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Conceptos bíblicos básicos (AT)

 

 

CONCEPTOS BÍBLICOS BÁSICOS

(ANTIGUO TESTAMENTO)

 

 

         Después de muchos años de reuniones en torno a la Palabra, el GRUPO BÍBLICO de la Parroquia de Valvanera se propone hacer un recorrido por una serie de conceptos bíblicos básicos. Podría pensarse que esto es más propio de una introducción a la Biblia que de una conclusión. Pero también puede verse de esta segunda manera: tras haber recorrido muchos caminos de la Palabra hacemos una recapitulación ordenada de sus elementos más básicos. Así quedarán las cosas más claras.

         Es como quien ordena su casa cada día cuando lleva muchos años, toda la vida, viviendo en ella. Tener ordenadas las cosas es una manera hermosa de tenerlas. Lo mismo pasa con la “casa” de la Palabra: se puede tener ordenada o en desorden, se puede controlar sus elementos básicos o andar siempre al buen tun tun. Creemos que esta tarea de ordenar lo elemental de la Biblia es propio de personas cuidadosas, interesadas por la fe.

         Añadiremos a cada concepto un texto ilustrativo y una nota de actualización social. Será otra manera de percibir que la Palabra sigue siendo una realidad viva y conectada a nuestro hoy social. Así, paso a paso, de la mano de la Biblia, iremos construyendo nuestra espiritualidad.

 

 

 

 

 

1

PALABRAS INSPIRADORAS

 

         Comenzamos por el tema de la INSPIRACIÓN BÍBLICA. Siempre se ha dicho que la Biblia es palabra inspirada.  Pero hay que tener algunas cosas en cuenta. La primera: hay que de abandonar, de una vez para siempre, la idea de que es Dios quien escribe esa palabra, de que él la “inspira” y que los autores bíblicos, simplemente, copian. Dios no es autor de esa palabra, son los escritores bíblicos. Y por ello, en sentido estricto, no es palabra de Dios. Si no, se puede llegar a fundamentalismos burdos y a acusaciones sin fin: ¿si es palabra de Dios como contiene tantas “barbaridades”? Por ello, cuando en Misa se concluye la lectura con el sello “palabra de Dios”, habría que decir interiormente: según y cómo.

         Además, y como lo dice el Vat.II con una seguridad que hoy nos sonroja, no se puede llegar a saber “lo que los autores querían decir y Dios quería dar a conocer con dichas palabras”. Hay que renunciar a eso y ser más modestos. Nos basta con acercarnos a la experiencia que subyace a tales textos. Por otra parte, el lector, la lectora, es el verdadero padre y madre del texto, que es huérfano. O sea, no hay que temer que la Biblia sea “distinta” según sea distinto el ojo que la lee. Si creemos en la fuerza del Espíritu, hemos de creer que todas las lecturas hechas con buena voluntad confluyen en el bien de las personas.

         ¿Qué es, pues, la inspiración? Es la certeza que tiene la comunidad cristiana de que si uno se deja guiar por las experiencias de fondo, por los planteamientos humanizadores de la Biblia (dejando de lado los no humanizadores) se abre al misterio de la persona y al misterio de Dios. Es lo que pasa con la espiritualidad del seguimiento de Jesús: quien va acomodando su vida a los valores de ese seguimiento (la paz, el amor, la entrega, la generosidad, etc.) llega a entender el sentido de la vida y se comprende mejor el amor generoso de Dios.

         Por eso mismo, y en conclusión, habría que decir que la Biblia más que inspirada es inspiradora. O sea, el fondo humanizador de la Biblia puede inspirar en nosotros caminos de humanidad, puede iluminarlos, puede hacerlos más fuertes. Esa es la manera como el oyente de la Palabra se va acercando al misterio de Dios. Dejarse influir por los lados hermosos de la Palabra nos hace más humanos y más abiertos el misterio de Dios.

 

Texto ilustrativo:

 

«Hijo, en la medida de tus posibilidades trátate bien […] No te prives de pasar un buen día» (Si 14,11.14).

 

Lo cita el Papa Francisco en EG 4. Anima al disfrute razonable que puede llevarnos a entender el valor humilde, pero hermoso, de esta vida que Dios nos ha dado. El texto nos inspira para plantearnos el disfrute sencillo de la vida. 

 

Nota de actualización:

 

         Siempre se ha censurado el disfrute: todo lo bueno o es pecado o engorda, solemos decir. Se ha echado mucho vinagre sobre la vida. La religión ha tomado siempre un rostro adusto. La risa y el gozo no han tenido mucho sitio en las vivencias de la fe.

         Por otra parte, la sociedad nos quiere hacer ver que para disfrutar mucho hay que tener mucho dinero: largos viajes, comidas exquisitas, ropas carísimas, etc. Pensamos que solamente viven quienes acceden al lujo.

         Sin embargo, en los placeres sencillos, cotidianos, humanos, espirituales, se puede disfrutar mucho. Comiendo, durmiendo, paseando, amando, rezando, contemplando, hablando con sosiego, celebrando las cosas sencillas, cantando, disfrutando del silencio, etc. Es un arte el poder disfrutar con lo sencillo.

         Sin disfrute no hay amor y sin disfrute no hay fe. Esto es lo que nos “inspira” la Palabra.

 

Para trabajar en grupo:

 

  1. ¿Se ha entendido bien la reflexión que antecede? Ayudarse a entender.
  2. ¿Nos puede ayudar la Palabra a ser “apóstoles del gusto por la vida”?

 

 

2

GÉNEROS LITERARIOS

 

         Este asunto es viejo. Hace muchos años que la Iglesia admitió que en la Biblia había muchos géneros literarios. La Wikipedia dice que los géneros literarios son “los distintos grupos o categorías en que podemos clasificar las obras literarias atendiendo a su contenido y estructura”.

O sea: que en un libro puede haber distintas maneras de expresarse y que, por lo tanto, no conviene leer todo como si fuera una historia real sino que, a veces, el autor emplea otro género, por ejemplo la poesía, para decir cosas profundas sin atenerse a los datos históricos. Eso pasa en la Biblia, aunque aún no nos hayamos enterado.

Es que, desde los tiempos de la escuela, hemos leído la Biblia como una historia sagrada.  Ha sido un gran error. Porque es cierto que en la Biblia hay datos históricos ciertos. Pero, al no pretender ser una historia tal como la entendemos hoy, sino un libro de experiencias religiosas, resulta que ha empleado registros que nos lleven a esa experiencia religiosa. Esos registros, a veces, nada tienen que ver con una historia científica sino que quieren tocar el alma del lector para intentar provocar en él una experiencia similar. Por eso mismo, la pregunta ¿ocurrió así o no ocurrió?, no es pertinente en muchos casos.

Vamos a poner dos ejemplos para entendernos: primeramente, el género literario de anunciaciones. Hay varias en la Biblia (Gedeón, Sansón, Jesús.., etc.). Todas están cortadas por un patrón similar y quieren subrayar la especial intervención de Dios en la vida del personaje que va a nacer. En el caso de María se quiere decir que Jesús, un humano, llegará a ser “hijo del Altísimo”, persona en plenitud total. Poner el acento en la virginidad de María como hecho histórico es un error.

En segundo lugar el género literario milagros. Los hay muchos en el Nuevo Testamento y también en el Antiguo (Eliseo es un gran milagrero). Hay que ir más al fondo que a la forma. La peor forma de entender un milagro es querer entenderlo como una narración histórica. Es preciso hacer un esfuerzo por bajar al nivel del mensaje, que es lo que realmente nos interesa.

Para caer en la cuenta de esto hay que “tocar” el texto. Texto (Textum) significa tejido. Hay que animarse a palpar con nuestras manos, con nuestra reflexión, el “tejido” que es el relato. Si lo miramos de lejos, todo por igual, como una historia sagrada, no sabremos distinguir los diversos registros de los autores. Y si no hacemos eso, nos perderemos lo mejor del relato, sus intenciones de fondo, aquello que de verdad nos puede servir para nuestra fe.

Quizá haya que hacer este trabajo de tocar el texto para distinguir sus variados tejidos poco a poco, pieza a pieza, como quien construye una especie de puzzle. Un día aprendes algo y lo anotas en los márgenes de tu Nuevo Testamento. Otro día aprendes otra y lo vuelves a anotar. Así, poco a poco, entenderás de manera nueva e interesante la Palabra. Mucho ánimo.

 

Texto ilustrativo:

 

En aquellos días, uno de Baal-Salisá vino a traer al profeta Eliseo el pan de las primicias, veinte panes de cebada y grano reciente en la alforja. Eliseo dijo: "Dáselos a la gente, que coman." El criado replicó: "¿Qué hago yo con esto para cien personas?" Eliseo insistió: "Dáselos a la gente, que coman. Porque así dice el Señor: Comerán y sobrará." Entonces el criado se los sirvió, comieron y sobró, como había dicho el Señor (2 Re 4,42-44).

El relato de la multiplicación de los panes tiene su antecedente en 2 Re 4,42-44. Lo que se quiere decir es que la multiplicación comienza si alguien, siquiera un muchacho, abre el zurrón y está dispuesto a compartir. La tesis es: compartiendo llega, no siendo obstáculo la pobreza. Lo demás es narración. Si sigues preguntando si salían panes del cesto o no, no has entendido todavía el fondo del asunto. Esto lo hemos dicho muchas veces y ya va calando en nuestra manera de pensar. Leer los textos de acuerdo a los géneros literarios es leer la Biblia como adultos.

 

Nota de actualización:

 

         El Papa Francisco dice que no hay manera de “abrir el zurrón” si no re rompe la autorreferencialidad, la certeza de que mi centro soy yo y lo mío y que ahí no entra nadie más. Esta autorreferencialidad existe también a gran nivel: nuestro país es para nosotros, los demás fuera (aunque luego los llamamos para que hagan trabajos que nosotros no queremos). Hay que romper también la autorreferencialidad en la Iglesia, para apearse de la verdad única y de dogmas que nos separan de los demás.

 

Para trabajar en grupo:

 

  1. ¿Cómo leer los relatos del evangelio de la infancia de Jesús de san Lucas 1-2?
  2. Pistas para romper la autorreferencialidad.

 

 

 

 

3

NOMBRAR A DIOS

 

         Nombrar es uno de los trazos que nos distinguen como humanos. Por eso nombramos a las cosas, a las personas. Y, más allá del aspecto meramente estético, los nombres adquieren un valor indudable. También los humanos, desde siempre, hemos nombrado a Dios. Y eso ha tenido, y aún tiene, una importancia evidente para el hecho creyente.

         Hay un nombre en la Biblia con el que se designa a  Dios de manera primordial: YAHVÉH. No se sabe muy bien qué significa. En Éxodo 3,14, cuando Moisés pregunta con osadía a Dios su nombre para poder decirlo a los israelitas, Dios le dice “Mi nombre es: ‘seré el que se seré’”. Es una tautología que no expresa nada, de no ser el acompañamiento de Dios al pueblo. Pero de ahí viene el nombre Yahvéh, las cuatro letras sagradas (yhvh).

         Los judíos sacralizaron tanto ese nombre que decían que no había que pronunciarlo (aún nos piden a los cristianos que no lo pronunciemos). Y por eso, a las cuatro consonantes sagradas les pusieron unas vocales que no correspondía: aoai. Y así, cuando sus ojos veían la palabra Yahvéh, ellos leían Adonai que significa Señor, de ese modo no pronunciaban el nombre sagrado de Dios.

         Esto no tendría la menor importancia si no nos preguntáramos cómo es, en concreto, ese Dios Yahvéh de la Biblia. Aunque en la Biblia hay de todo, porque engloba muchas experiencias diversas de Dios en un tiempo y circunstancias muy distintas, la verdad es que ese dios Yahvéh se caracteriza por la adustez, la dureza, la inflexibilidad, y, sobre todo, la crueldad.

         Es que la Biblia abunda en escenas donde el perfil de Dios es de una crueldad inaceptable: el Dios que demanda la muerte de Isaac, el que ahoga a los egipcios, el que mata a los reyes cananeos, el que machaca los cráneos de los enemigos de Israel, etc. Y así hasta las páginas de Apocalipsis donde la ira de Dios es bañada en una orgía de sangre.

         Así lo han visto muchas personas y, aun hoy día, aparece en columnas de periódicos y en canciones como aquella de Javier Krahe que habla del celoso Dios del Sinaí y de su historia “sangrada”.

         Lo sabemos: Dios no es ni deja de ser de esta manera. Es la forma como lo han visto los escritores “espirituales” de la Biblia. Pero eso ha tenido una importancia decisiva para una idea de Dios y de religión que hay que abandonar decididamente. Y ello por una simple razón: el Dios de Jesús nada tiene que con ese perfil de Dios sanguinario.

Por ello mismo, hay que abandonar esa manera de nombrar a Dios y quizá otras como el “Señor”, el “Rey”, el “Pastor”, quizá el mismo nombre de “Padre” que conllevan un estatus de dominio, superioridad y, para nosotros, una situación de inferioridad.

¿Cómo, entonces, nombrar a Dios? Podríamos ir más allá de nuestros modos religiosos tradicionales y nombrarle como “fuente del amor”, “fundamento del ser”, “Vida que acoge a toda vida”, “Amor total”, “Amor que se entrega” etc. Es cierto que no estamos acostumbrados, pero podríamos intentarlo. Seguro que no es cosa baladí. Porque nombrar es entender y de la manera de nombrar depende la manera de entender y de vivir la realidad de quien es “fuente de amor”.

 

Texto ilustrativo:

 

         “Uno que me ama hará caso de mi mensaje, mi Padre lo amará y los dos nos vendremos con él y viviremos para siempre con él” (Jn 14,23).

 

         Texto fundamental de la espiritualidad evangélica. Aquí se nombra al padre y se autonombra Jesús como alguien que “vive siempre” con la persona. Fuente de amor para siempre. Y no solamente para quien ama a Jesús y al Padre, sino para toda la realidad: en el fondo de ella, en el subsuelo, allí donde necesitamos más luz, como cimiento de la existencia, como fundamento del ser, allí está Dios. Quien entiende bien esto halla, sin duda, una paz que nadie podrá arrebatar.

 

Nota de actualización:

 

         Siempre la soledad ha acompañado el hecho humano. A veces los periódicos nos sorprenden con cifras notables de personas que viven solas y mueren solas. ¿Cómo conjurar la soledad? Sabiendo que el Padre y Jesús nos acompaña y creando, por ello, mecanismos de amparo que hagan que nadie esté totalmente solo. En Inglaterra se ha creado un “Ministerio de la Soledad” (el 14% de la población vive sola, 9 millones de personas; en España 10 millones, uno de cada cuatro hogares es de una persona que vive sola). Hay aquí un fenómeno social que tiene que ver con nuestra manera de entender y nombrar a Dios.

 

Preguntas para el grupo:

 

  1. ¿Te parece que esto tiene alguna importancia?
  2. Intenta nombrarlo de otra manera.

 

 

4 

PUEBLO DE DIOS

 

         Desde tiempos inmemoriales Israel se creyó PUEBLO DE DIOS. Quizá esto tuvo su origen en la evidencia de que, en aquella época, un pueblo debía tener un Dios propicio que le defendiese de sus enemigos, al que pudiese invocar en sus necesidades y que lograse generar identidad en la tribu. Por eso, lograr que el pueblo se considere pueblo del Dios Yahvéh ha sido un logro tremendo. Mantener esa mística a través de los siglos, un logro aún mayor.

         Como decimos, desde tiempos antiguos Israel se consideró pueblo de Dios. Las primeras formas arranca en aquellas expresiones taxativas: "Yo, vuestro Dios; vosotros, mi pueblo" (Dt 26,17-19). El pueblo de Dios recibe un espaldarazo en la Alianza del Sinaí (Ex 20) y  en tiempos de la monarquía, a través del rey, el pueblo se conforma en una entidad política estable (2 Re 23,1-3). En tiempos del exilio a Babilonia (año 587) Isaías II y Ezequiel mantendrán la conciencia de pueblo. Y después del exilio, profetas como Malaquías hablan de una nueva alianza con el pueblo (Mal 3,1-5).

         Esta espiritualidad no pasa a la iglesia antigua de Jesús ya que el Nuevo Testamento cuando habla de pueblo de Dios se refiere casi siempre a Israel. Sin embargo, el Concilio Vat. II habla en la Constitución Lumen Gentium del tema del "Pueblo de Dios" (c. II) y se refiere, evidentemente, al nuevo Pueblo de Dios, convocado por Él de entre los judíos y los gentiles en virtud de un nuevo pacto establecido por Cristo en su sangre. Es el pueblo mesiánico que tiene a Cristo por cabeza; comunidad sacerdotal (n.11) y profética (n.12) que se distingue por su universalidad (n. 13). Es el pueblo condensado en la unidad no según la carne sino en el Espíritu y que cumple la definición de "linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo de adquisición" (l Pe 2,9-10).

         Esto es muy hermoso pero, a renglón seguido, en el cap. III habla de la Constitución Jerárquica de la Iglesia. O sea, la Iglesia es pueblo de Dios pero menos. Porque es un pueblo mandado por una jerarquía consagrada y estructurada. Hans Küng dice en sus Memorias que esto fue un gol por toda la escuadra que metió el ala más conservadora de los cardenales de la época a los obispos que, en su mayoría, eran benignos y no se percataban muy bien de la trascendencia del tema. O sea: un pueblo que no es tal, no es democrático, no es igualitario, no se toman las decisiones entre todos, no están separadas las funciones y los “poderes”. Nada que ver con una noción sensata y normal de “pueblo”.

         Se suele argumentar diciendo que la Iglesia es más que una democracia para indicar que ha de ser familia, comunidad, sacramento incluso. Todo eso está muy bien. Pero si no se tiene el cimiento democrático de un colectivo, de un pueblo, es una cortina de humo que encierra posiciones de poder que hoy son inadmisibles en la sociedad civil y que debieran serlo más aún en la comunidad cristiana.

         Por eso mismo, la comunidad de seguidores de Jesús habría de recuperar, en toda su dimensión, la noción de pueblo: igualdad, corresponsabilidad, poder compartido, comunión de vida, etc. Habría que forzar a una “despiramidalización” de esta pirámide que es el edificio eclesial y que muchos hoy se empeñan en reforzar y afianzar.

 

Texto ilustrativo:

 

“Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar ‘Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar ‘Instructores’, porque uno solo es vuestro Instructor: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor” (Mt 23,8-11).

 

Estamos muy lejos de este sueño de Jesús. La Iglesia no se ha estructurado en base a la fraternidad, sino a la jerarquía. Cuesta asimilar este sueño pero es preciso intentarlo en los niveles en que se mueve nuestra vida. No son palabras que pueden ser “arrancadas” del Evangelio. Están ahí, como un horizonte al que tender.

 

Nota de actualización:

 

         La jerarquización es connatural el hecho social y a la misma comunidad cristiana. ¿Puede imaginarse una sociedad igualitaria? Hoy, imposible. Pero se puede contribuir a que ese sueño esté un poco más cercano. Primero comenzando por mentalizarse; luego con pequeñas prácticas de igualdad, desde guardar con honradez el puesto en la cola de la tienda, hasta no aprovecharse de influencias que nos sitúen en un nivel distinto que a los demás. Hay que tener mucho cuidado con recomendaciones y amistades que nos desigualan. A la larga, no son un beneficio ni para la sociedad ni para nosotros mismos.

 

Preguntas para el grupo:

 

  1. ¿Te resulta sugerente esta  noción de Pueblo de Dios?
  2. ¿Cómo hacer una comunidad cristiana más democrática

 

 

5

ÉXODO

 

         Todos los estudios en antropología social reconocen la fuerza de los mitos religiosos. Los mitos, las creencias, las elaboraciones religiosas, con todas sus limitaciones e ignorancias –y con sus intuiciones geniales también, inexplicables-, han servido para hacernos una idea del mundo y de la divinidad y para dar sentido a nuestra vida. Si a esos mitos les añades una parte de épica, la creencia se magnifica al máximo.

         Eso ocurre con el ÉXODO judío que viene narrado el libro del mismo nombre: Dios ha liberado a Israel de una de sus mayores opresiones históricas, la de los egipcios del tiempo de los faraones (Tutmosis III, mejor que Ramsés II). La leyenda religiosa vertió épica a raudales y de ahí surgió la epopeya del Éxodo y el mito religioso del Dios liberador de Israel. Preguntarse por el trasfondo histórico de los acontecimientos es hacer una pregunta casi en el vacío.

         No nos ha de extrañar que estas narraciones hayan sido textos fundantes de la religión de Israel. Ellos han creído que el Dios Yahvéh con su liberación y la donación de la tierra prometida ponía los cimientos del pueblo. Por eso cada año, en la Pascua, se vuelven a leer estos pasajes. Todavía hoy, en el conflicto palestino-israelí, aducen estos textos para indicar que tienen derecho a esa tierra porque fue el Señor quien se la dio. Parece mentira que quieran sostener su postura con este tipo de argumentos, pero los nacionalismos son así. Lo que nos resulta incomprensible es que el cristianismo tome, de alguna manera, estos pasajes del Éxodo como fundamentación de la Pascua de Jesús. Lo del nacionalismo judío y la Pascua del Señor no tienen nada que ver.

         Lo más interesante, lo más original, de estas narraciones es la evidencia de que el Dios Yavhéh es Dios de un pueblo de esclavos. Ninguna religión une a su Dios con los parias, con los esclavos. Por el método del ensalzamiento de lo divino, las religiones tienden a lo maravilloso y muestran a sus deidades en el brillo del triunfo y en la gloria del poder, nunca en la miseria del acompañamiento a un pueblo esclavo.

         Esto es lo que puede dar pie a una espiritualidad nueva sobre el Éxodo. Se trataría de “salir” (Éxodo significa “salida”) hacia lugares donde los “esclavos” necesitan liberación, salir a los no-lugares donde la dignidad de las personas corre el riesgo de quedar oscurecida y, por ello, olvidada y no reconocida. Ese sería el verdadero Éxodo de hoy.

         El teólogo Jon Sobrino lo ha dicho magistralmente cuando habló en su libro El principio misericordia de “bajar de la cruz a los pueblos crucificados”. Viene a decirnos este autor que el que llamamos Tercer Mundo ofrece luz para lo que históricamente debe ser hoy la utopía. La utopía, en el mundo de hoy, no puede ser otra cosa que “la civilización de la pobreza”, el compartir todos austeramente los recursos de la tierra para que alcancen a todos. Y en ese “compartir” se logra lo que no ofrece el Primer Mundo: fraternidad y, con ella, el sentido de la vida. El verdadero progreso no puede consistir en el que ahora se ofrece, sino en bajar de la cruz a los pueblos crucificados y compartir con todos los recursos y bienes de todos.

         Este es el Éxodo real, no el de las narraciones épicas, el éxodo hacia la igualdad. En esta hora de nuestro país en que hemos llegado a ser el país más desigual de la Unión Europea (¡qué logro!) la lucha personal y social por contrarrestar la desigualdad es el rostro del éxodo del buen lector de la Biblia. Tarea para creyentes.

Texto ilustrativo:

 

Uno de los malhechores colgados en la cruz le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!». Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro hoy: estarás conmigo en el Paraíso».

 

Quizá este texto de Lucas no sea ejemplo de “bajar a uno de la cruz”, sino de dejarlo en ella. La promesa del paraíso no mitiga la cosa. Si antes le “insultaba” es posible que siguiera haciéndolo. Pero la solidaridad en el suplicio le hacía beneficiario de la justicia que aquella ejecución atroz demandaba. La solidaridad o, al menos, la cercanía con él era lo que podía “redimirle”. Estaban ambos en el lado de los excluidos, de los parias de la sociedad, del pueblo que no era considerado como pueblo. Esa comunión en la pobreza es la fuerza del pueblo pobre.

 

Nota de actualización:

 

         En el Éxodo la realidad del pueblo es decisiva: es el verdadero protagonista, con sus luces y sombras, más que Moisés. El papa Francisco haba del gusto de ser pueblo: “A veces sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura. Cuando lo hacemos, la vida siempre se nos complica maravillosamente y vivimos la intensa experiencia de ser pueblo, la experiencia de pertenecer a un pueblo” (EG 270).

 

Preguntas para el grupo:

 

  1. 1.    ¿A qué te suena eso que dice el Papa Francisco que la Iglesia debe ser una “Iglesia en salida”?
  2. 2.    ¿Cómo concretar que el verdadero éxodo hoy es contrarrestar la desigualdad social?

 

6

ALIANZA

 

El tema teológico de la Alianza es decisivo, tanto para el Antiguo Testamento como para el Nuevo. El libro del Génesis es muy representativo: va describiendo cómo la Alianza de Dios con su pueblo va pasando de familia en familia patriarcal por verdaderos vericuetos, dada la fragilidad humana. Pero siempre sale a flote. A veces emplea metáforas hermosas, como la de Gén 9,3 donde se dice que Dios pone su arco en el cielo (el arcoíris), lo que quiere decir que su Alianza con la historia nunca se quebrará, más allá de cualquier limitación humana.

Y en el Nuevo Testamento, ya lo sabemos, Jesús se “apropia” de la antigua Alianza y le da un giro nuevo: ya no será solamente un anhelo de una religión, sino que la Alianza de Dios con la historia se verá en la entrega de Jesús, en su “sangre derramada” (Lc 22,40), en su donación total a la vida.

Esta hermosa espiritualidad tiene dos peligros: a) que la Alianza se haga porque Dios ha elegido a un pueblo, a una persona, a una fe, sobre otras. Dios no hace Alianza con unos sí y con otros no. Por eso san Pablo dirá que Jesús ha ganado el premio para todos (Filp 3,12);  b) el otro peligro: que se anhele una Alianza con Dios, que esté a nuestro favor, porque se le teme. En El AT el temor de Dios era “principio de Sabiduría”, algo valioso (Prov 9,10); Jesús relativiza mucho eso, aunque aún quedan coletazos (“el chirriar de dientes”: Lc 13,28).

No se podrá entender nada del trasfondo de la espiritualidad de la Alianza si no se tiene como cimiento la idea de un Dios a nuestro favor. Las religiones, quizá con buena voluntad, aunque digan que obedecen, adoran e, incluso, aman a Dios, no lo consideran como vecino de su barrio, habitante de su casa, benigno por encima de fallos. Lo sitúan fuera, en el cielo, y lo entienden siempre fiscalizador y mirando de reojo a lo nuestro. ¿Cómo vamos a entender que Dios hace una Alianza de amor con nosotros al crearnos si no logramos romper el recelo con el que lo consideramos?

Creer que Dios hace Alianza con la historia es estar seguros de que nuestra vida no es una vida destinada a la soledad, sino a la comunión; es creer que la verdadera casa de la persona es el corazón de Dios y el de la persona; es creer, por muchos que sean los desvaríos humanos, que la puerta de la casa del corazón del Padre sigue siempre abierta para nosotros. Ninguna Alianza puede hacerse fuera del marco de la confianza; si esta no se da, la Alianza resulta imposible.

Esto habría de llevarnos a cultivar entre las personas, e incluso con la misma naturaleza, una mentalidad de Alianza, de pacto, de buena relación, de buena vecindad. Los conceptos espirituales se vacían de contenido si no se logra dárselo en las cosas más cotidianas. Para vivir en paz y amor es preciso estar continuamente pactando, elaborando perdones, trabajando distancias. Si esos trabajos de relación no se dan, hablar de espiritualidad de la Alianza es hablar chino.

Entender a Dios como un aliado habría de llevarnos a entender a toda persona, y a toda criatura, como aliados. Se rompería así ese miedo al diferente que es la causa de tantos desajustes entre países. Estamos necesitados de una saludable espiritualidad de la Alianza para que el caminar humano por la historia no se convierta en un calvario, sino, por el contrario, en una senda que nos va introduciendo en el corazón del otro, en una casa asentada en el amor.

 

Texto ilustrativo:

 

Os recogeré de entre las naciones,

os reuniré de todos los países,

y os llevaré a vuestra tierra. 

Derramaré sobre vosotros un agua pura

que os purificará:

de todas vuestras inmundicias e idolatrías

os he de purificar;

y os daré un corazón nuevo,

y os infundiré un espíritu nuevo;

arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,

y os daré un corazón de carne. 

Os infundiré mi espíritu,

y haré que caminéis según mis preceptos,

y que guardéis y cumpláis mis mandatos. 

Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.

Vosotros seréis mi pueblo,

y yo seré vuestro Dios (Ez 36,23-26).

 

         Ezequiel es un desencantado del pueblo que cree que jamás será fiel. Pero Dios va hacer una especie de “trasplante de corazón” (hacía falta imaginación en aquella época) para poner en la persona “un corazón de carne”. Es decir: la Alianza no es que dé resultado algo divino, sino algo humano. El valor de la Alianza, de la fe, se mide por su calidad de humanidad. Una Alianza para ser más humanos.

 

Nota de actualización:

 

         A veces hemos hablado de la necesidad que tenemos de construir la amistad cívica. Esa sí que es una alianza necesaria. Más, quizá, que la alianza con Dios. ¿Cómo vamos a vivir la espiritualidad de la Alianza si no construimos nuestras pequeñas alianzas? Volvemos a reflexionar sobre la definición de amistad cívica que nos da Adela Cortina: “La amistad cívica no consiste en que los ciudadanos se vayan de tapas, porque éstas son cosas que se hacen con los amigos corrientes, con ésos a los que, según el diccionario, se tiene afecto personal desinteresado que se fortalece con el trato. La amistad cívica sería más bien la de los ciudadanos de un Estado que, por pertenecer a él, saben que han de perseguir metas comunes y por eso existe ya un vínculo que les une y les lleva a intentar alcanzar esos objetivos, siempre que se respeten las diferencias legítimas y no haya agravios comparativos”.

 

Para el trabajo en el grupo:

 

  1. 1.    ¿Tiene razón quien dice que si no crees en Jesús eres persona “incompleta”?
  2. 2.    ¿Te parece interesante el tema de la “alianza de civilizaciones” o es sólo humo?

 

 

7

LEY Y LEYES

 

         El pueblo de Israel, como todas las sociedades, fue muy dado a las leyes. Construyó toda una jungla de preceptos religiosos de toda índole: desde los diez mandamientos que se han universalizado, los corpus legislativos del Levítico, los 613 preceptos que debía cumplir todo fiel judío, o la selva de prescripciones de La Misná que es el código legal de comportamiento que se escribió precisamente en tiempos de Jesús. Únase a todo ese montón de leyes las derivadas de las costumbres religiosas, tan coactivas.

         No nos ha de extrañar que, como dice Mt 22,34-40, le fueran una vez a Jesús con la pregunta sobre cuál era el mandamiento más importante de aquella selva de preceptos. Jesús hizo dos cosas: resumió aquel maremágnum en dos únicos preceptos (amor a Dios y amor al prójimo). Pero, además, equiparó el “segundo” (el amor al prójimo) al “primero” (el amor a Dios). Es decir, uno es igual al otro. Más aún, si damos crédito a 1 Jn 4,20, el amor al prójimo es “primero” porque hace visible el amor a Dios.

         Por todo esto, en tiempos de Jesús había una discusión nunca cerrada del todo sobre qué leyes eran “pesadas” (es decir, obligatorias) y cuáles otras eran “ligeras” (es decir, no obligatorias). Textos como Mt 11,28-30 dicen que la carga de Jesús es “ligera”. O sea, que lo de Jesús no puede ser nunca obligatorio, sino algo libre, realidad que brota de la adhesión del corazón, del amor, no de la imposición de una ley.

         Es que el judaísmo ha cogido la ley, la norma, como camino espiritual, creyendo que,  cumpliendo fielmente las normas, llegaba a Dios. Esto es muy peligroso porque, al final, quien cumple escrupulosamente las normas religiosas termina exigiendo a Dios el premio de las mismas. Y Dios queda así como reo de la persona religiosa.

         Jesús ha tomado otro camino, el camino del amor. Él ha pensado que al Dios de amor se llega amando. Y que, amando, no se exige nada a Dios, sino que él da generosamente lo que nosotros no alcanzamos. Por eso el testamento de Jesús de Jn 13,30 incluye aquella cláusula que todos sabemos: “Amaos unos a otros como yo os he amado”. Jesús nos ha amado asimétricamente, cuando no podíamos pagarle, como dice san Pablo en Rom 5,6. Amar sin esperar siempre a cambio pago, premio, recompensa, aplauso: es la manera de vivir del seguidor/a de Jesús.

         Para Jesús, la persona está siempre por delante de la norma, como lo ha mostrado muchas veces cuando curaba en sábado, como en Lc 14,1-6. De ahí que, aunque las sociedades necesitemos normas para poder convivir, o la misma Iglesia mantenga bien vivo un corpus doctrinal llamado Derecho Canónico, muy coactivo, la postura del cristiano ha de ser bien clara: primero la persona y después las normas, primero el amor y luego el ordenamiento social o religioso.

         Asentarse en la norma es abandonar el sueño de Jesús de una sociedad asentada en el amor. De ahí que haya que tener siempre una actitud crítica ante la norma y sus beligerantes defensores.

 

Texto ilustrativo:

 

         “Para que seamos libres nos liberó el Mesías, con que manteneos firmes y no os dejéis atar de nuevo al yugo de la esclavitud” (Gál 5,1).

 

         Gálatas es la carta de la libertad cristiana. Pablo, que había sufrido la “esclavitud” de la norma y de la que nunca se liberó del todo, descubrió en la experiencia de Jesús un horizonte de libertad. Lo vivió hasta donde pudo. Pero, ciertamente, su espiritualidad sobre la libertad cristiana sigue vigente.

