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FIAIZ

Poesía y oración

 

 

 

 

 

 

POESÍA Y ORACIÓN

 

 

1. Comienzo

 

        (Comenzamos orando juntos con un poema sufí de Mevlana Jalaluddin Rumi)

 

 

Mi poesía es como  el pan de Egipto;

No puedes comerla, si tiene más de una noche.

¡Cómela cuando todavía esté fresca,

Antes que el polvo [el tiempo] se instale en ella!

Su residencia se encuentra en la cálida tierra de la mente.

En este mundo, se muere de frío.

Como los peces, tan sólo puede vivir en la tierra un instante;

Después, la verás desprovisto de la calidez de la vida.

 

 

 

2. Meditamos con el Corán

 

         (Un lector/a va leyendo pausadamente estas frases del Corán)

 

  • No vistáis la verdad con el ropaje de la mentira; no ocultéis la verdad cuando la conocéis.
  • ¡Oh vosotros, los que habéis creído! Buscad el socorro en la paciencia y en la oración. Dios está con los pacientes.
  • Dios quiere vuestro bienestar y no quiere vuestra molestia.
  • Los hombres que condenan es porque no comprenden.
  • Bueno es manifestar las buenas obras, pero todavía mejor ocultadas y derramadas en el seno de los pobres.

 

3. Poesía en árabe

 

         (El poeta Mohammed Darfaui lee un poema suyo en árabe cuya traducción reza asíJ 

 

RESPETO Y VALOR

 

Entre las estrellas me encuentro montando una luna brillante, enamorada.

Cansado de tanta imaginación, mis alas son fuertes y gruesas y me llevan hasta el más allá.

Mi corazón generoso como una flor gotea el rocío en la boca de los sedientos.

Restaurando un sueño viejo y roto, contemplando la salida de lunas, creciendo.

La imaginación arde en mi interior con una llama, dando poesías, llenando.

El universo limpia una época sacada de  debajo de los escombros del tiempo.

En el primer cielo vi una flor. Dije: esta será mi meta, mi salvación.

Pero viéndola deshacer, quemándose, dije: no me gustan las cenizas.

Viendo el mar lleno de ternura, tranquilidad y añoranza dije: esta es mi salvación.

Pero al ver con sus oleajes las olas dije: no me gustan tantos altibajos.

Una luz tenue a través del tiempo templó mi alma y me sentía a mí mismo.

Pues si estoy aquí salido de mi confusión dije: este es mi Dios.

 

4. Momento de reposo musical

 

         (Se escucha un momento la nye o algo de música de fondo)

 

5. Oramos con Francisco

 

En mi viaje a Damieta,

sin saberlo,

os llevé a vosotros,

los que ahora

buscáis caminos de entendimiento.

 

Os llevé a vosotros

que queréis vivir como yo,

con las manos desnudas

como las del niño

que no sabe aún herir.

 

Os llevé a vosotros

que entendéis

el amor ofrecido,

“sometido”

entregado.

La forma mejor de amar.

 

Os llevé a vosotros

armados solamente

de una palabra de bondad

y de un abrazo de paz

 

En este camino nos encontramos,

en él queremos seguir.

 

ESEF

29 de abril de 2019

 

 

 

ANTES DE LA FIESTA DE PASCUA

“ANTES DE LA FIESTA DE PASCUA” (Jn 13,1)

Tres perspectivas sobre algunos hechos de la pasión de Jesús

según san Juan

 

I

CAMINOS DE VIOLENCIA

 

“Dicho esto, salió de nuevo adonde estaban las autoridades judías y les dijo: - Yo no encuentro ningún cargo contra él. Pero tenéis por costumbre que os suelte a uno por Pascua, ¿queréis que os suelte al rey de los judíos? Esta vez empezaron a dar gritos: - A ése, no; a Barrabás. Barrabás era un bandido” (Jn 18,38b-40).

 

1. La 2ª parte del EvJn (12-21) comienza: “Antes de la fiesta de Pascua…”. Ahí se incluyen los relatos de la pasión. No sabemos de qué hablamos cuando hablamos de la cruz. Nunca llegaremos a sentir el estremecimiento físico y social de aquellos. Aun así, hablemos porque ahí se asienta la experiencia cristiana.

 

2. ¿Cómo se han construido los relatos de la pasión? Algo a lo que hay que renunciar, nunca lo sabremos. Aun así: son los relatos fundacionales de la experiencia cristiana. Ayer y hoy. Sensatez ante la desautorización de lo histórico; apertura a otras posibilidades de lectura.

 

3. La pasión en san Juan es una pasión para la contemplación, para el ahondamiento. Quedarse en la mera narración es exponerse a sacar poco provecho del relato. Aprender a mirarse en el espejo.

 

4. Nadie conoce ni puede atestiguar la práctica de soltar un preso por Pascua en las fuentes históricas (todo lo más la prórroga de la ejecución a después de Pascua o el permiso para que lo entierre la familia), aunque lo narren los cuatro evangelios. Es una invención de Mc: por la figura que da de Pilato y además porque una amnistía sin restricciones no se conoce en la legislación romana.

 

5. ¿Por qué mete Mc este texto en su relato? Es una dramatización simbólica del derrotero que Jerusalén había tomado en la guerra del 70: optó por la violencia, ignorando la propuesta pacífica de Jesús, del cristianismo naciente.

 

6. Texto de Juan:

  • Dicho esto: aquel diálogo sobre “la verdad”. Si esperar respuesta.
  • Las autoridades judías: Se achaca la opción por la violencia a las autoridades, no a los fariseos ni a la gente (n Mc se incita a la turba).
  • Ningún cargo: Si no hay ningún cargo ¿por qué se le detiene?
  • Rey de los judíos: Adelanta la autoproclamación de Jn 19,21.
  • Gritos: Simbólica fónica del rechazo fuerte.
  • Barrabás: El “hijo del Padre”; en algunos textos del siglo III: Jesús Barrabás (Orígenes).
  • Un bandido: Un lestes,  un bandido social y político.

 

7. Dramatización simbólica: se optó por la violencia en lugar de por la paz. La visión social de las primeras comunidades cristianas.

 

8. Especularidad: el encaramiento de las estructuras violentas de la persona y de la sociedad. Conversión al bien.

 

EL BIEN, ¡QUÉ FASCINANTE!

 

El mal parece cautivador

a una determinada edad,

entre la adolescencia y la juventud primera,

cuando lo inquietante, desde la penumbra,

dirige las miradas y los pensamientos.

Malvados son los héroes más seductores,

y el infierno –como han demostrado los artistas-

supera con creces al paraíso en imaginación y sensaciones.

Pero el tiempo nos da otros ojos

y, transcurridos los años,

apenas ninguna novedad ofrece el mal,

una monótona repetición de sí mismo,

con máscaras que caen y conductas que se agotan.

Ningún malvado me es ahora sorprendente,

conocidas a fondo las cloacas del alma.

¡El bien, en cambio, qué fascinante!

El bondadoso siempre sorprende,

acaso porque su pureza nos descubre

territorios desconocidos en nosotros mismos.

¡Qué gran aventura el bien

y el mal, señores, qué tedio!

                  

(R. Argulloll, Poema¸ 757)

 

 

II

UN EXTRAÑO PONCIO PILATO

 

“Desde aquel momento Pilato trataba de soltarlo, pero los dirigentes daban gritos diciendo: - Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey se declara contra el César” (Jn 19,12).

 

1. El problema de fondo de muchos personajes de los relatos de la pasión es este ¿quién fue el causante de la injusta muerte de Jesús? Pilato entra en esa danza. También entran las autoridades religiosas (y el mismo Padre y Jesús: escena de los mercaderes del templo).

 

2. Nunca terminaremos de preguntarnos por qué a Jesús le dio el poder civil la peor de la muertes, la destinada a los de ínfima condición. ¿Dónde está el quid? Por otra parte, la cosa fue convulsa: un tsunami le pasó por encima a Jesús: en menos de 17 horas (si damos crédito a la cronología evangélica) paso dos juicios (uno religioso, otros civil) y una condena con ejecución. Todo sumarísimo, muy raro.

 

3. Quién era en realidad Pilato: a partir del año 6, depuesto arquelao, Judea está administrada por gobernadores. Siete en total. Pilato es el que más ha durado: 10 años, del 26 al 36. Vivía en cesare, tenía pocos soldados, tropas auxiliares (la provincia de Siria de la que dependía tenía cuatro legiones, casa una seis mil hombres.

 

4. Las fuentes por las que se le conoce: Flavio Josefo, Filón, Tácito. No coinciden con el perfil que dan los evangelios:

  • La burla de los estandartes (Josefo)
  • El robo del tesoro para construir un acueducto (Josefo)
  • Juicios demasiado rápidos (Filón)
  • Mero nombre (Tácito)

Un represor, un oportunista y, sobre todo, un menospreciador de los judíos a los que consideraba raza inferior.

 

5. ¿Cómo lo pinta san Juan?

  • Un desentendido: “lleváoslo vosotros…” (Jn 18,31; “no encuentro cargo…” (Jn 19,38). (Lavar las manos: Mt 27,24)
  • Un despectivo: “¿Tú eres rey?” (Jn 1837); “Mirad a vuestro rey” (Jn 19,38)
  • Un temeroso: “Le entró más miedo” (Jn 19,8) (Mujer de Pilato Claudia Prçocula: Mt 27,19).

El rasgo 1º y 3º no le pegan, el 2º sí.

 

6. Texto de san Juan:

 

  • Trataba de soltarlo: no se ve porqué va a tener el menor interés. ¿Quiere el autor cargar la “culpa” en las autoridades? 
  • Los dirigentes daban gritos: en san Juan la gente no tiene parte, tampoco los fariseos.
  • Amigo del Cesar: los dirigentes quieren llevar el asunto al terreno político. Fue condenado por la autoridad política.
  • Rey contra el César: Ahí está el quid. ¿Qué hay en esto de verdad y qué no? ¿Una muerte política?

 

7. En definitiva, parece que Juan utiliza la figura de Pilato (ya desaparecida) para verter la culpabilidad de la muerte de Jesús en las autoridades judías. La figura de Pilato coincide poco con el perfil histórico. La muerte de Jesús es, para Juan, en el fondo, una muerte “religiosa”.

 

8. Acusar: un modo de comportamiento inhumano. Delatar, amparándose muchas veces en el anonimato. Con los modernos modos de las redes sociales basta un tuit anónimo para hundir para siempre a una persona.

 

9. La voz cruel de quienes delatan y hacen daño y el silencio no menos cruel de quienes, tal vez, no hacemos nada. “Lo que me preocupa no es el grito de los malos sino el silencio de los buenos” (L. King).

 

EL ÁGUILA

 

Son tiempos difíciles.

¡Mantén la calma!

Son tiempos de esclavitud.

¡Mantén la libertad de espíritu!

Son tiempos de rapacidad.

¡Mantente generoso!

Mira hacia tu interior,

Con serenidad, sin rencor alguno,

Seguro de tus propias fuerzas:

El águila, allí,

Vuela más alta que los buitres.

 

(R. Argulloll, Poema 729)

III

PERROS AL PIE DE LA CRUZ

 

“Los dirigentes judíos, como era día de la preparación –para que no quedasen en la cruz los cuerpos durante el día de precepto, pues era solemne aquel día de precepto-, le rogaron a Pilato que les quebrasen las piernas y los quitasen” (Jn 19,31).

 

1. No hay que temer los textos bíblicos que nos causan una cierta perplejidad. Bien leídos, puede suscitar horizontes de comprensión más amplios.

 

2. Hay que calibrar el aspecto humillante de la cruz y de la pos-cruz: la insepultura. “El horror de la crucifixión se veía agravado asimismo por el hecho de quienes la padecían solían quedar insepultos” (M. Hengel). La mayoría eran crucificados a ras de suelo, a merced de los animales, de los perros. La Misná es explícita en el único pasaje que habla de esto: San 6,4.

 

3. Midamos, también la humillación social que ambas cosas, crucifixión e insepultura, suponían para el entorno social: la familia, el pueblo (los discípulos en el caso de Jesús). Algo difícil de mantener.

 

4. Por eso, cuando vemos en los textos evangélicos tantos y tan reiterados textos de sepultura de Jesús, se nos dispara algo: ¿es así o se está dando razón de algo que se achacaba como lo peor de un crucificado?

 

5. De hecho, en Israel, que es un país lleno de tumbas, no ha aparecido más que una sola tumba de un crucificado (la tumba de Giv’at ha Mit-var). ¿Dónde están los miles que crucificó Herodes el grande, Varo o Tito?

 

6. Desde antiguo los peregrinos han venerado el santo sepulcro de Jerusalén. La basílica de Constantino es de 326. Lo anterior, una nebulosa.

 

7. El texto:

 

  • Los dirigentes judíos: que sean ellos los que piden la sepultura solamente se explica por hiriente de la presencia de condenados a la cruz en los entornos de la ciudad. Da la impresión de que el gobernador no está muy interesado en la labor. Por otra parte, según la Misná, no se puede crucificar a más de dos al día ¿por qué Pilato crucifica a tres?
  • Día de precepto: sigue la temática de todo el evangelio: el precepto por encima de la persona. Y si esta es un condenado… Y, encima, precepto solemne, tan solemne como la Pascua
  • Que les quebrasen las piernas: el cadáver de Giv’at ha Mit-var no tiene las piernas quebradas.
  • Y los quitasen: era una abominación tanto política (quizá esto más) como religiosa. Si piden esto, parece que hay alguien interesado en que sigan ahí (¿Pilato?).

 

8. Lo duro de la filosofía de la crucifixión no es tanto el tremendo sufrimiento sino la terrible humillación personal y social. Es la destrucción de la dignidad, la aniquilación del ser persona: el crucificado deja de ser sujeto legal, de ser persona. Humillar hasta hacer que el otro no se crea persona.

 

9. No humillar al débil: una forma de vivir de la Pascua. Tener siempre viva la conciencia de dignidad de toda persona: otra forma de vivir pascualmente.

 

10. ¿Y la resurrección? La experiencia de una presencia. La fuente del amor.

 

VIERNES SANTO

 

Viernes Santo: nadie sabe

por qué se llama santo a este viernes,

nadie se acuerda de ti.

Yo sí me acuerdo.

No creo en ti,

ni en ninguna de las necedades

que durante siglos

se han dicho a propósito de ti.

Incluso, en otra época,

abominé de todo lo tuyo.

No obstante, me acuerdo de ti.

Te veo calumniado, solo,

ensangrentado, vencido,

a punto de expirar

entre tiniebla y locura,

Y siento por ti

un amor sin nombre.

 

(R. Argulloll, Poema,  113)

 

Materiales Pascua 2018 (jóvenes)

INFINITAMENTE AMABLE

(Materiales para la Pascua de 2018)

 

PRESENTACIÓN:

UNA SEMANA DE AMOR

 

            La saga de “La Guerra de las galaxias” tiene muchos fans, followers que se dice ahora. Y en ese mundo imaginario una de las cosas que nos cautiva a nosotros es el espacio infinito, algo que no es hoy inasequible a los humanos porque vivimos en un planetilla, la Tierra, en la esquina de una galaxia, la Vía láctea, en un universo de millones de galaxias y de millones de universos. Podemos decir “infinito” y no sabemos muy bien lo que decimos. Pero eso nos atrae.

            Y esta temporada en nuestros encuentros venimos hablando de que “el amor es otra cosa” porque  creemos que el amor no es poseer a alguien, tener muchos seguidores en el Facebook, recibir alabanzas sin cuestionarnos nada. Igual tienes que pensar que el amor es otra cosa: que tú llegues a mirar al otro con los ojos de quien descubre en él algo interesante, que saltes la valla de las apariencias y seas capaz de “tocar” el corazón del otro, que cuides de la vida del otro con el mimo de quien acaricia.

            Por eso podemos hablar de un amor infinitamente amable, como el de Jesús. La Semana Santa, en el fondo, es eso: quedarse tontos ante el amor infinitamente amable de Jesús, delicado, profundo, interesante, sensible. Su amor se expandió hasta el infinito, hasta el punto de que ahora mismo, esta semana casi lo tocamos, de tan vivo como és. El amor de Jesús no está atrapado en el tiempo,  sino que se mete por cualquier rendija del corazón. Basta con dejarle entrar.

            Cuentan algunos que de san Francisco que se volvía medio loco cuando se dejaba envolver por este amor infinito de Jesús y que gritaba a voz en cuello: “el amor no es amado”. Y podría decirnos hoy: “tú puedes amar al amor que te ama”. Puedes entender la Semana Santa de muchas maneras. Pero una de las mejores puede ser vivirla como una semana de amor a Jesús, con Jesús, con todos los demás. Una Semana de Amor.

 

 

JUEVES SANTO:

AMOR EN FORMA DE AGUA

 

            En los últimos oscar le han dado varios a la película “La forma del agua” de Guillermo del Toro. Es una bonita película donde el agua tiene una importancia muy grande: el agua es la humildad del personaje principal que es una limpiadora; el agua es la que guarda con vida al monstruo que han atrapado los poderosos; el agua es el escenario del amor y de la danza de los personajes principales. Es como si sin agua no pudiera haber amor.

            Algo parecido le pasa a Jesús: su amor toma, a veces, la forma de agua: por eso dice que él bautiza con agua, que si uno no nace del agua y del espíritu no entra en el reino, que si uno bebe de él no volverá a tener sed, que si se cree en él le brotarán dentro fuentes de agua viva. Se ve que en la época de Jesús el agua era un bien muy preciado, de acceso mucho más difícil que en el nuestro. Por eso habla tantas veces del agua.

            Pero el texto más importante sobre el agua es el que leeremos esta tarde en la escena del lavatorio de los pies: ahí el agua se convierte en signo de amor. Por eso es tan importante dejarse lavar los pies, porque si no se entiende eso, es que no se ama. Cuando Jesús lava los pies, en realidad está lavando y perfumando el corazón del otro. Le está diciendo: te lavo los pies porque para mí eres importante, porque me importas, porque estoy contigo.

            Por eso es tan decisivo lavar y dejarse lavar los pies. Es tan decisivo que si uno no entiende esto no puede ser seguidor o seguidora de Jesús. Al fin y al cabo, ser seguidor es lavar pies, amar los lados débiles de la persona, servir las necesidades más elementales, acercarse a los silencios y estar ahí, mirar con empatía como si yo mismo estuviese en esa situación que veo.

            Francisco de Asís tenía una especial predilección por este asunto de lavar los pies. Por eso mandaba que sus hermanos se lavasen los pies unos a otros para significar que eran eso, hermanos y nada más, iguales y nadie por encima del otro. Y, cuando estaba para morir, pidió que le leyeran este pasaje del jueves santo en que Jesús lava los pies a los discípulos, como si dijera que ese era el ideal de quien quiera vivir al estilo franciscano.

            Por eso hoy, jueves santo, día del amor que envuelve a la persona y lo limpia como el agua cuando te lavas, tendrías que emocionarte ante el agua, tocarla, bendecirla, amarla, porque es signo de lo que de verdad debería ser tu vida: un canto al amor cada día, un trabajo fiel por amar, un deseo imparable de no dejar de amar nunca, por muchos que sean los fallos y las dificultades.

Amor en forma de agua, tan fiel como ella, tan limpio como ella, tan humilde como ella, tan servicial como ella, tan sencillo como ella, tan generoso como ella, tan callado como ella, tan perdonador como ella, tan envolvente como ella.

 

Tres preguntas para pensar:

 

  1. 1.      ¿Te parece interesante que Jesús hable tantas veces del agua?
  2. 2.      ¿Es tu amor tan sencillo y fiel como el agua?
  3. 3.      ¿Qué deberías lavar en tu vida para vivir más al estilo de Jesús?

