahí es donde Dios se hace visible. Vemos a Dios viendo a Jesús. Por él sabemos cómo es Dios.
  • Lo peliagudo es lo que no se dice, pero se intuye: si Dios se halla en el cuerpo de Jesús que es humano, también se halla en todos los cuerpos humanos. Es decir, el encuentro de Dios ha de darse en la corporalidad de las personas, en su cuerpo. San Pablo dirá que el cuerpo es templo del Espíritu (1Cor 6,19).

 

Aplicaciones al trabajo social

 

  • Trabajar con cuerpos: eso es el trabajo social. No es un trabajo material, sino altamente espiritual. La dependencia de la persona de su corporalidad no ha de verse como un peso, sino como una oportunidad de generosidad humana. Por ello: respetar los cuerpos, tratarlos con exquisito cuidado, con amor.
  • El cuerpo es más que lo físico: es eso y es más. Es la historia personal y familiar, su manera de sentir y pensar, sus modos de entender la vida y la misma religión, los sentimientos. Cuando se trabaja con cuerpos hay que tener presente todo eso. No tendría sentido socorrer un parte (la alimentación, por ejemplo) y no socorrer otra, los sentimientos, por ejemplo).
  • El cuerpo es la puerta del “alma”. Por eso, si se quiereuno acercar al “alma”, al interior, a la verdad, de los frágiles sociales, atender las demandas de su cuerpo es un camino muy bueno. Si uno se siente acogido en el cuerpo, es fácil que abra la puerta de su “alma”.
  • Los cuerpos son los verdaderos templos del cristiano. Eso dice san Pablo, y así es. ¡Cuánto apreciamos los templos que nos son queridos! Pues más habría que aceptar y valorar los templos vivos de las personas, de cualquier persona, sobre todo de aquellos cuerpos en los que por la razón que sea (pobreza, soledad, enfermedad, etc.) el brillo de lo humano parece oscurecerse.
  • Conclusión: amar los cuerpos. Una conclusión que pocas veces se nos ha dicho en la espiritualidad común. A veces se ha dicho lo contrario. El Papa Francisco dice en “La alegría del Evangelio”: “Es la alegría que se vive en medio de las pequeñas cosas de la vida cotidiana, como respuesta a la afectuosa invitación de nuestro padre Dios: “Hijo, en la medida de tus posibilidades trátate bien…No te prives de pasar un buen día” (Eclo 14,11.14). ¡Cuánta ternura paterna se intuye detrás de estas palabras! (EG 4).

 

 

3

MISERICORDIA Y SENTIDO CRÍTICO:

VALORES RELACIONALES BÁSICOS

 

                3,1Había un fariseo llamado Nicodemo, magistrado judío.

 

            2Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo:

            -Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él.

                3Jesús le contestó:

            -Te lo aseguro de verdad, quien no nazca de nuevo no puede ni entrever el Reino de Dios.

               

                4Nicodemo le pregunta:

            -¿Cómo puede nacer alguien siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?

                5Jesús le contestó:

            -Te lo aseguro de verdad, quien no nazca de agua y de Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. 6Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. 7No te extrañes en absoluto que te haya dicho: "Tenéis que nacer de nuevo"; 8el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes ni de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.

               

                9Replicó Nicodemo:

            -¿Cómo es posible que esto suceda?

                10Repuso Jesús:

            -Y tú, siendo maestro en Israel, ¿no conoces estas cosas? 11Te lo aseguro: de lo que hemos visto damos testimonio y no aceptáis nuestro testimonio. 12Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo?

 

  • No resulta fácil este texto. Y menos, hacer una lectura social de él. Pero hay que intentarlo. Los textos difíciles son, a veces, muy luminosos.
  • Dice el texto que la manera de “nacer de nuevo”, de se una persona distinta, una persona “del reino”, es nacer “de agua y espíritu”. ¿Qué quiere decir eso? Nacer de agua es algo que alude a la interioridad, a una manera distinta de enfocar la vida, desde dentro. Una manera de se ser bueno por dentro, misericordioso.
  • Nacer de espíritu sería vivir con sueños, con utopía. Y para ello, vivir con sentido crítico. Es decir, aplicar el sentido común, entender bien el tiempo en que estamos metidos.
  • Si se quiere nacer de nuevo, ser una persona distinta, con orientación nueva, es sencillo: misericordia y sentido crítico.

 

Aplicaciones al trabajo social:

 

  • Los grupos de Cáritas, lo veamos aprendiendo, no tienen como cometido único repartir alimentos, sino ir creando humanidad, a través de sus acciones. Este cambio se va dando, pero es costoso porque dar unos alimentos es relativamente fácil; crear humanidad en las personas frágiles es mucho más difícil.
  • Para eso, para crear humanidad, hace falta dos requisitos: se persona misericordiosa y tener sentido crítico. Ser misericordioso no es solamente que me den pena los pobres, sino que intente comprender su situación, que sepa ponerme en su lugar, que los acompañe como querría yo ser acompañado cuando me veo solo. La misericordia es humanizadora, no paternalista.
  • Y, además, hace falta sentido crítico: frente a los mismos pobres que, algunos, tienden a engañar con su pobreza, frente a las instituciones, que nos quieren llevar a su terreno, frente a la sociedad que maneja tópicos sobre los pobres que no son verdad. Cristianos lúcidos, eso es necesario para hacer bien el trabajo de Cáritas. Ese es el ideal.
  • Estos dos valores son esenciales para una buena relación con los pobres y entre nosotros. Ser buen cristiano no es únicamente tener sentimientos religiosos, sino alcanza le “persona adulta” de la que hablaba san Pablo. Un trabajo de por vida.
  • Así nosotros mismos iremos “naciendo de arriba”, de otra manera de pensar, la de Jesús, de otra manera de ver las cosas, la de Jesús. Este cambio, en parte, es posible. De lo contrario, no hablarían los evangelios de ello.

 

4

HABLAR CON HUMANIDAD:

HABLAR COMO JESÚS

(Jn 4,4-26)

 

                4Tenía que pasar cruzando por Samaría. 5Llegó, pues, Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: 6allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.

                               7Llega una mujer de Samaría y Jesús le dice:

                        -Dame de beber.

                               8(Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida).

                               9La Samaritana le dice:

                        -¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?

                        (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

                               10Jesús le contestó:

                        -Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.

                               11Le dice la mujer:

                        -Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?;  12¿eres más que nuestro   padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?

                               13Le contestó Jesús:

                        -El que beba de esta agua volverá a tener sed; 14pero el que beba del agua que yo le daré nunca más volverá a tener sed; no, el agua que yo voy a darle se le convertirá dentro en un surtidor de agua que salta hasta la vida definitiva.

                               15La mujer le dice:

                        -Señor, dame agua de ésa; así no tendré más sed, ni     tendré que venir aquí a sacarla.

                               21Jesús le dice:

                        -Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. 22Voso­tros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, la prueba es la salvación que viene de los judíos. 23Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y ternura, porque el Padre desea que le den culto así. 24Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y ternura.

                               25La mujer le dice:

                        -Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo explicará todo.

                               26Jesús le dice:

                        -Soy yo: el que habla contigo.

 

  • Es la otra cara de la medalla: Nicodemo, un jefe, no acepta la propuesta de Jesús; los samaritanos, los marginados, sí aceptan.
  • Para acoger el plan de Jesús no cuenta ni la raza (Jacob), ni la religión (en este monte o en el otro), ni el Mesías. Lo que cuenta es estar dispuesto a amar, lo que ha hecho Jesús.
  • El Mesías de verdad es uno “que habla contigo”.  Hablar solamente lo hacen los humanos; por el habla se define lo humano.
  • El Mesías habla con humanidad, respeto y acogida a quien está al margen. En eso se nota que es Mesías de verdad, no tanto en que venga de Dios. Es Mesías porque habla con humanidad.

 

 

 

Para el trabajo social

 

  • Hablar es una cualidad de los humanos; hablar bien lo es de los humanos buenos. Hablar bien, con respeto, con ponderación, sin herir, sin exagerar. Hablar al corazón.
  • Hablar con humanidad es propio de quien ama lo humano, de quien se pone en la situación del otro. Este modo de hablar es la puerta que abre el corazón de la persona. Si hablas mal, el corazón se cierra; si hablas bien, el corazón se abre.
  • Para hablar bien hace falta dos ingredientes: realismo y cariño. Realismo para situarse bien en el contexto y entender lo mejor posible a la persona que tenemos delante. Cariño para saber acoger, consolar, animar, sostener.
  • Hablar bien de los pobres es hablar bien de Jesucristo; hacerlo mal, es hablar mal de Él. Esto habría que tenerlo presente cuando tenemos a un frágil social delante.

 

5

TRABAJOS DE VIDA Y DE FE:

HACER FRENTE A LA FRAGILIDAD

Jn 5,1-9a

 

                1Un tiempo después se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús se volvió a Jerusalén.

                               2Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, 3y allí estaban echados una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.

                               5Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. 6Jesús, al verlo postrado, y sabiendo que llevaba mucho tiempo le dice:

                        -¿Quieres quedar sano?

                               7El enfermo le contestó:

                        -Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado.

                               8Jesús le dice:

                        -Levántate, toma tu camilla y echa a andar.

                               9aY al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.

 

  • Leer los milagros de Jesús de una manera historicista, como simples prodigios, es la peor manera de leerlos. Son, sobre todo, relatos de reinserción social.
  • La piscina está al amparo del Templo. Las instituciones no ayudan a dar cara a situaciones que se prolongan. En los límites de la vida (38 años, 40 menos 2, toda la vida) puede venir la intervención del Evangelio. Siempre hay tiempo para reorientar los caminos de la vida.
  • El hombre aquel está preso de su camilla. Sin ella no es nada. La camilla le domina. Es símbolo de la limitación, de la fragilidad. La limitación es la que manda.
  • Jesús dice (“levántate, toma camilla y echa a andar”) que si “tomas la camilla”, si encaras tu limitación, y te pone a seguir a Jesús (“echa a andar”), tu persona revive (“levántate”).
  • El punto de partida es “tomar la camilla”: dar cara a la limitación, discernir la fragilidad, no mirar para otro lado, ver las causas y las consecuencias de nuestra limitación. Si se hace este trabajo, Jesús ayuda y la persona toma otro rumbo en la vida. Este es el milagro: una orientación nueva en la vida, más allá de las limitaciones.

 

Para el trabajo social

 

  • Para ayudar a encarar las limitaciones de los demás hay que hacer, a la vez, un trabajo con las propias limitaciones: mirarlas,  discernirlas y con paciencia tratar de convivir con ellas en paz y, si se puede, superarlas.
  • El trabajo social quiere ayudar encarar mejor las limitaciones sociales de los más frágiles: ayudarles a mirarlas, a hacerles frente con sentido común, a contagiar la certeza de que, si no todas, algunas de esas limitaciones pueden superarse.
  • Hay quien comprender a quien huye de sus limitaciones y se fuga de ellas (alcohol, drogas, escapes diversos). Pero, con paciencia, hay que intentar hacer ver que ese no es el mejor camino.
  • No quebrarse cuando la limitación gana, no hundirse cuando, tras haber trabajado, no se consigue quitar las limitaciones. El fracaso es no intentarlo; si se intenta se ha dado ya un paso importante.
  • Hay que celebrar lo poco que se consiga. Son pequeños gestos que hablan un lenguaje de futuro y nos dicen que ese futuro puede ser mejor.

 

 

6

COMPARTIENDO, LLEGA.

NO ES OBSTÁCULO LA POBREZA

(Jn 6,3-13)

 

Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.  Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al  ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: 
—«¿Con qué compraremos panes para que coman estos?» 
Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. 
Felipe le contestó: —«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.»  Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: —«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero,  ¿qué es eso para tantos?»  Jesús dijo: —«Decid a la gente que se siente en el suelo.»  Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco  mil.  Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban  sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.  Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: —«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.»  Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de  cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo  que habla hecho, decía: —«Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.»  Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la  montaña él solo. 

 

  • El texto quiere explicar cómo se pasa de una situación de carencia a otra de bienestar. Sostiene que eso se hace por el mecanismo del compartir sobre la base del todo. Compartiendo, llega.
  • La pobreza no es obstáculo. Si las pobrezas se compartieran, también surgirían riquezas: solidaridad, coherencia, socorros impensados.
  • Un muchacho pone sobre la mesa lo que tiene, su pobreza: panes de cebada y dos pescaditos en salmuera. Eso poco indica que ese es el camino, el del compartir.
  • El verdadero milagro no es que salgan panes del cesto, sino que abramos nuestro zurrón y estemos dispuestos a compartir. Cuando eso ocurre, se pueden “recostar”, aprestarse a participar del banquete de la vida como personas libres de pobreza y exclusión.
  • Tal es la fe del Evangelio en este mecanismo que dice que sobra “doce cestos”. Se pasa de una situación de escasez a otra de abundancia.

 

Para el trabajo social

 

  • Quien hace trabajo social ha de ser persona animosa para el mecanismo de compartir. No tanto para dar ejemplo, sino para sentir que cree en el Evangelio, que es seguidora de Jesús.
  • Hay compartires sociales a los que el voluntario ha de ayudar a que aparezcan. Lo que la sociedad da a los pobres no es una limosna sino una pequeña parte de la justicia que se debe a los pobres.
  • Compartir socialmente es hacer que los bienes públicos lleguen a todos, sobre todo a quienes están en mayor dificultad. El voluntario habrá de defender esta posición.
  • Cuando se comparte, la sociedad es mejor. Una ciudad que comparte es más humana, adquiere un valor no de mercado, pero sí de humanidad.
  • En ese sentido, cuando el voluntario “fuerza el com partir” está haciendo un bien a la ciudadanía. El voluntariado, aunque no se le reconozca, es, generalmente, una aportación positiva a la ciudadanía.

 

7

TODA PERSONA TIENE DERECHO A SENTARSE EN EL BANQUETE DE LA VIDA

(Jn 6,16-21)

 

                14La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:

            -Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.

                15Jesús, sabiendo que iban a llevárselo por la fuerza para proclamarlo Rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

                16Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al lago, 17embarcaron e intentaban atravesar hasta Cafarnaún.

            Era ya noche cerrada y todavía Jesús no les había alcanzado; 18soplaba un viento fuerte y el lago se iba encrespando.

                19Habían remado unos cinco o seis kilómetros, cuando percibieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando  junto  al lago, y se asustaron.

                20Pero él les dijo:

            -Soy yo, no temáis.

                21Pretendían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.

 

  • Normalmente se lee este texto como un relato de milagros. Y efectivamente lo es (quizá de los más cercanos al hecho histórico, por extraño que parezca). Pero puede hacerse una lectura social.
  • Los discípulos vuelve del “otro lado del mar” (de los paganos) a Cafarnaún, a su tierra. No vuelven contentos por la multiplicación de los panes, sino contrariados por haber ido a tierra de paganos, por haber dado de comer a paganos. Dejan solo a Jesús, no quieren saber nada con un Mesías que se orienta a paganos.
  • Van “cogidos por la tiniebla”. Es la tiniebla del nacionalismo que cree que si comparte la fe y más con paganos, ésta peligra. Creen que la fe es patrimonio de ellos solos. Que, como pueblo elegido, solamente ellos tienen derecho al disfrute de los bienes del reino, a sentarse en el banquete de la vida. Una mentalidad excluyente.
  • El mar “estaba picado”. El mar se encrespa. Las fuerzas del mar que también son las de los paganos, se molestan por ese exclusivismo. Protestan. El mar revuelto y picado es símbolo de las pretensiones de los paganos: ellos también creen tener derecho a la propuesta de Jesús.
  • En medio del lago (“cinco o seis kilómetros”) perciben a Jesús. El miedo brota porque la adhesión es floja. Creen que va a censurar su huida, su estampida. Por eso, la frase “no tengáis miedo” es significativa: en los evangelios, lo opuesto a la fe (a la adhesión) es el miedo. Tener miedo de que el Evangelio sea ofertado a todos es no creer en Jesús. Excluir de la mesa del banquete de la vida es no creer en Jesús, uno que se entrega a todos.
  • Si se acepta a este Jesús “la barca toca tierra”, se supera el peligro de naufragio. Si se acepta una propuesta de vida para todos, los naufragios humanos son menos probables.

 

Para el trabajo social:

 

  • El simple hecho de ser criatura da derecho a sentarse en el banquete de la vida (condiciones básicas de vida digna: alimentación, trabajo, familia, sanidad, educación, etc.). Es algo inalienable.
  • Si hay muchas personas que no se sientan en el banquete de la vida es porque las condiciones históricas que hemos creado los humanos no lo permiten. Somos nosotros quienes hemos de trabajar por esta realidad.
  • Los bienes de la tierra no son inagotables. Si una parte arrambla con todo, la otra se queda sin nada. Hay que caer en la cuenta de que somos de la parte que arrambla.
  • Hay que percibir que hay muchas personas que creemos que, por el mero hecho de nacer en un determinado punto del planeta, tenemos derecho, sin más, a lo que negamos a otros.
  • Cuando un usuario de Cáritas se nos acerca, hay que preguntarse por su derecho al banquete de la vida y tratar de introducirle, aunque sea poco, en él. No es muy productivo pararse solamente en considerar quién tiene la culpa de que no esté dentro.
  • Todos sabemos que una forma decisiva de entrar en el banquete de la vida es el trabajo decente. Lo que hagamos en esa dirección es decisivo.
  • No habrían de molestarnos los esfuerzos y aun las exigencias de quienes intentan, a veces de modos intempestivos, hacerse un sitio en el banquete de la vida. Están en su derecho, aunque a veces lo exijan de malos modos.
  • Hemos de tener la convicción de que repartir los bienes del banquete de la vida no nos va a dejar a nosotros en la pobreza. Repartir es sumar. Quienes van a quedar más despojados es quienes se apropian indebidamente (y nosotros en la medida en que nos apropiamos indebidamente de la condiciones básicas de la vida.
  • Si no creemos que el Evangelio quiere entrar en estos terrenos sociales tan cuestionables a veces, es que todavía no hemos llegado adonde el Evangelio quiere llegar.

 

8

EL MANÁ VERDADERO: LA SOLIDARIDAD

(Jn 6,30-36)

 

            ¿Qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿En qué te ocupas? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo".

                32Jesús les replicó:

            -Os aseguro que nunca os dio Moisés pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el genuino pan del cielo. 33Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y va dando vida al mundo.

                34Entonces le dijeron:

            -Señor, danos siempre de ese pan.

                35Jesús les contestó:

            -Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; 36pero como os he dicho, me habéis visto y no creéis.

 

  • El texto se enmarca en una de las muchas “disputas” que, según el Evangelio de san Juan, Jesús tuvo con la “oposición” (fariseos, saduceos, nosotros). Siempre pensando quién nos va a dar (el maná), no tanto, si nosotros estamos dispuestos a dar o no. El judaísmo (toda religión) anda buscando un Mesías que nos dé, no un Mesías que nos enseñe a darnos.
  • Dios les dio maná para que aprendieran a darse ellos. Pero resultó lo contrario: confesar la creencia ancestral de que Dios dio maná a los primeros padres, ha llevado a la oposición a Jesús a generar una religión cerrada, que se molesta cuando se alguien se da a los demás (multiplicación de panes para los paganos), que no está dispuesta a darse sino que siempre quiere que le den.
  • El verdadero pan del cielo es Jesús. ¿Por qué? Por “baja del cielo”. Es decir, porque viene del “lugar” de Dios. Ese no es otro que el del amor, la solidaridad, el cuidado del débil, la preocupación por quien no tiene el pan de la historia. Venir de ahí son las credenciales de Jesús el solidario. Desde ahí hace la invitación a comer ese “pan” de la solidaridad que puede ir dando vida al mundo.
  • Cuando se pide “danos pan de ése” hay que ser consciente de que lo que se está pidiendo no es algo solo para mí, sino para otros: Dame el pan de ser solidario con otros porque eso me hará a mí mejor persona. Si se demanda un pan que, a la vez, se niega a otros, no estamos en la onda de Jesús.
  • Acercarse a Jesús, al Jesús que empuja en la dirección de la solidaridad, es la manera de ir aprendiendo vitalmente esta orientación de una vida entendida en los parámetros de la solidaridad. Acercarse al Jesús solidario demandará , a veces, cuestionar al Jesús que ha construido la religión.

 

Para el trabajo social:

 

  • ¿Cómo ir cambiando una religión “para que Dios me dé” en otra “para que yo vaya aprendiendo a darme cada vez más”? Esa es la buena pregunta.
  • Pedir a Dios, sin darme yo al hermano, es un imposible según el Evangelio que, a veces, vanamente pretendemos mantener.
  • Ser solidario es, más que nos actos concretos (dar cosas), una manera de ser (darme yo). El trabajo en Cáritas habría de ir ayudándonos poco a poco a esto.
  • La solidaridad no es un maná que viene del cielo (siempre esperando ayudas de otros). Viene del propio corazón solidario. Hay que decirse que eres maná para el frágil social en la medida en que sientes su situación como la tuya y tratas, en la medida de lo posible, aportar algo.
  • Si la solidaridad viene del propio corazón, se ve libre de muchas de las adherencias con que se encuentra a veces: el paternalismo, la falsa compasión, la imposición, el menosprecio.
  • La solidaridad no es un mero sentimiento: parte de la conciencia de la dignidad. Si ésta conciencia es escasa, se derivará en el paternalismo.
  • Hay que tener en cuenta de que el trabajo solidario puede ser para nosotros “un maná”. No una ganancia económica, sino una ganancia en sentido, en alegría por el débil, en coherencia, en amor. Valores que son bienes para la persona.
  • Ser un “maná” para el frágil social no es darle todo hecho, sino caminar con él para ver cómo andar un camino que le lleve a la dignidad reconocida y a los bienes básicos del banquete de la vida.
  • Recordemos lo que dice el Papa Francisco: la solidaridad y la misericordia es, quizá, la mejor manera de hacernos creíbles como creyentes a la sociedad de hoy. Es decir, también la solidaridad es un “maná” para la sociedad.

 

9

UNA SOCIEDAD SIN DESCARTADOS

(Jn 6,37-40)

 

                37Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí, no lo echaré afuera; 38porque he bajado del cielo, no para hacer mi querer, sino el de quien me ha enviado. 39Éste es el querer del que me ha enviado: que no se pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. 40Este es el querer de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él, tenga vida definitiva, y yo lo resucitaré en el último día.

