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FIAIZ

COMUNIDAD SAN JUAN

Juan 32

 

CVJ

Domingo, 7 de febrero de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

32. Jn 6,37-40

 

Introducción:

 

No hace falta ser sociólogo para darse cuenta de que nuestro sistema social y económico genera, además de bienestar para algunos, grandes pérdidas para otras personas. Son los "náufragos" del sistema; han sido echados del luminoso "trasatlántico" del bienestar al oscuro mar de la exclusión. Muchos sostienen que es un efecto inevitable. Pero en esas turbulentas aguas hay personas que luchan para lograr que se pierda la menos gente posible, incluso que no se pierda nadie. Su desigual batalla no es inútil, por encima de los pequeños logros. No es inútil porque habla de un sueño básico, primordial: que no haya pérdidas, que un día sea la fraternidad la casa de todos y de todas sin ninguna clase de exclusión.

Éste ha sido el mismo sueño de Jesús, porque es, así mismo, el sueño del Padre: que nadie se pierda, que nada se pierda. A veces no sabemos cuál es el sentido primero de nuestra vida. Pues el Evangelio lo dice bien claro: contribuir, en la medida de lo posible pero con afán, a que no haya pérdidas, a que quienes lo tienen más difícil en la vida puedan encontrar en nosotros/as un poco de comprensión y apoyo. Contribuir a que nada se pierda. He ahí un ideal divino y hondísimamente humano. Es el ideal de Jesús; podría serlo de cualquier grupo cristiano, de cualquiera de nosotros/as individualmente. De acuerdo con el pensamiento evangélico, éste habría ser el distintivo de los que aprecian a Jesús: dar vida intentando que nada se pierda.

 

***

Texto:

 

37Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí, no lo echaré afuera; 38porque he bajado del cielo, no para hacer mi querer, sino el de quien me ha enviado. 39Éste es el querer del que me ha enviado: que no se pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. 40Este es el querer de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él, tenga vida definitiva, y yo lo resucitaré en el último día.

 

Ventana abierta:

 

Esta es la iglesita de un pequeño pueblo de Álava, cercano a Vitoria (Ali). Nada de especial. Adosada a ella está la casa parroquial, vacía. Está a punto de instalarse una especie de comunidad para apoyar a personas que están en procesos de inserción social, gente que quiere decididamente salir de las aguas de los excluidos. Una comunidad cristiana vive con ellos y gente de la parroquia les apoya. Hacen, quizá sin pretenderlo, lo mismo que hace Jesús: dar vida luchando para que nadie se pierda. La modestia de su obra y su anonimato no le quitan ni una pizca de sentido a su hermoso intento:

Oramos: Gracias, Señor, por quienes luchan contra toda exclusión; gracias por quienes quieren poner rostro al Evangelio; gracias por quienes se sienten tocados por la suerte y los caminos de los empobrecidos.

 

***

Desde la persona de Jesús:

 

Es hermoso percibir la realidad de un Jesús que tiene como anhelo profundo el que nada se pierda. A él no le interesan ni los dogmas, ni las organizaciones religiosas, ni las grandes ideas, ni las liturgias exquisitas. A él le importa que no haya pérdidas en la historia, ni pérdidas de cosas siquiera. Por eso dirá que el Padre corre tras la oveja perdida arriesgando a las noventa y nueve. Él mismo, como un "desgraciado", ha ido detrás de muchas personas que, social y religiosamente hablando, no "merecerían" la pena. ¿Por qué ha hecho esto? Porque ha mirado al fondo de la realidad. Y ahí está anclada, inamovible, hermosa, la dignidad de toda criatura. Ha sabido verlo con toda claridad.

Oramos: Que percibamos, cada vez más, la dignidad de la persona y de las cosas; que creamos que toda persona merece ser apoyada; que nos importe cada vez menos ir detrás de quien tiene necesidades.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

Hemos entendido los cristianos el éxito de la fe, la salvación, como el estar con Jesús en el cielo. Eso tal vez nos ha llevado a no mirar con la necesaria urgencia hacia lo que se pierde. ¿Y si comprendiéramos que salvarse es que las pérdidas aminoren, desaparezcan? ¿Dónde encontrar el coraje personal para no desanimarse cuando percibimos que quien anda mal es duro, condenador, tramposo, malo (razones tiene), pero que, aun así merece que no pierda? Quizá mirándose a si mismo/a y percibiendo que uno también está siempre expuesto al riesgo, que la exclusión es una amenaza común y que cualquier día se puede abrir ante nosotros la puerta de ese abismo. Hermanados en el riesgo, hermanados en la posibilidad. Eso tendría que llevarnos a una indudable solidaridad con todo camino de exclusión.

Oramos. Que percibamos los riesgos de la exclusión para animarnos a luchar por ella; que ampliemos nuestros corazón, nuestra casa, nuestro abrazo; que comprendamos los duros caminos de quien anda en los márgenes.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

También en la comunidad virtual podemos ayudarnos a no "perdernos", a centrarnos mejor en nuestros mejores deseos, en nuestro sueños, en nuestros ideales. Efectivamente, corremos un tremendo riesgo de dispersión, de despiste, de pérdida. No es fácil en nuestro momento social vivir centrados en lo que uno quiere. Podemos ayudarnos. Cualquier pequeña colaboración a la obra común de nuestra vida puede ayudar.

Oramos: Que creamos que es posible ayudarnos para no perdernos en la barahúnda de los días; que valoremos los gestos que nos ayudan a centrarnos en nuestros ideales; que agradezcamos a quien nos acompaña con su ánimo y amparo.

 

***

 

Para orar:

 

Todo me has dado y para ti mi vida 
deshoja su rosal de desconsuelo,
porque ves estas cosas que yo miro, 
las mismas tierras y los mismos cielos,

porque la red de nervios y de venas
que sostiene tu ser y tu belleza
se debe estremecer al beso puro
del sol, del mismo sol que a mí me besa.

Señor, todo me has dado; por eso mismo 
a través de tu ser siento las cosas:
estoy alegre de mirar la tierra 
en que tu corazón tiembla y reposa.

Me limitan en vano mis sentidos 
-dulces flores que se abren en el viento-
porque adivino el pájaro que pasa 
y que mojó de azul tu sentimiento.

