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FIAIZ

Retiro en Cuaresma 2026

 

 

 

 

PIEDAD Y LIBERALIDAD

Por una Cuaresma espiritual y humanizadora

 

         Inexorablemente la Cuaresma se nos ha echado encima. Es lo propio de lo cíclico: siempre vuelve y viene con su rutina. Esto deriva en dos actitudes iniciales: como siempre o en modos buscadores. Situarse en el como siempre no demanda esfuerzo alguno aunque es posible que su fruto sea manguado. Plantearse una pequeña búsqueda aprovechando la coyuntura puede ser puerta abierta a otros horizontes.

         Aunque pervive el imaginario cuaresmal (ayunos, vigilias, procesiones, cenizas, viacrucis, etc.), la secularidad lo ha modificado mucho. El asunto es continuar en el “como si” aunque, en realidad, ya no se viva en ese parámetro. No obstante, se vuelve a él porque cuesta despegarse, porque no se tiene motivos para ese despegue o porque, por la razón que sea, se quiere seguir ahí, lo que se hace con una cierta militancia.

         ¿Y si se planteara la cosa desde otra perspectiva? La correcta sería la que nos marca la espiritualidad cuaresmal: la Cuaresma es la gran catequesis eclesial que prepara a la Pascua. ¿Y cuál podría ser el tema de este año? Proponemos: Piedad y liberalidad. Como luego diremos, estos dos rasgos que conforman la personalidad del Jesús histórico son los que generan en el creyente la verdad de su ser seguidor/a. Por eso mismo, volver sobre ese tema podría ser un impulso para la vida cristiana y una orientación para una celebración ahondada de la Pascua.

         De todos modos, esta reflexión quiere tener por centro y atractor a la persona de Jesús. Desde ahí puede venirnos la luz y el ánimo. Bien reza aquella sentencia transmitida por vía apócrifa: «Quien está cercano a mí está cercano al fuego, pero quien está lejos de mí está lejos del reino» (Evangelio de Tomás). Que la Cuaresma de este año se acercarse un poco más al fuego que es Jesús.

 

1. No sabemos

 

         Una lectura interpretativa de un poema puede estar equivocada, pero puede servir como primer paso en una reflexión. Tomamos el poema titulado No sabemos  del poemario de Víctor Herrero de Miguel “Las sílabas del cielo”.

 

«Sucede como el pájaro en las ramas

desnudas del invierno: se confunde

la piel con la madera, y la mirada no atrapa

al ser alado en su quietud.

Así también nosotros.

No sabemos

separar del dolor la maravilla».

 

  • La metáfora del pájaro en las ramas sugiere que se mimetiza tanto con la madera del árbol que no vemos al ser alado. Confundimos piel y madera, vida y materia inerte, latir y hielo. Va tan mezclado que se hace imposible disntinguir una cosa de otra.
  • Así nos pasa en la vida: dolor y maravilla van mezclados y, al no saberlos distinguir, el dolor se come a la maravilla. Esta no la atrapa el corazón y el dolor campa a sus anchas. Si supiéramos separar, nos quedaríamos con la maravilla.
  • Pero es que el dolor y la maravilla son inseparables y habrá que atraparlos juntos, aun sabiendo que la maravilla es la que abre el horizonte y el dolor el que lo cierra. Pero van juntos. Es preciso aprender a entenderlos unidos, mezclados, entrelazados.
  • Eso pasa con la piedad y la liberalidad: van juntas y como tales han de estar en un cierto equilibrio. La piedad es el deseo de horizonte, el anhelo de lo nuevo, el gozo de la belleza. Pero esto ha de ir unido con la liberalidad: el trabajo por construir lo humano, la responsabilidad social, las exigencias de la amistad cívica, los esfuerzos por convivir, etc. Sin ambas realidades van juntas, se potencian. Si van separadas, se anulan.

 

2. La luz de la Palabra: Mt 11,18-19

 

         «Vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron que tenía un demonio dentro. Viene el Hombre, que come y bebe, y dicen: ‘¡Vaya un comilón y un borracho, amigo de recaudadores y descreídos!’. Pero la sabiduría de Dios ha quedado justificada».

 

  • El perfil que los evangelios dan de Jesús es el de una persona piadosa y liberal. Los dos términos causan problema, sobre todo el segundo. Que Jesús ama su fe judía, su yahvismo, queda fuera de duda. No se encontrará una palabra en su boca contra el sábado, contra la necesidad de guardar las tradiciones, contra las prácticas de la pureza ritual. Si las censura es porque él pone por delante el bien de la persona, coloca la moral por delante de la obligación religiosa. Eso es lo que causa problema, su liberalidad, “un aguijón en la carne piadosa”, dice Käsemann. Ese liberalismo hace parte de su realidad mesiánica y se convierte en nota distintiva de la ética cristiana. La piedad es un problema porque puede ser falsa, postiza, rutinaria, engañosa. Pero el problema principal reside en la liberalidad que se constituye en medida y baremo de la conexión con el Jesús liberal. Ambas realidades van juntas en Jesús, de tal manera que la definición niceana de Jesús (“Dios y hombre verdadero”) podría traducirse por “piadoso y liberal al mismo tiempo”. Pero la liberalidad de Jesús pasó a un segundo plano y la comunidad cristiana primitiva se escandalizó del liberalismo de su maestro y no se atrevió a adoptarlo.
  • Uno de los rasgos que define el perfil de Jesús son sus comidas con los pecadores: ahí encontró un escenario adecuado para expresar su idea del reino. Las comidas le sirvieron de plataforma pedagógica, verdadera escuela de la utopía del reino. «Las comidas con ‘pecadores’ son uno de los rasgos más sorprendentes y originales de Jesús, quizá el que más le diferencia de todos sus contemporáneos y de todos los profetas y rabinos del pasado». Otros muchos autores consideran este gesto de Jesús como el más central y significativo. En ningún otro lugar de la Biblia se presenta a un persona comiendo con pecadores (Prov 23,6-8). Hacerlo era sencillamente participar de su vida pecadora, unirse a su pecado haciendo saltar todas las líneas rojas de la moral judía (algo de esto queda en 1 Cor 5,11).
  • Ahí se enmarcan los tres insultos al liberalismo de Jesús (notemos que nunca se censuran los rasgos de su piedad, excepto cuando chocan con los intereses de los piadosos: el templo, korbán, el sábado como día para hacer el bien, etc.). El primer insulto es “comilón” (phagon), uno que come con glotonería. Se ironiza sobre la manera de comer poniendo el acento en la cantidad y en la manera. No solo come, sino que lo hace mucho y mal. Se busca el descrédito. El segundo insulto es borracho (oinopotês), bebedor de vino. Es lo mismo: como quien bebe mucho y le cae mal porque lo emborracha. De nuevo, se busca el descrédito. Y, finalmente, se le desacredita por las compañías de esa mesa: amigo de recaudadores (telônôn philos) y de pecadores (hamartôlôn). No solamente gente de mal vivir sino conculcadores de la liberalidad (recaudadores) y de la piedad (pecadores).
  • Dios apoya las obras de Jesús por encima de la desacreditación de los que ni apoyaron al piadoso y cuestionan al liberal. Lo que se dice popularmente: el tiempo pone a cada uno en su sitio, el sentido común sigue vigente más allá de todo descrédito, la gente percibe el fondo del comportamiento de Jesús y se adhiere a él.

 

3. Ahondamiento

 

         El pasaje evangélico permite abrir las puertas a un ahondamiento reflexivo:

  • ¿De qué piedad hablamos?: cuando hablamos de piedad estamos hablando de dos clases de piedad: la que se sitúa en lo más externo, la que hace bandera de asuntos religiosos banales, la que se alía fácilmente con posiciones que obvian a la persona, la que se escuda en las tradiciones para defender lo indefendible. Esa no es la piedad de Jesús. La de este es la oración que es compatible con la compasión social, la que tiene una visión que une el templo y la justicia, la que se desmarca de lo más sagrado de las normas por acercarse a lo más sagrado que es la persona. Esa parece ser la piedad de Jesús. 
  • ¿De qué liberalidad hablamos?: no de la que pasa de la justicia, no de la que no quiere injerencias para maniobrar opresoramente de manera más fácil, no de la que invoca el respeto para tener libre acceso deseos inconfesables, no de la que no entiende equidad, no de la que da dones y reglaos para que las bocas estén cerradas. Esa no es la liberalidad de Jesús. Hablamos de una liberalidad compatible con el perdón y la misericordia, de una liberalidad que saca de la zanja y no que hunde más en ella, de la que relativiza lo que es relativo y da importancia a lo que de verdad la tiene, de la que otorga primacía a la ética sobre la dogmática y a la que no confunde la radicalidad con el rigorismo.
  • ¿Ortodoxia u ortopraxis?: vuelve una y mil veces el mismo dilema. Vuelve para frenar el ansia decoradora de la ortodoxia. La liberalidad postula la prioridad de la ortopraxis, el amor, sobre ortodoxias que no logran despojarse de un halo de amenaza. Una saludable liberalidad prima con cabeza y sentido común la ortopraxis y valora, también con sensatez y un cierto racionalismo, la ortodoxia.
  • ¿En brazos de la piedad o en brazos de la liberalidad?: echarse en brazos de la piedad quizá sea lo más socorrido, lo que está más a la mano, lo que siempre se ha hecho, lo avalado por la rutina, lo que puede garantizar la aceptación social. Pero el empobrecimiento y la disfunción está garantizados. Echarse en brazos de la liberalidad puede llevar a un secularismo disolvente, a un desinterés por el misterio de la vida y de la fe, a un menosprecio de la persona piadosa.
  • ¿Unidas o separadas?: la conclusión parece clara: es bueno y posible que piedad y liberalidad vayan unidas. No cualquier piedad y cualquier liberalidad, sino la piedad razonable y la liberalidad con horizonte, con espíritu.  Si se lograra esta unidad, con un cierto equilibrio y con la piedad tras la liberalidad, ambas saldrían potenciadas. En la mayoría de los cristianos están presentes ambas realidades. El asunto está en mejorar los contenidos y en posicionar bien el orden. Creemos que se puede superar el dilema que plantea Käsemann: «¿Se puede tener aún por cristiana una iglesia en la que los piadosos no pueden ser liberales y los liberales no gozan de la reputación de piadosos?».

 

4. Caminos de piedad y de liberalidad para la Cuaresma

 

         Siempre con el afán de concretar para que la espiritualidad no quede en lo inconcreto proponemos algunos caminos que, tal vez, podríamos utilizar:

  • Caminos de piedad:
  • Una eucaristía diaria redescubierta: no como un acto de piedad religiosa sino como un sencillo pero cordial encuentro con el Jesús cercano y con el grupo con el que comparto la fe.
  • Un momento diario de oración de silencio y de quietud: algo inserto en el plan de vida diario, algo “controlado” de manera que pueda ser eficaz para el caminar cristiano.
  • Una relectura de la exhortación de León XIV “Una fidelidad que genera futuro”: como un rasgo de eclesialidad en este momento de hoy.

 

  • Caminos de liberalidad:

 

  • Una pregunta sobre la actividad “política”: si acudes a alguna manifestación por Palestina, a alguna conferencia sobre la situación mundial actual, alguna actividad ecológica.
  • Una revisión del dinero solidario: para tratar de superar la limosna por algo más organizado (domiciliación de cuotas, compromiso a largo plazo, etc.).
  • Una acción de voluntariado: ver si se está en condiciones de hacer algo sin retribución dentro de alguna organización civil o religiosa.

 

Conclusión

 

         Lo hacemos con estos asertos de Käsemann:

 

  • «No existe Dios que en un momento determinado deja de ser creador y entra en conflicto con la criatura».
  • «No existe un culto aceptable a Dios que libre de la obligación diaria de la solidaridad».
  • «No existe una sagrada escritura que no coloca al hermano bajo nuestra protección y responsabilidad».

Retiro Navidad 2025

 

Retiro en Navidad 2025

 

 

 

EN MEDIO DEL SILENCIO

La Navidad envuelta en el silencio 

 

         Como dicen los lingüistas, Navidad y silencio es un oxímoron, una contradicción. A la Navidad parece irle mejor el bullicio, la alegría desbordante, el alborozo. Por eso, plantear una reflexión queriendo mezclar Navidad y silencio no parece la mejor opción.

         Pero la cosa se complica cuando reconocemos, tras muchas Navidades vividas, que, con frecuencia, el ambiente festivo de las Navidades se queda en cosas muy superficiales (cantos, regalos, fiestas, etc.). Entonces brota la pregunta: ¿no será un camino para vivir de modo ahondado la encarnación recurrir a la vieja herramienta del silencio? ¿No se podrá entender y vivir mejor desde el silencio el “misterio abrupto” de la Navidad? ¿Puede tener recorrido plantear la Navidad como un itinerario de silencio?

         Demasiado fácilmente decimos que el misterio de la encarnación es el silencio de Dios que habla en Jesús. Siendo esto así, ¿no será el silencio una buena propuesta para adentrarse en ese silencio de Dios? Y para escuchar al Dios que habla en el silencio ¿no será necesario bajar el nivel de ruido, de estímulos externos, de extroversión?

         Quisiéramos plantear la Navidad de este año como un itinerario de silencio para ahondar más en la Navidad, para vivir con gozo la encarnación del Señor. No creemos estar fuera de onda con un planteamiento así. Para aceptarlo es preciso estar animado a adentrarse en los caminos de una fe adulta y cultivada. De lo contrario, esto no resultará. Que podamos entrar por las sendas de la Navidad desde la hermosa espiritualidad de un silencio habitado.

 

1. En medio de silencio

 

         Hay un himno de Navidad que nos hemos permitido retocar. Quizá pueda servirnos como primer paso:

 

Sobre la noche reina,
la luz de Tu esplendor,
en medio del silencio,
del eco de Tu voz.
¡MISTERIO DEL AMOR!
EN MEDIO DEL SILENCIO,
EL VERBO SE ENCARNÓ.

 

Dios habla en el silencio,

nos llega aquí su voz.

La belleza del mundo

es la voz de su amor.

¡MISTERIO DEL AMOR!
EN MEDIO DEL SILENCIO,
EL VERBO SE ENCARNÓ.

 

Habla Dios con nosotros

en la voz de Jesús.

Él nos llama al silencio,

él nos llama a la luz.

¡MISTERIO DEL AMOR!
EN MEDIO DEL SILENCIO,
EL VERBO SE ENCARNÓ.

 

  • La oscuridad de la noche se ilumina  con la luz de la encarnación. Las tinieblas no tendrán la última palabra. No seas “tenebroso”; sé persona de luz.
  • “Cuando un silencio apacible lo envolvía todo y la noche llegaba a la mitad de su carrera, tu palabra omnipotente se lanzó desde el cielo”. Así reza una antífona de la liturgia del segundo domingo de Navidad, tomada del libro de la Sabiduría (18,14-15). Belén es un misterio de amor envuelto en pobreza y silencio. Para acercarse al fondo de ese misterio la sencillez de vida y la práctica del silencio son buenos caminos.
  • A Dios se le escucha en la brisa tenue (1 Re 19,13), en el espíritu que sopla donde quiere (Jn 3,8). En el alboroto se apaga su voz; en la cháchara deja de ser perceptible.
  • La belleza de la naturaleza es cauce y voz de Dios. La contemplación de lo creado se hermana muy bien con el silencio y, juntos, son puerta de acceso al misterio.
  • Dios tiene voz en Jesús que habla con nosotros (Jn 4,26). Él sigue siendo voz en medio del barullo. Jesús sigue hablando en el evangelio, más allá de empobrecimientos y rutinas.
  • Entre tanto follón en que se mueve nuestra vida sigue sonando la llamada a la profundidad. Quizá la Navidad sea un tiempo bueno para caminar en silencio y humildemente con el Dios de la encarnación (Miq 6,8).

 

3. Byung Chul Han

 

         El último libro del filósofo coreano afincado en Alemania Byung Chul Han (Premio Princesa de Asturias 2025) se titula Sobre Dios y en él dedica un capítulo al silencio. Espigamos de él algunos pensamientos:

  • “Una de las causas de la crisis de la religión es la pérdida de silencio”: quizá nuestra fe se debilita con esa pérdida y se fortalecería con la práctica de un silencio sosegado y habitado. 
  • “No hay dicha comparable con el silencio interior”: si se cree eso se ha dado con un camino fecundo en la vida diaria. 
  • “Solo la atención contemplativa puede acceder al silencio”: es necesaria es mirada contemplativa hecha de silencio, detalle, y sosiego interior. Aprender a mirar es decisivo. 
  • “En el espacio de la creación reina el silencio”: parece que el cosmos hay un silencio total. En el planeta tierra abunda el ruido. Se impone un control para que no nos desborde y aturda. 
  • “El silencio es la matrona de lo nuevo”: el silencio da a luz la persona nueva que deseemos, la persona “cabal” de la que hablaba san Pablo. 
  • “Las palabras ruidosas nos impiden oír el silencio de las cosas”: son un obstáculo para entenderlas y vivirlas en profundidad. El ruido nos aleja de la verdad de la realidad cotidiana. 
  • “Solo la intensa experiencia de la presencia como experiencia de silencio nos conduce hasta Dios”: experimentar a Dios como silencio nos abre a su misterio. No temer el silencio de Dios, sino valorarlo y sumergirse en él. 
  • “Hoy en día nos cuesta rezar porque nos encontramos constantemente expuestos al ruido de la información y la comunicación”: es preciso moderar esa comunicación e información para que no ahogue los movimientos del corazón.
  • “El yo ruidoso se extingue en Dios”: la enfermedad del yo puede tener un principio de curación en la práctica del silencio.
  • “El silencio de Dios es más poderoso y magnífico que cualquier palabra”: a él podemos acogernos para celebrar la Navidad de una manera distinta, más serena, más contemplativa, más reconfortadora.

 

4. La voz del evangelio

 

         “Se levantó muy de madrugada y salió, se marchó a un descampado y estuvo orando allí” (Mc 1,35).

         He aquí un texto en el que Jesús se sumerge en el silencio para tratar de encontrar la correcta orientación de su vida de cara al reino. El silencio y la profundización como mediación obligada.

 

  • Se levantó muy de madrugada: el término indica entre las 3 y las 6 de la mañana. En la oscuridad densa, en el silencio que todavía no se ha roto. Cuando hace mucho que se han extinguido los ruidos de la noche. La práctica del silencio tiene un matiz de extremosidad, de “exageración”. El orante abandona el calor reconfortante del lecho y se lanza al mundo de las sombras. Es la aventura del silencio, algo para “aventureros”, para gente especial.
  • Salió: entrar en el silencio demanda un cierto despojo, salir del entorno habitual, dejar atrás las cosas de tu ambiente y entrar en “desnudez” en un terreno que no es el tuyo. Orar exige el despojo de salir del yo habitual para entrar en un tú que no eres tú. Si te quedas en la casa del yo, si no atraviesas la puerta del silencio, no encontrarás el tesoro que alberga el misterio de la encarnación.
  • Se marchó a un descampado: un lugar áspero, un desierto, un sitio donde uno es probado, donde las horas pasan lentas. Un espacio donde acabas confrontándote a ti mismo y eso no nos gusta. Orar en descampado es orar ante la verdad de lo que se es, ante la realidad de lo que eres. Por eso, instintivamente, huimos del silencio. Pero en esa verdad se encarna lo humano. Ahí está la encarnación de Jesús y la nuestra.
  • Estuvo orando allí: ¿cómo sería la oración de Jesús en el silencio de la noche? Una oración para saber cómo andar en caminos de novedad. Esa es una oración “encarnacional”, porque la encarnación solo puede entenderse en la vivencia de una fe nueva. Si la espiritualidad de la encarnación no lleva a algo nuevo, si se ancla uno en lo de siempre, si regresa a los planteamientos que dan razón a lo viejo, no estamos en la buena dirección.