 

  • Este tipo de lenguaje de los discursos del Evangelio de san Juan puede que no nos digan mucho, si se los lee de pasada. Pero, si nos detenemos, pueden ser interesantes. Hay que tener la paciencia y el amor de detenerse.
  • Una primera cosa interesante es que Jesús “no echa fuera” a lo que el padre le entrega, a todas las personas, a toda la creación. Tenemos en Jesús un aliado, nunca un enemigo.
  • Lo más interesantes esa saber que Jesús es uno que quiere ayudarnos a cumplir el “querer” de Dios, su voluntad, que no es sino ésta: “que nada se pierda”, que no haya pérdidas por ningún lado, que en el caminar de la historia se vayan reduciendo las pérdidas, que los humanos trabajemos con él para reducir las pérdidas. Cuando no haya más pérdidas, habrá amanecido el reinado de Dios.
  • Por eso, el éxito de la fe no es tanto la salvación, cuanto que nadie sea excluido, descartado, extraviado, perdido. Este es el gran anhelo de Jesús y del Evangelio. En esto, san Juan supera a los sinópticos, porque allí se viene a decir (en la parábola del sembrado, Mc 4), que es inevitable que haya pérdidas. Juan no se resigna a eso: hay que soñar una sociedad sin pérdidas.
  • Por eso, la “resurrección del último día”, más que una cosa religiosa (el cielo, la vida eterna, etc.) se refiere al inmenso logro de una sociedad sin pérdidas. Esa es la verdadera resurrección de lo creado.
  • Por eso se habla más de “vida definitiva” que de “vida eterna”. Porque lo importante no es lo que hace referencia al tiempo, que sea terna, sino a la calidad de esa vida, que sea “definitiva” para toda criatura, que nadie quede excluido de esa vida plena. Los trabajos sociales son trabajos que apuntan a esa plenitud.

 

Para el trabajo social:

 

  • Hay quien dice que esta sociedad no puede vivir sin pérdidas porque el sistema las genera, los residuos, los náufragos, los descartados, los excluidos. Es cierto que el sistema genera eso. Pero lo que no es tan cierto es que no se pueda entender la vida y el progresa de una manera de produzca menos desechos o que no los produzca en absoluto.
  • Los náufragos del sistema son aquellos que han sido arrojados del trasatlántico lleno de los a las aguas negras de un mar que se los traga. Es la imagen de la insolidaridad más cruel. Todo el mundo merece vivir en ámbitos de luz, de ciudadanía, de dignidad.
  • El Papa Francisco habla muchas veces de la “cultura del descarte”, de ese modo de vida que genera, automáticamente, desechos en la sociedad: “Si tenemos en cuenta que el ser humano también es una criatura de este mundo, que tiene derecho a vivir y a ser feliz, y que además tiene una dignidad especialísima, no podemos dejar de considerar los efectos de la degradación ambiental, del actual modelo de desarrollo y de la cultura del descarte en la vida de las personas”. Todo el trabajo en Cáritas habría de tender a contener y poner coto a esta cultura del descarte.
  • Cualquier esfuerzo que se haga porque un excluido entre en el marco social será positivo. Pero también habrá que desear que el marco social cambie sus reglas excluyentes. Conciencia y participación ciudadana.
  • Habrá que evitar que un excluido recuperado se convierta, a su vez, en excluyente de otros. Hacer solidaridad conlleva también contagiar solidaridad.
  • De cualquier manera el anhelo de que “nada se pierda” ha de animar el trabajo social del voluntario de Cáritas. Y ello porque cree en el valor, dignidad y derecho de toda persona a vivir lo más plenamente posible. La acción social necesita una mística y este camino puede ser interesante.

 

10

SUPERAR EL ESCOLLO DE LA FRAGILIDAD HUMANA

(Jn 6,41-42)

 

                41Los judíos lo criticaban porque había dicho: "Yo soy el pan bajado del cielo", 42y decían:

            -Pero ¿no es este Jesús, el hijo de José, de quien nosotros conocemos el padre y la madre? ¿Cómo dice ahora: "Estoy aquí bajado del cielo"?

 

  • Los Evangelios han sido escritos por humanos y en contextos humanos. Por eso tienen los mismos escollos que encuentra nuestro caminar humano. Uno de ellos es que un humano, Jesús, se pretenda imbuido de una autoridad divina (“bajado del cielo”). Eso es peligroso. Porque lo que se dice un humano se puede decir de todos: lo humano puede ser divino, si habla y vive el lenguaje de lo divino, el lenguaje del amor, de la solidaridad.
  • La “oposición” que es religiosa entiende esto como una blasfemia porque lo de Dios se queda en el cielo. No entienden que el amor es siempre amor, sea de Dios o sea de la persona. Por eso, lo de Dios “baja del cielo” cuando se ama.
  • Pero el gran escollo es la fragilidad humana: “¿No es éste el hijo de José”? (Mc 6,3 especifica más: “hijo de María y hermano de Santiago y José, de Judas y Simón…y sus hermanas no viven aquí con nosotros?) ¿Cómo uno de los nuestros va a ser como Dios, aunque ame. No se entiende que el amor va más allá del escollo de la fragilidad.
  • No se puede “ser como Dios” con “padre y madre”, siendo un humano. Pero cuando un humano y da vida como la ha dado Jesús, es igual que Dios, porque eso hace Dios: dar vida.
  • No se ha entendido que la “autoridad divina” ha quedado reducida al amor. Por eso, quien ama es como Dios, semejante a él en la línea del obrar.
  • El gran problema es la pobreza humana de Jesús. Si hubiera sino un rico, un notable, un emperador podría haber pretendido la divinidad (los miembros de la familia Julia eran considerados divinos). Pero era un pobre, ese era el problema (como lo reconocía el filósofo griego del siglo II Celso).

 

Para el trabajo social:

 

  • Hay que reconocer que las apariencias, que engañan, nos siguen jugando malas pasadas. Es cierto que algo indican, pero, con frecuencia, se equivocan sobre el fondo de la realidad. Trabajar socialmente en base a apariencias es delicado.
  • No hay que apearse del “dogma” humano de que toda persona tiene un fondo de bondad y que por lo mismo, aunque esté velado, ese fondo sigue ahí. Situar a la persona en el rechazo de la negación impide cualquier acción de trabajo social.
  • No habría de desalentarnos ni siquiera el hecho de que algunos frágiles, para tratar de eliminar esa fragilidad, intenten envolverla de estilos de vida inexistentes. En el fondo, lo que quieren es que se les considere dignos. Hay que hacerles ver que no necesitan inventar cosas, que se les aprecia y considera por lo que son.
  • El voluntario de Cáritas ha de huir como de la peste en clasificar a las personas entre buenas y malas, importantes y unas cualquiera. Ese tipo de clasificaciones bloque cualquier acción social saludable.
  • Hay que saber mirar más allá de la piel de cualquier persona, de cualquier usuario. Mirar en la dirección del interior, del corazón. Con frecuencia se lleva uno muchas sorpresas.
  • Hay que hacer un esfuerzo por ver al frágil social como agente de amor, de solidaridad, de dignidad, no solamente como el que recibe de la nuestra. Más aún, hay que verlo como alguien que me puede amar, y por lo mismo, enriquecer como persona.
  • A veces decimos que hemos de ser “voz de los sin voz”, como si no la tuvieran. ¿Y si les dejáramos hablar? ¿Y si les hiciéramos más sitio? Quizá, más allá de sus limitaciones, tendrían cosas que decirnos.

 

11

COMPARTIR EL DESTINO DE JESÚS: SU VIDA ORIENTADA A LOS FRÁGILES

(Jn 6,52-58)

 

                52Los judíos disputaban entre sí:

            -¿Cómo puede darnos este a comer su carne?

                53Entonces Jesús les dijo:

            -Os aseguro, que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 55Mi carne es ciertamente comida y mi sangre bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. 57El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come, vivirá por mí. 58Este es el pan que bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come de este pan vivirá para siempre.

 

  • Casi siempre se ha leído este texto desde una perspectiva eucarística: la carne de Jesús es la eucaristía. De ahí que “comer la carne” es comulgar.
  • Pero puede haber una lectura más profunda, más antropológica: comer la carne es identificarse totalmente con Jesús, del mismo modo que cuando se come se identifica uno absolutamente con lo que come que pasa a su estómago y a su cuerpo en general.
  • Precisamente por eso san Juan habla literalmente de “devorar la carne”. Una forma impropia de expresarse, ya que los humanos no “devoramos” sino que “comemos”. Pero la expresión “devorar” indica de manera fuerte la identificación con aquello que se devora, como la fiera que devora, rasga y mastica, se identifica con lo que devora.
  • Y ¿cómo se identifica uno con Jesús, como se come su carne? Aceptando sus planteamientos, criterios y modos de vida, aceptando los valores del Evangelio: la paz, la solidaridad, el amor, la trascendencia, la generosidad, el servicio, la ayuda al débil, el consuelo a los desconsolados, el amparo a quien está en los márgenes.
  • Comer la carne de Jesús es incorporar tales valores a la manera de ir viviendo de cada uno. Esa es la manera de tener vida definitiva, de vivir por Jesús, de vivir para siempre, de caminar en la senda de la resurrección.
  • Este es justamente el problema de los opuestos a Jesús en el texto: no se horrorizan porque se les proponga una supuesta “antropofagia” sino de que asumiendo esos valores, los valores de un pobre, se pueda llegar a la vida definitiva.

 

Para el trabajo social:

 

  • La comunión habría de ser un acicate para una visión distinta, más igualitaria, de la sociedad. “No podemos estar comulgando todos los domingos y luego no mover un dedo contra las leyes injustas que crucifican a los pobres” (Arzobispo S. Agrelo).
  • Esta misma semana se ha vetado en el Congreso una propuesta de ley para aumentar en 1200 euros la ayuda anual a familias con niños por debajo del umbral de la pobreza. La pobreza infantil como un mundo que nadie toca. Y casi nadie nos enteramos.
  • La mejor manera de comulgar con Jesús no es la devoción eucarística, sino la devoción hacia los pobres, la preocupación real por ellos.
  • Y cuando decimos “real” estamos hablando hoy de una preocupación organizada, planificada, que lleve realmente (o que al menos intente) a una situación de mayor dignidad para los empobrecidos.
  • Un comer la carne de Jesús, una eucaristía sin el componente de la justicia queda sin contenido. No vale refugiarse en la simple piedad. La prueba del algodón de la Eucaristía no es sino la justicia.
  • La incorporación de los criterios y modos de ver la vida de Jesús a la nuestra, comer su carne, ha de ser un trabajo de la fe: habrá que ir haciéndolo poco a poco, todos los días, en la medida de nuestro alcance, sin agobio pero con el deseo uir dando a nuestra vida cristiana el mayor componente evangélico que se pueda.

 

12

A LA SOLIDARIDAD LE VA MUY BIEN

LO OCULTO

(Jn 7,1-10)

 

            7,1Inmediatamente después de esto, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos buscaban matarlo. 2Se acercaba la gran fiesta judía de las tiendas.

                3De modo que su gente le dijo:

            -Trasládate de aquí y márchate a Judea, así tus discípulos presenciarán esas obras que haces, 4pues nadie hace las cosas clandestinamente si busca ser conocido. Si haces estas cosas, manifiéstate al mundo. 5De hecho, tampoco su gente creía en él.

                6Jesús les contestó:

            -Para mí, todavía no es el momento; para vosotros, en cambio, cualquier momento es bueno. 7El mundo no tiene motivo para odiaros; a mí, en cambio, me odia, porque de él yo denuncio que su modo de obrar es perverso. 8Subid vosotros a la fiesta, yo no subo a esta fiesta, porque para mí el momento no ha llegado aún.

                9Dicho esto, él se quedó en Galilea; 10 sin embargo, cuando sus parientes habían subido a la fiesta subió él también; no abiertamente, sino clandestinamente.

 

  • Los caps 7 y 8 de Jn son muy duros. Reflejan la controversia entre el cristianismo naciente de los años 80 y su alejamiento del judaísmo. Posiblemente la cosa no fue tan dura en tiempo de Jesús.
  • Aquí es su familia, “su gente” la que le empuja al mesianismo potente, a manifestarse “como se manifiesta un Dios”, de tal manera que todos tengan que aceptarlo, les guste o no. Jesús va por otro camino.
  • Por eso dice que su “momento” no ha llegado: es el momento adecuado para que la persona dé su adhesión, no para que le obliguen a aceptar a Jesús.
  • Jesús sube “clandestinamente” porque su mesianismo pobre se une muy bien con lo sencillo, con lo oculto, con lo que está lejos del bombo y platillo.

 

Para el trabajo social

 

  • Es normal que el trabajo voluntario suscite en algunas personas, familiares incluso, una cierta perplejidad y aun rechazo. No vale polemizar. Cintura y flexibilidad; apelar a la bondad de la persona que tenemos delante.
  • Por eso, en ningún modo hay que buscar el conflicto por sí mismo. Si surge, torearlo lo mejo posible y seguir adelante.
  • El voluntario que busque brillo, mandar, u otras cosas así está perdido. El voluntariado tiene que ser un trabajo en lo oculto, en lo sin brillo, en lo sin aspiraciones.
  • Por eso, al trabajo voluntario le va muy bien lo oculto, no andar alardeando de lo que hago dejo de hacer, no tenerse por persona imprescindible, no querer estar siempre en el escaparate.
  • Trabajar “clandestinamente” se podría traducir por trabajar de un modo colaborativo. Colaborar sin querer liderar es la mejor manera de que muchos pequeños proyectos de solidaridad vayan adelante.
  • El voluntariado de Cáritas no es un empresa personal donde cada uno busca la manera de brillar (y brillar a costa de los pobres no deja de ser algo muy extraño). Es una empresa colaborativa, comunitaria, conde cada uno aporta lo mejor pero sin ansias de estar siempre en el candelero.

 

13

MÁS ALLÁ DEL ORIGEN

(Jn 7,25-29)

 

            Algunos vecinos de Jerusalén comentaban:

            -¿No es éste al que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene.

                Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:

            -¿A mí me conocéis y sabéis de dónde vengo? Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz: a ése vosotros no le conocéis; yo sí le conozco porque procedo de él y él me ha enviado.

 

  • Ya lo dijimos en el tema anterior: los textos de Juan 7-8 son muy duros: reflejan las enormes tensiones que tuvieron lugar cuando el cristianismo naciente se desgajó de su tronco natural, el judaísmo. Todas las secesiones son dolorosas.
  • Jesús ha subido al templo “en secreto” y enseña con libertad. La gente ironiza: ¿se habrán convertido los jefes? No parece que hubiera muchas conversiones de dirigentes.
  • El gran problema de Jesús es que se sabe “de dónde procede”: de un origen humilde, de un pueblo casi sin nombre, de un nacimiento extraño, de una clase social marginada, una zona del país sospechosa siempre de rebelión (se te nota que eres galileo). De un Mesías tal no se podía esperar nada. El origen bloqueaba cualquier posibilidad de acogida.
  • Para dar aura al Mesías, tendría que venir de un lugar desconocido, de un origen no humano, del cielo. Los personajes antiguos así se creía que lo hacían (Melquisedec, Sinué el egipcio, etc.). Jesús tiene origen y, además, humilde. Mal plan.
  • Jesús en san Juan “grita”: este gesto refleja la enorme dificultad para aceptar a un Mesías de origen pobre. ¡Si hubiera sido rico…!
  • “Jesús “procede” del Padre. Es decir, más allá de su origen humilde, Dios está detrás, le apoya. El judaísmo, que tan experto era en “ver” a Dios, tendría que haberlo desvelado en las actitudes y comportamiento de Jesús. Pero no lo vio porque lo velaba su origen pobre. Detrás del origen está el valor de la persona.

 

Para el trabajo social:

 

  • Mucho del trabajo social de Cáritas se hace con personas de orígenes marcados: pobreza, extranjería, grupos sociales débiles, necesidades sociales no cubiertas. Es preciso encontrar puna perspectiva adecuada para que el origen no nos despiste y, quizá sin darnos cuenta, nos situemos en un plano superior.
  • Solamente se puede lograr si vamos más allá del origen: es decir, la persona encierra un valor detrás de su origen, por muy humilde que éste sea. Ese valor no es otro que el de la dignidad.
  • La dignidad es algo inherente a la persona. Puede oscurecerse, no reconocerse, despreciarla. Pero la dignidad siempre está ahí.
  • La dignidad está ahí por encima de origen, comportamiento moral o reconocimiento social. Para trabajar con colectivos de origen pobre es necesario tener muy activado el chip de la dignidad. De lo contrario, haremos “caridad por compasión”, o “por fe” (?), cosas muy peligrosas.
  • Por otra parte, hay que revalorizar los orígenes de una persona, por muy humildes que sea. Todo origen tiene siempre algo de hermoso, aunque, a veces, esté muy oculto.
  • Más aún, compartir lo del origen (la misma pobreza, la cultura, los modos de vida), por humildes que sean, es una forma buenísima de ser compasivo y de hacer trabajo social. Aceptar y acoger las humildes invitaciones de los empobrecidos es una manera de plantar delante el tema de la dignidad.

 

14

Ayudar a ver

(Jn 9,1-7)

 

1Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.

 

2Y sus discípulos le preguntaron:

            -Maestro, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego?

            3Jesús contestó:

            -Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. 4Mientras es de día tenemos que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. 5Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.

           

6Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, le untó su barro en los ojos al ciego, 7y le dijo:

            - Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).

            Él fue, se lavó y volvió con vista.

 

  • La manera más empobrecedora de leer los milagros de Jesús es como si hubieran ocurrido tal como los cuenta la narración. Hay que tratar de descubrir su mensaje, que es lo nos sirve a nosotros.
  • Devolver la vista a un ciego de nacimiento es imposible (como que te salga un dedo cortado). Es imagen de las grandes cegueras humanas (no hay peor ciego que el que no quiere ver).
  • Las religiones tienden a culpabilizar. El mensaje de Jesús o libera o no es el mensaje de Jesús.
  • Las obras de Jesús son siempre a favor de la persona. Por eso se nota que son obras que vienen de Dios.
  • Cuando Jesús dice que es “luz del mundo” suena de manera distinta a hoy: aquellos eran tiempos de oscuridad muy grande, no como ahora.
  • La saliva es antiséptica. Modos de curandero popular que no tiene medios técnicos. Untar de barro los ojos es como decir: veas o no veas eres persona y yo te “unjo”.
  • A la piscina de Siloé, ¡con la cuesta que tiene! Lejos del sistema, de la ciudad que no cura, de los ambientes que se aprovechan.
  • Fue (se puso a seguirle), se lavó (aceptó su limitación), volvió con vista (se rehizo la persona) : Verbos intensificados. Si la persona se pone a seguir aceptando su limitación crece como persona.
  • Jesús el que ayuda a ver, el que se vuelve vista para quien no la tiene, el que valora la dignidad de quien tiene carencias.

 

Para el trabajo social:

 

  • Poner en relación las situaciones de debilidad social con el pecado personal es no haber entendido nada de la fe. Quizá haya que ponerlo en relación con el pecado social: nacemos con responsabilidades adquiridas que, a veces, no cumplimos.
  • No hay que demonizar al pobre. Es posible que parte de la “culpa” la tenga él. Pero eso no elimina la parte que toca a los demás y a la sociedad. Por eso, más que pobres, son empobrecidos.
  • Obras a favor de la persona: esa es la prueba del algodón de todo trabajo social. Si las obras tienen otras intenciones, hay que reorientarlas.
  • Ser luz no es ser un “farol”, sino alguien que ofrece su brazo para que el otro no tropiece en las sombras de la vida.
  • El valor de la persona no está en la vista, sino en la solidaridad. Si esta se hace presente, hay valor en esa vida y en cualquiera.
  • El trabajo social puede ser definido como ayudar a ver:

-         Ayudar a ver las posibilidades que ofrece la sociedad

-         Ayudar a ver la necesidad de inculturarse

-         Ayudar a ver que no se está solo

-         Ayudar a ver que eres ciudadano

-         Ayudar a ver que hay que quiere abrazarte

-         Ayudar a ver que los caminos sociales producen

-         Ayudar a ver que la vida, aunque dura, puede tener alguna salida

-         Ayudar a ver que en el corazón del otro puedes encontrar otra patria.

 

15

Desprenderse de la vida

(Jn 10,11-16)

 

Yo soy un pastor “loco”. El pastor “loco” se desprende de su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor y de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo, deja las ovejas y huye, y. el lobo las arrebata y dispersa; porque siendo asalariado no le importan las ovejas.

Sí, yo soy un pastor “loco”; conozco a las mías y las mías me conocen a mí, igual que el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre; y me desprendo de la vida por las ovejas.

 

  • Traducir “buen pastor” por “pastor loco” es una pequeña exageración. Pero tengamos en cuenta que el mayor “enemigo” del rebaño es el pastor, ya que él vive de las ovejas, las explota (“explotación ganadera”), les saca todo el provecho. Sí que hay un cierto “amor” (el amor del ganadero) que la lírica ha ensalzado. Pero, al final, el pastor se lucra del rebaño. El negocio es así.
  • Pero Jesús es un pastor que se “desprende” de todo lo que tiene por las ovejas. No las explota, no las esquilma, las cuida y les da todo porque él no quiere sacar ningún beneficio para sí mismo, sino que todos los beneficios son para las ovejas.
  • Por eso decimos que es un pastor “loco”, extraño, distinto, que no se aprovecha del rebaño. De manera que hasta el vocabulario de “ovejas”, “rebaño”, etc., le viene mal: para él sus ovejas no son ovejas, son personas con toda la libertad, con toda la dignidad. De ahí que el vocabulario de “pastor”, “ovejas”, “rebaño”, “grey”, y sus derivados es impropio. (Ya lo dice J. Krahe: “El Señor no es mi pastor, yo no soy un borrego”).
  • Este pastor loco, extraño, se desprende de la vida por sus “ovejas”. El Evangelio está escrito en el modo “a ti te lo digo Pedro para que entiendas Juan”. Por eso el Evangelio lanza la pregunta al lector: ¿Estás tú también dispuesto a no lucrarte, beneficiarte, aprovecharte de nadie? ¿Estás dispuesto a ir desprendiéndote de lo que eres a favor de otros? ¿Estás dispuesto a salir de tu conciencia aislada, que diría el papa Francisco? Mientras el Evangelio no lance esa clase de preguntas, no ha llegado a su meta.

