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¿Qué cuerpos importan en la Biblia?

 

 

 

¿QUÉ CUERPOS IMPORTAN EN LA BIBLIA Y EN EL PERIÓDICO? 

 

Recurriendo a aquella sugerencia atribuida a K. Barth de que es preciso pensar la fe teniendo en una mano la Biblia y en la otra el periódico, y siguiendo el espíritu de Vórtices, queremos hacer una comparativa sobre qué cuerpos importan en la Biblia y en el periódico, o mejor, qué cuerpos no importan.

Quizá sea este un camino más expedito: percatarse de los cuerpos que no importan para denunciar su atropello y para reivindicar su derecho a sentarse en el banquete de la vida.

Las viejas páginas de la Biblia encuentran en las de cada día en el periódico un increíble reflejo. Quizá eso pueda ser una manera de generar espiritualidad social a favor del mundo de los migrantes, personas que tienen un puesto en la Biblia y en la prensa, aunque fuera el puesto de la exclusión que lleva incorporado el grito de la justicia.

 

1. Abel: el cuerpo asesinado

 

            Empecemos por lo más trágico. Todo lo que se diga después será más suave. Las páginas de la Biblia se abren con un asesinato entre hermanos: es el mito de Caín y Abel, el breve. Asesinado por razones económicas: pastores contra agricultores, el eterno problema de la tierra y su explotación. El sistema quiere envolver el asesinato en razones religiosas (“El Señor se fijó en Abel y su ofrenda”: Gen 4,4) cuando lo que de verdad está en juego es el reparto de los recursos de la tierra. Con eso empeora las cosas porque sitúa a uno en el ámbito del bien (Abel) y a otro en el ámbito del mal (Caín), cuando los dos ámbitos tienen derecho a vivir. Por eso, la gran pregunta ante el cuerpo asesinado que se quiere ocultar no es “¿Dónde está tu hermano?” sino ¿por qué, siendo hermanos, no habéis llegado a un entendimiento económico? ¿Por qué tienes que matar para que tu economía prospere y sea la única? Este asesinato es no solo un crimen, sino una destrucción de la relacionalidad económica, de aquello a lo que los humanos están destinados por dignidad: sentarse igualitariamente en el banquete de la vida. De ahí la ineludible sentencia: “La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Gen 4,10) no tanto por el crimen, sino por la desigualdad que genera la imposibilidad de entendimiento y, con ella, el crimen. Los cuerpos asesinados apuntan a los sistemas económicos.

 

2. José: el cuerpo vendido

 

            Se veía venir. La historia de José y sus hermanos es una historia de privilegios que desemboca en un drama. Privilegios como el no ir al campo a trabajar como sus hermanos o tener “una túnica con mangas” que, al parecer, los demás hermanos no tenían (Gén 37,3) o de ser soñador ante quien no tiene más sueño que sobrevivir. Por eso, se planea la ruina del “soñador” no como un gesto maldad mitigada, sino también como una reacción a la injusticia sufrida. La venta barata del hermano (“veinte monedas de plata”  Gen 37,8) es la dura respuesta de quien ha acumulado postergación y desigualdad sin cuento. Se vende el cuerpo porque, a la base, hay desigualdad. La desigualdad es la raíz de la venta. Y pretender corregir la venta sin modificar el sistema que genera tal desigualdad es querer curar el síntoma sin hacerlo con el foco de la infección.

 

3. Betsabé: el cuerpo robado

 

            David encarna lo mejor y lo peor del ser humano: la compasión y el orgullo, el perdón y la soberbia, la ternura y la crueldad. Por eso, no extraña que robara el cuerpo hermoso de Betsabé, que se lo robara a Urías el hitita, el hombre íntegro que no quiso ser cómplice de ese robo y ello le acarreó la muerte (2 Sam 11). David es el ladrón del cuerpo hermoso y sin amparo social de Betsabé y el asesino de Urías. Robar cuerpos como quien roba corderos, así se lo dirá el profeta Natán (2 Sam 12,1-4). No quedará impune ese robo de un cuerpo: el hijo fruto de ese robo morirá al nacer, la vida de esta mujer será un continuo sobresalto y, además, nunca llegará del todo a ser mujer de David. La historia la reconocerá siempre como “la mujer de Urías” porque lo que se roba no termina de ser nunca del ladrón que lo afana (Mt 1,6). Los cuerpos robados siguen siendo propiedad de ellos mismos, por mucho que se los robe. Porque se podrá robar el cuerpo, pero no la persona. Cuando se roba cuerpos hay que poner el foco, en primer lugar, sobre el ladrón y luego sobre el cuerpo robado.

 

4. Tobit: el cuerpo desterrado

 

            Tobit era el padre de Tobías, según se cuenta en la novelita bíblica. Era uno que sufrió los avatares de política en el Israel del siglo VIII a.C. Fue deportado a Nínive en Asiria. En su deportación no se resignó a su dura suerte de exiliado, sino que quiso mantener su talante compasivo en una tierra hostil. Un deportado que no pierde sus mecanismos de humanidad. Deportado, pero humano. Por eso, aun a riesgo de incurrir en ilegalidad con el vencedor, se dedicó, dice la novela, a enterrar los cadáveres de los israelitas muertos en la batalla contraviniendo así las humillantes órdenes de insepultura (Tob 1.16-20). El destierro no fue para él un ámbito de muerte, sino un marco de compasión y de humanidad, aunque eso suponga la pérdida de la familia,  la persecución y la pérdida de los bienes (Tob 1,20). Desterrado, pero humano. La humanidad de los desterrados, de los exilados, de los apátridas, queda intacta, queda más de manifiesto por sus obras de humanidad.

 

5. La amada: el cuerpo cantado

 

            El Cantar más hermoso es un poema de amor al cuerpo de una gran delicadeza. No llegamos a creer, como nos dicen, que se cantara por las tabernas de Israel. Nos parece demasiado delicado y bello. En él se canta el cuerpo amado con un vigor y con una ternura que aún hoy asombra: “¡Qué hermosa eres, amada mía…tus ojos de paloma…tus labios cinta escarlata…tus pechos dos crías de gacela…qué hermoso es mi amado, muy dulce su boca, pura delicia” (Cánt 4,1-7; 5,10-16). Por mucho maltrato con que hiramos los cuerpos, por mucho vinagre que echemos a sus heridas, los cuerpos siempre serán atractivos, siempre serán hermosos, siempre serán cantados. Siempre hambreando besos: “¡Que me bese con los besos de su boca! (Cant 1,1). Los cuerpos son el gran valor de quien emigra. El Cantar invita a mirar esos cuerpos por encima del daño, de la apropiación, de la herida, de la violencia, porque la belleza que encierran tales cuerpos habla el lenguaje de la vida.

 

6. La adúltera: el cuerpo prostituido

 

            Porque la mujer sorprendida “en flagrante adulterio” (Jn 8,4) no solamente es adúltera sino mirada y castigada como una prostituta. La condena que viene de quienes tienen la sartén de las leyes patriarcales por el mango es la condena a la prostituta, a la marcada por un cuerpo que se cree en venta, lo que parece que da derecho a todo sobre ese cuerpo, a la vida y a la muerte. Es cierto que Jesús no la condena (8,11), pero también es cierto que no condena a quienes condenan desde su posición de poder. Si el adulterio era flagrante, se sabía quién era el adúltero. No aparece en el relato. La confusión de quienes se retiran “empezando por los más viejos” (Jn 8,9) no es suficiente para condenar a quien se prostituye no desde la desigualdad social, como la mujer, sino desde el poder social. Son dos cuerpos prostituidos: el cuerpo desamparado de la mujer que corre riesgo de ser apedreada y el cuerpo oculto del adúltero que parece no correr ningún riesgo. No sabemos qué es peor, si la condena al cuerpo de la mujer o la impunidad del cuerpo prostituido del hombre que se va de rositas.

 

7. Los endemoniados: el cuerpo violentado

 

            Los evangelios hablan mucho de una realidad que nos resulta culturalmente lejana: los espíritus inmundos, los endemoniados. Son los cuerpos violentados por unas fuerzas psíquicas de las que se ignora todo. La violencia contra los cuerpos se manifiesta en “tirarlo al agua o al fuego” (Mc 9,22) o en la autolesión (Mc 5,5). Es el retrato de los pobres cuerpos de los frágiles sociales. Jesús hace obra de expulsión de demonios, de restauración corporal viniendo a decir que tales cuerpos contienen intacta su dignidad. Por eso, más que de exorcismos, se trata de restauración de la dignidad herida. Jesús ha hecho bandera de esta reorientación de los cuerpos y la ha puesto como la primera señal de su sueño (Mc 3,15). El evangelio está contra toda violencia corporal; quien violenta cuerpos no puede ser seguidor de Jesús.

 

8. Los discípulos en la barca: el cuerpo que se ahoga

 

            En la tierra de Jesús hay un lago, el de Galilea, no muy grande pero que, por lo que se ve, a veces se alborota y se vuelve peligroso. Los discípulos, pescadores en ese lago varios de ellos, lo sabían. Y aún así, les pilló la marejada y su grito fue el de todos los ahogados: “¡Sálvanos, que nos hundimos!” (Mt 8,26). Es el grito de la angustia cuando las aguas van a engullir en su torbellino a quien mira con horror el fondo del mar. Narran los evangelios que Jesús apaciguó el mar, metáfora para indicar que los naufragios solamente se sortean con la solidaridad con los náufragos, solidaridad que pasa por otorgarles su derecho a la justicia y a la igualdad que es el viento loco que desata tempestades sin cuento.

 

 

9. Onésimo: el cuerpo esclavizado

 

            Pablo escribió una breve carta a su amigo Filemón intercediendo por un esclavo, Onésimo, que se le había escapado. Le anima a que lo reciba bien “como hermano muy querido”  (Film 1,16). Incluso Pablo se presta a pagar lo que sea si tal fuga ha supuesto un perjuicio económico para el amo (1,18). Pero el cimiento del asunto queda intacto; ese cimiento es la esclavitud. El cristianismo primitivo no ha sabido deducir del mensaje de Jesús que todo cuerpo esclavizado es una anomalía evangélica, que si, como dirá el mismo Pablo en un rapto de claridad (“Ya no se distinguen judío y griego, esclavo o libre, hombre y mujer, pues sois todos uno”: Gál 3,28) hay que sacar las consecuencias: esclavizar cuerpos es una inhumanidad que denuncia el sentido de la dignidad y que corrobora el evangelio. Quien esclaviza cuerpos no es humano y no es seguidor de Jesús.

 

10. Jesús: el cuerpo abandonado

 

            Los evangelios ponen mucho cuidado, quizá excesivo, en consignar que Jesús muerto fue puesto de un sepulcro (Mt 27,57-60 y par.). Pero sabemos por la historia que, con frecuencia, el tratamiento dado a los crucificados, los parias de la sociedad a los que se les aplicaba el peor de los suplicios, era la insepultura. Dejar insepultos los cadáveres echados al estercolero para pasto de perros y buitres era una forma última de condenar al ya condenado y ejecutado. La insepultura repugna al judaísmo (ver Tob 1). ¿Sufrió el cuerpo de Jesús ese último baldón? Un cuerpo muerto y abandonado, comido por las fieras, que lleva dentro, intacta, su dignidad. Por mucho que quiera herir, destruir, ofender y olvidar a un cuerpo, nadie puede desposeerle de su dignidad. Los cuerpos insepultos la tienen, si cabe, más que cualquiera otro.

 

 

 

Haz de luz

HAZ DE LUZ

Materiales para la Pascua Juvenil de 2020 

 

INTRODUCCIÓN

 

            No sé si te habrás parado a pensar algo elemental: la tierra es un planeta si luz. Si no fuera por el sol, haría millones de años que todo habría perecido en la oscuridad. Ni colores, ni rosas, ni miradas brillantes, ni amaneceres, ni puestas de sol. Ciegos como los topos. Muertos en la oscuridad. Pero gracias al hermano sol todo sonríe, todo vive, todo se pinta de color y de calor. Somos luciérnagas que se nutren de la luz del sol. Estamos así de necesitados de luz.

En una canción del año pasado Rozalén decía que cuando “se encendió una luz en la ciudad” triste y oscura, el amor salió a la calle.. Necesitamos la luz y esa luz se puede encender. La puedes encender tú con cualquier gesto de luz, con cualquier palabra luminosa, con una sonrisa que ilumina. Encender la luz en la ciudad, en tu calle, en tu casa es algo hermoso y necesario.

Es que la Pascua de Jesús es, sobre todo, más allá de cualquier tiniebla, una fiesta de luz. En Jesús, la luz termina por triunfar sobre la tiniebla y el miedo. Por muchas y densas que sean las sombras, la luz de Jesús las atraviesa y llega hasta nuestro corazón arrojando sobre él un chorro de luz. No hay tiniebla que se le resista, no hay rincón oscuro al que no pueda llegar la cálida luz que abraza y reconforta.

Decían de Francisco de Asís sus biógrafos primeros que él fue “una luz entre la niebla”. Con más razón podemos decir eso mismo de Jesús. Por mucha y cerrada que sea la niebla de tu vida, la luz de Jesús puede atravesarla y hacer que brille un sol nuevo y amable. San Pablo dice que él quería anunciar el “amanecer” que es Jesús. Un amanecer, eso es la Pascua.

Un amanecer y un haz de luz. Un haz que te invita a que tú también seas otro haz, siquiera más modesto, de luz. Haz de luz para tus amigos, para tu familia, para tus compañeros de convivencia. Haz de luz hoy mismo. No dejes que la tiniebla y el mal rollo roben un minuto de tu tiempo. Intenta ser luz y verás que ese intento es premiado con la certeza de que quien está contigo es también para ti un haz de luz.

 

I
JUEVES SANTO: HAZ DE LUZ EN NUESTROS PIES

 

            Aunque este año celebraréis el Jueves Santo en la forma del Seder, la celebración de la pascua judía, veréis que hemos incluido en ella el relato principal de este día: el lavatorio de los pies. Está muy bien que un día al año la celebración mire a los pies, a nuestros pobres pies que, algunos de nosotros, cuidamos tan poco. Son humildes, no protestan, pero ¡qué necesarios son! ¡Cómo nos acordamos de ellos cuando tenemos un esguince o una ampolla!

            Los pies tienen su lenguaje, como el rostro, aunque sea este en el que casi siempre nos fijamos. Los pies hablan más libremente y no controlan tanto lo que queremos ocultar. Los pies dicen cuando se orientan hacia fuera que estamos impacientes, cuando se cierran sobre ellos que no queremos saber nada con el otro, cuando reclaman descanso que ellos también son “humanos”. Tendríamos que aprender a entender el lenguaje de nuestros pies.

            Para Jesús que lava los pies a los discípulos, los pies de sus amigos son como su persona, merece ser cuidada y amablemente tratada. No tiene inconveniente en doblarse hasta llegar a ellos porque lavándolos y secándolos es como si bañase a toda la persona. No le importa tocar la suciedad que se les ha pegado del polvo del camino, porque han compartido caminos como quien comparte vida.

            Francisco de Asís hacía algo parecido con sus hermanos. Por eso aseguraba que “tiene uno que enorgullecerse de tener un cargo como si le encargasen lavar los pies a los hermanos  y deberían pensar que es mejor que le quiten el cargo que el que lo aparten de lavar los pies a los hermanos”. Él sí que lo tenía claro: “el hermano menor ha de estar siempre disponible a los pies de sus hermanos”, decía muchas veces.

Este gesto de Jesús que nos narra san Juan tiene una significación muy profunda: anticipa el gran gesto de servicio que es la muerte del Señor. Si no se entiende que lave pies (¡cuánta dificultad tiene Pedro!), menos se entenderá el gran servicio de su muerte. Por eso, si celebras hoy a este Jesús que lava los pies, tus pies, estás ya celebrando la muerte y resurrección de Jesús.

Habríamos hoy de reconciliarnos y mirar con amor nuestros pies y los de nuestros amigas y amigos. Es como acoger su vida, como decirles: tus caminos me importan, quiero que las sendas de tu vida no se me sean ajenas, me interesa saber tus senderos para hacerlos también míos. Que nuestros pies, humildes y callados, sean haz de luz que nos enseñen el amor.

 

 

II

VIERNES SANTO: HAZ DE LUZ EN NUESTRAS HERIDAS

 

            Hoy es Viernes Santo, día en que el centro lo ocupa el recuerdo amable de la pasión de Jesús, su entrega total y generosa. La persona de Jesús es alguien con heridas, porque no es fácil amar sin heridas. Sus manos y pies heridos, su cuerpo despreciado son el signo de un amor loco, el amor de quien dejaba las 99 ovejas en el monte e iba en busca de la perdida.

            Efectivamente, todos sabemos que es casi imposible amar sin recibir alguna herida. Ya lo dijo el poeta: “¿Qué sabes tú de la desdicha de amar?”. Porque amar es fuente de alegría, pero, a veces, la pena y la herida alcanza el corazón. Es cierto lo que dicen que dijo Alfonso X el Sabio: “Más vale sufrir pasión y dolores que andar sin amores”. ¡Si lo dijo él, que era sabio!

            Por eso ocurre que la pasión de Jesús, aunque tenga un lado sufriente, es un haz luminoso: ilumina la hermosa realidad del corazón entregado, la certeza de que las entregas tienen un valor en sí mismas y que nunca se pierden. ¡Qué bien lo dijo Marina Rosell: “¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”! La pasión de Jesús nos dice, una y otra vez, que nunca demos por perdido todo, que siempre puede haber una pequeña luz en medio de las sombras. Por eso es un pasión para la esperanza, para la luz.

            Todos llevamos en nuestra mochila personal una serie de pequeñas o no tanto heridas relacionales. A veces nos hacemos daño. La pasión de Jesús nos empuja a no desistir en el bien. San Francisco solía decir: “Si alguien no puede amar a su prójimo, procure no hacerle mal, sino bien”. Hacer el bien, lo sabemos, es la mejor lámpara para nuestra vida, aquella que puede sacarnos muchas veces de la oscuridad.

            Cuando celebres esta tarde la Pasión del Señor que no te abandone un sentimiento de alegría porque no se está celebrando un fracaso, sino un triunfo del amor. De ahí que has de tener la certeza de que tus heridas no son el horizonte, sino que te espera, como una patria, la tierra del amor. La entrega de Jesús, haz vivo de luz, es la que mantiene en nosotros viva esta certeza.

 

III

SÁBADO SANTO: HAZ DE LUZ EN NUESTROS SILENCIOS

 

            El Sábado Santo es un día atípico. Tanto que es el único día en todo el año que no hay eucaristía (la Vigilia pascual es del Domingo de Resurrección). Es día de hondo silencio, de quietud, de sosiego, de mirar en paz, de contemplación. Nos viene fenomenal que alguna vez paremos un poco el motor externo de nuestra vida y le demos marcha al motor de dentro, el amor que nunca duerme.

            Tras este parón, por la noche celebraremos con alegría la certeza de que el amor es quien mueve el cielo, las estrellas y los corazones. Por eso mismo, prepararse con un baño de silencio puede ser algo muy interesante porque este silencio no es de muerte, sino de vida. Un silencio embarazado de vida.

            A veces le tememos al silencio porque lo consideramos no solo aburrido, sino amuermado, triste, muerto. Pero no es así: en el silencio puede haber un verdadero  fuego que arde, una alegría que se derrama hacia adentro más que hacia afuera, una fuerza que se manifiesta en el nuevo impulso con que nos subimos al carro de la vida. No está mal el silencio cuando se mira a lo profundo. Hay un dicho judío del tiempo de Jesús que él sabría de memoria. Decía: “Toda mi vida la pasé entre sabios y aprendí que lo más importante es el silencio”. No está mal.

            San Francisco sabía mucho de esto porque le gustaba hacer retiro por lugares muy bellos que habréis visitado: las Cárceles, Greccio, la Alvernia, la Foresta. Por eso solía decir: “Hable el silencio donde falta la adecuada expresión”. De otra manera y con cierta guasa lo dijo Benjamín Franklin: “Mejor es callar y que sospechen de tu poca sabiduría que hablar y eliminar cualquier duda sobre ello”.

            Para que la celebración de esta noche sea un haz de luz, un revivir lo más querido de nuestra fe en Jesús, no está mal ahondar en el silencio. No hace falta estar todo el día de cháchara. La naturaleza es un marco muy bueno para practicar el silencio. No temas darte un paseo solo por el monte y vete rezando: “Que mi silencio me ayude a escuchar tu voz”. Así Jesús será un haz de luz potente en la celebración de la noche.

 

IV

RETIRO: HACES HUMILDES DE LUZ

 

            Podemos pensar que solamente un haz fuerte de luz puede ser interesante, que si hemos de convertirnos tenemos que ver un relámpago potente que, como a Pablo, nos tire del caballo. Pero resulta que tenemos delante de las narices humildes haces de luz que nos pueden iluminar de manera gozosa y profunda. ¿Por qué no dedicarnos en este retiro del Sábado Santo a caer en la cuenta de los humildes haces de luz que tenemos a la mano?

  • El haz de luz de los colores: el verde intenso de la hierba, el verde joven de las hayas que están floreciendo, los amarillos y blandos de las flores de las cunetas, el azul intenso del cielo, etc. Mira detenidamente los colores; haz una lista de colores que ves, ponles algún adjetivo
  • El haz de luz de los destellos: el destello del cielo, del avión que deja su estela, el destello humilde del regato donde va el agua brillante, el destello de la línea del horizonte. Anota los destellos, valóralos de 1 a 10.
  • El haz de luz de los gusanos que viven entre las hierbas: son nuestros aliados porque trabajan la tierra: las hormigas, los escarabajos peloteros, los renacuajos. Mira la tierra que tienes delante, descubre a sus habitantes, agradéceles su “trabajo”. Nómbralos si sabes su nombre.
  • El haz de luz de los grandes animales: el brillo en el lomo de las yeguas, las vacas, los terneros. Su potencia, su paz que no molesta a nadie. La hermosa compañía que nos hacen. Su lenguaje de vida. Hazles alguna foto bonita con el móvil.
  • El haz de luz de los espinos blancos: que florecen a una con la Pascua. Sus flores son lenguaje de estas fiestas y luego, se apagan. Alégrate con su alegría. Siéntate cerca de ellos y “háblales”. Nosotros, ingenuos, creemos que no escuchan.
  • El haz de luz de los grandes árboles: los pinos, las hayas capaces de acoger a su sombra a todo un pueblo. Son los verdaderos habitantes del planeta, los que nos sobreviven, los que no se cansan, año tras año, de ofrecernos su compañía, su sombra.
  • El haz de luz de los senderos que se pierden: porque el monte está lleno de ellos. Se pierden pero todos llevan al mismo lugar, al corazón de las casas, de los pueblos, de las personas. Son los caminos luz para nuestros pies, indican que no estamos del todo perdidos en la vida.

Y luego, cuando vuelvas a casa, no te olvides de los otros haces de luz: la sonrisa que es luz de vida para el alma, el brillo de los ojos que es lenguaje del amor evidente, el gesto de amabilidad que habla de sentimientos hermosos, la pequeña ayuda y la colaboración que es el lenguaje de la fraternidad.

Y al final de todo, piensa que todos estos haces de luz se pueden unir al gran haz de luz que las resurrección de Jesús. Por eso, no lo dudes, tienen su sitio en la celebración de la Vigilia de esta noche.

 

Cuando pasar es salvarse

CUANDO PASAR ES SALVARSE

El éxodo, camino de libertad 

 

            La epopeya bíblica tiene su cumbre en Ex 14, el paso del mar Rojo. Los poetas hebreos han cantado y contado muchas veces este hecho fundante (en el mismo Ex 15 tenemos una versión cantada del mismo). Su decisividad se debe a que concentra todas las tensiones anteriores y marca una línea divisoria, un antes y un ahora. Es un relato paradigmático y con un mensaje existencial claro: pasar es salvarse. Eso es lo que celebra la pascua judía y, en parte, también la cristiana. En su redacción final, el relato, por su talante épico, no se ancla en datos históricos sino existenciales: si pasas puedes salvarte.

            En realidad, para aquella comunidad de judíos parias que escapó de la esclavitud no tenía nada de épico. Era una gran prueba, la primera, aquella que significaba la mayor ruptura. Se habrían vuelto a Egipto no solamente por el miedo a pasar, sino porque la esclavitud también se hace costumbre. El pueblo de éxodo o es un pueblo anhelante de libertad, sino un pueblo forzado a la libertad, por paradójico que parezca. Moisés, siempre incomprendido, queda presentado como el gran luchador ante el sistema opresor, el profeta de la posibilidad que crece desde lo débil. Por eso, pone el campamento “mirando al mar” y con el desierto a la espalda (14,4), frente a lo incierto, encarándolo con un peligro en las espaldas. Sin este afrontar lo incierto, pasar será imposible.

            Surge entonces la primera crisis (14,10-14). El miedo hace que los fantasmas se desaten: es un camino de muerte, habría sido mejor morir en Egipto. No hay cosa más dura que morir en tierra extraña. Solamente las fieras mueren en el desierto. Se cuestiona directamente a Moisés a quien se había advertido antes: “déjanos en paz y serviremos a los egipcios” (14,12). Resulta preferible una paz con esclavitud que una libertad con el sobresalto de lo desconocido. El miedo hace que se vea como una pérdida el pasar, aunque lo que se pierden sean las cadenas.

            El teólogo sacerdotal necesitará sacar sus argumentos teológicos como arma contundente: Dios “va a mostrar su gloria” no por merecimiento, sino a causa de la opresión que el pueblo sufre (14,15-18). Se empeña el autor en enseñar una verdad a la que Israel recurrirá con frecuencia: Dios está en la orilla de los oprimidos y, desde ahí, fuerza al opresor a que abandone su inhumana actitud. El pueblo se envuelto en la noche, anda en la noche (14,19-21). La única manera de iluminarla será pasar a la otra orilla. Dios enseña en la noche la hermosa y dura lección del pasar.

            Y no solamente eso, en los modos épicos del relato, Dios combate por Israel porque es una comunidad de pobres (14,22-27). Para el narrador, la imagen de un Dios que guerrea a favor de Israel es la única manera de devolver el resuello a la comunidad desalentada. Lo que se dice en realidad es que Dios apoya todo proceso de liberación humana. Eso es lo que se muestra en el signo épico de pasar un mar embravecido “a pie enjuto” (14,28-31). Se pasó; de aquellas maneras, pero se pasó. Y se demostró lo que se pretendía: que quedarse en la orilla, que volver la mirada a Egipto habría supuesto la muerte.

            Según Ex 15, las mujeres, más emotivas y solidarias, no dudaron en cantar este decisivo primer paso: María y las mujeres, ni cortas ni perezosas, toman los panderos; los corazones y los pies entretejieron la danza. Venían a decir al pueblo: Dios da fuerza (Ex 15,1-3) para que se sepa que los poderes opresores no son tan compactos como ellos dicen serlo (Ex 15,2-4) y no tienen todas las cartas a su favor (Ex 15,6-8); además, Dios no se olvida de ninguno de los caminos humanos porque se ha hecho compañero de viaje (Ex 15,9-13) y hace ver las posibilidades que encierra lo débil (Ex 15,14-18). Posiblemente muchas veces Israel repetiría este canto y esta danza sobre todo en las noches más duras del desierto. El aullido de las hienas no les amedrentaba y la aurora era para ellos una promesa renovada de vida.

            Vierte el texto de Éxodo una luz viva sobre la actitud de quien todavía no se ha aprestado al gran paso de esta vida: pasar al corazón del otro, a la vida del otro, a la orilla de la fraternidad. Pasar es principio de humanidad, de conciencia social y de fe. En los evangelios dice Jesús varias veces a sus discípulos: “Pasemos a la otra orilla” (Mc 4,35). El discipulado se altera y hace enormes esfuerzos para que desista de ello. Todas las travesías del lago de Genesaret son complicadas porque desvelan la tensión del pasar. Cree Jesús que a los de la otra orilla, a los paganos, también hay que hacerles la oferta del reino. En pasar está el éxito de la persona, de la sociedad y del reino. Por eso, el relato paradigmático de Ex 14 sigue siendo elocuente para el lector de hoy.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

 

 

El pan de la fraternidad

 

EL PAN DE LA FRATERNIDAD

LP 22

 

 

«Luego mandó traer panes y los bendijo. Como, a causa de la enfermedad, no podía partirlos, hizo que un hermano los partiera en muchos trozos; y, tomando de ellos, entregó a cada uno de los hermanos su trozo, ordenándoles que lo comieran entero».

 

 

         Además de nutrirnos, los humanos comemos. Eso, el comer en grupo, es quizá, al decir de algunos, lo que nos caracteriza como humanos. “Nos dicen los etnoantropólogos que la solidaridad nos hizo pasar del orden de los primates al orden de los humanos. Cuando nuestros antepasados antropoides salían a buscar sus alimentos, no los comían individualmente. Los llevaban al grupo para comer juntos. Vivían la comensalidad, propia de los humanos. Por tanto, la solidaridad está en la raíz de nuestra hominización” (L. Boff). En esa comensalidad básica hay que situar la que llamamos Cena del Señor.

El Jueves Santo se conmemora la institución de la Eucaristía, aunque quizá sea mejor decir que lo que se conmemora es la Cena del Señor en la que, posteriormente, se basará el sacramento de la Eucaristía. El “institucionalizar” una Cena de amistad y de entrega es como enfriar lo que está animado por el fuego del amor y del cariño. Por eso mismo, habrá que animar nuestras, a veces, frías Eucaristías con algo de pasión, de fuego, de creatividad.

         Quizá pueda ayudarnos a ello una escena insólita de la vida de san Francisco que leemos en la Leyenda de Perusa en su número 22. Cuenta que Francisco, estando ya muy enfermo, él, que tenía tanta admiración y una cierta prevención hacia el sacerdocio,  organizó una especie de Eucaristía sin sacerdote, presidida por él mismo. No deja de extrañarnos sobremanera.

         Reunió a los hermanos, los bendijo y luego mandó traer unos panes, un hermano los partió en trozos porque él estaba muy débil, y los repartió a cada uno. “Bendecir…partir…repartir”: son los llamados “verbos eucarísticos”. Todos sabemos que Francisco no era sacerdote. Pero, con una osadía propia de los profetas, celebra aquí la eucaristía de la fraternidad.

Y, por si fuera poco, añade el biógrafo: «Pues así como Señor el jueves santo quiso cenar con los apóstoles antes de su muerte, del mismo modo –así les pareció a aquellos hermanos. El bienaventurado Francisco quiso antes de su muerte bendecirles a ellos y quiso también que comieran de aquel pan bendito».

         Además lo hizo con toda la intención de rememorar la Cena de Jesús porque añade el biógrafo: «Creemos que esa fue su intención, pues, aunque ese día no era jueves, había dicho a los hermanos que creía que era jueves». O sea que él tenía en la cabeza el unir aquella peculiar celebración al Jueves Santo. Aunque se equivocó de día por lo visto.

         ¿Cómo se le ocurre a Francisco montar una especie de “Eucaristía”, él, que como decimos, tenían tanta reverencia a los sacerdotes y tanto amor la Eucaristía hecha “según la forma de la santa Iglesia”? No es ningún desacato, ni hay en el hecho ningún afán de remedar a los sacerdotes atribuyéndose funciones eclesiales que no le son propias.

         Él quiere decir a sus hermanos que hay una Eucaristía de la vida que, sin ella, la Eucaristía sacramental carece de sentido. Esa Eucaristía de la vida no es otra que la fraternidad. Sin la fraternidad, la Eucaristía sacramental se queda sin cimiento. Porque ¿cómo celebrar una sacramento de unidad, de compartir y de comunión en la división, la lejanía o el odio? Es como un gesto de ultimidad de Francisco. Como si dijera: la Eucaristía de la fraternidad es el cimiento de la Eucaristía sacramental. Ésta sin aquella no tiene sentido.

         Hace muchos años, el teólogo José Mª Castillo decía que sin justicia no puede haber Eucaristía. Entonces muchos pusieron el grito en el cielo porque consideraban eso una exageración y un exabrupto. Pero es así. Si la justicia, la fraternidad, la solidaridad, el componente social no está como cimiento de la Eucaristía caemos en un mero rito, lo que los viejos profetas del Antiguo Testamento llamaban “el culto vacío” que censuraban con virulencia.

         Ese peligro está siempre ahí. Por eso hay que preguntarse por qué, a veces, la Eucaristía nos resulta tan aburrida para los adultos y es algo tan lejano a la vida de los jóvenes. ¿No será porque el componente fraterno, social, está lejos? Devolvamos a la Eucaristía el gozo de la fraternidad y volverá a brillar con aquel brillo primero que tuvo, cuando la Cena del Señor. Hagamos sitio en la Eucaristía al componente social y cobrará la Cena de Jesús otro aire, más parecido a aquella Cena primera que es la fuente del sacramento.

 

 

Nuevos caminos para nombrar a dios

 

 

NUEVOS CAMINOS

PARA NOMBRAR Y ENTENDER A DIOS

 

El tema de Dios es cansino cuando se lo trata en moldes y formas religiosas. Pero apasiona si se lo saca de ahí. Es que, al final, no se trata tanto de Dios como otro ser y sus representaciones, sino que se trata del misterio, algo que ha apasionado a la humanidad desde siempre. Incluso en esta sociedad nuestra tan crecientemente secular el misterio sigue atrayendo, por más que, a veces, se banalice al máximo.

Cuando se habla de Dios fuera del marco religioso, el mismo vocabulario resulta equívoco y las ideas que contiene lo mismo. ¿Se puede dar con un vocabulario nuevo y unos contenidos nuevos? ¿Puede interesar eso a una persona de hoy? Pero las preguntas podrían ser otras: ¿Interesa hoy lo que hay debajo de la piel? ¿Te interesa algo más allá de lo que ves afuera? ¿Tiene la vida corrientes interiores de las que hacemos parte? ¿Es esto calentarse la cabeza sin más o es tratar de ser humano?

Creemos que hablar sobre Dios en modos seculares puede ser de utilidad para nuestra espiritualidad en general, para nuestra salud interior, para el ensanchamiento de los horizontes de nuestra vida. ¿Por qué no intentarlo?

1

DIOS EN LA FUENTE DE UN AMOR VIVO

 

Las viejas metáforas religiosas sobre Dios (Trinidad, Padre, Omnipotente, Redentor) a muchas personas se les han quedado sin contenidos, por más que se sigan repitiendo en el oracional religioso. Es que las metáforas son realidades vivas: se mantienen en vida si se las llena de carne, de contenido. De lo contrario “se mueren”. Quizá, por lo que sea, el hecho religioso nos ha legado una serie de metáforas muertas que siguen ahí pero que ya no evocan casi nada.

¿Podríamos intentar ponerles otra carne a otro tipo de metáforas? Quizá eso no serviría para relanzar la religión, siempre muy adherida a sus viejas metáforas y renuente a los cambios. Pero podría servir para un imaginario nuevo sobre Dios que diera pie no tanto a una nueva manera de ser religioso sino a una forma mejorada de ser humano. ¿Puede contribuir lo de Dios a humanizar cuando hemos tenido experiencias de lo contrario? ¿Merece la pena perder el tiempo en un empeño así? Intentémoslo y valoremos luego.

 

  1. 1.    Las cosas tienen su fuente

 

Una lectura superficial de la realidad puede llevarnos a creer que las cosas, las ideas, los comportamientos humanos, están ahí sin más. Pero tienen su fuente. A veces esa fuente se hunde en tiempos de penumbra que ya no sabemos cuándo comenzaron a funcionar. Por eso mismo nos preguntamos: ¿vale para algo preguntarse por la fuente de nuestros caminos? ¿No es mejor vivir en la superficie sin complicarse? ¿Tiene sentido bucear en la profundidad y en las preguntas? Lo hemos dicho muchas veces: el peor enemigo de lo humano es la superficialidad. Eso nos hace vulnerables. La profundidad, sin embargo, nos hace fuertes.

 

  1. 2.    ¿Cuál es la fuente del amor?

 

No lo sabemos. Y menos la de una realidad tan compleja como lo es el amor. Pero responsamos: la fuente del amor es la compasión. ¿Y qué es la compasión? Un movimiento del corazón que, sin saber muy bien por qué, nos empuja hacia el corazón del otro hasta hacer nuestro su gozo y su pena. Es un no saber muy bien por qué he de unirme al corazón del otro aunque eso pueda complicarme la vida al máximo. Quizá esto se halle en el fondo antes que la mera atracción física. Es lo que los griegos llamaban la filantropía y el Evangelio las “tripas revueltas” (el samaritano).

La mandíbula de Dmanisi (Armenia) ilustra muy bien esto: en lo más oscuro de nuestros inicios (casi dos millones de años) ante una mandíbula de adulto sin dientes, los antropólogos se preguntan: ¿Acaso estamos ante el primer acto de caridad o solidaridad humana documentado en el registro fósil? ¿Por qué mantuvieron con vida durante años a un anciano alimentándolo cuando ya no podía aportar una ayuda física a la tribu?

 

  1. 3.    Un Dios extraño en esa fuente

 

Hay quien en ese movimiento primario de amor ha visto la realidad de un Dios extraño que ama por encima del ridículo y el sinsentido.

         Esto lo vemos en libro de Oseas. Éste era un profeta felizmente casado. Pero resulta que su mujer le abandonó y se marcho a vivir la vida. Una gran depre cayó sobre Oseas. Pero entonces la voz de Dios le dijo: busca a una prostituta y cásate con ella. Oseas quedó desconcertado. Pero como era un creyente fiel, se casó con una prostituta. Ésta, como tenía “el corazón de prostituta” dice el libro (?), lo abandonó también y se marchó también. De nuevo le dijo Dios: búscala y cásate de nuevo con ella. Oseas decía: yo era el hazmerreír de la gente.

         Hasta que comprendió que Dios anda así tras la persona: como un engañado, como un desgraciado que se traga su orgullo de Dios, como alguien que sigue amando incomprensiblemente por encima de agravios, como alguien que, quizá si saber muy bien por qué, es atraído por el “arcaico y extraño corazón” (como dice Atxaga) que es el de los humanos.

 

  1. 4.    Un continuo manar

 

Alguien podría decir que, vistos los desaguisados que nos hacemos los humanos, esa fuente hace mucho que dejó de manar. Pues no, incomprensiblemente lo sigue haciendo. No se seca la fuente de los amores entregados, generosos, incomprensibles a veces. El mundo vive por la fuente del amor, el cielo gira en torno a esa fuerza, decía Dante.

Nuestras aportaciones al amor, por modestas que sean, son valiosas, divinas en cuanto que conectan con la fuente del amor en la que Dios tiene su asiento. Es un dicho admitido por todos los creyente que somos “imagen y semejanza suya”. Pero lo somos en la línea del hacer, no del ser sin más. Haciendo lo que Dios hace, amar, somos como él. Descreyendo del amor no tenemos nada que ver con él.

 

  1. 5.    Cascarón vacío

 

Ese es el gran peligro del amor. Por eso suena tanto en todos los medios de comunicación (dime de qué presumes y te diré de qué careces). El peligro es que se sea un cascarón vacío. Que lo sea a plano personal ya es una pérdida. Pero que lo sea en el ámbito social y religioso lo es, todavía, más.

Son cascarones vacíos todas las convenciones sociales que banalizan el amor, que lo comercializan, que lo hacen objeto de consumo. Lo son también las formas sociales que no son sino eso, formas sin contenido, gestos de protocolo, mientras por detrás se maldice del otro. Vaciar el amor de contenido es una de las peores formas de inhumanidad porque, al final, uno vive sin pisar el terreno firme de lo humano.

Son, más aún, cascarones vacíos las afirmaciones religiosas sobre el amor de Dios y sobre el amor humano que son meros “flatus vocis” (voces vacías): hablar de amor de Dios cuando se intriga, cuando se oprime, cuando se abusa, cuando se oculta, cuando se asienta el sistema religioso sobre el poder. Mera rutina y peligrosa rutina porque vacía el alma de la comunidad cristiana y la lleva a la irrelevancia. El discurso sobre el amor de Dios, tan vacío, ha sido una de las fuentes del ateísmo moderno.

 

  1. 6.    Amor social

 

Quizá esa sería una posibilidad de entender el amor humano y el mismo amor de Dios. El amor social es una forma eximia de amor porque saca al acto de amor del egoísmo que amenaza hasta lo más sagrado del caminar humano.

El amor social es la simple certeza de que por habitar nichos comunes (tu pueblo, tu país, tu mundo) eso crea vínculos que son de todos y con los que se tiene sentido colaborar en modos de desinterés y de compasión. Algo todavía difícil por entender en estos pagos nuestros. Y de esta amistad cívica (como la define A. Cortina) se podría pasar a la pasión por el pueblo, por lo común, por lo de todos.

Por muy personal que se quiera, según la palabra, Dios parece entender su amor en modos sociales. Frente al individualismo ante el que sucumbe generalmente el hecho religioso, la Palabra sigue anunciando que “Dios ama al pueblo”, al conjunto, al todo. El áspero camino del amor social sigue siendo camino elocuente para entender el amor de Dios.

 

  1. 7.    ¿Qué supone poner a Dios en la fuente del amor?

 

No supone, en primer lugar, ser persona religiosa. A veces, incluso, el hecho religioso y su inmisericorde rutina puede ser un obstáculo. Si la religión fuera una ayuda para acercarse al misterio con humanidad, sería algo bueno. Pero si se carece de ella, a veces se está mejor equipado para hacerse preguntas que partan de otros presupuestos.

Tampoco es imprescindible ser creyente. Sí que lo es el tender a la profundidad, el pensar, el ahondar, el creer que es dentro donde de verdad se resuelven las preguntas que nos hacemos los humanos. Por eso hay ateos que se unen a la mística más profunda cuando navegan por los adentros (luego citaremos a José A. Valente).

Sí que supone conectar con el misterio de la entrega, tener habilidad para saber mirar dentro, amar el sosiego, el silencio, el diálogo constructivo. Tener por cierto que los humanos no estamos siempre en sombras sino que, si uno lo trabaja, puede haber rachas de luz.

Supone también mirar las personas y cosas más allá del egoísmo constituyente que nos envuelve, pensando que la realidad del otro me compone y que, por ello, si la amo, me estoy amando yo mismo de alguna manera. Es creer que la suerte de los humanos está ligada por el vínculo del amor, por encima de heridas.

Por eso, y a la base de todo, supone tener fe en el camino humano. Creer en esta vida nuestra como vida destinada a la dicha aunque se cuente con la limitación. No nos resistimos a leer un poema del místico ateo antes citado, José A. Valente:

 

Al amanecer,

cuando la dureza del día es aún extraña

vuelvo a encontrarte en la precisa línea

desde la que la noche retrocede.

Reconozco tu oscura transparencia,

tu rostro no visible,

el ala o filo con el que he luchado.

Estás o vuelves o reapareces

en el extremo límite, señor

de lo indistinto.

No separes

la sombra de la luz que ella ha engendrado.

 

  1. 8.    ¿Es Dios la fuente amor?

 

Allá por los años 70 (da casi vergüenza recurrir a estos recuerdos) Ricardo Cantalapiedra musicalizó un poemilla de Pedro Casaldáliga que hizo fortuna:

Donde tú dices ley,

yo digo Dios, yo digo Dios.

Donde tú dices paz, justicia y amor,

yo digo Dios, yo digo Dios.

Donde tú dices Dios,

yo digo libertad, justicia y amor.

Si la metáfora “Dios es la fuente amor” sirve para unir cosmovisiones distintas, quizá ha servido para mucho.

Quienes nos consideramos creyentes en Jesús y su Dios habríamos de tener activada la fuente del amor porque, si no fuera así, hablar de fe es hablar de música celestial.

 

 

Para el diálogo:

 

  1. 1.    Subraya un punto de lo reflexionado que te haya parecido más interesante.
  2. 2.    ¿Te parece que esta espiritualidad se nos va de las manos y que no se concreta en nada?
  3. 3.    ¿O, por el contrario, te parece que esto tiene consecuencias en la vida y en la manera de creer?

 

 

2

DIOS ACOMPAÑANTE

DEL CAMINAR HUMANO

 

         Como no estamos habituados a estas maneras alternativas de nombrar y entender a Dios, es posible que las acojamos con una cierta “frialdad”. Es normal. La calidez llega con el trato y eso cuesta. Más todavía cuando las viejas formas de entender a Dios nos llevan una ventaja casi insuperable: nos las inocularon en la infancia, apuntaron al corazón (a la sensibilidad) casi más que a la razón y lograron que les hiciéramos un hueco en el corazón. Lo que se ha llegado a amar, aunque hoy nos parezca cuestionable, es muy difícil poder llevarlo a un terreno de novedad. De todo esto hay que ser consciente.

         Por otra parte, algunas de estas cosas “nuevas” que decimos sobre Dios ya las sabemos, las hemos escuchado antes de ahora. Son cosas sabidas, pero ¿son cosas vividas? Para que alcance el nivel de vivencia, además de darles muchas vueltas, hay que llenarlas de “carne”, de experiencias que se puedan “tocar”. Y de eso andamos escasos en estos terrenos de novedad espiritual. Necesitamos tiempo para sumar pequeñas experiencias de novedad que bajen al subsuelo de nuestra espiritualidad.

         Además, hay que hacerse la pregunta, molesta a veces, de si realmente queremos cambiar nuestros paradigmas espirituales, de si queremos colocarnos en otro terreno. Es posible que respondamos que sí. Pero en tal caso surge una cuestión inmediata: ¿hasta dónde estamos dispuestos a modificar e incluso a abandonar planteamientos anteriores? Si queremos algo nuevo sin el despojo de lo viejo, la cosa es muy difícil.

         De cualquier manera, sea lo que sea lo que el futuro nos depare, démonos ánimo para trabajar la búsqueda espiritual. Es posible que los caminos nuevos no sean lineales y sencillos, sino algo equívocos y complicados. Démonos ánimo. Con ánimo, el éxito es posible.

         Es ya “doctrina” casi adquirida la de que Dios es nuestro compañero de camino. Parece algo obvio. Pero si miramos los viejos catecismos (en el de Astete solo aparece una vez la palabra “compañero” aplicándola a los ángeles caídos del demonio; ninguna vez “acompañar”; en el Ripalda, nada de nada) o los nuevos (en el CIC cuatro empleos de “acompañar” ninguno aplicado a Dios y se acabó) la imagen de un Dios acompañante brilla por su ausencia.

         De modo que, por ahora, denominar la realidad de Dios como compañera del camino humano es algo novedoso en el paradigma de la fe común.

 

  1. 1.    La soledad que nos constituye

 

No hace falta ser un lince para decir que la soledad no solamente es un acompañante inevitable de la vida, sino que, además, es un componente de nuestra estructura básica. Quiere esto decir que la soledad viene “de fábrica”. No nos referimos a las soledades que se nos van apegando a lo largo de la vida, pegajosas unas o más fáciles de verse libres de ellas. Nos referimos a esa imposibilidad de transferir al otro lo que somos en el fondo, lo que nos hace sentirnos en desamparo. Esto se da hasta en las relaciones más íntimas y aunque estas funcionen de maravilla.

Una persona adulta ha de aprender a mirar de frente a esta soledad constituyente y a lidiar con ella. Porque, en realidad, sentir esta soledad no es una pérdida. Sartre decía: "Si te sientes en soledad cuando estás solo, estás en mala compañía". Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza. Inconscientemente buscamos tener a alguien con quien reír o hablar, alguien a quien amar, entregar nuestro tiempo y compartir un futuro incierto, pero seguramente más grato por la compañía de alguien valioso. Sin embargo, muchas veces es agradable disfrutar de un momento de soledad y regalarnos un espacio para el autoconocimiento y reflexión que, sin duda alguna, agrega valor a nuestras vidas y nos permite ser un poco más conscientes de quiénes somos y de lo que hacemos aquí.

 

  1. 2.    Experiencia de desamparo

 

Es también algo que pertenece al campo experiencial de la vida: sentirse en desamparo. Quizá por eso, dicen algunos, hemos recurrido, entre otras cosas, a la religión: para sentirnos más amparados. Para Freud la religión siempre fue una respuesta que ofreció una estructura sólida de apoyo a los seres humanos separados de un estado “ideal de naturaleza”, una producción cultural de un modo de “reunión” entre el hombre y el universo, entre el hombre y el padre perdido. Son construcciones simbólicas, que tienen la función de conferir a los sujetos un amparo y un lugar en el mundo, en el “orden cósmico”.

Puede que todo esto sea verdad, pero el creyente adulto que entiende a Dios como compañero no lo vive así para suprimir el desamparo, sino para tratar de integrarlo en su camino personal, para saber vivir con toda su dignidad aunque sienta la dentellada de la soledad más básica (como en la película La hija de un ladrón). En esto, nos apartamos de la piedad que piensa que Dios le acompaña para no sentirse solo. Una fe madura entiende a Dios como acompañante de nuestra insoslayable soledad.

 

  1. 3.    Presencias acompañantes

 

El acompañamiento de Dios se inscribe, de alguna manera, en una serie de presencias acompañantes que caminan con nosotros en la vida. La presencia de quien amamos y ya no está, la presencia de los amores perdidos pero que guardan lo bueno en el fondo del alma, la presencia de quien en su día nos hizo bien, la presencia de quienes están lejos físicamente pero cerca anímicamente, las presencias que desconocemos pero que han hecho posible que estemos hoy aquí. Esto no es lírica. Hay que flexibilizarse en el tema de las presencias.

Porque es la el acompañamiento de Dios al camino humano es una de esas presencias que no vemos pero que, creemos, están. No es un enajenado porque uno se refiera a tal presencia de manera viva. Por el contrario, su salud espiritual y mental mejora con esa relación presencial con el Dios caminante y acompañante.

