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FIAIZ

OTROS TEXTOS

100 CAMINOS BÍBLICOS

100 CAMINOS BÍBLICOS

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10 ACTITUDES BÍBLICAS

 

  1. 1.      Mística del libro

 

Nuestra cultura española, en general, no ha cultivado la Biblia. La difusión bíblica era casi inexistente cuando no mal vista (que se lo digan a G. Borrows). En muchas de nuestras familias, cristianas viejas, la Biblia brillaba por su ausencia. De ahí venimos. ¿Cómo cultivar una mística del libro que atraiga la Biblia al creyente medio? ¿Cómo hacer una catequesis atractiva del texto de Jer 15,16?

 

  1. 2.      Apadrinar una versión

 

Hoy tenemos la suerte de disponer de unas cuántas versiones de la Biblia de gran valor bíblico y literario. Todas ellas son útiles. Nosotros recomendamos el NT de Juan Mateos (edición de 1987). Todavía se puede conseguir pidiéndolo a ediciones Cristiandad. La traducción es valiosa y las notas también, Es un comentario “portátil” al NT. Para quien quiera abrirse a otro horizonte. ¿Cómo transformar el reproche de Jn 5,39 en un aserto de vida positivo?

 

  1. 3.      Veneración del libro

 

En nuestra casa hay un buen número de libros. ¿Es la Biblia un libro más entre el montón de libros? ¿No merecería un lugar, un trato especial, un aprecio personal como acompañante de nuestro caminar cristiano? Habría que rodearlo de pequeños signos de aprecio: siempre encima de la mesa, siempre encima de los otros libros, un atril, unas flores de adorno, una luz sobre él?  Es “lámpara para nuestros pasos” (Sal 118,105 (escuchar la hermosa versión de Ain Karem).

 

  1. 4.      Propagar el texto

 

Propagar el texto bíblico ha sido un anhelo de grandes organizaciones (Sociedades Bíblicas Unidas, Verbo Divino, etc.) y de cualquier parroquia que difunde “El evangelio de cada día”. La propaganda tendría que ir emparejada con la continua catequesis para llegar a una verdadera asimilación del texto y tratar de superar el secular historicismo. ¿Cómo, por ejemplo, dar un giro a los relatos de la infancia de Lucas?

 

  1. 5.      Orar el texto

 

Es otra forma, óptima, de construir la vida cristiana con el ingrediente de la Palabra. Orar con las lecturas de cada día, orar sistemáticamente con un texto entero, etc. Pasar la vida cristiana al amparo de la Palabra orada. Hay intentos sencillos que los ofrecen las redes (Rezandovoy, por ejemplo). Dice el Pirqué Abot: “Si dos personas están sentadas juntas y median entre ellas las palabras de la Torá, Dios está en medio de ellas” (III,2). Compararlo con Mt 18,20.

 

  1. 6.      Cantar el texto

 

Es otro modo óptimo de aprender textos bíblicos porque el texto cantado se introduce en los pliegues del alma y se queda ahí para siempre. El posconcilio provocó una época dorada en el canto bíblico (Manzano, Deiss, Palazón, Taizé, etc.). Hoy hemos vuelto al cato del “yo-yo-yó. El cantor como centro del canto, la Palabra queda desplazada. ¿Cómo hacer realidad lo que dice el Sal 88?

 

  1. 7.      Sacar el texto a la red

 

Algo que se está haciendo en páginas de webs parroquiales, en blogs de creyentes, en cursos on line, etc. Es un areópago nuevo de dimensiones planetarias. Es algo que habría que aprovechar, siempre que lo que se pone ahí implique una cierta novedad, no la rutina de siempre. ¿Cómo presentar de maneras más laicas, espirituales en sentido amplio, sociales e incluso poéticas la Palabra? Si lo que pones en una web es lo de siempre, quizá sería mejor no ponerlo. ¿Por qué fracaso el discurso de Pablo en el mercado de Atenas según Hech 17,16-34?

 

  1. 8.      Generar pensamiento bíblico

 

No resulta fácil escapar de la rutina, de las interpretaciones consagradas por el sistema que hemos escuchado muchas veces. Quizá haya que comenzar por lograr una traducción novedosa, propia o ajena. Para ello, ir al texto original o a una traducción interlineal que nos desvele algo nuevo (El nuevo testamento interlineal de Cesar Vida, por ejemplo). Y luego, buscar una perspectiva de lectura que ilumine algo, que sugiere algo, que haga abrir los ojos. ¿Qué puede querer decir Jn 20,7 para que el discípulo, “al fin”, crea?

 

  1. 9.      Mantener una actitud proactiva

 

Llegados a cierta edad puede ser que, aun apreciando la Biblia, o eso se dice, sea un aprecio sin fuego dentro, sin alma y, por lo mismo, sin planes de adentramiento en la Palabra. Sería bueno tener una actitud proactiva, que se anticipa a un uso catequético de la Biblia porque uno mismo tiene dentro el aguijón de la Palabra. Solo puede explicar con fuerza la Palabra quien antes ha sido envuelto por ella. ¿No se explicaría así el texto de Hech 8,31?

 

10.  Introducirse en la espiritualidad judía

 

Tarde o temprano el lector asiduo de la Palabra se topa con el mundo y la literatura judía. Habrá que encararlo de alguna manera. Una “Introducción al Judaísmo” sería muy útil. Quizá habría que comenzar por leer el viejo Nostra aetate 4 y luego acercarse a nociones básicas de vida y de literatura. Al fin y al cabo, Jesús no es cristiano, sino judío. Y el mismo Pablo. ¿Cómo entender Filp 3,5-7?

 

 

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10 ANHELOS BÍBLICOS

 

  1. 1.      Enamorarse del texto bíblico

 

Enamorarse de sus viejas lenguas, aunque uno no las domine. Ampliar el vocabulario bíblico, en su  lengua original (shalom, hesed, ki leolam hasedô, kebod, splagizô) y en sus traducciones (lámpara, abatidos de viento, propiciatorio). Amar al Jesús que habla con acento galileo (Mt 26,73). Saber que aún se habla el arameo occidental en alguna aldea de Siria (Malula). Saber con regocijo que hemos escuchado al verbo de la vida” (1 Jn 1,1).

 

  1. 2.      Enamorarse de la tierra bíblica

 

Que es lo que permanece: el monte Sión y los montes de Judá, el desierto, el mar Muerto, Jericó, la llanura de Esdrelón, el Tabor, el lago de Galilea, etc. Ir, si se puede, una vez. Oler el aroma de los árboles, respirar el viento, sufrir el jamsin (viento ardiente del desierto) que sufrieron los profetas y el mismo Jesús. Ahí suenan textos como el de Jn 1,46.

 

  1. 3.      Enamorarse de los personajes bíblicos

 

Abrahán le paciente, José el buscador de la hermandad, David el rey ladrón y humilde, Isaías que consuela, Ezequiel que mantiene la idea de pueblo, Jesús hermano querido, Pedro el fiel débil, Pablo el anunciador de un nuevo amanecer, y tantos otros. Enamorarse de los personajes para poder enamorarse de las personas, para poder rezar con el corazón y los labios rebosantes de nombres (Rom 1,9).

 

  1. 4.      Enamorarse de los sueños bíblicos

 

Los grandes sueños (tierra prometida, reino de Dios) y los sueños más hondos (vida plena,  alegría inarrebatable). Creer que la palabra, en el fondo, es un libro de sueños que alimenta los sueños inapagables de toda persona. Soñar para conmoverse y para moverse. José el soñador, Ezequiel el soñador del país nuevo, Jesús el soñador del reino, etc. Acompañantes de nuestros sueños.

 

  1. 5.      Enamorarse de los caminos bíblicos

 

Caminos que saben de pies cansados: los pies de los patriarcas trashumantes, los pies de los profetas huyendo de la persecución, los pies de Jesús recorriendo los caminos de Galilea, los incansables pies de Pablo y los misioneros de primera hora por los caminos de todo el Mediterráneo.  Pies y palabra, las únicas armas.

 

  1. 6.      Enamorarse de la luz bíblica

 

La luz de Mediterráneo que tiene otro brillo. La que ha iluminado las vidas de muchos judíos y de muchos cristianos de primera hora, la que ha sorprendido a Jesús orando en descampado (Mc 1,35). La luz que le ha llevado a decir que el seguidor es lámpara que no hay que ocultar (Mt 5,15).

 

  1. 7.      Enamorarse del canto bíblico

 

El canto de los salmos de las subidas (120-135), los cantos cristianos del Apocalipsis (Ap 4,8.11; 5,9.10.12.13; 7,10.12; 11,15.17-18), los cantos de los profetas y profetisas, los cantos no reseñados de María a su hijo. No se puede entender la Palabra sin canto porque existen personas habitadas por cantos y cantos habitados por personas.

 

  1. 8.      Enamorarse de los silencios bíblicos

 

Los silencios que se ha tragado el olvido, los de los exilados 8como Esaú), los de los perseguidos (como Elías o Ezequiel, los de los ultrajados (como Tamar o Betsabé), los de los pobres que no dejan rastro en la tierra. Y, sobre todo, los silencios de Jesús en la dura hora de su entrega (Mt 26,33; 27,12; Mc 15,5; Lc 23,9).

 

  1. 9.      Enamorarse con los amores bíblicos

 

Los prohibidos (como el del violador Amnón, o el de David por Betsabé, y tantos otros) o amores hermosos (como el de Esaú Por Raquel, o el de Jesús por sus amigos de Betania y sus mismos discípulos). Es cierto que la Biblia está llena de violencias, pero también está llena de hermosas historias de amor. Estas tendrían que animarnos a una vida en buena relación y en amor generoso.

 

10.  Enamorarse de los interrogantes bíblicos

 

Porque la palabra no es un libro de respuestas explícitas sino de interrogantes mantenidos: qué somos ante Dios, cuál es el sentido del caminar humano, de dónde brota el mal y de dónde el bien, dónde encontrar amparo, etc. Sobre esos interrogantes pretende echar alguna luz, aunque la tarea siga sobre nuestros hombros.

 

 

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10 ESCENARIOS BÍBLICOS

 

  1. 1.      Moniciones bíblicas

 

Se suelen hacer antes de las lecturas bíblicas en la celebración dominical. Es algo “menor” pero tiene su importancia porque predispone a escuchar con las antenas levantadas o predispone al simple aburrimiento. Si no dice nada a quien la hace, ¿cómo va a decir algo a quien la escucha? ¿Cómo hacer, por ejemplo, una monición emocionante a Sab 12,13.16-19 que se lee en el domingo 16 del ciclo A donde se escucha la frase “así nos enseñaste que el justo debe de ser humano”?

 

  1. 2.      Homilías

 

Siempre han de tener una perspectiva bíblica, excepto en momentos puntuales. Normalmente se ha de hacer desde el texto evangélico. Volver a contar lo leído no tiene mucho sentido. Quizá, dado la brevedad del tiempo disponible, haya que contentarse con un subrayado. Tiene que ser algo que “sorprenda” a quien lo dice y a quien lo escucha. ¿Cómo hacer una homilía cautivadora sobre la expresión “le reconocieron al partir el pan” de Lc 24,35 que se lee en el tercer domingo de Pascua ciclo A?

 

  1. 3.      Catequesis

 

Las catequesis, en sus variadas formas, emplean con frecuencia el material bíblico. No cabe duda de que es un momento privilegiado para la difusión del texto bíblica. Sería un idea a perseguir el no construir explicaciones que en un segundo momento (mayoría vital o mental) haya necesariamente que desmontar para construir otra más adulta.  ¿Cómo hacer una catequesis sobre las apariciones del resucitado poniendo el acento en lo social, comentando la escena de Jn 20,24-29 que se lee, entre otros, en el tercer domingo de Pascua ciclo A en que Tomás “toca las llagas” (tocar las llagas como forma de vivir la resurrección hoy).

 

  1. 4.      Clases de religión

 

Lógicamente en este escenario se usa la Biblia todo el tiempo. El gran reto es huir del historicismo que entiende y “cuenta” las narraciones bíblicas como historia. A los de infantil es fácil engatusarles por su candidez; los de primaria tienen más sentido crítico y no se puede ir con cualquier cosa; y a los de secundaria nos les vengas con historias maravillosas. La peor opción es la historicista aunque sea la más empleada. Intenta mostrar a los niños la parábola del samaritano compasivo no como una historieta, sino como una interpelación al valor de la compasión: “Anda y haz tú lo mismo” (Lc 10,37).

 

  1. 5.      Grupos bíblicos

 

En muchas parroquias y similares hay grupos bíblicos que se reúnen con asiduidad en torno a la Biblia. Esta siempre ha tenido un atractivo entre los cristianos y de ahí la elogiable tenacidad de estos grupos. Un camino es seguir cursos organizados (Santander, Verbo Divino, Grupos de Jesús, etc.). Otra es construir el propio itinerario. En cualquier caso, tendría que existir una preocupación de ahondamiento. Si se repite lo de siempre, el grupo se agostará. Una novedad podría venir por la lectura social, la que intenta mezclar la Palabra y los acontecimientos de la vida. ¿Cómo mezclar, por ejemplo, la escena del tributo al Cesar (Mt 22,15-21) con el fenómeno de la corrupción económica a nivel social y a nivel personal?

 

  1. 6.      Comunidades virtuales

 

Es un fenómeno de hoy. Son grupos de personas que quedan un día a la semana, a determinada hora, para leer la Palabra, comentarla y, quizá, rezar un poco. Es bueno que alguien prepare un material previo, para no divagar y empezar en frío. A partir de ahí se podrán desgranar los comentarios que se quiera. En estos grupos se leen los acontecimientos familiares, laborales, etc., desde un texto. La Palabra sigue siendo “lámpara para los pasos” (Sal 118,105) del ciudadano de hoy.

 

  1. 7.      Retiros bíblicos

 

Es algo que hacen no solamente algunas comunidades, sino también laicos cristianos. Es un momento muy oportuno para hacer explicaciones ahondadas del texto bíblico ya que se dispone de tiempo para ello. Lo bueno sería leer el texto desde diversas perspectivas (exegética, teológica, eclesial, social). De cualquier manera habrá que perseguir una cierta novedad en el acercamiento a la Palabra. ¿Cómo leer, por ejemplo, 1 Cor 12 desde la perspectiva de una sinodalidad de base entendiendo la comunidad como realidad limitada y soñada a la vez?

 

  1. 8.      Celebraciones dominicales sin sacerdote

 

Dada la carencia de sacerdotes, más que por convicción eclesial, esto es una realidad que se da ya en muchas situaciones. En ellas hay que ceñirse a los textos bíblicos. Sería bueno intentar no caer en las deformaciones de funcionariado de los clérigos (repetir siempre lo mismo sobre los textos) y, además de preparar lo mejor posible, intentar dar una visión más laica de la Palabra. ¿Cómo explicar Lc 7,36-50 (que se lee en el domingo 11 del TO ciclo C) desde el grave problema de la violencia de género?

 

  1. 9.      Grupos en Cáritas

 

Puesto que Cáritas es una organización de la Iglesia, en sus programas de formación del voluntariado entra el tema religioso. Puede ser una muy buena ocasión para hacer lecturas sociales de los textos bíblicos. Cómo hacer, por ejemplo, una lectura del amor asimétrico (base del voluntariado) desde Jn 13,34-35.

 

10.  Las redes sociales

 

Es un escenario nuevo, la posibilidad de sacar el texto bíblico “secuestrado” por los mecanismos religiosos a su lugar natural, el escenario de la vida. Hace falta imaginación para no repetir los clichés religiosos en ese nuevo areópago. ¿Cómo explicar hoy en modos comprensibles para la persona secular el texto de Mt 22,34 sobre el mandamiento segundo (el amor al prójimo) que pasa a ser primero?

 

 

 

 

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10 CAMINOS DE ORACIÓN BÍBLICA

 

  1. 1.      Orar con los textos litúrgicos del día

 

Es algo que han hecho generaciones de cristianos. Tiene muchas ventajas: conecta y unifica con la oración litúrgica, camina al ritmo de lectura bíblica de la Iglesia, hace una propuesta amplia de lectura. Tiene la pega de que, incluso si solamente se hace de una lectura, normalmente el Evangelio, aun así, nos parece demasiada cantidad de texto. Las redes nos ayudan (plataforma Rezandovoy, por ejemplo).

 

  1. 2.      Orar con un texto amplio

 

Se toma un solo texto, por ejemplo el evangelio de Marcos. Se toma una perícopa por semana y se la ora desde todas sus posibilidades (textual, eclesial, social, etc.). Esto puede llevar casi dos años (Marcos tiene más de 70 perícopas). Es una lectura de fondo, que no coincide con los tiempos litúrgicos, aunque tampoco los estorba. Es una de las maneras de ahondar y de disfrutar de la Palabra.

 

  1. 3.      Orar con todo el NT

 

Hay cristianos decididos que se han propuesto acompasar su vida cristiana con una oración de todos y cada uno de los 27 libros del NT, a perícopa por semana. Calculan que esto puede llevarles 50 años. Es cosa para fuerte y para verdaderos amantes de la Palabra. Pero hay quien lo hace. Evidentemente la Palabra termina por ofrecer sus secretos a esta clase de buscadores.

 

  1. 4.      Orar en los “Grupos de Jesús”

 

Es el movimiento que inició José A. Pagola allá por 2014. En ellos la Palabra tiene un lugar central. Ahí se entiende a Jesús como maestro de interior de oración (desde ahí se han escrito varios manuales). No cabe duda de que ese ámbito grupal es un lugar ideal para adentrarse en la Palabra. Recomendable desde todo punto de vista.

 

  1. 5.      Orar con salmos

 

Este tipo de oración bíblica consagrada por la Iglesia no goza de mucho predicamento entre creyentes (religiosos y religiosas incluidos) debido sobre todo a que en no pocos salmos la venganza, la ira, la sangre y el rechazo a los impíos no cuadra con la perspectiva de misericordia de Jesús. Es una pega real y habrá que sortear en la oración al menos los pasajes más “escabrosos”. Pero muchos salmos encierran aún la experiencia de fe y de amor de sus autores y siguen siendo valiosos para la oración. Véanse las enormes posibilidades del “feo” salmo 118 en el que late un amor incontenible por la Palabra.

 

  1. 6.      Orar con cantos bíblicos

 

Tanto en el inmediato posconcilio (Manzano, Deiss, Palazón) como modernamente (grupo Ain Karem y su salmo 18a) los músicos han versionado los salmos con mucho acierto. Son muy útiles para la oración litúrgica y tambiénpueden utilizarse para la oración personal (están todos en el móvil).

 

  1. 7.      Orar con oraciones de la Biblia

 

Las hay tanto en el AT (2 Sam 22,1-7) como en el NT (Jn 17,20-21). Particularmente interesantes son las oraciones del mismo Jesús (Mt 11,25-27; Jn 11,41). Rebuscando en la Biblia se encontrarán muchas plegarias, además de los salmos. Hacerlas propias, rumiarlas, puede ser una manera de orar: orar con quien ora en la Biblia.

 

  1. 8.      Orar comentandola Palabra

 

Aunque pueda parecer algo pesado, lo han hecho creyentes notables (como Ch. De Foucauld, por ejemplo). Se trata de ir escribiendo un comentario personal a cada texto con el que se ora. Escribir fuerza la reflexión y puede abrir la puerta de la oración. Hay quien cree que esto es demasiado escolar. Pero se puede escapar de ese peligro si hay deseo verdadero de orar.

 

  1. 9.      Orar filocálicamente

 

Pertenece a esas formas sencillas de orar, extendiendo y superando la clásica expresión filocálica (“Señor, ten compasión de mí”). Se trataría de elegir y mantener durante el día una especie de eslogan o lema elegido en la oración (por ejemplo, si se medita el texto de Jn 1,35-42: “Maestro, ¿dónde vives?”). Ayudará a mantener la conexión con Jesús y a dar una dimensión espiritual a la jornada.

 

10.  Orar venerando la Palabra

 

No se trata, en primera instancia, ni de meditar, ni de orar. Es cuestión de estar ante la Palabra, de agradecer su presencia que nos ampara. Se puede materializar esto construyendo un “rincón de la Palabra”: una esquina del propio cuarto, con una vela, in pequeño icono y una Biblia abierta. Y luego, hacer una “oración de estar”, de sentirse acompañado y amparado.

 

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10 LECTURAS BÍBLICAS A SUPERAR

 

  1. 1.      Lectura historicista

 

Es la más común de todas. Es aquella que proviene del supuesto de que los textos bíblicos son históricos y que, por eso mismo, su valor radica en que lo sean. Si el relato no es histórico, pierde peso; si lo es, gana en credibilidad. Sobra decir que esta orientación tiene muchas pegas y lleva a mil disfunciones. Los textos son, mayoritariamente, experiencias de fe. No quiere decir que no contengan datos históricos; pero no van a eso. Interpretar, por ejemplo, los relatos de milagros como relatos históricos es, sin duda, una de las peores opciones. ¿Cómo leer Jn 11 desde una experiencia espiritual más que desde una perspectiva historicista?

 

  1. 2.      Lectura fundamentalista

 

Es la que parte del principio de que, dado que la Biblia es Palabra de Dios inspirada y exenta de error, debe ser leída e interpretada literalmente en todos sus detalles. Esta lectura exige una adhesión incondicionada a actitudes doctrinarias rígidas e impone, como fuente única de enseñanza sobre la vida cristiana, una lectura de Biblia que rehúsa todo cuestionamiento y toda investigación crítica. Puede llevar a auténticos desvaríos. ¿Cómo leer desde este punto de vista Mt 18,9-10?