 

Para el trabajo social:

 

  • Se puede entender el trabajo social como un “desprenderse” a favor de otro. No se trata de entregar la vida como un mártir, sino de ir saliendo de uno mismo en cosas concretas, pequeñas, que puedan ayudar a la persona que tiene alguna necesidad.
  • Desprenderse de:

-         Tiempo, del que decimos que es “oro”. Dar algo de tiempo.

-         Cariño y ternura, no guardándola solamente para aquellos que no “de los nuestros”, sino para otros.

-         Sintonía, cercanía, porque no se puede hacer obra social en la distancia, en el rostro frío del que solamente cumple un oficio.

-         Amparo, que habría que dar a quien más en desamparo andan.

-         Solidaridad, para sentir y vivir en creciente sintonía práctica con quien camina con dificultad.

-         Amistad, dedicando una parte de nuestra amistad a personas que no tienen la suerte de tener muchas personas amigas.

-         Solicitud, interesándonos por los caminos de aquellos que, en principio, no serían gente de nuestro interés.

-         Servicio sencillo, con aquellas personas a las que no estamos obligados a servir.

  • Y, por supuesto, no lucrarnos nunca de los frágiles, para lograr fama o nombre o buena conciencia o lo que sea. Si nos beneficiamos de ellos estamos en las antípodas de Jesús.

 

16

Creed a las obras (Jn 10,31-38)

 

31Los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.

32Él les replicó:

-Os he hecho ver muchas cosas buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?

33Los judíos le contestaron:

-No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo hombre, te haces divino.

34Jesús les replicó:

-¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: Sois dioses”? 35Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), 36a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros que blasfema porque es hijo de Dios? 37Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, 38pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.

 

  • Seguimos en el tenso ambiente de la relación entre los fariseos y Jesús, cosa que refleja la vida ulterior de las primeras comunidades cristianas. De ahí que quieran “apedrearlo”.
  • Jesús pregunta por las “obras”. Ellas son su mejor aval. Son obras hechas a favor de la persona. Todos los signos de Jesús en el Evangelio de Juan son obras a favor de la persona. Eso les distingue.
  • Los dirigentes no miran a eso, miran al tema religioso porque de él viven. Y en ese tema encuentran a Jesús en fallo (se dice hijo de Dios). No les importa la situación de las personas ni antes de su curación ni después. Ellos lo que quiere es que se guarden las normas religiosas y culturales.
  • Jesús argumenta contra la posición ideológica de los dirigentes: la persona es “dios”, en ella hay que ver la presencia de Dios, en ella se vierte la realidad de Dios. La persona es la clave de lectura correcta.
  • Pero vuelve enseguida a su argumentación preferida: que no crean en él porque viene de la pobreza, lo comprende Jesús. Pero que no crean en las obras que dignifican al otro, eso no lo entiende. Solamente una persona de corazón inhumano se situaría en contra de quien ha hecho bien al necesitado.
  • La bondad de las obras de Jesús es el signo claro de que está identificado con el Padre. Si no hubiera obras de bondad se podría sospechar. Pero si las hay, no hay sospecha de nada. El comportamiento humano de Jesús es el aval de su divinidad, de su identificación con el Padre.

 

Para el trabajo social:

 

  • El trabajo social es muy bueno porque, al fin y al cabo, se trata de “obras” a favor de otro. Eso lo hace muy cercano al Evangelio. Acercarse al evangelio no por creencias, sino por obras.
  • Las obras de calidad tienen que ser a favor del débil. Si las haces para beneficiarte tú, algo no va bien. Y uno puede beneficiarse en su orgullo, en su superioridad, en su afán de reconocimiento.
  • Para que sean las obras a favor de la persona han de estar rodeadas de silencio, sencillez, normalidad, sin publicidad, sin airearlas a los cuatro vientos. Todo eso las distorsiona y nas convierte no en obras a favor de otro, sino de obras a mi favor.
  • Han de ser obras hechas coordinadamente, con otros, en planes conjuntos. Lo que san Vicente llamaba “la caridad ordenada”. Si cada uno hace la guerra por su cuenta, además de ser menos eficaces es posibles que seamos menos humanos en nuestras obras.
  • Las obras a favor de otro brotan cuando se experimenta, poco a poco, la alegría de ver que el otro va saliendo a flote. La alegría del otro es la alegría de quien hace las obras a favor de la persona.
  • Las obras buenas no es solo hacer, es también pensar, identificarse, desear la dignidad, rezar incluso por el débil. Todo eso prepara y ayuda para la acción.

 

17

Quitar losas (Jn 11,38-44)

 

Era una cavidad cubierta con una losa.

 

39Dijo Jesús:

-Quitad la losa.

Marta, la hermana del muerto, le dijo:

-Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días.

40Jesús le replicó:

-¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?

41Entonces quitaron la losa.

 

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

-Padre, te doy gracias porque me has escuchado; 42yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.

 

43Y, dicho esto, gritó con voz potente:

-Lázaro, ven afuera.

44El muerto salió, las piernas y los brazos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:

-Desatadlo y dejadlo andar.

  • El texto es el final de Jn 11, capítulo unitario (trata un solo tema: la resurrección de Lázaro). Es el último de la serie de los siete milagros de san Juan. El más importante: Jesús hace una oferta de vida en esta situación histórica nuestra marcada por la muerte. El judaísmo también creía en la vida eterna, pero se le hacía imposible creer en que en esta vida pobre hubiera posibilidades de vida plena.
  • Hay que percatarse que Jesús da gracias a Dios antes de que Lázaro salga de la tumba. Entonces, ¿por qué da gracias? Porque han quitado la losa, porque se han fiado de uno que dice que debajo de la losa, contra toda certeza, hay vida. Cuando se quita la losa, Jesús da gracias.
  • Por eso, la acción de gracias no es por el muerto, sino “por la gente que está alrededor”, porque ellos han comprendido que Jesús es vida en esta historia y que esa vida se da quitando losas.
  • Narrativamente se culmina con la resurrección del difunto. pero no importante no es eso, sino que se fíen y quiten la losa. Por eso habría que llamar a este relato no la resurrección de Lázaro sino con títulos como: la vida que hay en nuestra vida; los trabajos por quitar losas para que haya vida; cuando quitamos losas, hay vida.

 

Para el trabajo social:

 

  • El trabajo social es justamente eso: quitar losas para que haya vida, ayudar a llevar el peso de la losa para dejar paso a algo de vida, compartir el peso de la losa para que la vida sea un poco más llevadera.
  • Hay que quitar losas morales, pensando que una persona no es digna porque no viva conforme a mi moral católica. Lo que hay que ver es la humanidad que subyace a un estilo de vida.
  • Hay que quitar losas sociales para hacer ver a toda persona que, mientras viva con nosotros, es uno de esta ciudad, no un distinto, un humano que vive con humanos.
  • Hay que quitar losas culturales para acoger al de cultura distinta y para ayudar a que acojan la cultura en la que ahora está enmarcada su vida.
  • Hay que quitar losas religiosas para que la religión no sea un peso, sino una ayuda (“sacar asnos de la zanja en sábado”, decía Jesús).
  • Hay que ayudar a quitar losas económicas, siquiera en cosas pequeñas, para que el caminar de los frágiles sea un poco más humano y más compartido.

 

17

Lejos del brillo (Jn 12,12-16)

 

12Al día siguiente, la multitud que había llegado para la fiesta, al oír que Jesús llegaba a Jerusalén, 13cogieron los ramos de las palmas, salieron a su encuentro y empezaron a dar gritos:

            -¡Sálvanos! ¡Bendito el que llega en el nombre del Señor, el rey de Israel!

            14Pero Jesús encontró un borriquillo y se montó en él, como estaba escrito:

                        15No temas, hija de Sión,

                                   mira a tu rey que llega

                                   montado sobre una cría de borrica.

            16Sus discípulos no comprendieron esto al principio, pero cuando Jesús manifestó su gloria, entonces se acordaron de que lo mismo que estaba escrito fue lo que hicieron con él.

 

  • Se suele denominar este pasaje con el título “la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén”. Pero en el EvJn ni es triunfal, como diremos, ni se dice expresamente que entrara así en Jerusalén. Es verdad que “la multitud” quiere hacerla triunfal, de ahí los “ramos” que se agitaban en la fiesta de las Chozas, la gran fiesta mesiánica. Pero Jesús rechazará de plano ese marco de mesianismo. No quiere ser un mesías de brillo, sino de amor; no quiere ser un mesías con ruido, sino con diálogo y aprecio.
  • La gente da gritos para aclamar al mesías. Es la idea que tiene la gente de horizonte nacionalista (hemos pasado tal cuál ese grito al “santo” de la misa”: ¿seguimos con una mentalidad similar a la del judaísmo?).
  • Jesús se monta en un borriquillo. Es una manera de decir que viene son de paz y de una manera humilde. Un mesías pobre y humilde es, para el judaísmo, (¿para nosotros?) una contradicción, algo disgustante.
  • Además, a diferencia con los otros evangelios que dicen que el borrico estaba atado y que los discípulos lo soltaron, aquí es Jesús el que hace todo. El borrico atado es la profecía que está sojuzgada, atada, oprimida. Jesús es profecía de pobreza, de que los pobres llegarán a contar algo en un futuro.
  • El judaísmo hablaba del mesías como “salvador poderoso” (Sof 3,17), “el soberano de Israel” (Miq 5,1), “justo, victorioso, humilde montado en un asno, en un joven borriquillo. Destruirá…quebrará…dominará…” (Zac 9-10). Con alguna variante, pero siempre un mesías con poder y con brillo. De ahí no salimos.
  • Decir a Sión, a Jerusalén que su rey era uno “montado en un borrico” es casi una ofensa. ¿Cómo iba un mesías así a desbancar el poder opresor de los romanos? ¿Cómo un mesías de pobreza, sin brillo, sin fuerza iba a hacer de Jerusalén el ombligo del mundo?
  • Dice el texto “mira a tu rey”, no aclama, ensalza, grita por tu rey. Hace falta “mirar”, una mirada “contemplativa” (profunda, reflexiva, compasiva) para percibir en un pobre alguien capaz de dar sentido a nuestros caminos.

 

Para el trabajo social:

 

  • Para apreciar esta clase de textos habrá que modificar nuestro “chip” espiritual y entender que Jesús es un humilde, uno en último lugar, un servidor, no un primero, soberano, rey del universo, un poderoso. Hay que hacer efectiva la humanización de Jesús y su camino humilde. No vale jugar a la baraja de la sencillez y a la del brillo a la vez porque el brillo nos come el pan del morral.
  • La tentación del “brillo”, de estar ahí, de ser centro, de creernos el ombligo de todo, siempre nos acompañará. Hay que atajarla todo lo que se pueda. El Evangelio tiene una predilección por lo oculto. Querer ser el centro en trabajo social es no entender nada del Evangelio.
  • Contra la tentación del brillo, el cumplimiento exquisito de nuestros compromisos y mantener buen ánimo cuando no hay aplauso, ni felicitación. Seguir haciéndolo con ilusión.
  • Ello nos tiene que llevar asimilar el disgusto que nos produce lo callado, lo no aplaudido, lo no agradecido, etc. Que ese disgusto se suavice disfrutando con que los otros, los frágiles, van un poco mejor. Que ese sea nuestro “brillo”.
  • En consonancia con lo reflexionado, el voluntario ha de mantener vivo el sueño de que los frágiles llegarán a contar algo en el futuro. Y por ello se alegrará de los pequeños avances que se van dando en la sociedad (Noticia del 18 de octubre: “El Congreso reconocerá el derecho a votar a 100.000 discapacitados intelectuales”). Saber que se nos llama a colaborar en esa tarea.

 

18. La incredulidad y sus causas  (Jn 12,37-43)

 

37A pesar de tantas señales como llevaba realizadas delante de ellos, se negaban a darle su adhesión.

 

 38Así se cumplieron las palabras que dijo el profeta Isaías:

 

            Señor, ¿quién ha creído nuestro anuncio?

                        y ¿a quién se le ha descubierto la fuerza del Señor?

 

39Y no podían creer por aquello que dijo en otra ocasión Isaías:

 

            40Les ha cegado los ojos

                        y les ha embotado la mente,

                        para que sus ojos no vean

                        ni su mente perciba

                        ni se conviertan

                        ni yo los cure.

           

41Esto lo dijo Isaías porque vio su gloria, y así habló de él.

 

42A pesar de todo, muchos incluso de los jefes, le dieron su adhesión, pero por causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser excluidos de la sinagoga, 43pues prefirieron la gloria humana a la gloria de Dios.

 

  • Es un pasaje en un marco de tensión. Los evangelios tienen, a veces, relatos tensos. Quizá reflejen más la tensión de los años 100 (cuando se escribe san Juan) que de los años 30 (cuando vivía Jesús).
  • Las señales no son razón suficiente para darle adhesión. Y eso que son señales siempre a favor de la persona. Pero a quien es religioso le interesan más las ideas religiosas que el bien de la persona.
  • Las palabras de Isaías son un texto de “despecho profético”. En realidad lo que dicen es que habría que creer el verdadero “anuncio del Señor” que no es otro sino la felicidad de la persona.
  • El segundo texto de Isaías es de más despecho todavía: Hay gente con mente embotada, ciegos los ojos, que siguen machacando des del lado religioso cuando habría que insistir desde el lado humano.
  • Isaías “vio la gloria de Jesús”, es decir, intuyó que el camino verdadero era el socorro al débil, la justicia. Su famoso “canto de la viña” de Is 5,1ss lo dice bien claro: lo que Dios busca en la justicia y el derecho.
  • Muchos ven que ese el camino y le dan su adhesión, incluso “jefes” que, en principio, son más duros de pelar. El camino de la justicia se va abriendo paso, a pesar de todo. A pesar, incluso, de amenazas (la amenaza de expulsión de ls sinagoga es tardía y era algo muy duro para los judíos, expulsión de la vida).

 

Para el trabajo social:

 

  • Una cosa ha de quedar clara: al evangelio le interesa sobre todo el bien de la persona. Lo demás, por importante que se quiera (las ideas religiosas, por ejemplo) , queda en un segundo término.
  • Anunciar la felicidad de la persona con ayuda concreta, con amparo, diciendo al otro, al frágil, no estás solo en tu difícil camino, puedes contar con mi ayuda, aunque tú tengas que hacer tu parte.
  • ¿Cuál es la verdadera causa de la increencia? ¿Qué la gente ya no quiere creer en Dios? ¿O que no encuentra motivos, señales, de generosidad, misericordia, amparo en los cristianos? ¿Por qué la gente de hoy no quiere creer?
    El trabajo con los frágiles es, aún hoy día, el mayor argumento a favor de la fe. Los trabajos de Cáritas son lenguaje de verdadera evangelización, aunque no se hable de Dios.
  • Todos los trabajos por la justicia son trabajos de Evangelio y trabajos de Dios, aunque no sean explícitamente trabajos religiosos. Esto es lo que Cáritas habría de “demostrar” con actuaciones sencillas, calladas y generosas.
  • No hemos de temer vivir algo “expulsados”, no del todo comprendidos, por el sistema religioso. Él también necesita cambio y, a veces, anclado como está en lo religioso, le cuesta más dar pasos en dirección a la humanización de la vida.

 

19. la centralidad del servicio (Jn 13,2-11)

 

            2Estaban cenando (ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas, el de Simón Iscariote, que lo entregara) y Jesús, 3sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, 4se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; 5luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

           

6Llegó a Simón Pedro y éste le dijo:

            -Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?

            7Jesús le replicó:

            -Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.

            8Pedro le dijo:

            -No me lavarás los pies jamás.

            Jesús le contestó:

            -Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.

            9Simón Pedro le dijo:

            -Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.

            10Jesús le dijo:

            Uno que se ha bañado totalmente no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está enteramente limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.

11(Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: “No todos estáis limpios”).

           

12Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

            -¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? 13Vosotros me llamáis “El Maestro” y “El Señor”, y decís bien porque lo soy. 14Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: 15os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

 

  • Posiblemente no es la única vez que Jesús lavaba los pies a sus discípulos (era un acto de higiene necesario, las calles eran un lodazal, no había alcantarillas). Cuando se acercaba a los discípulos para lavarles los pies, a Pedro sobre todo, a éstos se les revolvían las tripas: ¿qué se puede esperar de un mesías que lava pies).
  • Es Juan solamente quien reportar esta noticia. Los verbos tan seguidos indica que copia de algún folleto que no es suyo. La ha parecido totalmente necesario contarlo. Es el prólogo de su pasión: si no entiendes el servicio cotidiano de lavar los pies, de servir, ¿cómo vas a entender el servicio total de la cruz?
  • El gesto se interpreta fácilmente. Así lo hace el pasaje en los versos finales (13-15). Si se lee seguido 2-15 y 12ss tiene perfecto sentido. ¿Por qué se ha metido el diálogo con Pedro? ¿Por qué alguien, hacia el año 100, 60 años nada más después de la muerte de Jesús, ha metido un diálogo que insiste en que si no se sirve “no se tiene que ver nada con Jesús”?
  • Hay que ahondar en el planteamiento de Jesús: no servir es no tener nada que ver con Jesús, él por su camino, nosotros por el nuestro. El peligro de “desviación” no le viene a la Iglesia por las doctrinas erróneas, sino por la ausencia de compromiso social.
  • Comprender a Jesús como “servidor” es una de las mejores maneras de entenderlo y de leer muchos pasajes del Evangelio.

 

Para el trabajo social:

 

  • El servicio al frágil no es una consecuencias de la fe, sino que es el núcleo de la fe: las pies, eres seguidor/a; no lavas pies, no eres seguidor/a.
  • Sabe de Jesús en la medida que sirves. El trabajo social es camino óptimo de aprendizaje cristiano: se aprende más de Jesús por el servicio que por el catecismo.
  • El servicio al hermano, al frágil, recuerda lo más importante de Jesús. Es recordar continuamente dónde está lo importante de la fe. Los trabajos sociales son el verdadero “memorial” de Jesús.
  • ¿Sigue siendo válido aquello que dijo el obispo J. Gaillot de que “una iglesia que no sirve no sirve para nada”? ¿Habría que aplicar esto a cada cristiano?
  • Actualmente el servicio social ha de ser lo más organizado posible. Para ello: formación común (mística común), coordinación responsable, sentido de grupo.

20. El amor asimétrico (Jn 13,34-35)

 

 

34Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; que como yo os he amado, también vosotros os améis mutuamente. 35La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros.

 

  • Es un texto “testamentario”: está enmarcado el testamento de la última cena. Al ser testamentario adquiere más valor porque las últimas voluntades de quien va a morir son sagradas. Hay que mirarlo como texto decisivo para la compresión y vivencia de la fe.
  • Se habla de un “mandamiento”. Mandar, obligar a amar es algo contradictorio porque el amor brota de la libre voluntad. Pero al calificarlo de mandamiento, se está queriendo decir que es algo decisivo para el seguidor: ahí se juega la verdad de la fe.
  • Dice que es un mandamiento nuevo: no porque lo haya inventado Jesús (muchos han amado a lo largo de la historia y con fuertes entregas), sino porque el amor es la mayor novedad que surge en la vida.
  • Dice que hay que amarse “como él nos ha amado”. Jesús ha amado con amor asimétrico: nos ha amado cuando no podíamos amarle (así lo dice Rom 5). Los humanos amamos con amores simétricos (te amo si me amas). Pero Jesús ama, asimétricamente, aunque no se le ame.
  • Ese amor asimétrico ha de ser el distintivo del amor cristiano, la “señal” por la que se conoce al discípulo (¿Cuál es la señal del cristiano? Se preguntaba el catecismos. Esta es la señal y no tanto un signo religioso).

 

Para el trabajo social:

 

  • El trabajo social cristiano ha de tener una mística, un bullir dentro, un brillo específico. El Evangelio, leído con cierta profundidad, nos puede ir proporcionando esa mística.
  • La verdad de la fe no está tanto en la doctrina cuanto en las obras de amor. Por eso, quien ama con obras está en la verdad del Evangelio (más allá de cuál sea su doctrina).
  • Contribuir al amor, porque es una realidad nueva, es colaborar en la sociedad nueva, la de la fraternidad, la de la igualdad. Un trabajo social que no se hace desde el amor es discutible, aunque tenga otras intenciones loables.
  • El voluntariado es un amor asimétrico en muchas ocasiones: no hay aplauso, ni agradecimiento, ni pago. Pero se sigue haciendo porque se ama a la persona, porque se cree en su dignidad, por encima de su educación o de su amabilidad.
  • El voluntariado puede convertirse en el lenguaje del amor y en la seña real de lo que quiere ser la comunidad cristiana. Esto es posible en las cosas sencillas, en las ayudas que se mantienen en lo oculto, en las palabras humildes pero verdaderas que anima al otro.
  • La sociedad de hoy necesita “señales sociales” de amor. Ese lenguaje es entendible y lleva a la hermosura de una espiritualidad. Hay que cultivar el amor social que es una hermosa variante del amor sobre la que se asientan otras muchas variantes. Amar a la persona, amar a la sociedad. Ahí se juega mucho del sentido de la fe.

 

20. El amor asimétrico (Jn 13,34-35)

 

 

34Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; que como yo os he amado, también vosotros os améis mutuamente. 35La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros.

 

  • Es un texto “testamentario”: está enmarcado el testamento de la última cena. Al ser testamentario adquiere más valor porque las últimas voluntades de quien va a morir son sagradas. Hay que mirarlo como texto decisivo para la compresión y vivencia de la fe.
  • Se habla de un “mandamiento”. Mandar, obligar a amar es algo contradictorio porque el amor brota de la libre voluntad. Pero al calificarlo de mandamiento, se está queriendo decir que es algo decisivo para el seguidor: ahí se juega la verdad de la fe.
  • Dice que es un mandamiento nuevo: no porque lo haya inventado Jesús (muchos han amado a lo largo de la historia y con fuertes entregas), sino porque el amor es la mayor novedad que surge en la vida.
  • Dice que hay que amarse “como él nos ha amado”. Jesús ha amado con amor asimétrico: nos ha amado cuando no podíamos amarle (así lo dice Rom 5). Los humanos amamos con amores simétricos (te amo si me amas). Pero Jesús ama, asimétricamente, aunque no se le ame.
  • Ese amor asimétrico ha de ser el distintivo del amor cristiano, la “señal” por la que se conoce al discípulo (¿Cuál es la señal del cristiano? Se preguntaba el catecismos. Esta es la señal y no tanto un signo religioso).

