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FIAIZ

COMUNIDAD SAN JUAN

Juan 113

CVJ 

Domingo, 20 de mayo de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

113. Jn 16,16-23a

 

Introducción:

 

                Con razón dice el adagio popular que “dura poco la alegría en casa de los pobres”. Es que si algo hay de frágil en la vida humana es la alegría: basta una palabra hiriente, un problema cotidiano, un gesto de dureza para que la alegría se esfume. Nada digamos si tenemos un disgusto fuerte. La alegría huye inmediatamente. ¿Se puede aspirar a un estado de alegría, de “poesía”, más estable? Hay quienes dicen que no, que los nuestros son malos tiempos “para la lírica”, para el sueño, para el horizonte de la dicha. Pero no hay profecía de derrota que logre apagar el anhelo de una alegría honda, estable, duradera.

                Es que el Evangelio habla de una alegría “que nadie puede quitar”. ¿Es esto posible? Si ha de serlo, una tal alegría ha de tener que poder mezclarse con las lágrimas, con la debilidad, con la pena, con el sufrimiento. Porque si para tener esa clase de alegría tienen que desaparecer esas circunstancias, no va a ser posible. Jesús dice que la alegría que su vuelta, su estar con nosotros, va a aportar a la historia humana esa alegría inarrebatable que nadie puede quitar y que, por lo tanto, se puede mezclar a las circunstancias adversas de la vida. Una alegría que no desaparece aunque se llore, que no se esfuma aunque haya dolor, que se mantiene viva aunque los disgustos de la vida nos zarandeen. El Evangelio dice que es la presencia de Jesús en lo profundo de nuestra vida, su acompañamiento fiel, su sostenernos en nuestra debilidad lo que puede hacer que la alegría se mezcle con nuestras limitaciones y que, por lo tanto, no desaparezca en el momento en que éstas nos atosigan. Quien entiende que su vida está acompañada de verdad por Jesús, quizá logre que la alegría honda y hermosa se sobreponga a la dureza de la pena y el dolor que siempre están ahí.

 

***

 

Texto:

 

16-Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde y me volveréis a ver.        

17Comentaron entonces algunos discípulos entre ellos:

            -¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”, y eso de “me voy con el Padre”?

            18Y se preguntaban:

            -¿Qué significa ese “poco”? No entendemos lo que dice.    

19Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo:

            -¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho “Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”? 20Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.

21La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza porque ha llegado su hora; pero en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. 22También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría.

 

23aEse día no me preguntaréis nada.

 

 

 

Ventana abierta:

 

                Una de las cosas que más llama la atención cuando uno visita algún país del África subsahariana es la habilidad que tienen los niños para construirse sus propios juguetes (patines, cochecitos) a base de desperdicios, latas, tapas de botella, envases de Cocacola, etc. Son verdaderas obras de “ingeniería”. Es un síntoma de que la alegría les pertenece, aunque la pobreza y el colonialismo se la haya arrebatado. ¿Cómo es posible que la alegría habite en la casa de los humillados? Es un misterio y una profecía.

                Oramos: Te alabamos, Señor, porque no se aleja del todo la alegría de la casa de los pobres; te bendecimos por quienes suscitan gozo en la vida de los humildes; te damos gracias por quienes sonríen por encima de su pena.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús promete que, con su vuelta al fondo de la vida, con su acompañamiento fiel hará que “nuestra tristeza se convierta en alegría”. Algo maravilloso, que en medio de la pena renazca la sonrisa, que cuando aún fluyen las lágrimas aparezca el sol, que cuando el dolor nos aprieta brote sin saber de dónde viene un rayo de esperanza. Es el milagro de una vida distinta, de un horizonte más despejado. Estas son las “grandes” promesas de Jesús, necesarias para que la vida tenga un sentido. Creer en ellas es el rostro de la adhesión a Él.

                Oramos: Que creamos al Jesús que nos promete que la pena se trocará en alegría; que celebremos a un Jesús que promete la dicha; que contagiemos alegría desde nuestra debilidad.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                La parábola de la mujer que da a luz dice que toda pena se olvida con la alegría de “haber dado una persona al mundo”, de haber alumbrado un camino nuevo de vida, de haber dado vida. Por eso, un modo buenísimo de acercarse al reino de la alegría es dar vida. Quien da vida a los demás (en todos los sentidos de la palabra) experimenta la alegría que nace de haber alumbrado la esperanza y la posibilidad. No hay que andar esperando a que la alegría “nos venga”. Es preciso construirla viviendo y dando vida a los demás.

                Oramos: Que demos vida para que la alegría se acerque a nuestros caminos; que vivamos con humanidad para que la alegría muestre su rostro; que amemos la vida para que la alegría se haga vecina de nuestro barrio.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                A lo largo de los años en que nos vamos conociendo más y que sabemos de nuestros caminos vitales nos alegramos con los gozos y nos condolemos con las penas. Ambas realidades se mezclan. Pero creemos que la que sale ganando es la esperanza y, con ella, su hermana la alegría. Por ello nos resultan gratos nuestros encuentros, nuestras noticias (sobre todo cuando son buenas), nuestros pequeños éxitos. Se verifica, siquiera modestamente, aquello de que la tristeza se convierte en alegría.

                Oramos: Que nuestros gozos sean compartidos para que sean mayores; que nuestras penas sean comunes para que sean menos; que nuestros caminos se mezclen para que verdee la alegría.

 

***

 

Poetización:

 

Sabía de qué hablaba

cuando prometía

una alegría viva

más allá de la mordedura

de la pena.

Él se había acercado

a esa alegría honda.

Por eso,

aunque sus ojos se llenaban de lágrimas

con el dolor de los demás,

aunque su garganta se acongojaba

ante el sufrimiento injusto,

aunque su corazón se dolía

por la herida de la pobreza,

la alegría honda no le abandonaba.

Es más,

había llegado a ver

que la alegría podía ser

inarrebatable,

siempre presente.

De ahí que,

a la hora de hacer grandes promesas

prometía la alegría perenne

que se mezcla a las lágrimas

y las sobrevive,

que nada en el océano de las penas.

Los suyos no entendían esto

porque la pena les atenazaba.

Más tarde,

cuando el dolor cedió

comprendieron que su promesa

era cierta.

