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OTROS TEXTOS

La figura de san Francisco en la Laudato Si'

LA FIGURA DE SAN FRANCISCO EN LA LAUDATO SI’

 

1. Una encíclica

 

Las encíclicas papales son documentos de primer nivel (entre las Constituciones Apostólicas y las Exhortaciones apostólicas). Que el Papa haya querido situar su reflexión sobre la ecología en ese marco está indicando la importancia máxima que quiere atribuirle al texto.

Es un texto relativamente largo (246 números) con sus características peculiares: una dedicatoria poco común, sin especificar los estamentos de la Iglesia como comienzan todas las encíclicas está indicando ya desde el principio su orientación universal por encima del exclusivo ámbito de la Iglesia.

Fuera de texto, al final, se ofrecen dos hermosas oraciones con el tema de la creación, que en otros textos papales iban dirigidas a la figura de María.

La encíclica fue lleva la fecha del 24 de mayo de 2015, fiesta de Pentecostés. La elección creemos que tiene su simbolismo: una Iglesia abierta a la sociedad.

 

2. Alusiones a san Francisco

 

En relación con las fuentes hay que citar de manera especial a la figura de san Francisco de Asís del que habla en diez números, además del título de la encíclica que alude al Cántico de las Creaturas. Digamos algo de cada uno de ellos con brevedad:

  • Nº 1: se abre el texto por el título y alusión a Cánt 9, la tierra, nuestra casa común, como hermana y madre.
  • Nºs 10-12: Hace un bosquejo espiritual de la persona de Francisco como hombre ecológico total. En estos números nos detendremos. 
  • Nº 66: Entiende a Francisco como un restaurador de la “armonía” primitiva rota, la vuelta a la “inocencia primera.
  • Nº 87: Cita el Cántico de las Criaturas como modelo eximio de alabanza al Señor.
  • Nº 91: Alude a Cánt 10a, aunque no pegue mucho con el contexto del número (la defensa de lo humano como realidad primordial).
  • Nº 125: Cita de pasada aludiendo a su “admiración contemplativa”.
  • Nº 218: Cita de pasada dentro del tema de la “conversión ecológica” que demanda una “sana relación con lo creado”.
  • Nº 221: Cita también de pasada y, de nuevo, dentro de la “conversión ecológica” aludiendo a la “sublime fraternidad con todo lo creado” de san Francisco.

Es decir, para el conjunto del texto es evidente que el Papa quiere proponer a Francisco de Asís como modelo para la ecología cristiana. El hecho de que las citas estén sembradas a lo largo de todo el documento así lo indica. Los nºs 10-12 son los más sustanciosos. El resto, son ocasionales.

 

3. La figura de san Francisco en LS’ 10-12

 

         En estos tres números no solamente se alude a Francisco como santo de la ecología, sino que también se hace un bosquejo de los valores franciscanos para la actualidad. En ese sentido tienen estos números un valor especial para quienes aman la figura de Francisco.

 

a) San Francisco, ejemplo de ecología integral:

 

         El Papa habla todo el tiempo de una ecología integral. Es aquella “que incorpora las dimensiones humanas y sociales” (LS’ 137). En ella queda implicado lo ambiental, lo económico y lo social.

         San Francisco es puesto, en primer lugar como “ejemplo por excelencia de lo que es débil y de una ecología integral vivida con alegría y autenticidad…En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior” (LS’ 10).

         Es decir, san Francisco es uno que ha entendido bien el moderno concepto de ecología por su honda vivencia de la creación y por su cercanía al mundo de las pobrezas.

 

b) San Francisco, místico y peregrino:

 

         Desvela el Papa algo importante de las raíces espirituales de san Francisco cuando dice que “era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo” (LS’ 10).

         La percepción que san Francisco tiene de la creación nace de una profundidad, de una mística, de una raíz honda: la armonía, el equilibrio interior, la paz que habita el corazón. Eso le hizo ser peregrino pacífico y pacificado por encima de conflictos personales y de duras situaciones externas. 

 

c) San Francisco, conectado con la esencia de lo humano

 

         El amor de san Francisco por las criaturas no es mera superficialidad, poesía barata, ecología de dibujo. Es una profunda conexión con el fondo de la vida, con la esencia de lo humano: “El testimonio de san Francisco nos muestra también que una ecología integral requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas o de la biología y nos conectan con la esencia de lo humano” (LS’ 11).

         San Francisco es una persona conectada con la esencia de lo humano que no es sino el anhelo que toda persona, toda criatura, tiene de ser feliz, de llegar a poder tocar con sus manos la dicha que busca su corazón. San Francisco ha querido contribuir al logro de esa dicha que el programa de Jesús promete. Eso le ha hecho conectar y comprender el fondo de la persona, más allá de sus limitaciones y fallos. Eso le ha llevado a no juzgar a nadie y a envolver de compasión a toda persona y a toda criatura, singularmente a las más frágiles.

 

d) San Francisco, persona de mirada distinta

 

         Porque mucho está en el mirar, en la manera de percibir la realidad, en la cercanía que envuelve la mirada amable y en la lejanía que desvela la mirada hosca.

         San Francisco ha logrado mirar la realidad de una manera distinta, esa manera que tiene quien ama: “Cada vez que él miraba el sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando su alabanza a las demás criaturas…Su reacción era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño” (LS’ 11).

         Él ha conseguido ver el mundo con otros ojos, los ojos de quien se ha hecho hermano de ese mundo y ya no lo ve como valle de lágrimas, ni como lugar de explotación, ni como camino que obligadamente hay que transitar. Francisco entiende, mirando de manera distinta, que vivir es un gozo, una suerte, un don.

 

e) San Francisco, la persona que ha entendido que todos somos familia:

 

         Lo que hoy nos dice la ciencia (la semejanza de los diversos genomas de las personas, animales y cosas) san Francisco lo ha entendido por vía espiritual. Su argumento ha sido sencillo: si todos tenemos el mismo Padre, Dios, somos familia.

         Por eso cita la LS’ 11 aquella hermosa frase de la LM 8,6 de san Buenaventura: “Lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a las criaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas”.

         Puede parecer que esto es mera lírica, un romanticismo irracional. Pero no. Entender la creación como una familia llevará a comportamientos familiares.

 

f) San Francisco, el hombre que no domina

 

         Toda esta manera de ver la creación brota en san Francisco de una fuente: ha renunciado al poder, al dominio, a la explotación. Quien no se apropia del otro lo ama y lo respeta.

         Dice LS’ 11: “La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio”.

         Aquí se halla la clave de todo: san Francisco ha alejado de su vida este dinamismo innato: el poder. Al decidirse a ser hermano en radicalidad ha podido amar a todos sin ningún afán ni pretensión sobre nadie.

 

g) San Francisco, buen lector del libro de la creación:

 

         Porque Dios nos habla por la Palabra, pero también, así lo reconoce la Biblia desde antiguo (Sab 13,5), por el libro de la creación.

         Así lo expresa la LS’ 11: “San Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la naturaleza como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad”.

         La creación no le dio a san Francisco más que satisfacciones, sosiego, paz, comunión con Dios y con las personas. El libro de la creación fue, ciertamente, uno de sus mayores consuelos y alegrías de su vida.

 

3. Y nosotros que amamos a san Francisco…

         Nosotros que amamos a san Francisco hemos de vernos cada vez más envueltos en esta espiritualidad, más amantes del hecho creacional, humildes defensores de los valores de la naturaleza y crecientemente responsables de su cuidado. Y, sobre todo, personas que apuestan por echar su suerte en el lado de los pobres.

 

1)    Ecologistas por franciscanos: No por habernos adherido a alguna tendencia social, que son muy buenas. Un franciscano, por tal, ha de ser ecologista integral, interesado por la creación y por la suerte de los pobres. No hacemos esto porque esté de moda, sino porque pertenece a nuestra vocación franciscana. No hacerlo, sería alejarnos de tal vocación.

2)    Necesitados de una mística: Porque no venimos de esta espiritualidad, porque se ha valorado poco, porque algunos todavía la menosprecian. Nosotros los que amamos a san Francisco creemos que el mundo es cuerpo de Dios y que sus criaturas son su familia. Por eso apreciamos la creación con cordialidad, nos interesan sus sufrimientos y nos admiramos incansablemente de su belleza.  Esta es nuestra mística.

3)    Ecologías y humanos: Porque no se puede ser amante de la naturaleza y de san Francisco, del Evangelio mismo, sin ser humano. Humanizar es la gran tarea del franciscano, su trabajo primordial. Humanizando entenderemos lo humano y lo que no lo es, la naturaleza que convive con los humanos. Sin humanidad es imposible hablar de ecología.

4)    Mirar con otros ojos: Con los ojos de la apertura, del amor a lo creado para expulsar de nosotros al dominador, al mero explotador de recursos, a aquel que no ve en las criaturas más que beneficios a costa de lo que sea. Mirar con los ojos de quien descubre en lo creado una compañía necesaria para andar este, a veces, duro camino de la vida.

5)    Una familia que cuidar: Si consideramos familiares a toda persona y a las mismas criaturas hemos de avanzar en la ética del cuidado. Cuidarnos es nuestra obligación primordial. Cuidar no son solo momentos puntuales sino también una actitud, una manera de ponerse ante el otro. Quien no cuida no podrá amar a la persona y las criaturas. Y, por supuesto, si somos familia, está prohibido el daño entre familiares, la herida o el abandono.

6)    Alejados del poder: Para que esto sea posible es necesario alejarse cada vez más del poder, dejar de ser presa del ansia de domino, intentar abandonar esa actitud innata de querer ser apreciado porque mando, porque decido, porque ordeno. El poder bloque toda actitud de benignidad con la creación y con las personas. Quien ama a san Francisco ha de alejarse paulatinamente de toda actitud de poder.

7)    Volvamos al libro, a la casa de la creación: Porque los humanos nos hemos alejado de ese libro, nos hemos ido de esa casa. Nuestros caminos no se tocan. Volvamos como san Francisco, a leer en el libro de la creación. Entremos de nuevo en esa casa que antaño abandonamos. Hemos de vernos gratamente recompensados en alegría, en gozo y en paz interior.

 

 

CÁNTICO DEL HERMANO FRANCISCO

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

ecologista integral,

porque amó lo creado y amó a los pobres.

Siempre se hermanaron en su corazón

estos dos amores.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

místico y peregrino,

de hondas raíces,

de armonía y equilibrio interior,

pacífico y pacificado.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

hondamente humano,

propagador de la dicha que Jesús promete,

incapaz de juzgar a nadie.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

y por su bella mirada,

capaz de invitar con simplicidad a la alabanza

a todas las criaturas.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

que nos hace todos familia,

que ha querido cuidar con amor de madre

a los seres humildes y a las personas que sufren.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

que no ha tenido tratos

con el poder y el dominio,

que jamás ha explotado a nadie

que nunca se ha aprovechado de nadie.

 

Loado, seas, mi Señor,

por nuestro hermano Francisco,

que ha leído con gozo

el libro hermoso de la creación

y que se ha aposentado en la casa de las criaturas

como casa desde siempre.

 

Loados seas, por Él,

nuestro hermano y padre san Francisco,

a quien amamos.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Una relectura de Mt 23,13-39

UNA RELECTURA DE Mt 23,13-39

 

            Es preciso leer un texto como adultos. El NT ha de ser leído de ese modo. Desde ahí no se puede negar la dificultad que supone un texto como Mt 23. Si decimos, con los Evangelios en la mano y la reflexión teológica, que Jesús era un “misericordioso”, ¿cómo salieron de sus labios textos tan duros como el de Mt que no solamente censura con animosidad sino que cae en el insulto y el menosprecio? ¿O es que ese texto proviene de otra mano inserta en la génesis global de un texto como del Mateo?

            Hay que tener en cuenta de que el Evangelio de Mateo está escrito en torno al año 80-90, cincuenta años después de la muerte de Cristo. En ese largo período de tiempo han ocurrido importantes sucesos en la historia de Israel, singularmente la caída de Jerusalén ante las ropas romanas de Tito el año 70. La ciudad fue tomada y arrasada, el Templo destruido.

            En el descabezamiento que sigue a toda destrucción, los romanos se cebaron en las clases dirigentes (saduceos, casta sacerdotal) y fueron más permisivos con los espirituales fariseos, menos peligrosos. Estos se juntaron en Yamnia (Jabné), una pequeña ciudad cerca de la actual Tel Aviv donde, inspirados por Johanan ben Zakkai, urdieron una serie de estrategias para mantener vivo un judaísmo en tiempos de diáspora. Ahí el fariseísmo se radicalizó y anatematizó a los grupos disidentes, entre ellos los cristianos (los “nosrîm”, los nazarenos). Se conserva una “maldición” sobre ellos en el texto de las Dieciocho Bendiciones: “No haya esperanza para los apóstatas. Y destruye pronto el reino del orgullo n nuestros días; y perezcan los nazarenos y los herejes en un instante. Sean borrados del libro de la vida y no queden inscritos con los justos. Bendito seas, Yhwh, que doblegas a los soberbios” (Bendición 12ª). Y Justino dice en su obra Diálogo con Trifón 96,2: “Vosotros en vuestras sinagogas maldecís a los cristianos”.

            Es de suponer que los cristianos de las comunidades mateanas no se eran mancos y respondieron con invectivas similares. Era una manera de sobrevivir en aquella época de dureza y de nulo ecumenismo (época que ha llegado casi hasta nuestros días; no olvidamos la oración del Viernes Santo por los “pérfidos judíos” que la liturgia del Vat.II cambió).

            De ahí que haya que leer estos textos intentando transformarlos en textos de misericordia. Hagamos un intento:

 

            13Ojalá vosotros, quienes amáis la Palabra, no cerréis a nadie las puertas del reino, puertas amplias como el corazón mismo de Jesús. 14No seáis obstáculo para quienes quieran entrar, aunque sea por una puerta que no es la vuestra.

            15Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, no tengáis como meta primera aumentar el número de afiliados a la religión, sino el número de personas que vivan con los valores del reino. Así aprenderéis que es más importante cristificar que cristianizar.

            16-22Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, seáis gente que ilumine el camino humano sin enredarse en  disquisiciones legales, poniendo como principio inviolable el de la dignidad de la persona y sometiendo toda norma, toda costumbre, toda ley a la persona y su necesidad.

            23Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, seáis generosos a la hora de socorrer al pobre. Ojalá aportéis al caudal de la vida los grandes valores que constituyen el cimiento del caminar humano: la honradez, la compasión, la sinceridad. Esto es lo importante; el resto es más relativo.

            24-26Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, fuerais cuidadosos en tener un interior limpio, ecológico, saludable. Porque del interior brotan las actitudes de la persona. No haríais nada con ser pulcros por fuera y no serlo por dentro.

            27-28Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, seáis gente de sinceridad esencial, de interior claro, de honestidad probada. Y si, por vuestra fragilidad falláis, reconoced el fallo. Eso os abrirá la puerta de la misericordia de Dios y de la comprensión de las personas.

            29-33Ojalá vosotros, que amáis la Palabra, no echéis alabanza solamente a quien muere el día de su entierro, sino que aprendáis a alabar en vida, valorando todo lo bueno que tienen las personas y alegrándoos del bien que Dios hace a través de cualquier creatura.

            34-36Creed a los profetas, a la gente buena, que os voy enviando para que os animen e iluminen. Creed a gente como Pedro Casaldáliga, profeta de la esperanza, que acaba de fallecer. Creed, sobre todo, a los profetas vivos, a los profetas humildes, buscad en los signos de los tiempos la luz que necesitáis para andar como creyentes lúcidos.

            37-39Así vuestras ciudades serán “ciudades de seres humanos”, donde la humanidad florecerá, y donde vivir en buena relación será posible. Así aguardaremos el momento de plenitud en que todo será reconciliado en el amor cumpliéndose así el secreto designio del Padre y de Jesús.

 

            Hay quien puede pensar que una paráfrasis de este estilo desposee al texto del pathos que tiene. Y es así, efectivamente. Pero a los seguidores de Jesús, el misericordioso, no nos interesa un pathos de condena, sino de misericordia. Por eso, aunque suene un tanto “light” quizá nos pueda ser de mayor utilidad una lectura de este talante.

 

JUSTICIA Y EUCARISTIA

JUSTICIA Y EUCARISTÍA

Notas para una espiritualidad social de la eucaristía

 

1. El sempiterno peligro del “culto vacío”

 

            Algo contra lo que han clamado los profetas (Am 5,21-24; Is 29,13; Os 6,6). Pero es algo que persiste en todas las tradiciones religiosas. A la persona creyente le encanta la escenificación cultual hasta embriagarse con ella. Pero le amenaza un grave peligro: que sea una escenificación, que detrás de la máscara no haya casi nada, que sea una realidad vacía. La eucaristía no se ve libre de tal peligro. Los adalides del rito están siempre ahí, amparados por la normativa. Pero la pregunta es persistente: ¿qué hay realmente detrás del rito?

 

2. Sin justicia no hay eucaristía

 

            Resulta todavía elocuente el estudio famoso de J. M. CASTILLO “Donde no hay justicia no hay eucaristía” (verlo en la biblioteca virtual Koinonia). A muchos les molesta el mero enunciado de este trabajo. Y, sin embargo, es cierto: la justicia habría de ser, de una u otra forma, el corazón de la eucaristía. Y ello por una razón muy simple: porque la cena de Jesús es su apuesta más fuerte por construir una vida en justicia entre los humanos. Sin ese afán por el horizonte de la justicia, la eucaristía se convierte en un mero recuerdo benévolo, deja de ser un “memorial”, un recuerdo para la lucha, para la construcción de la fraternidad, para la economía de inclusión.

 

3. Una eucaristía para la justicia

 

            Esta sería la manera de decirlo positivamente. Los temas de la justicia habrían de tener un sitio privilegiado en la celebración de la Eucaristía, un lugar prioritario, por encima de lo ritual. Habría que emplear un lenguaje adecuado, una participación concorde con las situaciones, incluso una simbología que dejara ver que ese asunto de la justicia es el núcleo del sacramento.

 

4. Eucaristías “peligrosas”

 

            La eucaristía es el recuerdo “peligroso” de Jesús. Su carácter “subversivo” habría de ponerlas en el ojo de huracán del sistema establecido. Si es justamente ese sistema quien participa y patrocina esas eucaristías eso habla de que han perdido su carácter de peligrosidad. Una eucaristía inocua no es la de Jesús. Y si hace el juego al sistema, menos todavía. En las eucaristías habrían de fraguarse las “revoluciones” que apuntan a la justicia.

 

5. En los lugares mismos de la injusticia

 

            Las eucaristías se celebran casi siempre en los templos o en lugares sustitutivos pero no de injusticia. Sería un acto profético hacerlo en esos lugares donde la injusticia es dueña como un acto de auténtica denuncia. En lugares de explotación, de violencia, de economía ladrona, de corrupción esclerotizada. Decir en esos lugares la Palabra de la justicia es más necesario que en los lugares asépticos, limpios y oficiales de los templos consagrados.

 

6. El reino de Dios y su justicia

 

            ¿Cómo traducir y entender hoy el famoso dicho evangélico: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia y el resto se os dará por añadidura (Mt 6,33)?

  • Buscad: trabajad, construid procesos, colaborad en modos organizados para que le dignidad pase de ser una realidad pensada a algo vivido. Tarea por delante.
  • Primero: algo prioritario, baremo para medir humanidad y fe, cosa indiscutible, realidad a la que ha de plegarse el resto de la organización religiosa.
  • El reino de Dios: el gran sueño de Jesús, el mismo sueño de Dios, la fraternidad igualitaria, la economía de inclusión, la relación humanizadora, la vivencia de la familia humana y creacional, la utopía de algo que se olfatea pero que aún no aparece.
  • Y su justicia: la amplia justicia que engloba a todas las otras pero que comienza por lo más “corporal” (Mt 25), por lo más histórico. La justicia del Dios que comprender y engloba la realidad en amor. La mirada distinta sobre una historia necesitada de amparo.
  • Lo demás: todo aquello que constituye lo necesario para la vida, las necesidades básicas, lo que se tiene con sobriedad y ayuda a la mejora de la calidad de la vida.
  • Se os dará por añadidura: el pasivo indica que es Dios mismo quien lo da: quien trabaja por la justicia recibe, por otros cauces, las satisfacciones que van construyendo su humanidad de fondo.

EL DECRECIMIENTO EN LA BIBLIA (2016)

EL DECRECIMIENTO EN LA BIBLIA

(2016)

 

Introducción

 

            Abrimos este Curso con un texto de Laudato si’:  “De todos modos, si en algunos casos el desarrollo sostenible implicará nuevas formas de crecer, en otros casos, frente al crecimiento voraz e irresponsable que se produjo durante muchas décadas, hay que pensar también en detener un poco la marcha, en poner algunos límites racionales e incluso en volver atrás antes que sea tarde. Sabemos que es insostenible el comportamiento de aquellos que consumen y destruyen más y más, mientras otros todavía no pueden vivir de acuerdo con su dignidad humana. Por eso ha llegado la hora de aceptar cierto decrecimiento en algunas partes del mundo aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes. Decía Benedicto XVI que «es necesario que las sociedades tecnológicamente avanzadas estén dispuestas a favorecer comportamientos caracterizados por la sobriedad, disminuyendo el propio consumo de energía y mejorando las condiciones de su uso» (193).

            Tiene parte de razón quien piensa que tratar de percibir en la Biblia una espiritualidad como la del decrecimiento es no solamente forzar los textos, sino intentar justificar posturas ideológicas con textos ajenos a las mismas. Pero, dado que el itinerario histórico de los humanos no evoluciona en maneras bruscas sino que hay una base que se mantiene constante, sí que es posible conectar la moderna espiritualidad del decrecimiento con las páginas bíblicas.

            Efectivamente, las utopías del decrecimiento (“vivir con menos para vivir mejor”; “vivir sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir”) pueden encontrar confirmación, iluminación y aliento en los textos de la Escritura. Esto es de importancia para los creyentes porque la mezcla de mística y política es lo que va impulsando las distintas opciones vitales.

            La Biblia ofrece luz, dada su capacidad inspiradora. No propone, lógicamente, estrategias de actuación en el hoy. Estas deben contar con el momento sociológico. Pero, como decimos, puede facilitar una luz que haga más posible la estrategia concreta de actuación. Negar esta capacidad inspiradora, iluminadora a los textos bíblicos sería dejarlos por inútiles.

            Además, un modo fecundo de leer la Palabra es hacerlo desde una perspectiva social. La perspectiva espiritual (muchas veces espiritualista), aunque valiosa, no puede ser la única. Una forma de leer con mucho provecho la Palabra es conectarla con los aprendizajes sociales, con las maneras como la sociedad elabora sus planteamientos vitales y espirituales. Eso no es rebajar el élan místico de la Palabra sino, por el contrario, potenciarlo con el empuje de la más inmediata realidad.

            Muchas veces, los cristianos apelamos a la necesidad de conversión que tiene la vida cristiana para ser fermento en la masa. Pues bien, la espiritualidad del decrecimiento puede ser un cauce tocable para ese cambio de mentalidad y de prácticas que exige la constante conversión. La Palabra puede ser una instancia de apoyo real para quienes la apreciamos e intentamos incorporarla a nuestro diario vivir.

 

I

“NO TE CIERRES A LA CARNE DE TU HERMANO”

(Is 58,7-8)

 

  1. 1.   Texto

 

7El ayuno que yo quiero es éste:

abrir las prisiones injustas,

hacer saltar los cerrojos de los cepos,

dejar libres a los oprimidos

romper todos los cepos;

8compartir tu pan con el hambriento,

hospedar a los pobres sin techo,

vestir al que ves desnudo

y no cerrarte a la carne de tu hermano.

 

  • Este texto hace parte del llamado III Isaías, aunque es, más bien, una colección de oráculos heterogéneos. De cualquier modo, pertenece a tiempos donde la vieja ilusión de una patria floreciente (tema de Isaías II) ha dejado paso a un cierto desencanto, un desinfle. Por eso, se vuelve sobre “cosas de siempre”, como la práctica del ayuno (muy importante en aquellos contextos) dándoles un sesgo nuevo: un ayuno existencial, social.
  • El texto alude, en palabras actuales, a una nueva idea de justicia y de economía. Se viene a decir que la opción por una sociedad justa es decisiva para lograr tiempos de humanidad. Y que el logro de tal justicia ha de ser construido, trabajado, perseguido. La justicia no va a venir por su pie. Por eso se habla de abrir-hacer saltar-dejar libres-romper. La sociedad nueva no brota sin una opción decidida por la justicia, de manera explícita, con compromiso tocable.
  • Y, además, es necesaria una nueva economía, una economía de igualdad e inclusión. Si los parámetros económicos son los mismos, no hay posibilidad de soñar con una humanidad nueva, con un país distinto. No se trata de “obras de misericordia”, sino de un reordenamiento económico nuevo basado en una redistribución distinta. Por eso se habla de compartir pan-compartir techo-compartir vestido. Otro horizonte económico.
  • Y la razón definitiva es clara: el otro es “tu carne”, es como tú; su dignidad se basa en la pertenencia a la familia humana. Si se es de la misma familia la justicia y la economía han de ser comunes e iguales. Cerrarse  a esto, aislarse, volverse refractario a la justicia y la economía es ser un inhumano, un antifraterno, un no persona.
  • Es importante atribuir a la profecía un pathos que va más allá del simple consejo, de la inocua recomendación. Quien relativiza esto, quien no le otorga la decisividad que el profeta quiere darle, quien desvirtúa este planteamiento alejándolo de su horizonte vital o tomándolo a broma, no solo aleja a Dios de su vida, sino que reniega de la Alianza. La Alianza de Dios, efectivamente, es una alianza de dignidad y humanidad. Una fe que no tenga esto en cuenta no es la fe de la Palabra.
  • Si se camina en la dirección de la nueva justicia y economía, “surgirá tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía” (v.10). Es decir, la justicia basada en la dignidad y la economía de inclusión son la base de una sociedad luminosa, distinta, hermana. Estos son los grandes “dogmas” de quien da fe a la Palabra.

 

  1. 2.   Derivaciones espirituales

 

  • La necesaria conmoción: No nos referimos a una conmoción sensiblera, a flor de piel, pasajera, olvidadiza, lamentatoria pero ineficaz. No, es la conmoción de quien mira desconcertado, herido, concernido, implicado, en el silencio de la verdad de lo humano. Nuestro bienestar nos hace perder el sentido de conmoción social y económica. Nuestro no tener problemas con la justicia y nuestro armario y nuestro frigo bien abastecidos nos hace de epidermis dura, no hay quien nos taladre. Conmoverse desde los adentros es el motor de los procesos de amparo humano (como sucede al samaritano en Lc 10,33). 
  • La conciencia aislada: La evidencia de los desvalores (antivalores, contravalores) es tan contundente que negarla sería propio de quien cierra los ojos sobre la realidad. Todo un cúmulo de compactas y tóxicas estructuras tanto a nivel personal (la deshonestidad, la arrogancia, el odio) como social (la corrupción, el desprecio al frágil, la des-socialización).

¿De dónde brotan estos desvalores para hacerse tan presentes en el caminar humano. Quizá tenga razón Husserl cuando habla de “la conciencia aislada” entendiéndola como una realidad que “no tiene verdad, por lo que tiende hacia el objeto por la tendencia del deseo. Necesita el objeto para realizarse pero la realización del deseo es la eliminación del objeto con lo que la evidencia del objeto del deseo se derrumba”. En esa definición filosófica se encierra una simple verdad existencial: quien vive en la conciencia aislada está desligado de los demás, alejado de la relacionalidad, instalado en un egoísmo estructural de difícil reorientación. Con palabras más asequibles lo dice el papa Francisco: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien” (EG 2). Esa conciencia aislada es, como decimos, el origen de los desvalores. Estos pueden llegar a ámbitos sociales de universalidad con lo que su potencial destructivo resulta inmenso.

  • Estremecidos por la desigualdad: Percibir la desigualdad es relativamente fácil. No hay más que acudir a cualquier informe, bien de rango nacional o internacional. Pero “ver” la desigualdad es otra cosa. Hay que “salir” para verla, para entrar en contacto con ella. Y luego, percibir si esa desigualdad va entrando en nuestra casa, en nuestra persona, o se queda fuera.
  • Abrirse a la “carne” del hermano: Porque el problema está en la “carne”, en la carnalidad de las personas. Si ese problema no encuentra solución es muy difícil dar paso a preguntas de otro calado. Las preguntas esenciales no son las teológicas o las científicas. Son las preguntas de la carne: ¿dónde y qué comen, cómo se asean, dónde duermen, quién los sana, dónde defecan, etc.? Y luego vienen las otras: ¿quién los ama, cómo lloran y quién les consuela, qué sueñan, quién o qué les sostiene, etc.? Y más adentro ¿cómo creen, cómo trascienden lo concreto, a quién rezan, etc.?

 

  1. 3.   Lectura subrayada

 

Lo inaceptable:

  • Es inaceptable que la vida de un ser humano tenga menos valor que una supuesta seguridad o impermeabilidad de las fronteras de un estado. Es inaceptable que una decisión política vaya llenando de sepulturas un camino que los pobres recorren con la fuerza de una esperanza.
  • Es inaceptable que mercancías y capitales gocen de más derechos que los pobres para entrar en un país. Es inaceptable que las políticas migratorias de los llamados países desarrollados, ignoren a los empobrecidos de la tierra, vulneren sus derechos fundamentales, y se conviertan en el caldo de cultivo necesario para que se multiplique en los caminos de los emigrantes el poder de las mafias que los explotan.
  • Es inaceptable que se reclamen fronteras impermeables para los pacíficos de la tierra, y se toleren permeables para el dinero de la corrupción, para el turismo sexual, para la trata de personas, para el comercio de armas. Es inaceptable que una política inhumana de fronteras obligue a las fuerzas del orden a cargar la vida entera con la memoria de muertes que nunca quisieron causar.
  • Es inaceptable que el mundo político no tenga una palabra creíble que dar y una mano firme que ofrecer a los excluidos de una vida digna. Es inaceptable que a los fallecidos en las fronteras se les haga culpables, primero de su miseria, y luego de su muerte. Ellos no son agresores: han sido agredidos desde que sus corazones empezaron a latir al sur del Sahara, hasta que se paran para siempre, antes en nuestra indiferencia que en nuestras fronteras.
  • Es inaceptable que el negrero de ayer perviva en los gobiernos que hoy vuelven a encadenar la libertad de los africanos, supeditándola a los mismos intereses y al mismo poder opresor.

(Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger)

 

  1. 4.   Actividad en sala

 

  • Se habla con quien se tenga a derecha y a izquierda sobre este punto: Subraya una idea del lo explicado que te parezca interesante?
  • Se van comentando las ideas.

 

 

II

CALDEROS COMUNES

(Zac 14,20-21)

 

  1. 1.   Texto

 

20“Aquel día los cascabeles de los caballos llevarán escrito: Consagrado al Señor. Los calderos del templo serán como los aspersorios del altar. 21Todos los calderos de Jerusalén y de Judá estarán consagrados al Señor. Los que vengan a ofrecer sacrificios los usarán para guisar en ellos. Y ya no habrá más mercaderes en el Templo del Señor Todopoderoso en aquel día”.

 

  • Este pertenece al “segundo Zacarías”, más utópico, soñador, en el extremo de la profecía. De ahí esas series inacabables de oráculos “aquel día”. El autor tiene una fe explícita en Dios como Señor de la historia: las maravillas que dicen que hizo antaño, las seguirá haciendo hogaño. Desde esa confianza plantea la utopía de un mundo nuevo. Quizá por esto, Zacarías II es el más citado en el NT, porque creían que lo de Jesús visibilizaba el sueño del visionario Zacarías. Palabras para utópicos que sueñan con otra realidad, con otra justicia, con otra humanidad.
  • Los versos que proponemos son, justamente, los dos últimos, el postrer oráculo de “aquel día”. Estos oráculos mezclan la apocalíptica, la profecía, la visión y, sobre todo, el anhelo de una realidad distinta. A veces, como en Daniel o el mismo Apocalipsis, la visión es vindicativa, a costa de los enemigos. En Zacarías es más benigna, más social, más ecológica incluso.
  • Hay un cierto talante secular cuando Zacarías equipara la santidad de los aspersorios del altar con la de los calderos del Templo que se usaban para guisar la comida de quienes trabajaban en el lugar y de quienes peregrinaban. Tan santo era el culto como el cubrir las necesidades humanas. Jesús romperá definitivamente la frontera entre lo sacro y lo profano (Mt 15,11). Habría que tener una visión salvífica, humanizadora, englobante, de lo social y de lo religioso frenando el sacralismo exagerado.
  • Eran “ollas comunes” al amparo de la institución religiosa. La preocupación de que quien se acerca a lo sagrado ha de tener sus necesidades cubiertas. Y que las necesidades humanas son tan sagradas como las necesidades de la fe. Y que eso ha de estar enmarcado en lo común, en aquello en lo que pueden participar todos, en lo no elitista. Todos los que “vengan a ofrecer sacrificios” podrán comer en ellas; no hace falta que cada uno traiga lo suyo. Es el misterio del compartir que Jesús consagrará en relatos como el de la multiplicación de los panes (Jn 6,1ss).
  • Y de ahí lo innecesario de que haya mercaderes en el Templo. Asentada la espiritualidad sobre las necesidades comunes cubiertas y sobre el compartir básico, se alejan todas las tentaciones de lucro, de privatización y de explotación. Jesús, que arrojó a los mercaderes del templo lo propuso de manera contundente (Jn 2,13-22).

 

  1. 2.   Derivaciones espirituales

 

  • ¿Una fe sin utopías?: Si la experiencia creyente no alberga utopías (por ejemplo, la de la justicia para todos, la de la necesidad saciada para todos) se termina hallando en la religión un modo de instalación, de aquietamiento, de parálisis en suma. Si la utopía anida en la experiencia creyente, ésta puede convertirse no solamente en motor de cambio social, sino también en dinámica renovadora, desinstaladora, del hecho religioso.
  • Soñar un mundo de necesidades cubiertas: Creerlo posible, desearlo, defenderlo sin dar un paso atrás. Para todos, no solamente para una parte del planeta. Creerlo como derecho, no como limosna que se otorga generosamente. Percibir lo que los modos de vida de quienes tienen más que lo que necesitan influyen en quienes no tienen aún lo que les es necesario. Análisis y compromiso.
  • Valoración de lo común: Frente a la tendencia a creer que lo privado funciona mejor, que tiene otra fuerza, otra calidad. Creer en la fuerza de lo común, y estar atentos a los peligros de lo individual, la economía de exclusión. Para ello, librarse de la autorreferencialidad, personal y social. Salir al ámbito de lo público con amor.
  • Entrar en el misterio del compartir: Algo más que la mera práctica de la ayuda puntal. Creer que en el compartir hay un dinamismo transformador del hecho humano y cósmico. Creer en ello para que creer al Evangelio y superar la paradoja de creer en Dios no dando fe a los mecanismos evangélicos.
  • Abandonar posiciones de lucro, de élite, de privatización: Porque desde ahí, hablar de decrecimiento es hablar de algo imposible. Discernir los aspectos institucionales que, recibiendo el amparo de la legalidad, se sitúan en esos ámbitos de superioridad. Huir de la conciencia de moralidad superior para sentirse hermanado con quien busca y anhela un estado de cosas distinto.

 

  1. 3.   Lectura subrayada

 

El Retorno de las "Ollas Comunes" y la "Economía de la Solidaridad"

 

El aumento de los comedores solidarios, las cajas de alimentos y de ollas comunes son soluciones obligadas para quienes ya no les alcanza el dinero para satisfacer sus necesidades básicas por su propia cuenta. Es la otra cara de la crisis económica, la cara más dura. Parroquias, fundaciones, universidades y organizaciones de diversa índole ayudan a personas que han perdido su fuente de ingresos, a los nuevos desempleados que ya ascienden a alrededor del 13% en Santiago, según datos de la Universidad de Chile.

El número de comensales y beneficiarios de las organizaciones sin fines de lucro indudablemente ha aumentado junto al desempleo, al mismo que tiempo que la crisis económica ha llevado a los donantes a disminuir sus aportes en dinero, alimentos, remedios o vestuario. 

Las organizaciones privadas de beneficencia, entre enero y abril de este año ya atendieron a la misma cantidad de personas que en todo 2008 y han notado un aumento de hombres que piden asistencia social, especialmente desempleados de la construcción y del sur del país. 

"No sólo estamos atendiendo a los más pobres, sino que hoy también ayudamos a los que debido a su cesantía pasan a ser vulnerables y ese grupo ha ido en aumento", explica Marta Grez, subdirectora de Caritas Santiago. 

También las iniciativas para la búsqueda de empleo han aumentado. Por ejemplo en la parroquia Nuestra Señora del Carmen del Salto, desde hace 6 años, 13 voluntarios dedican dos días a la semana a encontrar empleo a los vecinos cesantes de Recoleta. 

La historia de las Ollas Comunes, comedores comunitarios, organizaciones colectivas de consumidores no es nueva. "A partir de 1870 comienzan a aparecer en los diarios descripciones del hambre desoladora que atacaba a los indios como consecuencia de la guerra", de acuerdo a Bengoa. Aparecieron las primeras ollas comunes, que volverían a organizarse durante la crisis del 1930, y el retorno de los trabajadores del salitre del norte. Miles de obreros que volvían con lo puesto a Santiago. 

La historia reciente de nuestro país está llena de personas que trabajan juntas para producir lo que necesitan, que comparten bienes y servicios para satisfacer sus necesidades comunes, que colaboran unos con otros para desarrollar sus comunidades locales y generar formas de consumo comunitario. Esto es lo que Luis Razeto denominaría la “Economía de Solidaridad”. 

Es interesante conocer el origen de la "economía de la solidaridad", que emerge en el año 1981, porque es uno de los pocos conceptos que llegan a formar parte de una ciencia, y que se incorpora a la enseñanza social de la Iglesia, habiendo nacido del mundo popular, en nuestro país. Surge de las reflexiones e intercambios de experiencias de una serie de organizaciones con diferentes nombres: "talleres solidarios", "ollas comunes", "comedores populares", "comprando juntos", "centros de servicio a la comunidad", "instituciones de apoyo y servicio", etc. 

Lo interesante de estas organizaciones de Economía de la Solidaridad es que se potencian justamente por la fuerza de la solidaridad. Y, en este sentido, aunque para algunos parezca insólito, la solidaridad es una fuerza económica, un factor de alta eficiencia y productividad.  En tiempos de crisis económica las personas se reorganizan en función a tareas de asistencia para cubrir las necesidades básicas; se constituyen con sus familias, amigos y vecinos para transformarse en grupos de consumidores con mayor poder de negociación en pro de mejores precios de compra; los grupos sociales se reorganizan para apoyar la satisfacción de necesidades básicas de los que lo están pasando mal. Este y otros ejemplos asumen los grupos más afectados en tiempos de crisis económica que, según Vittorio Corbo, no hay ninguna evidencia de que haya tocado fondo aún. 

Mahia Saracostti Schwartzman 

Jueves, 21 de Mayo 2009

 

  1. 4.   Actividad en sala
  • Personalmente se toma la explicación del texto bíblico de Zacarías y se formula una pregunta sobre él.
  • Se hace la pregunta en voz alta.

 

III

EL JUBILEO

(Lev 25,8-19.23-55?

  1. 1.   Texto


                8Contarás siete semanas de años, siete veces siete años; de modo que el tiempo de las siete semanas de años vendrá a sumar cuarenta y nueve años. 9Entonces en el mes séptimo, el diez del mes, harás resonar clamor de trompetas; en el día de la Expiación haréis resonar el cuerno por toda vuestra tierra. 10Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada cual regresará a su familia. 11Este año cincuenta será para vosotros un jubileo: no sembraréis, ni segaréis los rebrotes, ni vendimiaréis la viña que ha quedado sin podar, 12porque es el jubileo, que será sagrado para vosotros. Comeréis lo que el campo dé de sí. 13En este año jubilar recobraréis cada uno vuestra propiedad. 14Si vendéis algo a vuestro prójimo o le compráis algo, ved que nadie dañe a su hermano. 15Comprarás a tu prójimo atendiendo el número de años que siguen al jubileo; y según el número de los años de cosecha, él te fijará el precio de venta: 16a mayor número de años, mayor precio cobrarás; cuantos menos años queden, tanto menor será su precio, porque lo que él te vende es el número de cosechas. 17Ninguno de vosotros dañe a su prójimo, antes bien teme a tu Dios; pues yo soy Yahveh vuestro Dios.

 

  • El jubileo comienza con el toque del jôbel, cuerno de carnero, con la que se invita a tomar conciencia de ser pecador y con ello a la penitencia para escapar de la ira divina.
  • El jubileo plantea un problema técnico en relación con el año sabático: si éste es al final de un septenario de años, el año jubilar sería el siguiente al año sabático del séptimo septenario, con lo que si se le suma el hecho de que las cosechas vienen al año de sembrarse, el pueblo estaría nada menos que tres años seguidos sin cosechar (el sabático, el jubilar y el que tarda en venir la cosecha): ¿Puede un pueblo pobre subsistir en estas condiciones?
  • El jubileo parece iniciarse en el día del gran perdón (yom hakippurîm) y proclama una gran “liberación” (deror), un año para regresar a la propiedad familiar y un año de descanso para la tierra. El corazón del jubileo es “el regreso a la propiedad y el regreso a la familia” (Lev 25,10): se trata de volver a la tierra patrimonial. Es decir, se pretende corregir las desviaciones sociales acumuladas en años por la recuperación de la integridad de la tierra patrimonial. Cree el teólogo sacerdotal que así se mostrará que Dios es el único dueño de la tierra y que el israelita no es más que el usufructuario, teniendo solo el derecho a explotarla, el usufructo.
  • Quizá piensa el autor sacerdotal que la vuelta del exilio, tras cuarenta y ocho años de condena, es el momento ideal para poner en pie esta utopía social y religiosa.
  • La legislación del jubileo concluye con una larga serie de cuestiones casuísticas que tienen como afán común el de mantener íntegro el patrimonio familiar a la vez que se tiene viva la convicción de que explotar al compatriota nunca asegurará la prosperidad.

