¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS SOBRE…?

Síntesis breves de pensamiento evangélico 

 

 

         Cada día vamos conociendo mejor el pensamiento evangélico. Somos afortunados viviendo en este tiempo de la fe en que acceder a la Palabra es mucho más fácil que en otras épocas. Los medios que tenemos a mano son numerosos. En eso llevamos mucha ventaja sobre quienes nos precedieron en el camino cristiano.

         Pero, quizá, nuestro conocimiento del evangelio es un tanto disperso. Puede ser que este momento sea bueno para tratar de construir síntesis breves de pensamiento evangélico. Si nos preguntaran directamente: ¿qué dicen los evangelios de la familia, del dinero, de la sexualidad, de la oración, de los pobres, del poder, etc., qué responderíamos? ¿Tendríamos clara una o dos ideas? ¿Las podríamos formular con facilidad?

         Este año vamos a intentar ayudarnos en este cometido. Iremos recogiendo algunos aspectos esenciales de ciertos temas y los iluminaremos luego con un breve texto de los evangelios. La intención de fondo es que, conociendo mejor lo que dicen los evangelios de esos temas podamos nosotros mejorar nuestro camino de vida cristiana. Así es: no haríamos nada con saber hacer estas breves síntesis si luego no mejoráramos nuestro camino cristiano.

         Dice Mt 13,53 que «uno que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo». Pues eso es lo que queremos ir haciendo este curso.

 

 

 

 

 

 

1

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA FAMILIA?

 

Reflexión:

 

         Lo primero que hay que decir es que el discurso oficial de la iglesia pone mucho énfasis en el valor de la familia (la tradicional) y dice que es “santuario de la fe” con valoraciones de ese estilo. Nadie duda de que la familia es, aún día, un valor social seguro. Situar la fe ahí es apostar por lo seguro, aunque hay que preguntarse por qué el valor de la familia sigue verdeante y, dentro de ella misma, hay grandes lagunas de increencia.

         Los escritos del NT hablarán mucho de la familia y casi siempre en modos tradicionales, de valor seguro. No podía ser de otra manera en la época, una época de mayor componente “clánico” que la nuestra. Pero los evangelios tienen algo atravesado el tema.

  • Hay indicios numerosos de que Jesús tuvo una relación conflictiva con su familia (Mc 3,7), con su “gente” (Jn 7,5), con su padre (hijo de María: Mc 6,3; recibirán cien veces más: Mc 10,28-31). No sabemos el motivo (¿su género de vida itinerante?).
  • Jesús no deja de entender la realidad familiar, como todo, desde una perspectiva de dignidad y de justicia: la limosna corrupta que olvida la justicia con los padres (Mc 7,11-12).
  • Sería demasiado entender a Jesús como un crítico del valor social seguro que es la familia. Pero tampoco como un defensor a ultranza de ese tipo de relación humana. Por eso, él formula la relación del reino bajo el paraguas de una familia distinta, la de los que cumplen el designio del Padre (Mt 12,49).
  • No sabemos si Jesús formó una familia. Los evangelios no aportan ningún indicio en esa dirección, ni tampoco en la contraria. ¿Por qué esto no fue interesante para los evangelistas siendo así que vivían en una sociedad en la que la familia es valor seguro?

 

Texto: Jn 13,1:

 

         «Antes de la fiesta de Pascua, consciente Jesús de que había llegado su hora, la de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que estaban en medio del mundo, les demostró su amor hasta el fin»

 

  • ¿A quién amó Jesús, según los evangelios? ¿Quién fue realmente su familia? Jn dice a quién amó ante el muro de “la fiesta de Pascua”, la última Pascua de Jesús. La pregunta por el amor ante el muro de la muerte cierta, porque Jesús sabe “que ha llegado su hora”, es una pregunta de honda verdad.
  • Amó “a los suyos”: esa fue su familia, contenga la expresión lo que contenga: ¿sus discípulos y discípulas? ¿la gente cercana? ¿los pobres que eran los más “suyos”? Lo cierto es que no vivió sin familia, aunque no fuera exactamente la biológica. La expresión “los suyos” encierra una indudable cordialidad.
  • Eran los que la vida le puso delante, “los que estaban en medio del mundo”. No amó a ángeles, sino a gente común, con sus tremendas imperfecciones y con sus corazones solidarios, a los que le dieron más de un disgusto (Mc 4,36) y los que le dieron momentos de gran alegría (Lc 10,21).
  • Y los amó “hasta el extremo”, todo lo que una persona puede amar a otra persona, con la tremenda decisión de estar dispuesto a entregar la vida por quien se ama (Si me muero, que sea de amor: C. Rivera).
  • Es un amor que se ve, se “demuestra”, algo que envuelve, algo que los del grupo de Jesús, con el tiempo, vieron que era la mayor demostración de amor. Si a ellos les hubieran preguntado quién era Jesús, habrían respondido: “Uno que nos amó hasta el límite”.

 

Actualización:

 

  • La iglesia sigue apostado por el valor seguro de la familia. Y, como es realmente un valor, nosotros también apostamos y valoramos la realidad familiar. Pero eso no impide que lo hagamos con sentido crítico, sobre todo no entendiendo esa realidad como algo cerrado, aislado, que no tiene en cuenta la realidad de toda familia.
  • Por otra parte, asistimos hoy a una ampliación de la realidad familiar con la presencia social de las otras familias: monoparentales, con hijos de parejas del mismo sexo, grupos sociales de índole familiar, etc. No se ve muy bien el empeño de negar la categoría de familia a tales modos relacionales cuando, en realidad, cumplen las mismas funciones.
  • Acoger la pluralidad de la realidad familiar no puede redundar sino en beneficio del nivel de relacionalidad social. Si tal nivel aumenta, la ganancia social es evidente.
  • Por otro lado, una vivencia saludable del evangelio ha de llevarnos a sumar realidades familiares no encasillándonos únicamente en la biológica. Toda familia puede sumarse a nuestro camino personal aportando, a veces, tantos o más que la biológica.
  • Una de esas “familias” es la de quienes leen con empeño en el evangelio. Eso va creando lazos “familiares”, de amistad y de fe, que son muy valiosos.

 

 

 

 

 

2

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL DINERO?

 

Reflexión:

 

         Lo primero que hay que decir es que el tema económico, en sentido amplio, ocupa un lugar amplio en los evangelios. Aunque Jesús fuera un hombre sin cultura, él sabe que el dinero mueve la sociedad y que muchas situaciones de vida dependen de la economía.

         Por otra parte, aunque gran parte de la economía de aquella sociedad fuera una economía de trueque, Jesús sabe lo que es el dinero porque, con toda probabilidad trabajó de peón en las grandes obras públicas que los romanos construyeron en su tierra aquellos años: Cesarea marítima, Séforis, Magdala, etc… La pregunta de 22,20 es meramente literaria.

  • Jesús tiene una gran prevención contra el dinero (Lc 16,9: dinero injusto) porque, en el fondo, piensa, como todos los pobres de la época, que quien tiene dinero lo ha robado a otro, sobre todo si es mucho.
  • Por eso, tiene entre ceja y ceja el mecanismo de la acumulación. Le parece de una necedad tal que quien cae ahí se olvida del valor que tiene la vida y la relación (Lc 12,13-21). Habría que desacumular, ser “ricos para Dios” (Lc 12,21).
  • Pero si, como ocurre en esta época nuestra de más liquidez monetaria, tenemos un cierto dinero, piensa Jesús que lo que hay que hacer es “hacerse amigos con el dinero injusto” (Lc 16,9), es decir, orientar lo más posible nuestros bienes hacia la necesidad del otro por un simple criterio de igualación.

 

 

 

Texto: Mt 25,14-30:

 

«Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos  Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. 

Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. 

Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos.  Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 

Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste;por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. 
         Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes».

 

  • Siguiendo la interpretación del antiguo padre de la iglesia Eusebio de Cesarea, quizá quien mejor obró fue el que recibió un solo talento: una luz se ha encendido en él y le ha hecho ver que todos trabajaban para enriquecer a un rey injusto. Él ha decidido cortar con esa línea y se ha sublevado: no le dará al injusto ni siquiera las ganancias del banco.
  • Es que el dinero tiene que tener muy claro el para qué y el para quién: si la ganancia beneficia al opresor, esa ganancia es “pan negro”, como dice el papa Francisco, pan que procede y que engendra injusticia.

 

Actualización:

 

  • España es, después de Letonia, el país de más desigualdad social y económica de la UE. El AIREF (Autoridad independiente de Responsabilidad Fiscal) propone una renta mínima estatal que acabaría con las desigualdades que existen entre comunidades en cuantía, porcentaje de hogares cubiertos y duración: País Vasco da  727 euros y Murcia 300 (La Rioja 403); País Vasco cubre el 100% de hogares, Castilla la Mancha solo el 10%; País Vasco es indefinida, Comunidad Valenciana seis meses. Estamos hablando de 3.500 millones (presupuesto de gasto para 2019 472.000 millones).
  • Hay quien piensa que esto no debería darse, que siga la pobreza como siempre. SI no, sería una incitación a la vagancia y efecto llamada para los pobres de Marruecos, por ejemplo. Es como si la desigualdad no fuera problema social real.
  • ¿No sería una forma mínima de redistribuir la riqueza nacional con el fin de rebajar algo la desigualdad? ¿No sería esta la forma de des-acumular de la que habla el evangelio? ¿Cómo es que decimos que el evangelio nos interesa y estas cuestiones de dinero reorientado parece que no nos interesan tanto o, incluso, las consideramos sacadas de quicio? ¿Tiene algo que ver el pensamiento de Jesús sobre el reino y esto? ¿Cómo podemos hablar de esto en nuestros entornos concretos?

 

 

3

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS DE

SOBRE LA SEXUALIDAD?

 

Reflexión:

 

         El judaísmo, como muchas religiones antiguas, ha tenido a la sexualidad en el punto de mira y ha considerado, en general, todo lo relativo a ella como algo próximo al pecado. Pero lo que ha venido después, en el cristianismo islamismo ha ido más lejos.

         Los evangelios no están muy interesados por el tema o, al menos, no están de manera sectariamente condenatoria. Quizá sea porque están más interesados en la dicha que en el pecado.

  • Atina bien el evangelio cuando dice que una negativización de la sexualidad y de otras prácticas humanas tiene su fuente en el corazón: Mt 15,19 dice que «del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias». Hay que apuntar a esa fuente, a esa “mirada”. ¿Cómo leer la sexualidad desde un lado benigno y hasta hermoso?
  • Para el evangelio todo, también la relación más íntima, por ejemplo la matrimonial, ha de estar bajo el paraguas de la igualdad. Si no lo está, «el hombre debe abandonar a su padre y a su madre», es decir, el que tienen la sartén por el mango en una sociedad desigual ha de hacer renuncia de sus posiciones de poder. Lo que corrompe la relación no es la sexualidad, sino el ejercicio del poder que desiguala.
  • Se podría decir que en los evangelios hay atisbos que hacen pensar que cuando la sexualidad falla todos, hombres y mujeres, tienen parte en ello, tratando de corregir la práctica secular de que solamente las mujeres son las malas (desde aquello de Eva). En Jn 8,10 Jesús pregunta a la adúltera por los que la condenan, por los hombres que la condenan… Y al no haber hombre alguno que condena, él, hombre, tampoco condena. Si condenaran la condena se volvería sobre ellos mismos porque el adulterio, como casi toda disfunción sexual es cosa de dos. Jesús no condena porque es bueno, sino porque es hombre y sabe muy bien que la culpa se reparte entre los dos géneros. Quizá podría haber ido más lejos: el lugar de dejarles marchar, haberles interpelado, haber dirigido las piedras hacia ellos. Culpabilizar al otro es la forma de encubrir a una parte del problema, quizá la más concernida.

 

Texto: Mt 5,27-28:

 

         «Os han enseñado que se os mandó: No cometerás adulterio (Ex 24,14). Pues yo os digo: cualquiera que mira a una mujer con intención de codiciarla, ya ha cometido adulterio con ella en su interior».

 

  • La moral tradicional hizo en su día un auténtico campo de batalla con el tema de los malos pensamientos. Cualquier pequeño pensamiento de corte sexual entraba en ello. Hoy parece que hemos comprendido que hay que distinguir las cosas y que hay pensamientos absolutamente intranscendentes, festivos, valorativos y otros que tienen otros contenidos. El componente de humanidad y de dignidad es el que dirime la cuestión.
  • La antítesis de san Mateo habla de la verdad del adulterio: ésta no es solamente acostarse con la mujer de otro hombre (o con el hombre de otra mujer, porque el adulterio va en ambas direcciones aunque el judaísmo lo aplique solo a la mujer). El asunto está en “la intención de codiciarla”, en la decisión de comenzar a poner los mecanismos necesarios para apropiarse de ella. El primero de los mecanismos es el propio corazón que habrá que desenmascarar. Luego, pueden venir otros.
  • Si la mirada es sin intención de codiciarla, de modo meramente valorativo o festivo con humanidad, la cosa es harina de un costal menos severo. Necesitamos en todo esto una higiene mental que no se logra solamente por el cuidado con el que hay que tratar siempre a la persona, sino también por ir logrando otra manera de mirar las cosas y apreciarlas desde valores de dignidad y de disfrute.

 

Aplicación:

 

  • La prensa dice que, en La Rioja, por ejemplo (es de suponer que en las demás autonomías por el estilo) el 60% de los adolescentes ven en sus móviles películas porno. Parece que eso no tiene importancia y ni profesores ni padres parecen hincarle el diente al asunto. Pero si el dato es cierto, estamos hablando de que la fuente, la mirada,  de la sexualidad está siendo afectada. ¿Cómo dar otra visión más positiva del asunto, más gozosa, más disfrutante, con menos carga de negatividad?
  • En este asunto, seguimos como en tiempos del judaísmo, es la mujer la que sale perdiendo porque es la parte social más débil aún de la relación humana. Luego nos quejamos, y con razón, de que salgan por todas las esquinas “manadas” que avasallan a las personas en situación de inferioridad.La valoración de la corporalidad de la mujer habría de pasar a otro terreno. Quizá comenzando por defenderla de los depredadores; quizá entendiéndola como un agente de disfrute social (lo mismo que el hombre), no como una presa sexual a cobrarse.
  • Todo esto tiene mucho que ver con el logro de una relación respetuosa, tolerante y valorativa. Queremos “curar” la sexualidad inhumana sin trabajar la buena relación humana en ámbitos sociales que no tienen que ver con el sexo. Todo lo humano está interconectado: no se puede sanar una sección dejando las demás sin tocarlas, por ejemplo, todo el tema de la violencia que es un asunto que toca de lleno a los cuerpos (queremos que los adolescentes no vena porno y no importa que ven cientos de asesinatos en las películas de cada día).

 

 

4

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LOS POBRES?

 

Reflexión:

 

         Antes que nada, habrá que tener en cuenta que en el tiempo de Jesús no existían las clases medias, con lo que el número de pobres era prácticamente el de toda la población, excluidos los pocos ricos de siempre. Aunque hubiera distintos niveles, la pobreza era la tónica general.

         No es de extrañar que la propuesta de Jesús fuera orientada a las pobrezas y que los pobres entendieran, a su manera, que lo que Jesús proponía era algo que les concernía. Incluso más, algo decía a la gente de abajo que el perfil de Dios que Jesús ofrecía tenía que ver con sus sueños de liberación.

  • Para Jesús, los pobres están en el centro de su sueño del reino (Mt 11,4). No es una consecuencia de la fe, sino el centro de ella: si no entran los pobres en la fe no entra Jesús.
  • Jesús cree que los pobres tienen derecho a su parte de dicha. Por eso, son bienaventurados quienes eligen el ámbito de la pobreza para humanizarla y combatirla, para generar solidaridad con quienes la sufren más (Mt 5,39).
  • Al salir a los caminos Jesús hace suya la causa de los pobres, sus anhelos de justicia hasta el punto de que eso da sentido a su misión: anunciar a los pobres la liberación (Lc 4,18).
  • Los pobres no son mejores por ser pobres, tienen más entrada en el sueño de Jesús porque su sueño apunta a la mera igualdad (Lc 1,51-53).

 

Texto: Mc 12,43-44:

 

         «Él llamó a los discípulos y les dijo: -En verdad en verdad os digo que esta pobre viuda ha echado más que todos esos que contribuyen al tesoro, porque ellos han echado de lo que les sobra, pero esta ha echado de su falta».

 

  • Que una mujer pobre sea puesta como ejemplo de ciudadana del reino es algo raro. Los ejemplos de ciudadanía, y más en la antigüedad, eran siempre de personas honorables y ricas, muchas veces más ricas que honorables. Aquí es una viuda pobre, dos pobrezas juntas, toda la pobreza en una sola persona.
  • La pobreza, según Jesús, no está reñida con la generosidad. Jesús ha hecho muchas veces la pregunta de la compasión y de la generosidad: ¿qué puedo hacer por ti? (Mc 10,46-52). Hay pobres que son generosos, y en modos grandes. Cree el evangelio que los pobres tienen valores. No son únicamente su pobreza. Ellos también albergan un corazón y ahí hay un indudable componente humano.
  • Esta pobre, además de generosa es confiada porque no exige que se le den cuentas de su aportación. Tal vez nosotros tengamos que exigir tales cuentas, pero la confianza es un valor innegable. Hemos de confiar en que el dinero social, en parte cada vez más creciente, llega a los frágiles.
  • Quizá lo que quiere enseñar el evangelio es el desplazamiento hacia el mundo de las pobrezas. No intenta, en primer lugar, una generosidad económica sino lograr una sintonía con esas pobrezas porque de ahí podrá brotar la solidaridad. No se podrá revertir la situación de los pobres con niveles escasos de sintonía con ellos.
  • La mujer se queda “en falta” económica, quizá porque piensa que alguien se ocupará también de ella. La solidaridad engendra vínculos de humanización que benefician a todos. Una sociedad solidaria es una sociedad de mejor nivel humano. Una sociedad egoísta y excluyente termina siendo dura con todos sus ciudadanos. En ese sentido es cierto que los pobres, como decimos a veces muy alegremente, nos humanizan y evangelizan.

 

Aplicación:

 

·       Los riojanos en riesgo de pobreza caen a la mitad que en el 2010, pero son aún 45.000. La tasa regional se fija en el 14,4%, la segunda más baja del país tras la navarra (13,5%) y 12,2 puntos por debajo de la media nacional. Las cifras de la vergüenza merman, pero aún son demoledoras. En La Rioja, el 14,4% de la población, 45.302 personas, vive en situación de riesgo de pobreza o exclusión social, según el VIII informe correspondiente al 2018 denominado 'El Estado de la Pobreza. Seguimiento del indicador de pobreza y exclusión social en España 2008-2017’.

  • No creamos que los pobres son solamente aquellos que piden en la calle. Esos son minoría. Los pobres con riesgo de exclusión puede ser gente normal, que trabaja incluso pero que sus ingresos andan en los límites fijados para una supervivencia digna. El umbral en España es de 8.522 euros anuales y el de La Rioja es de 9.475. No podemos pensar que son cifras suficientes para salir de la pobreza, porque cualquier traspié te lleva a la cuesta abajo de la exclusión.
  • Uno de cada cinco riojanos se encontraba al cierre del pasado año en riesgo de pobreza o exclusión social. ¿Qué pasa que no terminamos de ver esto? El 37,3% de los hogares riojanos confiesa dificultades económicas para llegar a fin de mes, 9,6 puntos más que un año antes.
  • Interesarse por las pobrezas es algo que está en el núcleo mismo del ser persona y del ser cristiano. Del ser persona, porque la respuesta que damos a las situaciones de precariedad del otro nos hace sujetos morales, nos dice qué tipo de personas somos. Y del ser cristiano, porque sin preocupación por los pobres no hay seguimiento de Jesús, aunque quizá haya religión.

 

 

5

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE DIOS?