 

***

 

 

 

 

Para la semana:

 

 

                Trata de vivir estos días de la manera más ecuánime posible, incluso alegre, aunque haya momentos difíciles. Contagia alegría.

 

***

 

 

Juan 112

CVJ 

Domingo, 13 de mayo de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

112. Jn 16,12-15

 

Introducción:

 

                La verdad de la persona es su corazón, su bondad. Los filósofos y pensadores entablan arduas discusiones sobre el tema de la verdad. Pero, en realidad, quizá la cosa sea más simple: la verdad de la persona es su bondad. Esto admite la debilidad, el fallo, la incoherencia. Porque si se es bueno de fondo, se llegará a superar esas debilidades con cierta facilidad. La bondad es el lado más humano de la persona y, por ello, su máxima verdad. Más aún, esa verdad, esa bondad, se puede ir acrecentando día a día porque no hay ley humana ni divina que nos impida ser buenos hoy mismo. Y todavía: la bondad, en general, no está hecha de grandes hazañas, sino de pequeñas entregas cotidianas, siempre al alcance de la mano. Por eso la bondad, verdadero ideal divino, es también un ideal al alcance de la mano, algo que tú y yo podemos hacer hoy mismo.

                Lo mismo se pueden decir de la verdad de Jesús, ésa que, según dice el texto que vamos a leer, revela al seguidor el espíritu de Jesús. La verdad de Jesús no es su divinidad sino su bondad. Si no hubiera sido hondamente bueno no habríamos podido entender que Dios era bueno con nosotros. Si no hubiera acogido incansablemente, consolado sin cesar, abrazado con enorme calidez no sabríamos que Dios acoge, consuela y abraza. Por eso mismo, su mayor verdad es su bondad. Eso es lo que el espíritu quiere desvelarnos porque, al hacerlo, está ya empujándonos a nosotros también a una vida simple y bondadosa. El Padre y Jesús están unidos en el ideal de bondad y nos asocian a su “empresa” de bondad. Nos cerraríamos muchas salidas en la vida si nos hiciéramos los desentendidos.

 

***

 

Texto:

 

12Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora: 13cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que os comunicará cada cosa que le digan y os interpretará lo que está por venir. 14Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. 15Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará. 

 

Ventana abierta:

 

 

                Esta es una archiconocida foto de Albert Einstein. Además de un gran científico era un pensador porque era de esa gente que, más allá de sus contradicciones, tenía vida interior. Una de las frases que se le atribuyen es esta: “Soy en verdad un viajero solitario, y los ideales que han iluminado mi camino y han proporcionado una y otra vez nuevo valor para afrontar la vida han sido: la belleza, la bondad y la verdad”. La bondad y la verdad han sido luz en el camino de esta persona. Lo son en el de toda persona. Quizá haya que ir reduciendo muchos caminos a estas sendas simples.

                Oramos: Que seamos buenos de manera sencilla; que seamos verdaderos en modos bondadosos; que disfrutemos de la vida en modos fraternos. 

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice el texto evangélico que cuando el espíritu desvele la verdad de Jesús, su bondad, “tomará de lo mío”, es decir, empleará el mismo lenguaje de Jesús para hacerlo: la bondad de los buenos. Por eso, todos los gestos de bondad de cualquier persona son lenguaje revelatorio, nos dicen quién es Jesús y quien es Dios, ambos buenos. Si no existieran las personas buenas no podríamos saber, entre otras cosas, quién es Jesús y cómo es el Padre. Por eso mismo les estamos más agradecidos.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes nos desvelan tu bondad; gracias por quienes nos dicen cómo es el rostro bondadoso del Padre; gracias por quienes hablan el lenguaje de la bondad a diario.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Dice el texto que el espíritu nos irá llevando hacia “la verdad toda”, la verdad completa. Es, ciertamente, un ideal inalcanzable porque nuestro saber y nuestra experiencia es muy limitada. Pero ese horizonte de verdad completa no es una utopía inalcanzable. Al contrario, cuando uno vive en bondad, ese ideal se acerca a pasos agigantados a la vida de las personas. Por eso, muchas personas, aun siendo débiles, viven en verdad “completa” porque son radicalmente, básicamente buenos. Son las personas como Jesús, las conozcamos o no.

                Oramos: Te alabamos por quienes viven en bondad creciente; te bendecimos por quienes no desisten de ser buenos; te damos gracias por quienes contagian bondad.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Aún con el regusto bueno de nuestra última convivencia en la sierra de Urbasa podemos decir que en ella hemos palpado la dicha y la bondad. Cierto que es algo fragmentario, pasajero incluso y que eso no debe hacernos creer que la vida es siempre disfrute. Pero si uno analiza por qué tras ocho años de reunirnos oficialmente (16 convivencias ya) da la impresión de que el frescor de nuestras reuniones está tan vivo como lo estuvo en la primera, quizá encuentre alguna respuesta en esto de lo que hablamos: procuramos ser buenos, amables, respetuosos, comprensivos, los unos con los otros. La bondad es el marco de nuestras reuniones.

                Oramos: Gracias, Señor, porque nos gusta reunirnos con sencillez; gracias por la bondad que se palpa y respira; gracias por los gestos de bondad que alegran la vida.

 

***

 

Poetización:

 

Los paisanos de Jesús

entreveían en él

algo del Dios soñado.

En su bondad

descubrían al Bueno,

en su respeto

intuían al Compasivo,

en su abrazo

desvelaban al Misericordioso.

Les atraía

no por sus grandes doctrinas,

o por sus palabras rutilantes.

Ni siquiera

por sus milagros,

pobres signos.

Les encantaba su bondad

y en ella

veían su verdad.

Si un bueno estaba de su lado

es que Dios estaba de su lado;

si un respetuoso les miraba con cuidado,

es que Dios mismo les miraba sin reproche;

si sus brazos cálidos

se enroscaban a sus cuerpos

es que Dios mismo los abrazaba.

Sí, su verdad era bondad

y eso era suficiente

para apreciarle,

para seguirle,

para quererle,

Aunque la nube negra de la traición

pasara por un momento

por encima de sus cabezas.

volvería el gozo

de tener a un bueno,

resucitado,

a su lado.

***

 

Para la semana:

 

                Que nada te impida estos días hacer el bien. Inténtalo sin desaliento.