 

  1. 3.      Lectura moralista

 

Es aquella que deriva de la Palabra comportamientos morales exagerados y que no tienen conexión directa con los textos, sino que provienen de principios morales previos a la interpretación. Es una lectura sometida al sistema moral, cuando debiera ser al revés: la Palabra genera ilumina comportamientos morales, no los crea. Es clásico en este sentido el texto de Gn 38,9.

 

  1. 4.      Lectura espiritualista

 

Una lectura espiritual de la Palabra siempre será útil, si se hace con cierta profundidad. Pero el exagerado espiritualismo termina por vaciar de contenido a la expresión bíblica. Esta lectura deriva de ideas previas que, generalmente, proceden de dos fuentes: de la espiritualidad del pecado (la salvación) y de un cierto gnosticismo (se puede llegar a Dios mediante una serie de prácticas religiosas). ¿Cómo leer lejos del espiritualismo textos como Jn 14,1?

 

  1. 5.      Lectura descontextualizada

 

Es la que ignora el contexto del texto. Partiendo de que todo es Palabra de Dios, el contexto se infravalora. ¿Pero es lo mismo leer una narración épica como el libro del Éxodo que una poesía de los salmos o un testimonio como el de Jn 19,35? La teoría ya vieja y aceptada por todos de los géneros literarios no termina de llegar a gran parte del pueblo cristiano. Cualquier variante de los  textos que se toque, genera problema y rechazo (aquello de la mula y el buey de Benedicto XVI). Sin contexto, la planta del texto perece.

 

  1. 6.      Lectura sistémica

 

Es aquella que no duda en usarse para justificar el sistema, generalmente el eclesiástico. No se pretende tanto dar con el contenido del texto sino justificar un comportamiento institucional. No sirve decir que la institución no existía cuando se escribió el texto. Se cree que si la Palabra apoya al sistema, éste es fuerte. Es un sometimiento en toda regla. Véase este fenómeno en el texto de Mt 16,18.

 

  1. 7.      Lectura rutinaria

 

La que se hace en los parámetros de siempre, sin ahondar, sin preparar y, peor todavía, sin ningún interés personal, sin que apunte al corazón de la persona. Es demoledora. Mejor sería no leer, no hablar superficialmente, dejar de sembrar rutina y cansancio. Esta lectura mata el brillo de la Palabra, lima sus aristas proféticas, todo lo redondea y, al final, la irrelevancia la anula. Hay que huir de ella como de la peste. ¿Cómo hacer una lectura de textos tan vivos como Jn 2,13-22?

 

  1. 8.      Lectura justificativa

 

Trata de justificar situaciones sociales que se consideran inamovibles. En el fondo, es una manera de utilizar la Palabra para que nada cambie, cuando su sentido es que todo cambie. Generalmente se aplica a situaciones sociales y económicas. Se cree que nada puede cambiar porque se está en el lado de los vencedores. ¿No se han interpretado así textos como Mt 26,11?

 

  1. 9.      Lectura improvisada

 

La que se hace, a veces, en grupos que comparten la Palabra. Se lee y se comparte, sin mediar silencio, reflexión, estudio, tomar alguna nota, etc. Es fácil que esta manera de leer, tan a salto de mata, lleve al empobrecimiento y al abandono. Dejarse llevar por los supuestos conocimientos que tiene uno e improvisar a renglón seguido puede ser un riesgo. ¿No hacía Jesús lo contrario según Mt 17,3?

 

10.  Lectura empobrecida

 

Se hace sin ningún cursillo, ninguna formación específica, ninguna información leyendo algún comentario. Se cree que con los estudios básicos para el sacerdocio realizados un día, o ni siquiera eso, se puede decir cualquier cosa sobre la Palabra. A veces, incluso, se alargan en prédicas inacabables donde pasa superficialmente toda la historia de salvación. Duermen a los bancos. ¿Cómo no recabar información sobre pasajes tan controvertidos como Mt 19,10-12?

 

 

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10 MANERAS ADULTAS DE LEER LA PALABRA

 

  1. 1.      Leer ampliando

 

Cuando un texto se encuentra constreñido por las circunstancias sociales de la época neotestamentaria se podría amplia desde la nuestra. Por ejemplo: ampliar 2 Tim que está en las antípodas de la teología política justamente a una lectura política de la espiritualidad.

 

  1. 2.      Leer “en contra”

 

Cuestionar un texto porque tiene dificultad de conexión con los valores evangélicos de fondo: Por ejemplo, el Apocalipsis. La mayoría de las lecturas lo lee como libro de resistencia a costa de los malvados. Pero eso vela el evangelio de la misericordia, esencial. Es preciso encontrar otro punto de vista.

 

  1. 3.      Leer desde interpretaciones inhabituales

 

Porque las interpretaciones habituales, “consagradas”, pueden encerrar defectos de siglos en las lecturas oficiales. Por ejemplo: Mt 16,18. “Tú eres Pedro…”. Pedro: guijarro, piedra arrojadiza, debilidad. Roca: lithos. La comunidad de seguidores tiene un cimiento frágil; no se hunde porque Jesús la sostiene.

 

  1. 4.      Leer desmenuzando un término

 

Porque ese desmenuzamiento puede abrir caminos insospechados de interpretación. Por ejemplo: desmenuzar la palabra “vislumbrar” (idein, oraô) en Jn 3,3. Todo el tema las intuiciones de cara a la comprensión de Jesús.

 

  1. 5.      Leer desde un Jesús insólito

 

Situarse correctamente en posturas de Jesús que consideramos normales pero que,  en el marco social de la época, son insólitas. Por ejemplo: su libertad militante en  Mt 12,1-8 (las espigas arrancadas en sábado y su manera de interpretar 1 Sam 21,1ss).

 

  1. 6.      Leer con preguntas

 

Se trataría de acompañar la lectura de preguntas que buscan una comprensión mejor y un mayor acercamiento a la persona de Jesús. Por ejemplo: ¿qué puede querer decir Mc 6,34 cuando dice que se uso a enseñarles con calma? ¿Qué puede querer decir Lc 24,30 cuando dice que se les abrieron los ojos cuando repartió el pan?

 

 

 

  1. 7.      Leer en actitud de búsqueda de sentido

 

Leer textos que se consideran cruciales desde su capacidad para generar sentido vital. Por ejemplo: ¿Qué significa llevar la cruz en Mt 16,21-27 como existencia de crucificado?

 

  1. 8.      Leer desde la sorpresa

 

Se da cuando el texto supera la rutina con que se lo lee y muestra una sorpresa que uno quiere desentrañar. Por ejemplo: la sorpresa que causa asomarse a la interioridad del Jesús evangélico en Jn 16,32 (“el Padre siempre está conmigo”).

 

  1. 9.      Leer desde intuiciones

 

Ir más allá del texto intuyendo entre sus pliegues lo que no se dice explícitamente pero que resulta luminoso. Por ejemplo: intuir en Lc 2,35 (“una espada te atravesará el alma”) algo más que el dolor de María (“y a ti tus anhelos te los truncará una espada”).

 

10.  Leer desde la nueva cosmología

 

Las nuevas cosmologías y la física cuántica empujan a lecturas más acordes con la ciencia de hoy. Por ejemplo: leer pasajes apocalípticos como Mt 24,29 desde la comprensión del universo como realidad destinada al acabamiento.

 

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10 MÉTODOS Y ACERCAMIENTOS BÍBLICOS

 

  1. 1.      Método histórico-crítico

 

Es un método analítico que estudia el texto bíblico del mismo modo que todo otro texto de la antigüedad, y lo comenta como lenguaje humano. Sin embargo, permite al exegeta, sobre todo en el estudio crítico de la redacción de los textos, captar mejor el contenido de la revelación divina. Este método considerado indispensable, ha abierto un camino nuevo de acceso a la Biblia. Corre tras el anhelo de saber qué es lo que quisieron decir con sus textos los autores bíblicos (DV 12). Un anhelo, quizá, excesivo.

 

  1. 2.      Nuevos métodos de análisis literario

 

El análisis retórico investiga por qué tal uso específico del lenguaje es eficaz y llega a comunicar una convicción. Quiere ser «realista», rehusando limitarse al simple análisis formal. Estudia el estilo y la composición como medios de ejercitar una acción sobre el auditorio. Con esta finalidad, aprovecha las, aportaciones recientes de disciplinas como la lingüística, la semiótica, la antropología y la sociología. El análisis narrativo propone un método de comprensión y de comunicación del mensaje bíblico que corresponde a las formas de relato y de testimonio, modalidades fundamentales de la comunicación entre personas humanas, características también de la Escritura. El análisis semiótico contribuye a nuestra comprensión de la Escritura, Palabra de Dios expresada en lenguaje humano, haciéndonos más atentos a la coherencia de cada texto bíblico como un todo, que obedece a mecanismos lingüísticos precisos

 

  1. 3.      Acercamiento canónico

 

Procura conducir a buen término una tarea teológica de interpretación, partiendo del cuadro explícito de la fe: la Biblia en su conjunto. Para hacerlo interpreta cada texto bíblico a la luz del Canon de las Escrituras, es decir, de la Biblia en cuanto recibida como norma de fe por una comunidad de creyentes. Procura situar cada texto en el interior del único designio divino, con la finalidad de llegar a una actualización de la Escritura para nuestro tiempo. No pretende sustituir al método histórico-crítico, sino que desea completarlo.

 

  1. 4.      Acercamiento a las tradiciones judías

 

El Antiguo Testamento ha tomado su forma final en el judaísmo de los últimos cuatro o cinco siglos que han precedido la era cristiana. Este Judaísmo ha sido también el medio de origen del Nuevo Testamento y de la Iglesia naciente. Numerosos estudios de historia judía antigua y especialmente Qumran han puesto de relieve la complejidad del mundo judío, en la tierra de Israel y en la diáspora, durante todo este período.

 

  1. 5.      Acercamiento desde los efectos del texto

 

Este acercamiento reposa sobre dos principios: a) un texto no se convierte en una obra literaria si no hay lectores que le dan vida, apropiándose de él; b) esta apropiación del texto, que puede efectuarse de modo individual o comunitario y toma forma en diferentes dominios (literario, artístico, teológico, ascético y místico), contribuye a hacer comprender mejor el texto mismo.

 

  1. 6.      Acercamiento sociológico

 

El estudio crítico de la Bíblia necesita un conocimiento tan exacto como sea posible de los comportamientos sociales que caracterizan los diferentes medios en los cuales las tradiciones bíblicas se han formado. Este género de información socio-histórica debe ser completado por una explicación sociológica correcta, que interpreta científicamente, en cada caso, el alcance de las condiciones sociales de existencia.

 

  1. 7.      Acercamiento por la antropología cultural

 

El acercamiento antropológico se interesa por un vasto conjunto de otros aspectos que se reflejan en el lenguaje, el arte, y la religión, pero también en los vestidos, los ornamentos, las fiestas, las danzas, los mitos, las leyendas y todo lo que concierne a la etnografía. En general, la antropología cultural procura definir las características de los diferentes tipos de personas en su medio social -como, por ejemplo, el hombre mediterráneo-, con todo lo que ello implica de estudio del medio rural o urbano. 

 

  1. 8.      Acercamientos psicológicos y psicoanalíticos

 

Los estudios de sicología y psicoanálisis aportan a la exégesis bíblica un enriquecimiento, porque gracias a ellas, los textos de la Biblia pueden ser comprendidos mejor en cuanto experiencias de vida y reglas de comportamiento. La religión, como se sabe, está siempre en una situación de debate con el inconsciente. La sicología y el psicoanálisis se esfuerzan por progresar en esta dirección. Ellas abren el camino a una comprensión pluridimensional de la Escritura, y ayudan a decodificar el lenguaje humano de la Revelación.

 

  1. 9.      Acercamiento liberacionista

 

En lugar de contentarse con una interpretación objetivante, que se concentra sobre lo que dice el texto situado en su contexto de origen, se busca una lectura que nace de la situación vivida por el pueblo. Si éste vive en circunstancias de opresión, es necesario recurrir a la Biblia para buscar allí el alimento capaz de sostenerlo en sus luchas y esperanzas. La realidad presente no debe ser ignorada, sino al contrario afrontada, para aclararla a la luz de la Palabra. De esta luz surgirá la praxis cristiana auténtica, que tiende a transformar la sociedad por medio de la justicia y del amor. En la fe, la Escritura se transforma en factor de dinamismo, de liberación integral.

 

10.  Acercamiento feminista

Se deben distinguir varias hermenéuticas bíblicas feministas, porque los acercamientos utilizados son muy diversos. Su unidad proviene de su tema común, la mujer, y de la finalidad perseguida: la liberación de la mujer y la conquista de derechos iguales a los del varón.

 

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10 TÓPICOS BÍBLICOS A DESMONTAR

 

  1. 1.      Está todo dicho

 

Para nuestra sorpresa, a veces dicen esto los mismos profesores de Biblia. Es verdad que la Palabra ha sido un campo muy cultivado en el siglo pasado. Una suerte. Pero siempre habrá algo nuevo que decir porque el acto de lectura se compone del texto y del ojo, la persona, que lee. Aquel no cambia, pero esta sí. Por eso, las perspectivas nuevas sobre la Palabra son inagotables, como lo es la vida misma. ¿Cómo decir, por ejemplo, algo de una cierta novedad de Mc 1,29-31?

 

  1. 2.      Siempre repetimos lo mismo

 

Es posible. Pero lo que nos cansa no es la repetición, sino la rutina, el poco esfuerzo por releer de nuevo un texto. Si se hace con interés, por pequeño que sea, el oyente lo capta. Para no caer en la rutina hay que mantener vivo el entusiasmo por la Palabra y la certeza de que es un pozo sin fondo y que en todas las edades y situaciones la palabra puede “hablar”. ¿Cómo no repetir, por ejemplo, el relato de 1 Cor 15,1-11?

 

  1. 3.      El mejor sentido es el literal

 

Es algo que se escucha y que, a veces incluso, se pone en boca de los santos (San Francisco de Asís y su “sine glosa”). Si por tal se entiende un literalismo fundamentalista, la cosa no es de recibo; si se entiende el trabajo por comprender el texto en su hondura, la cosa cambia. Y, sobre todo, si no se quiere marear la perdiz, porque el Evangelio empuja a actuar. ¿No está la cumbre del relato del samaritano compasivo en Lc 10,37?

 

  1. 4.      Nos han engañado

 

Es un sentimiento que aflora cuando se explica de manera diversa a la de siempre los textos bíblicos. No nos han engañado. Nos explicaron como mejor sabían o podían. Quizá no tuvieron los medios que tenemos nosotros. Por eso nuestra responsabilidad bíblica, si se puede llamar así, es mayor. Los modos de lectura bíblica mejoran y cambian. Hay que saber adaptarse a esos cambios. ¿Nos engañaron cuando nos dijeron que había un paraíso y no sabían nada de los géneros literarios?

 

  1. 5.      Los biblistas lo complicáis todo

 

En parte tienen razón porque se mezclan a la catequesis bíblica otras variables que nada tienen que ver con la Palabra (defensa de intereses, prestigio, etc.). No es argumento decir que los evangelios se escribieron para y por gente sencilla. Son, a veces, textos complejos, con mucha ideología detrás. Los evangelios son para gente sencilla que profundiza; si no se profundiza, se corre el riesgo de superficialidad. ¿Es sencillo el himno de Filp 2,6-11? ¿No está ahí el tremendo tema de la comprensión de la filiación de Jesús y de la transcendencia?

  1. 6.      Unos biblistas dicen una cosa, otros la contraria

 

Hasta cierto punto es normal porque, como decimos, el resultado de lectura depende en gran parte del ojo que lee. No es lo mismo el ojo de un hombre que el de una mujer, el de un rico que el de un pobre, el de un europeo que el de un asiático, etc. Pero si no median intereses espurios, las lecturas diversas se unifican en el fondo. La prueba de ello es que todas las traducciones interconfesionales han salido adelante. ¿No han llegado a algún acuerdo estas traducciones en el texto de Sant 15,14-15?

 

  1. 7.      Los evangelios no son históricos

 

Si se aplican los parámetros de la actual ciencia histórica donde todo ha de estar probado con un aparato documental, quizá no. Pero los textos bíblicos encierran experiencias absolutamente históricas. Por ejemplo: ¿no es histórica la adhesión de Pedro a Jesús por encima de fallos? ¿No es histórica la desazón de Ezequiel ante la infidelidad de su pueblo a la alianza? De cualquier manera, el valor creyente del texto no viene por su pericia histórica, sino por la fe de la comunidad cristiana. Descubre lo histórico de la escena de Mt 17,1-13.

 

  1. 8.      En la Biblia hay soluciones para todos los problemas

 

Es una postura un tanto fundamentalista. La Biblia ilumina, pero no da soluciones. Aporta luz, pero el camino lo tenemos que andar nosotros. Menos todavía en asuntos de ética actual o de biomedicina. Pretender encontrar soluciones para todo es trasladas a la Palabra nuestros problemas y nuestra responsabilidad. ¿Cómo leer e interpretar el texto de Lc 1,37?

 

  1. 9.      La Biblia es un libro violento

 

Sí que lo es en muchos pasajes. Hay que tener en cuenta de la Bibia es una biblioteca de 73 libros en los que han metido mano toda clase de autores y cuyos contextos son muy diversos. Los textos violentos hacen parte de la Palabra pero esta no es Palabra de Dios en directo, sino en la mediación de cada uno de los autores. Y hay algunos de componente violento. Habría que discernir esta clase de textos a la hora de la proclamación y de la catequesis. ¿Cómo entender correctamente, por ejemplo, el Sal 136?

 

10.  Todos los textos son Palabra de Dios

 

Sí, pero no del mismo modo, no con la misma densidad. Nada tiene que ver el evangelio de Juan, por decir algo, con la carta de Judas que es un texto muy cuestionable. Nada tiene que ver el mensaje del segundo Isaías con el libro de los jueces. Es “peligrosa” la consagración de la aclamación litúrgica “Palabra de Dios” a la que habría que responder “según y cómo”. ¿Cómo explicar correctamente 1 Pe 1,21?

 

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10 CAMINOS DE ACERCAMIENTO

A LA PALABRA

 

  1. 1.      Conteniendo a la ideología

 

No hay saber inocente. Y, por lo mismo, uno hace una lectura “biográfica” del texto bíblico: lo lee desde sus propias experiencias vitales, desde su manera de enfocar la vida, desde su modo de pensar. Por eso mismo, es preciso controlar la propia ideología para que influya adecuadamente en la lectura de la palabra. ¿Cómo controlar  la vivencia de una  religión burguesa ante textos como Mt 26,11?

 

  1. 2.      La osadía de palpar el “textum”

 

Textum significa tejido. El tacto del tejido da una información que no la ofrece ni siquiera la vista. Al cristiano medio se le ha dado el texto bíblico en la mediación de los maestros o de los catequistas. Pero quizá haya llegado la hora de que el creyente adulto palpe él mismo el texto, con las herramientas que tenga por sencillas que sea. Ese aprendizaje personal será de más importancia que el que viene por cauces ajenos. ¿Cómo palpar el texto del padrenuestro, por ejemplo, en Mt 6,9-13?

 

  1. 3.      La aventura de crear sentido

 

Precisamente porque la dificultad mayor al leer un texto es trabajar el ancho y multiforme campo del sentido, el lector de la Palabra habrá de hacer un continuado esfuerzo por ir creando un proceso de sentido en esas condiciones: cultivo del aspecto crítico y cultivo del aspecto existencial, que hacen viable esta tarea. ¿Cómo aplicar esas dos condiciones a textos como  Jn 20,24-29?

 

  1. 4.      Las exigencias del “oyente de la palabra”

 

¿Cuáles son esas exigencias? Que el discurso sobre el texto bíblico no camine en la indolencia de los caminos trillados; que resulta inaceptable, cuando no inmoral, ofrecer los resultados de un discurso que se saben de antemano; que no es de recibo, porque entre otras cosas va contra la lógica del discurso, el pretender ofrecer una lectura del texto compacta, blindada, intocable, ya que el creyente exige colaborar en la construcción del sentido; por eso, resulta absolutamente rechazable la oferta de lectura que lleva en su interior cualquier pretensión de dominio.

 

  1. 5.      En diálogo con la historia

 

Desde la certeza de una historia con Dios dentro, en cuyo fondo más herido ha venido a situarse el dinamismo de Dios, es desde donde puede entenderse que la misma Palabra de Dios sea realmente una instancia de diálogo de Dios con la historia. Dios “habla” con la historia, se le puede palpar como se palpan las realidades vivas, garantiza la vida como su mejor proyecto, activa la vida para que, por el seguimiento, se aproxime al camino humano el día de la plenitud total. ¿Cómo leer desde esta perspectiva Jn 4,26?

 

  1. 6.      Desde el ángulo de las pobrezas

 

Ya hemos dicho que ningún saber es inocente; todos tienen unos posicionamientos sociales y económicos concretos. El trabajo bíblico no escapa a esta norma. Una lectura social de la Palabra habría de ir convirtiendo en criterio hermenéutico la lectura del texto desde el ángulo de las pobrezas ya que estas son un instrumento adecuado de interpretación bíblica porque dan el sentido exacto de las intenciones de la Palabra. ¿Cómo leer desde aquí las “malaventuranzas” de Lc 6,24-26?