 

Reflexión:

 

         Podría uno pensar que dicen muchas cosas sobre Dios. Pero, en realidad, los evangelios son sobre Jesús y lo que dicen de Dios es, de alguna manera, secundario: dicen, más bien, lo que Jesús nos dice sobre Dios. Porque el Dios del que hablan los evangelios no es cualquier Dios, sino el Dios de Jesús. No debe despistarnos el que salga muchas veces la palabra Dios.

  • El Dios de Jesús es, en primer lugar, Dios de todos. Esto es una novedad, porque el judaísmo creía que Dios era Dios de ellos y no de los paganos. Jesús cree que nadie queda en el desamparo de Dios porque sobre todos hace salir su sol y caer su lluvia, más allá de su catadura moral (Mt 5,45).
  • El Dios de Jesús es un padre extraño que no es justo al modo de la justicia humana, sino que lo es con el perdón y la acogida (Lc 15,11-32). Por eso, no se cansa nunca de esperar y no retira el amor por más que se le ofenda. Casi se puede decir que no perdona porque, simplemente, ama y el amor siempre incluye el perdón. De ahí que creerse más ante Dios, por cualquier motivo que se aduzca, es una necedad (Lc 18,9-14).
  • El Dios de Jesús es parcial y se sitúa en un lado, en el de los frágiles (Lc 16,19-31). Si se quiere conectar con él hay que animarse a pasarse a la orilla de los frágiles sociales (Lc 19,1-10). Dios es Dios de todos pero no de la misma manera: a los pobres les anima a trabajar por el logro de la justicia, al poderoso a pasarse al lado de la justicia abandonando los caminos injustos del poder.
  • El Dios de Jesús no funciona con los criterios humanos del poder y de la apariencia, sino que ve en lo secreto (Mt 6,6). Por eso mismo, es un Dios de verdad personal y real, no un personaje de fachada religiosa.

 

Texto: Mt 20,1-16

 

«El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a mi viña. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy generoso? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos».

 

  • Una de las cosas que más despista a la persona religiosa es que Dios sea generoso. Quiere que sea justo: si yo he cumplido, si he trabajado, si he sido buen cristiano que se me pague lo que se me debe. Dios pasa a ser un deudor de la persona religiosa. De tal manera que si paga a todos por igual, si se salvan todos, no tiene sentido el esfuerzo que supone la vida cristiana.
  • Alegrarse de la generosidad de Dios es algo que le cuesta mucho a la persona religiosa. Le causa una cierta contrariedad que Dios sea generoso. Y que lo sea con quien, a su juicio, no se lo merece, más todavía. ¿Cómo nos hubiera ido si nos hubieran inoculado la certeza de un Dios generoso?
  • Y es que cuesta entender que los últimos sean primeros y viceversa, o sea que, ante Dios, todos estamos en la línea de salida. No se puede aducir méritos para que a uno se le pague mejor que a otros. ¿Entonces, para qué el esfuerzo de la vida cristiana? Para comprender y celebrar la hermosura de un Dios generoso y sobre todo con quien lo merece menos. Eso habría de alegrarnos porque, quién más quién menos, todos estamos pendientes de la generosidad de Dios.

 

Aplicación:

 

  • ¿Es importante mejorar la idea de Dios o nos hemos de quedar con lo que nos enseñó el catecismo? Una idea muy metida es que Dios premia a los buenos y castiga a los males (la retribución de Dios). Quizá nos vendría mejor pensar que Dios ama a buenos y malos, a ambos los rodea de generosidad: al bueno para animarle en el camino de la justicia yal malo para hacerle ver que tiene que situarse en el camino del bien.
  • A Dios le alegra nuestra justicia y le duele nuestra injusticia, pero él tiene “mecanismos de envolvimiento” de lo que se somos y hacemos para saber envolver todo eso con amor. Si el amor de Dios es menor que nuestra injusticia es que Dios está a merced de ella.
  • Esto habría de llevarnos a una especie de ecumenismo vital sin creernos mejores que nadie porque seamos creyentes ni, incluso, porque seamos justos. Si lo somos, sigamos caminando por la senda de la justicia; si no lo somos, cosa frecuente, creamos que el amor de Dios nos sigue empujando al bien.
  • Dios no se “casa” con nadie porque se casa con todos; Dios no menosprecia a nadie porque aprecia a todos; Dios no condena a nadie porque salva a todos.

 

6

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA ORACIÓN?

 

Reflexión:

 

         Podría pensarse, de salida, que los evangelios hablan mucho sobre la oración. Pero, como hemos dicho, no son primariamente un libro religioso, sino de relaciones. Por eso, hablan de la oración moderadamente. Con ello, quizá, se esté queriendo decir que hay otros elementos en la vida cristiana con los que hay que contar (la economía, la justicia, la dignidad).

         Jesús, no cabe duda, ha sido una persona que ha orado. Lo hacía por necesidad, para descubrir en su vida el camino que el Padre le iba marcando. Por eso ora en la noche, “cuando está todavía oscuro” (Mc 1,35). La oración en la noche y en descampado tiene un componente de dureza: las opciones de Jesús a las que le empuja el Padre no han sido fáciles (Mt 15,21-28).

  • Lo más importante de la oración de Jesús no es la cantidad sino la confianza (Mt 6,7). Si uno reza mucho y cree que eso le hace acreedor del beneficio de Dios, ora como los paganos. Si ora con confianza, aunque lo haga en silencio, percibe a Dios cerca de él.
  • La oración ha de ser “en lo escondido” (Mt 6,6), porque tiene el peligro de quedarse en lo externo, en el espectáculo. No hay que alardear de la oración.
  • La oración no garantiza nada, no hace a Dios deudor de uno (ni tampoco los santos). Porque decir “Señor, Señor” no es garantía de nada (Mt 7,21). La cuestión no es tanto la oración, sino la solidaridad y la justicia.

Podría sacarse falsamente la conclusión de que la oración no es importante. Nada de eso: es un dinamismo para la justicia, para la buena relación. Porque si orando nuestra relación con los demás es mala, algo no va bien. La oración tendría que hacernos más proclives al dolor ajeno, al diálogo, a la paciencia, al acompañamiento. Y, desde luego, hacer una defensa a ultranza l rito orante como algo que no se puede cambiar no parece derivarse del comportamiento de Jesús. Es algo que nos hemos inventado nosotros.

 

Texto: Lc 11,1-4:

 

         «Cuando oréis decid:

         Nuestro abba,

         hondamente humano,

         confiadamente te pedimos

         que amanezca la buena relación,

que tu querer de amor envuelva todo en amor.

el pan de la solidaridad sea hoy nuestro pan

y el perdón que nos damos sea el lenguaje de tu perdón.

Que la esperanza nos haga fuertes».

 

  • Sabemos que el padrenuestro se inspira en el Qadish judío. Como lo rezamos tanto, tenemos el peligro de hacerlo rutinariamente. Vamos a leer su trasfondo, por eso damos una versión libre del mismo:
    • Abba es el grito de la filiación (Rom 8,15): querido padre. Y es padre común, nuestro. Es “del cielo”, es decir, no como los padres de la tierra que son autoritarios (Jesús tiene a la figura del padre entre ceja y ceja). Un padre común, cariñoso, de nuestro lado, con nosotros.
    • El nombre de Dios se santifica en el marco de lo humano, no fuera de él. Es santo siendo humano en profundidad, acompañando nuestros caminos.
    • Cuando se pide la buena relación se está pidiendo la venida del reino, porque éste es, básicamente, una relación nueva, la fraternidad soñada.
    • La voluntad de Dios es que todo quede envuelto en amor, que el amor sea la medida de la realidad.
    • El pan de verdad, el de hoy del mañana, no puede ser el pan del egoísmo, sino el de la solidaridad, el pan compartido, el pan común.
    • El perdón que perdona, el rostro que perdona, revela el rostro de Dios (Gen 33,11). No perdonamos para que Dios nos perdone, sino para que su rostro se haga visible y creíble entre nosotros, para tener la certeza de que él nos mira.
    • La tentación es la desesperanza. No caer en ella haciendo acopio de esperanza entre los humanos, siendo siempre semilla de esperanza.

 

 

 

 

 

Aplicación:

        

         No estamos acostumbrados a orar con la tierra, no la hemos hecho lugar de oración. De esta manera ora el papa Francisco al final de la Laudato Si’:

 

Dios omnipotente, 
que estás presente en todo el universo 
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas
sin dañar a nadie.
Dios de los pobres, 
ayúdanos a rescatar 
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos. 
Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo 
y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.
Toca los corazones
de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.
Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa,
a contemplar admirados,
a reconocer que estamos profundamente unidos
con todas las criaturas
en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Gracias porque estás con nosotros todos los días.
Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha
por la justicia, el amor y la paz.

 

-         Se ora al Dios presente en lo grande y en lo pequeño: Dios dentro.

-         Quien ora ha de cuidar la vida y la belleza. No se puede orar sin ese anhelo que descubrimos hoy

-         Para ello hace falta un corazón pacificado, inundado de paz.

-         No se ora solo por la tierra, sino también por los pobres que la habitan, sobre todo.

-         Hemos de rezar para sanar nuestro corazón de depredadores, para convertirlo en corazón que admira y contempla.

-         Aprender orando el valor de cada cosa y que estamos profundamente unidos con todas las criaturas.

-         Necesitamos aliento para vivir en la justicia, el amor y la paz.

 

7

¿QUÉ DICE LOS EVANGELIOS

SOBRE LAS TRADICIONES?

 

Reflexión:

 

         El judaísmo había elaborado una jungla de preceptos y, con ellos, un montón de tradiciones que, por mecánica religiosa, llegaban a imponerse a la misma Escritura. Las más pequeñas costumbres se convertían en leyes primordiales.

         Jesús es crítico con ese planteamiento. Tuvo que tomar distancia, poner un componente de secularidad, de sentido común. Es posible que muchas de estas críticas le trajeran problemas. Ser crítico con las tradiciones es la mejor manera de ser impopular.

  • Para Jesús está claro que lo humano está por delante de cualquier tradición, por sagrada que se la quiera (Mc 2,23-28). Hace falta mucha lucidez, claridad y valentía para posicionarse de manera tan clara a favor de la persona.
  • Para Jesús está claro también que la justicia está antes que la tradición (Mc 7,9-13). Desenmascarar la injusticia que ocultan las tradiciones es una de las más duras tareas. Quien lo hace, se granjea la animadversión de muchos.
  • Para Jesús la libertad está antes que las normas que terminan por aprisionar a la persona y a toda una cultura (Mc 7,1-5). Quien no aprecia la libertad como valor grande se somete a las tradiciones y se hace esclavo de ellas. Y, lo que es peor, pretende que todos acepten ese planteamiento y si no, se les persigue.

¿Dónde aprendió Jesús esta libertad? No es fácil saberlo; quizá en sus noches de oración. Pero nunca ponderaremos suficiente su libertad estando, como estaba, en un marco social y religioso tan coactivo.

 

Texto: Lc 11,46:

 

         «¡Ay de vosotros también, juristas, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros ni las rozáis con un dedo!».

 

  • Estas frases duras han sido aumentadas, sin duda, por la tensión entre el judaísmo y el cristianismo naciente. Pero también es muy probable que tengan el sabor del pensamiento de un Jesús crítico con la opresiva normativa de las tradiciones del bajo judaísmo.
  • Los juristas, la gente del derecho, se ha apropiado de la ley y de la tradición. Quizá se hace más fuerte en esta segunda, porque son las tradiciones las que moldean el comportamiento social de un pueblo preindustrial como lo era el de Jesús.
  • No legislan ni proponen tradiciones que reconforten al pueblo, sino que “abruman”. Y en ese abrumamiento anida el veneno del poder. En el fondo, el control de las tradiciones es una cuestión de poder y, con frecuencia, de poder opresor.
  • Por eso, las tradiciones generan “cargas insoportables”, maneras de vivir que terminan volviéndose contra la persona débil, que es la que más soporta las tradiciones, y que tiene menos capacidad de crítica para enfrentarlas. Se pliegan y hasta las defienden. Defender al que te oprime.
  • Pero quien hace esta obra “no  roza ni con un dedo” para intentar llevar la carga que, con frecuencia, supone una tradición. Cargan el peso en los demás y ellos se llaman andana. Gente que con frecuencia no cambia, no se enmienda, no ve que estén siendo unos opresores. Un peso enorme para la sociedad, para la misma religión.

 

Aplicación:

 

         Comenzamos hoy por una conocida parábola que dibuja bien la insensatez que es la defensa a ultranza de la tradición:

 

«El gato que vivía en el monasterio hacía tanto ruido que distrajo los monjes de su práctica, así que el maestro dio órdenes atar al gato durante toda la práctica de la tarde.Cuando el profesor murió años más tarde, el gato continuó siendo atado durante la sesión de meditación. Y cuando, a la larga, el gato murió, otro gato fue traído al monasterio y siendo atado durante las sesiones de práctica.Siglos más tarde, eruditos descendientes del maestro de zen escribieron tratados sobre la significación espiritual de atar un gato para la práctica de la meditación».

 

  • Con frecuencia no se sabe de dónde arrancan las tradiciones. No es obstáculo para mantenerlas, a pesar de que el origen las cuestionaría.
  • A veces no se trata de suprimir, sino de reorientar, de encontrarle un sentido más actualizado y profundo.
  • El cristiano no menosprecia las tradiciones, pero ha de intentar situarlas en su justo lugar.
  • Si las tradiciones entran en conflicto con la persona, el cristiano opta decididamente por el valor de la persona.
  • Consagrar las tradiciones como bienes culturales o como  comportamientos religiosos es, a veces, no querer hincar el diente al problema.
  • Libertad, justicia, dignidad, humanidad han de ser valores que siempre estén por delante de cualquier tradición

 

 

8

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA PIEDAD?

 

Reflexión:

 

         Algunos han definido a Jesús como un hombre “piadoso y liberal”. Es decir: él fue un judío piadoso con Dios y con las personas sin dejarse atrapar por la rigidez de los mecanismos religiosos. En aquella sociedad pensar en un judío ajeno a la piedad resulta difícil porque la piedad era el rostro visible de la fe en Dios.

         Pero, por extraño que parezca, Jesús ha puesto el amor por encima de la piedad. Su ideal evangélico no es ser practicante piadoso de una religión, sino llegar a amar al otro con una amor de entrega total. Esto es algo que va más allá de los límites de la piedad.

  • No deja de ser sorprendente que, para Jesús, la piedad ha de ejercerse “en lo secreto” (Mt 6,6). Si la piedad se airea, si se hace para que aplaudan las personas, si tiene intenciones larvadas de poder y de honor, ha perdido todo su valor.
  • La piedad ha de ejercitarse, sobre todo en el caso de la caridad, en una especie de anonimato saludable, sin que la izquierda sepa lo que hace la derecha (Mt 6,3). La mucha publicidad desvirtúa los valores de la piedad. Alardear de ser piadoso es mostrar aquello de lo que en realidad careces.
  • Para Jesús la principal obra de piedad ha de realizarse con el cuerpo de los frágiles, de aquellos que están caídos en el camino (Lc 10,25-37). Si el cuerpo necesitado del otro no nos conmueve, si no suscita piedad en el fondo del corazón, no sirven de nada las formas de piedad que adopte nuestra religión.

La piedad, pues, como todos los elementos de la espiritualidad del reinado de Dios está sometida a la humanidad: sin humanidad no puede haber piedad.

 

Texto: Mt 2,37-39:

 

«¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, vuestra casa se os deja desierta. Porque os digo que desde ahora en adelante no me veréis más hasta que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor».

 

  • Es un texto tardío pero que quizá refleja algo que es difícil que lo sintamos nosotros, que no somos judíos: la piedad por la ciudad de Dios a la que se ama entrañablemente. Ante la ciudad que se desvía del camino marcado por Dios, Jesús siente una piedad honda que se enfrenta a la “criminalidad” con que se despacha a profetas y enviados. Una ciudad para la paz que engendra violencia. ¡Cómo no sentir piedad por ella! Sentir piedad por la propia ciudad.
  • Esa piedad es la que le hace poner esa metáfora de la gallina que cobija bajo sus alas a los pollitos. Se ha rechazado el amparo de Dios porque el corazón de la ciudad se ha vuelto duro y cruel. No hay sitio en la ciudad para la piedad y la compasión. En lugar de ser una ciudad de humanos se ha convertido en un lugar de inhumanidad.
  • Por eso, la falta de piedad va a llevar a la inhumanidad y ésta a que la ciudad quede desierta, sin futuro, sin horizonte. Una vida ciudadana sin esperanza donde vivir dentro de la ciudad se ha convertido en una lucha. No se habla aquí de la piedad religiosa, sino de algo más básico: la piedad humana suficiente para vivir como personas. Una ciudad sin esa piedad es un desierto, un lugar de fieras.

 

Aplicación:

 

         Para tener piedad de la ciudad en la que uno vive habría que, en expresión del papa Francisco, “ver la ciudad con los ojos de Dios”. Es decir, una mirada lleva de ciudadanía, de piedad y de implicación.

En EG 73 subraya cuatro puntos que, de entrada, merecen nuestro interés para leer la realidad ciudadana desde una piedad humanizadora:

1)    Se sorprende el papa de que la revelación diga que “la plenitud de la humanidad y de la historia se realice en una ciudad” (Ap 21,2-4). Siendo, como es, el hecho bíblico, en su conjunto, una realidad rural, por razones socioculturales, en su imaginario, las ciudades ocupan un lugar significativo primordial.

2)    Dice el papa, y causa un poco de sorpresa, que es preciso mirar la ciudad “con mirada contemplativa”. Y dice qué entiende por tal: “Descubrir al Dios que habita en los hogares, en sus calles, en sus plazas”. Un Dios ciudadano, urbanita, vecino del barrio.

3)    Por otra parte, la acción de Dios cobra rostro en la promoción de los valores humanos: “Dios vive entre los ciudadanos promoviendo la solidaridad, la fraternidad, el deseo del bien, de verdad, de justicia”. El rostro de Dios son los valores primordiales, humanos, básicos.

4)    Una certeza está siempre en el fondo: “Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con corazón sincero, aunque lo hagan a tientas, de manera imprecisa y difusa”. El ocultamiento de Dios no conlleva la imposibilidad del encuentro con él.

Esta manera de leer el hecho ciudadano desde la piedad puede contribuir a elevar el nivel de ciudadanía y a poner carne a la piedad religiosa que uno puede llevar dentro de su vivencia de fe.

 

9

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL AMOR?

 

Reflexión:

 

         Ante Jesús se abrían en su época dos caminos espirituales a seguir: el de la ley o el del amor. El primero fue el tomado por el fariseísmo en general: se creía que cumplir las leyes religiosas con detalle le hacía a uno acreedor del favor de Dios. De ahí que los creyentes se lanzaban a tumba abierta al cumplimiento escrupuloso de las leyes.

         Jesús ha tomado otro camino: el del amor. Lo que justifica a uno ante Dios no es lo que hace, sino lo que ama. Más allá de las limitaciones, las actitudes de compasión, de entrega, de amor son lo que define al seguidor de Jesús. Por eso, todos lo sabemos, Jesús ha hecho del amor el núcleo de su mensaje.

  • Cuando Jesús quiere dejar su testamento definitivo dice que eso consiste en amar como él ha amado (Jn 13,34-35). Jesús ha amado asimétricamente, cuando nosotros estábamos sin fuerzas, cuando no podíamos devolverle. Este es el distintivo del seguidor de Jesús.
  • Jesús cree que el “amor más grande” no es el amor a Dios, sino el amor al otro (Jn 15,13). Dar la vida, entregarla en cada acto de generosidad es el camino para amar a Dios. Un amor de componente histórico.
  • Así es: cuando a Jesús se le pregunta por el mayor mandamiento responde como dice la ley: el amor a Dios. Pero añade que hay un segundo que pasa a ser primero: el amor al hermano (Mt 22,34-40). Y de alguna forma, este segundo que pasa a ser como el primero tienen un rango de primariedad porque hace visible al primero: si no se ama al hermano a quien se ve ¿cómo se va amar a Dios a quien no se ve? (1 Jn 4,20).

