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FIAIZ

COMUNIDAD SAN JUAN

Juan 56

CVJ

Domingo, 31 de octubre de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

56. Jn 8,33-38

Introducción:

 

                Siempre, pero quizá más en estos tiempos nuestro de fuertes cambios, se apela al “orgullo nacional” para cohesionar a una sociedad: el orgullo de que España está entre los países poderosos, el orgullo de  que el español se hable en tantos países, el orgullo de que “La Roja” que ha ganado un campeonato del mundo. Parece que un colectivo no puede adquirir identidad sin ese orgullo nacional, ancestral, primario. Fenómenos como el de la globalización nos dicen que son orgullos muy cuestionables, que en todas partes hay gente maravillosa (y no tanto), que todas las lenguas son hermosas (y no tanto), que en cualquier rincón del mundo se hacen hazañas (y crueldades). Por eso, fundamentar identidades sobre orgullos (nacionales, económicos, religiosos) es absurdo.

                Jesús viene a decir en el pasaje de esta semana en contraposición con el judaísmo que cifra su orgullo en ser hijos de Abrahán, que su orgullo es hacer lo que ha aprendido del Padre, es decir, amar. Ahí es, justamente, donde él se enorgullece: ni en sus milagros, ni en sus palabras atinadas, ni en su don de gentes, ni en sus noches de oración, ni en su generosidad para dejar su casa y su oficio. Su orgullo está en amar. El orgullo de amar es, paradójicamente, humilde, servicial, acompañante. No levanta en cuello en actitud arrogante sino, que mira con amor sencillo a aquel a quien ama. El orgullo de amar es tan limpio como el mismo amor. A ese orgullo, callado y humilde, empuja el seguimiento de Jesús.

 

 

***

 

Texto:

 

                        33Le replicaron otros:

                -Somos linaje de Abrahán y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: seréis libres?

                        34Jesús les contestó:

                -Os aseguro que quien comete pecado es esclavo. 35El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. 36Y si el Hijo os hace libres seréis realmente libres. 37Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme porque no dais cabida a mis palabras. 38Hablo de lo que yo mismo he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre.

 

 

***

 

Ventana abierta:

 

                Este señor es Fernando Cardenal, jesuita. Fue ministro de educación en Nicaragua cuando la revolución sandinista. Expulsado de la Compañía, posteriormente fue readmitido. Ahora acaba de publicar sus memorias. Las va leyendo uno y queda admirado de cómo una persona puede permanecer fiel “Junto a mi pueblo, con su revolución” (así se titula el libro). Aunque parece que todo ha fracasado en la actual Nicaragua, él sigue creyendo en el pueblo. Un amor fiel y humilde. Está orgulloso de amar, aunque parece que todo se ha venido abajo.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes se mantienen en un amor fiel; gracias por quienes tienen por orgullo amar de verdad a su pueblo; gracias por quienes siguen siempre con los humildes.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús dice que él hace lo que ha visto junto al Padre. Él ha comprendido que la gran labor de Dios y su enorme aportación a la historia ha sido un callado, fiel y humilde amor. Él ha creído que eso era importante para el mundo y para su vida personal. Y, lo que es más, él se ha decidido a repetir eso mismo en su vida, a poner carne al amor del Padre, a intentar hacer ver que el Padre es solo y únicamente amor asentado su vida únicamente sobre el amor. Quizá por eso los sencillos se acercaron a él. Uno que amaba así no podía hacerles daño.

                Oramos. Gracias, Señor, por reproducir en la historia el amor del Padre; gracias por amarnos con el corazón amoroso del Padre; gracias por hacernos ver que el Padre es amor y únicamente amor.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Dice Jesús a sus replicantes que el orgullo de amar, el ver que el Padre es solo amor y que se puede asentar la vida propia en el ese tipo de amor es un mensaje “que no les cabe en la cabeza”. Es que, tal vez, la cabeza no es el mejor sitio para ese tipo de mensajes. Por eso Jesús quiere dirigirse al corazón, a lo vivo de la persona. Si se racionaliza el orgullo de amar, fácilmente se cae en el sinsentido. Pero si se lo sitúa en la entraña de la persona quizá la cosa cambie.

                Oramos: Que amemos desde el corazón, más que desde las ideas; que amemos desde la entraña, más que desde los planes y estrategias; que amemos desde la vida más que desde la teoría.

 

***

 

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Quizá sea excesivo decir que el orgullo de la comunidad es amarse. Pero, en realidad, ese es nuestro mejor tesoro: nuestra relación, nuestro mirarnos con aprecio, nuestro escucharnos con respeto, nuestro compartir pequeñas vivencias, nuestro deseo común de mezclar Evangelio y vida corriente. Esos son nuestros grandes valores. Más que un grupo de oración somos, en realidad, un grupo humano que pretende ayudarse a amar y que quiere entender la vida desde el simple afecto y amor. No es poco.

                Oramos. Que valoremos nuestros gestos de cercanía; que apreciemos las palabras que suscitan amor; que nos demos lo mejor para recibir lo mejor.

 

***

 

Poetización:

 

Lo había aprendido del Padre.

En las largas noches de oración

llegó a una conclusión muy simple:

el Padre era amor y solamente amor.

Desde ahí se entendía lo que era Dios

y lo que podría ser él.

Por eso, se decidió a reproducir en su vida

el mismo camino de amor del Padre.

Acogió como él acogía,

perdonó como él perdonaba,

esperó como él esperaba,

fue generoso como el Padre lo era,

consoló con su mismo consuelo

y liberó con su mismo aire de libertad.

Sus contemporáneos quedaron prendados de él

no por sus palabras vigorosas

ni por sus gestos milagrosos.

Era la manera de amar lo que les atraía.

Descubrían en sus comportamientos

no solo un modo maravilloso de amor

sino el perfil de un Dios distinto, un Dios de amor.

No sabrían cómo decirlo,

pero viéndole amar

ellos mismos se animaban a amar.

Y su vida cobraba otra luz.

 

***

 

Para la semana:

 

                Que el orgullo de amar a los que amas cobre el rostro de la sencillez y el humilde cariño.

