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FIAIZ

Juan 125

CVJ 

Domingo,  25 de noviembre de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

125. Jn 19,1-3

 

Introducción:

 

                La burla, la frase mordaz, las palabras mordaces son, con frecuencia, el arma que exhiben los débiles. Como no tienen razón, ironizan y desprecian para imponerse. Pero, por mucho que lo hagan, siguen sin tener razón. Y lo peor de todo: burlarse de los débiles, de los pobres, de los indefensos, de los frágiles. Esta burla es el súmun de lo inhumano. Lo contrario sería tomar en serio a toda persona, sobre todo a quien está en mayor desamparo. Tomar en serio al otro no quiere decir que haya que estar siempre ante él con el ceño fruncido. No, el buen humor y el disfrute son valiosos. Quiere decir que la vida de quien tengo delante merece toda consideración y que yo se la doy.

                La escena evangélica de esta semana esa una escena de burla, más que de castigo. Se burlan los soldados de quien es ya un erradicado de este mundo, un condenado a quien se le puede robar todo, hasta la dignidad. Se burlan con una corona de matas, como si fuera un rey loco; con un manto “color púrpura”, no de púrpura que era la vestidura regia. Se burlan haciendo un saludo militar (la mano alzada) que termina en una bofetada. Él, Jesús, había tomado en serio a todo el mundo; hasta los más indefensos encontraron en él alguien que escuchaba, que acogía, que daba importancia a sus pobres caminos. Y, en contrapartida, él no fue tomado en serio cuando le cercaba la desgracia. Quizá en esos momentos, además de un fuerte desamparo, sintió como nunca el amor abrazador del Padre.

***

 

Texto:

 

19,1Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar.

2Y los soldados trenzaron una corona de matas, se la pusieron en la cabeza

y le echaron por encima un manto color púrpura;

3y, acercándose a él, le decían:

                -¡Salve, rey de los judíos!

Y le propinaban bofetadas.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

Estos son integrantes de una moderna ONG que se denominan: Stop desahucios. Ya sabemos su cometido: intentan frenar el tsunami de desahucios que asuela nuestra sociedad. Para denigrarlos, se les acusa de antisistema cuando, en realidad, su objetivo es mejorar una de las indignidades del sistema. Ellos creen que se puede cambiar la sociedad y han empezado a hacerlo bu7scando protección a los más frágiles. Solamente falta que la política sea capaz reofrecer respuestas claras, sensibles y eficaces para nuestra sociedad sea mejor.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes se mantienen sensibles a la causa de los débiles; gracias por quienes toman en serio las situaciones de los pobres; gracias por quienes aportan humanidad al hecho social.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Estremece en este relato el silencio de Jesús y su rostro que recibe la bofetada injuriosa. Casi sentimos su chasquido. Non era que no le afectaba la burla; él la sufría hondamente, en proporción al amor que tenía a las personas. Pero sabía encajar la adversidad. Eso lo había aprendido desde niño, desde su pobre nacimiento hasta hoy. Entendió que era preciso aprender a abrazar la adversidad, no para darle carta de ciudadanía sino para decirle: vives conmigo, pero no tendrás la última palabra.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por tu fuerza interior; te bendecimos por tu capacidad para abrazar la adversidad; te bendecimos por tu corazón resistente.

               

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Para generar humanidad en torno a nosotros se requiere, entre otras cosas, tener controlado el mecanismo de burla y menosprecio que puja por salir en situaciones que nos superan. Antes que menospreciar a nada o a nadie es preciso hacer acopio de escucha, comprensión y paciencia. Quizá también haya que mirar con benignidad. El tema de la mirada es decisivo para no sucumbir al desprecio. Una mirada benigna abre las puertas del corazón; una mirada burlona, genera alejamiento.

                Oramos: Que escuchemos con templaza a quien lo pasa mal; que hagamos derroche de paciencia con quien está herido/a; que miremos con benignidad los caminos de los frágiles.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Una de las “razones” por las que se nos hacen gratas las convivencias y nuestra relación de “comunidad virtual” es porque no hay atisbos de burla o menosprecio, sino todo lo contrario. Un aprecio sincero e interesado por los caminos del otro crea un marco de disfrute y de acercamiento que nos enriquece. Siempre hay algún motivo para alegrarse con el otro/a. Son los frutos buenos de la comunidad.

                Oramos: Que nunca aparezca el. menosprecio en nuestras relaciones comunitarias; que el interés por los caminos de los demás no mengüe; que siempre encontremos motivos para el disfrute común.               

 

***

 

Poetización:

 

Hasta el más débil,

el más pequeño,

el más niño,

encontraron acogida en él.

Siempre los tomó en serio,

siempre le interesaron sus caminos,

siempre los miró con acogida.

Despreciar al otro,

burlarse de él,

tomarlo a broma,

era como reírse de Dios.

Por eso mismo

nunca hirió,

jamás avergonzó,

no puso en ridículo a nadie.

Tal vez por eso

le dolieron más

las burlas de los guardias,

Sus risas inhumanas,

sus gestos humillantes.

No merecía ese trato,

por mucho que fuera

un condenado.

Pero lo encajó

con la mayor paz que pudo.

En medio de aquella hoguera de mal

estaba la brisa fresca

de la caricia del Padre.

Y él, seguramente que la sentía.

 

***

 

Para esta semana:

 

                No te burles del débil; se paciente; muestra interés por sus caminos sencillos.

***

Juan 124

CVJ 

Domingo,  18 de noviembre de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

124. Jn 18,38b-40

 

Introducción:

 

                La realidad no es como nos gustaría que fuera, sino como realmente es. Y a veces, asistimos, atónitos y sorprendidos, que nosotros mismos que anhelamos el bien y la dicha elegimos el mal. No sabemos de donde brota esa elección ni por qué lo hacemos. Pero lo sorprendente es que percibiendo que nos estamos haciendo daño seguimos empeñados en ir por una senda que no lleva a ninguna parte. Cuando hacemos esto deliberadamente, la cosa más o menos se explica: uno cosecha lo que siembra. Pero lo incomprensible es que lo hagamos también aunque no queramos. Hay dentro de nosotros un algo que nos sojuzga y nos somete. Muchos llaman a esto “misterio del mal”, pero, en realidad, habría que llamarlo “misterio del simple vivir”, un vivir que no entendemos.

                Esto ha ocurrido también en la vida de Jesús: aquellos a los que había amado totalmente, eligieron el mal, eligieron a Barrabás, un bandido, antes que a él. El evangelio de Juan, a diferencia de los sinópticos, no pone en boca de Pilato una alternativa: a Barrabás o a Jesús. Solamente les ofrece la posibilidad de liberar a Jesús. Pero ellos, por su cuenta, eligen a Barrabás acentuando así su decisión insensata. Jesús abrazará ese mal, le dará un giro humanizador, acogerá la realidad tan dura como es, asumirá que los humanos funcionamos con un déficit de inhumanidad. Solamente una actitud de abrazo del mal, de aceptación humanizadora de la realidad puede abrir una puerta de salida a este impasse.

***

 

Texto:                                     

 

38bDicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:

-Yo no encuentro en él ninguna culpa. 39Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?

                40Entonces empezaron  a gritar:

                -A ése no, a Barrabás.

(El tal Barrabás era un bandido).

 

***

 

Ventana al mundo:

 

 

                Este señor es el hermano Manuel Amunárriz, un capuchino médico que durante 31 años nada menos ha estado en un hospital perdido en la selva de la amazonía ecuatoriana a más de 12 horas de canoa de centro humano poblado. Durante todos esos años ha abrazado, como Jesús, el dolor de los más olvidados de la tierra. Ha hecho operaciones de todo tipo, increíbles a veces. Pero, sobre todo, ha tenido una relación humanizadora con cada uno de sus pacientes. Y nadie se ha enterado. El silencio es la envoltura de su bondad. Pero ese silencio no merma en nada la calidad humana del abrazo.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por quienes siembran amor sin interés; te bendecimos por quienes curan abrazando el dolor del otro; te damos gracias por quienes mantienen la dignidad a la persona humilde.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Llama la atención en el pasaje el silencio de Jesús, su presencia ausente. Es su manera de abrazar el mal. Lo hace con el silencio, con el estar ahí, con el no maldecir, con el no huir. Su silencio es la forma de su abrazo. Sin reproches, sin lamentos, sin condenas. Quizá con ello quería decir que, aunque se le postergara a Barrabás, su amor quedaba intacto.

                Oramos: Gracias, Señor, por no reprocharnos nada; gracias por no condenarnos nunca; gracias por no huir de nuestro mal.

 

***

 

Ahondamiento personal

 

                Dice el texto que Barrabás era un bandido. El significado es el de un bandido político, alguien que ha cometido algún delito contra el Estado. Un terrorista, diríamos hoy. La preferencia sobre Jesús desvela en grado máximo el componente inhumano de la persona: somos capaces de las mayores tropelías. No nos lo creemos porque, normalmente, nuestra vida se desarrolla por unos cauces morales presentables. Pero hay que mirar al fondo, no para horrorizarnos, sino para abrazar aquello que de más herido hay en nosotros. Quizá de ese abrazo pueda ir brotando la salud.

                Oramos: Que no temamos mirar al fondo de nuestra realidad y que aprendamos a abrazarla; que seamos crecientemente compasivos con los fondos de nuestros hermanos/as; que no nos horrorice nuestro lado oscuro sino que, compensado con el luminoso, lo acojamos.

 

***

 

 

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Cuando vamos haciendo partícipes a los demás de nuestros problemas y son acogidos estamos abrazo el mal del otro. Este abrazo es muy beneficioso, no tanto en cuento a la desaparición del problema, sino en cuanto al amparo humano que necesita para ser encajado mejor. El éxito no es que desaparezca el problema (ojalá), sino que sea amparado. Ese es un buen regalo que nos podemos hacer en nuestra comunidad orante.