 

 

VIERNES SANTO:

AMOR QUE CRECE CUANDO SE REPARTE

 

            Es una frase que atribuyen a Saint-Exupéry, el autor del El principito: “El amor crece cuando se reparte”. Porque el amor es una realidad que, al darlo al otro, no mengua, sino que aumenta. Es que el amor está hecho para ser repartido, no para ser guardado. El amor guardado es como el agua guardada, estancada: se pudre, se corrompe, se seca.

            Es que la pasión de Jesús que todos los años la recordamos y leemos en el Viernes Santo, más allá de sus aspectos externos que son en lo que se queda mucha gente, es la historia de un amor que se reparte. Efectivamente, la entrega de Jesús es el amor repartido ahsta el límite, hasta el último trozo. El Jesús del Viernes Santo es uno que dio hasta la última migaja de su amor, que no se guardó nada para sí, que se vació totalmente a favor de la persona, a la que amó sin límites.

            En realidad, toda su vida fue un compartir absoluto. Él no salió a los caminos por sus propios dolores, sino por el sufrimiento de los demás. Se dio a todos en los caminos. Él recogió las lágrimas de los demás como si fueran lágrimas suyas y ahí quiso compartir el consuelo con que Dios consuela a los pobres. Él creyó a pie juntillas que compartiendo llega para todos, como lo hizo ver en aquel signo de la multiplicación de los panes.

            Por eso, su amor compartido es el que nos ha llegado a nosotros; eso es lo que vemos hoy cuando miramos la cruz: un amor compartido, troceado, desmigado, entregado sin pedir nada a cambio. Un amor que puede ser acogido por cualquier corazón, sin pedir condiciones ni exigir ningún pago a cambio.

            Francisco de Asís lo comprendió muy bien y veía en cada una de las criaturas ese amor compartido, sembrado, desmigado de Jesús que crece en toda la creación. “En las criaturas, buscaba a su amado”, dicen sus biógrafos. Hizo de la búsqueda del amor su verdadera pasión. Y cuando lo encontraba, lo derramaba en los demás, en los más sencillos: amor repartido siempre.

            Si en este Viernes Santo no llegas a ver, más allá del signo de la cruz, el amor compartido de Jesús, tendrías que pedir a Dios y a tus amigos que te presten una gafas de amor hondo, porque de eso se trata hoy: de ver un amor que se comparte. Entenderías entonces fácilmente que tu amor, por pequeño que sea, también ha de ser compartido. Y has de tener por cierto que, al compartirlo, tu amor no se a ser más pequeño, menos vivo, sino que se agrandará, se enriquecerá, tendrá más brillo.

            Amor que se comparte, amor que se divide, amor que se trocea, amor que se desmiga, amor que se mezcla, amor que llega a cualquier rincón, amor de Jesús, amor tuyo. Amor en el Viernes Santo.

 

Para pensar o preguntar:

 

  1. 1.      ¿Crees que tras lo duro de la cruz está el misterio del amor repartido?
  2. 2.      ¿Te parece que si repartes tu amor, éste no disminuye?
  3. 3.      ¿En qué cosa concreta tendrías que dar más amor, más acompañamiento, más amabilidad?

 

SÁBADO SANTO:

LA FUENTE DEL AMOR

 

            La cantante Rosalía hace una versión del poema de san Juan de la Cruz que antes cantara Enrique Morente que comienza diciendo “¡Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche!”. Los místicos se han preguntado muchas veces por “la fuente”. De dónde viene el amor, la belleza, la dulzura, de qué fuente brota lo mejor que tenemos, lo más valioso del corazón, lo más cálido de la ternura. Y no han dudado en responder: de la fuente del amor.

            Algo de eso es lo que celebramos cada año cuando llega la resurrección. Porque ésta no es, principalmente, un dogma, una creencia, un recuerdo de lo que parece que pasó en los albores del cristianismo. Es algo más profundo que eso: es creer que todo brota de la fuente del amor, que lo mejor de nosotros mismos tiene que ver con el amor. Y que si esa fuente del amor se seca, no hay nada que hacer. Todo estaría perdido.

            Jesús habló con aquella mujer de Samaría de una fuente que salta hasta la vida eterna, de una fuente de aguas de plenitud, de aguas que calman cualquier sed. Esa fuente no es otra que el amor en cualquiera de sus variantes. Dante decía que el amor mueve el cielo y las estrellas. Es otra forma de decirlo, pero es verdad. Sin la fuente del amor la vida se volvería inhóspita, seca, sin brillo, gris.

            Celebrar la resurrección es decir que esa fuente del amor sigue manando, que sus recursos no solamente no se han agotado, sino que se han multiplicado. Decir que Jesús ha resucitado es lo mismo que decir que el agua de la fuente del amor está llegando nosotros, que seguimos bebiendo las aguas puras del amor más delicado, que no deberíamos nunca descreer del amor, apearnos de él, renegar para siempre de su abrazo.

            Por todo ello, quien sabe de amor puede saber de la resurrección, y quien deja de lado el amor, deja de lado la resurrección por más que diga que cree en la doctrina. De manera que puedes ser un experto en la resurrección no sabiendo mucha doctrina, sino viviendo con el amor vivo, a flor de piel, interesado siempre por los caminos del corazón.

            A Francisco de Asís también le gustaban las fuentes. Dice un autor de la época que “aquella fuente en la que se manifiesta toda bondad, Jesús, se manifestaba a san Francisco en todas las cosas”. O sea, que todas las cosas le llevaban siempre al mismo lugar: a la fuente del amor, a Jesús que comparte y derrama su amor hasta las últimas consecuencias.

            Puede ser que, incluso con razón, estés cansado del amor, de ser amable, de entregarte, de querer. No te apees del amor. Cobra fuerza y ánimo celebrando este año la resurrección de Jesús como la certeza de que esa fuente del amor que todo lo riega sigue manando y que puede tocar también tu corazón.

            Fuente amor, fuente de ternura, fuente de amable calor, fuente de consuelo cuando las cosas no van bien, fuente de energía para estar siempre atento a la vida, fuente de compasión que levanta el ánimo, fuente de empeño para hacer bien las cosas. Fuente de amor: eso es la resurrección.

 

Para pensar y orar:

 

  1. 1.      ¿Cómo te imaginas la fuente del amor?
  2. 2.      ¿Crees que la resurrección es, sobre todo, cuestión de amor?
  3. 3.      ¿Cómo ayudarnos a no desanimarnos cuando no sabemos amar o cuando creemos que nos aman?

 

 

DESIERTO:

Y APARECES TÚ

 

            Tiene la cantante María Rozalén una canción simpática: “Ahora vas, y apareces tú”. Viene a decir que, cuando tenía mi vida organizada a mi gusto y capricho, apareces tú, aparece el otro. Y uno entonces no sabe qué hacer, si cerrarse en su rutina o abrirse al misterio del otro con todos sus interrogantes.

            Es que podríamos hacer este desierto, próxima ya la Pascua, en esas maneras que tiene Jesús de aparecerse a nuestra vida. Lo tenemos todo organizado, todo planeado y, de repente, aparece Él y las cosas se mueven, empiezan a ir de otra manera. Vamos a pensarlo:

  • Jesús se aparece cuando no queremos saber de nadie y cuando nos cerramos a los demás. Se aparece en el rostro de quien lo pasa mal y nos dice: no te cierres, acógeme, ponte en mi lugar.
  • Jesús se aparece cuando no te falta de nada y consigues todos tus caprichos para decirte: hay gente que lo pasa mal, lo tuyo no es solamente tuyo, hay alguien que espera algo de ti.
  • Jesús se aparece cuando quieres no pensar en tu vida, dejarte llevar superficialmente, andar siempre como flotando. Jesús se aparece y te dice: ahonda, piensa un poco, plantéate las cosas con un poco de seriedad.
  • Jesús se te aparece cuando sabes que te estás aprovechando de alguien y sabes que estás haciendo daño a los demás. Se te aparece y te dice: no hay derecho a que hagas sufrir a nadie y menos a quien te quiere.
  • Jesús se te aparece cuando siempre estás con cara amargada e incordiando a quien te rodea. Se te aparece y te dice: disfruta de lo sencillo, alégrate con lo que tienes, mira en derredor y verás cosas hermosas aunque sean pequeñas. Si no sabes disfrutar, no sabes de la vida.
  • Jesús se aparece te alejas del que sufre, cuando no te importan las situaciones de los pobres, cuando solo vas a lo tuyo. Jesús te dice: mi rostro es el de esos que no quieres ver, mis manos son las que se tienden a ti, mi cuerpo es el de quien anda postrado por la vida.
  • Jesús se te aparece cuando dices que no te interesa cómo va la sociedad, que tú pasas de todo, que no te interesa ni la política ni nada. Jesús te dice: somos familia, somos humanidad. Tienes responsabilidades adquiridas con la sociedad. No es de recibo que te alejes. Has de pensar en colaborar.
  • Jesús se te aparece cuando quieres imponerte a los demás, tener siempre razón, estar por encima de los otros. Jesús te dice: si sirves puedes estar más contento, si te haces hermano del otro tu corazón puede saltar de alegría.
  • Jesús se te aparece cuando lo sientes lejos, cuando no tienes ganas de rezar, cuando no sabes dónde está. Y te dice: yo sigo contigo, yo nunca te dejo, no me alejo jamás de tu casa, de tus preocupaciones, de tu corazón.

Jesús no se aparece para trastocar tus planes sin más, sino para  hacerte ver que él está contigo todo el tiempo, sosteniéndote e impulsándote. Si en este desierto lo ves más cercano a ti, si lo “palpas”, sería algo estupendo y verdadero. Él te abraza; siente su abrazo.

 

Para trabajar en el “desierto”:

 

  1. 1.      Trata de poner a alguno de los puntos anteriores un pasaje de los evangelios que, a tu juicio, conecte con él.
  2. 2.      ¿Te parece que la canción de Rozalén puede decir algo de lo que hemos dicho?
  3. 3.      ¿Qué o quién te habla hoy más de Jesús?
  4. 4.      ¿En qué situación se te está “apareciendo” hoy Jesús?

Ir al meollo

 

 

 

 

 

IR AL MEOLLO 

Reflexiones para los padres-madres

de primera comunión

 

 

 

 

Parroquia de Valvanera

Logroño

 

 

I

EL MEOLLO DE LA EUCARISTÍA

 

Vamos a detenernos en lo esencial, en el meollo, porque el sacramento de la Eucaristía da para mucho. Si los padres captan el meollo, es mucho más fácil que los chicos caigan en la cuenta de lo mismo. Ahora, “en frío” es más fácil que en torbellino de la fiesta.

 

  1. 1.    Dónde no está el meollo

 

  • En la ropa: en los trajes. es cierto que es un día de fiesta y hay que ir bien, pero el asunto no está ahí. Que en casa vean que eso tiene su importancia, pero no estar machacando sobre ese clavo.
  • En la comida: también tiene su importancia. Pero no echar el resto ahí. Hacerlo bien, festivamente y ya está. Pero que los chicos no vean que esa es la “preocupación” de los padres.
  • En los regalos: porque es casi inevitable que se hagan, pero no estar todo el tiempo ensalzando ese tema. Más aún, como luego diremos, es ahí donde habrá que dar un giro por el compartir.
  • En saber las oraciones o la catequesis: porque eso es necesario pero el asunto final, como veremos, no está ahí.
  • En la celebración de la misa: por extraño que parezca, tampoco es lo definitivo, aunque haya que hacerla bien y hermosa, y de hecho así se hace en la parroquia.

 

  1. 2.    Dónde está el meollo

 

  • En el compartir: la eucaristía es, desde siempre, el sacramento de aquellos que comparten. Si no hay intención de compartir, la eucaristía es un mero rito vacío.
  • De tal manera que un chico/a está “preparado” para celebrar la primera comunión en la medida en que sepa compartir. ¿No ha roto la cáscara del egoísmo? No está bien “preparado”. ¿Es generoso y se presta a compartir de lo suyo? Está “preparado”.
  • Cuando se habla de compartir hay que decir al niño que lo que se comparte no son solamente cosas, regalos o dinero, sino otros bienes: alegría (la comunión es fiesta de alegría), familia (es fiesta de familia), compañerismo (se celebra en grupo de amigos).
  • Y si se comparte algo de los bienes, si eso sale del niño (si no, hay que ayudarle), la cosa toma mucho cuerpo. Si un niño, por su voluntad, le sale decir: esto de lo mío (juntan un “capitalito” con las propinas) quiero que vaya a los pobres, o los chicos necesitados, o a un misionero, o a quien sea, estamos en el meollo.
  • Esto no es quitar el “brillo” a un día tan especial. Es, como decimos, poner el acento en lo que realmente es importante.

 

  1. 3.    Un texto que ilumina: Jn 6,1ss

 

  • Es el texto de la multiplicación de los panes y peces. Creemos que el milagro era que Jesús bendecía los panes del cesto y estos se multiplicaban.
  • Pero el verdadero milagro es que uno, un chico, que tiene cinco panes de cebada (pobres) y dos arenques está dispuesto a compartirlos. Cuando esto ocurre, cuando alguien está dispuesto a compartir empieza el milagro.
  • Por eso, el verdadero milagro no es que salgan muchos panes del cesto, sino que abramos el zurrón y saquemos lo que hay para compartirlo.
  • El evangelio es muy soñador y dice que si eso se hace, funciona, que compartiendo llega y que no ha de ser un obstáculo que nos paralice nuestra pobreza (la pregunta no es qué puedo hacer, sino qué estoy dispuesto a hacer). Y esto en verdad funciona.

 

  1. 4.    Cómo dar con el meollo

 

No es fácil; no es algo que vaya de por sí. Hay gente que es muy generosa, niños incluso que son generosos. Pero muchos adultos y muchos niños somos por tendencia egoístas. Hay que forzar la cosa un poco en la dirección del compartir.

a)    Padres: los chicos tiene que “ver” que la comunión es una fiesta de compartir. No se trata de lanzarse a grandes gastos ni derrochar. Se trata de que los padres sean generosos para que el chico, sin pretender que lo vea, de hecho lo vea. Que vean que se invita con cariño, con generosidad, dentro de lo sencillo. Que vean que los mismos padres se privan de algo a favor de alguna ONG o de Cáritas o de cualquier asociación o persona necesitada. Que se hable de ello alguna vez en casa.

b)    Chicos: A veces les sale ser generosos y a veces no. Si no les sale, hablarlo con ellos, animar a que ellos tomen la iniciativa, aunque sea un poco “rácana”. Si no les sale en absoluto ser generosos, “empujarles” suavemente en esa dirección. Hacerles ver que eso es muy importante para que la comunión que van a hacer tenga sentido (no es tan importante el que van a recibir a Jesús, sino el que tienen que ser como el Jesús que reciben, generosos y desprendidos).

 

  1. 5.    Por si ayuda: las mejores edades para educar en valores

 

Entre los seis y los doce años -la madurez de la infancia-, los niños poseen una disposición natural a desarrollar una intensa actividad, siendo el periodo óptimo para educar hábitos intelectuales y de conducta, que les forjarán su futura personalidad de adultos. Es la conocida "edad de oro de las virtudes", que bien enfocada evitará gran parte de los problemas en la adolescencia.

En estas edades  (7 a 11 años) los niños experimentan el impulso de ser generosos, prestar servicios y ayudar. Es el momento oportuno para desarrollar tres virtudes: generosidad, laboriosidad y reciedumbre. El sentido natural de la justicia, la apertura hacia los padres y la tendencia a obedecer, ayudarán a consolidar la generosidad; pueden existir rebeliones pero serán cortas y se olvidarán pronto. A los siete años, la razón está empezando a trabajar y se despierta en los niños una tendencia natural a ayudar, a hacer encargos, a darse; pero es necesario encauzarlos, guiarlos y hacerles descubrir la necesidad de ser generosos y la alegría que se siente después.

 

  1. 6.    La primera comunión: fiesta de compartir

 

Así habría de ser entendida por todos los protagonistas del día (no son solo los niños): la familia, los padres, las amistades, los chicos y sus amigos/as.

Si al final del día se puede decir: ¡hemos compartido mucho en este día! habremos dado con el meollo de la eucaristía.

 

 

 

 

 

 

II

EL MEOLLO DEL PERDÓN

 

                Con ocasión de la primera Comunión se hace una celebración del perdón con los padres y también con los chicos. Por eso es interesante preguntarse dónde está el meollo del perdón, porque lo tenemos un poco equivocado.

 

  1. 1.    Dónde no está el meollo

 

  • No está en esa idea de que para comulgar hay que estar preparado, en gracia de Dios, como si hubiera que lavarse antes de la fiesta. Esto es superficial.
  • Por lo tanto, no puede estar en tomar el sacramento del perdón como un trámite previo, como un requisito para la comunión. Es algo de más consistencia.
  • No hay que inculcar en los niños el sentimiento de que no están “limpios”, porque eso es cultivar la culpa y la fe lo que tiene que hacer es liberar de la culpa, no acentuarla.
  • No puede estar la cosa en meter miedo a los pecados como si fuera algo horrible que se ha hecho. Una cosa es hacer ver los fallos y otra meter miedo al niño.
  • No puede estar en ese disgusto que acompaña siempre a “la confesión”. Es algo más vivo, más gozoso.
  • No puede estar en pasar por el confesionario (que ya no se pasa) o por el cura (que es animador de la celebración). Lo importante es que en el corazón brote el deseo de perdonar y ser perdonado.

 

  1. 2.    Dónde está el meollo

 

  • El asunto es ver que el perdón es bueno, saludable, que ennoblece a la persona, no lo hunde más. Y encima, hace mejor nuestra relación con el Dios que perdona.
  • Está en hacer ver que Dios ama y perdona sin condiciones. Su perdón no está condicionado a nuestra bondad moral: él nos perdona porque nos ama; si somos malos, aguanta; si somos buenos, se alegra.
  • El meollo está en el tema de las buenas relaciones: hay que entender que el perdón apunta al corazón y que la bondad de corazón es necesaria para la buena relación.
  • Por ahí se podría entender y ayudar a entender a los chicos: la fiesta del perdón es la fiesta de la buena relación: tratamos de quitar lo que entorpece nuestra relación y tratamos de potenciar lo que la favorece.
  • Por eso mismo, habría que vivir esta celebración como una fiesta, como una suerte, como una alegría.

 

  1. 3.    Iluminación bíblica: Lc 15,11-32

 

  • Es la parábola conocida del hijo pródigo. Hay que fijarse bien: el pródigo es un granuja: se marchó con el dinero y ahora vuelve a engañar a su padre, porque dice que ha pecado contra él pero lo que de verdad le interesa es llenarse el estómago.
  • El padre es padre, pero no es tonto: sabe porque viene su hijo, por hambre. Podría haberle dicho: vete por donde has venido, a mí no me engañas. O podría haberle dicho: vete a trabajar con los jornaleros y luego comes (eso le habría bastado al pródigo). Pero le dice: sigues siendo mi hijo de antes.
  • Por eso, le devuelve todos los atributos de antes: el anillo de sellar contratos, las sandalias que se entregaban cuando se hacían compromisos legales, el manto de la dignidad. O sea: eres mi hijo de antes.
  • Un Dios que perdona a la manera que perdonan los padres que aman que son capaces de cubrir con su manto de amor las injurias recibidas.
  • No habrá que ser como el que se quedó en casa que nunca entendió a su padre como uno que le amaba del todo. No es de extrañar que le moleste la fiesta.
  • La conclusión es la que hemos dicho: Dios ama y perdona sin condiciones. No vengamos nosotros ahora a ponerlas.