 

  1. 4.    En los procesos básicos de la vida

 

La dificultad para tener a Dios por acompañante de la vida es que, al hacerlo, lo “rebajamos” a la categoría de caminante con nosotros: viene a nuestro terreno, lo hacemos humano cuando lo que parecer pretender la religión pretende es que nosotros abandonemos este camino pobre de la vida y nos situemos en la senda gloriosa de lo divino. Un Dios que anda el tortuoso camina humano parece que es un Dios “rebajado”, desposeído del brillo de su gloria. Hemos leído mil veces el texto de Jn 13 (lavatorio de los pies) en que, en Jesús, se dibuja plásticamente la realidad de Dios: un Dios a los pies de la persona. Aún así, nos cuesta hacerlo caminante de nuestras sendas.

Pero este problema se acentúa cuando situamos el acompañamiento de Dios en los procesos básicos de la vida, en el ámbito de lo molecular. Todos sabemos que los seres vivos venimos de una humilde bacteria que hace 3800 millones de años tuvo un sueño: crear otra bacteria igual a sí misma. En el minúsculo universo celular que habita bajo nuestra piel hay miles y miles de reacciones químicas orquestadas en perfecta armonía molecular y hacen posible cada instante de nuestra vida. La vida humana se construye a partir de una larga tira molecular de dos metros de material genético que están cuidadosamente empaquetados en cada una de nuestras células y repartidos en 23 pares de cromosomas. El pasado (la herencia) y el futuro (la diferencia entre humanos) están abrazados en una estructura molecular de doble hélice Así tenemos las certeza de que una vida surge de otra sin necesidad de invocar ningún fenómeno sobrenatural para explicar un proceso tan natural. De ahí que el caminar de Dios no modifica ese proceso natural, simplemente lo acompaña y lo alienta.

 

  1. 5.    Acompañante silencioso

 

Dios acompaña el caminar humano en modos de profundo silencio. Las religiones quieren que Dios hable, que se escuche su voz, que se note su presencia, que se le “vea” (la afición a las apariciones es frecuente en todas las religiones). Deudores de un fuerte y largo proceso de antropoformización, creemos que si Dios no habla no está. Y Dios no necesita hablar para estar. Más aún, quizá su silencio sea la garantía que lo hace inmanipulable, porque si hablara, terminaríamos imponiéndole que hablara como nosotros.

Quizá sea mejor que Dios no hable o que su silencio sea su manera fiel de estar al lado del camino humano. ¿No dice el evangélico que ve en “lo secreto” (Mt 6,6)? Ve en lo secreto porque está en lo secreto. Y está en los modos del silencioso acompañamiento, el que no demanda nada, el que suscita todo en los modos de la naturaleza, el que hace surgir las fuerzas que apunta a la vida.

 

  1. 6.    “Se puso a caminar con ellos” (Lc 24,16)

 

Se dice en aquella escena de Emaús que, cuando Jesús se hizo encontradizo con aquellos dos que iban a su finca, “se acercó y se puso a caminar con ellos”. Eso es algo de lo que queremos decir aquí: Dios se acerca al camino humano y acompasa su paso de Dios al humilde y titubeante paso humano para caminar al lado de quienes transitamos por esta historia cósmica. No fuerza, no empuja, no altera. Se hace uno en el camino y somos los humanos quienes marcamos el paso ya que no nos es posible caminar en modos divinos. Este humilde caminar de Dios habría de animarnos para andar en las horas más difíciles de nuestro tránsito por la vida.

Es harto repetida una parábola sobre el caminar de Dios a nuestro lado. Quizá convenga repetirla y “corregirla”:

 

«Una noche soñé que caminaba por la playa con Dios. Durante la caminata, muchas escenas de mi vida se iban proyectando en la pantalla del cielo. Con cada escena que pasaba notaba que unas huellas de pies se formaban en la arena: unas eran las mías y las otras eran de Dios. A veces aparecían dos pares de huellas y a veces un solo par. Esto me preocupó mucho porque pude notar que, durante las escenas que reflejaban las etapas más tristes de mi vida, cuando me sentía apenado, angustiado y derrotado, solamente había un par de huellas en la arena. Entonces, le dije a Dios: “Señor, Tú me prometiste que si te seguía siempre caminarías a mi lado. Sin embargo, he notado que en los momentos más difíciles de mi vida, había sólo un par de huellas en la arena. ¿Por qué, cuándo más te necesité, no caminaste a mi lado? Entonces Él me respondió: “Querido hijo. Yo te amo infinitamente y jamás te abandonaría en los momentos difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas es porque yo te cargaba en mis brazos…».

 

Quizá no nos lleve en sus brazos porque las leyes físicas dicen que hemos de ser nosotros quienes andemos por nuestro pie este azaroso camino de la vida. Pero su acompañamiento no es inútil, sino todo lo contrario. Es tal vez la fuerza secreta que puede hacer que lleguemos a entender este caótico universo del que hacemos parte como un hermoso camino de vida.

 

  1. 7.    Homo sapiens/homo sentiens/homo socius

 

Todos nos definimos como homo sapiens por nuestra condición de seres conscientes. Ciertamente la razón y el conocimiento son el signo determinante de lo humano. Los antropólogos se desmelenan preguntándose cuándo y cómo llegamos a ser sapiens, por qué se desarrolló de manera tan notable nuestra capacidad cerebral que nos llevó a ser capaces de pensar, de mirar al futuro y de reflexionar sobre el propio sentido de la existencia.

Pero también somos sentiens,  seres humanos con sentimientos que terminan por preguntarse si somos felices o no, ya que la pregunta por la felicidad y su búsqueda tenaz está siempre ahí. Algunas han llegado a tratar de contar sus días de felicidad y han deducido que no son muchos (Abderramán III decía que eran 14, y no seguidos). La persona sentiens sabe que está creado para la dicha, por enormes que sean sus precios cósmicos.

Pero sabiendo que Dios nos acompaña, quizá haya que decir que la persona es también homo socius,  persona compañera, llamada a acompañarse para ser fieles a las mismas leyes de la biología: todos nuestros billones de células se supeditan al bien común. Por eso, el egoísmo celular lleva a la enfermedad (el cáncer es un ejemplo de tal egoísmo). De ahí que tengan sentido los trabajos de acompañamiento. El acompañante es una persona que cuida la sensibilidad, la atención, que no tiene prisa, y que sabe que, aunque muchas cosas son importantes, y hay contenidos imprescindibles, y hay opciones urgentes..., la planta no crece tirando de ella, sino dejando que ella dé de sí misma lo que ella pueda dar y desarrollar. No tira de ella, la alimenta, la riega,  la cuida, espera.

 

Conclusión

 

Puede ser que una reflexión como esta no tenga la fuerza necesaria para deslumbrarnos y conmovernos. Pero es que los modos nuevos de nombrar a Dios y los caminos para vivir esa realidad en maneras distintas han de aprenderse procesualmente, lluvia que va cayendo y que, quizá a su tiempo, dará su fruto. Sin acopio de paciencia, sería empresa imposible.

 

Para el diálogo:

 

  1. 1.    ¿Te parece interesante, útil, esta manera de nombrar a Dios y de entenderlo como acompañante?
  2. 2.    ¿Qué caminos serían mejores para ir generando una espiritualidad del Dios que anda nuestros caminos?
  3. 3.    ¿Por qué nos cuesta tanto ser acompañantes desprendidos y generosos de quien lo pasa mal?

 

 

3

DIOS DINAMISMO DEL COSMOS

 

         Nuestra fe se ha hecho tan compacta que, por el bien de todos, hay cosas que es mejor no tocar. Pero resulta que cuando en una fe hay algo que no se puede tocar, tal vez nos estemos deslizando hacia el dogmatismo y el integrismo religioso. Y ya se sabe, una fe que no alberga dudas no puede ser una fe de calidad. Resulta ingenuo pensar que uno tiene una fe de más calidad cuando no se hace preguntas, cuando todo lo que se cree se ve libre del zarandeo de la duda.

         Pues bien, una de las cosas que, cuando se toca, se entra en danza es el tema de Dios creador. Por eso los creacionistas dicen que eso no se toca y por ello se hacen militantes de tal planteamiento con pretensiones de que sea algo universalmente aceptado por todos, tal como está expresado en la Biblia sin ningún matiz: Dios creó la tierra en siete días y punto.

         Sin llegar a esos extremos, la mayoría de los creyentes católicos piensan que Dios creó el mundo, como sea, y se acabó la cosa. No es una cuestión que les inquiete porque no ven que eso afecte al núcleo de su fe. Por eso proclaman en la misa, casi de corrido, su fe en un Dios “creador del cielo y de la tierra”. Si les preguntáramos: ¿cómo entiendes eso que proclamas? quizá les pondríamos en un compromiso o, simplemente, nos remitirían al CIC donde dice que “Dios es el único creador del cielo y de la tierra” (216). Y hasta aquí llega la discusión.

         ¿Por qué situarse siempre entre el creacionismo y el anticreacionismo? ¿Por qué no intentar otros caminos de comprensión? ¿Es esto una cuestión puramente mental en la que no merece la pena perder tiempo o tiene consecuencias para quien dice creer en Dios? Tratemos de reflexionar en paz y quizá podamos enriquecer nuestra espiritualidad. Quizá abramos camino para una manera nueva de nombrar y de entender a Dios

 

 

  1. 1.    La nueva física

 

Educados en la física convencional, euclidiana, por más que se nos diga que hay otra física, otra manera de ver el mundo, nos resulta algo inconcebible, fantasioso, para películas de ciencia ficción. Cada día está más presente en nuestra vida, en nuestras comunicaciones, en nuestra sanidad, en nuestra informática. Pero seguimos imaginando el cosmos de manera convencional, más o menos como nos enseñaron en la escuela.

La manera de imaginar a Dios y de derivar hacia la fe desde esa postura es la que hemos heredado y que está totalmente vigente. Pero tal manera se halla desnuda ante la nueva física: ¿cómo entender la historia de la salvación cuando todo acontece a la vez? ¿Cómo entender la plenitud del mundo cuando el cosmos se expande hacia el caos? ¿Cómo entender la creación cuando todo depende de un big bang? ¿Cómo entender la centralidad de nuestra historia y de Jesús cuando se nos dice que hay millones de galaxias como la nuestra (la vía láctea) que contiene más de cien mil millones de estrellas muchas de ellas infinitamente más grandes y potentes que nuestro planetilla? ¿Cómo imaginar un más allá fuera del cosmos y su imperturbable más acá? ¿Cómo entender la danza de las partículas en una idea de sociedad y de Iglesia estable?

Ya decimos que hay cristianos, ciudadanos, que todo esto les parece ciencia ficción y que no toca lo real. Están muy equivocados porque esta es, justamente, la aproximación más exacta a la realidad de que hoy disponemos. Otras aproximaciones han quedado en notable parte arrumbadas. ¿Qué fe es la nuestra en qué idea de cosmos?

 

  1. 2.    La biología molecular

 

La revolución cósmica tiene su paralelo en la revolución molecular, lo grande y lo superminúsculo están siendo reelaborados. Efectivamente, la gran tarea de descifrar el código genético se completó hacia 1965 y fue en 1991 el progreso tecnológico permitió descifrar el primer gran lenguaje biológico, el lenguaje genómico (A,C,G,T). Desde entonces hemos ido aprendiendo cosas sorprendentes: que es mi genoma el que está generando proteínas que me permiten pensar, sentir, ser; que miles y miles de reacciones químicas orquestadas hacen posible cada instante de mi vida; que la naturaleza no tiene propósitos en términos científicos y que puede tantas y tan diversas maravillas porque tiene todo el tiempo posible para hacerlo y todas las oportunidades para cometer errores; que la vida humana se construye a partir  de una larga tira molecular de dos metros de material genético que están cuidadosamente empaquetados en cada una de nuestras células y repartidos en 23 pares de cromosomas; que todos, absolutamente todos los seres vivos venimos de una humilde bacteria que hace 3800 millones de años tuvo un sueño: crear otra bacteria igual a sí misma; que una vida surge de otra sin necesidad de invocar ningún fenómeno sobrenatural para explicar un proceso tan natural; que, como dice García Márquez, «debieron transcurrir 380 millones de años para que una mariposa aprendiera a volar, otros 180 millones de años para fabricar una rosa sin otro compromiso que el de ser hermosa, y cuatro eras geológicas para que los seres humanos fueran capaces de cantar mejor que los pájaros y morirse de amor».

     Pues bien, ¿cómo insertar en este panorama la realidad de Dios, cómo mezclarlo a ella? ¿Con qué modelo de Dios: un Dios que desde fuera actúa sobre lo que ha creado o un Dios que se mezcla a lo creado desde dentro? ¿Un Dios que es distinto de lo creado o un Dios que, por amor, se identifica con lo creado? ¿Un Dios que teme al panteísmo y al inmanentismo o un Dios que abre los brazos a la realidad y la “procrea” por amor? ¿Un Dios frente a lo creado o integrado en lo creado por un misterio inalcanzable de bondad y de entrega?

 

 

 

  1. 3.    Gozosa encarnación

 

La fe cristiana siempre ha afirmado y creído en la encarnación. Pero también es cierto que, en la historia de la dogmática, la encarnación ha estado casi siempre amenaza en su verdad. Los ha habido quienes han negado tal verdad diciendo que era una encarnación de mentirijillas (docetismo) o un simple hombre (adopcionismo, arrianismo) o un eón sin cuerpo (gnosis) o alguien sin alma humana (apolinarismo) o que eran dos personas (nestorianismo). Y muchas variantes más. Todas ellas tienen una cosa en común: valoran a su  manera a Jesús pero no valoran a la creatura.

¿Y si pensáramos en un Jesús que abraza, se funde, se une, se entrega a la creatura y desde ahí desveláramos la realidad de un Dios similar (nosotros sabemos de Dios deduciéndolo de Jesús)? Dios se funde a la creatura por amor, se disuelve en sus procesos por el mismo amor. Haciéndolo así no “desaparece” sino que se realiza porque el amor es lo más realiza a quien ama. Dios se suelda a la historia y hace con ella un destino común por amor. Del mismo modo que sirve y lava pies, Dios se postra ante la historia para lavarle los pies hasta hacerse con ella una por amor. En estos planteamientos sobran las preguntas de si es entidad distinta o no es, de si conserva Jesús su verdad de Dios y hombre verdadero o no. ¿Se preguntan quienes aman sin son ellos mismos o no son? ¿Se preguntan si su realidad se disuelve a o no? Aman y punto: se entregan y punto; unen su destino y punto. Las preguntas por el yo quedan envueltas y transformadas en la realidad del tú, en el amor al otro.

 

  1. 4.    Más allá del “tú”

 

Esta manera de entender lo creado con Dios unido a él por amor tiene un gran inconveniente que hemos detectado ya: parecería como si el tú de Dios se diluyera y ya no sabría el creyente a quien amar, a quién dirigirse en la oración, a quién recurrir en sus apuros. Parecería que el creyente quedaba “huérfano”, como sin Dios.

Quizá haya todavía que elaborar la evolución del marcante antropomorfismo que hemos aplicado a Dios desde niños. Es cierto que hemos dado paso: no lo entendemos con el viejito con barba blanca que habita en el cielo (aunque ¿por qué lo pinto tantas veces así Cortés en aquellas viñetas luminosas y que tanto nos gustaban?). Ya no pensamos así. Pero quizá haya que continuar en la reelaboración del imaginario sobre Dios.

¿Podría ayudarnos el imaginario de un Dios abrazado a la historia, asumiendo sus dinamismos, mezclándose a los procesos naturales, arrastrado por amor a nuestra historia, habitando el sótano de los más elementales procesos de la vida, acompañante hasta el último aliento del caos cósmico? ¿No podría ser ese Dios ceñido a lo nuestro como un “tú” vivo interesante, atractivo y capaz de alumbrar, a nuestra medida, entregas que apunten a la vida?

 

  1. 5.    Necesitados de horizontes

 

Muchos cristianos, hoy por hoy, no necesitan horizontes nuevos para su fe. Viven su religiosidad en una paz suficiente. Pero otros, ciertamente una minoría, se sienten cada vez más “ahogados” en la estrechura del pensamiento y de la práctica religiosa tradicional. Si no se han desalentado y han abandonado la empresa de creer, buscan aires nuevos, maneras nuevas de decir y pensar, modos distintos de expresar lo que hay en su corazón creyente. Buscan, en definitiva otros horizontes. ¿No podrían encontrar aquí un horizonte renovado para su anhelo de fe? ¿Cómo sería esa fe nueva?

Sería una fe tan viva como cualquier otra, admirada y situada ante el misterio del existir y del Dios que se funde a tal misterio. Sería una fe en diálogo con el mundo y la ciencia de hoy, sin tener que recurrir a extraños subterfugios para no avergonzarse de la creencia. Sería una fe maravillada ante lo que acontece, no tanto una fe para la rutina ideológica o religiosa. Sería una fe para gente adulta que ya no comulga con ruedas de molino, sino que va elaborando su camino creyente con trabajo. Sería una fe que no teme a la ciencia ni a la técnica, sino que sabe dialogar con ellas sin perder nada de su mirada profunda.

Es verdad, como dice EG 242 que «toda la sociedad puede verse enriquecida gracias a este diálogo (ciencia y fe) que abre nuevos horizontes al pensamiento y amplía las posibilidades de la razón». Pero también se abren nuevas posibilidades a la fe porque, a la postre, parece que se sigue manteniendo que es la razón la que debe someterse a la fe, cuando nosotros hablamos de un camino conjunto liderado por la ciencia, más allá de sus indudables límites.

 

  1. 6.    Lo importante y lo accesorio

 

Una de las ventajas de estos esfuerzos por nombrar y entender a Dios en modos nuevos es que nos pueden ayudar a separar lo importante de lo accesorio y a dar a cada uno de ellos la importancia que tienen. Observamos que la mecánica religiosa se asienta con frecuencia en lo accesorio hasta hacer de ello, con frecuencia, caballo de batalla (todavía basamos nuestra fe en peregrinaciones, devociones, reliquias, recuerdos religiosos, tradiciones, etc.). Lo accesorio también tiene su valor, pero es accesorio. Asentar sobre eso la identidad cristiana es arriesgarse a perder el norte.

     Cuando hablamos sobre maneras de nombrar y entender a Dios estamos hablando de lo importante, de lo decisivo. Es decisivo el imaginario sobre Dios que vamos trabajando; es decisiva la visión que tenemos del mundo en su globalidad; es decisiva la manera de entender la relación con la ciencia; resulta decisiva la preocupación por el hecho social y sus demandas de justicia; es decisiva la idea personal que nos vamos haciendo de la realidad y del cosmos; es decisiva la espiritualidad que manejamos cotidianamente; es decisiva la manera de entender a la persona desde la dignidad; es decisiva la certeza de que hacemos parte de un entramado social, eclesial y aun cósmico.

 

  1. 7.    Más allá de la frialdad

 

Ya hemos dicho que este tipo de espiritualidad puede que a no pocos de quienes buscan les resulte un tanto fría. No se construye un hogar cálido en cinco minutos. Y cuando hemos conocido otros hogares espirituales más cordiales, la dificultad aumenta. Pero se podría intentar hablar, sentir, compartir, esta espiritualidad en modos cálidos. Nos haría mucho bien. Si no aportamos calidez es posible que todo se bloquee.

Encuentro calidez en unas palabras de Manuel Vicent en una columna periodística del mes de diciembre pasado: «Pase lo que pase, el 22 de diciembre, como todos los años, dentro del bombo de la lotería rodará como premio gordo el solsticio de invierno. Ese premio va a salir con toda seguridad y llevará consigo una nueva luz camino de primavera. El sol en nuestro hemisferio iluminará dos minutos más cada día este estercolero en que, pese a todo,  están nuestros sueños de juventud enterrados. Si no crees que esa luz es la suerte que viene desde el fondo del universo a dar nueva energía a tu vida es que ya estás muerto».

 

Para el diálogo:

 

  1. 1.    ¿En qué punto te resulta más luminosa esta reflexión?
  2. 2.    ¿Por qué puede ser interesante entender y nombrar a Dios como dinamismo del cosmos?
  3. 3.    ¿Crees que aún hay que trabajar mucho la relación entre fe y ciencia, entre cultura y fe?

 

 

 

4

DIOS: FUERZA PARA MUCHAS ENTREGAS

 

         Hablar de “entrega”, de personas entregadas, resulta algo forzado, por más que la RAE recoja la acepción (de las 10 acepciones que se registran la 6 dice: «dedicarse intensamente a algo o alguien», es lo más parecido a lo que queremos decir).

Pero como resulta que muchas entregas se hacen en lo oculto, ni el lenguaje ni los hechos abundan: ¿quién conoce a José A. Bargues, cura en Valencia que lleva cincuenta años al frente de la Casa de la Pau, “el último recurso de quienes no cuentan para nada”? ¿Quién conoce al penalista de Comillas Julián Ríos que ha acogido durante más de 20 años a presos en su casa? Entregas que se desconocen pero que están ahí. Las hay a cientos.

El motor, la fuerza para animarse a estos itinerarios es, a veces Dios, o la religión, o un ideal de humanidad y de dignidad, o no se sabe qué que mueve a lanzarse por estas difíciles sendas. Nosotros queremos ver en esas decisiones un empuje al que llamados Dios, el Dios que está a favor de lo humano y comprometido con las causas de los más frágiles. Es el Dios de esclavos (cosa rara en la historia de las religiones) que “ha escuchado el grito del pueblo”  (Ex 3,7) y que lo escuchado a través de los oídos y de los corazones de personas entregadas.

No queremos distinguir entre entregas de personas religiosas, laicas o ateas. Todas las entregas tienen el denominador del corazón y por ello no importa la etiqueta que se les quiera poner. En ese fondo común puede estar ese Dios al que queremos nombrar de maneras nuevas y creer con horizontes más amplios.

 

  1. 1.    El valor de la entrega

 

La entrega es un valor en lo oculto. Su valor de fondo es su fe en la dignidad de la persona. Muchas veces esta fe en la dignidad toma el rostro del amor. Pero viene a ser algo similar. ¿Cómo amar sin creer en la dignidad? Por eso mismo, la carencia de entregas denota una frágil o inexistente fe en la dignidad de la persona.

Ese valor está en lo oculto porque la publicidad, el escaparate, la relevancia, desvirtúan la entrega. De ahí que el valor de la entrega no dependa del aplauso, del premio, del pago, del reconocimiento, de los homenajes. Más bien todo eso es, con frecuencia, un obstáculo que hay que salvar.

Además, las entregas más hondas son aquellas que se prolongan en el tiempo. Una entrega instantánea o temporal tiene su valor. Pero cuando se anda un largo camino de vida entregada es cuando se mide su verdadero valor, siempre que el tiempo no haga de la entrega una rutina y un desvalor.

 

  1. 2.    Los peligros de las entregas

 

Tienen sus peligros. El primero de ellos es hacer el caldo gordo a aquel a quien uno se entrega. Hay que discernir si la entrega es realmente necesaria o es una cortina de humo para que el beneficiario de la entrega no dé palo al agua. La entrega ha de ser colaborativa: la otra parte, incluso desde su pobreza, ha de estar implicada y tendrá que colaborar en el camino de humanización que pretende toda entrega.

Otro peligro es el bloqueo y el chantaje. La persona frágil no es santa, es frágil. Y puede que establezca con quien se entrega a ella una relación de bloqueo y de chantaje. El bloqueo se manifiesta en el deseo de que las cosas no vayan ni para adelante ni para atrás. El chantaje se expresa en el convencimiento de que el entregado no se va a atrever a cortar su generosidad temiendo el qué dirán que lo ha clasificado ya como persona entregada.

Y un tercer peligro es perpetuar situaciones de pobreza para encontrar motivos para la entrega: algo de eso se intuye en quienes hablan de “sus pobres” como razón de ser de una entrega que al final se convierte en fuente de satisfacción para la enfermedad del yo que también amenaza a quien se entrega.

Por todo esto, sobra decir que la entrega necesita un continuo discernimiento para que no derive en caminos que nada tienen que ver con la hermosura de darse al frágil. Ese discernimiento nos libra de la candidez de que ponerse a los pies de otro es, sin más, el camino de la entrega.

 

  1. Jesús: un entregado

 

En los evangelios, Jesús se autodefine como un “entregado”: “el Hijo del hombre a ser entregado…” (Lc 9,23b-45). ¿Qué quiere decir eso? ¿Cómo se siente Jesús? Según la mentalidad hebrea, Dios “entrega” a Israel cuando este cumple la alianza: lo deja al albur de sus enemigos con todas las nefastas consecuencias. Jesús se siente como un abandonado de Dios precisamente por sus caminos de entrega al frágil. O sea: no percibe en la fragilidad el amparo de Dios. Es la crisis de sentido. Pero, sin embargo, él no cesa en la entrega. Es la de Jesús una entrega sin esperanza, sin sentir que Dios se lo agradezca y sin el agradecimiento de nadie (no hay en el evangelio relatos de agradecimiento, excepto Lc 17,11-19, los diez leprosos).  Es la entrega en toda su dura pureza.

Si el seguidor quiere ir por esa línea habrá de depurar las intenciones de su entrega: siempre que se espere sacar algo a cambio, siempre que se pase factura aunque esté oculta, siempre que se busque alimentar el yo egoísta, se estará alejando del camino de entrega que ha sido el de Jesús. Lo más duro de la entrega no es lo que se hace por el otro, sino el despojo del corazón que demanda.

 

  1. 4.    Un Dios que no entrega a nadie

 

Una de las convicciones más firmes de la clásica espiritualidad es que, siguiendo a san Pablo, Dios entregó a su propio Hijo como satisfacción por nuestros pecados (Rom 8,32). Esto puede llevar a una aberración: Dios ha matado a Jesús por nuestros pecados. Seguimos con esa matraca. Pues no: la muerte de Jesús no es un sacrificio a Dios, sino el resultado de unas opciones que Jesús ha tomado a favor de los pobres. Dios quiere la vida de todos y no necesita el sacrificio de nadie. Por eso mismo, todos los sacrificios hechos “por Dios” quedan cuestionados (incluido el martirio que tanto predicamento tiene en la espiritualidad cristiana).

         Más aún, como lo reflejan y visualizan textos como el lavatorio de los pies (Jn 13,1ss), es Dios mismo quien se entrega al camino humano con todas las condiciones de la entrega: no demanda nada a cambio, no pide aplausos ni oraciones, no exige conversiones previas, no se irrita si la entrega no produce efectos humanizadores en nosotros, vuelve a entregarse más allá de cualquier fracaso. Por eso mismo, Decir que Dios es la fuerza de las entregas en su propio modo de entregarse puede ser, sin duda, una manera nueva de nombrar y de entender a Dios.

 

  1. 5.    Dios como impulsor de muchas entregas

 

Precisamente porque Dios es uno que sabe de entregas puede ser el impulsor de muchas entregas. No es preciso que, para ello, quien se entrega sea persona religiosa o no. En las  entregas laicas, muchas veces minusvaloradas por nosotros, brilla toda le hermosura de la entrega de Dios. Más aún, el no tener reconocimiento por parte del hecho religioso, añade un destello más de brillo a su oscura entrega. Se inscriben aquí todas las vidas entregadas a la ciencia que sana, a la solidaridad que construye camino para los frágiles, a los acompañamientos que se hacen a los parias de este mundo, a las a veces increíbles luchas por la dignidad de las personas. 

Y también, por supuesto, Dios impulsa las muchas entregas de personas creyentes que transitan las trincheras de lo humano. La mayoría de ellas anónimas cuestionadas en su entrega por su pertenencia a estructura religiosa. Más allá de cualquier pero, su entrega está llena de valor.

E, incluso, Dios empuja otras entregas que van más allá de la voluntad de las personas: la resistencia y el agarrarse a la vida ante la adversidad física, la maravilla de los fenómenos moleculares que sostienen el mecanismo de la vida, las relaciones de fuerzas cósmicas que engendran los universos, la permanencia de la vida más allá de sus transformaciones.

 

  1. 6.    Más que de fe, es cuestión de entrega                              

 

La principal conclusión que se deriva de la reflexión que venimos haciendo es clara: en la vida cristiana, y en la vida sin más, más que de fe ideológica, de creencias, de posicionamientos morales previos, de prácticas religiosas es cuestión de entrega. La identidad cristiana (y la humana) se mide por eso: te entregas, eres seguidor de Jesús; no te entregas, no lo eres.

La fe tradicional ha logrado relegar la entrega a una consecuencia de la creencia que es cosa de cada cual. No se la ha situado en el núcleo de la fe sino en su periferia. Eso ha dado como resultado el que se crea tener una fe fuerte sin la necesidad de enmarcarla en una vida entregada. El empobrecimiento de la experiencia cristiana queda garantizado.

 

  1. 7.    Periódicos de Buenas Noticias

 

Puede pensarse que esto de la entrega es algo que no cuadra con nuestra sociedad marcada por el egoísmo y el neoliberalismo que arrasa. Puede parecer que en esta jungla hay que devorar para sobrevivir. Puede parecer que más que lobos, los humanos seamos, a veces, tiburones. Y, en parte, somos así.

         Pero son bastantes los periódicos de Buenas Noticias que andan por la red. Me fijo, sobre todo, en el Buone Notizie de Il Corriere de la Sera italiano, un periódico de prestigio que, una vez por semana, pone el acento en las buenas noticias de corte humanista que se producen en el país.

         Creer en el valor de la entrega sin una mirada positiva sobre nuestro caminar humano es imposible. Al final, nos sentiremos abrumados por el enorme volumen del mal que anega nuestras vidas. Como dice R. Argulloll, «aunque ignoremos su existencia, las almas bellas cuidan de nosotros”.

 

8.  No queremos a engañosos palabreros…

 

Uno busca inspiración donde puede. Hemos hablado del  disco de Cantalapiedra de hace más de 50 años En dónde están los profetas. Allí había una canción que, a nuestro parecer, dibuja bien el perfil de la persona entregada. La copiamos por si nos sirve:

 

No queremos a los grandes palabreros
queremos a un hombre
que se embarre con nosotros
que ría con nosotros
que beba con nosotros
el vino en la taberna
que coma en nuestra mesa
que tenga orgullo y rabia
que tenga corazón y fortaleza
los otros no interesan,
los otros no interesan
los otros no interesan.

No queremos a engañosos pregoneros
queremos a un hombre
que se acerque a nosotros
que cante con nosotros
que beba con nosotros
el vino en la taberna
que sepa nuestras penas
que tenga orgullo y rabia
que tenga corazón y fortaleza
los otros no interesan,
los otros no interesan,
los otros no interesan.

 

Conclusión:

 

No se pretende tanto concluir la tarea creyente de la entrega cuanto percibir a Dios como fuerza para tales entregas en la medida en que se le entiende y vive a él mismo como una realidad entregada al camino humano. Creemos que ese “descubrimiento” puede ayudarnos a entender la vida y la fe de otras maneras.

Pero también nos alienta la vida de muchas personas que conocemos entregadas al otro en modos a veces heroicos, aunque cotidianos. Dice el papa Francisco: «Nuestro dolor y nuestra vergüenza por los pecados de algunos miembros de la Iglesia, y por los propios, no deben hacer olvidar cuántos cristianos dan la vida por amor: ayudan a tanta gente a curarse o a morir en paz en precarios hospitales, o acompañan personas esclavizadas por diversas adicciones en los lugares más pobres de la tierra, o se desgastan en la educación de niños y jóvenes, o cuidan ancianos abandonados por todos, o tratan de comunicar valores en ambientes hostiles, o se entregan de muchas otras maneras que muestran ese inmenso amor a la humanidad que nos ha inspirado el Dios hecho hombre. Agradezco el hermoso ejemplo que me dan tantos cristianos que ofrecen su vida y su tiempo con alegría. Ese testimonio me hace mucho bien y me sostiene en mi propio deseo de superar el egoísmo para entregarme más» (EG 76).

 

Para el diálogo:

 

  1. 1.    ¿Te resulta sugerente por algún lado este tema de Dios como fuerza para la entrega?
  2. 2.    ¿Te parece correcto el análisis de la entrega que hemos hecho?
  3. 3.    ¿Crees que es exagerado decir que solamente en la medida en que te entregas eres seguidor de Jesús, el entregado?

 

 

5

DIOS PARA UNA ESPIRITUALIDAD DE HOY

 

         Muchas veces hemos dicho que una sociedad con espiritualidades, sean cuales sean, es una sociedad con mejor futuro. En efecto, la espiritualidad es un beneficio para el hecho humano, lo mismo que la cultura, la salud o el arte. De ahí que, de alguna manera, fomentar la espiritualidad sea fomentar la ciudadanía. Desvincular a la espiritualidad de la ciudadanía es confinarla al ostracismo.

         No resulta fácil sembrar espiritualidad en la ciudadanía. Esporádicamente y debido muchas veces al carisma de personas “espirituales” hay eventos espirituales que son verdaderos hitos. No nos referimos a los organizados por el sistema que cuentan con un gran grupo de  participantes que a la voz de ¡ya! hacen número sin preguntarse en exceso a dónde apunta la cosa (shows litúrgicos que muestran las televisiones). Nos referimos incluso a foros de espiritualidad propuestos por entidades laicas (universidades, fundaciones, bancos incluso) que tienen eco en la sociedad.

         Pero hay entidades humildes (como Fe a debate, el Ateneo, Ágora, por ejemplo) que en el anonimato ciudadana se empeñan en sembrar, año tras año, pensamiento espiritual para alimentar los caminos de grupos pequeños de ciudadanos. Esta siembra de espiritualidad es una siembra de ciudadanía, aunque no se la mire desde tal perspectiva.

 

  1. 1.    Las espiritualidades envejecen

 

Precisamente porque las espiritualidades son una realidad viva tienen el peligro de envejecer, de anquilosarse, de esclerotizarse. Bien lo comprobamos en la propia espiritualidad cristiana: la hemos recibido como un bloque compacto sin animarse a analizar el mensaje. Esto ha pasado con la doctrina, con las costumbres e incluso con el texto bíblico. Dice E. Lledó: «La tradición de la crítica textual sobre el texto bíblico, sobre un modelo sagrado cuyos hilos había que analizar con esmero, sirvió, tal vez, para sacralizar una forma de aprendizaje, de dogmática pedagógica, que se ha popularizado, por cierto, bajo la forma de libro de texto y en el que, paradójicamente, no se trata de seguir el entramado que lo forja ni analizar su textura, cuanto de aceptar su tejido como un compacto bloque de información».

No había alternativa: se acepta la doctrina o no. Esto ha llevado a una rigidez próxima al fanatismo. Y, con ello, a una sequía de espiritualidad, tanto en los modos de expresión (siempre los mismos) como en cuanto al contenido (siempre repetido). En definitiva, ha llevado a un empobrecimiento.

Si esto es como lo decimos, el remedio salta a la vista: es preciso alimentar a diario la espiritualidad para que mantenga su conexión real con la vida. Si amamos la espiritualidad cristiana, en nuestro caso, hay que alimentarla continuamente para que no se nos muera. Y una espiritualidad muerta es una contradicción (algo así como “una vida muerta”) y un camino de empobrecimiento del hecho humano.

 

  1. 2.    La manera mantener viva la espiritualidad

 

Creemos que la mejor manera de mantener viva la espiritualidad es ponerla en contacto con el hecho social. Es la garantía de que la espiritualidad no va a desconectarse de la vida y, con ello, no va a caer en el abismo de la rigidez ideológica o religiosa, puerta que abre a la irrelevancia y a la inservibilidad.

Efectivamente, en el hecho social, por pobre que se le quiera es donde reside la vida. Y si la espiritualidad se la quiere viva, habrá de estar conectada con lo social. De ahí que una espiritualidad que da las espaldas a lo social está amenazada de esterilidad.

Precisamente por ello nos causa perplejidad y pena el riesgo en que se hallan, entre nosotros, los foros de espiritualidad, únicos ámbitos de dialogo entre fe y cultura, entre religión y sociedad (Gogoa, Vitoria, Donostia, Ágora, etc.). ¿Es solamente porque no encuentra eco la espiritualidad ofrecida en modos sistemáticos? ¿Es porque no se ha sabido regenerar el dinamismo que los ha movido, la organización? ¿Es porque se pretende un eco ciudadano al que habría que renunciar y trabajar en modos más modestos? ¿Es por el olvido y menosprecio de la espiritualidad que podría haber apoyado estos foros si se animara a un diálogo real con la cultura?

A veces el sistema religioso ha querido caminar por esa dirección y ha planteado de manera honesta, aunque peculiar, el diálogo de la fe con la cultura como ocurrió con la iniciativa del “Atrio de los gentiles”. ¿Qué fue de ello? ¿Qué se hizo y en qué quedó? ¿Qué llegó a las comunidades cristianas de a pie?

         De cualquier manera, los intentos de generar espiritualidad, a cualquiera de los niveles, creemos que ha de tener la necesaria conexión social. Si esa conexión es frágil, la espiritualidad que se genere está amenazada de conservadurismo o de cosas todavía más negativas.

 

  1. 3.    Un dios del que no haya que avergonzarse

 

Para ello, como hemos venido diciendo muchas veces en nuestras reflexiones hemos de intentar hablar de Dios en parámetros de novedad. Dice J. Arregui: «No podemos hablar de Dios como se hablaba en un mundo estático y determinista, piramidal y patriarcal, geocéntrico y antropocéntrico: Dios no es en Ente Supremo, “otro”, “alguien”, “persona” de la manera como cualquiera ser humano es para mí “otro”, “alguien”, “persona”. Dios no es menos que un tú, pero no es un tú frente a mí. No es menos que “persona”, pero no es persona como el ser humano. No es una Superpersona humana, con una psicología similar a la humana, solo que omnisciente y omnipotente… No es ni personal ni impersonal, sino transpersonal. Entre Dios y mundo no hay ni unidad ni dualidad. Ni monismo ni dualismo (a esto se refieren quienes, como Enrique Martínez Lozano, hablan de No-dualidad). Dios no interviene desde fuera cuando quiere. No se encarna una vez desde fuera, pues es la Carne del mundo, el Ser de cuanto es, el Corazón de cuanto late, el Verbo activo y pasivo de toda palabra, el Dinamismo de toda transformación, la Ternura de todo abrazo, el Tú de todo yo y el Yo de todo tú, la Unidad de toda diversidad y la Diversidad de toda unidad, la luz de toda mirada, la conciencia de toda mente, la Belleza y la Bondad que sostienen y mueven al universo en su infinito movimiento, en su infinita relación».

Este Dios puede ser un Dios del que no haya que sentir vergüenza y con el que podamos dialogar con la cultura de hoy. Por eso, dice Arregui, Es ahí donde «necesitamos una fe mística no marcada seguramente por experiencias extraordinarias, sino por la experiencia del ser y la experiencia de estar cada vez más profundamente enraizados en el misterio de Dios, el misterio que nos envuelve y origina, nos funda y nos regenera… una fe sin espíritu de secta, sin agresividad doctrinaria… una fe a menudo perpleja… dialogante y amable».

 

  1. 4.    Un Dios amigo a la puerta

 

Por más que la persona religiosa lo niegue, la religión considera a Dios como un “enemigo” que hay que aplacar con oraciones, que se sitúa lejos en el cielo, que legisla y ordena contra los deseos humanos, etc. Posibl0emente la persona creyente se horrorice de esta manera de entender a Dios. Pero miremos los comportamientos y deduzcamos.

Sin embargo la Palabra nos habla, a veces, de un Dios a la puerta que espera pacientemente a que se le abra para entrar (Ap 3,20). Eso cuadra mejor a nuestra imagen de Dios: un Dios que espera a que la persona quiera andar los caminos de la humanización que él mismo ha andado, como lo vemos en Jesús. No es, pues, enemigo de la persona ni de sus anhelos, sino partícipe y dinamizador de su aventura.

Posiblemente nunca lleguemos a liberar el hecho creyente de la imagen de Dios que hemos construido. Pero podemos, al menos, intentar construir un paradigma espiritual que apunte a un Dios en la dirección de lo humano, incluido en ello el desajuste que sufrimos por nuestro ser histórico.

Habrá que expurgar nuestros catecismos y la misma Biblia cuando nos habla de “temer” a Dios, por más que se nos diga que el deutoronomista entiende por tal la reverencia y la adoración. Para el ciudadano de a pie, temer será siempre temer. Por eso mismo no es dichoso quien teme al Señor (Sal 111), sino quien le ama. Esto nos liberaría de muchos miedos religiosos que, aunque mitigados, aún subyacen en el subsuelo de nuestra espiritualidad.

 

  1. 5.    Un Dios independiente del sistema eclesiástico

 

Porque ahí está el quid de muchas dificultades. Tengamos en cuenta que una cosa es la realidad de Dios y otra el sistema eclesiástico que, con frecuencia, lo quiere aprisionar y privatizar. Son dos cosas distintas, aunque deberían estar en relación, en buena relación.

Es tal la hipoteca que sufre la realidad de Dios por causa de la religión (desde antiguo, Rom 2,24, hasta hoy, GS 19) que a muchos les parece que una espiritualidad decente sobre Dios es imposible desde el lado de lo religioso y, más todavía, cuando lo religioso es proclamado por eclesiásticos.

Pues bien, reconociendo esto, habrá que hacer esfuerzos por soslayar tal hipoteca: no todos los creyentes piensan igual, no todos llevan los mismos caminos, el valor de la propuesta de fe no hay que medirla solamente por el comportamiento de los creyentes, la espiritualidad sobre Dios no es propiedad de una Iglesia, etc.

El mejor modo de ir desvinculando la espiritualidad de Dios de la hipoteca eclesiástica es anhelar y construir, si se puede, otro tipo de comunidad cristiana donde la relación con Dios sea camino de libertad, de utopía y de humanidad. Y esto, siquiera en una medida pequeña, está en nuestra mano.

 

  1. 6.    Sustituir el nombre de Dios  

 

Puede parecer una propuesta inadecuada, innecesaria, perjudicial incluso. Pero si queremos mejorar la espiritualidad sobre Dios su mera manera de ser nombrado (nosotros hemos inventado el vocablo) tiene sus pegas: es masculinizante, favorece el androcentrismo (por eso algunas teólogas usan el grafismo D***), evoca contradicciones y repulsa, está lejos de la mentalidad secular de hoy, dice todo sin decir nada en concreto, etc.

¿Es posible modificar un vocablo que tiene miles de años de tradición histórica? Posiblemente no. ¿Hay que resignarse entonces a abandonar la empresa de renombrar a Dios? Podría mantenerse siempre en ese anhelo de búsqueda que demanda la creación de una espiritualidad nueva.

Podría nombrarse como AMOR PRIMIGENIO. Nombrándolo como “amor” estamos situando la relación con Dios en su verdadero lugar y permite incluir ahí lo mejor del caminar humano que son sus búsquedas y logros en materia de amor. “Primigenio”  significa originario, que está a la base de todo amor, que genera todo amor, que dinamiza todo aquello que puede ser entendido como amor creativo.

 

  1. 7.    Sustituir la expresión “fe en Dios”

 

¿Por qué razón habría de sustituirse? Porque si tal fe es la base de la espiritualidad, quien no la tuviera no se vería concernido por la espiritualidad. Que es, justamente, lo que ha pasado: si se habla a una persona agnóstica o atea de espiritualidad es fácil que diga que eso es para los creyentes, no para él. Si encontráramos una expresión más englobante quizá no diría tanto a los creyentes, pero podría decir más al conjunto humano.

Pongamos, por ejemplo, la expresión CONFIANZA EN EL FUTURO. Al decir “confianza” estamos situándonos en el dinamismo primero de la espiritualidad porque una espiritualidad sin confianza (en Dios o en el futuro) no es posible. Al decir “futuro” estamos apuntando a lo no logrado, a la utopía, al horizonte máximo (al reino, diría el Evangelio).

Puede que todo esto sea considerado como algo innecesario pero el tema de la espiritualidad nos está demandando búsquedas e intentos que en otras épocas ni se nos pasaban por la cabeza. Quedarse anclado en lo de siempre por principio, quizá sea la peor de las opciones.

 

Conclusión

 

Hemos dicho en otras ocasiones que la persona se mueve más por dinamismos que por ideas. Uno de los dinamismos más básicos de las personas es la búsqueda (lo vemos en la ciencia moderna). Si la espiritualidad renunciara a la búsqueda se agostaría. De ahí la responsabilidad que tenemos si queremos que, de alguna manera, el componente espiritual esté vivo en medio de la ciudadanía.

 

Para el diálogo:

 

  1. 1.    ¿Querrías subrayar o  pedir más explicaciones sobre algún aspecto concreto de todo lo expuesto hoy?
  2. 2.    ¿Crees necesario modificar la manera de nombrar vocablos? heredados como “Dios” o “fe en Dios”?
  3. 3.    ¿Te parece que la espiritualidad sigue viva en medio de nuestra sociedad secular?

 

Curso para superiores

Instituto Teológico de Vida Religiosa

Erlijioso Bizitzaren Teologi Institutoa

 

 

 

 

“EL ENCARGADO DE LA COMUNIDAD

HÁGALO CON EMPEÑO” (Rom 12,8)

 

LA NECESARIA TAREA DE SERVIR A LA COMUNIDAD

 

            Por muchas vueltas que va dando la VR, más allá de cualquier avatar, la necesidad de animación en las comunidades es clara: siempre necesitará la VR ser animada. Y no solamente por su nivel de desaliento, sino porque siempre estará necesitada de una palabra y de unas pistas de vida que le abran a un horizonte más pleno. Hay quien dice que el “estado natural” de una comunidad es el desaliento. Aunque esto no fuera así, la necesidad de animación es patente. Más allá de que la nuestra sea una época más necesitada de animación que otras, eso habría que verlo, lo cierto es que la necesidad de instancias alentadoras es evidente.

Una de esas instancias es la de las hermanas/os superiores. Queremos resaltar desde el principio el papel de los superiores de comunidad en la construcción del horizonte cotidiano de la VR de los hermanos. No se trata de cargarles un muerto que no les corresponde. Se trata de que no sean solamente administradores de la vida comunitaria, sino animadores pastorales de la misma. Nada más desalentador para una comunidad que un superior que pasa de aspectos espirituales y se ciñe a representar a la comunidad en la reunión es donde se requiere la presencia del superior y dice a las claras que sueña con el día en que le quiten de superior. Por decencia pastoral debería dimitir ya.

Por el contrario, un superior animoso es el que, contando con su comunidad real, trata de sacar el máximo partido espiritual y fraterno al colectivo. Es el que no se desalienta por el poco rendimiento o por los vaivenes que dejan a uno perplejo. Es el que sigue estando al lado de manera discreta pero animosa. No se piden cualidades ni actuaciones excepcionales. Se demanda contagiar un poco de ánimo en los rutinarios y, a veces, desalentadores caminos de nuestras comunidades.

Que el INVIRE plantee este curso-taller indica que se ha conectado con una necesidad, aquella que entiende que el papel de los superiores es, aún hoy, muy importante y que desestimar esta herramienta de animación es empobrecer más la V

 

 

 

1

MEDITACIÓN BÍBLICA:

“OJALÁ TODO MI PUEBLO FUESE PROFETA” (Num 11,29)

 

            Siempre se ha pensado, y así ha quedado en numerosos textos del AT, que los israelitas “le amargaron el corazón” a Moisés (Sal 103,33). Cuando el salmista reflexione sobre él no podrá menos de exclamar: “¡Cuántas veces lo amargaron en el desierto…!” (Sal 78,40.56). Es cierto, sufrió mucho; pero también es cierto que siempre tuvo a personas fieles que le amaron. Nunca se podrá olvidar a quien fue el alma de un pueblo oprimido y pobre que logró aunar sus ansias de vida y llegó a crear un alma colectiva que, más allá de vicisitudes históricas y religiosas, habría de pervivir hasta vuestros días.

            Para muchos israelitas de generaciones ulteriores, Moisés fue el verdadero “padre de Israel”, tanto como Abrahán o más. Todavía hoy sus palabras se leen y suenan vibrantes en la Kneset, el parlamento de Israel, por encima de las posiciones religiosas o laicas de sus miembros. La Biblia le da el título mayor, el más apreciado, que él sin duda aceptaría como un honor: “siervo del Señor” (Núm 14,24). Pero él fue, ante todo, un apasionado por la comunidad. Esa fue su gran pasión, la comunidad, tan fuerte como la de Dios, ambas mezcladas. Nunca se quejó, nunca amenazó para imponerse, nunca utilizó el poder, nunca se lucró de nosotros. Habiendo sido criado como un noble, no le importó la pobreza; siendo culto, no fue para él un peso vivir con gente sencilla y, a veces, ruin; siendo un hombre hecho para el amor, no le importó la soledad. Todo lo mitigaba su amor por la comunidad, su pasión honda por el pueblo.

            El recuerdo de Moisés es para nosotros un memorial, el compromiso de amar la comunidad, el pueblo, la aventura humana, como el compromiso mayor, aquel que nos reconcilia con nuestro lado más débil y pone de manifiesto nuestros mejores valores. De este modo, recordar no es solo traer sucesos a la memoria; es también poner sobre la mesa del banquete de la vida uno de sus mejores manjares, ya que la abstinencia de los recuerdos es lo que seca nuestras raíces.

 

¿Cómo pasar de la administración de la comunidad a la pasión por ella?

 

1. Una vocación que viene del pueblo

 

            Desde siempre se ha dicho, y hoy lo repiten los predicadores cuando hablan de él, que “Dios suscitó a Moisés” para bien del pueblo. Su llamada inicial desde la zaraza (Ex 3,4) es una llamada de Dios para la comunidad. Pero cuanto más reflexionamos, tanto más se percata uno de que, en realidad, quien de verdad llamó a Moisés fue no tanto Dios cuanto el mismo pueblo. Él podría haber cantado la estremecedora copla del “pastor poeta”: “Vientos del pueblo me llevan,/ vientos del pueblo me arrastran,/ me esparcen el corazón/ y me avientan la garganta” (M. Hernández). Él estaba destinado al torbellino del pueblo, por él fue asumido y con él se identificó plenamente.