 

***

 

Juan 111

CVJ

Domingo, 29 de abril de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

111. Jn 16,8-11

 

Introducción:

 

                Aunque solemos decir que las apariencias engañan, de hecho, funcionamos mucho por las apariencias, por la buena presencia, por los tópicos sociales, por ropajes, por estatus, por títulos, por consideraciones no discernidas. ¿Cómo ir más allá de las apariencias? ¿Cómo vamos a ser considerados con la persona en situación de debilidad, con quien no cuenta demasiado, con los frágiles, si no miramos más allá de las apariencias? Acostumbrarse a mirar al fondo de las personas es un ejercicio de tremenda humanidad. Podría darnos una visión nueva de la vida, una percepción revolucionaria del hecho social.

                Es que Jesús habla en este complicado pasaje del evangelio de san Juan (el más complicado de todos) de algo de eso: Jesús ha sido uno que ha sido juzgado, desacreditado, condenado por apariencias. Era un pobre y, como tal, no iba a ser considerado por un estatus manejado por los poderosos. Era un desarmado, un insignificante económico, un sin poder. Tenía todos los números para que no se viera lo que había dentro. Se le miraba por fuera, por su origen, por su humilde pueblo, por su economía de pobre, por sus palabras sencillas. No se percibía en él ningún dato por los que los poderes suelen reaccionar, considerar, doblar el espinazo. Por eso mismo, cuando lo condenaron nadie se inquietó (más allá de la mujer de Pilato, si hemos de dar crédito a Mt 27,19). Nadie se marchó aquella noche a casa desazonado por haber puesto en el patíbulo a un justo. Era pobre, y esa era su peor maldición. Sin embargo, anidaba en su interior el amor más humano, la solidaridad más cabal, la ternura más limpia. Juzgado, condenado, desacreditado, pero amante de la vida, hermano de la persona, solidario con la causa de los humildes.

               

***

 

Texto:

 

8Y cuando llegue él, le echará en cara al mundo que tiene pecado, que llevo razón y que se ha dado sentencia. 9Primero, que tiene pecado, y la prueba es que se niegan a darme su adhesión; 10luego, que llevo razón, y la prueba es que marcho al Padre y que dejaréis de verme; 11por último, que se ha dado sentencia, y la prueba es que el jefe de este mundo está ya condenado.

 

 

Ventana abierta:

 

 

                No tiene nombre y es el rostro de muchas personas que hoy, obligadamente, calladamente, sufren las consecuencias de una política europea de recortes insensible a la necesidad social. Son personas con nombre y apellidos, con historia, con sentimientos, con cuerpos. Pero son tratados como números de estadísticas, como sujetos de análisis sociológico. Hay que tener el valor de mirar a esos ojos para percibir la dignidad que se oculta detrás de ellos. Si no miramos más allá, no nos enganchará esa mirada que pregunta ¿por qué no ves lo que realmente soy?

                Oramos: Que miremos más allá de cualquier apariencia; que veamos el valor oculto de la dignidad del débil; que sintamos sobre nosotros/as la mirada de quien no es considerado en su valor de persona.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice Jesús que el desvelamiento de esa realidad oculta que es la verdad hermosa de su dignidad y de la de cualquier persona lo va a hacer “el valedor”, que no es otro que el Padre y Jesús trabajando por nuestra historia. Ellos, a través de nuestros trabajos de justicia y de bondad, están diciendo, quedamente pero firmemente, que tras las apariencias (sobre todo las de quienes son más frágiles) anida el bien, la dignidad y una cierta belleza. No es “poesía barata”. Se trata de adquirir otro ángulo de visión sobre las personas, no el que nos vende, nos inyecta la sociedad y sus mecanismos cuestionables.

                Oramos. Gracias, Señor, por seguir amándonos aunque te condenaran; gracias por seguir con nosotros aunque te desacreditaran; gracias por mantenerte solidario con nuestra causa aunque te excluyeran.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Situarnos en las apariencias nos hace muy vulnerables; situarnos en la dignidad honda nos hace más fuertes. Por eso mismo hemos de intentar saltar la valla con la que rodeamos a las personas y mirar en la dirección de su honda humanidad. Nos haría mucho bien huir de ese tipo de información que banaliza la vida de las personas, que lo reduce a sus apariencias sociales. ¿Qué hay detrás de eso, que hay más allá de lo que se ve, qué fondo tiene esta persona? No habríamos de cansarnos de este tipo de planteamientos.

                Oramos: Que no nos cansemos de apuntar en dirección al corazón de la persona; que no nos enredemos en cuestiones externas cuando valoramos a una persona; que seamos capaces de ver con la mirada profunda del mismo Jesús cuando alguien se nos pone delante.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Cuanto más caminamos juntos/as en estos trabajos orantes de la comunidad virtual, cuanto más nos reunimos, cuanto más nos comunicamos, mejor podemos conocernos. O si se quiere: mejor podemos valorarnos desde ese otro lado de nuestras apariencias. Si nos apreciáramos por ellas, si pusiéramos nuestros valores en lo que aparentamos, no habríamos entendido nada del Evangelio. Éste nos va haciendo más verdaderos no porque nos enseñe una ciencia que otros no poseen, sino porque nos va animando, paso a paso, a mirar en la dirección correcta: el interior valioso de toda persona.

Oramos: Que nos dejemos conducir por el Evangelio en la dirección del corazón del otro; que apreciemos a quien es sencillo y profundo; que valoremos los esfuerzos por acercarnos a los demás.

               

***

 

Poetización:

 

Lo miraban por fuera,

como se mira a los pobres.

Su origen oscuro,

su economía fragilísima,

su poder negado,

su formación inexistente,

su carencia de apoyos,

su no tener donde caerse muerto

condicionó

la manera de mirarlo.

No supieron sobrepasar

la dura costra

de la pobreza amarga.

Por eso lo juzgaron con injusticia,

lo desacreditaron con mentiras,

lo excluyeron sin remordimientos.

A él y a tantos como él.

Decía a los suyos

que las cosas no iban a quedar así,

que el descrédito

se transformaría en aprecio,

que las condenas

terminarían en abrazo,

que las exclusiones

acabarían en corazones tocados.

Les decía también

que esa obra gigantesca

la iba a ir haciendo

Él a través de los siglos.

Pero añadía que ellos eran

los brazos de su espíritu,

la mediación necesaria.

Les estaba empujando

a mirar en la dirección buena,

la del interior de la persona,

lejos de cualquier apariencia.