 

  1. 4.    Cómo dar con el meollo

 

Como este sacramento, esta fiesta, arrastra muchas connotaciones negativas hay que esforzarse por vivirla y presentarla de otra manera:

a)    Padres: hablarlo entre vosotros. No decir: hay que confesarse, sino hemos de celebrar el perdón, hemos de celebrar la fiesta de la buena relación para que el día de la comunión sea un día más brillante. No incidir en los niños con el tema de “los pecados” creando culpabilidad; decirles que la fiesta del perdón da más brillo y más alegría a la fiesta de la primera comunión. Como adultos, reconocer que tenemos que trabajar mucho en la buena relación familiar.

b)   Niños: ayudarles a que la celebración del perdón sea un momento importante en el camino hacia la primera comunión. Animarles a que se den cuenta de sus relaciones con sus hermanos, con los padres, con los amigos hay que mejorarlas siempre y que eso es muy importante en la vida. Decirles que celebren con alegría el perdón. Preguntarles luego a ver qué tal ha estado la celebración, qué han hecho, si han estado contentos o no.

 

  1. 5.      Por si ayuda: ¿Qué pueden hacer los padres y madres?

 

Padres y madres pueden ayudar a sus hijos a poner en palabras aquello que en muchas ocasiones puede parecer obvio o incluso absurdo. Por ejemplo, si se está viendo una película en familia, las diferentes escenas donde les sucedan determinadas situaciones y experiencias a los personajes, son buenas oportunidades para ayudarles, diciendo: “Mira, el niño de la peli acaba de discutir con su amigo… ¿cómo crees que se estará sintiendo?”.

En muchas ocasiones la respuesta será algo tipo “mal”. Ahí es donde los padres pueden aprovechar para decir: “claro, es normal que se sienta mal: seguro que está enfadado por la discusión, ya que su amigo no entendía lo que quería decirle… y es posible que también este triste y preocupado por si tarda mucho en hacer las paces con su amigo. ¿Qué harías tu si te pasara algo parecido?”. Así les ayudaremos a ampliar el abanico de sentimientos y emociones del que disponen, haciendo de su experiencia emocional algo mucho más rico, y esto les ayudará a comprender y manejarse mejor en las situaciones sociales.

 

  1. 6.    La primera Comunión: fiesta de buena relación

 

Así habría de ser. Y no solamente en las formas, en la cortesía y buena educación, sino en el fondo. Un día para estrechar relaciones familiares y para que los niños palpen que la buena relación es fundamental en la vida y en la fe.

 

 

III

EL MEOLLO DE LA CELEBRACIÓN

 

El día de las comuniones no es un día para andar pensando mucho. Por eso, ahora, en “frío” es bueno reflexionar sobre cuál es el meollo de la celebración. Dicho de una forma rápida: día de fiesta y de justicia. Lo explicamos:

 

  1. 1.    Dónde no está el meollo

 

  • Ya lo hemos dicho desde el primer día: no está la cosa en los vestidos (aunque haya que ir guapos), ni en los regalos, ni en el barullo. No es fácil quedarse al margen, pero hay que ver un poco más en profundidad.
  • No está en que el chico/a lea o diga bien lo que le asignen en la celebración. Hay que intentar que lo haga bien, pero no pasa nada si la cosa no sale brillante.
  • No está en las fotos (no andar más pendiente de eso que de lo que se “cuece” en la celebración).
  • No está en la comida (aunque tenga su importancia). Lo importante no es lo que se come, sino el buen rato que se puede pasar con la familia y las amistades.

 

  1. 2.    Dónde está el meollo

 

  • En percibir que hay cosas importantes para quienes creemos en Jesús, para quienes somos cristianos. Y que la eucaristía, por mucho que a veces nos aburra, es importante porque ahí hacemos vivo el recuerdo de Jesús. Son muy importantes en la vida los recuerdos y los sentimientos.
  • El meollo está en que lo que hacemos es un rito, pero que detrás está el amor: es el mensaje de Jesús: “Amaos los unos a los otros”. Si de alguna manera la eucaristía no nos hace más sensibles al amor, estamos despistados.
  • Incluso más, aunque los chicos/as no vean esto tan fácilmente: el meollo de la eucaristía es la justicia, porque sin justicia no hay eucaristía. Por eso pusimos tanta importancia en el compartir. Los pobres no está presentes en la celebración; pero al menos en el trasfondo, deberían estarlo. En la celebración tendría que salir la palabra “pobres” y el tema también, de alguna manera.

 

3.    Iluminación bíblica: Lc 14,15-24

 

·       Cuando Jesús habla del reino de Dios, habla de un banquete. En aquel tiempo se comía poco y mal. Por eso, un banquete era una gozada (no como ahora que tenemos de todo). Una fiesta: si no se entiende la fe como una fiesta, no estamos entendiendo bien.

·       Nos fijamos en que los que no aceptan el banquete son porque ponen pegas económicas: he comprando un campo, cinco yuntas de bueyes, me he casado. El apego al dinero es el obstáculo a la fiesta del reino. Por eso, hay que ver cómo andamos de generosidad. Sin generosidad y sin justicia la eucaristía no tiene contenido.

·       Hay que darse cuenta de que se cambia de destinatarios y de escenario. Antes eran los ricos los invitados, ahora son los sencillos, los pobres. Por eso decimos que el tema de “los pobres” tiene que salir en la celebración. Y luego, se cambia de escenario: calles, plazas, caminos, límites de las propiedades. Es decir, lo que se celebra en la iglesia hay que tratarlo de llevarlo a la vida. Si hay un foso entre lo que celebramos y lo que vivimos, algo no va bien.

·       Los pobres son dignos del banquete, Dios los hace dignos. Habría que decir: “Señor, sí soy digno de que entres en mi casa porque una palabra tuya ha bastado para sanarme”.

 

4.    Cómo dar con el meollo

 

a)    Padres: No situarse en las cosas externas, superficiales de ese día (vestido, traje, comida), aunque tenga su importancia. Vivir la celebración personalmente, no ponerse como espectadores que ven un “teatro” en el que actúan ese día sus hijos/as. Por eso, gozar con ellos, cantar con ellos, meterse en la celebración. Y como ese tema de la justicia no lo van a captar los niños, que lo capten los padres. Si a los niños se les empuja al compartir, los padres deben tenerlo mucho más presente. Y todo, para que la eucaristía no quede vacía de contenido.

b)   Niños: No ponerles más nerviosos de lo que ya estarán. Tratar de calmarles para que puedan celebrar lo mejor posible. Felicitarles por lo bien que han hecho la celebración. Preguntarles al final del día qué es lo que más les ha gustado. Aunque te digan cosas de niños, ayudarles a poner el acento en la celebración de fe, porque eso es el núcleo. No es un día de regalos, sino un día de caminar la senda de un cristiano que se va adentrando en el camino de fe. Por lo menos, intentarlo, aunque no sea fácil.

 

  1. 5.    Por si ayuda: Donde no hay justicia no hay eucaristía

 

Es evidente que la injusticia y el atropello de los derechos fundamentales de la persona es el atentado más directo que se puede hacer a la comunión entre los hombres. En consecuencia, se puede decir que donde no hay justicia no hay eucaristía. Lo cual no quiere decir que la eucaristía no se puede celebrar mientras no exista una situación de justicia plenamente lograda. Si así fuera, quizás nunca se podría celebrar la eucaristía, habida cuenta de la compleja situación de injusticia que implica nuestra sociedad. Lo que con eso se trata de afirmar es que la eucaristía sólo es celebrada por creyentes que se comprometen seriamente en el empeño por lograr una sociedad más justa y más humana. Y, en cualquier caso, se trata de comprender que requiere el ser celebrada por una verdadera comunidad de creyentes que superan sus diferencias y divisiones y que están dispuestos a compartir lo que son y lo que tienen (J. M. Castillo)

 

  1. 6.    La primera comunión: día de fiesta y de justicia

 

Lo primero es más fácil verlo, lo segundo menos. Pero hay que intentar que quede ese doble recuerdo: lo bien que nos pasamos y que de verdad nos acordamos de los pobres y de quienes sufren (de algún modo). Así será la fiesta del banquete de Jesús como a Él le gustaría.

 

 

IV

EL MEOLLO DEL CRISTIANISMO

 

No está mal que en esta última reunión hablemos del meollo del cristianismo porque todos reconocemos que tenemos un poco abandonadas las cosas de la religión. Pues esta puede ser una buena ocasión para cultivarlas un poco.

 

  1. 1.    Dónde no está el meollo

 

  • No está en los signos externos, en las cruces, en las imágenes (aunque todo esto sea digno de respeto).
  • Tampoco está en los ritos religiosos, en las costumbres, en las procesiones, en las peregrinaciones, etc. Cosas también dignas de respeto, pero no esenciales.
  • No está en la aceptación de la moral católica, de la autoridad del papa, del acatamiento de los dogmas, aunque todas estas cosas tengan su indudable importancia.
  • Ni siquiera está en que nuestro nombre esté consignado en registros de la religión católica por nuestro bautismo (aunque esto sea necesario).
  • No está incluso ni en la práctica religiosa, en la oración, en la eucaristía y los sacramentos (en que me haya casado por la iglesia, en que esté ordenado de sacerdote)

 

  1. 2.    Dónde está el meollo:

 

  • Lo sabemos todos: en el amor. Ese es el distintivo de Jesús. Él no optó por el camino de las normas religiosas, que las tenía y muchas, sino por el camino del amor.
  • Por eso se da una contradicción en quien dice creer en Jesús y, a la vez, es muy duro en cuestiones de amor, de convivencia, de buena relación, de acogida a los más débiles.
  • Sin amor, la religión cristiana no tiene sentido, se vacía de contenido, es como un cadáver. Por eso, si nos decimos cristianos, hay que vigilar mucho el tema del amor. El desamor desmiente nuestra pretendida fe.
  • De ahí que, según el Evangelio, el meollo esté en el amor a la persona, ni siquiera en el amor a Dios. Porque ya lo dice san Juan es imposible amar a Dios a quien no se ve, si no se ama a la persona a la que se ve. La fe se tiene abandonada en la medida en que se tiene abandonado el amor.

 

  1. 3.    Iluminación bíblica: Jn 13,35

 

  • Es un texto que lo hemos oído mucho: pero hay que pensarlo. Dice Jesús que el distintivo del cristiano (en esto conocerán) es el amor a su estilo. No solamente en el amor, sino a su estilo (como yo os he amado).
  • Parece que los humanos solamente sabemos amar en modos de simetría: yo te amo y, en justa correspondencia, pido que tú me ames a mí. Esto está muy bien y ojalá fuera siempre así.
  • Pero hay situaciones de vida, muchas, donde uno ama y no recibe correspondencia (amor asimétrico): el amor de los padres a su bebé, el amor a los pobres (voluntariado), el amor a la sociedad.
  • ¿Cómo ha amado Jesús? En amores asimétricos: “cuando no podíamos pagarle, murió por nosotros”, dice san Pablo. No podíamos pagarle. Ese es el amor asimétrico. Pues bien: ese tipo de amor es el que distingue a los cristianos.
  • El meollo está en esto: ¿cómo funcionas cuando tú amas y no hay premio, aplauso, agradecimiento, pago? Si sigues amando, estás en el meollo de lo cristiano.

 

 

 

 

  1. 4.    Cómo llegar al meollo:

 

a)    Padres: Intentar hablar de esto con tu pareja, aunque no sea fácil. Ver si cuando amáis y no hay premio os enfadáis mucho o, por el contrario, lo superáis. ¿Cómo reacciono cuando no me devuelven el amor que yo creo haber entregado? Creer que las entregas tienen un valor en sí mismas y que no dependen del premio o del aplauso.

b)   Chicos/as: Hacerles ver que tienen muchas “deudas” con su familia, con sus hermanos/as. Aquello de la cuenta que un niño pasa a su madre y ella se la devuelve sin cobrarle nada de lo que ha hecho por él. Enseñar a los niños que no todo ha de hacerse por interés y por recibir un premio.

 

5.    Por si ayuda: Cuándo es posible amar sin esperar nada a cambio

 

Existen almas muy grandes, nobles y desinteresadas al extremo que sí han desarrollado una gran virtud para amar sin esperar nada a cambio. Por otra parte, siempre te es más fácil hacer una buena acción por una persona a la que no conoces y no esperar nada a cambio, que practicar esa idea del amor en tu pareja. Sencillamente, porque cuando más conoces a alguien, más te implicas, más das y más esperas recibir.

¿Y no se puede controlar ese deseo irrefrenable de saberte pagado, del amor devuelto? ¿Estamos ante un imposible?

 

  1. 6.    La fiesta de la primera comunión: fiesta de amor

 

Como todas las fiestas que se precien. Un día para estar bien, para relacionarse bien, para ver que familia y vida cristiana pueden ser cauce de amor. Un día que deje buen recuerdo porque ha sido entrañable, no tanto porque ha habido muchos regalos, bonitos vestidos y buena comida. Un día para el amor, aunque suene un poco así.

 

ESPIRITUALIDAD PARA UN TRABAJO DECENTE

IX. ESPIRITUALIDAD PARA UN TRABAJO DECENTE

Una lectura social de 2 Tes 3

 

                ¿Le es lícito a un lector de la Palabra plantear, de salida, un tema mucho más amplio que el mismo texto bíblico que se dispone a leer? Eso ocurre con 2 Tes 3. Como diremos, el tema central de 2 Tes no es el trabajo y menos, el concepto moderno de “trabajo decente”[1], sino el retraso en la venida del Señor. Es verdad que, como una de las terapias preventivas dentro de la praxis cristiana, habla el autor del trabajo. Pero ¿tiene algo que ver con el tema del trabajo decente? Posiblemente muy poco.

                Pero una ampliación temática puede ser muy interesante para superar el estrecho margen del texto y para lanzar al mismo a una universalidad que lo enriquece. Efectivamente, los textos ampliados por la reflexión y la ideología cobran un nuevo valor y no traicionan al texto original. Se trata de leer un texto desde la racionalidad. “La racionalidad no es un hecho, sino una búsqueda, no es una tesis  a la que hay que ‘adecuarse’, sino una tensión, una pretensión que se plantea, y nace en la historia y que como todo proceso histórico, tiene que armonizar con las concretas condiciones de posibilidad que lo alimentan”[2]. En esta tensión textual es donde queremos leer las semillas del trabajo decente en el texto de 2 Tes 3.

                Pero vayamos al principio. Tras muchos dimes y diretes, con las espadas aún en alto, los investigadores más ecuánimes parecen estar bastante de acuerdo en que “habría que pensar en un autor desconocido que probablemente en los primeros años de la década de los 70 se reviste de la autoridad de Pablo para salir al paso de una renacida psicosis apocalíptica”[3]. Con lo que queda clara la relación con 1 Tes: temática más o menos común, aunque ampliada. Por eso mismo, “los destinatarios reales de la carta no serían propiamente los tesalonicenses, sino cualquier comunidad cristiana presa de agitación por la espera de un final inminente del mundo y de la historia”[4].

                Este planteamiento desvela la singularidad de 2 Tes que pone una serie  ampliada de signos precursores a la retrasada hora del final: la apostasía, la aparición del impío que se instalará en el templo de Dios[5], sus signos y portentos[6] y el misterioso obstáculo que frena la aparición del impío[7]. Entre estos signos que dilatan el final puede ser considerado el trabajo como actividad necesaria y previa a tal manifestación del final.

                Sobre el trabajo ya había hablado 1 Tes en la misma línea que 2 Te, aunque en manera más escueta: en 1 Tes 2,9 se habla de los “sudores y fatigas…para no ser una carga para nadie” (Ton kopon hêmôn kai ton mokhthon…pros to mê epibarêsai tina hymôn); en 1 Tes 4,11 se anima a “trabajar con vuestras manos según nuestras instrucciones” (Kai ergazesthai tais khersin hymôn); 1 Tes 5,14 se habla de “llamar la tención a los ociosos” (Noutheteite tous ataktous). Pero es en 2 Tes 3,6 donde, en esta línea, se aducen más datos y se le da al trabajo la categoría de “instrucción” (Parangellomen de hymin) para la correcta vivencia de la parusía. Es un salto de nivel.

                Como dijimos al principio, ¿es lícito saltar de aquí a la espiritualidad del moderno trabajo decente? La orientación paulina sigue en pie básicamente: el trabajo es un modo  para ir madurando en la configuración del mundo nuevo. Quizá lleguen  épocas de la historia en que tal actividad sea suplantada por otras. Pero, hoy por hoy, la función social e histórica del trabajo cae fuera de duda. Las semillas del texto neotestamentario pueden colaborar a tal espiritualidad[8].

 

  1. 1.       Dejación de responsabilidad (3,6)

 

Todo el pasaje está bajo el paraguas de unas “instrucciones que vienen del Señor Jesús, el Mesías” (Parangellomen de hymin en onomati tou Kyriou Iêsou Khristou: v.6b). Son instrucciones relativas al trabajo, que pueden tener raíces en el Evangelio[9] y en la misma persona de Jesús[10]. El recurso a la persona de Jesús no parece ser un mero recurso de autoridad, sino que lo que se va a decir sobre el trabajo tiene arraigo evangélico.

Esas instrucciones se resumen “retraerse de todo hermano que lleva una vida ociosa” (Stellesthai hymas apo pantos adelphou ataktôs peripatountos: v.6b). El término ataktôs alude a un ocio desordenado, un ocio que no es solo no trabajar, sino llevar una vida inmoderada, un ocio irresponsable e, incluso, con un cierto matiz de insubordinación[11]. Es haber hecho dejación de las responsabilidades laborales y de lo que eso lleva aparejado: una vida desestructurada, tanto desde el punto de vista personal como del familiar o social. Se quiere evitar el “contagio” que eso supone y el descrédito que conlleva.

Pero, a mayor abundamiento, otra razón que se esgrime es que “no sigue la tradición que recibió de nosotros” (Kai mê kata tên paradosin hên parelabosan par’hêmôn: v.6b). ¿A qué “tradición” se refiere? En 1 Cor 11,23 habla de lo que “entregó” Pablo (Paredôka). Pero allí, ciertamente, se refiere a la cena de Jesús. Aquí parece referirse a alguna tradición que conecta con Jesús en lo referente al trabajo, a la responsabilidad laboral y social. Eso es tan importante como la cena. De tal modo que el trabajo y su mística hacen parte del cimiento de la experiencia cristiana. Hacer dejación de esto es alejarse del mismo Evangelio.

 

Derivación: el drama del ocio obligado

 

Hay que decir, de salida, que la persona no ha sido creada para el trabajo, sino para la dicha. El Evangelio es una propuesta de dicha, no de trabajo[12]. La medida de la ciudadanía del reino es la fiesta, no el trabajo[13]. Por eso mismo, la sacralización del trabajo es algo a evitar al menos si se hace sin matices[14]. Por eso el ocio no ha de mirarse como un apéndice secundario después de realizado el trabajo. Ligado a esto va el tema del disfrute, de la belleza y de la misma lírica. Estos son elementos primordiales para la experiencia humana e, incluso, para el desarrollo de una fe saludable.

Pero, dicho esto, nosotros derivamos hacia el ocio obligado, el de aquellas personas a las que se les arrebata el trabajo y son forzadas a no trabajar. Esto, como sabemos, es la puerta a la desconexión social e, incluso, a la exclusión. Efectivamente, subirse al tren del ocio obligado es caminar en la dirección de la pérdida de visibilidad social y, en el fondo, de la negación de la propia dignidad[15]. Es cierto que el trabajo está medido en nuestra sociedad por la productividad. Y la persona que no produce pierde su condición de ciudadano, aunque legalmente lo sea, y, con ello, su conciencia de dignidad. Por eso mismo, el ocio obligado es la decapitación del alma ciudadana. En ese sentido, el texto de 2 Tes que habla de “tradición” recibida de Jesús tiene razón. De ahí que, como dicen muchos, el paro, junto con la desigualdad y la falta de vivienda, es el peor síntoma del fracaso de los Estados. Doble fracaso por no haber llegado a plena ocupación y por no haber dado alternativas de ocio que dignifiquen a quien, por la razón que sea, no puede trabajar[16].