 

  1. 7.      Iluminación de situaciones

 

La necesidad de iluminación siempre ha sido acuciante en el devenir humano. Leer es una obra de iluminación: leer texto y realidad juntos es una doble obra de iluminación. El devenir humano, el éxito de la vida, depende en gran medida de la formidable lucha contra las tinieblas que, desde el inicio, se ciernen sobre lo humano. En ese sentido, una lectura iluminadora de la Palabra es altamente humanizadora. ¿Cómo leer Lc 9,28-36 como una escena de iluminación?

 

  1. 8.      Con lenguajes poco comunes

 

            Una lectura atenta del texto bíblico puede contribuir a verificar la hermandad de experiencias, quizá la unicidad de experiencias vitales, entre quien lee el texto y vive en el hoy. Este lenguaje común, fruto de experiencias comunes, es algo que ha de quedar patente a la hora de hacer una lectura actualizada del texto bíblico. ¿Qué lenguajes comunes entre el texto y nuestro hoy desvelamos en textos como el de Sant 5,4?

 

  1. 9.      En línea de humanización

 

            Una lectura matizada de la Palabra habría de hacer suyo ese ideal de humanización que puede englobar, como una nueva espiritualidad, las aspiraciones más hondas del ciudadano creyente. Efectivamente, humanizar no es despojar a la realidad de su dimensión transcendente sino, muy al contrario, imprimir a la vida ese giro a lo profundo que transciende lo superficial, lo inhumano. De esta forma se conecta con la utopía de Jesús que quiere a la persona erguida y dueña de su destino, participativa y constructora de la historia, con todas sus potencialidades desplegadas como un auténtico con-creador con Dios. ¿Cómo leer desde ahí Col 3,10?

 

10.  Una Palabra que alienta la aventura humana

 

            Por encima de la fragilidad y del sufrimiento, la Palabra confirma que la aventura humana está destinada al gozo, a una vida plena, feliz, erguida sobre su propia estatura, desde donde la misma muerte queda entendida de modos nuevos ya que vivir es morir sin saberlo y morir es vivir sin pretenderlo. Una lectura viva de la Palabra quiere ser, sin paliativos, una palabra de Dios y del creyente que alienta la aventura humana. ¿Cómo leer desde aquí el himno de 1Cor 15,51-57?

 

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10  TRABAJOS EN EL HORIZONTE

 

  1. 1.      Aprender lenguas bíblicas

 

No resulta fácil aprender griego, hebreo y arameo. Quizá en el bachillerato se tuvo una iniciación a la lengua griega. Cultivándola un poco, tal vez se pudiera llegar a leer el NT en griego para gustar su idiosincrasia literaria o, al menos, con ayuda de diccionarios, poder desmenuzar algunos términos en los que luego se apoyaría una lectura bíblica algo más novedosa. ¿Cómo desmenuzar el katalysai de Lc 19,7?

 

  1. 2.      Aprender literatura

 

Puede parecer que nada tenga que ver la literatura con la Biblia. Pero no hay que olvidar que esta es un texto y, con sus características, funciona como un texto. De ahí que cuanto más se lee, sobre todo buena literatura, poesía incluso, ayudará a leer los textos bíblicos. Por eso ocurre que muchos buenos escritores, a veces agnósticos o ateos, urden hermosos textos literarios sobre temas bíblicos (Erri de Luca, Amós Oz, G. Martín Garzo, Fallarás, etc.).

 

  1. 3.      Saber trabajar un texto literario

 

Esto tiene que ver con el punto anterior. Todo texto literario, y por ende bíblico, pasa por estas fases: comprensión ahondada, explicación clara y sugerente, diálogo enriquecedor, descubrimiento implicativo. Son los caminos que hacen fecundo al texto. ¿Cómo aplicar estas cuatro fases a textos como Hech 21,15-26?

 

  1. 4.      Reelaborar lo narrado

 

Que no es volver a contar lo leído (a veces con palabras peores). Reelaborar demanda, en primera instancia, llevar el texto a la intimidad personal porque esa es la fuente de la reelaboración. En segundo lugar, explicarlo de modo que muestre su verdadera riqueza. A continuación, contrastarlo con el hecho social a quien va destinado. Y, finalmente, sacar las consecuencias éticas para quien explica y para quien recibe la explicación. ¿Puede aplicarse esta dinámica a textos como Lc 16,19-31?

 

  1. 5.      Publicar trabajos bíblicos

 

Esto es para personas un poco más especializadas. No es terreno reservado a los grandes especialistas. A veces hay lectores de la Palabra que, desde su posición de fe y desde sus conocimientos personales, hacen pequeñas aproximaciones a los textos bíblicos. Habría que intentar publicarlos en alguna revista sencilla o especializada. Las revistas está escasas de estos trabajos y no cabe duda de que, si tienen contenido, serán bien recibidos. ¿Una serie sobre los comportamientos “carnales” de Jesús no sería muy interesante?

 

  1. 6.      Valorar los comentarios bíblicos no creyentes

Hay autores agnósticos o no creyentes que reelaboran los textos bíblicos. Siempre han sido numerosos y ahora también lo son. Puede calificarse de arbitrario su tratamiento de los textos. Pero la libertad con la que escriben propicia lecturas que, aunque lejos de los moldes canónicos, resultan muy sugerentes. Hay que partir de la Biblia es patrimonio de todos y que ninguna lectura es la “oficial”. Y, aunque desbordantes en imaginación, con frecuencia conectan con líneas básicas del Mensaje ¿Cómo entender desde ahí, a modo de ejemplo, la novela de G. Martín Garzo Y que se duerma el mar?

 

  1. 7.      Llegar a un ecumenismo bíblico

 

Una experiencia gratificante y lograda ha sido la de ver que todos los intentos de traducciones bíblicas interconfesionales han resultado positivas y se ha llegado a un acuerdo, incluso en textos históricamente muy divergentes. Eso demuestra que el vínculo que crea la fe y el amor a la Palabra hace que se superen fosos que duran siglos. ¿Cómo se puede llegar a un acuerdo a la hora de traducir Rom 3,28?

 

  1. 8.      Usar las versiones anotadas

 

La lectura de los textos bíblicos con notas fue vista con reticencias hasta épocas recientes. Pero hoy día, las notas dan un valor añadido a las traducciones bíblicas. Hasta el punto de que leer hoy sin notas es una anomalía. Se necesita constantemente el apoyo de las notas para poder ahondar en el texto. Hoy, la mayoría de las traducciones contienen notas de gran valor. Es preciso ser tenaz en su uso. ¿Cómo vamos a entender sin notas, por ejemplo, el texto de Rom 3,21ss?

 

  1. 9.      No recurrir siempre a los técnicos

 

Cuando en las parroquias, en los grupos cristianos, se quiere dar un cursillo de Biblia, se recurre a un especialista. Tendría que ser algo excepcional. Un sacerdote, un laico básicamente formado, una religiosa tendrían que ser capaces de, preparando un poco la cosa, dar un cursillo elemental sobre un tema bíblico. Es preciso animarse. Estar dependiendo siempre del especialista hace que, al final, consagremos una casta de “escribas” que es un peso para lo bíblico. ¿Cómo leer desde ahí el texto de

 

10.  Utilizar la técnica del puzle

 

Es una técnica sencilla para ir adentrándose cada vez más en la Palabra: ir construyendo pieza a pieza, texto a texto, el acceso a la Palabra. En una determinada circunstancia (homilía, lectura, propia reflexión, compartir bíblico, etc.) uno aprende algo interesante, lo anota en el margen de su Biblia y así tiene atrapado un texto. Uno a uno, poco a poco, se van sumando textos, como en un puzle. Eso sí, es imprescindible anotarlo.

 

Aque Jesús que vive hoy

AQUEL JESÚS QUE SIGUE VIVO HOY

 

 

Decir algo coherente y vibrante sobre Jesús de Nazaret, algo que pueda atraer nuestra mirada de nuevo sobre él no es fácil. Pesan las rutinas y cansancios que se ha acumulado sobre él a lo largo de los siglos. Pero los intentos nunca son vanos. Intentémoslo, pues.

Vamos a enfocar la figura de Jesús desde cuatro perspectivas: Jesús “deformado”, Jesús reformado, Jesús valorado, Jesús preguntado. Creemos que eso puede darnos pie para un acercamiento.

 

  1. 1.    Jesús “deformado”

 

Ponemos “deformado” entre comillas porque es el reino de la fantasía aplicada a la persona de Jesús. La cosa abunda. Cada mes sale un libro que tiene por personaje central a Jesús leído desde una imaginación extraevangélica y pretensiones de verosimilitud. Más allá de todas las desmesuras, estos textos encierran un indudable aprecio por su persona y eso nos puede ser de utilidad si los leemos con un poco de discernimiento.

Tomamos como ejemplo el libro de C. FALLARÁS, El Evangelio según María Magdalena, Ediciones B, Barcelona 2021. Libro volcánico e hiriente. Podría haber estado más ajustado (zelotes, siete demonios). Desacredita y menosprecia los textos canónicos (patrañas). A pesar de ello:

  • El encuentro con Jesús entendido como cambio radical:cambio del corazón que se da a través de la palabra:

 

«Leví celebraba un cambio radical en su vida. Había decidido cortar todo trato con Roma, abandonar su labor recaudatoria y unirse a los seguidores del Nazareno, algo que en ese momento me resultaba absolutamente incomprensible…Cuando nos retiramos a descansar, ya sabía yo que aquel hombre iba a arraigar en mí, como así ha sido. Pero esa certeza fue solo la primera, el principio. La palabra fue el principio, un atisbo que era semilla, aún solo eso. Y decidí permanecer, no apartarme de su posible crecer. Después, mucho después, fui entendiendo que la palabra es la vida, la vida frente al cuerpo, sobre el cuerpo o el cuerpo mismo» (p.85,108).

 

  • Una visión liberadora de Jesús: liberador de las pobrezas y liberador personal (aquella falla, esta no):

 

«¿Estás ciego, Leví? ¿Por qué crees que los zelotes se han unido al Nazareno? ¿Por qué forman ya parte de los discípulos que le siguen? Para ellos es el enviado que liberará al pueblo judío. Esta vez del poder de Roma. Recuerda a Moisés, la liberación del yugo egipcio, de la tierra prometida, todo eso. Los zelotes harán cualquier cosa, cualquiera, por conseguir la libertad del pueblo de Israel, esa torpe idea suya de libertad, territorial, esa idea suya de pueblo judío» (p.137).

 

  • La recreación de textos emblemáticos: la multiplicación de los panes (reparten la Magdalena y Leví), la entrada mesiánica (que falla), la cena (sembrar alimento):

 

«Aquella noche los gestos de mi amado eran escuetos y hacia dentro. Le había visto compartir alimentos en todo tipo de lugares y con toda clase de personas de forma jocosa y siempre festiva, su forma de reír y contagiar la risa. Ahí, justo ahí se levantaba una de las columnas sobre las que se había construido todo, en el alimento. Sembrar el alimento, hacerlo crecer, compartir y repartirlo, celebrar el alimento. El alimento como representación de sí mismo, nuestra representación. Además, a eso y no a otra cosa se había dedicado siempre mi familia» (p.191).

 

  • Vivo en la palabra: resucitó en la palabra:

 

«El Nazareno está vivo, pero qué os importa eso a vosotros que huisteis como ratas cuando más os necesitaba. Está vivo, no importa cómo ni dónde. Está vivo porque su palabra permanece y permanecerá en el alma de aquellos que vieron su vida transformada al escucharle» (p.229).

 

Para el trabajo en grupo:

 

         Leer y valorar esta página de El Evangelio según Jesucristo, de J. Saramago pp.26-27 de la edición dee Punto de Lectura, Madrid 2010):

  • ¿cómo suena?
  • ¿qué verosimilitud se le puede dar?
  • ¿qué consecuencias puede tener para presentar la figura de Jesús?

 

«Como si se moviese en el interior de la columna de aire, José entró en la casa, cerró la puerta tras él, y durante un minuto se quedó apoyado en la pared, aguardando a que los ojos se habituasen a la penumbra. A su lado, el candil brillaba mortecino, casi sin luz,  inútil. María, acostada boca arriba, miraba fijamente un punto ante ella y parecía esperar. Sin pronunciar palabra, José se acercó y apartó lentamente la sábana que la cubría. Ella desvió los ojos, alzó un poco la parte inferior de la túnica, pero solo acabó de alzarla a la altura del vientre, cuando él ya se inclinaba y procedía del mismo modo con su propia túnica y María, a su vez, abría las piernas, o las había abierto durante el sueño, y de este modo las mantuvo, por inusitada indolencia matinal o por presentimientos de mujer casada que conoce sus deberes. Dios, que está en todas partes, estaba allí, pero, siendo lo que es, un puro espíritu, no podía ver cómo la piel de uno tocaba la piel del otro, cómo la carne de él penetró en la carne de ella, creadas una y otra para eso mismo y, probablemente, no se encontraría allí cuando la simiente sagrada de José se derramó en el interior sagrado de María, sagrados ambos por ser la fuente y la copa de la vida. En verdad hay cosas que Dios no entiende, aunque las haya creado. Habiendo pues salido al patio, Dios no pudo oír el sonido agónico, como un estertor, que salió de la boca del varón en el instante de la crisis, y menos aún el levísimo gemido que la mujer no fue capaz de reprimir. Solo un minuto, o quizá no tanto, reposó José sobre el cuerpo de María. Mientras ella se bajaba la túnica y se cubría con la sábana, tapándose después con el antebrazo, él, de pie en medio de la casa, con las manos levantadas, mirando al techo, pronunció aquella oración, terrible sobre todas, a los hombres reservada, Alabado seas tú, Señor, nuestro Dios, rey del universo por no haberme hecho mujer. Pero a estas alturas ya ni en el patio debía estar Dios, pues no se estremecieron las paredes de la casa, no se derrumbaron ni se abrió la tierra. Entonces, por primera vez, se oyó a María, humildemente decía, como de mujer se espera siempre la voz, Alabado seas tú, Señor, que me hiciste conforme a tu voluntad, ahora bien, entre estas palabras y las otras, conocidas y aclamadas, no hay diferencia alguna, reparad, He aquí la esclava del señor, hágase en mí según tu palabra, queda claro que quien esto dijo podía haber dicho aquello. Luego, la mujer del carpintero José se levantó de la estera, la enrolló junto a la de su marido y dobló la sábana común».

 

  1. 2.    Jesús reformado

 

Consideramos las obra de J. A. PAGOLA, Jesús. Aproximación histórica, ed. PPC, Madrid 2013 (con sus más de 100.000 ejemplares vendidos) como un formidable esfuerzo por reorientar la figura de Jesús. Tomamos, a modo de ejemplo, el cap.8: “Amigo de la mujer”.

  • Un capítulo insólito en un tipo de libro así. Rodeado de mujeres. De ningún profeta se dice algo parecido.
  • La condición de la mujer en la época es de negatividad e inexistencia social (causa del mal, propiedad del hombre, sin autonomía, esclava de la pureza sexual, al servicio del hombre, sin amparo legal).
  • Las mujeres que se acercan a Jesús son de las últimas, aquellas que la sociedad ha marcado como extraviadas y negativas.
  • En contra de la tendencia general, nunca previene a los varones de las artes seductoras de las mujeres, sino que les alerta contra su propia lujuria (“Todo el que mira a una mujer…”).
  • Tener hijos no es todo en la vida (“Dichoso el vientre…”) ni las tareas del hogar son las únicas (“María ha elegido la parte buena…”).
  • Denuncia el criterio de doble moralidad (La mujer adúltera).
  • Jesús tiene una mirada diferente: hace visibles a las mujeres (viuda inoportuna, mujer que pone la levadura, que encuentra la moneda, viudas, enfermas crónicas, pagana de Tiro).
  • Crea un espacio sin dominación masculina  y sin separación de derechos y obligaciones.
  • Rompe una lanza por la igualdad sexual (repudio).
  • Jesús tiene un litigio continuado con el padre (corro, qué nos va a tocar).
  • Seguidores y seguidoras (Rom 16; 1 Cor 9)
  • María Magdalena. “Su mejor amiga”.

 

Trabajo para el grupo:

 

         ¿Cómo vería Jesús la danza del pecado original del cirque du soleil?

 

  1. 3.    Jesús valorado

 

Como ejemplo de valoración tomamos unas notas de J. Sobrino:

 

  • «De Jesús impactaba la misericordia y la primariedad que le otorgaba: nada hay más acá ni más allá de ella, y desde ella define la verdad de Dios y del ser humano.
  • De Jesús impactaba su honradez con lo real y su voluntad de verdad, su juicio sobre la situación de las mayorías oprimidas y de las minorías opresoras, ser voz de los sin voz y voz contra los que tienen demasiada voz, e impactaba su reacción hacia esa realidad: ser defensor de los débiles y denuncia y desenmascaramiento de los opresores.
  • De Jesús impactaba su fidelidad para mantener honradez y justicia hasta el final en contra de crisis internas y de persecuciones externas.
  • De Jesús impactaba su libertad para bendecir y maldecir, acudir a la sinagoga en sábado y violarlo, libertad, en definitiva, para que nada fuese obstáculo para hacer el bien.
  • De Jesús impactaba que quería el fin de las desventuras de los pobres y la felicidad de sus seguidores, y de ahí sus bienaventuranzas.
  • De Jesús impactaba que acogía a pecadores y marginados, que se sentaba a la mesa y celebraba con ellos, y que se alegraba de que Dios se revelaba a ellos.
  • De Jesús impactaban sus signos -sólo modestos signos del reino- y su horizonte utópico que abarcaba a toda la sociedad, al mundo y a la historia.
  • Finalmente, de Jesús impactaba que confiaba en un Dios bueno y cercano, a quien llamaba Padre, y que, a la vez, estaba disponible ante un Padre que sigue siendo Dios, misterio inmanipulable» 

 

Trabajo para el grupo:

 

         Teniendo delante la lista de J. Sobrino, reelaborar otra con la premisa:

         Entre nuestros alumnos podría impactar de Jesús…

 

  1. 4.    Jesús preguntado

 

Vamos a tomar como referencia un librito peculiar, el del capuchino D. MONTERO, 110 preguntas de hoy a Jesús,  Ed. CCS, Madrid 2013.

Es un libro reconstruido sobre respuestas imaginadas de Jesús, aunque al estar siempre ceñido a los textos bíblicos, le da garantía de veracidad.

Quizá tenga un lenguaje demasiado teológico y un tanto frailuno. Pero la idea es interesante y las respuestas tienen contenido. Agrupa las cuestiones en 17 breves apartados. Vamos a tomar como ejemplo el 16, sobre la resurrección:

1)  La primera cuestión es qué significó: mi muerte esclarece mi vida y la resurrección esclarece la muerte.

2)  ¿Son los relatos históricos?: son unánimes en el dato, pero difieren en el relato.

3)  ¿En qué consistió?: no es una reanimación, sino la certeza de que la vida triunfará sobre la muerte.

4)  ¿Fue un hecho histórico?: sí, si equivale a real y verdadero.

5)  ¿Qué nos dice hoy? No hay que morir para resucitar, hay que vivir ya resucitados y resucitando.

6)  ¿Las teologías alejan?: puede que sí. El evangelio no puede oler a laboratorio, sino a amanecer.

 

Para el trabajo en grupo:

 

  • ¿Qué preguntan hoy los chicos/as sobre Jesús?
  • ¿Qué podemos responderles?

 

 

(El Pardo, 6 de mayo de 2022)

Por una Iglesia sinodal

 

 

 

     Mercedarias. Egino 8 de enero de 2022

 

 

 

 

POR UNA IGLESIA SINODAL 

 

         Se ha comenzado en la Iglesia un largo camino para la puesta en pie de un sínodo eclesial. Es un acontecimiento importante en la vida de la Iglesia, No sería bueno situarse al margen sin más. La adultez cristiana ha de superar los prejuicios que pesan sobre este tipo de reuniones.

         Esta clase de asuntos entran en la animación comunitaria, trabajo específico de la hermana superiora. Son cosas que habría que tomar a pecho rechazando el planteamiento de que si no se hace nada, no pasa nada. La comunidad se empobrece espiritualmente y eso tiene repercusiones, Hay que animarse.

 

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LA BASE DE LA SINODALIDAD

 

         Ofrecemos en primer lugar una reflexión de algo que está a la base de estos trabajos de vida eclesial: vivir la fe en el marco de un grupo cristiano, de una parroquia, de un arciprestazgo.

         Esa base no es otra que la buena relación, lo que Jesús llegó a formular como “reinado de Dios”: la nueva relación de hermanos, la sociedad sin jerarquías, la convivencia de todos en paz y respeto. Eso está en la base de todos los trabajos eclesiales.

         Por eso mismo, en este Adviento volvemos a la reflexión sobre la fraternidad desde la encíclica FT que lo tiene por tema central. Podrá ayudarnos al tema del Sínodo y, más a la base, a la buena relación en nuestros grupos parroquiales.

 

«Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás. Ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros: sólo me comunico realmente conmigo mismo en la medida en que me comunico con el otro. Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar. Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad. Por el contrario, no hay vida cuando pretendemos pertenecer sólo a nosotros mismos y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte» (FT 87).

 

         He aquí un texto luminoso. Todas y cada una de las frases son útiles para generar espiritualidad en torno a la comunidad. Necesitamos luz y ánimo más que grandes documentos. Aprovechemos esta oportunidad rumiando el presente texto.

         Es cierto que aquí se habla de la comunidad humana, social. Pero el cimiento es común para toda vida en grupo, también para los grupos eclesiales. Dar el salto a la comunidad creyente sin el cimiento de la antropológica y social es un riesgo. La primera evidencia de nuestra vida eclesial es que deseemos la vida en grupo. Quien tiene problemas para la vida en grupo tiene problemas para la vivencia de la fe.

