Blogia
FIAIZ

OTROS TEXTOS

Espíritu de Asís 2013

 

ESPÍRITU DE ASÍS 2013

 

1

ORACIÓN

 

PRIMER MOMENTO:

1.- Me encuentro con Dios en el rostro del pobre

 

Lectura de Mt 25, 31-40

 

Animador de la oración.        Detengámonos unos momentos a mirar con valentía la realidad de nuestro mundo y pidamos la gracia de contemplar el rostro de Dios en el rostro empobrecido y sufriente de nuestros hermanos, mirando, contemplando y escuchando con un corazón tocado por la gracia de Dios que ve donde otros no logran descubrir nada.

 

            Canto: ¿cuándo te vimos, Señor, con hambre y con sed,

                        Desnudo o extranjero, enfermo o en la cárcel?

                        ¿Cuándo te vimos, Señor?

 

Todos: Toca, Señor, nuestro corazón para mirar con ojos compasivos…

  • “La parábola gigantesca del rico Epulón y el pobre Lázaro” y descubrir que en este banquete de la humanidad que Dios preparó para todos sus hijos, hay muchos a quienes no se les permite entrar y están a la puerta, como Lázaro, esperando que les echen las migajas de la mesa.

 

Todos: Permítenos, Señor, contemplar con el corazón…

  • “La parábola del Buen samaritano”. A todos esos tirados en la cuneta de la vida, apaleados por la insolidaridad de tantos que pasan de largo, haciendo la vista gorda como el levita y el sacerdote, para no toparse con ellos ni complicarse la vida y siguen su camino de egoísmo con un corazón cerrado e indiferente.

 

Todos: Toca, Señor, nuestro corazón para mirar con ojos compasivos…

  • A esos niños abandonados con su soledad a cuestas, de esos jóvenes que deambulan por nuestras calles sin rumbo, porque se les cerraron las puestas de la esperanza para encontrar un trabajo digno que les hiciera sentirse alguien y soñar con un proyecto de futuro.

 

Canto: ¿cuándo te vimos, Señor, con hambre y con sed,

                        Desnudo o extranjero, enfermo o en la cárcel?

                        ¿Cuándo te vimos, Señor?

 

Todos: Permítenos, Señor, contemplar con el corazón…

  • Esas filas interminables en las oficinas de empleo, y los rostros entristecidos de tantos padres y madres que cada mañana buscan traer un trozo de pan y afecto a sus hijos y regresan con las alforjas vacías y se sienten derrotados y desesperados, porque, a pesar de sus esfuerzos, no tienen cómo alimentar y educar a sus hijos.

 

Todos: Haznos sensibles, capaces de dejarnos afectar al escuchar…

  • Los llantos de esos niños golpeados por la pobreza antes de nacer y que arrastrarán por toda su vida secuelas irreparables por falta de alimentación adecuada y de condiciones dignas de toda persona humana

 

Todos: Haznos sensibles, capaces de dejarnos afectar y mirar con ojos compasivos…

  • Esos campos de refugiados en tierra extraña, privados de un techo acogedor, de un trabajo digno que les haría sentirse alguien, de una esperanza cierta cuyo horizonte no se vislumbra por ninguna parte.

 

Canto: ¿cuándo te vimos, Señor, con hambre y con sed,

                        Desnudo o extranjero, enfermo o en la cárcel?

                        ¿Cuándo te vimos, Señor?

 

Todos: Permítenos, Señor, contemplar con el corazón…

  • La cara inexpresiva de tantos ancianos que se sienten un estorbo y un peso para la sociedad de la eficiencia y del éxito y casi les da vergüenza vivir

 

Todos: No permitas, Señor, que nuestros oídos se cierren ante…

  • El clamor, sordo a veces y amenazante otras, de tantas personas varadas por la marea de una sociedad sin entrañas de misericordia y convertidas en unos “don nadies”, sin voz ni voto en el concierto de su país.

 

Todos: Toca, Señor, nuestro corazón para mirar con ojos compasivos…

  • La brecha que se ensancha y ahonda cada día más entre hombres y mujeres que tienen una misma dignidad: la de ser hijos de Dios.

 

Canto:¿cuándo te vimos, Señor, con hambre y con sed,

                        Desnudo o extranjero, enfermo o en la cárcel?

                        ¿Cuándo te vimos, Señor?

 

Animador de la oración A muchos nos escuece por dentro el corazón ante situaciones inhumanas e injustas de indiferencia, desprecio, marginación del otro, y que no revelan el espíritu evangélico que nos lleva a descubrir a Dios en todos y muy especialmente en los más empobrecidos y marginados.

            El mundo tiene que ver a hombres y mujeres que sepan identificarse con los que sufren, con los que viven a la intemperie, con los que sobran en este mundo de eficacia, hasta dar la vida en su ayuda. Y todo porque están convencidos, desde una fe vigorosa, que con todos ellos se identifica el Señor. Por eso esta tarde rezamos juntos y pedimos:

 

La mirada del Evangelio. (recitamos pausadamente a dos coros) 

 

1.- Ayúdanos a cambiar, Señor, nuestra mirada mundana, egoísta, acomodada, poco comprometida, temerosa.

Ayúdanos a cambiar para mirar las cosas, el mundo, la vida, con tu mirada y desde tus ojos.

 

2.- Quítanos las anteojeras que vamos construyendo a lo largo de los años, que  nos aíslan del dolor y del sufrimiento de los que caminan a nuestro lado. Sacude nuestro corazón para aprender a ver con los ojos llenos de Evangelio y Esperanza de Reino. Corre ya el velo de nuestros ojos para que viendo, podamos conmovernos por los otros y movernos desde lo profundo de cada uno para acudir a dar una mano (y la otra, y la vida toda…) a los que están caídos al borde del camino, los que esta sociedad ciega ha tirado a un lado porque no cuentan o no interesan a las leyes del mercado.

 

1.- Convierte nuestra mirada para hacer posible y cotidiano el milagro del Buen Samaritano, ver al otro y acercarse, no pasar de largo, compartir, ser generoso, darlo todo por el hermano.

¡Cuántas cosas son posibles, mi buen Dios, si cambiamos la mirada, si no damos la espalda, si no vivimos encerrados!

Abre nuestros ojos, ten compasión de nosotros, como pedía el ciego del evangelio, que no veamos borroso, no sea que confundamos el camino y creamos encontrarte donde tú no estás, donde tú no te has quedado.

 

2.- Descúbrenos, Señor, tu presencia viva entre los pobres. Que te reconozcamos en el desnudo, el hambriento, el que está solo, en el preso, el enfermo, y tantos otros, Señor, en quienes nos sales al encuentro cada día, sin que a veces lo advirtamos, por tener el corazón endurecido y los ojos cegados.

 

1.- ¡Conviértenos, Señor! Devuélvenos la mirada confiada de los niños, la transparencia que habla de lo que abunda en el alma. No permitas que cerremos los ojos y creamos hallarte dentro nuestro, sin buscarte y encontrarte por donde andas a diario.

 

2.- Que la ambición, el conformismo, la comodidad y las falsas seguridades no nublen nuestra mirada. Desata ya mismo un vendaval que se lleve la nube de nuestras explicaciones fáciles, y también las difíciles. A Dios no vale con explicarlo, hay que vivirlo y contemplarlo donde a Él se le antoja estar y no donde a nosotros nos conviene ver.

Será tan difícil, Señor, que nos demos cuenta que no estás en el crucifijo de madera tallada que adoramos, sino ahí, tirado entre los que ni siquiera miramos.

 

Todos. Ayúdanos, Señor, a ver… y a cambiar…, a verte… y a optar…, a utilizar esos lentes maravillosos que nos dejaste para mirar el mundo, la realidad, la vida: La mirada del Evangelio, para ver con los ojos de Dios.

 

 

SEGUNDO MOMENTO:

2.- Bienaventuranzas de la Solidaridad

 

Canto: Me ha mostrado, el Señor,

            Lo que es bueno y lo que pide Él de mí:

            Hacer justicia, misericordia, y ser humilde ante Él.

 

 

1.- Felices los que siguen al Señor por la senda del buen Samaritano.

Los que se atreven a andar tras sus pasos, a superar las dificultades del camino, a vencer los cansancios de la marcha.

Los que al andar van trazando sendas nuevas para que otros sigan, entusiasmados, y continúen la obra del Señor.

Los que, atentos y presurosos, cambian su ruta para salir al encuentro del Señor vivo en el que sufre, tan presente en estos tiempos, tan cercano para algunos, para otros tan lejano.

 

2.- Felices los que dan la vida por los demás. Los que trabajan duro por la justicia anhelada. Los que construyen el Reino desde lugares remotos. Los que, anónimos y sin primeras planas, entregan su vida para que otros vivan más y mejor. Los que con su diario sacrificio abren huellas de humanidad nueva en un mundo mellado por el egoísmo del “dios-mercado”.

 

1.- Felices todos los que trabajan por los pobres. Desde los pobres. Junto a los pobres. Con corazón de pobre.

Contemplando a diario la hermana muerte, temprana, injusta, dolorosa, en los rostros de los niños olvidados, sin salud, ni educación, ni juegos (infancias robadas por miles desde antaño).

Felices los que viven solidarios dejando el asfalto limpio y prolijo para caminar por senderos pedregosos, polvorientos, que abren al mundo de los que no cuentan en los números o estadísticas de los ministerios de turno.

 

            Canto: Me ha mostrado, el Señor,

            Lo que es bueno y lo que pide Él de mí:

            Hacer justicia, misericordia, y ser humilde ante Él.

 

2.- Felices los que aman al hermano concreto. Los que no se van en palabras, sino que muestran su amor verdadero en obras de vida, de compañía y de entrega sincera.

Felices los que sueñan, los que intentan que todos aprendan sin distinciones de color, piel o dinero.

Felices los que comparten sus bienes, Don-Regalo del buen Dios, para vivir como hermanos y demostrarlo en la práctica. Los que no guardan con egoísmo sino que brindan y comparten.

 

1.- Felices los que caminan juntos, en búsqueda comunitaria del Reino de Vida Nueva y Fraternidad Realizada. Los que se ayudan en las buenas y en las malas, los que aprenden que más pueden dos juntos que uno solo.

 

2.- Felices todos los que piensan en el hermano y que encuentran su alegría y el gozo y el sentido de la vida en trabajar por los demás, y por el Reino, y por el Señor vivo en medio de nosotros, olvidado, marginado, solo y abandonado en los rostros de los jóvenes, de indígenas, de ancianos, de mujeres solas, de desamparados, y de tantos otros.

 

1.- FELICES,

-Y alzo la voz para que escuchen todos-

LOS QUE VIVEN EL MANDAMIENTO PRIMERO QUE ES AMOR A DIOS Y AL HERMANO.

FELICES, los que encuentran que este amor hoy, se revela en un camino:

SER SOLIDARIO.

 

            Canto: Me ha mostrado, el Señor,

            Lo que es bueno y lo que pide Él de mí:

            Hacer justicia, misericordia, y ser humilde ante Él.

 

 

TERCER  MOMENTO:

3.- Oración y letanía.

 

(Tomado de una oración del Obispo Munib Younan, Iglesia luterana de Jordania y Palestina)

"He aquí a Dios mi salvador; estaré seguro y no temeré." (Isaías 12:2)

Padre celestial, te alabamos por haber enviado a tu Hijo, Jesucristo, a nacer en Belén para ser uno de nosotros. Una vez más, y como casi siempre, nos encontramos sumidos en la violencia, el derramamiento de sangre y el odio que parecen no tener fin. Nos sentimos desamparados frente al poder político y militar de este mundo. Miramos en torno y no encontramos salvación en los seres humanos, sino sólo en nuestro Señor encarnado.

Te pedimos que limpies nuestros corazones de sentimientos de rencor y de odio, de frustración y temor. Haz que todos nos volvamos a ti arrepentidos y llénanos de confianza y seguridad en ti, que eres nuestra salvación. Pedimos que todo nuestro sufrimiento nos acerque a ti, y nos haga crecer en fe y confianza en ti, y en amor a todos nuestros vecinos.

Envía tu Santo Espíritu para que consuele a las familias sufrientes, facilite la recuperación de los heridos y mutilados, y cambie los corazones de todos nosotros para hacernos ver que tu voluntad en Tierra Santa es que palestinos e israelíes convivan en justicia e igualdad. Cambia las mentes de los políticos para que transformen las espadas en rejas de arado.

Bendice a tu Iglesia para que sea tu instrumento de paz, llevando consuelo a los afligidos, promoviendo la justicia para los débiles y menesterosos y dando testimonio de tu amor a todas las personas.

En Jesucristo oramos. Amén.

Dios todopoderoso y eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te glorificamos y alabamos. Eres nuestro único refugio en este mundo turbulento.

      Te glorificamos y alabamos, Dios nuestro.

Dios misericordioso, en el nacimiento de tu Hijo Jesucristo en Belén te hiciste uno de nosotros, compartiendo y entendiendo nuestra humanidad, nuestros sufrimientos y nuestros problemas.

      Te glorificamos y alabamos, Dios nuestro.

Te agradecemos que te hayas refugiado en Egipto, identificándote con todos los refugiados y las víctimas del poder político.

      Te damos gracias, Dios nuestro.

Te agradecemos que hayas crecido en Nazaret y predicado al pueblo en Galilea, extendiendo tu reino de una manera nueva.

      Te damos gracias, Dios nuestro.

Te agradecemos que hayas sido crucificado en Jerusalén, identificándote con cada persona que sufre y vive bajo la ocupación y la injusticia. En la cruz llevaste el pecado y el sufrimiento de todos los seres humanos y nos reconciliaste contigo y con todos nuestros congéneres humanos.

      Te damos gracias, Dios nuestro.

Oramos por todas las víctimas de la injusticia y la violencia en la actual situación. Oramos también por los responsables de la injusticia y de todas las formas de violencia.

      Señor, ten piedad de nosotros.

Oramos por nuestras madres que están hartas de sangre derramada, asesinatos y uso de las armas. Oramos por las familias afligidas que han perdido sus seres queridos. Oramos por la pronta recuperación de los heridos. Oramos especialmente por los que tienen que vivir con una incapacitación permanente.

      Señor, ten piedad de nosotros.

Jesús, Salvador nuestro, nuestra mirada se dirige a ti, nuestra única ayuda en estos tiempos de congoja

Señor, escucha nuestra oración.

Te pedimos que abras los ojos del mundo a la justicia y la reconciliación. Ayúdanos a ver que la seguridad y la libertad de un pueblo dependen de la seguridad y la libertad del otro.

      Señor, escucha nuestra oración.

Pedimos por los políticos, para que se den cuenta de que la seguridad y la paz que todos deseamos no vendrán por medio de las armas y la fuerza, sino haciendo justicia de modo que los pueblos puedan reconciliarse y forjar juntos una coexistencia equitativa para el futuro.

      Señor, escucha nuestra oración.

Señor Jesús, nos has llamado a ser tus seguidores. Danos tu amor para todos nuestros hermanos. Líbranos y libra a nuestros hijos del odio, el rencor y la denegación de los derechos del prójimo; y llénanos de amor, verdad y justicia, para que podamos reconocer y respetar la dignidad y los derechos de cada uno.

      Señor, escucha nuestra oración.

Señor Jesús, nos has enseñado que el perdón no es el olvido de los derechos de cada uno sino su afirmación. Sabemos que perdonar es ver a Cristo en nuestros enemigos y amarlos como nuestros vecinos. Llévanos a todos a afirmar y respetar nuestra humanidad como don que procede de ti, pues todos hemos sido creados a tu imagen. Danos valor para reconocer mutuamente los derechos humanos, religiosos, civiles y políticos de cada uno.

      Señor, escucha nuestra oración.

Espíritu Santo, dispensador de vida y de nuevos comienzos, ayúdanos a responder fielmente a la llamada de Dios para ser ministros de reconciliación.

      Ven, Espíritu Santo, renuévanos.

Ayúdanos a encontrar maneras de alentar a las personas a abrir sus corazones y confesar su parte en las pasadas injusticias y a encontrar maneras de construir un futuro justo y seguro para nuestros hijos. Danos sabiduría y coraje en este difícil empeño. Cuando las presiones de la situación nos lleven a desesperar, ven con tu Santo Espíritu y renueva nuestra fuerza y nuestra esperanza.

      Ven, Espíritu Santo, renuévanos.

Ven, Espíritu Sanador, y cámbianos y abre caminos para que nosotros cambiemos a otros. Aparta toda injusticia y llena nuestra tierra con una paz justa. Aparta todo el odio y llénanos con amor verdadero.

      Ven, Espíritu Santo, renuévanos.

Dios misericordioso, acepta nuestra oración y nuestra súplica. Tú eres nuestra única fuerza. Nadie puede arrebatarnos el poder de la oración. En nombre de Jesús, nuestro Señor y Redentor, te rogamos.

      Amen.

 

Padre nuestro.

            En esta vigilia de oración, hemos visto cómo nuestras acciones recaen directa e indirectamente en los demás, y cómo nuestro compromiso continuo y conjunto ha de empezar desde una conciencia clara de que el pan nuestro de cada día es derecho de todos. Por eso, ahora, le pedimos a nuestro Padre cantando que nos dé el pan de cada día:

PADRENUESTRO

 

Oración.

            Señor Jesús, líbranos  de las ataduras para entender que tu Reino se construye hoy y aquí. Haz que nuestra vida sea servicio a la verdad, servicio de los que lo necesiten y los que practican la justicia. Danos, Señor, espíritu de lucha para proclamar la Verdad de tu Evangelio, espíritu inconformista para no pactar con cualquier Reino que halague nuestro vivir, espíritu de libertad para renunciar a la hipocresía interesada. Reina en nosotros, y acepta nuestros deseos de trabajar por un mundo en el que estés Tú.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. R/ AMÉN.

(Se termina cantando o impartiendo la bendición de san Francisco)

 

 

 

 

2

CELEBRACIÓN ECUMÉNICA

 

 

Canto inicial: Himno de la alegría

 

Ambientación

 

El 27 de octubre de 1986, Juan Pablo II convocó una Jornada mundial de oración por la paz, en Asís, en la que acudieron los representantes de todas las grandes religiones mundiales. Participaron 50 representantes de las Iglesias cristianas (además de los católicos) y 60 representantes de otras religiones mundiales. Por primera vez en la historia se realizaba un encuentro de este tipo.

La intuición del Papa fue simple y profunda: reunir a los creyentes de todas las religiones mundiales en la ciudad de San Francisco, acentuando la oración por la paz, uno al lado del otro, ante el horror de la guerra.

Nosotros también en este encuentro ecuménico de oración rememoramos y renovamos el Espíritu de Francisco de Asís y de todos aquellos que, a lo largo de la historia, han sido constructores de Paz.

 

Decálogo de Asís

 

            En ambiente de oración y de sosiego, vamos a recordar el DECÁLOGO DE ASÍS con el que los líderes de todas las confesiones religiosas adquirieron un compromiso allá en 1986. Al traerlo hoy a nuestra memoria, nos unimos nosotros a él con nuestro compromiso personal.

            (Lo leen entre varios lectores/as)

1. Nos comprometemos a proclamar nuestra firme convicción de que la violencia y el terrorismo se oponen al auténtico espíritu religioso, y, condenando todo recurso a la violencia y a la guerra en nombre de Dios o de la religión, nos comprometemos a hacer todo lo posible por erradicar las causas del terrorismo.

2. Nos comprometemos a educar a las personas en el respeto y la estima recíprocos, a fin de que se llegue a una convivencia pacífica y solidaria entre los miembros de etnias, culturas y religiones diversas.

3. Nos comprometemos a promover la cultura del diálogo, para que aumenten la comprensión y la confianza recíprocas entre las personas y entre los pueblos, pues estas son las condiciones de una paz auténtica.

4. Nos comprometemos a defender el derecho de toda persona humana a vivir una existencia digna según su identidad cultural y a formar libremente su propia familia.

5. Nos comprometemos a dialogar con sinceridad y paciencia, sin considerar lo que nos diferencia como un muro insuperable, sino, al contrario, reconociendo que la confrontación con la diversidad de los demás puede convertirse en ocasión de mayor comprensión recíproca.

6. Nos comprometemos a perdonarnos mutuamente los errores y los prejuicios del pasado y del presente, y a sostenernos en el esfuerzo común por vencer el egoísmo y el abuso, el odio y la violencia, y por aprender del pasado que la paz sin justicia no es verdadera paz.

7. Nos comprometemos a estar al lado de quienes sufren la miseria y el abandono, convirtiéndonos en voz de quienes no tienen voz y trabajando concretamente para superar esas situaciones, con la convicción de que nadie puede ser feliz solo.

 

 

 

8. Nos comprometemos a hacer nuestro el grito de quienes no se resignan a la violencia y al mal, y queremos contribuir con todas nuestras fuerzas a dar a la humanidad de nuestro tiempo una esperanza real de justicia y de paz.

9. Nos comprometemos a apoyar cualquier iniciativa que promueva la amistad entre los pueblos, convencidos de que el progreso tecnológico, cuando falta un entendimiento sólido entre los pueblos, expone al mundo a riesgos crecientes de destrucción y de muerte.

10. Nos comprometemos a solicitar a los responsables de las naciones que hagan todo lo posible para que, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, se construya y se consolide un mundo de solidaridad y de paz fundado en la justicia.

 

            (Silencio con música de fondo)

Oración común

 

         Vamos a desgranar, en clima de oración, una serie de oraciones religiosas que todas demandan el don mesiánico de la paz. Que al orar con ellas se renueve en nosotros el sueño de la paz.

 

1. ORACIÓN BUDISTA POR LA PAZ

 

¡Que se liberen rápidamente a todos los acosados por los sufrimientos del

cuerpo y de la mente!

¡Que sean libres los esclavizados!

¡Que los débiles recuperen la fortaleza!

¡Que toda persona piense en hacer amistad con otros!

¡Que aquellos – niños, jóvenes, adultos y ancianos – que se encuentran en

un desierto, temerosos y sin rastro, sean protegidos por fuerzas celestiales y

que rápidamente logren la paz y la serenidad de Buda!

 

2. ORACIÓN BAHA´I POR LA PAZ

 

Sed generosos en la prosperidad,

y agradecidos en la adversidad.

Sed justos en vuestros juicios

y cuidadosos en vuestros discursos.

Sed lámpara para los que caminan en la oscuridad

y un hogar acogedor para el extranjero.

Sed ojos para los ciegos,

y luz para guiar los pies de los equivocados.

Sed aliento que dé vida al cuerpo de la humanidad,

rocío al corazón humano,

y fruta del árbol de la humildad.

 

 

 

3. ORACIÓN HINDÚ POR LA PAZ

 

Oh Dios, llévanos de lo irreal a lo real

Oh Dios, llévanos de la oscuridad a la luz

Oh Dios, llévanos de la muerte a la inmortalidad.

Oh, Señor Dios, Todopoderoso:

¡Que haya paz en las regiones celestiales!

¡Qué haya paz en la Tierra!

¡Que las aguas estén agradables!

¡Que las hierbas de mayo sean sanas y que los árboles y las plantas traigan

paz a todos!

¡Que toda cosa sea fuente de paz para nosotros!

¡Que los seres benevolentes nos traigan paz!

¡Que la Ley Védica propague paz por todo el mundo!

¡Que tu paz misma conceda paz a toda la humanidad y a mí también!

 

4. ORACIÓN JUDÍA POR LA PAZ

 

Subamos al Monte del Señor

para que caminemos por los senderos del Altísimo.

Con su fuerza transformaremos las espadas en arados

y nuestras lanzas en herramientas de podar.

Las naciones no alzarán la espada contra otras,

ni se adiestrarán más para la guerra.

Y ninguno tendrá miedo,

porque la boca del Señor ha hablado.

 

5. ORACIÓN MUSULMANA POR LA PAZ

 

En el nombre de Alá,

el Bueno, el Misericordioso.

Alabado sea, el Señor del universo

que nos ha creado y nos ha formado

repartiéndonos en tribus y naciones.

¡Que nos conozcamos y no nos despreciemos!

Si el enemigo está dispuesto a hacer la paz,

dispongámonos también nosotros a buscarla.

Y confía en Dios, porque Alá, el señor, es el único que escucha

y sabe todas las cosas.

Siervos de Dios,

llenos de gracia son aquellos que caminan en la Tierra con humildad

y saludan a sus semejantes diciendo “Paz”.

 

6. ORACIÓN SINTOÍSTA POR LA PAZ

 

Si las personas que viven al otro lado del océano que nos rodea

son nuestros hermanos y hermanas.

¿Por qué hay tantos problemas constantes en este mundo?

¿Por qué suben vientos y olas en el océano que nos rodea?

Yo sólo deseo que el viento sople todas las nubes

que están colgadas en las cimas de las montañas.

 

7. ORACIÓN CRISTIANA POR LA PAZ

 

Señor, haz de mi, un instrumento de tu paz;

donde haya odio, ponga amor;

donde hay ofensa, perdón;

donde hay duda, fe;

donde hay desesperanza, esperanza;

donde hay tinieblas, luz;

donde hay tristeza, alegría.

Oh Maestro,

que no me empeñe tanto.

En ser consolado como consolar.

En ser comprendido como comprender.

En ser amado como amar.

Porque dando se recibe.

Perdonando se es perdonado.

Y muriendo a si mismo

se resucita a la vida eterna.

 

Padre nuestro

 

            Recitamos la oración de Jesús que es la oración de todos los que se saben hijos de Dios y, por ello, constructores de la paz. Padre nuestro…

 

Oración final

 

Señor,

en esta Jornada del Espíritu de Asís

oramos con las palabras del papa Francisco:

“Estamos seguros que el Señor está con nosotros

y, por tanto, nuestro caminar debe perseverar

gracias a la esperanza que infunde fortaleza”.

Que perseveremos en el anhelo de paz

y que, como decía Francisco,

que la paz que predicamos

habite siempre en nuestros corazones.

Te lo pedimos, por JSCNS. Amén.

 

Canto final: Caminamos hacia el sol

 

 

1.Caminamos hacia el sol

esperando la verdad;

la mentira, la opresión,

cuando vengas cesaran.

 

Llegará con la luz

la esperada libertad. (2)

 

2.Construimos hoy la paz

en la lucha y el dolor;

nuestro mundo surge

ya en la espera del Señor.


 

 

3

CELEBRACIÓN ESCOLAR

 

1. Signo inicial

 

            En el local en que se haga la celebración (o en el patio) se coloca en el centro una gran silueta de la paloma de la Paz. Luego se invita a que los niños dibujen rápidamente el perfil de una de sus manos dentro de la paloma de la paz.

            Mientras tanto se escucha (se puede copiar de Youtube) o se canta:

 

Tus manos son palomas de la paz, 
tus manos son palomas de la paz. 
Puedes tener la suerte de encontrar 
en tus manos palomas de la paz.
 
La paz que estás buscando te la regala Dios, 
Él siembra la semilla en nuestro corazón. 
Tú puedes conseguir que el mundo 
llegue a ser sementera que brota del Amor.
 
No dejes que el rencor destruya tu ilusión, 
que el odio se despierta cuando nace el sol. 
Tú puedes construir, viviendo en libertad, 
un camino a la nueva humanidad.
 
Si luchas en la vida por buscar la paz 
uniéndote a los hombres en un mismo afán, 
al fin podrás cantar gritando la verdad: 
"son mis manos palomas de la paz".
 

2. Decálogo de Asís

 

El 27 de octubre de 1986, Juan Pablo II convocó una Jornada mundial de oración por la paz, en Asís, en la que acudieron los representantes de todas las grandes religiones mundiales. Participaron 50 representantes de las Iglesias cristianas (además de los católicos) y 60 representantes de otras religiones mundiales. Por primera vez en la historia se realizaba un encuentro de este tipo.

La intuición del Papa fue simple y profunda: reunir a los creyentes de todas las religiones mundiales en la ciudad de San Francisco, acentuando la oración por la paz, uno al lado del otro, ante el horror de la guerra.

Nosotros también  rememoramos y renovamos el Espíritu de Francisco de Asís y de todos aquellos que, a lo largo de la historia, han sido constructores de Paz. Por eso vamos a leer el DECÁLOGO DE ASIS al que se competieron aquellos líderes religiosos y que hoy hacemos nuestro:

 

            (Lo leen entre 10  lectores/as)

1. Nos comprometemos a proclamar nuestra firme convicción de que la violencia y el terrorismo se oponen al auténtico espíritu religioso, y, condenando todo recurso a la violencia y a la guerra en nombre de Dios o de la religión, nos comprometemos a hacer todo lo posible por erradicar las causas del terrorismo.

2. Nos comprometemos a educar a las personas en el respeto y la estima recíprocos, a fin de que se llegue a una convivencia pacífica y solidaria entre los miembros de etnias, culturas y religiones diversas.

3. Nos comprometemos a promover la cultura del diálogo, para que aumenten la comprensión y la confianza recíprocas entre las personas y entre los pueblos, pues estas son las condiciones de una paz auténtica.

4. Nos comprometemos a defender el derecho de toda persona humana a vivir una existencia digna según su identidad cultural y a formar libremente su propia familia.

5. Nos comprometemos a dialogar con sinceridad y paciencia, sin considerar lo que nos diferencia como un muro insuperable, sino, al contrario, reconociendo que la confrontación con la diversidad de los demás puede convertirse en ocasión de mayor comprensión recíproca.

6. Nos comprometemos a perdonarnos mutuamente los errores y los prejuicios del pasado y del presente, y a sostenernos en el esfuerzo común por vencer el egoísmo y el abuso, el odio y la violencia, y por aprender del pasado que la paz sin justicia no es verdadera paz.

7. Nos comprometemos a estar al lado de quienes sufren la miseria y el abandono, convirtiéndonos en voz de quienes no tienen voz y trabajando concretamente para superar esas situaciones, con la convicción de que nadie puede ser feliz solo.

8. Nos comprometemos a hacer nuestro el grito de quienes no se resignan a la violencia y al mal, y queremos contribuir con todas nuestras fuerzas a dar a la humanidad de nuestro tiempo una esperanza real de justicia y de paz.

9. Nos comprometemos a apoyar cualquier iniciativa que promueva la amistad entre los pueblos, convencidos de que el progreso tecnológico, cuando falta un entendimiento sólido entre los pueblos, expone al mundo a riesgos crecientes de destrucción y de muerte.

10. Nos comprometemos a solicitar a los responsables de las naciones que hagan todo lo posible para que, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, se construya y se consolide un mundo de solidaridad y de paz fundado en la justicia.

Oración común

 

         Y como en nuestro colegio tenemos amigos y amigas de otras religiones vamos a rezar juntos con algunas oraciones hermosas de esas religiones

 

            (Se eligen las que convengan)

 

1. ORACIÓN BUDISTA POR LA PAZ

 

¡Que se liberen rápidamente a todos los acosados por los sufrimientos del

cuerpo y de la mente!

¡Que sean libres los esclavizados!

¡Que los débiles recuperen la fortaleza!

¡Que toda persona piense en hacer amistad con otros!

¡Que aquellos – niños, jóvenes, adultos y ancianos – que se encuentran en

un desierto, temerosos y sin rastro, sean protegidos por fuerzas celestiales y

que rápidamente logren la paz y la serenidad de Buda!

 

3. ORACIÓN HINDÚ POR LA PAZ

 

Oh Dios, llévanos de lo irreal a lo real

Oh Dios, llévanos de la oscuridad a la luz

Oh Dios, llévanos de la muerte a la inmortalidad.

Oh, Señor Dios, Todopoderoso:

¡Que haya paz en las regiones celestiales!

¡Qué haya paz en la Tierra!

¡Que las aguas estén agradables!

¡Que las hierbas de mayo sean sanas y que los árboles y las plantas traigan

paz a todos!

¡Que toda cosa sea fuente de paz para nosotros!

¡Que los seres benevolentes nos traigan paz!

¡Que la Ley Védica propague paz por todo el mundo!

¡Que tu paz misma conceda paz a toda la humanidad y a mí también!

 

4. ORACIÓN JUDÍA POR LA PAZ

 

Subamos al Monte del Señor

para que caminemos por los senderos del Altísimo.

Con su fuerza transformaremos las espadas en arados

y nuestras lanzas en herramientas de podar.

Las naciones no alzarán la espada contra otras,

ni se adiestrarán más para la guerra.

Y ninguno tendrá miedo,

porque la boca del Señor ha hablado.

 

5. ORACIÓN MUSULMANA POR LA PAZ

 

En el nombre de Alá,

el Bueno, el Misericordioso.

Alabado sea, el Señor del universo

que nos ha creado y nos ha formado

repartiéndonos en tribus y naciones.

¡Que nos conozcamos y no nos despreciemos!

Si el enemigo está dispuesto a hacer la paz,

dispongámonos también nosotros a buscarla.

Y confía en Dios, porque Alá, el señor, es el único que escucha

y sabe todas las cosas.

Siervos de Dios,

llenos de gracia son aquellos que caminan en la Tierra con humildad

y saludan a sus semejantes diciendo “Paz”.

 

6. ORACIÓN SINTOÍSTA POR LA PAZ

 

Si las personas que viven al otro lado del océano que nos rodea

son nuestros hermanos y hermanas.

¿Por qué hay tantos problemas constantes en este mundo?

¿Por qué suben vientos y olas en el océano que nos rodea?

Yo sólo deseo que el viento sople todas las nubes

que están colgadas en las cimas de las montañas.

 

7. ORACIÓN CRISTIANA POR LA PAZ

 

Señor, haz de mi, un instrumento de tu paz;

donde haya odio, ponga amor;

donde hay ofensa, perdón;

donde hay duda, fe;

donde hay desesperanza, esperanza;

donde hay tinieblas, luz;

donde hay tristeza, alegría.

Oh Maestro,

que no me empeñe tanto.

En ser consolado como consolar.

En ser comprendido como comprender.

En ser amado como amar.

Porque dando se recibe.

Perdonando se es perdonado.

Y muriendo a si mismo

se resucita a la vida eterna.

 

Padre nuestro

 

            Recitamos la oración de Jesús que es la oración de todos los que se saben hijos de Dios y, por ello, constructores de la paz. Padre nuestro…

 

Oración final (todos juntos) 

 

Señor,

en esta Jornada del Espíritu de Asís

oramos con las palabras del papa Francisco:

“Estamos seguros que el Señor está con nosotros

y, por tanto, nuestro caminar debe perseverar

gracias a la esperanza que infunde fortaleza”.

Que perseveremos en el anhelo de paz

y que, como decía Francisco,

que la paz que predicamos

habite siempre en nuestros corazones. Amén.

 

Signo final

 

Se distribuye una pegatina con el cartel del Espíritu de Asís de este año (La fe auténtica, constructora de paz).

 

Se escucha el “Himno de la alegría”.

 

 

4

EUCARISTÍA

 

Monición de entrada:

 

El 27 de octubre de 1986, Juan Pablo II convocó una Jornada mundial de oración por la paz, en Asís, en la que acudieron los representantes de todas las grandes religiones mundiales. Participaron 50 representantes de las Iglesias cristianas (además de los católicos) y 60 representantes de otras religiones mundiales. Por primera vez en la historia se realizaba un encuentro de este tipo.

La intuición del Papa fue simple y profunda: reunir a los creyentes de todas las religiones mundiales en la ciudad de San Francisco, acentuando la oración por la paz, uno al lado del otro, ante el horror de la guerra.

Nosotros también en esta eucaristía rememoramos y renovamos el Espíritu de francisco de Asís y de todos aquellos que, a lo largo de la historia, han sido constructores de Paz.

 

Canto de entrada: Qué alegría cuando me dijeron (Estrofa: “Desead la paz a Jerusalén…”).

 

Acto penitencial

 

  • Porque hemos fallado en nuestro compromiso de proclamar nuestra firme convicción de que la violencia y el terrorismo se oponen al auténtico espíritu religioso…Señor, ten piedad.
  • Porque no hemos educado a las personas en el respeto y la estima recíprocos, a fin de que se llegue a una convivencia pacífica y solidaria…Cristo, ten piedad.
  • Porque no hemos promovido la cultura del diálogo, para que aumenten la comprensión y la confianza recíprocas entre las personas y entre los pueblos…Señor, ten piedad.

 

Gloria

 

            Cantemos la gloria de Jesús, el constructor del amor y de la paz.

 

Monición a las lecturas:

 

            La voz potente del libro del Eclesiástico de alza hoy para recordarnos que “los gritos del pobre atraviesan las nubes hasta alcanzar a Dios”. El anhelo de la justicia sigue vivo.

            San pablo nos dice que Dios le dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje de Jesús. Ese mensaje contiene el sueño de un mundo más justo para los pobres.

            El publicano del Evangelio queda justificado por su realismo y su humildad. Esas son las condiciones imprescindibles para ser personas de paz.

 

Preces

 

Oremos a Jesús que dijo, “bienaventurados los constructores de la paz” por las necesidades del mundo, de la Iglesia y de todos nosotros:

 

  • Para que la Iglesia se comprometa a defender el derecho de toda persona humana a vivir una existencia digna según su identidad cultural y a formar libremente su propia familia. Roguemos al Señor.
  • Para que los gobernantes se comprometan a dialogar con sinceridad y paciencia, sin considerar lo que nos diferencia como un muro insuperable, sino, al contrario, reconociendo que la confrontación con la diversidad de los demás puede convertirse en ocasión de mayor comprensión recíproca. Roguemos al Señor.
  • Para que las religiones nos comprometamos a perdonarnos mutuamente los errores y los prejuicios del pasado y del presente, y a sostenernos en el esfuerzo común por vencer el egoísmo y el abuso, el odio y la violencia, y por aprender del pasado que la paz sin justicia no es verdadera paz. Roguemos al Señor.
  • Para que los gobiernos locales se comprometan a estar al lado de quienes sufren la miseria y el abandono, convirtiéndonos en voz de quienes no tienen voz y trabajando concretamente para superar esas situaciones, con la convicción de que nadie puede ser feliz solo.
  • Para que nosotros nos comprometemos a hacer nuestro el grito de quienes no se resignan a la violencia y al mal, y queremos contribuir con todas nuestras fuerzas a dar a la humanidad de nuestro tiempo una esperanza real de justicia y de paz.

 

Te lo pedimos con el amparo de todos los que, como Francisco de Asís, han sido constructores de paz en este mundo, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos Amén.

 

 

Canto de ofrendas: Haz de mí, Señor, un instrumento de tu paz

 

Canto de paz: Quiero ser, oh Señor, instrumento de tu paz

 

Canto de comunión: Cristo te necesita para amar…

 

Oración final:

 

Señor,

en esta Jornada del Espíritu de Asís

oramos con las palabras del papa Francisco:

“Estamos seguros que el Señor está con nosotros

y, por tanto, nuestro caminar debe perseverar

gracias a la esperanza que infunde fortaleza”.

Que perseveremos en el anhelo de paz

y que, como decía Francisco,

que la paz que predicamos

habite siempre en nuestros corazones.

Te lo pedimos, por JSCNS. Amén.

 

Canto final: María, reina de la paz.