 

Nota de actualización:

 

         El respeto a las leyes sociales no ha de ser por razones de castigo (multas), sino por espíritu de colaboración ciudadana, que es una manera de hablar de la fraternidad social. Esto se ve claramente en leyes que afectan a la economía (obligaciones fiscales) y a la convivencia (normativa sobre circulación vial). La fe cristiana habría de llevarnos a ser escrupulosos en el cumplimiento de esta normativa, aunque otros la menosprecien o la conculquen. Es preciso “moralizar” estos comportamientos y considerarlos como auténticos pecados sociales.

 

Para el trabajo en grupo:

 

  1. ¿En qué punto la Iglesia debería posponer la norma a la persona?
  2. ¿Por qué nos cuesta a los cristianos cumplir exquisitamente nuestras obligaciones cívicas (fiscales o de convivencia)?

 

 

 

 

8

JUECES

 

         Entre el Éxodo de Egipto y el establecimiento de la Monarquía, Israel tuvo una época histórica amplia gobernada por Jueces, personas investidas de poder divino que administraban las tribus en todos los órdenes administrativos, de justicia y de acción política. Así queda reflejado en el libro bíblico de los Jueces.

         Pero, más allá de verdad histórica de estas aseveraciones, muy dudosa, lo cierto es que el antiguo Israel fue muy dado a los litigios. Por eso mismo, como los otros pueblos, elaboró un complicado panorama en torno a la justicia entre ciudadanos. Hicieron bueno aquel dicho de que “donde hay hermanos, hay litigios”. El litigio acompañó el devenir de este pueblo.

         Ya se había dicho en Ex 32,9 que era un pueblo de “dura cerviz”, pueblo belicoso hasta en sus mismas fronteras. Basta leer el fanático libro de Josué para percibir el ánimo levantisco de este pueblo. No es de extrañar que recurrieran a instancias que mantuvieran en sus límites el ansia de polémica de tales tribus.

         Por eso no nos ha de extrañar que esta instancia de los jueces conociera la corrupción, como nos demuestra el novelesco relato de la “casta Susana”, uno de los relatos griegos asociados al libro de Daniel (Dan 13). De ahí que uno de los mayores fustigadores de los jueces inicuos, el profeta Ezequiel, soñará, como dijimos antes, con una persona que no necesite ser juzgada, sino que ella misma tenga un “corazón de carne”, es decir, un corazón imbuido por la justicia (Ez 36,26).

         El mismo Moisés, el prototipo de líder, tiene un sueño incumplido, que “todo el pueblo sea profeta” (Num 11,29), que no haya que nombrar jueces porque toda persona está llena del espíritu del Señor, que es espíritu de justicia. Siempre ha estado Israel en este dilema: para hacer que se cumpla la justicia, nombremos quien nos juzgue. Cuando la buena orientación habría sido: para que se cumpla la justicia, seamos justos cada uno de nosotros.

         Por eso Jesús ha abandonado decididamente el mecanismo de juicio. Ni ha juzgado a nadie ni ha querido ser juez entre partes litigantes: “¿Quién me ha nombrado juez entre vosotros?” (Lc 12,14). Para Jesús lo importante no es que haya un buen juez, sino que haya disposición para entenderse. Por eso dice con claridad que, incluso antes de presentar la ofrenda, antes de orar, hay que arreglar cuentas si se tiene algo contra el hermano (Mt 5,23).

         La novedad de Jesús es que el seguidor tiene que ser persona alejada de los litigios, resistente en modos pacíficos (Lc 6,29). No lo dudemos, si por algo atrae Jesús es, entre otras cosas, por tener controlado el mecanismo de juicio. Él no ha juzgado nunca y por eso se le han acercado toda suerte de pecadores y frágiles.

         De ahí que la espiritualidad cristiana empujará con decisión a aminorar, y si es posible suprimir, los litigios entre creyentes (2 Tim 2,14). El que estemos muy lejos de ello no invalida la utopía de Jesús: “No juzguéis y no seréis juzgados” (Lc 6,37).

 

Texto ilustrativo:

 

         “Al que tiene fe débil, hacedle buena acogida sin discutir opiniones. Hay quien tiene fe para comer de todo; otro, en cambio, que la tiene débil, como solo verduras. El que come de todo, que no desprecie al que se abstiene; el que se abstiene, que no juzgue al que come, pues Dios lo ha acogido. ¿Quién eres tú para poner falta al criado de otro? Que siga en pie o se caiga es asunto de su señor; y en pie se mantendrá, que fuerzas tiene el Señor para sostenerlo” (Rom 14,1-4).

 

         Somos personas de juicio fácil. Y a veces por naderías externas, no por el fondo de la persona. Es algo que hay que controlar. De lo contrario, la convivencia, la fraternidad, se hace imposible. Es preciso aceptar la diversidad no sobre todo como un problema, sino como un valor. Si el juicio campa a sus anchas, la fraternidad se esfuma.

 

Nota de actualización:

 

Cuando ocurre un desaguisado social (lo de la Manada, o cosas así) se alza un clamor. Los más moderados dicen: la masa no debe sustituir  a los jueces. Y quizá debe ser así, porque la gente se guía más por sentimientos que por leyes. Pero, sin condenar, creemos que la voz social ha de oírse y de alguna manera (acomodando las leyes, formando a los jueces) ha de ser tenida en cuenta. Una cosa es un juicio que condena y otra cosa es una valoración que busca justicia más acomodada a nuestra época.

 

Para el diálogo en el grupo:

 

  1. ¿Cómo controlar el mecanismo de juicio?
  2. ¿Cómo vivir alejados de juicios que persiguen beneficios?

 

 

9

DEPORTACIONES

 

         Se ve que en la antigüedad una de las técnicas de dominio político eran las deportaciones. Una vez vencido el enemigo, se cogía a los hombres con potencial militar y se les deportaba a mucha distancia, con frecuencia al país vencedor para que sirvieran de esclavos. Y así el territorio conquistado no podía levantarse de nuevo en armas al no haber ya guerreros que lo hicieran. Con frecuencia, tales deportaciones suponían que los deportados ya no regresaban jamás a su tierra.

         Así ocurrió en la antigua historia de Israel, país pequeño, pero levantisco. De hecho conocemos varias deportaciones importantes. Por ejemplo: en el  722 a.C. fueron deportados a Nínive, Asiria los israelitas del Norte. Pero la más importante fue la del 587 a.C. a Babilonia.

         Nunca sabremos medir la envergadura de aquel desastre que estuvo a punto de hacer desaparecer a Israel del mapa. Para percibir la derrota hondísima, más tarde, se dirá que la columna de prisioneros iba a pie, encadenados. Y el primero de la reata, el rey Sedecías, a quien habían degollados sus hijos,  desnudo y con los ojos sacados (2 Re 25,7). Fueron deportados a más de mil kilómetros de distancia. Como hoy ir a Marte. Ya nunca volverían.

         Como decimos, Israel hubiera desaparecido del mapa de no ser por dos profetas que mantuvieron viva la idea de pueblo, la certeza de que, aunque estaban a punto de desaparecer, Dios, el Dios de la Alianza, seguía con ellos. En la deportación a Babilonia fueron Isaías II y el levita deportado  Ezequiel los que mantuvieron viva la fe en los momentos de mayor derrota de la historia antigua de Israel.

         Otra vez lo recordamos porque, en parte, por él estamos aquí esta tarde: Ezequiel era un desencantado de su propio pueblo, un clérigo de mentalidad negativa y cáustica. Él creía que Israel había sido infiel a Dios, lo era en el presente y lo sería siempre en el futuro. Pueblo increyente y malo. Pero él fue llamado en ese momento de derrota a profetizar la esperanza. Y, haciendo de tripas corazón, construyó hermosas profecías de esperanza que mantuvieron viva la fe del pueblo: Dios cambiará el corazón de piedra de Israel por un corazón de carne (Ez 36); Dios dará una nueva patria a Israel aunque no se la merece (Caps.40 y ss). La fe y la identidad de los que estaban “junto a los canales de Babilonia” (Sal 136) se mantuvo a pesar de todo.

         Y entonces ocurrió lo inesperado: un joven militar persa, Ciro, en poco más de un año de campañas militares, derribó el imperio babilonio y creó un nuevo impero, el persa. Esto trajo vientos nuevos de liberación. Nada más llegar al poder, viendo que tras 50 años de cautiverio, Israel no constituía ningún peligro, publicó un edicto de repatriación para los judíos. No se lo creían. Los pocos que habían sobrevivido volvieron a Israel, pobre, devastado y despoblado. Pero pudo comenzarse la reconstrucción del país.

 

Texto ilustrativo:

 

         “Nosotros, ateniéndonos a su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia” (2 Pe 3,13).

 

         Las cartas de Pedro están escritas “a los emigrantes dispersos”: nada nuevo: siempre ha habido migraciones. Les dice en la primera carta que la comunidad cristiana puede ser su patria, su referencia para vivir abiertos a una sociedad donde no es fácil vivir como minoría religiosa. Esta frase de la segunda carta indica que nuestra “migración” por la historia apunta al logro de la justicia. Si cuando nos vayamos no ha aumentado, siquiera un poco, la justicia, no habremos conseguido lo que el Evangelio espera de nosotros.

 

Nota de actualización:

 

La historia de Israel, como la de muchos pueblos, estuvo amasada en migraciones violentas. Nada nuevo. El mismo Jesús queda pintado, lo fuera o no, como uno que tuvo que ir a país extraño (Mt 2,13ss). Los pueblos pobres, dependientes de la dirección que tomen los poderosos, tienen que sufrir deportaciones, tienen que emigrar. Hoy mismo en el mundo la apatridia está bien viva y los problemas de los emigrantes forzados son conocidos de todos. Las mismas deportaciones como la de los rohinya en Bangladesh  nos aproximan a las antiguas deportaciones de Israel. Ignoramos lo que pasa en Libia con los africanos que tratan de llegar a nosotros. ¿Y en Marruecos? ¿Nada nuevo bajo el sol? Creemos que hemos avanzado en sensibilidad. Pero la cosa sigue ahí.

 

Para el trabajo en el grupo:

 

  1. ¿Qué opinas de las deportaciones forzadas?
  2. ¿Qué opinas de los llamados sin-papeles?

 

 

10

PROFETAS

 

         No se podría entender la espiritualidad de la Biblia sin los profetas. Constituyen, junto con la oración y las leyes religiosas, una de las columnas imprescindibles de la Escritura. De hecho, la Biblia hebrea tiene tres grandes partes: la Ley, los Profetas y los otros Escritos. El mismo Nuevo Testamento está, de algún modo asentado sobre la profecía de Jesús sobre el Reinado de Dios y las profecías de sus primeros seguidores que difundieron la utopía del Reino.

         La tarea de los profetas es múltiple: a) anuncian sucesos aún no llegados, basados en indicios sociales como el comportamiento del pueblo ante la realidad de Dios; b) denuncian comportamientos inhumanos o alejados de la fe, sobre todo cuando los cometen las estructuras políticas, aunque también censuran al pueblo; c) interpretan los acontecimientos desde perspectivas de fidelidad a Dios y de justicia; d) abren horizontes cuando la situación del pueblo se hace insostenible.  Todas estas funciones se entremezclan y aparecen según las circunstancias.

         La talla de los profetas bíblicos es, casi siempre, impresionante, aunque su extracción social sea baja (como en el caso de Amós que era “pastor y cultivador de higos”: Am 7,14). Las figuras de Isaías, Jeremías o Ezequiel son gigantescas. Pero las de profetas “menores” como Miqueas o Zacarías no le van en zaga. Todos ellos tienen en común dos cosas: aman a Dios y aman al Pueblo. Por ese tipo de valores hay que medir la categoría profética de un creyente.

         No ha de extrañar que esta hermosa realidad de la profecía se corrompiera, como todo lo humano. Por eso la Biblia habla con profusión de los “falsos profetas”. Generalmente, era profetas que profetizaban a sueldo, para que quienes les pagaban escucharan lo que querían oír. Los había en abundancia, sobre todo en las cortes de los reyes. Los profetas bíblicos los censuran sin misericordia. Las leyes bíblicas, drásticas como son, dicen que esos sujetos deberían morir (Dt 18,20). Corromper la profecía es un delito de humanidad.

         La voz de estos antiguos profetas sigue viva hoy. Si el cáustico Ezequiel viera que sus oráculos siguen siendo inspiradores para los creyentes de esta sociedad que aspiran a un “corazón nuevo” (Ez 36,26-28), él que, en su decepción, creía que era un mero cantor de “coplas de amor” (Ez 33,22) se quedaría anonado. Es que la verdad de la profecía atraviesa sociedades y tiempos.

         La vieja profecía recibe un aliento nuevo el profetas Jesús de Nazaret, el que pasó “haciendo el bien” (Hech 10,34-38). Esa fue su verdadera profecía: anunciar a un Dios bueno, denunciar a quien obra mal, leer la relación humana en modos de bondad y abrir horizonte a la posibilidad de “ser bueno de todo como lo es el Padre del cielo” (Mt 5,48). Una profecía de bondad, así ha sido la suya y la que ha recibido de su mano sus seguidores. De tal manera que el triunfo del bien ser, al final de todo, el triunfo de la profecía.

 

Texto ilustrativo:

 

“Y sucederá que después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes verán visiones” (Joel 2,28).

 

La profecía es inherente a la sociedad, no es sobre todo cuestión religiosa. Profecía es soñar con un mundo igualitario ya hacer algo porque sea sí, aunque sea poca cosa. Profecía es soñar un mundo más ecológico y convertirse ecológicamente. Profecía es soñar un mundo cósmico diverso y agradecer el sol cada mañana. Profecía es soñar una familia de humanos y tratar de se familiar con toda persona. 

 

Nota de actualización:

 

         Hoy día la profecía no nos viene sobre todo del lado religioso, sino del social. La profecía de decrecimiento (vivir con menos para vivir mejor), la profecía de la economía del bien común (la persona por delante de la ganancia empresarial), la profecía de la sobriedad feliz (el arte de vivir disfrutando con poco), la profecía del movimiento slow (vivir con más sosiego), las múltiples profecías de meditación, etc. Son voces que no tienen componente religioso pero que entroncan con el fondo de los sueños de Jesús. No haríamos bien en desoírlas.

 

Para el diálogo en el grupo:

 

  1. ¿Siguen vivas las figuras de los profetas bíblicos?
  2. ¿Cómo ser profetas del bien en una sociedad de componente inhumano?

 

 

11

REYES

 

         A toro pasado, podemos decir que la monarquía no trajo a Israel más que desgracias. Pero ellos querían ser “como los demás pueblos” y tener un rey (1 Sam 8,20), así se lo decían cansinamente al profeta Samuel. Y él les advirtió claramente: “Os quitará a vuestros hijos para que se hagan cargo de los carros militares y de la caballería, y para que le abran paso al carro real. También os quitará a sus vuestras para emplearlas como perfumistas, cocineras y panaderas”. Y así fue: la realeza, como le es propio, sangró a los vasallos israelitas hasta extremos que nunca hubieron imaginado. Pero ellos “querían ser como los otros pueblos”. Y lo fueron.

         Por eso, si repasamos la historia de la realeza en Israel, a grandes zancadas, esto es lo que vemos: reyes crueles hasta el límite, como, por ejemplo, Salomón quien, por los extraños vericuetos de la historia, ha pasado como ejemplo de rey sabio y prudente. Pero él edificó su reino sobre la sangre: se cargó a toda la oposición  (a su hermano Adonías, al jefe del ejército Joab, a Semeí que era el crítico de la época). Y luego quiso embaucarnos, haciéndose el humilde, con aquella oración en Gabaón pidiendo a Dios que “le enseñe a escuchar para saber gobernar bien porque es un muchacho”. A otro con ese hueso.

         Si miramos, siglos después, la figura del último rey de Israel antes de exilio de Babilonia tenemos a Sedecías, rey vasallo de Nabucodonosor, contra el que se sublevó desechando los consejos de Jeremías y siguiendo a profetas falsos. Llevó al país a su mayor derrota que culminó con el exilio a Babilonia exponiéndolo, literalmente, a la desaparición del mapa. Fue apresado, presenció el degüello de sus hijos, le sacaron los ojos y lo llevaron desterrado, desnudo, a Babilonia.

         Y si llegamos a los tiempos de Jesús tomemos, por ejemplo, al rey Herodes el Grande, el de los inocentes. Hombre cruelísimo. En tres meses crucificó a ochocientos, entre ellos a dos hijos suyos. Posteriormente mató a su propia mujer. Dicen que fue un gran constructor, pero por el cimiento de sus obras corre la sangre.

         Alguno de los reyes se salva como, por ejemplo, el “piadoso rey Ezequías” quien, según la Biblia, haciendo caso a Isaías, aguantó el sitio de Jerusalén por Senaquerib y, por su piedad, Dios diezmó al ejército sitiador que se retiró. Las fuentes no bíblicas no son tan benévolas con él.

         Lo cierto es que Israel, que había recibido de Dios la vocación de ser “pueblo de la alianza”, fue como los demás pueblos, tanto en sus instituciones como en los comportamientos individuales. Estaba destinado a ser el pueblo de la fraternidad humana y fue el pueblo de la corrupción y la inhumanidad. Como todos. Hay quien ha dicho que lo que no hizo Israel lo ha hecho el cristianismo, “pueblo de la nueva alianza”. Pero la historia dista mucho de hacer válido tal aserto. Tal vez la cosa sigue pendiente y aún no hemos encontrados con las estructuras sociales y religiosas que lleven a la fraternidad esencial, el sueño de Jesús.

 

 

Texto ilustrativo:

 

         “Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen el poder se hacen llamar bienhechores. Pero vosotros, nada de eso, al contrario, el más grande entre vosotros iguálese al más joven y el que dirige al que sirve. Vamos a ver, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? El que está a la mesa, ¿verdad? Pues yo estoy entre vosotros como quien sirve” (Lc 22,25-27).

 

         Aplicar a Jesús el término de “rey” es impropio (aunque se lo aplique él mismo en Jn 18,37: un rey paradójico, que no se lucra de sus vasallos). Él está “fuera de la mesa”, en actitud permanente de servicio, siempre en el último lugar.

 

Nota de actualización:

 

         La monarquía parece estar en el alero del tejado en nuestro país. Quizá se ha ganado sus detractores a pulso. Pero hay un movimiento valioso: todo ciudadano ha de tener las mismas oportunidades y derechos. Tener más posibilidades por herencia real ya no es admisible en sociedades democráticas. Esta manera de pensar se acerca mucho al modo de vida fraterno e igualitario con el que sueña el Evangelio. Por eso, tal vez, habría que apoyarlo.

 

Para el diálogo en grupo:

 

  1. ¿Es cierto eso que se dice de que “un país tiene los gobernantes que se merece”?
  2. ¿Crees que nuestras instituciones, sociales y religiosas, generan humanidad y fraternidad?

 

 

 

12

MESÍAS

 

         Siempre se ha soñado en un mesías, alguien que nos saque las castañas del fuego cuando las cosas no van bien. Es una manera de soportar la cruda realidad. Israel ha sido especialista en esto. Ahí es donde se acuñado el término “mesías”. Siendo un pueblo pequeño, de escaso potencial político y militar, siempre ha sido oprimido por los grandes imperios. Solamente en esta época de ahora tiene el poderío que lo hace respetable por su fuerza, con frecuencia injusta. Quizá por ello ahora es cuando menos se habla entre los judíos del mesías.

         Pero en el Antiguo Testamento se sueña con el mesías. Lo dice explícitamente Miqueas 5: “de ti sacaré el que ha de ser el jefe de Israel”. Y el profeta Isaías (7,14; 8,8) habla de uno que va a ser “Dios con nosotros…que salvará a Israel”. Siempre soñando con una salvación que viene de fuera.

         En tiempo de Jesús la cosa había degenerado: se pensaba que, cuando viniera el Mesías, Israel sería reconocido por las naciones como centro del universo y todos los pueblos rendirían pleitesía en Jerusalén. Circulaba esta leyenda entre la gente del pueblo: “Cuando venga el mesías, mil paganos pedirán por favor a un judío que les deje entrar a su servicio”. Si hay algo manipulable es el sueño de los pobres, de los oprimidos.

         Esta mentalidad pasó al cristianismo primitivo y queda reflejado en los evangelios: en Mt 1,16 se dice que de José nació “el llamado Mesías”, en Lc 4,41 los endemoniados le dicen a Jesús que es el Mesías, los discípulos confiesan explícitamente su mesianidad (Mt 16,16). Es decir, los antiguos anhelos del AT han quedado condensados en la persona de Jesús.

         Pero la cosa no queda ahí: muchas religiones han elaborado espiritualidad en torno a su mesías: el islam espera a su mahdi (mesías) en los últimos tiempos; los rastafaris consideraban como mesías Haile Selassie. Y así otras más. Siempre es el mismo mecanismo: no se cumplen nuestros anhelos, soñemos un mesías.

         Pero si leemos atentamente el Evangelio, veremos que se dice que no hay tal mesías, que cada creyente en Jesús es el que debe construir el soñado camino de la fraternidad: es el “anda y haz tú lo mismo” que suena como un cañonazo en Lc 10,37. No hay que andar esperando al mesías Jesús sino viviendo con los criterios con los que él vivió.

 

Texto ilustrativo:

 

         “La mujer le dijo: -Sé que va a venir el Mesías, el Ungido; cuando venga él nos lo explicará todo. Jesús le contestó: -Soy yo, el que habla contigo” (Jn 4,25-26).

 

         Jesús es un “mesías que habla”, uno del mismo nivel que nosotros. Por lo tanto, no hay que esperar mesianismos que nos saquen las castañas del fuego. Somos nosotros, en diálogo con él, como hemos de ir construyendo el camino humano. La adhesión a Jesús desborda los márgenes estrechos de los mesianismos religiosos.

 

Nota de actualización:

 

¿Cómo construir una fe alejada de los mesianismos? A veces esos mesianismos son más cercanos de lo que nos parece: creemos que si eligen a tal persona de Papa la Iglesia saldrá de su debilidad; pensamos que si sale elegido tal o cual político el país se salvará; nos parece que si el párroco resulta ser estricto cumplidor de las normas, la parroquia volverá a llenarse de jóvenes y de vocaciones; podemos llegar a tener por cierto que si logramos ganar unas elecciones nuestra situación será radicalmente distinta. Muchos de estos sueños son mesianismos que nublan el camino correcto, el del trabajo por la construcción de una sociedad humana e igualitaria. Que podamos vivir lejos de tales espejismos.

 

 

Para el diálogo en grupo:

 

  1. ¿Continúan funcionando en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia los espejismo?
  2. ¿Cómo contribuir a una sociedad y a una Iglesia sin mesías?
  3.  

 

13

SABIDURÍA

 

         Puede parecer que, en esta época nuestra, la sabiduría se demuestra por la cantidad de másteres que un puede presentar. Luego resulta que su poseedor o poseedora es uno de tantos y que, a veces, se ha hecho con esos títulos de manera fraudulenta para darse el postín y medrar.

         En la antigüedad bíblica la cosa era muy distinta. La sabiduría era una realidad casi divina. Dios mismo era la Sabiduría (Is 28,29) y él la da a la persona que la busca (Prov 2,6). Por eso mismo, tener sabiduría es para la Biblia más importante que tener oro (Prov 16,16). Una visión muy distinta de la nuestra.

         Como también es muy distinto el origen de la sabiduría: dice Prov 1,7 que “el temor del Señor es el principio de la sabiduría”. Aunque se nos diga que el “temor” bíblico no es mero temor sino reverencia, valoración de lo sagrado, etc., a nosotros temor nos suena a temor, algo negativo. No puede ser eso principio de ninguna sabiduría (ya dejamos arrumbado aquel principio de que “la letra con sangre entra”).

         Para el antiguo escritor bíblico la sabiduría es saber elegir bien cuando en la vida se te presentan dos caminos: el del bien y el del mal (Prov 3,10). Suena un poco a antiguo esto de elegir el bien. Pero los errores a la hora de elegir se pagan caros. Que se lo digan a quien no elige bien a la persona adecuada para compartir su vida o a quien elige de manera equivocada a un socio para un negocio.

         Para el antiguo también la sabiduría es sensatez (Prov 8,35).  La sensatez es seguir conservando la cabeza sobre los hombros, tanto cuando las cosas te van muy bien como cuando te van mal. En el primer caso para que el éxito no te maree y te provoque un desenfoque de la realidad; en el segundo para que no se piense que la vida toda se reduce a un mal paso dado.

         Y sobre todo, como lo demuestra el libro de la Sabiduría, ésta es justicia en el gobierno. Así es, la mayor necedad, porque acarrea la desgracia de grandes capas de la ciudadanía, es el mal gobierno de los asuntos públicos bien por incompetencia o por corrupción (Prov 6,12). Por eso está uno tentado de sumarse a aquel dicho atribuible a Baltasar Gracián de que los ignorantes son muchos, pero los necios infinitos. Efectivamente, “infinitos” son los gestores de lo público que engrosan la lista de la necedad.

         ¿Está desfasada esta espiritualidad? Creemos que no. Cuando autores modernos como Adela Cortina o Zigmunt Baumann claman por una educación ética están reclamando, en el fondo, una educación ciudadana en principios elementales que no pocos de ellos rozan las viejas enseñanzas de la sabiduría bíblica. Dice Adela Cortina: “Educar para el siglo XXI sería formar ciudadanos bien informados, con buenos conocimientos, prudentes en lo referente a la cantidad y la calidad. Pero es también, en gran medida, en medida enorme, educar personas con un profundo sentido de la justicia y la gracia”. Esto mismo piensa el sabio de AT.

         En estos tiempos de enormes avances tecnológicos hablar de sabiduría puede parecer una vuelta a la época de las cavernas. Pero no hay tal, porque el fondo de lo humano sigue moviéndose en parámetros éticos antes como ahora. Y ese camino del fondo del corazón no ha corrido tanto como el de la tecnología.

 

Texto ilustrativo:

         “Se quedaron tan estupefactos que se preguntaban unos a otros: -¿Qué significa esto? Un nuevo modo de enseñar, con autoridad, y además da órdenes a los espíritus inmundos y le obedecen” (Mc 1,27).

 

         Los rabinos enseñaban citando las sentencias de los grandes maestros de Israel. Jesús recurre únicamente a su propia experiencia, a su “autoridad”. Esto desconcierta a sus contemporáneos que no aceptan tal manera. Pero, en realidad, su experiencia era su mejor aval, por modesta que fuera.

 

Nota de actualización:

 

         Uno de los signos de que una persona sabia lo es al estilo bíblico es que, por mucho que sea un científico mundial, no olvida sus orígenes, con frecuencia humildes. Es el caso, por ejemplo, de Juan Carlos Ispizúa, un gran científico que se acuerda de su origen humilde en Hellín (Albacete) “Yo no era consciente de que nuestra situación era más precaria. Pero sí recuerdo llevar una vida un poco distinta a la de los otros niños. Los demás iban a la escuela, yo no. Yo iba con mi madre a recoger aceitunas, a poner uvas en las bolsas en época de vendimia, a vender globos… Pero no lo veía en sentido negativo”. Cuando se tiene esto claro, la ciencia denota que es patrimonio de una persona “sabia”. Una ciencia que desclasa resulta sospechosa.

 

Para el diálogo en grupo:

 

  1. ¿Estamos hablado un lenguaje incomprensible para la persona de hoy?
  2. ¿Conoces a gente sabia en el terreno de la justicia? Contar algo de ella.

 

 

 

14

SALMOS

 

            Por extraño que nos parezca, la poesía goza en nuestra sociedad de muy buena salud. Hay en nuestro país una legión de buenos poetas y poetisas. Como nunca. Este sí que es un auténtico Siglo de Oro de la poesía. Esto demuestra que los poetas interpretan el mundo, no solamente hacen lírica. Y así demuestran que el mundo de los sentimientos sigue bien vivo en el subsuelo de los humanos.

         Por eso mismo no nos ha de extrañar que en la Biblia, libro de sentimientos profundos, bellos unas veces e innobles otras, haya un libro de poemas, los Salmos. Es, con mucho, el libro más largo de la Biblia: ciento cincuenta poemas, como ciento cincuenta capítulos.

         En este libro han metido la mano muchas personas diferentes. Por lo que hay de todo: bellos epigramas, poemas de lírica sublime, letanías monótonas, imprecaciones inaceptables, hondas intuiciones, poemas épicos de detestable nacionalismo. De todo. Por eso, habrá que saber lo mejor posible qué es lo que se está leyendo, para no meter a todos los salmos en el mismo saco, como si fueran de un único autor.

         Además, son poemas que abarcan más de ocho siglos de la historia de Israel. Hay poemas muy antiguos, como el Salmo 29 (“Hijos de Dios, aclamad al Señor”) y textos muy recientes, como el Salmo 149 (“Cantad al Señor un cántico nuevo”). Pueden mediar, entre uno y otro, más de ochocientos años. Por eso, si se los quiere leer correctamente, habrá que hacer un esfuerzo para situarlos en su contexto histórico.

         Entre los creyentes de  hoy los Salmos están en horas bajas. A su condición de plegarias “antiguas” se une el descrédito de sus expresiones duras, propias de épocas más rudas que la nuestra, que no son de nuestro gusto. Esto hace que, quienes oran en común, prefieran salmos nuevos, credos por autores actuales, aunque, a veces, estos poemas son largos, pesados y carentes de pathos espiritual.

         Pero el Salterio sigue siendo, como se le llamó hace siglos, el “libro de los pobres”, los poemas espirituales de quienes levantan la vista y los hombros y quieren caminar a través de cualquier adversidad. La experiencia honda de fe y de esperanza que están en esa fuente no se ha secado todavía.

         Puedes hacer una prueba: toma los Salmos 120-135. Le llaman a esa colección “salmos de las subidas” porque los usaban los peregrinos cuando subían cantando al templo de Jerusalén. Verás que sus sentimientos de fondo están muy próximos a cualquier experiencia de fe: “De dónde me vendrá el auxilio…te deseo todo bien…nuestro auxilio es el nombre del Señor…los que confían son como el monte Sión…mi corazón no es ambicioso…”, etc. Siguen vivas estas palabras porque sigue viva la experiencia de quien anhela vivir su fe con lucidez.

 

Texto ilustrativo:

 

         “-¿No habéis leído nunca aquello de la Escritura? La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esa la ha puesto el Señor. ¡Qué maravilla para nosotros! (Mt 21,42).

 

         Se aplica a la parábola de los viñadores homicidas y se refiere a la realidad de Jesús, piedra desechada que se ha convertido en piedra angular. Es posible que esta aplicación sea obra de la catequesis primitiva. Pero eso indica que han leído la realidad de Jesús mirando al libro de los Salmos.

 

Nota de actualización:

 

         La poesía, por extraño que parezca, ha sido muy importante en las grandes revoluciones (piénsese en los cantos de la guerra civil “Ay Carmela…Si me quieres escribir” o en la revolución sandinista “Ay Nicaragua, Nicaraguita”) y todavía emociona a muchas personas. No se ha secado el fondo soñador de las personas, por mucho que sea el materialismo en el que se desenvuelve nuestra vida. De ahí la importancia del cultivo de lo bello, la poesía, la naturaleza, el arte en todas sus manifestaciones, sobre todo aquellas que están más cerca de la gente normal.

 

Para el diálogo en grupo:

 

  1. ¿Es recuperable la espiritualidad de los Salmos?
  2. ¿Cómo liberar a la Biblia y a la espiritualidad cristiana de expresiones duras y condenatorias?

 

 

 

 

 

 

 

 

El anhelo de una vida plena

EL ANHELO DE UNA VIDA PLENA

 

Resulta casi imposible encontrar términos alternativos a los ya consagrados, desde siglos, por el vocabulario religioso. Uno de ellos es el término “santidad”. Si abrimos cualquier diccionario bíblico ahí está expresada con exactitud toda la espiritualidad en torno a la santidad religiosa. Cambiar eso resulta casi imposible.

Y ¿por qué cambiarlo? Porque el encasillamiento del tema lo ha alejado tanto de la vida real de los creyentes, que hoy un término como el de “santidad” resulta irrelevante para ellos y no sube una pulsación el interior de la mayoría de quienes nos decimos cristianos.

El Papa Francisco ha hecho un esfuerzo gigantesco en la exhortación “Gaudete et exultate” por aproximar a la cotidianeidad del seguir de Jesús ese tema de la santidad. Pero no logra romper el “maleficio” del término y nos tememos que un documento, tan hermoso y tan bien intencionado, quede en nada en relación con la vida de los creyentes de a pie.

¿Existe la posibilidad de dar con otra expresión alternativa que lleve a una orientación espiritual distinta a la tradicional de la “santidad”? ¿Podríamos intentarlo con la expresión “vida plena”?

La primera objeción a una “traducción” tal, brotaría de quien piensa, y piensa bien, que aspirar a una vida plena en esta historia nuestra mezclada irremediablemente a la limitación, a la gran limitación a veces, es no solo una imposibilidad sino una ironía inaceptable para quien aguanta pesos enormes.

Por eso mismo, habrá que entender tal aspiración de una manera dinámica: la vida plena es un horizonte, un anhelo, una luz, a la que se puede tender desde el punto, por muy oscuro que sea, en el que uno se encuentra. Es, ciertamente, una aspiración, pero es también un dinamismo, una fuerza que anida en los últimos pliegues del alma.