 

***

Juan 55

Domingo, 24 de octubre de 2010-10-23

 

55. Jn 8,31-32

 

Introducción:

 

                La “verdad” es una de esas palabras grandes que llena la boca de los filósofos, de los políticos, de los jueces, de los demagogos. Pero también puede ser una realidad pequeña, manejable, personal, sencilla. Esa verdad sencilla es aquello que nos lleva a cada uno a ser uno mismo, con nuestras cosas buenas y con las cuestionables. La verdad de uno mismo es reconciliarse con lo que uno/a es y reconciliarse con lo que es el otro. La verdad de uno/a mismo es percibir que esta vida, más allá de sus enormes limitaciones, es una aventura en la que yo he tenido la suerte de participar. La verdad de uno mismo se mezcla fácilmente con la verdad de los demás, no las desplaza, no las excluye. La verdad de uno mismo lleva a un gozo profundo.

                Jesús fue uno que comprendió y vivió la verdad de uno mismo. Por eso, cuando dijo que la verdad nos hará libres, se refiere justamente a eso: bajar al fondo de uno mismo y alegrarse por su vida y por la de los demás es haber tocado con los dedos la verdad de uno mismo. Jesús lo logró. Por eso su rostro y su persona reflejaban alegría, por eso le era fácil la compasión y el perdón, por eso no salió de su boca una palabra de condena a esta vida aunque la suya fuera dura, por eso entendía el lenguaje de las lágrimas y de los estremecimientos. Había dado con la verdad de sí mismo y de los demás. Desde entonces podemos creerle cuando nos dice que la verdad, la de uno/a mismo/a, nos hará libres.

 

Texto:

 

                31Entonces Jesús dijo a los dirigentes judíos que le habían creído:

                -Vosotros, para ser de verdad discípulos míos, tenéis que ateneros a ese mensaje mío; 32conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.

 

Ventana abierta:

  

         Este es el actor Sean Penn de la película “Pena de muerte”. En ella le dice la monja que le acompaña espiritualmente la frase joánica “la verdad os hará libres”. El preso condenado a muerte dice que le gusta porque, en el fondo, anhela la verdad que pasa por la aceptación de su limitación y el descubrimiento del amor que subyace en él más allá de la costra de su ser criminal. Ese proceso se da y con la verdad de sí mismo se topa incluso con su capacidad de amar. Es que el fruto, el valor de la verdad no es la contundencia y claridad de unos planteamientos sino el descubrimiento de la capacidad de amar.

                Oramos: Que aprendamos la verdad aprendiendo a amar; que descubramos la verdad descubriendo el amor; que disfrutemos de la verdad disfrutando de la buena relación.

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice Jesús que para acercarse a la verdad de uno mismo hay que “atenerse al mensaje”. No quiere decir que haya que acoger un mensaje filosófico, religioso o moral. Alude al mensaje verdadero de la realidad, la verdad que subyace al mensaje de Jesús, que toda persona tiene salida, que hay horizonte para todos, que ninguna limitación podrá impedir el logro de la dicha. Atenerse a ese mensaje de esperanza histórica y personal es la puerta que abre a la verdad. Jesús ha dedicado toda su vida a ofrecer ese mensaje de gozo y de horizonte, ese nuevo amanecer que le dé a uno/a valor y capacidad de disfrute ante la vida.

                Oramos: Que, como Jesús, podamos mirar al fondo de nuestra realidad; que, como él, podamos animarnos a vivir en disfrute sencillo y profundo; que, como Jesús, creamos que hay para nosotros y para toda persona un amanecer, un posibilidad.

 

Ahondamiento personal:

 

                La verdad, según Jesús, habría de conducir a la libertad. Una verdad que nos hace más dependientes, menos libres en los caminos de cada día, no puede ser una verdad interesante. Medir el valor de la verdad por la libertad es buena manera de hacerlo: cuanto más verdaderos, más libres y viceversa. Por eso, no hay que temer el frío, a veces hiriente, de la verdad porque, a su vez, conlleva el gozo y el disfrute de la libertad. ¿Son solamente palabras todo esto? Creemos que no cuando se las sabe situar en los caminos sencillos de cada jornada.

                Oramos: Que nos atraiga siempre la verdad y su hermana la libertad; que midamos nuestra verdad por nuestro nivel de libertad; que no creamos nunca que verdad y libertad nos son inasequibles.

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Quizá sea mucho decir que nuestra comunidad virtual puede ayudarnos a conocer la verdad. Pero sí que puede hacerlo, de hecho lo hace, a aproximarnos a esa verdad humilde de cada uno/a. Al ponerla en común (en la medida que sea), al acercarnos a ella, podemos percibir que nos acercamos a nuestra verdad y, con ello, a la libertad y al gozo. Por eso, por modesta que sea, no menospreciemos la ofrenda de nuestra pequeña verdad vital. Es lo mejor que podemos darnos.

                Oramos: Que valoremos las pequeñas entregas que nos hacemos; que creamos que podemos ayudarnos en la hermosa tarea de encontrar nuestra verdad; que disfrutemos siempre de la libertad y la amistad, hermanas de la verdad.

 

Poetización:

 

Hablaba de la verdad

no como los filósofos,

sino como los sencillos,

como si fuera una hermana,

un sueño tocable,

una realidad cotidiana.

Creía que la verdad de uno/a mismo/

está escondida

en todo corazón

y que era asequible

a quien la anhela y la busca.

Pensaba que la verdad de uno/a mismo

pasa por la reconciliación

con el fondo del propio corazón

y del corazón del otro/a.

Intuía que la verdad de uno/a mismo

es la certeza de que toda persona,

toda realidad,

tiene un horizonte,

una posibilidad,

una meta gozosa.

No es de extrañar

que hermanara

verdad y libertad.

La una llevaba a la otra.

Y sabiéndose verdadero,

limitación incluida,

y libre,

también dentro de lo estrecho de la vida,

la dicha se aproximaba,

el gozo asomaba en el horizonte.

Estas certezas

no le abandonarían jamás.

Tampoco a nosotros...

 

Para la semana:

 

                Asómate a la verdad del otro apreciando sus maneras de pensar y de vivir, respetando sus camino y animándole al gozo.

 

 

Juan 54

CVJ

Domingo, 17 de octubre de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

54. Jn 8,28-30

 

Introducción:

 

                Dicen que la soledad es la más dura de nuestras actuales enfermedades sociales. La soledad que se pega a la piel en el caminar diario y la soledad radical, ésa con la que venimos a la vida como si fuera de serie. Lo cierto es que paliar, si no borrar, la soledad que a veces nos cerca como una tela de araña es una de las grandes tareas que ineludiblemente tenemos delante los humanos. Dicen que se puede lograr esa meta a base de comprensión, respeto, acompañamiento, solidaridad, amparo y, en definitiva, amor. Hacemos bromas con aquel eslogan televisivo de “lo que necesitas es amor”. Pero, en realidad, así es: si se quiere mitigar la dentellada de la soledad, la medicina del amor sencillo y profundo es el único recurso en nuestra mano. Si no, el fantasma de la soledad se adueña del escenario.