            No en vano su vocación nació en el marco de una serie de datos populares que indican que, antes que nada, la comunidad estaba ahí, el pueblo le esperaba. Allí estaba esperando a Moisés esa comunidad primigenia; allí estaba el pueblo que tuvo que huir de la garra del hambre y cayó en la trampa de la opresión (Ex 1,1-16); allí estaban las comadronas, engendradoras de vida, astutas para hacer que el pueblo perviva (Ex 1,17-21); allí estaba aquel hombre ignorado, su padre, de la tribu de Leví que desafió hasta que pudo el decreto de limpieza étnica del Faraón (Ex 2,1); allí estaba aquella hermana bondadosa y cuidadora y la madre que vuelve a tomar a su niño (Ex 2,4-9); allí estaba la misma hija del Faraón, de entrañas compasivas, capaz de conmoverse ante la fragilidad y la indefensión que no tienen connotaciones raciales (Ex 2,6). Toda una comunidad en espera.

            ¿Qué anhelo tenía aquella comunidad, qué encargo quería dar a Moisés? Uno sencillo y básico: tratar de mantener vivo en tiempos tan recios los valores de la fraternidad y la justicia. Por eso, aunque criado en modos cortesanos, fue donde estaban sus hermanos, se pasó a la orilla de la injusticia para poder entenderla y vivirla (Ex 2,11), supo escuchar la voz de la justicia herida y estableció la diferencia insalvable que existe entre opresor y oprimido (Ex 2,11-13). No fue obstáculo el que se le entendiera o no (Ex 2,14). Su buen espíritu le hizo ser “defensor de muchachas” en lugares arriesgados (Ex 2,17). No temió arrostrar las consecuencias de ser fiel a esta vocación a la comunidad. Por eso, palpó la aspereza de la extranjería y el arañazo de la soledad (Ex 2,21-25). Y esto ya desde el comienzo, cuando aún ignoraba los duros caminos que le esperaban. La pasión por la comunidad se fraguó en él muy temprano.

            Esta vocación a la comunidad crecida en los años jóvenes le hizo ver que tenía como finalidad básica curar las heridas del pueblo. Por eso, fue llamado en la hora de dolor del pueblo, en la hora del grito inmenso (Ex 3,7). No se descalzó ante la zarza creyendo que el suelo era sagrado por la presencia de Dios, sino porque era el suelo del dolor. “Donde hay dolor, hay suelo sagrado” (O. Wilde). Una vocación para sanar el dolor de la comunidad, así fue la de Moisés. Podría decirse que toda su vida fue dedicada a sanar la herida de la comunidad, a darle salud y vida. Él escuchó el llanto de la comunidad y se puso a la tarea inacabable del consuelo. En realidad, no monopolizó la vocación a la comunidad, sino que la suya fue una tarea implicadora. Por eso, desde el principio se le dijo que cualquier camino que construyese para el pueblo habría de ser contando con él, con su total participación, “tú con los ancianos” (Ex 3,18). La inserción en la comunidad es la que dio a Moisés el valor de emprender la obra grande de la liberación de un pueblo oprimido y con mentalidad de oprimido. Ésa fue la fuente de su vigor. Desde ahí empezaría a hacer la gran obra de “sacar” al pueblo (Ex 3,10), de darlo a luz, de recrearlo sobre bases nuevas.

 

¿Cómo mantener viva en los hermanos/as la vocación por la comunidad?

 

2. La difícil tarea de crear libertad y conciencia

 

            No fue fácil la empresa. Para empezar, el mismo Moisés experimentó la contradicción de la llamada del pueblo. Él era consciente de sus límites y puso tantas objeciones que llegó a sacar al mismo Dios de sus casillas (Ex 4,14): no tengo mando, dijo, y se le dio el signo del bastón (Ex 4,1-5); no tengo salud, y se le curó en la enfermedad para que aprendiera que ninguna debilidad es superior al empuje de la entrega (Ex 4,6-9); no tengo una palabra contundente, y se le dio un hermano, Aarón, que le prestase su boca (Ex 4,10-17). Así aprendió Moisés que sea uno tuerto o ciego, mudo o sordo, tartamudo o elocuente, de persuasivas palabras o de discurso insoportable, Dios está detrás de todo y puede hacer su obra en la fragilidad histórica.       

Además, hubo que comenzar desde abajo, por crear conciencia en una comunidad que había entregado a la opresión el último reducto, el anhelo de la libertad. Para recuperar la libertad propone Moisés un viaje del pueblo al desierto (Ex 5,1). Lo de menos es el culto que allá se quiere celebrar; lo más importante es el viaje en sí mismo porque los viajes son, en verdad, caminos que llevan al fondo del alma. No es de extrañar que la acusación venga rápida: “solivianta al pueblo” (Ex 5,5), crea conciencia, le hace ver su injusta situación. Pero hay más, el pueblo mismo no tiene conciencia de su opresión: cuando se fuerzan sus trabajos, se pliega a ellos; cuando se les hace ver la situación de esclavitud en la que viven se revuelven contra quien les abre los ojos (Ex 5,6-21). Nunca Moisés recibirá un poco de aliento de la comunidad a la que se entrega; jamás conocerá el aplauso o el reconocimiento que reconfortan. Desde el principio, hasta el final le hará compañía la interminable queja de sus hermanos. Pero el desaliento no hizo presa en Moisés. Muy por el contrario, oró incansablemente por el pueblo que no le entendía, con la inquebrantable conciencia de que Dios estaba en medio de ellos, sufriendo con él, suscitando conciencia, sembrando el anhelo de la libertad. Pasos lentos (Ex 5,21). Bien lo dicen los poetas: “¡Qué haríamos sin esos destellos de la imaginación, casi inverosímiles, que son las utopías!” (M. Benedetti). Mantenedor de utopías comunitarias, eso fue Moisés en el centro de aquel pueblo.

            La comunidad vivía enceguecida. Y esa ceguera la acompañó, como una sombra de la que nadie puede librarse, hasta nuestra entrada en Canaán. Pero Moisés contribuyó decisivamente a generar en el pueblo, cosa insólita, la certeza de que Dios era, antes que nada, un liberador. Repetía como un sonsonete que el Señor era el que “os sacará de debajo de las cargas de los egipcios” (Ex 6,6). Se empezaba a intuir la increíble realidad de un Dios que hace suyos los intereses de los pobres, que pone su éxito en el logro del éxito de los explotados. Y aunque no se le escuche, ni Israel ni el Faraón escuchan (Ex 6,9-13), el anuncio de liberación se hizo y el camino a la libertad estaba abierto. Sembró en aquella tiniebla densa “el resplandor de la palabra libre” (V. Havel). Moisés, el siempre generoso con sus hermanos, que había compartido su corazón y su entraña con Séfora, renunció a su clan, a su familia: todos tuvieron clan, menos él, el entregado en totalidad a la causa de la comunidad (Ex 6,26-27), compañero en toda la hondura del término.

Y aunque el Éxodo hable profusamente del gran misterio de endurecimiento que aparece en la figura del Faraón que no dejaba salir al pueblo, la verdaderamente endurecida era la comunidad. Por eso, lo más amargo para Moisés fue la dureza de su propio pueblo, la desconfianza de sus hermanos, el gesto distante de quien no acepta una propuesta de libertad, “una libertad mecida en la cuna del menosprecio” (A. Monzón). Moisés ayudó a vivir aquellos terribles acontecimientos como una experiencia de vida, de Pascua. Iba a ser aquel un recuerdo que acompañaría siempre a Israel y al que apelaría a la hora de implicarse en la vida y en la fe (Ex 13,1-10). Se llegó a intuir la hermosa certeza de un Dios, gran compañero, que estaría con el pueblo, con la comunidad, “de noche y de día”, todo el tiempo, en todos nuestros caminos, por mucho que fueran, a veces, caminos de extravío y de pérdida (Ex 13,17-22).

 

Estrategias para mantener “despierta” a la comunidad.

 

3. Cuando pasar es salvarse

 

            En el paso del mar Rojo surgió la primera crisis (siempre estaría nuestra comunidad en crisis, hermanada con el desaliento). Puso al pueblo “mirando al mar” y con el desierto a la espalda (Ex 14,1-4), en actitud de despojo.  Sin este requisito básico, pasar era imposible. (Ex 14,10-14). El miedo hizo que los fantasmas se despertasen: este es un camino de muerte, se decían unos a otros; habría sido preferible morir en Egipto, porque no hay cosa más dura que morir en tierra extraña, ya que solo las fieras mueren en el desierto. Se cuestionaba a Moisés y se distanciaban de él; ya se lo habían advertido antes. La conclusión resultaba clara: es preferible una paz con esclavitud que una libertad con el sobresalto de lo desconocido que hay que afrontar. Ahí quedó a las claras el talante básico de la comunidad: cuesta mucho ver que pasar al terreno de la libertad sea cosa útil.

            Moisés no se quebró por dentro, se mantuvo entero en su interior y en sus argumentos: Dios, decía, va a “mostrar su gloria” con vosotros no porque seáis gente especial, sino porque sois oprimidos (Ex 14,15-18). Se empeñó en enseñarnos una verdad a la que frecuentemente recurrimos en nuestros peores momentos: que Dios está en la orilla de los oprimidos y que, desde ahí, fuerza al opresor para que abandone su inhumana actitud.  Se pasó el mar “a pie enjuto” (Ex 14,28-31), con el corazón encogido por el temor, más que con el ánimo de la fe en el apoyo de Dios. Pero, al fin y al cabo, se pasó. La comunidad avanzaba por encima de sus lados más cuestionables.

Una cosa admirable en él fue, para los tiempos que corrían, su apertura de mente y de corazón. Había abandonado a su familia por causa de la comunidad. Aunque era una familia de “extranjeros”, su amor por ellos siempre verdeó. Por eso, vinieron a verle al campamento (Ex 18,1-12). No solamente les recibió a la mesa y a la oración sino que hizo caso de su suegro Jetró que le proponía ser líder de esta comunidad de una manera más democrática, para evitar así su cansancio y el del pueblo que hacía cola para dirimir sus problemas ante Moisés. “Moisés hizo caso a su suegro…y nombró jefes de mil, de cien, de cincuenta y de veinte” (Ex 18,25). Nunca se apropió del liderazgo, siempre creyó que la manera mejor de servir es repartir la responsabilidad. Practicó, ya entonces, “el arte de delegar”. Más tarde invitará a Jetró a unirse al pueblo que camina por el desierto (Núm 10,29).  Así quedaba de manifiesto el inusitado universalismo que anidaba en el corazón de Moisés.

 

¿Cómo contribuir a crear una comunidad de casa abierta?

 

4. Camino de sinsabores

 

            Nunca ha sido fácil para nadie el camino del desierto. Pero la comunidad de Moisés lo hizo todavía aún más difícil. El primer disgusto vino con la primera aurora y el motivo fue el más lógico: la sed (Ex 15,22-27). Pero, en el fondo, el disgusto no lo motivaba tanto aquella agua salobre y ácida que había que beber sino algo más de fondo: la conciencia de que el camino del desierto no podía ser camino de vida. Esa fiera acechaba siempre en el cañaveral.

            La segunda crisis sobrevino, también en maneras lógicas, por causa del alimento. Pero las posturas de fondo eran otras: es mejor la esclavitud con alimento que la libertad con carencias. Y la acusación, como un dardo, se clavaba en el corazón de Moisés: Nos ha sacado para morir. Dios mismo se veía afectado: ha convocado a la comunidad para destruirla y el camino que le ofrece es una senda de muerte (Ex 16,1-8). Pueblo de “murmuradores”, así será entendida esta comunidad (Sal 94; Jn 6). El alimento, codornices y maná, se nos dieron en la noche (Ex 16,9-29), símbolo de nuestra misma noche. Dios cuidaba a su comunidad, aunque este cuidado pareciera de poca monta a quienes murmuraban siempre. No entendían que Dios se da en la sencillez de la historia, en lo oculto del propio grupo.

            La murmuración se alió con la tentación en la fuente de Meribá (Ex 17,1-7). Fue una pretensión de combate con el mismo Dios. Ya no se aceptaba que hubiera alimentos de pobreza sino, que también se trataba de imponer un plan de acción a Dios. Moisés sufrió por Dios más que por él mismo. El interior de la comunidad seguía estando enfermo y por eso generaba litigios y zancadillas. Cuando todo parecía perdido, Moisés, entonces, seguía en la brecha, inquebrantable en su fe en el Dios que acompaña y en la comunidad que puede salir del atolladero.

 

Estrategias para sortear los sinsabores comunitarios.

 

5. La experiencia del encuentro

 

Puede uno preguntarse cuál era la fuente de la que brotaban las opciones de Moisés, su amor fiel a Dios y su inquebrantable solidaridad con el pueblo. Los veneros de este agua estaban muy ocultos en el mundo de la experiencia de Dios. Pero antes de de llegar a esa conclusión se ha de recordar su esfuerzo por consolidar un tipo de comunidad asentada sobre una fe de fuerte componente humanizador. Eso era en el fondo la alianza que se entregó al pueblo (caps.17-24/25-31). Como la comunidad arrastraba un fuerte déficit de humanidad (ése era su fallo básico), rechazó la alianza. De ahí que el conocido episodio del becerro de oro (Ex 32,1-6) ha de leerse no solamente como una idolatría religiosa sino como el afán, por otra parte valioso, de querer tener a Dios cerca: al creerlo lejos, hablando en el monte con Moisés, se lo quisieron hacer cercano en la figura de un ídolo. Aunque luego impuso un duro castigo, Moisés, fiel a su comunidad, oró y aplacó la cólera del Dios herido en su última fibra, aquella que hablaba del acompañamiento fiel a su pueblo (Ex 32,7-20). Sólo Moisés era capaz de hacer que Dios “se arrepintiera”, sólo él le recordaba su pacto de fidelidad con la comunidad. Así lo dejó ver su intercesión ante Dios dolorosamente solidaria con quien acababa de castigar: “O perdonas el pecado del pueblo o me borras a mí del libro de tu registro” (Ex 32,32). Son los parámetros de las entregas totales en los que se movía Moisés.

            ¿Cuál era la fuente, el secreto último de esta fortaleza y esta adhesión, nos hemos preguntado? No era otro que una hondísima experiencia de adhesión a Dios. Moisés conectaba con Dios en la tienda del encuentro, mientras el pueblo acompañaba esta visita en forma reverente, prosternándose cada uno a la entrada de su tienda. Dios hablaba con Moisés “cara a cara, como habla un hombre con su amigo” (Ex 33,7-11). Era la hermosura del diálogo igualitario, el trasvase que enriquece, el diálogo, la “cena que recrea y enamora”, dirá Juan de la Cruz. Esta será la fuente y la fuerza para arrostrar cualquier clase de dolor y de amargura; este será el secreto del vigor que siempre acompañará la difícil vida de Moisés.

            El gozo del encuentro era tal que, como suele ocurrir, el amor se hizo osado y, contra toda la antropología bíblica antigua que aseguraba que quien veía a Dios moría, Moisés pedirá a Dios, como un regalo único, que le muestre su gloria (Ex 33,18-23): Dios no acoge con un desaire tan atrevida petición sino que le permitirá, cosa nunca permitida a nadie, “ver su bondad”. Es en la bondad y en la humanidad donde la gloria de Dios aparece; basta para verlo, crecer en entrega a la vida. El perdón será la rúbrica de este hondísimo encuentro (Ex 34,1-14). Nadie llegó a donde Moisés llegó. Nadie se encontró con Dios en modos tan experienciales, tan vivos, tan inmediatos. Ése era su secreto.

 

¿Cómo contribuir en la comunidad a una experiencia viva de Jesús más que alimentar la rutina religiosa?

 

6. “Ojalá todo mi pueblo fuese profeta”

 

            Al tiempo, bajó la comunidad del monte y emprendió su gran segunda etapa por el desierto, la que va desde Sinaí hasta Cadés, en los confines del desierto. El pueblo que Moisés lideraba era como un pueblo que no aprende. Sabían que “la nube del Señor iba sobre ellos” (Núm 10,34), pero ellos no valoraban esa protección. Y, especialistas en murmurar, era la suya una continua queja: “¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, y de los melones y pepinos y puerros y cebollas y ajos…y ahora, sólo maná” (Núm 11,5-6). Dios los atiborraría a carne de codornices y con el último bocado en la boca, reventarían (Núm 11,31-35). No aprendían porque se aprende con el corazón limpio y acogedor; y el suyo, era un corazón que seguía todavía en Egipto, en la esclavitud.

            También era un corazón ambicioso. Como un áspid, la ambición había puesto su nido en los pliegues más ocultos del pueblo. Por eso, cuando hubo que nombrar ancianos que ayudaran a Moisés en el gobierno colegial de este pueblo difícil, cosa que él aceptó de muy buen grado por su ya reseñado talante democrático, hubo quien se disgustó: dos ancianos, Eldad y Medad, profetizaban sin haber asistido a la asamblea constituyente. La protesta era un síntoma de anhelo de poder, más que otra cosa. Cuando Josué, hijo de Nun, le pidió que les impidiera profetizar Moisés dijo: “¡Ojalá todo mi pueblo fuese profeta y recibiera el espíritu del Señor!” (Núm 11,29): Esa era la idea última que Moisés tenía de la comunidad: una comunidad de profetas donde nadie necesitará enseñar a su hermano porque toda persona tendrá la autonomía y la responsabilidad completamente activadas.

            A Moisés se llegó a definirlo como “el hombre de más aguante del mundo” (Núm 12,3). Y, ciertamente, lo era. Su temple fue puesto a prueba cuando se desató una escalada de asalto a su liderazgo. Su mismos hermanos, Aarón y María, se vieron envueltos en ese torbellino del poder con el pretexto de que Moisés tomó por segunda esposa a una mujer cusita (Núm 12,1ss). Dios mismo le sacó la cara y Moisés fue generoso una vez más intercediendo y curando a su hermana aquejada del castigo de una grave enfermedad.

Pero el motín más grande fue el desatado por el asunto de la exploración de la tierra a la que nos dirigíamos. El informe que se presentó a la comunidad fue distorsionado desacreditando la tierra que habían explorado por el miedo y por el sueño, aún no olvidado de volver a Egipto. Era el grito de los amotinados: “Nombraremos un jefe y volveremos a Egipto” (Núm 14,4).  Moisés dejó en evidencia, una vez más, su amor por la comunidad rebelde intercediendo por ella ante Dios. Le hizo ver que lo propio de un Dios que ama al pueblo es que manifieste el poder en el perdón y la misericordia (Núm 14,17). Aunque hubo perdón, también se anunció que ninguno de los amotinados pisaría la tierra prometida. Moisés mismo, contagiado de alguna manera de esta rebelión, unido para bien y para mal a la suerte de su pueblo, también se vería privado del hermoso sueño de llegar a la patria (Dt 1,37)

Aun así, por increíble que parezca, continuaron en su talante rebelde, incapaz de comprender el camino que lleva a la dicha. Desafiaron a los jefes locales, amalecitas y cananeos, en vez de seguir pacíficamente hacia Canaán. Fueron derrotados (Núm 14,40-45). Protagonizaron un nuevo motín teniendo por líderes a Datán y Abirón que entendían el liderazgo de Moisés desde los parámetros de una nueva autoridad opresora, y se los tragó la tierra (Núm 16). Volvieron a tentar a Dios, a su capacidad de acompañamiento, con el socorrido tema del agua antes de abandonar las fronteras del desierto para internarse en la zona poblada de la tierra de Canaán: tuvieron agua pero tanto Moisés como Aarón cayeron en la condena de no pisar la tierra prometida por la desconfianza que supone golpear “dos veces” la roca, ya que con una hubiera bastado (Núm 20,1-13). No aprendían, ya que la dura lección no era la aspereza del desierto que, mal que bien habían logrado transitar, sino el corazón de un Dios que acompaña en fidelidad.

 

¿Cómo ayudar a que la comunidad sea cada vez más adulta?

 

7. Un camino de devastación

 

            La tercera y última etapa de la gran travesía, desde Cadés al Jordán, se inició, como no podía ser menos, con murmuraciones y quejas. El repetido motivo del hambre fue la excusa para una nueva manifestación de desamor. El castigo fue que una plaga de serpientes venenosas hizo un gran estrago. Moisés, siempre fiel a su talante intercesor, construyó una serpiente de bronce que curaba a quien, mordido por las víboras, ponía sus ojos en ella. Era un nuevo signo del imparable deseo salvador de Dios con su pueblo.

            El camino hacia el Jordán fue, en verdad, un camino bañado de sangre y de devastación. Fueron cayendo, uno a uno, todos los reyes de la comarca: Arad, Sijón, Og, Balac…Se creía que ese era el camino a seguir, que Dios mismo lo pedía. Se pensábamos que había un “libro de las batallas del Señor” donde se inscribían nuestras gestas guerreras (Núm 21,14). Se podría haber seguido otra senda, la de la bendición, la fraternidad y la universalidad. ¿Hubiera dado peores resultados? Quizá Dios mismo marcaba, de algún modo esa senda. Faltaba mucho para llegar a una visión amplia y universalista del hecho creyente.

            No le costó a Moisés pasar la alternativa a Josué (Núm 27,12ss). Nunca se había apropiado del poder y, por lo mismo, nunca tendría dificultad en dejarlo a otros. Su gran preocupación era “que no quede la comunidad del Señor como un rebaño sin pastor” (Núm 27,17). Moisés murió con la preocupación por la comunidad, con el amor por el que había entregado prácticamente toda su vida. No se encontrará jamás en Moisés una palabra de reproche, de requerimiento de deudas, de anhelos de lucro a costa de la comunidad. Todo en él fue entrega y generosidad. Y aunque nadie lo hubiera reconocido, tendría sentido su vida, ya que la entrega y el amor tienen su razón de ser en sí mismos, no en el aplauso ni en el reconocimiento.

 

¿Cómo desactivar las situaciones de violencia dentro de la comunidad?

 

8. Conclusión

 

            Josué, hijo de Nun, continuó la obra de Moisés que quedó un poco truncada, como lo quedó también su misma vida ofrecida a la comunidad con todas sus consecuencias. Josué llevó al pueblo a pasar de una vida nómada a otra sedentaria. Pero por encima de todo, fue quedando clara una verdad que costaba asimilar: que la tierra era de Dios y, por ende, patrimonio del hecho humano. Muchas veces nos apropiamos de ella, pero la misma vida nos llevó a ver que el mejor modo de vivir en paz era hacer de la tierra la madre común que a todos cobija. El recuerdo de Moisés nos anime a construir la casa-comunidad, la enorme y gozosa comunidad de los humanos y de éstos con la creación.

 

 

2

¿EN QUÉ NECESITA SER ANIMADA

LA COMUNIDAD HOY?

 

                La vida de la comunidad se soluciona, generalmente, en asuntos muy cotidianos. Es ahí donde, en primera instancia, necesitaría ser animada. Pero queremos proponer dos ámbitos profundos de animación, sustentantes, de raíces: la mística y la profecía. Es muy posible que, de salida, un superior/a deseche esta clase de temas porque le parecen lejanos y poco prácticos. Pero si se trata de animar la comunidad, de abrir horizontes, de encontrar espacios más amplios que nos desatosiguen de los afanes de cada día, quizá en estos temas haya una veta.

 

1. Una mística bullente

 

            La mística es el “viento que sopla donde quiere” de Jn 3,8, lo que bulle debajo de la piel, el “alma” que nos habita, los movimientos del corazón, la fuente de las preguntas y de las inquietudes, eso que nos empuja a situarnos en el lado de la vida, la capacidad para palpitar al ritmo de la melodía del amor, lo que “mueve el sol y las estrellas” como decía Dante, el brillo en los ojos, la pizca de vibración que da sentido a los caminos del amor.No se puede definir. Pero ahí hay un algo que, si está vivo, los proyectos humanos tienen viveza y si no está vivo todo pasa al gris sobre gris, antesala de lo que está muerto.

            ¿Hay que decir que es a mantener viva esta llama, a soplar sobre ella, a propagarla más la tarea encomendada a un superior? ¿Cómo hacer ver a quien ha recibido el “encargo” de animar la comunidad que esta es su tarea verdadera y que representar a la comunidad es algo accesorio?[1] ¿Es un milagro que las comunidades mantengan el ánimo a pesar de sus superiores o precisamente con el empuje de sus superiores?

 

a) Místicos de ojos abiertos y místicos horizontales

 

            Hace ya tiempo que la espiritualidad dedujo que la mística era un componente de la vida cristiana y que constituía una reducción referirla exclusivamente a los “grandes místicos”. Más aún, comprendieron que la mística tenía como casa común la vida y que tenía que estar mezclada a ella. Por eso, comenzaron a hablar de “mística de ojos abiertos”[2] o de “místicos horizontales”[3]. El terreno de la mística no sería un no-lugar fuera de la vida, sino que se situaba en el centro de la vida[4].

            La mística de ojos abiertos es aquella que se utiliza la luz para iluminar las situaciones sociales. Una de las tareas de la mística será aportar luz sobre los caminos de la comunidad. A veces, estos caminos se hacen oscuros, rutinarios, sosos. Agoniza la comunidad en la grisura de los días. El superior con talante místico es el que ilumina, no quien contribuye a un oscurecimiento mayor. Quizá, para ello, haya de tener un interior lo más iluminado posible, cosa que viene no solamente con el carácter, sino también con los trabajos personales por ser persona de luz[5]. Ojos abiertos para leer bien la trayectoria de la comunidad y las circunstancias sociales. No se trata de tener grandes cualidades, sino de abrir los ojos, ver lo que hay delante y tratar de iluminarlo con la sensatez y con el evangelio en la mano.

            El superior ha de ser místico de la horizontalidad, porque en ella se juega mucho de la vida comunitaria. No es que se menosprecie la verticalidad (la oración, la Palabra, los sacramentos). Pero la clave de muchas situaciones está en el diálogo, la tolerancia, la conexión social. Es ahí donde habrá que insistir para construir la horizontalidad[6].

            No es difícil que, con los años, la vida vaya perdiendo sabor y se orienten los hermanos al clásico topos religioso del disfrute en la otra vida. El superior místico, que entiende que la vida se cuece en el centro, trata de potenciar los pequeños caminos que abren al gozo de la vida. Se inquieta si su comunidad no encuentra cauces reales de disfrute. Hace tarea solapada de alegría porque sabe que estar en el centro de la vida es imposible sin disfrute, que la vida comunitaria y la misma fe son imposibles sin ese disfrute[7].

 

b) Creyentes de la vida en grupo

 

            Es la base natural de la vida en comunidad y, por ello, de la mística de la VR: el cimiento sobre el que asienta el hecho comunitario es la relación de grupo. Luego, la espiritualidad pondrá los matices. Pero quien no vale para la vida en grupo tendrá muchos contratiempos en este género de vida.

            La mística de la vida en grupo demanda, en primer lugar, una cierta atracción hacia este género de vida, un sentir como cosa positiva y reconfortante generar amparo y vivir al amparo de los caminos vitales de otro. Si ese regocijo básico no se da, siempre se estará cojeando. Además demanda que los trabajos cotidianos de convivencia sean vistos más como una posibilidad que como un peso[8].

            Huelga decir que el animador comunitario ha de ser un “creyente” del valor de la vida en grupo. Si fuera un desencantado, por más que su comunidad le dé hartos motivos para ello, no podría cumplir con la tarea que se le ha asignado. Creer en la comunidad cuando esta no quiere ser animada, cuando tiende a la división, cuando no genera disfrute, cuando rechaza cualquier propuesta de renovación demanda aquella fe del líder Moisés a quien los israelitas “le amargaron el corazón”, pero que siguió siempre al lado de su pueblo rebelde y negativo[9]. Si el animador comunitario carece de esa fe, estará siempre soñando el día que le quiten su función de superior para poder vivir tranquilo.

 

c) Una fraternidad social

 

            No desvelamos ningún misterio si decimos que la fraternidad pertenece al núcleo de la comunidad y que, por ello, el superior es, sobre todo, animador de la fraternidad, de la buena relación, de ese cimiento sobre el que se asienta el edificio de la VR.

            El ánimo religioso para la vida fraterna, por empleado tantas veces, puede ser melodía que resbale en los oídos y en el corazón de los hermanos[10]. Pero como todo está conectado, quizá sería un nuevo elemento de mística de VR animar a la fraternidad social, al ecumenismo vital. Esto podría colaborar a dar cuerpo a la fraternidad en su indudable deseo de conexión social.

            La mística de la fraternidad es aquella que hace ver con mayor claridad, con más honda relación, que un religioso, más allá de sus opciones personales, pertenece a la sociedad y, por ello, el amor social puede hacer parte de su vida. Dice el Papa Francisco: “El amor social es la clave de un auténtico desarrollo: Para plasmar una sociedad más humana, más digna de la persona, es necesario revalorizar el amor en la vida social –a nivel político, económico, cultural–, haciéndolo la norma constante y suprema de la acción”[11]. También habría que revalorizarlo a nivel fraterno para que nuestra fraternidad no sea, en el camino diario, una realidad al margen de lo social. Un hermano superior insensible a lo social no cumpliría con un requisito de animación fraterna que cada vez aparece como más posibilitador.

            Además, otra gran inyección de mística en la vida fraterna podría ser el construir un ecumenismo vital. Este es la capacidad para vibrar con todo aquello que se intuye como potenciador de la propia vida. Esa cualidad interior que logra hacer verdad el viejo dicho de que “nada humano me es ajeno”. No se trata de meter la nariz en todas las cuestiones ni de andar picando de flor en flor. Se trata de que el libro de la vida no se cierre ante nuestras propias narices. Se trata de tener siempre jugoso el interior, sensible para conectar con las causas humanas. El superior animoso ha de procurar que su comunidad no sea un leño de corazón seco, sino un colectivo deseoso de un interior sensible[12].

 

d) Trabajos por recuperar la profundidad

 

            He aquí una gran tarea mística para el ciudadano de hoy y, por ello, para el religioso actual: recuperar la dimensión perdida de la profundidad[13]. Nadie duda de que el gran enemigo de la existencia es la superficialidad[14]. La superficialidad es dejarse llevar por la corriente; no precisa esfuerzo, pero hace muy vulnerable a la persona. La profundidad es costosa, pero hace fuerte a quien la tiene.

            La VR es una realidad amenazada de superficialidad lo que afecta a la experiencia humana de convivencia, a la visión social y a la misma vivencia de la fe. Situarse en lo superficial es un muro insalvable para la mística cristiana porque llegaría a bloquear la misma experiencia de Dios. Por eso dice, con razón, P. Tillich que “el que sabe de la profundidad, sabe también de Dios”[15].

            Sobra decir que el superior animador no ha de sumarse ni dar carta de ciudadanía al coro de los superficiales. Habría de tratar de que los mecanismos de profundización (lectura, reflexión, oración, silencio, diálogo sobre temas un poco serios, etc.) funcionasen en su comunidad. Si los descuida o los deja por imposibles, que no pida luego que su comunidad sea un lugar de adultez y de decisiones bien trabajadas. La superficialidad afecta a todo, a lo más banal y a lo más sagrado. Y lo mismo habrá que decir de la profundidad.

 

e) Tenaces resistentes para crear una vida hogareña

 

            Consciente de la dificultad para generar fraternidad, Ignacio de Loyola decía que los jesuitas debían ser “amigos en el Señor”[16]. Quizá era realistamente consciente de la dificultad que hay en generar estilo de vida en relación de entrega total[17]. Pero la VR es terca y se empeña en hacer de la vida diaria una vida con componente hogareño[18], un tipo de relación de calidad humana similar a cualquier hogar bien avenido, a cualquier modelo de relación de componente afectuoso[19]. Por ello, mantener el anhelo de una comunidad con relaciones hogareñas no es un falso anhelo.

            De ahí que se pueda decir que entre los elementos de la mística que sostiene la identidad del hermano superior se pueda contar este hermoso sueño: que la vida comunitaria contenga el mayor nivel posible de relaciones familiares, hogareñas, cálidas, de vidas entrelazadas. Para ello habrá que comenzar por entender que el mayor apostolado de un grupo religioso no es su trabajo apostólico o su ejemplar organización. El mayor apostolado es que se perciba la buena relación de sus miembros y la evidencia de que se puede construir una honda relación aunque no medien lazos de sangre[20]. Apearse de esta utopía es rebajar mucho el nivel de anhelo de la VR y los límites de su horizonte[21].

 

2. Una profecía social buscadora 

 

            El componente central de la VR es la profecía. Esa es la melodía que se le ha encargado que ejecute en el conjunto de la realidad eclesial y de la realidad social. Hace ya muchos años que el teólogo H. Urs von Balthasar decía que la verdad en la iglesia era “sinfónica”[22]. Cada músico de la orquesta ha de tocar lo que le corresponde y, conjuntados todos, suena la hermosa sinfonía. Si tocaran todos los instrumentos la misma melodía sería algo horrible. A la VR, por más que hayamos derivado en melodías que no nos corresponden, le ha sido asignada la melodía de la profecía[23]. Y hay que tener en cuenta que  “la sinfonía no supone en modo alguno una armonía almibarada y sin tensiones”[24]. Sobra decir que el animador de la comunidad tiene esto por cierto. Lo que pasa es que todo valor espiritual ha de ser constantemente contextualizado y ahí se juega el superior su tarea concreta. ¿En qué dirección camina hoy la profecía social para que el superior anime en esa misma dirección? ¿Qué elementos proféticos sociales puede alimentar el componente profético de la VR de hoy?

 

a)      La profecía  del cuidado de la tierra:

 

Más allá de todos los tumbos del ecologismo y de los mil matices que se pueden hacer al tema, lo cierto es que la profecía del cuidado de la tierra está más viva que nunca[25]. Con lentitud, pero el tema de la ecología está entrando en el imaginario social y en las prácticas comunes de vida diaria. A nivel teórico se discute menos, por más que la “conversión ecológica” siga siendo, aún, asignatura pendiente[26].

Pues bien, ahí se halla uno de los temas de la profecía social que las comunidades pueden ir incorporando y la mediación del superior puede ser decisiva en un sentido o en otro. Puede ser decisiva a la hora de enriquecer el imaginario espiritual haciendo que la ecología haciendo ver a los hermanos que hoy no se puede entender el seguimiento de Jesús sin este componente de la ecología, algo que nunca hubiéramos pensado.

De ahí que este tema puede y debería pasar al discernimiento comunitario no solamente en los modos comunes del reciclaje sino en los más amplios del conjunto de la economía de la casa y de las propias obras[27]. El impulso del superior para que esto pueda cobrar cuerpo es, claro está, decisivo.

 

b)      La profecía del ineludible feminismo

 

Al igual que ocurre con el ecologismo, el feminismo ha irrumpido socialmente con una fuerza que resulta imparable. Ya no se trata de conceptos, de matices, de estrategias solamente. La realidad es que el mundo de las mujeres ha venido para quedarse y para resituar el paradigma patriarcal vigente todavía con un esplendor cada vez más cuestionado. Las mujeres están logrando no solamente ser reconocidas es sus ineludibles derechos sino, simplemente, como cogestoras del hecho histórico. Es algo de raíces profundas; los signos externos son lenguaje de esa profundidad[28].

Hablando globalmente, y como era de esperar, el paradigma religioso ha estado instalado y sigue estando en parte notable en el patriarcalismo. Por eso decimos que la profecía social está hace ya tiempo hablando otro lenguaje. Las comunidades religiosas que tienen como cimiento la fraternidad tendrían que ser sensibles a este fenómeno. Y si no lo son, desmienten su teoría espiritual. El superior habría de empujar en esa dirección valorando todos los detalles como importantes. La profecía del feminismo no solamente es una profecía social sino que puede expandir la sensibilidad y las actuaciones de la comunidad religiosa, incluidas las de varones. Un hermano superior proclive a esta sensibilidad puede ser una gran ayuda para la comunidad. Y lo contrario[29].

 

c)      La profecía del decrecimiento

 

Las utopías del decrecimiento (“vivir con menos para vivir mejor”; “vivir sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir”) hace ya tiempo que vinieron también para quedarse. Por más que su eco social sea, todavía escaso, su avance es irreversible. Efectivamente, el decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social que pretende establecer una relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza y entre los propios seres humanos frente a la situación de dominación hoy existente que está acabando con la naturaleza y frente a la explotación de las personas en beneficio de la producción y la rentabilidad económica de unos pocos. El decrecimiento es una herramienta válida al servicio de la construcción de un mundo más habitable, más humano, donde se garanticen los derechos de todas las personas y pueblos y regido por un mínimo principio de equidad. Resulta escandaloso contemplar las diferencias que hoy se dan en el mundo[30].

¿Puede ser ésta un instrumento útil para la animación de la profecía de la VR hoy? Sin duda, a dos niveles. En primer lugar para ayudar a generar un pensamiento que sustituya al ya perecido de la austeridad que prácticamente no rige ni en nuestra mentalidad ni en nuestras prácticas. Y también para activar estilos de vida diario que conecten más fácilmente con las pobrezas y los problemas sociales. Como hemos dicho antes, la figura del superior puede contribuir a abrir este camino, a dejarlo por inútil e, incluso, a obstruirlo.

 

d) La profecía de una Iglesia fraterna

 

            Una profecía que nos puede parecer de una obviedad tal que no nos diga absolutamente nada. Pero viene el papa Francisco diciendo que el mayor mal de la Iglesia es el clericalismo[31], y lo mismo dicen las personas que están al frente de la VR en las altas esferas[32]. O sea: no logramos cumplir el sueño de Jesús y arrastramos una jerarquización asumida como una losa sobre nosotros. No hay manera de imaginar otro tipo de relaciones eclesiales.

            Esto habría de interpelar no solamente a los religiosos clérigos, sino también a los hermanos religiosos. Ellos, que están en el margen del problema, pueden ser una voz autorizada en cuanto sufren la desigualdad que genera el clericalismo igual, al menos, que el resto del pueblo cristiano. Ellos quizá tienen las manos más libres no solamente para ejercer una crítica saludable, sino también para generar prácticas eclesiales de igualdad deponiendo actitudes de prepotencia y de dominio.

            Puede ser que a un hermano superior, agobiado por problemas inmediatos de su comunidad, estas cosas le caigan lejos. Pero si hablamos de profecía hoy, es posible que por estas sendas haya una llamada a la conciencia de la VR, mayoritariamente laica. Y sería una pena que tal llamada se hiciera en el desierto.

 

d)      La profecía de la adolescencia que salta a la vida pública

 

La adolescencia es una época de la vida compleja. Por eso lidia con sus propios problemas y, hasta ahora al menos, no se hacía presente, como tal, en la vida pública. Pero últimamente, sobre todo en relación con el tema del cambio climático, la adolescencia empieza a ser una fuerza social a ser tenida en cuenta[33]. La profecía social está siempre atenta a los cambios sociales importantes. Y, sin duda, aquí alborea uno de ellos.

Las congregaciones religiosas que trabajan en la enseñanza habrían de ser particularmente sensibles a esta clase de fenómenos. Ignorarlos o tomarlos por simples anécdotas sería minusvalorar el potencial profético de los mismos alumnos con los que se trabaja. Encerrarse en la rutina de siempre sin abrirse a esta clase de horizontes nuevos sería perder una ocasión de oro para hablar lenguajes proféticos con los jóvenes.

      El superior de una comunidad de enseñantes podría ser un centinela que avisa a su comunidad de estos derroteros nuevos de profecía que surgen. Podría ser un impulsor del movimiento adolescente a favor del clima con las consecuencias que esto podría tener para la empresa educativa[34]. Pretender la profecía sin entrar en el cauce de estas nuevas corrientes sociales es arriesgarse a hablar de asuntos vacíos[35].

 

3. Un trabajo de “seducción”

 

            El escollo principal que puede encontrar el hermano superior para propagar la mística y el espíritu de una profecía social es toparse con la indiferencia, la negatividad y las pocas ganas de los hermanos de ser animados en esta serie de cosas. Nunca fue fácil animar. En épocas pasadas el superior tenía como arma la fuerza coactiva de las leyes. Tampoco es que los resultados fueran muy alentadores. Hoy, en la época en que relativizar las normas está al alcance de cualquiera, habrá que recurrir a la “seducción”, a esa tarea lenta de mostrar, una y otra vez, los beneficios de la espiritualidad.

  • Ni claudicar, ni imponerse: Tal vez haya que evitar estos dos extremos. La simple claudicación, muchas veces “por el bien de la paz”, no da vigor a la vida comunitaria. Habrá que torear la imposición de quien no quiere moverse y pretende hacer de esa actitud el marco de la vida fraterna. Por supuesto, la mera imposición tampoco será un camino adecuado, máxime cuando hoy los hermanos no se dejan avasallar y encuentran cauces que obvian las imposiciones sin ninguna clase de remordimiento.
  • Resistir en la certeza del camino común: Siempre convencido de que el éxito de vida comunitaria es, lógicamente, el triunfo de lo común, de aquello que aglutina al grupo de hermanos en su conjunto. El superior ha de aprender el difícil arte de “templar gaitas” para lograr aquella aspiración del poeta de llegar “con todos y a tiempo”[36].
  • Un remedio paulino: En Rom 15,1 se da un remedio para lograr que la comunidad, que incluye fuertes y débiles, camine: “Nosotros los fuertes hemos de sobrellevar las flaquezas de los débiles”. Una manera de “seducir” al débil será tomar su carga. Pretender una animación en la mística y en la profecía sin querer aumentar la propia carga es pretender lo imposible. No se trata de hacer el caldo gordo al débil que pretende sacar partido de su debilidad esgrimida como un argumento. Sino de “envolverle” con generosidad a ver si se anima a moverse.
  • Implicar, derivar: La tentación en la animación es que el superior pretenda hacerlo todo y cope la acción animadora. Es difícil y, por lógica, la comunidad se sentirá al margen de muchas de sus iniciativas. Por eso, el buen animador sabe implicar, derivar, otorgar responsabilidades. La obra de animación comunitaria tiene mucho mejor futuro si es una realidad común, no algo personalizado en la figura del superior.
  • Emplear lenguajes nuevos: Si para animar se emplea el lenguaje de siempre, el marco de un espiritualismo ya sabido, quizá el resultado sea menguado. Si se emplean otros lenguajes (el social, el secular, el poético incluso) tal vez aparezcan otros resultados. Al fin y al cabo, la animación espiritual, como todo lo humano, depende mucho del lenguaje que se emplee.
  • Levantar los hombros: No amargarse cuando las cosas no caminan al ritmo de los deseos de animación del superior. No ser un pasota, pero tampoco ser un ansioso. Ante muchas dificultades, el remedio más sencillo es levantar los hombros y seguir caminando, no dejarse abrumar y mantener el buen ánimo.

 

Conclusión:

 

            Debido a la precariedad vocacional podemos llegar a la falsa conclusión de que la VR está entre nosotros agonizando. No es así: nunca como ahora la VR goza de mejor salud espiritual, ni en su mística ni en su capacidad profética. Es cierto que hemos de reconvertirnos a la fe en el valor de lo pequeño, a creer en la fuerza de los pocos. Pero ese es el buen camino evangélico, un camino que los amplios números y las grandes obras han velado con frecuencia.

            Por eso mismo, la tarea de animación de la comunidad sigue teniendo pleno sentido, aunque esa labor ha de cobrar el rostro de lo sencillo, de lo cotidiano, de lo posible. Este empeño sigue teniendo un gran valor. Es un empeño evangélico.

 

 

Talleres breves:

 

  • Se dialoga sobre las preguntas dando tiempo a todas
  • Alguien anota
  • Se pone luego en común

 

  1. 1.      ¿Necesitados de mística?

-          ¿Son cosas de gente desocupada?

-          ¿Conecta con el Evangelio?

-          ¿Tiene aplicaciones comunitarias?

 

  1. 2.      El lado práctico de la profecía social

-          ¿Qué lado práctico le ves al cuidado de la tierra?

-          ¿Qué lado práctico puede tener para nosotros el feminismo?

-          ¿Qué lado práctico le vemos al movimiento adolescente sobre el clima?

 

  1. 3.      La tarea de animación comunitaria

-          ¿Qué hacer cuando hay poco interés por la animación comunitaria?

-          ¿Qué hacer cuando se puede poco en temas de animación comunitaria?

-          ¿Qué hacer para salir de una vida comunitaria rutinaria?

 

 

 

 

3

CAMBIOS DE FUNCIONES SOBREVENIDAS

A LOS RESPONSABLES DE COMUNIDADES

Y PROVINCIAS RELIGIOSAS

 

            A nadie extraña que la VR, precisamente por ser vida, sufra mutaciones con el vaivén de los días. Es cierto que lleva en su genética una cierta tendencia al inmovilismo, pero, a nada que desee conectar con el hoy en el que vive, experimentará de inmediato una serie de situaciones propias de este tiempo en el que vive[37]. Esto, como decimos, siempre ha sido así. Solo que hoy esas mutaciones son tan rápidas y numerosas que el conjunto dibuja un panorama como, quizá, nunca lo había experimentado la VR.

            En este escenario se inserta la acción pastoral del superior/a con sus hermanos/as. No ha de extrañar que, a veces, se vea perplejo y desbordado. Pero una cosa es inicialmente cierta: los problemas no se solucionan dejándolos ir, sino encarándolos. Por eso, en base a esa mística de ojos abiertos de la que hemos hablado, reflexionemos con paz.

            Muchas de estas funciones que le sobrevienen al superior/a están consignadas en los documentos espirituales de la Congregación. Una actitud de no relación con esos textos hace que se ignoren dichas funciones[38]. Otras, sin embargo, no están escritas, pero son tan evidentes como las anteriores[39]. En cualquier caso, como decimos, la mejor forma de intentar encararlas es trabajarlas con paz. Hagamos, al menos, un intento de descripción.

 

  1. 1.      Funciones relacionadas con la moderna concepción de la persona

 

En realidad, no es tan moderna, ya que proviene de los albores de la creación de los actuales estados democráticos[40]. Esa concepción no es otra que el casi absoluto valor otorgado al individuo, algo con lo que los antiguos carismáticos fundadores de nuestras órdenes no tuvieron que lidiar. Es una realidad que ha pasado ya al ADN de la modernidad: cada individuo es valioso en sí mismo y por ello sujeto de derechos inviolables. El tema de la dignidad de la persona es el marco espiritual del valor del individuo[41].Esto que nadie niega que sea un valor tiene también sus disfunciones: el individualismo y la conciencia aislada[42]. La solución que proponen los analistas sociales es la autonomía y la solidaridad de las comunidades sociales[43].

      Esto lleva al superior/a a dos funciones comunitarias “nuevas”:

a)      Fomento real de la autonomía: dando márgenes y autonomía para poder luego exigir. No se puede estar siempre dependiendo de lo que diga el superior, la ecónoma, la directora, el párroco. Es preciso construir pequeñas estrategias de autonomía, no invadiendo terrenos otorgados, arriesgando en base a la certeza del valor que se otorga al hermano/a. Pongamos un ejemplo: en el confuso modus operandi del uso personal del dinero ¿no sería un gesto de autonomía económica proporcionar a los hermanos/as que lo necesiten una tarjeta bancaria y que rindieran cuentas sobre ella? ¿No sería un gesto visible de autonomía sin excesivos riesgos dado que el banco controla hasta el último céntimo? Esta función tendría como cometido aminorar el nivel de dependencia en personas adultas.

b)      Generar mentalidad de grupo: Porque este es el cimiento real, antropológico, sobre el que se construye el edificio de la vida comunitaria. En concreto: ¿cómo revertir la idea de que las reuniones no sirven para nada, de que son un peso, a las que se va de mala gana y por obligación? ¿Cómo hacer ver la nuestra es una vida reunida y que quien no quiere reunirse tiene un “problema vocacional”? ¿Qué tendría que hacer el superior/a para que sus reuniones comunitarias sean percibidas como útiles, como interesantes incluso?

 

  1. 2.      Funciones relacionadas con la nueva configuración social

 

Las fuentes de inspiración de la VR no son solamente místicas (oración, Palabra, sacramentos, etc.) o carismáticas. Al hacer parte del hecho social, son también sociales[44]. Nos inspira la sociedad y crecemos por el aprendizaje observacional y por contagio social. Esto siempre ha sido así. Pero ahora, por mor de los medios de comunicación y de la globalización, el escenario del aprendizaje social ha tomado unas dimensiones planetarias. Puede parecer algo lejano, pero esto afecta cada vez más a cada persona concreta. Se derivan de aquí dos funciones o tareas nuevas para los hermanos superiores/as:

a)      Colaborar al logro de posicionamientos políticos reflexionados: Es algo que no se toca en nuestras comunidades porque se tiene la certeza de que es peor el remedio que la enfermedad. Así que, ante los interrogantes políticos, unas elecciones generales, por ejemplo, todo se deja al albur de cada individuo en un respeto encomiable, pero indiscernido comunitariamente. ¿Sería improductivo, contraproducente, inútil llevar esto a la mesa de la reflexión fraterna? ¿No tiene ahí nada que decir el evangelio, el carisma, la comunidad? ¿Qué pasaría si, en esos momentos de reflexión política, el superior/a convocase una reunión con ese tema no para decir a quién hay que votar, sino para elaborar planteamientos como hermanos adultos ante una sociedad que nos demanda un plus de pensamiento político por ser creyentes en Jesús?

b)      Colaborar a una práctica ecológica y de género adecuada: Porque, en teoría al menos, nuestras comunidades tienen más o menos asimilada la cuestión ecológica y de género. ¿Cuál es el ánimo y la aportación en temas ecológicos como el reciclaje, la reutilización, las fuentes de energía de la casa, el tema de la calefacción, de los medios de transporte? ¿Son realidades cotidianas que no merecen ninguna orientación? Y si las comunidades religiosas son sobre todo de varones (también las de religiosas) ¿cuál es el trato real (personal, laboral) que se da a las mujeres contratadas en la comunidad? Y sobre todo en el caso de las religiosas: ¿Qué anhelos de avance real se manejan en la comunidad de cara a la igualdad de género en la comunidad cristiana, siempre en déficit?