Y porque ocurre que todo me has dado,
ya se florecen para mí tus años, 
la cascada de cobre de tu risa 
que apagará la sed de mis rebaños.

Hostia que no probó tu boca fina, 
amador del amado que te llame, 
saldré al camino con mi amor al brazo 
como un vaso de miel para el que ames.

Ya ves, noche estrellada, canto y copa 
en que bebes el agua que yo bebo, 
vivo en tu vida, vives en mi vida, 
todo me has dado y todo te lo debo.

 

***

Juan 31

CVJ

Domingo, 31 de enero de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

31. Jn 6,34-36

 

Introducción:

 

                No nos cabe duda, y menos viendo las imágenes de esta temporada en torno al terremoto de Haití, que el hambre no saciada es el rostro de nuestra inhumanidad. Que haya todavía hambre sobre la tierra es una vergüenza que nos debería sonrojar las 24 horas del día. Pero, además, hay otras hambres, menos perentorias, pero no menos importantes,  que tampoco están bien saciadas: el hambre de cultura, de salud, de vivienda, de amparo, de acogida, de amor, de dicha, de consuelo, etc. Hambres que es necesario calmar para que la persona llegue a creer que ha sido puesta en esta tierra para el disfrute y el amor, no para el sufrimiento. Hay muchas personas que, desde diversos lados, se empeñan en ir saciando estas otras hambres imprescindibles. Muchas veces no se las tiene en cuenta, pero son el pulmón con el que puede respirar nuestro mundo.

                Puede parecer ingenuo o simplista, pero el Evangelio sostiene que la adhesión a  Jesús, a su fe en el amor como principio activo de la existencia, puede ayudar a calmar esas otras hambres tan urgentes. Así es, adherirse a Jesús no es, en primera instancia, una opción religiosa es, por así decirlo, un compromiso efectivo para trabajar en las tareas de saciar hambres de vida. El Evangelio dice que nadie va a saciar tales hambres por arte de magia, sino que la persona, toda persona, tiene dentro el potencial necesario para colaborar a que esas hambres mengüen un poco y disminuya el caudal de humanidad aumentando el de la dicha. ¿Es creíble un planteamiento tal? Pues en algo de eso consiste la dicha, en algo de eso está el quid de la fe cristiana. El resto, por sagrado que parezca, es ropaje, ayuda, herramienta, cauce para llegar a esa convicción y a esas colaboraciones.

 

***

 

Texto:

 

                34Entonces le dijeron:

                -Señor, danos siempre de ese pan.

                        35Jesús les contestó:

                -Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; 36pero como os he dicho, me habéis visto y no creéis.

 

 

***

Ventana abierta:

 

                Esta es una foto cualquiera de una escuelita cualquier en algún lugar de América Latina. La pobreza se palpa en todos los detalles. Pobres las mesas, los cuadernos, los murales, el local. Pero la sonrisa de los niños, su gesto de disfrute pone el toque de humanidad. Es que saciar el hambre de cultura es abrir horizontes al futuro de los débiles sociales. Por eso, quien se dedica a sembrar la humilde cultura de los pobres es como Jesús: sacia las otras hambres, aquellas que, superadas, hacen a la persona más dueña de su destino y de sus días.

                Oramos. Gracias, Señor, por quienes sacian el hambre de cultura de los débiles; gracias por quienes creen en el futuro de quien lo tiene más difícil; gracias por quienes humanizan sin miras egoístas.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice Jesús que es pan para la vida. No solamente, ni sobre todo, pan para el estómago, sino para el conjunto de la vida. Con ello se está queriendo decir al seguidor/a que también él/la ha de optar por alimentar la vida en todas sus dimensiones. Dejarse "comer" para que la vida brote es un beneficio para los débiles pero también lo es para quien se entrega. Cuando uno/a es pan para la vida, se interesa por la suerte y la dicha de quien menos posibilidades tiene está haciendo verdad la palabra de Jesús: colmar hambres de vida es la verdadera tarea de quien ha entendido la adhesión a Jesús.

                Oramos: Te bendecimos, Señor, porque no te cansas de sembrar vida en nuestros caminos; te alabamos porque suscitas en nosotros/as el hambre de vivir; de damos gracias por quienes persisten en ser mediación de vida para otros.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Jesús desenmascara la actitud de sus paisanos: ellos, que se dicen tan creyentes, en el fondo no creen porque no se apuntan con decisión a sembrar vida, a quitar hambres, a construir el futuro de su pobreza. Todos sus esfuerzos van por el cauce religioso y, desde ahí, esperan un Moisés mayor que llene mágicamente sus estómagos vacíos. Echan la pelota al tejado de Dios (de Moisés) cuando la responsabilidad está en sus manos. La religión no les ha hecho ver que son ellos los gestores de su dicha y de la de los demás. Cuesta creer en una adhesión a Jesús como afán real para colaborar a quitar hambre del camino humano.

                Oramos. Que nos animemos a quitar hambres de  la vida y del corazón de las personas; que construyamos un tipo de vida fraterno por encima de egoísmos; que acojamos con alegría la responsabilidad de quitar hambres que Jesús nos pone delante.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Quizá sea mucho decir que la comunidad virtual nos ayuda a quitarnos las hambres básicas de la vida. pero algo de eso va haciendo, poco a poco y moderadamente, en esta cercanía humana que nos posibilita el trabajo con la Palabra. Porque no creamos que el mayor beneficio de estas pequeñas inquietudes es que aprendemos más de Jesús o de religión. Eso viene después. Lo más importante es que va haciendo en nosotros cierta la evidencia de que nuestra vida tiene valor y sentido en la medida en que se orienta al disfrute, a la dicha y a la humanidad. Si nos hace "creer" en esto, nos ha ayudado a saciar nuestras hambres.

                Oramos: Gracias, Señor, por los pequeños gestos de humanidad que recibimos; gracias por quienes son fieles en mirar siempre en la dirección del otro; gracias por poner en nuestro camino manos y brazos que nos sostienen.

 

***

 

Para orar:

 

"Como pan vino la palabra,
como fragmento de crujiente pan
fue dada,
igual que pan que alimentase el cuerpo
de materia celeste.
Vino, compartimos su íntima sustancia
en la cena final del sacrificio.
Y nos hicimos hálito, sólo soplo de voz.
Palabra, cuerpo, espíritu.
El don había sido consumado."     