Por eso el gran trabajo que habrá que hacer desde la vida y desde la fe es no apearse del amor y mantenerse creyente en que ese es el camino que nos lleva a Dios.

 

Texto: Jn 13,21-27:

 

«Dicho esto, Jesús, profundamente conmovido, declaró y dijo:-Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, estaba a la mesa a su derecha. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, sin más, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:-Señor, ¿quién es?Le contestó Jesús:- Aquel a quien yo le dé un trozo de pan untado.Y untando el pan se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás».

 

  • Hemos comentado otras veces este texto. Es insólito el modo como Jesús señala a quien le va a entregar. No hay un gesto así (el pan untado) en toda la Biblia. ¿Qué significa? Es un gesto de amor (como la madre que da panes untados a sus niños). Viene a decir: aunque me entregues, yo te sigo amando.
  • Es un gesto de amor en el límite donde se muestran las honduras del corazón de Jesús: podría haber reaccionado a la traición con rechazo, pero lo hace con amor continuado. Lo que él dice que distingue a sus seguidores, el amor entregado, lo pone en práctica el primero él en su vida.
  • Aunque haya entrado en él Satanás, Judas sigue siendo para Jesús un amigo al que no negará un beso en el momento de la entrega (Lc 22,48), gesto insólito también para designar ante los guardias a aquel a quien han de detener.

 

Aplicación:

 

         Todos nos vimos conmovidos este verano con aquella foto de un hombre de El Salvador ahogado abrazando a su hijita, también ahogada, cuando intentaban cruzar el río Bravo para entrar en Estados unidos. Es la foto del mal que encarnan nuestros estilos excluyentes que no consideran humanos a los frágiles. Fotos como esas deberían golpearnos la conciencia y estar siempre presentes ante nuestros ojos.

         Puede leerse como un gesto último de amor: el padre que muere sin poder salvar de la muerte a su hija. Ese abrazo que no vale para nada en realidad es hermoso. Es el abrazo que se dan los crucificados de la tierra y que de algún modo ha de tener su fecundidad.

         Es la foto del amor más grande, del amor del que hablaba Jesús, que no duda en entregar la vida por quien ama aunque parezca que no vale para nada porque no han logrado pasar el río. Pero ese gesto de amor tendría que conmovernos y, de alguna manera, hacernos sensibles a toda exclusión. El sueño de Jesús habla de algo de eso.

         El papa Francisco, en un gesto de un cierto despecho profético, agradeció ese día a los mejicanos que sean tan acogedores. No dijo nada de los del otro lado, pero a buen entendedor…

 

 

10

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL MÁS ALLÁ?

 

Reflexión:

 

         No podía ser menos: Jesús pertenece a una cultura espiritual donde se concibe el cielo como una realidad física afuera y arriba. Allí mora Dios y las huestes celestiales. Y además de un “lugar” se entiende que el cielo es lugar de retribución, donde Dios dará premio a los buenos y castigo a los malos. Esto, que ha pasado al cristianismo de lleno, estaba en la mente de todo judío piadoso, si exceptuamos algunos que no creían en el más allá, como los saduceos, según dicen los evangelios (Lc 20,27).

         Pero en el caso de Jesús la cosa tiene sus matices: no hablan mucho los evangelios del más allá porque se entiende que son para más acá. El sueño de Jesús, el reinado de Dios, apunta a las relaciones del más acá sobre todo. Por eso, aunque hablan del cielo no lo hacen con profusión. Y cuando lo hace resaltan valores contraculturales:

  • Cree que en el cielo funciona lo que debe funcionar en la tierra: el amparo a los débiles. Por eso, los ángeles del cielo ven el rostro de los niños y cuando estos son heridos, salen a cumplir la venganza del Dios que ampara (así interpretaban textos como Mt 18,10).
  • Cree que el cielo es un lugar de libertad, la que habría de existir en este mundo, Por eso, la pregunta absurda del relato de la mujer que tuvo siete maridos es “¿de quién va a ser?” (Lc 20,34-36). Nadie es propiedad de nadie. Ese habría de ser el planteamiento vigente ya hoy.
  • Cree que el cielo es lugar de justicia, la que no se da aquí y por la que hay que luchar cayendo en la cuenta del afán devorador y autorreferencial que rige en la vida de los poderosos (Lc 16,19-21).

De manera que los valores “celestiales” son los que habría que ir incorporando a la historia para que se adecuase al sueño del reino.

 

Texto: Jn 14,23:

 

«Uno que me ama cumplirá mi mensaje y mi Padre le demostrará su amor: vendremos a él y nos quedaremos a vivir con él».

 

  • Este texto es, sin duda, la cumbre de la mística joánica. El evangelio culmina en los relatos de la pasión y resurrección, la hora de Jesús. Pero la espiritualidad encuentra aquí su motivo más importante.
  • Todo parte de un dinamismo de amor: no se puede entender bien esto que se va a decir si no se parte del amor. Hacerlo desde planteamientos ideológicos o incluso religiosos es bloquearse.
  • Lo que se va a decir es la mayor demostración de amor que el Padre ha tenido con la historia. El Padre quiere dejarnos deslumbrados, atrapados en la hermosura de un planteamiento singular.
  • Y este el planteamiento: el Padre y Jesús han tomado una decisión de vértigo: venir a poner su morada en la historia, en el fondo del ser, en la fuente de la vida. De tal manera que, propiamente hablando, no hay cielo fuera y arriba, sino dentro y abajo. Ahí en ese fondo de la necesidad histórica es donde Dios ha puesto su morada para no irse nunca más.
  • De ahí que, si se quiere encontrar a Dios, si se quiere “ir al cielo”, la gran tarea es ahondar en la historia, bajar a su fondo, por débil, herido y frío que sea. Los trabajos de la fe son sanear el fondo de la historia, abrirle un horizonte a la vida, iluminar la trayectoria de la persona.

 

Aplicación:

 

La búsqueda religiosa tiende al ascenso, al cielo. Toda la gestualidad religiosa, con su capacidad de evocación, apunta siempre a lo alto. Las cosmogonías religiosas siempre son deudoras de lo alto. Esto sería algo inocuo si no conllevara la postergación y hasta el menosprecio de lo bajo. Aspirar a lo alto, a los bienes de arriba ha sido un topos de la cultura cristiana. La dirección hacia lo alto ha sido la medida de la idea de la mística que han manejado las personas espirituales.

         Sin embargo, ya desde el mismo evangelio, puede haber otra manera de redireccionar la experiencia religiosa: apuntar a lo hondo, elaborar una espiritualidad del descenso, entender la plenitud como una bajada a lo profundo, creer que la vida no está fuera sino dentro de lo que existe.

         Este cambio de dirección tiene grandes consecuencias: se deriva de él un creciente amor a la tierra, al cosmos, como casa de la vida sin necesidad de apelar a otras vidas; se deduce la solidaridad con todas las realidades que habitan esta casa y que también apuntan a lo profundo; conlleva, así mismo, el cambio de mirada creyente que apuntaba un más allá inexistente para dirigirse a un más acá existente; se concluye, como hemos dicho, el imaginario de un Dios dentro entendido como principio dinamizador de lo que es.

         Quizá sin darse cuenta, quien va trabajando su fe reorienta la dirección de su espiritualidad hacia lo profundo y va vislumbrando que una espiritualidad de descenso no solamente se ajusta mejor a su imaginario nuevo, sino que le abre las puertas a un gozo vital que difícilmente lo lograba la mística de una búsqueda hacia lo alto.  Podría parecer que estas son cosas de mero componente ideológico, pero pertenecen a los hondos y, a veces, indiscernidos movimientos del alma donde se juegan las verdaderas orientaciones de la vida.

 

 

11

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LAS RELACIONES HUMANAS?

 

Reflexión:

 

         Lo importante para la religión son las relaciones con Dios. Son tan importantes que las otras relaciones, las humanas, parecen contar menos o casi no cuentan. Sin embargo, para los evangelios, todas las relaciones cuentan y, de alguna manera, las humanas ocupan casi el todo del asunto.

         Por eso, no nos equivocamos si pensamos que los evangelios son, ante todo, un libro de relaciones humanas. De ahí que si el contacto con el evangelio no mejora las relaciones personales es que, todavía, no está haciendo su obra.

  • Para Jesús, las relaciones con Dios habrían de alejarse de las relaciones con una divinidad y parecerse a la relación de amor que existe entre un padre y su hijo querido (de ahí el título de abbá y las relaciones de hondura de Lc 15,11-32). Unas relaciones frías no son las que propone Jesús. Un Dios lejos de los caminos humanos, no es el Dios de Jesús. Es preciso “humanizar” a Dios.
  • La relación con los humildes es clara: la respuesta que damos al sufrimiento del otro dice qué tipo de persona somos. Por eso mismo, la gran pregunta de la compasión humana es simple: “¿Qué puedo hacer por ti?” (Mc 10,46-52). Ahí es donde se juega la relación nueva que Jesús propone.
  • Por otra parte, la relación con el poder, una de las más importantes a nivel social, Jesús la enfoca con claridad: conviene alejarse de las estructuras de poder porque ellas van a lo suyo. De ahí que haya que “devolver” al César el poder que quiere tener y desde ese alejamiento se podrá construir una relación crítica con él (Mc 12,13-17).

Despojar a los evangelios de su componente relacional es apagar la llama que arde en su interior.

 

Texto: Jn 7,1-10:

 

                «Inmediatamente después de esto, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos buscaban matarlo. Se acercaba la gran fiesta judía de las tiendas.De modo que su gente le dijo:-Trasládate de aquí y márchate a Judea, así tus discípulos presenciarán esas obras que haces, pues nadie hace las cosas clandestinamente si busca ser conocido. Si haces estas cosas, manifiéstate al mundo. De hecho, tampoco su gente creía en él.Jesús les contestó:-Para mí, todavía no es el momento; para vosotros, en cambio, cualquier momento es bueno. El mundo no tiene motivo para odiaros; a mí, en cambio, me odia, porque de él yo denuncio que su modo de obrar es perverso. Subid vosotros a la fiesta, yo no subo a esta fiesta, porque para mí el momento no ha llegado aún.Dicho esto, él se quedó en Galilea; sin embargo, cuando sus parientes habían subido a la fiesta subió él también; no abiertamente, sino clandestinamente».

 

  • La relación de Jesús con “su gente” no ha sido fácil. estaban siempre al acecho a ver si podían sacar algún beneficio. No entienden los planteamientos del reino.
  • Jesús no se pliega a esa presión y se zafa de ella situándose en la sombra, clandestinamente. Sabe que si en la medida en que el reino se publicita, se echa a perder. Cree en la fuerza de lo secreto, de lo oculto.
  • La propuesta de su gente es que se “manifieste” como se manifiesta un Dios, inapelablemente, incondicionalmente, opresivamente. Jesús rehúye un planteamiento así porque el reino es para quien lo acepta del corazón, no una imposición de la que uno no pueda escapar. Las relaciones del reino son libres y de corazón, no obligatorias.
  • Para dar adhesión a Jesús hay que enfocar su propuesta desde parámetros de relación humanizadora. Como entren otra clase de intereses, la cosa se pervierte. Es el modo “perverso” de obrar del mundo, de los mecanismos opresores, de la relación explotadora.

 

Aplicación:

 

Una lectura social de los textos podría darles otro color. Ese color sería entenderlos más como textos de relación social que como textos religiosos. Las maneras habituales de leer la Palabra suelen ser espirituales o morales. De la lectura se deducen unas actitudes espirituales que, con frecuencia, al no tener arraigo antropológico, derivan en espiritualistas, sin conexión con la vida, sin evaluación. Todo queda en el mundo de lo impreciso, de aquello que, aunque no funcione, no se cuestiona.

O bien se hace una lectura moral: se deducen de ella unas actitudes y comportamientos morales que, también a veces, resultan algo extremos, fruto de un moralismo que se aleja de la misma Biblia. Son perspectivas que pueden seguir siendo útiles, siempre que se hagan con un poco de profundidad y no les atrape la superficialidad y la rutina. Si no, el cansancio envuelve a la Palabra y la esclerotiza.

         Habría otro camino para devolver brillo a la Palabra y para iluminar comportamientos de vida: hacer lo que llamaríamos una lectura social de la Palabra. Una tal lectura es aquella que pretende mezclar la capacidad germinativa de la semilla de la Palabra con la tierra de la historia, de la sociedad. Y pretende hacerlo de una manera sistemática y ahondada no como un derivado moral sino como algo perteneciente al simple hecho de leer. Esto trae como resultado positivo que el texto adquiere perfiles que las lecturas espiritual y moral habían borrado por repetitivas y desvela la evidencia de que el campo de la vida queda iluminado por una espiritualidad que hace de lámpara para los titubeantes pasos de los humanos por la historia. Como decimos, cuando esta lectura se hace de manera sistemática, no esporádica y con profundidad, los resultados son nuevos.

         Para hacer este tipo de lectura, quien trabaja su fe sabe que es preciso manejar la herramienta hermenéutica de la benignidad crítica. Esta es una manera peculiar de leer el hecho social: se trata de hacerlo con sentido crítico y con amor social a la vez. Sin este amor a la vida la lectura de la Palabra será hierática, fría y dogmatizante. Sin sentido crítico se cae en tales contradicciones y simplismos que la persona de hoy se vuelve de espaldas con un gesto de menosprecio hacia la ingenuidad de quien no aplica al hecho religioso los mismos parámetros de adultez que al resto de la vida.

 

12

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL SILENCIO?

 

Reflexión:

 

         Los evangelios no hablan explícitamente del silencio. Pero, como es un libro de espiritualidad, asoma en muchas rendijas, ya que el silencio es un gran aliado de la espiritualidad, porque es aliado de la profundidad. Y sin profundidad, el silencio resulta imposible.

         Hay un dicho fariseo del tiempo de Jesús que quizá él conociera. Dice así: “Durante toda mi vida crecí entre sabios y no encontré para mí ser nada mejor que el silencio”. Porque el silencio modera el hambre de la persona de ser el centro único y ofrece otras maneras de ver la realidad.

  • Jesús ha frecuentado el silencio. Lo dejan ver los relatos de las tentaciones (Lc 4,1-13) y de la oración en descampado (Mc 1,35). Él busca el plan de Dios sobre su vida no solo en contacto con las multitudes, sino también en el silencio que aclara las cosas.
  • También ha sabido imponer silencio a las fuerzas hostiles al reino, cuando había quien quería que no fuera a tierra de paganos, cuando se quería privatizar el mensaje (Mc 4,35-41). A veces será preciso acallar con el silencio las propuestas que pretenden desviarnos del evangelio.
  • Él mismo se refugia en el silencio cuando se corre el riesgo de malinterpretar lo más suyo (Mc 15,5). El silencio puede ser la única respuesta a planteamientos que están desenfocados, tanto desde el punto de vista humano como cristiano.

El silencio libre resitúa a la persona, le hace ver perspectivas que el barullo de cada día no muestra, le posibilita una actitud más contemplativa de la realidad.

 

Texto: Mc 6,30-34:

 

         «Los enviados se congregaron donde estaba Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y todo lo que habían enseñado. Él les dijo: -Venid vosotros solos parte, a un lugar despoblado, y descansad un poco. Es que eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Y se marcharon en la barca, aparte, a un lugar despoblado».

 

  • El texto narra la vuelta de la misión. Los discípulos han curado y “enseñado”. Eso no les había mandado Jesús. Porque la “enseñanza” alude a la catequesis judía. Es decir: a la vez que anuncian el reino y curan, siguen enseñando, al modo judío, que es preciso hacer parte de la religión judía para acceder al reino. Eso desenfoca la misión.
  • Por eso los lleva a un “despoblado”, a un desierto, un lugar de discernimiento y de silencio. Es ahí donde se podrán reorientar las cosas, se podrá volver al planteamiento inicial de novedad con la que Jesús quiere ofrecer el reino.
  • No se trata, pues, de un lugar de contemplación y de oración, como se suele interpretar normalmente este pasaje. Se quiere reorientar la misión emprendida ajustándola mejor a los parámetros del reino. Esto solamente puede hacerse en un marco de reflexión y de silencio.
  • Jesús los lleva “aparte”  lo que indica que pretende subsanar la incomprensión de los discípulos, la gran dificultad que tienen para entrar en los mecanismos de la propuesta de Jesús.

 

Aplicación:

 

         El silencio podría llevarnos a una contemplación alternativa que es lo mismo que decir: una contemplación menos religiosa, más antropológica, más social, política incluso. ¿Se puede hablar de una contemplación menos religiosa, más laica? ¿Es contemplación lo que hace un no creyente cuando ahonda? Creemos que, de alguna manera sí, porque los valores de fondo conectan directamente con los valores evangélicos. Son caminos diversos que se entrecruzan. Y ¿qué es una contemplación  más antropológica? Aquella que tiene raíces en la verdad de la persona y le lleva, como cosa natural, a una cierta implicación social. Una oración sin arraigo antropológico es una fantasía espiritual en la que se pide a Dios que haga lo que me toca hacer a mí. Todo esto nos llevaría a un tipo de contemplación que no solamente no desconecta del hecho social, sino que lo asume y lo ahonda.

         Estos elementos podrían propiciar una contemplación alternativa, tanto que hasta la misma denominación de “contemplación” parece ser inadecuada por sus resonancias religiosas, por más que el vocablo también tenga su campo en el vocabulario civil. En realidad, la alternatividad le viene a este tipo de oración no tanto de los modos de hacer oración, sino de la manera de ir construyendo el hecho creyente. Un modo oficial, adicto al sistema, es difícil que engendre maneras alternativas de contemplar. Una forma algo desplazada, algo en las afueras, quizá conlleve una manera distinta, espiritual y social a la vez, de contemplar, de recuperar esa profundidad del que sabiendo de profundidad sabe también de Dios.

         Puede parecer que todo esto es una reflexión difusa. Quizá sí. Pero quien va trabajando su fe cada vez aprecia más los modos del ahondamiento contemplativo: la reflexión tras hacer trabajos de información, el silencio como lugar donde se sitúan las cosa mejor, la escucha que deja espacio a las vivencias de los demás, el cultivo de los detalles que dan color a los días, el gozo de las palabras buenas vengan de donde vengan, el aprecio de las tradiciones orantes en la medida en que apuntan al misterio. Aquí se halla una de las fuentes de dinamismo para la recreación de una experiencia creyente distinta.

 

 

13

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL PODER?

 

Reflexión:

 

         El poder es en los evangelios una estructura componente de la persona y, por ello, está presente en la vida de todos, incluidos los parientes del Señor y sus discípulos. El poder se manifiesta en la ambición que acompaña el caminar humano como una sombra pegada a nuestra espalda. El evangelio tiene una increíble pretensión: transformar la ambición en servicio (Mc 1,29-31).

         Sobra decir que la propuesta de Jesús, su reino, es, justamente, lo opuesto al poder. En él, todos somos iguales y de ser alguien algo más esos serían los humildes, los pobres. Pero el reino y el poder es incompatible (Mt 20,25).

  • La misma familia de Jesús mantiene una indudable ambición respecto a Jesús (como en Jn 7,1-10). Creen que de un Mesías se pueden deducir beneficios para el clan familiar. Por eso, siempre están al acecho para ver si llega la hora de tocar poder.
  • Los discípulos, por supuesto, están afectados del ansia de poder y de ambición. Es verdad que han hecho un gran esfuerzo por seguir a Jesús con muchas privaciones, pero están esperando qué les va a tocar (Mt 19,27). Siempre esperando beneficios. Por eso, se les remueven las tripas cuando ven a un Jesús lavando pies (Jn 13,6-11).
  • Incluso después de su muerte, cuando Jesús adoctrina sobre el reino de Dios, la pregunta está siempre presente: ¿es ahora…? (Hech 1,6-7). No les abandona la ambición que es el rostro del poder. Tendrán que hacer un largo proceso de reorientación.