 

Para el trabajo social:

 

  • El trabajo social cristiano ha de tener una mística, un bullir dentro, un brillo específico. El Evangelio, leído con cierta profundidad, nos puede ir proporcionando esa mística.
  • La verdad de la fe no está tanto en la doctrina cuanto en las obras de amor. Por eso, quien ama con obras está en la verdad del Evangelio (más allá de cuál sea su doctrina).
  • Contribuir al amor, porque es una realidad nueva, es colaborar en la sociedad nueva, la de la fraternidad, la de la igualdad. Un trabajo social que no se hace desde el amor es discutible, aunque tenga otras intenciones loables.
  • El voluntariado es un amor asimétrico en muchas ocasiones: no hay aplauso, ni agradecimiento, ni pago. Pero se sigue haciendo porque se ama a la persona, porque se cree en su dignidad, por encima de su educación o de su amabilidad.
  • El voluntariado puede convertirse en el lenguaje del amor y en la seña real de lo que quiere ser la comunidad cristiana. Esto es posible en las cosas sencillas, en las ayudas que se mantienen en lo oculto, en las palabras humildes pero verdaderas que anima al otro.
  • La sociedad de hoy necesita “señales sociales” de amor. Ese lenguaje es entendible y lleva a la hermosura de una espiritualidad. Hay que cultivar el amor social que es una hermosa variante del amor sobre la que se asientan otras muchas variantes. Amar a la persona, amar a la sociedad. Ahí se juega mucho del sentido de la fe.

 

21. La honda dignidad (Jn 14,23)

 

            Uno que me ama cumplirá mi mensaje y mi Padre le demostrará su amor: vendremos a él y nos quedaremos a vivir con él.

 

  • Este breve texto es, a nuestro juicio, el más importante del Evangelio de san Juan, lo que él habría querido decir resumiendo, lo más importante que hay que captar.
  • Entender las palabras, se entienden. Pero es preciso captar el alcance de lo que el texto quiere decir, para no quedarse en lo de fuera.
  • Lo primero que se dice es que “quien ama cumple el mensaje de Jesús”. Lo hemos dicho muchas veces: la adhesión a Jesús no es cuestión de ideas, sino de amor. Y de amor en obras, no en palabras. Cuando se ama, se conecta con el Jesús del Evangelio.
  • El mensaje de Jesús, su mesianismo, es una obra de inclusión, frente a la idea que tenía la religión: si no eres de quienes creen que somos el centro y los únicos, no perteneces a los nuestros. Este mensaje exclusor queda cuestionado por el Evangelio.
  • El padre hace una “demostración” de amor, algo que bos atrapa, que nos cautiva, que nos enamora. Una manera fría de creer es una manera fría de amor. Y si el amor no es cálido…
  • La demostración de amor es que el Padre y Jesús van a venir al fondo de la vida, van a situar su “cielo” en lo nuestro, van a ser para nosotros la fuente del amor, nos van a acompañar siempre, no nos dejarán de su mano.
  • Quien tiene esto por una certeza tendrá su corazón en paz, será fácil atravesar la vida con sosiego, no desesperará de las situaciones difíciles.
  • Hay que cambiar el imaginario sobre Dios: no un Dios fuera, sino dentro; no un Dios mago, sino acompañante, no un Dios privatizado sino de todos.

 

Para el trabajo social:

 

  • Hay que aspirar a unas obras sociales hechas con amor, por lírico que suene. No se trata solamente de hacer coas, que no está nada mal, sino que anide en ellas la llama del amor, esa actitud que los usuarios de un servicio social perciben: si hay empatía o no, si se conecta con su causa o no.
  • Una mentalidad incluyente se construye, no viene dada de sí. Habría que hacer pequeñas prácticas de inclusión y de ser incluido en los frágiles (aceptar sus invitaciones, situarse en sus lugares, acoger sus costumbres, etc.)
  • Cómo hacer un trabajo social cálido, como habría que tener siempre una especie de “fuego” dentro que nos evite la rutina, la profesionalización, el desgaste, la actitud de quien se lo sabe todo.
  • La certeza espiritual de que Dios está en el fondo de la vida se traduce por la dignidad de toda persona, de toda creatura. Por ser creados y por ser sostenidos por el amor del padre, toda persona es digna en cualquier circunstancia.
  • Muchas veces hemos dicho que para trabajar en temas sociales hay que hacer el curso sobre la dignidad humana y aprobarlo. Si no se tiene trabajado ese punto, haremos las cosas de maneras muy cuestionables muchas veces.
  • Saber que Dios está en el fondo de la persona, y de manera especial en la vida de los frágiles sociales, habría de paliar la pequeña “amargura” que a veces acarrean los trabajos sociales. Por eso, la acción social de quien cree en el Evangelio habría de ser bienhumorada, sonriente, luminosa.
  • El trabajo social, también lo hemos dicho, es una manera buena de decir de forma práctica que Dios acompaña tu vida, que no te deja de su mano, que te ampara cuando lo necesitas aunque no lo sientas. Esta manera práctica de cirlo es más interesante que muchas palabras.

 

 

22. Resistencia y resiliencia (Jn 15,1-6)

 

            15,1-Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.

 

2A todo sarmiento mío que no da fruto lo quita, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. 3Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he comunicado;

 

4permaneced en mí y yo permaneceré en vosotros.

 

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. 5Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.

 6Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como al sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

 

  • El texto hace parte del discurso de despedida de Jesús. Texto importante. Y se quiere mostrar cuál ha de ser el lugar de la nueva comunidad de Jesús en el mundo. Una comunidad en cercanía a los débiles. Hay que “permanecer” siempre en ese empeño.
  • Efectivamente, en el breve pasaje aparece seis veces el verbo “permanecer”. Porque de eso trata el pasaje: el ejemplo del sarmiento unido a la vida es para animar a permanecer unido a Jesús.
  • Ser “sarmiento” indica una indudable dependencia pero también una autonomía. El sarmiento crece y se desarrolla tomando de la vid los nutrientes. La misma poda es una mediación de crecimiento.
  • Permanecer es distinto que iniciar, que apuntarse, que comenzar. Para permanecer hay que cultivar la conexión con la vida, con Jesús. No se permanece por pura inercia o por simple adscripción religiosa.
  • El fruto de la permanencia es el que proviene de la vid. Ella es la que va marcando el camino. Se es sarmiento no aislado de la vida, sino en el querer y en los planes de la vid, de Jesús.
  • La amenaza del ser echado fuera es debida a la pedagogía negativa que, con frecuencia, utilizan los Evangelios. No ha de invalidar  los aspectos positivos de la metáfora de la vid y los sarmientos.

 

Para el trabajo social:

 

  • El voluntariado no podrá hacerse a golpe de caprichos sino, después de pensarlo bien en sus porqués y posibilidades, habrá que intentar “permanecer” más allá de las pequeñas contrariedades y dificultades que puedan surgir. El voluntariado no es un capricho o un pasatiempo; es algo que requiere una continuidad para que la obra social salga a flote.
  • Para permanecer en el trabajo social es preciso pasar por encima de los meros deseos que todos tenemos. Se permanece en una organización, por lo tanto no puedo funcionar por libre.
  • Pero permanecer no es cuestión de tiempo, principalmente, sino de fidelidad a los frágiles, de hacer bien las cosas, de estar atento a las necesidades que me rodean porque se tiene una “vocación” de acompañamiento.
  • El fruto de la permanencia en el trabajo social no se puede evaluar por los “éxitos” personales que uno pueda lograr, sino por la certeza de que los frágiles se van beneficiando de nuestra actuación. Permanecer para lograr éxitos es un camino equivocado.
  • El trabajo social no ha de ejercerse bajo ningún tipo de amenazas, sino en la mayor de las confianzas y libertades. Funcionar con amenazas sería ir por el peor de los caminos.
  • Para permanecer el trabajo social, pues, es necesaria la resistencia (no quebrarse fácilmente por las dificultades) y la resiliencia (aprovechar las circunstancias difícil para salir con más ánimo).

 

 

23. El amor más grande (Jn 15,13)

 

            “Nadie tiene amor más grande por los amigos que uno que entrega la vida por ellos”

 

  • Toda religión, la nuestra también, ha creído que el amor más grande era el amor a Dios. Creyendo que Dios es lo más, se ha querido actuar por él. Sin embargo, en el Evangelio, lo más es la persona. El amor más grande se desplaza a la persona.
  • El Evangelio no es un libro que pretenda fomentar el amor a Dios, sino el amor a la persona. Por eso, todos los gestos de Jesús son en beneficio de la persona.
  • El amor que plantea el texto es “a los amigos”. El amor de amistad es el que considera las limitaciones propias de la persona (¿Me amas más que estos?). Se ama con limitaciones.
  • Ese “uno” indefinido está apuntado a cualquiera, no solamente a la persona creyente, sino a cualquiera que sienta dentro el latido del amor. Incluso, según algunos, el ejemplo es el amor de un “pagano”.
  • El texto habla de “entregar la vida”. Quizá pueda parecer excesivo, pero es lo que hace Jesús (Jn 10,11 pastor loco) y lo que, en consecuencia, se demanda al discípulo.

 

Para el trabajo social:

 

  • Muchas de las obras sociales en la historia del cristianismo han tenido como causa el amor a Dios. ¿Habría sido peor si el amor a la persona como tal hubiera sido el móvil perfecto?
  • La espiritualidad cristiana ha querido ver en el rostro de los frágiles sociales el rostro de Jesús como razón para la acción. ¿Y si ser compasivo con el simple rostro de los frágiles hubiera sido suficiente?
  • El amor más grande se ha vehiculado principalmente en actos de religión, de amor a Dios. Desde ahí se ha considerado el trabajo social como una consecuencia. Pero el Evangelio no lo pone como una consecuencia, sino como parte del núcleo de la fe. Quizá como el centro de ese núcleo
  • El trabajo social es un “amor de amistad”: se hace contando con las limitaciones, personales y estructurales. No es un  amor puro. Por eso siempre habrá que estar vigilante encima de él.
  • Para hacer voluntariado es preciso sentir el amor dentro, es cuestión de amor. Suena a algo lírico, pero sin amor el voluntariado se vuelve frío funcionariado y termina por ser algo sin imaginación.
  • La entrega de la vida puede ser paulatina, en modos asimilables, se hace cada día, en pequeños gestos. Se trata, en definitiva, de vivir de cara al otro, de meterlo en el horizonte propio, de ir haciendo nuestras sus preocupaciones.

24. Una alegría que nadie puede quitar (Jn 16,20-22)

           

20Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.

21La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza porque ha llegado su hora; pero en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. 22También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría.

 

  • Los textos evangélicos quieren construir una mística de resistencia porque no es fácil, nunca lo ha sido, ser seguidor/a de Jesús. ¿Cómo mantenerse en las opciones evangélicas, cómo aguantar el chaparrón del desencanto, de la increencia, de la incomprensión?
  • Se habla de una tristeza que se convierte en alegría. Esto es difícil; lo contrario es más fácil. Pero Jesús promete una alegría que se termina, no una que dura sin control. Según Jesús, la tristeza tiene un fin, no tendrá la última palabra.
  • La imagen de la mujer que da a luz es la de la humanidad que lucha por abrir un camino de total novedad: dar a luz la nueva sociedad es un parto cósmico, de grandes dolores, pero también de gran alegría.
  • Olvidar el apuro solo es posible en la medida en que uno se alegre por haber dado a luz la nueva humanidad.
  • Por eso habla el texto de una alegría “que nadie puede quitar”, porque pertenece a quien sabe que, por muchas que sean las penas, en el fondo hay triunfo. Una alegría que se puede vivir a la vez que corren las lágrimas por el rostro, a la vez que las penalidades amargan el caminar humano.

 

Para el trabajo social:

 

  • El trabajo social no se hace sin la dificultad que entraña la incomprensión de la propia familia que, a veces,  no le ve sentido a lo que haces e, incluso, ironiza sobre ello. Es preciso mantenerse firme, sin complejos y también sin tensiones inútiles.
  • El trabajo social es la traducción de la utopía de que la tristeza se puede acabar. Para que eso sea creíble, hay que trabajar para que mengüen las tristezas sociales que afectan a la vida de los frágiles. Todo lo que se haga por ello contribuye a poner en pie la utopía de Jesús.
  • El logro de la humanidad nueva, de la sociedad de la fraternidad, ha de ser difícil y gozoso. Para encajar la dificultad habrá que intuir la hermosura de una sociedad distinta que apunta en cosas pequeñas. Si no, se terminará por no verle sentido al trabajo por un mundo nuevo.
  • Es preciso experimentar la alegría que brota de lo nuevo, el gozo que da que los sufrimientos de los humildes vayan siendo enjugados, siquiera un poco. Disfrutar con los humildes de sus pequeños triunfos es una manera óptima de conectar con la alegría de Jesús.
  • La alegría “inarrebatable” es la que experimenta quien está convencido de que su pequeño trabajo social no solamente mejora la vida de un frágil sino que se suma a la de quienes creen y “ven” que amanece la sociedad nueva. Todo esto hace parte de la mística profunda de quien anda por los caminos del voluntariado social.

 

 

 

25. En el sistema sin ser del sistema (Jn 17,14-15)

 

            “Yo les he entregado tu mensaje, y el mundo les ha cobrado odio porque no pertenecen al mundo, como tampoco yo pertenezco al mundo; no te ruego que los saques del mundo, sino que los libre del mal”.

 

  • Este texto pertenece al último capítulo del discurso de despedida (17), una oración por los seguidores de entonces y de ahora. Estar bajo la oración de Jesús, él reza por nosotros, es garantía de que nuestra fe, frágil a veces, se mantendrá en pie.
  • Para el evangelio de Juan el “mundo” es, en general, lo inhumano del mundo, el fondo de mal que lleva la persona y se transmite a la sociedad, la herida que nos hacemos por múltiples causas y, a veces, sin aparente causa.
  • Es normal que ese “mundo” odie a quien no pertenece al mundo, a quien no le hace el juego a una sociedad opresora, a quien se va alejando, con su comportamiento justo, del ámbito de la injusticia.
  • No podemos salir del mundo, incluso del sistema, porque estamos dentro de ellos. Hacemos parte del mal. Hay que verse como parte afectada. El seguidor ha de encajar su hacer parte del lado oscuro de la historia.
  • Por eso mismo Jesús dice que no se le saque al seguidor del mundo, sino que, dentro de un sistema injusto, del que hace parte, se vea cada vez más libre del mal, más lejos de los mecanismos inhumanos, menos apoyador de las iniciativas que causa daño a los infortunados de la sociedad.

 

 

Para el trabajo social:

 

  • En el fondo de la acción del creyente también hay que contar con el amparo de Jesús, con su oración. No es solamente obra nuestra. Haciendo lo que él hizo se nos garantiza su acompañamiento.
  • El trabajo social encara con paciencia las inhumanidades que componen la vida. No les hace el juego, pero tampoco se pone histérico por ello. Brota en él la tenacidad propia de quien sabe que si hace un poco menos inhumano el entorno en que vive disminuye también la inhumanidad del conjunto de lo humano.
  • Hay que ver si el odio del mundo es por ser evangélico o, justamente, por no serlo. Porque nuestro alejamiento del Evangelio suscita el odio de quienes esperan de nosotros un comportamiento solidario parecido al de Jesús.
  • Quien hace trabajo social es consciente de que, muchas veces, colabora al aumento del mal en el mundo. Junto a esa conciencia tiene que estar la decisión por hacer parte del mal lo menos posible. Por eso, para hacer trabajo social hay que ir creciendo, siquiera un poco, en justicia y equidad personal.
  • ¿Cómo vivir en el sistema sin ser del sistema? ¿Cómo ir alejándose de lo inhumano y contribuyendo más a lo humano? Un cauce estupendo, práctico, es el trabajo social: nos aleja de lo malo y no acerca a lo bueno de las personas, eso que constituye el cimiento de la sociedad fraterna.

 

26. Hablar de Dios hoy (Jn 17,25-26)

 

            “Padre justo, el mundo no te ha reconocido; yo, en cambio, te he reconocido, y estos han conocido que tú me enviaste.

            Yo les he dado a conocer tu persona, pero aún se la daré a conocer, para que ese amor con el que tú me has amado esté en ellos y así esté yo identificado con ellos”.

 

  • Son los versos finales del cap.17. Se entra luego en los relatos de la pasión que los dejamos para otro año.
  • Dice que Jesús ha “reconocido” al Padre y los seguidores también lo han reconocido. Se puede reconocer los valores del Evangelio, por encima de la propia debilidad y de los fallos de la vida.
  • Jesús ha dado a conocer su persona no por medios escolares o ideológicos, sino en los modos de la solidaridad. Él no ha enseñado el reino como un maestro, sino que lo ha hecho andando los caminos de quien tiene necesidad. Hombre de caminos, hombre de encuentros, hombre de corazones tocados.
  • En el fondo de todo, es cuestión de captar a Dios como un “amor en el fondo”. No es cuestión de ideología, sino de percepción vital, honda. Creer de verdad que esta vida es don del amor de Dios y que en ella está metido, como levadura en la masa, ese amor.
  • Este amor es el que genera identidad, no tanto la pertenencia religiosa, ni la práctica de las costumbres religiosas. No es fácil de concretar, pero una vivencia de la relación con Dios meramente religiosa puede que no haga llegar a ese amor del que se habla aquí.

 

Para el trabajo social:

 

  • La mejor manera de “reconocer a Jesús” no es verlo en imágenes o símbolos religiosos, sino verlo en el rostro de los frágiles. Ahí es donde aparece con toda su fuerza, con sus heridas y con sus demandas.
  • Lo hemos dicho muchas veces a lo largo de este curso: la mejor manera de dar a conocer a Dios hoy, la mejor manera de hablar de él es, justamente, el trabajo social. Es, lo sabemos, un lenguaje que todos entienden y que la sociedad está deseando escuchar.
  • Al final de todo, también lo hemos dicho, si al trabajo social le falta el componente del amor, le falta lo más importante. Es cuestión de entender el fondo de la persona y la relación con las personas frágiles desde una sintonía a la que llamamos amor, desde una preocupación que toma el rostro de la preocupación cuando se ama.
  • También lo hemos indicado: la identidad cristiana se genera mucho más con el trabajo solidario que con la ideología. Por eso puede ser considerada como una suerte el estar en esta órbita del voluntariado.

 

 

 

Materiales semana santa 2019

MATERIALES PARA LA SEMANA SANTA 2019

 

 

 

 

1

PRECES DEL JUEVES SANTO

 

En esta tarde Vamos a sentar en la mesa de la Cena del Señor a aquellos a aquellos de quienes frecuentemente habla el Papa Francisco:

  • Sentamos a la mesa de la Cena a los pobres que siguen siendo pobres, que no saben cómo sobrevivir en el desamparo. Ponemos su situación ante Jesús para caer más en la cuenta de que “existe un vínculo inseparable entre la fe y los pobres”.

Todos: Que la Cena del Señor alimente nuestra fe

 

  • Sentamos a la mesa de la Cena los que se siente y viven solos, a los que creen que nadie les quiere, a quienes viven sin lazos de amor. La Eucaristía nos empuja a que “nunca les dejemos solos”.

Todos: Que la Cena del Señor alimente nuestra fe

 

  • Aunque no lo sepan, sentamos a la Mesa del Señor a los desposeídos, a los apátridas, a los que no tienen ni casa ni país ni futuro, a quienes, antes que nada, “hay que comenzar por pedirles perdón”.

Todos: Que la Cena del Señor alimente nuestra fe

 

  • Sentamos a la Mesa de Jesús  “a los que están heridos por divisiones históricas, a quienes resulta difícil aceptar que los exhortemos al perdón y la reconciliación, ya que interpretan que ignoramos su dolor, o que pretendemos hacerles perder la memoria y los ideales”. Ellos están con nosotros.

Todos: Que la Cena del Señor alimente nuestra fe

 

  • La Eucaristía nos invita a nos invita “a reconocer que es necesario mantener viva la solicitud por el anuncio a los que están alejados de Cristo, porque ésta es la tarea primordial de la Iglesia salir al encuentro de toda persona”.

Todos: Que la Cena del Señor alimente nuestra fe

 

  • Traemos a nuestro recuerdo “a quienes tienen la pretensión de reducir a las religiones al silencio y la oscuridad de la conciencia de cada uno, o a la marginalidad del recinto cerrado de los templos, sinagogas o mezquitas”. Que la laicidad sea marco de libertad para todos.

Todos: Que la Cena del Señor alimente nuestra fe

 

  • Nosotros mismos nos hacemos comensales de la Mesa del Señor porque creemos que “el Evangelio no termina de ser Buena Noticia hasta que no es anunciado a todos, hasta que no fecunda y sana todas las dimensiones del hombre, y hasta que no integra a todos los hombres en la mesa del Reino”.

Todos: Que la Cena del Señor alimente nuestra fe

 

 

2

ORACIÓN UNIVERSAL DEL VIERNES SANTO 

 

Sacerdote: En esta tarde de silencio y oración ponemos ante la cruz salvadora de Jesús los gozos y las esperanzas de los humanos y de toda la creación:

 

  1. Sacerdote: Oramos, en primer lugar, por todas las personas que nos ayudan en la fe:

 

Lector: Señor, impulso y ánimo de nuestra vida: ayuda y sostén a quienes construyen la fe, desde el Papa Francisco hasta el catequista más olvidado de la selva. Que tu Palabra les aliente, que tu presencia les consuele y que tu amor caliente sus corazones. Y que nosotros estemos cerca de ellos para caminar, todos juntos, hacia ti.

 

  1. Sacerdote: Recordamos a todas las personas que se esfuerzan por seguir amando por encima de las dificultades y por construir la buena relación entre los pueblos:

 

Lector: Dios de amor que reconcilias por la muerte de Jesús a todos los seres: bendice a quienes aman sin cansarse, a quienes acogen sin pedir nada a cambio, a quienes construyen la buena relación entre los pueblos, a quienes viven en buena vecindad. Que el mal nunca entre en sus vidas, que su generosidad no decaiga y que nosotros participemos de sus anhelos.