         No hemos de subrayar sobre todo lo que nos separa de otros tipos de comunidad, sino lo que nos une. Unidos en lo común, en lo humano, ese es el gran cimiento de la vida eclesial.

         Comentemos, una a una, cada una de sus frases porque todas son magníficas.

 

  • «Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás».

 

El ser humano encuentra su plenitud en la entrega, no en el individualismo. Porque hemos sido educados en ese individualismo (“el que viene atrás que arree”) creemos que eso debe estar presente si se quiere sobrevivir en la vida cristiana. Una Iglesia egoísta tiene el horizonte muy limitado. El vigor de una comunidad no se mide por sus obras, su número o su reconocimiento social, sino por su entrega.

Esto pertenece a la hechura de lo humano. Lo que está a la base es la donación, por más que el egoísmo nos parezca una fuerza mayor (“por el interés te quiero, Andrés”). Hemos de creer en nuestra capacidad de entrega más que en nuestro egoísmo.

La entrega ha de ser sincera. Si encierra otras intenciones ocultas, si me entrego para sacar yo más partido, si me doy para hacerme un nombre y que me reconozcan, me den cargos, me aplaudan, es una entrega viciada. Pasar siempre factura es a la larga lo contrario de la fraternidad.

 

  • «Ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros».

 

El encuentro con el otro es el lugar adecuado para conocerse a sí mismo. Por eso, quien se encierra en su egoísmo, se desconoce a sí mismo, ignora sus verdaderos valores, vive en la mayor desorientación que es la de no saber quien se es en verdad.

Los otros dicen con mayor propiedad que yo mismo quién soy. Por eso mismo, el encuentro con el otro nos abre a la propia verdad y si no hay encuentro permanecemos cerrados en nuestra ignorancia más básica.

Encontrarse con el otro no es solo convivir físicamente. Es necesario ir saltando la cerca que envuelve el corazón ajeno e ir abriendo la propia cerca. Desechar este anhelo por excesivo será empobrecer de salida el horizonte de la vida cristiana. Porque estamos hechos para el encuentro la vida cristiana quiere hacer ver que ese anhelo es posible. De ahí que la razón de ser más básica e incluso el primer apostolado, antes que toda misión, es construir el encuentro. Si eso se da, hay sentido y posibilidad de evangelización; si no se da, se oscurece el sentido y la misión entra por derroteros religiosos y de funcionariado.

 

  • ·         «Sólo me comunico realmente conmigo mismo en la medida en que me comunico con el otro».

 

Si no hay comunicación con el otro mi conversación interior es un soliloquio que no me lleva a buen puerto y que se presta a muchas desviaciones. Hablando con el otro se sitúan las cosas en sus justas medidas. Por eso, el diálogo con el otro es imprescindible. El ideal no es el silencio ante el otro sino este mezclado a la comunicación.

Estar mudo ante el otro no puede ser sino una medida temporal, terapéutica. Lo normal es hablar ante el otro. Hasta la liturgia es un hablar con otro ante Dios (una liturgia en solitario no es liturgia)

Por eso mismo, el modo más sensato de hablar de uno mismo es cuando en esa apreciación entran las valoraciones del otro. De ahí que muchas veces las formas de hablar de uno mismo, al no ser formas que cuentan con lo que dicen los otros, son un desvarío egolátrico que el grupo soporta como una cruz.

Con frecuencia no se tiene la valentía fraterna de decir a la cara del hermano lo que se piensa de él y se va diciendo a sus espaldas. No es buen proceder. Ya dice san Francisco: «Dichoso el siervo que tanto ama y respeta s su hermano cuando está lejos de él que cuando está con él, y no dice a sus espaldas nada que no pueda decir con claridad delante de él».

 

  • ·         «Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar».

 

Amar sin rostros concretos, sin nombres, en general es arriesgarse a no amar. Orar con nombres es una manera muy buena de orar. Dice san Pablo en Rom 1,9: “No se me cae vuestro nombre de la boca cuando rezo”. Una vida sin rostros a los que amar es una vida en gran pobreza.

El rostro es la persona. Por él distinguimos a cada cual. Por él sabemos si estamos en su corazón o no. Por el rostro y por el nombre. Jesús devela su ser resucitado en la manera que tiene de pronunciar los nombres con amor: “¡María!” (Jn 20,16). Dice P. Casaldáliga: “Al final del camino me dirán: —¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres.”

Mirar el rosto del otro, estudiar su rostro es acercarse a su corazón. ¿Cómo es que vivimos tantos años cerca unos de otros y casi desconocemos el rostro del hermano, de la hermana? Lectura de rostros, eso tendría que ser un trabajo de comunidad para nosotros. Al final, el rostro de Dios lo vemos en el rostro del otro (Gen 33,10).

Amar rostros es compartir la vida que se refleja en ellos: el dolor, la alegría, la pena, la sorpresa, el cansancio, la terquedad, la fidelidad, la luz. A veces apelamos al corazón de la persona como la sede de sus mejores valores. Se podría apelar al rostro porque si bien, a veces, engañamos con el rostro, a la larga, el rostro desvela el alma.

 

·       «Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad».

 

El sentido de la existencia humana se percibe, a veces, oscuro y secreto. Pues bien, la comunidad ilumina esa oscuridad: hemos sido creados para ser hermanos y hermanas. De tal manera que siendo hermanos se ilumina la senda de la vida y de lo contrario se oscurece. La gran pregunta de siempre: ¿qué hacemos aquí? Se resuelve en esa respuesta sencilla: tratar de vivir el sueño de la igualdad humana. Eso es lo que en verdad tiene sentido. Cuando en la vejez nos asalta la duda de si ha merecido la pena nuestra vida, una respuesta tranquilizadora sería: sí ha merecido la pena por haber podido tener hermanos y haber sido hermanos con ellos. Mientras haya comunidad, grupo, habrá sentido.

Los vínculos humanos son vividos, a veces, como un peso. Pero si se vivieran gozosamente, los vínculos serían la evidencia de que la relación funciona. De todos modos, si se anhela una vida sin vínculos, el grupo enmudece, se esfuma. De ahí que el gozo de ser hermanos y hermanas desplaza el precio que es preciso pagar a cualquier vínculo.

Además, que la vida es comunión es algo que se demuestra desde los tiempos ancestrales, desde la mandíbula de Dmanisi de hace más de 2 millones de años donde se ve que alguien ya hacía favores al débil, favores de comunidad (y eso que eran homínidos carroñeros). Por eso, y aunque Darwin dice que triunfa la especie que mejor se adapta, en realidad el triunfo está en quien más comunión crea. Cuanta más comunión, más vigor tiene la comunidad; cuanto menos comunión, más fragilidad.

 

·       «La vida es más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad».

 

Dice el Cant 8,6 que el amor es más fuerte que la muerte. Eso mismo dice FT: si el cimiento de la vida es la fraternidad, la vida se hace fuerte más allá de la muerte y de las muertes que acompañan nuestra vida. La fortaleza no le viene al grupo por el mucho número, por la brillantez de sus miembros, por las grandes obras de misión que han llevado a cabo en su vida. No, le viene por la buena relación. Ahí está la raíz de su fortaleza. Por eso, si se quiere fortalecer a la comunidad, lo que se haga por hacer fuerte la fraternidad irán en la buena dirección.

Ahora bien, las relaciones han de ser verdaderas. Porque también puede que haya relaciones falsas no tanto de engaño, cuanto de cansancio, apariencia, superficialidad, desinterés por el otro. Las relaciones verdaderas son las brotan de un amor experimentado, de un respeto cariñoso, de una colaboración generosa, etc. Son verdaderas porque están llenas de una vida verdadera, entregada.

Y luego está la fidelidad, no tanto a Dios, sino a los hermanos y hermanas. Esa fidelidad es la que Dios nos demanda y la que puede hacer verdadero el amor. No traicionar, no engañar, no tener dos caras, no hablar por detrás, no tener dos maneras de valorar a los hermanos y hermanas (una si está delante, otra si no lo está).

 

  • «No hay vida cuando pretendemos pertenecer sólo a nosotros mismos y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte».

 

El aislamiento, el interés solo por mis cosas, el no haber pasado a “la orilla de la comunidad” (verdadero peligro de por vida), el viajar individualmente y no en el bus del grupo, es lo que agosta la vida, le quita sentido, le arrebata el gozo, la vuelve sosa..

Vivir como islas es andar el camino del empobrecimiento, de la desconexión. Estar mirándose siempre el ombligo es terminar miope y no ver la hermosura de los otros y la belleza de la vida. Ensimismarse es siempre un peligro a controlar. No somos islas, somos península conectada siempre al otro. Por ahí nos llega la savia, la vida.

Un grupo tiene el peligro de estar muerto aunque sus miembros estén vivos. La muerte de la ilusión, del cariño, de la sensibilidad, del gozo compartido. Son caminos que nos llevan al cementerio, aunque aún no hayamos muerto. Luchar contra la muerte del grupo no es algo para otros, sino para cada uno de nosotros. La relación de grupo, de parroquia es algo vivo; si no se lo cultiva, se agosta y se muere.

 

Conclusión: no renunciemos a una vida de componente comunitario, no renunciemos a una relación jugosa; no renunciemos a una vida en grupo parroquial, arciprestal pacífica y gozosa. Y desde ahí, trabajemos día a día por el logro hermoso de la construcción de la comunidad. Es empresa que no defrauda. Y esta es la base de todo trabajo en torno a la sinodalidad.

 

 

 

2

LA VOCACIÓN SINODAL DEL PUEBLO DE DIOS

 

El 2 de marzo de 2028 la Comisión Teológica Internacional publicó un extenso documento con el título La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia. Creemos que es la base ideológica de este sínodo convocado este año en su fase preparatoria. Por eso, volver sobre él puede situarnos mejor ante el sínodo.

Lo que se dice en él es teoría teológica, enseñanza. No es la realidad. Pero nosotros podemos leer esas páginas con sentido crítico y también con el deseo de iluminar nuestro camino cristiano. De todo se puede aprender si se hace con actitud de adultez.

Nosotros leeremos y subrayaremos solamente unos pocos puntos sobre la vocación sinodal del pueblo de Dios. Es algo muy genérico. Pero quizá podamos sacar alguna luz.

 

72. El Pueblo de Dios en su totalidad es interpelado por su original vocación sinodal. La circularidad entre el sensus fidei con el que están marcados todos los fieles, el discernimiento obrado en diversos niveles de realización de la sinodalidad y la autoridad de quien ejerce el ministerio pastoral de la unidad y del gobierno describe la dinámica de la sinodalidad. Esta circularidad promueve la dignidad bautismal y la corresponsabilidad de todos, valoriza la presencia de los carismas infundidos por el Espíritu Santo en el Pueblo de Dios, reconoce el ministerio específico de los Pastores en comunión colegial y jerárquica con el Obispo de Roma, garantizando que los procesos y los actos sinodales se desarrollen con fidelidad al depositum fidei y en actitud de escucha al Espíritu Santo para la renovación de la misión de la Iglesia.

 

         Nos parece interesante el principio de la circularidad en que están implicados los fieles, quienes disciernen en sínodo y la autoridad. Tiene que haber un modo de corriente circular entre estas instancias. Todas tienen que estar en línea de sinodalidad. Lo que se pide a los fieles, se pide con más razón a los sinodales y a la autoridad. Este principio de circularidad demanda una fuerte dosis de fe eclesial porque acumulamos en nuestra vida experiencias que nos dicen que tal circularidad no va a ser posible tampoco esta vez. Pero no todo es blanco o negro. Los intentos tienen un valor. ¿Cómo sacudirse de encima esa pegajosa sensación de que esto no vale para nada? ¿Cómo creer no tanto en la comunión de los santos, sino en la de los “pecadores”, los limitados, los cansados, los decepcionados? Comencemos, dice el número, por trabajar la dignidad bautismal (tan olvidada), el propio carisma (la vida fraterna) y el depósito de la fe entendido como realidad viva, no anquilosada. Es decir: no desistamos de colocar la experiencia cristiana en modos laicos, seculares; no desistamos en trabajar la base comunitaria; no desistamos en  creer que la experiencia de fe es algo vivo, no un fósil.

 

73. En esta perspectiva, resulta esencial la participación de los fieles laicos. Ellos constituyen la inmensa mayoría del Pueblo de Dios y hay mucho que aprender de su participación en las diversas expresiones de la vida y de la misión de las comunidades eclesiales, de la piedad popular y de la pastoral de conjunto, así como de su específica competencia en los varios ámbitos de la vida cultural y social. Por eso es indispensable que se los consulte al poner en marcha los procesos de discernimiento en el marco de las estructuras sinodales. Es entonces necesario superar los obstáculos que representan la falta de formación y de espacios reconocidos en los que los fieles laicos puedan expresarse y obrar, y de una mentalidad clerical que corre el riesgo de mantenerlos al margen de la vida eclesial. Esto exige un compromiso prioritario en la obra de formación de una conciencia eclesial madura, que en el nivel institucional se debe traducir en una práctica sinodal regular.

 

Puede parecer que hay aquí un paternalismo solapado respecto a los laicos y quizá sea así. Muchas veces hemos oído estas palabras sobre su importancia en la vida eclesial. Los avances son, para muchos, demasiado lentos. Dice que hay que reconocer su mayoría eclesial más allá de su evidente o supuesta falta de formación y más allá de que no hay muchos espacios donde puedan influir. No nos descubre nada nuevo cuando dice que el mayor obstáculo es el clericalismo. El Papa lo ha dicho de muchas maneras, él que es clérigo y jefe de clérigos (quizá los grandes males de la Iglesia sean los abusos sexuales, la avaricia económica y el clericalismo). Una forma madura de ser cristiano es tratar de contener, con las herramientas que se tienen, ese clericalismo que está en la cúpula y en la base. Quizá a nosotros se nos llama a trabajar en la base: no ceder ante los planteamientos absorbentes del clero, tratar de colaborar haciendo ver que se tiene un lugar eclesial, participando con conciencia de igualdad, respirando fuerte cuando uno está tentado de tirar la toalla, cuidar de no convertirse en laicos-clérigos o religiosas-clérigos, que los hay. ¿Cómo un sínodo puede rebajar el nivel de clericalismo y aumentar el nivel de ministerio, de servicio al pueblo cristiano en modos de fraternidad igualitaria?

 

74. Se valoriza además con decisión el principio de la co-esencialidad entre los dones jerárquicos y los dones carismáticos en la Iglesia sobre la base de la enseñanza del Concilio Vaticano II. Esto implica la participación en la vida sinodal de la Iglesia de las comunidades de vida consagrada, de los movimientos y de las nuevas comunidades eclesiales. Todas estas realidades, surgidas a menudo por el impulso de los carismas otorgados por el Espíritu Santo para la renovación de la vida y de la misión de la Iglesia, pueden ofrecer experiencias significativas de articulación sinodal de la vida de comunión y dinámicas de discernimiento comunitario puestas en práctica en el interior de ellas, junto a estímulos para individualizar nuevos caminos de evangelización. En algunos casos, también proponen ejemplos de integración entre las diversas vocaciones eclesiales en la perspectiva de la eclesiología de comunión.

 

         A veces los grupos carismáticos han sido vistos como dificultad para su incardinación eclesial (“un garbanzo en el zapato de los obispos”). El engranaje de la Iglesia siempre utiliza a los grupos que no plantean problemas. Pero, justamente, la profecía es la aportación mayor a la Iglesia y a la sinodalidad. Si tuviéramos fuerza, habríamos de proponer cosas proféticas, sueños, utopías, sin temer la certeza de que iban a ser desechadas. ¿En qué puede convertirse un sínodo sin utopía? La comunión no se rompe por la profecía, ni siquiera por la disidencia (no olvidemos que somos seguidores de un disisente). Se rompe por la rutina, el legalismo, el clericalismo, el menosprecio a la sabiduría de los pobres.

 

75. En la vocación sinodal de la Iglesia, el carisma de la teología está llamado a prestar un servicio específico mediante la escucha de la Palabra de Dios, la inteligencia sapiencial, científica y profética de la fe, el discernimiento evangélico de signos de los tiempos, el diálogo con la sociedad y las culturas al servicio del anuncio del Evangelio. Junto con la experiencia de fe y la contemplación de la verdad del Pueblo fiel y con la predicación de los Pastores, la teología contribuye a la penetración cada vez más profunda del Evangelio. Además, «Como en el caso de todas las vocaciones cristianas, el ministerio de los teólogos, al tiempo que personal, es también comunitario y colegial». La sinodalidad eclesial compromete también a los teólogos a hacer teología en forma sinodal, promoviendo entre ellos la capacidad de escuchar, dialogar, discernir e integrar la multiplicidad y la variedad de las instancias y de los aportes.

 

       Es un número dedicado a los teólogos. No suele haber muchos en los grupos cristianos (están en las Facultades haciendo sus investigaciones). Se les pide que lean la Palabra en modos nuevos. Eso mismo se pide a todo cristiano si se quiere que la Palabra siga siendo lámpara para iluminar nuestros pasos. Se les pide una experiencia de fe; eso mismo se pide a todo cristiano (como lo dice la EG). Se les pide que profundicen en el Evangelio. Eso mismo se pide a todo cristiano si se quiere que ese Evangelio sea sugerente. Se les pide, además, sentido comunitario de la fe; como a nosotros. Se les pide escucha atenta (amante que diría el Papa). Es decir, a los teólogos se les pide que intensifiquen su vida cristiana para animar a que lo hagan los fieles que no son teólogos de título, pero sí de vida. Hay que saber discernir de qué teólogos va uno nutriendo su sinodalidad.

 

76. La dimensión sinodal de la Iglesia se debe expresar mediante la realización y el gobierno de procesos de participación y de discernimiento capaces de manifestar el dinamismo de comunión que inspira todas las decisiones eclesiales. La vida sinodal se expresa en estructuras institucionales y en procesos que conducen a través de diversas etapas (preparación, celebración, recepción), a actos sinodales en los que la Iglesia es convocada según varios niveles de actuación de su sinodalidad constitutiva. Este compromiso requiere una atenta escucha del Espíritu Santo, fidelidad a la doctrina de la Iglesia y al mismo tiempo creatividad para detectar y hacer operativos los instrumentos más adecuados para la participación ordenada de todos, el intercambio de los respectivos dones, la lectura incisiva de los signos de los tiempos, la eficaz planificación de la misión. Con este fin, la puesta en práctica de la dimensión sinodal de la Iglesia debe integrar y «aggiornare» el patrimonio de la antigua ordenación eclesiástica con las estructuras sinodales nacidas por el impulso del Vaticano II y debe estar abierta a la creación de nuevas estructuras.

 

         Los últimos sínodos, mal que bien, han sido mecanismos de participación. No se duda de ello. Pero tendría que verse desde la mera composición de los mismos (mayoría absoluta de obispos; pocos, además de ellos, tienen voto). De las características de esta estructura (escucha al Espíritu, creatividad, participación ordenada) subrayamos la creatividad. No está al mismo nivel que las otras. Sin creatividad la cosa se apaga. ¿Cómo apelar a la creatividad y, a la vez, mantener la coraza de hierro que es el Derecho Canónico? No lo sabemos. La falta de alternatividad es la “piedra de molino” al cuello de Mc 9,42.

 

3

¿QUÉ PUEDE HACER UNA SUPERIORA PARA ANIMAR EL TEMA DEL SINODO EN SU COMUNIDAD?

 

            Dada la situación de la mayoría de nuestras comunidades, no mucho, Pero entra dentro de la animación comunitaria el tener presentes los grandes acontecimientos de la Iglesia. Y este es uno de ellos. No hacer nada es la peor de las gestiones. Sugerencias:

 

  1. Una al alcance de todas las comunidades: Orar por el sínodo. Establecer un día eclesial de oración por el sínodo (los viernes por ejemplo). Que se note en las preces de Laudes, de la Misa (si se tiene), de Vísperas.
  2. Tener informada a la comunidad. Basta con seguir las noticias de Vida Nueva, por ejemplo y subrayarlas un poco en la reunión de comunidad en la que habría de haber un apartado para el Sínodo si no todas las semanas, de vez en cuando.
  3. Si alguna hermana más dispuesta quisiera participar en un grupo sinodal de la parroquia, animarla, suplirle en los trabajos, dejarle de vez en cuando un pequeño espacio de información a la comunidad.
  4. Si la comunidad tuviese fuerza para montar un pequeño grupo sinodal, hacerlo, animarlo, sostenerlo desde dentro. La superiora ha de vencer sus propios prejuicios y ponerse las pilas si su comunidad tiene posibilidades.

 

PLIEGO VN CUARESMA 2022

UNA CUARESMA A PRUEBA DE NEGACIONISTAS

 

            Podemos comenzar esta reflexión con una sonrisa: fue el inefable Van Gaal, entrenador del Barcelona, quien dejó para la historia aquella célebre frase de “¡Siempre negativo, nunca positivo!”. Por extraño que parezca, de algo de eso queremos hablar: cómo des-negativizar la Cuaresma y llegar a entenderla y vivirla como un tiempo altamente positivo.