 

Texto: Mateo 20, 20-28:

 

«Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?» Ella le dice: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino». Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?» Le dicen: «Sí, podemos». Les dijo Jesús: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre. Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

 

  • ·       Es la ambición sin tapujos: se esperan de Jesús unos beneficios y se quiere estar en primera fila para hacerse con ellos. Además hay una actitud de evidencia: “manda”. O sea, Dios tiene que dar esos beneficios. Ya no se habla de la gracia, sino del pago a unos servicios prestados.
  • ·       Es cierto que en los discípulos hay adhesión y hasta amor por Jesús. Pero a eso se mezcla la ambición y el anhelo de poder. Tiene que hacerse un trabajo evidente de reorientación.
  • ·       Jesús quiere hacer ver que el reino funciona con otros parámetros: no la jerarquía y el poder, no la ambición y los primeros puestos, sino la igualdad, el servicio y la ausencia de ambición.
  • ·       Jesús mismo es un servidor, uno que se pone el delantal (Lc 12,27), uno que está fuera de la mesa como quien sirve (Lc 22,24-27). Es un mesianismo de servicio y de humildad el suyo. Nada tiene que ver con el poder. Por eso la ambición no tiene sentido.

 

Aplicación: 

 

         La ambición parece ser un elemento estructural, tanto de la persona como del hecho social. Pretender “desterrarla” es pretender lo imposible. Nos referimos a la ambición tóxica, excluyente, aquella que tiene como centro real el beneficio autorreferenciaL y, por lo tanto, no sufre ni se altera ante las consecuencias, muchas veces dramáticas, que se deducen de un comportamiento ambicioso. No nos referimos a una ambición dinamizadora, aquella que siempre aspira a que las cosas estén mejor hechas, a que los niveles de humanidad suban, a que el progreso y el bienestar se difundan para todos. El Evangelio fustiga la ambición autosuficiente y cree que ese es el gran escándalo de quien viene a la comunidad, merecedora de aquella hiperbólica pero sugerente “rueda de molino”.

         Pretender el destierro de la ambición en la sociedad sería como querer quitarle la espina dorsal sobre la que está articulada. Pero sí se puede moderar y reorientar. Muchas iniciativas sociales y económicas pretenden una reorientación de la ambición. El que la gran corriente de lo humano, al menos en los países occidentales, esté asentada sobre la más cruda de las ambiciones no invalida los trabajos de quienes, en los márgenes, emplean lenguajes y formas de comportamiento con la ambición controlada cuando no con una forma evidentemente solidaria. No todo es el “estanque de tiburones” en que parecen haberse convertido las relaciones sociales.

         Este trabajo del control de la ambición es también necesario en subsistemas como los religiosos, ya que albergan en su seno unos niveles de ambición realmente espeluznantes. Parece que, por derivado religioso, debería ser todo lo contrario, pero la historia y la realidad diaria lo desmienten. Mientras no se aireen los sótanos de la estructura, mientras no sean cuestionadas estructuras tan rígidas como las de la Curia Vaticana o tan llenas de prejuicios ambiciosos como el clericalismo reinante, siempre estará viva la necesidad de una reforma de fondo. Vivir en la burbuja religiosa que afirma y quiere hacer ver que esto no existe es cerrar los ojos a la realidad.

         Hasta en las estructuras sociales de mayor componente relacional, como la familia, será preciso tener controlada la ambición. Porque la desigualdad real en las relaciones de pareja toma muchas veces la prepotencia del poder que es el rostro de la ambición. El equilibrio en el poder y el control de la ambición son piedras del cimiento real sobre la que se asienta la relación familiar.

         La propia estructura personal habría de verse afectada por este control de la ambición ya que es, a veces, una tendencia irrefrenable en la persona la de tratar de apoderarse de la realidad íntima del otro. Porque es cierto que los ladrones roban cosas y son penados por la ley, caso de que les atrape. Pero la persona tiende a apropiarse de sentimientos, opiniones, perspectivas de vida, historias de dentro. Somos “ladrones de personas”. Si la ambición campa a sus anchas el ladronicio puede se espantoso, destructor

 

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¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA POLÍTICA?

 

Reflexión:

 

         Los evangelios, lógicamente, no hablan de política en sentido técnico, de estrategias o de pertenencia a grupos con alguna actividad política. A veces se ha querido hacer de Jesús un activista político, una especie de guerrillero zelota al estilo de la Judas el Galileo o de Teudas (Hech 5,36-37). Pero, con los datos evangélicos en la mano, es muy difícil sustentar esto.      Quizá no se pueda eliminar de los evangelios un “tufillo político” que aparece, sobre todo, al final de la vida de Jesús (dos espadas: Lc 22,38; rey de los judíos: Jn 19,21; etc.). Pero esos datos no dan para mucho.

         Sin embargo, Jesús no ha sido un marciano, ni un profeta que baja del monte como si no hubiera tenido contacto con la gente. Al contrario: es uno en medio de la gente, uno de la gran masa de pobres, casi sin derechos, pero viviendo como puede el hecho de ser de los humildes.

  • No hay que olvidar que Jesús ha entrado como ciudadano de un país vasallo en las dinámicas políticas del imperio, por ejemplo el censo de Quirino (Lc 2,1-5). Ya dijimos que Augusto durante su mandato ordenó realizar varios censos a fin de controlar el número de habitantes de su Imperio para establecer tributos directos e indirectos, y con fines militares. La mayoría de historiadores modernos, tanto laicos como cristianos, sostienen que Lucas cometió un error al hacer coincidir el censo de Quirino (que tiene lugar durante el 6 d.C) y los hechos que rodearon al nacimiento de Jesús, que Mateo en su Evangelio sitúa en tiempos del rey Herodes (4 a.C). El fallo fue cometido por el deseo de Lucas de dar un cariz histórico al hecho de que el nacimiento del Mesías se produjera en Belén, tal y como proclamaba el Antiguo Testamento. De cualquier manera, Jesús está inserto en la corriente política general de la época.
  • A veces ha encarado de frente el poder establecido en su comarca, como en Lc 13,32 donde llama a Herodes Antipas “zorro”, don nadie. Eso muestra que Jesús no teme al poder y que sabe plantarse ante autoridades de la época que son pequeños dictadores.
  • Algo parecido ocurre en Jn 19,10 y Mc 15,5 donde Jesús permanece mudo ante Pilato en una actitud de igualdad; un marginado que se mantiene en pie ante el dictador dueño de su vida. Si el dato es históricamente veraz denota una visión delo político de gran igualdad, cuando menos.

 

Texto: Mt 22,15-21:

 

         «Se retiraron entonces los fariseos a elaborar un plan para cazar a Jesús con una pregunta. Le enviaron a sus discípulos con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: -Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios con verdad; además, no te importa de nadie, porque tú no miras lo que la gente sea. Por eso, dinos qué opinas: ¿está permitido pagar tributo al César o no?Calando Jesús su mala intención, les dijo:- ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Enseñadme la moneda del tributo.Ellos le ofrecieron un denario y él les preguntó: -¿De quién son esta efigie y esta leyenda?Le respondieron: -Del César.Entonces les replicó: -Pues lo que es del César devolvédselo al César, y lo que es de Dios, a Dios».

 

  • Los partidarios de Herodes, rey vasallo, rabian contra el César, contra el imperio, pero no desechan su moneda. Es una trampa porque parte de una actitud hipócrita: quieren cuestionar, porque les duele pagar, aquello de lo que se benefician.
  • Jesús conoce las monedas. Habría trabajado como peón en las grandes obras romanas de la comarca, donde se pagaba con dinero romano. Su grupo lleva bolsa (Jn12,6); se supone que ahí había también monedas romanas.
  • Jesús propone como modo de comportamiento ante los políticos el “devolver”, es decir, no beneficiarse de aquellos modos de la política que consideramos injustos. Los calificamos de injustos, pero nos beneficiamos de ello. Devolver es un ideal: cómo vivir ante las normas políticas con la mayor libertad posible, con la menor sumisión posible. Tener un  talante de ciudadanía sin saquear a la ciudadanía, ni en poco ni en mucho.

 

Aplicación:

 

         Uno de los trabajos evangélicos de tema político es mediar políticamente para construir la paz. Hay numerosos grupos embarcados en estas tareas.  Se cuentan, en primer lugar, los trabajos, arduos y con frecuencia improductivos, de la mediación política. Sentar a dos contendientes armados en la mesa del diálogo es un milagro. Y lograr que su actividad bélica se frene o se acabe es casi inalcanzable, dada la belicosidad y el horror que anida en el fondo de los humanos. Pero hay organizaciones, tanto laicas (ONU, Harvard University) como religiosas (Comunidad de san Egidio, Fundación Labaka) que se empeñan en esta batalla desigual. Los conflictos, profundamente arraigados, persistentes, amplios, internacionalizados a veces, hacen muy difícil este camino. Quienes se empeñan en él son auténticos constructores de humanidad. Su tarea es que, como dice Mt 10,12, la humanidad se vaya haciendo “digna” de la paz y de la buena relación, ya que tales bienes históricos no se consiguen por mérito, sino por trabajos en el campo de lo humano.

         Una convivencia difícil que demanda un delicado trabajo de construcción de la convivencia es aquella que se da, en un ámbito más cercano, cuando en el mismo país, en el mismo pueblo a veces, tienen que convivir víctimas y victimarios que han cumplido ya su condena penal. Los viejos fantasmas, los odios anquilosados y sosegados por la cárcel, los temores a la reincidencia, las heridas nunca cerradas del todo vuelven a surgir con una potencia inusitada. Los trabajos por una convivencia que se sitúe en terrenos de relación posible se hacen imprescindibles. En ello están tanto organizaciones públicas como personas privadas (Fernando Buesa, Universidad de Deusto). Se necesitan en esta clase de trabajos toda prudencia, la generosidad y la paciencia que Mt 10,16 acuña en la dialéctica “palomas-serpientes”. La manera de contrarrestar el temor que producen los trabajos por la paz es, al decir de Mateo, la confianza en el apoyo de Dios y la certeza de que la persona encierra posibilidades de construir la difícil convivencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA GENEROSIDAD?

 

Reflexión:

 

         No es que los evangelios reporten una doctrina organizada sobre la generosidad. Pero da la impresión de que es “salsa” para todos los guisos. Por lo que se puede decir que la propuesta de Jesús no se puede entender bien desde la tacañería, la racanería y el egoísmo del “todo para mí”. La propuesta de Jesús es para corazones generosos.

         Más aún, no cabe duda de que uno de los rasgos del perfil de Dios que Jesús nos propone es el de un Dios generoso. Los mecanismos religiosos tienden a inocularnos la idea de un Dios tacaño al que hay que pedirle mucho para que nos otorgue lo que necesitamos. Ese modo de entender al Dios de Jesús se hace incomprensible. Dios es Dios de generosidad total, de gracia sobreabundante (Rom 5,20).

  • Se anima a dar porque “se os dará”, es decir, porque ya se os ha dado (Lc 6,38). Comprender la generosidad de un Dios que se nos da a nosotros sin medida es lo que ha de hacernos generosos con los demás. Así es, ya antes que nosotros demos se nos ha dado una medida “remecida”. Rebosante.
  • A la hora de dar hasta las campanas tiemblan, dice el dicho popular. Y, por eso, no solo damos con cuentagotas, sino que seleccionamos muy bien a quien damos para que lo utilice bien, para que nos pueda devolver el favor, o por otros intereses. Pero el evangelio propone que no hagamos cálculos a la hora de dar y que seamos generosos con cualquiera que demanda nuestra ayuda (Lc 6,30).
  • Más aún, los grandes milagros de la vida parten de pequeños gestos de generosidad (como se ve en Jn 6,9: dos panes de cebada y dos pescaditos en salmuera). Porque para el planteamiento de Jesús lo importante no es la cantidad sino en el amor del corazón con el que se da.

 

Texto: Mt 20,1-16:

 

    «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”.Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy generoso?”. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

 

  • El perfil de un Dios generoso molesta a quien ha trabajado, aunque haya recibido lo convenido. No tolera la generosidad de Dios que da la misma cuota de dicha a todos, la merezcan o no. En el fondo, el mecanismo religioso quiere hacer a Dios deudor nuestro, no generoso benefactor.
  • Dios obra con la libertad del amor. Y, sin hacer perjuicio a nadie, se vuelca en el débil y necesitado no porque lo crea mejor que el fuerte, sino porque su debilidad le hace acreedor de una cuota más alta de amor. Eso es lo que no entiende quien mide todo con los parámetros de la mera justicia, justicia que, lógicamente, Dios no se la salta. Pero su generosidad va más allá.
  • El perfil de un Dios generoso, derrochón, espléndido no entra, a veces en el cálculo religioso que funciona con el parámetro de los méritos debidos, no del amor y la necesidad. El Dios de Jesús, no cabe duda, es el Dios de la total generosidad. Aducir méritos es no entenderlo.
  • Por eso, ante él, todos estamos en el mismo nivel, últimos y primeros igualados. Creerse en niveles distintos, con exigencias por los servicios prestados es no haber entendido la propuesta de Jesús, propuesta de generosidad.

 

Aplicación:

 

         Una derivación de este texto es cómo construir una ética de generosidad política para el perdón social difícil. Es requisito imprescindible el de una fe inquebrantable en las posibilidades de cambio humano. Si se descree de ello, la cosa resulta imposible. Porque, dado el pertinaz comportamiento inhumano de la persona a lo largo de las épocas, la certeza de la imposibilidad del logro de un corazón humano, de “carne”, aparece en ocasiones como imposible. La persistencia en el amor político de muchas personas a lo largo de la historia testifica acerca de una inquebrantable fe en la posibilidad de cambio, de mejora, de manera distinta de vivir. Una «nube de testigos» corrobora con su vida, y no pocas veces con su muerte, esta fe. “Son profetas que nos dirigen una palabra viva e inquietante que nos ayuda a salir de la situación engañosa en la que fácilmente quedamos atrapados”. Esa situación engañosa no es otra sino la idea extendida y profundizada de que cambiar a mejor es imposible. Por eso mismo el amor político “canta en la noche”, como diría B. Brecht, y resiste al amargor de la vida haciendo que no sea superior al disfrute y a la alegría de vivir entre humanos.

Tanto organizaciones públicas como personas privadas están empeñadas en trabajar el minado camino de la convivencia entre víctimas y victimarios. Una condición para la memoria y la convivencia es que los victimarios hagan un reconocimiento del daño causado, que quede claro el reconocimiento social del sufrimiento de las víctimas. Y otra condición es que las víctimas, por encima de su hondo sufrimiento, se sitúen en un terreno de una cierta confluencia, lo más alejada posible del odio, la revancha y la venganza.

         En segundo lugar, otro criterio para una ética de generosidad política es la flexibilización del paradigma, la creencia de que no hay modelos únicos de convivencia, la certeza de que se pueden proponer maneras alternativas, siquiera parciales, para poder llegar a una convivencia en un sistema flexible. La radicalización de los sistemas no lleva más que a la exclusión

         Y, finalmente, una lectura rápida y superficial del acontecer social puede llevarnos a creer que solamente existen modos sistematizados de vida, caracterizados en esta época nuestra por el denominador del poder y del lucro (el tan traído y llevado neoliberalismo). Y es cierto que las estructuras sistémicas van por ahí arrastrando en esa enorme corriente no solamente a quien se beneficia de esta orientación, sino también a quien no quisiera ir por ahí, o eso es lo que dice, y se ve obligado a entrar en el torbellino de un crudo neoliberalismo.

 

 

 

 

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¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL PERDÓN?

 

Reflexión:

 

         Como el evangelio apunta al interior de la persona, a las estructuras más elementales de lo que somos siempre con la intención de humanizarlas, no ha de extrañar que sus páginas estén transidas de la espiritualidad del perdón. Los conflictos acompañan la vida humana y, por ello, el perdón se hace imprescindible para la convivencia.

         Jesús ha incorporado ese perdón humano a los valores del reino, de tal forma que no se puede entender su propuesta sin adentrarse en la espiritualidad del perdón. Desde el evangelio, el tema del perdón apunta a la persona concreta pero se extiende también a la sociedad e, incluso, al cosmos.

  • Una de las notas del perdón evangélico es que ha de ser fácil. En la parábola del compañero que no perdona a quien le debe una nadería (Mt 18,21-35) una de las cosas más hermosas no es solo la generosidad de quien perdona mucho, sino que lo hace sin alharacas, como una cosa normal. El perdón habría de ser fácil, sin muchos requisitos, como algo normal en la vida, no como una heroicidad (fuera, al menos, de casos límite).
  • Otra nota es que ha de ser un perdón generoso, no medido, no normado ni siquiera por la generosidad religiosa, sino por la generosidad del corazón (70 veces 7: Mt 18,21). Si se mide el perdón con cuentagotas se corre el riesgo de deformarlo, de supeditarlo a normas y leyes. La generosidad a la hora de perdonar desvela las actitudes profundas del corazón.
  • Y, finalmente, habría de ser el perdón sin límites (Lc 23,34). Al menos habría que tener esto como un horizonte al que se tiende, aunque muchas veces nos quedemos muy cortos. Es el difícil perdón a los enemigos para quienes apuntan al horizonte del evangelio (Mt 5,44).

 

Texto: Lc 15,11-32:

 

«Se acercaban a Jesús los publicanos y pecadores para escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la herencia». El padre les repartió los bienes. Días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible y empezó él a pasar necesidad. Y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Sentía ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, y nadie le daba de comer.Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros». Se puso en camino hacia donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, lo recibió con abrazos y besos. Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad en seguida el mejor traje y vístanlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado». Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud». Él se indignó y se negaba a entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando viene ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado». El padre le dijo: «Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado».

 

  • ·       Si hablamos del perdón y del Padre que perdona siempre (así habría de denominarse el pasaje) tenemos que volver a este relato. Además de fácil, generoso y hasta el límite, el perdón del evangelio habría de ser olvidadizo. Nos cuesta olvidar. Decimos: perdono pero no olvido. El recuerdo del agravio es casi peor que el mismo agravio, imposible de borrar.
  • ·       Pero el padre de la parábola olvida el agravio, no lo saca a relucir (podría haberlo hecho). No justifica el comportamiento del pródigo, pero no vuelve sobre ello. Para él es agua pasada y, con tal de recobrarlo con vida (lo elemental), es capaz de reorientar la convivencia que no será fácil con el hermano mayor (que ve que el pródigo va a comer de lo suyo). Está dispuesto a remodelar la vida familiar con tal de acoger al hijo. Un perdón que está dispuesto a cambios.
  • ·       El gran motor de todo este proceso es la esperanza: cree el padre que siempre hay una semilla de esperanza en toda persona, por derrotada que esté. Creer en la persona, creer en la inviolable dignidad, es el cimiento del perdón.

 

 

 

Aplicación:

 

El perdón voluntario puede ser un elemento socializador. Una visión deformada, vengativa y legalista, lleva a la persona a pensar que el perdón como elemento de mejora en las relaciones sociales ha de ser requisito previo en todo proceso conflictivo. Pero en realidad “la petición de perdón y el arrepentimiento forman parte de un ámbito íntimo y moral que solo puede surgir de un proceso personal, voluntario, sincero y auténtico, y no de una norma imperativa….Por lo tanto, no deberían plantearse como una condición previa que obligatoriamente deben cumplir ‘los otros’ para poder iniciar un proceso de reconciliación, sino como un resultado que puede brotar a partir de poner éste en marcha…La clave está en dónde situamos la petición de perdón, si lo hacemos como condición de partida y requisito obligatorio o como parte y consecuencia voluntaria del propio proceso” (J. Fernández). La renuncia al perdón como requisito puede brotar de una valoración humanista de los procesos personales y se presenta como imprescindible para una alternativa social. Mientras incluyamos el perdón en el ámbito de las obligaciones, difícilmente habremos superado el simple marco legal que, generalmente, contempla el perdón de manera meramente marginal.

