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Diez valores para salir de la crisis

DIEZ VALORES PARA SALIR DE LA CRISIS

 

            Para hablar de la crisis habría que sufrirla en carne propia. Muchos de nosotros hablamos de ella frecuentemente, pero nuestro lenguaje delata una cruda realidad: no sufrimos la crisis, quizá un tímido ajuste. Utilizamos la crisis para justificar actuaciones muchas veces inconfesables (mucho del ajuste laboral tiene como fondo este mecanismo). Hablar de la crisis sin sufrirla es casi una iniquidad. A pesar de todo, hablemos; quien debería realmente hablar, el sector social más débil (ampliado por este tremendo tsunami económico) no tiene voz. Démosle lo que le pertenece.

            Todo el mundo coincide en que estamos en una crisis de valores. Por eso, todos dicen que los valores son imprescindibles para salir de esta aquí. Los economistas dicen que hay que reintroducir valores éticos a nivel mundial (Camdessus, exdirector del FMI), los políticos, que abogan por “moralizar el capitalismo” (Sarkozy, Merkel), por supuesto, los clérigos de todo rango que proclaman la necesaria renovación ética de la vida social y económica (Mons. Osoro, obispo de Valencia) y los intelectuales que, con agudeza, han elaborado y firmado un manifiesto por “Otra política y otros valores para salir de la crisis”. Hasta el “antiprogre” que pasea su cuerpo por los bares habla de valores, y si son absolutos, mejor que mejor, a juego con la camisa y los otros valores, claro está: los de la bolsa.

            Pero, aun a riesgo de que tal melodía se escuche la semana sin jueves, es preciso hablar, para uno mismo y para los demás, de esos valores que puedan hacernos salir de la crisis. No obstante, hay una consideración inicial ineludible que es preciso responder: ¿salir de la crisis hacia dónde? Cualquiera entiende que si se quiere salir al lugar del que provenimos, al punto en que estábamos cuando “no había crisis” (una economía descontrolada, capitalista a rabiar, depredadora, inhumana), mejor sería no colaborar a tal empresa. Hay muchos ciudadanos que quieren ir a otro lugar a otra economía, a una manera distinta de entender el mundo y las relaciones económicas. Si no vamos hacia ese “otro lugar”, quizá sería mejor que esta crisis durara sin fin y nos sumiera en una pobreza general. Tal vez desde la derrota comenzaríamos a aprender, ya que desde esta injusta prosperidad no aprendemos ni a tiros.

            Los valores que vamos a proponer apuntan, al menos en deseo, a una realidad distinta. Por eso, digámoslo, son valores “espirituales” (no religiosos) ya que afectan al espíritu, al alma, a los adentros, tanto del sistema como los de cada persona. Si no se cree en esto, mejor no perder el tiempo y seguir clamando por lo que resulta imposible. ¿Cuáles serían esos valores?

  1. La tenaz utopía: Malos tiempos para la utopía, dicen. No tan malos porque la utopía vive en el anhelo de mucha gente. No hay que abandonar la idea de que otro mundo, otra economía, otra banca, otra empresa, otro mercado es posible. No hay que apearse del terco sueño de que tú y yo, criados en una economía de devastación y lucro, podamos entender las relaciones económicas con lo humano por delante.
  2. La economía inclusiva: Quiere decir que esta economía que sueña en mi riqueza a la vez que genera pobreza en otros habría de ser suplantada por la certeza de que toda persona tiene derecho a sentarse en el banquete de la vida, a tener cubiertas las necesidades básicas (educación, sanidad, vivienda, trabajo, etc.). Cuando decimos “toda” persona, ha de creerse en eso como en un dogma de fe.
  3. La mirada distinta: No la de la rapiña que mira desconfiada al otro porque lo ve como un competidor y no como una persona, como un hermano. Una mirada relacional que transforme la mirada económica y que, por ello, no repare en razas, colores, lenguas, religiones, países. Globalizar la relación para que no haya relaciones privilegiadas, consagradas.
  4. El gozo de ver crecer al otro: A todo otro, no solamente a los míos, a mi familia, a los de mi región, a los paisanos, a los de mi país. Si no se sabe de esa alegría rara que es gozarse de que el débil, sobre todo, vaya saliendo a flote, hablar de salir de esta crisis es música celestial. Por eso mismo, la base de una economía nueva está en esa mirada nueva que derrite el hielo de la desconfianza, más allá de cualquier fallo evidente.
  5. La tolerancia siempre progresiva: Porque una economía nueva necesita, además de mejor organización y mayor control, dosis increíbles de tolerancia, dosis cada vez mayores. Sin tolerancia, respeto y acompañamiento, las relaciones económicas devienen en una lucha de tiburones que se matan por la supervivencia a costa del otro.    
  6. La humilde racionalidad: Si alguna característica puede dibujar al modelo económico en que hemos sido educados, que persiste en muchos de nosotros y que sigue funcionando a todo trapo es la irracionalidad. Y no solamente nos referimos a la irracionalidad cósmica de los magnates de este mundo que manejan el principio de que lo que yo me pueda pagar está permitido. Sino a la cotidiana irracionalidad de mis viviendas innecesarias, de mis coches que me dan prestancia, de mis convites que miden su nivel por el precio del cubierto, de mis prácticas consumistas diarias que están reñidas con la reflexión.
  7. La imprescindible austeridad: No solamente para que los números de nuestra cuenta no mermen sin sentido sino, sobre todo, para poder acercarnos a la situación y a los sentimientos de los empobrecidos, de aquellos que han sido echados del lujoso y luminoso transatlántico del consumo, mundo duro y creciente de náufragos, por nuestras absurdas prácticas económicas. No se trata de vivir peor, sino de equilibrar, de aprender la hermosa espiritualidad del decrecimiento porque es posible vivir mejor con menos.
  8. Las nuevas relaciones con la naturaleza: Porque no estamos haciendo poesía. Muchos de los desvaríos de la actual economía derivan de una relación con lo creado despótica y, por ello, blasfema. Una economía distinta espera el momento en que consagremos esfuerzos explícitos a cuidar de la tierra, sabiendo que ese camino es la senda buena de una economía distinta.
  9. La igualdad que se resiste tanto: Se resiste porque no nos hacemos a la idea de que la igualdad es rentables desde el punto de de vista económico, porque lo es desde el punto de vista humano. Esto es evidente con los pobres y con las mujeres. Con los pobres porque la desigualdad endémica deja de serlo cuando se la encara con ánimo de igualar. Con las mujeres porque el machismo, en modos sutiles y consagrados, o en maneras brutales, sigue ondeando por encima de todas las cabezas.
  10. El amor a lo público: Como espacio adecuado para devolver a la actividad política el aval que regule los mercados y las finanzas en una dirección totalmente nueva. Amar lo público para erradicar todo tipo de fraude económico.

Habrá quien se sonría, bostece, muestre fatiga o, incluso, fustigue esta clase de planteamientos. Pero tal vez en esta espiritualidad se halle lo mejor de nuestra dignidad humana, de nuestros sueños y, en definitiva, de nuestra humanidad. Construir una economía distinta no es, únicamente, una tarea de economistas. Es un trabajo de personas que quieren vivir en un mundo nuevo y de quienes anhelan dejar a las generaciones venideras unas ciudades y pueblos más respirables. El reto no es el crecimiento económico sino la expansión del espíritu humano. Quizá para eso andemos errantes desde hace millones de años y tengamos por delante otros tantos.

Fidel Aizpurúa Donazar

Los bandidos de Montecasale

LOS BANDIDOS DE MONTECASALE

O

LA BONDAD MÁS ALLÁ DE LA MORALIDAD

 

            Francisco, como Jesús, ha sido de esas raras personas que no han dividido a la gente entre buenos y malos, porque los buenos no son tan buenos como ellos dicen y los malos no son tan malos como nosotros decimos que son.

            He aquí en esta escena una florecilla franci8scana donde se dice que unos malos, ladrones feroces, escondían en el fondo una cierta bondad. Cuando alguien los trata bien, esa bondad termina por aflorar.

            Los textos franciscanos son ingenuos, pero encierran mucha “metralla”: hablan de lo que somos en el fondo cada uno. En este caso nos dice que nos equivocamos si no desvelamos la bondad del corazón incluso en gente que la sociedad califica como “mala”. Esto dice el relato:

 

En el eremitorio que los hermanos tienen encima de Borgo San Sepolcro (5), sucedió que venían, a veces, unos ladrones a pedir pan a los hermanos; vivían escondidos en los grandes bosques de la provincia, pero de vez en cuando salían de ellos para despojar a los viajeros en la calzada o en los caminos. Algunos hermanos del lugar decían: «No está bien que les demos limosnas, ya que son bandidos que infieren tantos y tan grandes males a los hombres». Otros, teniendo en cuenta que pedían limosna con humildad y obligados por gran necesidad, les socorrían algunas veces, exhortándoles, además, a que se convirtieran e hicieran penitencia.

Entre tanto llegó el bienaventurado Francisco al eremitorio. Y como los hermanos le pidieron su parecer sobre si debían o no socorrer a los bandidos, respondió: «Si hacéis lo que voy a deciros, tengo la confianza de que el Señor hará que ganéis las almas de esos hombres». Y les dijo: «Id a proveeros de buen pan y de buen vino y llevadlos al bosque donde sabéis que ellos viven y gritad: "¡Venid, hermanos bandidos! Somos vuestros hermanos y os traemos buen pan y buen vino". En seguida acudirán a vuestra llamada. Tended un mantel (6) en el suelo y colocad sobre él el pan y el vino y servídselos con humildad y buen talante. Después de la comida exponedles la palabra del Señor y por fin hacedles, por amor del Señor, un primer ruego: que os prometan que no golpearan ni harán mal a hombre alguno en su persona. Si pedís de ellos todo de una vez, no os harán caso. Los bandidos os lo prometerán al punto movidos por vuestra humildad y por el amor que les habéis mostrado. Al día siguiente, en atención a la promesa que os hicieron, les llevaréis, además de pan y vino, huevos y queso, y les serviréis mientras comen. Terminada la comida, les diréis: "¿Por qué estáis aquí todo el día pasando tanta hambre y tantas calamidades, maquinando y haciendo luego tanto mal? Si no os convertís de esto, perderéis vuestras almas. Más os valdría servir al Señor, que os deparará en esta vida lo necesario para vuestro cuerpo y luego salvará vuestras almas". Y el Señor, en su misericordia, les inspirará que se conviertan por la humildad y caridad que habéis tenido con ellos».

Se levantaron los hermanos y obraron según el consejo del bienaventurado Francisco. Los bandidos, por la gracia y la misericordia de Dios, que descendió sobre ellos, aceptaron y cumplieron a la letra punto por punto todas las peticiones hechas por los hermanos; y, agradecidos a la familiaridad y caridad que les mostraron los hermanos, empezaron a llevar a hombros leña para el eremitorio. Así, por la misericordia de Dios y gracias a la caridad y bondad que los hermanos tuvieron con ellos, unos ingresaron en la Religión, otros se convirtieron a la penitencia y prometieron ante los hermanos no cometer más tales fechorías y vivir en adelante del trabajo de sus manos.

Mucho se admiraron los hermanos y cuantos oyeron y conocieron lo sucedido con los ladrones; les hacía ver la santidad del bienaventurado Francisco: tan pronto se convirtieron al Señor quienes eran pérfidos e inicuos, según él lo había anunciado.

 

            Subrayemos algunos aspectos:

 

  1. A los ladrones les va mal el negocio. Pasan hambre. Recurren a los únicos que creen que les pueden ayudar. No es mala cosa que los “malos” vengan a los franciscanos.
  2. Los hermanos están divididos: unos dicen que no hay que ayudar a esos truhanes; otros dicen que pasan hambre y que hay que socorrerlos. Mientras tanto, no comen.
  3. Francisco traza un plan en dos “fases”:
    • Fase A: Cogéis una cesta, vais a donde están ellos (no tienen que venir a vosotros), poneis un mantel (solo los ricos comían entonces con mantel; para Francisco los ladrones son señores a los que hay que tratar con respeto), pan y vino y les servís con buena cara. Cuando hayan comido, hacéis una primera llamada a su corazón bueno: les decís que respeten la vida de la gente. Al menos eso, lo básico. Os harán caso por la humildad con que les habéis servido.
    • Fase B: Volvéis al tiempo con la cesta, el mantel, el pan, el vino y enriquecéis el menú: queso y huevos. Les volvéis a servir con buena cara y les hacéis un ruego de más calado: vuestra vida puede tener una salida, hay esperanza para vosotros, podéis ser personas nuevas aunque hayáis hecho daño, sois más que vuestras fechorías.
  4. Dice la florecilla que les hicieron caso, que se volvieron generosos y llevaron leña a los frailes e, incluso, de ahí surgieron vocaciones a la Orden.

 

Esto viene a decir:

 

-               Toda persona es más que su comportamiento moral. Éste puede ser malo (y eso es cuestionable), pero dentro de todo corazón existe el bien.

-               Si uno sabe mirar ese corazón bueno se puede esperar una determinada “conversión” incluso de los más contumaces.

-               Mirar el corazón es un arte franciscano. Todos somos, en el fondo, unos  ladrones necesitados de amparo, de que nos comprendan, de que nos quieran, de que nos consideren capaces de ser buenos.

 

16 Catequesis Franciscanas

 

 

FRANCISCO Y CLARA

QUE VIVEN HOY

16 catequesis franciscanas

 

Introducción

 

            Acercarse a Francisco y Clara de Asís es siempre una emocionante aventura. Muchas personas han emprendido esta tarea y han salido enriquecidas y emocionadas al percibir que aquellos Francisco y Clara del siglo XIII siguen viviendo hoy. Viven en sus palabras que mantienen un inexplicable vigor; viven en muchas personas que siguen nutriéndose de su hermoso carisma; viven en una sociedad que aprecia a Francisco porque conecta con sus anhelos; viven en personas jóvenes que mantienen aún diáfanos y verdeantes sus ideales de vida; viven en muchas organizaciones que entienden que Francisco y su utopía es algo que sigue activo bajo el asfalto.

            Queremos hacer un curso de acercamiento a Francisco y a Clara de manera viva. Por lo tanto, no se trata tanto de adquirir conocimientos, sino de acrecentar la sintonía, el aprecio y, con ellos, el ánimo para emprender caminos próximos a los de los pobres de Asís. Para ello, nuestras "catequesis" tendrán un explícito componente social, ya que creemos que una espiritualidad está viva en la medida en que se la inserta en el hoy en que vive. No hacemos arqueología, sino espiritualidad. Y ésta es una realidad conectada con el hoy, mística horizontal, de ojos abiertos.

            No solamente por la brevedad, sino intencionadamente, presentaremos los temas a modo de síntesis que hemos ido elaborando. Eso quiere decir que no podemos tocar exhaustivamente todos los temas del pozo sin fondo que es la espiritualidad franciscana. Nos limitaremos a algunos aspectos. Ojalá si con ello se despierta el apetito de saber más, de experimentar más, de vivir más en perspectiva franciscana.

            Es posible que algunos puntos de vista contengan una cierta sorpresa y, con ella, la natural disensión. Es natural si se intenta decir algo nuevo. Lo que hemos oído muchas veces y nos vale, guardémoslo como un tesoro. Pero la formación apela siempre a nuevos caminos, a posibilidades descubiertas. Por eso, hay que tomar opciones de un cierto riesgo para que las sendas del pasado puedan ser luz para nuestro presente.

            La dinámica concreta de nuestras catequesis será la siguiente:

 

•1)      Una frase guía que orientará un poco el tema que vamos a desarrollar.

•2)      Una reflexión que será el núcleo de la lección con un planteamiento que queremos hacer nuestro

•3)      Una actualización que ponga un poco en clave de historia actual lo que se ha estudiado.

•4)      Unas sugerencias para ir caminando en modos de vida franciscana.

•5)      Un punto final  en que apuntamos algunas cosas que deben quedar absolutamente claras.

 

Creemos que de esta manera podemos construir un acercamiento vivo y útil a la espiritualidad franciscana. Si lo hacemos ayudándonos unos a otros, en fraternidad, mejor todavía.

 

Oración para comenzar la reunión

 

Hermano Francisco, hermana Clara,

gracias por vuestra hermosa vida,

gracias por vuestra honda fe;

que, al mirar vuestro camino

y al leer vuestros escritos,

crezca en nosotros

el anhelo de seguir a Jesús

de manera más viva

y la sed inapagable

de construir la fraternidad

con toda persona

y con el cosmos. Amén

 

 

Nota: Sería recomendable que, para este curso de acercamiento al franciscanismo, los participantes tuvieran a mano y como propio el libro de San Francisco de Asís. Escritos. Biografías. Documentos de la época, (Ed. J.A.Guerra), BAC 399, Madrid.

 

1

EL ESPLENDOR OCULTO DE LA HUMANO

 

Frase guía: "El esplendor del hombre y su tragedia han debido encontrar en Francisco de Asís a un intérprete privilegiado" (P.Lippert).

 

1. Reflexión

 

            El núcleo vital de Francisco está habitado por una mirada en profundidad a la realidad humana desde un encuentro directo con el Evangelio. Ahí se ha engendrado una palabra fundadora de humanidad. Desde ahí se ha redescubierto la historia de la persona como una historia de fraternidad, de solidaridad real, de amparo mutuo, de camino compartido. Quizá sin pretenderlo, Francisco ha colaborado decisivamente a desvelar el esplendor oculto de lo humano. Y con ello, ha generado un profundo movimiento de solidaridad, de caridad, de amor, de empatía que aún perdura en la historia. Despojado de todo poder, incluso entendiendo a Dios como a un Dios menor, ha engendrado un nuevo principio de interpretación social que apunta a la transformación de las estructuras sociales: una sociedad donde nadie es excluido, donde no tiene sentido que existan dominadores y dominados, donde sea creíble la soñada utopía de una fraternidad entre humanos y con la creación.

            Esto no ha brotado porque sí. Francisco, que nació en 1181, empezó a cambiar hacia 1200, cuando tenía 18 o 19 años. Se vio metido en dos guerras que le sumieron en una profunda crisis. Empezó a hacer cosas extrañas: vender telas para darlas a los pobres (era hijo de un rico comerciante en telas de nombre Pedro Bernardone), dar ayudas a los curas rurales pobres e incluso ir de peregrinaje a Roma. Pero la cosa cobró una dimensión definitiva cuando un día abrazó a un leproso, a un supermarginado de la época. ¿Por qué lo hizo? Algo le llevó a ver que aquel leproso y él no eran muy distintos; que en el fondo de ambos había una dura oscuridad y una hermosa luz, una posibilidad de vida mezclada a un gran peso vital. Pero aquel encuentro le cambió. Lee lo que dice en Testamento 1-3.

            Luego vivió con sus compañeros una vida gozosa, no exenta de penalidades, en la que fue descubriendo ese esplendor oculto que hay en las personas y hasta en las cosas. Esto no le ha venido llovido del cielo. Él ha descubierto que una de las cosas que ocultan ese esplendor es el poder económico, el dinero. Y se plantó ante él. Salido del mundo de las comunas, Francisco comparte su ideal de libertad y de asociación. Él mismo pertenece a la clase de los comerciantes que han llevado a cabo la revolución comunal. Sin embargo, pronto descubrirá la otra cara de la nueva sociedad: el dominio del dinero, con sus conflictos y miserias; y se irá abriendo al mundo de los pobres y de los excluidos. Es justamente en ese momento cuando el Evangelio revela a Francisco el camino que conduce a una auténtica fraternidad humana. El hijo del rico comerciante da entonces la espalda al dominio del dinero y a la pasión por el poder, y decide seguir el ejemplo de Cristo humilde y pobre. Al hacerlo, asume espontáneamente las aspiraciones y las esperanzas de los hombres de su tiempo, pero purificándolas y liberándolas. El dinero tiende a cerrar de nuevo las puertas a la fraternidad; Francisco trabajará por una fraternidad abierta a todos, donde toda persona, toda realidad, es hermana. Quizá se halle aquí el secreto de la rápida difusión de la espiritualidad franciscana. Puedes leer 1 Regla  8,1-4.

            Al final de su vida tuvo que descubrir ese esplendor oculto de lo humano en él mismo, porque el fondo de su corazón se oscureció del todo. Los hermanos habían crecido tanto que empezaron a organizarse como las grandes órdenes, con bienes y posesiones. Francisco creyó que su obra se había venido a pique, que sus ilusiones del comienzo de vivir el Evangelio con sencillez se habían desvanecido, que su vida había sido un fracaso total. Tuvo que agarrarse a la cruz de Jesús y ahí encontró su sentido: si Jesús se había entregado sin nada a cambio, él debía seguir siendo hermano por encima de todo. Y así se "salvó", aunque, como decimos, tuvo que hacer un esfuerzo gigantesco en él mismo para descubrir el esplendor de lo humano en su propio corazón, el amor a la fraternidad. Puedes verlo en Espejo de Perfección 1: es un duro texto, muy manipulado, pero que refleja la tensión de la etapa final de la vida de Francisco.

 

2. Actualización

 

  • Un lenguaje curativo: "Si las palabras curan, que hablen...", dice M. Rosell. Porque las palabras, cuando van llenas de verdad y de amor, tienen un gran valor terapéutico. Los caminos de la violencia y del hondo sufrimiento necesitan palabras ajustadas, verdaderas, amables, perdonadoras, curativas. Muchos de los conflictos humanos tienen en su origen la realidad de palabras duras e hirientes que activan el problema y desencadenan una ola de sufrimientos que amenaza con anegar el todo de la vida.
  • Con los crucificados de la historia: La espiritualidad cristiana y sobre todo la acción social dan resultados completamente distintos si se hace desde el afán por bajar de su cruz a las personas y pueblos que una historia injusta ha colocado en ese patíbulo. Las bienaventuranzas, el programa de Jesús, no pueden ser un narcótico para las situaciones de injusticia social, sino una bomba en la línea de flotación de un sistema que genera náufragos. Abandonar esta orilla es arriesgarse a que la propuesta de Jesús pierda su sentido y se diluya en una espiritualidad sin consecuencias que llegue a ser religión del sistema, justificadora de sus excesos. Como dice E. Schillebeeckx la pregunta decisiva es "¿qué lado eliges entre el bien y el mal, entre los oprimidos y los opresores?".
  • La fuerza política del amor: Ninguna formación política incluirá en su propaganda el amor como eje central de su manera de ver la vida. Sería impopular y no produciría ningún voto. Y, sin embargo, el amor tiene una fuerza imparable y, de hecho, lo más válido del mundo se mueve gracias a él, aunque los opresores crean que es la fuerza y el dominio quienes controlan las vidas. El seguidor de Jesús habría de creer, como lo hicieron Gandhi y otros "políticos del amor", que amar no es solamente un acto de virtud sino de política. Es decir, activar el amor lleva a elaborar planes concretos de actuación capaces de perforar la coraza de la violencia y de limitarla disminuyendo así su capacidad destructora.
  • La lucha por la dignidad: Larga de siglos, llena de peripecias, de no muchos logros, pero siempre necesaria y más cuando el perfil de la dignidad humana corre el riesgo de desaparecer por causa de la inhumana violencia ejercida contra los pobres. Es entonces cuando resulta necesario reafirmar la certeza de que si se pierde la conciencia de dignidad (ya que la dignidad como tal no se pierde en ningún caso) el abismo se abre a los pies del hombre. Por el contrario, cuando la dignidad está presente, como ocurre en el caso del mismo Jesús, se puede hacer frente a cualquier opresión, incluso a aquellas que vienen consagradas por el sistema.