                Jesús ha llegado, como nos dice el texto de esta semana, a una convicción: nunca el Padre le ha dejado sólo, siempre ha estado ahí con su abrazo y su amparo, incluidos los momentos más duros (como será, sobre todo, el tiempo del abandono allá en el huerto antes de su muerte). Percibir la presencia cálida del Padre en los tiempos de tensión y de dureza (como lo muestra el escenario de este texto joánico) ha sido para Jesús un agarradero definitivo. Quizá haya sido eso lo que ha hecho posible que no sucumbiera al naufragio de la más tremenda soledad, tal vez por haber sentido el aliento del Padre envolviéndole cada día no ha tirado todo por la borda abandonando para siempre la dura tarea de sembrar la utopía del reino en el corazón y en los caminos de los humanos.

 

***

 

Texto:

 

                28Y entonces dijo Jesús:

                -Cuando levantéis al Hijo del hombre entonces sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. 29El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada.

                        30Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

 

                Es una foto normal, pero sugerente. Una pareja de ancianos, él y ella, están sentados en un banco público. Aunque están fotografiados por detrás, da la impresión de que están mirando hacia delante, hacia su incierto futuro. La cercanía y la igualdad que muestran sus cabezas parece indicar que miran hacia ese futuro acompañándose, apoyándose, conteniendo con su amor el interrogante de la soledad. Quizá desde ahí la cosa, la pregunta simple y honda del sentido de la propia vida, adquiera una respuesta más apropiada o, por lo menos, sea más fácil conjurar la dureza de la soledad.

                Oramos: Que nos apoyemos para sentirnos apoyados; que acompañemos para sentirnos acompañados; que nos amparemos para mirar con más esperanza al futuro.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús dice en este texto que “entonces sabréis que yo soy”. Jesús será relevador de la tascendencia de Dios (eso es ser “yo soy”, nombre de Dios en el Éxodo) cuando sea “levantado”, crucificado, cuando esté en la mayor de las soledades. ¿Por qué entonces mostrará lo qu es Dios? Porque, aunque él no lo vea ya que está cercados de tinieblas y de profunda soledad, el Padre nunca estará más cerca de él que en ese momento. Por paradójico que parezca, la soledad enorme de la cruz es un misterio de amparo y de acompañamiento: cuando estaba en el patíbulo, el abrazo del Padre fue más cálido que nunca; cuando todos los abandonaron, el Dios que acompaña estaba allí sosteniéndole. No estaba solo.

                Oramos: Te alabamos, Señor, porque el Padre te sostuvo; te bendecimos, Señor, porque el Padre te abrazó; te damos gracias, Señor, porque el Padre nunca te dejó solo.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Jesús dice que siempre hace lo que agrada al Padre. ¿Cómo podemos nosotros “agradar” a Dios? No, tal vez, ni principalmente por el cauce religioso (así se ha entendido normalmente), sino por el camino existencial: Dios se ve complacido cuando nosotros nos acompañamos en nuestros caminos históricos, cuando ponemos cerco a la soledad, cuando damos la batalla para que nadie tenga que hundirse en la negra tiniebla de la soledad, cuando ponemos un poco de luz en los caminos de quienes andan a tientas en la vida. Esa lucha a brazo partido contra la soledad de las personas es lo que desata la ternura del corazón de Dios.

                Oramos: Que agrademos a Dios compartiendo caminos; que agrademos a Dios interesándonos por los pasos de la persona; que agrademos a Dios sintiéndonos cercanos de quien tropieza.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                La pertenencia, en el modo que sea, a nuestra “comunidad virtual” es una manera de acompañarnos y, por ello, de poner dique a la soledad que, en un grado o en otro, todos sentimos. Por eso, lo interesante de nuestra comunidad no es, tal vez, el trabajo explícito orante (que también), sino sobre todo la cercanía humana que nos demostramos, por modesta que sea. Con pequeños gestos podemos ayudarnos mucho. No los menospreciemos.

                Oramos: Que nos ayudemos en cosas sencillas; que nos demostremos cercanía; que nos ayudemos a caminar acompañados.

 

***

 

Poetización:

 

A él también lo mordió

la fiera de la soledad;

él también sintió el frío estremecedor

de quien piensa que ahí fuera no hay nadie;

él llegó a creer a veces

que nadie contaba sus lágrimas.

Pero la mayoría de las veces

no fue así:

notaba que el Padre

siempre estaba con él;

sentía sus pasos

acompasados a los suyos;

el calor del corazón del Padre

lo sentía sobre su nuca;

un amparo y un abrazo constante

envolvía sus días.

Por eso, tuvo a raya

la más dura de las soledades;

por eso no tiró la toalla

cuando había muchos motivos para el desaliento;

por eso siguió mirando con amor

a quien le atravesaba con miradas aviesas.

Nunca le abandonaría esta certeza,

ni siquiera en las horas amargas

de su soledad extrema

allá en el huerto.

Estaba en lo cierto:

el Padre no lo dejaba de su mano

ni un minuto.

Era el amor de su hondo corazón

¿cómo iba a dejarlo solo?

               

***

 

Para la semana:

 

                Intenta acercarte con sencillez y sin protagonismos a quien notas que lo está pasando mal.

 

***

Juan 53

CVJ

Domingo, 10 de octubre de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

53. Jn 8,25-27

 

Introducción:

 

                Practicar la denuncia no es algo que esté de moda. Quien denuncia es muchas veces considerado como un aguafiestas, alguien amargado que siempre está buscando las cosquillas. Por eso, ni a nivel personal ni a nivel social, hacemos trabajos de denuncia. Es más fácil dejar que las cosas sigan como están, no verse implicado en asuntos desagradables y tener la fiesta en paz. Mientras tanto, los opresores y aprovechados se frotan las manos. Incluso a nivel nacional no hay fuerza opositora que ejerza las verdaderas denuncias, sino solamente las que interesan a cada cual. Las únicas que ejercen la denuncia son algunas organizaciones civiles que, más o menos libres de presiones, plantan cara a lo que ocurre.

