LECTURA SOCIAL DEL NT

EN CONTEXTOS DE EXCLUSIÓN 

 

         El NT es el cofre del que se saca “lo nuevo y lo viejo” (Mt 13,52). Muchos creen que ya no se puede sacar nada nuevo del NT, que todo está dicho y trillado. Pero “el buen escriba”, el buen lector, sabe que los textos bíblicos son textos sin fondo porque encierran experiencias fontales y por ello hay siempre posibilidades de lecturas nuevas.

         Siempre se ha dicho que es una pena que los descubrimientos de los biblistas pasan lentamente al pueblo cristiano y que casi ni pasan. Quizá haya que emplear otra dinámica: situar directamente los textos en el pueblo, en el terreno social, y, desde ahí, elaborar espiritualidad. Una lectura en la vida misma, no fuera de ella.

         Por eso mismo, cuando se habla hoy de volver a Jesús habrá que hacerlo por otro camino. Si lo hacemos por el camino de siempre, por la lectura de siempre, el resultado será el de siempre. Si se quiere un resultado nuevo, habrá que buscar un camino nuevo.

         Creemos que la semilla de la Palabra está destinada al campo de la vida. Por eso es ahí donde hay que situarla: un comentario bíblico que habla solo del poder germinativo de la Palabra es algo dimidiado. Salirse del campo de la vida es arriesgar la esterilidad de la semilla.

 

  1. 1.   Qué es la Lectura Social de del NT

 

a)  Los contenidos sociales del NT 

 

         Lo vamos a decir de entrada, para que nadie se llame a engaño: los contenidos sociales son los contenidos principales del Evangelio. Es decir: porque usamos el Evangelio para la liturgia, para los sacramentos, para la oración, porque lo usan y predican sobre todo los curas, podemos llegar a pensar que el Evangelio es un libro religioso. Pero no, el Evangelio tiene, ante todo, contenidos sociales. Estos contenidos lo son para cualquiera, incluido quien no crea, siempre que anhele la felicidad de la persona.

         Vamos a decirlo de otra forma: las personas religiosas piensan que el Evangelio y lo de Jesús es para ganar la vida eterna. Pero todos entendemos que en la vida eterna no necesitaremos el Evangelio porque éste es necesario en esta vida. O sea, el Evangelio quiere modificar nuestra vida, nuestro comportamiento, nuestra vivencia de la sociedad. Si el Evangelio no fuera para esta vida habría sido entregado “a los ángeles”, pero he aquí que ha sido entregado a personas para que vayan construyendo la nueva sociedad, la sociedad de iguales, el sueño máximo de Jesús que solía llamar “reinado de Dios”.

         Los Evangelios son abundantes en textos que desvelan con toda claridad la evidencia de que el contenido del Evangelio es social. Citamos, a modo de ejemplo, algunos tomados solamente del Evangelio de san Juan:

  • Jn 13,8 “Si no dejas que te lave los pies, no tienes que ver nada conmigo”: Eso quiere decir que el servicio constituye la ley sobre la que se asienta la comunidad de Jesús. Una comunidad cristiana que no sirve, no sirve para nada. Es preciso medir la fe desde la actitud de servicio, no solamente desde planteamientos ideológicos. Crees si sirves.
  • Jn 13,34: “Os doy un único mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado”. No es un mandamiento religioso sino social, el que construye la nueva relación. Jesús no quiso fundar una nueva religión sino instaurar una nueva relación. Medir la densidad de la fe por la manera de entender y vivir las relaciones.
  • Jn 15,13: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por la persona”: El dar la vida, poco a poco, es la señal de que se tiene verdadera fe. Así se realiza la única vocación que Dios nos ha dado: la de vivir y dar vida.
  • Jn 10,11: “Yo soy un pastor extraño...que entrega la vida por las ovejas”: El asunto de la fe se mide en las capacidad de entrega que se tiene. Es preciso mantener siempre viva la certeza de que las entregas nunca se pierden.

  

b)  Lectura social del NT

 

Hablando de un modo general, las maneras de leer los textos del NT han sido dos: la espiritual y la moral. La primera saca del texto unos recursos para general la espiritualidad cristiana. La segunda apunta más a comportamientos éticos que quieren ser influenciados por el Evangelio. A veces derivan en moralismos y espiritualismos desenfocados. Ambas lecturas siguen vigentes y, por supuesto, cuando se hacen con profundidad son valiosas. Se puede decir incluso que son las únicas maneras de leer que hemos introyectado.

Pero puede haber otras maneras, una de las cuales, la que llamamos lectura social. Una lectura social es aquella que mira a la realidad y desde la realidad con el texto bíblico en la mano. Más que de un método se trata de una sensibilidad que intuye que la mezcla de la Palabra ahondada con la realidad social discernida puede ser altamente provechosa. Es cuestión, así mismo, del logro de una perspectiva que conecte con facilidad el imaginario del texto leído con el del mundo que vive el agente lector; sin esta conexión, el texto arriesga la infecundidad. Es, en fin, un anhelo, aquel que pretende hacer que el texto llegue a lo más profundo de la persona y ese pueda ser el cauce para una vivencia recreada del Mensaje en el marco social.