Puede que una sociedad crecientemente técnica, como la nuestra, el nivel de ocio sea obligado sea no solamente una pérdida de laboralidad, sino también una consecuencia positiva de la misma. Pero para ello es necesario dotar a quien está en ocio obligado de medios que lo capaciten para vivir tal ocio de manera creativa y dignificadora. Es, por ejemplo, el caso de los pensionistas, obligados por ley a no trabajar a partir de una determinada edad. Ese ocio vital obligado, con todas sus derivaciones, para que sea productivo para la persona ha de contar con los medios económicos y sociales que hagan de tal ocio algo positivo. Como esto no ocurre en las pensiones más bajas, que son la mayoría, el ocio de los pensionistas es patológico, entre otras causas, por falta de medios. Un Estado que, por un lado, alarga la vida de los ciudadanos y luego no los dota de medios para vivir con dignidad su vida longeva comete una contradicción de consecuencias imprevisibles, aunque se diga que los jubilados han sido los menos afectados por la crisis[17].

Las salidas sociales para el ocio obligado pasan por unas pensiones y subsidios dignos, pero pasan también por una reconsideración del modelo productivo que valore la educación, el emprendimiento y las tecnologías. Estos valores podrían ser implantados de manera planificada a las personas obligadas al ocio, contribuyendo con ello a la aparición de horizontes nuevos y de una identidad adaptada a una situación de ocio obligado. En una sociedad productivista esto es, hoy por hoy, soñar. Pero el peso social de grandes masas obligadas al ocio sin horizonte social es algo que lastra el bienestar de un país. La solución pasa por la activación de la dignidad en cualquiera de etapas de la vida por las que pase la persona.

 

  1. 2.       El que no trabaja, que no coma (3,7-10)

 

Para contribuir a la elaboración de una espiritualidad del trabajo, y en nuestro caso decimos a un trabajo decente, el autor pone el ejemplo de Pablo. “En el judaísmo –también, pues, en el caso de Pablo- la formación teológica se simultaneaba con el aprendizaje y el ejercicio de una profesión de tipo práctico. Por Hech 18,3 sabemos que Pablo fabricaba tiendas, oficio al que hoy correspondería, más o menos, el de guarnicionero”[18]. Cuando en textos como el que nos ocupa se habla de trabajo, se está hablando del trabajo manual, cosa que no era bien vista en tiempos del imperio romano. Era cosa de esclavos. Pero el autor parece referirse a él y, en ese caso, al mismo Jesús[19].

Pablo dice que “no estuvimos ociosos” (Ouk êtaktêsamen: v.7b) quizá se refiera a que, aunque de alguna manera les asistía el título de apóstoles para no trabajar manualmente y dedicarse exclusivamente a la predicación, renunciaron a ese privilegio y trabajaron con sus manos[20]. No vivieron en “ocio irresponsable”. De alguna manera el trabajo se constituía en un signo evidente de verdad y de fraternidad. No es solamente cuestión de ganarse el pan, sino también de dar seriedad y garantías a la obra misionera.

Dice el texto que “no comimos el pan de balde” (Oude dôrean arton ephagomen para tinos: v.8a), gratuitamente, inmerecidamente, como regalo, inútilmente, sin una contraprestación. Es el pan no ganado, sino conseguido con las artimañas de quien se escaquea del trabajo. Un pan engañoso. El autor tiene a gala haber comido un pan ganado, no a costa de nadie[21]. Ese modo de estar en el hecho social es el que debe servir de modelo para situar correctamente la venida del Señor que no irrumpe sin la mediación del componente histórico. La venida del Reino es irruptora pero contando con la construcción de la justicia, no ajena a ella. Por eso este pan tiene  sus características: a) “con fatiga y cansancio” (En kopô kai mokhthô: v.8b), cosa propia de todo trabajo manual;  b) es el fruto de un “trabajo de día y de noche” (Nykta kai hêmeran ergazomenoi: v.8b), la dura tarea de quien, en aquella época, como los pobres no conocía regulaciones laborales.

No ha recurrido el autor a la autoridad del “apóstol” que, como dice 1Cor 9,7 ni un militar corre con sus gastos, ni al que planta una viña se le vedan los racimos, ni al pastor la leche del rebaño. Podría haber dejado de trabajar con su autoridad de apóstol y dedicarse únicamente a la exhortación. Pero no ha recurrido a tal autoridad para ser “modelo que imitar” (Typon: v.9b), ánimo para una tarea a cuya dificultad de sentido se le añade la supuesta venida próxima del Señor.

De ahí se deriva una norma que ha hecho época: “el que no quiera trabajar, que no coma” (Hoti ei tis ou thelei ergazesthai mêde esthietô: v.10b). Quien no contribuye con su trabajo al bien de los demás, de la sociedad, no tiene derecho a participar de los frutos del trabajo ajeno. Sería, simplemente, un robo[22]. El trabajo es necesario no solamente para la supervivencia humana, sino también para el sentido y para la correcta posición del creyente ante la historia.

 

 

Derivación: fraude y trabajo

 

El axioma “el que no quiera trabajar, que no coma” ha tenido en la historia un gran predicamento[23]. Casi siempre va unido al trabajo en relación con la sociedad, no tanto como componente individual de la historia humana. Este elemento social es el que, de alguna manera se deduce del texto de 2 Tes. Incluso estaría tal componente en relación con el tema de la escatología, ya que, según el autor, trabajar para no ser gravoso a la comunidad es la manera de vivir correctamente la espera de la parusía. Individualizar el trabajo con exclusividad es quitarle el potencial de cambio social que tiene y que redunda en una nueva concepción de la persona y de la sociedad.

A causa de este componente social aparece con más claridad la relación que, con frecuencia, se establece entre trabajo y fraude. Una de las formas más habituales, vigente a tope, es el de la economía sumergida. La economía sumergida es la suma de la economía informal y la economía ilegal. La economía informal, también llamada irregular, es actividad económica legal aunque oculta a efectos registrales por razones de elusión fiscal o de control administrativo. La economía ilegal, por contra, lo es por su propia naturaleza. Ambas actividades, economía informal y economía ilegal permiten la acumulación de dinero negro que posteriormente tiene que ser lavado. Aunque perseguida por las autoridades fiscales y censurada por la misma Iglesia[24], la economía sumergía está muy presente en las economías modernas. Y esto no únicamente por razones de supervivencia económica, que podría tener alguna justificación, sino por razones de economía real, manera de vivir en modos que eluden las obligaciones fiscales. En ese sentido, la economía sumergida es un fraude de unas proporciones gigantescas[25]. Por razones de mera ciudadanía y, en el caso de los cristianos, por los mismos textos bíblicos, esta práctica resulta inaceptable.

Otro ámbito de fraude es aquel que, propio de la economía neoliberal, tiene el trabajo no como elemento de promoción social sino, por el contrario, como empobrecimiento de grandes capas de la población. La precarización del empleo lleva a la creación de una nueva figura en nuestra cultura: el trabajador empobrecido. Trabajar no le saca de su pobreza ya que la temporalidad máxima de los contratos, verdadero fraude de ley, así como su arbitrariedad debido al paro creciente hace que, aun trabajando, uno no pueda salir de su pobreza[26]. De esta manera el trabajo pierde su capacidad de integración social y el riesgo de exclusión sigue bien vivo. Este mismo problema, trasladado a los países empobrecidos cobra una dimensión cósmica. Por mucho que se creen puestos de trabajo, son tan precarios, salarial y socialmente que la pobreza sigue verdeante[27].

Otro ámbito de “fraude” es el derivado de la tecnología aplicada al mundo del trabajo. Las máquinas sustituyen a las personas[28]. Se cree que el éxito de una reconversión está en la eliminación de empleos que sanea gastos. Pero esa política produce nuevos ámbitos de precarización social. Un verdadero drama en la actualidad. Que haya que reconvertir, quizá sea necesario; que eso conlleve, sin más, la destrucción de empleo es algo que habría que revisar. La posibilidad de creación de empleo en tales circunstancias no es una utopía. Lo que realmente se necesita hacer es ayudar a las empresas a redirigirse hacia nuevos mercados centrados en los servicios humanos a la vez que adoptan nuevos modelos de negocio que permitan a los trabajadores, clientes y comunidades beneficiarse del cambio tecnológico. Es preciso creer que esto es posible. Mientras añadimos más y más tecnología a nuestras vidas, hemos de seguir invirtiendo por igual –incluso más– en nuestro potencial humano. 

Finalmente, otro fraude es el del trabajo acumulado frente al trabajo repartido, acumulado en empleos distintos o en horas fuera de horario. Es un problema viejo, pero los fraudes envejecen bien. Huelga decir que, además de inmoral, nada tiene que ver con la solidaridad social que trata de que toda persona pueda vivir con dignidad. La regulación de estos trabajos es muy difícil y muchas de las horas extras no se pagan. En sí mismo, pues, es esto un fraude. Pero si se mira al conjunto social la cosa es más grave todavía en una sociedad donde la carencia de puestos de empleo es endémica.

 

  1. 3.       Trabajar sosegadamente (3, 11-16)

 

De manera literariamente perfecta, describe el autor la situación de la o las comunidades a las que apunta en la paradoja “vivir en la ociosidad/ocupados en no hacer nada” (Mêden ergazomenous alla periergazomenous: v.11). El juego de palabras dibuja a unos “ocupados” que, en realidad, son unos metomentodos.  En esa actividad sin actividad se corrompe la comunidad cristiana (En hymin: v.11a) y el mismo hecho social. Si todo esto “ha llegado a sus oídos” (Akouomen: v.11a) es que ya hace parte del comportamiento habitual de algunos. Su posición es dialéctica: piensan que para qué trabajar si el fin está cerca. Con esto se desvirtúa la tesis del autor que, por un lado, posterga sine die la parusía y, por otro, quiere poner el acento en un comportamiento histórico laborioso y honesto.

Se apela a la autoridad del Señor Jesús Mesías para que “trabajen sosegadamente” (Meta hêsykhias: v.12a). Este trabajo sosegado les permitirá “ganar para comer” (Ton heautôn arton esthiôsin: v.12b) y, además, los situará correctamente ante el problema de la parusía. Incluso más, colaborará a la elaboración de una espiritualidad histórica, algo absolutamente imprescindible para la buena comprensión y vivencia del evangelio. Efectivamente,  en la ociosidad que envenena la vida social no es posible la búsqueda del “reino de Dios y su justicia” (Tên basileian tou Theou kai tên dikaiosynên: Mt 6,33), primer anhelo del seguidor de Jesús.

Como se ve que la aceptación de estos planteamientos tiene su dificultad, se insta a una disciplina fraterna que incluye el “señalar con el dedo y hacer el vacío” (Sêmeiousthe mê synanamignysthai autô: v.14b) a quien se resista a ellos. No se trata de considerarlos como “enemigos” sino es cuestión de una “fuerte llamada de atención” (Noutheteite: v.15). La comunidad cristiana siempre ha zanjado las cuestiones con excomuniones. Aquí el autor se contiene, “aunque prácticamente se les expulsa de la comunidad, pero no definitivamente”[29]. Habría que hacer más esfuerzo por seducir a quien piensa distinto.

 

Derivación: el trabajo decente como elemento de cohesión social

 

El trabajo es hoy, en las sociedades modernas, un elemento de disgregación social. La lucha por el empleo es muy parecida a la lucha por la vida. No es de extrañar que los modos sociales que engloban la mística del trabajo, los sindicatos, no solamente estén en crisis de afiliación sino, incluso, en crisis de sentido. Con una clase obrera profundamente fragmentada y dispersa, con la mayoría de los trabajadores en precario, con una patronal crecida y con los viejos partidos obreros habiendo perdido esa condición, los sindicatos están obligados a asumir funciones que van más allá de los intereses de sus afiliados y que van también más allá de concebir los centros de trabajo como el núcleo fundamental de la lucha.  Para muchos obreros, el sindicalismo está desprestigiado. Esto ha abierto la veda de un individualismo laboral que se ve corroborado por la “indecencia” del trabajo temporal. La lucha por el empleo es cruel.

Podría ser de otra manera: el trabajo decente podría ser elemento aglutinante porque con él se eleva el nivel de dignidad, verdadero pegamento de la vida en sociedad. Con claridad lo dicen quien inventó la noción de trabajo decente: “No se trata simplemente de tener un trabajo para tener un ingreso y un nivel de vida material como en la concepción tradicional del empleo. Se trata del trabajo como fuente de autoestima y de dignidad personal, de paz en la comunidad y de cohesión en la sociedad”[30]. El trabajo decente sería, pues, una de las fuentes principales de cohesión social, sabiendo que existen también otra clase de factores que cumplen esa función[31].

De ahí que este trabajo contribuiría a calmar las convulsiones sociales de las que, generalmente, nada se saca en positivo. Es cierto que las situaciones convulsión social coinciden con situaciones de precariedad laboral. Todos sabemos que las convulsiones se producen con más agudeza cuando los beneficios económicos no llegan a la gente en modos equitativos. En esas situaciones el trabajo decente puede vehicular tales beneficios. De tal manera que “el trabajo es un medio para vivir, en primera instancia, pero debería ser un medio clave para la formación de la sociedad”[32] Esta función social del trabajo decente tiene en 2 Tes un predecesor implícito porque lo que allí se propone no es solamente trabajar en paz sino crear un tipo de sociedad en la que la ocupación laboral desvele el modo sosegado de encarar la historia presente y la futura.

Por lo demás, el trabajo decente no puede cumplir su función de cohesión social en un ambiente de desigualdad económica. Por ello, si se quiere incidir en el valor dignificador del trabajo esto tiene que ir acompañado de una lucha a brazo partido contra la desigualdad que ha asentado sus reales en la sociedad neoliberal desde hace siglos y que esa desigualdad tiene cada vez más hondura. Como decimos, pretender un trabajo decente que cohesione la sociedad en una sociedad fragmentada por la desigualdad es imposible. Pero también hay que decir que “la desigualdad no está en los genes, no es una fuerza telúrica irresistible ni una maldición de los dioses: es producto de decisiones políticas. Y las decisiones políticas puede y deben cambiarse, también con la política”[33].  Estamos lejos del pensamiento explícito de 2 Tes pero su autor no vería con malos ojos esta clase de derivaciones.

 

Conclusiones

 

Como dijimos en la introducción, la lectura ampliada de un texto no es traicionarlo, aunque es preciso reconocer que tal texto, como es en este caso, no es más que semillas que posibilitan lecturas ulteriores. Señalamos como conclusiones:

  • 2 Tes 3 es un texto en el que se incide poco. Casi siempre se hace desde el lado biográfico paulino, en fácil concordancia con 1 y 2 Cor, la misma 1 Tes e, incluso, Hechos. Pero puede ser ampliado.
  • El tema del trabajo manual no está muy presente en el NT, siendo así que, probablemente, en la composición sociológica de las primeras comunidades primaría la clase trabajadora, incluso esclava. Pero, debido, quizá, al poco aprecio de ese trabajo, no hay muchos textos que hablen de él. Eso hace de 2 Tes 3 un texto de más valor, si cabe.
  • Por ese mismo patrón sociológico, los “ociosos” a los que ataca 2 Tes 3 han de ser, por fuerza, gentes de clases altas. Eso da al texto una militancia social añadida.
  • El entronque de la ideología con “la tradición” le da un valor añadido. Y puesto como medida de comprensión y de comportamiento ante la parusía retardada elevan el nivel ideológico de la, aparentemente, sencilla propuesta.
  • La popularidad de axiomas tan claros como 2 Tes 3,10 sacados del contexto quedan muy reducidos, aunque hagan escuela. Es preciso situarlos mejor en el conjunto del pensamiento del texto.
  • El trabajo “con sosiego” puede ser idea sugerente en una sociedad como la nuestras de grandes transformaciones en el campo laboral.

No queremos atribuir a 2 Tes 3 lo que no tiene, ya que es un texto menor, se mire como se mire. Pero tampoco se puede pasar por alto el texto del NT donde la espiritualidad del trabajo está más presente. Por eso, puede ser trampolín para colaborar a una espiritualidad social del trabajo.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar



[1] El término lo acuñó J. SOMAVÍA, director general de la OIT en junio de 1999 y entiende por tal  “la promoción de los derechos fundamentales en el trabajo; el empleo; la protección social y el diálogo social”: http://www.ilo.org/public/spanish/standards/relm/ilc/ilc87/rep-i.htm (26-2-18). 

[2] E. LLEDÓ, El silencio de la escritura,  Ed. Centro de Estudios Constitucionales, Madrid 19922, 32-33.

[3] AA.VV., Comentario al Nuevo Testamento,  Ed. La Casa de la Biblia, Madrid 19953, 576.

[4] Ibid., 576.

[5] Cf 2 Tes 2,3-4.

[6] Cf 2 Tes 2,9-10.

[7] Cf 2,6.

[8] El salto generacional en la concepción del ocio apunta hacia valoraciones de otra índole que hoy no son más que atisbos. De poder elegir, los jóvenes optarían por no trabajar, valorando el tiempo libre como un aspecto fundamental en la vida, por encima del trabajo, en función del tiempo libre que se nos permita disfrutar. Si a esto añadimos la irrupción de la robótica, podemos estar en otro contexto.

[9] Cf Lc 10,7.

[10] Ho tektôn: Cf Mt 13,55 y Mc 6,3.

[11] Cf Ataktôs en: H. BALZ-G. SCHNEIDER, Diccionario exegético del NT, I, Ed. Sígueme, Salamanca 1996, 531.

[12] Cf Mt 5,1-12.

[13] Cf Lc 14,15-24.

[14] El mismo papa Francisco tiene esa clase de expresiones: “El trabajo es sagrado, el trabajo da dignidad a una familia y debemos rezar para que no falte el trabajo a ninguna familia": “Catequesis del miércoles 19 de agosto de 2015 realizada en el Aula Pablo VI”: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2015/documents/papa-francesco_20150819_udienza-generale.html (28-2-18).

[15] Lo dice muy bien la película de F. León de Aranoa Los lunes al sol.

[16] Cf L. ABELLÁN, “La falta de vivienda y el paro son un fracaso para la democracia”, en: https://elpais.com/sociedad/2013/03/24/actualidad/1364145815_084033.html (28-2-18).

[17] Según UGT, entre 2010 y 2017 los pensionistas españoles han perdido una media de 670 euros al año en capacidad adquisitiva.

[18] G. BORNKAMM, Pablo de Tarso, Ed. Sígueme, Salamanca 1979, 43.

[19] Celso recurría este asunto para denigrar a Jesús y Orígenes le respondía que en ninguna parte de los Evangelios se dice que Jesús trabajara con sus manos: Cf ORÍGENES, Cels VI,34.36. “En el ámbito judío no se sentía como un oprobio, ni mucho menos, el ejercer un trabajo manual; antes bien, uno de los deberes del padre era el de enseñar a su hijo un oficio manual (TosQid 1,11¸ Billerbeck II,10s; sobre Mt 13,55 cf bSan 106ª.b)”: H: BALZ-G. SCHNEIDER, Diccionario exegético del NT, II, Ed. Sígueme, Salamanca 1998, 1706.

[20] Cf 1 Cor 9,7.

[21] Hay quien ve aquí indicios de una colectividad de bienes en las comunidades de Tesalónica. Quizá demasiado.

[22] Algo de esto aparece ya en el antiguo texto legislativo romano Lex duodecim tabularum o Duodecim tabularum leges del siglo V a.C.

[23] Quizá uno de los más famosos es el reiterado uso que Lenin hace de este dicho aplicado al socialismo soviético de principios del XX: Cf El Estado y la revolución, Ed. De Barris, Barcelona 2001 (la cita viene en el Capítulo 5, Sección 3, "La primera fase de la sociedad comunista").

