Blogia
FIAIZ

Retiro de Adviento 2010

 

Retiro en el Adviento

Nov.-Dic. de 2010

 

 

Y EN LOS TIEMPOS OSCUROS, ¿HABRÁ CANTO?

El Adviento como tiempo propicio para afianzarse en las intuiciones más vivas de la experiencia cristiana

 

Tiene B. Brecht una especie de poemilla que resulta muy útil para momentos en que se anda un poco a tientas. Dice: Y en los tiempos oscuros, ¿habrá canto? Sí, habrá canto sobre los tiempos oscuros. Esta reflexión está animada por la certeza de que en nuestras noches de hoy (¿hemos vivido alguna vez sin ellas?) habrá canto, habrá esperanza, habrá posibilidad de mantenerse vivos por dentro. No soñamos con un amanecer radiante, sino con una luz para caminar lo más lúcidamente posible en este momento.

En el posconcilio, muchos/as nosotros/as fuimos descubriendo un mundo nuevo de posibilidades en nuestra vida cristiana: una Iglesia de comunión e igualitaria, unos sacramentos expresión viva del caminar del creyente, una oración hecha desde las entrañas de la Palabra, una manera de estar en la sociedad desde la solidaridad y la mezcla, un abandono progresivo de los viejos modos religiosos ya obsoletos, etc. En definitiva, la posibilidad de otra vida cristiana. El correr de los años nos ha empujado a ir abandonando, rebajando, olvidando, una a una, todas esas intuiciones. ¿Es posible aún mantenerse en ellas? ¿Es la absurda terquedad del combatiente derrotado que persiste en su batalla? ¿Tiene sentido ser “como esos viejos árboles”, que decía Labordeta? Antes de decir que no, habríamos de releer aquella frase de Apocalipsis a la iglesia de Éfeso cuando se le achacaba haber abandonado “el amor primero” (Ap 2,4). ¿Por qué no mantenerse en ese amor, en la intuición de una Iglesia otra, de otra vida religiosa, de otros sacramentos, de otras comunidades? “Haz las obras del principio”, se dice a la misma iglesia (Ap 2,5).

El Adviento es tiempo bueno para volver, sin desaliento, a los contenidos básicos de nuestra experiencia cristiana. No hemos de resignarnos a que pase sin pena ni gloria. Es tiempo bueno para volcarse a la tenaz pregunta por el sentido de lo que hacemos y vivimos. Tal vez hemos de agruparnos, arracimarnos, quienes mantenemos aún estos anhelos. Los tiempos son algo fríos y es preciso buscar el calor del abrazo y el amparo del corazón.

           

1. Preparar el ánimo con un texto literario

 

            Antes de ir a la luz de la palabra, tomamos en la mano un poema de Rubén Martín en su libro El minuto interior que habla en modos profundizados de la noche y su significado para la espiritualidad humana:

 

La noche transfigura los espacios,

envuelve en un desorden a las cosas

y las priva del trazo prolongado

que mantuvo a la luz en un impulso

cuando el mayor deseo fue crecer,

abrirse en vuelo, ocupar lugares.


El último relumbre que la luz

ha puesto entre las cosas es un hilo,

una cuerda del arpa de los días

tan hermosa en su paz como en su canto.

 

Y así cantamos juntos a la vida

dejando atrás las penas, las mentiras,

el tiempo malogrado, las cenizas

de tanta podredumbre a ras de tierra.

 

Porque todo es sencillo y bello; casi

pura iluminación. ¿Y qué me importa,

llegados a este punto, si la noche

se cierne tan oscura sobre el álamo,

si el caño de la fuente es más sombrío

bajo el lóbrego cielo que domina?

 

La claridad es nuestra, tú lo sabes,

está en nosotros y no entre las cosas.

¿Qué importa entonces esta extraña paz,

este breve descanso que da el sueño?

 

Mañana el día romperá de pronto,

con un sol inclinado hacia nosotros,

y sabrá iluminarnos con su luz.

