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FIAIZ

COMUNIDAD DE MARCOS

Marcos 6

CVMc

Domingo, 29 de noviembre de 2015

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

6. 1,21b-28

 

Una reflexión inicial:

 

            Mucho se está hablando en estas semanas de los nacionalismos. Hay personas que los aborrecen a todos y a algunos más en particular. A veces detestan el nacionalismo de otros, pero no el suyo. Las palabras y actitudes son, con frecuencia, de mucha dureza.

                En realidad, los nacionalismos, con un ropaje o con otro, acompañan el caminar de las personas, desde las cavernas hasta hoy. Y posiblemente, sea un componente de la estructura humana de difícil transformación. Es cierto que la distinción entre nacionalismos excluyentes e incluyentes es decisiva. Nada tiene que ver un nacionalismo que excluye y aniquila, con otro que, sintiendo y valorando las propias raíces, es flexible hasta incluir a quien no es oriundo de esa “nación” en el ambiente elegido llegando a ser considerado uno más.

                Quizá el nacionalismo benigno tenga cosas buenas, el amor a las raíces, la valoración de lo heredado, la referencia que me hace ser pueblo, el disfrute de la pequeña historia de cada grupo, de cada pueblo. Pero el peligro es evidente.

                Dicen que el nacionalismo se cura viajando. Y quizá, más todavía, amando. Porque el amor pone a raya cualquier exclusión y el desamor, dejado a  sus anchas, puede llevar a exclusiones tremendas. Que los dioses nos libren de ellas.

 

El texto:

 

            21bEl sábado entró en la sinagoga e inmediatamente se puso a enseñar. 22Èstaban impresionados de su enseñanza, pues les enseñaba como quien tiene autoridad, no como los letrados. 23estaba en aquella sinagoga un hombre poseído de un espíritu inmundo en inmediatamente empezó a gritar: 24-¿Qué tienes tú contra nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tu, el Consagrado por Dios. 25Jesús le conminó: -¡cállate la boca y sal de él! 26El espíritu inmundo, retorciéndolo y dando un alarido, salió de él. 27Se quedaron ellos tan desconcertados que se preguntaban unos a otros: -¿Qué significa esto? ¡Un nuevo modo de enseñar, con autoridad: incluso da órdenes a los espíritus inmundos y le obedecen! 28Su fama se extendió inmediatamente por todas partes, llegando a todo el territorio circundante de Galilea.

 

  • Esto de un “espíritu inmundo” hay que entenderlo en el Evangelio como un nacionalismo excluyente: es el judaísmo de la época que piensa que va a llegar un día en que se haga justicia a Israel, todos los pueblos le serán sometidos, Jerusalén será el centro del mundo, los paganos serán masacrados, reinará el Mesías glorioso. Eso es el mensianismo potente, el nacionalismo religioso-político excluyente. El Evangelio dice, ya desde el principio, que Jesús quiere transformar ese componente excluyente en sendas de servicio y fraternidad. ¿Es esto posible?
  • Los de Cafarnaún se quedan desconcertados porque ellos esperaban que el mesianismo de Jesús diera alas al nacionalismo excluyente de Israel. Pero Jesús, nada de eso: enseña con su experiencia humilde pero verdadera y hace callar a quien dice que Israel es todo y los demás no son nada.
  • La fama que se extiende por todas partes no es la buena fama, sino la mala: uno que no es nacionalista excluyente, uno que propone una senda de cordialidad y de amor fraterno. No conviene uno así. Pero estaba marcando un camino: la buena senda de lo humano es aquella manera de ser que acoge a todos y que sabe que, por el hecho de ser humanos, somos familia.

 

Para pensar un poco:

 

  1. ¿Te parece que este sentimiento de exclusión está totalmente alejado de tu vida o hay algunos síntomas de que anda por ahí?
  2. ¿Por qué echamos siempre la culpa de los nacionalismos excluyentes a otros?
  3. ¿Integras con facilidad al que es distinto, de otra tierra, de otra manera de pensar, de otro nivel?

 

Un valor: Un corazón abierto

 

            Porque la erradicación del nacionalismo tiene que ver con el corazón: un corazón abierto es proclive a incluir. Un corazón duro y cerrado excluye con facilidad. ¿Cómo construir en nuestra vida un corazón abierto?