 

***

 

Para la semana:

 

                Haz estos días un esfuerzo por mirar a alguna persona frágil “de otra manera”.

 

***

 

Juan 110

CVJ

Domingo, 22 de abril de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

110. Jn 16,4b-7

 

Introducción:

 

                Por mucho que siempre queramos hacerla desaparecer de un manotazo, por más que la queramos alejar ya que su presencia nos molesta en extremo, por mucho que la ignoremos, ahí está esa maldita compañera de vida: la tristeza. La única manera de tratar con ella es mirarla a la cara, preguntarle qué hace ahí, de dónde viene, quién le ha llamado, por qué no se va. Y luego decirle con rotundidad: me acompañas, pero no lo harás hasta el final; me pesas, pero un día me liberaré de ti; me empujas al desaliento y al llanto, pero en un cierto momento la luz podrá más que tu tremenda oscuridad. La batalla contra la tristeza hay que darla sin complejos, reconociendo que, a veces nos vence, pero que no va a tener la última palabra.

                Jesús habla aquí de la dura tristeza que ha anegado el corazón de los suyos porque saben que lo van a perder. Trata de animarles con algo que sus amigos no comprenden, pero que es verdad: si “se va”, si muere entregado a ellos, volverá con una fuerza imparable y su vida ya no estará a merced de la dura tristeza sino que ésta podrá ser vencida porque hay uno que lucha a su favor, porque hay uno empeñado en que sus vidas sean siempre luminosas. Es muy posible, no lo dice el Evangelio, que sus discípulos, además de no comprenderles no habrían valorado esa situación de un Jesús entregado como una “situación mejor”. La tristeza es una siembra de ciclo corto, mientras que la alegría lo es de ciclo largo. Por eso es necesario engendrar ánimo para no sucumbir a la batalla inmediata a la que nos lleva la tristeza. La persona adulta, el creyente adulto, saben que, a la larga, la tristeza tiene la batalla perdida. Por eso, no caen víctimas de un desaliento que les paralice.

               

***

 

Texto:

 

No os lo dije desde principio porque estaba con vosotros. 5Ahora, en cambio, me voy al que me envió, pero ninguno de vosotros me pregunta: “¿adónde vas?”. 6Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. 7Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

            Una foto fácil de encontrar en el Google: la profunda e inexplicable tristeza de los niños. Es la tristeza que encierra todas las tristezas y todos los desamparos. No tiene justificación alguna y causarla es un crimen, mientras que reducirla un acto de amor comparable al de Dios. Por eso nos conmueve. Pero en la foto, en la parte derecha,, hay una mano, no se sabe de quién a la que se aferra el niño. Esa mano anónima es una mano salvadora, la de quien acompaña las tristezas tratando de paliar su maléfico efecto. Es, para nosotros, no solamente la mano de quien nos ama, sino la mano del mismo Jesús.

                Oramos: Gracias, Señor, por las manos que nos amparan; gracias por las manos que nos sostienen; gracias por las manos que nos animan.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús dice que la manera de acompañarles, de animarles, de luchar con ellos a brazo partido contra la tristeza va a ser el “envío del valedor”. Quiere eso decir que un “valedor”, el Jesús resucitado, el Padre amoroso, van a estar las veinticuatro horas del día del lado humano. La vida no es una tierra desamparada, “sin marido”, como decía la vieja profecía, sino, justo lo contrario: vida acompañada, aunque a veces la soledad nos roa el alma; vida acariciada, aunque a veces solo sintamos en la cara y en el alma el frío más helador; vida abrazada, aunque a veces nuestros brazos parezcan cerrarse sobre la nada.

                Oramos: Gracias, Señor, por tu amparo; gracias por tu compañía; gracias por tu caricia.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Puede ser que esta espiritualidad en torno a la tristeza y sus horizontes negados no suene bien. Quizá nos parezca mejor y único camino la lucha directa contra la tristeza. Pues, adelante. Todo lo que se haga por derrotarla nos enriquecerá. Pero eso sí, si la lucha contra la tristeza se hace echando sobre un manto que la ignore, un velo que nos la oculte, quizá nos estamos engañando. Con sorna dijo aquel: “yo, bebiendo para olvidar las penas, sin saber que las penas saben nadar”. Efectivamente, saben nadar. Por eso, quizá más importantes que olvidarlas sea ir poniendo a su lado socorros de humanidad que hagan que su terreno sea cada día menor.

                Oramos: Que pongamos humanidad para que la tristeza no tenga tanto sitio; que pongamos amor para que la tristeza se esfume; que pongamos generosidad para que la tristeza no encuentre casa en nosotros/as.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Una manera eficacísima de luchar contra la tristeza, de acorralarla es alegrarse con y por el otro. A eso podemos contribuir un poco en nuestra comunidad virtual. Nuestros encuentros, sean en grupo o en general, nos alegran profundamente. La tristeza tiene muy poco espacio en ellos. Por eso los fomentamos y apreciamos. Quizá sea un simple fruto del trabajo orante: estar un poco más contentos. Si lo logramos, estupendo.

                Oramos: Que nos alegremos al encontrarnos; que nos alegremos al abrazarnos; que nos alegremos al escucharnos.

 

***

 

Poetización:

 

Él, como todos,

sabía de tristeza.

La había visto rondar

su casa pobre;

la había percibido

en los ojos de su madre

cuando se fue de casa

sin entenderle.

La había sentido

cuando sus amigos

lo iban abandonando.

Por eso, podía hacer

un aviso contra la tristeza

de los suyos:

les quiso decir,

aunque no le entendieran,

que la tremenda soledad

que les iba a causar su entrega

no era la última palabra,

no era el punto final.

Había detrás otra cosa:

el abrazo increíble del Padre,

la sonrisa amiga del Jesús resucitado,

la caricia de las manos de Dios,

únicas y hermosas,

los besos de los labios del resucitado

no fáciles de sentir,

ero verdaderos.

Por eso les decía:

vendremos,

seremos para vosotros como un valedor,

uno que se entrega y acompaña

sin pedir nada a cambio.

No tendría que consumirles la tristeza,

pero ella, como un pájaro del agüero,

sobrevolaba sus corazones.

Algún día sería vencida.

 

***

 

Para la semana:

 

                Trata de ser estos días lo más jovial que puedas. Ayuda a disipar alguna tristeza, aunque sea pequeña.