 

 

5

CELEBRACIÓN EN FRATERNIDAD

 

REFLEXIONAMOS

 

El 27 de octubre de 1986, Juan Pablo II convocó una Jornada mundial de oración por la paz, en Asís, en la que acudieron los representantes de todas las grandes religiones mundiales. Participaron 50 representantes de las Iglesias cristianas (además de los católicos) y 60 representantes de otras religiones mundiales. Por primera vez en la historia se realizaba un encuentro de este tipo.

La intuición del Papa fue simple y profunda: reunir a los creyentes de todas las religiones mundiales en la ciudad de San Francisco, acentuando la oración por la paz, uno al lado del otro, ante el horror de la guerra.

Nuestra comunidad ora también por la paz y se suma a los esfuerzos de todas las personas que construyen la paz en su casa, en su trabajo, en su familia.

 

ORAMOS:

 

Lectura del libro del Eclesiástico 35,15b-17. 20-22ª:

 

El Señor es un Dios justo, que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; sus penas consiguen su favor y su grito alcanza las nubes. Los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia.

 

(Breve silencio y oramos juntos)

Señor,

en esta Jornada del Espíritu de Asís

oramos con las palabras del papa Francisco:

“Estamos seguros que el Señor está con nosotros

y, por tanto, nuestro caminar debe perseverar

gracias a la esperanza que infunde fortaleza”.

Que perseveremos en el anhelo de paz

y que, como decía Francisco,

que la paz que predicamos

habite siempre en nuestros corazones.

Te lo pedimos, por JSCNS. Amén.

 

NOS COMPROMETEMOS:

 

  • Nos comprometemos a apoyar cualquier iniciativa que promueva la amistad entre las personas, convencidos de que el progreso tecnológico, cuando falta un entendimiento sólido entre los pueblos, expone al mundo a riesgos crecientes de destrucción y de muerte.

 

LEMA: LA FE AUTÉNTICA, CONSTRUCTORA DE PAZ 

 

Misterio de carne nuestra

MISTERIO DE CARNE NUESTRA

 

Introducción

 

                 Ponerse ante el misterio de la encarnación es, ante todo, ponerse ante el misterio. Eso no quiere decir que haya que provocar una especie de enajenación mística, sino que hacer referencia a una actitud interior viva, gozosa, disfrutante. Ponerse ante ese misterio con unas entrañas capaces de “concebir”, no como las entrañas secas de Sara (Gen 18,11). El realismo, los años, la pertenencia a la cultura secular, la herida de los días nos incapacitan para temblar de vida y de deseo ante el misterio. Pero ¿cómo hablar de encarnación sin ese temblor? ¿Puede llevarnos a algo una reflexión ordenada, fría, escolar, oficial sobre el tema de la encarnación? ¿No habrá que intentar otros cauces, aunque quizá siempre caigamos en la fosa de nuestra propia ideología consagrada? Intentémoslo, echemos vibración interior a esta tarea. Quizá desde ahí la cosa cambie.

                 El misterio de la encarnación, digámoslo ya desde ahora, es el misterio de la carne, de la carnalidad como algo misterioso, de creer que en esta carnalidad, tan humilde, clamor puede tener cabida y, con él, la misma realidad de eso que llamamos Dios. Un Dios acogido en la carne, situado ahí, envuelto en ella, mezclado hasta no poder casi separarse. Esto es solamente creíble si se acepta la mezcla del amor, la evidencia de que Dios se hace de la misma condición de la carne (“Dos que duermen en el mismo colchón…”). Quizá haya que ensanchar la carne, ampliar su capacidad de ser marco de lo divino más allá de su pobreza, percibirla, como luego diremos, con otra mirada. Quizá también haya que poner con valentía el asunto de la humanización de Dios sobre la mesa de la reflexión teológica. Tal vez haya que volver a los textos bíblicos encarnacionales desde otra perspectiva. Desde ahí es desde donde podremos mirar con ojos nuevos a nuestras propias encarnaciones. Todo un programa.

                 En nuestro imaginario religioso la encarnación ha entrado por vía de la dogmática, no del estremecimiento del corazón. No vamos a cuestionar ese camino, pero tampoco lo vamos a seguir. Primero, porque básicamente ya lo conocemos; segundo, porque pensamos que está prácticamente agotado. ¿Hay posibilidad de otra senda? Es lo que queremos intentar, aunque no logremos despegarnos totalmente de nuestro componente dogmático. Volvemos a decir que el camino del estremecimiento del corazón y de la mirada a la más elemental y cotidiana realidad puede ayudarnos a percibirnos vivos ante el misterio. Reflexión que apunte al interior y mirada a lo que vivimos, esos serán nuestros caminos, nuestras herramientas para descubrir en modos algo renovados el misterio de nuestra carne que es la hermosura de lo más básico de la vida, esa zona en la que Dios ha hecho morada (Jn 14,23).

                 El fruto pretendido del trabajo de estos días será, justamente, un amor acrecentado a la pobre y hermosa carne que es casa del Dios que nos ama; un estremecimiento antes ese Dios mezclado a la carne y ante esta carne que se mezcla a Dios. Puede parecer que esto resulta, de salida, desvaído e inatrapable. Habrá que concretar.

                 Haremos alusiones frecuente a la espiritualidad franciscana que, así lo creemos, es espiritualidad de un descubrimiento maravillado de la humanización de Dios. Trabajaremos también, a modo de seminario común, una serie de documentales y de películas que, desde otro lado, apunten al tema de lo encarnacional.

                 Para comenzar, ponemos en esta introducción el texto que, en su día, escribiera Rufino Grández como un himno para la liturgia de Navidad que rememora el misterio de la encarnación en lacuela de Greccio. De él hemos tomado el título para nuestra reflexión:

 

Misterio de carne nuestra,

      ¡misterio!,

palabras de Aquel que sabe

más allá de las palabras,

palabras juntadas todas

en la Palabra encarnada,

      ¡Palabra!

 

Está gimiendo en el heno,

      ¡gimiendo!,

el amoroso Dios nuestro,

que si por fuerza sufriera,

dejara de ser quien es,

Señor de cielos y tierra,

      ¡Dios nuestro!

 

Ternura toda del cielo,

      ¡ternura!,

caricia de amor divino,

ternura de piel humana:

por siempre Dios el esposo

de una esposa perdonada,

      ¡por siempre!

 

 

Llegaos, hombres errantes,

      ¡llegaos!:

un Niño mendigo y rico

trae el abrazo de paz;

al odio le ha dado muerte

con armas de caridad,

      ¡un Niño!

 

Francisco lo está adorando,

      ¡Francisco!;

en Greccio exulta de amor

por el nombre de Jesús,

porque si Dios ha nacido

es segura la salud,

      ¡en Greccio!

 

Bendito el Hijo de Dios,

      ¡bendito!

¡Oh gloria eterna del Padre,

oh regalo del Espíritu,

Jesús de santa María,

gozo del orbe y los siglos!

      ¡bendito!

Amén.

 

I. UNA NUEVA MIRADA A LA HISTORIA

 

            Para intentar gestar una nueva espiritualidad sobre la encarnación, tal vez haya que comenzar por algo elemental: llegar a tener una nueva mirada sobre la historia, sobre los caminos humanos, sobre nuestro estar aquí en el concierto de la creación. Puede parecer que esto es ir demasiado lejos. Pero, en realidad, de ese “disco duro” dependen muchas de nuestras ideas y comportamientos religiosos. Por eso nos conviene comenzar por aquí:

 

1. Somos tierra

 

a) Frase guía:

 

“El error consistió en creer que la tierra era nuestra cuando la verdad de las cosas es que nosotros somos de la tierra (N. Parra).

 

Efectivamente, la ingenuidad de la persona (y su descontrolada soberbia) le ha llevado a creer que era “rey de la creación” con todos los derechos al expolio, cuando, en realidad, es un ser altamente dependiente del resto de seres. No ha tenido en cuenta jamás una humildad cósmica que lo situara correctamente en el coro de lo creado. La afirmación por la apropiación le ha llevado a la destrucción. Un camino equivocado de siglos que, tal vez ahora, estamos colectivamente comenzando a verlo de otra manera.

Nosotros somos de la tierra y, como dirá Boff, somos tierra, eso y no otra cosa. Tierra con toda su hermosura y su limitación, con su entrañabilidad y con su dureza. Pertenecemos al orden de la tierra. En base a una mal comprendida espiritualidad nos hemos alejado de lo “terrenal” y lo hemos opuesto a lo espiritual, ensalzando esto último y menospreciando a aquello, para perjuicio de ambos. No hemos sabido elaborar una espiritualidad de la tierra (hasta estos últimos tiempos) y, por lo mismo, no nos ha preocupado el cuidado de la tierra.

Pero hoy, como dice J. Gaillot, podemos soñar con un tiempo en que los humanos aprendamos que cuidar la tierra es cuidarnos a nosotros mismos, que saberse tierra es situarse en el mejor ámbito para comprender los inextricables caminos de nuestro arcaico corazón. Saberse tierra no es ningún desdoro y quizá sea la senda mejor para toparse por la honda espiritualidad de la existencia, y esto solamente en apariencia es paradójico.

 

b) Texto bíblico: Gen 3,19

 

            “Comerás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste sacado; pues eres polvo y al polvo volverás” (Gen 3,19).

 

  • El contexto es una profecía de maldición: la violación del precepto se concretiza en una percepción negativa y dialéctica con la tierra. La vuelta a la tierra es lo que marca la liberación de la condena. No se puede leer desde ahí la pertenencia a la tierra como un disfrute, sino como una negatividad. La misma concepción del pan-con-sudor, aun siendo una visión muy realista de una parte del trabajo humano, deja en la sombra loa otra parte, la creatividad, el disfrute, el logro. Una tierra conde se trabaja solo con sudor no puede ser una tierra amable.
  • Si uno es sacado de la tierra y vuelve a ella (fórmula de totalidad) es que es tierra. Lo que quiere decir que habría de vivir entre estos dos polos en modos terrenales positivos, no como si viviera en un destierro: siendo persona de tierra habría que amar la tierra. Parece que la tierra niega sus gozos a quien a transgredido el mandato divino, cuando, en realidad, es casa acogedora y consuelo para quien anda en dureza y en debilidad.
  • Considerar la tierra como “polvo” (al menos en la traducción castellana) manifiesta la visión negativa del hecho de ser tierra. El polvo es, efectivamente, lo menospreciable, lo pasajero, lo no fiable, lo no valioso. Si fuera “barro” ya sería algo, porque de barro, aunque frágil, se hacen vasijas. Si fuera tierra con cantos, cal y canto, sería argamasa dura de la que se hacen los cimientos de las ciudades. Pero no, se es polvo, tierra despreciada.
  • Es preciso leer estos textos “contra el texto”, especularmente pero de modo negativo: lo que dicen es lo que no quiero aceptar, aun siendo verdad, porque es solamente una parte de la realidad y, por razones de mentalidad, deja de lado otra parte que puede dar mucho más sentido al caminar de la persona por la vida.

 

c) Ahondamiento

 

            * Ama la tierra que el Señor te da: Como se le decía a Moisés. Despreciar la tierra es despreciar al donante. Considerarla un valle de lágrimas (aunque en eso la convertimos muchas veces) es un menosprecio a la generosidad de Dios. Por eso, es preciso amarla, aprender a amarla con sus limitaciones; amarla, contribuyendo a que, si es posible, no sea tan limitada. Hay que estar seguros de que se ama a la tierra. Y como quien sabe de amores, cuando se ama se sabe y cuando no se ama se sabe también.

            * De barro, pero con luz dentro: Eso somos las criaturas: de barro frágil y humilde, pero con luz dentro, fanales que pueden alumbrar. Hay que mantener con realismo que somos barro; pero con idéntico realismo habrá que mantener que tenemos posibilidades de ser luz y de iluminar. Tanto el ser barro como el ser luz lo recibimos de la mano generosa de Dios.

            * Besos piadosos a la tierra que huellan nuestros pies: Porque lo único que hacemos es hollarla, pisarla, despreciarla. Pero, a veces, habría que besara con delicadez, como se besa a quien se ama. Porque merece los besos de quienes somos tierra, de quienes somos familia terrena. Veneración delicada a la tierra de la que hacemos parte, sacramento verdadero de nuestra verdad más íntima.

            * Vivir con gozo el ritmo de la tierra: Del tiempo, de las estaciones, de los días, de las horas, de las épocas, del amanecer hasta el anochecer, el calendario que sustenta nuestra vida. Disfrutar de cada episodio; no renegar de ninguno; verlos todos como momentos propicios para ir caminando gozosos de la mano de la tierra que nos sostiene y abraza.

            * Un adiós para quedarse: Porque así es nuestro adiós a la tierra, como el de Jesús, para “volver” a lo profundo, a la verdad, a la entraña que nos amparará para siempre. Perdido en ese ser de todos que es el ser mismo de Dios donde nadie se pierde.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            “Loado seas, mi Señor, por la hermana y madre tierra, que nos sustenta y gobierna y produce diversos frutos, con coloridas flores y hierbas” (Cánt ).

            Estas son las palabras hermosas de Francisco sobre la tierra: hermana que acompaña nuestro caminar día a día, hermana buena y generosa. Madre que nos engendra y nos acoge, nos consuela y abraza, nos da lo mejor. Sustento sin el que estaríamos perdidos por lo que merece el respeto y la racionalidad en el uso de bienes. Gobierno para darnos cuentas, en la brevedad de la vida, de la oportunidad recibida. Productora de frutos sin los que no habría horizontes para nadie y productora de belleza que alegra, tan importante como los frutos. Y hierbas, que parece que no valen para nada pero en las que viven y de las viven miles de seres que son nuestros benefactores en muchos casos. Misterio de la tierra buena.  

 

e) Taller rápido

 

            Piensa un adjetivo que daría tú a la tierra; que no sea rutinario, sino orginal, poético, delicado.

 

2. Somos familia humana

 

a) Frase guía

 

            “En medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común” (Carta de la tierra de la ONU, año 2000). 

 

            La diversidad de culturas y las formas distintas de vida no ejercen de disolvente de lo humano sino, al contrario, de aglutinador. Una sola familia humana, esa es la base de una comprensión nueva de la encarnación. Mientras el pensamiento teológico y esta evidencia histórica no se toquen, no habremos dado el primer paso. Una sola comunidad terrestre dotada de conciencia dentro de la gran comunidad cósmica. Es preciso ir elaborando un pensamiento cósmico, tan amplio como parece serlo la realidad de un cosmos inabarcable. Un destino común que no es otro que el del logro de la dicha, la bienaventuranza de una vida disfrutante, felicitante.

 

b) Texto bíblico: Gen 11,1-9

 

            “Toda la tierra hablaba una misma lengua con las mismas palabras. Al emigrar los hombres desde Oriente, encontraron una llanura en la tierra de Senaar y se establecieron allí. Se dijeron unos a otros: ‘Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos al fuego’. Y emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de argamasa. Después dijeron: ‘Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance el cielo, para hacernos un nombre, no sea que nos dispersemos por la superficie de la tierra’.

            El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres.

            Y el Señor dijo: ‘Puesto que son un solo pueblo con una sola lengua y esto no es más que el comienzo de su actividad, ahora nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Bajemos, pues, y confundamos allí su lengua, de modo que ninguno entienda la lengua del prójimo’.

            El Señor los dispersó de allí por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad. Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra”.

 

  • Tradicionalmente se ha interpretado este episodio desde la perspectiva del insensato orgullo humano que se atreve a desafiar al mismo Dios (“una torre que alcance al cielo”). No parece que esa sea la mejor manera de verlo. Se trata más bien de un relato etiológico que quiere explicar a su manera una evidencia incomprensible: la diversidad de lenguas que pueblan la tierra. De ahí tratará de sacar una lección: lo malo no es la temida dispersión sino la dificultad para admitir como humano a quien es de otra tierra y de otra lengua (en épocas donde la relación entre las gentes de diversas naciones era infinitamente menor que ahora el problema se planteaba con mucha más crudeza).
  • Efectivamente, el problema de fondo es el de la identidad (“vamos a hacernos un nombre”). Los “babelianos” entienden la identidad como la no dispersión y la evidencia de una sola lengua. Dios que dispersa y da distintas lenguas (por eso destruye la torre) propone una identidad basada en la comprensión de que más allá de la distinta lengua y la diferente patria se tiene en común la humanidad. Por eso no hay que temer en dispersarse por la tierra y hablar distintas lenguas. Se siegue siendo familia humana. Una identidad común más allá de toda identidad particular.
  • El temor a la dispersión revela que no se ha entendido aún la pertenencia familiar a lo humano (“no sea que nos dispersemos por la faz de la tierra”. Por eso la cerrazón sobre un país, una lengua, una manera de ser aleja de la certeza de que somos familia común, humana, universal, la verdadera familia. La vieja mentalidad clánica, o la nacionalista excluyente de hoy, quedan cuestionadas.
  • Las decisiones tomadas desde la no-familia, desde la fuerza de uno solo, son temibles (“nada de lo que decidan les resultará imposible”). Son decisiones que pueden llevar a la ruina.
  • Confundidos y dispersos (“los dispersó de allí por la superficie de la tierra”). Esa es la premisa para volverse a la verdad de la familia humana. Es una especie de “catequesis negativa”. Se podría haber dicho de forma positiva: convencidos del valor de las lenguas y de que la diversidad de patrias no solamente no nubla la identidad familiar humana, sino que la potencia y la enriquece con los valores de la pluriformidad.
  • La conclusión es clara: la identidad humana, el ser familia, está por encima de toda diversidad, peculiaridad, patria diferente, costumbres diversas, morales relativas, etc. Hay una dignidad común a cualquier humano e incluso a cualquier criatura. El gozo de lo humano, la vivencia de la identidad, no dependen de lo particular, sino de la pertenencia a lo común, a lo humano, a lo fraterno.

 

c) Ahondamiento

 

            * La gran vocación: Hemos fagocitado el vocablo “vocación” aplicándolo, casi con exclusividad, a la vocación religiosa o sacerdotal (a veces hablamos del matrimonio como una vocación). Pero, en realidad, la gran vocación, la única vocación, es la dada por Dios a toda realidad creada: vivir y dar vida. Toda otra vocación se asienta sobre ella, incluida la vocación a ser humano, a ser persona en relación con otras personas. Vocación a la vida, vocación a ser persona en la vida, vocación a creer como persona (o a no creer, que también puede ser una vocación), vocación a un modo de vida creyente concreto (matrimonio, sacerdocio, vida religiosa, etc.). Ese es el orden vocacional “lógico”.

            * Una mirada al lado familiar de toda persona: No al lado que no es familiar, que es diferenciador. El lado familiar de toda persona se sitúa en el ámbito del corazón. Será ahí donde habrá que mirar con más intensidad, saltar la valla que rodea todo corazón con sus específicas defensas; dejar que el otro salte nuestra valla sin absolutizar nuestras defensas. Estos son trabajos de mística familiar. Imposible percibir la hermosura de ser familia humana sin andar por estas sendas.

            * Flexibilizar conceptos rígidos: Que los hace rígidos la cultura,  el contexto histórico, la consagración de mitos, etc. Conceptos como patria, frontera, cultura, historia, moral, religión. Flexibilizar no quiere decir erradicar, sino hacer más porosos, menos absolutos, menos inamovibles. Acostumbrarse a buscar fuera del campamento, como decían los profetas. Y por lo mismo, no caer en la gran amenaza del universalismo impuesto: lo que considero bueno para mí también tiene que ser bueno, por necesidad, para los demás.

            * Descubrir el lado gozoso de las otras culturas: No únicamente el lado difícil, pesaroso, costoso, abrumador. Toda cultura tiene un  lado disfrutante. Si no se toca ese lado no es fácil tener mentalidad de familia. Lo que nos une a nuestra familia es, digamos lo que digamos, sobre todo el disfrute que nos ha dado, más que los pesares que hemos compartido.

 

d) Perspectiva franciscana

 

“Y deben gozarse cuando conviven con gente de baja condición y depreciada, con los pobres y débiles, y con los enfermos y leprosos, y con los mendigos de los caminos” (1R 9).

 

            No solamente deben aguantar, se pacientes, escuchar, soportar, acompañar, sino “gozarse”, disfrutar con quien socialmente es tan “distinto”, tan alejado del grupo normal. Porque si no se disfruta, no será posible tenerlos por familia, ya que es sobre todo el gozo lo que crea el verdadero vínculo familiar. El ser de baja condición, el desprecio social, la debilidad, la enfermedad extrema (la lepra), la mendicidad a la que la pobreza obliga no habrían de ser obstáculos definitivo para que el hermano/a menor haga familia con esa clase de personas.

 

e) Taller rápido

 

            Experiencias gratificantes de universalismo: ¿Mantienes activa una relación con hermanas de culturas y lenguas absolutamente distintas a la tuya?

 

3. Somos hermanamiento

 

a) Frase guía

 

            “El hermanamiento fortalece los vínculos debilitados, nos hace reconocer la familiaridad que nos transforma en co-habitantes de este espacio, en  hermanos que comparten una geografía, unos bienes, pero por sobre todo que comparten grandes motivaciones y esperanzas. Este es el lado iluminado de la globalización, un hermanamiento creciente, que va animando una nueva conciencia. Son muchos quienes buscan esta nueva conciencia de hermandad con el mundo y con las personas, muchos dentro y fuera de la Iglesia” (W.H.Elphick).

 

            La vida debilita los vínculos humanos hasta hacerlos peligrar, hasta considerarlos inútiles y contraproducentes. El hermanamiento los fortalece, les inyecta esa cantidad necesaria de utopía y de esperanza que sigue manteniendo con sentido unas relaciones humanas solidarias. El hermanamiento nos hace ver que el nicho humano es un espacio compartido y que expoliar a los demás de esa herencia de dignidad, expulsarlos del nicho es obrar inicuamente. Compartimos la geografía de lo humano, porque solamente hay una la que tenemos entre manos. Sin este compartir de la geografía de la humanidad las esperanzas de justicia se agostan. La globalización tiene algo muy positivo: el hermanamiento no retrocede, aunque crezca a ritmo, a veces, desesperadamente lento. Esto nos va llevando a la nueva conciencia de hermandad humana. Y quienes están empeñados en esta hermosa utopía del hermanamiento no son cuatro gatos, son muchos, y el que estén dispersos, ocultos, olvidados a propósito, perseguidos incluso no los hace menos reales.

 

b) Texto bíblico: Lc 22,24-27

 

            “Surgió además entre ellos una disputa sobre cuál de ellos debía ser considerado el más grande. Jesús les dijo:

            -Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen autoridad sobre ellas se hacen llamar bienhechores. Pero vosotros, nada de eso: al contrario, el más grande entre vosotros iguálese al más joven, y el que dirige al que sirve. Vamos a ver, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? El que está a la mesa, ¿verdad? Pues yo estoy en medio de vosotros como quien sirve.

 

  • La disputa que surge entre los discípulos para ver quién es el más grande resulta más estridente enmarcado el texto como está en los relatos de la pasión, en el marco de su gran entrega. Él se da del todo y los otros andan discutiendo quién es el más grande. La disputa indica que la ambición es común, compartida por todos. Peor todavía. El hermanamiento, la hermandad con rostro social, queda fuera.
  • Quienes no generan hermanamiento se hacen llamar “bienhechores”. Hay que medir la paradoja y la ironía. Destruyen las redes sociales y se autoerigen en bienhechores sociales. Esto está al orden del día. 
  • En una cultura donde la ancianidad es un valor superior, decir que el “más grande se iguale con el más joven” está metiendo un concepto revolucionario: toda persona es hermana independientemente de su edad (el Evangelio no respeta las divisiones sociales a priori. Para él, toda persona es digna, más allá de la estratificación social). Generar hermanamiento demanda esa postura que va contra la jerarquización social, una mentalidad igualadora e igualitaria. 
  • Cuando equipara “el que dirige al que sirve” está subvirtiendo los cimientos del edificio social que no encaja bien el hermanamiento. La distancia entre directores y servidores no tiene sentido. Pretender hacer obra de hermanamiento social manteniendo rangos es pretender un imposible. 
  • Cuando el texto afirma categóricamente que “yo estoy entre vosotros como el que sirve” está dando la clave para la construcción de toda clase de hermanamiento: esa calve es el servicio. Un hermanamiento que no tiene como motor el servicio es una conquista, una invasión, un allanamiento. 

 

c) Ahondamiento

 

            * Trabajos por engendrar hermandad: Eso es lo que llamamos hermanamiento: todo el esfuerzo social por aproximar culturas, pueblos, situaciones sociales para que se produzca un trasvase de valores que genere igualdad y reduzca el desequilibrio en las relaciones sociales. Ciertamente esta es una obra de gran humanidad.

            * La nueva mirada que lleva al hermanamiento: Es una nueva mirada necesaria que contiene una cierta dosis de compasión, pero, sobre todo, tiene una gran dosis de sentido de la dignidad común y de sensibilidad explícita por el sueño de la igualdad social. Mientras esta mirada igualado no florezca siempre se estará amenazado de superioridad y con ello de colonialismo cultural.

            * El hermanamiento, una manera nueva de poner “carne” a la encarnación: Porque se trata de trabajar en una obra de relación igualadora en todos los sentidos. Los proyectos, las colaboraciones, la misión incluso habría de estar imbuida de la espiritualidad del hermanamiento para que no degenere en actuaciones de suplantación que, en el fondo, encierran una indudable dosis de dominio.

            * Compartir la mesa como manera visible de hermanamiento: Toda mesa, la de la casa, la de los presupuestos sociales, la de los recursos naturales, la de la legislación humanizadora, la de la fe que libera. Hacer sitio en la mesa de la vida es un componente de la mística del hermanamiento.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            5Y los hermanos que van, pueden conducirse espiritualmente entre ellos de dos modos. 6Un modo consiste en que no entablen litigios ni contiendas, sino que estén sometidos a toda humana criatura por Dios (1 Pe 2,13) y confiesen que son cristianos. 7El otro modo consiste en que, cuando vean que agrada al Señor, anuncien la palabra de Dios, para que crean en Dios omnipotente, Padre e Hijo y Espíritu Santo, creador de todas las cosas, y en el Hijo, redentor y salvador, y para que se bauticen y hagan cristianos, porque el que no vuelva a nacer del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios (cf. Jn 3,5) (1R 16).

 

            Es tópica, pero no por ello menos sugerente, la idea de que Francisco no envió jamás a sus frailes como predicadores de la cruzada, y, aunque había enviado antes hermanos a Marruecos y a Siria, el año en que se iniciaba la cruzada prohibió enviar allí misioneros, para impedir el menor equívoco en el Islam. 

 

e) Taller rápido

 

            Contar algún tipo de hermanamiento social en el que, de una u otra manera, se haya participado.

 

Taller de cine: TIERRA, LA PELÍCULA DE NUESTRO PLANETA

 

  •  
    • Da alguna impresión de la película
    • Comparte una idea
    • Haz una derivación hacia el tema de la encarnación

 

 

II. ESPIRITUALIDAD DE LA HUMANIZACIÓN

 

            Puede parecer que no terminamos de entrar en el tema de la encarnación, pero este segundo paso es muy importante: la humanización de la persona y del mismo Dios es puerta abierta a la comprensión de la espiritualidad de la encarnación.

 

1. La humanización de Dios

 

a) Frase guía

 

            “Si partimos del misterio de la Encarnación, mediante el que ‘lo divino’ y ‘lo humano’ se fundieron en un hombre concreto, Jesús de Nazaret, entonces nos encontramos con este planteamiento estimulante y motivador, a saber: nuestro itinerario de encuentro con Dios, el Dios encarnado en Jesús, no es el itinerario de la divinización, sino el incesante logro de la mejor y más entrañable humanización(J.M.Castillo).

 

            La espiritualidad tradicional ha hecho un fuerte hincapié en la divinización porque ha creído que divinizar era la mejor forma de honrar (a Dios, a Jesús, a los santos, a las personas eximias, etc.). Pero la dinámica encarnacional es justamente lo contrario: el camino de la mejor divinización es la honda humanización. Se “mide” el nivel de humanización por el de la humanización: Dios sería el “superhumano”, Jesús el más humano y luego los demás grandes de la fe, grandes por humanos.  Por eso el verdadero itinerario vital de quien anhele la encarnación pasa por la humanización. Es preciso alejar los temores religiosos, dogmáticos, tradicionales que ven en el camino de la humanización un peligro para la espiritualidad. Es justo lo contrario.

 

b) Texto bíblico: Sab 11,23-26.12,1.19a

 

            “Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. Y ¿cómo subsistirían las cosas si tú no lo hubieses querido? ¿Cómo conservarían su existencia si tú no las hubieses llamado? Pero, a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida. Todos llevan tu alma incorruptible…Actuando así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano”.

 

            Se puede decir que el libro de la Sabiduría es el más “moderno” de la Biblia. Su argumento es elemental: todo Dios que se precie ha de defender a sus fieles de las asechanzas de sus enemigos. El pueblo de Israel ha tenido muchos enemigos pero, sobre todo, dos: los egipcios y los cananeos. Si Dios hubiera obra como obra un dios tendría que haber aniquilado a estos enemigos de Israel. Pero no ha sido así. Les ha dejado tiempo para el arrepentimiento.

            Razones: todo viene de Dios, todo lleva su “alma” porque, si fuera así, no podrían subsistir. No puede dejar de amar lo que ha creado. Y los cananeos y egipcios también tienen alma y son, de algún modo, amados por Dios. Si Dios quisiera odiar algo, no lo habría creado. Toda la realidad ha sido llamada a la existencia por un designio de amor de Dios. El perdón a todos ha sido la evidencia del amor, el cerrar los ojos a los pecados. La razón: “son tuyos”. No son realidades huérfanas; tiene a Dios por origen común, por Padre.

            Dios es, por ello, “amigo de la vida” (única vez que aparece este término en la Biblia: ϕιλοψυχε). Si ama esta vida no puede ir contra quienes son de esta vida, de esta historia. Un aliado de la vida humana, un “humano” con los humanos, aunque él no tenga la carne de los humanos, pero tiene sus anhelos, sus intereses, sus búsquedas, sus sueños, sus honduras. Y todo ello lo tiene a la manera como lo tiene un Dios, en los límites que no podemos concebir.

            De todo esto, dice Sabiduría, viene la gran lección: “así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano”. Dios ha sido “humano”, ha obrado con los enemigos seculares de Israel no como un Dios, sino como un humano de buen corazón, paciente, generoso, olvidadizo del perdón, concediendo segundas oportunidades. Por eso, la justicia sin humanidad se queda corta. Lo que da el sentido a la misma justicia es la humanidad. Por eso, el logro de un talante humano y humanizador es la base, el paso primero para llegar a ser como ese Dios que se ha encarnado en lo humano antes de que naciera Jesús. El ser mismo de Dios es una realidad encarnada, humana.

 

c) Ahondamiento

 

            * Ante todo, humanidad: Nuestra formación tradicional nos ha llevado a valorar sobre todo “lo espiritual” en detrimento de “lo humano”. Es una deformación porque lo espiritual se vierte en lo humano; ambas realidades van unidas. Y si uno se aparta de lo humano, se aparta del espíritu. Y si uno acentúa lo humano, acentúa la posibilidad de una vida con espíritu. Por eso, cuanto más humano, más espiritual y nunca al revés. Lo más básicamente humano es la carnalidad (seres humanos de carne y hueso), la sociabilidad (al relación), la individuación (la libertad). Estos elementos (carnalidad, relación, libertad) son el cimiento de la humanidad. Si eso se resquebraja, el edificio espiritual se tambalea. El respeto, la tolerancia y la estima han de ser las herramientas para construir este cimiento. Desde aquí se puede calibrar con estremecimiento el unirse de Dios al fondo de lo humano, si ser carne con nosotros, los abismos de su relación, su apuesta incondicional por la libertad.

            *Ser humanos desde la verdad, más que desde la coherencia: Quien es coherente tiene una herramienta magnífica para construir lo humano. Pero quien no lo es, también puede aspirar a la espiritualidad de lo humano siempre que viva desde la verdad. Lo humano es compatible con una cierta incoherencia, pero es más difícil que lo sea con la hipocresía y la mentira. Por eso, el Dios que es humano es “veraz”, se ofrece en su verdad de amor. Un Dios veraz da sentido a su humanidad. El cultivo de la veracidad, la “honradez con lo real” (Sobrino) es camino imprescindible para quien aspira a una espiritualidad de encarnación.

            * Nada de lo humano es ajeno a Dios: Se puede aplicar con toda razón a Dios aquel dicho de Publio Terencio: “Nada de lo humano me es ajeno”. Porque Dios ha hecho de lo humano su pasión, su búsqueda, su apuesta, por increíble que resulte. Ha hecho de nuestro éxito el suyo; de alguna manera “depende” de nosotros, no nosotros de él. Por eso se entiende aquella extraña y hermosa expresión de Etty Hillesum: hemos de ayudar a Dios (“Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones, pero no puedo asegurarte nada por anticipado. Sólo una cosa es para mí cada vez más evidente: que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a nosotros mismos”). Hemos de colaborar al sueño humano de Dios. Y el mejor modo es interesarse por lo humano, el mismo interés de Dios.

            * Expertas en humanidad: Así habríamos de ser, no tanto expertos en religión (así nos ve la gente). Expertos en superar situaciones de deshumanización, en reivindicar la humanidad que nos es propia. La humanidad como distintivo del creyente, no la religiosidad. En la humanidad de Jesús conocemos la humanidad de Dios, él es experto en humanidad. Al ser tan entrañablemente humano es radicalmente divino. El Dios que presentó y representó Jesús es un Dios que se hace presente, ante todo, en la humanidad, en lo humano de los seres humanos. Lo que más distingue al Dios de Jesús es su humanidad. De ese fondo humano habríamos de ser expertos.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            En una época como la medieval, poco propicia para hablar de la humanidad de Jesús (menos aún de la de Dios) Francisco ha enfocado y descubierto un camino nuevo de comprensión y de vivencia espiritual de la persona de Jesús en el descubrimiento de su humanidad. La conocida escena de Greccio, escena de pobreza y humildad, lo deja bien claro: pobre rey, pobre ciudad, niño inválido (LM 10,7). El camino de la humanidad pobre de Jesús que se mira con ternura y comprensión y que deriva hacia una benigna comprensión de la propia humanidad es una marca de la espiritualidad de Francisco y del franciscano/a.

 

e) Taller rápido

 

            Pon sobre la mesa un ejemplo de comportamiento humano ante situaciones equívocas de la vida.

 

2. Nacido de mujer

 

a) Frase guía

 

            “El feminismo no es lo contrario al machismo, sino que reclama igualdad de derechos. No puedo entender que una mujer en su ser político no se defina como feminista” (Lara Alcázar, del movimiento Femen).

 

            La igualdad de género es todavía una batalla que se está dando y, en muchos sectores sociales y geográficos todavía no ha comenzado o está en los inicios. Verse como fuera de ese campo de lucha puede ser una obcecación (no se quiere ver) y una injusticia (porque se perpetúan los patrones de superioridad y opresión). No se puede ser neutral.

            El feminismo político es, quizá, uno de los primeros pasos a dar para entendernos en régimen de igualdad de género. Cuando hablamos de “encarnación”, si lo hacemos desde parámetros no solamente religiosos sino también seculares, estamos hablando de cosas así. Plantear de manera ahondada el tema de la encarnación es acercarse a esta clase de problemas.

 

b) Texto bíblico: Gal 4,4-5

 

            “Pero cuando se cumplió el plazo envió Dios a su hijo, nacido de mujer, sometido a la Ley, para rescatar a los que estaban sometidos a la Ley, para que recibiéramos la condición de hijos”.

 

  • Para leer bien a Pablo es preciso “aislarlo” de la perspectiva evangélica, que es desde donde se le suele leer. Parece que Pablo no ha tenido acceso a ninguno de los evangelios o relatos similares. El nacimiento de Jesús es entendido como “nacimiento de mujer, bajo la ley, uno de tantos”. Ningún relato de milagros es consignado. La resurrección es comprendida como una experiencia espiritual, no física, en la que él mismo se incluye (1Cor 15,1-10). El mismo canto de Filp se puede entender no en los modos teístas de identificación-encarnación divina, sino como un retrato de Jesús en el cual Dios ha derramado su ser divino. Dice que es portador de “una tradición anterior”. Ésta no ha entrado aún en los moldes del teísmo. Luego, al principio, la comprensión de Jesús no estaba cargada de teísmo. Pero Pablo, al elaborar una espiritualidad de proximidad total de identificación entre Jesús y Dios, al proponer una experiencia espiritual de Dios de una intensidad única arriesgaba el abrir la puerta a un modo teísta de mirar el hecho histórico de Jesús.
  • El hecho de Jesús se da “cumplido el plazo”: Dios tiene un designio, el de que la humanidad camine hacia su plenitud. Este camino está jalonado de hechos históricos. El de Jesús es decisivo. Por eso mismo, el “envío” de Jesús no es como alguien que está afuera y viene de afuera, sino que hay que insertarlo en el proceso histórico: surge en la historia porque es historia, no viene de fuera sino del “adentro” del deseo salvador de Dios (ni ser irá luego fuera de esta historia).
  • Jesús queda definido en este paleocristianismo de Pablo como un “nacido de mujer”. Uno de tantos, que dirá luego. Un perteneciente al camino histórico. Rebajar la verdad humana de Jesús es, como dice González Faus, una de las herejías pertinaces de la iglesia católica, un monofisismo latente dicen. Se parte de la realidad de Dios y como se asegura que Jesús es Dios, tiene que ser un hombre especial, un no-hombre en realidad. La evidencia de que es nacido de mujer tierra por tierra todas estas teorías. Lo escandaloso no es la encarnación de Dios en jesús, sino que sea pobre, sin poder, nacido de mujer, tan débil e indefenso como todos los nacidos de mujer. Un Dios encarnado en la pobreza, no en el poder, ése es el problema.
  • La condición de hijos se recibe por el cauce encarnacional de un Jesús sin poder que habla de un Dios sin poder. Un Dios que se pone de rodillas ente el hombre, que reza al hombre, que hace propia su causa de humanización creciente. Decir que Jesús es nacido de mujer es el mejor antídoto contra cualquier dualismo teológico. Nacido de mujer, como todo el mundo.

 

c) Ahondamiento

 

            * El tema aún vidrioso de la mujer: Es cierto que se van dando pasos en la buena dirección (movidos muchas veces por la sociedad secular, no por la comunidad cristiana). Pero aún es un tema “vidrioso”, a nivel moral, a nivel sexual, a nivel económico, a nivel social y político. Tema sin solucionar, porque la solución no encaja en paradigmas de desigualdad de género, de práctica comunitaria que consagra el patriarcalismo, de situaciones sociales de poder. Encarnarse por la mujer lleva implícita la pregunta por la dignidad de lo que la mujer engendra. La encarnación es, en el fondo, un tema de dignidad (no tanto una cuestión dogmática). Por eso, las posiciones ante el “problema de la mujer” desvelan las verdaderas posiciones encarnacionales.