                Oramos: Que nos acojamos con facilidad; que nos abracemos sin vergüenza; que nos apoyemos con escucha.

 

***

 

Poetización:

 

No podía creer lo que ocurría;

sus oídos no daban crédito a lo que gritaban.

Él, que había dedicado lo mejor de su vida

a ese pueblo ahora vociferante

era pospuesto a un terrorista.

Abría los ojos espantado

más allá de su dolor:

¿su amor no había servido para nada?

Pero su silencio

no era el signo de la derrota,

sino el del abrazo.

aunque lo pospusieran,

aunque ignoraran el bien recibido,

aunque no se acordaran

de las lágrimas que secó

y de los corazones que restauró,

él seguía amándolos.

Su silencio no era ni una condena,

ni un reproche,

ni una maldición.

Era su forma de seguir abrazando

el dolor que llevaban dentro

aunque por sus bocas saliera

una condena implacable.

Era su manera de seguir amando…

 

***

 

Para la semana:

 

                Intenta envolver de un silencio respetuoso las “condenas” que puedas sufrir por personas que no te comprenden bien.

 

 

Juan 123

CVJ 

Domingo, 11 de noviembre de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

123. Jn 18,33-38a

 

Introducción:

 

La dura y persistente crisis en la que está inmersa nuestra sociedad, el tremendo y pavoroso escenario del paro, de los desahucios, la carencia de medios para la solidaridad social, etc., llevan a concluir a muchos ciudadanos que no hay salida. Todo parece conjurarse para llevarnos a un desaliento grande y, peor todavía, a una rara resignación que se traduce en una apatía, en un dar por supuesto que esto no tiene ningún arreglo. Sin embargo hay personas que, tenaz y utópicamente, siguen creyendo que esto no es totalmente así, que, en medio del naufragio, tiene que haber una salida. Y se esfuerzan por encontrarla. Incluso los hay que trabajan por encontrar una salida para los demás, no para ellos mismos. Son admirables. Porque cuando se hace algo para ayudar a que otro, uno más débil que yo, encuentre salida, en realidad, estamos haciendo un bien al conjunto, incluso a uno mismo. Este certeza de que cuando el débil gana yo también gano es, por raro que parezca, un dinamismo que puede ayudar a despejar el horizonte lleno de nubarrones de nuestra sociedad.

                Decimos esto porque en el texto de hoy Jesús dice que lo suyo es “dar testimonio a favor de la verdad”. ¿De qué verdad habla? Ciertamente no de la verdad teológica, o filosófica o, incluso, científica. Se refiere a la verdad honda de que la vida tiene un horizonte de dicha, que lo nuestro tiene salida, de que la historia está llamada a la alegría, de que la justicia brillará en todo su esplendor. El esfuerzo de Jesús es dar testimonio de esta verdad elemental: nuestra vida tiene sentido y está llamada a ser plena y gozosa. Por esa “verdad” ha empeñado su vida y no ha dudado en afrontar una muerte deshonrosa. Ha sido de quienes ayudando a dar sentido y salida a la vida de otros los ha encontrado para sí mismo: “Rebajándose…Dios lo exaltó”, dirá san Pablo. Abriendo horizonte (aunque le haya costado la vida) ha encontrado el gozo mayor y nos ha hecho ver que hay salida para lo nuestro.

 

***

Texto:

 

33Entró otra vez Pilato en el Pretorio, llamó a Jesús y le dijo:

                -¿Eres tú el rey de los judíos?

                34Jesús le contestó:

                -¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?

                35Pilato replicó:

                -¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?

36Jesús le contestó:

                -Mi realeza no es del mundo. Si mi realeza fuera del mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi realeza no es de aquí.

37Pilato le dijo:

                -Con que, ¿tú eres rey?

Jesús le contestó:

                -Tú lo dices: Soy rey. Yo para esto he nacido y he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.

38aPilato le dijo:

                -Y, ¿qué es verdad?

 

***

 

 

 

 

 

 

 

 

Ventana abierta:

 

 

Estas monjas son las clarisas de Ávila, una sencilla comunidad franciscana contemplativa. Ellas han creído que, además de rezar por los parados, tenían que hacer algo concreto. Han puesto una parte de sus ahorros a funcionar en forma de microcréditos para gente en apuros del barrio. La trabajadora social del mismo es la que gestiona el dinero. El resultado ha sido positivo: muchos casos se resuelven, el dinero se devuelve, la gente aporta dinero a ese fondo de socorro. Quizá pueda parecer que no es propio de una comunidad contemplativa andar en estas; pero han hecho lo mismo que Jesús: intentar abrir camino a quien se le cierran las puertas, dar testimonio de la verdad evangélica de que los humanos tenemos salida.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes se preocupan por los débiles y les abren horizontes; gracias por quienes se sienten solidarios con quien busca; gracias por quien valora el esfuerzo de abrirse camino con medios humildes.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice Jesús que su reino “no pertenece al orden éste”. O sea, que para que sea efectiva la certeza de que hay salida para la vida hay que alejarse del “orden éste”, hay que abandonar, lo más posible, toda connivencia con el sistema opresor que cierra el horizonte a la vida de los débiles. Eso ha de traducirse hoy por un consumo responsable, por entrar en la espiritualidad del decrecimiento, por una austeridad efectiva, por un no poner el pie donde lo ponen los grandes opresores de lo humano (bancos, grandes centros comerciales, lugares de explotación, etc.).

                Oramos: Gracias, Señor, por no haberte dejado arrastrar por quienes dominan y explotan; gracias porque te has mantenido insobornable ante el sistema; gracias por tu pobreza que da veracidad a tus palabras.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

Jesús insta en este pasaje a “escuchar la voz de la verdad”, a hacer un hueco en la vida a esa verdad de que todos los humanos tenemos derecho a una salida, a la dicha, a la justicia. Quien hace algo por esto, escucha la verdad. Porque la gran verdad del creyente no son las verdades religiosas o similares, sino la verdad sencilla y básica inscrita por Dios en el corazón de la realidad de que toda criatura tiene derecho a vivir, a ser dichosa, a plenificarse.

                Oramos: Que creamos que el derecho a vivir y a dar vida es la gran vocación  que Dios nos ha dado; que pensemos que vivir en la verdad es lo mismo que vivir en la solidaridad con el débil; que nos alegremos de que el Padre haya sembrado el anhelo de dicha en el corazón de lo creado.

               

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                La comunidad virtual puede aportar su granito de arena para que el logro de un horizonte de dicha se haga presente en nuestra vida. Eso puede hacerlo, además de en pequeños gestos de amistad, con el trabajo orante. Efectivamente: orar con la Palabra no es únicamente un trabajo espiritual; es, además, la aportación de la espiritualidad cultivada al horizonte de la dicha. Porque una persona más espiritual es, un poco, una persona más dichosa, ya que su interior está trabajado y cuidado.

                Oramos: Que nos cuidemos volcándonos poco a poco sobre la Palabra; que nos ayudemos a construir horizonte potenciando nuestra espiritualidad; que nos ayudemos a ser personas de interior cultivado.

 

***

 

Poetización:

 

No era fácil entenderle.

hablaba de un reino que no era tal,

de una manera ser rey

que nada tenía que ver

con los modos al uso.

Por eso, cuando le preguntaron

cómo era su realeza

dijo que lo suyo era

dar testimonio de una verdad.

No se refería a la verdad de los sabios,

muchas veces hinchada de orgullo;

ni a la verdad de los políticos,

llena de contradicciones y mentiras;

ni a la verdad de los religiosas,

llenas con frecuencia de hipocresías.

Se refería a la verdad de su Padre

que era bien sencilla:

la vida humana tiene horizonte,

lo nuestro tiene salida,

estamos llamados a la dicha,

nos aguarda una plenitud.

Lo había aprendido del mismo Padre

porque si Él había hecho suya

nuestra historia,

si Él nos acompañaba

hasta poner su éxito

en nuestro éxito,

¿cómo esta vida nuestra

iba a estar sin salida;

cómo nuestros caminos

iban a llevar al extravío;

cómo no habíamos de sentir

el calor de un abrazo grande?

Por esta peculiar verdad

dio su vida

y no le importó

morir en un palo indigno.

Hasta ese punto

estaba seguro

del valor de su verdad.

 

***

 

Para esta semana:

 

Trata esta semana de contribuir, siquiera con una buena palabra, a que l horizonte de un débil se ilumine un poco.

 

***

 

Retiro Adviento 2012

Retiro de Adviento 2012

 

SOMOS LO QUE SOÑAMOS SER

Esperar al Jesús que alimenta sueños

 

Introducción

 

            Como dice M. Vicent, un gran fantasma recorre hoy nuestra sociedad global.. Es el fantasma de la desilusión, del desencanto. Una parálisis que nos agarrota y que nos hace ver como normal todo lo anormal que nos está ocurriendo en la sociedad, todo el desbaratamiento del estado de bienestar. En algunos el desencanto ha dado pie a la indignación, el desaliento se ha transformado en fuerza para una honda protesta que conecta con amplias capas sociales. Pero la mayoría seguimos acoquinados, con el alma encogida y con los sueños malheridos, por no decir muertos. ¿Podrán revivir nuestros sueños? ¿Podremos mantenerlos vivos, aunque, hoy por hoy, no puedan cumplirse? ¿Alimentar sueños es alimentar fantasías?