  • Una de las claves está en la acogida: si acoges con facilidad, demuestras que tienes un corazón abierto. Si te cuesta acoger, quizá tengas un corazón cerrado.
  • Es más posible tener un corazón abierto si te esfuerzas por ponerte en la situación del otro. ¿Qué habría hecho yo en su caso? Es una pregunta que habría de ser recurrente.
  • Un corazón abierto es aquel que, aun sin entender todas las razones del otro, está dispuesto a dialogar y a intentar por todos los medios llegar a algún tipo de conclusión conjunta.
  • Tiene dificultades para lograr abir el corazón quien da por perdida la partida antes de jugarla, quien dice que con esos no hay nada que hacer, quien ante el primer intento fallido desiste.

Un corazón abierto es el mejor antídoto contra el veneno del nacionalismo excluyente. Además es tan contagioso que puede animar a otros andar esa senda de comprensión y armonía.

 

Una imagen

 

                Cualquiera podría pensar que este señor es un aldeano vasco escapado de su caserío. Pero no, es un misionero capuchino que lleva toda su vida, él y su boina, en las selvas del Ecuador. Habla el quichua, escribe libros en esa lengua, navega los ríos, tiene proyectos verdaderamente aventureros. Ha aparcado su “nacionalismo navarro” y se ha hecho uno con la gente con la que vive. Cumple aquello hermoso del libro de Rut: “Tu pueblo será mi pueblo, tu Dios será mi Dios, donde tú mueras, yo moriré”. Gente alternativa que transforma los nacionalismos en entrega. ¡Ah! Se llama José Miguel Goldáraz.

 

Una frase:

 

“El Bien acaba siempre por perder: es su manera de ganar”.

 

Ch. Bobin.

 

 

 

Marcos 5

CVMc

Domingo, 22 de noviembre de 2013

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

5. 1,16-21a

 

Una reflexión inicial:

 

            Aunque provengamos de familias sencillas, por contagio social, hay en nosotros una cierta tendencia al elitismo, Nos parece que lo privado, lo exclusivo, lo cercado por una tapia es algo de más valor que lo público, lo común, el terreno de todos.

                Por eso hay que trabajar la idea y la práctica de que vivir donde viven las personas, sentirse pueblo, comunidad, etc., no es mala cosa para nosotros, ya que lo común potencia lo personal, nunca va en su contra.

                El Papa Francisco habla de “la alegría de ser pueblo” (EG 268). Es una alegría que hay que construir y practicar. De lo contrario, tendemos a lo elitista.

 

El texto

 

                16Yendo de paso junto al mar de Galilea vio a un cierto Simón y Andrés, el hermano de Simón, que echaban redes de mano en el mar, pues eran pescadores. 17Jesús les dijo: -Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres. 18Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. 19Un poco más adelante vio a Santiago el de Zebedeo y a Juan, su hermano, que estaban en la barca poniendo a punto las redes, 20e inmediatamente los llamó. Dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los asalariados y se marcharon con él. 21aY fueron a Cafarnaún.

  • Simón y Andrés están en el ámbito de privado, en el negocio privado, en sus propios asuntos. La invitación de Jesús “veníos conmigo” está queriendo decir: venid a un terreno nuevo, a un marco nuevo, al que señala mi manera de vivir  que es el marco de lo común, de lo fraterno, de lo universal.
  • Por eso, la expresión “pecadores de hombres” alude a lo universal. Efectivamente, si uno quiere pescar ¿a dónde va? Al río o al mar. Allí están indefectiblemente los peces. Pero si uno quiere “pescar hombres” ¿a dónde tiene que ir? A donde están los hombres. Y ¿dónde están? Por todas partes. Es decir, para “pescar hombres”, para conectar con la persona, tiene uno que tener una mente y unos caminos universalistas, tan universales como los caminos de los humanos que se hallan en toda la tierra. Ser discípulo de Jesús sin sensibilidad por lo común es muy difícil.
  • Los otros dos hermanos, Santiago y Juan, dejan al padre y a los asalariados, optan por la libertad (el padre es sinónimo de sometimiento) y a los asalariados, a aquellos que son dominados. Sin una experiencia de libertad no se puede seguir a Jesús. La vivencia de la comunidad puede ayudar al logro de tal experiencia de liberación.