            * Origen común: El argumento que emplea Gálatas es sencillo: si el origen es común (la mujer), somos familia. Dios mismo es familia porque hace parte del origen común, nacido de mujer. La encarnación de Jesús desvela la realidad hermosa del origen común a Dios y a la persona, que no es otro sino el increíble amor del Padre que anima el proceso histórico. La fraternidad encarnacional habría de brotar de la percepción de este “origen común” (así ocurre en el caso de Francisco LM 8).

            * Carne, psicología, espiritualidad: Son elementos que es preciso aplicar a la realidad de Jesús directamente. No solamente la primera (porque no hay más remedio), sino también la segunda (con todas las tendencias y avatares de la psicología humana) e, incluso, la tercera (una espiritualidad concreta con todas sus consecuencias, incluso las erróneas). Si algo tenemos claro de qué es Jesús es su humanidad por haber nacido de mujer. El resto entra en el terreno de la elucubración (en el sentido más positivo que se quiera).

            * El tema de María: Un asunto que si se repiensa la encarnación, es preciso repensar igualmente y en la misma de la encarnación humanizadora. Por lo tanto, se impone una limpieza de campo enorme, tanto en el plano devocional, cultural como teológico. Si no, la “desencarnación” de María está asegurada. ¿Mejoraría la valoración de María desde un lado encarnacional como el Jesús? Creemos que sí.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            Dice 2C 198: “Rodeaba de amor indecible a la Madre de Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad. Le tributaba peculiares alabanzas (cf. SalVM y OfP ant), le multiplicaba oraciones, le ofrecía afectos, tantos y tales como no puede expresar lengua humana”. El amor proviene por hermanarnos con Jesús, por “atraparlo a él en el camino encarnacional humano. De ahí brotaba su valoración, su devoción, no de “prerrogativas marianas”.

 

e) Taller rápido

 

            Cuenta una experiencia gratificante de trabajo con mujeres empobrecidas.

 

3. Leer la realidad social desde la humanidad

 

a) Frase guía

 

            “Lo que Jesús dejó claro es que a Dios lo encontramos primordialmente y ante todo, no por el camino de la ‘perfección’, ni por el de la ‘santificación’, ni tampoco por el de la ‘espiritualización’, sino sobre todo por el camino de la ‘humanización’” (J.M.Castillo).

 

            El camino de la perfección era el techo: “sed perfectos…”, aunque eso no lograba absorber nuestra evidente debilidad (propósitos que nunca se cumplían). El camino de la santificación era un tópico (verdadero por ello) que se alejaba realmente de nuestros caminos concreto. El camino de la espiritualización ha engendrado muchos equívocos de los que nos vamos desembarazando poco a poco. ¿El camino de la humanización no daría mejores resultados? ¿No han sido nuestros mejores benefactores las personas que se han comportado con nosotros con humanidad? ¿No esperan los frágiles nuestra aportación humanitaria?

 

b) Texto bíblico: Mc 6,34

 

            “Al desembarcar vio una gran multitud; se conmovió, porque estaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles con calma”.

 

  • Es el relato que antecede a la multiplicación de los panes en Mc. “Vio una gran multitud”. ¿Cómo leer la realidad de una multitud deseosa de algo que le saque de la postración? ¿Cómo mirar en esa dirección? ¿Cómo se va a ser benigno si no se mira, si no se está en el mismo escenario, en el mismo marco geográfico, en la misma calle, en la misma lucha?
  • Es necesaria una conmoción ante el hecho social. Imposible que haya comportamiento humano sin conmoción, sin que algo por dentro se mueva. Leer el hecho social desde posiciones frías, alejadas, meramente analíticas impide el funcionamiento del parámetro de humanidad paras valorar una situación social.
  • Estaban como ovejas sin pastor: Jesús palpa el desamparo de la multitud desde su propio desamparo: él es también, encarnado, una especie de “oveja sin pastor”, un aherrojado a la historia sin otro amparo decisivo que el que le pueda dar el mismo Dios. Leer la realidad desde una afectación personal es la mejor manera de leerla.
  • Se puso a enseñarles con calma: Es la actitud de quien lee el hecho social de la humanidad. Para éste, el tiempo no cuenta, la dedicación es total, la persona débil merece un espacio que la sociedad mercantilista no le concede. Es la calma de quien es humano, de quien es hermano.

 

c) Ahondamiento

 

            * Las preocupaciones de Jesús: Desde estas preocupaciones lee Jesús la realidad: su cuidado por la vida en nuestra condición carnal humana; su insistencia en mejorar las relaciones humanas, es decir, las relaciones de alteridad con los otros; su respeto, tolerancia y estima hacia todos en la aceptación de la libertad de cada cual. Una lectura de la realidad desde estas perspectivas solamente puede hacerse desde una total encarnación en el fondo de lo humano.

            * Benignidad crítica: Este puede ser el gran principio de lectura creyente de la realidad (y franciscana): ser benigno y ser crítico. La benignidad lleva a situarse en la sociedad en el lado del amparo, del acompañamiento, de la solidaridad, de la condolencia, del no juicio. El componente crítico lleva al discernimiento, a la no connivencia con el sistema opresor e, incluso, a la denuncia. La mezcla de ambos elementos abre el camino a una verdadera encarnación en el hecho social.

            * Piensa bien y acertarás: Al contrario de lo que corrientemente se suele decir (piensa mal y acertarás). Pensar y actuar desde la bondad es camino preferible a cualquier otro para hacer una lectura humana y cristiana del hecho social. Esto presupone una verdadera encarnación con nuestra propia historia, personal y social, desde la más elemental pertenencia al hecho humano. Si esta encarnación básica no se da, el pensar y actuar bien no brota.

            * Ser humanos en los conflictos: Porque el conflicto acompaña el devenir humano y fraterno. Elaborar conflictos con humanidad (no tanto el solucionarlos, cosa que con frecuencia no está en nuestra mano) es un acto encarnacional porque trabaja el componente ineludible del conflicto para hacer de él un trampolín que nos lleve a una mayor fraternidad, una mayor solidaridad, una encarnación de más calidad.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            La Carta a un Ministro es una manera clara de percibir a Francisco aplicando la benignidad crítica: “Y en esto quiero conocer si tú amas al Señor y a mí, siervo suyo y tuyo, si hicieras esto, a saber, que no haya hermano alguno en el mundo que haya pecado todo cuanto haya podido pecar, que, después que haya visto tus ojos, no se marche jamás sin tu misericordia, si pide misericordia. Y si él no pidiera misericordia, que tú le preguntes si quiere misericordia. Y si mil veces pecara después delante de tus ojos, ámalo más que a mí para esto, para que lo atraigas al Señor; y ten siempre misericordia de tales hermanos”. Benignidad que trasluce en la mirada; amor para proponer un cambio.

 

d) Taller rápido

 

            ¿Observas que en tu comunidad se elaboran los conflictos con humanidad?

 

 

 

Taller de cine: TIERRA DE ÁNGELES

 

  •  
    • La comunidad: personas que siguen a Jesús en grupo
    • Subraya aspecto encarnacional del filme
    • Cómo hacer del mundo una “tierra de ángeles”

 

III. ENCARNACIÓN

 

1. Qué no es

 

a) Frase guía

 

            “Jesús es la puerta de entrada a lo sagrado para aquellos de nosotros que tuvimos el privilegio de conocer su nombre, pero habrá otras puertas para otras personas” (J.S.Spong).

 

            No se puede entender la encarnación de Jesús en modos galácticos (un Jesús que viene del cielo) ni en maneras exclusivistas (solamente por él se hace presente la divinidad en la historia). Él pertenece a la vida y en él se hace visible el modo de ser de Dios; pero no viene de ningún lado ni excluye otras manifestaciones de la manera solidaria (encarnada) de Dios con la historia. Todas esas maneras confluyen en la verdad de que Dios es el fundamento del Ser, que ha soldado su suerte a la nuestra.

 

b) Texto bíblico: 1 Jn 4,2-3

 

            “Esta es la señal de la inspiración de Dios: toda inspiración que confiesa que Jesús es el mesías venido en carne mortal, procede de Dios; y toda inspiración que no confiesa a ese Jesús venido en carne mortal no procede de Dios”.

 

  • La 1 Jn tiene un problema comunitario: un grupo notable e influyente se ha ido de la comunidad porque dice que el camino de la historia pobre no es válido para el encuentro con Dios. Hay que usar otros caminos más sublimes, más “místicos”. Pero despreciar la historia pobre es depreciar a Jesús “en carne mortal”, su historia pobre. Y alejarse de la historia pobre de Jesús como ámbito de revelación deja inútil al proyecto cristiano.
  • Por eso, el gran problema de este texto es la “carne mortal”, si la historia es ámbito o no de revelación. Este problema de un gnosticismo religioso que olvida la historia es recurrente en el caminar de las religiones.
  • El autor, evidentemente, reafirma la carnalidad de Jesús (y la nuestra) con sus consecuencias (la solidaridad con “las carnes” débiles de los otros, cosa que olvidan esos que se han marchado de la comunidad). La carnalidad, la encarnación en lo pobre, es medida de la inspiración y certeza de que se “procede de Dios”, de que se está en el camino de una perspectiva correcta de la experiencia cristiana.

 

c) Ahondamiento

 

            Necesitamos una perspectiva nueva sobre la encarnación:

 

1)      Lo primero que es preciso constatar es que un esquema teísta de la encarnación necesita un mecanismo de entrada (nacimiento virginal) y un mecanismo de salida (ascensión). Esos dos mecanismos no están en los inicios de la comprensión de la experiencia cristiana (fuente Q, Mc, Pablo).

2)      El mecanismo de entrada ignora el papel de la mujer en la fecundación; si lo hubiera conocido, habría entendido que un nacimiento en la historia, por virginal que se quiera, tiene un 50% de aportación femenina, lo que daría origen a una extraña criatura. Resulta inviable. De no ser que se acepte que Dios, entendido teísticamente, intervino milagrosamente y realizó un acto que rompe todos los límites de nuestro conocimiento sobre las funciones reproductivas del universo.

3)      Por su parte, el mecanismo de salida, se hace inviable en la actual comprensión del universo (millones de galaxias, agujeros negros, etc…). Una salida así llevaría a la orbitación o a caer en la desolación del espacio infinito. Se impone también aquí una relectura del imaginario, aún vigente.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            "Él que siendo rico por encima de todos, quiso en el mundo, con la santísima Virgen su madre, elegir la pobreza" (2CtaF 5).

 

            Según Francisco, Jesús “quiso elegir” la pobreza. Algunos traducen “quiso abrazar” la pobreza. Es una opción que se le ha impuesto: nació pobre, de María (ambiente social) pobre. Pudo rechazar, huir, maldecir de la pobreza. Pero él se abrazó a ella justamente para hacer una obra de liberación, para vencer a la pobreza en el combate cuerpo a cuerpo. Luchador contra la pobreza porque la conocía bien, porque la experimentaba en él mismo.

 

e) Taller rápido

 

            Encarnaciones que, a tu juicio, no lo son.

 

2. Qué es

 

a) Frase guía

 

            “Dios está más allá de Jesús, pero Jesús participó de la existencia de Dios y es mi camino para Dios” (J.S.Spong).

 

            Si funcionamos en modos esencialistas no hay nada que decir: jesús es Dios y punto. Si funcionamos en modos más amplios, Dios es la fuente del Ser, Jesús nos lo ha hecho ver porque ha participado en modo diáfano de esa Fuente del Ser y por eso, para nosotros, el camino de Jesús (su manera de pensar y sus estilos de vida) nos hacen conectar con Dios, colman nuestro anhelo de trascendencia.

 

b) Texto bíblico: Filp 2,6-11

 

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
 

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
 

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
 

 

  • Es el famoso y conocido cántico de Filipenses. Generalmente se lo lee de una manera especialista (teísta): Cristo, como era Dios, estaba en el cielo, bajó de allí, vivió pobremente (anonadado) durante equis años, no salvó y volvió de nuevo a su lugar (a la derecha del Padre). Esta manera de entenderlo tiene muchas pegas: la mayor de todas que no se llega a tomar en serio la encarnación: un paso, unos años, un tránsito, no era realmente lo suyo (lo suyo era ser Dios). Y si no se toma totalmente en serio la encarnación, la humanización, ¿dónde queda lo de Jesús? ¿Y dónde queda la increíble apuesta de Dios por lo nuestro?
  • Había otra manera: Jesús pertenece a la historia, viene a ella como venimos nosotros. Pero su comportamiento humano (con la gracia enorme del amor del padre) llega a desvelar cómo es Dios. Y eso lo hace anonadándose, para demostrar que el Dios que se une a la existencia humana es un Dios menor, que no le asusta la pobreza, que se mezcla a ella. Hecho este trabajo histórico, vuelve al fondo de la vida (“vendremos a él” Jn 14,23) para seguir animando la historia humana, para seguir iluminando las zonas oscuras de la existencia, para colaborar a la liberación de la persona, para engendrar el nuevo horizonte, la nueva sociedad, la nueva relación, el reino de Dios. ¿Es esta manera de ver menos espiritual que la anterior?

 

c) Ahondamiento

 

            Veamos si estos puntos nos ayudan a ir cociendo una nueva visión de la encarnación:

 

1)      El reto está en emplear términos más adecuados al hoy manteniendo la experiencia de Dios que Jesús es para nosotros, la puerta que nos abre el misterio, la certeza paulina de que Dios estaba en Cristo. Quizá para ello se requiere una experiencia viva de Jesús (no una experiencia meramente dogmática, catequética). Una experiencia dogmática busca soluciones dogmáticas; una vital, plantea soluciones vitales.

2)      Esa experiencia vital puede ser descrita con alguno de estos rasgos: un Jesús que vibra por el reino, por la nueva sociedad, por la nueva relación; un Jesús que deja sin sentido no solamente las fronteras tribales, sino la frontera entre lo puro y lo impuro, entre lo humano y lo divino; un Jesús que, proponiendo como tipo del reino al samaritano, apela a la “conmoción” ante las pobrezas como detonante de la pertenencia a la nueva humanidad; un Jesús que derriba todo prejuicio, haciendo ver que la verdadera vocación humana (no hay más que esa en sentido estricto) es vivir con y para el otro; un Jesús que es camino hacia una humanidad más plena, llevándonos por ella al misterio de un Dios más pleno; un Jesús que al dar la vida muestra que el donador nunca queda disminuido en la entrega; un ser humano de los que han tenido la capacidad de amar activada a unos niveles que nos superan. Al ver una vida que ama tanto decimos: “Dios está presente en esa vida”. Desde ahí se puede entender que la vida humana no necesita rescate. Lo que sí necesitamos es , más bien, una vida tan abierta, tan libre, tan plena y tan llena de amor que, al experimentarla, seamos llamados a la realidad del amor…A ese amor lo llamo Dios. Lo veo en Jesús de Nazaret y me siento llamado a una nueva forma de ser, una humanidad sin fronteras, y me siento pleno en su presencia. Así estaba Dios en Cristo. Por lo tanto, Jesús revela la fuente del amor y después nos llama a entrar en ella.

3)      Hemos llegado así a una nueva manera de hablar de Cristo: percibimos al Fundamento del Ser a través de él; experimentamos la cualidad incondicional del amor a través de él; es el canal a través del cual se recibe el mensaje de Dios a la vida, por eso es su “palabra”.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            “Yo soy necesitado y pobre, ayúdame, oh Dios”. Esta frase es del Sal 39, pero Francisco la pone en boca de Jesús en OfP 8,6. Esta visión de la pobreza encarnacional de Jesús no le ha producido a Francisco un rechazo que le habría llevado al abandono del amor a Jesús o a su encumbramiento (como hace el mecanismo religioso). No, lo ha apreciado, amado, seguido y anhelo así como era, pobre y gusano (palabra que le recordaba mucho el anonadamiento, la kénosis, de Jesús).

 

e) Taller

 

            Encarnaciones que, a tu juicio, lo son.

 

3. Encarnación social

 

a) Frase guía

 

            “Podemos hacer todas las obras sociales que queramos, y dirán: ’Pero qué buena la Iglesia, qué buena la obra social que hace la Iglesia’ Pero si decimos que hacemos esto porque aquellas personas son la carne de Cristo, viene el escándalo. Y esa es la verdad, esa es la revelación de Jesús: esa presencia de Jesús encarnado” (Papa Francisco).

 

            La persona débil no solamente es la carne de Cristo, es la carne del mismo Dios. Pero no habría que hacer la obra social porque es carne de Dios sino, simplemente, porque es carne. La mejor solidaridad es, según Mt 25, la que se hace sin darse cuenta de que se está haciendo (“¿cuándo te vimos con hambre…?”). Poner una finalidad religiosa a la solidaridad es siempre un peligro.

 

b) Texto bíblico: 1 Pe 3,13-18

 

“¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?  Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois.  Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones,  y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu”.

 

  • La 1 Pe es un texto escrito a inmigrantes creyentes que sienten grandes dificultades para vivir su fe en tierra extranjera. Les viene a decir, en general, que en la comunidad cristiana tienen una patria con cuya ayuda subsistir en la vida y en la fe.
  • Sorprende que, ante la dificultad, para vivir en tierra extranjera, la carta no proponga un repliegue en la comunidad buscando en esta un consuelo y apoyo pero cerrándose al ambiente hostil que le rodea. No, muy al contrario, anima a los creyentes a mantenerse en actitud de apertura al medio social aunque éste no llegue a entenderle del todo. Como primera norma les dice que se den con empeño a lo bueno. La amargura de la emigración no debe anular el planteamiento evangélico básico de hacer el bien.
  • El sufrimiento que, indefectiblemente, conlleva la multiculturalidad ha de sobrellevarse con buen ánimo. El miedo ha de ser vencido amparado en la promesa de Jesús que anima a no tener miedo.
  • Se ha de dar razón de la esperanza no contra la sociedad en la que viven sino dentro de esa sociedad, aceptando estar encarnado en ella como ciudadanos que cumplen sus obligaciones. La tolerancia y el respeto son los “buenos modos” con los que hay que hacer todo este trabajo de encarnación social. 
  • La razón para arrostrar las dificultades de la encarnación social es el mismo Jesús quien también las tuvo que encajar. Esta ha de ser la fuente real de cualquier tipo de encarnación.

 

c) Ahondamiento

 

            * Dios en los procesos históricos: Habría que intentar mejorar nuestro imaginario religioso que siente y piensa a Dios fuera de los procesos históricos, en el más allá. Cómo pensar un “cielo” metido en el fondo de la vida, mezclado a él porque ahí está justamente la realidad del Padre que acompaña a la historia. Cómo sentir a Dios vecino nuestro, participante en nuestra vida, actuante en medio de la aldea. Y no se trata de colocarlo como centro, sino como dinamizador de nuestros procesos históricos. Es su gran obra.

            * Dios en la sociedad secular: Porque parece que Dios es echado de esta sociedad, que no se quiere que cuente en ella, porque se piensa que un mundo sin religiones sería un mundo más feliz. Quizá el problema no esté inicialmente en Dios, sino en la religión. Pero si se la pone a esta en su sitio, el anhelo de Dios está muy vivo en multitud de personas, aunque sea en lenguajes que no entendemos bien.

            * Dios en los sueños sociales: Aunque esos sueños no tenga rostro ni formulación religiosa. Dios en la erradicación de la pobreza, en el acceso al agua, en la globalización de la enseñanza, en la igualdad de género, en la justicia internacional, en la abolición de la pena de muerte, etc. Esos grandes sueños incumplidos son también los sueños de Dios, los sueños del reino.

            * Dios en los colectivos débiles: Porque es ahí sobre todo donde Dios ha puesto su morada: los desplazados, los despojados, los humillados, los explotados, los violados, los ninguneados por el sistema, los frágiles en todos los sentidos, los olvidados y no reclamados, los grandemente en soledad. Percibir a Dios que está ahí es posible solamente con una fuerte visión encarnacional social de Dios.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            Pedir a san Francisco una gran encarnación social podría ser excesivo. Pero, en algunas cosas, la tiene mucho más que nosotros, quizá. Por ejemplo, en el tema de la paz. Él no ha rezado por la paz (o, al menos, no tenemos oraciones de él por la paz ya que la hermosa y “franciscana” Oración por la paz, Señor, haz de mí un instrumento de tu paz, no es suya) pero ha intervenido en procesos sociales de pacificación: Bolonia, Arezzo, Gubbio, Asís. Hombre de paz, hombre encarnado socialmente.

 

e) Taller rápido

 

            ¿Por qué cuesta tanto a los franciscanos/as integrarse de alguna manera en los trabajos de justicia y Paz?

 

Taller de cine: DE DIOSES Y HOMBRES

 

  •  
    • La encarnación en la tierra que Dios te da
    • Escena de encarnación en la película
    • Cómo encarnarse en una sociedad que nos cuesta amar

 

IV. NUESTRAS ENCARNACIONES

 

1. Espiritualidad con carne

 

a) Frase guía

 

            “Nunca occidente se alejó tanto del espíritu, y solo es paradójico en apariencia, como cuando abandonó el cuerpo” (A. Fermet).

 

            Efectivamente, algo nos ha hecho creer que los trabajos espirituales conllevaban la exigencia de alejarnos de la corporalidad. Por eso se ha estigmatizado tanto todo lo relativo a ella. Pero, en realidad, es a través del “abrazo” a esa corporalidad donde habría que haber encontrado la espiritualidad. Esta encarnación espiritual es lo que perseguimos como cambio de óptica.

 

b) Texto bíblico: Jn 15,26-27

 

            “Cuando llegue el valedor que yo voy a mandaros recibiéndolo del Padre, el espíritu de la verdad que procede del Padre, él dará testimonio en mi favor. Pero también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo”.

 

  • El testimonio tiene detrás al Espíritu. Es decir, Dios está presente en los procesos históricos y creemos que es el verdadero motor de la evolución histórica. Nosotros no creemos en el simple azar, sino que a esa fuerza que moviliza la historia le damos el nombre y el contenido del amor del Padre, de la fuerza del Espíritu, lo más vivo de Dios.
  • Esa fuerza va a dar testimonio en favor de Jesús. Es decir, va a confirmar que Jesús, por pobre que fuera, era el rostro vivo de Dios y que por él tenemos acceso a nuestro anhelo de conexión con Dios. Para el seguidor/a Jesús es el verdadero camino de acceso al Dios que anida en la historia, al fundamento del ser.
  • Pero ese testimonio del espíritu cobra un rostro histórico, una verdadera encarnación (tan potente y verdadera como la de Jesús) en la obra del creyente. Por esa obra se “ve” que Dios nos acompaña y se da fe del valor del testimonio de Jesús. Si esa obra del creyente falla, si la encarnación cristiana falla, se retrasan los procesos históricos no se sabe hasta cuándo, quizá hasta la imposibilidad.

 

c) Ahondamiento

 

            * El tiempo del reino: A este asunto de la encarnación en el hoy subyace el tema del tiempo. El tiempo cronológico es mecánico, inmanipulable (el día tiene 24 horas y no más). Pero el tiempo del reino es manipulable: se puede acercar o retrasar según sea el tipo de vida del seguidor/a, según se apunte a la justicia o a la injusticia. Cuanto más justo, más cerca el día del reino; cuanto más injusto, más lejos el día del reino.

            * El testimonio de una vida encarnada: Que no es otro que la preocupación por dejar un mundo mejor que el que encontramos cuando nos toque salir de esta etapa histórica que vivimos. Si el entorno en que se ha desarrollado nuestra vida no ha mejorado nada en humanidad, si todo sigue igual o peor, la encarnación se ha frustrado. Si ha mejorado, aunque fuere un poco, hemos tenido éxito porque el éxito no está en la salvación, sino en logro de una historia más humana.

            * Humildad esencial: Absolutamente necesaria para esta encarnación histórica. Eso quiere decir que la gran preocupación no ha de ser el hacer grandes obras encarnaciones, de testimonio cristiano, de misión, sino sobre todo tener la certeza de que la encarnación histórica avanza en lo humilde, en lo sencillo, en lo irrelevante, pero que la modestia de ese avance es la garantía de su verdad.

            * La encarnación hoy: En nuestro imaginario, y cuando hablamos de la encarnación, hemos de cambiar la perspectiva: lo importante no es aquella encarnación de Jesús que la fe venera y celebra. Lo importantes es ver si, por aquella encarnación, nuestras encarnaciones de hoy van tomando cuerpo. La encarnación de hoy es la gran preocupación de esta espiritualidad.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            Cuentan las biografías de san Francisco que, cuando en la misa de san Matías escuchó el evangelio de la misión exclamó: «Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica» (1 C 22). Esta lectura “literal” del Evangelio es una lectura encarnacional: Francisco pone en práctica el Evangelio tal como lo entiende, en directo. Precisamente ahí halla su fuerza, no en la literalidad, sino en la inmediatez. Encarnación total.

 

e) Taller rápido

 

            Nombra a alguna persona que, en tu opinión, vivan una espiritualidad con “carne”.

 

2. Carisma con carne

 

a) Frase guía

 

            “Los carismas se viven en la medida en que se recrean” (Vita Consecrata)

 

            Es decir, hay que poner también carne a los carismas. Estos no tienen vida meramente por el funcionamiento de la estructura, sino sobre todo por el afán que los miembros de la comunidad hacen, cada uno en supuesto, por recrear el carisma. Si no, aunque la estructura continúe, el carisma agoniza.

 

c) Texto bíblico: Lc 9,28-36

 

            Unos ocho días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y Santiago y los llevó al monte a orar. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente. Dos hombres, de improviso, se pusieron a hablar con él. Eran Moisés y Elías, que aparecieron con un resplandor glorioso y hablaban con él de su muerte, que iba a tener lugar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero lograron mantenerse despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando éstos se alejaban de Jesús, Pedro dijo: "Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". No sabía lo que decía. Mientras hablaba estas cosas se formó una nube y los ocultó. Al entrar ellos en la nube, se atemorizaron. Y salió una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo, el Amado, escuchadle. Cuando sonó la voz, se quedó Jesús solo. Ellos guardaron silencio, y a nadie dijeron por entonces nada de lo que habían visto.

 

  • Normalmente se explica la transfiguración (término que no aparece en Lucas) como algo que viene “de fuera”: una luz “celestial” que ilumina al Jesús del Tabor. Tratemos de leerlo como una luz que brota desde dentro. La carne de Jesús como carne iluminada, recreada (en textos como la oración del huerto será el colmo de una carne tentada).
  • Pedro Juan y Santiago, aunque adheridos a Jesús, son el grupo más conservador, representantes de la dificultad para percibir el funcionamiento de los mecanismos del Reino. Por eso se les va a mostrar a ellos el sentido de la entrega de Jesús (son imagen de nuestras mismas imposibilidades para situarnos en parámetros evangélicos). La “oscuridad” que conlleva el ser carne.
  • La oración de Jesús es por pura necesidad: él necesita encontrar sentido a su camino creyente y utiliza un método conocido: la oración. Una oración buscada desde la necesidad de luz, de recrear día a día su camino hace el padre, de construir la encarnación (es una realidad que se construye).
  • No hay “transfiguración” en Lc. Es un “cambio de aspecto”, la percepción de quien ve a una persona con ánimo dentro cuando antes lo veía con desolación. La subida se hizo en el anhelo, la búsqueda y una cierta desolación. Y ahora, una luz se abre paso desde dentro y cambia su rostro y hasta su ropa cobra un nuevo brillo, una hermosura.
  • Moisés y Elías son los principales representantes de la Escritura, la Ley y la Profecía. La oración, la búsqueda de sentido se hace en diálogo con la Palabra. La Palabra como herramienta para construir la encarnación.
  • El tema de conversación, de la búsqueda de luz es “el éxodo que iba a completar en Jerusalén”, el sentido de su muerte, el valor de una entrega al límite, la luz que esconde la amargura de una muerte intuida.
  • La modorra de los discípulos es imagen de su dificultad, de su lejanía, del poco socorro que pueden prestar a la búsqueda de Jesús. Pero, aun así, ven “la gloria” de Jesús, le verdad del sentido de la entrega de Jesús y la confirmación de los dos que estaban con él.  Ellos reciben los destellos de esa iluminación, aunque se empeñen en negarlos luego. El trabajo enorme por hacer un camino encarnacional.
  • La intentona de hacer “tres chozas” no ha de interpretarse en clave contemplativa (ése no es el problema) sino histórica: quiere frenar el camino a Jerusalén, no le ven sentido a un éxodo que termina en muerte. La propuesta es tan pintoresca que el autor lo excusa diciendo: “No sabía lo que decía” (como en Lc 23,34 “no saben lo que están haciendo”). Todos los frenos que ponemos al hecho encarnacional.
  • La “nube”, la gloria, tiene que venir en confirmación de lo visto. Y lo hace con expresiones de los cantos del siervo: “Mi elegido, mi predilecto” (Is 44,2). Es decir: Dios confirma la opción de Jesús, la de la entrega hasta el fin; ése es el camino que Dios marca, que hay que “escuchar”. De ahí puede venir la luz a creyente, como le ha venido a Jesús. La encarnación en lo pobre como instancia de luz.
  • Jesús se queda “sólo”. Es decir, una vida iluminada no deja sin efecto el esfuerzo del camino histórico por construir una vida entregada.
  • El discipulado “no cuenta a nadie lo que ha visto” porque la iluminación, el sentido, no puede ser aún acogido en su planteamiento vital. Son necesarias más mediaciones.

 

c) Ahondamiento

 

            * La encarnación en Mª de la Pasión: Por lo que pone en vuestra web este tema espiritual de la encarnación lo ha vehiculado vuestra fundadora en la contemplación de María como madre de Jesús. Es más un tema “mariano” que cristológico en sí. Pero lo hace con mucha hondura, con pasión incluso. Eso sí, su imaginario está inscrito, como es normal, en el marco del teísmo imperante en la época. ¿Habría pensado y escrito lo mismo en esta época secular nuestra? ¿Puede una FMM situarse ahí o ha de dar un paso más hacia otro paradigma teológico y vivencial?

            * Vuestra indudable encarnación: La que hacéis en la misión. Esa es vuestra encarnación “en primer acto” (como los teólogos de primer acto, los que viven aunque no escriban). Esa encarnación es la que habría que mantener a toda costa. Pero quizá una encarnación “en segundo acto” reflexiva, en una dirección de componente más histórico podría seos útil. De hecho, en las entrevistas que se dan en la web, los modos de misión son realmente de componente encarnacional histórico.

            * La encarnación en el lado débil: Ese es un denominador común de vuestra acción misionera. Mientras esto se dé, la encarnación real, la de la vida, irá por buen camino. El resto puede venir después. Por lo tanto hay que estar vigilante para no ser tentadas por encarnaciones potentes, que lleguen a muchos, que demanden muchos medios porque así se llega a más gente. El tema no es la eficacia traducida en cifras, sino la mística con la que se hacen las cosas.

            * Encarnación universal: Es otra nota a mantener a pesar de los tiempos de cambio y reducción que nos han tocado. Esto habría que mantenerlo incluso en nuestros países occidentales tan marcados por esta situación. La tentación de un mero repliegue habría de ser encarada con fuerza.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            La carne de Francisco ha acogido hasta físicamente al crucificado. Es el tema de las llagas que el franciscanismo lo ha tratado siempre con un cierto enojo. Pero hay que unir la carne llagada a la carne que ama. En la película Francesco de L. Cavani dice Clara cuando los primeros compañeros le preguntan qué piensa ella de las llagas de Francisco: “Yo las cuidé sin hacer preguntas. El amor hizo su cuerpo igual que el del amado. Me pregunto si yo seré capaz de amar tanto”.

 

e) Taller rápido

 

            ¿Corre peligro vuestra universalidad en estos momentos de reducción?

 

3. Encarnación política

 

a) Frase guía

 

"No logro entender qué Biblia leen quienes dicen que no hay que mezclar religión y política" (Desmond Tutu).

 

Es una frase tópica, pero viene a cuento. La lejanía del tema político de quienes leemos, apreciamos, la Palabra es proverbial, aunque, en realidad, el sistema católico (en sus múltiples variantes) siempre ha hecho política, generalmente de índole conservadora. Se trataría de hacer obra de encarnación política en la línea del Evangelio, es decir, en interés mayoritario de los débiles. Eso es posible en muchas maneras, siempre anide dentro el afán por la justicia.

 

 

b) Texto bíblico: Lc 20,20-2

 

“Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en alguna palabra, para entregarle al poder y autoridad del gobernador. Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad. ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no? Mas él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?  Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César. Entonces les dijo: Pues devolved al César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que maravillados de su respuesta, callaron”.  

 

  • Este episodio que se llama del tributo al Cesar se ha leído normalmente (hasta tópicamente) como lo que hay que dar a cada uno de los poderes, a Dios (a la Iglesia) lo de Dios, al César (al poder civil) lo del César. Obvia de decir que una lectura así resulta inaceptable desde el punto de vista evangélico porque Jesús es uno sin poder, un humilde. Y hasta el Dios que él ofrece es un Dios sin poder. De manera que no hay caso.
  • La clave está en ese “devolved” del v.25: la trampa de lo político, de ver si te alías con el poder fáctico o no, Jesús la resuelve en parámetros de libertad: habría que ser ciudadano libre (una ciudadanía libre). Pero eso conlleva el devolver al poder sus prebendas que llevan dentro la factura de la opresión y del servilismo. El devolver te deja a la intemperie, pero libre; el no devolver te pone al amparo del sistema, pero esclavo. Por lo tanto, la encarnación política tendrá que ver con la libertad, la intemperie y la fraternidad que hace de amparo.

 

c) Ahondamiento

 

            * Alejamiento del sistema: Hay personas religiosas que dicen que no hacen política. La hacen y generalmente de parte del sistema establecido (casi siempre de componente conservador). La encarnación política no exige no hacer política; lo que demanda es hacerla desde el lado y a beneficio exclusivo de los débiles. Para ello habrá que situarse lejos de los sistemas establecidos, aunque eso merme la cuantía que se dispone incluso para la ayuda social. Pero, evangélicamente hablando, más vale que nuestra colaboración a la mejora social sea humilde que potente teniendo que hacer la reverencia al poder con lo que eso conlleva. La encarnación política desde el Evangelio es un modo peculiar de hacer política, el mismo que hizo Jesús: trabajar con medios humildes para que el día del fin de las desventuras de los pobres venga cuanto antes.

            * Amistad cívica: Quizá sea un modo básicamente evangélico de hacer política. La amistad cívica la define así Adela Cortina: “La amistad cívica no consiste en que los ciudadanos se vayan de tapas, porque éstas son cosas que se hacen con los amigos corrientes, con ésos a los que, según el diccionario, se tiene afecto personal desinteresado que se fortalece con el trato. La amistad cívica sería más bien la de los ciudadanos de un Estado que, por pertenecer a él, saben que han de perseguir metas comunes y por eso existe ya un vínculo que les une y les lleva a intentar alcanzar esos objetivos, siempre que se respeten las diferencias legítimas y no haya agravios comparativos”. Esto habría que comenzar a ponerlo en práctica en las mismas comunidades religiosas, necesitadas de esta flexibilidad.

            * Sentido de ciudadanía: Algo imprescindible para la encarnación política: creerse ciudadano e implicarse algo en la ciudadanía. No vivir de espaldas a la ciudad de la que hago parte. Eso no es solamente votar cada cuatro años (algunos, ni eso), sino preocuparse realmente por el devenir humano de mi ciudad y tener algún tipo de implicación social tangible que ayude a mejorar el nivel relacional de esa ciudad. Esto no se ha llevado a la espiritualidad común, pero si hablamos realmente de encarnación estamos hablando de cosas como estas. De lo contrario, todo se esfuma.

 

d) Perspectiva franciscana

 

            Podrías pensarse que Francisco de Asís es un apolítico. Nada más lejos de la realidad. Pongamos como ejemplo la famosa bendición a la ciudad de Asís: “Al pasar junto al hospital, pidió a los que lo llevaban que dejaran la camilla en el suelo; y como, a consecuencia de la gravísima y larga enfermedad de los ojos, apenas podía ver, pidió que le giraran la camilla de suerte que quedara con el rostro vuelto a la ciudad de Asís. Enderezándose un poco, bendijo la ciudad, diciendo: «Señor, creo que esta ciudad fue en tiempos antiguos morada y refugio de hombres malos e injustos, mal vistos en todas estas provincias; pero veo que, por tu misericordia sobreabundante, cuando tú has querido, le has manifestado las riquezas de tu amor, para que ella sea estancia y habitación de quienes te conozcan, den gloria a tu nombre y difundan en todo el pueblo cristiano el perfume de una vida pura, de una doctrina ortodoxa y de una buena reputación. Te pido, por tanto, Señor Jesucristo, Padre de las misericordias, que no tengas en cuenta nuestra ingratitud, sino que recuerdes siempre la abundante misericordia que has mostrado en esta ciudad, para que ella sea siempre morada y estancia de quienes te conozcan y glorifiquen tu nombre bendito y glorioso en los siglos de los siglos. Amén». Acabada esta plegaria, le llevaron a Santa María de la Porciúncula”. Un hombre político que bendice a su ciudad porque siempre estuvo interesado por ella, aunque lo fuera desde sus propias opciones.

 

e) Taller rápido

 

            Por qué somos tan reacios a llevar asuntos políticos a la mesa de la comunidad.

 

Taller de cine: CÓMO MEJORAR EL MUNDO A TRAVÉS DE UN USO MÁS CONSCIENTE DEL DINERO

 

  •  
    • Subraya una idea
    • ¿Nos afecta algo esto?
    • Cómo dar algún paso personal e institucional

 

CONCLUSIÓN

 

         Tal vez todo este trabajo que hemos realizado no haya alcanzado su finalidad: valorar la espiritualidad de la encarnación desde un lado más histórico y convertirla así en un motor de más potencia que el que nos prestado la espiritualidad tradicional. Esa era la intención. Si no se ha logrado, tengamos paz. Y si se ha logrado, demos gracias al Padre que nos acompaña, a Jesús que nos abre los secretos del misterio y a la fraternidad que nos acompaña en la búsqueda.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Madrid, junio de 2013 

 

 

 

Dar fe al Evangelio

DAR FE AL EVANGELIO

10 Caminos

 

            A veces, en Cuaresma, por ejemplo, se invita a los creyentes a “Creer en el Evangelio”. Nuestra fe está asentada sobre verdades, sobre dogmas, sobre normas, sobre mandamientos. Pero ¿está asentada sobre el Evangelio? ¿Cuál es la fe del Evangelio? ¿Cómo habría de ser la vida de quien da fe al Evangelio? Sería una contradicción decir que se tiene fe y no creer en la fe del Evangelio. Vamos a proponer diez caminos de fe evangélica que puedan iluminar nuestro itinerario cristiano en este año de la fe.