Con matices diversos y con inflexiones propias de la época, el AT mantiene una línea bastante uniforme en su sueño social que dimanan de una mirada profunda y nueva en torno a la persona y a la realidad. Desde ahí, mucho de este sueño se convierte en profecía.

 

  1. 2.   Derivaciones espirituales

 

  • Un jubileo social: No cabe duda que el sueño social de Israel ha sido hermoso y aún lo es. Pero su gran “fallo” ha sido poner el dinamismo último de todo esto en una realidad religiosa. Así se ha mostrado que lo religioso como motor de lo social no solamente lleva a la inoperancia y a la frustración, cuando no a una fanática talibanización de las reformas sociales. Mucha de la normativa legal en torno a la desigualdad social del AT tiene, sí, una valoración nueva y profunda de la dignidad humana. Pero el absoluto es Dios, ahí está la “razón” última del comportamiento social. Esta ha sido, y sigue siendo la raíz de “fracaso” porque el absoluto último es la persona en toda la dimensión de su propia altura y dignidad. De donde se puede deducir, por contraste, que la Palabra enseña que el jubileo, para que pueda ser efectivo, ha de ser social más que religioso, histórico, más que trascendente, teniendo a la persona débil como centro ya que Dios mismo une su suerte a la persona débil. La espiritualidad del decrecimiento puede ayudarnos a poner rostro social al anhelo profético del jubileo.
  • Un jubileo peligroso: El jubileo del AT no llegó realmente nunca a ser peligroso a nivel social. Las desigualdades siguieron, al parecer, más vivas que nunca. Solamente la voz de algunos profetas fueron un peligro y el poder se encargó muy bien de acallarlas. Pero la ideología de los teóricos, la espiritualidad de los teólogos, no llegó a ser un peligro real para el poder establecido. Pues bien, hay que decir que un jubileo que no resulta peligroso no es el verdadero jubileo al que apuntaban los anhelos del AT. La espiritualidad del decrecimiento se la tiene que ver como “peligrosa”.
  • Un jubileo que experimenta la indignación: Puede parecer hoy que las teorías sociales en torno al jubileo del AT son cuestiones de escuela, pero para muchos sin duda que habrán sido de una auténtica experiencia de indignación: la indignación que causa el ver que los poderosos acumulan cada vez más tierras y los pobres no tienen donde caerse muertos, la experiencia indignante  de quien ve cómo se esquilma la tierra en una relación de amo siervo y no de fraternidad con lo creado;  la experiencia indignante y humillante de quien tiene que vender sus cosas y su persona en un último intento de sobrevivir. Es imposible pensar en un jubileo social sin haber dicho alguna vez ¡basta ya!, sin haberse plantado ante el poder, sin haber plantado cara a situaciones inaceptables con el riesgo de que te partan esa cara. Un jubileo y una espiritualidad del decrecimiento planteados desde una sensación de bondad beatífica ante la situación tremenda de desigualdad social, mucho más lacerante hoy que hace dos mil setecientos años, no es lo que soñaron los viejos profetas de Israel.
  • Un jubileo racionalizador: El jubileo con el que sueña Israel no es un jubileo para la limosna sino para la racionalización económica. Es el viejo y moderado sueño del pobre que tiende a igualar, a hacer desaparecer un poco las estridentes diferencias que marcan la vida de las personas en todos sus detalles. Si hay algún paradigma de la sinrazón humana, junto con el de las guerras, es el de la desigualdad social, sobre todo cuando esa desigualdad proviene por simples condicionamientos históricos y sociales que uno no elige.
  • Un jubileo vigilante: Porque el jubileo en el AT brota de una actitud vigilante sobre la realidad social. La religiosidad genera, con frecuencia, un desentendimiento una irresponsabilidad ante el hecho creado, ante la historia, ante el lento caminar de lo humano. El jubileo podría ser entendido como un verdadero “observatorio” del proceder humano en materia de reparto de recursos, porque el problema de todo esto no está en la producción sino en el reparto. Erigirse en observadores de la realidad y mostrarla lo más crudamente posible cuando es injusta, ésa sería una óptima manera de enmarcar la espiritualidad del decrecimiento.
  • Un jubileo que nos hermane con la tierra: Porque ésa es otra de las grandes preocupaciones de los teólogos del AT en el asunto del jubileo. Hoy más que nunca el grito de la tierra, y hasta su silencio que es una manera de decir su herida, habría de ser escuchado por quien entiende algo de lo que es este camino nuestro. Un decrecimiento que celebre la hermandad con la tierra, la certeza de que vamos en la misma barca, que nos une una indudable comunidad de destino.

 

  1. 3.   Lectura subrayada

 

“El pobre ocupa un lugar epistemológico central, es decir, el pobre constituye el lugar a partir del cual se intenta pensar el concepto de Dios, de Cristo, de la gracia, de la historia, de la misión de las iglesias, el sentido de la economía, de la política y el futuro de las sociedades y del ser humano. Partiendo de la perspectiva del pobre nos damos cuenta de hasta qué punto son excluyentes las actuales sociedades y en qué medida las religiones y las iglesias se ven arrastradas por los intereses de los poderosos”: L. BOFF, Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres, Ed. Trotta, Madrid 20115 , p. 139.

  1. 4.   Actividad en sala

* Se comenta en grupos pequeños algo sobre la MV (Misericordiae Vultus) del papa Francisco. ¿Se conoce el documento? ¿Se podría decir algo de él?

 

IV

“La esquina de tu campo”

(Peah)

1. El texto

 

            Este tratado de La Misná versa sobre unas antiguas disposiciones a favor de los pobres: la esquina de tu campo, la rebusca y la gavilla olvidada. Es, en definitiva, vivir con menos para vivir mejor. Se trata con más amplitud lo referente a “la esquina de tu campo” en torno a la obligación de todo propietario de dejar sin recoger una esquina de su campo a favor de los pobres (Dt 24,19-21; Lev 23,22).

Peah toma en serio la causa de los pobres y mantiene una posición clara en contra de cualquier forma de favoritismo, falta de consideración, trampa o actitud negligente que afecte la ayuda a los pobres. Afirma que “quien no permita que los pobres espiguen o permita que uno lo haga y no el otro, o ayude sólo a uno de ellos (en la recolección), roba al pobre” (Peah 5, 6). El granjero también “roba” al pobre cuando coloca una cesta en el suelo para atrapar las uvas que caen de las matas para prevenir que sean clasificadas como “uvas caídas”, las cuales serían elegibles para que las tomaran los pobres (Peah 7, 3).

De igual manera, los sabios exigieron que se les diera alojamiento y comida a los pobres transeúntes. Peah insiste en esta obligación moral: “Al pobre que deambula de lugar en lugar no debe dársele una hogaza de pan por menos del valor de un dupondium cuando cuatro se’ahs cuestan una sela. Si la persona quiere pasar la noche, debe dársele para el costo de su estadía. Si se queda durante el día de reposo, debe dársele alimento para tres comidas. (Peah 8, 7a).

Siguiendo esta corriente de pensamiento, los rabinos se pronunciaron en contra de quienes pudieran aprovecharse de la generosidad de sus benefactores: “Quien tenga los recursos para dos comidas, no debe aceptar nada del comedor de beneficencia para los pobres. Si tiene para catorce alimentos, no debe aceptar ayuda del banco de ayuda pública para los pobres. Dos personas se encargan de pasar la caja de los pobres como colecta y es compartida por tres” (Peah 8, 7b). De esta manera se trata de evitar abusos al utilizarse los servicios sociales públicos. Por eso los rabinos apelan a la conciencia de los mismos pobres para que tomen la decisión correcta.

Peah 8, 7 identifica dos fuentes de asistencia a los pobres: el tamhuy y la quppah. El tamhuy era una especie de “plato de caridad”, es decir, la comida que se recogía diariamente y se distribuía por la noche a los pobres de otras poblaciones. La quppah (lit. “cesta”) era un fondo comunal para dar socorro a los pobres del pueblo, no a los pobres de otras localidades. La comida se dividía los viernes para el resto de la semana. Estos datos perecen indicar que existía un sistema bastante organizado de ayuda pública.

Finalmente, en Peah 8, 8-9 los rabinos parecen haber determinado niveles de pobreza. Para tal efecto desarrollaron algunos “criterios” a objeto de determinar quiénes eran pobres y quiénes no debían participar de Peah u otro tipo de donativos. Por ejemplo, quien tenía doscientos zuz no era elegible para optar a ninguna de las ayudas contempladas en el tratado Peah. Si la persona solo tenía doscientos zuz menos un denar, ésta sí calificaba para la ayuda. En caso de que estuviese en deuda con un acreedor o que tuviese que pagar por el contrato matrimonial de su esposa, podía también beneficiarse de Peah. En dicha circunstancia, tal persona no estaba en la obligación de vender su casa o vestidos para saldar la deuda. Quien tuviera cincuenta zuz y comerciara con esta cantidad no calificaba para la ayuda. Y quien no tuviese necesidad de la ayuda de Peah, no moriría hasta que dependiera de otros. Y quien esté en necesidad y no se beneficia de Peah, no morirá de viejo hasta tanto no ayude a otros de sus propios recursos, y de él el versículo dice: “bendito es el hombre que confía en el Eterno y el Eterno ha de ser su confianza” (Peah 8, 8-9). Los sabios también definieron “el nivel básico de pobreza” y, al hacerlo, delimitaron la elegibilidad de los beneficiarios. Los criterios son esencialmente económicos; es decir, basados en los ingresos económicos, pero también buscan minimizar algunos abusos potenciales que ciertas personas pudieran cometer, sean éstas necesitadas o no.

 

2. Derivaciones espirituales

 

  • Contra una mentalidad explotadora: Que genera muchas disfunciones en el comportamiento económico: siempre que se gane, se puede explotar. No se entiende que los recursos son agotables y que, por lo tanto, hay que establecer políticas y comportamientos de cuidado y de regulación. En definitiva, hay que luchar contra el egoísmo que justifica todo.
  • “Robar al pobre”: Una de las mayores inquidades humanas. Se puede hacer de muchas formas. De todos modos, hay que luchar contra la canalización de la indiferencia: da igual que el pobre sea expoliado o no. Es prueba máxima de inhumanidad.
  • La “conciencia del pobre”: Aunque muchas veces esté velada por su propia pobreza (material y espiritual), los pobres tienen valores, sentido de la justicia y de la equidad. Tienen activado el mecanismo de amparo entre ellos. Tienen voz (eso de “voz de los sin voz” es muy discutible). Lo que es preciso hacer es darles cancha, dejarles el ámbito social que en justicia les corresponde, no hacerlos, sin más, náufragos del bienestar.
  • Algo no logrado: Leyendo las páginas de La Misná en el tratado Peah uno ve que hay una enorme legislación para soportar (cuando no para burlar) el peso del precepto de “La esquina de tu campo” sobre todo en tiempos de pobreza (y de no pobreza). Seguramente, como el jubileo, no funcionó. ¿Por qué? Porque se quiere hacer el socorro al débil por vía de la normatividad y no por vía del amor. Y las normas nunca favorecen al débil, aunque puedan ayudarle. Lo que mueve todo es, en definitiva, el amor apasionado al débil.
  • Ampliar el nivel de la pobreza: No para abajo, ni para arriba, sino en la dirección de la igualdad. El ideal del decrecimiento no puede ser que todos seamos más pobres. Quizá tampoco que todos seamos más ricos, sino que todos seamos suficientemente iguales, con las necesidades cubiertas para vivir en dignidad.

 

3. Lectura subrayada

 

El Ayuntamiento de Sevilla amplía las multas por “rebuscar” en la basura

 

Las personas que rebuscan en los contenedores de basura podrán ser multadas con una multa de hasta 750 euros a partir del 24 de octubre de 2015 en Sevilla. Ese día entra en vigor la nueva ordenanza municipal de limpieza pública y gestión de residuos municipales, que eleva las sanciones por hurgar entre los restos. Entre las ‘Prohibiciones y deberes’ incluye explícitamente lo siguiente: “Queda prohibido extraer o rebuscar residuos una vez depositados en los contenedores” (artículo 11, punto 19).

El Ayuntamiento hispalense lleva esta cuestión al capítulo de ‘Infracciones’, especificando que tendrá la consideración de leve “la manipulación, extracción o rebusca de los residuos una vez puestos a disposición de los servicios municipales”, es decir, una vez se arrojen al contenedor. Las multas en este apartado se elevan en su cuantía máxima respecto a la anterior ordenanza, que establecía sanciones de entre 90 y 300 euros, pasando ahora a ser de entre 90 y 750 euros.

La nueva normativa aprobada por el Consistorio dirigido por el popular Juan Ignacio Zoido va más allá, terminológica y económicamente, que la aprobada en 2003, que ahora queda derogada. Entonces, el aspecto de buscar en los contenedores se encuadraba en el apartado ‘Propiedad de los residuos’, donde se establecía que “se prohíbe seleccionar y retirar para su aprovechamiento cualquier clase de material residual depositado”, incluyéndose entre las infracciones leves “la manipulación de basuras en la vía pública”.

El matiz de la ordenanza en esta cuestión, aparte de elevar las sanciones máximas, llama la atención en un momento en el que, por desgracia, cada vez es más habitual ver a personas buscando en los contenedores de basura, de Sevilla y otras ciudades, con la crisis socioeconómica encima y con índices de pobreza nunca conocidos en España.

Para el Ayuntamiento, según consta en la exposición de motivos de la nueva ordenanza, la normativa municipal viene “a regular en el ámbito jurídico descrito los servicios de limpieza viaria, recogida y gestión de los residuos municipales de la ciudad de Sevilla, adaptándolos a lo previsto en las nuevas normas, y adecuándolo a la nueva realidad social, con la finalidad de atender, en todo lo posible, las demandas sociales, y mejorar el medio ambiente de la ciudad de Sevilla y, en definitiva, la calidad de vida de la ciudadanía”.

 

4. Actividad en sala

 

  • Pensar: ¿Te resulta extraño todo esto de Peah? ¿A qué puede obedecer? ¿Tiene esto algo que ver con el decrecimiento?

 

 

V

PRIMER ICONO DE DECRECIMIENTO:

LA MUJER VIUDA (Mc 12,41-44)

 

1. El texto

 

41”Se sentó enfrente de la Sala del Tesoro y observaba cómo la gente iba echando monedas en el tesoro; muchos ricos echaban en cantidad. 42Llegó una viuda pobre y echo dos ochavos, que hacen un cuarto. 43Convocando a sus discípulos, les dijo: - Esa viuda pobre ha echado en el tesoro más que nadie, os lo aseguro. 44Porque todos han echado de lo que les sobra; ella, en cambio, sacándolo de su falta, ha echado todo lo que tenía, todos sus medios de vida”.

 

  • El Tesoro del templo es el verdadero motor: ahí está la sala de impuestos, el banco del Templo, el almacén de la leña, el matadero, la cancillería, etc. El verdadero motor no es el santo de los santos, sino el tesoro. Allí había al parecer diversos “cepillos” (sopharim”) donde se recogían las limosnas. Uno de ellos era para la ayuda a los pobres.
  • Cuando Jesús “se sienta…y observa” establece un parámetro social: se mide la fe por los comportamientos económicos. Si hay fe, tendría que importar lo económico.
  • Es lógico que muchos ricos echan en cantidad porque tienen mucho. Pero la calderilla de la mujer-viuda-pobre (múltiple desamparo) se opone al mucho de los muchos ricos. Es decir, hay que hacer una lectura no solo de las riquezas, sino del dinamismo de las pobrezas.
  • El quid de la cuestión está en la oposición “echar de lo que sobra…echar de la propia falta”. Cada postura revela la diferente perspectiva: a) echar mucho teniendo mucho indica que uno no se fía del Templo, aunque lo sostenga; b) echar de la falta significa una fe en la estructura del templo como estructura santa y una confianza, teniendo la certeza de que si se da para los pobres, para los pobres irá. No solamente hay generosidad, sino buena voluntad. La mujer, en su pobreza, no emplea la crítica como elemento de discernimiento
  • La viuda es, ciertamente, antítesis de los dirigentes, infieles a Dios por su amor al dinero. Su mayor pobreza es su generosidad sin posibilidad de discernimiento; su mayor riqueza, su confianza en la bondad de las instituciones y de las personas. En esto es modelo del reino, pero habría que completar el parámetro: no se trata solamente de ser generoso, no se trata incluso de dar el todo, sino de darlo con la certeza de que se está dando en la dirección correcta, apuntando a las causas.

 

2. Derivaciones espirituales

 

  • Lectura social del Evangelio: Casi todas las lecturas son espirituales (a veces espiritualistas). Habría que animarse a la lectura social, a hacer ver que los asuntos sociales están en el meollo de las preocupaciones de Jesús. Trabajar el tema del decrecimiento es un trabajo evangélico. Jesús lo habría hecho.
  • La fuerza que encierran las pobrezas: Porque creemos que las pobrezas son solamente debilidad y negatividad. Pero encierran el dinamismo de la justicia, del anhelo, de la pregunta. De ahí que no es tanto que haya que ayudar a los pobres, sino que es preciso hacerse eco de su situación y darles cancha en el espectro social.
  • La crítica como elemento de discernimiento: Es imprescindible en el acto de pensar y en el de colaborar. Si se hace la solidaridad sin discernimiento se pueden cometer, con toda buena voluntad, verdaderos despropósitos. La solidaridad ha de incluir el discernimiento, la evaluación, el control de los proyectos si se quiere avanzar en la dirección de un desarrollo humano.
  • Ir a las causas: No trabajar solamente el campo de los efectos. Y no solamente hay que apuntar a las causas estructurales, que también. Sino incluso en la dirección de la propia persona en cuento hace parte de las causas, del sistema imperante. La profecía, los gestos, las tomas de postura individuales son aquí muy valiosas.

 

3. Lectura subrayada

 

Por una Iglesia pobre, libre y solidaria

 

El camino hacia una Iglesia pobre y solidaria requiere múltiples esfuerzos, todos ellos orientados hacia la AUTOFINANCIACIÓN. Nuestras propuestas en el caso que nos ocupa, el de la Declaración de la Renta, se concreta en dos puntos:

A) Ante el Gobierno y el Parlamento: *ELIMINAR LAS CASILLAS DE ASIGNACIÓN TRIBUTARIA voluntaria, tanto la de la Iglesia Católica como la de “Fines sociales”.

B) A todos los ciudadanos: *NO MARCAR NINGUNA DE LAS DOS CASILLAS CITADAS en nuestra Declaración de la renta. Porque seguir usando estas casillas implica:

--Reducir una parte de nuestros impuestos, pues una parte de lo recaudado de los contribuyentes que marcan la casilla, se detrae (resta) de la bolsa común para la solidaria financiación de los Servicios Públicos que todos necesitamos: Sanidad, Educación, Dependencia, Desempleo, Infraestructuras y transportes públicos…etc.

--Aumentar la discriminación ya existente respecto a otros ciudadanos de creencias no católicas o de convicciones no religiosas

--Respaldar a la Iglesia Católica que sigue beneficiándose con más de 10.000 millones de Euros a costa de los Presupuestos del Estado, un dinero que es de todos y se concede a los católicos, privando de atención a otras necesidades comunes y de mayor urgencia.

En un momento de crisis tan grave como la que hoy vivimos, en medio de los brutales recortes que se acometen hoy contra la sanidad, la educación, la atención a los dependientes…, mantener intocable ese privilegio es una inmoralidad mayor. Así, por ej., los 900 millones que el gobierno ha suprimido de la Ayuda a la Cooperación (lucha contra la pobreza en el mundo) se podrían cubrir con los más de 1000 millones que se recaudarían si la Iglesia pagara el IBI de sus inmuebles y propiedades.

--La casilla de “fines sociales” es contradictoria con el espíritu de la democracia. Pues tales “fines sociales” no son ‘obras de caridad a cargo de ONG, sino de justicia social’. En una democracia son una cuestión de Estado, y a éste le corresponde atenderlos a través de los Presupuestos públicos, controlados por el Parlamento, no de forma opaca ni en función de la discrecionalidad de unos u otros ciudadanos.

Por todo ello, reclamamos la eliminación de las citadas casillas en el IRPF

Para los cristianos, la solidaridad radical con el necesitado y la pobreza evangélica son señas de identidad. El privilegio, el poder y las riquezas patrimoniales son contrarios al evangelio. Nuestra fidelidad al mensaje de Jesús en este terreno nos impele a seguir reclamando la Autofinanciación de la Iglesia Católica, sin recurrir a privilegios del Estado. ¡POR UNA IGLESIA POBRE, LIBRE Y SOLIDARIA!

 

Manifiesto de la Iglesia de Base de Madrid 2014

 

4. Actividad en sala

 

  • Escribe una frase sobre el tema de la Declaración de la Renta.

 

 

 

VI

SEGUNDO ICONO DE DECRECIMIENTO:

EL SAMARITANO: (Lc 10,25-37)

 

1. Texto

 

25En esto se levantó un jurista y le preguntó para ponerlo a prueba: - Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar vida definitiva? 26 Él le dijo: - ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo es eso que recitas? 27Éste contestó: - “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo” (Dt 6,5; Lv 19,18). 28Él le dijo: - Bien contestado. Haz eso y tendrás vida. 29Pero el otro, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: - Y ¿quién es mi prójimo? 30Tomando pie de la pregunta, dijo Jesús: - Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y lo asaltaron unos bandidos; lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon dejándolo medio muerto. 31Coincidió que bajaba un sacerdote por aquel camino; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 32Lo mismo hizo un clérigo que llegó a aquel sitio; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 33Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, al verlo, se conmovió, 34 se acercó a él y le vendó las heridas echándoles aceite y vino; luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. 35Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta”. 36¿Qué te parece? ¿Cuál de estos tres se hizo prójimo del que cayó en manos de los bandidos? 37El jurista contestó: - El que tuvo compasión de él. Jesús le dijo: - Pues anda, haz tú lo mismo”.

 

  • La inagotable parábola del samaritano compasivo puede ser leída desde la perspectiva del decrecimiento: uno que tiene bastante, se conmueve, y pone en marcha un mecanismo de igualación social que va más allá de la simple caridad ya que el jurista habla de “compasión”, mientras que Jesús habla de “hacerse prójimo”, de aproximar los niveles humanos y económicos.
  • Los trasfondos económicos son interesantes: a) un samaritano que atraviesa solo Judea tiene forzosamente que dedicarse a los negocios siendo raro otro motivo para andar fuera de casa; b) tiene que ser un comerciante relativamente próspero, porque lleva vino y aceite, cosas de valor en la cultura mediterránea y más en tiempos de pobreza; c) tiene cabalgadura, lo que le sitúa por encima de las clases más pobres; d) tiene dinero líquido, aunque no sea excesivo (dos denarios: un denario era un día de jornal según Mt 20,2.9; e) anda por posadas, que hay que pagar, aunque fuera un punto mal visto en la época  (Abandonan a la mujer por la noche en casa, dice el judaísmo).
  • El mecanismo de amparo que desata la conmoción tiene, así mismo, una lectura económica: vierte aceite y vino a las heridas del caído, monta en la cabalgadura, paga en la posada, promete pagar. Es decir, la “compasión” para “hacerse prójimo” ha de pasar por mecanismos económicos igualadores. No vale aducir que lo dado al herido es poco. Es suficiente para elevarlo de nivel social y existencial: de futura carroña para las fieras del desierto a persona curada.
  • Hay, en el fondo, un cambio de estatus que dibuja bien el tema de la cabalgadura: el amo a pie y el socorrido en el caballo. Se han trastocado los niveles sociales. Para hacerse prójimo se acepta el cuestionamiento de los planteamientos de estatus que hace el sistema.

 

3. Derivaciones espirituales

 

  • Una relación dinámica: La expresión evangélica “hacerse prójimo” dice que la relación no existe como cosa estática; hay que crearla por iniciativa propia, con cualquier persona, sin distinción de raza o credo. Eso ocurre con la relación en la espiritualidad del decrecimiento: es una relación que se cultiva, se trabaja, se va creando. No brota por su propio dinamismo.
  • Una idea de economía igualadora: Esa es la que está detrás del relato y del decrecimiento. En el fondo se aspira a una economía de igualdad y de equidad. No es solamente un modus vivendi personal (“vivir con menos para vivir mejor”), sino sobre todo social (“vivir sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir”). Si se carece de esta conciencia de economía igualadora, si de algún modo eso no pasa al imaginario personal, es muy difícil que esta espiritualidad cobre cuerpo en nuestra estructura de vida.
  • Hacia el nivel social de la común dignidad: La jerarquización y la estratificación social es algo casi congénito en las sociedades humanas. Pero la novedad del Evangelio no es tanto la desaparición de clases, sino la aparición de la clase de la común dignidad. Eso es lo que puede generar una economía de inclusión y de equidad que, al menos, no estratifique la sociedad hasta llevar al convencimiento de que las situaciones de desigualdad son prácticamente inamovibles.
  • El cuestionamiento de la religión aislada: El punzante “haz tú lo mismo” de Lc 10,37 está queriendo decir que la mera ideología y practica religiosas aisladas del contexto social son realidades muy cuestionables. La 1 Jn dice claramente que los comportamientos fraternos, sociales, hacen visible al rostro de Dios. Por eso, este tipo de espiritualidad puede ser una buena aliada de nuestros anhelos religiosos más profundos.

 

3. Lectura subrayada

 

«La economía de la exclusión mata»

El papa Francisco suma su voz a quienes creen que la economía del siglo XXI tiene que dar un giro radical y romper una dinámica de desigualdad impuesta por  «ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera». «Tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la desigualdad. Esa economía mata».

En su en su primera exhortación apostólica -Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio)- el papa deja claro que la actual Iglesia no le gusta, pero tampoco el mundo en el que vivimos, en el que sólo queda espacio para los más fuertes. «Cómo el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la desigualdad. Esa economía mata», resalta el papa en el documento de 142 páginas.

Según el papa, «vivimos en la idolatría del dinero» y a todo ello se añade «una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales». Tras la crisis financiera, según el papa, se encuentro «una profunda crisis antropológica que niega la primacía del ser humano y la sustituye con otros ídolos».

El papa, que recientemente ha encargado a la consultora Ernst and Young una auditoría a fondo de las cuentas del Vaticano, lamenta como mientras «las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, la de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz». «De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común», señala.

El papa se dirige a los dirigentes políticos para pedir «una reforma financiera que no ignore la ética» y que afronten «este reto condeterminación y visión de futuro».

Así, el papa se rebela a que «no sea noticia que muera de frío un anciano en la calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa”. «Eso es exclusión», exclama el papa, que denuncia con fuerza en el texto la «cultura actual del descarte».

Una cultura en la que no sólo «se tira la comida cuando hay gente que pasa hambre» sino que «considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar». «Ya no se trata simplemente del fenómeno de los excluidos o explotados, sino de considerarlos como desechos, sobrantes».

Jorge Bergoglio critica a quienes «todavía defienden las teorías que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo».

El papa lamenta como mientras «las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, la de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz». «El dinero debe servir y no gobernar», sentencia el papa, que aunque asegura que «ama a todos, ricos y pobres, tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos».

En otro de los pasajes del amplio texto, el papa considera que la política, a pesar de estar tan denigrada, «es una de las formas más importantes de la caridad». «Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la vida de los pobres», asevera.

El papa dedica un espacio a analizar la relación entre los conflictos y la pobreza y explica que «hasta que no acabe con la exclusión y la injusticia entro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia».

 

4. Actividad en sala:

 

* Pedir aclaración de algún concepto que no haya quedado suficientemente claro.

 

 

 

 

 

 

VII

ESCÁNDALO Y DISCERNIMIENTO

(Mc 9,42-48)

 

1. El texto

 

42Y a quien escandalice a uno de estos que comienzan a creer en mí, más le valdría que se colgara del cuello una piedra de molino que mueve el asno y lo echaran al mar. 43Y si tu mano te pone en peligro, córtatela. Más te vale entrar manco en la Vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se extingue. 45Y si tu pie te pone en peligro, córtatelo. Más te vale entrar cojo en la Vida que ser arrojado con los dos pies en el infierno. 47Y si tu ojo te hace escandalizar, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos en la gehena, 48donde el gusano de ellos no muere y el fuego no se extingue”.

 

            En el texto anterior, Juan ha querido impedir a “uno” que echara demonios “porque no era de nuestro grupo”. La ambición les hace ver peligros en quien se mete a hacer lo que Jesús hace, liberar. Funcionan como todo grupo humano, por el mecanismo de la ambición.

            Eso escandaliza a uno que comienza a creer, quizá a un pagano que se acerca al grupo de seguidores. No se trata de un escándalo de costumbres o de moral sexual, sino de comportamientos económicos. El que se acerca piensa que los seguidores de Jesús no funcionarán como los demás grupos sociales, que lo hacen por el motor de la ambición. Se acerca, y ve que ellos también son ambiciosos. Y se escandaliza.

            La hipérbole de la rueda de molino al cuello está indicando la enorme importancia que se da al asunto, la imposibilidad de minimizarlo o considerarlo sin valor. Es decisivo y configura la identidad del grupo de seguidores.

            Lograr erradicar la ambición, funcionar en base a la dignidad y al bien de la persona, imaginar una economía que no despierte la ambición de unos contra otros, demanda grandes discernimientos que tocan a todas las áreas de la vida personal: a) las obras, por eso hay que “cortar las manos” que hacen las obras cuando estas son obras de egoísmo y opresión; b) los caminos, por eso hay que “cortar los pies” porque con ellos hacemos nuestras sendas vitales, nuestras orientaciones; c) las ambiciones, por eso hay que “sacarse los ojos” porque en ellos está la sede de la ambición.

            Es decir, una visión de una economía alternativa demanda fuertes discernimientos que no le serán ahorrados a ningún creyente en Jesús. Como decimos, aquí se juega la verdadera identidad del seguidor, no tanto en cuestiones de adscripción religiosa.

 

2. Derivaciones espirituales

 

  • La ambición destroza el horizonte del decrecimiento: Porque ahí, en el mundo del ambicioso, no entra la situación de los demás, ni sus preocupaciones, ni sus gritos de justicia. Solamente se contempla la propia ganancia y la palabra talismán es “crecer”, aunque sea a costa de otros.
  • Una estructura inmersa en el “escándalo”: Y quizá no pueda salir de ahí. Pero siempre hay márgenes personales y grupales que puedan mantener viva la profecía de un mundo económicamente y humanamente distinto. Por eso la verdad del conforme, del que ha sucumbido al imaginario del sistema no es la única manera de enfocar la realidad.
  • Una igualdad en base a las posiciones económicas: A los planteamientos que se manejan en el fondo. Si los cristianos funcionamos como todo el mundo ¿qué aportamos de hecho al horizonte de lo humano? ¿Si no conectamos con quien, desde lados distintos a la fe, anhela otra economía, si los tratamos como “enemigos” de la sociedad, estamos realmente en el anhelo de Jesús.
  • Se puede controlar la ambición: Al menos en estratos sencillos de vida. Y una forma de hacerlo es cultivar el decrecimiento en maneras sencillas y cotidianas: cuando ambicionamos menos, y sobre todo cuando dejamos de ambicionar lo superfluo, la vida se esponja, el otro y su necesidad se hacen más presentes, los ideales afloran mejor y las utopías se mantienen por encima de argumentos que pretenden mostrar que lo que hay es lo único.

 

3. Lectura subrayada

 

Los 20 puntos centrales de la economía del Bien Común

de Christian Felber

 

1. La economía del bien común se basa en los mismos valores que hacen florecer nuestras relaciones: confianza, cooperación, aprecio, democracia, solidaridad. Según recientes investigaciones científicas conseguir buenas relaciones es la mayor fuente de motivación y felicidad de los seres humanos.

2. El marco legal económico experimenta un giro radical, cambiando las reglas del juego de afán de lucro y competencia por cooperación y contribución al bien común: Empresas que practican la cooperación serán recompensados. En cambio, el comportamiento competitivo conlleva desventajas.

3. El éxito económico no es medido por indicadores monetarios como el beneficio financiero o el BIP, sino con el balance del bien común (a nivel de empresas) y el producto del bien común (a nivel de sistema). El balance del bien común se convierte en el balance principal de todas las empresas. Cuanto más social, ecológica, democrática y solidaria sea la actividad, mejores serán los resultados del balance del bien común alcanzados. Mejorando los resultados del balance del bien común de las empresas en una economía nacional, mejorará el producto del bien común.

4. Las empresas con buenos balances del bien común disfrutarán de ventajas legales: tasas de impuestos reducidas, aranceles ventajosos, créditos baratos, privilegios en compra pública y a la hora de reparto de programas de investigación, etc. La entrada en el mercado se verá, por tanto, más favorecida para actores éticos y sus productos y servicios, que los de los no-éticos, indecentes y no ecológicos.

5. El balance financiero será el balance secundario. El beneficio financiero pasa de ser fin a ser medio. Éste sirve sólo para aumentar el ‘nuevo’ fin empresarial: Aportación al bien común. Los excedentes del balance financiero deberán utilizarse para: inversiones con plusvalía social y ecológica, devolución de créditos, depósitos en reservas limitadas, bonificación a los empleados de forma restringida, así como créditos sin intereses a empresas cooperadoras. No se utilizarán los excedentes para bonificar a personas que no trabajan en la empresa, adquisición hostil de otras empresas, inversión en mercados financieros (éstos dejarán de existir), o aportaciones a partidos políticos. En contrapartida, el impuesto sobre el beneficio empresarial será eliminado.

6. Como el beneficio financiero es ahora un medio, y deja de ser un fin, las empresas pueden esforzarse hacia su tamaño óptimo. No tienen que temer ser adquiridas, o sentirse obligadas a crecer para ser más grandes, más fuertes o con mayores beneficios. Todas las empresas están liberadas de la coerción de crecer y tragar.

7. Existiendo la posibilidad de aspirar sin miedo al tamaño óptimo, habrá muchas empresas pequeñas en todas las ramas. Como no tienen que crecer más, les será más fácil cooperar y practicar la solidaridad. Se pueden ayudar mutuamente con conocimientos, tecnología, encargos, personal o créditos sin interés. Serán recompensadas con resultados del balance del bien común positivos. Las empresas van formando una red de aprendizaje solidaria, la economía se transforma en un sistema win-win.

8. Las diferencias de ingresos y patrimonios serán limitadas: Ingresos máximos de por ejemplo 20 veces el salario mínimo. Propiedades que no excederán p. ej. los 10 millones de euros, el derecho de cesión y herencia, 500.000 euros por persona, en empresas familiares a 10 millones de euros por hijo. El excedente sobre estos límites serán repartidos a través de un “fondo de generaciones” como “Dote democrático” a las siguientes generaciones: igualdad de capital inicial significa mayor igualdad de oportunidades. (Los márgenes exactos deberán ser definidos democráticamente en una asamblea económica.)

9. En grandes empresas a partir de un elevado numero de empleados (por ejemplo, más de 250) los derechos de decisión y propiedad pasan parcial y progresivamente a los empleados y ciudadanos. La población podrá ser representada directamente a través de “parlamentos económicos regionales”. El gobierno no posee derecho decisorio o de intervención en empresas publicas.

10. Esto es igualmente válido para los bienes democráticos, la tercera categoría de propiedad, junto a una mayoría de pequeños y medianos empresarios y grandes empresas de propiedad mixta. Por bienes democráticos entendemos instituciones económicas públicas en campos de enseñanza, salud, acción social, movilidad, energía, o comunicación: la infraestructura básica.

11. Un bien democrático importante es el banco democrático. Éste sirve, como todas las empresas, al bien común y, como todos ellos, controlado por la ciudadanía soberana y no por el gobierno. Sus servicios consisten en depósitos de ahorro garantizados, cuentas corrientes gratuitas, créditos de interés reducido y créditos de riesgo com plusvalía social y ecológica. El Estado se financia primordialmente a través de créditos sin interés del Banco Central. El Banco Central obtiene el derecho exclusivo de la creación de dinero y efectúa las transacciones de capitales internacionales para impedir evasión fiscal. Los mercados financieros en la forma actual ya no existen.

12. Siguiendo la propuesta de John Maynard Keynes del 1944, se establece una cooperación monetaria global a base de una unidad de calculación (p. ej. “globo”, “terra”) para el comercio international. A nivel local, monedas regionales pueden complementar la moneda nacional. Para protegerse de la competencia injusta, la UE inicia una zona de comercio justo (Zona del Bien Común) con estándardes harmonizados o con tarifas aduaneras correlacionadas con el resultado del BBC de la empresa productora. A largo plazo, la meta es una Zona del Bien Común en la ONU.

13. A la naturaleza se le concede un valor propio por lo cual no puede transformarse en propiedad privada. Quien necesite un pedazo de tierra para vivir, agricultura o comercio, se le cede una superficie limitada de forma gratuita o pagando una tasa de utilización. El uso de la tierra está condicionado a criterios ecológicos y al uso concreto. Esto será el final de la especulación inmobiliaria, el “landgrabbing” (apropriación de grandes superficies por multinacionales u otros países) y el latifundismo. En contrapartida, se anula el impuesto sobre el terreno.

14. El crecimiento económico deja de ser un fin. Un nuevo objetivo será la reducción de la huella ecológica de personas privadas, empresas y naciones, hacia un nivel globalmente sostenible y justo. El imperativo categórico de Kant será extendido a la dimensión ecológica. Nuestra libertad de elegir un estilo de vida determinado encuentra su fin cuando limita la libertad de otros de elegir el mismo estilo de vida o por lo menos llevar und vida en dignidad. Personas privadas y empresas serán incentivadas para medir su huella ecológica y reducirla a un nivel globalmente sostenible y justo.

15. El horario de trabajo retribuido se verá reducido escalonadamente hacia la marca, deseada por mayoría de 30 a 33 horas semanales. De este modo queda tiempo libre para otros tres campos de trabajo de gran importancia: trabajo de relaciones y cuidados (niños, enfermos, ancianos), trabajo de crecimiento personal (desarrollo de la personalidad, arte, jardín, ocio), trabajo en la política y actividades públicas. Como consecuencia de este reparto más equilibrado entre las distintas actividades, el estilo de vida se hará más suficiente, menos consumidor, y más sostenible.

16. Cada décimo año en la profesión es un “año sabático” que será financiado a través de un salario mínimo incondicional. Las personas pueden hacer en este tiempo lo que quieran. Esta medida descarga el mercado de trabajo en un diez por ciento de la tasa de desempleo en la Unión Europea.

17. La democracia representativa será completada por la democracia directa y la democracia participativa. La ciudadanía soberana debería poder controlar y corregir su representación, decretar leyes por si misma, modificar la constitución y poder controlar las infraestructuras de abastecimiento: ferrocarril, energía, agua, correos, bancos. En una democracia real son idénticos los intereses de los representantes y los de la ciudadanía soberana. Requisitos para ello son derechos constitucionales de co-legislar y de controlar por parte de la ciudadanía soberana.

18. Todos los puntos angulares deberán madurarse a través de discusiones intensas en un amplio proceso de bases, antes de que se conviertan en leyes elaboradas por una asamblea económica directamente elegida; su resultado se votará democráticamente por la ciudadanía soberana. Lo que sea aceptado, se introducirá en la constitución y sólo podrá volverse a cambiar con el respaldo de la ciudadanía soberana. Aparte de la asamblea económica del bien común puede haber otras convenciones para profundizar la democracia: asamblea para la educación, asamblea para los medios de comunicación o una asamblea para el desarrollo de la democracia.

19. Para afianzar en los niños los valores de la economía del bien común y poderlos practicar, el sistema de educación debería estar orientado igualmente hacia el bien común. Esto requiere otra forma de enseñanza y otros contenidos, como por ejemplo: emocionología, ética, comunicación, educación democrática, experiencia de la naturaleza y sensibilización corporal.

20. Debido a que en la economía del bien común, el éxito empresarial posee un significado muy diferente al que actualmente recibe, se demandan otras competencias de gestión. Las empresas ya no buscan a los gerentes más duros y ejecutivos de la “eficiencia cuantitativa”, sino a los más responsables y socialmente competentes, los más empáticos y sensibles que consideran la codeterminación como una oportunidad y un beneficio para todos.

La economía del bien común no es ni el mejor de los modelos económicos ni el final de una historia, sólo el paso siguiente hacia un futuro más sostenible, justo y democrático. Se trata de un proceso participativo, de desarrollo abierto que busca sinergia en procesos similares como: economía solidaria, economía social, movimiento de bienes comunes, economía del postcrecimiento o democracia económica. Juntando sus esfuerzos, una gran cantidad de personas y actores son capaces de crear algo fundamentalmente nuevo. La implementación de la visión requiere motivación intrínseca y autorresponsabilidad, incentivos económicos, un orden político-legal coherente, así como concienciación. Todas las personas, empresas y comunidades están invitadas a participar en la reconstrucción de la economía hacia el bien común.