[24] EG 56.

[25]  La economía no declarada en España en el año 2016 fue del 28,7%% del PIB español lo que genera unas pérdidas de recaudación fiscal próximas al 8% del PIB, unos 80.000 millones de euros anuales.

[26] El 13% de los empleados en España están por debajo del umbral de la pobreza: Cf L. DONCEL, “Cuando trabajar ya no salva de la pobreza”, en: https://elpais.com/economia/2017/11/10/actualidad/1510331929_272813.html (1-3-18).

[27] Hay quien sostiene, creemos que con un cierto cinismo por mucho que le avalen grandes universidades, que las multinacionales ayudan a salir de la pobreza en los países del tercer mundo, ya que sin estas las alternativas de la gente son las de una mayor pobreza. Es decir: sigamos creando pobres un poco menos pobres que los miserables.: Cf B. POWELL, Out of Poverty: Sweatshops in the Global Economy (Cambridge Studies in Economics, Choice, and Society) Cambridge, 2014.

[28] Esto es llamativo, por ejemplo, en la agricultura: D. ROTMAN, “De cómo la tecnología está destruyendo empleo”: en https://www.technologyreview.es/s/3615/de-como-la-tecnologia-esta-destruyendo-el-empleo (1-3-18).

[29] NUEVO TESTAMENTO, J. MATEOS  (ed.), 1007.

[30] Cf J. SOMAVÍA, El trabajo decente. Una lucha por la dignidad humana,  Ed. OIT, Santiago 2014 (texto íntegro en: http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/@americas/@ro-lima/@sro-santiago/documents/publication/wcms_380833.pdf) (2-3-18).

[31] El factor cultural y el mismo factor espiritual.

[32] F. TOXO en: https://www.elconfidencialdigital.com/dinero/convulsiones-sociales-producen-beneficios-economico_0_2671532842.html (2-3-18).

[33] G. PONTÓN, La lucha por la desigualdad. Una historia del mundo occidental en el siglo XVIII,  Ed. Pasado y Presente, Barcelona 2016, 24.

Retiro en la Cuaresma de 2018

 

Retiro en La Cuaresma de 2018

 

 

 

¡EL BIEN, QUÉ FASCINANTE!

La cuaresma entendida como conversión al bien

 

         Por muchas que sean las noticias que nos hablan del mal, de desastres, de fuertes heridas, de daños irreparables, de caminos extraviados, de sufrimientos injustos, el bien sigue siendo fascinante.

         Por mucha que sea nuestra desgana, nuestro abandono de los caminos de la fraternidad, nuestros imperdonables olvidos, nuestros desplantes innecesarios y gratuitos, el bien sigue siendo fascinante.

         Por mucho que comprobemos cómo las comunidades cristianas, en sus responsables y en sus miembros, no saltan del asiento cuando se hace el mal, por mucho que los cristianos mismos colaboremos a caminos de dudosa bondad cuando no de maldad explícita, el bien sigue siendo fascinante.

Por muchos que sean los miedos que nos atenazan y bloquean nuestro comportamiento bondadoso, por muchas que sean las ocasiones que no aprovechamos para hacer ese pequeño bien que hace más llevadera la carga que la vida nos impone, el bien sigue siendo fascinante.

Por eso nos preguntamos si no será la Cuaresma un tiempo bueno para “convertirse al bien”, para “volver al camino de la bondad”, para no desistir (como dicen sus biógrafos que vivía san Francisco) de aquella “bondad original” que no está en un paraíso perdido, sino en uno por encontrar.

La Cuaresma llega cada año puntualmente. Tiene de bueno el que se nos sirve una posibilidad más de avanzar en nuestro proceso cristiano. Tiene de “peligroso” la amenaza de la rutina y de vacío. Esto es lo habrá que trabajar, en la reflexión, en la oración, en la celebración y en los caminos de la vida. Si esta reflexión colabora a ello, la daremos por bien empleada.

Quizá este anhelo cuaresmal no sea sino la búsqueda de siempre de aquel Jesús que “pasó haciendo el bien” (Hech 10,38) y el anhelo de ir pasando nuestros días, simplemente, queriendo seguir aquella orientación explícita del Evangelio: “Sed buenos del todo como vuestro padre celestial es bueno del todo” (Mt 5,48).

 

  1. 1.    ¡Qué gran aventura el bien!

 

Comenzamos, de nuevo, con un texto de R. Argulloll, un poeta que nos inspira últimamente en su “biblia poética” Poema:

 

El mal parece cautivador

a una determinada edad,

entre la adolescencia y la juventud primera,

cuando lo inquietante, desde la penumbra,

dirige las miradas y los pensamientos.

Malvados son los héroes más seductores,

y el infierno –como han demostrado los artistas-

supera con creces al paraíso en imaginación y sensaciones.

Pero el tiempo nos da otros ojos

y, transcurridos los años,

apenas ninguna novedad ofrece el mal,

una monótona repetición de sí mismo,

con máscaras que caen y conductas que se agotan.

Ningún malvado me es ahora sorprendente,

conocidas a fondo las cloacas del alma.

¡El bien, en cambio, qué fascinante!

El bondadoso siempre sorprende,

acaso porque su pureza nos descubre

territorios desconocidos en nosotros mismos.

¡Qué gran aventura el bien

y el mal, señores, qué tedio!

                           

(Poema¸ 757)

 

  • El mal parece cautivador: Hay dentro de nosotros algo que conecta con el mal, un “Caín” (Jud 11), un morbo sobre lo malo. Y quizá no solamente en épocas de juventud, sino también después. Es lo que hace que las noticias vendan mucho, que nos llame la atención las catástrofes, los crímenes, las desgracias y no nos llame tanto la atención, el bien y la dulzura. Y, sin embargo, más allá de este cautivarnos, el bien sigue vivo y atrayente. ¿Cómo desplazarse hacia el bien dejando de admirar el mal?
  • Malvados son los héroes: No hay más que ver las novelas, las películas, los videojuegos. Casi todos sobre gentes malvadas, pocas sobre gentes o situaciones bondadosas. Las películas violencia en TV son el pan de cada día. Quizá sea, en parte, porque los héroes de la bondad (los entregados, los justos, los santos) han sido despojados de humanidad y eso los ha alejado del camino humano que se relaciona tanto con el mal.
  • El tiempo nos da otros ojos: Porque nos vamos cansando, si es que ya no estamos aburridos, de tanta historia de maldad. Historias que se repiten siempre con el mismo esquema. Las tenemos ya vistas, leídas, sabidas. Incluso las hemos banalizado y somos capaces de comer mientras el telediario desgrana su tremendo mal. Ya nos hemos habituado a “las cloacas del alma”.
  • ¡El bien, en cambio, qué fascinante!: Aunque no lo publiciten, aunque lo ignoren, aunque los menosprecien. En cuanto asoma la cabeza, sigue tocándonos, sigue llegándonos al fondo del corazón, porque ese fondo es casa para la bondad, “territorios de nosotros mismos”. Por eso, cuando los ojos se deslizan, cansinos, sobre las páginas del periódico, con frecuencia se detienen en temas, en fotos que muestran ese lado bueno de las entrañas humanas que aparece tímidamente pero que tiene una fuerza imparable.
  • ¡Qué gran aventura, el bien!: Aventura a la que se le llama a la persona ahora también, quedamente, sin avasallar, pero tenazmente, con la constancia de quien cree que la vida es una aventura para el logro del bien y que cualquier paso que se dé hacia él nos hace más humanos.

 

  1. 2.    Ante una fotografía

 

 

 

         Posiblemente siga siendo verdad aquello de que una imagen vale más que mil palabras. Quizá contemplando una foto hermosa podamos acercarnos al mensaje que nos queremos dar.

-         Un árbol esbelto y pujante en medio de un abismo. El bien, al que les basta una pequeña grieta para vivir. Nadie diría que ahí puede prosperar un árbol tan frondoso. Todos creeríamos que en ese lugar había sitio solo para el derrumbe, la caída, el abismo. Y él brota con fuerza, tomando sus nutrientes, quizá, de la roca oscura y la humedad del mar azul que se adivina en el trasfondo. El bien imparable.

-         No importa que esté rodeado de “mal”, de adustas rocas. Él las hace compañeras suyas, y convive con ellas sin renunciar a su hermosura. El bien que no maldice, que no excluye, que no expulsa a nadie sino que es capaz de convivir con todos, aceptándolos como son. Las mismas rocas se beneficiarán algo de su sombra, de la humedad que pueda aportar, de la belleza de la variedad.

-         Por eso las rocas lo contemplan, como, a la larga, el mal se pliega al bien y la misma sociedad, tan “malvada” con frecuencia, admira a quien hace el bien, aunque tal vez no lo diga. Pero el bien nos conmueve mucho más que el mal, aunque no meta tanto ruido como este.

-         No es solo el árbol una rara excrecencia de la roca: es decirles a las rocas, ásperas y grises, que ellas también están llamadas al bien, que ellas también tienen alma, como decía Benedetti, aunque estén en silencio. A la larga, el bien es el que marca el camino, no el mal, por mucho que nos empeñemos en no andar por tales sendas.

-         Es también una parábola ecológica: la naturaleza nos enseña de muchas maneras el camino del bien. Basta con mirar y descubrir el lenguaje de las criaturas que, casi siempre, es lenguaje de bondad.

 

 

 

  1. 3.    Iluminación bíblica: Lc 14,1-6

 

“Un día de precepto fue a comer a casa de uno de los jefes fariseos, y ellos lo estaban acechando.

Jesús se encontró delante de un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los juristas y fariseos, preguntó:

-¿Está o no está permitido curar en día de precepto?

Ellos se quedaron callados. Jesús cogió al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo:

-Si a uno de vosotros se le cae al pozo el burro o el buey, ¿no lo saca enseguida aunque sea día de precepto?

Y se quedaron sin respuesta.

 

  • El texto está inserto en el viaje de Jesús a Jerusalén. Viaje áspero (“frunció el ceño” 9,51) y, por lo mismo, la escena de Lucas es cortante en toda su expresión. Como quien no admitiera preguntas ni discusiones. El carácter fuerte con que Lucas dibuja a Jesús.
  • Se plantea un nuevo enfoque del precepto que todos conocemos: la persona por delante. El bien como algo ineludible. Es algo inverosímil para aquella época de increíble presión religiosa. ¿Dónde aprendió la libertad? ¿En las noches de oración? ¿Fue una excepción? ¿No hubo otros anhelantes de libertad en Israel (recordar Judas el Galileo)?
  • “Como nosotros en todo, menos en el pecado”, dice Heb 4,15. Pero los evangelios evidencian que pecó en el marco de su moral religiosa, al menos en este tema del sábado (como en el tema de las purificaciones, etc.). Libertad para pecar cuando el bien de la persona está en juego (“De Jesús impactaba su libertad para bendecir y maldecir, acudir a la sinagoga en sábado o violarlo, libertad en definitiva, para que nada fuese obstáculo para hacer el bien”: J. Sobrino). Algo decisivo para los trabajos de la libertad.
  • Hay en el Jesús evangélico un cierto afán por meter el dedo en el ojo en esto del sábado, por hacer ver, a contracorriente, que la persona está por delante de la norma (Lc 13,14). La “inútil” lucha de Jesús contra el precepto; la siembra de semillas de libertad y de bondad esencial.
  • Esto del buey o del asno era algo que tenía entre ceja y ceja (sale dos veces: en Lc 13,15 habla de llevar a abrevar en sábado, con ocasión de la curación de la mujer encorvada). Argumentos ad hominem para aquella época rural: un buey o un asno vale mucho dinero y no todos los tenían. ¿El bien económico ha de ser considerado y el bien de la persona no?
  • Los treinta y nueve trabajos prohibidos en sábado (para forzar a la contemplación del sábado) dejaban un resquicio en relación con los enfermos: estaba permitido calentar agua para lavar a un enfermo. Jesús amplía esta permisividad por el valor que otorga a la persona. El bien que se abre paso más allá de cualquier normativa deshumanizada.
  • Hay que valorar el sofoco social que una norma religiosa tan fuerte como el sábado ejercía en la sociedad de Jesús (aún hoy día hay vestigios fuertes en Israel) para medir la osada libertad de quien contraviene tal presión en favor de la persona, no porque se esté en contra de la espiritualidad del sábado (Jesús es espiritual). De lo que se está en contra es de la gestión que la religión hace de tal espiritualidad que termina siendo insensible a la necesidad de la persona y bloquea la acción de la bondad.

 

  1. 4.    Reflexión

 

  • “Tú eres el bien”: Así se dirigía san Francisco a Dios. Creer y difundir el perfil de un Dios exclusivamente bueno, tapando todos los resquicios dogmáticos que ponen en duda tal certeza (infierno, juicio, temor, etc.). No apearse de ello por mucha que sea la evidente maldad de los humanos. Creer que la bondad y el amor de Dios engloban a la misma justicia. Hablar bien de Dios, pensar bien de él, creer que se relaciona con bondad con nosotros, hablar bien de él antes que definirlo en contornos religiosos que lo aprisionen. 
  • Alguien bueno: Ese es Jesús en su perfil general de los evangelios. Aunque no le gustaba que le llamaran bueno: “¿Por qué me llamas bueno?” (Mc 10,18). La gente lo veía como bueno: “Enseñas el camino de Dios con verdad” (Lc 20,21). ¿No nos resultaría más beneficioso para la experiencia espiritual subrayar la bondad esencial de Jesús que sus títulos divinos? ¿No llegaríamos a contagiarnos mejor de tal bondad y obraríamos como discípulos que reproducen la sendas del maestro? No cansarse de subrayar, admirar, disfrutar y animarse con la bondad de Jesús. Hacer “compatibles” ciertos textos del Evangelio con tal bondad (por ejemplo las diatribas de Mt 23). 
  • Santos por bondadosos: No santos por milagros, por elocuencia, por penitencia, por virtudes insólitas. Santos por su mera bondad. Santos religiosos y laicos, creyentes y no tanto. La santidad le viene a la vida humana por la bondad, no por vía de milagros, por mucho que la oficialidad concrete ahí la cosa. Por eso, algunos teólogos hablan de “la santidad de vivir”: “A este anhelo de sobrevivir en medio de grandes sufrimientos, los trabajos para lograrlo con creatividad, resistencia y fortaleza sin límites, desafiando inmensos obstáculos, lo hemos llamado la santidad primordial. Comparada con la oficial, de esa santidad no se dice todavía lo que en ella hay de libertad o necesidad, de virtud u obligación, de gracia o mérito. No tiene por qué ir acompañada de virtudes heroicas, pero expresa una vida toda ella heroica. Esa santidad primordial invita a dar y recibir unos a otros y unos de otros, y al gozo de ser humanos unos con otros” (Jon Sobrino). 
  • Tiempos nuevos: A veces percibimos con mucha agudeza que las cosas están cambiando profundamente, que se abre una nueva etapa en la sociedad y en la Iglesia, que amanecen nuevas espiritualidades. Todo ello constituye una suerte, la de poder vivir en estos tiempos nuevos. Pero sigue en el fondo de todo cambio un denominador común: la bondad siempre estará de actualidad, el bien siempre tendrá una palabra que decir y estará presente en estos tiempos nuevos como la argamasa que une el cimiento de lo humano. De ahí la necesidad y la hermosura de asentar la vida sobre ese cimiento.

 

  1. 5.    Derivaciones

 

  • Dejarnos envolver: Dejarse subyugar por la fascinación del bien. Y, en consecuencia, positivizar nuestra vida, alejarnos lo más posible de cualquier negativización de salida. No echar leña el fuego del desaliento, de la crítica negativa. Tratar de curar esas heridas que anidan en el fondo del corazón y que destilan amargura. Vivir en estado de bondad todo lo más posible.
  • Bondad cotidiana: Que es lo mismo que decir: situar una actuación bondadosa en los caminos sencillos de cada día, en las cosas de poca relevancia, en las tareas comunes, en la oración diaria compartida con quienes creen. Lo dice E. Sábato: “La vida es siempre novedosa. Por eso, a pesar de las desilusiones y frustraciones acumuladas, no hay motivo para descreer del valor de los gestos cotidianos. Aunque simples y modestos son los que están generando una nueva narración de la historia, abriendo así un nuevo cauce al torrente del bien”. El torrente del bien: dejarse anegar por ese torrente.
  • La hermosura de cada día: Tal vez para ilusionarse cada vez más con el bien sea necesario sintonizar cada vez más con la hermosura de cada día, de los valores cotidianos: del don sagrado que es vivir y respirar, del fraterno del propio cuerpo y del cuerpo de los otros, de las obras hechas en común y en conexión con otros para el bien de todos, de la pertenencia cósmica en la casa común, de las huellas nimias de lo divino en las criaturas tan humildes. De nuevo Sábato: “Si nos volvemos incapaces de crear un clima de belleza en el pequeño mundo a nuestro alrededor y solo atendemos a las razones del trabajo, tantas veces deshumanizado y competitivo, ¿cómo podremos resistir? ¿Cómo podremos ser buenos?”.
  • El rostro del bien: la generosidad: Un valor muy apreciado por Jesús con el que ha dibujado el perfil mismo de Dios: “¿Vas a ver tú con malos ojos que yo sea generoso?” (Mt 20,15). Por eso mismo la generosidad es lo que pone rostro a la bondad. Muchos nos preguntamos, a veces, por qué la Iglesia genera rechazo social. Y la primera respuesta es: por su escasa generosidad. Si esta se diera con fuerza, el rechazo sería mucho menor. Pero si se la percibe tacaña, el bien se oscurece y la misión del bien se imposibilita. Lo mismo pasa a nivel de comunidad cristiana cercana: si queremos hacer parte de una sociedad activa y solidaria, la generosidad será imprescindible. Se convierte, como decimos, en rostro y lenguaje del bien.

 

  1. 6.    Itinerario cuaresmal

 

  • Semana del 18-24 de febrero: La bondad en las palabras: Tratar de tener buenas palabras, moderar las frases cortantes, tratar de ser lo más amable posible. Escribir cada día una palabra buena y ponerla encima de la mesa del cuarto: la palabra buena del día. Que quien quiera ponga en el suelo de la capilla palabras buenas que sean sentidas, verdaderas.
  • Semana del 25 de febrero al 3 de marzo: La bondad en los gestos del cuerpo: Intentar ser risueño, no ponerse nervioso porque nos demandan cosas, no perder la calma en las conversaciones. Mirar al propio cuerpo y al de los hermanos con bondad. Poner delante una foto del grupo en el que se vive con alguna frase alusiva (“Nuestros cuerpos celebran tu bondad”, por ejemplo).
  • Semana del 4 al 10 de marzo: La bondad en la oración generosa: Ejercer la bondad orando con conciencia junto a las necesidades de quienes más necesitan ser mirados con bondad. Poner nombres a la oración. Mirar con bondad las situaciones por las que se ora. 
  • Semana del 11 al 17 de marzo: La bondad que se mira en la bondad de Jesús: Regocijarse de la bondad de Jesús; sentirse espoleado por ella. Copiar frases del Evangelio donde se diga que Jesús es bueno o hace el bien. Regalarse tales frases.
  • Semana del 18 al 24 de marzo: La bondad de la Pascua que se avecina: Prepararse para la celebración de la Semana Santa y de la Pascua. Desear celebrarla bien, con disfrute, con cuidado, con novedad. Dejar espacio al corazón.