 

3. Sugerencias

 

  • Hazte con el libro de las obras de san Francisco de la BAC.
  • Anímate a consultar los textos que proponemos para leer (Test 1-3; 1 Re 8,1-4; EP 1).
  • Busca en la prensa la foto de un marginado y pon debajo a bolígrafo una frase de Test 1-3. Ponla a la vista.
  • Busca en alguna revista o donde sea una foto hermosa de alguna persona en situaciones de pobreza y pon debajo: "El esplendor oculto de lo humano".
  • Reza con la oración de la introducción.

 

4. Que nos quede claro

 

  1. Francisco nace en 1181 y muere en 1226. Su vida duró 45 años, más o menos.
  2. Su padre se llamaba Pedro Bernardone (el nombre de su madre dicen las leyendas posteriores que fue Pica). Un hermano suyo se llamaba Ángel.
  3. Fue a dos guerras (contra la Pulla y con el conde Gentile). Abrazó al leproso. Tuvo una experiencia religiosa ante el Cristo de san Damián, leyó el Evangelio, empezó a vivirlo. Pronto se le juntaron amigos suyos de Asís.
  4. Vivieron una primavera. Pero al final el panorama se oscureció porque los hermanos querían vivir en modos más a lo grande. Permaneció siendo hermano, a pesar de todo.
  5. Descubrió el esplendor que se oculta en toda persona, en toda creatura. Supo mirar al fondo. Amó ese esplendor sin detenerse en las apariencias.

 

2

FRATERNIDAD Y SENCILLEZ

 

Frase guía: "Pienso que desde mi juventud nunca me ha abandonado la intuición que una vida de comunidad pudiese ser el signo que Dios es amor y solamente amor: una comunidad donde la bondad del corazón y la simplicidad estuviesen al centro de todo" (Hno. Roger de Taizé).

 

1. Reflexión

 

            La frase anterior es muy luminosa para entender la vida de Francisco de Asís: él ha sido una persona que ha querido vivir de tal manera que la fraternidad pudiese ser signo de que Dios era amor y únicamente amor. La manera de lograrlo es vivir de un modo las relaciones humanas que, ancladas en la dignidad de la persona, desvelasen que Dios era sólo amor. La fraternidad y su buena relación era el rostro de Dios.

            Además, ha sido persona decida a dar toda su vida por la comprensión y la reconciliación entre los seres humanos y con la creación. Como la de Jesús, la suya es una gran obra de reconciliación hecha desde lo humilde, lo pequeño, lo sencillo.

            ¿Cómo lo ha conseguido? Haciendo un tipo de fraternidad donde la bondad del corazón y la simplicidad estuviesen en el centro. El secreto de la vida franciscana es simple: bondad de corazón y simplicidad. Con eso se hace visible el rostro del Dios de amor en la vida de las personas.

            ¿Pero, cómo se puede lograr esto tan simple y, a la vez, tan difícil. Francisco tiene controlados tres mecanismos sin cuyo control es imposible construir la vida fraterna. Son: el mecanismo de juicio, el de la apropiación de las personas y el del amor rechazado. Expliquemos:

•a)      El mecanismo de juicio: La persona lleva dentro un juez que condena rápidamente al otro (a veces hasta a uno mismo), con frecuencia sin pruebas y basándose en apariencias. Es preciso controlar ese mecanismo para que la fraternidad sea posible. No juzgar no es mirar para otro lado. No. Es, viendo la debilidad del hermano, no juzgarle, valorar lo que tiene bueno, intentar comprenderle en lo malo y seguir caminando con él al lado, valorándolo y respetándolo siempre, a pesar de su limitación. Lee en el libro de la BAC la escena en que un hereje le pone a prueba respecto a la vida moral de un sacerdote y cómo Francisco no le juzga, sino que valora como "bueno" porque le da lo necesita para su fe (Testimonios extraños y otros fragmentos, nº 7).

•b)      El mecanismo de apropiación: Los humanos controlamos con dificultad nuestro afán por apropiarnos de las cosas de los demás, por no robar. Esto lo condena la ley civil. Pero, con frecuencia, queremos apropiarnos de las personas, de sus opiniones, de su razón, de su corazón, de su voluntad. Queremos dominar al otro. Esto no lo condena la ley civil pero hace desastres en la relación. Sin tener controlado este mecanismo, este afán hondo (este "demonio", dirían los Evangelios), la fraternidad es imposible. Francisco no se apropió de sus hermanos y no quiso que los hermanos se dominaran entre ellos porque así era imposible la fraternidad. Lee la escena del novicio que le pedía permiso para tener un breviario para rezar y Francisco no se lo permitió para que, luego, no se apropiara de un hermano que le dijera "tráeme el breviario que voy a rezar". Con el breviario viene el dominio sobre una persona. Y si tienes un criado al que le mandas, ya no eres hermano. Lee la escena en Espejo de Perfección 4.

•c)      El mecanismo del amor rechazado: Este es mucho más difícil. Parece que los humanos queremos que, cuando amamos a alguien, éste, a su vez, nos ame. El amor demanda correspondencia. Y esto es muy hermoso. Pero ocurre muchas veces en la vida que uno da amor y no recibe una respuesta de amor. Se rompe la reciprocidad. ¿Cómo funcionamos normalmente en ese caso? Rompemos la relación: si tú no me amas, yo tampoco te amo. Francisco dice que no se puede hacer fraternidad si no se encuentra el camino de seguir amando al hermano aunque éste no te ame a ti. Hay que superar el escándalo hondo que nos produce el amor rechazado. La conocida escena franciscana de La perfecta alegría (puedes leerla en el libro de la BAC) viene a decir algo de eso: la perfecta alegría no está ni en que el emperador se haga franciscano, ni que los frailes conviertan a los sarracenos, ni que la Orden tenga muchos candidatos. La alegría está en que cuando el hermano es rechazado, éste continúe siendo hermano, continúe amando a sus hermanos.

Si no se tienen controlados estos tres mecanismos, la fraternidad es imposible y con ello la posibilidad de percibir el rostro de la bondad de Dios. No creamos que ser hermano fue para Francisco algo llovido del cielo. Lo consiguió con un fuerte control de estos mecanismos hondos, trabajos de amor por sus hermanos y por la creación.

El mensaje central es claro: el núcleo del franciscanismo es la fraternidad y la sencillez. Con esos dos elementos tan simples se construye la fraternidad que se vuelve lenguaje de Dios para las personas. Con esos elementos se construyen las nuevas relaciones entre las personas y con la creación. Con esos elementos se puede aspirar al horizonte, siempre lejano, pero más cerca que nunca, de la fraternidad universal. La utopía franciscana tiene los pies en tierra, en el interior de cada persona.

 

2. Actualización 

 

            Sacamos algunas derivaciones puedan poner un rostro más claro a la espiritualidad de la fraternidad y de la sencillez:

•a)      ¿Todo va mal?: Hay personas que piensan y dice que todo va mal: la familia va mal, la juventud va mal, la política ni le cuento, la justicia fatal. Todo les parece mal. Los franciscanos, aun viendo que no estamos en el paraíso, no habríamos de apuntarnos a ese partido de "los negativos" porque negativizar al vida supone una falta de discernimiento (no todo es malo) y de amor (se puede cuestionar y aun criticar con amor, comprensión y respeto). La negativización de la vida es síntoma de una actitud que juzga y condena. Así es imposible hablar de fraternidad: ¿cómo voy a ser hermano de quien digo que es malo, que hace mal, que habla mal, que no va por donde a mí me parece que hay que ir? Necesitamos fuertes dosis de amor para no caer en ese pozo oscuro de la negativización y del juicio que condena.

•b)      Lo nuestro es bueno, pero no lo mejor: Hay personas que cren que lo suyo es lo mejor: su país, el mejor; su pueblo, el mejor; su comida, la mejor; su cultura, la mejor; su lengua, la mejor; su religión, la mejor-verdadera-única. Así es muy difícil generar fraternidad. Creer que lo nuestro es lo mejor está muy cerca de pensar que lo nuestro tendría que ser lo único. Y si pensamos así, estamos apropiándonos del otro, haciéndolo a nuestra manera, sometiéndolo a nuestros dictados. Para generar fraternidad es preciso dejar que el otro sea el otro y valorar lo de los demás, aunque uno mantenga su amor a lo suyo como bueno para él. La privación de lo propio y el afán de imponerlo es siembra de sal sobre la fraternidad.

•c)      Amor asimétrico: Es el amor que, cuando no se ve pagado-recompensado-aplaudido, sigue amando por encima de todo. Los amores asimétricos son, con frecuencia, la base de la fraternidad. Si siempre queremos recibir amor cuando amamos no podremos construir ni la relación personal, ni la fraternidad, ni la misma sociedad.

 

3. Sugerencias

 

  • ¿Vas familiarizándote con el libro de la BAC?
  • Lee por tu cuenta los tres textos que hemos citado antes: Testimonios 7, EP 4, VerAl.
  • Pon nombre propio a una persona que no juzgue, que no se apropie del otro, que siga amando por encima del desamor.
  • Aplica los tres mecanismos que hemos trabajado a tu familia, a tu grupo religioso, a tu comunidad social.
  • ¿Te parece simple eso de que se puede ayudar a que se vea el rostro de Dios con una vida fraterna y sencilla?
  • Reza con la oración de la introducción.

 

4. Que nos quede claro

 

  1. A Francisco le costó mucho construir la fraternidad.
  2. Controlar los mecanismos de juicio, apropiación y amor rechazado es condición indispensable para hacer fraternidad.
  3. Fraternidad y sencillez resumen bien, de manera elemental y clara, lo que es ser franciscano/a.

 

3

FIDELIDAD Y CREATIVIDAD

 

Frase guía: "En la resistencia habita la esperanza" (Ernesto Sábato)

 

1. Reflexión

 

            La resistencia puede ser confundida con la terquedad, pero es otra cosa. Se trata de no quebrarse a la primera contradicción, de tener cintura flexible para encarar las dificultades del mejor modo posible, de saber capear el temporal sin enzarzarse en lo secundario poniendo el acento en lo esencial.

            No es de extrañar que diga Sábato que "en la resistencia habita la esperanza". Porque la resistencia, cuando es humana, cuando tiene profundidad, está habitada por la esperanza y por la utopía. Y por ello, la resistencia apunta a la fidelidad y ésta a la creatividad.

            Así es, la fidelidad mira más al futuro que al pasado, apunta más a lo que se nos ha prometido que a lo que nosotros hemos prometido. Y, por su parte, la fidelidad sin creatividad es imposible, porque la creatividad es el alimento de la fidelidad. Sin creatividad, la fidelidad se muere.

            Este proceso, resistencia-fidelidad-creatividad, se ha dado en Clara, la mejor y más fiel discípula de Francisco. Clara de Asís nació en 1193/4. Era, pues, 12 años más joven que Francisco. En 1212, a los 19 años, abrazó la vida franciscana, quiso ser "hermano", como dice la película de Cavani. Murió en 1253, con lo que estuvo 41 años de vida clarisa, o "damianita" (por lo del convento de san Damián). En esos años, Clara se mantuvo resistente ante la incomprensión, muchas veces bienintencionada, de quienes creían que aquella vida en sencillez y pobreza era una locura. Su resistencia estuvo hecha de fidelidad, de hondo amor. La persona de Francisco estuvo siempre viva en el corazón de Clara hasta el final.

            Pero queremos poner el acento en la creatividad de Clara, porque sin ella la fidelidad no habría posible y la resistencia se hubiera quebrado. Vamos a señalar cuatro aspectos de esa creatividad con la que Clara ha vivido su fidelidad a Francisco:

•a)      El Privilegio de la Pobreza: ya hemos dicho que gente bienintencionada (entre ellos el mismo Papa) quería hacer desistir a Clara de aquella vida de loca pobreza rayana en la miseria en la que querían vivir el Evangelio. Le obligaron a profesar una regla ya existente (la de san Benito). Pero, para vivir lo más suyo, Clara logró sacar a Roma un documento insólito: le llaman El privilegio de la pobreza (puedes leerlo en el libro de la BAC). En ese papel se dice que "nunca podréis ser obligadas a recibir posesiones". Estaba a salvo lo esencial. Se agarraron a este documento insólito (no hay otro en la Iglesia) como a una tabla de salvación. Así se mantuvieron en el ideal primero.

•b)      La irrenunciable fraternidad: Y tras la pobreza, la fraternidad. A Clara, como a Francisco, le resulta obvia una cosa: su estilo de vida comunitario había de ser el de una fraternidad, no una comunidad como las monjas de los monasterios.  Por eso hizo cosas insólitas para la época, creativas diríamos hoy: quiso renunciar al nombre de "abadesa" porque ella siempre se consideró hermana; se querían llamar "hermanas pobres" (Clarisas las llamarían después de su muerte). El nombrecito es antiguo, pero el acento está puesto sobre eso de "pobres" y "hermanas" (puedes verlo en Regla de Clara I,1). Eran hermanas en la pobreza, en la sencillez total (hermandad y sencillez, lo hemos dicho, es el corazón del sueño franciscano).

•c)      La oración en la base de la vida: Cuando en la Edad Media hacían santa a una persona, instruían (más o menos como ahora) un proceso. No se conserva el de san Francisco, pero sí el de santa Clara. En él, una testigo dice que Clara, antes de morir, hizo una de sus oraciones favoritas: "Gracias, Señor, porque me has creado" (puedes verlo en Proceso 3,20). No dice: gracias por la fe, por los sacramentos, por el Evangelio, por la Iglesia, por Francisco, por la fraternidad, que son cosas de gran calado. Gracias por algo primordial: por haber sido creada, porque, con la creación, vienen todos los otros dones. Este "gracias a la vida" en épocas duras como aquella, es una evidencia de que la oración está mezclada a lo básico de la existencia. Un novedad, aunque parezca cosa elemental.

En conclusión: la espiritualidad de Clara está hecha de fuerte creatividad: la sencillez es la puerta que abre a la fraternidad; ésta se nutre de una oración vital que conecta con los valores humanos básicos; y, desde ahí, se genera una gran libertad que esponja el alma.

 

 

2. Actualización

 

            Vamos a proponer algunos caminos de resistencia que puedan ser vividos como fidelidad creativa por parte de quienes apreciamos a Francisco y a Clara:

•a)      Resistir al pensamiento único: A esa manera de ser, dentro de la sociedad y de la Iglesia, que es la del neoconservadurismo imperante. Se está generando la idea de que ciertos modos de vida religiosa tradicional (el rosario, el hábito, el amor al Papa...por caricaturizar) son la única manera de entender y vivir el hecho cristiano; que si uno no camina al ritmo de las modas más superficiales, no está al día; que si no hace suyos los crueles postulados de la economía neocón no es actual. Se precisan caminos alternativos: fe profunda y cultivada en diálogo con la cultura de hoy; vida en "decrecimiento" de posesiones, en austeridad y sencillez, para ganar en calidad; economía orientada por el Evangelio, por mucho que haya quienes creen que eso no tiene futuro. Resistir en fidelidad para generar sencillez y fraternidad, ése es el plan del franciscano/a.

•b)      Resistir a la superficialidad: El mayor enemigo de la fidelidad es la superficialidad. La superficialidad banaliza las cosas y las situaciones, nos hace vulnerables. Por eso, la gran tarea de la persona que quiera vivir en fidelidad  es, como diría Tillich, recuperar la dimensión de profundidad. Para ello se precisa el concepto de trascendencia intrahistórica, aquella que piensa que, adentrándose en la historia se llega a "tocar" a quien late en su fondo (Jn 14,23). Un segundo enemigo unido y dependiente de este primero es el individualismo que considera que el éxito personal es todo el éxito y no entiende, como decía L. Felipe, que lo importante es llegar todos juntos y a la vez. Y un tercer enemigo, familiar de los anteriores, es la rutina, enemigo silencioso pero destructor que lo sitúa todo en el gris sobre gris, sin relieve alguno y sin vida. La vida franciscana habría de luchar a brazo partido contra estos enemigos si aspira a generar estilos y vivencias fieles de espiritualidad franciscana.

•c)      Fidelidad a la utopía del Evangelio: Que no es otra sino que los débiles, expropiados, machados, crucificados, sacrificados, puedan ir teniendo un lugar en el banquete de la vida. El banquete de la vida hace relación a una manera elementalmente digna de vivir en que estén cubiertas las necesidades básicas de las personas (salud, trabajo, alimentación, cultura, vivienda, etc.) y las otras necesidades (libertad, paz, dignidad, etc.).

Muchas veces la única forma de decirlo será con el lenguaje de los gestos. Los gestos no cambian la orientación general de la sociedad, pero es un lenguaje de futuro y por tanto temido por los poderosos.

 

3. Sugerencias

 

  • No estaría mal que alguien llevara a la reunión el libro del P. Ignacio Omaechevarría, Escritos de santa Clara y documentos complementarios, Madrid, BAC, 1993, 3.ª ed., para poder leer los textos citados más arriba.
  • Mirar cómo andan nuestros grupos franciscanos de sencillez, fraternidad, oración viva y libertad, que son los valores "clarianos".
  • ¿Por qué es desconocida para la gente la figura de Clara de Asís?

 

4. Que nos quede claro

 

  1. La fecha de nacimiento de santa Clara (1193) y la de su muerte (1253)
  2. Que Clara fue la más fiel discípula de Francisco.
  3. Que su vida estuvo amasada de sencillez total, fraternidad igualitaria, oración viva y libertad compartida.

4

EL GUSTO POR LA VIDA

 

Frase guía: "Ustedes, los franciscanos, habría de ser apóstoles del gusto por la vida.  ¿Se han percatado de que el ‘Cántico del hermano sol' de san Francisco es un formidable canto de amor a la vida?" (Hno. Roger de Taizé).

 

1. Reflexión

 

            De nuevo abrimos un tema con una frase del Hno. Roger de Taizé. La dijo a un grupo de hermanos capuchinos que fue una tarde a ese lugar de Francia. Es que vamos a reflexionar sobre los escritos de san Francisco. Y vamos a comenzar tomando como primer texto uno muy significativo y muy apreciado por los amantes de lo franciscano y por muchas personas (hay versiones musicales, pictóricas, como la de Miró, etc.) Se trata del Cántico del hermano sol.

            Antes de eso hay que decir que los franciscanos tenemos una gran suerte: ha llegado a nosotros una lista de nada menos que 32 escritos de san Francisco (esos, al menos, pone el libro de la BAC). Son de diversa envergadura, de diverso nivel de conexión con san Francisco, pero los estudiosos, globalmente hablando, le otorgan la autoría a Francisco. Tengamos en cuenta que de otros grandes personajes de la Edad Media casi no nos ha llegado ningún escrito. Por eso decimos que tenemos mucha suerte.

            Vamos pues a reflexionar sobre el Cántico del hermano sol (lee el texto en el libro de la BAC). Este cántico ampliamente conocido hoy en día, es ciertamente una de las obras más estudiadas de San Francisco, y no hay ninguna duda de su autenticidad. En el "Espejo de Perfección" es interesante leer desde el Nº 115 hasta el Nº 120, pues se da el texto. Pero el mejor texto es el del Cód. 338 de Asís. Ya en el siglo XIV muchos pergaminos daban el texto completo, independientemente de otros escritos. Vamos a sintetizar su espiritualidad en cuatro puntos:

  • Un Dios dentro, humanizado: El texto tiene una idea muy novedosa de la realidad de Dios: él está dentro de lo creado. El Dios que descubre en la cruz y el Cántico recoge no se parece en nada al de los señoríos eclesiásticos; no es el Dios de las contiendas feudales ni de las guerras santas. Tampoco es el Dios de los privilegiados del nuevo orden social, el Dios de los ricos mercaderes. No tiene nada que ver con el dinero y su nuevo poder. No es un Dios dominador. Todo lo contrario: se halla en lo más bajo de la miseria del mundo; se ha sumergido en esa miseria, ha cargado con ella, desborda de ella. Cada uno de aquellos pequeños, aplastado por la sociedad de ayer y de hoy, puede reconocerse con facilidad en Él, pues es su hermano. Dice en una de sus Cartas: "Él (Jesús), que era rico sobremanera, quiso, con la bienaventurada Virgen María, escoger la pobreza". Aquel que compartía la gloria de Dios, compartió su vida con los pequeños y humillados, con los derrotados, los ahorcados y los crucificados de todos los tiempos.
  • Pertenencia al coro de lo creado: Para Francisco la creación es un gran coro que incluye a las criaturas, a la persona y al mismo Dios. El éxito de este coro no reside en quien lo dirige, sino en el mismo coro porque Dios quiere nuestro bien exclusivo. La hermosura reside en la conjunción y belleza del coro al que Dios mismo ofrece su amor y se anonada en él. Por eso el Cántico no celebra las maravillas de Dios sino del coro de lo creado (tampoco los valores de la fe cristiana, sino las simples cosas de la vida).
  • Hermandad básica: Francisco desvela por caminos espirituales lo que hoy nos descubre la ciencia: que las criaturas y las personas pertenecemos a la misma familia porque tenemos el mismo origen común, el amor del Padre. Hay en el fondo de la realidad una familiaridad compartida (como lo muestran los trabajos de la ciencia sobre el genoma). Por eso, la contemplación de la creación no puede hacerse sin espíritu de familia y ello mismo lleva a ver que no es lícita ninguna violencia contra familiares, por lo que es preciso tratar a la creación con el cuidado esencial del amor..
  • Una formidable obra de reconciliación: Francisco es consciente de que los caminos de la persona, de Dios y de la naturaleza se han alejado unos de otros (es la obra del pecado). Él retoma el anhelo de Colosenses y Efesios que dicen en sus himnos que la gran obra de Jesús ha sido reconciliar con Dios todas las cosas, las del cielo y las de la tierra. Para Francisco, quien canta a las creaturas no puede hacerlo sin anhelar esa conciencia cósmica de fraternidad.

 

 

2. Actualización

 

            Estos puntos nos ayudan a plantearnos algunas derivaciones de indudable utilidad:

•1)      No temer humanizar a Dios: Ante la actual secularidad, hay una reacción típica entre creyentes: salir en defensa de la divinidad de Dios y de Jesús, como si eso dependiera de nosotros. Da la impresión de que la humanización de Dios es una traición a la espiritualidad cuando no es otra cosa que reafirmar el misterio de la encarnación de Jesús. Pero, para el trabajo social desde el lado creyente, la cuestión es decisiva. Así es, no percibir con agudeza la total apuesta por lo humano que Dios ha hecho en Jesús, su inmersión en los sótanos de la vida, su poner su tienda en las bases de la historia (Jn 14,23) es arriesgarse a pensar que la acción social es un derivado de las exigencias religiosas, cuando en realidad es el núcleo de la opción del mismo Dios por la historia. Nos parece que este cambio de paradigma resulta imprescindible para elaborar una nueva espiritualidad del gusto por la vida.

•2)      Desde el lado de la dignidad: A nuestro modo de ver, todas estas actitudes tienen a la base una percepción de la persona que provoca un tratamiento novedoso: se mira al otro desde el lado de la dignidad y la igualdad.  Francisco cree que, dado que la dignidad la otorga el mismo Dios, no puede perderse ni siquiera por comportamientos cuestionables morales o religiosos. Y si la igualdad es piedra sobre la que se asienta la verdad de la vida, en el fondo, todos estamos hechos con los mismos componentes y autoafirmarse poniéndose por encima del otro no deja de ser una insensatez. Esta manera de pensar es la que le posibilita a Francisco una conexión con los colectivos minoritarios en los que se ceba la violencia social y lo que le hace tratar de vivir en maneras que mantengan la utopía de la dignidad y la igualdad en esos colectivos marcados y oprimidos integrándolos en el corazón del coro de lo creado.