            Por otra parte, acogotados por el sentimiento de utilidad, el “para qué”, nos preguntamos en directo: ¿Para qué sirven los sueños? Y no sabemos qué responder, aunque, siguiendo a E. Galeano cuando habla de las utopías, nos digamos que sirven “para andar”. Pero no nos termina esto de parecer “útil”. Se debe, en parte, a un arrinconamiento de los dinamismos, las fuerzas que nos mueven dentro. Llegamos a creer que lo que nos mueven son las ideas y su derivada planificación. Pero, en realidad, lo que más nos mueve, las fuerzas que obran en los trasfondos, son dinamismos que es bueno tener en cuenta. ¿De dónde brota el anhelo, los sueños, la utopía, la pregunta, la intuición, etc.? No lo sabemos, pero son fuerzas que nos “mueven”. De ahí la contradicción, renegamos de los sueños pero, en el fondo, nos movemos por ellos. ¿Por qué no acogerlos, hacerles un sitio, “hablar” con ellos, valorarlos, tomarlos como compañeros de camino?  

            Algo nos consuela: persisten los sueños, tan social como personalmente. No mueren, aunque, quizá como ahora, estén algo apagados. De repente rebrotan, surgen potentes. Suenan todas las alarmas en el sistema y despliega todos sus medios para apagar cualquier atisbo de fuego. Pero el sistema sabe que están ahí, que arden debajo, que son fuegos ocultos que pueden prender a cualquier brisa que sople. Tiene razón Rivas cuando dice que “somos lo que soñamos ser”. Somos lo que soñamos, eso hace parte de lo que realmente somos y no habrá imperio capaz de arrancar el dinamismo de los sueños y su oculta fuente.

            ¿No podría ser esta una orientación para un retiro en Adviento, para una visión alimentada de este tiempo de catequesis cristiana que precede a la Navidad, para estas semanas engullidas por la sociedad de consumo entre la fiesta de Halloween y la de Papá Noel-Año nuevo-Reyes? ¿Qué sería esperar a un Jesús (lleno él de sueños) que puede alimentar nuestro sueños de ahora? ¿Qué tipo de sueños puede alimentar Jesús deduciéndolos de su Mensaje? El fruto de un retiro así sería levantar los hombros, respirar, mirar al horizonte, seguir soñando más allá cualquier nubarrón, de la propia oscuridad, de los días teñidos de gris. Por esas grietas puede entrar el rayo de luz luminosa de un Jesús que hace parte de nuestra existencia.

 

1. Somos lo que soñamos ser

 

            Queremos comenzar haciendo una lectura reflexiva del poema de Manuel Rivas que da título a nuestro retiro:

 

Somos lo que soñamos ser
Y ese sueño, no es tanto una meta
Como una energía
Cada día es una crisálida
Cada día alumbra una metamorfosis
Caemos, nos levantamos
Cada día la vida empieza de nuevo
La vida es un acto de resistencia y de reexistencia
Vivimos, revivimos
Pero todos esos tienen la memoria
Somos lo que recordamos
La memoria es nuestro hogar nómada
Como las plantas o las aves emigrantes
Los recuerdos tienen la estrategia de la luz
Van hacia delante
A la manera del remero que se desplaza de espaldas para ver mejor
Hay un dolor parecido al dolor de muelas
A la pérdida física
Y es perder algún recuerdo que queremos
Esas fotos imprescindibles en el álbum de la vida
Por eso hay una clase de melancolía que no atrapa
Sino que nutre la libertad
En esa melancolía como espuma en las olas
Se alzan los sueños.

 

 

Manuel Rivas

 

  • Somos lo que soñamos ser: Una verdad contundente y reconfortante. El “material” de los sueños nos compone. Sin ellos habríamos desaparecido de la tierra como humanos. Por eso nos conviene alimentar, cuidar, sostener sueños: por razones de humanidad.
  • Y ese sueño es una energía: Un dinamismo, una fuerza, algo que sale de dentro, algo que nos sostiene e impide que se quiebre el alma. Los sueños son una energía que nos mantiene erguidos y en pie.
  • Un acto de resistencia y de reexistencia: Porque en la resistencia habita la esperanza, como dice Sábato. Y en la reexistencia habita la posibilidad de vida de cada día. Los sueños nos hacen resistentes y reexistentes.
  • Somos lo que recordamos: No para ahogarnos en la añoranza, en la melancolía, sino para que, una vez cogido el impulso de lo soñado, nos lacemos con ánimo bueno a la arena de batalla de cada día, para que no nos derroten ni las horas amargas ni las propias debilidades.   
  • Sobre la melancolía se alzan los sueños: Porque soñar no es “ensoñar”, sino salir a flote del marasmo, de la convulsión, del follón diario.

 

2. Reflexión básica

 

            Para dar un poco más de densidad a nuestra reflexión, vamos a desgranar una serie de ideas en torno a los sueños:

  • Un dinamismo: ya lo hemos dicho, algo que nos mueve por dentro. Verse movido por sueños es uno de los gozos de lo humano.
  • Diferente de ensoñaciones: También lo hemos indicado: un sueño es un dinamismo que lleva a poner a funcionar algún mecanismo nuevo; una ensoñación es un anhelo que, al no poner en marcha ningún mecanismo de vida, se queda vacío.
  • No hay que empeñarse en saber su origen: están ahí y punto. A veces brotan y a veces no. En unos brotan y en otros no. También es cierto que se puede ayudar a suscitar sueños (personas, ambientes, planes de vida que los favorezcan).
  • El sueño va unido a una cierta responsabilidad: no es de recibo tener sueños y abandonarlos sin más; quien tiene sueños adquiere responsabilidad.
  • Contra la tendencia a que los sueños se caigan: lo poco que duran las utopías. Hay que luchar contra esa tendencia y contra los derribadores de sueños (personas o sistemas).
  • Los sueños se pueden alimentar: como toda realidad viva. Un sueño alimentado (aunque sea poco) tiene futuro; un sueño no alimentado se esfuma.
  • Los sueños y los deseos: tienen mucho que ver ambas realidades. Tener deseos, sobre todo si están centrados en el valor de lo humano, puede ser un impulso decisivo para los sueños y estos para el logro de realidades.

 

3. Los viejos tendrán sueños: Joel 2,28:

Y sucederá que después de esto,
derramaré mi Espíritu sobre toda carne;
y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán,
vuestros ancianos soñarán sueños,
vuestros jóvenes verán visiones.

  • Derramaré mi espíritu sobre toda carne: La vieja profecía piensa que toda carne, toda la realidad histórica, puede ser sujeto del Espíritu. Es decir, se ha roto la barrera entre la historia y lo santo, entre lo divino y lo humano. No hay más que lo humano con Dios dentro. Esta seriedad histórica es imprescindible para creer en sueños que se pueden realizar ya aquí y que es aquí donde habrá que construirlos.
  • Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán: Como lo constata el mismo evangelio. Hay en la historia una capacidad sembrada por Dios para la profecía, para el sueño, para el anhelo. Matar esa capacidad es empobrecer lo humano e imposibilitarse para una acción espiritual.
  • Vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes tendrán visiones: Es una fórmula de totalidad: todos, viejos y jóvenes, vivirán anhelando sueños y visiones, maneras distintas de entender la realidad, formas más humanas de pertenecer a la historia, el gran anhelo de formar una fraternidad cósmica. Estas son las grandes visiones, los sueños enormes a los que Dios llama a la historia, a nosotros.

 

4. Los “grandes sueños”

 

            Aunque ya los conocemos, no esta mal que los grandes sueños estén como telón de fondo de nuestros humildes y concretos sueños cotidianos. Son sueños que no han sido únicamente anhelos, sino que hay detrás personas que se han empeñado y se empeñan en por los en clave de vida. Los ponemos delante:

1) El sueño de Dios: Porque por increíble que nos parezca, conocemos el sueño de Dios a través de la Biblia. Y es éste: que los humanos vivamos en el mundo nuevo de las relaciones nuevas, de la igualdad, de la justicia, de la fraternidad. Ése es su gran sueño.

2) El sueño de Jesús: Es el mismo, el que ha denominado “el reinado de Dios”, la nueva sociedad, la fraternidad vivida en las relaciones con las personas, con las cosas y con el mismo Dios.

3) El sueño de Francisco de Asís: Idéntico, la fraternidad universal desde la certeza de que en lo humilde se esconde una esperanza, de que son los débiles quienes pueden abrirnos al misterio de lo humano.

4) El sueño de quienes piensan en la posibilidad de otro mundo: Como por ejemplo S. Latouche, defensor del “decrecimiento” de que es posible vivir mejor si se vive con menos.

5) El sueño de quienes piensan la vida cristiana en modos sostenibles: Como J. Eizaguirre que piensa que es posible vivir una vida “sobria, honrada y religiosa” en maneras ecológicas y respetuosas con todos y con todo.

 

5. Sueños que persisten

 

            ¿Se han acabado los sueños? ¿Se han hundido como dicen los profetas de la caída de las utopías? ¿Es tan sofocante y abrasivo el día a día la cruda realidad como para decir que ya no hay sueños en las personas y en nuestra sociedad? Creemos que no. Enumeramos algunos

 

a) A nivel personal:

 

  • El sueño de dar salida a la bondad que hay dentro de toda persona: Porque la hay, lo que pasa es que muchas veces no sale. ¿Cómo darle salida? En la simple práctica de la bondad y la sencillez.
  • El sueño de una vida personal en pie, sin quebrarse ante las presiones del sistema: Por eso habrá que alejarse lo más posible de los ámbitos sistémicos (sociales, religiosos) si no queremos que el sistema nos fagocite y apague para siempre nuestra capacidad de soñar.
  • El sueño de una vida que integra presencias que ya no se ven: La presencia de quienes se han ido, se han muerto, se han alejado de nosotros (o nosotros de ellos), de quienes “amamos sin ver” (al mismo Jesús). Una vida con presencias integradas no solamente para sufrir menos, sino para disfrutar más.
  • El sueño de una vida lejos de la culpa: Libre de presiones hondas, cada vez más confiada (en las personas sobre todo, e incluso en Dios). Una vida lejos de los infiernos y de las retribuciones, una vida apoyada en el corazón hondo de la vida, de las personas, de Dios.
  • El sueño de poder dialogar con la persona de entro: Que es lo mismo que el sueño de una persona que se sitúa cada vez más en el lado de la profundidad, en el terreno de la verdad, que es terreno que abraza la debilidad en modos compasivos.