 

4. Actividad en sala

 

  • ¿Te parece que hemos hecho una lectura correcta, mínimamente entendible, de Mc 9,42-47?

 

 

VIII

DECRECER COMPARTIENDO

(Jn 6,1ss)

 

1. El texto

 

4”Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los Judíos. 5Jesús levantó los ojos y, al ver que una gran multitud se le acercaba, se dirigió a Felipe: -¿Con qué podríamos comprar pan para que coman estos? 6(Lo decía para ponerlo a prueba, pues él ya sabía lo que iba a hacer). 7Felipe le contestó: -Doscientos denarios de plata no bastarían para que a cada uno le tocase un pedazo. 8Uno de los discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: 9-Hay aquí un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es eso para tantos? 10Jesús les dijo: -Haced que esos hombres se recuesten. Había mucha hierba en el lugar. Se recostaron aquellos hombres, adultos, que eran unos cinco mil. 11Jesús tomó los panes, pronunció una acción de gracias y se puso a repartirlos a los que estaban acostados, y pescado igual, todo lo que querían. 12Cuando quedaron satisfechos dijo a sus discípulos: -Recoged los trozos que han sobrado, que nada se eche a perder. 13Los recogieron y llenaron doce cestos con trozos de los cinco panes de cebada, que habían sobrado a los que habían comido”.

 

Hemos superado ya hace tiempo la lectura historicista de este signo creyendo que, por el poder de una bendición, salían incontables panes del cesto. El envoltorio narrativo que ya nos era conocido por 2 Re 4,42-44, ha de ser superado y hay que apuntar a la ideología, al mensaje.

El problema que plantea el texto es cómo pasar de una economía de pobreza a otra de necesidades satisfechas (el reino de Dios es un reino de necesidades satisfechas y, por lo tanto, de igualdad y equidad). El primer paso es estar dispuesto a compartir lo que se tiene no siendo obstáculo la pobreza (cinco panes “de cebada” y dos “pececillos” en salmuera).

Es que la teoría del compartir sobre la base del todo no siendo obstáculo la pobreza desplaza el problema de lugar: la pregunta no es si Dios puede socorrernos o no, sino si nosotros estamos dispuestos a abrir el zurrón o no. Cuando un “empobrecido” (un muchacho) está dispuesto a poner sobre la mesa lo que tiene, pueden “sentarse”, empieza el mecanismo del compartir.

Ese acto del compartir sobre la base del todo sin ser obstáculo la pobreza viene a ser como una “eucaristía”, el fondo de la eucaristía. De ahí, el uso de los “verbos eucarísticos”: tomó…pronunció…repartió. Que haya sobras abundantes deja ver que el mecanismo funciona: la preocupación por el otro, la organización de los recursos dejando fuera el ánimo del lucro (base del decrecimiento) lleva a la “abundancia”, a que llegue a sobrar.

Los mecanismos económicos lo confirman tanto a nivel de macroeconomía (informes de la FAO) como de microeconomía (socorros cercanos). Lo que hay que mirar no es la “ingenuidad” del argumento, sino si funciona o no. Y este, funciona.

 

2. Derivaciones espirituales

 

  • La peor forma de leer relatos de milagros: Es aquella que no se despega de la historia. Y la peor forma de entender a Jesús (de hecho en el documento Q no hay relatos de milagros). Es preciso ir al fondo, racionalizarlos y espiritualizarlos para sacarles el sentido. De lo contrario su empobrecimiento los vuelve inservibles.
  • Contra el egoísmo y la indiferencia esenciales: Esos que están en el fondo de la estructura humana. Uno lleva a la otra. Son los grandes obstáculos para construir una economía del compartir, un estilo de vida distinta. La evidencia de que hay personas e instituciones que luchan contra esta lacra, habría de animarnos a sumarnos decididamente a tales esfuerzos.
  • Remedio contra el hambre: Todos los organismos internacionales dicen que hoy estamos en condiciones reales de poder superar el hambre (800 millones de personas lo padecen). Para ello se habla de una equitativa redistribución de los recursos. Eso es primordial. Pero la espiritualidad del decrecimiento puede ser más eficaz que las donaciones, porque lleva en su entraña la dignidad de toda persona y el derecho a las necesidades saciadas.
  • Con arraigo antropológico: Ese es el tipo de espiritualidad cristiana que habrá que ir construyendo: aquel que transforma las estructuras personales y sociales, no solamente la que socorre puntualmente. Por tanto, una eucaristía en la espiritualidad del decrecimiento es aquella que lleva en su entraña la justicia (“sin justicia no hay eucaristía”, decía hace muchos años J. M. Castillo).
  • La abundancia frugal: Así es la que postulan muchos ideólogos del decrecimiento (Latouche, Rahbi). Es un oxímoron, pero tiene su anhelo: se trata de que se pueda vivir en la “abundancia” de una seguridad económica básica, acompañándola de una frugalidad que controle los desmanes de quien derrocha. Esto es lo que el decrecimiento postula.

 

3. Lectura subrayada

 

Joan Antoni Melé, subdirector del Triodos Bank y autor del libro Dinero y Conciencia. A quién sirve tu dinero, analiza con RTVE.es el papel que juega la felicidad en la escena económica y cómo influye la satisfacción personal en la crisis financiera actual.

 

Pregunta: ¿Podemos medir la felicidad desde un punto de vista económico como hace el reino de Bután con su índice de Felicidad Interior Bruta (FIB)?

Respuesta: No conozco exactamente la forma de medirlo, pero lo que sí es importante es que la economía deje de ser tanto matemáticas y cálculo, como ha sido hasta ahora, y empiece a ser algo humano que es lo que tiene que ser.

Para mí ese es el gran problema. La economía siempre se ha basado en números, en beneficios, en costes, y la economía es la relación entre los seres humanos, nuestro trabajo y el planeta que nos da sustento. Todo lo que hemos hecho hasta ahora nos ha llevado al borde de la destrucción medioambiental y humana. En estos momentos, la mitad del planeta, más de tres mil millones, está en situación de pobreza.

Cualquier iniciativa que quiera llevar la economía al ámbito humano me parece bien. Está bien que se quiera enfocar en base a la felicidad en sentido de bienestar humano y no en base al beneficio económico.

P: Existen algunos estudios científicos que demuestran que el dinero no da la felicidad, ¿qué opinión le merece esta afirmación?

R: Hay unos umbrales. Cuando uno es pobre, tener el mínimo de dinero para sobrevivir evidentemente que da la felicidad, permite sobrevivir. Pero una vez cubiertas las necesidades básicas que pueda necesitar una persona -alimento y vivienda-, el resto es cierto que el dinero no lo da. Al contrario, cuanto más dinero se tiene peor. Con el dinero aparece el miedo, la codicia, el ansia de poder, y al final esto se apodera de la persona y la gente no es feliz.

En las civilizaciones que conocemos más ricas es donde hay más malestar, la gente está con tratamiento psicológico, con coaching, con pastillas para tranquilizarse. Tiene que haber unos mínimos, un nivel razonables de ingresos para vivir, pero superado ese umbral, el resto supone solo malestar.

P: ¿Cómo podríamos cambiar esta tendencia?

R: El ser humano tiene varios ámbitos. Por un lado, está el material porque necesitamos alimento, ropa. En un segundo nivel está el amor, todos necesitamos cariño, darlo y recibirlo. Pero luego hay un tercer nivel, más superior, llámelo espiritual si quiere, en el que el ser humano necesita entender un poco qué sentido le da a su vida y cultivarla.

Esté ámbito es el que hemos dejado abandonado. Yo digo que estamos 'anoréxicos de vida espiritual'. Todo lo hemos basado en el consumo y esto nos hace ser profundamente desgraciados.

Hay que dedicar un tiempo a cultivar esta parte superior. Hay quien hace yoga, medita, a quien lee, ahí no me voy a meter, pero hay que dedicarle un tiempo. Ésto realmente a la larga da un estado interior de paz, de tranquilidad y felicidad porque que te permite ir encontrando un sentido a tu vida. Si lo basas todo en el consumo, no hay salida, da igual que puedas comprar de todo en unos grandes almacenes, sigues igual de desgraciado que el día anterior.

P: ¿Cómo se podría cambiar la cultura dominante de consumo en la que vivimos?

R: Habría que cambiar la educación que damos a los niños. Se les está inculcando en la idea de que tiene que estudiar que si no tiene una carrera no se ganara bien la vida y ya le vamos metiendo el miedo en el cuerpo. No es esto. Un niño tiene que estudiar y tiene que viajar mucho, tiene que conocer para saber que tiene dentro, cuál es su vocación, que quiere hacer en esta vida y que sentido le quiere dar.

Cuando yo era pequeño me decían que tenía que estudiar para el día de mañana ser un hombre de provecho. No es lo mismo ser un hombre de provecho, decir que harás algo que servirá par la sociedad, que ganarte la vida inculcando el egoísmo. Habría que empezar a cambiar la educación, educar en valores.

El mensaje es: descubre quién eres, qué capacidades tienes, qué puedes tú aportar al mundo. Cuando hacemos algo que es útil es cuando nos sentimos felices en esta vida. No se trata de tener mucho dinero, por que en la cuenta corriente da igual que tengas cien mil euros que cien millones. ¿Qué más vas a comprar? ¿Qué te hace falta?

En cambio, descubriendo un potencial interior que además es inacabable, puedes ir desarrollándote más como persona, ésto es con lo que realmente uno se siente bien. En los últimos años cada vez hay más gente en esta búsqueda, pero aun hay una resistencia, se quiere mantener un sistema económico.

P: ¿Cree que sería interesante que el producto Interior Bruto (PIB) incorporara la 'felicidad' como un indicador más?

R: Está bien que se haga esto, que se conciencie a la sociedad. Debemos a ir a otra dirección más humana y más solidaria. No podemos ser felices si hay tanta gente a nuestro alrededor que está mal, hay que ir compartiendo un sentimiento más de comunidad.

Hasta ahora cada uno se ha preocupado de lo suyo y los demás no importaba. A la larga vemos que si hacemos ésto estamos todos mal. Que un Gobierno tome la iniciativa, como el reino de Bután, es bueno, está difundiendo otra visión para empezar a cambiar las cosas.

P: ¿Puede entonces ser útil para los Gobiernos contra con un indicador como el FIB?

R: No se si es tanto una cuestión del Gobierno. Creo que ya es hora de que los ciudadanos empecemos a decir lo que pensamos y a ser coherentes con nuestras ideas.

No se trata de que los gobiernos tomen grandes decisiones y salven a los países, sino que es la sociedad civil la que tiene que empezar a implicarse y a ser coherente. Es cosa de todos. Estará bien que los gobiernos colaboren y marquen pautas, pero el mundo lo tenemos que cambiar entre todos, es una tarea de todos. No va a ser fácil, porque hemos caído en muchas rutinas pero también es cierto que ya hay miles de personas que lo están haciendo.

4. Actividad en sala

 

  • Pensar un momento: ¿Vamos viendo que la Palabra reflexionada puede ayudar a construir una base ideológica de la espiritualidad del decrecimiento?

 

 

IX

LA COMUNIDAD ESTÁ VIVA CUANDO ELLA ALIMENTA EL DECRECIMIENTO

(Hech 9,36-42)

 

1. El texto

 

36En Jafa había cierta discípula de nombre Tabita, que traducido significa Gacela, colmada de obras buenas y, en particular, de las limosnas que hacía. 37Sucedió que, por aquellos mismos días, cayó enferma y murió; la lavaron y la pusieron en la sala de arriba. 38Como Lida está cerca de Jafa, al enterarse los discípulos de que Pedro estaba allí, enviaron a dos hombres que le suplicaron: - No tardes en venir hasta nosotros. 39Pedro se fue con ellos al momento. Cuando llegó, lo llevaron a la sala de arriba y se le presentaron todas las viudas, mostrándole con lágrimas en los ojos los vestidos y mantos que hacía Gacela cuando estaba con ellas. 40Pedro mandó salir fuera a todos, y, de rodillas, se puso a orar. Se volvió hacia el cuerpo y dijo: - Tabita, levántate. Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. 41Él le dio la mano, la levantó y, llamando a los consagrados y a las viudas, se la presentó viva. 42El hecho fue notorio en toda Jafa, y muchos creyeron en el Señor.

 

            El texto es la tercera parte del tríptico de personajes que han elaborado la gestación de la nueva comunidad cristiana: Felipe, Saulo y Pedro. De esta manera Hech describe no solo cuál era la situación de las comunidades primeras, sino qué elementos han de trabajar para que toda comunidad cristiana sea una realidad viva.

            Tabita es exponente de la vitalidad que la comunidad de Jafa tenía otrora. Esa vitalidad ha desaparecido, ha muerto. Las limosnas que hacía son el centro de su actividad solidaria. Es decir, nos situamos en un plano de socorro económico, con comportamientos próximos al decrecimiento: rebajar el nivel de uno para que aumente el del otro. Economía de la subsidiaridad, equidad e inclusión. Todo eso se ha venido a pique en la comunidad. Ha perdido su sentido cristiano, su orientación evangélica.

            Pero la subsidiaridad no ha bastado para evitar la muerte (todas las religiones hacen obras de caridad, más o menos). Se necesita otro elemento que el animador de la comunidad, Pedro, tiene que aportar pronto (“no tardes”…”al momento”). El desamparo de la comunidad es enorme: no hay comunidad si no hay solidaridad encauzada por la orientación evangélica.

Pedro restablece la situación con “una resurrección”, al modo de Jesús (Mc 5,41). Es una resurrección no solamente de la persona, sino del principio solidaridad y de equidad (como el hijo de la viuda Sarepta, 1 Re 17,17-24), o de la Sunamita, 2 Re 4,8-37). La comunidad vuelve a revivir cuando se instala desde el dinamismo de la resurrección, la entrega máxima, el principio de solidaridad.

 Con ello se consagra el mecanismo del decrecimiento como motor de la solidaridad, equidad e inclusión. Cuando este mecanismo funciona, hay comunidad cristiana. Si no funciona, no la hay.

 

            2. Derivaciones espirituales

 

  • La solidaridad en el núcleo de la fe: No como una consecuencia de la fe, sino en el núcleo: la medida de tu solidaridad da la medida de tu fe. Desde esta mística habría que animar a que todo cristiano tuviera en su vida corriente esa dimensión solidaria para verificar la verdad de la propia fe.
  • Resucitar la comunidad por la solidaridad: Cuando se pretende dar con caminos innovadores para la fe. En ese sentido, las espiritualidades económicas actuales (el decrecimiento, el bien común, la sobriedad feliz, la abundancia frugal, etc.) pueden mostrar caminos reales de vivencia nueva de la solidaridad. Pretender revitalizar las comunidades solamente por la doctrina es quedarse corto.
  • Limosnas o desarrollo: Ya vamos aprendiendo que el camino a seguir en temas de solidaridad es el desarrollo. Pero hay que ser cauto para ver si, bajo el paraguas de una espiritualidad del desarrollo (las ONG religiosas, por ejemplo) se sigue practicando un modo limosnario más moderno. Es decir, no se haría nada con cambiar los métodos si no se ha cambiado la mentalidad.
  • La búsqueda equilibrada entre evangelización y solidaridad: En muchas comunidades cristianas estos dos elementos están hoy descompensados: una gran inversión en evangelización (sacramentos, catequesis, liturgia, etc.) y una menor inversión en temas sociales (sensibilización, práctica).

 

3. Lectura subrayada: EG 53-54

 

No a una economía de la exclusión

 

53. Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».

54. En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera.

 

4. Actividad en sala

 

  • ¿Cómo está organizada la solidaridad en la parroquia a la que perteneces?

 

 

X

LAS EXIGENCIAS DE LA IGUALACIÓN

(2 Cor 8,7-15)

 

  1. 1.   Texto

 

7”Tenéis abundancia de todo; de fe, de dones de la palabra, de conocimiento, de empeño para todo y de ese amor vuestro por mí: pues que sea también abundante vuestro donativo. 8No es que lo mande; os hablo del empeño que ponen otros por comprobar si vuestra caridad es genuina; 9porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor, Jesús Mesías: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. 10En este asunto doy sólo un consejo; os viene muy bien, pues hace ya un año que tomasteis la iniciativa, no sólo en la ejecución, sino en el propósito; terminad ahora la ejecución, 11de modo que el término corresponda a la buena ejecución del propósito; según vuestros medios, 12pues donde hay buena voluntad se la acepta con lo que tenga, sin pedir imposibles. 13No se trata de aliviar a otros pasando vosotros estrecheces, sino que, por exigencia de la igualdad, 14en el momento actual vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen, para que un día, la abundancia de ellos remedie vuestra falta, y así haya igualdad, 15como dice la Escritura: “Al que recogía mucho no le sobraba y al que recogía poco no le faltaba” (Ex 16,18).

 

Pablo organizó en las comunidades de Grecia una gran colecta a favor de los pobres de Jerusalén. El siglo I tuvo episodios de hambruna en Israel. Según Gal 2,10 la solidaridad con los pobres de Jerusalén fue la única prueba tangible de la “ortodoxia” de Pablo. Él puso mucho interés en este asunto. Según el final de Hechos, él mismo llevó la colecta en propias manos, lo que le granjeó muchos disgustos (Hech 21).

Las comunidades de Macedonia eran pobres y pidieron a Pablo insistentemente participar en la colecta. Pablo se lo recuerda a los de Corinto, que gozan de mejor posición económica (2 Cor 8,1-6). El equilibrio económico no depende únicamente de los bienes que se tienen, sino de la actitud de fondo a la hora de compartir.

Según Pablo, quien tiene abundancia ha de ser generoso en la igualación porque en tal caso no hay razón para racanear. Más aún: la generosidad verifica la calidad de la fe. Un fe rácana, es una fe de mala calidad. Y el argumento de fondo es claro: Jesús se ha empobrecido para sacar adelante a toda persona. Si se quiere seguir a ese Jesús “empobrecido” a favor de otros, habrá que repetir el mismo comportamiento.

Para Pablo, hay que terminar bien lo comenzado. No se trata de establecer cuotas, sino que, partiendo de la buena voluntad, se sea generoso para ver que merece la pena trabajar el equilibrio económico. Porque “no se trata de aliviar a otros pasando vosotros necesidad”, sino de igualar para remediar la falta que los pobres tienen. Y ello “por exigencias de la igualdad”, que es lo mismo que decir que por exigencias del Evangelio, ya que éste es un texto de igualdad, de fraternidad.

Pablo dice que no se sabe qué vueltas van a dar las cosas. Quizá un día cambien las tornas y sean ellos quienes tengan que socorrer a los corintios. El viejo texto de Ex 16,18 es un texto de igualación (hacer obra de igualdad). La solidaridad se impone a quien quiera ser seguidor de Jesús y ella pasa por un trabajo de igualación.

 

  1. 2.   Derivaciones espirituales

 

  • Igualación, más que igualdad: Porque podemos hablar mucho de igualdad, pero de lo que se trata en definitiva es de poner los mecanismos pertinentes para que la obra de igualdad surja. Se trata de pasar de la igualdad pensada a la igualdad vivida. Esta segunda es la que cuenta, por sencilla que sea la aportación real al mundo de la igualdad.
  • Una actitud de fondo: Porque es cierto que la obra de igualación ha de tener cauces concretos. Pero depende de una actitud de fondo, aquella que entiende, anhela, sueña y trabaja para el logro de un mundo más humano. Y eso toca de lleno la igualación económica. Cambiar de mirada, moldear el corazón, llenarlo de humano es absolutamente imprescindible para que broten mecanismos de igualación y se mantengan estables.
  • La calidad de la fe: Lo hemos indicado en textos anteriores, se mide por la solidaridad, no tanto por el componente ideológico o por la adscripción religiosa. De ahí que el baremo para calcular el vigor de la comunidad cristiana sea el del anhelo de igualdad, para la cual el decrecimiento es una herramienta espiritual y económica de primera magnitud.
  • El decrecimiento, bien para todos: Para quien recibe la ayuda, para quien la da; para quien ajusta sus modos económicos de vida y para quien acoge la ayuda necesaria para su desarrollo. Para la misma sociedad en general. Son espiritualidades saludables para construir el caminos de humanización del que estamos muy necesitados.

 

  1. 3.   Lectura subrayada

 

Los Objetivos del Milenio son la demostración de que el conjunto de los seres humanos podemos ponernos de acuerdo para fijar las metas que precisan inmediatas soluciones. Mujeres y hombres de todas las edades y condición se encuentran en estos momentos aportando todas sus capacidades para afrontar los graves problemas que padecemos. Parten de la idea de que otro mundo es posible, de que todos y todas somos responsables en la aldea global, de que desde cualquier lugar del mundo, por muy escondido y remoto que se encuentre, existe un espacio para la acción, la solidaridad y la justicia. Iniciativas como las que las organizaciones de la Plataforma 2015 han puesto en marcha nos demuestran que es posible cumplir, con la voluntad de todos y todas, las metas que nos hemos propuesto. No se trata, por tanto, de esperar que otros actúen. Se trata de sumarnos, de conocer, de saber, de escuchar y de actuar. Lo que ocurre a miles de kilómetros de distancia nos concierne. Lo que hacemos en nuestro entorno repercute a miles de kilómetros. Pensar globalmente, actuar localmente se ha convertido en un deber ético individual y universal

¿Tiene todo esto que ver con el discernimiento que la VR ha de hacer ante el mundo de las pobrezas? Si dijéramos que no habría que pensar que estamos viviendo nuestras opciones evangélicas desconectados de la realidad, lo que cuestionaría esa misma opción. Efectivamente, la teología más tradicional de la VR nos dice que ésta es anuncio de las realidades futuras. Una de esas realidades futuras es la fraternidad plena en el banquete del Reino, el gran sueño de Jesús. ¿Cómo vamos a anunciar esa hermosa realidad hoy si no nos inquieta la evidente exclusión de enormes sectores del planeta de ese banquete de la vida que es una existencia digna? ¿Cómo la VR va a ser significativa en nuestro mundo de hoy si las grandes lacras que sufre la humanidad no la inquietan vivamente? Por eso, con humildad y deseo, aprendamos de la profecía que nos viene de las organizaciones humanitarias que sueñan con un mundo más igualitario. Leamos sus planteamientos en torno a las duras situaciones de pobreza de grandes sectores de la humanidad. Asumamos la espiritualidad del decrecimiento como un cauce real para recrear la espiritualidad de la pobreza. Creamos en la posibilidad de humildes respuestas colectivas que se unan al caudal, cada vez más ancho, de quienes suman esfuerzos para el logro de un mundo más justo y más humano. Esto, no lo dudemos, tiene que ver directamente con la espiritualidad de la pobreza. En verdad, nuestros objetivos son sus derechos. Sólo por esto, ya merecería la pena entrar a considerarlos con interés.

 

  1. 4.   Actividad en sala
  • Hacer una sencilla evaluación del Curso terminado. Aspectos positivos, aspectos a mejorar.

 

Conclusión

         Ya se dijo al comienzo de este Curso que pedir una conexión directa de la espiritualidad del decrecimiento con la Biblia era demasiado pretencioso y fuera de lugar. Pero no se puede negar que las semillas de espiritualidad humanizadora sembradas en el fondo de los textos bíblicos nos puede ayudar mucho a contribuir a un cimiento ideológico y espiritual que haga posible en la Vida Religiosa la acogida y la práctica del decrecimiento.

            Más aún: nos preguntamos si este camino no será una estupenda manera de actualizar la espiritualidad y el voto de pobreza de manera que pueda ser creíble en la sociedad. De hoy. Nos preguntamos, así mismo, si no será una manera óptima de poner rostro al seguimiento de Jesús en nuestros días.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Madrid 2016

LA SOLIDARIDAD CON EL GÉNERO HUMANO

 

LA SOLIDARIDAD CON EL GÉNERO HUMANO.

ITINERARIO BÍBLICO

 

Introducción

 

            Más allá de los evidentes avances técnicos de nuestro momento histórico y de los que el futuro inmediato promete, hay que reconocer que la estructura básica humana sigue conteniendo una evidente ancestralidad. En los pliegues del alma humana sigue vigente la ancestral certeza de que los de mi caverna, los de mi tribu, son mi familia. El resto, los que están más allá de esos círculos inmediatos no cuentan, o son tenidos por enemigos. Hablar de la humanidad como de una familia contraviene ese fondo que sigue vigente en muchas manifestaciones sociales, políticas, económicas[1].

            Y, sin embargo, en esos mismos niveles de la profundidad humana, algo habla de conexión familiar. Y no solamente entre los seres humanos, sino con todas las criaturas. La evidencia de la gran semejanza de los componentes del genoma humano y de los demás seres vivos es elocuente[2].

            ¿Puede ayudarnos la Biblia a conectar y desvelar este componente de familiaridad humana que suponga un ir dejando atrás la familiaridad tribal? La experiencia espiritual de la Biblia contiene, lógicamente, muchos niveles antropológicos. Algunos de ellos se sitúan en la más pura tribalidad[3]. Pero hay otros que no, que hablan, a veces quedamente, el lenguaje de la familiaridad universal. Ponerlos en evidencia, subrayar sus valores, sacar de ellos derivaciones espirituales que empujen en la dirección del logro, muy lejano aún, de la familia humana es una tarea espiritual de envergadura pero atrayente.

            Hace 50 años decía el Vat.II: “La iglesia se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia”[4]. Es preciso llenar de contenido y de verdad un aserto así; no es suficiente con decir. El Papa Francisco habla del “gusto espiritual de ser pueblo”[5]. Podría ampliarse el pensamiento y anhelar el gusto espiritual de ser humanidad con todas las consecuencias, personales y estructurales, que algo así contiene. Es preciso que hoy descendamos a estos niveles elementales para recuperar el dinamismo que nos lleve a modificar los paradigmas espirituales y teológicos, tan agotados.

            Efectivamente, la gran tarea del pensamiento teológico es la humanización de la relación humana en todas sus vertientes. No es únicamente un trabajo de contenido social, sino espiritual en sentido amplio. Porque cuanto más se ahonde en los niveles de humanidad, tanto mejor se podrá pensar la idea de un Dios humano y al servicio de lo humano[6].

            El presente curso pretende desvelar algunos textos bíblicos que contengan semillas en torno a la espiritualidad de la familia humana. Y, a partir de ahí, encontrar razonamientos adecuados para ayudar a forjar una espiritualidad sólida y cercana a la vez de pertenencia a la familia humana. Tal vez sea este el camino para suscitar prácticas de humanidad que apunten al logro hermoso, pero inalcanzado, de la fraternidad humana y creacional.

 

I
LA SOLIDARIDAD CON LA FAMILIA HUMANA OBLIGA A “SALIR” DEL SOFOCANTE CÍRCULO DEL IMPERIALISMO

(Gen 11,1-9)

 

            Puede sonar como a trasnochado. Pero el imperialismo, el poder consagrado por el sistema, no se aleja del caminar humano. Va tomando una u otra forma, un rostro más visible y otros más ocultos. Pero sigue estando ahí. Quizá hoy tome el perfil de una globalización que favorece solamente a un sector de la población, a los cercanos a los círculos del poder, una globalización envenenada. Este es, quizá, el mayor obstáculo para la comprensión y vivencia de la humanidad como familia.

 

  1. 1.      Texto: Gen 11,1-9

 

1El mundo entero hablaba la misma lengua con las mismas palabras. 2Al emigrar de oriente, encontraron una llanura en el país de Senaar, y se establecieron allí. 3Y se dijeron unos a otros: -Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos –empleando ladrillos en vez de piedras y alquitrán en vez de cemento-. 4Y dijeron: -Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance el cielo, para hacernos famosos y para no dispersarnos por la superficie de la tierra. 5El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres; 6y se dijo: -Son un solo pueblo como una sola lengua. Si esto no es más que el comienzo de su actividad, nada de lo que decidan les resultará imposible. 7Vamos a bajar y a confundir su lengua, de modo que no entienda uno la lengua del prójimo. 8El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y dejaron de construir allá la ciudad. 9Por eso se llama Babe, porque allí confundió el Señor la lengua de la tierra, y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra”.

 

1)      Gen 1-11 es un bloque, del yahvista en su mayoría, que se suele denominar Orígenes, en que se plantea de una forma muy profunda algo que está en el fondo de todas las culturas: la formidable lucha del bien contra el mal. El esfuerzo ideológico del yahvista es cómo alimentar la certeza de que el bien llegará a triunfar del mal. La respuesta que se dará es religiosa (el bien es fundamentalmente vida y amistad con Dios), pero esa respuesta pasa por el cauce de lo sociológico. De tal manera que una lectura social del texto es, por paradójico que parezca, la más espiritual.

2)      Hay una serie de interpretaciones de este pasaje que, por una razón o por otra, parece que es preciso desechar. Son las habituales, pero da la impresión que no llegan al fondo del asunto. Las enumeramos:

a)      Etiológica: El texto trataría de explicar el hecho insólito para aquella época (y en parte para la nuestra) de la enorme diversidad de las lenguas sobre la tierra. Dios dispersa a los una sola lengua y de ahí la enorme diversidad de las mismas.

b)      Moralista: Los hombres cultivan el insensato orgullo de alcanzar el cielo, de ser como Dios. Éste castiga esa esencial soberbia humana destruyendo el zigurat que simbolizaba su orgullo y dispersándolos a la fuerza por todo el mundo. La dispersión, en este caso, es un  castigo de Dios contra quienes supuestamente hablaban una sola lengua, contra el orgullo, en definitiva.

c)      Demográfica: El gran problema de la antigüedad es la despoblación, o cómo ir repoblando las para ellos inmensas comarcas de la tierra. Quien se niega a repoblar (una idea fija de Génesis) es obligado a salir por la dispersión y confusión de lenguas que Dios envía a la historia. Así no tendrá la persona más remedio que salir a “conquistar” la tierra. Lógicamente esto no responde a la moderna paleontología que se pregunta: cuál fue el móvil real de las grandes migraciones de los homínidos desde África al resto del mundo.

3)      Para el yahvista, el ser humano es el origen del mal cuando impone su egoísmo a los demás (3,1-24). El ambicioso se asocia a otros de la misma calaña para excluir, dominar, oprimir (4,17-24). El mismo pueblo de Israel traicionó su vocación a la vida (6-9). Los demás pueblos se engrandecieron, lógicamente, a costa de los débiles (10,1-32). Es el imperio del mal, la fuerza del sistema, la economía y políticas de exclusión.

4)      Este relato cuestiona el rol imperialista de las estructuras políticas y religiosas, la evidencia de su transformación en un sistema compacto de ideología, moral, sociología y política. Notemos que el texto hebreo dice literalmente en el v.1: “Toda la tierra tenía únicamente un único labio”. “En diferentes documentos del Antiguo Oriente, se encuentran textos que contienen esta misma expresión y cuyo sentido es la dominación impuesta por un solo señor, el emperador…el prisma de Tiglat-Piléser (1115-1077 a.C.) dice: ‘Desde el principio de mi reinado, hasta mi quinto año de gobierno, mi mano conquistó por todo 42 territorios y sus príncipes; desde la otra orilla del río Zab inferior, línea de confín, más allá de los bosques de las montañas, hasta la otra orilla del Eúfrates, hasta la tierra de los hititas, y el Mar de Occidente, yo los convertí en una única boca, tomé rehenes y les impuse tributos”[7]. La expresión “única boca” tiene razón política: la imposición por la fuerza de un único sistema, el tributario. Bajo esta perspectiva, el texto no habla de castigo de Dios, sino de prácticas imperialistas.

5)      Una torre así solamente puede construirla el poder. Y, además, quiere consagrar ese poder con la divinidad, ya que la torre culminaba con la cámara destinada a la visita de la divinidad al constructor de la torre.  Así se le hacía creer al pueblo en una liturgia anual. Es el fruto de una religión vendida al sistema. El relato dice que Dios no baja para consagrar el sistema, sino para desbaratarlo y destruirlo. Es un acto liberador de Dios

 

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

1)      ¿Es inevitable el componente sistémico del hecho creyente?:  Quizá sí. Otra cosa es ver si ha de ser el que tiene y en el nivel que lo tiene. Este componente sistémico cobra rostro en la dificultad para flexibilizar el paradigma ideológico (menos aún para cambiarlo)[8], en la férrea jerarquización de la comunidad cristiana[9], en la connivencia con los sistemas de poder que “favorecen” la religión (todos ellos de componente conservador)[10] y en la irrefrenable tendencia al dinero[11]. El denominador común de todas ellas es el solapado instinto de poder que es donde se asienta toda opción sistémica. ¿Resulta todo esto inevitable? Hoy por hoy, está ahí. Pero su inevitabilidad ofrece fisuras y márgenes en los que se puede vivir y gestar otro tipo de fe, no sin dificultades. Una cierta libertad social es un aliado bueno. Y el anhelo de una realidad cristiana que vuelva al evangelio, asistemático, nunca morirá. 

2)      ¿Es posible una fe sin servidumbres?: La pertenencia al sistema no sale gratuita. Hay que pagar fuertes peajes. Los más importantes son en materia política y económica[12]. Pero hay posibilidad de alejarse fraternamente de tales servidumbres, eso sí “devolviendo al César lo que es del César” (Mc 12,17). De lo contrario, amplios sectores sociales (los pobres, los desamparados del sistema) nunca verán en la comunidad cristiana una posibilidad de construir familia humana. 

3)      Globalizar la misericordia: Eso es lo que, al amparo del año santo extraordinario que declarará el papa Francisco quiere también el episcopado español[13]. Esa sería una manera óptima de poner cimiento al anhelo de la familia humana y un freno de primera magnitud contra la globalización envenenada. Solamente que tal freno no podrá consistir únicamente en el anhelo o en la oración. Es preciso dar pasos sociales en esa dirección, visibilizar los deseos religioso. Cualquier trabajo que se haga en esa dirección tendrá valor.

4)      Una fe para la libertad: Ya que los sistemas tienden a generar mucha sumisión, la necesaria para que el poder se mantenga en la cúspide del sistema. La fe cristiana no ha sido ajena a ese movimiento. Mantenerlo hoy en día, generar pensamiento de sometimiento por razones religiosas es algo que va contra el aprendizaje social de la adultez, la democracia y la libertad. En este sentido, la fuerte jerarquización de la comunidad cristiana habría de flexibilizarse en modos de gobierno y de gestión de componente mucho más democrático y fraterno[14]. Sin tal libertad se cae en los imperialismos que imponen “una única lengua”, un pensamiento único, un comportamiento esclerotizado y tiránico.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • Una globalización envenenada: En teoría, la globalización podría ser defendida como una herramienta formidable para la construcción de la familia humana. Hay que decir que la globalización está “envenenada”. Y su veneno no es otro, como luego diremos, que el acaparamiento de su fuerza en beneficio de un exclusivo y excluyente sector de la sociedad. Eso contradice su sentido básico, porque una globalización para un sólo sector del mundo es una contradicción. Conceptos como desarrollo sostenible, derechos humanos, salvaguarda de la creación, mercado libre, dignidad humana nunca han estado menos globalizados que ahora. El gran mal, generador de inhumanidad, es la privatización de los valores humanos que pretende la globalización actual la desautoriza y la envenena sin posibilidad de curación. Solamente su universalización podría hacer florecer los aspectos positivos que encierra en sí mismo el concepto de globalización. Dice Juan Pablo II: “Nuestro mundo empieza el nuevo milenio cargado de las contradicciones de un crecimiento económico, cultural, tecnológico, que ofrece a pocos afortunados grandes posibilidades, dejando a millones y millones de personas no sólo al margen del progreso, sino a vivir en condiciones de vida muy por debajo del mínimo requerido por la dignidad humana. ¿Cómo es posible que, en nuestro tiempo, haya todavía quien se muere de hambre; quien está condenado al analfabetismo; quien carece de la asistencia médica más elemental; quien no tiene techo donde cobijarse?”[15]. Y nosotros nos preguntamos: ¿Cómo es posible que no nos hayamos percatado todavía que somos nosotros/as, los humanos, quienes, por querer mantener nuestro tren de vida, no dudamos en hacer un expolio y empobrecimiento sistemático de medio planeta?
  • La civilización de la pobreza: ¿Hay salida para una situación así? Puede haberla pero no a cualquier precio. Pensadores de hoy, como I. Ellacuría, nos hablan de revertir el dinamismo de la actual globalización hasta constituir lo que él llama una “civilización de la pobreza”. Afirma programáticamente:

“Una civilización…donde la pobreza ya no sería la privación de lo necesario y fundamental debido a la acción histórica de grupos o clases sociales y naciones o conjunto de naciones, sino un estado universal de cosas en que está garantizada la satisfacción de las necesidades fundamentales, la libertad de las opciones personales y un ámbito de creatividad personal y comunitaria que permita la aparición de nuevas formas de vida y cultura, nuevas relaciones con la naturaleza, con los demás hombres, consigo mismo y con Dios”[16].

      ¿Es posible creer en un planteamiento así? Quizá nuestra honda hermandad con el marco económico en el que vivimos, más fuerte sin duda que los cultivos evangélicos, nos lleve a esbozar una sonrisa. Pero es preciso seguir en la espera de manera lúcida y activa. Dice E. Sábato: “No podemos olvidar que en estos viejos tiempos, ya gastados en sus valores, hay quienes nada creen, pero también hay multitud de seres humanos que trabajan y siguen en la espera, como centinelas”[17]. Uno de esos “centinelas” es, en este tema, J. Sobrino. En muchas de sus páginas quiere hacer ver a las culturas de la riqueza cómo la cultura de la pobreza encierra valores y, sin duda, mucho más trascendentales para el devenir humano: “En un mundo configurado pecaminosamente  por el dinamismo capital-riqueza es menester suscitar un dinamismo diferente que lo supere salvíficamente. Este dinamismo proviene del mundo de la pobreza. Y esa pobreza es la que realmente ‘civiliza’, da espacio al espíritu, que ya no se verá ahogado por el ansia de tener más que el otro, por el ansia concupiscente de tener toda suerte de superfluidades, cuando a la mayor parte de la humanidad le falta lo necesario. Podrá entonces florecer el espíritu, la inmensa riqueza espiritual y humana de los pobres y los pueblos del Tercer Mundo, hoy ahogada por la miseria y por la imposición de los modelos culturales más desarrollados en algunos aspectos, pero no por eso más plenamente humanos”[18].

  • Otras estructuras económicas: Se dice que para generar familia humana, para contrarrestar el imperialismo sistémico tan devastador hay que crear otro tipo de estructuras económicas. ¿Existen? Evidentemente el poder instalado dice que no, que se acepta sus propuestas económicas o la alternativa es el caos. Pero parece que no es así. Hay otras posibilidades como la espiritualidad del decrecimiento o del bien común[19]. Son modos de vida concretos que aspiran a una economía de rostro humano, como dice J. Melé. La realidad de que hay entidades empresariales que funcionan así evidencia la posibilidad de otro tipo de estructuras económicas.

 

4. Lectura subrayada: LENGUAJE E INCESTO

Mi padre era esperantista, de modo que pasé gran parte de mi infancia escuchando la apología de ese idioma mítico que, cuando se impusiera sobre los demás, permitiría a cualquier persona, en cualquier parte del mundo, preguntar dónde se encontraba el cuarto de baño y ser entendido.

—Tú entrarás en un bar de Australia —añadía con un entusiasmo loco—, preguntarás por el servicio en esperanto y te responderán, también en esperanto, que al fondo a la izquierda.

El servicio, en los bares españoles, está al fondo a la derecha, pero mi padre creía que del mismo modo que en el hemisferio sur el agua gira alrededor del sumidero del lavabo en sentido contrario al de las agujas del reloj, el cuarto de baño debería estar allí en el lado opuesto al que ocupaba entre nosotros. Le fascinaban los cambios que se producían en las relaciones especulares, aunque nunca entendió por qué, si en el espejo aparece a la derecha lo que en la imagen real se encuentra a la izquierda, no vemos la cabeza donde deberían aparecer los pies.

Mi padre se murió sin resolver este enigma y sin saber que el esperanto había triunfado, aunque se llamaba inglés. En efecto, el inglés en el que se expresa el 90% de la población mundial que lo habla es un idioma de aeropuerto, que sirve para averiguar dónde está el retrete y poco más. Podríamos decir que se trata de un inglés escatológico, pero es que también el esperanto que yo conocí era un idioma escatológico, no sólo por la utilidad principal que le atribuía mi padre, sino porque, más que anunciar el principio de una nueva cultura, amenazaba con la muerte de todas.

Quien haya leído la Biblia sabrá que el relato de la Torre de Babel apenas ocupa 10 o 15 líneas. Resulta increíble que una fábula de ese tamaño, y con una trama tan sencilla, haya atravesado los siglos llegando al día de hoy tan fresca como cuando se escribió. Sobre esa fábula se han escrito miles de páginas, pues ha sido motivo de inspiración para filósofos y ensayistas, aunque también para pintores y músicos. Cualquier escritor sensato daría un brazo por alumbrar un cuento con esa capacidad para sobrevivir y crecer a lo largo del tiempo. ¿Dónde está su secreto? ¿De dónde procede su vigencia inagotable? ¿Cuál es la carga simbólica que la mantiene viva? Para mí que la juventud perenne de ese relato se debe a que resume de manera admirable un momento inaugural en la historia de los seres humanos, pues cuando Dios confundió las lenguas de los habitantes de Babel, obligándolos a organizarse en grupos lingüísticos que tomaron diferentes direcciones, comenzó, desde mi punto de vista, la cultura.