 

(José Ángel Valente)

 

***

 

Juan 30

CVJ

Domingo, 24 de enero de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

30. Jn 6,30-33

 

Introducción:

 

                Resulta difícil superar el mecanismo que hay en nosotros de esperar, muchas veces, que, ante nuestro problemas, las cosas nos vengan llovidas del cielo. Creemos aún mucho en mesianismos, cambios inesperados, loterías, prodigios. Pero resulta que la fuerza para cambiar, para mejorar, está dentro de nosotros/as. Esa fuerza no es otra que la fuerza del amor. Éste no es un simple sentimiento. Es un dinamismo, una fuerza (dynamis significa fuerza) con la que Dios nos ha dotado para poder construir una existencia nueva, para andar los caminos de la novedad. Por eso mismo, creer en la fuerza del amor, por ingenuo que parezca a estas alturas, es imprescindible para vivir con dignidad y novedad.

De eso habla el texto de este semana: los paisanos de Jesús creen que Moisés fue el gran benefactor porque les dio "pan del cielo", un pan que no habían sudado ni ganado. Pero, en realidad, quienes comieron de tal pan no están hoy con nosotros. Ese pan no les ha servido para puentear la dentellada de la muerte. Jesús dice que él tiene el pan verdadero, el que da "vida definitiva". ¿A qué pan se refiere? No es otro que el pan del amor, de una vida entregada en creciente y total amor. Ese pan es el que va dando vida definitiva a la historia. Y tal pan se cuece en la vida de cada uno/a. Es que, como hemos dicho otras veces tomando la frase de Gandi, el amor es una "fuerza política", es decir, tiene capacidad de transformar la realidad en sus mismas raíces. Creer a Jesús, adherirse a él, pasa por dar fe a esta honda intuición suya: tienes dentro (Dios la ha sembrado) la fuerza transformadora de tu vida y de la realidad. Esa fuerza no es sino el amor activado, creído, puesto en práctica, entregado. Es cuestión de "creer" y de darse, poco a poco, a la tarea.

 

***

Texto:

                       

                        30Le dijeron:

                -¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿En qué te ocupas? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo".

                        32Jesús les replicó:

                -Os aseguro que nunca os dio Moisés pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el genuino pan del cielo. 33Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y va dando vida al mundo.

 

***

Ventana abierta:

 

 

                Esta monja se llama Pilar Pascual. Es Hija de la Caridad, natural de Falces, Navarra. Una "monja cualquiera". Pero lleva muchos años, casi toda su vida, en Haití, trabajando en temas de alimentación de niños. Ahora ha salido a las páginas de la prensa porque estuvo varios días "desaparecida". Pero está viva y sigue con su terco propósito de seguir trabajando en un país empobrecido. Es gente que no se cansa de dar vida, de creer que el amor puede ir haciendo lo que deshace la pobreza, la opresión o un terremoto. Gentes como ella, anónimas pero amantes de la gente, son los que ponen carne al Evangelio.

                 Oramos. Gracias, Señor, por quienes creen a pie juntillas en la fuerza del amor; gracias por quienes ponen carne al Evangelio; gracias por quienes se sitúan en la orilla de los empobrecidos.

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús dice que su pan "da vida al mundo". Es decir, el mundo recibe un "chorro de amor" que viene de la persona de Jesús. Se puede pensar que lo que Jesús ha aportado a la historia de la humanidad es haber traído una religión (mejor o peor que otras). Pero, en realidad, lo más valioso de la aportación de Jesús al caudal de la vida es todo el amor que ha suscitado en quien se ha ido adhiriendo a él, todos los trabajos de amor (aunque fueren mal pagados) que muchas personas han sido capaces de poner en pie animadas por su recuerdo. Lo más valioso de la aportación de Jesús al tesoro de la vida ha sido su amor y el amor que ha suscitado en muchos corazones a lo largo de los años.

                Oramos: Gracias, Señor, por suscitar incansablemente amor entre las personas; gracias por sembrar amor en el surco de la vida; gracias por creer en el amor hasta entregar tu valiosa vida.

 

***

 

Ahondamiento:

 

                Los paisanos de Jesús le pedían constantemente "señales" que avalaran su actuación. No veían que tenían ante sus narices la mayor de las señales, la más fiable: su hondo amor. Con eso tendría que haber sido suficiente. Pero quien no tiene la vida asentada en el amor pide señales, argumentos, razones para creer en la posibilidad de una vida mejor. De ahí que, aunque suene lejano, es preciso intentar continuamente una conversión al amor, no tanto una conversión religiosa. Se ha creído que ésta podría enriquecer la vida del creyente. Pero, en realidad, lo que enriquece la vida del creyente y de toda persona es la vuelta a las sendas del amor, el continuo y fiel caminar en la orientación de una vida generosa y entregada. Creer en el amor supone una donación del corazón, un abrir la puerta de ese huerto cerrado que es nuestro interior más querido para compartirlo con otros.

                Oramos: Que nos convirtamos cada día al amor dándonos con creciente generosidad; que creamos que tenemos dentro la mayor fuerza de transformación personal y social que es el amor; que ayudemos a poner el amor por delante en nuestras actuaciones cotidianas.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Quizá sea mucho decir que la comunidad virtual pueda ser una plataforma para "darnos vida". Pero, en una parte humilde, así lo es: los pequeños gestos de cercanía, los recuerdos, el fiel continuar, el estar ahí, el orar en torno a la Palabra, los esporádicos encuentros, los pequeños planes comunes, son migajas del amor, pero muy valiosas. Con esos pocos se va confeccionando el menú de un banquete de amor. Por eso, no menospreciemos esos pocos ya que también ellos contribuyen a construir la vida en amor.

                Oramos: Que nos demos vida con nuestra cercanía; que nos demos amparo con nuestros abrazos; que nos demos amor con nuestra fidelidad.

 

***

 

Para orar:

 

¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano,
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles.