 

  1. 3.      Funciones relacionadas con una VR en reducción

 

No hace falta volver a decir por enésima vez lo que todos experimentamos a diario: que la VR ha entrado en una fase de rigurosa reducción. No está en riesgo de desaparición, porque las estructuras religiosas tienen mucha vida y muchas raíces[45]. Pero la reducción a la que está sometiendo es tan drástica que, aunque intentemos frenarla, el mapa de presencias y actividades está siendo otro a una velocidad que nos cuesta asimilar. Lejos de interpretar esta realidad como una hecatombe, los superiores han de saber situarse en el lado de la creatividad y de la esperanza. De ahí pueden derivarse algunas funciones nuevas que afectan a la persona misma del superior/a:

a)      Función de delegación y confianza cotidianas: dada la fragilidad de las comunidades, el superior, que suele ser persona capaz, puede caer en la tentación, como decía B. Fernández, de acumular todas las funciones necesarias para la marcha de la casa: portero, administrador, representante legal, enfermero, acompañante a los médicos, cocinero si llega el caso, animador de la oración, etc., etc. El superior/a-orquesta que está convencido de que, sin él, la comunidad se viene abajo[46]. En parte puede ser cierto, pero la función “nueva” en este contexto es delegar pequeñas tareas, ampliar los actantes del hecho fraterno, de tal manera que se sienta realmente que todos colaboran a sostenerse en la fragilidad y que esa es la fuerza real del grupo. Ello supone no solamente no acaparar todas las funciones sino, algo más de fondo, confiar realmente en los hermanos y su fragilidad. Se nos llena la boca con frases hermosas como aquella de san Pablo: “la fuerza se realiza en la debilidad” (2 Cor 12,9). ¿Lo creemos o no lo creemos?

b)      La función de llevar ordenadamente la agenda de actividades: Los superiores/as son hermanos valiosos. Por eso, además de su función de animación comunitaria, es lógico que la institución demande de ellos colaboración para el organigrama provincial. Eso se traduce en trabajos, reuniones, viajes, colaboraciones provinciales que se suman a los trabajos de animación comunitaria diaria. Surge de aquí una nueva función: la función de llevar ordenadamente la agenda de actividades personales porque, estamos convencidos, mucho del agobio que sienten los superiores es fruto de un cierto “desorden” de actividades y agenda. Si se llevaran pacífica y ordenadamente las actividades, la sensación de agobio disminuiría mucho[47].

 

  1. 4.      Funciones relacionadas con la carestía vocacional

 

Situación que se hermana con el punto anterior. Quizá haya que “des-angustiarse” en este punto, no porque la cosa no sea importante, grave si se quiere, sino porque puede dar lugar a un desenfoque: no podrá haber vocaciones si no hay antes y a la vez un deslumbramiento por el proyecto de Jesús, por el Evangelio. Hoy ya no es un plan de vida venir a un convento por situarse de algún modo en la sociedad. Pero sí puede ser el dar cuerpo hoy a una propuesta, la de Jesús, que cautive, que enamore, que atraiga, que nos deje boquiabiertos[48]. El problema no son las vocaciones, sino el enamoramiento con que vivimos y ofrecemos a Jesús. Sin esto, pretender vocaciones es muy complicado. De ahí pueden derivarse algunas funciones para los superiores/as que ya se están viviendo:

a)      Acompañante de procesos de fe personalizados: Algo que parece caer fuera de del marco de trabajo de animación del superior. Pero ocurre que en nuestras presencias se detectan, a veces, itinerarios espirituales interesantes de personas tocadas por el Evangelio. Las valoramos, pero nadie se ofrece a acompañarlas, porque el acompañamiento es un trabajo costoso. Puede ser que en la comunidad no haya un hermano más cualificado para hacer este tipo de escuchas y acompañamientos continuados, sostenidos que al superior/a. Si no hay quien acompañe, el asunto se diluye. Quizá para ello sea suficiente, al menos inicialmente, ser sensible a los procesos de fe y practicar el carisma de la escucha[49]. Derivar rápidamente estos casos al delegado de pastoral vocacional quizá sea lo más fácil, pero no sabemos si lo más conveniente.

b)      Animador vocacional en el interior de la comunidad: Es cierto que en no pocas comunidades se ora por las vocaciones[50]. Pero eso no es suficiente. Es, básicamente, un asunto de desconexión social: ¿cómo conectar con el hecho social de tal manera que la oferta del Evangelio pueda ser escuchada? Esa es la cuestión básica. Por eso, el superior puede hacer obra de animación vocacional no solamente animando a que se rece por las vocaciones, sino propiciando la conexión social, en un momento en que no se sabe cómo hacer, no se tiene ánimo para hacer y se saca a relucir una dudosa teología apelando a una ignota voluntad de Dios que suscite vocaciones.

 

  1. 5.      Funciones relacionadas con la secularidad

 

Porque la VR vive en marcos históricos concretos, de ahí se derivan algunas funciones que antes no se contemplaban. Eso pasa con la secularidad. No se puede vivir la VR en el marco religioso en la que nació en gran parte de los religiosos/as actuales. No solo eran otros tiempos: era otra la manera de pensar a Dios, la forma de entender y vivir el hecho religioso, el paradigma espiritual y moral. Era otra la sociedad y su mirada sobre la religión. Por eso mismo, hoy surgen algunas funciones que tienen que ver con el cambio evidente de entender y vivir la espiritualidad cristiana:

a)      Función de medicación espiritual, no sólo de mediación religiosa: Con frecuencia, el superior/a ha entendido tradicionalmente su función de animación espiritual velando por las prácticas religiosas de la comunidad: que haya tiempo de oración, que se cumplan las prácticas religiosas con integridad, que se tenga una visión religiosa de la vida. La secularidad se ha alejado de muchas cosas de esa y ya no son referencias útiles. Esto ha afectado a la VR: hay hermanos/as que ya no rezan de modo ordenado, hay religiosos/as que ya no van a misa todos los días, hay hermanos/as que tienen una visión crecientemente laica de la vida. El que también haya grupos que intentan mantener esto contra viento y marea habla de la dificultad del tema. Por eso y tal vez, una nueva función del superior sea, por un lado, animar a unas prácticas religiosas alejadas de la rutina y, sobre todo, fomentar itinerarios espirituales asumidos en la comunidad. Quizá la religión no tenga mucho futuro en nuestra sociedad; pero la espiritualidad tiene un futuro espléndido. Animar a caminar por sendas de espiritualidad puede ser una función interesante[51]; empujar a participar en eventos espirituales aunque no partan de convocatorias católicas puede ser de gran valor[52].

b)      Función de apertura de casa: Las casas de la VR, los conventos, aunque hay de todo, tienden a ser lugares cerrados (también la mayoría de las casas del vecindario). Una función que ayude a la conexión social será animar a que la casa, la mesa, sean una realidad crecientemente acogedora. Una comunidad que habitualmente solo sienta a su mesa a los componentes de la fraternidad está significando su desconexión social. Abrir la casa, acoger, exige, además de una indudable generosidad, una gimnasia interior de cara al que llega, una postura de una cierta complicación de vida de cara a ese otro de fuera de la comunidad. Por eso cuesta tanto y más cuanto mayores vamos siendo. Animar a la apertura sencilla pero implicativa puede ser una buena función de conexión social que el superior podría activar.

 

  1. 6.      Funciones con las nuevas espiritualidades sociales

 

Algo que va ligado con el apartado anterior. La secularidad ofrece hoy caminos espirituales plurales, no solamente religiosos, sino también sociales. Estos caminos están imbuidos de profecía porque ésta ya no nos viene tanto desde el lado religioso, sino quizá sobre todo desde el lado social. Puede parecer que son cosas que no nos atañen como creyentes y religiosos. Pero su fondo es altamente útil para la construcción de esos nuevos paradigmas que podrían alumbrar caminos no hollados para la VR.

a)      Función de animación a la sobriedad feliz: Decimos que a nuestra VR no le falta de nada. Si eso apunta a la necesidad del hermano, no habría que avergonzarse: la fraternidad genera cobertura material. No es ningún milagro. Pero si lo que estamos queriendo decir es que nuestras casas, nuestras habitaciones, nuestros armarios, abundan en cosas innecesarias en las que quedamos, con frecuencia, atrapados, estamos en otro asunto. De ahí que una función que viene de las nuevas espiritualidades sociales sea animar a una sobriedad feliz[53]. Es decir, hacer ver que el gozo de vivir no reside en la acumulación de cosas muchas veces innecesarias, sino en la realización de planes espirituales, de vivencias enriquecedoras, de compartires que dejen en el alma el poso del gozo. A veces el superior trabaja para que a los hermanos no les falte nada. Y así tendría que ser en lo referente a las básicas necesidades vitales. Pero también habría de ser en relación con las búsquedas del corazón, con los anhelos humanos: proporcionar belleza, disfrute, conexión vital con lo que bulle en la sociedad para que el gozo de vivir derive no solo de las necesidades satisfechas sino de las búsquedas humanas disfrutadas. ¿Cuándo una comunidad va al cine a ver una buena película, cuándo va a una exposición significativa, cuándo hace una excursión al campo para el disfrute ecológico, cuándo comparte libros que nutran, cuándo se une a los disfrutes de los pobres?

b)      Función de animación a la espiritualidad del bien común: Que es otra espiritualidad social de hoy proveniente del mundo empresarial y que no es otra cosa sino poner por delante el bien de la persona antes que el propio beneficio[54]. Ese es el ideal de la vida comunitaria: vivir con y para el otro[55]. El superior/a habría de creer que cuando la comunidad está bien, la persona está bien, y no al revés. Por eso, la función del superior ha de ser seducir al hermano/a para que entienda que trabajando por la comunidad él es el primer beneficiado. No se trata de vivir en una comodonería comunitaria, sino de hacer camino justos, de ampliar esos caminos a los de fuera del grupo religioso, de tener, en el fondo, siempre activada la dignidad de la persona y la certeza de que hemos sido llamados a construir una obra común, la fraternidad. Es algo más que la lucha contra los persistentes egoísmos: se trata de ilusionar por todo aquello que lleve el componente de lo común.

 

Conclusión

 

            No se pide que el superior/a sea un “superfraile o supermonja” con cualidades excepcionales. Se apela a un hermano/a trabajador que encara con paz las situaciones nuevas, que discierne con otros y que intenta buenamente actuar en este hoy complejo y hermoso conde se inserta el encargo recibido de animar a la comunidad. Quizá no haya que intentar una batería de actuaciones tan amplia y sería bueno comenzar por algo sencillo. Pero lo que no es de recibo es que vayan pasando los días del mandato del superior y la comunidad navegue sin más impulso que el de vivir de los días.

 

 

Diálogo en sala:

 

  • Se hace un diálogo en sala en base a preguntas elaboradas por escrito.

 

 

4

BREVE TALLER:

EXPERIENCIAS NUEVAS

DE ANIMACIÓN COMUNITARIA

 

 

  • Se trataría de poner sobre la mesa experiencias de animación comunitaria que, a juicio de cada uno, tengan algo de novedad, que no sean las de siempre, sino que se haya experimentado en la propia comunidad que por ese camino hay una posibilidad de revitalización.
  • Se hacen los grupos y alguien anota: 45 m. de reunión y puesta en común.

 

 

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LA ANIMACIÓN COMUNITARIA EN LA HORA DE REMODELACIÓN DE PROVINCIAS

 

            Hay situaciones inéditas en la VR. Una de ellas tal vez sea la remodelación de las Provincias que una gran parte de los Institutos está experimentando. En otras épocas, la VR ha sufrido fuertes remodelaciones motivadas, por ejemplo, por la expulsión de las Órdenes religiosas de un país o por la confiscación de los bienes y edificios de las mismas. A veces, los frailes de un país han tenido que emigrar a otros por fuerza mayor.

            Pero en nuestros días no hay nadie que nos obligue a emigrar, a cambiar estructuras territoriales. Es el empuje de un cambio social que conlleva, en no pocos países, la dificultad para el hecho creyente y, consecuentemente, para sus miembros “especializados”[56]. Y lo extraño es que lo hace sin ninguna clase de violencia y sin decretos expulsatorios[57]. Lo hace por evolución social. Esto no lo conocíamos y necesitaría algún tipo de lectura que nos aclarara qué ha pasado en nuestra VR que en menos de dos generaciones ha transitado de una evidente expansión (en casas, obras, misiones, etc.) a una reducción necesaria.

            Esta situación plantea a los superiores/as problemas de animación comunitaria ya que son los hermanos los sujetos primeros de tales drásticos cambios. Cada uno de los hermanos de la comunidad experimenta, a su manera y medida, este fenómeno. Alguien tiene que acudir en su socorro. Y, en alguna medida, quizá sea el superior/a con su trabajo comunitario de animación el llamado en esta hora a ayudar a sobrellevar esta situación lo mejor posible[58].

 

  1. 1.      Lo que ha ocurrido

 

Todos sabemos lo que ha ocurrido porque todos lo estamos experimentando. Pero tal vez sean necesarios algunos elementos de reflexión que nos ayuden a situar mejor las cosas. Lo primero que hay que decir es que la VR de la mayoría de nosotros se ha “cocido” en una época de expansión: nuestras comunidades eran numerosas, nuestras provincias se dividían para crear otras, nuestras misiones eran boyantes, nuestros noviciados bien pertrechados de estupendas vocaciones, etc. En ese ambiente de expansión se ha generado el amor a nuestra vocación. Ahí hemos aprendido la hermosura del carisma. Por eso mismo, cuando todo ese andamiaje se ha venido abajo, lo sentimos más, se nos apodera el desconcierto, no terminamos de entender qué pasa cuando una vocación era, en nuestras buenas familias, una bendición y ahora es casi un problema. Hemos asistido, sin dramatismos, al derrumbe estructural de la VR, no al espiritual, aunque haya que poner siempre matices a estas frases tan contundentes. No hace falta recurrir a las estadísticas para saber que esto es así.

Por eso, a muchos grupos religiosos no les ha costado entender que había que remodelar las estructuras provinciales sí o sí y justamente en la dirección contraria a la vivida durante tantos años. Nadie nos lo ha impuesto. Todos hemos comprendido que era necesario hacerlo aunque no viéramos muy bien por qué ni qué frutos podría traer ese movimiento centrípeto[59].

¿Ha sido beneficioso este proceso? Todavía es pronto para verlo con claridad. Pero quienes se han embarcado en esta nave ven, con matices, que globalmente ha sido provechoso en varios aspectos:

  • Se han rentabilizado recursos que andaban dispersos, tanto económicos como personales porque la dispersión debilita la fuerza de tales recursos y la unión los potencia[60].
  • Se han aclarado situaciones enconadas (tanto a nivel económico, deudas grandes, como personal, facciones provinciales) que, al constituir una entidad más amplia, han desaparecido como la niebla[61].
  • Se han iniciado planes de repliegue ordenado cuando, a veces, no se sabía qué hacer ni por dónde empezar[62]. Además, es evidente, que el potencial real de la Provincia no se ha visto mermado, sino todo lo contrario, en la nueva entidad.
  • Y algo muy difícil de determinar: se ha eliminado del horizonte un indudable pesimismo en que estaban sumidas las Provincias aisladas para generar un cierto contagio de mayor luz que ya veremos si esto es real o no. Pero lo cierto es que muchos hermanos se lamen menos las heridas y no están siempre, como antes, en el coro de las lamentaciones.

Por tanto, no es de extrañar, que cuando se interroga a los hermanos/as que llevan ya unos años “remodelados” respondan que, globalmente y con muchos matices, la remodelación ha sido positiva.

 

  1. 2.      Dos niveles

 

En los caminos de la remodelación es preciso considerar dos niveles distintos, aunque imbricados: el nivel estructural y el nivel comunitario:

a)      El nivel estructural: es el que se hace en el generalmente amplio proceso de la remodelación: reuniones de consejos, de comisiones, asambleas generales, planes de integración, etc. Es, como decimos, el lado más estructural de la futura fusión. Esto puede hacerse de muchas maneras: a veces se ha hecho con hermanos/as elegidos para tales tareas, sin participación directa del conjunto de la Provincia. Esto es más expeditivo y más eficaz, aunque tiene la pega de generar menos implicación general. A la larga, creemos que este camino no es el mejor, porque se llega a pensar que la remodelación nos la imponen los superiores queramos o no. Tarde o temprano tendrán que bajar al nivel comunitario básico que es donde se cuece la verdadera unificación. Puede hacerse también de manera más participativa y asamblearia. El camino es más lento, más lleno de dificultades. Pero es más implicativo porque siempre podrá decir que esta unificación es la que construimos todos los hermanos que quisimos hacerlo y quien no lo quiso queda sin argumentos. Con todo, como decimos, este nivel estructural, verdaderamente necesario, es el más fácil de construir pero el quid de la remodelación, la vida comunitaria de hermanos/as de entidades que han vivido muchos años independientemente, está en las vivencias de la base de hermanos/as[63].

b)      El nivel comunitario: Creemos que es en este nivel en donde se juega el quid verdadero de toda remodelación. Al fin y al cabo lo que se remodela, unifica y fusiona no son sobre todo casas, obras, presencias, dineros, sino personas, las personas de cada comunidad, de todas aquellas que pertenecen  a la entidad provincial, en cualquier situación personal o anímicas en que estén. Es decir, más temprano que tarde, el asunto de la remodelación pasa a la comunidad concreta y ahí hay que hacer obra de animación. Efectivamente, de qué serviría una remodelación estructural si en el corazón de los hermanos/as concretos no hay sino disgusto y resquemor ante una estructura que no ha sido demandada. Esto, si se diera, habría de motivar planes de animación comunitaria que trabajen realmente la unificación no como un sufrimiento a sobrellevar, sino como una verdadera posibilidad para el colectivo de hermanos/as.

 

  1. 3.      Trabajos de animación comunitaria en relación con las remodelaciones

 

No habrá que partir de previos, sino de la situación real de los hermanos/as por dificultosa que sea y siempre con la certeza de que la remodelación es más que un ordenamiento jurídico nuevo una posibilidad de crecimiento en la fraternidad que el Señor nos pone en esta hora de la VR.

  • Trabajos con quienes se sitúan en actitudes negativas: Ya que no pocos hermanos/as, lo digan en voz alta o no, entienden todo este tema como un enojo o terminan cediendo externamente sin hacerlo interiormente. A estos desanimados habrá que animar.
    • Con quienes piensan que esto es un mal sueño y que ya pasará: No es un mal sueño y no hay vuelta de hoja. Tenerlos bien informados de las actividades de la nueva Provincia. Leer en público las notificaciones de los superiores. Trabajar sin desaliento las tareas que encomiendan las instancias provinciales. Hablar sobre otras casas y sus problemáticas.
    • Con  quienes no participaron en nada del proceso y lo ignoran aun hoy explícitamente: No participaron en ninguna reunión y su ausencia fue su manera de decir que no estaban de acuerdo. Siguen en ello y animarles a cambiar de postura es darse contra un muro. Por lo menos habrá que relativizar sus denuestos y hacerles ver los logros que la remodelación produce. No tolerar frases hirientes sobre la nueva realidad provincial o sus dirigentes.
    • Con quienes van en la barca a donde se los lleve, pero sin interés mayor: Informar continuamente; animarles a participar en las actividades provinciales; ir con ellos a eventos donde haya reunión de hermanos.
    • Con quienes dicen explícitamente que ellos no se les mueve “ni con la guardia civil”: tolerar pacientemente estos exabruptos pero decirles que no va ir la guardia civil, que son ellos quienes han de buscar sentido a su estar en un lugar u otro. Echarle un poco de humor a estos desvaríos.
    • Con quienes aún tienen potencial en su vida pero piensan sin fisuras que han de trabajar donde siempre han trabajado: son un grupo numeroso: tienen cierta edad, pero todavía tienen cargos en sus manos, influyen en las comunidades y en las obras. Tratar de hacerles ver que su valiosa aportación puede ser útil en otros lugares. Animarles y estar cerca si el provincial les propone un traslado. Acompañarles en todo lo que se pueda.

c)      Trabajos con quienes se sitúan en actitudes más positivas: Ya que hay hermanos/as más benignos que perciben el camino de la remodelación como una posibilidad o no ponen tantos obstáculos a la misma:

  • Con quienes tienen más capacidad para la mezcla: apreciar su generosidad, animarles a continuar así, sumarse a esa actitud viendo en ello un indudable enriquecimiento personal y comunitario. No desalentarse por el contraargumento de que son pocos los que se mueven.
  • Con quienes aceptan inicialmente moverse, aunque luego tiende a quedarse en su choco: valorar su generosidad inicial, animarles cuando se presenta el momento del cambio, acompañarles, hacerles ver que nada de lo que aprecian les va a faltar en otro lugar (trabajo, casa, fraternidad, espiritualidad, etc.).
  • Con quienes creen que lo mejor sería una solución “a la holandesa”: como la iglesia y muchas órdenes de Holanda que, siendo en su día la avanzada, hoy ven que su destino es acabar con dignidad, el Ars moriendi carismático de Metz[64]. Valorar esa actitud como signo del Espíritu, pero, a la vez, ver también la presencia del Espíritu en los pequeños brotes que la vida ofrece y potenciar todo lo que se pueda tales brotes.
  • Con quienes quieren hacer camino con el hermano siempre que haya un buen plan: apreciar esa postura, pero quizá haya que decir que el plan se construye andando y que no se puede estar esperando a que tal plan surja por arte de magia, dado que el calendario va en contra nuestra. Tratar de discernir si esta tipo de posturas no encierra una cesión al temor de la remodelación y, en definitiva, al inmovilismo.

 

  1. 4.      Intercongregacionalidad e internacionalidad

 

Algo que vuelve más o menos reiteradamente y que no toca de lleno en el tema de la remodelación de provincias pero que hace parte de la misma “familia” de planteamientos.

  • La intercongregacionalidad se viene cultivando en la VR, sobre todo en la femenina, casi siempre en modos de colaboración apostólica, más raramente en modos de vida compartida[65]. Esto abre una posibilidad enorme a la VR, por más que aún sea poco practicada e influye en la remodelación de la Provincia ya que, lógicamente, participan en estos proyectos hermanas capaces y animosas. Pensamos que esto no va contra la remodelación sino que abre vías de vida nueva. Si hubiera ánimo, sería un camino a seguir y supondría un aire fresco en la VR. Los hermanos superiores/as habrían de apoyar este brote si surgiera y no tendrían que poner pegas por la “pérdida” de personal.

Una variante, también practicada en modos relativamente frecuentes, es la VR que hace comunidad con personas en dificultad[66]. No solamente trabaja para ellas, sino que vive con ellas y desde ellas genera un tipo de comunidad siempre nuevo. También incide en la remodelación por la liberación de personas valiosas. Pero, como antes, decimos que esto puede ser profecía para la VR y, por ello, habría de ser integrado en la remodelación.

  • La Internacionalidad: algunas congregaciones lo tienen resuelto por historia y por legislación propia. La mayoría no lo ha contemplado, ni siquiera en las comunidades misioneras donde hasta hace poco dominó la presencia y la autoridad de los países evangelizadores[67]. Pero quizá haya ahí también un camino que afecte a la remodelación. Y no para importar vocaciones que sostengan lo que nosotros no podemos sostener, sino para idear caminos nuevos compartidos por hermanos/as que no tengan que ser deudores de los límites del propio país. Esto todavía está lejos, pero quizá esté en el horizonte[68].

 

5. Se es hermano con quien se hace camino                                                                             

 

            Todos lo sabemos: la hermandad de la vida comunitaria no se construye por simple adscripción legal al colectivo religioso. No se tienen tantos hermanos/as cuantos miembros tiene la Congregación            . Es verdad que eso crea un sentimiento de pertenencia colectiva y un amparo cierto. Pero la verdadera comunidad es la que se construye con las personas con las que hacemos camino.

            Hacer camino no es solamente convivir bajo el mismo techo, tener la misma mesa, orar en el mismo oratorio y tener el mismo superior o el mismo ecónomo. Hacer camino es colocar al hermano en el horizonte de las propias preocupaciones, contagiarse anhelos y trazar pequeños planes comunes que nos hagan caminar en la vida y en la fe con ilusión. Hacer camino es entrar en ese huerto cerrado del corazón del hermano para lo que hay que permanecer incansablemente a la puerta esperando que él, si quiere, la abra. Hacer camino es entender literalmente que somos familia y que, como tal, no es lícito hacerse ninguna clase de daño.

            Hay hermanos/as que piensan que eso es pedir demasiado a la VR, que hay que contentarse con mantener un cierto respeto, una convivencia educada y un trabajo evangelizador ordenado y bien orientado. Estos son valores innegables. Pero si el corazón del hermano me es una realidad ajena, si renuncio a intentar fundirlo con el mío, quizá estamos borrando lo mejor, lo más interesante, del horizonte de la VR.

            Por eso decimos que la remodelación de Provincias es un tiempo bueno para construir comunidad, porque por este azaroso camino que nos aflige en este momento podemos dar un paso decidido hacia el corazón ancho de una fraternidad más plural y más honda. Se requiere la fe en la fraternidad, algo más difícil de tener que la misma fe religiosa en Dios.

 

6. Los ignorados caminos de una VR en tiempos de globalización

 

            A veces decimos que el Espíritu suscitará modos de VR distintos a los vividos hasta ahora. Pero todos sabemos que el Espíritu actúa a través de mediaciones históricas. Una de ellas tal vez sea, en nuestro hoy, los trabajos de remodelación de Provincias como paso no se sabe hacia dónde. Son tiempos de acumular materiales, de embarazo. No sabemos muy bien qué es lo que va a nacer de aquí. Lo nuestro es ser fieles a este momento. Confiar en la Providencia sin poner toda la carne en el asador es un infantilismo y una temeridad.

 

Comunicación:

 

  • Que alguien comunique las pegas que ha encontrado en procesos de unificación, fusión o similares.
  • Que alguien comunique los logros y aspectos positivos encontrados.

 

 

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LLEGAR TODOS JUNTOS Y A LA VEZ:

LA RESPONSABILIDAD COMÚN

 

            Todos hemos citado muchas veces aquel poemilla de León Felipe:  

“Voy con las riendas tensas

y refrenando el vuelo

porque no es lo que importa llegar

solo ni pronto,

sino con todos y a tiempo”.

            Hemos visto reflejado a ahí el éxito de la vida comunitaria: que sea todo el colectivo el que alcance el sentido, la dicha, la mayor plenitud posible. La VR no es una competición donde vence el más fuerte sino que es el caminar tras el sueño de un Jesús que ha venido a llamar a todos, justos y pecadores. Si como dice Filp 3,12 es Jesús el que obtiene el premio para nosotros, no tiene sentido correr tras ese premio dejando de lado a quien menos pueda correr.

            Ya hemos visto en la meditación inicial de este encuentro que Cuando Josué, hijo de Nun, pidió a Moisés que impidiera profetizar a Eldad u Medad este les dijo: “¡Ojalá todo mi pueblo fuese profeta y recibiera el espíritu del Señor!” (Núm 11,29): Esa era la idea última que Moisés tenía de la comunidad: una comunidad de profetas donde nadie necesitará enseñar a su hermano porque toda persona tendrá la autonomía y la responsabilidad completamente activadas.

            Este éxito común no podrá lograrse, como decimos, sin trabajar en siempre trabajoso e interesante asunto de la responsabilidad personal. La tendencia a derivar responsabilidades adquiere en la vida común una propensión a echar balones fuera. Hay quien no se siente responsable ante los problemas comunes; quien no se siente concernido ante un fallo común; quien cree que no es de su responsabilidad aquello que no cae dentro de su ámbito de vivencias personales. Es preciso trabajar esta tendencia para revertirla en otra:  que lo que es de todos corresponde a todos.

            Más aún: normalmente entendemos el tema de la responsabilidad común en los parámetros pequeños de la concreta comunidad a la que uno pertenece. Y así tiene que ser. Pero la comunidad religiosa se ve también concernida, más allá de ella, por responsabilidades que le afectan y que pueden dinamizar su conciencia responsable. Puede parecer un recurso repetido el decir que es el superior el primer llamado a conectar con tales responsabilidades. Pero, con frecuencia, la vida de las comunidades es muy centrípeta. Por eso, tiene que haber mentes, corazones, valoraciones de componente más centrífugo. Y ahí es donde entra la animación pastoral del superior/a.

            Vamos a proponer un elenco de responsabilidades que, a la vez, conciernen a la VR y pueden darle una talla de adultez mayor, adultez que, a veces, cuesta lograr en la dinámica interna de los grupos religiosos.

 

  1. 1.      La responsabilidad común de hacer creíble la posibilidad para los huemanos de vivir como hermanos

 

Desde el Génesis hasta hoy ha brotado incansable la pregunta por la posibilidad de que los humanos puedan vivir como hermanos como hermanos[69]. Vistos los desaguisados que somos capaces de hacer, la pregunta no resulta inútil sino todo lo contrario[70]. Es que no resulta nada fácil mantener controlado el miedo al diferente, el temor al de la caverna de al lado, el recelo a quien viene de lejos. Creemos que la hermandad por afinidad es la única posibilidad de logro. Pero la hermandad sin afinidad, por el mero hecho de la dignidad creatural, es también algo que puede estar en el horizonte de la vida.

      Pues bien, La VR con su estilo de vida puede creerse responsable, en pequeña parte, de mostrar modos plásticos de hermandad entre diversos, ente diferentes, entre quienes salen de puntos de partida diferentes. Por eso decimos que el mayor apostolado de la VR es que trasluzca la posibilidad de vivir en fraternidad quienes son diversos, lejanos, distintos, cada uno hijo de su padre y de su madre. El mayor apostolado, sí, es la vida fraterna.

De ahí que el superior, animador nato de la vida común, ha de serlo también de la fraternidad que debe desvelar la posibilidad de vida en hermandad con los distintos. Por eso, ha de intentar abrir cauces de vida, por sencillos que sean, con personas de difícil encaje social. Eso también es responsabilidad de un grupo que se llama y se considera comunidad. 

 

2. La responsabilidad comunitaria de ofrecer espiritualidad a un mundo que no deja de buscar

 

                Porque quizá la nuestra no sea una hora demasiado propicia para el hecho religioso pero si lo es para la espiritualidad. Como hemos dicho, muchas personas andan tras algo que trasciende el mero vivir. Aunque no tenga forma religiosa ese anhelo está continuamente en la sociedad.

La VR, forjada y vivida en el marco religioso, no percibe, a veces, esa sed. Por ello su oferta es, mayoritariamente, de componente religioso. Y como sigue teniendo clientela, aunque más menguada y más en reductos especiales, sigue propiciando la experiencia religiosa.

¿No podría sentirse concernida en la posibilidad de hacer una oferta de espiritualidad? ¿Todas las parroquias de una ciudad, todas las presencias religiosas, han de hacer propuestas religiosas? ¿No podría haber espacios, al estilo de Taizé, donde se ofrezca oración, silencio, diálogo sosegado, lectura personalizada de la Palabra sin tener que recurrir a las formas tradicionales de las formas religiosas? ¿No es esa la tarea de la VR que ha de ofrecer en el hoy las “realidades futuras”, la espiritualidad del Reino?

Y desde ahí, ¿no sería tarea del animador comunitario el empujar, favorecer, acompañar los anhelos de algunos hermanos que quieren conectar con caminos espirituales renovados e incluso con caminos de espiritualidad no cristiana? ¿No podría tener la VR un centro de espiritualidad moderno, abierto a toda espiritualidad nueva?[71]

 

3. La responsabilidad comunitaria de ir haciendo nuestros los caminos de los empobrecidos

 

                Siempre ha contado la VR con hermanas y hermanos que han unido su camino vital al de los empobrecidos. Son en su humildad, desconocimiento y, a veces, menosprecio los hermanos profetas, los que cumplen las bienaventuranzas y los que viven el espíritu de los votos, por más que, en ocasiones, entren en litigio con sus mismas estructuras religiosas.

                Pero la vida comunitaria no puede escudarse en sus profetas. Éstos no le eximen de sus responsabilidades. Y una de ellas es la de construir una iglesia de los pobres, como quiere el papa Francisco, hasta hacer de ello una nota añadida a las tradicionales de la Iglesia: una, santa, católica, apostólica y que opta por los pobres[72]. La VR habría de tomar esto como una responsabilidad esencial puesto que ella dice haber hecho de la pobreza un elemento insustituible de su espiritualidad.

                No se trata, principalmente, de reorientar el voto de pobreza, sino de adquirir una nueva sensibilidad en torno a las pobrezas. Tal sensibilidad es la que puede contribuir a un desplazamiento hacia el mundo de las pobrezas que muestre a la comunidad un camino de vida nuevo. Ese camino no puede ser otro sino el de la acogida y la inclusión. El hermano superior/a puede ser una instancia de ánimo para empujar a la comunidad a entrar en caminos organizados de trabajo con las pobrezas que pueden ir llevando a un horizonte menos agobiante para los pobres[73].

 

4. La responsabilidad comunitaria de tener una vida más conectada con el hoy social

 

 

                Ya dijimos que este tema de la conexión social, por su importancia, merecía una reflexión aparte. Estar conectado socialmente no es algo que se derive de la mera pertenencia a la masa ciudadana. Es algo que demanda sentido de inclusión y, más aún, un amor social activado.

                Se trata de vivir de cara a la ciudadanía con benignidad crítica. Es decir, es cuestión de amar a la sociedad de la que se hace parte de modo activo, participativo, valorativo. Es disfrutar con las posibilidades ciudadanas de gozo y de disfrute vital. Es también, desde el punto de vista crítico, dolerse del nivel de inhumanidad que se pega a la ciudad, cuestionar activamente todo aquello que no funciona y a quien impide que funcione.

                La VR que hoy, más que nunca, vive en entornos ciudadanos puede caer en la tentación de desconexión o, simplemente, de vivir cómodamente en la ciudad sin sentirse implicada y sin percibir los latidos de la calle.

                Por eso, el superior podría ser una instancia de ánimo para que los hermanos/as participen, de vez en cuando, en los escenarios ciudadanos, ya que mucho del pensamiento y del comportamiento social se genera en la calle. Podría, así mismo, animar a los hermanos más sensibles a participar en entidades ciudadanas que fomenten la convivencia. Esto enriquecería la vida comunitaria y favorecería la oferta de espiritualidad que pretende la VR[74].

 

5. La responsabilidad común de contribuir a crear un paradigma religioso más creíble

 

                No hace falta ser experto en estadística para poder percibir que el paradigma religioso tradicional se está haciendo cada día más increíble. Por más que en ocasiones puntuales se vuelva a él. Lo cierto es que, en la vida diaria, la manera tradicional de creer ya no tiene fuerza de evocación para una gran mayoría de ciudadanos.

                La VR, como otras instancias eclesiales, por la fuerza de la costumbre, sigue moviéndose en notable parte en el marco de tal paradigma. Pero no pocos de sus miembros, grupos enteros, de desplazan hacia las afueras de otro paradigma que no se sabe muy bien cuál es. Por eso, flexibilizan las formas de creer y “pactan” con más facilidad con la ciudadanía agnóstica; modifican su lenguaje abandonando las antiguas fórmulas religiosas que ya no les suenan bien; elaboran proyectos humanizadores de contenido cada vez más laico donde lo explícitamente religioso ocupa poco sitio. Es un paradigma, en definitiva, de mayor adultez y de más profunda conexión social. Muchos religiosos/as creen que eso es claudicar y abandonar los principios tradicionales. Pero tal vez lo que se pretende es, como decimos, construir un tipo de fe no solo más actual sino de mayor densidad que la recibida por tradición.

                La VR está llamada a esta responsabilidad común y, dado que aún tiene un cierto crédito social, sería una fuerza importante, profética, para el logro de marcos de fe nueva, para ir construyendo una manera de creer que pueda tener su sitio en el concierto social y que pueda traducir la utopía evangélica en este tiempos concreto de la historia.

                Un hermano superior/a que creyera que esto es, de alguna manera, de su incumbencia podría ser mediación para ir abriendo pequeñas ventanas a ese aire nuevo que sopla sobre la sociedad y la Iglesia. Empeñarse, sin más, en mantener los modos tradicionales de práctica religiosa heredados de generaciones pasadas sin ninguna clase de discernimiento ni actualización no sería la mejor manera de elaborar esta responsabilidad común.

 

6. La responsabilidad común de poner carne a la espiritualidad de la dignidad

 

                La dignidad viene a las personas e incluso al resto de las creaturas por su condición creatural, por haber sido creadas por Dios, según la visión cristiana. Por eso mismo, la dignidad puede oscurecerse, olvidarse, postergarse, pero nunca perderse. La conciencia de la dignidad es uno de los mayores logros de la cultura moderna. Y más cuando ha calado en la conciencia de muchas personas que se saben poseedoras de ella y que la reclaman cuando la ven conculcada.

                Esto que parece tan evidente y que los grandes documentos de la modernidad lo dejan absolutamente claro[75], está desaparecido en los grandes desiertos de la dignidad[76] y en los lugares oscuros de la misma donde es negada en las personas que emigran, que no caen dentro de los filtros sociales, que no tienen acceso a la cultura o la información. El reconocimiento de la dignidad oscurecida es, todavía, una batalla por darse.

                ¿Cómo y por qué la VR habría de sentirse responsable de poner carne a esta espiritualidad que se queda, con frecuencia, en los meros documentos? La VR hace de la fraternidad el cimiento de su construcción humana y espiritual. Pero esa fraternidad no puede quedar circunscrita al pequeño ámbito de su comunidad, sino que ha de ensancharse al hecho humano como tal. La VR cree que toda persona es hermana, que incluso las creaturas son hermanas. Y mientras esa hermandad no se dé, la dignidad que la sustenta quedará postergada. Por causa de la fraternidad es por lo que la VR tendría que constituirse en adalid de la dignidad y en constructora de la misma.

                Desde esta espiritualidad el hermano superior/a hade ser alguien capaz de no apearse de la dignidad de sus hermanos por más que les acompañe el fallo evidente. La VR tiende a etiquetar a la persona: si un hermano incurre en fallo, se le etiqueta como persona no fiable, como marcado con la dignidad mermada. El superior/a ha de hacer ver que, más allá del fallo, la dignidad del hermano permanece intacta. La confianza, el aprecio, la cercanía evidente ha de ser el lenguaje de la dignidad mantenida.

 

7. La responsabilidad común de hacer voto de ternura y de generosidad

 

                No ha de extrañarnos que los votos de la VR, que han sido vividos más bien de manera un tanto estática y predeterminada, estén ahora, por razón del formidable cambio social en el que estamos inmersos, en continua evolución. Si preguntamos a un religioso/a de hoy cómo vive los votos, veremos que tiene poco que ver con la manera como se vivían hace cincuenta años.

                Por lo mismo, los tratados de VR reformulan el voto de pobreza hablando del voto de buena gestión, el de obediencia como voto de la libertad en común, el de castidad como voto de amor a quien nadie ama[77].

                Es en este marco donde se puede decir que la VR puede tomar la tarea de acrecentar la ternura y la generosidad como algo merecedor de hacer un voto. Frente a la frialdad de la moderna vida ciudadana y de la misma Iglesia, la VR hace voto de calidez y de ternura. Frente al egoísmo exacerbado de la conciencia aislada[78], la VR podría hacer voto de generosidad. Ambos votos serían, tal vez, lenguaje adecuado para decir cuáles son los anhelos de la VR y dónde quiere poner los acentos.

                Las comunidades agradecerían mucho el trabajo de un hermano superior/a que generase una relación fraterna cálida y que impulsase al grupo en la dirección de la generosidad, sorteando la secular tentación de tacañería que siempre ha amenazado a la VR.

 

 

Conclusión

 

                La manera más sencilla de concluir este tipo de reflexiones sea el decir que es ir a buscar muy lejos la espiritualidad de la animación del superior y que la vida es más concreta y que los problemas son más “reales” que estas elucubraciones. Hay que mirar si eso es verdad o es, por el contrario, una cortina de humo.

                No se pide que los superiores/as ataquen, a la vez, todos los frentes aquí descritos. Pero es difícil negar que esto abre un abanico de sugerencias de actuación que contribuyen a que la espiritualidad de la animación pastoral del superior/a sobrepase la representación o conjure la atonía de ir dejando que pase el tiempo.

                El “empeño” del que habla Rom 12 y al que aludimos desde el principio quizá incluyan esta clase de anhelos.

 

Evaluación



[1]“El encargado, con empeño”: Rom 12,8.

[2]Cf J. B.  METZ, Por una mística de ojos abiertos. Cuando irrumpe la espiritualidad, Herder, Barcelona 2013.

[3]J. A. GARCÍA, “«Místicos horizontales». Hacia una espiritualidad apostólica”, en: En el mundo desde Dios: Vida Religiosa y resistencia cultural, Sal Terrae, Santander 1995.

[4]Cf L. AROSTEGUI, “DietrichBonhoeffer: espiritualidad ‘en el centro de la vida’”, en: Revista de espiritualidad 71 (2012) 191-236. “Pero yo no quiero hablar de Dios en los límites, sino en el centro; no en los momentos de debilidad, sino en la fuerza; esto es, no a la hora de la muerte y del pecado, sino en plena vida y en los mejores momentos del hombre. En los límites, me parece mejor guardar silencio y dejar sin solución lo insoluble”: p.211.

[5] No se nace con luz interior. Es un constructo que se hace día a día: Cf Jn 9.

[6] “Para los «místicos horizontales», el mundo es el lugar de la adoración de Dios. Estos místicos se resisten a transferir a la oración el encuentro con Dios y a apartarse o negar, del modo que sea, al mundo como condición necesaria o como camino de dicho encuentro. Para ellos, Dios emerge en la mismísima densidad de las cosas, personas y acontecimientos, y es ahí donde sienten que quiere ser escuchado, servido y amado. El mundo y la historia, lejos de ser un obstáculo para el encuentro con Dios, se convierten para ellos en su mediación obligada” : J. A. GARCÍA, art. cit.,p.108.

[7] Como dice el papa Francisco en EG 4: “Es la alegría que se vive en medio de las pequeñas cosas de la vida cotidiana, como respuesta a la afectuosa invitación de nuestro Padre Dios: «Hijo, en la medida de tus posibilidades trátate bien […] No te prives de pasar un buen día» (Si 14,11.14). ¡Cuánta ternura paterna se intuye detrás de estas palabras!”.

[8] Si uno tiene problemas con “las reuniones” tiene un serio problema vocacional, porque la nuestra es una vida en reunión, por mucho que no pocas de nuestras reuniones, a causa de nuestra desidia, resulten estériles.

[9] Cf Sal 103,33; 78,40.56. Moisés el prototipo de líder. Muchos de sus rasgos son aprovechables aún hoy día: Cf F. AIZPURÚA, “Moisés”, en: AA.VV., La parra y la higuera. Historias y personajes de la Biblia, PPC, Madrid 2004, p.27-46.

[10] Cf Sal 123

[11] LS’ 231.

[12] La ataraxia que, a veces, ha predicado la VR, no es el mejor estado para ella. Tiene el peligro de matar la sensibilidad. Esto puede tener una traducción en el “pasotismo” ante los acontecimientos que deja indiferente al religioso.

[13] Ya hace muchos años que se escribió este librito, perfectamente vigente: P. TILLICH, La dimensión perdida. Indigencia y esperanza de nuestro tiempo,  DDB, Bilbao 1970.

[14] Supera a los clásicos enemigos del alma “el demonio, el mundo y la carne”, según rezaban los viejos catecismos.

[15] P. TILLICH, op.cit., p.114.

[16] En realidad, san Ignacio emplea una sola vez esa expresión en una carta a Juan de Verdolay antes de la fundación de la Compañía. Pero ésta ha incorporado esa expresión a su mística. Así lo dicen las Congregaciones Generales: : “No somos  meramente compañeros de trabajo; somos amigos en el Señor”; “los jesuitas de hoy nos unimos porque cada uno de nosotros hemos escuchado la llamada de Cristo… lo que nos hace amigos en el Señor y por eso amigos unos de otros”. ¡La síntesis es perfecta! Y también: “El jesuita realiza su misión en Compañía”; “pertenece a una comunidad de amigos en el Señor”; “foméntense comunidades en las que compartiendo la fe… nos hagamos auténticos amigos en el Señor”. “No somos funcionarios o voluntarios de una organización multinacional… somos amigos en el Señor”.

[17] El mismo evangelio de san Juan lo viene a decir en la distinción entre el amor de entrega (agapaô) y amor de amistad (phileô) que aparece en Jn 21,15ss.

[18] El documento Identidad y misión del religioso hermano en la Iglesia habla varias veces de “casa” pero ni una sola de “hogar”.

[19] La relación hogareña no es exclusiva de los hogares convencionales (padres+hijos). Se da en hogares monoparentales, residencias de ancianos, clubes de jubilados, lugares de reunión de colectivos ligados por algún tipo de relación afectuosa, etc.

[20] Decía el hermano Roger que el mundo de hoy podría entender que Dios es amor y solamente amor con comunidades “donde la bondad de corazón y la simplicidad estuviesen en el centro de todo”: HNO. ROGER, Dios solo puede amar,  Ed. PPC, Madrid 2001, p. 120.

[21] Si la teología más tradicional de la VR dice que su cometido profético es anunciar hoy las realidades futuras, la realidad futura de una familia con Jesús más allá de los lazos de sangre habrá que comenzar a hacerla visible en el hoy hogareño de la comunidad.

[22] Cf H. URS VON BALTHASAR, La verdad es sinfónica, Encuentro, Madrid 1979. Una orquesta sinfónica tiene en su lista, normalmente, más de ochenta músicos.

[23] De ahí que las preguntas de J. B. METZ, Las órdenes religiosas. Sumisión en un futuro próximo como testimonio vivo del seguimiento de Cristo, Herder, Barcelona 1988, p. 17 siguen vivas: “¿No se han situado las órdenes, en el tiempo transcurrido desde su fundación, demasiado en aquel «centro» en que todo se equilibra y se modera, no se han acomodado en cierto modo a la gran Iglesia y se han dejado como cercar por ella?”.

[24] H. URS VON BALTHASAR, op.cit., p.7. En el sínodo sobre la VR de un obispo, quizá despechado, definió a la VR como “un garbanzo en el zapato de los obispos”.

[25] ¿Se puede, si no, explicar porqué después de más de cuatro años la Laudato Si’ sigue “viva”?

[26] LS’ 216-221.

[27] Como ha ocurrido con los monasterios cistercienses de Poblet, Vallbona, Solíus y Valdonzella: Cf J. CALDERERO DE ALDECOA, “Y la ecología llegó al monasterio”, en Alfa y Omega 5-10-17: http://www.alfayomega.es/128409/y-la-ecologia-llego-al-monasterio (6-10-19). Qué bueno sería que en los Consejos Provinciales hubiera un Consejero de Ecología.

[28] La reacción social hacia temas como las “manadas”, el maltrato, en lenguaje sexista, la publicidad, la atribución de roles sociales, etc., están hablando de algo de mucho fondo.

[29]El documento Identidad y misión del religioso hermano en la Iglesia no contine ni usa sola vez la voz “feminismo”.

[30] Cf J. EIZAGUIRRE, Una vida sobria, honrada y religiosa. Propuesta para vivir en comunidad,  Narcea, Madrid 2010; S. LATOUCHE, La apuesta por el decrecimiento, Icaria, Barcelona 2009; Pequeño tratado de decrecimiento sereno, Icaria, Barcelona 2009; La hora del decrecimiento,  Octaedro, Barcelona 2011.

[31] “El peligro en tiempos de crisis es buscar un salvador que nos devuelva la identidad y nos defienda con muros”: en El País 22-1-2017: https://elpais.com/internacional/2017/01/21/actualidad/1485022162_846725.html (7-8-19).

[32] D. MENOR, “Jolanta Kafka: ‘El clericalismo es el mayor escollo para la mujer’”, en Vida Nueva 28-6-2019: https://www.vidanuevadigital.com/2019/06/28/jolanta-kafka-el-clericalismo-es-el-mayor-escollo-para-la-mujer/ (7-8-19).

[33] Esto ha sido debido a la activista sueca Greta Thunberg que, con su huelga escolar a favor del clima, ha propiciado un movimiento mundial que cada día cobra más fuerza y tiene más seguidores adolescentes: Cf E. CHAN, “Estas son las 'Greta Thunberg' del mundo y estos, sus planes para salvar el planeta”, en Vogue 28-7-19: https://www.vogue.es/living/articulos/greta-thunberg-cambio-climatico-que-hacer-salvar-planeta (6-8-19).

[34] Auditoría ecológica, medidas racionales de reorientación del consumo, cambio en las fuentes energéticas, crecimiento en el reciclado, etc. ¿Cómo declarar a un centro “Colegio por el Clima” y qué consecuencias puede tener esto.

[35] Parece que los adolescentes van a hacer su huelga mundial por el clima el 20 de setiembre, una semana antes que la huelga mundial del 27 de ese mes.

[36] “Voy con las riendas tensas y refrenando el vuelo/ porque no es lo que importa llegar solo ni pronto/ sino con todos y a tiempo” (L. Felipe).

[37] El tema de la conexión o desconexión de la VR de la cultura actual merecería una reflexión aparte. Creemos que este punto es de gran importancia.

[38] Hay una gran desconfianza hacia los papeles. Quizá porque, como decimos, el papel lo aguanta todo. Y desde ahí se lo crea ineficaz.

[39] Bonifacio Fernández enumera estas funciones con una pizca de humor: cubo de basura, alfiletero, bombero, chivo expiatorio, muro de lamentaciones, suplente de las desganas, enfermero: “Funciones secretas del superior”, en Vida Nueva 6 de febrero de 2018.

[40] Y, yendo más lejos, desde los tiempos de Hobbes que defendía la moral social estable basada sobre el egoísmo de los ciudadanos.

[41] La Declaración Universal de los Derechos humanos sería la carta magna de esta espiritualidad.

[42] EG 2.

[43] Cf A. CORTINA, “Más allá del colectivismo y del individualismo: autonomía y solidaridad”, en Revista de ciencias sociales 96 (1990) 3-18.