En otras palabras, la cultura se inaugura al mismo tiempo que la diferencia. Podríamos decir que hasta ese instante la humanidad vivía en una situación indiferenciada, que es la que caracteriza al incesto. Los habitantes de Babel hablaban un idioma único, el esperanto de la época, que los mantenía patológicamente confundidos al modo en que el bebé confunde su cuerpo con el de la madre, pues ignora dónde termina él y comienza ella. Desconoce, en fin, la frontera existente entre sí mismo y la realidad. Para crecer, para ser alguien, para conquistar una subjetividad que otorgue un lugar en el mundo, es preciso separarse de la madre, desgajarse de ella literalmente, como las lenguas románicas se desgajaron en su día del latín para alumbrar el castellano, el francés, el gallego, el catalán, el portugués y todas sus secuelas culturales. De aceptarse esta idea, el relato de la Torre de Babel haría coincidir el nacimiento de la cultura, además de con el reconocimiento del otro, con la consideración del incesto como tabú. Ese tabú es uno de los pilares fundamentales de nuestra cultura. ¿Por qué? Quizá porque el incesto, en tanto en cuanto significa un regreso al origen, a la indiferenciación de los primeros tiempos, simboliza también la muerte. Mi padre, que era un hombre ingenuo, se quedaría espantado si escuchara esta interpretación según la cual su deseo de que se impusiera el esperanto ocultaba el de meterse en la cama con mi abuela.

La vigencia del inglés, en los términos en los que se está produciendo, que va más allá de lo que históricamente se ha entendido por una lengua franca, ¿significa una vuelta atrás? Quizá sí. Claro que el inglés no tiene la culpa, le podía haber tocado a otro idioma, incluso al esperanto, pero de momento le ha tocado al inglés. Tal vez el inglés del futuro sea el chino.

Según algunas estadísticas, el 60% de los idiomas del mundo está en trance de desaparecer. Últimamente todo está en trance de extinción. Cada 20 minutos, por ejemplo, desaparece una especie animal y empeora la calidad del esperma de las que van quedando. Del 40% de los idiomas que no corren ningún peligro, el principal en nuestro ámbito es el inglés, que la mayoría de las personas habla de un modo aproximado, y no para preguntarse precisamente quiénes son, adónde van o de dónde vienen, que es para lo que lo utilizaba Shakespeare, sino para averiguar dónde está el cuarto de baño. Hay gente que se las arregla con un vocabulario de 70 u 80 palabras, lo que para el pensamiento es tan peligroso como para la biología que nos manejáramos con un esperma que no contuviera más de 70 u 80 espermatozoides.

Este panorama remite a los procesos de implosión, de encogimiento, de regreso a los orígenes, a la muerte. ¿Acaso no vivimos en sociedades muy incestuosas en el sentido de que son muy tolerantes con lo que no deberían serlo y muy prohibitivas en asuntos banales? ¿No queda esto perfectamente metaforizado en el regreso a un idioma global que apenas sirve para averiguar la hora?

La naturaleza tiende al policultivo porque gracias a él, cuando se produce una epidemia, sólo muere la especie afectada. En el monocultivo, un invento específicamente humano, cuando hay una epidemia todo el terreno queda baldío. El monocultivo en el mundo vegetal ha sido bueno para la alimentación. Pero el monocultivo, en lo que a las lenguas se refiere, podría ser un desastre. Da lugar a ese fenómeno que llamamos pensamiento único. La globalización, entendida como homogeneización, es la muerte. Los bancos de esperma, cada vez más solicitados, reciben sobre todo peticiones de material genético cuyos donantes tengan los ojos azules, 1,80 de altura y pelo rubio. La globalización, también en lo que a la genética se refiere, se está traduciendo en una forma de estandarización escalofriante. En unos años, si esta demanda se consolida, la humanidad podrá disfrutar no sólo de un pensamiento único, sino de una uniformidad física total. Al contemplar al otro creerás que estás mirándote en el espejo y te enamorarás de él, es decir, de ti, como Narciso, que elevó la endogamia a los extremos de todos conocidos.

Me gusta decir que la lengua es un órgano de la visión porque cuando voy al campo yo solo, y dada mi ignorancia en asuntos relacionados con la naturaleza, apenas veo árboles, pero cuando voy con un amigo experto, además de árboles, veo acacias y chopos y pinos y fresnos y álamos y castañales y robles. La reducción del lenguaje estrecha el campo de la visión y reduce el del pensamiento. Una sociedad que habla mal o que escribe mal no puede pensar bien, aunque tenga los ojos azules y mida 1,80. Digo esto porque, además del triunfo inesperado del esperanto y de la pérdida diaria de alguna lengua, uno tiene la impresión de que del mismo modo que cada vez hay menos clases de escarabajos, cada vez se utilizan menos palabras en los idiomas que sobreviven a esta extinción desoladora. Cada palabra que se cae del vocabulario, como cada lengua que se pierde, equivale a la pérdida de una pieza dental. Con esas piezas dentales que llamamos palabras masticamos la realidad para digerirla y comprenderla. Los tractores que esquilmaron impunemente la Amazonía no sólo acabaron con un ecosistema, sino con multitud de lenguas a través de cuya óptica se comprendía la necesidad de mantener intacta esa reserva. Quizá deberíamos comenzar a mostrar en relación a las palabras y a los idiomas la misma preocupación que mostramos por las especies animales o vegetales. Hace falta la aparición de un activismo en relación a la lengua y a las lenguas, especialmente en un momento en el que la globalización se está mostrando incompatible con el mantenimiento de la identidad lingüística, de las identidades lingüísticas. Si las lenguas sólo sirvieran para averiguar dónde está el baño, nos daría lo mismo. Pero preferiríamos que las generaciones del futuro las utilizaran para algo más.

 

Juan José Millás

BABAELIA, El País, 15.8.15, p.4  

 

II

LA ELEMENTAL APERTURA A LO HUMANO COMO REQUISITO PARA LA SOLIDARIDAD CON LA HUMANIDAD

(Ex 18,13-27)

 

            Luna clave básica para la construcción de estructuras espirituales (la de la familia humana lo es) estriba en la apertura de mente y de vida. La cerrazón, el hermetismo, la construcción de un muro insalvable únicamente puede derivar en posiciones fanáticas. El ideal de la familia humana, y la creacional, queda paralizado. De ahí que en la apertura anide una clave principal.

 

  1. 1.      El texto: Ex 18,13-27

 

13“Al día siguiente, Moisés se sentó para resolver los asuntos del pueblo y hubo gente en torno a él desde la mañana hasta la tarde. 14El suegro de Moisés vio el trabajo que su yerno se imponía por el pueblo y le dijo: «¡Cómo te sacrificas por el pueblo! ¿Por qué estás ahí tú solo y todo este pueblo queda de pie a tu lado desde la mañana hasta la tarde?» 15Moisés contestó a su suegro: «El pueblo viene a mí para consultar a Dios. 16Cuando tienen un pleito vienen a mí, yo juzgo entre unos y otros, y les doy a conocer las decisiones de Dios y sus normas.» 17Entonces su suegro le dijo: «No está bien lo que haces. 18Acabarás por agotarte tú y este pueblo que está contigo; pues la carga es demasiado pesada para ti y no puedes llevarla tú solo. 19Ahora escúchame, te voy a dar un consejo, y Dios estará contigo. Tú serás para el pueblo el representante de Dios, y le llevarás sus problemas. 20Les explicarás las normas y las instrucciones de Dios, les darás a conocer el camino que deben seguir y las obras que tienen que realizar. 21Pero elige entre los hombres del pueblo algunos que sean valiosos y que teman a Dios, hombres íntegros y que no se dejen sobornar, y los pondrás al frente del pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta o de diez. 22Ellos harán de jueces para tu pueblo en forma habitual; te presentarán los asuntos más graves, pero decidirán ellos mismos en los asuntos de menos importancia. Así se aliviará tu carga pues ellos la llevarán contigo. 23Si procedes como te digo, Dios te comunicará sus decisiones y tú podrás hacerles frente, y toda esa gente llegará felizmente a su tierra.» 24Moisés escuchó a su suegro e hizo todo lo que le había dicho. 25Eligió hombres capaces de todo Israel y los puso al frente del pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez. 26Ellos atendían al pueblo en forma habitual para arreglar los problemas de menor importancia, y llevaban a Moisés los asuntos más delicados. 27Luego Moisés despidió a su suegro y lo encaminó hacia su tierra”.

 

1)      El texto se sitúa en la primera etapa en el desierto. El pueblo ha salido de Egipto y no ha llegado a Canaán. Entre las dos fronteras se extiende un tiempo de reflexión, de prueba, de tanteos. El pueblo tiene que hacer un proceso de conquista de la libertad. Para ello utilizará la mediación de sus líderes (Moisés) y éstos tomarán herramientas de las situaciones de la vida. Tiempo intermedio de dilación, para templar el aguante y cultivar la esperanza, para vivir de la promesa después de haber experimentado el primer favor: la liberación.

2)      Moisés se casó con una madianita, Séfora (2,21), lo que indica ya algo de su peculiaridad. En un momento dado, su suegro Jetró, que siempre fue benévolo con él, le visita en el campamento con la mujer y los hijos de ambos. La cogida al madianita es magnífica, gozosa, bendición incluida (18,10-11). La acogida dentro del campamento, a la mesa y a la oración está indicando un modo peculiar de enfocar al paganismo, a los de más allá del cerco. Una paz primitiva que luego se rompió y dio paso a una eterna enemistad entre hebreos y madianitas.

3)      Jetró, viendo la deficiente manera de administrar la justicia en el pueblo que tiene Moisés acaparando todos los casos,  da un consejo insólito a Moisés: “Elige entre los hombres del pueblo algunos que sean valiosos y que teman a Dios, hombres íntegros y que no se dejen sobornar, y los pondrás al frente del pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta o de diez” (18,21). Se trata de otra concepción del poder: distribuido para ser eficaz y para evitar la tiranía. Moisés acepta el consejo en directo. Se ha hecho caso a quien aconseja bien, aunque no pertenezca a la tribu, aunque sea un sacerdote de otro Dios.

4)      Esta lectura es ejemplarizante. Algunos la ubican no en los tiempos del desierto, sino en los del rey Josafat (870-848 a.C.) cuya forma de gobierno se proyecta retrospectivamente a la época del desierto. De este modo, las experiencias del pasado se convierten en paradigma del presente.

5)      Son de notar los criterios para el nombramiento de ayudantes: respetuosos de Dios, sinceros, enemigos del soborno. Piedad, verdad, integridad. No se trata tanto de personas expertas, cuanto de personas buenas. Aunque ellos se ocupan solo de asuntos “sencillos”, son los asuntos de la vida y ahí debe brillar también la justicia.

6)      Esto dará paso al definitivo reparto de responsabilidades que se verá en Núm 11,16. Allí serán 70 ancianos que reciben el mismo espíritu de Moisés y, por lo tanto, se sitúan al mismo nivel de responsabilidad. Aún habrá otro nivel más profundo, soñado, anhelado: “Ojalá todo mi pueblo fuese profeta” (Núm 11,29)[20]. Pero el cimiento está ya puesto.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • Una espiritualidad social: Es aquella que proviene no tanto de los aprendizajes carismáticos (oración, Palabra, sacramentos, liturgia, etc.), sino de los sociales. Efectivamente, aunque parezca que los aprendizajes carismáticos son los únicos, y por lo mismo centrales, en realidad, nuestras conductas dependen, en notable medida, de aprendizajes sociales. Lo que es la familia, la participación ciudadana, las relaciones sociales, la economía, las reglas democráticas, el valor de la política, las normas de educación, etc., no viene de los aprendizajes endogámicos sino de la sociedad. Lo aprendemos por observación social autorregulada, compartida. De ahí que la vida cristiana, de hecho, depende directamente del tiempo y del medio cultural en el que vive. La cuestión es cómo mezclar los valores carismáticos estando en ese tiempo y en ese medio para que salgan potenciados, no suprimidos ni olvidados. Pero intentar hacerlo en contra de los modos de comportamiento sociales que emanan del momento histórico es punto menos que imposible[21].
  • La otra sociedad: A Juan XXIII se le atribuye aquel dicho de que “la sociedad es instrumento del Espíritu”. Algo de eso hay en las palabras del Papa Francisco: “Cada vez que nos encontramos con un ser humano en el amor, quedamos capacitados para descubrir algo nuevo de Dios. Cada vez que se nos abren los ojos pare reconocer al otro, se nos ilumina más la fe para reconocer a Dios”[22]. La percepción global del hecho social que muchos creyentes tienen suele ser tan negativa que ni siquiera se la considera como lugar de evangelización. ¿Cómo se va a evangelizar a quien no se ama? El Papa Francisco y otros muchos creyentes piensan que, yendo al escenario social con buena voluntad y en modos fraternos, se puede hacer obra de evangelización si se actualizan los métodos y las propuestas. No se logra dar el paso definitivo: creer que la sociedad, con toda su debilidad y con sus valores, puede ser instrumento de evangelización y, por ende, mediación de inspiración espiritual para los grupos de creyentes. Ella sería una formidable instancia de aprendizaje social que si no se cambia de perspectiva no solamente pasaría desapercibida, sino que generaría una inspiración negativa, si es que puede hablarse así.
  • Contra la superioridad moral: Es aquel autoengaño que cree, sin más, que una ideología, un pensamiento, una religión, están por encima de la media humana y, por lo tanto, tienen una cierta superioridad que exige ser respetada, escuchada, atendida y obedecida. Esta actitud es un bloqueo de fondo de la espiritualidad de la humanidad compartida en base a la mera igualdad, a la dignidad inalienable de toda persona. Si no se supera esto, no sólo la fraternidad con la familia humana es imposible, sino que se puede derivar en acciones realmente execrables[23].
  • Responsabilidad espiritual compartida: No existe un solo grupo humano que ha de llevar a la plenitud espiritual a la historia. Es una responsabilidad compartida. Todos los grupos tendrán alguna parte en ese gran cometido de construir el alma de la historia. Y si toso los grupos tienen parte en ese cometido, todos deben ser valorados y tenidos en cuenta. La interreligiosidad, temida por el sistema, ha de ser aceptada como una realidad evidente[24].

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • Cuando el sistema aconseja: No todo es rechazable. Los consejos de la OMS, por ejemplo, generalmente son equilibrados[25]. Merecen ser escuchados. Por hay entidades del sistema, como el FMI, el BCE o el Banco de España, por poner tres ejemplos cuyos “consejos” (amenazas) son totalmente cuestionables para quien aspire a la fraternidad humana. Son consejos para el funcionamiento de los grandes capitales, a costa, evidentemente de los empobrecidos del mundo. El daño que hacen estos organismos a la familia humana es incalculable[26].
  • Fanatismos encubiertos: Nuestra sociedad se echa las manos a la cabeza cuando en la ciudad iraní de Mosul un grupo de militantes de Al Qaeda destruye a mazazos unas estatuas de la cultura milenaria de los asirios guardadas en el museo. Pero cuando en España la cultura está gravada con el 21% de IVA parece la cosa normal[27]. Es otra destrucción, otro fanatismo que destruye un cauce de humanidad necesario para crear dignidad y familia humana: la cultura. Apoyar a grupos que mantienen esta posición ante la cultura es apoyar a fanáticos que destruyen el hecho humano.
  • La “decencia” como requisito para gobernantes: Porque ese podría ser el requisito elemental como el de aquellos que eligió Moisés. La decencia que es la honradez[28]. E. Lledó dice que es la condición imprescindible para la vida pública[29]. Esto es lo que sería exigible a todo gobernante. Y la ciudadanía no debería resignarse a ser gobernada por un gobernante que no es bueno[30]. De ahí que todo lo que se haga para forzar a la decencia va por buen camino.
  • Creer en las culturas: Como capaces de generar familia humana. Eso significa cuestionar aquellos elementos tribales que aún componen el entramado cultural de muchos pueblos y regiones de la tierra. Demanda también el anhelo de potenciar esos elementos humanizadores que, sin duda, también hacen parte del entramado de los pueblos. La aspiración a una especie de cultura universal con lo mejor de cada cultura no es una utopía inalcanzable, del mismo modo que no lo es el de una justicia universal, elemento básico para llegar a niveles dignos de convivencia humana. Son los cimientos de esa familiaridad de la que hablamos.

 

  1. Lectura subrayada

 

Elogio de la decencia

HA TENIDO que venir un filósofo para hablarnos de decencia en la campaña electoral. Y para hacerlo con la naturalidad de quien no imposta ni dramatiza ni se deshace en fingidos golpes de pecho, sino que se limita a expresar lo que, una vez pronunciado, resulta desconcertantemente obvio. Emilio Lledó, sevillano de nacimiento y flamante Premio Princesa de Asturias de Humanidades, nos ha regalado esta semana algunas pinceladas de Epicuro, que entiende la existencia como un sinónimo de la esperanza, «como una aventura que nos aleja del miedo a la muerte si se ha vivido con decencia». Y nos ha cedido también de forma generosa unas dosis de Aristóteles, a quien cita para recordarnos que la política es «una tarea para hombres decentes». Qué mejor programa electoral que ése, digo yo.

Con su elogio de la decencia, Lledó propone nada menos que una revolución silenciosa que necesitaría de ejércitos bien pertrechados de paciencia para resistir la tentación de las influencias y el clientelismo, del voto fácil y del bolsillo avaricioso.

Porque la corrupción ha demostrado ser un fenómeno que se mueve en las capas intermedias de la política y, allí donde se instala, sobrevive incluso a los cambios de gobierno. Se crea pero difícilmente se destruye; si acaso se transforma. Por eso resulta tan necesario el discurso de quien describe la regeneración como un regreso a lo elemental, a unos valores que son transversales y no entienden de partidos.

Puestos a militar en la esperanza, como nos propone el filósofo galardonado, resulta un consuelo asistir a una campaña electoral rescatada de los excesos y sometida a las restricciones del recorte presupuestario y las nuevas exigencias del marketing, que ahora es comedido y minimalista.

Los partidos no sólo tienen menos dinero para los grandes fuegos de artificio, sino que han entendido que la ostentación, si antes era una demostración de músculo y poderío, hoy se recibe como un insulto al contribuyente, que es el votante. Al político, sospechoso siempre de privilegios, ya no se le fía. Más bien se le espera a la vuelta de la esquina con ánimo revanchista. La confianza se presta a muy corto plazo y el voto es altamente caprichoso y volátil.

La decencia, aunque no requiere de grandes inversiones, es sin embargo la eterna promesa incumplida. La gran asignatura pendiente

Teresa López Pavón

El Mundo 24/05/2015 

 

 

III

HORIZONTES LIMITADOS/HORIZONTES ILIMITADOS

(Ez 36,24-28)

 

            Una de las tareas más hermosas de la profecía bíblica es abrir horizontes[31]. Pero la profecía lleva también la marca de sus autores. Y éstos, por muy profetas que sean, tienen también la marca de lo tribal, lo que limita mucho los horizontes de su profecía. Es el caso de la profecía de Ezequiel. La reflexión de hoy puede abrir esa profecía a lo ilimitado de la familia humana dándole así una dimensión nueva, impensada, a la profecía antigua.

 

  1. 1.      El texto: Ez 36,24-28

 

24Os recogeré de entre las naciones,
os reuniré de todos los países,
y os llevaré a vuestra tierra.

25Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará:
de todas vuestras inmundicias e idolatrías
os he de purificar;
26y os daré un corazón nuevo,
y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.

27Os infundiré mi espíritu,
y haré que caminéis según mis preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

28Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo,
y yo seré vuestro Dios.

 

1)      Cuando el antiguo Israel estuvo a punto de desaparecer del mapa por el exilio a Babilonia, dos personajes, Isaías II y Ezequiel mantuvieron viva la idea de pueblo y, con ella, la esperanza[32]. Ezequiel fue un clérigo desterrado llamado a la profecía. Por eso, su esperanza tiene el aval de su propia situación. El tema de la esperanza es el que domina en la segunda actividad del profeta (caps.33-39): nuevo orden de cosas, nuevos pastores, nuevo corazón, nueva nación, nueva prosperidad. El profeta inventa registros inusuales, metáforas nuevas, ideas que apuntan a horizontes que no existen para mantener viva la conciencia de pueblo y, con ello, la pervivencia de la fe yahvista.

2)      Pero, lógicamente, Ezequiel es uno que se debe al pueblo judío. Es verdad que, a veces, maldice y reniega de él. Pero es, evidentemente, porque, como buen clérigo, quisiera un pueblo cumplidor de la alianza, religioso y fiel al yahvismo. Pero su gran amor es el pueblo judío y a él va orientada su hermosa profecía. Es un horizonte limitado por las mismas circunstancias históricas. En ese caso, no nos serviría a nosotros, gentes de otra religión y de otra época. Pero la profecía, como ser vivo que es (como todas las utopías), puede ser trasplantada a otro marco y cobrar ahí un sentido nuevo. Un marco más universalista es el que podría servirnos para aplicarla al hecho de la familia humano saltando la estrecha valla del judaísmo en su primera acepción. Desde ahí la leemos.

3)      Ezequiel habla de reagrupación en el país (v.24ss). En una nación a punto de desaparecer por la despoblación, él dice que Dios reagrupará de nuevo al pueblo en la tierra[33]. Una lectura de horizonte ilimitados será la contraria en este tiempo que, además, tiene como problema demográfico el contrario, la superpoblación: la mezcla de países, el tránsito itinerante como derecho y como práctica cotidiana, la mezcla de situaciones económicas, etc., son signos de que se camina hacia la “tierra” de verdad, la que albergará a toda la familia humana.

4)      Ezequiel emplea una metáfora increíble en épocas en que hablar de trasplante de corazones era insoñable: Dios hará un trasplante de corazón al pueblo para que, al fin, sea un corazón fiel a la alianza, porque el corazón natural de Israel (de piedra) ha sido, es y será siempre infiel (v.26). Una lectura de horizontes ilimitados es la que cree en la bondad básica del corazón de toda persona, más allá de sus indudables limitaciones. Ese es un “dogma” para mantener la utopía de la familia universal.

5)      Más aún, Ezequiel sueña una nueva infusión del espíritu, de la ruaj,  una nueva creación (v.27). La primera creación ha fallado; es preciso hacer con Israel una nueva. Si suprimirlo, desde lo que hay (ese es el matiz), pero habrá que hacer algo nuevo, por imposible que parezca: hacer una nueva creación con lo viejo. Ese es el gran sueño del profeta. Pero si se amplía esto a horizontes ilimitados, habrá que reconocer que no es necesaria una nueva creación con “lo viejo”: esto viejo sigue siendo lugar del espíritu de Dios, de su fidelidad y empuje. Ningún extravío hace perder la fuerza creacional que se va abriendo paso a través de las diversas circunstancias históricas. No se trata de desechar lo viejo por malo, sino descubrir el tortuoso camino del avanzar hacia lo bueno. Y en esa tarea, toda la familia humana está implicada. El pensamiento cristiano de hoy sostiene el caminar hacia un punto omega de plenitud[34].

6)      El tribalismo de Ezequiel surge espontáneo en el v.28: “vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios”. La ampliación a una profecía de horizontes ilimitados se aleja del autoengaño de la elección y valora la evidente realidad de que todo el colectivo humano y creacional está “llamado” a “ser de Dios”, a la plenitud histórica y existencial[35]. Ser de Dios no supone siquiera la adscripción a una religión. Basta con pertenecer al hecho creacional. Esto es lo que “da derecho” a ser de Dios, ya que, al crear, Dios mismo otorga tal derecho.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • Una teología que suscite esperanza:  A veces los teólogos de oficio se quejan de que su pensamiento tiene poca incidencia mientras que cualquier “aficionado” publica un libro sobre religión y se vende a tope. Hay que preguntarse por qué ocurre tal fenómeno. Quizá porque la teología no hace sino reproducir el paradigma oficial, ya sabido en sus intenciones más básicas; porque emplea un lenguaje que no es evocador sino repetitivo; porque no explora caminos nuevos de pensamiento; porque se mantiene en el marco propio de lo religioso sin salir a lo social. Así, es difícil que una tal teología suscite esperanza, abra horizontes, ilumine situaciones, sugiera caminos. Y si esto no ocurre, la persona que está necesitada de todo eso, le da la espalda a ese modelo de teología. En este sentido, la teología se hermana con la profecía: si no suscita esperanza es una profecía muerta, una teología muerta.
  • Contra la profecía reduccionista: A eso tienden las religiones: profetizan solamente a su favor, no a favor de los demás. La profecía evangélica tiene que serlo a favor de los débiles. Una profecía que incluye compromiso y caminos andados. No vale escribir sobre la caridad o las pobrezas; es preciso que la profecía sea visible, tocable, significable, proyectable[36]. Este tipo de profecía inclusiva es la que escucha el grito de los pobres y a partir de ahí trata de dar una respuesta en consonancia con esa demanda[37]. Una profecía que no grita, que no se posiciona, que no duele y hace doler, no es profecía de esperanza.
  • Una dogmática con arraigo antropológico: Así es la de la profecía, porque sin ese arraigo, la profecía es una ensoñación. La construcción ideológica que es la dogmática, si carece de tal arraigo resulta una superestructura, algo que no toca la realidad. Mientras que si se hiciera una teología con tal arraigo brotaría un tipo de verdad sobre Dios, una dogmática, capaz de conectar con la verdad antropológico de la persona. Las religiones son muy remisas a cambiar no solamente el fondo, sino hasta la forma de las formulaciones dogmáticas. Pero su empecinamiento le aleja cada vez más al creyente de ella. Si la profecía tiene fuerza es, sin duda, porque mantiene tal arraigo.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • Instancias sociales de esperanza: Son aquellas que tocan directamente al tema de las relaciones humanas: el mundo amplio de las adopciones de niños, las mezclas raciales que se sellan con planes de vida de convivencia, la movilidad creciente y la flexibilización del concepto de frontera, el creciente aprendizaje de lenguas como llave de paso a las culturas, etc. Son instancias sociales de hoy que cada vez ensanchan más su horizonte y, más allá de sus evidentes limitaciones, hablan de días de más esperanza para el caminar humano.
  • Contra la vigencia de los reduccionismos sociales:  Aquellos que provienen de los prejuicios, de los estereotipos, de los velos que nos ponemos ante el otro, sin comprender que el sentido de la vida humana es “vivir con para el otro”[38]. Estos reduccionismos empequeñecen la profecía humana y su horizonte, ridiculizan la utopía de pensarse y vivirse como familia humana y llevan al egoísmo excluyente que mina el hecho humano. Es preciso luchar con ellos con denuedo. Son todavía la raíz de muchas heridas y mutilaciones que nos hacemos los humanos[39]. Desterrar tales reduccionismos, no darles cancha, es la mejor manera de apuntalar la utopía de la familia humana.
  • Estructuras políticas de bondad: Existen, aunque su caminar sea tortuoso. Todo lo relativo a la justicia universal[40], la no prescripción de los delitos de genocidio y de lesa humanidad, el reconocimiento de los derechos de las víctimas, etc. Por mucho que los gobiernos se plieguen a las presiones económicas o políticas y pospongan o dejen temporalmente de lado tal doctrina, el camino recorrido es irreversible y la evidencia ciudadana de que tales estructuras son buenas para las personas y para la familia humana resulta indudable.
  • Familiares humanos que no cuentan: Son muchos, porque el sentimiento de pertenencia a lo humano se extiende entre quienes contamos, más o menos, en el devenir de la historia. Pero son legión los que, hoy por hoy, están excluidos de ese devenir[41]. A ellos hay que decirles también que hacen parte de la familia humana. Y el mejor modo de decírselo es hacerles partícipes de los derechos humanos más elementales. La evidencia de que no cuenten no les desposee de sus derechos. Quizá ni ellos lo sepan, pero dárselo a conocer puede ser el comienzo.

 

  1. 4.      Lectura subrayada

 

El FMI advierte de que la desigualdad social frena el crecimiento

 

AMANDA MARS Madrid 15 JUN 2015 - 21:41 CEST

 

Cuanto más concentrada está la riqueza en pocas manos, menor es el crecimiento de un país. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha presentado este lunes un informe en el que advierte de que el aumento de la brecha social en un país supone un freno para el crecimiento económico, en línea con lo planteado por la OCDEel pasado mes de mayo. La desigualdad merma expectativas y desincentiva la formación y la productividad.

El Fondo calcula que si el 20% de la población más favorecida aumenta un punto porcentual la cuota de ingresos que acumulan, el aumento del PIB de un país es un 0,08% más bajo en los cinco años siguientes. En cambio, cuando el 20% más bajo de un país gana un punto del pastel de los ingresos de un país, el crecimiento es un 0,38% mayor.

Esta relación entre distribución de la riqueza y dinamismo económico persiste si, en lugar de mirar ese 20%, se lleva a segundos y terceros quintiles de la escala social, lo que sería ya la clase media. La defensa de la clase media como valor en sí y como motor de un país se ha puesto sobre la mesa tras la gran tormenta financiera global. El presidente de EE UU, Barack Obama, lo ha considerado “el reto que caracteriza nuestro tiempo”.

Pobreza y desigualdad no son lo mismo, aunque haya sido la Gran Recesión la que ha elevado las diferencias a niveles récord en los países ricos. Por eso hay quien no ve en la desigualdad un problema en sí mismo. Por ejemplo, Martin Feldstein, de la Universidad de Harvard, siempre advierte de que las políticas públicas debe centrarse en reducir la pobreza, no tanto la brecha social.

El experto plantea un ejercicio de imaginación: si un pájaro mágico entrega a cada persona 1.000 dólares, ello no reduciría ninguna desigualdad, pero no deja de ser una mejora para todos que no recae a expensas de nadie. Es más, señala que esos 1.000 dólares significan más para el pobre que para el rico, con lo que su situación avanza más en términos relativos.

Las organizaciones internacionales muestran cada vez más preocupación por las desigualdades. Lo que FMI y OCDE plantean es que la desigualdad excesiva no solo supone un riesgo para la convivencia sino que es también un problema macroeconómico. Afecta a la productividad de un país y, por tanto, a su progreso: “Por ejemplo, puede llevar a invertir menos en educación, ya que los niños pobres tienen menos capacidad de ir a la universidad”, así que acumulan menos capital físico y humano. Además, “cuanta más disparidad de ingresos, menos movilidad social hay entre generaciones y menores incentivos para la formación”.

 

 

 

IV

LA PERTENENCIA A LO HUMANO

COMO BASE DE LA COMPASIÓN

(Sab 12,2-21)

 

 

            Mucho de la espiritualidad de la familia humana depende del cambio de mirada a lo humano. Este cambio no podrá darse sin compasión. El AT no es, precisamente, un libro generalmente compasivo. Pero, a veces, asoman a sus páginas hermosos atisbos de comprensión de lo humano desde un lado distinto. Sus intuiciones pueden ser útiles para esa espiritualidad de la familia humana que cuesta tanto construir.

 

  1. 1.      El texto: Sab 12,2-21

 

2Por eso corriges poco a poco a los que caen,

les recuerdas su pecado y los reprendes,

para que se conviertan y crean en ti, Señor.

3A los antiguos pobladores de tu santa tierra

4los aborreciste por sus prácticas detestables,

ritos execrables y actos de magia,

5crueles sacrificios de criaturas

y banquetes canibalescos de vísceras y sangre humana;

a estos cofrades iniciados,

6progenitores asesinos de vidas indefensas,

decidiste eliminarlos por medio de nuestros padres,

7para que tu tierra predilecta

acogiera a la digna colonia de los hijos de Dios.

8Pero aun a ésos, como hombres que eran,

los perdonaste y les enviaste,

como avanzada de tu ejército, avispas,

para exterminarlos paulatinamente.

9Bien que podías haber entregado a los impíos

en manos de los justos, en batalla campal,

o haberlos aniquilado de una vez

por medio de fieras terribles, o con una palabra inexorable;

10pero, castigándolos paulatinamente, les diste ocasión de arrepentirse,

a sabiendas de que eran de mala cepa,

 de malicia congénita, .

y que su manera de ser no cambiaría nunca.

11Eran raza maldita desde su origen;

si les indultaste los delitos no fue porque tuvieras miedo a nadie.

12Porque ¿quién puede decirte: «qué has hecho»?

¿Quién protestará contra tu fallo?

¿Quién te denunciará por el exterminio de las naciones que tú has creado?

¿Quién se te presentará como vengador de delincuentes?

13Además, fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todos,

ante quien tengas que justificar tu sentencia;

14no hay rey ni soberano que pueda desafiarte por haberlos castigado.

15Eres justo, gobiernas el universo con justicia

y estimas incompatible con tu poder

condenar a quien no merece castigo.

16Porque tu fuerza es el principio de la justicia

y el ser dueño de todos te hace perdonarlos a todos.

17Ante el que no cree en la perfección de tu poder despliegas tu fuerza,

y a los que la reconocen los dejas convictos de su atrevimiento;

18pero tú, dueño de tu fuerza, juzgas con moderación

y nos gobiernas con mucha indulgencia;

hacer uso de tu poder está a tu alcance cuando quieres.

19Actuando así, enseñaste a tu pueblo

que el hombre justo debe ser humano,

e infundiste a tus hijos la esperanza,

pues dejas arrepentirse a los que pecan.

20Pues si a los enemigos de tus hijos, reos de muerte,

los castigaste con tanto miramiento. e indulgencia,

dándoles tiempo y ocasión de arrepentirse de sus culpas,

21 ¿con cuánto esmero no has juzgado a tus hijos,

a cuyos padres prometiste favores con juramentos y alianzas?”.

 

1)      El AT tiene libros terriblemente judíos (como el de Josué) y libros más “modernos”, más abiertos al paganismo, más comprensivos con el hecho humano. Uno de ellos es el libro de la Sabiduría. Puede decirse que es una especie de tratado de “teología política” cuyo gran tema es la justicia. Apunta a los gobernantes, pero va dirigido también a todos[42]. Explota una veta de Dios de absoluta modernidad. Para el autor Dios es “amigo de la vida” (11,26)[43]. Desde esa posición “amigable” de Dios es desde donde demanda la justicia.

2)      Dentro de este tema de la justicia, los caps. 11-12 presentan una serie de juicios históricos sobre realidades del antiguo Israel[44]. Quiere a través de ellos establecer las bases de la justicia. Y, yendo al fondo, planta la idea de que la compasión, la misericordia es justamente el cimiento de la justicia. Esta misericordia se derrama, incomprensiblemente, hasta los mayores enemigos de Israel, los cananeos[45]. Ellos habrían merecido el aniquilamiento, pero han sido objeto de misericordia. El argumento de Sab 12,1 es: Dios corrige “poco a poco…recuerda el pecado…para que se conviertan”. La compasión se basa en la irrenunciable fe en la bondad de la persona y su capacidad de cambio.

3)      Para describir la maldad que no merecería misericordia, porque la justicia y la misericordia se topan con la maldad, el autor recurre a los tópicos más literarios: ritos execrables, actos de magia, sacrificios de criaturas, canibalismo…Pero Dios les ha perdonado pero les ha castigado “paulatinamente” (12,8.10) para dar ocasión al arrepentimiento. Y esto, con una fe inexplicable en las posibilidades de la persona, aun a sabiendas de que “no cambiarían nunca” (12,10).

4)      Y no es que Dios tenga miedo (12,11) o tenga que justificarse ante nadie (12,12-13). No, Dios es justo y tiene una visión misericordiosa de la justicia: “el ser dueño de todos te hace perdonarlos a todos” (12,16), incluso a esos malditos cananeos. La misericordia de Dios sabe englobar en ella la justicia y el perdón.

5)      Dios es un moderado y un indulgente para dar “tiempo y ocasión” al cambio (12,18). Y aquí viene el gran principio: “Así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano” (12,19). Dios ha obrado como un “humano” que se ha dejado llevar por el corazón, más que por los hechos (aunque estos han de pasar por el cedazo del arrepentimiento). De ahí se deduce que la comprensión de la misericordia pasa por la vivencia de lo humano. Solamente quien sabe de humanidad puede saber de misericordia.