(ÁNGEL GONZÁLEZ)

 

***

 

 

 

Juan 29

CVJ

Domingo, 17 de enero de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

29. Jn 6,28-29

 

Introducción:

 

                Una de las maravillas inexplicables de la existencia humana es la capacidad que tenemos para construir adhesiones. La buena adhesión es profundamente desinteresada, mira al fondo de la realidad, no se mueve por valores económicos, es el rostro de la bondad más desconocida. Esas adhesiones brotan en todos los campos de la vida y las más maravillosas son aquellas que nacen en la vida de los humildes. En el subsuelo de la historia se han tejido y construido millones de adhesiones de profunda bondad y amor que hacen que uno pueda pensar que el horizonte de esta historia es la fraternidad y la dicha. Esas adhesiones habría que agradecerlas, cuidarlas, disfrutarlas, conmoverse ante ellas para que nos empujen a generar, también en nuestra vida, adhesiones similares. Estamos hablando de lo más noble de la existencia humana, de aquello que nos hace simple y profundamente humanos.

                El Evangelio de san Juan no dice que el seguidor/a tenga que creer en Jesús, sino que habría de ir dándole adhesión. La fe no es, según el Evangelio, la aceptación de un conjunto de creencias o de unos códigos de normas. Es una adhesión, algo hecho incomprensiblemente de amor y de bondad, un "pegarse" a la vida Jesús por la vía del amor, de la ternura, del temblor vital. Y esto no es sentimentalismo barato. Son los dinamismos más vivos de la persona. Si la fe en Jesús los desechara por infantiles, cometería un grave error. Una fe basada en la adhesión, en las hondas certezas, puede ser de calidad. Si únicamente se agarra a los dogmas religiosos, le amenaza la frialdad de lo que se cree, incluso el fanatismo religioso, pero carecería del fuego hondo, tenaz y reconfortante del amor. No es de extrañar que san Juan se empeñe en suscitar adhesión en quien lee su Evangelio.

 

***

 

Texto:

 

                28Ellos le preguntaron:

                -¿Cómo podremos dedicarnos a los trabajos que Dios quiere?

                        29Respondió Jesús:

                -Este es el trabajo que Dios quiere: que deis adhesión a quien Él ha enviado.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

 

                Este es Juan López de Uralde, director de Greenpeace en España, ya en libertad tras 21 días preso en Dinamarca por mostrar una pancarta de protesta en la cumbre del clima en Copenhague, habiéndose colado a la cena oficial de los políticos. Gran "crimen", al parecer, en la "democrática" Dinamarca. Dice este señor que lo volvería a hacer mil veces. Lo que maravilla de estas personas es una inquebrantable adhesión a un ideal, en este caso ecologista. Más allá de sus contradicciones (que las tendrán) son personas que logran tocar el fondo de la adhesión a un ideal. En ese sentido nos empujan a generar ideales nobles en nuestra vida y a mantenernos fieles por encima de tormentas.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes generan adhesiones hondas; gracias por quienes abrazan ideales nobles; gracias por quienes afrontan la injusticia y no desisten del bien.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice el pasaje de esta semana que el seguidor/a habría de prestar adhesión a Jesús entendiéndolo como un "enviado", es decir, como alguien que tiene conexión profunda con el Padre y su amor insaciable. Por eso, la adhesión es, en el fondo, un tremendo misterio de amor. Entronca con todos los misteriosos amores de la historia humana, inexplicables, gozosos, trémulos, envolventes. Construyendo la adhesión a Jesús se conecta, en el fondo, con el profundo e inexplicable misterio de todo amor. Adhiriéndonos (a Jesús y a cualquiera) entramos en ese misterio; despegándonos del corazón de los demás nos alejamos de ese misterio de vida.

                Oramos: Que nos atraiga siempre el amor de Jesús y el de las personas; que vivamos envueltos en el misterio del amor, aunque se manifieste de maneras humildes en nuestra vida; que nunca nos avergoncemos de amar.

 

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Ahondamiento personal:

 

                Dice el Evangelio de esta semana que construir la adhesión es un "trabajo". Por eso decimos que no se trata de mero sentimentalismo. Es un trabajo que se hace pacientemente, tenazmente, artesanalmente, poco a poco, día a día. El hermoso edificio de la adhesión está hecho piedra a piedra, entrega a entrega, silencio a silencio, donación a donación, camino a camino. Por eso, habríamos de desear esa tenacidad de quien se ha enamorado y está dispuesto/a a mantener ese amor alumbrado todos los días de su vida. Esa "tenacidad" es el rostro maravilloso de toda adhesión.

                Oramos: Que seamos constantes en construir adhesiones; que no nos quiebre nunca  ni nuestra debilidad ni la ajena; que el amor siempre alumbre nuestros pasos en la vida diaria.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Nuestros medios son modestos, pero podemos colaborar a entusiasmarnos con la persona de Jesús, a serle cada día más fieles y tenaces en nuestra adhesión a él. Nombrarlo, orarlo, recordarlo, ponerlo sobre la mesa, contagiarnos entusiasmo por la Palabra, acercarnos a él en la vida de las personas más en necesidad, éstos son los caminos sencillos para ir ayudándonos a construir nuestra adhesión a Jesús. Nada de esto sería posible si no mantenemos encendida la lámpara titilante pero necesaria del recuerdo. Por eso, la oración con la Palabra puede ser el aceite que mantenga siempre encendida esa pequeña lámpara.

                Oramos: Que demos valor a nuestro camino orante para mantener encendida la lámpara del amor a Jesús; que nos contagiemos deseo e interés por él; que nos animemos a permanecer siempre en la adhesión a quien está del todo adherido a nuestra vida, Jesús nuestro hermano.

 

***

 

Para orar:

 

Para siempre me tienes a tu vera,
la querencia me aposta a tu costado,
y si acaso me ausento de tu lado,
tendida junto a ti dejo mi estera.
 
Para siempre me tienes, compañera,
para siempre me tienes aferrado,
parra que alzas, rosal que te ha trepado,
hiedra tenaz, osada enredadera.
 
Yo nunca cejo, amor, yo nunca cejo,
a menudo me vuelvo en el camino
y en el rostro me llevo tu reflejo.
 
Nunca me alejo, amor, nunca me alejo,
de pájaros me lleno y me culmino
y me venzo hacia ti, por ti me inclino.