Los trabajos que se hagan, sobre todo, para que al frágil le sea “soñable” la posibilidad de una vida más plena, son trabajos de honda humanidad y de honda fe. No nos parece que sean trabajos ingenuamente soñados, de total imposibilidad. La vida de cada día muestra que esos trabajos tejen la alfombra de la dicha que logra contraponerse al inevitable telar que elabora la muerte.

Además, el anhelo de la vida plena se hace compatible con el cosmos en expansión, termine este en plenitud o no, ya que el concepto mismo de plenitud puede que sea ajeno a la realidad del cosmos. Pero es compatible en su devenir, porque la expansión cósmica puede ser leída sin finalidad, pero puede entenderse como un grito de proporciones vedadas a nosotros que apunta a plenitudes cósmicas, sean estas las que sean.

Y además, para terminar, se adecúa al pequeño camino diario, a un kilómetro de la propia casa, que quiere hacer ver que lo pleno no es un espejismo, sino un anhelo de curso legal, un algo inerradicable del “arcaico corazón” del que nos habló B. Atxaga.

Decir algo nuevo

DECIR ALGO NUEVO

 

            Dice Amos Oz en su estupendo libro Queridos fanáticos que al “cuando un joven se acerca a la Torá el día de su baz mitzvá, no le preguntan: ‘mi dulce niño, ¿qué has aprendido hoy en el colegio?’, no le piden que recite lo que ha oído decir a los maestros ni lo que ha leído en los libros. Al contrario, le piden: ‘di algo novedoso’. Es decir, danos algo original. Tuyo. Aunque tenga un significado pequeño, secundario, marginal, pero que sea algo que exprese una reflexión a la que tú mismo hayas llegado con los textos que has estudiado. También al novio en el día de su boda en la sinagoga se le pide ‘decir algo novedoso’. Este es, al parecer, el núcleo creativo de la cultura judía, que pasa de generación en generación excepto en los periodos en que esa cultura tiende a petrificarse” (p.70).

            Es que decir algo novedoso en ámbitos de fe cristiana está llegando a ser urgente, de tan rutinario y petrificado que se encuentra el lenguaje religioso. El cansancio es enorme; los fieles se saben de memoria lo tantas veces repetido; los religiosos y religiosas se duermen, literalmente, ante una exposición de la fe, del Evangelio, que se la saben de memoria antes de que el predicador despegue los labios. Un cansancio de proporciones gigantescas envuelve la propuesta religiosa. Incluso más, hay quien dice que ese discurso archirrepetido es “la sana doctrina”, lo que hay que decir, aunque el bostezo llegue a ser de proporciones cósmicas.

            ¿Tan difícil resulta decir algo nuevo? No nos referimos a nuevas doctrinas que se sumen al cúmulo del cansancio ya citado. Tampoco nos referimos a novedades esnobistas que saltan de rama en rama sin terminar de poner el huevo en ningún lugar, ni de dar bibliografías inacabables que nadie lee. Se trata de decir algo “tuyo”, elaborado por ti, pensado por ti, cocido en el horno de tu interior y propuesto con el brillo en los ojos de quien ha visto lo que nace y con la modestia de quien cree que, tal vez, no sirva para mucho.

            Es necesario decir algo nuevo sobre este viejo cosmos en el que viajamos a velocidades increíbles. El Papa Francisco habla de una “mirada nueva” sobre lo creado, porque nuestra mirada se ha hecho vieja sin siquiera mirar con amor a lo que nos rodea. Algunos, como Francisco de Asís, lograron ver desde ese lado distinto. Por eso, su candidez sigue todavía cautivando a tantos.

            Se precisa decir algo nuevo sobre una sociedad envejecida no solamente en años sino en el corazón, que sucumbe a los costrones de una rutina consagrada por toda clase de protocolos. Cuando ocurre que alguien apunta a lo nuevo, por más que termine en los caminos de siempre, hay miles de cuellos y de orejas que se levantan intuyendo ahí el viento que puede hacer respirables nuestros cansinos pasos por nuestras ciudades.

            Sería también buenísimo decir algo nuevo a la Iglesia, tan vieja que hay que hacer esfuerzos gigantescos para que el tinglado no se venga abajo. Algo nuevo desde una visión extrasistémica, desde una libertad que está oculta en el polvo de los siglos, desde un anhelo que, con paz, viene a decir que hay muy poco que hacer por los caminos de siempre y que los esfuerzos de tantos creyentes de buena voluntad serían más fecundos en otros horizontes, y que estos horizontes soñados no vienen de los ya conocidos, porque los de siempre no saben sino repetir y repetir lo de siempre.

            Cuánto agradeceríamos que alguien dijese algo nuevo a la Vida Religiosa tan impotente para abandonar caminos trillados, tan resignada a acabar en los terrenos de siempre, tan empeñada en querer nadar y guardar la ropa, tan escasa de imaginación para, como el ciego del camino, tirar el manto, abandonarlo y, de un salto, empezar a transitar caminos no hollados.

            Quizá el silencio puede ser algo nuevo cuando no se tiene una palabra distinta que decir. Pero es cierto que si llegas a decir algo nuevo, algo tuyo, hay una tierra sedienta que espera ansiosa esa lluvia.

DE ALDEA EN ALDEA

 

 

DE ALDEA EN ALDEA

Los caminos políticos del Evangelio

(Notas para una semana de reflexión y diálogo)

 

 

Introducción

 

         Hay que reconocer que cuando, en muchos temas concretos, se trata de preguntas que se hacen a los Evangelios (por ejemplo la cuestión política) entramos en una nebulosa. Por muy agudos que sean nuestros análisis, se tiene la impresión de que no damos con el quid. La disparidad de opiniones de los biblistas es la prueba evidente. La ausencia de datos ajenos a los Evangelios con los que contrastar las cosas es total.

         Hay gente que lo ha visto claro: F. BELO (Lectura materialista del Evangelio de Marcos) tiene por cierto que los Evangelios son libros políticos desviados al terreno religioso. O. CULLMAN (Jesús y los revolucionarios de su tiempo) hace de Jesús prácticamente un celote de la época. C. TÓIBÍN (El testamento de María) sostiene que fueron los discípulos quienes arrastraron a Jesús al terreno político y a su perdición.

         ¿Es inútil, entonces, tratar de rastrear los caminos políticos del Evangelio? Se puede rastrear y se puede sacar luz, siempre que se sea modesto en las pretensiones y que, al final, se oriente la posible luz sobre las actitudes personales, comunitarias y sociales. Preguntarse únicamente para enterarse daría poco juego; preguntarse para intuir caminos de conducta, esa sería la buena postura. Si la reflexión y el diálogo salen potenciados habremos logrado algo; si lo hacemos con mesura, mejor.

         Dice Lc 8,1 que Jesús iba proclamando “de aldea en aldea” el reinado de Dios. En esos reductos de la intolerancia política que eran las “aldeas” es donde Jesús muestra su posición política de un reino de Dios que es la sociedad nueva, igualitaria, fraterna. Quizá nos sea útil acercarse a esos ámbitos “oscuros” a través de las líneas del Evangelio.

         En Hech 20,11 se dice que los cristianos hablaban de Jesús “hasta el alba”. En esas conversaciones largas aprendieron a Jesús. Quizá ese cauce pueda ser también interesante para nosotros.

 

I. DE LA CLASE DE LOS OLVIDADOS

 

         La evidencia de que Jesús pertenece a la clase de los empobrecidos es total. El moderno fenómeno de las clases medias no existía en aquella época. Los pobres eran la mayoría, los ricos, como siempre, una minoría. La pobreza iba unida al analfabetismo, a la falta de salud, a la mala alimentación. La media de edad no superaba los 25 años.

         Pero dentro de la pobreza había también niveles.  Los más bajos de la pirámide social (según la pirámide de Lenski) eran los mendigos, viudas, esclavos, enfermos crónicos, huérfanos, etc. que malvivían desechados de la sociedad. Por encima de ellos están los peones, los agricultores sin tierra propia, etc. Ahí está Jesús. En la parte de abajo, aunque no abajo del todo. Pasar al fondo era, a veces, lo normal.

         Esta pertenencia troquela el interior de la persona. Es ahí donde se engendra el ansia de liberación y la amargura de la pertenencia a un ámbito social del que es prácticamente imposible escapar (el escape de la cultura queda descartado). Este es el telón de fondo.

 

1. Texto inicial: Lc 2,22-24:

 

         “Cuando llegó el tiempo de que se purificasen conforme a la Ley de Moisés, llevaron al niño a la ciudad de Jerusalén para presentarlo al Señor (tal como está prescrito en la Ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor) y ofrecer un sacrificio (conforme a lo mandado en la Ley del Señor: Un par de tórtolas o dos pichones)”.

 

  • El rescate de los primogénitos, prescrito por la Ley hasta para los animales, se solucionaba con el pago de cinco monedas al templo. En el texto de Lc el acento está puesto sobre la purificación (de María y de José). Esa ceremonia no se conoce ni en el AT ni en los textos judíos. Lc se la saca de la manga.
  • Lo que nos interesa es que se ofrecen  dos tórtolas o dos pichones, una ofrenda de una familia que no puede ofrecer un cordero porque ni tiene tierra donde criarlo. Las tórtolas podía ser salvajes. O sea: es la ofrenda de los más pobres, de la clase de abajo.
  • Pero más que lo económico, lo que cuenta es otra variable: ser pobre es estar indefenso y expuesto a perder el estatus del nacimiento, porque siempre hay posibilidad de descender más en la escala social. Lo que hace a una persona pobre es más el infortunio social que el económico. En el caso de Jesús se trata de una persona de economía frágil y estatus social amenazado de pérdida total.
  • ¿Cómo influyó en el imaginario de Jesús esta situación social? ¿Cómo fue elaborando el paradigma del trato con las pobrezas desde esta experiencia de pobre? ¿Cómo pudo elaborar la amargura y la rebeldía de la pobreza, o la sumisión y aceptación pasiva a la que le podía haber llevado? ¿Cómo influye esto en la visión de la sociedad que él tiene, en la comprensión del hecho político? ¿La opción de clase es en Jesús algo elaborado o una ineludible vivencia personal?

 

2. Reflexión:

 

a)   Lo ineludible del componente político: El seguimiento con Jesús, como decía J.B.Metz, tiene dos ingredientes: el componente místico y el político. Pero tal vez estén, por tradición religiosa, descompensados: se lleva el gato al agua el componente místico (aunque en realidad sea una mística “religiosa” más que espiritual). Si esto fuera así, habría que trabajar más el componente político. Y habría que hacerlo en toda su amplitud, no solamente en el tema de opción de partido. Asuntos como la amistad cívica, la participación ciudadana, las responsabilidades fiscales, etc. habrían de estar sobre la mesa. Que cada uno resuelva esto a su manera está indicando que la comunidad no funciona como tal en este aspecto. El sempiterno recurso a que no hemos sido educados para esto, con ser verdad, no parece suficiente. 

b)   El estatus social: una experiencia primigenia: Los que somos ya muy adultos provenimos de una España que fue pobre. No hay que olvidarlo. Y en ese marco muchos de nosotros hemos elaborado, consciente o inconscientemente, nuestra experiencia de estatus social. Ha sido una experiencia primigenia. El modo de elaboración ha sido dispar: escapar de un estatus bajo y abrazar uno más alto, cosa que nos ofrecía la organización religiosa; ampliar el estatus por vía de acercamiento a quien está más arriba; mezclar anhelos de opción por estatus sencillos sin abandonar el deseo y la práctica de estatus altos; perseverar en el estatus inicial retrabajando evangélica y espiritualmente los componentes; llegar a elaborar la tendencia como una vocación sentida. La pluralidad de opciones, la conexión de unas con otras está demandando una clarificación.

c)   Amargura, dialéctica, transformación: Sería, quizá, interesante medir el dinamismo personal que cada uno utiliza para enfocar el tema. Podría ser: a) una cierta “amargura” no elaborada del todo contra los de las clases pudientes, al ver que no se pertenece a ellas, aunque la cosa nos “tire”; b) una cierta dialéctica que busca la confrontación aunque casi siempre sea más de palabra que de obra; c) un deseo y un trabajo por la transformación social que lleve, de hecho, a una sociedad más igualitaria (lo que conlleva la promoción del frágil y el control del fuerte para desbancarlo, en la medida de lo posible, de sus posiciones de poder).

d)   ¿Está la opción de clase desfasada?: Muchos dicen que esto es volver a mayo del 68 y que las herramientas de análisis de corte marxista están ya en el baúl de los recuerdos, después de la caída del muro. Y que, por tanto, espiritualidades como las de la teología de la liberación son un arcaísmo. Pero resulta que los pobres sigue ahí, los desheredados siguen llamando a nuestras puertas, los descartados tienen sus defensores (como el papa Francisco), los desplazados, aunque no los veamos, están sobre la tierra (el campo rohinyá de Kutupalong en Bangladesh tiene más de 700.000 acampados, sin identidad, sin patria, sin salud, sin alimentación, sin agua, sin letrinas, etc). Es decir, póngaseles el adjetivo que se quiera, pero las clases están ahí. La de los superpudientes (esas 8 personas que concentran más poder que 3.600 millones de personas, según Oxfam) y las otras.  Y quien diga que las clases han desaparecido es que está en un lado o tiende hacia él. No hay ningún pobre que lo diga. Merece la pena, al menos, reflexionarlo.

 

3. Para el diálogo:

 

  • La posibilidad de una opción de clase: Si se considera la cosa desfasada, no hay nada que hablar. Si aún se le ve la punta a la cosa, ¿tiene la VR posibilidad de elaborar una mentalidad cercana a la clase social de los empobrecidos? ¿O es sólo retórica? ¿Cómo enfocar el desclasamiento que, quizá más en otras épocas que en esta, ha conllevado la VR? ¿Cuál es la “tendencia” de nuestras comunidades: hacia los que están bien o hacia lo que están mal?
  • Las relaciones con las clases sociales: La comunidad religiosa ha de preguntarse cómo se relaciona con las diversas clases sociales, cuáles son sus amistades, quién se sienta a su mesa, cuáles son sus anhelos (aunque, hoy por hoy, no se puedan realizar). ¿Es realmente cierto eso de que las VR se relaciona con todos? ¿Cuál es la presencia real de los frágiles sociales en nuestras comunidades? ¿Cómo elabora la VR eso del papa Francisco de estar con los “descartados”?
  • Clasismo dentro de la VR: La VR, quizá antes más que ahora, reflejaba la misma o parecida estratificación social que la que veíamos en la sociedad. ¿Es cuestión de otra época o existen vestigios todavía que hay que pulir? ¿Cómo convivir fraternamente personas de visiones políticas dispares? ¿Es la mejor solución no tocar el asunto?
  • La elaboración del componente político de la vida: Quizá impere en la VR un apoliticismo que no lo es tanto porque, en general, la VR se escora a la derecha. El componente político, incluso la visión política expresa del país, se elabora en las “cavernas” de nuestras casas. La información que reciben las comunidades, en general, proviene prensa y radio de la derecha más marcada. El discernimiento en torno a temas políticos es casi nulo (de no ser que se haga con seglares). ¿Hay posibilidad real de revertir esta tendencia? ¿O hay que dejar la cosa por imposible, por el bien de la paz? ¿Hay experiencias de conexión y participación en ámbitos de pensamiento político o simplemente nuestra opción se concreta en el voto que emitimos cuando toca?

 

II. ERA UN TEKTON

 

         Que las opciones de vida, las maneras de pensar e, incluso, la ideología política dependan mucho del oficio que haga cada uno, es una obviedad. Que los oficios de la mayor parte de la población en tiempos de Jesús, mayoría de analfabetos y de no cualificados, haya de ser un tipo de trabajo manual, otra. Que las revoluciones sociales, aunque sean promovidas por intelectuales, cobran fuerza histórica cuando “el proletariado” (así se decía antes) se moviliza, una tercera.

         Por otra parte, todo lo laboral, como lo familiar, etc., está enmarcado en la sociedad de Jesús en el marco global de sociedades con base en el honor. El honor es el estatus que alguien reclama de la comunidad, junto con el necesario reconocimiento de tal pretensión por parte de los demás. El honor sirve así para indicar la posición social, que capacita a las personas para tener tratos con sus superiores, iguales o inferiores en los correctos términos definidos por la sociedad.

         Es fácil pensar que los trabajos manuales de la base de la pirámide social rozaban, en muchos casos, el deshonor. Por lógica, eso habría de contribuir a definir el paradigma de comprensión política de la realidad. Parece desprenderse de muchos pasajes del Evangelio (como por ejemplo Lc 16,19-31) que con los ricos no hay nada que hacer. Van a lo suyo. Un cambio social ha de conllevar algún tratamiento del asunto (alejamiento, cuestionamiento del almacenamiento, etc.).  ¿Contempla el Evangelio la revolución social en sentido estricto, técnico? Creemos que es pedir demasiado.

 

1. Texto inicial: Mc 6,3:

 

“¿No es éste el tekton, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas (Tomás) y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él”. 

 

  • Un tekton es un obrero, un peón, que trabaja en asuntos de madera y de piedra. Uno sin tierra propia que, para sobrevivir, se ve urgido a trabajar en obras públicas, generalmente, en los entramados de madera (entonces no había hormigón armado) y en cantería. Obrero de la construcción de modo general, ya que la especialización de hoy no se daba tan fácilmente entonces.
    • En tiempo de Jesús se hicieron muchas obras públicas donde se empleó el campesinado en tierras de galilea (Cesarea marítima, Séforis). Todavía se conservan ruinas de las magníficas construcciones. Que Jesús trabajase en ello es altamente probable. Lo que cuesta más explicar es por qué Jesús ofrece el reino en las aldeas, lejos de estas ciudades  (que no aparecen en los Evangelios).
    • El trabajo agrícola también puede ser contemplado (de ahí las muchas parábolas de aire rural). La “industria” del pescado que había en torno al lago, lo mismo. De hecho, algunos de sus discípulos estaban en el negocio de la pesca.
    • Es cosa curiosa que, desde muy pronto, hay quien ha visto esto de Jesús fuera un tekton, un peón manual, como un desdoro. Celso lo usaba para denigrar a Jesús y Orígenes le respondía que en ninguna parte del Evangelio se dice que Jesús hubiera sido obrero manual (se ve que no había leído bien los textos). Entre los judíos no era así: uno de los deberes del padre era enseñar un oficio manual a sus hijos; los mismos maestros de la ley debían saber un oficio manual para no vivir del texto sagrado (san Pablo, fariseo, dice que era fabricante de tiendas de campaña y que trabajó de ello, según Hech 18,13).

 

2. Reflexión:

 

a)   Ampliación del concepto de proletariado: El “viejo” concepto de proletariado se ha ampliado y muchas personas, con oficios liberales altamente cualificados, se consideran trabajadores. Quizá el concepto haya de guiarse más que por el tipo de trabajo por la sensibilidad e ideología de quien realiza una tarea. En ese sentido, habrá que medir la proletariedad de los trabajos que realiza la VR por la ideología que manejan al hacerlo sus componentes: ¿Qué piensan del trabajo? ¿Cómo enfocan la relación pobres-ricos? ¿Qué aspiraciones laborales manejan? ¿Cómo se organizan en el uso del dinero fruto del trabajo?

b)   Tipología del trabajo: Hasta ahora los esquemas eran o manual o intelectual. Esto tiene muchas fisuras. ¿Por qué no implantar otras tipologías? Trabajo hecho en favor de los demás o a beneficio del sistema o institución; trabajo de provecho económico o trabajo de provecho humano; trabajo alienante o trabajo que lleva a la profundidad; trabajo que conecta con el hecho social o trabajo que no tiene en cuenta para nada el hecho social; trabajo que lleva a una conciencia de trabajador o trabajo que destruye esa conciencia de trabajador; trabajo que se pospone al disfrute o que se antepone al disfrute; trabajos que apuntan a la economía o trabajos que apuntan al amor (por extraño que parezca).

c)   Trabajo e ideología: Parece fuera de duda que el trabajo engendra ideología, la que sea, y que esa ideología depende del tipo de trabajo, de su contexto, de su remuneración económica o no, de su situación en el campo de la honorabilidad social. De ahí que si se quiere lograr una ideología política determinada, el trabajo ha de ir lo más en consonancia posible con ella. Pretender una ideología política aquilatada sin discernir sobre el trabajo (incluso aunque se esté fuera del paradigma social, aunque se sea jubilado).

d)   ¿Revolución o reorientación?: ¿Qué se pretende cuando se pone en conexión la ideología política y el trabajo? ¿Una revolución o una reorientación? Muchos han pretendido lo primero, con diversos resultados (negar que los ha habido ni es exacto ni es justo). Podría pretenderse una reorientación: aquella ideología que, en conexión con una vida de trabajo seria y humana, va optando por el sueño y la utopía de una sociedad igualitaria, fraterna, donde los bienes estén repartidos en modos lo más correctos posible. La ideología política unida al tema del reparto ha tenido y tiene muchas dificultades. Pero quizá ahí esté uno de los quid de la cuestión.

 

3. Para el diálogo:

 

  • Cuestionamiento del trabajo en la VR: No cabe duda de que la VR recibe un cuestionamiento directo sobre el trabajo, quizá más que por su cantidad, por orientación. Dice J. M. Castillo que no puede entender que los gestores de la riqueza se formen en centros educativos de los profesionales de la pobreza. Y algo parecido podría decirse de otras áreas (sanidad, etc.). El cuestionamiento viene, en gran parte, por causa del componente político de la VR: a tal componente, tal estilo de trabajo. ¿Persiste hoy esta clase de cuestionamientos? ¿Ves otros que podrían ser puestos sobre la mesa?
  • El trabajo como medida de vigor en la VR: Siempre se ha alabado a quien, en la VR, es persona trabajadora. Se ha hecho un axioma en muchas comunidades religiosas (sobre todo de mujeres) que la VR no nos ha enseñado sino a trabajar. Por eso cuando una persona en la VR es destinada a una comunidad en la que no se le dice concretamente qué trabajo va a realizar, se encuentra “perdida”. Habrá que medir el alcance exacto de estos sentimientos. Pero el trabajo, con ser importante, decisivo si se quiere, no puede ser el único parámetro, ni siquiera el más importante, del vigor de la VR. ¿Qué otros parámetros habrían de manejarse?
  • Alejamiento del trabajo manual (y dependencia de otros trabajadores) en la VR: Esto lo va imponiendo la situación de las comunidades: cada vez dependemos más de personas que trabajen para nosotros y, lógicamente, tanto por edad como por situación de vida, el alejamiento del mundo del trabajo manual (necesario absolutamente para la vida) queda más lejos. ¿Es correcto este comportamiento? ¿Habría que ponerle algunas variables que lo hagan más en consonancia con la opción de vida comunitaria?
  • Sintonía con los intereses de los trabajadores: Quizá el mundo clásico de los trabajadores esté en declive por el mismo declive de los sindicatos tradicionales que tratan de renovarse en el sentido dentro de un marco de sociedad nueva. Pero no se puede dudar que ese mundo maneja una ideología de izquierdas, solidaria, reivindicativa, etc. Los mismos grupos de trabajadores cristianos que aún existen lo ven así. ¿Qué tipo de ideología genera nuestro trabajo en la VR? ¿Hay acercamientos positivos con aquella ideología? ¿Hay acciones concretas, aunque sean sencillas?

 

III. DESVENTAJAS DE SER GALILEO

 

         Todos lo sabemos: la Galilea, la tierra de Jesús, alejada del centro que era Jerusalén y tierra de paso hacia el medio oriente , siempre tuvo fama de revoltosa políticamente. Por eso, ser galileo era una desventaja. Aunque está comprobado que en los años públicos de la vida de Jesús no hubo ninguna clase de celotismo armado (fuera de alguna pequeña revuelta o el terrorismo urbano de los sicarios), Galilea era patria de Judas el Galileo, el fundador del celotismo, aquel que decía que era mejor la muerte por la libertad que estar sometido al yugo de Roma. Aunque terminó mal, su semilla quedó sembrada. Y cuando la guerra judía, hacia el 70, volvió a aparecer con fuerza, aunque Jesús ya hacía mucho que había muerto. Pero ser galileo y ser revoltoso parece que eran cosas relativamente próximas.

         La Galilea, al norte, parece que era una sociedad más abierta, más “romana”. De hecho, los gobernadores vivían allí. Y se trasladaban a la hosca Judea únicamente para controlar las revueltas. Para eso se había construido la torre Antonia. Pero vivir, vivían en el norte.

La misma comprensión de la Ley en Galilea parecía algo espuria, ya que los grandes maestros estaban en Jerusalén.

         Se puede suponer que la mentalidad política de los galileos era más flexible y “avanzada” que la de los “fachas” de Jerusalén. Hay que tener, claro está, la diferencia de mentalidad entre los habitantes de las ciudades galileas y los de las aldeas, seguramente más conservadores. Jesús era de una aldea. Y en aquel tiempo, donde se nacía se pacía. Aunque él “viajara”.

 

1. Texto inicial: Mt 26,73:

 

         “Pedro estaba sentado fuera, en el patio; se le acercó una criada y le dijo: -Tú también andabas con Jesús el galileo…Al poco rato se acercaron los que estaban por allá y le dijeron:  -Tú también eres de ellos; se te nota en el habla”.

 

  • Jesús hablaba arameo occidental: El arameo era como el inglés de la época. Había matices. Jesús habló arameo occidental, una variante del arameo. Todavía se habla en la localidad siria de Malula. Que Jesús tenga un habla específica lo sitúa en el camino humano. Que no fuera la lengua oficial de la religión (el hebreo), ni del imperio (el latín) ni de la sabiduría (el griego), sino una lengua marginal, puesto esto en conexión con el imaginario político, quizá esté indicando que sus opciones estaban marcadas por la marginalidad, ya que la lengua conforma decisivamente la estructura mental y vital de la persona.
  • No es un texto legendario: El texto de las negaciones de Pedro no es un texto legendario ya que no se ve cuál podría ser el origen cultual o apologético de un texto semejante. Por ello habrá que tomar por una certeza que la lengua de Jesús en conjunción con su ser galileo lo situaba en un contexto político determinado: el de los rebeldes galileos a los que había que someter o, cuando menos, despreciar. Construir un imaginario político desde la marginación es algo que Jesús ha padecido. Hay que preguntarse si lo han de “padecer” sus seguidores/as.
  • Una promesa no cumplida: Muy en consonancia con los valores mediterráneos de la época, Pedro practica el engaño para conservar su honor e independencia frente a los desafíos. Mentir a otros sobre su relación con Jesús no sería considerado una mala acción. El problema es que Jesús le había anunciado a Pedro que se comportaría de ese modo, aunque el apóstol había insistido en lo contrario. Lo que resulta vergonzoso para Pedro es el hecho de no haber cumplido la palabra de honor dada a Jesús en presencia de los demás. En este caso, la legua aramea es la que establece los criterios de verdad. La manera de hablar delata el interior, descubre los planteamientos personales y políticos: se abandona al que habla como yo.
  • “Porque el habla de ti evidente te hace”: Esta es la traducción literal de la expresión griega. Se subraya la evidencia. La manera de habla evidencia lo que eres. Algo parecido ocurre en los conceptos políticos: la manera de hablar delata enseguida los posicionamientos ideológicos. ¿Tenía Pedro la misma orientación política que Jesús aunque hablara la misma lengua? ¿O pensaban diferente? ¿Cómo integra, por ejemplo, la ambición (según Mt 19,27) que Jesús no tiene?

 

2. Reflexión:

 

a)   Maneras de hablar e ideología política: Ya lo hemos dicho: las maneras de hablar denotan la posición política. Las maneras duras, descalificadoras, exageradas, que solamente subrayan lo negativo de una actuación política, están indicando la desafección,  cuando no el menosprecio. Otras maneras desvelan la voluntad de tolerar todo, hasta lo que resulta intolerable, con tal de estar siempre del lado de aquella posición por la que se ha optado a priori y contra toda posible crítica. Hay que decir que una manera humana, razona y cordial de hablar de la política no merma, para nada, las posiciones que uno tiene derecho a tomar y desde ahí es posible conectar con quien tiene otras maneras de enfocar el tema.

b)   ¿Un problema de comunicación?: El componente político, como todos los valores importantes de la vida, conllevan un problema de comunicación. Habrá que esforzarse en hacerse entender lo mejor posible por el otro, sobre todo por quien piensa distinto. Por eso mismo, el diálogo continuado debería ser herramienta imprescindible para la elaboración (si no es posible la solución) de los conflictos políticos. El fracaso no es no haber llegado a una solución, sino no haberse sentado a hablar.

c)   Aprendizajes lingüísticos: Si las posiciones políticas de las personas están tan ligadas a la lengua, hay que decir que los aprendizajes lingüísticos son muy útiles para la comprensión de la ideología política. Detestarlos, denostarlos, cerrarse en banda a ellos es el mejor modo de cerrarse a la comprensión global del problema político. Para “sentir” ciertas posiciones lingüísticas, es preciso “sentir” el idioma, valorarlo y, si se puede. gustarlos, es decir, hablarlos.

d)   Aprendizajes culturales: Quizá no sea posible aprender la lengua porque, tal vez, ya no tenemos edad para ello. Pero eso se puede suplir, en parte, por los aprendizajes culturales: maneras de comer, de viajar, de vestir, de celebrar los ritos sociales y religiosos, de entender la creación artística, de valorar los modos familiares. Todo esto moldea el imaginario político.

 

3. Para el diálogo:

 

  • Mejorar la manera de hablar de política en la VR: No cabe duda que las comunidades, en general, tienen por delante tarea para hablar mejor de los políticos en general, de ciertos políticos en concreto, de hermanas que manifiestan sus posiciones políticas. Hablar mejor no solucionará las discrepancias (si es que deben ser solucionadas) pero puede abrir una pequeña puerta al entendimiento. ¿Es realmente este un problema en la vida diaria de las comunidades? ¿O no hay cuestión?
  • Problemas lingüísticos en las nuevas entidades religiosas: Las nuevas entidades de VR que nacen de las fusiones en esta hora de reducción levan, con frecuencia, a englobar territorios con peculiaridades lingüísticas distintas a la mayoritaria. ¿Cómo se asimila esto? ¿Porque no hay más remedio? ¿Hay maneras benignas de entrar a este tema? ¿No existe problema?
  • Fomento de lenguajes comunes: No nos referimos a idiomas, sino a maneras de entenderse. La VR tiene un truco para funcionar cuando no hay entendimiento: pasar por alto el asunto y decir que es por el bien de la paz. ¿Es el mejor modo de enfocar una diferencia, por ejemplo política? ¿No se podrían encontrar lenguajes comunes (el arte, la música, el paisaje, la comida) para poder entrar a hablar de una diferencia que pesa sobre la vida de comunidad?
  • Tu lengua será mi lengua: Habríamos de valorar a los hermanos y hermanas que aprenden lenguas de grupos descartados de la historia, pequeñas comunidades indígenas, nómadas, lenguas de países sin relevancia social. Nosotros no las aprenderemos, pero podríamos agradecerles y animarles a quienes han tenido el humilde y fuerte coraje de enfrentarse a ellas y a la cultura marginal que les sustenta. Son como Jesús ¿Te lo parece?

 

IV. DISCÍPULOS/AS QUE CREAN PROBLEMAS

 

         Todos los movimientos sociales se hacen más peligrosos cuando hay seguidores. Las fuerzas represoras siempre buscan a los cómplices porque en ellos se prolonga el discurso, la subversión. Cuando las ideas sociales o políticos arraigan en colectivos amplios es cuando son peligrosas. Es verdad que también la colectividad tiende a ser olvidadiza. Pero crear escuela es el éxito de una revolución porque eso le permite prolongarse en el tiempo.

         A veces ocurre (como, quizá, ocurrió en el movimiento cristiano con Pablo) que es un seguidor el que termina por dar forma “definitiva” al movimiento. El iniciador es semilla, el seguidor es quien lleva a término la obra. Por eso el tema de los seguidores es tan importante. Aunque en cuestión de ideología social y política parece que en el NT ocurre una cosa singular: los seguidores retroceden en comparación con el iniciador. No hay más que mirar cómo los escritos paulinos y sobre todo los posteriores enfocan los códigos domésticos y el tema de la autoridad civil.

         De cualquier modo, el movimiento cristiano nos ha venido a través de sus seguidores. Desde el principio han creado problemas. Pero es, tal vez, el vehículo necesario para que nos llegue el Mensaje.

 

1. Texto inicial: Jn 18,19:

 

         “Entonces el sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina”.