 

 

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¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL MATRIMONIO?

 

Reflexión:

 

         Más allá de matices que luego haremos, y más allá de no tener la certeza de que Jesús fuera célibe o casado (sociológicamente se tendería a lo segundo), los evangelios hablan poco del matrimonio como realidad social. Se acepta y punto. Probablemente Jesús acepta lo que dice la Torá: hay que mantener el matrimonio excepto en casos de promiscuidad manifiesta. Pero también se enfrenta a la banalización del divorcio, cosa que siempre puede darse. En cualquiera de ambos casos, el tema de la indisolubilidad queda lejos.

         Todo este asunto habrá que enmarcarlo en el más amplio de la nueva relación que postula el reinado de Dios. La relación matrimonial habrá de vivirse como buena relación, como proceso humano de relación procurando que no solamente el amor no se acabe, sino que llegue al nivel de dicha humana que se propone a toda relación.

  • Sin magnificar el envoltorio histórico de la escena de las bodas de Caná (Jn 2,1ss), puede ser un indicio de algo básicamente humano en la vida de Jesús: ha participado en ceremonias nupciales como todo ciudadano, por humilde que fuera (los pobres siempre han celebrado sus bodas). Partícipe de los pros y contras de una relación conyugal.
  • El estrambótico planteamiento de la resurrección que hacen los saduceos con el episodio de la mujer que tuvo siete maridos (Mc 12,18-27) plantea con crudeza el secular dominio del hombre en la relación matrimonial: “¿De quién será?”. La mujer como propiedad del hombre, lo que rompe la simetría necesaria para toda relación. Jesús deshace ese equívoco para el más allá; no hubiera estado mal que lo hubiera desecho para el más acá (como creemos que lo hace en Mt 19,1-12).
  • En el episodio de Jn 8,1-11, la mujer es pillada en “flagrante adulterio”. Jesús no condena. Pero no habría estado de más aludir, aunque fuere sin condenar, al hombre, ya que el adulterio se hace entre dos. Esta visión era demasiado para un hombre de aquel contexto social.

 

Texto: Mt 19,1-12:

 

         «Cuando terminó estas palabras, pasó Jesús de Galilea al territorio de Judea del otro lado del Jordán. Lo siguieron grandes multitudes y él se puso a curarlos allí. Se le acercaron unos fariseos y le preguntaron para tentarlo: -¿Le está permitido a uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera? Él les respondió: -¿No habéis leído aquello? Ya al principio el creador los hizo varón y hembra (Gen 1,27) y dijo: “Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos un solo ser” (Gen 2,24). De modo que ya no son dos, sino un solo ser; luego lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Ellos insistieron: -Y, entonces, ¿por qué prescribió Moisés darle acta de divorcio cuando se la repudia? (Dt 24,1). Él les contestó: -Por vuestra obstinación, por eso os consintió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno repudia a su mujer –no hablo de unión ilegal- y se casa con otra, comete adulterio. Los discípulos le replicaron: -Si tal es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse. Pero él les dijo: -No todos pueden con eso que habéis dicho, solo los que han recibido el don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el reino de Dios. El que pueda entenderlo, que lo entienda».

 

  • ·       El tema del relato es de casuística matrimonial, algo que gustaba mucho a los judíos. El v.12, sobre la “eunuquez” es, sin duda, un añadido que, al pegarlo a este pasaje hay que referirlo a algo distinto a la opción célibe (quizá en su origen fuera algo relativo a esa eunuquez, aunque eso contraviene la sociología de la época que no valora el celibato).
  • ·       El tema de fondo no es el divorcio y sus condiciones, sino algo más del cimiento: por qué despide el hombre siempre, aunque sea el causante de la ruina de la convivencia (como ocurre en el film de Amós GitaiKadosh). Lo es porque se ha concebido la relación matrimonial en parámetros de desigualdad. El tema de fondo es cómo vivir la igualdad incluso en relaciones tan íntimas como las matrimoniales.
  • ·       El evangelio da una pista: quien tiene la fuerza, el hombre, ha de abandonar sus posiciones, a su padre y a su madre, desplazándose al terreno de la parte más frágil, la mujer. Solamente un equilibrado de fuerzas en base a la dignidad es la que puede garantizar una relación saludable. De lo contrario, la relación se resquebrajará. Ese es el querer de Dios para la historia humana: una relación de total igualdad, por encima de géneros.
  • Los que siguen a Jesús han recibido el “don” de entender esto. Si no lo asimilan, quedan desconectados. Pretender seguir a Jesús viviendo en relaciones desiguales es una incoherencia inaceptable.

 

Aplicación:

 

Una creciente y cuidadosa mentalidad de género. El tema del género, y sobre todo la ideología de género, es un gran fantasma para muchas personas y entidades: Creen ver en ello la disolución de la sociedad, la modificación inaceptable de los planes del Creador y la perversión de la juventud en todos sus niveles. Si se despoja el tema de cargas ideológicas previas, quizá la cosa no sea tan grave y derive hacia algo de corte fantasmal. Se trataría de crear un equilibrio social entre dos realidades que, desde el neolítico, parecen haber estado desequilibradas: los géneros. Volvemos a decirlo: no se trata de una lucha por la supremacía, sino por el equilibrio. El Evangelio, en textos como Mc 10,1ss, parece sumarse a tal movimiento.

         El primer ámbito, el más básico, es lograr una igualdad mutua entre géneros desde el lado social: lo que es de todos, ha de ser participado igualmente por todos. La imposibilidad de ciertas culturas y de ciertas mentes para percibir los géneros en una igualdad esencial es proverbial y sigue verdeante. Mientras este paso renquee, hablar de otros es una fantasía. Esta no es la panacea de todos los males sociales, pero abre la puerta a la posibilidad de crecer en igualdad de géneros.

         Pero es preciso dar un paso más: se necesita una actitud de cuidado también esencial ya que los dos géneros están amasados en fragilidad y no hay otra instancia de cuidado ajeno a ellos. Cuidar no es un mero acto puntual, es una actitud, una forma de comportamiento continuado, un camino que se va andando. Los géneros necesitan ser cuidados en sus elementos comunes y en su peculiaridad, con todas las variantes. El cuidado allana muchas dificultades que se han instalado en el caminar histórico de las personas.

         Puede parecer algo previo que va de sí, pero la vivencia bien relacionada de géneros demanda una dosis continuada de respeto a la diversidad, tanto en orientación sexual, como en opciones de vida. Si hay leyes, normas o costumbres que no incluyen de modo efectivo tal respeto, quedan contradichas por este elemento esencial. El respeto, correctamente situado y discernido, sabe que su valor se mide por su índice de humanidad. Si este indicador no aparece, el respeto puede convertirse en una trampa de desigualdad y de inhumanidad. El respeto mira a la conjunción con el otro, no a su distanciamiento.

         Por lo que hace a la comunidad cristiana, sigue vigente el trabajo por salir de “un pecado de injusticia continuada” en el tema de la relación de géneros que aún no se ha sabido asimilar. Esto tiene que llevar a que la mujer entre en la relación de géneros no solamente con la entrada del pensamiento o en órganos de gestión sino en el todo del entramado eclesial.

 

 

 

 

 

 

 

18

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA ECOLOGÍA?

 

Reflexión:

 

         Querer hacer del evangelio un tratado de ecología es excesivo. El tema, tal como lo entendemos ahora, es moderno. Pero, como ocurre con otros asuntos, hay “semillas” en los evangelios que pueden contribuir a alimentar una espiritualidad ecológica. Al fin y al cabo, aquellos tiempos preindustriales son tiempos más ceñidos a la tierra que los nuestros.

         Una certeza que tienen los contemporáneos de Jesús es la noción de “bienes limitados”: ellos creen que los bienes de la tierra son limitados y que si uno se apropia de muchos de ellos, deja desprovistos a las demás personas. Es como un robo ecológico. Entronca esto muy bien con la corriente del decrecimiento que quiere hacer ver que la tierra no es una despensa inagotable, sino que hay que explotar racionalmente los recursos y aceptar el rito de crecimiento que marca la naturaleza. Son aproximaciones.

  • Jesús hace ver a sus contemporáneos que saben leer muy bien los signos del cielo y no saben leer los del reino (Lc 12,54). Avezados en ecología, pero torpes en espiritualidad. Un aviso que hemos de recoger nosotros, porque ambas realidades conectan de alguna manera.
  • Fácilmente los evangelios utilizan los elementos ecológicos para extraer una espiritualidad. En Jn 3,8 dice que el nacido del espíritu es volátil como el viento que no sabes ni adónde viene  ni adónde va. Se lee con facilidad el libro de la creación porque los caminos no se han diversificado todavía, se vive ceñido a la tierra.
  • En la parábola de la semilla que crece por sí sola se quiere enfatizar la confianza (Mc 4,26-29). En realidad, no crece por sí sola: la semilla trabaja día y noche para chupar sus nutrientes. La creación trabaja, porque el logro de una creación culminada se hace con el trabajo de todas y cada una de las criaturas.

 

Texto: Mt 6,24-34:

 

«Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propia preocupación».

 

  • Son dos parábolas ecológicas propiamente dichas: los lirios y los pájaros enseñan un comportamiento cristiano, la confianza que debe tener el seguidor para que las preocupaciones excesivas no ahoguen la opción por Jesús.
  • Por un lado los pájaros: es verdad que no tienen graneros y que el Padre los alimenta, pero ellos trabajan denodadamente para llevarse el grano a su buche (más de 400 salidas diarias). La naturaleza enseña la confianza pero no desdeña la laboriosidad.
  • Lo mismo los lirios: no tejen ni hilan y el Padre los viste con elegancia. Pero ellos trabajan las 24 horas del día para chupar los nutrientes de la tierra que los alimentan y los embellecen, de lo contrario se agostarían.
  • Los seres de la tierra enseñan la laboriosidad y la confianza. Ambas realidades han de ir mezcladas en la vida del seguidor de Jesús. Por otra parte, son recursos (las aves, los lirios) que son mirados aquí más por su hermosura que por su utilidad. Ayudan a lograr lo que LS’ (111) llama “la otra mirada”, ese modo de enfocar la creación con respeto y aprecio, en sintonía de belleza.

 

Aplicación:

 

         Cada vez queda más claro que uno de los movimientos sociales llamados a modificar el planeta en este momento es el de la ecología. Aunque la cosa tenga aún detractores y negacionistas la realidad es imparable: del comportamiento ecológico deriva la comprensión del ciudadano moderno, no solamente el cuidado del medio ambiente. Por eso está todos los días en la prensa; por eso “sobrevive” la Laudato Si’; por eso se miran con lupa aspectos técnicos (por ejemplo los vehículos) que antes parecían asuntos de personas exquisitas; por eso las ciudades se organizan en maneras cada vez más ecológicas con el beneplácito de la ciudadanía. La ecología tiene inmediato futuro, más que nunca.

Pero, a veces, hay variables muy interesantes: una de ellas es el movimiento ecológico de los adolescentes promovido por Greta Thumberg. Los adolescentes es un fragmento social que pocas veces había levantado la voz a nivel mundial. Pero resulta que en este tema de la ecología empiezan a ser una fuerza social que ya no se puede desdeñar. Como sus herramientas de contacto están en internet, se empieza a tejer toda una red de acciones que los gobiernos empiezan a tener en cuenta y tratan de domesticar (una manera es dar premios, a ver si se apaciguan). Pero si esto va a más, los políticos van a tener que ponerse las pilas.

De hecho, cuando un político propone “una sociedad de hombre y mujeres iguales en armonía con la naturaleza” los periodistas se ríen a mandíbula batiente. Pero ese es el camino que, indefectiblemente, se ha de seguir cuando lo experimentemos más crudamente las consecuencias del cambio climático. Es que llevar a las instituciones políticas el tema de la ecología es una auténtica novedad porque eso no había sido nunca por aquí un tema de estado. Pero las cosas están cambiando tan vertiginosamente que habrá que hacer sitio al tema en la agenda, pronto y de manera activa, no con protocolos como el Kioto o París que nadie cumple.

 

 

19

¿QUÉ DICE LOS EVANGELIOS

SOBRE LAS PALABRAS?

 

Reflexión:

 

         Una cosa cae fuera de duda: el mayor bien que nos hacemos los humanos nos lo hacemos con las buenas palabras; y los mayores males que nos causamos los humanos nos los hacemos con las malas palabras. De ahí que haya que vigilarlas para que no contribuyan a empeorar nuestras relaciones sino, más bien, a mejorarlas.

         Los evangelios no hablan explícitamente de buenas o malas palabras. Pero, deudores de la corriente sapiencial del AT que da mucha importancia a este tema, no hay que dudar que se apunta a las buenas palabras. Las palabras de Jesús han sido, globalmente, buenas, compasivas, curativas, consoladoras, amables, esperanzadoras.

  • Jesús mismo ha recibido palabras buenas como las de aquella mujer que alabó el vientre que le llevó y los pechos que lo criaron (Lc 11,27-28). Alabar a la madre es alabar a la persona, denigrar a la madre, bien lo sabemos, es denigrar a la persona. Jesús habría recibido con corazón agradecido aquella alabanza espontánea de la mujer. Si no, no la habrían consignado los evangelios.
  • Cuando Jesús manda a la misión a sus discípulos les dice, sobre todo, que den una palabra de paz (Mt 10,12-13). De tal modo que la palabra de paz es lo central del anuncio del reino. Una palabra buena, la paz, para anunciar el reino, junto con las curaciones.
  • Jesús queda pintado en Jn 18,23 como una persona de palabras buenas: “si he hablado bien, ¿por qué me pegas?”. Y junto a eso, la evidencia de que en sus palabras no ha habido intenciones ocultas: “no he dicho nada a ocultas” (Jn 18,20). Uno de palabras buenas y sin doblez.

 

Texto: Mt 5,33-37:

 

         «También os han enseñado que se mandó a los antiguos: “No jurarás en falso” (Éx 20,17) y “cumplirás tus votos al Señor” (Dt 23,22). Pues yo os digo que no juréis en absoluto: por el cielo no, porque es el trono de Dios; por la tierra tampoco, porque es el estrado de sus pies; por Jerusalén tampoco, porque es la ciudad del gran rey; no jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes volver blanco o negro ni un solo pelo. Que vuestro sí sea un sí y vuestro no un no; lo que pasa de ahí es cosa del Malo».

 

  • El juramento delata la fragilidad de la palabra: se jura porque la palabra dada no se considera suficiente. Por eso el evangelio propone no jurar, ya que cree en la palabra y en la verdad que la sustenta
  • La palabra del juramento puede ser engañosa porque no hay quien verifique su verdad (ni siquiera en los juramentos judiciales). La palabra del seguidor habría de ser exacta y justa, sin doblez ni ocultamiento y, por lo mismo, no necesitada del apoyo del juramento.
  • En las malas palabras se oculta el malo, la maldad, porque las palabras inhumanas generan inhumanidad. Controlando las palabras se controla la acción del maligno, se es menos malo.
  • La fe se resuelve en estas posturas de componente antropológico. No está la cuestión en los grandes temas espirituales, sino en lo cotidiano de las palabras que salen del corazón.

 

Aplicación:

 

Hablar de justicia. En nuestra sociedad da casi vergüenza hablar de justicia. Es como si éste valor sustancial produjera malestar al ciudadano de a pie. Hablar de justicia, demandarla, gritar en su nombre resulta trasnochado, como si uno estuviera anclado en mayo del 68. Quizá sea esto así porque lo individual ha copado el todo del ámbito humano moderno y la justicia tiene que ver, sobre todo, con planteamientos colectivos. “La necesidad de equilibrar lo individual con lo colectivo es uno de los grandes dilemas de la ética. El valor de la autonomía y de la libertad individual ha sido lo más desarrollado, y a medida que eso evoluciona resulta más difícil hacer al individuo partícipe de lo colectivo, que piense en los demás, pero no cabe duda de que hay que tender a esa armonía y a un concepto de justicia que viene de los griegos. Al fin y al cabo, la ética busca lo universal. El relativismo absoluto, aunque suene a contradicción, es opuesto a la ética”. Este anhelo de lo universal justo es un elemento insustituible de la experiencia de fraternidad social.

         La justicia es  el componente “político” del seguimiento, su participación en el devenir social desde una honda compasión histórica. Este componente es insustituible y, de alguna manera, da sentido al componente “místico”  ya que lo hace visible y, por ello, verdadero. De ahí que una experiencia espiritual que no parta y no aboque al anhelo de la justicia se pierde en el marasmo de lo religioso.

         Por lo mismo, hasta la tarea orante ha de nacer y llevar al logro de la justicia esencial. J. Chittister muestra en páginas muy luminosas el cambio que supone en una comunidad contemplativa poner el horizonte de la justicia como algo tomado en serio. “La oración cambió para incluir una nueva conciencia sobre la política nuclear y sus amenazas”. Son cosas, aparentemente, incompatibles. Pero no. El camino de inocular la preocupación y el compromiso con la justicia puede que sea la “salvación” de la oración y de la misma liturgia para que éstas no queden atrapadas en la rutina, en el rito. El cristianismo en general tiene que andar todavía un gran trecho si anhela este horizonte. Y sin embargo, como decimos, existe en ello una gran oportunidad de revitalización. Las palabras del profeta D. Bonhöffer siguen sonando veraces: “Nuestra iglesia que durante años solo ha luchado por su existencia, como si esta fuera una finalidad absoluta, es incapaz de erigirse ahora en portadora de la Palabra que ha de redimir y reconciliar a todos los hombres y al mundo… Por esta razón, las palabras antiguas han de marchitarse y enmudecer y nuestra existencia de cristianos solo tendrá, en la actualidad, dos aspectos: orar y hacer justicia entre los hombres». La oración mezclada a la justicia, ambas realidades unidas.

 

20

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

DE LOS FRÁGILES SOCIALES?

 

Reflexión:

 

         La época de los evangelios es un tiempo en el que, a diferencia del nuestro, no existe la clase media. Por eso, el campo de las pobrezas se ensancha y, por ello, la fragilidad social es manifiesta. Además, y lógicamente, las fragilidades sociales no tienen un tratamiento político. Cada uno las ventila como puede. El frágil social está en total desamparo. Nuestra preocupación no es de la época, por eso los evangelios no trabajan explícitamente este tema. Pero, como en otros que venimos planteando en este curso, podemos recabar “semillas” que nos ayuden.

         Hay que decir que la fragilidad social está en los evangelios muy ligada a la enfermedad. Por eso mismo, los relatos de curación son, con frecuencia, relatos de reinserción social más que relatos de curación física. Eso da a los textos un valor añadido que los hace más elocuentes en nuestra época.

  • En el relato de la curación de los 10 leprosos, uno de los cuales, un samaritano, vuelve a agradecérselo (Lc 5,12-16) hay un aspecto reivindicativo que no conviene ignorar: se ofrece lo mandado en la ley como prueba contra los sacerdotes. Así es: ellos han hecho la ley de exclusión de los leprosos, ellos la deben corregir si quieren legislar según el querer de Dios que acoge a todos. Se demanda una ley de reinserción de leprosos que corrija una injusticia flagrante.
  • En el texto de la curación de la mujer que llevaba doce años con flujos de sangre (Mc 5,24b-34) se reinserta a la “impura” haciéndola “hija de Abrahán”, devolviéndole la identidad espiritual judía de la que había sido injustamente desposeída por su enfermedad. Reinserción de identidad.
  • En el signo del paralítico de la piscina de Jn 5,1-9 se reinserta al que llevaba toda su vida sujeto a la camilla (40 menos 2) haciéndole dueño de sus pasos. Ya no tendrá que depender de ella. Se le ha devuelto la libertad de movimientos. Es un reinsertado que se puede mover como todos.