 

b) A nivel social:

 

  • El sueño de una sociedad donde los débiles realmente cuenten: La cosa está aún muy lejos. Pero la lucha denodada de muchas personas por hacer a los débiles un sitio en la mesa común de la historia está ahí y se va cumpliendo. Díganselo si no a quienes han orientado su vida o parte ella a ese lado de la realidad.
  • El sueño de un mercado que pone el lucro en segundo plano: Sueño que nos parece realmente imposible hoy. Pero, apoyándonos en atisbos (trueque, consumo sostenible, prácticas ecológicas,  bancas alternativas, etc.), se puede soñar otro tipo radicalmente distintote relación económica y de mercado.
  • El sueño de una cultura abierta que no teme: Que ha superado el ancestral miedo al distinto; que mira con embeleso los valores de quien no es de su “tribu”; que logra ver en el rostro ajeno el propio corazón que late al unísono.
  • El sueño de un mundo con la violencia controlada: Sueño todavía lejano (más de 50 conflictos armados en el mundo y un sin fin de violencias en todos los pueblos). Pero los brotes de los innumerables movimientos por la paz, las vidas de los pacificadores segadas y suprimidas pero hermosas, la creciente conciencia de que la paz social es un bien mayor, nos hace abrigar la esperanza de otro mundo hermano y por lo tanto el sueño es lícito.
  • El sueño de una sociedad entregada al cuidado esencial: Ese cuidado que es preocupación por la casa común de la tierra, generosidad para construir una vida verdaderamente humana, interés por dejar a las generaciones futuras un mundo mejor que el que nosotros encontramos.

6. Los sueños de la comunidad cristiana

 

            Muchos han soñado la comunidad cristiana del futuro. Da la impresión de que su sueño no se ha cumplido porque los derroteros de la Iglesia oficial van por otro lado. Pero nadie puede impedirnos soñar, anhelar. ¿Qué comunidad cristiana podemos soñar?

  • Una comunidad compasiva/samaritana: Donde la comprensión y la compasión tengan el primado, no la estructura y sus intereses.
  • Una comunidad con creciente sensibilidad social: Más centrada en la justicia que en el culto, con un tipo de experiencias espirituales crecientemente insertas en la realidad social.
  • Una comunidad que sabe quienes son sus miembros: No un conglomerado religioso sin nombres, sin perfil concreto, sin relación cultivada. Una experiencia sacramental vivida desde ese planteamiento.
  • Una comunidad que se anima a afrontar el posteísmo: Cambiando sus esquemas ideológicos, historizando la fe, modificando prácticas que han tenido vigencia hasta hoy pero que ha caído sobre ellas un pesado interrogante.
  • Una comunidad del lado de la esperanza: No del lado de la tristeza, de la desesperanza, del negativismo, de la visión gris de la realidad cotidiana, del lenguaje desilusionante.
  • Una comunidad que evangeliza en los márgenes: Y por ello no le importa mucho el número, ni el liderazgo, ni que los pueblos sean cristianos, ni la primacía religiosa. Le interesa el bien del marginado y su duro destino. Y ahí cree que se puede hablar de la fe que uno considera buena.

 

7. Itinerario de Adviento

 

            Podríamos sugerir un pequeño itinerario espiritual para las cuatro semanas del Adviento:

 

  • Primera semana: creer en la capacidad de soñar: Hacer en la oración personal o comunitaria una alusión a la importancia de soñar desde la fe otro mundo posible.
  • Segunda semana: amar nuestros pobres sueños: Anotar en el cuaderno personal los pobres sueños que uno tiene y a los que no ha renunciado. Tomar cada día uno de ellos para un momento de reflexión personal. 
  • Tercera semana: renovar la fidelidad a los sueños: Escribir una pequeña oración personal renovando la fidelidad a los sueños no cumplidos. Leerla toda la semana.
  • Cuarta semana: compartir sueños sin vergüenza: Hablar en alguna reunión comunitaria sobre este tema de los sueños y cómo la Navidad los apoya y sostiene.

 

8. Conclusión

 

            ¿Se nos va esta espiritualidad por entre los dedos como quien quiere coger agua en sus manos? ¿No tiene esto cuerpo ni sentido? O, por el contrario, ¿salimos más animados de una reflexión así? Ese sería un buen síntoma. De todos modos, por estas “grietas” entra la luz, eso que llamamos misterio de la encarnación.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño, noviembre de 2012

Adora y confía

ADORA Y CONFÍA

 

        Vamos a reflexionar sobre una hermosa plegaria atribuida al jesuita Teilhard de Chardin. Puede ser un camino de espiritualidad en este tiempo de madurez de nuestra vida, en este sosegado momento de la fraternidad adulta. Vamos a ir desgranándola en breves meditaciones:


No te inquietes por las dificultades de la vida,
por sus altibajos, por sus decepciones,
por su porvenir más o menos sombrío.
Quiere lo que Dios quiere.

Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades
el sacrificio de tu alma sencilla que, pese a todo,
acepta los designios de su providencia.

Poco importa que te consideres un frustrado
si Dios te considera plenamente realizado;
a su gusto.
Piérdete confiado ciegamente en ese Dios
que te quiere para sí.
Y que llegará hasta ti, aunque jamás le veas.

Piensa que estás en sus manos,
tanto más fuertemente cogido,
cuanto más decaído y triste te encuentres.

Vive feliz. Te lo suplico.
Vive en paz.
Que nada te altere.
Que nada sea capaz de quitarte tu paz.
Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales.
Haz que brote, y conserva siempre sobre tu rostro
una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor
continuamente te dirige.

Y en el fondo de tu alma coloca, antes que nada,
como fuente de energía y criterio de verdad,
todo aquello que te llene de la paz de Dios.

Recuerda: 
cuanto te reprima e inquiete es falso.
Te lo aseguro en nombre de las leyes de la vida
y de las promesas de Dios.
Por eso, cuando te sientas 
apesadumbrado,
triste,
adora y confía...

P. TEILHARD DE CHARDIN

 

1. No te inquietes por las dificultades de la vida,
por sus altibajos, por sus decepciones,
por su porvenir más o menos sombrío.
Quiere lo que Dios quiere.

1) No te inquietes: Escucha la voz de Jesús: “No estéis intranquilos”  (Jn 14,1). La intranquilidad nos corroe. Muchas veces es insensata, sin motivos. Pero está ahí, como un gusano. Sin dejarnos sosiego. Quizá el sosiego vaya unido al desprendimiento, a la sensatez, a la racionalidad, al disfrute con la naturaleza, al gustar las cosas, al mirar. Sosegarnos, ese es un buen programa de vida.

 

2) Las dificultades de la vida: A nuestra edad, las tenemos muy menguadas. No nos falta de nada. Quizá persisten las dificultades de dentro. La de amar, la de ver al otro como un don, la de creer que esta vida ha valido para algo. O esas otras dificultades más hondas, la de aceptar a un Jesús vivo, la de creer en su abrazo. Que las dificultades no sean mayores que nuestros gozos.

 

3) Los altibajos: Los hemos tenido muchas veces. Ya no tendrían que inquietarnos. No tenemos nada que perder. Las cosas van y vienen; no tendría que importarnos mucho. No se trata de pasotismo, sino de sosiego, de calma, de tranquilidad básica. Nuestro mejor tranquilizante, la certeza de que la nuestra es una vida acompañada: Jesús siempre está ahí; las hermanas casi siempre.

 

4) Las decepciones: Vamos acumulando algunas. Nos esforzamos en saber quién es la causa de esas decepciones. Pero eso es lo de menos. Lo bueno es abrazar esas decepciones hasta decirles: tenéis un sitio, pero no deis mucha murga. Hay que aprender a pasar página, a vivir con los hombros levantados, a sonreír sin excesiva dificultad.

 

5) El porvenir sombrío: Porque, a veces, lo es: sombrío, inquietante, interrogante. Pero otras veces aparece más coloreado, más sosegado, más tranquilo. “Vete, alma mía, segura, porque el que te creó te acompañará como una madre”, decía santa Clara. Un porvenir en brazos de quien nos ama: ¿No es esto suficiente? Un porvenir de encuentro profundo, de vida plena, de respiro, de casa fresca y sosegada. ¿Hemos de identificar siempre eso con la histeria del morir? ¿No hay otra manera?

 

6) Quiere tú lo que Dios quiere: ¿Y qué quiere Dios? Que respires, que seas dichosa en la medida de lo posible, que encuentres ese lugar en el mundo que reconforta (¿la fraternidad?), que descanses en un hombro, que te sepas abrazada, que sepas que hay un “marido” para esta tierra, como decía la vieja profecía.

 

 

2. Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades
el sacrificio de tu alma sencilla que, pese a todo,
acepta los designios de su providencia.

 

1) El sacrificio de un alma sencilla: La mejor ofrenda: un buen corazón y una vida simple. Así se entenderá que dios es amor y solamente amor. Así saldremos de la zozobra de una vida que se mueve mucho, que bracea mucho, que exagera mucho, pero que encuentra el lugar de la sombra, la perspectiva que enamora, el disfrute que caldea el corazón. Es el mejor “sacrifico” no en sentido penitencial, sino como lo que más agrada a Dios, el humo que sube a las narices de Dios y le agrada (no como el humo de los sacrificios rituales, tal como decía la vieja profecía). Perfume inigualable el de un alma sencilla.

