CVJ 

Domingo,

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

117. Jn 17,6-19

 

Introducción:

 

                Hay una palabra que, últimamente, vuelve con mucha frecuencia: el sistema. El sistema es ese entramado normativo, social, político, religioso, que conforma la vida de las sociedades. En teoría debería ser algo al servicio de la persona; pero, en realidad, es el sistema quien acaba imponiéndose a la persona y sojuzgándola. Es la versión moderna de aquel “el sábado para el hombre o el hombre para el sábado”. Hay quien no sufre nada por este asunto: hace parte del sistema y lo encaja; parece que está a gusto con él, aunque haya de pagar precios enormes. Hay quien sufre al sistema calladamente o desesperadamente. Hay quien no se resigna y lucha, ante la mirada incrédula de muchos, para que este sistema no devore a la persona. Sea como sea, ahí está una realidad a la que hay que mirar de frente.

                El pasaje evangélico de esta semana habla del “mundo”. Se refiere no al planeta como tal, sino a los mecanismos inicuos de la vida, del sistema. Eso es el “mundo”, lo inhumano de la vida. Jesús pide que sus seguidores, que están en el mundo, el corazón de la vida, no hagan parte del “mundo” de tales mecanismos inicuos con los que, con frecuencia, urdimos los humanos nuestra existencia. ¿Es posible un sueño así, estar en la vida sin hacer parte de su iniquidad? Jesús reza por eso. ¿Será su oración inútil, o es que habrá alguna posibilidad de entender y vivir la vida en maneras crecientemente humanas? Quien abre las páginas del Evangelio cree, de alguna manera, que existe una posibilidad.

 

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Texto:

 

6He manifestado tu calidad de Padre a las personas que me diste en medio del sistema.

Tuyos eran y tú me los diste,

y ellos han guardado mi palabra.

7Ahora han conocido

que todo lo que me has dado procede de ti,

8porque yo les he comunicado

las palabras que tú me diste,

han conocido verdaderamente

que yo salí de ti,

y han creído que tú me has enviado.

9Te ruego por ellos:

no ruego por el sistema,

sino por éstos que tú me diste y son tuyos.

10Sí, todo lo mío es tuyo

y lo tuyo es mío;

y en ellos he sido glorificado.

11aYa no voy  a estar en el mundo,

pero ellos están en el mundo mientras yo voy a ti.

12Cuando estaba con ellos,

yo guardaba en tu nombre a los que me diste,

y los custodiaba;

y ninguno de ellos se perdió,

sino el hijo de la perdición,

para que se cumpliera aquel pasaje.

13Ahora voy a ti,

y digo esto en medio del mundo,

para que en ellos mismos tengan mi misma alegría cumplida.

14Yo les he dado tu Palabra,

y el sistema los ha odiado porque no son del sistema,

como tampoco yo soy del sistema.

15No te ruego que los retires del mundo,

sino que los guardes del malo.

16No pertenecen al sistema,

como tampoco yo pertenezco al sistema.

17Santifícalos en la verdad;

tu Palabra es verdad.

18Como tú me enviaste al mundo,

así los envío yo también al mundo.

19Y por ellos me santifico yo,

para que también se santifiquen ellos en la verdad

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Ventana abierta:

 

 

 

            Uno de los peores “crímenes” que se acaban de cometer en nuestro país es la exclusión de casi un millar de personas inmigrantes (con papeles o sin ellos) del sistema público de salud. Dice tomarse esta medidas por razones de ahorro (aunque en realidad es ahorrar las aceitunas del banquete). Pero, en el fondo, obran razones sistémicas: los emigrantes nos “sobran” en esta época de crisis (los utilizamos cuando nos conviene), son un “peso” para nuestra economía (cuando en realidad el peso son los banqueros extorsionadores y sus adláteres), no tiene derecho a una sanidad pública (cuando estamos hablando de salud, derecho básico de toda persona). Crímenes del sistema.

                Oramos: Que percibamos las actuaciones del sistema y que nos posicionemos en contra; que crezca nuestra solidaridad con quien sufre; que tendamos la mano a quien suplica. 

 

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Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús ora para que nos veamos libres del “Perverso” y así poder estar en el mundo sin aceptar los postulados crueles del sistema. ¿Quién es el Perverso? Es demasiado infantil decir que es el diablo, o cualquier agente externo del mal. Uno lleva dentro de sí mismo al enemigo de lo humano. Por eso, conviene percibir a un Jesús que ora para que el fondo de lo nuestro se sanee. Porque desde una posición de mal personal, de inhumanidad de cada uno, hablar de escapar de los mecanismos del sistema es hablar de música celestial.

                Oramos: Gracias, Señor, por orar por nosotros; gracias porque nos quieres libres de inhumanidad; gracias porque apoyas nuestros esfuerzos pos ser personas compasivas.        

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Ahondamiento personal:

 

                Dice el Evangelio que el “consagrado en la verdad” tiene más posibilidades de salir airoso ante un sistema opresor. La verdad es un arma formidable para el triunfo contra el sistema. Caminar en la verdad es aceptar la vida con sus luces y sobras, con sus dolores y gozos, pero teniendo siempre la intención de que las luces y los gozos sean un poco mayores por mi trabajo continuado por ser persona compasiva, respetuosa, amparadora. Ahí se gesta la verdad que nos hace fuertes.

                Oramos: Que seamos verdadero siendo cada vez más humanos; que seamos verdaderos amparando cada vez con más corazón; que seamos verdaderos abrazando cada día con más calor.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Cuando Jesús reza para que el sistema no nos devore busca, como el mismo dice, que lleguemos a estar “colmados de alegría”. La batalla contra el sistema no pretende ganancias, sino alegría para todos. Una lucha, o incluso una victoria contra el sistema que nos deje amargor y pena no es la victoria de Jesús. Por eso, una manera de medir nuestra lucha contra el sistema opresor será verificar si van subiendo nuestros niveles de alegría honda.

                Oramos: Que la alegría sea cada vez más compañera de nuestra vida; que no derrotemos a nadie para humillarle; que nuestros ojos cobren nuevo brillo con la alegría de los humildes.

                 

 

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Poetización:

 

No era un iluso,

no era un inconsciente.

Se daba perfectamente cuenta

de que el “mundo”,

el sistema inicuo,

era fuerte y terrible.

Pero él se empeñó

en plantarle cara,

en mirar de frente

a la opresión que olvida

la suerte de los humildes.

Su pobre vida no fue sino una lucha

contra los mecanismos trituradores

del sistema que devora pobres.

De ahí su gran anhelo de que los suyos

se implicaran en tan desigual batalla.

Por eso, rezó con toda su alma,

con una oración que salía del fondo de sus deseos.

Quiso que sus amigos creyeran en la posibilidad

de vencer al sistema

o, al menos, de ponerle coto.

Por eso les animó a vivir en verdad

y a creer que, al final,.

habrá un día de alegría

del que no participará el sistema inicuo,

sembrador de pena y de tristeza.

Esa es la buena semilla

de la oración de Jesús.

 

 

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Para esta semana:

 

                Trata de ser consciente de cómo el sistema social deja de lado a personas concretas que viven cerca de ti.