 

I 

Negacionistas, conspiranoicos y colaboracionistas

 

La pandemia en la que seguimos inmersos ha ensanchado el campo semántico de las palabras y ha enriquecido nuestro vocabulario, además de amargarnos mucho la existencia. Observando con detenimiento percibimos un reflejo en el tema de la vivencia de la Cuaresma:

 

  1. 1.      Los negacionistas de mirada gris

 

La palabra “negacionista”, que inventó el historiador francés Henry Rousso y que, según algunos, se ha ido aplicando de forma creciente a más conceptos, cada vez sugiere más y significa menos. Es posible. Pero los negacionistas y sus, a veces, disparatados planteamientos (muchas veces simples bulos), los tenemos en nuestra casa, en la puerta del vecino, en la familia amiga que decide, en bloque, definirse como antivacunas. Los tenemos en las manifestaciones públicas y en sus algaradas.

Es una postura de vida, una manera de situarse en un determinado momento social. No sirve de nada esgrimir argumentos ni manejar datos estadísticos. Si se hace, el resultado es una confirmación en las propias posiciones. El negacionismo no tiene fisuras y si contiene algún interrogante, se mantendrá en secreto para no pensar que se da la razón a los “colaboracionistas”.

Perseguirlos y amenazarlos con “joderlos hasta el final”, como dijo de manera intempestiva el presidente francés, no lleva a ningún lado. El negacionismo es una opción que es preciso encajar en la pluralidad democrática y en la libertad, por más que a algunos no nos guste. Por eso mismo, obligar a una vacuna es tan insensato como obligar a tomar una medicación. El que esta postura tenga consecuencias sociales, económicas y de salud no anula la libertad personal. Y habrá que encajar, como se pueda, esta opción.

El camino podría ser el del convencimiento, la “seducción”, el diálogo incansable que desea hacer ver las ventajas de una profilaxis social general  estando abierto a discernir sobre los interrogantes no despejados de la vacunación y sobre la cantidad aún mayor de preguntas no respondidas en torno a una gestión que no ha sido tan ejemplar como cantan algunas voces políticas.

No podemos menos de pensar que en todo esto hay una especie de mirada gris, desconfiada, a la defensiva, carente de empatía histórica. Los negacionistas nunca lo admitirán. Pero su cuestionamiento sin propuestas eficaces para el problema  de la pandemia es el lenguaje de quien tercamente se  niega a lo que tampoco sabe dar respuesta.

Pues bien, algo parecido a lo descrito pasa con la espiritualidad y vivencia de la Cuaresma: los negacionistas cuaresmales los tenemos en nuestra parroquia, en nuestra comunidad religiosa, en nuestra Diócesis, en el mismo pensamiento del Papa Francisco, modelado por una espiritualidad de ese cuño que viene de lejos, aunque como las cosas no son o blancas o negras, como luego diremos, el Papa tiene también horizontes muy positivos en su espiritual cuaresmal.

El negacionista cuaresmal sigue en el marco del “perdona a tu pueblo, Señor”, reaviva las prácticas de piedad doloristas (via crucis, por ejemplo) sin darles ningún toque de renovación, hace parte de asociaciones religiosas ancladas en el concepto de redención por la muerte de Jesús (no por la vida de Jesús), invita a ayunos que se cumplen rutinariamente sin reflejo solidario, sigue creyendo en las “tristezas cuaresmales”. Su negacionismo consiste, ampliando el campo semántico del término, en seguir viviendo la cuaresma en el halo negativo heredado de la tradición piadosa que el Vat.II alivió notablemente, pero que no consiguió cambiar de paradigma.

Resulta ineficaz intentar hacerles ver que, si la Cuaresma es camino hacia la Pascua, ha de estar, de alguna manera, iluminada por la luz de Jesús y que, por lo mismo, no es tanto un tiempo de tinieblas, cuanto de búsqueda y de anhelo. No lo entienden y se reafirman en sus posiciones más cuanto más mínima sea la cosa que se cuestiona. El “siempre se ha hecho así” se yergue como el dogma máximo e inamovible. Los negacionistas cuaresmales se agrupan y hacen frente común, de tal manera que la comunidad cristiana se desconecta de cualquier posible camino de renovación.

Hay un negacionismo de baja tensión que opta por dejar las cosas como están y plegarse a la rutina anual de un tiempo y unas prácticas heredadas y no cuestionadas por nadie. El anhelo está apagado y se ha sucumbido a la costumbre por parte de los fieles y al funcionarado por parte de los servidores de la fe. Es un negacionismo cuaresmal desleído, desintencionado, sin vigor. No sabemos ni mejor o peor que el militante.

No hay que perder la esperanza. El negacionismo cuaresmal puede ser tratado a base de paciencia, espiritualidad e, incluso, poesía, como luego diremos. Quizá el mejor propósito inicial al comenzar la Cuaresma sea que esta no pase sin pena ni gloria, no ceder a la mera rutina de los días, abrir los ojos para poner un poco de luz en un tiempo de fe que puede ser hermoso si se lo ilumina desde la Pascua y que puede conseguir que un tiempo de tinieblas se transforme en un tiempo de anhelo. Un cambio de mirada, ahí está el quid.

 

  1. 2.      Los conspiranoicos que hablan con fantasmas

 

Es otro ámbito de esta sociedad de la pandemia en la que estamos inmersos. Los bulos, lanzados al aire por las redes, se encargan de orquestar posiciones tan increíble e imaginativas como disparatadas. Lo que a usted jamás se le habría ocurrido, lo piensa la imaginación de un conspiranoico. Es una versión actual del capricho de Goya “El sueño de la razón produce monstruos”.

¿Con qué vericuetos del alma humana conecta esta postura? Con lo oscuro, con el estremecimiento de abismo del corazón, con el ángel caído que anida en los pliegues del alma. Por razones aún ignoradas, ese agujero negro atrae con la succión de un enorme remolino. Y, dada la escasez de discernimiento social, se cobra numerosas víctimas que se ahogan en su propio y no pocas veces absurdo planteamiento.

Las conspiraciones en torno a la pandemia se ofrecen a la luz del día, servidas en el brillo de las redes y firmadas, no pocas veces, por personas de cierto rango social e incluso sanitario. Tienen en sus manos los micrófonos de los medios y los platós de tv. Y desde ahí su influencia, por disparatado que nos parezca el planteamiento, se vierte una ideología negativa, tóxica, que inocula la sospecha sin aportar claridad..

Se creen poseedores de una verdad que los demás ignoran y quieren hacer creer que tienen fuentes de información reservadas que ellos solos han conseguido recabar. Son impenetrables y aunque saben que, normalmente, su planteamiento conspiranoico no saldrá adelante, se empeñan con sembrar la confusión. Esa es su anhelada cosecha.

Ciertamente, son personas que hablan con los fantasmas que habitan en su imaginación, en sus temores, es sus oscuras pretensiones. Menosprecian los datos y, con ello, la verdad. Lo suyo no es explicar lo que nos pasa, sino demoler certezas, sembrar la confusión. Para ellos es un dogma el “cuanto peor, mejor”.

Por eso mismo, aunque pacientemente haya que hacerles frente con los datos verdaderos en la mano. Dado que el muro compacto de sus certezas no tiene fisuras, será también cuestión de driblarlos, de conseguir que no nos impidan ir por caminos de novedad. Si ellos quieren caminar por sendas de tinieblas, que lo hagan, pero  que obstaculicen lo menos posible la búsqueda de vida de los demás.

Los conspiranoicos cuaresmales tienen rasgos similares a los descritos. Creen que la sociedad laica y descreída, los gobernantes de izquierda, la ciencia que navega por sus propias aguas, lo que pretenden es la destrucción de la fe y la ruina de la Iglesia. Están convencidos de que “van a por ellos”. Y por eso mismo desarrollan una estrategia defensiva que incluye, entre otras cosas, el mantenimiento a ultranza de lo heredado, cuando más anclado en el pasado, mejor.

Piensan que la regulación de la misa en latín según los viejos misales es un golpe a la libertad litúrgica; creen que la apertura de la teología a los planteamientos científicos destruye la fe; entienden el acercamiento a los ateos, a los musulmanes, a las otras religiones simplemente como una claudicación que tiene como intención  la erradicación del catolicismo. Por todo ello, se agrupan en un frente común ante un papado que consideran desnortado y, en su boca, “herético”.

Al celebrar la Cuaresma, estos cristianos y sus clérigos, resucitan costumbres religiosas caídas en desuso; se centran en el pecado en modos tenebrosos; proponen penitencias del tiempo de los eremitas del desierto; intentan introducir la oscuridad de su visión en lo que llaman la “dirección de almas”. La Cuaresma es para ellos tiempo de necesarias tinieblas, porque tenebroso es el corazón humano y sus obras.

De esta manera piensan hacer frente al laicismo considerado como agente demoledor de la fe; creen que así se puede poner tope a la espiritualidad de la new age que cuestionan si saber muy bien qué es; luchan contra la ideología de género que inficiona el hecho social y desautorizan las espiritualidades que no lleven el sello oficial. La Cuaresma es para ellos tiempo de “combate” y tratan de sumar voluntarios a un ejército cada vez más exiguo.

Como ocurre con los negacionistas, no es fácil trabajar con los conspiranoicos cuaresmales porque ellos han tomado postura de manera única y militante. Quizá, como ocurre con las amistades tóxicas, lo más que se puede hacer es evitarlos y alejarse fraternamente de sus discutibles prácticas cuaresmales. Es entonces cuando el creyente, si puede, busca espacios de más anchura para vivir la Cuaresma apuntando al sol de la Pascua.

 

  1. 3.      Los tildados de colaboracionistas

 

Tanto los negacionistas como los conspiranoicos tildan a los demás de “colaboracionistas”. Piensan que sostienen un régimen opresor de un país igualmente rechazable. Tienen la certeza de que la generalidad es manipulada y que el borreguismo es el modo de vida de la mayoría de la gente. No les sirve de argumento que los organismos internacionales estén de parte de la mayoría, ni que muchas celebridades científicas apoyen las decisiones políticas tomadas. Consideran su criterio inmune a esta clase de objeciones.

Su principal apoyo ideológico es la libertad individual, gran conquista de la modernidad. Ellos la consideran sagrada e intocable en cualquier supuesto. Les parece una aberración social que se pueda hacer ofrenda de una parte de ella para que el beneficio común pueda lograrse. Relativizar las libertades individuales es mentar a la bicha. Tampoco es obstáculo ver que, con frecuencia, el precio de la libertad individual lo paga la sociedad entera.

No es de extrañar que, desde ahí, crean que las vacunas son un timo global, cuando no una solapada agresión al orden mundial. Ninguna autoridad tiene para ellos suficiente peso para cuestionar esta manera de pensar. Su propia autoridad, lograda por el hecho de atribuírsela, es mayor que cualquiera otra conseguida tras un largo camino de esfuerzo e investigación.

Sin expresarlo con estos términos pero, en el fondo, ocurre algo parecido con quien pretenda tocar el paradigma cuaresmal. Cualquier cambio es considerado como un intento de arrebatar la fe, cuando de lo que se trata es de cuestionar prácticas religiosas muy inconsistentes. O se culpa de conculcar seculares tradiciones que, ni lo son tanto, ni son fundamentales para la fe.

Cualquier brecha que se pretenda abrir en el compacto muro de las creencias anquilosadas se tilda de escándalo al pueblo cristiano.  No se entiende que el verdadero escándalo es la sequedad celebrativa, la rigidez ideológica y la militante posición de quien se apresta sin diálogo a la defensa de la fe. Además, se moteja de sembrador de discordia a quien, llegada la Cuaresma, insinúa la posibilidad de otra manera de verla y celebrarla.

¿Merece la pena pensar e intentar andar por terrenos no hollados? ¿Tiene sentido anhelar una Cuaresma y una Pascua con un cierto componente de novedad? ¿No está el lenguaje de la pandemia indicándonos una senda a seguir?

 

II

Otro paradigma

 

No se puede lograr una nueva perspectiva de la Cuaresma sin una cierta modificación del cuadro de referencias espirituales, del paradigma teológico. Quizá se necesiten cuatro grandes inversiones:

 

 

  1. 1.      De la preocupación por el pecado al logro de la dicha

 

No nos cabe duda de que Jesús estuvo más preocupado por la dicha que por el pecado. Nadie pone en cuestión que su programa (Mt 5,4ss), su propuesta mesiánica (Lc 4,18), el sentido de su entrega (Jn 10,10), tienen como contenido y anhelo la dicha, sobre todo la dicha de los pobres. Es cierto que el pecado y la conversión ocupan un lugar importante en las páginas del Evangelio. Pero no logran desplazar a la centralidad de la dicha, La comprensión de las bienaventuranzas fuera de la historia, fuera de una dicha lograda aquí y ahora, es desnaturalizar la propuesta de Jesús.

Pero, preocupado con más frecuencia por el pecado que por la dicha, el sistema eclesiástico ha generado un discurso más cercano al temor que a la bondad. No ha logrado percibir bien que, fundamentalmente hablando, las palabras del evangelio son palabras de bondad, orientadas a la dicha, generadoras de paz.

Por eso mismo, el disfrute no solamente ha estado lejos de la moral católica, sino que, de una manera  u otra, siempre se le ha tenido por un enemigo a combatir. Los dinamismos del disfrute, de la pasión, de la imaginación, etc., no solo no han tenido un lugar en el aprecio de la moral, sino que han estado directamente demonizados. Pero como lo ponen en evidencia los místicos, ¿cómo se va a generar amor, adhesión a Jesús, sin disfrute? ¿Es posible un amor sin gozos? ¿O es que el amor a Jesús no es relevante en el edificio de la espiritualidad cristiana?

Una fe que no lleva a la dicha no concuerda con el programa de Jesús. Una Cuaresma que atribula, atemoriza, causa perplejidad, no ayuda a elaborar los conflictos, no conecta bien con el Evangelio.

 

  1. 2.      De una redención por la muerte de Jesús a otra por la vida de Jesús

 

Resulta inaceptable, por muchas citas bíblicas que aduzcamos, entender la muerte de Jesús como un designio de Dios sobre él. Jesús no murió porque el Padre le llevara a la muerte. Eso es inaceptable. Dios no lleva a nadie a la muerte, por más que haya que contar con ella por razones de pertenencia histórica. Dios lleva a la vida, a Jesús y a nosotros.

La muerte de Jesús es la consecuencia de sus propias opciones. Él no quiso su muerte violenta (Mc 14,36). El camino vital de sus entregas fue el que, tristemente, terminó en una muerte injusta. Por eso hay que decirlo claramente: lo que nos salva (por hablar en un lenguaje entendible, pero impropio) es la vida de Jesús, toda su vida, en la que se incluye su triste e injusta muerte violenta.

Tiene algo de razón la saeta de Machado cuando pide hablar del Jesús que “anduvo en la mar” y no tanto del que estuvo “en el madero”. Es preciso valorar el conjunto de su entrega porque centrarse en una sola parte, su muerte, puede provocar desenfoques.

Por eso mismo, una Cuaresma primordialmente dolorista, que machaca sobre la sangre, las espinas, los azotes y las mil ofensas realizadas con Jesús (al estilo de la película La pasión de Cristo de Mel Gibson), tiene el peligro de entenebrecer la vivencia espiritual y privarle del horizonte global que, como decimos, es la dicha de la persona aquí, dentro de sus posibilidades, y en otra dimensión en las posibilidades totales de la vida plena.

 

  1. 3.      De la inquietud por la salvación al anhelo de la nueva sociedad

 

¿Cuál es  el contenido general de la propuesta de Jesús? Es, por grandilocuente que suene, la propuesta de una humanidad nueva, renacida, recreada. Jesús es de los  humildes utópicos que siguen creyendo en las posibilidades de la bondad del corazón humano, capaz de producir frutos buenos. No se vislumbra en él la decepción de quien piensa que las personas y la sociedad vamos al abismo. Es una propuesta de honda confianza. Es también una propuesta de fraternidad social, no partidista ni religiosa. Él cree, contra las evidencias cotidianas, que los humanos podremos vivir como hermanos. La propuesta de Jesús es la que considera imprescindible llegar a una economía igualitaria que entienda y ponga en pie el mecanismo del compartir sobre la base del todo no siendo obstáculo la pobreza. No es una propuesta en el aire, sino bien enraizada en los mecanismos sociales. Es una propuesta que se hace en base a la dignidad de la persona más allá de su condición moral, algo que aleja el juicio, la utilización y la imposición de condiciones a quien es débil. Es una propuesta de relaciones de entrega porque se tiene la certeza de que las entregas siempre rentan en beneficio común. Es, en definitiva, ir en la dirección del viejo sueño de Dios sobre lo humano que estaba ya escrito en las páginas del AT y en el caminar humano desde sus inicios.

            La propuesta de Jesús apunta a nuevo horizonte humano, a una sociedad alternativa. A muchos cristianos esto les parece poco. Creen que si no entra en la propuesta de Jesús el tema de la salvación eterna la cosa está coja. Pero, en realidad, lo dicho es, justamente, la senda de toda salvación. Además, se aduce como argumento en contra que muchos filósofos, pensadores, filántropos, personas lúcidas han tenido y tienen sueños similares. ¿Es argumento en contra o a favor? Jesús se suma, se encarna, en la gran corriente del caminar humano hacia su plenitud. No se diferencia de las grandes personas de la historia por lo que le distingue de ellas, sino por lo que le une a ellas. Su asumir el fondo de lo humano lo une a la gran fraternidad de las personas en su lado más humanizador. No es Hijo por su diferencia con lo humano, sino por su hondísima comunión con ello. Y tampoco se puede aducir que una manera tal de entender la propuesta de Jesús sea algo carente de fe. No, es una propuesta de honda fe en los planes de Dios sobre lo humano, aunque no pide, de inmediato, como respuesta los modos religiosos. Quizá por estas sendas se podría superar algo el descrédito social que sufre la realidad de Dios.

            Sabemos que el tema de la salvación ha generado en otras épocas grandes disfunciones espirituales. Por eso mismo dirigir la Cuaresma hacia el anhelo y colaboración al nacimiento y desarrollo de la nueva sociedad puede ser una opción de fondo. Pensare en una Cuaresma social no es algo disparatado. Tal vez sus frutos serían fecundos.

 

  1. 4.      De la mirada hacia fuera a la mirada hacia dentro

 

Aunque sea una manera simple de expresarlo, el quid de la cuestión está en la mirada. Puede decirse que los paradigmas ideológicos, y por ello los religiosos, tienen una orientación en su mirada. Efectivamente, nuestros paradigmas religiosos, más allá de todo proceso secularizador, siguen mirando afuera y hacia arriba. Hacia afuera porque consideran el camino histórico como una realidad empobrecida y sin futuro por lo que es marco inadecuado para lo divino. Y hacia arriba, porque se ha entendido que, aunque sea algo considerado de fuerte componente mítico, lo de fuera, el cielo, el más allá, se adecúa mejor incluso a la celebración. Por eso mismo, una multitud de signos religiosos (las manos que se elevan, los ojos que se dirigen a lo alto, las ascensiones que se celebran, etc.) apuntan hacia arriba y configuran el viejo paradigma todavía vigente.

            Quien aspira a una Cuaresma distinta experimenta que su mirada va cambiando de orientación: comienza a mirar hacia lo histórico sin necesidad de mirar ni afuera ni arriba. Experimenta una reconciliación entre su mirada y el objeto de ella, una especie de certeza al margen de cualquier discusión de que el hecho creyente se cuece adentro y abajo. Adentro porque se percibe a Dios en el cimiento de la vida como el mejor “lugar” para situarlo. Y abajo porque la mirada apunta incansablemente a lo profundo sabiendo que no hay tope que frene esa dirección hacia la profundidad del ser.

            Y por eso mismo, descubre maravillado que Dios está en lo profundo y que esa profundidad esencial es lo que el creyente llama Dios. La configuración de la fe, la identidad creyente, no brota de componentes religiosos, sino de certezas, a veces muy difusas, que apuntan a lo profundo. Algo le dice a tal creyente que en eso profundo hay mucha más densidad que en la otra dirección. Más densidad y más comunión con cualquier movimiento humano, religioso o no, que apunta a lo profundo. El misterio aparece más brillante, más atractivo y más preservado en esa dirección que en la otra.

 

III

El silencio de la cruz de Jesús

 

            El centro de la espiritualidad cuaresmal y de su celebración lo ocupa la cruz de Jesús. ¿Cómo leerla desde una perspectiva que escape del simple dolorismo, que vaya más allá de la valoración sufriente de lo acaecido? Es precisa una meditación ahondada de la misma para poder encontrar otra dimensión.

El silencio de la cruz es el muro último de ese duro silencio que hace parte de la vida de Jesús. En asumir el silencio de la cruz está una de las grandes pruebas de la fe. La cruz es silencio que grita la injusticia. Porque injustamente fue condenado quien hizo el bien y porque el silencio es el entorno de su muerte, una vez apaciguado el alboroto de la condena. Por lo que la cruz, las cruces, han de sentirse primeramente como injusticia y el rechazo de la cruz como respuesta correcta a quien injustamente ha sido puesto en ella. Venerar la cruz sin sentir la herida de la injusticia es una banalidad.

La cruz de Jesús es silencio que se entrega sin gloria. Porque nadie agradeció ni alabó a Jesús por su muerte. Eso vino después. No fue una muerte rodeada de gloria sino de exclusión y de injuria (le hacían coplas: a ver si viene Elías…). Es la consecuencia de su vida “entregada”: su vida estuvo carente de gloria, su muerte también. La ausencia de gloria de los crucificados es su mejor carta de presentación: no querían gloria, querían justicia. Y no la hubo.

La cruz de Jesús es silencio que no reprocha a quien no ama. Es el amor sin esperanzas, sin demanda de recompensa y, por lo tanto, sin reproche (“no saben lo que hacen”: Lc 23,24). No se tomaron las opciones que llevaron al desastre para recibir premio, sino por amor. Y cuando no ha habido respuesta de amor, el amor sigue vivo y no reprocha.