 

 

Juan 28

CVJ

Domingo, 10 de enero de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

28. Jn 6,22-27

 

                Cuando se escucha la palabra "generosidad" todos echamos la mano a la cartera, para ponerla a buen recaudo. Porque no es fácil que este valor encaje bien con los planteamientos economicistas de nuestra sociedad. Pero la generosidad no es sólo cuestión de dinero: es cuestión de tiempo, de prestar atención, de acompañar, de interesarse, de acercarse, de compartir, de caminar juntos, de hacer propio el dolor ajeno, de imaginar a la vez, de valorar como propias las situaciones ajenas. En definitiva, la generosidad es una manera distinta de mirar a la realidad y a las personas, aquella que las ve en honda relación con lo que yo soy. Es ingenuo decirlo: pero muchas de las situaciones que afligen el camino humano se suavizarían muchísimo con el lubricante de la generosidad. Más aún: los comportamientos generosos abren la puerta del corazón de muchas personas.

                No ha de extrañar que el Evangelio apele muchas veces a la generosidad como remedio para las duras situaciones de la vida. La multiplicación de los panes había sido más que una invitación un desafío de generosidad. Según el texto que leemos hoy, la gente no lo ha entendido así: buscan a Jesús porque su propuesta les ha llenado el estómago y quieren seguir gozando de ese privilegio sin tener que poner nada de lo suyo, de sus cosas y actitudes. Jesús les quiere hacer ver que "la vida definitiva" que él da pasa por el cambio de estructuras personales y sociales. Y éstas, según él, difícilmente se darán si no funciona el dinamismo de la generosidad. Así es, ésta es más que una virtud, es una fuerza, un empuje, un valor básico. Volver sobre la generosidad es volver sobre las raíces del Evangelio y sobre los trasfondos del sueño de Jesús. Éste, la fraternidad ente las personas y con las cosas, nunca podrá lograrse si la generosidad no impulsa los caminos humanos. Pretender ser seguidor/a de Jesús sin generosidad es prácticamente imposible.

 

***

Texto:

 

                        22Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no había habido más que una barquilla y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos. 23Entre tanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan (sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias). 24Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

                        25Al encontrarlo en la otra orilla del lago le preguntaron:

                -Maestro, ¿cuándo has venido aquí?

                        26Jesús les contestó:

                -Os lo aseguro: me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido pan hasta saciaros. 27Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura dando vida definitiva, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el padre Dios.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

            En la foto una madre mira a su hija enferma con trastorno bipolar. Es el vivo reflejo de tantas madres que, desbordadas y acongojadas, se hacen cargo de los enfermos, dejan sus trabajos para dedicarse a cuidarlos, se encierran de por vida con el hijo en el domicilio familiar, lugar con frecuencia de muy difícil convivencia. Son imagen de la generosidad oculta, la más dura y la más hermosa de todas las generosidades. Sin ellas, la sociedad se colapsaría y no habría manera de salir adelante. Posiblemente poca gente les reconoce su aportación, pero son decisivas.

                Oramos: Gracias por toda persona que es generosa en lo oculto; gracias por quienes siguen en la brecha de la entrega; gracias por quienes andan los caminos difíciles de los débiles.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice el texto que el Padre ha marcado a Jesús con su sello. ¿Qué dice el sello de Dios? Según Jn  3,33, la inscripción de sello de Dios reza: "Dios es leal", que es lo mismo que decir: Dios es siempre generoso, por encima de cualquier debilidad histórica. Una generosidad, la de Dios, terca, entregada, más allá de agradecimientos o desdenes. Esta generosidad increíble es la que hace que Jesús pueda dar vida definitiva. Esta clase de generosidad sin espera de premio, aplauso o recompensa es con la que el seguidor/a de Jesús puede hacer algo en el ambiente en que se mueve. Por eso, la generosidad no es solamente una virtud, sino una fuerza y la señal de que se va entendiendo el planteamiento de Jesús. Creer en él siendo tacaño no es posible.

                Oramos: Te damos gracias, Señor, por Jesús, generoso incansable con el camino humano; te damos gracias por su estar de nuestro lado, más allá de nuestra incomprensión; te damos gracias por su generosidad derramada sin mirar a quién.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                El problema de la multitud, según este pasaje, es saciarse. Para saciarse emplea el camino de comer: comer mucho, siempre, tener asegurada la comida, lo que nos mantiene en pie en nuestro lado físico. Eso, evidentemente, es necesario. Pero no es suficiente. Hay "otras necesidades", como decía Ellacuría: la necesidad de respetarnos en nuestros derechos humanos, la necesidad de la libertad, de las nuevas relaciones con la naturaleza, la necesidad de ser amados-abrazados-amparados. No son necesidades menores. La vida sin ellas se vería abocada al fracaso. Cualquier cosa que se haga por colmar esas hondas necesidades nos coloca en la línea del Evangelio.

                Oramos: Que colmemos la necesidad de amparo y ternura; que colmemos la necesidad de dignidad; que colemos la necesidad de silencio y contemplación.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                En nuestro grupo virtual podemos enseñarnos la generosidad en maneras sencillas: estando ahí, aun en la distancia; orando juntos, o separados, en una comunión de Evangelio que traspasa fronteras; en los pequeños momentos de cercanía y de interés por la situación de vida de los demás; en el disfrute de los gozos pequeños de la vida y de la fe; en las convivencias que hacemos y que nos acercan los unos a los otros. Cualquier manera es buena para ser generosos. Si las ponemos en práctica seremos los primeros beneficiados. Es así: la generosidad engendra generosidad con todos y también con el donante.

                Oramos: Que creamos en la importancia de los detalles generosos; que nos acerquemos con gusto a la vida de los demás; que nos ayudemos en cosas sencillas que confortan el alma.

 

***

 

Para orar:

 

Señor, ayúdame a buscar en primer lugar tu voluntad. Libérame de las preocupaciones sofocantes de la vida cotidiana. Concédeme la serenidad de los lirios del campo y de los pajarillos, que no se angustian por su supervivencia.

Hazme generoso, Señor. Haz que piense antes en los otros que en mí mismo. Concédeme el discernimiento necesario para realizar cada vez elecciones justas.

Señor, me gustaría ser capaz de dar testimonio de ti, de llevar tu Palabra a los hombres en el mundo en el que vivo. Pero me atosigan las dificultades, tengo demasiado miedo a no salir bien del envite, soy tímido y me falta seguridad. Hazme comprender que el éxito no depende de mis capacidades, sino de tu voluntad.