 

Para pensar un momento:

 

  1. ¿Te tira lo común o te encandila lo privado, lo elitista?
  2. ¿Cómo ir hoy como creyente a los lugares sociales comunes?
  3. ¿Te parece que si no se tiene experiencia de libertad y de gozo no es fácil ver el valor de lo común?

 

 

 

 

Un valor: Construir obras y caminos comunes

 

            Ya lo hemos dicho: hay una tendencia en nosotros que tira más hacia el lado de lo elitista. Por eso lo común se construye con esfuerzo y dedicación. ¿Qué es construir lo común?

  • Creer que en las sendas comunes hay más horizonte que en las particulares.
  • Creer que en las sendas de todos es donde los frágiles tienen más posibilidades de socorro.
  • Creer que, aunque en lo común las cosas vayan más lentas, a la larga perduran más las opciones comunes que las privadas.
  • Creer en lo común lleva a que allí donde vivas te intereses y colabores en la construcción de lo público.
  • Creer en lo común demanda una visión amplia y gozosa del corazón ajeno como lugar de vida y como espacio de amor.
  • Creer en lo común demanda creer en la bondad de la persona, de toda persona, más allá de fallos y limitaciones.
  • Creer en lo común tiene que llevarnos a ser resilientes, a no pensar que porque lo privado triunfe a veces ese es el camino mejor.
  • Creer en lo común nos empuja a eliminar sospechas y a quitar de nuestra vida intereses inconfesables que se instalan en lo oculto de lo privado.
  • Creer en lo común es algo que también toca a la fe, porque la propuesta de Jesús es para todos y el horizonte del reino es un valor para toda la comunidad humana y creacional.

Se verifica aquí de manera clara que evangelio y vida se entremezclan en esta plaza única de la vida común, del gozo compartido, de la fraternidad llevada a sus últimas consecuencias.

 

 

Una imagen

 

            Este es el cartel Foro Cristiano en Zaragoza que tuvo lugar el 7 de noviembre pasado. Un grupo grande de cristianos de muy diversa procedencia que querían “encontrarse para ser”. Era una forma de construir la experiencia común de la fe y de la vida. Puede pensarse que son cosas de poco relieve. Pero los espacios comunes se construyen poco a poco. Andar los caminos del encuentro es, de alguna manera, ser “pescadores de hombres”, construir la propuesta de Jesús.

 

 

Un poema:

 

“Sin pensar en nada me he encontrado en el paraíso. He debido empujar una puerta sin verla”.

Ch. Bobin.  

 

 

 

Marcos 4

CVMc

Domingo, 15 de noviembre de 2015

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

4. Mc 1,14-15

 

Una reflexión inicial:

 

                Una frase que se oye ahora mucho y que, ciertamente, está bien lograda es aquella de que “no estamos en una época de cambios, sino en un cambio de época”. Es verdad, la evidencia de que el modelo de sociedad, sobre todo en lo económico y político, está como agotado es tan fuerte que muchas capas de la población anhelan otra época, otro paradigma, otro marco donde entenderse y vivirse. Un cambio de época.

                No es la mejor razón para cambiar que lo anterior no sirva, porque el ideal es que a eso acompañara la certeza de cuáles son los caminos que hoy habrá que seguir. Esto último está menos claro. Pero lo cierto es que anclarse en lo vivido es un romanticismo que lleva a poco.

                Para animarse al cambio es preciso hacerlo no desde el mero desasosiego, sino también desde la certeza de que la persona tiene capacidad para hacer grandes búsquedas en épocas de grandes cambios. Quizá el mayor de esos cambios haya de darse en el corazón de la persona: entender y vivir que el sentido de lo humano es, simplemente, vivir el uno con y para el otro. El logro de la fraternidad humana es el gran horizonte. Ha sido un horizonte de siempre pero hoy aparece con una fuerza que no deja lugar a ninguna duda. Cambiar de la época del “antropoceno” (la persona depredadora del mundo), al “fraternoceno”, la persona hermana en la creación con todos y con todo.

