Instituto Teológico de Vida Religiosa

Erlijioso Bizitzaren Teologi Institutoa

 

 

 

 

“EL ENCARGADO DE LA COMUNIDAD

HÁGALO CON EMPEÑO” (Rom 12,8)

 

LA NECESARIA TAREA DE SERVIR A LA COMUNIDAD

 

            Por muchas vueltas que va dando la VR, más allá de cualquier avatar, la necesidad de animación en las comunidades es clara: siempre necesitará la VR ser animada. Y no solamente por su nivel de desaliento, sino porque siempre estará necesitada de una palabra y de unas pistas de vida que le abran a un horizonte más pleno. Hay quien dice que el “estado natural” de una comunidad es el desaliento. Aunque esto no fuera así, la necesidad de animación es patente. Más allá de que la nuestra sea una época más necesitada de animación que otras, eso habría que verlo, lo cierto es que la necesidad de instancias alentadoras es evidente.

Una de esas instancias es la de las hermanas/os superiores. Queremos resaltar desde el principio el papel de los superiores de comunidad en la construcción del horizonte cotidiano de la VR de los hermanos. No se trata de cargarles un muerto que no les corresponde. Se trata de que no sean solamente administradores de la vida comunitaria, sino animadores pastorales de la misma. Nada más desalentador para una comunidad que un superior que pasa de aspectos espirituales y se ciñe a representar a la comunidad en la reunión es donde se requiere la presencia del superior y dice a las claras que sueña con el día en que le quiten de superior. Por decencia pastoral debería dimitir ya.

Por el contrario, un superior animoso es el que, contando con su comunidad real, trata de sacar el máximo partido espiritual y fraterno al colectivo. Es el que no se desalienta por el poco rendimiento o por los vaivenes que dejan a uno perplejo. Es el que sigue estando al lado de manera discreta pero animosa. No se piden cualidades ni actuaciones excepcionales. Se demanda contagiar un poco de ánimo en los rutinarios y, a veces, desalentadores caminos de nuestras comunidades.

Que el INVIRE plantee este curso-taller indica que se ha conectado con una necesidad, aquella que entiende que el papel de los superiores es, aún hoy, muy importante y que desestimar esta herramienta de animación es empobrecer más la V

 

 

 

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MEDITACIÓN BÍBLICA:

“OJALÁ TODO MI PUEBLO FUESE PROFETA” (Num 11,29)

 

            Siempre se ha pensado, y así ha quedado en numerosos textos del AT, que los israelitas “le amargaron el corazón” a Moisés (Sal 103,33). Cuando el salmista reflexione sobre él no podrá menos de exclamar: “¡Cuántas veces lo amargaron en el desierto…!” (Sal 78,40.56). Es cierto, sufrió mucho; pero también es cierto que siempre tuvo a personas fieles que le amaron. Nunca se podrá olvidar a quien fue el alma de un pueblo oprimido y pobre que logró aunar sus ansias de vida y llegó a crear un alma colectiva que, más allá de vicisitudes históricas y religiosas, habría de pervivir hasta vuestros días.

            Para muchos israelitas de generaciones ulteriores, Moisés fue el verdadero “padre de Israel”, tanto como Abrahán o más. Todavía hoy sus palabras se leen y suenan vibrantes en la Kneset, el parlamento de Israel, por encima de las posiciones religiosas o laicas de sus miembros. La Biblia le da el título mayor, el más apreciado, que él sin duda aceptaría como un honor: “siervo del Señor” (Núm 14,24). Pero él fue, ante todo, un apasionado por la comunidad. Esa fue su gran pasión, la comunidad, tan fuerte como la de Dios, ambas mezcladas. Nunca se quejó, nunca amenazó para imponerse, nunca utilizó el poder, nunca se lucró de nosotros. Habiendo sido criado como un noble, no le importó la pobreza; siendo culto, no fue para él un peso vivir con gente sencilla y, a veces, ruin; siendo un hombre hecho para el amor, no le importó la soledad. Todo lo mitigaba su amor por la comunidad, su pasión honda por el pueblo.

            El recuerdo de Moisés es para nosotros un memorial, el compromiso de amar la comunidad, el pueblo, la aventura humana, como el compromiso mayor, aquel que nos reconcilia con nuestro lado más débil y pone de manifiesto nuestros mejores valores. De este modo, recordar no es solo traer sucesos a la memoria; es también poner sobre la mesa del banquete de la vida uno de sus mejores manjares, ya que la abstinencia de los recuerdos es lo que seca nuestras raíces.

 

¿Cómo pasar de la administración de la comunidad a la pasión por ella?

 

1. Una vocación que viene del pueblo

 

            Desde siempre se ha dicho, y hoy lo repiten los predicadores cuando hablan de él, que “Dios suscitó a Moisés” para bien del pueblo. Su llamada inicial desde la zaraza (Ex 3,4) es una llamada de Dios para la comunidad. Pero cuanto más reflexionamos, tanto más se percata uno de que, en realidad, quien de verdad llamó a Moisés fue no tanto Dios cuanto el mismo pueblo. Él podría haber cantado la estremecedora copla del “pastor poeta”: “Vientos del pueblo me llevan,/ vientos del pueblo me arrastran,/ me esparcen el corazón/ y me avientan la garganta” (M. Hernández). Él estaba destinado al torbellino del pueblo, por él fue asumido y con él se identificó plenamente.

            No en vano su vocación nació en el marco de una serie de datos populares que indican que, antes que nada, la comunidad estaba ahí, el pueblo le esperaba. Allí estaba esperando a Moisés esa comunidad primigenia; allí estaba el pueblo que tuvo que huir de la garra del hambre y cayó en la trampa de la opresión (Ex 1,1-16); allí estaban las comadronas, engendradoras de vida, astutas para hacer que el pueblo perviva (Ex 1,17-21); allí estaba aquel hombre ignorado, su padre, de la tribu de Leví que desafió hasta que pudo el decreto de limpieza étnica del Faraón (Ex 2,1); allí estaba aquella hermana bondadosa y cuidadora y la madre que vuelve a tomar a su niño (Ex 2,4-9); allí estaba la misma hija del Faraón, de entrañas compasivas, capaz de conmoverse ante la fragilidad y la indefensión que no tienen connotaciones raciales (Ex 2,6). Toda una comunidad en espera.

            ¿Qué anhelo tenía aquella comunidad, qué encargo quería dar a Moisés? Uno sencillo y básico: tratar de mantener vivo en tiempos tan recios los valores de la fraternidad y la justicia. Por eso, aunque criado en modos cortesanos, fue donde estaban sus hermanos, se pasó a la orilla de la injusticia para poder entenderla y vivirla (Ex 2,11), supo escuchar la voz de la justicia herida y estableció la diferencia insalvable que existe entre opresor y oprimido (Ex 2,11-13). No fue obstáculo el que se le entendiera o no (Ex 2,14). Su buen espíritu le hizo ser “defensor de muchachas” en lugares arriesgados (Ex 2,17). No temió arrostrar las consecuencias de ser fiel a esta vocación a la comunidad. Por eso, palpó la aspereza de la extranjería y el arañazo de la soledad (Ex 2,21-25). Y esto ya desde el comienzo, cuando aún ignoraba los duros caminos que le esperaban. La pasión por la comunidad se fraguó en él muy temprano.

            Esta vocación a la comunidad crecida en los años jóvenes le hizo ver que tenía como finalidad básica curar las heridas del pueblo. Por eso, fue llamado en la hora de dolor del pueblo, en la hora del grito inmenso (Ex 3,7). No se descalzó ante la zarza creyendo que el suelo era sagrado por la presencia de Dios, sino porque era el suelo del dolor. “Donde hay dolor, hay suelo sagrado” (O. Wilde). Una vocación para sanar el dolor de la comunidad, así fue la de Moisés. Podría decirse que toda su vida fue dedicada a sanar la herida de la comunidad, a darle salud y vida. Él escuchó el llanto de la comunidad y se puso a la tarea inacabable del consuelo. En realidad, no monopolizó la vocación a la comunidad, sino que la suya fue una tarea implicadora. Por eso, desde el principio se le dijo que cualquier camino que construyese para el pueblo habría de ser contando con él, con su total participación, “tú con los ancianos” (Ex 3,18). La inserción en la comunidad es la que dio a Moisés el valor de emprender la obra grande de la liberación de un pueblo oprimido y con mentalidad de oprimido. Ésa fue la fuente de su vigor. Desde ahí empezaría a hacer la gran obra de “sacar” al pueblo (Ex 3,10), de darlo a luz, de recrearlo sobre bases nuevas.

 

¿Cómo mantener viva en los hermanos/as la vocación por la comunidad?

 

2. La difícil tarea de crear libertad y conciencia

 

            No fue fácil la empresa. Para empezar, el mismo Moisés experimentó la contradicción de la llamada del pueblo. Él era consciente de sus límites y puso tantas objeciones que llegó a sacar al mismo Dios de sus casillas (Ex 4,14): no tengo mando, dijo, y se le dio el signo del bastón (Ex 4,1-5); no tengo salud, y se le curó en la enfermedad para que aprendiera que ninguna debilidad es superior al empuje de la entrega (Ex 4,6-9); no tengo una palabra contundente, y se le dio un hermano, Aarón, que le prestase su boca (Ex 4,10-17). Así aprendió Moisés que sea uno tuerto o ciego, mudo o sordo, tartamudo o elocuente, de persuasivas palabras o de discurso insoportable, Dios está detrás de todo y puede hacer su obra en la fragilidad histórica.       

Además, hubo que comenzar desde abajo, por crear conciencia en una comunidad que había entregado a la opresión el último reducto, el anhelo de la libertad. Para recuperar la libertad propone Moisés un viaje del pueblo al desierto (Ex 5,1). Lo de menos es el culto que allá se quiere celebrar; lo más importante es el viaje en sí mismo porque los viajes son, en verdad, caminos que llevan al fondo del alma. No es de extrañar que la acusación venga rápida: “solivianta al pueblo” (Ex 5,5), crea conciencia, le hace ver su injusta situación. Pero hay más, el pueblo mismo no tiene conciencia de su opresión: cuando se fuerzan sus trabajos, se pliega a ellos; cuando se les hace ver la situación de esclavitud en la que viven se revuelven contra quien les abre los ojos (Ex 5,6-21). Nunca Moisés recibirá un poco de aliento de la comunidad a la que se entrega; jamás conocerá el aplauso o el reconocimiento que reconfortan. Desde el principio, hasta el final le hará compañía la interminable queja de sus hermanos. Pero el desaliento no hizo presa en Moisés. Muy por el contrario, oró incansablemente por el pueblo que no le entendía, con la inquebrantable conciencia de que Dios estaba en medio de ellos, sufriendo con él, suscitando conciencia, sembrando el anhelo de la libertad. Pasos lentos (Ex 5,21). Bien lo dicen los poetas: “¡Qué haríamos sin esos destellos de la imaginación, casi inverosímiles, que son las utopías!” (M. Benedetti). Mantenedor de utopías comunitarias, eso fue Moisés en el centro de aquel pueblo.

            La comunidad vivía enceguecida. Y esa ceguera la acompañó, como una sombra de la que nadie puede librarse, hasta nuestra entrada en Canaán. Pero Moisés contribuyó decisivamente a generar en el pueblo, cosa insólita, la certeza de que Dios era, antes que nada, un liberador. Repetía como un sonsonete que el Señor era el que “os sacará de debajo de las cargas de los egipcios” (Ex 6,6). Se empezaba a intuir la increíble realidad de un Dios que hace suyos los intereses de los pobres, que pone su éxito en el logro del éxito de los explotados. Y aunque no se le escuche, ni Israel ni el Faraón escuchan (Ex 6,9-13), el anuncio de liberación se hizo y el camino a la libertad estaba abierto. Sembró en aquella tiniebla densa “el resplandor de la palabra libre” (V. Havel). Moisés, el siempre generoso con sus hermanos, que había compartido su corazón y su entraña con Séfora, renunció a su clan, a su familia: todos tuvieron clan, menos él, el entregado en totalidad a la causa de la comunidad (Ex 6,26-27), compañero en toda la hondura del término.

Y aunque el Éxodo hable profusamente del gran misterio de endurecimiento que aparece en la figura del Faraón que no dejaba salir al pueblo, la verdaderamente endurecida era la comunidad. Por eso, lo más amargo para Moisés fue la dureza de su propio pueblo, la desconfianza de sus hermanos, el gesto distante de quien no acepta una propuesta de libertad, “una libertad mecida en la cuna del menosprecio” (A. Monzón). Moisés ayudó a vivir aquellos terribles acontecimientos como una experiencia de vida, de Pascua. Iba a ser aquel un recuerdo que acompañaría siempre a Israel y al que apelaría a la hora de implicarse en la vida y en la fe (Ex 13,1-10). Se llegó a intuir la hermosa certeza de un Dios, gran compañero, que estaría con el pueblo, con la comunidad, “de noche y de día”, todo el tiempo, en todos nuestros caminos, por mucho que fueran, a veces, caminos de extravío y de pérdida (Ex 13,17-22).

 

Estrategias para mantener “despierta” a la comunidad.

 

3. Cuando pasar es salvarse

 

            En el paso del mar Rojo surgió la primera crisis (siempre estaría nuestra comunidad en crisis, hermanada con el desaliento). Puso al pueblo “mirando al mar” y con el desierto a la espalda (Ex 14,1-4), en actitud de despojo.  Sin este requisito básico, pasar era imposible. (Ex 14,10-14). El miedo hizo que los fantasmas se despertasen: este es un camino de muerte, se decían unos a otros; habría sido preferible morir en Egipto, porque no hay cosa más dura que morir en tierra extraña, ya que solo las fieras mueren en el desierto. Se cuestionaba a Moisés y se distanciaban de él; ya se lo habían advertido antes. La conclusión resultaba clara: es preferible una paz con esclavitud que una libertad con el sobresalto de lo desconocido que hay que afrontar. Ahí quedó a las claras el talante básico de la comunidad: cuesta mucho ver que pasar al terreno de la libertad sea cosa útil.