 

3. Sugerencias

 

  • ¿Te parece, tras el estudio del tema, que el Cántico es más que un mero texto bonito o poético?
  • Vuelve a leer el Cántico o a cantarlo.
  • Se podría construir el Cántico visiblemente, con algunos de los elementos que ahí se dice (agua, fuego, tierra, etc...).
  • Hablar sobre el futuro de la tierra desde un lado positivo.

 

4. Que nos quede claro

 

  • Que tenemos la suerte de haber recibido 32 escritos de san Francisco.
  • Que el Cántico del hermano sol es una pieza importante en la poesía italiana antigua y en la literatura universal.
  • Que la integración de las criaturas en una fraternidad es un anhelo soñado del franciscanismo.

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LA FUENTE DE LA TERNURA

 

Frase guía: "Me he preguntado muchas veces, sin encontrar respuesta, de dónde viene lo suave y lo bueno, tampoco hoy lo sé y me tengo que marchar" (G. Benn).

 

1. Reflexión

 

            No puede hacerse otra pregunta mejor que aquella que lo hace sobre la fuente de la bondad y la ternura entre los humanos. Por eso, siempre es tiempo de hablar de la ternura, aunque no la situemos en los primeros puestos del ranking de valores sociales actuales, aunque aún se considere a la ternura como una virtud de "débiles", siendo así que estamos necesitados hondamente de ella. Como dice K. Tsiropoluos, hasta el mismo Dios la necesita.

            Francisco ha sido persona de honda ternura, como se desvela en las fuentes. Así lo vamos a ver en uno de sus escritos, la llamada Carta a un Ministro. Desde ahí los franciscanos habríamos de ir situándonos en la perspectiva de la ternura. Ésta es aquella que, sin juzgar a nadie, sin ni siquiera querer litigar con ninguno de los ámbitos y poderes actuales, trata de acompañar, sostener, amparar, animar a toda persona en cualquier circunstancia en la que se halle, aunque tales circunstancias sean problemáticas desde el punto de vista social, religioso o moral. La ternura no entiende de normas, sino que se sitúa en el puro ámbito del corazón.

            Vamos a ver cómo Francisco elabora en la CtaM una "teoría" de la ternura del todo ceñida a la vida (comenzamos leyendo el texto):

  • En el mundo de la gracia: Para entender este tema es preciso situarse en el marco de la gracia: toda situación adversa "debes considerarla como gracia". O sea, la ternura no brotará si te sitúas en modos de juicio, de condena, de rechazo, de pura confrontación.
  • La puerta de la ternura: No es otra que el "no exigir" nada: "tú no exijas que sean cristianos mejores". Si exiges algo, el corazón se cierra sobre sí como un erizo. Si el otro ve que no tienes ninguna pretensión sobre él, el corazón se abre y da paso a la ternura.
  • La mirada: Es el núcleo del asunto: en mirar con misericordia está la clave de la ternura: "que no haya en el mundo hermano que, por mucho que hubiere pecado, se aleje jamás de ti después de haber contemplado tus ojos sin haber obtenido misericordia". La mirada benigna desvela la disposición a la misericordia. Si la persona no percibe esa benignidad en la mirada, la ternura se hace imposible, la conexión de corazones se bloquea. La espiritualidad franciscana demanda una reconversión de la mirada.
  • No abochornar: Es la conclusión inmediata de quien mira con misericordia: "no lo abochornes ni lo critiques, sino que tendrás con él gran compasión": Quien abochorna no ha entendido la mecánica de la ternura; quien critica está todavía en la orilla del juicio.
  • La fuente: No es otra que la misericordia misma de Jesús, fuente de su ternura y paradigma de comportamiento para quien quiere seguirle: "No son los sanos quienes necesitan médico, sino los enfermos" (Mt 9,12). La fuente de la ternura es, para Francisco, la misericordia de Jesús. Nada hay más acá ni más allá de ella; por ella queda definida la persona y el mismo Dios. Quien no ha hecho experiencia de la misericordia de Jesús no podrá funcionar en modos de ternura cuando el fallo sea manifiesto, notable y, sobre todo, cuando ese fallo del hermano le toque a él.

Los franciscanos habríamos de apreciar fuertemente este escrito de Francisco. En él se refleja el fondo se su alma fraterna y sensible. En este tipo de escritos encontramos luz para nuestros caminos concretos de relación.

 

2. Actualización

 

            ¿En qué campos de nuestra vida actual es más necesaria que nunca esa ternura esencial de la que Francisco es poseedor y a la que nos alienta?

  • La ternura en los problemas éticos: Sobre todo aquellos relacionados con la sexualidad (homosexualidad, prostitución, moral familiar, diversas opciones sexuales, aborto, etc.) y la bioética (manipulación genética, eutanasia, etc.). Sin entrar a litigar con ninguna instancia (médica, moral, religiosa, etc.) el franciscano puede situarse en la perspectiva de la ternura y del amparo. Porque quien anda en estos terrenos acumula, con frecuencia, experiencias de rechazo y sufrimiento que hacen más inhumano su camino. Poner ahí el bálsamo de la ternura puede llegar, si no a solucionar estos complejos problemas, al menos a humanizarlos más.
  • La ternura en las relaciones cívicas: Porque con mucha frecuencia tales relaciones están marcadas por la tensión, la descalificación, la aspereza, el maltrato. Esa manera de vivir desenfoca la evidencia de que, al ser todos miembros de la misma sociedad, de la misma familia (Francisco diría, al tener el mismo origen: el Padre) no tiene sentido el vivir en modos de relación tensa y polemista por sistema. Los arduos problemas sociales no se solucionan, ciertamente, apelando a la ternura. Pero, posiblemente, ayuda a situarlos en sus justas dimensiones y abre la puerta a soluciones inesperadas que la violencia verbal y la descalificación no dejan ver.
  • La ternura en el mundo de la exclusión: Porque ese duro mundo necesita un plus de ternura, de mirada benigna, de comprensión básica. No entramos a los problemas que acarrea la exclusión e, incluso, al peso económico que supone para el hecho social. Eso es cosa de técnicos. Quien aprecia a Francisco mira ese duro mundo con benignidad. Y, al hacerlo, abre las puertas a posibles actuaciones de componente humano que, a la larga, solucionan quizá más que los meros planes técnicos.

No creamos que no existe esta clase de personas que apuntan y viven en el marco de la ternura. Este valor se mezcla a situaciones cotidianas. Por eso hay personas ignoradas, nada célebres, desconocidas que hace hoy posible la ternura. Lo dice la periodista Ángela Becerra: "Ellos y muchos, muchísimos más, son la buena gente, la que cada día apuesta por el lado bueno de la vida. Saben perfectamente que lo que hacen no les va a producir nuevos ingresos, ni va a mejorar su historial. Ninguna televisión comentará sus actos; jamás serán noticia. Dan porque dando se resuelven en belleza, se curten en dignidad, se elevan en ética. Ellos, con sus mínimos actos, dignifican el brillo y la vibración de pertenecer a la raza humana. Hacen profundo y fácil cualquier contacto, y por eso la crisis les afecta menos. Son de los que aún creen en el pegamento más solvente, cálido y potente que existe: el pegamento humano".

 

3. Sugerencias

 

  • Relee en tu casa la Carta a un Ministro. Subraya alguna frase que te llame la atención.
  • Pon rostro a una persona que tú consideres misericordiosa y con ternura, más allá de sus limitaciones.
  • Habla con alguien de la ternura. No hay que tener vergüenza. Dile que san Francisco habla muy hermosamente de la misericordia.
  • Mira en los periódicos de estos días si ves algún texto donde se hable de la misericordia, de la piedad, de la ternura. Casi siempre los hay.
  • Reza con la oración de la introducción.

 

4. Que nos quede claro

 

•a)      Francisco es una persona de la Edad Media. Tiempos más duros que los nuestros, más jerarquizados. A pesar de todo, pone la ternura como centro. No es imposible ir por estos caminos.

•b)      Te un aprecio especial a los tres textos de san Francisco que hemos trabajado: Cánt, Test, CtaM.

•c)      Para Francisco, el tema de la fraternidad es central (comunidades buenas y sencillas). Por eso, muchos de sus escritos, como esta de la CtaM, apunta a la fraternidad, a la buena relación entre las personas.

•d)      Para hablar de Francisco y con Francisco hay que sentir una cierta emoción, un poco de pasión, un brillo en los ojos. Si la cosa es "fría", no hemos tocado hueso.

 

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HACER VISIBLE EL ROSTRO DE DIOS

 

Frase guía: "No te envié a predicar amor, sino a cambiar el mundo" (P.P.Pasolini).

 

1. Reflexión

 

En la parábola pasoliniana de Uccellaci e uccellini, fray Cecilio predica por separado a los halcones y a los gorriones el amor. Tras algunas dificultades de lenguaje logran entenderse y ambos, halcones y gorriones, proponen seguir el camino del amor. Pero, apenas fray Cecilio se da la vuelta, un halcón atrapa y mata a un gorrión. El desconsuelo del cándido hermano es enorme porque piensa que su labor de dos años de prédica ha sido tarea perdida. Pero  el hermano Francisco le dice claramente: "No te envié a predicar amor, sino a cambiar el mundo". Porque, en el fondo, no interesa tanto hablar del amor cuanto sentar las bases de una nueva sociedad. Ahí está dibujado algo de lo que nosotros queremos en esta catequesis.

¿Cómo ha de cambiar el franciscano la sociedad en la que vive? Desvelando el rostro de Dios, haciendo ver que Dios es Padre comprometido con la historia, apoyando nuestros caminos, uniendo su éxito al nuestro. Es más, el franciscanismo tendría que hacer ver que el Dios de Jesús es un Dios menor, a nuestro servicio, un Dios que ama, pero "impotente" para otra cosa que no sea amar. Es un Dios al que, como decía la mística judía Etty Hillesum, hay que ayudar porque él, al unirse con nosotros, entra en debilidad. Un Dios que "al que tendríamos que perdonar" (dice Hillesum) porque nos ha puesto en una creación de debilidad, aunque también de enorme posibilidad. ¿Creerá la sociedad de hoy a un Dios tan pobre? ¿Y si justamente en esa pobreza se hallara la mayor belleza y la promesa de la dicha?

Para hablar de esto vamos a tomar otro escrito emblemático de san Francisco: el Testamento. Este texto no es una mera evocación nostálgica de los buenos días pasados al comienzo de la aventura franciscana. No es Francisco un viejo que nos cuenta sus "batallitas" de cuando era joven. No, el Testamento puede ser entendido como un verdadero programa para desvelar el rostro de Dios. Veamos:

  • El rostro de Dios en el duro rostro del leproso: Por ahí comienza el Testamento: Dios se aparece a Francisco en el rostro del leproso: "me era muy amargo ver los leprosos". Hasta que comprende que él y los leprosos no se diferencian mucho. Dios acoge esa vida pobre. Aquí empieza la aventura evangélica de Francisco.
  • El rostro de Dios en la oración anhelante: Francisco ora sencillamente: "Te adoramos...". La vida de Francisco no se puede comprender sin la oración. Ahí encuentra la fuente donde bebe su espiritualidad, el secreto de su adhesión a Jesús.
  • El rostro de Dios en la comunidad cristiana: Porque Francisco vive su aventura creyente en el seno de la Iglesia, por muy limitada que ésta sea. De ahí su fe en los sacerdotes, aunque sean débiles, a los que considera como "señores míos", y a los teólogos como administradores de "espíritu y vida".
  • El rostro de Dios en la fraternidad: Modo privilegiado de percibir la presencia amable y reconfortante del Padre. Por eso, los hermanos son don de Dios: "El Señor me dio hermanos". Ahí es donde Francisco disfruta del rostro paterno de Dios.
  • El rostro de Dios en el difícil rostro de la pobreza: Porque Francisco no ama la pobreza por ella misma, sino porque es camino para llegar fácilmente al núcleo del Evangelio. "No queríamos tener más", lo necesario, lo mínimo, lo imprescindible. Nunca se apartó de esta certeza, aunque a veces las cosas caminaran por otros derroteros.
  • El rostro de Dios en el trabajo humilde: Porque para Francisco los hermanos han de trabajar siempre y en primer lugar: "Quiero firmemente que los hermanos trabajen". Solamente en épocas de pobrezas se debe recurrir a la mesa de los pobres, la limosna, cuando, después de trabajar, no haya remuneración: "recurramos a la mesa del Señor". No hay que tener bienes almacenados para épocas de carestía. Ahí está la diferencia respecto a otras órdenes religiosas de la época.
  • El rostro de Dios en la confianza ciudadana: Francisco piensa que los hermanos pueden ir por el mundo sin papeles que les acrediten y les defiendan. Es cuestión de confianza en Dios, de mostrar la fe en el rostro de un Dios en quien se confía plenamente. Por eso pueden "marcharse a otra tierra con la bendición de Dios", sabiendo que en esa otra tierra se les va acoger con personas buenas que son.
  • El extraño rostro de Dios en una estructura obediencial: No es fácil ver ahí el rostro de Dios. Quizá los años, con sus desenfoques, hicieron mella también en Francisco. Él quería que se tomara en serio el camino evangélico. De ahí la necesidad de la obediencia. Pero, como dirá en la Regla, la verdadera obediencia del hermano menor es la obediencia a la fraternidad, al proyecto evangélico en común. Eso será "ser acogidos en la obediencia".
  • El rostro de Dios en lo concreto de la regla: Ya que para Francisco la Regla es el corazón del Evangelio. Y esto hay que entenderlo "sin glosa", es decir, sin ánimo de ocultar las palabras del Evangelio tras la cortina de humo de la rutina y del egoísmo. Sin glosa, pero con profundidad, no en modos ingenuamente superficiales.

Es decir, el Testamento puede ser leído como el profundo anhelo de Francisco por desvelar a través del cauce de su vida el rostro del Padre con todo su brillo y todo su amor. Cualquier instancia y situación de vida la aprovechaba Francisco para saciar esa búsqueda.

 

2. Actualización

 

            Proponemos tres derivaciones que, al filo de la reflexión anterior, podrían dar pie al diálogo:

 

•a)      Cuando el rostro de Dios aparece nítido en la misericordia: Situar la misericordia de Dios lejos de las preocupaciones históricas es, además de inutilizarla, hacerla desaparecer. Los perfiles del Dios de bondad se borran en ausencia de misericordia. Por eso, la misericordia habría de ser la ley básica y real de cohesión de un grupo creyente. Pretender recuperar las "raíces cristianas" de nuestra sociedad sin replantear el tema de la misericordia, tanto a nivel social como eclesial, es pretender lo imposible.

•b)      El perdón social como verificación de la visibilidad del rostro de Dios: Las religiones han trabajado mucho el tema del perdón religioso, del creyente con su Dios. Pero han trabajado mucho menos el perdón social. En realidad, este segundo es de mucha más decisividad histórica que el otro. Y ello por una sencilla razón: porque el perdón social "se ve", mientras que el religioso no. Al verse, es evaluable, cuestionable, apreciable, etc. De ahí que digamos que el perdón social verifica la visibilidad del rostro de un Dios que perdona.

•c)      Ver el rostro de Dios en el sufrimiento compartido para superar su inutilidad: Hay quien dice que el sufrimiento es inútil; no solamente es inútil, sino gratuito, cruel, inexplicable, absurdo. Por eso, queda claro que lo primero que es preciso hacer ante el sufrimiento es luchar a brazo partido contra él, para atenuar sus efectos perversos. Pero, aún así, él interrogante sigue ahí. Y una cosa aparece clara: el sufrimiento del otro me incumbe tanto como el mío. Y más, el sufrimiento de los más débiles. Es en ese compartir un sufrimiento general donde habrá que leer el rostro de Dios que participa de nuestros sufrimientos como el más interesado en que sean los menores posibles, ninguno como horizonte.

 

3. Sugerencias

 

  • ¿Crees que el Testamento es más un programa de vida de uno que ha anhelado el rostro de Dios o es mero recuerdo de lo vivido?
  • Los franciscanos aprecian mucho el Testamento. Pregúntaselo a alguno de ellos.
  • Elige tres frases del Testamento que le llamen más la atención.

 

4. Que nos quede claro

 

  • El Testamento ha de contar con nuestro aprecio.
  • Los primeros hermanos lo valoraron mucho.
  • Es un texto privilegiado entre los demás Escritos.

 

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EL ACENTO EN LO IMPORTANTE

 

Frase guía: "Lo importante es saber ver con los ojos del alma" (H. Núñez Ladavéze).

 

1. Reflexión

 

            No solamente por deferencia, sino con todo realismo, los escritores franciscanos actuales son unánimes a la hora de valorar a Clara de Asís como la mejor y más fiel discípula de Francisco. En medio de una época convulsa, cuando el ideal franciscano se estaba "cociendo", cuando también brotaban las primeras "corrupciones", Clara supo mantenerse fiel a la memoria y al ideal de Francisco.

            Esto lo hizo de manera bien recia. A veces, por esas cosas de los escritores que han ensalzado a Clara con expresiones como "plantita de san Francisco" (expresiones amenazadas de ñoñería), se ha podido llegar a creer que Clara ha sido fiel al ideal franciscano de manera simple y como sin esfuerzo, sin poner la carne en el asador. Nada más lejos de la realidad. Sus escritos lo demuestran con creces.

            Se conservan únicamente 8 escritos personales de santa Clara: su Regla, el Testamento, las 4 cartas a su amiga Inés de Praga, la carta a Ermentrudis y la Bendición. Puede parecer poco pero, como dijimos de Francisco, que hayan llegado estos textos de una persona de la Edad Media es una gran suerte. Con ser todos estos escritos importantes, las 4 cartas a Inés son, tal vez, los de más profundo contenido espiritual porque en ellas queda plasmada la manera como Clara entendió y vivió su fidelidad al carisma franciscano.

            ¿Cómo podríamos definir, en pocas palabras, esa fidelidad? Supo poner el acento en lo importante. Supo ver, como decimos en la frase guía, con los ojos del alma. ¿Qué era lo importante? La adhesión amorosa a Jesús. ¿Qué no era tan importante? Las prácticas religiosas consagradas, por ejemplo el ayuno. Vamos a verlo en una de sus cartas, la III (no es muy larga, se puede leer entera):

 

•a)      Lo relativo: En la Edad Media, el religioso/a que no ayunase fervientemente demostraba con ello que no era un buen religioso. No se concebía una vida cristiana con vigor sin fuertes ayunos. El ayuno era la medida de su religiosidad (algo de eso llegó hasta nosotros, por eso la cosa aún colea en tiempos de laicidad). En la 3CtaI 5, Clara responde a una cuestión y a una práctica en torno al ayuno que se ve que le ha planteado su amiga Inés. Clara le dice que le va a responder no tanto sobre el ayuno, sino sobre las fiestas que, según ella, aconsejó Francisco que se celebraran "con variedad de manjares". Con ello ya se ha dado un giro al asunto. Dice Clara que la norma general es que "ninguna de las que estamos sanas y fuertes deberíamos tomar sino comidas cuaresmales". Es decir, nosotras acatamos el sentir común de la religiosidad que dice que una monja que se precie tiene que ayunar todo el año. Pero viene la rebaja: no se ayunan los domingos y los días de Navidad en que se puede comer dos veces al día; el jueves es ayuno voluntario; no se ayuna en las Pascuas (la florida, la de Navidad y la de san Miguel) ni en las festividades de María y de los Apóstoles. De modo que si se suma todo esto, nos ponemos en más de 180 días al año en que no se ayuna. ¿Qué le está queriendo decir Clara a Inés? Hermana Inés, el ayuno puede tener algún sentido, pero no es lo importante. No derroches ahí fuerzas que necesitas para cosas de mayor importancia.

•b)      Lo importante: ¿Qué es lo importante? La adhesión amorosa, vibrante, al mismo Jesús. Ahí es donde es preciso poner toda la carne en el asador. En esa misma 3 CtaI, en el nº 3 se habla de Jesús con una imagen que a la que parece que recurría mucho la espiritualidad medieval: la imagen del espejo. Cristo es como un espejo en que se debe mirar constantemente la franciscana contemplativa. Le dice que "aplique su mente" a ese espejo, que se forme, se actualice, profundice en torno a la persona de Jesús. Le dice también que aplique "el corazón" para que la adhesión a Jesús no sea únicamente ni sobre todo cuestión de principios, sino de vibraciones interiores, de amor, en definitiva. Le ruega, finalmente, que se "transforme" en ese espejo en el que se mire, que viva en su vida los criterios y comportamientos del mismo Jesús. La conclusión es hermosa y evidente: "ama del todo a aquel que del todo se entregó por tu amor".

Vemos, pues, cómo Clara ha sabido distinguir lo relativo de lo importante. De esa manera ha podido ser fiel al carisma de Francisco porque, él también, supo ceñir su vida a lo importante poniendo entre paréntesis lo que no lo es.

 

2. Actualización

 

            Esta espiritualidad puede tener muchas derivaciones para nuestra vida franciscana. Entresacamos cuatro:

  • Para asumir la diferencia: Uno de los beneficios más grandes de poner el acento en lo importante es que nos ayuda decisivamente para la difícil tarea de asumir la diferencia. Los humanos, la vida fraterna, hemos encontrado un "truco" para evitar los problemas de relación: uniformar. Creemos que siendo todos legalmente iguales ya hemos logrado la fraternidad, la buena relación. Pero la evidencia es que somos diferentes, cada uno con su historia y su manera de ser peculiares. ¿Cómo asumir esta diferencia esencial como base real de nuestra relación? Poniendo el acento el importante y relativizando lo que no lo es. Si estamos unidos en lo importante (el respeto, la colaboración, la solidaridad, la adhesión a Jesús, la centralidad del Evangelio, etc.) es posible que podamos asumir la diferencia y, con ello, brote la fraternidad.
  • Insistir en los valores de siempre: Hay gente que dice que está pasado de moda insistir en los valores de siempre: la justicia, la bondad, la verdad, el respeto, el amor, la centralidad de los débiles, la paz, etc. Pero resulta que esos son los valores importantes. La espiritualidad que pone el acento en lo importante ayuda a mantener vivo el anhelo de esos valores sin arrugarse ante quien dice que, al ser valores de siempre, están pasados de moda.
  • Lo decisivo de la adhesión a Jesús: A esto nos puede ayudar de manera decisiva la espiritualidad de poner el acento en lo importante, ya que la persona religiosa tiende a poner énfasis (a veces excesivo) en asuntos que son secundarios de cara al hecho creyente. Volver a la adhesión a Jesús es, sin duda, una de las grandes tareas del momento creyente presente porque en el fragor de la discusión con la laicidad, estamos haciendo campo de batalla de cuestiones que no son nucleares (asuntos litúrgicos, morales, eclesiásticos, de presencia social, etc).
  • El acento en lo importante de la experiencia franciscana: También a esto nos ayuda la espiritualidad que pone el acento en lo importante. Llevamos años ya aprendiendo a relativizar los tópicos que en torno a la figura de Francisco se han manejado popularmente (su alegría, su dulzura, su amor a los animales, etc.). Los trabajos en torno a la espiritualidad franciscana nos empujan a resituar problemas básicos en torno a la relación humana y social, en torno a la figura de Jesús y su Palabra, etc. Ahí es donde hay que poner el acento cada día.