 

  1. Sacerdote: Tenemos también presentes a todas las personas que cuidan de la tierra:

 

Lector: Señor de generosidad que habitas en el fondo de nuestra historia. Impulsa el amor de quienes creen que la tierra es la casa común de todos, haz que amen a la creación y amen a los pobres. Y a nosotros, conviértenos a una vida crecientemente ecológica, tú que has hecho de esta casa nuestra tu propia casa.

 

  1. Sacerdote: No nos olvidamos en esta tarde de quienes construyen en el mundo los caminos de la paz:

 

Lector: Dios de paz y de consuelo, apoya con tu amor a los constructores de la paz, a quienes arriesgan su vida y sus bienes por el logro de una sociedad pacificada. Que tu fuerza anide en su corazón para que nunca desfallezcan. Y que habite en nosotros la paz que ellos nos desean.

 

  1. Sacerdote: Rezamos también por quienes cultivan en el silencio los caminos de la espiritualidad:

 

Lector: Padre que, como el Espíritu, soplas donde quieres: bendice a quienes cultivan la espiritualidad, a quienes riegan las raíces del alma. Que no les abandone nunca la fe en el valor de la oración, que se encuentren contigo para que nosotros veamos en ellos tu rostro. Con ellos encontraremos la puerta que nos abre al misterio de tu amor.

 

  1. Sacerdote: Finalmente nos acordamos en esta oración de todos los empobrecidos de la tierra, sobre todo de los inmigrantes forzosos:

 

Lector: Señor que acompañas la vida de los pobres: hazte compañero de quienes, quizá ahora mismo, caminan por los desiertos o atraviesan el Mediterráneo en frágiles barcas. Preserva su vida de la muerte y haz que nuestro corazón y nuestras casas se abran a la necesidad de nuestros hermanos más débiles.

 

 

3

PREGÓN PASCUAL 

 

Lector: Hermanos y hermanas creyentes en Jesús: ¡Es la Pascua del Señor! ¡Es la noche de Pascua! ¡Es el tiempo de la vida! ¡Es el triunfo del amor! Cantemos con alma renovada el misterio de esta noche de Pascua:

 

Todos: Noche de Pascua, noche de vida, noche de luz, noche de gozo.

 

Lector: Cristo resucitado ilumina su casa, la Iglesia. Dejemos hoy de lado la tristeza porque la Iglesia resplandece brillante con la luz del resucitado. Su rostro luminoso inunda de vida la casa de los creyentes.

 

Todos: Casa de fe, casa de amor, casa de vida, casa de pan.

 

Lector: En el signo de este cirio aparece la presencia del que vive. En su luz humilde sabemos que su muerte le ha llevado a la vida. En su temblor percibimos el latido de amor de quien siempre nos amó.

 

Todos: Luz que ilumina, luz que sostiene, luz que consuela, luz que enardece.

 

Lector: El gozo de la Pascua se derrama esta noche en nuestros pueblos de la llanada, en todos los pueblos del mundo. La tiniebla retrocede y el amanecer alborea sobre nuestras casas:

 

Todos; Pueblos de abrazo, pueblos de canto, pueblos de unión, pueblos de amparo.

 

Lector: Toda la tierra se ve envuelta en la luz del resucitado. Cada vez son menos las horas del desencuentro con la tierra, cada vez más es casa común de quien vive dentro de ella, de quien ha puesto su morada en sus cimientos.

 

Todos Tierra sagrada, tierra de encuentro, tierra de todos, tierra de Dios.

 

Lector: Hermanos y hermanas creyentes en Jesús resucitado ¡Es la Pascua del Señor! ¡Aleluya!

 

Todos: ¡Aleluya, amén! ¡Aleluya, amén!

 

 

4

RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS DEL BAUTISMO 

 

Sacerdote: Hermanos y hermanas, en esta noche de la resurrección de Jesús recordamos nuestro bautismo, el inicio de nuestro caminar cristiano, para animarnos a continuar en él con ilusión. Por eso, vamos a renovar nuestra promesa primera:

 

  • ¿Creéis que el agua del bautismo nos ha abierto a la hermosura del camino cristiano?

 

Creo, Señor, creo, Señor.

 

  • ¿Creéis que compartir el bautismo nos lleva a compartir la vida con quien tiene alguna necesidad?

 

Creo, Señor, creo, Señor.

 

  • ¿Creéis que el bautismo generoso de Dios nos empuja al perdón abundante y sin condiciones?

 

Creo, Señor, creo, Señor.

 

  • ¿Creéis que el bautismo, sacramento de vida y amor, nos anima a no cansarnos nunca de entregarnos a los demás?

 

Creo, Señor, creo, Señor.

 

5

PRECES PARA EL SÁBADO SANTO

 

Sacerdote: Invitemos, hermanos y hermanas, con nuestra oración a todas las personas, a todas las criaturas, a sumarse a la alegría de la Pascua. Oremos por ellas y con ellas:

 

  • Oramos por la Iglesia y con la Iglesia: que celebre con amor fiel el triunfo de Jesús resucitado para que ella crea, por encima de dificultades, que el horizonte de la vida es el amor. Roguemos al Señor.
  • Oramos por la tierra y con la tierra: que sea casa común de todos y que crezca el número de personas que la amen y la cuiden. Roguemos al Señor.
  • Oramos por los pueblos y con los pueblos: para que el buen gobierno, la convivencia pacífica, la buena relación, el amor vecinal y ciudadano sean un camino de vida para todos. Roguemos al Señor.
  • Oremos por los empobrecidos y con los empobrecidos: para que su demanda de justicia no sea sofocada por nuestra indiferencia. Roguemos al Señor.
  • Oramos por nuestros pueblos y con nuestros pueblos: para que la llanada sea tierra de entendimiento, de humanidad y de buen vivir. Roguemos al Señor.
  • Oración por nosotros que nos hemos reunido en esta noche: para que la alegría de la resurrección se transforme en amabilidad y aprecio crecientes. Roguemos al Señor.

 

Sacerdote: Te lo pedimos a ti, Señor de la vida, que brillas en la oscuridad de esta noche y en nuestras  vidas. Por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

 

Una aventura de amor

         UNA AVENTURA DE AMOR

(Materiales para la Semana Santa de 2019)

 

PRESENTACIÓN

 

            Cada vez que se acerca la celebración de la Pascua renace en nosotros el deseo de vivirla con intensidad, tocando el núcleo de su sentido, mezclándonos al gozo de la fe y de la creación.

            Así es: la Semana Santa es, perdónese la expresión, un inmenso teatro religioso con muchas formas de representación, todas muy valiosas y respetables. Pero uno puede preguntarse: ¿qué es lo que realmente hay detrás? ¿Qué es lo que late en el fondo de todas esas representaciones bienintencionadas? ¿Cuál es el núcleo de lo que celebramos?

            Y a nada que uno piensen, la respuesta se impone: es una aventura de amor, algo que tiene que ver con el latir de aquel Jesús de Nazaret que recordamos y que sentimos más vivo que nunca en estos días.

            Por eso, el Jueves Santo comprenderemos mejor el amor de Jesús que no conoce el cansancio; el Viernes Santo nos quedaremos perplejos ante el amor loco de Jesús que se da hasta el límite; y el Sábado Santo se nos dirá que es el día del amor que nutre y sostiene todas las esperanzas.

            Decía san Francisco que habríamos de pedir a Dios vivir “iluminados por él para poder seguir las huellas de Jesús”. Eso es justamente lo que queremos hacer en estos días de la Semana Santa: reunirnos en torno a la brillante y humilde luz que es Jesús y animarnos, los unos a los otros, a no desistir en el camino del Evangelio. Así la Pascua será Pascua de vida.

 

JUEVES SANTO

Día del amor que nunca se cansa

 

            Hay personas que nunca se cansan de amar, que no sucumben ni al cansancio ni al abandono. Entre las víctimas del accidente aéreo de Etiopía del mes pasado había una cooperante de una ONG, la gallega Pilar Martínez, que iba a trabajar en Kenia. Ni siquiera llegó a su destino. Su amor por los humildes le llevó a poner en juego su vida. Y la perdió. Uno se pregunta ¿por qué no se cansa la buena gente de hacer el bien? No hay respuesta para esa honda actitud.

            O sí la hay: no se cansan porque les habita el amor verdadero al otro. Y el amor de calidad es incansable. Justamente es eso lo que celebramos en el Jueves Santo si sabemos darle la vuelta al mero rito, a la mera costumbre. Un amor que nunca se cansa, ése es el amor de Jesús. Amós hasta el final. Lo intentó hasta el final.

            Cuando todo estaba perdido, él dio a Judas un pan untado, signo del amor con que las madres dan a sus niños un pan untado, como para decirle: tú me fallarás, tú me traicionarás, pero yo te sigo amando porque no puedo hacer otra cosa sino amarte, y porque no me canso de amarte aunque tú me hayas descartado. Es una maravilla el amor incansable de quien ama a fondo.

            Francisco de Asís tenía por sus hermanos un amor de esa clase. Por eso le escribía al superior de una comunidad en la que un hermano iba por extraños derroteros: “Ámalo más que a mí y mil veces que pecare en tu presencia, perdónale mil veces”. Un amor que se cansa, aun con razones, no es el amor de aquellos que queremos seguir a Jesús y apreciamos a Francisco.

            San Pablo repetía una y mil veces a sus amigos de Tesalónica: no os canséis de hacer el bien. Porque el desaliento es vecino de quien hace el bien y su voz es insidiosa: deja de hacer el bien, no se merece que te portes bien con él, no le des la razón que no tiene. Y desde esos principios, el bien se amilana, se acobarda y, fatigado, se abandona.

            Hay un poema hermoso de Mario Benedetti que dice:No te rindaspor favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento”. No se trata de ser ciego, de no saber ver las cosas, de no querer discernir. Se trata de resistir a la tentación del abandono cuando las cosas no vienen bien dadas.

            En este Jueves Santo, si le das la vuelta, verás en el fondo el terco y fiel amor de Jesús por cada uno de nosotros. Si queremos celebrarlo bien habríamos de ir pensando en ser constantes en el amor, en no tirar la toalla al primer fallo, en dar segundas oportunidades. Nadie dijo que amar fuera fácil.

 

Para pensar, rezar o dialogar:

 

  1. 1.      ¿Por qué nos cuesta tanto ser constantes en amar?
  2. 2.      ¿Por qué no damos segundas oportunidades?
  3. 3.      ¿Te encanta el perfil de un Jesús que ama sin cansarse?

 

 

VIERNES SANTO

Día del amor loco

 

            Un diario daba hace no mucho la extraña noticia de una muchacha inglesa que, habiendo perdido el tren para ir a ver a su novio, no se le ocurrió mejor cosa que coger una locomotora que esta parada en la estación y largarse con ella. Cuando la policía la detuvo, uno de los agentes le espetó: “Pero ¿tú estás loca?”. Y dice la nota que ella le respondió: “Y usted, ¿no ha hecho nunca locuras por amor?”.

            No vamos a justificar el disparate que es lanzarse por la vía con un tren robado. Eso no tiene ni pies ni cabeza. Pero la respuesta de la chica es interesante: ¿No has hecho nunca locuras por amor? ¿No las vas a hacer nunca? Pues quizá a tu amor le falta esa pizca de locura que lo hace único.

            Es que, cuando nos preguntamos ¿qué hay detrás de la celebración del Viernes Santo, del recuerdo explícito de la pasión del Señor, de la veneración de su cruz pobre? Lo que hay es justamente eso: un amor loco. Un amor de uno que ha sufrido locura por nosotros y por eso no le ha importado llegar hasta el límite de ese amor, hasta el abandono total por quien se ama.

            Por eso el día de Viernes Santo bien podría ser llamado “Día del amor loco”, día de todos aquellos locos que aman a fondo perdido, con entregas totales, sin reparar en las consecuencias de su amor. ¿Le vamos a quitar al Evangelio esta pizca de locura? Y si le quitas al Evangelio, la locura, la desmesura, la aventura, el riesgo, ¿qué le queda?

            La tradición religiosa posterior ha atribuido a san Francisco una frase que, sin ser suya, bien podría haberla dicho. Cuenta esa tradición que san Francisco iba por los caminos gritando “el Amor no es amado, el Amor no es amado”. Le dolía tanto que no se entendiera la vida de Jesús como una ofrenda de amor total que eso le sacaba de quicio y le hacía sufrir.

            En la celebración de hoy veneraremos la cruz del Señor como signo último de su total entrega. Quizá habría que rodear esa cruz, áspera, con flores hermosas para indicar que, más allá de la aspereza, lo que hay detrás es el amor a prueba de cualquier decepción de un Jesús que nos ha acogido en nuestra más profunda realidad. Algo de esto es lo que hay si le das la vuelta al Viernes Santo.

            A nada que salgas al campo encontrarás los espinos florecidos. Sus florecillas blancas son símbolo de la cruz florecida. Por eso estamos seguros, cuando nos preguntamos qué hay detrás, en el fondo, de la celebración del Viernes Santo, la respuesta es clara: el amor loco de Jesús por nosotros, tan loco como esas florecillas que brotan de la aspereza del espino, de la dureza de nuestro corazón.

 

Para pensar, rezar o compartir:

 

  1. 1.      ¿Te parece hermosa la espiritualidad del “amor loco”?
  2. 2.      ¿Crees que habría que rodear la cruz áspera de Jesús con flores hermosas?
  3. 3.      ¿Puedes contar alguna locura que hayas hecho por amor?

 

 

SÁBADO SANTO

Día del amor que espera siempre

 

            Tal vez hayas visto en estas últimas semanas una película que encoge el alma: Cafarnaún. Es la historia de la dura vida de un niño pobrísimo y su familia en un suburbio de una ciudad libanesa. Todas las esperanzas del niño se frustran: preservar a su hermanita de un matrimonio prematuro, aportar algo de dinero a su pobrísima familia, cuidar de otro niño más pobre que él y apartarlo de su venta a los traficantes. Todo se frustra hasta el punto de que demanda a sus padres por haberle traído a este mundo. Una auténtica desolación

            Pero la película termina con una foto fija en la que alguien le demanda que sonría para hacerle, con esa foto, el carnet de identidad. Y esa sonrisa final, fija en la cámara, es el lenguaje de la esperanza, la certeza de que las desdichas de los pobres acabarán y la evidencia de que la esperanza brotará en las pequeñas grietas del más duro asfalto.

            Porque si te preguntas qué es lo que se celebra en el Sábado Santo, cómo darle la vuelta a este día un tanto extraño en que no hay ni sacramentos ni celebraciones, la respuesta puede ser esta: es el día del amor que espera siempre, el día del amor que atisba cualquier rendija para decir que está ahí, que sigue esperando porque lo alimenta la ternura.

            Las leyendas primitivas del franciscanismo cuentan que un Cristo, el de san Damián,  una hermosa tabla bizantina, “le habló” a san Francisco. No hay que entender eso como si una tabla pudiese hablar. Le habló el Cristo del amor que espera. Y le vino a decir: Francisco, mi amor por ti espera que tú llegues a vivir esta vida tuya desde el amor más sencillo y fraterno.

            Así lo entendió y así lo vivió. Por eso escribía a sus hermanos en sus cartas: “No os guardéis nada para vosotros y así os recibirá el que a vosotros se entrega”. O lo que es lo mismo: no mates la esperanza ni en ti ni en nadie porque hay alguien, Jesús, que siempre ha esperado en ti.

            Quizá en la celebración de esta noche, en la Vigilia Pascual, además de la luz, ese signo de esperanza que tan evocador es en la oscuridad de noche habría que añadir el cofre de las esperanzas, esa caja donde depositamos nuestras esperanzas de ahora. Y cuando celebremos el recuerdo de su entrega, en el momento de la consagración, abramos el cofre y pongamos nuestras esperanzas junto a su cuerpo y sangre para que las haga vida y nos anime a hacerlas vida.

 

Para pensar, rezar o compartir:

 

  1. 1.       ¿Cuáles son tus esperanzas?
  2. 2.       ¿Cómo superas el desaliento?
  3. 3.       ¿Crees que Jesús sostiene tus esperanzas?

 

 

DESIERTO

El lenguaje de la pasión en la naturaleza 

 

            Un buen ejercicio de desierto en esta Semana Santa puede ser leer en el gran libro de la naturaleza la realidad de la Pasión y Resurrección de Jesús. Las criaturas, por más que a nosotros nos parezcan mudas, hablan a su manera. Sería bueno que te sentares en el campo, a la sombra de un árbol y miraras despacio, lentamente, dejando que corra el tiempo, ese gran libro de la naturaleza que tienes delante.

  • Las piedras: Mira las piedras y recuerda a Jesús que fue condenado en un patio de la casa del gobernador Pilato que llaman “el empedrado”. Aquellas piedras escucharon una sentencia injusta. Únete al silencio de las piedras que dicen: fue algo injusto porque se condenaba a una persona buena.
  • El agua: Quizá esté cerca un arroyo. Escucha el lenguaje humilde del agua. Recuerda a aquel que dijo en la cruz: tengo sed. Siente en tu boca y en tu corazón la sed de Jesús. Es sed de agua y sed de amor. Quizá la segunda puedas saciarla tú.
  • Los senderos: Tendrás delante pequeños senderos que van y vienen por la montaña. Que te lleven a aquel Jesús de tantos caminos. Que termines en el camino de Jerusalén, el camino del final, que los discípulos andaban con temor y Jesús con una decisión que nos deja anonadados.
  • Las nubes: Tal vez el día esté nublado o se vean algunas nubecillas en el horizonte. Que te conecten con las “nubes” oscuras y negras que cayeron sobre el corazón de los que seguían a Jesús hasta llegar a abandonarlo en el peor trance de su vida. El mismo Jesús, con su cercanía de resucitado, las disiparía más tarde.
  • El viento: Quizá escuches el viento. Trata de sentirlo en el interior. Recuerda al que dijo que nacer de nuevo era escuchar el viento nuevo del amor. Mira a Jesús envuelto en ese viento cuando va a morir, aunque él no lo sienta.
  • El árbol: Te puede recordar ese árbol que tienes cerca, su tronco abrupto, aquel otro árbol, el madero de la cruz que Jesús tuvo que llevar él mismo al Calvario y en el que fue ajusticiado. Conmuévete con solo recordarlo, siente el amor que cuelga de ese tronco.
  • Los montes: Quizá en lontananza se perfilan algunos montes. Recuerda el monte Calvario y a quien fue asesinado en un monte fuera de la ciudad. Sube a ese monte y venera con el corazón a quien te mira.
  • Las flores: Puede que ahí donde estas o cerca haya un espino florecido con sus florecillas blancas o cualquier otra flor humilde y callada al borde del camino. Acuérdate de Jesús resucitado, flor renacida desde la más profunda de las oscuridades, perfume callado que aún sentimos quienes le amamos.

 

Para pensar, rezar o dialogar:

 

  1. 1.      ¿Con qué creatura de las mencionadas te quedas?
  2. 2.      ¿Piensas que la naturaleza puede ser lenguaje de amor?
  3. 3.      ¿Sientes a Jesús vivo y cercano?

 

 

Aquí, en las afueras

 

 

 

 

AQUÍ, EN LAS AFUERAS

 

 

         El programa de este curso de Fe Adulta recoge bien la intención fgeneral: «apoyados en Jesús, tratemos de ver que en una vida “en las afueras”, en la búsqueda, en la pregunta, en los modos alternativos, hay muchas posibilidades de vida». Hay muchos cristianos que no necesitan preguntarse nada; siguen el trantrán del cauce religioso y ahí se afianzan, hasta se hacen fuertes. Hay cristianos que no han incorporado el elemento de búsqueda. No lo necesitan. Hay cristianos que nada esperan, incluso que siguen creyendo y albergan una fuerte desesperanza social. Y, por supuesto, hay cristianos que ni sueñan modos alternativos para su manera de entender y vivir la fe. Por eso, para manejar otra clase de planteamientos, hay que situarse en “las afueras” de este sistema religioso que está urdido con tales mimbres.

         Dice el programa que «el mismo Evangelio es una “puerta abierta en las afueras”». Así lo creemos y a él recurriremos. Sin su luz, no sería posible soñar otras posibilidades para una fe que, de la mano del sistema eclesiástico, pasa por horas tan bajas «que debe situarse en algún lugar entre el escándalo de las emisiones de la industria de automoción y el Holocausto». De la mano del Evangelio y en las alas del anhelo es posible encontrar el modo de andar los azarosos caminos de hoy. Tiene que haber posibilidades de una manera adulta de vivir la fe que no mate la ilusión que sigue provocando en nosotros, aunque sea entre tinieblas, el Mensaje de Jesús.

 

 

 

1

AQUÍ, EN LAS AFUERAS,

VIVIR ES AMAR LA VIDA 

 

         La tradición espiritual cristiana ha echado mucho vinagre sobre las heridas de la vida. Por eso, el tema de “amar la vida” no ha entrado en el catálogo de anhelos cristiano. Todo lo más, hemos inventado el asunto de “la otra vida” y hemos anhelado y amado esa otra vida “inventada” dejando de lado la vida real, el verdadero don de Dios a las criaturas. ¿Y si planteáramos, en las afueras, porque dentro no es fácil y levanta muchos recelos, la posibilidad de amar esta vida, la limitada perfección de esta vida, que diría Francisco Brines?

 

1. Punto de partida

 

         Hay un libro a nuestro juicio estremecedor. Es de una joven historiadora norteamericana: C. NIXEY, La edad de la penumbra. Cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico,  Ed. Taurus, Madrid 2018. Es el reverso de la medalla, la comprobación de que nos han vendido otra “moto”, el lado oscuro de la patrística y la comprobación de que el cristianismo se alejó del Evangelio hasta extremos increíbles y, con ello, echó por tierra la espiritualidad del amor a la vida que amaneció en muchos planteamientos del Jesús evangélico.

         Y todo por una razón simple, al parecer: porque el cristianismos se ancló el poder y en su razón sistémica. Y el ansia de poder está reñida con la vida verdadera, aquella que es patrimonio de toda persona. Por eso mismo, cuanto más alejados estén los planteamientos del poder, más posibilidades de vivir una vida gozosa. Y al revés.

         No pocos planteamientos de hoy van en esa dirección: el mantenimiento del anhelo de poder echa acíbar sobre la vida y la amarga. Si a eso añadimos, como luego diremos, las pegas y precios del camino histórico, el coctel de una vida de disgusto está servido.