6)      El argumento termina con una obviedad: si Dios ha tratado con misericordia “humana” hasta a los impíos cananeos, es que trata a todos con esa misericordia suya (12,20-21). La realidad histórica está envuelta en un misterio de misericordia que engloba a la justicia y al perdón. Éstos han de funcionar en todas sus dimensiones. Pero, cuando acaba su itinerario, aún persiste la realidad de la misericordia.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • La humanización de Dios: Podría decirse que el tema de la humanización de Dios es el gran tema de la teología y, por ello, de la espiritualidad. La humanización de Dios es tema pendiente para las religiones e incluso para la cultura[46]. Y ello no solamente porque sigue en pie el viejo paradigma religioso[47], sino también porque la tendencia a “deshumanizar” a Dios es connatural tanto a la religión como a la cultura. Separar y establecer la barrera entre lo sagrado y lo profano parece ser un requisito imprescindible para la comprensión y vivencia de la experiencia de transcendencia. Sin embargo, el afán encarnacional del Evangelio se vierte en el anhelo de establecer que, sin confundirse, ya no hay barreras entre lo humano y lo divino[48], se han roto los diques de la tradición[49], de la norma[50], del culto[51]. Esto supone entrar en un nuevo paradigma sobre Dios, entenderlo como Padre[52], sin cosificarlo[53], Dios de afanes incluyentes[54], identificado con la suerte de lo humano[55], cuestionado cuando se le entiende como Dios violento o ruin[56], etc. Supone, así mismo, una percepción distinta sobre Jesús entendiéndolo como anonadamiento de Dios[57], encarnación suya[58], locura del amor de Dios[59], no religioso en sentido estricto[60], revelador del amor del Padre[61], presencia interpelante de Dios[62]. Y se demanda también una nueva visión del camino histórico, hecho de benignidad y fraternidad. Más al fondo, hay que pensar si es posible verse libre de la atávica tendencia a la sacralidad que acompaña el devenir humano y la cuestionable utilización que se ha hecho de ella a lo largo de la historia, sobre todo por razones de poder. Desde esta clase de parámetros se puede comenzar a pensar en el tema de la humanización de Dios del que dependerá la humanización de la espiritualidad. Para muchas personas este es un asunto que les resulta intolerable, aunque no sepan cómo hacer coincidir al Dios omnipotente con el pobre galileo de Nazaret con el riesgo de que la realidad de Jesús salga deformada[63]. “En Jesús describimos que la humanización de Dios trasciende lo humano porque supera y elimina cualquier signo o forma de deshumanización…por eso se puede afirmar que Dios es tan entrañablemente humano porque es tan radicalmente divino…El Dios que presentó y representó Jesús es un Dios que se hace presente, ante todo y sobre todo, en la humanidad, en lo humano de los seres humanos…Lo que Jesús dejó claro es que a Dios lo encontramos primordialmente y ante todo, no por el camino de la ‘perfección’, ni por el de la ‘santificación’, ni tampoco por el de la ‘espiritualización’ sino, sobre todo, por el camino de la ‘humanización’[64].
  • Creo en la misericordia: Creer en la misericordia es creer que la misericordia que anida en el subsuelo de lo humano y nunca desaparece, aunque la maldad aflore; que la misericordia que se hermana con la fragilidad y que es casa de amparo para quien llora en la noche; que Jesús impactaba por su misericordia. Para él nada hay más acá ni más allá de ella y desde ella se define a Dios y a la persona; creer en el Dios misericordioso que Jesús nos mostró con su vida, alejándome de otras imágenes de Dios y abriéndome al hermoso abrazo se su amor; es creer en la misericordia y no en el juicio, creo en el amor y no en el temor, creo en la felicidad y no en el pecado; que Dios es Madre de entrañas buenas, que se acuerda del bien de sus hijos y que disfruta con sus logros y éxitos; es creer en una comunidad sostenida por la misericordia, anclada en ella, buena de corazón y de vida simple; que la vida comunitaria puede ser vivida como un oasis de misericordia en el que se puede ser uno mismo ante el otro y donde las fragilidades se convierten en impulsos de vida; que la misericordia hace al seguidor de Jesús creíble en la vida. Creo que la misericordia puede ser motor de humanidad y fuente del verdadero amor; es creer en el testimonio de la misericordia, testimonio de corazón entregado de pasión por la vida y por aquello que ni los ojos ven ni los oídos oyen; es creer en la misericordia como bálsamo de heridas, como sosiego de inquietudes, como alegría inarrebatable; es creer en la fuerza política de la misericordia, en su capacidad para regenerar la vida social, en su fuerza para sanear situaciones que se dan por desahuciadas[65].
  • Actualidad de las “Semina Verbi”: Uno de los logros más sonados del Vat.II fue, en medio de un ambiente conservador, elaborar las bases de una idea nueva de misión. Recuperando planteamientos ya existentes, como el de las Semina Verbi de Justino[66], se dio un paso de gigante en la adecuación de la espiritualidad misionera a un tiempo de globalización. De ahí vino todo el esfuerzo de inculturación, de diálogo con las religiones, de oferta que no se impone sino que se ofrece, de colaboración con las iglesias locales, etc. Los peligros sempiternos de la misión, la creencia en la bondad única del mensaje cristiano y de ahí su imposición universal, quedaban en parte frenados y reorientados. Y, además, quizá sin pretenderlo, colaboraba a la espiritualidad de la familia humana, ya que el reconocimiento de esas “semillas” en toda cultura es una declaración de humanidad global, por encima de diferencias religiosas o culturales.
  • La erradicación de la maldad básica: Es cierto que en el fondo de lo humano anida una fiera[67]. Pero de ahí a deducir que el ser humano, como tal, es malo hay un abismo. Mantener viva esta certeza en doctrinas como la del pecado original es un freno real a la espiritualidad de la familia humana[68]. Por eso, habrá que alejarse de ellas para que el sentimiento de culpa que acompaña el camino humano no se vea alimentado sino cuestionado. No se trata de defender una bondad rousoniana, sino de creer en las posibilidades del bien que encierra el caminar humano aun contando con las limitaciones[69].
  • El amor como englobante de la justicia y del perdón: Porque esa puede ser la manera de entender el conflicto que plantea la injusticia y el mal. No se quiere decir que ambos no sean relevantes o haya que dejarlos en suspense. Están ahí. Pero pueden ser vividos y entendidos por Dios con la misericordia como mecanismo englobante. Algo de eso puede ser trasladado al comportamiento humano. En ese caso, la misericordia se constituye como el aglutinante de la espiritualidad de la familia humana.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • Los valores de la fraternidad social: En la fraternidad social anida el sueño compartido de una sociedad distinta, la de la igualdad real: Algo que va más lejos de las igualdades jurídicas, ontológicas, políticas u otras que tardan en ser, de verdad, una igualdad real. Un mundo de iguales, más allá de diversidades constitutivas, es una enorme utopía. Pero si uno no se sitúa en la sociedad desde la certeza cultivada de la más elemental igualdad, si obra en él la desestabilizadora mentalidad jerarquizante que establece preeminencias y puestos de honor, pensar en una experiencia gratificante de fraternidad social no es posible. “La igualdad no es un esfuerzo ni una renuncia, sino la conciencia de que la propia existencia está tejida en y por las circunstancias de los demás. Cuando las personas están desprovistas de ego, la estimulación y el instinto de autosuperación no se ejercen a costa de la exclusión y menos aún de la humillación”[70]. Situarse como igual en la vivencia social es lo que puede contener la banalización de la desigualdad, la sensación de que ser desiguales es normal. Porque la banalización de la desigualdad es “la globalización de la indiferencia”[71] y, más al límite, a la banalización del mal[72]. El temor atávico a la desintegración social por vía de la igualdad solamente podrá ser atajado por el gozo compartido de la igualdad como cimiento saludable para el entramado de relaciones humanas que constituyen la experiencia de familia humana.
  • Los derechos esenciales: Que no pueden ser negados a nadie. Son aquellos derechos constitutivos anteriores a cualquier legislación o reconocimiento. Como decía J. Maritain, “se trata de establecer la existencia de derechos(…). inherentes al ser humano, anteriores y superiores a las legislaciones escritas y a los acuerdos entre los gobiernos, derechos que no le incumbe a la comunidad civil otorgar, sino el reconocer y sancionar como universalmente valederos, y que ninguna consideración de utilidad social podría, ni siquiera momentáneamente, abolir o autorizar su infracción”[73]. Son los derechos que vienen unidos al hecho de ser persona o, más ampliamente, de ser parte de la historia puesto que los otros seres, de algún modo, también los tienen. El que a estas alturas la sociedad necesite “luchar” por tales derechos habla de la dificultad histórica que acompaña el devenir humano y del problema con el que habrá que lidiar si se quiere llegar al sueño de una fraternidad humana básica.
  • El necesario perdón social: Una convivencia difícil que demanda un delicado trabajo de construcción de la convivencia es aquella que se da, en un ámbito más cercano, cuando en el mismo país, en el mismo pueblo a veces, tienen que convivir víctimas y victimarios que han cumplido ya su condena penal. Los viejos fantasmas, los odios anquilosados y sosegados por la cárcel, los temores a la reincidencia, las heridas nunca cerradas del todo vuelven a surgir con una potencia inusitada. Los trabajos por una convivencia que se sitúe en terrenos de relación posible se hace imprescindible. Tanto organizaciones públicas como personas privadas (Fernando Buesa, Universidad de Deusto) están empeñadas en trabajar el minado camino de la convivencia entre víctimas y victimarios. Una condición para la memoria y la convivencia es que los victimarios hagan un reconocimiento del daño causado, que quede claro el reconocimiento social del sufrimiento de las víctimas. Y otra condición es que las víctimas, por encima de su hondo sufrimiento, se sitúen en un terreno de una cierta confluencia, lo más alejada posible del odio, la revancha y la venganza. Las instituciones públicas no habrían de subirse a ninguna de las olas en boga para ganar votos. Por el contrario, tendrían que arbitrar caminos posibles de encuentro en situaciones sociales tan difíciles. Y el conjunto de la sociedad habría de trabajar en este difícil camino más por una justicia restaurativa que por otra distributiva. “En medio del debate entre los partidos políticos, las asociaciones de víctimas y los grupos de solidaridad con los presos sobre las distintas opciones, estrategias y medidas a seguir en la política penitenciaria, la de la justicia restaurativa aparece como una posibilidad muy interesante de generar un «escenario nuevo», por contener dicha categoría unas referencias (focalización en la víctima y sus derechos, apuesta por la reinserción social del agresor, responsabilización de los protagonistas, integrando entre ellos a la propia sociedad…) que debilitan, si no disuelven definitivamente, los nudos gordianos en los que se encuentra la recuperación social de víctimas y victimarios”[74].
  • Los esfuerzos por integrar al distinto: la difícil convivencia tiene unámbito de trabajo continuo en el esfuerzo por hacer ver que la mesa de la ciudadanía ha de acoger a toda persona que vive, trabaja, ama, sufre y muere en una ciudad, en un lugar. Los prejuicios que juegan a la hora de integrar al distinto tienen que ceder por la simple percepción de que el distinto es humano y que sus necesidades especiales pertenecen a su modo de ser persona y que, por lo tanto, no pueden ser obviadas. Es preciso huir de la ideologización que domina a las personas y toma excusa del patriotismo o de la religión para frenar la convivencia común. Este tema adquiere particular importancia en el caso de la inmigración. Ahí sí que la página de la integración es algo que se está escribiendo. Sería bueno escuchar la voz de personas sosegadas como A. Maalouf: “Con ese espíritu me gustaría decirles, primero a los “unos”: cuanto más os impregnéis de la cultura del país de acogida, tanto más podréis fecundarla con la vuestra, y después a los “otros”: cuanto más perciba un inmigrado que se respeta su cultura de origen, más se abrirá a la cultura del país receptor”[75]. Pero también afecta a colectivos que, por tendencia social y por su poco peso específico en los procesos de logro del poder, se tiende a excluir (discapacitados, viudas, transeúntes, pensionistas, enfermedades raras, etc.). Esto afecta a temas laborales, formativos, de ocio, de accesibilidad, de salud. Mil millones de habitantes, un 15% de la población mundial, tienen algún tipo de discapacidad. Un quinto del total global estimado, entre 110 millones y 190 millones de personas, sufren impedimentos significativos. Las personas con discapacidades, en promedio como grupo, tienen más probabilidades de experimentar situaciones socioeconómicas adversas que aquellas sin dicha condición, tales como: baja educación, peor estado de salud, menor nivel de empleo y mayor tasa de pobreza. Por un lado la pobreza puede aumentar el riesgo de la discapacidad a través de la malnutrición, el acceso inadecuado a la educación y la salud, condiciones de trabajo inseguras, un ambiente contaminado, y la falta de acceso a agua potable y saneamiento. Por otro, una discapacidad puede incrementar el riesgo de vivir en la pobreza por el desempleo, los salarios más bajos y el aumento del costo de la vida debido a dicha condición. Una tupida red de organizaciones sociales quiere contribuir a la garantía de ciudadanía de toda persona y a la equidad que dimana de la realidad de tener algún tipo de discapacidad. En estos trabajos cercanos estriba el éxito de acercarse más al ideal de la familia humana.

 

  1. Lectura subrayada

 

EL PORTADOR COMPASIVO

"¡Nunca hubiera creído que llevar un niño en los brazos fuera algo tan hermoso!”, anota en un instante de exaltación el protagonista de la novela de Michel Tournier El rey de los alisos. Pensé en esta frase al ver las imágenes de Aylan Kurdi, el niño sirio que murió ahogado en Turquía tras huir con los suyos de su país en guerra. Son muchos los que protestaron por la manipulación que de tales imágenes hicieron los medios de comunicación, argumentando que son incontables los niños que en circunstancias semejantes han muerto antes que Aylan Kurdi sin que apenas reparáramos en ello. Y tienen toda la razón. Sin embargo hay imágenes que tienen el raro poder de enseñarnos a ver lo que antes no queríamos o nos negábamos a aceptar. No me refiero solo a la imagen del pequeño sobre la arena, sino a la del policía que portaba su cuerpecito en los brazos, como si contuviera algo precioso que ni la misma muerte pudiera oscurecer. Es el mito del adulto fórico, al que Michel Tournier dedica su novela. El adulto encargado de portar a los niños, como san Cristóbal, el gigante que ayudaba a los caminantes a cruzar el río, y que representa a todos los adultos que llevando a los niños en sus brazos tratan de protegerles de los peligros de la vida.

Este mismo verano se difundió por la prensa y la televisión una imagen que, como esta del niño y el policía turco, tenía el poder de sintetizar la dolorosa injusticia de este mundo. En un plató de la televisión alemana, Angela Merkel respondía las preguntas de un grupo de jóvenes. Todo transcurría de esa manera previsible y relamida con que suelen hacerlo las cosas en estos programas hasta que una muchacha palestina, sobre la que pendía la amenaza de una pronta deportación, le preguntó a la canciller en perfecto alemán por qué no podía seguir estudiando y vivir como sus otros compañeros de clase. Angela Merkel salió del paso como pudo diciéndole que la comprendía, pero que no todos los inmigrantes podían quedarse en Alemania y que muchos tenían que regresar a sus casas. La canciller siguió contestando a otras preguntas cuando la muchacha rompió a llorar desconsoladamente, llamando la atención con sus lágrimas no solo sobre el drama de los que como ella aspiraban a tener una vida mejor, sino también sobre la inoperancia de nuestros gobernantes a la hora de encontrar soluciones que remedien el sufrimiento de gran parte de la población mundial.

Una creencia judía afirma que en cada época en la tierra aparecen 36 justos. Nadie les conoce, ya que se confunden con los hombres comunes. Pero ellos llevan a cabo su misión en silencio, que no es otra que sostener el mundo con la fuerza de su misericordia. La leyenda judía sigue diciendo que, cuando finalmente mueren, esos justos están tan helados, por haber hecho suya la aflicción de los hombres, que Dios tiene que cobijarlos en sus manos y tenerles allí por espacio de mil años, al objeto de infundirles un poco de calor.<TB>

¿Y si el verdadero héroe fuera el que dispone el desayuno cada mañana para los que ama? En un mundo como el nuestro donde tantos se autoproclaman justos conviene no olvidar que una de las enseñanzas de esta fábula es que ninguno de esos justos discretos que sostienen el mundo sabe que lo es. Jorge Luis Borges escribió al final de su vida un poema basado en esta leyenda. En él va nombrando las acciones humildes de algunos hombres anónimos: el tipógrafo que compone una buena página, el que acaricia a un animal dormido, quien justifica o quiere justificar un mal que le han hecho, el poeta que cuenta con cuidado las sílabas de sus versos, el jardinero que poda y abona sus plantas. Y nos dice que son esas acciones las que sostienen el mundo. Son los nuevos justos, ninguno actúa con apatía o indiferencia. Para ellos el bien es algo tan sencillo como mecer una cuna para que un niño se duerma.

 

Creo que tanto el policía turco que llevaba en sus brazos el cuerpo yerto de Aylan Kurdi, como la muchacha palestina que rompió a llorar inesperadamente ante una de las mujeres más poderosas de la tierra, podrían formar parte de esa nómina de justos que sin saberlo sostienen el mundo. Primo Levi, en uno de sus libros sobre su experiencia en los campos de exterminio de Auschwitz, cuenta cómo una noche los judíos se dan cuentan de que los van a matar. Enseguida se corre en el campamento la noticia, y cunde la desesperación. Sin embargo, las mujeres con niños que atender siguieron ocupándose de ellos como si no pasara nada, y tras lavar sus ropas la tendieron a secar en los alambres de espinos. Este hermoso y doloroso pasaje expresa fielmente esa inocencia activa de la que vengo hablando, y que tiene que ver con la facultad de negar nuestro consentimiento ante todo lo que prolonga o justifica el sufrimiento del mundo. Las madres de las que habla Primo Levi no lavaban la ropa de los niños para acatar la disciplina del campo de concentración, sino porque esa era su forma de cuidarlos. Lo hacían por dignidad, para sentirse vivas, para decirles lo que todas las madres les dicen a sus hijos: que nunca morirán. Su inocencia tenía que ver con ese compromiso capaz de abrir, incluso en el lugar más siniestro y oscuro, un espacio de esperanza.

Hay imágenes que tienen el poder de enseñarnos a ver lo que antes nos negábamos a aceptar. El policía turco que portaba al niño muerto creaba al hacerlo un espacio así. Por eso le llevaba con ese cuidado, como si su gesto contuviera la promesa de una resurrección. Era el portador compasivo, para quien el peso de los niños se confunde con la dulce gravidez del sentido: un peso que se transforma en gracia. Pero ¿qué pasa cuando el niño que se lleva en los brazos está muerto? El cuerpo de Aylan Kurdi en la playa nos recuerda el cuerpo de esos niños que se quedan dormidos en el sofá de sus casas y que sus padres llevan con cuidado en los brazos hasta la cama para que no se despierten. Solo que Aylan Kurdi ya no despertará de ese sueño, ni volverá a sentir en su boca el tibio dulzor de la leche. Tampoco llegará a conocer el misterio del paso del tiempo, ese misterio que un día le habría llevado a pronunciar sus primeras palabras de amor. En¡Qué bello es vivir!, la película de Frank Capra, se nos dice cuán insustituible somos, y cómo hasta la vida más insignificante guarda el germen de la salvación de otras vidas. Pero este niño ¿a quién estaba destinado a salvar, qué muchacha le habría amado, qué anfitrión habría pronunciado su nombre como el del más querido de sus invitados? ¿Qué idea, el sueño de qué país o de qué raza puede justificar su desaparición? El hombre lleva siglos asociando la idea del heroísmo a la del sacrificio, la identidad y la muerte, pero ¿y si el verdadero héroe fuera el que dispone apacible cada mañana para los que ama el pan reciente y el café oloroso del desayuno?

 

GUSTAVO MARTÍN GARZO 

 

 

V

¿FAMILIAS SUPLENTES, FAMILIAS VERDADERAS?

(Mc 3,20-21.31-35)

 

            La fuerte vinculación con la familia biológica hace creer a la persona que esa es la  familia. Pero, en realidad, la vida demuestra de muchas maneras que uno encuentra su familia en otros colectivos más allá del meramente biológico: personas, grupos, regiones, países que no son los suyos se convierten en sus “verdadera” familia, más llena de verdad familiar que su propia familia biológica. Quizá esas familias subrogadas, suplentes, son decisivas. La familia humana puede ser considerada como una de esas familias. Aunque tal vez eso no le haga justicia: es la familia verdadera, aquella que constituye el cimiento de cualquier otra familia. Pero el fenómeno de la subrogación puede acercarnos a la espiritualidad de la familia humana.

 

 

  1. 1.      El texto

 

“Fue a casa, y se reunió de nuevo tal multitud de gente que no podían ni comer. Al enterarse los suyos se pusieron en camino para echarle mano, pues decían que había perdido el juicio…Llegó su madre con sus hermanos y, quedándose fuera, lo mandaron llamar. Una multitud de gente estaba sentada en torno a él. Le dijeron; — Mira, tu madre y tus hermanos te buscan ahí fuera. Él les contestó: — ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y, paseando la mirada por los que estaban sentados en corro en torno a él, añadió: — Miren a mi madre y mis hermanos. Cualquiera que cumpla el designio de Dios, ése es hermano mío y hermana y madre”.

 

1)      “La familia suministró al primitivo movimiento cristiano una de sus imágenes básicas para definir la identidad y cohesión sociales cristianas. En la Antigüedad, la familia extensa tenía mucha importancia. No sólo era la fuente del propio estatus comunitario, sino que funcionaba también como la principal red de relaciones económicas, religiosas, educativas y sociales. La pérdida de conexión familiar significaba la pérdida de esas redes vitales, así como la pérdida de conexión con el país. Pero una familia subrogada, lo que los antropólogos denominan grupo ficticio de parentesco, podía tener las mismas funciones que la familia de origen. La comunidad cristiana, que hace las veces de familia subrogada, es, tanto para Mateo, Marcos y Lucas, el lugar propio de la buena nueva. La familia subrogada trascendía de inmediato las categorías normales de nacimiento, estatus social, educación, riquez y poder, aunque no descartaba fácilmente las categorías de género y raza... La familia subrogada se convierte en un lugar de refugio para quienes ya están desvinculados de sus familias de origen (p. ej. hijos sin posibilidad de heredar que se trasladan a la ciudad). Para la gente con buenos contactos, especialmente entre la élite urbana, dejar a la familia de origen por la familia subrogada cristiana (como exige Jesús en Mateo 12,46-50) era una decisión que constaría muchísimo tomar (ver Mt 8,18-22; 10,34-36.37-39; 19,23-30). Significa romper los vínculos, no sólo con la familia, sino con la entera red social de la que uno podía formar parte”[76].

2)      La “casa” es el lugar donde Jesús desvela su “intimidad mesiánica”, sus anhelos de Mesías. La familia está fuera. Se quiere constituir el Israel mesiánico a partir de lo que hay. La familia no se integra. La expresión “echarle mano” lleva directamente a “creían que había perdido el juicio”. Se empieza de bajo cero. La ruptura con la familia ha sido un hecho en la vida de Jesús. Quizá porque comenzó “tarde” a su extraña actividad de predicación[77]. La ruptura familiar de Jesús es evidente[78].

3)      En el v.31 la familia “se queda fuera”, mientras que los de la familia subrogada están “sentados en torno a él”: un círculo con él en el centro, imagen de la comunidad de seguidores[79]. No se puede desligar del texto una cierta hostilidad del entorno familiar. Esto quizá esté indicando la dificultad del cristianismo primitivo para implantar comunidades de seguidores en el ambiente judío. O tal vez hay rasgos históricos de lo acaecido con Jesús.

4)      Los “sentados en corro” son “madre y hermanos”. No hay padre: el padre era autoridad y el reino de Jesús es libertad sin coacción. La nueva familia tiene que tener ese rasgo como prioritario. Cumplir el designio es trabajar por lo humano dando adhesión al promotor de lo humano que es Jesús[80]. Quien cumple eso es “hermano-hermana-madre”. La diferenciación de género no es insignificante. La primera misión cristiana incorporó a la mujer en pie de una cierta igualdad[81].

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • Otra teología de la familia: Sin, quizá, dejar de lado la clásica espiritualidad cristiana sobre la familia (“santuario doméstico”), tal vez haya que elaborar otra teología de la familia: trampolín de humanidad, camino para la vivencia de la familia humana, lugar donde se aprende la más grande familia de lo humano. Ello conllevaría una espiritualidad que mira hacia fuera más que hacia adentro, hacia el mundo que hacia el pequeño colectivo biológico, hacia la totalidad que hacia lo particular. La teología de Jesús, el reino, tiene esa misma orientación.
  • La familia de la libertad y la igualdad: Así es la de Jesús. Si las familias se asientan sobre el sometimiento y la jerarquización, ese tipo de familia no es el de Jesús. precisamente él huye del “padre” en su familia subrogada: “No llaméis a nadie padre” (Mt 23,9). Eso está indicando qué tipo de relación quiere: no basada en el honor social, sino en relaciones de libertad y de igualdad[82]. Esos mismos valores habrían de ser los que sustenta la gran familia de lo humano. De lo contrario, bajo la opresión y la inequidad, la familiaridad resulta imposible.
  • Eludiendo la sectarización: Toda religión tiene un peligro indudable de sectarización. En eso encuentra el grupo un modo de definir sus perfiles, de saber quién es quién, y una fuerza para mantenerse ante los posibles embates del enemigo[83]. La espiritualidad de la familia humana, por definición, se coloca fuera de ese peligro y, en ese sentido, es muy beneficiosa para el espíritu humano. Cuanto más se consiga crear un mundo sin barreras, sin requisitos previos, sin exigencias de pertenencia, cuanto más se vea la posibilidad de poder vivir sin fraccionar, sin dividir, sin excluir, estaremos mucho más cerca del sueño de la fraternidad.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • La opción por otro pueblo que llega a ser mi pueblo: Desde los tiempos del libro de Rut[84], hasta hoy mismo (Hermanita Genoveva del pueblo Tapirapé)[85]siempre ha habido personas que han hecho de otro pueblo su pueblo, con todas las consecuencias. Constituyen ejemplos reales de la posibilidad de engendrar una nueva pertenencia humana, aquella que considera a cualquier pueblo como propio siempre que se quiera de verdad vivir en él como miembro activo. La realidad de que hay personas que logran hacer vida suya este planteamiento, evidencia su posibilidad. No estamos hablando de una pertenencia subrogada que ya sería interesante, sino de una pertenencia del todo real y con todas sus consecuencias. Esta clase de personas son los adelantados de ese mundo nuevo de una única familia, los antípodas de quienes creen que el futuro está en la exclusión. La acogida en la mesa social a otros pueblos no debilita a ninguno sino que, más allá de problemas administrativos u otros, enriquece a todos porque se pone sobre esa mesa y se suma el valor que toda persona encierra en su propia dignidad. “Cuando hablamos de estas vidas y acciones alternativas nos referimos, pues, a modos de proceder que son una auténtica locura en un mundo en el que la pérdida del buen sentido es lo corriente. Pero se trata de la verdadera sensatez. Los testigos alternativos nos hacen salir de lo ilusorio y nos revelan la verdad de las cosas, el sentido profundo de la vida, la dirección recta hacia la utopía que nos ha de iluminar y mover. Son pues profetas, porque nos dirigen una palabra viva e inquietante que nos ayuda a salir de la situación engañosa en la que fácilmente quedamos atrapados”[86]. La profecía hecha en pueblos que no son el propio habla claro y alto del misterio de fraternidad universal como realidad posible.
  • Las otras familias en las que la fraternidad es el cimiento del cariño: Porque hay muchas pequeñas residencias de menores con problemas en las que la fraternidad humana en todas sus variantes se convierte en el cimiento del cariño. No son familias al uso; quizá ni los mismos adolescentes las sienten como tal. Perono serían nada sin esa base de fraternidad que anida en el corazón de las personas. Sin ella, no brotaría el amor; ni siquiera surgiría el trabajo callado de acompañamiento que va más allá que la justificación de un sueldo. Merecen ser considerados estos grupos como familias de verdad, aunque no tengan la estructura de la biológica. E incluso más que aquellas, porque su horizonte se amplía cada día para poder acoger a otros más sin desfallecer. Gente de fraternidad; maestros y maestros reales de la misma.
  • El diálogo con el ateísmo doméstico: Porque para muchos creyentes, este es el verdadero “pueblo cananeo” de la actualidad. El ateísmo doméstico: Es el que está en nuestras casas, en nuestras familias, en nuestras amistades. Es propio de lo que se denomina la “tercera oleada” de secularización que sufre España. “Se trata de una nueva forma de secularización, definida como exculturación, proceso por el cual la cultura va perdiendo sus raíces católicas”[87]. Se observa que, en no pocos casos, esta exculturación no conlleva la pérdida de valores humanos, familiares y sociales. A la vez que se “pierde” la religión, permanecen los valores relacionales y se mantienen los sueños utópicos. Es decir, el ateísmo circundante, doméstico, no lleva a un empobrecimiento. Todo lo contrario, da la impresión de vivir un proceso de liberación que redunda en una mayor humanización. La visión religiosa, muy extendida, de que la pérdida de valores religiosos conlleva una perdida en la humanización no se da. La solidaridad humana en todas sus variantes brota, pujante, en marcos no religiosos. De este ateísmo se deduce un comportamiento humanizador de indudable calidad. Dejarse enseñar por esto puede ser algo muy positivo para la espiritualidad y los carismas.

 

  1. Lectura subrayada

 

La lección de los pobres

Hay un país en África cuya población está en condiciones de dar una lección de humanidad a Occidente. No es demagogia, es pura estadística. Ese país sin salida al mar es uno de los más pobres del mundo, en ese país la esperanza de vida es de 51 años, en ese país solo la mitad de la población tiene acceso al agua potable y más de tres millones de personas están en situación de inseguridad alimentaria. Y, pese a todo, ese país de 13 millones de habitantes, lastrado por la corrupción, el terrorismo de Boko Haram y la caída del precio del petróleo, comparte de forma silenciosa sus escasos recursos con más de 645.000 desplazados que huyen o han huido de la guerra en las naciones vecinas. Ese país es Chad, tiene el mismo presidente, Idriss Déby, desde 1990 y, como noveno Estado del mundo con más migrantes dentro de sus fronteras, ha asistido como el hermano pobre al regateo de 120.000 asilados protagonizado por la próspera Europa en nombre de sus 500 millones de ciudadanos.

"Somos conscientes de la situación en otras partes del mundo, pero estamos muy necesitados de ayuda. Chad no puede contener solo esta situación", dice Mahamat Ali Hassane, gobernador del Moyen-Chari, una de las regiones que más refugiados y repatriados acoge porel conflicto de la República Centroafricana y que EL PAÍS ha visitado invitado por Oxfam Intermón y ECHO, la oficina de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea.

 

Tras una sucesión de guerras, invasiones y dictaduras, la que fue colonia francesa hasta 1960 —hoy en el puesto 184º de 187 del índice de desarrollo humano de Naciones Unidas— ha vivido en los últimos años la frágil estabilidad propia de un Estado fallido, seriamente amenazada además por el polvorín bélico que le circunda desde hace décadas y la crisis migratoria que lleva aparejada. No hay uno solo de los puntos cardinales de sus fronteras ajeno al fenómeno, porque no hay una sola de sus fronteras libre de conflicto.

En el norte, la pesadilla libia y la batalla por los recursos y el tráfico de armas; en el sur, los sanguinarios combates entre las milicias cristianas anti-Balaka y las musulmanas Séléka en la República Centroafricana, en las que se vieron implicados soldados chadianos, supuestamente encargados de contribuir a estabilizar la guerra y acusados en 2014 de atizarla al ponerse de parte de los rebeldes musulmanes; en el oeste, el terrorismo de Boko Haram que ha traspasado Nigeria para adentrarse en Camerún y el lago Chad, y en el este, sin tocar la línea fronteriza y pasado lo peor del conflicto racial entre árabes y negros en Sudán, Sudán del Sur, que trata de salir de la guerra civil.

 

Cuando uno se apaga y amaina el goteo de refugiados, como ocurre ahora con el de la República Centroafricana, se enciende el otro: la violencia de la secta islamista que ha atentado con saña en Chad, ha causado miles de desplazados y una inseguridad que ha llevado al cierre de fronteras y "que está afectando a la estabilidad política, social y económica del país y con ello a la vida de la población", resalta Mamadou Cire Diallo, director de Oxfam Intermón en Chad.

Déby, más preocupado de consolidar su poder que de sacar a los chadianos de la miseria, gobierna la nación con mano de hierro y no es precisamente un modelo a seguir en la defensa de las libertades y los derechos humanos. Se le acusa de haberlo corrompido todo, desde la justicia hasta la sanidad, y de haber hecho de la represión una práctica cada vez más común. Pero paradójicamente, este jefe de Estado, que afronta nuevas elecciones en 2016, ha dado a lo largo de los últimos años más de una muestra de solidaridad con los desplazados por la guerra, sea por convicción o por mera impotencia.

Bajo su mandato, el Ejecutivo de Yamena —que este año ha recibido 234 millones de euros de los 502 previstos para ayuda humanitaria— ha cedido tierras para dar cobijo a los refugiados en distintos puntos de su territorio y se ha hecho cargo de los nacionales de los países vecinos de origen chadiano sin límite de generación, mientras Europa cuestiona aMerkel por su excesiva hospitalidad y discute la construcción de asentamientos fuera de sus fronteras para atajar la crisis migratoria por la guerra en Siria. La población de Chad, además, le ha secundado, soportando con llamativa generosidad en algunas zonas la llegada de más bocas sedientas y necesitadas de alimentos. No es un decir. En Sido, al sur del país y a un kilómetro de la frontera con la República Centroafricana, más de 4.000 familias han dado cobijo a más de 18.000 desplazados del otro lado de la frontera, y en la región de Mandoul, 12.500 han sido también acogidos por la comunidad local.

—¡Cómo vamos a dejar tirados a los refugiados si hemos visto lo que es la guerra!

El marabú Faki Ahmat Yaya, de 60 años, líder religioso de Sido, estaba hace 12 años de visita en ese país cuando estalló uno de los múltiples episodios de violencia de las últimas décadas. Vio matar a tres de sus hermanos y a siete sobrinos. Vio el éxodo de la gente que huía del horror. Hoy, casado con tres mujeres con las que tiene 22 hijos, tiene abiertas las puertas de su casa para los desplazados: ha llegado a tener acogidos al mismo tiempo a 120 exiliados de la República Centroafricana por la guerra que estalló en 2013 tras el golpe de Estado y la toma de poder del grupo Séléka. "Cuando empezaron a llegar no había infraestructuras suficientes para recibirlos", explica. "Pensé que no eran condiciones dignas de vida, que no me gustaría estar en su situación y decidí acogerlos".

Construyó tiendas de plástico bajo los árboles de su casa, mató una vaca para darles de comer los primeros días, mandó hacer harina con 500 kilos de maíz y cedió parte de su finca cultivable a algunas de las familias. Eso fue al principio. Cuando ya no pudo más, el Programa Mundial de Alimentos acudió en su auxilio para completar las raciones de comida y Oxfam Intermón le dio material agrícola para cultivar la tierra.

Hoy el marabú se siente exhausto. "Todo lo que tenía se acabó, es muy duro". "Ahora no sé cuántos vivimos aquí", dice con franqueza, "pero somos más de 45". Los cabezas de familia volvieron a la República Centroafricana a buscarse la vida y confiaron a Yaya a sus mujeres e hijos, que le observan hablar con devoción. "Cuando has visto la muerte, escapas de ella y te acogen así, solo puedes sentir felicidad y gratitud infinita", dice la portavoz de las acogidas sobre una colorida alfombra.

El marabú dice que jamás, ni en los momentos más difíciles, ha pensado en decirles que se marchen. Quizá sea pura humanidad, quizá su generosidad esté movida por la religión. "En el islam recibir a gente en casa es un honor", explica Loum Diguera, el empresario local que ejerce de traductor en este viaje.

Esta esplendidez entre los pobres resulta especialmente sorprendente cuando se cotejan las cifras que dan idea de la presión que la presencia de refugiados ejerce sobre la población local. Según Oxfam Intermón, en la zona sur del país ha disminuido en un 50% la cobertura de necesidades básicas de las casas receptoras de desplazados, faltan productos en mercados locales cerca de la frontera con la República Centroafricana, se ha disparado un 70% el precio de los alimentos básicos y la tasa de acceso al agua en los pueblos receptores ha caído del 58% al 36% desde el inicio de la crisis.

La pregunta se hace imprescindible. ¿Ha habido conflictos entre los desplazados y las poblaciones locales? La respuesta a ese interrogante, formulado a una decena de interlocutores, es siempre la misma. "No". Mahamat Saleh, prefecto de Maro, cuartel general en la zona de varias organizaciones humanitarias, lo explica así: "No ha habido un problema de cohabitación porque tienen el mismo origen e incluso hablan la misma lengua, el sango", dice sentado a la sombra de un mango.

La otra posible explicación a esta insólita convivencia pacífica en esta nación de mayoría musulmana (53% frente al 35% de cristianos) en la que conviven más de 200 etnias y se habla fundamentalmente árabe y francés está en la ayuda humanitaria. Los chadianos, al menos en el sur, comparten con la población local los beneficios de los proyectos impulsados por las ONG: distribución de alimentos y semillas, construcción de letrinas y rehabilitación de pozos en una región en la que la dificultad de acceder al agua potable está detrás de un buen número de enfermedades.

"La población se ha beneficiado del dinero y la ayuda de emergencia de las ONG empezando por las instalaciones sanitarias", admite el prefecto de Maro cuando se le pregunta si la llegada de desplazados ha mejorado o empeorado la calidad de vida en la región. Pero también es verdad que su presencia ha tenido un impacto negativo en el coste de la comida. El precio del pollo, por ejemplo, se ha duplicado". A la incidencia de la presión demográfica en la carestía de los alimentos hay que sumar el cierre de fronteras, que ha tenido consecuencias fatales para el tradicional comercio de ganado.

En temporada de lluvias, el sur de Chad llama la atención por el color rojizo de la tierra y el verde de los campos y los árboles de mango. Sorprende también porque apenas se observan diferencias entre los pueblos y los campos de refugiados, que se han convertido en pequeñas ciudades con habitantes generalmente decididos a quedarse. Los dos colectivos tienen prácticamente las mismas condiciones de vida. Subsisten gracias a los pequeños cultivos, la ganadería y el comercio, vendiendo lo mismo aceite que jabón, tabaco o mazorcas de maíz en determinados tramos de la tortuosa carretera que conduce desde Sarh, donde aterrizan los aviones de Naciones Unidas, hasta la frontera con la República Centroafricana. Tienen también los mismos problemas: nutrición, acceso a la educación, la electricidad, la higiene, la sanidad… En un país en el que el mosquito Anopheles campa a sus anchas, hace dos semanas, el 49% de las consultas en el centro de salud del campo de Maingama, que comparten locales y retornados, fueron por malaria. El maldito palú, como lo llaman allí, no distingue entre locales y desplazados. Tampoco el sarampión o el cólera.

"La gente vive de la ayuda humanitaria, pero cuando se acaben las misiones, ¿qué va a ocurrir?", se lamenta el subprefecto de Sido, Bechir Yacouba. Los perjuicios comienzan a hacerse evidentes ahora que pasado el aluvión de llegadas de 2013 y 2014 los fondos se han reducido en el sur un 70% —según ONG que trabajan en el terreno—, en favor de la zona del lago Chad, donde ahora se concentra la crisis migratoria por la violencia de Boko Haram. La población lo nota en cosas tan básicas como el tamaño de las raciones de comida.

Adjide Moussa, retornada de la República Centroafricana, vive con angustia el racionamiento. Tiene a su cargo a sus cinco hijos y a Saleh Amadou, un chico que hace poco más de un año llegó solo a Sido. Hijo de un camionero y una cocinera, tenía 17 años cuando los anti-Balaka lanzaron una granada dentro de su casa en Bangui, la capital de la República Centroafricana. Era la hora de la cena y todos salvo su padre —su madre y sus cinco hermanos— estaban en la vivienda. "Se produjo un momento de confusión y cada uno trató de salvarse", cuenta ahora. Buscó desesperadamente a su madre, pero no la encontró y se enteró de que estaba a punto de salir el último convoy dispuesto por el Gobierno de Déby para repatriar a los centroafricanos de origen chadiano.

Amadou llegó solo a Chad. Una noche dormía al raso en el campo de retornados junto a la modesta caseta habitada por Adjide Moussa, de 28 años, y sus cinco hijos. "Le vi fuera y me dio lástima. Le dije que viniera a vivir con nosotros", explica. "Él estaba siempre como ausente, triste. Y le dije: ‘Nos ha tocado vivir una nueva vida. Tienes que aguantar lo que estamos pasando. Nosotros somos ahora tu nueva familia. Lo poco que tenemos es también tuyo". "Hoy", aclara, "sigue sin tener noticia de sus padres y hermanos, pero está un poco mejor".

La familia recibe cada mes un cupón por persona por valor de 6.000 francos (no llega a 10 euros) para coger comida del Programa Mundial de Alimentos. Con ellos consigue arroz, aceite, azúcar… "Pero no es suficiente", dice Moussa, que en la República Centroafricana vivía "muy bien" como comerciante en una tienda de ultramarinos. Ahora hace croquetas, buñuelos y tartas y las vende para tener un complemento con el que sobrevivir. Pero no le llega para enviar a los niños a la escuela. "Me piden casi 10.000 francos [15,20 euros] al año por cada uno y yo no tengo ese dinero", dice. La educación de los refugiados de Chad, país en el que solo un 40% de los niños completa el ciclo de primaria, es todo un desafío.

La emergencia ya pasó en esta zona, así que las organizaciones humanitarias tratan de romper la dependencia de los más vulnerables. Oxfam Intermón y ECHO, por ejemplo, que han construido pozos e impulsado programas agrícolas con un presupuesto de 750.000 euros este año, están ayudando a 1.400 familias a vivir de los pequeños cultivos. Han repartido cupones por valor de 30.000 francos (45,70 euros) con los que los beneficiarios pueden comprar en temporada de lluvias cuatro tipos de semillas —sorgo, frijol, cacahuete y maíz— y material para labrar la tierra. Cuando cesen las precipitaciones, 530 familias recibirán también 20.000 francos (30,50 euros) y formación para vivir de las plantaciones de lechuga, melón, tomate y pepino.

La primera campaña empezó en mayo y la distribución de semillas y materiales en junio, así que la cosecha empieza a recogerse ahora. "Yo, antes, en la República Centroafricana, trabajaba en el mercado. Hasta ahora no sabía cultivar la tierra", dice Heoua Bdoulaye, de 30 años, que responde con un "no sé" cuando se le pregunta cuántos hijos tiene —luego dirá que son ocho—. "Por lo menos tendremos qué comer".

El proyecto termina en 2016 porque no hay más fondos, explica Tahp Yussine Fadoul, responsable de Seguridad Alimentaria en Maro. Y para empezar a rozar la autosuficiencia, las familias necesitarían al menos dos años.

"La mayoría de la gente de la zona es válida para trabajar. Tienen que aprender a buscarse la vida. No es un problema generalizado, pero es cierto que una parte de la población que ha estado recibiendo ayuda, comida gratis, se ha acostumbrado y no quiere trabajar", dice Kossia Nicole, responsable de los programas humanitarios de Oxfam Intermón en Chad. "No podemos responsabilizarnos de ellos eternamente. La emergencia terminó".

Su compañera Kamilah Morain, responsable del programa Chad WA, incide también en ello: "Hay una gran dependencia de estas poblaciones de los trabajadores humanitarios. Sería muy deshonesto no reconocer que es una lacra del sistema". Y añade: "Los donantes, Gobiernos y organizaciones debemos tener una reflexión global sobre cómo conseguir la autonomía de las poblaciones y romper con la dependencia sin dejarles tirados".

Acabar con la dependencia de la ayuda. Ahí es nada. Sobre todo, en esta nación azotada por desastres naturales, sequías e inundaciones que ha visto sepultadas en los últimos tiempos sus expectativas de desarrollo. La caída del precio del petróleo, de cuya dependencia excesiva ya alertó el Fondo Monetario Internacional, y el aumento de inversiones militares para combatir a Boko Haram —Chad es el gran gendarme de África contra el yihadismo— han impactado de lleno en el gasto social y en infraestructuras, que ha caído alrededor de un 20%.

El corazón muerto de África, como se conoce a Chad, sigue así siendo el cuarto país más pobre del mundo, solo por detrás de Níger, la República Democrática del Congo y la República Centroafricana, con todo lo que eso significa. Solo un dato: su población vive de media con tres euros al día.

Y no tiene problema en compartirlos.

 

Maribel Marín

 

VI

LA FAMILIA HUMANA EN EL MARCO DE LA LAICIDAD

(Jn 19,25-27)

 

            La vinculación religiosa establece un cierto nivel de conexión familiar entre sus adeptos, una especie de sintonía que a sus miembros les lleva a sentirse familia. Pero el hecho creyente puede tomar lo religioso como impulsor para espacios más amplios, de familia universal. Es decir, las tradiciones religiosas pueden y deberían colaborar a la construcción de la espiritualidad de la familia universal en lugar de llevar al sectarismo. Son un gran potencial y el logro estaría mucho más cerca. Esto podría concretarse en la certeza de que el marco de la laicidad, marco más común, es lugar propicio para la aspiración a la familia humana.

 

  1. 1.      El texto: Jn 19,25-27

 

25"Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. 26Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: -Mujer, ahí tienes a tu hijo. 27Luego, dijo al discípulo: -Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa".

 

1)      A priori, y lógicamente, este texto nada tiene que ver con la laicidad. La interpretación corriente en concordancia con la piedad de que Juan el discípulo que era joven (?) acogió a María, viuda, sola y mayor en su casa (?) no se ajusta a los niveles de significación del cuatro Evangelio. Hay que buscar en otra dirección.

2)      Este texto se escribe después de muchos años de la primitiva misión cristiana. En ella se ha experimentado que el cristianismo ha “respirado” cuando ha salido de los estrechos límites de Palestina, en la misión entre paganos. Son éstos los que han dado aliento a la propuesta de Jesús, los que han creado comunidades muy vivas, más allá de sus defectos (como las de Corinto), los que han comenzado a pensar la experiencia creyente desde dimensiones no meramente judías. En ese caso, el texto que nos ocupa viene a decir que el discipulado que nace en la nueva comunidad (el discípulo predilecto) acoge en su seno (en su casa, “en sus asuntos”, eis ta idia) a la mujer (que significa el resto de Israel que quiere dar pasos en la nueva dirección de Jesús). O sea, son los paganos los que han vivificado y gestionado la fe primitiva, aunque su origen a nivel de personas esté en Israel.