           

  • El trazo prolongado: ése es el afán de las experiencia vitales buenas, que se prolonguen. Nos cuesta percibir lo nuestro con su fecha de caducidad inherente. Esa imposibilidad de prolongación nos amarga, a veces, el disfrute del presente.
  • Un último relumbre: Vivirlo como último, no añorar relumbres que no se van a dar, quedar reconfortado por las luces débiles que puede que se apaguen pero aún duran.
  • Cantamos juntos a la vida: Más allá de cualquier limitación (penas, tiempo malogrado, mentiras, cenizas, podredumbre incluso) podemos seguir cantando en nuestras noches, aunque a veces nos cueste entonar un canto de vida.
  • Todo es sencillo y bello: En lo sencillo hay una clave para el canto. Vivir lo sencillo puede descubrirnos la belleza de lo cotidiano, belleza que sacia más que cualquier deslumbre.
  • La claridad está en nosotros: No hay que buscarla en lugares raros. Basta con ir bajando al “sótano” de nuestro interior. En él todo no son sombras; también hay luz.
  • Mañana el día romperá de pronto: Porque no somos llamados de una inexistencia a otra inexistencia, de una oscuridad a otra, sino de una noche a un amanecer. Por eso, se puede cantar en la noche.

 

2. La Luz de la Palabra: Ap 21,23-27 y 22,3-5

 

            23La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero. 24Se pasearán las naciones bañadas en su luz, los reyes de la tierra llevarán a ella su esplendor 25y sus puertas no se cerrarán de día, pues allí no habrá noche. 26Llevarán a ella el esplendor y riqueza de las naciones, 27pero nunca entrará en ella nada impuro, ni idólatras ni impostores, solo entrarán los inscritos en el registro de los vivos que tiene el Cordero. 223No habrá ya maldición. En la ciudad estará el trono de Dios y del Cordero, y sus siervos le prestarán servicio, 4lo verán cara a cara y llevarán su nombre en la frente. 5Noche no habrá más, ni necesitarán luz de lámpara o del sol, porque el Señor Dios irradiará luz sobre ellos y serán reyes por los siglos de los siglos.

 

            El vidente del Apocalipsis tiene por sueño central de su dura visión la hermosura de una ciudad nueva, distinta, hermosa. Es la ciudad de las buenas relaciones, del poder libre de ambición, de la fraternidad a flor de piel. Es, en definitiva, el cosmos reordenado, la culpa desterrada.

            Por eso habla de una ciudad “que no necesita que la ilumine ni el sol ni la luna”. No precisa de luz externa, tan imprescindible, porque tiene otra luz que brota de dentro: “la ilumina la gloria de Dios”, el afán amorosamente salvador de Dios para llevar a término, a su plenitud, a la dicha, a la historia humana. Esa brillante luz es más viva que la de cualquier otro astro. Y además esa luz de fondo se ha hecho visible en la humilde pero inapagable luz del Cordero, del hombre entregado: “su lámpara es el Cordero”. La total entrega de Jesús ilumina la historia.

            Pero resulta que el vidente piensa que tal luz no ha de alumbrar a quienes estén marcados por la limitación: “No entrará en ella nada profano, ni depravados, ni mentirosos; solo entrarán los inscritos en el libro de la vida del Cordero”. Si esto es así, ¿Cómo podemos nosotros, débiles como somos, hacer parte de esa ciudad de luz nueva?

            El teólogo, más espiritual (hay otro nivel en el mismo texto) responde: “No habrá allí maldición”. El término “maldición” (jerem en hebreo) alude, en última instancia, a la “maldición” de la vida entendida desde la culpa, a la persona caída. Eso, dice el teólogo, no existirá. Es decir, una vida luminosa, orientada, nueva, es posible porque no  estamos bajo la maldición. Podemos aspirar a una vida luminosa, gozosa, aunque seamos limitados.

            “Allí no habrá noche”, repite el vidente. Se podrá cantar en la noche; se podrán mantener iluminadas, activas, las intuiciones primeras, el amor de quien nos amó primero (1 Jn 4,10). Si se intuyó esa luz (como la Iglesia lo hizo en tiempos del Concilio) se podrá mantener hoy, aunque haya que recorrer la senda difícil de una cierta marginalidad.

 

3. Cantando en la noche

 

            Hoy nos cercan muchas noches (quizá menos que en otras épocas). ¿Es posible cantar en ellas?