 

4. Ahondando

 

  1. 1.   La encarnación es “amar la carne”: nadie en su sano juicio odia su carne, lo más suyo, por muy frágil que sea. Amar no es condescender. Es escuchar, consolar, empatizar, animar, incluir, curar. Pretender acercarse a la espiritualidad de la encarnación desde el rechazo de lo carnal es una contradicción.
  2. 2.   La encarnación es sufrir con la carne herida:  supone hacer propio el sufrimiento ajeno, hacerse prójimo del caído en el camino, tomar sobre sí los sufrimientos que no son nuestros. Inhibirse de ello es bloquear el camino de la encarnación.
  3. 3.   La encarnación es sostener la carne de quien quiere salir a flote: ya que hay muchas personas que, socialmente hablando, quieren salir a flote en la difícil coyuntura social en la que vivimos. Si ayudamos, aunque sea poco, a que esas personas salgan a flote, estamos haciendo trabajos de encarnación.
  4. 4.   La encarnación es vivir reconciliados con lo real: porque la encarnación no se hace en las nubes, en los deseos, en las ensoñaciones, sino en la mostrenca realidad, en la verdad de lo que somos. Aceptar esta verdad, darle cara, es necesario para que la encarnación no sea una fantasía.
  5. 5.   La encarnación es silencio habitado que anima a vivir cuando el vigor decae: una espiritualidad valiosa en épocas de declive personal o fraterno. Es terapia para momentos de cambio, de incertidumbre.

 

5. Itinerario de silencio

 

         Concretando todo esto hacemos unas propuestas que quizá resulten viables:

1)   Itinerario personal: sería dedicar un espacio diario estas Navidades al silencio. Algo así como una hora de meditación personal, de contemplación de la naturaleza, de escucha de música, en silencio habitado.

2)   Itinerario fraterno: sería cuestión de hace tres momentos comunitarios de silencio a lo largo de la Navidad como de media hora. Los días de Navidad, Año Nuevo y Reyes siguiendo un breve guión: cita bíblica, silencio largo, canto de "En medio del silencio".

3)   Llamadas externas al silencio:

  • No adornos (sustituirla por higiene de la casa)
  • No villancicos (sustituirlos por ensayos de liturgia)
  • No regalos (sustituirlos por una sobremesa más amplia)
  • No dulces comprados (sustituirlos por algo hecho por nosotras)

 

Conclusión

          Todo esto puede parecer forzado. Nada que objetar. Lo del evangelio: el que pueda entender que entienda. Pero si se quiere ahondar en la encarnación de alguna forma habrá que hacerlo. Es cuestión de encontrar la mejor manera que convenga a la persona y al grupo. De cualquier manera: que no pase esta oportunidad espiritual en vano. Que de una u otra manera nos acerquemos al secreto de la encarnación y, si podemos, entremos en él.

 

Adviento 2025

 

Retiro en Adviento 025

 

EL CAMINO DE LA BELLEZA

Adviento y fragilidad humana 

 

         El científico Carlos López-Otín  compara en su último libro (La levedad de las libélulas) la fragilidad humana con la de las libélulas. De ese libro tomamos inspiración para este retiro en Adviento 2025.

         Las libélulas tienen un proceso de metamorfosis de un lustro y  cuando llegan a adultas su vida es de dos meses. Bellas y frágiles en extremo. Son un reflejo del hecho humano: valioso y frágil a la vez. Dice Otín: “Hay cien millones de enfermos en el planeta: ¿conocéis a alguien que se haya curado?”. Eso da una idea de nuestra vulnerabilidad.

         ¿Cómo encajar esa fragilidad? Por la reparación, el alejamiento de la toxicidad y, sobre todo, por el amor a la belleza, por no dar por perdido e inútil el anhelo de lo bello, entendiendo por tal no algo exquisito, sino profundamente humano.

         Todos lo sabemos: el Adviento es tiempo de esperanza, la de que saldremos adelante más allá de nuestra fragilidad y que esta, por la encarnación de Jesús en nuestra fragilidad, tendrá un horizonte exitoso. Mantenerse en esta certeza, no apearse de ella es algo decisivo para la posibilidad de una fe adulta.

 

1. Florecer es un logro

 

         Preparamos nuestra reflexión recurriendo a un poema de E. Dickinson:

 

Florecer es un logro.
Damos, en ojeada distraída,
con una flor y apenas sospechamos
las circunstancias mínimas

que colaboran al radiante asunto.
Tan intrincadamente elaborada
para ser ofrecida después al mediodía
como una mariposa.

Envolver el capullo y enfrentar al gusano,
obtener el derecho del rocío,
ajustarse al calor, burlar el viento,
escapar a la abeja rondadora

para no estar en falta con la naturaleza
que la espera aquel día…
Ser una flor es una honda
responsabilidad

  • Florecer es un logro: nuestra mirada superficial impide ver el éxito que es florecer, impide así mismo adentrarnos en el misterio de la fragilidad humana. Es preciso abandonar la superficialidad. Si no, imposible.
  • Radiante asunto: lo más mínimo tiene esa luz. Captarla demanda una cierta sensibilidad y un cultivo de los valores espirituales que es algo más que un nivel cultural. Que también.
  • Envolver...enfrentar…: las muchas tareas de las humildes y hermosas criaturas. La belleza no se da a lo tonto. Enfrentar la fragilidad demanda mucha energía del alma. Sin esa fuerza, imposible.
  • Una honda responsabilidad: que las criaturas hacen mecánicamente (o no) pero que nosotros hemos de hacer conscientemente: la responsabilidad de generar salud ante la fragilidad.

 

2. Una parábola de belleza más allá de la fragilidad: Mt 6,28-30

 

         «Y ¿por qué andáis preocupados por el vestido? Daos cuenta de cómo crecen los lirios del campo, y no trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como cualquiera de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, la viste Dios así ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe?».

  • En su origen, la parábola quiere contrarrestar el peso de las preocupaciones que agobian la vida. El exceso de ellas no deja lugar a la utopía del evangelio. Por eso, cuanto más controladas estén las preocupaciones, más posible es que el evangelio tenga un sitio en la vida. Y, desde luego, si se deja a las preocupaciones a su libre voluntad la fragilidad humana resulta tan abrumadora que nos hunde en la zanja. Como primer paso, pues, para dar cara a la fragilidad, no abrumarse en exceso, aprender a torear las cosas como van viniendo, situar los problemas en su exacta medida, plantar cara a las situaciones difíciles sin darse por vencido antes de comenzar a luchar.
  • Además, se podría llegar a pensar que esta parábola ecológica lleva a la inacción, puesto que Dios da la belleza al lirio sin que este trabaje. Pero no es así (recordar a Dickinson). El lirio trabaja las 24 horas del día chupando los nutrientes de la tierra que lo mantienen lozano y hermoso. Si dejara de hacer ese trabajo, se agostaría y su belleza se marchitaría. El éxito, si es que lo hay, contra la fragilidad no se va a dar sin una lucha denodada, coordinada y comunitaria contra ella. El impulso profundo lo da Dios (así lo cree la fe), pero eso no exime de un trabajo fiel y contante. El éxito se logra después de muchos intentos.
  • Según el pasaje, la fe en un Dios que sostiene la belleza en lo marcado por la fragilidad puede ser otro argumento de apoyo. Lo humano es frágil, ciertamente. Pero encierra dentro la belleza del mismo Dios, si es que puede decirse esto. O de otra manera: trabajando para encajar la fragilidad estamos haciendo los trabajos del mismo Dios. Hay que considerar aquello que decía Orwell, que lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano. Ese es el camino de la superación de la fragilidad: trabajar por mantenerse en la mayor humanidad posible.

 

3. La belleza como remedio a la fragilidad: EG 127

 

         Para profundizar, vamos a recurrir al Magisterio de EG donde el recordado Papa Francisco habla con hondura de la belleza. En la medida en que esta mística se asimile se la podrá confrontar con la fragilidad y quizá se pueda asimilar mejor:

 

Es bueno que toda catequesis preste una especial atención al «camino de la belleza» (via pulchritudinis)[129]. Anunciar a Cristo significa mostrar que creer en Él y seguirlo no es sólo algo verdadero y justo, sino también bello, capaz de colmar la vida de un nuevo resplandor y de un gozo profundo, aun en medio de las pruebas. En esta línea, todas las expresiones de verdadera belleza pueden ser reconocidas como un sendero que ayuda a encontrarse con el Señor Jesús. No se trata de fomentar un relativismo estético[130], que pueda oscurecer el lazo inseparable entre verdad, bondad y belleza, sino de recuperar la estima de la belleza para poder llegar al corazón humano y hacer resplandecer en él la verdad y la bondad del Resucitado. Si, como dice san Agustín, nosotros no amamos sino lo que es bello[131], el Hijo hecho hombre, revelación de la infinita belleza, es sumamente amable, y nos atrae hacia sí con lazos de amor. Entonces se vuelve necesario que la formación en la via pulchritudinis esté inserta en la transmisión de la fe. Es deseable que cada Iglesia particular aliente el uso de las artes en su tarea evangelizadora, en continuidad con la riqueza del pasado, pero también en la vastedad de sus múltiples expresiones actuales, en orden a transmitir la fe en un nuevo «lenguaje parabólico»[132]. Hay que atreverse a encontrar los nuevos signos, los nuevos símbolos, una nueva carne para la transmisión de la Palabra, las formas diversas de belleza que se valoran en diferentes ámbitos culturales, e incluso aquellos modos no convencionales de belleza, que pueden ser poco significativos para los evangelizadores, pero que se han vuelto particularmente atractivos para otros.

 

[129] Cf. Propositio 20.

[130] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Inter mirifica, sobre los medios de comunicación social, 6.

[131] Cf. De musica, VI, XIII, 38: PL 32, 1183-1184; Confessiones, IV, XIII, 20: PL 32, 701.

[132] Benedicto XVI, Discurso en ocasión de la proyección del documental «Arte y fe – via pulchritudinis» (25 octubre 2012): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (4 noviembre 2012), 11.

  • Resplandor y gozo profundo: sentirse a gusto en el camino de la fe. Llegar a experimentar que creer es un respiro. Quedar prendado de aspectos bellos de Jesús, del evangelio. Encontrar modos sencillos pero hermosos de vivir lo que se cree. Llegar a vivir y proponer lo cristiano “con brillo en los ojos”.
  • En medio de las pruebas: si es en medio de las pruebas tiene que ser un gozo especial, capaz de mezclarse a las lágrimas, no un estadio de dicha sin ellas. Hay que hacerse fuerte, poco a poco, ante las pruebas que sobrevienen a quienes, quizá aún, no hemos sido probados con fuerza.
  • Todas las expresiones de la verdadera belleza: entran todas, sobre todo aquellas que llevan la marca de lo simple, de lo humilde, de lo gratis, de lo creativo. No caer en la tentación de la gran belleza, cara y pagada.
  • Recuperar la estima de la belleza: si es que se tuvo. Y si no, construir poco a poco esa estima. Quizá no hemos sido educados en ella: casa limpia y ordenada, adornos y plantas que alegren, utensilios cuidados, mesa con cierta “elegancia”, ornamentos limpios, sacristía limpia, puerta de casa limpia, garaje ordenado, cuadros sencillos pero evocadores. Y luego, la belleza de fuera, de la ciudad, de los vecinos, del pueblo en el que vivimos.
  • Un Jesús que atrae con lazos de amor: no únicamente un Jesús en el que se cree, objeto de unos dogmas. Sino alguien que envuelve, atrae, enamora. Un Jesús perfumado, atrayente, cautivador. Un Jesús fuera del marco frío de una teología de escuela. Un Jesús cálido, hogareño, sentido.
  • El arte de un “nuevo lenguaje parabólico”: que no puede ser solamente una técnica que nos deslumbre, sino una mística distinta, un enfoque desde dentro, una oferta y una vivencia en las afueras del sistema, quizá.
  • Una nueva carne para la transmisión de la Palabra: que, a nuestro juicio, no puede ser otra sino la carne de la secularidad, de la manera de ser y vivir de las personas de hoy, con sus pros y sus contras. Y quizá también la carne de la poesía que nos ayude a asimilar lo que tanto nos cuesta: el amor vivo.

 

4. Caminos “bellos” para afrontar la fragilidad

 

         ¿Qué caminos sencillos y a la mano se nos ofrecen para empelar nuestra capacidad para lo bello y así encajar mejor nuestra fragilidad?

 

  • Sobreponerse sin lamentos: no situarse continuamente en el lamento, sino en la admiración, en el asombro de que cada día hay nos ocurren cosas interesantes. 
  • La mirada sobre el otro: la que descubre admirado la realidad del otro, la que desvela detalles interesantes y enriquecedores en las vidas de quienes me rodean.
  • La creativa curiosidad: querer saber, tener deseos de aprender de quien sabe más, pensar que la cultura puede hacer de nuestra vida algo fuerte para ser más equilibrados cuando vengan mal las cosas.
  • El arte sencillo: no alambicado y para élites, pero disfrutar de un concierto popular, una conferencia interesante, una exposición iluminadora, un debate de actualidad. No encerrarse en el propio cascarón.
  • La contemplación que ahonda: el paseo, la oración, la lectura, la escucha de la música, todos los caminos que apuntan al adentro de la persona y de las cosas.
  • La fe en la utilidad de lo que parece inútil: tanto en las personas como en las cosas. Mirar lo inútil con la mirada del agradecimiento. Decirlo, verbalizarlo.

 

5. Un Adviento de ánimo y esperanza

 

         Aunque la llegada del Adviento sea una realidad cíclica, hemos de hacer un esfuerzo para no caer en la rutina sino intentar que sea un tiempo hermoso y vibrante que nos ayude a ahondar en la encarnación, en la Navidad.

         Que aportemos a la comunidad, a la familia, a la sociedad incluso un plus de ánimo en estos tiempos de gran desaliento. Que seamos bienhumorados para que tengan menos vigencia los eclipses del alma y sus nubarrones. Que la fragilidad no nuble del todo a la alegría.

         Y que, como es propio, la esperanza verdee un poco más. Para ello: palabras de esperanza, gestos de esperanza, aprecio a lo que brota, apoyo a quien innova, sana curiosidad por las briznas de esperanza sociales.

 

 

Signos en Adviento

 

         Serían algunos signos que nos puedan ayudar a mantener esta mística de belleza cotidiana que equilibre el peso de la fragilidad:

 

  • Ikebana de Adviento: composiciones de hojas y flores que dibujen algo bello que nos lleve al disfrute.
  • Fotos de libélulas que nos recuerden la fragilidad pero sobre todo la hermosura de la vida. Amazon, que vende todo lo inimaginable, tiene unos broches de libélulas muy bonitos por cuatro perras.
  • Recordando los lirios, incrementar el gasto en plantas y flores (no solo en la capilla, sino también en otras estancias de la casa). Regalar las “flores de Adviento” que anuncian la Navidad.

 

Tránsito 2025

TRÁNSITO DE SAN FRANCISCO 2025 

 

            Cada año, el 3 de octubre, quienes amamos a Francisco de Asís recordamos con emoción el momento decisivo de su muerte, su tránsito.  No es un mero recuerdo. Es acercarse con amor a la verdad más sencilla de francisco: su amor a Jesús y su amor a los hermanos. Celebremos este momento con sencillez y piedad. Comenzamos cantando:

 

Canto

 

            TÚ ERES EL BIEN,

            TODO BIEN,

SUMO BIEN,

            SEÑOR DIOS,

            VIVO Y VERDADERO.

 

            Tú eres santo, Señor Dios único, 

que haces maravillas.

Tú eres fuerte,

tú eres grande,

tú eres altísimo,

 

TÚ ERES EL BIEN,

            TODO BIEN,

SUMO BIEN,

            SEÑOR DIOS,

            VIVO Y VERDADERO.

 

Oración

 

            Señor Jesús que diste a Francisco, nuestro padre y hermano, un corazón fraterno capaz de abrazar a todas las criaturas, danos a quienes veneramos su recuerdo ser siempre acogedores, respetuosos y sencillos con cada uno de nuestros hermanos y con las criaturas todas. Te lo pedimos…

 

Lectura franciscana

 

            Vamos a leer un pasaje de la libro llamado “Espejo de Perfección” donde se narra la bendición que dio Francisco a la ciudad de Asís poco antes de su muerte pidiendo al Señor un corazón capaz siempre de bendecir y amar.

 

Del Espejo de Perfección:

 

Certificado el Padre santísimo, tanto por el Espíritu Santo como por dictamen de los médicos, de la inminencia de la muerte, estando todavía en dicho palacio y sintiéndose cada vez más abrumado y falto de fuerzas, dispuso que lo trasladaran en una camilla a Santa María de la Porciúncula, porque anhelaba acabar su vida allí donde había empezado a experimentar la luz y la vida del alma.

Cuando llegaron al hospital, situado a la mitad del camino entre Asís y Santa María, dijo a los que lo llevaban que dejaran las parihuelas en el suelo. Como, debido a su prolongada y grave enfermedad de los ojos, apenas veía nada, hizo que le volvieran de forma que tuviera el rostro mirando hacia la ciudad de Asís.

Entonces, incorporándose un poco, dio la bendición a la ciudad, diciendo: «Señor, como, según creo, esta ciudad fue en la antigüedad lugar y refugio de hombres malvados, así veo que, cuando has querido, por tu mucha misericordia has manifestado en ella de forma singular la abundancia de tus bondades y que por tu sola bondad la has elegido para que sea lugar y morada de los que te conozcan de verdad y den gloria a tu santo nombre y ofrezcan a todo el pueblo cristiano olor de buena fama, de vida santa, de la doctrina verdadera y de la perfección evangélica. Te ruego, pues, Señor mío Jesucristo, Padre de toda misericordia (cf. LP 5 n. 3), que no te acuerdes de nuestras ingratitudes, sino ten presente la inagotable clemencia que has manifestado en ella, para que sea siempre lugar y morada de los que de veras te conozcan y glorifiquen tu nombre, bendito y gloriosísimo, por los siglos de los siglos. Amén».

Dichas estas palabras, lo llevaron a Santa María. Cumplidos los cuarenta años de edad y los veinte de su admirable penitencia, el día 4 de octubre del año del Señor 1226 (9) voló al encuentro de nuestro Señor Jesucristo, a quien amó de todo corazón, con toda su alma, con todas sus fuerzas, con vivísimo anhelo y afecto; a Él siguió perfectísimamente, tras Él corrió velozmente y, por fin, gloriosísimamente llegó a Él, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

 

Homilía

 

            Se suele decir que “tal es la vida, tal es la muerte” porque la muerte, momento de verdad único en la vida de las personas, refleja la manera de vivir que se ha tenido. Eso ocurre en la persona de Francisco: su vida fue respetuosa, fraterna,  bendiciente. No nos ha de extrañar que terminara bendiciendo a sus hermanos, a las criaturas y su querida ciudad de Asís.

            Cumple a las mil maravillas con aquello que dirá luego el recordado papa Francisco en Fratelli tutti 223: «San Pablo mencionaba un fruto del Espíritu Santo con la palabra griega jrestótes (Ga 5,22), que expresa un estado de ánimo que no es áspero, rudo, duro, sino afable, suave, que sostiene y conforta. La persona que tiene esta cualidad ayuda a los demás a que su existencia sea más soportable, sobre todo cuando cargan con el peso de sus problemas, urgencias y angustias. Es una manera de tratar a otros que se manifiesta de diversas formas: como amabilidad en el trato, como un cuidado para no herir con las palabras o gestos, como un intento de aliviar el peso de los demás. Implica «decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan», en lugar de palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian».

            Así ha sido Francisco, el hermano de las palabras buenas, agradecidas, bondadosas. Francisco decía a sus hermanos a la hora de morir: “Comencemos, hermanos”. Comencemos y continuemos diciendo palabras buenas en nuestro mundo. Ahora que vivimos en una época de polarización, de discursos violentos, de grandes descalificaciones, de palabras desgarradas, quienes amamos a Francisco, siguiendo su ejemplo, respetemos, hablemos moderadamente, bendigamos, seamos ecuánimes.