 

***

 

 

Juan 109

CVJ

Domingo, 22 de abril de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

109. Jn 16,1-4a

 

Introducción:

 

                Uno de los lados más duros y crueles del comportamiento humano toma el rostro de la exclusión. Llevada al terreno social y político, la exclusión ha causado estragos en la historia de la humanidad: todas las luchas étnicas, todos los genocidios, todas la violencias que han herido la vida de los pueblos vienen de la raíz inhumana de la exclusión. En el terreno personal: todos los egoísmos, el mirar para el otro lado ante la necesidad ajena, la no implicación en la suerte de los pobres, el corazón cerrado a cal y canto ante el otro, todo esto proviene de un misterio de exclusión que siempre acecha al caminar humano. El antídoto, lo sabemos, es lo contrario: la inclusión, la acogida, el abrazo, el amparo, la conmoción por la necesidad y por la vida del otro, la certeza de que estamos ante un “familiar” y excluirlo de lo que sea carece totalmente de sentido.

                Jesús previene a los suyos de la exclusión que puede generar la pertenencia a su grupo. Lo habían sufrido en las carnes: los cristianos nacidos del tronco común del judaísmo eran considerados como unos “herejes” (así son denominados en los textos). Eso conllevaba una dura exclusión religiosa y social. Al prevenir, el Evangelio quiere que ese doloroso trago sea encajado con la mayor humanidad posible, sin responder, a modo de equivalencia, con idéntica exclusión. El rechazo puede llegar al límite inhumano, cainítico, de dar muerte al excluido. Ha ocurrido y ocurre. Es ahí donde habrá que sembrar humanidad denunciando tales atropellos y vertiendo bálsamo sobre las heridas de quien se siente excluido. De lo contrario, el Evangelio servirá para poco.

 

***

 

Texto:

 

16,1Os voy a hablar de esto, para que no se tambalee vuestra fe. 2Os excomulgarán de la Sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte, pensará que da culto a Dios. 3Y esto lo harán porque no han conocido al Padre ni a mí. 4Pero os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho.

 

Ventana abierta:

 

Cuando pensamos en excluidos nos viene a la mente los sin techo que andan tirados por la ciudad. Pero hay excluidos por otras razones. Teresa se despertó una mañana de su matrimonio feliz y se encontró con que su pareja le había infectado de sida. "A mí y al bebé del que estaba embarazada. Lo mío me dolió, pero lo del niño me partió el alma", recuerda Teresa, alta, huesuda, ojeras y la voz firme. Corría el año 1993 y los seropositivos, aún más que ahora, tenían un estigma. Ella consiguió superar el bache gracias a la ONG Apoyo Positivo. "Menos mal, han sido mi punto de apoyo", dice. Ahora no tiene problema en hablar de su enfermedad, en cambio, su hijo, adolescente, tiene sida y no quiere "salir del armario". "Se lo tuve que contar con 10 años, el niño tomaba la medicación, veía en la tele cosas sobre el sida, y claro, no era tonto", explica su madre. Teresa tiene sida, al igual que Antonio. Pero ninguno quiere que su identidad quede oculta en unas iniciales o en una fotografía entre sombras. "Me llamo Teresa Rodríguez". "Y yo, Antonio Moraleda, soy homosexual, y también estoy enfermo de sida".

                Oramos: Que la oración nos lleve a mirar con aprecio a quien sufre exclusión; que nos lleva a implicarnos en algo; que nos lleve a ser humanos con todos.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús previene contra la mordedura de la exclusión, la que él mismo ha sufrido fuertemente, para encajarla con humanidad. Eso quiere decir, para encajarla viendo la dignidad intacta en quien es excluido y captando la injusticia tremenda que es excluir a quien realmente necesita ser acogido más que nadie. Si no está encendida siempre la llama de la dignidad es fácil que se apague en aquellas vidas que son más frágiles. Si el anhelo de la justicia no está activo, fácilmente volveremos el rostro de aquellas personas que cargan más, injustamente, con el peso de la vida.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por haberte mantenido en humanidad, a pesar de tu exclusión; te bendecimos por haber visto siempre la dignidad de la persona en quien era excluido; te damos gracias por no haber renunciado nunca a la parte de dignidad que toca a toda persona.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Excluir es un misterio de iniquidad. Hacerlo por motivos religiosos (se cree que ofrece un culto a Dios) es ya rizar el rizo de lo inhumano. Por eso, el lector del Evangelio y quien aprecie a Jesús se pone al otro lado de quienes excluyen por motivos religiosos, de quienes dicen que tal o cual colectivo no tiene acceso a los socorros de la fe por sus opciones sociales o sexuales. Eso no lo haría Jesús.

                Oramos: Que nunca excluyamos por motivos religiosos; que apoyemos a quienes son excluidos por tales motivos; que animemos a quien siente la mordedura de la exclusión de quien realmente tenía que acogerle.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Es un hecho que en nuestra comunidad virtual nunca se ha palpado la exclusión, porque nunca se ha dado. Más aún, siempre nos ha alegrado que venga gente, aunque no sea más que para pasar un día de convivencia. Si excluyéramos, quedaría en evidencia que no hemos entendido nada del Evangelio y que nuestro trabajo orante no tenía base. Por el contrario, laa cogida es la marca de verdad evangélica. Mientras acojamos, estamos cerca del Evangelio de Jesús.

                Oramos: Que no cejemos en acoger lo mejor que podamos; que nuestra alma y nuestro rostro se alegren cuando acogemos; que apreciemos y valoremos a quien tiene mucha capacidad de acogida.

 

***

 

Poetización:

 

Lo había experimentado

en sus propias carnes:

ser excluido

era lo más duro de la vida.

¿Cómo pudo encajarlo

sin que el corazón se le amargase?

¿Cómo pudo seguir amando

cuando se le negaba el amor?

Tuvo que mirar muchas veces,

muchas noches,

al rostro del Padre

para comprender que,

aunque uno sea rechazado,

el Padre jamás excluye a nadie.

Tuvo que mirar con piedad

el rostro y el corazón de las personas

para comprender

que la dignidad permanecía intacta

en quien era más rechazado.

Tuvo que caminar codo con codo

con los desvalidos

para entender que,

contra toda evidencia,

la justicia que se les negaba

no hacía que desapareciera

su exigencia de justicia.