 

  • Es curioso que sea el sumo sacerdote quien interrogue sobre los discípulos. Pilato no pregunta sobre eso. Es esa instancia la que considera un riesgo que la doctrina, que a priori consideran desviada, se propague en sus discípulos. Parece que las autoridades ignoran ambas cosas, la doctrina y su influencia. Pero consideran que ahí está el quid de la cuestión, lo que hay que controlar y, en su caso, extirpar.
  • El discipulado de Jesús es un discipulado vital. Ser discípulo en aquellos tiempos era una convivencia estrecha con el maestro, no una mera relación escolar. La cabeza y el corazón del maestro modelaban la cabeza y el corazón del discípulo. Los comportamientos de ambos eran similares. De ahí que el peligro que genera la trasmisión no era solo el que viene de las ideas sino el que procede de una vida similar. ¿Cómo recuperar algo de esto para que el discipulado con Jesús no sea entendido meramente como cuestión de ideas?
  • El tema de los doce: Es una parte de la nebulosa. Está claro que ese grupo ejerce una función representativa (las nuevas doce tribus) que le ha dado el autor de los evangelios. Otra cosa es que los hechos fueran tan claros. Sería bueno mantener la función representativa más allá del número y del género (que se supone que son hombres, pero que es mucho suponer). Y en todo caso, la función representativa no es para mandar sino para servir, como queda claro en muchos textos del Evangelio (Mt 20,26, por ejemplo).
  • El tema de las mujeres: Que había mujeres en el movimiento de Jesús queda fuera de duda (Lc 8,1); que esto cobró un rostro concreto en la primera misión cristiana, también (1 Cor 9,5; Rom 16). Que la sociedad de la época no podía asimilar esto, quizá. Pero todo ello no habla sino en la dirección de la mera aceptación: el movimiento de Jesús es un movimiento de discipulado igualitario con todas las consecuencias. Y en la medida en que no lo fuere por el peso histórico, hoy debería serlo. Esto no tiene vuelta de hoja.
  • Prolongadores del movimiento: Hay un texto de Flavio Josefo que dice: “Por ese tiempo existió Jesús, un hombre sabio. Era, en efecto, hacedor de obras extraordinarias y maestro de hombres que acogen con placer la verdad. Atrajo a sí a muchos judíos y también a muchos griegos. Aunque Pilato, por denuncias de los hombres principales entre nosotros, lo castigó con la cruz, no lo abandonaron los que desde el principio lo habían amado. Ellos dijeron que estaba vivo. En efecto, todavía ahora sigue existiendo la tribu de los que por éste son llamados cristianos” (AJ XVIII 63-64). Seguimos siendo de la “tribu”; y se pertenece a ella por ideas y, sobre todo, por comportamientos. Como prolongadores del movimiento habrían de interesarnos los componentes del seguimiento. Y de manera lo más equilibrada posible.

 

2. Reflexión:

 

a)   Los componentes del seguimiento: Ya hemos dicho que J. B. Metz afirma claramente (en “Las órdenes religiosas”) que el seguimiento tiene dos componentes: el místico (oración, Palabra, sacramentos, pertenencia religiosa, etc.) y el situacional o político (ciudadanía, responsabilidad social, participación ciudadana, etc.). Ambos deben estar siempre, y tendrían que estarlo de la manera más equilibrada posible. Ningún plan de vida cristiana habría de obviar uno u otro. También hemos dicho que el componente político es, a nuestro juicio, el que más riesgo corre de ocultamiento y desaparición.

b)   Ideas y comportamientos  políticos que han pasado a medias al discipulado: Hay asuntos “políticos” en el Evangelio que pasan a medias entre los seguidores de Jesús. La utopía de una sociedad nueva, la certeza de que el sufrimiento de los pobres tendrá fin, la seguridad de que los empobrecidos tienen un sitio en el centro de la sociedad, la conciencia de que la acumulación es la causa de muchas disfunciones sociales y políticas, etc. ¿Han pasado estas ideas a los seguidores? Sí, pero, tal vez, a medias, o menos. Mantener vivas estas utopías hace parte del legado cristiano, porque un Evangelio sin utopías es una realidad casi muerta.

c)   La continua recuperación, descubrimiento, del paradigma de Jesús tarea de actividad cristiana: No se puede caer en el error de creer que la identidad de fe viene directamente del paradigma religioso. Viene del Evangelio y sus certezas, que creemos que recoge, básicamente, las certezas de Jesús. Por eso se necesita un trabajo continuado de recuperación y redescubrimiento del paradigma de Jesús que, con frecuencia, queda ensombrecido por el hecho religioso. Pues bien, en ese paradigma entra de lleno el tema social y aun el político. Los evangelios están más preocupados por ello que por la religión o la moral sexual. De manera que dejar de lado este aspecto es empobrecer la experiencia de seguimiento y, con ello, la de la fe.

d)   Seguidores de un disidente: La palabra “disidencia” no existe en los documentos de la Iglesia, de no ser para censurarla, para decir que es lo que atenta a la comunión, valor máximo del grupo cristiano. Y, sin embargo, somos hijos de un disidente, social, religioso y político. No somos seguidores de uno que se acomodó al sistema imperante. El judaísmo antiguo, con lógica, entendió el movimiento cristiano como una disidencia, como una herejía del judaísmo. El ejercicio de la disidencia, hecho con humanidad, puede ser saludable. Habría que preguntarse si precisamente por abandonar el talante disidente hemos construido una comunión adocenada, mortecina, de mero nombre, sin aguijón apocalíptico, como diría Metz.

 

 

 


3. Para el diálogo:

 

  • Cómo rellenar el déficit político: Un déficit que no se ha tratado en la formación para la VR, que se ha poco vivido en las comunidades, que cada uno ha debido rellenarlo como ha podido. ¿Hay posibilidad hoy de llenar ese vacío, siquiera parcialmente? ¿Puede hacerlo uno solo o el socorro de la comunidad es totalmente necesario? Como en otras cosas, ¿podrían ayudarnos en esto los laicos?
  • ¿Hace la VR política?: Oficialmente se dice que no. Pero realmente la hace y, en general, de derechas. ¿Habría manera de hacerla de una manera más plural, más honesta, más declarada, arrostrando todas las consecuencias? ¿Por qué cuesta tanto unificar a los grupos de la VR para efectuar declaraciones conjuntas, pronunciamientos, valoraciones sociales o políticas en público?
  • Pretensiones globales y caminos concretos: Mantener utopías globales respecto al cambio político de la sociedad es necesario, pero hacer signos concretos en el kilómetro cuadrado en el que se vive es igualmente preciso. ¿Qué valor da la VR a los pequeños signos de opción política? ¿Por qué le cuesta participar? ¿Cómo se ve esto en la comunidad? ¿Sería un amparo, justamente, el hacerlos en comunidad?
  • Un discipulado político: Es algo que se aprende de muchas maneras: en la formación de la vida diaria (el periódico leído con hondura, no solo titulares de telediario), en la formación más específica (cursos, conferencias, congresos), en el contacto con personas más implicadas, en las experiencias de práctica política, etc. Pretender revalorizar los contenidos políticos del Evangelio sin esta clase de experiencia nos parece complicado. ¿Estamos en disposición de entrar por estas sendas? ¿Dónde podríamos encontrar ánimo para ello?

 

V. DE ALDEA EN ALDEA

 

         Las ideas no están quietas, se propagan. Los métodos varían: antes era la octavilla y el cartel (aunque esto aún sigue). Ahora son los platós de televisión. Las ideas políticas siguen funcionando, sean cuales sean. Hay gente que dice (siempre de derechas) que no se mete en política. Pero se meten cuando peligra su estatus. Hay gente que dice que el tiempo de las utopías ha acabado (aquel Fukuyama). Pero las utopías siguen bien vivas. Hay gente que no quiere ver que las ideas van de un lado a otro con mucha mayor velocidad que hace 50 años.

         Por eso hay quien ha creído (los papas incluidos) que en la propagación de las ideas (la misión) estaba el éxito. Pero tal vez se ha reparado menos en los contenidos que se quieren propagar y por eso se ha puesto énfasis en los métodos y se ha obviado los contenidos reales, las propuestas, las implicaciones en un proyecto, la asunción de las consecuencias que puede traer para un cambio estructural real. En esto último creemos que está el quid de la propuesta del reino de Jesús. De tal manera que la propuesta de Jesús es espiritual y política, antes que religiosa y estructural.

 

1. Texto inicial: Lc 8,1:

 

         “A continuación fue también él caminando de pueblo en pueblo y de aldea en aldea, proclamando la buena noticia del reinado de Dios”.

 

  • Hombre de caminos: Eso es lo que fue Jesús. Él no fundó una academia desde la que enseñara el reinado de Dios. Él se echó a los caminos y allí hizo lo que pudo. Y con sus gestos sencillos, humildes signos que dice J. Sobrino, habló de otra posibilidad, de otro horizonte. Y, al menos en ciertos momentos, parece que eso conectó con los que andaban en los caminos, los más tirados de aquella sociedad. Por eso mismo, hacer de la fe una cuestión de escuela no deja de ser algo extraño.
  • Las aldeas, reductos de ideología mesianista: Así parece que lo entienden algunos autores. La sociedad del tiempo de Jesús tiene en las ciudades el asentamiento de los imperialistas romanos. Por eso, la ideología mesianista que ansía la liberación de Israel, la centralidad del judaísmo, y el sueño imposible de la primacía política de ese pequeño pueblo que son los judíos, se refugia en las aldeas apartadas de los grandes núcleos de población. Da la impresión que Jesús opta por ellas, que escoge a sus amigos entre sus pobladores, que les ofrece su Mensaje a ellas, y no a las ciudades. Quizá lo haga porque la aldea refleja la última caverna de nuestro pensamiento y de nuestro corazón humanos (no en vano ya Platón habló del mito de la caverna).
  • Buena noticia del reino: Jesús no se inventa lo del reinado de Dios. De la cosa se hablaba en la época. Vistas las deficiencias en los modos de gobierno de entonces (casi todos dictatoriales), se soñaba con un tipo de gobierno como el de Dios: igualitario, fraterno, antijerárquico, humano. Eso era el reinado de Dios. Una utopía tan inmediata que había que vivirla y y tan potente que se creía extenderse hasta la plenitud del más allá. Esto sonaba bien a los oídos de los de las aldeas. Lo que no sonaba tan bien era que ese reino no iba a venir llovido del cielo, sino que era preciso implicarse personalmente en el asunto, que habría que forzarlo para que pudiera ser (como diría J. A. Labordeta).
  • Proclamación con acciones, más que con palabras: Aunque los Evangelios se parecen más a una enseñanza y el título de Maestro es el que mejor parece cuadrar a Jesús, de hecho la verdadera enseñanza del reino de Dios que Jesús hace se apoya y evidencia en signos, en acciones, en comportamientos concretos. El lenguaje del reino no es la doctrina, sino los hechos. La opción de Jesús antes que ortodoxia es ortopraxis.  Aquel “pasó haciendo el bien” de Hech 10,38 sigue siendo la mejor manera de sintetizar el perfil de Jesús.
  • No ha de extrañar que digamos que la propuesta del reino tiene un componente político en cuanto que aspira a otro tipo de sociedad y colateralmente interactúa con los planteamientos políticos de opresión social. ¿Fue Jesús percibido como un revoltoso político y por ende como un enemigo del imperio romano? Posiblemente no. Su irrelevancia social hizo que, tal vez, ni se enteraran de sus pasos los dirigentes romanos, aunque Lc 9,9 dice que Herodes sí se enteró y que quería verlo. Pero, hasta el final, en el caso de Pilatos, no parece que su predicación del reino tuvo incidencia social (recordar el libro de Theissen “La sombra del galileo”). Quizá esto marque tendencia: el seguidor no es necesariamente un político pero no puede dejar de lado la participación política.

 

2. Reflexión:

 

a)   Recuperar la itinerancia: Es un componente de los orígenes de la fe, en una sociedad muchos menos itinerante que la nuestra. La itinerancia no es una realidad meramente física. Es también algo mental y espiritual. Se trata de la cualidad que lleva a ductilidad, de mente y de corazón, a la flexibilidad en ideología y práctica, al ecumenismo vital, a la valoración amplia, global, a un modo de ser holístico, como decimos ahora. En este valor, muchas veces olvidado está la raíz de no pocos conflictos sociales y políticos.

b)   Lejos de los mesianismos políticos: Aunque parezca que no pero la tentación de los mesianismos es acompañante del caminar humano. Ante nuestros duros problemas, ponemos la esperanza en alguien de fuera que venga y nos lo resuelva. Antes y ahora. Sin embargo, el Evangelio viene a decir que los únicos mesías somos nosotros mismos con el amparo y la ayuda de Jesús. Nadie va a hacer por nosotros lo que nosotros no hagamos. La desimplicación política que ha conllevado la experiencia cristiana no tiene nada que ver con el Evangelio. El abandono de “las cosas temporales” por las espirituales es una falacia que no se sustenta de ningún modo, pura hipocresía.

c)   Buenas noticias reales: Eso es lo que el reino propone. Por ello, las noticias del reino no pueden ser primordialmente espirituales en sentido religioso. Tienen que ser noticias de componente duramente histórico (vivienda, agua, trabajo, tierra, dignidad, bienestar, etc.) Y de ahí, en otro nivel: paz, sosiego, amor, alegría, espiritualidad, trascendencia, etc. Los mecanismos religiosos habrían de ser herramientas que impulsen estas buenas noticias. Un apartado de tales buenas noticias serían las políticas: dignidad, justicia, igualdad, equidad, estructuras de humanidad.

d)   Más sociología y antropología, menos religión: Quizá necesitemos algo de eso porque la religión sin arraigo antropológico o sin conexión social se convierte en un fantasma, algo sin carne. Hasta a nivel de formación necesitamos menos teólogos y más sociólogos, antropólogos, analistas del hecho político. Mezclar todo esto a la espiritualidad es la mezcla que puede ser renovadora.

 

3. Para el diálogo:

 

  • Diques contra la itinerancia: Como los pantanos que remansan los ríos y los “paran”. La VR ha levantado diques contra la itinerancia: las obras, el “fundar”, la fidelidad al pueblo, los axiomas de que estamos aquí “desde siempre”, lo que me dice la gente, etc. El asunto es que, una vez apalancados, nos cuesta mucho la itinerancia hasta el punto que, interiormente, llega, a veces, a desestabilizarnos. Y, sin embargo, hecha con mesura y discernimiento, la itinerancia puede ser una forma muy buena de renovación personal y estructural, e incluso un acercamiento muy vital a la dinámica del Evangelio. ¿Observas estos diques en tu entorno de VR?
  • Huyendo de la negativización social: No hay posibilidad de conexión política con la sociedad si, en nuestro corazón y en nuestro discurso, predomina la negativización social. Se da cuando, tanto en el lenguaje como en la valoración, se viene a entender que estamos rodeados de mal y que todos los estamentos sociales está inficionados por él (a veces se excluye a mis estamentos). Eso bloquea la conexión y, en concreto, derrama mucho acíbar sobre el tema político. ¿Cómo son tus maneras de hablar de la sociedad? ¿Cómo mejorar esas maneras en nuestra propia comunidad?
  • La pequeña propaganda: La difusión de las ideas políticas siempre ha contado con grupos y medios, a veces sencillos, más lanzados. Convencidos de que personalmente no es fácil la concientización política, habría que buscar el amparo de los grupos. Creer que la reflexión en grupo es una herramienta sencilla y buena de concientización puede ser un gran acierto. Trabajar materiales de concientización (por ejemplo los cuadernos de Cristianismo y Justicia) puede ser hoy una gran ayuda. ¿Hay experiencias de pqueños trabajos de componente social en grupos de VR o con laicos?
  • Una escuela social: La mayoría de los centros de formación de la Iglesia explican lo mismo (Biblia, Liturgia, Espiritualidad, Dogmática, Moral, etc.). Esto parece necesario. Pero no estaría mal que abundasen más las escuelas de formación social. Es un déficit. Para el tema de espiritualidad política, conexión social, mediación, etc., serían buenísimas. Sin llegar a algo tan reglado, los Secretariados Sociales de las diócesis son útiles, siempre que se usen. La afluencia de la VR suele ser escasa. ¿A qué se debería? ¿Qué sitio tiene la espiritualidad política en los planes de formación de los candidatos/as o de la formación de adultos en la VR?

 

VI. “MALAS” COMPAÑÍAS

 

         De niños nos decían en casa que había que huir de las malas compañías como de la peste. Son los  “aprendizajes sociales” que hay que evitar. Pero, en realidad, estás malas compañías nos enseñaron cosas sobre la vida más decisivas que las reflexiones oficiales (la libertad, la aventura, la disidencia, la autonomía, etc.). Por eso, a la larga, estas triunfaron y aquellas no.

         Por otra parte, hemos comprobado muchas veces que tales compañías no son tan malas como nosotros decimos. La persona, hasta la que consideramos “mala”, encierra posibilidades de humanidad. Por eso resulta que estas son las que, algunas veces, nos han sacado las castañas del fuego (Lutero, la teología de la liberación, etc.)

 

1. Texto inicial: Lc 8,1b-2a:

 

         “Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres curadas de malos espíritus y enfermedades: María, la llamada Magdalena, de la que había echado siete demonios”.

 

  • Los Doce: En los Evangelios no son una realidad pura, sino que, moralmente hablando, todos está muy “tocados”: violentos (Santiago y Juan, hijos del trueno, Pedro espada), ambiciosos (los mismos, Pedro que pregunta lo que le va a tocar, los otros discípulos que se mosquean), gente que desconfía de Jesús (Felipe, con qué podríamos comprar, dónde vas), gente de colmillo retorcido (Judas Tadeo), personas que traicionan (Iscariote). No son, ciertamente, una compañía muy recomendable. Y, sin embargo, los necesitaba, no tanto para la predicación del reino, sino por las necesidades de su propio corazón “para que estuvieran con él”: Mc 3,14).
  • María la Magdalena: De ella había echado “siete demonios”. No es la pecadora de Lc 7. Los demonios son, en los evangelios, las ideologías opresoras, singularmente la ideología del mesianismo político. Si María, que es de Magdala (galilea, peligrosa), tiene siete demonios, quiere decir que es una mujer extremadamente nacionalista, una yihadista, vamos. Jesús logra echar sus demonios, hacerla entrar en un proyecto del reino que demanda dignidad, respeto, paz, amor, servicio. Lo contrario, justamente, del mesianismo político. Tan fuerte fue el cambio que María reunió todas las notas para ser apóstol, más que Pedro.
  • Si Jesús frecuentaba a estas personas no era porque fueran malas, sino porque él veía valores. Lograba saltar el muro de las deficiencias morales y daba con el quid último de la persona. Y ahí descubría un valor. El valor del amor (tú sabes que te quiero), de la generosidad (lo servían con sus propios bienes), de la cercanía al reino (no estás lejos), de la extraña colaboración (hazlo pronto). Todo un mundo por dentro que merece la pena considerar sin dejarse escandalizar, sin más, por lo externo.
  • Algunas mujeres curadas de enfermedades: Porque la enfermedad refuerza la debilidad social de las mujeres; no eran buenas compañías para un itinerante. Para él son mujeres curadas, hijas de Abrahán, con idénticos valores que cualquier otra persona. El estigma de ser mujer enferma ha quedado superado. Ya vemos en nuestros días las consecuencias sociales y políticas que puede tener una actitud así.

 

2. Reflexión:

 

a)   El nexo de la común dignidad: Ese es el nexo de fondo de estas personas “malas” y de toda persona en su mal acompañante: la dignidad básica de toda persona, de todo ser creado. Si Jesús ofrece a Zaqueo el reino no es por su bondad oculta (indudable), sino por su dignidad manifiesta. Si es digno, y lo es, el reino puede ser para él. La moralidad se arreglará mejor (en esta caso es así) o peor (el cuadro de Caravaggio de la conversión de Zaqueo es, en esto, magnífico).

b)   Saltar el muro de la maldad moral: Un muro que en muchos casos se nos hace insalvable (criminales, gente pillada in fraganti, etc.). Para intentar saltar el muro hace falta respeto, consideración de la dignidad, generosidad, trato directo, cercanía que no humille, aguante de los caminos que no nos convencen, espera paciente, puerta abierta (parábola franciscana de los ladrones de Borgo san Sepolcro). Las consecuencias políticas de esto son manifiestas (derogación de la prisión permanente, trato a los no rehabilitados, a quien no pide perdón, etc.).

c)   El valor político de los malos; no de los malos políticos: Es decir, se valora no su mala política, sino la  buena aunque sean considerados “malos” (por serlo o por tenerlos). Tal es así que, a veces, se han convertido en personajes legendarios, más allá de su marginalidad (Ciro, Robin Hood, Gordillo). Sus actuaciones buenas no justifican su supuesta maldad, pero justo es reconocer lo que hayan hecho de bien objetivamente. Sus actuaciones globales puede que no sean correctas, pero está ahí lo positivo que se podría reconocer como valioso.

d)   Desconfiar de los políticos vencedores: Porque el triunfo político no les da más razón. La razón viene del comportamiento humano. Aliarse con quien ha vencido es siempre arriesgado. Construir una visión de la historia desde el lado de los vencedores nada tiene que ver con los planteamientos de Jesús, quien construye el relato histórico desde el lado de los vencidos.

 

3. Para el diálogo:

 

  • Contra el etiquetaje de las personas: La VR es especialista en etiquetar a la persona. Y una vez que te ha caído encima una etiqueta no te lava ni el agua del Jordán. Quizá las etiquetas tengan parten de verdad pero, ciertamente, no tienen toda la verdad. Por eso es muy malo etiquetar, sobre todo cuando se etiqueta mal (que es la mayor parte de las veces). ¿Persiste este fenómeno en la VR? ¿Cómo controlarlo mejor?
  • Qué políticos se acercan a nuestras casas, proyectos: Los políticos, a veces, asoman su nariz en nuestras casas y proyectos. Por lo que sea, les interesan. ¿Qué tipo de políticos nos visitan? ¿Con qué intenciones? ¿Qué valoraciones hacen los/as hermanos/as?
  • Apertura de nuestras casas a los “malos”, a los que no controlamos: A quienes no son de nuestra tierra-cultura-religión, a quienes no entran en nuestros parámetros ordenados, a quienes no podemos sacar ninguna “ganancia”, a quienes “molestan”. ¿Vamos mejorando en flexibilidad y acogida? ¿Cómo ayudarnos a ello?
  • Trato a los hermanos marcados: Hay hermanos/as que, quizá con razón, si es que hay razón para eso, han quedado marcados negativamente. Es fácil que ese estigma se les haga muy pesado; es fácil que generen mucha amargura y que se la tragan como pueden; es fácil que se les retire la confianza de la que antes gozaban. ¿Cómo trabajar esto? ¿Cómo mantener confianza generosamente y discernidamente?

 

 

VII. ALTERNATIVOS FRENTE AL SISTEMA

 

         El “sistema” es como el Guadiana: aparece y desaparece. Pero, en realidad, siempre está ahí. Son las normas, de todo tipo, que nos damos para establecer la convivencia. En realidad es algo, quizá, necesario. Pero lo que tenía que ser una ayuda, una herramienta para el logro de una vida más dichosa, termina volviéndose, por su carácter devorador, una cárcel, una coraza, un peso insufrible, una opresión, una dictadura.

         El sistema es muy amparador para quien está dentro, para quien le hace el juego, para quien le sirve y hasta que le sirve, porque en cuanto deja de servirle, el sistema lo desecha. Y es tremendamente duro para quien no le hace el juego, para quien lo cuestiona, para quien le baila las normas y las pasa por alto.

         En esta ambivalencia nos movemos: hacemos parte de un sistema que nos devora y, a la vez, queremos vernos libres de él. Tarea difícil. Eso es lo que queremos decir cuando hablamos de ser alternativos. Por eso es tan difícil serlo. Pero, viniendo al tema político, ser alternativos, o intentar serlo, es la única puerta de salida honrosa que uno tiene ante los sistemas políticos excluyentes que son la mayoría. Es aquello de Jn 17,11 : estar en el mundo sin ser del mundo, estar en el sistema sin ser del sistema.

 

1. Texto inicial: Mc 12,13-17:

 

“Y envían hacia él algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?» Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea.» Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Ellos le dijeron: «Del César.» Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios.» Y se maravillaban de él”.

 

  • Jesús sabría lo que era el dinero si había trabajado de tekton en las obras de Cesarea y Séforis. Por eso, cuando pide que le enseñen una moneda y pregunta por la inscripción es algo deíctico ya que, por supuesto, que lo sabe. Y, más allá de su pobreza, y en una sociedad de bienes limitados, él había intuido algo: el dinero es peligroso cuando se acumula; si tienes mucho es que se lo has quitado a otros. Por eso, ha elaborado una espiritualidad de prevención, distanciamiento y censura del dinero muy fuerte.
  • Ahora bien, el César no es nada sin dinero, el poder político no es nada sin dinero. Por eso, tomar un camino alternativo en temas de dinero le lleva directamente a tener que tomarlo en temas de política. No puede estar de acuerdo con el sistema político romano por razones de mera opresión política, sino porque, como todo sistema, ignora la vida de los pobres. Contribuir con un impuesto a sustentar eso es un crimen contra los pobres.
  • La única alternativa es devolver y arrostrar las consecuencias. Porque “devolver” es el verbo clave. No se trata de distribuir poderes (el del César, el de Dios, y la Iglesia que lo asume), sino de aprestarse a la alternatividad y sus, a veces, fuertes consecuencias. No puede esperar que, siendo alternativo, le ampare ese sistema (él fue el que lo condenó. Qué le importaba a Roma, a Pilato, un paria, un don nadie). Pero esa “devolución” es el único camino para generar alternatividad.
  • Hay una posibilidad para entender que hay que pagar: con libertad y con fines sociales. Si eso no está claro, hay que situarse en el margen, en lo alternativo, lo más fuera de la corriente posible del sistema. Este ponerse al margen de una actuación económica conlleva hacerlo de la correspondiente actuación política. No tiene sentido objetar en economía y no en política.

 

2. Reflexión:

 

a)   Sistemas y política: Ya hemos dicho que la conexión y la carga de sistematicidad en los ámbitos de la política es algo sempiterno y muy marcado. A pesar de ello, y por razones de actuación para evitar, entre otras cosas, la desafección política y la falta de colaboración, habrá que creer que, dentro del sistema político, puede haber un margen para la alternatividad, aunque sea a niveles de signos, de profecía, de pequeño fuego que hoy no incide en la gran corriente de la política general. Las actitudes discernidamente abstencionistas y las meramente significativas pueden ser lenguaje alternativo en el panorama político actual

b)   La economía en el centro: Eso lo sabemos todos, aunque ni los mismos partidos políticos terminen de reconocerlo. ¿Cómo generar alternatividad con un presupuesto tal? Lo hemos dicho: pagando con la mayor libertad posible (ejerciendo lo más posible la objeción) y dando a los impuestos la mayor finalidad social posible. Todo esto, dentro de lo que posibilite el sistema que, lógicamente, no va a ser mucho. De esa manera quizá se logre desplazar un tanto la economía del centro y que la persona y sus valores lo ocupen algo más.

c)   La renuncia al estatus y la reorientación de la economía: Siempre han sido herramientas valiosas para generar alternatividad. Pero no es resulta fácil ponerlas en pie. El estatus está muy ligado a la imagen que el otro tiene de mí y que se quiere preservar a toda costa (el buen nombre del Instituto). Por eso mismo, renunciar al rango social cuesta mucho. Y la reorientación económica apuntando a las necesidades sociales demanda poner en cuestión el egoísmo constituyente de la persona y de las instituciones.

d)   Posibilidad de desplazamiento: ¿Es posible desplazarse hacia márgenes de “pobreza” económica y social? Lo es si se encuentran motivos vitales para ello (no hablamos de motivos evangélicos). Toda actividad humana, toda institución, toda presencia puede ser orientada hacia los márgenes o hacia el núcleo del sistema. Por eso lo importante no es tanto en qué niveles de pobreza económica o social se está, sino cuál es la dirección de la tendencia.

 

3. Para el diálogo:

 

  • El mayor hándicap de la VR: Su pertenencia sistémica y la consiguiente imposibilidad de generar caminos alternativos. La VR como estructura necesita tener apoyos. Y, lógicamente, se vuelve hacia quien apoya más porque tiene más fuerza, el sistema. Pero este le pasa su pesada factura. ¿Podríamos imaginar una VR más alternativa, menos ceñida al sistema? ¿Pasa eso por una reducción en las obras que demandan mucha ayuda oficial?
  • Contra la tentación de creerse inmunes: Es posible que uno se crea inmune a la “esclavitud” del sistema. Es preciso desvelar su presencia en la ideología de la VR, en sus propuestas de misión y, por supuesto, en los modos personales de vivir. ¿No percibo la presencia del sistema en mi vida? ¿Constato un déficit de alternatividad? ¿Tiene que ver este déficit con el debilitamiento del sentido de la actual VR?
  • La sintonía con los caminos políticos alternativos: Que los hay, tanto a gran nivel (partidos minoritarios, movimientos contraculturales) como a pequeño nivel (ongs de solidaridad, grupos de ecología, movimientos de no violencia, etc.). ¿Tiene la VR, en general, deseo de caminar por estos derroteros? ¿Le resultan ajenos y son censurados en público?
  • Ajustar las necesidades, caminar en los márgenes: Quizá sea ese un posible camino para vivir en alternatividad: ir, con los años, ajustando las necesidades a los caminos reales que vive la persona. Todo lo que se haga en esa dirección, aunque sea cosa pequeña, nos facilita la comprensión y la vivencia de la alternatividad. ¿Cuánto mayores somos, observamos que ajustamos nuestras necesidades? ¿Ponemos cada vez más el acento en las necesidades espirituales y relativizamos más las materiales?

 

VIII. SALUDABLE UNIVERSALISMO

 

         El localismo exagerado no es bueno para nada, tampoco para una correcta comprensión del hecho político. Deriva, con frecuencia, en nacionalismos excluyentes y en grandes tropelías, aunque hoy, debido a la globalización, la cosa esté más controlada al tener noticias de ello en tiempo real.

         Una mentalidad universalista, amplia, que se ha asomado a otros ámbitos, que llega a valorar lo positivo de otros sistemas de vida es algo muy saludable porque rompe la conciencia de verdad y bondad únicas a las que tienden los sistemas cerrados.

         Sobra decir que muchos planteamientos políticos están afectados de esa verdad única: se cree que la sociedad solamente puede ser según el imaginario del propio grupo. Los demás grupos la llevan a la ruina. Dicen que es parte del juego político. Pero se tiene la impresión de que la pérdida de fuerzas es muy grande. ¿No se podría mantener la pluralidad manteniendo, a la vez, una cierta dosis de apertura al otro?

         En ir aprendiendo el universalismo se halla una de las claves de una nueva manera de percibir y participar en el hecho social y político.

 

1. Texto inicial: Mc 7,24-30:

 

“Y partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa no quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, sino que, en seguida, habiendo oído hablar de él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies. Esta mujer era griega, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Él le decía: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos.» Pero ella le respondió: «Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños.» Él, entonces, le dijo: «Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija.» Volvió a su casa y encontró que la chiquilla estaba echada en la cama y que el demonio se había ido”.

 

  • A un judío no se le había perdido nada en tierras de paganos, en tierras de aquellos que, de raíz, estaban destinados al infierno. Pero Jesús fue: ¿quién le empujó a ir? ¿Dónde le convencieron? Mc 1,35 dice que Jesús se levantaba por la noche a orar en despoblado. Quizá en esa áspera oración que se hace en el monte es donde llegó a entrever el deseo del Padre de que también a los paganos se les había de ofrecer el reino (algo insólito).
  • De cualquier manera, y aunque el diminutivo “perrillos” que se refiere a los perros de casa por contraposición a los vagabundos atenúa la dureza de la expresión (el perro es animal poco apreciado en el AT), la frase “no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos” denota un indudable desasosiego interior. Sea como sea, Jesús ha ido a tierras de paganos, ha ampliado el tremendo localismo en el que vive un judío pueblerino en aquella época. La mudez de los discípulos en la escena denota su correspondiente disgusto: no quieren saber nada con paganos y, menos aún, con paganas.
  • La mujer también sale beneficiada con el universalismo (por pobre que se quiera) de aquel judío: pasa de considerarla como “hijita” (usa un diminutivo) a considerarla como una “hija” (persona adulta) que luego es “chiquilla” (una que ya come en la mesa de los adultos). Es decir, hay que ver si el verdadero “demonio” no es la sobreprotección de la madre que anula la personalidad de su hija. El milagro no sería tanto curar a la hija cuanto curar a la madre. El universalismo, la mezcla de judíos y paganos ha sido beneficiosa para ambos.
  • Jesús ha aprendido la difícil lección para un judío de que el reinado de Dios y los paganos son realidades conectables. Esto es un caballo de batalla en todo el NT. La misión primitiva cristiana se encargará de demostrarlo. Más aún, será el paganismo el que dé oxígeno al movimiento cristiano. Posiblemente esta clase de textos fueron decisivos para el incipiente cristianismo.