            No haríamos nada con recordar a Francisco si con nuestras palabras negativas, hirientes, condenatorias contribuyéramos a la crispación social. Por el contrario, el camino marcado por Francisco es el mismo que marcó san Pablo: “Bendecid, sí, no maldigáis” (Rom 12,14).

 

 

 

Oración sálmica

 

            Vamos a orar con las alabanzas que Francisco dirigía al Dios altísimo. Bendiciendo a Dios nos comprometemos a bendecirnos a nosotros y a todas las criaturas.

 

Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas.

Tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres altísimo, tú eres rey omnipotente, tú, Padre santo, rey del cielo y de la tierra.

Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses, tú eres el bien, todo el bien, el sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero.

Tú eres amor, caridad; tú eres sabiduría, tú eres humildad, tú eres paciencia, tú eres belleza, tú eres mansedumbre, tú eres seguridad, tú eres quietud, tú eres gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría, tú eres justicia, tú eres templanza, tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción.

Tú eres belleza, tú eres mansedumbre; tú eres protector, tú eres custodio y defensor nuestro; tú eres fortaleza, tú eres refrigerio.

Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra, tú eres caridad nuestra, tú eres toda dulzura nuestra, tú eres vida eterna nuestra: Grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso Salvador.

Oración final y bendición

 

            Que nos acompañe siempre la bendición y el amparo de nuestro padre y hermano Francisco de Asís. Y que, al celebrar su fiesta, caminemos siempre por la senda de la bendición y del amor. Te lo pedimos…

 

El Señor os bendiga y os guarde…

 

Canto final

 

A tu paso alegras el cielo
y nos traes luz y calor.
Por tu sol de alegres vuelo,
loado mi Señor.

Te deslizas por las praderas
y en los campos pintas Verdor,
por tus luces placenteras
loado mi Señor

HERMANO SOL,
TU NOS TRAES ALEGRÍA,
Y DEL SEÑOR EL AMOR,
POR TU NUEVO DÍA
LOADO MI SEÑOR.

Ejercicios 2025

CUESTIÓN DE HUMANIDAD

Notas para una semana de retiro sobre Sab 11-12

 

         Los creyentes tenemos dificultad para encontrar el lugar de la fe en este mundo secular. Estamos rodeados de agnósticos, ateos, de gente desinteresada por el hecho religioso. Alguno de nuestros mismos familiares, que nos quieren, no tienen a la religión en su horizonte de vida. ¿Cómo entendernos en este mundo distinto? ¿Cómo seguir haciendo ejercicios espirituales cuando el contexto poco tiene que ver con este tipo de prácticas? ¿Podemos refugiarnos en modos reflexivos y orantes desconectados de la realidad? ¿O podemos matar dos pájaros de un tiro: cultivar una espiritualidad que nos ayude a situarnos mejor y que, a la vez, alimente nuestra vida cristiana?

         La Palabra viene en nuestra ayuda porque sigue siendo “lámpara para nuestros pasos” (Sal 118,105). Recurrimos, esta vez, al libro de la Sabiduría. En los cap.11-12 se viene a decir: según la mentalidad veterotestamentaria, un Dios debe defender a sus fieles. Por eso, Yahvéh tendría que haber machacado a los enemigos de Israel, sobre todo a los cananeos y a los egipcios (aunque ya no existían cuando se escribe Sabiduría, pero han quedado en el imaginario bíblico como los grandes enemigos de Israel). Pero Dios no ha obrado así porque tiene otra manera de ver las cosas, una manera “humana”, como la de quien ha expulsado el mal de su corazón.

         La vida y la fe dependen del nivel de humanidad de la persona. Por eso, entender la semana de ejercicios como un tiempo bueno para el cultivo de la espiritualidad de la humanidad es una manera correcta de situarse. Ser humano no es solamente pertenecer al género humano. Es un trabajo que habrá que realizar toda la vida, un trabajo para adultos en la fe.

 

1

TE COMPADECES DE TODOS

PORQUE TODO LO PUEDES

(Sab11,23)

 

Reflexión

 

         Que el poder se manifieste en la compasión es una paradoja. La expresión del poder es la fuerza, la imposición, el pasar por encima de la persona. El poder es refractario a la compasión. Es raro que quien ejerza el poder sea, a la vez, compasivo. Por eso el poder es considerado como valor de fuertes y la compasión de débiles.

         Darwin decía que sobrevive quien se adapta. Pero la historia de los grupos humanos difiere de eso: se sobrevive por la compasión (así se interpreta la mandíbula de Dmanisi). La compasión hunde sus raíces en los inicios del camino humano. Porque, más allá del individualismo, los humanos han entrevisto que depender de otro no es una desgracia, sino “una suerte, un regalo, un don” (J. M. Esquirol). En esto radica la fuerza de la compasión, en que lleva al entrecruce de corazones, a la dependencia que ama y que construye, no a la que destruye que es la del poder. La humanidad se ha hecho fuerte en la compasión. Eso es lo que le ha permitido sacar la cabeza cuando las situaciones eran muy difíciles (caso de Ángel Sanz-Briz).

         También las comunidades religiosas se hacen fuertes en la compasión y débiles en el uso de la fuerza y la exclusión. El uso de la excomunión, a veces da la impresión de que con cierta ligereza, no parece ser camino adecuado, además de no ser planteamiento evangélico. Habría que buscar, sin cansarse, los derroteros de la misericordia.

         Por eso viene muy bien que un libro del AT nos recuerde que el poder de Dios sea la compasión. Es la destrucción del poder omnímodo que lleva al temor. Ya los antiguos creyentes intuían que la bondad y la compasión eran atributos divinos: “Uno solo es bueno” (Mc 10,18). Hay en la “débil” compasión una fuerza oculta, la fuerza del amor. Por eso quien es compasivo lleva dentro la fuerza del amor que puede con todo. Quienes han amado más han sido los verdaderamente fuertes.

 

Desde Jesús

 

         Numerosas referencias a la compasión de Jesús son ventanas abiertas al interior de Jesús: “Al desembarcar, vio un gran multitud; se conmovió porque estaban como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles con calma” (Mc 6,34). La compasión va mezclada a la conmoción. La frialdad, la despreocupación, el pasar de la situación del otro no es terreno adecuado para que brote la compasión.

         Jesús apela a la compasión porque cree con certeza que Dios es compasivo: “Sed compasivos porque el Padre es compasivo” (Lc 6,36). Esa es para Jesús la característica principal de Dios. Así lo ha descrito en la magnífica parábola del Padre que perdona siempre (Lc 15,11-32). Es un salto cualitativo respecto al Dios del AT.

         De esa experiencia ha brotado la pregunta fundamental de la compasión: “¿Qué  quieres que haga por ti?” (Lc 18,41). Si está en mi mano hacerlo, lo haré. Jesús ha vivido su vida en la perspectiva de tal pregunta. Es la compasión activa, no meramente emocional. Por encima de agradecimientos, aplausos y premios, Jesús ha vivido en actitud constante de amparo.

         Quizá él mismo se dio cuenta de que esta perspectiva le llevaba a cuestionar sus viejos parámetros judíos o que reforzaba el fondo de la alianza: ¿No lo dijo con claridad cuando trajo a colación el texto de Os 6,6: “Misericordia quiero y no sacrificios” cuando le recriminaban que se sentara a la mesa con pecadores en Mt 9,9-13. Ya lo dice Pagola: «Las comidas con ‘pecadores’ son uno de los rasgos más sorprendentes y originales de Jesús, quizá el que más le diferencia de todos sus contemporáneos y de todos los profetas y rabinos del pasado». Es, ya lo decimos, la compasión activa de Jesús que le lleva a reconocer y mantener la dignidad de cada persona. Estamos  lejos de conmiseraciones intimistas.

 

Aplicaciones

 

         Lo mismo que hay un movimiento de “ciudades compasivas” podría haberlo de “comunidades compasivas”: grupos humanos donde la compasión se vive y se hace visible. Porque por este medio, como decía el Hno. Roger de Taizé el ciudadano de hoy puede entender que Dios es amor y solamente amor. La predicación de la compasión, la que se hace con el ejemplo, es la mejor manera de anunciar la propuesta de Jesús.

         La compasión está ligada a las segundas oportunidades. El compasivo, la compasiva, no retira la confianza aunque haya fallo de por medio (como Jesús no retira a Pedro su función petrina en Lc 22,31-34). Hace falta mucha hondura humana y cristiana para andar por estas sendas.

         Tener en la boca y en el corazón la pregunta por la compasión (¿Qué puede hacer por ti?) es síntoma de auténtica madurez cristiana y humana. Jesús mismo nos lo muestra (Lc 18,41-43). Es pregunta indica que el otro ocupa una parte real del fondo del corazón, de lo que somos. El otro hace parte de los nombres que habitan el alma.

         Del mismo modo que Jesús se sentó a la mesa con pecadores, habríamos de sentarnos a la mesa de la secularidad: no cerrarnos en nuestras posturas religiosas, creer en las posibilidades del diálogo, ser colaboradores en cuestiones que mejoran el nivel de vida humana, no cansarse del trabajo por conocerse mejor (lo dice FT 285).

 

Oración

 

Si yo fuera limpio de corazón descubriría...
Que todos somos obra de Dios,

llevamos algo de bueno en el corazón.
Que todos valemos la pena,

y nos queda algo de la imagen de Dios.
Que a todos hay que darles otra oportunidad.

Que todos somos dignos de amor,

justicia, libertad, perdón.
Que todos somos dignos de compasión,

respeto y de muchos derechos.
Que todas las criaturas son mis hermanas.
Que la creación es obra maravillosa de Dios.

Que no hay razón para levantar barreras,

cerrar fronteras.
Que no hay razón para ninguna clase

de discriminación.
Que no hay razón para el fanatismo

y para no dialogar con alguien.
Que no hay razón para maldecir,

juzgar y condenar a nadie.
Que no hay razón para matar,

ni para el racismo.

Que todos los ancianos tienen un caudal de sabiduría,

y los jóvenes, de ideales.
Que los adolescentes tienen un caudal de planes,

y los niños, de amor.
Que las mujeres tienen un caudal de fortaleza,

y los enfermos, de paciencia.
Que los pobres tienen un caudal de riqueza,
y los discapacitados, de capacidades.

Que hay razón para tender puentes,

dar a todos la paz, trabajar por la paz,
amar y defender la creación.
Que hay razón para ser hermanos

y seguir siendo amigos.
Que hay razón para sonreír a todos.
Que hay razón para dar a todos los buenos días,

dar a todos la mano,
intentar de nuevo hacerlo todo mejor.

Que hay razón para seguir viviendo,

para vivir en comunidad.
Que hay razón para prestar un oído

a lo que dicen los demás.
Que hay razón para servir, amar, sufrir.
Que hay razón para muchas cosas más.

 

 

 

2

SI HUBIERAS ODIADO ALGUNA COSA,

NO LA HABRÍAS CREADO 

(Sab 11,24)

 

Reflexión

 

         ¿Cómo podemos decir que las cosas son buenas? ¿Cómo creer que estamos llamados a la bondad? Por la creación: el ser creado es el título y garantía de nuestra dignidad y eso es así porque la creación es el cordón umbilical que nos une al Padre. Ser creatura (algo que, a veces, molesta porque se cree que eso genera dependencia) es vivir en la órbita del amor del Padre. ¿Cómo decir esto con palabras que encandilen, que enamoren?

         Por eso la creación es algo bendito. La teología ha creído que la creación era algo maldito, la condena de vivir. Y ha montado su acción sobre la certeza del pecado, el original y las fotocopias. Una triste historia. La creación es bendita en origen porque viene de Dios, aunque el pecado esté ahí. El argumento de Sabiduría es claro: no puede haber algo malo que Dios, el Dios bueno, haya creado. Esto es música celestial si no se logra esa otra “mirada” sobre lo creado de la que habla con frecuencia el Papa Francisco.

         Por eso, toda creatura tiene algún sentido que quizá nosotros desconozcamos (caso de la bromelaína de las piñas para los grandes quemados), todas cumplen alguna función en el conjunto de lo creado, ignorar su utilidad no lleva a ignorar su dignidad.

         Todo eso nos lleva a un sentido de familia creatural: la pertenencia a lo creado nos hace familia. Y no es lícito ejercer la violencia contra los propios familiares. Eso nos lleva a modificar nuestro paradigma moral ante muchas creaturas, sobre todo ante los animales (como defiende P. Llored) y a relativizar la “superioridad” del género humano.

 

Desde Jesús

 

         Con los relatos de las llamadas “parábolas ecológicas” (Mt 6,25-34), Jesús quiere encontrar sentido para nosotros a los lirios y a los pájaros, animales y plantas. Lo que se dice poéticamente de esas dos creaturas, podría decirse de otras muchas, de todas.

El texto recurre a la esencialidad: el “alma” y el cuerpo son más que  las necesidades físicas, aunque estas sean perentorias. Las criaturas funcionan en base a la esencialidad. Ellas enseñarán eso a los humanos. Estos versículos llaman a la persona a una búsqueda de lo esencial y, en consecuencia, a una sosegada simplificación de su tren de vida. El valor supremo del “alma” es la vida con sentido, con orientación. El gran peligro de las preocupaciones es que puedan llegar a ser un obstáculo para el sentido de la vida.

La inactividad no es lo que caracteriza a los pájaros: ellos trabajan para procurarse el alimento que Dios les da aunque, por ello, no necesiten graneros. Ellos trabajan en los límites que marca su biología pero, si cesara su actividad, perecerían. Lo mismo ocurre con los lirios: trabajan las 24 horas del día chupando los nutrientes de la tierra que les hacen ser, a pesar de efímeros, tan hermosos. Si no tuvieran esta actividad biológica, morirían. La naturaleza les dota de la belleza de Dios, pero ellos la concretan trabajando en los límites marcados por la biología.

A juicio del texto, los paganos, nosotros con nuestro “paganismo”, cometemos un doble error: ignorar este amor del Creador y, en consecuencia, hacer violencia a su creación para adueñarse de ella, cosa que no se hace sin injusticias ‘sociales’.

Una lectura superficial del pasaje ha podido derivar en modos de confianza sin base en el providencialismo de Dios: confiemos en Dios y él proveerá. Esta teoría espiritual, aún vigente, resulta peligrosa porque se corre el riesgo de desimplicación y de pérdida de fe en el valor de las utopías, una de las cuales es el sueño del reinado de Dios. Pero quizá sea verdad que creer en la providencia no significa cruzarse de brazos ante las necesidades propias o ajenas, sino evitar la angustia confiando en que Dios nos ayudará a través de nuestro esfuerzo y de los demás hombres. Con una formulación radical, podría decirse que la providencia de los demás somos nosotros.

Por su parte, en la parábola de los lirios, el texto empuja a la valoración de la inútil belleza como cauce de vitalidad de control de las preocupaciones vanas. Además, lo bello no es sinónimo de inútil, de realidad lograda sin trabajo. Contemplar lo bello es una manera de llenar el hueco del yo, de la hermosura incomparable de la belleza reduciendo la importancia que se da a sí mismo el preocupado como paradigma de productor social.

 

Aplicaciones

 

Aunque en las últimas décadas se haya avanzado en el tema de la espiritualidad ecológica, lo cierto es que, como pasa en otros dominios espirituales, está casi todo por hacer. De ahí que pensemos que resulta pertinente trabajar la espiritualidad del control de las preocupaciones. Los frutos, a la larga, pueden ser muy positivos.

         Constatamos que el asunto de las preocupaciones excesivas tiene que ver con el yo profundo como espacio ocupado. Y nos aferramos a la creencia de que cuanto más ocupado por el otro y sus sufrimientos, menos espacio para la preocupaciones estériles. Porque el evangelio aspira a ser parte de ese centro, no mera ideología que deje intocado el lugar de donde brota el sentido de la persona.

         Creemos que el texto es una llamada de atención sobre las espiritualidades apaciguadoras (providencialismo, dejar que el espíritu hable, santa indiferencia, etc.). El evangelio demanda tomar las riendas de la vida en las manos con paz y conocimiento de los límites pero con el anhelo vivo de la gran utopía del reino que las preocupaciones inútiles no deberían ahogar. Los efectos sociales de una espiritualidad de apaciguamiento indiscernida pueden ser devastadores.

         De cualquier manera, al terminar hacemos nuestro el grito de esperanza con el que concluye Laudato Si’ y la misma Carta de la tierra: «Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza». Y la Carta: «Que el nuestro sea un tiempo que se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida; por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad; por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz y por la alegre celebración de la vida». Anhelos que hacemos nuestros.

 

Oración

 

Señor  Uno y Trino,
comunidad preciosa de amor infinito,
enséñanos a contemplarte en la belleza del universo,

donde todo nos habla de ti.
Despierta nuestra alabanza y nuestra gratitud

por cada ser que has creado.
Danos la gracia de sentirnos íntimamente unidos

con todo lo que existe.
Dios de amor,
muéstranos nuestro lugar en este mundo

como instrumentos de tu cariño
por todos los seres de esta tierra,
porque ninguno de ellos está olvidado ante ti.

Ilumina a los dueños del poder y del dinero
para que se guarden del pecado de la indiferencia,

amen el bien común, promuevan a los débiles,
y cuiden este mundo que habitamos.

Los pobres y la tierra están clamando:
Señor, tómanos a nosotros con tu poder y tu luz,

para proteger toda vida,
para preparar un futuro mejor,

para que venga tu Reino
de justicia, de paz, de amor y de hermosura.

Alabado seas.
Amén.

 

 

 

3

¿CÓMO SUBSISTIRÍAN LAS COSAS

SI TÚ NO LAS HUBIESES CREADO?

(Sab 11,25)

 

Reflexión

 

         En nuestras vidas, colmadas ya de años, vamos percibiendo la realidad del duro subsistir. Es difícil mantener una vida con salud, cosa siempre amenazada; es complicado mantener un nivel psíquico aceptable; no es fácil construir la paz social a través de los años; no va de sí llevar un nivel continuado de bonanza  económica. Subsistir es difícil. No ha de extrañar que el creyente de Sabiduría llegue a la conclusión de que subsistir es un milagro sostenido por el mismo Dios.

         Mantener con vida el cuerpo, el espíritu, las utopías, los sueños exige una inversión de ánimo y entusiasmo que resulta explicable que, a veces, desfallezcamos. Por eso mismo, es “milagroso” que, a pesar de los costurones de la vida, nos mantengamos todavía en estos anhelos, que dediquemos hoy mismo, un tiempo amplio a considerar esta realidad. Por lógica humana, hace años que tendríamos que haber abandonado estos caminos. Pero aquí estamos, deseosos de aprender cada día a vivir con sentido. Esto, en último término, solamente puede ser suscitado por Dios.

         Responde todo esto a una certeza espiritual elemental: si Dios es Padre, no puede dejar a su suerte a lo que ha creado por amor. Ha de estar necesariamente ahí, acompañándolo, sosteniéndolo, cuidándolo. Un Dios que crea por amor no abandona a lo creado. Sería negarse a sí mismo (2 Tim 2,13). Él es leal con lo creado (Jn 3,33).

         Estamos acercándonos aquí a una formidable certeza espiritual: el acompañamiento de Dios a nuestra vida: Dios sigue bajando al fresco de la tarde a pasear y conversar con los humanos, tomando el vivo dibujo que hace el yahvista en Gén 3,8. No es exacto, como dice LS’ 61, que la humanidad haya frustrado las expectativas divinas. La generosidad de Dios con lo creado es la de un amor “sin esperanzas”. Eso es lo que nos mantiene en la certeza de su acompañamiento por encima de todo.

 

Desde Jesús

 

         Podemos decir, con propiedad, que Jesús ha sido un resistente, contra viento y marea. Ha resistido la mayor de las tentaciones: la de hacer un mesianismo potente, brillante, de dominio. Y ha logrado encauzar sus energías hacia la entrega, la cercanía a las pobrezas,  la sencillez. Su trabajo le ha costado (como refleja la escena de Mt 16,21ss: “me haces tropezar”). No ha subsistido dejando que pasen las horas, sino estando activo de cara al reino.