3)      Que sean las mujeres (dos, tres o cuatro) la que estén al pie de la cruz es otro apunte interesante: son las mujeres las que están en ese límite, esa frontera, que posibilita el paso al nuevo estilo de experiencia creyente. Los varones, que constituyen en grupo de honor social, no están presentes, excepto en el discípulo amado. Ya en el año 100 se pide repensar el papel de la mujer. Se vuelve al esquema de siempre. María Magdalena sería la parte más proclive (la antigua “mujer”, la madre, será sustituida por la nueva “mujer”: la Magdalena, Jn 20,13.15). El papel de la madre, la antigua comunidad, termina en la cruz; el de María Magdalena comienza en ella.

4)      Entre la antigua y la nueva comunidad se genera una relación de fraternidad, de igualdad, entre el pueblo antiguo y fiel y la nueva comunidad. Ha cesado el privilegio de Israel y la nueva comunidad no adquiere ese privilegio. La comunidad de Jesús, y la misma comunidad humana, ha de ser un grupo de personas bien relacionadas sin privilegios, asentada en la base de la común dignidad.

5)      Cambia el juego de personajes: el discípulo representa a esa nueva comunidad surgida del corazón y del mensaje de Jesús. Se pide un reconocimiento mutuo. “El antiguo Israel debe reconocer su legítima descendencia (hijo) en la comunidad nueva y universal. La nueva comunidad debe reconocer su origen (madre) en el Israel fiel a Dios. Este se integra en la comunidad universal”. Este paso, que a nosotros nos parece normal, fue gigantesco. Desde ahí se puede pensar en un paso ulterior: la laicidad como marco valioso para la experiencia de humanidad y como lugar donde puede crecer la experiencia religiosa con más propiedad.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • La experiencia espiritual gestionada por gente no religiosa: Es algo a lo que el ámbito religioso (y el teológico) se resiste porque se cree que hay un “derecho”, un monopolio sobre ello. Pero la realidad hace ver que personas no religiosas en sentido habitual proponen modo de gestión espiritual laica que integren las tradiciones religiosas. Marià Corbí habla de es la superación tanto de las religiones como de las grandes ideologías. Ambas no sirven para el acceso a los nuevos valores de las sociedades nuevas. El recurso al legado de sabidurías de las tradiciones religiosas (no de sus modos religiosos) puede ser un modo de acceder a la espiritualidad en el mundo posaxial en el que vivimos. “Hay que volver al gran legado de las tradiciones religiosas de la humanidad, al legado de todas, pero desde donde estamos, desde sociedades laicas, sin creencias ni sacralidades. Ahí tenemos una gran herencia desde la que poder cultivar la calidad de individuos y grupos y la espiritualidad, sin tener que ser hombres religiosos ni creyentes”[88]. Y aquí las tecnologías pueden prestar un enorme servicio para allanar ese camino, para hacerlo más visible a la sociedad de hoy. Lo mismo podríamos decir respecto a la belleza: la reinterpretación de las tradiciones desde la belleza puede conducirnos al umbral de la espiritualidad:  “Hay que aprender a leer las narraciones religiosas no como descripción de hechos y personajes, sino como metáforas, como símbolos que apuntan y aluden a la dimensión absoluta de la realidad. Tenemos que aprender a leerlas y vivirlas como hacemos con los poemas”.
  • Tres maneras de hacer la misión: Puede haber tres maneras de hacer misión. La tercera es la que más se puede aproximar al ideal de que en la laicidad agarre fuerte la espiritualidad de la familia humana.

a)      Hacer misión con los que vienen a nosotros: La mayor parte de las parroquias, grupos y personas evangelizadoras se sitúan, básicamente, en este primer modo. Se trabaja con las personas que vienen a nosotros. Con ellas se hace la obra evangelizadora que mejor se sabe hacer. Pero el hecho secular hace que los que vienen son una franca minoría ya que, aunque en España todavía un 75% (34,7 millones) y el de bautizados, aunque ha descendido, se sigue manteniendo (estamos en el 92%), e incluso haya aumentado la práctica dominical un 23,9% ¿por el “efecto Francisco”?, el hecho que solamente el 13,3% de los creyentes participan en la eucaristía semanal. Basta ver cómo es la asistencia de la mayoría de nuestras sencillas eucaristías parroquiales. Pero ahí es donde los evangelizadores echan el resto e invierten lo mejor de personas y de medios. Lo que ocurre con el 87% de la ciudadanía que llamamos “alejados” queda fuera de los anhelos evangelizadores. No hay cauces para una conexión que pueda apuntar a otro tipo de misión.

b)      Habría otra forma de hacer misión: ir a los areópagos sociales para ofrecer la alternativa del Evangelio. El Papa Francisco quiere situar la evangelización en este otro ámbito. Por eso, en la EG habla sin cansarse de “salir” (nºs 20-24; 261). Él está convencido de que los valores evangélicos son ofertables, que pueden enganchar con la profundidad de la persona y de la sociedad. “Tenemos un tesoro de vida y de amor que es lo que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar. Es una respuesta que cae en lo más hondo del ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nada más puede llegar. Nuestra tristeza infinita solo se cura con un infinito amor” (265). No se menciona nada de cómo salir, con qué herramientas, apuntando a qué objetivos, con qué dialéctica. A veces se habla en maneras generales de “ser pueblo” (como lo veremos a partir del nº 268), pero no hay mecanismos concretos para salir de la “burbuja” de quienes vienen a nosotros. El mero planteamiento es valioso y hasta encomiable. Pero nos tememos (el mismo Papa se lo teme: nº 201) que este buen deseo no sea suficiente para ello. Quizá el apartado 2º del cap.4º (La inclusión social de los pobres) sea el más lúcido para indicar actuaciones concretas en el plano social que es donde se juega la conexión con el mundo, imprescindible para que la oferta pueda ser aceptada. En este sentido, consideramos que es un gran avance y, ciertamente, una propuesta válida para ir cambiando el modelo de evangelización imperante.

c)      Pero hay una tercera manera posible de enfocar la evangelización: ir a la sociedad para aprender de ella. La vieja teoría de los “aprendizajes sociales” de A. Bandura, aún vigente, puede ser de gran utilidad. Gran parte de la conducta humana se elabora por el aprendizaje social que, mediante la observación, por la retención y elaboración de imaginarios, lleva a conductas determinadas. En este sentido la sociedad es maestra decisiva para la persona. ¿Podría ser entendida la sociedad como un lugar de aprendizaje para las opciones creyentes? ¿No está enseñando la sociedad muchas cosas, valores, posiciones, demandas, que conectan con los anhelos del Evangelio? Desde ahí: ¿no podría entenderse la misión como un “ir para aprender”? En la medida en que se ha aprendido, ¿no podrían ser los valores evangélicos una reafirmación y contribución a los mejores sueños sociales? Este es terreno aun casi por explorar pero, a nada que se piense, está ahí.

  • En permanente estado de injusticia: Eso dicen algunas teólogas de la actitud de la Iglesia respecto a las mujeres[89]. Y razón no les falta. No es por ninguna clase de maldad, sino porque la estructura no ha asimilado todavía algunos aprendizajes sociales que son viejos de años, casi de siglos[90]. Una manera elocuente de generar pensamiento de familia humana en el marco de la laicidad sería dar cancha a las mujeres, creyentes o no, en los órganos de gestión de la espiritualidad y de la mismas religiones. Para ello, evidentemente, hay que descabalgarse del tema del poder que es uno de los mayores obstáculos para atisbar espiritualidades nuevas.
  • La renuncia explícita a privilegios: Resulta evidente que, con el tiempo, toda estructura, religiosa o laica, acumula poder y privilegios. Para dejar entrar a la laicidad por la puerta grande al mundo de las espiritualidades será precisa una renuncia explícita a los privilegios acumulados y que ya no tienen ninguna razón de ser. Si esa renuncia no es voluntaria, habría que encajar con la mayor humanidad el hecho de que se nos “arrebaten” tales privilegios. Pero pretender nuevos caminos manteniendo todas las prerrogativas acumuladas resulta complicado.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • El diálogo con el ateísmo espiritual: cada vez crece la certeza de que “hoy, más que nunca, es necesario tender puentes y encontrar lenguajes y plataformas de diálogo entre los creyentes en cualquier religión y los hombres y las mujeres que se consideran ateos. Hoy los creyentes y los ateos manifiestan sus convicciones íntimas, abren su corazón y caminan juntos. Todavía hay prejuicios y malentendidos. Pero hay más puntos de contacto de lo que se creía. Sorprende encontrar a hombres que se manifiestan ateos y materialistas haciendo una apología del espíritu y de la espiritualidad. Tal vez los humanos tengamos mucho que avanzar para delimitar en qué Dios creemos, qué relación tenemos con ese Dios y qué es en definitiva lo que llamamos ‘religión’”[91]. Cada vez se abre más paso una posibilidad dialógica y de ello sacará beneficio seguro el hecho creyente y tal vez también el científico.
  • La laicidad es el marco jurídico y político en el que caben todas las ideas y creencias religiosas: Los cristianos y cristianas están llamados/as a colaborar en la construcción de un Estado laico que haga posible una sociedad justa y solidaria, sin discriminaciones por razones religiosas, culturales o sociales. Los movimientos sociales constituyen la mediación necesaria para que el laicismo y el cristianismo sean motores de transformación social y de propuestas alternativas, y no se queden en una ideología legitimadora del orden establecido, como ha sucedido con frecuencia a lo largo de la historia.
  • Cuando la secularidad enseña espiritualidad: Porque hemos de pensar que muchas personas pertenecientes a la secularidad y adscritas al ateísmo pueden ser consideradas como verdaderas “místicas”[92]. Ellas nos pueden enseñar espiritualidad, no religión, valores de profundidad, actitudes ante la vida que desvelen lo mejor de la persona y de la sociedad. Incluso más, nos pueden acercar al misterio, al que se entra por muchas puertas, no solamente por la de una religión concreta. Atribuir este componente místico a la secularidad quizá sería un buen puente de entendimiento y enriquecimiento con el hecho religioso. Entonces sí que habríamos dado un paso importante de cara a la comprensión y vivencia de la familia humana.

 

  1. 4.      Lectura subrayada

 

SUNDAY ASSEMBLY


La Asamblea del Domingo es una reunión laica que celebra la vida. Nuestro lema: vivir mejor, ayudar a menudo, preguntarse más. Nuestra misión: Una Asamblea de Domingo en cada pueblo, ciudad y pueblo que lo desee. Nuestra visión: Para ayudar a todos a vivir la vida tan plenamente como sea posible.

Estamos aquí para todo el que quiera:

  1. Vivir Mejor. Nuestro objetivo es proporcionar inspiración, invita a la reflexión e ideas prácticas que ayudan a la gente a vivir la vida que quieren llevar y ser las personas que quieren ser
  2. Ayudar a menudo. Las Asambleas son comunidades de construcción y acción, vidas de propósito, nos alientan para ayudar a cualquiera que lo necesite, para apoyar el uno al otro
  3. Más disfrute. Al escuchar las conversaciones, cantando, escuchando lecturas e incluso jugar juegos nos ayuda a conectarnos con los demás y el mundo increíble que vivimos.

 

La Asamblea Domingo

 

  1. Es 100% celebración de la vida. Hemos nacido de la nada y nos vamos a la nada. Vamos a disfrutar juntos.
  2. No tiene doctrina. No tenemos textos establecidos por lo que pueden hacer uso de la sabiduría de todas las fuentes.
  3. No tiene deidad. Nosotros no hacemos nada sobrenatural pero tampoco te diremos que te equivocas si lo haces.
  4. Es radicalmente inclusiva. Todos son bienvenidos, sin importar sus creencias; este es un lugar de amor que está abierto.
  5. Es libre de asistir, sin fines de lucro y de ejecución voluntaria. Solicitamos donaciones para cubrir nuestros costos y apoyar al trabajo comunitario.
  6. Tiene una misión comunitaria. A través de nuestros héroes de acción (¡tú!), Es una fuerza para el bien.
  7. Es independiente. No aceptamos patrocinio o promoción de las empresas, organizaciones o servicios
  8. Está aquí para quedarse. Con su participación, La Asamblea del Domingo hará del mundo un lugar mejor
  9. No le diremos cómo vivir, pero trataremos de ayudarle a hacerlo tan bien como pueda.

10.  Y el punto 1 recordar ... La Asamblea del Domingo es una celebración de la vida sabemos que tenemos.

 

Lo que debe esperar de un evento Asamblea del Domingo

 

Sólo por estar con nosotros, debe estar energizado, vitalizado, restaurado, reparado, renovado y recargado. No importa cuál sea el tema de la Asamblea, La preocupación es consolar, provocar la bondad e inyectar un toque de trascendencia en la vida cotidiana. Pero la vida puede ser dura ... Es. A veces pasan cosas malas a la gente buena, tenemos momentos de debilidad o de la vida no es justa. Queremos que la Asamblea del  Domingo sea una casa de amor y compasión, dónde, no importa cuál sea su situación, será recibido, aceptado y amado. Por encima de todo, divertirse, ser agradable y participar.

 

 

 

VII

MANTENER LA CERTEZA DE QUE EN NUESTRO HOY CONCRETO PUEDE BROTAR, POR LA HONDA HUMANIDAD, LA ESPIRITUALIDAD DE LA FAMILIA HUMANA

(Filp 2,19-3,1a)

 

            Hay muchos que se ven cautivados por la hermosura de las utopías, como esta de la familia humana. Pero, a la vez, creen que eso se dará en un momento y en mundo tan lejano que ellas no podrán participar. Una de las pretensiones de la buena mística es hacer ver que en este hoy, por difícil que sea, puede ir brotando la certeza de que, en alguna medida, las utopías son posibles. Si no se une a la utopía el componente histórico, corre el riesgo de disolución.

 

  1. 1.      El texto: Filp 2,19-3,1a:

 

19Con la ayuda del Señor Jesús, espero mandaros pronto a Timoteo, para animarme yo también recibiendo noticias vuestras; 20porque no tengo ningún otro amigo íntimo que se preocupe lealmente de vuestros asuntos; 21todos sin excepción buscan su interés, no el de Jesucristo. 22De Timoteo, en cambio, conocéis la calidad, pues se puso conmigo al servicio del Evangelio como un hijo con su padre; 23éste es el que espero mandaros en cuanto barrunte lo que va a ser de mí; 24aunque, con la ayuda del Señor, confío en ir pronto personalmente. 25Por otra parte, me considero obligado a mandaros de vuelta a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de armas, al que enviasteis vosotros para atender a mi necesidad. 26Él os echaba mucho de menos y estaba angustiado porque os habíais enterado de su enfermedad. 27De hecho, estuvo para morirse, pero Dios tuvo compasión de él; no sólo de él, también de mí, para que no me cayera encima pena tras pena. 28Os lo mando lo antes posible, para que, viéndolo, volváis a estar alegres, y yo me sienta aliviado. 29Recibidlo, pues, en el Señor con la mayor alegría; estimad a hombres como él, 30que por la causa de Cristo ha estado a punto de morir, exponiendo su vida para prestarme en lugar vuestro el servicio que vosotros no podíais. 1aPor lo demás, hermanos míos, estad alegres en el Señor”.

 

1)      Si damos crédito a Hech 16,11-15, lo de Pablo con la comunidad de Filipos ha sido un idilio. Es el lugar en que primero puso pie en la misión de Grecia. Lo primero siempre queda grabado. Además, era una comunidad pobre, sin lugar para orar[93], comunidad compuesta sobre todo por mujeres, pero mujeres valientes[94]. Algo de Pablo conectó con aquella comunidad. De hecho, Pablo que, según 1 Tes 2,9 trabajó “día y noche para no ser una carga para nadie”, y según 2 Cor 11,9 “no le saca el jugo a nadie”, tuvo que pedir un subsidio a la comunidad de Filipos, estando como estaba en la cárcel y sin amparo. ¿Por qué lo pidió? Porque sabía, como así fue, que esa comunidad nunca le echaría en cara el que les hubiera pedido. Nunca hubiera pensado Pablo que una comunidad pagana le iba a ser tan cercana, tan servicial, tan humana. Pablo aprendió humanidad de sus comunidades paganas.

2)      El desamparo humano de Pablo se ve cubierto por la fidelidad de Timoteo. La expresión “se puso conmigo al servicio del evangelio como un hijo con su padre” está indicando la situación del Pablo adulto, necesitado del amparo de otros. Por dura que haya sido la experiencia de la primitiva misión cristiana, Pablo ha encontrado humanidad y ayuda. La siembra de humanidad que él ha pretendido hacer ofreciendo el mansaje de Jesús ha dado cosecha de humanidad[95].

3)      La comunidad de Filipos le mandó el subsidio con un tal Epafrodito, quien, al parecer, contrajo una grave enfermedad que lo puso al borde de la muerte. Decir de él que era “hermano, colaborador y compañero de armas” está de nuevo indicando la honda conexión de humanidad que Pablo tiene con estas personas. No son solo compañeros de apostolado, sino de vida. La apuesta por estas personas de probada humanidad queda clara en esa frase: “estimad a hombres como él”. Son personas que generan humanidad en su entorno.

4)      La causa de esta estima es haber “expuesto la vida”. Cuando se llega a esto estamos en los niveles más profundos de humanidad. No se trata solamente de ofrecer algo de uno mismo, unas donaciones, sino estar dispuesto a la entrega última. El mayor signo de humanidad.

5)      La recomendación final a seguir en alegría es también interesante. Los avatares difíciles por los que es necesario pasar para ir engendrando la espiritualidad de la familia humana no han de hacer que la alegría básica desaparezca de la persona. Sabiendo respetar los tiempos y encajando con benignidad las adversidades se puede tener la alegría inarrebatable de quien anda por la vida con la certeza de que construir lo humano es la empresa más hermosa, más allá sus evidentes dificultades[96].

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • Cosecha de humanidad: Esa habría de ser la cosecha de quien hace misión de humanidad. Tanto el Evangelio, como la misma vida, asegura que esa cosecha se da cuando se siembra humanidad. Pero si la siembra es otra, quizá la cosecha sea otra. Dice EG 273 que la misión tiene por finalidad “iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar” y también dejarse iluminar, aceptar la bendición de la sociedad de hoy, acoger la vida que viene de la misma vida, dejarse levantar en las inevitables caídas, dejarse curar en las inevitables heridas, experimentar que por el otro humano se me libera. La cosecha de humanidad no depende solamente de lo que se siembra, sino de lo que se recibe.
  • Ofrecer el Evangelio: Que no es lo mismo que ofrecer religión. Aquel puede ofrecerse sin esta o con ella. Si solamente ofrecemos religión, si esa es la prioridad, si se hace en modos que, a veces, pueden estar lejos de los valores del mismo Evangelio, no esperemos gran cosecha de humanidad. Más bien experimentaremos la lejanía cuando no el rechazo. Pero si la prioridad es compartir los valores primordiales del Evangelio, quizá haya un margen para poder ofrecerlos en los márgenes de la experiencia religiosa, y ésta será mejor comprendida y, tal vez, aceptada.
  • Una misión que genera compañeros de vida: Como le ha ocurrido a Jesús; como le ha ocurrido a Pablo. Si la misión se hace en la soledad y no engendra vínculos reales entre las personas, hay que sospechar de ella. Y si, además, olvida o menosprecia el mundo de las relaciones, peor lo ponemos. La construcción de la espiritualidad de la familia humana se basa, como todo lo familiar, en la verdad de las relaciones. Si estas son frías o no existen, la cosa se complica. Pero cuando en el caminar humano va aumentado las vidas que se entrecruzan, las que bajan al corazón, entonces el horizonte de lo humano se acerca[97].
  • La alegría que genera humanidad: Esa resulta imprescindible para la misión y para la espiritualidad de la familia. Porque resulta que esa espiritualidad no se va a lograr sin esfuerzo, sin lágrimas. Es entonces cuando la alegría peligra. Pero quien logra mezclar a tales dificultades la confianza y el gozo de estar bien orientado en lo básico de la vida, quizá pueda vivir una experiencia de alegría capaz de sobrevivir a los peores avatares.

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • Aprender humanidad en el hoy: Porque, como decía Borges, “los futuros tienen una forma de caerse…”[98].  Por ello, hay que situar los trabajos de humanidad en el hoy. Y para ello es necesario hacer auténticos trabajos de búsqueda de las obras de humanidad que se nos ofrecen en el momento. Hay que buscarlas porque la masa del mal, de las noticias negativas, de las frustraciones que conectan con nuestro ser profundo tan cainita, oscurecen y desplazan a los gestos de humanidad. Pero están ahí a nada que analicemos la realidad. Es preciso subrayarlos para aprender humanidad. Son el libro de texto de esta escuela de la familia humana.
  • Leer con benignidad el rechazo a la religión oficial: Porque aunque el fenómeno religioso crece en muchos ámbitos y manifestaciones, también es cierto que el rechazo por la religión oficial se hace palpable[99]. ¿Cómo leer este fenómeno humanamente, sin desplantes, disgustos, rechazos o palabras condenatorias? Habrá que analizar los comportamientos históricos de las religiones y tratar de reparar daños, aunque parezca que es tarde[100]. Será necesario distanciarse de sistemas opresores de tal manera que se evidencie que se está del lado de lo humano. Habrá que ofrecer alternativas de humanidad que hagan ver el modo humanizador de comprender y vivir el hecho religioso que se desea tener.
  • Construir lo humano, tarea existencial: No puede ser una tarea que, primariamente, la hagamos depender de una experiencia religiosa. No se construye lo humano por ser creyente, sino por ser persona. Y la persona entiende que si no trabaja por la construcción de la familia humana, su itinerario existencial se frustra. Las motivaciones religiosas abundan en ello, pero no son la verdadera fuente.

 

  1. 4.      Lectura subrayada

 

Uno de esos muertos

 

Los atroces actos de crueldad del mundo nos salpican a todos, y el heroísmo, aunque sea anónimo, nos redime.

 

Hay un puñado de biólogos que, encabezados por el británico Rupert Sheldrake y vituperados furiosamente por la comunidad científica oficial, sostienen que los individuos pertenecientes a una misma especie están relacionados entre sí de algún modo, que sus mentes se rozan de una manera imprecisa y sutil. Sheldrake le llama a eso resonancia mórfica. En sus propias palabras, la resonancia mórfica implica que “todos los sistemas autoorganizados, como las moléculas, las células, las plantas, los animales y las sociedades animales, poseen una memoria colectiva de la cual se nutre cada individuo y a la cual contribuye”.

Sheldrake, que se educó en Cambridge y Harvard y fue un brillante bioquímico antes de que empezara a idear teorías arriesgadas y se ganara el ardiente odio de sus pares, ofrece diversos argumentos en sus libros para basar su teoría. Lo más alucinante son una serie de experimentos con ratas que se hicieron en Harvard durante varias décadas a partir de los años veinte.

Enseñaron a las ratas a escapar de un laberinto, y las siguientes generaciones aprendieron cada vez más deprisa, lo cual ya es bastante extraordinario. Pero además sucedió que, después de que las ratas de Harvard hubieran aprendido a escaparse por lo menos diez veces más rápido, cuando otras ratas de la misma especie fueron probadas en un laberinto idéntico en Edimburgo (Escocia) y en Melbourne (Australia), los animales, que no tenían ninguna relación con los de Harvard, empezaron a resolver la prueba más o menos a la misma velocidad máxima que habían llegado a alcanzar las ratas en Estados Unidos, y siguieron mejorando el tiempo a partir de ahí.

 

Las verdades poéticas, ya se sabe, quizá sólo sean un deseo. Pero en cualquier caso son un deseo tan profundo que casi se hace carne.

 

No seré yo quien ponga en solfa las críticas de la comunidad científica hacia Sheldrake (aunque lo acerbo y virulento de las mismas resulte sospechoso): no poseo conocimientos para ello, así que supongo que tendrán razón y que a la teoría le faltará rigor. Sin embargo, los argumentos que Sheldrake ofrece abren la cabeza e incitan a pensar. Y además la resonancia mórfica concuerda con una verdad poética que alienta en el corazón de los humanos desde siempre, una intuición de unidad y de corresponsabilidad de la especie. Dios le dijo a Abraham: encuentra a diez justos y salvaré a Sodoma y Gomorra. Abraham no los encontró, y como se trataba del terrible Dios del Antiguo Testamento, aniquiló a todos los habitantes de las dos ciudades, niños inocentes incluidos. Pero lo que me interesa de esta historia es que entre los mitos fundacionales de la Biblia ya está esa idea de la ósmosis, del entrelazamiento inevitable de los individuos: los actos de un puñado de personas salvan o condenan a toda la colectividad. Esto es llevar la teoría de Sheldrake aún mucho más lejos de lo que él sostiene, desde luego. Las verdades poéticas, ya se sabe, quizá sólo sean un deseo. Pero en cualquier caso son un deseo tan profundo que casi se hace carne.

Yo siempre he creído percibir esa unión intraespecie, y por eso me parece que los atroces actos de crueldad del mundo nos salpican a todos, y que el heroísmo, aunque sea anónimo, nos redime. Los esclavos bárbaramente maltratados de la frontera de Malasia, los patéticos barcos de esos mismos esclavos abandonados por los traficantes a la deriva en los mares asiáticos, los 3.419 inmigrantes ahogados en el Mediterráneo en 2014, según ACNUR: todo ese dolor ignorado y constante tiene que dejarnos el karma fatal (el karma: otro mito de continuidad entre los individuos). Me obsesiona esa lenta y pertinaz marea de cadáveres, su inhumano sufrimiento hasta morir.

Hay un estremecedor documental de 2013 del colombiano Juan Manuel Echevarría titulado Réquiem NN (agradezco a @ambre61 que me pusiera tras su pista) que habla de un pequeño pueblo de Colombia llamado Puerto Berrio. Es zona de conflicto y de dolor, y por el cercano río Magdalena bajan cadáveres anónimos que los vecinos recogen y entierran bajo las siglas NN de los sin nombre. Pero lo conmovedor, lo espeluznante, es que muchos de esos vecinos adoptan a las víctimas; escogen a una y le hacen un entierro como es debido, le limpian el pobre nicho, le ponen flores e imágenes, le rezan y a menudo incluso le dan un nombre. Por ejemplo, el de su propio hijo desaparecido. Esto es ilegal y es un problema, porque al borrar su número de registro para rebautizarlo se pierde para siempre el rastro de ese difunto; pero al mismo tiempo es un gesto tan bello, tan consolador, tan dolorosamente fraternal: al adoptar al NN, impiden que la callada matanza pase inadvertida. Nosotros, en fin, también tenemos nuestros ahogados. Nuestros cadáveres olvidados. Uno de esos muertos del Mediterráneo es mío. Por lo menos.

 

ROSA MONTERO 14 jun 2015 El País Semanal p.96

 

 

VIII

CÓDIGOS FAMILIARES FÉRREOS

(Col 3,18-4,6)

 

            Uno de los requisitos necesarios para aproximarse a la espiritualidad de la familia humana es la flexibilidad. Y uno de los campos donde se puede experimentar esa flexibilidad es, justamente, en los códigos familiares que son relaciones cotidianas y directas. La inflexibilidad en estos ámbitos cotidianos puede hacer que la misma espiritualidad de la familia humana, tan hermosa, desaparezca. Porque si no se es capaz de ser flexible en lo local, ¿cómo se va a ser en lo global?

 

1. El texto: Col 3,18-4,6

 

18“Mujeres, sed dóciles a vuestros maridos, como conviene a cristianas. 19Maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis agrios con ellas. 20Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, que da gusto ver eso en los cristianos. 21Padres, no exasperéis vuestros hijos, para que no se depriman. 22Esclavos, obedeced en todo a vuestros amos humanos, no en lo que se ve, para quedar bien, sino de todo corazón por respeto al Señor. 23Cualquier cosa que hagáis, hacedla con toda el alma, como si fuera para el Señor y no para hombres, 24sabiendo que el Señor os recompensará con la herencia. El Señor a quien servís es Cristo; 25mirad que al injusto le pagarán sus injusticias, y no hay favoritismos. 41Amos, procurad a los esclavos lo que es justo y la igualdad, sabiendo que también vosotros tenéis un amo en el cielo. 2Sed constantes en la oración; que ella os mantenga en vela dando gracias a Dios. 3Pedid al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos dé ocasión de predicar y de exponer el secreto del Mesías, por el que estoy en la cárcel; 4pedid que lo publique con el lenguaje que debo. 5Con los de fuera, proceded con tacto, aprovechando las ocasiones; 6vuestra conversación sea siempre agradable, con su pizca de sal, sabiendo cómo tratar con cada uno”.

 

  • Colosenses es un texto deuteropaulino por su distinto estilo (genitivos en cadena, escasez de partículas), por su cristología cósmica tan desarrollada, por la ausencia del Espíritu y por el poco peso de su escatología. Sería un escrito de los años 80. Otros, sin embargo, sostienen su autenticidad basándose en el estilo tan personal de algunos trozos (4,7-18) y la datan en torno a alguna de las tres cautividades paulinas (Éfeso 54-57, Cesarea 58-60, Roma 61-63). Pablo nunca estuvo en Colosas (ciudad-mercado de Frigia). Epafras fue el fundador de la comunidad y de otras comunidades en la zona. Todo el “equipo” paulino, incluido Epafras, está en la cárcel. Éste ha informado a Pablo de lo que ocurre en la pequeña ciudad: ciertos individuos empiezan a tener su influencia en la comunidad creyente. Sostienen una filosofía o sistema de vida que prometía la plenitud a través de ciertas devociones o culto a los ángeles, es decir, a seres supramundanos que regían los destinos del mundo. Todo esto se concretaba en prácticas ascéticas en materia de comidas, mortificaciones de gran severidad con el cuerpo, esoterismo visionario y culto a los ángeles. Santones que impresionaban. Todo ello envuelto en un cierto gnosticismo religioso, proponiendo una sabiduría secreta, que era un sincretismo de ascética, culto ritualista de los elementos del mundo combinado con ritos judíos de la circuncisión y la especulación sobre los ángeles. Es el problema conocido de todo mecanismo religioso: cómo tocar al Intocable asegurando así el camino hacia él. Colosenses, fiel a la experiencia esencial del Evangelio, propondrá un camino de vida ceñido a los valores del Evangelio, o si se quiere, a los de la misma historia, animando a leer esta realidad más allá de los simples límites de lo que se ve pero sin salirse nunca del marco histórico
  • Colosenses tiene que ver con Efesios. De los 155 versículos que componen Ef, 73 tienen paralelismos verbales con Col. Muchos contenidos teológicos y sus derivaciones son similares. Por eso, no ha de extrañar que ambos textos se abran con un punto de partida similar: la gran idea de la reconciliación de todo en Cristo, la anakephalaiôsis de Ef 1,10 y el apokatallassô de Col 1,20. Esta certeza es la que da sentido a la obra de Jesús y a la de la comunidad. Pero en Col se añade un dato más: la reconciliación se hará “después de hacer la paz por su sangre derramada en la cruz” (1,20). Es decir, la reconciliación no se lleva a efecto mediante una gran maniobra espiritual, por caminos de gloria religiosa u otra, sino a través de la obra de un pobre puesto en cruz. Esto marca ya una perspectiva: la pretendida supremacía de Cristo sobre los seres angélicos o demoníacos no obvia su pobreza histórica. Más aún, es en esa pobreza donde habrá que descubrir la plenitud que es capaz de salvar.
  • Pero, como ocurre en Efesios, toda esta hermosa espiritualidad naufraga cuando se encara la cruda realidad; los códigos domésticos permanecen inamovibles: las mujeres han de ser dóciles a los maridos (3,18), los hijos a sus padres (3,20), los esclavos a sus amos (3,22). La misma espiritualidad se emplea para fundamentar estos códigos: las mujeres han de amar a sus maridos “como conviene a cristianas” (3,18b), los hijos a sus padres “que da gusto ver eso en los cristianos”  (3,20), los esclavos a sus amos “por respeto al Señor” (3,22b). No ha sido suficiente la experiencia para dar un giro nuevo a las relaciones sociales. Particularmente las relaciones amos-esclavos quedan más justificadas que nunca, con lo que el interrogante del valor de la espiritualidad de la experiencia esencial queda más cuestionado que nunca.
  • Se llega a espiritualizar todo  el sistema. Todo lo que se haga manteniéndolo es “como si fuera para el Señor”. Es decir, Dios consagra lo establecido. Y se añade el siempre recurrente premio a “a la vida eterna”. Es decir, la hermosa espiritualidad de la reconciliación tendría que haber sido aplicada en primer lugar a los códigos domésticos para elaborar otro tipo de relación que apuntara a la de la familia humana. Pero no ha sido así: se mantiene todo después de haber aspirado a algo muy hermoso. Aquello queda bloqueado, las aspiraciones quedan sin arraigo antropológico, casi inservibles.

 

2. Derivaciones teológicas

 

  • Fidelidad entendida como consagración de lo establecido por el sistema: Porque la apelación a la fidelidad es constante en la espiritualidad cristiana. Incluso se esbozan planteamientos de más amplio calado, como el de la familia humana[101]. Pero se mantiene lo establecido. Más aún “lo establecido”, el Derecho, es la pauta real por la que se rige la comunidad. Esto es inamovible. Hablar entonces de una espiritualidad flexible para que se pueda acoger espiritualidades como la de la familia humana no es fácil. La pregunta se retrotrae a lo elemental: ¿Dónde está realmente la confianza de la comunidad cristiana, en el Derecho o en el Evangelio? Sabemos que las respuestas no son blanco o negro, pero creemos que la pregunta es pertinente.
  • Una teología que se ajuste a los torbellinos sociales: Porque vivimos en un mundo de torbellinos: el viejo y pertinaz del poder; el siempre inquietante de la necesidad de sentido; el de la pérdida de identidad que tantos desajustes sociales genera; el de la crisis del modelo patriarcal que ha hecho saltar por los aires las relaciones domésticas por mucho que la familia siga siendo un valor de referencia para muchos; el torbellino de las migraciones que, de una u otra índole, conmueven los cimientos del planeta. Resulta necesario conjugar estos torbellinos, porque en ellos estamos, con la reflexión teológica. De lo contrario, una teología intemporal deja intacto el sistema en el que vivimos y, lo que es peor, lo consagra.
  • Una espiritualidad que trasforma los códigos sociales: Tanto Ef como Col dejan un sabor agridulce puesto que, después de elaborar una espiritualidad de profundo contenido, no logran trasladarla al ámbito de los códigos sociales cotidianos. Las relaciones humanas, sobre todo, mujer-hombre, padres-hijos, amos-esclavos, quedan intocadas cuando no confirmadas por la espiritualidad. Ahora bien, una espiritualidad que no logra llegar al marco social y que no intenta modificar sus códigos para el logro y acrecentamiento de la más elemental igualdad queda, desde ese mismo instante, marcada por la sospecha. Por eso, autores espirituales como L. Boff, cuando piensa en las virtudes para otro mundo posible, habla de comer y beber juntos, de vivir en paz, de convivencia, respeto y tolerancia, de hospitalidad. Son los valores básicos adonde confluye la espiritualidad como a su lugar natural. “El desafío consiste en encontrar, bajo la inspiración de estas virtudes, las mediaciones históricas y las mejores condiciones sociales y jurídicas para hacer que, dentro de los límites y el alcance de unas situaciones sociales dadas, tales virtudes no sean negadas ni traicionadas, sino concretadas del mejor modo posibles”[102]. Privar a la espiritualidad de este afán es exponerla a simple esterilidad.

 

3. Derivaciones sociales

 

  • Relativización de lo tribal: Porque nuestro alejamiento de “las cavernas” no es tanto como lo que pensamos. Muchos de nuestros comportamientos más básicos dependen todavía de ese humus ancestral. Es el componente tribal. Por eso mismo hay que relativizarlo, aun a sabiendas de que nos compone. La espiritualidad de la familia humana se bloquea cuando se consagra lo tribal, en cualquier de sus formas, culturales, políticas, religiosas, económicas. Una saludable flexibilización abre puertas a una vivencia de lo humano distinto. Es algo de lo que decía hace muchos años A. Maalouf: “Con ese espíritu me gustaría decirles, primero a los “unos”: cuanto más os impregnéis de la cultura del país de acogida, tanto más podréis fecundarla con la vuestra, y después a los “otros”: cuanto más perciba un inmigrado que se respeta su cultura de origen, más se abrirá a la cultura del país receptor”[103]. Es un trabajo arduo, pero necesario.
  • Los códigos domésticos trampolín de humanidad: Porque pueden ser tratados como afianzamiento de lo tribal o como trampolín de solidaridad. Un caso hirviente es el caso del trabajo. Muchos movimientos políticos “tribales” lo enfocan como una pérdida de potencial económico y de identidad. Pero, en realidad, además de la necesidad que tenemos de tal mano de obra, puede ser entendido como un trasvase de humanidad, además de una necesidad[104]. ¿Empeoraría esta espiritualidad la situación social de un país? ¿O generaría cauces de humanidad que se traducirían, incluso, en enriquecimiento económico?
  • Personas con necesidad de protección internacional: El discurso que se ha manejado entre los países de la Unión Europea para proponer estos sistemas de reubicación y reasentamiento de personas con necesidad de protección internacional ha sido el de la “solidaridad” entre los Estados miembros, es decir, “la necesidad de compartir esfuerzos”. Estos programas establecen un sistema de “cuotas” con el que se pretende aliviar la presión migratoria a la que están expuestos los países receptores del mayor número de solicitantes de asilo, como son Italia, Malta y Grecia, al considerar que la crisis de los refugiados afecta a toda Europa y no sólo a algunos países. Sorprende que el punto de mira de la solidaridad está centrado exclusivamente en los intereses de los países europeos y no en el drama real que viven miles de familias en todo el mundo, obligadas a abandonar su país por causa de las guerras o las hambrunas. Ahí es donde pone el acento la espiritualidad de la familia humana.
  • Racionalidad y consenso: La dificultad de las relaciones domésticas es paradigmática. A los problemas de siempre se añaden los de esta época concreta. La manera de darles tratamiento quizá tenga una salida en dos valores: racionalidad y consenso. Porque lo ancestral basado en lo irracional tiene pocos visos de ser admitido por nadie, menos aún por los jóvenes. Y el logro de consensos, aunque sea costoso, será a la larga una manera de vehicular la convivencia. De cualquier manera, mantener rígidos los códigos patriarcales de siempre nos parece algo de poco éxito.

 

4. Lectura subrayada

 

TESIS 12

Todos los seres humanos somos imagen de Dios y debemos ser respetados por ser la persona que cada uno somos. Por tanto, ninguna descripción exterior del ser de cada uno basada en la raza, la etnia, el género o la orientación sexual, ni ningún credo basado en palabras humanas desarrolladas en la religión en la cual uno ha sido educado, puede usarse como fundamento de rechazo ni de discriminación.

Esto parece bastante obvio en la teoría, pero en la historia cristiana ha sido difícil que los creyentes lo vivan realmente. En el animal humano se da la misma búsqueda de supervivencia que marca a todos los seres vivos. Nuestro miedo a las personas que son diferentes nace de esa búsqueda de supervivencia. ¿Cómo es posible que el antisemitismo fuese producto de la religión que se funda en el judío Jesús? ¿Cómo fue que los líderes de la Iglesia justificaron unas guerras, llamadas “cruzadas”, que se proyectaron para matar a unos infieles que resultaron ser los musulmanes que vivían en la tierra que los cristianos llamaban Tierra Santa? ¿Cómo fue posible que los cristianos buscasen mantener su fe, no sólo pura, sino intacta a base de quemar en la hoguera a cualquiera que discrepase de la ortodoxia de su credo? ¿Sobre qué base ética practicaron la esclavitud algunos papas en la historia, contra gente de color? ¿Cómo fue que cristianos de origen europeo que vivían en esa parte de los Estados Unidos conocida como “el Cinturón de la Biblia”, no sólo esclavizaron a otras personas de origen africano, sino que también se resistieron a renunciar a esa malvada institución en la guerra más sangrienta de la historia norteamericana? Cuando a la esclavitud la sustituyó la segregación, ¿cómo fue posible que aquellos que reivindicaban la identidad cristiana se resistiesen al fin de la segregación con manguerazos, perros policía y bombas puestas en iglesias en las que sólo murieron niñas? ¿Cómo fue posible que los líderes cristianos pudiesen definir a la mitad de la humanidad que es mujer como sub-humana, al no permitirles tener propiedades a su nombre hasta el siglo XIX ni asistir a universidades hasta el XX, al prohibirles por ley el ejercicio del voto, incorporarse a profesiones, ser ordenadas, participar en política y competir por la presidencia de los Estados Unidos hasta finales de ese mismo siglo XX o principios del XXI? ¿Cómo fue posible que la Iglesia Cristiana siguiese creyendo que la homosexualidad era una forma de vida que uno elige, motivada por una enfermedad mental o por la depravación moral, y que aún lo hiciese cincuenta años después de que estas concepciones fuesen desechadas y abandonadas por el saber médico y científico? Todas estas cosas son reales, y han dejado en la historia cristiana una mancha que no se borrará fácilmente de nuestra memoria.

El mandato de Jesús de amar al prójimo como uno se ama a sí mismo parece no haber sido escuchado por la Iglesia. La parábola del buen samaritano, que sugiere que uno debe amar al objeto de sus miedos y sus prejuicios más profundos, ha sido ignorada. Cuando la Iglesia cantó himnos como “Vengo, ¡oh Cordero de Dios!, tal como soy, sin ninguna excusa”, la mayoría de las veces no era sino una mentira.