 

El texto

 

                14Cuando entregaron a Juan llegó Jesús a Galilea y se puso a proclamar la buena noticia de parte de Dios. 15Decía: -Se ha cumplido el plazo, está cerca el reinado de Dios. Enmendaos y tened fe en la buena noticia.

 

  • Jesús es uno que sabe leer bien el horizonte de la realidad. Olfatea e intuye que se está en un cambio de época: “se ha cumplido el plazo”. Es otro tiempo, hay que situarse de otra manera, es preciso abandonar las viejas formas de ver la realidad y situarse en una perspectiva de nueva. De lo contrario, quedamos en la oscuridad.
  • Muchos habían soñado con el reinado de Dios, con la nueva sociedad. Pero siempre quedaba lejos, vista la limitación histórica. Jesús dice que está “cerca”, que la nueva era está al alcance de la mano, dentro de cada persona. Por eso habrá que animarse a leer la realidad de otra manera, porque las aspiraciones grandes de los humanos están más cerca que nunca. 
  • Para captar bien este tipo de propuestas hay que “enmendarse y tener fe”, es preciso una sanación vital y un fe explícita en los valores que regeneran la vida. Sin fe en la vida y sin reorientación vital pretender leer el cambio de época y vivir de una manera que tenga la suficiente novedad como para pasarse a caminos nuevos, a adhesiones distintas, será imposible.

 

Para pensar un poco:

 

  1. ¿Te interesa lo nuevo o estás apalancado en lo antiguo?
  2. ¿Anhelas un cambio o no quieres que nadie te toque en tu manera de vivir?
  3. ¿Piensas que los grandes ideales son inútiles?

Un valor:

 

                Un gran valor, muy útil, es saber leer bien la realidad, lo que pasa y lo que nos pasa. Esto nos ayuda a no vivir atolondrados y a saber sacar partido a las situaciones que vamos viviendo. ¿Cómo leer bien la realidad, incluso desde el lado de la fe?

 

  • Hay que leer con discernimiento y con afecto. Lo primero para no hacer el juego a ningún poder fáctico que explote a la persona; lo segundo para poner ese punto de ternura que nos haga hermanos en el gozo.
  • Hay que leer la realidad como parte implicada, no como quien ve los toros desde la barrera. Si no hay implicación, los desenfoques son numerosos.
  • Habrá que leer desde presupuestos humanizadores, que son los del Evangelio también. Leer sin humanidad es estar abocados al fracaso.
  • Habrá que leer la realidad en modos incansables de compasión, de diálogo, de respeto y de aprecio. Porque sin esa “salsa” la lectura de lo que nos pasa es demasiado áspera y difícil.
  • Habrá que leer la realidad con los mismos ojos de Dios que no son otros que los ojos del amor, sabiendo que en el fondo de la realidad hay algo digno de ser amado y acogido. Sin ese fondo de humanidad, la realidad se hace dura y hostil

Esto de leer humana y creyentemente la realidad no es otra cosa que aquello de escuchar la voz de Dios en los signos de los tiempos que nos hablan y nos interpelan. Una tarea que habrá de acompañar el itinerario cristiano.

 

Una imagen:

 

                Juan José Millás lee cada domingo en el suplemento del País una foto. Algunas lecturas son magistrales, irónicas, luminosas, buscando siempre ese lado que pueda aportar algo al camino de la persona. Algunas son poéticas de verdad. Léase la colaboración titulada “envidia y pesadumbre” cuya ilustración ponemos aquí.

 

 

 

Un poema:

 

El Ser

 

                               ...estando ya mi casa sosegada

                                          SAN JUAN DE LA CRUZ

 

¿Cómo podríamos respirar y vivir

si el espacio no estuviese

lleno de alegría y de amor?

 

De la alegría nacen todos los seres,

a través de la alegría son mantenidos,

y con alegría desaparecen

cuando nos abandonan. 

 

¿Cómo podríamos reposar y morir,

si la muerte no fuese

otro modo de amor y de alegría?