            Moisés no se quebró por dentro, se mantuvo entero en su interior y en sus argumentos: Dios, decía, va a “mostrar su gloria” con vosotros no porque seáis gente especial, sino porque sois oprimidos (Ex 14,15-18). Se empeñó en enseñarnos una verdad a la que frecuentemente recurrimos en nuestros peores momentos: que Dios está en la orilla de los oprimidos y que, desde ahí, fuerza al opresor para que abandone su inhumana actitud.  Se pasó el mar “a pie enjuto” (Ex 14,28-31), con el corazón encogido por el temor, más que con el ánimo de la fe en el apoyo de Dios. Pero, al fin y al cabo, se pasó. La comunidad avanzaba por encima de sus lados más cuestionables.

Una cosa admirable en él fue, para los tiempos que corrían, su apertura de mente y de corazón. Había abandonado a su familia por causa de la comunidad. Aunque era una familia de “extranjeros”, su amor por ellos siempre verdeó. Por eso, vinieron a verle al campamento (Ex 18,1-12). No solamente les recibió a la mesa y a la oración sino que hizo caso de su suegro Jetró que le proponía ser líder de esta comunidad de una manera más democrática, para evitar así su cansancio y el del pueblo que hacía cola para dirimir sus problemas ante Moisés. “Moisés hizo caso a su suegro…y nombró jefes de mil, de cien, de cincuenta y de veinte” (Ex 18,25). Nunca se apropió del liderazgo, siempre creyó que la manera mejor de servir es repartir la responsabilidad. Practicó, ya entonces, “el arte de delegar”. Más tarde invitará a Jetró a unirse al pueblo que camina por el desierto (Núm 10,29).  Así quedaba de manifiesto el inusitado universalismo que anidaba en el corazón de Moisés.

 

¿Cómo contribuir a crear una comunidad de casa abierta?

 

4. Camino de sinsabores

 

            Nunca ha sido fácil para nadie el camino del desierto. Pero la comunidad de Moisés lo hizo todavía aún más difícil. El primer disgusto vino con la primera aurora y el motivo fue el más lógico: la sed (Ex 15,22-27). Pero, en el fondo, el disgusto no lo motivaba tanto aquella agua salobre y ácida que había que beber sino algo más de fondo: la conciencia de que el camino del desierto no podía ser camino de vida. Esa fiera acechaba siempre en el cañaveral.

            La segunda crisis sobrevino, también en maneras lógicas, por causa del alimento. Pero las posturas de fondo eran otras: es mejor la esclavitud con alimento que la libertad con carencias. Y la acusación, como un dardo, se clavaba en el corazón de Moisés: Nos ha sacado para morir. Dios mismo se veía afectado: ha convocado a la comunidad para destruirla y el camino que le ofrece es una senda de muerte (Ex 16,1-8). Pueblo de “murmuradores”, así será entendida esta comunidad (Sal 94; Jn 6). El alimento, codornices y maná, se nos dieron en la noche (Ex 16,9-29), símbolo de nuestra misma noche. Dios cuidaba a su comunidad, aunque este cuidado pareciera de poca monta a quienes murmuraban siempre. No entendían que Dios se da en la sencillez de la historia, en lo oculto del propio grupo.

            La murmuración se alió con la tentación en la fuente de Meribá (Ex 17,1-7). Fue una pretensión de combate con el mismo Dios. Ya no se aceptaba que hubiera alimentos de pobreza sino, que también se trataba de imponer un plan de acción a Dios. Moisés sufrió por Dios más que por él mismo. El interior de la comunidad seguía estando enfermo y por eso generaba litigios y zancadillas. Cuando todo parecía perdido, Moisés, entonces, seguía en la brecha, inquebrantable en su fe en el Dios que acompaña y en la comunidad que puede salir del atolladero.

 

Estrategias para sortear los sinsabores comunitarios.

 

5. La experiencia del encuentro

 

Puede uno preguntarse cuál era la fuente de la que brotaban las opciones de Moisés, su amor fiel a Dios y su inquebrantable solidaridad con el pueblo. Los veneros de este agua estaban muy ocultos en el mundo de la experiencia de Dios. Pero antes de de llegar a esa conclusión se ha de recordar su esfuerzo por consolidar un tipo de comunidad asentada sobre una fe de fuerte componente humanizador. Eso era en el fondo la alianza que se entregó al pueblo (caps.17-24/25-31). Como la comunidad arrastraba un fuerte déficit de humanidad (ése era su fallo básico), rechazó la alianza. De ahí que el conocido episodio del becerro de oro (Ex 32,1-6) ha de leerse no solamente como una idolatría religiosa sino como el afán, por otra parte valioso, de querer tener a Dios cerca: al creerlo lejos, hablando en el monte con Moisés, se lo quisieron hacer cercano en la figura de un ídolo. Aunque luego impuso un duro castigo, Moisés, fiel a su comunidad, oró y aplacó la cólera del Dios herido en su última fibra, aquella que hablaba del acompañamiento fiel a su pueblo (Ex 32,7-20). Sólo Moisés era capaz de hacer que Dios “se arrepintiera”, sólo él le recordaba su pacto de fidelidad con la comunidad. Así lo dejó ver su intercesión ante Dios dolorosamente solidaria con quien acababa de castigar: “O perdonas el pecado del pueblo o me borras a mí del libro de tu registro” (Ex 32,32). Son los parámetros de las entregas totales en los que se movía Moisés.

            ¿Cuál era la fuente, el secreto último de esta fortaleza y esta adhesión, nos hemos preguntado? No era otro que una hondísima experiencia de adhesión a Dios. Moisés conectaba con Dios en la tienda del encuentro, mientras el pueblo acompañaba esta visita en forma reverente, prosternándose cada uno a la entrada de su tienda. Dios hablaba con Moisés “cara a cara, como habla un hombre con su amigo” (Ex 33,7-11). Era la hermosura del diálogo igualitario, el trasvase que enriquece, el diálogo, la “cena que recrea y enamora”, dirá Juan de la Cruz. Esta será la fuente y la fuerza para arrostrar cualquier clase de dolor y de amargura; este será el secreto del vigor que siempre acompañará la difícil vida de Moisés.

            El gozo del encuentro era tal que, como suele ocurrir, el amor se hizo osado y, contra toda la antropología bíblica antigua que aseguraba que quien veía a Dios moría, Moisés pedirá a Dios, como un regalo único, que le muestre su gloria (Ex 33,18-23): Dios no acoge con un desaire tan atrevida petición sino que le permitirá, cosa nunca permitida a nadie, “ver su bondad”. Es en la bondad y en la humanidad donde la gloria de Dios aparece; basta para verlo, crecer en entrega a la vida. El perdón será la rúbrica de este hondísimo encuentro (Ex 34,1-14). Nadie llegó a donde Moisés llegó. Nadie se encontró con Dios en modos tan experienciales, tan vivos, tan inmediatos. Ése era su secreto.

 

¿Cómo contribuir en la comunidad a una experiencia viva de Jesús más que alimentar la rutina religiosa?

 

6. “Ojalá todo mi pueblo fuese profeta”

 

            Al tiempo, bajó la comunidad del monte y emprendió su gran segunda etapa por el desierto, la que va desde Sinaí hasta Cadés, en los confines del desierto. El pueblo que Moisés lideraba era como un pueblo que no aprende. Sabían que “la nube del Señor iba sobre ellos” (Núm 10,34), pero ellos no valoraban esa protección. Y, especialistas en murmurar, era la suya una continua queja: “¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, y de los melones y pepinos y puerros y cebollas y ajos…y ahora, sólo maná” (Núm 11,5-6). Dios los atiborraría a carne de codornices y con el último bocado en la boca, reventarían (Núm 11,31-35). No aprendían porque se aprende con el corazón limpio y acogedor; y el suyo, era un corazón que seguía todavía en Egipto, en la esclavitud.

            También era un corazón ambicioso. Como un áspid, la ambición había puesto su nido en los pliegues más ocultos del pueblo. Por eso, cuando hubo que nombrar ancianos que ayudaran a Moisés en el gobierno colegial de este pueblo difícil, cosa que él aceptó de muy buen grado por su ya reseñado talante democrático, hubo quien se disgustó: dos ancianos, Eldad y Medad, profetizaban sin haber asistido a la asamblea constituyente. La protesta era un síntoma de anhelo de poder, más que otra cosa. Cuando Josué, hijo de Nun, le pidió que les impidiera profetizar Moisés dijo: “¡Ojalá todo mi pueblo fuese profeta y recibiera el espíritu del Señor!” (Núm 11,29): Esa era la idea última que Moisés tenía de la comunidad: una comunidad de profetas donde nadie necesitará enseñar a su hermano porque toda persona tendrá la autonomía y la responsabilidad completamente activadas.

            A Moisés se llegó a definirlo como “el hombre de más aguante del mundo” (Núm 12,3). Y, ciertamente, lo era. Su temple fue puesto a prueba cuando se desató una escalada de asalto a su liderazgo. Su mismos hermanos, Aarón y María, se vieron envueltos en ese torbellino del poder con el pretexto de que Moisés tomó por segunda esposa a una mujer cusita (Núm 12,1ss). Dios mismo le sacó la cara y Moisés fue generoso una vez más intercediendo y curando a su hermana aquejada del castigo de una grave enfermedad.

Pero el motín más grande fue el desatado por el asunto de la exploración de la tierra a la que nos dirigíamos. El informe que se presentó a la comunidad fue distorsionado desacreditando la tierra que habían explorado por el miedo y por el sueño, aún no olvidado de volver a Egipto. Era el grito de los amotinados: “Nombraremos un jefe y volveremos a Egipto” (Núm 14,4).  Moisés dejó en evidencia, una vez más, su amor por la comunidad rebelde intercediendo por ella ante Dios. Le hizo ver que lo propio de un Dios que ama al pueblo es que manifieste el poder en el perdón y la misericordia (Núm 14,17). Aunque hubo perdón, también se anunció que ninguno de los amotinados pisaría la tierra prometida. Moisés mismo, contagiado de alguna manera de esta rebelión, unido para bien y para mal a la suerte de su pueblo, también se vería privado del hermoso sueño de llegar a la patria (Dt 1,37)

Aun así, por increíble que parezca, continuaron en su talante rebelde, incapaz de comprender el camino que lleva a la dicha. Desafiaron a los jefes locales, amalecitas y cananeos, en vez de seguir pacíficamente hacia Canaán. Fueron derrotados (Núm 14,40-45). Protagonizaron un nuevo motín teniendo por líderes a Datán y Abirón que entendían el liderazgo de Moisés desde los parámetros de una nueva autoridad opresora, y se los tragó la tierra (Núm 16). Volvieron a tentar a Dios, a su capacidad de acompañamiento, con el socorrido tema del agua antes de abandonar las fronteras del desierto para internarse en la zona poblada de la tierra de Canaán: tuvieron agua pero tanto Moisés como Aarón cayeron en la condena de no pisar la tierra prometida por la desconfianza que supone golpear “dos veces” la roca, ya que con una hubiera bastado (Núm 20,1-13). No aprendían, ya que la dura lección no era la aspereza del desierto que, mal que bien habían logrado transitar, sino el corazón de un Dios que acompaña en fidelidad.

 

¿Cómo ayudar a que la comunidad sea cada vez más adulta?

 

7. Un camino de devastación

 

            La tercera y última etapa de la gran travesía, desde Cadés al Jordán, se inició, como no podía ser menos, con murmuraciones y quejas. El repetido motivo del hambre fue la excusa para una nueva manifestación de desamor. El castigo fue que una plaga de serpientes venenosas hizo un gran estrago. Moisés, siempre fiel a su talante intercesor, construyó una serpiente de bronce que curaba a quien, mordido por las víboras, ponía sus ojos en ella. Era un nuevo signo del imparable deseo salvador de Dios con su pueblo.

            El camino hacia el Jordán fue, en verdad, un camino bañado de sangre y de devastación. Fueron cayendo, uno a uno, todos los reyes de la comarca: Arad, Sijón, Og, Balac…Se creía que ese era el camino a seguir, que Dios mismo lo pedía. Se pensábamos que había un “libro de las batallas del Señor” donde se inscribían nuestras gestas guerreras (Núm 21,14). Se podría haber seguido otra senda, la de la bendición, la fraternidad y la universalidad. ¿Hubiera dado peores resultados? Quizá Dios mismo marcaba, de algún modo esa senda. Faltaba mucho para llegar a una visión amplia y universalista del hecho creyente.

            No le costó a Moisés pasar la alternativa a Josué (Núm 27,12ss). Nunca se había apropiado del poder y, por lo mismo, nunca tendría dificultad en dejarlo a otros. Su gran preocupación era “que no quede la comunidad del Señor como un rebaño sin pastor” (Núm 27,17). Moisés murió con la preocupación por la comunidad, con el amor por el que había entregado prácticamente toda su vida. No se encontrará jamás en Moisés una palabra de reproche, de requerimiento de deudas, de anhelos de lucro a costa de la comunidad. Todo en él fue entrega y generosidad. Y aunque nadie lo hubiera reconocido, tendría sentido su vida, ya que la entrega y el amor tienen su razón de ser en sí mismos, no en el aplauso ni en el reconocimiento.

 

¿Cómo desactivar las situaciones de violencia dentro de la comunidad?

 

8. Conclusión

 

            Josué, hijo de Nun, continuó la obra de Moisés que quedó un poco truncada, como lo quedó también su misma vida ofrecida a la comunidad con todas sus consecuencias. Josué llevó al pueblo a pasar de una vida nómada a otra sedentaria. Pero por encima de todo, fue quedando clara una verdad que costaba asimilar: que la tierra era de Dios y, por ende, patrimonio del hecho humano. Muchas veces nos apropiamos de ella, pero la misma vida nos llevó a ver que el mejor modo de vivir en paz era hacer de la tierra la madre común que a todos cobija. El recuerdo de Moisés nos anime a construir la casa-comunidad, la enorme y gozosa comunidad de los humanos y de éstos con la creación.