         Desde ahí ha podido decir a los suyos: “Ánimo, no tengáis miedo” (Mt 14,27). Él que ha sabido subsistir en duras condiciones está capacitado para animarnos y decirnos que, a nuestra medida, podemos ser como él, unos resistentes, unos resilientes.

         ¿Dónde ha encontrado Jesús la fuerza para resistir? No es fácil saberlo. Pero en Jn 8,16 y Jn 16,32 dice Jesús su certeza de que el Padre siempre está con él, incluso cuando las cosas vienen mal dadas. Si uno tiene la certeza de que el Padre acompaña su vida, tiene una fuente de paz, de energía y de resistencia. En esas aguas profundas ha bebido Jesús.

         Y desde ahí ha podido ser apoyo para quienes lo tenían difícil para subsistir, los más bajos de la pirámide social de la época. Con ellos ha compartido su ánimo y ha dejado ver que nada subsistiría si el amor del Padre no estuviera sosteniéndolo todo.

 

Aplicaciones

 

         Subsistir no es un mero aguantar y, menos todavía, un dejar que el tiempo pase sin pena ni gloria. Puede que con la edad tendamos a relativizar todo. Eso puede ser bueno poner el acento en lo importante y no en lo relativo. Pero no puede ser excusa para apearse del interés por las cosas. Eso tendría el peligro de empequeñecer nuestra vida.

         Se habla con frecuencia de resiliencia: la capacidad que tiene un cuerpo de rehacerse cuando choca con una dificultad. No hay que llamar a las dificultades; viene sin llamarlas. Pero, una vez que llegan, darles cara, elaborarlas, es la mejor manera de responder. Dejarlas de lado es el camino para que terminen amargándonos la vida. Resistir con lucidez es mejor que refugiarse en la sombra sin atajar las cosas.

Hay cosas que ayudan a subsistir: la belleza sencilla; el disfrute con las cosas que tenemos a mano; el diálogo enriquecedor; la lectura que nos acompaña; la oración que ensancha el interior, etc. Todo esto hace la vida no solamente más soportable, sino también más humana.

Y una vivencia lo más lúcida y trabajada de la fe que se pueda es una herramienta formidable para una subsistencia humanizadora y creyente. La fe rutinaria no nos ayuda a sobrevivir en el mar de la secularidad, pero la fe cultivada está probado que es un remedio efectivo contra cualquier desaliento.

 

Oración

 

No te rindas,
aunque a veces duela la vida.
Aunque pesen los muros
y el tiempo parezca tu enemigo.
No te rindas,
aunque las lágrimas
surquen tu rostro y tu entraña
demasiado a menudo.
Aunque la distancia
con los tuyos parezca insalvable.
Aunque el amor sea, hoy,
un anhelo difícil,
y a menudo te muerdan
el miedo, el dolor, la soledad,
la tristeza y la memoria.
No te rindas. Porque sigues siendo capaz
de luchar, de reír, de esperar,
de levantarte las veces que haga falta.

Tus brazos aún han de dar muchos abrazos,
y tus ojos
verán paisajes increíbles.
Acaso, cuando te miras al espejo,
no reconoces lo hermoso, pero Dios sí.
Dios te conoce,
y porque te conoce sigue confiando en ti,
sigue creyendo en ti,
sabe que, como el ave herida,
sanarán tus alas y levantarás el vuelo,
aunque ahora parezca imposible.

No te rindas.
Que hay quien te ama
sin condiciones,
y te llama
a creerlo.

 

 

 

4

AMIGO DE LA VIDA

(Sab 11,26)

 

Reflexión

 

         Si algo ha quedado claro es que en la vieja espiritualidad no se nos animó ni enseñó a amar la vida (“nos enseñaron las normas…pero no a amar”). La vida tenía sentido en función del más allá, no del más acá. Frecuentar a los humanos era “inhumano” (Kempis dixit). Somos herederos de una vida con mucho vinagre encima.

         Y, a pesar de ello, siempre hubo personas que amaron la vida: gente que encontró el secreto del disfrute sencillo, que amaron la lectura y la meditación, que disfrutaron rezando, que contemplaron con alegría lo creado, que crearon belleza con su música. Siempre hubo gente del lado de la vida porque a esta le basta una grieta para florecer.

         Amar la vida nada tiene que ver con excesos: el excesivo y alocado disfrute; el excesivo cuidado hedonista y egoísta; el excesivo centrarse en el cuerpo en su lado físico ignorando lo que hay debajo de la piel; la excesiva obsesión por una belleza comercial; la excesiva hipocondría. Excesos que, a la postre, fatigan. No se ama más la vida amando solamente una parte de lo que somos. Lo interesante es amar el conjunto, creer que este camino humano nuestro tiene sentido.

         Porque, efectivamente, de eso se trata, de verle el sentido a la vida que llevamos, de creer que, aunque modesta, nuestra vida tiene una dignidad y un valor que la hacen respetable y amable. El sentido de la vida es, como decía Bauman, vvir con y para el otro, la fraternidad, la comunión con los humanos y con las creaturas. Tener activada esta espiritualidad es requisito para desarrollar el amor a la vida.

         Podemos decir que, por encima de limitaciones, hemos tenido suerte por haber nacido y por haber amado. Por haber sido llamados a recorrer este tramo que es nuestra vida y por haber encontrada en él, de varias formas, el amor que nutre la existencia. Una suerte haber vivido. Otros, quienes más sufren el peso de la historia, no lo tienen tan fácil para mirar esta vida como una suerte. Nosotros sí.

 

Desde Jesús

 

         Jesús puede ser llamado también “amigo de la vida”. Por eso dice claramente: “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Jn 10,11). El oficio de Jesús es dar vida, alumbrar la existencia. Por él sabemos que la intuición de Sabiduría es cierta: nosotros sabemos que Dios es amigo de la vida porque Jesús lo es.

         Por eso él se ha entendido como uno que “entrega” la vida. Es que no puede amor sin entrega.  Aquel pasa por esta. El suyo ha sido así: un amor entregado. Un amor que no depende del aplauso, del pago, del reconocimiento. Un amor que, por ser entregado, tiene un valor en sí mismo.

         Así se comprende que se ha hecho amigo de la vida allá donde la vida, la dignidad, corre más riesgo de perderse. Es, sobre todo, en el lado de las pobrezas donde se ha hecho amigo de aquellos a los que la vida no les era fácil. Así lo ha querido escenificar en sus comidas con ellos. Las comidas con ‘pecadores’, como hemos dicho, son uno de los rasgos más sorprendentes y originales de Jesús, quizá el que más le diferencia de todos sus contemporáneos y de todos los profetas y rabinos del pasado. Ahí se palpaba la amistad con lo más frágil de la vida.

         Jesús es de los que, amando la vida, hace el bien a la vida misma. Esta ha sido su manera de ser Mesías: hacer el bien, poner en clave humana lo que el Dios bueno hace con la historia: amarla y servirla. Ha sido su manera de mostrarnos al Dios amigo de la vida en quien cree y cuyo perfil resulta novedoso para nosotros.

 

Aplicaciones

 

         El amor a la vida habría de situarnos lejos de una actitud negativizadora que suele ser frecuente entre cristianos. Es verdad que hay muchas cosas que van mal. Pero otras muchas funcionan en línea de humanidad. Los cristianos habríamos de ser de aquellos que no se cansan de subrayar lo bueno que hay para inducir a una mayor práctica del bien. Habrá que vigilar nuestras valoraciones sociales para no incurrir en una perniciosa negativización.

         Elegir la vida es un trabajo diario. Una persona viva no es solamente aquella que aún no se ha muerto. Es la que cada día, con una tenacidad fiel, se va situando en el lado de lo más positivo de la vida. Es, como decimos, un trabajo diario porque la tendencia al mal que hay en los pliegues del alma propende a acapararlo todo y hacernos creer que el mal reina sobre el bien, siendo así que es justamente al revés.

         La espiritualidad de la amistad de vida nos hace amigos de todo lo que vive, del hecho creatural. Es preciso extender la amistad de la vida a toda la creación. Amigarse con las criaturas es una ampliación del amor a la vida que nutre nuestra espiritualidad. Quien es amigo de las criaturas lo es de las personas y viceversa. Somos una unidad con todo lo que vive.

         La amistad por la vida habría de llevarnos a preocuparnos por la vida que dejaremos a quienes vienen detrás de nosotros. Dice FT 159: “La noción de bien común incorpora también a las generaciones futuras. Las crisis económicas internacionales han mostrado con crudeza los efectos dañinos que trae aparejado el desconocimiento de un destino común, del cual no pueden ser excluidos quienes vienen detrás de nosotros”.

 

Oración

 

Esta mañana

enderezo mi espalda,

abro mi rostro,

respiro la aurora;

escojo la vida.

 

Esta mañana

acojo mis golpes,

acallo mis límites,

disuelvo mis miedos;

escojo la vida.

 

Esta mañana

miro a los ojos,

abrazo una espalda,

doy mi palabra;

escojo la vida.

 

Esta mañana

remanso la paz,

alimento el futuro,

comparto alegrías;

escojo la vida.

 

Esta mañana

te busco en la muerte,

te alzo del fango,

te cargo tan frágil;

escojo la vida.

 

Esta mañana

miro a los ojos,

abrazo una espalda,

doy mi palabra;

escojo la vida.

 

Esta mañana

te escucho en silencio,

te dejo llenarme,

te sigo de cerca;

escojo la vida.

 

 

 

5

TODOS LLEVAN

TU SOPLO INCORRUPTIBLE

(Sab 12,1)

 

Reflexión

 

         Hoy se habla menos del alma porque se entiende mejor a la persona como una unidad (la no dualidad de M. Lozano). Y quizá sea mejor porque el dualismo nos ha llevado por caminos extraños. Pero de una u otra manera sabemos que hay algo debajo de la piel, que no somos mera exterioridad, que el único valor no es la buena presencia. Lo de adentro está ahí componiendo nuestra vida.

         Vivir con alma es vivir con mística, con ebullición, con anhelo, con búsquedas, con preguntas. Hoy vamos aprendiendo que la mística ha de ser de ojos abiertos, una mística horizontal: “Para los ‘místicos horizontales’, el mundo es el lugar de la adoración de Dios. Estos místicos se resisten a transferir a la oración el encuentro con Dios y a apartarse o negar, del modo que sea, al mundo como condición necesaria o como camino de dicho encuentro. Para ellos, Dios emerge en la mismísima densidad de las cosas, personas y acontecimientos, y es ahí donde sienten que quiere ser escuchado, servido y amado. El mundo y la historia, lejos de ser obstáculo para el encuentro con Dios, se convierten para ellos en su mediación obligada (J. A. García).

De ahí que un trabajo de vida cristiana sea el de cuidar el alma, alimentar la espiritualidad. Al ser una realidad viva, si no se la alimenta, se muere. Ser persona espiritual no es andarse por las nubes. Es ser persona con una espiritualidad crecientemente humanizadora. Y eso demanda cuidado, cultivo: leer, orar, contemplar la creación, preguntarse, dialogar con cierta hondura huyendo de la superficialidad, etc. Caminos ya inventados hace mucho tiempo pero que son las herramientas de la interioridad.

Y todo esto porque se va teniendo cada vez más claro lo que constituye el cimiento de la vida y de cada ser creado: la dignidad. Nunca habríamos de cansarnos de llegar a este punto, porque es el punto crucial. La espiritualidad de la dignidad ha de llevarnos a saber mezclar respeto y amor cuando miramos a las personas y a las cosas. Si el nivel de esta manera de ver la vida no crece, el evangelio no está haciendo su obra. Si, por el contrario, la conciencia de dignidad aumenta, vamos por buen camino.

Hay que desear esa otra mirada que no se enzarza en las apariencias, que no se despista con las maneras equívocas que tenemos de proceder y mira a los valores más sólidos de las personas y de las cosas. Aun sabiendo que las apariencias engañan, nos dejamos embaucar por ellas. Necesitamos más hondura en nuestra comprensión de la vida.

 

Desde Jesús

 

         Los evangelios no describen el alma de Jesús. No es ese su cometido. Pero, a veces, abren “ventanas” por las que uno puede asomarse a su alma: la certeza de que el Padre le acompaña siempre; llegar a creer que el reino se ofrece a todos, incluso a paganos; tener por cierto que la persona es antes que toda norma, incluido el sábado; tener por seguro que Dios perdona siempre y sin condiciones; etc. ¿Dónde aprendió a modelar su alma? ¿Cómo cultivó su interioridad? No lo sabemos. Mc 1,35 dice que oraba de noche y en descampado. Quizá en esa oración “dura” es donde cultivó y alimentó su alma.

         Percibió algo que no va de sí: que los pobres tienen alma también. Y se enamoró del alma de los pobres. Tuvo compasión ellas porque andaban como ovejas sin pastor y las trató con paz y calma (Mt 9,36). Parece que nunca tuvo prisa con ellas. Aquellas almas tenían un valor especial por su situación de pobreza. Eso le enamoró.

         Aprendió también algo decisivo: a las almas se las cuidaba a través de los cuerpos. Por eso, con sus pobres medios, se dedicó a cuidar cuerpos sabiendo que, a la vez, cuidaba las almas. Llegó a ver que, a veces, un cuerpo maltrecho escondía un alma hermosa. Entendió que para llegar a esas almas era preciso amar los cuerpos débiles.

         Su alma quedó reflejada, sobre todo, en sus utopías que vemos en las bienaventuranzas. Eran sus sueños. Por eso hemos aprendido que creer en sus sueños es más importante que creer en dogmas. ¿Cómo vamos a entender algo de su alma si nos dejan fríos sus sueños?

 

Aplicaciones

 

         Para “ver” el alma de las personas y cosas es necesaria una visión ahondada de la vida. La superficialidad es el mayor enemigo del alma. Quien mira con  profundidad entiende del alma y de Dios. Los trabajos de ahondamiento son trabajos primariamente espirituales (la lectura, el silencio, la contemplación, la oración, el diálogo serio, el discernimiento acompañado, etc.). Ahondar, esa es la tarea.

         Se cuida el alma si se cuida el cuerpo. No nos referimos a cuidados hedonistas, comerciales. Nos referimos al respeto, al agradecimiento, al gozo, al perdón que hemos de pedir, a veces, a nuestro cuerpo (como parece que lo hizo san Francisco). Pretender cuidar al alma menospreciando el cuerpo es un camino que no lleva a nada.

         La “materia” del alma es el amor. Eso es lo que perdura y lo que desvela si estamos en una correcta línea espiritual porque una espiritualidad contraria y vacía de amor nada tiene que ver con la espiritualidad humana ni con la cristiana. Por eso, como siempre, si queremos cultivar los valore del alma es precio cultivar la relación.

         El alma colectiva de la comunidad se cuida igual que el resto de las almas: con cultivo, aprecio, diálogo y ahondamiento. Hay que evitar que una comunidad viva sin alma, dejando pasar el tiempo. El alma de la comunidad está hecha de encuentros. Cuánto más se cultiven, más alma y de mayor calidad; cuanto menos encuentros, más fragilidad.

 

Oración

 

Padre, me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal que tu voluntad
se cumpla en mí,
y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Padre.

Te confío mi alma,
te la doy con todo el amor de que soy capaz,
porque te amo.
Y necesito darme,
ponerme en tus manos
sin medida,
con una infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.

 

 

 

6

LOS TRATASTE CON MIRAMIENTO

(Sab 12,8)

 

Reflexión

 

         Dios, según la mentalidad veterotestamentaria, tendría que haber machacado al peor de los enemigos de Israel: los cananeos (ya no existían cuando se escribió Sabiduría). Pero no lo hizo asi, sino que obró con miramiento para darles ocasión de arrepentirse. No vale mucho el argumento, pero ponemos el acento en el tema del “miramiento”.

         Obrar con miramiento es procurar no herir. Los humanos nos hacemos muchas heridas, conscientemente o sin darnos cuenta de ello. Obrar con miramiento es hacerlo con el menor número de heridas y, si es posible, sin herir nunca. No es fácil, pero intentarlo merece la pena. Y si se hiere, se pide perdón y se reanuda la andadura en miramiento.

         Obrar con miramiento demanda considerar al problema desde todos los lados. No soy solo yo el que sufre; el otro también sufre. No solo cuentan mis intereses; también han de contar los del otro.  No solamente soy yo el que llora; el otro también lo hace. Ponerse en la situación del otro es la mejor manera de tratarle con miramiento.

         Otra manera de nombrar el miramiento es empatía: es sufrir en uno mismo las carencias y necesidades del otro. Es, como dice FT, hacerse prójimo del caído. Es identificarse lo más posible con una situación que no es la mía. Desde ahí se comparten sentimientos y caminos. Eso es lo que hace Dios con enemigos y con amigos, con todo el mundo: ha unido su suerte a la nuestra.

         Puede haber un falso respeto, un miramiento que no quiere entrar en el asunto porque es peliagudo. Nada tiene que ver con lo dicho. Es preciso bajar a la arena, no ver los toros desde la barrera, implicarse. Porque si no hay implicación el miramiento se convierte en una postura cínica. También esto hay que tenerlo en cuenta.

 

 

 

 

Desde Jesús

 

         De los evangelios se deriva el perfil de un Jesús que, en general, ha tratado a todos con miramiento. Por eso creemos que textos como Mt 23 o Mt 25,1-15 no han podido salir de la boca de Jesús. Pertenecen a las comunidades mateanas. Jesús ha sabido ponerse en el lugar de los frágiles y, desde ahí, ha sido cuidadoso con ellos. Ha sido persona empática y así se la ha visto siempre y se le sigue viendo.

         Es verdad que, a veces, ha mirado “con ira” por la dureza con que se le rechaza (Mc 2,5). Pero no ha pasado de ahí. Es la excepción en el itinerario de alguien que ha sido cuidadoso en las relaciones, como lo demuestra, por ejemplo, su trato con las mujeres. No se ha sumado a la voz común del menosprecio y de la desigualdad (como lo muestra Mc 10,1-16).

         Por ese miramiento con los frágiles ha arrostrado calificación insólitas, “comilón y borracho, amigo de pecadores” (Mt 11,19). No se ha desdicho de tales porque aceptaba las implicaciones sociales de su trato con miramientos a los excluidos sociales. Su cercanía a ellos no era indolora.

         Incluso cuando ha estado en desacuerdo con las personas (Jn 2,4), cuando ha percibido el abandono y la traición (Lc 22,31-34), él ha seguido siendo considerado con toda persona, no dejándose llevar por los denuestos y las condenas. Ha sabido mirar al corazón de las personas y se ha mantenido en ese lugar con una fidelidad exquisita.

        

 

 

Aplicaciones

 

         FT 223 hace una especie del retrato de la persona que sabe tratar al otro con miramiento: “San Pablo mencionaba un fruto del Espíritu Santo con la palabra griega jrestótes (Gál 5,22), que expresa un estado de ánimo que no es áspero, rudo, duro, sino afable, suave, que sostiene y conforta. La persona que tiene esta cualidad ayuda a los demás a que su existencia sea más soportable, sobre todo cuando cargan con el peso de sus problemas, urgencias y angustias. Es una manera de tratar a otros que se manifiesta de diversas formas: como amabilidad en el trato, como un cuidado para no herir con las palabras o gestos, como un intento de aliviar el peso de los demás. Implica «decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan», en lugar de «palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian»”.

         El trato con miramiento comienza por una escucha atenta del otro, incluso más allá de sus posibles desvaríos. Dice  EG 199: “Nuestro compromiso no consiste exclusivamente en acciones o en programas de promoción y asistencia; lo que el Espíritu moviliza no es un desborde activista, sino ante todo una atención puesta en el otro «considerándolo como uno consigo». Esta atención amante es el inicio de una verdadera preocupación por su persona, a partir de la cual deseo buscar efectivamente su bien. Esto implica valorar al pobre en su bondad propia, con su forma de ser, con su cultura, con su modo de vivir la fe. El verdadero amor siempre es contemplativo, nos permite servir al otro no por necesidad o por vanidad, sino porque él es bello, más allá de su apariencia: «Del amor por el cual a uno le es grata la otra persona depende que le dé algo gratis»”.