[44] Cf F. AIZPURÚA, La recreación de los carismas en la vida religiosa desde los aprendizajes sociales, Eset, Vitoria 2016, 48ss.

[45] Por más que “la cigüeña de la torre” airee a los cuatro vientos su desaparición.

[46] Como aquel “cura orquesta” que lo hacía todo en la celebración: cantar, tocar, leer, predicar, menos pasar la bandeja.

[47] Uno tiene que hacer el acta de una reunión: si la hace al día siguiente de la reunión el trabajo pesa poco; si la hace al mes, el trabajo se vuelve doblemente pesado.

[48] “Una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie” (EG 266).

[49] “Más que nunca necesitamos de hombres y mujeres que, desde su experiencia de acompañamiento, conozcan los procesos donde campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, la docilidad al Espíritu, para cuidar entre todos a las ovejas que se nos confían de los lobos que intentan disgregar el rebaño. Necesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír” (EG 171).

[50] Algunos hermanos/as lo toman como un apostolado personal y repiten, como un sonsonete, una petición por las vocaciones.

[51] En ese sentido, el documento de la Comisión para la doctrina de la fe de la CEE “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo”, de reciente publicación, aun teniendo aspectos valiosos, muestra una extraña desconfianza hacia los caminos espirituales de la secularidad que no sean el cristiano. Las sendas de la espiritualidad coinciden en el fondo.

[52] Al estilo del Foro de Espiritualidad de Logroño donde participan más de 1200 personas todos los años.

[53] P. RAHBI, Hacia la sobriedad feliz, Ed. Errata naturae, Madrid 2013.

[54] Cf. CH. FELBER, La economía del bien común,  Ed. Deusto, Bilbao 2015.

[55] En frase de Z. Baumann.

[56] En Asia y en África, debido a las numerosas vocaciones, ni tienen este problema ni tienen necesidad de remodelación. Pero los países “intermedios” (los de Latinoamérica, por ejemplo) muestran que la tendencia de la sociedad moderna conlleva un fuerte desplazamiento religioso y la misma problemática que hoy manejamos en Europa.

[57] A veces se han querido ver conspiraciones contra la Iglesia y cosas así. Pero en realidad, la sociedad ha dado la espalda al hecho religioso sin violencia dejando a la VR plantada en su camino.

[58] Por eso nos resulta sorprendente ver al frente de una comunidad a un hermano/a contrario a la remodelación.

[59] El que haya Provincias que no lo hayan hecho, además de serlo en número menor, indica la dificultad y las reticencias que ciertos grupos no han sabido o no han querido solucionar. Pero ello no les ha liberado del movimiento reduccionista de la VR que lo sufren como todos y quizá en mayor soledad por más que se les ahorre el trabajo que conlleva una unificación.

[60] Piénsese, por ejemplo, a nivel de recursos personales los efectivos que son necesarios para tener cuatro consejos provinciales y reducir a uno liberando a hermanos valiosos para otras tareas.

[61] Las situaciones económicas las hereda la nueva entidad provincial porque los bancos siguen reclamando su parte.

[62] Poner nombre a las casas que deben ser cerradas cuesta ahora mucho menos que al inicio del proceso de remodelación.

[63] A veces no solamente se ha vivido independientemente siendo Provincias del mismo Instituto sino dialécticamente, una cierta “lucha” de una Provincia con otra con estilos de vida apostólica muy distintos. Eso habrá de contar a la hora de la remodelación.

[64] J. B. METZ, Las órdenes religiosas,  Ed. Herder, Barcelona 19982, 21ss.

[65] Nosotros no conocemos más que unas pequeñas comunidades de religiosas en Lavapiés, Cerro de la Plata y Cerro de Mica, Madrid.

[66] Como algo más reciente ver: “Los salesianos son ahora mi familia”, en Vida Nueva 3.143 (setiembre 2019) 48-49.

[67] Hay que preguntarse por qué nuestras comunidades no quieren importar hermanos de otros lugares de la tierra: ¿Por qué comprendemos que no vale la pena sostener lo que nosotros no podemos sostener? ¿Por qué no queremos ceder dirección, gestión y mando?

[68] Intentos como las comunidades internacionales que hay en el camino de Santiago pueden ser un ejemplo.

[69] Ver: L. ALONSO SCHÖKEL, ¿Dónde está tu hermano? Textos de fraternidad en el libro del Génesis, Ed. Institución San Gerónimo, Madrid 1985, E. LECLERC, El sol sale sobre Asís, Ed. Sal Terrae, Santander 2004.

[70] Leamos la introducción de: J. A. MARINA-M. DE LA VÁLGOMA, La lucha por la dignidad, Ed. Anagrama, Barcelona 2000.

[71] El CITES de Ávila incorpora cursos de otras espiritualidades a su oferta de espiritualidad carmelitana. Cuando hablamos de esta posibilidad pensamos en centros como el del Centro de Estudios de las Tradiciones de la Sabiduría (CRTR) de Marià Corbí en Barcelona.

[72] G. L. MÜLLER, Iglesia pobre y para los pobres,  ed. Paulinas, Madrid 2014.

[73]Así lo demuestra la participación de la VR en plataformas como Red Íncola de Valladolid o Atalaya de Burgos, por poner dos ejemplos.

[74]Se trata, como dice el papa Francisco, de “mirar la ciudad con los ojos de Dios”: https://www.agenciasic.es/2018/01/22/homilia-del-papa-en-lima-mirar-la-ciudad-con-los-ojos-de-jesus/.

[75]Por ejemplo la carta de los Derechos Humanos de la ONU.

[76]Piénsese en la apatridia, en los rohinya por ejemplo.

[77]D. O’MURCHU, Rehacer la vida religiosa. Una mirada vierta al futuro,  Ed. Publicaciones Claretianas, Madrid 2001, 97-120.

[78]EG 2.

QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS SOBRE...

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS SOBRE…?

Síntesis breves de pensamiento evangélico 

 

 

         Cada día vamos conociendo mejor el pensamiento evangélico. Somos afortunados viviendo en este tiempo de la fe en que acceder a la Palabra es mucho más fácil que en otras épocas. Los medios que tenemos a mano son numerosos. En eso llevamos mucha ventaja sobre quienes nos precedieron en el camino cristiano.

         Pero, quizá, nuestro conocimiento del evangelio es un tanto disperso. Puede ser que este momento sea bueno para tratar de construir síntesis breves de pensamiento evangélico. Si nos preguntaran directamente: ¿qué dicen los evangelios de la familia, del dinero, de la sexualidad, de la oración, de los pobres, del poder, etc., qué responderíamos? ¿Tendríamos clara una o dos ideas? ¿Las podríamos formular con facilidad?

         Este año vamos a intentar ayudarnos en este cometido. Iremos recogiendo algunos aspectos esenciales de ciertos temas y los iluminaremos luego con un breve texto de los evangelios. La intención de fondo es que, conociendo mejor lo que dicen los evangelios de esos temas podamos nosotros mejorar nuestro camino de vida cristiana. Así es: no haríamos nada con saber hacer estas breves síntesis si luego no mejoráramos nuestro camino cristiano.

         Dice Mt 13,53 que «uno que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo». Pues eso es lo que queremos ir haciendo este curso.

 

 

 

 

 

 

1

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA FAMILIA?

 

Reflexión:

 

         Lo primero que hay que decir es que el discurso oficial de la iglesia pone mucho énfasis en el valor de la familia (la tradicional) y dice que es “santuario de la fe” con valoraciones de ese estilo. Nadie duda de que la familia es, aún día, un valor social seguro. Situar la fe ahí es apostar por lo seguro, aunque hay que preguntarse por qué el valor de la familia sigue verdeante y, dentro de ella misma, hay grandes lagunas de increencia.

         Los escritos del NT hablarán mucho de la familia y casi siempre en modos tradicionales, de valor seguro. No podía ser de otra manera en la época, una época de mayor componente “clánico” que la nuestra. Pero los evangelios tienen algo atravesado el tema.

  • Hay indicios numerosos de que Jesús tuvo una relación conflictiva con su familia (Mc 3,7), con su “gente” (Jn 7,5), con su padre (hijo de María: Mc 6,3; recibirán cien veces más: Mc 10,28-31). No sabemos el motivo (¿su género de vida itinerante?).
  • Jesús no deja de entender la realidad familiar, como todo, desde una perspectiva de dignidad y de justicia: la limosna corrupta que olvida la justicia con los padres (Mc 7,11-12).
  • Sería demasiado entender a Jesús como un crítico del valor social seguro que es la familia. Pero tampoco como un defensor a ultranza de ese tipo de relación humana. Por eso, él formula la relación del reino bajo el paraguas de una familia distinta, la de los que cumplen el designio del Padre (Mt 12,49).
  • No sabemos si Jesús formó una familia. Los evangelios no aportan ningún indicio en esa dirección, ni tampoco en la contraria. ¿Por qué esto no fue interesante para los evangelistas siendo así que vivían en una sociedad en la que la familia es valor seguro?

 

Texto: Jn 13,1:

 

         «Antes de la fiesta de Pascua, consciente Jesús de que había llegado su hora, la de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que estaban en medio del mundo, les demostró su amor hasta el fin»

 

  • ¿A quién amó Jesús, según los evangelios? ¿Quién fue realmente su familia? Jn dice a quién amó ante el muro de “la fiesta de Pascua”, la última Pascua de Jesús. La pregunta por el amor ante el muro de la muerte cierta, porque Jesús sabe “que ha llegado su hora”, es una pregunta de honda verdad.
  • Amó “a los suyos”: esa fue su familia, contenga la expresión lo que contenga: ¿sus discípulos y discípulas? ¿la gente cercana? ¿los pobres que eran los más “suyos”? Lo cierto es que no vivió sin familia, aunque no fuera exactamente la biológica. La expresión “los suyos” encierra una indudable cordialidad.
  • Eran los que la vida le puso delante, “los que estaban en medio del mundo”. No amó a ángeles, sino a gente común, con sus tremendas imperfecciones y con sus corazones solidarios, a los que le dieron más de un disgusto (Mc 4,36) y los que le dieron momentos de gran alegría (Lc 10,21).
  • Y los amó “hasta el extremo”, todo lo que una persona puede amar a otra persona, con la tremenda decisión de estar dispuesto a entregar la vida por quien se ama (Si me muero, que sea de amor: C. Rivera).
  • Es un amor que se ve, se “demuestra”, algo que envuelve, algo que los del grupo de Jesús, con el tiempo, vieron que era la mayor demostración de amor. Si a ellos les hubieran preguntado quién era Jesús, habrían respondido: “Uno que nos amó hasta el límite”.

 

Actualización:

 

  • La iglesia sigue apostado por el valor seguro de la familia. Y, como es realmente un valor, nosotros también apostamos y valoramos la realidad familiar. Pero eso no impide que lo hagamos con sentido crítico, sobre todo no entendiendo esa realidad como algo cerrado, aislado, que no tiene en cuenta la realidad de toda familia.
  • Por otra parte, asistimos hoy a una ampliación de la realidad familiar con la presencia social de las otras familias: monoparentales, con hijos de parejas del mismo sexo, grupos sociales de índole familiar, etc. No se ve muy bien el empeño de negar la categoría de familia a tales modos relacionales cuando, en realidad, cumplen las mismas funciones.
  • Acoger la pluralidad de la realidad familiar no puede redundar sino en beneficio del nivel de relacionalidad social. Si tal nivel aumenta, la ganancia social es evidente.
  • Por otro lado, una vivencia saludable del evangelio ha de llevarnos a sumar realidades familiares no encasillándonos únicamente en la biológica. Toda familia puede sumarse a nuestro camino personal aportando, a veces, tantos o más que la biológica.
  • Una de esas “familias” es la de quienes leen con empeño en el evangelio. Eso va creando lazos “familiares”, de amistad y de fe, que son muy valiosos.

 

 

 

 

 

2

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL DINERO?

 

Reflexión:

 

         Lo primero que hay que decir es que el tema económico, en sentido amplio, ocupa un lugar amplio en los evangelios. Aunque Jesús fuera un hombre sin cultura, él sabe que el dinero mueve la sociedad y que muchas situaciones de vida dependen de la economía.

         Por otra parte, aunque gran parte de la economía de aquella sociedad fuera una economía de trueque, Jesús sabe lo que es el dinero porque, con toda probabilidad trabajó de peón en las grandes obras públicas que los romanos construyeron en su tierra aquellos años: Cesarea marítima, Séforis, Magdala, etc… La pregunta de 22,20 es meramente literaria.

  • Jesús tiene una gran prevención contra el dinero (Lc 16,9: dinero injusto) porque, en el fondo, piensa, como todos los pobres de la época, que quien tiene dinero lo ha robado a otro, sobre todo si es mucho.
  • Por eso, tiene entre ceja y ceja el mecanismo de la acumulación. Le parece de una necedad tal que quien cae ahí se olvida del valor que tiene la vida y la relación (Lc 12,13-21). Habría que desacumular, ser “ricos para Dios” (Lc 12,21).
  • Pero si, como ocurre en esta época nuestra de más liquidez monetaria, tenemos un cierto dinero, piensa Jesús que lo que hay que hacer es “hacerse amigos con el dinero injusto” (Lc 16,9), es decir, orientar lo más posible nuestros bienes hacia la necesidad del otro por un simple criterio de igualación.

 

 

 

Texto: Mt 25,14-30:

 

«Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos  Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. 

Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. 

Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos.  Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 

Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste;por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. 
         Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes».

 

  • Siguiendo la interpretación del antiguo padre de la iglesia Eusebio de Cesarea, quizá quien mejor obró fue el que recibió un solo talento: una luz se ha encendido en él y le ha hecho ver que todos trabajaban para enriquecer a un rey injusto. Él ha decidido cortar con esa línea y se ha sublevado: no le dará al injusto ni siquiera las ganancias del banco.
  • Es que el dinero tiene que tener muy claro el para qué y el para quién: si la ganancia beneficia al opresor, esa ganancia es “pan negro”, como dice el papa Francisco, pan que procede y que engendra injusticia.

 

Actualización:

 

  • España es, después de Letonia, el país de más desigualdad social y económica de la UE. El AIREF (Autoridad independiente de Responsabilidad Fiscal) propone una renta mínima estatal que acabaría con las desigualdades que existen entre comunidades en cuantía, porcentaje de hogares cubiertos y duración: País Vasco da  727 euros y Murcia 300 (La Rioja 403); País Vasco cubre el 100% de hogares, Castilla la Mancha solo el 10%; País Vasco es indefinida, Comunidad Valenciana seis meses. Estamos hablando de 3.500 millones (presupuesto de gasto para 2019 472.000 millones).
  • Hay quien piensa que esto no debería darse, que siga la pobreza como siempre. SI no, sería una incitación a la vagancia y efecto llamada para los pobres de Marruecos, por ejemplo. Es como si la desigualdad no fuera problema social real.
  • ¿No sería una forma mínima de redistribuir la riqueza nacional con el fin de rebajar algo la desigualdad? ¿No sería esta la forma de des-acumular de la que habla el evangelio? ¿Cómo es que decimos que el evangelio nos interesa y estas cuestiones de dinero reorientado parece que no nos interesan tanto o, incluso, las consideramos sacadas de quicio? ¿Tiene algo que ver el pensamiento de Jesús sobre el reino y esto? ¿Cómo podemos hablar de esto en nuestros entornos concretos?

 

 

3

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS DE

SOBRE LA SEXUALIDAD?

 

Reflexión:

 

         El judaísmo, como muchas religiones antiguas, ha tenido a la sexualidad en el punto de mira y ha considerado, en general, todo lo relativo a ella como algo próximo al pecado. Pero lo que ha venido después, en el cristianismo islamismo ha ido más lejos.

         Los evangelios no están muy interesados por el tema o, al menos, no están de manera sectariamente condenatoria. Quizá sea porque están más interesados en la dicha que en el pecado.

  • Atina bien el evangelio cuando dice que una negativización de la sexualidad y de otras prácticas humanas tiene su fuente en el corazón: Mt 15,19 dice que «del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias». Hay que apuntar a esa fuente, a esa “mirada”. ¿Cómo leer la sexualidad desde un lado benigno y hasta hermoso?
  • Para el evangelio todo, también la relación más íntima, por ejemplo la matrimonial, ha de estar bajo el paraguas de la igualdad. Si no lo está, «el hombre debe abandonar a su padre y a su madre», es decir, el que tienen la sartén por el mango en una sociedad desigual ha de hacer renuncia de sus posiciones de poder. Lo que corrompe la relación no es la sexualidad, sino el ejercicio del poder que desiguala.
  • Se podría decir que en los evangelios hay atisbos que hacen pensar que cuando la sexualidad falla todos, hombres y mujeres, tienen parte en ello, tratando de corregir la práctica secular de que solamente las mujeres son las malas (desde aquello de Eva). En Jn 8,10 Jesús pregunta a la adúltera por los que la condenan, por los hombres que la condenan… Y al no haber hombre alguno que condena, él, hombre, tampoco condena. Si condenaran la condena se volvería sobre ellos mismos porque el adulterio, como casi toda disfunción sexual es cosa de dos. Jesús no condena porque es bueno, sino porque es hombre y sabe muy bien que la culpa se reparte entre los dos géneros. Quizá podría haber ido más lejos: el lugar de dejarles marchar, haberles interpelado, haber dirigido las piedras hacia ellos. Culpabilizar al otro es la forma de encubrir a una parte del problema, quizá la más concernida.

 

Texto: Mt 5,27-28:

 

         «Os han enseñado que se os mandó: No cometerás adulterio (Ex 24,14). Pues yo os digo: cualquiera que mira a una mujer con intención de codiciarla, ya ha cometido adulterio con ella en su interior».

 

  • La moral tradicional hizo en su día un auténtico campo de batalla con el tema de los malos pensamientos. Cualquier pequeño pensamiento de corte sexual entraba en ello. Hoy parece que hemos comprendido que hay que distinguir las cosas y que hay pensamientos absolutamente intranscendentes, festivos, valorativos y otros que tienen otros contenidos. El componente de humanidad y de dignidad es el que dirime la cuestión.
  • La antítesis de san Mateo habla de la verdad del adulterio: ésta no es solamente acostarse con la mujer de otro hombre (o con el hombre de otra mujer, porque el adulterio va en ambas direcciones aunque el judaísmo lo aplique solo a la mujer). El asunto está en “la intención de codiciarla”, en la decisión de comenzar a poner los mecanismos necesarios para apropiarse de ella. El primero de los mecanismos es el propio corazón que habrá que desenmascarar. Luego, pueden venir otros.
  • Si la mirada es sin intención de codiciarla, de modo meramente valorativo o festivo con humanidad, la cosa es harina de un costal menos severo. Necesitamos en todo esto una higiene mental que no se logra solamente por el cuidado con el que hay que tratar siempre a la persona, sino también por ir logrando otra manera de mirar las cosas y apreciarlas desde valores de dignidad y de disfrute.

 

Aplicación:

 

  • La prensa dice que, en La Rioja, por ejemplo (es de suponer que en las demás autonomías por el estilo) el 60% de los adolescentes ven en sus móviles películas porno. Parece que eso no tiene importancia y ni profesores ni padres parecen hincarle el diente al asunto. Pero si el dato es cierto, estamos hablando de que la fuente, la mirada,  de la sexualidad está siendo afectada. ¿Cómo dar otra visión más positiva del asunto, más gozosa, más disfrutante, con menos carga de negatividad?
  • En este asunto, seguimos como en tiempos del judaísmo, es la mujer la que sale perdiendo porque es la parte social más débil aún de la relación humana. Luego nos quejamos, y con razón, de que salgan por todas las esquinas “manadas” que avasallan a las personas en situación de inferioridad.La valoración de la corporalidad de la mujer habría de pasar a otro terreno. Quizá comenzando por defenderla de los depredadores; quizá entendiéndola como un agente de disfrute social (lo mismo que el hombre), no como una presa sexual a cobrarse.
  • Todo esto tiene mucho que ver con el logro de una relación respetuosa, tolerante y valorativa. Queremos “curar” la sexualidad inhumana sin trabajar la buena relación humana en ámbitos sociales que no tienen que ver con el sexo. Todo lo humano está interconectado: no se puede sanar una sección dejando las demás sin tocarlas, por ejemplo, todo el tema de la violencia que es un asunto que toca de lleno a los cuerpos (queremos que los adolescentes no vena porno y no importa que ven cientos de asesinatos en las películas de cada día).

 

 

4

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LOS POBRES?

 

Reflexión:

 

         Antes que nada, habrá que tener en cuenta que en el tiempo de Jesús no existían las clases medias, con lo que el número de pobres era prácticamente el de toda la población, excluidos los pocos ricos de siempre. Aunque hubiera distintos niveles, la pobreza era la tónica general.

         No es de extrañar que la propuesta de Jesús fuera orientada a las pobrezas y que los pobres entendieran, a su manera, que lo que Jesús proponía era algo que les concernía. Incluso más, algo decía a la gente de abajo que el perfil de Dios que Jesús ofrecía tenía que ver con sus sueños de liberación.

  • Para Jesús, los pobres están en el centro de su sueño del reino (Mt 11,4). No es una consecuencia de la fe, sino el centro de ella: si no entran los pobres en la fe no entra Jesús.
  • Jesús cree que los pobres tienen derecho a su parte de dicha. Por eso, son bienaventurados quienes eligen el ámbito de la pobreza para humanizarla y combatirla, para generar solidaridad con quienes la sufren más (Mt 5,39).
  • Al salir a los caminos Jesús hace suya la causa de los pobres, sus anhelos de justicia hasta el punto de que eso da sentido a su misión: anunciar a los pobres la liberación (Lc 4,18).
  • Los pobres no son mejores por ser pobres, tienen más entrada en el sueño de Jesús porque su sueño apunta a la mera igualdad (Lc 1,51-53).

 

Texto: Mc 12,43-44:

 

         «Él llamó a los discípulos y les dijo: -En verdad en verdad os digo que esta pobre viuda ha echado más que todos esos que contribuyen al tesoro, porque ellos han echado de lo que les sobra, pero esta ha echado de su falta».

 

  • Que una mujer pobre sea puesta como ejemplo de ciudadana del reino es algo raro. Los ejemplos de ciudadanía, y más en la antigüedad, eran siempre de personas honorables y ricas, muchas veces más ricas que honorables. Aquí es una viuda pobre, dos pobrezas juntas, toda la pobreza en una sola persona.
  • La pobreza, según Jesús, no está reñida con la generosidad. Jesús ha hecho muchas veces la pregunta de la compasión y de la generosidad: ¿qué puedo hacer por ti? (Mc 10,46-52). Hay pobres que son generosos, y en modos grandes. Cree el evangelio que los pobres tienen valores. No son únicamente su pobreza. Ellos también albergan un corazón y ahí hay un indudable componente humano.
  • Esta pobre, además de generosa es confiada porque no exige que se le den cuentas de su aportación. Tal vez nosotros tengamos que exigir tales cuentas, pero la confianza es un valor innegable. Hemos de confiar en que el dinero social, en parte cada vez más creciente, llega a los frágiles.
  • Quizá lo que quiere enseñar el evangelio es el desplazamiento hacia el mundo de las pobrezas. No intenta, en primer lugar, una generosidad económica sino lograr una sintonía con esas pobrezas porque de ahí podrá brotar la solidaridad. No se podrá revertir la situación de los pobres con niveles escasos de sintonía con ellos.
  • La mujer se queda “en falta” económica, quizá porque piensa que alguien se ocupará también de ella. La solidaridad engendra vínculos de humanización que benefician a todos. Una sociedad solidaria es una sociedad de mejor nivel humano. Una sociedad egoísta y excluyente termina siendo dura con todos sus ciudadanos. En ese sentido es cierto que los pobres, como decimos a veces muy alegremente, nos humanizan y evangelizan.

 

Aplicación:

 

·       Los riojanos en riesgo de pobreza caen a la mitad que en el 2010, pero son aún 45.000. La tasa regional se fija en el 14,4%, la segunda más baja del país tras la navarra (13,5%) y 12,2 puntos por debajo de la media nacional. Las cifras de la vergüenza merman, pero aún son demoledoras. En La Rioja, el 14,4% de la población, 45.302 personas, vive en situación de riesgo de pobreza o exclusión social, según el VIII informe correspondiente al 2018 denominado 'El Estado de la Pobreza. Seguimiento del indicador de pobreza y exclusión social en España 2008-2017’.

  • No creamos que los pobres son solamente aquellos que piden en la calle. Esos son minoría. Los pobres con riesgo de exclusión puede ser gente normal, que trabaja incluso pero que sus ingresos andan en los límites fijados para una supervivencia digna. El umbral en España es de 8.522 euros anuales y el de La Rioja es de 9.475. No podemos pensar que son cifras suficientes para salir de la pobreza, porque cualquier traspié te lleva a la cuesta abajo de la exclusión.
  • Uno de cada cinco riojanos se encontraba al cierre del pasado año en riesgo de pobreza o exclusión social. ¿Qué pasa que no terminamos de ver esto? El 37,3% de los hogares riojanos confiesa dificultades económicas para llegar a fin de mes, 9,6 puntos más que un año antes.
  • Interesarse por las pobrezas es algo que está en el núcleo mismo del ser persona y del ser cristiano. Del ser persona, porque la respuesta que damos a las situaciones de precariedad del otro nos hace sujetos morales, nos dice qué tipo de personas somos. Y del ser cristiano, porque sin preocupación por los pobres no hay seguimiento de Jesús, aunque quizá haya religión.

 

 

5

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE DIOS?

 

Reflexión:

 

         Podría uno pensar que dicen muchas cosas sobre Dios. Pero, en realidad, los evangelios son sobre Jesús y lo que dicen de Dios es, de alguna manera, secundario: dicen, más bien, lo que Jesús nos dice sobre Dios. Porque el Dios del que hablan los evangelios no es cualquier Dios, sino el Dios de Jesús. No debe despistarnos el que salga muchas veces la palabra Dios.

  • El Dios de Jesús es, en primer lugar, Dios de todos. Esto es una novedad, porque el judaísmo creía que Dios era Dios de ellos y no de los paganos. Jesús cree que nadie queda en el desamparo de Dios porque sobre todos hace salir su sol y caer su lluvia, más allá de su catadura moral (Mt 5,45).
  • El Dios de Jesús es un padre extraño que no es justo al modo de la justicia humana, sino que lo es con el perdón y la acogida (Lc 15,11-32). Por eso, no se cansa nunca de esperar y no retira el amor por más que se le ofenda. Casi se puede decir que no perdona porque, simplemente, ama y el amor siempre incluye el perdón. De ahí que creerse más ante Dios, por cualquier motivo que se aduzca, es una necedad (Lc 18,9-14).
  • El Dios de Jesús es parcial y se sitúa en un lado, en el de los frágiles (Lc 16,19-31). Si se quiere conectar con él hay que animarse a pasarse a la orilla de los frágiles sociales (Lc 19,1-10). Dios es Dios de todos pero no de la misma manera: a los pobres les anima a trabajar por el logro de la justicia, al poderoso a pasarse al lado de la justicia abandonando los caminos injustos del poder.
  • El Dios de Jesús no funciona con los criterios humanos del poder y de la apariencia, sino que ve en lo secreto (Mt 6,6). Por eso mismo, es un Dios de verdad personal y real, no un personaje de fachada religiosa.

 

Texto: Mt 20,1-16

 

«El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a mi viña. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy generoso? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos».

 

  • Una de las cosas que más despista a la persona religiosa es que Dios sea generoso. Quiere que sea justo: si yo he cumplido, si he trabajado, si he sido buen cristiano que se me pague lo que se me debe. Dios pasa a ser un deudor de la persona religiosa. De tal manera que si paga a todos por igual, si se salvan todos, no tiene sentido el esfuerzo que supone la vida cristiana.
  • Alegrarse de la generosidad de Dios es algo que le cuesta mucho a la persona religiosa. Le causa una cierta contrariedad que Dios sea generoso. Y que lo sea con quien, a su juicio, no se lo merece, más todavía. ¿Cómo nos hubiera ido si nos hubieran inoculado la certeza de un Dios generoso?
  • Y es que cuesta entender que los últimos sean primeros y viceversa, o sea que, ante Dios, todos estamos en la línea de salida. No se puede aducir méritos para que a uno se le pague mejor que a otros. ¿Entonces, para qué el esfuerzo de la vida cristiana? Para comprender y celebrar la hermosura de un Dios generoso y sobre todo con quien lo merece menos. Eso habría de alegrarnos porque, quién más quién menos, todos estamos pendientes de la generosidad de Dios.

 

Aplicación:

 

  • ¿Es importante mejorar la idea de Dios o nos hemos de quedar con lo que nos enseñó el catecismo? Una idea muy metida es que Dios premia a los buenos y castiga a los males (la retribución de Dios). Quizá nos vendría mejor pensar que Dios ama a buenos y malos, a ambos los rodea de generosidad: al bueno para animarle en el camino de la justicia yal malo para hacerle ver que tiene que situarse en el camino del bien.
  • A Dios le alegra nuestra justicia y le duele nuestra injusticia, pero él tiene “mecanismos de envolvimiento” de lo que se somos y hacemos para saber envolver todo eso con amor. Si el amor de Dios es menor que nuestra injusticia es que Dios está a merced de ella.
  • Esto habría de llevarnos a una especie de ecumenismo vital sin creernos mejores que nadie porque seamos creyentes ni, incluso, porque seamos justos. Si lo somos, sigamos caminando por la senda de la justicia; si no lo somos, cosa frecuente, creamos que el amor de Dios nos sigue empujando al bien.
  • Dios no se “casa” con nadie porque se casa con todos; Dios no menosprecia a nadie porque aprecia a todos; Dios no condena a nadie porque salva a todos.

 

6

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA ORACIÓN?

 

Reflexión:

 

         Podría pensarse, de salida, que los evangelios hablan mucho sobre la oración. Pero, como hemos dicho, no son primariamente un libro religioso, sino de relaciones. Por eso, hablan de la oración moderadamente. Con ello, quizá, se esté queriendo decir que hay otros elementos en la vida cristiana con los que hay que contar (la economía, la justicia, la dignidad).

         Jesús, no cabe duda, ha sido una persona que ha orado. Lo hacía por necesidad, para descubrir en su vida el camino que el Padre le iba marcando. Por eso ora en la noche, “cuando está todavía oscuro” (Mc 1,35). La oración en la noche y en descampado tiene un componente de dureza: las opciones de Jesús a las que le empuja el Padre no han sido fáciles (Mt 15,21-28).

  • Lo más importante de la oración de Jesús no es la cantidad sino la confianza (Mt 6,7). Si uno reza mucho y cree que eso le hace acreedor del beneficio de Dios, ora como los paganos. Si ora con confianza, aunque lo haga en silencio, percibe a Dios cerca de él.
  • La oración ha de ser “en lo escondido” (Mt 6,6), porque tiene el peligro de quedarse en lo externo, en el espectáculo. No hay que alardear de la oración.
  • La oración no garantiza nada, no hace a Dios deudor de uno (ni tampoco los santos). Porque decir “Señor, Señor” no es garantía de nada (Mt 7,21). La cuestión no es tanto la oración, sino la solidaridad y la justicia.

Podría sacarse falsamente la conclusión de que la oración no es importante. Nada de eso: es un dinamismo para la justicia, para la buena relación. Porque si orando nuestra relación con los demás es mala, algo no va bien. La oración tendría que hacernos más proclives al dolor ajeno, al diálogo, a la paciencia, al acompañamiento. Y, desde luego, hacer una defensa a ultranza l rito orante como algo que no se puede cambiar no parece derivarse del comportamiento de Jesús. Es algo que nos hemos inventado nosotros.

 

Texto: Lc 11,1-4:

 

         «Cuando oréis decid:

         Nuestro abba,

         hondamente humano,

         confiadamente te pedimos

         que amanezca la buena relación,

que tu querer de amor envuelva todo en amor.

el pan de la solidaridad sea hoy nuestro pan

y el perdón que nos damos sea el lenguaje de tu perdón.

Que la esperanza nos haga fuertes».

 

  • Sabemos que el padrenuestro se inspira en el Qadish judío. Como lo rezamos tanto, tenemos el peligro de hacerlo rutinariamente. Vamos a leer su trasfondo, por eso damos una versión libre del mismo:
    • Abba es el grito de la filiación (Rom 8,15): querido padre. Y es padre común, nuestro. Es “del cielo”, es decir, no como los padres de la tierra que son autoritarios (Jesús tiene a la figura del padre entre ceja y ceja). Un padre común, cariñoso, de nuestro lado, con nosotros.
    • El nombre de Dios se santifica en el marco de lo humano, no fuera de él. Es santo siendo humano en profundidad, acompañando nuestros caminos.
    • Cuando se pide la buena relación se está pidiendo la venida del reino, porque éste es, básicamente, una relación nueva, la fraternidad soñada.
    • La voluntad de Dios es que todo quede envuelto en amor, que el amor sea la medida de la realidad.
    • El pan de verdad, el de hoy del mañana, no puede ser el pan del egoísmo, sino el de la solidaridad, el pan compartido, el pan común.
    • El perdón que perdona, el rostro que perdona, revela el rostro de Dios (Gen 33,11). No perdonamos para que Dios nos perdone, sino para que su rostro se haga visible y creíble entre nosotros, para tener la certeza de que él nos mira.
    • La tentación es la desesperanza. No caer en ella haciendo acopio de esperanza entre los humanos, siendo siempre semilla de esperanza.

 

 

 

 

 

Aplicación:

        

         No estamos acostumbrados a orar con la tierra, no la hemos hecho lugar de oración. De esta manera ora el papa Francisco al final de la Laudato Si’:

 

Dios omnipotente, 
que estás presente en todo el universo 
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas
sin dañar a nadie.
Dios de los pobres, 
ayúdanos a rescatar 
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos. 
Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo 
y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.
Toca los corazones
de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.
Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa,
a contemplar admirados,
a reconocer que estamos profundamente unidos
con todas las criaturas
en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Gracias porque estás con nosotros todos los días.
Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha
por la justicia, el amor y la paz.

 

-         Se ora al Dios presente en lo grande y en lo pequeño: Dios dentro.

-         Quien ora ha de cuidar la vida y la belleza. No se puede orar sin ese anhelo que descubrimos hoy

-         Para ello hace falta un corazón pacificado, inundado de paz.

-         No se ora solo por la tierra, sino también por los pobres que la habitan, sobre todo.

-         Hemos de rezar para sanar nuestro corazón de depredadores, para convertirlo en corazón que admira y contempla.

-         Aprender orando el valor de cada cosa y que estamos profundamente unidos con todas las criaturas.

-         Necesitamos aliento para vivir en la justicia, el amor y la paz.

 

7

¿QUÉ DICE LOS EVANGELIOS

SOBRE LAS TRADICIONES?

 

Reflexión:

 

         El judaísmo había elaborado una jungla de preceptos y, con ellos, un montón de tradiciones que, por mecánica religiosa, llegaban a imponerse a la misma Escritura. Las más pequeñas costumbres se convertían en leyes primordiales.

         Jesús es crítico con ese planteamiento. Tuvo que tomar distancia, poner un componente de secularidad, de sentido común. Es posible que muchas de estas críticas le trajeran problemas. Ser crítico con las tradiciones es la mejor manera de ser impopular.

  • Para Jesús está claro que lo humano está por delante de cualquier tradición, por sagrada que se la quiera (Mc 2,23-28). Hace falta mucha lucidez, claridad y valentía para posicionarse de manera tan clara a favor de la persona.
  • Para Jesús está claro también que la justicia está antes que la tradición (Mc 7,9-13). Desenmascarar la injusticia que ocultan las tradiciones es una de las más duras tareas. Quien lo hace, se granjea la animadversión de muchos.
  • Para Jesús la libertad está antes que las normas que terminan por aprisionar a la persona y a toda una cultura (Mc 7,1-5). Quien no aprecia la libertad como valor grande se somete a las tradiciones y se hace esclavo de ellas. Y, lo que es peor, pretende que todos acepten ese planteamiento y si no, se les persigue.

¿Dónde aprendió Jesús esta libertad? No es fácil saberlo; quizá en sus noches de oración. Pero nunca ponderaremos suficiente su libertad estando, como estaba, en un marco social y religioso tan coactivo.

 

Texto: Lc 11,46:

 

         «¡Ay de vosotros también, juristas, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros ni las rozáis con un dedo!».

 

  • Estas frases duras han sido aumentadas, sin duda, por la tensión entre el judaísmo y el cristianismo naciente. Pero también es muy probable que tengan el sabor del pensamiento de un Jesús crítico con la opresiva normativa de las tradiciones del bajo judaísmo.
  • Los juristas, la gente del derecho, se ha apropiado de la ley y de la tradición. Quizá se hace más fuerte en esta segunda, porque son las tradiciones las que moldean el comportamiento social de un pueblo preindustrial como lo era el de Jesús.
  • No legislan ni proponen tradiciones que reconforten al pueblo, sino que “abruman”. Y en ese abrumamiento anida el veneno del poder. En el fondo, el control de las tradiciones es una cuestión de poder y, con frecuencia, de poder opresor.
  • Por eso, las tradiciones generan “cargas insoportables”, maneras de vivir que terminan volviéndose contra la persona débil, que es la que más soporta las tradiciones, y que tiene menos capacidad de crítica para enfrentarlas. Se pliegan y hasta las defienden. Defender al que te oprime.
  • Pero quien hace esta obra “no  roza ni con un dedo” para intentar llevar la carga que, con frecuencia, supone una tradición. Cargan el peso en los demás y ellos se llaman andana. Gente que con frecuencia no cambia, no se enmienda, no ve que estén siendo unos opresores. Un peso enorme para la sociedad, para la misma religión.

 

Aplicación:

 

         Comenzamos hoy por una conocida parábola que dibuja bien la insensatez que es la defensa a ultranza de la tradición:

 

«El gato que vivía en el monasterio hacía tanto ruido que distrajo los monjes de su práctica, así que el maestro dio órdenes atar al gato durante toda la práctica de la tarde.Cuando el profesor murió años más tarde, el gato continuó siendo atado durante la sesión de meditación. Y cuando, a la larga, el gato murió, otro gato fue traído al monasterio y siendo atado durante las sesiones de práctica.Siglos más tarde, eruditos descendientes del maestro de zen escribieron tratados sobre la significación espiritual de atar un gato para la práctica de la meditación».

 

  • Con frecuencia no se sabe de dónde arrancan las tradiciones. No es obstáculo para mantenerlas, a pesar de que el origen las cuestionaría.
  • A veces no se trata de suprimir, sino de reorientar, de encontrarle un sentido más actualizado y profundo.
  • El cristiano no menosprecia las tradiciones, pero ha de intentar situarlas en su justo lugar.
  • Si las tradiciones entran en conflicto con la persona, el cristiano opta decididamente por el valor de la persona.
  • Consagrar las tradiciones como bienes culturales o como  comportamientos religiosos es, a veces, no querer hincar el diente al problema.
  • Libertad, justicia, dignidad, humanidad han de ser valores que siempre estén por delante de cualquier tradición

 

 

8

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA PIEDAD?

 

Reflexión:

 

         Algunos han definido a Jesús como un hombre “piadoso y liberal”. Es decir: él fue un judío piadoso con Dios y con las personas sin dejarse atrapar por la rigidez de los mecanismos religiosos. En aquella sociedad pensar en un judío ajeno a la piedad resulta difícil porque la piedad era el rostro visible de la fe en Dios.

         Pero, por extraño que parezca, Jesús ha puesto el amor por encima de la piedad. Su ideal evangélico no es ser practicante piadoso de una religión, sino llegar a amar al otro con una amor de entrega total. Esto es algo que va más allá de los límites de la piedad.

  • No deja de ser sorprendente que, para Jesús, la piedad ha de ejercerse “en lo secreto” (Mt 6,6). Si la piedad se airea, si se hace para que aplaudan las personas, si tiene intenciones larvadas de poder y de honor, ha perdido todo su valor.
  • La piedad ha de ejercitarse, sobre todo en el caso de la caridad, en una especie de anonimato saludable, sin que la izquierda sepa lo que hace la derecha (Mt 6,3). La mucha publicidad desvirtúa los valores de la piedad. Alardear de ser piadoso es mostrar aquello de lo que en realidad careces.
  • Para Jesús la principal obra de piedad ha de realizarse con el cuerpo de los frágiles, de aquellos que están caídos en el camino (Lc 10,25-37). Si el cuerpo necesitado del otro no nos conmueve, si no suscita piedad en el fondo del corazón, no sirven de nada las formas de piedad que adopte nuestra religión.

La piedad, pues, como todos los elementos de la espiritualidad del reinado de Dios está sometida a la humanidad: sin humanidad no puede haber piedad.

 

Texto: Mt 2,37-39:

 

«¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, vuestra casa se os deja desierta. Porque os digo que desde ahora en adelante no me veréis más hasta que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor».

 

  • Es un texto tardío pero que quizá refleja algo que es difícil que lo sintamos nosotros, que no somos judíos: la piedad por la ciudad de Dios a la que se ama entrañablemente. Ante la ciudad que se desvía del camino marcado por Dios, Jesús siente una piedad honda que se enfrenta a la “criminalidad” con que se despacha a profetas y enviados. Una ciudad para la paz que engendra violencia. ¡Cómo no sentir piedad por ella! Sentir piedad por la propia ciudad.
  • Esa piedad es la que le hace poner esa metáfora de la gallina que cobija bajo sus alas a los pollitos. Se ha rechazado el amparo de Dios porque el corazón de la ciudad se ha vuelto duro y cruel. No hay sitio en la ciudad para la piedad y la compasión. En lugar de ser una ciudad de humanos se ha convertido en un lugar de inhumanidad.
  • Por eso, la falta de piedad va a llevar a la inhumanidad y ésta a que la ciudad quede desierta, sin futuro, sin horizonte. Una vida ciudadana sin esperanza donde vivir dentro de la ciudad se ha convertido en una lucha. No se habla aquí de la piedad religiosa, sino de algo más básico: la piedad humana suficiente para vivir como personas. Una ciudad sin esa piedad es un desierto, un lugar de fieras.

 

Aplicación:

 

         Para tener piedad de la ciudad en la que uno vive habría que, en expresión del papa Francisco, “ver la ciudad con los ojos de Dios”. Es decir, una mirada lleva de ciudadanía, de piedad y de implicación.

En EG 73 subraya cuatro puntos que, de entrada, merecen nuestro interés para leer la realidad ciudadana desde una piedad humanizadora:

1)    Se sorprende el papa de que la revelación diga que “la plenitud de la humanidad y de la historia se realice en una ciudad” (Ap 21,2-4). Siendo, como es, el hecho bíblico, en su conjunto, una realidad rural, por razones socioculturales, en su imaginario, las ciudades ocupan un lugar significativo primordial.

2)    Dice el papa, y causa un poco de sorpresa, que es preciso mirar la ciudad “con mirada contemplativa”. Y dice qué entiende por tal: “Descubrir al Dios que habita en los hogares, en sus calles, en sus plazas”. Un Dios ciudadano, urbanita, vecino del barrio.

3)    Por otra parte, la acción de Dios cobra rostro en la promoción de los valores humanos: “Dios vive entre los ciudadanos promoviendo la solidaridad, la fraternidad, el deseo del bien, de verdad, de justicia”. El rostro de Dios son los valores primordiales, humanos, básicos.

4)    Una certeza está siempre en el fondo: “Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con corazón sincero, aunque lo hagan a tientas, de manera imprecisa y difusa”. El ocultamiento de Dios no conlleva la imposibilidad del encuentro con él.

Esta manera de leer el hecho ciudadano desde la piedad puede contribuir a elevar el nivel de ciudadanía y a poner carne a la piedad religiosa que uno puede llevar dentro de su vivencia de fe.

 

9

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL AMOR?

 

Reflexión:

 

         Ante Jesús se abrían en su época dos caminos espirituales a seguir: el de la ley o el del amor. El primero fue el tomado por el fariseísmo en general: se creía que cumplir las leyes religiosas con detalle le hacía a uno acreedor del favor de Dios. De ahí que los creyentes se lanzaban a tumba abierta al cumplimiento escrupuloso de las leyes.

         Jesús ha tomado otro camino: el del amor. Lo que justifica a uno ante Dios no es lo que hace, sino lo que ama. Más allá de las limitaciones, las actitudes de compasión, de entrega, de amor son lo que define al seguidor de Jesús. Por eso, todos lo sabemos, Jesús ha hecho del amor el núcleo de su mensaje.

  • Cuando Jesús quiere dejar su testamento definitivo dice que eso consiste en amar como él ha amado (Jn 13,34-35). Jesús ha amado asimétricamente, cuando nosotros estábamos sin fuerzas, cuando no podíamos devolverle. Este es el distintivo del seguidor de Jesús.
  • Jesús cree que el “amor más grande” no es el amor a Dios, sino el amor al otro (Jn 15,13). Dar la vida, entregarla en cada acto de generosidad es el camino para amar a Dios. Un amor de componente histórico.
  • Así es: cuando a Jesús se le pregunta por el mayor mandamiento responde como dice la ley: el amor a Dios. Pero añade que hay un segundo que pasa a ser primero: el amor al hermano (Mt 22,34-40). Y de alguna forma, este segundo que pasa a ser como el primero tienen un rango de primariedad porque hace visible al primero: si no se ama al hermano a quien se ve ¿cómo se va amar a Dios a quien no se ve? (1 Jn 4,20).

Por eso el gran trabajo que habrá que hacer desde la vida y desde la fe es no apearse del amor y mantenerse creyente en que ese es el camino que nos lleva a Dios.

 

Texto: Jn 13,21-27:

 

«Dicho esto, Jesús, profundamente conmovido, declaró y dijo:-Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, estaba a la mesa a su derecha. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, sin más, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:-Señor, ¿quién es?Le contestó Jesús:- Aquel a quien yo le dé un trozo de pan untado.Y untando el pan se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás».

 

  • Hemos comentado otras veces este texto. Es insólito el modo como Jesús señala a quien le va a entregar. No hay un gesto así (el pan untado) en toda la Biblia. ¿Qué significa? Es un gesto de amor (como la madre que da panes untados a sus niños). Viene a decir: aunque me entregues, yo te sigo amando.
  • Es un gesto de amor en el límite donde se muestran las honduras del corazón de Jesús: podría haber reaccionado a la traición con rechazo, pero lo hace con amor continuado. Lo que él dice que distingue a sus seguidores, el amor entregado, lo pone en práctica el primero él en su vida.
  • Aunque haya entrado en él Satanás, Judas sigue siendo para Jesús un amigo al que no negará un beso en el momento de la entrega (Lc 22,48), gesto insólito también para designar ante los guardias a aquel a quien han de detener.

 

Aplicación:

 

         Todos nos vimos conmovidos este verano con aquella foto de un hombre de El Salvador ahogado abrazando a su hijita, también ahogada, cuando intentaban cruzar el río Bravo para entrar en Estados unidos. Es la foto del mal que encarnan nuestros estilos excluyentes que no consideran humanos a los frágiles. Fotos como esas deberían golpearnos la conciencia y estar siempre presentes ante nuestros ojos.

         Puede leerse como un gesto último de amor: el padre que muere sin poder salvar de la muerte a su hija. Ese abrazo que no vale para nada en realidad es hermoso. Es el abrazo que se dan los crucificados de la tierra y que de algún modo ha de tener su fecundidad.

         Es la foto del amor más grande, del amor del que hablaba Jesús, que no duda en entregar la vida por quien ama aunque parezca que no vale para nada porque no han logrado pasar el río. Pero ese gesto de amor tendría que conmovernos y, de alguna manera, hacernos sensibles a toda exclusión. El sueño de Jesús habla de algo de eso.

         El papa Francisco, en un gesto de un cierto despecho profético, agradeció ese día a los mejicanos que sean tan acogedores. No dijo nada de los del otro lado, pero a buen entendedor…

 

 

10

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL MÁS ALLÁ?

 

Reflexión:

 

         No podía ser menos: Jesús pertenece a una cultura espiritual donde se concibe el cielo como una realidad física afuera y arriba. Allí mora Dios y las huestes celestiales. Y además de un “lugar” se entiende que el cielo es lugar de retribución, donde Dios dará premio a los buenos y castigo a los malos. Esto, que ha pasado al cristianismo de lleno, estaba en la mente de todo judío piadoso, si exceptuamos algunos que no creían en el más allá, como los saduceos, según dicen los evangelios (Lc 20,27).

         Pero en el caso de Jesús la cosa tiene sus matices: no hablan mucho los evangelios del más allá porque se entiende que son para más acá. El sueño de Jesús, el reinado de Dios, apunta a las relaciones del más acá sobre todo. Por eso, aunque hablan del cielo no lo hacen con profusión. Y cuando lo hace resaltan valores contraculturales:

  • Cree que en el cielo funciona lo que debe funcionar en la tierra: el amparo a los débiles. Por eso, los ángeles del cielo ven el rostro de los niños y cuando estos son heridos, salen a cumplir la venganza del Dios que ampara (así interpretaban textos como Mt 18,10).
  • Cree que el cielo es un lugar de libertad, la que habría de existir en este mundo, Por eso, la pregunta absurda del relato de la mujer que tuvo siete maridos es “¿de quién va a ser?” (Lc 20,34-36). Nadie es propiedad de nadie. Ese habría de ser el planteamiento vigente ya hoy.
  • Cree que el cielo es lugar de justicia, la que no se da aquí y por la que hay que luchar cayendo en la cuenta del afán devorador y autorreferencial que rige en la vida de los poderosos (Lc 16,19-21).

De manera que los valores “celestiales” son los que habría que ir incorporando a la historia para que se adecuase al sueño del reino.

 

Texto: Jn 14,23:

 

«Uno que me ama cumplirá mi mensaje y mi Padre le demostrará su amor: vendremos a él y nos quedaremos a vivir con él».