                Jesús se presenta en este pasaje del Evangelio que tomamos para la oración de la semana como alguien que “denuncia al mundo”, a las estructuras inhumanas del mundo. La suya no ha sido una vida siempre pacífica, lejos del conflicto, a bien con todo el mundo, sin buscarse follones. Los ha tenido y le han llevado a la ruina. La figura de Jesús no ha sido trasmitida a los cristianos como alguien con capacidad y fuerza para la denuncia. Si se hubiera hecho, hasta la misma Iglesia habría sido objeto de tal denuncia (como lo hacen organizaciones cristianas marginales). Recuperar a ese Jesús que denuncia lo inhumano puede ayudarnos no solamente a orar, sino también inyectar en nuestra vida una cierta dosis de capacidad de denunciar y a hacerlo con humanidad y fraternidad.

 

***

 

Texto:

 

                        25Ellos le decían:

                -¿Quién eres tú?

                Jesús les contestó:

                -Después de todo, ¿para qué seguir hablándoos? 26Podría decir y denunciar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz y yo digo al mundo lo que he aprendido de él.

                        27Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.

 

***

 

Ventana abierta:

 

                Este minero es Luis Urzúa, el jefe de los mineros chilenos rescatados, el último en salir de la mina. Dentro del circo mediático que se ha montado en torno al suceso, se ha escuchado su voz de denuncia (algo rebajada, eso sí) para que no vuelva a suceder una cosa así en ninguna de las minas. Se les ha rescatado con tecnología del siglo XXI y eso está bien. Pero su mina tiene tecnología del siglo XIX. Y así pasa lo que pasa.  Es difícil hacer denuncia en medio del éxito popular, pero alguien tiene la cabeza fría y la hace.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes denuncia a favor de otros; gracias por quienes no se dejan contagiar de falsos triunfos y denuncia con lucidez; gracias por quien es solidario en todo momento.

 

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús no es solamente uno que denuncia al mundo sino que dice, además, que esa denuncia viene del Padre. Es decir, denunciar lo inhumano no solamente es un valor humano y evangélico sino que conecta con la realidad misma de Dios. Él también, desde su silencio, desde su acompañar silencioso a la historia, desde su entrega total, denuncia todo aquello que hace daño a las personas, sobre todo a las más débiles. Éstas tienen a él a un valedor fiel, porque nunca va a dejar de denunciar a quien hace daño a los pequeños.

                Oramos: Gracias, Padre, por tu denuncia de lo inhumano de la vida; gracias por tu denuncia a favor de los pequeños; gracias por tu denuncia que dignifica nuestros caminos.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Dice también el texto de esta semana que esa denuncia de Jesús apunta a “vosotros”: “Mucho tengo que decir de vosotros”. Es decir, quien denuncia recibe, él también, su parte de denuncias porque una denuncia que solamente va en la dirección del vosotros pero no en la dirección de mí mismo no es verdadera. Es preciso aceptar toda la cantidad de cosas denunciables que hay en nuestra vida. Desde esa sinceridad podrá tener valor la denuncia que podamos hacer otros. Si no, nuestra denuncia caerá en el vacío.

                Oramos: Que aceptemos nuestra limitación y que la denunciemos para mejorar; que aunque no seamos muy coherentes seamos, al menos, verdaderos; que antes de denunciar miremos bien nuestra vida y saquemos las consecuencias.

 

***

 

 

Desde la comunidad virtual:

 

                En nuestra comunidad hay poco espacio para la denuncia porque nuestra estructura es simple y flexible. Nadie tiene nada contra nadie. Pero sí que podemos ayudarnos a mejorar en nuestro espíritu crítico porque sin él la denuncia es imposible. Por eso, podemos animarnos a hacer lecturas de la vida social desde un lado fraterno y crítico. Ser lúcida y fraternamente críticos podrá ayudarnos a hacer denuncias que apunten al beneficio de los débiles.

                Oramos: Que nos ayudemos a tener mayor capacidad crítica; que leamos la realidad desde una perspectiva humana; que confiemos en los demás para poder hacer denuncias con fraternidad.

 

***

 

Poetización:

 

Quizá él también

tenía sus límites

y aun sus fallos.

Pero era una persona lúcida

y, además,

era alguien cercano al Padre.

Desde ahí,

armándose de valor,

hizo fuertes denuncias

que le acarrearon graves perjuicios.

Pero no se detuvo:

él tenía que denunciar,

sobre todo,

la dura carga

que se imponía

a los frágiles hombros del pobre;

la hipocresía religiosa y moral

que quiere vender

 lo malo como bueno;

la fuerza opresora

que encuentra normal

abusar de quien no tiene amparo.

Denunció con fuerza

ese fondo inhumano

que hay en toda persona

y que es preciso controlar.

Sus denuncias labraron su ruina.

Pero de esa ruina vivimos muchos

y el mundo es de más calidad humana,

aunque a él la cosa  le costara el pellejo.

Brote el agradecimiento.

 

***

 

Para la semana:

 

                Si tienes que hacerlo, ejerce la denuncia con fraternidad y lucidez.

 

***

Juan 52

CVJ

Domingo, 3 de octubre de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

52. Jn 8,21-24

 

Introducción:

 

                Hay palabras que vuelven a nuestra boca en circunstancias diversas. Una de ellas es sistema. El sistema es esa serie de normas que nos damos los humanos para poder convivir. En teoría son normas al servicio de la persona.  Pero en la práctica, las normas, el sistema, consiguen fácilmente ponerse por encima de la persona, dominarla, sojuzgarla. Es la vieja dialéctica evangélica de la persona para el sábado y viceversa. Pero hay gente que consigue zafarse en parte de ese sistema. Son personas que eligen la libertad, la honradez, la dignidad. No es nada fácil porque fuera del sistema hace frío y la intemperie es dura. Pero ellas arrostran toda dificultad para tratar de conservar una mínima integridad y dignidad. Les debemos mucho, aunque no tengamos vigor para imitarles.

                Jesús habla de un orden (el orden éste) que, según él, lleva a la muerte. Está hablando del sistema. Él fue llevado a la muerte por ese orden. Pero, en realidad, su muerte en libertad fue un triunfo sobre el sistema, por mucho que éste se frotara las manos pensando que había logrado derribar a un enemigo más. Le salió el tiro por la culata, ya que su muerte oscura no fue sino el comienzo de una eclosión imparable. Con Jesús, el sistema no salio triunfante por mucho que así lo creyera. Por eso mismo, quien quiere escapar, en la medida que pueda, de las garras sofocantes de los sistemas, encuentra en Jesús, en su palabra, un apoyo para resistir, para saber que siempre hay posibilidad de tirar hacia arriba y no hundirse en el fango tóxico, pesado, narcotizante que es todo sistema. No estamos haciendo filosofía, sino que estamos apuntando a situaciones de cada día.