 

Blas de Otero

 

 

 

 

Marcos 3

CVMc

Domingo, 8 de noviembre de 2015

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

3. Mc 1,9-13

 

Una reflexión inicial:

 

            Se habla poco del alma. Se ha ido por el desagüe de la secularidad. Pero, en realidad, el “alma” ese vigor interior, ese dinamismo, que hace que nos movamos como personas vivas, que disfrutemos de la existencia, que celebremos los logros, que elaboremos los conflictos y los duelos. Ese arranque que necesitamos cuando estamos cansados, esa fuerza necesaria cuando la vida da golpes, ese aliento que nos anime a seguir, a no dar todo por perdido, a creer que un minuto vivido con intensidad merece la pena. El “alma” es ese punto que nos hace conectar con la vida cuando esta se ve amenazada.

                Hay muchas personas que viven con ese fuego en stand by, en ralenti. Pero la mayoría de las personas tiene viva su alma, con una fuerza o con otra. Más todavía: hay quien tiene tanta fuerza dentro que la comunica a los demás, que acompaña, anima y consuela para que quienes tienen peligro de “perder su alma” la mantengan viva, vayan hacia delante, se animen y se crezcan ante la adversidad. Gente con alma que regala alma.

                No es cosa de otra época esto del alma, aunque nosotros hoy la veamos de manera muy distinta a como se la ha visto antes.

 

 

El texto:

 

            9Sucedió que en aquellos días llegó Jesús de Nazaret de Galilea, y Juan lo bautizó en el Jordán. 10Inmediatamente, mientras salía del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar como una paloma sobre él. 11Hubo una voz del cielo: -Tú eres mi hijo, el amado, en ti he puesto mi favor. 12Inmediatamente el Espíritu le empujó al desierto. 13Estuvo en el desierto cuarenta días, tentado por Satanás; estaba entre las fieras y los ángeles le prestaban servicio.

 

  • Jesús es alguien con un alma pujante y viva. Por eso siente el anhelo de dar vida a otros. De ahí que empiece su ministerio en un escenario de conversión, de fragilidad, en un bautismo. Como si dijera: quiero dar fuerza a las almas de quien anda mal, de quien sufre, de quien no se siente bien consigo mismo.
  • Más todavía: el “alma de Dios”, el Espíritu, anida en el interior de Jesús, se queda en él. En el fondo de Jesús, y de toda persona, anida el alma de Dios, su fuerza, el deseo de vivir en fraternidad y amor como Dios mismo en fraternidad y amor con nosotros. Tener el alma de Dios habría de ser una fuerza para cuando nos fallen las fuerzas.
  • Y, en tercer lugar, Jesús va a un “desierto”, al desierto de su vida humilde y dura. En ese desierto de la vida se ha de probar el vigor de su alma, de su fuerza interior. No construye Jesús una espiritualidad fuera de la vida. En la vida, pero con alma.

 

Pensamos un poco:

  • ¿Vives “con alma”? ¿Das ánimo o eres un peso para los demás?
  • ¿Te dice algo eso de que el “alma de Dios” está en ti?
  • ¿Intentas ir con la cabeza alta en el “desierto” de la dificultad?

 

 

Un valor: Vivir con espíritu

               

                No nos referimos al Espíritu Santo, que no sabemos muy bien qué es lo que es. Nos referimos a ese arranque personal, vital, profundo, que hay dentro de cada cual. ¿Qué sería vivir con espíritu, con un buen espíritu?

  • Creer que hay algo más bajo la piel que no vemos, pero que anida en el fondo.
  • Pensar que las cosas no son solamente lo que aparecen, sino que hay un entramado de causas, razones, conexiones dentro que merece la pena escudriñar.
  • Saber que la persona tiene dentro muchos recursos, capacidades, posibilidades de respuesta que merece la pena sacar a flote.
  • Saber que hay vida dentro, en el corazón, en lo profundo y que esa vida nos conecta con la vida del mismo Dios.
  • Tener oídos para oír lo que no se oye y para ver lo que no se ve.
  • Tener olfato para oler perfumes que están oscurecidos por el mal olor de cualquier limitación.
  • Saber aprender de quien parece que nada tiene que enseñarnos porque su fragilidad lo hace socialmente irrelevante.
  • Escuchar el latido común al nuestro de la tierra y de cada uno de sus seres.
  • Ser sensible a lo de dentro, aunque eso sea menospreciado, olvidado, ridiculizado incluso por una sociedad que propone lo que se toca como lo único real.