 

Conclusión

 

         La Cuaresma tiene sentido en la medida en que apunta a la Pascua. Y ésta, de algún modo, es la celebración del Jesús bueno en su honda entrega de bondad. Por eso, si el bien nos fascina cada vez más es posible que la Pascua se nos presente más luminosa, más envolvente. Lo diremos en la primera noche de la Pascua: “¡Qué asombroso beneficio de tu amor con nosotros!”. Eso es la pascua: un beneficio de amor, un hacer bien desde el amor. Esa es la Pascua de Jesús. Ojalá fuera también la nuestra.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño, febrero 2018

Caminando tras un sueño

CAMINANDO TRAS UN SUEÑO

Una lectura social de Heb 11,1-12,13

 

 

 

Introducción

 

            ¿Resulta posible hacer una lectura social de un texto como Hebreos? Es cierto que el tema central de este texto, su peculiar tratamiento del tema del sacerdocio[1], ha de entenderse en modos existenciales y no religiosos porque “la consagración sacerdotal de Cristo consistió en la transformación íntima de su humanidad; ésta, libre de pecado, pero sujeta a las consecuencias del pecado de la raza humana, alcanzó la perfección consumada al aceptar su propia existencia, con su dolor y tragedia, y ofrecerla a Dios, transformando la naturaleza humana de rebelde en obediente”[2].

            Aun teniendo esto por cierto, habrá que decir que la cercanía del tema religioso del sacerdocio del AT, con un vocabulario similar y una confrontación para explicarlo próxima a los viejos modos cultuales religiosos, hace que, al final, siendo Jesús un laico termina siendo sacerdote y fundamentando la espiritualidad sacerdotal de una nueva religión.

            Así es, la mística sacerdotal derivada de Hebreos hace que una lectura social de la misma sea prácticamente imposible en el tema del sacerdocio. Por eso nosotros, aun a riesgo de ser parciales, tomaremos una sola sección, la cuarta, para tratar de buscar el fondo del texto de Hebreos que coincide con un anhelo y persistente desde los albores de lo humano: el sueño de que la tierra sea una casa común en la que poder vivir en paz: “A lo largo de la historia, muchos han creído en este ‘sueño’ y los que lo han realizado dan testimonio de que no se trata de una utopía irrealizable”[3].

            Creemos que Heb 11,1-12,13 se inscribe en este tremendo esfuerzo que va tras ese sueño de la tierra como casa común para los humanos. Y esos anhelos conectan con los anhelos de millones de migrantes que hoy deambulan, muchas veces perdidos, por el entramado de caminos de la tierra[4].

            Puede pensarse, y con razón, que descontextualizar un texto es anularlo. Pero en nuestro caso no hay tal descontextualización. Efectivamente, tras la primera parte en la que se establece la realidad del mediador (1,1-2,18) y una segunda en que se explica sus cualidades (3,1-5,10) se entra en la parte central en que se desarrolla la índole del sacerdocio de Cristo cima y término de todo sacerdocio (5,11-10,39). Pero, dado el desaliento que parece rondar a la comunidad destinataria del texto, cosa que dejaría en nada la hermosa espiritualidad propuesta, se quiere animar proponiendo la fe y esperanza de los antiguos (11,1-12,13). Es decir, ¿dónde está el motor de una mística como la de la entrega de Jesús? En la entrega de quienes, desde antiguo y hasta hoy, han sido capaces de dar su vida por una tierra humana. Sin esta mística histórica, la bella teoría espiritual queda sin base.

            Ahí se conecta con la trayectoria herida de todos aquellos que hoy, como los antiguos, recorren caminos no solamente por pura necesidad sino, quizá sin saberlo ellos mismos, por construir en camino de lo humano: “No llegan con las manos vacías: traen consigo la riqueza de su valentía, su capacidad, sus energías y sus aspiraciones, y por supuesto los tesoros de su propia cultura, enriqueciendo así la vida de las naciones que los acogen”[5].

            De tal manera que una lectura social de Heb 11,1-12,13 ha de terminar revirtiendo las actitudes de quienes se dicen lectores de la Palabra. De esa manera cumplirá su cometido la Palabra que “es viva y enérgica, más tajante que una espada de dos filos” (Zôn kai energês kai tomôteros hyper pasan makhairan distomon: 4,12).

 

1. La esperanza de los albores (Heb 11,1-7)

 

            Toda la sección se abre con el famoso axioma “es la fe anticipo de lo que se espera, prueba de las realidades que no se ven” (Estin de pistis elpizomenôn hypostasis, pragmatôn elegkhos ou blepomenên: v.1). Es un texto de notable profundidad, un clásico “crux interpretum”. Hay que decir, en primer lugar, que el textoconstituye uno de los dos temas fundamentales de Hebreos (el otro es el cristológico): el modo de hacer el iter histórico desde un lado creyente[6].

            Ya hemos dicho que el sermón que es Hebreos tiene como finalidad catequética avivar una fe cansada y rutinaria, ya a finales del siglo I. Es la fe sin brío (6,11s), cobarde e inconstante (10,35-39). “La fe que ejemplifica el autor tiene muchas facetas, pero globalmente es una persuasión y una certeza que permite ver más allá de las circunstancias inmediatas, haciendo que el hombre pueda desafiarlas, en vistas a la meta futura”[7]. Esa certeza es la que mueve el caminar histórico de tantos sufrientes, ya desde los albores de la humanidad. Sin esa esperanza sus andanzas difíciles perderían sentido y la utopía de esa meta se vaciaría de contenido.

            Tal esperanza ha sido el “testimonio” (Emartyrêthêsan: v.2) de los antiguos que ha conllevado la aprobación de Dios. Dios mismo corrobora con su testimonio el testimonio de los que, desde antiguo, caminaron en la senda de una historia entregada. Esto es lo que lleva a deducir que la historia, por equívoca que se quiera, tiene un sentido, “el orden de Dios forma los mundos” (Katêrtisthai tous aiônas rêmati Theou: v.3a) y desvela un secreto que subyace en el fondo de lo que ocurre “haciendo que lo visible surja de lo que no aparece” (Eis to mê ek phainomenôn to blepomenon gegonenai: v.3b). Es el valor secreto de los caminos históricos que no quedan desautorizados por su fragilidad y su tragedia.  

            Urgando en los albores de la historia, en los balbuceos de esta historia de entrega el autor propone tres ejemplos: Abel, Henoc y Noé. Entiende el autor las ofrendas de Abel como un “sacrificio superior” (Pleiona thysian: v.4a).La fe que subyace al Dios de bondad en su sacrificio “testimonia su rectitud” (Di’hês emartyrêthê einai dikaios: v.4b). No es de extrañar que esa fe siga “hablando todavía” (Eti lalei: v.4c)[8]. Es decir, por mucho que el caminar histórico comience de la peor manera posible, con un asesinato entre hermanos, la trayectoria histórica encierra un valor que apunta a la vida, “clama” todavía. El clamor de quien camina no puede ser sofocado.

            En contraste con este comienzo oscuro, se fija el autor en la figura de Henoc. De entre la larga lista de descendientes de Adán, Gén 5,1ss de Henoc es el único del que se subraya su fidelidad (Gén 5,21-24): “fue fiel a Dios” (euêrestêsen de Enôch tô Theô). Por eso mismo, en lugar de morir, “desapareció porque se lo llevó Dios” (Ouk êurisketo dioti methêken auton ho Theos: v.5b)[9]. En los momentos más oscuros del itinerario humano brilla la fidelidad y la humanidad en personas que no se apean de la bondad por mucho que los rodee el mal.

            La tercera figura de los orígenes es Noé  que creyó el oráculo “de lo que aún no se veía” (Peri tôn mêdepô blepomenôn: v.7a), de eso que subyace a las circunstancias y que despista hasta llegar a deshumanizar. Noé prepara el arca como argumento contra “la sinrazón del mundo” (Di’hês katekrinen ton kosmon: v.7b), aquello que lleva a creer que el camino de la historia está abocado al fracaso. Con ello “adquirió derecho a la salvación” (Dikaiosynês egeneto klêronomos: v.7b). El “derecho” a la salvación se adquiere en la fe humanizadora que se tiene sobre el camino humano[10].

 

            Derivación: los duros itinerarios de las migraciones

 

            Cuando un emigrante arriba a un país trae consigo la experiencia, casi siempre traumática, de su propia migración. En el caso de las migraciones africanas hacia Europa el paso por el desierto de Libia y Argelia es paradigmático. Es un paso a través de la muerte. Si cada día muere una media de catorce personas intentando cruzar el Mediterráneo[11], las muertes de quienes cruzan el desierto por Libia, toda vez que Senegal y Mauritania están cerradas, es comparable al número de muertes en el mar. Argelia y, sobre todo, Libia son para los migrantes africanos un infierno, algo cainita. Los derechos humanos no existen en los campos de concentración de refugiados[12].

Ninguna migración se ha hecho en la historia sin pagar tan alto precio. Pero ahora, en pleno siglo XXI, se tienen los medios, políticos y económicos, para poder ejercer un control más severo. Dado que los migrantes provienen de países empobrecidos y las pobrezas no cuentan en el mundo globalizado, la vigilancia es mínima y los desastres humanitarios quedan enterrados con los mismos cadáveres. Por eso mismo, para poder comprender algo de esta masacre humana que nos avergonzará en el futuro es preciso, en primer lugar, “escuchar el dolor de las víctimas desde el caos en el que todas ellas deambulan, como si sus vida y su mundo ya no formasen parte de la creación de Dios”[13].

Y luego la pregunta se vuelve contra nuestra misma sociedad porque este elemento de muerte es provocado, en parte, por ella: “Por si fuera poco, se ensaña con ellos el lenguaje periodístico, los explotan las mafias, los condenan sin juicio las opciones políticas de naciones que se dicen civilizadas; se les condena a sufrimientos –desde el abandono hasta el apaleamiento- que nadie toleraría que se infligiesen a un animal. Y para millares de esos seres humanos el castigo es la muerte”[14]

            Pero también es preciso desvelar la humanidad que late en esos duros caminos, sobre todo en el socorro que las víctimas se dan entre ellas, más allá de la consiguiente explotación que los pobres ejercen también sobre los pobres. Hay humanidad y brilla en ese escenario de manera más viva que en otros contextos. Los caminos del desierto y las aguas del mar se tragarán, junto con sus muertos, miles de gestos de ayuda que ellos mismos se han dado en su terrible desamparo. Fieles a lo humano como nuevos Henoc.

            Y luego están esos que saben ver más allá de lo que se ve, personas que tanto desde el lado humano como desde el cristiano no cejan, con la tenacidad de un nuevo Noé que construye pacientemente su arca, en soñar una sociedad nueva y una fe nueva vuelta al pobre. Lo vemos en quien como el papa Francisco sigue confiando en la posibilidad de nuevos pactos a nivel mundial para beneficio de los migrantes: “Deseo de todo corazón que este espíritu anime el proceso que, durante todo el año 2018, llevará a la definición y aprobación por parte de las Naciones Unidas de dos pactos mundiales: uno, para una migración segura, ordenada y regulada, y otro, sobre refugiados. En cuanto acuerdos adoptados a nivel mundial, estos pactos constituirán un marco de referencia para desarrollar propuestas políticas y poner en práctica medidas concretas. Por esta razón, es importante que estén inspirados por la compasión, la visión de futuro y la valentía, con el fin de aprovechar cualquier ocasión que permita avanzar en la construcción de la paz: sólo así el necesario realismo de la política internacional no se verá derrotado por el cinismo y la globalización de la indiferencia”[15]. Y desde el lado cristiano: “¿Dirías que haces caridad si das de comer a tu hijo? Tú sabes que se lo debes, sencillamente, porque es tu hijo. Pues tampoco haces caridad cuando das de comer al hambriento, pues la fe te enseña que, en él, es a ti mismo a quien alimentas”[16].

 

2. El anhelo de otra humanidad (Heb 11,8-22)

 

            Todo texto se lee desde un paradigma ideológico, el del lector que es el “padre o la madre” del texto huérfano. Por eso mismo, aunque el autor del texto lo escribiera desde su propio paradigma, el lector puede “imponer” el suyo y eso no traiciona al hecho de lectura. Lo decimos porque el paradigma de Hebreos es, evidentemente, el dualismo cielo-tierra, este mundo vs la patria celestial. Pero ese paradigma puede ser sustituido por el de inhumanidad-humanidad, relaciones humanas deficientes vs relaciones humanas plenas. Esto no desposee de mística al texto sino que le ofrece un paradigma nuevo con una mística sugerente. Desde ahí seguimos leyendo Hebreos.

            Resulta prototípica la figura de Abrahán, el migrante por antonomasia en el AT. Es el que “sale…sin saber a dónde va” (Exêlthen mê epistamenos pou erkhetai: v.8c). En ese salir sin la concreción de la llegada queda dibujada perfectamente la actitud de quien tiene horizontes más amplios que su propia situación. La inconcreción de “la herencia” (Klêronomian: v.8b) admite una lectura amplia: una tierra de humanidad porque tierra física ya la tenía Abrahán en su Ur de Caldea. Es la ciudad de los “cimientos” (Tous themelious: v.10a) verdaderos porque son los cimientos del “constructor” (Technitês: v.10 b) que es Dios. La ciudad de Dios es la que concita el deseo humanizador de Dios, la ciudad donde las relaciones entre humanos son posibles. La salida de Abrahán resulta así paradigmática para la búsqueda de quien migra en pos de un horizonte más humano.

            Su misma descendencia se inscribe en ese anhelo. Para tener hijos no hacía falta salir; para tener hijos de honda humanidad, descendencia humanizadora, sí. Su mujer Sara recibe ese “poder de asentamiento de semilla” (Dynamin eis katabolên spermatos: v.11a). Ya que la humanización de la progenie humana es un “poder” y ha de hacerse con el poder del anhelo de lo humano. Por eso los “hijos numerosos” (Tô plêthei: v.12c) son el sueño de una humanidad fraterna, el verdadero sueño de la humanidad reconciliada[17].

            Esta es la condición humana: ser “extranjeros y peregrinos en la tierra” (Xenoi kai parepidêmoi: v.13c) andar tras ese sueño de la ciudad de relaciones humanas. Tras ese sueño han andado todos estos padres del caminar humano y lo han “saludado de lejos” (Alla porrôthen autas idontes: v.13b). Su “búsqueda de la patria” (Hoti patrida epizêtousin: v.14b) los ha definido a ellos y a todos los humanos: buscadores de la patria de la igualdad y la fraternidad. No eran apátridas, pero buscaban “otra patria mejor” (Kreittonos oregontai: v.16a), esa donde la persona llega a tocar el corazón de la otra persona, la casa del corazón, la verdadera casa. De ahí que la patria “celeste” (Epouraniou: v.16b) haya de entenderse como la patria que contiene los valores del cielo, los valores de Dios. Esos valores no son otros sino aquellos que conforman la honda humanidad que anhela la persona. No es la patria celestial un lugar, sino una relación de amor[18].

            Quien camina con estos anhelos, tarde o temprano, ha de afrontar la realidad de la muerte, no solo para luchar contra ella y sortearla en la medida en que se pueda, sino, yendo más al fondo, para entenderla en su enorme paradoja. Eso es lo que, en realidad, ha ocurrido con el caso de Isaac. Abrahán lo ofreció “estimando que Dios tiene poder para levantar de la muerte” (Logisamenos hoti kai ek nekrôn egeirein dynatos: v.19a)[19]. Es decir, en el itinerario abrahámico la amenaza de la muerte es leída como posibilidad de vida. De ahí la paradoja: “exponiéndolo…lo recobró” (Othen auton kai en parabolê ekomisato: v.19b). La grave exposición a la muerte que conlleva la itinerancia es, cuando se la mira de frente, una manera de recobrar la vida, un abrirse a dimensiones nuevas del vivir.

            La dura itinerancia no está exenta de “bendiciones” ya que, en sí misma, puede ser considerada como una enorme maldición tener que abandonar la propia tierra. Las bendiciones de Isaac y de Jacob, paradigmáticas, logran que la itinerante familia patriarcal vaya dando cauce y asilo a la promesa de la alianza con Dios. E, incluso, no quedan totalmente al margen las posibilidades de un retorno a la patria originaria. De ahí las promesas de José a Jacob[20] y las del mismo José[21].

 

            Derivación: el horizonte de unas relaciones humanas nuevas

 

            Posiblemente, la gran aporía de lo humano, su más profundo interrogante se resuelve en el éxito o fracaso de las relaciones. Estas son el rostro y el contenido de verdad. Las relaciones humanas satisfactorias llevan a niveles más altos de felicidad. En ese sentido, las migraciones necesitan clarificar lo más posible la distinción entre prosperidad y felicidad. La prosperidad económica es, en cierto modo, necesaria para una felicidad básica. Pero prosperar no es lo mismo que ser feliz. “Sociedades como la nuestra, movidas por millones de hombres y mujeres que buscan la felicidad, se vuelven más prósperas, pero no está nada claro que se vuelvan más felices”[22]. Buscar únicamente la prosperidad puede llevar a una nueva infelicidad. De ahí la necesidad de poner el acento principal en el logro de unas buenas relaciones humanas como horizonte de la vida y de cualquier migración. Puede sonar esto a ironía ante la vida de extrema pobreza de muchos emigrantes, pero si en ellos anida únicamente la búsqueda de prosperidad, las disfunciones pueden surgir a borbotones.

            El logro y la mejora en las relaciones pasa por concreciones sociales como los trabajos por lograr ciudades más humanas, tanto en su hábitat como en su mística de convivencia. El papa Francisco exclama: «¡Qué hermosas son las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo! ¡Qué lindas son las ciudades que, aun en su diseño arquitectónico, están llenas de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro!»[23]. Es decir, el gran valor de las ciudades no es su diseño arquitectónico, sino las buenas relaciones de sus habitantes. En ese sentido, las migraciones puede ser un factor de crecimiento en las relaciones humanas tanto para quien acoge como para quien es acogido. Frente a políticas de expulsión y exclusión se levanta la voz de una ciudadanía que considera a los migrantes como una riqueza para la construcción de las relaciones humanas[24].

            Este anhelo de las buenas relaciones tiene, al decir del papa Francisco, cuatro piedras angulares que es preciso conjugar: a) Acoger: aumentar las posibilidades de entrada legal, no expulsar a los migrantes a los infiernos de los que vienen, la continua vigilancia sobre los derechos fundamentales; b) Proteger: mantener viva la dignidad inviolable de los que vienen, en particular de mujeres y niños, más allá de riesgos de auténtica esclavitud; c) Promover: apoyar el desarrollo humano e integral de los migrantes sobre todo a través de una educación integradora; d) Integrar: participación en la sociedad que acoge a los migrantes y dinámica de enriquecimiento mutuo[25].

            La itinerancia puede conllevar también una serie de auténticas bendiciones para quien acoge y para quien es acogido. Efectivamente, más allá de la “bendición económica”, indudable, hay otras bendiciones de componente más humano que vienen a nosotros en la persona de quienes anda caminos de lejanía de su patria[26]. Nos referimos a bendiciones como: a) la bendición de lo mezclado, de la pluralidad, de lo variado, de los esquemas múltiples; todo esto aleja de pensamientos únicos desenfocados, de percepciones de la vida de una sola perspectiva con su inherente riesgo de engaño; b) la bendición de la mirada ampliada, ya que el localismo tiende a una mirada reducida y, con ello, a una estrechez manifiesta en la comprensión de la realidad; c) el beneficio de las lenguas enriquecidas, que, aunque sea de forma deficiente, facilita la honda comunión humana que se construye a través del lenguaje; d) el beneficio del agradecimiento que despierta el corazón, ya que agradecer lo que se da y lo que se recibe construye una red de buenas relaciones que descubre el otro lado más allá de la pobreza y la diferencia; d) el beneficio de las creencias que pulen en la relación, ya que la fe tiende a creerse unívoca y de valor exclusivo; percibir el valor de las otras fes no lleva a la pérdida de valor en la propia sino al enriquecimiento mutuo. Puede parecer que estas “bendiciones” son muy fluctuantes, pero con ellas se construye el misterio de la relación humana nueva.