 

3. Sugerencias

 

  • - ¿Te parece que textos de Clara como la 3CtaI son hoy interesantes?
  • - Descubre algunas situaciones reales de las comunidades cristianas en que estemos atrapados por cuestiones que no son importantes. ¿Cómo entenderlas franciscanamente?
  • - Haz un ejercicio personal: Pon delante un par de cuartillas: escribe en lo de la izquierda lo que para ti no es importante y en la derecha lo que resulta importante para ti. Coméntalo con alguien.
  • - Reza con la oración de la introducción.

 

4. Que nos quede claro

 

  • Que Clara de Asís tiene 8 escritos personales interesantes.
  • Que la espiritualidad de Clara es muy profunda porque era una mujer de honda experiencia creyente y de formación bastante buena.
  • Que es preciso reivindicar la figura de Clara de Asís y acercarse a ella.

 

 

 

8

PALABRAS PALPITANTES

 

Frase guía: "El lenguaje no es sólo un medio de comunicación: es un mundo por conquistar cada día a la luz de ese ideal ético que convierte a la existencia humana, a pesar de todas las violencias y adversidades, en una empresa gozosa, en un asombroso destino" (E. Lledó).

 

1. Reflexión

 

Hablar de la Palabra sin pasión, sin dulzura, sin sentir dentro su cosquilleo; hablar de ella atrapados en la coraza de hierro de la rutina o de la costumbre; querer verla como fundamento y ánimo de la vida desde meras perspectivas ideológicas es quitarle su verdadero dinamismo. Una Palabra leída sin pasión, sin deslumbramiento, sin contener la respiración podrá ser una manera de construir mensajes religiosos, pero le faltará la chispa que genere el incendio en que arda el corazón. Con razón decía Mme. De Chatêlet que había que pedir pasiones a Dios. Más que nunca a la hora de hablar de la Palabra.

            Ésta es la manera profética con que la vida franciscana habría de plantear el reto de la Palabra en el conjunto de la Iglesia: cómo vivir y trabajar la Palabra en maneras "ardientes", palpitantes, deseadas. Si no, el peligro de la rutina, de la lectura precientífica, de la manera de entender la Biblia separada de la vida se apropiarán de la misma Palabra, la domesticarán, la empobrecerán. Es cierto que no somos nosotros quien damos vida a la Palabra; ella misma tiene la vida dentro y nos la da a nosotros. Pero si no se la recibe, propaga, y ofrece en modos palpitantes, el corazón de la Palabra "deja de latir" y su vigor queda prácticamente estéril. La Palabra habría de ser para la Iglesia una profecía que late al mismo ritmo de la vida para, precisamente, ser causa de vida plena.

            Así queda reflejado en Lc 24,32 cuando aquellos dos de Emaús sintieron que "su corazón se abrasaba" mientras les hablaba por el camino. Efectivamente, la Palabra no es solamente una realidad inspirada, sino, además, inspiradora.  Es decir, aunque en el Mensaje no se hallen nuestras opciones históricas de vida sí que se puede encontrar en él luz, inspiración, sentido. El texto bíblico es para la vida cristiana en general y para la vida franciscana en particular una instancia de sentido. Desde esa perspectiva ponemos delante dos textos inspiracionales para la espiritualidad franciscana:

•a)      Mt 23,8-12: "No os dejéis llamar maestro, porque uno sólo es vuestro maestro": Este texto ha tenido mucho eco en Francisco y así ha quedado plasmado en la gran exhortación fraterna que es 1 R 22. En 34-35 se cita explícitamente el pasaje. El gran ideal de Jesús es el de una comunidad, una sociedad incluso, fraterna, igualitaria. Es el gran "sueño de Dios" que atraviesa las páginas de la Escritura. Jesús quiere que su comunidad funcione por el mecanismo de la comunión no por el de una jerarquización social o religiosa. Si este objetivo de elemental fraternidad no se da en el grupo franciscano no solamente su sentido elemental se tambalea, sino que también su aportación profética a la Iglesia y a la sociedad se deslíe. Porque la profecía de la fraternidad es aquella que dice hoy, en estilos de vida concretos, que vivir como hermanos es posible, más allá de las innumerables heridas que nos inferimos los humanos.

•b)      Jn 14,23: "Vendremos a él y pondremos nuestra morada en él": Francisco cita este texto en sus escritos varias veces: 1 CtaF 1,6; 2CtaF 48; 1 R 22,27. Este texto, culmen de la espiritualidad joánica, viene a decir que la muerte no ha sido para Jesús el duro obstáculo ante el que ha sido vencido. Por el contrario, después de su "irse", de su muerte, ha vuelto al seno de la comunidad, al fondo de la historia, para hacer ahí una formidable obra de reorientación y de animación. La Palabra confirma a la vida franciscana en esta verdad: la historia no está sola, desamparada, a la intemperie. Es una historia cuidada, acogida, abrazada, "con marido", como dijo la vieja profecía. De esa certeza y de ese ánimo ha de ser la vida franciscana profecía en nuestra sociedad de hoy.

 

2. Actualización

 

            A la luz de lo dicho vamos a despejar tres interrogantes que impiden hacer una lectura palpitante de la Palabra:

  • ¿Por qué se nos cae de las manos?: Hay que reconocer que gran número de nosotros provenimos de un "tiempo sin Palabra". En la mayoría de nuestros hogares de la posguerra española no disponíamos de una Biblia. Nuestros padres/madres, muy religiosos ciertamente, no tuvieron el amparo de la Palabra leída en casa. La misma liturgia se hacía en latín con lo que, si el cura no la traducía, el acceso al texto bíblico era limitadísimo. De ahí venimos. La experiencia cotidiana nos dice que una comunidad cristiana que trabaja la Palabra en maneras activas, cultivadas, buscadas, preparadas, actualizadas, tiene mejor porvenir que una comunidad que se echa en brazos de la rutina religiosa.
  • ¿Es tan imprescindible?: Es algo que muchas personas, de indudable buena voluntad, preguntan: ¿Es tan necesario conocer la Escritura para llegar a la santidad? Y aducen: mucha gente de otras épocas, iletrados que no han leído personalmente la Biblia, han llegado a la santidad. La respuesta es simple: a) el acceso  a la Biblia es también problema cultural, y resulta que hoy tenemos un nivel cultural y mucho más favorable que en épocas pasadas; b) estas generaciones no han tenido la oportunidad que hemos tenido nosotros/as, luego es preciso ser responsable con los medios que nos ha dado en nuestros días; c) saber cosas de Biblia es imprescindible para generar auténtica adhesión al Mensaje de Jesús; el problema de la salvación es otra cosa.
  • ¿No conocemos ya el Evangelio?: A causa del perviviente historicismo del que luego hablaremos, hay no pocas personas que piensan que ya conocen el Evangelio. Efectivamente, saben de memoria, a causa de su reiterada participación en la celebración litúrgica, el componente narrativo de muchos pasajes bíblicos. Pero si les pidiéramos hacer pequeñas síntesis personales del Mensaje se verían quizá perdidos: ¿qué pensaba Jesús del dinero, de la familia, del mercado, de la oración, de la trascendencia, de la mujer, etc.? Responder personalmente a esta clase de cuestiones demanda haber personalizado los textos, haberlos rumiado muchas veces en el propio interior, haber llegado a sintetizarlos de la mejor manera que uno cree conveniente. Esta saludable "apropiación" de los textos es harina de otro costal.

 

3. Sugerencias

 

  • Repasa los textos franciscanos que se han citado en esta catequesis.
  • Échale un vistazo, en el índice de materias de los Escritos de san Francisco al término Palabra.
  • Vete adquiriendo la buena costumbre de leer el Evangelio de cada día. Poco a poco la Palabra va calando.
  • Reza con la oración de la introducción.

 

4. Que nos quede claro

 

  • - Francisco y Clara beben su espiritualidad de la Palabra.
  • - Los textos franciscanos son un conglomerado de citas de la Palabra.
  • - Sin trabajar la Palabra es difícil entender y vivir la vida franciscana.

 

 

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FRATERNIDAD CÓSMICA

 

Frase guía: "Rehusar la fraternidad con la naturaleza es también, en definitiva, hacernos incapaces de fraternizar entre humanos" (E. Leclerc).

  

1. Reflexión

 

Una persona capaz de experimentar vitalmente la fraternidad cósmica es un ser reconciliado, consigo mismo, con sus raíces y con los demás hombres: ¿Acaso fraternizar con todas las criaturas no es optar por una visión del mundo en la cual la conciliación triunfe sobre el enfrentamiento? ¿No es abrirse por encima de todas las separaciones y las soledades, a un universo de comunión, en un gran hálito de perdón y paz? El mundo pasa, de este modo, de ser un objeto a dominar y poseer, a conformarse como una realidad maravillosa en la que la persona es admitida para vivir y cooperar en la creación con todo lo que vive. Cuando al depuesto y carismático obispo J.Gaillot le preguntaban cuáles eran sus sueños, respondía: "Sueño con ver a la fraternidad abarcando a todos los vivientes de la naturaleza. Porque somos habitantes de la tierra. Pertenecemos al cosmos. Fraternidad humana y fraternidad cósmica están ligadas".

            L.Boff ha escrito profundas reflexiones sobre la evidencia de nuestro ser tierra, una nueva manera de enfocar nuestra pertenencia a la tierra. Él dice que esa nueva manera no podrá surgir sin tener una experiencia eco-espiritual: "Vivir en la globalidad del ser, en el sentimiento que se estremece, en la inteligencia que se ensancha infinitamente, en el corazón que queda inundado de conmoción y ternura: eso es hacer una experiencia eco-espiritual". No se trata de sentimentalismos superficiales. Esta actitud lleva implícita un gran cambio: "Durante siglos hemos pensado acerca de  la Tierra. Nosotros éramos el sujeto de pensamiento y la Tierra su objeto y contenido. Después de todo cuanto hemos aprendido de la nueva cosmología, es importante que pensemos en cuanto Tierra, que sintamos como Tierra y que amemos como Tierra. La Tierra es el gran sujeto vivo que siente, que ama, que piensa y que sabe que piensa, que ama y siente por nosotros y a través de nosotros". Esta honda experiencia espiritual es necesaria para avanzar en el camino de fraternidad cósmica.

            No nos cabe ninguna duda de que Francisco de Asís ha sido persona eximia y hasta pionera en esta manera de vivir en la globalidad del ser. Vamos a destacar algunos textos que nos iluminan:

  • Francisco, dicen sus fuentes, "se sentía arrastrado por el amor a las criaturas". Es una atracción irresistible. Sin grandes argumentos ni científicos ni teológicos, por vía de la intuición y del simple amor, Francisco ha descubierto la maravilla de pertenecer al conjunto de lo creado. Ha tenido una visión global, holística, de la creación. Y la ha vivido en formas simples, cotidianas, ingenuas incluso, pero profundamente experienciales
  • Cuando Francisco ensalzaba el valor de lo creado afirma taxativamente: "Debemos alabar especialmente al Creador por el don de las criaturas de las que nos servimos todos los días", afirma en cierto lugar. Las criaturas entran así en el coro de la alabanza. Es, por nuestra parte, como un pago, una gratificación agradecida, por el uso que hacemos de ellas. Y no solamente por eso, las criaturas son camino de alabanza a Dios, instancia de conexión con el Padre, certeza de que su amor se sigue derramando en nuestra existencia. Son ayuda para la experiencia creyente.
  • Animaba Francisco a que el hortelano de la casa cultivara también flores porque, aunque haya quien las crea inservibles, dicen con el lenguaje de su belleza, una verdad grande: "Toda criatura pregona y clama: ¡‘Dios me ha creado por amor tuyo, oh hombre!'". Francisco ve que la causa de tanta belleza es, justamente, el amor de Dios a la persona. Al descubrir esto, cualquier criatura, por inservible que se crea, es lenguaje de Dios para la persona.

 

2. Actualización

 

            Bien mirada, esta espiritualidad tiene aplicaciones que, a la larga, pueden dar su fruto concreto. Destacamos:

  • Profesión de amor a la tierra: Una "profesión de fe" que nos resulta tan necesaria o más que las que hacen referencia a cualquier credo religioso. ¿Cómo vamos a ser solidarios con quienes habitan una tierra a la que no amamos? ¿Cómo vamos a derramar afecto, ternura, y amparo si la pertenencia a la historia nos desata en nosotros el agradecimiento más hondo? Mucho vinagre se ha vertido sobre la tierra y sus heridas, agrandando con ello su dolor. Es hora de derramar bálsamo, comprensión, solidaridad y agradecimiento. En esta clase de "raíces" puede hallarse el secreto de ulteriores acciones sociales de nuevo signo.
  • Fraternidad universal: Mirando a Francisco y Clara de Asís vamos entendiendo que el verdadero núcleo de su espiritualidad no es ni la pobreza, ni la contemplación, ni la alegría, etc., con ser estos valores centrales de su carisma. Es en el anhelo de la fraternidad universal donde se halla la cota más alta de su mensaje. La certeza, verdadera fe, en que las personas podrían ser hermanas entre sí e incluso con la creación es lo que ha alimentado el sueño más íntimo de la vida evangélica de los hermanos primeros. Así lo han experimentado muchas personas sacudidas fuertemente por la duda de la imposibilidad de ese logro. "Este hombre luminoso, escribe el franciscano E. Leclerc que convivió con la muerte en largos años de prisión en los campos de concentración nazis, puso en mi corazón el sol y, junto con el sol, toda la creación. Yo me he vuelto hacia él y le he preguntado por el secreto de la verdadera fraternidad humana". Quizá ese secreto no sea otro sino aquel que cree en la enorme verdad del valor innegociable de toda persona dotada de dignidad por el amor del Padre.
  • Para tiempos de torbellinos: Una espiritualidad como la descrita es muy útil para este "tiempo de torbellinos" en el que nos hallamos metidos. El peligro del torbellino es que uno quede absorbido por él. Pero la solidaridad que se basa en la dignidad y que la percibe con viveza en los lados ocultos de lo humano puede hacer frente al vértigo de cualquier torbellino. Le ampara la certeza de que esto ha funcionado en personas como Jesús, Francisco de Asís y tantos otros. Y tal certeza se ve reforzada por la evidencia de que el nivel de humanidad se eleva cuando la sintonía con lo creado eleva su cota.

 

3. Sugerencias:

 

  • - Busca un texto de los escritos de san Francisco donde hable de su amor a lo creado. Trata de explicarlo de una forma recia y actualizada huyendo de tópicos.
  • - Dialogar sobre los pros y contras de las actuaciones de los que llamamos grupos ecologistas.
  • - Cómo podemos organizarnos los franciscanos cuando ocurre algún gran atropello contra la naturaleza.
  • - ¿Escuchamos el grito de la tierra? Cuando es lejano (pleito contra la Texaco en la misión de los Capuchinos de Coca en el Oriente ecuatoriano), más próximo (problemática en torno a las bolsas de plástico) o en la propia familia (reciclaje en casa).
  • - Intentar traducir de modo comprensible la expresión ser tierra.
  • - Rezar con la oración de la introducción.

 

4. Que nos quede claro

 

  • La preocupación por ser tierra no es mera poesía.
  • La fraternidad cósmica es en Francisco un puntal de su espiritualidad.
  • Tener a la tierra por nuestra casa ha de llevarnos a ser muy flexibles en temas como inmigración, nacionalismos, valoración del distinto.

 

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LAS CAUSAS DE LA POBREZA

 

Frase guía: "Cuando doy pan a los pobres, me llaman santo. Pero cuando pregunto por qué los pobres tienen hambre, me llaman comunista" (H. Cámara).

 

 

1. Reflexión

 

Hoy sabemos que los causantes de la pobreza no son los gobiernos, aunque con su mala gestión puedan incrementarla, sino las grandes multinacionales, las enormes empresas alimenticias, las grandes corporaciones petrolíferas, los fabricantes y vendedores de armas, etc. Estas personas-entidades salen indemnes de cualquier vaivén y generalmente aumentan sus beneficios a resultas de las crisis que ellos mismos provocan. Cuando la crisis alimenticia mundial es más álgida y muchos gobernantes de todo el mundo se reúnen en Roma auspiciados por la FAO en 2008 para tratar el problema, se sabe, antes de que termine la reunión, que los alimentos acaban de encarecerse más. Parece un sarcasmo, pero es una realidad. La gran parte de quienes podrían decir una palabra en este tema, miran para otro lado.

            ¿Y los franciscanos/as? Hay que reconocer que, en general, también la vida cristiana, a veces incluso en connivencia con el sistema, ha trabajado con denuedo en los efectos de la pobreza, pero ha ignorado las causas. Quizá se piense que ese campo no es el nuestro, pero, como decimos, ahí está la fuente de los mayores dolores de la humanidad. Se cree, con cierta ingenuidad, que el hambre el que mata, pero lo que realmente mata es la desigualdad que lo provoca. ¿Estamos todavía a tiempo para escuchar este reto? Sí lo estamos, aunque necesariamente nuestras actuaciones hayan de ser modestas. La magnitud del reto no habría de oscurecer la exigencia de respuesta.

            Generalmente, cuando se habla de la pobreza franciscana, nos referimos casi siempre a la experiencia personal de Francisco y sus primeros hermanos en torno a este asunto. Raramente se habla de la tal pobreza en las estructuras franciscanas. Se mira únicamente a Francisco para concluir que fue un creyente que ancló su vida en una experiencia auténtica de pobreza. Queda fuera de duda que la experiencia de pobreza ha sido decisiva en el proceso creyente de Francisco. Él provenía del mundo de la riqueza emergente y ha entendido (como tantos movimientos laicales de su época) que la vida en pobreza era la puerta que le abría al secreto del Dios que, pobre él también en su darse a la persona, acoge su vida y la plenifica. Le ha abierto también el secreto de un Jesús, pobre y entregado, al que ha querido imitar y vivir hasta en su forma de vida. Y también le ha abierto el secreto del corazón del hermano y del suyo propio, en ese misterio de debilidad que anida en el fondo de la realidad personal y que contiene una parte principal de su mayor verdad. Por todo esto ha sido tan decisiva y marcante su experiencia de vida pobre: una herramienta formidable para el logro de su fin primordial, la vida creyente. No es de extrañar que la recomendara a sus hermanos con una fuerza próxima al mandato inapelable.

            Pero hay que decir, todos lo sabemos, que la pobreza de Francisco (como cualquier pobreza) ha estado hecha de soledad, dureza, frío, mordedura del hambre, desamparo, perplejidad. Una pobreza auténtica, no de salón, no lírica, de las que no huele bien (que diría Benedetti: limpia, nuevita, bien desinfectada), sin otro amparo, en ocasiones, que el que proviene del amor del Padre ("sin otro calor que el divino" TC 39). ¿Trabajó Francisco el tema de las causas? Explícitamente no. Hubiera sido necesaria en la época la mentalidad de un auténtico revolucionario social, cosa que no podemos pedir a Francisco. Sin embargo, quizá sin pretenderlo, hizo una pequeña siembra de inquietud por las causas en su idea de vida fraterna: tal vez creyera que si sus grupos de hermanos podían vivir en una relación fraterna y solidaria asumiendo la vida en pobreza, quizá la sociedad también podría algún día vivir esa nueva relación en que las causas de las pobrezas queden controladas. Él tenía la convicción de que "el enemigo va dentro" de cada uno (Adm 10,2) y que si se controla al tal enemigo brota la fraternidad y, con ella, la justicia. Posiblemente sin darle el calado que nosotros le damos, haya que constatar aquí sus trabajos "estructurales", políticos, por el logro de la paz (en Asís, en Gubio, en Siena, en Bolonia, etc.), trabajos que parece que dieron un cierto resultado positivo. Quizá sea algo poco relevante para el tema de las causas. Pero, pedirle más, sería, tal vez, deformar su perfil histórico.

 

2. Actualización

 

Esta espiritualidad de las causas de la pobreza admite la actualización desde muchos lados. Sugerimos:

  • Mantener dos certezas: Aquella que, por un lado, nos asegura que entrar en estos caminos nos abre una ventana sobre el ancho mundo de la necesidad de hoy y nos descubre la problemática verdadera sobre la que se asienta el futuro de lo creado. Esto, además, abriría nuevos horizontes vitales a los grupos franciscanos, tentados, a veces, de encerrarse en su burbuja religiosa. Y, además, nos conduciría a una vía nueva de comprensión del Evangelio, porque una lectura más social de la Palabra (camino aún poco utilizado) devuelve al Evangelio un vigor que tal vez haya perdido con el modo rutinario y secular de una mera lectura espiritualista y moralista.
  • No temer a una espiritualidad histórica: Porque hay quien dice que todo esto es muy "de tejas abajo". Efectivamente, pero es que el mismo Evangelio es de tejas abajo: no ha sido ofertado a ángeles, sino a personas históricas. Es preciso colaborar en la creación de una "mística horizontal", de ojos abiertos, que entienda que no es necesario salirse de la historia para construir la fe, sino adentrarse en ella llegando hasta el fondo de su herida, de su verdad.
  • No a la parálisis, sino al ánimo: Que esta clase de reflexiones no nos lleven a la parálisis, sino al ánimo. La envergadura de los problemas, la abrumadora falta de medios para atajarlos, la marginación en que se mueven quienes aspiran a un mundo más humano, no tiene que llevarnos al bloqueo, sino al aliento compartido, sabiendo, como diría Casaldáliga que "es tarde, pero es madrugada si insistimos un poco".
  • ¿Qué estoy dispuesto a hacer?: Que la enormidad de la batalla de las causas de las pobrezas no nos impida ver que, en parte, quizá en pequeña parte, está a nuestro alcance. Que no nos abrume el clásico interrogante ¿Qué puedo hacer? Que lo cambiemos por aquel otro: ¿Yo qué estoy dispuesto/a a hacer? Que a este interrogante lo sustente la certeza de que la realidad es transformable. Y que a esa certeza mezclemos esta otra como dice J. Saramago: "No cambiaremos la vida, si no cambiamos de vida".

 

3. Sugerencias

 

  • - Trabajar en los efectos de la pobreza, en los pobres, es imprescindible. Pero, ¿cuándo se trabaja en las causas?
  • - Pon algún ejemplo de persona que, a tu parecer, trabaja en las causas de la pobreza.
  • - Mira una pobreza cercana a tu ambiente y pregunta por las causas de la misma.
  • - Di alguna acción de solidaridad que apunte a las causas de la pobreza y que no sea complicada de llevar a cabo.
  • - Ora con la plegaria a Francisco y Clara de la introducción.

 

4. Que nos quede claro

 

  • El tema de las causas de la pobreza conecta con la espiritualidad franciscana.
  • Quien aprecie a Francisco tendrá que hacerse, mejor temprano que tarde, la pregunta por las causas de la pobreza.
  • No es lo mismo la pobreza que las pobrezas. Éstas son un interrogante que viene de muchos lados, mientras que aquella puede convertirse en una cuestión cerrada y sin solución.

 

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FRANCISCO, HOMBRE DE ABRAZOS

 

Frase guía: "Toda la naturaleza se encuentra ávida de ser abrazada y dispuesta permanentemente a prodigarse a nosotros en un abrazo integrador en sintonía con el Universo".