         Como hemos dicha tantas veces, si se quiere tratar al otro con miramientos es preciso controlar al máximo nuestras palabras, porque la bondad o la destrucción las acompañan. Tratar con miramiento en las palabras es tratar igual miramiento al corazón de la persona. No se trata de ser solamente educado y amable. Se trata de dirigirse al otro con la dignidad con la que se le mira. Dice FT 224: “La amabilidad es una liberación de la crueldad que a veces penetra las relaciones humanas, de la ansiedad que no nos deja pensar en los demás, de la urgencia distraída que ignora que los otros también tienen derecho a ser felices. Hoy no suele haber ni tiempo ni energías disponibles para detenerse a tratar bien a los demás, a decir “permiso”, “perdón”, “gracias”. Pero de vez en cuando aparece el milagro de una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia. Este esfuerzo, vivido cada día, es capaz de crear esa convivencia sana que vence las incomprensiones y previene los conflictos. El cultivo de la amabilidad no es un detalle menor ni una actitud superficial o burguesa. Puesto que supone valoración y respeto, cuando se hace cultura en una sociedad transfigura profundamente el estilo de vida, las relaciones sociales, el modo de debatir y de confrontar ideas. Facilita la búsqueda de consensos y abre caminos donde la exasperación destruye todos los puentes”.

         De esta manera es posible que arraigue en nosotros la necesaria espiritualidad del cuidado. Dice EG 208: “La actitud básica de autotrascenderse, rompiendo la conciencia aislada y la autorreferencialidad, es la raíz que hace posible todo cuidado de los demás y del medio ambiente, y que hace brotar la reacción moral de considerar el impacto que provoca cada acción y cada decisión personal fuera de uno mismo. Cuando somos capaces de superar el individualismo, realmente se puede desarrollar un estilo de vida alternativo y se vuelve posible un cambio importante en la sociedad”.

 

Oración

 

Y me preguntas
y te pregunto:
¿por qué me cuesta
tanto cuidar?
¿Por qué me vivo agotado
en esa responsabilidad?
¿Por qué a dicho oficio
no paro de ponerle disculpas,
relegándolo siempre
al último lugar?

El cuidar exige esmero,
paciencia, mesura,
vigilancia, atención.
No se cuida
sino en la cercanía
y mirando al otro
desde el corazón.

No son los más importantes
los cuidados doctrinales
de nuestros antepasados.
Tampoco lo son los actuales
del autocuidado y la alimentación.

Los cuidados más sagrados
son los que cuidan del otro,
los que curan su herida,
ahuyentan su abatimiento
y acarician su piel.
Son los que por sistema
descuidan el tiempo y la utilidad.

Solo en estos nos encontramos,
y nos vamos volviendo humanos.
Hasta cambiar, ¡quién lo creyera!
formas siniestras y avaras
de vivir, de ser y pensar.

 

 

 

7

TU FUERZA ES

EL PRINCIPIO DE LA JUSTICIA

(Sab 12,16)

 

Reflexión

 

         El perfil de Dios que presenta Sabiduría es, para la época, novedoso: un Dios que somete su fuerza, su brillo, su poder a la justicia. Para él eso es lo primero. Y lo aplica tanto a los de su pueblo como a los impíos cananeos. Ellos también son tratados con justicia. Más aún, al ser dueño de todos, los perdona a todos. No sabemos cómo sonaban esto planteamientos en aquella época. Pero es bien probable que fueran contestados ya que se piensa que, por su maldad, los cananeos deben ser exterminados (todavía anda Netanyahu con estos planteamientos). Pero, Dios manifiesta su poder en la justicia y el perdón, Una increíble paradoja. Una profecía que adelanta al Dios de Jesús que llevará al límite esta manera de ver las cosas.

         Puede ser que, debido al mal trato que le damos los humanos, creamos que la palabra “justicia” está gastada, adulterada, perdida. Pero no, la palabra sigue viva porque las situaciones de injusticia siguen vivas.  Por eso hay muchas personas que continúan pidiendo la justicia que creen que se les debe. Posiblemente, mientras haya personas en este planea habrá quien demande justicia. Pasar de ella, pretender ser insensible es antihumano, algo artificial.

         Sabemos que no hay perdón sin dignidad. Esta es el cimiento de toda justicia. La conculcación de la dignidad hace desaparecer a la justicia. Tampoco nos sobra esta sensibilidad en torno a la dignidad. La damos por supuesta, pero no se activa, no se traduce a situaciones concretas, queda en un estado “gaseoso”, evaporescente.  ¿Cómo poner carne a la espiritualidad de la dignidad? Buena pregunta.

         La vida nos va enseñando que no hay justicia sin perdón, que ambas deber ir unidos, Hasta las mismas leyes civiles con sus atenuantes tratan de mezclar el perdón y la justicia. Más aún, el perdón es un mecanismo de mayor calado porque es capaz de envolver y asimilar situaciones injusticia que, sin negarla, les otorgue un trato humano. ¿Cómo envuelve Dios nuestra injusticia? Si según Mt 7,11 nosotros sabemos envolver el mal de nuestros hijos, cuánto más el Padre del cielo.

         Y, en definitiva, la justicia requiere el amor. Cuando estamos inmersos en situaciones de injusticia, bien sea personal o social, hay que preguntarse por la presencia del amor. Si está ausente, algo no termina de ir. Porque el amor no diluye responsabilidades, y ayuda a ajustar las tendencias a la venganza, al odio, al rechazo, a la excomunión, que acompañan con frecuencia a las situaciones de injusticia.

 

Desde Jesús

 

         Jesús no ha comulgado con el sistema injusto. Hay textos elocuentes como el de la parábola de los talentos (Mt 25,14-30). Quizá haya que imitar a quien enterró el talento, a quien cortó con un sistema injusto exponiéndose a sus consecuencias. Jesús no hizo el juego al sistema y así le fue.

         Por eso, aunque el evangelista lo oriente a la oración insistente, textos como Lc 18,2-14 hablan del anhelo de justicia, de esa “fe” que se exige para que la tierra funcione con los criterios del reino. Si hay personas que mantienen vivo el anhelo de la justicia, hay esperanza. Si ese anhelo se apaga, se acaba la vida en humanidad.

         De ahí que la búsqueda apasionada de la justicia se convirtió para Jesús en la “búsqueda primera” del reino de Dios, en el trabajo principal en el anhelo primigenio (Mt 6,33). Andar fuera de la justicia es lo mismo que andar fuera del Evangelio. Quienes han entendido esto, creyente o no, han sido los verdaderos seguidores de Jesús, Su entrega, a veces con la vida, hace posible el sueño de la humanidad nueva.

         Pero él sabe que esos anhelos de justicia hay que mezclarlos con la debilidad. Y por eso, aunque fallemos, aunque transitemos a veces por caminos declarados de injusticia, él sigue confiando en nosotros, no nos retira su confianza como se muestra claramente en Lc 2,31-34. Precisamente ahí se muestra que el perdón está mezclado a la justicia y que se puede siempre recuperar la senda abandonada.

         Todo este caudal de espiritualidad solamente podría brotar de la propia justicia personal de Jesús. Las palabras de Pilato en Lc 23,4 son verdaderas aunque se lo llevara el torbellino del mal.

        

Aplicaciones

 

         Los cristianos habríamos de estar marcados por la pasión por la justicia. La peor recriminación a nuestra vida cristiana es que no estemos del lado de la justicia. Y eso, por desgracia, ha sido muchas veces así. Pero siempre se puede reiniciar. Nada ni nadie puede impedirnos ser justos hoy mismo. Pero hay que tener fe en la justicia, que es más difícil que tener fe en el mismo Dios.

         Habríamos de decir glosando a san Francisco: la justicia que predicas habite primero en tu corazón. Nuestras reivindicaciones de justicia están bloqueadas de salida porque nuestra vida  tiene niveles altos de injusticia. Hay que trabajar constantemente sobre esto porque el poder de lo injusto es tremendo y anida en el fondo del alma. Hay que discernir cada día para que la sombra de lo injusto no ennegrezca nuestra vida.

         No cabe duda de que todos y todas estamos por la justicia. Pero nos falta ese arranque que nos decida a colaborar, aunque sea poco, en asuntos relativos a la justicia. Quizá haya que informarse más, acercarse más, interesarse más, no quedarse en el lamento solamente ante las situaciones injustas. No vendría mal una dosis de ánimo para no desalentar  y creer que todo esto está pasado de moda.

         A veces endurecemos el gesto, levantamos la voz, hacemos desplantes creyendo que por ello tenemos más razón. La vida en justicia es la que nos da fuerzas para plantear las cosas. Entonces no hará falta gritar, ni insultar, ni exagerar las cosas. La persona justa tiene dentro la fuerza necesaria para plantear las cosas con sensatez. Huyamos de los gestos vacíos.

 

Oración

 

A tu madre y tus hermanos les dijiste
que madre y hermanos son

quienes cumplen la palabra.
A Pedro le reprochaste, con palabras duras,

no comprender la cruz.
A Santiago y Juan les recordaste

que los jefes deben servir.
Al joven rico le revelaste

que se estaba convirtiendo en un pobre hombre.
A los cargados de justicia les desafiaste

a que tirasen la primera piedra.
Al condenado le diste otra oportunidad.
Invitaste a tu banquete

a quienes no tenían sitio en ninguna mesa.
A Marta, llena de afán y de prisa,

la invitas a sentarse y escuchar tu palabra.
¿Qué le dirás a María, Señor?

Tal vez que se ponga en pie y ayude.
Porque tú nos sacas del terreno familiar,
y nos abres la puerta de lo nuevo.
Tú, Señor, que siempre nos desinstalas.
Sigue sacándonos de rutinas y certidumbres,
de méritos y medallas,

de seguridades y justificaciones,
para descolocarnos con tu evangelio,

para que participemos

de tu sed de justicia,
una vez más, hoy y siempre.

 

 

 

8

NOS GOBIERNAS CON MODERACIÓN

(Sab 12,18)

 

Reflexión

 

         Que el AT hable de moderación no es frecuente. Muchas veces se han visto sus textos como envueltos en violencia. Y así es porque así es la vida de los humanos (no hay más que ver el escenario mundial). Pero, a veces, como flores de esperanza en el campo de la batalla, surgen las flores de la moderación y de la ternura. También eso hay que saberlo ver.

         La moderación engendra una economía del bien común. Porque es de ese tipo de valores que benefician tanto a los demás como a uno mismo. Poner a la persona por delante, moderar los impulsos de apropiación, controlar el instinto de medrar a costa del otro es un beneficio para la persona concreta y para la sociedad. La mejor ganancia no es el dinero que se acumula, sino la buena relación que amasa el corazón. Los mejores momentos de la vida, con frecuencia, son aquellos que apuntan a una relación jugosa.

         Por eso tiene sentido, también hoy día, la moderación que toma el rostro de la austeridad y de la sobriedad. Y no tanto por no despilfarrar, que también, sino sobre todo porque la moderación nos acerca a las situaciones de los débiles, nos ayuda a entender las injusticias como tales e, incluso, nos ayuda a comprender la entrega de la cruz. Puede ser interesante retomar la vieja espiritualidad de la austeridad dándole un sentido más profundo.

         Como otros valores de vida de vida y de evangelio, la moderación dimana de una correcta comprensión de la dignidad de la persona. Solamente quien percibe al otro en los parámetros del respeto y del cariño es capaz de contener la “fiera” que hay dentro logrando transformarla en aprecio y cuidado. De ahí puede surgir la generosidad que mira más allá de los estrechos límites de uno mismo.

         La apelación a un consumo sensato, moderado, puede tener aquí la acogida no solamente de quien se controla, sino también de quien ha visto que  la moderación es un beneficio para los demás y para sí mismo. Incluso más: llega a ver que ser moderado es una causa de justicia porque el despilfarro y el egoísmo es el rostro evidente de la injusticia. No estamos hablando de cuestiones banales.

 

Desde Jesús

 

         Jesús ha sido hombre poseedor de pocas cosas: su voz, sus pies, su corazón. Podría aplicársele aquel dicho que se le atribuye a Francisco de Asís (aunque tampoco es suyo): “Tengo pocas cosas y las pocas que tengo las necesito poco”. Un mesías con poco era un descrédito mesiánico. El mesías debía tener mucho: mucho poder, mucho brillo, mucho mando, muchas riquezas. Un mesías con poco es una contradicción. Eso fue Jesús. No tenía dónde reclinar su cabeza, como decía él mismo (Mt 8,20), pero no por eso su siembra de amor no fue por eso menos fecunda.

         No se enriqueció con su predicación del reino: vivió pobre y murió más pobre todavía, desnudo. Sus pobres ropas se las repartieron los guardias (Mt 27,35). Desnudo vino a este mundo y desnudo salió de él. No dejó herencia alguna, sino solamente su amor entregado a todos. Pretender apropiarse de él es tan insensato como querer hacerlo del viento.

         Por eso se entiende que cuando mandó a los suyos a ofrecer el reino por pueblos y aldeas les dijera: “id despojados” (Lc 9,3). También en aquellos tiempos, aunque lo eran de pobreza, había quien acumulaba, ricos (Lc 12,18-20) y pobres (Mt 19,27). Por eso no dudó en poner como ejemplo de ciudadana del reino a una que se despojaba hasta de lo que le hacía falta (Lc 21,1-14).

         De ahí que propusiera, usando la retranca y la paradoja, ser “rico para Dios” (Lc 12,21) que es lo mismo que decir desplazarse hacia los sencillos, ir generando modos de cooperación y de ayuda, cambiar las pequeñas y personales estructuras económicas. Porque moderar, según él, no es solamente contener el despilfarro sino también engendrar parámetros económicos donde los frágiles sociales sean considerados.

Hay que decir que, según parece, siendo moderado también fue disfrutante (Lc 22,15). No sabemos muchos de sus disfrutes sencillos. Pero, si se sentaba a la mesa frecuentemente con pecadores y publicanos es que, de algún modo, disfrutaba con ellos.  A ningún “santo” del AT se le hubiera ocurrido semejante cosa.

 

Aplicaciones

 

         Cuando hablamos de moderación fruncimos el sueño porque pensamos que ya llega el aguafiestas. No se trata de amargar la vida a nadie.  Muy al contrario, pensamos que la moderación, en todos los sentidos, genera disfrute y bienestar, además de justicia (eso es lo más importante). Una visión de la vida cristiana que nos amarga no puede ser la del evangelio, hecho para la dicha y la “carga ligera”,

         Por eso, hemos de ir aprendiendo a disfrutar con poco en todas las etapas de la vida. Si al levantarnos cada día hiciéramos la lista de cosas buenas que tenemos en la mano, veríamos que la cosa era larga. Se nos haría patente eso que dice Sabiduría de que Dios nos trata con moderación y, más todavía, con generosidad. Es fácil que brotara entonces de nuestro corazón aquella plegaria, simple pero honda, de Clara de Asís: “Gracias, Señor, porque me has creado”.

         Para vivir con moderación es preciso aprender a “levantar el pie” del acelerador, no dejarnos llevar de la corriente general y pensar dos veces lo que vamos a comprar y consumir. Es verdad lo que decía Benedicto XVI: “Comprar es un acto moral”. No es una mera transacción económica, sino que tiene consecuencias en nosotros y en los demás. Por eso hay que ser cuidadoso, por causa de la justicia.

         La moderación está hecha de respeto, cuidado, control, valoración de los matices, no generalizar. Son valores que nos parece que no están en el mercado. Pero no es así. La mayoría de la gente los aprecia, aunque a veces se bromee y se ironice.  Una fe sin esa clase de valores termina siendo una doctrina insoportable, una carga que nadie quiere llevar.

 

Oración

 

Desnudos vinimos a la vida,
pura fragilidad y desconcierto.
¿Para qué acumulamos,
con los años,
seguridades
que encadenan?
Son tantos los por si acaso
que hacemos imprescindibles…
Hay que vivir
ligeros de equipaje
y no doblegados
por el miedo a perder
lo que nunca fue nuestro.

 

 

 

 

 

 

9

¿CON CUÁNTO ESMERO

HAS TRATADO A TUS HIJOS?

(Sab 12,21)

 

Reflexión

 

         Puede parecer que el Dios bíblico no se presta a detalles ni a trabajos esmerados. Pero no es así. Su amor a la persona, su decisión de unir su suerte a la nuestra le lleva a crear el mundo como con el mimo y el esmero de quien hace las cosas cuidadosamente, como quien teje una delicada cenefa. En Gen 1 Dios construye todo “con las puntas de los dedos”, como quien se esmera para que salga una obra perfecta. En modos antropomórficos, Dios queda descrito en Gén 3,21 como quien cose ropa para el hombre desnudo y necesitado. Se esmera en que no falte detalle a quien le ha traicionado. Un esmero desinteresado en el que late la fuerza del amor que no abandona compromisos adquiridos aunque la otra parte falle.

         La fuerza interior que lleva a hacer las cosas con esmero es, lo sabemos, el amor. Una cosa está en proporción con la otra. Por eso el descuido y la negligencia son rostros diversos no solo del desinterés, sino también del desamor. De ahí que valores tan aparentemente sencillos sean importantes. La desgana en la manera de hacer las cosas desvela el deterioro del corazón. El interés porque todo salga lo mejor posible en beneficio del otro hace visible el amor que hay dentro.

         No hay que confundir el esmero con el perfeccionismo obsesivo. El esmero no es algo extremo sino flexible y comprensivo.  El perfeccionismo es una manifestación más del centralismo del ego que vive para sí. El esmero, por el contrario, tiende a la satisfacción del otro, es un esmero para otros. Si le faltase esta dimensión de entrega se haría sospechoso.

         El esmero puede ser un valor social: cuidar lo ciudadano como quien cuida su propia casa: no despilfarrar los recursos públicos, cuidar y amar el entorno ciudadano, contribuir a la buena convivencia vecinal, aportar algo a la ciudadanía en modos colaborativos no siempre remunerados. Una manera distinta de ser ciudadano a la recibida (“Cada uno en su casa…”).

              Dice Col 3,23: “Todo lo que hagas, hazlo de corazón como para el Señor”.  El esmero, con toda su sencillez, puede ser un propósito de fe porque lo hecho para el Señor tiene el rostro de lo hecho para el hermano, sobre todo para el frágil. Se requiere  un continuado vigor interior para mantenerse en estos parámetros.

 

Desde Jesús

 

         Jesús ha puesto sumo interés en hacer el encargo del Padre que no es otro que la persona tenga vida (Jn 10,10-11). Ese interés amasado en un hondo amor le ha llevado a una cadena de entregas que ha culminado en el don de su propia vida. No ha sido Jesús un desganado que ha cumplido el designio del Padre a regañadientes. No ha sido un protestón que siempre se queja. Ha vivido con interés y total esmero de cara al bien de la persona.  Ha traslado a nuestra vida el amor esmerado que el Padre tiene con la historia (Jn 15,9).

         No ha sido un mesías displicente, lejos del pueblo, sino interesado por lo que ocurría en las humildes vidas de quienes andaban por los caminos. Esmerado con las situaciones de los excluidos (Mc 10,51). No exigía dinero, ni había protocolos para acceder a él. Su corazón estaba por entero orientado al bien del otro. Todo lo de los demás era para él como cosa suya. No era un funcionario sino alguien que ama, un familiar.

         Por eso podía decir que hay que tratar al otro con esmero y con cuidado hasta en los detalles. De ahí que llamarlo “imbécil” constituía un delito merecedor de la condenación (Mt 5,22). Esa “sacralidad” del hermano hasta en los detalles ínfimos es propia de Jesús de donde se deduce el esmero con que habría que tratar todo lo humano. Descreer de esto es peor que descreer de la fe en Dios.

         Él recurrió a un viejo remedio a la hora de tratar con esmero al otro: no hagas al otro lo que no quieres que hagan contigo (Mt 7,12 que ya viene en Tob 4,15). Porque uno siempre desea que le traten con esmero; pues del mismo modo habría que tratar a los demás.