 

2) En medio de inquietudes y dificultades: Porque esto no es jauja; la vida nos zarandea hasta el final. La inquietud se aposenta a veces en nuestra casa. Y las dificultades crecen como setas. En medio de ese jaleo, si ofreces el buen perfume de una vida simple, las cosas se tranquilizan mucho, se aclaran mucho, se iluminan mucho.

 

3) Aceptar los designios de la Providencia: No de una forma tontorrona, sino como quien sabe que Dios pro-vé, ve en nuestro favor, pensado siempre en nosotros con amor, porque antes que nada, nos ama. Tenemos a quien piensa en nosotros. A veces eso lo vemos en el rostro de la vida, personas que piensan en nosotras. El día que nadie piense en nosotros es que estaremos como muerto. “Piensa en mí” es una buena petición. Pero a Jesús no hay que hacérsela: siempre está pensado en nosotros (dice san Juan quien tenemos un “intercesor”, uno que piensa, las 24 h. del día).

 

5) Pese a todo: Caiga quien caiga, que no se nos nuble nunca esto: el padre, Jesús, piensan en nosotros. Es el amor que resiste, aunque caigan los muros y se tambalee la tierra. Esta es la fe fuerte, no tanto la que cree en dogmas, sino la que mantiene viva la confianza.

 

3. Poco importa

que te consideres un frustrado

si Dios te considera plenamente realizado;

a su gusto.

Piérdete confiado ciegamente en ese Dios

que te quiere para sí.

Y que llegará hasta ti,

aunque jamás le veas.

 

1) Un frustrado: Eso es lo que, a veces, nos consideramos. Personas que han echado la vida a mala parte; manos vacías sin nada dentro; vidas solas que se mueren solas. A veces esta intransferibilidad de la soledad, marca de lo humano, nos acogota. Es preciso mirar esto con paz, sin grandes escalofríos, como un compañero de viaje con el que se puede establecer un pacto de buena vecindad. No es imposible. Puede uno/a sonreír aun con esto, estar con una alegría “inarrebatable”, como dice san Juan , aunque las lágrimas corran por el rostro y por el corazón.

 

2) Dios te considera plenamente realizado: Llegando al nivel que llegues. No hace falta dar la talla. En lo que uno llega puede haber realización. Las expectativas que ponen los demás en nosotros, las que nosotros mismos nos ponemos, no son las expectativas de Dios. Él nos ama sin esperanza, sin expectativas. El amor más puro. Si Jesús hubiera amado con expectativas ¿habría aguantado, habría tenido los amigos que tuvo, tan frágiles, la familia que tuvo, tan interesada? ¿No se habría cansado y lo habría dejado? Amar sin expectativas, el gran amor.

 

3) A su gusto: Dios nos considera a su gusto; no hace ascos sobre nuestra limitación, no maldice de nuestras heridas, no mira para otra parte cuando no somos humanos. Nos quiere a su gusto con nuestras limitaciones porque su oferta no es para bueno, sino para ilusionados dispuestos a ser mejores. Saber que somos del gusto de Dios ha de ser un antídoto a nuestras frustraciones.

 

4) Piérdete confiado ciegamente: Quizá se mucho decir, tanto “piérdete” como “ciegamente”. Porque queremos nadar y guardar la ropa y la confianza ciega es como un abismo que se abre a nuestros pies. Pero al decir que es ciega no quiere decir que sea irracional, absurda, despreciable. Es la confianza del amor, aquella que confía porque se ama, no que ama para confiar. “Como un niño en brazos de su madre”, decía el salmo. Esa es la confianza del niño, del que no puede entender que una madre le haga daño (y si hay madres que hace daño, Dios no). “Dios no es de fiar”, dicen algunos. Pues sí; para nosotros, te puedes fiar de Dios, porque si imaginas de él algo mal, eso justamente no es Dios.

 

5) Dios te quiere así: Hay que repetirlo muchas veces. Dios te respeta; no te exige ser mejor (aunque quisiera que lo fueras); acoge tus sendas desviadas y tus días sin él (aunque, en realidad, siempre con él porque es él quien nunca se va). A veces ni nosotros mismos nos gustamos, no nos queremos como somos porque sabemos bien (o al menos intuimos) los abismos que alberga nuestro corazón. Pero Dios sí, nos quiere como somos, porque él no se hace ilusiones falsas sobre nosotros, sino ilusiones verdaderas, las que incluyen nuestros límites.

 

6) Llegará hasta ti: ya que, en realidad, nunca se aleja de nosotros; siempre llega porque nunca se aleja. Por eso, el encuentro con él está garantizado. No porque lo merezcamos o lo construyamos sin más, sino porque él está ahí, lo merezcamos o no, lo construyamos o no. San Agustín decía que llega hasta la intimidad más íntima, la que yo ni sospecho, la que no olfateo, la que me cuesta intuir. Un Dios es esos fondos nuestros (hermosos y diabólicos) que nos sostienen. Esto tendría que darnos sosiego y no miedo. Cuando lleguemos a la plenitud, dice san Pablo, comprenderemos cómo Dios nos ha comprendido. Su comprensión tiene la medida de su amor.

 

7) Aunque jamás lo veas: Porque no lo verás, pero lo puedes amar sin verlos, así dice 1 Pe. El que no lo veas no quiere decir que no está; solo quiere decir que no lo ves. No habría de ser obstáculo para descansar en él, para adorar y confiar, el que no lo veamos, el que los nubarrones de nuestras vidas, turbias a veces, imposibiliten el verlo. Está ahí; sigue ahí; acompaña nuestros pasos acompasando su paso al nuestro, como lo hizo con aquellos de Meaux.

 

4. Piensa que estás en sus manos,

tanto más fuertemente cogido,

cuanto más decaído y triste te encuentres.

 

1) Estás en sus manos: Aunque no lo percibamos, él nos lleva en sus manos. Nuestro sentido de su ausencia no quiere decir que esté ausente. Ha unido su suerte a la nuestra; ha llegado a la convicción de que nuestro éxito es el suyo y nuestro fracaso sería el suyo. Cuidados por las palmas benéficas de su amor, esto es lo que hay. Lo sabemos porque las manos de Jesús nos han tocado, nos han abrazado, nos han acariciado. Por eso estamos seguros de que vamos en sus manos, de que las huellas que vemos en nuestro caminar son más suyas que nuestras.

 

2) Fuertemente cogido: Y nos lleva fuertemente cogidos, no con desgana, sino con la firmeza de quien no ha de soltarnos jamás. Más aún, cuando más débiles nos sentimos, más fuertemente nos coge. Volvemos a decirlo: otra cosa es que lo sintamos o no. Pero cuando la debilidad nos cerca, aprieta nuestra mano para decirnos que sigue ahí, que jamás abandona el campo, que nuestra debilidad le atrae, no le asusta.

 

3) Estando decaído y triste: Y todo es compatible con una cierta tristeza, la de ser humano, como decía el poeta. Porque, con frecuencia, la tristeza y el decaimiento se pegan a nosotros como la niebla a las montañas. Pues bien, entonces es cuando el amor del Padre nos coge más fuertemente, nos abraza más tiernamente, nos ampara con más cuidado. No es decisivo que la tristeza y el decaimiento desaparezcan; ojalá sí. Pero si, tercos ellos, siguen ahí, más terco es el amor cálido de las manos del Padre. Ellas sí que siguen ahí.

 

4) Piensa: Dale vueltas dentro, rúmialo, hasta que se te convierta en una certeza. Piénsalo con otros, con tus hermanos y hermanas, con quienes son sensibles al mundo espiritual. Comparte tu certeza con quien la acoja; contagiémonos la honda seguridad de que nuestra vida en las manos amorosas del Padre. Hagamos campaña de confianza en Dios. Hablemos de ello sin reparo.

 

5. Vive feliz. Te lo suplico.

Vive en paz.

Que nada te altere.

Que nada sea capaz de quitarte tu paz.

 

1) Vive feliz: Porque el querer de Dios y el programa de Jesús es un programa de felicidad (Dichosos…) no un programa de penitencia, de desdicha. Busquemos la felicidad en el marco de la humanidad, como lo hacía Jesús. Busquémosla para los más débiles sobre todo, para nosotros cuando nos sintamos más débiles. Persigamos la felicidad en las cosas pequeñas (el arte de vivir contento con poco), en las cosas cotidianas. Miremos a la fraternidad, a la sociedad, a la naturaleza como fuente de felicidad, no solamente como entramado de problemas. Hagamos el “apostolado” del gusto por la vida, de la evidencia de que Dios nos ha hecho con ella un regalo de amor. Hagamos y aprobemos el “Curso de amor a la vida”.

 

2) Vive en paz: Que la paz sea el signo evidente de nuestra dicha. No una paz tonta, que huye de los problemas, que pasa de todo. Una paz lúcida, vibrante, luminosa. Que la paz sea en nosotros (como en Jesús) una “obsesión”. Paz por dentro, paz por fuera. Que resuene siempre en nuestro interior: “Bienaventurados los que construyen la paz”: Vivamos en paz y contribuyamos a vivir en paz. Porque la vida sin paz es comida amarga. Derrama paz para que tu casa sea una casa de paz. Controla la violencia que hay dentro, enemiga de la paz. Que tus palabras sean palabras de paz, tus pasos sean pasos de paz, que tus relaciones sean relaciones de paz.