Pudo prevenir contra toda exclusión

porque el sueño de su vida,

lo que llamaba “el reino”,

era una fiesta de total inclusión,

sin requisitos,

sin condiciones,

sin exigencias.

Toda persona estaba incluida

porque todos estamos necesitados

de amor y de dicha.

 

***

 

Para la semana:

 

                Trata de controlar esta semana los sentimientos y acciones de exclusión con los débiles. Hazles un sitio en tu vida. Acógelos.

 

***

 

Juan 107

CVJ

Domingo, 25 de marzo de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

107. Jn 15,18-25

 

Introducción:

 

                Es muy difícil desprenderse del odio y muy ingenuo creer que no está ahí, que no me afecta, que no resulta una amenaza para nuestras vidas. Es cierto que, la mayor parte de las veces, lo tenemos controlado, que nuestra vida está alejada de los caminos del odio. Pero no somos inmunes a él. En cuanto nos descuidamos, a la menor contrariedad, brota con una pujanza inusitada e irracional. Más aún, el odio se enquista, envejece, se guarda y con ello se aumenta su maléfico poder. Por eso, llevar una vida que excluya totalmente al odio es una maravilla y una honda aspiración de muchas personas buenas. ¿Podríamos ser nosotros/as quienes deseáramos y aspiráramos a una vida así, limpia de odio?

                El Evangelio quiere ayudarnos a ello. Por ello advierte de su presencia e, incluso, da las razones hondas de una actitud que odia: “las obras” que Jesús ha hecho son las razones (verdaderas sinrazones) del odio. ¿De qué obras se trata? De aquellas que hacen más humano el camino de las personas. Por eso, odiar porque uno obra con humanidad es el acabóse del odio. Pero es preciso estar preparado para ello: si por ser buena persona, si por ayudar a que la vida sea más humana, se te odia, no habrías de temer ese odio. A Jesús le han odiado por ello y ha logrado mantenerse en el amor. El odio contra lo humano no triunfa nunca, aunque parezca lo contrario. La única manera de hacer frente al odio insensato es perseverar en una actitud de amor a lo humano, resistir en un camino de amor y de entrega. Puede que esto nos resulte increíble, pero Jesús ha elegido esa senda.

 

***

 

Texto:

 

                18Cuando el mundo os odie, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. 19Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.

20Recordad lo que os dije: No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, a vosotros os perseguirán; si han espiado mi Palabra, también espiarán la vuestra. 21Y todo esto lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.

22Si yo no hubiera venido y les hubiera hablado, no habrían mostrado su obstinación en el pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado. 23Odiarme a mí es odiar a mi Padre. 24Si yo no hubiera hecho entre ellos las obras que ningún otro ha hecho, no habrían mostrado su obstinación al pecado; pero ahora las han visto personalmente y, sin embargo, nos han tomado odio lo mismo a mí que a mi Padre.

 25Pero así se cumple el dicho que está escrito en su Ley: “Me odiaron sin razón”. 

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

Esta es la portada de un libro muy extendido de S. Larsson: un ejemplo de odio irracional por motivos de género en un país desarrollado. Es una evidencia social más de que el odio brota de lugares insensatos y que se mantiene por encima de cualquier bienestar económico. Por eso, siempre será cuestión de vigilarlo, de tenerlo entre ceja y ceja, de lo contrario, saldrá a relucir cuando menos se lo espera.

                Oramos: Que vigilemos nuestro interior para que el odio nunca tenga cabida en él; que controlemos nuestras ansias de venganza, si es que afloran; que seamos benignos con toda persona.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús afirma tajante citando a la Escritura: “Me odiaron sin razón”. Y así fue. Cuando se mira la trayectoria histórica de Jesús, algo que no se entiende es por qué se le odia, siendo así que hacía el bien. Era por motivos espurios: porque peligraba el poder opresor, porque cuestionaba privilegios que explotaban a los pobres, porque descubría las ideologías que se aprovechaban de los débiles, porque censuraba costumbres que quieren anteponerse al valor de la persona. Pero quien le amó, comprendió que no había motivo para el odio: amaba el camino humano como nadie. ¿Cómo odiarlo?

                Oramos: Gracias, Señor, por tu honda humanidad; gracias por tu amor incondicional; gracias por tu perseverancia en hacernos el bien.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                No pertenecer “al mundo”, andar caminos alternativos, no pensar como todo el mundo, no apoyar al poder que apoya todo el mundo, asumir las causas de los desfavorecidos, sentir amor por quienes andan por caminos poco transitados es causa de que, a veces, uno sea “odiado”, poco comprendido, no acogido, temido. Es preciso perseverar en el bien con benignidad y de forma amigable. Y si eso no es suficiente para evitar el “odio”, habrá que “endurecer el rostro como el pedernal” (así decía el profeta Ezequiel) y seguir adelante en el empeño de ser buenos.

                Oramos: Que no temamos una cierta alternatividad; que hacer el bien sea un anhelo constante; que apoyemos a quien busca caminos nuevos.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Desterrar lo más lejos posible no solamente el odio, sino la mera animadversión, los prejuicios que mantenemos, los estereotipos que no tienen ninguna razón de ser, son condiciones para que la vida relacional, la vida comunitaria pueda surgir. Por eso, cuanto más nos veamos libres de esas trabas, más disfrutaremos con la persona que tenemos al lado. Es un trabajo que es preciso realizar cada día.

                Oramos: Que alejemos los prejuicios de nuestra vida; que superemos los estereotipos; que rasguemos los velos que nos impiden ver la realidad del otro.

 

***

 

Poetización:

 

Le odiaron,

pero aguantó;

le menospreciaron,

pero no le amargaron;

le postergaron,

pero nunca renegó de nadie.

Experimentó la mordedura

del odio insensato;

sufrió el acoso

de la inhumanidad más dura;

encajó las heridas

que produce el menosprecio.

Sabía que sus obras de amor

desbancaban al poder,

cuestionaban la costumbre,

destrozaban el sistema

que ampara al fuerte.

Aun así,

no desistió el camino del bien.

Sabía que Dios mismo era odiado

en quien odia la bondad.

Y por ello

persistió en ese camino de lo humano

para ser solidario

con un Padre odiado

más allá de su amor.