Concédeme el don de la sencillez, Señor, para que sepa encontrar lo esencial y no me disperse en mil revuelos de actividades superfluas.

***

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan 26

CVJ

Domingo, 13 de diciembre de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

26. Jn 6,14-15

 

Introducción:

 

                El argumento de la fuerza es, todavía, un gran argumento: por la fuerza se invaden países, por la fuerza se ordena el mundo de la economía, por la fuerza se impone un género sobre otro y una persona sobre otra, por la fuerza se quiere apabullar con ideas u opiniones, por la fuerza se empuja al débil a la cuneta de la exclusión. La fuerza sigue siendo un dinamismo auténticamente operativo. Quien trabaje por desactivarlo se verá, él mismo, muchas veces empujado por un vendaval de fuerzas que quieren sojuzgar y acallar el anhelo de una vida sin el empleo de la fuerza. En el seno mismo de la familia, de la pareja, cuando la puerta de casa se cierra, es, con frecuencia, el argumento de la fuerza el que conduce las relaciones. ¿No es posible a los humanos vivir sin el argumento de la fuerza?

                El texto de esta semana es la reacción a la propuesta del compartir sobre la base del todo no siendo obstáculo la pobreza. Parece que la reacción normal habría sido la aceptación del planteamiento de Jesús, abrir la "bolsa" de cada uno/a para poner sobre la mesa aquello de que se dispone en el deseo de compartir. Pero no. La reacción es el empleo de la fuerza para aprovechar el liderazgo de Jesús en beneficio exclusivo de quien ve ahí un filón de ganancias. Por eso "iban a llevárselo por la fuerza para hacerlo rey". En realidad, no querían tanto encumbrar a Jesús cuanto hacer valer el argumento de su fuerza, sabiendo que, luego, le sacarían partido. Gente de la fuerza, en vez de personas del compartir. Ahí se describe el extravío de lo humano que nos aleja de la humanización, del sentido y del gozo de vivir. ¿Aprenderemos de la mano del Evangelio el paulatino abandono de la fuerza?

 

***

Texto:

 

                        14La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:

                -Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.

                        15Jesús, sabiendo que iban a llevárselo por la fuerza para proclamarlo Rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                Este es un dibujo muy popularizado de Hypatia de Alejandría. Esta figura nos es más conocida hoy debido a la película "Ágora" de Amenábar. Más allá de certezas históricas (no se sabe mucho de ella), parece indudable que murió descuartizada por alguna horda de cristianos fanáticos porque no quiso convertirse al cristianismo. Arrollada por la devastación de la fuerza, como tantas otras personas de las que ni siquiera se guardará en la historia el mínimo recuerdo. Pero el Evangelio les da la razón porque cree que su muerte injusta no ha sido en vano, ya que la fuerza no tendrá la última palabra, sino que serán el bien, el respeto, la tolerancia y el amor quienes, al final, saldrán airosos. ¿Es posible mantener hoy en día en pie y viva esta convicción?

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes sucumbieron a la fuerza manteniéndose en sus convicciones; gracias por quienes sembraron respeto, tolerancia y amor; gracias por quienes, aunque olvidados, fueron víctimas inocentes del inhumano vendaval de la fuerza.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                Dice el texto que Jesús "se retiró de nuevo al monte, él sólo". Ese "de nuevo" indica que Jesús frecuentaba aquella soledad. Quizá no era la primera vez que el vendaval de la fuerza pretendía arrollarle, que el torbellino de los intereses particulares quería tragarlo. Pero él, hombre fiel y resistente, se opuso con todas sus fuerzas. Y esas fuerzas las halló en la soledad, en el monte, en la oración, en el alejamiento de los circuitos de poder. Había que tener claras las cosas, lúcidas las opciones para no dejarse trastornar por  los agradables cantos de quien promete días de gloria, aunque en el fondo esté su insaciable sed de poder.

                Oramos: Gracias, Señor, por tu fidelidad mantenida en contra de crisis internas y externas; gracias por ir a la soledad para encontrar sentido y orientación; gracias por mantenerte lúcido cuando suena en tu entorno la melodía del poder.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

                Entre "aquellos hombres" que, dice el texto eran unos cinco mil, habría, sin duda, gentes de buena voluntad que, sin segundas intenciones, querían proponer a Jesús un liderazgo mayor que el del mismo Elías el Profeta. Eso es justamente lo que hace el poder: so capa de liderazgo, de beneficio para el colectivo, de mejora para la comunidad, en realidad, lo que propone es la ganancia de quien encumbra en el poder. Por eso, si uno/a pretende mantenerse crítico ante el poder, lo que ha de hacer es, en primera instancia, alejarse, lo más posible, de los entramados de poder, de cualquier poder, del poder cotidiano, laboral, familiar, social que está al alcance de la mano. Como entres en la maraña del poder, no saldrás bien parado de ella.

                Oramos: Que nos alejemos de todo entramado de poder; que mantengamos la capacidad crítica en la lejanía de toda instancia de poder; que nos sintamos bien fuera de las estructuras de poder.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                El mecanismo del compartir no nos puede llevar a ser avasalladores con el argumento de la fuerza. Al contrario, el respeto, la tolerancia, el diálogo, la capacidad de reconocer en el camino del otro/a un camino válido habrían de alejarnos de la fuerza. Esos son los valores básicos sobre los que se asienta nuestra comunidad virtual. Si ha podido "resistir" durante años ha sido por esa flexibilidad que no exige nada a nadie, sino que acoge cualquier decisión que se tome. Desde el momento en que usáramos la fuerza, estaríamos destruyendo lo construido.

                Oramos: Que el respeto nos sea siempre un valor querido; que la tolerancia fundamente nuestra relación; que el diálogo sea nuestra mejor manera de acercarnos al corazón del otro/a.

 

***

 

Para orar:

 

El vendaval llega a la orilla sin previo aviso
de repente todo está lleno de su fuerza
todo gira, todo vuela
como en una gigantesca composición
como en un nuevo orden.

El vendaval llega
y se impone en forma natural
es imposible negársele
y no hay defensas que no rompa
y no hay equilibrio que no altere

El vendaval llega
y se va dejando sus marcas,
dejando cual estela de frenesí
y desmesurada intensidad
la desolación.