 

  • Este texto es, sin duda, la cumbre de la mística joánica. El evangelio culmina en los relatos de la pasión y resurrección, la hora de Jesús. Pero la espiritualidad encuentra aquí su motivo más importante.
  • Todo parte de un dinamismo de amor: no se puede entender bien esto que se va a decir si no se parte del amor. Hacerlo desde planteamientos ideológicos o incluso religiosos es bloquearse.
  • Lo que se va a decir es la mayor demostración de amor que el Padre ha tenido con la historia. El Padre quiere dejarnos deslumbrados, atrapados en la hermosura de un planteamiento singular.
  • Y este el planteamiento: el Padre y Jesús han tomado una decisión de vértigo: venir a poner su morada en la historia, en el fondo del ser, en la fuente de la vida. De tal manera que, propiamente hablando, no hay cielo fuera y arriba, sino dentro y abajo. Ahí en ese fondo de la necesidad histórica es donde Dios ha puesto su morada para no irse nunca más.
  • De ahí que, si se quiere encontrar a Dios, si se quiere “ir al cielo”, la gran tarea es ahondar en la historia, bajar a su fondo, por débil, herido y frío que sea. Los trabajos de la fe son sanear el fondo de la historia, abrirle un horizonte a la vida, iluminar la trayectoria de la persona.

 

Aplicación:

 

La búsqueda religiosa tiende al ascenso, al cielo. Toda la gestualidad religiosa, con su capacidad de evocación, apunta siempre a lo alto. Las cosmogonías religiosas siempre son deudoras de lo alto. Esto sería algo inocuo si no conllevara la postergación y hasta el menosprecio de lo bajo. Aspirar a lo alto, a los bienes de arriba ha sido un topos de la cultura cristiana. La dirección hacia lo alto ha sido la medida de la idea de la mística que han manejado las personas espirituales.

         Sin embargo, ya desde el mismo evangelio, puede haber otra manera de redireccionar la experiencia religiosa: apuntar a lo hondo, elaborar una espiritualidad del descenso, entender la plenitud como una bajada a lo profundo, creer que la vida no está fuera sino dentro de lo que existe.

         Este cambio de dirección tiene grandes consecuencias: se deriva de él un creciente amor a la tierra, al cosmos, como casa de la vida sin necesidad de apelar a otras vidas; se deduce la solidaridad con todas las realidades que habitan esta casa y que también apuntan a lo profundo; conlleva, así mismo, el cambio de mirada creyente que apuntaba un más allá inexistente para dirigirse a un más acá existente; se concluye, como hemos dicho, el imaginario de un Dios dentro entendido como principio dinamizador de lo que es.

         Quizá sin darse cuenta, quien va trabajando su fe reorienta la dirección de su espiritualidad hacia lo profundo y va vislumbrando que una espiritualidad de descenso no solamente se ajusta mejor a su imaginario nuevo, sino que le abre las puertas a un gozo vital que difícilmente lo lograba la mística de una búsqueda hacia lo alto.  Podría parecer que estas son cosas de mero componente ideológico, pero pertenecen a los hondos y, a veces, indiscernidos movimientos del alma donde se juegan las verdaderas orientaciones de la vida.

 

 

11

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LAS RELACIONES HUMANAS?

 

Reflexión:

 

         Lo importante para la religión son las relaciones con Dios. Son tan importantes que las otras relaciones, las humanas, parecen contar menos o casi no cuentan. Sin embargo, para los evangelios, todas las relaciones cuentan y, de alguna manera, las humanas ocupan casi el todo del asunto.

         Por eso, no nos equivocamos si pensamos que los evangelios son, ante todo, un libro de relaciones humanas. De ahí que si el contacto con el evangelio no mejora las relaciones personales es que, todavía, no está haciendo su obra.

  • Para Jesús, las relaciones con Dios habrían de alejarse de las relaciones con una divinidad y parecerse a la relación de amor que existe entre un padre y su hijo querido (de ahí el título de abbá y las relaciones de hondura de Lc 15,11-32). Unas relaciones frías no son las que propone Jesús. Un Dios lejos de los caminos humanos, no es el Dios de Jesús. Es preciso “humanizar” a Dios.
  • La relación con los humildes es clara: la respuesta que damos al sufrimiento del otro dice qué tipo de persona somos. Por eso mismo, la gran pregunta de la compasión humana es simple: “¿Qué puedo hacer por ti?” (Mc 10,46-52). Ahí es donde se juega la relación nueva que Jesús propone.
  • Por otra parte, la relación con el poder, una de las más importantes a nivel social, Jesús la enfoca con claridad: conviene alejarse de las estructuras de poder porque ellas van a lo suyo. De ahí que haya que “devolver” al César el poder que quiere tener y desde ese alejamiento se podrá construir una relación crítica con él (Mc 12,13-17).

Despojar a los evangelios de su componente relacional es apagar la llama que arde en su interior.

 

Texto: Jn 7,1-10:

 

                «Inmediatamente después de esto, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos buscaban matarlo. Se acercaba la gran fiesta judía de las tiendas.De modo que su gente le dijo:-Trasládate de aquí y márchate a Judea, así tus discípulos presenciarán esas obras que haces, pues nadie hace las cosas clandestinamente si busca ser conocido. Si haces estas cosas, manifiéstate al mundo. De hecho, tampoco su gente creía en él.Jesús les contestó:-Para mí, todavía no es el momento; para vosotros, en cambio, cualquier momento es bueno. El mundo no tiene motivo para odiaros; a mí, en cambio, me odia, porque de él yo denuncio que su modo de obrar es perverso. Subid vosotros a la fiesta, yo no subo a esta fiesta, porque para mí el momento no ha llegado aún.Dicho esto, él se quedó en Galilea; sin embargo, cuando sus parientes habían subido a la fiesta subió él también; no abiertamente, sino clandestinamente».

 

  • La relación de Jesús con “su gente” no ha sido fácil. estaban siempre al acecho a ver si podían sacar algún beneficio. No entienden los planteamientos del reino.
  • Jesús no se pliega a esa presión y se zafa de ella situándose en la sombra, clandestinamente. Sabe que si en la medida en que el reino se publicita, se echa a perder. Cree en la fuerza de lo secreto, de lo oculto.
  • La propuesta de su gente es que se “manifieste” como se manifiesta un Dios, inapelablemente, incondicionalmente, opresivamente. Jesús rehúye un planteamiento así porque el reino es para quien lo acepta del corazón, no una imposición de la que uno no pueda escapar. Las relaciones del reino son libres y de corazón, no obligatorias.
  • Para dar adhesión a Jesús hay que enfocar su propuesta desde parámetros de relación humanizadora. Como entren otra clase de intereses, la cosa se pervierte. Es el modo “perverso” de obrar del mundo, de los mecanismos opresores, de la relación explotadora.

 

Aplicación:

 

Una lectura social de los textos podría darles otro color. Ese color sería entenderlos más como textos de relación social que como textos religiosos. Las maneras habituales de leer la Palabra suelen ser espirituales o morales. De la lectura se deducen unas actitudes espirituales que, con frecuencia, al no tener arraigo antropológico, derivan en espiritualistas, sin conexión con la vida, sin evaluación. Todo queda en el mundo de lo impreciso, de aquello que, aunque no funcione, no se cuestiona.

O bien se hace una lectura moral: se deducen de ella unas actitudes y comportamientos morales que, también a veces, resultan algo extremos, fruto de un moralismo que se aleja de la misma Biblia. Son perspectivas que pueden seguir siendo útiles, siempre que se hagan con un poco de profundidad y no les atrape la superficialidad y la rutina. Si no, el cansancio envuelve a la Palabra y la esclerotiza.

         Habría otro camino para devolver brillo a la Palabra y para iluminar comportamientos de vida: hacer lo que llamaríamos una lectura social de la Palabra. Una tal lectura es aquella que pretende mezclar la capacidad germinativa de la semilla de la Palabra con la tierra de la historia, de la sociedad. Y pretende hacerlo de una manera sistemática y ahondada no como un derivado moral sino como algo perteneciente al simple hecho de leer. Esto trae como resultado positivo que el texto adquiere perfiles que las lecturas espiritual y moral habían borrado por repetitivas y desvela la evidencia de que el campo de la vida queda iluminado por una espiritualidad que hace de lámpara para los titubeantes pasos de los humanos por la historia. Como decimos, cuando esta lectura se hace de manera sistemática, no esporádica y con profundidad, los resultados son nuevos.

         Para hacer este tipo de lectura, quien trabaja su fe sabe que es preciso manejar la herramienta hermenéutica de la benignidad crítica. Esta es una manera peculiar de leer el hecho social: se trata de hacerlo con sentido crítico y con amor social a la vez. Sin este amor a la vida la lectura de la Palabra será hierática, fría y dogmatizante. Sin sentido crítico se cae en tales contradicciones y simplismos que la persona de hoy se vuelve de espaldas con un gesto de menosprecio hacia la ingenuidad de quien no aplica al hecho religioso los mismos parámetros de adultez que al resto de la vida.

 

12

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL SILENCIO?

 

Reflexión:

 

         Los evangelios no hablan explícitamente del silencio. Pero, como es un libro de espiritualidad, asoma en muchas rendijas, ya que el silencio es un gran aliado de la espiritualidad, porque es aliado de la profundidad. Y sin profundidad, el silencio resulta imposible.

         Hay un dicho fariseo del tiempo de Jesús que quizá él conociera. Dice así: “Durante toda mi vida crecí entre sabios y no encontré para mí ser nada mejor que el silencio”. Porque el silencio modera el hambre de la persona de ser el centro único y ofrece otras maneras de ver la realidad.

  • Jesús ha frecuentado el silencio. Lo dejan ver los relatos de las tentaciones (Lc 4,1-13) y de la oración en descampado (Mc 1,35). Él busca el plan de Dios sobre su vida no solo en contacto con las multitudes, sino también en el silencio que aclara las cosas.
  • También ha sabido imponer silencio a las fuerzas hostiles al reino, cuando había quien quería que no fuera a tierra de paganos, cuando se quería privatizar el mensaje (Mc 4,35-41). A veces será preciso acallar con el silencio las propuestas que pretenden desviarnos del evangelio.
  • Él mismo se refugia en el silencio cuando se corre el riesgo de malinterpretar lo más suyo (Mc 15,5). El silencio puede ser la única respuesta a planteamientos que están desenfocados, tanto desde el punto de vista humano como cristiano.

El silencio libre resitúa a la persona, le hace ver perspectivas que el barullo de cada día no muestra, le posibilita una actitud más contemplativa de la realidad.

 

Texto: Mc 6,30-34:

 

         «Los enviados se congregaron donde estaba Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y todo lo que habían enseñado. Él les dijo: -Venid vosotros solos parte, a un lugar despoblado, y descansad un poco. Es que eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Y se marcharon en la barca, aparte, a un lugar despoblado».

 

  • El texto narra la vuelta de la misión. Los discípulos han curado y “enseñado”. Eso no les había mandado Jesús. Porque la “enseñanza” alude a la catequesis judía. Es decir: a la vez que anuncian el reino y curan, siguen enseñando, al modo judío, que es preciso hacer parte de la religión judía para acceder al reino. Eso desenfoca la misión.
  • Por eso los lleva a un “despoblado”, a un desierto, un lugar de discernimiento y de silencio. Es ahí donde se podrán reorientar las cosas, se podrá volver al planteamiento inicial de novedad con la que Jesús quiere ofrecer el reino.
  • No se trata, pues, de un lugar de contemplación y de oración, como se suele interpretar normalmente este pasaje. Se quiere reorientar la misión emprendida ajustándola mejor a los parámetros del reino. Esto solamente puede hacerse en un marco de reflexión y de silencio.
  • Jesús los lleva “aparte”  lo que indica que pretende subsanar la incomprensión de los discípulos, la gran dificultad que tienen para entrar en los mecanismos de la propuesta de Jesús.

 

Aplicación:

 

         El silencio podría llevarnos a una contemplación alternativa que es lo mismo que decir: una contemplación menos religiosa, más antropológica, más social, política incluso. ¿Se puede hablar de una contemplación menos religiosa, más laica? ¿Es contemplación lo que hace un no creyente cuando ahonda? Creemos que, de alguna manera sí, porque los valores de fondo conectan directamente con los valores evangélicos. Son caminos diversos que se entrecruzan. Y ¿qué es una contemplación  más antropológica? Aquella que tiene raíces en la verdad de la persona y le lleva, como cosa natural, a una cierta implicación social. Una oración sin arraigo antropológico es una fantasía espiritual en la que se pide a Dios que haga lo que me toca hacer a mí. Todo esto nos llevaría a un tipo de contemplación que no solamente no desconecta del hecho social, sino que lo asume y lo ahonda.

         Estos elementos podrían propiciar una contemplación alternativa, tanto que hasta la misma denominación de “contemplación” parece ser inadecuada por sus resonancias religiosas, por más que el vocablo también tenga su campo en el vocabulario civil. En realidad, la alternatividad le viene a este tipo de oración no tanto de los modos de hacer oración, sino de la manera de ir construyendo el hecho creyente. Un modo oficial, adicto al sistema, es difícil que engendre maneras alternativas de contemplar. Una forma algo desplazada, algo en las afueras, quizá conlleve una manera distinta, espiritual y social a la vez, de contemplar, de recuperar esa profundidad del que sabiendo de profundidad sabe también de Dios.

         Puede parecer que todo esto es una reflexión difusa. Quizá sí. Pero quien va trabajando su fe cada vez aprecia más los modos del ahondamiento contemplativo: la reflexión tras hacer trabajos de información, el silencio como lugar donde se sitúan las cosa mejor, la escucha que deja espacio a las vivencias de los demás, el cultivo de los detalles que dan color a los días, el gozo de las palabras buenas vengan de donde vengan, el aprecio de las tradiciones orantes en la medida en que apuntan al misterio. Aquí se halla una de las fuentes de dinamismo para la recreación de una experiencia creyente distinta.

 

 

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¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL PODER?

 

Reflexión:

 

         El poder es en los evangelios una estructura componente de la persona y, por ello, está presente en la vida de todos, incluidos los parientes del Señor y sus discípulos. El poder se manifiesta en la ambición que acompaña el caminar humano como una sombra pegada a nuestra espalda. El evangelio tiene una increíble pretensión: transformar la ambición en servicio (Mc 1,29-31).

         Sobra decir que la propuesta de Jesús, su reino, es, justamente, lo opuesto al poder. En él, todos somos iguales y de ser alguien algo más esos serían los humildes, los pobres. Pero el reino y el poder es incompatible (Mt 20,25).

  • La misma familia de Jesús mantiene una indudable ambición respecto a Jesús (como en Jn 7,1-10). Creen que de un Mesías se pueden deducir beneficios para el clan familiar. Por eso, siempre están al acecho para ver si llega la hora de tocar poder.
  • Los discípulos, por supuesto, están afectados del ansia de poder y de ambición. Es verdad que han hecho un gran esfuerzo por seguir a Jesús con muchas privaciones, pero están esperando qué les va a tocar (Mt 19,27). Siempre esperando beneficios. Por eso, se les remueven las tripas cuando ven a un Jesús lavando pies (Jn 13,6-11).
  • Incluso después de su muerte, cuando Jesús adoctrina sobre el reino de Dios, la pregunta está siempre presente: ¿es ahora…? (Hech 1,6-7). No les abandona la ambición que es el rostro del poder. Tendrán que hacer un largo proceso de reorientación.

 

Texto: Mateo 20, 20-28:

 

«Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?» Ella le dice: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino». Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?» Le dicen: «Sí, podemos». Les dijo Jesús: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre. Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

 

  • ·       Es la ambición sin tapujos: se esperan de Jesús unos beneficios y se quiere estar en primera fila para hacerse con ellos. Además hay una actitud de evidencia: “manda”. O sea, Dios tiene que dar esos beneficios. Ya no se habla de la gracia, sino del pago a unos servicios prestados.
  • ·       Es cierto que en los discípulos hay adhesión y hasta amor por Jesús. Pero a eso se mezcla la ambición y el anhelo de poder. Tiene que hacerse un trabajo evidente de reorientación.
  • ·       Jesús quiere hacer ver que el reino funciona con otros parámetros: no la jerarquía y el poder, no la ambición y los primeros puestos, sino la igualdad, el servicio y la ausencia de ambición.
  • ·       Jesús mismo es un servidor, uno que se pone el delantal (Lc 12,27), uno que está fuera de la mesa como quien sirve (Lc 22,24-27). Es un mesianismo de servicio y de humildad el suyo. Nada tiene que ver con el poder. Por eso la ambición no tiene sentido.

 

Aplicación: 

 

         La ambición parece ser un elemento estructural, tanto de la persona como del hecho social. Pretender “desterrarla” es pretender lo imposible. Nos referimos a la ambición tóxica, excluyente, aquella que tiene como centro real el beneficio autorreferenciaL y, por lo tanto, no sufre ni se altera ante las consecuencias, muchas veces dramáticas, que se deducen de un comportamiento ambicioso. No nos referimos a una ambición dinamizadora, aquella que siempre aspira a que las cosas estén mejor hechas, a que los niveles de humanidad suban, a que el progreso y el bienestar se difundan para todos. El Evangelio fustiga la ambición autosuficiente y cree que ese es el gran escándalo de quien viene a la comunidad, merecedora de aquella hiperbólica pero sugerente “rueda de molino”.

         Pretender el destierro de la ambición en la sociedad sería como querer quitarle la espina dorsal sobre la que está articulada. Pero sí se puede moderar y reorientar. Muchas iniciativas sociales y económicas pretenden una reorientación de la ambición. El que la gran corriente de lo humano, al menos en los países occidentales, esté asentada sobre la más cruda de las ambiciones no invalida los trabajos de quienes, en los márgenes, emplean lenguajes y formas de comportamiento con la ambición controlada cuando no con una forma evidentemente solidaria. No todo es el “estanque de tiburones” en que parecen haberse convertido las relaciones sociales.

         Este trabajo del control de la ambición es también necesario en subsistemas como los religiosos, ya que albergan en su seno unos niveles de ambición realmente espeluznantes. Parece que, por derivado religioso, debería ser todo lo contrario, pero la historia y la realidad diaria lo desmienten. Mientras no se aireen los sótanos de la estructura, mientras no sean cuestionadas estructuras tan rígidas como las de la Curia Vaticana o tan llenas de prejuicios ambiciosos como el clericalismo reinante, siempre estará viva la necesidad de una reforma de fondo. Vivir en la burbuja religiosa que afirma y quiere hacer ver que esto no existe es cerrar los ojos a la realidad.

         Hasta en las estructuras sociales de mayor componente relacional, como la familia, será preciso tener controlada la ambición. Porque la desigualdad real en las relaciones de pareja toma muchas veces la prepotencia del poder que es el rostro de la ambición. El equilibrio en el poder y el control de la ambición son piedras del cimiento real sobre la que se asienta la relación familiar.

         La propia estructura personal habría de verse afectada por este control de la ambición ya que es, a veces, una tendencia irrefrenable en la persona la de tratar de apoderarse de la realidad íntima del otro. Porque es cierto que los ladrones roban cosas y son penados por la ley, caso de que les atrape. Pero la persona tiende a apropiarse de sentimientos, opiniones, perspectivas de vida, historias de dentro. Somos “ladrones de personas”. Si la ambición campa a sus anchas el ladronicio puede se espantoso, destructor

 

14

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA POLÍTICA?

 

Reflexión:

 

         Los evangelios, lógicamente, no hablan de política en sentido técnico, de estrategias o de pertenencia a grupos con alguna actividad política. A veces se ha querido hacer de Jesús un activista político, una especie de guerrillero zelota al estilo de la Judas el Galileo o de Teudas (Hech 5,36-37). Pero, con los datos evangélicos en la mano, es muy difícil sustentar esto.      Quizá no se pueda eliminar de los evangelios un “tufillo político” que aparece, sobre todo, al final de la vida de Jesús (dos espadas: Lc 22,38; rey de los judíos: Jn 19,21; etc.). Pero esos datos no dan para mucho.

         Sin embargo, Jesús no ha sido un marciano, ni un profeta que baja del monte como si no hubiera tenido contacto con la gente. Al contrario: es uno en medio de la gente, uno de la gran masa de pobres, casi sin derechos, pero viviendo como puede el hecho de ser de los humildes.

  • No hay que olvidar que Jesús ha entrado como ciudadano de un país vasallo en las dinámicas políticas del imperio, por ejemplo el censo de Quirino (Lc 2,1-5). Ya dijimos que Augusto durante su mandato ordenó realizar varios censos a fin de controlar el número de habitantes de su Imperio para establecer tributos directos e indirectos, y con fines militares. La mayoría de historiadores modernos, tanto laicos como cristianos, sostienen que Lucas cometió un error al hacer coincidir el censo de Quirino (que tiene lugar durante el 6 d.C) y los hechos que rodearon al nacimiento de Jesús, que Mateo en su Evangelio sitúa en tiempos del rey Herodes (4 a.C). El fallo fue cometido por el deseo de Lucas de dar un cariz histórico al hecho de que el nacimiento del Mesías se produjera en Belén, tal y como proclamaba el Antiguo Testamento. De cualquier manera, Jesús está inserto en la corriente política general de la época.
  • A veces ha encarado de frente el poder establecido en su comarca, como en Lc 13,32 donde llama a Herodes Antipas “zorro”, don nadie. Eso muestra que Jesús no teme al poder y que sabe plantarse ante autoridades de la época que son pequeños dictadores.
  • Algo parecido ocurre en Jn 19,10 y Mc 15,5 donde Jesús permanece mudo ante Pilato en una actitud de igualdad; un marginado que se mantiene en pie ante el dictador dueño de su vida. Si el dato es históricamente veraz denota una visión delo político de gran igualdad, cuando menos.

 

Texto: Mt 22,15-21:

 

         «Se retiraron entonces los fariseos a elaborar un plan para cazar a Jesús con una pregunta. Le enviaron a sus discípulos con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: -Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios con verdad; además, no te importa de nadie, porque tú no miras lo que la gente sea. Por eso, dinos qué opinas: ¿está permitido pagar tributo al César o no?Calando Jesús su mala intención, les dijo:- ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Enseñadme la moneda del tributo.Ellos le ofrecieron un denario y él les preguntó: -¿De quién son esta efigie y esta leyenda?Le respondieron: -Del César.Entonces les replicó: -Pues lo que es del César devolvédselo al César, y lo que es de Dios, a Dios».

 

  • Los partidarios de Herodes, rey vasallo, rabian contra el César, contra el imperio, pero no desechan su moneda. Es una trampa porque parte de una actitud hipócrita: quieren cuestionar, porque les duele pagar, aquello de lo que se benefician.
  • Jesús conoce las monedas. Habría trabajado como peón en las grandes obras romanas de la comarca, donde se pagaba con dinero romano. Su grupo lleva bolsa (Jn12,6); se supone que ahí había también monedas romanas.
  • Jesús propone como modo de comportamiento ante los políticos el “devolver”, es decir, no beneficiarse de aquellos modos de la política que consideramos injustos. Los calificamos de injustos, pero nos beneficiamos de ello. Devolver es un ideal: cómo vivir ante las normas políticas con la mayor libertad posible, con la menor sumisión posible. Tener un  talante de ciudadanía sin saquear a la ciudadanía, ni en poco ni en mucho.

 

Aplicación:

 

         Uno de los trabajos evangélicos de tema político es mediar políticamente para construir la paz. Hay numerosos grupos embarcados en estas tareas.  Se cuentan, en primer lugar, los trabajos, arduos y con frecuencia improductivos, de la mediación política. Sentar a dos contendientes armados en la mesa del diálogo es un milagro. Y lograr que su actividad bélica se frene o se acabe es casi inalcanzable, dada la belicosidad y el horror que anida en el fondo de los humanos. Pero hay organizaciones, tanto laicas (ONU, Harvard University) como religiosas (Comunidad de san Egidio, Fundación Labaka) que se empeñan en esta batalla desigual. Los conflictos, profundamente arraigados, persistentes, amplios, internacionalizados a veces, hacen muy difícil este camino. Quienes se empeñan en él son auténticos constructores de humanidad. Su tarea es que, como dice Mt 10,12, la humanidad se vaya haciendo “digna” de la paz y de la buena relación, ya que tales bienes históricos no se consiguen por mérito, sino por trabajos en el campo de lo humano.

         Una convivencia difícil que demanda un delicado trabajo de construcción de la convivencia es aquella que se da, en un ámbito más cercano, cuando en el mismo país, en el mismo pueblo a veces, tienen que convivir víctimas y victimarios que han cumplido ya su condena penal. Los viejos fantasmas, los odios anquilosados y sosegados por la cárcel, los temores a la reincidencia, las heridas nunca cerradas del todo vuelven a surgir con una potencia inusitada. Los trabajos por una convivencia que se sitúe en terrenos de relación posible se hacen imprescindibles. En ello están tanto organizaciones públicas como personas privadas (Fernando Buesa, Universidad de Deusto). Se necesitan en esta clase de trabajos toda prudencia, la generosidad y la paciencia que Mt 10,16 acuña en la dialéctica “palomas-serpientes”. La manera de contrarrestar el temor que producen los trabajos por la paz es, al decir de Mateo, la confianza en el apoyo de Dios y la certeza de que la persona encierra posibilidades de construir la difícil convivencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

15

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA GENEROSIDAD?

 

Reflexión:

 

         No es que los evangelios reporten una doctrina organizada sobre la generosidad. Pero da la impresión de que es “salsa” para todos los guisos. Por lo que se puede decir que la propuesta de Jesús no se puede entender bien desde la tacañería, la racanería y el egoísmo del “todo para mí”. La propuesta de Jesús es para corazones generosos.

         Más aún, no cabe duda de que uno de los rasgos del perfil de Dios que Jesús nos propone es el de un Dios generoso. Los mecanismos religiosos tienden a inocularnos la idea de un Dios tacaño al que hay que pedirle mucho para que nos otorgue lo que necesitamos. Ese modo de entender al Dios de Jesús se hace incomprensible. Dios es Dios de generosidad total, de gracia sobreabundante (Rom 5,20).

  • Se anima a dar porque “se os dará”, es decir, porque ya se os ha dado (Lc 6,38). Comprender la generosidad de un Dios que se nos da a nosotros sin medida es lo que ha de hacernos generosos con los demás. Así es, ya antes que nosotros demos se nos ha dado una medida “remecida”. Rebosante.
  • A la hora de dar hasta las campanas tiemblan, dice el dicho popular. Y, por eso, no solo damos con cuentagotas, sino que seleccionamos muy bien a quien damos para que lo utilice bien, para que nos pueda devolver el favor, o por otros intereses. Pero el evangelio propone que no hagamos cálculos a la hora de dar y que seamos generosos con cualquiera que demanda nuestra ayuda (Lc 6,30).
  • Más aún, los grandes milagros de la vida parten de pequeños gestos de generosidad (como se ve en Jn 6,9: dos panes de cebada y dos pescaditos en salmuera). Porque para el planteamiento de Jesús lo importante no es la cantidad sino en el amor del corazón con el que se da.

 

Texto: Mt 20,1-16:

 

    «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”.Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy generoso?”. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

 

  • El perfil de un Dios generoso molesta a quien ha trabajado, aunque haya recibido lo convenido. No tolera la generosidad de Dios que da la misma cuota de dicha a todos, la merezcan o no. En el fondo, el mecanismo religioso quiere hacer a Dios deudor nuestro, no generoso benefactor.
  • Dios obra con la libertad del amor. Y, sin hacer perjuicio a nadie, se vuelca en el débil y necesitado no porque lo crea mejor que el fuerte, sino porque su debilidad le hace acreedor de una cuota más alta de amor. Eso es lo que no entiende quien mide todo con los parámetros de la mera justicia, justicia que, lógicamente, Dios no se la salta. Pero su generosidad va más allá.
  • El perfil de un Dios generoso, derrochón, espléndido no entra, a veces en el cálculo religioso que funciona con el parámetro de los méritos debidos, no del amor y la necesidad. El Dios de Jesús, no cabe duda, es el Dios de la total generosidad. Aducir méritos es no entenderlo.
  • Por eso, ante él, todos estamos en el mismo nivel, últimos y primeros igualados. Creerse en niveles distintos, con exigencias por los servicios prestados es no haber entendido la propuesta de Jesús, propuesta de generosidad.

 

Aplicación:

 

         Una derivación de este texto es cómo construir una ética de generosidad política para el perdón social difícil. Es requisito imprescindible el de una fe inquebrantable en las posibilidades de cambio humano. Si se descree de ello, la cosa resulta imposible. Porque, dado el pertinaz comportamiento inhumano de la persona a lo largo de las épocas, la certeza de la imposibilidad del logro de un corazón humano, de “carne”, aparece en ocasiones como imposible. La persistencia en el amor político de muchas personas a lo largo de la historia testifica acerca de una inquebrantable fe en la posibilidad de cambio, de mejora, de manera distinta de vivir. Una «nube de testigos» corrobora con su vida, y no pocas veces con su muerte, esta fe. “Son profetas que nos dirigen una palabra viva e inquietante que nos ayuda a salir de la situación engañosa en la que fácilmente quedamos atrapados”. Esa situación engañosa no es otra sino la idea extendida y profundizada de que cambiar a mejor es imposible. Por eso mismo el amor político “canta en la noche”, como diría B. Brecht, y resiste al amargor de la vida haciendo que no sea superior al disfrute y a la alegría de vivir entre humanos.

Tanto organizaciones públicas como personas privadas están empeñadas en trabajar el minado camino de la convivencia entre víctimas y victimarios. Una condición para la memoria y la convivencia es que los victimarios hagan un reconocimiento del daño causado, que quede claro el reconocimiento social del sufrimiento de las víctimas. Y otra condición es que las víctimas, por encima de su hondo sufrimiento, se sitúen en un terreno de una cierta confluencia, lo más alejada posible del odio, la revancha y la venganza.

         En segundo lugar, otro criterio para una ética de generosidad política es la flexibilización del paradigma, la creencia de que no hay modelos únicos de convivencia, la certeza de que se pueden proponer maneras alternativas, siquiera parciales, para poder llegar a una convivencia en un sistema flexible. La radicalización de los sistemas no lleva más que a la exclusión

         Y, finalmente, una lectura rápida y superficial del acontecer social puede llevarnos a creer que solamente existen modos sistematizados de vida, caracterizados en esta época nuestra por el denominador del poder y del lucro (el tan traído y llevado neoliberalismo). Y es cierto que las estructuras sistémicas van por ahí arrastrando en esa enorme corriente no solamente a quien se beneficia de esta orientación, sino también a quien no quisiera ir por ahí, o eso es lo que dice, y se ve obligado a entrar en el torbellino de un crudo neoliberalismo.

 

 

 

 

16

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL PERDÓN?

 

Reflexión:

 

         Como el evangelio apunta al interior de la persona, a las estructuras más elementales de lo que somos siempre con la intención de humanizarlas, no ha de extrañar que sus páginas estén transidas de la espiritualidad del perdón. Los conflictos acompañan la vida humana y, por ello, el perdón se hace imprescindible para la convivencia.

         Jesús ha incorporado ese perdón humano a los valores del reino, de tal forma que no se puede entender su propuesta sin adentrarse en la espiritualidad del perdón. Desde el evangelio, el tema del perdón apunta a la persona concreta pero se extiende también a la sociedad e, incluso, al cosmos.

  • Una de las notas del perdón evangélico es que ha de ser fácil. En la parábola del compañero que no perdona a quien le debe una nadería (Mt 18,21-35) una de las cosas más hermosas no es solo la generosidad de quien perdona mucho, sino que lo hace sin alharacas, como una cosa normal. El perdón habría de ser fácil, sin muchos requisitos, como algo normal en la vida, no como una heroicidad (fuera, al menos, de casos límite).
  • Otra nota es que ha de ser un perdón generoso, no medido, no normado ni siquiera por la generosidad religiosa, sino por la generosidad del corazón (70 veces 7: Mt 18,21). Si se mide el perdón con cuentagotas se corre el riesgo de deformarlo, de supeditarlo a normas y leyes. La generosidad a la hora de perdonar desvela las actitudes profundas del corazón.
  • Y, finalmente, habría de ser el perdón sin límites (Lc 23,34). Al menos habría que tener esto como un horizonte al que se tiende, aunque muchas veces nos quedemos muy cortos. Es el difícil perdón a los enemigos para quienes apuntan al horizonte del evangelio (Mt 5,44).

 

Texto: Lc 15,11-32:

 

«Se acercaban a Jesús los publicanos y pecadores para escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la herencia». El padre les repartió los bienes. Días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible y empezó él a pasar necesidad. Y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Sentía ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, y nadie le daba de comer.Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros». Se puso en camino hacia donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, lo recibió con abrazos y besos. Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad en seguida el mejor traje y vístanlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado». Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud». Él se indignó y se negaba a entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando viene ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado». El padre le dijo: «Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado».

 

  • ·       Si hablamos del perdón y del Padre que perdona siempre (así habría de denominarse el pasaje) tenemos que volver a este relato. Además de fácil, generoso y hasta el límite, el perdón del evangelio habría de ser olvidadizo. Nos cuesta olvidar. Decimos: perdono pero no olvido. El recuerdo del agravio es casi peor que el mismo agravio, imposible de borrar.
  • ·       Pero el padre de la parábola olvida el agravio, no lo saca a relucir (podría haberlo hecho). No justifica el comportamiento del pródigo, pero no vuelve sobre ello. Para él es agua pasada y, con tal de recobrarlo con vida (lo elemental), es capaz de reorientar la convivencia que no será fácil con el hermano mayor (que ve que el pródigo va a comer de lo suyo). Está dispuesto a remodelar la vida familiar con tal de acoger al hijo. Un perdón que está dispuesto a cambios.
  • ·       El gran motor de todo este proceso es la esperanza: cree el padre que siempre hay una semilla de esperanza en toda persona, por derrotada que esté. Creer en la persona, creer en la inviolable dignidad, es el cimiento del perdón.

 

 

 

Aplicación:

 

El perdón voluntario puede ser un elemento socializador. Una visión deformada, vengativa y legalista, lleva a la persona a pensar que el perdón como elemento de mejora en las relaciones sociales ha de ser requisito previo en todo proceso conflictivo. Pero en realidad “la petición de perdón y el arrepentimiento forman parte de un ámbito íntimo y moral que solo puede surgir de un proceso personal, voluntario, sincero y auténtico, y no de una norma imperativa….Por lo tanto, no deberían plantearse como una condición previa que obligatoriamente deben cumplir ‘los otros’ para poder iniciar un proceso de reconciliación, sino como un resultado que puede brotar a partir de poner éste en marcha…La clave está en dónde situamos la petición de perdón, si lo hacemos como condición de partida y requisito obligatorio o como parte y consecuencia voluntaria del propio proceso” (J. Fernández). La renuncia al perdón como requisito puede brotar de una valoración humanista de los procesos personales y se presenta como imprescindible para una alternativa social. Mientras incluyamos el perdón en el ámbito de las obligaciones, difícilmente habremos superado el simple marco legal que, generalmente, contempla el perdón de manera meramente marginal.

 

 

17

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL MATRIMONIO?

 

Reflexión:

 

         Más allá de matices que luego haremos, y más allá de no tener la certeza de que Jesús fuera célibe o casado (sociológicamente se tendería a lo segundo), los evangelios hablan poco del matrimonio como realidad social. Se acepta y punto. Probablemente Jesús acepta lo que dice la Torá: hay que mantener el matrimonio excepto en casos de promiscuidad manifiesta. Pero también se enfrenta a la banalización del divorcio, cosa que siempre puede darse. En cualquiera de ambos casos, el tema de la indisolubilidad queda lejos.

         Todo este asunto habrá que enmarcarlo en el más amplio de la nueva relación que postula el reinado de Dios. La relación matrimonial habrá de vivirse como buena relación, como proceso humano de relación procurando que no solamente el amor no se acabe, sino que llegue al nivel de dicha humana que se propone a toda relación.

  • Sin magnificar el envoltorio histórico de la escena de las bodas de Caná (Jn 2,1ss), puede ser un indicio de algo básicamente humano en la vida de Jesús: ha participado en ceremonias nupciales como todo ciudadano, por humilde que fuera (los pobres siempre han celebrado sus bodas). Partícipe de los pros y contras de una relación conyugal.
  • El estrambótico planteamiento de la resurrección que hacen los saduceos con el episodio de la mujer que tuvo siete maridos (Mc 12,18-27) plantea con crudeza el secular dominio del hombre en la relación matrimonial: “¿De quién será?”. La mujer como propiedad del hombre, lo que rompe la simetría necesaria para toda relación. Jesús deshace ese equívoco para el más allá; no hubiera estado mal que lo hubiera desecho para el más acá (como creemos que lo hace en Mt 19,1-12).
  • En el episodio de Jn 8,1-11, la mujer es pillada en “flagrante adulterio”. Jesús no condena. Pero no habría estado de más aludir, aunque fuere sin condenar, al hombre, ya que el adulterio se hace entre dos. Esta visión era demasiado para un hombre de aquel contexto social.

 

Texto: Mt 19,1-12:

 

         «Cuando terminó estas palabras, pasó Jesús de Galilea al territorio de Judea del otro lado del Jordán. Lo siguieron grandes multitudes y él se puso a curarlos allí. Se le acercaron unos fariseos y le preguntaron para tentarlo: -¿Le está permitido a uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera? Él les respondió: -¿No habéis leído aquello? Ya al principio el creador los hizo varón y hembra (Gen 1,27) y dijo: “Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos un solo ser” (Gen 2,24). De modo que ya no son dos, sino un solo ser; luego lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Ellos insistieron: -Y, entonces, ¿por qué prescribió Moisés darle acta de divorcio cuando se la repudia? (Dt 24,1). Él les contestó: -Por vuestra obstinación, por eso os consintió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno repudia a su mujer –no hablo de unión ilegal- y se casa con otra, comete adulterio. Los discípulos le replicaron: -Si tal es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse. Pero él les dijo: -No todos pueden con eso que habéis dicho, solo los que han recibido el don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el reino de Dios. El que pueda entenderlo, que lo entienda».

 

  • ·       El tema del relato es de casuística matrimonial, algo que gustaba mucho a los judíos. El v.12, sobre la “eunuquez” es, sin duda, un añadido que, al pegarlo a este pasaje hay que referirlo a algo distinto a la opción célibe (quizá en su origen fuera algo relativo a esa eunuquez, aunque eso contraviene la sociología de la época que no valora el celibato).
  • ·       El tema de fondo no es el divorcio y sus condiciones, sino algo más del cimiento: por qué despide el hombre siempre, aunque sea el causante de la ruina de la convivencia (como ocurre en el film de Amós GitaiKadosh). Lo es porque se ha concebido la relación matrimonial en parámetros de desigualdad. El tema de fondo es cómo vivir la igualdad incluso en relaciones tan íntimas como las matrimoniales.
  • ·       El evangelio da una pista: quien tiene la fuerza, el hombre, ha de abandonar sus posiciones, a su padre y a su madre, desplazándose al terreno de la parte más frágil, la mujer. Solamente un equilibrado de fuerzas en base a la dignidad es la que puede garantizar una relación saludable. De lo contrario, la relación se resquebrajará. Ese es el querer de Dios para la historia humana: una relación de total igualdad, por encima de géneros.
  • Los que siguen a Jesús han recibido el “don” de entender esto. Si no lo asimilan, quedan desconectados. Pretender seguir a Jesús viviendo en relaciones desiguales es una incoherencia inaceptable.

 

Aplicación:

 

Una creciente y cuidadosa mentalidad de género. El tema del género, y sobre todo la ideología de género, es un gran fantasma para muchas personas y entidades: Creen ver en ello la disolución de la sociedad, la modificación inaceptable de los planes del Creador y la perversión de la juventud en todos sus niveles. Si se despoja el tema de cargas ideológicas previas, quizá la cosa no sea tan grave y derive hacia algo de corte fantasmal. Se trataría de crear un equilibrio social entre dos realidades que, desde el neolítico, parecen haber estado desequilibradas: los géneros. Volvemos a decirlo: no se trata de una lucha por la supremacía, sino por el equilibrio. El Evangelio, en textos como Mc 10,1ss, parece sumarse a tal movimiento.

         El primer ámbito, el más básico, es lograr una igualdad mutua entre géneros desde el lado social: lo que es de todos, ha de ser participado igualmente por todos. La imposibilidad de ciertas culturas y de ciertas mentes para percibir los géneros en una igualdad esencial es proverbial y sigue verdeante. Mientras este paso renquee, hablar de otros es una fantasía. Esta no es la panacea de todos los males sociales, pero abre la puerta a la posibilidad de crecer en igualdad de géneros.

         Pero es preciso dar un paso más: se necesita una actitud de cuidado también esencial ya que los dos géneros están amasados en fragilidad y no hay otra instancia de cuidado ajeno a ellos. Cuidar no es un mero acto puntual, es una actitud, una forma de comportamiento continuado, un camino que se va andando. Los géneros necesitan ser cuidados en sus elementos comunes y en su peculiaridad, con todas las variantes. El cuidado allana muchas dificultades que se han instalado en el caminar histórico de las personas.

         Puede parecer algo previo que va de sí, pero la vivencia bien relacionada de géneros demanda una dosis continuada de respeto a la diversidad, tanto en orientación sexual, como en opciones de vida. Si hay leyes, normas o costumbres que no incluyen de modo efectivo tal respeto, quedan contradichas por este elemento esencial. El respeto, correctamente situado y discernido, sabe que su valor se mide por su índice de humanidad. Si este indicador no aparece, el respeto puede convertirse en una trampa de desigualdad y de inhumanidad. El respeto mira a la conjunción con el otro, no a su distanciamiento.

         Por lo que hace a la comunidad cristiana, sigue vigente el trabajo por salir de “un pecado de injusticia continuada” en el tema de la relación de géneros que aún no se ha sabido asimilar. Esto tiene que llevar a que la mujer entre en la relación de géneros no solamente con la entrada del pensamiento o en órganos de gestión sino en el todo del entramado eclesial.

 

 

 

 

 

 

 

18

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA ECOLOGÍA?

 

Reflexión:

 

         Querer hacer del evangelio un tratado de ecología es excesivo. El tema, tal como lo entendemos ahora, es moderno. Pero, como ocurre con otros asuntos, hay “semillas” en los evangelios que pueden contribuir a alimentar una espiritualidad ecológica. Al fin y al cabo, aquellos tiempos preindustriales son tiempos más ceñidos a la tierra que los nuestros.

         Una certeza que tienen los contemporáneos de Jesús es la noción de “bienes limitados”: ellos creen que los bienes de la tierra son limitados y que si uno se apropia de muchos de ellos, deja desprovistos a las demás personas. Es como un robo ecológico. Entronca esto muy bien con la corriente del decrecimiento que quiere hacer ver que la tierra no es una despensa inagotable, sino que hay que explotar racionalmente los recursos y aceptar el rito de crecimiento que marca la naturaleza. Son aproximaciones.

  • Jesús hace ver a sus contemporáneos que saben leer muy bien los signos del cielo y no saben leer los del reino (Lc 12,54). Avezados en ecología, pero torpes en espiritualidad. Un aviso que hemos de recoger nosotros, porque ambas realidades conectan de alguna manera.
  • Fácilmente los evangelios utilizan los elementos ecológicos para extraer una espiritualidad. En Jn 3,8 dice que el nacido del espíritu es volátil como el viento que no sabes ni adónde viene  ni adónde va. Se lee con facilidad el libro de la creación porque los caminos no se han diversificado todavía, se vive ceñido a la tierra.
  • En la parábola de la semilla que crece por sí sola se quiere enfatizar la confianza (Mc 4,26-29). En realidad, no crece por sí sola: la semilla trabaja día y noche para chupar sus nutrientes. La creación trabaja, porque el logro de una creación culminada se hace con el trabajo de todas y cada una de las criaturas.

 

Texto: Mt 6,24-34:

 

«Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propia preocupación».

 

  • Son dos parábolas ecológicas propiamente dichas: los lirios y los pájaros enseñan un comportamiento cristiano, la confianza que debe tener el seguidor para que las preocupaciones excesivas no ahoguen la opción por Jesús.
  • Por un lado los pájaros: es verdad que no tienen graneros y que el Padre los alimenta, pero ellos trabajan denodadamente para llevarse el grano a su buche (más de 400 salidas diarias). La naturaleza enseña la confianza pero no desdeña la laboriosidad.
  • Lo mismo los lirios: no tejen ni hilan y el Padre los viste con elegancia. Pero ellos trabajan las 24 horas del día para chupar los nutrientes de la tierra que los alimentan y los embellecen, de lo contrario se agostarían.
  • Los seres de la tierra enseñan la laboriosidad y la confianza. Ambas realidades han de ir mezcladas en la vida del seguidor de Jesús. Por otra parte, son recursos (las aves, los lirios) que son mirados aquí más por su hermosura que por su utilidad. Ayudan a lograr lo que LS’ (111) llama “la otra mirada”, ese modo de enfocar la creación con respeto y aprecio, en sintonía de belleza.

 

Aplicación:

 

         Cada vez queda más claro que uno de los movimientos sociales llamados a modificar el planeta en este momento es el de la ecología. Aunque la cosa tenga aún detractores y negacionistas la realidad es imparable: del comportamiento ecológico deriva la comprensión del ciudadano moderno, no solamente el cuidado del medio ambiente. Por eso está todos los días en la prensa; por eso “sobrevive” la Laudato Si’; por eso se miran con lupa aspectos técnicos (por ejemplo los vehículos) que antes parecían asuntos de personas exquisitas; por eso las ciudades se organizan en maneras cada vez más ecológicas con el beneplácito de la ciudadanía. La ecología tiene inmediato futuro, más que nunca.

Pero, a veces, hay variables muy interesantes: una de ellas es el movimiento ecológico de los adolescentes promovido por Greta Thumberg. Los adolescentes es un fragmento social que pocas veces había levantado la voz a nivel mundial. Pero resulta que en este tema de la ecología empiezan a ser una fuerza social que ya no se puede desdeñar. Como sus herramientas de contacto están en internet, se empieza a tejer toda una red de acciones que los gobiernos empiezan a tener en cuenta y tratan de domesticar (una manera es dar premios, a ver si se apaciguan). Pero si esto va a más, los políticos van a tener que ponerse las pilas.

De hecho, cuando un político propone “una sociedad de hombre y mujeres iguales en armonía con la naturaleza” los periodistas se ríen a mandíbula batiente. Pero ese es el camino que, indefectiblemente, se ha de seguir cuando lo experimentemos más crudamente las consecuencias del cambio climático. Es que llevar a las instituciones políticas el tema de la ecología es una auténtica novedad porque eso no había sido nunca por aquí un tema de estado. Pero las cosas están cambiando tan vertiginosamente que habrá que hacer sitio al tema en la agenda, pronto y de manera activa, no con protocolos como el Kioto o París que nadie cumple.

 

 

19

¿QUÉ DICE LOS EVANGELIOS

SOBRE LAS PALABRAS?

 

Reflexión:

 

         Una cosa cae fuera de duda: el mayor bien que nos hacemos los humanos nos lo hacemos con las buenas palabras; y los mayores males que nos causamos los humanos nos los hacemos con las malas palabras. De ahí que haya que vigilarlas para que no contribuyan a empeorar nuestras relaciones sino, más bien, a mejorarlas.

         Los evangelios no hablan explícitamente de buenas o malas palabras. Pero, deudores de la corriente sapiencial del AT que da mucha importancia a este tema, no hay que dudar que se apunta a las buenas palabras. Las palabras de Jesús han sido, globalmente, buenas, compasivas, curativas, consoladoras, amables, esperanzadoras.

  • Jesús mismo ha recibido palabras buenas como las de aquella mujer que alabó el vientre que le llevó y los pechos que lo criaron (Lc 11,27-28). Alabar a la madre es alabar a la persona, denigrar a la madre, bien lo sabemos, es denigrar a la persona. Jesús habría recibido con corazón agradecido aquella alabanza espontánea de la mujer. Si no, no la habrían consignado los evangelios.
  • Cuando Jesús manda a la misión a sus discípulos les dice, sobre todo, que den una palabra de paz (Mt 10,12-13). De tal modo que la palabra de paz es lo central del anuncio del reino. Una palabra buena, la paz, para anunciar el reino, junto con las curaciones.
  • Jesús queda pintado en Jn 18,23 como una persona de palabras buenas: “si he hablado bien, ¿por qué me pegas?”. Y junto a eso, la evidencia de que en sus palabras no ha habido intenciones ocultas: “no he dicho nada a ocultas” (Jn 18,20). Uno de palabras buenas y sin doblez.

 

Texto: Mt 5,33-37:

 

         «También os han enseñado que se mandó a los antiguos: “No jurarás en falso” (Éx 20,17) y “cumplirás tus votos al Señor” (Dt 23,22). Pues yo os digo que no juréis en absoluto: por el cielo no, porque es el trono de Dios; por la tierra tampoco, porque es el estrado de sus pies; por Jerusalén tampoco, porque es la ciudad del gran rey; no jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes volver blanco o negro ni un solo pelo. Que vuestro sí sea un sí y vuestro no un no; lo que pasa de ahí es cosa del Malo».

 

  • El juramento delata la fragilidad de la palabra: se jura porque la palabra dada no se considera suficiente. Por eso el evangelio propone no jurar, ya que cree en la palabra y en la verdad que la sustenta
  • La palabra del juramento puede ser engañosa porque no hay quien verifique su verdad (ni siquiera en los juramentos judiciales). La palabra del seguidor habría de ser exacta y justa, sin doblez ni ocultamiento y, por lo mismo, no necesitada del apoyo del juramento.
  • En las malas palabras se oculta el malo, la maldad, porque las palabras inhumanas generan inhumanidad. Controlando las palabras se controla la acción del maligno, se es menos malo.
  • La fe se resuelve en estas posturas de componente antropológico. No está la cuestión en los grandes temas espirituales, sino en lo cotidiano de las palabras que salen del corazón.