Y también persistió

para que quienes le amaban

no se desmoronaran

cuando el odio arreciaba,

cuando la incomprensión campaba a sus anchas.

La única manera de derrotar al odio era,

lo decía de muchas maneras,

persistir tercamente

en el camino del amor.

 

***

 

Para la semana:

 

                Trata estos días de no odiar y de que si se experimenta la incomprensión se responda con benignidad.

 

***

 

Juan 106

CVJ

Domingo, 18 de marzo de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

106. Jn 15,12-17

 

Introducción:

 

                A veces las películas o las novelas nos relatan “amores grandes”, auténticas epopeyas de amor que no están al alcance de cualquier mortal. Nos gustan pero son inalcanzables para nosotros. Menos veces se narran amores simples cotidianos, elementales, porque no se consideran “grandes”. Vende lo que se sale de lo normal, lo extraordinario, lo sublime. Pero, en realidad, el amor verdadero, y por ello grande, se esconde en lo cotidiano, en lo irrelevante, en lo desconocido. Publicitar el amor es exponerlo a su corrupción. De ahí que amores escondidos, humildes, sencillos, pero profundamente entregados son el verdadero cimiento del amor. Los otros, los amores de escaparate, no encierran con frecuencia más que un anhelo vacío. ¿Es creíble que los amores pequeños, casi olvidados, puedan ser “grandes”, hermosos, valiosos, entrañables? Hay muchas personas que lo viven así.

                Jesús dice algo parecido en este texto de la semana. Como persona creyente y religiosa que era podría haber dicho lo que, sin duda, le habrían dicho muchas veces: que el amor “más grande” era el amor a Dios. Pero él dice que no: que el amor más grande es el de dar la vida por quienes se ama. Es decir, el amor a la persona concreta es el amor más grande. Más aún, con otras páginas del Evangelio en la mano se puede afirmar que ese amor es grande haya o no haya respuesta. A nosotros nos parece que el amor merece la pena cuando la persona a la que amamos nos responde. Pero Jesús dice que incluso cuando no hay respuesta, el amor entregado sigue siendo amor grande. Por eso dice que amemos “como él ha amado”. Él ha amado sin respuesta por nuestra parte (muchas veces). Pero ese amor ha sido “grande” no porque haya habido respuesta sino porque su entrega era grande.      

 

***

 

Texto:

 

12Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. 13Nadie tiene amor más grande que éste: dar uno la vida por sus amigos. 14Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15Por nada os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 16No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé. 17Esto os mando: que os améis unos a otros.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                Este niño argentino se llama Jan, tiene parálisis cerebral, y su padre, Jorge, que es un simple chapista, ideó un artilugio para estimular a su hijo logrando, al parecer, resultados buenos. Otros padres, uno también en España, han hecho cosa similar. La sonrisa de estos niños al verse “en pie” es el mejor triunfo. Estos padres son personas que, por amor, se entregan a causas al perecer perdidas de antemano. Pero no es así. Son como Jesús: se entregan incondicionalmente y si hay resultados se alegran; si no los hay, siguen amando.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes se entregan sin esperar resultados; gracias por quienes aman sin esperar agradecimiento; gracias por quienes se contentan con el gozo humilde de los pobres.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Precisamente porque somos para Jesús su “amor grande” nos llama amigos.  El mejor modo de llamarnos, porque es una manera que refleja igualdad y afecto. Las religiones tienden a hacernos ver a Dios, a Jesús, como señor, rey, jefe supremo, salvador, omnipotente y cosas así. La palabra de Jesús nos dice otra cosa: eres amigo, igual, persona querida sin hacerte de menos, igual porque él nos trata y nos mira como iguales. Hay que mejorar esas visiones heredadas de un Jesús que no es amigo sencillo y directo. No son las del Evangelio.

                Oramos: Gracias, Jesús, por llamarnos amigos; gracias por tenernos, de verdad, por amigos; gracias por confiar en nosotros/as como se confía en un amigo/a.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Parece que en el texto hay como una condicionalidad: seréis mis amigos si hacéis lo que os mando. En realidad, Jesús es amigo sin condiciones. Pero se puede entender ese “lo que yo os mando” no como normas o mandamientos, sino como amor. Entonces, seremos amigos de Jesús porque amamos: cuanto más amemos, más amigos; cuento menos amemos, aunque él nos siga amando, nos alejamos de su amor. Por eso, no hay coacción, sino aliento para amar.

                Oramos: Que nos amemos sin lejanías; que nos respetemos con aprecio; que nos sintamos cerca para mutua ayuda.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Podría pensarse que nuestro “compromiso” de pertenencia a la comunidad virtual es un compromiso de oración, de juntarnos de vez en cuando para orar, de tomar todos/as, aunque sea individualmente, el mismo texto. Pero, en realidad, el verdadero compromiso es de amor, así como suena. Cuanto más nos queramos, cuanto más lo demostremos, mayor será nuestra vinculación a este grupo. Cuanto más desarrollemos, con quien sea, nuestra capacidad de amar, mejor se cumplirá el objetivo de esta larga andadura.

                Oramos: Que oremos juntos y amemos juntos; que celebremos la fe y la buena relación; que caminemos empeñados en la Palabra y en el amor.

 

***

 

Poetización:

 

Él fue  una persona religiosa.

Le habían dicho:

Dios es el amor más grande.

Pero él aprendió,

en la oración y en los caminos,

que había un amor mayor:

el amor a toda persona.

Más aún, entendió una lección definitiva:

que el amor seguía siendo grande

aunque la otra persona

no devolviera amor.

Por eso, aunque le dolía,

seguía amando

por encima de traiciones,

de abandonos,

de negaciones.

Él no retiraba el amor

porque el suyo era un amor fiel,

amor grande.

De ahí que llamara amigos

a quienes caminaban con él.

Ellos pensaban

que era una forma común

de nombrarse entre personas.

Pero, en realidad,

era la mejor forma de llamarles,

la manera de la igualdad,

del cariño y de la dignidad.

Nunca más serían siervos de nadie,

nunca él sería señor de nadie.

Algún día aprenderán, se decía,

a no llamarme señor.

 

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Para la semana:

 

                Intenta llevar una buena relación con quienes te rodean en respeto y afecto. Mezclar las dos cosas.