La cruz de Jesús es un fracaso. Porque terminar una relación humana con una muerte violenta es un fracaso. No es un mártir glorioso porque el martirio nunca es glorioso, sino humillante. Jesús llega a morir como un fracasado. Así lo han percibido sus directos seguidores y la reelaboración posterior ha entendido la cruz en el lenguaje paradójico de un fracaso que triunfa (1 Cor 1,23). Hundirse en ese fracaso para hacer ver que ese camino no es el que los humanos habrían de seguir es su triunfo.

La cruz de Jesús cuestiona los infiernos. Porque ella misma es un infierno y, desde ahí, hace visible la insensatez de todo infierno humano y divino. Por haber sido infierno y haber bebido el cáliz de su contradicción, desautoriza todo infierno, despoja de razón de ser a toda opresión generadora de relaciones infernales. Valorar la cruz generando infiernos es caer en una horrible contradicción.

La cruz de Jesús es bálsamo para las vidas heridas. Porque tales vidas están afectadas en mayor o menor medida de la ponzoña de la cruz. Si Jesús bebió esa ponzoña y salió vivo, es que se puede superar el veneno de las heridas humanas con el bálsamo del amor. No es bálsamo que anula o enerva, sino acicate para aguantar las heridas y, a la vez, luchar incansablemente contra ellas. El silencio de la cruz es de los silencios que dinamizan, no de los que apaciguan.

 

IV

Caminos abiertos

 

Puede ser que el lector o lectora de estas páginas se pregunte si hay caminos abiertos para poner rostro a una cuaresma de vida, de belleza y de luz alejándonos de los caminos en sombras. Damos tres sugerencias para tres momentos del tiempo de Cuaresma: al inicio (miércoles de ceniza), en el centro (domingo Laetare) y en el Viernes Santo:

 

  1. 1.      Un inicio perfumado

 

Podemos decir que textos del AT, como Is 58,5 (“acostarse sobre ceniza”) y, sobre todo, Mt 6,17 (“perfúmate la cabeza”) interrogan el secular rito de la ceniza del inicio de la Cuaresma. La rutina religiosa hace que haya pocos fieles que cuestionen esa práctica y sueñen con otro camino.

Pero podría pensarse en un comienzo del tiempo cuaresmal con una unción de perfume: el celebrante toma un frasquito de perfume e invita a la conversión al Evangelio poniendo una gota en las manos o incluso en la cabeza. Hay comunidades en donde así se hace y ese gesto transforma la celebración.

      Así, la Cuaresma de inscribe en el gozo y en el ánimo para iniciar el camino hacia la Pascua. Una Cuaresma “perfumada” es una Cuaresma distinta. A la objeción de que la liturgia se recibe, no se crea, se puede oponer la libertad a la que Jesús nos llama (Gál 5,1), postura que goza del aval de la Palabra.

 

  1. 2.      La flor de Cuaresma

 

El calendario litúrgico cuaresmal ofrece una tregua en el llamado domingo “Laetare” (este año es el 27 de marzo). Quiere recordar que se está en camino hacia el gozo de la resurrección y que las tinieblas cuaresmales no deben ahogar esa aspiración.

Pues bien, una manera distinta de celebrarlo sería convertirlo en el domingo de “la flor de Cuaresma”. Se trataría de introducir en la celebración (en el momento del ofertorio, por ejemplo) o al final de la misma, la entrega de una flor a la que se llamará “la flor de Cuaresma”. Podría ser, por ejemplo, el jacinto que es una flor de esa época. Acompañar la entrega con una pequeña oración y una invitación personal: “¡Que la flor de Cuaresma te anime en el camino hacia la Pascua!”.

El gesto tal vez requiera una pequeña explicación. Su novedad lo demanda. Pero es fácilmente comprensible. La catequesis con elementos de la naturaleza es muy bien aceptada por la persona de hoy.

 

  1. 3.      Silencio ante la cruz

 

La liturgia del Viernes Santo incluye como una parte esencial la adoración de la cruz. Pero hemos dicho que venerar la cruz sin sentir el aguijón de la injusticia puede llevar a banalizar la cruz. Podría sustituirse el clásico pasar a besar los pies de la imagen del crucificado por otro modo de proceder.

Se lee un breve texto alusivo al tema de la injusticia en relación con la cruz (por ejemplo, el que viene en este pliego en el apartado III). A continuación se invita a un tiempo amplio (10 minutos) de meditación personal. El mismo celebrante, se sienta delante de la cruz, en el pavimento de la Iglesia (como parte de la asamblea que es) y medita en silencio ante la imagen del crucificado.

El silencio es un elemento litúrgico que, con frecuencia, se emplea poco. Aquí tendría un lugar de privilegio. Y, a la vez, podría contribuir a otra perspectiva sobre la cruz injusta de Jesús.

 

V

La ayuda de la razón poética

 

Además de ser bálsamo, la razón poética puede colaborar a encontrar esa perspectiva nueva sobre la Cuaresma que la saque del negativismo y la sitúe en un terreno más luminoso. A modo de ejemplo, proponemos tres lecturas poéticas para los días de las celebraciones del llamado Triduo Sacro.

 

  1. 1.      Contigo en el Jardín de los Olivos

 

«Desconfía del coraje-

La insolencia del Calvario-

Dichoso fuera el Jardín de los Olivos

Si estuviéramos contigo».

 

            (E. Dickinson, La miniatura incandescente,  p.62)

 

  • Desconfía del coraje. De nada sirve el coraje ante la cruz, porque esta es la derrota de aquel. La única manera de encajarla es aceptar entrar en su tremendo torbellino de injusticia, sufrir de nuevo cada día la herida abierta que nunca se cierra. Desconfía del coraje que te quiere fuerte pero que olvida que en ese abismal misterio de debilidad que es la muerte está sembrada la semilla del triunfo.
  • La insolencia del Calvario: Insolente porque es fácil ser fuerte con quien está en debilidad, porque siempre ha sido sencillo para los monstruos devorar la ternura del pobre. La insolencia que se llevó por delante al amigo de lo humano, al amparador de frágiles, al soñador de mundos igualitarios. Sigue siendo lacerante la pregunta de por qué sigue ahí.
  • Si estuviéramos contigo: Por eso buscó la compañía de sus amigos, porque aquel agujero negro de amargura solamente podría paliarse con la cercanía del cuerpo y del corazón de quienes aman. Dichoso podrá ser cualquier amargo jardín si mediara el amor. Que se nos conceda, como errantes que vuelven a lacasa paterna, estar ahí, contigo y tu miedo.

 

  1. 2.      Un amor sin nombre

 

«Viernes santo: nadie sabe

por qué se llama santo este viernes,

nadie se acuerda de ti.

Yo sí me acuerdo.

No creo en ti

ni en ninguna de las necedades

que durante siglos

se han dicho a propósito de ti.

Incluso, en otra época,

abominé de todo lo tuyo.

No obstante, me acuerdo de ti.

te veo calumniado, solo,

ensangrentado, vencido,

a punto de expirar

entre tiniebla y locura

y siento por ti

un amor sin nombre».

 

            (R. Argullol, Poema,  p.113)

 

  • Nadie se acuerda de ti: Eso parece. Los días “santos” se han convertido en días de descanso, de vacaciones, de playa. Pero en la ciudad secular se mantiene latente y latiente el recuerdo del Galileo ajusticiado. Incrustados en los pliegues del alma, sus ojos, su rostro, no se borran nunca. El amor sigue vivo sobrenadando avatares.
  • No creo en ti: Alejarse de “necedades”, las que produce la ignorancia, la rutina, el cansancio, es una manera de creer. Siempre estuvo Jesús rodeado del amor y de la fe de los “ateos”, de los excluidos del sistema religioso. Creer sin tener fe, quizá sea una forma valiosa de fe.
  • No obstante, me acuerdo de ti: El recuerdo obstinado, persistente, amoroso. Es el amor el que lo hace tenaz. Solo los amores tenaces son amores verdaderos. Tan tenaces que soportan la abominación porque saben que un día, lejano tal vez, las miradas volverán a confluir y, quedamente, se llamará a la puerta de quien, en el fondo, nunca se dejó de amar.
  • Entre tiniebla y locura: En ese tsunami se hunde y resurge la persona de Jesús, la tiniebla de su sin sentido y la locura de su amor fiel. Tiniebla que sabe de mis oscuridades y locura que conoce mis extravíos. Hermanados en la sombra y en la enajenación. Crucificados todos.
  • Siento por ti un amor sin nombre: El amor más puro, el amor sin esperanzas, el amor que no queda atrapado por ningún nombre. Un Viernes Santo para un amor sin nombre que ni se explica ni pide explicaciones, ni se justifica ni pide justificaciones. Un amor que hace ver la realidad de manera nueva, con ojos lavados por la lluvia.

 

  1. 3.      La fresca risa del niño

 

«En el principio, el Verbo. Y las aguas en él,

el sol, el chillido del pájaro, los aires.

 

Ramea en la colina, como un rubor, el fuego.

 

Y hoy, de nuevo, el Principio. Y las aguas en él,

y en ellas la inocencia:

la fresca risa de un niño nadador

que rompe en el murmullo de las olas que rompen».

 

(F. Brines, Poesía completa,  p.518)

 

  • En el principio, el Verbo: La aventura del Verbo, la aventura de Jesús. Caminos únicos del amor para quienes hambrean el amor. Lo primigenio: agua, sol, pájaros, aire. El don sagrado de vivir y respirar. Raíces hondísimas de la resurrección, del levantamiento de toda caída.
  • Ramea el fuego: Con sus ramas ardientes. No la extinción de la muerte, sino el brillo quemante del fuego es lo que refleja el rostro del resucitado. Fuego para abrasar a quien ya arde. Incendio que devora sin devorar, entregándose.
  • De nuevo el Principio: La honda hermosura de vida otra vez, los horizontes de nuevo iluminados, la renovada posibilidad de un horizonte distinto. No fueron vanas las esperanzas de quienes esperaron, no fueron inútiles las lágrimas que nadie recogió en su odre. De nuevo la luz.
  • La fresca risa del niño: Risa pura, inocente, sin sombras de venganza, sin atisbos de revancha. La risa hermosa del resucitado que vuelve a dar luz en los caminos de las peores sombras. Al final nos quedó su risa, el brillo de sus ojos en las olas apaciguadas.

 

Final

 

Dice EG 6: «Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua». De esto hay que huir, esto es lo que hay que evitar. La herencia religiosa recibida puede que nos lleve a eso. La rutina que se pega a la piedad es una senda que no conviene transitar.

Del mismo modo que las medidas sanitarias (vacunas, mascarillas, distancia de seguridad, higiene, etc.) son caminos que pueden llevarnos a sortear la pandemia, también hay posibilidades (ideológicas, litúrgicas, existenciales) de vivir una Cuaresma hermosa, camino que anhela la luz de la Pascua. Nada se nos va a dar hecho. Es cuestión de deseo y de implicación. Cuaresma de búsqueda y de amor.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

 

 

 

 

La base de la sinodalidad

LA BASE DE LA SINODALIDAD

 

         Se ha iniciado un Sínodo en la Iglesia con el tema de la sinodalidad. Es un momento importante en la vida eclesial y hemos de animarnos a contribuir a él. Ofrecemos una reflexión de algo que está a la base de estos trabajos de vida eclesial: vivir la fe en el marco de un grupo cristiano, de una parroquia, de un arciprestazgo.

         Esa base no es otra que la buena relación, lo que Jesús llegó a formular como “reinado de Dios”: la nueva relación de hermanos, la sociedad sin jerarquías, la convivencia de todos en paz y respeto. Eso está en la base de todos los trabajos eclesiales.

         Por eso mismo, en este Adviento volvemos a la reflexión sobre la fraternidad desde la encíclica FT que lo tiene por tema central. Podrá ayudarnos al tema del Sínodo y, más a la base, a la buena relación en nuestros grupos parroquiales.

 

«Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás. Ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros: sólo me comunico realmente conmigo mismo en la medida en que me comunico con el otro. Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar. Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad. Por el contrario, no hay vida cuando pretendemos pertenecer sólo a nosotros mismos y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte» (FT 87).

 

         He aquí un texto luminoso. Todas y cada una de las frases son útiles para generar espiritualidad en torno a la comunidad. Necesitamos luz y ánimo más que grandes documentos. Aprovechemos esta oportunidad rumiando el presente texto.

         Es cierto que aquí se habla de la comunidad humana, social. Pero el cimiento es común para toda vida en grupo, también para los grupos eclesiales. Dar el salto a la comunidad creyente sin el cimiento de la antropológica y social es un riesgo. La primera evidencia de nuestra vida eclesial es que deseemos la vida en grupo. Quien tiene problemas para la vida en grupo tiene problemas para la vivencia de la fe.

         No hemos de subrayar sobre todo lo que nos separa de otros tipos de comunidad, sino lo que nos une. Unidos en lo común, en lo humano, ese es el gran cimiento de la vida eclesial.

         Comentemos, una a una, cada una de sus frases porque todas son magníficas.

 

  • «Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás».

 

El ser humano encuentra su plenitud en la entrega, no en el individualismo. Porque hemos sido educados en ese individualismo (“el que viene atrás que arree”) creemos que eso debe estar presente si se quiere sobrevivir en la vida cristiana. Una Iglesia egoísta tiene el horizonte muy limitado. El vigor de una comunidad no se mide por sus obras, su número o su reconocimiento social, sino por su entrega.

Esto pertenece a la hechura de lo humano. Lo que está a la base es la donación, por más que el egoísmo nos parezca una fuerza mayor (“por el interés te quiero, Andrés”). Hemos de creer en nuestra capacidad de entrega más que en nuestro egoísmo.

La entrega ha de ser sincera. Si encierra otras intenciones ocultas, si me entrego para sacar yo más partido, si me doy para hacerme un nombre y que me reconozcan, me den cargos, me aplaudan, es una entrega viciada. Pasar siempre factura es a la larga lo contrario de la fraternidad.

 

  • «Ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros».

 

El encuentro con el otro es el lugar adecuado para conocerse a sí mismo. Por eso, quien se encierra en su egoísmo, se desconoce a sí mismo, ignora sus verdaderos valores, vive en la mayor desorientación que es la de no saber quien se es en verdad.

Los otros dicen con mayor propiedad que yo mismo quién soy. Por eso mismo, el encuentro con el otro nos abre a la propia verdad y si no hay encuentro permanecemos cerrados en nuestra ignorancia más básica.

Encontrarse con el otro no es solo convivir físicamente. Es necesario ir saltando la cerca que envuelve el corazón ajeno e ir abriendo la propia cerca. Desechar este anhelo por excesivo será empobrecer de salida el horizonte de la vida cristiana. Porque estamos hechos para el encuentro la vida cristiana quiere hacer ver que ese anhelo es posible. De ahí que la razón de ser más básica e incluso el primer apostolado, antes que toda misión, es construir el encuentro. Si eso se da, hay sentido y posibilidad de evangelización; si no se da, se oscurece el sentido y la misión entra por derroteros religiosos y de funcionariado.

 

  • ·        «Sólo me comunico realmente conmigo mismo en la medida en que me comunico con el otro». 

 

Si no hay comunicación con el otro mi conversación interior es un soliloquio que no me lleva a buen puerto y que se presta a muchas desviaciones. Hablando con el otro se sitúan las cosas en sus justas medidas. Por eso, el diálogo con el otro es imprescindible. El ideal no es el silencio ante el otro sino este mezclado a la comunicación.

Estar mudo ante el otro no puede ser sino una medida temporal, terapéutica. Lo normal es hablar ante el otro. Hasta la liturgia es un hablar con otro ante Dios (una liturgia en solitario no es liturgia)

Por eso mismo, el modo más sensato de hablar de uno mismo es cuando en esa apreciación entran las valoraciones del otro. De ahí que muchas veces las formas de hablar de uno mismo, al no ser formas que cuentan con lo que dicen los otros, son un desvarío egolátrico que el grupo soporta como una cruz.

Con frecuencia no se tiene la valentía fraterna de decir a la cara del hermano lo que se piensa de él y se va diciendo a sus espaldas. No es buen proceder. Ya dice san Francisco: «Dichoso el siervo que tanto ama y respeta s su hermano cuando está lejos de él que cuando está con él, y no dice a sus espaldas nada que no pueda decir con claridad delante de él».

 

  • ·        «Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar».

 

Amar sin rostros concretos, sin nombres, en general es arriesgarse a no amar. Orar con nombres es una manera muy buena de orar. Dice san Pablo en Rom 1,9: “No se me cae vuestro nombre de la boca cuando rezo”. Una vida sin rostros a los que amar es una vida en gran pobreza.

El rostro es la persona. Por él distinguimos a cada cual. Por él sabemos si estamos en su corazón o no. Por el rostro y por el nombre. Jesús devela su ser resucitado en la manera que tiene de pronunciar los nombres con amor: “¡María!” (Jn 20,16). Dice P. Casaldáliga: “Al final del camino me dirán: —¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres.”

Mirar el rostro del otro, estudiar su rostro es acercarse a su corazón. ¿Cómo es que vivimos tantos años cerca unos de otros y casi desconocemos el rostro del hermano, de la hermana? Lectura de rostros, eso tendría que ser un trabajo de comunidad para nosotros. Al final, el rostro de Dios lo vemos en el rostro del otro (Gen 33,10).

Amar rostros es compartir la vida que se refleja en ellos: el dolor, la alegría, la pena, la sorpresa, el cansancio, la terquedad, la fidelidad, la luz. A veces apelamos al corazón de la persona como la sede de sus mejores valores. Se podría apelar al rostro porque si bien, a veces, engañamos con el rostro, a la larga, el rostro desvela el alma.

 

·       «Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad».

 

El sentido de la existencia humana se percibe, a veces, oscuro y secreto. Pues bien, la comunidad ilumina esa oscuridad: hemos sido creados para ser hermanos y hermanas. De tal manera que siendo hermanos se ilumina la senda de la vida y de lo contrario se oscurece. La gran pregunta de siempre: ¿qué hacemos aquí? Se resuelve en esa respuesta sencilla: tratar de vivir el sueño de la igualdad humana. Eso es lo que en verdad tiene sentido. Cuando en la vejez nos asalta la duda de si ha merecido la pena nuestra vida, una respuesta tranquilizadora sería: sí ha merecido la pena por haber podido tener hermanos y haber sido hermanos con ellos. Mientras haya comunidad, grupo, habrá sentido.

Los vínculos humanos son vividos, a veces, como un peso. Pero si se vivieran gozosamente, los vínculos serían la evidencia de que la relación funciona. De todos modos, si se anhela una vida sin vínculos, el grupo enmudece, se esfuma. De ahí que el gozo de ser hermanos y hermanas desplaza el precio que es preciso pagar a cualquier vínculo.

Además, que la vida es comunión es algo que se demuestra desde los tiempos ancestrales, desde la mandíbula de Dmanisi de hace más de 2 millones de años donde se ve que alguien ya hacía favores al débil, favores de comunidad (y eso que eran homínidos carroñeros). Por eso, y aunque Darwin dice que triunfa la especie que mejor se adapta, en realidad el triunfo está en quien más comunión crea. Cuanta más comunión, más vigor tiene la comunidad; cuanto menos comunión, más fragilidad.

 

·       «La vida es más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad».

 

Dice el Cant 8,6 que el amor es más fuerte que la muerte. Eso mismo dice FT: si el cimiento de la vida es la fraternidad, la vida se hace fuerte más allá de la muerte y de las muertes que acompañan nuestra vida. La fortaleza no le viene al grupo por el mucho número, por la brillantez de sus miembros, por las grandes obras de misión que han llevado a cabo en su vida. No, le viene por la buena relación. Ahí está la raíz de su fortaleza. Por eso, si se quiere fortalecer a la comunidad, lo que se haga por hacer fuerte la fraternidad irán en la buena dirección.

Ahora bien, las relaciones han de ser verdaderas. Porque también puede que haya relaciones falsas no tanto de engaño, cuanto de cansancio, apariencia, superficialidad, desinterés por el otro. Las relaciones verdaderas son las brotan de un amor experimentado, de un respeto cariñoso, de una colaboración generosa, etc. Son verdaderas porque están llenas de una vida verdadera, entregada.

Y luego está la fidelidad, no tanto a Dios, sino a los hermanos y hermanas. Esa fidelidad es la que Dios nos demanda y la que puede hacer verdadero el amor. No traicionar, no engañar, no tener dos caras, no hablar por detrás, no tener dos maneras de valorar a los hermanos y hermanas (una si está delante, otra si no lo está).

 

  • «No hay vida cuando pretendemos pertenecer sólo a nosotros mismos y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte».

 

El aislamiento, el interés solo por mis cosas, el no haber pasado a “la orilla de la comunidad” (verdadero peligro de por vida), el viajar individualmente y no en el bus del grupo, es lo que agosta la vida, le quita sentido, le arrebata el gozo, la vuelve sosa..

Vivir como islas es andar el camino del empobrecimiento, de la desconexión. Estar mirándose siempre el ombligo es terminar miope y no ver la hermosura de los otros y la belleza de la vida. Ensimismarse es siempre un peligro a controlar. No somos islas, somos península conectada siempre al otro. Por ahí nos llega la savia, la vida.