Espíritu de Dios y espíritu de vida son, así, realidades que se tocan, se entreveran, se mezclan. No son cosas distintas porque ambas apuntan a la vida.

 

Una imagen:

 

                Es la de Aung San Suu  Kyi, la líder birmana que acaba de ganar las elecciones en ese país y que durante muchos años aguantó, con alma, el arresto domiciliario y todas las otras vejaciones impuestas por un régimen dictatorial. Gente que mantiene el vigor y el alma por encima de contradicciones y que termina siendo luz para las gentes de su pueblo. Son personas excepcionales, pero algo de ese vigor lo llevamos dentro todos y podemos usarlo.

 

 

Un poema:

 

Le ruego al claro Dios de la mañana

que derrame sus espigas 

                        de luz sobre este día. 

Que no me permita mirar

                        lo mismo en cada cosa. 

Que llene el aire de candiles y mis poros

              como zarzas los perciban. 

Que me diga el nombre verdadero  del delirio

y no me prive de la dicha de ser ascua. 

Que el agua de las horas

humedezca mi canto y que me impulse. 

Que deshaga mis dudas y me asombre

                         el tacto con bengalas. 

Que llene mi camino con guijarros de hogueras. 

Que la madeja de palabras con que nombro

                     sea solo  nudo alado

en el que se desorbite la lógica, 

y que en él dé cobijo  al extravío. 

Que no me prive el Dios  de la infinita lumbre

esta mañana de sentir la desmesura

                           del pábilo inquieto

de este día. 

Que a este universo fúlgido  y hermoso

el júbilo lo sostenga para siempre. 

 

Asunción Escribano

 

 

Marcos 2

CVMc

Domingo, 1 de noviembre de 2015

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

2. Mc 1,6-8

 

Una reflexión inicial: 

 

                Siempre que nos hemos reunido en comunidad virtual, bien en grupo o en la reunión general,  hemos experimentado, con toda evidencia, que trabajar el Evangelio en grupo es la mejor manera de contagiarse ánimo. Los humanos somos así. Aunque tenemos un fuerte carga de individualidad y hasta de individualismo, nos hacemos más humanos en contacto con los demás. El aislamiento empobrece; el roce, la fraternidad enriquece siempre. Por eso, quizá el mayor beneficio de todos estos años sea el haber tenido personas cerca y el que estás, muchas de ellas, sigan ahí. Sin ellas, esto se habría ido a pique seguramente. Hay algunas que tienen un papel más relevante en el grupo. Otras participan, sin más. Todo es necesario. El grupo se hace con el cariño de todos. Hasta los pequeños que revolotean en torno a nosotros en las reuniones generales tienen un sitio en esta comunidad. No tanto para adoctrinarles, sino para que lleguen a entender, ojalá, que aquí hay humanidad. De alguna forma, conectarán con nosotros.

 

El texto:

 

            6Juan iba vestido de pelo de camello, con una correa de cuero a la cintura, y comía saltamontes y miel silvestre. 7Y proclamaba: -Llega detrás de mí el que es más fuerte que yo, y yo no soy quién para agacharme y desatarle la correa de las sandalias. 8Yo os he bautizado con agua, él os bautizará con Espíritu Santo.

  • Se ha leído como un texto de humildad: desatar la correa de las sandalias como algo humilde. Pero, ¿por qué precisamente desatar? Es un asunto de derecho matrimonial de la época.
  • En el tiempo de Jesús las mujeres no son sujetos civiles. Tienen que tener siempre un hombre que les represente legalmente. Si una mujer se queda sola (viuda, por ejemplo) hay establecido un mecanismo de amparo. Se llama ley del LEVIRATO. Consiste en lo siguiente: un hombre (el cuñado, el primo, etc…) tiene el derecho y la obligación de amparar a la mujer sola llevándosela a casa (estamos en ambientes poligámicos). Si no se la lleva tiene que pagar una multa, aguantar el ultraje de un escupitajo y dejar que se desate la correa de la sandalia.
  • Este es un gesto no solo de menosprecio, sino que indica que no eres un hombre de ley, no cumples las obligaciones humanas, no eres buena persona.
  • Según esto, ¿qué dice el Evangelio? Que Jesús ha cumplido esa ley, se ha llevado a la “mujer desamparada”, a nosotros, y le ha dado amparo. Tenemos un buen marido, un amparador, alguien que no nos va a dejar tirados.
  • Y ¿por qué hace esto? Porque nos trata como personas dignas, porque ve más allá de las apariencias y valora nuestra dignidad de criaturas, porque sin dignidad no hay humanidad ni Evangelio.