  1. 1.      El Evangelio cree que las entregas no se pierden: Jesús se entiende a sí mismo como un “entregado”, uno que se da hasta el final (Mc 9,31). De aquí se deriva la certeza de que las entregas tienen un valor en sí mismas. No dependen ni del aplauso, ni del premio, ni del pago. Ellas valen por sí mismas. Nadie agradeció a Jesús su entrega en cruz. Al contrario, se mofaban de él (Mc 15,29). Y sin embargo, su entrega valía absolutamente, entrega de salvación.
  2. 2.      El Evangelio cree en el poder de la generosidad: La generosidad es “salsa” para muchos guisos. La generosidad ilumina el interior de la persona. Por eso “si eres generoso, cuánta luz dentro” (Mt 6,22-23). Y esto por una sencilla razón: porque el mismo Dios, el Padre, es incomprensiblemente generoso con toda persona (Mt 20,15). Pretender ser creyente en el Evangelio desde actitudes tacañas, individualistas, es imposible.
  3. 3.      El Evangelio cree que cuando el otro gana, tú también ganas: Porque desde niños se nos ha hecho creer que si te das al otro, él gana y tú pierdes. Sumado esto al egoísmo natural de toda persona, el aserto evangélico de “invita a pobres que no pueden pagarte” se hace increíble (Lc 14,13). La fe evangélica tiene por cierto que cuando todos ganan, tú ganas; y cuando solamente tú ganas, en realidad, todos pierden, incluso tú.
  4. 4.      El Evangelio cree que se puede estar contento sirviendo: Porque algo nos dice que el servicio al hermano débil no nos puede contentar, satisfacer, realizar. Pero el Evangelio cree que se puede ser “primero” estando al servicio del otro (Mc 9,35). Jesús mismo se ha presentado como “uno que sirve” (Lc 22,27). Así él ha sido feliz, sirviendo, entregándose. No entender el servicio como modo de vida es arriesgarse a “no tener nada que ver” con Jesús (Jn 13,8).
  5. 5.      El Evangelio cree que no es imposible llegar a una comunidad de iguales: Porque nuestra mentalidad desigualadora y jerarquizante nos dice que eso es imposible, que siempre seremos desiguales. Pero el gran sueño de Jesús es una comunidad de seguidores en la que “uno es vuestro Padre y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,8). Es muy difícil llegar a esto. Quizá tengamos que recorrer aún muchos tramos largos de historia humana. Pero renunciar a este sueño hermoso de Jesús sería desdecirse de la fe del Evangelio.
  6. 6.      El Evangelio cree que las penalidades de los pobres han de tener fin: De ahí que no lee bien el Evangelio quien entiende Jn 12,8 como “a los pobres siempre los tendréis con vosotros”. No, Jesús cree que las desdichas de los débiles han de tener fin. Por eso, cuando proclama “Bienaventurados los pobres” está queriendo decir que los pobres, aunque despojados de sus derechos, tienen razón y que sus exigencias de justicia no prescriben (Mt 5,3).
  7. 7.      El Evangelio cree que la vida humana es una vida acompañada: Lo cree firmemente y de forma taxativa lo dice Juan 14,23: “Vendremos a él y pondremos nuestra morada en él”. Nosotros que somos gentes de superficie creemos, con frecuencia, que la vida está “dejada de la mano de Dios”. Pero, para el Evangelio, eso no es cierto, sino todo lo contrario: en el fondo de la vida, en el subsuelo de la existencia, en el cimiento de la realidad, Dios sostiene nuestro camino. Como dicen los teólogos, Dios es el fundamento del ser. Y esto es así porque en Jesús mismo ha venido a quedarse para siempre la realidad de lo divino (Jn 1,32). Por eso sabemos que Dios acompaña la existencia, porque antes ha acompañado el caminar de Jesús.
  8. 8.      El Evangelio cree que Dios ha sembrado en la historia la capacidad de llegar a ser hijo: Lo dice Jn 1,12: “les dio capacidad para ser hijos de Dios”. El acto creacional es la evidencia de que estamos llamados a la filiación. Las penalidades evidentes que conlleva el vivir, siendo la mayor de todas la muerte, quedan más que compensadas por la ganancia de poder llegar al gozo de la filiación, al sentido encontrado, a la dicha al alcance de la mano. Esto es lo que el Evangelio de Juan quiere decir: por la encarnación de Jesús (Jn 1,14) Dios te ha dotado de la capacidad de ser hijo. Ahora la pelota está en nuestro tejado.
  9. 9.      El Evangelio cree que el éxito de la vida es llegar a una buena relación: Porque si a Jesús le hubieran dicho si quería una nueva religión, se habría extrañado ya que tenía la suya, el judaísmo. Pero él cree que lo importante es que la persona llegue a una buena relación con Dios, con los hermanos, con la naturaleza. Piensa que esa nueva relación que va más allá de las normas (Mc 7,13), que se ofrece incluso a paganos (Mc 7,24-37) es el éxito de la ciudadanía del reino.

10.  El Evangelio cree que somos de la familia de Jesús: Porque ese es el mensaje y meollo de la resurrección: que el viejo sueño de la alianza ha tomado en Jesús la realidad de una familia: “Mi Padre es vuestro Padre, mi Dios es vuestro Dios” (Jn 20,17). Dios ha hecho a la creación de su familia y ninguna vicisitud romperá esa familiaridad. Si no fuera así, la vida y resurrección de Jesús carecerían de valor

            Estos son los caminos de fe que marca el Evangelio. Estas son las “palabras de vida” a las que haríamos bien en adherirnos porque redundarían en beneficio nuestro (Jn 6,68). Pretender avivar la fe sin creer a la Palabra del Evangelio nos parece imposible. Dice Benedicto XVI cuando catequiza sobre el año de la fe: “Es fundamental la Sagrada Escritura, donde la Palabra de Dios se hace audible para nosotros y alimenta nuestra vida de «amigos» de Dios. Toda la Biblia relata la revelación de Dios a la humanidad; toda la Biblia habla de fe y nos enseña la fe narrando una historia en la que Dios conduce su proyecto de redención y se hace cercano a nosotros, los hombres, a través de numerosas figuras luminosas de personas que creen en Él y a Él se confían, hasta la plenitud de la revelación en el Señor Jesús”. Dar fe al Evangelio es asentar la vida en el cimiento sólido de quien construye sobre roca (Mt 7,25).

 

Fidel Aizpurúa Donazar

 

 

 

 

Pregón en la Cuaresma de 2013

Pregón en la Cuaresma de 2013


 

 

I. Atención y silencio

 

Atención y silencio,

amigos y amigas.

Acallemos el ruido,

bajemos el tono de nuestro móvil,

que el imparable borboteo

de la vida y de la ciudad

se apacigüe en nosotros.

Hagamos silencio,

porque los pregones espirituales

demandan sosiego,

tranquilidad,

un momento de pausa

que no nos hará daño

y regará las raíces sedientas

de nuestro interior profundo.

Atención y silencio.

 

II. Anunciar la cuaresma, anunciar la Pascua

 

Anunciar la cuaresma

es anunciar la Pascua.

Aquella es camino para ésta,

aquella es puerta para ésta.

Anunciar la Cuaresma

sin tener los ojos fijos

en la hermosura de la Pascua,

anunciar sólo la Cuaresma

es tan absurdo

como anunciar una fiesta

que luego no se celebra,

un día de gozo

que no termina de llegar.

Quien recibe el anuncio de la Cuaresma

está recibiendo el anuncio de la Pascua.

 

 

 

Las semillas de la oración,

de la Palabra,

de la reflexión,

de la solidaridad cívica

que son las semillas de la Cuaresma

florecen en la hermosura de la Pascua

en el fruto granado

de la vida con el resucitado,

la vida nueva de la fraternidad única.

Que el anuncio de la Cuaresma

sea, en verdad,

un anuncio de la Pascua que nos llega.

 

III. Un anuncio espiritual y social

 

El anuncio de la Cuaresma

es, a la vez, espiritual y social.

Es espiritual

porque quiere tocar otra vez

lo que anida dentro,

la vida que late en el fondo,

la savia que corre aún

por las venas del árbol seco.

No estamos muertos,

no somos insensibles,

no hemos perdido los valores,

no esta frío nuestro corazón.

La vida sigue latiendo,

la ilusión sigue verdeando.

la ternura continúa reconfortándonos.

Por eso se nos puede anunciar

un tiempo de aliento,

de espiritualidad viva,

de camino recomenzado.

Y, a la vez,

el anuncio de la Cuaresma

es social,

toca la vida,

apunta a los caminos cotidianos,

quiere mezclarse con nuestros asuntos,

camina por las calles de nuestros barrios,

ahí donde Dios quiere ser amado y servido,

amado en el fondo del corazón,

servido en la vida de los débiles.

 

IV. El anuncio de una ciudadanía fiel

 

El anuncio de este año,

la conversión que la Cuaresma nos demanda

es la conversión

a una ciudadanía fiel.

El momento que vivimos

nos puede parecer un lodazal,

un tinglado de corrupción y desvarío,

de inhumanidad y desamparo

que nos lleve a abandonar

el camino de la ciudadanía.

¿Cómo contribuir a la causa común

cuando abundan los ladrones?

¿Cómo valorar lo público

cuando lo privado es potenciado?

¿Cómo colaborar en las obras de todos

cuando los egoísmos son ensalzados?

Es entonces cuando suena vibrante

el pregón de la Cuaresma,

de la Pascua humanizadora:

“Sé un ciudadano fiel,

cumple tus obligaciones,

colabora en la construcción

de la ciudad de todos,

la ciudad de los seres humanos.

No cedas a la tentación del desaliento,

del abandono de la amistad cívica,

del anhelo de una ciudadanía

en fraternidad y justicia”.

Este es el mensaje,

la profecía,

el pregón.

Si escuchas esa voz,

no endurezcas el corazón.

 

V. No estamos solos

 

No digas:

estamos solos,

dejados de la mano de Dios,

abandonados a nuestra suerte.

No es así

porque el amor del Padre

sigue siendo generoso con nosotros.

Tenemos la gran ayuda

de la persona viva de Jesús,

de sus palabras hermosas.

En ellas encontramos

aquella pregunta incisiva

de Jesús a Pedro:

“¿Los reyes de la tierra

A quién cobran impuestos,

A propios o a extraños?

…Para no escandalizar,

Paga por ti y por mí”.

Pagaremos como personas libres,

como personas que construyen

la fraternidad social,

sabiendo que por encima de usurpadores,

de corruptos y de extorsionadores

está el bien social,

la evidencia de que el bienestar de todos

depende de la solidaridad común.

No estamos solos,

Jesús el libre,

el compasivo,

el solidario activo

el ciudadano amable

está en nuestro mismo caminar.

 

VI. Y está la Palabra

 

Y está la Palabra,

nuestra buena

y cotidiana acompañante.

Nos acompañará este año

la buena noticia de san Lucas,

noticia buena para paganos,

noticia que quiere ser leída y escuchada

no solamente en las iglesia

o en las facultades de teología,

sino allí donde la gente vive:

en la calle,

en el trabajo,

en el ocio,

en la relación.

No secuestréis mi Evangelio,

dice Lucas a las personas religiosas,

ofrecedlo a toda persona

que anhele el bien,

la justicia,

la compasión,

la bondad,

el gozo.

Esos son los valores

de mi evangelio;

con ellos podréis construir mejor

el cimiento

de la nueva ciudad

que anheláis.

 

VII. Y la fraternidad parroquial, arciprestal, social

 

Y será también un apoyo

la fraternidad parroquial,

la ayuda de la comunidad de creyentes,

la fraternidad arciprestal,

la fraternidad ciudadana,

la certeza de que somos muchos

quienes deseamos

esa ciudadanía nueva.

Es cierto que la voz de los muchos

se escucha menos

que las voces,

pocas y estridentes,

de quienes ostentan el poder.

Por eso la Cuaresma y la Pascua

devuelven la voz

a quienes se la han quitado

y la quieren retirar

a quien tiene demasiada voz.

Somos muchos

quienes no hemos perdido el anhelo

de llegar a la ciudad nueva,

la de la justicia cumplida,

sin llanto,

sin luto,

sin dolor,

sin extorsión,

sin violencia,

sin desamor.

La fraternidad es la casa

de la que partimos

y que deseamos construir

para que termine albergando

a toda persona,

a toda realidad.

 

VIII. Cuaresma y Pascua hermanadas

 

Cuaresma y Pascua hermanadas:

una Cuaresma lúcida

anuncia una Pascua de gozo;

una Cuaresma espiritual

anuncia a un Jesús más vivo;

una Cuaresma de honradez

anuncia una Pascua de fraternidad;

una Cuaresma de solidaridad

anuncia una Pascua de verdad;

una Cuaresma de compasión y ternura

anuncia una Pascua de vida.

 

IX. Un nuevo amanecer

 

Dice Pablo con tino

que Jesús anunciaría

UN NUEVO AMANECER.

No una filosofía,

ni una religión,

ni una moral,

ni un sistema económico.

Un nuevo amanecer,

una posibilidad,

un futuro en las manos,

un señorío desde la humildad,

un presente lleno de amor,

un futuro compartido en justicia,

un gozo para las lágrimas

de quienes nadie consuela.

Un nuevo amanecer.

Eso es la Pascua,

eso es lo que la Cuaresma nos anuncia.

Como decía el Señor:

“Quien tenga oídos,

que oiga”.

quien tenga sensibilidad,

acogida,

fe.

Fidel Aizpurúa Donazar (Logroño)

 

               

 

 

VIVIR LA SENCILLEZ

 

 

VIVIR EL DECÁLOGO

DE LA SENCILLEZ

 

 

         La campaña de Cáritas de Navidad de este año ha tenido un lema interesante: “Vive con sencillez y trabaja por un mundo más justo”. Se cree, y con razón, que la sencillez tiene que ver con la justicia. Y así es. Algo nos dice, cada vez con más claridad, que los modos de comportamiento personal, en materia de solidaridad y de economía, están en relación con las pobrezas de otros. Por eso, cultivar la sencillez es trabajar por un mundo más justo. Así de simple.

            Desarrollaremos cada tema desde tres perspectivas: bíblica, ética y práctica. Nos parece que puede ser una ayuda para una vida cristiana más consciente, actualizada y llena de sentido.

 

1

Vivir la sencillez es no necesitar muchas cosas para ser feliz, no cayendo en el consumismo ni en las modas que nos obligan a comprar lo nuevo, lo último

 

1. Perspectiva bíblica

 

Le dijo uno de la multitud: —Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. Y él le dijo: —Hombre, ¿quién me ha puesto como juez o repartidor sobre vosotros? Y les dijo: —Mirad, guardaos de toda codicia, porque la vida de uno no consiste en la abundancia de los bienes que posee. Entonces les refirió una parábola, diciendo: —Las tierras de un hombre rico habían producido mucho. Y él razonaba dentro de sí, diciendo: “¿Qué haré? Porque ya no tengo dónde juntar mis productos.” Entonces dijo: “¡Esto haré! Derribaré mis graneros y edificaré otros más grandes. Allí juntaré todo mi grano y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años. Descansa, come, bebe, alégrate.” Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta noche vienen a pedir tu alma; y lo que has provisto, ¿para quién será?” Así es el que hace tesoro para sí y no es rico para con Dios (Lucas 12,13-21).

 

  • Repartir herencias siempre ha sido un lío. El derecho romano decía que había que repartir si lo solicitaban ambas partes; el derecho judío bastaba con que lo solicitase uno solo. Ahí subyace la codicia: que se me dé lo mío, aunque el otro no quiera (y en el fondo: que se me dé lo mío y lo del otro). La codicia está detrás del ansia de tener.
  • El Evangelio viene a decir que el almacenamiento es insensato porque la vida depende de un hilo. Pero, además de insensato, es injusto, porque si tú almacenas es casi siempre a costa de otros, de coger a otros sus bienes y llevarlos a tu lado.
  • La fórmula correcta habría sido des-almacenar,  poner los bienes al servicio de todos. Eso habría sido obrar sensatamente.

 

2. Perspectiva ética

 

  • El almacenamiento de bienes que es una vida contraria a la sencillez tiene consecuencias en otras partes del planeta, en otras personas. Se almacena a costa siempre de alguien. Mi manera de consumir, de gastar, de ahorrar no es inofensiva. Tiene consecuencias para otros.
  • Más aún, el almacenamiento, lo contrario a la sencillez, entra en el terreno de la injusticia: almacenar, tener muchas cosas innecesarias, aunque me las pague con mi dinero, es un terreno próximo a la injusticia o claramente injusto. No es que debamos ser sencillos porque debamos ser austeros, sino porque si no lo somos caemos en injusticia. Este es el gran argumento.
  • No podremos enseñar a la gente joven la sencillez si no la hacemos sensible a la realidad de la justicia, a la evidencia de que yo no puedo hacer con lo mío lo que quiera a espaldas de las situaciones de los pobres.

 

3. Perspectiva práctica

 

  • Hay que controlar las “muchas cosas” que vamos acumulando y que nos son innecesarias. Hay que controlar ese mecanismo, falso, que nos dice que tener mucho nos va a traer mucha felicidad.
  • Tenemos que consumir, porque es necesario para vivir. Pero hagámoslo con sensatez, con sentido de la justicia y mezclándolo a una actitud solidaria. Un consumo desenfrenado es absurdo y, además, no termina de dejarnos contentos en el fondo.
  • Hemos de ser fuertes ante las modas que son, muchas veces, insensatas porque están manipuladas por quienes quieren enriquecerse a nuestra costa. No creamos que somos “más” por seguir una moda. Somos más si el corazón es más humano, más solidario.
  • Todos somos conscientes de lo absurdo que suele ser muchas veces “lo último” que nos quieren vender. Deja de serlo dos meses después y ya hay otra cosa que es lo último. Que el criterio de adquisición sea nuestra verdadera necesidad y que tengamos en cuenta la situación de quienes no acceden no solamente a lo último, sino a lo más necesario.

 

2

Vivir la sencillez es tener más alegría al dar, o al compartir, que al recibir, porque has descubierto el poder misterioso que tiene la palabra gratuidad

 

1. Perspectiva bíblica

 

Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que tiene poder para construir el edificio y daros la herencia con todos los santificados. Yo de nadie codicié plata, oro o vestidos. Vosotros sabéis que estas manos proveyeron a mis necesidades y a las de mis compañeros.  En todo os he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Mayor felicidad hay en dar que en recibir” (Hechos 20,32-35).

 

  • Estas palabras pertenecen a la despedida de san Pablo de la Iglesia de Mileto en su viaje a Jerusalén para entregar la colecta. Describen un poco la vida de Pablo en sencillez, trabajo y austeridad. Él tenía un oficio (trabaja haciendo toldos y tiendas de campaña) y de ese oficio vive (Pablo era fariseo y los fariseos tenían que saber un oficio para que no estuvieran tentados de vivir de la enseñanza de la Ley).
  • Ha sido también un trabajo que le ha permitido compartir el fruto con sus propios compañeros. No ha trabajado Pablo para enriquecerse él, sino para él y sus compañeros pudiesen vivir con dignidad.
  • Y con ese trabajo ha socorrido a los débiles con espíritu de solidaridad. Esa generosidad le ha procurado mucha alegría haciendo bueno el dicho de Jesús de que hay más alegría en dar que en recibir. Es la única vez que san Pablo cita textualmente el Evangelio (una frase atribuida por cierto a Jesús que los evangelistas no consignan). Y la única vez que cita es sobre la generosidad en el compartir. Así ha entendido Pablo el Evangelio.

 

2. Perspectiva ética

 

  • La alegría de dar brota no por la soberbia de que yo soy muy generoso, sino porque se percibe que con la ayuda ofrecida el otro va siendo persona más entera, más desarrollada. Así la dignidad de la persona brilla con fuerza. Hay que estar muy imbuido de la ética de la dignidad para que cale una nueva noción de compartir.
  • La razón del compartir no puede ser la pena que nos causa el pobre, aunque no esta mal, ni siquiera la mera caridad religiosa. Hay que compartir por razones de humanidad, porque quien necesita mi ayuda es una persona humana y si no ayudo su humanidad (que nunca desaparece) queda velada, oscurecida. Es preciso hacer “brillar” la humanidad del débil. El compartir es el camino bueno.
  • El compartir más “puro” es el que se hace desde la gratuidad, desde la actitud de quien no espera que se le devuelva el favor. Por eso la gratuidad es un principio de actuación ética. La gratuidad ennoblece a quien ofrece la ayuda y no humilla a quien la recibe.

 

3. Perspectiva práctica

 

  • Hay que contagiarse la alegría del dar, ya que la sociedad y nosotros mismos nos contagiamos con frecuencia la “tristeza” del dar que se traduce en tacañería. No se puede dudar de que siendo generosos con gratuidad  algo nos dice por dentro que eso nos enriquece, una alegría brota ahí dentro.
  • El compartir es un aprendizaje que hay que hacer desde niños hasta ancianos, es un proceso. No depende de una generosidad natural (que no está mal), sino del interés por hacer que mi vida esté ofrecida en una parte a otros que la necesitan.
  • Habría que hacer continuas prácticas de gratuidad, sin pedir nada a cambio, sin andar aireando lo bueno que hacemos, sin reclamar aplausos o gratitudes por lo que damos. Si nos agradecen, recibamos el agradecimiento; pero si no lo hacen, continuemos siendo generosos.

 

3

Vivir la sencillez es vaciar el corazón de todas las cosas innecesarias que lo ocupan, y llenarlo del tesoro de la amistad, de la cercanía y del encuentro humano con los demás

 

1. Perspectiva bíblica

 

No acumuléis para vosotros tesoros en la tierra, que la polilla y el orín corroen y los ladrones desentierran y roban. Acumulad tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen, y donde los ladrones no excavan ni roban; pues donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón (Mt 6,19-23).

 

  • Los tesoros en la tierra son frágiles: están expuestos a ladrones de toda calaña, a que se los coma la polilla, a que desaparezcan. Jesús cree que a las riquezas, que consideramos, tan “fuertes” (esto seguro si tengo mucho) les afecta una gran fragilidad.
  • Los “tesoros en el cielo” son los tesoros que uno acumula desde el evangelio: la ayuda que se da a los débiles da el tesoro de ver que ellos crecen y salen a flote, el consuelo que el tiempo que se ofrece al necesitado proporciona el tesoro de percibir que su corazón se apacigua; el amor que se siembra en la vida de los marginados da el tesoro de ver que son reinsertados socialmente. 
  • El corazón se adhiere al tesoro indefectiblemente. Por eso el Evangelio anima a poner el corazón en el gran valor de la persona (sobre todo la persona débil). Y ahí está seguro el corazón.

 

2. Perspectiva ética

 

  • La persona se autoafirma ocupando todo el espacio de su corazón, amándose a sí misma más que a nadie. El Evangelio sostiene que si haces sitio en tu corazón tu personalidad no sale empobrecida, que un corazón ocupado puede ser un corazón feliz.
  • Lo que más sacia la vida de las personas es la relación humana. Lo bueno de nuestra vida son las relaciones buenas; lo que más nos hace sufrir son las heridas relacionales. Cultivar la relación es ir por buen camino.
  • La construcción de relaciones sociales que fomenten los encuentros sencillos, sin grandes gastos, cosas cotidianas, espacios sociales de amistad etc. Contribuyen a una vida sencilla y gratificante.

 

3. Perspectiva práctica

 

  • Hay que hacer una higiene del corazón porque lo llenamos de cosas inútiles, de preocupaciones tontas, de inquietudes insensatas que lastran mucho el corazón y nos amargan la vida. Hay que limpiar el corazón.
  • Hay mucho innecesario en nuestra vida. Quien va viviendo con lo que necesita sin más, aprende una gran sabiduría. No se trata de ser tacaño, sino de no perderse en bobadas que, al final, pasan una gran factura (no solo económica) a nuestro corazón.
  • Estamos tan equivocados, dice Sábato, que creemos que la felicidad es ir de compras. La felicidad está en cosas sencillas y cotidianas: un paseo por el campo, un café tomado con una persona amable, una conversación amistosa, un rato de oración, una lectura interesante, un diálogo con personas que nos enriquecen. Ese es el gran tesoro del encuentro humano que no solamente no está reñido con la sencillez, sino que sabe conjugar muy bien sencillez y disfrute.

 

4

Vivir la sencillez es creer que tu valía y dignidad está en lo que eres como persona y no en lo que tienes o en la posición social que ocupas

 

1. Perspectiva bíblica

 

A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.  Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido (Lucas 18,9-14).

 

  • Esta parábola puede ser entendida como dos maneras de orar o dos maneras de ser religioso. Pero también puede leerse desde el lado de la dignidad. El fariseo se cree más, no valora bien la hermosura de su dignidad común. Cree que su comportamiento le otorga “más” dignidad. Con ello no hace sino rebajarse y perder la perspectiva de la dignidad. No baja a casa “justificado”. El publicano pecador, quizá rebaja su visión de su dignidad a causa de la conciencia de su pecado, pero está más cerca de poder decirle que es digno más allá de sus actos.
  • Ahí está el quid: para el Evangelio, la persona es digna por ser creada, no por sus comportamientos morales (sean buenos o no lo sean, eso es otra cosa). Mucho menos valorará la dignidad por las posesiones que uno tiene. Eso sería absurdo.
  • Cuando el Evangelio dice que en el enaltecido será humillado y al revés, lo que quiere decir es que toda realidad creada es igual en dignidad por el simple hecho de que todos hemos salido de la misma mano de amor del Padre. Por eso, creerse más, despreciar al otro, además de ser un error de análisis es un ataque a la dignidad inviolable, universal, común de toda persona.

 

2. Perspectiva ética

 

  • El tema de la dignidad es esencial para la ética humana (e incluso para el hecho religioso). La dignidad es un componente de la simple historia. Toda realidad histórica, no solamente las personas, tiene su dignidad. La dignidad es aquello que hace que la realidad tenga una primacía sobre todo. Eso hace a la persona respetable y considerable en cualquier circunstancia de su vida.
  • De ahí que la dignidad sea algo distinto de los actos morales o de las situaciones históricas de la persona. Toda persona es digna, incluso si es mala. Otra cosa será la valoración de sus actos morales como buenos o malos, punibles o no punibles. Pero la dignidad no se pierde por los actos malos. Eso sí, se nubla y oscurece.
  • La solidaridad ha de trabajar no tanto por “devolver” la dignidad (nunca se pierde) sino porque se reconozca esa dignidad cuando no es reconocida, trabajar para que brille la dignidad cuando la pobreza, la enfermedad o la estigmatización social oscurezcan el brillo de la misma.

 

3. Perspectiva práctica

 

  • Tenemos que aprender a estimarnos correctamente. Ni más de lo que somos ni menos de lo que somos. Y de ahí será más fácil reconocer lo mismo en los demás. La dignidad tiene que llevarnos a ver, hablar, tratar, a los demás (incluso a los débiles) exactamente con el mismo respeto: si sumisión ante los poderosos, sin orgullo ante los pobres.
  • Poner tu dignidad en lo que tienes puede llevar a equívocos. Primero, porque eso que tienes igual no lo tienes mañana. Segundo, porque eso que tienes quizá no sea algo del todo legal. Tercero porque eso que tienes no añade ni un ápice de valor a tu corazón. Hay que poner la dignidad en lo que eres, en lo que amas, en lo que te das, en lo bien que te relacionas, en la paciencia que tienes.
  • El cristiano no tendría que ambicionar grandes posiciones sociales. Y si las tiene, no confundirlas con la dignidad. Son otra cosa. Para quienes no tenemos grandes posiciones sociales hemos de tratar a quienes las tienen (gobernantes, jerarcas, etc.) con respeto y hasta con agradecimiento, pero nunca con sumisión porque todos somos igualmente dignos.

 

5

Vivir la sencillez es solidarizarte con tantos hermanos y hermanas de tu familia humana que viven injustamente la pobreza y necesidad, y te movilizas e implicas porque no quieres vivir mejor que ellos

 

  1. Perspectiva bíblica

"Se sentó enfrente de la Sala del Tesoro y observaba cómo la gente iba echando monedas en el tesoro; muchos ricos echaban en cantidad. Llegó una viuda pobre y echó dos ochavos, que hacen un cuarto. Convocando a sus discípulos, les dijo: "Os aseguro que esa viuda pobre ha echado en el tesoro más que nadie Porque todos han echado de lo que les sobra; ella, en cambio, sacándolo de su falta, ha echado todo lo que tenía, todos sus medios de vida" (Mc 12,41-44).

 

  • La viuda pobre es uno de los “modelo de ciudadano del reino”. El puesto se lo ha ganado por su generosidad que sale de su necesidad. Ella confía en el templo, una institución poco confiable, que hacía también sus obras de caridad. Ella no cuestiona a dónde va su pequeño dinero. Confía en que le darán buen uso.
  • La viuda funciona con la generosidad, no con la cantidad. Por eso no se avergüenza de dar dos monedillas. Es lo que tiene. Para Jesús eso es más importante que las cantidades grandes de los ricos. La solidaridad tiene su base en el don de corazón, no en la cantidad de dinero que se da.
  • El gran valor y por lo que esta mujer es modelo de ciudadano del reino es porque “ha echado de su falta”. No ha echado lo que le sobraba, sino de lo que le hacía falta a ella. Se ha despojado de su poco dinero necesario porque ve que hay otros con más necesidad que ella. Es modelo porque confía que el Padre Dios amparará su falta y le dará lo necesario para sobrevivir.

 

2. Perspectiva ética

 

  • La solidaridad con la injusticia es una prueba mayor de humanidad. El desentendimiento de la injusticia desvela la inhumanidad de la persona. La preocupación por la causa de la justicia da calidad a toda persona.
  • Esta preocupación se hará imposible si no se ve uno responsable, en parte, del sufrimiento del otro. “La respuesta ante el dolor humano nos hace sujetos morales”, dice R. Mate. Tu respuesta al dolor ajeno dice qué clase de persona eres: si te interesa ese sufrimiento, eres buena persona; si no te interesa, no eres buena persona. Así de contundente.
  • La movilización por la injusticia es el rostro y la verificación de que se va entendiendo el tema de la justicia. Mientras te quedes de brazos cruzados, sentado en tu butaca con tus zapatillas calientes sin mover un dedo, es que todavía hay que recorrer mucho trecho.

 

3. Perspectiva práctica

 

  • Hay que mirar el rostro de las personas que sufren injusticia aquí cerca y también lejos. Actuación local y actuación global. Ser un enamorado de la causa de la justicia puede hacer mucho bien a tu vida.
  • Básicamente la pobreza es injusta, aunque haya un parte de culpa en muchas personas. No eches la culpa de la pobreza solamente a que no trabajan, a que no quieren sudar, a que quieren que se les dé todo. Hay una injusticia de base que es preciso calibrar.
  • Hay muchas maneras de movilizarse en cuestiones de justicia. Tendrías que elegir la que mejor vaya a tus horarios, a tus sentimientos, a tus maneras de ver la vida. Pero habría que elegir. Como cristianos, todos tendríamos que tener un compromiso social concreto, un voluntariado, como exigencia de la fe.

 

6

Vivir la sencillez es poner tu confianza y seguridad no en el dinero o posesiones, sino en tus bienes espirituales, en tus convicciones, en tu Fe, en tus capacidades, en tu fuerza interior y en la de aquellos que te aman y aprecian

 

1. Perspectiva bíblica

 

Una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré». Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?» Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"» Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad» (Mc 5,21-43).

 

  • Para el Evangelio de Marcos el verbo “tocar” tiene mucha importancia: Jesús toca enfermos, sordos, muertos, leprosos, etc. y también le tocan a él, como esta mujer. Sin tocar, sin implicación, sin “pringarse” no puede haber solidaridad.
  • Dice el texto que de Jesús sale “una fuerza” que cura a la mujer. Su fuerza era la fuente de su fe, la certeza de que el padre quería lo mejor para los humanos y que siempre los acompañaba, la seguridad de que toda persona, aunque sea una enferma, es valiosa. Esa es la fuerza que sale de él. Eso es lo más valioso de la realidad de Jesús.
  • Aquella mujer que era “impura” por sus flujos inagotables, llega a ser “hija”, como cualquiera de los hijos de Abrahán. La impureza no es obstáculo para que sea hija. La fuerza de Jesús reinserta socialmente, no solamente cura.

 

2. Perspectiva ética

 

  • Una sociedad espiritual es mejor que una sociedad que no cultiva la espiritualidad. La fuerza para tomar decisiones sociales solidarias radica, a veces, en esa espiritualidad. Cuando la espiritualidad social se oscurece, la posibilidad de tomar decisiones a favor de los débiles disminuye.
  • La persona es más que lo que aparece, tiene, como los árboles, unas raíces. En esas raíces anidan las convicciones, lo valores solidarios, las emociones, la fe. No menospreciemos las raíces porque no se vean. Son decisivas para la vida de las personas y de la sociedad..
  • Los dinamismos, las fuerzas interiores, han sido poco trabajados en la espiritualidad heredada: las pasiones, las preguntas, las búsquedas, los anhelos, los sueños, las utopías. Todo eso son los dinamismos interiores. Aunque no lo creamos, nos movemos más por ellos que por las ideas.

 

3. Perspectiva práctica

 

  • Hay bienes espirituales. No solamente el dinero es un “bien”. Cultiva tus bienes espirituales: el silencio, la oración, la lectura, la amistad, la belleza, la lectura, el descanso. Son muy necesarios para saber vivir con sencillez que disfruta.
  • Hay que cuidar las convicciones y creencias, sabiendo que las convicciones y creencias de los demás, aunque sean distintas también son valiosas. Hay que creer que en tu ciudad, en tu pueblo, sumar convicciones y creencias no es debilitar unas y otras sino que ambas salen reforzadas. Por eso, hay que hacer un sitio en la mesa de la ciudadanía a quien tiene convicciones distintas. Todos saldremos ganando.
  • Cultiva la fe, aliméntala, actualízala para que de verdad sea fuente de gozo interior. Una fe rutinaria difícilmente lo será.
  • Tenemos que apoyarnos también en la fuerza que hay en los demás. Hasta los débiles tienen alguna cosa “fuerte” en la que uno puede apoyarse. Hemos de tener la sencillez de confiar en los débiles.

 

 

7

Vivir la sencillez es trabajar para vivir y no vivir para trabajar

 

1. Perspectiva bíblica

 

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? (Mateo 6,26).

 

  • El Evangelio previene contra el excesivo afán por trabajar. No quiere decir que el Evangelio no diga que no haya que trabajar. No quiere decir que el trabajo no sea importante; lo es, siempre y ahora más. Previene contra el exceso porque desde siempre el trabajo ha sido, para algunos, una “tentación”, generalmente por el lucro que se esconde detrás. Trabajando “en exceso” se dejan en la cuneta valores necesarios para la vida humana.
  • La comparación con las aves es buena: el Padre las alimente, pero ellas “trabajan”. No hay que mirar más que su trajín siempre volando en busca de su sustento. Pero no necesitan ni sembrar, ni segar, ni almacenar. El mundo es su campo y su almacén. Dios se lo da.
  • Si la persona es de más valor que los pájaros, eso quiere decir que el Padre la cuida más si cabe. Por eso habría que mezclar a la actividad humana una dosis de confianza en Dios que nos haga no estar siempre estresados, ni por el trabajo ni por nada.

 

2. Perspectiva ética

 

  • Es preciso construir una ética del trabajo que incluya el derecho de todos a tenerlo, a tenerlo en los modos más humanos posibles y a que esté lo mejor repartido posible.
  • El trabajo no ha de ser conceptuado como una mercancía que vende el trabajador al empresario. Es una actividad humanizadora y por lo tanto ha de ser tratada socialmente como un valor, no como una mercancía.
  • En tiempos de trabajo escaso, como estos, se impone una redistribución del trabajo lo más equitativa posible. Las prácticas acaparadoras de trabajo, las deslocalizaciones porque no se alcanzan objetivos de producción y otras prácticas similares quedan cuestionadas.

 

3. Perspectiva práctica

 

  • Trabajar para vivir tiene que llevarnos a que el trabajo no deje de lado valores como la relación familia u otros. Lo más importante es la relación, aunque el trabajo sea necesario. No hay que perder esta óptica.
  • Trabajo justo y vida en relación son compatibles. Quizá para ello sea preciso vivir un poco más sencillamente, ya que muchas de nuestras necesidades que demandan una financiación que viene del trabajo, son, con frecuencia, superfluas.
  • Si el trabajo es para la vida hemos de ser cuidadosos en nuestras prácticas “empresariales”: cuando necesitamos contratar a alguna persona que nos ayude, hemos de ser laboralmente justos con ella. Incluso, como cristianos, habríamos de ser generosos además de justos.

 

 

8

Vivir la sencillez es disfrutar de los innumerables regalos que la vida, la Naturaleza, te ofrece constantemente y que pasan desapercibidos para la mayoría de la gente

 

1. Perspectiva bíblica

 

Decía también a la gente: «Cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: "Va a llover", y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: "Viene bochorno", y así sucede. Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? (Lucas 12,54-56).

 

  • Este texto se inscribe en esas sociedades agrarias en las que la gente sabe aún leer el libro de la Naturaleza (nosotros hemos perdido esto en gran parte). Para ellos, la Naturaleza es el libro primero donde se lee la vida y al mismo Dios. La Palabra será el libro segundo.
  • Esta lectura de la Naturaleza supone un estar de cara a ella, un mirarla constantemente, un amarla como casa en la que vivo. La relación con la Naturaleza humaniza y abre a perspectivas espirituales.
  • Pero el mismo texto sugiere que la relación con la Naturaleza ha de llevar a interpretar, a mejorar la vida, a saber leer lo que pasa y lo que nos pasa, a explorar este tiempo en el que vivimos. La contemplación de la Naturaleza del creyente no es un lirismo estético y poco más. Se trata de desvelar en ella el paso de Dios que acompaña nuestro caminar.

 

2. Perspectiva ética

 

  • Es preciso pasar de una fase admirativa de la Naturaleza a una fase participativa: la persona hace parte del hecho creacional y se ve implicado en ello. No mira a la tierra como distinto de sí. La persona misma es tierra.
  • Esto le ha de llevar a una relación equilibrada con ella: es cierto que está a nuestro servicio, pero eso no le da a la persona patente de corso para hacer lo que quiera con ella, para explotarla irracionalmente. La Naturaleza tiene que ser cuidada y hemos de ser agradecidos con ella.
  • Por eso mismo, hay que desterrar el principio ético de que “el hombre es rey de la creación”. Es, todo lo más, administrador de la misma. No desdice nada de la persona el sentir parte del coro de lo creado. La “superioridad” de lo humano en la creación es para poner en pie el cuidado esencial de la misma.

 

3. Perspectiva práctica

 

  • Aunque esto se nos haya enseñado poco, siempre es tiempo para ir adquiriendo una conciencia respetuosa con todo lo creado que ha de manifestarse en detalles cercanos (cuida tus parques, por ejemplo) y en preocupaciones lejanas (nucleares, presas que van solo a la ganancia, tala de bosques, etc.).
  • Un pueblo demuestra su nivel ético en el cuidado y respeto por las criaturas irracionales (animales, plantas, etc.). No desdeñemos estos caminos.
  • La Naturaleza nos ayuda mucho en nuestra manera de vivir con gozo y sencillamente. Por eso, habrá que encontrar la confluencia con ella, ya que los humanos nos hemos alejado demasiado de la misma.

 

 

9

Vivir la sencillez es respetar y cuidar la Naturaleza en tu forma de vivir, reciclando, reutilizando, reduciendo el consumo innecesario

 

1. Perspectiva bíblica

 

2Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
3De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.

4Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
5¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?

6Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
7le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:

8rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
9las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.

10Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

(Salmo 8)

  • En este salmo se dice que la persona no es dueña de la naturaleza sino su administradora. Dios le ha dado “mando” sobre todas las cosas, pero no posesión de las mismas. No es rey de lo creado, sino su administrador.
  • Cuando dice que lo ha “sometido todo” bajo sus pies no es para la explotación irracional, sino para el uso racional y agradecido.
  • Dios ha creado la persona como “casi inferior a los ángeles”, es decir, muy próximo a como es Dios. Pues debería comportarse como Dios se comporta con la creación: amándola, siendo generoso con ella, respetándola, agradeciéndole su oferta continua, conociéndola cada vez más.

2. Perspectiva ética

  • Reciclar demanda el sentido ético de que las cosas de un solo uso son, con frecuencia, un derroche que las situaciones de pobreza del mundo no pueden tolerar.
  • Reutilizar demanda el principio ético de que la reutilización contiene el ansia depredadora de lo humano y la hace más razonable, consiguiendo los mismos beneficios que si se hicieran productos nuevos.
  • Reducir el consumo demanda el principio ético de que, por justicia, no podemos llevar esta vida de derroche en la que se ha montado la economía de los países “civilizados” (que, encima, son los países de origen “cristiano”).

3. Perspectiva práctica

  • El reciclado ha de comenzar en la propia vivienda. Hemos de tener fe en que es útil, tanto para la propia mentalización como para el medio ambiente. Hemos de acoger la enseñanza que nos hacen los niños y jóvenes en esto.
  • La reutilización ha de ser una norma en la vida de quien entiende la naturaleza. Hay que volver a prácticas que hemos olvidado. Hay que tener cuidado con los embalajes de una sola vez, con los envoltorios, con las botellas, con todo el mundo de los desechable, de lo de usar y tirar (principio fatal que se nos ha metido dentro porque es más cómodo).
  • La reducción de consumo no es una tacañería, sino un acto de justicia. Un grado menos en la calefacción de casa (cosa que no incomoda mucho, si no, te pones un jersey) reduce la factura que pagas, la emisión de gases y, lo que es más importante, la factura humana que adquirimos con los países a los que “compramos” el gas a precios que, con frecuencia, están lejos de lo justo.

 

10

Vivir la sencillez es utilizar tu dinero para que tú y tu familia podáis vivir con dignidad, y para que los demás también puedan vivir con dignidad si lo inviertes en banca ética y se te habitúas a exigir productos que vengan del comercio justo y del comercio local

 

1. Perspectiva bíblica

 

Ahora os digo yo: Haceos amigos con el injusto dinero, para que, cuando se acabe, os reciban en las moradas definitivas” (Lucas 16,9).

 

  • Esta conclusión de la parábola del administrador injusto previene contra el dinero injusto. Para Jesús, un hombre con mentalidad rural de aquella época, el dinero siempre tiene un componente de injusticia. Y el mucho dinero tiene un componente de mucha injusticia. Por eso, hay que tenerlo siempre entre ceja y ceja.
  • Según el Evangelio no hay más que una manera de hacer amigos con el dinero “injusto”: ser generoso con él porque lo que das al otro, generalmente se transforma en generosidad y agradecimiento.
  • Más aún, si con ese procedimiento se te recibe “en las moradas eternas” eso quiere decir que el camino de la generosidad es el camino que Dios avala.

 

2. Perspectiva ética

 

  • No tenemos una cultura ética del dinero, quizá porque hemos tenido poco. Pero el dinero es preciso darle una orientación ética. No puede ser otra que el servicio al bien de toda persona y no solamente el disfrute de unos pocos.
  • Hemos de ver que las actuaciones económicas tienen una gran trascendencia en el terreno de la justicia. Por eso, el dinero ha de ser orientado desde esa perspectiva de justicia. De lo contrario, engendrará un sinfín de desajustes sociales.
  • No es un principio ético sobre el dinero decir que yo con mi dinero hago lo que quiero. Tanto desde el punto de vista humano como desde la vida cristiana, el dinero tiene una función de justicia y, por lo tanto, no se puede usar desligado de esa función.

 

3. Perspectiva práctica

 

  • Poner conciencia al dinero incluye que tu dinero es para ti y tu familia en primer lugar, pero los demás (sobre todo los pobres) tienen que decir algo de tu dinero: que tiene una función social que si se la arrebatas haces inhumano tu dinero.
  • Hoy hay posibilidades de funcionar en banca ética (Fiare, etc.). Si tú no pones conciencia a tu dinero, la pone el banco. Y la conciencia del banco ya sabemos cuál es: la mayor ganancia a costa de lo que sea. Hay que caer en la cuenta de la contradicción que existe entre el deseo de justicia y el dejar tu dinero en manos de quien es profundamente injusto, el banco.
  • Habría que comenzar a caminar por los productos de comercio justo. Entérate dónde están las tiendas de ese comercio en tu ciudad. Cuando tomas café del comercio justo tomas el café y la justicia con la que ha sido elaborado (y lo contrario si lo tomas de las grandes superficies).
  • Potenciar el comercio local, las pequeñas tiendas de barrio es una manera de escapar de la lógica del consumo que es el cimiento de  las grandes superficies. Una manera de ir adquiriendo conciencia de justicia en el consumo.

 

CONCLUSIÓN

            Muchas de estas sugerencias las viene haciendo Cáritas insistentemente. No haríamos bien en cerrar nuestros oídos. Por otra parte, esta espiritualidad de la sencillez demuestra que el Evangelio y la vida han de conectar porque si no, aunque el Evangelio es hermoso, deviene estéril. Además, como grupo reflexivo, podemos ayudarnos a ir construyendo esta nueva mentalidad solidaria que es la mentalidad cristiana.

 

 

 

 

Ejercicios 2012

¡CUÁNTO HE DESEADO CENAR CON VOSOTROS! (Lc 22,15)

Las confidencias de Jesús. Retiro en 2012

         El tema de retiro de este año tiene que ver con el del año pasado (“La cena que recrea y enamora”). Allá decíamos que, incomprensiblemente, Jesús (y el padre) se autoinvita a la cena de su propia criatura. Y decíamos, así mismo, que él se contenta con servirnos en esa cena. Pero podemos dar un paso más: Jesús, en un momento dado, invitado o no, se sienta a nuestra mesa no solamente para escucharnos, sino también para hablar. Él quiere hablarnos desde el corazón en la mesa de la cordialidad y de la confidencia. Acercarse a un Jesús de trasfondos, de sensibilidad, de dinamismos, no tanto de perspectivas dogmáticas. Hay que hacer un esfuerzo imaginativo, anhelante. Si no, imposible.

            Pero queremos “construir” estas confidencias sin apartarnos del Evangelio. No se trata de “inventar” nada, sino de ahondar en el Evangelio desde un lado distinto. Creemos que esto puede ser provechoso para contribuir a un reverdecimiento de nuestra experiencia evangélica. ¿No ha de servir una semana de retiro para este fin?

            Este tipo de trabajo adquiere una posibilidad si lo enmarcamos en un ambiente contemplativo. Entendamos contemplación como silencio y ahondamiento. Silencio para dejar espacio a la confidencia de Jesús. Ahondamiento para mirar en la dirección de la profundidad de Jesús. No habríamos de pensar que la profundidad de Jesús nos es inaccesible cuando la nuestra propia nos es, con frecuencia, desconocida, al menos en parte. El anhelo, que es el Espíritu, puede ayudarnos en este empeño espiritual.

            En otro contexto, en el de la cena de Pascua (Lc 22,15), desvela Jesús sus tremendas ganas de cenar con sus amigos: “¡Cuánto he deseado cenar con vosotros en esta Pascua!”.  Esos deseos hondos los tiene intactos en esta cena que “recrea y enamora”. Y sus ganas son grandes porque quiere poner sobre la mesa de la amistad su corazón en toda su desnudez y su hermosura, en toda su calidez. Acojámoslo así, con similar amor, para que nos cautive su temblor y su brillo.

            El hacer este trabajo en marcos fraternos puede ayudarnos mucho. El silencio, la sencilla celebración, la evidencia de que estamos en una tarea común puede ser un apoyo útil para llegar al estremecimiento ante las confidencias de Jesús. Démonos a la tarea con buen ánimo.

 

1. La mía fue una vida tentada

a)      Texto: Mt 16,13-23:

“Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos respondieron: Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro dijo. Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: Bienaventurado eres, Simón hijo de Juan, porque no te ha revelado eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que atares sobre la tierra quedara atado en los Cielos, y todo lo que desatares sobre la tierra, quedará desatado en los Cielos. Entonces ordenó a los discípulos que no dijeran a nadie que él era el Cristo. Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y padecer mucho de parte de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y ser muerto y resucitar al tercer día. Pedro, tomándolo aparte, se puso a reprenderle diciendo: Lejos de ti, Señor; de ningún modo te ocurrirá eso. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro.- ¡Apártate de mi, Satanás! Eres escándalo para mí, pues no sientes las cosas de Dios sino las de los hombres”.

              Para hablar de la vida tentada de Jesús podríamos haber recurrido el clásico texto de Mt 4,1-11. Pero hemos preferido tomar este otro: Jesús acepta el testimonio de Pedro sobre su ser “Hijo de Dios vivo”. Eso se lo ha revelado el Padre. Pero le va a a mostrar su interior desvelándole cómo Jesús entiende y vive el ser “Cristo”, Mesías: ir a Jerusalén…padecer…ser muerto…resucitar”. Eso es lo que Pedro, que, aunque adherido a Jesús, no entiende los mecanismos del reino, rechaza: “Lejos de ti, Señor”. La contundente reacción de Jesús (“Apártate de mí, Satanás”) habla de la convulsión que anida en el corazón de Jesús y que el buen deseo de Pedro ha tocado: está tentado de poder, de fuerza, y por ello el camino que le muestra el Padre, camino aceptado, es duro y siempre está tentado de abandono.

 

b)      Confidencia:

            Siempre me habían inculcado, desde niño, que el Mesías que esperábamos estaría investido de fuerza y de brillo, que llegaría el día hermoso de la liberación de Israel echando del país al opresor. Por eso, cuando el designio del Padre apuntaba por los derroteros de la entrega, yo no lo entendía. Creía que ese no era el camino del Mesías, ni siquiera el camino de nadie que ansiara la dicha. Hablar de entrega me producía dentro una convulsión. Por eso, cuando mi familia (Jn 7,3-5), los discípulos (Jn 14,22) o la gente (Jn 6,15) querían hacer de mí el Mesías glorioso, huía de ellos ya que, en el fondo, yo también anhelaba la gloria. Muchas noches me levantaba al alba para verificar si el camino de la entrega era el correcto (Mc 1,35). Muchas veces subí al monte para dialogar con la Palabra, con el silencio, con el Padre sobre “lo que iba a ocurrir en Jerusalén” (Mt 17,1-8).

            Por eso, cuando Pedro quería alejarme del camino de la entrega, yo lo consideraba como un “Satán” para mí (Mc 8,33). Es que una parte profunda de mí pensaba y sentía como Pedro. Yo mismo era el peor Satán para mí. En la derrota del huerto lo reconocí con claridad: mi camino y el del Padre iban por lados opuestos (Mc 14,36). Aún no sé muy bien cómo pude aceptar el designio del Padre. Aún no entiendo cómo pude encajar con equilibrio la tentación del honor y la gloria. Todavía no comprendo cómo pude superar los empujones de la gente que me encumbrara en el trono de la gloria.

            La mía fue, sí, una vida tentada y, por ello, frágil, débil, al borde del abismo. ¿Podréis dar adhesión, amar, a uno que ha sido tentado tan a fondo, a uno que, con mucha dificultad encajó su propia tentación? A quienes de mí habéis hecho un Dios ¿no os resultará esto insufrible, disgustante, rechazable? Y, sin embargo, por esa razón, porque fui hondamente tentado, tendríais que perdonarme y amarme. Así tal vez entenderías mejor vuestras propias tentaciones y las verías con más benignidad y comprensión.

 

c)      Para orar:

Crepita la floresta y desmorona

toda su verde historia sin techumbre.

La savia en las cenizas se amontona

y el fuego no consigue hacerse lumbre.

 

Llama llevada por su propio viento,

pájaro azul, recado de la tarde,

arde bajo la fiebre el pensamiento,

toda la vida en ciega espera arde.

 

La carretera ya no es más camino.

Y este hijo del hombre, agobiado

por las voces del pueblo y su destino,

 

llama y ceniza al viento desolado,

va a celebrar su Pascua, sin más vino

que el mosto de la sangre derramado.

P. Casaldáliga

 

2. Me costó mucho ir a los paganos

a)     Texto: Mc 7,24-31:

24 Y levantándose de allí, se fue á los términos de Tiro y de Sidón; y entrando en casa, quiso que nadie lo supiese; mas no pudo esconderse. 25 Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se echó á sus pies. 26 Y la mujer era griega, sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. 27 Más Jesús le dijo: Deja primero hartarse los hijos, porque no es bien tomar el pan de los hijos y echarlo á los perrillos. 28 Y respondió ella, y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. 29 Entonces le dice: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. 30 Y como fue á su casa, halló que el demonio había salido, y á la hija echada sobre la cama. 31 Y volviendo á salir de los términos de Tiro, vino por Sidón a la mar de Galilea, por mitad de los términos de Decápolis.

            Viajar “al extranjero” en aquella época era difícil. Que un judío lo hiciera por motivos ajenos al comercio, muy raro. Jesús va, impelido por la urgencia del reino. Se encuentra allí la posibilidad de que el reino agarra por causa de la necesidad humana. Ésta es vehículo para una correcta implantación de los valores del reino. Las razones religiosas no aparecen. Es una oferta desde la situación misma de los paganos.

 

b)     Confidencia:

            Vosotros lo sabéis tan bien como yo: a los judíos no se nos había perdido nada en tierra de paganos. Estaban, por nacimiento, destinados al infierno. Eso nos habían enseñado desde siempre y yo lo había aprendido como todos. La tierra de paganos era para nosotros una antesala de la gehenna. No íbamos allá más que para negociar. Por eso, se me hizo muy cuesta arriba cuando en mis noches de oración empecé a entrever que el designio del Padre que hace salir su sol sobre buenos y malos (Mt 5,45) también lo hacia salir sobre judíos y paganos.

            Me costó mucho ir a tierra de paganos a ofrecer el Reino. Los pies no me seguían; mi corazón se quedaba en la tierra de Israel cuando enfilaba a la región de Tiro y de Sidón. Los mismos discípulos no lo entendían: ¿qué pinta un Mesías en tierra de paganos? Les descolocaba cuando les decía: “Vamos al otro lado” (Mc 4,35). Y eso que los del “otro lado”, la Decápolis, eran medio paganos, gente de alguna manera vinculada a Israel, aunque de costumbres próximas a los gentiles. Eso les descolocaba. Imaginad cuando les dije: iremos a Tiro y a Sidón. Sus ojos se abrieron incrédulos y su corazón se llenó del agrio sabor del disgusto.

            Pero fuimos, porque, no sé muy bien cómo, yo intuía que eso hacía parte del Dios desconcertante que ama a quien no sabe distinguir “su mano izquierda de la derecha”, como dijo la vieja profecía (Jonás 4,11). Nada más entrar en el territorio de Fenicia, en un pueblo nos salió al paso aquella mujer gritona (Mc 7,24-31). Yo me hacía el loco, no la quería escuchar. Los mismos discípulos tuvieron que decirme que ya estaba bien de aguantar aquella tenaz queja, aquel lamento que, como un berbiquí, nos molía los sesos. Me salió automáticamente: “No está bien echar el pan de los hijos a los perros” (Mc 4,27). Lo desabrido de la frase tendría que haber sido suficiente para hacer desistir a aquella mujer inasequible al desaliento. Pero el amor por su hija puso una rápida respuesta en sus labios: “También los perrillos se comen la migas que tiran los chiquillos bajo la mesa” (Mc 4,28).

            Me desconcertó. No tuve más remedio que admitir, entre regocijado y confuso, que aquella era una fe “de las grandes” (Mt 15,28), difícil de encontrar en mis paisanos de Israel. Volvimos dando un rodeo por la Decápolis. Íbamos en silencio. Seguíamos sin aceptar que el Reino, nuestro sueño grande, fuera también para los paganos. Pero algún día aquella semilla sería la que fructificaría en una misión entre los paganos de consecuencias decisivas. ¿Podría esto ayudaros a desprivatizar el Evangelio, cosa que habéis hecho vinculándolo a una religión? ¿Sería el recuerdo de esta aventura suficientemente fuerte para soñar en una espiritualidad laica, propiedad de todos, más allá de los estrechos límites de una dogmática? ¿Seguís también vosotros con la vieja mentalidad de “tierra de Israel” u os habéis animado a comenzar el “viaje a los paganos”, el  viaje al corazón de toda persona?

 

c)      Para orar:

Te pongo aquí

rodeado de nombres: merodeo.

 

Te pongo aquí cercado

de palabras y nubes: me confundo.

 

Como un ladrón me acerco: tú me llamas,

en tus límites cierto, en

tu exactitud conforme.

                                       Vuelvo.

                                                     Toco

(el ojo es engañoso)

hasta saber la forma. La repito,

la entierro en mí,

la olvido, hablo

de lugares comunes, pongo

mi vida en las esquinas:

no guardo mi secreto.

                                      Yaces

y te comparto, hasta

que un día simple irrumpes

con atributos

de claridad, desde tu misma

manantial excelencia.

 

José Ángel Valente

 

3. Una certeza que nunca me abandonó

a)     Texto: Jn 16,32:

Mirad, se acerca la hora, y ya está aquí, de que os disperséis cada uno por vuestro lado y a mí me dejéis solo; aunque yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo.

            Pocas veces abre Jesús las ventanas de su alma; esta es una de ellas. Él tiene siempre la certeza de que el padre sostiene su vida. Esa certeza se agudiza cuando las cosas no van bien, como ahora en el momento del abandono de sus amigos. La vida de Jesús sustentada por el padre es lo que le dio solidez, fidelidad, tenacidad, amor probado, estabilidad, sensatez dentro de la profecía, valor.

 

b)     Confidencia:

            Nunca tuve las cosas del todo claras. La luz para saber discernir el designio del Padre venía a rachas. Unas veces la cosa estaba clara (Mt 17,2), otras se oscurecía al límite (Mc 14,34). Pero, en cualquier caso, siempre tuve anclada en el corazón una certeza: “el Padre siempre estaba conmigo” (Jn 16,32). Puede ser que nos os parezca cosa decisiva, pero para mí era, a veces, la única tierra firme que pisaban mis pies, la casa segura donde me rehacía y encontraba ánimo.

            Quizá fuera porque mi vida estuvo amasada al desamparo y a una cierta soledad: mi familia no me apoyó (Mc 3,21), mi gente no fue un aliento (Mc 3,31), mis mismos discípulos se quedaban, a veces, lejos de mi alma (Mc 9,32). Algo me decía que el Padre siempre estaba ahí, que el suyo era un regazo al que podía volver cuando mordía la soledad.

            Sé que algunos de vosotros se han quedado desconcertados y hasta escandalizados de que, en la cruz, manifestara con tanta violencia el abandono de Dios (Mc 15,34). Sí, me vi abandonado, perdido, en una espantosa oscuridad. Se quebró la vasija de mi vida. Pero ahora lo sé: nunca el Padre estuvo más cerca de mi vida como cuando me creí abandonado. Nunca jamás sus caricias fueron más intensas que entonces; jamás lloraron tanto los inconmensurables ojos de Dios como cuando mi sangre se derramaba en aquel patíbulo. Ahora lo he sabido. Y el saberlo, acrecienta mi certeza, aunque entonces fuera noche cerrada.

            Aun me sosiega su presencia, aún me apacigua. Quizá vosotros no buscáis esta clase de remedios en vuestro tremendo frenesí moderno. Pero en esta clase de certezas anida la calma porque anida el amor. Alguno de vuestros poetas lo ha dicho: si confiarais atravesarías la vida con la tranquilidad de los grandes ríos. Eso me ha pasado a mí.

 

c)      Para orar:

Como se sentiría David
Al ver al gran Goliat parado frente allí?
Me imagino que tembló con ansiedad
Pero Tu mano le dio tranquilidad
 
Tú estabas allí
En lo difícil de hacer
Tú estabas allí, siempre
Cuando la batalla a veces es difícil de vencer
Oh siempre, Tú estabas allí
Siempre estabas Tú allí
 
Allí parado en un altar
Abraham su único hijo a sacrificar
Mas Dios en Su sabiduría lo detuvo
Y el sacrificio él le dio
 
Tú estabas allí
En la confusa oscuridad
Tú estabas allí, siempre
Cuando obedecer a veces es
Difícil de hacer
Oh siempre, Tú estabas allí
Siempre estabas Tú allí
 
¿Sería que yo todavía no he entendido?
Que lo que tienes para mí
Es lo que yo necesito hoy
Tú eres Dios y aunque
No te entendimos
Tú estabas allí
 
Inocente en una cruz
Preferías morir en vez de dejarnos
Sin Tu luz
Cada paso, cada lágrima caer
Me hace entender
Lo que tenías que hacer
 
Tú estabas allí
En tiempos de necesidad
Tú estabas allí
Siempre
Como el Padre,
Siempre allí.
 

Ana Laura 


4. Necesité de amigos

a)     Texto: Mc 3,13-14:

Subió al monte, convocó a los que él quería y se acercaron a él. Este constituyó a los doce, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, con autoridad para expulsar demonios.

            Más que una elección es una convocatoria: de Jesús es la decisión, de él viene el sentido. Convoca a quien quiere, por razones de amor, no de eficacia. El amor compartido hace que se acerquen, que compartan con él vida y destino. La primera razón de esta convocatoria es “para que estén con él”. La más básica necesidad de hacer comunidad, de tener relación humana, antes que necesidades de la misión. Luego, en segundo lugar, para hacer una obra de liberación, de “expulsión de demonios”, de ir transformando las ideologías opresoras en mentalidad servidora.

 

b)     Confidencia:

            Después los llamaron apóstoles e hicieron de algunos de ellos los cimientos de la Iglesia. Pero yo, no quería más que amigos y amigas que paliaran un poco el amargo cáliz que fue para mí la relación familiar en la última fase de la vida, aquella en que me dediqué a proponer la utopía del Reino (Lc 8,1-3). Quería y anhelaba “otra familia”, la de quienes entienden el designio del Padre (Lc 8,19-21). Pero, más a la base, quería paliar la herida de mi corazón herido, como el de tantos.

            Fueron tres años intensos de amistad honda, dura, herida, pero gozosa. Podría pensarse que acabó en un fracaso, pero no fue así, porque donde hay amor no hay fracaso. Y allí hubo amor. Su abandono fue el rostro de su fragilidad, no de su amor (Mt 26,56). Yo los escogí para que estuvieran conmigo (Mc 3,14), para hacer grupo humano, porque había descubierto, en mis ratos de oración y de silencio, que, como dice uno de vuestros pensadores, más allá de cualquier velo, el sentido de la vida, es vivir con y para el otro.

            Tuvimos momentos de sufrimiento (Lc 4,1ss), de perplejidad (Mc 2,16), de desamparo (Jn 16,32), pero también de gozo (Lc 10,26), de dicha (Lc 10,21), de intimidad (Mc 4,10-25). Sin ellos y ellas no habría podido entender el extraño modo de vida que me marcaba el Padre: de aldea en aldea ofreciendo la paradójica propuesta del Reino.

            Como dijo un historiador de la época, ellos me amaron desde principio (Josefo, AJ XVIII, 63-64). Eso les hizo aguantar el trallazo de la muerte y por eso dijeron que mi muerte afrentosa no había sido solamente una injusticia, sino que seguía vivo junto a ellos. Fueron amigos más allá de la salvaje herida del desarraigo y de la muerte. Su amor nunca se quebró. ¿Hace falta prueba mayor de amistad? Una vida sin amigos y amigas oscurece el sentido de lo humano. Por eso los necesité tanto, por eso los necesitáis tanto.

 

c)      Para orar:

Se necesita un amigo. 

No es necesario que sea hombre,
basta que sea humano,
basta que tenga sentimientos,
basta que tenga corazón.

Se necesita que sepa hablar y callar,
sobre todo que sepa escuchar.

Tiene que gustar de la poesía,
de la madrugada, de los pájaros, del Sol,
de la Luna, del canto, de los vientos
y de las canciones de la brisa.

Debe tener amor, un gran amor por alguien,
o sentir entonces, la falta de no tener ese amor.
Debe amar al prójimo y respetar el dolor que
los peregrinos llevan consigo.
Debe guardar el secreto sin sacrificio.
Debe hablar siempre de frente y
no traicionar con mentiras o deslealtades.

No debe tener miedo de enfrentar nuestra mirada.
No es necesario que sea de primera mano,
ni es imprescindible que sea de segunda mano.
Puede haber sido engañado,
pues todos los amigos son engañados.
No es necesario que sea puro,
ni que sea totalmente impuro,
pero no debe ser vulgar.

Debe tener un ideal, y miedo de perderlo,
y en caso de no ser así,
debe sentir el gran vacío que esto deja.
Tiene que tener resonancias humanas,
su principal objetivo debe ser el del amigo.
Debe sentir pena por las personas tristes
y comprender el inmenso vacío de los solitarios.
Se busca un amigo para gustar
de los mismos gustos,
que se conmueva cuando es tratado de amigo.

Que sepa conversar de cosas simples,
de lloviznas y de grandes lluvias y
de los recuerdos de la infancia.
Se precisa un amigo para no enloquecer,
para contar lo que se vio de bello y
de triste durante el día, de los anhelos
y de las realizaciones, de los sueños y de la realidad.

Debe gustar de las calles desiertas,
de los charcos de agua y los caminos mojados,
del borde de la calle, del bosque después de la lluvia,
de acostarse en el pasto.
Se precisa un amigo que diga que vale la pena vivir,
no porque la vida es bella, sino porque estamos juntos.

Se necesita un amigo para dejar de llorar.
Para no vivir de cara al pasado,
en busca de memorias perdidas.
Que nos palmee los hombros,
sonriendo o llorando,
pero que nos llame amigo,
para tener la conciencia de que aún estamos vivos
.

 

Vinicius de Moraes 

 

5. Conocí la alegría

a) Texto: Jn 16,19-23ª:

19Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo:

            -¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho “Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”? 20Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.

21La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza porque ha llegado su hora; pero en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. 22También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría.

23aEse día no me preguntaréis nada.

            El discipulado no entiende el “irse” de Jesús (su muerte y resurrección) y sus decisivas consecuencias. Siempre reacios para comprender los mecanismos del Reino. Es en medio de esa zozobra donde se hace un anuncio de alegría. La alegría de Jesús está mezclada a la debilidad histórica, pero se sobrepone a ella. La imagen viva de la mujer que da a luz, su dolor intenso pero breve, es imagen de la vida misma, una vida en cuyas aguas procelosas puede sobrenada la alegría que nadie puede arrebatar.

 

b) Confidencia:

           A pesar de que nací en el grupo de los desheredados sociales, a pesar de que, en una sociedad del honor, el deshonor fue compañero hasta el final, a pesar de que las fauces de la pobreza nunca soltaron su presa, a pesar de todo ello, conocí la alegría. No lo han reflejado mucho los Evangelios porque nacen de un tronco cultural donde la alegría es casi siempre mirada de reojo, con suspicacia. Pero conocí la alegría, la que viene envuelta en amistad (Jn 11,5), en confidencia (Lc 7,36), en descubrimiento de la hermosura del otro (Mt 8,10).

            Conocí los estremecimientos del corazón (Jn 20,15), la alegría que se abre paso entre las lágrimas (Jn 11,35), el gusto dulce del abrazo y del beso (Mc 9,36). Oré con alegría (Lc 10,26), comí con alegría (Lc 15,1-10), canté con alegría (Jn 3,29). Es difícil que en la vida los pobres brote la alegría, pero en la mía sí que brotó, aunque fuera modestamente.

            Eso me hizo soñar y hablar de una alegría “inarrebatable”, que nadie puede quitar (Jn 16,22). Esa alegría es susceptible de mezclarse al sabor acre de las lágrimas y al desconsuelo pesado del corazón. Pero existe. Ahora me dedico a fomentar en las personas loa alegría que nadie puede arrebatar. Es tarea ardua, pero se consigue, porque hay personas que logran sonreír a través de las densas nubes de su mal. Ellos son sembradores de gozo tanto o más que yo, tenedlo por seguro.

 

c) Para orar:

 No habites esta tierra

como mero pasajero,  

como quien pasa una temporada  

en un lugar que no es suyo.  

Vive en el mundo  

como si fuera lo que es:  

la casa de tu padre, de tu madre,  

la casa común de unos hermanos.  

Confía en las semillas,  

en la Historia y su Futuro.  

Pero, ante todo, confía en las personas.  

Ama paisajes, máquinas, libros.  

Pero, ante todo, ama a las personas.  

Duélete con la rama seca,  

con el planeta que se apaga,  

con el animal herido.  

Pero, ante todo,  

combate las penas de las personas.  

Que todos los bienes terrenos  

te colmen de alegría.  

Que la sombra y la claridad  

te colmen de alegría.  

Que las cuatro estaciones  

te colmen de alegría...  

Pero que sean las personas  

-cada hombre, cada mujer- 

quienes, ante todo, te colmen de alegría.  

Que el interés de tus intenciones  

-y el destino de tus acciones- 

sea la alegría de las personas.

Y, ante todo, la de quienes la tienen perdida.

Confía, cree, espera...

en la mujer y en el hombre.

 

Luis Enrique Hernández

 

6. Mi vocación fue el pueblo

a)      Texto: Jn 1,24-27:

24Entre los enviados había fariseos 25y le preguntaron:

            -Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?

            26Juan les respondió:

            -Yo bautizo con agua; pero en medio de vosotros hay uno que no conocéis, 27el que viene detrás de mí, que existía antes que yo y al que yo no soy quién para desatarle la correa de la sandalia.

            Es un texto de no fácil comprensión. Alude a la ley del levirato.  Un buen levir era el que se llevaba a casa a la mujer sola (viuda, por ejemplo) en tiempos en que ésta no era sujeto legal. Si no se lleva a la mujer, si no cumplía la ley, se le imponía una multa, se le escupía en el rostro y se le desataba la correa de la sandalia. A Jesús no ha habido que soltarle la correa porque ha sido un buen levir, se ha llevado a casa a la mujer sola, ha hecho suyo el sufrimiento de su pueblo. Un buen marido para el pueblo necesitado.

 

b)      Confidencia:

            Fue mi gran anhelo. No sé cómo lo descubrí, porque la vocación de una Mesías era siempre religiosa, aunque no estaba lejos del componente político. De cualquier manera yo descubrí que mi vocación era el pueblo y sus sufrimientos, su lado débil. Por eso quise escenificar el comienzo de mi andadura mesiánica con un escenario popular y de pecado (Lc 3,21).

            Era la mejor forma de decir que yo quería amparar al pueblo herido, a los ojloi que estaban en la orilla de los excluidos sociales. Me agrada cuando los Evangelios dicen que Juan el Bautista no es quién para desatar la correa  de mi sandalia, porque eso habría significado que no había sido un buen levir, que no me había llevado a casa a la mujer sola, al pueblo desamparado (Jn 1,27). No, yo fui un buen “marido” para el pueblo. Yo puse carne al sueño de la profecía vieja: “Tu tierra tendrá marido” (Is 62,2).

            Por eso me enternecía ante la gente, me daba pena su abatimiento social (Mc 6,34). Por eso cultivé y les ofrecí el mejor de mis sueños, un Reino para los pobres (Mt 5,3). Yo creía firmemente que las desventuras de los débiles sociales tendrían fin un día (Mt 10,23). Su sufrimiento no iba a ser para siempre.

            Me dolió que me abandonaran cuando vinieron mal dadas. Me dolieron sus palabras de exclusión y de muerte (Lc 23,21). Pero yo sabía bien que el pueblo es débil y manipulable, pero que es difícil arrebatarle su amor. Y puedo creer que el pueblo, la gente como yo, llegó a amarme. Por eso me recordarían después, por eso me recordáis ahora. 

 

c) Para orar:

Con un callo por anillo,

monseñor cortaba arroz.

¿Monseñor "martillo

y hoz"?

Me llamarán subversivo.

Y yo les diré: lo soy.

Por mi pueblo en lucha, vivo.

Con mi pueblo en marcha, voy.

Tengo fe de guerrillero

y amor de revolución.

Y entre Evangelio y canción

sufro y digo lo que quiero.

Si escandalizo, primero

quemé el propio corazón

al fuego de esta Pasión,

cruz de Su mismo Madero.

Incito a la subversión

contra el Poder y el Dinero.

Quiero subvertir la Ley

que pervierte al Pueblo en grey

y al Gobierno en carnicero.

(Mi pastor se hizo Cordero.

Servidor se hizo mi Rey).

Creo en la Internacional

de las frentes levantadas,

de la voz de igual a igual

y las manos enlazadas...

Y llamo al Orden de mal,

y al Progreso de mentira.

Tengo menos Paz que ira.

Tengo más amor que paz.

...! Creo en la hoz y el haz

de estas espigas caídas:

una Muerte y tantas vidas!

! Creo en esta hoz que avanza

- bajo este sol sin disfraz

y en la común Esperanza -

tan encorvada y tenaz!

Pedro Casaldáliga

 

7. Hice mío el sufrimiento ajeno   

a)      Texto: Mc 10, 46-52

Llegan a Jericó. Y al salir él de Jericó con sus discípulos y Una gran multitud, el hijo de Timeo, Bartimeo, ciego, estaba sentado junto al camino pidiendo limosna. Y al oír que era Jesús Nazareno, comenzó a gritar y a decir: Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí. Y muchos le reprendían para que se callase. Pero él gritaba mucho más: Hijo de David, ten compasión de mí. Se detuvo Jesús y dijo: Llamadle. Llaman al ciego diciéndole: ¡Animo!, levántate, te llama. El, arrojando su manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús, preguntándole, dijo: ¿Qué quieres que te haga por ti? El ciego le respondió: Rabboni, que vea. Entonces Jesús le dijo: Anda, tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista, y le seguía por el camino.

            En esto se halla la gran pregunta de la misericordia, del reino: “¿Qué quieres que haga por ti?”. Jesús no se ha significado por grandes obras humanas, sino por su misericordia. Desde ella entiende la realidad de Dios y la de la persona. No hay para él nada más allá de ella. Por eso, el sufrimiento del otro fue para él su propio sufrimiento. Sus curaciones eran curaciones del alma, del sentido, de la justicia, de las raíces.

 

b) Confidencia:

            Uno de los vuestros lo ha dicho tajantemente: “El dolor ajeno nos constituye en sujetos morales”. Valoradme por mi respuesta al dolor ajeno. Si quitáis de mi vida el sufrimiento del otro, lo mío se reduce a cenizas.

            Por eso mismo no me eché atrás ante las lágrimas (Jn 11,33), anduve los caminos del dolor común (Lc 8,40-56), bebí el trago amargo de la muerte de otros (Lc 7,11-17). Puede pareceros una nadería, pero la gran pregunta que podía decir a los débiles era ésta: “¿Qué puedo hacer por ti?” (Mc 10,51). Veían que en lo poco que yo podía hacer se encerraba la mayor de las solidaridades. Quizá eso hizo que los débiles se me acercaran o que yo me acercara a ellos, más que las soluciones que podía aportarles que eran, en realidad, muy pequeñas.

            Me interesaron los enfermos (Mc 1,32-34), los poseídos (Mc 9,14-27), los heridos (Jn 5,1ss), hasta los mismos muertos (Jn 11): Hice mío su dolor de manera normal, con la solidaridad básica del amparo que se dan los pobres

            A pesar de todo y por ello mismo, tiene que quedar claro que lo que me a mí me interesaba, más que el sufrimiento y el pecado, era la dicha de las personas. Por eso, quise hacer ver que más allá del duro sufrir hay lugar para la dicha (Mt 5,3ss), y que esa dicha es para ahora mismo, sin esperar a postergaciones del más allá. Cuando la dicha asomaba entre las lágrimas, yo saltaba de gozo. Quizá la dicha sea imposible sin la solidaridad en la herida. Pero, no hay que olvidarlo, estamos hechos para la dicha, no para la pena y el trabajo. Así lo creo yo.

 

c) Para orar:

Tengo miedo a perder la maravilla

de tus ojos de estatua y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que mas siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tu eres el tesoro oculto mio,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,
no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

F.G.Lorca

 

8. Me costó entender a un Dios menor

a)      Texto: Mc 5,21-43:

Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar. Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban.  Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.

            La mujer siempre “menstruante” representa un estado continuado de impureza. La curación de Jesús, curación social y religiosa más que sanitaria, la convierte en “hija”: ella, con todas sus limitaciones, con su género, con su vida, es hija como toda persona. La filiación no depende de la santidad, de la pureza, sino de la dignidad. Dios está del lado de la dignidad, del lado de la persona, sobre todo de aquella que sufre más las constricciones legales, religiosas o históricas.

 

a) Confidencia:

            Aunque mi religión, a la que amaba, también hablaba de un Dios menor a nuestro servicio (Os 11,12), no nos educaron para ello. Lo propio de Dios era el brillo, la gloria, como diría Ezequiel (Ez 10,18-19). Es cierto que había una gloria humilde, oculta (Sal 18), pero, normalmente, un judío soñaba con la gloria poderosa del Dios que brilla y se impone. Yo fui uno de los que así lo creyó. Por eso os digo que me costó entender a un Dios menor.

            Pero comencé a entenderlo cuando acompasé mi paso y mi vida a la de los menores de la sociedad, a los sin honor, a los desposeídos. Me daba cuenta de que el Dios que estos esperaban era tan menor que había mezclado su suerte y su futuro con el de ellos. Un Dios que no exige nada, que no demanda nada, que lo da todo. Se lo hice ver en parábolas tan entrañables como aquella del Padre que perdona siempre (Lc 15,11-32), o aquella otra de la generosidad extraña de Dios con los jornaleros de última hora (Mt 20,1-16).

            La mejor forma que tuve de mostrar la hermosa realidad de un Dios menor fue no catalogar a las personas como buenas o malas, sino creerlas siempre dignas. La dignidad creacional era la base de la manera de mirar que Dios tenía. Yo también lo hice así. Por eso, no tuve empacho en ofrecer el reino a pecadores (Mt 9,9-13), en sentarme a su mesa (Mt 11,19), en considerarlos personas dignas de amor (Mt 9,18-26). Si Dios las veía así, ¿cómo yo las iba a tratar de otra manera?

            A veces quería hacerlo ver a mis amigos y amigas de manera especial. No una, sino muchas veces lavé los pies a mis discípulos. Se les revolvían las tripas, a Pedro sobre todo. Para ellos era un desdoro que un Mesías se pusiera a lavar pies  (Jn 13,6-11). ¿Cómo iba a reclutar adeptos un Mesías tal? Pero yo les quería decir que no era yo quien les lavaba los pies, quien les servía, sino el Padre del cielo, el Dios menor que no puede mover una paja de sitio, pero que fundamenta el amor y la belleza.