 

***

 

Texto:

 

                21Entonces les dijo de nuevo:

                -Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros.

                        22Y los judíos comentaban:

                -¿Será que va a suicidarse, y por eso dice "donde yo voy no podéis venir vosotros"?

                        23Y él continuaba:

                -Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois del orden éste, yo no soy de este orden. 24Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados; pues si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados.

 

***

 

Ventana abierta:

 

                Este es José Arregui, franciscano que ha abandonado su Orden por las duras presiones a que lo ha sometido la autoridad eclesiástica de su Diócesis. Él dice que, sintiéndolo mucho, ha optado por la libertad por encima del sistema eclesiástico tan maleado. Dice que lo hace sin acritud, pero movido por un espíritu de libertad y dignidad. No es el primero. Pero, por eso, su caso no deja de ser estremecedor. El sistema lo considerará como un triunfo: ha logrado dejar fuera a un elemento molesto. Pero, en realidad, el Evangelio sale con más brillo. Estémosle agradecidos.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes sienten y siguen la llamada de la libertad; gracias por quienes mantienen vivo  el sentido de la dignidad; gracias por quienes no sucumben a los embates del sistema.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús no es del “orden este”, no le ha hecho el juego al sistema, no ha cedido a los encantos del poder, no ha dado el brazo a torcer cuando el sistema se ha cebado en él. ¿Dónde pudo encontrar la fuerza, quién le enseñó? Muchas noches de oración, tal vez, sirvieron para proporcionarle la fuerza necesaria para aguantar en los momentos de la prueba. Precisamente por ser incombustible ante el sistema Jesús se ha hecho bandera y aliento para todas las personas que no se conforman con el estado de cosas de nuestro tiempo y creen firmemente que otro mundo es posible, que otra humanidad puede nacer cada día. Son los utópicos necesarios porque son los verdaderos triunfadores en contra del sistema.

                Oramos: Gracias por Jesús, que no se doblegó ante el sistema; gracias por Jesús, que cuestionó lo incuestionable; gracias por Jesús, que vivió en profunda libertad.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                A veces andamos en la vida por caminos equivocados. Lo sabemos, pero, tercamente, seguimos por ellos. Uno de esos caminos es el que nos proporciona nuestro sistema de vida social: una economía de consumo, una relación superficial, una política interesada, una vida familiar individualista, un afán por brillar ante los demás….Caminos equivocados. El sistema se frota las manos de gusto porque esos son sus caminos. Nos tiene atrapados. ¿Cómo irse liberando? Proponiendo caminos alternativos de humanidad, poniendo el corazón de la persona como valor mayor, disfrutando con lo sencillo, sabiendo que tras las apariencias anida la verdad. Son caminos comunes, pero muy liberadores.

                Oramos: Que seamos crecientemente humanos/as para huir del sistema; que valoremos a la persona por su corazón, para no caer en garras del sistema; que disfrutemos de lo sencillo, para huir de los disfrutes deshumanizadores del sistema.

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Cuando el Evangelio habla del “adonde yo voy” de Jesús se está refiriendo a su entrega. Cree Jesús que la entrega de la persona al hermano es la mejor manera de hacerse fuerte ante los embates del sistema. El Evangelio no nos demanda una fe ideológica, de dogmas y creencias. Nos pide que demos adhesión a uno (Jesús) que dice que si te entregas, te haces fuerte ante el sistema. ¿Es esto creíble? Pero quien lo experimenta en su vida ¿no comprueba que esto es así?

                Oramos: Que creamos en el valor de la entrega como lo creyó Jesús; que valoremos a quien se da al otro porque es como Jesús; que nos animemos a entregarnos en lo cotidiano porque eso nos hace fuertes. 

 

***

 

Poetización:

 

Fue un alternativo

y un osado.

Nunca temió al sistema,

Ni cuando este le acosaba

ni siquiera cuando lo derrotó.

Supo endurecer su rostro

ante el poder avasallador,

ante la tradición desalmada,

ante la doctrina injusta,

ante la sociedad hipócrita.

¿Dónde encontró fuerza para ello?

En las largas noches de oración,

en los descampados de Galilea,

se escuchaba, queda, su plegaria:

“Padre, hazme fuerte,

hazme justo,

hazme humano”.

El Padre le enseñó

a no ser del “orden este”,

a ser de un orden nuevo,

aquel que tiene a la persona

y al corazón

por centro de todo

y se aleja de los caminos

inicuos de todo sistema.

Su vigor nos sigue animando;

su utopía nos sigue iluminando;

su sueño alternativo nos ayuda,

aún hoy,

 a caminar.

 

***

 

Para la semana:

 

         Trata de controlar tu consumo y sé humano en la relaciones con tu familia.

 

***

 

 

Juan 51

CVJ

Domingo, 26 de setiembre de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

51. Jn 8,19-20

 

Introducción:

 

                Decir que, a veces, parece que tenemos “problemas de identidad” es, quizá, algo demasiado raro y hasta filosófico. Pero, en realidad, muchas veces tenemos la sensación de vivir un poco perdidos, de que la niebla nos coge y no sabemos dónde están las cosas, de que nuestros sentimientos se enturbian. Tal vez no nos pasa esto porque no nos paramos a pensarlo, pero si lo hiciéramos, las cosas no estarían muy claras. ¿Y es tan necesario saber quién es uno para vivir feliz? La respuesta es obvia: si no sabemos quienes somos, si andamos más o menos perdidos en la vida, nuestros caminos humanos se oscurecen y la vida comienza a tomar ese color de gris sobre gris en lo que todo da igual. Por el contrario, quien sabe cada día más quién es traduce esa sensación en ánimo, deseo de vivir, gozo, sentido de la realidad.