 

Un momento de silencio y oración:

  • Agradezco a Jesús su amparo continuo.
  • ¿Soy casa de amparo para otros?
  • Valoro a quien ampara.

 

 

Un valor: el amparo

 

            No se habla mucho de él. Suena como a otra época, pero es muy necesario para vivir. ¿Cómo cultivar hoy este valor?

  • Todos estamos necesitados de amparo. Esta obviedad hay que ponerla por delante.
  • No se puede amparar si no se cambia la mirada: hay que lograr una mirada humana.
  • El amparo tiene que ver con un interior jugoso. Si eres seco/a por dentro, nada que hacer.
  • Hay que huir de paternalismo. El amparo es una cuestión de dignidad.
  • El amparo mide si calidad por la implicación.

 

Una imagen:

 

Sólo un refugiado puede meterse en la piel de otro. No hay otra explicación para comprender las razones de Dionisis Avranitakis, el panadero de la isla de Kos. Su familia huyó de la invasión turca de Esmirna en 1922, que desplazó a un millón de griegos de la ciudad. Muchos de ellos se refugiaron en Australia, donde la comunidad helena es enorme. Dionisis, nacido de aquellos náufragos errantes, pasó hambre y privaciones. Por eso se rebela ante lo que ve. "No puedo soportar ver a esta gente pasando hambre y frío aquí sin que mi Gobierno haga nada. Sé lo que es ser hijo de refugiado. Yo he pasado por eso", comenta mientras comienza el reparto de cruasanes, suizos y napolitanas. Todos los días, desde el pasado mes de mayo, sobrepasa la producción habitual de su panadería en 100 kilos de bollos. Con su furgoneta de currela, este griego de voz aguardentosa, malhablado y con barba plata de tres días se presenta frente a la comisaría de la policía, lugar de reunión de los recién llegados en patera y él mismo organiza la larga fila para repartir gratis el pan. Amparo evidente.

 

Un poema:

 

UN valle como éste, 

en el que existen el gorrión, la rosa,

los ríos y los árboles, las nubes,

mayo y septiembre,

y el amor y la luz que en sus anchos dominios

a todos nos acogen, no puede ser que sea

triste valle de lágrimas,

por más que en nuestros ojos prospere el llanto a veces

y aunque lloremos lágrimas de sangre,

o aun a pesar de que la muerte venga

--tan a regañadientes de nosotros--

a transformarnos sin contemplaciones

en redomas ya limpias,

en sustancia de Dios. 

Eloy Sánchez Rosillo

 

Marcos 1

 

CVMc 

Domingo 24 de octubre de 2015

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

1. Mc 1,1-5

 

Una reflexión inicial:

 

            Nos proponemos volver de nuevo al Evangelio. Tras haber caminado por otras partes del NT (Apocalipsis, Filipenses, Hechos…) volvemos de nuevo a la “casa” del Evangelio. Volver significa preguntarse de nuevo por lo más elemental de lo que constituye la utopía de Jesús. Volver es poner los acentos otra vez en lo que es más útil y vivo para nuestra espiritualidad. Volver es aprender un poco más el rostro de Jesús y copiar con más fidelidad sus comportamientos. Volver es quitar óxido a las utopías porque no se puede leer el Evangelio más que desde ellas. Volver es percatarse de que en los caminos trillados de la vida hay valores. Volver es cantar con Jesús de nuevo la melodía de los días, el don hermoso de vivir y respirar.

                Volver es también aprestarse a gustar el texto otra vez, con sus matices, sus insinuaciones, sus valores ocultos. Se trata de meterse un poco más debajo de la piel del texto. Y como dice el título de este trabajo, es volver a percatarse que evangelio y vida van juntos.