            Me costó entenderlo, como les costó a mis amigos, como os cuesta a vosotros y vosotras. Pero quizá ahí se halla una de las claves de la verdadera espiritualidad evangélica, esperando aún que sea un camino ancho recorrido por los creyentes en el Dios que yo os propuse.

 

b)      Para orar:

Aunque sea un instante, deseamos

descansar. Soñamos con dejarnos.
No sé, pero en cualquier lugar
con tal de que la vida deponga sus espinas.

Un instante, tal vez. Y nos volvemos
atrás, hacia el pasado engañoso cerrándose
sobre el mismo temor actual, que día a día
entonces también conocimos.

Se olvida
pronto, se olvida el sudor tantas noches,
la nerviosa ansiedad que amarga el mejor logro
llevándonos a él de antemano rendidos
sin más que ese vacío de llegar,
la indiferencia extraña de lo que ya está hecho.

Así que a cada vez que este temor
el eterno temor que tiene nuestro rostro
nos asalta, gritamos invocando el pasado
-invocando un pasado que jamás existió-

para creer al menos que de verdad vivimos
y que la vida es más que esta pausa inmensa,
vertiginosa,
cuando la propia vocación, aquello
sobre lo cual fundamos un día nuestro ser,
el nombre que le dimos a nuestra dignidad
vemos que no era más
que un desolador deseo de esconderse.

 

Gil de Biedma y Alba, Jaime

 

9. A mí también me mordió la soledad

a)      Texto: Mc 14,43-50

Todavía estaba hablando Jesús cuando de repente llegó Judas, uno de los doce. Lo acompañaba una multitud armada con espadas y palos, enviada por los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley y los ancianos. 

El traidor les había dado esta contraseña: «Al que yo le dé un beso, ése es; arréstadlo y lleváoslo bien asegurado”. Tan pronto como llegó, Judas se acercó a Jesús.

—¡Rabbí! —le dijo, y lo besó.
Entonces los hombres prendieron a Jesús. Pero uno de los que estaban ahí desenfundó la espada e hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole una oreja.  —¿Acaso soy un bandido[a] —dijo Jesús—, para que vengan con espadas y palos a arrestarme? Día tras día estaba con ustedes, enseñando en el templo, y no me prendieron. Pero es preciso que se cumplan las Escrituras. Entonces todos lo abandonaron y huyeron.

            Una multitud, el pueblo sometido a los dirigentes; se mencionan las tres categorías que constituían el Consejo. Judas deseaba que Jesús no rompiera la tradición que legitima la injusticia; el beso de Judas realiza el texto de Is 29,13. Intento de defender a Jesús con la violencia: no han orado, sucumben a la tentación. El prendimiento muestra la mala conciencia de las autoridades, que no se han atrevido a detener a Jesús en público. Defección de todos los discípulos, como había sido anunciado en 14,27: pero habrá un más allá después de la muerte.

 

b) Confidencia:

            Porque es cierto que tuve familia, amigos y amigas, personas cercanas que me acompañaron y me quisieron. Pero la soledad me mordía. Me levantaba por las mañanas “cuando todavía estaba oscuro” (Mc 1,35). No solamente era para rezar. También era para gritar al silencio mi propia soledad, las preguntas elementales y hondas, sin respuesta, del sentido de mis pasos.

            Me ayudó mucho descubrir que Dios tiene un “designio” (Mc 3,35). Vosotros le habéis llamado la voluntad de Dios. En nombre de ella, incluso, se han hecho disparates. Pero yo le llamaba el “designio”. Y creí que no era sino este: que todo lo creado viva en fraternidad, que la comunidad humana funcione como buena familia. La mía, como la vuestra, fue una época de violencias. ¿Cómo hablar ahí de buena relación, de familia, de tolerancia, de amor? El designio de Padre era ese: que todos seamos miembros de una sola familia, que miremos con ojos nuevos al otro y a lo otro hasta verlo como hermanos (Mt 23,8).

            Por extraño que parezca, darme a esa tarea me ayudó a encajar ni radical soledad. Cuando ese designio brillaba ante mis ojos, mi vida se hacía más ligera, levantaba los hombros con más facilidad. Cuando, debido a las heridas de los humanos, las mías y las ajenas, el designio se oscurecía, la soledad afilaba sus garras.

            Por eso creo que el secreto de una vida sosegada y dichosa, dentro de sus límites, es percibir con mirada profunda la hermandad que anida en todo lo creador. Algunos de los vuestros, como Francisco de Asís, han tenido una agudeza especial para mirar de ese modo.

 

c) Para orar:

Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, 

déjate enlazar de fuego, de silencio ingenuo, de
piedras verdes en la casa de la noche, déjate
caer y doler, mi vida.

Alejandra Pizarnick

 

10. Creí en la posibilidad de una nueva relación

a) Texto: Mt 6,25-34:

Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas?¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida? Y por la ropa, ¿por qué os preocupáis? Observad cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan; pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de éstos. Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe? Por tanto, no os preocupéis, diciendo: "¿Qué comeremos?" o "¿qué beberemos?" o "¿con qué nos vestiremos?"Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; que vuestro Padre celestial sabe que necesitáis todas estas cosas. Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.  Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas.

            Se explica el segundo miembro de la primera bienaventuranza (5,3), cómo se manifiesta el reinado de Dios sobre los que hacen opción de pobreza. La preocupación por lo material cuando es única y central despista. El Padre es generoso con sus criaturas, ése es el argumento que sostiene el sueño del reino. Por eso, la preocupación prioritaria es que sea realidad la justicia del reino, la fidelidad a Dios que se muestra en la fidelidad a la persona. Vivir en el presente sabiendo que no faltará en el mañana la solicitud del Padre.

 

b)      Confidencia:

            Si me hubieran preguntado si entraba en mis planes fundar una nueva religión les habría mirado sorprendido, no les habría comprendido: ¿para qué quería una nueva religión si ya tenía la mía, a la que amaba, a la que, si la fustigaba, era porque, a mi parecer, no iba por donde debía? No necesitaba una nueva religión; lo que se dice necesitar, quizá no necesitemos de ninguna religión, aunque los humanos no sepamos cómo vivir sin ellas. Pero sí era necesaria una nueva relación, la del amor total, la del amor asimétrico (Jn 13,34-35).

            Ese amor era el que yo quería para mi propia religión (Mc 7,14-23) e incluso para los paganos (Mc 7,24-31). Si ese amor triunfaba, era posible el reinado de Dios. Si ese amor fracasa, mi vida no habría valido de nada.

            La nueva relación fue mi sueño más querido. Le llamé “reinado de Dios”, para indicar el nuevo orden al que en el fondo aspiraba. No os extrañe que eso era lo que había que buscar con ahínco y que el resto de la vida, por importante que sea, vendría “por añadidura” (Mt 6,33). Alguno de vosotros ha ironizado con esa frase y le ha dado la vuelta diciendo “procuraos primero comida y vestimenta, y se os dará por sí mismo el reino de Dios” (Hegel). Pero yo sabía que esto no era así, que siendo imprescindible la comida y la vestimenta el anhelo del Reino, el sentido de la vida, es decisivo para los humanos.

            Por eso, quien me entiende bien ha de estar más preocupado por el futuro del sueño del reino que el futuro de la religión. Y quien no se sienta preocupado, ilusionado, buscador, anhelante de mi sueño del reino es que ha renunciado a lo mejor de mí mismo. Y entonces, ¿qué sentido tiene seguirme?

 

c)      Para orar:

Quisiera un canto

que hiciera estallar en cien palabras ciegas
la palabra intocable.
Un canto.
Mas nunca la palabra como ídolo obeso,
alimentado
de ideas que lo fueron y carcome la lluvia.

La explosión de un silencio.

Un canto nuevo, mío, de mi prójimo,
del adolescente sin palabras que espera ser
nombrado,
de la mujer cuyo deseo sube
en borbotón sangriento a la pálida frente,
de éste que me acusa silencioso,
que silenciosamente me combate,
porque acaso no ignora
que una sola palabra bastaría
para arrasar el mundo,
para extinguir el odio
y arrasarnos
...

 

José A. Valente

 

11. Cuestioné lo incuestionable

a) Texto: Mt 5,17-19:

En aquel tiempo dijo Jesús: "No penséis que yo he venido a poner fin a la ley de Moisés y a las enseñanzas de los profetas. No he venido a ponerles fin, sino a darles su verdadero sentido. Porque os aseguro que mientras existan el cielo y la tierra no se le quitará a la ley ni un punto ni una coma, hasta que suceda lo que tenga que suceder. Por eso, el que quebrante uno de los mandamientos de la ley, aunque sea el más peque­ño, y no enseñe a la gente a obedecerlos, será considerado el más pe­queño en el reino de los cielos. Pero el que los obedezca y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado grande en el reino de los cielos.

            La misión de Jesús no es echar abajo el AT, la profecía del reinado de Dios, sino dar cumplimiento a esa promesa. La Ley tenía por eje el éxodo de Egipto y la entrada en la tierra prometida. El éxodo definitivo comenzará con la muerte de Jesús y quedará abierto para toda la humanidad. De ahí la necesidad de practicar las bienaventuranzas que reemplazan a las antiguas normas. Es insuficiente el legalismo para ir a la raíz. Si ese legalismo se interpone, es preciso cuestionarlo.

 

            b) Confidencia:        

            Esto fue lo más duro, lo que me acarreó la ruina. No fui un cuestionador por principios, por mero inconformismo, por deporte. Cuestionaba por amaba. Sí, cuando cuestionaba las costumbres religiosas de mi pueblo, lo hacía porque amaba unas costumbres que hubieran debido tener como centro a la persona (Mc 7,1-13).

            Cuando cuestionaba a las autoridades, lo hacía no porque tuviera una mentalidad anárquica y adespótica, sino porque sentía en mis carnes de hombre del pueblo la opresión que sufrían los pobres del pueblo. Por eso mismo proponía que se alejaran de las instancias políticas que esquilman a los pobres (Mc 12,13-17).

            Cuando cuestionaba el sábado, no era porque no lo amase, sino porque se había puesto por encima del bien de la persona en necesidad, y eso era más de lo que podía tolerar mi corazón que había echado su suerte con los pobres de la tierra (Mt 12,1-8).

            Cuando cuestionaba el templo, no lo hacía porque no lo amara. No, en él yo sentía el mismo gozo que sienten todos los israelitas nada más pisar sus umbrales (Sal 54). Cuestionaba su instrumentalización y, sobre todo, su inicuo mercado, en manos de las grandes familias que hacían su “agosto” en la semana sagrada de la Pascua (Jn 2,13-22).

            Incluso al cuestionar a Moisés, el fundador de nuestra religión, un hombre bueno, el más humilde de los hijos de los hombres, aquel a quienes los israelitas amargaron el corazón por su terca oposición, no lo hacía por oponerme a él, sino por hacer ver que el tiempo de gracia que yo representaba era un paso más allá de Moisés en la línea del amor (Mc 10,1-12).

            No me entendieron; interpretaron mis cuestionamientos como una destrucción y ese vendaval me llevó a mí por delante. Pero, ya lo digo, mi intención era ampliar los horizontes de la vida, caminar más lejos en la dirección del amor, abrir cauces nuevos a la experiencia espiritual, aumentar el caudal de dicha de los humanos. Porque mi verdadera preocupación es que fuerais más felices. No otra.

 

            c) Para orar:

Puedo darte mas aun

de este amor que por ti siento
puedo bajar del firmamento
luceros y bellas estrellas
llenarte de primaveras
de flores, lluvias y vientos
y podré morir contento
cuando se agote la aurora
de mis tantas y tantas horas
pensándote en mis adentros.

David F.F.

 

12. Nunca dejé de amar

a) Texto: Mt 11,25

         En aquella ocasión exclamó Jesús: -Bendito seas, Padre, Señor del cielo y tierra, porque si has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla; sí, Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien.

            Los doctos no entienden la obra de un mesías humilde, pero sí las personas sencillas. Es la ausencia de todo interés torcido la que permite discernir el plan  de Dios. Los sabios y entendidos inutilizan su ciencia por sus intereses mezquinos. Jesús disfruta con los sencillos que entran en modos humanos en el paradigma del reino.

 

b) Confidencia:

            De esto estoy cierto y así me gustaría que me entendierais: siempre os amé. Como la antigua Sabiduría, mis delicias erais vosotros (Prov 8,31), por más que, a veces, llegarais a irritarme hasta provocar en mí miradas de ira (Mc 3,5).

            Siempre amé a mi familia, aunque yo veía que sus intereses estaban puestos en las ganancias que pensaban sacar de mis pobre signos de cercanía a los débiles (Jn 7,3-5). Con el tiempo, lograrían entrar en los mecanismos humildes, despojados y generosos del mi reino.

            Siempre amé a mis discípulos. Por eso quise que estuvieran conmigo (Mc 3,13). Nunca los despedía, aunque tuviera motivo para ello (Mc 6,30-34). Los eché en falta en mis horas de gran soledad (Mc 14,43-52). Por eso, fue un gozo encontrarme con ellos en esa otra dimensión que llamáis resurrección (Jn 21,1-14).

            Siempre amé a la gente de mi pueblo, de mi humilde aldea, aunque no me entendieran, aunque tuviera que exilarme al vecino pueblo de Cafarnaún (Mt 9,1). Eran pobres de solemnidad y querían sacar partido de mí. Lo entiendo. Pero fue a ellos a quienes anuncié el “año de gracia” como mejor regalo para los que me vieron nacer, crecer y vivir con ellos (Lc 4,1ss).

            Amé a las personas espirituales, a los mismos fariseos que, a veces, me defendieron (Lc 13,31-35). Amé alas autoridades, por extraño que os parezca, y mi forma de amar fue la censura a sus desvergüenzas para con los pobres (Lc 22,24-27).

            Amé a los paganos, aunque fuera esto muy difícil para un judío, porque desde niños nos habían enseñado que estaban destinados al infierno. Pero yo vi en ellos la humanidad y la fe que anida en el fondo de toda persona (Lc 7,1-10).

            Pero, sobre todo, amé a los pobres, a las viudas, a los marginados, a los estigmatizados, a los ojloi, a los habitantes de los caminos, a los desolados, a los desplazados. El corazón se me iba detrás de ellos y disfruté con ellos. Las comidas que tuve con ellos fueron una delicia y sus caminos compartidos un aprendizaje. Mi vida sin ellos, no tendría ningún sentido. A ellos fui enviado y con ellos maduré mi vida y mi fe. Les debo mucho, más que ellos a mí (Mt 11,25).

            Si algo puedo decir de mi vida es que nunca dejé de amar y que la dura muerte me encontró amando, aunque mi desconsuelo fuera grande. Cuando el Padre me acogió comprendí que no me había equivocado.

 

c) Para pensar:

 

Porque morirse está dentro del orden natural de las cosas no me da miedo morir. Me da miedo no vivir, no permitirme sentir la brisa de la tarde, la mirada profunda y enigmática de un gato, la risa sin sentido, las lágrimas de desilusión. Me da miedo no tener valor para vivir, no entender que si la muerte es segura, la vida entonces es un regalo que debo gozar hasta el último instante. Comer lo que me guste, amar a quien yo quiera, dejar que la vida me toque el alma, sentir el dolor y la angustia, nadar contra corriente y a veces simplemente no moverme. Vivir, reír, amar, todo con intensidad, nada a medias, como entendiendo -por fin- que el mañana no existe. Quiero que la muerte me encuentre riendo, amando, sintiendo, saboreando, tan feliz y plena que por un segundo se sienta arrepentida de tener que llevarme. No me da miedo la muerte, me da miedo estar muerta en vida

 

Conclusión

            Si estos días han sido de un acercamiento cordial al interior de Jesús, hemos dado un paso valioso.

            Si la Palabra ha sido una casa de amparo y una nueva luz en los caminos personales, también hemos acertado.

            Si el silencio y la contemplación han reconfortado el corazón y han dado fuerza al alma, también hemos conseguido algo importante.

            Si hemos vuelto a comprobar que la fraternidad nos puede ayudar en el camino de la fe y en la construcción de la espiritualidad, hemos acertado.

            Demos gracias al padre, a Jesús y a los hermanos/as.

Ejercicios 2011

LA CENA QUE RECREA Y ENAMORA

 

 

“Mira que estoy a la puerta llamando.

Si uno escucha mi llamada y abre la puerta,

entraré en su casa

y cenaré con él y él conmigo”

(Ap 3,20)

 

Resulta algo extraño dedicar toda una semana de retiro a un texto tan breve como Ap, 3,20, por mucho que sea un texto hermoso: parece que la capacidad inspiradora de la Palabra no da para tanto y por eso solemos tomar textos de mayor amplitud. Pero alguna vez conviene ahondar, trabajar en la dirección de la profundidad, gustar el texto desde todas las perspectivas espirituales posibles. Los resultados son siempre evidentes: un pequeño texto tratado con hondura parece inagotable.

Por otra parte, muchos autores coinciden en la centralidad de este texto en el conjunto del NT: “Puede decirse, sin ningún asomo de osadía y sin hipérbole, que la Biblia entera se decanta en Ap 3,20; pues toda la historia de la revelación bíblica ha consistido en una larga visita de Dios a la humanidad; ahora esa visita, como la de un amigo necesitado, que está en pie a la puerta, aldabonando y alzando su voz para que se le abra, asume dimensión personal con la venida de Jesucristo, el Hijo de Dios, quien quiere establecer con la humanidad una alianza de amor y una compañía permanente, ratificada con la cena más íntima” (F. Contreras).

Es que en este pasaje asistimos al estremecedor misterio de la autoinvitación de Dios a la “casa” de su propia creatura, al banquete de su obra histórica. Esto es algo inusitado: parece que Dios tendría “derecho” a participar en ese banquete en el que, al parecer, no se le ha invitado. Pero él demanda ser aceptado y acogido a esa mesa. Es la transitividad de Dios expuesta en los modos de la cordialidad.

Las consecuencias que de ahí se derivan tanto para la comprensión del Dios de la Palabra como del caminar humano en relación de amor son incalculables. Y pondremos algunas de ellas sobre la mesa de la reflexión y la oración. Al final, nosotros somos los beneficiarios de ese banquete de vida del que Jesús quiere hacer parte. Como era de esperar, nosotros somos su beneficio.

San Juan de la Cruz hablaba en su Cántico espiritual 70 de la cena que “recrea y enamora”: Esta es la cena en que la que Jesús se invita. Ojalá que estos días nos sirvan para “recreo” espiritual, para disfrute creyente, y, sobre todo, para “enamoramiento”, para crecer en la dimensión del amor que es el núcleo de la propuesta de Jesús.

 

 

PRIMERA PARTE

 

 

  1. 1.      MIRA

 

Ap 3,20 se abre con un toque de atención aparentemente irrelevante: Mira (Idou). Muchas veces se da este aviso en el NT (Mt 28,20): la expresión conlleva la idea de mirar y contemplar un descubrimiento maravilloso, una sorpresa inesperada. Lo que se va a proponer (la cena a la que Dios y Jesús se autoinvitan) solamente se puede captar en la mirada profundizada, en la contemplación sostenida. De lo contrario, la extraña pretensión pasa desapercibida (la misma amenaza con la que se ha envuelto la cosa ha velado su hermosura). Se quiere hablar de un formidable descubrimiento que cada uno tiene que volver a descubrir para que aparezca en su hermosa pretensión, de una sorpresa para que uno quede sobrecogido y maravillado con los ojos brillantes.

 

a)      Reflexión

 

Quizá caigamos en la profundidad de la maravilla que aquí se quiere presentar si modificamos nuestra manera de entender a Dios acompasándola a este extraño modo que tiene el autor de Ap de entender a Dios cuando lo muestra autoinvitándose a nuestra cena.

  • Dios transitivo: Dios ha abandonado su casa, su cielo hermético y se ha echado a nuestra calle, a nuestra búsqueda. La idea de un cielo cerrado, morada de Dios, no sirve. Si hay cielo, se da en la fecunda y especial relación de amor con Dios que se establece en nuestra casa, en nuestra historia. Son maneras de hablar, pero es preciso quedarse maravillado de ese Dios que transita de su cielo a nuestra historia para encontrar ahí su lugar de amor. 
  • Dios menor: No tiene rubor en autoinvitarse, con el riesgo de que se le rechace, como a todo aquel que, por la cara, se autoinvita a una cena. Y se autoinvita porque necesita nuestro amor para “sobrevivir” como Dios de amor. Sin nuestro amor no se vería que es Dios de amor. ¿Cómo serlo si no logra nuestro amor? Es extraño y maravilloso que Dios hambrea nuestro amor; siempre lo habíamos creído al revés. ¿Te imaginas a un Dios que te dice “te quiero querer”?
  • Un Dios mendigo: Mendigo nada menos que de su propia creatura. ¿es creíble un Dios así? ¿Sería correcto poner en nuestros hermosos retablos catedralicios el cuadro de un Dios mendigo, cargado de harapos, con su mano tendida hacia nosotros y su mirada suplicante colgada de la nuestra? ¿Por qué lo hace? Porque nos ama sin sentir en su carne de Dios la vergüenza del desamor que le tememos, el desprecio que le podemos hacer, el rechazo al que se arriesga. Ha tragado su “orgullo de Dios”. ¡Qué bien sabía de esto Oseas, cuando él también tuvo que tragar su orgullo de macho herido! Mendigo que no tiene vergüenza de serlo. Así es el extraño modo de amar de Dios.
  • Un Dios que renuncia a su cielo: Y cree que su mejor cielo es nuestra acogida, nuestro amor a él. Por eso, no teme presentarse en la destartalada casa de nuestra vida herida y pedir amparo y asilo, demandar el calor de nuestro abrazo y la sonrisa de nuestra mirada. Ése es su verdadero cielo, no el empíreo repleto de ángeles y santos. No tiene sentido anhelar un cielo que Dios ha abandonado. Sí tendría sentido anhelar su mismo cielo, el amor que cobija a otro amor.
  • Un Dios que disfruta: Porque quiere un encuentro de gozo, de disfrute, de cena amigable, de comida reconfortante, de conversación afable, de risas y cantos. Un Dios que no entiende de amenazas ni de dogmas, sino de honda convivencia, de amor jugoso, de ternura compartida. Se apunta a una cena en la que el reloj no cuenta, en la que las horas pasan rápidas, en las que el corazón bebe sin saciarse y sale de ella anhelando la próxima cena, una cena promesa de todas las caricias.
  • Un Dios de intimidad: No únicamente ceñida a una sola persona, como sugiere el mismo texto (cenaré con él). Porque Pablo ya dijo que Jesús había conseguido la dicha para todos. La cena que Dios hambrea es común, caben todos y el número no merma la intimidad y el disfrute, sino que lo aumenta. Su gozo pasa a muchos; el nuestro pasa también a muchos y pasa a él.
  • Un Dios enamorado y enamoradizo: No un Dios impasible, frío, ataráxico, que tiene todo controlado. Se duele con nuestra lejanía y nuestro desdén; se alegra con nuestra ternura y nuestra generosidad. Por eso se enamora de lo nuestro, porque es un Dios enamoradizo, inclinado a quedar prendado de la persona, de la historia que ha creado con amor.

 

b)      Concreciones

 

-         Cae en la cuenta: Que las cosas hermosas de la fe no pasen como si nada, que los textos vivos de la Palabra reverberen ante tu corazón, que “arda” tu corazón en los textos en que la misma Palabra “arde”.

-         Valora bien: Que es lo mismo que decir valora con novedad, fuera de los caminos trillados de la rutina. Valora detalles, sugerencias. No importa echar un poco de imaginación a los caminos que no pueden ser andados sin imaginación. Así son los caminos del amor.

-         Elabora caminos alternativos: No pienses a Dios ni sobre Dios a piñón fijo, en los estrechos moldes del catecismo o de la mera dogmática. Deja volar al amor, anda los caminos de lo nuevo, elabora un pensamiento vivo sobre del Dios vivo, piensa con amor a quien amas.

-         Pulsa teclas vivas: No las que ya sabes su sonido de siempre, no con las respuestas previas a las mismas preguntas. Teclas vivas, sonidos distintos sobre Dios para entender sus raros caminos de amor y de entrega.

-         Mantén el enamoramiento: Sin sentir vergüenza, sin “pudor”. Porque los caminos vivos de la fe son más caminos de amor que de ideas. Por eso, enfocar la realidad de Dios en el que se cree desde la perspectiva del amor no es mal enfoque.

-         Atraviesa la costra de los días: Porque los días, con su rutina y sus maneras cíclicas terminan por meter a la persona en ese gris sobre gris que todo lo adormece. Valora estos días especiales que se te ofrecen para acercarte a la realidad del increíble amor del Padre con pequeñas herramientas de novedad.

-         Baja al misterio: Porque el misterio no es solamente lo comprensible desde la razón, sino lo maravilloso desde el amor. Entiende la autoinvitación de Dios a nuestra mesa como un misterio realmente profundo y hermoso. Acércate a él no para entenderlo, sino para quedar envuelto en el mismo.

-         Contempla con gozo: Que el gozo del Dios que nos busca y quiere compartir nuestra mesa de la bondad te inunde de alegría. Que sean días de alegría honda, espiritual, amable y buena.

 

c)      Para orar

 

Para que mi amor se descubra en la fe, tu amor se ha ocultado en el silencio de tu quietud. Me has abandonado para que yo te encuentre. Porque si estuvieras conmigo siempre me encontraría sólo a mí al buscarte a ti. Debo salir de mí si he de encontrarte allí donde Tú puedes ser Tú mismo. Porque tu amor es infinito, únicamente puede vivir en tu infinitud, y porque me quieres mostrar tu amor infinito, me lo has escondido en mi finitud y me llamas para que salga de ella. Y mi fe en ti no es otra cosa que el oscuro camino en la noche, entre la casa desamparada de mi vida, con sus reducidas y pobremente iluminadas estancias, y la luz de tu vida eterna. Tu silencio en este tiempo de mi vida terrena no es otra cosa que la manifestación terrena del Verbo eterno de tu amor.  (K.Rahner)

 

 

2. ESTOY A LA PUERTA

 

            Queremos comenzar con un texto del profeta Oseas: Mi corazón se conmueve dentro de mí y se inflama toda mi compasión. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín, pues yo soy Dios y no hombre, yo soy el Santo que vive en ti y no enemigo a la puerta(Os 11,8-9). Dios no está a la puerta como un enemigo amenazante, sino como alguien benévolo que demanda asilo y amparo. Por eso la profecía soñó con un Dios sin cólera (no la corrijamos). Y en Jesús se ha comprobado que es así. Desde esa simple constatación se nos hará más creíble la posibilidad de un Dios que se autoinvita al banquete que enamora.

 

  • ·        Dios de incansable espera: Incansable y terca. El verbo histamai está indicando que alguien llama con los pies plantados en tierra, tercamente, con la intención de no irse, en la certeza de que no le va a mover de ahí ni un ciclón. Incansable como el Jesús que recibió a Nicodemo de noche (Jn 3). Le estaba esperando aunque era de noche. Como el padre del pródigo que salía, terco, al camino (Lc 15,11-32). Un Dios que no conoce la fatiga cuando se trata de amar a su creación.
  • Dios que se cuela por la rendija de la ternura: Es la puerta que él espera que se abra. Por eso, mientras hay ternura, Dios tiene esperanza sobre nuestro camino humano. Hasta Dios tiene necesidad de la ternura, dice K. Tsiropoulos. Si la dureza envuelve la vida de la persona, el banquete común con la realidad de Dios se hace imposible.
  • Dios de tenaz amor: No le importa que la puerta esté cerrada a cal y canto. Él llama porfiadamente, como asegura Lope de Vega (“¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?”). Con respeto, sin ser un pesado, pero siempre está ahí llamando, no dejando que pase el tiempo sin más. Su tenacidad está movida por su amor imparable, por la sed que tiene de nosotros, porque le importamos totalmente. Si no, ¿a qué llamar tanto? ¿Cómo encajar la realidad de un Dios tan dependiente de su criatura? Él depende de nosotros ¿cómo nos suena esto?
  • Dios afuera de las puertas: En el lado del frío, de la intemperie, del riesgo de no ser acogido. Por lo mismo, Dios que conecta con quien está en las puertas, de quien no tiene acceso al amor, de quien el camino para vivir en mínima humanidad está sembrado de obstáculos.
  • Dios que no violenta las puertas: Que no da la patada para derribar la puerta que está cerrada. Un Dios que, al contrario de lo que dice la dogmática popular, no está en todas partes, nos guste o no, sino que está allá donde nuestro amor le deja estar. Y si no le dejamos estar, él espera a que la rendija de la puerta se abra cediendo al peso de la ternura y la compasión.
  • Dios sin pretensiones de apropiación: Al estar a la puerta, como un mendigo, está a lo que quieran darle. Ha suprimido de él toda ansia de apropiación. No necesita fieles, ni seguidores obligados, sino personas que quieran estar con él y que consideren interesante e ilusionante su propuesta del reino. No roba nada a nadie, sino que aguarda a que le abran para entregarlo todo.
  • Dios transeúnte: Con todas las limitaciones del transeuntismo: sin casa (por esto anda a nuestra búsqueda para poner ahí su cielo: Jn 14,23), con problemas con la justicia, porque hay quien considera impropia e injusta una situación así de un Dios tan pobre (Jn 16,8), con problemas de salud porque fuera hace frío y “mi cabeza está llena de rocío” (Cant 5,2), con problemas afectivos porque no se considera Dios plenificado, Hijo, sin nuestro amor. Un verdadero transeúnte.

 

b) Concreciones

 

-         Aumentar la capacidad de espera: Porque suele ser muy limitada (como la paciencia), pero siempre susceptible de ser aumentada. Hacerlo poniendo al otro en el horizonte vital y real de uno mismo, entendiendo que la respuesta a su dolor me constituye en sujeto moral, que cuando lo suyo me preocupa se multiplican los panes del amor y de la vida.

-         Aumentar el nivel de ternura: Ya que ser tierno con los demás es también serlo con uno mismo. Quizá haya que comenzar a amarse a sí mismo, por obvio que parezca. “¿Cómo puede el hombre sentir ternura por otro hombre, por todas las criaturas, por la naturaleza de la tierra y de los cielos, si no consigue sentirse tierno con respecto a sí mismo?” (K.Tsiropoulos).

-         Activar la tenacidad en la relación por razones de amor: No por razones de lucro o de querer tener más razón que los demás. Una tenacidad que se mezcla al amor no es nociva, no cansa, no produce rechazo. No quebrarse al primer fracaso en las relaciones con la persona. Dar segundas oportunidades (o terceras).

-         Desplazarse hacia el mundo de quien está en las puertas: Hacia el mundo de las pobrezas, para que estas no sean siempre una maldición, sino también un lugar de encuentro. Creer que ese mundo nos es asequible porque el amor potencia los recursos, aunque sean escasos.

-         No violentar voluntades: Porque eso no lleva a nada, de no ser a la destrucción de la relación, de la comunidad. Tener por una suerte real la pluralidad; creer que es asimilable en el proyecto común y que eso lo enriquece.

-         No apropiarse personas: No robar voluntades, opiniones, corazones, apoyos. Dejar que el otro sea otro, creyendo que esa es la mejor forma de amarlo. No hacer apropiaciones por razones religiosas o por causas que consagre el sistema.

-         Asimilar situaciones de transeuncia: De disponibilidad, de agilidad física y mental, de flexibilidad para creer que es posible vivir fuera del campamento, del lugar habitual, de la propia y exclusiva caverna. Para aprender globalidad y, en definitiva, fraternidad humana.

 

c) Para orar

 

 “Que cuando venga encuentre, pues, tu puerta abierta, ábrele tu alma, extiende el interior de tu mente para que pueda contemplar en ella riquezas de rectitud, tesoros de paz, suavidad de gracia. Dilata tu corazón, sal al encuentro del sol de la luz eterna que alumbra a todo hombre. Esta luz verdadera brilla para todos, pero el que cierra sus ventanas se priva a sí mismo de la luz eterna. También tú, si cierras la puerta de tu alma, dejas afuera a Cristo. Aunque tiene poder para entrar, no quiere, sin embargo, ser inoportuno, no quiere obligar a la fuerza… (S. Ambrosio, Com. Sal.118).

 

3. Y LLAMO

 

            Queremos comenzar esta reflexión con un texto del Cantar al que Ap 3,20 alude directamente: “Yo dormía, pero mi corazón velaba.  Es la voz de mi amado que llama: ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía, porque mi cabeza está llena de rocío, mis cabellos de las gotas de la noche. Me he desnudado de mi ropa; ¿cómo me he de vestir? He lavado mis pies; ¿cómo los he de ensuciar? Mi amado metió su mano por la ventanilla, y mi corazón se conmovió dentro de mí. Yo me levanté para abrir a mi amado, y mis manos gotearon mirra, y mis dedos mirra, que corría Sobre la manecilla del cerrojo. Abrí yo a mi amado; pero mi amado se había ido, había ya pasado (Cánt 5,2-6).

            Hay una diferencia en Ap y Cánt: en éste el amado se ha ido después de haberle hecho estremecer a la amada que sale a abrir; en Ap el amado llama con insistencia, no se va de ningún modo, mientras que la amada, la persona que está dentro, parece no darse prisa en abrir, se mantiene el interrogante de si abrirá o no. En cualquier caso, abra o no, el amado (Dios, Jesús) sigue llamando sin desaliento.

 

            a) Reflexión

 

  • Llamada a una puerta que se abre por dentro: Es que la puerta no es la de una casa, sino la del corazón. Y, ciertamente, la puerta del corazón se abre por dentro. Depende de la criatura que la puerta de la cena que enamora se abra. Ni aun el supuesto de que Dios pudiera abrirla la abriría. Él espera a que la mano (a veces indolente) de la persona se anime a agarrar el pomo y abrir la puerta.
  • Llamada con insistencia pero sin exigencia: Porque es una llamada que demanda la voluntariedad, una cierta libertad, porque el amor obligado es un amor muerto. La llamada de Jesús es una llamada de amor; por eso es amorosamente insistente pero nunca exigente en base a la divinidad de quien llama o a supuestas exigencias de excelsitud.
  • Llamada con el corazón en vilo: Puede ser que no se responda; eso está entre las probabilidades y Jesús lo tiene en cuenta. Pudiera ser que le menospreciara, que se le rechazara explícitamente. El amor de Jesús es un amor arriesgado y, por lo mismo acepta el reto del posible fracaso.
  • Llamada aunque no haya sido invitado: Ya que él mismo tiene que autoinvitarse. De salida no se le ha invitado a su propia creación, por extraño que parezca. Él quiere hacerse presente en su obra para recordar que es una realidad de amor y que por ello le sigue acompañando. Pero no se le ha invitado, no se le ha considerado imprescindible.
  • Llamada desde el total respeto: Sin invocar los derechos de Dios, si es que los tuviere, sobre su propia obra. Él ha hecho un regalo con todas las consecuencias, incluida la del mal uso del mismo. Dios se duele de ese mal uso, pero lo respeta esperando incansablemente a que la criatura vea que hay que rectificar y encajando el alto precio de los errores humanos.
  • Llamada sabiendo que alguien está dentro: No es una llamada en el vacío: Jesús sabe que llama al lugar donde vive la criatura. Y en ese lugar quiere tener el puesto de servidor. No le amedrenta el silencio, la opacidad, la negrura de lo creado cuando está estropeado por la persona. Sabe que en esa niebla de lo creado corrompido está la persona queriendo vivir y Él quiere estar ahí sirviendo.
  • Llamada sin saber quién está dentro: Porque a Jesús no le interesa en primera instancia la catadura moral de quien está dentro, si es bueno o lo es menos. Se sentó muchas veces con pecadores sin exigir, como algo previo, un cambio de vida. Por eso llama quien quiera que esté dentro, más allá de cualquier debilidad, que él mira al fondo de la persona, no tanto a sus comportamientos, cuestionables muchas veces.

 

b) Concreciones

 

-         ¿Por dentro o por fuera?: El corazón también se abre por fuera, los demás hacen que se abra. Por eso, la comunidad puede ayudarnos a que abramos a Jesús y le hagamos sitio en el banquete sencillo de nuestra cuestionable existencia. Ayudarnos a hacer sitio a Jesús, una manera espiritual de definir el núcleo de la fraternidad.

-         Menos exigentes, más amantes: Porque la exigencia sin amor es casi estéril. Y el amor sin exigencia puede convertirse en un folclore vacío. La exigencia que proviene del amor está llena de cuidado, respeto y aprecio de la pluralidad.

-         El amor arriesgado: Siempre hay un riesgo en amar, bastante riesgo. Pero sin ese riesgo el amor es pura teoría. Para asumir ese riesgo es preciso estar preparado para asimilar el, a veces, inevitable fracaso del amor, las heridas de la relación.

-         Mirar a los invisibles: A los que no tienen parte en el banquete de la vida. Existe, pero como no los vemos decimos que son invisibles. Minorías castigadas al exilio por una mayoría que se hace fuerte en el número no en la razón de amor. Quien entiende la llamada de Jesús entiende así mismo la llamada de los invisibles.

-         Regalo sin condiciones: Así habría de ser el regalo de la buena relación. Cuantas más condiciones, menos hermosura tiene el regalo. Cuantas menos condiciones, más hermosura y más riesgo. El verdadero amor asume esos riesgos, aunque duelan.

-         Planeta de náufragos: Los que no tienen acceso al banquete. Los que, como Jesús, llaman desde fuera; los que como él no son, muchas veces, invitados a sentarse. Generar náufragos es lo que vela la hermosura del banquete común al que Jesús llama y en el que estamos todos.

-         Temamos al desamor: No solo y no sobre todo a la “inmoralidad”, sino al desamor. Porque este puede mantenernos en la moralidad, pero nos aleja del amor. Y si así fuera, habríamos perdido la oportunidad de disfrutar del banquete de la vida.

 

c) Para orar

 

Si no hablas, llenaré mi corazón de tu silencio, y lo tendré conmigo. Y esperaré, quieto, como la noche en su desvelo estrellado, hundida pacientemente mi cabeza. Vendrá sin duda la mañana. Se desvanecerá la sombra, y tu voz se derramará por todo el cielo, en arroyos de oro. Y tus palabras volarán, cantando, de cada uno de mis nidos de pájaros, y tus melodías estallarán en flores,  por todas mis profusas enramadas.

 

R. Tagore

 

4. SI ALGUIEN ESCUCHA MI VOZ

 

Comenzamos rememorando un texto hermoso de Jeremías: ``Y haré cesar de ellos la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del novio y la voz de la novia, el sonido de las piedras de molino y la luz de la lámpara” (Jer 25.10). En el Evangelio de Juan se dice que “el amigo del novio se alegra de oír su voz” (Jn 3,22-30). La vieja maldición que pesaba sobre el Israel infiel de no poder escuchar la voz del novio se ha roto con Jesús: ahora sí se puede escuchar esa voz de gozo y bodas.