Sin duda, hay muchas cosas en la historia de la Iglesia de las que hay que arrepentirse. El único camino que tenemos ante nosotros es hacer este acto de penitencia abiertamente, con honestidad, y pedir perdón a nuestras víctimas. Los blancos se quejan de la ira de los negros, ira que los mismos blancos han provocado. Los cristianos nos quejamos de la ira de los musulmanes, ira que nosotros hemos alimentado durante siglos, desde las cruzadas en los siglos XI al XIII hasta nuestra búsqueda de la riqueza petrolífera en el XX y en el XXI. Los hombres tienen hoy miedo del acceso de las mujeres al poder, y los heterosexuales temen las demandas de los homosexuales de un matrimonio igualitario. Todas estas cosas son manifestaciones de ignorancia y de prejuicios en la religión. Una Iglesia cristiana cuya moralidad se ve tan comprometida en tantos asuntos de nuestra historia nunca podrá ofrecer liderazgo moral al mundo.

En el servicio bautismal de mi Iglesia, se hace a los candidatos al bautismo, a sus padres y a los padrinos la siguiente pregunta: “¿Buscarás a Cristo en cada persona, amando a tu prójimo como a ti mismo?”. Ellos responden: “Lo haré, con la ayuda de Dios”. Esa debe ser la respuesta de toda la Iglesia cristiana si espera sobrevivir en el futuro.

Las doce tesis han sido presentadas ya ante la Iglesia. El futuro del cristianismo dependerá de cómo ésta responda.

John Shelby SPONG

 

 

IX

LA FAMILIA HUMANA INSERTA EN LA CIUDADANÍA

(1 Pe 2,13-17)

 

            La familia biológica tiene una cierta tendencia a plegarse sobre sí misma y sus circunstancias. Hay quien hace de “mi familia es lo importante” un dogma de su vida relacional. Pero la familia podría ser una herramienta de acercamiento a la espiritualidad de la familia humana siempre que se viva inserta en la ciudadanía, siempre que lo público cuente en sus decisiones, siempre que más allá de su valla se entreva el horizonte de la universalidad.

 

  1. 1.      El Texto: 1 Pe 2,13-17

 

13“Acatad toda institución humana por amor del Señor, 14lo mismo al emperador como a soberano que a los gobernadores como delegados suyos para castigar a los malhechores y premiar a los que hacen el bien. 15Porque así lo quiere Dios: que haciendo el bien le tapéis la boca a la estupidez de los ignorantes; 16y esto como hombres libres; es decir, no usando la libertad como tapadera de la villanía, sino sirviendo a Dios. 17Mostrad consideración a todo el mundo, amad a vuestros hermanos, respetad a Dios, honrad al Emperador”.

 

1)      De autor probablemente pseudonímico y en torno al año 64 (persecución de Nerón), 1 Pe es una carta (algunos dicen que es una homilía bautismal por sus numerosas alusiones al bautismo) escrita para judeocristianos por un cristiano de origen pagano que vive en el extranjero, fuera de Palestina. Carta que, haciendo grupo con las católicas, tiene como trasfondo un problema histórico concreto: alentar a los judeocristianos que, como extranjeros, habitan en entornos paganos donde su fe y su estilo de vida encuentran dificultades para ser vividos. En esa situación de extranjería, la comunidad es el aliento y el amparo de quien se siente sin hogar, la familia de la fe se constituye en familia de amparo.

 

2)      Como queda dicho, la evidencia de pertenecer al ámbito de una comunidad que acoge no lleva, como podría haber sido, a una mentalidad elitista, de secta, segregacionista. Todo lo contrario, sin renunciar a las propias opciones de fe, el creyente amparado por la comunidad se siente parte de la comunidad ciudadana, aunque sea extranjero y disperso. Aun contando con la incomprensión de la comunidad pagana, el creyente no ha de aislarse del hecho ciudadano (como queda dicho en 4,1-). Por eso, ha de rechazar cualquier tipo de violencia: “Aun suponiendo que tuvierais que sufrir por ser honrados, dichosos vosotros” (3,14). Esto ha de llevar a una actitud dialogante, “dispuestos siempre a dar razón de vuestra esperanza a todo el que la pide” (3,15). Es una actitud clara y abierta, nada impositiva ni violenta, nada fanática ni sectaria. Además es una actitud resistente que no se quiebra ante cualquier falsa calumnia con la fe en que “las buenas acciones de que son  testigos les obligarán a rectificar” (2,12).

3)      Por eso mismo, se ha de tener consideración con los gobernantes legítimos: “Acatad toda institución humana por amor del Señor” (2,13). Y esto no solamente por una estrategia comprensible, aquella que lleva al respeto de la autoridad porque se está en desventaja numérica y en situación de sospecha ante las estructuras paganas. Más que todo porque se tiene la conciencia tranquila ante el bien hecho y porque se sabe usar la libertad para la construcción del hecho ciudadano. Para el autor de 1 Pe nada tiene que temer quien se porta como un ciudadano correcto. De ahí su taxativa conclusión: “Mostrad consideración a todo el mundo, amad a vuestros hermanos, respetad a Dios, honrad al emperador (2,16)[105].

4)            ¿Y si llega la persecución, como probablemente llegó? 1 Pe tiene claros los criterios: a) Hay que estar alegre en la persecución sabiendo que el Mesías también fue perseguido (4,13); habrá que saber encajar todas las consecuencias que se derivan de la opción cristiana (4,14); será preciso mantener una ética humanizadora en cualquier circunstancia. Quizá todo esto ocurra, piensa el autor, porque los días finales están próximos[106]. La conclusión a la que llega en este tema de la persecución es clara y ejemplo de resistencia: la persecución no es óbice para la práctica del bien. “Los que padecen…que practiquen el bien” (4,19). Ninguna dificultad habría de interrumpir la actividad cristiana. Pero implícitamente hay también otra línea de pensamiento: más allá de la persecución, el creyente, como buen ciudadano, es persona sujeto de derechos y, por lo tanto, dentro de la ciudadanía conserva todos sus derechos independientemente de sus opciones de fe. La certeza de ser ciudadano con derechos no solamente no está excluida de la carta sino que en el acatamiento de toda institución humana van implícitos.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • La apertura como clave de la teología: Aquella que puede llevar a la espiritualidad de la familia humana. Una teología cerrada ni se percatará de que aquí hay un campo hermoso de espiritualidad, de reflexión y de praxis. Sus ambiciones serán de “más vuelo”. Pero volvemos a lo de siempre: ¿Ha de ser la teología una realidad de tanto vuelo que no toque el duro caminar de los humanos? ¿La reflexión sobre Dios ha de estar necesariamente desligada del “barro” de la historia? ¿No es uno de los primeros problemas de la teología la lectura creyente de la realidad, de la historia?[107]
  • Pretensiones fallidas: Las del hecho religioso oficial que quiere que la sociedad funciones con sus parámetros, sus calendarios, sus ideas, sus costumbres. Cuando esto no ocurre se cuela en los lugares religiosos populares o maldice a la sociedad que no aceptas sus prácticas o postulados. Todos ellos, síntomas de una evidente cerrazón. El camino sería otro: acudir a sus foros con humildad y con la mayor verdad posible[108], usar los medios sociales de difusión cuando se ponen al alcance y hacerlo con la mesura de quien sabe dónde está[109], mover ficha a la hora de elaborar una espiritualidad más social[110], aliarse en causas que los sistemas no amparan constituyéndose en profecía de humanización[111]. Por ahí habría salida y sería una magnífica colaboración a la espiritualidad de la humanización.
  • Fe en el diálogo: Un Diálogo en pie de igualdad y depuestos los autoengaños de quien se cree en un nivel superior. La Iglesia no tiene costumbre de acudir a foros de debate en esa actitud. Todo lo más va a lanzar sus ideas y muchos de estos foros la escuchan con respeto[112]. Pero otra cosa es ir como participante del diálogo, como buscador comprometido con otros buscadores, como caminante que quiere elaborar espiritualidad humanizadora para este momento del caminar humano. Esta apertura sería estupenda para la familia humana. Las tradiciones religiosas tendrían mucho que aportar.

 

3. Derivaciones sociales

 

  • Crear experiencias de amparo: La sociedad habría de crear experiencias de amparo si quiere que brote la experiencia fundamental de familia humana. Quien se siente desamparado socialmente no podrá nunca albergar pensamientos positivos sobre la familia humana. Por eso, las experiencias de amparo habrían de ser prioritarias en la convivencia ciudadana[113]. Las espiritualidades no se generan básicamente en los libros, en las ideas, sino en las experiencias contrastadas de vida, en la experiencias sociales.
  • Actitud resistente-resiliente: Indispensable para generar espiritualidad de familia humana. Porque los motivos para abandonar la tarea son muchísimos y al alcance de la mano. Para engendrar espiritualidades es preciso estar vacunados contra el desaliento. El ciudadano espiritual es persona resistente, que pone “la otra mejilla” sin abandonar el campo[114]. Incluso más: es resiliente, haciendo de las adversidades un trampolín para nuevos avances. Este tipo de actitudes de fondo resultan imprescindibles para que surjan espiritualidades nuevas.
  • Respeto democrático: Lo mínimo que se puede pedir al ciudadano en lugares donde funcionan básicamente los mecanismos de la ciudadanía. Hablar de familia humana sin respeto, es como hablar de familia biológica sin respeto. Resulta imposible. Por eso, todos los regímenes políticos, económicos u otros que se saltan este norma básica del respeto alejan a la humanidad del sueño hermoso de llegar a ser familia. Consagrarlos como sistemas únicos, hacerles el juego, contribuir a su pervivencia es tan criminal como perpetrarlos.

 

4. Lectura subrayada

Amor civil y político

(Laudato Si´)

228. El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión. Jesús nos recordó que tenemos a Dios como nuestro Padre común y que eso nos hace hermanos. El amor fraterno sólo puede ser gratuito, nunca puede ser un pago por lo que otro realice ni un anticipo por lo que esperamos que haga. Por eso es posible amar a los enemigos. Esta misma gratuidad nos lleva a amar y aceptar el viento, el sol o las nubes, aunque no se sometan a nuestro control. Por eso podemos hablar de una fraternidad universal.

229. Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos. Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco. Esa destrucción de todo fundamento de la vida social termina enfrentándonos unos con otros para preservar los propios intereses, provoca el surgimiento de nuevas formas de violencia y crueldad e impide el desarrollo de una verdadera cultura del cuidado del ambiente.

230. El ejemplo de santa Teresa de Lisieux nos invita a la práctica del pequeño camino del amor, a no perder la oportunidad de una palabra amable, de una sonrisa, de cualquier pequeño gesto que siembre paz y amistad. Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo. Mientras tanto, el mundo del consumo exacerbado es al mismo tiempo el mundo del maltrato de la vida en todas sus formas.

231. El amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo, es también civil y político, y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor. El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de la caridad, que no sólo afecta a las relaciones entre los individuos, sino a «las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas»[156]. Por eso, la Iglesia propuso al mundo el ideal de una «civilización del amor»[157]. El amor social es la clave de un auténtico desarrollo: «Para plasmar una sociedad más humana, más digna de la persona, es necesario revalorizar el amor en la vida social –a nivel político, económico, cultural–, haciéndolo la norma constante y suprema de la acción»[158]. En este marco, junto con la importancia de los pequeños gestos cotidianos, el amor social nos mueve a pensar en grandes estrategias que detengan eficazmente la degradación ambiental y alienten una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad. Cuando alguien reconoce el llamado de Dios a intervenir junto con los demás en estas dinámicas sociales, debe recordar que eso es parte de su espiritualidad, que es ejercicio de la caridad y que de ese modo madura y se santifica.

232. No todos están llamados a trabajar de manera directa en la política, pero en el seno de la sociedad germina una innumerable variedad de asociaciones que intervienen a favor del bien común preservando el ambiente natural y urbano. Por ejemplo, se preocupan por un lugar común (un edificio, una fuente, un monumento abandonado, un paisaje, una plaza), para proteger, sanear, mejorar o embellecer algo que es de todos. A su alrededor se desarrollan o se recuperan vínculos y surge un nuevo tejido social local. Así una comunidad se libera de la indiferencia consumista. Esto incluye el cultivo de una identidad común, de una historia que se conserva y se transmite. De esa manera se cuida el mundo y la calidad de vida de los más pobres, con un sentido solidario que es al mismo tiempo conciencia de habitar una casa común que Dios nos ha prestado. Estas acciones comunitarias, cuando expresan un amor que se entrega, pueden convertirse en intensas experiencias espirituales.

 

X

AMORES UNIVERSALES

(Ap 7,1-8)

 

      Por su propia naturaleza el amor tiende a ser particular. Sobre la total particularidad, intimidad, del amor de pareja se urde el concepto de familia[115]. ¿hay posibilidad de elaborar el concepto de “amor universal” con contenido, sin que quede en pura vaciedad? Si fuera posible, le vendría muy bien a la espiritualidad de la familia humana ya que ella se basa en ese tipo de amor.

 

  1. 1.      El texto: Ap 7,1-8

 

         4“Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel: de la tribu de Judá, doce mil marcados, de la tribu de Rubén, doce mil, de la tribu de Gad, doce mil, de la tribu de Aser, doce mil, de la tribu de Neftalí, doce mil, de la tribu de Manasés, doce mil, de la tribu de Simeón, doce mil, de la tribu de Leví, doce mil, de la tribu de Isacar, doce mil, de la tribu de Zabulón, doce mil; de la tribu de José, doce mil; de la tribu de Benjamín, doce mil marcados”. 

 

  1. En el texto de Apocalipsis podemos descubrir como dos niveles: por un lado, la obra del narrador en sí mismo. A este le llamaremos el “vidente”. Pero hay un segundo nivel, oculto, especular, intratextual, al que llamaremos el “teólogo”. El primero, lógicamente, es deudor de la herencia de la literatura apocalíptica judía de la que ha tomado ideas, expresiones y mentalidad. El segundo, como a contrapelo, va poniendo un contrapunto de tipo liberacionista, humanista, evangélico en suma, que “actúa a modo de testimonio de autoridad y garantía con respecto a la verdad ideológica vertida en las enunciaciones por él pronunciadas”[116]. Este contraste percibido en la continuidad del texto es el que posibilita una lectura nueva. No hay que extrañarse de esta clase de saltos especulares. Incluso habrá que contemplar la posibilidad de un tercer nivel, aquel que se da en el interior mismo del lector y que se suma a la novedad del hecho de lectura.
  2. Es precio renunciar o, al menos, poner entre paréntesis la pretensión del vidente de Apocalipsis (de no pocos creyentes) de querer conformar la sociedad, la historia, desde una perspectiva religiosa. Tal pretensión impide cualquier intento de lectura nueva y malinterpreta la encarnación, la increíble realidad de un Espíritu sumiso y servidor de la historia.
  3. La primera serie, la de los siete sellos, acaba en una especie de compleja y paradójica liturgia en el cielo (Ap 7,9-17). Antecede a esta liturgia la pormenorizada descripción de los participantes en tal liturgia: doce mil por cada uno de las tribus de Israel. Ciento cuarenta y cuatro mil en total. Ese número, redondo y pleno (doce por mil por doce) podría simbolizar no solamente el todo de los salvados, sino toda la humanidad. Pero el vidente de Apocalipsis impone su visión reduccionista: omite la mención de la tribu de Dan, conocida por su infidelidad (cf Jue 18; omitida en 1 Cr 4-7); en su lugar se pone la de Manasés, parte de la tribu de José. Está queriendo decir, de nuevo, que la salvación no tiene un componente absolutamente universal, sino que hace relación a la fidelidad: los fieles se salvan, los que no lo son quedan relegados. Es la manera de querer suscitar fidelidad en quien se siente perseguido y, por supuesto, fiel.
  4. Pero luego resulta que en la liturgia celeste participa “una muchedumbre innumerable de toda nación y raza, y pueblo y lengua” (Ap 7,9). “El autor subraya más la incontabilidad y universalidad de esta muchedumbre, que su identificación más específica”[117]. Además, se puede decir que “el mesías de Dios ha reunido a toda la humanidad”[118]. Si es muchedumbre innumerable no se puede aplicar el principio de exclusión a causa de la fidelidad; si es de toda raza, no se puede aplicar tampoco el principio de elección; si es de todo pueblo, tampoco se podría aplicar el principio de pertenencia social o religiosa; y si se trata de una muchedumbre de lenguas diversas habrá que aplicar el principio de multiculturalidad. Es decir, el teólogo corrige, de algún modo, la tendencia restrictiva del vidente, como queriendo decir que la ciudad nueva demanda un tipo de amor de componente universalista porque los amores restrictivos vuelven a generar situaciones de inhumanidad como la misma persecución que sufren los fieles.
  5. Define el teólogo a esta multitud como “los que han salido de la gran persecución” (Ap 7,14). En su mentalidad restrictiva puede referirse a los tiempos de Nerón o al imperio opresor de Domiciano o, simplemente, a acciones puntuales contra las minorías religiosas, una de las cuales el naciente cristianismo. Pero también puede entenderse como aquellos “que han consumado su éxodo y han alcanzado la tierra prometida”[119]. En este caso, esta muchedumbre universal está ante el Cordero por el simple hecho de haber hecho el camino histórico. Eso “da derecho” a participar de la liturgia del Cordero, a participar el herencia prometida. Es la entrega del “Cordero”, el haber blanqueado (?) las vestiduras, la vida, en la sangre del Cordero, en su entrega, lo que avala el camino histórico y, con ello, el “derecho” de participar en la liturgia plena (Ap 7,14). Es decir, la posibilidad de participar en la liturgia salvadora tiene en la entrega de Jesús su motor y en la humanidad, en la historia, su beneficiaria natural.

 

  1. 2.      Derivaciones teológicas

 

  • El amor universal de Jesús:  Ya que la propuesta del reino no está destinada a una religión concreta, sino que apunta al horizonte humano. De ahí que el mismo Jesús, siendo judío, fuera impelido a hacer una oferta en tierra de paganos[120]. Proponer el reino como oferta de amor universal sería un beneficio para la espiritualidad de la familia humana. Proponerlo en un marco religioso, una reducción.
  • El amor a todos puede ser una falacia: Si no supone unos comportamientos, ideológicos y prácticos, de universalidad. No puede sucumbir la reflexión teológica la paradoja de decir que se ama a todos, porque el evangelio lo manda, y hacer de hecho guetos ideológicos[121], morales[122], o sociales. La profecía del amor universal acarrea grandes implicaciones que, de llevarlas a la práctica, daría como resultado un pensamiento teológico y una iglesia en la que aparecería que no vive y trabaja “pro domo sua”, sino para la causa de la universalidad, para la felicidad del conjunto humano y creacional. 
  • Amores universales y evangelización: No son aquellos que quieren que todo el mundo sea cristiano, sino aquellos que anhelan que toda persona, toda cultura, alcance el grado de humanidad suficiente para vivir hoy. Para ello hay que reconocer el valor intrínseco de cada cultura y respetar los tiempos históricos de cada pueblo. Desde ahí se podrá hacer una oferta de aquellos que se considera un valor, la experiencia creyente.
  • La bondad de la acción política: A nivel de documentos, está reconocida por la misma Iglesia católica: "La vida teologal del cristiano tiene una dimensión social y aún política que nace de la Fe en el Dios verdadero, creador y salvador del hombre y de la creación entera. Esta dimensión afecta al ejercicio de las virtudes cristianas o, lo que es lo mismo, al dinamismo entero de la vida cristiana. Desde esta perspectiva adquiere toda su nobleza y dignidad la dimensión social y política de la caridad. Se trata del amor eficaz a las personas, que se actualiza en la prosecución del bien común de la sociedad con lo que entendemos por Caridad Política... Se trata más bien de un compromiso activo y operante, fruto del amor cristiano a los demás hombres, considerados como hermanos, en favor de un mundo más justo y más fraterno con especial atención a las necesidades de los más pobres"[123]. No es necesario abundar en esta clase de textos[124]. Más allá de todo deterioro, de toda corrupción, de toda malversación del caudal público, la Iglesia siempre ha defendido en su doctrina la necesidad, la bondad y la exigencia de la acción política[125]. Habrá que recordar esto cuando la política concreta produzca arcadas en la sensibilidad del

 

  1. 3.      Derivaciones sociales

 

  • La política como forma de amar: Considerar la política como una forma de amar provoca en el hombre de hoy, irremediablemente, una sonrisa de incredulidad. Visto que los políticos y sus formaciones parecen ser tiburones que se devoran unos a otros, apreciando que la actividad política encierra mil y una corrupciones, sabiendo por la historia cercana que la política ha llevado a desastres inconmensurables, decir que la política y el amor pueden ir de la mano parece una broma de mal gusto. Y, sin embargo, en el fondo de la acción política, en general, no deja de subyacer el sueño nunca apagado de una historia de personas, de una ciudad de seres humanos, de una relación asentada sobre la justicia y la equidad. Eso, de alguna manera, está ahí y negarlo es la mejor forma de decir que tan extraño anhelo no ha abandonado el camino humano, sino que se sigue, y nunca con más fuerza, instalado en él.
  • Estrategias de la nueva política: Así son ya algunos de nuestros ciudadanos y no pocos movimientos sociales que, aunque no derriban al sistema, aunque son ninguneados, ridiculizados, olvidados, desechados, están ahí haciendo obra de regeneración política. Son grupos que entienden la libertad con vocación inclusiva, que piensan que igualdad no equivale a homogeneidad, que propugnan una justicia global, por no decir cósmica, y que anhelan una solidaridad empática y compasiva. Son, en definitiva, auténticos apóstoles del bien común en la era moderna, amenazada, como todas, por el egoísmo y el individualismo, elementos persistentes en la historia humana.

 

  1. 4.       Lectura subrayada

 

No llores por los pobres: llora por sus verdugos

 

Mi hermana me lo comunicó así: “Hoy, con Regis, hemos ido a Ben Junes; al llegar al primer grupo que nos esperaba, nos hemos “topado” con la furgoneta del Ejército; estaba metiendo a los emigrantes… Ellos, pidiéndonos ayuda; nosotros dos, atónitos… Se nos han llevado a nuestros hijos, delante de nuestras narices, y nosotros sin poder hacer nada. Después,  piensas: quizás podías haber intercedido por ellos, hacer parar la furgoneta… Sólo hemos llorado y rezado. Hemos llegado a Tánger con el corazón encogido”…

 

Mi hermana, con Regis, iba a llevar alimentos a los emigrantes que, en el bosque de Beliones, sobreviven mientras esperan una oportunidad para entrar en la ciudad vallada de Ceuta. Si queremos encontrarnos con ellos, hemos de hacerlo manteniendo contacto permanente a través del teléfono, y no puedo dejar de pensar que los militares se han servido de esas llamadas para localizar y arrestar a quienes la caridad pide que se hagan visibles para coger el pedazo de pan que les llevamos.

 

En la misa del próximo domingo de Pascua, domingo del Buen Pastor, con Regis y con toda la comunidad eclesial, mi hermana escuchará las palabras del salmista: “La misericordia del Señor llena la tierra; la palabra del Señor hizo el cielo”. Y habrá de conjugar, con el corazón encogido, su experiencia de llanto en el bosque y la confesión de fe que se hace en la asamblea litúrgica: habrá de conjugar lágrimas de víctimas y misericordia de Dios, impotencia del creyente y memoria del poder creador de Dios.

 

Esa síntesis admirable, propia del Reino de Dios, la hará en ti, Iglesia amada del Señor, el Espíritu de Cristo. Sólo él sabe aunar lágrimas y alegría, debilidad y victoria, abajamiento y enaltecimiento.

 

Fíjate en tu Señor, en tu Pastor. Si lo reconoces en Jesús de Nazaret, ves que se hizo siervo de todos y dio la vida por sus ovejas. Si lo contemplas en la Eucaristía, su servicio y su vida entregada se te revelan en un pan consagrado, fraccionado, repartido y comulgado. Si lo ves en ti misma, ves que todavía hace suya tu debilidad, hace suyas tus lágrimas, hace suyos tus deseos de liberación. Si lo ves en los pobres, ves que en unos es olvidado, en otros perseguido, en todos menospreciado. Si lo ves en los emigrantes, el corazón se te encoge de pena porque, en ellos, todavía continuamos atormentado y crucificando a nuestro Señor. Es tu Señor el que, en Beliones, ha sido empujado a las furgonetas del ejército para ser desplazado lejos de las fronteras de un país de epulones, de amos, de dueños; una vez más tu Señor habrá sido humillado y vejado y abandonado como un no hombre, como un sin derechos, como uno de quien Dios se ha olvidado. Pero tú sabes que, en su debilidad, él es siempre tu Señor, él es siempre tu Pastor, él es el Resucitado a quien se ha dado para siempre todo poder.

 

Por eso hoy confiesas con las víctimas y se lo recuerdas a los verdugos: “Sabed que el Señor es Dios, que él nos hizo y somos suyos”.

 

Por eso hoy tú y tus pobres cantaréis con el salmista: “El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades”. Vuestro salmo resonará en la catedral y en las furgonetas del ejército; resonará en la asamblea del débil rebaño del Hijo de Dios, y en el corazón de aquellos a quienes el poder priva del derecho a un futuro digno del hombre. Esa misma bondad, la misma misericordia, la misma fidelidad, que son la esperanza de los pobres, serán el infierno de quienes los condenan a morir en la pobreza.

 

No llores, hermana mía, por los pobres: llora por sus verdugos.

 

Santiago Agrelo, Arzobispo de Tánger

 

 

XI

DESPLAZAMIENTO Y DESINTERÉS

POR LA ESPIRITUALIDAD

DE LA FAMILIA HUMANA

(2 Pe 3,1-8)

 

            Vamos a cerrar este curso con una relectura de un texto de 2Pe, escrito más tardío del NT, para percibir cómo ciertas preocupaciones religiosas desplazan y desconectan de la espiritualidad de la familia humana. Si lo hacemos es, justamente, para evitarlas y para re-conectar si es que se ha desconectado.  Los escritos del NT pueden enseñarnos también desde su negatividad. Es cuestión de leerlos en modos adultos.

Aunque se presenta como un testamento de Pedro, 2 Pe es el más tardío de los escritos del NT (de la primera mitad del siglo II) por su lenguaje, por su mundo conceptual, por el deterioro creyente, por su relación con Judas. Este último rasgo es decisorio, pues marca mucho al escrito[126]. Da la impresión que ya han desaparecido la primera y segunda generación de las comunidades cristianas. El mundo conceptual de la carta indica una época en la que ha cambiado el léxico cristiano. El autor conoce, además, los escritos de Pablo, seguramente redescubiertos tras haber “dormido” durante años. Tuvo problemas para ser incluida en el Canon y solamente lo logró a partir del siglo V. Quizá parezca que este conjunto de datos hacen al escrito irrelevante. Pero, dentro de sus límites, puede ser útil para suscitar la reflexión aunque, como hemos dicho, quizá haya que ir, a veces, en su “contra”. La estructuramos en base a cuatro momentos:

 

            1. El texto: 2 Pe 3,1-8

 

            1Ésta es ya, amigos, la segunda carta que os escribo. En las dos os refresco la memoria, 2para vuestra mente sincera recuerde los dichos de los santos profetas de antaño y el mandamiento del Señor y Salvador comunicado por vuestros apóstoles. 3Sobre todo tened presentes que en los últimos días vendrán hombres que se burlarán de todo y que procederán como les dicten sus deseos. 4Ésos preguntarán: “¿En qué ha quedado la promesa de su venida. Nuestros padres murieron y desde entonces todo sigue como desde que empezó el mundo”. 5Éstos pretenden ignorar que originariamente existieron cielo y tierra; con su palabra, Dios los sacó del agua y los estableció entre las aguas; 6por eso el mundo de entonces pereció inundado por el agua. 7Y por esa misma palabra, el cielo y la tierra de ahora están reservados para el fuego, guardados para el día del juicio y de la ruina de los impíos.

            8Pero no olvidéis una cosa, amigos, que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día. 9No retrasa el Señor lo que prometió, aunque algunos lo estimen retraso; es que tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, quiere que todos tengan tiempo para enmendarse. 10El día del Señor llegará como un ladrón, y entonces los cielos acabarán con un estampido, los elementos se desintegrarán abrasados y la tierra y lo que hace en ella desaparecerán.

            11En vista de esa desintegración universal, ¿qué clase de personas deberíais ser en la conducta santa y en las prácticas de piedad, 12mientras aguardáis y apresuráis la llegada del día de Dios? Ese día incendiará los cielos hasta desintegrarlos, abrasará los elementos hasta fundirlos. 13Ateniéndonos a su promesa aguardamos un cielo nuevo y una tierra nueva en los que habite la justicia (Is 65,17; 66,22)”.

 

                        Tenemos aquí la cuestión central de la carta que se plantea ya en las primeras horas de la historia de la fe cristiana[127]. Es una pregunta que corroe el creyente y pone a prueba no solamente la veracidad de la fe, sino su credibilidad ante quien rechaza el planteamiento de la espera próxima. El autor la formula poniéndola en boca de los mismos que la cuestionan: “¿En qué ha quedado la promesa de su venida?” (Pou estin hê epaggelia tês parousias autou: 3,4). Es una pregunta que deriva de la idea heredada de la primera generación cristiana (quizá del mismo Jesús) acerca de la inminencia del día del Reino de Dios[128]. Al no llegar materialmente ese día, la comunidad primera ha tenido que ir elaborando una espiritualidad de una “venida aplazada”. 2 Pe se suma a este intento y es el problema que trata de resolver. La primera respuesta es decir que la realidad histórica está enmarcada en el anhelo creador de Dios. No es un mundo a la deriva, sino una realidad con Dios dentro, una historia acompañada por el amor creador del Padre. Esto lo propone el autor de una manera inclusiva: entre el polo de la creación y el del día del juicio está incluida toda la existencia histórica: “Con su palabra, Dios los sacó sobre las aguas… y por esa misma palabra el cielo y la tierra están reservados para el juicio” (Kai di’hudatos sunestôsa tô tou theou logô… Hoi de nun ouranoi kai hê gê tô autô logô tetheraurismenoi eisin…eis hêmeran kriseôs: 3,4.7). Es decir, la pregunta por la venida del Señor no se puede responder correctamente si no se valora a la realidad histórica como algo inserto en el proyecto de amor del Padre. De ahí que sería correcto preguntarse no por qué tarda tanto en venir, sino si entiendo la vida que vivo como una historia de amor entre el Padre y la historia. Esa comprensión daría como resultado la posibilidad de poner a funcionar el mecanismo de la espera próxima, el único “productivo” y evangélico[129].

Con una serie de argumentos de raíz bíblica afronta el autor la pregunta por el retraso del Señor de modo directo. El primero de esos argumentos es la diferente manera de valorar el tiempo que tiene Dios. Para él “un día es como mil años y mil años como un día” (Hoti mia hêmera para kuriô ôs khilia etê hôs hêmera mia: 3,8). El argumento era conocido en los Salmos cuando éstos hablan de la brevedad de la vida[130]. Quizá se esté queriendo insinuar esa manera distinta que el creyente ha de tener de medir el tiempo, no sólo por la mera cronología, sino también por esa dimensión profunda que entiende el tiempo como elemento “manipulable” de cara a la venida del Reino. El segundo argumento es el de la paciencia de Dios. También es conocido. En el libro de la Sabiduría, libro escrito de cara a los paganos, se dice que Dios pudo haber destruido a los peores enemigos de Israel, los egipcios y los cananeos, pero no lo hizo porque se compadece todos y no odia nada de lo que ha hecho. Con su paciencia les dio ocasión de convertirse[131]. Dice 2 Pe que Dios tiene “paciencia con vosotros” (Alla makrothumei eis humas: 3,9). No solamente con quienes deforman el final y sostienen que ya se ha dado la resurrección, sino que su paciencia abarca a toda persona, también al creyente, porque toda realidad está necesitada de conversión, de horizonte, de camino hacia lo humano. Más adelante dirá: “La paciencia de Dios es nuestra salvación” (Kai tên tou kiriou hêmôn makrothumian sôtêrian hêgeisthe: 3,15). Es como si dijera que nos conviene que Dios tenga paciencia en el tiempo para que el proceso de humanización pueda culminar. Para que ese proceso avance es necesaria la mentalidad de la espera próxima, la certeza de que la acción de la persona puede adelantar o retrasar el día de la plenitud. La idea de un final del mundo catastrófico, al gusto de las catequesis judías de la época no es suficiente para borrar los trasfondos de los argumentos anteriores [132].

Aunque el autor no se extiende en demasía, deja ver con toda claridad que aceptar esta espiritualidad de la espera próxima tiene inmediatas consecuencias morales, altamente positivas (además de un comportamiento sexual y económico correcto). La primera de ellas es que quien entiende la espera próxima, tal como la entendió Jesús, se da a la tarea de construir una sociedad nueva asentada sobre la justicia: “Ateniéndonos a su promesa, aguardamos un cielo nuevo y una tierra nueva en los que habite la justicia” (Kainous de ouranous kai gên kanên kata to epaggelma autou prosdokômen, en hois dikaiosunê katoikei: 3,13)[133]. Este anhelo de justicia en el hoy de la historia se basa en la promesa de Jesús, la que él ha vivido y la que ha propuesto, la promesa del Reino entendida como nueva sociedad, ya que Jesús no anuncia tanto la salvación cuanto el reinado de Dios, esa nueva sociedad[134]. Desde ese apoyo necesario, quien vive la espera próxima trabaja para que la justicia habite en la historia y ésta se transforme en un cielo nuevo y una tierra nueva. No es realidad que va a venir dada de sí, sino que requiere la colaboración de toda criatura.

 

2. Derivaciones teológicas

 

  • ¿Una fe para el más allá?: Así es como normalmente lo ha entendido la espiritualidad cristiana: el éxito del camino creyente es salvarse en el más allá. Esta preocupación es ajena al Evangelio: el éxito del mismo es que amanezca el reino de Dios en la historia, cosa que es camino para el reino en plenitud en un “más allá” escatológico, no tanto temporal. Por eso, el creyente habría de estar preocupado, sobre todo, por el más acá como requisito previo para la plenitud de un más allá. Más aún, por paradójico que parezca, el “más allá” ha venido a meterse en el fondo del más acá, de la historia. Eso es lo que dice Jn 14,23. La familia humana es la beneficiara de esta  espiritualidad.
  • Una fe histórica: Hay que repetirlo mil veces: la especificidad de la fe cristiana es su componente histórico, la evidencia de que lo relativo a Dios se ha mezclado con la historia. Lo nuestro es una mezcla de intereses, de anhelos, de sueños, entre los de Dios y los de la historia. Despojar del componente histórico al camino cristiano es arriesgarlo a su pérdida de identidad. Por eso, la gran cuestión de la teología no es la escatología, sino la historia. Por eso mismo, el tema de la familia humana entra de lleno en los parámetros de una teología sensata.
  • Un lenguaje no sectario: 2P Pe sucumbe al sectarismo y emplea un lenguaje en esa dirección. Para la teología y la espiritualidad ese tipo de lenguaje es un gran obstáculo. Puede pensarse una teología asentada en las convicciones de la fe pero, a la vez, mantener un lenguaje no solamente respetuoso, sino incluyente. No todo depende del lenguaje cuestiones espirituales, pero una manera amplia y acogedora de hablar posibilita un acceso al corazón y a la mente del interlocutor. De lo contrario, la espiritualidad de la familia humana se bloquea.
  • El anhelo de justicia, anhelo de la familia humana: Por textos como 2 Pe 3,13 se podría conectar directamente con el tema de la familia humana. El sueño de la tierra nueva y del cielo nuevo, la realidad transformada, es un topos humano. Muchas religiones. Culturas, filosofías, filantropías han tenido un sueño semejante. Cada una con sus peculiaridades. La fe cristiana se suma a ese anhelo. La evidencia de que como familia humana podemos aspirar a él no hace sino reforzar la espiritualidad propia de dicha familia humana.

 

3. Derivaciones sociales

 

  • Una correcta lectura de los procesos históricos: La ciencia moderna nos enseña que los procesos históricos son de largo alcance. Los actuales estudios sobre la aparición de las especies nos hablan bien claro de esto: el campo de transición hacia el ser humano tuvo lugar hace 60 millones de años (cuando, tras la desaparición de los dinosaurios, se multiplicaron los mamíferos). Lemures en los árboles (55 millones de años), grandes simios (12 a 9 millones de años). Australopitecos (4,5 millones), género homo (1,7 millones), Neandertal (medio millón), Sapiens (200 mil años). ¿Somos tan especiales? Somos maravilloso polvo de estrellas, pero no somos los humanos el centro del universo. Somos un milagro de la vida en la tierra, pero no somos la corona de la vida. Descendemos de una fusión de bacterias, compartimos ancestros con los chimpancés y tenemos en común con ellos el 98,5% de nuestro ADN. “Los escasos cincuenta mil años del homo sapiens representan en su relación con la historia de la vida orgánica en la tierra algo así como dos segundos al fin de un día de veinticuatro horas. La historia de la humanidad civilizada llenaría pues, en esta escala, sólo un quinto del último segundo de la última hora”[135]. Una catarata de datos para introducir en nuestro imaginario la apertura más que la endogamia y la cerrazón. En este escenario de largo alcance para la familia humana es necesario enmarca la teología y la escatología.
  • Una llamada a la responsabilidad: Eso es lo que se deriva de la certeza del componente histórico de la experiencia cristiana. Una fe que sitúa su logro exclusivamente en el más allá corre el riesgo de generar una gran irresponsabilidad poniendo la vida en manos de los dirigentes, con el peligro que eso conlleva. Por el contrario, una fe histórica es aquella que lleva al creyente a tomar en serio sus responsabilidades sociales y políticas. Esto es lo que puede contribuir de manera decisiva a la espiritualidad de la familia humana.
  • La lucha por la justicia: lucha de humanidad: Hay quien piensa que la lucha por la justicia es algo ya superado, cuestión de otras épocas, de mayo del 68. Pero, en realidad, esta batalla acompaña el caminar humano. Por eso mismo, generar una espiritualidad saludable de la familia humana demanda interesarse y colaborar de manera implicativa en la lucha por la justicia. La teología habría echar fuego a ese anhelo de manera explícita.

 

4. Lectura subrayada

 

            Vamos a proponer algunos puntos de la Evangelio Gaudium que tocan, desde uno u otro lado, el tema de la “indiferencia”, ese peligro de absentismo del hecho humano que es nocivo tanto para la fe como para la espiritualidad de la familia humana.

 

54. En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera.

 

61. Evangelizamos también cuando tratamos de afrontar los diversos desafíos que puedan presentarse[56]. A veces éstos se manifiestan en verdaderos ataques a la libertad religiosa o en nuevas situaciones de persecución a los cristianos, las cuales en algunos países han alcanzado niveles alarmantes de odio y violencia. En muchos lugares se trata más bien de una difusa indiferencia relativista, relacionada con el desencanto y la crisis de las ideologías que se provocó como reacción contra todo lo que parezca totalitario. Esto no perjudica sólo a la Iglesia, sino a la vida social en general. Reconozcamos que una cultura, en la cual cada uno quiere ser el portador de una propia verdad subjetiva, vuelve difícil que los ciudadanos deseen integrar un proyecto común más allá de los beneficios y deseos personales.

 

203. La dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica, pero a veces parecen sólo apéndices agregados desde fuera para completar un discurso político sin perspectivas ni programas de verdadero desarrollo integral. ¡Cuántas palabras se han vuelto molestas para este sistema! Molesta que se hable de ética, molesta que se hable de solidaridad mundial, molesta que se hable de distribución de los bienes, molesta que se hable de preservar las fuentes de trabajo, molesta que se hable de la dignidad de los débiles, molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia. Otras veces sucede que estas palabras se vuelven objeto de un manoseo oportunista que las deshonra. La cómoda indiferencia ante estas cuestiones vacía nuestra vida y nuestras palabras de todo significado. La vocación de un empresario es una noble tarea, siempre que se deje interpelar por un sentido más amplio de la vida; esto le permite servir verdaderamente al bien común, con su esfuerzo por multiplicar y volver más accesibles para todos los bienes de este mundo.

 

276. Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. Verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto. En un campo arrasado vuelve a aparecer la vida, tozuda e invencible. Habrá muchas cosas negras, pero el bien siempre tiende a volver a brotar y a difundirse. Cada día en el mundo renace la belleza, que resucita transformada a través de las tormentas de la historia. Los valores tienden siempre a reaparecer de nuevas maneras, y de hecho el ser humano ha renacido muchas veces de lo que parecía irreversible. Ésa es la fuerza de la resurrección y cada evangelizador es un instrumento de ese dinamismo.

 

 

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

Logroño 2016



[1] La diferencia entre ricos-pobres, los nacionalismos excluyentes, la relación Norte-Sur, etc., tiene que ver con este componente de base.

[2] 98% como los chimpancés, 92 como el perro, 90 como el cerdo o la rata, 80 como la oveja, 75 como la vaca, 70 como la mosca, 23 como la levadura, 21 como el gusano, 20 como el arroz.

[3] El componente nacionalista de la Biblia, incluido el NT, es abrumador, desde Josué hasta Apocalipsis.

[4] GS 1.

[5] EG 268.

[6] Cf J. M. CASTILLO, La humanización de Dios. Ensayo de cristología, Ed. Trotta, Madrid 2009.

[7] L. ALONSO SCHÖKEL, La Biblia de nuestro tiempo, Ed. Mensajero, Bilbao 2009, pp.79-80.

[8] Lo que A. TORRES QUEIRUGA llama “el cambio de paradigma”; ver también J.SHELBY SPONG, “Las doce tesis. Llamada a una nueva reforma”, en Koinonía, p.2: “Si la comprensión teísta de Dios ha muerto, entonces se plantea enseguida la cuestión de si es Dios el que ha muerto o la definición humana de Dios. ¿Podemos encontrar un modo de hablar sobre Dios con otros conceptos, con otras palabras, o está Dios tan identificado con nuestro lenguaje teísta que muere cuando muere ese lenguaje? Esta es nuestra cuestión moderna”.