 

3) Que nada te altere: Que nada de lo que no sea importante nos altere. Que nos altere sí la injusticia cruel, el dolor de los humildes, la suerte de los pobres, el abandono de los frágiles, las enormes heridas de la guerra, la violencia cruel y cercana. Que todo esto nos altere. Pero que no nos alteren las pequeñas contrariedades, los roces normales, las carencias que no afectan a lo básico, las situaciones que no nos dejan nunca en desamparo. Que nos altere las grandes carencias humanas y que pasemos con la tranquilidad de los grandes ríos por encima de las pequeñas contrariedades diarias.

 

4) Que nada te quite la paz: Porque la paz básica, vital, existencial, es algo impagable, un verdadero tesoro. Que hagamos ejercicios de mantenimiento de la paz mientras podamos controlarlo, para que, cuando menos podamos, no haya ladrón de almas que nos quite la paz. Que esa paz se transparente en nuestra vida, en nuestros caminos, en nuestros gestos, en nuestro porte externo, en nuestras palabras. Que la paz sea tu tesoro personal, lo último que venderías, lo que nunca venderás.

 

 

6. Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales.

Haz que brote, y conserva siempre sobre tu rostro

una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor

continuamente te dirige.

 

1) Ni la fatiga psíquica: Tan dura, que la vemos cerca, que nos invade como una plaga. Está ahí cada vez más presente. Es bueno luchar contra ella; es bueno encajarla con paz. Hace parte de nuestro camino. Quizá el tenerla por “amiga” haga que se apacigüen sus ansias de invadirnos. Quizá ello nos lleve a ser más activos por dentro, más creativos, a pesar de los años. Y entonces la fatiga retrocede. Que la pasión, las buenas pasiones, nos ayuden a tener controlada nuestra fatiga mental y espiritual. Basta tener ardiendo dentro el fueguito de la pequeña ilusión, el brillo de los ojos que saben ver algo nuevo cada día. Esto es posible.

 

2) Ni tus fallos morales: Porque nos han enseñado, desde niños, que los fallos morales borran la calidad humana y toda sonrisa. Pero hay que aceptarlos con la mayor paz posible (no quiere decir que los justifiquemos). Una cosa es clara: somos más que nuestros fallos morales, somos otra cosa además, hay bondad en el fondo del corazón. No es bueno dividir el mundo, la vida, nuestra vida, entre buenos y malos. Jesús no hace esa división. Para él toda persona es digna más allá de sus actos morales. Hay que mantener siempre viva la certeza de esa dignidad básica. Por eso se nos ofrece el mensaje, la vida, porque somos dignos, aunque a veces nos comportemos mal.

 

3) Que brote una sonrisa: La sonrisa es, lo sabemos, cuando es sincera, el fruto sencillo de un estado interior espiritual sosegado, confiado, tranquilizado. Por eso son tan preciosas las sonrisas, los buenos rostros, las palabras buenas que acompañan a los rostros buenos. No menospreciemos las sonrisas humildes; ofrezcámoslas todas las veces que podamos. Así la acogida será amable, el servicio humano, la ayuda liberadora.

 

4) Consérvala: Que dure lo más posible; que no haya ladrón capaz de arrebatárnosla. Que persista sobre todo en los momentos de más necesidad. Acostumbremos nuestra alma y nuestro rostro, lo más posible, a la sonrisa fraterna, al gesto benigno, a la caricia humilde. Es el lenguaje del amor cotidiano, por eso son cosas tan importantes. Que la amargura nunca nos pueda; que nuestro rostro no refleje ninguna dureza; que nuestra mirada tenga siempre el brillo hermoso de la compasión.

 

5) Reflejo de la del Señor: Porque, como diría Esaú en el Génesis, “vi tu rostro sonriente (perdonador) y era como ver el rostro de Dios”. Porque Dios sonríe, más allá de nuestro caminos erráticos y negativos. Así, un rostro amable y fraterno, signo de un corazón similar, se convierte en sacramento real de la cercanía de Dios. Por eso es tan importante en la vida comunitaria, relacional, el tema del rostro, del gesto, de la mirada. En definitiva, y más allá de la evidencia de su valor humano, tienen, como decimos, valor sacramental.

 

6) Te dirige continuamente: No como una marioneta, sino como quien señala el mejor camino, el más hermoso, sosegado y libre de peligros. Dios “dirige” el coro de la creación no suplantando a nadie, sino animando a todos. No quiere gloria para sí, sino todo el beneficio para nosotros. Un dios que nos acompaña porque, como diría san Pablo, a veces no sabemos ni lo que nos conviene. Él nos va sugiriendo a través de los acontecimientos lo que nos conviene.


7. Y en el fondo de tu alma coloca, antes que nada,

como fuente de energía y criterio de verdad,

todo aquello que te llene de la paz de Dios.

 

1) En el fondo de tu alma: En ese lugar de verdad que no necesita justificaciones, ahí donde no hay que aparentar nada ni explicar nada. En ese lugar de profundidad hay que situar la confianza, en nuestras mismas raíces. Quizá para ello habremos de recuperar la dimensión perdida de la profundidad. Si así lo hacemos, nos encontraremos con la cercanía total de Dios a nuestra vida. Porque, como decía Tillich, quien sabe de la profundidad sabe también de Dios.

 

2) Fuente de energía: La paz y la cercanía de Dios son fuente de energía. Porque, a veces, con la edad, sentimos no solamente que las fuerzas psíquicas y físicas nos abandonan sino que nos abandonan la ilusión, el gusto por las cosas, la capacidad de disfrute, la maravilla pequeña de las cosas, el gozo de tener un día más en las manos. Clara de Asís oraba diciendo “gracias, Señor, porque me has creado”. Entendía el don de cada día como un regalo grande del amor del padre. Eso le daba energía para vivir apasionada hasta el final de su vida. Una fuente de energía.

 

3) Criterio de verdad: La paz de Dios es criterio de verdad, seguridad de que se está en un camino cierto, tranquilidad para saber que andamos por la buena senda. Si no hubiere paz dentro, habría que pensar que algo va mal. Si nuestro estado es un estado continuamente alterado, algo no va bien. La paz honda, la que sabe nada por encima de las pequeñas alteraciones diarias es criterio de verdad. Mientras esa paz esté ahí, vamos bien.

 

4) La Paz de Dios: Que no es vana tranquilidad, ni adormecimiento, ni pasar de todo, ni droga que enajena. La paz de Dios es la certeza de que, más allá de los golpes de la vida, hay un tiempo para el disfrute, para la dicha y para la humanidad. Es comprender que ya ahora podemos lograr un poco de la gran dicha que Dios quiere dar a toda criatura. Es, en el fondo, una profunda reconciliación con nosotros, con los demás, con Dios, con lo creado. No en vano dice san pablo que el gran proyecto de Jesús era reconciliar todas las cosas consigo. A esa formidable, sencilla y profunda a la vez, obra de reconciliación estamos llamados cada uno7a.

 

 

8. Recuerda: 
cuanto te reprima e inquiete es falso.
Te lo aseguro en nombre de las leyes de la vida
y de las promesas de Dios.
Por eso, cuando te sientas 
apesadumbrado,
triste,
adora y confía...

1) Cuanto te reprima es falso: porque sencillamente no viene del Evangelio. Éste es liberación, anchura, respiro. Si algo nos oprime, no viene del Evangelio. Y, para nosotros, si no viene del Evangelio, tampoco viene de Dios. De ahí que, con la edad, habríamos de sentirnos cada vez más libres, más desinhibidos, menos temerosos. No se trata de ser un desvergonzado, un caradura. Se trata de verse cada vez más respetuoso y más libre a la vez. Cuanto mayores somos, habríamos de obrar con mayor libertad y habríamos de respetar con mayor flexibilidad la libertad de los demás.

 

2) Cuanto te inquiete es falso: Las inquietudes son, con frecuencia, fantasmas que creamos y que nos amedrentan y cohíben. Son fantasmas, realidades falsas en su mayor parte, cosas que no existen y que las creamos con fines turbios. Gran parte de nuestras inquietudes son falsas, fantasmagóricas. Por eso es preciso alejarlas de nosotros como se aleja a un mal sueño.

 

3) En nombre de las leyes de la vida: ya que la vida, digamos lo que digamos, ha sido creada para la confianza y la dicha, no para la lucha y en el desafío. Todo en la vida, lo dicen los científicos, es generosidad, superabundancia. Eso habla de que está destinada a la dicha. Otra cosa es que para avanzar en ese camino, y debido a la limitación histórica, se establezca una lucha inhumana por la supervivencia. Nosotros hemos aprendido que la supervivencia no depende de la imposición a otros ni de una mera adaptación al medio del que uno hace parte. Depende también de la confianza: cuanta mayor confianza (en Dios y en la persona), más posibilidades de supervivencia real, honda, humana.

 

4) Y de las promesas de Dios: Porque todas las promesas de Dios contenidas en su palabra nos dicen lo mismo: Dios acompaña tu existencia, la tierra “tiene marido”, la nuestra es una vida amparada, Jesús se ha llevado a la mujer sola (a nosotros) a su casa (tema de la correa de las sandalias en Jn 1). Las promesas de Dios se vendrían a pique si esta certeza desapareciera. Cuando Ap describe la nueva ciudad, el sueño del tiempo nuevo, habla de que allí no habrá “nada maldito”. Es decir, nada de lo que tengamos de malo nos impedirá la dicha del triunfo, porque lo nuestro, aunque sea débil, no será maldito por Dios. Esa certeza del amor que envuelve todo, hasta lo débil, es la fuente de la paz, la verdad de las promesas.