 

 

1. Reflexión

 

En el "Libro de los abrazos" Eduardo Galeano dice que hay abrazos que se guardan toda la vida, abrazos inolvidables, sentidos y también de los otros, fríos, metálicos, abrazos que no debieron ser. Nunca olvidaremos el abrazo de una persona amiga, abrazo fuerte y contenido, un abrazo de despedida. Abrazos de pareja, de amistad, de despedidas, de reencuentros, de cariño, de protocolo. Abrazo cortos, largos, apretados, tímidos. Un abrazo es una forma de compartir alegrías, consuelo en el dolor. Un buen abrazo permite refugiamos en los brazos de otro,  aunque en ocasiones sintamos el vacío de no poder completar un abrazo, de no poder terminarlo, de dejarlo inconcluso en la memoria. Otros abrazos, fingidos, te envuelven de engaño escondiendo cuchillos. ¿Quién no necesita en algún momento de su vida guarecerse entre unos brazos llenos de ternura? Un proverbio dice que necesitamos cuatro abrazos diarios para sobrevivir, ocho para mantenernos y doce para crecer.

            Hay muchas formas de definir a Francisco de Asís. Los estudiosos han dicho cosas sublimes de él: que era el hombre de la gracia, del siglo futuro, el nuevo Jesucristo, la luminaria de la Edad Media, etc. Pero, de una forma más vital, Francisco podría definirse como el hombre de los abrazos,  aquel que supo abrazar realmente a todos y a todo. Ya desde el comienzo, los hermanos fueron para él como un don de Jesús y los abrazó con toda calidez, con todo cuidado. Alguno de sus amigos le daba el calificativo de "madre" en vez de padre. Fue el regazo cálido de una madre para quienes buscaban la fraternidad. Pero no guardó sus abrazos para él solo.       

El abrazo a la gente fue siempre sincero y amable, cuidadoso y delicado, respetuoso. No se cansaba Francisco de decir a sus hermanos: "Si vais a un lugar y no os reciben, marchaos a otros; sed benignos; lo vuestro es anunciar la paz". Desde aquel memorable abrazo que Francisco había dado en sus años jóvenes a un leproso, había aprendido que las dolencias del alma son tan importantes como las del cuerpo. Y que aquellas solamente se curan a base de abrazos.

            Tan potente era la fuente de la que brotaban aquellos abrazos que éstos se extendían no solamente a las personas, sino incluso a las cosas. El sol, la luna, la tierra, las plantas, los gusanos, las piedras, el fuego, eran de verdad "hermanas". Francisco aprendió por intuición espiritual lo que nosotros hemos aprendido por la ciencia: que nuestros códigos genéticos son tan próximos que todos los elementos de la realidad muestran que somos de la misma familia y que, por lo tanto, el abrazo ha de extenderse a todas las cosas.   

Nada de esto habría sido posible sin el gran abrazo, aquel que Jesús crucificado dio a Francisco, abrazo estrecho, gozoso y doloroso, con el que vivió toda su vida y que, al final, dejó incluso en su cuerpo su más queridas marcas. No habría podido resistir sin aquel abrazo de vida, no habría encontrado la senda cuando corría el riesgo de verse perdido, no habría dado de nuevo con el gozo cuando las lágrimas brotaban como una fuente, no habría escuchado la voz gozosa del Maestro cuando el silencio hondo y cruel parecía tragárselo todo. Él creyó, y acertó, que si se abrazaba al Crucificado su ideal estaba salvado y su vida nunca perdería sentido.

            Hombre de abrazos, eso es lo que fue Francisco en su vida; eso enseñó a sus hermanos; eso es lo que dejó como mensaje y legado. Puede parecer una manera banal, superficial, de entender a Francisco, pero hay un hondo misterio en su vida abrazada y abrazante. Más aún, ¿no siguen siendo los abrazos un remedio para muchas de nuestras limitaciones? ¿No siguen siendo el vehículo de muchos gozos? ¿Cómo sería un mundo, una sociedad, una persona más abrazada, más querida? Pregunta y tarea.

 

2. Actualización

 

            Todos entendemos que este perfil de san Francisco tiene muchas posibilidades de actualización:

•a)      Abrazar al despojado de derechos: Porque tenerlos, los tiene por causa de su inalienable dignidad. Se trata de hacerlos valer, de apoyarlos para que sean tenidos en cuenta. La persona despojada de derechos es rebajada en su condición de persona. Por eso, el abrazo a quien sufre esta dura situación habrá de ser un abrazo dignificador y capaz de devolver el brillo a la dignidad arrebatada y conculcada. De ahí que quien aprecie a Francisco habría de ser persona siempre interesada (y en formas "militantes") en temas de derechos humanos. Hacer dejación de esto es alejarse de los abrazos restauradores y dignificadores que son los de Francisco de Asís.

•b)      Abrazar toda diferencia: Porque ahí se da una dificultad especial para el abrazo. Vernos diferentes incluye, con frecuencia, el rechazo y hasta la repulsión. En realidad, haciendo elementales procesos de acercamiento, esa repulsión puede ser controlada. Y entonces puede brotar el abrazo. Cuando se abraza lo distinto no se pierde en identidad personal sino que, al contrario, ésta, el núcleo de la persona sale reforzado. Algo de eso ocurrió en Francisco de Asís cuando abrazó al leproso: es entonces cuando empieza a salir del túnel de su zozobra vocacional y se afianza su opción por Jesús. El abrazo a la diferencia le hizo entender su misma manera de ser diferente, persona necesita también de amparo y de abrazo.

•c)      Abrazar a quien nadie abraza: Hay en la vida muchas personas que, por causa múltiples (sociales, económicas, históricas, sexuales, caracteriales, etc.) nadie abraza. La espiritualidad del abrazo que Francisco ha tenido en su vida empujaría en esa dirección: abrazar a quien nadie abraza. La llamada castidad por el Reino, en cualquiera de sus versiones (incluida la matrimonial), no puede ser una ascesis restrictiva que deje bien claro lo que está prohibido en materia de amor. Ha de ser, sobre todo, un empuje para ir al encuentro afectuoso con aquellas personas que socialmente están carentes de abrazo, marcadas por desafecto y el desamor.

•d)      El sueño de una sociedad abrazada: Hombre de abrazos, eso es lo que fue Francisco en su vida; eso enseñó a sus hermanos; eso es lo que dejó como mensaje y legado. Puede parecer una manera banal, superficial, de entender a Francisco, pero hay un hondo misterio en su vida abrazada y abrazante. Más aún, ¿no siguen siendo los abrazos un remedio para muchas de nuestras limitaciones? ¿No siguen siendo el vehículo de muchos gozos? ¿Cómo sería un mundo, una sociedad, una persona más abrazada, más querida? Pregunta y tarea.

3. Sugerencias

 

  • - ¿Parece poco "seria" la espiritualidad del abrazo? Hay que enfocarla no solamente desde necesidades afectivas, sino hondamente espirituales.
  • - Repasar alguno de los textos que en la voz abrazo se encuentran en el índice de materias de las biografías de las obras de san Francisco de la BAC.
  • - Calibrar el movimiento social de los llamados "abrazos gratis" que, a veces, aparecen en nuestras calles.
  • - Rezar con la oración de la introducción.

 

4. Que nos quede claro

 

  • Decir que Francisco es un hombre de abrazos es abrir un perfil nuevo de su figura.
  • El "abrazo franciscano" tiene que ser existencial, hondamente humano y con contenidos reales, no un mero símbolo religioso.
  • El abrazo ha de ser cercano y amplio, con las personas concretas y con el amplio horizonte de la vida.

 

 

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FRANCISCO: PERSONA DE ATENTA ESCUCHA

 

Frase guía: "Nada hay más placentero que ser escuchados. Escuchar es un arte. Escuchar es un acto de amor".

 

 

1. Reflexión

 

            Se ha convertido en una especie de leyenda urbana la aseveración de que, desde que ha menguado la práctica de la confesión, han aumentado el número de consultas a psicólogos y psiquiatras. Posiblemente tenga algo que ver, aunque tal vez sea fruto no sólo de aquel abandono, sino también de la conciencia de crear mejor salud mental en nuestra vida. Y esa mejor salud incluye la necesidad de ser escuchados. Esta necesidad es primordial en nuestra existencia. A quien nadie escucha se ve sumido en una tremenda soledad. Hay personas que aprecian más la escucha que el mismo dinero, la palabra amable y respetuosa que da pie a la confidencia que el mejor regalo. Ser escuchados es percibir que lo nuestro es acogido y valorado, que podemos participar de la vida del otro, que no estamos solos y perdidos en el universo, que nuestra vida tiene un sentido.           

El escritor y pensador Ernesto Sábato se hace unas reflexiones y unas preguntas que son luminosas: "En las calles, hombres y mujeres apresurados avanzan sin mirarse pendientes de cumplir con horarios que hacen peligrar su humanidad. Ya sin lugar para aquellas charlas de café que fueron un rasgo distintivo de nuestra ciudad, cuando la ferocidad y la violencia no la habían convertido en una megalópolis enloquecida. Cuando todavía las madres podían llevar a sus hijos a las plazas, o visitar a sus mayores. ¿Se puede florecer a esta velocidad?".

            Francisco es una persona que, sin ser "maestro en el hablar" como dice 2 C 102,  ha sabido escuchar porque ha sabido contemplar. Para ello ha moderado su discurso para dejar lugar a la expansión del otro, a su necesidad, a su corazón deseoso de abrirse.

  • En la Primera Regla XI dice que los hermanos han de guardarse "de contender de palabra; más bien, empéñense en callar". El silencio es necesario para escuchar al otro, para asomarse al huerto de su corazón, para entrever las honduras del alma. La mucha verborrea espanta a quien quiere ser escuchado.
  • En la Segunda vida de Celano 22 se cuenta aquel episodio conocido del hermano que, de noche, sintió gran hambre y al que Francisco acompañó en una sencilla cena que calmara sus quejosas tripas. Francisco ha escuchado la necesidad de cada hermano y les ha hecho ver que no hay que avergonzarse nunca de las situaciones por las que uno pasa.
  • De todos es conocida la proverbial escucha de Francisco a la tierra, como libro donde leer el paso de Dios por la historia. En Primera  vida de Celano 80 se dice aquella frase, algo lírica, pero hermosa: "Se llenaba de alegría viendo el sol, mirando la luna y contemplando las estrellas y el firmamento". Podemos imaginar a Francisco envuelto el silencio contemplativo de la noche. En ese libro aprendió la escucha.
  • En la película Francesco de L.Cavani dice Francisco a Fr. León: "Hermano León, aprendamos de las piedras". Y León, atónito, le dice: "¿Qué tenemos que aprender de las piedras?". Y Francisco le dice: "El silencio". Aprender el silencio es necesario para poder escuchar.

Hay empresas que, para mejorar el rendimiento, hacen "talleres de escucha" con el fin de motivar la colaboración, el trabajo en equipo. Si "los hijos de las tinieblas" ven en la escucha una ventaja, por algo será. Es verano, tiempo óptimo para la práctica de la escucha. No es perder el tiempo dedicar ratos a escuchar al otro, sus cuitas y sus gozos. Así hacemos, como Francisco, que el mundo sea más humano. ¿Hay mejor obra franciscana, evangélica, que humanizar nuestro camino histórico?

 

2. Actualización

 

            Cuando una persona interesa por la espiritualidad franciscana se pregunta a quién tendría hoy que escuchar, las respuestas surgen de inmediato:

 

•1)      Escuchar a los silenciados: Porque decimos que hay que ser voz de los que no tienen voz. Pero sí la tienen. Lo que hace falta es escucharles, prestarles atención, oír sus razones, hacerles caso. Los silenciados en la sociedad son legión. El franciscano habría de estar atento a sus voces y debería trabajar por hacerles un sitio en el concierto de lo social.

•2)      Escuchar a los profundos:  A los pensadores que reflexionan sobre la existencia, a los artistas que leen la realidad desde las profundidades de la belleza, a los contemplativos que trabajan con tesón el camino orante, a las personas sencillas que saben interpretar el ritmo de los tiempos y de la vida. Merecen ser escuchados; nos conviene escucharlos. De ellos aprendemos la sabiduría para vivir en profundidad huyendo de la estéril superficialidad.

•3)      Escuchar a quienes parece que tienen poco que decir: Porque los juzgamos por sus limitaciones, por su pobreza: discapacitados, ancianos, enfermos psíquicos, etc., personas que cuentan poco en el conjunto de la sociedad. Despreciar sus planteamientos es despreciar la "sabiduría del pobre".

•4)      Escuchar incansablemente a quien es tu hermano: Tu familiar, tu cercano, tu compañero/a, tu vecino. Porque cansarse de ellos, de sus conversaciones (a veces largas y pesadas), sería lo mismo que cansarse de un Jesús que necesita ser amparado, acogido, consolado, escuchado. Escuchar no quiere decir dar la razón. Escuchar es hacer ver que lo del otro me importa, aunque no llegue a compartirlo totalmente.

•5)      Escuchar el grito de la tierra: Porque la tierra, a su manera, grita ante el expolio y el maltrato que, con frecuencia, le inferimos. La gente sencilla comprende que las grandes convulsiones que sufre el planeta no son meros fenómenos naturales. Se tiene la convicción de que es una especie de respuesta al maltrato que damos a nuestra hermana y madre tierra. En ese caso, la escucha ha de ir acompañada de un modo distinto, fraterno, de entender lo cósmico.

El apostolado de la escucha es una de las tareas más franciscanas que se pueden dar y que está siempre al alcance de cualquiera. Francisco lo ha practicado explícitamente. Puedes leer la CtaL que es un ejemplo de escucha fraterna a un hermano atribulado y necesitado de ser escuchado una vez más.  

 

 

3. Sugerencias

 

  • La escucha pertenece a esos trabajos de minoridad que caracterizan la identidad franciscana.
  • Escuchar es un trabajo "divino". Dios mismo nos escucha incansablemente. Lo sabemos porque Jesús escuchaba incansablemente.
  • Habría que preguntarse sobre la capacidad propia de escucha. Habría que llegar a la convicción de que escuchar no es nunca perder tiempo.
  • Escuchar demanda una actitud interna de acogida. Esa "gimnasia" que se vuelca hacia el otro es imprescindible.
  • El grupo franciscano que hace estas catequesis habría de crecer en escucha.
  • Se puede rezar con la oración de la introducción

 

4. Que nos quede claro

 

  • - Que la escucha hace parte del núcleo de lo franciscano.
  • - Que el Padre nos escucha, que Jesús nos escucha, que Francisco y Clara escuchan. ¿Y nosotros?
  • - Que escuchar es una forma óptima de acoger y de amar.

 

 

 

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FRANCISCO, AVENTURERO DEL EVANGELIO

 

Frase guía: "Hemos nacido para la aventura, sobre todo para la aventura del viaje al corazón de la persona".

 

1. Reflexión

 

            Parece increíble que en esta sociedad nuestra en parte tan aburguesada, tan amuermada, tan acomodada, tan sosa, no se haya perdido ni el afán de aventura, ni el perfil del aventurero. Programas de TV como Al filo de lo imposible se mantienen en antena durante años y son no pocas las personas que lo siguen fielmente. Te encuentras en la calle con un profesor de filología que lleva cinco años rodando por el mundo con una bicicleta; el hijo de un amigo tuyo que se ha echado al mar con un barco en solitario y pretende dar la vuelta al mundo en cuatro años; incluso una señora jubilada que recorre el mundo en su furgoneta sin saber idiomas. Los periódicos y la vida nos sorprenden cada día con esta clase de noticias. Por suerte, no ha muerto la especie de los aventureros/as. Y muchos que no los somos quedamos sobrecogidos y, en el fondo, agradecidos por esta clase de personas que ve la vida de otra manera. Más allá de nuestra mediocridad, de nuestro vuelo corto, quizá hayamos nacido para la aventura.

            Se puede decir que Francisco de Asís fue un aventurero del Evangelio. Le encandiló, se le metió dentro y se entregó a él en la desmesura de un aventurero, con la misma pasión y a tumba abierta. Retengamos algunos aspectos:

  • Viajes aventurados: A su medida, él también fue un trotamundos. Hizo más vida en los caminos que en los conventos. Su vagar no era una desorientación, sino una búsqueda. Emprendió viajes arriesgados: a Palestina, quizá a Santiago de Compostela, por toda Italia, en tiempos en que los caminos eran auténticos campos de batalla. Con el Evangelio en su corazón y un hermano a su lado se sentía seguro. Sabía, además, que la casa del franciscano/a es el mundo y que encontraría puertas y corazones abiertos.
  • Planes aventurados: Andar sin documentos, sin dinero, sin respaldo logístico. No temer a la pobreza, ni al trabajo duro, ni al frío. Tener por cierto que un corazón bueno es mejor refugio que un palacio confortable. Con esos ingredientes se lanzó sin red a la vida evangélica.
  • Ideas aventuradas: Aquello de que Dios es esencialmente bueno, que el horizonte de la historia es la fraternidad, que la pobreza encierra muchos valores, que en el fondo de toda persona hay una imborrable bondad. Ideas elementales pero aventuradas si uno sacaba las consecuencias. Y él las sacó sin temor.
  • Amistades aventuradas: De hombres y de mujeres; de Clara su gran amiga y de Jacoba de Sietesolios, no menor amiga; de personas mal vistas como ladrones y leprosos entre quienes se encontraba como en casa; de frailes a veces poco "recomendables", como el hermano Ángel, un guerrero, o el hermano Juan de Florencia, un exboseador. Él miraba al corazón y, al encontrarlo bello, eso le era suficiente.

Le decían, como una reconvención, al obispo capuchino Alejandro Labaka, muerto por los indígenas del Amazonas, que era un aventurero. Y él solía responder: "Y si le quitas al Evangelio la aventura, ¿qué le queda?". Buen planteamiento.

 

2. Actualización

 

            Acomodados en nuestro buen pasar algo burgués, quizá no nos resulte fácil actualizar el componente de aventura que tiene el Evangelio y el franciscanismo, pero sería bueno intentarlo:

 

•1)      La aventura de enamorarse del Evangelio: Porque la experiencia cristiana nos ha venido muchas veces por vía de la inteligencia (los catecismos, la dogmática), no por la senda de la ilusión, del brillo cautivador, del amor. Por eso, enamorarse del Evangelio continúa siendo una aventura a experimentar. No se trata de "creer", sino de sentirse envuelto, implicado, deslumbrado por la propuesta de Jesús. Una verdadera aventura.

•2)      La aventura de creer en la bondad humana: Ya que, vistas las muchas y profundas heridas que nos hacemos los humanos, puede uno llegar a perder la fe en la bondad de las personas y en el corazón humano. Por eso, es una gran aventura embarcarse en el anhelo de creer que la bondad y la ternura triunfarán sobre el dolor y los agravios. Creer en la bondad de los humanos, de la creación, demanda tener viva la conciencia de que es una suerte pertenecer a la básica aventura humana y tener siempre activado el sentido de la fraternidad.

•3)      La aventura de vivir con menos para vivir mejor: Una aventura muy actual en tiempos de despilfarro y egoísmo económico. Es la espiritualidad del decrecimiento. Esta espiritualidad es aquella que dice que podemos vivir mejor, con más calidad humana y relacional si disminuimos nuestros consumo, haciéndolo más sostenible y responsable, y si ponemos, por encima del dinero, el valor de la persona. Muchas personas han apostado por esta tendencia y su vida ha mejorado.

•4)      Las aventura de amar asimétricamente: Verdadera aventura porque uno corre el riesgo de que, invocando al amor, se aprovechen de él. El amor asimétrico es aquel que sigue devolviendo amor a la persona aunque ésta, por su parte, no corresponda con amor. Francisco lo ha vivido en primera persona. La llamada parábola de la "perfecta alegría" (puedes leerla) va por ahí: la verdadera alegría es aquella que experimenta quien, cuando es rechazado, continúa siendo hermano a pesar de todo. Una aventura que toca las fibras más sensibles del corazón humano. Por eso es tan sugerente y tan difícil.

•5)      La aventura de cantar en tiempos oscuros: Como lo decía B. Brecht. Por los nuestros, tanto social como eclesialmente, son tiempos de fuerte componente oscuro (aunque lo luminoso sea superior). Uno estaría dispuesto a dejarse abatir, a persistir siempre en el lamento, a creer que lo vivido ha fracasado y no tiene sentido. Es el reino de las sombras. Cantar en ese reino, decir que hay vida más allá de cualquier muerte, que las posibilidades existen si se las busca y trabaja, que las soluciones están también nuestra mano es una aventura de muchas consecuencias. Ese canto en la oscuridad contagia confianza y valor y muchas personas que viven postradas lo agradecen cordialmente. La profecía era, no lo dudemos, un canto en la noche.

 

3. Sugerencias

 

  • - Hemos nacido para ser águilas, no aves de corral (decía T. de Mello).
  • - Hacer prácticas de "aventura", en cualquier dominio de la vida, puede ser muy saludable.
  • - No hay que temer desestabilizar el sistema con la aventura. Está todo "atado y bien atado". Pero la aventura habla del futuro, del sueño, de la posibilidad.
  • - Quizá la única forma de renovar nuestras viejas estructuras sociales, eclesiales y fraternas sea inyectarles una cierta dosis de aventura.

 

4. Que nos quede claro

 

  • El Evangelio y el franciscanismo están muy próximos a la aventura.
  • La aventura brota de personas abiertas, confiadas, ilusionadas. Si no, imposible.
  • Un franciscanismo más aventurero es un franciscanismo más profético.

 

 

 

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EL GRAN RETO DE LA ITINERANCIA

 

Frase guía: "La provisionalidad y la itinerancia, constituyen los puntos de partida elementales para una recepción y presentación del mensaje liberador de Cristo" (F. Torralba).

 

1. Reflexión

 

            Creemos que uno de los grandes retos que recibe la vida franciscana de hoy, quizá el más inmediato, es el de asumir la itinerancia, un elemento de nuestra espiritualidad que pocas veces ha sido tenido en cuenta. ¿Qué es la itinerancia? Viene de la palabra latina iter que significa "camino": andar de camino, estar siempre dispuesto al cambio. Es una especie de actitud interior que le lleva a uno al convencimiento de que el mundo es su casa, la familia humana la suya, la creación su hermana.  En un mundo crecientemente globalizado la itinerancia de personas y sociedades, de trabajos y producción, de trasvase de religiones y culturas, ha alcanzado cotas inimaginables hace cien años. Desde el comienzo de su existencia, la vida franciscana se ha querido itinerante, aunque históricamente haya podido desechar este componente por poco productivo. Pero en los genes de lo franciscano se encuentra el valor de la itinerancia.

Toda la precaución de Francisco hacia los libros (1R 8,3), los estudios (SC 6), el dinero (1R 14,1), las casas (Test 24), la ropa (Test 16), etc., probablemente no tiene otra finalidad, sino la de prevenir contra la instalación que termina por ahogar la vida itinerante, aquella que llevaron Jesús y los apóstoles. La itinerancia se convierte así no sólo en el rostro externo de un indudable estilo de vida, sino también en la verdad de una opción. La vida de Francisco ha estado urdida en esa itinerancia: su andar por los caminos (1R 9,2), su manera de trabajar (1R 7,1-2), su estilo de vivienda (1R 8,8), hasta su modo de orar (2C 96) han dependido de su opción itinerante de vida.