      Escuchar la voz de quien está a la puerta no es fácil porque queda ahogada por otros muchos sonidos, incluso por el con frecuencia agobiante sonido de ciertas prácticas religiosas, tan ruidosas. Hace falta silencio, espacio, amplitud y hondura para poder escuchar la voz de quien habla en susurros, en sugerencias, el lenguaje “callado” del amor.

 

a) Reflexión

 

  • La voz humilde de un Padre “dogmatizado”: Un Padre al que se ha despojado del calor de la paternidad para ser “dogmatizado”, llenado de atributos divinos. Su voz se ha vuelto fría, alejada de la realidad, poco reconfortante. Es preciso redescubrir la voz del Padre amable que atrae a la persona con palabras cálidas y con gestos de amor (Os 11), el Padre que nos alienta, sostiene y respeta.
  • La voz humilde de una Padre sin “libertad”: Maniatado por quienes se apropian de él, por quienes dicen saber qué piensa Dios, qué manda Dios, qué exige Dios. Como si tuvieran hilo directo con él. Personas que no dejan a Dios que sea Dios, que obre con la increíble y extraña libertad de su Espíritu. Escuchar un Dios humilde pero libre, creativo, inesperado.
  • La voz humilde de un Jesús “deformado”: Adaptado a la fuerza a la mecánica religiosa alejándolo, a veces, del marco evangélico. Un Jesús de fuerte componente normativo y de escaso elemento liberador. Un Jesús fácil para la condena y no tanto para el perdón. Escuchar a un Jesús que se arriesga a ser malinterpretado pero que quiere poner por delante el más elemental amor que se mezcla a nuestros extraños caminos.
  • La voz humilde de un Jesús deshumanizado: Hecho “demasiado Dios”, demasiado excelso, excesivamente divino. Un Pantocrator excelso y amenazante (como el de U. Eco). Escuchar la voz humilde y tenaz de Jesús que clama por su propia libertad, libertad de la que depende la nuestra.
  • La voz humilde de un Espíritu que trabaja en los subsuelos de la vida: Como se afirma en Jn 16. Un Espíritu a nuestro servicio, que va por donde quiere, pero que en todos los casos desea suscitar amor. Un Espíritu callado que actúa en los silencios más profundos y más necesitados de luz de la estructura humana (Jn 14,23).
  • La voz humilde de un Espíritu “apropiado”: Porque hay muchos que detentan por oficio, por consagración, por rango, la posesión del Espíritu. Escuchar la voz de ese Espíritu que clama libertad, ya que cuanto más libre, más beneficio para la historia.
  • La voz humilde de la Palabra al servicio de la vida: Ayuda para el caminar humano, más que objeto de liturgias o de estudio. Una Palabra que se mezcla con la vida y que quiere ser vida para quien la lea.

 

b) Concreciones

 

-         La voz humilde de los signos de los tiempos: De los que casi nadie habla ya pero que es preciso seguir leyéndolos para desvelar ahí la voz de Dios que sigue hablando en los carriles de nuestros días.

-         La voz humilde de las comunidades cristianas de base: Olvidadas, ninguneadas, desatendidas, pero que siguen ahí deseando encarnar un Evangelio mezclado a la vida, en relación estrecha con las vidas sencillas de quien se mueve en la sociedad real.

-         La voz humilde de una VR en reducción: Que carece de brillo e incluso de aprecio por parte del sistema. Pero, a su manera, sigue estando en las trincheras de la vida y de las pobrezas o, cuando menos, sigue anhelando a Jesús y buscando un camino nuevo para la vida cristiana.

-         La voz humilde y acallada de quienes anhelan caminos nuevos: Porque no son buenos tiempos para ellos, ya que lo nuevo es la recreación de lo de siempre con los modernos métodos de los medios de comunicación actual. Voz que sigue clamando en el desierto, pero que está ahí.

-         La voz humilde una espiritualidad que no quiere estar anclada en las normas: De una epistemología no mítica, una espiritualidad para otro tiempo axial, para un momento distinto de la historia. Una espiritualidad marcada por la universalidad (todos pueden ser espirituales) y por el pluralismo.

-         La voz humilde de quien disfruta con lo pequeño: Que es la manera sabia de disfrutar. Voz que nos dice que una vida cristiana sin disfrute no puede ser una realidad jugosa y deseada.

-         La voz humilde de quien canta en la noche: Más allá de limitaciones y pérdidas. Porque quien canta en la noche (como decía Brecht) habla el lenguaje del Espíritu. Cantar en la noche sabiendo que tras ella luce un brillante sol.

 

c) Para orar

 

Cállate ya
y escucha.
Escucha en paz humillada
—en humos de libertad—
la voz contraria de tantos.
Escucha Su Voz opaca,
la voz ambigua del pueblo.
Escucha también tus voces,
borbor de pozo confuso
que cifra toda su vida. VIVIR
Vivir es ir poniendo
el corazón y un pie detrás del otro
sobre el camino que se vaya abriendo.

 

                                    P. Casaldáliga

 

 

5.  VENDRÉ A ÉL

 

            La expresión (eiseleusomai pros auton) es la misma que en Jn  14,23, cumbre de la espiritualidad joánica. Se quiere decir que el Padre y Jesús han tomado una decisión de vértigo: venir a poner la morada a perpetuidad en el fondo de la historia, en el lugar de la necesidad de la persona, de tal manera que eso que llamamos cielo, el ámbito del amor de Dios, se halla incrustado en la historia, en la base de la realidad. Es el pacto de amor que Dios ha hecho con la historia, la alianza que ha tomado carne en la persona de Jesús.

            La autoinvitación de Dios al banquete de la historia conlleva su venir a nosotros, su hacer nuestro camino, su situarse en el fondo de la vida. No solamente es la kenosis de Jesús, sino la del mismo Dios. No solamente es un Dios menor, sino “abajado”, vaciado en lo nuestro y a nuestro favor.

 

            a) Reflexión

 

  • Una sola dimensión: De una manera popular decimos que la vida cristiana consta de dos dimensiones: una vertical (la relación de la persona con Dios) y otra horizontal (la relación del hermano con el hermano). Según este afán de venir de Dios a la historia, no hay más que una dimensión, la horizontal, la fraterna en la que se metido Dios. Dios quiere que le amemos amando la historia en la que él habita. Así se evita el peligro de antropofagia de toda dimensión vertical. Dios nos habita con la intención de no irse de esta casa “prestada” (que es la que nos ha dado).
  • No hay que hacer ningún éxodo: Porque así se había dibujado el afán creyente: hacer un éxodo en busca de Dios. Pero si él ha tomado la historia como casa, no hace falta ningún éxodo. Lo que es preciso hacer es una búsqueda hacia dentro, apuntando al fondo de la vida, de la realidad, porque ahí ha puesto el amor del Padre su morada. La mirada a la historia es la mirada al Dios que habita en ella.
  • En la zona oscura: La persona tiene como tres zonas: una superficie en la que está mucho de nuestra vida y de nuestros comportamientos habituales; otra que son como las raíces que explican los comportamientos de la superficie; y una tercera, una zona oscura, que sabemos de su existencia por el mal que hacemos a quienes decimos amar, porque queriendo hacer el bien nos encontramos con el mal en las manos (como dice Pablo en Rom 7). Pues bien, es en esa zona de necesidad de luz y de amparo, en ese sótano frío de nuestra estructura histórica donde Dios ha puesto su morada. Y lo ha hecho ahí simplemente porque es donde más amparo y ayuda necesitamos. Así es el venir de Jesús a la vida. Estremecedor.
  • El “ir a” de Jesús y del Padre: Lo decía Jesús “Vamos al otro lado” y descolocaba a sus discípulos. Al lado de los paganos, de toda necesidad. Lo importante y maravilloso no es que nosotros vayamos a Jesús, sino que nos percatemos del increíble venir a nosotros de Jesús. ¿Por qué viene? No hay otra respuesta que por puro amor.
  • Dejarse encontrar: Más que encontrar al que viene. Dejarse encontrar como el pastor encuentra a su oveja extraviada. (Sal 118,176). Ponerse a tiro de quien viene con deseo de encuentro, con decisión total de conectar con lo nuestro. Entender esa “locura de amor” que es venir hacia abajo, ser más abajo.
  • Trabajos de amor mal pagados: Aquellos que intuyó la profecía (Os 2) y que el Padre y Jesús hacen en nuestro favor: no vienen porque se les vaya a pagar, sino porque hambrean amar y ser amados. El pago es el mismo amor que motiva su venir a la historia.
  • Un largo viaje: El que Dios realiza al fondo de corazón humano, fondo a veces poco tocable y poco dado a dejarse tocar. Un viaje de anonadamiento poco atractivo, aunque imprescindible para nosotros. Un viaje de consecuencias decisivas para nuestra felicidad. Hondo agradecimiento.

 

b) Concreciones

 

-         Equilibrio: Saber que Jesús viene a nuestra historia habría de producir en nosotros un saludable equilibrio, menos angustia ante las situaciones de incertidumbre, más fortaleza para no caer en las garras de ningún tipo de depresión.

-         Sosiego: Saber del viaje del Padre hacia nuestro fondo habría de tener como consecuencia el logro de un sosiego que necesitamos en muchas ocasiones para no sufrir sin causa, para ver con sensatez lo que nos pasa, para encajar con equilibrio nuestros evidentes fallos.

-         Visión positiva: Saber que Dios hace el viaje a lo nuestro nos tendría que animar a ver positivamente la realidad, más allá de su limitación, a emplear lenguajes laudatorios más que condenatorios, a poner en la balanza lo bueno de las actuaciones de las personas para contrarrestar lo malo que todo el mundo pone de relieve.

-         Confianza: Si sabemos que el Padre y Jesús están haciendo el largo viaje hasta nuestro fondo, tendríamos que activar la confianza que decimos tener en ellos. Y si hay confianza quedan conjurados muchos miedos, prevenciones, disgustos, zozobras que tienden a atenazarnos. Brota la paz.

-         Visión fraterna de la creación: Porque el viaje de Dios a lo nuestro afecta, claro está, a todo el hecho creacional. Viene al fondo de lo creado, de aquello que es nuestra familia. Y desde ahí nuestra visión de lo creado se vuelve fraterno y amable, como realidades que son familiares.

-         Agradecimiento: Al Padre y Jesús por hacer este viaje a lo profundo de lo que somos, a su enorme generosidad para no huir del frío de nuestro sótano, a su amor cálido que nos abraza por encima de nuestro fallo.

 

c) Para orar


Vienes a mí, Señor, sobre las aguas,
cuando arrecia en la noche la tormenta,
dueño del trueno, del rayo y la centella,
el que al mar agitado le das calma.

Cuando pienso que duermes te levantas,
si me siento abandonado ya regresas,
cuando el miedo y la duda se me acercan
con tu voz serena y firme los rechazas.

Soy Yo, no tengas miedo que en mi barca
estarás seguro en la tormenta,
ni las olas ni el viento te harán nada

Soy Yo el que en la noche te regala
una estrella que indica mi presencia
y señala el camino hacia mi casa.


6. CENARÉ CON ÉL Y ÉL CONMIGO

 

            Llegamos al culmen del anhelo de Dios: entrar a cenar con la creatura para que ésta cene con su Creador. Una relación no teológica, sino disfrutante, mística, amorosa. La expresión refleja el encanto de comer con quien se ama y que la Biblia también reseña: en Cant 1,4 el coro dice que la fiesta del amor tiene lugar en “la alcoba”; en 2,4 se habla de “la bodega”; en 3,4 se dice que el encuentro tendrá lugar “en la casa de mi madre”; en 5,1 el jardín es el lugar de una comida embriagadora. La cena de amor está llena de complicidades, de silencios sugerentes, de promesas. El tiempo se detiene y se centra uno en la persona del otro. La reciprocidad del corazón marca el decurso de la cena y se prolonga sin límites.

 

            a) Reflexión

 

  • Una cena en la que Jesús sirve y lava los pies: Es, ya lo dijo Jn 13, su manera de amar. No solamente para “enseñar” amor, sino porque él mismo ha entendido así el amor: se puede amar sirviendo, limpiando, haciéndole el favor al otro. No se avergüenza de ser un amante servidor y no tiene interés es ser un rey al que todos su siervos sirven.
  • Una cena en la que él se confía a la persona: Porque las confidencias brotan en la cena. Y le muestra sus “fragilidades” históricas, sus anhelos, sus sueños y sus logros finales en el amor del Padre. No solamente la persona se hace confidente del Jesús a quien acepta a su mesa, sino sobre todo viceversa. ¿Cómo acoger las confidencias de Dios, de Jesús?
  • Una cena que recrea: Que no cansa, que no amenaza, que no recuerda el pecado y los fallos, que no ahonda las heridas. Recrea, ayuda el disfrute, para hacer ver que la fe en Jesús, si es fe de amor, no puede ser un peso, un yugo inaceptable sino totalmente “ligero”, no obligatorio, no abrumador, como decía en Mt 11,30.
  • Una cena envuelta en encanto: En encadilamiento, en lenguaje y modos manifestativos, envolventes, cautivadores, enamoradores. Una cena de vida en la que el brillo de los ojos crece, no se apaga, siempre alumbra.
  • Una cena llena de promesas: De otras cenas, de un deseo inapagable de Jesús y el Padre de estar con nosotros, de la convicción por parte de Dios de que esta cena con la persona es su mejor disfrute y su opción más profunda.
  • Una cena donde los últimos son los primeros: Donde no hay rango porque ni Jesús mismo demanda ese rango. Una cena en la que toda persona es acogida y nadie es más que nadie y nadie es menos que nadie. Quizá si alguien es más, lo será el pobre porque su necesidad le da “derecho” al amor imparable del Padre.

 

b) Concreciones

 

-         No cansarse de servir la cena fraterna: Porque si algo está alejado del deseo de Jesús en esta cena es el cansancio. No se cansa de llamar, de servir, de amar. El amor lo hace incansable, no sus convicciones ni su “oficio” de Mesías. Ahuyentar la fatiga de la cena de las relaciones humanas; pasar por encima de fallos evidentes; no exigir que sean mejores para poderles servir.

-         Cenar con confianza: No con mirada aviesa, pensado por dentro en qué me pueden engañar, preguntándose por el segundo sentido de lo que me dice el hermano. Cenar, vivir, con las cartas sobre la mesa, sabiendo que pueden ser acogidas cuando son débiles y compartidas cuando son gozosas. La desconfianza en una bomba en la línea de flotación de la fraternidad.

-         Poner alegría y buenas palabras: Porque son los adornos mejores para una cena de fraternidad, de amor. La tristeza ensombrece la cena; las palabras duras amargan lo que uno come. El gozo y el buen decir liman las asperezas naturales de la relación fraterna.

-         Desear una cena, una relación fraterna, bella, delicada: No se trata de mojigaterías ni amaneramientos, sino de detalles pensados y queridos, de esa pequeña “grasilla” de las cosas sencillas que hacen que el carro de la fraternidad no chirríe.

-         Una cena fraterna que salte la valla del corazón del hermano: Y que deje cada vez más abierta la valla del propio corazón. Porque si ese último reducto de lo que uno es en el fondo queda intocado, aún nos falta la última estancia de la cena de amor, de la buena relación. Por eso, el “arcaico corazón” de la persona ha de ser el punto central de la diana de la buena relación, de la cena de amor.

-         Una cena en que siempre haya sitio para los débiles: Los lejanos y los cercanos, sobre todo estos últimos. Una cena, una relación hermética, cerrada, selectiva, privatizada no tiene nada que ver con la cena de amor del Padre que no pone ningún tipo de condición para cenar.

 

c) Para orar

 

Te invitas a nuestra mesa, Señor,

para acrecentar nuestro gozo,

para llevarnos al disfrute,

para animar nuestro canto,

para humanizar nuestra palabra,

para iluminar nuestra sonrisa.

De dónde brota tanta generosidad

sino de tu amor,

ése amor loco por nosotros.

¿Hasta cuándo no entenderemos

que nos amparas y nos abrazas?

 

 

SEGUNDA PARTE

 

1. AMAR ES MÁS IMPORTANTE QUE CREER

 

            Hay quien diría que no, que no se opone sino que se incluyen, que no hay contradicción entre una cosa y otra. Es posible. Pero es difícil negar que, desde niños (con el catecismo) hasta adultos (con el adoctrinamiento: teología, catequesis, espiritualidad) nuestro gran esfuerzo creyente ha estado en el tema del creer. Es cierto que hablar se hablado de amor. Pero lo importante es vivir en la “ortodoxia” del pensamiento y del sistema. Quien enmarca su vida ahí no tiene problemas, aunque sus trabajos de amor sean escasos. ¿Cómo pensar que lo que realmente cuesta es amar y que el creer ha de ser algo útil para engendrar amor?

 

            a) Reflexión

 

  • El claro primado de la ortopraxis: Porque claro está en el Evangelio. Para Jesús es prioritario el amor, incluso el amor a la persona (Jn 15,13) porque éste visibiliza el supuesto amor a Dios (1 Jn 3,17). Por eso, el amor cubre la totalidad de los pecados (1 Pe 4,8). Solamente puede entender esto quien ha amado mucho (Lc 7,36). Hay que dar cuerpo real a estas intuiciones básicas del Evangelio. Hay que hacerlo con “osadía”, desafiando al sistema establecido, a los planteamientos “consagrados”.
  • Nuestro problema no está en creer, sino en amar: Porque las decepciones en la vida fraterna no vienen del lado de la doctrina, sino del lado de la relación. Por eso, amar es nuestro problema y nuestra posibilidad. Es preciso entenderlo y vivirlo más como lo segundo que como lo primero.
  • La paradoja de estar unidos en el creer y menos en el amor: Porque eso ocurre, a veces, en nuestras comunidades: no nos cuesta manifestar la unidad en la doctrina; sin embargo, funcionar unidos en el proyecto fraterno, en la ilusión común, en las propuestas que nos ayudan a vivir con más ilusión, eso nos cuesta más. Por lo mismo, habría que hacer “inversiones” no tanto en la doctrina, sino en los caminos relacionales.
  • Un amor que englobe la fe: Y no al revés. Porque se cree que el amor relacional es un fruto, una consecuencia de la fe. Pero, en realidad, el núcleo de la experiencia cristiana es el amor, como lo demuestra el Evangelio (Jn 13,34-35). La doctrina común es una consecuencia de ese amor vivido previamente, básicamente.
  • Una amor que no envejece: Porque quizá la doctrina admite un cierto envejecimiento (aunque siempre habrá que estar renovándola). Pero un amor envejecido, esclerotizado, rutinizado, no se parece en nada al amor. Para que sea de calidad, el amor ha de ser vivo, avivado cada día. Y eso se puede hacer a cualquier edad.
  • Estremecidos ante la fragilidad del amor, no tanto de la creencia: Porque, como personas religiosas que somos, nos estremece la debilidad de la creencia (la poca gente que va a misa, el alejamiento de los jóvenes, el lenguaje ofensivo a Dios o a los símbolos religiosos, el descrédito de ciertas instituciones eclesiales, etc.). Pero lo que realmente habría de estremecernos es la fragilidad del amor en nuestra sociedad, en nuestra iglesia, en nuestras comunidades. Y con el estremecimiento, el propósito renovado de hacer un poco más fuerte ese camino de amor. Y eso se hace en gerundio, amando.
  • Un amor social y una fe social: Ya que el descrédito tanto del amor como de la misma fe proviene, en parte, de haberlos situado a ambos en una especie de intimismo que los priva de contenido. Para devolverles el vigor de un contenido nuevo se podría situar tanto a la fe como al amor en el marco de lo social. Desde las situaciones sociales de vida cotidiana el amor cobra cuerpo y también la fe.
  • Amar la corporalidad más que la ideología: En el amor a la corporalidad se encierra menos riesgo de vacío, de falsedad, de creerse lo que realmente uno no vive. Amar la corporalidad en todas sus variantes (los cuerpos, las sociedades, lo tocable de la naturaleza, las situaciones sociales que están ahí) es el mejor modo de llenar de contenido el amor y de tener a raya las ideologías invasoras (verdaderos “demonios” según el pensamiento evangélico).
  • Cuando se echa en falta los hermanos: Que suele coincidir con los momentos de dificultad. Echar en falta los hermanos es entonces síntoma evidente de que se los quiere. Decirles que los hemos echado en falta. No puede haber mejor “confesión de fraternidad”.

 

b) Concreciones

 

-         Cultivos diarios y sencillos de amor: Ya que la empresa del amor real se juega en las distancias cortas, en los caminos humildes de cada día, en los detalles. Un detalles suelto no es nada; un conjunto de detalles es un estilo de vida. Es preciso poner al amor el rostro de lo cotidiano. De lo contrario se arriesga uno a vivir un amor vacío (?).

-         No avergonzarse de amar a ojos vistas: Porque un extraño pudor se ha colado en la VR de la mano de muchos tópicos negativos en torno al afecto y a la sexualidad. Eso ha hecho que nuestro porte externo, nuestros signos de afecto sean, a veces, escasos. Dicen que se necesitan ocho abrazos para sobrevivir, doce para estar contento y no sé cuántos para ser feliz.

-         Hablar más de amor que de religión: Las personas religiosas, lógicamente, sabemos mucho de religión. Y siempre estamos hablando de ello (de obispos, del papa, de teologías, de intrigas eclesiásticas, etc.). No estaría mal que habláramos un poco más de amor y tal vez un punto menos de religión. Al fin y al cabo, nosotros no habríamos de ser expertos en cuestiones religiosas, sino en simple amor fraterno.

-         Amar con nombres: Es una buena forma de amar, incluso de rezar (Rom 1,9). Al rezar sin nombres se corre el riesgo de amar sin nombres. Y eso es totalmente imposible. Por el contrario, cuando se ponen los nombres a la plegaria, la oración se transforma en amor. Y viceversa.

-         Una casa donde el amor “se vea”: No solamente se dé por supuesto, se sobreentienda. Que se vea el amor en detalles, que lo palpemos quienes vivimos ahí y que lo noten quienes nos visitan y acompañan: lenguaje respetuoso, laudatorio, amable; gestos de acogida sin ninguna clase de desplante; huir del menosprecio al hermano como de la peste; valorar lo bueno que nos aportan los otros y hacerlo en voz alta, explícitamente; esforzarse por atender los pequeños gustos (incluso culinarios) que tiene nuestro hermano.

 

c) Para orar

 

Si quieres, peca: te lo dice Dios, y te lo dice seriamente. Peca, si quieres, peca. A mí no me hace daño ni ahogas mi gloria, ni le quitas nada a la inmensidad de mi gozo. Yo seré yo, plenamente yo, sin ti (En fin, un poquito menos sin ti, porque te llevo muy en el corazón, y me tiembla la voz al decir tu nombre). Yo solo quiero que seas feliz. Y que tus compañeros de casa y tierra, tus hermanos, sean felices también. Si pecando eres verdaderamente feliz, peca. Si pecado ayudas verdaderamente a la felicidad de los otros, peca. (M. Regal).

 

 

2. SÓLO EL AMOR RESISTIRÁ

 

            Así lo afirman los versos de G. Belli que ponemos al final. El amor quedará enhiesto y brillante sobren cualquier ruina. La relación humana está hecha de fragilidad y hermosura. Su hermosura nos atrae, su fragilidad nos desalienta. Es preciso construir una trayectoria de amor jugoso y resistente a la vez. Jugoso para que no caigamos en la aspereza que imposibilita la relación; resistente para que no se quiebre a la primera de cambio. Hay que empeñarse en desterrar el popular (e injusto, en parte) “viven si amarse” para dejar paso al “viven buscando amarse” más allá de las dificultades de la condición humana y de las notas peculiares de la vida en común.

 

            a) Reflexión

 

  • Maxima laetitia, vita communis: En contra de lo que tradicionalmente se decía: “Maxima poenitentia, vita communis”. Enfocar la vida fraterna como una “gran penitencia” (aunque tiene elementos “penitenciales” propios de cualquier opción) es ya un desenfoque inicial. ¿Por qué no entenderla siempre, incluso cuando muerde el desamor, como una vida en posibilidad de gozo y de disfrute humano? ¿Por qué no llegar a comprender que mi equilibrio personal depende de los hermanos y verlos como agentes de mi realización personal? ¿Es demasiado? ¿Y si esto no lo puede dar la VR, qué queda?
  • Asumir el mecanismo de la vida en grupo: Requisito imprescindible, primer paso en este camino de la buena relación. Si no se ha pasado a la orilla de la comunidad, todo serán obstáculos. La vida en grupo es un modo peculiar de relación humana, aquella que entiende que el crecimiento personal depende en parte de la otra persona. No es una mera organización para el mejor logro de los fines de un colectivo (por sagrados y apostólicos que se quieran), sino una manera de estar ante y con el otro.
  • Una mística fraterna: Porque se ha elaborado un mística religiosa muy fuerte (hasta límites, hasta el martirio). Pero quizá estemos necesitados de una mística de la vida en grupo que habría de descubrir la hermosura que es ser uno mismo ante el otro, y ser grupo que se acoge en la mutua aspiración al Otro.
  • Lo que queda, la fraternidad: Tras las muchas vueltas que da la vida, al final, lo que va quedando de positivo en el fondo del corazón es la buena relación que uno ha disfrutado en la vida fraterna, los caminos compartidos aunque sean humildes, los proyectos realizados en grupo, las experiencias de cercanía y de “tocarse el corazón” que la vida fraterna ha posibilitado. El mayor (y quizá único) activo vital de nuestro estilo de vida son los hermanos.
  • La dificultad de permanecer: Ya lo había advertido el Evangelio: es difícil permanecer (Jn 15,1ss). Vemos en un momento dado lo hermoso de la vida en común y nos entusiasma. Pero cuando se sufre la mordedura realista de los días, nos desalentamos. Permanecer es difícil. Hacen falta ayudas, pequeños socorros que nos animen: el ahondamiento, la reflexión, la oración, el disfrute, el buen humor, el aprendizaje de la relativización de lo que no es importante, la benignidad, el perdón, etc. Ayudar a permanecer en lo fraterno, un estupendo trabajo de amor fraterno.
  • En la resistencia habita la esperanza: Eso afirma E. Sábato. Y es verdad: cuando nos asaltan muchas preguntas no respondidas sobre nuestro incierto futuro, quizá la resistencia sea una respuesta real, la única tal vez. No se trata de aguantar sin más, sino de hacerlo creando cauces de fraternidad, por humildes que sean. Quizá ahí haya una clave.
  • Cuestión de confianza: Porque la desconfianza es el gusano que mina la relación (con razón o sin ella). Y los días se vuelven amargos cuando se mira aviesamente al corazón del hermano. La desconfianza es una siembra de sal sobre el campo de la fraternidad. Nada puede crecer mientras ella esté presente.
  • Mejorar es posible: Es preciso superar la sensación de que ya no hay remedio, de que estamos demasiado hechos para cambios, de que mi comunidad no tiene posibilidad de mejora. A veces los márgenes son pequeños; pero siempre hay una posibilidad esperando. Basta buscarla, anhelarla, intentarla. Y quizá surge con toda su lozanía. Tienen razón los que dicen que a la esperanza le basta una grieta para florecer.

 

b) Concreciones

 

-         Lectura positiva de los acontecimientos fraternos: Tratar de huir de dramatismos innecesarios, de exageraciones, de sensacionalismos raros. Leer lo que nos pasa desde su lado más positivo. Tener una mentalidad positiva y positivizante. El pesimismo y la dramatización juegan en contra de la buena relación.

-         Tratar de conservar un talante ecuánime: Porque eso ayuda mucho a resistir en la fraternidad sin inferirnos heridas innecesarias. No darle tantas vueltas a las pequeñas heridas diarias, no sacar de contexto los asuntos, ahondar con paz en lo que vamos viviendo.

-         Los compromisos fraternos como obra de amor: No entender tales compromisos como obligación, como lógica colaboración a la buena marcha del grupo. Son eso y mucho más: son la manera de mostrar, con carne y hueso, que la opción de vida por el grupo está funcionando. Son, en definitiva, un lenguaje de amor.

-         La comunicación, gesto necesario de amor: El mutismo, el irse al propio rincón, el meterse en el propio caparazón, el no compartir ni penas (para que mengüen) ni alegrías (para que crezcan) es un camino sin salida. Por eso, cuanto más se comunique uno con el hermano, mejor. Comunicarse es, sencillamente, tratar de mostrar lo que uno de verdad vive y cómo lo vive. Sin exageraciones y sin culpabilidades. Y dejarlo así en las manos del hermano porque se confía en él. Una fraternidad que se comunica tiene mejor futuro.

-         Momentos de amor: Hay que desearlos, hay que buscarlos: conversaciones, paseos, cultura compartida, disfrute en fraternidad, oración gustada entre todos, corporalidad participada, etc.  Esos momentos son la pequeña espina dorsal de la buena relación. Sin ellos, la cosa tiene el peligro de difuminarse.

-         Levantar los hombros con facilidad: Cuando las cosas no van bien, tratar de no hundirse en la miseria. Levantar los hombros y seguir adelante. Cantar en los tiempos oscuros, como decía Brecht. Porque todos tenemos experiencia de esa oscuridad. Pero el “canto” en la noche (el buen humor, el talante festivo, la ecuanimidad) aleja las tinieblas o, por lo menos, impide que se hagan más densas.

-         Construir el amor con materiales humildes: El propio material personal, las pequeñas actividades comunitarias, los trabajos que cada uno realiza haciéndolos lo mejor posible, las pequeñas búsquedas creyentes, los pasos dados al frente para responder al momento de cada grupo religioso, etc. Materiales humildes pero imprescindibles para esto tiempos nuestros de construir un futuro que no veremos.

 

c) Para orar

 

Sólo el amor resistirá

mientras caen como torres dinamitadas

los días, los meses, los años.

Sólo el amor resistirá

alimentando silencioso la lámpara encendida,

el canto anudado a la garganta,

la poesía en la caricia del cuerpo abandonado.

Algún día,

cualquier día,

doblará otra vez el recodo del camino

lo veré alto y distante,

acercándose,

oiré su voz llamándome,

sus ojos mirándome

y sabrá que el amor ha resistido

mientras todo se derrumbaba.

 

                                     G. Belli

 

3. LA VACUNA CONTRA EL DESAMOR

 

Porque todos sabemos que el desamor nos amenaza como una epidemia. ¿Hay vacuna contra él? La hay: una mezcla equilibrada de utopía y de realismo. Las dos cosas son necesarias a partes iguales (aunque por el desequilibrio real que padecemos, haya que potenciar un poco más la utopía). La utopía ha de ser buscadora y anclada en la realidad. El realismo ha de tener horizonte para que no se vuelva destructor y esterilizante.

 

            a) Reflexión

 

  • ·        Una VC en la que brote la utopía: Decimos que no estamos para estas historias, con el trabajo que tenemos, con los palos que nos ha dado la vida. Raramente se pone sobre la mesa de la comunidad temas que tienen que ver con el sueño, la utopía, el anhelo, los deseos. Pero, en realidad, son los grandes dinamismos de lo humano. Nos movemos más por deseos que por normas, por poner un ejemplo. No temer hablar de lo que anhelamos, de lo que desearíamos, de lo que buscamos. No temer hablar de ilusiones aún no cumplidas, etc. Tanto a nivel personal como comunitario.
  • Una utopía con carne histórica: Es decir, no se puede hablar de utopías, sueños y anhelos sin poner carne en el asador para que esos sueños se acerquen a la vida. No se puede hablar de la utopía de una vida en igualdad si no funcionas en modos de igualdad. No se puede hablar de un día mejor para los pobres si no trabajas pacientemente con ellos, si no consideras una “suerte” estar con ellos.
  • Una utopía que es fortaleza de los frágiles sociales: Por eso, habrían de interesarnos todas las fragilidades sociales. No hemos de caer en la tentación de hacer nuestro trabajo encomendado nada más, meternos en esas tareas habituales y despreocuparnos del resto de la sociedad. El cumplimiento de “las obligaciones”, cuando se convierten en rutina (y lo hacen fácilmente) pueden matar la utopía.
  • La utopía en momentos de reducción de la VC: Una razón más que esgrimen quienes se oponen a este tipo de reflexiones. Pero la utopía, como el seguimiento de Jesús, no depende del número ni de la edad, sino sobre todo de la ilusión, de la adhesión a Jesús y del sueño real por una sociedad más fraterna y justa. Por eso, nuestra época no está exenta del sueño de la utopía evangélica y social. Sería como negar lo más valioso que tenemos, lo que da sentido a nuestra profecía y, con ella, a nuestra propia opción.
  • Podemos más de lo que creemos: Porque se argumenta diciendo que, en estos tiempos (reducción, alta edad, etc.) nuestras posibilidades son escasas. Si las ponemos a trabajar son más de las que creemos. Hay muchos colectivos sociales activos que no tienen ni la décima parte de nuestros recursos. Realismo sí, ánimo también.
  • No caer en el engaño de creernos solidarios con la realidad estando lejos de ella: Porque esa lejanía deforma en todos los sentidos la realidad y la hace inasimilable. Para ser realista hay que ser, a la vez, persona cercana a lo duro de la existencia. Una solidaridad “desde lejos” nada tiene que ver con la de Jesús.

 

b) Concreciones

 

-         Utopía en la propia comunidad: Creer en los hermanos (que es más difícil que creer en Dios), creer que siempre se puede avanzar, creer que, siendo las que somos, podemos vivir bien, creer que de nosotros depende un poco la suerte de los débiles.

-         Utopía en los proyectos comunitarios: Creer que es el medio mejor de vivir con sentido la vida común, adherirse con facilidad a ellos, colaborar en todo, empujar en la dirección de lo común, no ceder al individualismo y a la rutina, soñar con un proyecto comunitario vivo y cordialmente aceptado.

-         Utopía con los pobres cercanos: Con esos con los que te encuentras y trabajas. Situar la utopía social en las distancias cortas. Tratar de envolver esas actividades en espiritualidad de la dignidad, de la justicia, se la sociedad nueva. Creer en la posibilidad de otro mundo y de una vida mejor para quienes lo tienen muy difícil.

-         Utopía en la sociedad en la que vives: No renegar de nuestra sociedad, no negativizarla porque sea laica, sentirse ciudadanos de verdad, mantener viva la amistad cívica (el respeto, la tolerancia, la humilde aceptación de quien piensa distinto).

-         Utopía en una misma: Vistas y comprobadas en estos años las limitaciones en las que se ha desarrollado y, previsiblemente, se va a desarrollar nuestra vida. No cansarse de uno mismo, como mejor forma de no cansarse de las hermanas. Creer firmemente que el día que Dios pone en nuestras manos es una oportunidad siempre nueva.

-         Realistas para creer en el amor: Aunque parezca cosa lírica. ¿Está reñido el realismo y el amor? Creemos que no. Tras estos largos de VC seguir creyendo en las posibilidades del amor (en todas sus variantes) no es carecer de realismo, sino todo lo contrario (la vida lo confirma, tanto o más que el fracaso del amor).

-         Realistas para mirar al fondo de la persona: Porque quedarse en lo de fuera no es ser más realista que intentar mirar más allá de las apariencias. Que no nos despiste lo exterior de la persona, de los pobres, de nosotros mismos. Lo bueno está dentro. Miremos ahí con realismo.

-         Realistas y lúcidos para no entrar nunca en terrenos de injusticia: Realistas para no hacer el juego al sistema social, ni siquiera el religioso, cuando se trata de asuntos peliagudos que rozan la injusticia, sea cual sea. Ser ahí fuertes para apelar a la justicia del Evangelio.

-         Realistas para apoyar todo camino que lleve a la renovación: No con el realismo malo de quien dice que no hay nada que hacer, antes de hacer nada. Pensar que cualquier intento de renovación puede dar algún fruto. Contagiar ánimo e ilusión creyendo en el amparo de Jesús y en la buena voluntad de las hermanas.

 

c) Para orar

 

"La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar" (E. Galeano)

 

4. ¿SE PUEDE VIVIR SIN AMOR?

 

            En la encantadora novela La vida ante sí de Émile Ajar, el niño Momo pregunta al anciano señor Hamil: “¿Se puede vivir sin amor? Él no contestó y bebió un poco de té de menta, que es bueno para la salud”. El silencio del señor Hamil está indicando que sí, que se puede vivir sin amor. Malvivir, más bien. Por eso, hay que pretender vivir con amor y no ceder a la malvivencia del desamor. ¿Cómo hacerlo? El hermano Roger, antiguo prior de Taizé, tenía una frase que ilumina: “Pienso que desde mi juventud nunca me ha abandonado la intuición que una vida de comunidad pudiese ser el signo que Dios es amor y solamente amor. Poco a poco surgió en mí la convicción que era esencial crear una comunidad con hombres decididos a dar toda su vida y que buscasen comprenderse y reconciliarse siempre: una comunidad donde la bondad del corazón y la simplicidad estuviesen al centro de todo”. Es decir, con una vida bondadosa y sencilla se puede controlar la tentación de, ante la dificultad de una vida en buena relación, echarse a la cuneta y resignarse a vivir con el amor menguado.

 

            a) Reflexión

 

  • ·        Puerta abierta al amor: Así es la bondad. Entrar en el mundo del amor, en el trasfondo de la persona (de uno mismo) no resulta fácil. La bondad es una puerta para colarse en ese complicado y hermoso mundo interior. Las personas que trabajan la bondad (no solamente las que son buenas por carácter) tienen ante sí, con frecuencia, la senda que lleva a un amor real.
  • ·        Mirando en dirección del otro: Eso es la bondad: mirar no tanto en dirección a uno mismo y sus intereses (a esto tendemos por estructura humana), sino hacerlo también en la dirección de los intereses de los demás, hasta que ellos sean míos propios. Este cambio de mirada (un verdadero milagro) lo posibilita la bondad.
  • ·        Maravillarse ante el bien del otro: Agradecer y disfrutar de los valores del otro y de sus logros. Alegrarse por el otro es, no cabe duda, una de las mayores alegrías que puede tener otro hermano. Para ello hay que ser de buen corazón. De lo contrario, únicamente nos causará gozo nuestro propio bien y nuestro triunfo.
  • ·        El olvido del mal inferido: Es otra manera de hablar de la bondad. Porque ese olvido está hecho de comprensión, misericordia y magnanimidad. Sin olvidar es imposible ser básicamente bueno
  • ·        Descentrarse, hacer sitio al otro en nuestro centro: Eso es lo que posibilita la sencillez entendida como componente humano, no solamente como valor o virtud moral. Ser sencillo es creer que en tu centro hay sitio para otros y que eso no te despersonaliza o empobrece, sino que te enriquece más.
  • ·        Creer en el valor de las entregas: Condición necesaria para funcionar con sencillez. Porque si el valor de la entrega lo atribuyes al aplauso, premio, pago o reconocimiento, muchas veces se te oscurecerá el panorama. Ser persona básicamente sencilla es creer, como Jesús, que las entregas nunca se pierden porque tienen un valor en sí mismas.
  • ·        Renunciar al escaparate, el valor de las raíces: Por contagio social tendemos al brillo, a la fanfarria, al escaparate. Una vida básicamente sencilla habrá de renunciar a ello con toda decisión. Si no, el “brillo” de lo sencillo no le atraerá y correrá, como mariposa a la luz, tras el escaparate y el aplauso que parece llevar al reconocimiento social.