Un grupo tiene el peligro de estar muerto aunque sus miembros estén vivos. La muerte de la ilusión, del cariño, de la sensibilidad, del gozo compartido. Son caminos que nos llevan al cementerio, aunque aún no hayamos muerto. Luchar contra la muerte del grupo no es algo para otros, sino para cada uno de nosotros. La relación de grupo, de parroquia es algo vivo; si no se lo cultiva, se agosta y se muere.

 

Conclusión: no renunciemos a una vida de componente comunitario, no renunciemos a una relación jugosa; no renunciemos a una vida en grupo parroquial, arciprestal pacífica y gozosa. Y desde ahí, trabajemos día a día por el logro hermoso de la construcción de la comunidad. Es empresa que no defrauda. Y esta es la base de todo trabajo en torno a la sinodalidad.

 

Compasión y servicio

COMPASIÓN Y SERVICIO

 

  1. 1.      Auge del vocablo compasión

 

La pertenencia del vocablo compasión al mero ámbito de lo religioso ha sido sobrepasada en la actualidad por el lenguaje político que habla de compasión de manera habitual: una política compasiva, que no deja a nadie atrás, que dice contemplar las situaciones de los frágiles sociales, que incluso parece verse afectada por las duras situaciones de los empobrecidos. Ante tanto sufrimiento humano, se recurre a la compasión.

Paul Gilbert en The Compassionate Mind sostiene que al juntarse en nuestro cerebro características propias de "mamíferos" y de "humanos", nos hemos dotado de facultades aparentemente incompatibles para el amor y la destrucción. Pues bien, da la impresión de que, en la actualidad, esos dos polos se van acercando cada vez más: la compasión y la ciudadanía, la compasión y la política, hasta la compasión y la economía.

Si esto fuera cierto, el valor de la compasión que se creía hacer parte de imaginarios débiles, como el religioso, pasa a situarse en imaginarios fuertes, activos, como la economía y la política. Hay quien, con razón, recela de estos cambios. Pero, a priori, el ensanchamiento del campo de la compasión lo creemos positivo. Creemos que la mejoría del uso lingüístico refleja una mejoría en la vivencia moral y ciudadana.

Por otra parte, los afanes compasivos brotan de la certeza de que los humanos nacemos no tanto con pecado original, sino con bendición original y con responsabilidades adquiridas. Efectivamente, venir a la aventura humana constituye directamente a la persona en contribuyente obligado a la mejora de ese camino, sobre todo allí donde la realidad es más frágil.

Y ello hasta el punto de que, como dice el filósofo Reyes Mate, la respuesta que damos al sufrimiento ajeno nos hace sujetos morales. Es decir: responder al sufrimiento del necesitado desvela nuestro nivel de humanidad, tanto a título personal como social. La compasión y el servicio que parecen no cotizar en el mercado son el termómetro de nuestras relaciones humanas verdaderas, de nuestro nivel de ciudadanía. El barullo de las redes no logra apagar la voz de fondo que habla del valor central de la compasión que sirve. La conclusión inicial es clara: no son los nuestros malos tiempos para elaborar una espiritualidad de la compasión que sirve.

 

  1. 2.       Una economía compasiva y servidora 

 

El ciudadano de hoy sabe muy bien que el quid de muchas cuestiones está en la economía. Y sabe también que la economía es depredadora, asesina (la economía que mata, dice el Papa Francisco). Al funcionar la economía por expectativas de ganancias, no le importa dejar tras de sí un reguero de destrucción y de muerte con tal de conseguir los objetivos propuestos.

Pero junto a esa economía asesina están brotando economías alternativas que hoy no tienen la voz cantante pero que, tenaces, alzan su palabra como camino posible de economía humanizadora, compasiva. Nos referimos, por no citar más que alguna, a economías como la del Bien Común de Ch. Felber.

Son economías que se ordenan creyendo que el activo económico más importante es la persona y que valorar a la persona es generar riqueza, a la vez que se frenan los grandes desajustes de la economía como, por ejemplo, la desigualdad. Su componente compasivo nada tiene que ver con el paternalismo y la limosna, sino con la dignidad y la fe en las posibilidades de vivir en humanidad.

Se desvela así uno de los rasgos decisivos del comportamiento económico de los humanos: poner conciencia al dinero, dotar de humanidad al descarnado mundo de las relaciones económicas. El compacto muro de quien dice que pretender mezclar economía y compasión es querer mezclar el aceite con el agua queda muy cuestionado no solamente por la voluntad de los humanistas, sino también por una cierta actividad económica real.

 

  1. 3.       Líderes compasivos y servidores

 

El liderazgo se ha ejercido en connivencia con la dureza de una economía dura y, a veces, depredadora. Pero los líderes carismáticos de éxito también son compasivos. El carisma por sí solo puede no ser suficiente, sin embargo, la compasión, la integridad, la honestidad y la fortaleza son cualidades que hacen diferente a un individuo y que propician caminos abiertos a una relación económica productiva y diversa a la vez entre humanos.

Como se demostró ya hace mucho con el ensayo de Robert K. Greenleaf The servant as leader, publicado por primera vez en 1970 “el líder servidor es el que sirve primero, porque comienza con el sentimiento natural de que uno quiere servir”. Un líder que sirve se centra principalmente en el crecimiento y el bienestar de las personas y las comunidades a las que pertenecen. Si bien el liderazgo convencional al que se le suponía hace unos años una acumulación de poder ha empezado a dar síntomas de cansancio y se ha ido modernizando. En cambio, el liderazgo de los servidores es diferente, porque en cuanto a la capacidad de ejercer ese poder, antepone primero las necesidades de los demás, ayudando a las personas a desarrollarse y realizarse lo más posible. En cierto sentido, está compartiendo una cuota importante de poder.

 

  1. 4.      Amor político

 

En la raíz de esta manera de pensar está la certeza del amor político. El amor político exige unas demandas elementales porque si no el bloqueo está asegurado y las posibilidades no solo de ponerlo en pie sino, simplemente, de hablar de él se esfuman. Tales demandas básicas son: el amor por lo público por encima del regocijo por lo privado que tanto reconforta el ego; la inquietud por el devenir humano y la preocupación por el futuro del mundo más que la inmediata y atosigante preocupación por “mi” futuro; la posposición del lucro personal como motor de la actividad humana, incluso el lucro de la institución, país, entidad a la que se pertenece. Demanda, en definitiva, sentirse bien en la piel de lo humano, lo que llevará a una mirada distinta sobre el hecho histórico.

El amor político no es algo que se consiga instantáneamente. Hace parte del largo proceso de humanización en el que las personas estamos dando nuestros pasos más iniciales. Eso quiere decir que el “paraíso” no es una realidad al inicio, sino al final del proceso. Todo trabajo de humanización contribuye al logro del amor político. Lo inscrito en los albores de la relación social ha de desarrollarse hasta el logro de una humanidad pensada y vivida en el marco del amor. Ese proceso demanda la recuperación de lo político sobre el dominio omnímodo de lo económico y la evidencia necesaria de que el político no es un dominador sino un servidor público que es lo que las urnas le han encomendado. Trabajar porque esto no resulte totalmente imposible es uno de los más hermosos empeños del vivir humano.

 

  1. 5.      Hablamos de generosidad

 

Toda esta reflexión tiene un componente transversal que no es otro que el de la generosidad. La economía de ganancias y la política mezquina detestan la generosidad porque la consideran una actitud limosnaria, paternalista, de débiles. Y tiene ese peligro. Pero sin generosidad, sin ese ir más allá de la legalidad en la oferta del bien, la vida humana se seca, se empobrece, se deshumaniza.

La economía de la generosidad (The gift economy) es aquella que pasa del “¿Qué puedo obtener de ti?”, al “¿en qué te puedo ayudar?” Esto empuja a definir quién es uno como persona, como organización o como negocio. Puede parece angelical, pero, como decimos, estas maneras distintas de enfocar la economía son posibles y, de hecho, son practicadas ya en todas partes del mundo. Esto no es solamente aplicable a la empresa propiamente dicha, sino que se puede llevar a cabo en la cotidianidad, enfocándose en generar un impacto pequeño y local.

 

  1. 6.      Un apunte de espiritualidad

 

Permitan que termine con apunte de espiritualidad cristiana. El evangelio de san Juan narra el lavado de los pies de Jesús (Jn 13). Al llegar Jesús a Pedro éste se opone a que Jesús le lave los pies y recibe una desconcertante respuesta de Jesús: “Si no te dejas lavar los pies, no tienes nada que ver conmigo”. ¿Qué importancia tiene eso de lavar los pies que si no se practica te aleja de Jesús? Es el servicio compasivo.

Eso quiere decir que la identidad cristiana, según los evangelios, no le viene al cristiano por su lado religioso (bautismo, oración, sacramentos, pertenencia a la Iglesia, etc.), sino por su lado servidor: sirves, eres seguidor de Jesús; no sirves, no lo eres.

Con esto afirmamos que el servicio compasivo da sentido a la misma espiritualidad y puede nutrirse de ella. Los creyentes tenemos aquí un ánimo y una orientación. Y los no creyentes pueden también beneficiarse de este aliento.

El Covid-19 y la VR

RUGIÓ LA TORMENTA, PASÓ EL VENDAVAL

Dos reflexiones sobre el Covid-19 y la VR 

 

            En tiempos pasados, los coros conventuales cantaban aquel poema de Sthele titulado “Las ruinas del monasterio”, uno de cuyos versos era: “rugió la tormenta, pasó el vendaval” que podemos aplicar al Covid-19: bien que ha rugido la tormenta y aún se escuchan sus rugidos y creemos que, sobre todo con las vacunas, ha pasado el vendaval, aunque aún soplan vientos recios de contagios.

            Es hora buena para hacer una reflexión sobre lo ocurrido y lo por venir. La reflexión nos ayuda a asimilar lo costoso y da sentido a los pasos titubeantes. Es una suerte poder hacer espacio a la reflexión y poder hacerlo en comunidad, hecho que potencia la fuerza reflexiva.

 

I

LA VR Y LA PANDEMIA

 

            Los que no conocimos la guerra civil, hemos vivido pocas cosas tan desestabilizantes como esta pandemia. Ha sido un tiempo en que todo, planes sociales-comunitarios-individuales han quedado patas arriba. Pocas cosas han logrado mantenerse en pie en el marasmo (la educación en este curso, una de ellas). El virus ha desbaratado todo: economía, relaciones, sanidad, educación, convivencia, etc. Todos lo hemos vivido en nuestras carnes (hasta los inconscientes que montan saraos ilegales burlando a la policía).

            Y dado que el virus no repara ni en edades, ni estamentos, ni títulos, ni creencias, las VR se ha visto tan afectada como todo el mundo: religiosos muertos (cerca de 400), comunidades desaparecidas, muchos hermanos/as contagiados, con secuelas, etc.). Hemos sido golpeados como todos.

            Ahora parece que, gracias a las vacunas, el vendaval amaina y nos sentimos más tranquilos aunque queden flecos y preguntas que aún no tienen respuesta. Como hemos dicho, buen tiempo para la reflexión.

 

  1. 1.      ¿Cómo saldremos de la crisis?

 

Esta es la gran pregunta a la que se responde con división de opiniones: unos dicen que saldremos más humanos, otros que seguiremos igual porque somos duros de pelar y no nos va a cambiar el alma un azote que viene de fuera, sino una convicción que brota de dentro. Y, al parecer, la convicción brota tímidamente.

Tal vez antes de hacerse esa pregunta haya que hacerse una anterior: ¿qué nos ha pasado realmente? ¿Cómo lo nuestro tan bien montado se puede venir abajo? ¿Somos realmente tan fuertes como creemos ser? ¿Cómo han funcionado nuestros recursos humanos? ¿Cómo hemos mantenido los cuidados? ¿Qué acompañamiento hemos desarrollado? ¿Cómo hemos gestionado el desconcierto?

Pasar página pronto, olvidarse de lo malo, no hablar de los sufrimientos encajados, no sopesar las angustias de los muertos en soledad, etc., tendría el peligro de quedarse en los lamentos, pero también el de banalizar algo que ha removido el subsuelo de lo humano. ¿Hemos hablado en comunidad de esto de manera ordenada y reflexiva? ¿Hemos orado sosegadamente en las horas muertas de esta pandemia? ¿Ha sido la celebración de la fe un consuelo y un ánimo?

 

  1. 2.      La ayuda de la fe

 

Quizá la pandemia nos ha sorprendido sin saber bien cómo mezclar lo que nos pasaba y la fe (algunos lo ha mezclado en el terreno de lo religioso: procesiones con santos, bendiciones con la custodia desde el tejado de la iglesia, pedir a Dios que pasase pronto la epidemia como si dependiera de él,  etc.). Quizá fe y vida sigan caminando por sendas paralelas.

Los humanos, agobiados, queremos soluciones para nuestros problemas. La fe no soluciona nada, pero puede iluminar. Al iluminar, nos responsabiliza, pero nos da una ayuda para que nosotros hagamos el camino. Por ejemplo: iluminar la situación desde la compasión y la misericordia de Jesús. Dice Jon Sobrino: «De Jesús impactaba la misericordia y la primariedad que le otorgaba: nada hay más acá ni más allá de ella, y desde ella define la verdad de Dios y del ser humano». Iluminar desde ahí puede ser muy productivo.      

También se puede iluminar desde la “recapitulación de todo en Cristo” (Ef 1,3-10). Esa recapitulación puede entenderse, aproximándose a la física cuántica, como el caos que se autoorganiza. El caos no es una fuerza destructiva, sino un dinamismo organizativo que tiende a una plenitud quizá en modos de cumplimiento, de extinción.

 

  1. 3.      La ayuda fraterna

 

Contar con ella en la pandemia, más allá de sus deficiencias, ha sido una bendición y un poner rostro de verdad a la fraternidad. Sin ella, la amargura de quienes hemos sufrido el contagio habría sido enorme. Globalmente, la fraternidad ha respondido en positivo. Esto muestra que la vida comunitaria funciona en nosotros.

Ha sido muy valioso el acompañamiento en los largos ratos de confinamiento, el diálogo que se ha aumentado forzado quizá por las circunstancias, la celebración de la fe más de grupo. Ciertamente, nos hemos acompañado compartiendo soledad y pequeños cauces de espiritualidad (rezando voy) y de esparcimiento (música, lecturas).

Tras el desconcierto inicial, hemos ideado  planes de formación on line sencillos y los retiros espirituales se han dado de esta forma. Hemos aprendido a vivir la relación en modos de pandemia. Un aprendizaje forzado por las circunstancias. Ante la imposibilidad de juntarnos físicamente, hemos visto que juntarse telemáticamente, aunque no era lo mismo, es un camino abierto, eficaz, barato y rápido. Hemos tenido que aprender a a manejar diversas plataformas porque hemos visto su utilidad.

 

  1. 4.      La gestión del desconcierto

 

Sobre todo al comienzo el desconcierto fue grande. No sabíamos cómo gestionar aquello cuando llamaba a nuestras puertas. A veces nos estremecía lo que oíamos de otras comunidades (sobre todo si había muertos de por medio). El ver que gente cercana, del entorno, con nombres y apellidos, enfermaba y que algunos morían nos dejaba perplejos. Las noticias falsas, los bulos, que llegaban a nuestros móviles nos inducían todavía a un desconcierto mayor.

Tuvimos que aprender a gestionar el desconcierto, a no ponerlo como excusa para todo, a medir hasta dónde había que parar y hasta dónde había que seguir. Tuvimos que aprender a cerrar la “empresa” (la parroquia, el colegio) y abrirnos por otros caminos (llamadas personales, presencia on line). Aún hoy día, hay que combatir la tentación de poner el Covid como excusa para tareas que tenían que estar hechas.

Tuvimos que entender que, aunque limitados y cerrados, había que seguir vivos en las tareas diarias, en los trabajos imprescindibles y en una apertura de la casa que era más que abrir las puertas. Quizá hubiéramos de haber sido más sistemáticos en la apertura, no tan a la buena voluntad de cada cual.

También hemos resistido a las teorías conspiracionistas y negacionistas, aunque las defendiera gente famosa y mediática. Básicamente el corazón humano es bueno. Y esas maldades sin finalidad no entran ni siquiera en los modos a veces depredadores de los humanos. Muchas veces esconden contenidos de descontentos, de lucha y derribo, de famoseo y postureo sin mucho sentido.

Hubo que superar el cansancio de ver que todos los días teníamos en los medios una ración grande de pandemia. Necesitábamos información y lectura de lo que iba ocurriendo. A veces, hasta la poesía y la literatura ayudaba (los cierres de los telediarios de Carlos del Amor eran estupendos).

 

  1. 5.      Apostolados nuevos

 

Surgieron con la pandemia una serie de apostolados nuevos o con nuevo impulso. El apostolado del agradecimiento social. Nos dimos cuenta de que había gente (sanitarios, policías, etc.) que se jugaban la vida por la ciudadanía. El aplauso de las 8, tan cuestionado y ridiculizado por algunos, era solo un signo de agradecimiento ciudadano. Era verdad lo que decían los sanitarios: que lo que hacía falta eran más medios. Pero ¿cómo decirles gracias de manera sencilla y diaria si estábamos encerrados, si solo teníamos los balcones, las ventanas y las terrazas?

También ha venido el apostolado de la ciudadanía, el respeto (de la mayoría) de las normas sanitarias, la ofrenda social de parte de la libertad en los discutidos y penosos perimetrajes de pueblos y ciudades tratando de aislar el virus.

El apostolado de los medios on line sencillos: pequeños cursos, ejercicios, challenges, catequesis online, etc. Pequeñas iniciativas que nos decían que seguíamos ahí y que, a la vez, abrían caminos nuevos a una mayoría que no se había animado todavía a meterse por ahí.

Hemos activado la conversión ecológica en el cultivo de plantas, en los reiterados y obligados paseos por los parques, en el reciclaje más cuidadoso. Muchos hemos aprendido mejor que de la naturaleza nos viene un gran solaz y una alegría sencilla y profunda. Por eso nos hemos negado a mantener la tesis defendida por algunos (Boff entre ellos) que dice que el virus es una respuesta airada de la tierra a nuestro maltrato. No creemos que la hermana tierra responda con este carácter vengativo.

Quizá también nos hemos apuntado más al apostolado del disfrute sencillo,  de la lectura tranquila, del paseo tranquilizador, del descubrimiento de rincones bonitos, del orden y la limpieza más acentuados. Inconscientemente tal vez pero hemos percibido que la vida es una realidad amenazada y que vivir el presente de manera equilibrada es una gran sabiduría.

 

  1. 6.      Salir sin olvidar

 

Muchos plantean salir de la pandemia olvidándola, como una mala pesadilla, como algo sobre lo que echar tierra encima. Pero pensamos que sería más saludable salir sin olvidar. No se trata de mantener abiertas viejas heridas, sino de entrar en otro período pero sabiendo de dónde venimos. Llevar el pasado con elegancia hace que el presente sea más hermoso.

Habría que salir con más humildad esencial.  No se trata de sentirse humillado por un virus que nos ha puesto contra las cuerdas. Se trata de saber lo que somos, de que la limitación es parte de la vida y de que una vida tan amenazada es hermosa en su fragilidad. La humildad esencial debería despertar en nosotros el amor por la vida y hasta el amor social, que es otra variante del amor.

También habría que salir más convencidos de que estamos llamados al cuidado esencial. No se trata solamente de hacer actos puntuales de cuidado, sino de tener una actitud englobante de cuidar las personas y las cosas. A estas alturas de la jugada, cuidarse es nuestra gran tarea humana. Cuidadores que necesitan ser cuidados, algo de eso somos los seres humanos.

Además, habría que salir de esta crisis aprendiendo el disfrute esencial. No es un hedonismo superficial. Se trata de paladear el día a día como un verdadero regalo de la vida y del amor del Padre. Es llenar el día de contenido vital, de silencio habitado, de entrega, de lectura ahondada de la realidad. Los días de pandemia se nos han hecho, a veces, largos. Si se los llena de vida entregada, aunque sea en cosas sencillas, se llega a vivir el día a día como un auténtico disfrute.

 

  1. 7.      Mirar al corazón

 

Hay un número, algo coloquial, en la Fratelli tutti que dice: «Entre las religiones es posible un camino de paz. El punto de partida debe ser la mirada de Dios. Porque «Dios no mira con los ojos, Dios mira con el corazón. Y el amor de Dios es el mismo para cada persona sea de la religión que sea. Y si es ateo es el mismo amor. Cuando llegue el último día y exista la luz suficiente sobre la tierra para poder ver las cosas como son, ¡nos vamos a llevar cada sorpresa!» (281).

Mirar con una mirada que apunta al corazón. Puede parecer algo inconcreto, pero ese sería un buen propósito a sacar de toda esta crisis que estamos viviendo. Apuntar al corazón, a la verdad de la persona, hablar al corazón, como José hablaba a sus hermanos, según Gén 50,21.

Tener en el punto de mira el corazón del hermano puede unir una honda humanidad y una fe cristiana viva. En concretar esto quizá se halle mucho del éxito de nuestra VR en este momento de nuestra vida.

 

 

II

AHONDAMIENTO

 

            Ahondar es profundizar, huir de la superficialidad, el peor enemigo de la persona. Si se quiere no solo entender lo que nos pasa, sino también saber cómo actuar en este momento concreto, la reflexión es imprescindible. Asumir el trabajo de reflexionar es prueba de madurez humana, personal y de grupo. La falta de reflexión nos hace muy vulnerables.

            Construir la interioridad es un gran valor. No se puede afrontar la crisis de la pandemia sin interioridad. Porque el problema no es solamente de conocimiento, también es ético, espiritual. Nunca un problema humano es algo aislado y desconectado de los otros problemas.