 

5) Apesadumbrado y triste: Porque eso está ahí, cada día. Pero se puede ir más allá de la pesadumbre y la tristeza. Muchos lo consiguen no solamente por su carácter bueno, sino por su afán por mirar positivamente la vida. No habría que sucumbir ala negativización de la existencia. Nos hacemos un flaco favor y lo contagiamos a los demás.

 

6 ADORA Y CONFÍA: Esta es la conclusión final. Adorar y confiar, ponerse en las manos amables del padre y aguardar sosegadamente la salvación de Dios, como dice la escritura. O como dice el Evangelio, esperar pacientemente el fruto de la siembra, sabiendo que hay quien da incremento. Trasladar este sentimiento de confianza a las relaciones humanas que establecemos porque ellas son el rostro y la mediación que habla de nuestra confianza en Dios. Quizá, para ello, haya que bajar a la casa del silencio, no tenerle miedo. Saber que ahí se esconde el lenguaje de la confianza. Que andemos humilde y confiadamente con nuestro Dios y con nuestros hermanos/as.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño 

Juan 122

CVJ 

Domingo, 4 de noviembre de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

122. Jn 18,28-32

 

Introducción:

 

                Hay bienhechores oficiales de la vida. Ellos mismo se postulan, organizan sus homenajes, sale nsiempre en las fotos, no tienen rubor en proponerse como ejemplo de bondad. A veces su bondad está hecha sobre el despojo a los pobres, pero parece que ellos no perciben la contradicción. Son los bienhechores oficiales. Pero hay bienhechores que van en otra dirección: no dan publicidad a lo que hacen, lo hacen porque les sale del corazón no por afanes de aplauso o de lucro, realizan cosas modestas pero útiles, se conmueven ante las situaciones de las personas, no demandan nada a cambio de su generosidad. Estos segundos son los bienhechores de verdad porque acrecientan el caudal de humanidad de la vida y hacen que la limitación humana, la misma muerte, den un paso atrás.

                A este segundo grupo pertenecía Jesús. Su humilde vida no fue sino un contribuir a humanizar la existencia de los demás, a poner un poco de luz entre las tinieblas de su época, a sembrar algo de sosiego y de contento en los corazones marcados por el mal y por el peso de la vida. Fue un bienhechor en toda regla. Y, sin embargo, cuando lo condenaron lo trataron de malhechor. No podían haberle hecho una acusación más ofensiva y más injusta porque él había sido bueno y, además, porque si no lo hubiera sido, no habría cumplido el designo del Padre que era un designio de bondad. Quizá no se percataban, pero al calificarlo de malhechor le hacía la mayor de las injurias. Él, que como luego dirían sus amigos, pasó por la vida haciendo el bien.

 

***

 

Texto:

 

28Llevaron a Jesús de casa de Caifás al Pretorio. Era el amanecer y ellos no entraron en el Pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua.

29Salió Pilato, afuera, adonde estaban ellos y dijo:

                -¿Qué acusación presentáis contra este hombre?

                30Contestaron diciéndole:

                -Si este no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.

                31Pilato les dijo:

                -Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.

                Los judíos le dijeron:

                -No estamos autorizados para dar muerte a nadie.

32Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.         

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

Esta niña es la paquistaní Malala Yousufzai. Fue tiroteada y está borde de la muerte por propugnar, a su corta edad, la escolarización de las niñas de su país. Los talibán la atacaron porque piensan que la cultura de la mujer es un peligro para el Islam, cuando, en realidad, es un peligro para su poder cavernícola y dictatorial. Esta niña es, tan joven, una bienhechora de la vida. Por eso quienes detestan la vida han intentado eliminarla.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes aman la vida; gracias por quienes se dan generosamente a riesgo de su vida; gracias por la siembra de humanidad de las personas sencillas.

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Leyendo este pasaje llama la atención el silencio denso de Jesús. Le están acusando de la peor de las acusaciones, de malhechor, y él calla totalmente. Su silencio no solamente habla de lo injusto de la acusación, sino que también significa la persistencia en la bondad, porque la bondad de calidad no tiene que defenderse. Jesús ha sido bueno y va a serlo hasta el final. El que lo acusen injustamente no le va a apartar del camino que el Padre le ha marcado y que él mismo está decidido a seguir.

                Oramos: Te veneramos, Señor, en tu hondo silencio; te valoramos en tu fiel bondad; te damos gracias por tu entrega sin límites.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Se palpa a las claras en este texto la contradicción de quien se dice bienhechor y no lo es: quieren “limpiar” de un supuesto malvado a su sociedad y para eso lo matan, echan sobre la misma sociedad la mancha imborrable de un crimen injusto. Es que la bondad del sistema tiene como efectos colaterales grandes dosis de inhumanidad. Por eso, hay que sospechar de la bondad oficial y, las más de las veces, huir de ella.

                Oramos: Que nos alejemos de la bondad oficial que deshumaniza; que creamos en la bondad libre y solidaria; que valoremos a quien trabaja humildemente en la bondad que no es del sistema         

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Ser bondadosos en la comunidad virtual tiene muchas facetas: el recuerdo, la convivencia, la pequeña comunicación, el saber unos de otros y sus pequeños afanes. Pero hay una forma de bondad muy valiosa que es el simple orar con la Palabra: confluir en el aprecio y disfrute de la Palabra nos hace bien personalmente y lo hace también al colectivo. Lo hemos dicho muchas veces: la oración nos humaniza. Sigamos haciéndonos ese buen espiritual, humano, que nos enriquece.

                Oramos: Que oremos para hacernos bien; que nos volquemos a la Palabra para hacer comunidad; que experimentemos el Evangelio para hacer más felices nuestros días.

               

***

 

Poetización:

 

Nunca tuvo otra obsesión

que la de hacer el bien.

El corazón de los débiles

tocaba su propio corazón.

De ahí brotaba,

imparable,

la bondad y el amor.

No lo podía remediar:

estaba hecho para el bien.

Por eso,

cuando le acusaron de malhechor

su estupor llegó al máximo.

No entendía que aquellos a quienes amara

le acusaran ahora de desamor,

que aquellos a quienes había curado,

dijeran que les había herido,;

que los que había acompañado con delicadeza

afirmaran que los había abandonado.

No entendía.

Pero su corazón

no se revolvió contra ellos:

seguiría amándoles,

continuaría entregándose,

les abrazaría como siempre.

Lo había aprendido del Padre

que, él también,

no se desdice jamás de su bondad,

Por muchas que sean las heridas y olvidos

que le atribuyamos.

Pensaba que si se volvía atrás

no reflejaría el rostro de Dios

en el camino humano,

Por eso mismo,

pasó haciendo el bien

hasta el final.

Sin titubeos.

 

***

 

Para esta semana:

 

                No te canses de hacer el bien a pesar de las pequeñas incomprensiones de la vida.

 

***

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan 121

CVJ 

Domingo,  28 de octubre de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

114. Jn 16,23b-28

 

Introducción:

 

                Hablar de traición es muy duro. Pero hay formas sutiles de traicionar. Una de ellas es mirar para otro lado. Cuando no queremos implicarnos, cuando los problemas de los demás nos parece que para nada son los nuestros, cuando funcionamos en maneras duramente egoístas, miramos para otro lado. Creemos que, mirando para otro lado, los problemas desaparecen. Pero no, siguen ahí tercos, vigentes, vivos, porque la única manera de que se pueda encontrar alguna solución para ellos es, simplemente, darles cara, mirarlos, hacerlos nuestros, actuar. Calificar de traición a ese socorrido mirar para otro lado puede parecer exagerado. Pero no lo es: quien mira a otro lado traiciona al débil y se traiciona s sí mismo. Porque el futuro de la vida no puede estar sino en quien sabe mirar al otro, aunque eso le traiga complicaciones.

                En el pasaje de hoy se contraponen dos maneras de mirar: ante el acoso de la criada, Pedro niega que sea discípulo de Jesús; en el duro acoso de un juicio injusto, Jesús no niega ni su doctrina ni su adhesión a los discípulos que le han escuchado. Hubiera sido menos complicado para Jesús en este momento si no hubiera reconocido tener discípulos, gente que le escuchara y le siguiera. Pero él nunca quiso alejarse de quienes amaba. Por eso, no les negó, no miró para otro lado, aunque las consecuencias de su amor fiel fueran fatales.

 

***

 

Texto:

 

15Simón Pedro y también otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, 16mientras Pedro se quedó fuera a la puerta.

Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro.

17La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:

                -¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?

                El le dijo:

                -No lo soy.

                18Estaban allí los criados y los guardias quienes habían encendido un fuego de carbón, porque hacía frío, y se calentaban. (También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose).

19El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. 20Jesús le contestó:

                -Yo he hablado abiertamente a todo el mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he hecho nada a escondidas. 21¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ahí los tienes; ellos saben lo que he dicho yo.

                22Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:

                -¿Así contestas al sumo sacerdote?

                23Jesús respondió:

                -Si he faltado en el hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?

                24Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.     

25Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:

                -¿No eres tú también de sus discípulos?

                Él lo negó diciendo:

                -No lo soy.

                26Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:

                -¿No te he visto yo con él en el huerto?

                27Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.