 

 

2

¿EN QUÉ NECESITA SER ANIMADA

LA COMUNIDAD HOY?

 

                La vida de la comunidad se soluciona, generalmente, en asuntos muy cotidianos. Es ahí donde, en primera instancia, necesitaría ser animada. Pero queremos proponer dos ámbitos profundos de animación, sustentantes, de raíces: la mística y la profecía. Es muy posible que, de salida, un superior/a deseche esta clase de temas porque le parecen lejanos y poco prácticos. Pero si se trata de animar la comunidad, de abrir horizontes, de encontrar espacios más amplios que nos desatosiguen de los afanes de cada día, quizá en estos temas haya una veta.

 

1. Una mística bullente

 

            La mística es el “viento que sopla donde quiere” de Jn 3,8, lo que bulle debajo de la piel, el “alma” que nos habita, los movimientos del corazón, la fuente de las preguntas y de las inquietudes, eso que nos empuja a situarnos en el lado de la vida, la capacidad para palpitar al ritmo de la melodía del amor, lo que “mueve el sol y las estrellas” como decía Dante, el brillo en los ojos, la pizca de vibración que da sentido a los caminos del amor.No se puede definir. Pero ahí hay un algo que, si está vivo, los proyectos humanos tienen viveza y si no está vivo todo pasa al gris sobre gris, antesala de lo que está muerto.

            ¿Hay que decir que es a mantener viva esta llama, a soplar sobre ella, a propagarla más la tarea encomendada a un superior? ¿Cómo hacer ver a quien ha recibido el “encargo” de animar la comunidad que esta es su tarea verdadera y que representar a la comunidad es algo accesorio?[1] ¿Es un milagro que las comunidades mantengan el ánimo a pesar de sus superiores o precisamente con el empuje de sus superiores?

 

a) Místicos de ojos abiertos y místicos horizontales

 

            Hace ya tiempo que la espiritualidad dedujo que la mística era un componente de la vida cristiana y que constituía una reducción referirla exclusivamente a los “grandes místicos”. Más aún, comprendieron que la mística tenía como casa común la vida y que tenía que estar mezclada a ella. Por eso, comenzaron a hablar de “mística de ojos abiertos”[2] o de “místicos horizontales”[3]. El terreno de la mística no sería un no-lugar fuera de la vida, sino que se situaba en el centro de la vida[4].

            La mística de ojos abiertos es aquella que se utiliza la luz para iluminar las situaciones sociales. Una de las tareas de la mística será aportar luz sobre los caminos de la comunidad. A veces, estos caminos se hacen oscuros, rutinarios, sosos. Agoniza la comunidad en la grisura de los días. El superior con talante místico es el que ilumina, no quien contribuye a un oscurecimiento mayor. Quizá, para ello, haya de tener un interior lo más iluminado posible, cosa que viene no solamente con el carácter, sino también con los trabajos personales por ser persona de luz[5]. Ojos abiertos para leer bien la trayectoria de la comunidad y las circunstancias sociales. No se trata de tener grandes cualidades, sino de abrir los ojos, ver lo que hay delante y tratar de iluminarlo con la sensatez y con el evangelio en la mano.

            El superior ha de ser místico de la horizontalidad, porque en ella se juega mucho de la vida comunitaria. No es que se menosprecie la verticalidad (la oración, la Palabra, los sacramentos). Pero la clave de muchas situaciones está en el diálogo, la tolerancia, la conexión social. Es ahí donde habrá que insistir para construir la horizontalidad[6].

            No es difícil que, con los años, la vida vaya perdiendo sabor y se orienten los hermanos al clásico topos religioso del disfrute en la otra vida. El superior místico, que entiende que la vida se cuece en el centro, trata de potenciar los pequeños caminos que abren al gozo de la vida. Se inquieta si su comunidad no encuentra cauces reales de disfrute. Hace tarea solapada de alegría porque sabe que estar en el centro de la vida es imposible sin disfrute, que la vida comunitaria y la misma fe son imposibles sin ese disfrute[7].

 

b) Creyentes de la vida en grupo

 

            Es la base natural de la vida en comunidad y, por ello, de la mística de la VR: el cimiento sobre el que asienta el hecho comunitario es la relación de grupo. Luego, la espiritualidad pondrá los matices. Pero quien no vale para la vida en grupo tendrá muchos contratiempos en este género de vida.

            La mística de la vida en grupo demanda, en primer lugar, una cierta atracción hacia este género de vida, un sentir como cosa positiva y reconfortante generar amparo y vivir al amparo de los caminos vitales de otro. Si ese regocijo básico no se da, siempre se estará cojeando. Además demanda que los trabajos cotidianos de convivencia sean vistos más como una posibilidad que como un peso[8].

            Huelga decir que el animador comunitario ha de ser un “creyente” del valor de la vida en grupo. Si fuera un desencantado, por más que su comunidad le dé hartos motivos para ello, no podría cumplir con la tarea que se le ha asignado. Creer en la comunidad cuando esta no quiere ser animada, cuando tiende a la división, cuando no genera disfrute, cuando rechaza cualquier propuesta de renovación demanda aquella fe del líder Moisés a quien los israelitas “le amargaron el corazón”, pero que siguió siempre al lado de su pueblo rebelde y negativo[9]. Si el animador comunitario carece de esa fe, estará siempre soñando el día que le quiten su función de superior para poder vivir tranquilo.

 

c) Una fraternidad social

 

            No desvelamos ningún misterio si decimos que la fraternidad pertenece al núcleo de la comunidad y que, por ello, el superior es, sobre todo, animador de la fraternidad, de la buena relación, de ese cimiento sobre el que se asienta el edificio de la VR.

            El ánimo religioso para la vida fraterna, por empleado tantas veces, puede ser melodía que resbale en los oídos y en el corazón de los hermanos[10]. Pero como todo está conectado, quizá sería un nuevo elemento de mística de VR animar a la fraternidad social, al ecumenismo vital. Esto podría colaborar a dar cuerpo a la fraternidad en su indudable deseo de conexión social.

            La mística de la fraternidad es aquella que hace ver con mayor claridad, con más honda relación, que un religioso, más allá de sus opciones personales, pertenece a la sociedad y, por ello, el amor social puede hacer parte de su vida. Dice el Papa Francisco: “El amor social es la clave de un auténtico desarrollo: Para plasmar una sociedad más humana, más digna de la persona, es necesario revalorizar el amor en la vida social –a nivel político, económico, cultural–, haciéndolo la norma constante y suprema de la acción”[11]. También habría que revalorizarlo a nivel fraterno para que nuestra fraternidad no sea, en el camino diario, una realidad al margen de lo social. Un hermano superior insensible a lo social no cumpliría con un requisito de animación fraterna que cada vez aparece como más posibilitador.

            Además, otra gran inyección de mística en la vida fraterna podría ser el construir un ecumenismo vital. Este es la capacidad para vibrar con todo aquello que se intuye como potenciador de la propia vida. Esa cualidad interior que logra hacer verdad el viejo dicho de que “nada humano me es ajeno”. No se trata de meter la nariz en todas las cuestiones ni de andar picando de flor en flor. Se trata de que el libro de la vida no se cierre ante nuestras propias narices. Se trata de tener siempre jugoso el interior, sensible para conectar con las causas humanas. El superior animoso ha de procurar que su comunidad no sea un leño de corazón seco, sino un colectivo deseoso de un interior sensible[12].

 

d) Trabajos por recuperar la profundidad

 

            He aquí una gran tarea mística para el ciudadano de hoy y, por ello, para el religioso actual: recuperar la dimensión perdida de la profundidad[13]. Nadie duda de que el gran enemigo de la existencia es la superficialidad[14]. La superficialidad es dejarse llevar por la corriente; no precisa esfuerzo, pero hace muy vulnerable a la persona. La profundidad es costosa, pero hace fuerte a quien la tiene.

            La VR es una realidad amenazada de superficialidad lo que afecta a la experiencia humana de convivencia, a la visión social y a la misma vivencia de la fe. Situarse en lo superficial es un muro insalvable para la mística cristiana porque llegaría a bloquear la misma experiencia de Dios. Por eso dice, con razón, P. Tillich que “el que sabe de la profundidad, sabe también de Dios”[15].

            Sobra decir que el superior animador no ha de sumarse ni dar carta de ciudadanía al coro de los superficiales. Habría de tratar de que los mecanismos de profundización (lectura, reflexión, oración, silencio, diálogo sobre temas un poco serios, etc.) funcionasen en su comunidad. Si los descuida o los deja por imposibles, que no pida luego que su comunidad sea un lugar de adultez y de decisiones bien trabajadas. La superficialidad afecta a todo, a lo más banal y a lo más sagrado. Y lo mismo habrá que decir de la profundidad.

 

e) Tenaces resistentes para crear una vida hogareña

 

            Consciente de la dificultad para generar fraternidad, Ignacio de Loyola decía que los jesuitas debían ser “amigos en el Señor”[16]. Quizá era realistamente consciente de la dificultad que hay en generar estilo de vida en relación de entrega total[17]. Pero la VR es terca y se empeña en hacer de la vida diaria una vida con componente hogareño[18], un tipo de relación de calidad humana similar a cualquier hogar bien avenido, a cualquier modelo de relación de componente afectuoso[19]. Por ello, mantener el anhelo de una comunidad con relaciones hogareñas no es un falso anhelo.

            De ahí que se pueda decir que entre los elementos de la mística que sostiene la identidad del hermano superior se pueda contar este hermoso sueño: que la vida comunitaria contenga el mayor nivel posible de relaciones familiares, hogareñas, cálidas, de vidas entrelazadas. Para ello habrá que comenzar por entender que el mayor apostolado de un grupo religioso no es su trabajo apostólico o su ejemplar organización. El mayor apostolado es que se perciba la buena relación de sus miembros y la evidencia de que se puede construir una honda relación aunque no medien lazos de sangre[20]. Apearse de esta utopía es rebajar mucho el nivel de anhelo de la VR y los límites de su horizonte[21].

 

2. Una profecía social buscadora 

 

            El componente central de la VR es la profecía. Esa es la melodía que se le ha encargado que ejecute en el conjunto de la realidad eclesial y de la realidad social. Hace ya muchos años que el teólogo H. Urs von Balthasar decía que la verdad en la iglesia era “sinfónica”[22]. Cada músico de la orquesta ha de tocar lo que le corresponde y, conjuntados todos, suena la hermosa sinfonía. Si tocaran todos los instrumentos la misma melodía sería algo horrible. A la VR, por más que hayamos derivado en melodías que no nos corresponden, le ha sido asignada la melodía de la profecía[23]. Y hay que tener en cuenta que  “la sinfonía no supone en modo alguno una armonía almibarada y sin tensiones”[24]. Sobra decir que el animador de la comunidad tiene esto por cierto. Lo que pasa es que todo valor espiritual ha de ser constantemente contextualizado y ahí se juega el superior su tarea concreta. ¿En qué dirección camina hoy la profecía social para que el superior anime en esa misma dirección? ¿Qué elementos proféticos sociales puede alimentar el componente profético de la VR de hoy?

 

a)      La profecía  del cuidado de la tierra:

 

Más allá de todos los tumbos del ecologismo y de los mil matices que se pueden hacer al tema, lo cierto es que la profecía del cuidado de la tierra está más viva que nunca[25]. Con lentitud, pero el tema de la ecología está entrando en el imaginario social y en las prácticas comunes de vida diaria. A nivel teórico se discute menos, por más que la “conversión ecológica” siga siendo, aún, asignatura pendiente[26].

Pues bien, ahí se halla uno de los temas de la profecía social que las comunidades pueden ir incorporando y la mediación del superior puede ser decisiva en un sentido o en otro. Puede ser decisiva a la hora de enriquecer el imaginario espiritual haciendo que la ecología haciendo ver a los hermanos que hoy no se puede entender el seguimiento de Jesús sin este componente de la ecología, algo que nunca hubiéramos pensado.

De ahí que este tema puede y debería pasar al discernimiento comunitario no solamente en los modos comunes del reciclaje sino en los más amplios del conjunto de la economía de la casa y de las propias obras[27]. El impulso del superior para que esto pueda cobrar cuerpo es, claro está, decisivo.

 

b)      La profecía del ineludible feminismo

 

Al igual que ocurre con el ecologismo, el feminismo ha irrumpido socialmente con una fuerza que resulta imparable. Ya no se trata de conceptos, de matices, de estrategias solamente. La realidad es que el mundo de las mujeres ha venido para quedarse y para resituar el paradigma patriarcal vigente todavía con un esplendor cada vez más cuestionado. Las mujeres están logrando no solamente ser reconocidas es sus ineludibles derechos sino, simplemente, como cogestoras del hecho histórico. Es algo de raíces profundas; los signos externos son lenguaje de esa profundidad[28].

Hablando globalmente, y como era de esperar, el paradigma religioso ha estado instalado y sigue estando en parte notable en el patriarcalismo. Por eso decimos que la profecía social está hace ya tiempo hablando otro lenguaje. Las comunidades religiosas que tienen como cimiento la fraternidad tendrían que ser sensibles a este fenómeno. Y si no lo son, desmienten su teoría espiritual. El superior habría de empujar en esa dirección valorando todos los detalles como importantes. La profecía del feminismo no solamente es una profecía social sino que puede expandir la sensibilidad y las actuaciones de la comunidad religiosa, incluidas las de varones. Un hermano superior proclive a esta sensibilidad puede ser una gran ayuda para la comunidad. Y lo contrario[29].

 

c)      La profecía del decrecimiento

 

Las utopías del decrecimiento (“vivir con menos para vivir mejor”; “vivir sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir”) hace ya tiempo que vinieron también para quedarse. Por más que su eco social sea, todavía escaso, su avance es irreversible. Efectivamente, el decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social que pretende establecer una relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza y entre los propios seres humanos frente a la situación de dominación hoy existente que está acabando con la naturaleza y frente a la explotación de las personas en beneficio de la producción y la rentabilidad económica de unos pocos. El decrecimiento es una herramienta válida al servicio de la construcción de un mundo más habitable, más humano, donde se garanticen los derechos de todas las personas y pueblos y regido por un mínimo principio de equidad. Resulta escandaloso contemplar las diferencias que hoy se dan en el mundo[30].