 

Es entonces cuando tú, Señor,

Nos dices, quedo, humilde:

ven al monte,

ven al silencio,

sosiégate,

encuentra de nuevo el rumbo.

 

***

 

 

Juan 25

CVJ

Domingo, 6 de diciembre de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

25. Jn 6,1-13

 

Introducción:

 

                No resulta fácil al ciudadano/a de hoy  creer en el funcionamiento de los que podríamos llamar "mecanismos simples" como por ejemplo: el acompañamiento como remedio a la honda soledad, la alegría común como gozo potenciado, la generosidad como grasilla que engrasa el chirriante carro de la relación, el compartir como remedio al más primigenio egoísmo. Son, como decimos, humildes mecanismos que no gozan de prestigio ni se cree en ellos. Pero, ¿funcionan o no funcionan? Cuando se analiza el comportamiento de cualquiera de ellos se conviene en decir que funcionan, o mejor, que funcionarían si se los pusiera en práctica. Su pobreza, su menosprecio no puede ocultar su indudable eficacia. No estamos hablando de "filosofías", sino de maneras de funcionar en lo más cotidiano de la vida.

                El texto que proponemos para la oración en esta semana tiene que ver con uno de esos mecanismos simples: el compartir como remedio al egoísmo primigenio. El signo de la llamada "multiplicación de los panes" tiene en el fondo sembrado este planteamiento: compartiendo sobre la base del todo, llega, no siendo obstáculo la pobreza. No hay economista sensato que proponga una cosa así (aunque, en realidad, en esta hora de la crisis, hay gente que habla de tales planteamientos). Pero la cosa es si el mecanismo funciona o no: ¿cómo, si no, controlar ese egoísmo íntimo que anida en la estructura del ser humano? ¿Cómo intentar modificar, si se pretende, esa imparable tendencia a creer que si procuro mi bien exclusivo ahí se acaba el problema? ¿Cómo hacer nuestro el sufrimiento del otro como requisito para una relación nueva? Y, finalmente, podría preguntarse: ¿hay gente que funciona con ese mecanismo simple del compartir? La hay; siempre la ha habido. Y no son gente infeliz; más bien, lo contrario.

 

***

 

Texto:

                        1Algún tiempo después, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). 2Lo seguía una multitud, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. 3Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. 4Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.

                        5Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:

                -¿Con qué compraremos pan para que coman estos? 6(lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer).

                        7Felipe le contestó:

                -Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.

                        8Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:

                        9-Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces pero ¿qué es eso para tantos?

                        10Jesús dijo:

                -Decid a la gente que se recueste en el suelo.

                Había mucha hierba en aquel lugar. Se recostaron: sólo hombres eran unos cinco mil.

                        11Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron de pescado.

                        12Cuando se saciaron dijo a sus discípulos:

                -Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.

                        13Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.

 

***

 

Ventana abierta:

 

 

                He aquí una pintada cualquiera en una pared de nuestras calles. En realidad canta una verdad cuya melodía no queremos escuchar: el consumo desenfrenado, rostro común del egoísmo personal y social, termina devorándonos. No solamente es un alegato contra el consumo, es, además, una profecía contra un tipo de vivencia de la economía desde el ángulo exclusivo del crecimiento y del consumo privado. Crecer es la palabra talismán; consumir es la clave de una economía activa. Pero ni el crecimiento desaforado, ni el consumo refinado terminan haciéndonos más felices. Todo lo que constituye el gozo humano tiene que ver con el compartir (tiempo, bienes, cariño, apoyo, etc.).

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes resisten al consumo con humanidad; gracias por quienes miran la vida desde el gozo del compartir; gracias por quienes quieren crecer menos para vivir mejor.

 

***

Desde la persona de Jesús:

 

                Cuando Jesús dice "haced que esos hombres se recuesten" se está empujando a una postura de libertad como fundamento del compartir. Efectivamente, "recostarse" era postura en la que comían los hombres libres en la época de Jesús. Para entender y vivir la teoría del compartir es preciso sentirse en libertad. Precisamente el truco del consumo egoísta y del no compartir con nadie está en la esclavitud a que nos somete el sistema. Por eso, cuanto más libres, más capaces de generosidad; cuanto más autónomos, más capaces de mirar en la dirección del otro, sobre todo en la del débil.

                Oramos: Gracias por Jesús, hombre libre y generoso; gracias por Jesús, hombre fuerte ante cualquier sistema dominador; gracias por Jesús, persona de gran autonomía para beneficio nuestro.

 

***

Ahondamiento personal:

 

                Cuando el texto dice que "hay aquí un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces" se está escenificando dos cosas: la evidente pobreza que acompaña a la vida humana y la generosidad de quien está dispuesto a compartir desde su pobreza. Todos los planteamientos de fuga del compartir tienen como excusa (evidente) la pobreza. Pero el Evangelio viene a decir que la cuestión no es la cuantía de tus bienes, sino la disposición a compartir lo que tienes. Sobre esto segundo quiere poner el acento el Evangelio. Por eso, el verdadero milagro es que cada uno abramos realmente nuestra "bolsa" y pongamos sobre la mesa lo que poseemos. Será valioso, por humilde que sea.

                Oramos. Gracias, Señor, por los pobres que comparten; gracias por quienes abren su bolso para ofrecer lo que tienen; gracias por quienes van más allá de su pobreza y saben ser generosos.

 

***

Desde la comunidad virtual

 

                Dice el texto que "había mucha hierba en aquel lugar". La hierba es símbolo de fecundidad. Cuando se comparte, hay fecundidad. La comunidad virtual es, en realidad, una cosa muy humilde. Pero puede ser un lugar "con hierba" en la medida en que se comparta. Si no se comparte nada, la comunidad se empobrece. Si hay algún pequeño compartir (oración, recuerdo, compañía, noticias, etc.) se va tejiendo el hermoso vestido del amparo y del gozo común. Habríamos de animarnos, cada vez más, en la dirección del compartir común.

                Oramos: Que nos parezca interesante compartir lo sencillo con generosidad; que nos parezca útil saber que compartiendo llega y se multiplica lo compartido; que nos alegremos de saber que lo compartido es lo más productivo y causa de gozo para todos/as.