         Quizá uno pueda ser tentado a abandonar este camino de la bondad y del esmero comprobadas las limitaciones y errores de la propia vida. Jesús dice que si somos capaces alguna vez de ser cuidadosos, “cuánto más” lo será el Padre del cielo con nosotros (Lc 11,13). Eso tendría que animarnos a reiniciar el camina, a resetearnos y subirnos otra vez al carro del esmero. Siempre hay posibilidad de un nuevo comienzo.

         Para obrar con esmero hemos de saltarnos el muro de las apariencias que quieren inducirnos a que no merece la pena ser cuidadoso. Jesús ha sido de esos que saben mirar más allá de ese muro (Mt 22,16). El engaño de las apariencias se supera con el trabajo esmerado y cuidadoso por acompañar y estar cerca de la vida de las personas.

 

Aplicaciones

 

         Los detalles, a veces, son decisivos. Lo que importa son los contenidos, pero la manera de decirlo, las formas también cuentan. El esmero tiene que ver con la fidelidad y con la correcta manera de tratar al otro cuidando, a ser posible, todos los detalles. Entrar como elefante a una cacharrería no facilita las cosas y aleja el corazón de la persona.

         El esmero ha de verterse con todos, con los de cerca y los de lejos, pero, sobre todo, con los de cerca. Si no se es capaz de esmerarse en la convivencia con los que viven bajo tu techo, ¿cómo te vas a esmerar con los lejanos? Es en el kilómetro cuadrado de tu vida habitual donde se ven o no los valores más sencillos y elementales.

         El esmero debería llevarnos a no tolerar conscientemente nada que esté mal hecho, aunque nos parezca que los demás no lo ven. Lo hecho con esmero está bien hecho, lo vean los demás o no. De ese esmero depende mucho la vida de los demás y también la propia. Lo hecho de cualquier manera ha tenido, a veces, consecuencias trágicas.

         El evangelio se empeña en decirnos que hemos de esmerarnos, sobre todo, en servir: ése ha de ser el campo privilegiado de nuestro esmero y dedicación. Quien se esmera en servir vive el seguimiento de Jesús y contribuye decisivamente a humanizar la vida. Los benefactores de la vida son quienes la sirven.

 

Oración

 

Estaba listo el banquete.
Se hacía la boca agua
al contemplar manjares
presentados con esmero.
Cada plato seducía
más que el anterior.
Había propuestas
para todo paladar.
Los invitados anticipaban
con la vista
sensaciones prometidas
en el festín ingente.
La cortesía duró un instante.
Se abalanzaron,
ansiosos, sobre el convite.
El ansia dio paso
a la desilusión.
Se miraron, decepcionados.
Nada tenía sal.
Si hubiera estado
no la habrían extrañado.
Pero sin ella
ningún sabor encajaba.

 

 

 

 

 

 

 

 

10

EL JUSTO DEBE SER HUMANO

(Sab 12,19)

 

Reflexión

 

         Llegamos a algo nuclear: si Dios hubiera obrado como lo hacen los dioses (según la mentalidad del AT) habría tenido que machacar a los enemigos de Israel (egipcios y cananeos). Pero no lo hizo porque obró con misericordia para enseñar humanidad. Dios ha procedido con humanidad, como alguien de buen corazón. El corazón de Dios es humano. Por eso mismo, quien tiene un corazón humano tiene un corazón como el de Dios.

         De aquí se deduce que la cuestión de humanidad es central para la vida y para la fe. Desde antiguo se ha entendido que el rostro de Dios se hace presente en el camino humano (Gén 33,11). Lo humano se convierte así en sacramento de Dios. Es un sacramento antropológico y existencial más que religioso.

         Por eso, la gran tarea de la espiritualidad y de la teología es humanizar a Dios, meterlo en camino humano. No se trata del vano intento de atrapar a Dios, sino de percibir la increíble decisión de Dios (decisión de amor) que es haber hecho su morada a perpetuidad en la casa de lo creado (Jn 14,21).

         Por eso mismo, cuanto más humano, más divino, algo que vale para el mismo Dios, para Jesús e, incluso, para el creyente. En tal caso, lo humano no es lo opuesto a lo divino, sino su aliado, el camino que le lleva a su verdad. Medir el vigor de la fe por el de la humanidad es una buena manera de hacerlo. Por eso mismo, ser seguidor de Jesús conlleva una opción decidida por la senda de lo humano. Abandonar lo humano es, por paradójico que parezca, la mejor forma de alejarse de un camino de fe.

Hay quien piensa que de todo esto se deduce un empobrecimiento de la vida cristiana. Al contrario, lo humano visibiliza el amor a Dios que es invisible. Desde siempre se ha entendido que si no es visible el amor al hermano cae sobre el pretendido amor a Dios un fuerte interrogante (1 Jn 4,20). Por eso, los trabajos de humanidad son los grandes trabajos de la fe.

 

Desde Jesús

 

         Jesús es un “nacido de mujer” (Gal 4,4). Ese es su “título” más básico. Por eso sabemos que Jesús es esencialmente un humano. Lo que se diga después ha de ser compatible con su ser humano. Más aún, en esa básica humanidad es donde hay que entender su filiación: es hijo porque es hondamente humano. Apartarse de tal pertenencia es negar lo más suyo.

         Caminó en los caminos humanos, en sus mismos escenarios, aunque fueran escenarios de debilidad (Lc 3,21). Participando de los caminos humanos aprendió humanidad. Esa fue su “escuela”. No fue un teórico, un filósofo, un erudito. Fue uno que practicó en su vida un comportamiento humano y así llegó a ser humano pleno. Y fue fiel a su ser humano, nunca lo negó, nunca quiso apartarse de él.

         Desde su experiencia de humanidad pudo elaborar la espiritualidad de lo humano, el hacerse “prójimo” del caído (Lc 10,25-37). No fue la suya una enseñanza teórica. Cuando decía “haz tú lo mismo” era porque él lo había hecho en su vida. Cuando hablaba de tratar a los samaritanos, a los excluidos, con respeto e igualdad, con humanidad, era porque él lo hacía (Jn 4,1ss).

         La vivencia de su humanidad, dentro de su vida de pobre, fue gozosa y desde ese gozo propuso su programa de dicha, las bienaventuranzas (Mt 5,4ss). En ellas se proclama el gozo de ser humano, más allá de limitaciones y penas. No encontraremos en el evangelio una frase de amargura contra la vida. Creemos que la entendió como don del Padre y siempre quiso cumplir el designio de Dios sobre su vida. Con razón decía que ese esa su “alimento” (Jn 4,34).

         Hemos de tomar en serio lo que dice Heb 4,5: “Como nosotros en todo”, incluso en el pecado (en la solidaridad con nuestro pecado), aunque fuera fiel. Su honda humanidad es la que nos hace ser hermanos y la que nos dice que podemos aspirar a la ser hijos como él (Rom 8,17).

 

Aplicaciones

 

         Podríamos hacer un enunciado: “Si humanos, cristianos; si cristianos, humanos”. Una fe sin humanidad no es la fe de Jesús; una humanidad sin fe pierde una enorme posibilidad de crecer en tal humanidad. Ambos valores son compatibles y se benefician. No es que una persona sin fe no sea plena. Pero la fe es un formidable cauce de humanización. O así debe serlo. Una fe deshumanizada no es la del evangelio.

         Ya lo decían los antiguos: “Nada humano nos es ajeno”. Todo lo que entre en el cauce de lo humano entra en el de la fe. Hacer una separación entre ambas realidades es algo que ha traído muchas disfunciones. Por eso, mezclar vida y fe es mezclar la semilla del evangelio y la tierra de la vida.

         El mismo Vat. II dice en GS 4 que hemos de llevar a la oración los gozos y esperanzas de los humanos porque esos son también los contenidos de la fe. Separar fe y vida, fe y humanidad, es hacerle un flaco favor a ambas. Rellenar el foso que se abre entre lo que se vive y lo que se cree es una tarea que siempre hay que hacer para que la hondura de tal foso desaparezca.

         De alguna manera, ayudarse en el camino humano es ayudarse en el camino de la fe. La vida eclesial, la vida comunitaria, puede tener esa hermosa finalidad: ayudarse a crecer en humanidad para ayudarse a crecer en fe.

 

Oración

 

Señor, danos entrañas de misericordia
frente a toda miseria humana.
Inspíranos el gesto y la palabra oportuna
frente al hermano solo y desamparado.
Ayúdanos a mostrarnos disponibles
ante quien se siente explotado y deprimido.
Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto
de verdad y de amor, de libertad,
de justicia y de paz,
para que todos encuentren en ella
un motivo para seguir esperando.
Que quienes te buscamos
sepamos discernir los signos de los tiempos
y crezcamos en fidelidad al Evangelio;
que nos preocupemos de compartir en el amor
las angustias y tristezas, las alegrías y esperanzas
de todos los seres humanos,
y así les mostremos tu camino de reconciliación,
de perdón, de paz...

 

 

CONCLUSIÓN

 

         Esta reflexión sobre el libro de la Sabiduría nos muestra que la Palabra, aun la del AT, sigue siendo palabra viva y eficaz (Heb 4,12). No son palabras muertas sino engendradoras de vida porque encierran la experiencia de creyentes que las han vivido antes que nosotros. Esa es su verdad que brota pujante cuando se las acoge.

         Además, para nosotros cosa importante, nos conectan con el Dios bueno y de humano corazón que es el Dios de Jesús (Mc 10,18). Nos lleva a profundizar y a amar al Dios tras el que anduvo Jesús y que fue el soporte de su vida. Nos hermana con Jesús en la búsqueda y el amor del Padre, dinamiza y hace viva nuestra fe.

         Es todo ello un soporte decisivo en estos tiempos nuestros marcados también por la inhumanidad en los grandes escenarios humanos y por la tentación de aislamiento en nuestras propias vidas. Leer y meditar los textos de Sabiduría es una terapia curativa de humanidad y de espiritualidad. ¿Cómo no agradecer sus límpidas y evocadoras palabras?

         Terminamos con un deseo de humanidad que formula bien la FT 8: “Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos”. Así sea.

 

Retiro Pascua 2025

¡ATRÁEME!

La resurrección de Jesús

como fuerza que atrae

 

         Por nuestra dependencia cultural, por nuestro aprendizaje religioso y por nuestra formación intelectual pensamos que los mecanismos de la fe son mayoritariamente intelectuales. Creemos tener fe porque tenemos ideas religiosas. Y, aunque muchas veces comprobamos que, teniendo tales ideas, nuestros comportamientos no se adecúan a ellas (“no hacen lo que dicen”: Mt 23,3) seguimos ese camino amenazado de esterilidad.

         Podríamos intentar y cultivar otra senda. Si abandonar el componente de la sensatez y de una indudable racionalidad, ¿por qué no ir construyendo una fe más antropológica, más enraizada en lo humano, más acorde con los dinamismos del ser humano? Esos dinamismos (dynamis siginifica “fuerza”) son fuerzas que nos habitan, que nos empujan y nos organizan la vida. No sabemos muy bien de dónde brotan ni a dónde nos llevan. Pero están ahí bullendo en nuestro interior. ¿Por qué no mezclar la espiritualidad con tales dinamismos?

         Quizá desde ahí podríamos entender la resurrección de Jesús con un punto de novedad. Ésta puede ser considerada como un “atractor”, algo que atrae y que va construyendo un orden nuevo, una realidad distinta en quien se siente atraído. Es una fuerza cada vez más imparable que lleva a mirar la realidad de manera mueva y que va cristalizando en tomas de postura vitales sencillas pero concretas en una determinada dirección. Le lleva a uno a vivir lo diario con un brillo distinto, con un horizonte que antes no tenía, con una fuerza que le anima a no tirar la toalla. No es fácil decirlo, pero se quiere escapar de un “historicismo resurreccional” que, al final, no ilusiona, no enardece, no motiva cambios reales.

         Puede que estas expresiones nos resulten más lejanas, frías e inservibles que las heredadas en los viejos parámetros historicistas. Pero la intención es la de intentar un planteamiento algo distinto sobre aquello que consideramos el núcleo de la fe.

 

1.  Atráeme al remolino de tus pasiones

 

         Recurramos a los poemas apasionados, que de pasiones hablamos cuando queremos acercarnos a la luz de la resurrección. Este texto es de “la negra” Rodríguez (cantaora y bailaora española fallecida en 2018):

 

Atráeme al remolino de tus pasiones. 

Abrásame  en tus llamas, sé mi pira.

 Yo soy el papel que se consume.

 Dame el calor de tu piel  dame tu fuego.

Y luego de haberme sometido a tus deseos

¡Ámame intensamente!

 

  • Atráeme al remolino de tus pasiones: Una vivencia fría de la resurrección puede tener su valor, pero no está en el núcleo. Porque cuando se habla de resurrección más que de una vida del más allá se está hablando de un torbellino de pasiones del más acá. Sin sentir esa pasión no se le puede ver “vivo”.
  • Abrásame en tus llamas: porque también es eso: un fuego abrasador, una hoguera que consume., un “pira” en la que solamente quedan las cenizas del verdadero amor, lo último, lo más verdadero de uno mismo. Estamos hablando de extremos.
  • Papel que se consume: una vez que arde, se volatiliza, desparece en esa unión con el fuego que le lleva a otra dimensión, a otra morada, la fusión del amor.
  • Dame tu fuego: esa es la plegaria de la resurrección: hacer parte de ese fuego que anida en el cimiento de lo humano, el fuego incombustible del resucitado.
  • ¡Ámame intensamente!: la intensidad del amor del resucitado lo hace ser distinto, fundamental, profundo. Otra categoría de amor, otra manera. Eso es lo que cambia la mirada y el corazón.

 

2. La casa se llenó de la fragancia del perfume: Jn 12,1-8

 

«Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando. Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis» .Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no solo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús».

 

         La liturgia pone este texto en relación con la pasión de Jesús. Por eso se lo lee en el lunes santo. Pero también puede leerse en relación con la resurrección. De manera anticipativa, se quiere decir algo de lo que el lector, de manera especular, capta cuando lee el pasaje.

         Así es: este texto puede leerse teniendo como trasfondo el Cantar de los Cantares y, desde ahí, la belleza del resucitado aparece con fuerza.

  • El Cantar comienza con un grito de enamorada: “Arrástrame” (Cant 1,4). Estamos hablando de un torrente que arrastra (Cant 8,7), de un tornado que se lleva todo por delante. De aquella cena aparentemente apacible, surge el huracán de María, la pasión, que parece que no estaba contemplada y que se adueña de la situación. Al final, lo que se narra no es la cena, sino la unción de María y su volcán.
  • Porque el nardo es perfume que se derrama “mientras el rey estaba en su diván” (Cant 1,12), escena de amor ante el “reclinado” Jesús. El nardo “despedía su perfume” (Cant 1,13). La potencia del nardo refleja bien el volcán de amor que hay en María, perfume envolvente que “llena la casa de fragancia”. Perfume de vida, de amor, no de muerte (se apunta a una muerte con un lenguaje de vida).
  • El cabello no seca nada, pero es tiene un significado amoroso en la mujer de primera magnitud. Dice Cant 7,6: “en tus cabellos de oro ha quedado cautivado el rey”. No solamente ha “secado” los pies, sino que Jesús ha quedado cautivado por los cabellos de María. No podemos entender en la escena a un Jesús “impasible” (nunca se ha puesto ahí el acento).
  • Una libra de perfume de nardo es una barbaridad (327 gr.), lo que evoca la desmesura del amor de María. No solo quiere ungir los pies, sino que, de algún modo, quiere que la comensalía sepa de su amor como la esposa quiere que se sepa de su amor (Cant 5,8).
  • Dice que le ungió los pies: que una mujer toque los pies de un hombre es inverosímil. Pero aquí el osado amor toca los pies de quien “viene saltando por las colinas” (Cant, 2,8), de quien es el amor. El uso del nardo para los pies es igualmente inverosímil. Locuras de amor.
  • Desde esta perspectiva, el asunto de Judas en relación con los pobres se vuelve secundario y casi intranscendente: lo decisivo es entrar en el torbellino del amor de Jesús (eso es la resurrección) y una propuesta de economía igualitaria surgirá, hará parte del mismo acto de amor y de justicia.

 

3. Ahondamiento

 

  • Una fe nueva: esa es la fe desde la perspectiva de la resurrección. Siendo realistas ¿es posible una fe nueva? ¿Esa novedad es compatible con la historia de la fe? No lo sabemos. Pero sí sabemos que vivir la fe desde el rollo cansino de siempre es algo que fatiga y que esa fatiga lleva a la irrelevancia y al amuermamiento cuando no a la malcreencia. ¿Dónde encontrar arrestos para lo nuevo? ¿En qué fuente beber para que su agua nos sepa a nuevo? ¿Se puede aspirar con sensatez a algo de esto o hay que abandonarlo ya? Tal vez el hacerse preguntas pueda ser un inicio hacia ese deseado país de la novedad.
  • Una propuesta atrayente: visto el comportamiento religioso de los cristianos en nuestros lugares creemos que hay que concluir que no existe el interés por una propuesta nueva; es suficiente con la de siempre (y si se puede ir un poquito más atrás, mejor). Un sector minoritario parece desear otro camino. ¿Merece la pena hacer parte de ese sector y seguir intentando presentar de una manera atrayente, racional, sensata y espiritual a la vez, otro tipo de vivencia de la fe? ¿No es darse contra un muro? ¿No tiene nada que decir a esto eso que denominamos como novedad de la resurrección? ¿Es posible esa novedad sin que nada cambie? ¿Ha cambiado algo la Iglesia en los 10 últimos años? Mientras tanto, celebramos la resurrección de Jesús año tras año diciendo que es una celebración nueva (“noticia que llega siempre y que nunca se gasta”: himno de laudes del domingo I semana).
  • Deslumbrados: de ese modo debería dejarnos el resplandor de la Pascua, deslumbrados. ¿Qué es lo que nos deslumbra, que da brillo y luz a nuestra mirada? ¿Cómo conjurar la mirada cansada de la resurrección? ¿Cómo mirar con ilusión a Jesús aunque los años se vayan acumulando en cantidad? ¿Cómo vivir la experiencia cristiana sabiendo que es una suerte? ¿Cómo entender el evangelio como algo que me hace bien, cosa así de simple? ¿Puede contagiarse el deslumbre de Jesús?
  • Mística: eso puede ser la resurrección: una mística. La mística tiene que ver con la intuición, lo indecible. Es lo que bulle dentro, el sentido, los dinamismos de los que antes hablamos. Atañe a aquello que es difícil entregar porque se desconoce casi todo de él. Pero es la razón para levantarse cada día con buen ánimo, agradeciendo el regalo de vivir y respirar. ¿No está la resurrección en el fondo de todo eso? ¿No podría contribuir la espiritualidad de la resurrección a soplar en las cenizas de nuestro ser místico y a darle nuevo impulso?

 

 

4. Una perspectiva social

 

         Puede que estas valoraciones nos empujen a un alejamiento de lo cotidiano. Nada más lejos de la espiritualidad de la resurrección. Esta puede tener una dimensión social.