¿Puede ser ésta un instrumento útil para la animación de la profecía de la VR hoy? Sin duda, a dos niveles. En primer lugar para ayudar a generar un pensamiento que sustituya al ya perecido de la austeridad que prácticamente no rige ni en nuestra mentalidad ni en nuestras prácticas. Y también para activar estilos de vida diario que conecten más fácilmente con las pobrezas y los problemas sociales. Como hemos dicho antes, la figura del superior puede contribuir a abrir este camino, a dejarlo por inútil e, incluso, a obstruirlo.

 

d) La profecía de una Iglesia fraterna

 

            Una profecía que nos puede parecer de una obviedad tal que no nos diga absolutamente nada. Pero viene el papa Francisco diciendo que el mayor mal de la Iglesia es el clericalismo[31], y lo mismo dicen las personas que están al frente de la VR en las altas esferas[32]. O sea: no logramos cumplir el sueño de Jesús y arrastramos una jerarquización asumida como una losa sobre nosotros. No hay manera de imaginar otro tipo de relaciones eclesiales.

            Esto habría de interpelar no solamente a los religiosos clérigos, sino también a los hermanos religiosos. Ellos, que están en el margen del problema, pueden ser una voz autorizada en cuanto sufren la desigualdad que genera el clericalismo igual, al menos, que el resto del pueblo cristiano. Ellos quizá tienen las manos más libres no solamente para ejercer una crítica saludable, sino también para generar prácticas eclesiales de igualdad deponiendo actitudes de prepotencia y de dominio.

            Puede ser que a un hermano superior, agobiado por problemas inmediatos de su comunidad, estas cosas le caigan lejos. Pero si hablamos de profecía hoy, es posible que por estas sendas haya una llamada a la conciencia de la VR, mayoritariamente laica. Y sería una pena que tal llamada se hiciera en el desierto.

 

d)      La profecía de la adolescencia que salta a la vida pública

 

La adolescencia es una época de la vida compleja. Por eso lidia con sus propios problemas y, hasta ahora al menos, no se hacía presente, como tal, en la vida pública. Pero últimamente, sobre todo en relación con el tema del cambio climático, la adolescencia empieza a ser una fuerza social a ser tenida en cuenta[33]. La profecía social está siempre atenta a los cambios sociales importantes. Y, sin duda, aquí alborea uno de ellos.

Las congregaciones religiosas que trabajan en la enseñanza habrían de ser particularmente sensibles a esta clase de fenómenos. Ignorarlos o tomarlos por simples anécdotas sería minusvalorar el potencial profético de los mismos alumnos con los que se trabaja. Encerrarse en la rutina de siempre sin abrirse a esta clase de horizontes nuevos sería perder una ocasión de oro para hablar lenguajes proféticos con los jóvenes.

      El superior de una comunidad de enseñantes podría ser un centinela que avisa a su comunidad de estos derroteros nuevos de profecía que surgen. Podría ser un impulsor del movimiento adolescente a favor del clima con las consecuencias que esto podría tener para la empresa educativa[34]. Pretender la profecía sin entrar en el cauce de estas nuevas corrientes sociales es arriesgarse a hablar de asuntos vacíos[35].

 

3. Un trabajo de “seducción”

 

            El escollo principal que puede encontrar el hermano superior para propagar la mística y el espíritu de una profecía social es toparse con la indiferencia, la negatividad y las pocas ganas de los hermanos de ser animados en esta serie de cosas. Nunca fue fácil animar. En épocas pasadas el superior tenía como arma la fuerza coactiva de las leyes. Tampoco es que los resultados fueran muy alentadores. Hoy, en la época en que relativizar las normas está al alcance de cualquiera, habrá que recurrir a la “seducción”, a esa tarea lenta de mostrar, una y otra vez, los beneficios de la espiritualidad.

  • Ni claudicar, ni imponerse: Tal vez haya que evitar estos dos extremos. La simple claudicación, muchas veces “por el bien de la paz”, no da vigor a la vida comunitaria. Habrá que torear la imposición de quien no quiere moverse y pretende hacer de esa actitud el marco de la vida fraterna. Por supuesto, la mera imposición tampoco será un camino adecuado, máxime cuando hoy los hermanos no se dejan avasallar y encuentran cauces que obvian las imposiciones sin ninguna clase de remordimiento.
  • Resistir en la certeza del camino común: Siempre convencido de que el éxito de vida comunitaria es, lógicamente, el triunfo de lo común, de aquello que aglutina al grupo de hermanos en su conjunto. El superior ha de aprender el difícil arte de “templar gaitas” para lograr aquella aspiración del poeta de llegar “con todos y a tiempo”[36].
  • Un remedio paulino: En Rom 15,1 se da un remedio para lograr que la comunidad, que incluye fuertes y débiles, camine: “Nosotros los fuertes hemos de sobrellevar las flaquezas de los débiles”. Una manera de “seducir” al débil será tomar su carga. Pretender una animación en la mística y en la profecía sin querer aumentar la propia carga es pretender lo imposible. No se trata de hacer el caldo gordo al débil que pretende sacar partido de su debilidad esgrimida como un argumento. Sino de “envolverle” con generosidad a ver si se anima a moverse.
  • Implicar, derivar: La tentación en la animación es que el superior pretenda hacerlo todo y cope la acción animadora. Es difícil y, por lógica, la comunidad se sentirá al margen de muchas de sus iniciativas. Por eso, el buen animador sabe implicar, derivar, otorgar responsabilidades. La obra de animación comunitaria tiene mucho mejor futuro si es una realidad común, no algo personalizado en la figura del superior.
  • Emplear lenguajes nuevos: Si para animar se emplea el lenguaje de siempre, el marco de un espiritualismo ya sabido, quizá el resultado sea menguado. Si se emplean otros lenguajes (el social, el secular, el poético incluso) tal vez aparezcan otros resultados. Al fin y al cabo, la animación espiritual, como todo lo humano, depende mucho del lenguaje que se emplee.
  • Levantar los hombros: No amargarse cuando las cosas no caminan al ritmo de los deseos de animación del superior. No ser un pasota, pero tampoco ser un ansioso. Ante muchas dificultades, el remedio más sencillo es levantar los hombros y seguir caminando, no dejarse abrumar y mantener el buen ánimo.

 

Conclusión:

 

            Debido a la precariedad vocacional podemos llegar a la falsa conclusión de que la VR está entre nosotros agonizando. No es así: nunca como ahora la VR goza de mejor salud espiritual, ni en su mística ni en su capacidad profética. Es cierto que hemos de reconvertirnos a la fe en el valor de lo pequeño, a creer en la fuerza de los pocos. Pero ese es el buen camino evangélico, un camino que los amplios números y las grandes obras han velado con frecuencia.

            Por eso mismo, la tarea de animación de la comunidad sigue teniendo pleno sentido, aunque esa labor ha de cobrar el rostro de lo sencillo, de lo cotidiano, de lo posible. Este empeño sigue teniendo un gran valor. Es un empeño evangélico.

 

 

Talleres breves:

 

  • Se dialoga sobre las preguntas dando tiempo a todas
  • Alguien anota
  • Se pone luego en común

 

  1. 1.      ¿Necesitados de mística?

-          ¿Son cosas de gente desocupada?

-          ¿Conecta con el Evangelio?

-          ¿Tiene aplicaciones comunitarias?

 

  1. 2.      El lado práctico de la profecía social

-          ¿Qué lado práctico le ves al cuidado de la tierra?

-          ¿Qué lado práctico puede tener para nosotros el feminismo?

-          ¿Qué lado práctico le vemos al movimiento adolescente sobre el clima?

 

  1. 3.      La tarea de animación comunitaria

-          ¿Qué hacer cuando hay poco interés por la animación comunitaria?

-          ¿Qué hacer cuando se puede poco en temas de animación comunitaria?

-          ¿Qué hacer para salir de una vida comunitaria rutinaria?

 

 

 

 

3

CAMBIOS DE FUNCIONES SOBREVENIDAS

A LOS RESPONSABLES DE COMUNIDADES

Y PROVINCIAS RELIGIOSAS

 

            A nadie extraña que la VR, precisamente por ser vida, sufra mutaciones con el vaivén de los días. Es cierto que lleva en su genética una cierta tendencia al inmovilismo, pero, a nada que desee conectar con el hoy en el que vive, experimentará de inmediato una serie de situaciones propias de este tiempo en el que vive[37]. Esto, como decimos, siempre ha sido así. Solo que hoy esas mutaciones son tan rápidas y numerosas que el conjunto dibuja un panorama como, quizá, nunca lo había experimentado la VR.

            En este escenario se inserta la acción pastoral del superior/a con sus hermanos/as. No ha de extrañar que, a veces, se vea perplejo y desbordado. Pero una cosa es inicialmente cierta: los problemas no se solucionan dejándolos ir, sino encarándolos. Por eso, en base a esa mística de ojos abiertos de la que hemos hablado, reflexionemos con paz.

            Muchas de estas funciones que le sobrevienen al superior/a están consignadas en los documentos espirituales de la Congregación. Una actitud de no relación con esos textos hace que se ignoren dichas funciones[38]. Otras, sin embargo, no están escritas, pero son tan evidentes como las anteriores[39]. En cualquier caso, como decimos, la mejor forma de intentar encararlas es trabajarlas con paz. Hagamos, al menos, un intento de descripción.

 

  1. 1.      Funciones relacionadas con la moderna concepción de la persona

 

En realidad, no es tan moderna, ya que proviene de los albores de la creación de los actuales estados democráticos[40]. Esa concepción no es otra que el casi absoluto valor otorgado al individuo, algo con lo que los antiguos carismáticos fundadores de nuestras órdenes no tuvieron que lidiar. Es una realidad que ha pasado ya al ADN de la modernidad: cada individuo es valioso en sí mismo y por ello sujeto de derechos inviolables. El tema de la dignidad de la persona es el marco espiritual del valor del individuo[41].Esto que nadie niega que sea un valor tiene también sus disfunciones: el individualismo y la conciencia aislada[42]. La solución que proponen los analistas sociales es la autonomía y la solidaridad de las comunidades sociales[43].

      Esto lleva al superior/a a dos funciones comunitarias “nuevas”:

a)      Fomento real de la autonomía: dando márgenes y autonomía para poder luego exigir. No se puede estar siempre dependiendo de lo que diga el superior, la ecónoma, la directora, el párroco. Es preciso construir pequeñas estrategias de autonomía, no invadiendo terrenos otorgados, arriesgando en base a la certeza del valor que se otorga al hermano/a. Pongamos un ejemplo: en el confuso modus operandi del uso personal del dinero ¿no sería un gesto de autonomía económica proporcionar a los hermanos/as que lo necesiten una tarjeta bancaria y que rindieran cuentas sobre ella? ¿No sería un gesto visible de autonomía sin excesivos riesgos dado que el banco controla hasta el último céntimo? Esta función tendría como cometido aminorar el nivel de dependencia en personas adultas.

b)      Generar mentalidad de grupo: Porque este es el cimiento real, antropológico, sobre el que se construye el edificio de la vida comunitaria. En concreto: ¿cómo revertir la idea de que las reuniones no sirven para nada, de que son un peso, a las que se va de mala gana y por obligación? ¿Cómo hacer ver la nuestra es una vida reunida y que quien no quiere reunirse tiene un “problema vocacional”? ¿Qué tendría que hacer el superior/a para que sus reuniones comunitarias sean percibidas como útiles, como interesantes incluso?

 

  1. 2.      Funciones relacionadas con la nueva configuración social

 

Las fuentes de inspiración de la VR no son solamente místicas (oración, Palabra, sacramentos, etc.) o carismáticas. Al hacer parte del hecho social, son también sociales[44]. Nos inspira la sociedad y crecemos por el aprendizaje observacional y por contagio social. Esto siempre ha sido así. Pero ahora, por mor de los medios de comunicación y de la globalización, el escenario del aprendizaje social ha tomado unas dimensiones planetarias. Puede parecer algo lejano, pero esto afecta cada vez más a cada persona concreta. Se derivan de aquí dos funciones o tareas nuevas para los hermanos superiores/as:

a)      Colaborar al logro de posicionamientos políticos reflexionados: Es algo que no se toca en nuestras comunidades porque se tiene la certeza de que es peor el remedio que la enfermedad. Así que, ante los interrogantes políticos, unas elecciones generales, por ejemplo, todo se deja al albur de cada individuo en un respeto encomiable, pero indiscernido comunitariamente. ¿Sería improductivo, contraproducente, inútil llevar esto a la mesa de la reflexión fraterna? ¿No tiene ahí nada que decir el evangelio, el carisma, la comunidad? ¿Qué pasaría si, en esos momentos de reflexión política, el superior/a convocase una reunión con ese tema no para decir a quién hay que votar, sino para elaborar planteamientos como hermanos adultos ante una sociedad que nos demanda un plus de pensamiento político por ser creyentes en Jesús?

b)      Colaborar a una práctica ecológica y de género adecuada: Porque, en teoría al menos, nuestras comunidades tienen más o menos asimilada la cuestión ecológica y de género. ¿Cuál es el ánimo y la aportación en temas ecológicos como el reciclaje, la reutilización, las fuentes de energía de la casa, el tema de la calefacción, de los medios de transporte? ¿Son realidades cotidianas que no merecen ninguna orientación? Y si las comunidades religiosas son sobre todo de varones (también las de religiosas) ¿cuál es el trato real (personal, laboral) que se da a las mujeres contratadas en la comunidad? Y sobre todo en el caso de las religiosas: ¿Qué anhelos de avance real se manejan en la comunidad de cara a la igualdad de género en la comunidad cristiana, siempre en déficit?