                Es que el Evangelio de Juan dice algo profundo e interesante: dice que Jesús sabe quién es y qué pinta en esta vida porque sabe quien es el Padre. Eso quiere decir que Jesús ha aprendido quién es el Padre, su honda humanidad, su amor vertido al camino humano, su generosidad imparable con lo creado, su amor al débil y, desde ahí, ha entendido que también ese era el sentido de su vida. El teólogo Torres Queiruga lo ha dicho muy bien: “En la compasión de Jesús  por todo el dolor, en su alienarse al lado de los pobres, en su defensa de los maltratados, marginados y oprimidos, se nos abre la actitud definitiva de Dios para  el hombre y su intención al ponerlo en el mundo”. O sea, cuando uno quiera saber quién es que piense: Como Jesús, el sentido de mi vida viene dado por mi entrega a los demás. Ahí está la medida.

 

***

 

Texto:

 

                        19Ellos le preguntaban:

                -¿Dónde está tu Padre?

                Jesús les contestó:

                -Ni me conocéis a mí ni a mi Padre: si me conocierais a mí,    conoceríais también a mi Padre.

                        20Jesús tuvo esta conversación junto al Tesoro, cuando enseñaba en el templo.

                Y nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

 

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                La foto es un poco tópica: una familia española recibe a unas niñas saharauis para pasar el verano.  La dicha que aparece en el rostro de se señor y de la señora que está arrodillada muestra un indicio de la dicha con que hacen ese gesto de humanidad. Es como si dijeran: el favor nos lo hacen ellos a nosotros. Han encontrado sentido en la generosidad con los pequeños. La conclusión es clara: de los gestos de entrega brota el sentido. No se trata de magnificar ningún gesto de generosidad ni de ponerse medallas. Lo bueno es saber que si me entrego al otro, el sentido de mi vida se aclara. Nada más que eso y todo eso.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes acogen; gracias por quienes son generosos sin reparar en gastos; gracias por quienes se apuntan a la generosidad y se desapuntan al egoísmo.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús es uno que ha aprendido quién es el Padre. No lo ha hecho por vía intelectual sino, seguramente, por caminos de profundización. Es muy posible que en las largas noches de oración, tanto le gustaban, se preguntara: ¿Quién eres Tú? Y llegó a saber que el Padre era simplemente amor, entrega, compañía, abrazo, calidez total. Y de ahí se le aclaró el sentido de su vida y, sabiendo quién era el Padre, llegó a saber con más claridad quién era él, qué pintaba en este mundo, qué sentido tenía su oscura y pobre vida.  Ése gozo le acompañó siempre, aunque alguna vez, como allá en el huerto, se le oscureciera.

                Oramos: Te admiramos, Señor, porque aprendiste cómo era el Padre; te admiramos porque de ese saber hiciste tu sentido; te admiramos porque tradujiste ese sentido en cercanía y amparo.

 

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Dice el texto que Jesús habló de su conocer al padre y, desde ahí, conocerse a sí mismo ante el “tesoro” del templo. El peor lugar, a primera vista. Pues no, eso significaba que para hacer de la entrega el sentido de la propia vida es preciso ponerse frente a frente de cualquier lucro, deseo de gloria, anhelo de poder, intento de construir la vida a costa de los demás. Todo eso impide el sentido que brota de la entrega y, por ello, es requisito para adquirir la luz interior que haga gozosos los días.

                Oramos: Que no nos pueda el deseo de gloria; que no nos pueda el deseo de poder; que no nos pueda el deseo de lucro.

 

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                La comunidad virtual, por raro que parezca, pue3de ayudarnos, poco a poco, a responder con más precisión que muchos libros de teología a la gran pregunta de ¿dónde está Dios? En realidad, quizá la misma pregunta sea innecesaria. La buena pregunta es: ¿qué hace Dios? Y quizá veamos que lo que hace es acompañar, sostener, dolerse con nuestro mal, multiplicar nuestro gozo, ponerse a nuestra disposición, servirnos sin vergüenza, abrazarnos sin rechazo, sumarse a nuestra causa. Quien sabe algo de eso, sabe algo de Dios. Y si él hace lo mismo, el Evangelio le garantiza, por Jesús, el éxito, la luz, el sentido y el gozo.

                Oramos: Que creamos al Evangelio que dice que el Padre es entrega; que creamos al Evangelio entregándonos como Jesús; que creamos al Evangelio disfrutando de un Dios a nuestros lado.

 

***

 

Poetización:

 

Aprendió lo más difícil,

quién era el Padre.

Lo hizo por un camino simple,

lejos de teorías y de dogmas:

vio que el Padre era donación,

generosidad total,

amor sin fronteras,

y se dijo:

ése es justamente

el sentido de mi vida.

Nunca se apeó de esta convicción.

Por eso, crecían que,

cuando se daba al débil,

lo hacía por caridad,

por tendencia natural,

por gusto,

quizá por lucro.

Pero se equivocaban.

Lo hacía porque era lo que hacía su Padre

y eso generaba en él

tanta luz,

tanta alegría,

tanto sentido,

que los días cobraban

un color nuevo,

un frescor nuevo,

un perfume nuevo.

Ninguna tentación fue suficiente

para apartarle de esta senda.

Por eso mismo

no temía proclamar esta convicción

ni ante el “tesoro” del Templo.

La ambición y la gloria

jamás le procurarían

la satisfacción de su entrega.

Hasta el final.

***

 

Para la semana:

 

         Que tus gestos de entrega sean sencillos, silenciosos, amables, cotidianos. De ellos te viene la luz.

 

***

 

Juan 50

CVJ

Domingo, 13 de junio de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

50. Jn 8,13-18

 

Introducción:

 

                ¿Cuáles son tus avales? ¿Realmente en qué se o en quién se apoya? Pueden parecer preguntas filosóficas o fuera de la realidad. Pero, cuando se van acumulando años y experiencias no viene mal hacérselas. Vamos a decirlo de otra manera: de vez en cuando habría que mirarse las manos y preguntarse: ¿qué voy teniendo realmente entre las manos, eso que ya nadie me pueda quitar? Ante una pregunta así se esfuman las cosas, el dinero, las influencias, el pequeño poder que uno pueda acumular. ¿Y si tuviéramos entre las manos amistad, agradecimiento, personas a las que amamos, solidaridad, generosidad, gente que sale adelante por nuestro amparo, gozo por la vida, etc.? Esos serían nuestros “avales”, aquello que sostiene realmente nuestra vida. Volvemos a decirlo: no se trata de hacer filosofía barata. Se trata de mirar adentro y ver lo que hay. Es un ejercicio muy saludable.