 

b) Concreciones

 

-         Sencillez y detalle en lo cotidiano: Porque ese es el marco mejor para lo sencillo. Lo extraordinario es más susceptible de deformación, aparte que, por definición, raramente ocurre. Enmarcar la sencillez en lo cotidiano es garantía de verdad y de hondura.

-         Sencillez en las formas y en el fondo: No solamente en las formas, que también. Sobre todo en el fondo, en ese estar ante la persona en maneras que no quieren ser siempre el centro, que no quieren imponer sus criterios por encima de todo, que detestan apropiarse del corazón de la persona.

-         Sencillez con los más sencillos: Con los más desvalidos con aquellas personas con las que los fuertes son fuertes (y no se atreven a serlo con quien es realmente fuerte). Sencillez para situarse a su nivel, para hablarles con respeto, para escucharles con detalle, para compartir sus puntos de vista, para creer que la razón y la verdad también se halla (en parte al menos) de su lado.

-         Sencillos y libres: Ya que la sencillez puede dejarnos con más libertad ante los poderosos, los influyentes, los opresores. Al no estar en su terreno, eso nos deja más libres, aunque hayamos de sufrir, lógicamente, sus iras. Por eso, la sencillez es una herramienta para los amantes de la libertad.

-         Buenos ciudadanos: Porque la bondad es expansiva y ha de tocar la ciudadanía. Apreciar la “amistad cívica”, esa actitud que te hace ser benévolo con tu conciudadano. Profundo respeto a las instituciones democráticas, aunque tengan fallos (intentar colaborar a subsanarlos, no a acrecentarlos).

-         Buenos con quienes no son oficialmente buenos: Porque en realidad siempre tienen algo de bueno, o mucho. Apoyarles para equilibrar el duro peso de quienes los censuran y denigran. Jesús fue bueno con esa clase de personas, arrostrando las consecuencias pertinentes.

 

c) Para orar

 

¿Quién escucha a Quién cuando hay silencio?
¿Quién empuja a Quién, si uno no anda?
¿Quién recibe más al darse un beso?
¿Quién nos puede dar lo que nos falta?

¿Quién enseña a Quién a ser sincero?
¿Quién se acerca a Quién nos da la espalda?
¿Quién cuida de aquello que no es nuestro?
¿Quién devuelve a Quién la confianza?

¿Quién libera a Quién del sufrimiento?
¿Quién acoge a Quién en esta casa?
¿Quién llena de luz cada momento?
¿Quién le da sentido a
la Palabra?

¿Quién pinta de azul el Universo?
¿Quién con su paciencia nos abraza?
¿Quién quiere sumarse a lo pequeño?
¿Quién mantiene intacta
la Esperanza?

¿Quién está más próximo a lo eterno:
el que pisa firme o el que no alcanza?
¿Quién se adentra al barrio más incierto
y tiende una mano a sus “crianzas”?

¿Quién elige a Quién de compañero?
¿Quién sostiene a Quién no tiene nada?
¿Quién se siente unido a lo imperfecto?
¿Quién no necesita de unas alas?

¿Quién libera a Quién del sufrimiento?
¿Quién acoge a Quién en esta casa?
¿Quién llena de luz cada momento?
¿Quién le da sentido a
la Palabra?

¿Quién pinta de azul el Universo?
¿Quién con su paciencia nos abraza?
¿Quién quiere sumarse a lo pequeño?
¿Quién mantiene intacta
la Esperanza?

 

5. MUCHOS HERMANOS, POCOS AMIGOS

            La espiritualidad ignaciana habla más de amigos que de hermanos. Parece que eso decía san Ignacio que debían ser los miembros de la Compañía, aunque tanto sus actuales constituciones como sus documentos hablan de ser hermanos, de no ser meros compañeros de trabajo. “Amigos que tienen al Señor por compañero común”, dice el P. Kolvenbach. Puede parecer que es poca cosa, que es más ser hermanos. Pero la cruda realidad es que, quizá, nuestra VR nos da muchos hermanos (todos los miembros de la Congregación) pero pocos amigos (aquellas personas con las que puedes contar). ¿Cómo construir un tipo de relación comunitaria que potencie la amistad para que brote la hermandad?

 

            a) Reflexión

 

  • Amistad estigmatizada: Así ha sido tradicionalmente y algo queda. La VR es temerosa ante el fenómeno de la amistad (cualquiera que sea). Una mentalidad abierta puede ser muy beneficiosa hasta tener por una suerte para la comunidad las amistades que tiene el corazón del hermano. Si son compartidas, como los gozos, acrecientan la alegría y el sentido correcto de la vida.
  • Filias y Fobias: Así funcionamos muchas veces, aunque sea un mal funcionamiento. Un hermano me cae bien, entra en mi círculo vital, de influencia e incluso de poder. Me cae mal, queda excluido y todo lo suyo está marcado de antemano. Este modo de funcionar no lleva a ninguna parte.
  • Del uno al todo, un camino: Porque las amistades han de ser “únicas”, pero no quiere decir cerradas. Desde el uno se puede ir abriendo al todo de la comunidad, del grupo humano. Hacer esta trayectoria de ensanchamiento de horizontes es imprescindible para la amistad.
  • Amistad transitiva: Todo el mundo puede transitar por ese camino. Vetar de antemano el paso a alguien va en contra de lo más elemental de la vida amigable. Hacer selección en base a valores o a intereses es, así mismo, cerrar la puesta a la amistad que recrea a la persona.
  • Amistad cultivada: Ya que no es un mero valor connatural al buen carácter, sino un trabajo en el camino de la humanización de las personas. Por eso hay que trabajarla, construirla día a día, artesanalmente, detalle a detalle.
  • Amistad creyente: Ya que los trabajos de la fe pueden ser un lugar común muy propicio para el cultivo de la amistad valiosa. Para que esto fuera eficaz, han de ser trabajos mezclados a otros del cotidiano vivir. De lo contrario se corre el riesgo de crear una superestructura de amistad que se venga abajo en el momento de la más elemental dificultad.
  • Amistad, base imprescindible de la hermandad: Porque pretender ser hermanos obviando los trabajos por la construcción de la amistad es querer ir por el atajo. Una hermandad sin amistad es, con frecuencia, una hiriente caricatura. La amistad es la que hará que la hermandad no nos desaliente en el momento de su inevitable debilidad.

 

b) Concreciones

 

-         Los duros trabajos por ser amigos de hermanos difíciles: No es nada fácil, pero quizá sea la única manera de que el hermano difícil (un poco lo somos todos) encuentre un lugar propicio para entender y vivir su limitación con un poco de humanidad y sosiego.

-         La amistad con los débiles llevando sus cargas: Como dice Pablo en Rom 15. Eso quiere decir que la amistad con los hermanos débiles no puede ser hacerles el juego y dejar que la comunidad se paralice. Hay que intentar que caminen, aunque sea su ritmo y a costa de que yo tenga que llevar alguna “carga” suya. No puede ser entendida la amistad como una cobertura para la inactividad y la desgana.

-         Más allá de la lentitud de la comunidad: Ya que esa lentitud hace trizas nuestra “amistad comunitaria”. Hay que situar más allá de ella: para no montarse en el carro de los lentos, para no desesperarse y colocarse desconectadamente en el carro de los rápidos. Amistad comunitaria sería, como hemos dicho, aquello de L. Felipe: llegar todos juntos y a tiempo.

-         Imprescindible delicadeza: Para no airear los asuntos de amistad con quienes no están en ese círculo, para no publicar lo que ha sido dicho en el ámbito de la confianza, para guardar como un secreto lo que en secreto se nos dijo. Ser amigo y lenguaraz a la vez es algo contradictorio.

-         Amistad fiel: Que pervive más allá de la mera convivencia física, que traspasa los años y las distancias, que pasa por encima de las situaciones y se sigue manteniendo.

-         Cada día más amigos, cada día más hermanos: Porque una cosa lleva a la otra y se entremezcla y vuelve sobre ella. Pretender ser hermanos sin amistad es complicado. Quedarse en la amistad sin anhelar la hermandad es quedarse corto en el horizonte y el anhelo.  

c) Para orar

Compañera/o
usted sabe
que puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que le miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo

Mario Benedetti

 

6. LA CASA DE LOS POBRES

            La casa a la que Jesús se autoinvita, la casa de la historia, es, para muchos, una casa de pobreza y marginación, de frialdad y carencias. Es la casa de los pobres. Queremos poner, siquiera al final, un tema “social” para que no entendamos que los trabajos del amor están desligados del mero hecho social, económico, histórico. Por eso queremos decirnos algo de la casa de los pobres que es, como dice Rilke, “como un sagrario”.

 

            a) Reflexión

 

  • Casa fría, casa humana: Ya que la frialdad, por mucha que sea, no puede erradicar la humanidad que le es connatural a toda casa de humanos, de creaturas. Es preciso saltar muchas veces por encima de la frialdad para percibir el fueguito del calor humano que anida en ella.
  • Casa egoísta, casa transitiva: Porque el pobre tiene muchas razones para ser egoísta, ya que la vida le atiza duro e injustamente. Pero, sin embargo, la casa de las pobrezas es una realidad transitiva, donde se puede entrar y tener amor y humanidad, aunque con frecuencia vaya esto velado en humildad y postergación.
  • Casa herida, casa utópica: Ya que las casas de las pobrezas están heridas de olvido, de menosprecio, de hiriente abandono. Pero la utopía se agazapa en ellas y ahí pervive, porque hace tiempo que se fue de las casas del poder y de la fuerza. Así que debemos muchos a las pobrezas porque ellas mantienen viva la utopía y el sueño de la justicia (aunque lo hagan “a la fuerza”).
  • Casa débil, casa fuerte: Porque la debilidad de las casas de las pobrezas es manifiesta y amplia en todas sus vertientes. Pero hay también en ella una fortaleza que nos beneficia mucho: la fortaleza de quien sobrevive por encima de injusticias, la santidad de vivir que hace que se cumpla la vieja y única vocación humana que se plasmó en aquel antiguo “creced y multiplicaos” de la Biblia.
  • Casa ninguneada, casa profética: Ninguneada por el poder que menosprecia, pero profética por la fuerza imparable de sus anhelos. Por eso, aunque el caminar sea lento, la profecía que viene de las pobrezas irá teniendo cada vez más sitio y los enormes diques del egoísmo no lograrán contenerla.
  • Casa despojada, casa con derechos: Ya que la pobreza es, ante todo, un despojo de derechos que son inherentes a la dignidad de las personas y de las creaturas. Pero aunque se intente despojarles de tales derechos y se haga menosprecio explícito de ellos, el reclamo de tales derechos, la voz que los demanda no podrá ser apagada del todo y, a la primera de cambio, resurgirá con toda su fuerza.
  • Casa de pena, casa de consuelo: Muchas son las penas que acompañan la vida de los pobres, lo sabemos. Pero también reciben consuelo, por minúsculo y hasta discutible que sea. Es un consuelo que deriva de la justicia debida. Por eso, hasta que no se colme, siempre habrá que intentar dárselo.

 

b) Concreciones

 

-         Poner el pie: Es muy peligroso hacer lírica de las pobrezas; es hiriente. Intentar no hacerlo. Poner el pie en los lugares de pobreza para, al menos, hablar con más cuidado.

-         Como elefante en cacharrería: Así vamos, a veces, a las casas de los pobres. Habría que ir con todo respeto, sin hacerles a ellos lo que a nosotros no nos gustaría, sin meternos en asuntos que son suyos, sin condicionar nuestro socorro a que se “desnuden” ante nosotros.

-         Comprender, excusar: Porque por ser pobres no son intachables, ni santos. Pero, a causa de su situación de debilidad social, merecen un plus de comprensión y hasta una excusa de la que el poderoso no puede ser acreedor. No cansarse de hacerlo.

-         Mezclar casas: Las nuestras y las suyas. Abrir mentalidad y puertas para que el tránsito se pueda hacer, al menos en parte. Pensar que de ese intercambio solamente pueden surgir beneficios. Creer que es el intercambio de Jesús cuando se apunta a nuestra cena de la historia.

-         ¿Y quienes no tienen casa?: ¿Cómo ser comprensivos con ellos para hacerles ver de algún modo que su desarraigo social, su transeuntismo, no les despoja ni de sus valores ni de sus derechos? Es a esa “casa” a la que se apunta Jesús. A ver nosotros.

 

c) Para orar

 

La casa del pobre es como un sagrario.
En su interior lo eterno se cambia en alimento,
y al anochecer regresa suave
hacia sí, en un anchuroso círculo,
y se acoge en sí, lento, pleno de resonancias.

La casa del pobre es como un sagrario.

La casa del pobre es como la mano de un niño.
No toma lo que los adultos piden,
le basta un escarabajo con ornadas pinzas,
una piedra ovalada de rodar por el río,
la corrediza arena y las conchas sonantes.
Es como una balanza suspendida,
sensible a la más leve recepción,
oscilando largamente entre los dos platillos.

La casa del pobre es como la mano de un niño.

Es como la tierra la casa del pobre:
esquirla de un venidero cristal,
ya claro, ya oscuro, en su huidiza caída;
pobre cual la cálida pobreza de un establo, -
y no obstante están los anocheceres: en ellos es ella todo,
y de ella vienen todas las estrellas.

R.M.Rilke

 

 

Ser humanas en los conflictos

 

 

SER HUMANAS EN LOS CONFLICTOS

 

I

LA ELABORACIÓN DE CONFLICTOS EN LA VIDA RELIGIOSA

 

Esta reflexión comparte la certeza de que los conflictos pueden derivar en elementos de crecimiento en humanidad para los grupos humanos. Es decir, los conflictos pueden ser vividos como trampolín para un aumento en hondura humana. Esta convicción atraviesa las páginas de esta reflexión y justo es decirla desde el primer instante de la misma.

            Cualquiera que mira la realidad de nuestras comunidades religiosas tiene la impresión de que son grupos que elaboran difícilmente los conflictos (existentes como en todo grupo humano) o que miran para otro lado queriendo hacer y hacerse ver que no existen tales conflictos, cuando en realidad, en el subsuelo, están como es natural y, a veces, en modos agudos. El trabajo de análisis de tal realidad demanda unas fuertes dosis de sentido crítico y de capacidad de revisión de vida. De ambas cosas ha adolecido, al menos hasta ahora, la VR tradicional, ya que se consideraban tales actitudes como indisciplina próxima a la desobediencia. Por eso se arrastra un déficit de análisis y de vigor de cara a un enfoque humanizador de la realidad conflictiva en la que se mueven las personas y los grupos religiosos.

            Quizá ha sonado la hora de encarar estos aspectos olvidados de la dinámica comunitaria porque las cotas de adultez a las que va accediendo la VR son crecientes. Efectivamente, elaborar conflictos con humanidad es una característica honda, trascendente, del ser humano. Él provoca la mayoría de sus conflictos y él ha de irlos solucionando con humanidad, cosa que contribuirá, sin duda, a que aminore el número de esos mismos conflictos.

            Trabajar estos cimientos tan básicos y tan elementales de la convivencia humana es poner las bases para una vivencia saneada de la propia vocación. Como lo demuestra la experiencia, ésta no flaquea generalmente por cuestiones teológicas o carismáticas, sino que se quiebra en cuestiones humanas, de convivencia y relación.

 

1. El conflicto en la Vida Religiosa

 

            a) Reflexión previa:

 

Toda la vida de la Iglesia, y la de la VR con ella, como la de cualquier grupo humano, han estado marcadas por el conflicto. Las raíces de la conflictividad en la vida de la fe vienen de lejos (recordemos los conflictos fraternos del Génesis o los de las primeras comunidades cristianas). Todo esto podría llevarnos a una consecuencia que, también en este caso, se convierte en hipótesis de trabajo más que en certeza indiscutible:Por muy paradójico que parezca, no se puede defender que el conflicto sea algo que, sin más, atente a la comunión fraterna. Esto puede ser un argumento por parte del poder que quiere imponer “su” comunión, su norma y su orden que no sabe encajar la dificultad histórica. Ser hermano/a como hermano con litigios puede ser una manera, dolorosa pero muchas veces fecunda, de encontrar el verdadero camino que la fe habría de seguir. El conflicto está ahí, ni es deseable ni deja de serlo, y tratarlo con humanidad puede llegar a convertirse en un dinamismo de crecimiento y de vida.

 

b) Tipología:

 

            1) Conflictos a nivel personal:

 

                        Además del cúmulo de conflictos personales, más o menos acentuados, que cada persona lleva como parte íntima de su estructura personal nos permitimos señalar tres conflictos de la persona con la realidad comunitaria:

  • Los votos como conflicto: Para muchos hermanos y hermanas los votos se han convertido más en un problema que una fuente de espiritualidad. El conflicto aflora pujante en torno al tema de la obediencia, porque apunta a la relación entre persona y comunidad. Quizá sea éste uno de los mayores pesos que hay que soportar y un ámbito de conflictividad muy fuerte. Eso está indicando que hay que repensar ese ámbito para que pase de la conflictividad a la ayuda.
  • La integración real en la comunidad: Lo muchos años de vida fraterna no llegan a veces a obrar en algunas personas su integración real en los planes comunitarios. La fraternidad sigue siendo percibida como un “enemigo” del que me tengo que defender. Es preciso asumir este conflicto para intentar pasar a la orilla de la comunidad.
  • Las diversas experiencias de fe: Nunca se ha vivido la fe en modos absolutamente iguales porque eso se mezcla a las experiencias vitales y éstas son harto diferentes.

 

2) Conflictos a nivel comunitario:

 

  • El persistente conflicto de la relacionalidad: Este asunto es connatural al camino de la vida fraterna, aunque se haya avanzado notablemente respecto a épocas anteriores. El hermano/a siempre será un “problema”, aunque es también nuestra posibilidad. El peligro es que transcurra la vida comunitaria sin que esa posibilidad aparezca como el sentido de la VR. Todo conflicto de relación, tratado, se puede convertir en un impulso; no tratado, es arena en el engranaje de la vida fraterna.
  • Déficit de confianza: Este conflicto viene también de lejos. Se debe, en parte (y más allá de indudables aspectos personales), a la evidencia de que la VR se ha organizado más como una estructura religiosa que como una familia de hermanos/as. El déficit de confianza genera una dinámica de “frialdad” en las relaciones comunitarias.

 

3) Conflictos a nivel institucional:

 

  • El conflicto que brota de la itinerancia: Tradicionalmente la VR ha sido entendida como una realidad para durar. Pero he aquí que la sociedad ha entrado desde hace años en el torbellino del continuo cambio. Las Congregaciones no se han hecho aún idea de pertenecer a una sociedad que tiene el cambio por componente estructural. Esto genera un conflicto entre una realidad social fuertemente cambiante y unas estructuras hechas para permanecer.
  • El conflicto del alejamiento social: Porque la VR tradicional ha encontrado un modo muy sencillo para que no se disturbe su plan, sus horarios, su recogimiento: el alejamiento de los torbellinos de la sociedad. Pero el alejamiento ha conllevado un desenfoque y una desconexión. La única manera de superar este conflicto se dará a través de una reorientación de la línea general de las Congregaciones en la medida que entiendan la sociedad como compañera de camino.
  • El conflicto de la relación con el laicado: Porque comienza a despejarse este conflicto a nivel teórico, pero en la práctica cotidiana la cosa está todavía muy en pañales. El único modo de ir solucionando este conflicto es llegar a entender que los laicos están llamados a compartir carisma, misión y vida con los religiosos/as y que esto ha de ir cobrando cuerpo en planes de vida efectivos.

 

He aquí todo un volumen de conflicto que es preciso tener presente a la hora de proponerse elaborar teorías y estrategias para encajar este lado débil, pero posibilitador, de la VR. Aquí se verifica aquello de que construir la vida fraterna es más difícil que hacer grandes obras de ingeniería: es construir el camino de acceso al otro/a con todas sus posibilidades y dificultades. La envergadura de la tarea no le resta hermosura.

 

2. Mecanismos de solución:

 

            Elaborar conflictos no es solucionarlos ni dictar sentencia entre los contendientes. Es empezar a caminar en direcciones comunes, a entrever la posibilidad de acuerdos elementales sobre bases compartidas. Es el comienzo de un posible entendimiento.

 

            a) Claves:

 

  • Bases éticas: Se trata de cambiar las bases éticas de un conflicto destructivo por las de un conflicto constructivo. Aquellas son: el valor absoluto de mi causa, el principio de que el fin justifica los medios, el objetivo de vencer y/o derrotar, el uso y abuso del ojo por ojo, el empleo de la fuerza como método, la percepción del enemigo sólo como enemigo despojado de su valor de persona. Estas bases habrían de ser cambiadas por las de un conflicto constructivo que son: ante todo, la premisa irrenunciable que es la del valor supremo de la dignidad humana. Además sería preciso mantener que la ética es lo que justifica el fin y los medios y entender que el objetivo no es vencer, sino convencer y/o acordar.
  • Dilemas: La acogida de conflictos plantea una serie de dilemas que han de ser preguntados y resueltos de forma positiva. He aquí algunos de esos dilemas: ¿Recibo el conflicto de manera receptiva o defensiva? Recibirlo de la primera manera abre las puertas a la posibilidad de un camino; recibirlo de la otra forma es cerrar las puertas a cualquier posibilidad de acogida y, por ello, de solución. ¿Es mi reacción ante el conflicto de ira o de paciencia? Los procesos conflictivos requieren altas dosis de paciencia. La ira agudiza el planteamiento negativo. ¿Entiendo el conflicto desde el prejuicio o desde la complejidad? Casi todos los conflictos son complejos; los prejuicios simplifican y desenfocan el planteamiento. ¿La intención de fondo es la de imponerse o la de dialogar? Porque el resultado del proceso será muy diverso en cada caso. ¿Trato el conflicto con rigidez o con flexibilidad? Ya que la flexibilidad es verdadero bálsamo para las heridas del conflicto.
  • Herramientas: Existen una serie de herramientas que pueden ayudar mucho a la hora de iniciar un proceso de tratamiento del conflicto. La primera de ellas es la escucha, ya que una actitud escuchante abre puertas y mitiga las aristas iniciales. Además es muy necesaria la mirada al sufrimiento del otro, ya  que en los conflictos todos sufren, también el otro. En tercer lugar es preciso escuchar a la propia conciencia porque, salvo patologías, nuestra conciencia siempre tiene a nuestra disposición y ante cualquier circunstancia una propuesta justa y ética. El problema es si somos capaces de escucharle y hacerle caso. En cuarto lugar es preciso mantener la esperanza en los conflictos, porque la esperanza no es creer que todo va a salir bien, sino saber que tiene sentido lo que hacemos al margen de los resultados. No sabemos si podemos lograr lo que nos proponemos, pero lo que sí sabemos es que podemos crear condiciones que lo hagan posible. Finalmente, la última herramienta es la reconciliación, que no significa volver a ser amigos, sino volver a respetarse. Significa recuperar la normalidad: una convivencia basada en el respeto y en la aceptación mutua implica hacer un sitio en mí a la verdad del otro. Y junto a la reconciliación, el perdón, porque este elemento juega un papel fundamental en un proceso de reconciliación, pero para no perder su esencia solamente puede ser sincero y voluntario y no debe plantearse como obligación o condición previa.

 

3. Estrategias útiles:

 

            La acogida y trabajo en el proceso de un conflicto es un esfuerzo muchas veces arduo que requiere el conjunto de algunas estrategias o cauces que sean, en la medida de lo posible, sencillos y al alcance de la mano de cualquier hermano/a de la comunidad. Proponemos tres:

 

            1) El diálogo:

 

                        “Conversar sobre las diferencias, desde las diferencias, y, sobre todo, a partir de las diferencias, no es fácil. Pero se ha de intentar. Entre pocos y entre muchos se trata de convivir, no de convencer y, menos aún, de convertir. Estamos condenados a relacionarnos; no a entendernos”, afirma A. Ortega. Por eso, la VR, vida en relación, demanda una “fe” inquebrantable en el diálogo. Si esa fe flaquea, la convivencia fraterna se hace literalmente imposible. Hay quien en la VR, dada la experiencia de fracaso que ha tenido en cuestiones de diálogo, piensa que la estrategia del diálogo no es buena, incluso cree que sus mecanismos encierran, a priori, una falsedad, un tratar de engañar al otro. Es el argumento de la desconfianza, los prejuicios o los juicios sobre las segundas intenciones. Incluso llegan a creer que el diálogo es contraproducente ya que, según ellos, fomenta la dispersión y la ineficacia a la hora de actuar. No faltan quien tache a esa estrategia de ingenua, porque piensa que, a la postre, el diálogo no conduce a nada positivo. No faltan, en el extremo, los que consideran que el diálogo es perfectamente inútil y aducen para ello que ya se ha dialogado otras veces y que no ha servido para nada, demostrando que las cosas no funcionan por mucho diálogo que haya, sino que es preciso recurrir a métodos más eficaces y expeditivos.

            Pero, tanto por las orientaciones de la espiritualidad eclesial, como por sentido común, la VR alberga un número mayoritario de personas que piensa que el diálogo no solamente es necesario, sino eficaz en la medida en que se practica con buena voluntad y deseo de entendimiento.

 

            2) La mediación:

 

                        Algo que casi no se practica en la VR pero que, en ciertos casos, podría ser una herramienta muy útil. La mediación no es un juicio en que se da la razón a uno y se le quita al otro. La mediación es un mecanismo por el que se pone en contacto civilizado y fraterno a dos partes que están encontradas y, además, se crea un espacio para que expongan su situación, valoren alguna cosa positiva del otro y vean la posibilidad de colaborar en algo, más allá de sus diferencias mantenidas. Quizá en la VR la mediación haya tenido poco espacio porque tampoco lo ha tenido mucho el acompañamiento. La mediación únicamente puede tener arraigo en vidas que experimentan un cierto acompañamiento, un cierto cuidado. Es en ese margen de amparo donde podría hacerse un trabajo de mediación.

            Todo este trabajo, necesario muchas veces y siempre productivo, recibe un impulso si quien quiere constituirse en tercer espacio se despoja de cualquier mentalidad salvadora, queriendo, simplemente, ayudar. También lo será si no es un veleta y mantiene claras sus posiciones, a la vez que tiene una constante discreción sobre las confidencias y los datos. El tercer espacio más que equidistante trata de ser independiente, sin impacientarse pero insistiendo todas las veces que sea preciso. Por supuesto, no habrá de buscar protagonismo sino perseguir el entendimiento. Para ello no habrá de creerse que ya lo sabe todo, sino que él también tendrá que escuchar y aprender. En modo alguno ha de juzgar a nadie y, sin pretender sacarse soluciones de la manga, se limitará a intentar crear condiciones de diálogo.

 

 

4. Actitudes personales ante los conflictos:

 

            Tratando de aterrizar de esta “teoría” en los caminos más cotidianos en los que se mueve la existencia de la VR vamos a esbozar algunas actitudes personales ante los conflictos que suelen ser comunes y de cuyo posicionamiento depende no poco el buen encauzamiento y aun la solución de los conflictos:

 

  • Facilitar, no agravar: Los conflictos tienen un lado dramático que, con frecuencia, tendemos a exagerar. Ya es suficiente con la gravedad que ellos mismos encierran. Resulta insensato cargar las tintas porque eso no hace sino desenfocar el asunto y no facilita en modo alguno la solución.
  • Incluir, no excluir: Ya que la solución de los conflictos mediante la exclusión de la “manzana podrida” dan poco resultado, sobre todo porque esa “manzana” es, con frecuencia, la persona del hermano.  La exclusión parece que remedia algo las cosas pero, con frecuencia, hace un desaguisado mayor.
  • Cooperar, no competir: Pues la competencia genera más conflicto, mientras que la cooperación engendra humanidad y, por ello, facilita la elaboración de los conflictos. No puede haber cooperación sin una mirada fraterna a la realidad del hermano. En ese cambio de mirada radica mucho del éxito en el tema de los conflictos fraternos y sociales.
  • Insistir, no desistir: Porque podría haber motivos para el desaliento al ver que los conflictos se enquistan hasta un punto que parece que el avance es imposible. Desistir no es el buen camino, ya que incluso eso es, a veces, lo que buscan los mismos litigantes. La moderada y sensata insistencia puede quebrar ese muro de inmovilismo con el que algunos contendientes quieren rodear los problemas.
  • Hablar, no enmudecer: Ya que el mutismo puede ser interpretado como un abandono del campo. Simplemente el exponer los personales sentimientos ante el conflicto puede ser algo de gran ayuda. Más aún, al hablar perfilamos nuestra situación ante los conflictos y eso ya es un gran logro para uno/a mismo/a.
  • Lanzarse a la arena, no quedarse en la barrera: Porque resulta muy fácil quedarse fuera y hablar, criticar, cuestionar, desautorizar a quien se mueve en la abrasadora arena del conflicto. Pero si se quiere colaborar a su encauzamiento y superación es preciso implicarse. Resulta desalentadora, desde el punto de la VR, la postura del hermano/a que, una vez que ha estallado el conflicto, dice que lo veía venir pero antes no dijo nada al respecto.
  • Sentirse afectado, no intocable: Ya que quien no es parte constitutiva del conflicto tiende a tratarlo como si a él no le tocase por ningún lado. Pero esto no es así, porque cualquier conflicto entre hermanos/as (e incluso entre la VR y la sociedad) afecta al conjunto de la fraternidad y, desde ese punto, hemos de sentirnos siempre concernidos por él.
  • Creer en la posibilidad de arreglo, no asentarse en la imposibilidad: Y más cuando la vida nos enseña que muchos conflictos, cuando son mínimamente elaborados y tratados, encuentran una cierta solución. Partir de la imposibilidad es abocarse al fracaso. Creer con realismo en la multiplicidad de soluciones que ofrece un conflicto es ya colaborar a su solución.
  • Mantener la adhesión, no la ruptura: Cuando ocurre que el conflicto no ha llegado a una solución satisfactoria, habríamos de mantener la adhesión a las personas considerándolas tan valiosas (aunque heridas) como antes del conflicto. Si tras él, rompemos con la persona afectada, le retiramos nuestra confianza, le desposeemos de la valía con la que antes le habíamos considerado, demostramos con ello no haber entendido los mecanismos de la fraternidad y, con ello, los de la misma humanidad.

 

5. Cauces comunitarios para el tratamiento de los conflictos:

 

            Existen en la mayoría de las comunidades espacios útiles para el tratamiento de los conflictos. No es necesario, en muchos casos, recurrir a procedimientos extraordinarios. Señalemos algunos de esos ámbitos:

 

  • Las reuniones de comunidad: Tienen mucho componente organizativo y en ellas no encuentran mucho espacio los conflictos. Pero cuando se pone sobre la mesa de la reunión común un aspecto conflictivo y sabe tratarse con un poco de moderación, los resultados que se logran son, a veces, espectaculares.
  • La revisión fraterna: Es un mecanismo que no ha entrado mucho en los grupos religiosos. Pero si se hace, es un ámbito muy apropiado para la elaboración de conflictos. La revisión se construye con discernimiento crítico y afán por leer bien la realidad. Estos elementos son campo abonado para el tratamiento de conflictos. La comunidad que dispone de este cauce tiene en su mano una de las mejores herramientas para esta tarea.
  • Las evaluaciones fraternas o provinciales: Hay colectivos en la VR que tienen la saludable costumbre de evaluar la marcha de la fraternidad o de la Provincia una vez al año, terminado el Curso. Dentro de los muchos aspectos que pueden ser tocados, puede haber ahí un sitio para la reflexión sobre los conflictos vividos y el modo de su resolución. Abundar en ello desde un deseo evaluador es dar madurez a los caminos que se van recorriendo.
  • Los cursos específicos sobre el tema: Sería bueno que, tal vez de vez en cuando, haya posibilidad de tener un curso específico sobre conflictos. Es un elemento importante de la vida relación de la fraternidad y, como tal, merece la pena ser tratado alguna vez. Llamar a técnicos que ayuden a la comunidad es una buena inversión de humanidad.
  • La participación en foros sociales: Porque en esos foros se dirimen, con frecuencia, serios conflictos sociales. Ahí se podrá ver qué es lo que la VR puede aportar al encauzamiento o posible solución de tales conflictos. Es algo que los grupos religiosos habríamos de tomarnos totalmente en serio acortando el alejamiento con el que aún tratamos esta clase de temas.
  • Los trabajos de Justicia y Paz: Son camino adecuado porque esos trabajos se sitúan en la conflictividad mundial de una convivencia que quiere estar cada vez más asentada sobre el valor innegociable de la dignidad humana. En sencillos trabajos de colaboración personal o comunitaria se va uno adentrando en la realidad de los conflictos mundiales y en la posibilidad de un aporte que contribuya a su posible solución.

 

Conclusión: ¿Dónde hay hermanos hay conflictos?

 

            Ése es un dicho común y cierto porque la hermandad conlleva una innegable conflictividad. Pero la VR, que tiende a mostrar con su estilo de vida la posibilidad de una forma de vida distinta (“las realidades escatológicas”), está llamada a hacer ver que el horizonte de la vida en fraternidad es no el conflicto, sino la paz, el sosiego, la comprensión y, en definitiva, la hermandad. De esta clase de utopías está necesitado el mundo de hoy y, cuando se materializan en estilos de vida, bien que las agradece.

                        Queremos terminar con una frase de José Saramago en el prólogo a la obra de Jonan Fernández: “No cambiaremos la vida, si no cambiamos de vida”. Este cambio de vida, personal y comunitario, puede experimentar un avance incalculable si los conflictos van siendo encauzados y así solucionados. Todo hasta llegar a aquel “único sentir” del que Pablo hablaba con añoranza y que nos dejó como un testamento de vida sobre todo a quienes hemos hecho opción de vivir en comunidad.

 

 

II

CONFLICTOS COTIDIANOS EN LA VIDA COMUNITARIA

 

            Resulta ingenuo pretender dar “recetas” para solucionar conflictos comunitarios. Pero si una Directora entiende su cargo desde una responsabilidad fraterna (no únicamente administrativa) y si ella es cada vez menos parte del conflicto y cada vez más parte de su solución, quizá le pueda servir de algo una reflexión como ésta. Además, hay que tener la certeza de que el 85% de nuestros conflictos fraternos pueden tener otro color si se los elabora, si se los encara, si se los trabaja.

1)       El conflicto de las palabras duras e hirientes: Hermanas que hablan cuando hieren, que son deslenguadas, que no se dan cuenta del daño que hacen al hablar con desprecio de sus hermanas. Es preciso, cuando estén tranquilas, el hacerles ver la importancia de las palabras en la comunidad. No transigir, no reírles las gracias, no hacerles el juego.

2)       El conflicto con quien tiene un arte grande para escaquearse de las tareas comunitarias: No arriman el hombro, huyen, se escabullen, dejan las cosas sin hacer. Es preciso animarles a colaborar, darles tareas de las que luego se les pide cuentas. No pasar por encima de lo que queda sin hacer como si se hubiera hecho.

3)       El conflicto con quien guarda un cierto dinero: Ser indulgentes con quien guarda un poquito, aunque no se esté en lo más correcto. No transigir con quien pretende controlar a su manera sus ingresos u otros. En ambos casos hacerles ver que la comunidad es la casa de todos. Y la comunidad (la superiora, la ecónoma) han de ser ágiles para tratar a sus hermanas en este terreno como personas adultas.

4)       El conflicto con quien no aguanta a una hermana concreta: Aligerar los ámbitos de fricción; no ponerlas en todo juntas; hacerles ver que la otra persona tiene valores, aunque una no los acepte; argumentar no por vías únicamente espirituales (somos hermanas), sino humanas (si os tendéis estaréis mucho mejor).

5)       El conflicto con quien no se siente querida: Derramar ahí no un cariño paternalista, sino respetuoso. Escuchar hasta agotarse y hacerlo con humanidad, no diciendo a todo que sí. Generar algún disfrute que le toque por algún lado (en cuestiones de comida, de gustos, de disfrutes).

6)       El conflicto con quien no quiere que le manden: Intentar hacerle ver que la obediencia no es un ordeno y mando (no obrar así), sino un modo de ser más libre en la comunidad, una manera de vivir como adultas. Confiar en la responsabilidad de esa persona; no estar metiendo siempre las narices para controlar todo.

7)       El conflicto con las “controladoras”: Personas que quieren enterarse de todo, que vigilan todo, que deducen todo, que saben todo de los demás. Aflojar la presión. No hacerles el juego y delegarlas para que así la superiora tenga todos los hilos atados. Construir comunidades donde se pueda respirar.

8)       El conflicto con quien tiene muchas amistades fuera: No ponerse, de salida, en contra de eso. Hacer ver que la dispersión afecta a la vida personal y comunitaria. Animarla a que se centre en menos número de personas. Decirle que invite a sus amistades a la comunidad.

9)       El conflicto con quien huye de las reuniones fraternas: Hablar alguna vez con ella personalmente; decirle que sus opiniones pueden ser valiosas; no argumentar desde la norma, desde la ley, sino desde la necesidad que la comunidad puede tener de ellas.

10)   El conflicto con quien no se siente motivado en la oración: Y va tarde, remoloneando, o ni siquiera va. Hablar con ella no tanto desde las normas, sino desde la suerte que es poder rezar con hermanas; pedirle si ella tiene otra idea u otra forma de orar que podría incorporarse a la comunidad. Ser flexibles en las formas de oración.

11)   El conflicto con quien siempre se hace notar con estridencias: Preguntarse por qué lo hará; tener paciencia, no ponerse demasiado nerviosa; disculparle ante los demás, ante los de fuera de la comunidad. Hablar con ella con paz de sus comportamientos, si se deja.

12)   El conflicto de quien no controla los celos, las envidias: Animar a la generosidad; poner un poco de humor en ciertas reacciones descontroladas, exageradas; tocar el lado bueno y generoso de esa persona haciéndoles ver que cuando es así sus celos y envidias no le hacen tanto daño.

13)   El conflicto de quien funciona por amiguismos: Por filias y fobias; no subirse a ese tren; tratar de hacer ver que eso divide y hace polvo al grupo; cultivar un mentalidad se “ser para el grupo”. No tener información, dádivas, favores, para las amigas y no para los demás.

14)   El conflicto con quien siempre anda con la cara amargada: Poner un poco de humor, de disfrute. Cogerle por el lado del estómago (comidas que gusten) o de la tarea que hace (apreciarla) o de la cercanía a sus familiares. Intentar hacerle ver que merece la pena pasar buenos ratos juntas.

15)   El conflicto con quien todo lo ve negativamente: Intentar hacerle ver que hay cosas buenas en el mundo, cercanas, al alcance de la mano. No echar leña al fuego de su disgusto. Tratar de aguantar el embate de su desilusión con buen ánimo.

16)   El conflicto con quien no dice las cosas con claridad: No seguirle el juego; “forzarle” a la claridad con firmeza y con tiento; respetar las pausas y silencios, pero sin renunciar a una vida lo más clara posible.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño-Madrid