 

  1. 3.      Funciones relacionadas con una VR en reducción

 

No hace falta volver a decir por enésima vez lo que todos experimentamos a diario: que la VR ha entrado en una fase de rigurosa reducción. No está en riesgo de desaparición, porque las estructuras religiosas tienen mucha vida y muchas raíces[45]. Pero la reducción a la que está sometiendo es tan drástica que, aunque intentemos frenarla, el mapa de presencias y actividades está siendo otro a una velocidad que nos cuesta asimilar. Lejos de interpretar esta realidad como una hecatombe, los superiores han de saber situarse en el lado de la creatividad y de la esperanza. De ahí pueden derivarse algunas funciones nuevas que afectan a la persona misma del superior/a:

a)      Función de delegación y confianza cotidianas: dada la fragilidad de las comunidades, el superior, que suele ser persona capaz, puede caer en la tentación, como decía B. Fernández, de acumular todas las funciones necesarias para la marcha de la casa: portero, administrador, representante legal, enfermero, acompañante a los médicos, cocinero si llega el caso, animador de la oración, etc., etc. El superior/a-orquesta que está convencido de que, sin él, la comunidad se viene abajo[46]. En parte puede ser cierto, pero la función “nueva” en este contexto es delegar pequeñas tareas, ampliar los actantes del hecho fraterno, de tal manera que se sienta realmente que todos colaboran a sostenerse en la fragilidad y que esa es la fuerza real del grupo. Ello supone no solamente no acaparar todas las funciones sino, algo más de fondo, confiar realmente en los hermanos y su fragilidad. Se nos llena la boca con frases hermosas como aquella de san Pablo: “la fuerza se realiza en la debilidad” (2 Cor 12,9). ¿Lo creemos o no lo creemos?

b)      La función de llevar ordenadamente la agenda de actividades: Los superiores/as son hermanos valiosos. Por eso, además de su función de animación comunitaria, es lógico que la institución demande de ellos colaboración para el organigrama provincial. Eso se traduce en trabajos, reuniones, viajes, colaboraciones provinciales que se suman a los trabajos de animación comunitaria diaria. Surge de aquí una nueva función: la función de llevar ordenadamente la agenda de actividades personales porque, estamos convencidos, mucho del agobio que sienten los superiores es fruto de un cierto “desorden” de actividades y agenda. Si se llevaran pacífica y ordenadamente las actividades, la sensación de agobio disminuiría mucho[47].

 

  1. 4.      Funciones relacionadas con la carestía vocacional

 

Situación que se hermana con el punto anterior. Quizá haya que “des-angustiarse” en este punto, no porque la cosa no sea importante, grave si se quiere, sino porque puede dar lugar a un desenfoque: no podrá haber vocaciones si no hay antes y a la vez un deslumbramiento por el proyecto de Jesús, por el Evangelio. Hoy ya no es un plan de vida venir a un convento por situarse de algún modo en la sociedad. Pero sí puede ser el dar cuerpo hoy a una propuesta, la de Jesús, que cautive, que enamore, que atraiga, que nos deje boquiabiertos[48]. El problema no son las vocaciones, sino el enamoramiento con que vivimos y ofrecemos a Jesús. Sin esto, pretender vocaciones es muy complicado. De ahí pueden derivarse algunas funciones para los superiores/as que ya se están viviendo:

a)      Acompañante de procesos de fe personalizados: Algo que parece caer fuera de del marco de trabajo de animación del superior. Pero ocurre que en nuestras presencias se detectan, a veces, itinerarios espirituales interesantes de personas tocadas por el Evangelio. Las valoramos, pero nadie se ofrece a acompañarlas, porque el acompañamiento es un trabajo costoso. Puede ser que en la comunidad no haya un hermano más cualificado para hacer este tipo de escuchas y acompañamientos continuados, sostenidos que al superior/a. Si no hay quien acompañe, el asunto se diluye. Quizá para ello sea suficiente, al menos inicialmente, ser sensible a los procesos de fe y practicar el carisma de la escucha[49]. Derivar rápidamente estos casos al delegado de pastoral vocacional quizá sea lo más fácil, pero no sabemos si lo más conveniente.

b)      Animador vocacional en el interior de la comunidad: Es cierto que en no pocas comunidades se ora por las vocaciones[50]. Pero eso no es suficiente. Es, básicamente, un asunto de desconexión social: ¿cómo conectar con el hecho social de tal manera que la oferta del Evangelio pueda ser escuchada? Esa es la cuestión básica. Por eso, el superior puede hacer obra de animación vocacional no solamente animando a que se rece por las vocaciones, sino propiciando la conexión social, en un momento en que no se sabe cómo hacer, no se tiene ánimo para hacer y se saca a relucir una dudosa teología apelando a una ignota voluntad de Dios que suscite vocaciones.

 

  1. 5.      Funciones relacionadas con la secularidad

 

Porque la VR vive en marcos históricos concretos, de ahí se derivan algunas funciones que antes no se contemplaban. Eso pasa con la secularidad. No se puede vivir la VR en el marco religioso en la que nació en gran parte de los religiosos/as actuales. No solo eran otros tiempos: era otra la manera de pensar a Dios, la forma de entender y vivir el hecho religioso, el paradigma espiritual y moral. Era otra la sociedad y su mirada sobre la religión. Por eso mismo, hoy surgen algunas funciones que tienen que ver con el cambio evidente de entender y vivir la espiritualidad cristiana:

a)      Función de medicación espiritual, no sólo de mediación religiosa: Con frecuencia, el superior/a ha entendido tradicionalmente su función de animación espiritual velando por las prácticas religiosas de la comunidad: que haya tiempo de oración, que se cumplan las prácticas religiosas con integridad, que se tenga una visión religiosa de la vida. La secularidad se ha alejado de muchas cosas de esa y ya no son referencias útiles. Esto ha afectado a la VR: hay hermanos/as que ya no rezan de modo ordenado, hay religiosos/as que ya no van a misa todos los días, hay hermanos/as que tienen una visión crecientemente laica de la vida. El que también haya grupos que intentan mantener esto contra viento y marea habla de la dificultad del tema. Por eso y tal vez, una nueva función del superior sea, por un lado, animar a unas prácticas religiosas alejadas de la rutina y, sobre todo, fomentar itinerarios espirituales asumidos en la comunidad. Quizá la religión no tenga mucho futuro en nuestra sociedad; pero la espiritualidad tiene un futuro espléndido. Animar a caminar por sendas de espiritualidad puede ser una función interesante[51]; empujar a participar en eventos espirituales aunque no partan de convocatorias católicas puede ser de gran valor[52].

b)      Función de apertura de casa: Las casas de la VR, los conventos, aunque hay de todo, tienden a ser lugares cerrados (también la mayoría de las casas del vecindario). Una función que ayude a la conexión social será animar a que la casa, la mesa, sean una realidad crecientemente acogedora. Una comunidad que habitualmente solo sienta a su mesa a los componentes de la fraternidad está significando su desconexión social. Abrir la casa, acoger, exige, además de una indudable generosidad, una gimnasia interior de cara al que llega, una postura de una cierta complicación de vida de cara a ese otro de fuera de la comunidad. Por eso cuesta tanto y más cuanto mayores vamos siendo. Animar a la apertura sencilla pero implicativa puede ser una buena función de conexión social que el superior podría activar.

 

  1. 6.      Funciones con las nuevas espiritualidades sociales

 

Algo que va ligado con el apartado anterior. La secularidad ofrece hoy caminos espirituales plurales, no solamente religiosos, sino también sociales. Estos caminos están imbuidos de profecía porque ésta ya no nos viene tanto desde el lado religioso, sino quizá sobre todo desde el lado social. Puede parecer que son cosas que no nos atañen como creyentes y religiosos. Pero su fondo es altamente útil para la construcción de esos nuevos paradigmas que podrían alumbrar caminos no hollados para la VR.

a)      Función de animación a la sobriedad feliz: Decimos que a nuestra VR no le falta de nada. Si eso apunta a la necesidad del hermano, no habría que avergonzarse: la fraternidad genera cobertura material. No es ningún milagro. Pero si lo que estamos queriendo decir es que nuestras casas, nuestras habitaciones, nuestros armarios, abundan en cosas innecesarias en las que quedamos, con frecuencia, atrapados, estamos en otro asunto. De ahí que una función que viene de las nuevas espiritualidades sociales sea animar a una sobriedad feliz[53]. Es decir, hacer ver que el gozo de vivir no reside en la acumulación de cosas muchas veces innecesarias, sino en la realización de planes espirituales, de vivencias enriquecedoras, de compartires que dejen en el alma el poso del gozo. A veces el superior trabaja para que a los hermanos no les falte nada. Y así tendría que ser en lo referente a las básicas necesidades vitales. Pero también habría de ser en relación con las búsquedas del corazón, con los anhelos humanos: proporcionar belleza, disfrute, conexión vital con lo que bulle en la sociedad para que el gozo de vivir derive no solo de las necesidades satisfechas sino de las búsquedas humanas disfrutadas. ¿Cuándo una comunidad va al cine a ver una buena película, cuándo va a una exposición significativa, cuándo hace una excursión al campo para el disfrute ecológico, cuándo comparte libros que nutran, cuándo se une a los disfrutes de los pobres?

b)      Función de animación a la espiritualidad del bien común: Que es otra espiritualidad social de hoy proveniente del mundo empresarial y que no es otra cosa sino poner por delante el bien de la persona antes que el propio beneficio[54]. Ese es el ideal de la vida comunitaria: vivir con y para el otro[55]. El superior/a habría de creer que cuando la comunidad está bien, la persona está bien, y no al revés. Por eso, la función del superior ha de ser seducir al hermano/a para que entienda que trabajando por la comunidad él es el primer beneficiado. No se trata de vivir en una comodonería comunitaria, sino de hacer camino justos, de ampliar esos caminos a los de fuera del grupo religioso, de tener, en el fondo, siempre activada la dignidad de la persona y la certeza de que hemos sido llamados a construir una obra común, la fraternidad. Es algo más que la lucha contra los persistentes egoísmos: se trata de ilusionar por todo aquello que lleve el componente de lo común.

 

Conclusión

 

            No se pide que el superior/a sea un “superfraile o supermonja” con cualidades excepcionales. Se apela a un hermano/a trabajador que encara con paz las situaciones nuevas, que discierne con otros y que intenta buenamente actuar en este hoy complejo y hermoso conde se inserta el encargo recibido de animar a la comunidad. Quizá no haya que intentar una batería de actuaciones tan amplia y sería bueno comenzar por algo sencillo. Pero lo que no es de recibo es que vayan pasando los días del mandato del superior y la comunidad navegue sin más impulso que el de vivir de los días.

 

 

Diálogo en sala:

 

  • Se hace un diálogo en sala en base a preguntas elaboradas por escrito.

 

 

4

BREVE TALLER:

EXPERIENCIAS NUEVAS

DE ANIMACIÓN COMUNITARIA

 

 

  • Se trataría de poner sobre la mesa experiencias de animación comunitaria que, a juicio de cada uno, tengan algo de novedad, que no sean las de siempre, sino que se haya experimentado en la propia comunidad que por ese camino hay una posibilidad de revitalización.
  • Se hacen los grupos y alguien anota: 45 m. de reunión y puesta en común.

 

 

5

LA ANIMACIÓN COMUNITARIA EN LA HORA DE REMODELACIÓN DE PROVINCIAS

 

            Hay situaciones inéditas en la VR. Una de ellas tal vez sea la remodelación de las Provincias que una gran parte de los Institutos está experimentando. En otras épocas, la VR ha sufrido fuertes remodelaciones motivadas, por ejemplo, por la expulsión de las Órdenes religiosas de un país o por la confiscación de los bienes y edificios de las mismas. A veces, los frailes de un país han tenido que emigrar a otros por fuerza mayor.

            Pero en nuestros días no hay nadie que nos obligue a emigrar, a cambiar estructuras territoriales. Es el empuje de un cambio social que conlleva, en no pocos países, la dificultad para el hecho creyente y, consecuentemente, para sus miembros “especializados”[56]. Y lo extraño es que lo hace sin ninguna clase de violencia y sin decretos expulsatorios[57]. Lo hace por evolución social. Esto no lo conocíamos y necesitaría algún tipo de lectura que nos aclarara qué ha pasado en nuestra VR que en menos de dos generaciones ha transitado de una evidente expansión (en casas, obras, misiones, etc.) a una reducción necesaria.

            Esta situación plantea a los superiores/as problemas de animación comunitaria ya que son los hermanos los sujetos primeros de tales drásticos cambios. Cada uno de los hermanos de la comunidad experimenta, a su manera y medida, este fenómeno. Alguien tiene que acudir en su socorro. Y, en alguna medida, quizá sea el superior/a con su trabajo comunitario de animación el llamado en esta hora a ayudar a sobrellevar esta situación lo mejor posible[58].

 

  1. 1.      Lo que ha ocurrido

 

Todos sabemos lo que ha ocurrido porque todos lo estamos experimentando. Pero tal vez sean necesarios algunos elementos de reflexión que nos ayuden a situar mejor las cosas. Lo primero que hay que decir es que la VR de la mayoría de nosotros se ha “cocido” en una época de expansión: nuestras comunidades eran numerosas, nuestras provincias se dividían para crear otras, nuestras misiones eran boyantes, nuestros noviciados bien pertrechados de estupendas vocaciones, etc. En ese ambiente de expansión se ha generado el amor a nuestra vocación. Ahí hemos aprendido la hermosura del carisma. Por eso mismo, cuando todo ese andamiaje se ha venido abajo, lo sentimos más, se nos apodera el desconcierto, no terminamos de entender qué pasa cuando una vocación era, en nuestras buenas familias, una bendición y ahora es casi un problema. Hemos asistido, sin dramatismos, al derrumbe estructural de la VR, no al espiritual, aunque haya que poner siempre matices a estas frases tan contundentes. No hace falta recurrir a las estadísticas para saber que esto es así.

Por eso, a muchos grupos religiosos no les ha costado entender que había que remodelar las estructuras provinciales sí o sí y justamente en la dirección contraria a la vivida durante tantos años. Nadie nos lo ha impuesto. Todos hemos comprendido que era necesario hacerlo aunque no viéramos muy bien por qué ni qué frutos podría traer ese movimiento centrípeto[59].