Habrá que aprender la movilidad en lugares, ideas, culturas para que lleguemos a creer, como Francisco, que el franciscano tiene en cualquier parte su casa. La instalación no es solamente un fenómeno geográfico, sino cultural, por eso, se precisa una apertura a la cultura moderna, una itinerancia benigna hacia los modos de entender la vida de la sociedad de hoy, abandonando posiciones de instalación que derivan de modos culturales de "centro", sistémicos. "El concepto de inmovilismo no es solamente físico. Un inmovilismo más radical se encuentra en los hábitos de pensamiento y de valoración, que con frecuencia se convierten en obstáculos para la verdadera conversión. Estos obstáculos pueden estar constituidos por un pensamiento teológico rígido, una mentalidad incapaz de cambiar, el fundamentalismo teológico, y pueden impedir a las personas el encontrar a Dios ‘fuera del campamento' (Éx 19, 17; 33, 7-11)" (VII Consejo Plenario de la Orden Capuchina, nº 24).

Hay una hermosa y antigua canción de Mercedes Sosa que habremos escuchado. Se titula "Todo cambia". Y viene a decir que, en la vida, hay que estar dispuestos a cualquier cambio. Lo único que permanece siempre es, dice el canto, "mi amor, el recuerdo y el dolor de mi pueblo y de mi gente". Si el amor permanece, estamos dispuestos a cualquier cambio.

 

2. Actualización

 

            Ya hemos insinuado algunas derivaciones en que la espiritualidad de la itinerancia toca nuestra realidad. Insistamos más:

 

•1)      Itinerancia mental: Es aquella que no se ancla en presupuestos oficiales, consagrados, admitidos sin discusión por una comunidad. Es aquella que sabe leer los acontecimientos como libro abierto donde aprender siempre. Es la que pone en cuarentena planteamientos ideológicos que, según quién los proponga, no admiten discusión. Es la que se rebela contra corpus dogmáticos que se dan por indiscutibles antes de ser discutidos. La itinerancia mental es hermana de la verdad, de la flexibilidad, de la acogida, de la comprensión. Esta itinerancia tiene que ver con la mirada benigna a toda realidad sin encerrarse en uno mismo como valor único.

•2)      Itinerancia cultural: Es la que huye de quienes cuentan una única historia cuando hablan de un pueblo, de una persona, de una cultura. Es la que huye de los tópicos consagrados, de los estereotipos que deforman, de las caricaturas que ridiculizan. Es aquella que escapa de dos grandes tentaciones: la supremacía de una cultura y la imposición de la misma. Porque toda cultura es un valor y una aportación al acervo de lo humano. Porque imponer una cultura, colonizar con la cultura, es una de las peores y más sutiles maneras de colonizar.

•3)      Itinerancia espiritual: Hace relación a aquella actitud que cree que la espiritualidad no es únicamente una posesión de las personas religiosas, sino que es un componente básico de la estructura humana. Por eso, el itinerante espiritual, desvela con facilidad valores espirituales en cualquier tradición religiosa e, incluso, en aquellas personas que carecen de religión. Más aún, la itinerancia espiritual lee los acontecimientos cotidianos en profundidad, desvelando en ellos el lento caminar del "alma" humana hacia su plenitud. Esta espiritualidad en lo diario, en lo histórico, en lo "corpóreo" es consecuencia de una actitud itinerante.

•4)      Itinerancia religiosa: Para ver que todas las religiones, por extrañas que sean sus formas, contienen elementos espirituales y, por lo tanto, pueden contribuir al beneficio de lo humano. El descrédito de una religión viene hermanado con su índice de intolerancia. Por el contrario, una religión tolerante no pierde identidad y gana simpatizantes. La tolerancia religiosa puede ir unida a una profunda espiritualidad y a una mística activa. Una fe que se impone, como el amor obligatorio, se autodestruye. Esta itinerancia habría de incluir como algo normal el paso de una religión a otra en la búsqueda de la dicha, horizonte común a toda religión.

 

3. Sugerencias

 

  • - La itinerancia aparece en todos los documentos franciscanos actuales, pero habrá que ver qué pasos reales vamos dando en esta dirección.
  • - La conservación de casas franciscanas antiguas, de más de cien años, ¿queda interpelada de alguna manera desde la itinerancia?
  • - Es preciso buscar actitudes personales que puedan mejorar si se les mezcla la espiritualidad de la itinerancia.
  • - Hay que analizar por qué nos encanta tanto el Francisco itinerante, el Francisco de los caminos, y luego no inventamos maneras de "andar por los caminos", de flexibilidad vital.

 

 

 

4. Que nos quede claro

 

  • La itinerancia, aunque sea un valor no muy tratado en la espiritualidad franciscana, hace parte del su núcleo más primigenio.
  • Es posible volver a formas itinerantes de vida, que no tiene que ver con ir a vivir debajo de un puente o a andar de peregrino siempre, sino a asuntos relativos a la flexibilidad, a la mirada benigna, al cambio para propiciar la dicha.
  • No hay que dejar este valor en la inconcretez. Es preciso situarlo en lo corriente de la vida franciscana.

 

 

 

 

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EL RETO DE SER HUMANOS EN LOS CONFLICTOS

 

Frase guía: "Soy consciente de que la acogida ética de conflictos no está de moda y que incluso puedo ser tachada por algunos de invitación trasnochada de tono intimista o semiespiritual. Sin embargo y a pesar de ello, tengo la convicción de que recuperarla es una necesidad básica y elemental del tiempo que nos toca vivir" (J. Fernández).

 

1. Reflexión

 

            Cualquiera que mira la realidad de nuestros grupos humanos tiene la impresión de que son colectivos que elaboran difícilmente los conflictos o que miran para otro lado queriendo hacer y hacerse ver que no existen tales conflictos, cuando en realidad, en el subsuelo, están como es natural y, a veces, en modos agudos. El trabajo de análisis de tal realidad demanda unas fuertes dosis de sentido crítico y de capacidad de revisión de vida. Quizá ha sonado la hora de encarar estos aspectos olvidados de la dinámica social.

Efectivamente, elaborar conflictos con humanidad es una característica honda, trascendente, del ser humano. Él provoca la mayoría de sus conflictos y él ha de irlos solucionando con humanidad, cosa que contribuirá, sin duda, a que aminore el número de esos mismos conflictos. La vieja mística de la santidad, tan divulgada antaño, ha sido sustituida por la mística de la humanidad, de la horizontalidad, como diría D. Mollá. En realidad, se trata de la misma realidad, porque a la santidad, según el proyecto de Jesús, se accede por vía de un ahondamiento en la realidad humana.

La vida de Francisco ha estado inmersa en conflictos sociales y, sobre todo, fraternos. La crisis del final ha sido, en este sentido, dramática. Él ha podido encontrar una manera de asimilar los conflictos con estos presupuestos: no apropiarse de nadie, no desdeñar a nadie, no juzgar a nadie. Teniendo controlados estos dinamismos se ha visto capacitado para el ejercicio de la misericordia. Para él, no hay nada más allá de una mirada y de una actitud compasiva y misericordiosa. Ello le ha llevado a poder afrontar los conflictos de su época y a convertirlos, verdadera maravilla, en motivos de ahondamiento fraterno.

 

2. Actualización

 

            ¿Cuáles han de ser las actitudes humanas y franciscanas ante los conflictos para que estos lleguen a ser peldaños de humanidad? Enumeremos algunas:

  • Facilitar, no agravar: Los conflictos tienen un lado dramático que, con frecuencia, tendemos a exagerar. Ya es suficiente con la gravedad que ellos mismos encierran. Resulta insensato cargar las tintas porque eso no hace sino desenfocar el asunto y no facilita en modo alguno la solución.
  • Incluir, no excluir: Ya que la solución de los conflictos mediante la exclusión de la "manzana podrida" da poco resultado, sobre todo porque esa "manzana" es, con frecuencia, la persona del hermano. La exclusión parece que remedia algo las cosas pero, con frecuencia, hace un desaguisado mayor.
  • Cooperar, no competir: Pues la competencia genera más conflicto, mientras que la cooperación engendra humanidad y, por ello, facilita la elaboración de los conflictos. No puede haber cooperación sin una mirada fraterna a la realidad del hermano. En ese cambio de mirada radica gran parte del éxito en el tema de los conflictos fraternos y sociales.
  • Insistir, no desistir: Porque podría haber motivos para el desaliento al ver que los conflictos se enquistan hasta un punto que parece que el avance es imposible. Desistir no es el buen camino, ya que incluso eso es, a veces, lo que buscan los mismos litigantes. La moderada y sensata insistencia puede quebrar ese muro de inmovilismo con el que algunos contendientes quieren rodear los problemas.
  • Hablar, no enmudecer: Ya que el mutismo puede ser interpretado como un abandono del campo. Simplemente exponer los personales sentimientos ante el conflicto puede ser algo de gran ayuda. Más aún, al hablar perfilamos nuestra situación ante los conflictos y eso ya es un gran logro para uno/a mismo/a.
  • Lanzarse a la arena, no quedarse en la barrera: Porque resulta muy fácil quedarse fuera y hablar, criticar, cuestionar, desautorizar a quien se mueve en la abrasadora arena del conflicto. Pero si se quiere colaborar a su encauzamiento y superación es preciso implicarse. Resulta desalentadora, desde el punto de la VR, la postura del hermano/a que, una vez que ha estallado el conflicto, dice que lo veía venir pero antes no dijo nada al respecto.
  • Sentirse afectado, no intocable: Ya que quien no es parte constitutiva del conflicto tiene a tratarlo como si a él no le tocase por ningún lado. Pero esto no es así, porque cualquier conflicto entre hermanos/as (e incluso entre la VR y la sociedad) afecta al conjunto de la fraternidad y, desde ese punto, hemos de sentirnos siempre concernidos por él.
  • Creer en la posibilidad de arreglo, no asentarse en la imposibilidad: Y más cuando la vida nos enseña que muchos conflictos, cuando son mínimamente elaborados y tratados, encuentran una cierta solución. Partir de la imposibilidad es abocarse al fracaso. Creer con realismo en la multiplicidad de soluciones que ofrece un conflicto es ya colaborar a su solución.
  • Mantener la adhesión, no la ruptura: Cuando ocurre que el conflicto no ha llegado a una solución satisfactoria, habríamos de mantener la adhesión a las personas considerándolas tan valiosas (aunque heridas) como antes del conflicto. Si tras él, rompemos con la persona afectada, le retiramos nuestra confianza, le desposeemos de la valía con la que antes le habíamos considerado, demostramos con ello no haber entendido los mecanismos de la fraternidad y, con ello, los de la misma humanidad.

 

3. Sugerencias

 

  • - No habría que temer los conflictos. Lo más temible es ocultarlos, hacer y vivir como si no existieran.
  • - Habría que enumerar los conflictos y catalogarlos: no es lo mismo un conflicto de envergadura que un pequeño asunto, inevitable muchas veces, de convivencia.
  • - Dejar los conflictos intocados los hace más conflictivos. Tratarlos, aunque no los solucionemos siempre, hace que su virulencia aminore.
  • - No habría que cansarse de hacerse la pregunta de cómo seguir siendo hermanos, familia, sociedad, por encima de los conflictos.
  • - Los conflictos más fuertes, aquellos relativos a la violencia entre hermanos, entre ciudadanos, habrían de ser enfocados y tratados con paz. Los franciscanos habríamos de apoyar las causas del diálogo, la reconciliación y el perdón, sin negar la justicia siempre debida a las víctimas.

 

4. Que nos quede claro

 

  • Es imposible vivir la vida franciscana sin conflictos, porque la fraternidad los lleva emparejados.
  • Tratar los conflictos con benignidad es una forma óptima de ser hermano.
  • La vida de Francisco y Clara ha estado mezclada a muchos conflictos de diverso género. Salieron airosos porque pusieron a la fraternidad por encima de todo.
  • Los viejos conflictos entre los franciscanos que han dado origen a la escisión pueden ser superados con tratamiento fraterno.

 

 

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EL RETO DEL DECRECIMIENTO

 

Frase guía: "Vive como piensas o terminarás pensando como vives".

 

1. Reflexión

 

Los defensores del decrecimiento lo tienen claro: «podemos vivir mejor con menos». Podemos y deberíamos, ya que en el sistema capitalista actualmente vigente «no se puede concluir que la mayoría de las personas ven satisfechas sus necesidades o se sienten felices en la selva del consumismo» (L. Tabar).

El decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social que pretende establecer una relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza y entre los propios seres humanos frente a la situación de dominación hoy existente que está acabando con la naturaleza y frente a la explotación de las personas en beneficio de la producción y la rentabilidad económica de unos pocos. Resulta escandaloso contemplar las diferencias que hoy se dan en el mundo.

Su principal objetivo es diseñar una nueva sociedad donde se satisfagan las necesidades básicas de las personas, se respete el equilibrio con la naturaleza y en definitiva se viva mejor con menos. Sabemos que puede sonar un poco ingenuo, pero si nos paramos a pensar en el sistema capitalista actualmente vigente no creo que se pueda concluir que la mayoría de las personas ven satisfechas sus necesidades, sobre todo en el Sur, o se sienten felices en la selva del consumismo.

Por otra parte, muchas de las cuestiones que el decrecimiento utiliza en sus análisis y propuestas, -que vivimos por encima de las posibilidades del planeta, la necesidad de reducir las dimensiones de muchas de las infraestructuras productivas, organizaciones administrativas y sistemas de transporte, la primacía de lo local frente a lo global, la ausencia de tiempo para llevar una vida saludable, la necesidad de mantener una relación equilibrada con el medio, la certeza de que el consumo no deja espacio para un desarrollo personal diferente, las diferencias, cada vez mayores, entre quienes consumimos en exceso y quienes carecen de lo esencial,...-  han sido planteadas desde hace tiempo por diferentes movimientos y organizaciones sociales.

Hay quien piensa que esto es una utopía. Depende de qué significado le demos a la palabra utopía. Sí es utopía, si por tal entendemos aquello que nos hace ponernos en movimiento y avanzar, sabiendo que conforme vayamos avanzando la utopía también irá más lejos, se irá transformando, porque si no, dejaría de serlo. En este sentido sí que es una utopía, un objetivo deseable y deseado. No, si la palabra utopía la utilizamos en el sentido de algo descabellado, sin sentido.

El decrecimiento podría ser un nuevo rostro de eso que los franciscanos llamamos la minoridad. Efectivamente, El VII Consejo Plenario de la Orden Capuchina dice que "nosotros, Hermanos Menores Capuchinos, vivimos insertos en un mundo pluriforme en el que se mueven fuerzas que ocasionan una historia de injusticia y de enormes sufrimientos humanos. Entre estas reconocemos el poder económico, militar y tecnológico" (nº 3). Pues bien, es justamente en este marco donde habrá que construir la espiritualidad de la minoridad, de la nueva relación de igualdad. Si la palabra talismán de nuestra vida es "crecer", si por crecer se empeñan todos los otros demás valores, las pérdidas serán muchas. Por el contrario, si nuestra utopía es el bien de toda persona, sobre todo de quien más sufre, quizá comencemos a elaborar una espiritualidad y unas prácticas fraternas de justicias e igualdad. Ese estilo de vida pasa por una espiritualidad de decrecimiento, camino alternativo, evangélico, para quien sueña con otro mundo posible.

 

2. Actualización

 

            Pongamos sobre la mesa algunas consecuencias de esta espiritualidad del decrecimiento:

1) Elemento de honda tradición: Cuestiones como los comunales que aprovecha todo el mundo pero son de propiedad común, o los trabajos por la comunidad donde se trabaja para satisfacer necesidades colectivas sin retribución económica personal, y toda la tradición de asociarse para conseguir lo necesario (economía social), son elementos con honda tradición entre nosotros y que encajan perfectamente en el ideario del decrecimiento.

2) Por justicia social: Hoy en día y,  viendo como está la sociedad actual, viviendo en este mundo interrelacionado, globalizado económicamente, aquí, en el Norte rico, desde nuestro punto de vista, una propuesta que pretenda ser radicalmente transformadora tiene que pasar por el decrecimiento de bienes materiales. Por justicia social. A nosotros y nosotras nos toca decrecer, tener menos cosas y vivir mejor con menos hipotecas, menos horas de trabajo, menos agobios y con más tiempo libre para nosotros mismos. Estamos convencidos de que viviremos mejor con menos.

3) Romper la lógica del sistema: Esa lógica ilógica que convierte en normal que 1.000 millones de personas pasen hambre, al mismo tiempo que hay comida para todas y aumentan las enfermedades relacionadas con la obesidad; esa lógica ilógica que hace que nuestra sociedad vea normal tener en las tiendas productos de todo el mundo y al mismo tiempo pone todos los obstáculos posibles para que puedan venir las personas de esos mismos lugares; esa lógica ilógica que convierte en normal que, por ejemplo, con 40.000 parados en Navarra en Volkswagen se hagan más horas extras que nunca y que la gran mayoría de sus trabajadores estén encantados de hacerlas; esa lógica ilógica que hace que el dinero de todos y todas sirva para subvencionar la compra de televisiones y coches nuevos -productos de primera necesidad como bien sabemos- para personas que, además, ya tienen lo suficiente para poder permitirse pagar el resto.

 

3. Sugerencias

 

  • - Buscar en Google las entradas sobre el tema "decrecimiento". Percibiremos cómo hay muchos grupos sociales interesados por esto.
  • - Verificar que el franciscanismo puede ser actualizado con ayudas de la espiritualidad actual.
  • - Animarnos a entrar por la espiritualidad del decrecimiento en cosas sencillas y concretas: las tres erres (reducir, reciclar, reutilizar), no beber agua embotellada si no es necesario, no comprar a multinacionales dudosas (Zara, Nestlé), etc.
  • - Hacer una "meditación ante el armario" para ver si necesitamos lo que tenemos o lo tenemos por otras razones.
  • - Pensar que el Evangelio cuestiona el principio "yo con mi dinero hago lo que quiero".

 

4. Que nos quede claro

 

  • La minoridad franciscana y el decrecimiento tienen mucho que ver.
  • Las vidas de Francisco y Clara han sido pobres no por ascesis, sino por opción evangélica y, en alguna medida, por justicia.
  • Es preciso recrear el franciscanismo poniéndolo en clave diaria para que no quede en mera arqueología.

 

 

 

Materiales Semana Santa 2010 (2)

SEMANA SANTA

2010

 

 

Domingo de Ramos: ¿Fracaso o triunfo?

 

            Vuelve Ramos. Y con él, la lectura de la pasión de Jesús, de su ruina, de su derrota extraña, de su condena inmerecida. Una pasión que tiene el rostro del fracaso. ¿Era en realidad un fracaso? Hay un proverbio chino que dice: "¿Qué es el éxito, qué el fracaso? La canción del pescador se sumerge en las aguas". Es una cancioncilla enigmática pero parece querer decir que, del mismo modo que la canción del pescador, se sumerge y sepulta en las aguas mientras va pescando, así, quien quiera triunfar, tendrá que sumergirse en las aguas del fracaso. En ese caso, el fracaso es, en realidad, el camino de un triunfo más completo.

            Algo de eso ha pasado con Jesús. Para muchos de entonces (e incluso de ahora) era un fracasado. Sus ideales, sus sueños, sus propuestas de humanidad, parece que terminaron en el fracaso, en las aguas oscuras y hondas de una muerte desastrosa. Pero, en realidad, esa era la senda del éxito. El Padre había elegido para él esa dura senda: si te entregas, venía a decirle, triunfarás tú y toda persona. Y él, no sin crisis internas, eligió aquel camino. Y lo que parecía un estrepitoso fracaso terminó convirtiéndose en un enorme éxito para él y para nosotros.

            ¿Podemos leer nuestros fracasos desde esta perspectiva? Si tales fracasos nos vienen por causa de nuestra generosidad, de nuestra entrega, de nuestro amor, es probable que terminen convirtiéndose, de alguna manera, en un éxito. Si el fracaso viene por nuestro egoísmo, es otra cosa. Quizá hoy Jesús nos venga a decir: mientras haya entrega, no hay fracaso; mientras haya generosidad, no terminarás mal; mientras haya amor, el éxito vendrá, aunque sea tarde.

 

Jueves Santo: Les lavó los pies muchas veces

 

            Solo san Juan narra en su Evangelio el lavatorio de los pies. Solamente lo cuenta una vez. Pero, muy posiblemente, muchas noches, antes de cenar, lavó Jesús los pies a los discípulos. Ellos no entendían por qué hacía aquello. Para ellos era el maestro, ¿por qué hacía cosas que hacen los siervos? Les ponía nerviosos. Y aunque le habían oído decir que él estaba entre ellos como quien sirve, no podían entender aquel gusto suyo de lavar sus pies llenos de polvo. Les confundía, les sonrojaba y hubieran deseado que no hiciera aquello, pero muchas noches se quitaba el manto, cogía el barreño y les volvía a lavar los pies en silencio.

            Aquella tarde del Jueves Santo, Pedro no pudo más: "¡Tú no me lavarás los pies jamás!". Jesús le miró y le dijo con una sonrisa la frase más dura que podía haber dicho nunca: "Si no te dejas lavar, no tienes nada que ver conmigo". Si no entiendes qué es servir, si no comprendes que sirviendo es quien sirve el que más gana, si no caes en la cuenta de que el servicio es el camino para ser de los míos, tú y yo no tenemos nada que ver, tú por tu camino y yo por el mío.

            Deberíamos llegar a disfrutar sirviendo, aunque exista el peligro de que se aprovechen de nuestro servicio. Habríamos de entender que ponerse a disposición del otro es camino personal de crecimiento y de dicha. Tendríamos que comprender que cuanto más sirvo, más me enriquezco por dentro, más persona soy. Lavemos los pies de quienes viven con nosotros, pobres pies llenos de polvo, de durezas, deformados por su uso. Son símbolo de las limitaciones. Lavemos con amor esas limitaciones y veremos cómo el nivel de humanidad crece imparable.

 

Viernes Santo: No estaba solo en su muerte

 

            De nuevo leemos en este Viernes Santo el relato de la Pasión de Jesús. Siempre hemos valorado, admirado y hasta ensalzado sus sufrimientos físicos. Y realmente fueron duros a tope. La muerte en cruz debía ser algo realmente horrible. Pero ¿y su soledad?, ¿su vacío interior?, ¿su no encontrarse dentro de su piel? Posiblemente fue eso lo más duro para él, lo que le hizo gritar "¿Por qué me has abandonado?". Se sintió solo, herido de muerte y solo, machado hasta el alma y solo.

            ¿Estaba realmente solo? ¿Dónde estaba el Padre? No lo sentía, pero estaba con él; no percibía su abrazo cálido, pero lo abrazaba más que nunca; no escuchaba sus susurros de ánimo, pero el Padre no dejaba de decirle que era su Hijo predilecto; no veía las lágrimas que brotaban de los ojos de Dios, pero el Padre lloraba con un llanto inconsolable, un llanto de Dios. Nunca jamás el Padre estuvo tan cerca de Jesús como cuando estuvo en la cruz, aunque él no lo sintiera, aunque se viera ahogándose en el insondable mar de la soledad.

            ¿Dónde está Dios?, preguntamos en nuestras "muerte", cuando hay un terremoto o un tsunami, cuando nos arrolla una desgracia o sucumbimos a un accidente, cuando nos cae la losa de la enfermedad o nos ahoga el silencio. ¿Dónde está Dios? Nuestro grito es tan fuerte, tan repetido que quizá no dejamos lugar para la voz de Dios. Pero si escucháramos bien tal vez oiríamos, llegaríamos a ver, que Dios no nos abandona en los momentos de dificultad, sino que sufre con nosotros más que nosotros, que nos alienta más que nunca, que nos abraza con mayor ternura, que nos consuela con mayor amor, que nos agarra de la mano y nos lleva en sus brazos más delicadamente que jamás. No estamos solos. El Padre hace camino con nosotros en nuestras difíciles sendas.