 

Aplicación:

 

Hablar de justicia. En nuestra sociedad da casi vergüenza hablar de justicia. Es como si éste valor sustancial produjera malestar al ciudadano de a pie. Hablar de justicia, demandarla, gritar en su nombre resulta trasnochado, como si uno estuviera anclado en mayo del 68. Quizá sea esto así porque lo individual ha copado el todo del ámbito humano moderno y la justicia tiene que ver, sobre todo, con planteamientos colectivos. “La necesidad de equilibrar lo individual con lo colectivo es uno de los grandes dilemas de la ética. El valor de la autonomía y de la libertad individual ha sido lo más desarrollado, y a medida que eso evoluciona resulta más difícil hacer al individuo partícipe de lo colectivo, que piense en los demás, pero no cabe duda de que hay que tender a esa armonía y a un concepto de justicia que viene de los griegos. Al fin y al cabo, la ética busca lo universal. El relativismo absoluto, aunque suene a contradicción, es opuesto a la ética”. Este anhelo de lo universal justo es un elemento insustituible de la experiencia de fraternidad social.

         La justicia es  el componente “político” del seguimiento, su participación en el devenir social desde una honda compasión histórica. Este componente es insustituible y, de alguna manera, da sentido al componente “místico”  ya que lo hace visible y, por ello, verdadero. De ahí que una experiencia espiritual que no parta y no aboque al anhelo de la justicia se pierde en el marasmo de lo religioso.

         Por lo mismo, hasta la tarea orante ha de nacer y llevar al logro de la justicia esencial. J. Chittister muestra en páginas muy luminosas el cambio que supone en una comunidad contemplativa poner el horizonte de la justicia como algo tomado en serio. “La oración cambió para incluir una nueva conciencia sobre la política nuclear y sus amenazas”. Son cosas, aparentemente, incompatibles. Pero no. El camino de inocular la preocupación y el compromiso con la justicia puede que sea la “salvación” de la oración y de la misma liturgia para que éstas no queden atrapadas en la rutina, en el rito. El cristianismo en general tiene que andar todavía un gran trecho si anhela este horizonte. Y sin embargo, como decimos, existe en ello una gran oportunidad de revitalización. Las palabras del profeta D. Bonhöffer siguen sonando veraces: “Nuestra iglesia que durante años solo ha luchado por su existencia, como si esta fuera una finalidad absoluta, es incapaz de erigirse ahora en portadora de la Palabra que ha de redimir y reconciliar a todos los hombres y al mundo… Por esta razón, las palabras antiguas han de marchitarse y enmudecer y nuestra existencia de cristianos solo tendrá, en la actualidad, dos aspectos: orar y hacer justicia entre los hombres». La oración mezclada a la justicia, ambas realidades unidas.

 

20

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

DE LOS FRÁGILES SOCIALES?

 

Reflexión:

 

         La época de los evangelios es un tiempo en el que, a diferencia del nuestro, no existe la clase media. Por eso, el campo de las pobrezas se ensancha y, por ello, la fragilidad social es manifiesta. Además, y lógicamente, las fragilidades sociales no tienen un tratamiento político. Cada uno las ventila como puede. El frágil social está en total desamparo. Nuestra preocupación no es de la época, por eso los evangelios no trabajan explícitamente este tema. Pero, como en otros que venimos planteando en este curso, podemos recabar “semillas” que nos ayuden.

         Hay que decir que la fragilidad social está en los evangelios muy ligada a la enfermedad. Por eso mismo, los relatos de curación son, con frecuencia, relatos de reinserción social más que relatos de curación física. Eso da a los textos un valor añadido que los hace más elocuentes en nuestra época.

  • En el relato de la curación de los 10 leprosos, uno de los cuales, un samaritano, vuelve a agradecérselo (Lc 5,12-16) hay un aspecto reivindicativo que no conviene ignorar: se ofrece lo mandado en la ley como prueba contra los sacerdotes. Así es: ellos han hecho la ley de exclusión de los leprosos, ellos la deben corregir si quieren legislar según el querer de Dios que acoge a todos. Se demanda una ley de reinserción de leprosos que corrija una injusticia flagrante.
  • En el texto de la curación de la mujer que llevaba doce años con flujos de sangre (Mc 5,24b-34) se reinserta a la “impura” haciéndola “hija de Abrahán”, devolviéndole la identidad espiritual judía de la que había sido injustamente desposeída por su enfermedad. Reinserción de identidad.
  • En el signo del paralítico de la piscina de Jn 5,1-9 se reinserta al que llevaba toda su vida sujeto a la camilla (40 menos 2) haciéndole dueño de sus pasos. Ya no tendrá que depender de ella. Se le ha devuelto la libertad de movimientos. Es un reinsertado que se puede mover como todos.

 

Texto: Mc 3,1-5:

 

         «Entró de nuevo en la sinagoga y había allí un hombre con un brazo atrofiado. Estaban al acecho para ver si lo curaba en sábado y presentar una acusación contra él. Le dijo al hombre del brazo atrofiado: -Levántate y ponte en medio. Y a ellos les preguntó: -¿Qué está permitido en sábado, hacer el bien o hacer daño, salvar una vida o matar? Ellos guardaron silencio. Echándoles en torno una mirada de ira y apenado por su obcecación le dice al hombre: - Extiende el brazo. Lo extendió y su brazo volvió a quedar normal».

 

  • Un hombre con el brazo atrofiado es un frágil social en una época donde prácticamente no existía el trabajo intelectual. Por eso, su curación tiene un indudable matiz de reinserción social.
  • Los verbos “levantarse” y “ponerse en medio” están intensificados. Se le está diciendo: te han dicho que has de vivir postrado, yo te digo que te levantes. Te ha dicho que has de vivir fuera del corro social, yo te digo que te coloques en el centro porque tu fragilidad te hace acreedor de ese centro social.
  • Cuando se dice que extienda el brazo se está refiriendo, lógicamente, al brazo atrofiado. Pero puede entenderse también como algo que apunta a todo brazo: extiende todas tus posibilidades. El reinsertado tienen sus posibilidades. Si se extienden, el conjunto social sale beneficiado.
  • Dice el relato que “volvió a quedar normal”. En realidad, ya era normal. Vuelve a ser reinsertado. Esa es la normalidad a la que le lleva el milagro.

 

Aplicación:

 

Aprestarse a la generosidad social. Quizá haya que arrancar de la evidencia del atractivo de las personas generosas. Desvelan en su comportamiento lo mejor de lo humano. Y, más aún, puesto que de cristianos se trata, habrá que asimilar el perfil del Dios generoso que Jesús mismo ha descrito magistralmente en el evangelio. Sin este “deslumbramiento social” de la generosidad animarse a la colaboración solidaria no es fácil. Tal valor, el “deslumbramiento”, viene, sobre todo, por la cercanía de las personas solidarias a los problemas, por su entrega austera y por su claridad económica. Es así como acumulan un crédito moral que hace que los donantes se fíen de su honestidad.

La generosidad incluye a la justicia. Una generosidad sin justicia sería una burla inaceptable. Pero la generosidad va más allá de la justicia incluyéndola. La generosidad que da lo justo, que no reconoce la dignidad, que no valora exquisitamente los derechos de la persona, que hace diferencias en base a cuestiones culturales, etc., no es la generosidad de componente humano y, menos, cristiano. Por eso, hay generosidades que, al incluir, la injusticia se convierten en injusticia. Y una generosidad injusta es una contradicción inaceptable.

Habiendo crecido en generosidad social, respecto a otras épocas de la historia, el camino de la integración del débil, exigida por la justicia, y ámbito de generosidad tiene todavía mucho recorrido que hacer. La puesta en práctica de los derechos elementales de las minorías socialmente más frágiles demanda, todavía, mucho esfuerzo. Una sociedad civilizada habría de ser generosa en el reconocimiento de tales derechos tanto que la lucha por ellos habría de quedar en desuso porque la generosidad y la prontitud social haría que los derechos de tales minorías fueran reconocidos ipso facto. Esto es todavía soñar. Muchos de tales derechos tienen que ser arrancados migaja a migaja. Y esto en una sociedad que se dice evolucionada y, más todavía, de componente cristiano. Hoy por hoy, la generosidad social pasa, todavía, por el mero reconocimiento de lo que es justo.

Y habrá que poner un punto de crítica contra las prácticas de generosidad social publicitada como maratones solidarios, cenas para recaudar fondos caritativos entre gente pudiente y, con frecuencia, capitalistamente opresora, donaciones que provienen de dinero negro o similar, legados económicos con los que se pretende lavar dinero o, aún todavía, adquirir nombre como benefactor social. Todo ese mundo queda cuestionado por la justicia de manera radical y nada tiene que ver con una generosidad que ha cumplido exquisitamente todos los requisitos de la justicia.

 

 

21

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL TRABAJO?

 

Reflexión:

 

         En la sociedad de Jesús el trabajo no tiene una concepción tan sacral como después se ha tenido en la iglesia o en la misma sociedad (base de la dignidad). Es, simplemente, el modo de sobrevivir y se refiere, casi en todos los casos, al trabajo manual (hasta los mismos fariseos aprendían un oficio para no vivir de la ley, según 1 Tes 2,9).

El trabajo de las clases bajas (Jesús si es hijo de un artesano es uno sin tierras, bajo en la pirámide social) es precario y casi sin regular. Fundamentalmente agrícola (más allá de servicios como la construcción) y, en el caso de Galilea en relación con la pesca del lago. El pastoreo y la vid como trabajos propios de todo país mediterráneo.

  • Según Mt 13,55 Jesús era el hijo de un tekton, un obrero manual, un peón sin especializar que, posiblemente, habría trabajado en las grandes obras romanas de Cesarea y Séforis. No se sabe muy bien porqué su trayectoria de predicador itinerante apunta más a las aldeas que a la ciudad. De cualquier manera, parece que fue uno que vivió del trabajo de sus manos. El que fuera “hijo del carpintero” (Mt 13,55) puede apuntar a trabajos artesanos o puede referirse a asuntos sinagogas (el rabino como el constructor de la ley, según Geza Vermes).
  • Según Mt 4,20 Pedro y Andrés estaban en plena faena de pescadores cuando fueron llamados, lo mismo que Juan y Santiago. Jesús se rodea de gente trabajadora, predominantemente del gremio de los pescadores por andar por la zona de Cafarnaún (Lc 4,1). Gente trabajadora y algo tosca (recordar las imágenes de Pedro que pinta Caravaggio).
  • En Jn 4,33-38 se habla del trabajo de unos sembrando y de otros recogiendo, aludiendo a la predicación de la misión primitiva cristiana. Es un indicio de que los evangelios, como Pablo, consideran la predicación itinerante un trabajo ligado al reino.

 

Texto: Mt 25,14-30:

 

«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes».

 

  • Siempre se ha leído este pasaje en modos productivistas: Dios te ha dado una serie de talentos, de valores, tú tienes que hacerlos producir en la mayor cantidad posible. No se pregunta por qué ni para quién. Tú, obedece y produce.
  • El hombre que se va de viaje no es ninguna joya, además de ser rico: siega donde no siembra, recoge donde no esparce. Es decir, es un “todo para mí” neto (en Lc 19,11-28 es todavía peor: un rey ambicioso y vengativo): las ganancias son para engrosar sus haberes no para beneficio de otros, por más que premie la labor de los productores prometiéndoles ponerles al frente de mucho.
  • Pero al de un talento se le enciende una bombilla: ¿para quién produzco? Para un tirano. Y toma una decisión drástica: no quiero trabajar para un opresor ambicioso. Ni siquiera voy a darle el gusto de que el banco le pague los intereses. Devuelve el denario tal cual y corta con el sistema. Éste, que no es manco, lo rechaza y lo excluye. El trabajador lúcido que ha descubierto el para quién prefiere vivir en las tinieblas de su libertad que en la “luz” del sometimiento. Un adelantado del trabajo decente. El sistema premia al que tiene diez para que no se le ocurra seguir los pasos del que devuelve el uno. Esta interpretación ya la proponía Eusebio de Cesarea, padre de la Iglesia, en el siglo IV.

 

 

 

 

Aplicación:

 

El trabajo decente como elemento de cohesión social. El trabajo es hoy, en las sociedades modernas, un elemento de disgregación social. La lucha por el empleo es muy parecida a la lucha por la vida. No es de extrañar que los modos sociales que engloban la mística del trabajo, los sindicatos, no solamente estén en crisis de afiliación sino, incluso, en crisis de sentido. Con una clase obrera profundamente fragmentada y dispersa, con la mayoría de los trabajadores en precario, con una patronal crecida y con los viejos partidos obreros habiendo perdido esa condición, los sindicatos están obligados a asumir funciones que van más allá de los intereses de sus afiliados y que van también más allá de concebir los centros de trabajo como el núcleo fundamental de la lucha.  Para muchos obreros, el sindicalismo está desprestigiado. Esto ha abierto la veda de un individualismo laboral que se ve corroborado por la “indecencia” del trabajo temporal. La lucha por el empleo es cruel.

Podría ser de otra manera: el trabajo decente podría ser elemento aglutinante porque con él se eleva el nivel de dignidad, verdadero pegamento de la vida en sociedad. Con claridad lo dicen quien inventó la noción de trabajo decente: “No se trata simplemente de tener un trabajo para tener un ingreso y un nivel de vida material como en la concepción tradicional del empleo. Se trata del trabajo como fuente de autoestima y de dignidad personal, de paz en la comunidad y de cohesión en la sociedad”. El trabajo decente sería, pues, una de las fuentes principales de cohesión social, sabiendo que existen también otra clase de factores que cumplen esa función.

De ahí que este trabajo contribuiría a calmar las convulsiones sociales de las que, generalmente, nada se saca en positivo. Es cierto que las situaciones convulsión social coinciden con situaciones de precariedad laboral. Todos sabemos que las convulsiones se producen con más agudeza cuando los beneficios económicos no llegan a la gente en modos equitativos. En esas situaciones el trabajo decente puede vehicular tales beneficios. De tal manera que “el trabajo es un medio para vivir, en primera instancia, pero debería ser un medio clave para la formación de la sociedad”.

Por lo demás, el trabajo decente no puede cumplir su función de cohesión social en un ambiente de desigualdad económica. Por ello, si se quiere incidir en el valor dignificador del trabajo esto tiene que ir acompañado de una lucha a brazo partido contra la desigualdad que ha asentado sus reales en la sociedad neoliberal desde hace siglos y que esa desigualdad tiene cada vez más hondura. Como decimos, pretender un trabajo decente que cohesione la sociedad en una sociedad fragmentada por la desigualdad es imposible. Pero también hay que decir que “la desigualdad no está en los genes, no es una fuerza telúrica irresistible ni una maldición de los dioses: es producto de decisiones políticas. Y las decisiones políticas puede y deben cambiarse, también con la política”.

 

 

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¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA ALEGRÍA?

 

Reflexión:

 

         El tema de la alegría no es un constitutivo explícito de los evangelios. Quizá porque es algo ajeno a la espiritualidad de la época o porque la vida de los pobres es dura y en ella encuentra poco eco la alegría. Por eso mismo el perfil de Jesús es ciertamente el de una persona pacifica y bondadosa, pero no especialmente alegre, aunque haya algunas semillas interesantes.

         No nos ha de extrañar que si a esto sumamos nuestra rigidez occidental, la fe cristiana no se haya caracterizado por su rostro risueño. Por eso el papa Francisco dice que con una experiencia de Jesús fuerte y con una buena dosis de alegría se puede transmitir hoy la fe. También en esto el nuestro sea un tiempo bueno para volver a Jesús.

  • Uno de los pocos pasajes en que Jesús aparece “exultante de gozo” es a la vuelta de la misión de los discípulos porque Dios revela la fe a los sencillos (Lc 10,21-24). Es una alegría nueva, como si no se la esperara, al ver que la propuesta del reino tiene buena acogida.
  • El texto de Lc 15,8-9 habla de la alegría que experimenta la mujer que encuentra su moneda o en Lc 15,1-10 el pastor que halla a su cordero para indicar que en el cielo hay todavía más alegría cuando alguien va entrando en el cauce del evangelio.
  • Y en Jn 16,22  propone una “alegría inarrebatable”. La alegría es muy frágil. Por eso, si nadie podrá arrebatar la alegría de Jesús, tal alegría tiene que ser compatible con la pena y la limitación. Porque si no, estas borrarán la alegría del corazón del creyente.

 

Texto: Mt 9,14-15:

 

         «Se aceraron entonces los discípulos de Juan a preguntarle: -Nosotros y los fariseos ayunamos a menudo, ¿por qué razón tus discípulos no ayunan? Jesús les contestó: -¿Pueden estar de luto los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el día en que les arrebaten al novio y entonces ayunarán».

 

  • Para el evangelio es más importante el comportamiento existencial que las practicas ascéticas, es más importante vivir con disfrute que ser persona religiosa, si esa religiosidad mata el disfrute.
  • Ahora están con el novio (una manera evangélica de denominar a Jesús: Jn 3,27-30), no hay lugar para la tristeza. El irse del novio alude a su muerte, pero, en realidad, este novio nunca se irá, sino que bajará al fondo de la existencia (Jn 14,23). Por eso, siempre será tiempo de alegría para quien entiende lo de Jesús.
  • Una alegría permanente es imposible. Pero puede permanecer un fondo de bonhomía, de disfrute, de admiración contemplativa que haga posible una vida en alegría.

 

Aplicación:

 

La asignatura pendiente de la alegría. Lo es para el común de las comunidades cristianas. Siempre se ha acusado al cristianismo de su adustez, de su dolorismo, de su negación del placer. La alegría es asignatura pendiente. Nada digamos de la espiritualidad del placer o del disfrute. ¿Qué futuro tiene la experiencia cristiana? Si seguimos manteniendo que dicha y cristianismo hoy son poco compatibles, el futuro es poco. Alejarse de la espiritualidad del gozo es desfigurar lo que Jesús representa para la humanidad. Por eso, el futuro del cristianismo está ligado a un mensaje de felicidad y de bienaventuranza. Para lo cual: abandono del Dios violento; abandono de la ética de obligación sustituyéndola por la de necesidad; abandono de la espiritualidad del dolor y del sacrificio por la de la felicidad. Es preciso elaborar una mística de la felicidad: una felicidad que se construye, que apunta sobre todo a los otros, que no se impone sino que se contagia.

Cuando hablamos de esta alegría “que no se puede arrebatar” estamos hablando de algo más que un mero componente de la psicología humana. La alegría común es frágil, fácilmente arrebatable. Se puede aspirar a un tipo de gozo estable y compatible con situaciones de evidente dificultad. ¿Es esto una quimera? La vida serena y sosegada de muchas personas marcadas por la limitación demuestra que no. Quizá para ello haya que dar un paso más allá del propio sufrimiento para descubrir en el otro la solidaridad que puede sacar a la persona de la cárcel terrible de su mal. Si se es capaz de echar la mirada a horizontes más amplios es entonces cuando se descubre la hermosura de la solidaridad fraterna. La adversidad retrocede hasta sus propios límites sin invadirlo todo.

La recuperación de las alegrías sociales es una cuestión de alta necesidad. Sobre todo la alegría de ver que entre los humanos, desde la mandíbula de Dmanisi hasta la última de las ONG de hoy, ha existido la entrega a los débiles, por mucho que el nivel al que hemos llegado no sea, ni mucho menos, el deseado. Es cierto, contra Darwin, que los grupos que tienen mejor futuro no son los más fuertes, sino los más solidarios. Por eso, al necesario aumento de la solidaridad habría de acompañar un crecimiento del gozo por la sociedad. Quien se entristece o protesta porque la sociedad vaya enfocando sus recursos (una partecita de ellos, nada más) a las causas de los pobres no solamente no entiende el Evangelio, sino que no está en los parámetros de lo humano. Cada logro social, cada pequeño avance en igualdad, en consideración y respeto, cada tratamiento positivo de quien soporta más los pesos de la historia, habría de ser celebrado como el mejor de los triunfos humanos.

 

 

 

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¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA ENTREGA?

 

Reflexión:

 

         No podemos decir que la entrega sea un valor en alza. Se ven más los contra (dominio, utilización, sumisión) que los pros. Las entregas tienen un valor en sí mismas, no se pierden y no dependen del aplauso, del premio o del pago. Pertenecen al lenguaje del amor.

         En la teología del AT la cosa es muy fuerte: la entrega se da cuando Dios se vuelve de espaldas y deja desconcertado al creyente quien, por su alejamiento de la alianza, ya no puede ver su rostro de Dios (Sal 29) Este es su mayor sufrimiento.

  • Jesús se define a sí mismo como un “entregado” (Mc 9,31) algo que desconcierta mucho a los discípulos que esperan prebendas de un Mesías poderoso. Pero él es un entregado con todo el peso teológico de la expresión.
  • En Jn 13,21ss se desvela la realidad de quien le va a entregar (Judas) dándole un trozo de pan untado. Quizá pueda significar que aunque Judas le entrega, Jesús sigue amándole (el pan untado como gesto de cariño).
  • En Lc 22,48 se dice que Judas entrega a Jesús con un beso, una manera insólita de señalar. Quizá tras ella esté la realidad de una entrega sin premio que tiene dentro, al límite, el componente del amor. El amor que envuelve la entrega.

 

Texto: Jn 15,12-13:

 

         «Este es el mandamiento mío: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande por los amigos que uno que entrega la vida por ellos».

 

  • El amor de Jesús es asimétrico: ama aunque no se le ame, devuelve amor aunque no reciba amor, sigue amando por encima de todo desamor. Es el mandamiento (resume todos los mandamientos) que ha de distinguir al cristiano (Jn 13,34-35).
  • El amor por los amigos es el “más grande” (más, incluso, que el amor a Dios). Esa es la manera con que Dios quiere que se le ame: amando a quien se dice amar, e incluso amando a quien no te ama (Jn 15,13-14).
  • Ese amor se concreta en la entrega de la vida que puede ser entrega de una tacada, raras veces, o en la entrega cotidiana, poco a poco. Medir la adhesión a Jesús por la entrega, no tanto por mantener y suscribir una ideología.

 

 

 

Aplicación:

 

Otra mirada al mundo de los “entregados”. Además de inspirada, la Palabra es inspiradora: puede arrojar luz sobre situaciones de la vida que se hallan envueltas en tinieblas personales o sociales. En ese sentido, la Palabra es terapéutica, capaz de curar y aliviar.

         La comprensión de Jesús como un “entregado” puede echar luz sobre los entregados a su pesar, sobre los dejados del lado por los sistemas, sobre los “descartados” de antemano y por ello entregados desde el nacimiento. Son los 14 millones de personas que malviven campos de refugiados, los varados en Centroeuropa por el cierre de fronteras, los separados por muros y situados en tierra de nadie, los apátridas, los sin papeles y sin posibilidad de tenerlos algún día. Una legión de entregados sociales que no es que sean pobres sino, algo peor, que no cuentan en absoluto para el devenir del mundo. Son los que andan caminos de exilio que no llevan a ninguna parte, errantes que solamente llevan consigo “la cosa más importante” que, a veces, es una nadería, una olla, una red de pesca, un muñeco las niñas.

         ¿Cómo valorar de otro modo la entrega de quienes son entregados? Sigue siendo imprescindible, aunque no suficiente, la conmoción, el impacto, y con ella la capacidad de indignación, sentir la blasfemia contra lo humano. Algo que se rompa por dentro y nos rompa por dentro. Pero no es suficiente con conmoverse: es preciso también moverse, quebrar la inercia social que nos tiene paralizados, creer en la decisividad de los pequeños signos, mirar hacia delante y a los lados y unirse a quienes han logrado esbozar algún tipo de respuesta. Y luego, habrá que intentar moverse organizadamente para presionar con más eficacia a los gobiernos sistémicos y su criminal política de exclusión y para poder ser más eficaces en la ayuda coordinada que en la ayuda desconectada. Todo un proceso, todo un itinerario de reencuentro.

         Esta espiritualidad podría llevarnos al logro de modificar el imaginario social y descubrir en el duro mundo de los entregados el brillo oscuro de uno valores primordiales. La revalorización de la persona por el extraño lenguaje de su desprecio: cada mirada, cada paso, cada muerte, son un grito que subraya el enorme valor de lo que se menosprecia. Por eso, los entregados son el lenguaje más profundo del valor de lo humano, por más que el sistema haga oídos sordos o, incluso, quiera sofocar esa voz.

         Además, son los descartados los adalides de la utopía de la justicia. En la enorme injusticia que sufren se vierte el anhelo inagotable de la justicia que se debe a los excluidos. Eso, por supuesto, no justifica su condición de entregados. Pero sin su grito, la débil voz de la justicia se extinguiría y no nos daríamos cuenta. Queda cuestionado desde ahí el sistema profundamente injusto en el que mundo occidental, cristiano, ha asentado su sociedad. Lo cuestiona y lo desmiente por mucho que se apele a raíces culturales cristianas.

         Así mismo, en las ruinas de su enorme desgracia, brota, con frecuencia, la hermosa planta de la fraternidad. Dicen, en el lenguaje de los entregados, que no hay fuerza capaz de agostar tal planta, que siempre brotará imparable la tendencia de un corazón hacia otro corazón. Esa es la gran denuncia, por vía de humanidad, que hacen a un mundo encastillado en posiciones de vida, de economía y de política que no está dispuesto al compartir humano.

 

 

 

 

 

 

 

 

24

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA PAZ?

 

Reflexión:

 

         La paz es, sin duda, un anhelo en las paginas bíblicas. Pero como Israel ha sido, y lo sigue siendo, un pueblo belicoso, en realidad la paz ha brillado por su ausencia. No deja de tener su ironía que el ayuntamiento de Jerusalén pida a la ciudadanía que rece por la paz mientras desmantelan casas en los territorios ocupados o acorralan a los palestinos en la franja de Gaza.

         Oficialmente, el tiempo de Jesús fue un tiempo de paz: la pax romana y no hubo, al parecer, brotes de violencia por más que los romanos en general y Pilato en particular fueran piedras de tropiezo. Algunos han querido ver en Jesús a un zelotes, un revolucionario político, pero es, a todas luces, excesivo. En lo básico de su mensaje está presente la paz.

  • Ya hemos dicho que la oferta de paz es el núcleo del anuncio del reino, más allá de cualquier dificultad (Mt 10,12). La paz es algo que “se merece” con lo que se conecta o no. No es un mero anuncio, no se impone, se acoge o no se acoge. Es una paz que afecta al fondo de la persona.
  • Puede encontrarse una dificultad en Mt 10,34 donde se dice que Jesús ha venido a traer no paz, sino espadas. Es un texto post-misional: refleja las dificultades encontradas en la misión cuando se ha ofrecido el reino a los clanes familiares. No todo ha sido fácil. Pero el mensaje como tal no pretende una confrontación, sino una relación humanizadora.
  • En Jn 14,27 dice Jesús que él no se despide como todo el mundo. Él no da el saludo de paz para irse, sino para volver y quedarse. Con ello se está diciendo que la paz de Jesús acompaña el caminar humano. Vivir en litigios es desautorizar al Jesús de paz que nos acompaña.

 

Texto: Mt 5,9:

 

         «Dichosos los artesanos de la paz, porque a esos los va a llamar Dios hijos suyos».

 

  • Se refiere a quien construye la paz en modos “artesanales”, delicadamente, cuidadosamente, paulatinamente. No se trata de la paz que se logra por vía de un decreto político, sino la que se consigue por “seducción”, por haber desvelado la hermosura de una vida en paz y haber ampliado el número de quienes la aman.
  • Es un trabajo, algo que se hace con esfuerzo y se logra con tenacidad. Es algo en el marco de la relación humana. La oración por la paz es una ayuda, pero la paz se logra en la arena de la vida corriente.
  • Esa actividad hace a la persona semejante a Dios, porque esa es justamente la obra que Dios hace en la historia (así es imagen y semejanza de Dios).
  • Por esa obra la persona es hijo, se pone al nivel mismo de Dios. Hacer obra de paz es el modo de que la persona se “divinice”, viva en el nivel mismo de Dios.
  • Cree el evangelio que la felicidad individual y social tiene que ver con el logro de esa paz.

 

Aplicación:

 

         La realidad de paz es cosa que oscila. En el panorama internacional no gozamos ahora de los mejores momentos. Se achaca esta debilidad al mal hacer de los grandes políticos olvidando que están donde está porque el ciudadano de a pie ha querido ponerlos ahí. Nuestra responsabilidad en la situación de paz o de conflicto resulta evidente. Resulta sencillo denostar a un político pero hay que mirar y mirarse en derredor porque una parte notable del asunto está en el escenario de la cotidianeidad de la que hacemos parte.

         A veces encontramos noticias curiosas que pasan desapercibidas: en el pasado abril el papa Francisco recibió en santa Marta a los jefes militares del grave conflicto de Sudán. Dicen las notas de prensa que el papa les beso los pies. El gesto, de ser cierto, resulta insólito. Quizá se quiera decir: estoy dispuesto a rebajarme con tal de que reconsideréis vuestras posturas de las que, por desgracia, dependen la vida de miles de pobres. Cualquier cosa por el logro de la paz. Se achaca a este papa que solamente haga gestos. Es, tal vez, lo único que puede hacer. A esa pobreza de acción ha llegado la iglesia.

         De cualquier modo, y mirándonos a nosotros mismos, pretender que la oferta de paz del reino arraigue en la sociedad pasa por que lo haga en el corazón de cada uno nosotros. Bien lo decía Francisco de Asís a sus hermanos: la paz que predicáis habite primero en vuestro propio interior. De lo contrario estamos construyendo sobre falso.

 

 

25

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA JUSTICIA?

 

Reflexión:

 

         La justicia es un tema mayor en la espiritualidad del AT. Por eso, tiene muchas variantes, algunas muy profundas como las del significado de la justicia de Dios. Pero, de una u otra manera, todas las acepciones pasan por una justicia histórica: si aquí, en los caminos humanos, no se logra la justicia se corre el riesgo de hablar de una entelequia, de algo inexistente.

         Por eso mismo, los evangelios sitúan la justicia en el más acá de la historia: es en este mundo donde se verifica si el dinamismo de la justicia puede transformar la historia o no. Des-historizar es anularla.

  • En Mt 5,10 se dice que los que son perseguidos por causa de la justicia tienen a Dios por rey (como los pobres del v.3). Quien trabaja por la justicia está construyendo ya la ciudad futura, no tiene que esperar a edades ulteriores. Los justos construyen el mundo, lo sepan o no.
  • En la parábola del fariseo y del publicano (Lc 18,9-14) vemos no solo dos maneras de orar sino dos modos de vida: baja “justificado a casa” quien pone por delante el tema de la dignidad; quien no lo pone, como el publicano, no logra acceder al terreno de la justicia.
  • En (Mt 6,33) se habla de “buscar el reino de Dios y su justicia” como primer objetivo del horizonte evangélico. Es cierto que esa justicia es muy abarcante. Pero, en cualquier caso, pasa e incluye la justicia histórica.

 

Texto: Lc 16,19-31:

 

«Había un hombre rico, que vestía de púrpura y lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y había un pobre, llamado Lázaro, cubierto de llagas y echado a la puerta del rico, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamerle las llagas. Murió el pobre y los ángeles lo llevaron junto a Abrahán. Murió también el rico y lo sepultaron. Estando en el lugar de los muertos, en medio de tormentos, alzó la vista y divisó a Abrahán y a Lázaro a su lado. Lo llamó y le dijo: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro, para que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua; pues me torturan estas llamas". Respondió Abrahán: "Hijo, recuerda que en vida recibiste bienes y Lázaro, por su parte, desgracias. Ahora él es consolado y tú atormentado. Además, entre vosotros y nosotros se abre un inmenso abismo; de modo que, aunque se quiera, no se puede atravesar desde aquí hasta vosotros ni pasar desde allí hasta nosotros". Insistió el rico: "Entonces, por favor, envíalo a casa de mi padre, donde tengo cinco hermanos; que los amoneste para que no vengan a parar también ellos a este lugar de tormentos". Le dice Abrahán: "Tienen a Moisés y los profetas: que los escuchen". Respondió: "No, padre Abrahán; si un muerto los visita, se arrepentirán". Le dijo: "Si no escuchan a Moisés ni a los profetas, aunque un muerto resucite, no le harán caso».

 

  • La escena dibuja el perfil de un injusto, el rico, que ni siquiera se da cuenta de que lo es: banquetea todos los días, ignora a Lázaro, se viste de púrpura (el tejido más caro). Un ejemplo evidente de autorreferencialidad: no solamente no le importan los pobres sino que ni se entera de que existen. Injusto y sin ninguna clase de remordimiento.
  • Lázaro (el pobre tiene nombre, el rico no) está echado a su puerta porque tiene algún tipo de dependencia económica con el rico: injustamente echado fuera cuando tendría que haber participado de la riqueza que contribuyó a generar. Doblemente marcado por la injusticia: ni se le dio lo suficiente, ni se le da ahora.
  • La parábola tiene una pega fuerte al situar en el más allá la retribución de la justicia: es aquí donde habría que haberla situado; es aquí donde se tendría que haber llevado algún tipo de acción correctiva contra el injusto rico.
  • La autorreferencialidad del rico es tan compacta que persiste incambiable en el más allá: no le interesa más que su lengua (no la de nadie más), los de la casa de su padre (no los del pueblo), un Dios a su servicio que mande un resucitado de su parte. Es como si se dijese: con la injusticia de los ricos no hay nada que hacer, es tan pétrea que solamente se combate huyendo de la como de la peste.
  • Escuchar a los profetas de la justicia es imprescindible para no caer en las redes de la injusticia avasalladora.

 

 

 

Aplicación:

 

La lucha por la igualdad económica. El Papa Francisco ha estigmatizado con duras palabras la “economía que mata”: “Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata” (EG 53). ¿Hay que tomar estas palabras en serio o es un dura metáfora a la que no se le otorga más importancia que su carga literaria? El modelo económico neoliberal, que es el que nos invade, es un asesinato de inmensas proporciones en el sentido más real de la palabra y un formidable ecocidio. La economía de la exclusión es asesina en sus conceptos más básicos.

         En muchas ocasiones Francisco ha denunciado la enfermedad de la economía que es la progresiva transformación de los empresarios en especuladores cuando el objetivo de sus beneficios pasa por encima de las personas. Es el resultado de una economía sin rostro, despiadada, cuyos reglamentos y leyes pensados para los no honrados terminan por perjudicar a los honrados. El perverso fruto de estos dinamismos sociales es la desigualdad económica y sus terribles secuelas. Por eso, el quid de la economía que mata hay que situarlo hoy en el tema de la desigualdad.

         La vida bajo la desigualdad tiene una serie de consecuencias innegables. La primera de ellas es, simplemente, que acorta la vida: los países bajo la pobreza tienen medias de vida muy bajas y en los países ricos el alargamiento de vida en las capas sociales pobres o con poca educación es mucho más lento que en el resto de la población. La segunda consecuencia afecta sobre todo a los niños y es el retraso en el crecimiento como secuela de la malnutrición infantil. “Casi la mitad de los niños indios menores de cinco años sufren esa condición, al igual que el 40 por ciento de los niños de África subsahariana y de Indonesia”. Efectivamente, la malnutrición masiva tiene un tremendo impacto en el desarrollo humano. ¿Cómo va a tomar cuerpo el aserto de Mt 5,48 sobre la bondad acabada en la persona que llega al techo de sus posibilidades si estas se cercenan desde la infancia?

         Hay que considerar también las puertas de la exclusión que son las puertas que llevan al abismo de la desigualdad. La primera es la desmembración social porque la desigualdad de recursos desgarra a los pueblos por las costuras de clase. Se ve cada vez como normal que, a veces en el breve espacio de una zona de la ciudad, convivan los muy ricos en sus apartamentos de lujo y, a pocos metros, están las casas de chapa de los más pobres. Las ciudades se han convertido en núcleos de desigualdad. La violencia urbana no es ajena a esta desmembración. En segundo lugar hay que reconocer la cultura del despilfarro, que también el Papa Francisco ha censurado con rigor. Es socialmente proverbial el despilfarro militar no solamente en los países ricos, sino con frecuencia en los más frágiles.

 

 

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¿QUÉ DICE EL EVANGELIO

SOBRE LOS EXTRANJEROS?

 

Reflexión:

 

         En el AT hay toda una espiritualidad favorable a los extranjeros “porque fuiste extranjero también tú” (Ex 22,21). Pero, en realidad, Israel cultivó a fondo un profundo menosprecio a los extranjeros a los que tenía por destinados al infierno desde el nacimiento. Por eso nos extraña que Jesús viajara al extranjero (Tiro, Decápolis) sin que se le hubiese perdido allí nada.

         De hecho, este tema de los extranjeros será el gran primer problema de la naciente comunidad cristiana: si tales sujetos son dignos del reino ofrecido por Jesús o no. Los hechos demostraron que sí, aunque les costó mucho, sobre todo a ala mas conservadora (Santiago y los de su grupo), admitir la evidencia de que la fe arraigaba entre paganos.

  • Cuando Jesús quiere desconcertar a sus discípulos les dice: “Vamos al otro lado” (Mc 4,35). ¿Por qué les desconcierta eso? Porque al otro lado están los paganos y un Mesías para paganos es una contradicción. La terquedad de Jesús de ir ahí está indicando que “alguien” (el Padre) le empuja en la dirección de la universalidad.
  • Explícitamente dice que Jesús “llegó al país de los gadarenos” (Mt 8,28). No se dice que hubiera ningún fruto de cara al reino, más bien lo contrario (Mt 8,34). Pero como dice Jn 4,38 esta “fatiga” tendrá su fruto en otro momento.
  • En Mt 8,5-13 se presenta la figura de un militar romano que confía en Jesús al modo militar. Jesús tiene elogiosas palabras sobre él: “No he encontrado fe en Israel como la de este hombre” (v.10). Jesús llega a pensar (es una verdadera evolución) que también los paganos acceden al reino, por más extranjeros que sean.

 

Texto: Mc 7,24-31:

 

«Después Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto. En seguida una mujer cuya hijita estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de él y fue a postrarse a sus pies. Esta mujer, que era pagana y de origen sirofenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio. El le respondió: “Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los perros”. Pero ella le respondió: “Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migas que dejan caer los hijos”. Entonces él le dijo: “A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija”. Ella regresó a su casa y encontró a la muchacha acostada en la cama y liberada del demonio»

 

  • Una primer cuestión es quién le empujó a Jesús a tomar la decisión de ir al extranjero: ¿el Padre, en sus noches de oración (Mc 1,35)? Era una verdadera novedad.
  • Él va desasosegado porque le resulta difícil asumir esa dirección. Al fin y al cabo era un judío. La frase dura que le dice a la mujer (“no está bien echar el pan de los hijos a los perros”) deja ver a las claras ese desasosiego.
  • Pero fue, por mucho que Tiro nos parezca que está cerca de Israel (40 km) era el extranjero, otra cultura, otra fe (los dioses fenicios), otra cultura. Un viaje a tierras de paganos en toda regla.
  • El prodigio verificado en Tiro es, como ocurre en Israel, la liberación de la niña de algo que le constriñe (el poder superior de la madre) hasta hacerla muchacha, persona adulta (hijita-hija-muchacha). También el extranjero ha de llegar a la adultez: tarea común a toda persona. A esa tarea quiere ayudar la propuesta de Jesús.

 

Aplicación:

 

La superación de las tensiones históricas por la asunción de la diferencia.A estas alturas de la historia la persona ha experimentado por enésima vez que las diferencias mal asimiladas son la causa de múltiples sufrimientos sociales. Las pretensiones hegemónicas, los nacionalismos exacerbados, las dictaduras crueles, las enormes dificultades para que los pueblos caminen en la misma dirección tienen como fuente principal la imposibilidad para asimilar la diferencia. Es un movimiento que nos conecta con la época de las cavernas: resulta dificultoso ver al habitante de la otra caverna uno al que no hay que combatir. Precisamente por ser algo tan ancestral es una realidad de muy difícil orientación.

Se puede comprender fácilmente que el odio al distinto tiene aquí su raíz y que la tarea de asumir la diferencia es algo de un volumen que, con frecuencia, sobrepasa a los humanos.

Este problema se agranda cuando el odio al distinto alcanza niveles de globalización, salta las fronteras de un país y comienza a implicar a gentes de cualquier lugar de la tierra. Los recelos entre las sociedades están bien vivos y el odio a las minorías sigue funcionando. La supuesta lucha por la identidad lleva emparejada la violencia, signo evidente de la dificultad de armonizar caminos de vida múltiples y fragmentados.

Hay maneras de asumir diferencias que se asientan sobre falso: toda suerte de imposición del más fuerte, mediante dictaduras, presiones económicas, tiranías culturales. El imperialismo cultural es, sin duda, una forma de machacar las diferencias en beneficios de la cultura dominante, la del neoliberalismo más crudo asentado en los países más desarrollados, sobre todo USA. Se puede definir imperialismo como la “actitud y doctrina de quienes propugnan o practican la extensión del dominio de un país sobre otro u otros por medio de la fuerza militar, económica o política”.

Una forma más sutil de puentear las diferencias es uniformar, hacer que todo el mundo valore, hable, se comporte en modos uniformes, esos modos que están dictados de antemano por la moda, el consumo, la banalización de la individualidad. Este es un objetivo prioritario del imperialismo cultural. “El imperialismo tiene como finalidad exportar e imponer los valores y cultura de los países desarrollados, hacia los países receptores, los cuales adoptan de una manera pasiva y casi imperceptible los flujos informativos y los productos culturales extranjeros”.

Pero hay otra serie de caminos más posibilitadores. Son aquellos que comienzan trabajando la memoria, que se resisten al olvido como manto que cubre heridas que es preciso restañar y curar. Como dice R. Mate, “hacer presente el pasado de los vencidos amplía el campo de la justicia”. El campo de la justicia se amplía con el perdón. Si se quiere edificar en justicia es necesario contar con los agravios del pasado para integrarlos en el proceso de construcción armonizable del presente.

Será necesario, igualmente encajar la evidencia de que la diferencia es un componente ineludible de los seres históricos y que pretender ignorarla es una rotunda equivocación. Más aún, será preciso ver la diferencia como un valor, como una posibilidad de enriquecimiento, no solamente en lo que tiene de obstáculo. Es el gran valor de la diferencia. La única manera de contrarrestar el efecto desintegrador de la diferencia es, justamente, convertir la diferencia en un motor del hecho social. “Aceptar a estas personas [diferentes] es, entenderlas y comprenderlas como personas diferentes, como individualidades que puedes querer o aborrecer, que te importan o de las que pasas pero en las que ves, además de su limitación -evidente o no-, sus valores, sus inquietudes, sus motivaciones, su forma de ser. Aceptarlas como un factor más, como un elemento que junto con muchos otros, determinan su personalidad. No hay que integrar a los diferentes, mediante sistemas paralelos. Hay que permitirles vivir en el mundo -el nuestro y el suyo-, y que se coloquen donde quieran estar. Hay que dotarles de la capacidad necesaria, para que puedan tener las mismas oportunidades, que el resto de las personas para vivir como ellos quieran vivir”.

 

 

27

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA TERNURA?

 

Reflexión:

 

         Para muchos, el AT es un libro todo menos tierno, duro, sangrante, violento. Algo de razón no les falta. Pero también contiene textos donde brilla la ternura (“como un niño a quien su madre consuela” Is 66,13; “con lazos de ternura, con cuerdas de amor, los atraje” Os 11,4). No podía ser de otra manera porque la Biblia recorre todos los recovecos del alma humana y uno de ellos es la ternura.

         La figura de Jesús en los evangelios no aparece especialmente tierna, aunque hay rasgos. Tampoco hay textos muy elocuentes sobre la ternura. Pero podemos encontrar “semillas” que alimenten este rasgo tan interesante de las espiritualidad humana.

  • Dice en Mc 6,34 que al ver Jesús a la gente que andaban como ovejas sin pastor “se puso a enseñarles con calma”, que es lo mismo que decir que les enseñaba con paciencia no exenta de una cierta ternura. No es el profeta airado, ni el sabio que no acepta interrupciones: es el que tiene calma porque conoce la necesidad del corazón del otro. Y él, en la medida que puede, acude a esa necesidad.
  • En Jn 11,35 se dice que ante el hecho de la muerte de Lázaro, “se le saltaron las lágrimas”. Más allá de su significado en la narración joánica (el llanto por no ser entendido como posibilidad ante la muerte) se desvela en el dato una indudable ternura de Jesús por su amigo muerto. Presentar a un Mesías que llora por un amigo es algo insólito porque apunta a la realidad de un Mesías con corazón.
  • Pero donde más aparece la ternura de Jesús es en su manera, hermosa y rara, de denominar a Dios con el modo infantil de “Abbá” (Mc 14,36): En ese simple término (de la misma boca de Jesús, según J. Jeremías) se insinúa la ternura con la que Jesús entiende al Padre y su relación con él.

 

Texto: Mt 11,28-30:

 

         «Acercaos a mí todos los que estáis rendidos y abrumados, que os daré respiro. Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy sencillo y humilde: encontraréis vuestro respiro, pues mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

 

  • Parece que existía entre los judíos contemporáneos de Jesús una discusión nunca cerrada del todo sobre qué mandamientos de la Ley eran “pesados” y cuales otros eran “ligeros”. Es decir: cuáles eran obligatorios y cuáles de libre cumplimiento. Es que el judaísmo había generado una jungla de preceptos y preceptillos que al final conformaban un todo realmente opresor.
  • Jesús se dirige al pueblo sencillo que sufre el peso de los legisladores, de aquellos que no mueven un dedo para contribuir a llevar la misma carga ellos han puesto (Mt 23,4). Están rendidos y abrumados por la vida dura y, encima, están más agobiados por la religión que tendría que haberles ayudado a su liberación. Doblemente sojuzgados.
  • Jesús propone dar un respiro de una manera muy sencilla: su propuesta es llevadera y ligera. Es decir: él se alía con el lado de lo ligero. Lo de Jesús no es obligatorio, brota de la libre adhesión del corazón. Obligar a aceptar su propuesta es como obligar a amar. Un amor obligado es una contradicción en sí mismo.
  • Él mismo ha hecho la prueba de enfocar su vida desde la sencillez y la humildad. Ese es el camino de liberación que propone. Pero, a la vez, su propuesta es fuertemente liberadora e, incluso, reivindicativa: habla de una nueva alternatividad lejos y en confrontación no buscada pero real con el sistema opresor legal.

 

Aplicación:

 

La ternura social es necesaria. Parece obvio, pero construir la comunidad social demanda, más allá de una simple “amistad cívica” (algo de por sí muy valioso) un verdadero afecto hacia la sociedad. Querer a la sociedad no es un sentimentalismo barato, sino haber llegado a la convicción profunda de su necesidad para el más personal de los desarrollos. Esta convicción toma el rostro del verdadero afecto, de la adhesión cordial e, incluso, de la ternura. ¿Es posible construir la sociedad humana sin realmente amarla? No será fácil. Pero para amar la sociedad quizá haya que comenzar a amarse a sí mismo, por obvio que parezca. ¿Cómo puede el hombre sentir ternura por otro hombre, por todas las criaturas, por la naturaleza de la tierra y de los cielos, si no consigue sentirse tierno con respecto a sí mismo? De ahí podrá derivar y dar contenido a esa “caridad política”, esa colaboración al bienestar del otro a través de estructuras sociales, que el cristianismo ha invocado y que aún se halla en la zona de las sombras. Todo esto no es posible sin amar la sociedad, sin hacerla objeto del amor más personal. No se trata de amar una entelequia, sino una realidad vida que está ahí y que interpela. Y desde aquí se podrán construir una cridad social que trabaje en la simple línea de sembrar ternura en la, con frecuencia, dura vida de los frágiles.

 

 

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¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL DISFRUTE?

 

Reflexión:

 

         Las épocas antiguas fueron más duras que la nuestra. Por eso, hablar de una espiritualidad del disfrute a nivel popular quizá sea excesivo (Abderramán III dijo aquello de los 14 días de felicidad). Sin embargo, la historia humana siempre ha ido tras la dicha y en la Biblia queda reflejado claramente (Qoh9,7-10).

         Los evangelios no ponderan directamente el disfrute. Pero no hay que olvidar algo que hemos dicho en otras ocasiones: el programa de Jesús es, ante todo, un programa de dicha. Por ella está interesado, más que por el pecado. Si se quiere construir la adhesión a Jesús, adhesión de amor, habrá que contar con el disfrute porque ¿qué es un amor sin disfrute?

  • En los evangelios hay, a veces, como dos niveles: Jesús habla a la gente de una manera, pero luego “en casa” se expresa con más detalle y amplitud (Mc 7,17). Posiblemente que tales encuentros estaban enmarcados en el gozo de la amistad profunda.
  • Dice en la escena de Zaqueo (Lc 19,1-10) que Jesús fue acusado de ir a “alojarse” en casa de un pecador. El verbo tiene unos trasfondos curiosos: alude al hecho de que, cuando un visitante se hospeda en una casa, avía primero los animales en la cuadra y luego sube para comer y “se suelta el cinturón”, se pone cómo dispuesto a la cena y a la larga charla. Algo de eso indica el verbo “alojarse”: ha hablado tranquila y disfrutantemente con un pecador. Un Jesús que habla con disfrute con nosotros. Una maravilla.
  • A veces se ha interpretado el texto de la vuelta de la misión (Mc 6,31) como ir a un sitio tranquilo a descansar, a rezar, a disfrutar. Quizá tenga más que ver con un lugar de reorientación porque no han hecho la misión correctamente (han enseñado al modo judío). Pero posiblemente el marco de la naturaleza fue gozoso para Jesús y los suyos.

 

Texto: Mt 11,16-19:

 

«¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros:“Hemos tocado la flauta,
y no habéis bailado;hemos cantado lamentaciones,y no habéis llorado.”Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores.”Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios».