  • El canto en la dura noche del sufrimiento: Canto hecho de increíble aguante, de paciencia honda, de sonrisa incluso. Canto hecho de rebeldía, de lucha, de batalla tenaz. Canto hecho también de acompañamiento, de amparo, de abrazo cálido y desinteresado, de ternura derramada. Ese canto hace “temblar” al poder del sufrimiento porque anuncia su fin.
  • El canto en la noche de quienes son despojados de su dignidad: Canto que se sobrepondrá al enorme silencio con que el poder quiere borrar las huellas de quien fue despojado de su dignidad. Canto que logrará que los nombres de los mancillados salgan a la superficie. Canto que anuncia un tiempo de justicia y de reconciliación, de dignidad y de perdón.
  • El canto en la noche de quienes nadie consuela: De los niños sin amparo, de los débiles cuyo llanto solamente lo escuchan ellos, de las lágrimas despreciadas. Canto de justicia que no se logrará que se extinga. Canto que siempre encontrará quien lo consuele, aunque sean una minoría.
  • El canto en la noche de quienes sufren persecución: Teólogos/as, homosexuales y otros estigmatizados por su orientación sexual, mujeres bajo leyes injustas, disidentes políticos, luchadores por los derechos humanos, gente solidaria en la tremenda trinchera de la violencia. Canto amasado también en la justicia viva. Canto que no se extinguirá mientras haya un opresor sobre la faz de la tierra. Canto que encuentra eco y altavoz en el corazón de no pocas personas. Canto con futuro.
  • El canto en la noche de los amores rotos: Rotos en múltiples direcciones: desamores, heridas afectivas, amores que se acaban y mueren, desencuentros definitivos, imposibilidad para entregar el corazón. Canto de quien recomienza el camino del amor tras la derrota. Canto de quien guarda lo que queda del amor herido y recompone la velas desgarradas de la nave. Canto de quien logra que el amor fracasado no arruine su vida. Canto de quien cree que su sed de amor es más grande que su fracaso en la relación.
  • El canto en la noche de las comunidades cristianas: Cuando se ve a las claras que el Evangelio ha sido secuestrado por el sistema eclesiástico. Cuando se percibe que los intereses se adueñan de la gestión comunitaria. Cuando la exclusión y la excomunión se mantienen activas. Cuando se ve que el Derecho Canónico tiene mucha más fuerza que el Evangelio. Canto humilde de las comunidades que siguen creyendo que un cambio, por difícil que sea, resulta posible. Canto vibrante de tantos profetas y profetisas no escuchados, menospreciados, censurados, pero no acallados. Canto “mudo” de quien es obligado a asistir al espectáculo de una Iglesia mediática, pero no lograrán que aplauda.
  • El canto en la noche de las comunidades cristianas empobrecidas: Las parroquias que aún buscan cercanía con el pueblo; las comunidades de base que no hacen parte del sistema eclesiástico; la vida religiosa “de siempre”, tan débil, y por ello no considerada por los jerarcas que amparan movimientos de más envergadura. Canto hecho de fidelidad, de silencio, de humildad forzada (como suele ser la humildad de los pobres). Canto hecho de amor a un Jesús distinto para una época distinta. Canto de vida al margen, pero canto, al fin y al cabo.

 

4. Estrategias de afianzamiento

 

            ¿Se podrían barajar algunas estrategias de afianzamiento de esas intuiciones de vida cristiana para que sean vividas y cantadas? Enumeremos algunas:

1)       Volver al sueño de Jesús: Porque, como dice Pagola, estos tiempos son buenos para volver a Jesús y a su sueño, para centrarse vitalmente en su persona y para amar su extraño sueño de la fraternidad igualitaria. Para creer con él en lo que él creyó. Volver a Jesús puede alimentar el canto en la noche de los cristianos y estos podrían andar a tientas, pero con lucidez.

2)       Estrujar los disfrutes sencillos de la vida: Porque si no se disfruta de la vida, ¿cómo vamos a poder cantar en la noche? Se trata de disfrutes sencillos, corporales, de elemental espiritualidad. Disfrutes baratos desde el don que es vivir y respirar (como diría Brines) hasta la comida, la música, el sueño, la corporeidad, la lectura, el silencio, los abrazos, el calor cercano, las caricias, las sonrisas, las palabras buenas, los gestos de quien se vuelve con amor, las miradas benignas. Sin estos disfrutes la vida se hace sosa y el canto enmudece.