 

Domingo de Resurrección: Un nuevo amanecer

 

            Es hoy Domingo de Resurrección. El día más importante de la fe cristiana, decimos. Y ¿por qué? No porque hoy se celebre un dogma, ni un hecho estrictamente histórico, ni se aparezca nadie. Hoy es importante porque la resurrección es el anuncio de un nuevo amanecer. San Pablo dice en Hechos 26,23 que él fue elegido para anunciar un nuevo amanecer a judíos y a paganos. Un nuevo amanecer, eso es ante todo la resurrección de Jesús.

            Un nuevo amanecer es el símbolo de una nueva posibilidad, de una reconciliación, de una elección. Una nueva posibilidad, porque la resurrección nos dice que somos más que nuestras limitaciones y que, por mucho mal que hayamos hecho, siempre hay posibilidad de salir de esa fosa. Un nueva reconciliación, porque por mucho que hayamos herido al hermano, siempre hay posibilidad de superar el conflicto mediante el perdón. Una nueva elección, no basada en los méritos, sino en el amor de Jesús que se derrama en casa persona.

            Un nuevo amanecer. Cuántos darían su fortuna por ver un nuevo amanecer, por tener posibilidad de reorientar su vida, por entrever la luz en sus existencias grises. Pues bien ese amanecer, esa posibilidad, esa luz existe. Tal es el mensaje que nos viene a dar el Resucitado hoy. Creer en la resurrección no es tanto adherirse a unas verdades, cuanto dar fe a un Jesús que nos dice que cada día puede amanecer más en nuestra vida. ¿No es suficiente para llenarse de alegría por dentro y por fuera?

Materiales para Semana Santa 2010

¿QUIÉN NOS PUEDE DAR LO QUE NOS FALTA?

 

Introducción

 

            Nos pasamos la vida rellenando cuestionarios, respondiendo miles de preguntas, casi siempre las mismas. Hay que hacerlo, pero ¿son preguntas sobre lo que de verdad somos? Casi siempre son preguntas de epidermis, de fachada, no son preguntas de vida, sobre el fondo, apuntando al corazón. ¿Y si intentáramos preguntarnos de otro modo, sobre otras cosas. Aunque no hubiere respuesta, el hecho de preguntar sobre lo verdadero, sobre lo profundo, sobre lo hermoso, ya es un paso. Quizá estos días puedan ser un tiempo para preguntarse sobre lo esencial.

            Lee este párrafo de El Principito de Saint Exupéry. Habla de las verdaderas preguntas: "A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: "¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?" Pero en cambio preguntan: "¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?" Solamente con estos detalles creen conocerle. Si les decimos a las personas mayores: "He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado", jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: "He visto una casa que vale cien mil francos". Entonces exclaman entusiasmados: "¡Oh, qué preciosa es!".

 

I

¿Quién se da aún sin pedir nada a cambio?
(Jueves Santo)

 

            Una peregrina del camino de Santiago comentaba una anécdota interesante: en un pueblo de La Rioja (Grañón) hay un albergue de peregrinos. El cura, que es un entusiasta del Camino, lo cuida y acompaña a los peregrinos. Hace de "hospitalero".  Por la noche, cuando los peregrinos están ya descansados y relajados, les ofrece una cena modesta, a la que él mismo asiste, y luego, para quien lo desee, un momento de oración en la iglesia parroquial. Hasta ahí, bien. Pero hay un detalle curioso: en el albergue hay una caja para recabar ayuda económica para sostener el albergue con este rótulo: "Si puedes dar, da; si necesitas, coge". Según parece, la gente que pasa da más que coge, pero se dan los dos casos. Nos sorprende el detalle porque es signo de una persona que cree en la solidaridad y en la generosidad: hay mucha gente que da sin pedir nada a cambio. Y no solamente da, sino que se da, cosa más difícil. Es cierto que las personas tendemos a pasar siempre factura de todo. Pero hay gente que se "olvida" de pasar la factura porque su corazón es ancho y generoso.

            Es que hoy, día del Jueves Santo, vas a asistir a un día de generosidad total con el recuerdo y la presencia de uno, Jesús de Nazaret, que, por raro que parezca, vivió sin pedir nada a cambio. ¿Hay alguna escena evangélica donde Jesús diga cuánto hay que pagar por una curación, por un milagro, por un consuelo, por un abrazo? ¿Llevaba Jesús un cuaderno de contabilidad? ¿Ponía precio a su trabajo, a sus noches de oración, a sus búsquedas, a sus amparos, a sus ayudas, a sus ánimos? Nunca pasó factura, nunca exigió nada. Por eso, no le costó, como verás en la celebración de esta tarde, ponerse a lavar los pies de sus amigos. Lo hacía con naturalidad, como si tal, porque, simplemente, eran sus amigos y hermanos. No lo hace como un Dios que se baja de su pedestal y, por un día, se rebaja a lavar los pies a sus súbditos pero luego vuelve a su trono y a su brillo. No, él lo hacía porque eran sus amigos y es cosa normal "lavarse los pies" entre amigos, ayudarse, ampararse, sostenerse, escucharse. Les lavó los pies y se volvió a poner el manto, como si tal cosa. Posiblemente no fue la única vez.

            Ojalá en este día te maraville, te estremezca y te produzca ternura un Jesús que lava los pies, que se arrodilla, que no le da reparo en coger tus pies, con sus durezas, con sus "callos", con sus uñas torcidas. No le importa meter sus dedos entre tus dedos y acariciar, masajear tus pies, tus pobres pies que a veces se cansan, se desorientan, se pierden. Jesús acaricia tus pies, acaricia tus caminos, acaricia tu vida, por muy humilde que sea todo eso. Y lo hace por una sencilla razón: porque no tiene interés en pedirte nada a cambio. Por pura y elemental generosidad.

            Hoy sería un día bueno para mirar a tus pies y a los de tus amigos/as, cogerlos, acariciarlos, lavarlos, perfumarlos, masajearlos, enternecerse ante ellos. Cuánto valoramos el rostro, lo guapa que es la persona que amamos, su porte, su hermoso cabello, su cuerpo cálido. ¿Y los pobres pies? Generalmente ocultos, poco cuidados a veces, olvidados, pero ¿cómo vivir, andar, aprender, salir, encontrarnos, sin ellos? Jesús lavó los pies no solamente por pura y elemental necesidad de higiene: era un gesto para decirnos: ama tus pies y los de tus amigos/as, cuídalos, aprécialos, como si fueran tuyos. Sé lo más generoso que puedas con sus dueños/as, intenta no pasar siempre factura, quizá tú puedas ser también de esas personas que dan y se dan si pedir nada a cambio.

            Vamos a terminar con una frase de Kalil Gibrán. Son frases recurrentes, las cita todo el mundo, pero son hermosas, y sirven para animarnos. Porque en estas cosas de la generosidad es cuestión de ánimo. La frase dice: "Es bueno dar cuando alguien pide, pero es mejor todavía poder dárselo todo al que nada pidió. Y el mayor mérito no es el del que ofrece, sino el del que recibe sin sentirse deudor. El hombre da poco cuando sólo dispone de los bienes materiales que posee; pero da mucho cuando se entrega a sí mismo". Anímate en este Jueves Santo. Haz una "meditación" ante los pies, los tuyos, los de tus amigos/as, los de Jesús. Y piensa que darse sin pasar siempre factura es una suerte, una alegría y un enriquecimiento personal.

 

•1.      ¿Te vuelve a enternecer un Jesús que lava los pies a sus amigos únicamente porque los quiere?

•2.      ¿Pasas siempre factura por lo que das a los demás?

 

II

¿Quién puede mantener entregas sin límites?

(Viernes Sant0)

 

         La reciente película Invictus ha emocionado a muchas personas porque habla de una entrega al límite que llegó a tener recompensa. Sus frases se clavan como dardos: "Doy gracias al Dios que fuere por mi invicta alma...cómo hacer soñar a todos cuando no tenemos nada en que soñar...soy el capitán de mi alma". La epopeya de Mandela desvela la realidad de que las grandes entregas (32 años en la cárcel) pueden tener un enorme sentido.

            Jesús también es un Invictus aunque todos lo vieran como vencido, aunque nadie le reconoció nunca el valor de su entrega, aunque la suya fue una muerte sin gloria rodeada de menosprecio y de silencio. Pero él también tuvo un alma invicta porque, más allá de tentaciones y de crisis internas, no abandonó la senda del amor y de la entrega que el padre le mostraba. Hizo soñar a muchos pobres que no tenían nada que soñar. Y aunque ese sueño parece que se perdió y que, a veces, se marcha en otra dirección, las semillas de tal sueño han producido muchos frutos de vida. Fue el capitán de su alma porque, más allá de todo menosprecio y sufrimiento, la mantuvo viva, sensible, amante. En verdad, Jesús fue un gran Invictus.

            Es que este día de Jueves Santo vas a leer en la oración y en la celebración el relato de la pasión que no es, más que en la forma, el relato de un fracasado. En realidad es la epopeya de un Invictus. Tienes que lograr leerla este año como el triunfo de un pobre, como el éxito de un vencido, como el sueño logrado de uno que fue tomado y tratado como miserable. Necesitas otros ojos, de fe y de amor, para leer en ese duro relato la narración del camino de nuestro Invictus Jesús. Envuelto en el polvo de lo religioso que los siglos han echado sobre él parece que lo suyo fue nada en comparación de otras epopeyas humanas, hermosas ciertamente. Pero nosotros seguimos diciendo que gracias a su entrega sin límites no solamente él fue un Invictus, un capitán de su alma, sino que nos hizo, nos hace, soñar, vivir y amar.

            No te asustes cuando se plantea eso de las "entregas sin límites". Eso hay que ponerlo en el horizonte, que nunca quizá logremos. Pero puedes ir en esa dirección, hacer hoy un pequeño gesto de amor y de entrega, creerte dichoso/a y con sentido cuando te das a los demás en lo concreto de cada jornada. Recuerda aquel poemilla de Helder Cámara: "No, no te detengas. Comenzar bien es una gracia de Dios. Continuar por buen camino y no perder el ritmo...,es una gracia todavía mayor. Pero la gracia de las gracias, está en no desfallecer, con fuerzas todavía o ya no pudiendo más, hecho trizas o añicos, seguir avanzando hasta el fin".

 

•1.      ¿Te ilusiona entender a Jesús como un Invictus?

•2.      ¿Cómo nos podemos ayudar para no desfallecer en la entrega?

 

III

¿Quién puede esperar nuevos amaneceres?

(Sábado Santo)

 

         Hay agencias de viajes que programan, como un plato fuerte de su "paquete turístico" ver un amanecer: amanecer en Machu Pichu, amanecer llanero en Colombia, amanecer en Abu Sintel, amanecer en el Sinaí. Algo tiene el amanecer cuando hasta se comercializa. En el fondo, el amanecer habla de una nueva posibilidad, de la suerte que es tener un día más en las manos, del señorío de disponer de un trozo más de vida, del gozo de poder disfrutar de lo creado veinticuatro horas más. Cuando nos levantamos de la cama somnolientos y arrastrando el cuerpo no valoramos el regalo de un nuevo día en las manos. Pero, ¡qué no darían muchos por un nuevo amanecer!

            Sábado Santo es el atisbo y la espera del gran amanecer de Jesús que llamamos la resurrección. Quizá hayas entendido esto de la resurrección como una "verdad religiosa". Pero intenta imaginarla como un amanecer: con toda su luz, su brillo, sus posibilidades, su amor. En el fondo, un amanecer es la metáfora de una vida luminosa, distinta, con posibilidades. Por eso, creer en la resurrección es creer que tu vida, como sea, tiene una interesante salida, un horizonte hermoso.

El Sábado Santo es un día de silencio lleno, de espera anhelante, de amor contenido. Por la noche, en la celebración te leerán un texto en que se relata la resurrección. Lo de menos son las formas, las maneras que tiene el evangelista de contarlo. Pero qué rebote en tu corazón esa pregunta dicha a las mujeres: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?". Ya lo decía Miguel Hernández: "No te asomes  al cementerio, que no hay nada en estos huesos. Asómate a mi cuerpo". Asómate hoy al cuerpo de Jesús, a todos los cuerpos, a todas las personas, a toda la realidad. Mira dentro de las cosas y percibe el gran amor que anida en ellas. Míralas como hermanas queridas. Que descubras en ellas la presencia viva del Resucitado vivo.

Francisco de Asís se quedaba anonadado cuando oraba y profundizaba en la resurrección. En realidad, para él era algo vivo, aunque, como él decía, fuera algo "indecible e incomprensible". Que no se pueda decir bien no quiere decir que no llegue dentro; que no se entienda del todo no quiere decir que no haga vibrar el corazón.

San Pablo dice en Hech 26,23 que fue elegido para anunciar "un nuevo amanecer". No una religión, ni una Iglesia, ni una fe, sino un simple nuevo y hermoso amanecer, la posibilidad que toda persona tiene de ser dichosa. Ese es el gran anuncio de la resurrección: el de un amanecer nuevo. Y es preciso anunciarlo con maneras de vivir, con tus maneras de vivir: que sean luminosas, afables, claras, llenas de luz. Echa fuera la tiniebla, el mal talante, el gesto hosco, la palabra hiriente. Apóstoles de un nuevo amanecer: ése habría de ser el propósito de quien celebra la Pascua este año.

 

  1. ¿Te parece interesante entender la resurrección como un nuevo amanecer?
  2. ¿Cómo puede felicitar la Pascua a las personas que amo?

  

Preguntas en el desierto

 

         Se trata de ir cogiendo algunas preguntas de la canción ¿Quién? de L. Guitarra e ir aplicándolas al Viernes Santo desde la realidad del desierto:

 

•1.      ¿Quién escucha a quién cuando hay silencio?: Estás en el silencio. Haz silencio por fuera y por dentro. No te asuste. El silencio voluntario es bueno, nos sosiega, nos pone en lo que somos. No temas al silencio. Ahí puedes escuchar hoy la humilde voz de Jesús que te dice: te amé y me entregué por ti.

•2.      ¿Quién acoge a quién en esta casa?: La casa es esta tierra nuestra, estas calles, estos edificios, estos campos, estos ríos, este mundo. Habríamos de hacer de este mundo una casa acogedora, no un lugar de confrontación. Escucha l humilde voz de Jesús que te dice: he muerto para que esta casa sea una casa de todos; no la privatices.

•3.      ¿Quién pinta de azul el Universo?: Levanta tus ojos al cielo. Míralo, tanto si está azul como si está gris. Lo ha "pintado" el amor del amor del padre para disfrute de todos los ojos, de todas las almas. Escucha la callada voz de Jesús que te dice en este Viernes Santo: yo he mirado con ojos limpios al cielo. Si he muerto ha sido para no desaparezcan las miradas limpias de la tierra.

•4.      ¿Quién no necesita unas alas?: Mira los pájaros. Ellos van a su aire, en su libertad loca. Nos alegran con sus trinos, con su vivacidad. Jesús te dice: he muerto para que tengas alas, para que seas águila, no gallina de corral. Vuela hacia ideales hermosos. No te canses.

•5.      ¿Quién quiere sumarse a lo pequeño?: Fíjate un rato en los pequeños bichos que seguramente te rodean: hormigas, moscas, otros animales. A veces los despreciamos, aunque sin ellos no podríamos vivir porque "labran" la tierra y la hacen fecunda. Francisco de Asís se enternecía cuando se acordaba de que Jesús fue "un gusano", uno hecho gusano por nosotros. Que recordar al Jesús de la pasión suscite en ti humildad y cuidado por lo pequeño, pasión por lo humilde.

 

 

 

 

Un itinerario de oración en Navidad (1 Juan)

 

UN ITINERARIO DE ORACIÓN

EN NAVIDAD

(1 Juan)

 

            1 Juan tiene un peso específico y determinante en el corpus del NT. Es un texto hondas raíces, de auténtica mística cristiana. No es de extrañar que, frecuentemente, los ojos de los creyentes se posen en él. Así lo ha hecho el liturgista que ha propuesto esta carta como texto "navideño" para la lectura continua de las ferias de Navidad.

                Es que los grandes temas de la carta encajan como anillo al dedo en la espiritualidad de la encarnación: el amor como raíz última y definitiva del actuar de Dios y de la persona; la "sangre" de Jesús, su Encarnación entregada, como clave para leer la historia; la solidaridad que dimana de quien entiende la vida desde ahí; el valor de nuestra historia pobre como camino necesario y prácticamente único de acceso a Dios; la luz en la que se camina cuando se guarda el mandamiento del amor, etc. Son los grandes temas que encuentran un eco especial y ajustado en la espiritualidad de la Encarnación.

                ¿Por qué no hacer de este texto, al filo del uso litúrgico, un itinerario de oración en Navidad? Esta es la propuesta de este sencillo folleto: proporcionar algún apoyo para que el/la creyente vaya haciendo esta Navidad de 2009 un camino de oración personal de la mano del texto joánico. Ojalá lo logremos. Sería una manera óptima de celebrar cristianamente la Natividad del Señor.

 

1

27 de diciembre: san Juan: 1,1-4

 

a) Hemos palpado al que existía

 

                Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplaron y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible).

 

                1. En la comunidad joánica ha ocurrido una catástrofe: un grupo notable e influyente de la comunidad, un grupo muy espiritual, se ha marchado porque ha llegado a la conclusión de que el camino de la historia es muy pobre para llegar al encuentro con Dios. Según éstos, hay que ir por caminos más sublimes, más religiosos, más místicos, más "en el cielo".

                El autor se opone a este planteamiento porque, si no, entramos en un camino sin salida: no ha servido para nada la historia pobre de Jesús con su pobre muerte y, además, nuestra misma historia, también pobre, no tiene valor. Por eso, el autor quiere confirmar a la comunidad en el valor de la "sangre" de Jesús, de su historia pobre entregada, y, de rechazo, de nuestra pobre historia, camino de acceso al corazón del Padre.

                Desde ahí dice en este comienzo del prólogo algo muy hermoso: en Jesús hemos "visto" al que existía desde el principio, lo hemos "oído" y, lo que es más, lo hemos "palpado", tocado, abrazado, acariciado. Esto haría vomitar a los "espirituales" que se han ido. Pero para nosotros es el mayor consuelo y ánimo: podemos abrazar a Jesús, podemos sentir sus abrazos.

                2. Los abrazos de Jesús: fue generoso con los abrazos. Muchos los experimentaron. Abrazó a niños, a mujeres, a viudas, a enfermos, a muertos incluso. Se prodigó en abrazos. Abrazó porque en aquel signo común se trasmitía a la persona el oculto abrazo del Padre. Cuando la gente era abrazada por Jesús sentía que algo de Dios pasaba a ellos. Por eso, cuando habló del Padre que persona siempre, habló de uno que acogió al pródigo con abrazos, besos y lágrimas.

                Nunca se avergonzó de sus abrazos. Más aún, cuando habló de la gran fiesta del cielo la entendió como una boda donde abundan los besos, abrazos y caricias. Y cuando habló del abrazo que Dios da a los pobres lo hizo abrazando a un chiquillo.

                Sin sus abrazos, su mensaje habría sido poco más que una doctrina y sus sueños poco más que una utopía inalcanzable. Pero sus brazos envolvieron todo ello de honda humanidad y por eso impactaba e impacta aún su propuesta.

                3. En Navidad, abraza: a tu comunidad, a los débiles, a la sociedad, a la creación, etc. Abrazar es lo que Jesús hace con nosotros, lo que hemos podido hacer con él. Sabemos que Dios se encarna porque podemos abrazarle en Jesús.

 

 

b) Un testimonio de amor

 

                Nosotros lo hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó.

 

                1. Como el de la resurrección, el gran mensaje de la Encarnación es un testimonio de amor: que el Padre ha unido su suerte a la nuestra, que ha venido a morar en el fondo de la existencia, que nuestra vida es, siempre, una vida acompañada.

                Puede parecer exagerado decir que el gran cometido de Jesús en la historia no es tanto salvarnos cuanto darnos a entender que Dios es uno de nuestro lado, que su amor nos envuelve, que Él ha unido su éxito y su suerte a los nuestros, que es vecino de nuestro barrio, que es de fiar, que adherirnos a Él nos potencia como personas, que sus brazos nos envuelven, que nos lleva en las palmas de su mano, que no estamos abandonados, que, en definitiva, nos ama con una pasión loca, casi irracional.

                ¿Y cómo lo ha hecho? Con su propio estilo de vida. Jesús es Dios en su sencilla y compartida humanidad. Su vida misma es la Buena Noticia. Por su estilo humilde sabemos dónde está la verdadera grandeza de Dios. Por su cariño al pecador arrepentido conocemos el sentido de la santidad divina. En su compasión por todo el dolor, en su alinearse al lado de los pobres, en su defensa de los maltratados, marginados y oprimidos, se nos abre la actitud definitiva de Dios para el hombre y su intención al ponerlo en el mundo. Desde su aparición entre nosotros, cuando alguien se siente abrumado o inquieto frente al misterio sobrecogedor de lo divino, tiene delante de sí una vida clara y fraterna donde ir leyendo con humildad y confianza la respuesta segura y definitiva.

                2. Posiblemente haya que decir que no entendemos nada del Dios de Jesús si no llegamos a la convicción profunda de que tenemos un Dios que es Padre misericordioso, esencialmente bueno, olvidadizo con nuestro pecado y de buenísima memoria para amarnos. En la Biblia hay imágenes de Dios para todos los gustos, pero prima la del Padre-Madre bueno, compasivo, que busca a la persona, que lo acompaña, que lo sostiene, que anda con ella los caminos de la vida. Hay personas a las que la lectura de la Biblia les ha llevado a la conclusión de que "Dios no es de fiar". Nosotros habríamos de llegar al polo opuesto: la certeza de que Dios nunca nos va a fallar, nunca nos va a dejar en la estacada, siempre va a andar nuestros caminos con un amor y un respeto que no somos capaces de imaginar.

3. ¿Cómo testimoniar ese amor hondo del Padre? El hno. Roger daba una pista: "Pienso que desde mi juventud nunca me ha abandonado la intuición que una vida de comunidad pudiese ser el signo que Dios es amor y solamente amor. Poco a poco surgió en mí la convicción que era esencial crear una comunidad con personas decididas a dar toda su vida y que buscasen comprenderse y reconciliarse siempre: una comunidad donde la bondad del corazón y la simplicidad estuviesen al centro de todo".

 

 

c) Unidad y alegría

 

Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa.

 

                1. La comunidad de Juan ha sufrido mucho con la escisión de quienes se han marchado (lo peor que le puede sobrevenir a una comunidad es una escisión). Pero, más allá del sufrimiento, la comunidad no renuncia a la unidad y a la alegría. Visto lo que les ha pasado, esa unidad y alegría no pueden venir más que del lado de la certeza de que el padre y Jesús los hayan asociado a su unidad y su alegría.