 

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

 

                Este señor es un juez: José M. Almenar. Con otros compañeros, y por encargo del CGPJ, han elaborado un informe demoledor sobre la inquidad de los desahucios en España: “No se trata de cifras frías. Cada procedimiento encierra un auténtico drama que lleva casi inexorablemente a la exclusión social de familias que, impotentes tras haber quedado en el paro o sufrir una drástica reducción de sus ingresos, se ven incapaces de satisfacer las cuotas de unos préstamos que concertaron en época de bonanza económica (por tanto no con fines especulativos o por pura pretensión suntuaria), simplemente para adquirir una vivienda digna que tras el estallido de la crisis no pueden pagar”. El CGPJ que les encargó el informe ha mirado para otro lado y lo ha rechazado. No quieren estar a mal con los banqueros.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes defienden a los débiles; gracias por quienes tienen sentido de la justicia; gracias por quienes miran con bondad a quien sufre.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús dice que ha enseñado “públicamente”:  ha mirado a la realidad pública, a la vida, con amor y ahí ha tratado de ofrecer el horizonte del reino, la posibilidad de una vida en fraternidad. Si la oferta del reino hubiera sido “privada”, para unos pocos, para una sola clase de problemas, habría sido muy  pobre. Para no mirar a otro lado hay que tener un sentido agudizado del valor de lo público, de lo común, de lo de todos.

                Oramos: Que nos sintamos a gusto en lo público; que amemos y colaboremos con lo común; que sintamos anhelos de cambios sociales.

                 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Uno de los signos en que se manifiesta más claramente la iniquidad humana es, justamente, en negar al que te ama. Eso lo hacemos con  frecuencia en nuestra convivencia diaria. Por eso es preciso tener lo más controlado posible el mecanismo de la negación a quien te ama. La fidelidad se manifiesta en estar con la persona que amamos a las duras y a las maduras. Es preciso apoyarse para ser fieles al amor.

                Oramos: Que nos apoyemos para ser fieles a quien nos ama; que las debilidades de quien amamos las integremos en ese amor; que apoyemos a quien es débil, más allá de su debilidad.

               

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Uno de los valores de nuestra comunidad virtual es que vamos aprendiendo a “mirarnos”, a interesarnos por la vida y la situación del otro. Cuanto más nos miremos, menos miraremos para el otro lado. No hemos de temer las pequeñas implicaciones que conlleva el no mirar para el otro lado. A la larga nos serán beneficiosas.

                Oramos: Que nos miremos para apoyarnos; que no miremos para el otro lado de quien decimos apreciar; que nos miremos con la mayor comprensión posible.

 

***

 

Poetización:

 

Pedro estaba fuera

y  le traicionaba.

Jesús estaba dentro,

le juzgaban,

y mantenía su fidelidad

a sus discípulos.

¿Dónde aprendió

a ser fiel?

En el simple descubrimiento

de que su corazón necesitado

hambreaba tener amigos,

gente que le amase.

Había entendido

que ser fiel

era la forma mejor

de demostrar amor.

Y como él amó a los suyos

les fue siempre fiel.

De esta manera

hacía visible

una certeza

que anidaba en su corazón:

Dios era fiel con sus criaturas

por mucho que éstas

le traicionasen.

Dios se tragaba

las lágrimas de la traición

y  mantenía el amor

por encima de todo fallo.

Dios creía

que no podía ser Dios

sino siendo fiel y compasivo.

Así lo habían visto los piadosos de Israel

desde siempre;

así lo entendió y vivió Jesús.

Por eso, cuando llegó

el momento fatal,

el duro tiempo de la prueba,

él siguió siendo fiel,

contra viento y marea,

contra toda debilidad.

Fuera, Pedro le negaba…

 

***

 

Para esta semana:

 

                Trata de no mirar para otro lado ante la gente débil que se te cruzará en estos días.

 

***

 

 

 

 

 

 

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Juan 120

CVJ 

Domingo, 21 de octubre de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

120. Jn 18,1-14

 

Introducción:

 

                Siempre ha dicho la tradición popular que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Se refiere el dicho a esa distancia que hay entre lo que se ve y que oculta lo que se ve. Una cosa son las apariencias y otra la verdadera realidad. Pero he aquí que, desde siempre, las apariencias han tenido para nosotros/as gran importancia. La apariencia nos despista: si es buena la apariencia, tendemos calificar a la persona de buena; si es mala, la persona no vale. La vida se encarga, muchas veces, de desenmascarar las apariencias. Pero éstas, en nuestra cultura de la imagen, triunfan. Por eso es una gran sabiduría saber distinguir la apariencia de la realidad y asentar la vida más sobre realidades que sobre apariencias.

                Es que este juego entre apariencia y realidad se da también en este primer pasaje del relato de la pasión de san Juan: Jesús aparece como un pobre hombre, un arrestado, ya que todos los arrestos son tristes. Pero eso era lo externo, la apariencia. En realidad, ese arrestado es una persona ante la que el mal (los que van a detenerlo) cae rendido (cayeron por tierra). Porque los ojos de la carne dirán que aquella persona era un pobre hombre arrestado, pero los ojos de la fe, que miran más al interior (a la verdad) que a las apariencias dicen que era el gran solidario con la vida, el gran amparador, el que nos salvaba de nuestra limitación, el que abría horizontes a la vida, el gran benefactor de lo humano. No lo vieron así quienes le detuvieron ni quienes lo vieron detener. Pero, ahora, con la perspectiva del tiempo y la experiencia de la fe podemos decirlo: más allá de su pobreza, era quien nos amparaba y nos amaba del todo. Esa entrega de Jesús a fondo es la que se narra en los relatos de la pasión.

 

***

 

Texto:

 

18,1Dicho esto, Jesús salió con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. 2(También Judas, el traidor, conocía el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos).

3 Judas entonces, tomando la compañía y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas.

4Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó a él  y les dijo:

                -¿A quién buscáis?

                5Le contestaron:

                -A Jesús el Nazareno.

                Les dijo Jesús:

                -Yo soy

                (Estaba quieto también con ellos Judas, el traidor).

6Al decirles, entonces, “Yo soy”, retrocedieron y cayeron a tierra.

7Les preguntó otra vez:

                -¿A quién buscáis?

                Ellos dijeron:

                -A Jesús el Nazareno

                8Replicó Jesús:

                -Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos.

                9Y así se cumplió lo que había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me diste”.

10Entonces, Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco.

11Dijo entonces Jesús a Pedro:

                -Mete la espada en la vaina. ¿El amargo trago que me ha dado mi Padre, no lo voy a beber?

12La patrulla, el tribuno y los guardias de las autoridades judías prendieron a Jesús, lo ataron 13y lo llevaron primero a Anás (porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año); 14era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: “Conviene que muera un solo hombre por el pueblo”.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                Este muchacho es Moncho Ferrer, hijo del filántropo y misionero, Vicente Ferrer. Por su apariencia sería alguien anodino, cuando no un poco extraño, con su pelo largo y sus abalorios de estilo hippi. Pero es una persona entregada a la causa de los más débiles. Ha prendido en él la llama de la filantropía y del amor social de su padre. Quienes se acercan a él se quedan extrañados de que con tan pocos medios pueda llegar a tantos. No es lo que puede parecer. Anida en su verdad el amor al otro, aunque las formas no sean las oficiales.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes tienen en el alma el anhelo del amor; gracias por quienes esconden, como una perla, el sentido de la solidaridad; gracias por quienes ponen más énfasis en lo que se es que en lo que aparece.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Cuando Jesús dice que si le buscan a él, dejen marchar a sus amigos, está desvelando la grandeza que encierra en su interior. Tendrían que haber luchado sus amigos por él; pero el miedo les pudo. Nunca se lo recriminó. Más aún, cuando él estaba en peligro, fue él quien les sacó la cara. En verdad su interior estaba lleno de amor. Aunque por fuera era un pobre arrestado.

                Oramos: Te alabamos, Jesús, por tu gran corazón; te alabamos por tu valentía a favor de tus amigo;  te alabamos por tu interior lleno de generosidad.

               

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Dice el texto que llevaron a Jesús “atado”, aunque era una persona pacífica. En todos los arrestos se “ata” al reo. Un arrestado y un atado. Uno con muy poco margen para la bondad, para el amor. Pero su silencio, su respeto al enemigo, su acogida a Judas (se dejó besar), su serenidad para tratar de encajar una circunstancia adversa, desvelan la gran talla humana y espiritual de este hombre. En esas notas es donde se revela  la categoría de la persona.

                Oramos. Que mantengamos el respeto al otro aun en los momentos de adversidad; que tratemos de encajar con la mayor serenidad posible los palos de la vida; que el amor esté siempre presente en nuestra manera de mirar al otro.

               

***

 

 

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Cada vez nos conocemos más en la comunidad virtual y los rasgos externos no nos despistan: sabemos desvelar el valor real de cada uno más allá de sus apariencias. Por eso, hemos de trabajar por acoger con aprecio el interior de la persona que tenemos cerca, aunque su aspecto externo pueda ser cuestionable. Cuanto más apreciemos el corazón del otro/a más cerca estamos de su verdad.

                Oramos: Que miremos con benignidad el corazón de quien convive con nosotros; que no nos cansemos de acoger a quien la vida hace que se cruce con nosotros; que creamos que el corazón del otro/a y su bondad es su verdadero valor.

               

***

 

Poetización:

 

Lo arrestaron,

como a cualquier preso,

de una manera violenta,

deshumanizadora,

despectiva.

Lo humillaron atándolo

amenazándolo,

 injuriándolo.

Un triste arresto,

como todos los arrestos.

Pero los ojos de la fe,

los ojos del amor,

veían otra cosa:

era nuestro amparo,

era el siempre solidario,

era el caminante que no se fatiga,

era el abrazador que quita el frío del corazón,

era el gran aliado de nuestros anhelos,

era el cercano que jamás de aleja.

era todo eso y mucho más.

No se le vio así,

pero era realmente así.

Por eso ahora,

que sabemos leer esa hermosa profundidad

es cuando se aviva

el amor

y también la fe.

“Lo veo crucificado,

arrestado,

y lo llamo rey”, decían los antiguos.

Algo de eso decimos

también nosotros.

 

 

***

 

Para esta semana:

 

                Procura no fijarte en las apariencias de quienes conviven contigo. Mira al fondo de la persona.