 

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Juan 105

CVJ

Domingo, 11 de marzo de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

105. Jn 15,7-12

 

Introducción:

 

                En materia de amor, quizá lo más importante no sea sentir el amor, percibir que uno es “atrapado” en las “redes” del afecto”, sino cómo permanecer en el amor, sobre todo cuando las cosas no vienen bien dadas. Permanecer en el amor por razones de amor. He ahí el secreto de muchos de nuestros comportamientos. La fragilidad de nuestras estructuras vitales se demuestra y se verifica en nuestra capacidad de aguante, de resistencia, de permanencia. Es cierto que los quilates del amor no se miden por los meros años de convivencia. Pero si en esos años sigue vivo, aun con heridas, el amor primero, es que se está en el camino bueno. La permanencia no es mero pasar, terquedad o insensato empeño. Es el fruto de mucha elaboración, de mucha aportación, de mucha búsqueda, de mucha entrega, de mucho disfrute.

                La adhesión a Jesús que, en el fondo, es una cuestión de amor (como toda adhesión) demanda un talante resistente. Por eso habla tanto de seguir, de permanecer, para dar fruto. Sentir y verse tocado por la hermosura del Evangelio es relativamente fácil. Lo difícil es seguir en el mismo empeño de Jesús, en las mismas utopías y anhelos, sobre todo cuando todo parece ir en otra dirección. De ahí que el ánimo de Jesús es constante: seguid, permaneced. La adhesión a Jesús, como todos los caminos verdaderos de la vida, es una cuestión de permanencia, de largo alcance, una carrera de fondo. ¿Cómo mantenerse en el anhelo de una meta que, muchas veces, aparece lejos? No hay más que un camino: no apearse jamás del amor.

 

***

Texto:

 

                7Si seguís conmigo y mis exigencias siguen entre vosotros, pedid lo que queráis, que sea realizará. 8En esto se ha manifestado la gloria de mi Padre, en que hayáis comenzado a producir mucho fruto por haberos hecho discípulos míos.

                9Igual que el Padre me demostró su amor, os he demostrado yo el mío. Manteneos en ese amor mío. 10Si cumplís mis mandamientos, os mantendréis en mi amor, como yo vengo cumpliendo los mandamientos de mi Padre y me mantengo en su amor. 11Os dejo dicho esto para que llevéis dentro mi propia alegría y así vuestra alegría llegue a su colmo.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

            Es una foto que ha impactado últimamente y ha ganado premios: una mujer musulmana, enteramente cubierta, acoge en su regazo y consuela a un joven sirio herido en las refriegas con el ejército. Es una “piedad” de hoy donde se une, por encima de credos, amor y resistencia, acogida y firmeza, consuelo y ánimo. Se verifica en un escenario de enorme dificultad la evidencia de que continuar en el amor es lo que puede salvar al maltratado.

                Oramos: Que nuestra manera de apiadarnos del débil sea permanecer a su lado; que seamos piadosos con los más heridos; que persistamos en ser humanos con quien es postergado.

 

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Desde la persona de Jesús:

 

                Hay que escuchar en el silencio del corazón a ese Jesús que dice: “Manteneos en ese amor mío”. Esto no es cuestión de fe, adhesión a unas creencias, de persistir en unas prácticas religiosas. Es algo más hondo. Habrá que descubrir de una manera viva el amor de Jesús y su honda humanidad. ¿Cómo hacerlo? Mirándoles con mirada de idéntica humanidad, potenciando los valores básicos del ser humano, ahondando en el camino del “arcaico” corazón de las personas. Sin esta inmersión en lo humano no es fácil desvelar el rostro de un Jesús al que se puede amar hoy.

                Oramos: Que desvelemos el rostro amable de Jesús por los caminos de lo humano; que nos toque dentro la persona de Jesús hasta hacer parte del fondo de nuestro amor; que seamos sensibles a todo camino que conecte con el amor.

 

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Ahondamiento personal:

 

                Dice el hermoso poema de Gioconda Belli: “Sólo el amor resistirá”. Y es verdad, la prueba de resistencia humana se verifica en la capacidad de amor, en los cultivos de amor, en la resistencia por motivos de amor, en las opciones de amor, en los compromisos que brotan del amor, en las fidelidades que se mantienen porque uno, simplemente, ama. Si no se transita por estos caminos, la permanencia en actitudes de amor se hace prácticamente imposible.

                Oramos: Que cultivemos con mimo los amores de nuestra vida; que el amor nos lleve a compromisos que se toquen; que nuestras opciones de vida tenga siempre, de manera explícita, el componente del amor.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Nuestra comunidad virtual pasa, a lo largo de tantos años, por muchas vicisitudes. Pero todas ellas tienen un denominador común: la relación nos produce alegrías muy buenas. Por eso, el seguir en la comunidad es, de alguna manera, seguir en la alegría. Jesús habla de “una alegría que llegue a su colmo”. Es el ideal, el horizonte. Los pequeños pasos que demos en esa dirección nos abrirán a una alegría más plena, más honda, a la vez que más sencilla. Son los frutos del “permanecer”.

                Oramos: Que permanezcamos en relación para que crezca la alegría, que valoremos los pequeños gestos para que crezca la alegría; que nos tendamos la mano para que no se debilite la alegría.

 

***

 

Poetización:

 

Percibió muchas veces

que era harto difícil

permanecer en el amor.

Por eso se empeñó

en que sus amigos vieran

lo que él veía:

que resistir por amor,

preguntar por amor,

aguantar por amor,

hacerse fuerte por amor

eran los buenos caminos

para el logro de la alegría honda.

A lo largo de su vida

vio muchas pobrezas,

sintió el sabor de muchas lágrimas,

vio ojos y manos cansados,

pies que se arrastran desalentados.

Pero también se dio cuenta

de que la manera de no sucumbir

al desaliento vital

era ser tercos en amar,

no apearse de la senda de la entrega,

creer que la vida en amor

es la que lleva a la dicha.

Fue tan fuerte esta convicción

que él llamó a sus amigos

a un seguimiento en amor,

no tanto a unas creencias o normas.

Cuando el desaliento hacía presa

en lo hondo de su corazón,

se repetía como un mantra:

“hay que seguir amando,

hay que seguir amando”.

Esa fue la luz en el horizonte

que guió sus pasos.

 

***

 

Para la semana:

 

                No desesperes de amar cuando las cosas en estos días se tuerzan un poco. Que el brillo del amor fiel se refleje en tu mirada.