 

2. Reflexión:

 

a)   Universalismo y política: La actividad política tiende a ser local, a favorecer a “mi” país, región, pueblo, etc. De ahí que todas las iniciativas por globalizar la política parecen destinadas al fracaso y a la ineficacia. Y sin embargo, es en la política universal, en las decisiones consensuadas a nivel mundial, en donde hay algo de esperanza para este planea. Es en la justicia universal (la que tanta marcha atrás ha dado últimamente en este país) donde muchas víctimas pueden tener alguna esperanza. Es verdad que lo local tiene cuenta más al detalle de la necesidad concreta,. Pero el egoísmo le ronda y, con frecuencia, sucumbe a él.

b)   Un escenario que va cambiando: El escenario vital de muchos de nosotros ha sido muy local. Y, por ello mismo, es lógico que estemos muy apegados al terruño y que creamos que si se nos saca de él perecemos. Pero las futuras generaciones tienen otro escenario, más ancho, más universal desde su formación (pensemos en los Erasmus) hasta en la relación (variedad de opciones matrimoniales) o la colaboración entre países (trabajos de las ongs). Un escenario que va cambiando y que, de alguna manera, habríamos de promover y apoyar. Cuanto más global el escenario, más global puede ser también el trabajo de los actores.

c)   Responsabilidades adquiridas: Nuestro localismo nos deja en evidencia cuando, ante planteamientos de universalismo, decimos que “cada uno en su casa…”, que bastante tenemos con lo nuestro, que hay mucho trabajo para arreglar nuestra casa, etc. Con ser verdad, también es cierto aquello que decía W. Benjamin de que nacemos con responsabilidades adquiridas. Es decir, la pertenencia a la básica familia de lo humano no es mera lírica: tiene sus consecuencias. Y eso nos lleva a creer que el devenir de los pueblos, sobre todo el de los empobrecidos, en parte, siquiera mínima, depende de nosotros. Creer esto es, tal vez, tan importante o más que creer en Dios.

d)   Ampliar la mesa de la vida: El hecho de haber sido creado da derecho a sentarse en el banquete de la vida. Dado que son aun muchos quienes no tienen tal derecho, se hace necesario ampliar la mesa de la vida. Y eso se puede hacer a gran escala y a pequeña escala, en tierras lejanas y en el metro cuadrado de la propia vida. Se necesita para ello, mentalidad abierta, generosidad explícita, capacidad para disfrutar con los gozos del otro.

 

3. Para el diálogo:

 

  • Afectada de localismo: No nos ha de extrañar que la VR esté afectada de localismo, aunque vamos dando pasos en la dirección del universalismo. El localismo empequeñece los horizontes. El universalismo los abre. ¿Crees que esto es así o no le ves punta a la cosa?
  • La misión nueva: La que se ha venido desarrollando desde el Vat.II: no verdad única, no imposición, inculturación. Lo mismo habría de ser en nuestros ambientes: tendría que darse el cultivo de un ecumenismo social que desplaza lo religioso a una faceta de vida o a su mero olvido. ¿Convivimos a gusto en ese ecumenismo social? ¿Quedan vestigios por aclarar?
  • Una relación de ida y vuelta: es la que habríamos de tener con los países o regiones que no son la nuestra. Creer que siempre la dirección tiene que ser de aquí hacia allá es caer en la dinámica Norte-Sur, cosa que constituye una de las mayores causas de desequilibrio social y político de nuestro tiempo. ¿Cómo va siendo tu mentalidad: Norte-Norte, Norte-Sur, Sur-Norte?
  • La internacionalidad llama a la puerta: La mayoría de los institutos religiosos en Europa eran muy localistas (a veces hasta geográficamente) y, por ello, casi cerrados a la construcción de comunidades internacionales (fuera, lógicamente, de los países de misión). Esto, quizá debido a la carencia vocacional, está cambiando: la internacionalidad llama a la puerta. Para construir bien esto hay que elaborar mentalidad. ¿Creemos que esto es un beneficio o no? ¿Puede alguien narrar una experiencia vivida en esta línea?

 

IX. NO TOCAR EL MERCADO

 

         Ya hemos dicho que el dinero y la política van de la mano. Pues bien, el mercado va cogido de la otra mano. Los mercados, lo sabemos, condicionan y sojuzgan a la política. Los dueños del mercado son, en realidad, los dueños de la política. Más aún cuando los mercados van bien, la política queda en segundo término; cuando van mal, la política acude en ayuda de los mercados, como hemos visto en la última crisis. De una u otra manera, los mercados siempre quedan arriba, como el aceite sobre el agua.

         Por eso mismo, tocar los mercados es la máxima osadía. Apuntar hacia ellos y denunciarlos es arriesgarse al menosprecio. Cuestionar a los mercados como estimuladores de la demanda es aprestarse a ser tachado de cavernícola. Cuestionar leyes sagradas de la economía de mercado (lo que pide el mercado es bueno para la economía) es marginarse social y políticamente. Atreverse a tocar los mercados es la mayor osadía en el marco del capitalismo neoliberal. Es, quizá, también una fuente de alternatividad.

 

 

 

1. Texto inicial:

 

         Llegan a Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba, diciéndoles: "¿No está escrito: “Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes?”    ¡Pero vosotros la tenéis hecha una “cueva de bandidos! Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle; porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina. Cuando anocheció, salieron  fuera de la ciudad.

 

  • El mercado del templo: Era un mercado grande y cerrado (nos referimos al mercado del templo en el tiempo de la Pascua). Grande porque (según J. Jeremías) hubo Pascua en la que llegaron a venderse y matarse 25.000 corderos. Un negocio enorme para una pequeña ciudad (30.000 habitantes en tiempos normales). Y un mercado cerrado, porque solamente podían vender allí las familias sacerdotales. La policía del templo hacia rondas fuera de las murallas para espantar a los vendedores furtivos (los “manteros” de la época). Por eso, tocar ese mercado es tocar esa clase social y política dominante.
  • Tocar el mercado: por razones religiosas o políticas. Quizá por ambas. Es cierto que dice que no permitía que nadie transportase cosas por el templo (transportar era uno de los 39 trabajos prohibidos en día de fiesta), pero quizá la razón principal está en haber convertido la casa del Padre, la casa de todos, en una cueva de ladrones. Tendrían que haberla convertido, según el sueño de Zacarías 14,21-22, en una casa de ollas comunes, de amparo para los más excluidos de la mesa. Pero el mercado tiende a ser clasista a tope y el que queda fuera, fuera queda. Razones religiosas y sociales. Y también de algún modo políticas: contra un sistema que tolera las diferencias, los robos, el aprovecharse de la posición social. Un sistema, como el romano, que permite estas tropelías para mantener la pax romana.
  • De ignorado a conocido: Esta escena es la que hace que el ignorado Jesús salte a la primera página. Es ignorado (los que van a prenderle parecen no saber a quién van a coger, por eso Judas tiene que indicarlo) y, para su desgracia, sale a la luz. No es que el sistema fuera únicamente duro con Jesús (aunque nunca entenderemos por qué se le dio la muerte en cruz). Era duro con todos los que lo amenazaban. El sistema no es manco.
  • Causa real de su muerte: Podemos decir que este episodio del mercado es la gota que colmó el vaso y que llevó a Jesús a la ruina. Mientras sea cuestión de ideas, el sistema puede ser más o menos tolerante. Pero como se toque el dinero, se está perdido. Si Jesús no hubiera hecho este gesto (porque quizá no fue más que un mero gesto) no le haría salido la muerte al paso, y de una manera tan brutal.

 

2. Reflexión:

 

a)   En la dinámica del mercado: consumidores. Eso es lo que somos para el mercado, consumidores. Esa es nuestra debilidad (necesitamos del mercado) y nuestra fuerza (podemos unirnos para presionar en una determinada dirección). No hacemos nada con maldecir de los mercados injustos si no elaboramos estrategia de respuesta, si no las secundamos. Es preciso estar despiertos, ágiles para sumar esfuerzos, confiados en que los signos pueden tener una fuerza importante aunque no expropien las cuevas de Alí Babá, como decía E. Galeano (tiene lo suyo que el gran mercado chino on line se llame Alibabá).

b)   Los riesgos de enfrentarse al mercado: Tiene sus riesgos personales y grupales. Cuanto más grupales más fuerza y más riesgo. Riesgo de incomprensión hasta la rechifla; riesgo de singularidad, de rareza; riesgo de hacer el juego a otras fuerzas del mercado, sin saberlo. Pero sería imperdonable que se lo hiciéramos sabiéndolo. Riesgo de cansancio, de creer que esto no vale para nada. Riesgo de contradicción personal, que será preciso asumir del mejor modo posible.

c)   Desde una visión política: Nunca has sido el mercado menos libre que ahora. Las fuerzas políticas luchan con el mercado (la guerra que está desatando Trump tendrá grandes consecuencias). Por eso, hay que animarse a apoyar a aquellas fuerzas políticas que abran más los mercados a los países, pobres, menos acogidos en nuestros mercados. La compra de productos de tales países habría de estar privilegiada por nosotros. Y si, además, el precio de producto es ajustado a la justicia, pues mejor. Los productos de comercio justo interrogan a nuestras actitudes ante el mercado.

d)   Las múltiples direcciones del mercado: Ya lo hemos dicho: puede ser Norte-Sur, Norte-Norte, Sur-Norte. No vamos a dar cifras, pero podemos sospechar que la dirección mayoritaria es Norte-Sur y luego Norte-Norte. La Sur-Norte es la pagana, por más que las materias primas vengan con frecuencia del Sur. Pero, absorbidas por la economía del Norte, se convierten en valores económicos de las economías occidentales. Como dijimos antes, y en la medida que se pueda, siquiera en signos, habrá que apoyar la dirección más débil cuestionando la dura ganancia de las economías que fagocitan a las pequeñas de los países empobrecidos.

 

3. Para el diálogo

 

  • Estrategias comunitarias para hacer frente al mercado: Ya hemos hablado del comercio justo. ¿Hay más? ¿Podría organizarse un seminario de lectura de etiquetas? En ellas, por ley, viene el origen y las características del producto. Quien hiciera preguntas al producto ¿podría obtener respuestas del mercado?
  • Opciones políticas y mercado: No solamente a la hora de votar habría que hacer a los programas políticos la pregunta por su visión del mercado. Habrá que ver cómo lo han desarrollado en el tiempo de su mandato. ¿Crees que esto serviría para algo? ¿Es cosa que nos supera? ¿Alguien de nuestros hermanos/as podría hacernos el favor de ayudarnos?
  • Apoyo a los otros mercados: Nos referimos a la economía alternativa, ciudadana, de trueque, de intercambio, de reutilización, de préstamo. ¿Hay experiencias que intercambiar en este sentido? ¿Podrían inspirar programas de espiritualidad economías como la del bien común de Ch. Felber?
  • Mercado y religión: La religión ha estado siempre cerca del mercado, del dinero. Quizá sea productivo económicamente, pero la religión sale siempre perdiendo. ¿Habría maneras de separa un poco ambas realidades? ¿Cómo hacerlo, por ejemplo, en el caso de la eucaristía?

 

X. LOS CAMINOS DE LA VIOLENCIA POLÍTICA

 

         En nuestra propia carne, en nuestro propio país, hemos experimentado durante muchos años los insensatos caminos de la violencia política. Ahora parece que nos vemos libres de esa pesadilla que, por desgracia, es abundante en otras latitudes del planeta.

         La violencia política no solamente son los muertos, sus familias, sus víctimas en general. Es también la sociedad herida, las mentalidades deformadas, las cloacas que nunca se abrirán porque a nadie conviene, la hipocresía de clamar y celebrar la paz cuando, en realidad, se hizo muy poco por ella.

         La violencia política es uno de los peores rostros de la debilidad humana, ya que su estela se mantiene durante generaciones y, de alguna manera, pasa a ese fondo de lo humano que es muy difícil de controla e imposible, según parece, de borrar. De ahí su enorme decisividad.

 

1. Texto inicial: Jn 18,10-11:

 

“Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole el lóbulo la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro: —Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?”.

 

  • Está probado, desde el punto de vista histórico, que, en tiempos de Jesús, se había apagado el celotismo de Judas el Galileo de principios de siglo que luego se reavivará en la guerra de los 70. Si exceptuamos el caso de los sicarios (guerrilla urbana), no había grupos violentos organizados en tiempos de Jesús. Eso añade una dificultad al hecho de que unos discípulos que, a la hora del prendimiento (se ve que fue algo violento, por más que los Evangelios diluyan la cosa), tienen una espada (o machete, no sabemos bien si es espada larga, intermedia machete, o puñal. Pero ¿qué hacen ahí con una espada? En Lc 22,38 son dos machetes. Y no solo eso, sino que están dispuestos a utilizarlo, a la resistencia armada. Es uno de los puntos complicados de los Evangelios que no se puede eludir sin más.
  • Dice que el tajo fue “en el lóbulo de la oreja derecha” (en la “orejilla derecha”). ¡Hace falta puntería o precisión para relatarlo! Mirando al AT (norma hermenéutica básica) se dice en Ex 29,20 y Lev 8,23 que en el ritual de consagración del sumo sacerdote se le untará con la sangre del segundo carnero en el lóbulo de la oreja derecha, en el dedo gordo de la mano derecha, y en el dedo gordo del pie derecho. ¿Se está queriendo decir que la época del sacerdocio religioso ha terminado, que ya no tiene sentido untar de sangre el lóbulo? Eso se confirma más con el nombre del sujeto: Malco: rey. Se acabó la realeza, no tiene sentido una realeza de raíz religiosa. Es la hora del tiempo nuevo. La misma violencia, insensata, lo pone de manifiesto.
  • La violencia engendra violencia: Queda expresado en el dicho de Mt 26,52: “el que hierro mata a hierro muere”: Tal como está, el Evangelio y la figura de Jesús conforman un perfil de pacifismo activo (más allá de Mt 10,34-36 que quiere desatar el malentendido irenista que dimana de la dura experiencia de la misión cristiana).
  • El Padre no manda el cáliz, por más que lo diga san Juan. El cáliz es el resultado de las opciones que Jesús ha ido tomando a lo largo de su vida a favor de los pobres y en contra de los sistemas, religioso o político. Si se quiere decir que Dios está ahí, que no le es ajena en modo alguno la suerte de Jesús, que no lo va abandonar en la hora final, bien. Pero Dios no necesita que Jesús sea víctima de nadie. No es eso un precio requerido para una supuesta salvación.

 

2. Reflexión:

 

  • Un lenguaje curativo: “Si las palabras curan, que hablen...”, dice M. Rosell. Porque las palabras, cuando van llenas de verdad y de amor, tienen un gran valor terapéutico. Los caminos de la violencia y del hondo sufrimiento que genera necesitan palabras ajustadas, verdaderas, amables, perdonadoras, curativas. Muchos de los conflictos humanos tienen en su origen la realidad de palabras duras e hirientes que activan el problema y desencadenan una ola de sufrimientos que amenaza con anegar el todo de la vida.
  • Desde una vida apasionada: A las grandes violencias no se les ataja con argumentos mediocres; los sufrimientos de hondo calado no se curan con rutinas. Por eso mismo, la pasión ha de animar todo el trabajo por la justicia y la paz. Todas las familias religiosas reconocen que la espiritualidad de la justicia y paz no hace todavía parte del acervo espiritual de nuestros colectivos. Honrosas excepciones nos reconcilian con esa percepción. Por eso, mientras no abramos la cabeza, el corazón y nuestros planes de vida a esta espiritualidad, lo que podamos decir serán poco menos que palabras al aire. Aquí la pasión es la medida de nuestro verdadero interés y sin ella todo esto queda desleído.
  • La fuerza política del amor: Ninguna formación política incluirá en su propaganda el amor como eje central de su manera de ver la vida. Sería impopular y no produciría ningún voto. Y, sin embargo, el amor tiene una fuerza imparable y, de hecho, lo más válido del mundo se mueve gracias a él, aunque los opresores crean que es la fuerza y el dominio quienes controlan las vidas. Habríamos de creer, como lo hicieron Gandhi y otros “políticos del amor”, que amar no es solamente un acto de virtud sino de política. Es decir, activar el amor lleva a elaborar planes concretos de actuación capaces de perforar la coraza de la violencia y de limitarla disminuyendo así su capacidad destructora.
  • La imaginación al servicio de la paz: Una evidencia de que un movimiento social o religioso es una realidad viva es que sus actuaciones sorprenden por su alto contenido imaginativo. Analicemos, por ejemplo, las actuaciones del profético grupo Greenpeace. Nos sorprenden por su forma y, sobre todo, por su contenido que supone un claro posicionamiento y un análisis muy lúcido de lo que ocurre. Por esa línea habrían de caminar  los grupos religiosos que, muchos de ellos, han tenido fundadores/as altamente imaginativos para acercarse al dolor y para mediar en situaciones de violencia. Sin imaginación no puede florecer la paz y tampoco el amor.

 

3. Para el diálogo:

 

  • Las buenas palabras: No es cuestión solamente de buenos modales, aunque también. Se trata de generar un discurso, un relato, curativo y compasivo. ¿Tiene esto su importancia? ¿Hay caminos abiertos para ellos?
  • La espiritualidad de Justicia y Paz: Abundan las comisiones, pero no terminamos de ver que esto enganche a los hermanos/as de a pie. ¿Por qué? ¿Habría alguna forma de caminar en tal dirección?
  • Amar es un acto político: No es solamente algo que toca la afectividad de las personas. Una sociedad en la que las personas se aman, es una sociedad más dichosa. ¿Puede ser un objetivo político que la sociedad sea más dichosa? ¿Cómo concretar eso de que amar es un acto político? ¿Cómo encajar la pregunta que harán las futuras generaciones a la VR: qué hicisteis por la paz?
  • Déficit de imaginación: No ha sido tradicionalmente la imaginación un valor apreciado y cultivado (la loca de la casa). Y sin imaginación no se puede amar, ni creer, ni construir el difícil camino de la paz. ¿Qué caminos políticos nos parecen imaginativos?

 

 

XI. CONTRA EL SERVILISMO DE LA POLÍTICA

 

         No descubrimos nada del otro mundo cuando decimos que en política hay altos niveles de servilismo. Primeramente porque lo exigen todos los sistemas; además porque quien se mueve no sale en la foto; y porque median muchos intereses por los que conviene respetar el escalafón. A veces, el servilismo abre la escotilla de las cloacas y se intuye una lucha intestina por estar en la cúspide.

         Pensamos que no todo el mundo de la política es así y que existen también políticos libres y honestos. Quizá prefieran dimitir (es un signo claro) antes que servir a una ideología en contra de sus convicciones. Esto quiere decir que tiene que haber maneras de hacer frente a algo que parece irremediable.

 

1. Texto inicial: Jn 19,4-8

 

“Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo —Aquí lo tenéis. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: —¡Crucifícalo, crucifícalo! Pilato les dijo: —Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él. Los judíos le contestaron: —Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más”.

 

  • ¿Quién era Pilato?: A partir del año 6, depuesto Arquelao, Judea está administrada por gobernadores. Siete en total. Pilato es el que más ha durado: 10 años, del 26 al 36. Vivía en Cesarea. Tenía pocos soldados, tropas auxiliares (la provincia de Siria de la que dependía tenía cuatro legiones, casa una seis mil hombres). En las pascuas los concentraba en la torre Antonia.  Las fuentes por las que se le conoce: Flavio Josefo, Filón, Tácito. No coinciden con el perfil que dan los evangelios: La burla de los estandartes (Josefo), el robo del tesoro para construir un acueducto (Josefo), juicios demasiado rápidos (Filón), mero nombre (Tácito). Un represor, un oportunista y, sobre todo, un menospreciador de los judíos a los que consideraba raza inferior.
  • El régimen de gobernadores: Era un modo subalterno de Gobierno, dependiendo antes que del emperador, del cónsul de Siria y de otras instancias menores. Que a Pilato le entrara miedo no es raro. Si quería mantenerse en el poder había de rendir cuentas a sus jefes superiores. Por eso, se ve que ejerció un férreo control y supresión de problemas en los años que estuvo de gobernador (recordar de nuevo “La sombra del galileo”).
  • De cualquier manera, la figura de Jesús como peligro político no debía serle de gran dificultad. Pero si se juzga por el suplicio que le dio, la cruz, algo fuerte había que le hacía temer. No sabemos cómo se han construido los relatos de la pasión. En la medida en que fueran ciertas sus noticias (cosa imposible de saber) Pilato sigue siendo él mismo (ironía, superioridad, menosprecio, violación de la ley que manda no crucificar a más de dos, pertinacia en que sigan los cadáveres en la cruz, etc.). Servil pero con un margen de arbitrariedades que quieren demostrar que él manda.
  • Si Pilato se mosquea con la expresión “Hijo de Dios” es que, a su juicio, eso tiene contenidos políticos. Si el pagano lo ve así, es que en ciertos círculos era así. Despojar de eso al reinado de Dios según Jesús es, quizá, desplazarlo demasiado al terreno de lo religioso. En ese sentido tendrían su razón autores como Belo o Cullman. ¿Cómo trasladar esto a la espiritualidad cristiana? ¿Cuál es el componente político del reino? ¿Un reino supuestamente no político es el reino de Jesús de Nazaret?

 

2. Reflexión

 

a)   Los sistemas se hacen temer: El miedo siempre ha sido una formidable herramienta para los sistemas político y otros. A veces el miedo es muy fuerte y contagia todo el hecho social. Escapar de él resulta prácticamente imposible. Es entonces cuando los utópicos (los cristianos entre ellos) habría de encontrar pequeñas estrategias para sobrevivir. Esto no estará exento de riesgos y, por supuesto, la marginalidad será el lugar de quien actúe así.

b)   Obrando bien, no hay que temer: Eso dice san Pablo: “Los que mandan no son una amenaza para la buena acción” (Rom 13,3). Muchas veces esto no es así, lo sabemos. Pero, ciertamente, para obrar frente al empuje de los sistemas hace falta un cierto valor, por las consecuencias a que puede llevar a la persona. De cualquier manera, es cierto que el bien obrar es, como la coherencia, un arma formidable para vivir en libertad.

c)   El servilismo en los sistemas religiosos: Existe, como en los demás sistemas, también en la VR. Además de la jerarquización, de la que no sabemos desprendernos, hay muchos pequeños intereses que juegan en el asunto. Esto, como se comprenderá, es una siembra de sal en el campo de la fraternidad. Por eso mismo, cuanto más se controle el servilismo, cuanto se obre por pura fraternidad, cuanto más se apropie uno de aquella máxima paulina de que “para ser libres nos libertó Cristo el Señor” (Gal 5,1), mejor.

d)   Conquistar la libertad, tarea diaria, no se es libre, se va siendo: Es algo que es preciso conquistar (H. Küng, “Libertad conquistada”). Es decir, como todos los valores humanos es algo que nos se nos va a dar por el mero hecho de reclamarla. Es preciso trabajarla día a día, construirla artesanalmente. Y además hemos de saber, lo sabemos, que la libertad es una realidad articulada con la libertad del otro, no a costa de la libertad del otro. Reclamar libertad para uno, conculcando la del otro no tiene sentido.

 

3. Para el diálogo:

 

  • Extraño servilismo: Ocurre que, en relación con las fuerzas políticas, tanto un sector la ciudadanía como la VR, hace voto de fidelidad a una fuerza política que, quizá, encierra un profundo servilismo. Ya puede ese partido cometer todas las tropelías demostrables que, basado en que los demás también las hacen o simplemente negándolas, esos ciudadanos seguirán votándoles hasta la parusía. ¿Por qué ocurre ese fenómeno? ¿Por qué, en el caso de la VR, el Evangelio no modifica nada el esquema? ¿Por qué no hay itinerancia política?
  • Servilismo colectivo: Además, en el caso de la VR, se da la circunstancia de que la mayoría, siempre en general, vota a la derecha. Pero ya votaba en otras épocas. ¿Siempre ha sido así? ¿Por qué? ¿Por qué se cree que esas formaciones están más cerca de la religión, porque amparan mejor nuestros intereses? ¿No nos percatamos de la “factura” que hay que pagar?
  • Cada vez más libres: La libertad no es algo estático, sino que es preciso irla construyendo poco a poco, cada día. Hay que conquistarla. Las personas mayores deberíamos ser expertos en ello, no tanto en hacer lo que nos venga en gana. ¿Te sientes más libre con los años? ¿En qué campos de la VR hay que trabajar todavía en temas de libertad?
  • Aprendizajes del siempre perdedor: Es posible que quien se plante ante el sistema político y sus gestores y abogue por una libertad sea un perdedor en toda clase de eventos políticos (elecciones, decisiones judiciales, etc.). Será preciso no tanto acomodarse a esta condición de perdedor, pero sí saber que, hoy por hoy, el sistema es más fuerte que la libertad, lo que no quiere decir que lo vaya a ser siempre. ¿Es esto así? ¿Cómo mantenerse en talante utópico?

 

XII. POLÍTICA Y POSVERDAD

 

         Dicen que estamos en la época de la posverdad. La wikipedia la define así: Posverdad o mentira emotiva es un neologismo que describe la distorsión deliberada de una realidad, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales, en la que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales.

         Lógicamente esto está muy ligado a la política. Sigue diciendo nuestra amiga wikipedia: En cultura política, se denomina política de la posverdad (o política posfactual) a aquella en la que el debate se enmarca en apelaciones a emociones desconectándose de los detalles de la política pública y por la reiterada afirmación de puntos de discusión en los cuales las réplicas fácticas ―los hechos― son ignoradas.

         Dicho de manera más llana: estamos hablando de mentira, falsedad y estafa. ¿Hay posibilidades de sanear estos niveles de limitación que estando en el ámbito de lo público hablan de la fuente del corazón de cada persona? Creemos que sí, siempre que se sea lúcido y se trabaje por ello.

 

1. Texto inicial: Mt 28,11-15:

 

“Mientras las mujeres iban de camino, algunos soldados de la guardia llegaron a la ciudad y contaron a los jefes de los sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos jefes se reunieron con los ancianos para, de común acuerdo, dar mucho dinero a los soldados y advertirles: –Decid que durante la noche, mientras dormíais, los discípulos de Jesús vinieron y robaron el cuerpo. Y si el gobernador se entera de esto, nosotros le convenceremos y os evitaremos dificultades. Los soldados tomaron el dinero e hicieron como se les había dicho. Y esa es la explicación que hasta el día de hoy circula entre los judíos”.

 

  • Este es un relato, fruto de la pluma de Mateo, altamente improbable. Que Jesús fuera sepultado ya es un problema (¿insepultura?). Que pusiese una parte de la guardia ante su tumba, algo increíble. Que así se tratara de frenar el impacto de la resurrección, totalmente imposible porque esta se fue gestando, sin duda, con mucho tiempo.
  • El modo de narrar judío no es como el nuestro. Para nosotros sería este pasaje una historia inventada, mentirosa incluso. Para ellos no: es la lucha dialéctica en los medios mateanos entre quien cree en la resurrección y quien la denigra con una historieta: vosotros decís que los discípulos robaron el cuerpo, pues yo digo que es una patraña inventada por las autoridades judías. Lo que está en juego es la posibilidad, la verdad, de la resurrección. Pero el modo dialéctico de tratar el asunto es, para nosotros, infantil.
  • La posverdad no da buenos frutos. Porque esos relatos inventados no contribuyen al fin que se pretende: ofrecer la resurrección como una posibilidad espiritual para la persona. Al contrario, como la historia lo ha demostrado, lo que se ha logrado es que las posturas se empecinen y se llegue a posiciones irreconciliables.
  • Obran en esta posverdad una serie de prejuicios mateanos que son los que habría que tratar: la certeza de que el judaísmo mateano odia a Jesús, la seguridad de que jamás podrán entender la resurrección, la evidencia de la mala fe de las autoridades, la condena a la que se ven sometidos los judíos por su pertinaz increencia. Si no se desmontan tales prejuicios, el diálogo, el acercamiento, es absolutamente imposible. Así fue por parte de la comunidad mateana e idéntica fue la respuesta del judaísmo (maldición a los “minim y nosrim” de las 18 bendiciones de Yamnia).

 

2. Reflexión:

 

a)   El auge de la posverdad: Mentiras y falacias ha habido siempre. Pero las llamadas redes sociales les han dado tal vuelo que una mentira global termina por convertirse en una verdad global. Ahora dicen las grandes marcas mediáticas (facebook) que van a luchar contra las llamadas fake news. Por eso, mantenerse en esta vorágine sin exagerar, sin deformar, sin subrayar un aspecto y ocultar otro, sin la intención de llevar a uno por donde no quiere, es un milagro. Es ser alternativos. Pero se puede hacer, al menos a nivel personal y en el ámbito cercano. ¿Servirá para algo? Creemos que sí. Por mucha que sea la fuerza de las redes sociales, que la es, mantenerse en lo que uno cree como verdad, rectificar si se da cuenta que no lo es, construir la sociedad en base a lo cierto, es algo que tiene su valor también hoy.

b)   Una política sin contenidos de verdad: A veces se construye este tipo de política, aunque, más bien a la corta, termina por venirse abajo. No han perdido las sociedades el sentido de la verdad, por mucho que las manipule. Hay algo logrado a través de la historia humana y es que lo que hecho con intención de engañar no es humano. Por eso, apoyar opciones políticas que manipulan la verdad en grado alto es algo a replantear por antihumano, no tanto por su posible fragilidad policía.

c)   ¿Es posible una política verdadera?: Sería aquella a la que no solamente no se le pilla en mentiras sino la que se vuelca a las necesidades verdaderas de la sociedad que son las necesidades de los más frágiles (las necesidades del poder son muy cuestionables). De ahí que la verdad de una tarea política haya que medirla por el crecimiento de los beneficios sociales para quien está más lejos de ellos. La verdad de la política es la equidad, los trabajos por rellenar los fosos que aún separan a los empobrecidos de quienes disfrutamos de todo.

d)   ¿Puede haber políticos verdaderos? Queremos creer que sí. Nos amparamos en ese sueño utópico de papa Francisco que viene en la EG 205. “¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo! La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común. Tenemos que convencernos de que la caridad «no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas». ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos. ¿Y por qué no acudir a Dios para que inspire sus planes? Estoy convencido de que a partir de una apertura a la trascendencia podría formarse una nueva mentalidad política y económica que ayudaría a superar la dicotomía absoluta entre la economía y el bien común social”.

 

3. Para el diálogo:

 

  • La relativa verdad: Ni en el pensamiento ni en la vida existe una verdad absoluta. Siempre será relativa. Pero dentro de esa relatividad hay que preguntarse si la verdad beneficia al poder y perjudica a los frágiles o, por el contrario, relativiza las pretensiones del poder y aúpa a los empobrecidos. Esta segunda postura, por muy relativa que se quiera, es la que apoya el mensaje cristiano. ¿Todavía creemos en esto, o descreemos de ello?
  • No banalizar la posverdad política: No todo da igual; no es razón suficiente el generalizar, el decir que todos son iguales. Nos habría de doler la mentira política y habría de movernos a obrar en consecuencia. ¿Hacemos chistes de las mentiras políticas o nos duelen?
  • Discernimiento en la maraña de verdades: Porque, en verdad, es una maraña de muy difícil esclarecimiento. ¿Pero hacemos algo por aclararnos?  ¿Leemos, hablamos para aclararnos, nos interesa saber lo que hay dentro de los acontecimientos, escuchamos a quien más conoce el tema, o funcionamos con nuestros propios prejuicios?
  • Anhelar una vida personal en la mayor verdad posible: No solamente por coherencia personal, sino para tener una herramienta de análisis social. ¿Cómo hablar de verdad en esta época nuestra si no nos azuza la necesidad de vivir personalmente en la mayor verdad posible?

 

 

CONCLUSIÓN:

 

         Con los datos que ofrecen los relatos evangélicos no se puede construir una teoría política ni desvelar la intencionalidad de Jesús en este tema. Pero, al menos, hay rasgos suficientes para, enmarcándolo en la espiritualidad del reino, funcionar en modos de seguimiento.

         Una cosa queda clara: no es un tema baladí. El que no haya sido tratado en profundidad, el que no haya pasado al pueblo cristiano, no quiere decir que sea un tema sin relevancia. De alguna manera, ampliando el concepto de política, es uno de los puntos más importantes de la espiritualidad evangélica.

         Por eso mismo, la VR tiene delante un campo para ir ahondando cada vez más y aquilatar así su opción de seguimiento con Jesús.

 

 

 

Ejercicios 2018 (1)

 

 

 

 

¿HABRÁ CANTO EN LA NOCHE?

Una lectura actualizada de los “salmos de las subidas”

(Notas para una semana de ejercicios)

 

 

         Esta oferta de reflexión espiritual para una semana de ejercicios brota de una suposición y de un anhelo. El supuesto viene en Mc 10,32: “Iban por el camino, subiendo a Jerusalén, y Jesús iba delante; ellos estaban desconcertados, y los que le seguían iban con miedo”. Jesús sube por última vez a Jerusalén. Es meterse en la boca del lobo, como así fue. Jesús sube al frente de esa cordada de desalentados que son los discípulos, que van “desconcertados” y de la gente que le sigue que va “con miedo”. Jesús va delante. Y podemos suponer que, como sube a Jerusalén, va cantando, como hacían los peregrinos judíos, los “salmos de las subidas” (Sal 120-135). Canta delante para animar a los acobardados que van detrás. Cree que cantando se espantará o, al menos, se controlará el temblor de sus corazones y el deseo de salir corriendo en dirección contraria. Salmos para suscitar ánimo cuando el agujero negro del desaliento, del temor y de la pena lo absorbe todo.

         Y de aquí la certeza de que estos salmos, releídos desde una experiencia actual de fe, quizá puedan servir para el mismo fin: animar nuestra fe en este hoy en el que tenemos muchos motivos para tirar la toalla y ceder a la imposibilidad de una fe actualizada o de volvernos a modos religiosos desconectados de la realidad. La Palabra de Dios nos puede ayudar a mantener viva la experiencia creyente en tiempos de dificultad. Por eso, intentaremos una relectura que pueda reconfortarnos. Lo necesitamos.

         Los ejercicios de este año podrían ser comprendidos como un tiempo fuerte para recabar ánimo y seguir levantando los hombros para seguir adelante, sin desaliento, en el camino cristiano que es nuestra vida. De tal ánimo podemos beneficiarnos todo el año, para el camino largo que es nuestra vida. Volver a la Palabra es volver a la casa que acoge, a la fuente que sigue manando, al principio de fuerza que puede contagiarse a nuestro frágil corazón.