 

2. Comilón y borracho: Mt 11,16-19

 

         «¿A quién diré que se parece esta generación? Se parece a unos niños sentados en la plaza que gritan a los otros:

         Tocamos la flauta y no bailáis,

         cantamos lamentaciones y no hacéis duelo.

         Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron que tenía un demonio dentro. Viene el Hombre, que come y bebe, y dicen: “¡Vaya un comilón y un borracho, amigo de recaudadores y descreídos!” Pero la sabiduría de Dios ha quedado justificada por sus obras».

 

  • Es la gente del descrédito y del descontento la que no acepta ni a Juan ni a Jesús. Gente de la contradicción, porque aprecian la austeridad desde el lado religioso, pero no ven en el profeta austero la propuesta de Dios. Aprecian la solidaridad con el pobre, pero no ven en la compasión cotidiana la solidaridad en la que creen. Plantear el disfrute hace saltar enseguida la oposición de quien dice que eso es hedonismo, relativismo, cuando no pecado. Luego resulta que la raza de los “puros” es pillada en fallos de tal envergadura que nos avergüenzan. Y siguen como si no fuera con ellos, adoctrinando al personal como quien tiene autoridad moral, aunque la hayan perdido. Gente desacreditada y desacreditante por no amar la vida simple y sencilla de quien intenta vivir lo más humanamente posible.
  • Se proponen aquí dos caminos, caminos que podrían coincidir siempre que se tenga claro cuál es el importante y cuál el secundario. El camino de la austeridad y el camino del disfrute. Este segundo es el importante porque lleva dentro la compasión (“amigo de recaudadores y descreídos”, los excluidos de la sociedad). Disfrutar de la vida con los de la parte baja de la pirámide no puede hacerse sino con un corazón lleno de solidaridad, compasión y dignidad para con los frágiles sociales. El camino de la austeridad es importante pero, justamente, al servicio del anterior: austeros para ser más compasivos, más humanos, más sostenibles incluso. Al derroche solamente puede frenarlo la solidaridad compasiva con los frágiles.
  • La acusación de “comilón y borracho” (¡buenos adjetivos!) afecta a la entidad y misión del “hijo del hombre”, del Hombre pleno: la gente del descrédito piensa que eso desdora la pretensión mesiánica de Jesús. Pero, justamente ahí está su valor: él es mesías de “recaudadores y descreídos”, de la gente frágil, de quienes habitan la exclusión. Por eso, queriendo deslegitimarlo, en realidad lo legitiman. No entienden que la propuesta de Jesús está en las “afueras” del hecho social, en los márgenes del sistema. Entender y vivir la propuesta de Jesús en los modos del sistema es incapacitarse para comprender su novedad. Una comunidad cristiana en el sistema se incapacita para entender lo más sugerente del Mensaje de Jesús, su mayor novedad.
  • Las obras justifican la sabiduría de Dios, la verdad y la bondad de la vida de Jesús. Son obras a favor de la persona. Por eso mismo, un tinglado sistémico asentado sobre ideas, velador de las ideas, censor de ideas, excomulgador por ideas, definido por ideas, ofertador de ideas, está aún lejos de la propuesta de Jesús. Hay que mirar las obras, los comportamientos, las maneras de entender la solidaridad, el uso de los bienes, los caminos económicos, los trabajos reales por la justicia, los posicionamientos ante los poderosos opresores, etc.

En definitiva, Jesús es uno que, con su comportamiento amparador y disfrutante con los excluidos, aprueba el curso de amor a la vida y, con ello, avala su oferta de novedad. No ha echado vinagre a la situación de los excluidos, sino amparo y disfrute, aun a costa de la incomprensión y del marcaje al que le somete el sistema establecido, la gente del descrédito y del desencanto.

 

3. Hacer y aprobar el curso de amor a la vida

 

         A los cristianos se nos une al grupo de seguidores de Jesús con requisitos rituales: estar bautizados, cumplir con las obligaciones religiosas y morales, acatar el dictado de la autoridad eclesiástica, etc. Pero el Evangelio, si seguimos el comportamiento de Jesús, demanda una trayectoria de vida similar a la suya, aprobar, como él, el curso de amor a la vida. Si no se llegara a aprobar, sería síntoma evidente de que no se vive como él. Y si no se vive como él, todo lo ritual y legal se tambalea.

         ¿Qué “asignaturas” tendría dese Curso de amor a la Vida? Algunas como estas:

  • El cuidado esencial: Aprender a cuidar al necesitado de cuidados, no solamente con actos puntuales, sino con una actitud: mentalidad de cuidador de la vida.
  • El disfrute elemental: Aprender a disfrutar con poco, con lo elemental, con lo diario, con lo compartido, con lo más popular, con la naturaleza cercana, con lo que disfrutan los niños.
  • La belleza común: Aprender a amar lo bello, lo limpio, lo bien hecho, las cosas con buen gusto, las palabras amables, la higiene y el orden, el arte popular.
  • La atención amante: Aprender a escuchar implicándose, interesándose, metiéndose en el asunto. Creer que los problemas de los demás, de alguna manera, me atañen. Mantener viva la sensibilidad por las situaciones de penuria humana, de cerca y de lejos.
  • La confianza de fondo: Aprender a no negar la confianza cuando ha habido fallo e, incluso, traición. Aprender el arte de mirar el fondo del corazón y no estrellarse en las apariencias.
  • La bondad general: No apearse de la certeza de que la bondad anida en toda la realidad, aunque, a veces, se halle muy oculta. De salida, pensar bien del otro, creer en la posibilidad de que sea alguien bueno.
  • La justicia anhelada: Aprender a estar en las “batallas” por la justicia, aunque la aportación sea minúscula. Escuchar con acogida los gritos de los injustamente tratados por la vida. Situarse de salida en el terreno de los afectados por cualquier injusticia.

Algo así tendría que ser ese Curso de Amor a la Vida que nos acerque a la realidad de Jesús, el que entendió la vida desde esos parámetros de novedad tan elemental y tan honda a la vez. No hizo nada de extraordinario (ni siquiera sus pobres milagros, como dice Sobrino). Su valor estaba en la hondura de lo sencillo, en la profecía de cada día, en la increíble “desfachatez” de decirle al sistema que nunca tendrá el tesoro del corazón de los pobres, que nunca lo espere.

 

4. Los grandes inconvenientes

 

         Cuando se habla de esta espiritualidad del amor a la vida se aduce el gran número de pegas e inconvenientes que tiene la cosa. Y es cierto. Están ahí. Solo que quien ama la vida encuentra la forma de encajarlos mejor, en la medida que se pueda:

-         El dolor: que, muchas veces, termina por cercar y derrotar a la persona. Hay que luchar con todos los medios de que se disponga para que el lugar no ocupe todo el espacio, sino el suyo solamente.

-         La muerte: sobre todo cuando las circunstancias que la rodean son adversas. Si no lo son, hasta puede pensarse que está “bien hecha”. Pero si lo son, hay que aferrarse a lo bueno vivido, en la medida en que lo hubiere, como contrapeso de la mordedura de la muerte.

-         El desamor: Porque, más allá de quién sea el causante, esto nos acompaña a lo largo de la vida y se traduce en soledad, desamparo y desconexión social. Hay que atajarlo cultivando lo más posible las buenas relaciones de todo tipo, personal y social.

-         La pobreza: contra la que hay que luchar a brazo partido. Pero hay que aprender a ver en la pobreza aquello que no lo es, que también está ahí.

-         La exclusión: que es algo que duele mucho a quien la sufre y de fuertes consecuencias para él y su familia. Luchar contra ella en modos sencillos que, aunque no solucionen la cosa, pueden ayudar a intuir que los días de amargura de las personas excluidas no van a ser eternos.

Aun así, siempre quedará en el fondo del alma el regusto de que el disfrute total es imposible. Y quizá lo sea. Pero se podrá entender mejor que en las afueras de la vida, en los márgenes sociales, en la vida que no le baila el agua al sistema ni le ríe las gracias al poder también brilla el sol y se pueden pasar buenos ratos, ratos de humanidad.

 

5. Amor a la vida y fe religiosa

 

         Nosotros hemos de mezclar ambas realidades porque muchos de nosotros, de una u otra forma, somos personas religiosas. ¿Cómo vivir una experiencia religiosa en esta perspectiva del amor a la vida?

  • Una fe bien humorada: lejos del ceño fruncido, de la condena rápida, del mal humor ante la crítica mordaz.
  • Una fe más tolerante: sabiendo poner el acento en lo importante (la justicia) y relativizando lo menos importante (las creencias).
  • Una fe más luminosa: más sugerente, más de abrir horizontes, de innovar, de buscar caminos distintos, de experiencias nuevas, de lugares no visitados.
  • Una fe más positiva: tendente a aceptar los avances de la ciencia, los descubrimientos de la física, las sugerencias de quien investiga. No una fe por detrás, a remolque, y con la condena siempre preparada.
  • Una fe generadora de buenas relaciones: que levanta la voz cuando hay que levantarla, pero que sabe urdir en lo oculto las buenas relaciones que hacen interesante la vida.

 

Conclusión:

 

         Hay quien piensa que esta manera de entender el hecho cristiano hace perder seriedad y hondura. Todo lo contrario, porque en la profundidad del amor vivido en lo sencillo de cada día anida una verdad mayor que en la más compleja de las ideas. De cualquier manera, si uno quiere salir de dudas, que mire a Jesús “comilón y borracho, amigo de recaudadores y descreídos”.

 

 

2

AQUÍ, EN LAS AFUERAS,

NO HAY PLENITUD, PERO SÍ DESEO 

 

         Hay un obispo anglicano emérito, se llama J. Sh. SPONG, que tiene muy claro qué es esto de vivir “en las afueras”, él lo llama “en el exilio”. Copio unas frases para empezar el tema de hoy:

 

         Soy uno más de la innumerable multitud de hombres y mujeres modernos para los cuales las interpretaciones religiosas tradicionales han perdido la mayor parte de su antiguo poder. Somos esa mayoría silenciosa de creyentes que encuentran cada vez más difícil continuar siendo miembros de la Iglesia y seguir siendo personas pensantes.

 

***

 

         Cada vez me siento menos atraído por lo que la gente llama Cristianismo “ortodoxo”, porque se ha convertido en una especie de camisa de fuerza en la que todos los cristianos tienen que caber o bien ser expulsados de la comunidad de fe por aquellos que se creen los verdaderos creyentes.

 

***

         Lo único que soy capaz de hacer en este momento de la historia del cristianismo es vivir en este exilio, sentir su angustia y su malestar, pero continuando siendo creyente.

 

1. La utopía de Serrat

 

         Hace más de 30 años que Serrat cantó aquel memorable poema de Miguel Hernández: “Se echó al monte la utopía”. Y escucharlo todavía estremece:

 

Se echó al monte la utopía perseguida por lebreles que se criaron en sus rodillas y que al no poder seguir su paso, la traicionaron; y hoy, funcionarios del negociado de sueños dentro de un orden son partidarios de capar al cochino para que engorde. ¡Ay! Utopía, cabalgadura que nos vuelve gigantes en miniatura. ¡Ay! ¡Ay, Utopía, dulce como el pan nuestro de cada día! Quieren prender a la aurora porque llena la cabeza de pajaritos; embaucadora que encandila a los ilusos y a los benditos; por hechicera que hace que el ciego vea y el mudo hable; por subversiva de lo que está mandado, mande quien mande. ¡Ay! Utopía, incorregible que no tiene bastante con lo posible. ¡Ay! ¡Ay, Utopía que levanta huracanes de rebeldía! Quieren ponerle cadenas Pero, ¿quién es quién le pone puertas al monte? No pases pena, que antes que lleguen los perros, será un buen hombre el que la encuentre y la cuide hasta que lleguen mejores días. Sin utopía la vida sería un ensayo para la muerte. ¡Ay! Utopía, cómo te quiero porque les alborotas el gallinero. ¡Ay! ¡Ay, Utopía, que alumbras los candiles del nuevo día!

 

Resulta cierto: “Sin utopía la vida sería un ensayo para la muerte”. Sin utopía el Evangelio se muere; sin utopía la fe se convierte en religión. Por eso es tan decisivo vivir en la utopía. Y estar en las afueras quizá pueda ayudar, por en los “adentros” es prácticamente imposible.

 

2. Las utopías de Jesús

 

         No son utopías preferentemente religiosas, sino humanas. Por eso conectan con el fondo de lo humano, lo iluminan y alientan:

1)    Se puede conjurar la honda soledad de lo humano: “Yo no estoy solo; el Padre siempre está conmigo” (Jn 16,32). La utopía de vivir con la soledad controlada, en la conciencia de que se hace parte de una familia, de un grupo de amparo. Contra todo sentimiento de autoexclusión.

2)    Las desdichas de los infortunados se acabarán: “Comieron todos hasta saciarse” (Mt 14,20). No siempre el futuro va a ser tan negro como lo sufren los frágiles. No siempre el pez grande se va a comer al chico. La voz que reclama justicia va a ir siendo escuchada. El irrenunciable sueño de ir a mejor.

3)    La dignidad, no la moralidad, es la mejor manera de entender a la persona: “El Padre hace salir su sol sobre buenos y malos” (Mt 5,45). Antes de la moralidad, la dignidad. La dignidad como lo innegociable de la utopía. La necesaria y terca defensa de la dignidad.

4)    Todo el mundo puede tener fe (aunque no tenga religión): “¡Qué grande es tu fe, mujer!” (Mt 15,28). Una cosa es la fe religiosa y otra la fe en el Dios de Jesús. Esta se construye con los valores del Evangelio; aquella con los valores del sistema. ¿Es posible ir construyendo una fe con la religión controlada?

5)    El sector social más frágil habría de ser privilegiado: “No he venido a llamar a justos sino a pecadores” (Mt 9,13). No porque sean mejores, sino porque son más frágiles. Una fe que no contempla al sector frágil no es la fe de Jesús.

6)    La vida es una oferta de dicha: “¡Dichosos los ojos que ven lo que veis!” (Lc 10,24) Una fe que no lleva a la dicha no concuerda con el programa de Jesús. Una religión que atribula, atemoriza, causa perplejidad, no ayuda a elaborar los conflictos, no conecta bien con el Evangelio.

7)    La irrenunciable igualdad: “Uno es vuestro Padre y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,9). Contra la tendencia a la jerarquización, social o religiosa. Los modos alternativos de la utopía de Jesús.

 

3. Utopías que se cumplen

 

         Influenciados por los medios de comunicación nuestra conclusión es evidente: cada vez vamos a peor. Si fuera esto así, hay que deducir que las utopías evangélicas son un fracaso o que evolucionan tan lentamente que es como si fueran un fracaso. Sin embargo, las cosas pueden leerse de otra manera. Y quien está “en las afueras” y mantiene vivo el deseo y la utopía quizá haya de leer la realidad con otra mirada.

  • La utopía de la dignidad se mantiene viva: y por eso la sociedad anula la discriminación de la ley electoral a los discapacitados mentales o la exclusión de tareas públicas a personas aquejadas de dolencias sin riesgo como diabetes, sida o celiaquía. Signos de que se apunta a la dignidad.
  • La utopía de la igualdad responde cuando la agreden: por ejemplo como argumento para rechazar la supuesta modificación de genes en bebés que ha hecho un médico chino. Más allá de la peligrosidad del asunto, el argumento de que eso generaría enormes desigualdades sociales es llamativo. O la respuesta social a condenas que no responden a parámetros de igualdad (caso de “La manada” esa).
  • La utopía de la dicha persiste: y no en modos solamente de mera diversión, sino de cultura popular, de disfrute de la naturaleza (casas rurales), de práctica deportiva popular (maratones, paseos guiados), etc.
  • La utopía de la tierra nueva deja ver signos: la erradicación de la poliomielitis y de la dracunculiasis (enfermedad parasitaria) de la que hay ya escasísimos casos. Los tuits de Trump no son las noticias verdaderas: es infinitamente más importante que en 2017 han sobrevivido 18.000 niños más que el año anterior, que cerca de 300.000 personas más contarán con electricidad, y que 300.000 saldrán de la pobreza extrema.
  • La utopía de que la suerte de los pobres acabará: se va algo en esa dirección: la mortalidad infantil ha bajado del 5% y el número de niños sin escolarizar es el más bajo de la historia con la casi superación del analfabetismo joven.
  • La utopía de una tierra ecológica no es del todo negativa: hay iniciativas reales en torno a temas de energía (energía en red), desalinización del agua (por el método del grafeno) contaminación por vehículos (2040 como fecha tope para el diesel).

 

4. ¿Colaborar con la utopía o colaborar con la religión?

 

         Creemos que es una pregunta pertinente e interesante para quien va situándose el “las afueras”. ¿Cómo hacer viable sin traumatismos innecesarios pero con decisión?

  • Primero: pensarlo muchas veces: Las certezas no brotan en un instante. Hay que darle vueltas, sin amargura, sin menosprecios, encajando las contradicciones propias y ajenas.
  • Hacer fraternas prácticas de alejamiento: Sin violencia pero que se vaya viendo que nos estamos situando en otro terreno.
  • Encajar con paz la paradoja de estar y no estar: Que posiblemente nos vaya a acompañar mucho tiempo porque, para bien o para no tan bien, las espiritualidades conviven y se superponen.
  • Ilusionarse con las utopías: Hacerlo trabajando las utopías en el pequeño ámbito donde se desarrolla la vida de uno; ver ahí que las utopías se pueden mantener en pie.
  • No sucumbir a las críticas y cuestionamientos: Que, lógicamente, las tiene que haber. Vacunarse contra el desaliento y las ganas de fastidiar que surgen cuando se sitúa uno en otro esquema.
  • No cansarse de mirar al utópico Jesús: No cansarse de ser “contemplativo”, persistente escudriñador del rostro de Jesús, de sus actitudes, bucear en el Evangelio.

 

5. Lento viene el futuro

 

         Eso dice Benedetti (ver el poema). No se puede pretender poner en pie nuevos paradigmas de fe y sociales. Estamos en un cambio de época y estos cambios son lentos. Hace falta resistencia, resiliencia y saber caminar.

  • Olfatear el futuro: Entreverlo, aguzar la mirada para intuir donde hay cosas interesantes de cara al porvenir. Tener una actitud abierta, no anclarse en lo viejo, no temer dejarlo poco a poco.
  • Acelerar el futuro: Sabiendo que el tiempo existencial es manejable, no el cronológico. Nuestra actitud puede acelerar el futuro, siquiera un poco, o, por el contrario, retrasarlo.
  • Frecuentar el futuro: Como dice Tabuchi en “Sostiene Pereira”. Habituarse a él; acercarse a quien sabe algo más de él, a quien se sitúa mejor en él.
  • Bendecir el futuro: Contra cualquier “maldición” que sostiene que lo pasado fue mejor o que más vale pájaro en mano.
  • Celebrar el futuro: Lo que se va consiguiendo en línea de una sociedad nueva o de una comunidad cristiana distinta.

 

 

Conclusión: que no falte el deseo

 

         Se dice en la presentación de este curso: “Aquí, en las afueras, no hay plenitud, pero sí deseo”. El deseo es un dinamismo muy potente. Mantenerlo alimentado, encendido, puede ayudar mucho a dar con caminos nuevos. No sucumbir a la falta de plenitud, a la escasez de la cosecha, a lo raro de los logros. Mantenerse en el anhelo, en el deseo, por encima de cualquier pérdida. Y hacerlo, a ser posible, con una sonrisa.

 

 

Lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

hoy está más allá
de las nubes que elige
y más allá del trueno
y de la tierra firme

demorándose viene
cual flor desconfiada
que vigila al sol
sin preguntarle nada

iluminando viene
las últimas ventanas

lento pero viene
las últimas ventanas

lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

ya se va acercando
nunca tiene prisa
viene con proyectos
y bolsas de semillas
con ángeles maltrechos
y fieles golondrinas

despacio pero viene
sin hacer mucho ruido
cuidando sobre todo
los sueños prohibidos

los recuerdos yacentes
y los recién nacidos

lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

ya casi está llegando
con su mejor noticia
con puños con ojeras
con noches y con días

con una estrella pobre
sin nombre todavía

lento pero viene
el futuro real
el mismo que inventamos
nosotros y el azar

cada vez más nosotros
y menos el azar

lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

lento pero viene
lento pero viene
lento pero viene

 

 

3

AQUÍ, EN LAS AFUERAS,

EL MAL ES PROFUNDO, PERO LA BONDAD LO ES MÁS

 

         Puede venir bien, a veces, recurrir a la gente que piensa para que nos ayude a entender cómo ir gestando un camino creyente en las “afueras” pero dentro de la comunidad cristiana.

         Nos parece interesante, para empezar, este pensamiento de la filósofa Victoria Camps:

         “Sigo pensando que las tres apuestas enunciadas tienen cabida en las manifestaciones religiosas más civilizadas.

Primero, un intento ecuménico que vaya más allá de las diferencias entre las iglesias y que se proponga unir en lugar de separar.

Segundo, el empeño en la búsqueda de una ética universal, aprendiendo a distinguir lo específico de la fe y lo que debe valer para todos, creyente y no-creyentes, pudiendo aportar, al mismo tiempo, motivos específicos de compromiso moral.

Finalmente, el cultivo especial de lo espiritual, propio de las religiones, las hace especialmente idóneas para ofrecer modos de vida alternativos al consumo enloquecido, al individualismo y al hedonismo que excluyen de la vida de las personas el cultivo del espíritu y la calma para la reflexión”.

 

1. El mal es profundo

 

         Quizá no sea menester insistir en ello, porque lo vemos todos los días. Pero queremos copiar unas líneas del prólogo del libro de J. A. Marina, La lucha por la dignidad:

         “En Sierra Leona, los guerrilleros cortan la mano derecha de los habitantes de una aldea antes de retirarse. Una niña, que está muy contenta porque ha aprendido a escribir, pide que le corten la izquierda para poder seguir haciéndolo. En respuesta, un guerrillero le amputa las dos. En Bosnia, unos soldados detienen a una muchacha con su hijo. La llevan al centro de un salón. Le ordenan que se desnude. ‘Puso al bebé en el suelo, a su lado. Cuatro chetniks la violaron. Ella miraba en silencio a su hijo, que lloraba. Cuando terminó la violación, la joven preguntó si podía amamantar al bebé. Entonces, un chetnik decapitó al niño con un cuchillo y dio la cabeza ensangrentada a la madre. La pobre mujer gritó. La sacaron del edificio y no se la volvió a ver más’ (The New York Times, 13-12-1992)”.

