CVA

 

PARA INICIAR

UN TRABAJO ORANTE CON EL APOCALIPSIS

 

 

1. El libro del Apocalipsis

 

            Digan lo que digan, el Apocalipsis es auténticamente infumable. No solo el estilo tan desconocido para nosotros (literatura apocalíptica: la “ciencia ficción” de la época), como sus extraños símbolos (que aún muchos se empeñan en explicar), como su hechura general judía (es un libro “bautizado”) hacen que este libro resulte inservible (y nosotros nos empeñamos en trabajar con él).

            La casi totalidad de los comentarios nos dice que es un libro escrito por la comunidad cristiana primitiva que sufre una gran persecución (la del cruel Domiciano u otra local) y que escribe para resistir en la gran tribulación.

            Pero esta ideología de resistencia tiene en el Apocalipsis unas características de militancia y de condena del enemigo que son evidentes. Su ideología es clara: nosotros ahora estamos sufriendo mucho, nos hacen la vida imposible, nos persiguen hasta masacrarnos. Vendrá un día en que el Dios vengador dará la vuelta a la tortilla y ellos serán los castigados al infierno y nosotros los premiados. Es decir es una resistencia en contra de los enemigos.

            Esto hace de Apocalipsis un libro cruel, duro, inmisericorde con quienes no son cristianos, fanático, en suma. No va a la yihad porque no tienen medios, si no, irían a por los paganos. Evidentemente hay que encontrar otra manera de leer este libro extraño.

 

2. La lectura especular

 

            Nosotros vamos a aplicar una teoría literaria que se llama especularidad narrativa.  Especularidad viene de la palabra speculum: espejo.

            Cuando uno se mira en un espejo ocurre un fenómeno curioso, aunque uno no repare en él: el espejo refleja no solo el rostro que está delante, sino otras muchas cosas que van allá de la mera imagen: ¡qué viejo estás! (dice quien se mira). En realidad eso no “dice” el espejo (que no habla, que no valora), pero sí lo dice. Más aún, se puede formar una cadena especular: uno que escucha a quien se está mirando la valoración ¡qué viejo estás! Puede añadir: ¡Efectivamente, estás hecho un fósil! Esto tampoco lo dice el espejo (que no habla) pero, de alguna manera, sí lo dice.

            Esto se puede aplicar a un texto literario que es una especie de “espejo” que ha creado su autor. Parece que ahí está solo lo que se dice, pero especularmente hay cosas que no se dicen de manera directa, pero si derivadamente. Son cosas que, quizá, no pensó en decirlas ni el mismo autor del “espejo”, del texto, pero yo que leo ahora, las veo, o las valoro, o las tengo en cuenta. Es como si en el texto hubiera no solamente un autor, sino dos, o más.

            Si aplicamos esta teoría al Apocalipsis da como resultado lo siguiente: uno ve a través de todo el libro que hay como dos autores: por un lado está el vamos llamar vidente, el que tiene la visión, el que la ve y la describe; pero hay otro al que llamaremos teólogo, más reflexivo, más ponderado, mejor valorador. La lectura que se ha hecho siempre es la de vidente (Dios castigará a quienes ahora nos persiguen). Pero si leemos desde el teólogo, la cosa cambia: el mundo no es tan malo, siempre hay cauces abiertos de posibilidades nuevas, la tierra encierra la bondad, la sociedad puede regenerarse porque hay mucha gente buena, no hay que elaborar mística de militancia sino de fraternidad (a pesar del mal). Si esto ocurriera en un solo pasaje, quizá habría que sospecha de su arbitrariedad, pero esto pasa en muchos textos.

 

 

 

3. De atrás para adelante

 

            Por otra parte, nosotros vamos a trabajar con Apocalipsis de una manera no corriente: leyendo el texto en sus pasajes principales de atrás para adelante.  Es decir, comenzaremos por el gran sueño del libro (la ciudad nueva, la nueva sociedad de hermanos y de justicia) y de ahí iremos viendo cómo van encajando las demás partes.

            ¿Es de recibo esta manera de leer? Sí, es una manera adulta porque un adulto puede leer de formas diversas y sacarles partido. ¿No leemos con frecuencia el periódico empezando por la última página, yendo para atrás y nos enteramos perfectamente? Creo que tenemos capacidad para hacer con provecho una clase de lectura como esta.

 

4. Espiritualidad social

 

            Además, comenzamos este trabajo con un anhelo que no sabemos si se cumplirá: queremos leer Apocalipsis e incluso orar con él en este momento de la sociedad. Es decir, queremos buscar luz espiritual para actuaciones sociales, para comportamientos de ciudadanía, para creer que se puede seguir siendo hermano en este mundo nuestro.

            Hemos comprobado a lo largo de estos años que uno de los mayores beneficios de nuestro trabajo orante ha sido el hacernos más flexibles, fraternos y acogedores con esta sociedad en la que vivimos tratando de superar sus callejones sin salida. No queremos una fe separada de la vida, no nos interesa una espiritualidad desconectada de la más elemental realidad. Incluso no deseamos una espiritualidad que no tenga que ver con los caminos, a veces peregrinos y errados, de cualquiera de nosotros.

            Desde la Palabra queremos recabar luz para este caminar. Por eso vamos a titular este camino con esa frase de inspiración brechtiana: BUSCAR LUZ EN TIEMPOS OSCUROS. Eso creemos que puede ser la Palabra: una “lámpara para nuestros pasos” (Sal118,115) de hoy. Quizá haya quien piense que no es el Apocalipsis el mejor lugar para encontrar esa luz. Pero con paciencia, deseo y ánimo común podremos lograrlo.

 

5. En grupo

 

            Nuestros trabajos orantes siempre se han hecho, más o menos, en grupo, ayudados por “la comunidad virtual” (y no tan virtual porque aquí estamos al cabo de los años). Por eso, vamos a seguir en esa línea.

            Muchas veces solemos repetir, porque así lo creemos, que uno de los mayores frutos de este trabajo (si no el mayor con mucho) ha sido la amistad que hemos ido forjando, la relación, el querernos, en definitiva. Eso no lo vamos a dejar y, en la medida de lo posibles, seguiremos en el empeño con la mayor fidelidad que podamos.

 

 

6. Un largo caminar

 

            Como dice la canción “de misa”: “un largo caminar, por el desierto bajo el sol”. Nuestros trabajos orantes siempre han sido “largos caminares”, de años. No sabemos lo que este de Apocalipsis nos costará (porque lo vamos a leer en gran parte, pero en su absoluta extensión. De cualquier manera si nos apoyamos como hasta ahora, con paciencia, podremos andar el camino, tan largo como sea.

 

            Ponemos este empeño en manos de Jesús, nuestro hermano, nuestra “lámpara” y en  las manos de todo@s nosotro@s.

 

 

Lardero 21 de setiembre de 2013