  • La resurrección y la paz: ¿Cómo hablar de la hermosura de la resurrección, de su envolvente atractivo cuando siguen cayendo las bombas en las calles de Kiev o de Sumi, cuando los palestinos de Gaza y Cisjordania están un poco más machacados (¿más todavía?), cuando en el Congo la violencia sube de nivel o en Yemen la destrucción es continua? ¿Para qué sirve recordar la resurrección de Jesús? Para que no muera la malherida esperanza, para que sigan adelante los grupúsculos que en esos mismos lugares siembran la paz y la sensatez, para que no tiren la toalla los misioneros y misioneras que hacen lo que pueden en esos infiernos, para que no desaparezca del todo la sonrisa de los niños de esas regiones sacrificadas. Aunque estén al borde de la ruina, que no muera la esperanza.
  • La resurrección y la buena relación: la muerte de Jesús fue injusta, pero supuso un beneficio para la buena relación porque para no pocas personas ha sido una orientación de vida: han entregado su vida por los demás. Como Él. Por eso, su resurrección es el triunfo de las buenas relaciones, de los esfuerzos para que los humanos podamos vivir un día como hermanos. Quizá no nos demos cuenta, pero la resurrección de Jesús es un beneficio social. Muchos se han visto atraídos por ella y eso  ha generado mucha entrega en la historia humana. A veces no sabemos de dónde brota el deseo de entendimiento entre los humanos. Quizá la resurrección de Jesús sea una de sus fuentes secretas.
  • La resurrección y la integración social: la muerte de Jesús fue un acto execrable de exclusión y su resurrección la otra cara de la medalla: la integración profunda de los excluidos, la certeza de la legitimidad de sus derechos, la inapelable verdad de que las lágrimas de los excluidos no se vertieron en vano, aquellos que, como decía Nicanor Parra del Cristo de Elqui “entregaron su vida como Él en holocausto por un mundo mejor”. Murieron en el desamparo, pero no estaban desamparados.
  • La resurrección y el respeto: porque seguimos queriendo “medir” el atractivo de la resurrección de Jesús en épocas de avasallamiento, bulos, grandes menosprecios internacionales, pasmados ante le desacato de los poderosos, sorprendidos de la falta de entendimiento y, mirándonos a nosotros, incapaces de ser educados y respetuosos con quien no piensa o vive como nosotros. Una resurrección avasalladora no es la de Jesús. Y esa no puede atraer a nadie porque el desdén, la ridiculización y el machaque del otro no son caminos de resurrección, sino sendas que llevan al descalabro humano. Una resurrección para el cuidado y el respeto entre las criaturas. Ahí radica parte del atractivo de la resurrección.

 

 

5. Una imagen

 

         Acompaña a esta reflexión una viñeta: es un cuadro de la pintora vallisoletana Belén Sambucety. Quizá no sea una gran obra maestra, pero ilustra muy bien lo que queremos decir: la playa, el mar y el cielo son tres niveles de luz. Eso es lo que atrae a la niña que mira el mar, tiene encima el cielo y los pies afincados en la playa. Toda envuelta en luz que se trasluce a su luminoso vestido. Mirar la luz, sentirse envueltos por ella, pertenecer a un misterio que está más allá de cualquier tú. Atraídos y dichosos, envueltos y luminosos, haciendo parte de algo que nos trasciende. Maneras torpes de decir que lo que nos atrae es lo que nos compone.

 

Conclusión

 

         Siempre nos deseamos que la Pascua no pase en balde. Es el tiempo central de la fe. Que no se diluya, que no pase inadvertido, que escuchemos los pasos quedos del Jesús que hace camino con nosotros. Que el recuerdo de Jesús resucitado sea tan vivo como siempre y, si se puede, un poco más. Que algo se conmueva por dentro y que se exprese por fuera.

Hacemos nuestra, para terminar, la vieja plegaria de Anselmo de Canterbury: «Te ruego, Señor, que me hagas gustar a través del amor lo que gusto por medio del conocimiento; haz que sienta a través del afecto lo que siento por medio del intelecto. Señor, atráeme por completo a tu amor. Mi corazón está ante ti, oh Señor; se esfuerza, pero no puede solo: te ruego que me suplas. Introdúceme en la celda de tu amor: te lo pido, te lo suplico, llamo a la puerta de tu corazón. Y tú, que me haces pedir, concédeme recibir. Tú, que me haces buscar, haz que te encuentre».

LA ESPERANZA CRISTIANA Y SUS DESAFÍOS

LA ESPERANZA CRISTIANA Y SUS DESAFÍOS[1] 

 

            El tema de los desafíos de la fe es recurrente, tanto a nivel de reflexión teológica[2], de Magisterio[3] e, incluso, como es el caso, de comunidades cristianas. Parece que la vida cristiana experimenta un revulsivo cuando se la desafía, cuando desafía. ¿Una fe desafiante y desafiada es más activa? Esa es la cuestión.

            Hay cristianos que desafían desde la literalidad del término “cristiano”: hablan de “raíces cristianas”, de “reconquista” y, desde ahí, desafían públicamente a la recuperación de unos supuestos valores que reafirman sus posturas violentas y excluyentes. Son la antítesis de lo cristiano, su vergüenza[4]. Los hay también quienes elaboran teorías sobre los desafíos y retos de la fe. Son útiles, pero su peligro es su ineficacia[5]. También hay quien acepta retos y, desde el compromiso más arriesgado, se convierte en desafío humanitario y creyente, aunque no ocupe ni un minuto de un telediario[6].

            La estructura eclesiástica se siente, casi siempre, más desafiante que desafiada, aunque cada vez menos personas se den por aludidas ante su reto[7]. La base de la misma Iglesia se siente más desafiada que desafiante y acepta el desafío aunque muchas veces no sabe cómo responder a él.

            No está de más que, como dice el evangelio, haya que sentarse a reflexionar si «bastarán diez mil hombres para hacer frente al que viene con veinte mil». Una propuesta de reflexión puede hacernos más cautos y aguerridos a la vez para afrontar y desarrollar los desafíos de la vida cristiana[8].

 

1. Los desafíos que nos aguardan

 

            Antes de lidiar con los desafíos concretos en cuyo punto de mira estamos, quizá sea útil recurrir a la gente que piensa, a quienes nos ayudan a entender lo que pasa y lo que nos pasa. Lo haremos de la mano del filósofo D. Innerarity[9]. De este autor entresacamos los desafíos que, en general, podemos considerar como inapelables:.

  1. 1.      El desafío de la aceleración: La aceleración «explica el desfase enorme que se está abriendo entre el ritmo trepidante de las cosas y nuestra capacidad para comprenderlas y organizarlas». ¿Cómo solventar el reto de adaptarse adecuadamente a lo que viene?[10]
  2. 2.      El desafío de la incertidumbre: Se trata de encajar el desafío de «aceptar que hemos de tomar cada vez más nuestras decisiones sin disponer de una información completa».  Aceptar desafíos tiene que ver con la intemperie, con saltos en el vacío en lo que uno no sabe si va a caer siempre de pie[11].
  3. 3.      El desafío de conocimiento: Es preciso invertir en conocimiento abandonando vagas apelaciones moralizantes. Necesitamos «conceptos adecuados, diagnósticos certeros y saber experto»[12].
  4. 4.      El desafío de la sostenibilidad: Porque lo que hacemos hoy tiene repercusiones en el futuro ya que «no basta con hacer las cosas bien, sino que es necesario anticipar un juicio futuro»[13].
  5. 5.      El desafío de la pluralidad: Cada vez queda más claro que «los modos jerárquicos y verticales de organizar la convivencia son inapropiados para sociedades de inteligencia distribuida… son de muy escasa utilidad las órdenes sin legitimidad o las instituciones políticas que impliquen verticalidad y sumisión».[14]
  6. 6.      El desafío de la complejidad: La simplificación deliberada parece ser más efectiva y goza hoy de predicamento. Pero «los enfoques binarios, simplificadores y fuertemente ideologizados se revelan completamente inadecuados para llevar a cabo las grandes transformaciones que suponen la elaboración de diagnósticos compartidos, negociaciones entre muchos actores y estrategias complejas de transición». Pero la complejidad no puede ser un freno, sino un acicate.
  7. 7.      El desafío de la inclusión: Puede que este reto sea cuádruple, las cuatro democracias: «Democracia transnacional, democracia intergeneracional, democracia paritaria y democracia ecológica»[15].
  8. 8.      El desafío de la interdependencia: Al cual recurren con frecuencia los documentos del Magisterio[16]. Es algo que depende de la emergencia de los bienes comunes donde «las lógicas de competición tienen que ser sustituidas por juegos de cooperación»[17].
  9. 9.      El desafío de la apertura: El antagonismo izquierda/derecha va a ser sustituido por el de abierto/cerrado. «Aunque ahora vivamos un momento de repliegue, la tendencia a la cerrazón es mucho más débil que los beneficios de una apertura bien gestionada»[18].

10.  El desafío de la protección: Parece que estamos obligados a elegir entre globalistas y proteccionistas. «No conseguiremos superar este momento en el que parecen ganar los partidarios de lo cerrado con la exclusión del otro y la maximización del propio interés, mientras no construyamos una sociedad que cuide y proteja»[19].

 

2. Actitudes para elaborar desafíos

 

            Elaborar desafíos demanda un tipo de actitudes que hagan posible esa tarea. Ocurre, a veces, que, al no tenerlas, los desafíos pasan por alto o se convierten en pesadillas insolubles que amargan la vida. La lógica consecuencia es el rechazo. Pero si obran algunas actitudes elementales de acogida, la posibilidad de que el desafío se convierta en un impulso de vida es más accesible.

1)      La flexibilidad: es un elemento imprescindible. A la rigidez no le interesan los desafíos, sino que las cosas sigan como siempre y, si es posible, que sigan como en tiempos antiguos que son los que más benefician al sistema. Los desafíos desinstalan, sacan de la zona de confort, inquietan. Es el precio que hay que pagar. Con frecuencia, apuntan a la desinstalación porque anida en ellos la semilla de la justicia[20]. Muchos desafíos quieren sembrar algo distinto para no cosechar lo de siempre[21].

2)      La empatía: es difícil hacerse eco de un desafío de hoy si no se tiene empatía con la sociedad de hoy. Desde una mentalidad negativizadora se hace muy difícil escuchar desafíos y, menos todavía, lanzarse a la aventura de intentar ponerlos en pie. A quien todo lo de la sociedad de hoy le parece mal, también le parecerán mal los desafíos que acompañan al camino evolutivo de tal sociedad. Posicionarse en contra por principio, lleva incapacitarse para la escucha de los desafíos sociales y, más todavía, para liderar algunos de ellos. No se trata de contemporizar sin más, sino de sentirse afectado por el tiempo en el que se vive, por sus luces y sombras[22].

3)      La escucha: es imprescindible para acoger desafíos. Si no se comienza por escuchar difícilmente se dará un espacio a la utopía del desafío. Ha de ser una escucha no displicente, sino interesada, “amante” dice el Papa, poniendo lo que uno es a la hora de escuchar[23]. Y habrían de ser escuchados no solamente los desafíos cercanos, los que más nos tocan, sino también los lejanos, los que afectan a la globalidad de los humanos[24].

4)      La perseverancia: como se habla tanto de desafíos, puede que lleguen a cansarnos sin siquiera escucharlos, sin haber intentado ponerlos en pie. Nos cansamos de escucharlos, pero sin vivirlos. La perseverancia es entonces necesaria. No es terquedad, deseo de molestar, sino nque es la actitud resiliente de quien sabe que solamente insistiendo nos podremos acercar a lo soñado. Insisitr un poco es imprescindible para que los desafíos encuentren hoy un eco en nuestra sociedad[25].

5)      La honestidad: imprescindible porque, sin honestidad, la propuesta de desafíos se vacía de sentido y enmudece[26]. Los desafíos son más que un asunto ideológico un tema ético. Si la ética se resiente, el desafío pierde fuelle y se vuelve algo rechazable. Se podrían hacer desafíos aunque el componente ético estuviera limitado y fallara, siempre que se reconozca ese fallo y no se quiera vender un desafío desde una honestidad que no existe.

6)      La bonhomía: e incluso un cierto talante festivo, si se puede. Los desafíos se refieren a problemas muy agudos y, con ellos, pocas bromas. Pero presentar un desafío con el deseo previo de amargar es exponerlo al rechazo. La bonhomía no es una banalización ni una falsa euforia. Es, aun reconociendo lo crudo de los problemas, la certeza de que trabajando se puede encontrar soluciones a lo planteado o a parte de ello. Y que, por lo mismo, el tratamiento de un desafío no tiene por qué dejar un regusto amargo en la vida de la persona.

 

3. “Tienen orejas y no oyen” (Sal 135,17)

 

            Para que el desafío funcione es preciso comenzar por escucharlo. A veces se acumulan los impedimentos. Al estar muy embebidos en los asuntos religiosos, pasa desapercibido el desafío que se ancla en el hecho social[27]. Lo impide también el viejo problema del lenguaje religioso: se cree como se habla; si no se cambia el lenguaje, los desafíos no suenan a nada[28]. Se bloquea la posibilidad de hacerse eco de cualquier desafío si el nivel de empatía es bajo, si ente los graves problemas de la fe toma parte automáticamente por el sistema eclesiástico y su defensa[29]. Todo un entramado que impide que suene el desafío proponiendo “buenas nuevas” que no lo son para el ciudadano de hoy sino que pertenecen a un mundo religioso casa vez menos frecuentado.

            Para escuchar cualquier desafío es preciso salir al terreno de quien lo propone, animarse a frecuentar la intemperie como quien sale de su zona de confort, quien no se atrinchera la perspectiva de siempre, de quien no encuentra sino los argumentos conocidos[30]. Es preciso exponerse al viento de la secularidad, situándose, incluso físicamente, “fuera del templo”, que es donde vive la persona secular.

            En definitiva, y por muy teórico que suene, la mejor forma de escuchar los desafíos de hoy, sean cuales sean, es situarse, lo más posible, en las “afueras” del sistema eclesiástico porque dentro de él es complicado no solamente responder a los desafíos sino, simplemente, escucharlos[31].

 

4. Cuando ya pocos arrojan el guante

 

            Los desafíos a la comunidad cristiana que provienen de la sociedad, aparte del recurrente y nunca escuchado sobre los bienes de la Iglesia, son cada vez menores no solamente porque muchos creen que no es instancia creíble, sino por el fenómeno de la “fe esfumada” que vuelve a la Iglesia cada vez más irrelevante. ¿Qué ha pasado con la religión en Europa? Como se dice vulgarmente, se ha ido por el sumidero. Es creciente el número de conciudadanos en cuyas vidas no cuenta para nada ni la fe, ni lo trascendente, ni siquiera lo religioso. El componente religioso se ha “esfumado” como la niebla bajo el sol. Y, generalmente, sin violencia, de manera civilizada, sin recurrir a viejos esquemas anticlericales.

            Para una parte de la ciudadanía la Iglesia que en otro tiempo fue instancia de transformación social ya no lo es, si exceptuamos organismos como Cáritas[32]. Cuando se piensa en un problema social, la desigualdad por ejemplo, no se mira en la dirección de la Iglesia a la que se juzga aliada con el sistema neoliberal. En otros temas, como los grandes desafíos morales y éticos, se le considera como una rémora. El guante de los grandes retos sociales no es para la Iglesia.

            Facilitaría mucho la cosa si la Iglesia mitigara su tradicional posición de adoctrinamiento. Una parte creciente de la ciudadanía piensa que la Iglesia no es quién para proponerse como modelo de quien acoge desafíos y de quien está autorizada para lanzarlos. Se necesitaría una buena dosis de modestia institucional para renunciar a una cátedra que la sociedad no otorga. Y si aún quedan resabios de superioridad moral, visto lo que está cayendo, deberían ser abandonados lo más pronto posible[33].

            Aun con todo lo dicho, la Iglesia podría encontrarse en una plataforma común con la sociedad a la hora de afrontar los grandes desafíos sociales. Esa plataforma no podría ser otra que el trabajo social a favor del débil. Para ello, como decimos, necesitaría descentrarse de sus problemas internos para acoger con decisión problemas de otros porque la respuesta que se da ante el sufrimiento del otro es lo que puede hacerle a la Iglesia sujeto moral[34].

 

5. Jesús, el desafiante desafiado

 

            No se puede deducir de los evangelios que lo de Jesús fuera una propuesta desafiante. Más allá de algún momento puntual, el suyo fue, si se puede decir así, un desafío moral y existencial sin ira[35], muy lejos de figuras como Elías, el terrible[36]. Era un desafío que se convertía en una interpelación personal: «¡Anda, haz tú lo mismo!»[37]. Por eso, la vida de Jesús es propositiva, no desafiante como tal[38].

            La propuesta de Jesús está constituida por sus más hondas utopías: que el sufrimiento de los pobres tenga fin algún día cuando sean acogidos al banquete de la vida al que tienen derecho[39]; que sea la razón compasiva la que pueda decidir sobre los asuntos humanos[40]; que el perdón llegue a ser un componente que ordene la vida social, no solamente las relaciones personales[41]; que la jerarquizada sociedad llegue a ser una sociedad democrática, igualitaria, fraterna[42];  que el servicio al otro sea el distintivo de lo humano y de lo evangélico[43]; que la mansedumbre sea un valor de humanidad, no de debilidad[44]; que alguien recoja las lágrimas de los pobres para que desaparezca de la tierra su lado más inhumano[45]; etc.

            Es una propuesta desafiante desde el no poder, por más que eso parezca un oxímoron. Jesús cree en la fuerza del no poder, en el potencial de los pocos, en la fuerza de lo secreto[46]. Los desafíos no encuentran su fuerza en el número o el poder de quienes los propone, sino en su capacidad para transformar la vida de los humanos. Y cuando se sitúa el reto en el terreno del no poder la fuerza de su verdad no merma, sino que aumenta.

            Podría parecer que la injusta y cruel muerte de Jesús negó el valor y la fuerza de su propuesta, que esta tuvo el sello de un fracaso. Pero no fue así: su muerte fue el impulso que le hizo renacer de sus cenizas. Se puede explicar la pervivencia de la experiencia cristiana como la confluencia de un conjunto de variables sociales que han hecho que el cristianismo fuera, hasta hace no mucho, la fuerza social y política que configurar la cultura occidental. Pero quizá no se trata solamente de eso. Tal vez también sea que la propuesta de Jesús hecha desde una honda humanidad por una razón de humanidad contenga dentro la mística del futuro, de la utopía, de la plenitud de dicha sembrada en los pliegues del alma[47]. Que las fuerzas sistémicas presionen sobre estos planteamientos para desactivarlos no hace sino reforzar la evidencia de su valor. Los desafíos del evangelio no engendran enemigos excepto en los alejados de la senda de lo humano.

 

6. Los desafíos de hoy desde la perspectiva de la Iglesia

 

            La posición oficial la encontramos de modo explícito en el capítulo II de la Evangelii Gaudium (nºs 50ss). Es una catequesis de gran fuerza tanto en  su contenido como en su forma. Pero su debilidad es que es “para otros”. El discernimiento parece que no cuenta con  los comportamientos de la misma estructura eclesial. Eso hace que la catequesis se debilite y se desautorice. ¿Podría escribirse un documento desde otra perspectiva catequética? Creemos que sí. Y lo consideramos necesario porque una catequesis sin autocrítica se convierte en un desprestigio. Tomemos tres ejemplos.

1)      El desafío de la economía: a la que, con toda razón, denomina el documento “economía que mata”: «Así como el mandamiento de “no matar” pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir “no a una economía de la exclusión y la inequidad”»[48]. Pone el dedo en la llaga: la economía que mata genera inequidad (no recibe amparo el más necesitado) y exclusión (se ve como algo natural que muchos no tengan parte en el banquete de la vida). Esto habría de llevar a la Iglesia institucional a revisar sus protocolos de actuación económica (IOR[49]) y sus prácticas (prebendas de cardenales, tema de las inmatriculaciones, prácticas jubilares recaudatorias, acuerdos estatales de privilegios económicos a la Iglesia, potencial económico “oscuro” de los grupos religiosos, etc.). Hay que reconocer que la Iglesia tiene una gran tarea pendiente y que eso mediatiza su apuesta por el desafío de una economía de componente humano. La “globalización de la indiferencia” que está a la base se combate apoyando con decisión la línea solidaria de la estructuras de Iglesia[50].

2)      El desafío de la indiferencia relativista: en esta cultura «donde cada uno quiere ser portador de su propia verdad subjetiva…los cristianos insistimos en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos mutuamente a llevar las cargas»[51]. ¿Es esto realmente creíble? ¿Por qué, entonces, esta propuesta de humanidad es cada día más abandonada? ¿Ha descubierto el cristiano de a pie su compromiso real con la comunidad cristiana o siente que no le es necesaria para su identidad creyente? Se combate el relativismo de quien se aparta de la fe. ¿Y ese otro relativismo de quien se dice cristiano?