         Los interrogantes se agolpan: ¿cómo somos capaces de esto? ¿Qué anida dentro, en el fondo de lo humano? ¿Por qué creemos que son los otros los que pueden hacer estas cosas y yo no? ¿Por qué hacemos daño a quien odiamos e, incluso, a quienes decimos amar?

         Construir una fe en las “afueras” demanda mirar esto de frente y tratar de encajarlo con el mayor cuidado y humanidad. No tendría sentido verse excluido de este peligro y menos achacarlo a los demás y entenderme yo “como si no”.

 

2. ¿De dónde proceden el bien y la dulzura?

 

         Es la pregunta sobre el verdadero misterio de la persona porque, a la vez, el bien, la compasión y la ternura también anidan en la estructura de lo humano.

         Hay un poema de Gottfried Benn que lo dice muy bien:

“He encontrado a personas que,

con los padres y cuatro hermanos en una sola habitación,

crecieron, y de noche, con los dedos en los oídos,

aprendieron en el fogón,

se elevaron, exteriormente bellas, y señoriales como condesas,

e interiormente suaves y diligentes cono Nusicaa,

y tenían la frente pura de los ángeles.

Me he preguntado, muchas veces, sin encontrar respuesta,

de dónde viene lo suave y lo bueno,

tampoco hoy lo sé y me tengo que marchar”.

         Negar la existencia de lo bueno en cualquier ámbito de lo humano es una necedad y una soberbia insensata. Por eso mismo, construir una fe en las “afueras” negando el pan de la bondad a cualquier otra opción creyente no tiene ningún sentido.

         Precisamente, la verdad de valor de una opción como la de la fe en las “afueras” está en la apreciación de la bondad no solamente como una concesión de principios, sino como una realidad.

         Eso sí, una tal bondad no va aislada sino que se inserta en un paradigma y muchas veces en un sistema. Y eso es lo que provoca el desacuerdo y la disparidad de opciones.

 

3. Jesús: incansable constructor del bien: Lc 5,12-19

 

         “Estando él en uno de aquellos pueblos apareció un hombre todo lleno de lepra; al ver a Jesús se echó rostro en tierra y le rogó:

         -Señor, si quieres, puedes limpiarme.

         Jesús extendió la mano y le tocó diciendo:

         -Quiero, queda limpio.

         Y enseguida se le quitó la lepra. Él le mandó no decírselo a nadie, añadiendo:

         -Al contrario, ve a presentarte a los sacerdotes y ofrece por tu purificación lo que prescribió Moisés como prueba contra ellos.

 

  • Sin estar descubierto el bacilo de Hansen, muchas afecciones de la piel se consideraban lepra. Algunas se curaban.
  • La Ley judía colocaba al leproso fuera de la comunidad: “Vivirá solo, fuera del campamento” (Lev 13,46).
  • Tocar al leproso contravenía directamente las normas de la pureza legal: se hacía uno con él.
  • Hay en la manera de hacer el bien de Jesús algo militante: por un lado, no quiere que se difunda lo hecho; pero, por otro lado, se manda al curado que haga lo prescrito por la ley “como prueba contra los sacerdotes”. Ellos habían hecho una ley excluyente contra los leprosos; ellos deberían modificarla en la dirección contraria: el enfermo debía ser más cuidado que el sano, por su necesidad. La ley de Lev 13 estaba mal hecha en su base.
  • Como decimos, el modo de hacer el bien de de Jesús (“Pasó haciendo el bien”: Hech 10,38) no es algo lírico, sino que tiene arraigo antropológico y social. Jesús quiere construir su comunidad como un grupo humano que se apunta al bien y lucha por él.

 

4. La Espiritualidad del Bien, espiritualidad con futuro

 

         La certeza de que la Espiritualidad del Bien (EB) es una espiritualidad con futuro queda evidenciada en la presencia constante del bien en la vida social. Aunque no esté en la primera plana del periódico, basta abrir cualquier página que, algunas veces en lo oculto, se verifique su presencia.

  1. La EB, una espiritualidad común: lo que no la empobrece sino que, al saber que toda persona está llamada a ella, hace de la empresa algo universal, válido para todos. Su mejor garantía.
  2. La EB, una espiritualidad con arraigo social: porque aunque a veces parezca ignorársela e, incluso, se haga mofa social de ella, lo cierto es que el bien siempre es agradecido por la mayoría y, cuando se habla con sinceridad, se lo agradece.
  3. La EB, una espiritualidad cuyo lenguaje se comprende: porque las ideas difíciles a veces no se entienden, pero el lenguaje del bien lo entiende todo el mundo porque es luminoso y evidente. Hablar el lenguaje del bien es la mejor manera de hacerse entender.
  4. La EB, una espiritualidad al alcance de la mano: porque la perfección (antiguo ideal de Mt 5,48) está al alcance de pocas manos, pero ser bueno es algo que uno puede vivir ahora mismo.
  5. La EB, una espiritualidad generadora de sentido: porque la necesidad de sentido se colma mejor con acciones buenas que con ideas buenas. Hacer el bien da sentido al caminar humano.
  6. La EB, una espiritualidad que construye la ciudadanía: ya que una ciudadanía bondadosa es una ciudadanía de mejor calidad. Lo que deteriora la ciudadanía es el mal; lo que la construye es el bien.
  7. La EB, una espiritualidad racional: porque los trabajos del mal son altamente irracionales, carentes de lógica, extraños en sí mismos. El bien no es algo lírico, sino profundamente racional porque se enmarca en el comportamiento más solidario.
  8. La EB, una espiritualidad evocadora y utópica: ya que el bien no solamente cree en las utopías, sino que las construye en la medida en la que puede. la capacidad evocadora del bien es inagotable.
  9. La EB, una espiritualidad evangélica: porque, como hemos dicho, Jesús pasó haciendo el bien y porque el Evangelio pierde su médula si le quitas la obra de bien de Jesús y la llamada a obrar el bien.
  10. La EB, una espiritualidad necesaria para la comunidad cristiana: ya que de aquí le vienen todos los disgustos cuando se aleja de ella y todos los gozos cuando se centra en ella. No cabe duda de que quien aspira a una fe en las “afueras” la EB se le tiene que hacer interesante y cercana.

 

5. Sencillamente, gente por el bien

 

         Creemos, a veces, que el mal devora al bien. Pero no es así; el bien es indevorable porque se propaga siempre. Hay una web interesante que recoge, una tras otra, noticias del bien, de gente e instituciones que son “gente por el bien” (https://www.revistaesfinge.com/breves/buenos-ejemplos). Cerca, en nuestro entorno encontramos a esas personas:

  • Gente pluralmente voluntaria: hacen el bien a cambio de nada, a cambio de sociedad más fraterna.
  • Gente que cuida frágiles: pequeños, mayores o personas en necesidad. Da lo mismo que lo haga por amor o por sueldo. Cuida, y eso engendra bien.
  • Gente que fomenta la convivencia vecinal: en el bloque de viviendas, en la prensa local o nacional, en la tertulia del bar. Gente de boca y corazón mesurados que engendra mesura.
  • Gente que cura con humanidad: sanitarios competentes en salud y en humanidad que se superan cuando los recursos no son los ideales.
  • Gente que abre corazones, casa y maneras de pensar: personas fáciles para la acogida, para l sintonía para el amparo de quienes vienen de lejos buscando un mejor vivir.
  • Gente que siembra ciudadanía: personas cuya opinión cuenta en la ciudadanía y se esfuerzan porque sea una opinión constructiva.
  • Gente creyente que, por encima de todo, sigue anhelando con paz el sueño de una comunidad igualitaria: y que empieza por llevar esta utopía al terreno de cada día, que le duele la desigualdad crónica de la Iglesia, y que cree posible otro tipo de relación eclesial.
  • Gente que genera relaciones saludables: y que sabe salir del cansino yo-yo-yo para ir construyendo un nosotros más jugoso y más de todos.
  • Gente del silencio humanizador: contemplativos que están vivos ante su Dios y en silencio, que ponen en la verdad de los pobres y desvalidos las oraciones que éstos no pueden hacer.

 

Conclusión:

 

         Quien va situando su vivencia de la fe en las “afueras” necesita creer en el triunfo del bien y también en la posibilidad de controlar el mal. Y todo esto comenzando por él mismo, pasando por su entorno, por su sociedad y también por su comunidad cristiana. Cree de esta manera que conecta mucho mejor con el “hombre de bien” que fue el hacedor del bien de Nazaret.

 

4

AQUÍ, EN LAS AFUERAS,

NADA TIENE MÁS SENTIDO QUE EL AMPARO

Y LA GENEROSIDAD

 

         No hace falta mucho discernimiento para percibir que, en general, el estilo de grupos cristianos es poco amparador, poco generador de comunidad, poco constructor de relaciones. Se es cristiano porque se cree en Dios y con él me relaciono. El resto queda en segundo término.

         Por otra parte, el sistema tampoco es muy cálido en sus relaciones. Es, más bien, interesado. Por eso, cuando al sistema no le interesa una persona, la desecha y fuera. No es una prioridad real en las parroquias crear una relación de comunidad.

         De ahí que haya grupos cristianos (los más conservadores) que crean comunidad con los suyos y no van más allá. La mayoría se ha acostumbrado a una vida cristiana que incluye un bajo nivel relacional. Otros, no se resignaron y como “hacía frío en esta casa…se fueron en busca de otra casa”, como cantaba la canción de Cantalapiedra allá por los años 70. Son comunidades de base algunas de las cuales ha pervivido, a pesar de que muchas de ellas “han perdido compañeros” como cantaba Labordeta.

         Pero puede haber otro camino: ir creando aquí en las afueras una mentalidad y, con ella, ir ampliando el sentido del grupo cristiano. Incluso más: habría que plantearse el amparo comunitario en la gran familia humana, no solo en los modos locales.

         Esto habría de llevar a generar un determinado tipo de espiritualidad y un determinado estilo de ética.

 

1. Jesús, el generoso amparador y amparado

 

         Jesús es uno que también ha tenido que aprender a vivir en las afueras: en las afueras de su familia (Mc 3,31-34), en las afueras de su pueblo (Mt 4,13; Mc 2,1), en las afueras peligros del sistema (Lc 13,31).

         Pero fue una persona amparada: con casas (Jn 11), con buenas palabras (Lc 11,27), con agradecimiento (Lc 17,11-19), con consuelo.  (Lc 23,28). Fue cierto que no tenía dónde reposar la cabeza (Mt 8,20), pero muchas personas lo acogieron desde el principio hasta el final e, incluso, más allá del final (“los que lo habían amado desde el principio”, dice Flavio Josefo).

         Con lo que se muestra que vivir en las afuera y el amparo son dos realidades llamadas a relacionarse, por necesidad, y por posibilidad. El temor al desamparo que conlleva el planteamiento de una fe en las afueras es relativo: quizá en las afueras se pueda encontrar más amparo que en los adentros del sistema.

         Y todo esto ocurre en la realidad de Jesús porque fue una persona generosa: salió de su pueblo en la edad madura por los dolores ajenos, empujado por responsabilidades hacia los frágiles (Jn 10,10; Mc 2,17). Recorrió los caminos tratando de tocar el corazón de los desvalidos para decirles que aún hay esperanza (Lc 7,11-17). Compartió sus horizontes espirituales porque no se reservó nada para él solo (Mt 6,7-15).

         Un generoso amparado, ésa sería una buena forma de definir la realidad del Jesús histórico, más que muchas definiciones de la dogmática clásica. Descubrir estos fondos elementales del perfil evangélico de Jesús es muy necesario para ir construyendo una mística para las afueras.

 

2. Dos espiritualidades de ahora mismo: el amparo y la generosidad

 

         Son de ahora mismo porque nos son necesarias para la vida humana y para la espiritualidad cristiana. Son de ahora mismo como lo es el respirar: algo siempre necesario para poder subsistir con sentido y con gozo.

 

Espiritualidad del amparo

 

  • Para mitigar la soledad constituyente y las añadidas: Aquella que llevamos de fábrica y aquellas otras que se van pegando a la espalda como lapas. Dado que están ahí, dado que es casi imposible erradicarlas del todo, es preciso lograr llevarlas con elegancia, con una sonrisa si es posible. Lo bien llevado es menos pesado (Rom 15,19).
  • Para no olvidar que la casa de la persona es el corazón de otra persona: Porque andamos toda la vida buscando casas (las inmobiliarias), cuando la casa verdadera es el amparo y la comprensión que dimanan de alguien que no te juzga, no te roba, no te desprecia (inmobiliarias del corazón). Ya decía la vieja sabiduría que quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro (Eclo 6,14).
  • Para saber que el corazón hambrea casas múltiples: Porque nuestra soledad no se cura con una sola casa. El ancho corazón humano necesita casas múltiples. Y habríamos de aprender a sentirnos amparados en casas diversas, tan diversas como lo son las hondas necesidades de la persona. La casa del amparo creyente es una de esas casas (1 Pe 2,4-7).
  • Para no sucumbir al alejamiento suicida del corazón que se aleja: Ya que esa es la reacción del corazón cuando sufre una herida: alejarse totalmente, huir hasta del agua fría cuando uno ha sido escaldado. Por eso necesitamos una espiritualidad que contrarreste este movimiento del corazón y apunte a la humilde necesidad del corazón del otro por encima de decepciones e, incluso, de traiciones (Lc 22,32).
  • Para mantener siempre encendida la luz de nuestra puerta: Y no llegar a apagar, porque esa luz está alimentada por la esperanza. Hasta el punto de que no se llegue nunca a cerrar la puerta del corazón del todo, hasta el punto de salir hacia el otro “cuando aún está lejos” (Lc 15,21).
  • Para entender que la comunidad cristiana está más llamada al amparo que a la creencia: Algo a lo que no se nos ha animado ni tampoco se han creado muchas estructuras de amparo. Pero quien anda en torno a las afueras habría de rondar y participar cualquier estructura de amparo, por pequeña que sea, intentando asimilar las, a veces, contradicciones que acompañan a tales grupos amando su “limitada perfección” (Rom 14,1-12).

 

Espiritualidad de la generosidad

 

  • Espiritualidad más del darse que del dar: Porque de manera casi uniforme se traduce la generosidad en dar algo que nos sobra o que  no modifica nuestra estructura personal ni económica. Con ser cosa de indudable valor, la cuestión no está ahí: es preciso ver si uno se da de tal manera que sus estructuras vitales se modifican. Si se llega a ese dar “de lo necesario”, de lo verdadero, estamos tocando hueso (Mc 12,38-44).
  • Espiritualidad que se libera de liderazgos y medidas: Que no traduce el darse en influencias y cifras, en poder y popularidad. La generosidad exige liberarse de liderazgos interesados y cuestiona el número como argumento decisivo (Mt 20,20-28).
  • Espiritualidad que no pasa factura siempre: porque existe el riesgo de que en los últimos pliegues del alma se esconda la factura que queremos pasar. Verse libre, en parte al menos, de esa presión que demanda ser generoso por el gusto de ver que el otro crece, que sale a flote (Mt 10,7-15).
  • Espiritualidad que agradece sin servilismos: Porque una cosa es ser agradecido y otra muy distinta quedar atrapado y sometido al donante en modos de humillación. La generosidad que crea relaciones de dependencia no es de calidad humana (Col 3,15).
  • Espiritualidad que agradece multiplicando la generosidad: Y quien tiene un interior agradecido ensancha el agradecimiento hasta mucho más allá de sus límites personales. De tal manera que forma de que el agradecimiento que se instala en una comunidad es con prácticas continuas de agradecimiento (Rom 12,8).
  • Espiritualidad para una comunidad cristiana generosa: El lenguaje de la generosidad es mucho más comprensible que el lenguaje de la doctrina. Querer que este sea acogido, sin aquel, es prácticamente imposible. Una comunidad cristiana que fuera generosa aun cediendo de sus posibles derechos sociales, sería mucho más creíble. Hoy es imposible pedir eso al sistema. Va por otro camino. Por eso, quizá en las afueras sea más viable el lenguaje de la generosidad, aunque sea en pequeñas cosas. La generosidad está más allá del derecho (Mt 20,14).

 

3. Una ética de amparo y de generosidad:

 

         Al fin y al cabio, lo decimos muchas veces, el camino evangélico es más un camino ético que doctrinal o religioso. Por eso, habrá que ir construyendo una ética de amparo y de generosidad.

 

 

Ética de amparo:

 

  • Una ética de puertas abiertas: ¿Iría peor a la ciudadanía si se practicara con toda persona, los inmigrantes incluidos, una política de puertas abiertas sin más? ¿Pasaría lo mismo con las comunidades sociales, con la misma comunidad cristiana? Hemos creído que es mejor controlar y cerrar. Pero ¿los resultados han sido tan buenos? ¿Una fe en las afueras no tiene que ver con la ética de las puertas abiertas?
  • Una ética del respeto activo: Porque el respeto parece ser algo teóricamente logrado, pero luego, en la realidad, las cosas son muy diversas. ¿Una ética de respeto activo no le va bien a una vida pensada y vivida en las afueras?
  • Una ética de la razón dialógica: Porque la fe en el diálogo como vehículo de convivencia desaparece cuando surge el conflicto. Pero es entonces cuando tal fe debería brillar más. ¿Se puede vivir en las afueras sin creer en el diálogo?
  • Una ética de la igualdad vital: Porque los experimentos del médico chino con modificación genética son rechazados por su peligro de desigualdad social. Hay que ser un obseso de la igualdad para crear lo humano sobre bases nuevas (apliquemos esto al tema de la igualdad de género).
  • Una ética de ciudadanía digital: No un reducto de caverna digital como parece ser ahora. Un modo de comportamiento ético ciudadano y humanizador. Esto es aplicable también a la comunidad cristiana. Vivir en las afueras es exponerse a las duras palabras del mundo digital incontrolado.
  • Una ética de amparo en la comunidad cristiana:  Con derecho a defensa, con abogados, con luz y taquígrafos, borrando la denuncia anónima. ¿A qué se teme cuando el refugio es la oscuridad? Una vida en las afueras ha de vivir con este anhelo.

 

Ética de generosidad:

 

  • Ética de la razón cordial: No de la razón agresiva ni avasalladora. No pretender vivir en las afueras con las mismas ganas de hundir al supuesto enemigo. Más aún, hay que aspirar a tener los menos enemigos posible.
  • Ética de una colaboración fiscal ciudadana: Porque la generosidad social pasa por la responsabilidad fiscal de cada uno de nosotros. Hablar de ética sin crecer en esta sensibilidad social es hablar ruso.
  • Ética de convivencia generosa: Ya que la convivencia demanda, a veces, generosidad, no solo cumplimiento de obligaciones. Sobre todo generosidad con quien está en desventaja. Vivir en las afueras es frecuentar a quien está en desventaja.
  • Ética para una comunidad cristiana de generosidad social: Más allá de lo que marque la legislación. Es lenguaje que se entiende, ya lo hemos dicho. Vivir en las afueras exige no poner los derechos en primera instancia ética, sino en segunda. La generosidad los antecede. Y esta puede ser compatible con aquellos.

 

4. Conclusión: un regalo poético:

 

         Queremos terminar con un regalo poético porque el tema tratado puede generar en nosotros una cierta pesadumbre. A ver si la poesía nos relaja un poco. Es un poema de R. Argulloll:

 

“Nunca digas que el pasado fue mejor:

no lo fue.

Nunca digas que el futuro será terrible:

no lo será.

Nunca digas que el presente es doloroso:

no lo está siendo.

Lo que atribuyes a las épocas

transcurre en tu propio interior.

Míralo con comprensión.

Si lo juzgas, te juzgas tú.    

 

5

AQUÍ, EN LAS AFUERAS,

SOMOS CAPACES DE CAMINAR HACIA LA FRATERNIDAD

 

         Estamos necesitados de generosidad para leer lo que nos va pasando de una manera amparadora. De lo contrario el juicio comienza a funcionar. Y una vida en las afueras con el juicio por compañero tal vez no merezca la pena.            

 

 

         El año 2010 se otorgó el Premio Príncipe de Asturias al sociólogo, filósofo y ensayista polaco de origen judío fallecido hoy día 9 de enero de 2017  Z. Baumann. En su breve discurso dijo algo que nos interesa: «Es en dicho mundo, en un mundo donde la única certeza es la certeza de la incertidumbre, en el que estamos destinados a intentar, una y otra vez y siempre de forma inconclusa, comprendernos a nosotros mismos y comprender a los demás, destinados a comunicar y de ese modo, a vivir el uno con y para el otro».

  • La posible fraternidad humana y cósmica hay que construirla en un mundo líquido, gaseoso, volátil (Heráclito decía que “solo el cambio es inmutable”).
  • Comprendernos con nuestras limitaciones e incoherencias.
  • Comprender a los demás con sus limitadas perfecciones (Brines).
  • Comunicar, relacionarse, no cerrarse de manera cabezona.
  • Vivir el uno con y para el otro: ese es el sentido de la vida humana y el quid de la fraternidad.
  • No importa que esto se haga de forma inconclusa. Lo importante es intentarlo cada día.

Todo un programa para ir construyendo en las afueras un ámbito de relación y de amparo.

 

1. “Condenados” a ser familia

 

         Quizá sea demasiado eso de decir “condenados” porque es una realidad que, en la medida en que se viva con amor, contribuye a la expansión de la persona, contribuye al amor. Si, por el contrario, se vive como una “condena”, es algo que se convierte en un peso insoportable.

         La realidad familiar es pluriforme. Los humanos podemos pertenecer a varias familias a la vez con vínculos, en una medida u otra, realmente familiares:

  • La familia cósmica: Dice el papa Francisco que «todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde» (LS’ 89). Esto es verdad porque como dijeron los científicos, somos polvo de estrellas (C. Sagan) y como dijeron los poetas, somos polvo enamorado (Quevedo). 
  • La familia humana: La todavía gran desconocida, pero es la base de nuestro ser familiar. Sin la pertenencia a lo humano no se entendería ningún otro tipo de familia. Desechar esta familia por potenciar otra (la biológica, por ejemplo) no tiene sentido.
  • La familia biológica: Muy importante para todos nosotros. Aguanta todos los vaivenes sociales y sigue siendo para muchos el prototipo indiscutible de familia. Hay que sortear tanto su disgregación como su consagración. Para ello, el universalismo y la mentalidad abierta son sus mejores medicinas.
  • La familia de la fe: Que también tiene su importancia, más allá de la familia de la religión. Crear una fe cálida, familiar, relacional es, todavía, uno de los grandes retos del hecho creyente.
  • La familia del compromiso social: lo que nos une a grupos sociales (de cultura, de deporte, de voluntariado, de diversión) y que genera vínculos muy familiares que, en no pocos casos, perduran durante años e, incluso, durante toda la vida.