 

Texto: Mc 3,1-5:

 

         «Entró de nuevo en la sinagoga y había allí un hombre con un brazo atrofiado. Estaban al acecho para ver si lo curaba en sábado y presentar una acusación contra él. Le dijo al hombre del brazo atrofiado: -Levántate y ponte en medio. Y a ellos les preguntó: -¿Qué está permitido en sábado, hacer el bien o hacer daño, salvar una vida o matar? Ellos guardaron silencio. Echándoles en torno una mirada de ira y apenado por su obcecación le dice al hombre: - Extiende el brazo. Lo extendió y su brazo volvió a quedar normal».

 

  • Un hombre con el brazo atrofiado es un frágil social en una época donde prácticamente no existía el trabajo intelectual. Por eso, su curación tiene un indudable matiz de reinserción social.
  • Los verbos “levantarse” y “ponerse en medio” están intensificados. Se le está diciendo: te han dicho que has de vivir postrado, yo te digo que te levantes. Te ha dicho que has de vivir fuera del corro social, yo te digo que te coloques en el centro porque tu fragilidad te hace acreedor de ese centro social.
  • Cuando se dice que extienda el brazo se está refiriendo, lógicamente, al brazo atrofiado. Pero puede entenderse también como algo que apunta a todo brazo: extiende todas tus posibilidades. El reinsertado tienen sus posibilidades. Si se extienden, el conjunto social sale beneficiado.
  • Dice el relato que “volvió a quedar normal”. En realidad, ya era normal. Vuelve a ser reinsertado. Esa es la normalidad a la que le lleva el milagro.

 

Aplicación:

 

Aprestarse a la generosidad social. Quizá haya que arrancar de la evidencia del atractivo de las personas generosas. Desvelan en su comportamiento lo mejor de lo humano. Y, más aún, puesto que de cristianos se trata, habrá que asimilar el perfil del Dios generoso que Jesús mismo ha descrito magistralmente en el evangelio. Sin este “deslumbramiento social” de la generosidad animarse a la colaboración solidaria no es fácil. Tal valor, el “deslumbramiento”, viene, sobre todo, por la cercanía de las personas solidarias a los problemas, por su entrega austera y por su claridad económica. Es así como acumulan un crédito moral que hace que los donantes se fíen de su honestidad.

La generosidad incluye a la justicia. Una generosidad sin justicia sería una burla inaceptable. Pero la generosidad va más allá de la justicia incluyéndola. La generosidad que da lo justo, que no reconoce la dignidad, que no valora exquisitamente los derechos de la persona, que hace diferencias en base a cuestiones culturales, etc., no es la generosidad de componente humano y, menos, cristiano. Por eso, hay generosidades que, al incluir, la injusticia se convierten en injusticia. Y una generosidad injusta es una contradicción inaceptable.

Habiendo crecido en generosidad social, respecto a otras épocas de la historia, el camino de la integración del débil, exigida por la justicia, y ámbito de generosidad tiene todavía mucho recorrido que hacer. La puesta en práctica de los derechos elementales de las minorías socialmente más frágiles demanda, todavía, mucho esfuerzo. Una sociedad civilizada habría de ser generosa en el reconocimiento de tales derechos tanto que la lucha por ellos habría de quedar en desuso porque la generosidad y la prontitud social haría que los derechos de tales minorías fueran reconocidos ipso facto. Esto es todavía soñar. Muchos de tales derechos tienen que ser arrancados migaja a migaja. Y esto en una sociedad que se dice evolucionada y, más todavía, de componente cristiano. Hoy por hoy, la generosidad social pasa, todavía, por el mero reconocimiento de lo que es justo.

Y habrá que poner un punto de crítica contra las prácticas de generosidad social publicitada como maratones solidarios, cenas para recaudar fondos caritativos entre gente pudiente y, con frecuencia, capitalistamente opresora, donaciones que provienen de dinero negro o similar, legados económicos con los que se pretende lavar dinero o, aún todavía, adquirir nombre como benefactor social. Todo ese mundo queda cuestionado por la justicia de manera radical y nada tiene que ver con una generosidad que ha cumplido exquisitamente todos los requisitos de la justicia.

 

 

21

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL TRABAJO?

 

Reflexión:

 

         En la sociedad de Jesús el trabajo no tiene una concepción tan sacral como después se ha tenido en la iglesia o en la misma sociedad (base de la dignidad). Es, simplemente, el modo de sobrevivir y se refiere, casi en todos los casos, al trabajo manual (hasta los mismos fariseos aprendían un oficio para no vivir de la ley, según 1 Tes 2,9).

El trabajo de las clases bajas (Jesús si es hijo de un artesano es uno sin tierras, bajo en la pirámide social) es precario y casi sin regular. Fundamentalmente agrícola (más allá de servicios como la construcción) y, en el caso de Galilea en relación con la pesca del lago. El pastoreo y la vid como trabajos propios de todo país mediterráneo.

  • Según Mt 13,55 Jesús era el hijo de un tekton, un obrero manual, un peón sin especializar que, posiblemente, habría trabajado en las grandes obras romanas de Cesarea y Séforis. No se sabe muy bien porqué su trayectoria de predicador itinerante apunta más a las aldeas que a la ciudad. De cualquier manera, parece que fue uno que vivió del trabajo de sus manos. El que fuera “hijo del carpintero” (Mt 13,55) puede apuntar a trabajos artesanos o puede referirse a asuntos sinagogas (el rabino como el constructor de la ley, según Geza Vermes).
  • Según Mt 4,20 Pedro y Andrés estaban en plena faena de pescadores cuando fueron llamados, lo mismo que Juan y Santiago. Jesús se rodea de gente trabajadora, predominantemente del gremio de los pescadores por andar por la zona de Cafarnaún (Lc 4,1). Gente trabajadora y algo tosca (recordar las imágenes de Pedro que pinta Caravaggio).
  • En Jn 4,33-38 se habla del trabajo de unos sembrando y de otros recogiendo, aludiendo a la predicación de la misión primitiva cristiana. Es un indicio de que los evangelios, como Pablo, consideran la predicación itinerante un trabajo ligado al reino.

 

Texto: Mt 25,14-30:

 

«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes».

 

  • Siempre se ha leído este pasaje en modos productivistas: Dios te ha dado una serie de talentos, de valores, tú tienes que hacerlos producir en la mayor cantidad posible. No se pregunta por qué ni para quién. Tú, obedece y produce.
  • El hombre que se va de viaje no es ninguna joya, además de ser rico: siega donde no siembra, recoge donde no esparce. Es decir, es un “todo para mí” neto (en Lc 19,11-28 es todavía peor: un rey ambicioso y vengativo): las ganancias son para engrosar sus haberes no para beneficio de otros, por más que premie la labor de los productores prometiéndoles ponerles al frente de mucho.
  • Pero al de un talento se le enciende una bombilla: ¿para quién produzco? Para un tirano. Y toma una decisión drástica: no quiero trabajar para un opresor ambicioso. Ni siquiera voy a darle el gusto de que el banco le pague los intereses. Devuelve el denario tal cual y corta con el sistema. Éste, que no es manco, lo rechaza y lo excluye. El trabajador lúcido que ha descubierto el para quién prefiere vivir en las tinieblas de su libertad que en la “luz” del sometimiento. Un adelantado del trabajo decente. El sistema premia al que tiene diez para que no se le ocurra seguir los pasos del que devuelve el uno. Esta interpretación ya la proponía Eusebio de Cesarea, padre de la Iglesia, en el siglo IV.

 

 

 

 

Aplicación:

 

El trabajo decente como elemento de cohesión social. El trabajo es hoy, en las sociedades modernas, un elemento de disgregación social. La lucha por el empleo es muy parecida a la lucha por la vida. No es de extrañar que los modos sociales que engloban la mística del trabajo, los sindicatos, no solamente estén en crisis de afiliación sino, incluso, en crisis de sentido. Con una clase obrera profundamente fragmentada y dispersa, con la mayoría de los trabajadores en precario, con una patronal crecida y con los viejos partidos obreros habiendo perdido esa condición, los sindicatos están obligados a asumir funciones que van más allá de los intereses de sus afiliados y que van también más allá de concebir los centros de trabajo como el núcleo fundamental de la lucha.  Para muchos obreros, el sindicalismo está desprestigiado. Esto ha abierto la veda de un individualismo laboral que se ve corroborado por la “indecencia” del trabajo temporal. La lucha por el empleo es cruel.

Podría ser de otra manera: el trabajo decente podría ser elemento aglutinante porque con él se eleva el nivel de dignidad, verdadero pegamento de la vida en sociedad. Con claridad lo dicen quien inventó la noción de trabajo decente: “No se trata simplemente de tener un trabajo para tener un ingreso y un nivel de vida material como en la concepción tradicional del empleo. Se trata del trabajo como fuente de autoestima y de dignidad personal, de paz en la comunidad y de cohesión en la sociedad”. El trabajo decente sería, pues, una de las fuentes principales de cohesión social, sabiendo que existen también otra clase de factores que cumplen esa función.

De ahí que este trabajo contribuiría a calmar las convulsiones sociales de las que, generalmente, nada se saca en positivo. Es cierto que las situaciones convulsión social coinciden con situaciones de precariedad laboral. Todos sabemos que las convulsiones se producen con más agudeza cuando los beneficios económicos no llegan a la gente en modos equitativos. En esas situaciones el trabajo decente puede vehicular tales beneficios. De tal manera que “el trabajo es un medio para vivir, en primera instancia, pero debería ser un medio clave para la formación de la sociedad”.

Por lo demás, el trabajo decente no puede cumplir su función de cohesión social en un ambiente de desigualdad económica. Por ello, si se quiere incidir en el valor dignificador del trabajo esto tiene que ir acompañado de una lucha a brazo partido contra la desigualdad que ha asentado sus reales en la sociedad neoliberal desde hace siglos y que esa desigualdad tiene cada vez más hondura. Como decimos, pretender un trabajo decente que cohesione la sociedad en una sociedad fragmentada por la desigualdad es imposible. Pero también hay que decir que “la desigualdad no está en los genes, no es una fuerza telúrica irresistible ni una maldición de los dioses: es producto de decisiones políticas. Y las decisiones políticas puede y deben cambiarse, también con la política”.

 

 

22

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA ALEGRÍA?

 

Reflexión:

 

         El tema de la alegría no es un constitutivo explícito de los evangelios. Quizá porque es algo ajeno a la espiritualidad de la época o porque la vida de los pobres es dura y en ella encuentra poco eco la alegría. Por eso mismo el perfil de Jesús es ciertamente el de una persona pacifica y bondadosa, pero no especialmente alegre, aunque haya algunas semillas interesantes.

         No nos ha de extrañar que si a esto sumamos nuestra rigidez occidental, la fe cristiana no se haya caracterizado por su rostro risueño. Por eso el papa Francisco dice que con una experiencia de Jesús fuerte y con una buena dosis de alegría se puede transmitir hoy la fe. También en esto el nuestro sea un tiempo bueno para volver a Jesús.

  • Uno de los pocos pasajes en que Jesús aparece “exultante de gozo” es a la vuelta de la misión de los discípulos porque Dios revela la fe a los sencillos (Lc 10,21-24). Es una alegría nueva, como si no se la esperara, al ver que la propuesta del reino tiene buena acogida.
  • El texto de Lc 15,8-9 habla de la alegría que experimenta la mujer que encuentra su moneda o en Lc 15,1-10 el pastor que halla a su cordero para indicar que en el cielo hay todavía más alegría cuando alguien va entrando en el cauce del evangelio.
  • Y en Jn 16,22  propone una “alegría inarrebatable”. La alegría es muy frágil. Por eso, si nadie podrá arrebatar la alegría de Jesús, tal alegría tiene que ser compatible con la pena y la limitación. Porque si no, estas borrarán la alegría del corazón del creyente.

 

Texto: Mt 9,14-15:

 

         «Se aceraron entonces los discípulos de Juan a preguntarle: -Nosotros y los fariseos ayunamos a menudo, ¿por qué razón tus discípulos no ayunan? Jesús les contestó: -¿Pueden estar de luto los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el día en que les arrebaten al novio y entonces ayunarán».

 

  • Para el evangelio es más importante el comportamiento existencial que las practicas ascéticas, es más importante vivir con disfrute que ser persona religiosa, si esa religiosidad mata el disfrute.
  • Ahora están con el novio (una manera evangélica de denominar a Jesús: Jn 3,27-30), no hay lugar para la tristeza. El irse del novio alude a su muerte, pero, en realidad, este novio nunca se irá, sino que bajará al fondo de la existencia (Jn 14,23). Por eso, siempre será tiempo de alegría para quien entiende lo de Jesús.
  • Una alegría permanente es imposible. Pero puede permanecer un fondo de bonhomía, de disfrute, de admiración contemplativa que haga posible una vida en alegría.

 

Aplicación:

 

La asignatura pendiente de la alegría. Lo es para el común de las comunidades cristianas. Siempre se ha acusado al cristianismo de su adustez, de su dolorismo, de su negación del placer. La alegría es asignatura pendiente. Nada digamos de la espiritualidad del placer o del disfrute. ¿Qué futuro tiene la experiencia cristiana? Si seguimos manteniendo que dicha y cristianismo hoy son poco compatibles, el futuro es poco. Alejarse de la espiritualidad del gozo es desfigurar lo que Jesús representa para la humanidad. Por eso, el futuro del cristianismo está ligado a un mensaje de felicidad y de bienaventuranza. Para lo cual: abandono del Dios violento; abandono de la ética de obligación sustituyéndola por la de necesidad; abandono de la espiritualidad del dolor y del sacrificio por la de la felicidad. Es preciso elaborar una mística de la felicidad: una felicidad que se construye, que apunta sobre todo a los otros, que no se impone sino que se contagia.

Cuando hablamos de esta alegría “que no se puede arrebatar” estamos hablando de algo más que un mero componente de la psicología humana. La alegría común es frágil, fácilmente arrebatable. Se puede aspirar a un tipo de gozo estable y compatible con situaciones de evidente dificultad. ¿Es esto una quimera? La vida serena y sosegada de muchas personas marcadas por la limitación demuestra que no. Quizá para ello haya que dar un paso más allá del propio sufrimiento para descubrir en el otro la solidaridad que puede sacar a la persona de la cárcel terrible de su mal. Si se es capaz de echar la mirada a horizontes más amplios es entonces cuando se descubre la hermosura de la solidaridad fraterna. La adversidad retrocede hasta sus propios límites sin invadirlo todo.

La recuperación de las alegrías sociales es una cuestión de alta necesidad. Sobre todo la alegría de ver que entre los humanos, desde la mandíbula de Dmanisi hasta la última de las ONG de hoy, ha existido la entrega a los débiles, por mucho que el nivel al que hemos llegado no sea, ni mucho menos, el deseado. Es cierto, contra Darwin, que los grupos que tienen mejor futuro no son los más fuertes, sino los más solidarios. Por eso, al necesario aumento de la solidaridad habría de acompañar un crecimiento del gozo por la sociedad. Quien se entristece o protesta porque la sociedad vaya enfocando sus recursos (una partecita de ellos, nada más) a las causas de los pobres no solamente no entiende el Evangelio, sino que no está en los parámetros de lo humano. Cada logro social, cada pequeño avance en igualdad, en consideración y respeto, cada tratamiento positivo de quien soporta más los pesos de la historia, habría de ser celebrado como el mejor de los triunfos humanos.

 

 

 

23

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA ENTREGA?

 

Reflexión:

 

         No podemos decir que la entrega sea un valor en alza. Se ven más los contra (dominio, utilización, sumisión) que los pros. Las entregas tienen un valor en sí mismas, no se pierden y no dependen del aplauso, del premio o del pago. Pertenecen al lenguaje del amor.

         En la teología del AT la cosa es muy fuerte: la entrega se da cuando Dios se vuelve de espaldas y deja desconcertado al creyente quien, por su alejamiento de la alianza, ya no puede ver su rostro de Dios (Sal 29) Este es su mayor sufrimiento.

  • Jesús se define a sí mismo como un “entregado” (Mc 9,31) algo que desconcierta mucho a los discípulos que esperan prebendas de un Mesías poderoso. Pero él es un entregado con todo el peso teológico de la expresión.
  • En Jn 13,21ss se desvela la realidad de quien le va a entregar (Judas) dándole un trozo de pan untado. Quizá pueda significar que aunque Judas le entrega, Jesús sigue amándole (el pan untado como gesto de cariño).
  • En Lc 22,48 se dice que Judas entrega a Jesús con un beso, una manera insólita de señalar. Quizá tras ella esté la realidad de una entrega sin premio que tiene dentro, al límite, el componente del amor. El amor que envuelve la entrega.

 

Texto: Jn 15,12-13:

 

         «Este es el mandamiento mío: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande por los amigos que uno que entrega la vida por ellos».

 

  • El amor de Jesús es asimétrico: ama aunque no se le ame, devuelve amor aunque no reciba amor, sigue amando por encima de todo desamor. Es el mandamiento (resume todos los mandamientos) que ha de distinguir al cristiano (Jn 13,34-35).
  • El amor por los amigos es el “más grande” (más, incluso, que el amor a Dios). Esa es la manera con que Dios quiere que se le ame: amando a quien se dice amar, e incluso amando a quien no te ama (Jn 15,13-14).
  • Ese amor se concreta en la entrega de la vida que puede ser entrega de una tacada, raras veces, o en la entrega cotidiana, poco a poco. Medir la adhesión a Jesús por la entrega, no tanto por mantener y suscribir una ideología.

 

 

 

Aplicación:

 

Otra mirada al mundo de los “entregados”. Además de inspirada, la Palabra es inspiradora: puede arrojar luz sobre situaciones de la vida que se hallan envueltas en tinieblas personales o sociales. En ese sentido, la Palabra es terapéutica, capaz de curar y aliviar.

         La comprensión de Jesús como un “entregado” puede echar luz sobre los entregados a su pesar, sobre los dejados del lado por los sistemas, sobre los “descartados” de antemano y por ello entregados desde el nacimiento. Son los 14 millones de personas que malviven campos de refugiados, los varados en Centroeuropa por el cierre de fronteras, los separados por muros y situados en tierra de nadie, los apátridas, los sin papeles y sin posibilidad de tenerlos algún día. Una legión de entregados sociales que no es que sean pobres sino, algo peor, que no cuentan en absoluto para el devenir del mundo. Son los que andan caminos de exilio que no llevan a ninguna parte, errantes que solamente llevan consigo “la cosa más importante” que, a veces, es una nadería, una olla, una red de pesca, un muñeco las niñas.

         ¿Cómo valorar de otro modo la entrega de quienes son entregados? Sigue siendo imprescindible, aunque no suficiente, la conmoción, el impacto, y con ella la capacidad de indignación, sentir la blasfemia contra lo humano. Algo que se rompa por dentro y nos rompa por dentro. Pero no es suficiente con conmoverse: es preciso también moverse, quebrar la inercia social que nos tiene paralizados, creer en la decisividad de los pequeños signos, mirar hacia delante y a los lados y unirse a quienes han logrado esbozar algún tipo de respuesta. Y luego, habrá que intentar moverse organizadamente para presionar con más eficacia a los gobiernos sistémicos y su criminal política de exclusión y para poder ser más eficaces en la ayuda coordinada que en la ayuda desconectada. Todo un proceso, todo un itinerario de reencuentro.

         Esta espiritualidad podría llevarnos al logro de modificar el imaginario social y descubrir en el duro mundo de los entregados el brillo oscuro de uno valores primordiales. La revalorización de la persona por el extraño lenguaje de su desprecio: cada mirada, cada paso, cada muerte, son un grito que subraya el enorme valor de lo que se menosprecia. Por eso, los entregados son el lenguaje más profundo del valor de lo humano, por más que el sistema haga oídos sordos o, incluso, quiera sofocar esa voz.