                Jesús dice que el aval suyo, su verdadero apoyo, lo que realmente le va quedando entre las manos es el amor del Padre, su indudable amparo, su consuelo experimentado, su abrazo sentido, su mirada envolvente. ¿Puede ser éste el aval de una persona? Para Jesús lo era. Por eso, él no duda en decir que no está solo, sino que el Padre está siempre con él.

                Tener por aval, por apoyo, al Padre puede parecer una idea religiosa. Pero ¿si la hiciéramos vida, si fuera algo real, tocable, “evidente”? Esto nada tiene que ver con lo religioso; se trata de vivir una determinada experiencia, una concreta espiritualidad: saber que, pase por donde pase nuestra vida, el Padre hace parte de ella. Y por eso, la dura soledad no tendrá la última palabra que decir.

 

***

 

Texto:

 

                        13Le dijeron los fariseos:

                -Tú das testimonio de ti mismo, tu testimonio no es válido.

                        14Jesús les contestó:

                -Aunque yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio es válido, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; en cambio, vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy.

                        15Vosotros juzgáis por lo exterior; yo no juzgo a nadie; 16o, si juzgo yo, mi juicio es legítimo, porque yo no estoy solo, sino que estoy con el que me ha enviado, el Padre. 17Y también en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos es válido. 18Yo doy testimonio de mí mismo, y además da testimonio de mí el que me envió, el Padre.

 

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

Vivió prácticamente toda su vida en la habitación de un hospital. Desde los tres años, cuando fue abandonado en las puertas del hospital del Sergas, hasta los 80, Agapito Pazos hizo toda su vida en la habitación 415 de un centro hospitalario. Enfermo de distrofia muscular y con una discapacidad psíquica, Pazos solamente dejó las instalaciones durante dos días, cuando un celador se lo llevó a ver el mar a las Rías Baixas. El resto del tiempo lo pasó en su habitación, viendo la televisión, disfrutando del queso y aborreciendo la sopa, según recoge La Voz de Galicia. Contaba con ciertos privilegios: la cama orientada hacia la ventana, cubiertos con sus iniciales y los mimos de los enfermeros y médicos. En el hospital le recuerdan como a una persona tierna, con un poco de “mala uva a la vez. ¿Qué avales tienen los débiles? Su demanda de justicia, la ternura que suscitan, la habilidad para entender la vida más allá de sus limitaciones. Y detrás: los brazos del mismo Dios. Como Jesús.

Oramos: Gracias, Señor, porque los pobres tienen tu aval; gracias por quienes avalan a los débiles; gracias por estar detrás de quien sufre.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús dice que sabe “de dónde ha venido”. No pensemos que se refiere al cielo, ni cosas así. Él sabe que viene del amor del Padre, de su experiencia de vida, de su contacto animador. Él sabe que sin el Padre su vida no tendría sentido y que sus pasos perderían norte. Él sabe bien que si le quitan la certeza de que el Padre vive con él, su vida se nubla y los porqué vitales se oscurecen. Por eso dice que viene de esa luz, de esa certeza, de esa verdad comprobada. Estamos asomándonos a las fuentes de la espiritualidad de Jesús, de su más honda verdad. Miremos.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por tu certeza en el amor del Padre; Te alabamos porque nunca dudaste de que el Padre iba contigo; te alabamos porque siempre miraste el rostro del Padre con amor.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                No es difícil admitir que todos tenemos una formidable sed de autoafirmación: queremos que se nos considere, hacer parte de la “pomada”, saber que se nos tiene por gente valiosa. Eso lo hacemos, a veces, a costa de los demás. El Evangelio propone ser uno mismo por la certeza de que el Padre acompaña su vida y la sostiene. Es decir, saber que el Padre nos ampara no es una idea religiosa sino una certeza de vida. ¿Podríamos aspirar a tener ese tipo de experiencia, similar a la de Jesús? En la medida en que lo logremos, nuestra vida tendrá mucho más sosiego, paz, hondura, gozo, tranqulidad de fondo.

                Oramos: Que nuestra vida sea crecientemente sosegada por tu amparo, señor; que nuestra vida sea crecientemente gozosa por tu abrazo, Señor; que nuestra vida sea crecientemente serena por tu mirada, Señor.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                No vamos a exagerar diciendo que, dentro de nuestros avales de vida, la comunidad virtual es un aval central, pero sí que es algo que va quedando en el fondo de nuestras manos. Así pertenecer al grupo que ora con la Palabra pasa de ser una cosa algo “pintoresca” a una pequeña verdad de vida: nos vamos uniendo cada vez más en torno a la Palabra. Y esta carrera de fondo nos hace mucho mejores personas y también más cercanos a la realidad de Jesús. Si eso va quedando dentro, es mucho lo que va quedando.

                Oramos: Gracias, Señor, porque vamos siendo, los unos/as para los otros/as, aval y amparo; gracias porque el trabajo orante va quedando en el fondo de nuestras manos; gracias porque nos ayudamos a estar más cercanos a la realidad de Jesús.

 

***

 

Para orar:

Una querencia tengo por tu acento,
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.

Paciencia necesita mi tormento,
urgencia de tu garza galanía,
tu clemencia solar mi helado día,
tu asistencia la herida en que lo cuento.

¡Ay querencia, dolencia y apetencia!:
tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo.

Quiero que vengas, Dios, desde tu ausencia,
a serenar la sien del pensamiento
que desahoga en mí su eterno rayo.

***

 

Juan 49

CVJ

Domingo, 6 de junio de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

49-Jn 8,12

 

Introducción:

 

                Andar con luz no es lo mismo que andar sin luz. En cualquiera de los casos hay que andar, pero la cosa es muy distinta. Una vida  iluminada puede ser pobre, sencilla, oculta; pero, al tener luz, siempre resulta gozosa. Una vida "a oscuras", por muy poderosa que sea, es siempre una vida pesada, triste, sin gozo. Se puede decir que, como las mariposas, los humanos vamos tras la luz porque la necesitamos para que nuestros días no pierdan el contorno, el sentido. En nuestra búsqueda de luz, de nuevo como las mariposas, la luz del brillo, del dinero, de lo "grande", nos ciega, pero nos "quema", no nos soluciona nada. ¿Y si la luz estuviera "dentro"? ¿Y si resulta que en las personas sencillas con las que convivimos, en lo cotidiano de nuestras tareas, en las cosas que nos ocurren cada jornada se hallara oculta una luz, la verdadera luz? ¿Cómo desvelar esa luz para que nuestros pasos no se pierdan en el despiste de los días?