         Dice Bertolt Brecht: “Y en la noche ¿habrá canto? Sí, habrá canto en la noche”. Creemos que los salmos de las subidas pueden ser hoy también para nosotros un canto en la noche, en la dificultad, en el caminar, en el gozo trabajado de construir el camino de la fe. Démonos a la tarea.

 

I. SALMO 120: GUARDADOS POR DIOS

 

1Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
2El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

3No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
4no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

5El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
6de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

7El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
8el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

1. Jesús lee el salmo

 

  • Subíamos a Jerusalén. Todo era penumbra. Los corazones pesaban mucho. Habíamos vivido aquel momento de luz que fue la transfiguración donde, en el silencio y en la Palabra, descubrimos que había que ir a Jerusalén. Allá, en aquella luz, en aquella paz, cobramos ánimo por encima de los miedos. Iríamos a Jerusalén. Pero ahora, llegado el momento, nuestros pies pesaban como el plomo y nuestro corazón estaba sin luz. Era la subida temida.
  • Los míos iban detrás. De cerca los discípulos, en silencio. Solo se oían las pisadas sordas sobre el camino. Nadie decía nada. No quería mirarles para no entristecerme más. Detrás un buen grupo de “seguidores”. También en silencio. ¿Dónde habían quedado los cantos, el jolgorio de las subidas, las risas contagiosas? Silencio, nada más que silencio. Y el miedo, libre, circulando a sus anchas por encima de las cabezas y metiéndose en las venas. Silencio y miedo.
  • Avistamos los montes de Judá. Y empecé a cantar: “Levanto mis ojos a los montes”, aquellos montes que nos eran tan queridos a los judíos y de los que ahora, con gusto, huiríamos. Aquellos montes que encerraban el templo, la “joya”, la presencia densa de Dios, donde íbamos jolgoriosos entre el bullicio. Ahora la alegría había huido.
  • Por eso se nos hizo clara la pregunta del viejo canto: “¿De dónde nos vendrá el auxilio?". ¿Quién nos amparará ahora que nos sentimos tan desvalidos, tan en la rama cortada? Y la respuesta nos la dio el mismo salmo: “El auxilio nos viene del Señor, el que hizo el cielo y la tierra”. El que cuida de todo, nos cuidará; el que sostiene todo, nos sostendrá; el que cuida de los pájaros y de los lirios, nos cuidará. “El auxilio nos viene del Señor”, repetíamos una y otra vez. Las gargantas se desataron y más allá de las lágrimas repetíamos: el auxilio nos viene del Señor. No nos dejará en el desamparo, no nos soltará de la mano, aunque no lo sintamos, aunque nos parezca que está lejos y en silencio, aunque parezca que nos abandona. No, el auxilio viene de él.
  • Íbamos más seguros, pisábamos más fuerte: “No permitirá que resbale tu pie”. Caminábamos con más ligereza. Y otra frase del canto nos llenó: “Tu guardián no duerme”. Nuestro Dios velaba con nosotros, andaba con nosotros, sufría con nosotros. No estaba dormido, desentendido. No había que llamarle a gritos.
  • Y ya brotaba la fe como un torrente: “estamos a su sombra…a su derecha”. Por eso, ni el sol nos herirá, ni la luna nos extraviará. Todo lo creado vendrá a nuestro socorro, por más que llegue la sombra y la oscuridad. Caminábamos más ligeros.

 

2. La persona de hoy lee el salmo

 

  • Hemos puesto nuestra fuerza en nuestra ciencia, en nuestro dinero, en nuestra salud, en nuestra fuerza. Pero muchas veces experimentamos el desvalimiento, las situaciones sin salida, el desamparo que se pega al alma. ¿Cómo llevar esto de la mejor manera? Y hemos descubierto que la buena relación, la acogida de las personas, el débil amparo de los débiles, es algo que ayuda mucho. Generar amparo es  generar humanidad, abrir horizontes, hacer que sintamos menos la dentellada de la limitación.
  • Es verdad que esta vida nuestra tiene recursos limitados. Pero si tomamos conciencia de que nacemos con responsabilidades adquiridas, de que el sufrimiento del otro nos compete, de que la respuesta que damos al dolor ajeno nos hace sujetos morales, es entonces cuando, más allá de nuestra limitación, podemos generar amparo. Quien desconfía de lo humano, desconfía de las personas. Y si no confiamos en nosotros mismos, ¿cómo vamos a confiar en los otros, en el Otro?
  • Hay que velar por la vida del otro, por el camino del otro, por los itinerarios del otro. Los otros son mi tarea, no para inmiscuirme en sus asuntos, sino para participar en su crecimiento. Los otros no son mi “infierno”, sino el camino humilde para la dicha. Quienes viven sin reposo para el otro, terminan por encontrar reposo, sentido, para sí mismos.
  • La mejor manera de sortear los peligros que el caminar histórico encierra es guardarnos, cuidarnos, atendernos bien, aguantarnos con cariño. Ser, unos para con otros, casa de misericordia donde protegerse y animarse.

 

3. La creyente lee el salmo

 

  • El universo es una realidad en expansión. Nos movemos a dos millones de kilómetros por hora en el “tren” de nuestra Vía láctea. Hay muchos universos. No conocemos la materia del universo, el 90% es materia oscura. Y en el fondo de ese mecanismo que no podemos abarcar, una fuerza que nuestra fe llama Dios, fuerza de amor. Esa fuerza nos engloba, nos ofrece vida, nos cuida, más allá de las enormes limitaciones que, a veces, sufrimos. No estamos solos. En verdad, el Padre y Jesús han puesto su morada en nosotros (Jn 14,23).
  • Dios nos cuida en la mediación de nuestros propios cuidados. No podemos pedir a Dios que nos cuide si nosotros no hemos descubierto que el cuidado, sobre todo el cuidado al frágil, no es consecuencia de la fe, sino su propio centro. Cantar este salmo sin comprometerse al cuidado fraterno es música celestial.
  • Sin reposo para el amor, sin cansarse, sin descreer a medida que avanzan los años. Mantener un interior amante, una interioridad jugosa. No secarse por dentro. Entonces es cuando sonarán vivas estas plegarias sálmicas, estos anhelos encerrados en las oraciones de las subidas. Si estamos cansados, desalentados, de vuelta de todo, descreídos, ¿con qué ojos ver las pisadas del Dios que camina a nuestro lado? ¿Cómo sentir el calor de la palma del Padre que coge nuestra mano?
  • Guardados por Dios, esa es la certeza que puede hacer que lleguemos bien vivos al final de nuestro caminar histórico. “Entre tus manos, llévanos”, dice el canto. “Adora y confía” decía la plegaria de Teilhard de Chardin.

 

4. Recreamos el salmo

 

Sé que Dios está

en el fundamento del ser,

en la fuente de la vida.

 

¿Cómo desconfiar de su cercanía,

de su amparo abrazador,

de su fuerza que reconforta?

 

Por encima de mis tropezones y caídas,

más allá de mis insomnios y desganas,

él me guarda.

 

No tengas miedo del sol que hiere

ni de la luna que extravía,

él sigue siendo luz para ti.

 

II. SALMO 121: ENCONTRAR LA PAZ

 

1¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
2Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

3Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
4Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
5en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

6Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
7haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios».

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo».
9Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

1. Jesús lee el salmo

 

  • Íbamos a la casa del Señor. Pero íbamos sin alegría. Sin embargo, a mí, como buen judío, me habían enseñado que la gloria de Dios, su presencia, se hacía densa en el templo. No podréis entenderme quienes no seáis judíos. Pero yo sabía que la presencia del Padre me envolvería, me protegería, saldría por mí. Por eso cantaba con fuerza: “Vamos a la casa del Señor”. Los que venían detrás no se contagiaban. Cuando nuestro pies pisaron las viejas piedras de la ciudad, yo me olvidé de lo que podía pasar. Estaba en su casa.
  • A quienes veníamos de la aldea, Jerusalén nos deslumbraba. Hoy os parecería a vosotros un humilde lugar, pero a nosotros nos parecía maravillosa. La llamábamos “la hermosa”. Aun hoy día, tan maltrecha, para muchos de los judíos sigue siendo así. Por eso, en lugar de defenderla con paz, la envuelven en guerras. Así les va.
  • Pero ella nos contagiaba la paz. Dentro de ella había paz. Por eso, le deseábamos la paz. Siempre nos había faltado. Por eso la deseábamos tanto. Un corazón pacificado era lo que nos hacía falta. Por eso, nuestro canto era una oración: Danos paz en estas horas de turbulencias grandes. Que no nos abandone la paz.
  • Me volví hacia el grupo atemorizado que nos seguía y después de cantar les dije: “Os deseo la paz”. Que Jerusalén os devuelva la Paz. Que saber a Dios cerca os envuelva en la paz. La necesitábamos tanto…

 

2. La persona de hoy lee el salmo

 

  • Huimos de la oscuridad y del dolor. Si aprendiéramos a abrazarlos, a trabajarlos, a encararlos, a mirarlos desde dentro, a no huir, a no poner la esperanza en que otros (en que Otro) nos resuelva la papeleta, la paz vendría al corazón, aunque costase tiempo. Muchas cosas hermosas suceden en la oscuridad. Lo que llamamos caos puede ser un reservorio de energía enormemente creativa.
  • Quizá podamos entender que la abnegación es una precondición de la realización; que la lucha es el camino a la felicidad; que la enfermedad es el lado oscuro de la salud; que el fracaso es el triunfo disfrazado; que la oscuridad da lugar a la luz. Tal vez el casos sea una parte integral del orden, como el conflicto para la armonía y la oscuridad para la luz. La vida no trata de un dualismo excluyente, o esto o aquello, sino de la integración de esto y aquello.
  • La paz no es solamente ausencia de turbación. Es también comprensión distinta de la realidad, mirada compasiva a los caminos humanos, contemplación del misterio de la vida. Tal vez la paz demande pararnos quietos, contemplar y observar la maravilla inherente al proceso de la vida misma. No solamente comprendemos lo que entendemos, sino también lo que contemplamos, lo que intuimos.
  • Para que la paz anide en el fondo del alma quizá haya que entender que la creación es buena y no mala. Que una “bendición original”, más que el pecado original, caracteriza la vida en su esencia fundamental. Nos hacen falta una serie de cualidades proféticas: coraje moral, enojo correcto, denuncia verbal, protesta y desafío, vigor vital, pasión. La paz florece en terrenos que bullen de humanidad.

 

3. La creyente lee el salmo

 

  • El universo está lleno de tu presencia. El ejercicio no es trabajar la presencia de Dios sino percibirla viva, acompañante, compasiva, amorosa, perdonadora. Vivir en la presencia en formas de honda humanidad, de ahondamiento, de contemplación hacia adentro. Una presencia que reconforte, que empuje, que genere fuerza cuando la debilidad nos cerca. 
  • Y, a la vez, necesitamos comunidades que reconforten, que generen gusto por la vida, que iluminen la oscuridad, que intuyan caminos, que desvelen posibilidades, no comunidades ancladas, esclerotizadas, que ya se sabe cómo funcionan. “Jerusalenes” de vida, más que lugares de arqueología, de normas, de referencias sabidas. 
  • Y luego, la aspiración de la paz honda, la que se vive incluso aunque haya turbulencias. Capacidad para recuperar la paz perdida y volver a la senda de la confianza. Saber que los tiempos de paz los construimos a diario en nuestro ambiente más cercano. Deseemos ardientemente la paz; colaboremos en su construcción. ¿Cómo hablar de fe sin vivir la paz? Y aprendamos a traducirla: respeto, comprensión, aguante cariñoso, dejar que el otro pueda ser él, aunque sus caminos no nos convenzan del todo. 
  • Hagamos oferta de paz, oferta concreta. No solo de palabra, sino en comportamientos sencillos que hablan de paz. Elaboremos los conflictos mediante el diálogo incansable, la coincidencia en lo básico, la certeza de que podemos unirnos en algo, la seguridad de que todos sufrimos cuando la paz escasea. 

 

4. Recreamos el salmo

 

Que nuestra mirada se agudice

para ver lo que no se ve;

que nuestro oído se afine,

para escuchar lo que no se oye.

tu presencia envolvente.

 

Que el ambiente se caldee,

que el frío se aleje de nuestros adentros,

que el amor abrace

lo que más cuesta abrazar,

el desamor.

 

Que la paz no deje de manar

como fuente de vida,

que la paz no deje de brotar

como la mejor cosecha.

 

Que adelantemos la mano desnuda

como las manos de los niños

que no pueden esconder ningún arma

de tan pequeñas y tan puras.

 

III. SALMO 123: UN DIOS DE TODOS

 

1Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
2si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
3nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.

4Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
5nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.

 

6Bendito el Señor, que no nos entregó
en presa a sus dientes;
7hemos salvado la vida, como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió, y escapamos.

8Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

 

1. Jesús lee el salmo

 

  • Nosotros creíamos, a pie juntillas, que Dios estaba de nuestra parte y solo de nuestra parte. Era el Dios de Israel. Pensábamos que era un axioma indiscutible que un Dios debe defender a sus fieles. Como muchas veces nos habíamos visto en desamparo, a veces pensábamos que nos había olvidado, pero que seguía de nuestra parte y nada más que de nuestra parte. Por eso cantábamos esta estrofa subiendo a Jerusalén con certeza indiscutible.  Sin embargo, yo me esforcé por hacerles entender que Dios era un Padre de todos que hace salir su sol sobre buenos y malos (Mt 5,45). Con el tiempo aprenderían; los paganos se lo enseñarían.
  • La ira de quienes nos querían mal estaba hirviendo. Pero no eran enemigos de fuera, sino de dentro. “Eras tú mi amigo y compañero a quien me unía una dulce intimidad” dice el Sal 54,14. Los de nuestro pueblo tramaban contra nosotros. No teníamos miedo a los paganos cuando íbamos hacia la ciudad, sino a aquellos que eran de nuestra familia, de nuestra casa, de nuestra fe. La ira de los que debían amarnos era doblemente hiriente. Los de la cordada lo intuían con claridad.
  • Éramos de secano, pero en nuestra tierra había un lago, a veces muy arisco. Por eso sabíamos qué era tener las aguas hasta el cuello. Los discípulos lo habían experimentado algunas veces. Esa situación entre el vivir y el morir, entre el ahogarse y el salvarse, entre bajar engullido al fondo o permanecer como sea en la superficie. Así nos sentíamos, en este momento de gravedad, de temblor, de ahogo. ¿Cómo verse libre ahora? ¿Se volvería a repetir la experiencia del Dios que libera in extremis? ¿Sería verdad aquello que decían de los padres antiguos que fueron librados de las aguas airadas del mar Rojo?
  • Como un pájaro, dejando unas plumas en la trampa, porque en el último momento falló la trampa. ¿Estaba Dios con nosotros en este momento tan delicado? Nos costaba verlo. Y cantar los viejos salmos nos ayudaba en nuestra debilidad. Muchas veces nos haríamos la pregunta que se hacen los creyentes en las horas de dura zozobra: ¿Dónde estás? Con qué quemazón en los labios y en el corazón lo diría yo horas más tarde en el palo de la cruz.
  • Pero la fe se abría camino, terca, entre las tinieblas: “Nuestro auxilio es el Señor de cielo y tierra”. ¿El Dios de todo cómo no iba a ser sensible a una de las partes, aunque fuera ínfima, irrelevante como aquella cordada de desalentados? El Señor del cosmos inabarcable estaría también a nuestro lado, pequeños “gusanos” que pueden desaparecer bajo la sandalia del opresor que los machaca. Estaría con nosotros porque estaba con todos.

 

2. La persona de hoy lee el salmo

 

  • Hay que desmantelar la exclusividad sobre Dios que, a veces, se arrogan algunos (jerarcas, teólogos) y abrir la espiritualidad a todos los que quieran comprometerse con una experiencia de un Dios que ampara todo, un Dios cósmico. Toda creatura puede sentir a Dios porque es Padre de todos, fuente común, origen familiar. Nadie tiene preeminencia sobre nadie cuando hablamos de Dios.
  • Aun en medio de una religión de encarnación como el cristianismo –con el enfoque puesto en el Dios que se hace humano en el medio de la creación- el Dios “que está en los cielos” frecuentemente tiene prioridad sobre el Dios que es inmanente en el mundo de nuestra experiencia. Y sin embargo, el Dios que está en todo, lo está, sobre todo, en el interior de la vida, en la raíz de lo que vive, en el cimiento de la historia. La realidad de un Dios dentro es más útil para conectarlo con un Dios de todos.
  • Nos haría bien demoler dualismos, tener un paradigma mental y existencial más unificado. Eso llevaría a consecuencias concretas, por ejemplo a eliminar esa parcelación que hacemos sobre Dios pensando que está del lado de los buenos y no de los malos, del lado de los creyentes y no de los ateos, del lado de las gente de orden y no de aquellos que viven en maneras un tanto “desordenadas”. El comportamiento de Jesús, y por él sabemos lo que es Dios, elimina tales dualismos.
  • Habríamos de dar el salto cualitativo de reconocer el mundo evolutivo como el escenario de la revelación divina. En ese escenario es más fácil comprender que Dios es de todos que si nos estancamos en una idea del mundo fija y estática. Puede parecer teoría, pero de estos elementos del “disco duro” dependen muchas actitudes de vida (por ejemplo esto de tener a Dios por Padre efectivo de toda criatura y la consiguiente responsabilidad familiar que de ello se deriva).

 

4. Recreamos el salmo

 

Dios de todos,

Dios de todo

y de nadie.

 

Dios de vida,

Dios de amor

y de fuerza.

 

Dios de dentro,

Dios de abajo

y de luz.

 

Dios de amparo,

Dios de abrazo

y de calor.

 

Dios de canto,

Dios de vida

y de paz.

 

 

IV. SALMO 124: MENTALIDAD INTEGRADORA

 

1Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.

2Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.

3No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.

4Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
5y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!

 

1. Jesús lee el salmo

 

  • Cuando entonamos este salmo, los que iban detrás se animaron más. Ellos estaban convencidos de ser unos privilegiados de Dios, de aquel Dios que excluye a malvados y paganos. Ellos no eran ni una cosa ni otra. Por eso, por encima de su miedo, creían que el Dios de Israel estaba de su lado. Que aquel Dios les “debía” algo, amparo, amor, por su probada piedad y por su innegable pertenencia al pueblo elegido. Sin embargo a mí, que había llegado la humilde conclusión de que Dios hace salir su sol sobre buenos y malos, algo me decía que la cosa no iba bien. 
  • Tenía por verdad que “los que confían en el Señor son como el monte Sión”, que la confianza en Dios era una roca firme, una esperanza que aguanta vendavales. Tenía por verdad que Dios rodeaba a su pueblo como las montañas de Judá rodean a Jerusalén (el Scopus, el Herzl, los Olivos, etc..). Pero ¿los que no confían tanto, los que no creen tanto, los que no son de aquí, aquellos que no reconocen al Dios de aquí, aquellos que, por culpa de los mismos creyentes, maldicen de él? ¿Están excluidos sin más? Algo me decía que no. 
  • Por eso, se me atragantaban aquellas palabras que a mis acompañantes les parecían indudables, convincentes, totalmente ciertas: “No pesará el cetro de los malvados sobre el lote de los justos”. Nos veremos libres de ese peso. No encontrábamos caminos para integrar al mal, a los malos, en nuestros esquemas. Lo veíamos todo más claro cuando clasificábamos, cuando excluíamos, cuando los judíos nos sentíamos los privilegiados de Dios. Algo no iba bien. 
  • De ahí que interiormente yo corregía la súplica final del salmo: concede bienes a todos, a los buenos, a los sinceros y a quienes no lo son tanto, a quienes no lo parecen, a quienes no son tenidos por tales. Y, desde luego, que no fueran rechazados los malhechores, sabiendo que Dios de alguna manera también los miraba: ¿No era un malhechor Zaqueo, no lo era el samaritano que iba por posadas, no era la mujer de mala fama que me lavó los pies, no era aquel pródigo que se marchó de casa, etc.? Yo que los había puesto como ejemplo de lo que Dios puede hacer en la vida de las personas, ¿cómo iba a decir ahora que estaban excluidos? No cantaba con los otros, pero me callaba para no hacer más grande su herida, porque tampoco yo sabía muy bien cómo consolarles. 

 

2. La persona de hoy lee el salmo

 

  • Educados en un dualismo que persiste (buenos/malos) casi somos incapaces de permeabilizar esas fronteras. Sin embargo, ni los buenos son tanto como ellos lo dicen, ni los malos son tanto como nosotros lo decimos. La escala de grises es muy grande en la vida humana. Por eso, la flexibilidad es una herramienta que nos resulta del todo necesaria para poder entendernos y entender los, a veces, raros caminos de los humanos. 
  • En un nivel profundo, cada ser vivo está implícito, implicado en todos los demás. Cada sufrimiento, cada extinción, nos afecta, nos empobrece, nos “mutila”, dice el papa Francisco. De la misma manera, participamos de la dicha y creatividad de cada organismo individual. En realidad, no son las especies individuales las que evolucionan, sino todos los sistemas vivos conectados de manera interdependiente, en el seno de la misma totalidad coherente. 
  • Nosotros los humanos no somos los amos de la creación; somos participantes en un proceso co-creativo que es mayor que nosotros. Si hemos de influir  en la vida planetaria y global, lo haremos por medio de una interacción cooperativa más que por una lucha competitiva. No hemos sido creados para competir, sino para amar. ¿Cuándo vamos a desterrar cualquier mentalidad excluyente? Excluir y creer en Jesús es una contradicción. 
  • Todos estamos afectados por todos los demás. Es preciso descubrir que somos familia, comunidad humana y cósmica, asamblea de diversos. Nos lo enseñó Jesús. Por eso hay que leer con cuidado salmos y pasajes bíblicos que, por evolución histórica, han elaborado poco el tema de la integración en el todo. 

 

3. La creyente lee el salmo

 

  • No es posible caminar sin confianza. El salmo habría de llevarnos, un poco en su contra, a elaborar un modo de vida confiante. Atravesar un camino con el miedo en el cuerpo es una tortura. El creyente en Jesús habría de aprender a no vivir siempre con la mano en la guarda de la espada, temiendo a quien viene, al distinto, como quien me va a asestar una puñalada. Es tan bueno como yo, porque Dios ha sembrado en todos la bondad, por eso puedo empezar mi relación con él desde la bondad.
  • La mentalidad excluyente, elitista, no es cristiana. No somos elegidos de Dios en contra de quien no lo es. Jesús nos ha convertido a todos en hijos, por eso nadie queda fuera, más allá de sus peculiaridades sociales o religiosas. Rezar con mentalidad excluyente hace polvo la oración de la confianza, la oración evangélica.
  • Hay muchas puertas para entrar en el misterio de Dios. Nosotros tenemos una, Jesús, puerta querida y amada. Pero no es la única puerta porque al misterio se accede por los muchos caminos que suscita el Espíritu. Habríamos de alegrarnos de ello y ser mesurados y amables en la oferta de esta puerta nuestra que es Jesús. Una “misión” de oferta, no de convicciones ideológicas, no de captación de fieles.
  • Siendo Judío, Jesús se salió del marco de exclusión, durísimo, de la mentalidad de su pueblo. No resulta, pues, imposible pretender una mentalidad amplia, incluyente, abrazante. No perderíamos nada, no se diluirían los perfiles de la comunidad cristiana, no pondríamos en peligro la fe en Jesús. Nuestra fe no significa que lo tenemos todo claro. No significa que tenemos soluciones acabadas, respuestas últimas para todo. Tenemos la inestimable memoria de Jesús, la presencia activa de su espíritu, la compañía de una iglesia de hermanas y hermanos, pero ello no nos exime de la duda, la búsqueda, el diálogo. Somos caminantes.

 

4. Recreamos el salmo

 

Hemos querido, equivocados,

saber quienes somos

diferenciándonos de los demás,

cuando la verdadera identidad,

está en la comunión.

 

Somos casi idénticos

en anhelos,

en búsquedas,

en sufrimientos,

en preguntas.

 

¿Cómo asentar la vida

sobre las diferencias?

¿Cómo decir a quien tiene

un corazón similar,

no eres como yo?

 

Algún día aprenderemos

que la casa del corazón

es la casa de la persona

y que los corazones se asemejan

como las gotas del mismo océano.

 

 

V. SALMO 125: CAMBIOS EN LA VIDA

 

1Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
2la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos».
3El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

4Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
5Los que sembraban con lágrimas,
cosechan entre cantares.

6Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

 

1. Jesús lee el salmo

  • Siempre habíamos estado oprimidos, bajo el yugo del extranjero. Era un sino de Israel. Desde los tiempos de los Egipcios. Por eso, cuando subíamos cantando este salmo, la sangre nos hervía. Soñábamos con que el Señor cambiara la suerte de Sión. Los que me seguían no habían intuido aún que lo que yo pretendía era que cada uno tomara cartas en el asunto de cambiar el propio corazón, el camino personal, la manera concreta que cada uno tiene de ver la vida. Daría por bueno aquello que dijo uno de vosotros: “No cambiaremos la vida si no cambiamos de vida”.
  • La risa y el cantar volvía al grupo. Esperaban un cambio de fuera, no un cambio de dentro. Un cambio que tendrían que reconocer nuestros mismos enemigos, los gentiles. El anhelo de siempre, la superioridad que nos viene del dominio del otro. Si los gentiles doblaban el cuello y reconocían nuestra superioridad, nuestra alegría llegaría al colmo. No podíamos entender una alegría pura, a costa de nadie, inclusiva.
  • Alguna vez habíamos visto los torrentes del Negueb, cómo las lluvias repentinas creaban charcas en el desierto que llegaban a crear espacios verdes en medio de la aridez. Creíamos que en nuestra vida oprimida, desértica, Dios podría hacer surgir el verdor. Siempre esperando un verdor de fuera, venido de otro lado. No creíamos que la semilla estaba dentro.
  • No estábamos bien. Pero volveríamos cantando, trayendo gavillas. Viviríamos una vida serena y gozosa. El salmo ponía una sonrisa en el corazón de la cordada del desaliento. Las viejas promesas, aquellas leyendas que se inventaban para animar, aún producían su efecto. ¿Serían suficientes para contrarrestar el duro golpe que nos esperaba? Los hechos demostraron que no. Hacía falta mirar más adentro de uno mismo, creer que los cambios brotan de interiores renovados, de maneras nuevas de situarse en la realidad.

2. La persona de hoy lee el salmo

  • Los pensadores de hoy hace tiempo que hablan de un “cambio de paradigma”. Hay grupos que estudian, olfatean los “paradigmas emergentes”. Si nuestro marco de referencias sigue siendo el de siempre, si no dejamos sitio a los interrogantes, a las preguntas, siempre tendremos la misma respuesta, la de siempre, inflexible, incambiable. Vivir en cambio constante es duro para la persona, pero es la única manera de no ir hacia atrás, de no empobrecerse.
  • Los nuevos paradigmas hablan de una visión distinta del cosmos, el primer libro de fe, y de la persona. Una visión del cosmos ampliada al máximo ya que la nueva cosmología es la que más está haciendo por cambiar la visión de la humanidad. Y una nueva visión de la persona, más situada en la profundidad, aquella que ha aprendido a descentrarse, a hacer del otro el centro de uno, ha ir resituando el yo totalizante.
  • Esto nos demanda una visión menos “religiosa” de la vida, menos recurrente a Dios como agente externo (Él cambiará nuestra suerte), más implicativa con el hecho histórico (tratemos de cambiar la suerte). Somos herederos de una espiritualidad que conlleva una falta de responsabilidad histórica. Nuestra oración está adobada en ello. Somos seres acompañados, pero la pelota está en nuestro tejado.
  • No somos de otra naturaleza que la natural, estamos tejidos con los mismos aminoácidos comunes a todos los seres vivos, somos un producto de la evolución, el resultado de su recorrido. Venimos de dentro, no de fuera de la Tierra. Y estamos llamados a ir más adentro. En este marco evolutivo hay que situar la mentalidad de una vida en cambio.

3. La creyente lee el salmo

  • Una fe para cambiar, no para seguir siendo los mismos. El fracaso de la religión se mide en la dificultad para el cambio, en la poca agilidad para adquirir maneras nuevas ver, en el empecinamiento religioso que hace de la tradición una roca inamovible. Si nada nos cambia, ¿para qué sirve el Evangelio que quiere cambiar nuestras estructuras más elementales? Y si el Evangelio no puede tocarlas, si somos los mismos a pesar del Evangelio, ¿no habrá fracasado el Evangelio en nosotros?
  • Sirve de poco recurrir constantemente a la conversión constatando que no nos convertimos. Demos a la conversión metas posibles: conversión ecológica, conversión a la solitud, conversión a lo profundo, conversión a los caminos comunes, etc. Pedir a Dios un cambio sin modificar nuestros caminos es planta sin raíz.
  • La vida demuestra que el cambio es posible. Hay personas que lo han logrado (Helder Cámara, Romero, Agrelo, etc.). Podríamos conseguirlo en la medida en que flexibilicemos nuestro modo de ser, nuestra mirada a la realidad. Las pretensiones del Evangelio no son inútiles.
  • El cambio demanda un cierto despojo. Querer cambiar con el bagaje de siempre, muy pesado, resulta muy difícil. Ir haciendo la vida cada vez más simple, menos llena de necesidades creadas, más relativizadora de necesidad que son prescindibles, más pequeña en sus dimensiones externa y más amplia en las internas, saber ser en cada etapa de la vida lo que corresponde ser, etc., son caminos saludables de despojo que pueden facilitar la obra del Evangelio en nosotros. Cambiar la suerte de “Sión” es un trabajo hermoso, humanizador, espiritual, positivo. Apunta al cristiano adulto del que hablaba san Pablo.

4. Recreamos el salmo

 

Nos agobia el deseo

de ser otro.

Soñamos sin término

el camino que no hemos recorrido.

Queremos cantar la melodía

que no hemos escuchado.

 

Algún día aprenderemos

que el deseo se modela dentro,

que el camino se anda

nada más salir de casa,

que la melodía

lleva siglos

sonando

en el silencio del corazón.

 

No son necesarios grandes viajes

para dar con el país

donde mora el sentido.

 

Basta con dejar sitio

en la casa de dentro

a cualquier creatura

y a la criatura necesitada

que es cada uno.

 

VI. SALMO 126: CO-CREADORES CON DIOS

 

1Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

2Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

3La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
4son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

5Dichoso el hombre que llena 
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

 

  1. 1.   Jesús lee el salmo

 

  • Más allá de sus muchas limitaciones, nuestra espiritualidad judía se basaba en la confianza en Dios, por más que la norma luchara por acaparar todo el terreno posible. Por eso cantábamos confiados: “Si el Señor no construye la casa, en vano…si no guarda la ciudad, en vano…”. Creíamos que Jerusalén era una ciudad “guardada”, por mucho que hubiera sido arrasada tantas veces. Cantar la confianza nos hacía más confiados. Los nubarrones que teníamos delante se nos antojaban menos peligrosos.
  • Yo había dicho muchas veces que la semilla crece por sí sola, que el Padre le da el incremento. Había dicho aquellas parábolas ecológicas de los lirios y los pájaros. Dios estaba debajo de todo, por más que los pájaros, los humanos y hasta las flores tuvieran que trabajar para ganarse el sustento. Dios en el fondo, en la penumbra del surco, en el interior de lo que se ve.
  • La confianza la veíamos en los hijos, en el fruto del vientre. Ellos seguirían lo que nosotros habíamos comenzado; ellos lograrían lo que nosotros no habíamos conseguido; ellos vivirían el esplendor de Jerusalén que nosotros no habíamos conocido. Por eso, los más jóvenes de la cordada eran nuestra máxima esperanza. Ellos, quizá, se levantarían del foso en el que íbamos a caer.
  • Tocábamos, así, el misterio de la fecundidad de la vida que Dios alienta. La amenaza de infecundidad se alejaba y daba sentido a aquel viaje extraño que nos abrumaba y que llevábamos entre ceja y ceja desde hacía mucho. Ser fecundos, vivir, ir más allá de los estrechos límites de la vida. Aún latían estos pensamientos en aquella hora de zozobra.

 

2. La persona de hoy lee el salmo

  • Nos cuesta abandonar la visión de un mundo clásico: la creación nos ha sido dada, yo estoy fuera de ella, no puedo influir en nada, vive sin mí. Pero esto no es así: somos observadores que concrean, somos parte de la interdependencia que es lo creado. Ello nos lleva a una conciencia holística, global, interrelacionada. 
  • En un nivel profundo, cada ser vivo está implícito, implicado en los demás. Cada sufrimiento, cada extinción, nos afecta. De la misma manera, participamos en la dicha y creatividad de cada organismo individual. Evolucionamos porque nos comunicamos. No son las especies las que evolucionan, sino los sistemas vivos que están conectados a una totalidad coherente. Esa “totalidad” es el Dios que subyace a lo creado, que lo potencia, que lo expande. 
  • Nosotros los humanos no somos los amos de la creación, somos participantes de un proceso co-creativo que es mayor que nosotros y que puede subsistir sin nosotros. Si hemos de influir en la vida planetaria y global ha de ser por medio de una interacción cooperativa más que por una lucha competitiva. Es un proceso de aprendizaje de interdependencia mutua y no de explotación, combate o guerra. 
  • Hemos de abandonar el determinismo y sumarnos a esa obra del Dios dentro que expande lo creado. Lo dicen los místicos: hay que estar abiertos a la naturaleza evolutiva en todos los niveles. 