         Además, son los descartados los adalides de la utopía de la justicia. En la enorme injusticia que sufren se vierte el anhelo inagotable de la justicia que se debe a los excluidos. Eso, por supuesto, no justifica su condición de entregados. Pero sin su grito, la débil voz de la justicia se extinguiría y no nos daríamos cuenta. Queda cuestionado desde ahí el sistema profundamente injusto en el que mundo occidental, cristiano, ha asentado su sociedad. Lo cuestiona y lo desmiente por mucho que se apele a raíces culturales cristianas.

         Así mismo, en las ruinas de su enorme desgracia, brota, con frecuencia, la hermosa planta de la fraternidad. Dicen, en el lenguaje de los entregados, que no hay fuerza capaz de agostar tal planta, que siempre brotará imparable la tendencia de un corazón hacia otro corazón. Esa es la gran denuncia, por vía de humanidad, que hacen a un mundo encastillado en posiciones de vida, de economía y de política que no está dispuesto al compartir humano.

 

 

 

 

 

 

 

 

24

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA PAZ?

 

Reflexión:

 

         La paz es, sin duda, un anhelo en las paginas bíblicas. Pero como Israel ha sido, y lo sigue siendo, un pueblo belicoso, en realidad la paz ha brillado por su ausencia. No deja de tener su ironía que el ayuntamiento de Jerusalén pida a la ciudadanía que rece por la paz mientras desmantelan casas en los territorios ocupados o acorralan a los palestinos en la franja de Gaza.

         Oficialmente, el tiempo de Jesús fue un tiempo de paz: la pax romana y no hubo, al parecer, brotes de violencia por más que los romanos en general y Pilato en particular fueran piedras de tropiezo. Algunos han querido ver en Jesús a un zelotes, un revolucionario político, pero es, a todas luces, excesivo. En lo básico de su mensaje está presente la paz.

  • Ya hemos dicho que la oferta de paz es el núcleo del anuncio del reino, más allá de cualquier dificultad (Mt 10,12). La paz es algo que “se merece” con lo que se conecta o no. No es un mero anuncio, no se impone, se acoge o no se acoge. Es una paz que afecta al fondo de la persona.
  • Puede encontrarse una dificultad en Mt 10,34 donde se dice que Jesús ha venido a traer no paz, sino espadas. Es un texto post-misional: refleja las dificultades encontradas en la misión cuando se ha ofrecido el reino a los clanes familiares. No todo ha sido fácil. Pero el mensaje como tal no pretende una confrontación, sino una relación humanizadora.
  • En Jn 14,27 dice Jesús que él no se despide como todo el mundo. Él no da el saludo de paz para irse, sino para volver y quedarse. Con ello se está diciendo que la paz de Jesús acompaña el caminar humano. Vivir en litigios es desautorizar al Jesús de paz que nos acompaña.

 

Texto: Mt 5,9:

 

         «Dichosos los artesanos de la paz, porque a esos los va a llamar Dios hijos suyos».

 

  • Se refiere a quien construye la paz en modos “artesanales”, delicadamente, cuidadosamente, paulatinamente. No se trata de la paz que se logra por vía de un decreto político, sino la que se consigue por “seducción”, por haber desvelado la hermosura de una vida en paz y haber ampliado el número de quienes la aman.
  • Es un trabajo, algo que se hace con esfuerzo y se logra con tenacidad. Es algo en el marco de la relación humana. La oración por la paz es una ayuda, pero la paz se logra en la arena de la vida corriente.
  • Esa actividad hace a la persona semejante a Dios, porque esa es justamente la obra que Dios hace en la historia (así es imagen y semejanza de Dios).
  • Por esa obra la persona es hijo, se pone al nivel mismo de Dios. Hacer obra de paz es el modo de que la persona se “divinice”, viva en el nivel mismo de Dios.
  • Cree el evangelio que la felicidad individual y social tiene que ver con el logro de esa paz.

 

Aplicación:

 

         La realidad de paz es cosa que oscila. En el panorama internacional no gozamos ahora de los mejores momentos. Se achaca esta debilidad al mal hacer de los grandes políticos olvidando que están donde está porque el ciudadano de a pie ha querido ponerlos ahí. Nuestra responsabilidad en la situación de paz o de conflicto resulta evidente. Resulta sencillo denostar a un político pero hay que mirar y mirarse en derredor porque una parte notable del asunto está en el escenario de la cotidianeidad de la que hacemos parte.

         A veces encontramos noticias curiosas que pasan desapercibidas: en el pasado abril el papa Francisco recibió en santa Marta a los jefes militares del grave conflicto de Sudán. Dicen las notas de prensa que el papa les beso los pies. El gesto, de ser cierto, resulta insólito. Quizá se quiera decir: estoy dispuesto a rebajarme con tal de que reconsideréis vuestras posturas de las que, por desgracia, dependen la vida de miles de pobres. Cualquier cosa por el logro de la paz. Se achaca a este papa que solamente haga gestos. Es, tal vez, lo único que puede hacer. A esa pobreza de acción ha llegado la iglesia.

         De cualquier modo, y mirándonos a nosotros mismos, pretender que la oferta de paz del reino arraigue en la sociedad pasa por que lo haga en el corazón de cada uno nosotros. Bien lo decía Francisco de Asís a sus hermanos: la paz que predicáis habite primero en vuestro propio interior. De lo contrario estamos construyendo sobre falso.

 

 

25

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA JUSTICIA?

 

Reflexión:

 

         La justicia es un tema mayor en la espiritualidad del AT. Por eso, tiene muchas variantes, algunas muy profundas como las del significado de la justicia de Dios. Pero, de una u otra manera, todas las acepciones pasan por una justicia histórica: si aquí, en los caminos humanos, no se logra la justicia se corre el riesgo de hablar de una entelequia, de algo inexistente.

         Por eso mismo, los evangelios sitúan la justicia en el más acá de la historia: es en este mundo donde se verifica si el dinamismo de la justicia puede transformar la historia o no. Des-historizar es anularla.

  • En Mt 5,10 se dice que los que son perseguidos por causa de la justicia tienen a Dios por rey (como los pobres del v.3). Quien trabaja por la justicia está construyendo ya la ciudad futura, no tiene que esperar a edades ulteriores. Los justos construyen el mundo, lo sepan o no.
  • En la parábola del fariseo y del publicano (Lc 18,9-14) vemos no solo dos maneras de orar sino dos modos de vida: baja “justificado a casa” quien pone por delante el tema de la dignidad; quien no lo pone, como el publicano, no logra acceder al terreno de la justicia.
  • En (Mt 6,33) se habla de “buscar el reino de Dios y su justicia” como primer objetivo del horizonte evangélico. Es cierto que esa justicia es muy abarcante. Pero, en cualquier caso, pasa e incluye la justicia histórica.

 

Texto: Lc 16,19-31:

 

«Había un hombre rico, que vestía de púrpura y lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y había un pobre, llamado Lázaro, cubierto de llagas y echado a la puerta del rico, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamerle las llagas. Murió el pobre y los ángeles lo llevaron junto a Abrahán. Murió también el rico y lo sepultaron. Estando en el lugar de los muertos, en medio de tormentos, alzó la vista y divisó a Abrahán y a Lázaro a su lado. Lo llamó y le dijo: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro, para que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua; pues me torturan estas llamas". Respondió Abrahán: "Hijo, recuerda que en vida recibiste bienes y Lázaro, por su parte, desgracias. Ahora él es consolado y tú atormentado. Además, entre vosotros y nosotros se abre un inmenso abismo; de modo que, aunque se quiera, no se puede atravesar desde aquí hasta vosotros ni pasar desde allí hasta nosotros". Insistió el rico: "Entonces, por favor, envíalo a casa de mi padre, donde tengo cinco hermanos; que los amoneste para que no vengan a parar también ellos a este lugar de tormentos". Le dice Abrahán: "Tienen a Moisés y los profetas: que los escuchen". Respondió: "No, padre Abrahán; si un muerto los visita, se arrepentirán". Le dijo: "Si no escuchan a Moisés ni a los profetas, aunque un muerto resucite, no le harán caso».

 

  • La escena dibuja el perfil de un injusto, el rico, que ni siquiera se da cuenta de que lo es: banquetea todos los días, ignora a Lázaro, se viste de púrpura (el tejido más caro). Un ejemplo evidente de autorreferencialidad: no solamente no le importan los pobres sino que ni se entera de que existen. Injusto y sin ninguna clase de remordimiento.
  • Lázaro (el pobre tiene nombre, el rico no) está echado a su puerta porque tiene algún tipo de dependencia económica con el rico: injustamente echado fuera cuando tendría que haber participado de la riqueza que contribuyó a generar. Doblemente marcado por la injusticia: ni se le dio lo suficiente, ni se le da ahora.
  • La parábola tiene una pega fuerte al situar en el más allá la retribución de la justicia: es aquí donde habría que haberla situado; es aquí donde se tendría que haber llevado algún tipo de acción correctiva contra el injusto rico.
  • La autorreferencialidad del rico es tan compacta que persiste incambiable en el más allá: no le interesa más que su lengua (no la de nadie más), los de la casa de su padre (no los del pueblo), un Dios a su servicio que mande un resucitado de su parte. Es como si se dijese: con la injusticia de los ricos no hay nada que hacer, es tan pétrea que solamente se combate huyendo de la como de la peste.
  • Escuchar a los profetas de la justicia es imprescindible para no caer en las redes de la injusticia avasalladora.

 

 

 

Aplicación:

 

La lucha por la igualdad económica. El Papa Francisco ha estigmatizado con duras palabras la “economía que mata”: “Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata” (EG 53). ¿Hay que tomar estas palabras en serio o es un dura metáfora a la que no se le otorga más importancia que su carga literaria? El modelo económico neoliberal, que es el que nos invade, es un asesinato de inmensas proporciones en el sentido más real de la palabra y un formidable ecocidio. La economía de la exclusión es asesina en sus conceptos más básicos.

         En muchas ocasiones Francisco ha denunciado la enfermedad de la economía que es la progresiva transformación de los empresarios en especuladores cuando el objetivo de sus beneficios pasa por encima de las personas. Es el resultado de una economía sin rostro, despiadada, cuyos reglamentos y leyes pensados para los no honrados terminan por perjudicar a los honrados. El perverso fruto de estos dinamismos sociales es la desigualdad económica y sus terribles secuelas. Por eso, el quid de la economía que mata hay que situarlo hoy en el tema de la desigualdad.

         La vida bajo la desigualdad tiene una serie de consecuencias innegables. La primera de ellas es, simplemente, que acorta la vida: los países bajo la pobreza tienen medias de vida muy bajas y en los países ricos el alargamiento de vida en las capas sociales pobres o con poca educación es mucho más lento que en el resto de la población. La segunda consecuencia afecta sobre todo a los niños y es el retraso en el crecimiento como secuela de la malnutrición infantil. “Casi la mitad de los niños indios menores de cinco años sufren esa condición, al igual que el 40 por ciento de los niños de África subsahariana y de Indonesia”. Efectivamente, la malnutrición masiva tiene un tremendo impacto en el desarrollo humano. ¿Cómo va a tomar cuerpo el aserto de Mt 5,48 sobre la bondad acabada en la persona que llega al techo de sus posibilidades si estas se cercenan desde la infancia?

         Hay que considerar también las puertas de la exclusión que son las puertas que llevan al abismo de la desigualdad. La primera es la desmembración social porque la desigualdad de recursos desgarra a los pueblos por las costuras de clase. Se ve cada vez como normal que, a veces en el breve espacio de una zona de la ciudad, convivan los muy ricos en sus apartamentos de lujo y, a pocos metros, están las casas de chapa de los más pobres. Las ciudades se han convertido en núcleos de desigualdad. La violencia urbana no es ajena a esta desmembración. En segundo lugar hay que reconocer la cultura del despilfarro, que también el Papa Francisco ha censurado con rigor. Es socialmente proverbial el despilfarro militar no solamente en los países ricos, sino con frecuencia en los más frágiles.

 

 

26

¿QUÉ DICE EL EVANGELIO

SOBRE LOS EXTRANJEROS?

 

Reflexión:

 

         En el AT hay toda una espiritualidad favorable a los extranjeros “porque fuiste extranjero también tú” (Ex 22,21). Pero, en realidad, Israel cultivó a fondo un profundo menosprecio a los extranjeros a los que tenía por destinados al infierno desde el nacimiento. Por eso nos extraña que Jesús viajara al extranjero (Tiro, Decápolis) sin que se le hubiese perdido allí nada.

         De hecho, este tema de los extranjeros será el gran primer problema de la naciente comunidad cristiana: si tales sujetos son dignos del reino ofrecido por Jesús o no. Los hechos demostraron que sí, aunque les costó mucho, sobre todo a ala mas conservadora (Santiago y los de su grupo), admitir la evidencia de que la fe arraigaba entre paganos.

  • Cuando Jesús quiere desconcertar a sus discípulos les dice: “Vamos al otro lado” (Mc 4,35). ¿Por qué les desconcierta eso? Porque al otro lado están los paganos y un Mesías para paganos es una contradicción. La terquedad de Jesús de ir ahí está indicando que “alguien” (el Padre) le empuja en la dirección de la universalidad.
  • Explícitamente dice que Jesús “llegó al país de los gadarenos” (Mt 8,28). No se dice que hubiera ningún fruto de cara al reino, más bien lo contrario (Mt 8,34). Pero como dice Jn 4,38 esta “fatiga” tendrá su fruto en otro momento.
  • En Mt 8,5-13 se presenta la figura de un militar romano que confía en Jesús al modo militar. Jesús tiene elogiosas palabras sobre él: “No he encontrado fe en Israel como la de este hombre” (v.10). Jesús llega a pensar (es una verdadera evolución) que también los paganos acceden al reino, por más extranjeros que sean.

 

Texto: Mc 7,24-31:

 

«Después Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto. En seguida una mujer cuya hijita estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de él y fue a postrarse a sus pies. Esta mujer, que era pagana y de origen sirofenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio. El le respondió: “Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los perros”. Pero ella le respondió: “Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migas que dejan caer los hijos”. Entonces él le dijo: “A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija”. Ella regresó a su casa y encontró a la muchacha acostada en la cama y liberada del demonio»

 

  • Una primer cuestión es quién le empujó a Jesús a tomar la decisión de ir al extranjero: ¿el Padre, en sus noches de oración (Mc 1,35)? Era una verdadera novedad.
  • Él va desasosegado porque le resulta difícil asumir esa dirección. Al fin y al cabo era un judío. La frase dura que le dice a la mujer (“no está bien echar el pan de los hijos a los perros”) deja ver a las claras ese desasosiego.
  • Pero fue, por mucho que Tiro nos parezca que está cerca de Israel (40 km) era el extranjero, otra cultura, otra fe (los dioses fenicios), otra cultura. Un viaje a tierras de paganos en toda regla.
  • El prodigio verificado en Tiro es, como ocurre en Israel, la liberación de la niña de algo que le constriñe (el poder superior de la madre) hasta hacerla muchacha, persona adulta (hijita-hija-muchacha). También el extranjero ha de llegar a la adultez: tarea común a toda persona. A esa tarea quiere ayudar la propuesta de Jesús.

 

Aplicación:

 

La superación de las tensiones históricas por la asunción de la diferencia.A estas alturas de la historia la persona ha experimentado por enésima vez que las diferencias mal asimiladas son la causa de múltiples sufrimientos sociales. Las pretensiones hegemónicas, los nacionalismos exacerbados, las dictaduras crueles, las enormes dificultades para que los pueblos caminen en la misma dirección tienen como fuente principal la imposibilidad para asimilar la diferencia. Es un movimiento que nos conecta con la época de las cavernas: resulta dificultoso ver al habitante de la otra caverna uno al que no hay que combatir. Precisamente por ser algo tan ancestral es una realidad de muy difícil orientación.

Se puede comprender fácilmente que el odio al distinto tiene aquí su raíz y que la tarea de asumir la diferencia es algo de un volumen que, con frecuencia, sobrepasa a los humanos.

Este problema se agranda cuando el odio al distinto alcanza niveles de globalización, salta las fronteras de un país y comienza a implicar a gentes de cualquier lugar de la tierra. Los recelos entre las sociedades están bien vivos y el odio a las minorías sigue funcionando. La supuesta lucha por la identidad lleva emparejada la violencia, signo evidente de la dificultad de armonizar caminos de vida múltiples y fragmentados.

Hay maneras de asumir diferencias que se asientan sobre falso: toda suerte de imposición del más fuerte, mediante dictaduras, presiones económicas, tiranías culturales. El imperialismo cultural es, sin duda, una forma de machacar las diferencias en beneficios de la cultura dominante, la del neoliberalismo más crudo asentado en los países más desarrollados, sobre todo USA. Se puede definir imperialismo como la “actitud y doctrina de quienes propugnan o practican la extensión del dominio de un país sobre otro u otros por medio de la fuerza militar, económica o política”.

Una forma más sutil de puentear las diferencias es uniformar, hacer que todo el mundo valore, hable, se comporte en modos uniformes, esos modos que están dictados de antemano por la moda, el consumo, la banalización de la individualidad. Este es un objetivo prioritario del imperialismo cultural. “El imperialismo tiene como finalidad exportar e imponer los valores y cultura de los países desarrollados, hacia los países receptores, los cuales adoptan de una manera pasiva y casi imperceptible los flujos informativos y los productos culturales extranjeros”.

Pero hay otra serie de caminos más posibilitadores. Son aquellos que comienzan trabajando la memoria, que se resisten al olvido como manto que cubre heridas que es preciso restañar y curar. Como dice R. Mate, “hacer presente el pasado de los vencidos amplía el campo de la justicia”. El campo de la justicia se amplía con el perdón. Si se quiere edificar en justicia es necesario contar con los agravios del pasado para integrarlos en el proceso de construcción armonizable del presente.

Será necesario, igualmente encajar la evidencia de que la diferencia es un componente ineludible de los seres históricos y que pretender ignorarla es una rotunda equivocación. Más aún, será preciso ver la diferencia como un valor, como una posibilidad de enriquecimiento, no solamente en lo que tiene de obstáculo. Es el gran valor de la diferencia. La única manera de contrarrestar el efecto desintegrador de la diferencia es, justamente, convertir la diferencia en un motor del hecho social. “Aceptar a estas personas [diferentes] es, entenderlas y comprenderlas como personas diferentes, como individualidades que puedes querer o aborrecer, que te importan o de las que pasas pero en las que ves, además de su limitación -evidente o no-, sus valores, sus inquietudes, sus motivaciones, su forma de ser. Aceptarlas como un factor más, como un elemento que junto con muchos otros, determinan su personalidad. No hay que integrar a los diferentes, mediante sistemas paralelos. Hay que permitirles vivir en el mundo -el nuestro y el suyo-, y que se coloquen donde quieran estar. Hay que dotarles de la capacidad necesaria, para que puedan tener las mismas oportunidades, que el resto de las personas para vivir como ellos quieran vivir”.

 

 

27

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LA TERNURA?

 

Reflexión:

 

         Para muchos, el AT es un libro todo menos tierno, duro, sangrante, violento. Algo de razón no les falta. Pero también contiene textos donde brilla la ternura (“como un niño a quien su madre consuela” Is 66,13; “con lazos de ternura, con cuerdas de amor, los atraje” Os 11,4). No podía ser de otra manera porque la Biblia recorre todos los recovecos del alma humana y uno de ellos es la ternura.

         La figura de Jesús en los evangelios no aparece especialmente tierna, aunque hay rasgos. Tampoco hay textos muy elocuentes sobre la ternura. Pero podemos encontrar “semillas” que alimenten este rasgo tan interesante de las espiritualidad humana.