[9] El cap.III de la LG fue un gol por toda la escuadra, como lo hace ver H. KÜNG en el vol.II de sus memorias.

[10] La aversión de 13tv, televisión de los obispos, a los movimientos políticos de izquierdas es antológica.

[11] No hay campaña general e inversión en propaganda más que cuando llega la declaración de la renta para que el creyente ponga la x en la casilla correspondiente. Y como toda propaganda, es engañosa. El caso del piso de Rouco en Madrid ha sido escandaloso para muchos cristianos hasta el punto de construir una campaña de denuncia ante el papa Francisco.

[12] La iglesia española tiene como servidumbres mayores en lo político su dependencia de la derecha y los sistemas derivados del franquismo; en lo económico, su no cumplimiento de autofinanciación amparada en los desfasados acuerdos con la Santa Sede. Quedan otras servidumbres (como la histórica de la alianza con la intransigencia de los, sistemas, la Inquisición) que quedan en el trasfondo del imaginario social. Le costará mucho hacer ver que quiere ser “familia” de lo humano.

[13] Documento “La eucaristía, antídoto contra la indiferencia” del 7 de junio de 2015.

[14] Cuando se asegura que “la Iglesia no es una democracia” queremos pensar que se está diciendo que se es una democracia y más, una familia. No entendemos que se aluda con ello a la consagración de un sistema “monárquico” en tiempos como los actuales.

[15] NMI 50.

[16] I.ELLACURÍA, El reino de Dios y el paro en el tercer mundo, en Concilium  180 (1982) , p.595.

[17] E. Sábato, La resistencia,  Ed. Seix Barral, Barcelona 2000, p.120.

[18] J. SOBRINO, Redención de las víctimas y globalización,  en Concilium 293 (2001), p.138.

[19] El decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social que pretende establecer una relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza y entre los propios seres humanos frente a la situación de dominación hoy existente que está acabando con la naturaleza y frente a la explotación de las personas en beneficio de la producción y la rentabilidad económica de unos pocos. En el año 2010, el economista austriaco Ch. Felber diseñó un modelo de economía sostenible que pretende ser una alternativa a los mercados financieros. Desde entonces, más de 900 empresas de diversos países han optado por aplicar los criterios de la Economía del Bien Común, un movimiento que comienza a extenderse también por nuestro país y cuyo objetivo fundamental es implantar y desarrollar una verdadera economía sostenible y alternativa a los mercados financieros, en la que necesariamente participen las empresas.

 

[20] “Enseñaos unos a otros con toda sabiduría” (Col 3,16). La vieja distinción iglesia docente/iglesia discente es cuestionable.

[21] Valórese esta frase del Papa Francisco:  "La pobreza, para nosotros cristianos, no es una categoría sociológica o filosófica y cultural: no; es una categoría teologal. Diría, tal vez la primera categoría, porque aquel Dios, el Hijo de Dios, se abajó, se hizo pobre para caminar con nosotros por el camino. Y esta es nuestra pobreza: la pobreza de la carne de Cristo, la pobreza que nos ha traído el Hijo de Dios con su Encarnación. Una Iglesia pobre para los pobres empieza con ir hacia la carne de Cristo. Si vamos hacia la carne de Cristo, comenzamos a entender algo, a entender qué es esta pobreza, la pobreza del Señor" (18.5.13).

[22] Papa FRANCISCO, La alegría del Evangelio,  Ed. San Pablo, Madrid 2013, n.272.

[23] Cf R. TRIVERS, La insensatez de los necios. La lógica del engaño y del autoengaño en la vida humana,  Ed. Katz, Madrid 2013.

[24] EG 250-254 oscila entre una cierta apertura pero sin terminar de ceder y considerar a las demás religiones como interlocutoras al mismo nivel.

[25] Poco seguidos por la Iglesia en materias de moral sexual y reproducción humana.

[26] Por otra parte, dada la cuestionable moralidad de sus dirigentes (Strauss Khan, Rodrigo Rato) y sus ofensivos comportamientos (el presidente del Banco de España, Luis Linde,  a la vez que pide bajar los salarios y subir el IVA se sube a sí mismo un 6% su propio sueldo, ¡infame!). Cf J. J. MILLÁS, El tinglado, en El País,  12-6-15, p.48.

[27] Es chocante este gravamen del 21% cuando hasta las publicaciones pornográficas solamente soportan el 4% de impuestos.

[28] “El primer requisito en la política es la honradez intelectual. Si no existe honradez intelectual, todo lo demás es inútil” (J. Mujica).

[29] “Es verdad que la decencia es un ejercicio difícil, pero el que se mete en política debería hacerlo desde esa directriz de la decencia, una palabra tan sencilla y tan bonita como ser decente. Entregarte a los demás y no buscar los compromisos con tu propia, cerrada y a veces entristecedora individualidad y egoísmo. Hay otro texto de la Ética nicomáquea que dice que el principio de las relaciones que tengamos con los demás empieza por la relación que tenemos con nosotros mismos, y para tener una buena relación con la propia mismidad tienes que encontrarte digno de ti mismo, no engreído ni falsificador de tu propia personalidad, tienes que sentirte decente. Si yo me miro en el espejo y veo en mi historia algo negativo, sobre todo en relación con mi trato con los demás (y si soy político, no digamos), tendría que dimitir, pero no dimitir de un cargo, sino dimitir de ser humano, dimitir un poco de ti mismo” (Entrevista en Filosofía hoy). 

[30] Cf A. GRANDES, La bondad,  en El País, 25 de mayo de 2015.

[31] Otra denunciar (en eso se ha puesto casi siempre el énfasis) y otra saber leer con discernimiento los acontecimientos.

[32] Podemos decir que los cristianos estamos aquí gracias a Ezequiel.

[33] De hecho, el imperio persa importó colonos a las zonas despobladas de Samaría para que cultivarán la tierra, dando origen al pueblo samaritano, o eso dice la leyenda.

[34] Según el pensamiento de Teilhard de Chardin.

[35] En Filp 3,12 Pablo dice que “Jesús obtiene el premio para…”. Dios es el que obtiene el premio, no el supuestamente elegido.

[36] Ver el simpático artículo de D. ALEIXANDRE, “El destello”, en Alandar 261, 4-10-2009.

[37] Cf A. CABALLERO/F.AIZPURUA, La VR religiosa a la escucha del grito de la tierra y de los empobrecidos. Pobreza evangélica y compromiso,  Frontera Hegian 88, Vitoria 2015.

[38] En frase de Z. Bauman.

[39] Están a la base de muchos conflictos bélicos de hoy mismo.

[40] La Corte Penal Internacional, por ejemplo.

[41] Los 800.000 que aún pasan hambre, los más de mil millones que tiene  dificultades para tener agua potable y alcantarillado, los que carecen de vivienda, los que se ahogan en el mar o mueren en el desierto, el indigenismo expoliado, los campos de refugiados cronificados, las mujeres que sufren violencia sexual en territorios de guerra, los niños que trabajan, la persistente esclavitud.

[42] L. ALONSO SCHÖKEL dice que podría llevar por título: “A los gobernantes: sobre la justicia” (BNP p.1683).

[43]  φιλόψυχε, hapax en el AT.

[44] Sabiduría es de contexto griego, quizá en Alejandría, y contemporáneo con Jesús, un libro que influye mucho en Pablo y su escuela.

[45] Evidentemente es un tópico: los cananeos, como pueblo, no existen en el s.I.

[46] Cf J. M. CASTILLO, La humanizacion de Dios. Ensayo de cristología, Ed. Trotta, Madrid 2009.

[47] La lectura de la obra de  J. A. T. ROBINSON, Honest to God,  SCM Press, London 1963 (trad. Española Sincero para con Dios,  Ed.Ariel, Barcelona 19671) muestra la vigencia del imaginario tradicional más de medio siglo después de su publicación.

[48] Cf Jn 1,14.

[49] Cf Mt 15,10-20.

[50] Cf Mc 2,27.

[51] Cf Jn 4,24.

[52] Cf Jn 14,1.

[53] Cf Mt 7,21-23.

[54] Cf Lc 15,11-32.

[55] Cf Mt 5,45.

[56] Cf Mt 20,1-16.

[57] Cf Filp 2,6-11.

[58] Cf Jn 1,14.

[59] Cf Mt 18,10-14.

[60] Cf Mc 7,9-13.

[61] Cf Jn 16,27.

[62] Cf Jn 14,9.

[63] La persistente tentación de gnosticismo viene ya desde lejos. 1 Jn es todo un tratado antignóstico para reivindicar la “carnalidad” de Jesús, su pertenencia a la historia y la necesidad de pasar por ella como cauce imprescindible y único para el acceso a Dios: Cf R. SCHNACKENBURG, Cartas de san Juan,  Ed. Herder, Barcelona 1970.

[64] J. M. CASTILLO, La humanización de Dios. Ensayo de cristología, Ed. Trotta, Madrid 2009, pp.191-203.

[65] El Papa Francisco ha convocado un “año santo extraordinario de la misericordia” del 8 de diciembre de 2015 al 8 de diciembre de 2016 con el documento Misericordiae vultus (MV).

[66] Cf AG 15.

[67] Como muy bien dice Rom 7,14ss.

[68] Desde el principio agustiniano de la teoría del pecado original siempre ha habido negacionistas de altura (Julián de Eclana, obispo, contemporáneo de san Agustin hasta hoy: Cf. A. VILLALMONTE, El pecado y la gracia en la cultura occidental. Visión franciscana del hombre,  En Ed. Tenácitas, Salamanca 2010.

[69] Acusar a esta postura de pelagianismo es echar balones fuera. No se trata de doctrinas sino de mirar la realidad humana. La visión de la física cuántica deja obsoletos planteamientos teológicos como los del pecado original: Cf D. O’MURCHU, Teología cuántica. Implicaciones espirituales de la nueva física., Ed. Abya Yala, Quito 2014.

[70] J. MELLONI, “La justicia, pasión por la igualdad”, en AA.VV., Aldea global, justicia parcial,  Ed. Centre d’Estudis Cristianisme i Justícia, Barcelona 2003, p.70.

[71] Papa Francisco, La alegría del Evangelio,  nn.52-64.

[72] Cf H. ARENDT, Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalización del mal,  Ed. Lumen, Barcelona 2003.

[73]J. MARITAIN, Acerca de la filosofía de los derechos del hombre, Ed. Debate, Madrid 1991, p.116.

 

[74] G. BILBAO ALBERDI, “De víctimas y presos: una difícil pero imprescindible recuperación social tras la violencia”, en Galde 9-4-2013.

[75] A. MAALOUF, Identidades asesinas, Ed. Alianza Editorial, Madrid 1999, p.56.

[76] B. J. MALINA y R. L. ROHRBAUGH, Los evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I, Ed. Verbo Divino, Estella 1996, pp.351-352.

 

[77] Notemos que la edad media en aquella época no sobrepasaba los 30 años. Si damos crédito a Lc 3,23 quiere decir que empezó con toda la vida hecha. Tal vez eso despistó a su familia.

[78] Será una de las condiciones del seguimiento: Lc 9,60. Deducir de los evangelios una espiritualidad de la vida familiar convencional basada en la familia de Nazaret no deja de ser algo sorprendente.

[79] Como en Jn 20,19.26.

[80] Cf Jn 6,29.

[81] Cf 1 Cor 9; Rom 16.

[82] “El estilo mediterráneo en el ejercicio de la paternidad se basa directamente en el valor fundacional del honor-vergüenza. Los padres socializan a sus hijos para que sean absolutamente leales a su grupo de parentesco biológico, pues cada miembro de la familia comparte el honor de ésta y la conducta errónea de un miembro deshonra a todo el grupo. Las perspectivas en la vida de cada eslabón del grupo dependía de la solidaridad en la protección del honor familiar” (B. MALINA; Op.cit., p.369).

[83] Ver el decálogo de una secta en http://www.opus-info.org/index.php?title=Hijos_en_el_Opus_Dei/Ser_o_no_ser.

[84] Cf Rut 1,16.

[85] Ver: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=593.

[86] J. RAMBLA, “Testigos de una nueva justicia”, en AA.VV., Aldea global, justicia parcial,  Ed. Centre d’Estudis Cristianisme i Justícia, Barcelona 2003, p.203.

[87] M. ARROYO MENÉNDEZ, “Interpretaciones sobre la situación del catolicismo y al secularización en España”, en Iglesia viva, 257 (2014) p.103; Cf también: A. PÉREZ AGOTE, Cambio religioso en España: los avatares de la secularización, Ed. CIS, Madrid 2012.

[88]M. CORBÍ, “Una nueva espiritualidad más allá de las formas religiosas”, enhttp://www.cetr.net/modules.php?file=article&name=News&sid=407.

[89] M. Pilar Aquino, por ejemplo.

[90] Es cierto que se han dado pasos, por ejemplo: la inclusión del “acercamiento feminista” en IBI, o la composición de la Comisión Teológica Internacional en la que hay 7 mujeres sobre 30 miembros.

[91] L. SEQUEIROS, “El nuevo ateísmo científico (1). En el siglo XXI vuelve la negación de Dios aprovechando las redes sociales”, en Iglesia viva, 249 (2012) p.107.

[92] Personas como Brines, Valente, Saramago, Lledó, Sampedro, Boto, etc., puede tener este componente “místico” del que hablamos.

[93] Allá sigue el río y sus recodos, en la actual Kavala, antes Filipos.

[94] La actitud de Lidia (“si estáis convencidos de que soy fiel al Señor, venid a hospedaros en mi casa”) es todo un desafío: aceptar el hospedaje en una casa de paganos, de esos que, según La Misná, entierran a sus fetos en los bajos de sus casas, esas casa que son como cementerios. La respuesta de hecho suena a excusa: “Nos obligó a aceptar” (Hech 16,15).

[95] Se comprueba aquella teoría de Jn 4,31-38 la cosecha del reino viene ya; no hace falra esperar “cuatro meses”.

[96] CF Jn 16,22; J. A. Marina dice que construir la relación humana es más difícil que hacer grandes obras de arquitectura como las que nos depara la vida moderna.

[97] Cf el recurrente poema de Casaldáliga: "Al final de la vida me preguntarán: ¿has amado?... Y yo no diré nada. Mostraré las manos vacías y el corazón lleno de nombres".

[98] En el poema atribuido a él: “Y uno aprende…”.

[99] La descristianización de Occidente es un ejemplo: Francia ha superado el umbral del 50%. Pero los demás países van en esa dirección. Muchas zonas del globo también. ¿Puede ser leído como un cambio axial de época?

[100] En 1992 Juan Pablo II rehabilitó a Galileo.

[101] Así los hace GS 1, ya citado.

[102] L. BOFF, Virtudes I,  p.14.

[103] A. MAALOUF, Identidades asesinas, Ed. Alianza Editorial, Madrid 1999, p.56.

[104] Según el diario Público del 24-1-10 España necesitaría 7 millones de inmigrantes hasta 2030 para mantener la demografía y la cuotas de la seguridad social.

[105] Quizá tenga puntos en común con la “teoría política” de Rom 13,1ss, aunque allá, si no se considera el pasaje un texto espurio, habrá que leerlo desde la perspectiva del “culto auténtico” de Rom 12,1.

[106] Es conciencia común, como lo muestra ampliamente Apocalipsis, que los días finales han de estar precedidos de grandes tribulaciones.

[107] La misma estructura de los estudios teológicos, ¿no está demasiado alejada del hecho civil normal? Clases para clérigos en horarios a su comodidad, no implicación con las Universidades civiles (másteres), poca proyección a la vida ciudadana normal…

[108] Como lo hacía el obispo Gaillot.

[109] Todos los que van a la radio pública o escriben en diarios no religiosos.

[110] Que se vea realmente que las causas de Cáritas o de la HOAC son apoyadas realmente por la jerarquía eclesiástica.

[111] Por ejemplo las posturas de los obispos Agrelo o de Casaldáliga.

[112] Como cuando van los Papas a la ONU o a Estrasburgo.

[113] Experiencias como: no me voy a quedar sin casa, no me voy a quedar sin luz eléctrica, no me voy a quedar sin trabajo, etc.

[114] Leyendo 5,39 como un texto de resistencia, no de humillación.

[115] Al menos en las cultura monogámicas.

[116] E. MARTÍNEZ GARRIDO, Algunos aspectos de la especularidad narrativa: la identificación en la identificación, la literatura en la literatura,  en Revista de Filología Románica, ED. Universidad Complutense, Madrid 1986,  p.275.

[117] P.RICHARD, Apocalipsis, Ed. Tierra Nueva, Quito 19972,  p.106

[118] X. PIKAZA, Apocalipsis, Ed. VD, Estella, p.108.

[119] J.MATEOS, NT, E. Cristiandad, 1987,  p.1186.

[120] Cf Mc 7,24-31.

[121] El ya clásico de que fuera de la Iglesia no hay salvación.

[122] La exclusivización de textos como la Humanae Vitae o la poca entrega a la causa de la construcción de una moral de corte universal.

[123] COMISIÓN PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Los católicos en la vida pública,  Madrid 1986, nn.60-61.

[124] Ver el sorprendente texto de EG 205.

[125]Cf EG 205.

[126] Véase sobre todo la relación entre  1,5 con Jds 3; 1,12 con Jds 4-16; 3,2-3 con Jds 17-18; 3,14 con Jds 24.

[127] Cf A. T. QUEIRUGA, La revelación de Dios en la realización del hombre,  Madrid 1987, pp.314-33.

[128] “Os aseguro que aún no habréis acabado de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre”: Mt 10,23.

[129] Todas las preguntas sobre la escatología dependen, de alguna manera, de la idea de Dios que se tenga. Ésa es la cuestión a solucionar.

[130] Sal 89,4.

[131] Cf Sab 12,10.12. “Actuando así nos enseñaste que el justo debe ser humano”: Sab 12,19.

[132] Cf Mt 24,4-7 que recoge el pensamiento de Dan 9,24-27.

[133] Cf Is 65,17; 66,22.

[134] “Puede decirse que el ‘reinado de Dios’ proclamado por Jesús no aparece como la clave de una visión esotérica de la historia; más bien un slogan contemporáneo que se refería a Dios fue tomado por Jesús como el término-clave en su vívida afirmación de que Dios está activo entre nosotros”: J.MATEOS-F.CAMACHO, El Evangelio de Marcos. Análisis lingüístico y comentario exegético, Córdoba 1993, p.109, n.9.

[135] W. BENJAMIN,  Escritos políticos, Abada Editores, Madrid 2012, p.180.

Materiales Pascua Juvenil 2016

MATERIALES PARA UNA PASCUA JOVEN

 

PRESENTACIÓN

 

            A nosotros, a los que vivimos tiempo con ÉL, sus discípulos, nos cambió la vida. Éramos como todos. Teníamos los fallos que tienen todos. Pedro amaba a Jesús, pero era muy ambicioso. Lo mismo que Santiago y Juan que querían sentarse uno a la derecha y otro a la izquierda. Y estos dos era violentos, dispuestos a pegar fuego a aquel pueblo que no les recibió. Y luego estaba Mateo, jefe de malos, jefe de corruptos. Y nada digamos de Judas, el que le entregó. O sea, éramos gente común, con cosas buenas y otras no tanto. Pero nos cambió la vida.

            Vosotros podéis pensar que a vosotros no hay quién os cambie, que ya estáis muy hechos y, como dice la gente mayor, “genio y figura hasta la sepultura”. Es verdad que cambiar es difícil. Pero si alguien nos puede cambiar es alguien a quien amamos. Cuando se ama, hay posibilidad de cambio porque el amor es la fuerza más grande para cambiar.

            Por eso, la finalidad de estos día no es tanto celebrar la Semana Santa, sino tener a la mano una oportunidad de amar más a ese Jesús que nos acompaña. Y si logramos amarle más, quizá nuestra vida pueda ser un poco distinta, quizá pueda tener otro sentido.

            Hablar del sentido de la vida parece que es cosa de filósofos. Pero, para nada. Es saber qué gafas queremos poner en nuestros ojos, gafas que nos impidan ver o gafas que nos ayuden a ver. Gafas que dejen pasar la luz o gafas oscuras que no dejan pasar la luz. Es cierto aquello otro de que la vida es “según el color con que se mira”. Eso es el sentido: el color con el que vamos mirando a la  vida y el que nosotros ponemos en ella.

            Acercarse a Jesús en estos días nos puede ayudar a poner dos colores en nuestra mirada: el de la humanidad y el de la espiritualidad. La humanidad es que el corazón sea sensible a los otros corazones; la espiritualidad es ver eso que está debajo de la piel y que no aparece sin más.

            Anímate, lánzate a Jesús, apóyate en tus hermanos y hermanas, en esos que tienen las mismas ganas que tú de vivir a tope con un sentido nuevo.

 

TU VIDA TIENE MÁS SENTIDO SI SIRVES

(Jueves Santo)

 

            Posiblemente vosotros no os lo creáis. Nosotros tampoco le creíamos del todo. Cuando nosotros, sus discípulos, íbamos de camino con él, bajábamos la cabeza y caminábamos en silencio. Él nos machaba: la vida tiene otro valor si se sabe servir; servir no es perder, sino ganar; se puede estar contento sirviendo. Bajábamos la cabeza porque por dentro nos decíamos: si te poner a servir, estás perdido, todo el mundo se aprovechará de ti. Pero Él, erre que erre, machacando en el yunque.

            Tenía Jesús una costumbre que, la verdad, no nos gustaba mucho. En aquellos tiempos íbamos casi siempre descalzos. No había para calzado. Por eso, antes de ponernos a cenar, por la noche, nos lavábamos los pies sucios. A Él le gustaba hacer ese trabajo. Nos ponía malos verle avanzar con el barreño y la toalla. A Pedro, sobre todo, se le revolvían las tripas.

            Por eso, se quedó Pedro helado cuando, mirándole a los ojos, le dijo: “Si no te lavo los pies, no tienes nada que ver conmigo”. Jamás hubiera pensado Pedro que le iba a lanzar aquel misil. Entendió bien Pedro que le estaba diciendo: tienes que aceptar a un Mesías que sirve, yo estoy contento sirviendo, yo te lavo los pies con amor, esto para mí no es una humillación, esto da sentido a mi vida.

            Cuenta una leyenda de aquella época que, años después, Pedro, en Antioquía lavaba también los pies a sus amigos cristianos y que, cuando lo hacía, él que era sensible y llorón, más allá de su rudeza, dejaba escapar las lágrimas que caían al barreño del agua. Se acordaba de Jesús y de lo que le costó a Pedro entender aquello del servicio.

            Esta tarde, vosotros los jóvenes, leeréis otra vez aquel hermoso texto del lavatorio de los pies. Tomadlo como palabras dichas al corazón, no solo como palabras leídas en una celebración. Si las acogéis en el corazón entenderéis mejor su significado. Haréis vuestra la mística del servicio. Esa sí que da otro color, otro sentido, a la vida.

            Piensa, por ejemplo, que si sirves con generosidad, no te empobreces, sino que sales ganando cosas que te hace más feliz (coherencia, gusto de ver crecer al otro, satisfacción por el bien hecho, etc.). Si eres ágil para servir, ganas corazones. Y quien gana un corazón ilumina su vida. Si sirves, rompes el caparazón de la indiferencia que nos envuelve sin que nos demos cuenta.

            Servir solamente puede hacerse mirando al corazón del otro y descubriendo ahí alguien a quien amar. Mira más allá de ti mismo.

 

            Para pensar:

 

  1. 1.      ¿Crees que la vida tendría otro color cuando servimos sencillamente?
  2. 2.      ¿Qué gesto de servicio podrías hacer hoy mismo?

 

 

TU VIDA TIENE MÁS VALOR SI TE ENTREGAS

(Viernes Santo)

 

            Lo sabéis todos. Para nosotros que estuvimos con él, su muerte fue un mazazo. ¡Cuánto nos costó reponernos! ¡Cuantísimo trabajo nos llevó verle sentido a aquello de lo que, el principio, no queríamos ni siquiera hablar. Pero hubo que hacerlo.

            Vosotros nunca habéis visto crucificados. Mejor, ojalá no los veáis nunca. Nosotros los veíamos con cierta frecuencia. Era espantoso el suplicio. Era tan espantosa la desolación de sus familiares y cercanos. Quedaban marcados para siempre. “Casa del crucificado” era la peor ofensa que se podía decir de una familia.

            Por eso, cuando, de lejos, lo vimos en el madero, nos quedamos helados y no sabíamos qué hacer. Fuimos cobardes. Nos escondimos en nuestras madrigueras, solos con nuestro desconcierto. No sabíamos cómo salir de aquel pozo.

            Nos ayudaron muchísimo las mujeres. En aquella época, ellas contaban poco, aunque tenían nuestro aprecio. Fueron ellas las que entre lágrimas comenzaron a decir que lo de Jesús no podía terminar de aquella mala manera. Decían: su entrega no muere, su generosidad sigue con nosotros, su amor aún late, su presencia no se ha apagado.

            Nos reuníamos por la noche, a la luz de una vela. Y, entre silencios, las mujeres nos hablaban de la hermosura de la entrega de Jesús, no solamente de la dureza de su muerte. Nos decían que Jesús no quiso morir en cruz; que eso se lo encontró porque proponía un estilo de vida nuevo, de más humanidad, de más calor en los corazones, de más justicia. Ese fue su gran valor. Lo hermoso de Jesús no es su muerte, decían, sino el camino de entrega que tuvo como final una muerte violenta.

            Por eso las mujeres nos decían: si queréis recordarle de verdad, no lo recordéis sobre todo crucificado, sino totalmente entregado

            Hoy, vosotros, los jóvenes, vais a celebrar su muerte leyendo el relato del Evangelio de san Juan. Leedlo desde la hermosura de su entrega, no desde el desastre de su muerte violenta. Pensad que se narra ahí el triste final de un corazón entregado, la belleza de una fidelidad que no se detiene ante nada.

            Cuando veneréis la cruz de Jesús, pensad que estáis besando no a un muerto en cruz, sino, sobre todo, a uno que ha vivido la entrega del corazón con toda seriedad, a uno que ha acompañado con fidelidad inquebrantable, a uno que jamás ha rechazo a nadie, a uno que se dio sin guardarse para sí nada. Vacío de sí, para llenarnos a nosotros. Eso es lo que besas.

            Y en la paz hermosa de este Viernes Santo, piensa que cuando te entregas a fondo, cuando te entregas con amor, cuando no te pones por delante, estás andando el camino de Jesús. Posiblemente tu vida no acabará tan dramáticamente como la suya, pero la entrega tiene un precio, el precio del desdén, de quien te dice que estás en la luna, de quien hace de la indiferencia su bandera. Paga el precio, entrégate, y una paz honda, la de Jesús, vendrá a los pliegues de tu alma.

 

            Para pensar:

 

  1. 1.      ¿Cómo venerar más al entregado que al crucificado?
  2. 2.      ¿En qué puedes entregarte tú mismo y hoy mismo?

 

OÍR LO QUE NO SE OYE, VER LO QUE NO SE VE

(Desierto del viernes)

 

            El peor enemigo de la persona es la superficialidad. Ser superficial es fácil. Basta con dejarse llevar. “Dónde va Vicente, donde va la gente”. La superficialidad es pensar como todo el mundo, decir lo de todo el mundo, obrar como todo el mundo. Dejarse llevar. Esto nos hace muy frágiles, muy vulnerables, muy manipulables.

            Lo contrario es la profundidad. Ser profundo no es ser raro, de pensamiento oscuro, de vida extraña. No es ser un “filósofo” al que no hay quien le entienda. No es decir cosas incomprensibles, ni andar desarrapado por el mundo. Es mirar, fijar bien, apuntar al corazón, creer que debajo de la piel hay algo, tratar de llenarse de algo, ahondar en los porqué de las cosas.

            Si recuperamos la profundidad, sabremos mucho de nosotros y sabremos del mismo Dios. Quien anda en la superficie ni sabe de él, más que unas pocas cosas, ni sabe mucho de Dios. ¿Cómo recuperar la profundidad?

            Trata de oír lo que no se oye. Para ello, no hay que temer al silencio. El silencio es la caja de resonancia para oír eso que no se oye. A veces habrá que escuchar sonidos físicos que el silencio permite escuchar y el ruido no: ¿Cómo suenan las hojas de los árboles cuando el viento las mueve? ¿Qué música tienen las espigas cuando en el campo se frotan entre sí? ¿Cómo suenan las alas de los pájaros grandes cuando vuelan? Si no oímos esos sonidos raros, no podremos apuntar a la profundidad?

            Y luego están los otros sonidos: los del corazón cuando se rompe, cuando grita, cuando llora, cuando ríe; los de las lágrimas de los pobres cuando caen de sus ojos y llegan al suelo; los de las alegrías de los humildes que cantan aunque nadie les escuche; los de los pasos de quienes son expulsados de su tierra y pisan tierra extraña. Si no oímos cosas así, no recuperaremos la profundidad.

            Y, además, habrá que ver lo que no se ve: Ver lo que no se quiere ver en las calles de tu ciudad; ver lo que no se publicita (la solidaridad, la generosidad, el amor sencillo); ver el corazón de la ciudad en la música de los callejeros; ver el amor en los brazos que sostienen a los ancianos titubeantes.

            Ver también el valor de los pasos extraños de quienes están al margen; ver los caminos de luz de quienes buscan caminos alternativos; ver el imparable trabajo de quienes quieren cambiar la órbita del planeta por el amor; ver a quienes tocan y aman la tierra en su huertos urbanos.

            Es que no podemos aspirar a otra forma de vida, a otro sentido en la vida, si no ahondamos, si no recuperamos la profundidad. Quien sabe de la profundidad sabe también de la persona y sabe de Dios. Es ahí cuando otra forma de vida es posible. Hay que animarse.

 

            Para pensar:

 

  1. 1.      Lee Mc 1,35 donde se dice que Jesús oraba de noche trabajando su profundidad.
  2. 2.      Pregúntate: ¿Qué me impide ser más profundo/a?
  3. 3.      ¿Cómo ayudarnos a recuperar la profundidad?

 

TU VIDA ES MÁS GOZOSA SI TE LANZAS A AMAR

(Sábado Santo)

 

            Nosotros, que estuvimos con él, tuvimos bastante pronto la certeza de que estaba vivo. Lo percibíamos en mil detalles: estaba en nuestra cabeza y en nuestro corazón, empezamos a reunirnos en su nombre, recordábamos sus dichos y sus pasos, hablábamos y hablábamos (hasta altas horas de la noche) de sus andanzas, recordábamos uno a uno sus gestos de cariño con nosotros. Estaba vivo en nosotros.

            Lo leeréis esta noche en el Evangelio de vuestra celebración: Fueron las mujeres las que dijeron que estaba vivo. Nos costó creerles, nos parecía una locura. Pero no lo era porque el amor que le tuvimos desde el principio no se rompió a pesar del hachazo de su dura muerte. Le seguíamos amando de manera distinta pero bien profunda.

            Siempre llegábamos a la misma conclusión: es cuestión de amor. Si no amas, si no te lanzas a amar cada día no entenderás nada de la resurrección de Jesús. No es tanto cuestión de creer, sino de amar.

            Cuando se habla de la resurrección hay que hablar de amor. Si esa palabra no sale por ningún lado es que no estamos situando bien la cosa. Porque la resurrección es la certeza de que el amor de Jesús está a nuestro lado en modos más vivos que cuando sus pies hollaban los caminos de Galilea, su tierra.

            Por eso, vosotros, los jóvenes, que esta noche celebraréis con gozo la resurrección de Jesús lo que realmente tenéis que celebrar es el amor y sus posibilidades, la certeza de que si te lanzas a amar tu vida será más gozosa. La seguridad de que si tienes quien te ame tienes un amparo y que si tú amas te convierte en amparo para otros.

            Leeréis en el Evangelio de esta noche que, tras el anuncio de las mujeres, Pedro “se decidió y echó a correr hacia el sepulcro”. No hay que correr hacia el sepulcro, sino hacia el amor. Ahí está el resucitado latiendo y acompañando nuestra vida.

            Si entiendes esto irán entendiendo mejor cuáles son tus verdaderos centros vitales y les irás dando un contenido de mayor humanidad y de mayor espiritualidad. Más aún, es posible que esos centros vitales se desplacen y busquen lugares de más amor. Si logras que el amor se quede en tu casa, tu persona tendrá otra fuerza. Y no olvidéis: el quid de la cuestión no está tanto en que te amen, sino que en tú ames, en que te des, en abras las puerta del corazón (esa puerta que se abre por dentro) y que lo tuyo esté cada día más a disposición del otro.

 

            Para pensar:

 

  1. 1.      ¿Te parece que vivir desde el amor siempre lleva al gozo?
  2. 2.      ¿En qué parcela del amor crees que tienes que trabajar más?
  3. 3.      ¿En qué puedes amar más hoy mismo?

 

La espiritualidad de san Francisco: un camino para vivir en armonía

LA ESPIRITUALIDAD DE SAN FRANCISCO,

UN CAMINO PARA VIVIR EN ARMONÍA

 

            Hoy se habla poco de armonía. La palabra casi ni suena. La emplean los libros de autoayuda o viene en espiritualidades del gusto oriental. Raramente decimos: este matrimonio vive en armonía; esta ciudad disfruta de mucha armonía; esta persona crea armonía en torno a sí; en esta comunidad se respira armonía. Es raro.

            Todos sabemos que, aunque no se hable de ella, la armonía es muy importante para la vida. Pero si ni se habla de ella, si se la da por supuesta, si nos parece un poco friki, como dicen los jóvenes, hasta hablar de ella, quizá estemos echando leña al fuego contrario: la crispación, la histeria, los malos modos, los desajustes personales, los malos entendimientos, los desentendimientos. De eso, sí que sabemos mucho.

            Pues bien, una manera de entender el franciscanismo es entender la espiritualidad de san Francisco como un camino para vivir en armonía.

 

1. ¿Cómo vivió Francisco de Asís su vida en armonía con Dios, con sus hermanos, con las personas, con los animales, con la creación? ¿Qué caminos anduvo?

  1. Le hizo un sitio importante a Dios y a su Palabra en su vida. Por eso, cuando en la somnolienta y rutinaria predicación del cura de san Damián brilló para él la Palabra de Jesús (“Vete, vende, dalo a los pobres…”), todo se iluminó y dejó atrás la “tremenda lucha”, como dice Celano, que se libraba en su corazón. Cuando se abrió a Dios, vino la armonía.
  2. Aparentemente fue muy sencillo: se hizo la armonía en su corazón cuando se decidió a tener a cualquier persona por hermana. Así de simple. Dice san Buenaventura que brotaba en su corazón una armonía gozosa cuando “consideraba el origen común de todos los seres pues sabía que todos tienen el mismo principio”. No era una teoría sino algo inmediato: eres una criatura, somos familia. Nunca serás mi enemigo. Contigo me siento en tu casa. Podemos vivir en armonía.
  3. Brota la armonía a raudales en la vida de Francisco cuando la simplicidad se convierte en sabiduría profunda. Dice LP que “quería ver a sus hermanos apasionados por la pura y santa simplicidad”. Él descubrió que el secreto de la armonía es ser bueno de corazón y llevar una vida simple, sencilla, corriente.
  4. La armonía brillaba con lustre cuando tomaba el último lugar como una opción voluntaria. “Nadie nos ha obligado”, decía. Y por eso decía con frecuencia: “Ningún hermano tenga potestad o dominio, y menos entre ellos”. Instaba a los suyos a “estar en el llano” (LP). Porque si hubiera sido otra la actitud, la armonía habría desaparecido como la niebla bajo los rayos del sol.
  5. Para él fue importante el misterio de la pobreza, la conexión con las pobrezas, llegar al brillo oscuro de lo humilde. Por eso, la pobreza evangélica fue para él camino de libertad y armonía. Siendo pobre fue feliz; estando con los pobres se sintió acompañado, sufriendo como los pobres encontró el secreto de la solidaridad. Lo que para muchos de nosotros es solo un disgusto, él lo entendió como una posibilidad. El frío helado de la pobreza generó en él el extraño calor de la armonía.
  6. No fue todo lírica, sino vida sin más, a ras de tierra. La armonía ocupó su alma y su cuerpo cuando vivió queriendo salvaguardar, sobre todo, las relaciones humanas. ¡Cuánto se empeñó en que sus hermanos vivieran con calidez, como madres e hijos”! ¡Cuánto se movió para que en las ciudades de su tierra, muchas devastadas por el odio y la muerte, pudiera brotar el entendimiento y la paz! Él que sabía de guerras y de muertes, puso a la persona por delante de todo y desde ahí brotó la paz y la armonía.
  7. Para él orar fue una manera segura de dar con el camino de Jesús. Por eso oraba tanto. Le decían ya entonces que oraba demasiado. Pero, para él, orar era como comer. Y lo necesitaba de igual manera. Por eso, cuando oraba, y sus períodos de oración eran largos, se abría la puerta de la armonía, las cosas se aquietaban, los problemas adquirían dimensiones reales, la alegría asomaba el rostro y se quedaba. Sin oración no hubiera podido vivir en armonía.
  8. Finalmente, cómo no, la alegría fue fuente de armonía porque era el cauce por el que asomaba la verdad del Evangelio y la certeza de haber elegido el buen camino. No empleó discursos para justificar sus opciones. Estaba contento y la alegría era su argumento. Y viviendo con alegría, la armonía se quedaba a vivir en su casa, se instalaba en los pliegues de su alma.

 

2. ¿Nos dice esto algo a quienes, a pesar de tanto años, de tantos siglos, seguimos amando a Francisco de Asís? Puede que sí.

  • Deja un poco más sitio a Dios en tu vida, nos dice Francisco. Que los criterios evangélicos cuenten realmente en tus días. Cree en el Evangelio, obra conforme a lo que dice. Sin más. La armonía asomará el rostro.
  • No hagas caso de los cantos de sirena de quienes nos dicen: tú preocúpate de que a ti te vaya bien y los demás, allá penas. No, siéntete hermano para que la alegría de vida y su íntima armonía cobren verdad y rostro.
  • Elige lo simple, lo normal, lo cotidiano. No te avergüences de ser como todos, de ser pueblo, de ser comunidad. En lo común vivido con gozo habita la armonía.
  • No te enfades por estar abajo, por no tener mando. Ahí se puede ser feliz, te puedes realizar, puedes estar contento. Estar abajo no es malo para quien aspira a la armonía.
  • Que te afecten las pobrezas, que sean para ti lugar de encuentro. No huyas de ellas, porque ahí se encierra, sin duda, el extraño fulgor de la armonía.
  • Ora con confianza, como quiere Jesús. Gusta del silencio. Ama la contemplación de lo creado. Disfruta con el don que es vivir y respirar.
  • Y pon en tu vida una dosis creciente de alegría. Alegría vivida en las pequeñas cosas, en los sencillos acontecimientos, en lo bello que está en nuestras manos. Si no nos apuntamos a la alegría, ¿cómo vamos a estar en armonía con nuestra sencilla vida?

 

Hermanos y hermanas: decir que la espiritualidad franciscana es un camino de armonía implica el ánimo para andar ese camino. ¿Por qué no tomar aliento y empuje al celebrar la memoria y la vida del hermano Francisco en esta tarde?

 

Volver al Evangelio

 

VOLVER AL EVANGELIO:

VOLVER A CASA

 

            Hoy se habla mucho de Volver al Evangelio o de Recuperar el proyecto de Jesús. Los “grupos de Jesús” de Pagola, hablan de eso.

            ¿Es que para volver al Evangelio hay que aceptar que nos hemos ido de él? Ahí esta uno de los problemas.

            Sí, nos hemos alejado del Evangelio no solamente por nuestra fragilidad, sino también porque los sistemas (y el religioso es uno de ellos) termina por alejarnos del centro, ya que ellos mismos anhelan constituirse en centro.

  1. Volver al Evangelio es como volver a casa: siempre está esperándonos, siempre somos bienvenidos, siempre hay calor ahí.
  2. Volver al Evangelio es poner de nuevo el acento en lo importante, relativizando aquello que no lo es tanto.
  3. Volver al Evangelio es asentarse de nuevo en lo que garantiaza el valor de la fe, porque el resto, por mucho que nos digan lo contrario, es de menos valor.
  4. Volver al Evangelio es aprender un poco más el rostro de Jesús, conocer mejor su sonrisa y sus arrugas, sus brillos y sus sombras. Conocer ese rostro mejor para amarle más.
  5. Volver al Evangelio es disponerse a gustar de nuevo las pequeñas delicias ocultas en el texto, rumiarlo, saborearlo.
  6. Volver al Evangelio es retomar las viejas utopías, oxidadas, embrumadas, perdidas y darles de nuevo el valor que siempre tuvieron.
  7. Volver al Evangelio es aprender otra vez la melodía de una vida que se mezcla con el resto de la vida. No es el Evangelio algo aparte de la vida.
  8. Volver al Evangelio es retomar los caminos trillados para descubrir en ellos esos leves motivos para vivir con alegría.
  9. Volver al Evangelio es cantar con Jesús la melodía que puede espantar nuestros males y nuestras asperezas.
  10. Volver al Evangelio es volver al corazón de la persona porque el sueño de Jesús es el mismo que el de la fraternidad más elemental.

 

Si todo esto, y mucho más, es volver al Evangelio, volvamos a casa.