Todas estas familias, o algunas de ellas, pueden converger y ser decisivas en la vivencia del amor. Absolutizar alguna de ellas (la biológica, por ejemplo) puede ser un desenfoque. El denominador común para conjugar familias es la apertura y, en definitiva, el amor pluriforme.

 

2. Un Jesús necesitado de familia: Mc 3,13-14:

         “Subió al monte, convocó a los que él quería y se acercaron a él. Entonces constituyó a doce, para que estuviesen con él y para enviarlos a predicar, con autoridad para expulsar demonios”.

 

  • Hay muchos indicios en los evangelios para ver que Jesús tuvo un fuerte conflicto familiar, quizá por haber empezado tarde a ir de pueblo en pueblo (33 años eran entonces tener toda la vida hecha). Su familia creía que había perdido el juicio (Mc 3,21), la figura del padre no hace parte de la promesa del reino (Mc 10,30), el ser llamado hijo de María algo indica (Mc 6,3). El que trasladara su residencia a Cafarnaún no es solo signo de conflicto con su pueblo, sino con su familia que vive en ese pueblo, su clan familiar, por modesto que fuese (Lc 4,31).
  • No ha de extrañar que Jesús se buscase una familia subrogada, la de “los que cumplen el designio” (Mc 3.35). Por eso, la elección de doce tiene como primera finalidad “que estuviesen con él” (Mc 3,14). Los necesita no tanto para la predicación sino por causa de la relación, por causa del mero amor.
  • Podría haberlos reenviado a su pueblo porque, muchas veces, más que ayuda eran un estorbo. Incluso un obstáculo serio (Mc 4,36). Pero nunca los rechazó. Los comprendió hasta mantenerles su apoyo, aunque fallasen (Lc 22,32), aunque lo dejasen solo (Jn 16,32). Los necesitaba porque los amaba y porque le amaban (“los que lo habían amado desde el principio”, dice F. Josefo).
  • La experiencia creyente de Jesús tiene como cimiento antropológico una vivencia relacional, comunitaria, de grupo al que se ama y en el que se está inserto. La pretensión de una fe cristiana comunitaria no está en la mera eficacia, sino en la certeza de que el amor relacional es la base antropológica del evangelio. Sin esa relacionalidad el evangelio carece de cimiento.

 

3. Incorporar la fraternidad a la cultura:

 

         De aquel lema de la Revolución Francesa, libertad-igualdad-fraternidad, es el tercero de esos valores el menos trabajado por el hecho social. Y ello porque hace referencia a la relacionalidad, a los valores del corazón, a las actitudes ante el otro como un yo. Por eso mismo, la incorporación de la espiritualidad de la fraternidad a la cultura es un por-hacer y, para algunos, una utopía innecesaria por imposible. Pero no.

  • ¿Sólo tiburones?: Dice Rosa Montero que «la oscuridad está en todos nosotros. En lo más profundo de nuestros corazones deambula un tiburón al que el esfuerzo ímprobo de millones de personas a lo largo de siglos ha conseguido ir encerrando en una jaula de derechos democráticos. Nos esforzamos por ser mejores de lo que somos, y eso nos honra; pero siempre, por debajo de la calma, está el abismo». Hay que esforzarse por construir de manera explícita la fraternidad social.
  • Cultura relacional: Basada nuestra percepción de la vida moderna sobre el individualismo, hay que incentivar la cultura relacional. Se trataría, como dicen los sociólogos de trabajar por lograr «unas nuevas culturas relacionales que adiestrasen en el conocimiento de las diversidades culturales y de las características de los diversos contextos, que integrasen las diferentes propuestas emergentes frente a la tendencia a la homogeneización y al dominio». Pero, yendo a lo sencillo de nuestra vida, sería cuestión de fomentar relaciones sencillas, cotidianas, que hicieran de la vida en nuestros pueblos una vida disfrutante y humanizadiora.
    • Amistad cívica: Ya lo hemos dicho, Es lo que dice Adela Cortina: «La amistad cívica sería más bien la de los ciudadanos de un Estado que, por pertenecer a él, saben que han de perseguir metas comunes y por eso existe ya un vínculo que les une y les lleva a intentar alcanzar esos objetivos, siempre que se respeten las diferencias legítimas y no haya agravios comparativos». Hay mucho que trabajar en este ámbito y hay que tener el ánimo para llevarlo a la vida diaria.
    • Calidad y calidez: Nuestra cultura está muy interesada por mantener y elevar, si se puede, la calidad de vida. Se habla menos de la calidez de vida, eso que hace humano nuestro buen nivel de vida. Eso es lo hace la fraternidad.  La actitud positiva y constructiva en las personas genera un ambiente y un clima favorable que facilita la confianza, la estima, el respeto y la colaboración. Eso pasa en una familia, en una empresa, en cualquier organización o grupo humano. Si somos capaces de adoptar ese camino en todas nuestras relaciones, todos los que se crucen con nosotros, saldrán ganando, también nosotros.
    • Lejos de sectarismos: Que se dan cuando queremos ser fraternos únicamente con los de nuestro grupo, con quienes piensan como nosotros, con quienes tienen idénticas tendencias religiosas o políticas. El sectarismo se define como la intolerancia, discriminación u odio que surgen de dar importancia a las diferencias percibidas entre distintos grupos sociales, políticos o religiosos, o entre las subdivisiones dentro de un grupo, como las diferentes manifestaciones de una misma religión o las facciones de un movimiento político. Habrá que tener esto controlado.

 

4. Incorporar la fraternidad a la Iglesia:

 

         Una de las utopías de Jesús, siempre entre ceja y ceja, era la de la simple igualdad (Mt 18,4-6; Lc 22,26). Que a estas alturas los cristianos anhelemos que, al menos la comunidad cristiana, viva en esa igual no lograda tiene lo suyo. Pero si hay que recordarlo constantemente, se la recuerda.

  • La jerarquización, el poder: Son, no cabe duda, los grandes enemigos de la fraternidad: la jerarquización que se convierte en casta y el ansia de dominio de esta. Todo lo que haga por frenar esos impulsos cavernícolas será muy beneficioso para la comunidad cristiana.
  • ¿Cómo poder amar al distinto?: Pues no hay más que una manera: sin juicio. No juzgar no quiere decir no valorar, no discernir; quiere decir no condenar. Si hay condena, la fraternidad se hace imposible. Ya lo dice claramente san Pablo: Rom 14,10: “¿Por qué juzgas tu hermano?”.
  • Fomentar lo común: Aun dentro de la comunidad cristiana las identidades se construyen por la diferencia no por lo común. El fomento de lo común no puede debilitar una identidad, sino que ayudará a crear lazos de relación sin debilitar lo específico de la propia opción.
  • Fraternos con los más frágiles: Mientras los frágiles sean los menos considerados, la fraternidad cristiana está todavía en pañales. No hay más que mirar el comportamiento de Jesús: ¿de quién se hizo hermano ¿De quién se hizo prójimo? La deuda de la comunidad cristiana con los frágiles sociales es una deuda de justicia y también de fraternidad.
  • No descreer de la posibilidad: Porque dado que acumulamos muchas experiencias personales de carencia de fraternidad, llegamos fácilmente a la conclusión de que todo esto de la fraternidad en la Iglesia es música celestial. Ninguna decepción habría de ser suficientemente fuerte como para descabalgarnos del sueño de la fraternidad.
  • Amar la limitada perfección del otro: Así lo dice el poeta F. Brines. No hay que esperar a que la fraternidad brote cuando todo el mundo, uno mismo incluido, sea coherente. Es preciso construir la fraternidad contando con la incoherencia. El enemigo mayor de lo fraterno no es la incoherencia sino la desilusión, el desinfle de quien descree de la posibilidad de una relación humana potable. A eso habrá que temer.

 

5. La fraternidad en las afueras:

 

         Precisamente porque en las afueras hace más frío, o eso nos parece, habrá que intensificar la relación entre quienes andan por ahí. Por eso mismo habrá que cuidar más el gozo de las relaciones.

  • Nadie es más que nadie, nadie es menos que nadie: Este es el principio elemental del que no habría que apearse. Una relación lo más igualitaria posible es el cimiento de la vida cristiana en las afueras, porque si volvemos a los viejos parámetros desigualadores, jerárquicos, no hemos dado ningún paso.
  • La relación en los márgenes puede ser gozosa: No tiene porqué ser amargada, resentida, siempre a la greña. Alejados del juicio, la relación puede ser benigna sin renunciar a los propios anhelos.
  • Una fraternidad cuidadosa: Ya que la espiritualidad del cuidado resulta esencial para el logro de la fraternidad. Cuanto más se cuiden los detalles, tanto más se abrirán caminos a la relación fraterna.
  • Crecer en una fraternidad en red: Porque los grupos de las afueras, que los hay, están atomizados, generalmente enmarcados en su propio ámbito. Tal vez haya llegado el tiempo de mirar un poco más en derredor para generar una fraternidad en red que nos haga no solamente más fuertes sino mejores caminantes en una línea cristiana algo alternativa.

 

Conclusión

 

         El camino hacia la fraternidad es tan largo como el mismo caminar humano. Cansarse de él es como cansarse de ser humano. Una pérdida. De ahí que siempre que se reflexiona sobre este tema haya que concluir reafirmando la fe en el camino de la fraternidad. Nos va en ello el gozo y el sentido de la vida. Y también el del Evangelio.

 

 

La verdad de mi amor sabedla ahora:
la materia y el soplo se unieron en su vida
como la luz que posa en el espejo
(era pequeña luz, espejo diminuto);
era azarosa creación perfecta.
Un ser en orden crecía junto a mí,
y mi desorden serenaba.
Amé su limitada perfección.

 

(F. Brines)

 

 

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AQUÍ, EN LAS AFUERAS, CAMINAMOS HACIA

UN HORIZONTE MEJOR

 

         Se cumplen más de 80 años de la publicación de un librito que tuvo mucho predicamento: V. FRANKL, El hombre en busca de sentido. El autor sufrió los campos de concentración alemanes donde pereció toda su familia. Tras la contienda, se dedicó a explorar el comportamiento para hallar sentido a una vida marcada por la limitación.

¿Qué nos sostiene ante la adversidad? La respuesta del doctor Frankl es que, en esencia, la salvación del hombre está en el amor y se produce a través del amor. El amor a un ser amado o incluso el amor a una tarea (amor y creatividad, en definitiva) son los pilares sobre los que se construye la esperanza y el sentido de la vida; son las respuestas al "¿por qué vivir?".

Por ello, "quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo", solía decir Frankl. Pero para el alcance de ese sentido hay que ser capaz de trascender los estrechos límites de la existencia centrada en uno mismo, y creer que uno puede hacer una importante contribución a la vida; si no ahora, en el futuro, sostenía. Esta sensación es necesaria si una persona quiere estar satisfecha consigo misma y con lo que está haciendo. Quizá ahí reside el verdadero concepto de cumplimiento y de realización.

Puede ser interesante esta síntesis del libro como pórtico a nuestro tema de hoy.

 

  1. 1.    El sentido de la vida como trabajo necesario y útil

 

Puede parecer que el tema del sentido de la vida nos suene algo filosófico y como de pasatiempo. Pero siempre le estamos dando vueltas a eso, sobre todo en épocas adultas de la vida. En el fondo, se trata de tener lo más claro posible qué es lo que uno pinta aquí, con lo que hace y lo que vive. ¿Dónde encontrar el sentido?

  • En el no pensar: Por paradójico que nos parezca, del no pensar, del desechar por inútiles estas cuestiones, del dejarse llevar, del “ahogar las penas”, del “que nos quiten lo bailao”, de la pequeña distracción, del vivir en la mera superficie, en cosas así encontramos apoyo, por más que sea apoyo frágil.
  • En lo que hacemos: Y, ciertamente, de ahí nos viene sentido: en nuestro trabajo, en nuestras actividades, en nuestras ocupaciones, en la rutina de nuestras tareas. Quizá más que sentido lo que nos viene de ahí es un soporte, nada despreciable, para ir tirando en nuestro caminar personal, que no es poco.
  • En la espiritualidad: Entendida en sentido amplio. Muchas personas encuentran ahí un sentido, un amparo, un apoyo. En la belleza, en la cultura, en la religión, en lo que ni se toca ni se ve, en la reflexión, en la mirada hacia dentro, en el autoconocimiento, en el trabajo por elaborar un interior sosegado, en la meditación. Caminos muy diversos que apuntan a eso de dentro conde, creemos, se alberga el sentido.
  • En la entrega a los otros: Quizá sea esta una de las mayores fuentes de sentido: en  lo que hacemos por los demás (y más cuando no hay recompensa inmediata); en el vivir con y para el otro, como decía Baumann, en aquello que sostiene de la manera que sea a los frágiles, en nuestras responsabilidades adquiridas, como aseguraba W. Benjamin.

 

Hay quien asegura que los animales nos aleccionan en esto, concretamente el escarabajo pelotero y la rana hervida. El primero es una animal peculiar: transforma porciones de estiércol en bolas rodantes que con la ayuda de las feromonas con que las rocía atraen a las hembras para aparearse y depositan los huevos en su interior. O sea, transforma la mierda en algo atractivo y motivador. El sentido se halla también en lo que llamamos negatividad.

     Y el experimento de la rana es que si la metes a una olla con agua hirviendo pega un salto y huye, pero si la sumerges en una olla de agua tibia se adormece, vas subiendo la temperatura y ya no se despierta terminando cocida. Alecciona sobre la rutina como vía extraña para encontrar sentido: nos adormece, nos instala y nos lleva a justificar las anomalías de un sistema que nos roba el sentido. 

 

  1. 2.    Jesús, buscador arduo de sentido

 

Todavía hay quien cree, ingenuamente, que como Jesús era hijo de Dios, tenía su misión clara y no necesitaba recorrer los arduos y, a veces, poco productivos caminos del sentido. Nada de eso:

  • Noches de oración (“Fue al monte a orar y se pasó la noche orando a Dios”: Lc 6,12): Orar el noche, como estar en el hospital en la noche, es algo pesado, duro, áspero. Hacerlo en modos solitarios, más aún. Jesús ora en la noche porque necesita saber los caminos que tiene que andar. Nada está claro, hay que buscar la luz, el sentido, como sea.
  • Vida tentada (“Estuvo en el desierto cuarenta día, tentado por Satanás, entre las fieras”: Mc 1,12): No solo durante cuarenta días, sino que toda la vida de Jesús es una vida tentada: tentada de desrresponsabilizarse de los sufrimientos de los demás, tentada de hacer una oferta de vida solo para pobres, tentada de no reaccionar ante las lágrimas y el desamparo de quienes no cuentan, tentada de no creer en un Dios de desvalidos.
  • En la encrucijada del camino (“Hablaban de su éxodo, que iba a consumar en Jerusalén”: Lc 9,29): En el monte Tabor, entre Galilea y Judea, entre el abandono o el continuar adelante, Jesús repiensa el sentido de su vida. En la oración, en el silencio, en el diálogo con la Palabra (Moisés y Elías) encuentra sentido a su “éxodo”, a su entrega. Una luz sea bre paso desde dentro hasta “transfigurarlo”.
  • Recuperar el sentido perdido (“Venid a un lugar desierto y parad un poco”: Mc 6,30): No se trata tanto de un desierto para la tranquilidad o la oración, sino un lugar donde recuperar el sentido perdido, ya que Jesús les envió a curar y expulsar demonios y ellos han aprovechado para “enseñar”, para hacer catequesis judía. En el desierto se recupera el sentido perdido, tarea que habrá que hacer muchas veces en la vida.
  • Cuando se nubla sentido (“Dejó ver su enorme desconcierto y angustia”: Mc 13,33): Es la hora del sentido nublado, de las luces desaparecidas, de la tiniebla que envuelve. Jesús ha pasado por ello con toda intensidad. Las circunstancias adversas velaban el sentido que en otros momentos se veía más claro. Andar en las tinieblas del sentido es algo prácticamente imposible de evitar. Las certezas siguen vivas, aunque sea de noche.

 

En resumen: Jesús luchó, como todos, por el sentido de su vida. Y lo encontró en caminos de espiritualidad y, sobre todo, en el camino de entrega. Que, en ocasiones, estuviera velado, no quiere decir que lo perdiera. Al fin, la suya fue, ciertamente, por su amor, una vida con sentido.

  1. 3.    Una sociedad con sentido

 

La búsqueda de sentido tiene, lógicamente, una vertiente social tan importante, o más, que la personal.

  • Fácil despiste: Hay mil y una maneras de vivir despistados, sin ninguna inquietud por el sentido, ni cosas por el estilo. El ruido enorme que aturde, las múltiples técnicas que hacen innecesario el pensar (consumo, herramientas de comunicación que incomunican, las mil y una fugas que eluden la profundidad) todo contribuye, aunque no lo consigue del todo, a desplazar el sentido. Se vive como si la pregunta por el sentido no estuviera ahí. Pero está.
  • Cuando los sectores sociales van siendo cubiertos: Entonces, brilla más el sentido y ello porque si un sector social frágil (dependientes, ancianos, enfermos, niños con dificultad, personas amenazas de riesgo de pobreza) es atendido, el sentido de humanidad aparece con más claridad. Si queremos que nuestra sociedad tenga sentido hay que mirar incansablemente sobre todo por los colectivos frágiles. Del interés por ellos recibe la sociedad sentido.
  • Cuando el sentido se consolida: Hay movimientos sociales que persisten (voluntariados, ongs, asociaciones de ayuda), que siguen estando ahí con fuerza, aunque no estén en las primeras páginas del periódico. El que sigan ahí habla de la consolidación del sentido, porque éste no es una cosa de un día, sino algo que ha de tender a que siempre esté ahí, para evitar deslizarse hacia el retroceso del sentido.
  • Nuevos sentidos sociales que emergen: Y emergen con una fuerza inesperada: el feminismo, el ecologismo. La potencia social y el sentido que se deriva a la igualdad de géneros y de las exigencias de la justicia nunca cumplida con las mujeres. El “huracán” del ecologismo cuando lo lideran los jóvenes (movimiento de Greta Thunberg) pone de manifiesto la posibilidad de que la ecología vivida pueda dar un nuevo sentido al modo de caminar humano sobre la tierra.
  • El sentido que viene de lejos: Es el que pueden aportar quienes vienen de otros países al nuestro. Un sentido de humanidad porque lo vierten en nuestros colectivos más frágiles: ancianos, niños. No solo lo hacen por dinero, por sobrevivir; hay algo más en esos trabajos que se constituye en profecía de sentido.

 

  1. 4.    Una experiencia espiritual con sentido

 

Porque también al modo de vivir la experiencia creyente le afecta el tema del sentido:

  • Cuestión poco planteada: El cristiano de a pie raramente se plantea la fe como una cuestión de sentido. Para él, es más una práctica religiosa que, todo lo más, sitúa el sentido en el más allá, en los límites (la muerte sobre todo), pero no en el centro de la vida. Raramente la vida cristiana se entiende como una luz para encontrar sentido a lo que se vive. Sin embargo, existiría la posibilidad de que la fe contribuyera al sentido, sobre todo si la fe tiene un componente social, si se plantea la vida cristiana más como un camino ético que como algo religioso.
  • Ensanchando el espacio interior: Porque no se nace con interioridad, sino que ésta se va construyendo. La interioridad es la capacidad de mirar la vida desde planteamientos de profundidad, de amor, de solidaridad. La fe puede ayudar a construir esa interioridad si se sobrepasa el mero estadio religioso y se entiende el Evangelio como una luz para construir criterios éticos.
  • Una experiencia que humanice: Esa es la manera como la fe puede ayudar al sentido: si ayuda a humanizar. Si  con el tiempo se descubren actitudes más humanizadoras podemos pensar que el Evangelio va haciendo su obra. Si, por el contrario, persiste uno en sus componentes inhumanos, se puede decir que el Evangelio no está tocando lo vivo de la persona.
  • El sentido que viene de la fe vivida en comunidad: Porque no cabe duda de que la experiencia de fe es algo personal. Pero tiene una parte comunitaria de la que depende mucho la búsqueda de sentido ya que gran parte de la vida y de la fe lo recibimos por aprendizajes sociales: las personas nos ayudamos en la búsqueda de sentido porque todos estamos necesitados de él.

 

  1. 5.    El sentido en las afueras

 

No es mal sitio para este tema, ya que la pertenencia a modos de vida creyente masificado no se plantea, como hemos dicho, el tema del sentido.

  • Una búsqueda y un camino: Y situar la fe en las afueras es ya andar el camino de un sentido nuevo, la búsqueda de algo que se anhela. Por eso, como decimos, no es mal lugar para ir dando con un sentido renovado de la experiencia creyente.
  • Posibilidad de una fe alternativa: La búsqueda de sentido en las afueras habla de que una manera algo distinta de que vivir la fe es posible, de que los sistemas religiosos no son tan compactos, de que puede haber un modo que compagine maneras de vivir lo cristiano heredadas de las que nos es difícil desprendernos y modos de vida creyente de componente renovado.
  • Preguntas nuevas: Esas son las que nos va abriendo la vivencia de una fe en las afueras: si hemos de modificar maneras económicas de vida, si hemos de ir conformando otro tipo de comunidad, si es compatible nuestro modo de sentir la fe con los cristianos que no la viven así, si hemos de dar con maneras relacionales nuevas de entender el Evangelio, si ha de tener más peso en nuestra vida la vivencia de una fe enmarcada en la historia. Son cuestiones que si se van desarrollando con paz puede ser muy valiosas.

 

Conclusión

 

Hemos llegado al final de este ciclo sobre la fe en las afueras. Podría parecer que no hemos avanzado mucho. No es fácil si se quieren hacer las cosas de modo realista y a la vez buscador.

Pero una cosa quizá quede clara: que se hace camino al andar y que si no se andan, paso a paso, todas las etapas del camino no es fácil dar con algo medianamente claro.

La suerte de poder hacer este itinerario en grupo es garantía de que llegaremos a algo.