3)      El desafío de la cultura urbana: lo urbano configura el tiempo presente[52]. En línea con el documento se pregunta cómo desvelar la presencia de Dios en lo urbano. No se cuestiona la densidad del componente humano de la cultura, sino su lado religioso, el que sea «un lugar privilegiado para una nueva evangelización»[53].  ¿Puede acogerse un desafío de manera constructiva con el principio previo de que lo que nos interesa es su evangelización? ¿Cómo se entendería el desafío si el principio previo fuera, simplemente, lo humano?[54] No podemos evitar los numerosos desafíos lanzados por EG se tambaleen no solo por las dudas de un cristiano, sino por los simples interrogantes de un planteamiento humano. Causa un cierto pesar que a 11 años de la publicación de EG el lugar para sus desafíos en la vida de los cristianos sea su desconocimiento o su simple olvido.

 

7. Desafíos impensados

 

            Dentro del amplio espectro de los desafíos hay algunos que impensadamente, por el simple devenir de los días, se van convirtiendo en retos de hoy mismo. No suelen ser decisivos, pero sí ilustrativos. Hablando de desafíos quizá sea interesante fijarse en ellos.

1)      Desafíos económicos:

  • Las placas solares: mira uno a vista de dron las ciudades y aun los pueblos y descubre, cada vez más, que los tejados se van cubriendo de placas solares productoras de energía doméstica. Se ve que es rentable económicamente[55]. Quizá por esa razón se van colocando en muchas viviendas. ¿No cuenta algo la conciencia ecológica, la certeza de que esa energía “limpia” es una alternativa para las energías convencionales siempre contaminantes en una medida u otra?
  • La venta de armas por los bancos: es un aspecto que no representa aún un verdadero desafío: muchos tenemos una cuenta en un banco que, entre sus actividades económicas, cuenta la venta de armas. Aceptamos el desafío de la paz y somos impasibles ante quien, con nuestro dinero, cultiva un negocio de muerte[56].

2)      Desafíos políticos:

  • Una nueva ONU: hasta los mismos Papas lo han pedido a veces: se necesita un nuevo organismo que regule las relaciones internacionales[57]. Aun reconociendo su labor, la ONU, que responde más a los parámetros de después de la II Guerra Mundial, tanto por su formación de base (derecho a veto) como por su ineficacia práctica está demandando otro tipo de organismo. No será fácil porque, a pesar de la indudable globalización, prima todavía una mentalidad nacionalista que será muy difícil de transformar. El desafío está ahí, aunque no la solución
  • La superación de la rivalidad deportiva nacional: el deporte es un valor transversal en la realidad humana que lo impregna todo. Así lo hemos visto en las olimpiadas de Paris de 2024. Por unos días quedan aplazadas las luchas internacionales y los mismos conflictos armados. Pero la rivalidad internacional sigue siendo un dinamismo primordial en la competición. Dado que tal dinamismo no se halla en las competiciones de carácter nacional, podría lanzarse un tipo de olimpiadas de carácter netamente deportivo donde el dinamismo nacionalista no estuviera presente. Un reto así contribuiría a una globalización más real. Lo que hoy resulta imposible, quizá pueda serlo en el futuro.

3)      Desafíos de género:

  • Las nuevas masculinidades: la igualdad de género no va a lograrse por un simple deseo. Al ser la desigualdad algo arraigado en el gen de lo humano, se requieren para su tratamiento terapias combinadas. Una de ellas podría ser la práctica generalizada de formación con los llamados “Cursos de nuevas masculinidades”[58]. Esto se hace ya en modo de cursos terapéuticos que logran crear conciencia entre los hombres en orden a cambiar la perspectiva con que se enfoca el tema de las relaciones hombre-mujer.
  • El reparto de tareas: aún hay mucho trabajo que hacer porque las tareas, lo que hacemos, nos define. Dicen ciertos sectores feministas que el único avance de estos años en materia de igualdad es que los hombres creen que hacen más, aunque no lo hacen[59]. Y por eso afirman que es “en el fregadero” donde se muestra el nivel de igualdad real.

4)      Desafíos para cristianos:

  • Parroquias no territoriales: el Código de Derecho Canónico dice explícitamente que «como regla general, la parroquia ha de ser territorial, es decir, ha de comprender a todos los fieles de un territorio determinado»[60]. Pero el Catecismo de la Iglesia Católica afirma que «la parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio»[61]. Esto daría pie a pensar en otro modelo de parroquia más allá del ámbito territorial, un modelo que tenga como ideal el de una comunidad cristiana relacionada por vínculos de vida cristiana más que por lazos geográficos. Podría ayudar a aproximarse al sueño de la comunidad de fe que anhela el evangelio[62]
  • Una VR no canónica: hoy por hoy, todos lo sabemos, la VR es canónica, es decir, una realidad aceptada por la iglesia y sancionada por su legislación. Sin ambas cosas, la VR no sería posible en términos teológicos y prácticos. Por eso mismo, solo pensar otra realidad estructural para la VR es, para casi todos, una tarea inútil por absurda. Pero si la traemos a esta mesa de la reflexión es porque algo nos dice que el futuro de la VR, que muchas veces se concibe como “otra cosa”, pasa por trabajos reflexivos que, hoy por hoy, puede que sean palos de ciego, pero quizá acarree materiales para otro edificio.

           Las preguntas brotan directas: ¿Necesita la VR, la vida en seguimiento de Jesús, una sanción canónica para tener sentido? ¿No conlleva una pesada carga de obligaciones jurídicas el estar sometido al Derecho lo que dificulta un seguimiento verdeante y luminoso? ¿No ponen las leyes canónicas en riesgo la identidad última de la VR, su contenido profético?  La VR es una vida en seguimiento explícito en el seno de la comunidad cristiana. Para ese cometido ¿es necesario el amparo y el sometimiento a una estructura eclesiástica? Las preguntas se agolpan[63].

 

CONCLUSIÓN

 

            El mundo de los desafíos es una realidad emergente y por ello nunca llega a consolidarse del todo. Es el lento caminar hacia un horizonte que nunca se alcanza plenamente. Es material de la misma pasta que la utopía y los sueños[64]. Por ello es necesaria la creatividad y la paciencia, ambas juntas.

            Queda muy claro que tanto la propuesta como la acogida de desafíos depende mucho de la calidad ética de quien los hace y quien los acoge. Si el componente ético está debilitado, los desafíos corren el riesgo de caer en el vacío. Si está fuerte, tienen más posibilidad de llegar a cuajar. No obstante se podría decir que también con un componente ético débil se pueden formular desafíos, siempre que se reconozca tal debilidad y no se quiera engañar alardeando de lo que no se tiene.

            Cuando se anda por caminos inciertos se depende mucho de la actitud cordial. Si un desafío entra en el corazón tiene muchas más posibilidades de tomar cuerpo. Si el corazón está cerrado a la par que la mente, el desafío se queda fuera. Por eso mismo, antes que solucionar desafíos hay que pensar en acogerlos.

            Los desafíos puede tomar una triple dirección: desafíos que se proponen a otros desde la propia perspectiva (es la dirección del Magisterio); aquellos que apuntan a la propia y exclusiva persona porque afectan a situaciones personales; los que se plantea la misma sociedad de la que uno hace parte. La multiforme realidad de los desafíos hace que vayan en muchas direcciones a la vez. Todas ellas están imbricadas.

            De cualquier manera, el mundo de los múltiples desafíos que nos lanza la sociedad de hoy tendrá eco si se enmarcan en una ciudadanía activa[65]. La desconexión ciudadana va acompañada de un desinterés evidente hacia cualquier desafío y la vida cae en la grisura del consumo, de la banalidad y de la desconexión. Desde ahí se puede medir el enorme beneficio de los desafíos a la hora de lograr una vida conectada a la realidad.

            Para la misma vida cristiana la importancia de los sueños es manifiesta. Una fe sin preguntas, sin sueños, sin utopías, es muna fe muerta[66]. Sumergirse en el mundo de las aguas profundas de la vida y de la fe puede ayudar a un cristianismo de opción de mayor calidad espiritual.

 

 



[1] Conferencia dada en…

[2] Cf J. GÚRPIDE, La fe, ¿el desafío? ,Huerga y Fierro Editores, Madrid 2014; C. FRANCO, El desafío de la fe, Encuentro, Madrid 2021; P. O’CALLAGHAN, Desafíos entre fe y cultura, Rialp, Madrid 2023.

[3] EG dedica todo el capítulo segundo (52-109) al tema de los desadfíos.

[4] Ahí está partidos como Vox, AfD, Fidesz, etc.

[5] ¿En qué ha quedado toda la teoría de EG sobre los desafíos? Volveremos sobre ello.

[6] Los hermanos de La Salle y Maristas del centro Fratelli de Líbano se quedan en medio de bombardeos y caos: https://www.manosunidas.org/noticia/escalada-violencia-libano-nosotros-hemos-decidido-quedarnos (2024).¿Quién lo sabe?

[7] A veces la estructura acepta el desafío en silencio sin la cobertura mediática de los políticos: “El cardenal Czerny lleva el abrazo del papa Francisco a los pueblos de Valencia más devastados por la DANA”: https://www.vidanuevadigital.com/2024/11/15/el-cardenal-czerny-lleva-el-abrazo-del-papa-francisco-a-los-pueblos-de-valencia-mas-devastados-por-la-dana/ (2024).

[8] Cf Lc 14,31.

[9] Cf D. INNERARITY, “Entender y gobernar el mundo que viene”, en La Vanguardia 28-12-2018: https://www.danielinnerarity.es/opini%C3%B3n-preblog-2017-2022/entender-y-gobernar-el-mundo-que-viene/(2024).

[10] «Hoy…los estudiantes de teología quieren la teología de ayer, y esos estudiantes de hoy serán los profesores de mañana, de modo que la teología que nos viene, como el clero que nos está llegando ya es una teología del pasado», Cristianismo, historia, mundo moderno,  Ed. Nueva Utopía, Madrid 2011, p. 94.

[11] «La certeza es el gran enemigo de la unidad; es el enemigo mortal de la tolerancia […] Que Dios nos conceda un Papa que dude», dice el Decano de los Cardenales en la película “Cónclave” de E. Berger (2024):

[12] No vemos que haya hoy teólogos que nos “nutran”, al estilo de Congar, De Lubac, Schillebeeckx, Metz, Küng, etc.

[13] ¿Cómo nos preocupa el futuro no solo del planeta, sino del mismo evangelio? ¿Qué teólogo se preocupa por ello? Cf J. M. CASTILLO, Declive de la religión y futuro del evangelio, A los cuatro vientos, Madrid 2023.

[14] Esto es un obús en la línea de flotación de la estructura eclesiástica.  Hay quien cree que los intentos de sinodalidad son un parche. «Así llevamos décadas, siglos y milenios, metidos en el callejón sin salida del clericalismo. No será posible un verdadero sínodo, un camino compartido, una Iglesia de hermanas y hermanos, libres e iguales, mientras no se derribe el muro, el sistema, el modelo clerical»: J. ARREGI, “El sínodo es un callejón sin salida: el clericalismo sigue intacto y cerrado”, en: https://www.feadulta. com/es/buscadoravanzado/item/16099-el-sinodo-es-un-callejon-sin-salida-el-clericalismo-sigue-intacto-y-cerrado.html (2024).

[15] Las cuatro democracias afectan a la vida de la Iglesia: “desitalianización”, superación de la gerontocracia directiva, prácticas de igualdad real y conversión ecológica no solo personal sino estructural.

[16] Cf LS’ 16; 91; 117; 138, 240.

[17] Una expresión en dirección opuesta a la interdependencia es el carrerismo eclesiástico. El Papa dice que hay que huir de él como de la  peste: https://www.religionenlibertad.com/vaticano/55860/papa-recibe-colegio-espanol-roma-huyan-del-carrerismo.html (2024).

[18] Es crítico el momento en la Iglesia con una evidente polarización entre la apertura y la cerrazón ya que ésta tendencia , que siempre ha estado ahí, es más fuerte que nunca. «Es mejor una Iglesia accidentada en salida a una Iglesia enferma encerrada», dice el Papa Francisco: https://www.aciprensa.com/noticias/ 83658/papa-francisco-es-mejor-una-iglesia-accidentada-en-salida-a-una-iglesia-enferma-encerrada (2024).

[19] «Reconocer que «el amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo, es también civil y político, y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor» (FT 181).

[20] «No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse, y disfrutarlo como si esa situación nos llevara a desconocer que todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos» (FT 11).

[21] Se atribuye a A. Einstein la frase: «Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo».

[22] La negativización es, por definición, contagiosa y tóxica.

[23] Cf EG 199.

[24] Sobre todo los temas relacionados con los derechos humanos.

[25] Como reza el poema “Es tarde pero es nuestra hora” de P. Casaldáliga y el mismo J. A. L. también lo dice en su “Himno a la libertad”: “Habrá que forzarla para que pueda ser”.

[26] Quizá aquí se halle el tendón de Aquiles del sistema eclesiástico.

[27] Lo vemos en el Jubileo de la esperanza convocado para 2025. Se pone toda la fuerza en la peregrinación y las indulgencias, cuando lo propio del jubileo, según la Biblia, es el cambio de planteamientos coailes. Se esperan más de 30 millones de peregrinos a Roma.

[28] Sobre el cambio en el lenguaje religioso, ver: F. AIZPURÚA DONAZAR, Crees como hablas, Feadulta, Madrid 2024.

[29] En temas como los abusos sexuales, las inmatriculaciones o el papel de la mujer en la Iglesia se toma, de salida, la postura que defiende el sistema.

[30] El juicio sobre actos eclesiales como el Sínodo de la sinodalidad es duro: «No se atrevieron a liberarse de ideas, normas y privilegios del pasado»: https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/ item/16429-cuatro-sinodos-y-el-clericalismo-intacto.html (2024). 

[31] Se usa como argumento a favor el aumento en el IRPF a favor de la Iglesia creyendo que si estuviera la Iglesia tan alejada de la sociedad ésta no le daría su dinero. Con ser un argumento a tener en cuenta, no es indicativo de la conexión o desconexión social. Muchas sectas reciben fuertes cantidades de dinero.

[32] Hay ciudadanos que desconfían de la Iglesia pero siguen apoyando la obra de Cáritas que consideran agente positivo de intervención social.

[33] Una parte notable del clero católico es tan refractaria que no abandona el aire de superioridad ni ante la hecatombe que supone el tema de los abusos sexuales a menores en la Iglesia.

[34] Cf R. MATE, La herencia del olvido, Errata Naturae, Madrid 2008, p.24-

[35] Cf Mc 3,1-6.

[36] Cf Eclo 48,4-6; Mt 3,11.

[37] Lc 10.37.

[38] Cf F. AIZPURÚA DONAZAR, Aún es tiempo…, pp.155ss.  De ahí el acertado aserto de Juan Pablo II: «La fe se propone, no se impone» pronunciado en su visita a Madrid en mayo de 2033.

[39] Lc 14,23.

[40] Lc 6,36.

[41] Mt 18,32-35.

[42] Mt 23,8-9.

[43] Mt 9,35.

[44] Mt 5,5.

[45] Qoh 4,1; Mt 5,4.

[46] Mt 6,6.

[47] Otros muchos en la historia, pensadores, filósofos, benefactores de lo humano se han vivido en similares parámetros. Eso no desmonta las pretensiones de Jesús sino que las reafirma.

[48] EG 53.

[49] Parece que el IOR funciona prácticamente como un paraíso fiscal: https://www.periodistadigital.com/cultura/religion/vaticano/20130827/vaticano-octavo-paraiso-fiscal-noticia-689402004891/ (2024).

[50] Leemos en internet que en 2016 la Conferencia Episcopal Española destinó 9 millones de euros a la cadena de televisión 13 tv. Esto supuso una aportación un 50% mayor que la de Cáritas. ¿Sigue eso así?

[51] EG 61; 67.

[52] Otra cuestión sería ver qué es lo que se puede hacer con la parte “vaciada” del país.

[53] EG 73.

[54] «Debido a que hay personas de culturas diferentes que velan por él sin siquiera preguntarse por qué, el significado de la palabra ‘humano’ prevalece todavía, por lo menos a veces, sobre el absurdo y la brutalidad de la lucha por la hegemonía nacional, cultural, religiosa o política»: R. MATE, Op.cit., p.21.

[55] Parece que el ahorro puede oscilar, por tanto, entre un 50 y un 80% (en zonas solares de alta radiación, la mejor orientación de las placas y el más alto rendimiento). En España la energía fotovoltaica logró representar en 2023 el 50,3% de la producción eléctrica a nivel nacional.

[56] Santander y BBVA son los dos bancos que aglutinan la mayor parte de esta financiación (el 95,4% del total), más de 4.000 millones de dólares entre los dos (unos 3.600 millones de euros), y a continuación se sitúan La Caixa Group (110,6 millones de dólares, ó 99 millones de euros).

[57] Así lo hizo en diciembre de 2002 el Papa Juan Pablo II: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/el-papa-llamo-a-formar-un-nuevo-orden-mundial-nid459606/#:~:text=%E2%80%93%20El%20papa%20Juan%20Pablo%20II,el%201%C2%B0%20de%20enero (2025).

[58] https://www.planigualdadempresas.es/cursos/curso-nuevas-masculinidades/(2025).

[59] El término “ayudar” es denostado por muchas mujeres. Ver: https://elsiglo.com.pa/panama/nacionales/47-cree-hombres-ayudan-quehaceres-BIES23623727 (2025).

[60] 518.

[61] 515, párrafo 1.

[62] Cf Mt 23,8-9.

[63] Cf D. O’MURCHU, Rehacer la vida religiosa. Una mirada abierta al futuro, Ed. Claretianas, Madrid 2001. Pp.131-138

[64] Viene a cuento aquella repetida pregunta de Eduardo Galeano: «La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar».

 

[65] Cf F. AIZPURÚA DONAZAR, Crees como hablas, Feadulta, Madrid 2024, pp.16-18.

[66] Dice Jn 16,5: «Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón». na fe sin preguntas, sin desafíos es una fe agonizante.

DOS LIBROS RECIENTES DE FIDEL AIZPURÚA

Libros recientes

de Fidel Aizpurúa 

 

Por si alguien está interesado tenemos el gusto de presentaros dos libros recientes de  Fidel Aizpurúa:

 

  1. 1.      Crees como hablas. En busca de un lenguaje nuevo para la fe cristiana, Ed. Feadulta, Madrid 2024, p.227.

 

Quiere ser un libro de espiritualidad que apunta el necesario trabajo de adecuar el lenguaje a los itinerarios de fe la persona de hoy. Tanto la pastoral, como la teología necesitan un lenguaje lo más pertinente posible. Y no solo eso: la manera de hablar del creyente desvela su tipo de fe. Tampoco a él le será ahorrado el trabajo de verificar sus maneras de hablar de las cosas de la fe. La mayor parte de las reflexiones versan, de una manera u otra, sobre la eucaristía. Pero también se analizan aspectos teológicos como la omnipotencia divina, la vida eterna, el pecado, la intercesión, etc. Una oferta de reflexión en torno al lenguaje religioso y sus implicaciones.

 

Precio: 12 € más gastos de envío

 

  1. 2.      Lecturas alternativas del Nuevo Testamento, Ed. Verbo Divino, Estella 2025, pp. 215.

 

Este es un libro de estudio. De hecho, se inscribe de la colección de Estudios Bíblicos de Verbo Divino. Hablando en general, la exégesis bíblica sigue siendo deudora de los métodos histórico-críticos todavía vigentes y válidos. Pero, siguiendo la estela del documento “La interpretación de la Biblia en la Iglesia” del Papa Juan Pablo II, este libro propone una serie de posibilidades de lectura de los textos bíblicos del NT que no son habituales: alternativa, poliédrica, antropológica, relacional, divergente, política, etc. Cada capítulo ofrece primero un escenario de lectura y luego un texto evangélico a modo de ejemplo. Libro que pretende profundizar y abrir horizontes.

 

Precio: 25 € más gastos de envío

 

PEDIDOS A: fiaiz@hotmail. com