  • Dice en Mc 6,34 que al ver Jesús a la gente que andaban como ovejas sin pastor “se puso a enseñarles con calma”, que es lo mismo que decir que les enseñaba con paciencia no exenta de una cierta ternura. No es el profeta airado, ni el sabio que no acepta interrupciones: es el que tiene calma porque conoce la necesidad del corazón del otro. Y él, en la medida que puede, acude a esa necesidad.
  • En Jn 11,35 se dice que ante el hecho de la muerte de Lázaro, “se le saltaron las lágrimas”. Más allá de su significado en la narración joánica (el llanto por no ser entendido como posibilidad ante la muerte) se desvela en el dato una indudable ternura de Jesús por su amigo muerto. Presentar a un Mesías que llora por un amigo es algo insólito porque apunta a la realidad de un Mesías con corazón.
  • Pero donde más aparece la ternura de Jesús es en su manera, hermosa y rara, de denominar a Dios con el modo infantil de “Abbá” (Mc 14,36): En ese simple término (de la misma boca de Jesús, según J. Jeremías) se insinúa la ternura con la que Jesús entiende al Padre y su relación con él.

 

Texto: Mt 11,28-30:

 

         «Acercaos a mí todos los que estáis rendidos y abrumados, que os daré respiro. Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy sencillo y humilde: encontraréis vuestro respiro, pues mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

 

  • Parece que existía entre los judíos contemporáneos de Jesús una discusión nunca cerrada del todo sobre qué mandamientos de la Ley eran “pesados” y cuales otros eran “ligeros”. Es decir: cuáles eran obligatorios y cuáles de libre cumplimiento. Es que el judaísmo había generado una jungla de preceptos y preceptillos que al final conformaban un todo realmente opresor.
  • Jesús se dirige al pueblo sencillo que sufre el peso de los legisladores, de aquellos que no mueven un dedo para contribuir a llevar la misma carga ellos han puesto (Mt 23,4). Están rendidos y abrumados por la vida dura y, encima, están más agobiados por la religión que tendría que haberles ayudado a su liberación. Doblemente sojuzgados.
  • Jesús propone dar un respiro de una manera muy sencilla: su propuesta es llevadera y ligera. Es decir: él se alía con el lado de lo ligero. Lo de Jesús no es obligatorio, brota de la libre adhesión del corazón. Obligar a aceptar su propuesta es como obligar a amar. Un amor obligado es una contradicción en sí mismo.
  • Él mismo ha hecho la prueba de enfocar su vida desde la sencillez y la humildad. Ese es el camino de liberación que propone. Pero, a la vez, su propuesta es fuertemente liberadora e, incluso, reivindicativa: habla de una nueva alternatividad lejos y en confrontación no buscada pero real con el sistema opresor legal.

 

Aplicación:

 

La ternura social es necesaria. Parece obvio, pero construir la comunidad social demanda, más allá de una simple “amistad cívica” (algo de por sí muy valioso) un verdadero afecto hacia la sociedad. Querer a la sociedad no es un sentimentalismo barato, sino haber llegado a la convicción profunda de su necesidad para el más personal de los desarrollos. Esta convicción toma el rostro del verdadero afecto, de la adhesión cordial e, incluso, de la ternura. ¿Es posible construir la sociedad humana sin realmente amarla? No será fácil. Pero para amar la sociedad quizá haya que comenzar a amarse a sí mismo, por obvio que parezca. ¿Cómo puede el hombre sentir ternura por otro hombre, por todas las criaturas, por la naturaleza de la tierra y de los cielos, si no consigue sentirse tierno con respecto a sí mismo? De ahí podrá derivar y dar contenido a esa “caridad política”, esa colaboración al bienestar del otro a través de estructuras sociales, que el cristianismo ha invocado y que aún se halla en la zona de las sombras. Todo esto no es posible sin amar la sociedad, sin hacerla objeto del amor más personal. No se trata de amar una entelequia, sino una realidad vida que está ahí y que interpela. Y desde aquí se podrán construir una cridad social que trabaje en la simple línea de sembrar ternura en la, con frecuencia, dura vida de los frágiles.

 

 

28

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL DISFRUTE?

 

Reflexión:

 

         Las épocas antiguas fueron más duras que la nuestra. Por eso, hablar de una espiritualidad del disfrute a nivel popular quizá sea excesivo (Abderramán III dijo aquello de los 14 días de felicidad). Sin embargo, la historia humana siempre ha ido tras la dicha y en la Biblia queda reflejado claramente (Qoh9,7-10).

         Los evangelios no ponderan directamente el disfrute. Pero no hay que olvidar algo que hemos dicho en otras ocasiones: el programa de Jesús es, ante todo, un programa de dicha. Por ella está interesado, más que por el pecado. Si se quiere construir la adhesión a Jesús, adhesión de amor, habrá que contar con el disfrute porque ¿qué es un amor sin disfrute?

  • En los evangelios hay, a veces, como dos niveles: Jesús habla a la gente de una manera, pero luego “en casa” se expresa con más detalle y amplitud (Mc 7,17). Posiblemente que tales encuentros estaban enmarcados en el gozo de la amistad profunda.
  • Dice en la escena de Zaqueo (Lc 19,1-10) que Jesús fue acusado de ir a “alojarse” en casa de un pecador. El verbo tiene unos trasfondos curiosos: alude al hecho de que, cuando un visitante se hospeda en una casa, avía primero los animales en la cuadra y luego sube para comer y “se suelta el cinturón”, se pone cómo dispuesto a la cena y a la larga charla. Algo de eso indica el verbo “alojarse”: ha hablado tranquila y disfrutantemente con un pecador. Un Jesús que habla con disfrute con nosotros. Una maravilla.
  • A veces se ha interpretado el texto de la vuelta de la misión (Mc 6,31) como ir a un sitio tranquilo a descansar, a rezar, a disfrutar. Quizá tenga más que ver con un lugar de reorientación porque no han hecho la misión correctamente (han enseñado al modo judío). Pero posiblemente el marco de la naturaleza fue gozoso para Jesús y los suyos.

 

Texto: Mt 11,16-19:

 

«¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros:“Hemos tocado la flauta,
y no habéis bailado;hemos cantado lamentaciones,y no habéis llorado.”Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores.”Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios».

 

  • Este texto insólito muestra la causa del rechazo de Jesús: es que Israel es un pueblo que, por definición, rechaza a cualquier profeta que se le envía, coma o ayune. Esto es la excusa, pero en el fondo hay una actitud que impide acoger la presencia de Dios en la mediación histórica.
  • De cualquier manera es interesante que Jesús quede caracterizado como uno “que come y bebe”, como uno que disfruta con lo más básico de la existencia humana. No es un profeta en el monte, no es un asceta ayunante, no es un rechazador de los caminos de la vida. Es uno como todos que disfruta comiendo y relacionándose.
  • Los “títulos” de comilón y borracho son extraños aplicados a Jesús pero definen muy bien su sintonía con el camino humano, aunque sea por vía del insulto. Un Mesías mezclado a lo nuestro, a nuestros gozos y sinsabores.
  • Las obras de Jesús a favor de la persona hacen ver “la sabiduría de Dios”, la certeza de que Dios ha elegido el camino humano para manifestarse y que apartarse de ese camino, no disfrutarlo, no es la opción adecuada.

 

Aplicación:

 

La sociedad moderna parece que cuida el cuerpo, incluso en exceso, aunque sea solamente la parte de la corporalidad. Habría que ir construyendo una espiritualidad sobre y desde el cuerpo, por paradójico que parezca. El abandono del cuerpo lleva al abandono de la espiritualidad, no lo olvidemos. Podemos llegar a preguntarnos, y sólo en apariencia es paradójico, si la causa de que en Occidente hayamos dejado de lado muchas veces al Espíritu Santo no será precisamente haber desacreditado y marginado el cuerpo humano. ¿Por qué, pues, no comenzar por una espiritualidad corporal a través del aprecio sensato y valorativo de los sentidos? ¿Por qué no elaborar una saludable espiritualidad corporal desde el disfrute del cuerpo? Disfrutar de la comida saludable, compartida; porque comer no es solamente nutrirse sino, la evidencia de que estamos llamados al banquete grande de la vida. Disfrutar con la naturaleza porque es madre que cobija y hermana que acompaña. Disfrutar con la lectura porque es lugar donde se recrea el alma. Disfrutar con el silencio porque ahí nos resituamos y nos rehacemos. Disfrutar con los abrazos, las caricias y el contacto físico porque con él hablamos el lenguaje del amor en modos eximios. Disfrutar con el canto porque es una ventana del alma a la vida. El disfrute, tan denostado por viejas espiritualidades, es un modo de reconciliación óptimo con nuestro cuerpo, un bálsamo y un paliativo de las incomprensiones y heridas que le inferimos. Sin la recuperación de la corporeidad es imposible avivar el espíritu humano.

 

 

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¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE EL FUTURO?

 

Reflexión:

 

         El presente de los tiempos bíblicos fue duro. Por eso mismo no vertían sus preocupaciones en el futuro, sino en el día a día. Pero el interrogante del futuro, que siempre ha acompañado el transitar humano, aparece con frecuencia en las páginas bíblicas (así en las páginas de Daniel o de Zacarías: oráculos de “aquel día”).

         En la época de Jesús había una preocupación popular por la venida del Mesías que coincidiría con los días finales del mundo. No se tenía el panorama evolutivo del cosmos que todos conocemos hoy por la ciencia moderna. Jesús mismo parece que heredó este pensamiento que pasó a ser una de las primeras preocupaciones de los cristianos (como se ve en 1 Tesalonicenses). No obstante, el pensamiento de Jesús sobre el futuro pasa por los modos del presente. No es uno que olvide el presente sino, como decimos modernamente, el futuro que tendremos pasa por el presente que tenemos, que construimos.

  • En las parábolas ecológicas que hemos visto (Mt 6,24-34) se repite varias veces: “no andéis preocupados”. Las excesivas preocupaciones no solamente bloquean la posibilidad de aceptar la propuesta de Jesús, sino que también malean y llenan de sinsabores el presente.
  • En Mt 10,23 y en Mc 13,30 se desvela el pensamiento de Jesús sobre un futuro inmediato en que el mundo llegará a su plenitud. Quizá sean textos que pertenecen a las primeras comunidades porque el actuar de Jesús no está marcado por ningún frenesí de esperanza inminente.
  • Es, sin duda, la comunidad cristiana la que ha elaborado una teoría sobre un futuro inmediato influenciada por el ambiente (Mt 24,29). Estando en situación difícil, han imaginado el futuro como una consumación, un cataclismo. No conocían las teorías del expansionismo del cosmos que conocemos nosotros. Pero ni aún así, el cristianismo primitivo ha logrado mantenerse en el marco de una indudable valoración de la historia, del presente: es necesario pasar por él para entender el proyecto de Jesús

 

Texto: Mt 25,31-40:

 

«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.    Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.” Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?” Y el rey les dirá: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis».

  • Es la quinta de las instrucciones del evangelio de Mateo. La más importante: el reino alborea cuando modifica el presente a favor de los frágiles. No se trata de que triunfe una religión, sino de que las necesidades humanas, la cuota de dicha de cada cual, sea un logro.
  • Una fe que no influye el presente no es la que propone Jesús. La suya es una religión hecha para modificar la historia a favor del humilde. Si eso no se da, el reino no alborea.
  • Por eso, la propuesta de Jesús modifica el tiempo, no el cronológico, sino el humano: cuanto más nos apuntamos a la justicia, tanto antes llega la plenitud; cuanto menos trabajamos la justica, tanto se retrasa el día del reino.
  • La propuesta de Jesús quiere mejorar las relaciones humanas del presente a todos los niveles. Si esa propuesta no influye en este momento está siendo estéril.

 

Aplicación:

 

El futuro queda hipotecado si no salimos de la conciencia aislada. Es muy posible que un análisis inmediato lleve a la conclusión de que en el actual devenir del mundo la conciencia aislada ocupa un centro que nadie es capaz de disputarle. Por eso mismo hay que tratar de construir un modelo ético que, al menos, aminore los efectos del imperio de la conciencia aislada.

         Tiene razón el papa Francisco cuando dice: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien” (EG 3).

         Para ello será necesario asomarse al interior del hecho social para sufrir un triple impacto: a) la percepción de la implicación creatural: por el hecho de ser criatura se crea una responsabilidad común con toda otra criatura; b) la activación del sentido de familia, ya que vivir con otros humanos nos hace iguales a ellos y crea lazos de familia básica de los que no sería ético renegar; c) llegar a percibir las situaciones ajenas de dolor como algo que es parte del propio dolor, ya que la respuesta al sufrimiento del otro da la talla de nuestra propia humanidad. Si no se cultiva este mundo de relaciones internas en el seno del hecho social, la deriva hacia la conciencia aislada será siempre un peligro que acecha.

         Todo ello habría de llevar a la persona a sentir un temblor común por el futuro de la vida, ya que la conciencia aislada es, sin duda, el mayor enemigo de tal futuro. Por el contrario, sea cual sea, el futuro de lo que vive está mejor garantizado cuando uno se abre a la realidad de lo otro sintiéndose parte de un todo que no anula sino que es garantía de futuro para cada persona, para cada criatura.

 

 

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¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS

SOBRE LAS LIMOSNAS?

 

Reflexión:

 

         La sociedad cambia, pero la costumbre de la limosna continúa. Incluso adquiere otras formas de más rango social (subvenciones entendidas como limosnas, no como derechos sociales). En el AT y en la sociedad de Jesús es práctica común (eran tiempos de pobreza) y además en formas consagradas (por ejemplo la limosna que se da en Jerusalén tiene doble valor).

         Jesús no cuestiona la existencia de esa práctica penitencial, pero la reorienta, la trata a su manera. Esta reorientación lleva, en el fondo, a plantearse la coherencia de tal práctica religiosa y su consiguiente transformación en caminos de solidaridad, no tanto de dar, sino de darse.

  • El principio reorientador de la limosna es hacerlo “en lo escondido” porque es ahí donde el Padre lo ve (Mt 6,4). Esto quita el aguijón al veneno del donante que siempre quiere que conste su nombre, sobre todo si el donativo es cuantioso. Un dar poniendo delante el yo no es darse; y eso no entra bien en el camino evangélico.
  • El segundo principio reorientador es “que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha”. Es decir: no llevar cuentas de lo que se da porque esa es la manera de que, después, se pueda llegar a exigir una contrapartida. Porque si se exige contrapartida no estamos ya en el marco del darse.
  • El tercer principio reorientador es, según Mc 7,9-13 (declaración de “corbán”), que la justicia está por encima de la limosna. Por eso, si una limosna colisiona con la justicia, si mantiene la injusticia, es una limosna cuestionable según el pensamiento de Jesús.

 

Texto: Mc 12,41-44:

 

«Se sentó enfrente de la Sala del Tesoro y observaba cómo la multitud iba echando monedas en el tesoro; muchos ricos echaban en cantidad. Llegó una viuda pobre y. echó dos ochavos, que hacen un cuarto. Convocando a sus discípulos, les dijo:- Esa viuda pobre ha echado en el tesoro más que nadie, os lo aseguro. Porque todos han echado de lo que les sobra; ella, en cambio, sacándolo de su falta, ha echado todo lo que tenía, todos sus medios de vida».

 

  • El texto, que ya hemos citado en otras ocasiones, es un ejemplo claro de superación del dar por el darse. Efectivamente, la pobre mujer da “de su falta”, de su necesidad, de ella misma, no de lo que le sobra. Se da a sí misma en el poco dinero que tiene para sobrevivir.
  • Por eso queda presentada como ejemplo de ciudadana del reino: es ciudadano quien se va entregando a los demás sin llevar cuenta de lo que da y sin demandar ninguna alabanza porque su limosna se pierde en el mar de las otras limosnas.
  • Por otra parte, el lector de hoy pone un correctivo al texto: la mujer confía en que su limosna llegue a su objetivo, a los pobres. Esa confianza es un gran valor. Pero los vericuetos de las limosnas incontroladas son muchos. Por eso, se requiere la transparencia de que tales limosnas llegan al fin que se propone. Esta verificación no es desconfianza, sino el control que cualquier actividad económica necesita.

 

Aplicación:

 

Dar o darse. Aquejada nuestra sociedad de una mentalidad monetarista, la sociedad ha creído que dar era siempre un problema, sobre todo cuando se trata de dar los beneficios sociales a quienes no se consideran agentes productivos. Desde ahí no se ha podido entender que había otros bienes, no monetarios, que eran compartidos con los “improductivos” y que, por ello, podía haber un trasvase social de bienes, siendo el dinero uno más de ellos. Así se habría suavizado la tensión del dar y se habría ampliado su ámbito de influencia. Pero hay más: esta mentalidad monetarista es la que ha impedido ver que la razón y la meta del dar es el darse, que cuando la persona se da, independientemente de su situación económica, es cuando hay posibilidad de humanidad para todos, para el que tiene (que deja de tener tanto) y para el que no tiene (haciéndole ver que en el otro es donde tiene posibilidad y horizonte). Esa actitud interna de disponibilidad se concreta, a través de la certeza de responsabilidades adquiridas, en políticas sociales de compartir social. No se trata de subvencionar a modo de limosnas a quien tiene necesidad, sino de ver que los beneficios de todos han de ser repartidos entre todos. Por eso mismo el darse social apunta a modos de reparto nuevo que hasta ahora no se han abierto paso en el itinerario social moderno. El darse social revolucionaría el fenómeno del reparto y, con él, el horizonte social.

De entre los intentos que van en esta dirección es de destacar el de la renta básica que es un ingreso pagado por el Estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva. Sería un colchón que suavizaría el aterrizaje de los perdedores en la nueva economía. Las críticas de que desincentivaría la búsqueda de trabajo  y que es algo muy caro se tienen difícilmente en pie. Muchos economistas están convencidos de que la renta básica es una propuesta justa. Justa en un sentido muy preciso: garantizaría la existencia material de toda la población.

Pero el darse tiene sus coartadas: la pobreza, la carencia de poder, la insignificancia social, la dificultad para la comprensión de los vastos problemas de la sociedad, etc. Todo se parapeta en la sencilla pregunta de ¿yo qué puedo hacer? En realidad, esta cuestión habría de ser sustituida por la de ¿yo qué estoy dispuesto a hacer? Enarbolar coartadas es, con frecuencia, echar una cortina de humo sobre los problemas. En ese sentido hay que ejercer una continua crítica sobre la no intervención social. La implicación es más sutil y pasa por el compromiso personal con la conciencia. Por encima de otros compromisos con agentes sociales está el valor de la palabra íntima y de las creencias que cada cual tiene. Pero también, como antes dijimos, cuenta decisivamente el itinerario de responsabilidad que cada persona va construyendo.

Una sociedad asentada sobre el darse es, hoy por hoy, un sueño inalcanzable porque el ser humano camina en la historia, todavía, en fases de egoísmo primigenio que le hacen muy cuesta arriba la espiritualidad del darse. Por eso mismo, los niveles de igualdad social son, aún, bajos y son triunfadores aquellos, personas y entidades de gran volumen social, que luchan con denuedo no solamente por el mantenimiento de la desigualdad, sino por su acrecentamiento. Y siguen cosechando grandes éxitos aunque, creemos, que tienen los siglos contados.

 

 

CONCLUSIÓN

 

         Hemos hecho un largo recorrido por las páginas de los evangelios tratando de construir pequeñas síntesis en torno a cuestiones muchas de las cuáles son vitales para nosotros. El evangelio siempre es luz cuando se lo mira con interés y amor.

         Estas síntesis nos hacen continuas preguntas sobre nuestro modo de vivir la fe. Es buena señal: cuando la Palabra se vuelve pregunta para nosotros es que ha llegado a su fin, a su lugar correcto. Ir respondiendo con paz a estas preguntas es la tarea de la vida cristiana.

         El hacer este trabajo en grupo es un beneficio impagable no solamente porque estrecha nuestra relación, sino también porque ampara nuestra fe. Nos lo agradecemos vivamente.