 

  • Este texto insólito muestra la causa del rechazo de Jesús: es que Israel es un pueblo que, por definición, rechaza a cualquier profeta que se le envía, coma o ayune. Esto es la excusa, pero en el fondo hay una actitud que impide acoger la presencia de Dios en la mediación histórica.
  • De cualquier manera es interesante que Jesús quede caracterizado como uno “que come y bebe”, como uno que disfruta con lo más básico de la existencia humana. No es un profeta en el monte, no es un asceta ayunante, no es un rechazador de los caminos de la vida. Es uno como todos que disfruta comiendo y relacionándose.
  • Los “títulos” de comilón y borracho son extraños aplicados a Jesús pero definen muy bien su sintonía con el camino humano, aunque sea por vía del insulto. Un Mesías mezclado a lo nuestro, a nuestros gozos y sinsabores.
  • Las obras de Jesús a favor de la persona hacen ver “la sabiduría de Dios”, la certeza de que Dios ha elegido el camino humano para manifestarse y que apartarse de ese camino, no disfrutarlo, no es la opción adecuada.

 

Aplicación:

 

La sociedad moderna parece que cuida el cuerpo, incluso en exceso, aunque sea solamente la parte de la corporalidad. Habría que ir construyendo una espiritualidad sobre y desde el cuerpo, por paradójico que parezca. El abandono del cuerpo lleva al abandono de la espiritualidad, no lo olvidemos. Podemos llegar a preguntarnos, y sólo en apariencia es paradójico, si la causa de que en Occidente hayamos dejado de lado muchas veces al Espíritu Santo no será precisamente haber desacreditado y marginado el cuerpo humano. ¿Por qué, pues, no comenzar por una espiritualidad corporal a través del aprecio sensato y valorativo de los sentidos? ¿Por qué no elaborar una saludable espiritualidad corporal desde el disfrute del cuerpo? Disfrutar de la comida saludable, compartida; porque comer no es solamente nutrirse sino, la evidencia de que estamos llamados al banquete grande de la vida. Disfrutar con la naturaleza porque es madre que cobija y hermana que acompaña. Disfrutar con la lectura porque es lugar donde se recrea el alma. Disfrutar con el silencio porque ahí nos resituamos y nos rehacemos. Disfrutar con los abrazos, las caricias y el contacto físico porque con él hablamos el lenguaje del amor en modos eximios. Disfrutar con el canto porque es una ventana del alma a la vida. El disfrute, tan denostado por viejas espiritualidades, es un modo de reconciliación óptimo con nuestro cuerpo, un bálsamo y un paliativo de las incomprensiones y heridas que le inferimos. Sin la recuperación de la corporeidad es imposible avivar el espíritu humano.

 

 

29

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL FUTURO?

 

Reflexión:

 

         El presente de los tiempos bíblicos fue duro. Por eso mismo no vertían sus preocupaciones en el futuro, sino en el día a día. Pero el interrogante del futuro, que siempre ha acompañado el transitar humano, aparece con frecuencia en las páginas bíblicas (así en las páginas de Daniel o de Zacarías: oráculos de “aquel día”).

         En la época de Jesús había una preocupación popular por la venida del Mesías que coincidiría con los días finales del mundo. No se tenía el panorama evolutivo del cosmos que todos conocemos hoy por la ciencia moderna. Jesús mismo parece que heredó este pensamiento que pasó a ser una de las primeras preocupaciones de los cristianos (como se ve en 1 Tesalonicenses). No obstante, el pensamiento de Jesús sobre el futuro pasa por los modos del presente. No es uno que olvide el presente sino, como decimos modernamente, el futuro que tendremos pasa por el presente que tenemos, que construimos.

  • En las parábolas ecológicas que hemos visto (Mt 6,24-34) se repite varias veces: “no andéis preocupados”. Las excesivas preocupaciones no solamente bloquean la posibilidad de aceptar la propuesta de Jesús, sino que también malean y llenan de sinsabores el presente.
  • En Mt 10,23 y en Mc 13,30 se desvela el pensamiento de Jesús sobre un futuro inmediato en que el mundo llegará a su plenitud. Quizá sean textos que pertenecen a las primeras comunidades porque el actuar de Jesús no está marcado por ningún frenesí de esperanza inminente.
  • Es, sin duda, la comunidad cristiana la que ha elaborado una teoría sobre un futuro inmediato influenciada por el ambiente (Mt 24,29). Estando en situación difícil, han imaginado el futuro como una consumación, un cataclismo. No conocían las teorías del expansionismo del cosmos que conocemos nosotros. Pero ni aún así, el cristianismo primitivo ha logrado mantenerse en el marco de una indudable valoración de la historia, del presente: es necesario pasar por él para entender el proyecto de Jesús

 

Texto: Mt 25,31-40:

 

«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.    Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.” Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?” Y el rey les dirá: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis».

  • Es la quinta de las instrucciones del evangelio de Mateo. La más importante: el reino alborea cuando modifica el presente a favor de los frágiles. No se trata de que triunfe una religión, sino de que las necesidades humanas, la cuota de dicha de cada cual, sea un logro.
  • Una fe que no influye el presente no es la que propone Jesús. La suya es una religión hecha para modificar la historia a favor del humilde. Si eso no se da, el reino no alborea.
  • Por eso, la propuesta de Jesús modifica el tiempo, no el cronológico, sino el humano: cuanto más nos apuntamos a la justicia, tanto antes llega la plenitud; cuanto menos trabajamos la justica, tanto se retrasa el día del reino.
  • La propuesta de Jesús quiere mejorar las relaciones humanas del presente a todos los niveles. Si esa propuesta no influye en este momento está siendo estéril.

 

Aplicación:

 

El futuro queda hipotecado si no salimos de la conciencia aislada. Es muy posible que un análisis inmediato lleve a la conclusión de que en el actual devenir del mundo la conciencia aislada ocupa un centro que nadie es capaz de disputarle. Por eso mismo hay que tratar de construir un modelo ético que, al menos, aminore los efectos del imperio de la conciencia aislada.

         Tiene razón el papa Francisco cuando dice: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien” (EG 3).

         Para ello será necesario asomarse al interior del hecho social para sufrir un triple impacto: a) la percepción de la implicación creatural: por el hecho de ser criatura se crea una responsabilidad común con toda otra criatura; b) la activación del sentido de familia, ya que vivir con otros humanos nos hace iguales a ellos y crea lazos de familia básica de los que no sería ético renegar; c) llegar a percibir las situaciones ajenas de dolor como algo que es parte del propio dolor, ya que la respuesta al sufrimiento del otro da la talla de nuestra propia humanidad. Si no se cultiva este mundo de relaciones internas en el seno del hecho social, la deriva hacia la conciencia aislada será siempre un peligro que acecha.

         Todo ello habría de llevar a la persona a sentir un temblor común por el futuro de la vida, ya que la conciencia aislada es, sin duda, el mayor enemigo de tal futuro. Por el contrario, sea cual sea, el futuro de lo que vive está mejor garantizado cuando uno se abre a la realidad de lo otro sintiéndose parte de un todo que no anula sino que es garantía de futuro para cada persona, para cada criatura.

 

 

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¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LAS LIMOSNAS?

 

Reflexión:

 

         La sociedad cambia, pero la costumbre de la limosna continúa. Incluso adquiere otras formas de más rango social (subvenciones entendidas como limosnas, no como derechos sociales). En el AT y en la sociedad de Jesús es práctica común (eran tiempos de pobreza) y además en formas consagradas (por ejemplo la limosna que se da en Jerusalén tiene doble valor).

         Jesús no cuestiona la existencia de esa práctica penitencial, pero la reorienta, la trata a su manera. Esta reorientación lleva, en el fondo, a plantearse la coherencia de tal práctica religiosa y su consiguiente transformación en caminos de solidaridad, no tanto de dar, sino de darse.

  • El principio reorientador de la limosna es hacerlo “en lo escondido” porque es ahí donde el Padre lo ve (Mt 6,4). Esto quita el aguijón al veneno del donante que siempre quiere que conste su nombre, sobre todo si el donativo es cuantioso. Un dar poniendo delante el yo no es darse; y eso no entra bien en el camino evangélico.
  • El segundo principio reorientador es “que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha”. Es decir: no llevar cuentas de lo que se da porque esa es la manera de que, después, se pueda llegar a exigir una contrapartida. Porque si se exige contrapartida no estamos ya en el marco del darse.
  • El tercer principio reorientador es, según Mc 7,9-13 (declaración de “corbán”), que la justicia está por encima de la limosna. Por eso, si una limosna colisiona con la justicia, si mantiene la injusticia, es una limosna cuestionable según el pensamiento de Jesús.

 

Texto: Mc 12,41-44:

 

«Se sentó enfrente de la Sala del Tesoro y observaba cómo la multitud iba echando monedas en el tesoro; muchos ricos echaban en cantidad. Llegó una viuda pobre y. echó dos ochavos, que hacen un cuarto. Convocando a sus discípulos, les dijo:- Esa viuda pobre ha echado en el tesoro más que nadie, os lo aseguro. Porque todos han echado de lo que les sobra; ella, en cambio, sacándolo de su falta, ha echado todo lo que tenía, todos sus medios de vida».

 

  • El texto, que ya hemos citado en otras ocasiones, es un ejemplo claro de superación del dar por el darse. Efectivamente, la pobre mujer da “de su falta”, de su necesidad, de ella misma, no de lo que le sobra. Se da a sí misma en el poco dinero que tiene para sobrevivir.
  • Por eso queda presentada como ejemplo de ciudadana del reino: es ciudadano quien se va entregando a los demás sin llevar cuenta de lo que da y sin demandar ninguna alabanza porque su limosna se pierde en el mar de las otras limosnas.
  • Por otra parte, el lector de hoy pone un correctivo al texto: la mujer confía en que su limosna llegue a su objetivo, a los pobres. Esa confianza es un gran valor. Pero los vericuetos de las limosnas incontroladas son muchos. Por eso, se requiere la transparencia de que tales limosnas llegan al fin que se propone. Esta verificación no es desconfianza, sino el control que cualquier actividad económica necesita.

 

Aplicación:

 

Dar o darse. Aquejada nuestra sociedad de una mentalidad monetarista, la sociedad ha creído que dar era siempre un problema, sobre todo cuando se trata de dar los beneficios sociales a quienes no se consideran agentes productivos. Desde ahí no se ha podido entender que había otros bienes, no monetarios, que eran compartidos con los “improductivos” y que, por ello, podía haber un trasvase social de bienes, siendo el dinero uno más de ellos. Así se habría suavizado la tensión del dar y se habría ampliado su ámbito de influencia. Pero hay más: esta mentalidad monetarista es la que ha impedido ver que la razón y la meta del dar es el darse, que cuando la persona se da, independientemente de su situación económica, es cuando hay posibilidad de humanidad para todos, para el que tiene (que deja de tener tanto) y para el que no tiene (haciéndole ver que en el otro es donde tiene posibilidad y horizonte). Esa actitud interna de disponibilidad se concreta, a través de la certeza de responsabilidades adquiridas, en políticas sociales de compartir social. No se trata de subvencionar a modo de limosnas a quien tiene necesidad, sino de ver que los beneficios de todos han de ser repartidos entre todos. Por eso mismo el darse social apunta a modos de reparto nuevo que hasta ahora no se han abierto paso en el itinerario social moderno. El darse social revolucionaría el fenómeno del reparto y, con él, el horizonte social.

De entre los intentos que van en esta dirección es de destacar el de la renta básica que es un ingreso pagado por el Estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva. Sería un colchón que suavizaría el aterrizaje de los perdedores en la nueva economía. Las críticas de que desincentivaría la búsqueda de trabajo  y que es algo muy caro se tienen difícilmente en pie. Muchos economistas están convencidos de que la renta básica es una propuesta justa. Justa en un sentido muy preciso: garantizaría la existencia material de toda la población.

Pero el darse tiene sus coartadas: la pobreza, la carencia de poder, la insignificancia social, la dificultad para la comprensión de los vastos problemas de la sociedad, etc. Todo se parapeta en la sencilla pregunta de ¿yo qué puedo hacer? En realidad, esta cuestión habría de ser sustituida por la de ¿yo qué estoy dispuesto a hacer? Enarbolar coartadas es, con frecuencia, echar una cortina de humo sobre los problemas. En ese sentido hay que ejercer una continua crítica sobre la no intervención social. La implicación es más sutil y pasa por el compromiso personal con la conciencia. Por encima de otros compromisos con agentes sociales está el valor de la palabra íntima y de las creencias que cada cual tiene. Pero también, como antes dijimos, cuenta decisivamente el itinerario de responsabilidad que cada persona va construyendo.

Una sociedad asentada sobre el darse es, hoy por hoy, un sueño inalcanzable porque el ser humano camina en la historia, todavía, en fases de egoísmo primigenio que le hacen muy cuesta arriba la espiritualidad del darse. Por eso mismo, los niveles de igualdad social son, aún, bajos y son triunfadores aquellos, personas y entidades de gran volumen social, que luchan con denuedo no solamente por el mantenimiento de la desigualdad, sino por su acrecentamiento. Y siguen cosechando grandes éxitos aunque, creemos, que tienen los siglos contados.

 

 

CONCLUSIÓN

 

         Hemos hecho un largo recorrido por las páginas de los evangelios tratando de construir pequeñas síntesis en torno a cuestiones muchas de las cuáles son vitales para nosotros. El evangelio siempre es luz cuando se lo mira con interés y amor.

         Estas síntesis nos hacen continuas preguntas sobre nuestro modo de vivir la fe. Es buena señal: cuando la Palabra se vuelve pregunta para nosotros es que ha llegado a su fin, a su lugar correcto. Ir respondiendo con paz a estas preguntas es la tarea de la vida cristiana.

         El hacer este trabajo en grupo es un beneficio impagable no solamente porque estrecha nuestra relación, sino también porque ampara nuestra fe. Nos lo agradecemos vivamente.

 

NO TE PRIVES DE PASAR UN BUEN DIA

 

 

“NO TE PRIVES DE PASAR UN BUEN DÍA” (Eclo 14,14)

Disfrutar y agradecer de la etapa final de la vida 

 

         Estas reflexiones parten de un texto bíblico que cita el Papa Francisco. En EG 4 habla de las invitaciones a la alegría que vienen del AT. Y termina el número diciendo: «Es la alegría que se vive en medio de las pequeñas cosas de la vida cotidiana, como respuesta a la afectuosa invitación de nuestro Padre Dios: «Hijo, en la medida de tus posibilidades trátate bien […] No te prives de pasar un buen día» (Si 14,11.14). ¡Cuánta ternura paterna se intuye detrás de estas palabras!».

         Que un Papa nos anime a “tratarnos bien” y a “pasar un buen día” es cosa rara. Generalmente nos animaban al sacrificio, a la penitencia o a la honradez. Pero que nos animen al disfrute, al gozo, a la alegría, es cosa nueva.

         Tratarnos bien no es ir contra la austeridad, la pobreza o la pureza (esto nos ha marcado). Pasar un buen día no es sino reconocer el continuo don de Dios y de los hermanos a la vida. Por eso, entre nuestros propósitos cotidianos tendría que estar este de pasar, lo mejor posible, el día que Dios nos pone en las manos.

         Santa Clara lo entendió muy bien cuando rezaba aquello de «¡Gracias, Señor, porque me has creado!». ¿Cuándo hemos dado gracias a Dios por habernos creado? Pocas veces. Nos hemos quedado más en los “lamentos” por esta creación nuestra y por sus límites. Pero casi nunca hemos dado gracias por las posibilidades que nos ha abierto esta vida.

         Nos hace falta una mirada bondadosa, amable, bien humorada, positiva sobre la vida. Es preciso controlar nuestros “dolores” para que no lo ocupen todo y desaparezca de nuestros ojos el brillo de la vida.

 

1

DISFRUTE DEL CUERPO Y DE LA CORPORALIDAD

 

         El cuerpo ha sido un enemigo contra el que ha habido que luchar. Toda las ascesis ha ido por ahí. Pero el cuerpo, nuestro a veces pobre cuerpo, es nuestro hermano sin el que no podemos vivir. Habríamos de estarle agradecido, habría de ser benignos con él (no esclavos de él), tenerlo por compañero bueno de viaje. Porque lo bueno que tenemos nos viene por él, y lo limitado también. ¿Nos vamos a morir sin reconciliarnos con el nuestro cuerpo, sino haber sido tiernos con él?

         Hay una escena entrañable en los antiguos textos franciscanos. Como todos los frailes de la edad Media Francisco creía que la penitencia y el trato duro al cuerpo era lo normal para quien aspirara a la perfección cristiana. Pero no las tenía todas consigo. Y un día decidió consultarlo con un hermano que tenía el don de consejo. Y el hermano le dijo: ¿Te ha servido bien el cuerpo para ir hacia Dios, para ser hermano, para vivir el Evangelio? Y San Francisco dijo que sí. Entonces le dijo aquel hermano: ¿Por qué tratas mal a tu cuerpo si te ha servido tan bien? Y San Francisco pidió perdón a su cuerpo haciendo el propósito de tenerlo en cuenta y de ser amable con él. ¡Un santo que pide perdón a su cuerpo! Quizá habría que comenzar por ahí.

         Y luego está la corporalidad, los sentimientos, las maneras de ver la vida, lo que hay dentro del corazón, las buenas intenciones, el alma que llevamos dentro. Eso también hay que cultivarlo, cuidarlo, agradecerlo.

         No somos solamente cuerpo físico, también llevamos dentro un mundo hermoso y a veces limitado que conviene cuidar, que hay que disfrutar en la medida de lo posible.

 

1. Curso de amor a la vida

 

         Para llegar a tratar bien al cuerpo y la corporalidad, para disfrutar del cuerpo y de la corporalidad sería necesario que hiciéramos y aprobáramos un CURSO DE AMOR A LA VIDA. Porque se nos ha enseñado a amar la otra vida, a esperarla, a soñarla, a anhelarla. Pero, a la vez, hemos echado mucho vinagre, menosprecio, olvido y maltrato a esta vida. Y el Evangelio es para esta vida, para mejorar y disfrutar de esta vida. En la otra no necesitaremos de él.

¿Qué “asignaturas” tendría ese Curso de amor a la Vida? Algunas como estas:

  • El cuidado esencial: Aprender a cuidar al necesitado de cuidados, no solamente con actos puntuales, sino con una actitud: mentalidad de cuidador de la vida.
  • El disfrute elemental: Aprender a disfrutar con poco, con lo elemental, con lo diario, con lo compartido, con lo más popular, con la naturaleza cercana, con lo que disfrutan los niños.
  • La belleza común: Aprender a amar lo bello, lo limpio, lo bien hecho, las cosas con buen gusto, las palabras amables, la higiene y el orden, el arte popular.
  • La atención amante: Aprender a escuchar implicándose, interesándose, metiéndose en el asunto. Creer que los problemas de los demás, de alguna manera, me atañen. Mantener viva la sensibilidad por las situaciones de penuria humana, de cerca y de lejos.
  • La confianza de fondo: Aprender a no negar la confianza cuando ha habido fallo e, incluso, traición. Aprender el arte de mirar el fondo del corazón y no estrellarse en las apariencias.
  • La bondad general: No apearse de la certeza de que la bondad anida en toda la realidad, aunque, a veces, se halle muy oculta. De salida, pensar bien del otro, creer en la posibilidad de que sea alguien bueno.
  • La justicia anhelada: Aprender a estar en las “batallas” por la justicia, aunque la aportación sea minúscula. Escuchar con acogida los gritos de los injustamente tratados por la vida. Situarse de salida en el terreno de los afectados por cualquier injusticia.

Algo así tendría que ser ese Curso de Amor a la Vida que nos acerque a la realidad de Jesús, el que entendió la vida desde esos parámetros de novedad tan elemental y tan honda a la vez. No hizo nada de extraordinario (ni siquiera sus pobres milagros, como dice Sobrino). Su valor estaba en la hondura de lo sencillo, en el intento de hacernos ver que esta vida con su “limitada perfección” merece la pena ser vivida y disfrutada, aunque acumule goteras y decepciones. Pero también acumula valores y disfrutes, pequeños logros y caminos hermosos andados.

 

2. Disfrutar del cuerpo

 

         ¿Cómo a nuestra edad, con las limitaciones que vamos acumulando podremos disfrutar del cuerpo?

  • Disfrutar comiendo: Porque comer es imprescindible. Comer como humanos, hablando un poco, no metiéndonos en el plato y como si no existieran los demás. Agradecer la buena comida, disfrutar paladeando.
  • Disfrutar bebiendo: hidratándose como una necesidad. Si el cuerpo lo acepta, un poco de vino que alegra. Disfrutar de beber con sed, con deseo.
  • Disfrutar durmiendo: Aunque sea “a trozos”. Disfrutar de la tranquilidad de la cama o del sillón, al menos los ratos en que se duerma. Tranquilizarse ante la largura de la noche. Unirse a quienes viven y trabajan en la noche.
  • Disfrutar paseando: aunque sea por el interior de la casa. No apoltronarse sin dar un paso. Agradecer que podamos movernos o que nos puedan llevar las ruedas del carro. Dar gracias por nuestros pobres pies, cuidarlos.
  • Disfrutar de la naturaleza: del sol que entra por la ventana o de la lluvia de fuera que vemos a través del cristal. Tocar un poco las plantas. Agradecer las hojas de los árboles.
  • Disfrutar cantado: en las celebraciones religiosas o en las profanas, aunque nuestra voz se vaya quebrando por la edad. Cantar es hablar, rezar, dos veces. No poner mala cara ante los cantos. Disfrutar su texto.  
  • Disfrutar de la piel: sentir el aire que la roza, sentir el agua cuando nos aseamos, sentir la hermosura de nuestra piel, el órgano más amplio de nuestro cuerpo.
  • Disfrutar de la higiene: no como un deber pesado, sino como la suerte que es disponer de agua abundante, caliente, de productos de higiene personal. Disfrutar de estar limpios.

 

3. Disfrutar de nuestra corporalidad

 

         Porque ya hemos dicho que dentro de nuestro cuerpo hay cosas hermosas de las que merece la pena disfrutar:

  • Disfrutar de nuestras palabras: no sumiéndonos en un silencio sepulcral, ni tampoco siendo unos charlatanes cansinos. Disfrutar de hablar y de escuchar. Disfrutar también del silencio como uno de los lugares donde Dios y el corazón hablan a veces.
  • Disfrutar de nuestros sentimientos y emociones: No ocultarlos siempre, no reprimirlos. Llorar y reír sin vergüenza, como humanos que somos. Hablar alguna vez de lo que sentimos, con confianza, sabiendo que también los otros tienen un corazón que siente.
  • Disfrutar de nuestros anhelos y deseos: de lo que nos gustaría, de lo que quisiéramos para nuestra comunidad, para nuestra Congregación.
  • Disfrutar de nuestros amores: de los que hemos tenido, de los que tenemos. Valorar como un tesoro los nombres que hay en el corazón. Cultivar nuestros amores.
  • Disfrutar de la belleza sencilla, del orden: porque son caminos que nos llevan al gozo. Contribuir de buen grado al orden a que las cosas estén limpias y bien.

 

Estamos llamados al disfrute, a la dicha. El programa de Jesús no es un programa principalmente de penitencia, sino de gozo: “Dichosos”. Hemos sido creados para la dicha y el más grande pecado que hay, en consecuencia, es no haber sido dichoso.

 

He cometido el peor de los pecados 
que un hombre puede cometer. No he sido 
feliz. Que los glaciares del olvido 
me arrastren y me pierdan, despiadados. 

Mis padres me engendraron para el juego 
arriesgado y hermoso de la vida, 
para la tierra, el agua, el aire, el fuego. 
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida 

no fue su joven voluntad. Mi mente 
se aplicó a las simétricas porfías 
del arte, que entreteje naderías. 

Me legaron valor. No fui valiente. 
No me abandona. Siempre está a mi lado 
La sombra de haber sido un desdichado.

 

 

REFLEXIÓN EVANGÉLICA: Mt 11,16-19

 

         «¿A quién diré que se parece esta generación? Se parece a unos niños sentados en la plaza que gritan a los otros:

         Tocamos la flauta y no bailáis,

         cantamos lamentaciones y no hacéis duelo.

         Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron que tenía un demonio dentro. Viene el Hombre, que come y bebe, y dicen: “¡Vaya un comilón y un borracho, amigo de recaudadores y descreídos!” Pero la sabiduría de Dios ha quedado justificada por sus obras».

 

  • Es la gente del descrédito y del descontento la que no acepta ni a Juan ni a Jesús. Gente de la contradicción, porque aprecian la austeridad desde el lado religioso, pero no ven en el profeta austero la propuesta de Dios. Aprecian la solidaridad con el pobre, pero no ven en la compasión cotidiana la solidaridad en la que creen. Plantear el disfrute hace saltar enseguida la oposición de quien dice que eso es hedonismo, relativismo, cuando no pecado. Luego resulta que la raza de los “puros” es pillada en fallos de tal envergadura que nos avergüenzan. Y siguen como si no fuera con ellos, adoctrinando al personal como quien tiene autoridad moral, aunque la hayan perdido. Gente desacreditada y desacreditante por no amar la vida simple y sencilla de quien intenta vivir lo más humanamente posible.
  • Se proponen aquí dos caminos, caminos que podrían coincidir siempre que se tenga claro cuál es el importante y cuál el secundario. El camino de la austeridad y el camino del disfrute. Este segundo es el importante porque lleva dentro la compasión (“amigo de recaudadores y descreídos”, los excluidos de la sociedad). Disfrutar de la vida con los de la parte baja de la pirámide no puede hacerse sino con un corazón lleno de solidaridad, compasión y dignidad para con los frágiles sociales. El camino de la austeridad es importante pero, justamente, al servicio del anterior: austeros para ser más compasivos, más humanos, más sostenibles incluso. Al derroche solamente puede frenarlo la solidaridad compasiva con los frágiles.
  • La acusación de “comilón y borracho” (¡buenos adjetivos!) afecta a la entidad y misión del “hijo del hombre”, del Hombre pleno: la gente del descrédito piensa que eso desdora la pretensión mesiánica de Jesús. Pero, justamente ahí está su valor: él es mesías de “recaudadores y descreídos”, de la gente frágil, de quienes habitan la exclusión. Por eso, queriendo deslegitimarlo, en realidad lo legitiman. No entienden que la propuesta de Jesús está en las “afueras” del hecho social, en los márgenes del sistema. Entender y vivir la propuesta de Jesús en los modos del sistema es incapacitarse para comprender su novedad. Una comunidad cristiana en el sistema se incapacita para entender lo más sugerente del Mensaje de Jesús, su mayor novedad.
  • Las obras justifican la sabiduría de Dios, la verdad y la bondad de la vida de Jesús. Son obras a favor de la persona. Por eso mismo, un tinglado sistémico asentado sobre ideas, velador de las ideas, censor de ideas, excomulgador por ideas, definido por ideas, ofertador de ideas, está aún lejos de la propuesta de Jesús. Hay que mirar las obras, los comportamientos, las maneras de entender la solidaridad, el uso de los bienes, los caminos económicos, los trabajos reales por la justicia, los posicionamientos ante los poderosos opresores, etc.

En definitiva, Jesús es uno que, con su comportamiento amparador y disfrutante con los excluidos, aprueba el curso de amor a la vida y, con ello, avala su oferta de novedad. No ha echado vinagre a la situación de los excluidos, sino amparo y disfrute, aun a costa de la incomprensión y del marcaje al que le somete el sistema establecido, la gente del descrédito y del desencanto.

 

 

 

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DISFRUTES ESPIRITUALES

 

         Continuamos nuestra sencilla reflexión tratando de asumir y disfrutar esta etapa final de nuestra vida como una etapa de fecundidad y agradecimiento. Como se suele decir popularmente, lo malo no es llegar a viejo, sino no llegar. Por eso, aunque las fuerzas mengüen, hay que disfrutar y agradecer haber llegado hasta aquí.

         No dejemos que nuestras limitaciones lo ocupen todo. Que ocupen lo que tengan que ocupar, pero no más. Hay un lugar que ellas no la ocuparán si las contenemos. Una manera de hacerlo es pensar en común.

         Dijimos el día pasado que hemos de tratarnos bien. Eso no significa ser un comodón, sino no dejarnos llevar por la inercia, por la rutina y, menos todavía, por el disgusto. Tratarnos bien es cuidar del otro y dejarse cuidar por el otro.

         Que, por encima de nuestras evidentes carencias, no desaparezca la ilusión. Y para ello, hay que cultivarla. Sin ilusión, aunque sea pequeña, la vida es una realidad muerta.

         Muchas de las cosas espirituales que hemos hecho desde niños las hemos hecho por obligación. Pues bien, habría que superar esa mentalidad: las hacemos por necesidad, por gusto, por disfrute. Es otra mirada.

         Además, estos disfrutes espirituales los tenemos a mano. Es una de las ganancias de la vida religiosa. Nuestra edad adulta es una edad buena para, en la medida de lo posible, disfrutar espiritualmente.

 

A. DISFRUTES ESPIRITUALES:

 

1. Disfrutes orantes:

 

  • Una Liturgia de las Horas paladeada: No solamente “rezada”. Porque no se trata solamente de un rezo que hace parte del horario, sino del disfrute de poder orar juntas, de gustar textos algunos de ellos hermosos, de dar al día un sentido orante. Prepararla lo mejor posible; celebrarla lo mejor posible, como quien gusta de algo agradable.
  • Una Eucaristía siempre deseada: Porque, al hacerla todos los días, el peligro de rutina es evidente. Fijarse en la Palabra de cada día (leerla antes). Estar vivos en la presencia de quien está vivo para nosotros.
  • Una oración personal planificada: No nos referimos a un método concreto, sino a ver qué queremos hacer con nuestros ratos de oración. Tener algún planecillo (por ejemplo, hacer la oración con el Evangelio del día), preparar la oración, estar lo más vivo posible, no desesperarse si la cabeza se nos va a otro sitio, procurar no dormirse.

 

2. Disfrutes del alma

 

  • El silencio que embalsama el alma: A veces al silencio se le teme, porque se puede llenar de fantasmas. Pero si se controla el silencio es reposante, tranquilizante, nos serena por dentro. No habríamos de temerlo, sino que podríamos disfrutarlo. El silencio, tan escaso en la vida moderna, es un lujo al alcance de la mano en la vida religiosa.
  • El gozo de la música: No se nos ha acostumbrado a escuchar música, si es el caso, música religiosa. Pero la música es un gozo para el alma. Basta una pequeña radio, o una emisora en el móvil. Se pone uno los auriculares y se deja envolver por ella. Genera paz y buenos sentimientos. Alimenta el espíritu.
  • La belleza sencilla: Un adorno, un pequeño icono, un cuadrito, una postal hermosa, todo ello puede contribuir a un disfrute, a generar la presencia de alguien o de algo hermoso. Más allá de la belleza de las figuras religiosas, a veces algo ñoñas, está la belleza de muchas figuras que nos pueden aliviar el alma y ser un pequeño signo de disfrute.

 

3. Disfrutes ecológicos:

 

  • La alegría humilde de las plantas domésticas: Plantas que hay en todas las casas. Cuidarlas, mirarlas, seguirles la pista, puede ser un motivo sencillo de alegría y de disfrute. No es cuestión de mero adorno. Es cuestión de sintonía. El Papa Francisco dice «Un maestro espiritual, Ali Al-Kawwas, desde su propia experiencia, también destacaba la necesidad de no separar demasiado las criaturas del mundo de la experiencia de Dios en el interior. Decía: «No hace falta criticar prejuiciosamente a los que buscan el éxtasis en la música o en la poesía. Hay un secreto sutil en cada uno de los movimientos y sonidos de este mundo. Los iniciados llegan a captar lo que dicen el viento que sopla, los árboles que se doblan, el agua que corre, las moscas que zumban, las puertas que crujen, el canto de los pájaros, el sonido de las cuerdas o las flautas, el suspiro de los enfermos, el gemido de los afligidos…» (Eva De Vitray-Meyerovitch [ed.], Anthologie du soufisme, Paris 1978, 200): LS’ nota 159.
  • Los árboles, nuestros familiares: Viven muchos de ellos más que nosotros. Estaban antes y se quedan después. Viven el ritmo de las estaciones mejor nosotros. Son generosos: nos dan alegría, sombra, frutos, disfrute. Por qué no mirarlos, amarlos. Cuánta gente en prisión grita aquello de “decidme cómo es un árbol” de Marcos Ana.
  • La mirada al cielo: Y sus formas cambiantes, las nubes, el azul, la niebla. Mirar al cielo es una forma simple de elevar el alma, de disfrutar de la sorpresa de los días que cambian. Mirar al cielo para saber que aunque somos poca cosa los humanos, somos parte de un increíble mecanismo de muchos mundos, de muchos universos que se mueven a velocidades de vértigo. Para agradecer, admirarse y disfrutar.

 

4. Disfrutes ideológicos:

 

  • El disfrute de la lectura que nutre y acompaña: Porque el mundo sin libros sería muy triste; porque sin lectura sencilla nuestra alma se secaría. No leer nada es como secarse, de no ser que leamos realidades y no libros. Quizá se nos inculcó el amor al trabajo y menos el amor a la lectura. Pero, a nuestra edad, no deberíamos dejar pasar un día sin leer algo.
  • El disfrute del cine: Que es otro modo de leer, de “ver” lecturas. Hay películas que nutren el alma; hay documentales que enseñan mucho y nos hacen admirar el mundo; hay entrevistas de las que aprendemos mucho del corazón humano. De esto tendríamos que ver más. Y quizá un poquito menos de pasatiempos televisivos que alimentan las zonas oscuras de la persona.
  • El disfrute de buenos programas religiosos: Al estilo de “pueblo de Dios” o similares. No solamente para alimentar la religiosidad, sino nuestra fe y nuestra vida cristiana en este momento de la sociedad, nuestro ser Iglesia amplia, mundial.

 

B. ACTITUDES PARA DISFRUTAR ESPIRITUALMENTE:

 

1)   Otra mirada: La de quien aún está “vivo”: una mirada interesada, inquieta, buscadora, que se pregunta, que se admira. Mirar con interés lo que pasa y lo que nos pasa. No bajar la persiana, no cerrar los ojos porque ya nada me interesa.

2)   Buen deseo: Tener una cierta apertura; dejar que las cosas entren debajo de la piel; seguir emocionándose como cuando teníamos menos años; no creer que ya nos lo sabemos todo, que no hay nada que me pueda evocar algo.

3)   Apertura constante: Porque cerrarse es impedir el disfrute espiritual. La adultez tiende a una cierta cerrazón. Hay que controlarla. Es preciso estar dispuestos a cambios que, en general, nos benefician. La tozudez de la cerrazón no lleva a nada.

4)   Disfrutar de lo común: Ya que se tiende a disfrutar solo de lo propio. Pero eso se acaba pronto. Sin embargo, el disfrute común es un filón. No habrá que fugarse a lo privado frente a las alegrías comunes.

5)   Pasar por alto los pequeños fallos: Si nos enredamos en esos fallos, si los aumentamos, si los guardamos mucho tiempo, si no tenemos agilidad para pasarlos por alto, la vida se empequeñece y se hace desagradable.

6)   No enredarse en devociones: Ir a lo sustancial de la fe, ser constante en trabajar los aspectos importantes (la eucaristía, la oración, la espiritualidad). No dejarse atrapar por cuestiones religiosas secundarias que no apuntan a los núcleos del Evangelio.

7)   Tener algún hobby espiritual: Pintar, coleccionismo, actividades manuales, escribir, etc. Todo aquello que hace relación a lo de dentro, a lo bello, a lo que nos causa placer espiritual. Si no, la vida tiende a hacerse sosa.

 

3. Certeza espirituales:

 

  • Dios te acompaña: En cualquiera de las circunstancias de la vida. No estamos dejados de la mano de Dios; él no nos deja nunca. Siempre está con nosotros.
  • Jesús te sostiene: Es su oficio: dar vida porque nos ama. Sostenidos por él en nuestra fragilidad, fuertes en su fortaleza.
  • El Espíritu sopla donde quiere: Las cosas no son siempre igual, pueden cambiar. El Espíritu usa mediaciones para irnos llevando a caminos de dicha.
  • La comunidad fraterna es nuestra casa: Allí donde, a pesar de nuestros fallos, se nos ama, se nos sostiene, se nos ayuda, se nos acompaña.
  • El mundo es casa y cuerpo de Dios: Porque él necesita un cuerpo para amarnos; somos nosotros ese cuerpo a través del que Dios nos ama.

 

Conclusión:

 

         La edad adulta es una edad buena para, más allá de nuestras limitaciones, ser personas espirituales y disfrutar de nuestros caminos espirituales sencillos. Si no se disfruta de la espiritualidad, si se la reduce a prácticas religiosas, si caemos en la rutina, la vida se empobrece. Si gozamos de nuestros pequeños trabajos de fe podemos dar a nuestros días otro color, el color de las realidades hermosas.

 

REFLEXIÓN EVANGÉLICA: Jn 14,23

 

         “Uno que me ama cumplirá mi mensaje y mi Padre le demostrará su amor: vendremos a él y nos quedaremos a vivir con él”.

 

  • Estamos, posiblemente, ante el texto más importante de toda la espiritualidad joánica, aunque la narración culmine en la resurrección. Es fácil entenderlo materialmente, pero hay que hacer un trabajo espiritual para entenderlo en su profundidad.
  • ¿Cómo saber en realidad qué lugar ocupa Dios en la vida del creyente? Dice san Juan que hay que poner a tono “la radio” para captar bien la onda: una relación hogareña con Dios (en el hogar de mi Padre); hay que lanzarse al camino que es Jesús (yo soy el camino), quien hace tal, se topa con el Padre (ha visto al Padre); Jesús ora por nosotros (lo que pidáis, lo haré).
  • Solo entonces se puede entender el mensaje central: el Padre y Jesús han tomado una decisión de vértigo: abandonar su cielo y venir al fondo de la vida. El cielo está en el interior de la historia, en lo profundo de la vida. Dios es el cimiento de la existencia, el fundamento del ser, la fuente del amor.
  • De tal manera que nuestra vida nunca está sola, Dios no nos deja jamás de su mano. Otra cosa es que nosotros lo veamos o no (porque a veces las angustias de esta vida velan su presencia). Él siempre está. Nuestra vida habría de ser más sosegada, más tranquila, más relajada, hasta físicamente.
  • Incluso aún: Dios se sitúa en el lugar de nuestra mayor necesidad, en ese fondo, sótano frío, donde anida nuestra humanidad. Dios pone ahí su morada simplemente porque ese es el lugar de nuestra mayor necesidad.
  • Estas son las grandes certezas de nuestra espiritualidad. Ahí es donde habría que situarse. Esta es la mística básica de la experiencia creyente. No habría que andar en aledaños, sino situarse en este centro.

 

 

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DISFRUTES CARISMÁTICOS Y SOCIALES

 

         Estar jubilada no es, sin más, situarse en la cuneta de la vida. No significa que haya que “bajar la persiana”. La etapa final de la vida es eso, una etapa de vida, con sus limitaciones y sus posibilidades. Para sentirse vivo hay que llenarse de vida, no solo de las propias preocupaciones. Por eso hay que mirar a la vida, a lo que ocurre, aunque nuestra mirada sea un tanto “desde lejos”.

         Por eso mismo, no habría que perder interés por lo que ocurre. Habríamos de conservar el deseo de una sosegada información. No se trata de estar a la última novedad. Pero sí alimentar el interés por lo que ocurre en la Iglesia, en la Congregación, en la sociedad. A veces, basta con leer un artículo en una de las sencillas revistas que llegan a casa (Vida Nueva, Ecclesia, etc.).

         Aun en la lejanía, podemos contribuir al ánimo de quienes están en la trinchera de la misión: una carta, un guasap, una llamada de teléfono. Manifestar la cercanía es un ánimo impagable. Muchos proyectos de misión terminan por apagarse debido a la “sequía de cercanía fraterna”. Es muy difícil aguantar en la trinchera de la misión sin sentir el aliento de quienes está detrás.

         La misma oración es algo bueno porque nos recuerda que se está haciendo la obra de misión y porque creemos en el amparo de la plegaria. Rezar por la Congregación (no solamente en ocasiones importantes: Capítulos, Unificaciones, etc.) en lo cotidiano. Traer a la oración los proyectos de misión que, en este momento de nuestra vida nos parecen más importantes. Todo ello contribuye a la misión cristiana que no es solamente actividad evangelizadora sino una manera de ser en la Iglesia.

         A la base de todo, esta clase de vivencias supone el disfrute común, el disfrute congregacional y social. Si no salimos de nosotras, si nosotras somos el único mundo y la única preocupación, al final no encontraremos sentido a la obra carismática. Y en ese caso, ¿dónde queda nuestro anhelo primero de vivir la misión en comunidad?

 

  1. 1.   Disfrutes carismáticos

 

Son aquellos que derivan del carisma de la misión y en un segundo plano, aunque importante, del aprecio al misterio de la Eucaristía.

 

  • La misión que está viva: La presencia de las Congregaciones sigue viva, aunque ahora se extiendan por otros países del mundo. Las obras sociales que se llevan entre manos no descienden ni número ni en calidad. Es decir: se está haciendo la misión. Por suerte, ésta no se acaba con nuestra jubilación. Es para alegrarse y sentir ánimo. Lo sembrado va produciendo su fruto.
  • Estando aquí, estamos allá: Ahora, por nuestra edad, tenemos que estar aquí. Pero, de alguna manera, espiritualmente, cordialmente, fraternamente, podemos estar allá. No perdamos el contacto. A veces, una pequeña conexión nos hace sentirnos unidas. Del mismo modo que antes se trabajó allá, ahora se ora por allá, se colabora algo con ellos, aunque sea con cercanía. Sufrimos con sus sufrimientos y disfrutamos con sus logros. Aunque sean suyos, de alguna manera son nuestros.
  • Disfrutar con la vida de los lugares vivos: Porque podemos llegar a pensar que, al no estar nosotros allá, esos lugares están “muertos”. No, nuestra “muerte”, nuestra retirada, es parte de esa vida. Porque sin lo que se dio no podría ser lo que ahora se es. Hay que gozarse en la evidencia de que lo que ahora es la Congregación de buena y positiva es debido, siquiera en pequeña parte, a lo que una buenamente hizo. Os veis en ellas por lo hecho en su momento.
  • Disfrutar con la humilde eucaristía vivida en carisma misionero: Porque la Eucaristía es el vigor de la misión, de quien está en activo y de quien está jubilada. Una Eucaristía humilde y sencilla pero deseada y disfrutada es un verdadero acto de misión, para quien está en la brecha (que igual no puede tenerla como nosotras), y para quien está aquí.
  • Disfrutar de la oración al amparo de la Eucaristía: Algo que se puede hacer fácilmente en esta etapa de jubilación. Llevar a la Eucaristía las inquietudes misionales de la Congregación (prez en vísperas), llevar las propias inquietudes a esa oración. No cansarse de orar, con nombres y apellidos, por las hermanas que están en la brecha. Lo sientan o no, la oración silenciosa ante Jesús es un apoyo de fondo.

 

  1. 2.   Disfrutes sociales

 

Ser religiosa no conlleva la pérdida de la ciudadanía y sus responsabilidades. Por eso, se puede disfrutar con la sociedad de la que hacemos parte, aunque seamos miembros “pasivos” por nuestra situación de jubilación.

 

  • Disfrutar del amor social: Que es una variante hermosa del amor. ¿Podrá la VR creer que el amor social, el amor a lo público, el sueño que anida en el fondo, oscuro muchas veces, del amor político pueden enseñarle el camino de la fraternidad básica? ¿Menospreciarán los religiosos/as el amor político, aquel que Gandhi apreciaba tanto, por el evidente hecho de que va envuelto y mezclado a un magma de pasiones? ¿Nos autosituaremos al margen del pulso social siendo así que toda la ciudad, nosotros incluidos, late con un mismo corazón?
  • Disfrutar con la gente de bien: Una lectura sesgada del hecho social puede llevarnos a creer que en nuestra sociedad es mayoría el número de personas que van a lo suyo, cuando no decididamente negativas, y aun malas. Esto es cuestionable: en nuestra sociedad es amplio el número de personas que están por el bien. Los signos de bondad, si se lee bien el hecho social, abundan y son cercanos. Por eso, aunque nos parezca que el mal es profundo, el bien lo es mucho más. Esta certeza habría de llevarnos a resistir tenazmente en el lado de la ciudadanía que está por el bien. Si los cristianos nos alejamos de ese ámbito, nos alejamos del camino marcado por aquel que “pasó haciendo el bien” (Hech 10,38).
  • Disfrutar de los servicios sociales: Sobre todo del de sanidad. Porque es verdad que hay que mejorar mucho, pero básicamente nuestra atención sanitaria está asegurada. Disfrutar de la oferta cultural de la ciudad, aunque no podamos participar; saber que una ciudad con cultura es más saludable. Disfrutar de las zonas verdes de la ciudad, aunque no podamos usarlas; tener por cierto que los jardines y zonas de recreo humanizan, como dice el papa Francisco: «¡Qué hermosas son las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo! ¡Qué humanas son las ciudades que, aun en su diseño arquitectónico, están llenas de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro!» (LS’ 152).
  • Disfrutar de la paz social: Porque aunque haya problemas, la nuestra es una sociedad en paz. Desde hace casi un siglo no hay conflicto bélico en nuestra sociedad. Como nunca había ocurrido. Creer que vivimos en una ciudad en paz, aunque haya fallos. Puede ser que no podamos pisar la calle, pero sabemos que, en general, nuestras calles son lugares de paz. Podríamos orar con aquella oración: La  calle es tu casa, Señor. Caben todos en ella, no solo los automóviles, autobuses y camiones. También, por las aceras, los viandantes, las bicis, los patinetes. Caben todos porque la calle es como tu amor. Cabes tú también, Señor, porque donde estamos nosotros estás tú. A veces tenemos demasiada prisa y parece que nadie se detiene ante nadie. Pero, por suerte, y en general, en nuestras calles se puede andar tranquilo. Y más que iríamos si te viéramos en los rostros de cada persona con la que nos cruzamos.
  • Disfrutar de la tolerancia social: Pues aunque haya muchos rifirrafes, básicamente estamos aprendiendo a respetarnos y a tolerarnos. Nunca habíamos conocido niveles tan altos de tolerancia, aunque aún quede mucho por hacer. Estamos logrando algo de aquella amistad cívica de la que hablaba la filósofa Adela Cortina: «La amistad cívica sería más bien la de los ciudadanos de un Estado que, por pertenecer a él, saben que han de perseguir metas comunes y por eso existe ya un vínculo que les une y les lleva a intentar alcanzar esos objetivos, siempre que se respeten las diferencias legítimas y no haya agravios comparativos».

 

Conclusión:

 

         En definitiva, y aunque de manera restringida y “menor”, la edad adulta no es tiempo para echarse a la cuneta, sino, para habiendo tenido que dar un paso atrás por la edad, seguir estando, espiritualmente y humanamente, en esos lugares donde bulle la misión y hormiguea la sociedad. Contrarrestar esa sensación de que, por ser mayor, estoy fuera de juego. Es cierto que ya no estamos en primera línea, pero estamos con lo que vive, en las lides de la vida, aunque nuestra presencia sea moderada y oculta. Eso nos ha de llevar a disfrutar con modestia de nuestro ser hermanas y de nuestro ser ciudadanas.

 

 

REFLEXIÓN: Mc 3,13-14

 

“Subió al monte, convocó a los que él quería y se acercaron a él. Entonces constituyó a doce, para que estuviesen con él y para enviarlos a predicar, con autoridad para expulsar demonios” (Mc 3,13-14).

 

  • Hay muchos indicios en los evangelios para ver que Jesús tuvo un fuerte conflicto familiar, quizá por haber empezado tarde a ir de pueblo en pueblo (33 años eran entonces tener toda la vida hecha). Su familia creía que había perdido el juicio (Mc 3,21), la figura del padre no hace parte de la promesa del reino (Mc 10,30), el ser llamado hijo de María algo indica (Mc 6,3). El que trasladara su residencia a Cafarnaún no es solo signo de conflicto con su pueblo, sino con su familia que vive en ese pueblo, su clan familiar, por modesto que fuese (Lc 4,31).
  • No ha de extrañar que Jesús se buscase una familia subrogada, la de “los que cumplen el designio” (Mc 3.35). Por eso, la elección de doce tiene como primera finalidad “que estuviesen con él” (Mc 3,14). Los necesita no tanto para la predicación sino por causa de la relación, por causa del mero amor.
  • Podría haberlos reenviado a su pueblo porque, muchas veces, más que ayuda eran un estorbo. Incluso un obstáculo serio (Mc 4,36). Pero nunca los rechazó. Los comprendió hasta mantenerles su apoyo, aunque fallasen (Lc 22,32), aunque lo dejasen solo (Jn 16,32). Los necesitaba porque los amaba y porque le amaban (“los que lo habían amado desde el principio”, dice F. Josefo).
  • La experiencia creyente de Jesús tiene como cimiento antropológico una vivencia relacional, comunitaria, de grupo al que se ama y en el que se está inserto. La pretensión de una fe cristiana comunitaria no está en la mera eficacia, sino en la certeza de que el amor relacional es la base antropológica del evangelio. Sin esa relacionalidad el evangelio carece de cimiento.
  • Todo esto indica que apearse de la relacionalidad, carismática o social, además de empobrecernos como personas, nos desliga de Jesús. Una buena seguidora de Jesús ha de cuidar su relación carismática y su relación social. Y ello, lo repetimos, no solamente por salud humana, sino también para ser seguidoras de un Jesús que, para ser él mismo, necesitó relacionarse con todos.

 

Conclusión:

         Ser persona espiritual no es solamente rezar mucho. Es, más bien, tener un interior iluminado, una vida lo más saludable posible, una relación bondadosa con las personas. Ojalá estas sencillas reflexiones de estos días hayan contribuido un poco a ello. De cualquier manera, que sepamos que Jesús acompaña nuestro caminar. Que eso nos dé sosiego y alegría.