 

3. Itinerarios liberadores (Heb 11,23-31)

 

            Toda la epopeya de Moisés es leída en hebreos desde la perspectiva de “la recompensa” (Misthaposdosian: v.26c). Este término, que solamente aparece en Hebreos[27], se entiende, en el paradigma del autor, como la recompensa final que Dios da a quienes practican la justicia. Desde ahí se lee el hecho inicial de que “lo escondieron” (Ekrubê: v.23a), el rehusar la adopción de la hija del Faraón (Êrnêsato legesthai huios thygatros Pharaô: v.24b) y el arrostrar “la cólera del rey” (Ton thymon tou basileôs: v.27b). Había en Moisés, según el autor, una honda intuición de los acontecimientos que le llevaba a percibir el amparo de Dios en el épico peregrinar con el pueblo, “como si viera al Invisible” (Ton gar aoraton ôs orôn ekarterêsen: v.27b).

            De ahí habrá que decir que, en ese caso, la recompensa se hace colectiva porque es el conjunto del pueblo el que experimenta el amparo liberador de Dios y desde ahí se le llama a una vida liberadora, cosa que Israel, por su endogamia religiosa, cumplió en modos escasos. Pero estaban llamados a ser “luz para las naciones” (Phôs eis apocalypsin ethnôn) renunciando a la gloria personal de Israel[28]. Y esto ya desde los comienzos de aquel itinerario fundante del éxodo.

            En esa línea va la síntesis de los tres puntales del éxodo: pascua, paso del mar Rojo, Jericó[29]. La pascua se convierte así en una celebración de fe, lo mismo que el paso del mar y la conquista de la ciudad de Jericó. Es la misma fe liberadora que ha animado toda la epopeya exódica. No es de extrañar que estos episodios se rememoran continuamente en la historia de Israel, un pueblo que ha sufrido en sus carnes toda suerte de esclavitudes, por más que llegaran a creerse que “nunca han sido esclavos de nadie” (Oudeni dedouleukamen)[30].

            En el caso de Rajab, la prostituta, es “la amistad” (Met’eirênês: v.31) por encima de toda diferencia la que allana el camino de las relaciones. Es cierto que, según Jos 2, es una amistad interesada, pero los “peregrinos” a la tierra de Canaán encontraron en ella un punto de contacto que facilitó la conquista de la tierra, su “liberación”[31].

 

            Derivación: migraciones liberadoras

 

            Viendo las opresiones y esclavitudes que, con frecuencia, caen sobre los caminos de quienes emigran, hablar de migraciones liberadoras puede parecer una burla. Pero, en realidad, hay en esos flujos de personas unos valores de liberación indudables. Están, por un lado, las liberaciones más inmediatas, más de la historia cotidiana: a) la liberación de las garras tenaces del hambre,  la guerra, la persecución, la amenaza de lo más elemental de la vida; b) la liberación de estructuras económicas opresoras a las que, hoy por hoy, no se les ve ningún horizonte; c) la liberación de una tierra que la han vuelto improductiva, privatizada, hasta el punto de ser expulsados de ella, una tierra que, hoy por hoy, no acoge al frágil.

            Además están las liberaciones que se instalan en el más adentro de las profundidades humanas de quien emigra: a) la liberación de esa certeza que corroe el corazón con el discurso de que no hay sitio en la tierra para la persona que emigra; b) la del temor a la pérdida de dignidad, ya que, en marcos de mucha herida humana, la conciencia de dignidad permanece viva, aunque maltrecha; c) la liberación de la soledad ante el desamparo, porque en los caminos de la emigración brota, con frecuencia, el gesto amparador y la persona que, contra viento y marea, pone en pie mecanismos de amparo[32]; d) la liberación de la frialdad en la cogida, porque el hielo con el que son recibidos los migrantes pobres se derrite en el corazón de personas y organizaciones más sensibles y respetuosas en los países de acogida.

            No son nada desdeñables las liberaciones espirituales que propicia la emigración a) la liberación de la creencia tosca que considera de menos valor, e incluso de falsedad, a otra religión, hasta ver que todas ellas son, de hecho, a su manera, puertas de acceso al misterio; b) la liberación de las “idolatrías” en la manera de entender a Dios que la inmigración relativiza con la naturalidad de quien ama su religión; c) la liberación de la rigidez que suele ser habitual en las prácticas religiosas al ver que otras prácticas tienen componentes tan dudosos como las propias; d) la liberación que propicia el abrirse a otras espiritualidades hasta percibir la posibilidad de incorporar elementos valiosos a las propias.

            Y, finalmente, están las liberaciones que se operan en quienes acogen a los emigrados: a) liberación de una cultura centrípeta y excluyente y de la pretensión de dominio ideológico que subyace a la certeza esclerotizada de la religión verdadera;  b) la liberación de imposiciones culturales que están incrustadas en el paradigma ideológico, tales como la de que el mundo occidental sea el civilizado contrariamente a otras zonas de la tierra entendidas como realidades con déficit cultural; c) la liberación de perspectivas personales autosuficientes, autorreferenciales que llevan a creer que por no haber emigrado (en el caso, improbable, de que se haya hecho) está uno colocado en un estatus social superior; d) la liberación de la conciencia aislada que se desentiende de las situaciones de los demás, liberación que lleva a entenderse como afectado en el problema de la emigración.

 

4. La resiliencia que sostiene el sueño (Heb 11,32-40)

 

            Queriendo resumir toda la trayectoria itinerante de la historia de Israel, el autor hace como dos grupos: los que lograron éxitos, los que resistieron. El elenco de triunfos descrito en los vv.33-35 resulta evidentemente tópico y tiene por denominador común: lo portentoso. Es una manera de ensalzar la potencia de la fe que no hace justicia a los datos históricos. Por mucha épica que se le eche al asunto, los itinerarios de la emigración, incluidos los de Israel, son mucho más pobres que ese mundo de hazañas soñadas. Quizá se esté queriendo decir que con la fe se puede triunfar por encima de toda tropelía peregrinante. Es la técnica hagiográfica: ensalzar para animar. Habría sido quizá mejor poner la pobreza de los caminos y de los caminantes como posibilidad de éxito por encima de cualquier debilidad.

            Es tal vez lo que hace a continuación describiendo las penalidades de los itinerantes y su dura resiliencia[33]. Aunque son sufrimientos tópicos, los que presenta Hebreos infunden, aún hoy, la sorpresa del gran sufrimiento en quien no ha probado tales angustias. Incluso el texto apunta explícitamente la dureza de la peregrinación humana: “andaban errantes…andaban por despoblado” (Periêlthon…epi erêmiais planômenoi: vv.37b.38a). Errantes y fuera de la civilización, como los leprosos de antaño, gente que contamina, que infecta al conjunto social, gente apestada[34]. Cuando dice el texto que “el mundo no se los merecía” (Hôn ouk ên axios ho kosmos: v.38a) está refiriéndose al mundo del poder y de la conciencia aislada. Pero, por otra parte, la dura vida de los muchos peregrinos de la historia apunta al mundo del futuro. Su resistencia es semilla de un mundo nuevo[35].

            Y el texto concluye con la certeza del valor de este talante resistente que se convierte en resiliente: llevados a la “meta” (Teleiôthôsin: v.40b) que Dios prepara era “algo mejor” (Kreitton ti: v.40a). Es decir, todas las angustias sufridas en el peregrinaje humano pueden tener un sentido en la medida en que, además de generar dolor, han generado futuro. Así es, del sufrimiento ha surgido leyes, conciencia, disposiciones económicas, colaboración, humanidad que hacen más posible el sueño de una historia mejor[36]. La pregunta, inútil por cierto, de si ha merecido tanto sufrimiento el logro de algo tan pequeño ha de ser contestada con la certeza de que eso pequeño es lo que abre las puertas a un futuro distinto.

 

            Derivación: la resistencia que genera esperanza

 

            Esa es la resistencia de los migrantes que, en muchos casos, se transforma en resiliencia, en nueva fuerza para resistir al embate de lo inhumano. Así es, la emigración deja ver que la necesidad se transforma en sueño, no en derrota. Quienes emigran saben, o al menos intuyen, el alto precio que han de pagar, a veces en moneda de vidas humanas. Los saben quienes cruzan el Sáhara, el Mediterráneo o quienes atraviesan México y sus tremendas fronteras. Y, sin embargo, se lanzan a una aventura incierta y vertiginosa en la que pueden perder todo, su mejor valor, su vida. No ceden, como seguramente lo hacen muchos de sus compatriotas, a la derrota del resignado, a la muerte en los modos de una vida empobrecida y sin horizontes. En ese sentido, su resistencia es motor de esperanza.

            Una resistencia de mayor calidad aún es la de aquellos que, forzados por las circunstancias sociales o políticas, tiene que emigrar como pueblo, como sociedad, a veces en cifras descomunales[37]. Es la honda resistencia de las pobrezas entendidas no solamente como destino personal, sino también social. Su resistencia a desaparecer no es mero instinto de supervivencia, sino también la certeza, siquiera difusa, de que es una injusticia imperdonable que, desde siglos, se les niegue un lugar en la tierra. Y cuando estas comunidades sociales renuncian a la vía violenta, todavía su capacidad de profecía del sueño humano es aún mayor[38]. Realmente, como lo dijo el papa Francisco en su visita a Bangladesh en 2017, habría que comenzar por pedir perdón por estas tropelías gigantescas que desencadenan migraciones de durísimas consecuencias[39]. Que sigan viviendo con conciencia de pueblo en tales circunstancias los aproxima a la situación de aquel exilio de Israel en que, según los profetas, Dios estaba presente.

            Tras lo que los migrantes sufren en su periplo peligrosísimo sería comprensible que perdieran la confianza en lo humano, que conceptuaran a todo humano como un enemigo y que reaccionaran en modos de violencia. Pero la capacidad humana para creer en el bien es inagotable y la amargura enorme acumulada en el corazón y en el cuerpo de quienes emigran no logra borrar del todo la sonrisa de sus rostros y el amor por lo bello[40]. La limpia mirada de quien sigue creyendo en la bondad del corazón es su mejor aval. Aunque caigan en el surco, triunfarán, por paradójico que parezca.

            Y un ámbito de resistencia evidente es el que desarrollan los migrantes cuando logran acceder al país que pretenden. Aunque siempre hay en tales países manos y corazones que se abren, una gran parte recibe al emigrante con el ancestral temor al diferente que es la causa de todos los miedos. De ahí que quien, tras periplos de muerte, llega a un país de acogida ha de probar la amargura de quien toca la desconfianza y el frío helador del rechazo. Que sigan tenaces en la búsqueda de un horizonte de vida más amplio no deja de ser un valor de resistencia evidente[41].

 

5. Sin apearse del sueño de lo humano (Heb 12,1-13)

 

            Ya dijimos más arriba que Hebreos es un texto que apunta a una comunidad cristiana que, a finales del siglo I, se encuentra desalentada, carente de ánimo, tendente a una desoladora rutina. Por eso, en páginas como las que siguen acentúa el autor el caudal exhortatorio para animar a que no cedan ni en la pasión por Dios ni en la pasión por la persona. La mejor manera de “sacudir todo lastre”  (Ogkon apothemenoi panta: v.1b) es, según el autor, tener “fijos los ojos en el pionero de la fe…Jesús” (Aphorôntes eis ton tês pisteôs arkhêgon…Iêsoun: v.2a). Es el gran argumento cristológico de todo el NT: si hay que hablar de sufrimientos, y la emigración es uno de los grandes, recordar la cruz y al que ha soportado “tanta oposición” (Antilogian: v.3b) puede ser un motivo para seguir manteniendo el sueño de lo humano. La entrega al otro siempre abrirá horizontes de futuro.

            Con un tono sapiencial y en un paradigma educativo que ya no podemos admitir[42], argumenta el autor de manera contundente: las pruebas es la evidencia de que “Dios os trata como a hijos”  (Hôs huiois hymin prospheretai ho Theos: v7a) porque “no hay padre que no corrija a su hijo” (Tis gar huios hon ou paideuei patêr: v.7b). De ahí podría concluirse, erróneamente, de que las duras pruebas de emigración son algo con lo que Dios nos muestra su amor de padre. Nada más erróneo: los trances horribles que acompañan las migraciones son obra de la injusticia humana. Dios se duele de ella y la compaña, pero no la utiliza como cauce de aprendizaje. Estamos en las antípodas del paradigma educativo y creyente de este tipo de reflexiones.

            Por eso mismo, tomar las adversidades históricas como elemento educador parte de Dios nos parece hoy inaceptable[43]. Si Dios educa a la persona “para que participe de su santidad” (Eis  to metalabein tês hagiotêtos autou: v.10), equivale a decir que educa para que participe en su justicia. Y, dado que las migraciones son, en muchos casos, el duro rostro de profundas injusticias, no resultan elementos educadores, de no ser, para incitar a la persona a abandonar las condiciones sociales e históricas que han motivado dichas migraciones no deseadas. En ese sentido, por vía negativa, el hecho migratorio puede ser algo de lo que aprendamos en anhelo de la justicia. Dudamos que con esta clase de exhortaciones “la pierna coja” (To khôlon: v.13b), la persona desalentada, cobre muchos ánimos.

 

            Derivación: beneficios por vía negativa

 

Muchas personas,  y por verdaderas razones, se han ido apeando del sueño humano[44]. La fuerza con la que los humanos nos defraudamos a nosotros mismos es, a veces, un torrente. Pero, más allá de tales negatividades los flujos migratorios nos enseñan, por vía negativa, por vía del dolor, una serie de beneficios. El primero es recordarnos que somos humanos. Porque la “solución” (?) al problema migratorio no es el control y destrucción de las mafias, sino un asunto de componente humano: ¿cómo es que unos humanos, los países poderosos, hayan abandonado a otros países, los empobrecidos, a su dura suerte? Mientras este enfoque humano no vaya siendo tratado en profundidad, las migraciones nos lanzarán incansables su pregunta. Más que un problema administrativo, las migraciones son un problema ético de proporciones gigantescas[45].

Otro beneficio es que las migraciones se convierten en un aprendizaje social ineludible[46]. Ya no se puede conformar el imaginario social como este fenómeno fuera una excrecencia, algo a olvidar, una enfermedad social pasajera, un mal sueño. Eso es cerrar los ojos a la realidad. La actitud ha de ser distinta: ¿cómo aprender humanidad de una situación con perfiles inhumanidad? ¿Cómo mezclar los paradigmas sociales diversos para que el resultado sea beneficioso para todos? En tal sentido, las migraciones proporcionan al hecho social un gran apoyo para la conformación de un nuevo imaginario.

Finalmente, y por vía negativa, las migraciones enseñan frecuentemente caminos que habría que olvidar, situaciones que no deberían repetirse, abandono de “soluciones” que nada han solucionado. Y una de las más elementales es que el cierre de fronteras no ha de detener el fenómeno. La creencia de que una frontera hermética disuade del problema es errónea. El sueño de un “perímetro tranquilo” es una vaciedad mientras todos no tengan pan para comerlo con tranquilidad[47]. De ahí que el derroche de millones que la UE emplea para el control de fronteras esté en el fondo abocado al fracaso[48]. Habría de ser otro el planteamiento: inversión real en países de origen, programas comunes, humanización del tránsito de personas en situaciones de alto riesgo, ayuda a la integración social y laboral, políticas inspiradas en el bien de las personas y no en su lucro, etc. ¿Es soñar? La dura migración de tantas personas, vivas y muertas, es la que mantiene vivo el sueño de otro estilo de humanidad.

 

Conclusión

 

            Al término de este estudio de la cuarta parte de Hebreos una serie de verificaciones se imponen al lector avisado de la Palabra:

  • La Palabra sigue siendo elocuente si se la dota de un paradigma ideológico que la avive, la parte correspondiente al padrinazgo del lector.
  • El cambio de paradigma no desposee al texto de sentido, sino que lo abre a nuevos horizontes.
  • Que la fe cristiana tenga a la base de su experiencia, según Hebreos, una realidad migratoria evidencia el sentido de la humanidad y del cosmos: ser casa común que acoge a todos los seres.
  • El texto de Hebreos viene a englobar a todos: no son solamente migraciones del AT, sino del hecho migrador de todo humano. Entenderse como migrante aminora los peligros de rechazo de las migraciones y abre a una acogida potenciadora.
  • La lectura bíblica de Hebreos consigue ahondar en la certeza de que el movimiento migratorio es positivo para el hecho humano. Los prejuicios y rechazos quedan minimizados.
  • Por eso mismo, las migraciones más que flagelo son oportunidad para mostrar que somos humanos y que a ello estamos destinados.
  • Más allá de su fragilidad enorme, la Palabra de Hebreos confirma que las migraciones, por humanas, tienen dentro la semilla del éxito.
  • Por eso mismo, los flujos migratorios no van a cejar en su su empeño, no solamente por su necesidad, sino por la conciencia, clara o difusa, de su derecho.
  • El texto bíblico de Hebreos es una andanada en la línea de flotación de una mentalidad que se lucra de la desgracia de los pueblos. Aunque sea, aún, una realidad triunfante, tiene en sus entrañas la semilla del fracaso.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

 

 



[1] En realidad, Heb puede ser con liderado como un texto “antisacerdotal”, ya que rompe la pertenencia a la casta (7,13-14), no se confiere con ritos (5,7-10), no le exige romper con los hombres.

[2] NUEVO TESTAMENTO, J. MATEOS (ed.), Cristiandad, Madrid 1987, 1043.

[3] Papa FRANCISCO, “Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz” (Mensaje del santo padre Francisco para la celebración de la 51 jornada mundial de la paz, 1 de enero de 2018): http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/peace/documents/papa-francesco_20171113_messaggio-51giornatamondiale-pace2018.html.

[4] En este momento se contabilizan 250 millones de migrantes en el mundo, de los que 22 millones y medio son refugiados.

[5] Papa FRANCISCO, “Migrantes…”.

[6] La lectura que hace de la meta de la fe la patria celestial nos parece excesiva, una lectura que lleva implícita una interpretación espiritualizante: Cf. H. KÖSTER, Introducción al NT,  Sígueme, Salamanca 1988, 801.

[7] NUEVO TESTAMENTO (Ed. J. MATEOS), 1073.

[8] “Desde la tierra la sangre de tu hermano sigue clamando” (Gén 4,1-15).

[9] La prestancia de la figura bíblica de Henoc queda clara en la realidad del Libro de Henoc, no canónico para la Iglesia Católica, sí para la Iglesia Ortodoxa Etíope. Enoc no fue llevado al cielo, sino que, tal vez como en el caso de Moisés, se creyera que Dios hizo desaparecer su cuerpo, de manera que “no fue hallado en ningún lugar”. (Dt 34:5, 6; Jud 9).

[10] Un “derecho” que Jesús ha ganado para nosotros: Filp 3,12.

[11] Se calcula que son más de 20.000 las muertes en el mar. Otro tanto en los desiertos que conducen a Libia y Etiopía: http://legalteam.es/lt/ese-gran-cementerio-que-es-el-mediterraneo-mas-de-20-mil-muertos-en-los-ultimos-anos/.

[12] “Torture, rape and slavery in Libya: why migrants must be able to leave this hell”: https://www.oxfam.org/en/pressroom/pressreleases/2017-08-09/torture-rape-and-slavery-libya-why-migrants-must-be-able-leave.

[13] S. AGRELO MARTÍNEZ, Desacato al silencio, Ed. PS, Madrid 2017,  280.

[14]  Ibid., 100.

[15] Papa FRANCISCO, “Migrantes y refugiados…”.

[16] S. AGRELO, Op.cit., 88.

[17] Cf Ef 1,10; Col 1,20.