 

El texto:

 

                1,1Orígenes de la buena noticia de Jesús, Mesías. Hijo de Dios. 2Como estaba escrito en el profeta Isaías, “Mira, envío mi mensajero delante de ti; él preparará el camino” (Ex 23,20; cf. Mal 3,1); 3”una voz grita desde el desierto: -Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos” (Is 40,3). 4Se presentó Juan Bautista en el desierto proclamando un bautismo en señal de enmienda, para el perdón de los pecados. 5Fue saliendo hacia él todo el país judío, incluidos todos los vecinos de Jerusalén, y él los bautizaba en el río Jordán, a medida que confesaban sus pecados.

 

  • Preparar caminos: Eso es básicamente lo que la persona hace en la vida. Preparar caminos para los hijos, para la sociedad, para las personas. Una tarea hermosa la de preparar caminos para que los anden también otros, no solamente yo. Hacer de la vida un camino, algo transitable, valioso, hermoso.
  • Una enmienda social: De esa habla el bautismo de Juan, no solamente personal. Colaborar a la decencia social, a rectificar caminos que no huelen a justicia. No cansarse. Volver mil veces a la batalla de una política decente.
  • Un bautismo fuera del templo: En el río Jordán, fuera del templo, en la frontera con el desierto. Para construir algo hay que irse acostumbrando a estar bien en los márgenes, porque los márgenes también hacen parte de la vida.

 

Un momento de silencio y oración:

  • Me interesan  los caminos de la vida.
  • No quiero cansarme de las utopías
  • Quiero estar bien en los márgenes

 

 

Un valor: la armonía

 

            Se habla poco de ella, pero sigue siendo un gran valor. El Evangelio y la vida quieren ir en armonía. Puedo lograr armonía:

  • Deja un poco más sitio a Dios en tu vida. Que los criterios evangélicos cuenten realmente en tus días. Cree en el Evangelio, obra conforme a lo que dice. Sin más. La armonía asomará el rostro.
  • No hagas caso de los cantos de sirena de quienes nos dicen: tú preocúpate de que a ti te vaya bien y los demás, allá penas. No, siéntete hermano para que la alegría de vida y su íntima armonía cobren verdad y rostro.
  • Elige lo simple, lo normal, lo cotidiano. No te avergüences de ser como todos, de ser pueblo, de ser comunidad. En lo común vivido con gozo habita la armonía.
  • No te enfades por estar abajo, por no tener mando. Ahí se puede ser feliz, te puedes realizar, puedes estar contento. Estar abajo no es malo para quien aspira a la armonía.
  • Que te afecten las pobrezas, que sean para ti lugar de encuentro. No huyas de ellas, porque ahí se encierra, sin duda, el extraño fulgor de la armonía.
  • Ora con confianza, como quiere Jesús. Gusta del silencio. Ama la contemplación de lo creado. Disfruta con el don que es vivir y respirar.
  • Y pon en tu vida una dosis creciente de alegría. Alegría vivida en las pequeñas cosas, en los sencillos acontecimientos, en lo bello que está en nuestras manos. Si no nos apuntamos a la alegría, ¿cómo vamos a estar en armonía con nuestra sencilla vida?

 

Una imagen:

 

                Una piña, sola y humilde, sobre un bloque de granito. Es como lo nuestro. Ahí seguimos, a pesar y a través de los años: extraña y hermosa, unidos en torno a la Palabra y a la amistad. Una piña y una roca de granito, desnudez y amistad. No se trata de ser testarudos, empeñados en lo imposible. Con modestia y más allá de nuestros avatares, nos sentimos llamados a seguir en esta tarea en torno al Evangelio. Como una piña, sola, pobrecilla y con años. Pero como una piña. Con todo el vigor oculto en su sequedad. Y con todo el ánimo.

 

Un poema:

 

Todo lo bello es frágil: los trenes

cuando olían, la escarcha en los ribazos, la boca

de los niños aún sin término, el tacto

del silencio en los camposantos a la orilla

del mar, la redondez si es fruto, el ruiseñor,

su rama. Acaso la memoria. Todo lo verdadero

es frágil. Y no  es inútil. 

 

Fermín Herrero