¿Ha sido beneficioso este proceso? Todavía es pronto para verlo con claridad. Pero quienes se han embarcado en esta nave ven, con matices, que globalmente ha sido provechoso en varios aspectos:

  • Se han rentabilizado recursos que andaban dispersos, tanto económicos como personales porque la dispersión debilita la fuerza de tales recursos y la unión los potencia[60].
  • Se han aclarado situaciones enconadas (tanto a nivel económico, deudas grandes, como personal, facciones provinciales) que, al constituir una entidad más amplia, han desaparecido como la niebla[61].
  • Se han iniciado planes de repliegue ordenado cuando, a veces, no se sabía qué hacer ni por dónde empezar[62]. Además, es evidente, que el potencial real de la Provincia no se ha visto mermado, sino todo lo contrario, en la nueva entidad.
  • Y algo muy difícil de determinar: se ha eliminado del horizonte un indudable pesimismo en que estaban sumidas las Provincias aisladas para generar un cierto contagio de mayor luz que ya veremos si esto es real o no. Pero lo cierto es que muchos hermanos se lamen menos las heridas y no están siempre, como antes, en el coro de las lamentaciones.

Por tanto, no es de extrañar, que cuando se interroga a los hermanos/as que llevan ya unos años “remodelados” respondan que, globalmente y con muchos matices, la remodelación ha sido positiva.

 

  1. 2.      Dos niveles

 

En los caminos de la remodelación es preciso considerar dos niveles distintos, aunque imbricados: el nivel estructural y el nivel comunitario:

a)      El nivel estructural: es el que se hace en el generalmente amplio proceso de la remodelación: reuniones de consejos, de comisiones, asambleas generales, planes de integración, etc. Es, como decimos, el lado más estructural de la futura fusión. Esto puede hacerse de muchas maneras: a veces se ha hecho con hermanos/as elegidos para tales tareas, sin participación directa del conjunto de la Provincia. Esto es más expeditivo y más eficaz, aunque tiene la pega de generar menos implicación general. A la larga, creemos que este camino no es el mejor, porque se llega a pensar que la remodelación nos la imponen los superiores queramos o no. Tarde o temprano tendrán que bajar al nivel comunitario básico que es donde se cuece la verdadera unificación. Puede hacerse también de manera más participativa y asamblearia. El camino es más lento, más lleno de dificultades. Pero es más implicativo porque siempre podrá decir que esta unificación es la que construimos todos los hermanos que quisimos hacerlo y quien no lo quiso queda sin argumentos. Con todo, como decimos, este nivel estructural, verdaderamente necesario, es el más fácil de construir pero el quid de la remodelación, la vida comunitaria de hermanos/as de entidades que han vivido muchos años independientemente, está en las vivencias de la base de hermanos/as[63].

b)      El nivel comunitario: Creemos que es en este nivel en donde se juega el quid verdadero de toda remodelación. Al fin y al cabo lo que se remodela, unifica y fusiona no son sobre todo casas, obras, presencias, dineros, sino personas, las personas de cada comunidad, de todas aquellas que pertenecen  a la entidad provincial, en cualquier situación personal o anímicas en que estén. Es decir, más temprano que tarde, el asunto de la remodelación pasa a la comunidad concreta y ahí hay que hacer obra de animación. Efectivamente, de qué serviría una remodelación estructural si en el corazón de los hermanos/as concretos no hay sino disgusto y resquemor ante una estructura que no ha sido demandada. Esto, si se diera, habría de motivar planes de animación comunitaria que trabajen realmente la unificación no como un sufrimiento a sobrellevar, sino como una verdadera posibilidad para el colectivo de hermanos/as.

 

  1. 3.      Trabajos de animación comunitaria en relación con las remodelaciones

 

No habrá que partir de previos, sino de la situación real de los hermanos/as por dificultosa que sea y siempre con la certeza de que la remodelación es más que un ordenamiento jurídico nuevo una posibilidad de crecimiento en la fraternidad que el Señor nos pone en esta hora de la VR.

  • Trabajos con quienes se sitúan en actitudes negativas: Ya que no pocos hermanos/as, lo digan en voz alta o no, entienden todo este tema como un enojo o terminan cediendo externamente sin hacerlo interiormente. A estos desanimados habrá que animar.
    • Con quienes piensan que esto es un mal sueño y que ya pasará: No es un mal sueño y no hay vuelta de hoja. Tenerlos bien informados de las actividades de la nueva Provincia. Leer en público las notificaciones de los superiores. Trabajar sin desaliento las tareas que encomiendan las instancias provinciales. Hablar sobre otras casas y sus problemáticas.
    • Con  quienes no participaron en nada del proceso y lo ignoran aun hoy explícitamente: No participaron en ninguna reunión y su ausencia fue su manera de decir que no estaban de acuerdo. Siguen en ello y animarles a cambiar de postura es darse contra un muro. Por lo menos habrá que relativizar sus denuestos y hacerles ver los logros que la remodelación produce. No tolerar frases hirientes sobre la nueva realidad provincial o sus dirigentes.
    • Con quienes van en la barca a donde se los lleve, pero sin interés mayor: Informar continuamente; animarles a participar en las actividades provinciales; ir con ellos a eventos donde haya reunión de hermanos.
    • Con quienes dicen explícitamente que ellos no se les mueve “ni con la guardia civil”: tolerar pacientemente estos exabruptos pero decirles que no va ir la guardia civil, que son ellos quienes han de buscar sentido a su estar en un lugar u otro. Echarle un poco de humor a estos desvaríos.
    • Con quienes aún tienen potencial en su vida pero piensan sin fisuras que han de trabajar donde siempre han trabajado: son un grupo numeroso: tienen cierta edad, pero todavía tienen cargos en sus manos, influyen en las comunidades y en las obras. Tratar de hacerles ver que su valiosa aportación puede ser útil en otros lugares. Animarles y estar cerca si el provincial les propone un traslado. Acompañarles en todo lo que se pueda.

c)      Trabajos con quienes se sitúan en actitudes más positivas: Ya que hay hermanos/as más benignos que perciben el camino de la remodelación como una posibilidad o no ponen tantos obstáculos a la misma:

  • Con quienes tienen más capacidad para la mezcla: apreciar su generosidad, animarles a continuar así, sumarse a esa actitud viendo en ello un indudable enriquecimiento personal y comunitario. No desalentarse por el contraargumento de que son pocos los que se mueven.
  • Con quienes aceptan inicialmente moverse, aunque luego tiende a quedarse en su choco: valorar su generosidad inicial, animarles cuando se presenta el momento del cambio, acompañarles, hacerles ver que nada de lo que aprecian les va a faltar en otro lugar (trabajo, casa, fraternidad, espiritualidad, etc.).
  • Con quienes creen que lo mejor sería una solución “a la holandesa”: como la iglesia y muchas órdenes de Holanda que, siendo en su día la avanzada, hoy ven que su destino es acabar con dignidad, el Ars moriendi carismático de Metz[64]. Valorar esa actitud como signo del Espíritu, pero, a la vez, ver también la presencia del Espíritu en los pequeños brotes que la vida ofrece y potenciar todo lo que se pueda tales brotes.
  • Con quienes quieren hacer camino con el hermano siempre que haya un buen plan: apreciar esa postura, pero quizá haya que decir que el plan se construye andando y que no se puede estar esperando a que tal plan surja por arte de magia, dado que el calendario va en contra nuestra. Tratar de discernir si esta tipo de posturas no encierra una cesión al temor de la remodelación y, en definitiva, al inmovilismo.

 

  1. 4.      Intercongregacionalidad e internacionalidad

 

Algo que vuelve más o menos reiteradamente y que no toca de lleno en el tema de la remodelación de provincias pero que hace parte de la misma “familia” de planteamientos.

  • La intercongregacionalidad se viene cultivando en la VR, sobre todo en la femenina, casi siempre en modos de colaboración apostólica, más raramente en modos de vida compartida[65]. Esto abre una posibilidad enorme a la VR, por más que aún sea poco practicada e influye en la remodelación de la Provincia ya que, lógicamente, participan en estos proyectos hermanas capaces y animosas. Pensamos que esto no va contra la remodelación sino que abre vías de vida nueva. Si hubiera ánimo, sería un camino a seguir y supondría un aire fresco en la VR. Los hermanos superiores/as habrían de apoyar este brote si surgiera y no tendrían que poner pegas por la “pérdida” de personal.

Una variante, también practicada en modos relativamente frecuentes, es la VR que hace comunidad con personas en dificultad[66]. No solamente trabaja para ellas, sino que vive con ellas y desde ellas genera un tipo de comunidad siempre nuevo. También incide en la remodelación por la liberación de personas valiosas. Pero, como antes, decimos que esto puede ser profecía para la VR y, por ello, habría de ser integrado en la remodelación.

  • La Internacionalidad: algunas congregaciones lo tienen resuelto por historia y por legislación propia. La mayoría no lo ha contemplado, ni siquiera en las comunidades misioneras donde hasta hace poco dominó la presencia y la autoridad de los países evangelizadores[67]. Pero quizá haya ahí también un camino que afecte a la remodelación. Y no para importar vocaciones que sostengan lo que nosotros no podemos sostener, sino para idear caminos nuevos compartidos por hermanos/as que no tengan que ser deudores de los límites del propio país. Esto todavía está lejos, pero quizá esté en el horizonte[68].

 

5. Se es hermano con quien se hace camino                                                                             

 

            Todos lo sabemos: la hermandad de la vida comunitaria no se construye por simple adscripción legal al colectivo religioso. No se tienen tantos hermanos/as cuantos miembros tiene la Congregación            . Es verdad que eso crea un sentimiento de pertenencia colectiva y un amparo cierto. Pero la verdadera comunidad es la que se construye con las personas con las que hacemos camino.

            Hacer camino no es solamente convivir bajo el mismo techo, tener la misma mesa, orar en el mismo oratorio y tener el mismo superior o el mismo ecónomo. Hacer camino es colocar al hermano en el horizonte de las propias preocupaciones, contagiarse anhelos y trazar pequeños planes comunes que nos hagan caminar en la vida y en la fe con ilusión. Hacer camino es entrar en ese huerto cerrado del corazón del hermano para lo que hay que permanecer incansablemente a la puerta esperando que él, si quiere, la abra. Hacer camino es entender literalmente que somos familia y que, como tal, no es lícito hacerse ninguna clase de daño.

            Hay hermanos/as que piensan que eso es pedir demasiado a la VR, que hay que contentarse con mantener un cierto respeto, una convivencia educada y un trabajo evangelizador ordenado y bien orientado. Estos son valores innegables. Pero si el corazón del hermano me es una realidad ajena, si renuncio a intentar fundirlo con el mío, quizá estamos borrando lo mejor, lo más interesante, del horizonte de la VR.

            Por eso decimos que la remodelación de Provincias es un tiempo bueno para construir comunidad, porque por este azaroso camino que nos aflige en este momento podemos dar un paso decidido hacia el corazón ancho de una fraternidad más plural y más honda. Se requiere la fe en la fraternidad, algo más difícil de tener que la misma fe religiosa en Dios.

 

6. Los ignorados caminos de una VR en tiempos de globalización

 

            A veces decimos que el Espíritu suscitará modos de VR distintos a los vividos hasta ahora. Pero todos sabemos que el Espíritu actúa a través de mediaciones históricas. Una de ellas tal vez sea, en nuestro hoy, los trabajos de remodelación de Provincias como paso no se sabe hacia dónde. Son tiempos de acumular materiales, de embarazo. No sabemos muy bien qué es lo que va a nacer de aquí. Lo nuestro es ser fieles a este momento. Confiar en la Providencia sin poner toda la carne en el asador es un infantilismo y una temeridad.

 

Comunicación:

 

  • Que alguien comunique las pegas que ha encontrado en procesos de unificación, fusión o similares.
  • Que alguien comunique los logros y aspectos positivos encontrados.

 

 

5

LLEGAR TODOS JUNTOS Y A LA VEZ:

LA RESPONSABILIDAD COMÚN

 

            Todos hemos citado muchas veces aquel poemilla de León Felipe:  

“Voy con las riendas tensas

y refrenando el vuelo

porque no es lo que importa llegar

solo ni pronto,

sino con todos y a tiempo”.

            Hemos visto reflejado a ahí el éxito de la vida comunitaria: que sea todo el colectivo el que alcance el sentido, la dicha, la mayor plenitud posible. La VR no es una competición donde vence el más fuerte sino que es el caminar tras el sueño de un Jesús que ha venido a llamar a todos, justos y pecadores. Si como dice Filp 3,12 es Jesús el que obtiene el premio para nosotros, no tiene sentido correr tras ese premio dejando de lado a quien menos pueda correr.

            Ya hemos visto en la meditación inicial de este encuentro que Cuando Josué, hijo de Nun, pidió a Moisés que impidiera profetizar a Eldad u Medad este les dijo: “¡Ojalá todo mi pueblo fuese profeta y recibiera el espíritu del Señor!” (Núm 11,29): Esa era la idea última que Moisés tenía de la comunidad: una comunidad de profetas donde nadie necesitará enseñar a su hermano porque toda persona tendrá la autonomía y la responsabilidad completamente activadas.

            Este éxito común no podrá lograrse, como decimos, sin trabajar en siempre trabajoso e interesante asunto de la responsabilidad personal. La tendencia a derivar responsabilidades adquiere en la vida común una propensión a echar balones fuera. Hay quien no se siente responsable ante los problemas comunes; quien no se siente concernido ante un fallo común; quien cree que no es de su responsabilidad aquello que no cae dentro de su ámbito de vivencias personales. Es preciso trabajar esta tendencia para revertirla en otra:  que lo que es de todos corresponde a todos.

            Más aún: normalmente entendemos el tema de la responsabilidad común en los parámetros pequeños de la concreta comunidad a la que uno pertenece. Y así tiene que ser. Pero la comunidad religiosa se ve también concernida, más allá de ella, por responsabilidades que le afectan y que pueden dinamizar su conciencia responsable. Puede parecer un recurso repetido el decir que es el superior el primer llamado a conectar con tales responsabilidades. Pero, con frecuencia, la vida de las comunidades es muy centrípeta. Por eso, tiene que haber mentes, corazones, valoraciones de componente más centrífugo. Y ahí es donde entra la animación pastoral del superior/a.