 

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Para orar:

 

No dejes que termine el día
sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz,
sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite
el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer
de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y
las poesías sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está
intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.

No permitas que la vida
te pase a ti sin que la vivas...

Walt Whitman

 

Juan 24

CVJ

Domingo, 29 de noviembre de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

24. Jn 5,41-46

 

Introducción:

 

                Hay quien dice que todos tenemos diez minutos de gloria en esta vida. Y que esos minutos hay que aprovecharlos. Es que el tema de la "gloria" nos atrae como la miel a las moscas. La "gloria" es la pequeña fama, la posibilidad de ser único, estar alguna vez en el candelero, ser reconcido y apreciado, brillar, sentirse único, estar por encima de la media, salir en la foto, tener más dominio. Cosas de esas son la gloria. Nos trae porque eso nos hace ver que estamos vivos, que somos valiosos, que tenemos algo que decir en esta vida. Es un componente de nuestra estructura. Por eso, renunciar a la gloria es prácticamente imposible. Por eso muchas personas se desmelenan tras el logro de esos minutitos de fama que creen que van a cambiar su vida. Es, ciertamente, un espejismo, pero caminamos tras embobados/as.

                El Evangelio acoge esa tendencia natural y la reorienta, le quiere dar un nuevo sentido, un horizonte distinto. Viene a decir que esta "gloria humana" tendría que ser inaceptable, mientras que hay otra gloria que sí se puede aceptar: la gloria de las "obras" a favor de los demás. Es decir, uno tendría que quedar satisfecho, como quien recibe gloria, cuando ve que el otro/a (sobre todo el débil) crece, madura, prospera, disfruta, se anima, florece. Ya decían los antiguos que la gloria de Dios es que la persona viva. Pues esa misma es la gloria del seguidor/a de Jesús: hacer vivir a las personas, vivir con ellas, comulgar en una vida compartida. ¿Va a darnos esta gloria menos satisfacciones que la otra, la de la fama y los honores? Posiblemente no. Razón de más para hacer caso al Evangelio.

 

***

 

Texto:

 

                        41No recibo gloria de los hombres; 42además os conozco y sé muy bien que el amor de Dios no está en vosotros. 43Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése sí lo recibís. 44¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? 45No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. 46Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. 47Pero si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?

 

Ventana abierta:

 

A este señor lo conocemos todos. Es Josep Guardiola, entrenador del FC. Barcelona, quien, al parecer, ha rechazado el Premio Príncipe de Asturias que le habían ofrecido. Ha argumentado que es muy joven y que su trabajo se basa en un equipo. En estos premios nunca jamás, se reconoce el trabajo anónimo de la gente sino solo a las personas muy reconocidas y que están en ese momento en el candelero, pero jamás se apuesta por estimular el trabajo silencioso ni la solidaridad discreta. Solo los fuegos artificiales, o premiar a los muy consagrados, o a los que están de moda en ese momento. "Que me lo den a los sesenta años, ahora es muy prematuro". Son premios a gloria de quien premia.

Oramos: Gracias, Señor, porque hay quien no se deja avasallar por falsas glorias; gracias por quien se mantiene en la cordura y sencillez; gracias por quien aprecia más las obras colectivas que las individuales.

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Desde la persona de Jesús:

                Jesús dice claramente en este pasaje: "gloria humana no la acepto". Nunca anduvo tras esa gloria de los diez minutos, de la fama, del escaparate, de la fanfarria. Su gloria fue otra: ver que las lágrimas de los desconsolados cesaban, ver que los solos se sentía más acompañados, ver que los oprimidos levantaban la cabeza, ver la justicia podía cumplirse siquiera mínimamente, ver que Dios se hacía cercano a los más sencillos y se revelaba a ellos, ver que nadie quedaba excluidos de un reino de fraternidad. Ésa fue su gloria. Con ella disfrutó, por ella vivió y murió.

                Oramos: Jesús, que disfrutabas cuando veías crecer al débil, te adoramos; Jesús, que gozabas con las alegría de los desfavorecidos, te bendecimos; Jesús, que te estremecías cuando la justicia florecía, te damos gracias

.

***

 

Ahondamiento personal:

 

                El Evangelio desvela una actitud profunda de nuestro ser: nos gusta recibir gloria unos de otros, nos gusta pasarnos la mano por el lomo, nos agrada que nos halaguen aunque dudemos de que sienten lo que nos dicen, nos hinchamos cuando cantan nuestros valores. Pero todos sabemos que eso es, con frecuencia, una realidad vacía. Por eso, habríamos de huir de tal parafernalia para situarnos en la honradez de lo real, en lo que hay, en lo que somos de verdad. Quizá desde ahí podamos recibir más satisfacciones que desde los halagos vacíos.

                Oramos: Que nos alejemos de los halagos vacíos; que nos agrade ser honrados con lo real; que valoremos a los demás desde su verdad, aunque sea humilde.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Al terminar el texto de hoy se plantea un interrogante peculiar: "¿cómo vais a dar fe a mis palabras?". Dar fe a sus palabras no es un acto religioso, sino creer de verdad que la gloria verdadera es que la persona (sobre todo la más desfavorecida) prospera y crezca. Esa "palabra" es a la que Dios quiere que demos fe. En la comunidad virtual nos ayudamos a ellos. Vemos comportamientos de personas que están directamente orientados a hacer que el débil prosperes. Esa ayuda para creer en la Palabra de Jesús es impagable.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes, de una u otra forma, nos ayuda a dar fe a tu palabra de humanidad; gracias por quienes son generosos con los débiles; gracias por quienes hablan el lenguaje del amor.

 

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Para orar:

Tu mirar es amar.
Tu mirar es hacer el bien.
Tu mirar es alegrar mi vida.
Yo también quiero, Señor, disfrutar de la rosa sin tener que encontrarme sus espinas.
Yo también quiero, Señor, mal que bien

Vivir tu Evangelio
Entra en mi vida como un fuego luminoso.
Abrasa mis horas, mi corazón.
Tú lo das todo y todo lo pides.
Ayúdame a ver las cosas como Tú las ves
Planto mi tienda en tu amor, Jesús.
Delante de tu gloria descalzo mi alma.
Tú siempre me amas el primero.
Donde Tú vayas, quiero ir yo sostenido por tu amor.

 

***