3. La creyente lee el Salmo

  • La confianza es un quicio del Evangelio. No se tiene sin más. Hay que trabajarla hasta el último aliento de la vida (quizá más en el último aliento). La confianza en las personas (para empezar) y en Dios puede ser cimiento de una sólida espiritualidad. Darla por cierta sin más, puede ser un error. Es un constructo, algo que se va experimentando.
  • La confianza va unida a la responsabilidad: si somos co-creadores con Dios no vale escaquearse. Hay que intentar hacer bien todo lo que se tiene que hacer. Y hay que darle horizonte a todo eso: no puedo hacerlo solo por obligación, por quedar bien, por ganar aprecio, por sacar algún beneficio. Hay una razón más de fondo: trabajamos con el Padre (como se dice en Jn 5). 
  • Animarse a construir, a hacer caminos, procesos. No querer tenerlo todo enseguida y ya. Hacer caminos espirituales comprobados (de oración, de fraternidad, de ciudadanía). Romper esa dinámica empobrecedora de los actos puntuales, del pequeño momento.
  • Toda vida está amenazada de infecundidad. Fecundos en amor: esa es la vocación de toda persona, útil para cualquier opción de vida que se tome. Llenar el corazón del mayor número posible de nombres: he ahí la verdadera fecundidad, más allá de los límites físicos. Dichosa, sí, la persona que llena con estas “flechas” su aljaba, con los nombres en el corazón.

4. Recreamos el salmo

 

¿Quién nos enseñará

el camino intrincado

de la confianza?

 

¿Quién nos ayudará a creer

que nuestras pequeñas manos

crean con las de Dios?

 

¿Quién nos abrirá los ojos

para entendernos y vivirnos

como parte de un todo más grande?

 

¿Quién nos hará ver

que un corazón lleno de nombres

es el éxito de la vida?

 

Quién sino el terco

y abrazante amor.

 

 

VII. SALMO 127: MÁS ALLÁ DEL TEMOR

 

1¡Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos!

2Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien;
3tu mujer, como una vid fecunda,
en medio de tu casa;

tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa:
4ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.

5Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida;
6que veas a los hijos de tus hijos.
¡Paz a Israel!

 

1. Jesús lee el salmo

  • Nos habían enseñado a temer al Señor. Primicia de la sabiduría es el temor del Señor, afirmábamos con Prov 1,7. Pero yo fui descubriendo a un Dios de amor al que no había que temer, sino amar. No logré que esa intuición pasara a mis amigos, por eso seguían cantando al temor del Señor. Si hubieran descubierto al Dios del amor, si hubieran optado por él, quizá les habría sido más leve el hachazo que fue mi muerte violenta. Amar al Señor en lugar de temerle, como hacen todas las religiones. En eso está mucho de la clave para una manera distinta de entender y vivir la fe. Pero ello, aferrados a lo de siempre, cantaban al Dios a quien es necesario temer.
  • Ese temor reverencial a lo numinoso era el que posibilitaría la “bendición” que, en aquella época se sustanciaba en: trabajo, mujer e hijos. Así, el temor de Dios se visibilizaba en el temor al hombre que se adueñaba de todo. No se había descubierto el secreto de las relaciones igualitarias por el que tanto luché. Iguales hasta en lo más íntimo, por lo que el acaparador habría de renunciar a su padre y a su madre, a su posición de fuerza. Pero ellos seguían cantando a lo establecido, sin saber que por esa vía solamente podía llegar el desaliento y la huida, como así fue. Cantaban a lo de siempre, sin horizontes de novedad.
  • Por eso creían que la prosperidad de Jerusalén iba a ser su prosperidad, sin percatarse que “su” Jerusalén les ignoraba en el momento en que más necesitaban su amparo. No era tiempo para entender que el verdadero amparo del corazón no está en las estructuras sino en un corazón similar, en la solidaridad del interior humano. Más tarde abandonarían Jerusalén y el ancho mundo les brindaría mejor amparo.
  • Por eso, cuando gritaban “¡Paz a Israel!”, más que un grito de paz se parecía a un grito de guerra, el anhelo de defender a “su” Jerusalén para que ella, a su vez, les amparara. Pero aquel amparo nunca llegaría. Las puertas de aquella ciudad se habían cerrado a la paz y a quienes de verdad ansiaban la paz. Todavía siguen cerradas.

 

2. La persona de hoy lee el salmo

  • El temor, a Dios y a la persona, tiene como aliado el egoísmo, el exceso de individualidad. La individualidad está fuertemente unida a la independencia exagerada. Mientas que el amor se une a la interdependencia. Hay que trabajar por disolver las fronteras entre el “yo” y el “no yo”. Empezamos a darnos cuenta de que todos y todas las cosas se necesitan, no de una manera competitiva y manipuladora, sino en una interacción orquestada que busca extrapolar y utilizar lo mejor que cada persona y cada realidad tiene para darse, en beneficio del todo.
  • El círculo de la compasión humana, la propensión a la relacionalidad, es un deseo arquetípico profundamente asentado, una aspiración conferida divinamente que busca por siempre el paraíso paradójico de algo muy íntimo y, simultáneamente, algo que nos abra a las esferas de la posibilidad total.
  • El movimiento llamado de las “ciudades compasivas” es elocuente. Se orienta, sobre todo, a las personas de edad avanzada para humanizar su camino final. Pero se podría extrapolar a toda persona. Crear ciudades para la buena relación, colaborar en lo que se pueda,  amar la ciudad en la que la vida nos ha puesto. Construir una “nueva Jerusalén” como dice Ap 21 donde quepan todos.
  • Habrá que dejar de lado una cierta arrogancia personal que sustenta una gran cantidad de explotación ambiental y ecológica. El individualismo erosiona casi totalmente el sentido de interdependencia que debería existir entre humanos y otras formas de vida.

3. La creyente lee el salmo

  • El abandono paulatino del Dios del temor y de la omnipotencia puede propiciar otro perfil de Dios, más próximo al Dios de Jesús. No habríamos de ser reticentes por mantener lo aprendido, por ahorrarnos el trabajo de elaborar la doctrina oficial. En esta clase de descubrimientos se juega mucho de la experiencia creyente en una etapa adulta de la vida.
  • Las personas, en general, no experimentan la comunidad por medio de sus iglesias, y en consecuencia un número creciente busca en otro lugar para tener esa experiencia. Solamente una iglesia desinstitucionalizada, deslegalizada, y desclericalizada puede tener la esperanza de captar este concepto central, sin la cual su existencia es en gran parte una charada.
  • Nunca fue el propósito de los sacramentos en su sentido prístino el ser actos rituales para poner al individuo frente a Dios, y a medida que han evolucionado en esta dirección han perdido proporcionalmente su poder de ser experiencias comunitarias y transformadoras. Tienen el peligro de convertirse en rituales insípidos en vez de ser experiencias vivificantes.
  • Ampliando la pequeña Jerusalén del salmista a una de más amplias dimensiones (cósmica incluso), hay que decir que el creyente se preocupa más por la Iglesia en el mundo que por la Iglesia contra el mundo. Negativizar el hecho social es algo opuesto a la dirección de la fraternidad. La benignidad crítica es la herramienta que nos puede llevar a la buena relación con la sociedad.

4. Recreamos el salmo

No hubo un paraíso

para el logro

de la buena relación.

El paraíso está delante.

 

No hubo un tiempo pasado

donde amar

fuera más fácil.

El amor vive en el hoy.

 

No hubo un camino sencillo

que nos llevara

al corazón del otro.

Habrá que desbrozarlo cada día.

 

No hubo una llave mágica

que nos abriera el secreto

de la comunidad.

La comunidad se abre por dentro.

 

VIII. SALMO 128: EL TRIUNFO DEL BIEN

 

1¡Cuánta guerra me han hecho desde mi juventud
-que lo diga Israel-,
2cuánta guerra me han hecho desde mi juventud,
pero no pudieron conmigo!
3En mis espaldas metieron el arado
y alargaron los surcos.
4Pero el Señor, que es justo,
rompió las coyundas de los malvados.

5Retrocedan avergonzados,
los que odian a Sión;
6sean como la hierba del tejado,
que se seca y nadie la siega;
7que no llena la mano del segador
ni la brazada del que agavilla;
8ni le dicen los que pasan:
"que el Señor te bendiga".


Os bendecimos en el nombre del Señor.

 

1. Jesús lee el salmo

 

  • Mi vida, lo sabéis, no fue fácil. Tan difícil como lo era la vida de los pobres, la casi totalidad de la sociedad. Por eso podíamos cantar a pleno pulmón: “¡Cuánta guerra desde la juventud!”. Toda la vida una lucha. Subíamos a Jerusalén para consolarnos de la dura guerra de la vida de los pobres, la dura guerra de los caminos, de los corazones desolados. El duro afán por subsistir.
  • Pero también estábamos seguros de que “no pudieron conmigo”. De que no triunfó el mal. De que no nos abandonara la certeza de que el Padre ha hecho morada en nuestra historia (Jn 14,23). El último canto no fue el de la tiniebla, el del gallo, sino el de la vida. Canté en mi sepulcro.
  • Para nosotros era una blasfemia que se odiara a Sión, la Santa. Pero yo había descubierto que era imperdonable el odio al pobre, verdadera Jerusalén de Dios. Por eso me dediqué a desbloquear el sinnúmero de prejuicios, a rasgar los velos que ocultan el sentido de la vida: que estamos hechos para vivir el uno con y para el otro.
  • Anhelaba la derrota de lo inhumano, la esterilidad del odio, la vaciedad del menosprecio al débil. Esa cosecha que no era más que humo se la deseábamos a quien no amara a Jerusalén. Yo no deseaba el mal, sino que anhelaba ardientemente el bien. Quizá ese ardor nos jugaba una mala pasada y tenía el peligro de convertirse en odio.
  • Puedo decirlo: a nadie negué una bendición. Más aún, me gustaba bendecir a quien nadie bendecía, a los niños, a las mujeres enfermas, a los recaudadores despreciados. Negar una bendición era lo contrario del Dios que siempre bendice. Por eso añadía yo a la frase última del salmo: “Os bendecimos A TODOS en el nombre del Señor”.

 

 

 

2. La persona de hoy lee el salmo

 

  • Para que el bien triunfe es preciso encarar con humanidad la oscuridad, el vacío, el caos. La gran oscuridad no viene de Dios, de él solo viene la luz. Nosotros engendramos una oscuridad sin luz a la que nos acomodamos con variedad de conductas cómplices. Nosotros mantenemos un vacío negativo que hace que nuestro paso por la vida sea un camino en el desierto. Nosotros generamos el caos negativo que destruye ignorando el caos positivo que se autoorganiza. No se trata de culpabilizarnos, sino de abrir los ojos.
  • Al abrazar el caos cósmico, fuerza que se autoorganiza, todos los humanos están invitados a reconocer la naturaleza interdependiente de la luz y la oscuridad, la enfermedad y la salud, la muerte y el renacimiento. Al aprender a tener amistad con el caos de nuestro mundo, interactuamos con él e integramos nuestro caos personal (pecaminosidad) en maneras más auténticas.
  • En vez de tratar de escapar de nuestro dolor por medio de conductas adictivas de negación, empezamos a afrontarlo, a escucharlo y a aprender de él. Nos hacemos corresponsables de la vida en su totalidad, y no de manera fragmentada y dualista.
  • Esta espiritualidad nos lleva a tratar mejor con la verdad que libera, aquella que, incluso con debilidades, admite lo que hay sin flagelarse, trabaja a partir de que lo que tenemos sin culpabilidad, mezcla la espiritualidad al realismo para que se llegue a mejorar lo que realmente se puede mejorar, sin frustraciones ni autocondenas.

 

3. La creyente lee el salmo

 

  • El triunfo del bien tendría que llegar a convertirse en una certeza profunda, en que el mal no tendrá la última palabra. Cuando la vida aprieta, ese tipo de certezas (en la medida en que lo sean) se convierten en auténticos agarraderos existenciales. Es la fuerza de la fe que se hace presente en la debilidad histórica. La espiritualidad se transforma en fuerza.
  • Odiar al pobre, al marcado por la sociedad, al agobiado por la vida, es una inhumanidad. Dividir el mundo entre buenos y malos es otra inhumanidad. Desear el mal a quienes consideramos malvados es también una inhumanidad. Leer la Palabra habría de irnos haciendo más sensibles a estas inhumanidades para no incurrir en ellas. Son actitudes que cierran el paso al Evangelio.
  • El creyente en Jesús nunca habría de negar una bendición, jamás habría de anidar en su corazón y salir de sus labios una maldición. La bendición habría de ser la marca de lo humano. Esto se traduce en buenas palabras, en buenas acciones, en buenos caminos, en buenos deseos. Bendecir es el reflejo del bien hacer. La renuncia a la bondad es el mayor empobrecimiento de la vida.
  • Al creyente se le demanda hoy resistencia y resiliencia. Resistencia en esta hora no fácil para la experiencia religiosa y búsqueda para hacer más creíble y razonable el camino de la experiencia de fe. Resiliencia para generar caminos nuevos, aunque fueren pequeños, donde la vida evangélica sea posible.

 

4. Recreamos el salmo

 

No hemos de temer

leer la Palabra

desde otras perspectivas

que nos iluminen más.

 

No hemos de temer

entrar en huertos

que siempre han estado

cerrados a cal y canto.

 

No hemos de temer abrir

puertas y ventanas

para que el aire puro

llene nuestros viejos pulmones.

 

No hemos de temer

el camino de los malos

sino el nuestro propio,

hermano de aquellos.

 

IX. SALMO 129: LIBRES DE LA CULPA

 

1Desde lo hondo a ti grito, Señor;
2Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

3Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
4Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

5Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
6mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

7Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
8y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

1. Jesús lee el salmo

 

  • Nos sentíamos débiles. ¿Cómo no íbamos a tener temor ante los nubarrones que  se cernían sobre nuestra vida? No éramos ilusos. Veíamos que nos metíamos en la boca del lobo. ¿Cómo entender aquello? ¿Cómo seguir caminando sin que flaqueáramos y huyéramos? Por eso, el canto subía firme: “Desde lo hondo hasta ti grito”. Desde aquella hondura en la que el miedo había puesto su casa.
  • Suplicábamos a un Dios que, según creíamos, “llevaba cuenta de nuestros delitos”. Quizá mereciéramos aquello, pensaban los que me seguían. Pero yo recordaba lo de Miq 7,19: “Dios arroja nuestros pecados al fondo del mar”, al lugar al que nadie llega. Se olvida de nuestros delitos. ¿Cuándo nos veríamos libres de la culpa? Lo que nos ocurría no era por nuestras culpas, sino por nuestras bondades, por haber estado del lado débil, por haber cuestionado el sistema opresor, por habernos relacionado con colectivos débiles, por haber tocado leprosos. Lo que teníamos delante era el resultado de todo aquello, no el pago a nuestra culpa.
  • Por eso mismo la esperanza se agazapaba en los pliegues del alma: “Como el centinela la aurora”. Como el centinela temeroso ante el enemigo que agazapa en la tiniebla y que anhela que el horizonte comience a iluminarse y ve pasar lentísimos los minutos de la noche. No moría nuestra esperanza. Era más fuerte que el fuerte sentimiento de culpa que nos invadía y del que yo quería zafarme.
  • Por eso levantaba la voz cuando llegaba aquello de “la redención copiosa”. Dios no sería rácano con nosotros, no nos daría el socorro escueto a nuestra necesidad, sino algo sobreabundante. Lo diría Pablo años después: “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. Por eso mismo, podíamos levantar la cabeza y percibir, tras las nubes, los hermosos y luminosos rayos de un sol de paz.

 

2. La persona de hoy lee el salmo

 

  • No estamos los humanos bajo el peso de un pecado original, sino bajo el gozo de una “bendición original”, por más que esté ahí la debilidad, el pecado. Pero lo que prima es la bendición, la certeza de que la creación, la persona, es buena, más allá, más al fondo de nuestras, a veces, horrendas limitaciones. Necesitamos una liberación de la culpa, textos litúrgicos y espirituales que resitúen la coacción del pecado, que hablen del gozo de la vida, más allá de sus enormes limitaciones, de ser apóstoles del gusto por la vida. Que brote, viva, la plegaria de Clara de Asís: “Gracias, Señor, por haberme creado.
  • Por eso mismo, no necesitamos víctimas propiciatorias que se sacrifiquen por nuestros pecados. Nosotros hemos de luchar para que la bondad ocupe el mayor espacio posible en nuestra vida. Es la obra que Dios va haciendo por nosotros. La comprensión de Jesús como víctima es más que cuestionable; habría de ser abandonada. Es el luchador por la bondad, el que nos anima a tomar nuestra parte en esa dura lid.
  • Los mayores pecados son aquellos que hacemos contra el cosmos, por etérea que parezca la cosa. No hemos moralizado esas limitaciones, pero son las decisivas. El pecado de un entendernos como partículas en el engranaje del cosmos y no valorar así la potencia expansiva del amor que es eso que llamamos Dios. El pecado de no ser tierra, de creer solamente que vivimos en la tierra, dejando así de lado responsabilidades que brotan del ser, del amor. El pecado de no entender la vida desde el señorío, sino desde el no tener más remedio que vivir. El pecado de ceguera que no sabe ahondar en los fundamentos de la existencia y se queda en la mera superficie de las cosas.
  • Quizá experimentaríamos una gran liberación si nos viéramos libres del más allá, de entender el más allá bajo los parámetros de premio o castigo, de poner definitivamente en entredicho el imaginario (tanto positivo como negativo) con que nos enfrentamos al interrogante del más allá. Vernos libres de eso generaría una vida más libre de la culpa que la que, hoy por hoy, aún manejamos.

 

3. La creyente lee el salmo

 

  • Como lo relativo a la culpa está en lo profundo, en los sustratos del alma, en ese mismo ámbito habrá que poner los trabajos por entender y situar bien tal culpa. Es decir, habrá que trabajar la espiritualidad desde lo profundo, en lo profundo, poniendo entre paréntesis toda esa maraña de formas superficiales con las que hemos tejido la vestidura, externa, de lo religioso. Si no se relativiza esa vestidura nos enzarzaremos en inacabables discusiones y no llegaremos percibir lo que hay dentro. Es preciso recuperar la dimensión perdida de la profundidad.
  • Dios es uno con “atención amante”, como diría el papa Francisco. No está dormido, no hay que rogarle lo mismo veces y veces. Él comparte nuestra cercanía más íntima, no está en ningún cielo empíreo. Basta de llamar a quien está. Comparte nuestra alegría y el peso de nuestra historia. Estamos en su presencia porque él nos envuelve, por mucho que nuestros días se alejen de él. No es una atención coactiva, sino amante.
  • La única manera de responder a las preguntas que brotan de la culpa, de la incertidumbre y del temor es activar la confianza. Solamente ella puede frenar esas preguntas e, incluso, desplazarlas. Es preciso trabajar la confianza, imaginarla, activarla, hacer ejercicios de la misma, hasta que aminore el aguijón de las pregunta temerosa, hasta que no importe tanto el más allá cuanto el más acá vivido en gozosa confianza.
  • Esto se logrará mejor si vamos construyendo una espiritualidad asentada más sobre la gracia que sobre el pecado, más sobre la suerte de creer que sobre las exigencias de la religión, más sobre el don que sobre la deuda, más sobre la esperanza que sobre las voces que aún quieren coaccionar con el castigo. La fe en Jesús es proporcional a la capacidad de irse viendo libres de la culpa porque “el amor echa fuera el temor” (1 Jn 4,18).

 

4. Recreamos el salmo

 

Libres de la culpa

podremos mirar

con ojos más limpios

la luz del sol que nace.

 

Libres de la culpa

podremos mirar con gozo

el brillo de los ojos

de la personas a la que amamos.

 

Libres de la culpa

podremos creer

que somos tierra,

sus hijos.

 

Libres de la culpa

podremos sentir en lo profundo

la llamada

a una vida de paz.

 

Libres de la culpa

podremos descubrir emocionados

el rostro de Jesús

que nos ama y libera.

 

 

X. SALMO 130: CORRECTA AUTOESTIMA

 

1Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
2sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

 

3Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.

 

1. Jesús lee el salmo

 

  • Caminábamos hacia Jerusalén con nuestra propia “mochila”, con nuestras maneras de vernos, con nuestra forma de estimarnos. A veces nos pasábamos por arriba, frecuentemente, creyéndonos sin más, sin discernimiento, gente justa. Pero en otras ocasiones, nos mirábamos pecadores, sorprendidos en fallo, detestables. Yo había descrito estas dos maneras “exageradas” de entenderse en aquel texto sobre el fariseo que se creía más cumplidor que lo que era y el publicano que se creía peor que lo que era. Por eso, en esta hora de verdad, ante Jerusalén, queríamos apelar a lo mejor de nuestro corazón, a su desprendimiento (no es ambicioso) y a su sencillez (sin grandezas).
  • Habíamos nacido entre los pobres, entre los ignorados, aquellos que no dejan huella en el devenir de la historia. Éramos una cordada de pobres que no cuentan. Si no hubiéramos ido a Jerusalén, si no hubiéramos hecho después la expulsión de los vendedores en el mercado del templo, nada nos habría ocurrido. Salimos del anonimato y eso nos perdió. El sistema no acepta que nadie le haga sombra. Y el humilde es desterrado de la vida. Eso nos ocurrió. Cuanto más nos acercábamos a Jerusalén, más claro lo veíamos. Por eso, la tentación era huir. Pero nuestros pasos seguían incomprensiblemente adelante. Las sendas extrañas de los humanos.
  • La imagen del niño que es incapaz de desconfiar de su madre nos serenaba. Creíamos que una “madre” velaba y amparaba nuestro caminar temeroso. En medio del temor brillaba, tenue, una llamita de esperanza. Los brazos de aquella “madre” nos envolvían. No podría dejarnos en desamparo. Nuestros deseos, nuestro temor, nuestros anhelos frustrados, nuestras heridas, nuestra “mochila” descansaba en los brazos de la “madre”, de quien más nos amaba.
  • Sí, Israel tenía motivos para mantener la esperanza. Y dentro de ese Israel global, los más pobres, cualquiera que levante la mirada desde su situación de dificultad. Podía uno mirarse y entenderse tal como era, tal como vivía, tal como temía, sabiendo que hay uno que nos comprende en nuestra justa medida, en nuestro exacto ser.

 

2. La persona de hoy lee el salmo

 

  • La sombra nos envuelve, nos compone. Para estimarse bien es preciso integrarla tanto a nivel individual como colectivo. La sombra es una dimensión real, poderosa, de toda la vida. No será lo mejor luchar contra ella, sino verla como parte de lo nuestro, la parte difícil, pesada, con la que hay que contar. Este abrazar la sombra es justamente lo contrario de sucumbir a ella. Es verla como parte y, por lo mismo, como ámbito de discernimiento, de trabajo, de mejora.
  • No podemos eliminar o erradicar la sombra, y cuanto más lo tratamos de hacer, mayor poder le damos sobre nosotros. Integrar es trabajar por aclarar su sentido, por discernir sus planteamientos. Para ello habrá que mirar con una cierta benignidad la propia sombra y la ajena, las grandes sombras de lo humano. Y luego, aprestarse a trabajar por iluminar su ámbito, porque la capacidad de iluminación es también algo componente de la estructura humana.
  • Efectivamente, la sombra se convierte en un fuerte potencial para la creatividad cuando nos comprometemos con ella en un espíritu de receptividad y de diálogo, cuando nos esforzamos por integrarla en el flujo y ritmo de la vida. Por eso la sombra no nos empequeñece, del mismo modo que no nos agranda el orgullo.
  • En nuestro tiempo, la energía de la sombra actúa con virulencia en las fuerzas estructurales mundiales como el comercio de armas, la globalización, la pobreza y desnutrición. Lo cual es mucho más amenazante para la sostenibilidad de la vida humana y planetaria que cualquier otro conjunto de delitos individuales.

 

3. La creyente lee el salmo

 

  • La correcta autoestima lucha contra la falsa humildad y el orgullo, también falso. La falsa humildad es una hipocresía, porque quiere vender a los demás lo que, en realidad, no existe. La hipocresía resulta difícilmente comprensible y perdonable hoy, porque con frecuencia encierra comportamientos contrarios a los que se presentan. El orgullo es un desenfoque notable porque, casi siempre, infla el currículum para pretender ser lo que no se es. Ambas posturas derivan en una estima incorrecta de la persona y en una visión deformada de la realidad.
  • La experiencia cristiana podría ser una verdadera escuela del deseo, ese gran motor de nuestra vida, para adecuarlo cada vez más al deseo de Jesús: que nada se pierda (Jn 6,39). Orientar los deseos al bien del otro, modificarlos para que el otro sobreviva, reorientarlos para que los caminos de los demás sean cada vez más humanos. Un deseo que sale de sí mismo porque la situación del otro se mira como propia.
  • La correcta autoestima tiene también una dimensión social. Por ello es importante generar confianza social, colaborar a una ciudadanía pacificada y solidaria, entender el entorno, incluso el cósmico, como realidad necesitada de paz y de confianza. “Adora y confía”, decía la plegaria de T. de Chardin. Unir adoración y confianza es la tarea del creyente en la sociedad. Colaborar a ello, unir mística y política, es una manera óptima de construir la necesaria autoestima social.
  • La mesura es un virtud antigua pero, hoy también, necesaria. La desmesura desenfoca la realidad personal y social y crea auténticos fantasmas, de terribles consecuencias a veces. La mesura es un valor de fondo, porque nos aleja del sempiterno y deformante yo y nos sitúa en el corazón de los otros, del Otro. La desmesura del místico es la desmesura del amor, no la de lo estrambótico. La desmesura del creyente es la pasión con rostro de humanidad, no las cosas extravagantes.

 

4. Recreamos el salmo

 

Ojos para vernos

necesitados y fuertes,

ambas cosas unidas.

 

Oídos para escuchar

nuestro llanto y nuestra risa,

ambas cosas unidas.

 

Manos para tocar

la herida y el abrazo,

ambas cosas unidas.

 

Lengua para comer

el pan amargo y el dulce pan,

ambas cosas unidas.

 

Olfato para oler

el hedor y el perfume,

ambas cosas unidas.

 

 

XI. SALMO 131,11-18: DONDE ESTÁ DIOS

 

11El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.

12Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también tus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono».

13Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
14«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.

15Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan,
16vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.

17Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
18A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema».

1. Jesús lee el salmo

 

  • Los judíos no lo dudábamos: Dios estaba en el templo de Jerusalén. Allí se hacía densa “su gloria”. Por eso subíamos cantando por encima de nuestro temor. Creíamos que allí encontraríamos un sosiego y una defensa que necesitábamos mucho. Pero interiormente yo pensaba: Dios está en los pobres. En ellos vi su rostro, en sus pobres huellas que el viento del olvido borra yo vi las huellas de Dios, en su calor de pobres yo reconocí el calor con el que Dios nos amaba. Como dirá uno de vuestros poetas: “La casa de los pobres es un sagrario” (Rilke). No se lo decía porque éramos pobres y no gusta a los humildes que les recuerden su pobreza. Pero a mí Dios se me hacía más cercano en aquella cordada de sencillos que en la supuesta gloria luminosa del templo. La vida me había enseñado que Dios está en lo humilde.
  • Otro signo indiscutible para los judíos de la presencia de Dios era la monarquía davídica. La monarquía, desde los tiempos de Saúl, no trajo a Israel más que desgracias, excepto contadas excepciones. Pero queríamos ser como los otros pueblos. Y tuvimos una monarquía en la que creímos ver el favor de Dios. Yo seguía con lo mío: los pobres eran mis verdaderos “reyes”. Por eso les anuncié la dicha que merecen y la justicia de la que son acreedores. Había que guardar la alianza para que la monarquía hubiese funcionado; no se guardó, por eso no funcionó. Pero los humildes eran los verdaderos actores de la alianza. Él había hecho una alianza con ellos para siempre. Me desgasté en hacerlo ver así. Muchas de mis mejores parábolas tenían ese tema. Recordad aquella del empobrecido Lázaro, sus desventuras y su grito de justicia escuchado.
  • Por eso mismo, porque el templo no sació a los pobres de pan, yo llevaba por dentro otro discurso cuando cantábamos “esta es mi mansión…a sus pobres le saciaré de pan”. No teníamos sitio en la estructura económica del templo. En él, por mucho que estuviera la gloria, seguíamos siendo pobres. La religión formal se aprovechaba de nosotros, de nuestras pobres ofrendas, como la de aquella viuda a la que vi echar su limosna en el cepillo del templo.
  • Y, por supuesto, cuando llegaba aquello de vestir de ignominia a los enemigos, yo añadía, por lo bajo, un “no”: Dios no vestirá a nadie de ignominia, y menos a los pobres, sean de la nación que sean. Pensaban los de la cordada que Dios era “suyo” y que, por serlo, les debía algo. Cuando salieran al mundo se percatarían de que Dios abrazaba a todos los pueblos, a la realidad entera. Dios estaba en todos porque estaba en el fondo de todo.

 

2. La persona de hoy lee el salmo

 

  • Dios está danzando. No podemos entender a Dios, fuente de energía que se expande, como una realidad quieta, sino en danza, como lo están las partículas subatómicas que son hervideros de actividad. Si nuestros sentidos fueran los suficientemente sensibles podríamos percibir el abismo silencio y, en él, al Dios que danza, porque la danza es un símbolo de la libertad, la creatividad y la espontaneidad. Desde la antigüedad, en la danza se vio algo de Dios, porque él es movimiento total, como se puede decir que es quietud total. Ambas cosas son verdad. Por eso hay que controlar los rituales formales que, con el tiempo, se convierten en estructuras sin espíritu, formalidades insípidas desprovistas de sentimiento e imaginación.
  • La danza es una metáfora científica porque la danza de la creación y de la destrucción es la base de toda la existencia de la materia ya que todas las partículas interactúan entre sí al emitir y reabsorber partículas virtuales. En ese torbellino se asienta la realidad espiritual de Dios. El cosmos es una estructura movible, dinámica, cambiante, que sufre modificación y transformación incesantemente. En ese volcán cósmico está el lugar del Dios de amor que crea y recrea.
  • Por eso estamos llamados a sumarnos a esa danza. Estamos llamados a proclamar con letra y música la historia a la que todos pertenecemos, el relato que ha tejido toda forma y estructura del universo observable. Estamos llamados a una vivencia de la fe dinámica, imaginativa, buscadora, como una danza que cambia de movimientos según la música que suena. El inmovilismo mental y espiritual son enemigos de una fe viva.
  • Y luego está la contemplación admirativa, esa actitud que adora lo que no comprende porque adorar es su forma de comprender. El silencio admirativo es, quizá, el mejor modo de conectarse con la fuente divina de pura posibilidad. Nuestro mundo tiene un potencial vasto, y todavía le falta muchísimo por manifestar en la danza creativa de la energía, la cual se desarrollará ciertamente por millones de años, hacia un futuro abierto, sin límite, tal vez para siempre. Ese es el gran “templo” donde venerar la gloria de Dios.

 

3. La creyente lee el salmo

 

  • Dios está dentro: “Vendremos a él y pondremos nuestra morada en él” (Jn 14,23). Jesús y el Padre han tomado una decisión de vértigo: venir a poner su morada en el fondo de nuestra vida con la intención de no quitarla nunca más. Han “abandonado” su cielo para hacer de la historia su verdadero cielo, su lugar de encuentro. Por eso hay que ir bajando a lo profundo, al “lugar” donde sea posible el encuentro. Bajar a lo profundo, adorar y amar la limitada perfección que somos.
  • Dios está debajo: “Jesús Mesías es el cimiento” (1 Cor 3,11). Un Dios que sustenta lo que somos y vivimos. Asentar la vida sobre ese cimiento es asentarla sobre el amor, asimétrico y generoso, hasta llegar a devolver amor aunque no se dé amor. Una vida entendida en el sosiego y la confianza de que hay tierra bajo nuestros pies, de que lo nuestro no es un camino inútil, de que nuestros días sencillos, destinados para el olvido, son un regalo de amor.
  • Dios es fuerza: “Te fortaleceré y ayudaré” (Is 41,10): Porque es cierto que palpamos nuestra debilidad, pero en esa debilidad hay una fuerza interna que nos hace sacar la cabeza a flote, respirar, levantar los hombros y seguir adelante. De esto estaba convencido san Pablo (2 Cor 12,9). Y fuerza en lo profundo del cosmos, fuerza capaz de expandir los universos de manera inimaginable para nosotros en una gigantesca danza creadora.
  • Dios es compañero: “Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos” (Lc 24,15). No estamos solos. En nuestros humildes, paradójicos y, a veces, perdidos caminos, Jesús sigue siendo compañero. Sus huellas van paralelas a las nuestras. De ahí que podamos responder con convicción a la inquietante pregunta religiosa: ¿Dónde está Dios? En nuestros mismos caminos. Feliz quien, en modos sencillos, sabe olfatear su presencia. Dichoso quien detecta el perfume de amor del Jesús que camina a su lado.

 

4. Recreamos el salmo

 

En la danza cósmica

de incomprensible vastedad

tienes tu casa.

 

En los cielos inabarcables

y en las distancias inimaginables

tienes tu casa.

 

En la tierra hermosa,

casa de todos

tienes tu casa.

 

En los caminos humanos

bellos y extraviados,

tienes tu casa.

 

En la casa de los humildes

para recoger sus lágrimas,

tienes tu casa.

 

En quien rendido de amor

te atisba cercano,

tienes tu casa.