            Vamos a proponer un elenco de responsabilidades que, a la vez, conciernen a la VR y pueden darle una talla de adultez mayor, adultez que, a veces, cuesta lograr en la dinámica interna de los grupos religiosos.

 

  1. 1.      La responsabilidad común de hacer creíble la posibilidad para los huemanos de vivir como hermanos

 

Desde el Génesis hasta hoy ha brotado incansable la pregunta por la posibilidad de que los humanos puedan vivir como hermanos como hermanos[69]. Vistos los desaguisados que somos capaces de hacer, la pregunta no resulta inútil sino todo lo contrario[70]. Es que no resulta nada fácil mantener controlado el miedo al diferente, el temor al de la caverna de al lado, el recelo a quien viene de lejos. Creemos que la hermandad por afinidad es la única posibilidad de logro. Pero la hermandad sin afinidad, por el mero hecho de la dignidad creatural, es también algo que puede estar en el horizonte de la vida.

      Pues bien, La VR con su estilo de vida puede creerse responsable, en pequeña parte, de mostrar modos plásticos de hermandad entre diversos, ente diferentes, entre quienes salen de puntos de partida diferentes. Por eso decimos que el mayor apostolado de la VR es que trasluzca la posibilidad de vivir en fraternidad quienes son diversos, lejanos, distintos, cada uno hijo de su padre y de su madre. El mayor apostolado, sí, es la vida fraterna.

De ahí que el superior, animador nato de la vida común, ha de serlo también de la fraternidad que debe desvelar la posibilidad de vida en hermandad con los distintos. Por eso, ha de intentar abrir cauces de vida, por sencillos que sean, con personas de difícil encaje social. Eso también es responsabilidad de un grupo que se llama y se considera comunidad. 

 

2. La responsabilidad comunitaria de ofrecer espiritualidad a un mundo que no deja de buscar

 

                Porque quizá la nuestra no sea una hora demasiado propicia para el hecho religioso pero si lo es para la espiritualidad. Como hemos dicho, muchas personas andan tras algo que trasciende el mero vivir. Aunque no tenga forma religiosa ese anhelo está continuamente en la sociedad.

La VR, forjada y vivida en el marco religioso, no percibe, a veces, esa sed. Por ello su oferta es, mayoritariamente, de componente religioso. Y como sigue teniendo clientela, aunque más menguada y más en reductos especiales, sigue propiciando la experiencia religiosa.

¿No podría sentirse concernida en la posibilidad de hacer una oferta de espiritualidad? ¿Todas las parroquias de una ciudad, todas las presencias religiosas, han de hacer propuestas religiosas? ¿No podría haber espacios, al estilo de Taizé, donde se ofrezca oración, silencio, diálogo sosegado, lectura personalizada de la Palabra sin tener que recurrir a las formas tradicionales de las formas religiosas? ¿No es esa la tarea de la VR que ha de ofrecer en el hoy las “realidades futuras”, la espiritualidad del Reino?

Y desde ahí, ¿no sería tarea del animador comunitario el empujar, favorecer, acompañar los anhelos de algunos hermanos que quieren conectar con caminos espirituales renovados e incluso con caminos de espiritualidad no cristiana? ¿No podría tener la VR un centro de espiritualidad moderno, abierto a toda espiritualidad nueva?[71]

 

3. La responsabilidad comunitaria de ir haciendo nuestros los caminos de los empobrecidos

 

                Siempre ha contado la VR con hermanas y hermanos que han unido su camino vital al de los empobrecidos. Son en su humildad, desconocimiento y, a veces, menosprecio los hermanos profetas, los que cumplen las bienaventuranzas y los que viven el espíritu de los votos, por más que, en ocasiones, entren en litigio con sus mismas estructuras religiosas.

                Pero la vida comunitaria no puede escudarse en sus profetas. Éstos no le eximen de sus responsabilidades. Y una de ellas es la de construir una iglesia de los pobres, como quiere el papa Francisco, hasta hacer de ello una nota añadida a las tradicionales de la Iglesia: una, santa, católica, apostólica y que opta por los pobres[72]. La VR habría de tomar esto como una responsabilidad esencial puesto que ella dice haber hecho de la pobreza un elemento insustituible de su espiritualidad.

                No se trata, principalmente, de reorientar el voto de pobreza, sino de adquirir una nueva sensibilidad en torno a las pobrezas. Tal sensibilidad es la que puede contribuir a un desplazamiento hacia el mundo de las pobrezas que muestre a la comunidad un camino de vida nuevo. Ese camino no puede ser otro sino el de la acogida y la inclusión. El hermano superior/a puede ser una instancia de ánimo para empujar a la comunidad a entrar en caminos organizados de trabajo con las pobrezas que pueden ir llevando a un horizonte menos agobiante para los pobres[73].

 

4. La responsabilidad comunitaria de tener una vida más conectada con el hoy social

 

 

                Ya dijimos que este tema de la conexión social, por su importancia, merecía una reflexión aparte. Estar conectado socialmente no es algo que se derive de la mera pertenencia a la masa ciudadana. Es algo que demanda sentido de inclusión y, más aún, un amor social activado.

                Se trata de vivir de cara a la ciudadanía con benignidad crítica. Es decir, es cuestión de amar a la sociedad de la que se hace parte de modo activo, participativo, valorativo. Es disfrutar con las posibilidades ciudadanas de gozo y de disfrute vital. Es también, desde el punto de vista crítico, dolerse del nivel de inhumanidad que se pega a la ciudad, cuestionar activamente todo aquello que no funciona y a quien impide que funcione.

                La VR que hoy, más que nunca, vive en entornos ciudadanos puede caer en la tentación de desconexión o, simplemente, de vivir cómodamente en la ciudad sin sentirse implicada y sin percibir los latidos de la calle.

                Por eso, el superior podría ser una instancia de ánimo para que los hermanos/as participen, de vez en cuando, en los escenarios ciudadanos, ya que mucho del pensamiento y del comportamiento social se genera en la calle. Podría, así mismo, animar a los hermanos más sensibles a participar en entidades ciudadanas que fomenten la convivencia. Esto enriquecería la vida comunitaria y favorecería la oferta de espiritualidad que pretende la VR[74].

 

5. La responsabilidad común de contribuir a crear un paradigma religioso más creíble

 

                No hace falta ser experto en estadística para poder percibir que el paradigma religioso tradicional se está haciendo cada día más increíble. Por más que en ocasiones puntuales se vuelva a él. Lo cierto es que, en la vida diaria, la manera tradicional de creer ya no tiene fuerza de evocación para una gran mayoría de ciudadanos.

                La VR, como otras instancias eclesiales, por la fuerza de la costumbre, sigue moviéndose en notable parte en el marco de tal paradigma. Pero no pocos de sus miembros, grupos enteros, de desplazan hacia las afueras de otro paradigma que no se sabe muy bien cuál es. Por eso, flexibilizan las formas de creer y “pactan” con más facilidad con la ciudadanía agnóstica; modifican su lenguaje abandonando las antiguas fórmulas religiosas que ya no les suenan bien; elaboran proyectos humanizadores de contenido cada vez más laico donde lo explícitamente religioso ocupa poco sitio. Es un paradigma, en definitiva, de mayor adultez y de más profunda conexión social. Muchos religiosos/as creen que eso es claudicar y abandonar los principios tradicionales. Pero tal vez lo que se pretende es, como decimos, construir un tipo de fe no solo más actual sino de mayor densidad que la recibida por tradición.

                La VR está llamada a esta responsabilidad común y, dado que aún tiene un cierto crédito social, sería una fuerza importante, profética, para el logro de marcos de fe nueva, para ir construyendo una manera de creer que pueda tener su sitio en el concierto social y que pueda traducir la utopía evangélica en este tiempos concreto de la historia.

                Un hermano superior/a que creyera que esto es, de alguna manera, de su incumbencia podría ser mediación para ir abriendo pequeñas ventanas a ese aire nuevo que sopla sobre la sociedad y la Iglesia. Empeñarse, sin más, en mantener los modos tradicionales de práctica religiosa heredados de generaciones pasadas sin ninguna clase de discernimiento ni actualización no sería la mejor manera de elaborar esta responsabilidad común.

 

6. La responsabilidad común de poner carne a la espiritualidad de la dignidad

 

                La dignidad viene a las personas e incluso al resto de las creaturas por su condición creatural, por haber sido creadas por Dios, según la visión cristiana. Por eso mismo, la dignidad puede oscurecerse, olvidarse, postergarse, pero nunca perderse. La conciencia de la dignidad es uno de los mayores logros de la cultura moderna. Y más cuando ha calado en la conciencia de muchas personas que se saben poseedoras de ella y que la reclaman cuando la ven conculcada.

                Esto que parece tan evidente y que los grandes documentos de la modernidad lo dejan absolutamente claro[75], está desaparecido en los grandes desiertos de la dignidad[76] y en los lugares oscuros de la misma donde es negada en las personas que emigran, que no caen dentro de los filtros sociales, que no tienen acceso a la cultura o la información. El reconocimiento de la dignidad oscurecida es, todavía, una batalla por darse.

                ¿Cómo y por qué la VR habría de sentirse responsable de poner carne a esta espiritualidad que se queda, con frecuencia, en los meros documentos? La VR hace de la fraternidad el cimiento de su construcción humana y espiritual. Pero esa fraternidad no puede quedar circunscrita al pequeño ámbito de su comunidad, sino que ha de ensancharse al hecho humano como tal. La VR cree que toda persona es hermana, que incluso las creaturas son hermanas. Y mientras esa hermandad no se dé, la dignidad que la sustenta quedará postergada. Por causa de la fraternidad es por lo que la VR tendría que constituirse en adalid de la dignidad y en constructora de la misma.

                Desde esta espiritualidad el hermano superior/a hade ser alguien capaz de no apearse de la dignidad de sus hermanos por más que les acompañe el fallo evidente. La VR tiende a etiquetar a la persona: si un hermano incurre en fallo, se le etiqueta como persona no fiable, como marcado con la dignidad mermada. El superior/a ha de hacer ver que, más allá del fallo, la dignidad del hermano permanece intacta. La confianza, el aprecio, la cercanía evidente ha de ser el lenguaje de la dignidad mantenida.

 

7. La responsabilidad común de hacer voto de ternura y de generosidad

 

                No ha de extrañarnos que los votos de la VR, que han sido vividos más bien de manera un tanto estática y predeterminada, estén ahora, por razón del formidable cambio social en el que estamos inmersos, en continua evolución. Si preguntamos a un religioso/a de hoy cómo vive los votos, veremos que tiene poco que ver con la manera como se vivían hace cincuenta años.

                Por lo mismo, los tratados de VR reformulan el voto de pobreza hablando del voto de buena gestión, el de obediencia como voto de la libertad en común, el de castidad como voto de amor a quien nadie ama[77].

                Es en este marco donde se puede decir que la VR puede tomar la tarea de acrecentar la ternura y la generosidad como algo merecedor de hacer un voto. Frente a la frialdad de la moderna vida ciudadana y de la misma Iglesia, la VR hace voto de calidez y de ternura. Frente al egoísmo exacerbado de la conciencia aislada[78], la VR podría hacer voto de generosidad. Ambos votos serían, tal vez, lenguaje adecuado para decir cuáles son los anhelos de la VR y dónde quiere poner los acentos.

                Las comunidades agradecerían mucho el trabajo de un hermano superior/a que generase una relación fraterna cálida y que impulsase al grupo en la dirección de la generosidad, sorteando la secular tentación de tacañería que siempre ha amenazado a la VR.

 

 

Conclusión

 

                La manera más sencilla de concluir este tipo de reflexiones sea el decir que es ir a buscar muy lejos la espiritualidad de la animación del superior y que la vida es más concreta y que los problemas son más “reales” que estas elucubraciones. Hay que mirar si eso es verdad o es, por el contrario, una cortina de humo.

                No se pide que los superiores/as ataquen, a la vez, todos los frentes aquí descritos. Pero es difícil negar que esto abre un abanico de sugerencias de actuación que contribuyen a que la espiritualidad de la animación pastoral del superior/a sobrepase la representación o conjure la atonía de ir dejando que pase el tiempo.

                El “empeño” del que habla Rom 12 y al que aludimos desde el principio quizá incluyan esta clase de anhelos.

 

Evaluación



[1]“El encargado, con empeño”: Rom 12,8.

[2]Cf J. B.  METZ, Por una mística de ojos abiertos. Cuando irrumpe la espiritualidad, Herder, Barcelona 2013.

[3]J. A. GARCÍA, “«Místicos horizontales». Hacia una espiritualidad apostólica”, en: En el mundo desde Dios: Vida Religiosa y resistencia cultural, Sal Terrae, Santander 1995.

[4]Cf L. AROSTEGUI, “DietrichBonhoeffer: espiritualidad ‘en el centro de la vida’”, en: Revista de espiritualidad 71 (2012) 191-236. “Pero yo no quiero hablar de Dios en los límites, sino en el centro; no en los momentos de debilidad, sino en la fuerza; esto es, no a la hora de la muerte y del pecado, sino en plena vida y en los mejores momentos del hombre. En los límites, me parece mejor guardar silencio y dejar sin solución lo insoluble”: p.211.

[5] No se nace con luz interior. Es un constructo que se hace día a día: Cf Jn 9.

[6] “Para los «místicos horizontales», el mundo es el lugar de la adoración de Dios. Estos místicos se resisten a transferir a la oración el encuentro con Dios y a apartarse o negar, del modo que sea, al mundo como condición necesaria o como camino de dicho encuentro. Para ellos, Dios emerge en la mismísima densidad de las cosas, personas y acontecimientos, y es ahí donde sienten que quiere ser escuchado, servido y amado. El mundo y la historia, lejos de ser un obstáculo para el encuentro con Dios, se convierten para ellos en su mediación obligada” : J. A. GARCÍA, art. cit.,p.108.