                Jesús ha sido una persona de unidad: nuca ha dividido, nunca ha sembrado la semilla de la discordia, nunca ha utilizado caminos distintos a los de cualquier persona. La suya ha sido una obra de unidad, su sueño "que todos sean uno". No se trata de ninguna uniformidad, sino de mirar todos en la dirección del anhelo del Padre, que no es otro que el sueño de la fraternidad, la nueva sociedad de las relaciones distintas. Ésa unidad es la que interesa a Jesús. Y esa unidad no se puede lograr si no se ama esta vida, esta historia, esta persona concreta que está a mi lado. La unidad de la encarnación es una realidad que se construye mirando cara a cara a la realidad histórica, al rostro de la persona, a la necesidad del débil.

                Y luego está la alegría que es, igualmente, un logro que proviene de la entrega de la vida y del corazón. No brota porque sí. Jesús ha sido causa de alegría y de gozo porque se ha entregado, porque ha velado por el camino humano, porque ha amado hasta el fondo sin mirar a los fallos de la persona.

                2. El mayor apostolado de una comunidad creyentes es que se percibe, a través de sus estilos de ida, que caminan en unidad y alegría. Unidad que no uniformidad sino afán común porque el Evangelio cobre rostro en nuestros comportamientos. Alegría para ver que el padre está mucho más interesado en nuestra dicha que en nuestros pecados.

                3. En Navidad, y todo el año, construye unidad en tu comunidad. No quiere decir servilismo, uniformidad, rutina, sino deseo de caminar juntos, experiencias de modos de vida compartidos con gusto, ilusión por los proyectos comunes. Si se ve que hay unidad en torno al Evangelio hemos logrado decir algo de lo que es el mensaje profundo de la Encarnación. Y luego, alegría, que va mezclada a la unidad. Alegría que no tiene que ser jolgorio externo sino ambiente respirable, respeto gozoso, fiesta humilde pero compartida, disfrute en el simple estar, en el pequeño acompañarnos cada día. Y desde ahí, abrirse a otros, ampliar los círculos. Así será una alegría "completa", la alegría de Jesús persona como nosotros/as.

 

 

 

2

28 de diciembre, lunes: santos Inocentes:

1,5-2,2

 

                Os anunciamos el Mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si decimos que estamos unidos a él, mientras vivimos en las tinieblas, mentimos con palabras y obras. Pero, si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y los limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y no poseemos su palabra. Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

 

                1. Juan toma la metáfora común de la luz: acoger al Dios que acompaña a la historia es andar en la luz y eso nos llevará, como antes ha dicho, a vivir en unidad y a creer que la "sangre" de Jesús, su entrega, nos limpia del pecado.

                La evidencia de nuestra debilidad puede hacernos creer que es un impedimento real para aceptar con fuerza y deseo la propuesta de Jesús, su seguimiento. No, Jesús es honrado con lo real y si nos ofrece el camino del seguimiento es porque podemos andarlo, aunque nos cerque la limitación.

                Por eso, es preciso encarar el pecado, tratar de encajarlo, de entenderlo, de superarlo, de sobrepasarlo si se puede. Pero nuestra debilidad moral u otra no puede ser obstáculo para comprender que se nos llama a la luz, al camino hermoso de una vida en la perspectiva de Jesús.

                2. La espiritualidad de la encarnación es una espiritualidad positivizadora, animadora, y realista a la vez. Nos dice que nuestra vida, por pecadora y cruel que se la quiera ver, tiene una salida desde el momento en que hay oferta de Jesús. Y si no hubiese oferta, no habría habido encarnación. "Desde que Dios ha nacido, estamos seguros de nuestra salvación" decía Francisco de Asís. Si no hubiese salida para nuestra limitación, la encarnación quedaría sin sentido.

                3. Navidad es tiempoo para renovar nuestro amor a la vida, nuestra fe en que, más allá de su limitación, el camino humano está llamado a la dicha. Sosiégate ante la evidencia de la limitación personal, fraterna y social. Digámonos con convicción: podemos amarnos, aunque seamos débiles. Y si todo falla, siempre queda un recurso que nunca falla: el amor de Jesús que sigue trabajando a nuestro favor las 24 horas del día, nuestro verdadero defensor y apoyo.

 

 

 

 

 

3

29 de diciembre: martes: Día V de la Octava: 2,3-11:

 

                En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: "yo le conozco" y no guarda sus mandamientos es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su Palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos con él. Quien dice que permanece en él, debe vivir como vivió él. Queridos. No os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la Palabra que habéis escuchado. Y, sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo -lo cual es verdadero en él y en vosotros-, pues las tinieblas pasan y la luz verdadera brilla ya. Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

 

                1. Hay una manera de saber si uno anda por la senda hermosa de la espiritualidad de la encarnación: andar por el mismo camino por el que anduvoi Jesús. ¿Cuál es ese camino? El de la entrega a todos, sobre todo a los más débiles. Las entregas nunca se pierden, tienen valor en sí mismas, no depende ese valor del aplauso, ni del premio, ni del agradecimiento. Valen aunque no tengan esas consecuencias. Así ha vivido Jesús su entrega, generosa aunque no se agradeciese. Ése es el camino de la encarnación.

                Además, ese mandamiento del amor, de la entrega, es "antiguo" porque viene de Jesús, no hay que inventarse nada. Pero es también "nuevo" porque hay que actualizarlo día a día. Es quizá en esto segundo donde hay que hacer hincapié: imaginación y amor para hacer cada día nuevo el Mensaje.

                Y luego, toda esta espiritualidad es preciso concretarla, hacerla visible. Y no hay más que una manera: vivirla, para empezar, con el hermano concreto con quien compartes la vida. Si no se concreta, toda esta espiritualidad se difumina.

                2. La vida en comunidad nos dice, día a día, que el valor de las entregas es decisivo. La entrega es aquello que va más allá de la simple obligación. Si no anduviéramos nunca en ese terreno, todavía no habríamos abierto la puerta del misterio de la encarnación.

                3. Navidad es tiempo bueno para entregas concretas, para avivar lo que siempre debería estar vivo: que la entrega al hermano no es solamente una obra de caridad o de amor, sino que es sentido y razón de nuestro vivir juntos/as el Evangelio. Una comunidad sin entrega desdice su propia opción; una comunidad de creciente entrega se carga cada día de sentido y de gozo.

 

 

 

 

4

30 de diciembre: miércoles: Día VI de la Octava: 2,12-17

 

                Os escribo a vosotros, hijos míos, porque se os han perdonado los pecados por su nombre. Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os he escrito a vosotros, hijos míos, porque conocéis al Padre. Os he escrito a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, los jóvenes, porque sois fuertes, y la Palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno. No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo -las pasiones del hombre terreno, y la codicia de los ojos y la arrogancia del dinero- eso no procede el Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, con sus pasiones. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

 

                1. 1 Jn quiere ser, cómo no, un escrito animador. Por eso, no duda en decir que "se puede vencer al malo", es decir, que se puede hacer un camino de construcción de lo cristiano, más allá de toda limitación. Quien entiende este ánimo que proviene de la Encarnación, del acompañamiento del Padre a nuestra vida, no se desalienta diciendo que no hay nada que hacer, no se rinde diciendo que las cosas no hay quien las cambie. Es persona resistente porque sabe que en la resistencia habita la esperanza.

                Eso sí, tal certeza no va a brotar en nosotros/as si no tenemos controlados algunos mecanismos "inhumanos" que hace parte de nuestra estructura: el leer la realidad desde lados negativos (pasiones del hombre terreno), el entrar en la vorágine de un consumo que nos consume (ojos insaciables) y el humillar a los pobres con una manera insolidaria de vivir (arrogancia del dinero).

                De esta forma caeremos en la cuenta de cuál es la voluntad de Dios (la nueva sociedad, la comunidad de hermano, el mundo distinto) y, lo que es más, nos animaremos a compartir esa voluntad y a ir haciéndola nuestra. Ése será el gran fruto de la Encarnación y del Evangelio.

                2. Hemos de trabajar la fragilidad de nuestras comunidades, su tendencia a ceder a la rutina a dejarse envolver por el desaliento en esta hora difícil. Más que nunca la vida fraterna necesita personas con coraje que crean de verdad que se puede vivir el Evangelio aunque sea con intervenciones obligadamente exiguas.

                3. Navidad es tiempo bueno para desear sumarse a la voluntad del Padre que conocemos bien por el Evangelio: hacer que la vida humana camine en la dirección de la dicha. Si haces algo en esa dirección, estás trabajando en la espiritualidad de la Encarnación, por ésta no pretende, en el fondo, sino la gran dicha de lo humano, el gozo de la filiación plena.

 

 

5

Día 31 de diciembre: jueves: Día VII de la Octava: 2,18-21

 

                Hijos míos, es el momento final. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido por lo cual nos damos cuenta de que ya es la última hora. Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos eran de los nuestros. En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Espíritu Santo y todos vosotros los sabéis. Os he escrito no porque desconozcáis la verdad, sino porque la conocéis y porque ninguna mentira viene de la verdad.

 

                1. La comunidad joánica no comprende cómo esas personas que se han ido han podido salir de entre ellos. Reflexiona y dice: en realidad, no eran de los nuestros. Es pobre el razonamiento porque es muy fácil excluir a posteriori. Tenían que haber trabajado antes, haberles hecho ver que, de cualquier forma, podrían ser hermanos. Haberse flexibilizado tanto hasta que aquellos vieran que su búsqueda errada también podía haber sido comprendida por la comunidad. Quizá así las cosas habrían discurrido por otros derroteros.

                La espiritualidad de la Encarnación, como la de todo el Evangelio, no puede ser una espiritualidad de exclusión, de rechazo, de caminos divergentes. Jesús nunca ha sido así. De lo contrario no habría podido comer y sentarse a la mesa con pecadores, no habría ofrecido el programa del Reino a gente de mal vivir. Él fue una persona siempre incluyente, nunca excluyente.

                Desde ahí se podría conocer mejor esa verdad a la que alude el texto, que no es una verdad dogmática, ideológica, sino la simple y elemental verdad de que el Evangelio está de nuestra parte, que el nos hace bien, que quiere colaborar al logro de la dicha de la historia.

                2. Una comunidad que excluye no puede ser la comunidad de Jesús; una comunidad que destierra, excomulga y condena no puede ser la comunidad de Jesús. No hay que mirar únicamente al comportamiento de ciertas autoridades, sino a uno/a mismo/a con esa capacidad que tenemos para excluir a quien no piensa, actúa, siente como nosotros/as. Cuanto más excluyamos, menos somos de Jesús.

                3. Navidad es tiempo bueno para hacer prácticas de inclusión, de incitación que acoge, de camino común que se ofrece. En esta misma jornada puede hacerlo. Quien queda incluido se sentirá más persona; quien incluye también. Al fin y al cabo, la obra de la Encarnación no es sino una formidable obra de inclusión que hace ver que todo lo creado tiene un sitio en el corazón del Padre y que nada queda excluido.

 

 

 

 

6

Día 2 de enero: sábado: San Basilio y Gregorio: 2,22-28

 

                ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre. En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre; y ésta es la promesa que él mismo os hizo: la vida eterna. Os he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros. Y en cuanto a vosotros, la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas -y es verdadera y no mentirosa-, según os enseñó, permaneced en él. Y ahora, hijos míos, permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su venida.

 

                1. Ya lo había visto el Evangelio de Juan (Jn 15,1ss) que lo importante en la vida cristiana era "permanecer", estar conectados, funcionar con certezas que generan adhesión, resistir cualquier embate que nos quiera apartar de los valores del Evangelio. Permanecer no es posible sin grandes dosis de amor y no menos grandes de adultez humana. Si no hay estos ingredientes, las adhesiones corren el riesgo de quebrarse. En permanecer en la adhesión a Jesús está la clave del éxito cristiano.

                Jesús es para nosotros la verdadera "unción", el ánimo que se experimenta cuando uno recibe un masaje. Se ve que los que se habían ido hacían unciones con aceite perfumado para "colocarse" y entrar así en trances místicos. El autor dice que el creyente no necesita otra "unción" que lad e Jesús, su pobre vida entregada a fondo. Con esto tiene bastante para animarse a permanecer unido a él.

                De esta manera, no habrá ninguna vergüenza porque Jesús no puede avergonzar a quien ama, de la forma que sea. El amor que se adhiere al corazón es la mejor garantía de que Jesús nos acogerá. Ya lo dijo él que "a quien mucho ama, mucho se le perdona" (Lc 7,50).

                2. La comunidad habría de sr un lugar de ánimo, un verdadero taller de empuje y de deseo. Todo se contagia, menos la hermosura, solemos decir. El aliento se contagia, y también el desaliento. Cuando la comunidad contagia aliento, contagia espíritu encarnacional, porque la Encarnación es el gran aliento del Padre a la historia.

                3. En Navidad se pueden hacer trabajos de animación, sencillos, pero valiosos. Animar a quien anda más solo, más limitado, más al margen, más desechado. A veces basta con una palabra, un gesto, una pequeña cercanía. Para quien anda en el desaliento todo vale. Entender la encarnación es hacer obra de animación y de amparo.

 

 

 

7

Día 4 de enero: lunes: Feria de Navidad: 3,7-10

 

                Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo, como él es justo. Quien comete el pecado es del diablo, pues el diablo peca desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo. Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado, porque su germen permanece en él, y no puede pecar, porque ha nacido de Dios. En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo el que no obra la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano.

 

                1. El autor de 1 Jn lo tiene claro: el quid del comportamiento humano está en la justicia. ¿Por qué? Porque esa es la clave de actuación de Dios: su gran sueño es un mundo en justicia. Cuando no lo ve, su disgusto es enorme. Basta leer el cántico de la viña de Is 5,1ss: "esperó justicia...esperó derecho".

                Eso es lo que les falla a esos que se han escindido de la comunidad: son muy espirituales, pro la justicia no les importa. Su espiritualidad queda muy cuestionada porque una espiritualidad sin justicia es una voz vacía, un hueco de nada.

                La justicia es la que nos va haciendo "impecables", porque cuanto más lugar dejemos a la justicia, menos queda para el pecado. La mejor lucha contra éste es la construcción de una vida en sensibilidad para los temas de la justicia.

                Y no se crea que esto es algo difuso, desvaído, sin perfiles. No, la justicia empieza a cobrar rostro en los comportamientos fraternos. Si estos no están imbuidos de actuaciones justas, respetuosas, tolerantes, amparadoras, hablar de Encarnación es hablar de música celestial.

                2. Nuestras comunidades, por lo que sea, vibran poco por los temas de la justicia. Les parece que son temas sociales, políticos, laborales, pero no temas de vida religiosa. Pues bien, la lejanía y frialdad en temas de justicia es incompatible con una vivencia vibrante de la Encarnación del Señor. Porque en el fondo, cuando decimos que Jesús se encarnó "para salvarnos", lo que estamos queriendo decir no es tanto para llevarnos al cielo, sino para hacernos personas en plenitud y eso es impensable sin el contenido de la justicia en todas sus dimensiones.

                3. En el silencio de la Navidad no estaría mal leer algo de la encíclica Caritas in veritate,  o de algún otro texto social. Pedir a Jesús una preocupación mayor por los temas de la justicia. Creer que podemos colaborar algo. Si este mundo nos resulta lejano, la Encarnación de Jesús ¿qué es entonces?

 

 

 

 

 

 

8

Día 5 de enero: martes: Feria de Navidad: 3,11-21

 

                Este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No seamos como Caín, que procedía del maligno y asesinó a su hermano. ¿Y por qué lo asesinó? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran buenas. No os sorprenda, hermanos, que el mundo os odie: nosotros hemos pasado de la muerte a la vida: lo sabemos porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva en sí la vida eterna. En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Pero si uno tiene de qué vivir y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos, si la conciencia no nos condena tenemos plena confianza ante Dios.

 

                1. Para Juan, amar es pasar de muerte a vida. Bien mirado, ese itinerario es imposible; es más bien el contrario (de vida a muerte) el que es normal. Pero no; Juan dice que hay una manera de vencer a la muerte, a toda muerte y sus secuelas (el odio, el desamor): amar. He ahí la solución. Es la potencia del amor, su fuerza política y su vigor vital. Amar es la manera de cambiar la realidad desde el fondo. Quien desespera de este planteamiento se sume en el desconcierto.

                Pero, claro, ese amor tiene un rostro histórico. Y el autor lo pone bien claro: el rostro del amor es la solidaridad concreta con el hermano en necesidad. Si el amor no nos lleva a cauces concretos de solidaridad, es un amor de salón, de boquilla, ficticio. Por eso, el amor al prójimo visibiliza todo amor, el que decimos tener a Dios, a Jesús y a la persona.

                Puede ser que, viéndolo así, no tengamos vigor para ponerlo en práctica. Pues bien, que no nos condene nuestra conciencia, que no nos derrote la mala conciencia. Dios apaciguará nuestros propios remordimientos y nos empujará de nuevo a la solidaridad.

                2. El amor, lo sabemos, es el cimiento de la comunidad. No es la organización, ni la estructura, ni los planes, siempre necesarios. Si todo eso no está imbuido de amor, termina siendo una cárcel de hierro. Por eso, en crecer en el amor está el reto.

                3. Saber en Navidad (y siempre) que la visibilización del amor tiene que ver con los bienes habría de llevarnos a un estilo de vida sencillo, ajustado a nuestras necesidades reales, disfrutante con lo humilde, valorador de las pequeñas cosas, de los mecanismos humildes de vida (la ternura, el compartir, la compasión, el interés por el otro).

 

9

Día 7 de enero: jueves: Feria de Navidad:

3,22-4,6

 

                Cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros tal como nos mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio. Queridos: no os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido del mundo. Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios: es del anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo. Ellos son del mundo, por eso hablan según el mundo y el mundo les escucha. Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.

 

                1. La Encarnación nos ha revelado lo que le agrada a Dios: ponerse en la orilla de los sencillos, hacer una opción crecientemente decidida por quienes viven o son relegados a los márgenes, amar a quien casi nadie o nadie ama. Eso agrada a Dios, desata la ternura de su corazón.

                Precisamente eso es lo que quiere enseñarnos el Espíritu de Dios que acompaña el caminar humano. Él está haciendo una gran obra de reorientación desde el fondo de la vida para que esta historia logre alcanzar su plenitud. Esa historia se hará sobre todo cuando quienes más soportan su peso, los más injustamente tratados, aquellos cuyo dolor no es tenido en cuenta, las víctimas nunca reparadas, tengan un puesto en el devenir de la vida.

                Por eso mismo, no vale cualquier espíritu: un espíritu en las antípodas de la fraternidad, no es el Espíritu de Jesús; un espíritu que se mueve por la solidaridad es el Espíritu de Jesús.

                2. Creer que el espíritu está haciendo su obra en el fondo de la vida habría de llevar a la comunidad a empeñarse en ser colaboradora de tal Espíritu. La colaboración se hace sobre todo con generosidad y apertura. Generosidad para que puede brotar el gozo; apertura para englobar a toda persona, a toda criatura en la obra de liberación del Evangelio.

                3. Navidad es buen tiempo para volver a empeñarse en hacer lo que agrada a Dios, sabiendo que se trata de mirar, apuntar, orientarse a los márgenes de l vida donde viven, malviven, millones de seres. Ése es el lugar del Espíritu, de los espirituales, porque es el lugar de la mayor necesidad.

 

 

 

 

10

Día 8 de enero: viernes: Feria de Navidad:

4,7-10

 

                Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su único Hijo para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.

 

                1. El autor de 1 Juan llega a síntesis profundas y elementales: de todo lo dicho deduce que Dios es amor. Muchos han  llegado a una conclusión muy simple: «Dios sólo puede amar»: esta certeza ha sido expresada por un pensador cristiano del siglo VII, San Isaac de Nínive. Llegó a esta conclusión después de haber estudiado largamente el Evangelio según San Juan y meditado las palabras "Dios es amor" (1Jn 4,8). Así la recogía el hno Roger de Taizé en su carta de 2003. Puede parecer algo evidente creer que Dios solamente pueda amar. Pero llegar a esta certeza (no solo a una convicción ideológica) es lo que loe teólogos modernos (Queiruga, por ejemplo) denominan "cambio de paradigma", cambio de marco referencial, de manera de entender la cosa. Puede parecer todo esto teórico. Pero en Jesús no lo ha sido. Esto es lo que luego le ha llevado a los caminos, a una comprensión del corazón de las personas, a una valoración nueva de la dignidad humana y creatural.

                Más aún, ese amor se "ve". Lo vemos en Jesús. Podríamos creer que el amor de Dios es algo difuso. Pero, en realidad, el rostro de Jesús, su historia, maravillosa y pobre, hace visible el rostro del mismo Dios. Por eso la Encarnación es un misterio de desvelamiento del rostro de Dios.

                Esto habría de hacernos caer en la cuenta que al misterio de la Encarnación no se llega por voluntarismo, por "puños", sino por caer en la cuenta de algo tan simple como que Dios ha amado primero, ha hecho mayor apuesta que nosotros, ha puesto toda su carne en el asador.

                2. La comunidad ha de intentar hacer visible el rostro de Dios en su manera de amarse entre sus miembros. Esa es su "tarea encarnacional", la lógica respuesta a quien se adentra en el "misterio abrupto" (Von Baltasar) de Jesús hombre.

                3. En Navidad habría que caer maravillado y rendido ante el misterio de un Dios que ama primero, que ama más, que ama más hondamente, más arriesgadamente, más locamente. Por eso, el cauce de la contemplación es imprescindible para acercarse al misterio. Que se concretice en sosiego, en pararse, en oración, en contemplación.

 

 

 

 

 

11

Día 9 de enero: sábado: Feria de Navidad: 4,11-18

 

                Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él y él nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su hijo para ser salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor en que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del Juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira al castigo; quien teme, no ha llegado a la plenitud en el amor.

 

                1. El misterio de la encarnación nos ha llevado a una certeza: por Jesús hemos conocido a Dios, por él sabemos lo que le agrada, porque él nos lo ha mostrado estamos seguros de que el sueño de Dios es el llegar a una sociedad distinta, fraterna, benigna, el Reino. Sin Jesús nada sabríamos del corazón del Padre, de sus anhelos y esperanzas sobre sus criaturas.

                Eso es lo que habría de hacer brotar en nosotros/as una certeza de confianza esencial: saber que, si Dios nos revela al Padre, se convierte para nosotros/as en el camino primordial de acceso a Dios. De ahí que la decisión de lanzarse al camino que es Jesús tenga como trasfondo la certeza de que ese camino nos ha de llevar derechos al corazón del Padre.

                Desde ahí podremos echar fuera el temor, los temores constituyentes de la estructura humana y los que se van añadiendo a lo largo de la vida. Y vivir sin temores es vivir en el gozo, en la libertad, en la creatividad.

                2. Una comunidad sin temores, decidida por encima de sus miedos, arriesgada en opciones y planteamientos. Esa sería la comunidad que encaja con la Encarnación. Porque si Jesús y el Padre sostienen nuestra existencia, ¿qué temor básico no va a poder ser encajado desde ahí? Quizá necesitemos subir el nivel de la confianza, en Dios y en la persona concreta, porque sin confianza el temor se apodera de cada una de nuestras células.

                3. Termina el tiempo de Navidad. Para la sociedad de consumo está casi olvidada; estarán pensando en la nueva campaña comercial. Nosotros/as, en este día final agradecemos al Padre su insondable generosidad con nosotros, a Jesús su darse a la historia, a la Palabra su compañía y su luz, a la comunidad su amparo y a los débiles su continuo recordatorio de quiénes son los destinatarios primeros de la entrega de Jesús.