Un ejemplo: Mt 25,14-30. Es el texto que llamamos “parábola de los talentos”:

  • Siempre se ha leído en modos morales y espirituales: usted ha recibido de Dios unos “talentos”, tiene que hacerlos producir. Defrauda a Dios sino produce.
  • Desde el punto de vista social se hace una lectura “financiera” del pasaje: si no se produce, la cosa no va bien. Quien no produce, no sirve. La vitalidad, e incluso la fidelidad a Dios, se miden por la producción.
  • Pero hay en la historia de la fe otra lectura (dice el padre de la Iglesia Eusebio de Cesarea que aparece en el no conservado Evangelio de los Nazarenos): hay que imitar al que enterró el talento. A ese tal se le enciende una luz: ¿Para quién trabajo?: para un rico que se hace más rico, que además es cruel y duro, un egoísta de libro (visión campesina que dice que un rico solamente se enriquece desposeyendo a los pobres). Y se dice: no quiero trabajar para él, rompo con él (con el sistema) totalmente: no le voy a dar el gusto ni que el banco le pague los intereses. Y me atengo a las consecuencias (expulsión: el sistema no es manco). ¿Cómo el Evangelio ha de llevar a distanciarse y romper con el sistema? ¿Cómo pretender una lectura social en connivencia con el sistema es imposible? ¿Cómo contribuir a generar estilos de vida sociales alternativos?

 

  1. 2.   Leer el Evangelio en contextos de exclusión

 

Hay un documento de la PCB de 1993 interesante  y casi ignorado: La interpretación de la Biblia en la Iglesia.  Allí se habla de métodos y acercamientos. Y uno de esos acercamientos es el llamado “acercamiento liberacionista”: se lo adscribe a la teología de la liberación; su lectura de la Biblia nace de las situaciones vividas por el pueblo y está orientada en función de las necesidades sociales. Sus principios son: Dios está presente en la historia, la exégesis no puede ser neutra, los excluidos son los mejores destinatarios de la Biblia. El texto subraya casi más los peligros que los beneficios de esta lectura (unilateralidad, peligro de marxismo, escatología terrestre). No es mucho pero hay ahí una puerta abierta.

 

a)  La centralidad de la dignidad

 

Requisito imprescindible para una correcta lectura social. Aunque el tema de la dignidad ha entrado lentamente en la espiritualidad cristiana moderna (por influjo social más que evangélico) es el quid de una correcta lectura evangélica, aunque no esté formulada como tal en los Evangelios. Pero tanto los milagros (cuya mejor lectura es como relatos de inserción social), como las ofertas del reino (que son ofertas en base a la dignidad, no a la moralidad) confirman lo que decimos (léase por ejemplo el relato de la vocación de Mateo, Mt 9,9-13, que hace Caravaggio desde esa perspectiva).

 

b)  Centralidad del excluido

 

Algo que aparece en los Evangelios no solamente porque el contexto social era mayoritariamente de exclusión sino, porque en ese contexto, Jesús opta por los de la parte baja de la pirámide social hasta hacerlos destinatarios principales del reino. Él ha salido a los caminos por un determinado sector social. Jesús tiene idea clara de que el marginado social ha de estar en el centro (“ponte en medio”: Lc 6,6-11). De ahí la certeza de que la consideración con la realidad del excluido no es un derivado de la fe sino su núcleo: se es cristiano si el excluido está en el centro; si no, no (recordar la famosa disputa de los hermanos Boff).

 

c)    Principio de parcialidad

 

Algo que cuesta aceptar: Dios es Padre de todos, pero no del mismo modo: al justo le anima a la justicia y al injusto le anima también a la justicia. Por eso, es Padre de todos, pero no del mismo modo. El Evangelio muestra, por el comportamiento de Jesús, que Dios es un Dios parcial, situado en el lado de los humildes y a su favor. Desde ese lado lanza la voz al injusto para que vaya desplazándose hacia el terreno de los humildes abandonando sus comportamientos sociales y económicos injustos (pasaje de los que piden a Jesús un arbitraje y parábola del rico insensato que almacena: Lc 12,13-21). A veces, en san Lucas sobre todo, cunde el desaliento en las páginas del Evangelio: con los ricos no hay nada que hacer (parábola de Lázaro y el rico: Lc 16,19-31). El lector del Evangelio mira como posibles los desplazamientos sociales hacia el sector social frágil y colabora con ellos  en el lenguaje del propio desplazamiento social.

 

d)  Sujetos morales y sujetos creyentes

 

No hay duda: la respuesta que damos al sufrimiento del otro nos hace sujetos morales y creyentes. Si a uno le importa el sufrimiento del otro, es una persona humana; si no, no. Si se responde al sufrimiento del otro, se es persona creyente en Jesús; si no, no. Algo tan taxativo lo vemos en el comportamiento de Jesús. Él no ha salido a los caminos por su propio sufrimiento, sino por los dolores ajenos. La insensibilidad, la globalización de la indiferencia de la que habla el papa Francisco es el rostro de nuestra inhumanidad y de nuestra increencia.

 

e)   Un anhelo

 

Hoy por hoy, la Biblia y la realidad de los excluidos sociales aún está muy lejos. ¿Cómo hacerles ver que en esa espiritualidad hay una voz a su favor? ¿Cómo hacerles cercano el ánimo de Jesús, el que derrochó por los caminos y que puede ofrecer ahora en la mediación de los cristianos? Podríamos pensar que no hay muchos caminos abiertos. Pero el Evangelio propone modos de comportamiento muy asequibles. En Mc 10,46-52 Jesús hace la gran pregunta de la solidaridad con el excluido: “¿qué puedo hacer por ti?”. Si esta pregunta está llena de verdad y se intenta ponerla en pie derivará en una indudable cercanía con los frágiles sociales y en la potenciación de recursos que, con frecuencia, no aparecen a primera vista.

 

Conclusión

 

En la lectura social hay una puerta abierta no solamente para una revitalización de la vida cristiana, sino también una posibilidad de devolver al texto el color y el brillo  que la rutina y la superficialidad le han arrebatado. Hoy por hoy es demasiado pedir que esta puerta la use el sistema oficial de la Iglesia. Pero los grupos de base y la VR cercana a la ciudadanía podrían intentar este tipo de lectura. Ciertamente sería un gran beneficio para ellos y un indudable aporte al hecho social.