[7] Como dice el papa Francisco en EG 4: “Es la alegría que se vive en medio de las pequeñas cosas de la vida cotidiana, como respuesta a la afectuosa invitación de nuestro Padre Dios: «Hijo, en la medida de tus posibilidades trátate bien […] No te prives de pasar un buen día» (Si 14,11.14). ¡Cuánta ternura paterna se intuye detrás de estas palabras!”.

[8] Si uno tiene problemas con “las reuniones” tiene un serio problema vocacional, porque la nuestra es una vida en reunión, por mucho que no pocas de nuestras reuniones, a causa de nuestra desidia, resulten estériles.

[9] Cf Sal 103,33; 78,40.56. Moisés el prototipo de líder. Muchos de sus rasgos son aprovechables aún hoy día: Cf F. AIZPURÚA, “Moisés”, en: AA.VV., La parra y la higuera. Historias y personajes de la Biblia, PPC, Madrid 2004, p.27-46.

[10] Cf Sal 123

[11] LS’ 231.

[12] La ataraxia que, a veces, ha predicado la VR, no es el mejor estado para ella. Tiene el peligro de matar la sensibilidad. Esto puede tener una traducción en el “pasotismo” ante los acontecimientos que deja indiferente al religioso.

[13] Ya hace muchos años que se escribió este librito, perfectamente vigente: P. TILLICH, La dimensión perdida. Indigencia y esperanza de nuestro tiempo,  DDB, Bilbao 1970.

[14] Supera a los clásicos enemigos del alma “el demonio, el mundo y la carne”, según rezaban los viejos catecismos.

[15] P. TILLICH, op.cit., p.114.

[16] En realidad, san Ignacio emplea una sola vez esa expresión en una carta a Juan de Verdolay antes de la fundación de la Compañía. Pero ésta ha incorporado esa expresión a su mística. Así lo dicen las Congregaciones Generales: : “No somos  meramente compañeros de trabajo; somos amigos en el Señor”; “los jesuitas de hoy nos unimos porque cada uno de nosotros hemos escuchado la llamada de Cristo… lo que nos hace amigos en el Señor y por eso amigos unos de otros”. ¡La síntesis es perfecta! Y también: “El jesuita realiza su misión en Compañía”; “pertenece a una comunidad de amigos en el Señor”; “foméntense comunidades en las que compartiendo la fe… nos hagamos auténticos amigos en el Señor”. “No somos funcionarios o voluntarios de una organización multinacional… somos amigos en el Señor”.

[17] El mismo evangelio de san Juan lo viene a decir en la distinción entre el amor de entrega (agapaô) y amor de amistad (phileô) que aparece en Jn 21,15ss.

[18] El documento Identidad y misión del religioso hermano en la Iglesia habla varias veces de “casa” pero ni una sola de “hogar”.

[19] La relación hogareña no es exclusiva de los hogares convencionales (padres+hijos). Se da en hogares monoparentales, residencias de ancianos, clubes de jubilados, lugares de reunión de colectivos ligados por algún tipo de relación afectuosa, etc.

[20] Decía el hermano Roger que el mundo de hoy podría entender que Dios es amor y solamente amor con comunidades “donde la bondad de corazón y la simplicidad estuviesen en el centro de todo”: HNO. ROGER, Dios solo puede amar,  Ed. PPC, Madrid 2001, p. 120.

[21] Si la teología más tradicional de la VR dice que su cometido profético es anunciar hoy las realidades futuras, la realidad futura de una familia con Jesús más allá de los lazos de sangre habrá que comenzar a hacerla visible en el hoy hogareño de la comunidad.

[22] Cf H. URS VON BALTHASAR, La verdad es sinfónica, Encuentro, Madrid 1979. Una orquesta sinfónica tiene en su lista, normalmente, más de ochenta músicos.

[23] De ahí que las preguntas de J. B. METZ, Las órdenes religiosas. Sumisión en un futuro próximo como testimonio vivo del seguimiento de Cristo, Herder, Barcelona 1988, p. 17 siguen vivas: “¿No se han situado las órdenes, en el tiempo transcurrido desde su fundación, demasiado en aquel «centro» en que todo se equilibra y se modera, no se han acomodado en cierto modo a la gran Iglesia y se han dejado como cercar por ella?”.

[24] H. URS VON BALTHASAR, op.cit., p.7. En el sínodo sobre la VR de un obispo, quizá despechado, definió a la VR como “un garbanzo en el zapato de los obispos”.

[25] ¿Se puede, si no, explicar porqué después de más de cuatro años la Laudato Si’ sigue “viva”?

[26] LS’ 216-221.

[27] Como ha ocurrido con los monasterios cistercienses de Poblet, Vallbona, Solíus y Valdonzella: Cf J. CALDERERO DE ALDECOA, “Y la ecología llegó al monasterio”, en Alfa y Omega 5-10-17: http://www.alfayomega.es/128409/y-la-ecologia-llego-al-monasterio (6-10-19). Qué bueno sería que en los Consejos Provinciales hubiera un Consejero de Ecología.

[28] La reacción social hacia temas como las “manadas”, el maltrato, en lenguaje sexista, la publicidad, la atribución de roles sociales, etc., están hablando de algo de mucho fondo.

[29]El documento Identidad y misión del religioso hermano en la Iglesia no contine ni usa sola vez la voz “feminismo”.

[30] Cf J. EIZAGUIRRE, Una vida sobria, honrada y religiosa. Propuesta para vivir en comunidad,  Narcea, Madrid 2010; S. LATOUCHE, La apuesta por el decrecimiento, Icaria, Barcelona 2009; Pequeño tratado de decrecimiento sereno, Icaria, Barcelona 2009; La hora del decrecimiento,  Octaedro, Barcelona 2011.

[31] “El peligro en tiempos de crisis es buscar un salvador que nos devuelva la identidad y nos defienda con muros”: en El País 22-1-2017: https://elpais.com/internacional/2017/01/21/actualidad/1485022162_846725.html (7-8-19).

[32] D. MENOR, “Jolanta Kafka: ‘El clericalismo es el mayor escollo para la mujer’”, en Vida Nueva 28-6-2019: https://www.vidanuevadigital.com/2019/06/28/jolanta-kafka-el-clericalismo-es-el-mayor-escollo-para-la-mujer/ (7-8-19).

[33] Esto ha sido debido a la activista sueca Greta Thunberg que, con su huelga escolar a favor del clima, ha propiciado un movimiento mundial que cada día cobra más fuerza y tiene más seguidores adolescentes: Cf E. CHAN, “Estas son las 'Greta Thunberg' del mundo y estos, sus planes para salvar el planeta”, en Vogue 28-7-19: https://www.vogue.es/living/articulos/greta-thunberg-cambio-climatico-que-hacer-salvar-planeta (6-8-19).

[34] Auditoría ecológica, medidas racionales de reorientación del consumo, cambio en las fuentes energéticas, crecimiento en el reciclado, etc. ¿Cómo declarar a un centro “Colegio por el Clima” y qué consecuencias puede tener esto.

[35] Parece que los adolescentes van a hacer su huelga mundial por el clima el 20 de setiembre, una semana antes que la huelga mundial del 27 de ese mes.

[36] “Voy con las riendas tensas y refrenando el vuelo/ porque no es lo que importa llegar solo ni pronto/ sino con todos y a tiempo” (L. Felipe).

[37] El tema de la conexión o desconexión de la VR de la cultura actual merecería una reflexión aparte. Creemos que este punto es de gran importancia.

[38] Hay una gran desconfianza hacia los papeles. Quizá porque, como decimos, el papel lo aguanta todo. Y desde ahí se lo crea ineficaz.

[39] Bonifacio Fernández enumera estas funciones con una pizca de humor: cubo de basura, alfiletero, bombero, chivo expiatorio, muro de lamentaciones, suplente de las desganas, enfermero: “Funciones secretas del superior”, en Vida Nueva 6 de febrero de 2018.

[40] Y, yendo más lejos, desde los tiempos de Hobbes que defendía la moral social estable basada sobre el egoísmo de los ciudadanos.

[41] La Declaración Universal de los Derechos humanos sería la carta magna de esta espiritualidad.

[42] EG 2.

[43] Cf A. CORTINA, “Más allá del colectivismo y del individualismo: autonomía y solidaridad”, en Revista de ciencias sociales 96 (1990) 3-18.

[44] Cf F. AIZPURÚA, La recreación de los carismas en la vida religiosa desde los aprendizajes sociales, Eset, Vitoria 2016, 48ss.

[45] Por más que “la cigüeña de la torre” airee a los cuatro vientos su desaparición.

[46] Como aquel “cura orquesta” que lo hacía todo en la celebración: cantar, tocar, leer, predicar, menos pasar la bandeja.

[47] Uno tiene que hacer el acta de una reunión: si la hace al día siguiente de la reunión el trabajo pesa poco; si la hace al mes, el trabajo se vuelve doblemente pesado.

[48] “Una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie” (EG 266).

[49] “Más que nunca necesitamos de hombres y mujeres que, desde su experiencia de acompañamiento, conozcan los procesos donde campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, la docilidad al Espíritu, para cuidar entre todos a las ovejas que se nos confían de los lobos que intentan disgregar el rebaño. Necesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír” (EG 171).

[50] Algunos hermanos/as lo toman como un apostolado personal y repiten, como un sonsonete, una petición por las vocaciones.

[51] En ese sentido, el documento de la Comisión para la doctrina de la fe de la CEE “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo”, de reciente publicación, aun teniendo aspectos valiosos, muestra una extraña desconfianza hacia los caminos espirituales de la secularidad que no sean el cristiano. Las sendas de la espiritualidad coinciden en el fondo.

[52] Al estilo del Foro de Espiritualidad de Logroño donde participan más de 1200 personas todos los años.

[53] P. RAHBI, Hacia la sobriedad feliz, Ed. Errata naturae, Madrid 2013.

[54] Cf. CH. FELBER, La economía del bien común,  Ed. Deusto, Bilbao 2015.

[55] En frase de Z. Baumann.

[56] En Asia y en África, debido a las numerosas vocaciones, ni tienen este problema ni tienen necesidad de remodelación. Pero los países “intermedios” (los de Latinoamérica, por ejemplo) muestran que la tendencia de la sociedad moderna conlleva un fuerte desplazamiento religioso y la misma problemática que hoy manejamos en Europa.

[57] A veces se han querido ver conspiraciones contra la Iglesia y cosas así. Pero en realidad, la sociedad ha dado la espalda al hecho religioso sin violencia dejando a la VR plantada en su camino.

[58] Por eso nos resulta sorprendente ver al frente de una comunidad a un hermano/a contrario a la remodelación.

[59] El que haya Provincias que no lo hayan hecho, además de serlo en número menor, indica la dificultad y las reticencias que ciertos grupos no han sabido o no han querido solucionar. Pero ello no les ha liberado del movimiento reduccionista de la VR que lo sufren como todos y quizá en mayor soledad por más que se les ahorre el trabajo que conlleva una unificación.

[60] Piénsese, por ejemplo, a nivel de recursos personales los efectivos que son necesarios para tener cuatro consejos provinciales y reducir a uno liberando a hermanos valiosos para otras tareas.

[61] Las situaciones económicas las hereda la nueva entidad provincial porque los bancos siguen reclamando su parte.

[62] Poner nombre a las casas que deben ser cerradas cuesta ahora mucho menos que al inicio del proceso de remodelación.

[63] A veces no solamente se ha vivido independientemente siendo Provincias del mismo Instituto sino dialécticamente, una cierta “lucha” de una Provincia con otra con estilos de vida apostólica muy distintos. Eso habrá de contar a la hora de la remodelación.

[64] J. B. METZ, Las órdenes religiosas,  Ed. Herder, Barcelona 19982, 21ss.

[65] Nosotros no conocemos más que unas pequeñas comunidades de religiosas en Lavapiés, Cerro de la Plata y Cerro de Mica, Madrid.

[66] Como algo más reciente ver: “Los salesianos son ahora mi familia”, en Vida Nueva 3.143 (setiembre 2019) 48-49.

[67] Hay que preguntarse por qué nuestras comunidades no quieren importar hermanos de otros lugares de la tierra: ¿Por qué comprendemos que no vale la pena sostener lo que nosotros no podemos sostener? ¿Por qué no queremos ceder dirección, gestión y mando?

[68] Intentos como las comunidades internacionales que hay en el camino de Santiago pueden ser un ejemplo.

[69] Ver: L. ALONSO SCHÖKEL, ¿Dónde está tu hermano? Textos de fraternidad en el libro del Génesis, Ed. Institución San Gerónimo, Madrid 1985, E. LECLERC, El sol sale sobre Asís, Ed. Sal Terrae, Santander 2004.

[70] Leamos la introducción de: J. A. MARINA-M. DE LA VÁLGOMA, La lucha por la dignidad, Ed. Anagrama, Barcelona 2000.

[71] El CITES de Ávila incorpora cursos de otras espiritualidades a su oferta de espiritualidad carmelitana. Cuando hablamos de esta posibilidad pensamos en centros como el del Centro de Estudios de las Tradiciones de la Sabiduría (CRTR) de Marià Corbí en Barcelona.

[72] G. L. MÜLLER, Iglesia pobre y para los pobres,  ed. Paulinas, Madrid 2014.

[73]Así lo demuestra la participación de la VR en plataformas como Red Íncola de Valladolid o Atalaya de Burgos, por poner dos ejemplos.

[74]Se trata, como dice el papa Francisco, de “mirar la ciudad con los ojos de Dios”: https://www.agenciasic.es/2018/01/22/homilia-del-papa-en-lima-mirar-la-ciudad-con-los-ojos-de-jesus/.

[75]Por ejemplo la carta de los Derechos Humanos de la ONU.

[76]Piénsese en la apatridia, en los rohinya por ejemplo.

[77]D. O’MURCHU, Rehacer la vida religiosa. Una mirada vierta al futuro,  Ed. Publicaciones Claretianas, Madrid 2001, 97-120.

[78]EG 2.