Hay que generar espiritualidad en uno mismo para poder ser espirituales para los demás (en la pastoral o en la educación). Uno no educa solamente con lo que sabe, sino también con lo que es. Uno evangeliza sobre todo con lo que es, más que con lo que sabe.

 

  1. 1.      Vivir en tierra in-firme

 

Parece que la persona necesita para vivir tener tierra firme bajo los pies. En tierra firme nos sentimos a salvo, no como estar en el mar. Pero resulta que, con el Covid, la tierra se nos ha vuelto in-firme.  La etimología de la palabra “enfermedad” proviene del latín “infirmitas”, que quiere decir perder la tierra firme. Como en un terremoto, todo entra en danza y se tambalea.

Pues bien, esta pandemia nos enseña que hay que aprender a vivir en tierra in-firme, movediza, enferma. Que por mucho que sea el trabajo científico que nos libra de muchas enfermedades, todavía la fuente de las disfunciones siguen manando con toda intensidad. Hay que aprender a convivir con la enfermedad, sin hundirse más de la cuenta, con el necesario respeto y el coraje para afrontarla cuanto se pueda. Huyamos, pues de histerismos y de reacciones exageradas: ni somos tan fuertes como algunos creen, ni tan débiles que no podamos vivir con un cierto sentido y un cierto gozo.

¿Cómo vivir en tierra infirme? Asentándonos en los valores esenciales y relativizando los menos importantes. Quizá en estos momentos los valores esenciales sean el coraje, la compasión y el espíritu crítico. Coraje para no perder el norte y pensar que todo está perdido. Ni mucho menos; lo esencial sigue vigente. Nada de lo importante se ha modificado. El amor, la entrega, la solidaridad siguen ahí, por encima de olvidos y egoísmos. La necesaria compasión actúa y empuja a muchos caminos de amparo y acogida. Y el espíritu crítico es necesario para sobrenadar las procelosas aguas del bulo, del engaño interesado y de la trampa que solo busca confundir.

Por todo ello es necesario construir una ética para tiempos convulsos. Habrá que ir respondiendo a preguntas como estas: ¿vale todo amparados en el anonimato de internet? ¿La exposición a imágenes de violencia nos hace más violentos? ¿Cómo defender razonablemente de los bulos? ¿Dónde está el límite entre libertad y seguridad? ¿El principio de autoridad es innegociable para la educación? ¿Qué derechos deben garantizarse por ley a los animales? ¿Deben usar los modelos de la democracia occidental como valores universales? ¿Cómo dar ciudadanía además de acogida a los inmigrantes? ¿Cómo recuperar la confianza en las instituciones políticas? ¿Cómo construir la realidad de Europa en momentos difíciles? Multitud de preguntas que, desde un lado o desde otro, nos afectan.

 

  1. 2.      Salir del antropocentrismo

 

Viniendo de donde viene la cultura occidental, es normal que le cueste reelaborar posturas antropocéntricas. Hay quien piensa que el verdadero virus que nos afecta es el antropocentrismo que impide el logro de un nuevo humanismo. Esto ha tenido unas consecuencias catastróficas: «La oposición entre naturaleza y cultura, que es de una violencia radical, es el principal resultado del triunfo del antropocentrismo. En occidente, todo lo que proviene de la naturaleza debe servir al hombre, pues este se presenta como su único propietario. Nada puede escapar a esa violencia, ni los humanos, ni los animales» (P. Llored).

A muchas personas les parece una desproporción extender el tema de la dignidad a los animales o a las otras creaturas, a la tierra en su conjunto. Hay que decir que la dignidad es diversa en sus formas, pero única en su esencia. Y por ello, los humanos tendrán unos derechos, los animales otros, los árboles otros, pero el denominador común es la dignidad. Y ello, simplemente, porque el espacio es común y eso genera unas relaciones de convivencia que no se pueden eludir.

Se impone, pues, un reparto de la dignidad que no se puede obviar y que tampoco puede hacerse por ley, aunque las leyes puedan construirse siempre con ese presupuesto. El reparto de la dignidad supone el control y el reparto del poder, porque la negación de la dignidad común brota del antropocentrismo desviado de una parte que ve como lógico imponer su ley al resto.

Esto lleva a revisar el antropocentrismo como poder de intervención en el mundo y a superar el paradigma moral del sufrimiento de los animales en una ética animal respetuosa y liberadora. Y lo mismo habría que decir de la instauración de una ética de liberación cósmica. Un intervencionismo que considere obvio el enriquecimiento de lo humano saltándose los derechos de animales y cosas es una parte del imaginario occidental que habría de ser superado. Un intervencionismo desde la dignidad abriría caminos de novedad en la relación cósmica con el consiguiente beneficio para todos los intervinientes.

 

  1. 3.      Encajar el caos

 

Ya hemos dicho que, para nosotros, el término “caos” es sinónimo de confusión, catástrofe, ruina. Pero en física cuántica es el dinamismo que se autoorganiza para lograr un resultado impredecible. No es algo negativo. Puede ser entendido como una plenitud acabada no tanto en un modelo de pervivencia, sino de acabamiento.

Esto choca con el imaginario cristiano que entiende el final como resurrección y plenitud. Es otro modelo cultural propio de una época premoderna, precuántica. ¿Cómo ser luchadores activos por el logro de una sociedad destinada a desaparecer? No es igual desaparecer en la derrota que en la victoria. Los esfuerzos humanizadores trabajan por una desaparición en la mayor plenitud posible.

Por extraño que parezca, el cultivo de este imaginario puede aportar sosiego y ánimo en la batalla humana por el logro de la salud y del amor. Un cultivo lúcido que pone el acento en lo que nos ocupa hoy y deja caer con confianza el modo del resultado final.

Es que la lucha en la pandemia tiene sentido en el hoy mismo de la necesidad y cree que lograr hoy una victoria, por modesta que sea,  contribuye a la dicha por más que se inscriba este logro en un modo físico caótico. En ese sentido sería preferible un caos en la dicha que una plenitud en parámetros no históricos. Amueblar el imaginario siempre será un trabajo para personas lucidas.

 

  1. 4.      Medidas bien tomadas

 

Cuando se lucha contra una pandemia se trabaja con las medidas del que se siente vencedor, aunque pase por momentos de dificultad y de pérdida inicial. Pero, tanto para la lucha contra la pandemia, como para entendernos bien, sería bueno tomarnos bien las medidas.

A gran escala: Solos y aislados: Puede ser que nos creamos el centro del Universo. Pero, en realidad, estamos solos y aislados en un pequeño sistema solar como los hay millones, de una galaxia (la vía láctea) que también como ella hay millones (100.000). La estrella más próxima a nuestro sistema solar es Alfa de Centauro que está a 4 millones años luz (la Voyager 2, la nave más rápida, tomaría 70.000 años para llegar hasta ella). Viajando a velocidades increíbles: Puede parecer que la tierra está quieta, que nada se mueve, pero, en realidad, a causa del big bang estamos viajando a velocidades de vértigo: nuestra galaxia y nosotros dentro de ella viaja a razón de dos millones de km por hora. Un universo que se expande. Sabiendo que hay muchos universos: La cifras que maneja la física cuántica le hace suponer que no solamente hay millones de galaxias, de constelaciones, de estrellas, etc. Sino que probablemente hay muchos universos antes del “muro” sin saber lo que hay detrás de ese “muro”. La medida humana no significa casi nada en comparación con esta medida inmedible.

A pequeña escala en la danza de los elementos: Los cuánticos usan el término “danza” porque los elementos  (átomos) y sus partículas (neutrones, protones, neutrinos) y otros componente subatómicos están en una frenética danza que, gracias a la gravedad, compone cuerpos con una enorme vida dentro. La idea de quietud no se corresponde con lo que ocurre en el más allá de lo que ven nuestros ojos. Somos vacío: Más que materia, somos vacío, lo que da una idea de otra realidad. Si se eliminara el vacío volveríamos a medidas de insignificancia. Ese vacío, a gran escala, es lo que llamamos agujeros negros: vacíos de materia desconocida donde se organizan las relaciones de los elementos que danzan atómicamente.

Esto nos empuja a cambiar la espiritualidad: Un Dios dentro: No tanto un Dios, un cielo, una realidad divina externa, sino un Dios en el fondo de lo que existe: “vendremos a él y pondremos nuestra morada en él” (Jn 14,23). La tarea de ahondar en la realidad, en la historia, en el camino cósmico. Nuevas maneras de entender y designar a Dios: Ir dejando las exclusivas maneras teístas para nombra la realidad de Dios de otros modos: fuente del amor, principio de vida, base del ser, origen de la bondad, etc. Ir llenado de “carne” estas expresiones que nos suenan poco.

La tenaz, amplia, militante pregunta que la persona de hoy hace al cosmos es, sin duda, uno de los principales ámbitos de mística social. No solamente se quiere saber qué hay ahí sino qué es la persona en ese inmenso conjunto. Ya no se valora solamente la pequeñez del ser humano en la inmensidad cósmica, sino también la hermosura de hacer parte de ello y la posibilidad de conocer los procesos cósmicos como manera primordial de ser dentro del mundo. Del éxtasis ante el cosmos se pasa a la comprensión del mismo mediante planteamientos de física cuántica que hasta ahora estaban reservados a pocos. La mística cósmica, por la divulgación científica, empieza a ser patrimonio de todos. En este marco general hay que inscribir la batalla de la pandemia.

 

  1. 5.      Victorias limitadas

 

Los humanos han logrado hermosas victorias en el logro de la salud social (erradicación de la viruela, la polio, etc.). No dudamos de que habrá una victoria contra esta pandemia. Son victorias hermosas, pero limitadas porque la vida humana sigue siendo una realidad amenazada diariamente por miles de patógenos. Esta fragilidad no resta hermosura al logro.

Por eso mismo hay que aprender a verles sentido a los trabajos, en todos los campos, por lograr victorias limitadas. Son los lentos caminos para una victoria final que quizá nunca se entienda como algo pleno, sino como algo cumplido hasta el límite que se pueda cumplir.

Esta es la humildad esencial de la que hablábamos antes: saber que trabajas para un éxito limitado y seguir trabajando en ello sin desfallecer. Sentir que se nace con responsabilidades adquiridas (no con pecado adquirido) y que desarrollar esa responsabilidad es el verdadero sentido de nuestra existencia.

Y, desde el punto de vista cristiano, saber que esa responsabilidad atañe, sobre todo, a la situación de las personas frágiles, al sufrimiento del otro. Efectivamente, la respuesta que damos al sufrimiento del otro nos hace sujetos morales y desvela los verdaderos contenidos de nuestra fe.

 

  1. 6.      Aprendizajes sociales

 

La VR se nutre carismáticamente de la Palabra, los sacramentos, la liturgia, el carisma, la oración, etc. Esas son sus fuentes naturales. Pero también se nutre de los aprendizajes sociales. Mucho de lo que somos lo hemos aprendido por la observación y por el contagio social. De tal manera que se puede decir que la vida social es, de algún modo, una fuente de inspiración carismática.

Por eso decimos que esta pandemia puede ser aleccionadora. Nos enseña la debilidad social y el amparo que necesitamos, la lucha de todos y la necesaria colaboración de todos los miembros de la sociedad, la fraternidad en la fragilidad y también en el triunfo, la solidaridad con los  más frágiles sabiendo que no se les puede dejar al margen porque son familia.

Quizá sea esto el aprendizaje más importante: que somos familia, incluso y sobre todo cuando estamos enfermos. De mismo modo que una familia de verdad cierra filas en torno al miembro enfermo, así la sociedad nos ha enseñado a cerrar filas en torno a los más afectados. Y nadie cuestiona esa ayuda necesaria. Frente a todos los egoísmos (frente a los “vacunajetas”, por ejemplo), la pandemia desvela nuestro ineludible ser familia humana.

 

  1. 7.      Saberse acompañado

 

La pandemia ha conllevado la mordedura de la soledad (sobre todo, la gran soledad de quienes han tenido que morir solos o casi). Pero también ha desvelado (y lo hemos palpado personalmente) el calor del amparo familiar y fraterno. Sin él, la cosa habría sido mucho más amarga.

Así es, el acompañamiento ha sido uno de los mejores frutos de esta dura pandemia: saber que había amparo en las instituciones sanitarias, en la sociedad y en la fraternidad ha dado un sosiego grande a lo que, inicialmente sobre todo, fue un enorme desasosiego.

Más aún, como creyentes hemos palpado de cerca la presencia acompañante del Padre. No hemos tenido duda de que la recurrente pregunta ante el silencio de Dios (¿Dónde está Dios?) ha tenido una respuesta certera: sufriendo con nosotros, muriendo con los que han muerto, esperando que amanezca con quien espera la aurora). En las horas largas de nuestro aislamiento, lo hemos sentido con nosotros, aislado con nosotros, dolorido con nuestro doler y aguantando nuestros mismos interrogantes. Jn 16,32 pone en labios de Jesús: “Nunca he estado solo, porque el Padre siempre está conmigo”. Aun entre la niebla, algo de esto hemos visto también nosotros.

 

Conclusión

 

No vamos a decir que este tiempo de pandemia sea un tiempo deseable. Pero tampoco ha sido un tiempo totalmente negativo. En el subsuelo lo humano ha salido potenciado y también lo cristiano,. Hacemos nuestra la conocida expresión del Sal 23,4: “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo”. Él nos lleva en sus manos.

Compasión y servicio

COMPASIÓN Y SERVICIO

 

  1. 1.      Auge del vocablo compasión

 

La pertenencia del vocablo compasión al mero ámbito de lo religioso ha sido sobrepasada en la actualidad por el lenguaje político que habla de compasión de manera habitual: una política compasiva, que no deja a nadie atrás, que dice contemplar las situaciones de los frágiles sociales, que incluso parece verse afectada por las duras situaciones de los empobrecidos. Ante tanto sufrimiento humano, se recurre a la compasión.

Paul Gilbert en The Compassionate Mind sostiene que al juntarse en nuestro cerebro características propias de "mamíferos" y de "humanos", nos hemos dotado de facultades aparentemente incompatibles para el amor y la destrucción. Pues bien, da la impresión de que, en la actualidad, esos dos polos se van acercando cada vez más: la compasión y la ciudadanía, la compasión y la política, hasta la compasión y la economía.

Si esto fuera cierto, el valor de la compasión que se creía hacer parte de imaginarios débiles, como el religioso, pasa a situarse en imaginarios fuertes, activos, como la economía y la política. Hay quien, con razón, recela de estos cambios. Pero, a priori, el ensanchamiento del campo de la compasión lo creemos positivo. Creemos que la mejoría del uso lingüístico refleja una mejoría en la vivencia moral y ciudadana.

Por otra parte, los afanes compasivos brotan de la certeza de que los humanos nacemos no tanto con pecado original, sino con bendición original y con responsabilidades adquiridas. Efectivamente, venir a la aventura humana constituye directamente a la persona en contribuyente obligado a la mejora de ese camino, sobre todo allí donde la realidad es más frágil.

Y ello hasta el punto de que, como dice el filósofo Reyes Mate, la respuesta que damos al sufrimiento ajeno nos hace sujetos morales. Es decir: responder al sufrimiento del necesitado desvela nuestro nivel de humanidad, tanto a título personal como social. La compasión y el servicio que parecen no cotizar en el mercado son el termómetro de nuestras relaciones humanas verdaderas, de nuestro nivel de ciudadanía. El barullo de las redes no logra apagar la voz de fondo que habla del valor central de la compasión que sirve. La conclusión inicial es clara: no son los nuestros malos tiempos para elaborar una espiritualidad de la compasión que sirve.

 

  1. 2.       Una economía compasiva y servidora 

 

El ciudadano de hoy sabe muy bien que el quid de muchas cuestiones está en la economía. Y sabe también que la economía es depredadora, asesina (la economía que mata, dice el Papa Francisco). Al funcionar la economía por expectativas de ganancias, no le importa dejar tras de sí un reguero de destrucción y de muerte con tal de conseguir los objetivos propuestos.

Pero junto a esa economía asesina están brotando economías alternativas que hoy no tienen la voz cantante pero que, tenaces, alzan su palabra como camino posible de economía humanizadora, compasiva. Nos referimos, por no citar más que alguna, a economías como la del Bien Común de Ch. Felber.

Son economías que se ordenan creyendo que el activo económico más importante es la persona y que valorar a la persona es generar riqueza, a la vez que se frenan los grandes desajustes de la economía como, por ejemplo, la desigualdad. Su componente compasivo nada tiene que ver con el paternalismo y la limosna, sino con la dignidad y la fe en las posibilidades de vivir en humanidad.

Se desvela así uno de los rasgos decisivos del comportamiento económico de los humanos: poner conciencia al dinero, dotar de humanidad al descarnado mundo de las relaciones económicas. El compacto muro de quien dice que pretender mezclar economía y compasión es querer mezclar el aceite con el agua queda muy cuestionado no solamente por la voluntad de los humanistas, sino también por una cierta actividad económica real.

 

  1. 3.       Líderes compasivos y servidores

 

El liderazgo se ha ejercido en connivencia con la dureza de una economía dura y, a veces, depredadora. Pero los líderes carismáticos de éxito también son compasivos. El carisma por sí solo puede no ser suficiente, sin embargo, la compasión, la integridad, la honestidad y la fortaleza son cualidades que hacen diferente a un individuo y que propician caminos abiertos a una relación económica productiva y diversa a la vez entre humanos.

Como se demostró ya hace mucho con el ensayo de Robert K. Greenleaf The servant as leader, publicado por primera vez en 1970 “el líder servidor es el que sirve primero, porque comienza con el sentimiento natural de que uno quiere servir”. Un líder que sirve se centra principalmente en el crecimiento y el bienestar de las personas y las comunidades a las que pertenecen. Si bien el liderazgo convencional al que se le suponía hace unos años una acumulación de poder ha empezado a dar síntomas de cansancio y se ha ido modernizando. En cambio, el liderazgo de los servidores es diferente, porque en cuanto a la capacidad de ejercer ese poder, antepone primero las necesidades de los demás, ayudando a las personas a desarrollarse y realizarse lo más posible. En cierto sentido, está compartiendo una cuota importante de poder.

 

  1. 4.      Amor político

 

En la raíz de esta manera de pensar está la certeza del amor político. El amor político exige unas demandas elementales porque si no el bloqueo está asegurado y las posibilidades no solo de ponerlo en pie sino, simplemente, de hablar de él se esfuman. Tales demandas básicas son: el amor por lo público por encima del regocijo por lo privado que tanto reconforta el ego; la inquietud por el devenir humano y la preocupación por el futuro del mundo más que la inmediata y atosigante preocupación por “mi” futuro; la posposición del lucro personal como motor de la actividad humana, incluso el lucro de la institución, país, entidad a la que se pertenece. Demanda, en definitiva, sentirse bien en la piel de lo humano, lo que llevará a una mirada distinta sobre el hecho histórico.

El amor político no es algo que se consiga instantáneamente. Hace parte del largo proceso de humanización en el que las personas estamos dando nuestros pasos más iniciales. Eso quiere decir que el “paraíso” no es una realidad al inicio, sino al final del proceso. Todo trabajo de humanización contribuye al logro del amor político. Lo inscrito en los albores de la relación social ha de desarrollarse hasta el logro de una humanidad pensada y vivida en el marco del amor. Ese proceso demanda la recuperación de lo político sobre el dominio omnímodo de lo económico y la evidencia necesaria de que el político no es un dominador sino un servidor público que es lo que las urnas le han encomendado. Trabajar porque esto no resulte totalmente imposible es uno de los más hermosos empeños del vivir humano.

 

  1. 5.      Hablamos de generosidad

 

Toda esta reflexión tiene un componente transversal que no es otro que el de la generosidad. La economía de ganancias y la política mezquina detestan la generosidad porque la consideran una actitud limosnaria, paternalista, de débiles. Y tiene ese peligro. Pero sin generosidad, sin ese ir más allá de la legalidad en la oferta del bien, la vida humana se seca, se empobrece, se deshumaniza.

La economía de la generosidad (The gift economy) es aquella que pasa del “¿Qué puedo obtener de ti?”, al “¿en qué te puedo ayudar?” Esto empuja a definir quién es uno como persona, como organización o como negocio. Puede parece angelical, pero, como decimos, estas maneras distintas de enfocar la economía son posibles y, de hecho, son practicadas ya en todas partes del mundo. Esto no es solamente aplicable a la empresa propiamente dicha, sino que se puede llevar a cabo en la cotidianidad, enfocándose en generar un impacto pequeño y local.

 

  1. 6.      Un apunte de espiritualidad

 

Permitan que termine con apunte de espiritualidad cristiana. El evangelio de san Juan narra el lavado de los pies de Jesús (Jn 13). Al llegar Jesús a Pedro éste se opone a que Jesús le lave los pies y recibe una desconcertante respuesta de Jesús: “Si no te dejas lavar los pies, no tienes nada que ver conmigo”. ¿Qué importancia tiene eso de lavar los pies que si no se practica te aleja de Jesús? Es el servicio compasivo.

Eso quiere decir que la identidad cristiana, según los evangelios, no le viene al cristiano por su lado religioso (bautismo, oración, sacramentos, pertenencia a la Iglesia, etc.), sino por su lado servidor: sirves, eres seguidor de Jesús; no sirves, no lo eres.

Con esto afirmamos que el servicio compasivo da sentido a la misma espiritualidad y puede nutrirse de ella. Los creyentes tenemos aquí un ánimo y una orientación. Y los no creyentes pueden también beneficiarse de este aliento.

 

Buenos días tengan ustedes.