 

 

XII. SALMO 132: AMOR MISTERIOSO

 

1Ved qué dulzura y qué delicia,
convivir los hermanos unidos.

2Es ungüento precioso en la cabeza,
que va bajando por la barba,
que baja por la barba de Aarón,
hasta la franja de su ornamento.

3Es rocío del Hermón, que va bajando
sobre el monte Sión.

Porque allí manda el Señor la bendición:
la vida para siempre.

 

1. Jesús lee el salmo

 

  • Nos gustaba cantar aquel salmo. Nos consolaba. Conectaba con lo mejor de nuestro corazón. Porque aquel salmo cantaba a la hermosura de hacer comunidad. Y habíamos hecho comunidad. Para eso los convoqué, para “que estuvieran conmigo” (Mc 3,13), más que para que ayudaran en la predicación por las aldeas. Los necesitaba no como discípulos de un maestro, sino como simples compañeros de vida. Los necesitaba por causa de la necesidad de amor de todo corazón. Hicimos comunidad en los caminos andados, en las noches compartidas, en las dificultades sufridas, en las alegrías comunes. Por eso nos sonaba muy bien este salmo.
  • Y nosotros entendíamos también la imagen del perfume que baja por la barba de Aarón, del sumo sacerdote. Este tenía una franja como ornamento con doce piedras preciosas que representaban a las doce tribus. El perfume les envolvía. Era el perfume de Dios. En realidad, era un anhelo porque la historia de las tribus fue muy poco edificante. Pero anhelábamos la comunidad. La endogamia de los judíos llevaba a la exclusión de los otros pueblos, pero también a una cierta comunidad. Yo fui aprendiendo que había que aspirar a un tipo de comunidad que no excluyera a nadie, amplia como el mar. ¿No se le había prometido algo así a Abrahán? ¿Por qué, entonces, ese afán por reducir la comunidad a “los nuestros”?
  • Entendíamos también la imagen del rocío del Hermón. Este monte estaba lejos de Sión, pero era el más alto del país, “los ojos de Israel”. Y sus nieves prolongadas refrescaban el país. Así era la vida en comunidad, una frescura, un solaz, un fresco en hora de bochorno. Decía Eclo 6,14 que quien encuentra un amigo encuentra un tesoro. Quien encuentra y construye una comunidad encuentra la isla del tesoro con todos sus cofres.
  • Por eso concluíamos con aquel grito: “Mándanos, Señor, esa bendición”. Quizá no poníamos el acento en lo trabajoso del asunto, porque construir la comunidad es más difícil que construir esos edificios modernos que os subyugan. Que Dios mande esa bendición allí y en todas partes, porque si la comunidad se construye florece lo humano y se destruye, no hay sitio allí para la vida.

 

 

2. La persona de hoy lee el salmo

 

  • La comunidad es una aspiración fundamental de la humanidad: el deseo de relacionarse más cercana e íntimamente con un círculo mayor de personas. Aunque el acento no habría de estar en el número sino en la intensidad, en la vibración de la relación, en la fuerza de los vínculos contraídos, en la capacidad para aguantar con amor los vaivenes y baches del hecho comunitario.
  • Hay que sortear el peligro de institucionalización de la comunidad, de creer que porque se pertenece a un colectivo, social o religioso, sin más ya se es hermano, ya se está en la comunidad. Cuanto más tratamos de entender y vivir la comunidad desde una legislación, desde unas normas predeterminadas, desde una costumbre consagrada, más ponemos en peligro la posibilidad misma de su existencia con sentido. La comunidad es novedad, descubrimiento, temblor gozoso, entrega silenciosa, bondad diaria, etc. Esas son sus “normas”.
  • La evidencia de que no estamos bien orientados en la vida comunitaria se percibe cuando el cansancio, el hastío, la rutina se instalan en nuestro diario caminar. La vida comunitaria no es para eso sino para re-entrar, renovados y refrescados, en la tarea continua de la regeneración humana, planetaria y cósmica. Si la vida comunitaria pierde esa frescura, si todo está predeterminado, si no hay nunca novedad en el día a día, la raíz de la vida comunitaria se está secando.
  • La búsqueda de la comunidad no es sólo la búsqueda de seguridad e intimidad para obviar nuestra soledad en un mundo anónimo e impersonal. Es mucho más que eso. Es la expresión de un deseo desde lo profundo dentro del mismo orden creado, un gemido que surge del corazón de la creación, como decía san Pablo (Rom 8,22), que busca reciprocidad y correspondencia. Nosotros los humanos absorbemos este anhelo y, en el nombre de la creación, le damos una expresión consciente, un sentido de comunidad terrenal y cósmica.

 

3. La creyente lee el salmo

 

  • Esta clase de salmos solamente se puede apreciar en la medida en que uno no descrea del amor. Si, debido a los costurones de la vida, uno está ya de vuelta, y cuando oye hablar de amor esboza una sonrisa de incredulidad, no le entusiasmará un salmo como éste. Pero si, a pesar de los años, sus entrañas no están secas, como las de Sara, podrá encontrar aquí una llamada, queda pero hermosa, a construir el trabajoso e interesante camino de la comunidad.
  • No hemos de extrañarnos que siempre estemos royendo este “hueso” de la comunidad, dando vueltas a la misma masa. Es que ahí se juega mucho del sentido de lo humano y del sentido del mismo cosmos. Por eso hay que volver siempre a esa senda. Permanecer vivos en la comunidad, no cansados y desalentados, es como permanecer insertos en Jesús: la única manera de que el bello fruto de una vida con sentido venga a nuestras manos.
  • Muchos han descubierto que el sentido de la vida es vivir con y para el otro. Vivir “con”, ahuyentando la tentación de exclusión, de individualismo, de cerrarse a la hermosa y trabajosa realidad de los demás, considerándolos un “infierno”, en lugar de un “cielo”, una posibilidad. Y vivir “para”, sabiendo que de la fuente de la buena relación es de donde brota el agua que puede calmar la diversa sed del corazón.
  • Para los creyentes la eucaristía es el sacramento de la comunidad. Pero hay que estar alerta. Dice Pikaza: “Siento pudor hacia una eucaristía convertida en espectáculo: algo que se puede exponer y ostentar ante los demás. Hay que valorar, sin duda, lo que se ha hecho en esa línea, sobre todo en la música y en la arquitectura barroca, que son un monumento a la presencia real de Cristo en los signos eucarísticos. Pero esos signos han corrido el riesgo de perder su referencia real: dejan de ser comida, expresión de un grupo de creyentes que se reúnen para entregarse en amor unos a otros, sacramento y promesa de la unidad final de todos los humanos”.

 

4. Recreamos el salmo

 

Los caminos de la comunidad

son tan sencillos

como una sonrisa.

 

Los caminos de la comunidad

son tan bondadosos

como una palabra buena.

 

Los caminos de la comunidad

son tan difíciles

como una gran obra de arte.

 

Los caminos de la comunidad

son tan profundos

como un misterio que no acaba.

 

Los caminos de la comunidad

son tan humanos

como una comunión.

 

Los caminos de la comunidad

son tan divinos

como los caminos

insondables

del Dios de amor.

 

 

 

 

 

XIII. SALMO 133: VIVOS POR DENTRO

 

1Y ahora bendecid al Señor,
los siervos del Señor,
los que pasáis la noche
en la casa del Señor.
2Levantad las manos hacia el santuario
y bendecid al Señor.

3El Señor te bendiga desde Sión,
el que hizo cielo y tierra.

 

1. Jesús lee el salmo

 

  • Nadie puede negar que nuestra espiritualidad judía era muy religiosa. Por eso, al subir a Jerusalén, cantábamos a los “siervos del Señor” que se pasaban la noche en la casa del Señor. Nos reconfortaba saber que, día y noche, había alguien en el santuario orando ante el Señor. Cuando todos descansábamos de la fatiga de nuestro viaje largo desde las tierras de Galilea, alzábamos la vista al templo y, de noche, se percibía la luz de las lámparas que alumbraban a los orantes. ¿Cómo no nos iba a defender el Dios ante el que se ora siempre? Eso también levantaba nuestro ánimo decaído, aunque yo había descubierto que el secreto de la plegaria estaba en la confianza, no en la cantidad o en el tiempo empleado en orar.
  • Yo había experimentado lo que era orar de noche. Lo hacía en descampado. Era dura, áspera, la oración en descampado y de noche. Pero allí descubrí y aprendí lo más gozoso y lo más difícil de mi proceso cristiano: que Dios es Padre de todos, buenos y malos; que también los paganos están llamados al reino; que también las mujeres son hijas de Abrahán; etc. El descampado fue mi templo de oración nocturna. Por eso, miraba con aprecio a los orantes de la noche y pensaba que no eran inútiles los esfuerzos de iluminación de quienes transitan en la noche de la historia. Vendría la luz.
  • Los orantes levantaban, incansables, las manos hacia el santuario. Yo quise decir que había que levantarlas hacia los pobres, para bendecirles, para tocar sus llagas y curarlas, para enjugar las lágrimas que resbalan de sus ojos. Tocar a quien nadie toca, acariciar a quien nunca ha sentido una caricia, abrazar a quien no conoce el calor de un abrazo.
  • Así, vivo por dentro, yo también, como los orantes del templo, pedía la bendición no solamente para los de Sión, sino para todo ser que transite por el camino de la vida. Entendía que todo ser merecía una bendición, por pequeño o infame que fuera. Y creía que la tarea de los orantes es recabar bendiciones, justicia, para los excluidos de la tierra, para los malditos. Orar por los descartados, diría el papa Francisco.

 

2. La persona de hoy lee el salmo

 

  • La búsqueda de iluminación acompaña desde siempre el camino humano. Los científicos, los poetas, los místicos, buscan, en definitiva, luz. Y no tanto para tener más conocimiento, sino para tener más amor. Por eso, quienes aportan luz son los mayores benefactores del hecho histórico que demanda raudales de luz para hallar el sentido de sus pasos.
  • La meditación ha prendido en millones de personas tanto en Oriente como en Occidente y parece asumir una profunda importancia cultural en nuestro tiempo. La meditación ha sido descrita como el arte del centramiento: poner juntas las diversas energías de atención para asentarnos en el centro de nuestro ser. Eso nos facilita la comunicación entre nuestro ser y el ser de la vida en el mundo que nos envuelve. Es una experiencia más transformadora que pasiva.
  • La luz es como un sacramento, no solamente una metáfora del ser de Dios o de la presencia del Resucitado. Percibir y percatarse de la decisividad de la luz en nuestra vida nos hace “tocar” la presencia de Dios en nuestro camino humano. Imaginar un mundo sin luz es como imaginar un mundo sin Dios.
  • De la luz viene la sabiduría innata colectiva que nos recuerda que toda acción fluye de la fuente interior; las palabras emergen del silencio; las cosas evolucionan de la nada; la comunión necesita soledad como valor complementario. Pueden abundar en nosotros sentimientos de dicha, intensa felicidad y confianza, pero muy raramente sin el sentido de vacío, transitoriedad y oscuridad acompañantes. Es la luz en la mezcla con lo oscuro. Y de ahí la necesidad de los trabajos de iluminación.

 

3. La creyente lee el salmo

 

  • La oración y el anhelo de iluminación provienen de vidas apasionadas. Las vidas apagadas consideran todo eso una pérdida de tiempo. Por eso, habría que pedir pasiones a Dios, vibración interior, mística de vida. Perder esa fuerza interior, apagarse y enredarse en las pequeñas cosas diarias es matar el anhelo y con él la espiritualidad, y con ella, el deseo de Jesús. Pasión por Dios y pasión por lo humano, ambas cosas irán entrelazadas.
  • Orar es una manera de creer, no solamente una actividad religiosa. Por eso, quien ora se pone vivo ante el Dios vivo y con ello reconoce el valor y la hermosura de su vida recibida como don. La vida de los orantes es vida de creyentes, no tanto vida de personas religiosas peculiares. La oración, el interior vivo, se llena de aquello que anhela y se va mezclando al sentido mismo de la historia, al Dios de amor que subyace como su fuente de amor.
  • Estar vivo por dentro es requisito para una fe viva. Los humanos podemos ser, en mayor o menor medida, cadáveres ambulantes: vamos caminando pero por dentro la vida es escasa. También podemos ser lo contrario, personas que aunque vayan envejeciendo y deteriorándose mantienen un vigor interior que hace que la muerte les encuentre bien vivas. El lector de la Palabra podría medir la obra que ella hace en él por este dato: la fuerza del vigor interior, más allá de la debilidad externa que se acumula con los años.
  • Ser persona de bendición es una manera de ser persona de oración. Orar y no bendecir es algo incomprensible. Por eso, quien ora ha de decir bien de personas y cosas, ha de moderar su lenguaje para que sea benigno, ha de depurar sus actitudes de hosquedad para que el bien brille, ha de actuar en bondad creciente para que se vea el sentido de su hacer orante.

 

4. Recreamos el salmo

 

Levantemos las manos

y el corazón

para acoger

el don de la luz.

 

Levantemos las manos

y el corazón

para vivir con pasión

cada instante del camino.

 

Levantemos las manos

y el corazón

para mantener encendida

la lámpara de la esperanza.

 

Levantemos las manos

y el corazón

para entrar en lo profundo

desde la lejana superficie.

 

Levantemos las manos

y el corazón

para orar amando

y para amar orando.

 

CONCLUSIÓN

 

         Finaliza aquí nuestro recorrido por el Salterio “de las subidas”, los textos que tantas veces desgranaron los peregrinos de Jerusalén, cuando subían a la ciudad, Jesús entre ellos. Los caminos que acceden a la ciudad, hoy autopistas, se empaparon muchas veces de aquellos gozos y aquellos temores, oyeron los gritos y los cantos fervorosos de quienes creían en maneras sencillas.

         Los hemos “manipulado”, no hemos querido limitarnos a la mera explicación exegética, creyendo que hoy también puede ser palabras de ánimo para cantar en la noche. ¿Qué persona, qué comunidad, qué Iglesia, que sociedad no está necesitada de una palabra de aliento? El corazón hambrea el ánimo como la planta la luz cálida del sol.

         Ojalá hoy, en pleno siglo XXI, estas viejas canciones puedan reconfortar el interior de los creyentes. Se habrá cumplido aquello que dijo otro salmo: “Lámpara es tu palabra para mis pasos” (Sal 118,105). Que esta lámpara no deje de brillar nunca, por tenue que pueda ser su luz.

Catequesis bíblica para una celebración del perdón sobre Gén 50,5-21

«Y LOS CONSOLÓ LLEGÁNDOLES AL CORAZÓN”

(Gén 50,21)

Una catequesis bíblica para una celebración del perdón

 

         El libro del Génesis, obra en su mayoría del yahvista, que es un fenomenal analista de la realidad, tiene por tema central el de la transmisión de la Alianza, cómo esta va pasando por los diversos avatares en la familia patriarcal. La alianza, lo sabemos, es el quicio teológico del AT. Pero, como toda obra insondable, Génesis tiene muchos subtemas conectados con el principal. Uno de ellos es, por extraño que parezca en un libro tan alejado en el tiempo, el de la fraternidad.

            El yahvista se pregunta: ¿podrán los humanos vivir algún día como hermanos? Y responde con sus relatos. Eso es casi imposible. Creemos que, en el fondo, quiere subrayar más la pequeña posibilidad que la tremenda evidencia del mal que nos hacemos los humanos.

            Así están construidos sus relatos de fraternidad. Destacamos algunos: a) comienza con el peor de todos: dos hermanos que se matan (Caín y Abel). Todo lo que se diga después será mejor; b) dos hermanos (aunque en realidad son tío y sobrino) que no pueden vivir juntos por razones económicas y tienen que separarse: “Separémonos, pues somos hermanos”, c) dos hermanastros (Ismael e Isaac) que viven bien, que se divierten juntos. Pero ahí entra la ley y la norma y la convivencia se rompe: “Despide a la esclava y a su hijo”; d) dos hermanos que viven siempre riñéndose y engañándose (Esaú y Jacob) de tal manera que hay que recurrir a un largo exilio para que no corra la sangre; al fin, hay una cierta reconciliación; e) unos hermanos que venden a su hermano José a unos ismaelitas por poco dinero y con los que se llega a una cierta reconciliación.

            Nos fijamos en este último grupo. Génesis 42ss narra los tres encuentros de Jo´se con sus hermanos que acuden a Egipto Acuciados por la necesidad. Como muchos dimes y diretes, propios de las narraciones orientales, terminan, al fin, reconciliándose. Jacob, el padre de José, va a Egipto, ve a su hijo y posteriormente morirá habiéndose quitado de encima el mayor de los pesos de su vida.

            Pero en Gén 50,15-21 rebrota el temor. Y en un texto como ese encontramos similares mecanismos con la espiritualidad del perdón que manejamos hoy nosotros:

  • Aparecen los vestigios del rencor, la cenizas del conflicto (A ver si José nos guarda rencor”): quizá nunca se fueron del todo, agazapadas en los pliegues del alma. Hay que elaborar esos vestigios para no ahoguen a la confianza. O, el menos, hay que tener mucho cuidado para no tropezar en la misma piedra. Perdón y discernimiento no son cosas reñidas.
  • Vuelve el temor que no se fue del todo (“Perdona a tus hermanos su crimen”): por eso se cree que la reconciliación no lo fue del todo. El temor invalida el camino andado, al menos en parte. Es preciso creer en el perdón fraterno y en el de Dios. No volver a los viejos temores, no estar acusándose de lo que ya uno se acusó. Los “pecados de la vida pasada” puede que sean remordimientos, pero no pecados si han sido perdonados y satisfechos.
  • El perdón se hace con lágrimas, con conmoción (“Se echó a llorar”): No puede haber perdón sin conmoción, sin que el interior responsa al estímulo del perdón, sin la alteración benigna del alma. Un perdón frío, seco, que no altera, que no sube una pulsación, es un perdón sin fondo.
  • Es preciso abandonar actitudes altaneras, supremacistas (“Se echaron al suelo”): Si ponemos como condición que los otros cedan, si mantengo intactas mis posiciones anímicas, si sigo creyendo que se me debe dar la razón en todo, si no me veo afectado por el pecado, es muy difícil el logro del perdón.
  • Pasar a la orilla de lo fraterno (“Somos tus siervos…¿soy acaso un Dios?”): No me debes nada porque te perdone; no te debo nada porque me perdonas. El perdón a punta a relaciones fraternas, no serviles. 
  • El perdón apunta a una espiritualidad del cuidado (“Yo os mantendré”): Ese es el primer propósito de quien perdona: cuidar de aquellos a quien ha perdonado y de quienes ha recibido el perdón. Volver a las responsabilidades adquiridas por haber celebrado un sacramento de amor. El perdonado, el que te perdona, está por ello más a tu cargo.
  • Un perdón que engendra consuelo (“Y les consoló llegándoles al corazón”): Porque si, al final, no se experimenta consuelo, amparo, sensación de haber entrado otra vez a casa, no hemos llegado al fondo. Consolados por el perdón, esa sería una manera de decir lo último de una celebración así.

Poesía y oración

 

 

 

 

 

 

POESÍA Y ORACIÓN

 

 

1. Comienzo

 

        (Comenzamos orando juntos con un poema sufí de Mevlana Jalaluddin Rumi)

 

 

Mi poesía es como  el pan de Egipto;

No puedes comerla, si tiene más de una noche.

¡Cómela cuando todavía esté fresca,

Antes que el polvo [el tiempo] se instale en ella!

Su residencia se encuentra en la cálida tierra de la mente.

En este mundo, se muere de frío.

Como los peces, tan sólo puede vivir en la tierra un instante;

Después, la verás desprovisto de la calidez de la vida.

 

 

 

2. Meditamos con el Corán

 

         (Un lector/a va leyendo pausadamente estas frases del Corán)

 

  • No vistáis la verdad con el ropaje de la mentira; no ocultéis la verdad cuando la conocéis.
  • ¡Oh vosotros, los que habéis creído! Buscad el socorro en la paciencia y en la oración. Dios está con los pacientes.
  • Dios quiere vuestro bienestar y no quiere vuestra molestia.
  • Los hombres que condenan es porque no comprenden.
  • Bueno es manifestar las buenas obras, pero todavía mejor ocultadas y derramadas en el seno de los pobres.

 

3. Poesía en árabe

 

         (El poeta Mohammed Darfaui lee un poema suyo en árabe cuya traducción reza asíJ 

 

RESPETO Y VALOR

 

Entre las estrellas me encuentro montando una luna brillante, enamorada.

Cansado de tanta imaginación, mis alas son fuertes y gruesas y me llevan hasta el más allá.

Mi corazón generoso como una flor gotea el rocío en la boca de los sedientos.

Restaurando un sueño viejo y roto, contemplando la salida de lunas, creciendo.

La imaginación arde en mi interior con una llama, dando poesías, llenando.

El universo limpia una época sacada de  debajo de los escombros del tiempo.

En el primer cielo vi una flor. Dije: esta será mi meta, mi salvación.

Pero viéndola deshacer, quemándose, dije: no me gustan las cenizas.

Viendo el mar lleno de ternura, tranquilidad y añoranza dije: esta es mi salvación.

Pero al ver con sus oleajes las olas dije: no me gustan tantos altibajos.

Una luz tenue a través del tiempo templó mi alma y me sentía a mí mismo.

Pues si estoy aquí salido de mi confusión dije: este es mi Dios.

 

4. Momento de reposo musical

 

         (Se escucha un momento la nye o algo de música de fondo)

 

5. Oramos con Francisco

 

En mi viaje a Damieta,

sin saberlo,

os llevé a vosotros,

los que ahora

buscáis caminos de entendimiento.

 

Os llevé a vosotros

que queréis vivir como yo,

con las manos desnudas

como las del niño

que no sabe aún herir.

 

Os llevé a vosotros

que entendéis

el amor ofrecido,

“sometido”

entregado.

La forma mejor de amar.

 

Os llevé a vosotros

armados solamente

de una palabra de bondad

y de un abrazo de paz

 

En este camino nos encontramos,

en él queremos seguir.

 

ESEF

29 de abril de 2019

 

 

 

ANTES DE LA FIESTA DE PASCUA

“ANTES DE LA FIESTA DE PASCUA” (Jn 13,1)

Tres perspectivas sobre algunos hechos de la pasión de Jesús

según san Juan

 

I

CAMINOS DE VIOLENCIA

 

“Dicho esto, salió de nuevo adonde estaban las autoridades judías y les dijo: - Yo no encuentro ningún cargo contra él. Pero tenéis por costumbre que os suelte a uno por Pascua, ¿queréis que os suelte al rey de los judíos? Esta vez empezaron a dar gritos: - A ése, no; a Barrabás. Barrabás era un bandido” (Jn 18,38b-40).

 

1. La 2ª parte del EvJn (12-21) comienza: “Antes de la fiesta de Pascua…”. Ahí se incluyen los relatos de la pasión. No sabemos de qué hablamos cuando hablamos de la cruz. Nunca llegaremos a sentir el estremecimiento físico y social de aquellos. Aun así, hablemos porque ahí se asienta la experiencia cristiana.

 

2. ¿Cómo se han construido los relatos de la pasión? Algo a lo que hay que renunciar, nunca lo sabremos. Aun así: son los relatos fundacionales de la experiencia cristiana. Ayer y hoy. Sensatez ante la desautorización de lo histórico; apertura a otras posibilidades de lectura.

 

3. La pasión en san Juan es una pasión para la contemplación, para el ahondamiento. Quedarse en la mera narración es exponerse a sacar poco provecho del relato. Aprender a mirarse en el espejo.

 

4. Nadie conoce ni puede atestiguar la práctica de soltar un preso por Pascua en las fuentes históricas (todo lo más la prórroga de la ejecución a después de Pascua o el permiso para que lo entierre la familia), aunque lo narren los cuatro evangelios. Es una invención de Mc: por la figura que da de Pilato y además porque una amnistía sin restricciones no se conoce en la legislación romana.

 

5. ¿Por qué mete Mc este texto en su relato? Es una dramatización simbólica del derrotero que Jerusalén había tomado en la guerra del 70: optó por la violencia, ignorando la propuesta pacífica de Jesús, del cristianismo naciente.

 

6. Texto de Juan:

  • Dicho esto: aquel diálogo sobre “la verdad”. Si esperar respuesta.
  • Las autoridades judías: Se achaca la opción por la violencia a las autoridades, no a los fariseos ni a la gente (n Mc se incita a la turba).
  • Ningún cargo: Si no hay ningún cargo ¿por qué se le detiene?
  • Rey de los judíos: Adelanta la autoproclamación de Jn 19,21.
  • Gritos: Simbólica fónica del rechazo fuerte.
  • Barrabás: El “hijo del Padre”; en algunos textos del siglo III: Jesús Barrabás (Orígenes).
  • Un bandido: Un lestes,  un bandido social y político.

 

7. Dramatización simbólica: se optó por la violencia en lugar de por la paz. La visión social de las primeras comunidades cristianas.

 

8. Especularidad: el encaramiento de las estructuras violentas de la persona y de la sociedad. Conversión al bien.

 

EL BIEN, ¡QUÉ FASCINANTE!

 

El mal parece cautivador

a una determinada edad,

entre la adolescencia y la juventud primera,

cuando lo inquietante, desde la penumbra,

dirige las miradas y los pensamientos.

Malvados son los héroes más seductores,

y el infierno –como han demostrado los artistas-

supera con creces al paraíso en imaginación y sensaciones.

Pero el tiempo nos da otros ojos

y, transcurridos los años,

apenas ninguna novedad ofrece el mal,

una monótona repetición de sí mismo,

con máscaras que caen y conductas que se agotan.

Ningún malvado me es ahora sorprendente,

conocidas a fondo las cloacas del alma.

¡El bien, en cambio, qué fascinante!

El bondadoso siempre sorprende,

acaso porque su pureza nos descubre

territorios desconocidos en nosotros mismos.

¡Qué gran aventura el bien

y el mal, señores, qué tedio!

                  

(R. Argulloll, Poema¸ 757)

 

 

II

UN EXTRAÑO PONCIO PILATO

 

“Desde aquel momento Pilato trataba de soltarlo, pero los dirigentes daban gritos diciendo: - Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey se declara contra el César” (Jn 19,12).

 

1. El problema de fondo de muchos personajes de los relatos de la pasión es este ¿quién fue el causante de la injusta muerte de Jesús? Pilato entra en esa danza. También entran las autoridades religiosas (y el mismo Padre y Jesús: escena de los mercaderes del templo).

 

2. Nunca terminaremos de preguntarnos por qué a Jesús le dio el poder civil la peor de la muertes, la destinada a los de ínfima condición. ¿Dónde está el quid? Por otra parte, la cosa fue convulsa: un tsunami le pasó por encima a Jesús: en menos de 17 horas (si damos crédito a la cronología evangélica) paso dos juicios (uno religioso, otros civil) y una condena con ejecución. Todo sumarísimo, muy raro.

 

3. Quién era en realidad Pilato: a partir del año 6, depuesto arquelao, Judea está administrada por gobernadores. Siete en total. Pilato es el que más ha durado: 10 años, del 26 al 36. Vivía en cesare, tenía pocos soldados, tropas auxiliares (la provincia de Siria de la que dependía tenía cuatro legiones, casa una seis mil hombres.

 

4. Las fuentes por las que se le conoce: Flavio Josefo, Filón, Tácito. No coinciden con el perfil que dan los evangelios:

  • La burla de los estandartes (Josefo)
  • El robo del tesoro para construir un acueducto (Josefo)
  • Juicios demasiado rápidos (Filón)
  • Mero nombre (Tácito)

Un represor, un oportunista y, sobre todo, un menospreciador de los judíos a los que consideraba raza inferior.

 

5. ¿Cómo lo pinta san Juan?

  • Un desentendido: “lleváoslo vosotros…” (Jn 18,31; “no encuentro cargo…” (Jn 19,38). (Lavar las manos: Mt 27,24)
  • Un despectivo: “¿Tú eres rey?” (Jn 1837); “Mirad a vuestro rey” (Jn 19,38)
  • Un temeroso: “Le entró más miedo” (Jn 19,8) (Mujer de Pilato Claudia Prçocula: Mt 27,19).

El rasgo 1º y 3º no le pegan, el 2º sí.

 

6. Texto de san Juan:

 

  • Trataba de soltarlo: no se ve porqué va a tener el menor interés. ¿Quiere el autor cargar la “culpa” en las autoridades? 
  • Los dirigentes daban gritos: en san Juan la gente no tiene parte, tampoco los fariseos.
  • Amigo del Cesar: los dirigentes quieren llevar el asunto al terreno político. Fue condenado por la autoridad política.
  • Rey contra el César: Ahí está el quid. ¿Qué hay en esto de verdad y qué no? ¿Una muerte política?

 

7. En definitiva, parece que Juan utiliza la figura de Pilato (ya desaparecida) para verter la culpabilidad de la muerte de Jesús en las autoridades judías. La figura de Pilato coincide poco con el perfil histórico. La muerte de Jesús es, para Juan, en el fondo, una muerte “religiosa”.

 

8. Acusar: un modo de comportamiento inhumano. Delatar, amparándose muchas veces en el anonimato. Con los modernos modos de las redes sociales basta un tuit anónimo para hundir para siempre a una persona.

 

9. La voz cruel de quienes delatan y hacen daño y el silencio no menos cruel de quienes, tal vez, no hacemos nada. “Lo que me preocupa no es el grito de los malos sino el silencio de los buenos” (L. King).

 

EL ÁGUILA

 

Son tiempos difíciles.

¡Mantén la calma!

Son tiempos de esclavitud.

¡Mantén la libertad de espíritu!

Son tiempos de rapacidad.

¡Mantente generoso!

Mira hacia tu interior,

Con serenidad, sin rencor alguno,

Seguro de tus propias fuerzas:

El águila, allí,

Vuela más alta que los buitres.

 

(R. Argulloll, Poema 729)

III

PERROS AL PIE DE LA CRUZ

 

“Los dirigentes judíos, como era día de la preparación –para que no quedasen en la cruz los cuerpos durante el día de precepto, pues era solemne aquel día de precepto-, le rogaron a Pilato que les quebrasen las piernas y los quitasen” (Jn 19,31).

 

1. No hay que temer los textos bíblicos que nos causan una cierta perplejidad. Bien leídos, puede suscitar horizontes de comprensión más amplios.

 

2. Hay que calibrar el aspecto humillante de la cruz y de la pos-cruz: la insepultura. “El horror de la crucifixión se veía agravado asimismo por el hecho de quienes la padecían solían quedar insepultos” (M. Hengel). La mayoría eran crucificados a ras de suelo, a merced de los animales, de los perros. La Misná es explícita en el único pasaje que habla de esto: San 6,4.

 

3. Midamos, también la humillación social que ambas cosas, crucifixión e insepultura, suponían para el entorno social: la familia, el pueblo (los discípulos en el caso de Jesús). Algo difícil de mantener.

 

4. Por eso, cuando vemos en los textos evangélicos tantos y tan reiterados textos de sepultura de Jesús, se nos dispara algo: ¿es así o se está dando razón de algo que se achacaba como lo peor de un crucificado?

 

5. De hecho, en Israel, que es un país lleno de tumbas, no ha aparecido más que una sola tumba de un crucificado (la tumba de Giv’at ha Mit-var). ¿Dónde están los miles que crucificó Herodes el grande, Varo o Tito?

 

6. Desde antiguo los peregrinos han venerado el santo sepulcro de Jerusalén. La basílica de Constantino es de 326. Lo anterior, una nebulosa.

 

7. El texto:

 

  • Los dirigentes judíos: que sean ellos los que piden la sepultura solamente se explica por hiriente de la presencia de condenados a la cruz en los entornos de la ciudad. Da la impresión de que el gobernador no está muy interesado en la labor. Por otra parte, según la Misná, no se puede crucificar a más de dos al día ¿por qué Pilato crucifica a tres?
  • Día de precepto: sigue la temática de todo el evangelio: el precepto por encima de la persona. Y si esta es un condenado… Y, encima, precepto solemne, tan solemne como la Pascua
  • Que les quebrasen las piernas: el cadáver de Giv’at ha Mit-var no tiene las piernas quebradas.
  • Y los quitasen: era una abominación tanto política (quizá esto más) como religiosa. Si piden esto, parece que hay alguien interesado en que sigan ahí (¿Pilato?).

 

8. Lo duro de la filosofía de la crucifixión no es tanto el tremendo sufrimiento sino la terrible humillación personal y social. Es la destrucción de la dignidad, la aniquilación del ser persona: el crucificado deja de ser sujeto legal, de ser persona. Humillar hasta hacer que el otro no se crea persona.

 

9. No humillar al débil: una forma de vivir de la Pascua. Tener siempre viva la conciencia de dignidad de toda persona: otra forma de vivir pascualmente.

 

10. ¿Y la resurrección? La experiencia de una presencia. La fuente del amor.

 

VIERNES SANTO

 

Viernes Santo: nadie sabe

por qué se llama santo a este viernes,

nadie se acuerda de ti.

Yo sí me acuerdo.

No creo en ti,

ni en ninguna de las necedades

que durante siglos

se han dicho a propósito de ti.

Incluso, en otra época,

abominé de todo lo tuyo.

No obstante, me acuerdo de ti.

Te veo calumniado, solo,

ensangrentado, vencido,

a punto de expirar

entre tiniebla y locura,

Y siento por ti

un amor sin nombre.

 

(R. Argulloll, Poema,  113)