                Jesús dice que es "luz del mundo". Evidentemente no es al modo religioso, como si fuera un Dios que ilumina desde fuera. Jesús quiere ser una luz dentro, en los parámetros de lo normal, en los caminos de cada uno por modestos y ocultos que sean. ¿Y cómo es luz? Haciéndonos ver que nuestra vida es valiosa, que tenemos un tesoro en las manos, que es una suerte pertenecer a esta aventura, que esto es un valle de lágrimas porque lo hacemos así pero que podía ser un lugar de dicha. O sea, él es luz haciéndonos ver que la luz está ya en nuestra vida. ¿Nos parece poca esta iluminación? ¿Estaremos siempre esperando una luz que venga de fuera pero que nunca llega? La luz está dentro, como aque montañero aragonés que decía "las verdaderas cimas están abajo", en el abajo de la verdad de la persona. Que el Evangelio nos anime a ver nuestra vida como poseedora de una luz dentro.

 

***

 

Texto:

 

                12Jesús les habló de nuevo:

                -Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tiniebla, tendrá la luz de la vida.

 

***

Ventana abierta:

 

 

            Esta es una foto que pertenece a un espectáculo que se llama Nebbia que quiere decir en italiano "Niebla". Es del circo Éloize, algo así como el circo del sol, pero en pequeño. Un espectáculo muy hermoso que algunos lo hemos visto en Madrid o en Valladolid. Con la metáfora de la niebla que cae sobre un pueblo se simboliza el despiste y la oscuridad en la que, a veces, se sume nuestra vida. En el pueblo está "el tonto de Stéfano", un diminuido al que quieren pero que no cuenta en la vida de la comunidad. Hasta que se percatan de que quizá él es quien mejor interpreta el sentido de la niebla, porque él ha visto que la niebla desaparece cuando el sol brilla arriba, cuando ALGUIEN de arriba va disipando esa niebla para mostrar que bajo la niebla, en la vida misma, hay luz.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes iluminan nuestros pasos; gracias por los corazones limpios y las miradas luminosas; gracias por quienes descubren luz en lugares de oscuridad.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús es luz para el mundo. Las religiones (también la judía) siempre habían dicho que Dios era luz. Pero es muy distinto decir que una persona, Jesús, sea luz. Porque la manera de ser luz de Jesús no es al modo de las teofanías, apareciéndose como un Dios luminoso entre relámpagos en el monte. Jesús ha sido luz haciendo nuestros caminos, abrazándonos, luchando por nuestra dignidad, diciendo que todo el mundo tiene un sitio en el banquete de la vida, consolándonos, estrujándonos en sus brazos. En definitiva, Jesús ha sido luz diciéndonos: en tu vida, en toda vida (cualquiera que sean sus condicionamientos) hay luz, hay valor, hay llamada a la  dicha.

                Oramos: Te alabamos, Señor porque nos has hecho ver la luz que alberga nuestra vida; te bendecimos por haber sido luz en nuestros caminos de polvo y debilidad; te damos gracias porque nos has iluminado por encima de nuestros fallos.

               

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Nuestras oscuridades personales nos hacen sufrir y nos llevan, a veces, al borde del desaliento y de la depresión. Nuestro sentimiento de culpa nos atenaza algunas veces. El desasosiego se ceba en nuestro corazón muchas noches. Un mundo de oscuridad. Pero se puede luchar contra él, poco a poco, detalle a detalle. Quizá haya que renunciar a soluciones milagrosas. Descubrir en nuestros pequeños caminos diarios los rastros de la luz nos pueden llevar a entender nuestro camino como un día luminoso.

                Oramos: Que leamos nuestros caminos como humildes y hermosas sendas de luz; que seamos luz para quienes conviven con nosotros alejando de ellos lo más posible la crítica y la condena; que la luz que brota de las vidas sencillas nos envuelva y la apreciemos de verdad.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                No vamos a ser exageradamente optimistas diciéndonos que en la comunidad virtual somos, los unos para los otros, una potente luz. Pero una pequeñita luz sí lo somos. A muchos de nosotros les viene muy bien este contacto con la Palabra y con el grupo para dar un color un poco distinto a la jornada, a la semana incluso. Es cosa muy humilde, pero si perseveramos en este camino, al echar la vista atrás nos daremos cuenta de que realmente estamos siendo, los unos/as para con los otros/as, una lámpara sencilla en nuestro camino. Es para alegrarse.

                Oramos: Nos agradecemos la luz que nos damos; nos agradecemos el apoyo que nos damos; nos agradecemos el amparo que nos damos.

 

***

 

Para orar:

 

CRISTO JESÚS
¡OH!, FUEGO QUE ABRASA...
QUE LAS TINIEBLAS EN MÍ
NO TENGAN VOZ.

CRISTO JESÚS
DISIPA MIS SOMBRAS
Y QUE EN MÍ
SÓLO HABLE TU AMOR.

Señor, Tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento y me levanto.

Me estrechas detrás y delante; me cubres con tu mano.

Si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar, allí me alcanzará tu mano.

Si digo ¡Qué la tiniebla me cubra!, la tiniebla no es oscura para Ti. La noche es clara, clara como el día.

Dios mío, sondéame para conocer mi corazón; guíame por el camino eterno.

Te doy gracias, porque sublime eres; Tú conocías hasta el fondo de mi alma.

 

***

 

 

 

LOS SÍMBOLOS

EN LA BIBLIA:

COMPAÑEROS DE BÚSQUEDA

18-25 DE JULIO

 

Fidel Aizpurúa nos ayudará a adentrarnos en los símbolos básicos de la vida humana que tienen eco tanto en el AT como en el NT.

Símbolos bíblicos elegidos: cuerpo, casa, pan, agua y luz.

Y además: paseos, oraciones, compartir, reflexionar...

 

 "Seminarios" hasta la merienda

con cada uno de los símbolos:

 Cuerpo: Naturhouse bíblico.

 Casa: Inmobiliaria "La alternativa".

 Pan: Panadería al aire libre.

 Agua: Peregrinaciones a las fuentes.

 Luz: Eléctricas franciscanas.

 Una semana tranquila,

 En contacto con la naturaleza,

 Profundizando en la Biblia,

 Ambiente sencillo y familiar.

 Para revivir la magia de la Palabra, la magia de Dios.

Persona de contacto: Javier Morala, 678229873.

AVISAR ANTES DEL 25 DE JUNIO.