3)       Sumarse a las utopías cercanas: Ya que, a nada que se mire en derredor, siempre hay personas utópicas, soñadoras, alternativas. Gente que cree en la bondad del distinto; personas que trabajan por hacer más llevadera la vida de quienes soportan más el peso de la historia. Gente que trata de humanizar la salud,  la ciudad, la economía incluso porque no se ha apeado de la utopía de otro mundo posible. Su sueño pequeño y cercano se extiende hasta límites que ellos mismos no conocen porque el canto utópico traspasa la noche más negra.

4)       Construir solidaridades que nos nutran: Claridades de doble dirección. No se trata solamente de dar y darse sino de recibir, acoger y dar cabida a la situación del débil teniendo por cierto que, aunque pobre, puede darme bienes humanos que me enriquezcan. Es el canto común del débil que se torna fuerte y del fuerte que se hace débil. Solamente así se podrá ser solidario con agradecimiento, generoso que se siente bien pagado. El canto de esta solidaridad de doble dirección es nutriente.

5)       Levantar los hombros con facilidad: No dejarse atrapar por el desaliento, la desgana, la rutina o la depresión. Tener agilidad para levantar los hombros con facilidad y seguir adelante. Saber que tras la niebla luce un sol radiante y que la fidelidad sencilla puede disipar muchas tinieblas. El canto de los esperanzados genera olas de esperanza.

6)       Alejar amarguras que no llevan a nada: Porque el centrarse en lo amargo amarga el alma. No colaborar en ninguna siembra de amargura, aunque se tenga toda la razón del mundo para estar amargado. No responder a la herida criando amargura. Mantener cerradas las puertas del corazón y los oídos del cuerpo a quien pretenda contagiarte de una visión amarga de la existencia. El canto del amargado es canto de derrota y de inhumanidad.

7)       No dejarse cegar por luces que deslumbran, pero no iluminan: La luz del pequeño poder, de ser el centro a costa de manipular, de estar en la pomada pasando para ello por encima de los sentimientos ajenos, de ceder al halago que a la vuelta de la esquina se torna censura. Hacer oídos sordos y ojos de ciego a ese brillo que nos deshumaniza. Desde el relámpago y el deslumbre fugaz no se puede cantar en la noche oscura porque, a la larga, tal brillo engendra temor.

8)       Fidelidad sencilla a lo descubierto un día como bueno: Si con verdad se vio que era bueno, mantenerlo hoy, contra el viento y marea de quien dice que eso ya no se lleva. Si era bueno, lo sigue siendo, aunque haya que adaptarlo. Si abría horizontes, puede seguir abriéndolos ahora si lo situamos en un nivel de profundidad. La comunión igualitaria, la Palabra redescubierta, los sacramentos en comunidad, la responsabilidad dialogada y común, la libertad innegociable, siguen siendo buenas. El canto de hoy puede darles la carta de naturaleza ante quien pretende borrar todas estas cosas por inservibles (lo son para un sistema manipulador).

9)       Mirar lo creado como casa hermana y acogedora: Ya que necesitamos sosiego, belleza, armonía. Y la creación, callada y expectante, puede dárnoslo a manos llenas. Por eso la casa de la creación nos ayuda a mantener el canto en la noche. Siempre tiene la casa de la creación la puerta abierta para que volvamos a ella.

 

5. Adviento: tiempo bueno para cantar en la noche

 

            Sugerimos un pequeño plan para las cuatro semanas de Adviento (a razón de una reunión por semana):

  • Primera semana: reflexión: Qué intuiciones siguen vivas en mi vida de aquellas que bebimos en el posconcilio. Ir haciendo una lista, explicarla, ahondar en ella.
  • Segunda semana: compartir: Qué estrategias de afianzamiento de tales intuiciones empleamos hoy. Cómo nos ayuda el grupo creyente.
  • Tercera semana: oración: Qué cantos, qué textos, qué oraciones nos ayudan a mantener vivas las intuiciones acariciadas.
  • Cuarte semana: el canto de la Encarnación: Cómo podemos celebrar la Encarnación de Jesús como un canto en la noche de nuestra vida.

 

Conclusión

 

            Hace falta mucha luz para iluminar lo oscuro. Y ha de ser el canto muy tenaz para sobreponerse a la noche. Pero eso es posible si nos damos a la tarea, si nos apoyamos con amistad, si limpiamos los ojos del corazón para mirar adentro. Por eso Adviento es tiempo de quietud, de silencio, de sencilla profundización.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

0 comentarios