[18] “En el marco de la Revelación sabemos que el «cielo» o la «bienaventuranza» en la que nos encontraremos no es una abstracción, ni tampoco un lugar físico entre las nubes, sino una relación viva y personal con la santísima Trinidad. Es el encuentro con el Padre, que se realiza en Cristo resucitado gracias a la comunión del Espíritu Santo”. Catequesis del Papa sobre el cielo. Miércoles 21 de julio 1998.

[19] De esta manera el relato de Gen 22, cuestionado muchas veces por la sospecha de fomentar los sacrificios de niños, es justamente lo contrario: la censura de tales sacrificios confrontándolos con una banalización de la vida de la persona que cree en un Dios que necesita vidas humanas.

[20] Cf Gen 47,31.

[21] Cf Gen 50,25.

[22] Z. BAUMAN, El arte de vivir,  Ed. Paidós, Barcelona 2008, 11.

[23] LS’ 152.

[24] Ver la fotografía que acompaña al artículo de L. ABELLÁN, “Asilo para Puigdemont, expulsión para los sudaneses”, en El País 9 de enero de 2018, 7.

[25] Cf papa FRANCISCO: “Migrantes y refugiados”.

[26] Cf H. GÓMEZ BRUERA, “10 beneficios de la migración”, en: http://www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/articulo/hernan-gomez-bruera/nacion/2017/02/24/10-beneficios-de-la-migracion.

[27] Cf Heb 2,2; 10,35.

[28] Cf Is 49,1-6; Lc 2,32.

[29] Jos 6,1-27 atribuye la caída de los muros de Jericó a Josué.

[30] Jn 8,33.

[31] Según la mentalidad imperialista israelita que viene de lejos.

[32] Ejemplo prototípico es el caso de Helena Maleno, activista apoyada por Cáritas y Oxfam, que pone su teléfono al servicio de rescates de náufragos en el Mediterráneo. Ha sido demandada por la justicia española y marroquí. Un sector de la ciudadanía marroquí y la misma policía desearía que no hubiera este tipo de defensores de los migrantes pobres. Ver: http://www.elmundo.es/espana/2014/08/16/53eed50e268e3e39558b456b.html.

[33] Resuenan aquí pasajes paulinos como 1 Cor 4,8-12. Más desde el lado literario, vienen a la memoria las páginas que J. SARAMAGO, El evangelio según Jesucristo,  Ed. Punto de lectura, Madrid 2010,  417ss hablan de “una historia interminable de hierro y sangre, de fuego y de cenizas, un mar infinito de sufrimientos y lágrimas” (p.420).

[34] Gente que es tratada con menos consideración que los animales: "Una moral políticamente correcta, halagada para dar una seguridad engañosa, ha hecho que nuestra sensibilidad ponga el grito en el cielo por un gato atrapado en un árbol o en un tejado, y duerma sueños tranquilos ante miles de hombres y mujeres concentrados sin piedad en el horror de los caminos de una emigración forzada y no regulada”: S. AGRELO, Carta de Navidad, 27 de diciembre de 2017.

[35] “No podemos olvidar que en estos viejos tiempos, ya gastados en sus valores, hay quienes nada creen, pero hay también multitud de seres humanos que trabajan y siguen en la espera, como centinelas”: E. SÁBATO, La resistencia,  Ed. Seix Barral, Buenos Aires 2000, 120.

[36] Cf M. A. VILLENA, España solidaria, E. Gestión/Planeta, Madrid 2017.

[37] Por ejemplo la etnia musulmana de los rohinya que ha tenido que huir de Birmania, donde son perseguidos, a Bangladesh donde no son bienvenidos en número cercano a los 400.000.

[38] Los rohinya que, a veces han usado la violencia, básicamente hoy es una comunidad pacífica. Lo mismo ocurre con la renuncia básica a la violencia del pueblo saharaui, exilado en el desierto de Argelia ante la impotencia o la incuria internacional.

[39] “Vuestra tragedia es muy dura y grande. […]. En nombre de los que os persiguen, que os han hecho el mal, sobre todo en nombre de la indiferencia del mundo, os pido perdón, perdón”: papa Francisco, 1 de diciembre de 2017.

[40] Cf S. AGRELO, Op.cit., 60.

[41] La reticencia de la UE a cumplir con las cuotas de emigración está indicando lo duro que se presenta el camino a quien logre entrar. En septiembre de 2015, la UE se comprometió a reubicar a 160.000 solicitantes de asilo en 24 meses, siguiendo un esquema de cuotas por países. Según el informe presentado en marzo de 2017 por la CE, hasta el 27 de febrero de 2017 se habían producido 13.546 reubicaciones de demandantes de asilo: 3.936 desde Italia y 9.610 desde Grecia. El país que más personas había acogido era Francia (2.758), seguida de Alemania (2.626) y Holanda (1.486).

[42] Aquel del que “la letra con sangre entra”.

[43] Se suele citar la anécdota atribuida a santa Teresa de Jesús que le sucedió cuando iba montada en una mula y al cruzar un arroyo, la mula se puso terca y Teresa terminó en el arroyo, completamente mojada y cubierta de barro. En tal situación, exclamó: “Señor, no me extraña que tengas tan pocos amigos si así tratas a los que tienes”.

[44] Hizo época aquel aforismo atribuido a Groucho Marx: “¡Paren el mundo que me bajo!”.

[45] Son las tesis de la prensa oficial: las mafias son las causantes de las migraciones, contra ellas habrá que luchar e incluso contra las ONG que les “hacen el juego” (?) cuando salvan a náufragos. Ver: G. ABRIL, “La batalla del mediterráneo”, en El País semanal  nº 2155, 14 de enero de 2018, 30-43.

[46] La teoría de los aprendizajes sociales de A. Bandura, Teoría del aprendizaje social, Ed. Espasa Calpe, Madrid 1982 viene a decir: «La teoría del aprendizaje social explica la conducta humana en términos de

una interacción recíproca y continua entre los determinantes cognoscitivos, los comportamentales y los ambientales»: Ibid., 10.

[47] S. AGRELO, Ibid.,  127.

[48] 13.000 millones en 2015.

Retiro Navidad 2017

 

Retiro en la Navidad de 2017 

 

HIJO DE LA TIERRA

La encarnación vivida

como “ser tierra”

 

Siempre hemos dicho que la encarnación de Jesús es un “misterio”: Dios que se hace hombre. Y así es. Pero ese tipo de formulaciones ha conllevado tantos desajustes en el imaginario religioso (Dios “disfrazado” de hombre, Dios que baja del cielo, un Jesús que lo sabe todo porque es Dios, etc.) que uno se pregunta si no será mejor buscar por otro camino.

Podríamos pensar a Jesús como un hijo de la tierra. Y si se quiere, el mejor de sus hijos. Él, como nosotros, viene de la tierra y vuelve al fondo de la tierra. No viene de las nubes y vuelve a ellas (ese transcendentalismo es tosco). Al ser tierra, él nos abre al misterio de la tierra, a esa hondura de lo creado que se capta en la medida en que uno echa mística a la cosa.

Esta manera de entender la encarnación nos llevaría también a otra forma de vivir la Navidad, lejos de un historicismo superficial o de un consumo que no nos alegra; más cerca de una mística que nos habla de la suerte de ser tierra, de agradecer el don de la tierra en la que estamos encarnados, en la que se ha encarnado el mejor de los humanos, Jesús el de Nazaret.

Es un intento, en nuestra edad tan adulta, de dar cuerpo a un camino distinto al recibido, sin por ello desdecirnos de lo que nos dieron como bueno. Tal vez la Navidad de 2017 pueda tomar otros caminos de más adultez y de más gozo.

 

1. En verdad tuvimos suerte

 

        Como hicimos en nuestra reflexión de Adviento, vamos de nuevo a echar mano de un texto de Rafael Argulloll en su libro Poema, p. 685:

 

En verdad, tuvimos suerte:

pudimos no haber nacido,

y hemos nacido;

pudimos no haber amado

y hemos amado.

Lo demás,

sea lo que sea,

carece de importancia.

 

  • Tuvimos suerte: Vivir es una suerte, por muchas que sean las limitaciones que nos afligen. Muchas personas lo tienen mucho más difícil para poder decir esto. El precio que pagan por ser tierra es muy grande. Pero nosotros habríamos de agradecer, como lo hacía santa Clara (“Gracias, Señor, por haberme creado”) la suerte de pertenecer, por el tiempo que sea, y de la manera más humilde que se quiera, a esta aventura hermosa de ser tierra. En verdad, tuvimos suerte. 
  • Hemos nacido: Hemos podido ver la luz del sol, sentir en la piel la brisa del viento, el calor de la mañana y el fresco de la tarde, hemos podido oler perfumes embriagadores, hemos podido tocar y acariciar, hemos escuchado músicas maravillosas, nos hemos acercado a los corazones de algunas personas, hemos intuido los vericuetos del misterio, hemos conocido la propuesta de Jesús, hemos tenido familia-hermanos/as-país. Y así mucho más. La suerte enorme de nacer, la suerte enorme de vivir sin agobios, la suerte enorme de contar muchos amaneceres. 
  • Hemos amado: Porque han sido, a veces, arduos nuestros caminos en el amor. Porque nos hemos equivocado y nos hemos engañado. Porque hemos fallado a quien nos quería. Pero, aun con todo eso, hemos conocido algo del amor, hemos entendido a la gente que se entrega (Jesús entre ellos), hemos gustado, siquiera a pequeños sorbos, el vino agradable de la amistad y de la cercanía. Quizá no tengamos el corazón lleno de nombres, como decía Casaldáliga. Pero algún nombre sí que anida en los pliegues del alma. La suerte de amar. 
  • Lo demás…carece de importancia: O, al menos, tiene una importancia relativa. Porque lo verdaderamente importante es nacer y amar. Eso es ser tierra: nacer y amar, los días o años que sean, en las maneras que podamos, en la medida en la que trabajemos por ello. Por eso mismo, lo que tiene menos importancia no debería abrumarnos. Y habríamos de poner el acento en lo que de verdad importa: llegar a amar lo mejor posible, toda vez que hemos nacido ¿No es ahí donde Jesús ha puesto el acento?

 

2. Mirad los pájaros: Mt 6,25-26.28-29

 

                Por eso os digo: No andéis preocupados por la vida pensando qué vais a comer o a beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento y el cuerpo más que el vestido? Fijaos en los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan; y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? … Y ¿por qué andáis preocupados por el vestido? Daos cuenta cómo crecen los lirios del campo, y no trabajan ni hilan. Pues os digo que ni Salomón, con todo su fasto, estaba vestido como cualquiera de ellos”.

 

No vamos a hacer de la mirada de Jesús a la tierra la mirada la de un ecologista de nuestros días. Pero él pertenece a una cultura agraria en la que mirar las criaturas es tarea diaria porque aún no se había separado definitivamente el camino humano de la senda de los otros seres. Por eso él creía que las hermosas criaturas pueden enseñarnos lecciones de vida. Su mirada no es solamente estética, sino también sapiencial.

        Emblepsate eis ta peteina tou ouranou…katamathete ta krina: “Mirad los pájaros del cielo…mirad los lirios de campo” (Mt 6,26.28). Jesús creía que la pobreza que abre las puertas del corazón encuentra un enemigo en las excesivas preocupaciones. Hay que moderar esas preocupaciones si no, la ambición terminará por devorar tus entrañas.

        Y propuso aquella terapia sencilla: mirad a los pájaros, mirad a los lirios. Los lirios trabajan duramente para construir su belleza bebiendo, día a día, los nutrientes de la tierra que los hacen bellos. Pero no hilan. Los pájaros se desviven por buscar cada grano que entra en su boca. Pero no almacenan y viven. Para controlar las excesivas preocupaciones hay que mirar la belleza del lirio humilde y el arco de ballesta del pájaro. Mirar a las criaturas para aprender de ellas.

        Solamente una mirada enamorada a la tierra puede aceptar este tipo de argumentaciones. Una mirada de enamorado cándido, de brillo en el rostro que no ha perdido la ingenuidad. Una mirada que brota de aquel niño que no dejó de vivir en el fondo del alma.

¿No pensaba en algo de esto cuando decía Jesús “haceos como niños”? ¿Se podría plasmar en una imagen la mirada cándida de Jesús a los lirios y a los gorriones? Esa mirada habría de tener el color del viento, el brillo de un rayo de sol, el sonido murmurante de la fuentecilla oculta en la maleza?

 

***

 

 

Mirad los pájaros

(Pintura de Antonio Oteiza)

 

 

En bandada blanca sobre el cielo oscuro los pájaros cruzan raudos el horizonte. Viven y trabajan, pero no almacenan. Unos se superponen a otros en formación de vida, flecha que apunta a la vida.

        Vivir como los pájaros, con su misma hermosura y con su despegue de la vida. Por eso su color blanco, color de vida.

Y todos, como aves que emigran, apuntando a un único horizonte. El horizonte de una vida en fraternidad y en amor que tenga a la economía por servidora.

Vestigios de sol bajo sus alas porque también el sol vive y hace vivir sin afanes de acumulación, si pedir derechos a nadie, sin hacer distinción entre malos y buenos.

Y ese Jesús, rojo de vida, que tiende hacia ellos las manos como diciendo: ellos son nuestros maestros, ellos han entendido bien el sentido de la vida, su despojo y su hermosura puede ser un ideal para los atareados, acumuladores y estresados.

Lo dice uno que vivió como ellos, sin lugar donde reclinar la cabeza, pero con mil corazones que acogieron su palabra y siguen acogiendo su vida.

Postura de oración porque oración es la que hacen los pájaros y los lirios en su tremenda simplicidad.

 

3. Reflexión

 

  • Tierra misteriosa: No solamente porque aún desconozcamos la mayor parte de los secretos de la tierra y casi todos los del universo (los universos). Sino porque la tierra encierra el secreto del sentido del ser, del vivir, del camino que recorren millones de seres. Y no solo eso, porque el misterio de la tierra apunta a un misterio más allá de la tierra, ese del que habla, aunque no entendamos bien su lenguaje. En ese misterio de la tierra del que no sabemos ni hablar vive el Jesús resucitado, fundamento de nuestro ser, fuente de todo amor.
  • Entrada sin salida: La fe ha elaborado un paradigma de entrada (nacimiento de Jesús) y de salida (resurrección de Jesús). Pero, en realidad, como nos ocurre a nosotros, la encarnación habla de una realidad de entrada pero sin salida. O si se quiere: entrada en la superficie y bajada a la profundidad. Pero siempre dentro de este misterio de una tierra que nos da a luz y que nos acoge en su seno para siempre. Precisamente en esa fidelidad a una tierra de la que nunca se huye se halla mucho del secreto de Jesús y del nuestro propio.
  • Casa única: Así lo ha dicho el Papa Francisco en todos los tonos: casa común, casa única, casa que cuidar, casa que cobija a todos los seres. Entender la creación, la tierra, como “casa” demanda calor, afecto, cuidado, amor, porque una casa sin esos contenidos no es casa, sino mera vivienda, frío edificio. Para entender el misterio de la tierra y nuestra pertenencia a él (nuestra encarnación, como la de Jesús) es necesario que intervenga el cariño, el cuidado, el mimo, el calor del amor. Si no, todo resulta frío y lejano.
  • En el fondo: Así dice Jesús que están el Padre y él: “Vendremos a la persona y haremos morada en ella” (Jn 14,23). Están en el fondo, en el cimiento, en las profundas raíces, en aquello que es fuente de sentido. Y han venido a quedarse para siempre (sentido incoativo de menein). No se irán nunca, porque su encarnación conlleva la total fidelidad a lo nuestro Y, por mucho que fallemos, ellos no se van, por mucho que los ignoremos y hasta los rechacemos, ellos siguen empeñados en un hermoso y “absurdo” amor, aquel que se entrega todo por el gozo de entregarse, haya o no respuesta. Ahí están.

 

4. Derivaciones

 

  • Amar una tierra que, a veces, no entendemos: En su modo físico de comportarse (terremotos, seísmos), en su ausencia de sentido (caminos errados, perdidos), en su dolor personal (el sufrimiento de los pobres y sus lágrimas), en las noches más profundas del sentido (tremendas arideces, depresiones hondas, sufrimientos que no tienen sentido). Amar esta tierra como cauce de amor. Amémosla, al menos, aquellos a los que no tendría tanto que costarnos el amarla. Encarnemos ese amor que muchos no aceptan o que ignoran.
  • Contribuir a otra tierra: La misma pero distinta: más fraterna, más igualitaria, mejor repartida, mejor tratada, más universalizada, una tierra donde haya mesa y pan para todos, dignidad y aprecio para todos. La tierra de la igualdad, cuando comprobamos que la desigualdad, cultivada desde siglos atrás, se ha instalado más que nunca, parece haber ganado la batalla. Creer y decir que la desigualdad tiene los siglos contados y que amanecerá el sueño de Jesús para esta tierra, el mismo sueño de Dios, la certeza de la economía fraterna, de la igualdad y de la equidad que no mira para otro lado ante la realidad de las pobrezas. ¿Para qué serviría un misterio de la encarnación que no lleva a una tierra así?
  • Celebrar otra tierra: No con las celebración del poder que se enriquece con la tierra y sus expolios. No la celebración de los que dominan o tienen capacidad de desestabilizar esta tierra de frágil equilibrio. No la celebración de los que se sienten seguros (?) en sus fronteras blindadas, no la celebración de quienes tiran a las negras aguas de la noche a quienes ya no se consideran dignos de disfrutar de la luz del barco y sus comodidades. Celebrar, ya desde ahora, la tierra patria de todos, la casa común para que no haya nadie sin un techo encima de la cabeza, la fuente de recursos racional y lejos de la explotación egoísta. Celebrar ya desde ahora la tierra que aún no tenemos a mano, más que en primicias, pero que un día tendremos en plenitud.
  • Otra Navidad para otra tierra: Porque la manera de celebrar la Navidad influye en nuestra manera de ser tierra. Si celebramos en modos rutinarios, meramente convencionales o sin profundizar, nuestra vivencia del misterio de ser tierra será algo empobrecido y de escasa raíz. Si, por el contrario, nuestra Navidad es gozosa pero recogida, gustosa y fraterna nada bullanguera, festiva y disfrutante pero sencilla y llena de diálogos amables, nuestra vivencia del misterio de la tierra, de la encarnación en la tierra, tendrá otro color.

 

5. Un itinerario espiritual

 

  • Semana del 25-30 de diciembre: Tocar/acariciar/disfrutar la tierra: Como se toca, se acaricia y se disfruta a quien se ama. Poner un cuenquito con tierra, mirarla, tocarla. Si el frío deja pasear, ir a mirar los campos ateridos con el trigo incipiente que va preparándose para la primavera. Oler la tierra, escuchar lo que no se oye en el asfalto.
  • Semana del 31 de diciembre al 6 de enero: Bendecir con la tierra: Decir palabras hermosas sobre la tierra. Orar con el Canto de las Criaturas. Escoger algún poema que hable hermosamente de la tierra. Enumerar cualidades de la tierra y alegrarse de ellas.
  • Semana del 7 de enero al 13 de enero: Regalarse la tierra: Aunque es invierno y hay pocas flores y frutos por el campo, regalarse algo de la tierra, una piedra bonita, una planta silvestre pero viva, un poco de tierra con unos brotes de trigo. Un regalo hecho de tierra, visto no como algo pobre, sino como algo entrañable.

 

Conclusión

 

        Quizá no hayamos dado con el quid de la intuición que tuvimos al plantear la encarnación como una comprensión de Jesús como hijo de la tierra. Quizá haya que darle más vueltas a esa propuesta espiritual. Pero de lo que sí estamos seguros es de que el misterio de la encarnación de Jesús tiene que ver con el misterio de la tierra y su hondura. Tenemos la certeza de que la permanencia de Jesús en los cimientos de la tierra da sentido a nuestros pasos por esta historia. Agradecimiento máximo.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño diciembre de 2017